© Libro N° 13853. China, Su
Historia Y Cultura Hasta 1800. Botton Beja,
Flora. Emancipación. Mayo 24 de 2025
Título Original: © Flora Botton Beja. China, Su
historia y cultura hasta 1800
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Original: © China, Su Historia Y
Cultura Hasta 1800. Flora Botton Beja
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
CHINA
SU HISTORIA Y CULTURA HASTA
1800
Flora Botton Beja
China
Su Historia Y
Cultura Hasta 1800
Flora Botton Beja
TABLA DE CONTENIDOS
China
Agradecimientos
Prefacio
Advertencia
Cronología
Introducción
Geografía
Población
Lengua
y escritura
I.
Orígenes
II.
Prehistoria
III.
China antigua
Shang
(siglos XVIII?-XI a. C.)
Zhou
(1027-221 a. C.)
IV.
El primer Imperio
Qin
(221-207 a. C.)
Han
(206 a. C.-220 d. C.)
V.
La fragmentación del Imperio (220-589)
Los
Tres Reinos (220-280)
Jin
Occidental (266-316)
Los
Dieciséis Estados de los Cinco Bárbaros (301-439)
Las
Seis Dinastías del Sur (317-589)
Vi.
El Imperio burocrático
Sui
(581-618)
Tang
(618-907)
VII.
El apogeo de la cultura urbana
Song
del Norte (960-1125)
Song
del Sur (1127-1279)
El
surgimiento de la China moderna y la no proliferación del capitalismo
VIII.
La conquista de China por los nómadas
China
y los nómadas
IX.
Restauración del mando chino y principios del despotismo
Decadencia
y fin de la dinastía Ming
X.
Un despotismo casi ilustrado
Bibliografía
Bibliografías
Libros
generales
Introducción:
geografía, lengua
Orígenes,
prehistoria, historia antigua
El
Primer Imperio
La
fragmentación del Imperio
El
Imperio burocrático
El
apogeo de la cultura urbana
La
conquista de China por los nómadas
Rstauración
del mando chino y principios del despotismo
Un
despotismo casi ilustrado
Publicaciones
periódicas
Ilustraciones
Autor
Este
libro constituye la primera historia general de China escrita originalmente en
español por una experta altamente calificada en el estudio del tema.
No
obstante el interés contemporáneo por conocer mejor China, no abundan las obras
generales sobre esta civilización milenaria y sumamente compleja. Si a ello se
suma la falta de este tipo de obras escritas en español y por latinoamericanos,
se comprenderá la importancia de este volumen.
China,
su historia y cultura hasta 1800 presenta, mediante un estilo en el que
destacan la precisión y la fluidez, la historia de la civilización china desde
la prehistoria hasta el año de 1800. Los aspectos económicos, sociales y
culturales de cada uno de los periodos dinásticos se presentan y analizan a
partir de una ingeniosa heterodoxia conceptual que permite centrar el asunto
sin caer en el pragmatismo anecdótico ni en un exceso de especulación teórica
que pudiera desviar el libro de su objetivo central: hacer accesible al público
de habla española, en forma profesional y acuciosa, una historia caracterizada
por su pasmosa continuidad a través de los siglos.
China
Su historia y
cultura hasta 1800
ePub
r1.0
Titivillus 25.03.17
Flora
Botton Beja, 1984
Diseño
de cubierta: Titivillus / El emperador Qianlong, de cacería (1755),
de Zhang Shinning
Editor
digital: Titivillus
ePub
base r1.2
AGRADECIMIENTOS
NADIE
PUEDE escribir un libro solo, sin ayuda ni apoyo,
sobre todo cuando se trata de un libro de historia, que es siempre el resultado
de varios años de formación, de enseñanza, de discusión y de constante lectura.
Sería interminable mencionar a todos aquellos a quienes debería agradecer por
su contribución a que este libro fuera posible; hacerlo con justicia
convertiría esta página de agradecimientos en un capítulo completo. Por esa
razón doy gracias conjuntamente a todos mis profesores de El Colegio de México,
quienes, en aquellos años de inicio de un insólito programa apoyado por
la UNESCO, llegaron de
varias partes del mundo y supieron despertar mi entusiasmo por la historia de
China y mi interés por Asia en general. Debo, sin embargo, mencionar a Graciela
de la Lama, primera directora del Centro de Estudios de Asia y África, quien
supo convencer a los que éramos entonces estudiantes, de la necesidad de una
constante superación, y a Omar Martínez Legorreta, mi primer profesor de
historia de China. A mis profesores de la Universidad de Londres y de la
Universidad de Michigan agradezco tanto el apoyo económico como académico
durante los largos años de aprendizaje. A mis estudiantes del Programa de
Maestría en El Colegio de México debo la continua necesidad de adelantarme,
mediante la lectura y la reflexión, a sus pertinentes preguntas. A mis amigos
chinos les doy las gracias por haberme ayudado a comprender mejor una cultura
tan alejada de la mía.
El
proyecto de elaborar historias de las diferentes áreas estudiadas en el Centro
de Estudios de Asia y África fue concebido por Manuel Ruiz cuando era director
del mencionado Centro; quiero reconocer aquí su interés y su apoyo. Jorge
Silva, actual director del Centro, ha continuado el proyecto con fe y
entusiasmo. Tengo, en particular, una gran deuda con mis colegas del Centro de
Estudios de Asia y África: Jin Yinxi, de la Universidad Zhongshan de Guangzhou,
profesor visitante en El Colegio de México durante 1980-1981, me señaló el
curso de investigaciones recientes en historia antigua de China; Russell Maeth,
John Page, Benjamín Preciado, Adriana Novelo y Jorge Lozoya leyeron con sumo
cuidado el manuscrito, me señalaron errores y aciertos y me ayudaron a corregir
y mejorar el texto. Russell Maeth, además, detectó con gran agudeza mis
descuidos frecuentes en la transcripción de nombres chinos. Mariela Álvarez fue
implacable en su propósito de hacer el texto más amable y legible. Magdalena
Bobadilla ya debe ser experta en historia de China, por las numerosas veces que
tuvo que copiar el manuscrito. No debo olvidarme de Jaime del Palacio, director
del Departamento de Publicaciones de El Colegio de México, quien propició que
el libro tuviera una buena presentación y agradecer a Martín Casillas, quien
fuera el responsable de lograrlo. María Figueroa aceptó la difícil tarea de
hacer los mapas, elementos indispensables en un libro de historia.
A
mi madre, Sara Botton, quiero agradecer su comprensión y ayuda durante mis
largos años de estudio y de trabajo, y a mi hijo Martín Hardy su paciencia al
aceptar mi atención dividida.
Finalmente,
quiero reconocer aquí la deuda que todos los que en El Colegio de México nos
dedicamos al estudio de Asia y África tenemos con Víctor L. Urquidi, presidente
de dicha institución. Sin su constante apoyo y aliento el Centro de Estudios de
Asia y África y, por consecuencia, este libro, no hubieran sido posibles.
F.
B. B.
PREFACIO
ESTE
LIBRO viene a llenar un gran vacío. A pesar del
evidente interés contemporáneo por conocer mejor China, no abundan, en el
número y calidad que debieran, las obras generales sobre el pueblo chino, su
milenaria civilización y complejísima historia. El subsanar de alguna manera
esta deficiencia, con un nuevo texto profesional y acucioso sería razón
suficiente para elogiar el volumen entre manos. Sin embargo, no es ésta la
única ni la más atractiva cualidad de éste.
Hace
ya más años de los que va resultando correcto recordar, casi veinte, Flora
Botton está dedicada al estudio de China. En un país como el nuestro donde se
hace virtud de la improvisación, Flora Botton ha mostrado una tenacidad
encomiable que la ha conducido desde el recinto académico hasta la diplomacia y
de retorno a la docencia y la investigación, siempre con el empeño de conocer y
entender a los chinos. Tan ardua tarea ha dado frutos y la autora es reconocida
como una autoridad en un tema que ha estudiado con ahínco.
Y
no es tema fácil. ¡Son tantos los prejuicios y las afirmaciones ligeras sobre
todo lo de China! Cuando no se la concibe con tonos mágicos y casi
sobrenaturales, la civilización china es denigrada por ignorancia o mala fe. So
pretexto de la lejanía geográfica, aún en esta era que presume de la
telecomunicación y la transportación por jet, abundan los clichés y la
superficialidad de supuesto buen gusto se impone con frecuencia cuando se trata
de establecer alguna de las grandes curiosidades sobre China. Y ¡qué duda cabe
de que hay material de sobra para el asombro y la admiración en la trayectoria
peculiar del pueblo chino! Pero también, como parece inevitable en la
experiencia humana, ha habido costosísimos errores y callejones sin salida. El
balance es, sin embargo, extraordinariamente atractivo. De ahí la seducción que
China ha ejercido sobre tantos occidentales.
Ya
en 1840, el gobierno británico se ocupaba de establecer en la Universidad de
Londres un programa para preparar especialistas en cuestiones chinas. Pronto le
siguieron Francia, Alemania, Holanda y Suecia. Los japoneses han estado al día
en ese empeño; en el mismo sentido hoy sobresalen las grandes universidades de
Estados Unidos. La Unión Soviética ha realizado también su contribución
analítica. En América Latina vamos, como en tantas otras cosas, muy atrás. El
Colegio de México es en nuestra región la institución pionera en estudios
chinos; a ella pertenece Flora Botton. Aquí vuelvo a las singularidades del
trabajo de esta autora. A menos que un sabio bibliófilo (tal vez de Barcelona)
me desmienta, ésta es la primera historia general de China escrita originalmente
en español por un experto altamente calificado, que además no es experto, sino
experta.
Es
obvio mencionar la dimensión gigantesca de la tarea que se propuso la autora.
Amén de ser una de las más antiguas civilizaciones, China mantiene la mayor
continuidad histórica de que se tenga noticia en la humanidad. El edificio
portentoso de la cultura china ha sobrevivido los embates del tiempo y la
decadencia; además, es evidente que su futuro será también largo y grandioso.
De
manera que ponerse a escribir un relato así, a lo ancho y a lo largo de la
experiencia de China, denota un gran coraje. La autora lo tuvo y navegó con
elegancia y valentía para esquivar las muchas tormentas metodológicas que
inevitablemente encontraría en su misión. La primera, para empezar por algún
lado, podría ser la de la periodicidad. Si cuando se encuentran ante historias
de un par de siglos, los académicos discuten sin fin sobre los nombres y
características de época ¡qué no pasará si se trata de dividir coherentemente
cuatro mil años de sucesos! La autora conoce la controversia y hace lo
inteligente: no la elude, pero no permite tampoco que la desoriente.
Equidistante entre las divisiones tradicionales y la historiografía más
reciente, recuerda que su propósito es guiar, no confundir al lector.
Reconociendo, a fin de cuentas, la arbitrariedad implícita en toda
periodización, se compromete con el relato y no con las especulaciones
teóricas.
El
ciclo dinástico era otro grave obstáculo. Si muchos pueblos lo han intuido, los
chinos detectaron pronto que el reloj de la historia marca su tiempo
acompasadamente. Inaugurando cada era con el ascenso al poder de una nueva
familia imperial, descubrieron el ritmo cíclico de su civilización. Una nueva
dinastía iniciaba el conteo del tiempo; y fueron tantas las veces que esto
acaeció que todo acabó por repetirse fatalmente. De ahí que, a pesar de su
longitud, la historia de China, en su devenir pendular, puede acabar por
aburrir al novato. Este libro evita, hasta donde es humanamente posible, caer
en la monotonía de la reiteración de los hechos políticos, económicos, sociales
y culturales que caracteriza la visión a ojo de pájaro de la civilización
china. Además, está escrito con un lenguaje sencillo y accesible. La autora es
una erudita, pero resistió a la tentación de hacérnoslo sentir. No recurre a la
proliferación de términos en chino ni a la sobreabundancia de nombres y fechas,
tan común en este género de obra.
La
autora se sirve además de una ingeniosa heterodoxia conceptual para presentar
los grupos sociales y económicos, así como sus intereses. Sin dejarse atrapar
en un pragmatismo anecdótico, tampoco nos distrae con la jerigonza acartonada
de algunas historiografías marxizantes. Encuentra los procesos, los sigue en su
descripción, pero sin encerrarlos en la camisa de fuerza de categorías
preconcebidas por la filosofía occidental.
Como
mexicana, su manera de decir las cosas tenía que ser diferente a la de sus
colegas anglosajones, con cuya metodología es tal vez afín, si se desea
equiparar su trabajo con el de los más renombrados sinólogos. Se cumple así un
cometido vital del diálogo transcultural: el de evadir la percepción de
intermediarios. Cuando desde la comunidad académica de México surge una
historia de China, se está ante una labor pionera en el encuentro directo de
dos grandes civilizaciones. Es la frescura de esta experiencia la que se
extraña mucho cuando lo que leemos en español son traducciones de textos
ingleses o franceses. Incluso, si se pretende que la historia sea una ciencia
(?), el arte de la narrativa histórica está en conocer y asumir la subjetividad
de la experiencia cultural del autor. Si esto es cierto cuando se hace
«historia patria», ¿cómo negarlo cuando el escritor tiene ante sí la mole
polivalente de la vivencia muchas veces secular de las civilizaciones
asiáticas? Por eso no hay sustituto para el empeño de escribir desde nuestra
lengua y cultura el relato de la vida de esos pueblos, como Flora Botton lo ha
hecho en el caso de China.
Por
último, su naturaleza femenina emerge en el interés por comunicarnos la difícil
experiencia de la mujer china, a la que se le negó durante tanto tiempo el
pleno disfrute de esa maravillosa civilización que ayuda a construir palmo a
palmo llevando sobre sus espaldas «la mitad del cielo», según reza la feliz
expresión de Mao Zedong.
Sea,
pues, bienvenido un libro que, sin los aspavientos y vedetismos de algunos
corrillos intelectuales, cumple cabalmente con sus altos propósitos.
Jorge
Alberto Lozoya
El
Colegio de México, Abril de 1984
ADVERTENCIA
EL
SISTEMA de transcripción fonética de nombres chinos
usado en este libro es el pinyin, elaborado en la República Popular China y
aceptado ampliamente en el mundo. Todo sistema de transcripción es convencional
y por eso es importante señalar que algunas letras, o combinaciones de letras,
corresponden a sonidos que son diferentes de los que generalmente se les
atribuye en español. Aquí señalamos las más importantes.
|
zh: [ʐ] |
como en Zhou, que se pronuncia como el nombre inglés Jo. |
|
x: [ɕ] |
como en Xi’an, que se pronuncia Shi’an. |
|
c: [ts] |
como en Cao Cao, que se pronuncia Tsao Tsao. |
|
q: [tɕ] |
como en Qing, que se pronuncia Ching. |
|
j: [ɖʒ] |
como en Jin, que se pronuncia como el nombre inglés Jean. |
|
z: [dʒ] |
como en Mao Zedong, que se pronuncia Mao Dzedong. |
CRONOLOGÍA
|
Dinastía Shang |
S. XVIII (?)-s. XI a. C. |
|
Dinastía Zhou |
1027-221 a. C. |
|
Periodo de Primavera y de Otoño |
722-481 a. C. |
|
Periodo de los Estados Combatientes |
403-221 a. C. |
|
Dinastía Qin |
221-200 a. C. |
|
Dinastía Han |
206 a. C.-220 d. C. |
|
a) Han Occidental |
206 a. C.-8 d. C. |
|
b) Han Oriental |
25-220 |
|
Seis Dinastías |
220-589 |
|
Dinastía Sui |
581-618 |
|
Dinastía Tang |
618-907 |
|
Periodo de los Diez Reinos y las Cinco Dinastías |
907-960 |
|
Dinastía Song del Norte |
960-1125 |
|
Dinastía Song del Sur |
1126-1279 |
|
Dinastía Yuan |
1280-1368 |
|
Dinastía Ming |
1368-1644 |
|
Dinastía Qing |
1662-1911 |
|
República |
1912-1949 |
|
República Popular |
1949-? |
INTRODUCCIÓN
El
arroyo de nueve cursos circundado por montañas.
GEOGRAFÍA
|
C |
hina,
con 9 600 000 kilómetros cuadrados de superficie, es el tercer país más grande
del mundo (después de Rusia y de Canadá); además, su población de más de mil
millones de habitantes, lo hace el país más poblado del mundo. Sus fronteras
son: al este, Corea; al norte, la República Popular de Mongolia; al noreste y
en el norte Rusia y Kazajstán; al oeste y sudoeste, Kirguizistán, Tayikistán,
Afganistán, Pakistán, la India, Nepal y Bután; y al sur, Birmania (Myanmar),
Laos y Vietnam. En el este y el sur, los mares Bohai y Amarillo y el Mar del
Este y el Mar del Sur bañan su larga costa. Frente a las costas de China se
encuentran aproximadamente 5 000 islas.
En
la topografía de China se observan tres niveles: a) las planicies costeras y
las colinas, b) los altiplanos y c) las montañas. Entre las planicies se
encuentran las llanuras de Manchuria, la planicie del norte de China y las
cuencas central y baja del río Yangtse. Las colinas están en las penínsulas de
Liaodong y Shandong. Los altiplanos constituyen 26% de la superficie total: en
el norte están los altiplanos de suelo sedimentario de Shanxi y el norte de
Hebei y también los altiplanos de Gansu, Ningxia y Mongolia, y en el sur los
altiplanos de Yunnan y Guizhou. Finalmente, en el oeste, se encuentra el
altiplano tibetano. Las montañas de China cubren 33% de su superficie; recorren
China desde Gansu hasta Yunnan y entre ellas están algunas de las cordilleras
más grandes del mundo: Altai, Pamir, Tian Shan, Kunlun y los Himalayas.
Los
ríos más grandes de China se alimentan en el altiplano tibetano. En el norte y
noreste están los ríos Amur, Hai, Liao, Sungari, Turnen, Yalu y el río
Amarillo (Huanghe), el segundo río de China, con 4 845 kilómetros de
largo y una cuenca de 745 000 kilómetros cuadrados. En el centro y el sur de
China están el río Yangtse (Zhangjiang), el más largo de este país,
con 6 380 kilómetros y que además es navegable; el
Perla (Zhujiang), el Min y varios más que fluyen hacia Birmania,
Tailandia y Laos. Hay también varios ríos que no desembocan directamente en el
mar, como el Huai, que está entre el Yangtse y el río Amarillo.
El
clima es variado: en el norte, en Manchuria, es frío y con inviernos largos; es
templado en el centro y semitropical y tropical en el sur. En el noroeste hay
vastas regiones desérticas.
La
diversidad de la topografía, el clima y los tipos de cultivos que se dan en las
diferentes regiones han dividido tradicionalmente a China entre el norte y el
sur, tomando como frontera el río Yangtse. En el norte, de inviernos fríos y de
poca precipitación pluvial, es necesario realizar vastas obras de irrigación,
las tierras pueden ser cultivadas una sola vez al año y los cultivos
principales son el mijo, el trigo y el sorgo. El sedimento que deposita el río
Amarillo hace que algunas partes sean fértiles; sin embargo, frecuentemente el
río se desborda o cambia de curso y hay que controlarlo constantemente con
obras de drenaje y con diques para contener las aguas. En el sur, la naturaleza
es más grata; los cultivos son el arroz y variadas frutas y verduras, hay mucha
agua y se pueden dar dos cosechas en el año.
Sin
querer enunciar teorías de determinismo geográfico, hay algunas características
en la geografía de China que pueden explicar rasgos de este país. En primer
lugar, China está rodeada de barreras enormes que durante siglos impidieron o
dificultaron su intercambio con otros países y afianzaron un sentimiento de
singularidad y de superioridad. En el este, el Océano Pacífico; en el norte,
estepas y desiertos; en el sudoeste, enormes barreras montañosas; en el sur,
montañas y junglas y, finalmente, el acceso por el mar está interrumpido por la
península Malaya. La misma China tiene poca unidad, las montañas se entrecruzan
y forman regiones aisladas entre sí, distintas y autosuficientes. Esto explica
el regionalismo en China y las subculturas que se desarrollaron en diferentes
lugares. Además, la escasez de suelo cultivable en una economía agrícola ha
provocado grandes concentraciones de población en regiones más fértiles,
utilización enorme de mano de obra (el cultivo de arroz, por ejemplo, requiere
de cuidados minuciosos y de gran esfuerzo personal) y un énfasis en la unidad
familiar. La tierra se vuelve una posesión preciosa y además es, salvo en
algunas épocas históricas, la fuente principal de ingresos estatales, a través
de los impuestos. Es así como el problema de la tenencia de la tierra y el
sistema impositivo siempre preocuparán al gobierno.
En
la actualidad, la división política de China es la siguiente: dieciocho
provincias en lo que ha sido tradicionalmente China: Hebei, Shanxi, Shaanxi,
Gansu, sjinghai, Shandong, Jiangsu, Zhejiang, Anhui, Jiangxi’ Fujian, Henan,
Hubei, Hunan, Guangdong, Sichuan, Guizhou y Yunnan; tres provincias más en la
región de Manchuria: Liaoning, Jilin y Heilongjiang; existen además, cinco
regiones autónomas: Mongolia Interior, Ningxia, Xinjiang, Guangxi y Tibet, y
tres municipios directamente subordinados al poder central: Beijing, Shanghai y
Tianjin.
POBLACIÓN
La
población china tiene rasgos físicos similares, pero existen en el país grupos
humanos con variaciones culturales, religiosas y lingüísticas. Noventa y cuatro
por ciento lo constituyen los han, o sea los chinos propiamente
dichos, y el resto se conoce bajo el rubro de «minorías étnicas». Hay más de
cincuenta minorías, entre las cuales se encuentran tibetanos, mongoles,
manchús, uigures, musulmanes (hui), que se diferencian de
los han únicamente por su religión, y una infinidad de pueblos
aborígenes con afinidad cultural con los pueblos del sudeste de Asia. Las
minorías viven principalmente en regiones escasamente pobladas del norte, el
oeste, el sur y el sudoeste.
LENGUA Y
ESCRITURA
Los
habitantes de China pertenecen en su mayoría a dos grupos lingüísticos: el
sinotibetano y el altaico, pero hay pequeños grupos en la frontera sinobirmana
que hablan lenguas austroasiáticas. Los han hablan una enorme
variedad de lenguas y dialectos que son, a veces, mutuamente incomprensibles.
El
idioma oficial, el putonghua, conocido también como mandarín, es el
chino hablado en el norte y en partes del oeste y sudoeste de China. Esta
lengua se enseña en las escuelas y se usa en las transmisiones de la radio. En
la región de Shanghai se habla el wu, en Fujian, el min y
en Guangdong, el cantonés. También en la región de Guangdong y Jiangxi se habla
el hakka. El cantonés es la lengua más común entre los chinos de
ultramar y es el que usualmente identificamos como la lengua china típica. La
lengua china es tonal pero los tonos varían en las diferentes lenguas y
dialectos; por eso, en putonghua se distinguen cuatro tonos y en
cantonés alrededor de ocho.
Ejemplos
de escrituras Kaishu, Xingshu y Caoshu (de derecha a izquierda,
respectivamente).
Un
elemento unificador de esta variedad de lenguas y dialectos es la escritura
china, que no es alfabética sino que se expresa mediante caracteres que
pertenecen a tres diferentes categorías: a) la pictográfica: el
carácter escrito trata de representar visualmente el concepto, como por
ejemplo:
La
complejidad de la escritura ha sido una barrera para la alfabetización amplia
en China. Sin embargo, también ha sido un elemento unificador entre las
regiones porque en todas partes se usan los mismos caracteres aunque se
pronuncien de manera diferente.
I. ORÍGENES
Vasijas
de barro de Banpo.
|
E |
L
CHINO, a diferencia de otros pueblos, no tiene mitos ni
leyendas de migraciones desde otras partes del mundo, sus orígenes se
encuentran en la región misma que habitan y los hallazgos, cada día más
abundantes, señalan que china fue poblada desde épocas muy remotas, seguramente
desde el pleistoceno bajo. Se han encontrado en as últimas décadas vestigios
fósiles con características de homínidos tanto en el norte como en el sur de
China, algunos de hasta casi dos millones de años de antigüedad, entre ellos
destacan los hallazgos de dos incisivos y algunos instrumentos de piedra
pertenecientes al Homo erectus yanmouensis, descubierto en el norte
de la provincia de Yunnan, al que se considera el más antiguo Homo
erectus del continente asiático pues se le atribuyen 1,7 millones de años
de antigüedad. También son importantes los hallazgos en Lantian, al norte de
Xi’an, en la provincia de Shaanxi, de un fragmento de cráneo y de mandíbulas de
otro Homo erectus que vivió hace aproximadamente 650 000 u 800 000
años.
Sin
embargo, el más famoso de todos los «antepasados» de los chinos es, sin duda,
un ser con características netamente humanas, conocido desde 1929 como «el
hombre de Pekín», que vivió en el norte de China hace aproximadamente 500 000 o
600 000 años. Por los hallazgos (fragmentos de cráneos, dientes, etc.)
encontrados en unas cuevas al sudoeste de Beijing, Zhoukoudian, podemos tener
una imagen más o menos precisa de esta criatura. El hombre de Pekín caminaba
erguido, el volumen de su cerebro era de la mitad o más que el del ser humano
actual y usaba sus manos con destreza. Conocía el fuego y vivía de la caza y la
recolección de frutas salvajes, nueces y plantas.
No
podemos afirmar con rigor científico que el hombre de Pekín sea un antepasado
directo de los chinos; sin embargo, el hecho de que los chinos mismos lo hayan
considerado como perteneciente a China, los acalorados debates sobre algunas de
sus características —si era o no antropófago— y la conmoción que produjo la
desaparición de sus restos durante la segunda guerra mundial le dan cierta
legitimidad como punto de partida de la civilización china.
Durante
muchos años se habló de un vado que va del hombre de Pekín hasta la época del
paleolítico superior (40 000-10 000 a. C.). Sin embargo, excavaciones recientes
están llenando muy rápidamente este vacío. Los hallazgos más importantes de esa
época son también de Zhoukoudian, en donde fueron encontrados restos
de Homo sapiens, es decir, de seres con características casi
idénticas a las de los seres humanos actuales, cuya destreza en la caza era
mucho mayor que la del hombre de Pekín, y que pescaban, cosían prendas y
probablemente realizaban ritos religiosos.
El
origen de la civilización china se encuentra, indiscutiblemente, en las
culturas neolíticas que se desarrollaron en casi toda China. Sabemos, por
excavaciones realizadas, que existían asentamientos en forma de aldeas,
agricultura, animales domésticos, alfarería y cierto intercambio económico.
Entre
todas las culturas que surgieron, dos prevalecieron y se extendieron sobre
amplias regiones. Éstas son las
culturas yangshao y longshan. La cultura yangshao (aprox. 5
000 a. C.) se extendió por las actuales provincias e llenan, Shaanxi, Shanxi y
aun más al oeste, es decir, exactamente en la región reconocida, tanto por las
leyendas como por la historia, como la «cuna de la civilización china». Los
cultivadores de yangshao vivían en aldeas e diversos tamaños, económicamente
autónomas. En e sitio arqueológico de Banpo (en la ciudad de Xi’an) se pueden
apreciar casas semisubterráneas, cada una con su Propio hogar, un edifico
común, un cementerio al norte e la aldea y hornos de alfarería en el este. La
cerámica policroma, y las vasijas rojas, negras o grises están pintadas con
dibujos geométricos en negro o rojo oscuro. La cultura longshan (aprox. 3 000
a. C.) se situó principalmente en la provincia de Shandong y se extendió por
toa la costa del este. Esta cultura se caracteriza por su cerámica negra, bruñida
y hecha con torno. Durante muchos míos se pensó que las dos culturas no tenían
conexión alguna, que se habían desarrollado paralelamente. Sin embargo, en los
últimos años los estudiosos chinos y algunos occidentales han aceptado que la
cultura yangshao es anterior a la longshan y que la segunda es seguramente una
evolución de la primera. Los cambios que registra la cultura longshan consisten
en aldeas más grandes y rodeadas de muros de tierra pisada, viviendas
construidas sobre montículos, mayor difusión del cultivo de arroz, mayor
variedad de animales domésticos, uso de armas, etc. También se nota la
aparición de cultos ancestrales y el uso de los huesos animales como oráculos.
En
cuanto a la organización social, las costumbres funerarias de ambas culturas
indican diferencias notables. En la yangshao los clanes eran matrilineales y la
mujer alcanzaba un estatus preeminente (en las tumbas de mujeres se han
encontrado hoces y otros instrumentos de labranza), la tierra era comunal y las
cosechas se distribuían entre los miembros del clan. En longshan la
descendencia se vuelve patrilineal; la posición de la mujer es mucho más baja
(en las tumbas de mujeres hay pocos objetos —husos, ruecas— y únicamente están
relacionados con el hogar), existe ya especialización, propiedad privada y
diferencias de posición social. En algunas tumbas se encontraron más objetos
que en otras, marcando así distinciones de estatus. Es por eso que los historiadores
chinos, siguiendo la división marxista de las épocas históricas, identifican la
yangshao como un periodo de comunismo primitivo y perciben una incipiente
sociedad de clases a partir de longshan.
Algunas
características de longshan —el uso de muros de tierra pisada, los oráculos de
hueso, ciertas formas de cerámica y el hecho de que esta cultura se extendiera
hacia el oeste en Henan y Shaanxi, de donde surgió la civilización histórica
Shang— hacen pensar que allí podemos encontrar el origen de la historia de
China.
Durante
mucho tiempo, la cultura yangshao había sido considerada como la primera
cultura neolítica de China, y para muchos estudiosos pudo haberse originado en
el Cercano Oriente. Sin embargo, el descubrimiento de más de 7 000 sitios
neolíticos en los últimos años lleva a suponer un origen autóctono del
desarrollo de la civilización china. Esta hipótesis está apoyada en el
descubrimiento de culturas neolíticas más tempranas que yangshao, las cuales se
sitúan en regiones diferentes y conforman así un panorama de desarrollo
paralelo de diverja unturas pero con interacción e influencias mutuas. Los
hallazgos más antiguos son los encontrados en refugios de rocas ubicados en el
sur de China, en Guangxi y enjiangxi, que consisten en fragmentos de cerámica y
restos de animales no domesticados todavía. Estos sitios son de 10 000 a 7 000
a. C. y constituyen el periodo de transición entre las sociedades de caza y
colecta y las más avanzadas sociedades agrícolas.
Entre
las culturas neolíticas tempranas, de 7 000 a 5 000 a. C., destacan la
cultura peilingan, de la parte central de Henan, la
cultura cishan, del sur de Hebei, y la
cultura laoguantai, ubicada en Shaanxi y en Gansu. Estas culturas,
que muestran ya una organización agrícola, se agrupaban en aldeas de varios
cientos de habitantes en las que se cultivaba mijo y algunos vegetales, como la
col china. Para cosechar el mijo usaban azadones largos en forma de sierras.
También habían domesticado la gallina, el cerdo y el perro. Su cerámica, con
variaciones regionales, era roja, más bien burda y hecha a mano. Sin embargo,
la tecnología de la producción alfarera estaba bastante avanzada y algunas
vasijas tenían ya decoración pintada. En el sur de China, tal y como se observa
en el sitio descubierto en Hemedu, en la provincia de Zhejiang, las plantas y
los animales domesticados en esta misma época eran un tanto diferentes, si bien
ya se conocía el cultivo del arroz, las castañas de agua y se había domesticado
al búfalo.
II. PREHISTORIA
Cerámica
de Kexingzhuang. Ejemplo de cerámica de longsham.
|
C |
OMO
YA HEMOS dicho, no hay viejos mitos de creación en
China y aun el más conocido, el de Ban Gu, no es muy antiguo, pues parece haber
llegado a este país procedente del sudeste de Asia en el siglo IV a.
C. En él se cuenta que el cielo y la tierra estaban en un principio mezclados
contó un huevo, en el que fue engendrado Ban Gu, quien separó lo que era claro
y luminoso de lo oscuro y pesado. Es así como se formaron el cielo y la tierra.
Los textos más remotos mencionan una época de oro que empieza con los Tres
Soberanos, el primero de los cuales, Fuxi, fue quien inventó el pastoreo, el
matrimonio y los instrumentos musicales; al segundo, Suiren, le debemos el
fuego; el último de los Tres Soberanos, Shennong, inventó la agricultura, la
medicina y enseñó rudimentos de comercio. En la mitología china no hay muchas
figuras femeninas y aun las que se mencionan aparecen tardíamente. Una de ellas
es Nüwa (o Nügua), esposa o hermana de Fuxi, la cual remendó el cielo, que se
había roto, creó a los seres humanos con tierra amarilla y les enseñó la
institución del matrimonio.
En
seguida viene la época de los Cinco Emperadores, el más importante de los
cuales es Huangdi (el Emperador Amarillo), quien reinó a partir de 2697 a. C.
Introdujo, entre otras cosas, la crianza del gusano de seda, el uso del arco y
la flecha, la escritura y la cerámica, y además fue un gran guerrero que venció
a los «bárbaros» en lo que es ahora la provincia de Shanxi, estableciendo así
su liderazgo entre las tribus de la llanura del río Amarillo. Los dos últimos
emperadores fueron Yao y Shun. Yao inventó el calendario, los ritos y la
música. El sucesor de Yao (quien no era su pariente), Shun, soberano de gran
virtud e hijo ejemplar, nombró como sucesor a Yü, quien pudo domar las aguas de
unas terribles inundaciones. Yü quiso también nombrar a su sucesor, pero cuando
murió, el pueblo prefirió aceptar a su hijo como soberano. El hijo de Yü, Qi,
fundó la dinastía Xia.
Las
leyendas chinas tienen poca base histórica y un estudio minucioso de los textos
y de la cronología acerca de cuándo aparecieron las primeras referencias a
estas leyendas nos lleva a pensar que a lo largo de la historia antigua se
fueron incorporando nuevos mitos que eran asimilados gradualmente. Entonces,
¿cuál es la utilidad de estas historias? Para el que estudia la imagen que los
chinos han querido proyectar de sí mismos en sus orígenes estos relatos son
interesantes, puesto que nos revelan cuáles son las bases mismas de la
civilización china. Cada uno de los soberanos o de los emperadores legendarios
aporta algún elemento civilizador: agricultura, control del agua, escritura,
música, calendario.
También
en estas leyendas se perfila claramente el ideal del estado en China: un estado
imperial, centralizado y con una organización capaz de dirigir, por ejemplo, el
control de las aguas. Finalmente, las virtudes que se destacan y hacen
ejemplares a estos soberanos son virtudes que señalan una preferencia por el
mérito y no el nacimiento como criterio para gobernar. En general, podemos ver
en estas leyendas símbolos del ideal de civilización tal y como habrá de
entenderse a través de casi toda la historia de China.
La
existencia de la dinastía Xia, mencionada en los textos clásicos, aún no está
legitimada con pruebas históricas convincentes, y el hecho de que no se le
mencione en los escritos más antiguos —es decir, en la época Shang, que
supuestamente le sucedió—, hizo pensar a muchos historiadores que no tenía
ninguna veracidad histórica. Sin embargo, desde los años sesenta, en la
República Popular China se han descubierto sitios arqueológicos que han dado
lugar a un debate interesante sobre la existencia histórica de Xia. El más
importante de esos sitios es sin duda Erlitou, en la provincia de Henan. En
este sitio se halló una ciudad perteneciente a la época Shang, pero en niveles
más bajos hay restos de una cultura que floreció entre 1900 y 1500 a. C., más
tardía que yangshao y longshan, pero más temprana que Shang. Esta cultura tuvo
algunas de las características que la acercan a la primera cultura histórica
Shang y que consiste en cierta arquitectura de gran escala y objetos de bronce
cuyo tamaño y forma coinciden con algunas descripciones en textos antiguos de
objetos que hacían los Xia. Sin embargo, la ausencia de datos epigráficos hace
difícil afirmar nada con seguridad, pero es posible que en los próximos años,
con nuevos descubrimientos arqueológicos, se pueda volver a escribir la
historia antigua de China.
III. CHINA ANTIGUA
Vasija
de cobre, típica de finales de la dinastía Shang.
SHANG (SIGLOS
XVIII?-XI A. C.)
|
H |
ASTA
PRINCIPIOS del siglo XX,
la dinastía Shang era un mito al igual que la Xia. Por más que se mencionaran
detalles de esta antigua civilización en los libros clásicos, no había
hallazgos históricos que los justificaran. En 1899 comenzaron a aparecer en el
norte de China, sobre todo en a provincia de Henan, fragmentos de huesos que la
gente usaba para preparar medicinas en polvo. Los estudiosos se percataron de
que eran «huesos oraculares», es decir, que se habían usado en las prácticas
adivinatorias. Este tipo de actividad se llevaba a cabo desde épocas remotas
por los chamanes y sacerdotes de la cultura longshan. Tomaban escápulas de res
o caparazones de tortuga y les aplicaban fuego en algunas partes; esto
provocaba un resquebrajamiento del hueso que daba lugar a una maraña que el
sacerdote interpretaba. Durante la época Shang se inscribían caracteres
primitivos sobre estos huesos y caparazones con preguntas concretas. Ya en 1920
se habían identificado algunos caracteres y en 1928 comenzaron a realizarse
excavaciones que revelaron una importante ciudad en Anyang. A partir de
entonces se han encontrado varios sitios más y una infinidad de objetos:
vasijas de bronce, pedazos de jade y otros que también llevan inscripciones.
El
origen de los Shang se discute aún, pero descubrimientos arqueológicos
recientes hacen pensar que surgieron como una evolución de la cultura longshan;
además, los vestigios más antiguos de los Shang se encuentran en la actual
provincia de Hebei. Los Shang fueron los primeros que establecieron centros
urbanos en China y desarrollaron la escritura, los carruajes tirados por
caballos, y llevaron a su perfección el vaciado del bronce.
Sabemos
que los Shang construyeron varias ciudades ca a una de las cuales era una
combinación de centro ceremonial, administrativo y de defensa, generalmente
erigido sobre llanuras, cerca de vías fluviales. Excavaciones recientes han
revelado tres diferentes etapas de la civilización Shang. La más antigua está
representada por Yanshi, la etapa intermedia por Zhengzhou y la más reciente es
Anyang. Las tres fueron capitales en algún momento, pero Anyang fue la
definitiva, pues tal vez respondió ala necesidad de establecer una población
urbana Permanente adecuada al alto grado de desarrollo de las industrias del
bronce y la cerámica. Es la ciudad que se conoce como Yin en textos antiguos y
por eso a la dinastía Shang se le llama también dinastía Yin.
Las
ciudades generalmente se hallaban en una posición geográfica favorable en
cuanto al suministro de agua, la extensión de tierras fértiles que las
rodeaban, la existencia de bosques en los alrededores y la facilidad para
defenderlas. Casi en todas hay restos de muros de tierra pisada y de canales
que traían agua desde el río más cercano. Los edificios eran en su mayoría
subterráneos y servían como casa para las personas de clase baja, artesanos y
sirvientes. Los aristócratas tenían casas más grandes, construidas sobre tierra
pisada, con pilares de madera y techos de paja. El palacio no era demasiado
impresionante arquitectónicamente, pero ocupaba un área grande cerca de la cual
estaba el distrito de los artesanos.
Economía
La
agricultura era la actividad más importante en la economía de los Shang; sin
embargo, la tecnología agrícola no se desarrolló en proporción. Sólo se han
encontrado instrumentos de piedra y no hay pruebas de que hubiera irrigación.
La única manera posible de explicar cómo se logró un rendimiento agrícola capaz
de sostener a una gran población, una aristocracia ociosa y un numeroso
ejército es suponer que hubo una eficiente administración del trabajo agrícola
y una distribución desigual de los frutos del trabajo. Es por eso que en esta
época vemos ya una sociedad de clases bien definidas.
Además
de la agricultura se criaban animales. Los animales domésticos eran el perro,
el cerdo, el carnero, además de la cabra, el buey, el búfalo de agua y el
caballo. Los Shang cazaban tanto por razones prácticas —conseguir pieles,
cueros, carne— como por deporte y por establecer sus derechos en algunas
tierras. Existía un sistema monetario decimal y como moneda usaban conchas,
algunas de las cuales provenían de los mares de China del sur, lo que nos hace
pensar que su radio de acción comercial era muy amplio.
Estado, sociedad y religión
El
rey de los Shang era tanto el jefe secular como el líder religioso. Era el jefe
del gobierno, el jefe militar y el encargado del ritual religioso y era
descendiente directo de un ancestro común de todo el pueblo. El rey, a pesar de
ser el jefe supremo, no podía mantener su dominio sobre un territorio tan
amplio que se extendía más allá de la cuenca del río Amarillo hacia la región
de la gran Muralla en el norte y hasta el valle del río Yangtse en el sur, y
que estaba constantemente en estado de guerra. Eran frecuentes las expediciones
punitivas y las cacerías para afirmar derechos. Tenía a su disposición un
ejército de por o menos 3 000 a 5 000 hombres, pero se habla de campañas en las
que intervinieron hasta 30 000 hombres. Las armas eran el arco (y flechas con
punta de piedra, hueso o bronce), la lanza, la alabarda y el hacha. Se usaban
cascos y corazas y, lo más importante, carruajes tirados por caballos, una de
las grandes innovaciones de Shang.
La
dificultad misma de mantener una verdadera dominación sobre territorios más
lejanos conduce a especular sobre qué tipo de poder ejercía el rey de los Shang
sobre los territorios circundantes. Se sabe que había por de menos unos treinta
estados bajo el mando de nobles de diferentes rangos. Algunos eran parientes
del rey, de ramas colaterales, otros eran oficiales de alto rango, y otros más
eran los jefes antiguos de la región, sometidos y avasallados. Las obligaciones
de estos nobles eran las de pagar tributo, defender la frontera y enviar
hombres para expediciones militares y otros menesteres. Esta relación sugiere
en cierta forma una organización feudal incipiente, pero no todos los
historiadores están de acuerdo en ello.
El
rey estaba rodeado de consejeros, escribas, oficiales militares,
administradores civiles y adivinos sacerdotes, especialistas en la adivinación
y el ritual. El conocimiento que tenían estos últimos de la escritura y los
ritos hace pensar en los futuros burócratas letrados, los cuales serán vistos
con la misma reverencia durante toda la historia de China, aunque ya no tengan
funciones sacerdotales. Otras clases sociales definidas eran la de los
artesanos, que gozaban de cierto prestigio y constituían castas hereditarias, y
la de los campesinos, cuya existencia era bastante precaria. No sabemos a
ciencia cierta si estos campesinos eran libres o siervos, pero sin duda estaban
bajo una gran presión para producir, ya que sostenían a la ciudad y a sus
habitantes con una agricultura de bajo rendimiento. Las diferencias sociales
son reveladas en los tipos de vivienda y en las tumbas que han sido excavadas.
Las tumbas de los plebeyos son pequeñas y hay en ellas pocas cosas, mientras
que las tumbas de los aristócratas y los reyes son grandes y monumentales. En
Anyang se encontraron once tumbas reales de diez metros de profundidad y de
doce a veinte metros de diámetro. En ellas se hallaron cadáveres de gente
sacrificada y enterrada con el difunto.
Estos
sacrificios humanos, que, según los huesos oraculares, no se limitaban a los
entierros sino que eran una practica común en Shang, dieron lugar a que se
desarrollara la teoría de que ésta fue la segunda etapa de formación social en
China según la historiografía marxista; es decir, una sociedad esclavista (la
primera etapa de comunismo primitivo era la cultura neolítica de yangshao).
Esta teoría, aparte de ser políticamente atractiva en la República Popular
China, no se puede descartar a la ligera porque varios historiadores de
prestigio la propugnaron. Sin embargo, en los últimos años, los historiadores
occidentales, los japoneses y también los chinos han puesto en duda esta teoría
y han señalado que no existen pruebas de que en Shang los esclavos constituyeran
la clase trabajadora que sostenía la economía. Los esclavos no eran étnicamente
Shang sino cautivos de guerra, no participaban más que marginalmente en
trabajos de agricultura y de servicios en los palacios, no tenían familias y
por ende no podían reproducirse y su fin era ser sacrificados masivamente en
ceremonias religiosas.
El
mundo de los Shang estaba poblado de deidades que controlaban la existencia de
los seres humanos. Los fenómenos de la naturaleza eran espíritus que tenían
poder sobre los seres humanos. Espíritus benévolos (shen) y
malévolos (gui) debían ser aplacados con ofrendas de cereales,
sacrificios de animales y de seres humanos y libaciones de bebidas
embriagantes.
Una
deidad de los Shang que ha llamado mucho la atención ha sido Di o Shang Di, «el
ser supremo», «el de arriba», «el que todo lo controla». También se le conocía
con el nombre de Tian, «cielo». ¿Es posible que sea un dios único al estilo
cristiano? En realidad parecería ser que este dios es el ancestro más remoto de
los reyes Shang, y se relaciona con el culto de los antepasados que es muy
importante en la China tradicional. Se piensa que los orígenes de este culto se
encuentran en la organización de los Shang en tribus, con un ancestro común,
tal vez en épocas remotas, un tótem. Todos hacían sacrificios a sus
antepasados, tanto cercanos como remotos, y estos últimos se habían convertido
en dioses. Hacer del antepasado del rey un dios supremo daba al rey un enorme
apoyo y legitimaba su poder.
Cultura
Numerosos
adivinos profesionales manipulaban los huesos y caparazones de tortuga en los
cuales escribían preguntas sobre acontecimientos futuros: cosechas, salud,
clima, cacerías, guerras, y así predecían el futuro. No cabe duda que la
escritura usada por los Shang, tanto en esos huesos como en vasijas de bronce,
es el origen de la escritura china actual y se han podido establecer varias
equivalencias con caracteres usados posteriormente.
No
conocemos ni el origen ni el desarrollo primitivo de este sistema de escritura,
pero en la época Shang ya existían caracteres pictográficos, ideográficos y
fonéticos (tal como se explicó en la Introducción). Ya entonces se usaban el
pincel y la tinta para escribir sobre tiras de bambú o de madera que luego se
ataban con una cuerda. Éste es uno de los logros más impresionantes de los
inicios de la historia china.
Otro
extraordinario logro cultural durante Shang fue el desarrollo de la tecnología
del bronce. Se han encontrado grandes cantidades de armas e instrumentos de
este metal, pero lo que más nos impresiona de esta época son las vasijas de
bronce. Estas vasijas, usadas únicamente por reyes y aristócratas, estaban
directamente ligadas a los rituales del estado y a los rituales privados que se
referían al culto de los antepasados. (Más adelante las vasijas de bronce se
emplearon también como utensilios de lujo para el uso cotidiano.) Se ha
discutido mucho el origen del bronce en China y varios historiadores han
afirmado que a tecnología se importó a China desde el este. El argumento
principal era que no existían objetos primitivos que dieran una idea de la
evolución de esta técnica y que los hallazgos son demasiado perfectos para ser
primeros ensayos. Últimamente se han encontrado algunos objetos de bronce en
sitios anteriores a la cultura Shang (por ejemplo, Erlitou y otros). Además,
los chinos usaban métodos muy diferentes de los empleados en Grecia o
Mesopotamia para producir objetos de bronce. Hacían moldes de yeso en secciones
con la imagen en negativo y vaciaban directamente. Las formas de las vasijas
son extremadamente variadas; algunas de ellas recuerdan las formas de vasijas
de barro de la época neolítica. Hay desde vasijas muy grandes que pesan una
tonelada y media hasta pocillos para vino finamente decorados. Los motivos de
decoración eran al principio tiras geométricas, pero más adelante, ya en el periodo
de Anyang (siglos XIII a XI a.
C.), se cubría toda la vasija de motivos complicados, a veces en espiral. Se
usaron formas de animales tanto en la representación de objetos como en la
decoración. El motivo más impresionante es el taotie, una máscara
estilizada de un animal mítico con ojos prominentes y lados que terminan en
forma de alas.
Vasija
de la dinastía Shang.
La
escultura también fue desarrollada, tanto en piedra como en mármol, y han
sobrevivido figuras de pájaros y animales y motivos decorativos. La cerámica de
esa época era blanca, casi porcelanizada, con dibujos grabados; había también
cerámica vidriada que necesita de una tecnología muy avanzada para realizarla.
Se encontraron además joyas de mármol y jade, figuritas de animales e
instrumentos musicales de piedra.
En
Shang encontramos elementos característicos de la cultura china que perdurarán
hasta nuestros días. Los Shang dejaron la escritura, expresiones artísticas
(bronce, cerámica), el culto de los antepasados y, además, con la expansión
hacia el norte y hacia el sur, acarrearon estos elementos a otras partes de
China, en donde fueron asimilados de tal manera que para determinar qué es
China es más importante la cultura que el origen étnico. Es así como veremos en
varias ocasiones pueblos no autóctonos estableciendo su poder en China, pero
sin cambiar la base cultural que perdura y los asimila.
En
esta época tan temprana se ve ya que no podemos atenernos a la imagen de una
China monolítica e inalterable, a pesar de características peculiares que
perdurarán y de formas de continuidad cultural que persistirán. Hubo, a través
de toda la historia de China, una tendencia a la fusión cultural además de la
difusión y la expansión. En el paso de Shang a Zhou veremos el primer ejemplo
de cómo un pueblo diferente toma el poder y acepta una cultura a la cual aporta
elementos nuevos.
Según
la tradición china, la caída de Shang se debió a la pérdida de la virtud de los
soberanos. Así como habían llegado al poder porque el último monarca de Xia, el
rey Jie, llegó a extremos de maldad y de corrupción, el último rey Shang fue
también un monstruo que debió ceder ante un rey Zhou, infinitamente más
virtuoso. Esta interpretación de la historia fue desarrollada posteriormente
cuando los chinos ya tenían una idea clara de cuáles eran os criterios de
legitimidad del poder y es una prueba más de que este criterio era más cultural
que étnico.
ZHOU (1027-221 A.
C.)
La
dinastía Zhou, la más larga de toda la historia china, abarca desde el
siglo XII hasta el
siglo III a. C. De
ninguna manera fue uniforme su evolución, tanto política como económica, social
y cultural. Los historiadores tradicionales de China distinguen dos periodos:
Zhou Occidental (1027-771 a. C.), con la capital, Hao, cerca de Xi’an, y Zhou
Oriental (771-257 a. C.), con la capital, Chengzhou, cerca de Loyang. Este
segundo periodo se subdivide a su vez en la época de Primavera y de Otoño —cuya
fecha exacta es objeto de controversia pero que, según el historiador chino Fan
Wenlan, comienza en 722 a. C. y termina en 481 a. C.— y la época de los Estados
Combatientes (403-221 a. C.), es decir, hasta después de la desaparición de la
dinastía misma.
Zhou Occidental (1027-771 a. C.)
¿Quiénes
eran los Zhou? Entre todas las teorías y especulaciones sobre su origen se
acepta actualmente que no eran un grupo étnico diferente de los Shang, y que
llegaron tal vez desde la provincia de Shaanxi, región fronteriza en la cual
más de una vez tuvieron que enfrentarse a pueblos nómadas que vivían en el
norte. Es posible que en un principio fueran seminómadas, antes de instalarse
en la cuenca del río Wei, cerca de la ciudad de Xi’an.
Los
Zhou y los Shang habían tenido contactos desde el siglo XIV a.
C. Estos contactos se habían manifestado a través de alianzas, matrimonios y
una aceptación gradual de la cultura Shang. Así, los Zhou aprendieron el
vaciado del bronce, la adivinación, la escritura. Finalmente, este aliado, casi
vasallo y culturalmente inferior, usó su poder bélico para conquistar a los
Shang.
El
rey Wen fue el primero en idear la conquista. Según la tradición, Wen era hijo
de una princesa Shang y de un jefe Zhou quien fue asesinado por los Shang. Wen
supo hacer alianzas y mantenerse tranquilo hasta que sintió que tenía fuerza
suficiente para atacar. Construyó una capital, Feng, cerca de Xi’an y confrontó
los ejércitos Shang en Muye, en donde fue ayudado por algunos Shang que
cambiaron de bando. Este incidente ha hecho decir a algunos historiadores
chinos que se trató de una rebelión de esclavos, pero no hay mayores pruebas de
eso. El rey de los Shang, al verse perdido, se lanzó a las llamas y así
pereció.
El
hijo y sucesor de Wen, el rey Wu, completó la conquista tomando la capital Yin
en 1122 a. C. (o, según cálculos más recientes, en 1027 a. C.). Después de su
muerte, como el príncipe heredero todavía era un niño, el hermano de Wen, el
duque Zhou, ejerció el poder como regente. En esta época se alzaron algunos
príncipes en confabulación con los vencidos Shang, pero el duque dominó a los
rebeldes e impuso definitivamente el control Zhou. Yin, capital de los Shang,
había sido destruida y se construyó una nueva ciudad cerca de Loyang para poder
vigilar la parte oriental del territorio. Sin embargo, esta ciudad no fue usada
como capital hasta el siglo VIII a.
C. Una nueva capital fue construida cerca de Feng y se le dio el nombre de Hao.
Al duque Zhou se le considera un modelo de virtud confuciana y, según la
tradición, fue él quien explicó cómo la conquista de los Zhou había sido un
justo castigo del cielo en contra de los decadentes reyes Shang. También se le
atribuyen exhortaciones severas a su sobrino y futuro rey, Cheng, para que
gobernara con justicia y virtud.
Organización social: el
sistema fengjian, feudalismo al estilo chino
La
conquista efectuada por los Zhou no fue fácil. A fin de consolidar su poder
sobre un dominio bastante vasto y defenderse de los pueblos nómadas, en la
frontera del norte, hicieron concesiones territoriales a parientes y vasallos.
Este reparto fue efectuado con habilidad colocando, entre parientes cercanos a
los reyes, a antiguos enemigos que ahora tenían menos posibilidad de rebelarse.
Es así como el reino de Song, situado al este, en Henan, estaba vigilado por un
territorio netamente Zhou, ubicado más al este, en Shandong, el llamado reino
de Lu, que se haría famoso como tierra natal de Confucio y otros destacados
pensadores chinos. Además del territorio, y de los campesinos que vivían allí,
se otorgaban otros regalos: sirvientes, animales, vasijas, carruajes, armas y
aun sacerdotes, adivinos y escribas. Este sistema de enfeudamiento se
llamó fengjian.
Cada
uno de los territorios así cedidos pertenecía, en principio, al rey Zhou y los
soberanos locales eran nombrados por él. Sin embargo, poco a poco se fue
instituyendo un sistema de sucesión hereditaria. En cada territorio había una
aristocracia dominante en una sociedad estratificada. El rey era el más alto en
una complicada jerarquía y tenía el título de Hijo del Cielo. Su poder venía
del señor de arriba, a quien dirigía sus sacrificios. La capital de los Zhou
era el centro religioso más importante. Cada uno de los señores tenía control
económico y político sobre su territorio y sostenía un ejército para
defenderse. Cada uno nombraba también a sus oficiales o administradores y a su
vez ellos nombraban a sus subalternos. En esta época temprana, más que de una
administración burocrática, se trataba de una red que se relacionaba con el
sistema de parentesco y los administradores, aun los de rango más bajo, podían
estar emparentados con el señor. En el sistema chino de parentesco en cada clan
hay un descendiente directo de un ancestro remoto y esta descendencia se
transmite del padre al hijo primogénito. Las familias allegadas a este
descendiente directo son las dazong (familias principales) y las
colaterales, o sea las descendientes de hermanos menores,
son xiaozong (familias menores). El complejo sistema de parentesco
chino, tal como fue desarrollado más adelante, llegó a tener implicaciones
religiosas (por medio del culto de los ancestros), políticas (por lazos de
solidaridad) y sociales (mediante las prácticas de apoyo mutuo), pero tiene ya
raíces en épocas históricas remotas.
El
señor de un territorio cedido, quien en principio también estaba emparentado
con el rey, debía rendir pleitesía al monarca Zhou, realizar actos de
obediencia, ofrecer ayuda militar cuando éste la necesitara y visitar de vez en
cuando la capital. En cada territorio, la clase más baja de la sociedad la
constituían los campesinos, que seguramente estaban ligados a la tierra. Si
bien su posición era la más baja de todas, parece que tenían características
que los diferenciaban de los siervos del sistema feudal europeo. Según
testimonios escritos, en muchas ocasiones pudieron expresar su opinión en
asambleas y participar en guerras.
Tanto
los historiadores occidentales como los chinos han llamado al
sistema fengjian un sistema feudal como el que se conoció, con
variantes, en la Europa medieval. Si bien es cierto que hay similitudes muy
fuertes, hay también diferencias. Existe la dicotomía de una clase
aristocrática con un código de honor propio y un campesinado que se encuentra
fuera de él, pero, como se dijo antes, son diferentes las características de
este campesinado. Es cierto que el señor de cada territorio rendía pleitesía al
rey y era enfeudado por él; sin embargo, las relaciones entre soberano y
vasallo eran intercambios de servicios convenientes para ambas partes y los
lazos que los unían provenían de una relación tribal y de parentesco; todo el
sistema contractual y las implicaciones legales que existen en el feudalismo
europeo están ausentes en el fengjian. Finalmente, lo que más dificultad
provoca al hacer esta aproximación es el resultado del feudalismo europeo que
dio lugar a los Estados modernos y del fengjian que, después de muchas
vicisitudes, dio origen a un estado burocrático-monárquico centralizado en
China. Los historiadores marxistas, quienes ven en Zhou Occidental el principio
de la tercera etapa de la historiografía marxista, el feudalismo, se dan cuenta
de la dificultad que encontrarán al avanzar a la siguiente etapa histórica. Es
por eso que la época feudal no acabará totalmente, según ellos, sino hasta la
caída de la última dinastía, entrado ya el siglo XX,
y China, durante todos estos años, será por lo menos semifeudal. Esta
interpretación de «feudalismo» toma en cuenta las relaciones económicas y, aun
así, lo hace en un sentido más amplio que el tradicionalmente aplicado al
feudalismo. Se señala que la estructura netamente agraria de China, la escasez
de la tierra, la dependencia de los campesinos, quienes a pesar de ser
nominalmente libres están atados a ella por necesidad, la explotación por las
clases terratenientes, hacen del sistema chino un sistema feudal. Obviamente se
deja fuera el elemento político y, hasta cierto punto, el social.
Vasija
trípode Ding, de bronce, perteneciente a la dinastía Shang.
Con
estas aclaraciones podemos seguir haciendo la aproximación entre el sistema
fengjian y el feudal y llamaremos época feudal a esta etapa de la historia
china, sin que por eso haya que continuarla necesariamente hasta nuestros días.
Más adelante volveremos sobre el tema al examinar el sistema económico-político
de épocas posteriores.
El
sistema fengjian propició la construcción de ciudades que, al igual que las de
Shang, eran centros administrativos, de defensa y, sobre todo, centros
ceremoniales. Las ciudades chinas a partir de Zhou fueron construidas siguiendo
un patrón mágico-religioso en el cual la cosmología tenía una gran influencia.
El plano de la ciudad era el mismo, o sea, un rectángulo rodeado por murallas
de tierra pisada; según estas reglas de geomancia (fengshui), las
calles constituían una cuadrícula, y el palacio, los templos y los mercados
tenían posiciones fijadas de antemano según los puntos cardinales, con énfasis
sobre el eje norte-sur. El palacio se encontraba al sur del mercado y al norte
de la sala de audiencia; al este del palacio estaba el altar de la tierra y al
oeste el templo dedicado a los ancestros. La ciudad china, aun con ciertas
modificaciones, conservará durante muchos siglos su construcción peculiar.
Economía
La
clase dominante no se dedicaba a labores productivas y era sostenida por
campesinos que seguían usando todavía instrumentos de labranza bastante
primitivos, principalmente de piedra y de madera.
Según
la tradición china, en esa época prevaleció un sistema en el que se organizaban
grupos de ocho familias; cada familia cultivaba individualmente su pedazo de
tierra y las ocho juntas trabajaban un terreno común, del mismo tamaño que las
parcelas familiares, y entregaban su producto al señor. Este sistema, conocido
como el «campo en forma de pozo» —porque la palabra «pozo» en chino se parece a
un juego de rayuela con nueve espacios marcados—, fue considerado como el ideal
por los filósofos chinos y, si bien no podía aplicarse a extensiones demasiado
vastas, nos indica algo sobre el cultivo colectivo de la tierra necesario para
aumentar su rendimiento.
El
sistema de tenencia de la tierra era, a principios de Zhou, comunal e
inalienable. El rey era el dueño y los señores tenían el usufructo. Sin
embargo, con la paulatina transformación de los feudos en dominios
hereditarios, también comenzó a existir la compra-venta o, mejor dicho, el
trueque de tierra por otros objetos tal y como lo muestran algunas
inscripciones sobre vasijas de bronce.
Zhou Oriental (770-256 a. C.)
Cuando
se habla de China durante la dinastía Zhou es muy fácil pensar que en sus
principios esta casa reinante ejercía un poder total sobre territorios vastos
que, si bien estaban bajo el mando directo de un vasallo, finalmente eran parte
de un complejo sistema de lealtades apoyadas sobre cultos familiares y
privilegios ancestrales. Es posible los Zhou en algún momento hayan ejercido un
gran poder; lo cierto es que el territorio directamente bajo su mando era
enorme, mucho mayor que el de cualquier vasallo. Este poder no implicaba la
existencia de un solo estado centralizado y unificado, sino la de una serie de
territorios casi independientes que, sin embargo, miraban hacia una metrópoli
desde la cual se ejercían el poder y el arbitraje.
Al
pasar el tiempo, el poder del rey fue cediendo y la independencia de los
territorios aumentó. El privilegio cedido por el rey se volvió hereditario y no
revocable, la amenaza de pueblos no chinos del norte menguó la posibilidad de
asistencia militar, y pronto las incursiones de nómadas dejaron el territorio
del rey disminuido y devastado. El primer golpe lo dio, sin embargo, el estado
de Chu, en el sur, un estado semichino que nunca había aceptado totalmente a
los Zhou. Varias expediciones punitivas fracasaron y los Zhou tuvieron grandes
pérdidas. En el siglo VIII a.
C., la capital de los Zhou fue invadida y saqueada por las tribus nómadas Rong
y el gobierno se trasladó a la capital del este, en Chengzhou, desde donde los
reyes ejercieron un poder ya muy relativo.
Surgimiento de los estados independientes: Periodo
de Primavera y de Otoño (722-481 a. C.)
La
pérdida de la supremacía de la casa Zhou marca el principio de Zhou Oriental y
del periodo conocido como de Primavera y Otoño. Este nombre proviene de un
texto clásico atribuido a Confucio en donde se hace una crónica detallada de
los acontecimientos de la corte del estado de Lu entre 722 y 481 y en el cual
se ve una muesca de las intrigas y el desorden característicos de esta época.
Una
gran cantidad de estados nuevos surgió a medida que ramas colaterales de
familias poderosas independizaban los territorios bajo su jurisdicción. Además,
la constante amenaza por parte de los nómadas hacía que se fortalecieran los
estados periféricos que, a su vez, conquistaban a otros. Estos estados del
norte decidieron aliarse y en 681, convocados por el duque Huan, se reunieron
en Qi y realizaron un convenio. Varios estados más se unieron y posteriormente
eligieron al duque Huan como jefe supremo (ba) encargado de defender
al rey, supervisar las alianzas y proteger las fronteras. Durante cien años
existió esta institución y es posible que esto haya conservado el trono de los
Zhou. Sin embargo, no pudieron evitarse las guerras y de los aproximadamente
370 estados que había en el siglo V a.
C. quedaron sólo unos veinte. Todos los años desaparecía algún estado absorbido
por otro más fuerte.
En
la llanura central del norte de China, alrededor del territorio real, había una
serie de pequeños estados que tenían, sin embargo, un grado de cultura mayor,
tales como Song y Lu. En la periferia estaban los estados fronterizos, más
poderosos pero más primitivos de Qin en Miaanxi, Jin en Shanxi, Yan en Hebei,
Qi en Shandong y Chu en el valle del Yangtze. El éxito de algunos estados se
debió a una administración incipiente que les facilitó organizarse y
defenderse. En Qi, el duque Huan organizó milicias, desarrolló el comercio y
estableció los monopolios del hierro y de la sal. En Chu se inició el sistema
de xian (distrito) y luego se extendió a Jin y Qin. Varias
instituciones de carácter feudal se pierden y las relaciones entre soberano,
vasallos y otros subordinados se rigen ya por leyes e impuestos. Las guerras
pierden totalmente su carácter de contiendas entre caballeros y nobles. Es en
este ambiente de separación en estados soberanos que empieza una era de luchas
sangrientas, hasta que uno de ellos logra la supremacía total. Casi todos los
soberanos habían adoptado el título de rey que anteriormente era prerrogativa
de los Zhou.
En
la última confrontación quedaron siete estados: tres que ya habían sido
poderosos anteriormente, Qi, Qin y Chu; Yan, que se fortaleció a fines del
siglo IV, y los tres
estados que surgieron después de la desintegración de Jin en el siglo V:
Zhao, Wei y Han.
Los grandes cambios: los Estados Combatientes
(403-221 a. C.)
El
periodo que la historiografía tradicional china llama a época de los Estados
Combatientes es exactamente eso: numerosos estados independientes pugnando por
la supremacía, luchando por guardar su independencia, desarrollándose a partir
de fragmentos de otro estado más grande. Este periodo constituirá el puente
entre un sistema multiestatal y un estado centralizado que unirá, por primera
vez, a toda China. La transformación no fue más que la consecuencia de serios y
profundos cambios en la estructura misma de la sociedad, la economía y la
ideología cambios que fueron acelerándose de una generación a la otra.
Cambios económicos
Los
jefes de estado, apremiados por necesidades de abastecimiento en una época de
guerras continuas, alentaron la apertura de nuevas tierras para el cultivo.
Esto, por un lado los liberaba de su dependencia frente a la aristocracia que
poseía las tierras y, por otro lado, les permitía obtener nuevos recursos en
forma de impuestos pagados por campesinos libres y que dependían directamente
de la autoridad central estatal.
El
cultivo de nuevas tierras fue posible gracias a innovaciones técnicas, obras de
irrigación y mejores instrumentos de labranza. Se secaron regiones pantanosas,
se drenaron tierras con alta salinidad y se usó el abono con más pericia. Las
grandes obras de irrigación permitieron liberar tierras para el cultivo y,
además, almacenar agua para épocas de sequía. En Sichuan, en la región de
Chengdu, todavía se puede apreciar el sistema ideado por el ingeniero
hidráulico Li Bing en el siglo III a.
C.; en el Valle de Wei, Ximen Bao y Shi Qi hicieron posible el cultivo de miles
de hectáreas. Las herramientas de hierro prevalecieron y reemplazaron a las de
piedra y madera y, por otra parte, el vaciado de hierro alcanzó un gran avance
en China mucho antes que en Europa, en donde se usó el hierro forjado muchos
siglos después. El vaciado del hierro alentó la producción masiva de
instrumentos, puesto que el mismo molde se podía usar varias veces.
La
industria local y especializada también se desarrolló y cada estado contaba con
alguna. Es así como Qi se destacó en los textiles y Chu en la fabricación de
objetos de hierro. El intercambio de objetos manufacturados alentó el comercio,
y así surgió una clase activa de intermediarios y comerciantes ricos que
controlaban también los medios de transporte de mercancías tales como carros y
barcos. Al mismo tiempo que el comercio cobraba importancia, los medios de
transporte se hacían más variados y más rápidos. También en esta época aparece
la moneda de metal. En épocas anteriores, aparte del intercambio de mercancías,
se usaron conchas como monedas; sin embargo, a partir del siglo V a.
C., los comerciantes usaron varios tipos de monedas de bronce y también de oro
con formas de espada, cuchillo, concha, y otras. En Qin las monedas eran
redondas y tenían un hoyo central que permitía amarrar varias juntas. El
comercio se extendió más allá de China, hasta regiones que comprenden las
actuales Manchuria, Mongolia, Corea e India, y hacia el sur, en regiones que
más adelante formarían parte de China.
