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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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Deseo y placer

Gilles Deleuze


 

 

 

Traducido por Javier Sáez

Archipiélago. Cuadernos de crítica de la cultura Barcelona, 23 / 1995

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los números entre corchetes corresponden a la paginación de la edición impresa


 

[12]


 

 

A. Una de las tesis esenciales de V.yC.1 se refería a los disposi- tivos de poder. Esta tesis me parece esencial desde tres puntos de vista:

1)  en    misma  y  en  relación  al  “izquierdismo”:  profunda  nove- dad política de esta concepción del poder, en oposición a cualquier

otra  teoría  del  Estado.  2)  En  relación  al  propio  Michel  [Foucault],  ya que esta tesis le permitía superar la dualidad de las formaciones discursivas  y de  las  formaciones  no–discursivas,  que  subsistía  en  A. S.2,  y  explicar  cómo  los  dos  tipos  de  formaciones  se  distribuían  o se articulaban punto por punto (sin reducirse la una a la otra, ni parecerse... etc.). No se trataba de suprimir la distinción, sino de encontrar una razón de sus relaciones.

3) Por una consecuencia precisa: los dispositivos de poder no ac- tuaban ni por represión ni por ideología. Por tanto, ruptura con una disyuntiva  que  todo  el  mundo  había  más  o menos  aceptado.  [13]  En lugar de represión o ideología, V. y C.conformaba un concepto de normalización, y de disciplinas.

 

B. Esta  tesis  sobre  los  dispositivos  de  poder  me  parece  que  pre- senta dos direcciones, en absoluto contradictorias, pero distintas. De todas formas, estos dispositivos eran irreductibles a un aparato de

1 V.yC. por VigilaryCastigar. Todas las notas son de la redacción de Magazine Littéraire.

2 A.S.por ArqueologíadelSaber.

3


 

Estado. Pero en una dirección, consistían en una multiplicidad difusa, heterogénea, de micro–dispositivos.  En  otra  dirección,  remitían  a un diagrama, a una especie de máquina abstracta inmanente a todo  el campo social (como el panoptismo, definido por la función general de ver sin ser visto, aplicable a una multiplicidad cualquiera). Eran como dos direcciones de microanálisis, igualmente  importantes,  ya que la segunda mostraba que Michel no se contentaba con una“diseminación”.


 

C. V.S..3 supone un nuevo paso, en relación a V.yC.El punto de vista permanece idéntico: ni represión ni ideología. Pero, dicho bre- vemente, los dispositivos de poder ya no se limitan a ser normalizado- res,  tienden  a ser  constituyentes  (de  la  sexualidad).  Ya  no  se  limitan  a formar saberes, son constitutivos de verdad (verdad del poder). Ya no se refieren a “categorías”, negativas a pesar de todo (locura, delin- cuencia como objeto de encierro), sino a una categoría considerada positiva (sexualidad).Este último puntoes confirmadopor la entrevis- ta  de  la Quinzaine.4, al  comienzo  de  la  página  5.  A  este respecto, creo que  se  puede  ir  más  lejos  en  el  análisis  de  V.S.El  peligro  es:  ¿Michel vuelve a un análogo del “sujeto constituyente”?, y ¿por qué experimenta la necesidad de resucitar  la verdad, incluso si hace de ella un nuevo

3 V.S.por LavoluntaddeSaber.

4 «Les Rapports de pouvoir pasentàl’interieur des corps» (entrevista con Lucette Finas), La Quinzainelittéraire, 247, 1º, 15 enero 1977, pp 4–6; cf. DitsetÉcrits, 197, III  p.  228  (DitsetÉcritses  el  nombre  de  una  obra  en  cuatro  volúmenes  publicada  en 1994  por  la  editorial  Gallimard que  recoge  entrevistas,  artículos  y cursos  de  Foucault aparecidosen diferentespublicacionesdesde 1954 hasta 1988. N. d. T.)

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concepto? No es que yo plantee estas  preguntas,  pero  me  parece  que estas  dos  falsas  preguntas  se  plantearán,  en  la  medida  que  Michel  no las ha explicado suficientemente.