Vasija
ritual, para vino, de Zhou.
Las
ciudades también se transformaron y prosperaron. Algunas, además de continuar
con las funciones administrativas que antes tenían, se volvieron centros
comerciales e industriales. Otras adquirieron importancia por estar en puntos
estratégicos de transporte. Muchas ciudades se transformaron en centros
académicos y culturales.
Cambios militares
El
arte de la guerra durante el periodo de los Estados Combatientes deja de ser un
deporte de reyes y aristócratas, Ya no rigen códigos de honor ni se trata de
pequeñas refriegas para conservar el vigor de las clases privilegiadas. Las
guerras duran ahora muchos años e involucran a cientos de miles de hombres. Se
habla de ejércitos de hasta un millón de soldados, lo cual es quizás exagerado,
pero demuestra cómo las campañas militares determinaban la sobrevivencia de los
estados. Eran también frecuentes las matanzas de todo el ejército vencido.
El
arte de la guerra también se transformó. Con la decadencia de los aristócratas
y el cambio en la intención de las guerras se descartaron los carros. La
infantería de soldados conscriptos era el cuerpo principal de combate, y la
caballería, usada desde mucho antes por tribus nómadas del norte, comenzó a
cobrar una importancia muy grande. Precisamente, a fin de impedir ataques de la
caballería de los nómadas o de estados rivales, algunos estados construyeron, a
partir de mediados del siglo V a.
C., murallas que más adelante se unirían y extenderían para formar la Gran
Muralla en el siglo III a.
C.
El
tipo de soldado también cambió. Ahora era un profesional reclutado entre las
clases bajas y con posibilidad de ascender. Los generales ya no siempre debían
su puesto a un origen aristocrático, sino a su capacidad probada en el campo de
batalla. Estrategas y especialistas escribieron tratados tanto sobre la guerra
ofensiva como la defensiva, y muchas batallas se ganaron más por astucia que
por coraje. La logística y el abastecimiento se volvieron primordiales; estas
batallas no las ganaba el más aguerrido sino el mejor preparado.
Cambios sociales y políticos
Ya
se ha señalado que desde los siglos VII y VI a.
C. se notó un deterioro en las relaciones de tipo feudal que mantenían las
grandes familias; asimismo, que poco a poco se fue perdiendo la coherencia de
un sistema edificado sobre un ritual religioso compartido, el parentesco y las
relaciones de poder entre aristócratas. Las guerras internas habían debilitado
a la clase antes poderosa, y los jefes de estado cada día dependían más de la
pericia y la experiencia de hombres cuyo nacimiento no era ilustre, pero que
sabían administrar. Es así como surge una élite no hereditaria, una burocracia
alimentada por varios estratos de la sociedad, con intereses más ligados al
soberano.
También
se dio el caso de los que ascendieron por méritos militares, obteniendo así
regalos como recompensa, el más valioso de los cuales era un pedazo de tierra y
hombres para cultivarla. Estos nuevos terratenientes podían también ampliar sus
propiedades comprando tierra que ya era enajenable en aquella época.
Además
de los cambios sucedidos entre las clases privilegiadas también se dieron
cambios en el campesinado. Aunque la calidad de la vida del campesino había
cambiado poco, la participación en la guerra y el derecho a la propiedad
privada fueron un vehículo de movilidad social que, si bien no era fácil, al
menos no era del todo imposible. Es cierto también que muchos campesinos
pobres, con poca tierra y sujetos al pago de altos impuestos corrían el peligro
de terminar como esclavos para pagar sus deudas. Los campesinos sin tierra, los
que huían de las regiones en guerra o habían quedado sin amo, podían trabajar
en industrias, en minas, o como artesanos, o bien podían aceptar ofertas de
tierra en lugares más lejanos. Esta polarización contribuyó a que se llevaran a
cabo reformas que condujeron al establecimiento de un poder centralizado.
Durante
toda la época de los Estados Combatientes era común que los jefes de estado,
con la ayuda de estadistas y filósofos, llevaran a cabo reformas políticas.
Generalmente estas reformas respondían a varias corrientes ideológicas, pero la
más importante fue ciertamente la que propugnaron los filósofos llamados
«legalistas». Estos pensadores tuvieron un campo de experimentación en el
estado de Qin, donde fueron aplicadas reformas radicales cuya efectividad pudo
ser comprobada por la supremacía que Qin tuvo sobre toda China, a la que por
primera vez pudo unificar.
De
todos los Estados Combatientes, Qin era tal vez el más adecuado para aceptar
reformas que lo convirtieron en un estado fuerte y con características
peculiares. Qin, un estado fronterizo y, según algunos, «semibárbaro», comenzó
como un estado pobre pero marcial, con una aristocracia menos poderosa y
grandes extensiones de tierra que podían utilizarse para el cultivo.
De
todos los reformadores de este periodo, Shang Yang («el señor de Shang») fue el
más destacado. Shang Yang (?-338 a. C.), quien pertenecía ala nobleza del
estado de Wei, apareció en Qin a mediados del siglo IV a.
C. y era adepto de la escuela legalista. El duque Xiao, soberano de Qin, le
encomendó elaborar un programa de reformas en 359 a. C. Lo más importante que
Shang Yang logró fue imponer un nuevo sistema de tenencia de la tierra, dando
así un golpe mortal al sistema feudal. La primogenitura fue suprimida y la
tierra debía ser dividida entre los herederos, aminorando de esta manera el
poder de los individuos frente al estado. Al mismo tiempo, la tierra se volvió
enajenable y cualquier persona, sin importar su origen, podía adquirirla.
Instituyó, para quienes se habían destacado en la guerra, 17 rangos de nobleza
que iban acompañados de regalos en tierras, esclavos y ropas para los nuevos
aristócratas quienes podían surgir de clases muy bajas. A los viejos aristócratas
se les podía degradar si no se habían destacado y a los campesinos que
aumentaban su productividad se les eximía de otros trabajos. La administración
se centralizó dividiéndose el estado en 31 xian (distritos)
administrados por personas nombradas por el centro. Cada grupo de diez familias
constituía un grupo de responsabilidad y vigilancia mutuas; las familias
grandes que vivían bajo un solo techo eran consideradas como varias familias
para efectos fiscales, y el pago de impuestos por individuos fue reemplazando
las contribuciones en especies y en trabajo que prevalecían en épocas
anteriores. Shang Yang promulgó un código penal que se aplicaba a todas las
capas sociales y unificó las pesas y las medidas. Shang Yang hizo de Qin un
estado verdaderamente fuerte, pero no vivió lo suficiente como para ver todas
las consecuencias de sus reformas. A la muerte de su protector, el duque Xiao,
los aristócratas, a quienes tanto había perjudicado, pudieron vengarse y lo
hicieron descuartizar.
La lucha por la supremacía y el triunfo de Qin
Los
acontecimientos que llevaron al triunfo de Qin se presentan como una sucesión
de guerras, muchas de ellas sangrientas y crueles, de alianzas, de intrigas, de
ejemplos de valor y cobardía. Todavía no hay una imagen muy clara de toda la
red de acontecimientos simultáneos, pero se pueden observar tres etapas
decisivas de la lucha por el poder. En la primera etapa, Wei obtuvo éxitos; sin
embargo, a mediados del siglo IV a.
C., gracias a los consejos del estratega Song el lisiado, Qi derrotó
en dos ocasiones a Wei, que nunca más recuperó su poderío. En la segunda etapa,
Qi se enfrentó a Qin. Qin, fortalecido gracias a las reformas de Shang Yang,
primero logró alejar a Qi de sus aliados y, cuanto más poder perdía Qi, más se
fortalecía Qin. En la tercera etapa, Qin no tenía más que un rival serio, el
estado de Zhao. En 260 a. C., los ejércitos de Qin y Zhao se enfrentaron en una
batalla decisiva en Changping que duró cuarenta días; Qin venció y unos 450 000
soldados de Zhao fueron masacrados. Desde ese momento, sólo fue cuestión de
tiempo: en 249 a. C. terminó la dinastía Zhou, cuyo territorio ya había
desaparecido, y en 221 a. C. cayó Chu y Qi se rindió. Por primera vez China
estaba unida.
La cultura
De
la época Zhou ha quedado una serie de documentos escritos que ha constituido, a
través de los siglos, la base de la tradición china, tanto filosófica como
política y ética. Estos documentos no nos han llegado en forma original (las
tiras de bambú sobre las cuales se escribía con tinta y pincel desaparecieron
pronto), sino por medio de copias, alteraciones, interpolaciones y
modificaciones. De cualquier manera, estos escritos tienen al menos su origen
en Zhou y las numerosas interpretaciones de las cuales fueron objeto en el
curso de la historia de China son un indicador del pensamiento y del sentir de
cada época.
Los libros clásicos
Los
cinco clásicos, base de la tradición cultural china, no son todos de la misma
época histórica y, además, cada uno de ellos contiene partes escritas en épocas
diferentes.
El libro de los cambios (Yijing)
Originalmente
un manual para adivinación, el Yijing fue objeto de un sinfín de
comentarios que le atribuyeron un sentido filosófico profundo. En
el Yijing se introducen 64 hexagramas, supuestamente inventados por
Fu Xi, constituidos por líneas continuas o quebradas, las cuales representan,
respectivamente, el elemento masculino (yang) o femenino (yin) y que,
combinadas, revelan todas las posibilidades de manifestación del mundo natural,
compuesto por fuerzas contradictorias pero complementarias. A continuación,
cuatro ejemplos de hexagramas:
El libro de documentos (Shujing)
Es
una colección de escritos muy viejos, de carácter ritual o religioso, de
principios de la época Zhou. En ellos se encuentran también las exhortaciones
del duque Zhou y otros discursos de soberanos antiguos.
El libro de poesía (Shijing)
Es
una colección de himnos tomados de las ceremonias y los ritos oficiales que se
cantaban y bailaban en las cortes acompañados por la música de campanas de
bronce y de series de piedras sonoras. También se incluyen en esta antología
poemas populares, tales como cantos corales de muchachos y muchachas que se
interpretaban durante los festivales, así como canciones de amor.
Los Anales de Primavera y de Otoño (Chunqiu)
Estos
anales de la corte de Lu, de 722 a 481 a. C., no eran un fenómeno aislado, pues
pertenecían a un género común y existían en muchos estados a partir del
siglo IX. Casi todos han
desaparecido menos estos fragmentos y los anales del Reino de Wei, conocidos
como los Anales de Bambú. El Chunqiu es famoso por el comentario de
Zuo (el Zuozhuan), que tiene menos de comentario y más de narración
histórica, la cual a veces corresponde a eventos registrados en
el Chunqiu y a veces no.
El libro de los ritos (Liji)
Aparentemente
era parte de un clásico sobre ritos compuesto de cuatro partes. En realidad
éste es un libro posterior a la época Zhou, pero con elementos tomados de
tiempos más antiguos. El Liji describe ritos apropiados para
diferentes situaciones de intercambio social, ceremonias y actividades
recreativas.
Filosofía: humanismo
En
China, más temprano que en otras culturas, hubo una separación de los ámbitos
humano y divino. En Shang y Zhou Occidental, la información que tenemos a
través de inscripciones y de algunos de los textos más viejos revela que toda
acción humana debía ser consultada y aprobada por los dioses. A partir del
periodo de Primavera y de Otoño, el dios tribal Di se vuelve el señor de
arriba, Shangdi, o bien Tian, el Cielo, el dios de todos. Se desarrolla también
la doctrina del Mandato del Cielo a fin de justificar la toma del poder por los
Zhou, y la religión, con sus cultos ancestrales, se volcó hada el cumplimiento
de ciertos patrones de conducta, como son la piedad filial y la obediencia,
virtudes netamente humanas pero que tenían la aprobación del ámbito divino.
Sería
exagerado afirmar que este humanismo temprano significó un abandono de las
supersticiones y las prácticas religiosas. La adivinación y los sacrificios se
siguieron practicando, pero a la vez que se pedía a los dioses y espíritus
asistencia para las cosas de este mundo, también se recurría a la ayuda de los
expertos.
Los
seres sobrenaturales podían enojarse y por ello se les debía aplacar; sin
embargo, no había un sentimiento de estar pecando en contra de ellos al actuar
mal. Es más, el criterio para determinar la conducta eran los resultados
prácticos. El soberano tenía como indicador de su virtud la prosperidad y
felicidad del pueblo, la paz en su reino y la ausencia de calamidades
naturales.
El
Cielo, la deidad máxima, tenía un modo natural de funcionar, un
camino (dao). Es así como, desde muy temprano, el concepto
de dao se usó para significar el camino o el modo de conducirse
apropiadamente según el lugar y el deber de cada persona. Además del concepto
de dao, los cosmólogos de la época Zhou sugirieron que el camino del
cielo se ponía en acción gracias a dos fuerzas abstractas:
el yang, elemento masculino asociado con la fuerza y la claridad, y
el yin, elemento femenino asociado con la debilidad y la oscuridad.
Estos dos elementos son opuestos, pero se complementan y es su interacción y la
dominación temporal de uno sobre el otro, lo que tiene como resultado la
creación de las cosas y los cambios.
Los
acontecimientos políticos a partir de la época de Primavera y de Otoño
fomentaron una gran actividad en el ámbito del pensamiento filosófico-político.
Se ofrecieron teorías sobre cómo sobreviven los estados y cuál debe ser el
comportamiento de los individuos, se desarrollaron teorías de lógica abstracta
y de estrategias prácticas de guerra. Esta actividad dio lugar a un sinfín de
escuelas de pensamiento conocidas en la tradición china como «Las cien
escuelas». Entre ellas, las más importantes, por su influencia posterior,
serían el confucianismo, el daoísmo y el legalismo.
Confucianismo
Aun
para aquellos que ignoran casi todo acerca de la cultura china, el nombre de
Confucio no es desconocido. Confucio y la doctrina que fundó, el confucianismo,
han llegado a ser sinónimos de todo el pensamiento chino. Eso no es del todo
justo, puesto que hay una gran variedad de corrientes de pensamiento en China,
pero al menos es cierto por la importancia que ha tenido durante toda la
historia de China. Es tal la duración del confucianismo, y tal su influencia,
que hizo falta una campaña en contra de su persistencia, aun en la República
Popular China, para erradicarlo completamente, lo que, según algunos, todavía
no se ha logrado.
Confucio.
Confucio
(551-479 a. C.) se llamó en realidad Kong Qiu y conocido como Kong Fuzi (el
maestro Kong). Nació en Lu, dedicó su vida a la enseñanza y viajó a muchos
otros reinos transmitiendo sus doctrinas. Nunca pudo llegar a ocupar un cargo
importante, pero formó discípulos que tuvieron poder. A pesar de que
posteriormente se le atribuyeron todos los libros clásicos (menos el Libro de
poesía, del cual dicen fue únicamente el compilador), se cree que nada más en
el libro de las Analectas, Lun Yu, es en donde hay una recopilación
de algunas de sus enseñanzas.
Confucio
pertenecía a una escuela de letrados, los ru, que aparecen con la
paulatina desintegración del sistema feudal como administradores, consejeros,
conocedores de ritos, escribas en las cortes. Hacían todo lo que en otras
civilizaciones era prerrogativa de los sacerdotes, pero en China aun el
conocimiento y la práctica de los ritos no ungían a nadie como sacerdote. El
panorama político y social que le tocó vivir a Confucio era desolador y
confuso. La tradición, que había mantenido cierto orden, estaba perdiéndose,
pero no había sido reemplazada y la conducta de las personas ya no obedecía a
la enseñanza moral del pasado. Esta situación preocupó a Confucio y en sus
enseñanzas hay una insistencia por «volver» a los ritos y costumbres antiguos,
los ritos de los Zhou. Este apego al pasado le hizo denunciar la promulgación
de códigos, puesto que no es la ley sino la virtud la que debe regir la
conducta, y Protestar contra la propiedad privada, innovación que contradecía
el ideal de propiedad comunal. Esto le valió a Confucio el apelativo de
reaccionario y retrógrado, tanto en el periodo de intentos de modernización, en
1919, como después del triunfo de la revolución de 1949.
Sin
embargo, a pesar de esta actitud de mirar hacia el pasado, rehusar aceptar
cosas nuevas, e insistir en que la sociedad debía estar ordenada según ciertas
relaciones fijas de autoridad y de obediencia, hay elementos en la enseñanza de
Confucio que son menos rígidos de lo que posteriormente se volverían. En primer
lugar, insiste en que el caballero, el junzi, es el hombre de bien
por su comportamiento y su rectitud y no por su nacimiento. La virtud principal
es el ren, o sea la cualidad misma de ser humano y de querer a los
demás seres humanos, y todo junzi debería tratar de alcanzar el ren a través
del autoperfeccionamiento. Uno de los caminos para alcanzar la virtud es
observar rigurosamente las reglas de conducta decorosa y el ceremonial
prescrito, o sea, practicar el li, y tomar siempre en cuenta a los
demás haciendo alarde de altruismo, shu. La relación con los demás es
esencial para Confucio, ya que el ser humano vive en sociedad. La familia, como
primera unidad social, es muy importante y una virtud destacada es la piedad
filial, el xiao.
El
gobierno es una extensión de la familia y debe tener como fin el bienestar del
pueblo. Aunque Confucio no tenía un gran concepto del pueblo, al que finalmente
consideraba ignorante y con poca disposición hacia la virtud, insistió en que
el gobernante debe dar el buen ejemplo y demostrar capacidad y virtud. En su
famosa teoría de «la rectificación de los nombres» afirmó que un cargo debe
corresponder a las funciones que se le atribuyen y que los que lo ocupan deben
justificar tenerlo por los resultados. Esto de alguna manera se opone a la
transmisión hereditaria de privilegios.
En
materia de religión, Confucio se mostró respetuoso del ritual, pero discutió
poco las cosas del Cielo y de los espíritus. Es bien conocida la famosa frase
que dirigió a su discípulo Zilu cuando éste le preguntó sobre como servir a los
espíritus: «No sabemos ni siquiera servir a los humanos ¿cómo podemos servir a
los espíritus?» No menciona nada sobre lo que pasa después de la muerte, y
también le dice a Zilu: «No entendemos la vida ¿cómo podemos entender la
muerte?» Esta despreocupación por el más allá también deja escasas
posibilidades e esperar una recompensa, después de la muerte, por la buena
conducta. A veces la recompensa no llega tampoco en esta vida, lo que de verdad
importa es estar en paz consigo mismo.
Confucio
fue un gran maestro y un gran innovador de los métodos de enseñanza. Aceptó
discípulos de varias clases sociales, conocía bien a cada uno de ellos y tomaba
en cuenta sus distintas personalidades. No era partidario del aprendizaje de
memoria y quería que sus discípulos reflexionaran. Sentía que tenía una misión
que cumplir y, como Sócrates, pensaba que saber que uno no sabe es un comienzo
de sabiduría.
Entre
los discípulos de Confucio de generaciones posteriores se destacaron sobre todo
dos. Ambos desarrollaron el pensamiento del maestro, pero tomaron caminos
divergentes sobre un problema que seguiría siendo objeto de debate filosófico a
través de la historia, esto es, el problema de la «naturaleza humana».
Mencio (ca. 372-289 a. C.)
Al
igual que Confucio, Mencio (Mengzi) fue un viajero y maestro incansable.
Insistió en la importancia de la «rectificación de los nombres», sobre todo en
lo que toca a las obligaciones del gobernante. Éste debe estar preocupado por
el bienestar del pueblo, al cual debe resguardar de la guerra, alimentar y
vestir. El monarca que no cumple con su cometido, y en cuyo reino hay desorden
y miseria, obviamente no está gobernando con virtud y ha perdido el «mandato
del cielo». En este caso el pueblo puede rebelarse y despojarlo del poder.
La
virtud esencial para el rey, no es su prerrogativa únicamente y todos los seres
humanos son capaces de volverse sabios si hacen el esfuerzo necesario. La
naturaleza humana es buena, nos dice Mencio, y el mal es el resultado del
enviciamiento posterior. El ser humano posee al nacer las semillas de las
cualidades morales necesarias para hacerlo un junzi. Éstas son principalmente
el ren (humanidad), el li (propiedad),
el yi (rectitud) y el zhi (conocimiento).
Mencio
fue el primero de los pensadores chinos que trató de justificar una tajante
estratificación social, a pesar de la teoría de la igualdad original. «Hay
quienes —dice Mencio— trabajan con sus mentes y otros trabajan con la fuerza de
sus músculos. Aquellos que trabajan con sus mentes gobiernan a los demás; los
que trabajan con la fuerza de sus músculos son gobernados.» Y luego añade: «Los
que gobiernan son alimentados por aquellos a quienes gobiernan».
Xunzi (ca. 238 a. C.)
Para
Xunzi la naturaleza humana es mala, pero puede le transformarse por el estudio
y el esfuerzo. Por eso Xunzi le da una gran importancia al li, que
constituirá el vehículo de un comportamiento decoroso y que ayudará a cambiar
la naturaleza. El impulso moral no viene únicamente desde dentro, ya que hacen
falta algunas reglas de conducta externas.
Daoísmo
En
el daoísmo tenemos una dimensión distinta del pensamiento chino. Es contrario y
complementario del confucianismo, casi de la misma manera en que se
complementan el yin y el yang. Si bien el confucianismo
cubre los aspectos social y político de las inquietudes humanas, el daoísmo se
dirige al individuo y toma en cuenta sus necesidades de expresión, su deseo de
felicidad personal y su esfuerzo por liberarse de un orden establecido lleno de
reglas y restricciones. El daoísmo ve al individuo como tal y no como parte de
un sistema social, satisface su anhelo por lo trascendental, acepta y alienta
el no conformismo, pone en duda el sistema moral y opone la naturaleza a la
sociedad.
El
origen del daoísmo es aún objeto de discusión, pero si bien los primeros
escritos daoístas son posteriores a los escritos confucianos, es posible que
tenga raíces en cultos semimágicos y religiosos, en la observación de la
naturaleza por parte de astrónomos que existieron desde épocas remotas en
China, y en la tradición de ermitaños que escapaban del mundo y su maldad. Hay
quienes afirman que el daoísmo sufrió una gran influencia de la cultura Chu, de
ese reino del sur, apenas chino, en el que abundaban chamanes que practicaban
cultos extraños y en donde se buscaba la inmortalidad.
Casi
todo el pensamiento daoísta se encuentra en dos libros fundamentales,
el Daodejing y el Zhuangzi. El Daodejing, El
Libro Clásico del Camino y de la Virtud, atribuido a Laozi, quien, según la
tradición, era un sabio contemporáneo y rival de Confucio, es probablemente del
siglo IV o III a.
C. y tal vez no sea de un solo autor. Este texto corto y sumamente críptico ha
tenido una enorme influencia tanto en China como en Occidente y hay un sinfín
de traducciones que ofrecen distintas interpretaciones.
El Zhuangzi es atribuido a un tal Zhuang Zhou, escritor del
siglo IV a. C. Es
un libro de cuentos, fábulas, aforismos, fantasías en donde abundan las
paradojas, el simbolismo y las contradicciones. En ambos libros se señala que
el ser humano no es el centro del universo y que el orden cósmico no es la
extensión del orden humano. El mundo aparece como cambiante; sin embargo, ese
cambio es tan sólo aparente y se basa en lo inmutable. Dice
el Daodejing: «Había algo informal pero completo que existía antes
del cielo y la tierra; sin sonido ni sustancia, apoyado en nada, inmutable,
presente en todo, infalible, se podría pensar que es lo que creó todas las
cosas bajo el cielo, su verdadero nombre no lo conocemos; dao es el
nombre que le damos». El conocimiento humano es limitado y muchos juicios son
falsos y contradictorios. Es difícil probar los conceptos metafísicos y
asimismo es imposible distinguir entre sueño y realidad. Esto lo transmite
admirablemente el Zhuangzi cuando dice: «Una vez, yo, Zhuang Zhou,
soñé que era una mariposa y era feliz siendo una mariposa. Tenía conciencia de
estar contento conmigo mismo, pero no sabía que era Zhou. De repente desperté y
heme aquí, aparentemente Zhou. No sé si era Zhou soñando que era una mariposa,
o la mariposa soñando que era Zhou».
El
ideal de la vida es un regreso a la naturaleza mediante el rechazo de los
conocimientos, los deseos, la posición, la riqueza y la vida en sociedad. Dice
el Zhuangzi: «Sólo el que se libera del deseo puede ver las Esencias
Secretas». La felicidad no es el resultado de la virtud sino de la
espontaneidad y la armonía con la Naturaleza cuyo proceso, el dao, es también
nuestro camino. «El sabio que gobierna lo hace sin intervenir, sin reglas y sin
ritos.»
El
daoísmo siempre coexistió con el confucianismo y fue una fuente inagotable para
la creación literaria y artística en China. Era frecuente encontrar las dos
doctrinas en una sola persona, y muchos confucianos, obligados a retirarse de
la vida activa por exilio o por luto, pudieron pasar algún tiempo en comunión
con la naturaleza en el mejor estilo daoísta. Es también innegable que el
daoísmo tuvo una influencia en el desarrollo posterior del pensamiento
confuciano.
Legalismo
La
tercera corriente importante de pensamiento que surgió en China en la época
Zhou fue el legalismo. Tanto el confucianismo, por su exaltación del mérito
sobre el nacimiento, como el daoísmo, por su retorno a la naturaleza y su
rechazo a las instituciones, marcan una decadencia del feudalismo. Otra
dimensión de esta decadencia la señala el legalismo, que es más una guía
práctica para gobernar y para administrar bien el estado que una doctrina
filosófica.
Al
final del periodo de Primavera y de Otoño, con la desintegración del sistema
feudal, la aparición de nuevas clases sociales y la ampliación de los
territorios de los estados, hay una creciente necesidad de centralizar el
poder. Durante el siglo VII a.
C., apareció en Qi el ministro Guanzi, quien llevó a cabo reformas
administrativas y recibió alabanzas del mismo Confucio. Otros siguieron el
ejemplo y así fue creándose una tradición de burócratas con una actitud
pragmática que pensaban de qué manera podía gobernar eficazmente el soberano.
Hacia
el siglo IV a. C.
había tres corrientes principales, cada una de las cuales atribuía importancia
a un elemento esencial: a) la corriente encabezada por el Señor de
Shang (Shang Yang), de quien se ha hablado anteriormente, y cuya principal
preocupación era la ley (fa). En esta escuela se insistía en que un
gobierno efectivo necesita de leyes bien definidas, universalmente aplicadas y
en las cuales se enumeren castigos y recompensas que darán como resultado una
obediencia total al soberano; b) la corriente que dirigió Shen Buhai
(siglo IV a. C.),
quien insistió en la técnica (shu) administrativa, es decir, el
conocimiento requerido por el soberano para controlar y dirigir a sus ministros
y al pueblo; c) la corriente cuyo mayor exponente fue Shen Dao
(siglos IV-III a. C.),
quien pensaba que el poder (shi) es lo más importante y que, a fin de
gobernar con efectividad, el soberano debe hacer valer su poder por todos los
medios. Las tres tendencias fueron recogidas por Han Feizi
(ca. 280-ca. 233 a. C.), quien las consideró igualmente importantes.
El
legalismo se opone al confucianismo en cuanto rechaza la autoridad «moral» (la
única autoridad es la del soberano), no mira hacia el pasado, se concentra en
el presente y pide resultados prácticos. Su criterio de la verdad es
precisamente el resultado y es por eso que no hay criterios absolutos. Las
leyes no son vagos preceptos morales, sino códigos escritos y muy estrictos
aplicables a todos por igual. No hay una doctrina sobre la naturaleza humana
pero se infiere, por la visión pesimista de los legalistas, que es mala. Es por
eso que se ha señalado que el confuciano Xunzi, maestro de Han Feizi y del
primer ministro de Qin, Li Si, ejerció una gran influencia sobre los
legalistas, aunque él mismo completó su teoría afirmando que el conocimiento y
el esfuerzo mejoran al ser humano, cosa que sus discípulos no recogieron.
La
defensa de la fuerza y del poder total que hacen los legalistas es obviamente
una filosofía que acompaña bien a un régimen autoritario. Adoptado por Qin, el
legalismo fue la ideología oficial del estado durante pocos años en China, pero
aun después de su derrota por parte del confucianismo, no dejó de tener una
influencia real. En China, a pesar de la idea confuciana de un gobierno por la
virtud, existieron códigos escritos de leyes a lo largo de toda la historia, y
los castigos que ahí se prevén son tan feroces como los hubiera querido Shang
Yang. Si bien el legalismo fue atacado, en realidad algunos de sus preceptos
nunca desaparecieron. Después del establecimiento de la República Popular
China, el movimiento anticonfuciano hizo que se reivindicara esta otra
corriente más pragmática, más práctica y considerada como menos hipócrita. Sin
embargo, en tiempos más recientes se ha vuelto a cuestionar la total amoralidad
y el cinismo del legalismo, cuyo objeto es el gobierno por el gobierno y no el
gobierno para el bien del pueblo.
Otras escuelas
A
pesar de que finalmente tuvo menor influencia que las escuelas anteriores, no
podemos dejar de mencionar el moísmo, escuela fundada por Mo Di
(Mozi, ca. 479-381 a. C.). Esta escuela, cuyo origen parte tal vez de
las cofradías artesanales o bien de las organizaciones militares, llegó a tener
una gran influencia en los siglos IV y III a.
C. Los moístas se declararon enemigos de lujos y amenidades sociales y todos
los ritos ostentosos que los confucianos justificaban como una realización
del li. El amor a la familia y la lealtad al clan, aceptados por el
confucianismo, no satisfacían a los moístas, quienes proclamaban que el único
amor válido es el amor universal. Mozi se oponía a la guerra agresiva, pero
organizó a sus discípulos en un cuerpo disciplinado capaz de defenderse
militarmente. Asimismo, más que cualquier filósofo de esa época, Mozi utilizó
el elemento religioso para consolidar su doctrina filosófica.
Otra
corriente efímera fue la Escuela de los Nombres (mingjia) o Escuela
de los Sofistas, en la que se hicieron intentos de análisis lógico. Para Hui
Shi (ca. 380-300 a. C.) todo es relativo y limitado, todo es igual y todo
es diferente. Como lo dice en las diez paradojas que han llegado hasta
nosotros: «el sol al mediodía es el sol que declina», «la criatura que nace, ya
se está muriendo». Gong Sunlong (siglo IV a.
C.) nos ha dejado también nutridas paradojas en las que se examina la
naturaleza misma de las cosas y sus atributos. Por ejemplo, un caballo blanco
no es un caballo y tampoco es blanco. Puesto que «caballo» es un universal y no
especifica color, no es «caballo blanco», y «caballo blanco», siendo
específico, no es «blanco» en general. Este intento de jugar con ideas
abstractas y de especulación meramente intelectual no prosperó en China y la
lógica no seguirá este camino sino el de los números y las combinaciones de
signos para significar relaciones de tiempo y espacio.
Literatura
En
los Cinco Libros Clásicos y en los escritos filosóficos antes mencionados,
encontramos los orígenes de la creación literaria china. Si bien El libro de
los cambios (Yijing), Los anales de Primavera y de
Otoño (Chunqiu) y El libro de los ritos (Liji), no tienen
enormes méritos literarios, El libro de los
documentos (Shujing) tiene ejemplos interesantes de prosa y El
comentario de Zuo utiliza el estilo narrativo y el diálogo con bastante
habilidad. A la misma escuela de escritos históricos y retóricos pertenece el
libro Zhanguo Ce (Las estrategias de los estados combatientes).
El
más interesante de los clásicos es tal vez Shijing (El libro de
poesía). Esta antología, que según la tradición fue compilada por el mismo
Confucio, es el documento más valioso que tenemos para conocer la vida en la
época Zhou. Tenemos, por un lado, descripciones de la vida y los pasatiempos de
los aristócratas, las ceremonias, las cacerías, los banquetes, los instrumentos
musicales y, por otro, descripciones del acontecer de la gente común: la
conscripción, la servidumbre, los ritos de las diferentes estaciones, las
relaciones entre los sexos, las costumbres y la vida cotidiana.
Otra
antología muy famosa de la época Zhou, y muy diferente
del Shijing, es la colección Las canciones de Chu, que nos
ofrece la producción poética del reino de Chu, estado vasallo de Zhou, pero de
cultura y tradición diferentes. Chu, que se encontraba en la orilla del río
Yangtse, era el estado más culto y refinado del sur. El poeta más importante de
la antología es Qu Yuan (340-278 a. C.), miembro destacado de la corte de Chu,
ministro y diplomático, pero que en cierto momento cayó en desgracia, fue desterrado
y, cuando Chu cayó en manos de Qin, se suicidó ahogándose en el río Milo (en
Hunan). Sus composiciones poéticas más famosas son: Las Nueve Canciones, Las
Nueve Composiciones, Preguntas al Cielo, Invocando el Alma y El Encuentro con
la Tristeza (Li Sao), su más famosa composición lírica en donde
cuenta su vida y sus penas. La poesía de Chu Yuan colmada de recuerdos, de
chamanismo primitivo y de alegorías, contiene imágenes de una naturaleza
cargada de sentido. La nota de tristeza tan personal hace de la poesía de Chu
Yuan un testimonio íntimo y desbordante de emoción.
La sociedad
Casi
siempre, cuando se describe la vida cotidiana de épocas históricas remotas, se
describe en realidad el quehacer de las clases privilegiadas. Ellas constituyen
el objeto de descripción en los documentos escritos y son las dueñas de la gran
tradición. Tratándose de obras de arte, es más fácil que se esculpan estatuas
de gobernantes que de gente común y que se pinten palacios en lugar de chozas.
Aún más difícil es conocer la vida de las mujeres de todas las clases sociales.
Si la historia del mundo ha ignorado a la mitad de la humanidad, la historia de
China no ha sido una excepción en este aspecto.
Sin
embargo, por medio de pequeños detalles, de indicios encontrados en relatos
—que si bien hablan de los poderosos, tienen a la gente común como telón de
fondo— y de objetos hallados en las tumbas, es posible a veces reconstruir la
vida del pueblo durante Zhou. Una fuente importante es también
el Shijing, en donde los poemas de amor y del quehacer cotidiano nos
acercan un poco a la vida de la gente sencilla.
Como
ya sabemos, los aristócratas se dedicaban a la guerra, al gobierno, a realizar
ceremonias religiosas. Sin embargo, los de ascendencia aristocrática, pero con
menos patrimonio (mientras duró la primogenitura), estaban a merced de sus más
ilustres parientes. Las diversiones de los aristócratas, aparte de la guerra
—que más adelante se volvió menos divertida—, eran la caza, los torneos y las
fiestas en las cortes en donde juglares, bailarines y músicos los entretenían.
Las casas en las que habitaban eran cómodas, sus hábitos de higiene avanzados y
ya habían inventado los palillos para comer.
El
pueblo, es decir, los no aristócratas, no vivía tan bien, pero había
comerciantes que poseían bienes y podían llevar una vida cómoda, aunque nunca
llegaron a tener prestigio social. Los demás, artesanos, sirvientes, campesinos
y esclavos llevaban una existencia precaria. Una característica que se perfila
en la lectura de textos antiguos es cuán reglamentada estaba la vida de los
campesinos, obligados a trabajos colectivos, a casamientos en grupo en épocas
de festivales religiosos y a llevar una vida religiosa que seguía el ritmo de
las estaciones.
La
estructura familiar sufrió modificaciones; de ser matrilineal en Shang y Zhou
Occidental pasó a ser patrilineal y exógama más adelante. Los matrimonios eran
generalmente arreglados por casamenteros y la autoridad paterna era absoluta;
en segundo lugar se encontraba la autoridad relativa de la mujer, cuando
llegaba a ser una vieja venerable. La familia era siempre mucho más importante
que el individuo, el cual estaba sumergido en ella y tenía como sus mayores
virtudes la piedad filial y la obediencia. Era bastante común, hasta las
reformas de Shang Yang, que las familias fueran extendidas y que varias
generaciones vivieran bajo un mismo techo, pero posteriormente se hizo más
común entre el pueblo la familia de cinco a seis miembros. De amor se habla
poco en la literatura de esa época, con excepción de las canciones populares
recogidas en el Shijing en donde hay ejemplos de cortejo entre
jóvenes campesinos.
La
posición de las mujeres se fue deteriorando a través de toda la historia de
China. En la época Shang se daba un lugar importante a los antepasados por
línea materna, cosa que ya no sucedería más adelante. La desigualdad del trato
que recibían las mujeres desde su nacimiento se puede ver en este poema
del Shijing:
Los
niños tendrán camas y cetros como juguetes, gatearán sobre cuero rojo, llorarán
con alaridos, y envueltos en ropas bordadas serán los soberanos. Las niñas
dormirán en el suelo y jugarán con guijarros, vestirán ropas simples y se
portarán con recato, cocinarán, prepararán bebidas y hablarán en voz baja,
cultivando así la paz de la familia.
La
mujer estaba recluida y, a menos de ser campesina y participar en las tareas
del campo, salía poco de su casa; el recato y el pudor eran las virtudes
máximas. En un libro escrito más adelante, Lienüzhuan (Biografías de
mujeres célebres), se cuentan historias de mujeres de la época Zhou que
prefirieron perder la vida en el incendio de su casa a mostrarse en público.
Según
la ética confuciana, las mujeres debían seguir la «ley de las tres
obediencias»: obediencia al padre, al esposo y al hijo mayor. Sin embargo,
tenían derecho a recuperar su dote en caso de divorcio y las viudas podían
volver a casarse, cosa que más adelante fue inconcebible. No faltan ejemplos de
mujeres ilustres que se destacaron de alguna manera por su altura o su
inteligencia, pero son muy pocas. Un ejemplo notable es la madre del filósofo
Mencio, mujer de enorme inteligencia, quien, al enviudar, educó a su hijo y lo
guio atinadamente por el buen camino.
IV. EL PRIMER IMPERIO
Arquero
de barro encontrado en la tumba de Shi Huangdi, de la dinastía Qin.
Qin
(221-207 a. C.)
|
C |
OMO
YA SE HA MENCIONADO, en 221 a. C. Qin había
realizado la conquista del resto de China y por primera vez había unificado
todos los reinos. Esto marcó el inicio del Imperio chino, cuya existencia se
perpetuará hasta nuestro siglo. Si bien es cierto que en muchas épocas de su
historia China volvió a fragmentarse, y que en otras la unidad no fue más que
una ilusión, también es innegable que la unidad fue siempre el ideal implícito
y explícito en todos los tiempos, y también la meta de cada uno de los hombres
fuertes en su lucha por el poder.
El
rey Zheng de Qin siguió la tradición de sus antecesores rodeándose de
excelentes consejeros, todos ellos seguidores del legalismo, o sea, partidarios
de un poder fuerte y efectivo sostenido por leyes severas y precisas. Los más
importantes entre sus consejeros fueron el comerciante Lü Buwei —de quien se
dice también que fue su padre—, que actuó como regente durante la minoría del
rey, y el ministro Li Si, autor de las leyes y las reformas administrativas
promulgadas durante Qin, cuya aplicación habría de durar mucho más que la
dinastía misma. El rey Zheng, al fundar una nueva dinastía, cambió el título
de wang (rey) por el de huangdi (emperador), título que en
adelante usarán todos los emperadores de China. Como estaba convencido de que
su linaje duraría eternamente, se autonombró Shi Huangdi, o sea,
Primer Emperador.
Shi
Huangdi ha sido juzgado con gran severidad por los historiadores chinos, todos
seguidores de la escuela confuciana, caída en desgracia durante el reinado de
este emperador. Se le ha tachado de ser un tirano megalómano, violento,
vengativo y supersticioso. Su miedo atroz a la muerte lo hizo favorecer a magos
y charlatanes que le ofrecían elixires de inmortalidad y el daoísmo religioso
se desarrolló en esta época. Sin embargo, en épocas más recientes se hicieron
evaluaciones más justas de su mandato y tanto historiadores occidentales como
chinos han señalado los logros de la dinastía Qin.
Una
de las consecuencias más importantes del mandato de Qin fue la centralización
del gobierno con el emperador a la cabeza ayudado por dos funcionarios, uno
civil y otro militar. Al no entregar tierras y feudos a miembros de la familia
real y a dignatarios se dio un golpe mortal al feudalismo. Para efectos
administrativos el Imperio fue dividido en 36
comandancias (jun) gobernadas, cada una de ellas, por un
administrador civil, un administrador militar y un contralor. Cada comandancia
estaba subdividida en distritos o prefecturas (xian), gobernadas por
un prefecto. Se suprimieron los títulos de nobleza y se crearon otros que no
eran hereditarios. En 221, aproximadamente 120 000 familias nobles fueron
obligadas a trasladarse a la capital a fin de controlarlas mejor y disponer de
sus tierras. La tierra podía ser enajenada y los campesinos ya no estaban
atados a ella. Se construyó una gran red de caminos, que partía de la capital
hacia casi todas las partes del Imperio, y canales para la irrigación. Las
pesas y las medidas fueron unificadas, así como la moneda y el ancho del eje de
los vehículos. Se adoptó como oficial una de las escrituras usadas en la época,
el estilo li, el más suelto y más apto para escribirse con pincel y
que ha perdurado hasta nuestros días.
En
esta época se realizaron expediciones militares en contra de
los xiongnu, pueblo nómada del norte de China y a fin de resguardar
el Imperio en contra de ataques desde el norte se construyó, a partir de 214 a.
C., una muralla, la primera versión de lo que hoy conocemos como la Gran
Muralla y que se extendía desde el sur de Gansu hasta la península de Liaodong,
es decir, unos 4 000 kilómetros. Si bien ya existían partes de la muralla, y en
algunos casos se unieron o extendieron partes ya construidas, no deja de ser
una obra de enorme magnitud. Desde hace años se ha establecido una polémica
sobre la utilidad de la Gran Muralla y la verdadera razón de su construcción.
Se habla de ella como una barrera para contener invasiones desde el norte. En
realidad no sirvió para esto y en numerosas ocasiones fue penetrada. Existe la
teoría de que Qin no podía desmovilizar impunemente a un gran ejército y
utilizó este pretexto para mantenerlo ocupado. Sin embargo, esto no justifica
que se haya vuelto a construir en otras ocasiones. Para Owen Lattimore, la Gran
Muralla constituye la separación entre China propiamente dicha y el comienzo de
las estepas.
Se
efectuaron expediciones en el sur de China y en Vietnam en contra de pueblos
aborígenes y se crearon nuevos jun con centros en los que es hoy la
ciudad de Guangzhou (Cantón, provincia actual de Guangdong), Guilin (en la
provincia de Guangxi), Hanoi (en Vietnam) y Fuzhou (en la provincia de Fujian).
En esas regiones se instalaron soldados y convictos chinos, comenzando así la
colonización del sur de China.
Hasta
reciente fecha existían pocos documentos de la dinastía Qin que hubieran
llegado hasta nuestros días, y gran parte de la historia de esta época se
basaba en testimonios posteriores, no siempre imparciales. Sin embargo, en 1975
se descubrieron unas tiras de bambú con 4 000 caracteres que nos dan una gran
información sobre la organización social de la época y, en particular, sobre el
sistema legal. El código de Qin ya había sido elaborado por Shang Yang y en él
se establecían reglas de responsabilidad mutua y severos castigos para todo
tipo de transgresiones a la ley.
Las
razones de la caída de Qin son múltiples. En primer lugar, la vieja nobleza
nunca se resignó a la pérdida de sus privilegios y en algunas regiones nunca se
sometió. Por otra parte, si bien idealmente los campesinos podían ser dueños de
las tierras, los muy altos impuestos los nacían contraer deudas y finalmente
convertirse en esclavos de terratenientes que podían comprar grandes
latifundios. La construcción de obras públicas obligaba a servicios forzados
que empobrecían y oprimían al pueblo. La Gran Muralla significó años de trabajo
forzado de cientos de miles de personas y los palacios del rey en la capital
Xianyang, así como el magnífico mausoleo de Shi Huangdi (excavado en parte hace
unos años y que contiene varios miles de estatuas de soldados y de caballos de
tamaño natural) también tuvieron un enorme precio en esfuerzo humano.
Finalmente, la severidad del código penal provocó reacciones que aprovecharon
los jefes rebeldes.
Una
de las características de Qin fue el antiintelectualismo del que hizo alarde el
Primer Emperador. Influido por la doctrina legalista, que no creía en el código
moral confuciano ni en el ejemplo del pasado, ordenó la destrucción de casi
todos los libros, menos los de medicina, agricultura y adivinación. Esta
«quema» de libros, y la ejecución de unos cuatrocientos letrados supuestamente
subversivos, ha sido considerada por muchos historiadores tradicionales como la
peor inquisición literaria, aunque en épocas posteriores habría persecuciones
aún más despiadadas.
Después
de la muerte del Primer Emperador comenzó la debacle: primero, una serie de
intrigas y rivalidades entre los colaboradores del difunto emperador y los
príncipes de la corte sembró el caos. Al poco tiempo estallaron focos de
rebeldía. La mayoría de los jefes rebeldes era originaria del reino de Chu que
nunca había aceptado la conquista de Qin. Los dos jefes más destacados fueron
Xiang Yu, noble de Chu, y su colaborador Liu Bang, originario de Shandong y de
origen campesino. Estos dos hombres representaban dos clases sociales
diferentes y esto se reflejaba también en sus valores y su habilidad. Shang Yu
era el caballero valiente, buen estratega, alto, guapo y vividor. Iiu Bang
tenía habilidad administrativa, era menos temerario y más calculador y tenía la
experiencia del que no lo tiene todo al nacer, pero usa su ingenio para
sobrevivir. Xiang Yu venció al ejército Qin en 207 a. C., en la batalla de
Julu, y en 206 a. C., Liu Bang tomó la capital Xianyang. En seguida estos dos
hombres entraron en una contienda por el poder y al principio Xiang Yu fue el
más fuerte. Sin embargo, Liu Bang controlaba un área económicamente importante
e introdujo reformas que le valieron el apoyo de la gente común; después de
cinco años de guerra, Liu Bang venció y mató a Xiang Yu, proclamándose
emperador en el año 202 a. C.
HAN (206 A.
C.-220 D. C.)
Han Occidental (206 a. C.-9 d. C.)
No
es posible destacar aún más la importancia de la época Han dentro de la
historia de China. Si bien fue la dinastía Qin la primera en unificar China, y
a pesar de que algunas de sus innovaciones e instituciones perduraron, su
mandato tan corto y la peculiaridad de su ideología netamente legalista y
antiintelectual hacen que Han sea el verdadero inicio del Imperio chino, con
sus características peculiares y sus instituciones. Esto no significa que en
China no se produjeran cambios, pero es cierto que esos cambios se darán dentro
de un contexto cuyo marco ya habrá sido elaborado en Han.
El
Imperio Han duró cuatro siglos, fue contemporáneo del Imperio romano (con el
cual tuvo relaciones indirectas, sobre todo comerciales), y dio su nombre al
pueblo propiamente chino, que se autodenomina han, en contraste con las
minorías étnicas que viven en China El periodo se divide en tres etapas: Han
Occidental, con su capital en Chang’an (actual Xi’an; 206 a. C.-8 d. C.); la
época intermedia, en la cual tomó el poder el usurpador Wang Mang (9-23 d. C.),
y Han Oriental, con la capital en Loyang (25-220 d. C.).
Principios y consolidación de Han
Lin
Bang es conocido como Han Gaozu, que es su nombre póstumo. A partir de esa
época a todos los emperadores se les dará un nombre oficial después de su
muerte y así están registrados en la historia china. Como Liu Bang había sido
proclamado rey de Han, fue con este nombre que inició una nueva dinastía.
Al
ascender al trono, Han Gaozu se enfrentó con enormes problemas económicos
administrativos y militares. Una de las virtudes más importantes de este
monarca fue su percepción de los problemas y su capacidad para escoger
consejeros capaces. Uno de ellos le advirtió que si bien se puede conquistar un
imperio sobre un caballo, no se le puede gobernar así. Los excesos de Qin
debían servir como ejemplo y el primer gesto de Gaozu fue atenuar las medidas
más extremas adoptadas en Qin cambiando las leyes y haciéndolas menos crueles.
Por lo demás, administrativamente no hubo retroceso. La división del territorio
siguió siendo la de el jun y el xian, la tierra era
enajenable y el sistema de impuesto personal continuó operando. Sin embargo,
entre las modificaciones que se introdujeron estuvo la disminución del poder
absoluto del emperador, al concederle mayor importancia a los consejeros y
administradores allegados al monarca. Ellos debían iniciar las propuestas de
políticas y el emperador decidía si llevarlas o no a la práctica, después de
discutirlas con sus demás colaboradores, algunos de los cuales pasaron a la
historia.
La
situación económica del Imperio era tan lastimosa que, al parecer, la mitad de
la población había perecido y la producción agrícola había disminuido de manera
alarmante. Ante esta situación, lo primero que Gaozu hizo fue dar incentivos
para que los campesinos retornaran a sus labores, liberando a los que por
deudas se habían vendido como esclavos y bajando considerablemente los
impuestos o conmutándolos por el transporte de granos a la frontera.
Para
agradecer a los colaboradores que le ayudaron a tomar el poder, Han Gaozu
distribuyó tierras entre amigos y parientes, quienes, con el título de príncipe
o marqués, gobernaron estos territorios llamados wangguo (reinos) de
manera casi independiente, creándose así un sistema dual: en el este prevalecía
el feudalismo en nueve o diez estados, cuyos soberanos tenían una
administración propia, cobraban impuestos, imponían monopolios y levantaban
ejércitos, y en el oeste, los jun y los xian estaban bajo el control del
gobierno central y eran administrados por burócratas al servicio del emperador.
Esta situación empobrecía al gobierno central, disminuía su capacidad de
enfrentarse al peligro de invasiones procedentes del norte, y ponía en
entredicho el poder del emperador. Fue tarea de los sucesores de Gaozu remediar
esta situación.
Tanto
Gaozu como su sucesor el emperador Wendi (179-157 a. C.) siguieron una política
de poca intervención y de un «dejar hacer» característico de la doctrina
daoísta. No se sabe a ciencia cierta si Gaozu era daoísta, pero poco hizo para
restaurar el confucianismo y en varias ocasiones hizo alarde de su desconfianza
hacia los intelectuales. Cuando se enfrentaron con el problema de las
incursiones del norte, Gaozu y Wendi, sintiendo que el Imperio aún no estaba
listo para enfrentamientos armados importantes, trataron de apaciguar a los
nómadas con regalos y con alianzas matrimoniales.
A
la muerte de Gaozu, tomó las riendas del poder su viuda, la emperatriz Lü, una
mujer de extracción popular al igual que su marido, fuerte y capaz, a quien la
historiografía confuciana ha descrito como un personaje de extrema crueldad. La
emperatriz favoreció a sus parientes y también les dio tierras y poder
desplazando hasta cierto punto a los antiguos poderosos. Cuando Wendi subió al
trono únicamente quedaban quince jun bajo el control del gobierno central y sus
consejeros Jia Yi y Zhao Guo le aconsejaron poner fin al poder de los estados
independientes; Wendi comenzó dividiendo algunos reinos grandes en más
pequeños. En 154 fue aplastada una rebelión y el control del gobierno se fue
extendiendo cada día más. El golpe de gracia lo dio el emperador Wudi (141-87
a. C.), quien promulgó una ley que terminaba con la primogenitura y obligaba a
dividir las tierras entre todos los hijos varones.
Cuando
Wudi ascendió al trono, el Imperio era próspero y el poder del emperador se
había consolidado. Su largo reino marcó no sólo el final del
sistema fengjian sino también el triunfo del Imperio Han sobre sus
vecinos, la expansión en regiones remotas, el inicio del sistema tributario y
del comercio de la ruta de la seda, la instauración del confucianismo como
doctrina oficial, la promoción de una clase de letrados burócratas —que
finalmente habría de reemplazar a la aristocracia—, y el desarrollo de una rica
cultura tanto en el arte como en las letras.
Economía
Siguiendo
el patrón establecido en Qin, en Han la agricultura fue la actividad económica
más importante, aunque no la única. En varias ocasiones los emperadores dieron
muestra de su interés por la agricultura como base del Imperio. Los impuestos
sobre la tierra no eran muy elevados y constantemente se daban incentivos para
que la gente se dedicara a la agricultura más que a otras actividades.
Después
de un siglo de paz y tranquilidad, la población aumentó considerablemente y el
problema de tierra disponible se hizo muy grande. Las maneras de resolver este
problema fueron múltiples. Por un lado se abrieron al cultivo tierras nuevas,
propiedad del gobierno, se distribuyeron otras tierras confiscadas a sus
dueños, y se alentó la migración hada el norte y hacia el sur en búsqueda de
otras tierras. Sin embargo, ciertas regiones de China como los alrededores de
las grandes ciudades, las provincias en la cuenca del río Amarillo y partes de
Sichuan seguían estando muy pobladas y la pugna por la tierra disponible era
cada vez mayor. Es así como en Han se desarrollaron patrones de agricultura
intensiva: se estudiaron y aplicaron métodos de selección de semillas, modos de
plantarlas, vías óptimas de suministro de agua y de uso de abono. También se
lograron varias cosechas en el año y mejoraron los instrumentos de labranza.
Además
de la agricultura, en épocas de menor actividad en el cultivo, se desarrollaron
manufacturas domésticas y artesanías, tales como tejidos, cuerdas, objetos de
madera y de bambú, encurtidos, vino y calzado. Estos productos no se utilizaban
únicamente para el consumo familiar sino que se vendían en los mercados, lo
cual provocó la aparición de toda una red de pequeñas o medianas ciudades.
También había grandes centros urbanos relacionados con el comercio, esparcidos
a lo largo de las rutas por donde se transportaban las mercancías. Sin embargo,
aunque más adelante hubo comerciantes muy ricos, no se les permitió
desarrollarse plenamente; el estado estableció monopolios de los productos más
lucrativos, como la sal, el hierro, el vino, el usufructo de bosques y de ríos
e impuso a los comerciantes impuestos muy altos y grandes restricciones.
Administración
A
partir de Qin, pero sobre todo en Han, se estableció un aparato administrativo
que, con algunas modificaciones, habría de perdurar durante 2 000 años.
El
puesto más alto era el del emperador, quien, supuestamente, tenía origen divino
pero cuyo «mandato» era revocable; era «hijo» del Cielo, al que ofrecía
sacrificios y sumisión, y «padre» de sus súbditos, de los cuales exigía
obediencia. El soberano poseía tierras y suyos eran los productos de las
montañas y los mares, pero no era dueño de todo el Imperio. Podía recolectar
impuestos y exigir trabajo y conscripción del pueblo, nombraba a los oficiales
de alto rango, era el único legislador y juez supremo. Después del emperador
estaba el canciller, quien nombraba oficiales de rangos menores, era
responsable de las finanzas y del presupuesto, hacía los preparativos militares
y supervisaba y dirigía la administración provincial. Debajo del canciller
estaba el secretario imperial, cuyas funciones eran las de supervisar a los
demás oficiales, transmitir las decisiones del emperador y vigilar a los
burócratas provinciales. Completaba el trío de consejeros el gran comandante,
quien estaba encargado de los asuntos militares. Además había nueve ministros
que se ocupaban de asuntos tan variados como la agricultura, la justicia, las
finanzas, y aun las ceremonias y los sacrificios, la Academia y los clanes
imperiales.
Lámpara
de bronce encontrada en la tumba de Dou Wan, en Mancheng.
En
cada jun había un administrador y un comandante militar y en cada xian, un
responsable de distrito. La administración provincial estaba vigilada por
inspectores de circuito, quienes se encargaban de supervisar a los funcionarios
de provincia e informar de los abusos cometidos por éstos.
El
poder absoluto del emperador estaba, hasta cierto punto, limitado por la
burocracia y en muchas ocasiones hubo fricciones entre el emperador y sus
consejeros. Se cuenta que el emperador Wu causó la muerte de por lo menos cinco
cancilleres. Otro problema era la formación de facciones y grupos de interés
alrededor de cada funcionario influyente. Muchos emperadores, desconfiando de
sus ministros, favorecieron a personas allegadas a la corte y que vivían dentro
de ella: parientes políticos, familiares de las esposas o concubinas del
emperador, y los eunucos; éstos eran hombres castrados que servían en el harén
y que, por ello, tenían acceso directo al emperador. Muy pronto el poder de
estos servidores personales creció hasta convertirlos en un grupo fuerte y
temible.
A
pesar de que el emperador era quien decidía sobre las leyes y políticas por
seguir, existía una institución de consulta, la Conferencia de la
Corte (ting yi), en la cual participaban consejeros y ministros. En
ella se discutían problemas serios, o a veces menos importantes, y a pesar de
que no era más que un cuerpo asesor convocado únicamente por el emperador, sus
decisiones eran, por lo general, acatadas. En una de estas conferencias —famosa
porque, además del gabinete, reunió a «hombres de sabiduría y virtud» y a
«letrados» recomendados por las provincias— tuvo lugar el debate sobre el
monopolio de la sal y del hierro en 81 a. C. Este monopolio había acarreado
críticas por parte de los confucianos. Después de un debate sumamente
acalorado, que incluyó no solamente una discusión acerca de los monopolios sino
sobre la política del gobierno en general, su expansionismo militar y la
economía, ganó la facción gubernamental, cuyos argumentos eran más legalistas
que confucianos.
Mang y la corta dinastía Xin (9-23 d. C.)
Hada
fines del siglo I a.
C., a pesar de un auge aparente del Imperio Han, comenzaron a surgir problemas
económicos y políticos. Los sucesores del emperador Wu eran débiles, o menores
de edad, y el gobierno estaba generalmente en manos de parientes ambiciosos.
Así, en el año 9 Wang Mang (r. 9-23 d. C.), ministro de la corte y sobrino de
la Emperatriz Viuda, hace «renunciar» al pequeño emperador y toma el poder,
iniciando la dinastía Xin.
Es
imposible hacer una justa evaluación de Wang Mang, personaje controvertido,
aborrecido por los historiadores confucianos, aclamado a veces como el primer
«socialista», tachado de farsante y soberbio visionario, de bien intencionado
pero fracasado reformador. Wang Mang era partidario del famoso duque Zhou,
quien en la dinastía Zhou fue el ejemplo de buen gobernante. Adoptando un texto
en parte apócrifo, «Los ritos de Zhou», y diciéndose paladín del verdadero
confucianismo, intentó gobernar restaurando antiguas instituciones que según él
beneficiarían al pueblo.
Sus
reformas más importantes fueron la nacionalización de las tierras, limitando la
cantidad de terreno que cada familia podía poseer y confiscando el resto; fue
éste un intento de aplicar el antiguo sistema de jingtian que
propició la devaluación de la moneda. También tomó medidas drásticas en contra
de los comerciantes, imponiéndoles mayores restricciones e impuestos.
Finalmente, restauró con mayor amplitud las medidas del emperador Wu, en cuanto
a crear graneros para almacenar granos y otros productos básicos y poder así
frenar la especulación; inició un sistema de préstamos a necesitados y cambió
el modo de pago de salarios a burócratas haciéndolos proporcionales a las
cosechas.
Las
medidas de Wang Mang, si bien tenían la intención de ayudar a los necesitados,
nunca se aplicaron adecuadamente para lograrlo. Los encargados de
implementarlas eran los representantes de las clases más perjudicadas por ellas
y pronto se creó un clima de resistencia y corrupción. Además, ciertas
calamidades naturales influyeron en el fracaso de las reformas. Primero, una
terrible sequía asoló la región de Shaanxi, y en el año 11 d. C. un cambio en
el curso del río Amarillo rompió los diques e inundó partes del este y el norte
de China. Esto provocó estragos entre los campesinos, quienes se quedaron
desamparados y en muchos casos tuvieron que emigrar hacia el sur, constituyendo
grupos de desplazados y vagabundos. En Shandong, la parte más afectada, las bandas
de campesinos iniciaron un movimiento, el de los «cejas rojas», que se alzó en
una rebelión que se extendió hacia el oeste.
Al
mismo tiempo, miembros de familias poderosas dirigidos por una rama colateral
de los Liu (la familia imperial) se rebelaron y trataron de recuperar el poder.
Los rebeldes «cejas rojas» se unieron a este grupo insurrecto y así, combinando
sus fuerzas, pudieron vencer al ejército de Wang Mang, y en el verano del año
23 d. C. entraron a la capital y mataron al emperador. Pronto surgieron
contradicciones entre aliados tan poco afines, y el miembro de la familia Liu
que había sido proclamado emperador perdió la vida en el año 25. Finalmente la
dinastía fue restaurada por Liu Xiu quien primero sometió a los «cejas rojas» y
luego se impuso entre todos sus rivales, representantes de familias poderosas
que trataban de independizarse, impidiendo así la fragmentación del Imperio:
uno de tantos ejemplos en la historia de China en que las rebeliones campesinas
sirven a los poderosos para sus propios fines y no para cumplir los objetivos
que las iniciaron.
Han Oriental (25-220 d. C.)
Liu
Xiu, el emperador Guangwu, era un digno representante de las familias cuyo
poder trataron de frenar los primeros emperadores Han. A pesar de ser un
descendiente lejano de Liu Bang, Liu Xiu era un verdadero aristócrata, por lo
menos económicamente. Poseía muchas tierras y también tenía intereses
comerciales. Es así como en Han Oriental (llamado así porque la capital fue
trasladada a Loyang que está más al este que Chang’an) los grandes clanes
fueron favorecidos y el confucianismo tuvo un auge sin precedentes.
Pintura
mural de tumba Han encontrada en Gansu.
Un
problema importante, surgido al principio de la restauración de la dinastía
Han, fue la escasez de mano de obra. Una vez más las guerras y el desorden
habían diezmado la población y habían provocado el abandono de las tierras.
Para poder liberar mano de obra se suprimieron las milicias locales que
defendían a la población en contra de los ataques de bandidos y se redujeron
las tropas en las fronteras, dejándolas así más vulnerables. La población del
norte y del oeste disminuyó, pero en el este y en el sur aumentó
considerablemente porque en estas regiones, dominadas por grandes
terratenientes, los campesinos que huían de lugares inseguros encontraban un
refugio relativo. Fue así como se crearon latifundios muy grandes que eran casi
territorios independientes y ciertamente autosuficientes. Estaban rodeados de
muros dentro de los cuales había gran número de siervos, esclavos, sirvientes,
seguidores, huéspedes y aun ejércitos particulares. Las propiedades cobijaban
varias generaciones de miembros de la misma familia e incluso del mismo clan, y
las relaciones entre ellos seguían un ritual establecido. La lealtad de los
integrantes de estos territorios lógicamente se dirigía al patrón y no al
gobierno central.
Muy
pronto se produjo una polarización de estas dos fuerzas en competencia: el
gobierno central y los terratenientes. La pérdida cada día más grande de
tierras por parte de campesinos libres a favor de los latifundios despojaba al
gobierno de los recursos necesarios y, además, acrecentaba el descontento
popular. En la corte, tanto las familias políticas de los emperadores como los
eunucos siguieron ejerciendo una enorme influencia. Surgen entonces luchas
múltiples entre los eunucos y los familiares del emperador, y de estos dos
grupos, cuyo interés estaba representado por el gobierno central, contra los
burócratas letrados que eran leales a las grandes familias de las cuales eran
miembros o protegidos. En la historiografía tradicional se habla de pugnas entre
malvados eunucos y «letrados virtuosos». En realidad todos eran corruptos y la
pugna era una contienda por el poder, sobre todo a la hora de reclutar
funcionarios. Esta pugna llegó a ser sangrienta. En 170 hubo también una
terrible persecución de intelectuales instigada por los eunucos que debilitó
enormemente al aparato administrativo.
Pintura
mural de tumba Han encontrada en Gansu.
Rebeliones
A
partir de la segunda mitad del siglo II,
al deterioro de las relaciones existentes entre el poder central y las clases
dominantes se agregó el peligro de rebeliones populares con fuertes influencias
religiosas. La mayor influencia fue la del daoísmo, el cual se había
dividido en varias sectas y al que se agregaron creencias mágico-religiosas y
otros cultos populares.
Una
de las sectas se desarrolló en el oeste de China, en Sichuan, en el siglo II.
Su fundador, Zhang Ling, quien pretendía haber sido ungido por el espíritu de
Laozi, fundó un estado teocrático y sus adeptos debían ofrecer «cinco fanegas
de arroz», dando así al movimiento el nombre por el que se le conoce en la
historia. Los seguidores creían en la magia, el poder de los amuletos, la
confesión y la curación de las enfermedades por medio de prácticas religiosas.
El
otro grupo importante fue el de los «turbantes amarillos», cuyos seguidores se
destacaban por llevar en la cabeza un tocado de ese color. El iniciador del
movimiento, que apareció en los linderos entre Shandong y Henan, fue un tal
Zhang Jiao, el patriarca de la secta daoísta de la Gran Paz.
Zhang
Jiao era un buen predicador y tenía fama de curandero. Fundó una religión cuya
deidad principal era Huang Lao (una mezcla del legendario Emperador Amarillo y
Laozi). Pronto organizó a sus adeptos militarmente y se constituyó en jefe
supremo del cielo, mientras que sus dos hermanos eran respectivamente jefes
supremos de la tierra y de los humanos, formando así una trinidad bajo la cual
había toda una jerarquía de jefes menores con funciones políticas, militares y
administrativas. El ejército de los «turbantes amarillos» tenía, en el año 184,
360 000 miembros. El levantamiento se extendió por Shandong, Henan y Hebei,
pero fue aplastado y los hermanos Zhang murieron. Restos del ejército, sin
embargo, pelearon durante veinte años más.
Es
aún materia de discusión si se puede llamar «levantamientos campesinos» a estas
rebeliones milenaristas. Los historiadores dividen su atención entre la
interpretación de la ideología de los rebeldes, por un lado, y la evaluación
del grado de conciencia y voluntad que tenían a fin de conseguir un cambio
radical, por otro. Si bien es cierto que la condición de las clases populares
se había tornado insostenible, que las sequías y las inundaciones habían
reducido a los campesinos a la miseria y a la vagancia, también es cierto que
esta situación no era exclusiva de esta época y que a los grupos de campesinos
o excampesinos se hallaban unidos otros elementos. Para algunos historiadores,
en la ideología rebelde subsistía la idea de reemplazar al gobierno existente
por otro «más virtuoso» o «más legítimo» pero no se trataba de cambiar el tipo
de régimen. Es por eso que, en el estudio de los levantamientos, hay que tomar
en cuenta también una dinámica social más amplia y ver el contexto en el cual
acontecieron. Es tal vez la pugna entre el estado (única garantía y protección
de la autonomía de los campesinos) y los latifundistas feudales lo que dio el
impulso a las rebeliones. Es muy significativo que los rebeldes hayan escogido
el daoísmo como trasfondo religioso de su ideología, siendo ésta una doctrina
rival del confucianismo profesada por las clases poderosas y opresoras.
Cao Cao y el fin de la dinastía
Después
del levantamiento de los «turbantes amarillos», el Imperio estaba ya casi
liquidado. A las pugnas entre eunucos y grandes familias, de las cuales ya
hemos hablado se agregaron las contiendas entre los generales y/o magnates
locales, cuyo poder había crecido en la guerra contra los rebeldes. En 189,
Yuan Shao, miembro de una familia importante de Henan, llevó a cabo una matanza
de eunucos, creando una situación de caos que varios generales aprovecharon
para tratar de tomar el poder. Durante unos años, China estuvo en manos de
caudillos, con uno u otro emperador títere, casi siempre menor, en la capital.
Entre
todos los generales se destacó Cao Cao. La figura de Cao Cao, al igual que la
de otros personajes históricos que no atrajeron, por una razón u otra, la
simpatía de los historiadores confucianos, ha llegado hasta nosotros a través
de cuentos, leyendas y novelas que lo presentan como un caudillo maquiavélico
de astucia y crueldad ilimitadas. Sin embargo, si se examinan fuentes
históricas más directas y cercanas a la época, la impresión es diferente y Cao
Cao se vuelve un personaje complejo e interesante.
Cao
Cao era hijo del hijo adoptivo de un eunuco y su familia tenía dinero y poder,
pero no alcurnia. Las familias poderosas lo despreciaron siempre y se decía que
su esposa y madre de su heredero Cao Pei había sido una cortesana. Su habilidad
como estratega y general es reconocida aun por sus enemigos y su talento como
poeta es aceptado por los literatos. Es cierto que sus éxitos fueron debidos a
reformas económicas que iban en contra de los intereses de los terratenientes,
y que sus ideas legalistas y su inclinación hacia el daoísmo irritaron a los
confucianos.
Cuando
surgió como uno de los caudillos en el norte de China, controlaba poco
territorio, pero pronto extendió su poder gracias a reformas económicas y
políticas. Aprovechando la existencia de tierras abandonadas a causa de las
guerras, estableció el sistema tuntian, organizando a los campesinos
en colonias agrícolas que pagaban impuestos porcentuales en granos, los cuales
eran utilizados para abastecer al ejército. También estableció
el shijia, sistema con el cual se creó una clase militar hereditaria.
El ejército de Cao Cao era una mezcla de soldados Han y de otros pueblos,
campesinos fugitivos, bandidos y antiguos miembros del grupo de los «turbantes
amarillos». A pesar de ello, logró una buena disciplina y un abastecimiento
adecuado.
Cao
Cao también irritó a los aristócratas al cambiar el sistema de reclutamiento de
burócratas mediante la búsqueda de personas con verdadera habilidad y no
abstractas virtudes confucianas.
Cao
Cao no pudo realizar su ambición de reunificar el Imperio. En el año 200 d. C.
venció a Yuan Shao en Guandu, en la llanura ubicada al sur del río Amarillo, y
se preparó para enfrentarse con los dos únicos rivales importantes que
quedaban: Sun Quan, quien controlaba el valle del Yangtse, y Liu Bei, cuyo
dominio estaba en Sichuan. En 208, en la famosa batalla de Chibi (los Peñascos
Rojos), en la provincia de Hubei, fue vencido, pero, si bien no conquistó a los
demás, tampoco perdió su territorio. Cuando murió, su hijo Cao Pei hizo abdicar
al emperador Xian —a quien Cao Cao tenía prisionero desde el año 199— y tomó el
título de emperador, iniciando la dinastía Wei. Liu Bei, quien pretendía tener
lazos de parentesco con los emperadores Han, en seguida se proclamó emperador
de Shu-Han, y Sun Quan se coronó emperador de Wu en 222. Así se inicia el
periodo conocido en la historia de China como «de los Tres Reinos».
China y el mundo
Los territorios circundantes y el sistema
tributario
Es
común afirmar que China nunca encontró en sus fronteras una civilización rival
y que ésta ha sido, en gran parte, la razón de su orgullo y de su
autopercepción como centro del mundo. Sin embargo, la relación de los chinos y
sus vecinos, sobre todo los del norte, no ha sido siempre fácil, pues las
líneas de demarcación no siempre siguieron la que imponía la Gran Muralla y,
aun en nuestros días, se discute cómo resolver el problema de las poblaciones
marginales que, si bien políticamente están integradas a China, geográfica y
culturalmente no lo están. A través de toda la historia de China habrá juegos
de flujo y de reflujo en el norte, penetración y colonización en el sur,
interpenetración de costumbres y de formas culturales, comercio e incipientes
formas de diplomacia y también dinastías extranjeras que gobernarán China de
manera intermitente.
Los
chinos llamaron «bárbaros» a sus vecinos y con este nombre son conocidos en la
historiografía, tanto china como occidental. No hace falta discutir la
relatividad de este calificativo que recuerda la apreciación que los griegos
hacían de sus rivales asiáticos y los romanos de los invasores germanos. Lo que
sí es cierto es que entre los chinos y sus vecinos del norte había una
diferencia fundamental en cuanto a las formas de subsistencia: los chinos eran
agricultores sedentarios, habían construido ciudades y sus vecinos eran
pastores nómadas. Según él historiador Owen Lattimore, los primeros movimientos
de expansión y de conquista fueron hechos por los chinos que necesitaban más
tierras para el cultivo. En muchas ocasiones absorbieron tribus «no civilizadas»,
en otras, estas tribus se resistieron a cambiar de modo de vida y huyeron, a
veces hacia territorios más lejanos, a veces entrando en partes de territorio
chino más vulnerable. Llegó un momento en el que ya no era posible expandir la
civilización china porque las tierras a las cuales se había llegado no eran
aptas para la agricultura. Avanzar más allá significaba para los chinos una
pérdida de identidad y así sucedió en varias ocasiones, puesto que las
fronteras jamás fueron selladas del todo y ni siquiera la Gran Muralla impidió
el intercambio. Este intercambio, que ya era importante en Han, tuvo
características políticas, comerciales y culturales. Los «bárbaros» se casaron
con chinas, conocieron y gustaron de algunas amenidades de la cultura china,
emplearon a chinos para que les ayudaran con la organización administrativa y
muchas veces enviaron príncipes como «rehenes», los cuales, al volver, también
contribuyeron al conocimiento del modo de vivir de los chinos. A China se
importaron también productos antes no conocidos, se imitaron formas de hacer la
guerra utilizando caballos, se adoptaron nuevas formas musicales y, más
adelante, se importaron religiones, la más importante de las cuales fue el
budismo.
Las
relaciones de los chinos con sus vecinos iniciaron lo que se conoce como
«sistema tributario», que persistiría en China durante muchos siglos y
establecería el modelo de las relaciones internacionales chinas.
Es
difícil explicar con claridad el sistema tributario, ya que pertenece a un
ámbito muy diferente del de los usos y costumbres occidentales y sólo de manera
artificial puede aislársele del marco total de las instituciones confucianas.
El sistema tributario es una extensión universal de la estructura social
confuciana en la cual las cinco daciones básicas son de soberano a súbdito, de
padre a hijo, de marido a mujer, de hermano mayor a hermano menor y de amigo a
amigo. El vocabulario tributario recuerda muchas veces estas relaciones y
explica la forma en que funcionaba lo que en Occidente se llamó «la familia
confuciana de naciones», entre las cuales China era el jefe de la familia y los
demás países miembros, subalternos. Estos miembros de «la familia confuciana de
naciones» fueron a través de los años: Corea, las islas Liuqiu (Riukiu), Siam,
Vietnam, Nepal, Birmania, Japón (hasta cierto momento) y los demás pueblos
menos influidos por la cultura china, entre los cuales estaban los «bárbaros»
de Asia Central, a los que se agregaron más adelante los «bárbaros» de Europa.
La
relación tributaria implicaba deberes y algunos derechos, pero estos derechos
no se daban de igual a igual, sino siempre en calidad de superior a subalterno.
Los países tributarios no podían tener emperadores sino reyes investidos por el
emperador chino; debían enviar emisarios a la capital llevando el tributo
fijado por el emperador y a intervalos también establecidos por él. Al llegar
ante el emperador, los emisarios cumplían con el ceremonial adecuado que
culminaba con el koutou, reverencia que consistía en ponerse de
rodillas y tocar el suelo con la frente tres veces. A su vez, el Hijo del Cielo
sufragaba el gasto de estadía de las misiones, enviaba regalos generosos y
concedía el derecho de comerciar.
El
derecho de comerciar explica muchos de los aspectos del sistema tributario que
ha sido considerado, a veces, como un ritual para sancionar las actividades
comerciales. Sin embargo, el sistema tributario no fue sólo una forma
ridículamente complicada para comerciar; tributo y comercio fueron dos aspectos
relacionados en un proceso de intercambio que abarcaba otros aspectos y no se
limitaba a valores materiales tangibles. La llegada de los tributarios, su
homenaje al emperador —ante cuyo esplendor no podían más que rendirse—, los
festines y banquetes de los cuales participaban durante su estadía en la
capital, el comercio del cual se beneficiaban, todo era ocasión para establecer
normas de reconocimiento político, ostentar el poder, pedir ayuda militar, actividades
que no son muy diferentes de los procedimientos diplomáticos de la actualidad.
Si
bien el tributo implicaba el comercio, éste no siempre implicaba el tributo, y
la elasticidad que, dentro de su rigidez aparente, demostró China en tantas
ocasiones a través de la historia no dejó de aparecer en este caso. Mientras
llegaban tributarios de los reinos del oeste con ofrendas de pavos reales, y
tributarios de los reinos del sur cargados de frutas exóticas, en el norte se
llevaba a cabo en muchas ocasiones un comercio no tributario en el cual los
chinos adquirían caballos que les eran sumamente útiles o compraban pieles sin
tener que hacer necesariamente todo el ritual requerido por el sistema
tributario.
Los xiongnu
Ya
habíamos mencionado que la dinastía Qin se había enfrentado a la amenaza de
incursiones del pueblo xiongnu. Los xiongnu habitaban Mongolia, eran
pastores, tenían una organización tribal, eran excelentes jinetes, fabricaban
una alfarería primitiva pero sabían hacer buenas armas de hierro. ¿Cómo llegan
a destacar los xiongnu entre otros pueblos que también habitaban la región de
Mongolia? Según Lattimore, es posible que Qin, mientras peleaba con otros
estados, haya empleado a los xiongnu, pero que dejó de necesitarlos al
consolidar su imperio y los empujó hacia la estepa, en donde se organizaron.
Primero
aparece Tumen (siglo III a.
C.), quien se impone a otras tribus y toma el título de shanyu. Es
posible que Tumen haya aprovechado los consejos y servicios de emigrados chinos
que huyeron de la guerra y el desorden reinante en aquella época. El ejército
Qin logró vencer a Tumen, quien se refugió en el norte, más allá del desierto
de Gobi. Tumen fue asesinado en 209 a. C. por su hijo Modu, quien organizó una
buena caballería, dominó una vez más Mongolia y comenzó a incursionar en el
norte de China.
Bajo
el reino de Gaozu, los xiongnu hicieron alarde de fuerza y el emperador siguió
una política de apaciguamiento o, como se llamó entonces, «de paz y amistad», y
estableció relaciones con los xiongnu. Estas relaciones implicaban el envío de
regalos, sobre todo de seda y granos, y conceder la mano de princesas Han a los
jefes xiongnu. Muy pronto se estableció una polémica entre los mismos generales
Han sobre esta política; sin embargo, más que ideológico, para los Han era un
problema de fuerza y estrategia. Cuando el emperador Wudi ya había consolidado
el Imperio, pudo enfrentarse a los xiongnu. Desde 127 hasta 119 a. C. se
realizaron campañas que los desalojaron del Ordos, desde donde hacían
incursiones en el norte de China, los expulsaron de Gansu, y finalmente los
empujaron tan lejos hacia el norte que ya no fueron una verdadera amenaza. En
estas campañas los chinos no sólo se valieron de la fuerza militar sino de
intrigas, espionaje, y sabotaje. Es así como varias tribus se rebelaron y se
hizo una primera división entre los xiongnu entre tribus del norte y tribus del
sur. Estas últimas se sometieron a China y en 58 a. C.
el shanyu llegó a la corte como vasallo. Si bien hubo un repunte del
poder de los xiongnu a principios de nuestra era, sufrieron una gran derrota a
manos del general Ban Chao y tuvieron que emigrar hacia el oeste.
Se
ha especulado acerca de que los xiongnu pudieran ser los antepasados de los
hunos, quienes, dirigidos por Atila, asolaron Europa en el siglo V.
Aunque esta hipótesis tiene muchos defensores, aún no hay pruebas concluyentes
para justificarla.
La expansión hacia el oeste y las rutas de la seda
A
partir del reino de Wudi comenzó la penetración china en Asia Central. Las
consecuencias de esa penetración no han sido aún completamente evaluadas y sus
razones todavía son objeto de controversia.
Para
algunos historiadores, el motivo de la expansión Han fue económico y estaba
relacionado con el comercio de la seda, que daba a los chinos grandes
beneficios. La expansión, por un lado abría nuevos mercados y, por otro,
ofrecía seguridad y garantías a las caravanas comerciales. Sin embargo, las
tierras al este de China eran oasis en el desierto, estaban poco pobladas y sus
habitantes, agricultores como los chinos, no eran muy ricos. En cuanto al
comercio de la seda, éste estaba en manos de intermediarios no chinos, en su
mayoría comerciantes de Medio Oriente, y mucha de la seda que se vendía era la
que los chinos habían regalado a soberanos de otros estados. No hubo en China
una gran presión para crear un imperio colonial que, por lo demás, era demasiado
costoso.
Sin
menospreciar del todo el factor económico, también hay otra razón para explicar
la expansión china. Controlar el oeste significaba limitar la influencia de los
nómadas del norte e impedir que se usara como base para futuras incursiones.
Como los mismos chinos decían, era una manera de «cortar la mano derecha de los
bárbaros».
A
lo largo de la cuenca del Tarim (en Xinjiang), al oeste de Gansu en oasis
dentro del desierto, estaban esparcidos varios pequeños estados, casi todos
ellos sometidos a los xiongnu. En el Asia Central, en los territorios que hoy
ocupan las repúblicas que anteriormente constituían la Unión Soviética e Irán,
se encontraban Dayuan (Ferghana), la tierra de los yuezhi (indoescitas)
instalados en Bactriana y, más al oeste, Partía. El primero que informó al
emperador Wudi sobre toda esta región fue el enviado Zhang Qiang, quien
emprendió un viaje en 138 a. C. al reino de Yuezhi para concertar una alianza
en contra de los xiongnu, pero quien habría de tardar más de diez años en
llegar porque los xiongnu lo tomaron prisionero. Los habitantes de Yuezhi, sin
embargo, no mostraron interés en la alianza. Al regresar a la capital china,
Chang’an contó cómo los productos chinos llegaban a estas tierras remotas a
través de rutas comerciales poco conocidas o explotadas por los mismos chinos.
Sus relatos interesaron a Wudi, quien lo volvió a enviar hacia el oeste y esta
vez estableció múltiples alianzas con esos reinos.
Si
bien al principio esta relación fue de alianzas e intercambio de regalos,
pronto tuvo que intervenir el ejército y establecer de una manera más firme la
soberanía de Han, como en el caso de Ferghana, que fue conquistada en 101 a.
C., después de una disputa sobre unos caballos que se había negado a entregar.
Este incidente marcó el principio de la conquista Han de Asia Central, en donde
se establecieron colonias militares y el ingreso de los diferentes reinos al
sistema tributario. En el 56 a. C. se establece un protectorado sobre la cuenca
del Tarim y se abren dos rutas, más adelante llamadas «rutas de la seda», que
fueron el canal a través del cual llegaron las sedas chinas hasta el Imperio
romano, en donde eran debidamente apreciadas y extremadamente caras. Los
romanos poco sabían de los verdaderos productores de estas maravillosas telas,
a quienes daban el nombre de seres (la gente de la seda) y de los
cuales se contaban cosas fantásticas: que vivían doscientos años, que tenían el
cabello rojo, y otras leyendas más.
En
realidad, cuando la seda finalmente llegaba a Roma, había pasado por tantos
intermediarios y tantos lugares que el punto de partida y el lugar en donde
terminaba el viaje tenían poco contacto. Había dos rutas terrestres
principales; una era la del sur, que partía de Chang’an a Gansu, pasaba por la
cuenca del Tarim y, a través de las montañas Pamir, llegaba a Asia Central y de
allí a la costa este del Mediterráneo. Como en esta ruta los partios se
llevaban la tajada más grande se buscó otra ruta por el norte a través de
Jungaría (actual Xinjiang) y del valle de Ili (Xinjiang y la región de Asia
Central que corresponde a la actual Federación Rusa). Otra manera de evadir el
monopolio de los partios fue abrir una ruta marítima. La seda era llevada a la
India por tierra o por mar y luego se embarcaba; llegaba entonces a Arabia o a
la costa oriental de África, desde donde seguía el viaje hasta Europa.
La cultura
Pensamiento
A
pesar de que el pensamiento de la dinastía Han no es considerado el más
original ni el más creativo, es una época interesante por su reordenamiento de
las escuelas de pensamiento anteriores y por el sincretismo que resultó de
todas ellas. Además, fue en Han cuando el pensamiento confuciano, con todas las
influencias que sufrió, se estableció como la ideología oficial del Imperio
chino.
El
confucianismo recoge influencias de las escuelas Yin Yang y de los Cinco
Elementos, del daoísmo y el legalismo. La escuela Yin Yang afirma que todo se
debe a la interacción de dos fuerzas: el yin (lo oscuro, lo pasivo,
lo débil, representado por lo femenino, la tierra, la muerte) y
el yang (lo claro, lo activo, lo fuerte, representado por lo
masculino, el cielo, la vida). La interacción de estas dos fuerzas es la causa
del principio, del fin y de todo cambio en las cosas. Como esta interacción es
regular, el universo tiene orden y, puesto que es constante, el universo es
cambiante y dinámico. Todas las cosas tienen alguna conexión e influencia
mutua, y de la misma manera el ser humano y la naturaleza son afectados el uno
por la otra y viceversa.
Según
la teoría de los Cinco Elementos, el fuego, el metal, la tierra, el agua y la
madera son elementos que tienen su correspondiente en todo. Hay cinco colores,
cinco virtudes, cinco estaciones (otoño, invierno, primavera, verano y una
estación intermedia entre el verano y el otoño), cinco puntos cardinales
(cuatro, más un punto central), y así en todas las manifestaciones de la
realidad. Los elementos actúan cíclicamente, se suceden los unos a los otros y
se producen o se someten mutuamente.
El
interprete más importante del confucianismo modificado fue Dong Zhongshu
(179-104 a. C.), filósofo que vivió durante el reinado del emperador Wu. Dong
en su libro Qunqiu Fanlu («Rocío abundante de los anales de la
Primavera y el Otoño»), desarrolló una cosmología en la que el universo se
presenta como un todo orgánico compuesto de diez partes: el cielo, la tierra,
el yin, el yang, la madera, el fuego, la tierra (como
elemento), el metal, el agua y el ser humano. El yin y
el yang son las fuerzas que activan a los cinco elementos que, a su
vez, producen diferentes fenómenos de la naturaleza.
La
estrecha relación de los ámbitos natural y humano hace que cualquier acción
humana pueda influir en el curso de la naturaleza; es por eso que cualquier
acción mala puede acarrear anomalías naturales y una gran desgracia. El
soberano, imagen del cielo, a pesar de tener la autoridad suprema, es también
responsable de la buena marcha del ámbito natural, y si pierde su virtud, todo
el universo lo resiente. Es así como Dong Zhongshu desarrolla la teoría del
«Mandato del Cielo», dándole por un lado al emperador la fuerza y la autoridad
para controlar un imperio centralizado con un gobierno totalitario al estilo
legalista, pero a la vez dejando una pequeña apertura para que esta autoridad
pudiera ser impugnada.
En
la época Han se suscitó una controversia que se mantendría viva hasta nuestros
días: la disputa del viejo y el nuevo texto. Dong Zhongshu y otros utilizaron
textos clásicos que supuestamente habían recibido a través de la tradición oral
después de la destrucción que sufrieron durante la dinastía Qin, y que habían
sido transcritos en el estilo de escritura nueva iniciada en Qin. En el primer
siglo de nuestra era, sin embargo, el erudito Liu Xiang afirmó que había
encontrado los verdaderos textos escritos con el estilo antiguo usado en la
dinastía Zhou. La controversia sobre los textos reflejaba, más que todo, una
diferencia de interpretación de la enseñanza de Confucio. Los adeptos del Nuevo
Texto consideraban a Confucio como un rey sin trono, un mesías, un dios; los
del Viejo Texto lo veían como un sabio, un maestro, un ser humano.
Los
abusos cometidos por la Escuela del Nuevo Texto, el manejo de supersticiones y
de exageraciones, el uso de augurios y adivinanzas con claros fines políticos,
además del escepticismo provocado por una situación política precaria en Han
Oriental, hicieron reaccionar a varios pensadores que intentaron volver al
confucianismo más racional y pragmático. Entre ellos el más destacado fue Wang
Chong (27-97), quien en su libro Lunheng (Ensayos críticos) no
solamente mostró una gran impaciencia ante las explicaciones sobrenaturales,
sino que criticó al mismo maestro Confucio con suma irreverencia.
El
daoísmo también prosperó en Han y se manifestó mediante dos tendencias. Una de
ellas fue el daoísmo filosófico, cuyos preceptos ya han sido expuestos y que
tuvo seguidores ilustres en la misma corte de los emperadores. La obra más
importante del daoísmo filosófico durante Han fue el Huai
Nanzi, escrito bajo los auspicios de Liu An, príncipe de Huai Nan, en
donde se discuten y comentan ideas del Daodejing. Sin embargo, el
daoísmo que mayor auge tuvo fue un daoísmo diferente y netamente religioso.
Según algunos autores (por ejemplo, H. G. Creel), este
daoísmo xian, «de los inmortales», poco o nada tiene que ver con la
filosofía daoísta y el hecho de que tengan el mismo nombre es meramente una
coincidencia. En este daoísmo se encuentra una mezcla de creencias populares,
prácticas de chamanismo, y sobre todo una búsqueda incesante por encontrar la
solución al problema de la muerte. Esta búsqueda de la inmortalidad, que fue
muy activa bajo el gobierno del primer emperador Qin, dio lugar a toda una
serie de prácticas sexuales, gimnasia y ejercicios, dietas especiales,
producción de pócimas y métodos de meditación. Los esfuerzos del
daoísmo xian para producir el elíxir de la inmortalidad dieron
impulso al desarrollo de la alquimia en China; su preocupación por el cuerpo
ayudó a desarrollar la medicina y a enriquecer la farmacopea, y la búsqueda de
dietas adecuadas tuvo enorme influencia en la cocina.
Historia y literatura
Uno
de los grandes géneros que se desarrollaron en Han fue, sin duda, la historia.
Como ya hemos visto, en la dinastía Zhou ya existían anales de reinos, crónicas
de épocas remotas, textos que relataban acontecimientos pasados con algún
elemento moralizador. En la corte siempre hubo un astrólogo oficial que también
estaba encargado de los archivos en donde se guardaban crónicas y documentos
oficiales. En este contexto surgió uno de los historiadores más grandes de
China, Sima Qian (135-93 a. C.), quien nos ha dejado
el Shiji (Crónica del historiador), en donde intenta hacer una
historia del mundo conocido en China en aquella época. En realidad, Sima Qian
continuó la obra de su padre, Sima Tan, quien, como él, era astrólogo de la
corte. Este libro, escrito con un estilo vivaz y ameno, tiene 130 capítulos y
contiene una crónica de acontecimientos, una cronología de las casas reinantes
de Zhou y del inicio de Han, una serie de ensayos sobre varios temas de interés
(ritual, música, astronomía, administración, geografía), una sección sobre los
príncipes herederos en Zhou y Han y, finalmente, más de la mitad del libro la
constituyen biografías de personajes célebres de toda índole. En esta sección
hay también información sobre otros pueblos y otros lugares del mundo. Este fue
el modelo que siguieron las historias dinásticas chinas hasta el Imperio
manchú. Sima Qian es un historiador cuidadoso y crítico; sus conocimientos eran
amplios y supo buscar todas las fuentes de información disponibles en su época.
El Shiji es una fuente muy valiosa para el estudio de la historia
antigua de China.
Otra
obra historiográfica importante fue el Han Shu (Historia de Han),
realizada en el primer siglo de nuestra era. Siguiendo, con algunas
modificaciones, el patrón señalado por Sima Qian, esta obra relata los
acontecimientos de la dinastía Han Occidental y fue iniciada por Ban Biao,
escrita en gran parte por su hijo Ban Gu y terminada por su hija Ban Zhao. Ésta
es la primera historia dinástica de China, es decir, la historia oficial de
cada dinastía escrita por la dinastía que le sigue. Hay en total 24 historias
oficiales en la historiografía china.
En
Han hubo una gran proliferación de libros. Aparte de la reconstrucción de los
libros clásicos, a los cuales se agregaron varias partes y muchos comentarios,
se inició un interés por la epigrafía y apareció la primera enciclopedia y
glosario, el Shuowen jiezi, que contiene una explicación de 9 353
caracteres, clasificados bajo 540 radicales.
En
poesía, además de la forma clásica, shi, encontrada en el Libro de
Poesía, la obra de Qu Yuan y sus Elegías de Chu tuvieron una enorme influencia.
También fue desarrollado el fu, «poema en prosa» o, mejor dicho,
poema de rima irregular en el que se usa un lenguaje muy florido y en el que
predominan descripciones de paisajes, ciudades y personajes.
El fu floreció sobre todo en la corte del emperador Wu y su exponente
máximo fue Sima Xiangru. Otro estilo poético que se conoció en esta época fue
el yuefu. Yuefu significa «departamento de música», una institución
oficial responsable de las ceremonias oficiales —en las cuales hadan falta
orquestas, coros y bailes—, de las fiestas en la corte y de la recolección de
canciones populares. Los yuefu fueron, a imitación de la poesía
popular, poemas líricos, menos rígidos que el fu, en los que se
expresaban sentimientos personales.
Arte
No
tenemos restos de la arquitectura Han y casi todo nuestro conocimiento del arte
de esa época proviene de los hallazgos de tumbas que aún se siguen
descubriendo. El ejemplo más reciente es el de Mawangdui (siglo II),
en donde se encontraron muchos objetos de arte, artesanías y utensilios de uso
cotidiano. Las esculturas que han llegado hasta nosotros están asociadas con
entierros. Dentro de las tumbas se han encontrado figuras de yeso, bronce y
madera, y en su exterior piedras esculpidas que las adornan, así como columnas
y estatuas de piedra. Las estatuas son algo rígidas en cuanto al movimiento del
cuerpo, pero extraordinarias en la reproducción de facciones y expresiones de
las caras. El realismo era una de las características principales del arte Han
y uno de los ejemplos más gloriosos es el del caballo al galope de la tumba de
Letai, que es frecuentemente usado como símbolo de la era Han.
De
la pintura Han también tenemos pocos ejemplos. En Mawangdui se encontraron
pinturas sobre seda y sobre laca en donde se hallan representados personas y
animales que van de lo mitológico a lo cotidiano. En otras tumbas hay murales
que, por un lado, nos instruyen sobre la pintura usada para decoración —dibujo
sin relieve, figuras un poco hieráticas y estilizadas sobre un fondo plano, uso
de varios colores— y, por otro, son valiosos documentos de la vida cotidiana
También en Han se inicia el arte de la caligrafía y se ven los primeros
ejemplos de escritura cursiva.
Se
han encontrado objetos de alta calidad en bronce (espejos, vasijas en forma de
animal, estatuitas con incrustaciones), en jade, cerámica, madera, pero sobre
todo impresionan los objetos de laca pintada o sencilla: cajas, tazones,
bandejas y otros.
Ciencia y tecnología
Una
las principales contribuciones de la época Han fue la invención del papel en el
primer siglo de nuestra era, invento chino que necesitó cerca de mil años para
llegar a Occidente a través de los árabes. La porcelana, cuya técnica habría de
llegar más adelante a extremos de gran refinamiento, también apareció por
primera vez en Han.
Sabemos
que en Han la astronomía estaba adelantada y que se calcularon eclipses con una
gran precisión (aunque a veces se usaron con fines políticos). También en Han
se inventó el primer sismógrafo. En Mawangdui se encontraron mapas hechos con
gran precisión y cuidado que nos indican un notable adelanto de la cartografía.
No hay que olvidar tampoco los nuevos instrumentos de labranza, las armas de
hierro y los métodos de irrigación desarrollados en Han.
El
deseo de inmortalidad alentó la experimentación con hierbas medicinales y la
búsqueda de métodos de conservación de los cuerpos, tal y como se hizo en el
caso de Mawangdui, en donde se encontró un cadáver de mujer casi intacto. Con
el mismo propósito, pero con menor éxito, se idearon los famosos «trajes de
jade», hechos de pequeños cuadros de jade unidos con metal, que cubrían
completamente el cadáver.
La sociedad
Las clases sociales
Los
terratenientes y los campesinos
Una
buena parte de la vieja aristocracia Zhou había sido destruida por las reformas
de Qin, pero un nuevo grupo de familias poderosas aparece en Han. Estas
familias poderosas eran descendientes de la aristocracia antigua, altos
funcionarios del estado o ricos comerciantes; controlaban grandes extensiones
de tierra y pronto entraron en conflicto con el gobierno central. El emperador
obtenía sus ingresos gracias a los impuestos que pagaban los campesinos libres,
y el estado competía con los terratenientes que acaparaban la tierra, tenían
siervos y esclavos y no cedían frente a las presiones de la autoridad. En
realidad era un círculo vicioso: el gobierno se imponía y limitaba el poder de
los grandes terratenientes y repartía tierras; los campesinos pagaban impuestos,
realizaban trabajos públicos obligatorios y prestaban servicio militar. En
épocas de presión económica debida a las guerras, las malas cosechas o las
exigencias del gobierno no podían cumplir con sus obligaciones y se endeudaban,
vendían o cedían sus tierras, poniéndose bajo la protección de terratenientes
que, a su vez, los explotaban sin misericordia.
El
emperador Wu adoptó medidas drásticas en contra de los poderosos. Confiscó
tierras, ejecutó a cientos de terratenientes y nombró inspectores para que
supervisaran sus actividades y los denunciaran en caso de abusos. A pesar de
todo, las familias poderosas no fueron doblegadas y en varias ocasiones
desafiaron el poder del emperador y fueron un elemento descentralizador que
provocó la división del Imperio. Esta situación seguirá hasta la dinastía Tang,
cuando serán subyugadas las grandes familias y la clase poderosa será la de los
letrados-burócratas-terratenientes, cuyo poder surgirá de la administración y
cuyos intereses se identificarán más con el poder central.
Los burócratas
A
fines del siglo II a.
C. el Imperio chino se había extendido sobre un territorio que comprendía toda
la China actual (sin contar las regiones autónomas), el sur de Manchuria, Corea
del Norte y parte de Vietnam. Su población era de más de 60 millones.
Para
administrar este Imperio aun en las primeras épocas, cuando sólo una parte
estaba bajo jurisdicción directa del poder central, se necesitaba una nutrida
burocracia tanto en el centro como en las provincias. Se calcula que a fines
del siglo I a. C.
había alrededor de 130 000 burócratas.
Los
puestos administrativos se conseguían por recomendación de gente ya empleada. A
partir del reino de Gaozu se pidió expresamente a burócratas locales y a
oficiales de la corte, así como a príncipes y nobles, que recomendaran hombres
«meritorios y talentosos». A estos candidatos a burócratas se les hada un
examen para juzgar sus conocimientos de la tradición confuciana. Durante el
reinado del emperador Wu se establead una universidad para el entrenamiento de
los futuros servidores del estado, en donde se estudiaban los libros clásicos
confucianos. La universidad comenzó con 50 estudiantes y llegó a tener cerca de
3 000. Fue así como en China se inició una burocracia de carrera que a través
de los años fue el camino hada el poder y la riqueza.
Durante
Han, la clase de los burócratas estuvo fuertemente alimentada por las familias
poderosas, pero no necesariamente todos pertenecían a ellas. Poco a poco esta
clase llegó a tener características especiales por su mayor afinidad con el
poder central al que apuntalaba, o a veces cambiaba, sin por eso tocar sus
rasgos esenciales. Los letrados burócratas también se hicieron terratenientes,
puesto que la adquisición de tierras era la meta de cualquier persona que
dispusiera de dinero. La doctrina confuciana fue rápidamente adoptada por esa
clase porque distinguía claramente entre los que trabajan con la mente y los
que trabajan con las manos, insistía en que la verdadera aristocracia no es la
de nacimiento, rechazaba el gobierno por la ley —que trata a todos por igual— y
abogaba por un gobierno ejercido mediante el ejemplo virtuoso, constituyéndose
ella misma en árbitro de lo que era la virtud. La ley nunca desapareció y si
bien los funcionarios trataron de estar por encima de ella, el emperador la usó
frecuentemente para dominarlos. A su vez, los letrados tenían una manera de
frenar el poder total del emperador con la doctrina del Mandato del Cielo.
Según éste, el emperador tenía el beneplácito del Cielo para gobernar, siempre
y cuando conservara su virtud; al descuidarla se producían fenómenos que los
letrados sabían interpretar y que señalaban que el soberano había perdido el
mandato y podía ser reemplazado.
Los comerciantes
Cuando
se enumeran las posibles causas del no advenimiento del capitalismo en China,
se señala como una de ellas la posición de los comerciantes. Comprender por qué
esta clase nunca llegó a tener verdadero poder podría explicar también por qué
no se desarrolló una burguesía en China y no hubo, al final de la época
netamente feudal, un desarrollo capitalista.
A
pesar del auge del comercio y de la posibilidad de enriquecimiento mediante los
negocios, rara vez los comerciantes que habían tenido éxito se conformaban con
permanecer en esa clase. En primer lugar, el estigma social fomentado por el
confucianismo de ser un parásito, un ente no productivo, no hacía atractiva
esta posición; en segundo lugar, había una salida decorosa: invertir en
tierras, un buen negocio que permitía a la segunda generación de una familia
convertirse en terrateniente.
Tampoco
hay que olvidar el constante hostigamiento del que eran objeto los
comerciantes. El emperador Wu, por ejemplo, les impuso altos impuestos,
confiscó sus propiedades, prohibió que ocuparan puestos públicos. El estado
impuso monopolios de artículos lucrativos tales como la sal, el hierro, el
licor y controlaba los precios de los alimentos por medio de graneros del
estado. Los comerciantes se defendían sobornando a los burócratas para tener
cierta libertad de acción; así, esta práctica se convirtió en parte integral de
toda transacción comercial.
Los esclavos
Durante
la dinastía Han hubo una gran cantidad de esclavos y algunos historiadores han
afirmado que en Han existió una sociedad esclavista como en Grecia y Roma. Sin
embargo, aunque los esclavos en muchas ocasiones participaron en la
agricultura, la ganadería y las artesanías, de ninguna manera fueron un factor
importante en la producción. Con la cantidad disponible de mano de obra de
campesinos libres generada por la pérdida de la tierra, no pudo prosperar
demasiado la esclavitud en China. Lo que se puede decir es que a veces la
diferencia entre esclavos y personas libres era únicamente un tecnicismo,
puesto que la condición de los campesinos sin tierra no era mejor que la de un
esclavo.
Ni feudalismo ni capitalismo
Ya
en Han se sientan en China las bases de un desarrollo peculiar que no será
netamente feudal, al menos en cuanto a la organización política, ni
capitalista, en cuanto a la organización social y económica. Se ha dicho en
varias ocasiones que China fue un estado agrario-burocrático en donde la
posesión de la tierra era lo más preciado, y en el cual hubo una coincidencia
entre los poseedores de la tierra y los que ejercen el poder. Algunas veces,
cuando el poder central era débil, hubo levantamientos campesinos que llegaron
a sacudir y derribar el poder vigente, peto que no pudieron destruir sus bases
hasta el siglo XX.
Vida cotidiana
Al
igual que en la época Zhou, la vida cotidiana en Han era muy diferente en cada
clase social. También en este caso sabemos mucho más de cómo vivían, vestían,
comían y se divertían las clases privilegiadas que el pueblo común. Una vez más
son las tumbas de nobles y ricos las que nos dan esta información. Los objetos
funerarios de barro incluyen miniaturas de casas, figuras de músicos y
bailarines, granjas con animales, cocinas, etc.; los bajorrelieves, pintados o
esculpidos, reproducen escenas de banquetes o de la vida cotidiana y el bagaje
de los difuntos incluía también objetos de laca, cosméticos, peines, espejos,
rollos de seda, libros, alimentos, canastos, ropa, en fin, todo lo que una
persona había usado en este mundo. En las ciudades los ricos vivían en casas de
uno o dos pisos rodeadas de muros y con patios interiores. El piso estaba
cubierto con esteras o pieles y el mobiliario era escaso. No existían sillas
sino tarimas sobre las cuales se sentaban arrodillados —costumbre que perdura
todavía en Japón— y usaban un atril para apoyar el brazo izquierdo. Todo se
guardaba en baúles o canastos y para comer se usaban mesas bajas, o más bien
bandejas rectangulares o redondas con patas plegadizas; completaban este parco
mobiliario, biombos fijos o plegadizos. La ropa, tanto para hombres como para
mujeres, consistía en dos piezas: una falda larga atada con un cinturón ancho y
un saco muy parecido al actual kimono japonés. El tocado era indispensable para
ambos sexos y no se quitaba jamás en público. La gente trabajadora usaba
calzones cortos con un saco sencillo y rodeaba su pelo con un pedazo de tela en
forma de turbante. Para entretenerse, algunas familias ricas tenían sus propias
orquestas y coros; para los más modestos existía la posibilidad de arreglar conciertos
de artistas que estaban de paso y para el pueblo había representaciones
callejeras de juglares y acróbatas, animales amaestrados, músicos itinerantes,
peleas de gallos, carreras de perros y de caballos, juegos de azar y otras
diversiones más.
De
la vida en el campo, aparte de la de los terratenientes cuyas casas tenían las
mismas amenidades que las de los habitantes de la ciudad sabemos poco, pero por
algunos documentos que describen la pobreza de los campesinos nos podemos
imaginar una existencia precaria y miserable en constante lucha contra las
sequías e inundaciones, las malas cosechas, el fisco y las enfermedades. Para
ellos no había sedas ni manjares ni siquiera diversiones. Los festivales
religiosos y algunas fiestas populares eran el único solaz de la mayoría de la
población.
La familia y la posición de la mujer
La
familia en Han fue mucho más pequeña que en tiempos posteriores. Por influencia
de las leyes de Qin, que prohibían a los hijos adultos vivir con los padres, la
tendencia en Han Occidental fue de 5 o 6 miembros en cada hogar. La propiedad
se dividía entre los hijos y aun las hijas solteras tenían su parte. Esta clase
de individualismo en la familia china no se dará más adelante y habrá leyes
para prohibirlo. En Han Oriental hubo casos de familias extendidas y de varias
generaciones viviendo bajo el mismo techo en los latifundios de grandes
familias.
El
matrimonio era siempre un asunto de carácter familiar y no individual y se
acordaba entre los padres por medio de casamenteros, tomando en consideración
los intereses de la familia y no el gusto de los individuos. La edad en la cual
se casaba una mujer era entre los trece y los dieciséis años. Se sabe que los
matrimonios eran generalmente exógamos y que no podían casarse dos personas con
el mismo apellido, pero por algunos ejemplos se puede deducir que esta ley no
se aplicaba tan estrictamente como sucedería más adelante. El divorcio era
iniciativa del hombre y podía esgrimir varias razones: desobediencia a los
suegros, esterilidad, adulterio, celos, enfermedad incurable, habladuría y
robo. No se conocen razones que la mujer pudiera usar para divorciarse, pero
hubo algunos casos de abandono del hogar por parte de la mujer y ciertamente se
podía volver a casar. La madre del emperador Wu era divorciada y la famosa
mujer de letras Cai Yan (Cai Wenji), se casó tres veces (una de ellas con un
príncipe xiongnu que la había raptado).
Sin
embargo, a pesar de tener ciertos privilegios que luego desaparecieron, la
posición de la mujer en Han no era envidiable. Tanto en las clases
privilegiadas como en las populares era un bien familiar enajenable. Los ricos
y poderosos usaban a sus hijas para efectuar alianzas y las entregaban aun a
los «bárbaros» más temibles si así les convenía, o las ofrecían como concubinas
en harenes de reyes y príncipes. Los pobres las vendían a otras familias como
esclavas o a proxenetas como prostitutas.
Dentro
de la familia la mujer debía mostrar humildad y obediencia y siempre era
inferior al hombre. Se habla mucho de la posición de la «matriarca» en la
familia, pero en realidad ésta más bien ejercía a través de sus hijos y no por
derecho propio. El ámbito de la mujer era el hogar, su educación muy elemental
y estaba poco preparada para sostenerse o sostener a su familia. Se conocen
casos de mujeres que tuvieron la necesidad de trabajar para educar a sus hijos,
pero generalmente su trabajo era manual como tejer o hacer zapatos. Las
profesiones abiertas para mujeres eran muy escasas: bruja, curandera, bailarina
o cantante-cortesana. Por cierto, la mujer campesina tenía una gran carga de
quehaceres: preparar alimentos, ropa, zapatos, tejer, hilar, cultivar gusanos
de seda, recoger leña y a veces ayudar en las tareas del campo.
En
la historia de Han hay casos de mujeres destacadas por su poder o por su
educación. En todos los casos, que son limitados, se trata de mujeres cuyo
poder o conocimiento tenían su origen en un ambiente familiar especial. Algunas
emperatrices o emperatrices viudas fueron muy poderosas gracias a su acceso al
monarca, pero la historia las trata generalmente mal, como es el caso de la
esposa de Han Gaozu, la emperatriz Lü. Hay dos ejemplos de mujeres que se
hicieron célebres por su educación y talento literario, gracias a haber sido
educadas por padres más liberales: Ban Zhao, historiadora destacada, pero
también autora del libro Nujie (Lecciones para las mujeres) en donde
señala claramente la obligación de la mujer de aceptar su posición inferior, y
Cai Yan (Cai Wenji), mujer culta y apreciada por Cao Cao que pudo ordenar y
reconstruir la obra literaria de su padre, Cai Yong.
V. LA FRAGMENTACIÓN DEL
IMPERIO (220-589)
Buda
de la dinastía Wei.
|
L |
a
caída de la dinastía Han inicia en China una época de división en varios
estados, algunos efímeros, otros más duraderos, que finalmente son dominados
por uno de ellos, volviendo así, una vez más, a un imperio centralizado. Se ha
caracterizado repetidamente a esta época, por demás confusa, compleja y aún
poco estudiada, como el medievo chino, comparándola a lo que aconteció en
Europa cuando cayó el Imperio romano. Al igual que en Europa, un Imperio se
desintegra, sufre invasiones de pueblos de cultura diferente y de mayor vigor
bélico, de «bárbaros» que establecen su poder en el norte, en territorios
independientes que se equiparan a estados feudales; se inicia una era de gran
religiosidad que fomenta una expresión artística peculiar; se desarrollan nuevas
corrientes de pensamiento y se descuida la cultura clásica. Sin embargo, hay
grandes diferencias con lo que aconteció en Europa y una vez más debemos
cuidarnos de paralelismos fáciles. Si bien es cierto que el Imperio Han se
desintegró, es también cierto que al cabo de tres siglos se volvió a unir. Los
«bárbaros» de China no llegaron con ímpetu repentino de otras partes: en su
mayoría eran pueblos que habían permanecido en la periferia de China durante
largos años, o en ocasiones habían sido utilizados por los chinos como
mercenarios o como aliados en sus guerras internas, que generalmente conocían
la cultura china y en muchas instancias la aceptaron y la hicieron propia.
Tampoco se podría decir que causaron la caída de la dinastía Han: la dinastía
ya había caído y simplemente aprovecharon el vacío de poder y la anarquía. En
cuanto ala religión, es cierto que el budismo tuvo un auge sin precedentes,
pero jamás se constituyó en religión única y exclusiva, pues al mismo tiempo
subsistían cultos daoístas y confucianos. Además, al dividirse muy pronto en
diversas sectas, el budismo no llegó a constituir una Iglesia única y poderosa.
Finalmente, el norte y el sur de China sufrieron suertes diversas. En los
reinos «bárbaros» del norte se presentaron las contradicciones entre un sistema
tribal y un estado burocrático con el resultado de un triunfo del poder del
estado; en el sur, la vieja aristocracia emigrada del norte establece un
sistema colonial sobre una región antes poco explotada, y al desarrollarse una
economía mercantil, pierde sus características de aristocracia propiamente
dicha y también se encamina hacia una mayor aceptación del poder central. La
tradición cultural china no se pierde, sobre todo en el sur, de tal manera que,
si bien el Imperio que surge después de la época de fragmentación no es del
todo como el Imperio Han, en muchos aspectos es ciertamente su heredero.
Este
periodo histórico se divide de la siguiente manera: 1) Los Tres
Reinos, 2) La dinastía Jin, 3) Los Estados del Norte y del
Sur; es decir, «Los Dieciséis Estados de los Cinco Bárbaros» (en el norte) y
«Las Seis Dinastías» (en el sur). En realidad, esta última parte es conocida
mucho más como el periodo de «Las Seis Dinastías», puesto que los estados del
norte, en su mayoría dominados por pueblos no chinos, no tienen legitimidad en
la historiografía tradicional (véanse los cuadros 1 y 2).
Cronología del periodo de fragmentación (220-589)
Los Tres Reinos
Jin Occidental (265-316)
Dinastías del Norte y del Sur (317-589)
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Norte |
Sur |
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Los Dieciséis Estados (304-535) |
Jin Oriental (317-420) |
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Wei del Norte (toba; 386-535) |
Song (420-479) |
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(Unifica toda China del Norte en 493) |
Qi (479-502) |
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Wei Oriental (534-550) |
Liang (502-557) |
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Wei Occidental (535-557) |
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Qi del Norte (557-581) |
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Zhou del Norte (557-581) |
Chen (557-589) |
|
Sui (581-618) |
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Ya
hemos mencionado cómo surgieron los Tres Reinos (Wei, Wu y Shu-Han); sin
embargo, una de las interrogantes de los historiadores ha sido cómo se sostuvo
esta división cuando, obviamente, el poder de Wei era mucho mayor que el de sus
dos rivales en lo militar y en lo político. Últimamente se ha señalado con
mayor insistencia el importante papel que jugó la economía, cuyas consecuencias
se harían sentir en el futuro. Por primera vez se desarrollan el sur y el
sudoeste de una manera consciente y sistemática, desplazando finalmente al
norte como zona económica importante. Los monarcas de los tres estados no
escatimaron esfuerzos en la construcción de canales, obras mayores de
irrigación y de contención, apertura de nuevas tierras al cultivo y el
establecimiento de colonias agrícolas al estilo de Cao Cao. Si bien al final
prevaleció Wei, se habían sentado las bases de una infraestructura económica en
las demás regiones.
Los Dieciséis Estados
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Nombre del Estado |
Nacionalidad del rey |
Fecha |
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Han |
Xiongnu |
304-329 |
|
Cheng Han |
Di |
304-307 |
|
Zhao Posterior |
Jie |
319-350 |
|
Liang Anterior |
Han |
314-376 |
|
Yan Anterior |
Xianbei |
337-370 |
|
Qin Anterior |
Di |
351-394 |
|
Yan Posterior |
Xianbei |
384-409 |
|
Qin Posterior |
Qiang |
384-417 |
|
Qin del Oeste |
Xianbei |
385-431 |
|
Liang Posterior |
Di |
386-403 |
|
Liang del Sur |
Xianbei |
397-414 |
|
Liang del Norte |
Xiongnu |
397-439 |
|
Yan del Sur |
Xianbei |
398-410 |
|
Liang del Oeste |
Han |
400-421 |
|
Xia |
Xiongnu |
407-431 |
|
Yan del Norte |
Han |
404-436 |
|
|
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Wei
Al
morir Cao Cao, su hijo Cao Pei (187-226) heredó el reino de Wei. Al igual que
su padre era poeta, pero carecía de la capacidad de liderazgo de aquél. Así, no
tardó en hacer concesiones a las familias poderosas que Cao Cao había intentado
controlar. Cao Pei adoptó un sistema de reclutamiento y clasificación de
burócratas en nueve grados su capacidad, a fin de garantizar la imparcialidad y
eficacia de los servidores públicos. La información sobre los candidatos era
recogida por un magistrado local quien debía decidir sobre la suerte del
postulante. Estos magistrados casi siempre pertenecían a las grandes familias y
pronto controlaron el gobierno e impusieron la ideología «confuciana» de las
clases poderosas. Es así como surgieron hombres fuertes como un tal Sima Yi,
jefe de un clan del norte de Henan, quien se ganó con artimañas la confianza de
Cao Pei y se volvió el verdadero gobernante de Wei. Sima Yi y sus familiares
lograron acabar con las reformas económicas de Cao Cao y ayudaron a las
familias poderosas a absorber a los colonos, creando así, una vez más, grandes
latifundios.
Wu
El
reino de Wu, cuya capital era Jianye (actual Nanjing), a pesar de abarcar un
territorio vasto y fértil contaba con una población limitada y su mayor lucha
fue siempre la búsqueda de mano de obra para desarrollar su potencial económico
y nutrir las filas del ejército. Esta tierra del sur estaba poblada por
indígenas que fueron colonizados por inmigrantes del norte. Llegaron
campesinos, pero también aristócratas, quienes se establecieron junto con sus
seguidores, sirvientes, artesanos y administradores y tuvieron plena
jurisdicción económica y política en sus latifundios.
Además
de los esfuerzos para abrir nuevas tierras al cultivo, realizar obras de
irrigación y establecer colonias, en Wu, donde había una buena flota, se
desarrolló un comercio importante con los reinos marítimos del sur,
transformando esta región en un centro económico importante. Sin embargo, la
escasez de soldados y la indiferencia de los latifundistas para defender el
reino más allá de la región en donde se encontraban sus latifundios hicieron a
Wu vulnerable frente a Wei.
Shu-Han
Liu
Bei (161-223) ocupó el trono de Shu-Han, pero el hombre más importante de este
reino fue, sin duda, el ministro Zhuge Liang (181-234), personaje ya mítico en
la historia de China cuya astucia, sabiduría y enorme pericia militar son
legendarias. En Shu-Han había una aristocracia indígena y otra proveniente de
Hubei y Hunan, que había seguido a Liu Bei. Zhuge Liang, adoptando políticas
legalistas controló a la aristocracia advenediza por medio de leyes
estrictamente aplicadas. Al igual que Cao Cao estableció colonias agrícolas,
construyó canales y organizó a los aborígenes del sur del reino. Cuando Zhuge
Liang murió, el poder cayó en manos de los aristócratas de Hubei y Hunan.
JIN OCCIDENTAL (266-316)
En
263, los Sima vencieron a Shu-Han y en 265, Sima Yan, nieto de Sima Yi,
destronó a la dinastía Wei y estableció la dinastía Jin. En 280 cayó Wu y
durante algunos años China volvió a estar bajo el mando de un solo soberano.
En
Jin se desintegró totalmente el sistema de colonias agrícolas y la tierra
pronto fue dividida entre parientes, amigos y aliados de los Sima. Cada uno de
estos terratenientes recibía grandes feudos con derecho a recaudar impuestos de
los campesinos que se hallaban en sus dominios, sin obligación alguna hada el
estado. Además, cada uno de ellos podía sostener un ejército particular de 1500
a 2 000 hombres. Esta situación condujo fácilmente a una lucha por el poder
apenas murió Sima Yan. En la corte, intrigas y pugnas entre facciones estaban a
la orden del día. A las guerras internas se añadieron malas cosechas y sequías
que provocaron hambrunas y levantamientos campesinos. Los contrincantes en la
guerra civil emplearon en varias ocasiones, como mercenarios a pueblos de
pastores que habitaban en el norte y noroeste de China. En el siglo IV,
algunos de estos pueblos se alzaron y tomaron el poder en varios puntos del
norte y del noroeste. Parte de la familia Sima se trasladó al sur iniciando así
la dinastía Jin Oriental con capital en Nanjing. Ésta fue la primera de las
«Seis dinastías» del sur, mientras en el norte se sucedían múltiples estados,
casi todos dominados por pueblos no chinos.
Pintura
mural de la dinastía Jin.
LOS DIECISÉIS ESTADOS
DE LOS CINCO BÁRBAROS (301-439)
Los
cinco Hu, «cinco bárbaros», eran pueblos que pertenecían a diferentes grupos
raciales y cuya organización social variaba mucho. Algunos eran pastores
nómadas, otros ya habían aceptado la vida sedentaria, se habían mezclado con
los chinos mediante matrimonios, y muchos participaron en las guerras de los
chinos como mercenarios o fueron arrendatarios y siervos de terratenientes
chinos. Los primeros en destacarse son nuestros viejos conocidos, los xiongnu,
quienes pretendían estar emparentados con los emperadores Han, tenían como jefe
a alguien de apellido Liu (el apellido de los emperadores Han) y fundaron en
304 el reino de Zhao-Han. (Es interesante señalar que casi todos los reinos
fundados por los «bárbaros» tienen nombres de reinos chinos del pasado.) Los
demás «bárbaros» eran los jie, quienes habían llegado de Asia Central
y se instalaron en el sur de Shanxi; los qiang y
los di, que vivían en Shaanxi y en Gansu, y
los xianbei, que vivían a lo largo del norte de China desde el río
Liao hasta Gansu. Los xiongnu, jie y xianbei eran tal vez turcos o mongoles con
una organización aristocrática tribal, pero los qiang y los di estaban
emparentados con los tibetanos y su organización era militar. Aún se sabe poco
sobre estos pueblos y no han llegado hasta nosotros sus lenguas, que nos
ayudarían a identificarlos mejor.
Pintura
mural de la dinastía Jin.
La
historia de estos estados efímeros (véase el cuadro 2) está estrechamente
ligada con el tipo de relación que tuvieron con las familias poderosas chinas,
que en muchos casos pudieron imponer sus propias tradiciones sociales y
guardaron durante mucho tiempo sus privilegios hereditarios.
Es
cierto que muchos chinos del norte huyeron al sur, pero también permanecieron
varias familias en el norte. Los que se quedaron se establecieron junto con sus
allegados y servidores en fortalezas organizadas para la defensa y la
subsistencia. Dentro de ellas se hallaban comunidades enteras bajo el mando de
jefes que a su vez obedecían a un señor. Así, se constituyeron pequeños o
grandes feudos entre los cuales existían rivalidades y pugnas. En muchos casos
pedían la protección de algún ejército de «bárbaros», quienes en esa época
afirmaban su poder en el norte. Es también importante el equilibrio que los
monarcas trataron de establecer al gobernar sobre dos diferentes grupos étnicos
con distintas tradiciones sociales. Entre todos ellos se pueden destacar los
esfuerzos de dos gobernantes: Shi Le, de Zhao Posterior, y Fu Jian, de Qin
Anterior.
Fu
Jian (r. 357-385), monarca di (tibetano) que consolidó un reino poderoso y
unificó brevemente (370-376) todo el norte de China. Fue un rey que recibió
educación china, apoyó a los letrados Han, estableció un gobierno centralizado
con matices legalistas y protegió el budismo. Bajo su mando se desarrolló la
agricultura y se establecieron colonias agromilitares. Sin embargo, a pesar del
poder bélico que llegó a tener, Qin no pudo vencer al sur cuando trató de
conquistarlo. Su enorme ejército era demasiado heterogéneo y fue vencido por
las tropas despachadas por Jin Oriental en 383.
Shi
Le (r. 319-333), quien fundó el reino de Zhao Posterior, era de Asia Central,
del pueblo jie y tenía múltiples razones para odiar a los chinos. Sin embargo,
al establecer el reino de Zhao Posterior utilizó a los chinos logrando así una
estabilidad relativa. Su sucesor tuvo una corte de gran esplendor. Sin embargo
el reino fue finalmente conquistado por los xianbei en 351.
El reino toba de Wei del Norte
El
más duradero de los reinos del norte, y que tendría mayor influencia sobre el
futuro de China, es el que establecieron los toba (rama de los
xianbei, pero con una mezcla de elementos turcos y mongoles) en 386 y que tomó
el nombre de Wei, con la capital en Datong (en Shanxi). Wei del Norte duró más
de 150 años y hacia mediados del siglo V había
dominado toda China del norte.
Los
toba, al consolidar su poder, ya habían absorbido mucho de la cultura china y
de la economía sedentaria agrícola de los chinos. Para poblar las regiones que
rodeaban la capital emplearon el método de deportación de un gran número de
campesinos a quienes instalaban en tierras cercanas a Datong. Estas migraciones
forzadas contribuyeron al desarrollo de la agricultura y también incrementaron
la influencia de los chinos, quienes eran los administradores de esta numerosa
población sedentaria. Los mismos toba sufrieron cambios en su organización
social que se transformó de tribal en casi feudal y burocrática, con muchos
matices que caracterizaron al Imperio Han. Para completar el cuadro, la
aristocracia china pudo conservar sus privilegios y con gusto participó en la
administración del reino. Esto le permitió una independencia económica y
política que llegó a limitar el poder del gobierno central.
Para
combatir este fortalecimiento de los aristócratas, la emperatriz viuda,
Wenming, con la ayuda de consejeros chinos, ideó, entre 484 y 486, un sistema
por el cual se Pondría freno al poder de los aristócratas y se mejoraría el
ingreso del gobierno central. Este sistema, el juntian (parcela
igual), consistía en distribuir una cantidad fija de tierra a cada familia, que
a su vez pagaría al estado un impuesto sobre ella. La tierra era cedida de por
vida, pero también se darían moreras a perpetuidad. Se asignaba también tierra
para cada esclavo. A fin de poder tener un registro de todas las familias
involucradas, se crearon unidades de cinco familias, «vecindades», y múltiplos
de las cinco, «grupos». Teniendo un registro más preciso, podían exigir el pago
de impuestos a los dueños de grandes latifundios según la cantidad de familias
de campesinos o de esclavos que trabajaban en ellos. Con el dinero obtenido, el
estado mantenía a la burocracia, a veces haciéndola directamente responsable
del cobro de impuestos. Este sistema no prosperó demasiado en Wei del Norte
porque no se dividieron las tierras de los grandes propietarios y éstos
conservaron sus privilegios. Sin embargo, el mismo sistema, adoptado más
adelante por las dinastías Sui y Tang, fue responsable de la afirmación del
poder del estado, del desarrollo de una clase cuyos privilegios y derechos
sobre la tierra dependían de servicios que rendían al estado, y finalmente de
la creación de una clase de pequeños campesinos, propietarios de su tierra que
mantenían al estado.
En
494, los toba cambiaron su capital de Datong (casi al borde de los límites de
la estepa) a Loyang, antigua capital china, en el corazón de la zona agrícola
tradicional. El emperador Xiaowen, el primero en instalarse en la vieja
capital, comenzó un programa intenso de sinificación: prohibió el idioma, la
vestimenta y aun los apellidos originales de los toba y él mismo adoptó para la
familia real el apellido Yuan; alentó los matrimonios mixtos y la adopción de
costumbres chinas, amplió la capital, fundó monasterios budistas, y se rodeó de
consejeros chinos. Por algún tiempo, la corte de Loyang tuvo gran auge y
esplendor, el comercio con Asia Central fue reanudado y se iniciaron relaciones
de intercambio comercial con el sur. Las artesanías y las artes florecieron y
los letrados chinos encontraron un ambiente propicio para su desarrollo
intelectual.
Para
muchos historiadores la causa principal del fin del reino toba se encuentra en
un proceso interno que llevó a la degeneración y a la pugna entre facciones.
Los aristócratas, tanto toba como chinos, no perdieron su poder económico y
político, y sus métodos de explotación provocaron descontento y más adelante
alzamientos. Los administradores del estado no eran mejores y la venta de
puestos era una realidad cotidiana. Sin embargo, el suceso más importante que
acarreó la caída de los toba fue la rebelión de los comandantes de las
guarniciones del norte, conocida como «la rebelión de las seis guarniciones»,
en 524, la cual duró diez años.
Las
verdaderas razones de esta rebelión aún son objeto de controversia. Es cierto
que los comandantes eran aristócratas toba, algunos de ellos opuestos a la
sindicación de la corte y del país en general, quienes cada día se sentían más
marginados. Sin embargo, entre ellos había algunos que no se oponían a la
adopción de la cultura china. En realidad, el ejército había sufrido una
transformación en cuanto a los elementos que constituían su base. Los soldados
ya no eran profesionales estimados sino vagabundos y criminales. Al cambiar los
toba de nómadas a agricultores, también perdió estatus el oficio de soldado.
Los comandantes mostraron su desprecio por la soldadesca al tratar a sus
miembros casi como esclavos y obligándolos a cultivar sus tierras particulares.
Es así como la combinación del descontento de los soldados, la opresión de los
campesinos y los elementos antichinos que existían entre los toba se combinaron
y provocaron la guerra.
Relieves
en piedra calcárea; piezas de la base de un sarcófago principesco de la
dinastía Qi Septentrional (550-577).
En
534, dos generales se repartieron Wei del Norte. Uno era el general Gao Huan,
cuyos descendientes fundaron el reino de Wei Oriental, mientras que los
familiares del general Yuwen Tai fundaron Wei Occidental. El primero de los
reinos cambió el nombre a Qi del Norte y el segundo a Zhou del Norte. En este
último reino se creó una institución que también habría de perdurar durante
muchos años en la China unificada: la reorganización del ejército en
milicias (fubing), que elevaba el estatus del soldado. Zhou del Norte
venció a Qi del Norte en 577 y reunificó a China del norte. Pronto, sin
embargo, un general que pretendía ser de origen chino, Yang Jian, usurpó el
trono y fundó la dinastía Sui poniendo así fin a la dominación de los pueblos
no chinos, pero no a la amalgama cultural que se había producido.
LAS SEIS DINASTÍAS
DEL SUR (317-589)
Mientras
todo eso sucedía en el norte, en el sur de China se plasmaban acontecimientos
que, a primera vista, son menos dramáticos y confusos, puesto que durante casi
tres siglos no hubo divisiones sino una sucesión de casas gobernantes. En este
sentido, el sur es diferente del norte; sin embargo, presenta semejanzas en el
proceso que comenzó con un gran poder de la aristocracia y que terminó con su
decadencia, lo cual dio lugar a la aparición de nuevas clases sociales, pilares
del Imperio centralizado.
La
aristocracia del sur tenía dos orígenes. En primer lugar, existía la vieja
aristocracia local, celosa de sus privilegios y, en segundo término, la
aristocracia emigrada del norte, decidida a imponer su voluntad, amparada por
el mismo rey, que también era norteño, el fundador de la dinastía Jin Oriental,
Sima Rui. Llegaron del norte unas 900 000 personas, un octavo de la población
de aquella región. Pronto se vio que era necesario llegar a un compromiso con
la aristocracia local, permitiéndole tener privilegios en cuanto a impuestos y
servicios y dándole una buena tajada de puestos administrativos. Mientras
tanto, algunas de las familias del norte se establecieron como señores
feudales, tomando bajo su protección a norteños menos afortunados y creando así
latifundios cuyo Poder económico y político era una amenaza contra el poder
central. Algunos clanes, como el de la familia Wang, eran más poderosos que el
mismo monarca.
La
misma voracidad por el goce de los privilegios fue la causa de los alzamientos
en Zhejiang en el año 400, dirigidos por líderes daoístas de la secta de las
«cinco fanegas de arroz». Hubo en esta ocasión grandes matanzas de
terratenientes y, de entre los generales que pudieron contener a los rebeldes,
surgió Liu Yu, quien tomó el poder en 420 e inició otra dinastía, la Song.
Liu
Yu, a quien algunos historiadores comparan con Cao Cao, trató de reducir el
poder de los aristócratas pero no lo logró; es más, durante el reino Song se
institucionalizó el privilegio de los aristócratas, se hicieron genealogías de
cada familia y se prohibieron los matrimonios entre
aristócratas (shi) y plebeyos (shu). Así se fomentó la
perpetuación de una clase endógama que pronto habría de mostrar señales de
degeneración física y mental.
La
dinastía siguiente, la Qi, frenó hasta cierto punto a la aristocracia, al
tiempo que propició el desarrollo del comercio con Asia Central y con el
sudeste de Asia. Esta preponderancia del comercio fue un factor que contribuyó
a dar un golpe a la aristocracia, al quitarle el monopolio de la riqueza. La
siguiente dinastía, la Liang, mantuvo la paz durante un tiempo y ayudó a
propagar el budismo por toda China del sur, además, durante esta época se
registró un auge literario y artístico considerable. Sin embargo, surgieron
jefes militares independientes que actuaban como mercenarios cuando había
alguna presión ejercida desde el norte. En realidad, la preocupación del sur se
había volcado totalmente hacia la defensa y de ninguna manera les interesaba la
reconquista del norte. Uno de los jefes militares, Chen Baxian, tomó el poder
finalmente y estableció la dinastía Chen. Para entonces, la aristocracia había
perdido su ímpetu y su poder; parte de ella había sido aniquilada en los
levantamientos que cada día eran más numerosos, otros de sus miembros habían
desaparecido sin dejar descendientes. Cuando llegó una ofensiva del norte, que
había sido unificado por Yang Jian, fundador de la dinastía Sui, el sur cayó
sin mayor resistencia.
La cultura
La
época que siguió a la desintegración del Imperio Han e ninguna manera
constituye un vacío cultural. En estos tres siglos de inestabilidad política,
de fragmentación, de guerras y desolación, de mezcla con otros pueblos,
surgieron nuevas corrientes de pensamiento, aparecieron originales formas de
arte, se hicieron los primeros intentos e crítica literaria y se escribió bella
poesía. Entre las cosas más importantes que acontecieron en este periodo está
la propagación del budismo que enriqueció al pensamiento, la literatura, las
artes y que tuvo una influencia duradera sobre todos los aspectos de la
sociedad china.
Pensamiento y religión
Como
se dijo al hablar de la época Han, el confucianismo se había arraigado como la
ideología que sostenía todos los aspectos de la sociedad china. Es normal que
en una época de inestabilidad el optimismo formulado por el confucianismo, que
señala la posibilidad de influir sobre el curso de la naturaleza y de los
acontecimientos, se hubiera ido perdiendo. La filosofía política y social se
descuidó en aras de un individualismo casi insólito y la búsqueda filosófica se
volcó más hacia la metafísica. Estado y familia pasan a segundo plano, la
salvación individual se vuelve una preocupación primordial y la búsqueda de los
valores se traslada más allá del ámbito humano.
Es
también un periodo de cinismo y de actitudes antisociales como nunca antes se
había dado. El intelectual, que antes conocía claramente su misión como
guardián del confucianismo y cuya responsabilidad era gobernar, se encuentra
ante una situación política inestable que hace peligroso cualquier contacto con
el gobierno, por demás efímero, y se siente enajenado de valores en los que ya
no puede creer. El ejemplo más típico de esta clase de intelectuales es el de
«los siete sabios del bosque de bambú», grupo heterogéneo de siete alegres
amigos que vivieron en el siglo III,
que trataron de mantenerse alejados de puestos y honores (aunque algunos
capitularon al final) y se dedicaban a beber, conversar, escribir poesía y
tocar instrumentos. Algunos descuidaban su apariencia y vestían sin hacer caso
de las convenciones de la época.
La
expresión predilecta de los intelectuales del siglo III era
la conversación libre, gratuita y ligeramente filosófica que se convirtió en un
arte llamado qing tan (conversación pura). El qing tan, que
se trasladó hacia el sur en el siglo IV,
se volvió el pasatiempo favorito de los aristócratas y letrados, quienes
competían en la formulación de frases ingeniosas, el desmenuzamiento de otras
personas y el análisis de los sentimientos. Un libro del siglo V ofrece
ejemplos de este arte, el Shishuo xinyu (Cuentos nuevos de
conversaciones en sociedad), de Liu Yiqing (403-444).
Daoísmo
«Los
siete sabios» y los adeptos del qing tan fueron igualmente atraídos
por el daoísmo, que continuó manifestándose tanto en forma filosófica como
religiosa. El daoísmo filosófico tuvo grandes exponentes a partir de
siglo III, cuando los
filósofos Wang Bi (226-249) y He Yan (?-249) escribieron comentarios
al Daodejing y al Yijing. Estos dos filósofos, iniciadores
de la Escuela de los Misterios, trataron de resolver el problema de la relación
entre el «ser» que es determinado, tiene nombre, sufre cambios y es múltiple, y
el «no ser», elemento inmutable que sostiene y es fundamento de todo cambio y,
por ello, de todo ser. Pei Wei (267-300), autor del Tratado sobre la
Preponderancia del Ser, no acepta el «no ser» como fundamento y en eso es
apoyado por Guo Xiang (?-312) quien escribió un comentario
del Zhuangzi donde habla de la creación espontánea de las cosas que
no necesitan de agente generador.