 

D. Una  primera  cuestión  para    era  la  naturaleza  del  micro–análisis que Michel establecía a partir de V.yC.Entre lo“micro”y  lo“macro”, la diferencia evidentemente no era de tamaño, en el sentido de que los micro–dispositivos únicamente se refieren a pequeños  grupos  (la  familia  no  tiene  menos  extensión  que  cualquier

otra  formación).  No  se  trata  tampoco  de  un  dualismo  extrínseco,  ya que hay micro–dispositivos inmanentes al aparato del Estado, y que segmentos del aparato del Estado penetran también en los micro–dispositivos —inmanencia completa de las dos dimensiones. ¿Hay que entender entonces que la diferencia es de escala? Una página de V. S.(132) rechaza explícitamente esta interpretación. Pero esta página parece remitir lo macro al modelo estratégico, y lo micro al modelo táctico.  Y  esto  es  algo  que  me  molesta,  ya  que  los  micro–dispositivos me  parece  que  tienen  en  Michel  una  dimensión  estratégica diferente (sobre todo si se tiene en cuenta este diagrama [14] del que son insepa- rables)—. Otra dirección sería la de las “relaciones de fuerza” como determinantes de lo micro: cf.  especialmente la entrevista en la Quinzaine.Pero Michel, a mi juicio, no ha desarrollado todavía este punto: su concepción original de las relaciones de fuerza, lo que él llama  relación  de  fuerza,  y  que  debe  ser  un  concepto  tan  nuevo  como los restantes.

En todo caso, hay diferencia de naturaleza, heterogeneidad entre lo micro y lo macro. Lo cual no excluye en ningún caso la inmanencia

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de los dos. Pero la cuestión, en último término, sería ésta: ¿esta diferencia  de  naturaleza  todavía  permite  que  se  hable  de  dispositivos de poder? La noción de Estado no es aplicable en el nivel de un micro–análisis, ya que, como dice Michel, no se trata de miniaturizar el Estado. ¿Pero la noción de poder es más aplicable?, ¿no es también ella la miniaturización de un concepto global?

A partir  de  esto,  vuelvo  a mi  primera  diferencia  con  Michel  ac- tualmente.  Si  hablo  con  Félix5 de  disposición  (agencement.) de  deseo, es  porque  no  estoy  seguro  de  que  los  micro–dispositivos  puedan  ser descritos  en  términos  de  poder.  Para  mí,  disposición  de  deseo  señala que  el  deseo  no  es  nunca  una  determinación  “natural”,  ni  “espontá- nea”. Por ejemplo, feudalidad es una disposición que pone en juego nuevas relaciones con el animal (el caballo), con la tierra, con la desterritorialización (la carrera del caballero, la Cruzada), con las mujeres (el amor caballeresco), etc. Disposiciones completamente locas, pero siempre históricamente asignables. Yo diré por mi parte que el deseo circula en esta disposición de heterogéneos, en esta especie de “simbiosis”: el deseo está vinculado a una disposición determinada, supone un cofuncionamiento. Por supuesto, una disposición  de  deseo  comportará  dispositivos  de  poder  (por  ejemplo los poderes feudales), pero habrá que situarlos entre los diferentes componentes de la disposición. Siguiendo un primer eje se pueden distinguir en las disposiciones de deseo los estados de cosas y las enunciaciones (lo que sería conforme a la distinción de los dos tipos de

5 Se trata evidentemente de Félix Guattari. (En todo el texto hemos traducido agencementspor “disposiciones”.N. d. T.)

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formaciones o de multiplicidades que hace Michel). Siguiendo otro eje, se distinguirían las territorialidades o re–territorializaciones, y los movimientos de desterritorialización que una disposición implica (por ejemplo todos los movimientos de desterritorialización que implican  la  Iglesia,  la  caballería,  los  campesinos).  Los  dispositivos  de poder  surgirían  donde  operan  re–territorializaciones,  incluso  abstrac- tas.  Los  dispositivos  de  poder  serían  por  tanto  un  componente  de  las disposiciones. Pero las disposiciones indicarían también puntos de desterritorialización.  En  resumen,  los dispositivos de poder no serían los que disponen, ni serían constituyentes, sino que serían las disposi- ciones de deseo quienes articularían las formaciones de poder si- guiendo una de sus dimensiones. Esto me permite responder a la pregunta, necesaria para mí, no necesaria para Michel: ¿cómo puede el poder ser desea-[15]do? La primera diferencia sería pues que, para mí, el  poder  es  una  afección  del  deseo  (una  vez  dicho  que  el  deseo  no  es nunca “realidad  natural”).  Todo  esto  es  muy  aproximativo:  relaciones más complicadas que no cito entre los dos movimientos, de desterrito- rialización y de re–territorialización. Pero es en este sentido en el que el deseo me parece lo primero, y es el elemento de un micro–análisis.