Caligrafía
de Wang Xizhi (309-ca. 365 d. C.).
A
la vez que el daoísmo puramente filosófico se desarrollaba por el lado de la
metafísica, el daoísmo xian, de características religiosas, seguía
también su camino. En el siglo IV aparece
el Baopuzi de Ge Hong, una enciclopedia que mencionaba las técnicas
para prolongar la vida (por medio de ejercicios, de medicinas, dietas,
respiración, etc.). Ge también ofrece fórmulas para producir el elíxir de la
inmortalidad, que convierte al ser humano en xian (inmortal). Este
daoísmo se volvió muy popular entre las clases altas y aun en la corte. En el
sur tuvo que Pugnar contra cultos indígenas y supersticiones locales. Más
adelante, por influencia del budismo, se desarrollaron otras sectas y surgió
una Iglesia daoísta que, si bien nunca tuvo una organización central, tuvo
varios centros importantes de culto en los cuales oficiaba un sacerdote, cargo
que a veces se heredaba. En la época de las Seis Dinastías se fundaron
monasterios para facilitar la búsqueda de la inmortalidad pero, en general, a
pesar de los intentos de reforma, el nivel moral e intelectual de los monjes
daoístas era en ocasiones deficiente.
Budismo
El
budismo, iniciado en la India en el siglo VI a.
C., es una religión, una filosofía, un modo de vida y el generador de una
riquísima literatura y abundantes formas de arte. En realidad, el budismo es
una enseñanza que señala el camino de la salvación y cuyas premisas son que la
vida es dolor, sufrimiento e impermanencia y que la condición del sufrimiento
es el «yo» al cual nos aferramos, pero que en realidad no existe. El verdadero
«yo» lo encontramos en lo absoluto, cuando nos hemos liberado del apego al
cuerpo y a los deseos, cuando hemos roto la rueda de la reencarnación que nos
hace volver a este mundo. La meta es pues la liberación, el «nirvana». Hay
varias reglas de comportamiento para lograr la salvación: no matar, no robar,
no mentir, observar la castidad y no embriagarse. Muy pronto el budismo se
estableció como orden monástica y se produjo una extensa literatura sagrada,
conocida como la Tripitaka, el canon budista.
Estatua
coloreada en las grutas de Donghuang.
El
budismo es una religión universal y cree en el proselitismo: se extendió en
todo el sur de Asia, en Asia Central, en Asia del Este, en Mongolia y en el
Tibet, en donde adoptó características especiales y es conocido como lamaísmo.
Dos corrientes se destacaron en el budismo: el Mahayana (el gran vehículo) y el
Hinayana (el pequeño vehículo), también conocido como Theravada. El budismo
Hinayana es la forma que subsiste todavía en el sudeste de Asia y Sri Lanka, y
el Mahayana se propagó por China, Corea, Japón y Vietnam. El Mahayana absorbió
mayor cantidad de cultos locales y pronto, a pesar de que el budismo original
no reconocía a un dios, adquirió numerosas deidades. Una de estas deidades, el
bodisatva, es un ser que pudo haber alcanzado el nirvana pero ha permanecido en
este mundo para ayudar a los demás a salvarse. Así se desarrolla un lado
devocional del budismo en el que la fe y la plegaria, además de las buenas
obras, son vehículos de salvación, y la compasión juega un importante papel.
Las buenas obras sustituyen hasta cierto punto la exigencia de vida monástica y
es posible salvarse aun permaneciendo dentro de la sociedad. En cuanto al
nirvana, cambia su sentido en el culto más popular y se vuelve un paraíso con
su correspondiente infierno lleno de demonios y tormentos.
El
budismo penetró en China por Asia Central por conducto de comerciantes que
llegaban por las rutas de la seda. En el año 65 ya había una comunidad budista
en Pengcheng (en Gansu) y en el siglo II ya
había una gran cantidad de torres budistas, estupas, esparcidas en el sudoeste
y el norte de China, que poco a poco fueron modificando su forma hasta
convertirse en lo que hoy conocemos como pagodas. Durante un tiempo fue un
fenómeno puramente urbano con patronazgo en la corte, pero sin gran repercusión
popular.
Es
en realidad difícil concebir algo más alejado de la mentalidad china que el
budismo. Para el budismo, la vida es sufrimiento e ilusión; para los chinos, la
vida es buena y está llena de placeres; el budista devoto es célibe, mientras
que, en China, tener hijos y formar una familia es esencial; los monjes
budistas viven de la mendicidad, en China el trabajo es un valor indiscutible;
la vida monástica es la mejor para el budista, la vida en sociedad y la
obediencia al estado son fundamentales en China. A todo eso se agrega la
dificultad de verter al chino conceptos que le son ajenos intelectualmente y
que no tienen equivalentes exactos.
Como
dijimos antes, el auge del budismo se produjo en la época de desunión y es en
el desconcierto, la incertidumbre y los acontecimientos de este periodo
histórico que podemos encontrar algunas de las razones del éxito del budismo.
Ya hemos hablado de la pérdida paulatina del ideal confuciano que, si bien no
se perdió del todo, era al fin y al cabo la ideología de la clase de letrados
en la cual se ponderaban virtudes políticas y sociales con poca posibilidad de
salvación personal. El daoísmo se acercaba más a una búsqueda personal de la
felicidad, pero no ofrecía consuelo para la infelicidad inmediata. El budismo
brindaba un refugio moral y un consuelo a la miseria con su doctrina del mundo
transitorio, la posibilidad de romper con el círculo de la reencarnación, la
aseveración de la igualdad de todos ante la salvación y la presencia protectora
de los bodisatvas. Además del amparo moral, el budismo ofrecía otras ventajas.
Los monasterios eran refugios para los desamparados, para los comerciantes que
buscaban en ellos posada y para los campesinos que no querían plegarse a la
exigencia gubernamental del servicio militar y el pago de impuestos.
Es
también importante señalar que la presencia de pueblos no chinos ayudó a la
expansión del budismo. Éstos no estaban tan comprometidos con el confucianismo,
cuya secularidad hacía difícil aceptarlo como una religión; además, la
universalidad del budismo hacía a estos pueblos menos «extranjeros», menos
«bárbaros». Los budistas que llegaron a hacer proselitismo y traducciones,
pronto llenaron el vacío producido por la huida de muchos letrados al sur.
Mientras que en el norte fueron los soberanos los que apoyaron al budismo, en
el sur fue penetrando a través de los aristócratas y letrados que encontraban
esta doctrina interesante para alimentar sus conversaciones y ayudarlos a
encontrar el verdadero sentido de la realidad.
Al
principio el budismo fue confundido con el daoísmo y muchos de los conceptos
budistas se tradujeron con vocabulario daoísta-filosófico. También el daoísmo
religioso, popular, se mezcló con las prácticas del budismo. Sin embargo, al
tomar conciencia de que eran dos cosas diferentes comenzó una gran rivalidad
entre las dos doctrinas y los daoístas se sumaron a los confucianos para
denunciar el budismo. La resistencia de algunos influyentes se unía a otras
razones menos espirituales para perseguir el budismo. Los monasterios, cada día
más poderosos económicamente a causa de los donativos de los fieles, no estaban
bajo la jurisdicción del estado ni tenían obligaciones fiscales y de servicios.
Los monjes, cuyo número crecía día a día, privaban así al estado de ingresos,
soldados y fuerza de trabajo. La influencia de los monjes sobre una gran parte
de la población creaba una fuerza diferente a la del estado. En la época de
desunión hubo dos persecuciones fomentadas por los daoístas en el norte, en 446
y 574, pero no tuvieron efectos desastrosos. Más adelante y por razones más
complejas se le dará al budismo el golpe de gracia.
A
partir del siglo IV,
la insatisfacción con las traducciones existentes de los textos budistas hace
que se inicie un movimiento de peregrinaciones de fieles en busca de los textos
originales. El monje Fa Xian fue a la India a través de Asia Central en 399 y
regresó en 414 cargado de textos. Su crónica es un documento valioso para el
estudio de la historia de la India y de Asia Central. El peregrino más famoso
entre todos será Xuan Cang (602-664), quien hará un largo viaje en el
siglo VII y
traducirá setenta y cuatro textos. El relato de su viaje, «Crónica de las
regiones del oeste», rico en información, inspirará obras literarias y muchas
leyendas, entre ellas la del rey mono. Parte del canon budista ha llegado hasta
nuestros días gracias a traducciones chinas.
Varias
sectas budistas se desarrollaron en China y luego se diseminaron en Japón por
conducto de peregrinos y maestros. La más conocida y más china de todas estas
sectas es la chan (zen, en japonés) que pone énfasis en la
meditación y la introspección, niega el escolasticismo y recomienda una vida
natural y dentro de la normalidad cotidiana. En vez de vida monástica, los
adeptos del chan vivían en comunidades alrededor de un maestro que
los guiaba por el camino de la meditación y la introspección hasta que la
verdad llegaba en forma súbita y repentina o, como decían los discípulos
del chan, «como el fondo de una tina que se desprende». Una de las
particularidades de esta secta es el desarrollo de métodos poco ortodoxos para
provocar el estado de iluminación mediante paradojas, gritos, golpes; en
general, como una terapia de shock.
Un
aspecto importante del budismo fue su papel social en una época en la que no
existían otras alternativas para ciertos servicios. Los monasterios budistas
sirvieron como hoteles para viajeros y centros educativos para jóvenes sin
recursos. Otras funciones que cumplían eran ofrecer servicio médico, entierros
gratuitos, caridad a los necesitados.
En
China, el budismo tuvo una influencia que habría de perdurar, a pesar de las
persecuciones de que fue objeto. En el arte, la literatura, en la misma
mentalidad china dejaría huellas indelebles. Desde China el budismo fue
transmitido a Corea y a Japón en donde aún tiene vigencia.
Literatura
La
poesía tuvo una gran importancia en estos tres siglos de desorden político y
social. En el siglo III prevalecieron
formas clásicas apegadas al yuefu de la dinastía Han. Entre los
poetas de esta primera época se hallan Cao Cao y Cao Pei, su hijo. Sin embargo,
ya aparecen poetas menos rigurosos, más «románticos», influidos por el daoísmo,
que cantan las delicias de una vida sencilla, los placeres del vino y la
brevedad de nuestro paso por la tierra. Entre estos poetas se encuentran los
integrantes del grupo de «los siete sabios del bosque de bambú», sobre todo el
poeta y músico Xi Kang (223-262) y su amigo Yuan Ji (210-263).
A
partir del siglo IV,
al producirse el éxodo de los intelectuales hacia el sur, la poesía que tenía
como tema la naturaleza se volvió extremadamente popular y aparecieron grandes
poetas líricos como Xie Lingyun (385-433), magistrado y viajero que describió
en su poesía paisajes y jardines. Pero el más grande de todos fue sin duda Pao
Qian (Pao Yuanming; 365-427), quien no solamente cantó a la naturaleza sino
que, después de haber ocupado puestos administrativos, vivió en ella como un
verdadero daoísta, cultivando su jardín, encontrando placer en el vino,
escribiendo poesía y vertiendo sus sentimientos en los versos que hacía. La
poesía popular también tuvo importancia y en el sur la colección de Canciones
de Ziye (poeta tal vez apócrifa) contiene poemas cortos, en su mayoría de tema
amoroso; en el norte, la poesía popular es menos delicada y más triste, con
temas de amor y de guerra y con baladas de muchachas guerreras disfrazadas de
hombre, como la célebre Mulan.
Aparece
la crítica literaria, género iniciado por Cao Pei (rey de Wei), quien, en su
obra Dianlun Lunwen (Ensayos sobre literatura), hace una evaluación
de la literatura Han; Liu Xie, en el siglo V,
en el Wenxin Diaolong (El corazón de la literatura y el cincelado de
dragones), formula una teoría poética, y Xiao Tong, en el mismo siglo,
selecciona poemas y presenta una antología, Wenxuan, en cuyo prólogo
establece sus criterios de selección haciendo así verdadera crítica literaria.
En cuanto a la crítica de arte, fue Xie He (479-502) el que dio el primer paso
con su Guhuapin (Catálogo de pintores antiguos), en donde expresa
ideas estéticas de inspiración daoísta que seguirían vigentes durante muchos
siglos.
Es
importante mencionar la aparición, entre los siglos IV y VI,
de cuentos (xiao shuo) que tratan de temas diversos pero, sobre todo,
de acontecimientos fantásticos y sobrenaturales. Estos cuentos, no muy
refinados, serán los precursores del que se desarrollaría más adelante en Tang.
La
influencia del budismo sobre la literatura china fue también enorme. Las
traducciones de los textos sagrados introdujeron nuevas maneras de expresar
conceptos; las historias de la vida del Buda y de otros personajes y las
peregrinaciones dieron lugar a una rica hagiografía e influyeron en el
desarrollo del cuento, la novela y el teatro; la poesía budista, menos formal
que la china, contribuyó a la liberación de esta literatura.
Arte
Gracias
a la influencia del budismo, en China se desarrolló la escultura, que a veces
llegó a ser monumental. Las primeras influencias llegaron de la India y de Asia
Central, regiones que a su vez habían incorporado elementos del arte
grecorromano. Las estatuas chinas no parecen estatuas griegas; sin embargo, en
los pliegues de los ropajes y en algunos detalles se percibe esta herencia. Los
toba de la dinastía Wei del Norte fueron grandes patrocinadores del budismo y
construyeron cerca de la primera capital, Datong, en Yungang, templos cavados
en las rocas con magníficas estatuas. Cuando la capital se trasladó a Loyang,
iniciaron una obra semejante en Longmen. En la ruta de la seda, cerca de
Donghuang (en Gansu), también hay cuevas con estatuas y frescos que representan
escenas de la vida del Buda; son, además, de los pocos ejemplos de pintura de
esta época que aún se conservan.
Por
influencia del daoísmo aparece la pintura paisajista que a través de los siglos
y con rasgos muy peculiares, de los cuales hablaremos más adelante, llegó a ser
el género artístico más característicamente chino. El primer pintor del cual
tenemos conocimiento es Gu Kaizhi (345-411). Tal vez por la costumbre de usar
la escritura en amuletos y plegarias, la caligrafía tuvo un gran auge y
finalmente se convirtió en una de las artes más apreciadas.
Sociedad
Es
difícil hablar de la sociedad en su conjunto durante una época en la cual hubo,
aparte de una división tajante entre norte y sur, una fragmentación en el norte
y la injerencia de otros pueblos no chinos. Tanto en el norte como en el sur se
acentuaron las diferencias de clases y aumentó la subordinación de los
campesinos que tuvieron que refugiarse en los grandes latifundios. Sin embargo,
fue también en esta época cuando empezaron a aparecer los pequeños propietarios
como consecuencia del sistema juntian. Asimismo, con la paulatina
dominación del estado y la degeneración de la aristocracia, surgió con mayor
importancia la clase de letrados-burócratas, la nueva élite y clase poderosa de
China.
La
posición de la mujer varía poco en relación con la de épocas anteriores; sin
embargo, es cierto que las costumbres diferentes de las sociedades tribales
nómadas, como las que dominaron el norte de China, permiten a la mujer mayor
libertad y participación. Esto se refleja en las baladas de muchachas
guerreras, producto del norte. También en la corte (por ejemplo de Toba-Wei)
aparecieron emperatrices fuertes y decididas, pero esto es más bien
excepcional. En cuanto a la familia, en el norte era generalmente monógama y
varias generaciones vivían bajo el mismo techo. En el sur, las familias eran
nucleares, las mujeres estaban recluidas y la poligamia era más frecuente.
El
daoísmo xian acepta, en principio, una igualdad entre hombres y
mujeres en cuanto al derecho de realizarse en su búsqueda de la inmortalidad,
sobre todo en las prácticas sexuales. El budismo, aunque no está del todo
exento de misoginia y describe a la mujer como «el recipiente de todo el mal»,
por sus preceptos de amor y compasión tendía a ser menos dogmático en cuanto a
las relaciones entre los dos sexos. Sin embargo, muy pronto la moral confuciana
puso fin a esta frivolidad y corrigió las «aberraciones» de los textos; por
ejemplo, en vez de hablar de amor entre esposo y esposa, se hablaba de
obediencia y reverencia de la esposa hacia el esposo.
VI. EL IMPERIO BUROCRÁTICO
Oficial
de principios del periodo Tang (600-625 d. C.)
|
L |
A
ERA que se inicia con la dinastía Sui, y que
culmina en Tang, es una de las más espléndidas de la historia de China. En la
época Tang, la civilización china logró establecer su supremacía y su
influencia de una manera definitiva sobre regiones extensas, y dejó su huella
en los países circundantes: Corea, Japón, Vietnam y otros. Esta influencia no
se limitó a lo artístico y lo literario, pues abarcó también la filosofía, las
instituciones y aun la manera de vestir. Una característica sobresaliente de la
época Tang es su cosmopolitismo, que hizo de la capital, Chang’an, un centro
artístico y cultural al que acudían estudiantes y monjes de Corea y Japón,
artistas, músicos, juglares de Asia Central y mercaderes de Medio Oriente y de
Arabia. Además, en este periodo vivieron en China muchos extranjeros que
siguieron conservando sus costumbres y sus religiones, y es así como el
judaismo, el islam y el nestorianismo fueron conocidos en China en una época
temprana; por otra parte, fue ésta la era del auge del budismo, pero también de
su ocaso.
Lo
más importante de esta época de consolidación institucional y de construcción
de lo que será el Imperio chino hasta nuestros días fue el afirmar, de una vez
y pata siempre, que China era una unidad y que circunstancias tales como la
ocupación y la división debían ser consideradas como aberraciones. El lograr
este ideal después de tres siglos de desmembramiento y división —cuando pueblos
no chinos se establecieron como autoridad suprema en el norte de China dejando
huellas indelebles, cuando se acentuó la división entre el norte y el sur,
cuando la herencia cultural propiamente china estaba diluida, cuando una
religión importada estaba minando la ideología tradicional— es una hazaña
lograda primero por la efímera dinastía Sui y continuada por la más duradera
dinastía Tang.
Dama
de la corte, periodo Tang (726-750 d. C.).
Es
cierto que, tal y como insisten muchos historiadores, la división dinástica de
las historias es arbitraria y que, si bien hay una continuidad y una evolución
clara desde la época de desunión hasta Sui y parte de Tang, hay también un
rompimiento de esta continuidad después de la rebelión de An Lushan (755-763).
A partir de esta fecha se producen cambios radicales que hacen de la segunda
parte de Tang un preludio de lo que será el Imperio chino en la dinastía Song
o, como dicen algunos historiadores, de la primera fase de la historia moderna
de China. Trataremos en cada caso de señalar los cambios sucedidos entre estos
dos períodos de Tang, tanto en la economía como en las instituciones y la
ideología.
SUI (581-618)
La
dinastía Sui fue muy efímera, pero constituyó un instrumento para prepararle el
terreno al Imperio Tang. Los orígenes de la dinastía están bien arraigados en
los acontecimientos históricos de la época y la usurpación del poder por un
aristócrata de origen chino, proveniente del noroeste, fue una consecuencia de
todos los giros político-militares que se dieron en el norte dividido entre Qi
del Norte y Zhou del Norte.
Zhou
del Norte supo consolidar su poder por medio de alianzas con los aristócratas,
reformó su ejército y finalmente unificó el norte conquistando el reino de Qi.
Se trataba de una región de gran mezcla racial y cultural, en donde aún existía
una aristocracia china consciente de sus orígenes, y en donde varios soberanos
no chinos habían hecho un esfuerzo para adoptar costumbres e instituciones
chinas, proclamándose a veces protectores de la tradición. En el sur,
aristócratas emigrantes de China del norte entraron primero en conflicto con
sus compatriotas establecidos desde épocas más remotas, y durante largos años
se portaron como exiliados que añoraban su terruño. Sin embargo, al pasar el
tiempo se adaptaron a su nuevo hogar y emprendieron un trabajo de colonización
de pueblos aborígenes que fueron exterminados, sometidos o expulsados. En
general, el chino del sur se consideraba el verdadero representante de la
cultura y la tradición y veía a los habitantes del norte como «bárbaros» sin
refinamiento. La separación ecológica también era importante; en el norte se
cultivaba el trigo y el mijo y el pastoreo era parte de la economía; en el sur,
el arroz era el cultivo principal. A pesar de que en el siglo VI únicamente
16% de la población vivía en el sur, el clima benigno y la abundancia de agua
en esta región la hacían potencialmente un centro económico importante.
El
hombre que logró unificar China, Yang Jian (541-604), o como se le conocerá en
la historia, Sui Wendi (emperador Wen de Sui), pertenecía a una familia de
aristócratas chinos quienes sirvieron a soberanos extranjeros y su carrera fue
similar a la de muchos de sus congéneres. Educado primero por una monja
budista, estudió en la academia para hijos de aristócratas, se casó con una
mujer de la aristocracia no china y estableció con ella una relación de iguales
poco usual en la historia china. Su ascenso al trono se logró mediante un golpe
preventivo en contra de su yerno, un monarca arbitrario que estaba casado con
su hija.
Yang
Jian, el emperador Wen, era un hombre supersticioso, a veces arrebatado, parco,
y muy dedicado. Se rodeó de buenos consejeros y logró reunificar políticamente
a China, reorganizar la economía y volver a establecer la homogeneidad
cultural. Esto fue posible en parte por su habilidad para combinar elementos de
varias corrientes de pensamiento y para lograr un sincretismo ideológico. Del
confucianismo tomó el ritual y la posibilidad de dar legitimidad a su trono
estableciendo lazos con la dinastía Han; apoyó los principios de orden social y
moral propuestos por el confucianismo y tomó medidas concretas para exaltar las
virtudes confucianas, asignando recompensas para hijos piadosos, viudas
abnegadas, mujeres virtuosas; estableció en las escuelas un currículum
confuciano para que los futuros burócratas se educaran, aunque en algún momento
se sintió desencantado con los resultados. Sin embargo, todo este marco
confuciano tenía un contenido netamente legalista que abogaba por un gobierno
centralizado y fuerte. En Sui se unificaron y ordenaron las leyes existentes en
un código nuevo en el que se suavizaron los castigos más crueles. A pesar de
ser un budista ferviente, Wendi supo mantener controlado al clero y usó esta fe
como un elemento unificador en todo el país. También se dio un lugar
privilegiado al culto de Laozi, satisfaciendo así a los adeptos del daoísmo.
La
administración sufrió cambios bajo el régimen del emperador Wen y, a pesar de
varias modificaciones sucedidas con el paso de los siglos, habría de ser el
modelo seguido por los emperadores chinos hasta el fin de la dinastía Qing. Se
estableció el Secretariado imperial, donde se redactaban los textos oficiales;
la Cancillería, donde se promulgaban las órdenes, y el Departamento de Asuntos
del Gobierno, del cual dependían seis ministerios (personal, ritos, ejército,
justicia, obras públicas y hacienda).
La
administración local se simplificó drásticamente y se intentó acabar con los
abusos de las familias poderosas que administraban las unidades locales como
feudos propios. Se prohibió que un funcionario sirviera en su lugar de origen y
que eligiera a sus colaboradores. Este sistema fue un duro golpe para la
aristocracia local, que además sufrid otro revés: las recomendaciones para
servir en el gobierno las hacía ya una oficina de personal y se instituyó un
sistema de exámenes con el fin de entrenar a una burocracia profesional. Es
cierto que durante Sui, y en parte durante Tang, no se pudo en realidad romper
con el poder de los aristócratas, pero sí se amplió de una manera drástica la
base de la burocracia.
En
la economía se siguió el sistema juntian, con distribuciones
periódicas de tierras a campesinos que pagaban impuestos en granos y tejidos, y
que debían trabajar veinte días al año en obras públicas. A fin de estimar cuál
era la población con obligaciones impositivas se levantaron censos en 585 y
609. También se establecieron graneros para atender el abasto en tiempos de
escasez y se comenzaron a construir canales navegables para poder abastecer la
capital Chang’an (nuevamente construida cerca de la antigua capital Han). El
emperador Wen, con campañas militares e intrigas políticas, se impuso en el
norte sobre los tujue (turcos) —quienes habían establecido un imperio
en Asia Central— y, en el sur, consolidó el poder chino en Vietnam.
El
sucesor de Wen no fue el heredero legítimo sino el segundo de sus hijos, Yang
Guang, conocido como Yangdi (emperador Yang; r. 604-618). Si creemos en la
historiografía tradicional, Yangdi fue un ser disipado y cruel que sufrió, con
su muerte prematura, un merecido castigo. Sin embargo, al ascender al trono en
604 era un hábil administrador que durante años había gobernado el sur, después
de la caída del reino Chen. Se casó con una sureña a quien siempre trató con
amor y respeto y fue un gran paladín de la cultura del sur. Casi en todo siguió
con la labor emprendida por su padre y fue él quien terminó la construcción de
una red de canales que unían Beijing con Hangzhou, la primera versión del Gran
Canal. Construyó además una nueva capital en Loyang que consolidó el poder Sui
en el este. Al emperador Yang se debió la construcción de una flota que llevó a
cabo expediciones a Taiwan, las islas Riukiu, Sumatra y Champa en la costa de
Vietnam del Sur. Sin embargo, Yangdi sufrió grandes reveses cuando intentó someter
al reino coreano de Koguryo y tres de sus expediciones fracasaron con un gran
costo material. Estas derrotas, y un descontento creciente por la carga enorme
que pesaba sobre el pueblo con cuyo trabajo se construyeron los canales, los
palacios y las murallas, hicieron estallar levantamientos y rebeliones. Los
aristócratas también aprovecharon el momento para oponerse a un régimen que les
había negado privilegios.
Finalmente
un general, Li Yuan (566-635), que defendía el norte del Imperio, instigado por
su hijo Li Shimin (598-649) se rebeló en contra del emperador en 617 y,
aliándose con los turcos, tomó Chang’an y fundó la dinastía Tang. El emperador
Yang huyó al sur de China en donde fue asesinado en 618.
TANG (618-907)
Surgimiento y consolidación
El
general rebelde Li Yuan, quien tomó el poder después de un levantamiento en
Taiyuan, en la provincia actual de Shanxi, era ciertamente un hombre de gran
habilidad. La historia ha tenido juicios ambiguos sobre él y sobre el grado en
que lo ayudó y promovió su hijo Li Shimin, quien peleó con él para imponerse
primero sobre los seguidores de Sui y después sobre sus propios compañeros de
armas. Lo cierto es que Li Shimin, hijo segundo, llegó al poder mediante
intrigas y aun mediante el asesinato de dos de sus hermanos; fue proclamado
emperador cuando aún vivía su padre, a quien la posteridad conocerá como Tang
Gaozu, que reinó de 618 a 627. Es posible que la imagen de Gaozu haya sido
disminuida por los historiadores a fin de elevar la figura del hijo rebelde,
justificando así su manera poco ortodoxa de tomar el poder.
Sea
cual fuere su modo de ascender al trono, Li Shimin, conocido como Tang Taizong
(r. 627-649), fue el emperador que cimentó la grandeza del Imperio y pudo
iniciar una era gloriosa para China. Una de sus virtudes fue la de rodearse de
hombres hábiles y talentosos a quienes solía escuchar y respetar, aunque sus
opiniones no coincidieran con las suyas. Por eso Taizong ha sido alabado como
un verdadero ejemplo de monarca confuciano.
Durante
el reinado de Taizong se inició la decadencia de la aristocracia del noroeste y
el arribo al poder de personas que provenían del sur. También, siguiendo el
proceso iniciado por Sui, lentamente se afianzaron en puestos importantes
hombres que no eran aristócratas, pero cuyo talento los había hecho merecedores
del puesto. En cuanto al gobierno, no se hicieron grandes modificaciones sino
que se siguió el modelo de Sui: centralización, reducción de las unidades del
gobierno provincial, codificación, graneros, canales.
Fue
en la política exterior en donde Taizong logró sus mayores éxitos, imponiendo
el poder de los chinos en Asia Central y estableciendo relaciones incluso con
Bizancio. El comercio floreció y a China llegaron grandes cantidades de
extranjeros, comerciantes, monjes y viajeros que introdujeron religiones
diversas, productos exóticos, estilos y formas de arte antes desconocidos.
Los
últimos años del emperador estuvieron plagados de intrigas y de traición, y por
lo menos tres de sus hijos intentaron rebelarse y tomar el poder. El sucesor de
Taizong, conocido como Gaozong (r. 650-683), no tuvo la grandeza de su padre.
Mientras mantuvo a los consejeros de este último pudo salir adelante, pero poco
a poco se dejó llevar y dominar por una singular mujer, Wu Zhao, a quien de
simple concubina elevó al rango de emperatriz.
La emperatriz Wu
Wu
Zhao era una mujer de extraordinaria habilidad que había comenzado su carrera
como concubina en el bien nutrido harén de Taizong y que, a la muerte del
emperador, se había retirado a un convento budista. De allí la sacó el joven
emperador y la incluyó en su propio harén haciéndola su favorita y
ascendiéndola finalmente, después de no pocas intrigas y tal vez algunos
asesinatos, al rango de emperatriz. Muy pronto Wu Zhao fue la verdadera fuerza
detrás del trono y al enfermarse Gaozong tomó las riendas del Imperio. A la
muerte de este último conservó el poder, pues los dos emperadores que siguieron
a Gaozong sólo gobernaron nominalmente pues no tenían iniciativa. En el año
690, valiéndose de una profecía budista según la cual la encarnación femenina
del Buda Maitreya iniciaría un reino de prosperidad, se proclamó «emperador» y
cambió el nombre de la dinastía a Zhou. Es el único caso, en toda la historia
del Imperio chino, de una mujer que haya tomado el poder directamente sin
mantener en la fachada a un títere como legítimo soberano. En seguida, Wu Zhao
(o como será conocida en la historia, Wu Zetian) trasladó su capital a Loyang y
la convirtió en un gran centro budista.
El
juicio de la historiografía tradicional sobre Wu Zhao ha sido de total condena.
Se le describe como un portento de crueldad y malicia, como una insaciable
degenerada sexual. Sin embargo, aun cuando los juicios sobre su conducta moral
sean implacables, poco pudieron impugnar los resultados de su modo de
administrar el Imperio. No cabe duda que su condición de mujer y su apego al
budismo le valieron la ira de los historiadores confucianos. Por otro lado, los
historiadores marxistas la convirtieron durante una época en paladín de una
lucha de clases que se libró entre la vieja aristocracia y los nuevos
administradores, reclutados por exámenes y mérito.
Sería
tal vez justo decir que Wu Zhao no fue mala gobernante y que sus excesos en la
lucha por el poder no rebasan los límites de lo que en esa época era normal
cuando había facciones en pugna. Es cierto también que asestó golpes a las
familias aristócratas, no porque fuera de origen humilde —ella siempre se jactó
de ser «bien nacida»—, sino porque le convenía escoger a sus colaboradores
entre gente sin intereses creados. El sistema de exámenes tuvo un enorme auge
durante su gestión, impulsando así la movilidad social y la educación. También
hay pocas pruebas de que el pueblo estuviera en malas condiciones y de hecho la
emperatriz era bastante popular.
Sin
embargo, hacia el año 705, cuando Wu Zhao tenía unos ochenta años de edad,
surgieron problemas económicos y militares. El grupo de personas que rodeaba a
la emperatriz no fue muy hábil y cometió excesos que provocaron un golpe
encabezado por burócratas de la corte. Wu Zhao abdicó y murió poco después, y
durante unos años varias facciones se disputaron el poder. Es notable que hayan
estado involucradas en estas luchas varias mujeres fuertes (entre ellas la
emperatriz Wei, nuera de Wu, y la princesa Taiping, su hija) pero finalmente se
impuso, en 712, el que sería el emperador Xuanzong, quien gobernó hasta 756. Su
reinado es considerado como el más largo y más glorioso de Tang a pesar de su
fin poco feliz. Xuanzong reinó con prudencia y justicia y durante largos años
hubo paz y prosperidad aparentes en el Imperio. Las artes y las letras
florecieron, la influencia china se extendió a regiones alejadas. Sin embargo,
muchas de las instituciones se estaban desgastando, el sistema económico ya no
era efectivo, y la organización militar sufrió modificaciones que propiciaron
el levantamiento de An Lushan, gobernador militar de origen turco. Esta
rebelión casi destruyó al Imperio Tang que, si bien pudo resurgir, tuvo en
adelante características muy diferentes. La caída de Xuanzong se ha atribuido
tradicionalmente a la nefasta influencia de la famosa mujer fatal Yang Guifei,
favorita del emperador ya otoñal y aún enamorado. Si bien la veracidad de la
culpa de Yang Guifei en la caída de este gran emperador es dudosa, esta
historia de amor ha proporcionado un material inagotable para la literatura y
el arte. Pero, antes de hablar de la desgracia de Xuanzong y de la rebelión de
An Lushan, conviene decir algo de las instituciones Tang que luego serían
minadas.
Instituciones
En
la primera época de Tang no hubo un cambio radical en las instituciones que ya
habían sido introducidas a partir de Wei del Norte y que habían sido afianzadas
por Sui. Lo que sucedió durante este periodo fue más bien la continuidad de
esas instituciones y su adaptación a las necesidades de un gobierno cada vez
más centralizado. Como siempre, el problema principal del emperador era el de
poner límites al poder de la aristocracia a fin de establecer el poder
imperial, problema cuya solución deficiente había provocado con anterioridad
una fragmentación del Imperio. Esto no se logró de un solo golpe, ya que fue el
fruto de largos años de labor paulatina de hábiles emperadores como Gaozong,
por ejemplo. Como ya hemos visto antes, el punto álgido del poder se jugaba en
el control de los puestos clave del gobierno; quien dominaba este aspecto
también tenía el poder.
Taizong
recibe a un mensajero tibetano.
En
esta lucha, ya desde Sui se habían establecido varios mecanismos tendientes a
centralizar el poder, limitar la influencia de la aristocracia y encontrar
medios para satisfacer las necesidades económicas y militares del Imperio.
Veamos cuáles fueron los más importantes de tales mecanismos en la economía y
la administración civil y militar.
Economía
En
los primeros años de la dinastía Tang la economía varió poco del sistema
estableado por Sui, que a su vez se había inspirado en Toba-Wei. Prevaleció el
sistema juntian (parcela igual), pero lo que se logró en Tang fue una
mayor y más compleja reglamentación y la búsqueda de métodos para mejorar los
registros de población. Durante mucho tiempo se dudó de la verdadera importanda
del juntian y muchos historiadores lo vieron más como un ideal que como una
realidad. Sin embargo, este sistema de distribución periódica de las tierras
para su cultivo tuvo vigencia, si bien sus principios no se aplicaron con todo
el rigor y la amplitud que la ley preveía. Las pruebas se han encontrado en los
documentos que guardaban las cuevas de Donghuang, que fueron descubiertos a
principios de este siglo.
Según
el juntian, cada hombre entre los 18 y 60 años recibía 100 mu de
tierra (un mu equivale a 667 m2);
a su muerte, 80 volvían al estado para su redistribución y 20 quedaban en
herencia. En estos 20 debían plantarse moreras. Los ancianos de más de 60 años,
los lisiados y las viudas recibían 40 mu. Ahora bien, por cada
parcela se pagaban impuestos en especie (granos, seda, etc.), que equivalían a
30 días de trabajo y se exigía el servicio personal de unos 20 días.
Este
sistema, que podría haber sido efectivo para un estado más pequeño y con más
tierras disponibles, pronto adoleció de graves defectos. En muchas regiones no
había suficiente tierra; en otras, como en las regiones arroceras, el trabajo
invertido en el cultivo era tal que nadie estaba dispuesto a hacerlo sabiendo
que sus hijos no disfrutarían de él. Además, los príncipes tenían derecho a 10
000 mu de tierra y, a pesar de intentos de confiscación, aún había
aristócratas terratenientes. Lo único que se logró en Sui y Tang fue impedir
que se diera tierra a los esclavos de los grandes terratenientes. En Tang
surgieron también otros dos tipos de latifundistas: los monasterios budistas,
que adquirieron tierras mediante favores imperiales o donativos de particulares,
y los funcionarios, que recibían tierras cuyo usufructo era su salario y que
trataban de incrementarlas por medio de compras a veces ilegales.
La
venta o cesión de las tierras estaba prohibida o, al menos, muy limitada por la
ley. Sin embargo, pronto se comenzaron a enajenar tierras que aumentaban los
latifundios. Los que vendían sus tierras, o bien pasaban a ser arrendatarios,
comenzando así el sistema que sería típico de China, o emigraban al sur o a
Asia Central. Esta posibilidad de emigrar alivió al principio la presión que
podían haber ejercido los campesinos sin tierra y los vagabundos.
Además
de sus defectos para garantizar tierras para todos, el juntian adolecía de
otras fallas. Era un sistema más adecuado para una economía primitiva que para
la de un enorme imperio. Los impuestos se cobraban en especie, pues se hacía un
uso limitado del dinero y los productos recaudados presentaban un grave
problema logístico de transporte y distribución. Además, todos los ingresos
provenían del sector agrícola y no se hacía ningún intento para gravar a otros
sectores.
Durante
esta época se desarrolló la industria del tejido y se multiplicaron las
fábricas y los talleres; se explotó la minería y se extrajo cobre, oro y plata;
se establecieron grandes astilleros en Yangzhou para construir barcos que
navegaban por la red de canales iniciada por Sui. Estos canales cobraron una
gran importancia económica, y era por el Gran Canal por donde se abastecía la
capital y se distribuían los productos del sur.
Administración
Ya
hemos mencionado algunos cambios introducidos por la dinastía Sui tanto en la
administración central como en la provincial. Los emperadores Tang no
realizaron grandes modificaciones sino que afinaron y ampliaron las
instituciones heredadas de la época anterior. Así, se establecieron el
Secretariado Imperial, de donde partían las políticas del gobierno y las
órdenes imperiales; la Cancillería Imperial, que asesoraba, recibía informes y
órdenes que comentaba y a veces regresaba para que fueran revisados, y, además,
concertaba audiencias, y el Departamento de Asuntos del Estado, que ejecutaba
las órdenes recibidas y controlaba los seis ministerios. Estas tres
dependencias y algunos miembros de los ministerios constituían el Consejo de
Estado. Además existía otra oficina muy importante, el Censorado, directamente
responsable ante el emperador. Los censores eran funcionarios de alto prestigio
que operaban como un instrumento de control en casos de traición, corrupción o
abuso de poder. Además tenían el derecho y el deber de llamar la atención del
emperador ante cualquier arbitrariedad que él mismo cometiera. El oficio de
censor tenía pues tanto peligro como prestigio y se tornó, en épocas
posteriores, en un puesto de gran riesgo. También existía la Corte Superior de
Justicia, que decidía sobre asuntos legales importantes y era la única que
podía imponer la pena de muerte. Otras dependencias supervisaban los canales,
los arsenales, la biblioteca imperial, la Academia Imperial, los guardias del
palacio, los servicios de palacio y otros más.
A
nivel provincial, el país estaba dividido en prefecturas (zhou) y
distritos (xian). Posteriormente se crearon
los dao (circuitos), unidades más grandes que abarcaban varias
prefecturas; primero en número de diez y luego quince. Para controlar desde el
centro toda la administración provincial se creó una red de comunicación y de
correo, con el establecimiento de estaciones que servían también como posadas.
El sistema de exámenes
En
su esfuerzo para consolidar el poder central, los emperadores Tang buscaron
burócratas capaces y fieles para llenar los puestos de la administración. Como
se ha visto en otras ocasiones, en China el verdadero poder estaba en manos de
quienes controlaban los puestos administrativos más importantes. Durante largos
años, la aristocracia tuvo este privilegio, aunque ya a partir de Han se
hicieron intentos por romper el monopolio, tanto con un incipiente sistema de
exámenes como con un sistema de recomendaciones que operaba de manera local. En
Sui se dieron los primeros pasos para crear un verdadero y complejo sistema de
exámenes que descansaba sobre los ideales de la tradición confuciana. Para eso
se fundaron escuelas y se fortaleció la Academia Imperial.
En
Tang se multiplicaron las escuelas lo mismo en la capital que en la provincia,
y se establecieron exámenes periódicos. Uno de estos exámenes era para adquirir
el título de jinshi, especie de doctorado mediante el cual se obtenía
el derecho de optar por un puesto en la burocracia. Este examen consistía
principalmente en demostrar conocimiento de los clásicos, habilidad para
escribir ensayos y, a veces, pero con menos peso, se exigían conocimientos de
derecho, matemáticas, etc. Los candidatos eran, o bien gente de provincia que
había sido ya examinada localmente, o estudiantes de las universidades de
Chang’an y Loyang.
Después
de obtener el título de jinshi, los letrados recibían grados de
mandarinato y podían presentarse al examen de «selección de funcionarios». Con
este examen, tanto escrito como oral, se juzgaba la habilidad de razonamiento y
la personalidad de los aspirantes. Finalmente, había otro examen de evaluación,
llamado «examen de mérito», que debía presentar cada año todo burócrata en
funciones y de cuyo resultado dependían su ascenso y su sueldo.
Este
sistema, aparentemente ideal y que mereció la admiración de los filósofos
europeos del siglo XVIII,
no fue una panacea ni se aplicó con perfección. Y si bien aumentó la movilidad
social y ayudó a ensanchar las bases del poder, no se pudo acabar, incluso
durante Tang, con la influencia de los aristócratas, quienes tenían acceso a la
cultura. También acentuó la diferencia entre los ámbitos rural y urbano, y fue
frecuente la compra de puestos por parte de gente rica que los convertía en
posiciones casi hereditarias. Sin embargo, no hay que menospreciar la
influencia de este ideal de una aristocracia de mérito que finalmente habría de
prevalecer y, además, se dieron casos en los que hombres de origen humilde
llegaron a puestos altos, al encontrar algún protector que les costeara los
estudios. En muchos casos podían ser los miembros más ricos de su mismo clan
los que reconocían a un joven talentoso y lo impulsaban para tener a alguien
allegado en un puesto importante. De cualquier manera, en la sociedad china, en
principio, era posible la superación a través del estudio.
El
sistema tuvo ventajas y desventajas. Al aparecer una élite con intereses
creados cercanos al poder imperial, aumenta el poder del emperador hasta llegar
al despotismo característico de las épocas Ming y Qing. Sin embargo, la
ideología confuciana, base de este sistema, le da a la nueva élite armas para
frenar a veces este mismo poder absoluto. La burocracia china fue una de las
más cultas del mundo, pero esta cultura, basada únicamente en los clásicos
confucianos, llegó a petrificarse, impidió el desarrollo de la ciencia y
contribuyó al atraso que China experimentaría más adelante. La unidad cultural
que propició la uniformidad de los programas de estudio también tuvo como
resultado la formación de individuos rígidos y conformistas, guardianes de la
tradición. Finalmente, a pesar de ser un mérito de China haber dado tanta
importancia a la educación, se creó una división enorme en la sociedad entre
los que tenían acceso a ella y los que no lo tenían, con consecuencias que aún
están presentes en la China contemporánea.
El ejército
En
lo castrense imperó el sistema de las milicias fubing, adoptado por
Sui, quien lo había heredado de los reinos no chinos durante el periodo de
fragmentación. Era un sistema de soldados-campesinos que cultivaban parcelas,
no pagaban impuestos y a veces debían procurarse sus propios equipos. Eran
soldados bien adiestrados en infantería y la caballería.
Estas
milicias fueron muy eficientes en la guerra defensiva, pero al ser utilizadas
en expediciones más allá de las fronteras hicieron imposible la combinación del
cultivo de la tierra y la práctica de la guerra. Entonces se comenzó a reclutar
mercenarios y profesionales tanto para la guardia del palacio como para los
ejércitos fronterizos. Hacia mediados del siglo VII,
los milicianos perdieron la exención del pago de impuestos; esto dio el golpe
de gracia al sistema, puesto que los ricos evadían el servicio militar,
pagando, y los pobres, huyendo. La milicia perdió su calidad de élite y el
sistema desapareció totalmente hacia 749.
La
decadencia de la milicia y los conflictos con los turcos, tibetanos y coreanos
en las fronteras propiciaron la creación, durante el reinado de Xuanzong, de
una serie de provincias militares con gobernadores que tenían bajo su mando
ejércitos cuya lealtad hacia el gobierno central era más bien tenue.
Xuanzong y la rebelión de An Lushan
La
perdición de Xuanzong no se debió únicamente a su amor por Yang Guifei y el
consiguiente descuido de los asuntos del gobierno. Varias causas, tanto
económicas como políticas y militares, precipitaron su caída. Como ya habíamos
señalado, el sistema juntian se había desgastado y cada día un mayor número de
grandes propietarios evadía el pago de impuestos y no registraba a los
campesinos. El gobierno y la corte necesitaban cada vez más dinero y tenían
menos ingresos. A pesar de varios intentos por cambiar el sistema fiscal, no
aumentaron los ingresos, pero sí aumentó el descontento de los terratenientes.
En la corte, varias facciones se hallaban en pugna: parientes del emperador,
eunucos y militares; fuera de la corte, la aristocracia y los burócratas que habían
ascendido por mérito también se disputaban el poder. Al principio Xuanzong supo
encontrar un equilibrio, pero en 736 triunfó la aristocracia cuando el ministro
Li Linfu (?-752) se impuso y gobernó casi como un dictador. Ya se ha señalado,
además, la decadencia del sistema de milicia y el surgimiento de gobernadores
militares al mando de ejércitos profesionales.
An
Lushan (703-757) consolidó su poder en la provincia de Hebei, lejos de la
capital y rodeado de una aristocracia poco apegada a la corte. Se ganó la
confianza de Li Linfu y del mismo emperador por intermediación de Yang Guifei,
a quien divertía este joven general gordo y casi grotesco, al que en una
ceremonia cómica adoptó como hijo. Al morir Li Linfu lo sucedió Yang Guochong,
torpe hermano de la favorita, y An Lushan pronto tuvo problemas con él. En 755
se rebeló y avanzando rápidamente tomó Loyang a principios dé 756 y Chang’an,
en julio del mismo año. Xuanzong huyó con Yang Guifei a Sichuan, pero a medio
camino su ejército se amotinó y lo obligó a sacrificar a su favorita y a sus
amigos.
Mientras
tanto, el heredero de Xuanzong se proclamó emperador tras obligar a su padre a
abdicar. En 757, An Lushan fue asesinado pero la rebelión persistió hasta 763.
La dinastía Tang se había salvado gracias a la ayuda de los uigures, una tribu
turca, pero enormes extensiones de tierra habían sido arrasadas, miles de
personas habían muerto y millones de campesinos habían huido.
Cambios sucedidos después de la rebelión
Después
de 755 y hasta la caída de la dinastía en 907, el poder central trató de
mantenerse, pero el control sobre las provincias se tornó débil y los
gobernadores militares siguieron actuando con independencia. Varios emperadores
con iniciativa como Dezong, quien reinó de 780 a 805, y Xianzong, que estuvo en
el trono de 806 a 820, intentaron tomar las riendas del poder, controlar la
economía y someter a los gobernadores, pero encontraron resistencia y se
enfrentaron a rebeliones; por eso a veces tuvieron éxito y a veces debieron
negociar. Es en esta época cuando surgen los eunucos como fuerza política y
militar y entran en conflicto con la burocracia. Sin embargo, durante largos
años esta pérdida de control efectivo no fue evidente y los relatos de viajeros
que fueron a China durante este periodo nos presentan un imperio bien
administrado y con una gran cohesión. Es cierto que ya se había afianzado un
grupo de buenos administradores quienes actuaban en nombre de las dependencias
del gobierno, las que se mantenían alejadas de la corte y de sus intrigas. Al
revivir el monopolio de la sal y el impuesto sobre ésta, el gobierno se salvó
de la quiebra. Además, el desarrollo del cultivo del arroz, cuyo rendimiento
mejoró, y los instrumentos de labranza más eficientes fueron importantes para
la supervivencia de la dinastía. Esto se sumó a la ampliación del sistema de
transporte por los canales que acarreaban productos hacia la capital.
Los
cambios que se dieron en este momento y que tuvieron una influencia de mayor
alcance sobre la historia de China fueron económicos y sociales. El fracaso del
sistema juntian hizo que alrededor del año 780 se abandonara el impuesto por
persona y se instaurara un impuesto sobre la tierra. A éste se le llamó «doble
impuesto» y se recaudaba dos veces al año. A cada localidad se le asignaba una
cuota fija, pero los burócratas locales tenían autonomía en cuanto al modo de
recaudación de los impuestos. Fue entonces cuando se liberó la tierra y se pudo
comprar o vender sin restricciones. El viejo ideal, que hacía responsable al
gobierno de una distribución equitativa y justa de la tierra, fue abandonado.
El cuadro que comienza a aparecer es el de grandes propiedades cultivadas por
arrendatarios. Anteriormente, los únicos grandes propietarios eran los
aristócratas, el estado y las instituciones religiosas, pero ahora todos pueden
adquirir tierra. Esta posibilidad es la que quebranta de una vez y para siempre
el poder de los aristócratas. Ahora, burócratas enriquecidos, militares de
origen humilde, comerciantes, todos pueden comprar tierra y constituyen una
nueva élite. El sistema de arrendamiento que se desarrolla fomenta acuerdos
personales a largo plazo y establece jerarquías entre terrateniente y
arrendatario y, para muchos historiadores, éste es el comienzo de las
relaciones económicas y sociales, casi feudales, que han caracterizado a China
hasta nuestra era. En el siglo XI ya
casi no habrá vestigios de la vieja aristocracia y la mayor parte de los
burócratas surgirá del sistema de exámenes.
Las
guerras y rebeliones empujaron a grandes masas hacia el sur, el cual se
desarrolló plenamente. Es entonces cuando cobraron importancia las actuales
provincias de Jiangxi, Hunan, Hubei y Fujian. El centro económico y cultural de
China se desplazó hacia el valle del 763. La dinastía Tang se había salvado
gradas a la ayuda de los uigures, una tribu turca, pero enormes extensiones de
tierra habían sido arrasadas, miles de personas habían muerto y millones de
campesinos habían huido.
Cambios sucedidos después de la rebelión
Después
de 755 y hasta la caída de la dinastía en 907, el poder central trató de
mantenerse, pero el control sobre las provincias se tornó débil y los
gobernadores militares siguieron actuando con independencia. Varios emperadores
con iniciativa como Dezong, quien reinó de 780 a 805, y Xianzong, que estuvo en
el trono de 806 a 820, intentaron tomar las riendas del poder, controlar la
economía y someter a los gobernadores, pero encontraron resistencia y se
enfrentaron a rebeliones; por eso a veces tuvieron éxito y a veces debieron
negociar. Es en esta época cuando surgen los eunucos como fuerza política y
militar y entran en conflicto con la burocracia. Sin embargo, durante largos
años esta pérdida de control efectivo no fue evidente y los relatos de viajeros
que fueron a China durante este periodo nos presentan un imperio bien
administrado y con una gran cohesión. Es cierto que ya se había afianzado un
grupo de buenos administradores quienes actuaban en nombre de las dependencias
del gobierno, las que se mantenían alejadas de la corte y de sus intrigas. Al
revivir el monopolio de la sal y el impuesto sobre ésta, el gobierno se salvó
de la quiebra. Además, el desarrollo del cultivo del arroz, cuyo rendimiento
mejoró, y los instrumentos de labranza más eficientes fueron importantes para
la supervivencia de la dinastía. Esto se sumó a la ampliación del sistema de
transporte por los canales que acarreaban productos hacia la capital.
Los
cambios que se dieron en este momento y que tuvieron una influencia de mayor
alcance sobre la historia de China fueron económicos y sociales. El fracaso del
sistema juntian hizo que alrededor del año 780 se abandonara el impuesto por
persona y se instaurara un impuesto sobre la tierra. A éste se le llamó «doble
impuesto» y se recaudaba dos veces al año. A cada localidad se le asignaba una
cuota fija, pero los burócratas locales tenían autonomía en cuanto al modo de
recaudación de los impuestos. Fue entonces cuando se liberó la tierra y se pudo
comprar o vender sin restricciones. El viejo ideal, que hada responsable al
gobierno de una distribución equitativa y justa de la tierra, fue abandonado.
El cuadro que comienza a aparecer es el de grandes propiedades cultivadas por
arrendatarios. Anteriormente, los únicos grandes propietarios eran los
aristócratas, el estado y las instituciones religiosas, pero ahora todos pueden
adquirir tierra. Esta posibilidad es la que quebranta de una vez y para siempre
el poder de los aristócratas. Ahora, burócratas enriquecidos, militares de
origen humilde, comerciantes, todos pueden comprar tierra y constituyen una
nueva élite. El sistema de arrendamiento que se desarrolla fomenta acuerdos
personales a largo plazo y establece jerarquías entre terrateniente y
arrendatario y, para muchos historiadores, éste es el comienzo de las
relaciones económicas y sociales, casi feudales, que han caracterizado a China
hasta nuestra era. En el siglo XI ya
casi no habrá vestigios de la vieja aristocracia y la mayor parte de los
burócratas surgirá del sistema de exámenes.
Las
guerras y rebeliones empujaron a grandes masas hacia el sur, el cual se
desarrolló plenamente. Es entonces cuando cobraron importancia las actuales
provincias de Jiangxi, Hunan, Hubei y Fujian. El centro económico y cultural de
China se desplazó hacia el valle del río Yangtze y la población del sur aumentó
considerablemente.
La
mayor autonomía regional ayudó al desarrollo de mercados locales, el comercio
repuntó, la industria floreció y surgió una clase de comerciantes ricos, casi
burgueses urbanos. El dinero se usó con mayor frecuencia y apareció un sistema
de banca y de crédito. De esto hablaremos más cuando veamos la dinastía Song
que, para muchos historiadores, fue el momento de mayor acercamiento de China a
un sistema protocapitalista.
Caída de la dinastía Tang
La
caída de la dinastía Tang no llegó repentinamente y fueron varias las causas
que contribuyeron a su desaparición. El debilitamiento de las instituciones,
las pugnas políticas en la corte, en donde eunucos y burócratas se disputaban
el poder, la independencia de los gobernadores militares en la periferia, las
guerras con otros pueblos, el empobrecimiento de los campesinos, el aumento de
la población: todo eso llevó a levantamientos y rebeliones que finalmente
acabarían con la dinastía.
Primero
hubo levantamientos en el valle del Yangtse y en el sur, que era precisamente
la mayor fuente de ingresos del gobierno. La guerra se extendió a Sichuan y a
la frontera de Vietnam. Hacia 874, la región de Hunan sufrió inundaciones y
luego sequías que dejaron desamparada a una gran parte de la población; además,
volvieron a estallar rebeliones campesinas. Uno de los líderes, Huang Chao, se
volcó hacia el sur y saqueó la ciudad de Guangzhou en 879. Muchos extranjeros
que residían en este puerto fueron asesinados. En 880, volviéndose otra vez
hacia el norte, Huang Chao tomó Loyang y Chang’an obligando a huir al
emperador. Las fuerzas rebeldes fueron sometidas con la ayuda del general turco
Li Keyong, pero desde ese momento los gobernadores militares comenzaron a
actuar independientemente en sus regiones. En el norte, en una pugna por el
poder, se enfrentaron Li Keyong y un lugarteniente de Huang Chao, llamado Zhu
Wen (Zhu Quanzhong), quien se había aliado al gobierno. Zhu Wen resultó
victorioso y en 907 se apoderó del trono, estableciendo la dinastía Liang
posterior.
Las cinco dinastías y los diez reinos (907-960)
Durante
50 años China estará dividida. En el norte fracasan cinco intentos por
establecer una dinastía, mientras que en el sur aparecen diez reinos muy
estables y prósperos. Como resultado de las guerras continuas, el norte se
debilita y empobrece, las capitales Chang’an y Loyang son destruidas y el sur
se vuelve, definitivamente, el centro económico y cultural. De las cinco
dinastías del norte cabe mencionar la dinastía Liao, que establecieron en 946
los kitanes, tribu mongola que ocupaba el norte de Hebei y el norte de Shanxi y
cuya capital era la actual Beijing, comenzando así la historia de esta ciudad
como capital.
Finalmente,
un general chino, Zhao Kuangyin, tomó el poder en el norte y fundó la dinastía
Song en 960. Zhao, conocido en la historia como Song Taizu, conquistó casi todo
el sur y a su muerte, acaecida en 976, su hermano y sucesor, Taizong (976-997),
completó la unificación de China que una vez más aparece como un solo estado.
China y el mundo
La
amplitud de las relaciones internacionales en Tang no tendrá paralelo en la
historia de China. Es cierto que durante la ocupación mongola hubo una
apertura, pero China estaba dominada por un pueblo extranjero y en el
siglo XIX, cuando
llegaron los occidentales, no consideraron a China como un centro civilizador
sino como un posible botín.
En
primer lugar, China absorbió ávidamente lo que le llegaba desde fuera. Después
de los años de contacto con pueblos diferentes en el norte y en el sur todo lo
«bárbaro» estaba de moda: arte, música, danza, juegos, vestido y comida. Los
productos que llegaban a la capital eran exóticos y extraños y abundaban
animales, plantas, frutas, perfumes, textiles y joyas que provenían de Asia
Central, del norte o de las regiones tropicales del sur. A la capital llegaban
misiones y embajadas cargadas de tributos y ya no sorprendían a nadie las
diferencias étnicas: rasgos físicos diferentes, tonalidades de la piel
distintas e indumentarias exóticas. Había también residentes extranjeros:
turcos, tibetanos, coreanos, uigures, indios, árabes, japoneses, que se
dedicaban al comercio o eran misioneros, monjes, artistas y estudiantes en la
gran metrópoli. Entre las estatuillas de barro típicas de la época hay muchos
ejemplos de personajes que no tienen rasgos chinos. En Guangzhou pronto se
establecieron comerciantes árabes, indios y vietnamitas.
Estos
extranjeros, además de sus costumbres, introdujeron religiones que tuvieron
diversos grados de influencia. De la India llegó el budismo, y durante siglos
esta región habría de ser una especie de tierra santa para los religiosos
chinos. Uno de los contactos de mayor trascendencia sucedidos a través de Asia
Central fue el que tuvo China con Persia. De allí llegaron formas de arte y
religiones tales como el zoroastrismo (o mazdaísmo), que file introducido en el
siglo VI; el
maniqueísmo, que tuvo un gran impacto sobre los uigures; el cristianismo
nestoriano, el judaismo y el islam. De todas ellas únicamente sobrevivieron a
las persecuciones religiosas el judaismo, que perduró de manera esporádica
hasta el siglo XIX,
y el islam, que cuenta aún con varios millones de adeptos.
China
sostuvo relaciones diplomáticas con Persia y a Chang an llegaron misiones del
imperio sasánida. Cuando los árabes comenzaron a extender su influencia en Asia
Central, a mediados del siglo VII,
el monarca persa pidió la ayuda de China y finalmente tuvo que refugiarse en
Chang’an. Los árabes, cuya fuerza y poder civilizador se podían medir con los
de China, enviaron embajadas a la corte y en 651 llegaron emisarios del califa
Otman. En realidad, la expansión árabe no agradó a los chinos, quienes trataron
de frenarla desde 747 hasta 751, pero en la batalla que se libró en el río
Talas se llegó a una aceptación del statu quo y ni los árabes
avanzaron más ni los chinos lograron recobrar su influencia en Asia Central.
Más adelante, los abasidas entraron en contacto con los chinos y el califa
Harun-al-Rashid envió una misión en el año 798 para establecer una alianza en
contra de los tibetanos. También Bizancio tuvo contactos con China y en el año
643 llegaron emisarios del Imperio bizantino.
La
influencia que tuvo China sobre el resto del mundo se manifestó de manera
directa e indirecta. Entre las influencias indirectas está la introducción del
papel a Europa a través de los árabes. Los pueblos cercanos a veces copiaron
fielmente las instituciones chinas, adoptaron su lengua para fines culturales e
imitaron varios aspectos de su cultura material. Los futuros fundadores del
reino de Siam, los tai, reprodujeron el estado chino en su reino de Nanzhao; lo
mismo sucedió con Tibet, que estableció alianzas matrimoniales con la corte
Tang y aceptó el budismo por influencia de China. En Corea, Vietnam y sobre
todo en Japón, el modelo chino fue copiado en todas sus manifestaciones. En
Japón, por ejemplo, la influencia china se hizo sentir en la política, la
administración, el pensamiento, el arte, la literatura, la lengua, la escritura
y, sobre todo, en la religión. El budismo llegaba de China y cada secta que
surgía tenía seguidores en Japón; la escritura japonesa es una adaptación de la
china, el kimono es el vestido de la época Tang, la cerámica conserva formas
que eran populares en China en el siglo VII.
En muchos aspectos, Japón conservó costumbres y formas chinas que cambiaron
menos que en la misma China. Los estudiosos del budismo y los peregrinos que
llegaron a China provenientes de Japón han aportado mucho para el conocimiento
de la época Tang, tal y como se ve en el diario del monje japonés Ennin, que es
una fuente riquísima de información.
La cultura
Pensamiento y religión
Como
hemos visto, el confucianismo había sufrido un estancamiento durante el periodo
de las Seis Dinastías porque el espíritu guerrero que prevalecía en esa época
poco tenía en común con la doctrina confuciana. Además, el budismo y el daoísmo
religioso ocupaban un lugar destacado. Cuando llegó la dinastía Sui al poder,
resucitó al confucianismo formal con el fin de apuntalar el poder del monarca y
dar legitimidad a la dinastía. En Tang se siguió con el mismo principio y es
así como fueron restaurados ceremonias y festivales, sacrificios y ritos.
Además, para dar una semblanza de valores comunes a un vasto y variado Imperio,
se volvieron a ponderar las virtudes confucianas de lealtad, piedad filial y
obediencia. Muy pronto se editan de nuevo los libros clásicos con comentarios,
se establecen escuelas con programas basados en escritos confucianos y se
inicia el sistema de exámenes, también con énfasis en el conocimiento del
confucianismo.
El
budismo tuvo su momento de mayor auge durante la época Tang, pero también fue
entonces cuando comenzó su decadencia. El florecimiento del budismo se torna
evidente con la proliferación de sectas con inquietudes filosóficas, la
variedad de prácticas devocionales, el aumento en el número de monasterios (se
calculan 5 358), cuya riqueza era cada día mayor, el número creciente de monjes
y monjas, la belleza del arte religioso, las peregrinaciones y las ceremonias,
el patronazgo imperial.
El
daoísmo también tuvo un lugar importante y la casa reinante creía descender de
Laozi. Se calculan 1687 monasterios daoístas en la época de auge y se sabe que
los sacerdotes daoístas también disfrutaban de protección imperial. En los
programas de exámenes estaban incluidos tanto Laozi como
el Zhuangzi y el mismo emperador Xuanzong escribió un comentario
al Daodejing.
Después
de la rebelión de An Lushan comienza a darse un cambio de mentalidad que
repercute en el giro que tomará el pensamiento chino y en la supervivencia de
las religiones que florecieron en esa época. Se comenzó a sentir la necesidad
de retornar a las tradiciones chinas y de explorar sus fuentes mismas. El
confucianismo ya no era solamente un ritual sino la base misma de la tradición
china. Las razones son muchas y complejas, pero baste decir que todo lo
extranjero se tornó sospechoso. An Lushan era extranjero y había sembrado la
desgracia, los uigures dominaban el comercio de caballos, los tibetanos
incursionaban en el territorio y no respetaban las fronteras y los mercaderes
extranjeros hacían alarde de su riqueza. La xenofobia se manifestó lo mismo en
las masacres de comerciantes y residentes que en la crítica de ciertas
actitudes intelectuales. La nueva clase gobernante, nutrida por el
confucianismo racionalista, buscaba la pureza ideológica y se rebelaba en
contra de creencias foráneas, como el budismo, plagadas de superstición.
Aparecen
pensadores y ensayistas confucianos que escriben al estilo antiguo y que
insisten en la importancia de un contenido moral en lo que se expresa por
escrito. Surge la escuela del «estilo antiguo» (guwen), que inicia el
ensayista Liu Congyuan (773-819). Un exponente de esta escuela, Han Yu
(768-824), se hizo famoso por la riqueza y calidad de su prosa y su
antibudismo. El estudioso Li Ao (muerto a mediados del siglo VIII)
estudió a fondo el budismo para poder atacarlo mejor. Esto lo llevó a formular
una doctrina confuciana renovada y con influencia del budismo, el
neoconfucianismo, que tendría su auge más adelante, durante la dinastía Song.
La
repercusión que tuvo este movimiento renovador de la tradición para enfrentar a
las religiones importadas fue trágica: entre 842 y 845 se desencadenó una
persecución que acabó con el mazdaísmo, el maniqueísmo y el nestorianismo y
asestó un golpe casi mortal al budismo. La persecución en contra del budismo
tuvo razones económicas y políticas. Por un lado, era una extensión de la pugna
entre burócratas (confucianos) y eunucos (budistas), pero, por otro lado, era
también una manera de apoderarse de la inmensa riqueza de los monasterios, los
cuales poseían grandes extensiones de tierra y tenían casi el monopolio de los
metales que se usaban para hacer campanas, estatuas y otros objetos.
El
emperador Wuzong (r. 841-846), influido por los daoístas, rivales perennes del
budismo, fue el que llevó a cabo la persecución. Se depuró el clero y se obligó
a miles de monjes y monjas a volver a la vida secular; se confiscaron los
patrimonios de los templos, sus tierras, sus objetos; 4 600 monasterios fueron
destruidos o expropiados, y 40 000 centros devocionales frieron cerrados. El
budismo no fue eliminado, pero nunca más recobró su fuerza institucional y
perduró más como foco de devoción personal que como una Iglesia poderosa. A
partir de entonces se produjo también un estancamiento de las traducciones de
textos, de los comentarios y del pensamiento original. Ésta es la situación que
heredará la dinastía Song, que ya no tendrá el carácter cosmopolita y variado
de Tang, pero que llevará las formas autóctonas del pensamiento y de la cultura
a su máxima expresión.
Literatura
La
poesía de la época Tang es, sin lugar a dudas, su contribución más gloriosa a
la literatura. La producción poética de Tang, a la que contribuyeron
aristócratas y plebeyos, emperadores, monjes, damas de la corte, cortesanas y
burócratas, fue inmensa y de ella sobreviven aún alrededor de 50 000 poemas.
Como sucedió con el pensamiento, también en la poesía se nota una diferencia
entre los poetas anteriores y posteriores a la rebelión de An Lushan. Entre los
poetas de la primera época destacan Wang Wei (701?-761), el poeta pintor,
maestro en la descripción de la naturaleza; Li Bo (701-762), el más famoso de
los poetas chinos, borracho y vividor, daoísta, romántico y hedonista; Du Fu
(712-770), confuciano, hombre de familia que cantó los placeres de la vida cotidiana.
En la época intermedia aparece Bo Zhuyi (772-846), quien usó la poesía para
señalar las lacras de su época y cuyo poema «Canción de la tristeza sin fin»
describe el amor trágico de Xuanzong y Yang Guifei. De la generación posterior,
Du Mu (803-853), Li Ho (791-817) y Li Shangyin (812-859) se refugian en el
lenguaje oscuro y la alegoría tal vez como vía de escape de la época que les
tocó vivir.
Un
género que apareció en Tang fue el cuento literario, obra de ficción que parte
de los cuentos fantásticos, algo burdos, de la época de las Seis Dinastías. Los
escritores de cuentos, al igual que los poetas, eran hombres letrados, algunos
con importantes puestos en la burocracia y residentes en la capital. Sus
cuentos tienen a veces elementos sobrenaturales, pero son también cuentos de
amor como, por ejemplo, «La historia de Ying Ying» de Yuan Zhen (779-831)
y «La historia de Liwa» de Bo Xingjian (?-826), en los cuales abundan
detalles de la vida cotidiana en la capital.
Historia
El
resurgimiento del confucianismo trajo también un renovado interés por la
historia, que en ese momento cuenta con la aprobación oficial. Se establece una
Oficina de Historia en la que se elabora Ja historia de la dinastía pasada, a
la vez que se anotan, clasifican y guardan los documentos de la época para que
sean utilizados más adelante. A pesar de hacer alarde de objetividad, estas
historias oficiales no podían serlo del todo y muy pronto aparecieron críticos
de la historia tradicional. En Tang se destaca Liu Zhiji (661-721), quien
critica severamente la falta de objetividad de la historia oficial así como las
explicaciones sobrenaturales de la misma, e insiste en buscar criterios de
verdad histórica.
Arte
En
arte, Sui y Tang siguieron las formas que se iniciaron durante las Seis
Dinastías, pero con evoluciones notables. En escultura, las formas se vuelven
menos hieráticas y los cuerpos humanos enseñan redondeces que recuerdan a
escultura de la India. Estos cuerpos se exponen más generosamente, y tienen
poco ropaje y muchos adornos; los movimientos se hacen más dinámicos.
La
pintura, de la cual quedan pocos ejemplos, sigue el mismo patrón que la
escultura con sus figuras regordetas, vestidas con ropajes suntuosos. La
pintura budista contiene ya innumerables elementos de la India y de Persia, tal
y como se puede apreciar en los murales de las cuevas de Donghuang. En Tang,
también comenzaron algunos pintores a producir la pintura paisajista en tinta
negra, tan característica de China, y que tendría gran auge más adelante.
La
cerámica Tang, con sus característicos tres colores (verde, café y anaranjado),
adoptó formas occidentales y adornos persas. También en esta cerámica se
hicieron millares de estatuillas funerarias y de objetos en miniatura que
revelan muchos aspectos de la vida cotidiana; en ellas se representan soldados,
bailarinas, músicos, enanos, extranjeros y, sobre todo, caballos y camellos.
También se describen con detalle objetos, adornos, vestidos, peinados. En el
siglo X apareció
por primera vez la porcelana de alta temperatura, varios siglos antes de que la
técnica fuera conocida en Europa.
Tuvieron
gran auge los objetos artesanales y en ellos se siente de nuevo la influencia
persa, puesto que muchos artesanos de esa nacionalidad vivieron en China. Así,
tenemos platos de metal incrustado, tazones, adornos para el cabello, espejos
de bronce con figuras de animales y diseños florales que maravillan por su
belleza y perfección.
La sociedad
Como
siempre sucede, poco sabemos de la vida de la gente común, sobre todo la del
campo. Se alzaron cada tanto voces que describían la vida miserable de los
campesinos, pero no se sabe gran cosa de su acontecer cotidiano. Aparte de los
campesinos, aún había en Tang un gran número de esclavos que trabajaban la
tierra o servían en las casas y eran considerados propiedad enajenable. No
podían casarse con personas libres y se les podía vender, rentar o empeñar. La
vida en las ciudades es más conocida y de ello hay testimonios en la
literatura, el arte y los objetos funerarios. Las dos capitales eran
espléndidas: Chang’an consistía en un rectángulo amurallado de 9,7 por 8,2
kilómetros con avenidas que corrían de norte a sur y de este a oeste. Las
avenidas eran los límites de 110 barrios rodeados de muros. Dentro de los muros
de la ciudad, la población alcanzaba el millón de personas. En el norte se
encontraban el palacio y la parte administrativa, al este y al oeste estaban
ubicados los mercados. Loyang tenía la misma distribución, aunque era un poco
más pequeña.
En
las ciudades vivían burócratas, terratenientes ricos que preferían la vida
urbana, comerciantes, extranjeros, cortesanas, artistas, juglares, artesanos y,
claro está, mendigos, vendedores ambulantes, malvivientes y ladrones. La gente
rica circulaba a caballo o en carruajes y a veces se hacía transportar en
palanquines. En las casas ya se sentaban en sillas y tomaban té importado del
sudeste de Asia. Los chinos en esta época transportaban las cosas en
carretillas y conocían los molinos de agua. El uso ya común del papel permitió
que se difundiera más la cultura y se multiplicaran las bibliotecas. En este
momento de transición de una cultura marcial a una más urbana y sedentaria, los
miembros de la élite aún aprendían artes marciales, jugaban polo, gustaban de
la equitación y frecuentemente salían a cazar.
La situación de la mujer
En
Tang, la posición de la mujer fue más privilegiada que en la época que le
siguió. Aún persistían las influencias de las costumbres de los pueblos no
chinos y se dio el fenómeno de mujeres fuertes y poderosas —nada menos que «un
emperador», la célebre Wu Zetian. Esta última trató de elevar el estatus de la
mujer y tomó medidas insólitas como, por ejemplo, decretar tres años de luto
por la madre, al igual que se hacía por el padre, y envió «novios» para
contratar alianzas con pueblos extranjeros. En general, a pesar de que, como
siempre, una mujer capaz hacía valer su poder primero a través de su relación
con un hombre, se conocen casos de mujeres célebres por su cultura y su talento
poético y muchas participaban en la caza y otros deportes. Otras mujeres
célebres por razones menos deportivas fueron las innumerables cortesanas de los
barrios de placer que deleitaban a la nueva clase urbana con sus conocimientos
no solamente eróticos, sino también por su talento musical y poético. Todo eso
hizo que los confucianos empedernidos juzgaran posteriormente a la dinastía
Tang como una era depravada y de costumbres inmorales, en la cual la mujer no
fue puesta en su verdadero lugar; de esto se encargarían los hombres de las
siguientes generaciones.
VII. EL APOGEO DE LA CULTURA
URBANA
Caligrafía
realizada por Su Shi, personaje de la dinastía Song.
|
E |
N
LOS AÑOS comprendidos entre la caída de la dinastía
Tang y la conquista de los mongoles, China presenta cambios fundamentales en
todos los ámbitos: político, militar, social, económico, cultural; estos
cambios habían comenzado a aparecer después de la rebelión de An Lushan y
transformaron las bases mismas del estado chino. Para muchos historiadores, la
nueva sociedad que emerge en el siglo XI puede
compararse con el renacimiento europeo.
Es
tentadora la comparación entre la China de la época Song y el Renacimiento
porque en ambos vemos una vuelta a la antigüedad, un desarrollo sin precedentes
de la ciencia y la tecnología, nuevas formas de pensamiento, el surgimiento de
una nueva clase social y el desarrollo de una cultura urbana. Sin embargo, no
bastan los paralelismos, debemos ver cuál fue el resultado. En Europa surgen
los estados modernos y el capitalismo, en China se afirma el estado burocrático
y no prosperan las semillas ya existentes del capitalismo. En Europa la vuelta
a la tradición antigua dará nuevas formas de pensamiento liberadas de la
filosofía medieval; en China se experimentará un atrincheramiento ideológico.
Las contradicciones del «cambio dentro de la tradición», como se ha llamado a
lo que sucedió en la dinastía Song, parece más extraño a los que estamos
acostumbrados a ver el cambio con ojos occidentales.
De
cualquier manera, éstos serán los puntos sobresalientes de Song: la
desaparición de la vieja aristocracia y la aparición de una nueva clase
dirigente de letrados-burócratas; la formación de ejércitos mercenarios y no de
conscripción; la aparición de la propiedad privada enajenable; la pérdida de
los accesos terrestres hacia Asia Central y el desarrollo del comercio
marítimo; el desplazamiento de la producción económica y cultural de la región
del norte hacia la del sur; la proliferación de inventos y descubrimientos que
cambiarían aspectos importantes de la vida material y cultural; la economía
monetarizada. Entre las muchas contradicciones de Song, debemos señalar que los
grandes logros materiales e intelectuales no pudieron impedir graves crisis
políticas y militares; que a pesar de que la dinastía fue fundada por un
militar, lo que rigió desde un principio fue una fuerte tendencia
antimilitarista; que el auge intelectual no llevó ala tolerancia y la apertura
sino a un formalismo rígido y a un amor por la ortodoxia. Finalmente, la misma
debilidad militar que llevaría a buscar acomodo con los vecinos y provocaría la
inminente desaparición del sistema tributario marca la primera etapa de la
pérdida paulatina del ideal de la familia confuciana de las naciones y del
lugar de China como el imperio universal.
SONG
DEL NORTE (960-1125)
Al
apoderarse del trono, el general Zhao Kuangying no encontró un país desolado,
aunque sí dividido. La dinastía del norte que le antecedió, Zhou Posterior, que
duró nueve años, había iniciado un proceso de reconstrucción económica y
política y comenzado a conquistar partes de los reinos del sur. Cuando el nuevo
emperador Taizu (r. 960-976) inició una nueva dinastía, lo hizo decidido a
acabar con el poder militar de sus rivales y a volver a un gobierno civil. Para
eso repartió honores y riquezas a los generales, pero siempre con puestos
civiles, comprando así su lealtad y eliminando la posibilidad de
levantamientos. Además, redujo su ejército a la mitad e inició una en la que
las soluciones militares serían tan sólo el último recurso.
Taizu
se apoderó de la región media del Yangtse y Sichuan, y su hermano y heredero,
el emperador Taizong (r. 976-997), agregó Guangdong, la región sur del Yangtze
y Shanxi; completó así la unificación de China al tiempo que intentó atraer a
los monarcas vencidos a su propia corte, neutralizando de esa manera su
influencia política. El Imperio abarcaba un territorio de impresionantes
dimensiones, sin embargo las conquistas no se habían extendido más allá de la
frontera. Es más, rodeaban a China reinos con un poder que amenazaría
constantemente la seguridad del país, sobre todo en el norte. En el noreste, en
la región alrededor de Beijing, seguían dominando los kitanes, cuya dinastía
Liao aún estaba en el poder; en el noroeste, tribus tibetanas iniciaron un estado
propio, Xi Xia (Xia del oeste); en el sur, la región antes dominada por Nanzhao
en Yunnan seguía siendo independiente, ahora con el nombre de Dali; Vietnam se
había constituido en estado independiente en 968. Más adelante el ejército de
Vietnam combatió contra las tropas chinas, anotándose varios éxitos y causando
grandes molestias a los ejércitos de Song.
La
debilidad de Song frente a los pueblos de la periferia lo obligó a adoptar una
política de apaciguamiento y de tratados. En 1004, durante el reinado de
Chenzong (r. 997-1022), se firmó un tratado con Liao que obligaba a Song apagar
un importante tributo anual. Sin embargo, eso no bastó para traer la paz y
siguió el hostigamiento del Imperio no solamente por parte de Liao, sino
también del reino de Xi Xia, con el cual Song firmó un tratado en 1044.
Administración
Los
cambios en el sistema administrativo no fueron radicales, pero las redes de
información y de control se extendieron de tal manera que se logró una gran
centralización y se crearon puestos nuevos que dependían del emperador
directamente, pero que, al mismo tiempo, tenían una gran injerencia en la
elaboración de políticas estatales, algunas de las cuales eran únicamente
ratificadas por el emperador.
El
Consejo de Estado, presidido por el emperador, tenía de cinco a nueve miembros
y era el órgano que formulaba las políticas; la Junta de Académicos redactaba
los documentos y sus miembros fungían como asesores del emperador. Existían
además diferentes servicios como el Censorado y la Oficina de Críticas, cuya
tarea era escuchar quejas de funcionarios y del público en general y transmitir
sugerencias al centro. Ésta fue una característica del gobierno Song, durante
el cual se logró el mayor grado de objetividad y de posibilidad de expresión.
En
cuanto a la administración local, seguía el sistema Tang de prefecturas y
distritos y las entidades provinciales se
llamaban dao o lu, es decir, «caminos» o «rutas». En cada
uno de esos circuitos había cuatro intendentes para asuntos fiscales,
jurídicos, militares y de transporte. Se dio una gran importancia a la
administración económica, al transporte y a la recaudación eficiente de los
impuestos.
Uno
de los logros mayores de Song fue la sustancial mejora del sistema de
reclutamiento de funcionarios públicos. En este periodo, el establecimiento de
un aparato burocrático de alto nivel llegó a su cúspide, y los métodos para
lograrlo fueron múltiples: las recomendaciones, los nombramientos de hombres
capaces y, sobre todo, el sistema de exámenes, que se volvió la fuente más
importante de reclutamiento. Estos exámenes se efectuaban cada tres años en
tres niveles. Primero se presentaban los candidatos en las prefecturas y las
escuelas gubernamentales; los que aprobaban este examen (uno a diez por ciento
de los que se presentaban) podían acudir a la capital a presentar el examen
correspondiente al segundo nivel, que aprobaba aproximadamente diez por ciento;
finalmente llegaban a la última etapa, el examen de palacio, en el que algunos
fracasaban y los demás eran clasificados por su nivel de excelencia. La
imparcialidad estaba garantizada por el anonimato de los aspirantes.
Este
control del aparato administrativo por un grupo profesional impidió la
injerencia, en los asuntos del gobierno, de los grupos que anteriormente
ejercían el poder y se lo disputaban constituyendo facciones rivales. Durante
la dinastía Song hubo menos intrigas promovidas por los favoritos del
emperador, las familias de las emperatrices y los eunucos, y los mismos
emperadores parecen haber tenido un poder más controlado. Sin embargo, entre
los mismos burócratas se formaron grupos de tendencias rivales, comparables a
las de los actuales partidos políticos.
Las reformas
La
situación de amenaza constante en la que se encontraba el Imperio contribuyó a
un gran deterioro de la economía. Día a día se necesitaban mayores cantidades
de dinero para sostener un ejército cada vez más numeroso. Al principio la
economía tuvo un gran auge, gracias a mejores rendimientos agrícolas y mejor
administración; sin embargo, el aumento de la población tuvo como resultado la
escasez de tierra y la venta de muchas pequeñas propiedades. Los latifundios
que surgieron tenían mayor posibilidad de evadir el pago de impuestos y, como
siempre, la carga recaía sobre los campesinos cuya condición se volvió
insostenible. A eso se agregaba la ya importante corrupción en los niveles
medios y bajos de la burocracia y el enriquecimiento ilegítimo de servidores
públicos venales. En la corte Song, varios funcionarios sintieron la necesidad
de llevar a cabo reformas para remediar la situación. Los intentos de reforma
en Song deben ser vistos dentro del contexto socioeconómico de los mismos
promotores. El éxito y auge del sistema de exámenes tuvo como resultado el
ascenso de personas cuya carrera estaba totalmente subordinada a la voluntad
imperial, pero que al mismo tiempo habían recibido una educación estrictamente
confuciana. El ideal confuciano del gobierno justo y del reparto equitativo de
la tierra estaba en contradicción con la realidad y, a veces, con los mismos
intereses de estos burócratas que hacían fortuna adquiriendo tierras. Además,
los intereses creados de los miembros de la burocracia exigían un gobierno
central fuerte, lo que daba al emperador un poder absoluto que iba más allá de
lo aconsejado por el mismo confucianismo. Muy pronto se sintieron tensiones y
diferencias entre los burócratas en torno a la correcta interpretación e
implementación de los ideales confucianos, y en muchos casos hubo también
conflictos de intereses. Además, pronto se constituyeron facciones
conservadoras, por un lado, y pragmáticas y más liberales, por otro.
El
primer funcionario en plantear la urgencia de reformas radicales fue Li Gou
(1009-1059), quien señaló que el ejército estaba perdiendo vigor y pidió mayor
autonomía para los generales encargados de las tropas. Otro reformador fue Fan
Zhongyan (989-1052), quien abogó por una reforma del aparato burocrático para
hacerlo más eficiente y más moral.
De
todos los reformadores chinos, el que ha pasado a la historia como el más
eficaz y más controvertido es Wang Anshi (1021-1086), quien planteó los cambios
más radicales y de mayor alcance. Odiado por la facción rival conservadora,
Wang Anshi tuvo el apoyo del emperador Shencong (1068-1085), pero atrajo hacia
sí la enemistad de personas de peso que pudieron, a su vez, imponer sus puntos
de vista al desaparecer su protector.
Wang
Anshi era un letrado-burócrata respetado y un administrador capaz; en 1058
había enviado al emperador un escrito, «La memoria de diez mil palabras», en
donde expresaba su preocupación por la amenaza externa, el desorden interno y
el lamentable estado de la economía y presentaba algunas ideas para remediar
estos problemas. En esta «memoria» Wang propone reformar la burocracia mediante
el empleo de gente competente y con sólidos valores confucianos, y mediante la
exigencia de cierto grado de especialización. Pide además al emperador que
muestre cierta firmeza en apoyo de las reformas necesarias y que las apuntale
con un sistema de recompensas y castigos.
El
emperador Shencong apoyó a Wang y lo invitó a la corte en donde se le dieron
facilidades para elaborar una serie de reformas («las nuevas leyes») que tenían
como objeto cambiar las prácticas fiscales, económicas y burocráticas. Se
estableció una Comisión de Planificación Económica para estudiar las reformas
fiscales y proponer reformas económicas. El gobierno fomentó la venta y el
trueque de bienes a nivel local para evitar el envío de todo el grano a la
capital, procurando así mejores condiciones de mercado y el ahorro consiguiente
por concepto de transporte y especulación. Para proteger a los campesinos de la
extorsión de los prestamistas se les concedían préstamos con intereses muy
bajos, pagables en épocas de cosecha. El sistema de servicios obligatorios no
remunerados (corvée) fue sustituido por el empleo remunerado y el
pago de un impuesto. Para lograr una mayor eficacia en asuntos militares y de
seguridad se propuso el sistema de baojia, es decir, de
responsabilidad colectiva (diez familias jia bajo el mando de un
jefe, todos mutuamente responsables). Además, el jia tenía la
obligación de entrenar militarmente a algunos de sus miembros y de proveerlos
con arcos y lanzas. En el norte y el noroeste cada familia debía criar un
caballo proporcionado por el gobierno. En general, se intentó mejorar los
métodos de irrigación y de cultivo, hacer participar al gobierno en la
industria y el comercio y aligerar la carga de los campesinos, Otra de las
reformas se refería a la burocracia. Para asegurar mayor eficacia y menos
corrupción se aumentaron los salarios de los funcionarios y se introdujeron en
los exámenes materias más prácticas como la economía y la geografía. También se
exigió que los examinados demostraran más criterio y juicio que memoria.
Las
«nuevas leyes» duraron apenas veinte años hasta que se impuso la facción rival,
dirigida por el historiador Sima Guang (1019-1086) y apoyada por el ensayista
Ouyang Xiu (1007-1070) y el poeta Su Shi (1036-1101). La oposición que encontró
Wang Anshi tiene, hasta cierto punto, razones económicas y no podemos negar que
muchos se sintieron lesionados por las reformas: terratenientes, grandes
comerciantes e incluso algunos burócratas también se vieron directamente
amenazados. Otro factor parece haber sido la personalidad de Wang, quien nunca
fue muy político y enajenó a varios colegas con su brusquedad y su soberbia.
Tanto
el mismo Wang Anshi como sus reformas provocaron polémicas y valoraciones
diversas en su época y en épocas posteriores. En su época se le consideró
soberbio, egoísta, oportunista, hábil, bien intencionado, criptolegalista. En
épocas modernas se ha hablado de él como de un pragmático, casi socialista, con
grandes posibilidades de éxito, pero vencido por la oposición. Los marxistas
ven en él a un reformador aplastado por los intereses de los ricos y poderosos.
Finalmente, hay quienes opinan que Wang Anshi fue un idealista que quiso
utilizar la burocracia para crear una sociedad moral, pero que propuso reformas
difíciles de realizar y nunca supo conseguir el apoyo necesario de un grupo
social que constituyera la base para llevarlas a cabo.
El
fracaso de Wang Anshi no impidió que perduraran por lo menos algunas
instituciones de bienestar social, tales como graneros, hospitales,
orfanatorios y cementerios que habían estado en manos de los monasterios
budistas. Estas instituciones de caridad a veces fueron sostenidas con fondos
públicos y otras veces con donativos privados. Algunas familias ricas también
crearon fondos de asistencia mutua para todo el clan, siguiendo el ejemplo que
inició Fan Zhongyan.
SONG
DEL SUR (1127-1279)
Durante
más de cuarenta años los partidos en pugna se disputaron el poder debilitando
aún más al Imperio, cuya integridad territorial estaba constantemente
amenazada. Finalmente, durante el reino del emperador Huizong (r. 1100-1125) la
situación se volvió crítica. Huizong era on gran protector de las artes y él
mismo era un buen pintor. En su corte encontraban refugio artistas y literatos,
daoístas y budistas, y no escatimó gastos para construir edificios y embellecer
la capital, vaciando de esta manera las ya no muy nutridas arcas estatales. En
los últimos años de su reinado, las rebeliones campesinas y las presiones
externas azotaron al Imperio. Lo que trajo la catástrofe final fue una alianza
mal concebida con un pueblo proveniente de Manchuria, los ruzhen (jurchen), enemigos
de los kitanes de Liao. Los ruzhen establecieron la dinastía Jin y destruyeron
a Liao en 1123; sin embargo, haciendo caso omiso del pacto con Song, siguieron
avanzando y en 1126 llegaron hasta la región del río Huai, tomaron la capital
Kaifeng e hicieron prisionero al emperador Huizong. La corte Song huyó al sur y
se estableció en Hangzhou. Así se inició el periodo de Song del Sur, una época
de contrastes en la que la cultura china tuvo un auge sin precedentes y,
contrariamente, el poder militar del Imperio se debilitaba día con día.
La
historia política y militar de Song del Sur estará dominada por la constante
presión de facciones que querrán, unas, la paz y la coexistencia con Jin y,
otras, la reconquista de los territorios y la defensa de la soberanía. En los
primeros años destacan dos personajes cuyas opiniones estaban en pugna: el
general Yue Fei (1105-1141), partidario de la resistencia, quien dirigió varias
campañas contra Jin, y el canciller Qin Gui (1090-1155), quien representaba la
posición contraria, apoyado por los grandes terratenientes del sur. Yue Fei fue
encarcelado y asesinado, y pasó a la historia como un valiente patriota al que
se le dedicaron templos y monumentos, mientras que Qin Gui es considerado el
típico villano despreciado por la posteridad.
La
caída de Song también tiene razones económicas. Como siempre, los grandes
terratenientes encontraban la manera de evadir sus obligaciones fiscales y, una
vez más, los más pobres eran los que más debían pagar. La impresión de papel
moneda trajo consigo la inflación, y los gastos militares menguaron el tesoro.
En este momento apareció el canciller Jia Sidao (1213-1275), que entre 1263 y
1264 intentó aplicar una serie de reformas que tendían a disminuir la extensión
de los latifundios. Si una propiedad excedía cierto tamaño, parte de la tierra
era comprada por el gobierno y esa tierra era utilizada para gastos militares y
abastecimiento de las tropas. Esa medida molestó a los terratenientes y minó la
autoridad del gobierno.
En
1142 se firmó un tratado con los ruzhen, y los Song debieron pagar un fuerte
tributo y reconocer la soberanía del rey de Jin. Siguió una época de paz un
tanto precaria que no impidió un gran movimiento comercial entre los dos
reinos. Hubo intentos de reconquista pero fracasaron y, finalmente, tanto Jin
como Song sucumbieron ante la presión de otro pueblo que llegó de las estepas,
los mongoles, quienes conquistaron toda China y acabaron con la dinastía Song
en 1276, cuando cayó Hangzhou.
La economía
El
desarrollo económico de Song es un fenómeno insólito en la historia de China y
para muchos historiadores constituye una verdadera revolución en diferentes
terrenos: agricultura, comercio, tecnología, transporte, urbanismo. China se
adelantó a Europa en varios aspectos: prácticas comerciales y financieras, y
desarrollo urbano y tecnológico.
Ya
en Han se había iniciado un movimiento de migración del norte hacia el sur y,
sobre todo, al sudeste, ya por razones económicas, ya para huir de las
frecuentes invasiones. Hacia el siglo VIII,
el valle de río Yangtse y las tierras localizadas más al sur contenían a
cuarenta por ciento de la población china; a fines del siglo XIII,
de ochenta y cinco a noventa por ciento de la población estaba concentrada en
esta región.
La tenencia de la tierra y el zhuangyuan
Como
ya hemos señalado, el sistema juntian, esto es, el reparto equitativo de
tierras, había fracasado y después de la rebelión de An Lushan se efectuaron
reformas fiscales que cambiaron la naturaleza de la tenencia de la tierra. El
problema de la tenencia de la tierra en Song es complejo, las diferencias
regionales son grandes y aún hay polémicas sobre su naturaleza. Han sido los
historiadores japoneses los que han hecho la mayor parte de los estudios.
Simplificando
un poco la complejidad del problema, se puede percibir desde fines de Tang una
tendencia hacia un sistema de grandes latifundios agrícolas privados
llamados zhuangyuan. En ellos, además de la casa principal, había
edificios externos en los cuales se alojaban trabajadores agrícolas llamados
«huéspedes» y la tierra en general era cultivada o bien por estos «huéspedes»,
o bien por arrendatarios que entregaban 50% de la cosecha. Toda la propiedad
era considerada como una unidad y cuando cambiaba de dueño se incluían los
animales, el equipo y aun la gente que allí trabajaba. Esta característica, que
convertía a los campesinos prácticamente en siervos, ha provocado una discusión
sobre la naturaleza del sistema, que recuerda el régimen señorial europeo. Sin
embargo, hay diferencias puesto que el propietario de la tierra, a pesar de
tener prerrogativas feudales sobre los campesinos, no tenía jurisdicción
independiente ni organización militar propia.
Retrato
de Taizu, emperador que fundó la dinastía Song y reinó de 960 a 976 d. C.
Otras
dos categorías de grandes latifundios fueron la de los monasterios budistas
—que siguieron existiendo a pesar de las persecuciones y en los cuales los
campesinos estaban algo más protegidos, sobre todo en cuanto a servicios
militares y de corvée— y la de las tierras del estado. Estas últimas eran
cultivadas para usufructo de las autoridades públicas. En ellas, los campesinos
pagaban, en vez de impuesto, una renta que a veces excedía el monto mismo del
impuesto.
Agricultura, industria y comercio
El
gran aumento de la producción agrícola en esta época se debe mayormente al
desarrollo del cultivo del arroz. Nuevas técnicas de cultivo y mejores métodos
de irrigación hicieron que sé duplicara la producción, y el hecho de haber
introducido variedades de maduración rápida permitió obtener dos cosechas al
año. Es posible que este auge en la producción de arroz sea la causa principal
del aumento de la población, que llegó a 100 millones, del desarrollo del
comercio, del florecimiento de las ciudades y el perfeccionamiento de las
artesanías. Además del arroz se cultivaron el trigo y el té, se plantaron
grandes cantidades de moreras para alimentar a los gusanos de seda y se
popularizó el algodón.
La
nueva tecnología se extendió también a la industria y la minería; se usaron
explosivos para abrir minas, máquinas hidráulicas para activar los fuelles en
la metalurgia, etc. Varias artesanías tradicionales fueron perfeccionadas y se
produjeron mayores cantidades y mejores calidades de sedas, lacas, cerámicas y
porcelanas.
El
desarrollo del comercio en esta época permitió que cada región se especializara
más en un solo producto o en una manufactura, aumentando así la producción;
cada región se volvió famosa por algún producto (papel en Sichuan y Zhejiang,
arroz en el lago Taihu, libros en Hangzhou, caña de azúcar en Fujian). El
control gubernamental sobre el comercio se relajó de tal manera que aparecieron
centros comerciales en todo el Imperio, se establecieron redes de intercambio,
desaparecieron los mercados confinados en un lugar fijo y surgieron pequeños
comercios y tiendas por toda la ciudad. Al mismo tiempo, apareció una clase de
comerciantes ricos, burgueses citadinos con sus propias necesidades y cultura y
un gran apetito por el consumo de artículos de lujo.
La
especialización en ramas comerciales tuvo como resultado la formación de grupos
de interés, o sea de gremios de comerciantes. Al principio surgieron de las
«filas» (hong) que formaban en cada calle los comercios del mismo
ramo de actividad, y así quedó el nombre hong para las asociaciones de
comerciantes hasta el siglo XIX.
Cada gremio tenía un representante responsable de recaudar los impuestos para
el gobierno y de realizar cualquier trámite ante las autoridades. Los gremios
más importantes eran: los comerciantes de sal, seda, té, cereales y, claro, los
banqueros.
El
comercio exterior tuvo también una gran importancia y los productos chinos
llegaron a todos los confines del mundo entonces conocido. Con sus vecinos del
norte, China intercambiaba productos tales como té, sal, textiles y metales por
caballos, ovejas, pieles y lana. Estos y otros productos se exportaban por vía
marítima al sudeste de Asia, al Océano índico y otras partes. A Corea y Japón
llegaban libros, pinturas y objetos de arte. Las monedas de cobre chinas tenían
gran demanda en todo el este de Asia y se han encontrado algunas hasta en
África. Las porcelanas chinas han dejado una huella constante a partir del
sudeste de Asia, India, Asia occidental y el este de África y no es raro
encontrar fragmentos de porcelanas chinas en todo Medio Oriente, Persia, Egipto
y hasta Zanzíbar; también a Europa llegaron grandes cantidades. Los chinos
importaban artículos de lujo como incienso, piedras preciosas, ámbar, alcanfor,
marfil, coral, cuernos de rinoceronte, ébano, sándalo y perlas.
Al
principio, es decir, durante Tang y comienzos de Song, el comercio exterior
estaba en manos de extranjeros: coreanos, persas y árabes. Estos comerciantes
vivían en barrios especiales en las ciudades portuarias y conservaban sus
propias leyes y costumbres. No sabemos con exactitud cuántos residentes
extranjeros había en el sur de China, pero al parecer fueron muchos y algunos
de ellos llegaron con el tiempo a casarse con chinas y a asimilarse. A partir
de Song, los chinos comenzaron a participar en el comercio y hacia fines de la
dinastía habían dominado las rutas comerciales a Japón, Corea y el sudeste de
Asia.
Durante
Song, el gobierno se adaptó a la actividad comercial privada modificando su
sistema fiscal y percibiendo así grandes cantidades de dinero de los impuestos
al comercio y a la manufactura. Además, el mismo estado se volvió empresario,
creó talleres y desarrolló los monopolios estatales en negocios productivos que
le permitían enfrentar los gastos militares.
En
un estado cuya economía estaba aparentemente basada en la agricultura, es
sorprendente ver cómo la riqueza del país provenía principalmente del comercio
y de la artesanía. En el siglo XI,
el ingreso estatal proveniente de los impuestos al comercio y de los monopolios
era igual al percibido por los impuestos agrarios, pero en los siglos XII y XIII era
mucho mayor. Otra fuente excelente de ingresos eran los derechos de aduana en
los puertos con gran volumen comercial.
Economía monetaria
Una
consecuencia de la reforma fiscal del siglo VIII y
del desarrollo del comercio fue la monetización de la economía. Una gran parte
de los impuestos agrícolas, al igual que la totalidad de los comerciales, se
pagaba ya en dinero. La moneda nacional era la de cobre y se contaba por
«sartas» de 1 000 monedas cada una. Pronto se sintió la escasez de moneda,
porque si bien en el siglo XI se
producían ya 1 830 000 «sartas» de monedas al año, la demanda excedía a la
producción. Una medida del estado consistió en prohibir la exportación de
monedas o imponer un impuesto muy alto a su exportación. Sin embargo, el
contrabando impidió que la medida tuviera éxito. Se intentó usar el hierro para
acuñar monedas y usar el oro y la plata (no acuñados) como dinero.
Finalmente,
la solución más viable fue el desarrollo del papel moneda. Desde el siglo IX,
tanto el gobierno como los comerciantes que debían transportar grandes
cantidades de monedas, usaban letras de crédito o certificados llamados «dinero
volante». A partir del siglo XI se
usó este sistema con gran frecuencia y se emitieron varios certificados (con un
límite de valor de 2 500 000 sartas de monedas al año) que eran usados como
dinero por los comerciantes. Además del papel moneda aparecieron certificados
de depósito, cobrables mediante el pago de un porcentaje, y cheques.
La expansión marítima
Una
de las consecuencias de la pérdida del acceso terrestre a través de Asia
Central, por donde se había canalizado gran parte del comercio a partir de Han,
fue la proliferación del comercio por el mar, lo que hizo de China una gran
potencia marítima mucho antes que cualquier nación europea.
Desde
principios de nuestra era existía ya el comercio marítimo con la India y el
Medio Oriente, pero a partir de la época Tang comenzó a crecer de manera
espectacular. A las razones político-económicas se pueden agregar otras tales
como el perfeccionamiento de las técnicas de navegación, la construcción de
barcos más grandes y mejores, la utilización de la brújula varias décadas antes
de que fuera conocida en Europa y el desarrollo de la cartografía, la cual,
libre de las limitaciones religiosas impuestas por el cristianismo, era mucho
más precisa que la europea. Los juncos chinos dominaban el mar, eran barcos que
podían navegar tanto con velas como con remos y recorrían los mares desde Japón
hasta el este de África acarreando productos de una región a la otra.
El
comercio marítimo se realizaba principalmente a partir de puertos situados en
la costa del sudeste de China, sobre todo de Guangzhou y de Quanzhou en la
costa de Fujian. Relatos de mercaderes árabes y europeos son testimonio de la
gran actividad de estos puertos. En ellos, a partir del siglo VIII,
se cobraban derechos de aduana y derechos de anclaje que enriquecían las arcas
estatales; a veces también se daban sobornos que enriquecían a los
funcionarios.
Las ciudades
«¡Qué
riqueza!», exclamó Marco Polo al ver Hangzhou unos años después de que esa
dudad fuera conquistada por los mongoles. Y, efectivamente, Hangzhou era una
ciudad espléndida de más de un millón de habitantes, pero también lo eran
Kaifeng, Wenzhou, Fuzhou, Suzhou, Quanzhou. El crecimiento de las ciudades tuvo
varias causas: el desarrollo del comercio, que necesitaba de centros para que
se efectuara el intercambio, el éxodo de campesinos que huían de las
condiciones apremiantes y de la explotación en el campo, y el relajamiento de
las restricción es gubernamental es que cambiaron el carácter mismo de la
ciudad.
En
épocas anteriores, las ciudades que se habían destacado eran casi siempre las
capitales. Tenían un plano simétrico y rectangular con el palacio como punto de
referencia. El lugar de los edificios gubernamentales y de los mercados seguía
un patrón establecido y se conocían los domicilios por barrios cuyos nombres
habían sido puestos por razones administrativas. Ahora las ciudades no eran
necesariamente centros administrativos, el comercio había rebasado los límites
estrictos del mercado y tiendas y negocios se hallaban por doquier. Al crecer
fuera de los muros se perdió la simetría, y ya aparecieron nombres de calles
para identificar el lugar de residencia.
Kaifeng,
la primera capital Song, fue primero un importante punto de acceso y de
distribución del arroz que venía del sur y creció sin la simetría de las
capitales anteriores. Hangzhou también había empezado como un centro comercial.
En el siglo XII, sin embargo,
otras ciudades habían rebasado a la misma capital en cuanto a población
(Fuzhou, por ejemplo, tenía casi cuatro millones de habitantes). El mismo Marco
Polo cuenta de la gran cantidad de ciudades de todos los tamaños que encontró
en su camino.
Al
ser eliminado el toque de queda, las ciudades continuaban las actividades, que
seguían hasta muy tarde. Tiendas, restaurantes, casas de té, casas de placer
estaban en plena actividad a todas horas. También había espectáculos tales como
el teatro, acróbatas, juglares y recitadores de cuentos callejeros, Al mismo
tiempo aparecieron las lacras sociales que van a la par con el crecimiento de
los centros urbanos. En algunos barrios se hacinaban miles de personas, el
desempleo era endémico y pululaban ladrones y mendigos. No faltaron
instituciones de caridad pública que ofrecían servicios de asistencia social a
los indigentes, los huérfanos y los ancianos.
EL
SURGIMIENTO DE LA CHINA
MODERNA Y LA NO PROLIFERACIÓN DEL CAPITALISMO
En
Song estaban dados todos los elementos para que se produjera la transformación
de una sociedad medieval y feudal en una moderna y capitalista y, sin embargo,
ésta no se dio. Tal es lo que afirman los historiadores, y son innumerables los
trabajos realizados en búsqueda de una respuesta a esta incógnita. En China, a
partir del siglo VIII,
se dieron condiciones crecientes de desarrollo que aparecerán bastante más
tarde en Europa y que tendrán como consecuencia la aparición del mundo moderno.
China
estaba más avanzada que Occidente en cuanto a tecnología, su economía era
dinámica y compleja, su comercio creó una clase de ricos mercaderes, su
industria era variada y técnicamente adelantada y sus ciudades eran más grandes
y más ricas que las europeas. Las razones de las diferencias entre la evolución
en Europa y China pueden ser diversas. La misma posibilidad de movilidad social
es una: los comerciantes nunca adquirieron un estatus social satisfactorio y,
en vez de formar alianzas, se pasaban a la clase de letrados-burócratas,
comprando tierra y haciendo estudiar a sus hijos. Otra explicación es el papel
distinto que jugaron las ciudades: en Europa fueron centros de libertad
política, de oposición a los señores feudales, mientras que en China, gracias a
la estructura imperial unificada, no hubo tal conflicto. También se alega que,
en verdad, nunca existió en China una empresa totalmente libre y que, por un
lado, había control e intervención del estado y, por otro, el estado mismo
estaba involucrado en la industria y el comercio, iniciando así un capitalismo
estatal.
En
años recientes se ha tratado de ver el problema de otra manera. Se están
estudiando las condiciones chinas no en comparación con las europeas sino en sí
mismas, para tratar de entender cómo lo que surgió de estos siglos de
innovación y cambios fue lo que era propio que surgiera de la realidad china.
Es así como la sociedad moderna china tiene raíces en su historia y no es una
extraña desviación de lo que sería lógico que sucediera según el modelo
occidental.
El ejército
El
espíritu marcial de los Song nunca fue muy vigoroso y el estado, en el cual
predominó siempre el poder civil, mantuvo al margen a los militares y puso más
énfasis en la defensa o el acomodo con los enemigos que en el ataque y la
conquista. Sin embargo, al pasar los años, Song tuvo ejércitos muy grandes,
mucho mayores que en épocas anteriores, llegando a 1 259 000 hombres en 1045,
pero sin una eficacia notoria.
La
naturaleza misma de los ejércitos los hacía menos eficaces. En vez de
conscriptos, los soldados eran mercenarios que generalmente provenían de las
capas más desarraigadas de la sociedad: vagabundos, exconvictos, prisioneros
con amnistía provisional. Largos periodos de inactividad relajaban la
disciplina y causaban problemas, y no pocas veces los soldados y los oficiales
se volvían bandidos que asolaban los campos. Las reformas de Wang Anshi
pusieron un remedio temporal ala situación, pero no perduraron.
Sin
embargo, siguiendo la corriente de adelanto tecnológico en todos los ámbitos,
también hubo avance en las técnicas militares. Los métodos de reclutamiento de
soldados exigían ciertas pruebas físicas y se instruía a una parte del ejército
en técnicas bélicas especializadas. Aparecieron varios tratados sobre arte
militar en los que se mencionan nuevas armas, tales como lanzallamas,
catapultas y vehículos parecidos a los tanques. Los inventos más importantes en
materia de guerra fueron, sin duda, los que se relacionaban con los explosivos.
La pólvora fue descubierta por los alquimistas chinos de la dinastía Tang y en
el siglo XI se utilizó
para hacer armas explosivas, tales como proyectiles incendiarios, «fuego
volador», granadas y bombas. Primero se usó la pólvora para producir humo,
luego para prender fuego y finalmente para provocar explosiones. Los mongoles
aprovecharon la tecnología china y los árabes la introdujeron a Europa, en
donde el desarrollo de las armas de fuego asestó un golpe mortal a la aristocracia
medieval, cambiando así el curso de la historia.
La cultura
Filosofía
Ya
se esbozó en un capítulo anterior el origen de las corrientes filosóficas que
surgieron a fines de Tang y que en Song alcanzaron pleno desarrollo. Se
mencionaron el atrincheramiento cultural, el antiextranjerismo y la decadencia
del budismo como causas del surgimiento de la nueva forma de confucianismo que,
si bien rechazaba al budismo, no podía menos que sentir su influencia. Otras
razones para explicar el éxito de la nueva corriente, conocida como
neoconfucianismo, son la búsqueda de una estabilidad social y política basada
en una ideología tradicional y la propagación del confucianismo por el sistema
de exámenes burocráticos.
El
neoconfucianismo no fue una repetición del confucianismo clásico, sino una
reformulación de éste con nuevos matices metafísicos que obligaron a los
filósofos a usar una terminología daoísta y budista para enunciar los nuevos
conceptos. Al mismo tiempo, no se descuidaron los aspectos éticos y políticos,
tan importantes en la doctrina confuciana. No hubo una única corriente
neoconfuciana, pues cada filósofo tuvo su propia formulación; sin embargo, se
pueden distinguir dos grandes escuelas que de una manera muy libre podemos
llamar la «formalista» (li xue) y la «idealista» (xin
xue). La primera llegó a constituir la verdadera ortodoxia neoconfuciana y
tuvo su mayor exponente en el filósofo Zhu Xi (1130-1200), mientras que la
segunda, iniciada por Lu Xiangshan (1139-1192), tuvo su auge con el filósofo
Wang Yangming en el siglo XV.
Un
precursor de la escuela formalista fue Zhou Dunyi (1012-1073), quien tomó el
término taiji (fin supremo) mencionado en
el Yijingy, combinándolo con elementos místicos del daoísmo
religioso, elaboró un diagrama en el cual señala que el taiji, que en
sí es un principio inmutable, genera al yang (que es movimiento) y
al yin (que es quietud), elementos complementarios cuyas
transformaciones producen los cinco elementos y toda la realidad. Zhang Zai
(1020-1077) desarrolló un concepto del qi (armonía suprema), que es
el sustrato del universo, tanto de las cosas como de los seres humanos. Los
hermanos Cheng Hao (1031-1085) y Cheng Yi (1032-1107) son los verdaderos
precursores de Zhu Xi. Cheng Hao introdujo el concepto del ren (la
virtud suprema), que lo une todo y que, manifestado diferentemente, constituye
la distinción entre las cosas y el ser humano. Cheng Yi desarrolló la idea
del li (principio, forma): todas las cosas son generadas y
desaparecen, pero hay un elemento permanente en ellas, su li, que es
eterno. Todos estos filósofos buscan un elemento unificador y eterno, que dé
coherencia al universo. También buscan fórmulas para el autocultivo que lleva
al conocimiento de la verdad y a la felicidad. Para Zhou Dunyi, la quietud y la
eliminación de los deseos, la espontaneidad, son el camino de la sabiduría y la
felicidad. Para Zhang Zai, entender el universo significa saber que no hay ni
muerte ni desperdicio y hay que aceptar el curso natural de las cosas y no
interferir; hay que cumplir con el deber y luego «descansar». Cheng Hao
recomienda aprender a controlar las emociones puesto que no son de uno mismo,
sino que están en los objetos que las provocan; la mente es en realidad un
espejo claro en donde todo se refleja. La felicidad consiste en ser imparcial, tener
reacciones espontáneas y seguir el curso natural. Es así como se está en paz
consigo mismo.
Zhu
Xi, hombre de varios talentos, estadista, historiador, filósofo y exegeta, debe
su grandeza a su capacidad para recoger todo lo que se había hecho antes,
sintetizarlo y formularlo como una doctrina más completa que será la ortodoxia
confuciana aceptada hasta nuestro siglo. Para Zhu Xi todas las cosas tienen una
forma o principio llamado li (algo así como la «idea» platónica).
El li del universo es el conjunto de todos los li y es
el taiji (fin supremo). En verdad, el taiji no es
únicamente la suma de los li, no está separado sino que está presente
en todo; es, según Zhu Xi, «como la luna reflejada en ríos y lagos». Si
el li es la forma, el qi (éter, vapor) es el sustrato
material. El li es inmóvil, el qi es dinámico, pero no
existen el uno sin el otro. El ser humano tiene
tanto li como qi. El qi puede ser claro u opaco;
cuando es claro, significa que el li ha sido realizado plenamente;
cuando es opaco, el li no llegó a su florecimiento y eso provoca el
mal. Se trata de la vieja disputa, iniciada por Mencio y Xunzi, acerca de si la
naturaleza humana es buena o mala y Zhu Xi, siguiendo el camino trazado por
Mencio, afirma que es buena. Para Zhu Xi, la búsqueda del li, su
realización, no sólo se logra con la educación sino sobre todo con el «autocultivo»,
que revela la verdad, y con la «extensión del conocimiento», que nos hace
investigar cada cosa para poder descubrir su li. La acumulación de
este conocimiento, tarea que debe emprenderse con seriedad y sinceridad, nos
lleva a una especie de iluminación no necesariamente mística, pero que sí
constituye una revelación de la verdad. Después de la muerte de Zhu Xi, su
filosofía se volvió doctrina oficial. Desgraciadamente se puso énfasis en sus
aspectos más rígidos y conservadores, lo que contribuyó a afianzar un
escolasticismo dogmático y árido que limitó la variedad del desarrollo
intelectual e hizo más inflexible a la sociedad china. Incluso la
«investigación de las cosas», que propugnaba Zhu Xi, fue vista como una
invitación a estudiar sólo a los clásicos confucianos.
La imprenta y la difusión de la cultura
La
época Song es rica en inventos y nuevas tecnologías. Uno de los inventos más
importantes es, sin duda, el de la imprenta, que ayudó a hacer más accesibles
los textos escritos. Si a eso le agregamos el auge urbano, la proliferación de
personas ricas y con mayor cultura, la fundación de escuelas privadas y de
academias, entenderemos cómo aparecieron en Song tratados, enciclopedias y
libros sobre una gran variedad de temas y cómo proliferaron las bibliotecas
oficiales y particulares.
En
China, el desarrollo de la imprenta fue un proceso gradual que llegó a
perfeccionarse y a popularizarse durante Song. Desde la época Han se había
utilizado el método de reproducción de textos y grabados aplicando papel húmedo
sobre la piedra esculpida y frotándolo con un cojinete empapado en tinta. Esto
producía una copia del texto, o de la imagen, en blanco y negro. Asimismo,
desde épocas antiguas se grababan sellos de madera o se vaciaban en metal para
marcar los documentos oficiales. Hacia el siglo VII,
se usaba este método para reproducir imágenes piadosas y han llegado hasta
nosotros muestras ejecutadas en el siglo VIII.
Este fue el origen de la imprenta de grabado en madera, que seguiría siendo la
más popular en China a pesar del conocimiento y el uso ocasional de la imprenta
de tipos móviles.
Hacia
el siglo X, la imprenta ya
se usaba comercialmente y se imprimían textos budistas, almanaques, manuales,
modelos de exámenes oficiales, historias. También se imprimieron los clásicos
confucianos, el canon daoísta, el canon budista, decretos oficiales, libros de
medicina e incluso papel moneda. Todo eso, cinco siglos antes de que en Europa
se usara la imprenta para la difusión de la cultura.
Enciclopedias, ciencia y difusión
La
costumbre de producir colecciones, antologías, compilaciones y enciclopedias,
que se había iniciado en Tang, llego a su máxima expresión en Song. Hacia fines
del siglo X habían
aparecido cuatro grandes colecciones, Song sidashu (Los cuatro
grandes libros de Song), que eran: una antología
literaria, Wenxuan; una enciclopedia de 100 capítulos Taiping
yulan; una colección de cuentos y relatos extraños, Taiping
guangji, y una antología de textos políticos, Cefu yuangui.
En
el campo de la ciencia aparecieron estudios sobre varios aspectos de las
ciencias naturales y se escribieron Tratados sobre animales y plantas.
Proliferaron escritos misceláneos que tocaban temas científicos, técnicos y
artísticos, los biji o suibi (notas escritas al azar),
entre las cuales destaca la obra de Shen Gua (1031-1094), astrónomo, físico y
hombre de gran cultura. El primer libro ilustrado de arquitectura, obra de Li
Jie, apareció en 1103. En matemáticas se lograron grandes adelantos con la obra
de Shao Yong (1011-1077), quien calculó el año tropical, de Li Ye (1192-1279),
y de Qin Jinshao, del siglo XIII,
que fue el primer chino en usar el cero.
En
Song aparece también la arqueología científica gracias al interés que se
desarrolló por la tradición y la antigüedad. Surge en esta época la arqueología
crítica y, sobre todo, la epigrafía como instrumento histórico. Zhao Mingchen y
su esposa, la poeta Li Qingzhao, elaboraron, a principios del siglo XII,
el Jinshi lu, un catálogo de inscripciones sobre bronce y piedra que
recoge 2 000 documentos antiguos. El interés se extendió hasta la numismática
con la aparición del libro Guquan (Monedas antiguas) de Hong Cun, en
el siglo XII.
Historia
Como
ya se ha indicado, en la época Tang se inicia un movimiento de crítica
histórica en el cual se ponen en duda los métodos y criterios oficiales para
escribir la historia. En Song, muchos escritores tomaron la pluma para ofrecer
sus propias versiones de la historia, entre ellos Ouyang Xiu (1027-1072), que
volvió a contar, a su manera, la historia de Tang y de las Cinco Dinastías en
el Xin Tangshu (Nueva historia de Tang) y el Xin
Wudaisbi (Nueva historia de las Cinco Dinastías), poniendo énfasis en el
problema moral de la legitimidad dinástica.
La
obra más conocida e importante de la época es la del historiador Sima Guang, el
gran enemigo de Wang Anshi. Sima Guang escribió una historia que abarca desde
403 a. C. hasta 959 de nuestra era, el Zizhi Tongjian (Espejo general
para gobernar). En esta obra, Sima Guang emplea la cronología tradicional y
adopta un tono didáctico; sin embargo, hay en ella elementos de historiografía
seria. Sima Guang hace una cuidadosa evaluación de las fuentes, compara
diversas informaciones en conflicto y explica sus aseveraciones mediante notas.
Esta obra tuvo un enorme éxito y más adelante aparecieron resúmenes y
continuaciones. El filósofo Zhu Xi escribió un resumen, el Tongjian
gangmu, y Yuan Shu (1131-1205) volvió a ordenar la obra por temas en su
libro Tongjian jishi benmo.
Literatura
La
prosa floreció durante Song, tanto en su manifestación culta como en la
popular. En el género culto se escribieron ensayos usando el estilo puesto de
moda a fines de Tang, el guwen, y sus mayores exponentes fueron
Ouyang Xiu y Sima Guang. Otro género muy favorecido en Song fue
el fu, la prosa poética, que ya tenía más características de prosa
que de poesía, y que sirvió de vehículo para expresar el amor a la naturaleza,
las emociones personales y las reflexiones filosóficas sobre todos los aspectos
de la vida, Ouyang Xiu y su discípulo el poeta Su Shi (Su Dongpo, 1036-1101)
fueron grandes maestros en este género.
El
cuento se desarrolló en Song y tuvo características más populares que el cuento
culto de Tang. En realidad, se trata de un género urbano agradable para la
clase media que buscaba entretenimiento en la literatura. Muchos de esos
cuentos fueron primero transmitidos oralmente por los narradores de cuentos
profesionales, que eran tan numerosos que pudieron formar gremios (uno de ellos
era conocido como la Sociedad de la Elocuencia). Hubo varias categorías, las
más populares fueron los cuentos de amor tanto realistas como sobrenaturales, y
los cuentos policiacos (de crímenes y de juicios).
En
poesía se siguió usando el género shi, y el mejor poeta de la época
fue, sin duda, Su Shi, quien reunía todas las cualidades de un verdadero hombre
de letras. Era escritor, poeta, pintor y calígrafo y se codeaba con estadistas
y filósofos. Su Shi también escribió poesía en el otro género que se desarrolló
en Song, el ci. El ci tuvo su origen en las letras de las
canciones populares que estaban de moda en los lugares de placer de las
ciudades. Era un género más libre y variado que el shi y permitía
usar la lengua coloquial. El estilo del ci es algo barroco y se usan
una infinidad de alusiones, de símbolos y de metáforas que hacen difícil su
comprensión.
Arte
En
la expresión artística de Song destacan la cerámica y la pintura. La cerámica,
producida en grandes cantidades, no perdió por ello su calidad y se
desarrollaron varios tipos que se cuentan ahora entre las más famosas cerámicas
chinas: la cerámica verde brillante, la finísima cerámica blanca decorada con
dibujos grabados o sobreimpuestos y la cerámica color castaño con texturas más
ásperas y parecida a los objetos producidos en épocas modernas.
La
pintura, liberada del contexto religioso, se volcó hacia la naturaleza. En Song
se desarrolló lo que ahora consideramos la pintura china por excelencia: la
pintura monocroma, impresionista, en donde la naturaleza domina al ser humano.
Estas pinturas son casi tratados filosóficos de la concepción del universo y
del lugar del ser humano en él. Hay muchos pintores célebres; entre ellos
podemos mencionar a Wu Daoxuan (siglos VII-VIII),
de la corte del emperador Xuanzong, quien también era un buen artista; el más
destacado fue Mi Fu (1051-1107), conocido también como excelente calígrafo. Los
pintores más famosos en Song del Sur son Ma Yuan (1190-1240), a quien le
gustaba concentrar los motivos en una parte de la obra para dejar vacíos
elocuentes, y Xia Gui, su contemporáneo, quien desarrolló un estilo más austero
y más sintético, de pinceladas casi elementales.
La sociedad
Clases sociales
El
proceso de la desaparición gradual de la aristocracia tradicional, que había
comenzado ya en Tang, culminó con la sociedad Song, en la cual había cambiado
el origen social de las clases privilegiadas. La abolición del
sistema juntian fomentó la compra de tierra por parte de cualquier
persona que tuviera los medios para hacerlo; la difusión del sistema de
exámenes, al ensanchar la base de la burocracia, también creó una nueva clase
que, sin ser de origen aristocrático, podía poseer y comprar tierras. Una nueva
clase de ricos comerciantes competía con ellos por la posesión de tierras.
La
nueva clase de letrados-burócratas, que afianzó su poder económico invirtiendo
en tierras, no dependía únicamente de la agricultura. La fortuna familiar se
incrementaba mediante el servicio al estado, la participación en la industria
y, aunque en forma indirecta, mediante las actividades comerciales. Sin
embargo, la inversión en tierras era la preferida y la que daba más arraigo al
prestigio de una familia. Otra condición para pertenecer a esta nueva clase de
notables era, desde luego, la educación, que daba acceso a los exámenes y a la
burocracia. Es así como se constituye una nueva clase poderosa, no hereditaria
y que tiene en sus manos el poder político, económico y la educación. Si bien
no se puede hablar de una sociedad igualitaria en China, a partir de Song al
menos no existe ya una importante aristocracia de sangre.
Algunos
comerciantes llegaron a poseer grandes riquezas y a disfrutar de comodidades,
pero su estatus nunca fue muy alto. Es por eso que en muchos casos, al
enriquecerse, prefirieron invertir su riqueza en tierras. Eso permitía que sus
hijos pudieran, a través del estudio y del abandono de las actividades
comerciales, llegar a obtener puestos burocráticos y un lugar entre los
terratenientes-letrados.
Un
gran número de terratenientes no vivía en sus tierras sino que las dejaba bajo
el cuidado de un administrador y residía en la ciudad, donde se podía disfrutar
de los placeres urbanos y cultivar las letras y las artes con mentes afines.
Los placeres bucólicos de la caza y la equitación habían sido sustituidos por
actividades menos deportivas. La naturaleza se disfrutaba de una manera más
contemplativa y poética.
En
las ciudades también se hallaban otros habitantes que no pertenecían ni a la
clase de comerciantes ricos ni a la de los notables. Entre ellos había ya un
incipiente proletariado constituido por trabajadores de origen rural que
encontraban empleo en talleres y fábricas, en pequeños comercios, en posadas y
restaurantes. Había también vendedores ambulantes, actores y juglares,
sirvientes en las casas de los ricos y, claro está, ladrones y prostitutas.
Esto le dio a la sociedad Song una mayor variedad que en épocas precedentes.
Como
siempre, a pesar de la pobreza de algunos sectores urbanos, los más explotados
y desdichados eran los campesinos. Su condición servil los dejaba a merced de
sus dueños, quienes los enajenaban con la tierra, arreglaban sus casamientos y
disponían de sus hijos. Podían ser castigados o asesinados y no contaban con la
protección de la ley; en épocas malas morían de hambre y en otras apenas si
podían llegar a un nivel mínimo de subsistencia. Por escritos de la época
sabemos cuán terrible era su condición cuando se alzaron algunas voces de
protesta y las reformas de Wang Anshi tomaron en cuenta muchas de las quejas y
demandas que se habían formulado.
La familia y la posición de la mujer
Durante
Song, las clases poderosas no eran de origen aristocrático y por eso dieron
gran importancia a las relaciones de parentesco y de clan, a fin de afianzar su
poder de un modo más amplio y crear lazos de ayuda y apoyo mutuos. Una de las
consecuencias fue la creación de las instituciones caritativas, que sostenían
los clanes con propiedades no enajenables y que servían para educar y mantener
a los miembros más pobres del clan.
Con
la exaltación del espíritu confuciano también se afianzó el ideal de la familia
patriarcal, en la cual las relaciones entre los individuos estaban reguladas y
jerarquizadas, constituyendo la base misma de todas las relaciones sociales. Es
cierto que en Song el ideal de familia extendida se alcanzó en pocas ocasiones,
y entre la gente pobre la familia nuclear era lo común.
El
efecto combinado de la vida urbana, para la cual el trabajo femenino, al menos
entre la gente acomodada, no era esencial, y el puritanismo del nuevo fervor
confuciano tuvo una influencia nefasta para la posición de la mujer. Más que
nunca, las mujeres se volvieron servidoras y objetos de placer, se propagó la
costumbre del concubinato y proliferaron las «casas de placer» y la
prostitución. El casamiento de las viudas fue visto con muy malos ojos y en
toda la época Song se exaltó y alabó a las mujeres cuyas virtudes principales
eran la obediencia, la abnegación, el sacrificio y la castidad. Como dice el
filósofo Cheng Yi: «Perder la castidad es un asunto serio, la muerte es, en
comparación, algo trivial». La educación que se les daba a las mujeres era mínima:
hilar, bordar y otros quehaceres domésticos o, si se les destinaba a los sitios
de «placer», se les enseñaba a cantar y a tocar instrumentos musicales. Como
siempre, hubo excepciones, y una mujer, Li Qingzhao, fue una célebre poeta de
la época Song.
Una
de las mayores aberraciones en contra de la mujer también se inició en esta
época: los pies vendados. Desde muy pequeñas a las niñas se les vendaban los
pies de tal manera que el dedo gordo quedara empujado hacia arriba y los demás
dedos doblados contra la planta del pie. Se aumentaba la presión hasta que el
pie no solamente ya no crecía, sino que quedaba totalmente deformado. Lo que
quedaba del pie se metía en un pequeño zapato y estos pies diminutos eran
considerados lo más atractivo en una mujer, creándose así toda una mística de
erotismo fetichista alrededor del culto de los pies pequeños. No es difícil
imaginarse el dolor que esto causaba a la niña, convirtiéndola prácticamente en
una lisiada que casi no podía desplazarse después de cierta edad. Esta
costumbre perduró hasta nuestro siglo y aún se puede ver en China a algunas
ancianas de pies «de loto» caminando con dificultad.
VIII. LA CONQUISTA DE CHINA
POR LOS NÓMADAS
Retrato
de Chinggis (Gengis) Khan (ca. 1167-1227).
CHINA Y LOS
NÓMADAS
|
C |
OMO
HEMOS VISTO en capítulos anteriores, la historia de
China, sobre todo la del norte, no puede ser entendida si no tomamos en
consideración la presencia de pueblos venidos de las estepas del norte, de los
desiertos del noroeste y de los bosques de Siberia. A veces únicamente pudieron
pillar y huir, otras fueron expulsados por los chinos fuera de los territorios
que normalmente ocupaban y otras veces más pudieron controlar partes de China y
establecerse como soberanos en regiones pobladas mayoritariamente por chinos.
En muchas ocasiones adoptaron la lengua, las costumbres y la cultura china y
frecuentemente utilizaron un sistema dual de administración: uno para ellos y
otro para sus súbditos chinos. La historia de los pueblos de Asia Central y de
las estepas aún no ha sido escrita definitivamente y son esos pueblos, casi
todos nómadas o seminómadas en sus orígenes, los que unen el continente
asiático con Europa y con el norte de África.
Entre
esos pueblos hay una gran variedad de orígenes étnicos, lenguas, organización
social y grados de adelanto cultural. Sin embargo, en todos los casos, se
trataba de pueblos cuya economía era más precaria que la china y en muchas
ocasiones sus acciones bélicas respondían a necesidades económicas. Estaban
organizados en clanes dirigidos por jefes tribales, eran buenos guerreros y
mucho mejores jinetes que los chinos. Además, sobre todo en los casos de los
nómadas, tenían una mayor movilidad y agilidad que los sedentarios chinos.
En
momentos de crisis y de debilidad política los chinos estaban en desventaja y
en estos casos ninguna muralla podía contener a los invasores, pero en muchas
ocasiones pudieron hacer frente a los incursores, expulsarlos y empujarlos a
lugares remotos. A la habilidad guerrera de los nómadas, los chinos oponían una
tecnología mejor, armas más avanzadas y también su mayor astucia diplomática.
No siempre había guerra y el movimiento comercial en la frontera fue de una
gran vitalidad. Muchos chinos sirvieron a amos extranjeros ofreciendo sus
conocimientos agrícolas, administrativos y artísticos, y muchos «bárbaros»
engrosaron las filas de los ejércitos chinos. Siempre se ha hablado de cuán
chinos se iban volviendo indefectiblemente los pueblos que, por alguna razón,
permanecieron en China, de tal manera que no se puede determinar, salvo en el
caso de los mongoles y los uigures, quiénes fueron sus antepasados. Poco se ha
estudiado la influencia que estos pueblos ejercieron sobre el Imperio, aun
después de largas temporadas de permanencia o de residencia definitiva en
China. La historiografía tradicional considera «bárbaros» a todos esos pueblos
y no reconoce aportaciones a la cultura china, como no sean algunos estilos de
montar a caballo.
Aún
queda mucho por estudiar, pero no cabe duda que los movimientos de empuje y de
repliegue que se sucedían en la frontera china tuvieron repercusiones en el
mundo occidental. Los xiongnu, tribus túrquicas cuyas contiendas con
China duraron varios siglos, tras ser rechazados invadieron la India y
destruyeron a los Gupta en el siglo VI,
llegaron a los montes Urales y fueron los antepasados de los húngaros;
probablemente también sean los antepasados de los hunos, quienes, comandados
por Atila, sembraron el terror en Europa en el siglo V.
Los escitas (o yuezhi), desplazados por los xiongnu, fueron a Persia,
conquistaron Bactria y en el siglo I fundaron
la dinastía Kushan en el norte de la India, en Gandara; al convertirse al
budismo, llevaron a China esta religión, así como también el arte griego.
Los xianbei, de origen mongol, controlaron el norte de China durante
años y fueron absorbidos por los toba, tribus túrquicas que establecieron la
dinastía Wei del norte en los siglos IV y V.
Los ruan-ruan, quienes dominaron Mongolia en el siglo V,
fueron vencidos por los tujue (turcos), llegaron al Turquestán ruso
y, con el nombre de ávaros, pelearon en Bizancio contra los eslavos y los
búlgaros (que tal vez son descendientes de los xiongnu). Los tujue controlaron
Mongolia, el Turquestán ruso, Afganistán y toda Asia Central, pero Tang acabó
con su poder y se dividieron en dos grupos: el oriental, que permaneció en
Mongolia, y el occidental, que creó dos imperios en Asia Menor (Seljuk y
Kipchak), Después de la época de los mongoles, en Samarkanda, bajo el mando de
Timur (Tamerlano), saquearon Moscú, invadieron la India y destruyeron Persia.
En la India, más adelante, establecieron el Imperio mongol. En Asia Menor, los
turcos fundaron el Imperio otomano y conquistaron Bizancio, dominando así todo
Oriente Medio hasta 1922. Los uigures, turcos aliados de los Tang, emigraron en
el siglo IX a Asia
Central, se instalaron alrededor de Turfán (en Xinjiang, el Turquestán chino) y
fueron, hasta la conquista de los mongoles en el siglo XIII,
la élite cultural del desierto, y aún existen en China como minoría étnica de
habla túrquica.
Del
siglo X al XIII aparecieron
en el norte de China pueblos esteparios mucho mejor equipados y organizados que
los que habían pasado anteriormente por allí. Sus armas eran mucho más
avanzadas, sus conocimientos de estrategia más completos y sus motivaciones más
complejas. Ya no eran hordas que hacían incursiones o mercenarios que tomaban
el poder en el lugar en el que se encontraban, sino pueblos mejor organizados
que emprendieron verdaderas guerras de conquista. Durante la época Song, el
norte de China estuvo primero parcial y luego totalmente en manos de pueblos no
chinos y, al final de la dinastía, toda China cayó bajo el poder mongol.
La dinastía Liao de los kitanes (937-1125)
Descendientes
de los xianbei, los kitanes eran pastores nómadas, pero a partir de 916, bajó
el liderazgo del jefe Yelu Abaoji, dominaron Manchuria, Mongolia Oriental y
parte del norte de China, y desarrollaron la agricultura. En 947, los kitanes
se movieron hacia el sur, capturaron dieciséis prefecturas del norte de China y
tomaron el nombre Liao. Su conversión a la cultura china fue hecha a medias y
mantuvieron dos gobiernos, uno para chinos y otro para kitanes. Empleaban a
chinos para la administración, la agricultura y la infantería, pero no veían
con buenos ojos los matrimonios mixtos. Sus costumbres familiares no se
parecían a las chinas y las mujeres tenían mayor libertad y poder económico. La
religión de los kitanes era animista, creían en espíritus y en la magia y
empleaban a chamanes y brujos. Es interesante mencionar que «kitan» fue el
origen del nombre con el que Marco Polo habrá de referirse a China, «Catai», y
que, en ruso, China se dice «Kitai».
El
reino Liao tuvo problemas con Song, que deseaba unificar China. Finalmente, a
partir de 1004, los emperadores Song tuvieron que pagar un tributo de 100 000
onzas de plata y 200 000 balas de seda al año. En 1125, los ruzhen, otro pueblo
estepario, conquistó Liao y los kitanes huyeron al oeste, estableciendo en el
Turquestán ruso un estado, Kara Kitai, que fue destruido por los mongoles en el
siglo XIII.
El reino Xi Xia de los tangutanos (1038-1234)
Los
tangutanos eran un pueblo tibetano que había fundado un reino en la región de
Gansu, en el noroeste de China, llamado Xi Xia (Xia Occidental). Su economía
combinaba la agricultura de riego, el pastoreo y el comercio. Mantuvieron
primero relaciones tributarias con China, pero en 1038, con el rey Li Yuanhao,
se declararon independientes, adoptaron el sistema de gobierno chino y se
convirtieron al budismo, transformándolo en la religión del estado. Fueron
ellos los que guardaron una gran cantidad de escritos y reliquias en las cuevas
de Donghuang, recién descubiertas en 1900.
La dinastía Jin de tos ruzhen (1122-1234)
Los
ruzhen eran de lengua tungusa y provenían de los bosques del norte y del este
de Man chuna. Eran cazadores, pescadores y agricultores. Al principio fueron
vasallos de Liao, pero en 1115 un jefe llamado Aguda se rebeló, unió a varias
tribus y se proclamó emperador. Fundó la dinastía Jin en 1122 y conquistó Liao.
Los
Song se habían aliado con los ruzhen en contra de Liao, pero Jin siguió su
conquista hacia el sur. En 1126, los ruzhen capturaron la capital de Song,
Kaifeng, y llegaron hasta el río Huai, obligando a los Song a replegarse hacia
el sur.
A
pesar de haber adoptado muchas instituciones chinas parecidas a las de la
dinastía Tang, los ruzhen guardaron su identidad, usaron una escritura
diferente y conservaron usos y costumbres propias. Desarrollaron una gran
capacidad militar e instalaron familias ruzhen a todo lo largo de la frontera
norte.
Poco
a poco la influencia china se hizo más grande y los ruzhen se sintieron
atraídos por esta cultura; tradujeron la literatura y los clásicos confucianos
y escribieron poesía china. Mientras tanto, ajenos a la contienda por el poder,
los súbditos chinos se dedicaron a cultivar la literatura y las artes. La
capital estaba en Yanjing (la actual Beijing).
Los
conflictos con Song del Sur y las guerras contra los mongoles minaron a Jin.
Primero, en 1215 perdieron su capital y se mudaron a Kaifeng; finalmente, en
1234, fueron conquistados por los mongoles.
Los mongoles y la dinastía Yuan (1279-1368)
Es
aún tema de discusión entre los estudiosos del área de Asia Central la razón
del surgimiento del poder de los mongoles. En el siglo X,
eran todavía pueblos y tribus esparcidos por las llanuras de Siberia Oriental
que pertenecían al mismo grupo lingüístico. ¿Cómo llegaron a conquistar la
mayor parte del mundo conocido en dos siglos, sin tener siquiera el aliciente
del proselitismo religioso de los árabes? Para algunos estudiosos la razón se
encuentra en la misma precariedad de la existencia nómada, carente de
autosuficiencia en granos y armamento, lo cual empujaba a los pueblos nómadas
hacia lugares donde las poblaciones sedentarias poseían lo que les faltaba.
También fue importante la aparición oportuna de un gran jefe militar que supo
aprovechar la vitalidad guerrera de su pueblo en contra de un mundo sedentario
en decadencia. China estaba ya dividida; la dinastía Jin de los ruzhen había
pasado su época de vigor y los Song del Sur no eran precisamente un pueblo
guerrero. En Asia Central, los uigures ya no tenían el poder militar que los
hacía temibles en la época Tang y los turcos y árabes de la región, cinco
siglos después de la conquista árabe habían perdido su fervor guerrero.
El
jefe que unió a las tribus mongolas fue Temujin (1155-1227), mejor conocido
como Gengis Khan (Jefe Universal), título que tomó en 1203. Tres años más
tarde, en una asamblea de todos los líderes mongoles (kuriltai) fue
elegido gran Khan. Gengis Khan ha pasado a la historia occidental como uno de
los conquistadores más crueles y sanguinarios, el anticristo mismo; para los
chinos del norte, cuyas ciudades arrasó y quemó, fue un feroz conquistador. Sin
embargo, Gengis Khan era un hombre astuto y con sentido político que logró unir
en un imperio a los diferentes jefes, clanes y tribus dándoles un código común
de leyes, rodeando su persona con un aura casi divina. También aprovechó la
capacidad administrativa de los uigures y otros pueblos conquistados y uno de
sus consejeros, el kitano Yelu Chucai (1190-1244), fue quien lo persuadió de
que no convirtiera a China en una gran región de pastoreo, porque había otras
formas de explotación de sus riquezas. Así, conquistó el norte de China y
Manchuria, destruyó el reino Xi Xia, invadió Kara Kitai y llegó hasta el sur de
Rusia.
El
imperio de Gengis Khan se dividió en cuatro Khanatos: 1) el gran
Khanato, dirigido por Ogodai, con sede en Karakorum, Mongolia Exterior, que
contenía a Mongolia, Manchuria, Corea y la China conquistada; 2) el
Khanato de Chagatai, en Asia Central; 3) el Khanato de Kipchack, en
Rusia y, 4) el Il-Khanato de Persia. Durante algún tiempo se mantuvo
cierta unidad entre los Khanatos. Cada vez que se confirmaba a un gran Khan, se
hacía mediante una asamblea general. Sin embargo, las influencias regionales se
hicieron sentir; cada una de las regiones conquistadas tenía una cultura y
necesidades diferentes. Ogodai (r. 1229-1241), sucesor de Gengis Khan en Asia
Oriental, comenzó un proceso de organización y aceptó ensayar algunas formas
chinas de administración, gracias también a Yelu Chucai, quien lo convenció de
adoptar medidas fiscales que podían producir ingresos regulares para el estado.
En 1229 se instaló un sistema postal, se fijaron impuestos a la propiedad y se
construyeron graneros públicos. A Ogodai lo sucedió Mangu (r. 1251-1259), quien
no pudo conquistar Song del Sur. Esta tarea habría de realizarla el nieto más
destacado de Gengis Khan, Kublai (r. 1260-1294). Los mongoles estaban
encaminándose hacia una administración copiada de los chinos y pronto se dieron
cuenta que era un método más eficaz que el de destruir todo para ampliar las
tierras de pastoreo. Un consejero que tuvo gran influencia fue Liu Bingzhong,
exmonje budista que sirvió a Kublai Khan y quien en 1267 emprendió la
construcción de la nueva capital Khanbalik (Beijing), a donde se trasladó la
administración que antes se encontraba en la región de Ulan Bator (actual
Mongolia Exterior).
Kublai Khan y la conquista de Song del Sur
La
conquista del sur de China y la expansión de los mongoles en el sudeste de Asia
fueron tareas mucho más difíciles que las demás conquistas emprendidas por
Kublai Khan. En cuanto a los intentos por conquistar Japón, todos fracasaron.
El este de Asia, por otra parte, era una región densamente poblada, poseía gran
experiencia en enfrentamientos con pueblos del norte y un alto nivel
tecnológico alcanzado durante Song, hechos todos que demoraron su conquista. Al
mismo tiempo, la paulatina transferencia de esa misma tecnología permitió que
los mongoles pudieran, en última instancia, vencer a Song. En primer lugar tuvo
una importancia capital el vaciado del hierro. Los kitanes habían aprendido la
técnica de los chinos y la transmitieron a los ruzhen, quienes, a su vez,
dejaron que los mongoles la aprendieran. El hierro era utilizado para fabricar
armas ofensivas, defensivas, carros blindados y otras herramientas de guerra.
La conquista del norte de China no solamente puso en contacto a los pueblos
enemigos con la tecnología china, sino que cortó parte de las fuentes de hierro
y de carbón para los chinos mismos. La pólvora también fue bien aprovechada por
los ruzhen y transmitida a los mongoles, quienes la utilizaron para abatir
fortificaciones chinas.
Además
de la tecnología, los mongoles contaban con una poderosa caballería que
únicamente podía ser detenida por el agua. Song utilizó tal estrategia, para lo
cual construyó canales, fosas y lagos artificiales, además de una poderosa
flota. Pero los mongoles también construyeron barcos y en 1270 pudieron
enfrentarse a los chinos tanto en los ríos como en el mar.
La
conquista de Song del Sur fue varias veces demorada porque los mongoles estaban
peleando en otros lugares. En 1253, bajo el reinado de Mangu Khan, Kublai, su
heredero, conquistó el reino de Nan Zhao (Dali), entró en Tibet e hizo un pacto
con el soberano, En 1257 conquistó a Anam, y a través de Guangxi y de Hunan
sitió la ciudad de Wuchang a orillas del río Yangtse.
Cuando
Mangu murió en 1259, Kublai tuvo que arreglar un tratado de paz con el
canciller Song, jia Sidao (1213-1275), porque le urgía ir
al kuriltai de los Khanes en busca del mando del Imperio mongol.
Conseguido esto, y ya consolidada su posición, volvió una vez más su atención
hacia Song, En 1264, Hayan, ministro y general de Kublai Khan, inició una
campaña militar que no fue fácil. Durante cinco años, desde 1268 hasta 1273,
los chinos defendieron las ciudades Xiangyang y Fancheng en Hubei. Cuando
finalmente cayeron estas dos ciudades, estaba libre el camino hada Hangzhou,
que cayó en 1276. El emperador, un niño aún, fue tomado prisionero; otro
heredero logró huir a Guangzhou, pero también esta ciudad fue capturada en
1277. Varios miembros de la corte, entre ellos un niño pretendiente al trono,
se hicieron a la mar, pero, después de una enconada batalla naval, en 1279, los
chinos fueron vencidos y el último heredero de Song perdió la vida.
Incluso
antes de la conquista final, en 1271, Kublai ya se había proclamado emperador
de China y había adoptado el nombre dinástico Yuan, es decir, el «Principio»,
el «Origen». Es así como una dinastía extranjera pudo por primera vez dominar
toda China, demandando que su legitimidad como heredera de la tradición
establecida por Han y Tang fuera reconocida. Los mongoles habían conquistado
China por la fuerza de las armas, pero trataron de establecer su mandato con
argumentos de legitimidad civil, indispensables para gobernar a una nación en
la que esta clase de argumentos estaban hondamente arraigados.
Kublai
Khan trató de dominar Japón y todo el sudeste de Asia. Primero intentó hacerse
reconocer como soberano por los shogunes japoneses, pero no recibió respuesta.
Entonces, en 1274, envió una flota, pero la expedición fracasó a causa de una
tormenta. Una vez más envió emisarios, pero fueron decapitados en Kamakura. En
1281 envió dos flotas, una desde Corea y otra desde el delta del rio Yangtse y
otra fuerte tormenta destruyó los barcos. Los japoneses creyeron entonces
firmemente que un viento sagrado (kamikase) los protegía. En el
sudeste de Asia, los mongoles tuvieron victorias y sufrieron algunos reveses,
pero tanto Tibet como Birmania, Siam, Anam y Champa (Vietnam del Sur)
reconocieron la soberanía del Khan. Un ataque a la isla de Java no tuvo éxito
por culpa del calor y de las enfermedades tropicales que aquejaron a los
mongoles.
La administración
Los
mongoles primero intentaron gobernar China dividiéndola entre los jefes
tribales que no tenían mucha experiencia administrativa, pero muy pronto se
dieron cuenta de que era un país demasiado complejo y, poco a poco, volvieron a
la estructura esencial de administración china y cumplieron, por conveniencia,
con ciertas formas del ritual chino. Lo que más les interesaba era encontrar
una manera eficiente para explotar la riqueza y los recursos del país.
Siguiendo el modelo Tang y Song, seis ministerios dirigían las actividades del
país, coordinados por un Secretariado. Paralelamente al Secretariado,
funcionaban la Oficina de Asuntos Militares y el Censorado.
En
la administración provincial, entre el gobierno central y las prefecturas y
distritos tradicionales, existía otro nivel que finalmente evolucionó en lo que
son hoy las provincias chinas (sheng). En todo el país, tropas
mongolas ejercían una estrecha vigilancia. Se ha hablado mucho de la gran
centralización del poder durante la administración de los mongoles, pero
estudios más recientes tienden a demostrar que esta centralización aparente era
más bien tenue, que los órganos centrales gobernaban un territorio limitado
alrededor de la capital y que los gobiernos locales tenían sus propias
administraciones. Esta autonomía parcial puede explicar también las diferencias
en las reacciones de los chinos frente a la dominación mongola y la variedad de
opiniones que existen sobre la naturaleza de esta dominación que, según algunas
fuentes, era de una crueldad y tiranía intolerables y, según otras, tenía
características de mayor tolerancia que el régimen chino de otras épocas.
Los mongoles y los chinos
Aun
aceptando que hubo variaciones regionales en las relaciones entre mongoles y
chinos, existen algunos hechos que nos hacen reconocer conflictos reales entre
los dos pueblos. En primer lugar, las costumbres de los mongoles eran
totalmente diferentes, desde su manera de vestir y de comer y sus hábitos de
higiene hasta la posición de sus mujeres. A los chinos les horrorizaba que
bebieran leche y comieran queso, se vistieran con pieles, se embriagaran y que
además permitieran a las mujeres una libertad inconcebible para los
confucianos. El idioma mongol es totalmente distinto del chino y la escritura
una adaptación del uigur y no del chino. Finalmente, la aceptación de la
cultura china por parte de los mongoles no fue muy convincente y se limitó a
algunas manifestaciones exteriores, lo cual contribuyó a crear sentimientos de
desprecio y desconfianza mutuos.
Los
mongoles limitaron el acceso de los chinos a puestos altos y prefirieron
emplear a extranjeros: musulmanes y nestorianos de Asia Central y de Medio
Oriente, y europeos. También había discriminación legal contra los chinos. La
población estaba dividida en varios grupos: a) los
mongoles, b) los extranjeros, c) los chinos del norte
y d) los chinos del sur. Los mongoles tenían los puestos más altos y
confiaban los puestos secundarios a los no chinos; finalmente, en lo más bajo
de la escala social, estaban los chinos y, entre ellos, los del sur eran los
más discriminados. Había diferentes códigos legales para las distintas
categorías y siempre los chinos eran tratados con más severidad. Se prohibía
contraer matrimonio entre los diferentes pueblos y en muchos casos se prohibía
cambiar de profesión, convirtiendo de esta manera a algunos grupos —artesanos,
trabajadores en las minas de sal y otros— prácticamente en esclavos. Los
mongoles podían portar armas y los chinos no. La élite mongola se mantenía
separada y el Khan conservaba su capital de verano en Shangdu, Mongolia
Oriental. Cuando se organizaron una vez más los exámenes para acceder a la
burocracia en 1315, se ideó un sistema de cuotas: la mitad de los puestos se
guardaba para mongoles y extranjeros, y la otra mitad estaba dividida entre
chinos del norte y chinos del sur. Como el sur contenía a un ochenta por ciento
de la población china, este sistema fue discriminatorio y fomentó grandes
resentimientos.
La economía
Los
mongoles no cambiaron drásticamente la economía china y se adaptaron a los
sistemas existentes. En el norte usaron un sistema fiscal parecido al que se
usaba a principios de Tang, que comprendía el pago en granos y en tejidos. En
el sur impusieron el «doble impuesto» de fines de Tang, cobrando en el verano
un impuesto en granos y en otoño otro en tejidos, según el tamaño de la
propiedad. Tanto en el norte como en el sur se imponían largas temporadas de
servicios obligatorios en obras públicas, el correo y el ejército.
Hay
cierta polémica sobre la severidad de la carga impositiva que seguramente
difería según la región y según el grado de corrupción de los oficiales a cargo
de la recaudación. Sin embargo, los intereses de las clases poderosas no fueron
lesionados y las grandes propiedades siguieron intactas con todo el sistema
casi feudal de las condiciones que prevalecían. En el sur la situación de los
campesinos fue peor que en el norte. Por un lado, siguieron existiendo los
grandes latifundios y, por otro, la tierra que a fines de Song había comprado
el estado para aliviar la carga de los campesinos fue confiscada por los
mongoles para beneficio de particulares. La desigualdad social aumentó en esta
época y muchas de las rebeliones que estallaron tenían raíces netamente
económicas.
Los
mongoles promovieron la actividad comercial que adquirió proporciones muy
grandes tanto dentro como fuera del Imperio. El comercio no estaba en manos de
los chinos, sino más bien en las de comerciantes árabes y persas de religión
musulmana. Los árabes transportaban mercancías al sudeste de Asia y al Océano
Indico y muchos persas estaban involucrados en la recolección y el transporte
de los impuestos en granos; eran además usureros que prestaban dinero a los
mongoles con intereses muy altos. Durante la dominación mongola, el papel
moneda se convirtió en moneda única y nacional y se prohibió la circulación de
metales preciosos. Esto, sin embargo, no impidió una gran fuga de metales al
exterior y finalmente una gran inflación por el abuso de la impresión de papel
moneda.
El
problema del transporte, de sur a norte, del excedente agrícola y otros
productos hizo que se abriera una nueva rama del gran canal que unía a Hangzhou
con la nueva capital Dadu (Beijing), también conocida como Khanbalik (ciudad
del Khan) y Cambaluc, como la llamó Marco Polo. Las obras terminaron en el
siglo XIV y más
adelante se trazó una carretera de aproximadamente mil seiscientos kilómetros a
lo largo del canal. Mientras tanto se utilizó una ruta de transporte marítimo:
de la desembocadura del río Yangtse los barcos iban a Nanjing, luego a Tianjin
y de allá a Beijing.
En
general, China quedó empobrecida por los mongoles; la agricultura no
experimentó gran incremento, aunque dos nuevos productos cobraron importancia:
el sorgo en el norte y el algodón en el sur. La confiscación de tierras y el
mantenimiento de los privilegios de los terratenientes ricos agravaron aún más
la situación precaria de los campesinos y hubo hambrunas y desolación. Uno de
los resultados fue la disminución de la población, que de 100 millones durante
las dinastías Jin y Song del Sur, bajó a cerca de 60 millones a fines de la
dinastía Yuan.
China y el mundo
Los
contactos del este de Asia con Asia Occidental, Asia Central y Europa existían
desde épocas muy antiguas, pero en los siglos XIII y XIV todas
las rutas que unían a China con el mundo occidental cobraron mayor importancia,
fueron más transitadas y, algo muy trascendental, algunos de los viajeros
dejaron relatos de sus experiencias. Los mongoles, en su afán por fomentar el
comercio y gracias a su control de toda Asia Central, facilitaron los viajes y
establecieron, a todo lo largo de las rutas, puestos y puntos de descanso y de
abastecimiento.
Las
dos razones más poderosas que impulsaban a los viajeros eran la religión y el
comercio. En primer lugar debemos mencionar la difusión del nestorianismo, fe
cristiana herética con sede en Medio Oriente que se había propagado, a través
de Persia, hacia el centro y el este de Asia. El nestorianismo, que era
conocido en la época de Tang, había desaparecido, pero surgió una vez más entre
los kitanes y los ruzhen, y muchos uigures y mongoles se convirtieron a él. La
madre de Kublai Khan era nestoriana y hubo nestorianos en varias partes de
China, algunos de los cuales ocuparon altos puestos.
También
de Europa llegaron misiones político-religiosas en un intento por conseguir la
alianza de los mongoles en contra de los sarracenos y para explorar la
posibilidad de evangelizar a un pueblo cuyas convicciones religiosas no
tuvieron nunca el fervor y fanatismo del islam. Entre los misioneros enviados
por papas y reyes figuran varios franciscanos. Giovanni dal Piano dei Carpini,
enviado a Mongolia por el papa Inocencio IV desde Lyon, en 1245, regresó dos
años más tarde y escribió un informe; William de Robruck, quien formaba parte
de una misión de Luis IX de Francia en 1253, llegó a Karakorum y escribió un
detallado y agudo informe de lo que allí pudo observar; Giovanni de
Montecorvino, enviado por el papa Nicolás IV en 1289, llegó a Beijing en 1295 y
allí predicó, construyó una iglesia, formó un coro de niños y bautizó a 6 000
personas. En 1307, el papa Clemente V lo nombró arzobispo de Beijing y envió a
tres frailes para ayudarlo. Es posible que la mayoría de los conversos hayan
sido extranjeros porque no hay testimonios chinos sobre esta misión que pronto
desapareció. Finalmente, Odorico de Pordenone llegó por mar a Guangzhou,
después de atravesar Constantinopla, Irán, la India y el sudeste de Asia. De
Guangzhou partió a Fuzhou y de allí, por tierra, a Hangzhou, y por el Gran
Canal a Beijing; finalmente regresó a Padua en 1330. Su relato contiene
observaciones sobre varias costumbres chinas como los pies vendados y las uñas
largas de los mandarines.
Los
comerciantes que viajaron a China deben haber sido muy numerosos, pero entre
los europeos el único que dejó un relato de su viaje fue Marco Polo, un
mercader veneciano. Antes de Marco, su padre, Niccolo, y su tío Maffeo habían
llegado a China a través de Constantinopla y el Turquestán chino, en 1262.
Kublai Khan envió con ellos una solicitud al papa, pidiendo que le enviara 100
técnicos europeos. (A los mongoles les gustaba emplear agente que conocía una
técnica o un oficio. A veces lo hacían por la fuerza y trasladaban grupos de
personas de una parte del Imperio a otra. En Beijing, por ejemplo, había una
gran cantidad de artesanos rusos.) En un segundo viaje los hermanos Polo
llevaron al joven Marco y presentaron los saludos del papa Gregorio X a Kublai.
Llegaron primero a Shangdu y luego, en 1275, a Beijing. Marco entró al servicio
del Khan, fue gobernador de Yangzhou y cumplió otras misiones para el soberano
mongol. En 1292 se embarcó en Quanzhou, pasó por Vietnam, Java, Malaya, Ceylán,
Irán y volvió a Venecia. Al caer preso en manos de los genoveses, dictó sus
memorias a un escritor que estaba encarcelado con él. Su relato, conocido
como La descripción del mundo o Il Milione (El
millón), tuvo impacto enorme pues fascinó a sus contemporáneos, pero
también los hizo dudar de la veracidad de lo que contaba. Lo que Marco Polo
transmitió a Europa sobre la grandeza y la cultura de China (Catai, como la
llamaba) parecía increíble. A pesar del escepticismo que provocó, el libro
ejerció gran influencia y se dice que Cristóbal Colón siempre llevaba consigo
un ejemplar.
Los
contactos con Europa fueron menos frecuentes e importantes que los que tuvo
China con Asia Occidental. Desde Tang y Song, árabes y persas estaban
instalados en puertos del sur de China; ahora su presencia era aún más notable.
Un viajero árabe, Ibn Battuta, hizo a partir de 1325 un viaje que lo llevó
hasta China en donde visitó Quanzhou, Guangzhou y Beijing y dejó un relato
lleno de detalles sobre la tecnología china, el papel moneda, el uso del carbón
y la manufactura de la porcelana. La influencia cultural árabe y turca se
sintió en China a través del islam, que tuvo un verdadero arraigo y no
desapareció como el cristianismo. Además, hubo influencia persa en la
astronomía, la cerámica, la música y la arquitectura.
Los
chinos también viajaron y recorrieron el imperio mongol y llegaron a Rusia,
Irán y toda Asia Central en donde en muchos casos se establecieron. Con ellos
llevaron tecnología y formas artísticas y no es raro ver la influencia de China
en el arte persa, en las miniaturas, la cerámica y la arquitectura. Como ya
hemos mencionado antes, Europa recibió, a través del Imperio mongol, la
pólvora, el papel moneda, la imprenta, porcelanas, barajas, medicinas.
Los
viajeros chinos han dejado testimonios y el más importante es el de Rabban
Sauma, un monje chino nestoriano que decidió ir a Tierra Santa. Primero fue a
la corte del Il-Khan, en Mesopotamia, y en 1278 fue enviado a Europa para pedir
ayuda en contra del islam. Vio a Felipe IV de Francia y a Eduardo I de
Inglaterra en Gasconia y visitó al papa en Roma. En su relato describe famosas
iglesias francesas y la universidad de París.
En
esta época se inicia la colonización de varias regiones del sudeste de Asia por
parre de los chinos. Cuando Song del Sur cayó en manos de los mongoles, muchos
chinos emigraron a Vietnam y cuando los mongoles hicieron campañas en Vietnam,
Camboya, Birmania y java, utilizaron soldados chinos que luego se quedaron en
estas regiones donde florecieron, a través de los años, abundantes colonias
chinas.
La cultura
La
unidad cultural que enlaza a la China de Song con la de Yuan es una prueba más
de la permanencia y resistencia de las formas chinas durante largas épocas de
influencia extranjera. Los mongoles se interesaron medianamente en esta
cultura, pero no la reprimieron y muchos extranjeros de Asia Central
participaron en su enriquecimiento como letrados, pintores y calígrafos. Se
siguieron, como siempre, haciendo historias dinásticas y fueron elaboradas las
historias de Song, Liao y fin. Los puntos más sobresalientes en la cultura
durante Yuan fueron el florecimiento de una gran variedad de cultos religiosos
y el desarrollo del teatro.
Religiones
Los
mongoles no eran adeptos de una religión exclusiva; se sintieron atraídos hacia
diferentes cultos y sectas con trasfondo mágico y afines a sus creencias
ancestrales. La tolerancia que mostraron hacia una gran variedad de religiones
molestó a los letrados chinos, que consideraban todos los cultos distintos del
confucianismo como meras supersticiones de «bárbaros». Todos los templos y
lugares de culto fueron exentos de impuestos y, por ello, el clero pudo
adquirir tierras y, a veces, incluso enriquecerse. El confucianismo no fue
descuidado y los letrados chinos pudieron proseguir con sus estudios de
neoconfucianismo, aún más ahora que eran menores las oportunidades para hacer
una carrera burocrática y mayor el tiempo disponible para la especulación filosófica.
Oficialmente se declararon ortodoxas las doctrinas de Zhu Xi y se estableció al
confucianismo como religión oficial. Eso, claro está, no tenía nada que ver con
la verdadera vida religiosa del pueblo ni de los emperadores mismos.
Ya
hemos hablado de la propagación del nestorianismo y del catolicismo, pero
ninguna de estas dos religiones tuvo una influencia duradera en China. Por otro
lado, el islam fue mucho más resistente y tuvo mayores consecuencias.
Comunidades musulmanas florecieron en el norte de China, en el noroeste (en
Gansu y Xinjiang) y en el sur (en Yunnan), se mezclaron con chinos y formaron
minorías celosas de su autonomía. Más adelante, en los siglos XVIII y XIX,
tendrán confrontaciones serias con el gobierno chino y se alzarán en rebeliones
sangrientas.
El
daoísmo, que durante la dinastía Jin se había ampliado con nuevas sectas,
atrajo a los mongoles, tal vez porque contenía elementos de magia, y sus
monasterios y adeptos se multiplicaron. El budismo fue patrocinado por los
emperadores y se construyeron miles de monasterios, En esta época apareció una
nueva secta llegada del Tibet, el lamaísmo, que tuvo un gran éxito. Esta secta
es una combinación de cultos mágico-chamánicos tibetanos y de budismo. Se usan
símbolos y círculos (mandalas), fórmulas mágicas (mantras) y los sacerdotes se
llaman «lamas», o sea, «los superiores». El lamaísmo agradó mucho a los
mongoles y en el siglo XIII se
difundió tanto en Mongolia como en China.
El
aspecto menos grato del éxito del lamaísmo fue el poder que adquirió una serie
de lamas favorecidos por los emperadores. El primero, un monje tibetano llamado
Phags-pa (1239-1280), se ganó la confianza de Kublai Khan, obtuvo el titulo
de guoshi, es decir, «maestro imperial», y fungió casi como patriarca
de todas las Iglesias. Más adelante, los lamas tuvieron influencia política y
un gran poder económico, según fuentes chinas, gracias al favor imperial y a
prácticas poco lícitas de corrupción y extorsión. Se cuenta que un lama tuvo la
osadía de profanar las tumbas de los reyes Song para saquearlas. Sea como
fuere, el lamaísmo como religión perduró en la región de las estepas y tuvo una
gran influencia sobre el arte budista en China, lo que aún se puede apreciar en
templos de Beijing y de otras ciudades importantes.
Literatura
La
dinastía Yuan es famosa por el teatro, que se perfeccionó en esa época. En Song
ya se habían dado los elementos que conducirían al desarrollo de un teatro en
lengua vernácula, porque en las ciudades habían proliferado narradores de
cuentos y recitadores públicos, espectáculos de características casi teatrales.
En la dinastía Jin apareció una forma teatral, el zaju, que floreció
durante la dinastía Yuan. El zaju tiene una trama complicada y
combina actuación —mímica, diálogos, monólogos—, acrobacia, danza y canto. Su
lengua es una mezcla de habla vernácula y lengua culta. El origen de los
argumentos se encuentra en los cuentos de la dinastía Tang, como por ejemplo la
magnífica obra de Wang Shifu (ca. 1300), Xixiangji (El pabellón
del oeste), o en cuentos tradicionales contados por los narradores callejeros.
El exagerado maquillaje, los símbolos, las convenciones, los estereotipos, los
gestos y los falsetes característicos de la ópera china fueron desarrollados en
esa época, si bien muchas de las obras de los siglos XIII y XIV todavía
se representan.
El
teatro-ópera tuvo variantes regionales; en el sur, por ejemplo, apareció como
un género un poco diferente, el nanxi (teatro del sur), que tiene
mayor libertad en sus formas musicales y en el cual, además de las arias,
pueden intervenir al mismo tiempo varias voces. Los dos
estilos, zaju y nanxi, fueron muy populares en los siglos
posteriores hasta que el nanxi, también conocido
como quanqi en Ming, se volvió el más común. En el siglo XVI,
en Suzhou, apareció otra variante
del nanxi, el kunqu, famoso por la dulzura de sus melodías;
finalmente, los diferentes géneros regionales formaron una nueva variante
híbrida, la ópera de Beijing.
IX. RESTAURACIÓN DEL MANDO
CHINO Y PRINCIPIOS DEL DESPOTISMO
Caja
azul y blanca de la dinastía Ming, era Longging (1567-1573).
|
C |
ON
LA DINASTÍA Ming se inicia una época de estabilidad y de
afianzamiento de las formas culturales chinas que se manifiesta en las
instituciones políticas, la sociedad, la educación, el pensamiento y la
tradición. Después de los cambios y las transformaciones que sufrió hasta Song,
cuando en muchos aspectos dejó atrás al mundo occidental, China parece
detenerse, consolidar lo ya logrado y volverse hacia dentro. Su evolución, a
partir de ese momento, no seguirá un curso explicable mediante un patrón
occidental y será vista desde fuera como la China inmutable, estática, eterna y
misteriosa. Aun liberándose de estos prejuicios que no corresponden a la
realidad, es cierto que el vuelco de China hacia dentro —en parte como reacción
a la dominación de los mongoles— le hace descubrir una vez más la excelencia de
su tradición, a la cual prefiere referirse para encontrar respuestas, negando
así lo que en Occidente se considera progreso e innovación.
Sin
embargo, Ming no es un periodo monolítico, como tampoco lo fue ningún otro
periodo tan largo en la historia de China. En sus comienzos, Ming fue la
contradicción misma de lo que sería después. A pesar de querer romper con el
pasado de dominación mongola hubo continuidad de una dinastía a la otra. Al
comienzo, los militares fueron honrados y ennoblecidos y más adelante fueron
desplazados por los letrados; a pesar de la expansión de China y su
consolidación como potencia marítima a principios de la dinastía, tanto el
comercio exterior como la navegación fueron marginados; el contacto con los
demás pueblos fue intenso, pero luego se afianzó la idea de la superioridad de
la cultura china y creció la desconfianza hacia los que eran ajenos a ella. La
mayor contradicción de Ming es, sin embargo, la enorme brecha existente entre
el pensamiento filosófico individual y la práctica en la política. Tenemos el
florecimiento de ideas individualistas y un rechazo a la autoridad y, a la vez,
la presencia de un régimen político en el cual la autoridad se cristaliza en el
mandato despótico del emperador.
Es
ésta la China que conocieron y admiraron los jesuitas, que codiciaron los
comerciantes europeos, que inició el mito del lujo refinado, de la sabiduría
milenaria, del despotismo ilustrado antes de llegar al final de la luna de miel
cuando los chinos, en el siglo XIX,
ya eran considerados paganos, dolosos y salvajes. Es la China que describió
fray Juan González de Mendoza en su libro Historia de las cosas más
notables, ritos y costumbres del gran reino de la China y cuya lengua
trató de explicar fray Martín de Rada en su Arte y vocabulario de la
lengua china. Es también la China que produjo las formas artísticas para
nosotros, típicas de ese país: las porcelanas azul y blanca, las pinturas de
personajes minuciosamente representados, etc. Es la época en que se inician los
contactos entre China y América, el continente recién descubierto, puente y
estación a través del Pacífico para acarrear mercancías y sacerdotes entre el
este de Asia y Europa. En pocas palabras, si en Occidente se tiene una imagen
de la China tradicional, ésa es la que se plasmó en la dinastía Ming.
El ocaso de la dinastía Yuan y el establecimiento
de la dinastía Ming
Los
sucesores de Kublai Khan no tuvieron ni su fuerza ni su capacidad. La falta de
reglas claras de sucesión en la tradición mongola provocó pugnas entre
facciones rivales y a veces sucesos sangrientos en la corte, en donde se
libraban crueles luchas por el poder. Esta situación provocó que el gobierno
fuera ineficiente en todos los aspectos y auspició también la desorganización y
la corrupción.
La
situación de inferioridad en la que se encontraban los chinos, que no permitía
el ascenso de los letrados y mantenía subyugados a los campesinos, provocó
reacciones de antipatía y aun de odio en contra de los mongoles. Los favores
otorgados a los extranjeros enajenaron a la población culta y el florecimiento
de cultos extraños fomentó un fanatismo religioso que se volvería un marco para
rebeliones populares.
En
el ámbito de la economía los problemas eran muy serios. El gasto público
excedió al ingreso, menguado por las evasiones fiscales de los poderosos y la
venalidad de los oficiales. Los problemas de otras regiones dominadas por los
mongoles repercutieron en el comercio con Asia Central, restándole ingresos al
estado. El abuso en la impresión de papel moneda, que no tenía el respaldo
necesario, generó una inflación que incrementó los problemas económicos.
Finalmente,
una serie de desastres naturales provocaron hambrunas y desesperación, lo cual
a su vez fomentó levantamientos populares. En 1344 se desbordaron las aguas del
río Amarillo y se dañó el Gran Canal, con lo cual todo el sistema de irrigación
del valle del río Huai se arruinó. Esto implicó la imposibilidad de transportar
el grano de sur a norte por vía fluvial, y provocó además una gran hambruna en
las regiones afectadas. El transporte por mar estaba obstaculizado por el
pirata Fang Guozhen, antiguo comerciante de sal, quien con una flota de más de
mil barcos hostigaba al gobierno en la costa de Zhejiang.
El
gobierno, no pudiendo dominar a Fang Guozhen, optó por acelerar el arreglo del
Gran Canal y trasladó una gran cantidad de mano de obra de las regiones más
afectadas por los desastres. Entre estos trabajadores había muchos seguidores
de grupos religiosos rebeldes y de sociedades secretas enemigas de Yuan.
Cuatro
grabados con escenas de la vida cotidiana pertenecientes a la dinastía Ming.
La
más importante de las sectas rebeldes era la del Loto Blanco, con raíces en el
culto del buda Amida, quien tenía el poder de hacer renacer a sus adeptos en
una Tierra Pura. En el siglo XIV en
vez de a Amida se adoraba a Maitreya, el buda del futuro, y se creía que podría
venir a este mundo y establecer aquí la Tierra Pura para sus adeptos. Otro
aspecto del culto del Loto Blanco era la influencia del maniqueísmo, que había
llegado de Asia Central con su doctrina de la pugna entre dos fuerzas, la
oscuridad y la luz (representada ésta por el buda Maitreya). Finalmente, el
Loto Blanco también introdujo la idea de la restauración de la dinastía Song.
Han Shantong, líder rebelde de Bozhou (en Anhui), pretendía ser un descendiente
del emperador Huizong de Song. Han y su seguidor Liu Futong formaron una
sociedad secreta y se dedicaron a levantar ejércitos que tenían como insignia
un turbante rojo.
Los
trabajadores del Gran Canal y los campesinos refugiados de las inundaciones del
río Amarillo fomentaron la formación de grupos en todo el valle del Yangtse. Al
ser capturado y ejecutado Han Shantong, estalló un movimiento conocido como la
Rebelión de los Turbantes Rojos. Los rebeldes obtuvieron muchas victorias,
dominaron parte del valle central del Yangtse y se extendieron hacia el norte y
el oeste. El hijo de Han Shantong, Han Liner, se proclamó emperador de Song en
1355.
Las
rebeliones provocaron la organización de varios grupos regionales
antigubernamentales o progubernamentales, pero el gobierno central ya había
perdido el control del Imperio, Zhang Shicheng, líder de uno de los grupos,
organizó a los trabajadores de la sal, tomó Suzhou, extendió su autoridad hasta
el norte de Zhejiang y se proclamó «príncipe». Otro líder, Guo Zuxing,
carnicero de profesión, inició su propio grupo al que se adhirió Zhu Yuanzhang
quien, más adelante, uniría China bajo una nueva dinastía.
Zhu
Yuanzhang (1328-1398) era hijo de campesinos del norte de Jiangsu, tierra natal
de su ilustre antecesor, Liu Bang (Han Gaozu), primer emperador de la dinastía
Han. Zhu perdió a toda su familia en la hambruna de los años cuarenta y entró a
un monasterio budista como sirviente. De allí tuvo que salir a mendigar durante
tres años cuando el monasterio se quedó sin provisiones. Regresó como novicio y
adquirió una educación rudimentaria. Finalmente, en 1352, se unió al grupo
dirigido por Guo Zuxing, con cuya hija se casó. Pronto se afianzó como líder,
ocupó el valle central del Yangtse y, en 1354, ayudó a Zhang Shicheng. A partir
de ese momento consiguió varias victorias: primero ocupó Nanjing, en 1359, y
luego dominó las provincias de Jiangxi y Hubei. En 1364 tomó el título de rey
de Wu y, uno tras otro, venció a todos los demás jefes rebeldes. En 1368
proclamó el advenimiento de una nueva dinastía, Ming («brillante»), y ese mismo
año cayó Beijing. Necesitó veinte años para terminar la unificación de todo el
país y finalmente, en 1387, no sólo lo había logrado, sino que además había
alcanzado victorias en el noreste de Mongolia, en Asia Central y en el sudeste
de Asia. El reino coreano Yi también se adhirió a China, cuyo poder se hizo
sentir una vez más.
El primer emperador Ming
La
personalidad de un primer emperador es siempre objeto de discusión y
controversia. El fundador de una dinastía es quien, de alguna manera, plasma y
da el tono del curso que tomará la nueva dinastía que ha iniciado. Zhu
Yuanzhang fue ciertamente un emperador cuya personalidad marcó toda la
dinastía, a pesar de transformaciones importantes acaecidas más adelante.
Zhu
Yuanzhang, fundador de la dinastía Ming, quien reinó durante 30 años, a partir
de 1368.
El
nombre póstumo de Zhu Yuanzhang es Taizu (Gran Progenitor) y el nombre que él
mismo adoptó para su reinado fue el de Hongwu (Gran Poder Militar). Los
emperadores chinos tradicionalmente adoptaban, para designar los años de su
reinado, un nombre que cambiaban a cada tanto. A partir del primer emperador de
Ming se adoptó un solo nombre para toda la duración del reinado. Es por eso que
a Zhu Yuanzhang se le conoce por su nombre póstumo, Taizu, y por el nombre de
su reinado, Hongwu.
El
de Hongwu es uno de los pocos casos en que un campesino se convierte en
emperador. Su mismo origen humilde puede explicar algunos aspectos
desconcertantes de su personalidad. Era un hombre fuerte y feo, astuto y capaz,
pero también muy irascible y cruel. Su habilidad como estratega le hizo ganar
batallas, su capacidad como jefe le hizo ganar el trono. Una de sus cualidades
era su comprensión de los humildes y desamparados, y eso primero le valió un
ejército fiel y luego lo inspiró a plasmar políticas en beneficio de los
campesinos. Sin embargo, para algunos historiadores marxistas es un traidor a
su clase, porque volvió a un statu quo que finalmente favorecía a las
clases poderosas de siempre.
Su
crueldad se hizo sentir en su actitud hacia los intelectuales. Para ser un
auténtico emperador chino necesitaba ser reconocido como un verdadero Hijo del
Cielo y recibir la sanción del ritual confuciano. El confucianismo era entonces
no sólo prestigioso sino inevitable para el nuevo emperador, y promoverlo y
difundirlo era un deber ineludible. Sin embargo, al mismo tiempo, nunca se
sintió totalmente cómodo con los intelectuales. Como individuo de origen
humilde respetaba la erudición, pero tenía recelos de los intelectuales y era
sensible a sus reacciones ante su persona, su origen y su falta de educación.
Estas actitudes contradictorias renacieron una y otra vez durante el reinado de
Hongwu, periodo que se caracterizó por purgas salvajes y sin precedente de las
que fueron víctimas los talentos literarios de la época.
Los
historiadores, tanto chinos como occidentales, consideran a Hongwu ya como un
hombre hábil, consciente de la enorme tarea que emprendió al sentar las bases
de todas las instituciones que darían la pauta a sus sucesores, ya como un
tirano desequilibrado que sembró el terror a su alrededor. Sin embargo, fue un
emperador preocupado por el bienestar del pueblo, obsesionado por el desarrollo
de la agricultura, que protegió a los campesinos y supo unir y consolidar un
imperio. Al mismo tiempo fue un seguidor de la tradición militarista Yuan y,
por ello, los militares fueron privilegiados durante su reinado, mientras que
su actitud hacia los notables civiles y los letrados fue ambigua y a veces
arbitraria. Intentó restaurar la importancia de la zona norte de China con
traslados de población y con la introducción de nuevos productos y así debilitó
al sur. Finalmente, su obsesión por la agricultura le hizo descuidar el
comercio, a tal punto que se perdió el ímpetu modernizador marcado por Song y
se regresó a una economía más tradicional.
El emperador Yongle
Otro
emperador importante al inicio de la dinastía fue Zhu Di, el cuarto hijo de los
veintiséis que tuvo Hongwu. Hongwu había designado heredero a su hijo mayor y,
tras la muerte de éste, a su nieto, quien ascendió al trono en Nanjing a la
edad de dieciséis años y gobernó durante tres años con el nombre de Huidi. Zhu
Di, al igual que sus demás hermanos, tenía un feudo, en su caso en la región de
Beijing, y de allí se alzó en contra de su sobrino y se apoderó del trono.
Inició un reinado que duró de 1403 a 1424, y tuvo como nombre el de Yongle
(Eterna Felicidad).
El
emperador Yongle mudó la capital del estado a Beijing en 1421 y reconstruyó la
ciudad rodeándola de más de veinte kilómetros de murallas que tenían nueve
puertas. En el centro, otras murallas de unos ocho kilómetros rodeaban la
Ciudad Imperial y aún más adentro estaban los muros de la Ciudad Prohibida,
bordeada por un foso.
El
traslado a Beijing, ciudad del norte, casi pegada a la Gran Muralla y a merced
de los pueblos nómadas de las estepas, ha sido considerado por algunos
historiadores como un grave error. Beijing había sido la capital de los
kitanes, los ruzhen y los mongoles, pero ninguna dinastía china se había
establecido antes tan al norte. La distancia a los centros de abastecimiento de
granos era enorme, el traslado, costoso y el alejamiento de la parte más
poblada y mejor educada de China abría una brecha entre el gobierno central y
las élites del sur. Otros consideran, sin embargo, que Yongle quiso tener una
capital que pudiera servir de centro administrativo también para las regiones
ubicadas más allá de las fronteras tradicionales de China, ya que durante su
reinado se ocuparon regiones del norte, tales como Mongolia.
Administración
Como
ya hemos visto, la estructura de gobierno del Imperio chino a partir de Song
tuvo una tendencia creciente a incrementar el poder del emperador. En Song, sin
embargo, existían órganos de control que funcionaban como una garantía contra
los abusos del poder y los primeros ministros fueron muy influyentes. Los
emperadores Yuan tenían un Secretariado que supervisaba los seis ministerios
tradicionales, una Oficina de Asuntos Militares y el Censorado, pero este
último había perdido gran parte de su independencia y se había vuelto un órgano
de vigilancia usado por el emperador.
El
emperador Hongwu siguió este último patrón de autoridad civil, militar y de
vigilancia, pero, en 1380, después de un caso muy sonado en el cual fue juzgado
un antiguo compañero suyo, Hu Weiyong, a quien se le acusó de traición, el
Secretariado fue suprimido, así como el puesto de primer ministro. Esto puso
toda la administración directamente en manos del emperador. La Oficina de
Asuntos Militares también fue dividida en cinco delegaciones militares que
administraban, cada una, una parte de las guarniciones distribuidas por el
Imperio, siendo el emperador el máximo jefe militar. Para ayudar al emperador
fue creado un nuevo departamento de administración informal, el Gran
Secretariado (neige), compuesto por unos seis funcionarios que
provenían generalmente de la prestigiosa academia Hanlin. Estos miembros del
Gran Secretariado nunca llegaron a tener ni el prestigio ni el poder de los
anteriores ministros. Otro grupo cuya influencia comenzó a crecer fue el de los
eunucos, quienes estuvieron involucrados en pugnas con los «gransecretarios» o
se aliaron con ellos en contra de los demás burócratas que estaban fuera de la
corte. El Censorado —reestructurado y con un nuevo nombre: Corte de Vigilancia—
tenía ahora el mismo nivel que los ministerios y las delegaciones militares.
Había
en el país trece provincias en cada una de las cuales existían agencias que
representaban a cada una de las tres ramas de la administración. Además de las
provincias había 159 prefecturas (fu), 240
subprefecturas (zhou), y 1444 distritos (xian). Los
burócratas en los niveles más altos eran nombrados por el centro.
El despotismo en la dinastía Ming
Es
imposible hablar de la dinastía Ming sin tocar el problema del despotismo en
China. Todos los historiadores están de acuerdo en señalar que el poder
absoluto del emperador se manifestó en una forma total a partir de esta
dinastía y que los excesos cometidos no tuvieron paralelo en la historia
anterior. Sin embargo, no existe un acuerdo sobre la naturaleza del despotismo
en China. Tenemos, por un lado, la teoría del «despotismo oriental» de
Wittfogel, que ve en China una típica sociedad hidráulica, en la cual la
necesidad de emprender y dirigir grandes obras de irrigación va acompañada de
un régimen totalitario sin ningún límite y que gobierna con el terror. Esta
interpretación tiene alcances que van más allá de una mera descripción del
pasado de China y apuntan hacia un «destino» que hace de este país una presa
perpetua del totalitarismo. Pero, según otros estudiosos, el despotismo en Ming
no indica necesariamente que esta clase de ejercicio del poder fuera
absolutamente inherente e inevitable dentro del sistema de gobierno en China,
sino que se debió a circunstancias históricas concretas y aún más a la
personalidad del que inició la dinastía.
Hay
un consenso general sobre la influencia ejercida por la dominación mongola en
el desarrollo del despotismo en China. Los emperadores mongoles adoptaron del
confucianismo la veneración a la figura del emperador, lo que no era propio de
su tradición de jefes tribales. Sin embargo, no adoptaron las restricciones que
imponía el confucianismo a los excesos mismos del poder imperial a través de
los burócratas quienes, en épocas anteriores, habían tenido la posibilidad de
señalar límites. Agregaron además al poder un tono de violencia y de
arbitrariedad que creó un ambiente de terror.
Es
cierto que, históricamente, en Song se inició una era que contenía todos los
elementos del poder total. Ya hemos señalado la desaparición de la aristocracia
y de una casta militar y el surgimiento de la clase de letrados-burócratas cuya
carrera dependía del emperador. La misma filosofía confuciana apuntaba en Song
hacia el poder despótico. Por un lado, los pragmáticos como Wang Anshi pedían
mayor poder para el emperador, a fin de que no tuviera impedimentos cuando
debía enderezar entuertos. Por otro lado, los neoconfucianos plasmaron una
cosmología netamente jerarquizada en la cual la figura del emperador era
exaltada de una manera nunca antes vista. En Song, a pesar de todo, no se dio
un despotismo cruel y arbitrario y funcionó adecuadamente el sistema de control
relativo ejercido por la interacción entre el emperador y los burócratas.
El
fundador de la dinastía Ming se formó en la época mongola y tanto su origen
social como su forma de advenimiento al poder desarrollaron en él una gran
desconfianza hacia esta misma clase de burócratas confucianos, a quienes
necesitaba para legitimar su poder y administrar su Imperio. Este hombre,
astuto pero vulgar, hizo sentir su poder sembrando terror arbitrariamente y así
marcó la pauta de lo que habría de perdurar durante la dinastía y que también
habría de transmitirse a la dinastía siguiente.
Como
ya se ha dicho, el emperador Hongwu suprimió la posición de primer ministro
tomando en sus manos todo el poder. A partir de ese momento no hubo freno en
contra de los deseos o las decisiones del emperador, por muy arbitrarios que
éstos fueran. Para algunos historiadores (como Wu Han, por ejemplo) se trata,
en los últimos años del reinado de Hongwu, de un caso de paranoia y sadismo. Se
puede aceptar esta explicación si vemos cómo fieles servidores eran ejecutados
o deshonrados por sospechas absurdas y desacatos nimios —cuando se hablaba del
emperador bastaba con usar una palabra que fuese homófona de un insulto para
ser ejecutado. Otra innovación fue la de los castigos corporales en la corte,
costumbre que implantaron los mongoles. A oficiales de alto rango se les
azotaba y humillaba delante de todos con cualquier pretexto, agregando a la
tortura física el tormento moral. Algunos morían, otros necesitaban muchos
meses para reponerse. Pero eso no era todo, había torturas de toda clase,
muertes lentas, refinamientos de crueldad. Nadie estaba a salvo, nadie estaba
tranquilo. El emperador tenía todo un cuerpo de torturadores profesionales, de
policía secreta temible, los guardias de «uniforme de brocado».
Un
grupo que alcanzó gran poder en la época Ming fue el de los eunucos. Estos
servidores allegados al emperador e incrustados en la corte eran guardias,
jefes de almacenes en el palacio, supervisores de talleres imperiales y
administradores de los tributos. Durante el reino de Hongwu, los eunucos fueron
mantenidos en una posición baja. El emperador había prohibido que se les
enseñara a leer y castigaba con la pena de muerte a cualquier eunuco que se
atreviera a inmiscuirse en la política. Después de Hongwu y de Yongle, los
emperadores que habían sido criados en la corte sintieron la influencia de
estos servidores complacientes; además, el vacío dejado por la abolición del
puesto de primer ministro permitió a los eunucos que tuvieran mayor poder. A
partir de la segunda mitad del siglo XV se
les autorizó a tener educación, controlaban la policía secreta y su número fue
cada día mayor. No tardaron en aparecer los conflictos entre burócratas y
eunucos. Además de la lucha por el poder, estos dos grupos tenían otras
contradicciones: los eunucos eran, en su mayoría, norteños de origen humilde y
muchos de los burócratas provenían de las clases ricas del sur.
El
ambiente en la corte, como hemos visto, dependía del emperador y de su
personalidad. Tanto Hongwu como Yongle eran hombres dominantes e irascibles y
después de ellos, salvo pocas excepciones, fueron emperadores débiles quienes
ejercieron un poder absoluto influidos por un grupo u otro. El cambio de estilo
en el ejercido del poder que diferencia a Ming dé épocas anteriores es también
evidente en los cambios de protocolo de la corte. En Han, como recordamos,
había audiencias y aun conferencias celebradas por invitación del emperador
para discutir problemas del estado. En Tang, el emperador se reunía con sus
consejeros y, todos sentados, charlaban y tomaban té. En esta misma época, los
censores osaban amonestar al emperador cuando su conducta les parecía equivocada.
En Song se nota ya un cambio: los funcionarios no podían sentarse ante el
soberano y aún menos tomar el té. En Ming, debían arrodillarse ante el
emperador, quien estaba sentado sobre un estrado.
El
terror, la arbitrariedad y la crueldad en el ejercicio del poder provocaron el
servilismo más abyecto entre los funcionarios. El emperador es siempre descrito
en los documentos oficiales como un paradigma de virtudes que no puede
equivocarse, ni siquiera en ocasiones de total injusticia. Según Charles
Hucker, los mismos desdichados que provocaban el enojo imperial estaban
convencidos de sus faltas, aunque todo probara lo contrario. Hay documentos que
así lo demuestran.
¿Qué
pasó entonces con el confucianismo y con la obligación por parte de los
servidores del emperador de señalar el mal? Los censores supuestamente tenían
licencia para criticar y reprender, pero en la época Ming sirvieron más para
atemorizar y dominar a sus colegas que para frenar al emperador. En Ming hubo,
sin duda, hombres cuya rectitud fue mayor que el temor. Uno de los ejemplos más
ilustres es el de Hai Rui, magistrado del siglo XVI que
tuyo el valor de presentar una memoria al emperador quejándose de sus
arbitrariedades. Cuando el emperador, montando en cólera, pidió que no lo
dejaran escapar, los eunucos encargados de arrestarlo le dijeron que Hai Rui ya
se había despedido de sus familiares y había traído consigo un féretro. Hai Rui
fue perdonado, pero muchos no lo fueron y la época Ming tuvo numerosos
mártires.
La educación
Al
asumir el poder, el emperador Hongwu se enfrentó con el problema de buscar
personal para su nuevo gobierno. Tanto en la capital como en la provincia
hacían falta decenas de miles de funcionarios. El emperador no tenía conexiones
familiares y sociales que pudieran proporcionar el núcleo de su personal.
Además, la cantidad de personal que necesitaba era demasiado grande, y los
burócratas que quedaban del periodo Yuan, que eran capaces o estaban dispuestos
a servirle, eran insuficientes.
Una
solución para el problema fue pedir que se recomendara a hombres de mérito y
otra, de más largo plazo, el establecimiento de todo un sistema educativo. En
1368 fue fundada la Universidad Nacional, en 1369 se decidió el establecimiento
de escuelas a nivel local y en 1370 se inició una vez más el sistema de
exámenes, el cual fue suspendido en 1373 y reanudado en 1382.
Las
políticas educativas de Hongwu parecen a primera vista amplias y generosas,
porque ofrecen oportunidades a un sector bastante grande de la población. Sin
embargo, el resultado no se tradujo en igualdad de oportunidades ni en una
revolución de los patrones educativos. Los programas de estudio de la
universidad eran limitados y la disciplina draconiana: los estudiantes que
aguantaban el régimen eran, en su mayoría, jóvenes plebeyos sin otras
oportunidades educativas y al recibirse no siempre conseguían puestos
importantes. En cuanto a las escuelas locales, funcionarios corruptos llenaban
sus bolsillos con el dinero dé los subsidios y exigían dinero a los alumnos. En
realidad, la instrucción se conseguía con maestros y tutores privados en la
casa o en algún establecimiento financiado por el clan. En las escuelas
únicamente se daba una preparación de segundo nivel. Es por eso que los hijos
de familias adineradas tenían siempre mayores oportunidades.
En
Ming, como en épocas anteriores, los exámenes se hacían en tres niveles: el
distrito, la prefectura y la capital, El primer nivel era el
de shengyuan (bachillerato); al aprobar el examen del segundo nivel
se recibía el grado de xiucai («licenciatura»). Los dos primeros
niveles ya le daban al poseedor el rango de «letrado», con todas las
prerrogativas que ello implicaba. El examen de la capi tal conducía a la
obtención del grado de jinshi («doctorado»). Se establecieron cuotas
tanto para la cantidad de grados otorgados en cada provincia como para el
porcentaje de grados por cada región. Hacia 1420, 55% de los
grados jinshi eran para el sur, 10% para el oeste (Sichuan), y 35%
para el norte. Los exámenes se basaban en el estudio de los clásicos confucianos
con comentarios de los filósofos de la dinastía Song. A partir de 1487 se fijó
la manera de escribir los exámenes, bajo ocho rubros, con un máximo de
setecientos caracteres en total y el uso frecuente de paralelismos y antítesis.
Este fue el famoso «ensayo de ocho miembros» (bagu wenzhang) que
atormentó a muchas generaciones de jóvenes chinos y les quitó toda iniciativa y
espontaneidad.
La
institución de nivel más alto era la Academia Hanlin, una academia imperial
compuesta por un grupo selecto de graduados que realizaban tareas para el
emperador y componían o compilaban edictos. Los académicos Hanlin eran
confucianos de línea dura que contribuyeron al etnocentrismo y al aislamiento
paulatino de Ming.
La
combinación de un entrenamiento rígido en las escuelas y las universidades, más
un programa que no dejaba nada a la iniciativa individual ni a la imaginación,
y un ensanchamiento de la base social de aquellos que recibían esta educación,
produjo una burocracia que seguía la voluntad del emperador. Es posible
encontrar aquí alguna conexión entre el desarrollo del despotismo en Ming y su
sistema educativo.
Sin
embargo, no todo fue negativo en materia educativa. Además de la Universidad
Nacional, como una manera de escapar a la rigidez de su programa, se fundaron
academias privadas (shuyuan) en las que, conjuntamente con el estudio
de los clásicos, existía la oportunidad para los intelectuales de discutir
aspectos filosóficos. Sin embargo, estos oasis privados estuvieron en muchas
ocasiones involucrados en política. Como resultado, las academias fueron
repetidamente proscritas y sus miembros estaban a merced de severos castigos si
se organizaban en facciones políticas.
La economía
Agricultura y recaudación de impuestos
Cuando
el emperador Hongwu subió al trono reinaba el caos económico. Muchos años de
levantamientos y guerras habían provocado la destrucción de diques y canales,
el éxodo de la población rural y un deterioro general en la agricultura. Fue en
este renglón donde el fundador de la dinastía puso su mayor empeño y tuvo los
éxitos más espectaculares.
En
un lapso de apenas veinte años se hicieron múltiples obras de irrigación y de
control de las aguas, se acondicionaron miles de hectáreas para el cultivo y se
plantaron millones de árboles. Se fomentó la migración a las regiones que
habían sido despobladas, mediante incentivos de reparto de tierras. El norte
recobró así parte de la importancia que tuvo en épocas anteriores: se estima
que, en el siglo XIV,
al menos 150 000 familias emigraron, de Jiangsu y Zhejiang al valle del río
Huai. Las tierras de los inmigrantes estuvieron exentas de impuestos hasta
aproximadamente 1430. Algunos terratenientes fueron despojados de sus tierras y
obligados a trasladarse a la región de la capital, que era entonces Nanjing. La
producción agrícola tuvo un gran incremento porque se usaron mejores variedades
de arroz y al mismo tiempo se introdujeron, en las áreas de cultivo de arroz,
el trigo y la cebada. Finalmente, en el siglo XVI,
llegaron a China cultivos americanos como el maíz y el cacahuate.
Es
comprensible la urgencia que sintió el emperador Hongwu de incrementar la
producción agrícola y asegurar el sustento del país, pero este énfasis dado a
la agricultura tuvo como consecuencia la vuelta a la dependencia de los
recursos estatales respecto de la agricultura y no, como habíamos visto en
Song, del comercio y la industria.
Para
tener una idea más clara de la extensión de tierra cultivada y de la población,
y así poder calcular los impuestos, se efectuaron registros. El primer registro
de tierras, «Registros con mapas en forma de escamas» (Yulin tuce) se
realizó en 1387 y hubo varios censos de población en 1381, 1382 y 1391 llamados
«Registros amarillos» (Huangce). Estos registros y censos no son muy
confiables, porque se efectuaron parcialmente y sin mucho rigor y hubo engaños
tanto en la cantidad de tierra como en el número de personas, para evitar las
obligaciones fiscales.
Las
propiedades se clasificaban en privadas, que se podían enajenar, y
gubernamentales. A cada propiedad se le clasificaba según su naturaleza y su
productividad y esto determinaba la suma que se debía pagar en impuestos. En
cuanto a la población, estaba dividida en tres categorías: los civiles, los
soldados y los artesanos. Los primeros, que constituían la mayoría, estaban
clasificados por familias en varias categorías, y pagaban impuestos o tenían
obligación de prestar servicios según esa clasificación.
Para
asegurar la recaudación de impuestos y la realización de los servicios se
inició un sistema llamado lijia, consistente en distribuir la
población en grupos de diez familias (jia) que conformaban un
conjunto de ciento diez familias (li). De estas ciento diez, las diez
más destacadas actuaban como administradoras locales y recaudaban los
impuestos. Cada jia tenía un representante ante la administración que
servía durante un año; este cargo era de carácter rotativo.
Los
servicios obligatorios (jun yao) eran diversos y complejos.
Supuestamente estaban divididos de manera justa entre la población adulta
masculina y consistían en servir en la milicia, en el sistema postal, en
fabricar armas, en extraer carbón. Otros servicios implicaban trabajos en la
administración local tales como ayudar en las yamen (oficinas
públicas), trabajar en la policía y en las cárceles. En general, la cantidad de
servicios y de dinero que se extraía de la gente menos privilegiada era enorme.
Al principio se ideó este sistema complejo con el fin de obligar a los más
ricos, los que tenían más tierra o más miembros adultos a asumir la mayor parte
de la responsabilidad, pero pronto el sistema se volvió injusto, los ricos y
poderosos se escapaban de toda obligación y el peso recaía sobre los pobres.
Además, estaban exentos de los servicios obligatorios los funcionarios y los
estudiantes que habían alcanzado un grado en los exámenes, aunque fuera el más
bajo, el shengyuan. Fue así como proliferaron los diplomados, y
cualquier familia con un nivel económico que le permitiera dar educación a sus
hijos también se libraba de los servicios. Los abusos de toda índole eran
frecuentes, porque no existía un cuerpo muy grande de funcionarios públicos
directamente nombrados por el centro y la administración local se apoyaba
fuertemente en los notables de la región, que ejercían un poder sin muchas
restricciones.
Al
principio los impuestos se pagaban a la usanza antigua, dos veces al año en
granos y seda, pero comenzó a introducirse el pago en plata que se fue
popularizando cada día más. Esta paulatina monetización del pago de los
impuestos y una situación de abusos cada día mayores, provocados en parte por
lo complicado del sistema fiscal, dieron como resultado una importante reforma
en el siglo XVI.
En
el sistema lijia, las familias más ricas eran las que recaudaban los
impuestos, lo que les permitía falsificar registros —en cuanto a la extensión
de la tierra poseída, el numero de varones, la productividad— y hacer pagar a
los pequeños propietarios lo que ellos no pagaban. Esto, por un lado, arruinó a
los pequeños propietarios, que fueron paulatinamente convirtiéndose en
arrendatarios y, por otro, privó al estado de los impuestos que necesitaba para
subsistir. Además de la complejidad del sistema fiscal y de la facilidad con la
que los ricos evadían sus obligaciones, el sistema de servicios era también
complicado y arbitrario, pues ni siquiera había reglamentos oficiales, ya que
dependía de las necesidades de la localidad y la forma de atender éstas la
decidían los notables. Finalmente, la decisión de que tanto los impuestos como
los servicios pudieran ser pagados en moneda propició mayor corrupción y
opresión: se inventaban impuestos, otros se cobraban más de una vez, se ponían
precios altos ala exención de servicios, se exigía pago por exención de
servicios no necesarios.
La
reforma efectuada en el siglo XVI trató
de combinar varios impuestos bajo el mismo rubro y cobrarlos en plata. El nuevo
sistema se llamó yitiao bian, que significa «todo en uno», y que, por
un juego de palabras, al sustituir bian por otro carácter chino que
se pronuncia igual, se llegó a llamar «azote único». Hubo variaciones en cada
localidad, pero en general se trató de clasificar la tierra en dos o tres tipos
nada más, juntar los impuestos y cobrarlos una vez por año, unificar los
servicios y, finalmente, cobrarlos en combinación con los impuestos. Se fijaron
fechas de recaudación y se unificaron las agencias recaudadoras.
Una
de las consecuencias de la reforma fue la monetización de la economía. Los
impuestos y servicios se pagaban en plata directamente al recaudador del
gobierno, y no al jefe de la comunidad. El dinero recaudado se enviaba a la
capital y no había que transportar los granos y otros productos. Para los
servicios se empleaba también mano de obra pagada con dinero. La difusión del
pago en plata se debió a que China poseía grandes cantidades de este metal
proveniente de América, sobre todo de Nueva España, que se usaba como pago de
las exportaciones chinas a Europa. El papel moneda fue usado al principio de la
dinastía, pero como ya no se le podía convertir, perdió su valor y finalmente
dejó de usarse.
Comercio
Es
un fenómeno bastante curioso ver cómo, en un estado en donde el
anticomercialismo era parte de la ideología oficial, el comercio floreció
intensamente. En general, el crecimiento de la economía fue importante (aunque
no es posible cuantificar este crecimiento con precisión) tanto en el comercio
y la industria como en las artesanías, la circulación de moneda y otros rubros.
El
comercio interno creció por muchas razones. La diversificación regional de la
producción y la manufactura estimuló el intercambio de productos y, por ello,
el comercio. Entre el norte y el sur, a través del Gran Canal, se establecieron
intercambios intensos. Así, se vendían las sedas de Suzhou, las porcelanas de
Jingdezhen y las sartenes de hierro (wok) de Guangzhou. El cambio del
sistema de servicios obligatorios por el pago de un impuesto dejó en manos de
los comerciantes el problema del transporte de abastecimientos a la capital y a
las guarniciones militares. El caso más interesante fue el de los comerciantes
de la sal: como siempre, la sal era monopolio del estado; para su venta y
distribución se entregaban certificados y permisos para comerciar con este
producto a comerciantes que, a cambio, se comprometían a transportar granos
para abastecer las guarniciones en las fronteras. De esta manera, muchos se
enriquecieron de modo extraordinario.
El
comercio exterior también floreció, a pesar de la falta de interés y, a veces,
de la hostilidad del gobierno. Mientras que se toleraba el comercio por tierra
a Asia Central y a Birmania, el comercio marítimo que se realizaba con Japón,
Corea, el sudeste y el sur de Asia en cierto momento fue prohibido. Se
exportaba té, jade, seda y se importaban marfiles, metales, piedras preciosas.
Los chinos habían establecido colonias y contactos comerciales en toda la zona
costera, pero con la prohibición del comercio marítimo (hasta 1567), y a pesar
de no haberlo abandonado completamente, perdieron terreno ante los comerciantes
europeos. En el siglo XVI hubo
un intenso intercambio con los españoles a través de Manila, localidad a la que
llegaban la plata de las minas de América y los productos de China. También
llegaba plata de Japón, traída por comerciantes chinos, portugueses y
holandeses. Hacia fines del siglo XVI comenzaron
a llegar a China el opio y el tabaco.
El ejército
Uno
de los logros más importantes del fundador de la dinastía Ming fue su
organización militar. El ejército era enorme, comenzó con unos quince mil
oficiales y un millón cien mil soldados y al final de la dinastía había llegado
a alrededor de cien mil oficiales y cuatro millones de soldados. Los oficiales
del ejército tenían rangos, al igual que los civiles, pero con una gran
diferencia: eran rangos hereditarios, a manera de los títulos de la
aristocracia. Al principio, los amigos del emperador eran los altos oficiales,
pero después de la muerte de Hongwu sus múltiples hijos y nietos comandaban el
ejército.
Contrariamente
a los Song, el ejército conservó su condición de casta privilegiada y los jefes
militares, el poder. Al igual que durante la dinastía Yuan,
unidades (wei) de 5 600 hombres y de batallones (suo) de 1
120 hombres estaban estacionados en puntos estratégicos del Imperio y
constituían colonias militares en las cuales aun la condición de soldado era de
carácter hereditario. Las colonias militares estaban instaladas en tierras
especiales que el estado proveía y los soldados, cuando no estaban en campaña,
cultivaban la tierra para su sustento. De esta manera, el ejército era
autosuficiente y la carga sobre los campesinos era menor. Las familias
campesinas cuyos miembros tenían obligaciones militares pagaban menos impuestos
y eran eximidas de otros servicios. Este sistema tenía algunas variantes, tales
como el suministro de provisiones por parte de los comerciantes de sal a cambio
de certificados, lo cual ya se ha mencionado. Estos comerciantes, en vez de
transportar las provisiones, instalaban a veces colonias en las fronteras,
desde donde se abastecía directamente a las tropas sin necesidad de acarrear
los alimentos.
Hacia
el siglo XV las
colonias militares sufrieron una paulatina decadencia. Los frecuentes ataques
en las fronteras impedían a los campesinos cultivar las tierras y, además, el
estado dejó de proveer semillas y animales a los cultivadores, aumentando así
el costo de la producción. Los oficiales comenzaron a acaparar tierras para su
propio beneficio obligando a los soldados-campesinos a trabajar para ellos en
calidad de siervos. La pertenencia al ejército en los menores rangos perdió el
prestigio que antes tenía, por lo cual muchos soldados huyeron y abandonaron
las tierras, que finalmente se enajenaban como cualquier propiedad privada.
Pronto hubo que contratar mercenarios para reforzar el ejército.
Cuando
el emperador Yongle tomó el poder, tuvo el apoyo de grupos de mongoles a
quienes recompensó con grandes extensiones de tierra al norte de Beijing.
Finalmente, las fronteras del norte se retiraron hasta la región de la Gran
Muralla, que fue reconstruida y mejorada: se hizo más alta y se colocaron miles
de torres de guardia, fortificaciones y cañones. En sus partes más vulnerables
había muros dobles y, dentro de la misma, se instalaron refugios para los
soldados y almacenes para las municiones. En el siglo XVI se
permitió a los soldados tener a sus familias en las torres de guardia.
China y el mundo
Los
emperadores Ming volvieron a conceder gran importancia al sistema tributario.
Este sistema había sido casi abandonado durante Song, porque la debilidad
militar de esa dinastía no le permitía tener exigencias de tipo
político-diplomático. Una vez más el sistema tributario, si bien pretendía
realizar el orden cósmico confuciano —en el cual el Hijo del Cielo controla sin
grandes prerrogativas ni restricciones a sus «vasallos»—, cumplía también
funciones netamente comerciales. Es difícil afirmar, sin embargo, que la
motivación principal del gobierno chino haya sido el lucro. Las ventajas del
intercambio eran más bien para beneficio de particulares, y muchas de esas
«misiones tributarias» consideraban todo el ceremonial de homenaje al emperador
chino como un pequeño precio que había que pagar por todos los beneficios que
implicaba. En cuanto al gobierno chino, mantener y agasajar a los emisarios que
venían en grupos muy numerosos le significaba enormes gastos de representación.
Hongwu
fue el primero en enviar misiones a Corea, Japón, Anam, Champa, Tibet y otros
países con la noticia de su ascensión al trono y la petición de que se le
reconociera como soberano legítimo del mundo. Pronto comenzaron a llegar
emisarios (o particulares disfrazados de emisarios) de Japón, Java, Indochina,
Asia Central, las islas Liuqiu (Riukiu), Anam, India, Malaya, Borneo, Sumatra y
aun de Siria. En Beijing presentaban sus regalos al emperador, se postraban
ante él y se les daban patentes y sellos, muchos regalos y escritos llenos de
consejos doctos; se les proporcionaba también alojamiento, alimentos y
diversiones. El resto del tiempo, los extranjeros podían comerciar e
intercambiar productos. Éste fue el imperialismo que China ejerció cuando su
poder era indiscutible. En realidad no se trató de un imperialismo demasiado
exigente ni opresivo.
Las expediciones marítimas
A
partir de la dinastía Song, el poder marítimo de China fue indiscutible. La
calidad de sus barcos, las innovaciones técnicas, la brújula, la exacta
cartografía hacían que la flota china fuera la mejor. Los mongoles siguieron
con esta tradición y, al llegar la dinastía Ming, el emperador Yongle decidió
utilizar las vías marítimas para extender el ámbito de su soberanía y para
incorporar otros reinos al sistema tributario. Siete expediciones salieron de
las costas de China, casi todas dirigidas por un eunuco musulmán, Zheng He, que
se jactaba de haber realizado el peregrinaje a la Meca.
Desde
1405 hasta 1433, estas siete expediciones tocaron el sudeste de Asia, la India,
y llegaron hasta Hormuz en el Golfo Persa, Aden en la península de Arabia y
África. Los resultados fueron espectaculares y a China llegaron tributarios de
los diversos lugares visitados. Sabemos que hubo al menos cuatro misiones de
Hormuz y África, once de Bengala y que el rey de Malaca llegó a Nanjing cuatro
veces. Estos habitantes de lugares exóticos traían consigo productos y animales
extraños y así fue como los chinos conocieron, por ejemplo, el avestruz, la
cebra y la jirafa.
La
razón de estas expediciones parece haber sido en parte política, basada en la
ambición de Yongle y en el interés de los eunucos, que no tenían los prejuicios
confucianos en contra del comercio y del contacto con otros pueblos. Además, a
lo largo de la costa ya estaban esparcidas importantes comunidades chinas con
las cuales se mantenían relaciones.
Hacia
mediados de la dinastía, el interés por el mar decayó de tal manera que China
perdió totalmente su supremacía y nunca volvió a ser una potencia marítima. Las
razones aún no son muy claras, pero se pueden esbozar algunas: China comenzaba
a orientarse hacia el norte y el oeste; la colonización de Gansu, Xinjiang,
Guizhou, Guangxi y Yunnan distraía recursos y gente; el noroeste, por la
amenaza de los mongoles, se volvió más importante; en las costas, la amenaza de
los piratas hizo que se cerraran los puertos varias veces, a fin de poder
controlar el movimiento que se realizaba en ellos y, finalmente, la llegada de
los europeos tampoco agradó mucho y contribuyó a un repliegue lejos de las
costas. El repliegue fue también ideológico. El triunfo del neoconfucianismo,
con su sentimiento de superioridad de todo lo chino, la centralización
creciente del Imperio, la desconfianza hacia los extranjeros, todo puede haber
contribuido. El énfasis en una economía basada en la agricultura también hizo
abandonar el comercio y el creciente viraje hacia dentro llevó a prohibir tanto
la emigración como el comercio internacional.
Los mongoles
Al
vencer a los mongoles y empujarlos hacia el norte, el emperador Hongwu trató de
controlarlos, ya con incursiones militares, ya con diplomacia, para dividirlos
y enfrentarlos entre sí. Mientras tanto, el Khanato de Chaghatai estaba en
manos de un jefe de la talla de Gengis Khan, Timur (Tamerlano), quien pensó en
algún momento en conquistar China, pero murió en 1405, antes de intentarlo.
Los
mongoles repuntaron en dos grandes grupos: los oirat, en el noroeste, y los
tátaros (luego llamados tártaros por los occidentales) en el noreste. Yongle
dirigió una campaña en contra de los mongoles en 1410, obtuvo una victoria
cerca de Ulan Bator y ocupó Mongolia. Después de su muerte creció la
resistencia de los mongoles quienes frecuentemente atacaban en las fronteras.
En 1449, en el norte de Hebei, el emperador Yingzong (Zhengtong) fue tomado
prisionero y no fue liberado hasta 1457, después de haberse pagado un fuerte
rescate. A medida que iba pasando el tiempo, China se fue replegando dentro de
las fronteras marcadas por la Gran Muralla y su actitud fue menos de ataque y
más defensiva.
Japón: el problema de la piratería
La
piratería no era un hecho nuevo ni algo desconocido en el mar de China. Sin
embargo, las proporciones que alcanzó durante la dinastía Ming fueron
tremendas. La mayoría de los piratas, aunque no todos, provenía de Japón y
asolaba las costas chinas: la desembocadura del río Yangtse, la bahía de
Hangzliou, las costas de Jiangsu y Zhejiang, nada estaba a salvo. Los piratas,
los wokou (wako, en japonés), atacaban aldeas, robaban, pillaban
y desaparecían con el botín.
Hongwu
envió repetidas veces misiones a Japón tratando de llegar a algún arreglo, pero
no obtuvo resultados, por lo que, enfurecido con este vasallo desobediente,
interrumpió y prohibió el intercambio con ese país. En 1401, el Shogun Ashikaga
Yoshimitsu envió regalos y cartas que tenían el tono apropiado de un súbdito
para con el Hijo del Cielo; con el ascenso de Yongle al trono, en 1403, se
reanudaron los intercambios anuales que, si bien se calificaban de tributarios,
eran en realidad una forma de comercio disfrazada y controlada. Durante esos
viajes realizados entre los siglos XV y XVI también
se desplazaron muchos monjes budistas que transmitieron la cultura china a
Japón. En 1530 se prohibieron estos intercambios, así como la permanencia de
japoneses en China. A pesar de los intentos realizados para controlar la
piratería, y tal vez por culpa de todas las restricciones que no podían
imponerse ante una situación de proliferación del comercio, las incursiones de
los piratas se volvieron verdaderas invasiones. Ningún lugar en la costa estaba
a salvo y en 1555 un grupo de piratas penetró por tierra y llegó hasta Nanjing.
Otro
enfrentamiento con Japón sucedió en Corea. En 1592, Japón atacó Corea, y los
chinos, que llegaron a defender a su vasallo, fueron vencidos. Más adelante
pudieron imponerse y finalmente llegaron a establecer acuerdos mediante
numerosas negociaciones. En 1597, otra invasión japonesa provocó nuevamente una
respuesta de China. Las campañas de Corea le costaron muy caro al gobierno
chino. Se dice que cada campaña costó más de diez millones
de taels (onzas de plata).
El contacto con Europa
En
Europa, a partir del siglo XVI,
después de la decadencia de Venecia, Portugal aparece como el país de mayor
iniciativa comercial y fueron los portugueses quienes llegaron por primera vez
a las costas del este de Asia. Ya entre 1514 y 1516 los barcos portugueses
habían tocado la costa de Guangdong; en 1540 estaban en Fujian y en 1542 en
Japón. Detrás de ellos aparecieron los españoles alrededor de 1543, y hacia
1600 llegaron los holandeses. A portugueses y españoles los
llamaban folanji (francos) y a los holandeses, hongmaoyi (bárbaros
de cabello rojo). El interés material de los aventureros y comerciantes estuvo
acompañado muy de cerca por el celo evangelizador de los misioneros católicos,
que tenían ante sí un mundo vasto y pagano para convertir.
Cuando
llegaron los misioneros católicos en el siglo XVI,
había desaparecido toda huella de aquellas viejas misiones establecidas por
Montecorvino y sus discípulos. Además, el modesto intento de proselitismo
efectuado en la Edad Media no podía compararse con el nuevo entusiasmo de un
cristianismo nutrido en la Contrarreforma y dirigido por la recién fundada
Compañía de Jesús. En 1549, San Francisco Javier llegó a Japón y comenzó a
predicar, pero murió antes de penetrar en China.
Cuando
los portugueses consiguieron la concesión de Macao, en la costa del sur de
China, se establecieron múltiples misiones que fueron la base para la
evangelización de toda la región. El primero que pudo salir del área de la
costa, penetrar en China y llegar hasta Beijing fue Matteo Ricci (1552-1610),
jesuita italiano de gran cultura y poseedor de múltiples conocimientos
científicos. Ricci, quien gustaba de vestir a la usanza china, aprendió la
lengua y llegó a la corte del emperador en Beijing en 1601, donde se le apreció
y honró con el nombre de Li Madou. Ricci usó la tradición china de establecer
analogías con la cristiana y tuvo gran cuidado de no herir la sensibilidad
cultural de los chinos. Él y otros jesuitas sirvieron en la corte como
astrónomos, matemáticos, cartógrafos, intérpretes, músicos, relojeros y
arquitectos.
El
éxito de los jesuitas desde el punto de vista proselitista fue limitado. Entre
los mandarines hubo conversos, pero en el fondo fue porque veían el
cristianismo como algo afín a su tradición; para otros, el cristianismo era
contradictorio y extraño. No entendían el exclusivismo de la religión
cristiana, su insistencia en adorar a alguien que había sido ejecutado como
criminal, su prohibición de venerar a los antepasados. Ricci y los primeros
jesuitas habían tenido cuidado de no molestar a los confucianos, pero, más
adelante, entre los mismos misioneros, hubo conflictos en torno a la manera de
enfrentar el problema del culto confuciano. Para la gente común el cristianismo
tenía el encanto de lo misterioso y lo novedoso y no entendían muy bien la
diferencia entre este nuevo culto y el daoísmo o el budismo. No tardaron en
aparecer escritos anticristianos en los que se acusaba a los misioneros de
prácticas extrañas y dañinas. Entre los conversos más ilustres están: Paul Xu
(1562-1633), de Shanghai, poseedor del grado de jinshi (doctor) y
discípulo de Ricci, quien tradujo varias obras europeas sobre matemáticas,
astronomía e hidráulica; Miguel Yang (1557-1627), de Hangzhou, otro burócrata y
letrado que colaboró con Ricci en la elaboración de obras de geografía y,
además, escribió un tratado sobre religión; Li Zhizao (?-1630), también de
Hangzhou, que estudió geografía y cartografía con Ricci y tradujo además varias
obras.
Las
influencias mutuas son importantes y se manifestarían con mayor fuerza más
adelante, en los siglos XVII y XVIII,
cuando en China se estimularía una vez más la ciencia y cuando en Europa el
espíritu revolucionario de la época de la Ilustración se alimentaría con el
ejemplo chino, tal y como fue contado por los jesuitas en sus cartas y sus
informes.
Los
primeros escritos sobre China tuvieron un gran éxito y fueron leídos con
avidez: fray Martín de Rada (1533-1578), agustino español que llegó a China por
el Pacífico desde Nueva España, escribió una Relación de su primer
viaje a China en 1575, y el dominico portugués Gaspar da Cruz que publicó en
1569 el primer libro que hablaba exclusivamente de China, el Tractado en
que se cõtam muito por esteso as cousas da China. Estos dos relatos, y
otras fuentes más, sirvieron de base para el libro de fray Juan González de
Mendoza, Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del gran
Reino de la China, comisionado por el papa Gregorio XIII y publicado en
Roma en 1585. Este libro fue traducido a todas las lenguas europeas y fue leído
por todas las personas cultas de su época. Hasta el siglo XVIII,
fue el libro de mayor autoridad sobre China.
DECADENCIA
Y FIN DE LA DINASTÍA MING
La
caída de la dinastía Ming no se debe a una sola causa sino a la acumulación de
una serie de razones que tienen que ver con la desintegración interna y con la
presión externa. Algunas de esas razones ya se podían entrever cuando hablamos
del gobierno, de la economía, del ejército y de las relaciones con el mundo
exterior. Sin embargo, ninguna por sí sola hubiera podido acarrear la
destrucción de un linaje tan fuerte, cuyo poder reposaba sobre una estructura
que, si bien adolecía de defectos, era viable. Después de contener a los
mongoles y de controlar a los piratas, hubo un periodo de cierta calma y, como
ya hemos visto, se hicieron esfuerzos por introducir algunas reformas fiscales
que beneficiarían a los más explotados. Durante el reinado del emperador
Longqing (r. 1567-1573) y a principios del reinado del emperador Wanli
(1573-1619), un Gran Secretario eficiente y honesto, Zhang Juzheng (1525-1582),
gobernó con justicia. Al morir Zhang, el emperador fue controlado por los
eunucos, se desinteresó por completo del gobierno, gastó dinero sin medida y
permitió el incontrolado cobro de los impuestos y los abusos cometidos en
contra del pueblo.
La
situación económica era desastrosa. Los gastos de la corte no tenían freno. El
emperador Wanli, por ejemplo, gastó ocho millones de taels en la
construcción de su tumba, que aún se puede admirar cerca de Beijing. Las
guerras de Corea también costaron más de veinte millones de taels y
el ejército, ya en su mayor parte mercenario, costaba más pero era menos
efectivo que en épocas anteriores. Otra carga para el tesoro estatal la
constituían las sumas que recibían los descendientes de los veintiséis hijos del
emperador Hongwu. Al pasar los años, los príncipes se habían multiplicado de
tal manera que se llevaban una enorme tajada del tesoro público.
Para
conseguir dinero, el gobierno adoptó urgentes medidas que perjudicaban a todos:
campesinos, pequeños comerciantes, mineros. Lo que al principio fueron focos
aislados de protestas (revueltas de obreros urbanos, manifestaciones de
artesanos, levantamientos de mineros, rebeliones de minorías étnicas del sur)
se convirtieron, a mediados del siglo XVII,
en serias y destructivas insurrecciones.
En
la corte, durante los años de 1615 a 1627, hubo un enfrentamiento grave y
sangriento entre los letrados confucianos y los eunucos, cuyas consecuencias
llevaron a una grave crisis moral, política e intelectual que afectó a toda una
generación. Los letrados estaban agrupados en una de las academias privadas que
fueron tan populares durante Ming: la Academia Donglin. Esta institución fue
fundada en la época Song en Wuxi (en Jiangsu) y volvió a aparecer en 1604
reconstruida por un grupo de estudiosos que, en su mayoría, habían caído en
desgracia y habían abandonado el gobierno; sus miembros constituyeron pronto un
partido, que si bien no era de oposición, intentaba al menos la conservación de
los valores tradicionales en contra de las prácticas irregulares del gobierno.
Los académicos se reunían con regularidad y discutían problemas filosóficos y
políticos. Eran pensadores «comprometidos» que seguían la mejor tradición de un
confucianismo ortodoxo al servicio del buen gobierno. Era lógico que entraran
en conflicto con los eunucos, a quienes consideraban como la encarnación misma
del mal y a los que denunciaron con frecuencia.
Después
de los últimos años del desastroso gobierno de Wanli, en 1621 ascendió al trono
un joven de quince años, el emperador Tianqi (r. 1621-1627), cuyo único interés
era la carpintería y quien dejó el gobierno en manos de un eunuco, Wei
Zhongxian (1568-1627), que supo congraciarse con la nodriza del emperador. Wei
Zhongxian pronto controló y atemorizó a toda la administración y organizó una
enorme represión en contra de los miembros de Donglin. Muchos fueron hechos
prisioneros, otros ejecutados y todas las academias sospechosas de ser centros
de oposición fueron cerradas, Wei Zhongxian se hizo honrar con templos que
llevaban su nombre, juntó una gran fortuna por medios ilícitos, se rodeó de
amigos tan corruptos como él y persiguió a todos sus opositores.
Además
de las pugnas internas, otros peligros acechaban a la dinastía. En los años de
1627 y 1628, una hambruna debida amalas cosechas provocó levantamientos de
campesinos en Shaanxi. A ellos se unieron desertores y soldados desmovilizados
que atacaban ciudades y sembraban el terror en el campo. Pronto fueron
afectadas otras provincias como Shanxi, Hebei, Henan y Anhui. Lo que al
principio fue una multitud de grupos rebeldes, en 1636 se organizó bajo el
mando de dos jefes, Li Zicheng (1606-1645) y Zhang Xianzhong (1606-1647). A
partir de 1641, Li Zicheng, aconsejado por algunos letrados que se habían unido
a su movimiento, empezó a abrigar la ambición de comenzar una dinastía. En 1644
tomó Shanxi y en abril del mismo año, Beijing. El emperador Chongzhen, el
último de la dinastía Ming, se colgó en la Colina del Carbón, al norte del
palacio imperial. El general Wu Sangui, quien estaba encargado de defender
Beijing, recurrió a los manchús para combatir a Li Zicheng, quien fue vencido y
asesinado en 1645. Su rival, Zhang Xianzhong, se había instalado en Sichuan, en
donde estableció un gobierno. Sus tácticas poco políticas sembraron el terror y
finalmente murió en 1647, sitiado por los manchús.
La cultura
Filosofía
Hasta
hace poco, la época Ming fue considerada como un periodo sumamente estéril en
la historia del pensamiento chino. Se alegaba que los exámenes estereotipados
habían impedido el desarrollo del pensamiento y que la influencia del
budismo chan había corrompido la filosofía, convirtiéndola en un
ejercicio demasiado personal y relativo. Todos reconocen la grandeza del
filósofo Wang Yangming, pero lo presentan como un ejemplo casi único. Sin
embargo, en los últimos años el pensamiento de Ming ha sido reivindicado, sobre
todo debido a los esfuerzos realizados por W. T. de Bary.
Es
imposible hacer aquí siquiera un resumen de la filosofía durante Ming. Podemos,
sin embargo, destacar algunas características peculiares. En primer lugar, para
el letrado que estaba destinado al servicio público, en una época de despotismo
opresivo y arbitrario, una manera de conservar la integridad era la
introspección. Los letrados —salvo excepciones en momentos históricos
determinados— no formaban un grupo homogéneo y cada uno debía pugnar por
encontrar su propio camino de la verdad. A pesar de haber sido nutrido en la
tradición ortodoxa de Song, el confuciano de Ming no podía dejar de observar la
discrepancia entre la ortodoxia y la realidad, y ponía a veces en duda la
interpretación que le ofrecían los libros aprobados. Es así como en Ming se
perfila un gran interés por el «yo», por el individuo en cuanto a su relación
con el estado, por la introspección y por la búsqueda de la verdad dentro de sí
mismo. También hubo pensadores que desafiaron la autoridad de los textos
escritos, denunciaron el divorcio del pensamiento y la acción, y señalaron el
relativismo de los valores. Se habla de «individualismo», pero es tal vez un
término demasiado occidental que no tiene mucha relación con este repliegue
hacia el «yo» que se produjo en Ming.
El
más grande de los filósofos de la época Ming fue, sin duda, Wang Yangming
(1572-1629). Influido por Lu Xiangshan, filósofo Song, Wang Yangming perteneció
a la escuela que hemos llamado «idealista» (xin xue) y que tenía
discrepancias con la escuela de Zhu Xi. Como recordaremos, para Zhu Xi existían
dos niveles: el ideal y el humano. Para Wang Yangming esta dualidad no existe y
el li, el principio, se encuentra dentro de uno mismo. Se ha señalado
muchas veces la influencia que el budismo chan ejerció sobre Wang
Yangming, lo que le valió la crítica de varias generaciones de confucianos
ortodoxos. El conocimiento, en vez de ser, como para Zhu Xi, «la investigación
de las cosas», es «la extensión del conocimiento innato», es decir, el
descubrimiento de la verdad dentro de la propia mente. Conocer no significa
aprender en el vacío, pues el conocimiento debe llevar a la acción. Esta idea
de la unidad del conocimiento y de la acción tuvo una gran influencia en el
pensamiento japonés y chino en épocas más modernas. Entre otras cosas, Wang
Yangming fue un gran educador: fundó academias y escuelas, tuvo muchos
discípulos e hizo recomendaciones para la elaboración de reglamentos escolares
que, de haber sido aplicados, hubieran hecho del sistema educativo de China en el
siglo XVI uno de los
más avanzados, aun para nuestra época. Se pronunció por un aprendizaje que no
fuera un ejercicio de la memoria sino del entendimiento, denunció la cultura
demasiado libresca y la aceptación sin crítica de los libros clásicos. Además, insistió
en que el aprendizaje debía realizarse con alegría, combinando el ejercicio
físico con la actividad intelectual.
Un
filósofo interesante, discípulo de Wang Yangming, fue Wang Gen (1483-1541),
quien fundó la escuela Taizhou. Wang, hombre de origen humilde, es considerado
por los historiadores marxistas como alguien que «llevó la antorcha intelectual
a las masas». Para Wang Gen, el individuo común y corriente tiene el derecho de
realizar sus deseos y necesidades puesto que para amar y servir a los demás hay
que quererse uno mismo. El hombre justo es el que ayuda a los demás de manera
libre y espontánea. Hay en Wang Gen un sincretismo de daoísmo (lo natural, lo
espontáneo) y de confucianismo (la virtud, la relación con los otros).
La
escuela Taizhou representa, hasta cierto punto, la movilidad social de la
época, pues en ella el dinero y la educación eran más importantes que el origen
social y contaba entre sus miembros con artesanos, comerciantes, pequeños
burócratas y hasta obreros. De cualquier manera, esta escuela no formuló una
nueva ideología y sus miembros más destacados pertenecían a la clase de
letrados-terratenientes-burócratas.
Uno
de los pensadores más controvertidos fue, sin duda, Li Zhi (1527-1602).
Originario del puerto de Quanzhou en Fujian, Li era descendiente de una familia
de mercaderes y sus antepasados habían viajado, aprendido lenguas extranjeras y
se habían mezclado con musulmanes. Después de varios años en el servicio
público, se hizo monje budista para poder escapar de sus obligaciones y ser «un
individuo». Llevando su individualismo al extremo, Li Zhi hizo una apología del
egoísmo. El individuo es único y debe ser siempre él mismo; no debe aceptar los
criterios de otros sobre el bien y el mal. Li también era relativista; según
él, las reglas morales cambian a través de la historia y es por eso que no
existen normas sino que hay que usar la inteligencia. Critica el confucianismo
y su moral cerrada y pone la amistad por encima de los lazos familiares y de
los nexos entre súbdito y soberano, que son los aceptados por el confucianismo.
Li Zhi habló en defensa de todos los oprimidos de su época, las clases bajas,
las mujeres, las minorías y su conducta personal, poco convencional, le valió
críticas y persecuciones. En 1602, después de ser acusado de varios delitos y
arrestado, se suicidó en la cárcel.
Hacia
fines de la dinastía repuntaron las escuelas filosóficas más comprometidas que
buscaban una renovación moral y repudiaban el individualismo y el escapismo
fomentado por la influencia budista. La clase educada quería asumir su
responsabilidad de señalar el camino con el ejemplo. Los académicos de Donglin
representan esta tendencia.
Literatura
A
pesar del desagrado que mostraban los letrados neoconfucianos por el género
frívolo de la ficción, éste prosperó y se propagó durante la época Ming. Ya
hemos mencionado los cuentos en lengua coloquial que tanto gustaban a los
habitantes de las ciudades durante la época Song, los cuales primero se
transmitieron oralmente y luego aparecieron publicados. El público urbano era
aún más numeroso y parte de él no tenía grandes aspiraciones intelectuales,
pero sabía leer y gustaba de toda literatura de entretenimiento. Aparecieron
varias antologías de cuentos que fueron publicadas en ediciones baratas y en
gran número de ejemplares. Los autores de los cuentos usaban a veces nombres
ficticios o permanecían anónimos y gran parte de esta producción literaria
tenía un sabor netamente erótico. Hacia 1620, Feng Mengiong (1574-1646) publicó
tres antologías de 120 cuentos recopilados y originales, conocidas
como Sanyan (Los tres cuentos); otro escritor, Ling Mengchu
(1580-1644), publicó dos antologías más de sus propios cuentos. Finalmente, un
editor hizo una selección de cuarenta cuentos de Feng y Ling, publicada con el
nombre de Gujin qiguan (Sucesos extraños de hoy y de antaño), que se
convirtió en la antología más popular de esta clase de cuentos hasta nuestros
días.
La
novela no nació durante Ming —ya era un género popular en Yuan—, pero las
primeras ediciones aparecen en esta época. Vale la pena mencionar algunas
novelas clásicas de la literatura china. En primer lugar la novela
histórica Sanguozhi yanyi (Novela de los tres reinos) de Le Guanzhong
(1330?-1400?), publicada en 1522, que cuenta episodios de la historia de los
años 184 a 280, y cuyos personajes Cao Cao, Liu Bei, Zhuge Liang y otros se han
vuelto villanos o héroes de la tradición popular de China. Otra novela que
alcanzó enorme popularidad fue la historia de unos bandidos que a finales de
Song operaban en un lugar de Shandong y cuyos problemas con las autoridades
muestran una imagen realista de la situación social de la época. Su título
es Shuihu zhuan (Al filo del agua), su autor, Shi Naian (quien vivió
a fines de Yuan), y fue publicada por primera vez en 1540. El viaje que hizo el
monje Xuan Cang cuando fue a la India en calidad de peregrino budista es el
tema central de una novela alegórica, fantástica y picaresca que se
llama Xiyouji (Crónica de un viaje al oeste). En esta novela,
atribuida a Wu Cheng’en (1506?-1582?) y publicada por primera vez en 1592, el
monje Xuan Cang, hombre santo pero ingenuo y algo pusilánime, es acompañado en
su viaje por un mono travieso, inteligente y lleno de recursos. Finalmente
mencionaremos la novela casi pornográfica, Jinpingmei (Flores de
durazno en un jarrón dorado), que cuenta las aventuras amorosas del burgués
Ximen Qing con sus seis esposas y múltiples amantes y es una descripción de la
vida de la clase media urbana.
Arte
La
cerámica Ming es la que identificamos como el prototipo de la cerámica china.
Es la cerámica azul y blanca que inspiró a toda Europa, donde fue imitada de
una manera amplia. También en Ming se desarrolló el esmalte sobre barniz
vidriado que permitía decorar la porcelana con varios colores,
el cloisonné, y la laca roja tallada.
La
pintura tuvo un gran auge en Ming. Por un lado se desarrolló la pintura
decorativa: retratos, pájaros, flores, y, por otro, la pintura paisajista. De
esta última hubo dos escuelas principales, la de Zhejiang fundada por Tai Jin
(siglo XV), quien se
inspiró en la tradición pictórica de Song del Sur, sobre todo del pintor Ma
Yuan. La otra escuela, fundada por Shen Zhou (1427-1509), se
llamó Wu y tenía su centro en Suzhou. En Ming aparecieron pintores
que se jactaban de no ser profesionales sino aficionados que combinaban
intereses literarios con la pintura. Así comenzó la tradición
del wenrenhua (pintura del hombre literario), que tuvo más adelante
una gran influencia en Japón. En esta pintura se llega a ciertas formas de
simplicidad, abstracción y austeridad que, según los letrados, únicamente un
hombre culto puede expresar. A esta clase de pintura se opusieron artistas como
Xu Wei (1521-1593), quien usó pinceladas fuertes y vigorosas y tuvo seguidores
que favorecían al budismo o al daoísmo y no al confucianismo ponderado.
Clases sociales
La sociedad
Los
campesinos
En
Song y Yuan operaba el zhuangyuan, sistema en el que los campesinos
se encontraban casi reducidos a una situación de servilismo, estaban atados a
la tierra y tenían una relación de dependencia de tipo feudal con el
terrateniente, quien controlaba varios aspectos de su vida. A principios de
Ming se promovió un reparto de tierra a los campesinos, pero pronto ésta se
concentró una vez más en manos de los terratenientes. Sin embargo, el
servilismo fue declinando y en Ming ya los campesinos no estaban atados a la
tierra y su relación con los propietarios era más bien de arrendatarios. Eso se
debió a varias razones, entre ellas el cambio del origen social de los
propietarios mismos, quienes no eran aristócratas sino inversionistas.
El
resquebrajamiento de las relaciones feudales entre terratenientes y campesinos
tuvo como resultado una división de la clase campesina, pues por un lado
surgieron campesinos ricos y, por otro, obreros agrícolas explotados. Al
acabarse la servidumbre, al menos ante la ley, los campesinos eran
supuestamente libres, pero la condición de la mayoría de ellos no mejoró, como
lo prueban las múltiples rebeliones que estallaron durante Ming.
Los comerciantes y los artesanos
Al
igual que en épocas anteriores, durante Ming se ejerció estrecho control de las
actividades de los comerciantes a quienes nunca se les tuvo en un concepto muy
elevado. Las discriminaciones que sufrían incluían la imposibilidad de
presentar los exámenes para obtener un grado y el impedimento para vestirse con
seda de alta calidad. Los gremios en los que estaban organizados los
comerciantes eran supervisados por inspectores del gobierno y todos estaban
sujetos a diferentes impuestos. Muchas veces eran víctimas de burócratas
venales y debían pagar sobornos para poder operar.
Entre
los comerciantes hubo personas muy ricas (ya hemos mencionado a los
comerciantes de la sal) que hicieron grandes fortunas. Sin embargo, las
presiones del gobierno y la falta de prestigio social que acompañaba a esta
profesión, los hacía comprar tierras y, al volverse terratenientes, entraban en
otra clase social que les daba acceso al poder.
El
gobierno era también empresario y, además de ejercer monopolios sobre productos
de primera necesidad como la sal y el hierro, tenía talleres y fábricas para la
manufactura de armas, textiles, productos de cuero, cerámica, herrajes y todo
tipo, de bienes que consumía la corte y el aparato gubernamental. Para eso
empleaba a un gran número de artesanos y obreros que tuvieron durante mucho
tiempo condición hereditaria. Constituían, al igual que los militares, una
clase aparte; estaban bajo la supervisión de un capataz o un maestro, quien
trataba directamente con el gobierno y era responsable de los demás. Con el
tiempo, al cambiar el sistema de servicios obligatorios por el pago de un
impuesto, muchos artesanos de la provincia pudieron liberarse y trabajar, con
mejores condiciones, para particulares. Al final de la dinastía ya había muy
pocos artesanos de condición hereditaria y en la siguiente dinastía
desaparecieron completamente.
Los notables (terratenientes-letrados-burócratas)
Hemos
señalado en varias ocasiones cómo, al desaparecer la aristocracia hereditaria
en China, se afianzó una nueva clase social de notables que ejercía un
liderazgo político y económico en las ciudades y en las aldeas. Este grupo de
personas tenía privilegios y prerrogativas y un modo de vida distinto del de la
gente común. Los notables trabajaban principalmente para el gobierno, estaban
eximidos de varios impuestos y del trabajo obligatorio y eran los líderes de
sus comunidades. Muchas veces poseían tierras, aunque ser terrateniente no era
lo mismo que ser notable ni todos los notables poseían tierras. A veces eran
empresarios inversionistas o bien prestamistas y en muchas ocasiones fueron
explotadores despiadados de las clases menos privilegiadas. Eran también los
guardianes y representantes del sistema ético confuciano que imponía las reglas
del comportamiento adecuado y de las relaciones sociales.
En
chino se les llamó shenshi o shenjin, que significaba
poseedor de un grado, mismo que obtenían mediante los exámenes o, en ocasiones,
por medio de servicios especiales prestados al gobierno o mediante el pago de
fuertes sumas de dinero (cosa frecuente en épocas de gran necesidad de dinero
por parte del gobierno). El gobierno y los notables mantenían una relación de
interdependencia: el grado y las prerrogativas que acarreaba eran otorgados por
el gobierno, y éste, a su vez, dependía de la clase de notables para que
funcionara la administración tanto central como provincial.
Los
burócratas, quienes surgían de esta clase, no podían servir en su lugar de
origen y necesitaban el apoyo de los notables locales para administrar una
región que no conocían bien. Era, además, obligación de los notables tomar la
iniciativa para proporcionar y organizar servicios sociales de carácter local y
en muchas instancias fundaron escuelas y academias, construyeron caminos,
puentes y templos y financiaron milicias.
Aunque
los shenshi no pertenecían a una clase hereditaria y en muchas
instancias hubo movilidad social ascendente o descendente entre ellos, también
es cierto que su acceso a la educación y su riqueza les permitieron seguir
perteneciendo a esa clase durante varias generaciones. No estaban formalmente
organizados como un grupo coherente, pero la comunidad de intereses y la
similitud en su educación los hacía afines y les permitía tener fuerza e
influencia. En cuanto a su relación con el gobierno, hubo una simbiosis, sobre
todo a partir de Ming. Los notables, interesados en mantener el statu
quo y la estabilidad social necesarios para su prosperidad, fueron un
elemento conservador y guardián de los intereses del gobierno y, a su vez, el
gobierno trataba de no lesionar los intereses de los notables.
La familia y la posición de la mujer
Al
igual que en otros periodos de la historia de China, en Ming la organización
social descansaba sobre unidades familiares en las que el individuo estaba
subordinado al grupo. A la cabeza de esta familia patriarcal, el jefe
controlaba el patrimonio y dictaba las reglas de conducta de los demás
miembros; su autoridad era incuestionable y también lo era su responsabilidad,
porque ante el mundo externo él representaba a todo el grupo familiar.
En
términos generales, la posición de la mujer sufrió un deterioro. En Song hubo
ya una gran insistencia sobre la castidad y el decoro, lo que en Ming casi se
volvió ley. Las mujeres no debían ser vistas en público y ni siquiera un médico
podía examinarlas; el matrimonio de las viudas no era aceptable y se encomiaba
y honraba la memoria de las viudas que se suicidaban al morir el esposo. Sin
embargo, se perfilan, dentro de la rigidez, algunos cambios. Si bien la
prosperidad económica de algunas clases volvió a las mujeres ociosas y objetos
de adorno y las encerró en la casa, la diversificación de la economía hizo que
muchas mujeres de clases menos afortunadas buscaran modos de aumentar el
presupuesto familiar sirviendo en fondas, trabajando en industrias textiles y
desempeñando otros trabajos. Otro hecho importante fue el incremento del número
de personas que aprendió a leer, entre las cuales hubo muchas mujeres.
Finalmente, debemos mencionar la participación activa de mujeres en sectas
religiosas como la del Loto Blanco, así como su aportación a rebeliones
populares.
Durante
Ming se comenzó a hablar de las mujeres en novelas y ensayos. Anteriormente
habían aparecido algunos libros sobre el buen comportamiento de la mujer y
sobre mujeres ejemplares, pero ahora se observa un cambio, ya que en novelas
como Jinpingmei se describen mujeres fuertes y de marcada
personalidad y abundan libros que tratan de orientar a las mujeres
considerándolas, si no iguales a los hombres, al menos dignas de ser tomadas en
cuenta. Gui Youguang (1506-1571) criticó los suicidios de viudas y alegó que
deberían volver a casarse, así como las jóvenes cuyo prometido había muerto,
puesto que nunca se habían casado realmente. Un escritor que dedicó todo un
libro a la instrucción de las mujeres fue Lu Kun, quien, en su
manual Guifan (Reglas para las habitaciones femeninas), se pronunció
contra el suicidio de viudas y el infanticidio femenino, alabó a las mujeres
que trabajaban en algo productivo, aceptó que las mujeres de clases bajas
también podían ser virtuosas y, lo más importante, alentó a las mujeres a
aprender cosas útiles (como algunos principios de medicina), y a conocer sus
derechos para poder defenderse de las arbitrariedades.
El
más decidido defensor de las mujeres fue el excéntrico letrado Li Zhi, quien
afirmó que «es posible que una persona sea mujer pero intelectualmente sea tan
buena como cualquier hombre». La afirmación de Li Zhi es tanto más
revolucionaria cuanto se oponía al dicho popular aceptado en la época de que
«sólo el hombre de virtud tiene talento; sólo la mujer sin talento es
virtuosa».
X. UN DESPOTISMO CASI
ILUSTRADO
El
emperador Kangxi a los 60 años.
|
L |
A
DINASTÍA QING fue
la última en ocupar el trono en China, pero no la acompañaremos hasta su fin.
Nos detendremos en el punto en que aparentemente habría llegado a Ja cúspide de
su gloria, cuando los emperadores de origen manchú, verdaderos soberanos a la
usanza china, reinarían sobre una población de más de 300 millones de
habitantes y tendrían bajo control efectivo un territorio que nunca antes había
sido tan extenso. Las artes y las letras florecerían hasta alcanzar el colmo de
su refinamiento; más que nunca China sería, ante los ojos de aquellos de sus
súbditos pertenecientes a las clases privilegiadas, el centro del universo, el
«reino del medio», Zhongguo, o el «centro del florecimiento
cultural», Zhonghua. Los largos y prósperos reinados de sus
emperadores, su burocracia aparentemente surgida de una prueba de mérito, el
humanismo inherente de su ideología oficial, el confucianismo, harían de China
el ejemplo que los filósofos y pensadores políticos europeos usarían para
señalar el camino hacia un despotismo ilustrado. La gracia de su arquitectura,
la delicadeza de su arte, la calidad de sus porcelanas y sus esmaltes,
iniciarían modas y marcarían nuevos horizontes estéticos en Occidente.
Durante
estos años se extendería la soberanía de China sobre territorios tan
importantes como Mongolia exterior y Tibet y se conquistarían el Turquestán
chino (Xinjiang) y Kokonor (Qinghai), con todo lo que ello implica de
incorporación de minorías étnicas con religiones y culturas diversas, tema
candente de gran importancia en la historia de China hasta nuestros días.
Sin
embargo, al terminar el siglo XVIII,
que será el momento en que pondremos punto final a esta parte de la historia de
China, se perfilan la desintegración paulatina que sufrirá este Imperio tan
poderoso y la decadencia del sistema imperial, que se mantendría durante cien
años más antes de que la dinastía fuese destituida, ya no por otra dinastía
sino por un régimen político diferente. China actual es ciertamente el
resultado de los acontecimientos producidos en el siglo XIX,
pero el siglo XIX tiene
hondas raíces en el pasado que debemos conocer para entender el presente.
Origen de los manchú
Desde
el noroeste de China, más allá del límite oriental de la Gran Muralla, hasta la
frontera con Corea se extiende una región de bosques y pantanos en la que
vivían mongoles y tribus de origen tungúsico. Su economía dependía más de la
caza y de la pesca que del pastoreo nómada. Ya en épocas remotas intercambiaban
pieles y la raíz medicinal ginseng (renshen) con los chinos, quienes
les proporcionaban sal, textiles y artefactos de hierro.
Los
que más adelante serían conocidos como manchó eran del mismo origen que los
ruzhen, quienes establecieron en el norte y noreste de China un reino con el
nombre dinástico Jin (1115-1234). Derrotados por los mongoles, los ruzhen se
dispersaron y algunos se instalaron en el sur de la actual Manchuria en la
península de Liaodong. Esta región es de gran importancia estratégica para los
chinos, porque Liaodong tiene fácil acceso a la península de Shandong por el
mar, y por tierra al paso de Shanhaiguan, en donde termina la Gran Muralla.
Desde la época Han los chinos habían administrado Liaodong y fue éste un lugar
donde chinos y «bárbaros» se encontraban y entremezclaban. Durante la dinastía
Yuan, los mongoles establecieron prefecturas y durante Ming idearon un sistema
de guarniciones fronterizas, weisuo, que fueron efectivas durante
mucho tiempo, pero que comenzaron a decaer en el siglo XV.
Las
tribus más cercanas a las regiones con núcleos de población china y coreana
comenzaron a adoptar la agricultura, y evolucionaron de un sistema tribal a
otro con características casi feudales; además, los jefes tenían grandes
propiedades cultivadas por siervos y esclavos. Cautivos chinos y coreanos
contribuyeron con sus conocimientos de administración y con su oficio de
artesanos. Entre los ruzhen se destacaron los jianzhou quienes adoptaron la
agricultura y realizaron un intenso intercambio comercial con los chinos a los
que proveían de perlas, pieles y ginseng. También se adiestraron en la
elaboración de artesanías y manufacturas y en el siglo XVI ya
sabían fabricar armas.
Los
emperadores Ming, temerosos de que algún día varios jefes lograran establecer
una confederación, permitieron que generales chinos defendieran las fronteras
con ejércitos qué dirigían de una manera casi autónoma. Al mismo tiempo, a los
jefes tribales se les nombró comandantes de unidades del ejército,
incorporándolos al sistema chino como tributarios. Esto implicaba regalos,
intercambios de princesas para realizar matrimonios que sellaban alianzas, y
viajes a Beijing de cientos de habitantes de Manchuria. Honrando a unos y
favoreciendo a otros, los chinos mantuvieron divididos a los bárbaros durante
mucho tiempo impidiendo así que se unieran.
Quien
finalmente se perfiló como el jefe que lograría esta unión fue Nurhachi
(1559-1626), jefe jianzhou cuya vida pública comenzó cuando decidió vengar la
muerte de su hermano y de su padre, asesinados por otros jefes rivales.
Nurhachi, tras unir a los miembros de su tribu, venció y dominó a varias tribus
más y consolidó su dominio con medidas militares y políticas con las que hizo
gala de gran habilidad. Nominalmente siguió demostrando su lealtad a la corte
Ming hasta 1616 y recibió toda clase de honores de parte de los chinos. En 1590
encabezó una delegación de más de cien jefes portadores de tributo a Beijing.
Una
de las medidas de organización más exitosas de Nurhachi fue la creación del
sistema de estandartes. En 1601, toda la población que estaba bajo su control
fue dividida en cuatro unidades administrativas y militares
llamadas gusa y qi, «banderas» o «estandartes», en manchó y
en chino, respectivamente. Cada estandarte se caracterizaba por una bandera de
diferente color: amarillo, blanco, azul y rojo. Más adelante se agregaron
cuatro estandartes con banderas de los mismos colores, pero cada una de ellas
bordeada de rojo, salvo la roja que estaba bordeada de blanco. Cada estandarte
contenía cierto número de divisiones, niru (de unos trescientos
soldados cada una). Las niru correspondían a organizaciones tribales
y de aldeas que así estaban ahora incorporadas en una estructura más
centralizada. En realidad cada niru contenía, aparte de los soldados,
a sus familias, artesanos, escribas, sirvientes y esclavos (muchos de ellos
cautivos chinos). Los puestos de mando más altos de cada niru eran
hereditarios y muchos estaban ocupados por allegados a Nurhachi. La ventaja del
sistema de estandartes consistió en incorporar una organización originalmente
tribal en una dirección central burocratizada que poco a poco la habría de
suplantar.
Nurhachi
asimiló la influencia china en más de un aspecto. Tras adaptar la escritura
mongola a su lengua, Nurhachi hizo traducir los libros clásicos confucianos,
introduciendo de esta manera un elemento ideológico que más adelante
favorecería la sindicación de los manchúes. A partir de 1616, tomando el título
de emperador, Nurhachi inició la dinastía Jin Posterior en memoria de la
fundada por sus antepasados ruzhen en el siglo XII.
A partir de ese momento se llevaron a cabo numerosas expediciones para conquistar
Liaodong, administrado por China y habitado casi en su totalidad por chinos, En
1618, al tomar varias ciudades chinas, Nurhachi descubrió entre los cautivos a
Fan Wencheng (1597-1666) —descendiente del reformador Song, Fan Zhongyan y
emparentado con destacados funcionarios Ming—, quien, a partir de entonces, le
sirvió con gran lealtad y le ayudó a crear una administración civil al estilo
chino. En 1625, poco antes de su muerte, Nurhachi estableció su capital en
Mukden (actual Shenyang), en donde permanecieron los soberanos manchó hasta
1644. A su muerte, Nurhachi recibió el título de Taizu, Gran
Progenitor, al igual que los emperadores chinos iniciadores de una dinastía.
Dos
escenas de la vida cotidiana a fines del siglo XVIII.
Los manchú toman el poder
El
heredero de Nurhachi, Abahai (1592-1643), era hábil estratega y político de
gran talento. Completó la conquista de Liaodong hasta Shanhaiguan, la puerta
misma de China, dominó al norte de Manchuria, invadió Corea y dirigió varias
expediciones dentro del territorio delimitado por la Gran Muralla. También
acabó con la costumbre de compartir el mando con otros nobles, decidió dirigir
personalmente tres de los ocho estandartes y estableció en Mukden, en 1631, una
administración, al estilo de China, con seis ministerios que nominalmente eran
encabezados por nobles manchó, pero que en realidad administraban funcionarios
chinos.
Abahai
cambió el nombre de su pueblo en 1635 y a partir de entonces éste ya no se
llamaría ruzhen ni jianzhou sino manchó (manzhou, en chino), nombre por el
cual se le conocería a partir de ese momento. También, en 1638, adoptó el
nombre dinástico Qing («puro») y se autoproclamó emperador al estilo chino.
A
la muerte de Abahai, su hermano menor, Dorgon (1612-1650), gobernó como regente
en nombre de su sobrino de ocho años, el futuro emperador Shunzhi (r.
1644-1661). Dorgon apoyó sobremanera su gobierno en administradores chinos y
preparó con cuidado la conquista final del Imperio chino. Cuando Li Zicheng
tomó la capital y trató de establecer su propia dinastía, su ejército enajenó a
la población haciendo alarde de una gran crueldad que nadie parecía poder
controlar. Cuenta un ciudadano, testigo de los acontecimientos: «Sin ningún
freno algunos robaban y pillaban. Hombres y mujeres corrían por doquier
llamándose unos a otros. La gente se juntaba y se dispersaba, corriendo,
tropezando, mutilada por espadas, atravesada por flechas […] Por todos lados
había manos cortadas, piernas amputadas, orejas rebanadas, cabellos arrancados
[…]». La ciudad había pedido ayuda a Wu Sangui (1612-1678), general que tenía a
su cargo el ejército de Ningyuan y que defendía el paso de la Gran Muralla. Wu
Sangui no pudo llegar a tiempo y su ejército no tenía la capacidad para
enfrentarse con los 60 000 soldados de Li Zicheng. Dorgon propuso al general
chino una alianza prometiéndole honores y riquezas; Wu se unió a los manchú y
juntos vencieron a los rebeldes. Una vez más el trono estaba en manos de
extranjeros y Dorgon entró en Beijing en 1644. En su primera proclama afirmó:
«El Imperio no es propiedad de un individuo. El que tiene la virtud es su
dueño. El ejército y el pueblo no son propiedad de un individuo. El que posee
la virtud tiene el mando. Nosotros somos los que ahora ocupamos el Imperio».
Después de eso, Dorgon intentó ganarse el apoyo popular: observó con toda
seriedad los ritos funerales del último emperador Ming, castigó a todos los que
robaban y pillaban, ofreció amnistía y puestos altos a los funcionarios chinos.
Después de Li Zicheng, el restablecimiento del orden fue recibido con cierto
alivio y resignación.
Los últimos estertores de la dinastía Ming y la
conquista final
La
resistencia en contra de los manchú fue esporádica y desorganizada; hacia 1646
casi toda China estaba bajo el dominio de la dinastía Qing. Únicamente en el
sur y sudeste se organizó un grupo de resistencia más efectiva en torno del
príncipe Gui, nieto del emperador Wanli. Sin embargo, después de algunos años,
el general Wu Sangui logró vencerlo y el príncipe huyó a Birmania en donde fue
capturado y ejecutado en 1662.
El
último foco de resistencia se concentró en la isla de Taiwan o Formosa (nombre
que le habían dado los portugueses). Durante siglos, esta isla fue guarida de
piratas y estación para comerciantes de varias nacionalidades; tenía una
numerosa población china proveniente sobre todo de las costas de Fujian. Taiwan
nunca fue administrada por los Ming y a partir del 624 los holandeses se habían
instalado en la costa occidental. Es allí en donde se había refugiado, en 1661,
el pirata y aventurero Zheng Chenggong (1624-1662) quien había tenido contacto
con las efímeras cortes de los resistentes Ming en Nanjing y Fuzhou y siguió
siendo leal a la dinastía derrocada. Zheng recibió el título
de Guoxingye (señor con apellido imperial), y por ello es conocido
también como Coxinga, nombre que le dieron los holandeses. De 1646 a 1658,
Coxinga dominó la costa de Fujian y al ser vencido por las fuerzas Qing tomó
Taiwan desalojando a los holandeses. Después de la muerte de Coxinga, su hijo
resistió veinte años más, pero finalmente, en 1683, los Qing se apoderaron de
Taiwan incorporándola al Imperio chino.
Mientras
tanto, algunos generales Ming aliados de los manchú se habían instalado en
partes del sur de China como verdaderos señores feudales casi independientes
del poder central. El más poderoso fue Wu Sangui, quien ayudó a los manchú a
vencer a Li Zicheng y participó activamente en las campañas del sur. Este
general dominaba las provincias de Yunnan y Guizhou y controlaba además Flunan,
Shaanxi y Gansu; recibía generosos subsidios de la corte y también obtenía
ingresos por los monopolios de las minas de sal, cobre y oro, por el comercio
del ginseng y por el tráfico de caballos con Tibet.
Cuando
la corte manchú tomó medidas en contra de Shang Kexi (1604?-1676), quien era
entonces el gobernador de Guangdong, Wu Sangui se sintió amenazado y se rebeló;
fue seguido por Geng Qingzhong (?-1682), gobernador de Fujian, y Sun Yanling
(?-1877), gobernador militar de Guilin en Guangxi. Otros se unieron a la
revuelta y, en 1676, estalló una contienda conocida como la Rebelión de los
Tres Feudatarios, de la cual, al cabo de algunos años, los manchú salieron
victoriosos poniendo así punto final a cualquier posibilidad de resurgimiento
del poder militar chino y de la restauración de la dinastía Ming.
La dinámica del poder entre chinos y manchú
Explicar
el éxito y la duración de la dinastía extranjera manchú en China es todavía un
tema de controversia entre los historiadores. Si bien no era la primera vez que
se establecían en China pueblos de la periferia, nunca se habían afianzado de
tal manera y en todo el territorio. Un caso de excepción fue el de los
mongoles, pero fueron su poderío militar y la división de China los que
hicieron posible la incorporación de esta nación al Imperio mongol, y aun así
los mongoles no duraron ni siquiera un siglo.
Es
cierto que el momento político y militar en China era propicio y es cierto
también que los manchú constituían ya una nación organizada y militarmente
poderosa cuando dominaron a sus vecinos. Sin embargo, no hay que olvidar que
los manchú eran únicamente dos por ciento de la población y aun así, dominados
los últimos focos de resistencia en el sur y en Taiwan, no tuvieron reto a su
poder hasta el momento en el que el sistema imperial en sí fue cuestionado.
Algunos
historiadores señalan como causas principales del éxito manchú su habilidad
para ganarse a las capas más altas de la sociedad por medio de una diarquía que
permitía un reparto de los altos puestos entre chinos y manchú y, sobre todo,
en la adopción incondicional de la ideología confuciana. Para estos
historiadores, los manchúes hicieron más hincapié en la conciliación que en la
fuerza y supieron mantener un equilibrio que, si bien era desigual, resultó ser
efectivo. Esto lo prueba la gran cantidad de chinos que sirvieron a los manchú
y la misma autoimagen de los emperadores como soberanos confucianos avalados
por el Mandato del Cielo.
Para
otros estudiosos, el elemento más importante fue la fuerza y la intimidación.
Señalan que los privilegios de los manchú eran desproporcionados: los
aristócratas poseían tierras, los demás eran todos miembros de los estandartes
y tenían prebendas nunca compartidas por los chinos o los mongoles; no se
permitía a los manchú dedicarse al comercio ni a otros trabajos. Además, había
separación, segregación y discriminación en contra de los chinos. Estaban
prohibidos los matrimonios mixtos; los chinos debían llevar la cabeza rapada a
la usanza manchú, pero con una trenza en la parte de atrás de su cabeza que los
distinguía; los chinos no podían residir en Manchuria y aun en las ciudades
chinas existían dos barrios separados; ambos pueblos debían vestir de manera
diferente, y hasta el final de la dinastía, aun cuando el idioma manchú había
caído casi en desuso, se mantenía el bilingüismo en los documentos de la corte.
En el norte, en donde la conquista fue más fácil, hubo menos casos de
atrocidades, pero en el sur todo fue mucho más cruel; la población china tuvo
siempre que soportar vejaciones, intimidaciones, delaciones y corrupción. Al
principio de la conquista, en varias ocasiones las tierras de los campesinos
fueron expropiadas por miembros de los estandartes manchú y los cultivadores
fueron esclavizados.
Sin
embargo, es posible ver la dominación manchú como una amalgama de fuerza y de
persuasión. La fuerza era necesaria para intimidar y mantener a la población
sometida, pero no faltaron gestos de conciliación y concesiones. Cuando el
problema de las expropiaciones se tornó agudo, se cambió el sistema y a partir
de 1685 se implantó una recolección de impuestos que fue bastante benévola. A
nivel provincial se dejó a los notables gobernar y dirigir los asuntos locales.
A los letrados se les neutralizó con la aceptación de los valores confucianos,
a pesar de una fuerte inclinación religiosa budista por parte de los
emperadores.
En
un principio hubo fluctuaciones muy serias en las relaciones entre chinos y
manchú. Entre los primeros emperadores hubo algunos más dispuestos que otros a
favorecer a los chinos o al menos a tratarlos con igualdad. El regente Dorgon
se apoyó en funcionarios chinos lo cual provocó la ira de la aristocracia
manchú. Esta situación se agravó aún más con el emperador Shunzhi, seguidor del
modelo de gobierno de los Ming, restaurador de la Academia Hanlin y devoto
creyente budista. A la muerte de Shunzhi el regente Oboi apoyo a los nobles
manchú, persiguió a los notables del sur de China y castigó a los que osaron
protestar. Entre la actitud benévola de Shunzhi y la sinofobia de Oboi se llegó
a un compromiso que establecería la pauta por seguir con el advenimiento al
trono del primero de los grandes emperadores Qing, el emperador Kangxi (r.
1662-1722).
Los grandes déspotas ilustrados
Ya
se ha señalado cómo en China la figura y el papel del emperador fueron
evolucionando paulatinamente hacia un absolutismo que, tal como sucedió en
varios casos durante la dinastía Ming, podía convertirlo en un tirano o en un
déspota ilustrado. La centralización del poder, la injerencia del emperador en
todos los aspectos del gobierno por medio de sus hombres de confianza, la
decadencia de los canales institucionales del poder y la incapacidad o
imposibilidad de los funcionarios para mantener la independencia que los había
distinguido en épocas anteriores hicieron que recayera sobre los hombros del
soberano gran parte de la responsabilidad de lo que habría de acontecer en
China durante el periodo de la dinastía Qing que aquí nos interesa. No se trata
de negar la importancia de los factores económicos y de la dinámica social en
esa época, pero es innegable que los emperadores que ejercieron el poder desde
mediados del siglo XVII hasta
fines del siglo XVIII forjaron
y representaron este periodo de la historia china.
Aristócrata,
de Dan Dang (1593-1638); tinta negra sobre papel.
El
emperador Kangxi (1654-1722) subió al trono a los siete años de edad y muy
joven, a los trece años, tomó las riendas del poder eliminando al regente Oboi
y a todos su partidarios e iniciando así una era de gloria para la dinastía
manchó, cuyo poder afianzó y consolidó. Kangxi es considerado como el primero
de los emperadores manchó con todos los atributos del soberano confuciano a la
usanza china. Sin embargo, no renunció a ciertas características que lo
acercaban a sus orígenes: era excelente jinete y deportista, gustaba del aire
libre y de la caza, hablaba mejor manchó que chino, reservó puestos altos para
los manchó y afirmó el poder de los estandartes. Al mismo tiempo, limitó el
poder de la aristocracia y prohibió a los miembros de la familia real que
tuvieran puestos administrativos.
Tanto
sus propias palabras, recogidas en edictos, pronunciamientos, diarios de la
corte y otras fuentes, como los testimonios de los jesuitas que lo conocieron
íntimamente nos presentan a Kangxi como un hombre lleno de energía, curiosidad,
inteligencia y habilidad, ávido de conocimiento, agudo, severo y firme, sin
llegar a ser desmesuradamente cruel. «Siempre he sido capaz de aceptar que me
equivoqué», nos dice él mismo y en su largo reinado así lo probó. Tenía una
gran capacidad de trabajo y supervisaba personalmente los asuntos de su
Imperio. Además, encontraba tiempo para estudiar los libros clásicos, aprender
matemáticas, tocar instrumentos musicales y aun jugar con sus hijos. Patrocinó
la publicación de un diccionario de caracteres chinos (Kangxi
zidian), de una selección de citas literarias (Peiwen yunfu), de
una enciclopedia de 5 000 volúmenes y de numerosos libros de temas diversos.
Kangxi
fue quien venció a los tres feudatarios y conquistó Taiwan, estableciendo así
el mando de los manchó sobre toda China. Fue también él quien dominó a los
mongoles, conquistó Tibet y afirmó la dominación de China sobre todo los
pueblos de la periferia cuyos representantes debían acudir a Beijing portando
tributos.
En
el ámbito interno, Kangxi supo atraer a los letrados chinos haciéndose
protector de los estudiosos. En 1679 se hizo un examen especial para
seleccionar a los compiladores de la historia de la dinastía Ming; además, el
emperador se rodeó de escritores, artistas y calígrafos chinos. Para conocer el
Imperio, Kangxi hizo numerosos viajes al sur y siempre demostró interés por las
obras de irrigación, la apertura de canales para asegurar el transporte de
granos y los esfuerzos realizados para impedir las inundaciones, que eran tarea
cotidiana de los súbditos del sur. En 1713 congeló los impuestos sobre la
tierra, lo que le valió la gratitud del pueblo.
Kangxi
era respetuoso del ritual confuciano y tolerante de otras religiones, pero no
profundamente religioso. En su corte vivieron jesuitas que en varias ocasiones
fueron sus consejeros en materia de ciencia y tecnología. Tal es el caso de
Verbiest, quien fue astrónomo de la corte y maestro de matemáticas del
emperador. Tenía una gran confianza en los conocimientos científicos de los
jesuitas, pero dudaba que supieran mucho sobre la cultura china, la cual, a los
ojos de Kangxi, era netamente superior, «¿Cómo se atreven a hablar de “los
grandes principios de China”?», dice Kangxi de los jesuitas. En cuanto al
cristianismo, muchos de sus aspectos no convencían a este emperador
racionalista: «Le pregunté a Verbiest por qué Dios no había perdonado a su hijo
impidiendo que muriera, pero, a pesar de que trató de contestarme, no entendí
bien lo que quiso decir». Y otra vez nos dice: «Me hubiera gustado presenciar
alguno de los milagros de los cuales tanto me hablaban, pero nunca se ha
producido ninguno». Además, el astuto emperador se daba cuenta de la
discrepancia entre las enseñanzas de la religión y las disputas e intrigas que
existían dentro de la orden de los jesuitas y entre éstos y otras órdenes: «En
la religión católica, la sociedad de Pedro disputa con los jesuitas, Bouvet
disputa con Mariani, y entre los jesuitas los portugueses quieren únicamente
que sus compatriotas estén en su Iglesia y los franceses solamente quieren a
franceses en la suya. Esto está en contra de los principios de la religión». La
luna de miel de Kangxi con los religiosos occidentales llegó a su fin con la
controversia de los ritos, de la cual hablaremos más adelante. A partir de
comienzos del siglo XVIII,
muchos sacerdotes fueron expulsados y los que se quedaron vieron restringidos
sus movimientos.
Kangxi
tuvo 56 hijos e hijas de los cuales sobrevivieron 8 mujeres y 20 varones En los
últimos años de su reinado, una crisis por la sucesión amargó el final de la
vida del emperador. Su hijo favorito y sucesor, Yinreng, a quien el emperador
había educado con esmero, demostró ser depravado y cruel, por lo cual fue
destituido. Esto desencadenó intrigas y pugnas internas de las que resultó
victorioso el cuarto hijo, Yinzhen, quien se sobrepuso a sus rivales y, según
sus enemigos, apresuró el fin del mismo emperador, se proclamó emperador y
reinó con el nombre de Yongzheng.
A
pesar de la dudosa legitimidad del inicio de su reinado, Yongzheng (r.
1723-1735) fue un emperador capaz y eficiente, aunque algo rígido e
intolerante. Kangxi fue el emperador Qing que sentó las bases para la clase de
despotismo centralizado que caracterizó el reinado de los monarcas Qing, y
Yongzheng consolidó lo ya iniciado por su padre. El emperador hizo poco caso de
los canales establecidos en la jerarquía del mando y se rodeó de personas de su
confianza que tenían libertad de imponer sus políticas. Esto tuvo consecuencias
buenas en cuanto a la eficiencia del gobierno, pero necesariamente tuvo que
estar acompañado de mayor autoritarismo y mano dura.
Kangxi
había iniciado la costumbre de que se le enviaran informes directamente;
Yongzheng siguió esta costumbre, pero, al aumentar el volumen de escritos, a
pesar de su enorme energía y capacidad de trabajo, tuvo que buscar ayuda. Es
así como creó el Gran Consejo, compuesto de unos cinco o seis miembros que
leían y resumían los informes secretos y los discutían con el emperador.
Yongzheng
tuvo problemas con los letrados porque nunca toleró la existencia de facciones
ni las intrigas. Expuso sus ideas en un ensayo que escribió en
1724, Pengdanglun (Sobre las facciones), que fue distribuido y
estudiado en todas las escuelas y que comienza de un modo decididamente
autoritario: «Pensamos qué así como el Cielo es alto y la Tierra es baja,
también los papeles del soberano y del ministro están determinados. El deber
esencial de un ministro es simplemente estar consciente de que tiene un soberano».
Además, fue implacable en la recaudación de impuestos y acabó con la exención
de la que se beneficiaban algunos letrados y notables. Para lograrlo aumentó
los salarios de los responsables de la recaudación a fin de evitar la
corrupción. Esto tuvo como consecuencia un saneamiento de la economía que era
necesario.
En
materia de cultura, Yongzheng se interesó en la poesía y en los asuntos
religiosos. Le atrajo en cierto momento el budismo lamaico, pero no hizo
grandes concesiones al clero. De la misma manera, demostró desconfianza hacia
el cristianismo y hostilidad hacia los misioneros, muchos de los cuales fueron
expulsados y sus iglesias destruidas.
Durante
su reinado, Yongzheng mantuvo en secreto su decisión sobre quién habría de
sucederlo y no mostró favoritismo hacia ninguno de sus hijos. Estableció una
escuela en la que todos los príncipes se educaban juntos sin trato especial
para ninguno de ellos. Eso evitó que se especulara sobre el posible sucesor y
que se formaran facciones. A su muerte fue revelada su decisión, la cual se
encontraba escrita en un papel encerrado en un pequeño cofre que estaba
guardado detrás del trono. Su sucesor fue su cuarto hijo, Hongli, quien,
conocido con el nombre de Qianlong, tuvo uno de los reinados más largos y más
gloriosos en la historia de China.
Cuando
subió al trono, Qianlong (r. 1736-1795) tenía ya veinticinco años de edad y,
una vez pasado un periodo de aprendizaje, en el cual tuvieron cierta
prominencia viejos consejeros de su padre, tomó las riendas del poder. Es
difícil hablar del emperador Qianlong como de una persona de carne y hueso.
Kangxi y Yongzheng eran personajes vivos; se conoce su carácter y su
personalidad. Qianlong más que un hombre es un símbolo, un «monarca confuciano»
que nos han transmitido tanto la historiografía oficial como las leyendas
populares. El emperador era el monarca ilustrado, filial, benévolo, culto, buen
estratega, o al menos eso es lo que se nos dice en las miles de historias
ejemplares donde el emperador actúa de conformidad con su rango. El mismo
emperador ha dejado entrever poco en sus enunciados oficiales, en sus pinturas
y en su caligrafía. Por todo eso, Qianlong es más una época que un emperador,
época que, por cierto, fue de gran esplendor y lujo. Yongzheng había dejado
llenas las arcas y Qianlong tuvo pocos problemas económicos. Durante su reinado
florecieron el arte en todas sus manifestaciones, la arquitectura, la pintura y
se desarrollaron y perfeccionaron las porcelanas y las lacas. El emperador hizo
numerosos y costosos viajes al sur que ayudaron a la difusión cultural en toda
China. Cuando, en 1793, el embajador inglés McCartney fue a China no pudo dejar
de admirar el esplendor de ese país. Sin embargo, tal esplendor ya tenía en sí
las semillas de la decadencia, la cual se haría sentir más adelante. Aparecieron
problemas que minarían las bases del orden del Imperio. La historiografía
tradicional atribuye todos los males que acaecieron durante el reinado de
Qianlong a la influencia nefasta que ejerció sobre él Heshen (1750-1799),
oficial de estandarte manchú a quien el emperador favoreció y dio toda su
confianza. Heshen tenía 25 años y era guardia del palacio cuando el emperador,
ya de 64 años, quedó tan impresionado por su belleza y simpatía que en un año
lo ascendió a miembro del Gran Consejo. Heshen aprovechó el favor del emperador
para enriquecerse de manera escandalosa, sembrando el terror a través de
esbirros y secuaces que estaban presentes en todas partes. Inútil como militar,
condujo campañas desastrosas en contra de los musulmanes, los cuales se habían
rebelado en Gansu (1781-1784), y vació las arcas imperiales con gastos de
guerra ficticios, dando informes falsos sobre el progreso de la supresión de la
rebelión. No hay duda de que Heshen no era un personaje grato y que mucha gente
lo odiaba, pero culpar sólo a esta persona de la desintegración del Imperio
resulta exagerado. En la segunda mitad del siglo XVIII muchas
minorías se rebelaron: los lolo, los tibetanos, las tribus de Yunnan, Taiwan,
los gurkas de Nepal y otros más, presionando militar y económicamente al
Imperio chino. La corrupción estaba tan difundida que provocó brotes de
rebeliones internas de gran envergadura, como la del Loto Blanco. Estas y otras
razones que veremos más adelante hacen pensar que atribuir todos los males a
Heshen es una manera simplista de explicar problemas complejos.
Columnas
del Viejo Palacio de Verano en Beijing.
En
1795, Qianlong decidió abdicar al trono en favor de su hijo, el cual reinó como
el emperador Jiaqing (r. 1796-1820). La razón que dio Qianlong para su renuncia
fue que, habiendo reinado ya sesenta años, se retiraba para que su permanencia
en el poder no excediera a la de su abuelo, el emperador Kangxi. Casi senil y
dominado por Heshen siguió, sin embargo, ejerciendo el poder hasta su muerte,
acaecida en 1799. Jiaqing arrestó entonces a Heshen, quien fue acusado de
tremendos crímenes y abusos por todos los que antes habían tenido que
soportarlo sin atreverse a protestar. Heshen se suicidó y sus bienes, que
ascendían a millones de onzas de oro y excedían las mismas existencias del
tesoro estatal, fueron confiscados. Algunos de sus colaboradores fueron purgados
pero, en realidad, la corrupción y otros males no fueron eliminados del todo.
Administración
El
aparato administrativo de los Qing fue, casi en su totalidad, una copia de las
instituciones existentes durante Ming. Al principio de la dinastía una parte
del poder fue detentada por el grupo colegiado de príncipes manchú que dirigían
cinco de los ocho estandartes. Kangxi fue el primero de los emperadores en
tratar de reducir el poder de los príncipes, pero fue Yongzheng a quien le tocó
asestar el golpe de gracia a ese poder, poniendo los estandartes directamente
bajo sus órdenes y creando el Gran Consejo. Este último órgano, que trabajaba
directamente bajo las órdenes del emperador, le quitó muchos de sus atributos
al Gran Secretariado, institución heredada de la época Ming que siguió
existiendo sin mucho poder. El número de participantes del Gran Consejo era de
cinco o seis miembros, todos ellos funcionarios de alto nivel. El trabajo de
oficina lo realizaban sesenta secretarios, de los cuales la mitad eran chinos y
la mitad manchú.
La
realización de lo que decidía el emperador, apoyado y asesorado por el Gran
Consejo, era tarea de los seis ministerios, por orden de importancia: personal,
hacienda, ritos, guerra, justicia y obras públicas. Estos ministerios tenían
dos presidentes cada uno (uno chino y uno manchú) y cuatro vicepresidentes
igualmente repartidos. Este arreglo conservó la distribución equitativa de los
puestos, pero al mismo tiempo hizo menos eficiente el funcionamiento por el
exceso de responsables.
El
Censorado tenía como siempre la responsabilidad de llamar la atención del
emperador y de vigilar a los magistrados de provincia. También había en él
igual número de chinos que de manchú. Había 24 censores en los 6 ministerios,
10 más en otras dependencias en la capital y 56 en las provincias, distribuidos
en 15 circuitos. El trabajo de censor se volvió menos significativo a medida
que el poder del emperador se hacía más despótico, pero hubo casos en los
cuales el Censorado sirvió para descubrir casos de corrupción flagrante.
La
administración provincial reconocía tres regiones diferentes: China propiamente
dicha, Manchuria y, finalmente, Tibet, Mongoliay Xinjiang. En China había 18
provincias encabezadas por un gobernador. A su vez, las provincias formaban
grupos supervisados por gobernadores generales, de los cuales había 6. Cada
provincia estaba dividida en prefecturas (fu), que ascendían a 180;
cada fu estaba dividida en distritos (xian), de los cuales había
alrededor de 1 500. Los magistrados, hasta el nivel de xian, obtenían
sus puestos gracias al emperador y eran funcionarios enviados por el gobierno
central. Cada magistrado de distrito tenía bajo su jurisdicción de 100 000 a
200 000 ciudadanos y sus responsabilidades eran múltiples: la recolección de
impuestos, el mantenimiento del orden, la supervisión de los exámenes locales y
otros deberes, para lo cual contaba con una amplia red de empleados y, sobre
todo, con la colaboración y buenos oficios de los notables locales.
Los
burócratas, nombrados por el emperador para efectuar la administración, eran,
por un lado, sus servidores, pero, por otro, eran los transmisores e
intérpretes de la tradición confuciana con la cual habían sido nutridos. En
teoría, todos los varones adultos (menos unos pequeños grupos de descastados)
podían aspirar a tener un puesto haciendo los méritos necesarios. Aun los
comerciantes y artesanos, a quienes en épocas anteriores no se les había
permitido presentar los exámenes, ahora podían hacerlo. Sin embargo, como ya
hemos indicado antes, era difícil que accedieran personas sin algún respaldo
social y económico, puesto que el aprendizaje era largo y costoso. De cualquier
manera, la movilidad social fue siempre un fenómeno real en China.
Los
grados que se podían obtener eran múltiples. Primero el
de shengyuan, grado local que no daba automáticamente un puesto, pero
que sí otorgaba prestigio y eximía de la obligación de realizar trabajos
públicos. Luego venía el grado de jiansheng, que ofrecía iguales
prerrogativas, y otros grados del mismo nivel que a veces podían ir acompañados
de puestos menores. El examen provincial, que se efectuaba cada tres años y
confería a los examinados que lo pasaban con éxito el título de juren, daba
derecho a presentarse al examen máximo en la capital y otorgaba el grado
de jinshi. Este título y el del examen, aún más selectivo, del
palacio garantizaban la obtención de un puesto. Pero, si pensamos que cada tres
años se otorgaban 200 grados de jinshi y 1 400
de juren, pocos eran los hombres que llegaban a obtener puestos. La
conquista manchú también significó para los chinos una disminución de
oportunidades porque la mitad de los puestos estaban reservados para nacionales
manchú.
Tanto
en la burocracia civil como en la militar había 9 grados, subdivididos en 18
grados menores. El paso de un subgrado a otro, o de un grado a otro, estaba
estrictamente reglamentado y se alcanzaba con exámenes, recomendaciones,
evaluaciones y méritos. El salario que correspondía a cada grado era diferente,
así como también lo eran los trajes, las insignias, los tocados y otras
muestras externas de los funcionarios. Debemos también mencionar la costumbre,
cada día más frecuente, de vender los grados académicos y, por ende, los
puestos, costumbre que ya entrado el siglo XIX se
volvió una fuente de ingresos para el estado cada vez que se presentaba la
necesidad.
La
administración de las provincias de Manchuria era diferente ala de China
propiamente dicha. Heilongjiang y Jilin, en el norte, estaban organizadas sobre
una base netamente militar, mientras que la provincia de Fengtian (actual
Liaoning) más cercana a China, poblada por chinos y culturalmente identificada
con China, era gobernada casi como una provincia china. En las dos provincias
del norte no se permitía la inmigración china ni la adopción de características
culturales chinas. Esto no pudo impedirse y tanto la inmigración ilegal como la
complicidad de los gobernadores manchó ya aculturados hicieron que
paulatinamente toda Manchuria sufriera un cambio.
Tibet,
Xinjiang y Mongolia eran administrados como posesiones coloniales y dependían
de la Superintendencia de Posesiones (Lifanyuan), especie de
Ministerio de Relaciones Exteriores creado en 1638 con el fin de controlar a
las tribus mongolas que, después de ser vencidas, fueron incorporadas a los
estandartes.
El ejército
Con
una efectividad menguante, el sistema de estandartes existió durante toda la
dinastía. A los 8 estandartes manchó originales se agregaron 8 mongoles y 8
chinos, elevando el número total a 24. Cada estandarte, compuesto de compañías,
comprendía, como lo hemos dicho, a toda una población de dependientes,
familiares y sirvientes. En 1644, en el momento de la conquista, había 563
compañías, con una fuerza efectiva de aproximadamente 170 000 combatientes. En
1735 llegó a haber 1 155 compañías, con un promedio de 350 000 soldados durante
todo el siglo XVIII.
Las compañías estaban apostadas como guarniciones en diferentes lugares:
alrededor de la capital, al noroeste defendiendo las fronteras con Asia
Central, y en centros grandes de población tales como las capitales de
provincias y varios lugares del sur. Las guarniciones consistían de unos cuatro
mil hombres que vivían en barrios separados con sus familias y otros
dependientes. Cada provincia en donde había guarniciones tenía un jefe de
estandartes, un general (jiangjun) y dos
generales-brigadieres (futong), todos ellos manchó.
Al
principio de la dinastía se expropiaron tierras para sostener a las fuerzas
armadas, pero pronto cesó esta práctica y aun estas tierras fueron recuperadas
por propietarios chinos. A partir de 1656, los integrantes de los estandartes y
sus familias eran sostenidos por el gobierno, Muy pronto, tanto la inflación
como la corrupción hicieron insuficientes los fondos asignados y la
desmoralización de los grupos asociados a los estandartes fue una consecuencia
lógica. A eso se sumaron largos años de poca actividad bélica que
desacostumbraron a los soldados a enfrentarse a situaciones de combate.
A
partir del siglo XVIII,
el verdadero ejército de los Qing lo constituyeron las Brigadas
Verdes (lüying), ejército de soldados profesionales chinos. Este
ejército, copia del Ming, estaba compuesto por hombres que provenían de
familias que habían servido en el ejército durante varias generaciones, y los
oficiales eran tanto chinos como manchú que habían hecho una carrera militar
tomando los exámenes correspondientes. Los oficiales podían ser trasladados de
un sitio a otro por el Ministerio de Guerra, pero los soldados rasos
permanecían en el mismo puesto, en la región de donde provenían y ala cual
volvían después de las campañas en las que participaban. Durante las épocas de
paz, las Brigadas Verdes servían de policía local para mantener el orden. Las
Brigadas Verdes llegaron a tener en sus filas hasta 600 000 hombres, pero luego
sufrieron una decadencia durante la cual menguaron el número de soldados y la
capacidad de los que quedaron.
La economía
Hasta
el siglo XIX hubo pocas
innovaciones y cambios en el sistema económico de China. La preponderancia de
la agricultura se mantuvo, así como la dependencia económica del estado
respecto de los impuestos sobre la tierra, a pesar de la existencia de otras
fuentes de ingreso. El ingreso obtenido por el estado sostenía a la corte, a la
burocracia y al ejército. Además, existía una capa social privilegiada que
llevaba una vida amena y tenía acceso a una cultura refinada. En cuanto a la
mayoría de la población, se consideraba afortunada si podía mantener un nivel
mínimo de subsistencia.
Agricultura
Durante
Qing, el aumento de la población en China fue enorme. A pesar de carecer de
datos precisos, se puede estimar que en 100 años aproximadamente, desde 1740
hasta 1850, se triplicó la población, fenómeno casi insólito para una sociedad
agraria y preindustrial. El incremento de la población implicó la necesidad de
aumentar el rendimiento de la agricultura para poder mantener el nivel de
consumo. Es cierto que se recuperaron tierras para el cultivo mediante obras de
irrigación, pero esto no fue suficiente, y si el nivel de consumo se mantuvo
más o menos estable hasta el siglo XIX,
fue debido a otros factores. En primer lugar se incrementó el rendimiento a dos
o más cultivos al año, tanto en las regiones de arroz como en las de trigo y
cebada (en donde, en verano, se podían plantar mijo y arroz). Esta
intensificación del cultivo y del rendimiento fue posible gracias ala
disponibilidad de mano de obra tanto para el trabajo del campo como para las
labores de drenaje, riego, control de aguas y también por la mayor abundancia
de fertilizantes orgánicos —excremento humano y animal— que se usan
tradicionalmente en China.
Si
bien no hubo grandes innovaciones tecnológicas en los métodos de cultivo sino
una intensificación de los métodos tradicionales, sí fueron introducidas nuevas
variedades de arroz de maduración rápida así como nuevos cultivos provenientes
de América: el maíz, la papa, el cacahuate y el tabaco.
El
sistema de tenencia de la tierra siguió el patrón ya señalado en Ming y aunque
en los registros oficiales se diferenciaba entre las tierras privadas, las
tierras de estandartes, las tierras militares, los latifundios y otros rubros
más, ya en el siglo XVIII casi
no existían estas distinciones y toda la tierra estaba en manos privadas. Con
algunas excepciones, las propiedades, sobre todo en el sur, no eran grandes
latifundios. Había pequeños propietarios que cultivaban su tierra y también
había arrendatarios en propiedades más grandes. Las rentas se pagaban en dinero
o en especie, en cuyo caso se entregaba 50% de la cosecha. El pago en especie
era más común en el norte, y, en el sur, una renta fija en dinero.
La
precariedad de la vida de los campesinos y su constante necesidad de dinero
conducían a una continua enajenación de tierras por parte de los pequeños
propietarios. Por esto resulta extraño que no se hayan multiplicado los grandes
latifundios. Este fenómeno se explica en parte por la ausencia de primogenitura
—que llevaba a la parcelación de las tierras— y también por la pérdida
paulatina del valor de la tierra como inversión. La falta de transporte, la
ausencia de buenos mercados en algunas regiones y varias otras razones hacían
más atractivos el comercio y la usura que la compra de tierras
Industria
En
China estaba muy difundido el procesamiento de productos agrícolas y la
manufactura de textiles, metales, papel, cerámica, objetos de madera y otros.
La industria manufacturera se concentraba principalmente en las zonas urbanas,
pero existía también en las zonas rurales. Era también común la producción
casera, familiar o en pequeños talleres. No se conoce con detalle el número de
las industrias caseras o de las manufacturas más importantes, pero se ha
suscitado cierta polémica en torno a su naturaleza como posibles brotes de
capitalismo que ya se perfilaban en Ming. Para algunos estudiosos marxistas
esta instancia acercaría la historia de China a la de Europa. Sin embargo,
estos talleres y manufacturas, aun las de mayor envergadura, no pueden
considerarse industrias modernas ni parecían anunciar una revolución
industrial. No hay pruebas de la existencia de grandes concentraciones de
campesinos en zonas urbanas buscando empleo en las industrias ni de grandes
innovaciones tecnológicas o de inversiones de capital.
La
industria casera más importante era la del hilado y el tejido del algodón. A
veces constituía un trabajo de tiempo completo, pero en la mayoría de los casos
se hada para obtener ingresos complementarios en el campo. El acabado y teñido
de las telas se realizaba en las ciudades, de donde los textiles eran
distribuidos por los comerciantes. La manufactura de textiles estaba controlada
por corporaciones y era ésta la forma dominante de organización industrial.
Comercio
En
todas las áreas rurales, los campesinos compraban y vendían productos en los
mercados que se establecían en la ciudad más cercana. Había así miles de
pequeños mercados que, a su vez, se relacionaban con una red de nivel
intermedio y de grandes ciudades comerciales. En los mercados de primera
instancia los campesinos intercambiaban parte de lo que producían por artículos
necesarios, tales como aceite, agujas, hilo, incienso, utensilios. Estos
artículos los vendían comerciantes que viajaban de los mercados más importantes
a los más pequeños. También había algunos negocios, casas de té, fondas y
cantinas.
En
los mercados más grandes estaban establecidos los comerciantes de mayor
importancia y era allí donde se vendían los granos que recibían los
terratenientes como pago de las rentas y también se realizaba toda clase de
transacciones financieras a través de bancos y otras instituciones de crédito.
Esos mercados grandes generalmente se encontraban en puntos clave de
comunicación fluvial o terrestre pero, por el alto costo del transporte, el
comercio de larga distancia se limitó, hasta la llegada del ferrocarril y del
barco de vapor, al acarreo de granos y al movimiento de algunos productos de
lujo para las clases privilegiadas desde el sur hasta Beijing por el Gran
Canal. El transporte costoso, la multitud de intermediarios, la variedad de
monedas locales y la autosuficiencia de productos básicos en cada región
impidieron que se desarrollara un verdadero mercado nacional.
A
partir de 1757 se levantó la prohibición de comerciar con extranjeros, pero
esta actividad estaba limitada a un pequeño grupo de ricos comerciantes que
tenía el monopolio. Era un grupo de nueve empresarios que tenía el nombre
de cohong (corporación oficial). La relación del cohong con
los comerciantes europeos no era fácil y a eso se agregaba toda la complicada
burocracia china. La misión de McCartney tuvo como objeto tratar de obviar
algunas de esas dificultades, pero fracasó. Si bien este comercio tenía cierta
importancia y le producía ingresos al gobierno a través de impuestos aduaneros,
constituía sólo una pequeña parte de los ingresos estatales, pues el comercio
interno era mucho más importante.
Los impuestos
Como
hemos dicho, el gobierno percibía impuestos de la tierra, de la agricultura y
del comercio. Había dos partes en el impuesto sobre la tierra:
el diding, combinación de impuesto y servicios que se pagaba en
plata, y el caoliang, tributo en granos que se percibía en especie.
Estos impuestos constituían 73.5% del ingreso estatal.
En
un principio se favoreció a los campesinos porque la carga impositiva no era
muy pesada y durante el reinado de Kangxi, en 1712, se estableció un precio
fijo para el impuesto sobre la tierra. Sin embargo, a pesar de la estipulación
de Kangxi de que no se aumentaría la cuota en una región a menos que se
abrieran nuevas tierras para el cultivo, paulatinamente se fueron agregando
otros impuestos. Es así como se percibían gastos de «fundición», para compensar
lo que se perdería al fundir la plata con la que se pagaba el impuesto y que no
era cien por ciento pura; gastos de recaudación y otros más que no llegaban
hasta la capital, sino que se usaban para gastos de administración locales.
Además, eran frecuentes los abusos por parte de funcionarios menores que
extorsionaban sobre todo a los pequeños propietarios incapaces de defenderse.
Otros
impuestos que percibía el estado provenían del comercio. Las más importantes
eran los del comercio de la sal, producto cuyo monopolio estaba en manos del
estado, pero que los comerciantes podían distribuir mediante la compra de
certificados. También se pagaban impuestos por la compra y venta de ciertos
productos, por la compra y venta de propiedades, y por ejercer ciertas
actividades como, por ejemplo, tener una casa de empeño. Los impuestos
aduanales provenían principalmente del comercio en las costas y en los ríos y,
en menor escala, de ciertos puestos de las rutas terrestres.
China y el mundo
Durante
toda su historia, China tuvo relaciones con sus vecinos cercanos y con pueblos
más alejados, haciendo valer su superioridad cultural y militar en épocas de
fuerza, y padeciendo invasiones desde el norte y el oeste en periodos de
debilidad. Desde la época Han, los chinos habían penetrado en Asia Central,
habían fundado ciudades en oasis que señalaban las rutas de la seda y habían
dominado así vastas regiones. Pero, si exceptuamos la época mongol, nunca antes
China había dominado, de un modo efectivo y con una administración adecuada a
cada caso, un territorio tan grande. Las fronteras de la China actual fueron
plasmadas por la expansión, las conquistas, la diplomacia y la influencia que
ejercieron los emperadores manchó en Asia. La influencia de la cultura y las
instituciones chinas rebasaron los límites anteriores y llegaron hasta Europa,
en donde dejaron su huella sobre el pensamiento, el arte y la política de ese
continente.
Relaciones con Rusia
La
existencia de fronteras comunes entre China y Rusia pronto puso en contacto y
en conflicto a esas dos naciones. Durante el reinado del emperador Kangxi
llegaron misiones rusas a la capital y finalmente, en septiembre de 1689, se
firmó el Tratado de Niertchinsk, primer tratado entre China y un país
occidental en el que se definían las fronteras del noreste: el río Amur y las
montanas Xing’an. Dos jesuitas ayudaron en esta ocasión al representante del
emperador chino y actuaron como intérpretes. En 1727 se firmó otro tratado, el
de Kiachta, en el cual las fronteras fueron señaladas con más precisión y
detalle y además se acordó que cada tres años podía viajar a través de China y
Mongolia una caravana comercial integrada por hasta doscientas personas. Se permitió
también establecer una misión en Beijing y construir una iglesia ortodoxa.
Mongolia, Asia Central y Tibet
Desde
muy temprano, los manchú supieron atraer a los mongoles del este y usaron todos
los medios para incorporarlos en su Imperio como colaboradores. Mediante
batallas, alianzas, regalos y promesas pudieron garantizar una fidelidad que
duró un tiempo largo. No hay que olvidar, además, los ocho estandartes mongoles
incorporados en el ejército manchú.
Por
otro lado, los problemas con los mongoles occidentales fueron más difíciles,
pues éstos no se dejaron subyugar y entraron varias veces en conflicto con los
manchú. En parte fue el resultado de estos conflictos, de los cuales salieron
victoriosos los manchú, lo que estableció al Imperio chino como una potencia
colonial en Asia Central.
En
el oeste, las tribus mongolas que allí se habían atrincherado permanecieron
ajenas y aun hostiles a las alianzas de los manchú con los mongoles orientales.
Estas tribus, conocidas genéricamente como oirats, incluían a varios pueblos
(koshots, zúngaros y otros) que en diferentes épocas podían imponerse sobre los
demás. Es así como, mientras los manchú estaban estableciendo su poder en el
noreste, los koshots dominaban el oeste, el Turquestán chino desde Urumchi
(capital de la provincia actual de Xinjiang) hasta Kokonor (actual Qinghai) y
casi habían logrado someter a Tibet.
El
Tibet desde siempre, o para ser más exactos, desde la dinastía Tang, había
tenido contactos con China. A partir del siglo VII,
este árido e inhóspito país había desarrollado una fuerza militar nada
despreciable y sus ejércitos podían incluso incursionar en la India o China.
Los monarcas chinos unas veces tuvieron conflictos armados y otras veces
establecieron alianzas con los reyes de Tibet, quienes siguieron, en general,
el modelo de gobierno chino. En Tibet se desarrolló el lamaísmo, variante del
budismo con mezcla de cultos locales que incluyen la magia y la adivinación.
Como ya hemos mencionado, los mongoles fueron atraídos por esta secta y durante
la dinastía Yuan, en el siglo XIII,
el interés en Tibet se volvió aún más grande por razones religiosas. Durante
Ming se recibía tributo de Tibet con gran regularidad y muchos lamas
(sacerdotes tibetanos) llegaban a la capital china.
A
principios del siglo XV,
el reformador religioso Tsongkhapa (murió en 1419) fundó una nueva secta
lamaica, más estricta y más puritana, que se conoce como la Secta Amarilla, la
cual entró en conflicto con la Secta Roja ya existente. A fines de Ming, este
lamaísmo amarillo se extendió sobre Mongolia y en 1580, un sucesor de
Tsongkhapa (que, según la creencia, era la reencarnación del primer discípulo
del maestro) fue a Mongolia en donde el príncipe mongol Altan Khan le confirió
el título de Dalai («el que todo lo abarca») Lama. A su muerte, un niño
pequeño, biznieto del Khan, fue señalado como la reencarnación del Dalai Lama
y, por ende, su sucesor. Es así como los mongoles se involucraron en las
guerras religiosas de los tibetanos y, en 1642, ayudaron al quinto Dalai Lama a
tomar el poder y establecerse en Lhasa, la capital del Tibet. Páralos mongoles
Lhasa se volvió una capital religiosa y el Dalai Lama era su jefe espiritual.
El Dalai Lama inició relaciones con China y en 1652 fue a Beijing, en donde se
le recibió con gran pompa y ceremonia. En la capital china se desarrollaron
muchas actividades lamaicas y se hicieron traducciones de numerosos textos. En
1732, el emperador Yongzheng transformó uno de sus palacios en templo lamaico;
es el famoso Yonghegong que aún ahora se puede admirar en Beijing.
Mientras
tanto, los mongoles koshot fueron subyugados por otra tribu, los zúngaros,
quienes venían del norte del Turquestán; su jefe era Galdán (?-1697), quien
había sido educado en Lhasa. En 1670, Galdán conquistó los oasis del Turquestán
chino y en 1686 se dirigió hacia lo que es ahora Mongolia Exterior, habitada
entonces por los khalkas. Sintiéndose amenazados, los khalkas concertaron una
alianza con Kangxi quien se puso a la cabeza de un ejército de 80 000 hombres y
venció a los zúngaros entre 1696 y 1697, Esta derrota no hizo desistir a los
zúngaros, quienes seguían incursionando en terreno chino e interviniendo en
asuntos internos del Tibet. Entre 1717 y 1718 invadieron Lhasa y el emperador
Kangxi decidió que se estaban imponiendo en territorios demasiado cercanos a
los suyos. En 1720, Kangxi envió un contingente para combatir a los zúngaros y,
tras derrotarlos, dejó una guarnición de protección en la capital tibetana.
Finalmente, en 1751, el emperador Qing afirmó su control en Tibet
convirtiéndolo en protectorado chino. Éste es el inicio de la incorporación de
Tibet a China.
En
cuanto al Turquestán, su conquista también se realizó a mediados del
siglo XVIII. En 1738 se
había hecho un convenio con los zúngaros que establecía los montes Altai como
límite y frontera. Sin embargo, la paz no duró mucho tiempo y las relaciones
entre los Qing y los zúngaros se deterioraron. En 1756 y 1757, el ejército Qing
atacó a los zúngaros en Yili, en donde se habían atrincherado. Los zúngaros
fueron finalmente derrotados y exterminados y aun su nombre desapareció. El
resto del Turquestán fue conquistado fácilmente y el territorio comprendido
entre las montañas Altai y Kunlun y desde Donghuang (en la actual provincia de
Gansu) hasta los montes Pamir fue administrado con el nombre de Xinjiang (nuevo
territorio).
Fue
así como se extendió el poder de los emperadores Qing en Asia Central en un
territorio más vasto del que actualmente controla China, pero que demarcó las
que serían más adelante sus fronteras. El Imperio de los Qing extendió su
influencia y soberanía moral más allá de las fronteras antes mencionadas:
Nepal, Birmania, Siam, Vietnam, Filipinas, las islas Riukiu y Corea fueron
países que, si bien no formaban parte del Imperio, estaban íntimamente ligados
a su cultura.
Relaciones con Europa
Los
siglos XVII y XVIII presentan
un complejo panorama de las relaciones entre China y Europa. La actividad
religiosa iniciada por los jesuitas en Ming llegó a su cúspide, para después
desaparecer a causa de las tensiones que se producirían entre los emperadores
chinos —algunos de los cuales habían demostrado buena voluntad— y el papa,
quien desde Roma trataba de dictar reglas para los misioneros. Finalmente, y en
parte por estos desacuerdos, la Compañía de Jesús fue disuelta en 1773 por el
papa Clemente XIV, Esta fecha marcaría el fin de una época durante la cual los
misioneros jugaron un papel muy importante gracias a su cultura y
conocimientos. Después de esta fecha las actividades misioneras tomarían otro
cariz y, con algunas honrosas excepciones, los misioneros ya no tendrían la
sabiduría de los que los precedieron.
Desde
el éxito conseguido por Matteo Ricci en la corte Ming, muchos y muy valiosos
jesuitas llegaron aChina. El padre Adarn Schall von Bell (1592-1666) presenció
la conquista de los manchú y existen pruebas de que ayudó a los Ming a resistir
y a manufacturar cañones. Sin embargo, al afirmarse la nueva dinastía, no tardó
en ofrecer sus conocimientos a los nuevos amos y durante varios años sirvió al
emperador Shunzhi como astrónomo y elaborador del calendario. A la muerte del
emperador fue atacado y acusado de traición por Yang Guangxian (1597-1669), un
chino convertido al islam y enemigo acérrimo de los jesuitas. Condenado a
muerte, un terremoto lo salvó en el último momento. El joven emperador Kangxi
estableció una estrecha amistad con el sucesor de Schall, Ferdinand Verbiest
(1623-1688). La relación entre este gran emperador y el sabio sacerdote erudito
en matemáticas y astronomía, capaz también de fabricar armas, terminó
únicamente con la muerte de Verbiest. Hubo más jesuitas en la corte de Kangxi,
entre ellos varios franceses enviados por Luis XIV. Los informes de estos
últimos tuvieron una gran influencia en la moda europea, que se mostró seducida
por todo lo chino.
Kangxi
favoreció a los jesuitas porque respetaba sus conocimientos y reconocía el
esfuerzo que habían hecho en aprender algo de su cultura. Sin embargo, cuando
el papa intentó imponer su punto de vista, reaccionó con aspereza. Ya desde
Matteo Ricci se había establecido una controversia entre Roma y los jesuitas
sobre el verdadero significado de Tian, el Cielo de los chinos. Se
trataba de dilucidar si Tian era dios o materia, y si los nuevos
conversos chinos podían o no seguir observando ciertos ritos tales como la
veneración de Confucio y la de los antepasados. Ricci y sus sucesores afirmaban
que Tian era un dios inmaterial y que en los cultos no había
elementos de idolatría sino prácticas rituales de carácter social y familiar.
Los doctos teólogos de Roma opinaban lo contrario. En 1705, Tournon, delegado
del papa, llegó con órdenes de poner fin a las «idolatrías» y pidió al
emperador aceptar a un representante de Roma como embajador en la corte y
encargado de todos los religiosos que vivían en China. Kangxi intentó razonar:
«Confucio es honrado por los chinos como un maestro y su nombre no es invocado
en las plegarias para obtener felicidad, posición o riqueza; la veneración de
los antepasados es una expresión de amor y recuerdo filial y no un intento de
recibir protección, y cuando se ofrecen sacrificios al Cielo no se trata del
cielo azul presente sino del señor y creador del universo». Ante la
intransigencia manifestó su indignación: «Hasta los animales demuestran pesar
cuando mueren sus madres; estos occidentales que quieren que los muertos sean
tratados con indiferencia ni siquiera están a la altura de los animales». En
cuanto a la presencia de un representante del papa en la corte, el emperador no
aceptó de ninguna manera que los jesuitas de su corte, a quienes consideraba
sus servidores, acataran órdenes de un forastero.
Mientras
vivió Kangxi, a pesar de todo, los misioneros no tuvieron demasiado que temer;
pero una vez muerto este emperador, pocos religiosos fueron aceptados en la
corte y su actividad religiosa en el interior del país fue ya muy limitada.
En
realidad, la importancia del cristianismo en China no fue muy grande, aun en
las épocas de mayor tolerancia. En el siglo XVIII,
la mayor influencia de los misioneros fue su aporte científico e incluso éste
no se convirtió en una revolución tecnológica y en algunos casos se limitó a la
producción de juguetes y diversiones. Sin embargo, conviene recordar el
observatorio que Verbiest renovó en Beijing y que aún puede ser visto en lo que
era el muro este de la capital; el Atlas de Kangxi, que se publicó
bajo la supervisión de Gerbillón en 1718 y que culminó en 1769 con
el Atlas de Qianlong; las obras arquitectónicas de estilo europeo que
Castiglione y otros jesuitas ejecutaron para Qianlong en el viejo palacio de
verano, y cuyas escasas ruinas son lo único que queda del sitio destruido por
tropas francesas e inglesas en 1860.
Mientras
tanto en Europa, por razones de profundos cambios ideológicos, se propició una
apertura que llevaría a la valoración y aceptación de todo lo chino, aún sin
una idea clara de la realidad de ese lejano país. En el siglo XVIII se
desarrolló la Ilustración, encabezada por filósofos como Voltaire que
cuestionaban las bases mismas de la civilización tradicional occidental de
manera que ni siquiera el cristianismo fue inmune al ataque. La «edad de la
razón» estaba dispuesta a aceptar otras culturas y aun a afirmar su excelencia
sobre la propia. La idea de que toda otra civilización que no fuera la
occidental era bárbara —idea parecida al punto de vista chino— fue
paulatinamente abandonada. Los relatos de misioneros y de mercaderes que
llegaban a un ritmo acelerado en una época de proliferación de los viajes
encendieron la imaginación de los europeos, despertando a veces su voracidad
por las riquezas descritas y provocando, otras, la admiración intelectual por
sistemas políticos y filosóficos antes desconocidos. La China descrita por los
jesuitas era un Imperio rico y poderoso en el que reinaban la paz, la
prosperidad y la unidad; las leyes que gobernaban al pueblo estaban basadas en
una ética racional y práctica. Esta imagen idealizada era manejada por los
jesuitas como argumento en la controversia sobre los ritos, y fue aceptada como
real por los filósofos.
Leibnitz,
por cierto, recibió una gran influencia del neoconfucianismo al formular su
teoría de las mónadas, y Voltaire llegó a afirmar que el despotismo ilustrado,
que él mismo favorecía, era el régimen existente en China. Los fisiócratas como
Quesnay aceptaron la supremacía de la producción agrícola e introdujeron
conceptos chinos a lo que más adelante se desarrollaría como la economía
política. Se señalaba a Confucio como el iniciador de una teología natural y su
código moral era alabado como el epítome del sentido común. También se habló
mucho de la importancia de la educación en China y de los exámenes para entrar
al servicio del estado. En arte, todo lo chino, o lo que se imaginaba que era
chino, se volvió popular. Porcelanas, lacas, sedas estampadas, tapices y otros
artículos chinos gozaban de una gran popularidad y tuvieron una marcada
influencia en el arte rococó que dominó esta época. También en arquitectura,
jardinería y decoración se dejó sentir la moda china que a veces alcanzó
extremos grotescos de exotismo e imitación mal concebida: las
famosas chinoiseries, que siguieron apareciendo aún más adelante, en
el siglo XIX.
Los
relatos de los viajeros acerca de las riquezas y oportunidades para comerciar
que había en China también atrajeron a mercaderes y aventureros. Como se
mencionó antes, a las costas de China llegaron portugueses, españoles,
holandeses y, más adelante, ingleses. Estos últimos comerciaban desde la India
a través de la East India Company, que tenía el monopolio del comercio con
Asia. Los ingleses compraban sedas, porcelanas, medicinas y sobre todo té, que
se volvió la bebida más popular en Inglaterra. Para pagar estos productos
importaban plata americana, pero la independencia de las colonias inglesas en
América, acaecida en 1776, restringió esta fuente de recursos. Además, el
comercio, casi totalmente limitado al puerto de Guangzhou, estaba sujeto a
restricciones muy grandes que impacientaban a los comerciantes.
La
manera que idearon los ingleses para mejorar la balanza de pagos consistió en
introducir en China un producto de la India que pronto se volvió popular e
indispensable: el opio. Éste era liviano y fácil de transportar y además
inducía un hábito difícil de combatir, volviéndose así cada día más necesario.
Antes de que los efectos de esta iniciativa criminal se hicieran sentir en toda
su fuerza, una misión de Inglaterra, enviada por el rey Jorge III, trató de
establecer relaciones diplomáticas entre países iguales al estilo europeo, lo
que en la China de Qianlong fue visto como un intento torpe de un tributario
por presentarse como un igual. Esta fue la famosa misión encabezada por lord
McCartney en 1793, cuyo fracaso marcó el principio del fin de la luna de miel
de Europa con China.
McCartney
era un hombre inteligente y un hábil diplomático; sin embargo, tenía poca
información sobre China y en toda Inglaterra no pudo encontrar una sola persona
que conociera el chino. Tuvo que contratar como intérprete a un chino que
estudiaba en Nápoles, en un colegio fundado por el jesuita Matteo Ripa, y llegó
a Beijing en el verano de 1793, con un séquito de más de noventa personas,
cargado de costosos regalos y sin conocimientos sobre China. En ese momento, el
viejo emperador Qianlong, completamente controlado por Heshen, era todavía el
soberano de un gran Imperio acostumbrado a recibir el reconocimiento y el
tributo del mundo que lo rodeaba.
Las
ideas que McCartney traía de Inglaterra sobre la soberanía de las naciones y el
intercambio diplomático basado en una ley internacional poco tenían que ver con
la visión china de un orden cósmico, encabezado por el emperador, en el que las
relaciones internacionales estaban formuladas como un sistema tributario.
McCartney fue tratado como un portador de tributo y las peticiones Jorge III
fueron rechazadas: el emperador no aceptó que se nombrara a un embajador ante
la corte ni mostró interés por fomentar el comercio. Como dice la carta que
Qianlong envió a Jorge III: «La virtud majestuosa de nuestra dinastía ha
penetrado en cada país con tributos costosos, por tierra y por mar. Como
vuestro embajador puede observar por sí mismo, tenemos todo lo que necesitamos.
No valoramos los objetos extraños e ingeniosos y no necesitamos nada de lo que
vuestro país produce».
Este
incidente terminó con una victoria de los principios chinos, pero ya había
indicios de resquebrajamiento. Lord McCartney, quien había permanecido poco
tiempo en China, pudo, sin embargo, observar una situación que le hizo expresar
lo siguiente: «China es como un viejo buque de guerra. Tal vez no se hunda en
seguida; tal vez irá a la deriva por un tiempo como un barco náufrago y luego
se hará pedazos sobre la orilla. Pero nunca podrá ser reconstruido sobre su
viejo casco».
La cultura
Filosofía, historia y crítica
A
pesar de haberse consolidado la tradición y a pesar de la insistencia reiterada
en estudiar los textos clásicos con miras a presentar los exámenes —es decir,
sin ningún espíritu crítico—, a pesar también del patrocinio dado por los
emperadores al pensamiento neoconfuciano ortodoxo, durante los siglos XVII y XVIII,
floreció el espíritu crítico, se cuestionó duramente la tradición y se intentó
examinar todo objeto de estudio de un modo científico. Cuando hablamos de
ciencia, no se trata en este caso de una ciencia natural sino de una ciencia
aplicada a la investigación del pasado que usó la fonética, la etimología, la
crítica literaria y la historia.
Ya
hemos señalado las tendencias al cuestionamiento y la duda que surgieron a
fines de la dinastía Ming como reacción a la decadencia que padecía el estado
en manos de los eunucos. Aparecieron nuevos pensadores que no estaban
satisfechos con el individualismo que ostentaban algunos filósofos ni con la
ortodoxia dogmática, y que desarrollaron líneas de pensamiento novedosas y
liberales. Estos eruditos, que vivieron en el momento de transición entre dos
dinastías, buscaron las razones del fracaso de los Ming y de su caída, y al
hacerlo cuestionaron todo el sistema político. Casi todos ellos pertenecían a
la Sociedad de Renovación (fushe) que se formó siguiendo las ideas de
la Academia Donglin. Estos pensadores cuestionaron las tradiciones filosóficas,
la educación, el sistema político y comenzaron a definirse como miembros de una
misma cultura, iniciando así una especie de «nacionalismo» chino. Los más
ilustres exponentes de estas tendencias fueron hombres que no solamente
tuvieron una influencia sobre sus contemporáneos, sino que también fueron
fuente de inspiración para pensadores del siglo XIX y
aun del XX.
Huang
Zongxi (1610-1695) era hijo de un letrado que fue víctima de la pugna entre
letrados y eunucos. Fue miembro de la Sociedad de Renovación y cuando los
manchó tomaron la capital, se pronunció en contra de los invasores y participó
en la lucha de resistencia, pero finalmente se retiró a su provincia natal,
Zhejiang, en donde se rehusó hasta el fin de su vida a aceptar cualquier puesto
y se dedicó al estudio. Huang criticó duramente el despotismo de la dinastía
Ming y la ausencia de un sistema legal. Pidió leyes y no edictos imperiales,
exigió respeto por los ministros, la reducción del número de eunucos, un mayor
acceso a la educación y otras reformas. Huang Zongxi fue el primer pensador
chino que hizo investigación sobre la historia intelectual de China y es el
autor de varios estudios sobre la filosofía de la época Ming (Mingru
xue’an) y de una historia del pensamiento de las épocas Song y
Yuan (Songyuan xue’an).
Wang
Fuzhi (1619-1692), originario de Hunan, también fue miembro de la Sociedad de
Renovación; participó igualmente en la lucha de resistencia contra los manchó y
finalmente se retiró y se dedicó de lleno al estudio. Al igual que Huang
Zongxi, Wang Fuzhi era un pensador liberal, pero fue más allá que Huang en la
elaboración de una filosofía de la evolución de la historia. Para Wang, el
proceso histórico responde a una evolución y transformación que obedece a
causas naturales y es absurdo mirar hacia la antigüedad como ejemplo para el
futuro. «Las instituciones antiguas fueron diseñadas para gobernar el mundo
antiguo y no pueden ser aplicadas al presente […] Los tiempos cambian, las
condiciones son diferentes.» También fue Wang Fuzhi quien afirmó la existencia
de diferencias culturales entre pueblos distintos, por lo que no se podía
aceptar la dominación manchó. Por su discurso sobre la peculiaridad de la
cultura china y su insistencia en que el estado tiene la obligación de
conservarla y de defender a sus súbditos de ataques del exterior, Wang fue el
pensador predilecto de los nacionalistas chinos de fines del siglo XIX y
de principios del XX.
Gu
Yanwu (1613-1682), contrariamente a Wang Fuzhi, tuvo una gran influencia sobre
sus contemporáneos. Igual que Huang y Wang, fue miembro de la Sociedad de
Renovación y opositor de los manchó, contra los cuales combatió. Gu viajó mucho
por el norte de China y así pudo familiarizarse con la geografía de la región y
con muchos aspectos de su economía. Como resultado de estos viajes escribió dos
libros: Tianxia junguo lipingshu (Las ventajas y desventajas
estratégicas y económicas de los distritos y estados del Imperio)
y Rizhilu (Notas sobre conocimientos, acumuladas día a día) en donde
toca remas de historia, política, geografía, sociedad, ética y otros más.
Para
Gu Yanwu, el fracaso de la dinastía Ming se debió a la ideología neoconfuciana,
tanto la desarrollada por Zhu Xi como la expuesta por Wang Yangming. Las
controversias sobre la naturaleza humana y sobre la mente, al ser demasiado
abstractas y ociosas, distrajeron durante mucho tiempo a los intelectuales
chinos volviéndolos incapaces para enfrentar cualquier problema. El
conocimiento debía tener un uso práctico para la sociedad. Gu fundó la escuela
de crítica histórica y textual, llamada también Escuela de Estudios Han, porque
se apartaba de las interpretaciones de los clásicos hechas en la época Song y
buscaba fundamentar el conocimiento en un pasado más remoto. Para eso se
utilizó la fonética, la filología, la etimología, y la crítica de textos. En general,
era una nueva metodología empírica.
La
Escuela de Estudios Han, y su crítica a la filosofía Song, tuvo mucha
influencia sobre las nuevas tendencias filosóficas e históricas del siglo XVIII.
Dai Zhen (1723-1777) es un ejemplo brillante de esta nueva filosofía. Para Dai
Zhen, la prueba objetiva constituye el único criterio de verdad y su lema era
«no hay que dejarse engañar ni por los demás ni por uno mismo». Atacó a Zhu Xi
sobre todo por su dualismo de li y qi al que llegó, según
Dai, por influencia budista y daoísta. El li no es algo trascendente
y superimpuesto, sino es inherente a todas las cosas y forma parte del proceso
vital. Es así como todos los deseos y apetitos son también manifestaciones del
orden cósmico y no algo que se deba suprimir y despreciar. La virtud no es la
renuncia a los deseos y apetitos naturales, sino el saber dirigirlos
atinadamente. Estas ideas eran contrarias a la moral neoconfuciana, conformista
y opresiva.
En
el campo de los estudios históricos, durante el siglo XVIII se
destacó Zhang Xuecheng (1738-1801). Zhang insistió en el uso de pruebas para
llegar a la verdad histórica. Consideraba que China era demasiado grande como
para conocer toda su historia sin antes estudiar la historia regional. El
estudio regional debía hacerse buscando en los archivos locales, hablando con
los viejos, descifrando las inscripciones, investigando las tradiciones Y
leyendas de cada lugar. Aun los libros clásicos constituyen una evidencia
histórica. Después de recoger todo el material debía hacerse una reflexión y
esto se podía lograr a través de la elaboración personal de la historia y no
del trabajo de equipos de historiadores.
Enciclopedias y colecciones
Los
monarcas manchú fueron grandes patrocinadores de la cultura y de la difusión
del conocimiento y algunos de ellos dejaron pruebas de su erudición. Durante el
reinado de Kangxi se elaboró, entre otros, el diccionario Kangxi
zidian. Sin embargo, este patrocinio no estaba exento de un afán de
control y de regulación del conocimiento. El emperador Yongzheng promovió la
creación de academias (shuyuan) y dio empleo a muchos letrados, pero
el control y la censura que ejercía culminaron en una inquisición literaria
durante el reinado de Qianlong, entre 1774 y 1789, por la cual se prohibieron
muchos libros, otros fueron completamente destruidos y sus autores perseguidos
y ejecutados. Una palabra sospechosa, una alusión que tuviera alguna
posibilidad de ser ofensiva para el emperador, una crítica a los bárbaros,
incluso de un pasado remoto, eran condenables. Las denuncias estaban a la orden
del día, la posesión de un libro prohibido era un crimen. La gran envergadura
de la inquisición de Qianlong fue posible gracias al hecho de que en esa misma
época se estaba preparando una compilación de todo lo que había sido escrito
hasta aquel momento. Esta obra gigantesca,
llamada Sikuquanshu (Textos completos de los cuatro tesoros: los
clásicos, la historia, la filosofía y las letras), necesitó veinte años para
ser realizada y trabajaron en ella por lo menos 15 000 personas. Se recogieron
materiales de todas partes, aun de las provincias más remotas. Esto produjo una
bibliografía comentada de 10 230 obras, de las cuales 3 450 fueron reproducidas
completas en 11 095 volúmenes. Se hicieron siete copias de la obra y
afortunadamente sobrevivieron tres.
En
general, ésa fue una época de gran actividad bibliográfica, pues muchos
particulares poseían bibliotecas que debían ser ordenadas. También hubo gran
interés por la epigrafía y se reproducían inscripciones sobre piedra. Eran
comunes las colecciones de libros, la caligrafía, las pinturas y otras obras de
arte, y muchas veces los coleccionistas mismos eran escritores y artistas. La
vida cultural tuvo un auge mayor en las ciudades ubicadas al sur del río
Yangtse, ciudades que, como Suzhou y Hangzhou, tenían una tradición que se
remontaba a la época Song.
Literatura
En
el siglo XVIII, la literatura
vernácula sufrió un cambio: las obras escritas en la lengua hablada se
consideraron inmorales. Por un lado, el puritanismo que prevaleció en la época
manchú y, por otro el mayor refinamiento de los lectores hicieron que la novela
y los cuentos, aunque muy populares, fueran escritos en estilo clásico, llenos
de alusiones literarias y más difíciles de entender. Lo que perdieron en
espontaneidad estas obras lo ganaron en sutileza, profundidad y erudición.
Entre
las colecciones de cuentos se destaca la obra de Pu Songling (1640-1715), cuyo
libro, Liaozhai zhiyi (Cuentos extraños escritos en un estudio
desordenado), sigue la tradición Tang de los cuentos fantásticos que
pronto alcanzaron una popularidad tal que podría ser equiparada a la que
tuvieron los cuentos de Las mil y una noches en el mundo occidental.
La
novela que se ha hecho más famosa en toda la historia de la literatura china es
indudablemente Hongloumeng (Sueño en el pabellón rojo, memorias de una
roca), que nos cuenta la historia de una familia rica cuyos miembros
pertenecen a varias generaciones, pero viven bajo el mismo techo. El autor, Cao
Xueqin (?-1763), vierte en ella experiencias personales de la vida de un hogar
de clase acomodada con todas las complicaciones de la vida en común, la tiranía
de los mayores, los amores frustrados entre primos. El mérito mayor de esta
novela es su realismo y su profundidad en la presentación de la psicología de
los personajes.
Otra
novela importante es la que escribió Wu Jingzi (1701-1754), Rulin waisbi
(Historia informal de los letrados), en la cual, con mucha ironía y
amargura, se denuncia el mundo de los letrados, lleno de mediocridad, falsedad
e hipocresía; un mundo dominado por los que pueden escribir «ensayos de ocho
miembros» y halagar a sus superiores. Entre ellos se mueven algunos personajes
sinceros y honestos, pero nunca llegan a ningún lado.
El
poeta más famoso de esta época fue Yuan Mei (1716-1798), hombre libertario y
excéntrico que nunca se preocupó por el contenido moral de la poesía; para él,
la poesía era un medio de expresión de los sentimientos. Yuan Mei es
considerado como un defensor de los derechos de las mujeres y tenía un taller
de poesía en el que muchas mujeres participaban, lo cual constituyó un gran
motivo de escándalo para sus contemporáneos, imbuidos de la moral confuciana.
Arte
Durante
Qing, la pintura siguió la tradición señalada por los pintores de la época
Ming. El emperador Qianlong, pintor él mismo, fue un coleccionista insaciable y
llegó a reunir alrededor de ocho mil pinturas para la colección imperial. En la
pintura Qing se distinguen dos tendencias principales: la tradicionalista y la
individualista. A la primera tendencia pertenecen muchos hombres cultos que
practicaban la literatura y las artes, seguían los modelos pictóricos de Song y
de Yuan y pintaban naturalezas ordenadas y predecibles. Los individualistas
tenían mayor originalidad y espíritu de rebeldía. Entre ellos se destacan: Kun
Zan, conocido también como Shiqi (activo entre 1655 y 1675), monje budista que
pintó la naturaleza como parte de una experiencia personal y no como un
ejercicio intelectual; Zhu Da o Badashanren (ca. 1625-1700), también
monje, quien pintó pájaros, flores, peces y paisajes con escasas pinceladas
llenas de vigor y significado; Dao Ji o Shidao (1630-1714), otro monje budista
que se rebeló contra la imitación de los maestros de antaño y decía que «el
método que consiste en no seguir ningún método es el mejor método».
Entre
las demás artes, la laca, el jade y el esmalte fueron trabajados con gran
perfección y la porcelana llegó 3 su máxima expresión de refinamiento técnico.
La porcelana azul y blanca, las porcelanas negra, verde, rosada y blanca
tuvieron un gran éxito en Europa y los occidentales podían escoger en catálogos
modelos para vajillas que se hacían en China especialmente para ellos.
La sociedad
Ya
hemos descrito en otras ocasiones a la sociedad tradicional china y se puede
afirmar que, hasta el siglo XIX,
no hubo cambios radicales. A fines del siglo XVIII,
nos encontramos con una población de 300 millones de personas, concentrada en
su mayoría en una octava parte del territorio del país: la planicie del norte
de China, el valle del Yangtse, la costa del sur y la provincia de Sichuan; 90%
de la población era rural y vivía en aldeas o pequeñas ciudades, el resto
residía en ciudades de 10 000 o más habitantes.
En
China, las ciudades eran sede de la oficina de un gobernador o de un prefecto o
magistrado, o capitales de un zhou y de un xian. Había unas
mil quinientas ciudades con estas características y su importancia era muy
variada. Existían además ciudades no administrativas cuya función era
comercial. Una ciudad administrativa de cierta importancia estaba rodeada de
muros, tenía una guarnición militar, edificios públicos y privados, salones
para exámenes de candidatos provinciales para el servicio público y academias (shuyuan) en
donde se desempeñaba la vida intelectual. Algunas de esas ciudades eran también
centros comerciales (existían centros comerciales que no tenían funciones
administrativas), en cuyo caso había mercados activos, tiendas, gremios, bancos
y corporaciones de mercaderes que provenían de la misma
región (huiguan). En el sur había una mayor concentración de ciudades
y de las 25 a 30 ciudades de más de 100 000 habitantes que existían en China en
1800, además de la capital, Beijing, solamente unas cinco o seis de ellas
estaban en el norte.
Las
aldeas eran caseríos rodeados por campos, y los habitantes a veces tenían un
apellido común o, si no, pocos apellidos diferentes. El apellido común era
señal de pertenencia a un mismo clan y en los clanes regían leyes estrictas de
exogamia, la población de las aldeas estaba constituida por campesinos,
labradores de la tierra, quienes a veces se dedicaban a las artesanías. En
algunos casos había artesanos de tiempo completo y a veces se encontraba cerca
la residencia de los notables locales. En cada aldea había un jefe nombrado por
el gobierno, pero se reconocía con mayor convicción la autoridad de jefes no
formales, tales como los jefes de los clanes.
En
las aldeas se realizaban algunas actividades conjuntas, como la organización de
milicias, el control de aguas (irrigación y drenaje), actos religiosos y el
sostenimiento de uno o varios templos. La interacción de una aldea con otra y,
a veces, de los pobladores de una misma aldea tenía como referencia la pequeña
ciudad-mercado más cercana. Allí se realizaban tratos de compra-venta, pactos
matrimoniales y se obtenían préstamos. En estas pequeñas ciudades se llegaba a
acuerdos sobre la defensa de la región, se organizaban festivales religiosos
importantes, se construía un templo mayor y había núcleos de sociedades
secretas. Cuando hablamos de China como ejemplo de gobierno centralizado nos
olvidamos de que, para la mayoría de sus habitantes, el marco de referencia era
muy limitado y se restringía a la familia, tal vez al clan y a un radio
territorial no muy vasto.
Los clases sociales
Como
siempre, los campesinos eran la clase más explotada. Si eran arrendatarios caía
sobre ellos el peso de rentas altas y servicios; si eran pequeños propietarios,
tenían la mayor carga impositiva. Los más ricos pagaban siempre menos impuestos
porque tenían manera de evadirlos por medio de amistades e influencias. Sabemos
que, en promedio, los terratenientes ricos o, como se les llamaba, las «casas
grandes» (dahu) pagaban un impuesto de 4 000 monedas de cobre por un
«picul» (sesenta kilogramos, aproximadamente) de grano, mientras que las «casas
pequeñas» (xiaohu) pagaban 10 000 monedas por la misma cantidad de
grano. Es por eso que en muchas ocasiones se llegaba a arreglos con los más
ricos para recibir protección en contra de las presiones del gobierno, pero a
costa de una dependencia de otra índole.
Como
mencionamos antes, en Ming desapareció el servilismo y las relaciones feudales
se fueron debilitando. Para algunos historiadores chinos esto significó una
polarización dentro de la misma clase, puesto que los campesinos ricos ya no
pertenecían a la aristocracia sino que eran plebeyos. Asimismo, surgieron los
trabajadores agrícolas, ya libres, sin relaciones feudales con su patrón,
también plebeyo. Se dio el caso de terratenientes que eran casi empresarios
cuyo sistema de producción puede considerarse cercano al capitalista. Esta
tendencia, según los historiadores antes mencionados, no prosperó en parte
porque muchos terratenientes plebeyos buscaron estatus de letrados y
prefirieron entregar sus tierras a arrendatarios. La alianza de los
terratenientes con el estado servía para asegurar el pago de las rentas y para
la explotación despiadada de los campesinos pobres o sin tierra.
El
universo que rodeaba ala mayoría de la población era limitado. Sin embargo,
esto no significaba que cada aldea o pequeño villorrio fuera autosuficiente.
Económicamente necesitaba cierto nivel de intercambio y políticamente no podía
subsistir sin un apoyo organizativo y militar. Además, esas pequeñas unidades
se reconocían como parte de regiones más grandes en las cuales prevalecía
cierta identidad de lengua, prácticas religiosas, tipo de comida y hábitos
sociales parecidos. Para que se lograra esta integración regional, comenzando
desde la aldea y ampliándola hacia unidades más grandes hasta llegar, aunque de
manera tenue, al centro, el grupo que en otro capítulo hemos llamado de
notables (shenshi o shenjin) jugó un importante papel. Estos terratenientes-letrados-burócratas
fueron los mediadores entre las sociedades locales y la economía, la política y
la cultura regionales y nacionales. Para jugar este papel, como ya hemos visto,
necesitaban riqueza, poder y el estatus otorgado por un grado que obtenían mediante
exámenes o por medio de la compra.
Los
notables fueron capaces de mantener un curioso equilibrio de intereses. Por un
lado, como funcionarios del estado debían apoyarlo y servir a sus intereses;
por otro, como élite local, jamás permitieron que el estado penetrara a niveles
locales y efectuara cambios en la sociedad que a la larga beneficiarían a la
nación. Esta situación puede explicar en parte el conservadurismo de la
sociedad tradicional china.
Al
igual que los notables, los comerciantes se apoyaban en las relaciones
familiares y el contacto con los poderosos. Siempre tuvieron que lidiar en
contra de los abusos cometidos por los funcionarios y una manera de
fortalecerse fue la creación de grupos solidarios. Se agrupaban mercaderes del
mismo ramo y establecían sus tiendas una cerca de la otra, se constituían en
gremios y en corporaciones del mismo lugar de origen y en ocasiones sobornaban
a los funcionarios.
La familia y la posición de la mujer
Como
en épocas anteriores, la familia en China era la unidad económica de base para
la producción y la distribución; realizaba ciertos ritos religiosos
relacionados con el culto de los antepasados y tenía la responsabilidad de la
crianza de los jóvenes y el cuidado de los ancianos, La familia pertenecía a un
grupo más amplio, el clan, es decir, se identificaba con otras familias que
descendían de un antepasado común y con las cuales tenía lazos que incluían la
posesión de propiedades en común, la prestación de servicios de apoyo y
educación para los miembros, la realización de ritos religiosos, la elaboración
de genealogías y el establecimiento de reglas de conducta. Los clanes, cuyos
miembros pertenecían a diversas clases sociales, estaban generalmente dominados
por las familias más ricas y de mayor prestigio y eran, por lo tanto, otro de
los vehículos para que las clases más altas ejercieran el poder.
Todas
las formas de opresión y subordinación de la mujer culminaron en Qing y
perduraron hasta el siglo XX.
Los pies vendados fueron más populares que nunca, la prostitución se difundió,
el concubinato floreció. El infanticidio femenino también se siguió practicando
y la mortalidad de las niñas, muy superior a la de los niños (como se puede
constatar incluso en los casos de hijos de emperadores) es prueba de un
descuido mayor de las niñas por parte de los adultos. La obsesión con la
virginidad tomó proporciones «patológicas», según Lin Yutang, y la castidad se
volvió sagrada. Mientras los hombres podían tomar todas las concubinas que
quisieran, las mujeres no tenían el derecho de conocer a más de un hombre.
Muchachas que habían sido desposadas con un hombre que había muerto antes de la
consumación del matrimonio no podían aspirar a casarse nuevamente.
El
funcionario leal no sirve a dos dinastías.
La
mujer virtuosa no tiene dos maridos,
decía
un verso en un libro sobre el comportamiento moral femenino. La imagen de la
mujer como posesión y como sirvienta del hombre es muy común en la literatura
de la época. En un libro escrito en 1656 por Lu Qi,
el Xinfupu (Instrucciones para la nueva esposa), el autor dice que la
esposa debe ser dulce y sumisa, debe acatar las órdenes de sus suegros y de su
marido, aceptar, sin queja alguna, que éste tenga concubinas y frecuente
prostitutas. Una mujer es atractiva cuando es débil, dependiente y tímida.
El
suicidio de las viudas era un acto considerado como la máxima prueba de
castidad y de virtud. No existían leyes que obligaran a las viudas a quitarse
la vida; sin embargo, la presión social era enorme para que esto sucediera. La
familia de una viuda suicida tenía derecho a honores, regalos y dinero; era un
buen vehículo para el ascenso de los varones de la familia.
En
medio de esta situación intolerable, en Qing al igual que durante Ming, no
faltaron individuos que se opusieran a algunas de las costumbres más opresivas.
Los primeros emperadores manchó, acostumbrados a una mayor libertad entre las
mujeres de su pueblo, quisieron intervenir. El emperador Shunzhi prohibió que
las mujeres cortaran pedazos de su cuerpo para alimentar a sus padres quienes,
según la superstición popular, así se curarían de enfermedades graves. El
emperador Kangxi trató, sin éxito, de prohibir que se vendaran los pies de las
niñas, costumbre que más tarde se difundió entre las mujeres manchó a pesar de
la oposición del emperador Qianlong. Tanto Kangxi como Yongzheng prohibieron
las alabanzas a las viudas suicidas alegando que era mejor que vivieran para
cuidar a sus hijos, pero hubo tal oposición por parte de los letrados
confucianos que finalmente se ampliaron las recompensas por tales actos.
También
en la literatura hay casos de apoyo a las mujeres. Este fenómeno se puede
explicar en parte por el desarrollo de una clase económicamente holgada en
cuyos hogares las mujeres tenían la oportunidad de acceder a ciertos
conocimientos; durante Qing es cierto que hubo más mujeres que sabían leer y
algunas escribieron poesía. No hay casos de mujeres que hayan tomado la pluma
para protestar en contra de su condición y esto fue tarea de algunos hombres.
El escritor Pu Songling describió en sus cuentos a mujeres de carácter fuerte,
inteligentes y muchas veces más valientes que sus esposos. Wu Jingzi, en su
novela Rulin waishi (Los intelectuales) ridiculiza de manera feroz a
los reaccionarios que oprimen a las mujeres y se opone con vehemencia al suicidio
de las viudas. En su novela, las mujeres son cultas y sensatas. El más famoso
defensor de las mujeres de esa época fue el poeta Yuan Mei, quien se opuso al
sacrificio de las viudas e incluso abogó por su derecho de volver a casarse, se
burló de la exigencia de la virginidad y promovió la educación para las
mujeres. En su propia casa las mujeres recibieron educación y tenía varias
discípulas que aprendían con él a escribir poemas que luego él mismo publicaba
y hacía conocer.
Éstos
son algunos ejemplos de oposición a la opresión más obvia de las mujeres. En
realidad no se hicieron cuestionamientos demasiado profundos y estos autores, y
algunos más que se expresaron de la misma manera, tuvieron poca repercusión en
la realidad cotidiana de las mujeres. Esta situación no cambiará hasta mucho
más tarde, y la opresión de la mujer fue el último bastión del conservadurismo
en China.
El principio del fin
En
el momento en que abandonamos esta historia de China, el país se encontraba
aparentemente en pleno auge. Sin embargo, a fines del siglo XVIII ya
se pueden percibir elementos de deterioro que, exacerbados por factores
externos, ocasionarían la caída de la dinastía un siglo más tarde. Las señales
más visibles del deterioro que estaba sufriendo el gobierno Qing eran, sin
duda, la ineficacia de las fuerzas armadas, la terrible corrupción que
prevalecía en todos los niveles de la burocracia y las condiciones de vida cada
día más insostenibles de la mayoría de la población.
Largos
años de relativa paz y estabilidad, el progreso acarreado por los nuevos
métodos de cultivo, la introducción de nuevas semillas que incrementaban el
rendimiento agrícola y la importancia de los nuevos productos provenientes de
América fueron algunos factores que ayudaron a que se produjera un considerable
aumento de la población. Aunque la información fidedigna sea escasa, se calcula
que la población se acercó a los 400 millones a principios del siglo XIX.
Como se ha explicado antes, durante algún tiempo se mantuvo un equilibrio entre
el incremento de la producción y el aumento de la población, pero llegó un
momento en que eso no pudo sostenerse más, puesto que la tecnología agrícola no
experimentó una modernización radical. A todo lo anterior se sumaba la
distribución injusta de cualquier excedente, lo que hacía cada vez más pesada
la carga de los campesinos, quienes debían pagar rentas e impuestos, eran
víctimas de la usura y sostenían así a una clase parasitaria que vivía en el
ocio y en el lujo. El deterioro del nivel de vida de las clases menos
privilegiadas, a partir del final del siglo XVIII,
es un hecho innegable.
En
cuanto a la corrupción, China nunca estuvo libre de ella, pero hacia fines del
reinado de Qianlong, en parte debido a la influencia y la voracidad de Heshen,
llegó a alcanzar proporciones catastróficas porque afectó toda la
infraestructura del país, dejándolo así vulnerable en muchos aspectos. Los
funcionarios locales se apropiaban del dinero destinado a la reparación de
diques y otras obras públicas, con la consecuencia desastrosa de inundaciones
que acarreaban muerte y miseria; los generales venales vaciaban las arcas del
estado en guerras costosas y desgastantes. Cuando el emperador Jiaqing (r.
1796-1820), sucesor de Qianlong, quiso frenar de una manera radical el gasto
publico, los estandartes del ejército sufrieron un gran deterioro y en muchas
ocasiones sus miembros se volvieron bandidos que asolaban tanto las ciudades
como el campo. A la corrupción se sumaba también la ineficiencia
administrativa. El aumento de la población no se vio acompañado por un
correspondiente aumento en la burocracia, por lo que había pocos funcionarios
para administrar territorios muy vastos. Además existían, como ya hemos
señalado, dos niveles de gobierno, el local y el central, los cuales a veces se
contradecían, con la consecuente paralización de los trámites de por sí complicados.
El resultado fue una administración poco ágil e ineficaz.
Una
de las válvulas de escape que al principio ayudó a mitigar el incremento de la
población fue la extensión de la influencia china en territorios lejanos, y la
eventual colonización de esos territorios, lo que a veces ayudó a descargar
regiones demasiado pobladas de China misma. Sin embargo, la voracidad de los
colonizadores y la venalidad de los funcionarios públicos provocaron rebeliones
de minorías étnicas como las que se registraron en Guizhou, Yunnan y Taiwan,
además de los levantamientos de los musulmanes en Xinjiang, y de los gurkas y
de los nepaleses en Gansu. A pesar de que estas rebeliones fueron aplastadas,
el costo de las operaciones y el desgaste del ejército fueron muy grandes.
Otro
elemento que minó el poder de los Qing fue la rebelión campesina del Loto
Blanco, que duró desde 1795 hasta 1804. Las razones de la rebelión se
encuentran, como siempre, en las pésimas condiciones en las que vivían los
campesinos. La asociación religiosa del Loto
Blanco (bailianjiao) existía desde la época de los mongoles y había
contribuido a la caída de la dinastía Yuan; volvió a aparecer a fines de Ming y
en el siglo XVIII resurgió
proclamando la llegada del buda Maitreya, abogando por la restauración de la
dinastía Ming y prometiendo la salvación personal a sus seguidores. Surgid en
Hubei y se extendió en Henan, Sichuan y Shaanxi. En un principio, el ejército
fue incapaz de controlar a los grupos, que tampoco estaban bien organizados, y
fueron las milicias de mercenarios, organizadas por los notables locales, las
que finalmente contuvieron y vencieron la rebelión. Las consecuencias de la
rebelión del Loto Blanco van mucho más allá de la época en la que aconteció,
puesto que puso en evidencia la debilidad del gobierno central y dio pauta a
los notables para que organizaran la defensa a nivel local, estableciendo así
áreas de influencia separadas del centro. Esto llevaría a una fragmentación
paulatina del territorio cuya última consecuencia sería el caudillismo de los
años veinte y treinta de este siglo.
En
este momento dejaremos China, la cual, habiendo llegado al clímax de su
grandeza, comienza a sentir los primeros estertores que anuncian no sólo el fin
de una dinastía más, sino la destrucción, a la larga, de una tradición sobre la
cual descansaba el sistema imperial mismo. Causas internas e intervenciones
externas obligarán a China a cambiar. El que haya necesitado más de un siglo
para hacerlo es testimonio de la fuerza de sus instituciones y del arraigo de
su tradición, que fue la causa de su grandeza a través de la historia y el
motivo de su fracaso cuando necesitó reaccionar ante una nueva situación.
BIBLIOGRAFÍA
ESTA
BIBLIOGRAFÍA mínima tiene el propósito de ofrecer al
lector no especialista la posibilidad de ampliar sus conocimientos sobre la
historia y la cultura chinas en algún tema específico y en diferentes épocas.
Se han incluido únicamente libros en lenguas occidentales fácilmente asequibles
en México. Se ha procurado proporcionar la mayor información posible sobre
libros en español, ya sean originales o traducciones de otras lenguas.
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Caparazón
de tortuga para usos adivinatorios del reino Wu Ding, dinastía Shang.
Recipiente
de vino (siglos XII-XI a.
C.), encontrado en la provincia de Hunan.
Campana
de Carrillón de Campanas (siglo V d.
C.), periodo de los Estados Contendientes, provincia de Hubei.
Vasija
de bronce (722-481 a. C.) perteneciente a la época de Primavera y Otoño.
Confucio
(551-479 a. C.).
Mujer
arrodillada. Figura de tumba de la provincia de Shanxi, dinastía Qin.
Recipiente
para conchas decorado con una escena ritual. Han occidental (206 a. C.-8 d.
C.).
Estandarte
luctuoso (siglo II a.
C.). Pintura sobre seda del periodo Han occidental.
Figura
de mujer en terracota (690-705 a. C.), dinastía Tang.
Prosperidad
en la ciudad de Nanjing, dinastía Ming, pintura sobre seda.
Thang
Ka del rey Gesar, de la dinastía Qing, tela pintada.
Jarrón
tipo guan, mediados del siglo XVII.
Ceremonia
de duelo, pintura del siglo XIX.
Erudito
en una cascada (1190-1225).
FLORA
BOTTON BEJA es profesora-investigadora en el Centro de Estudios de Asia y
África de El Colegio de México. Ha trabajado sobre temas de historia y
filosofía de China. Desde 1978 hasta 1980 fue Agregada Cultural de México en la
República Popular China.

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