 

E. Estoy  de  acuerdo  con  Michel  sobre  un  punto  que  me  parece fundamental:  ni  ideología ni  represión  —por  ejemplo,  los  enunciados

o más  bien  las  enunciaciones  no  tienen  nada  que  ver  con  la  ideolo- gía.  Las  disposiciones  de  deseo  no  tienen  nada  que  ver  con  la  repre- sión.  Pero  evidentemente  para  los  dispositivos  de  poder  no  tengo la actitud firme de Michel, desemboco en lo vago, visto el estatuto  ambi- guo que tienen para mí: en V. y C, Michel dice que normalizan y

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disciplinan; yo diría que codifican y re–territorializan (supongo que, también en esto, existe algo más que una distinción de palabras). Pero vista mi primacía del deseo sobre el poder, o el carácter secundario que adoptan para los dispositivos de poder, sus operaciones siguen teniendo un efecto represivo, ya que no aplastan el deseo como dato natural, sino los puntosde disposición del deseo. Tomemos una de las tesis más hermosas de V.S.: el dispositivo de sexualidad pliega la sexualidad sobre el sexo (sobre la diferencia de los sexos... etc.; y el psicoanálisis está de lleno en el movimiento de este plega- miento).  Veo  ahí  un  efecto  de  represión,  precisamente  en  la  frontera de lo micro y lo macro: la sexualidad, como disposición de deseo históricamente  variable  y  determinable,  con  sus  puntas  de  desterrito- rialización, de flujos y de combinaciones, va a ser replegada sobre una instancia molar, “el sexo”, y aunque los procedimientos de este movimiento no son represivos, el efecto (no–ideológico) es represivo, en  tanto  que  las  disposiciones  se  rompen,  no  sólo  en  sus  potenciali- dades, sino en su micro–realidad. Entonces ya sólo pueden existir como fantasmas, que las  cambian  y  las  distorsionan  completamente,

o como cosas vergonzosas...  etc.  Hay  un  pequeño  problema  que  me interesa  mucho:  ¿porqué  ciertos  “trastornos”  son  más  accesibles  a la vergüenza—eincluso dependientes de ella— que otros (por ejemplo, el enurésico, el anoréxico son poco accesibles a la vergüenza)? Necesito por tanto de un cierto concepto de represión no en el sentido de que la represión  remita  a una  espontaneidad,  sino  en  el  sentido  de  que  las disposiciones colectivas tengan muchas dimensiones, y los disposi–tivos de poder no sean más que una de estas dimensiones.


 

 

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F. Otro punto fundamental: creo que la tesis“nirepresión–ni ideología” tiene un correlato, y quizá depende ella misma de este correlato. Un campo social no se define por sus contradicciones. La [16] noción de contradicción es una noción global, inadecuada, y  que implica una gran complicidad de las “contradicciones” en los dis- positivos de poder (por ejemplo, las dos clases, la burguesía y el proletariado). Y en efecto, me parece que otra gran novedad de la teoría del poder en Michel es que una sociedad no se contradice, o apenas lo hace. Pero su respuesta es: se estrategiza, estrategiza. Y encuentro esto muy bello, veo la inmensa diferencia entre estrategia y contradicción. En este sentido tendría que releer a Clausewitz. Pero no me seduce la idea.

Por mi parte, yo diría: una sociedad, un  campo social no se con- tradice, pero lo primero es que extiende líneas de fuga desde todas partes, primero son las líneas de fuga (aunque “primero” no es cro- nológico). Lejos de estar fuera del campo social o de salir de él, las líneas de fuga constituyen el rizoma o la cartografía. Las líneas de fuga son casi lo mismo que los movimientos de desterritorialización: no implican  ningún  retorno  a la  naturaleza,  son  puntas  de  desterritoria- lización en las disposiciones de deseo. Lo primero en la feudalidad son las líneas de fuga que supone; lo mismo ocurre para los siglos X  al XII; y lo mismo para la formación del capitalismo. Las líneas de fuga no son necesariamente “revolucionarias”, al contrario, pero los dispositivos de poder quieren taponarlas, amarrarlas. Alrededor del siglo XI, todas las líneas de desterritorialización se precipitan: las últimas invasiones, las bandas de pillaje, la desterritorialización de la Iglesia, las migracio- nes  campesinas,  la  transformación  de  la  caballería,  la  transformación

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de las ciudades que abandonan cada vez más los modelos territoriales, la transformación de la moneda que  se integra en nuevos circuitos, el cambio  de  la  condición  femenina  con  los  temas  del  amor  cortés  que desterritorializan  incluso  el  amor  caballeresco...  etc.  La  estrategia  serásecundaria en relación a las líneas de fuga, a sus combinaciones, a sus

orientaciones, a sus convergencias o divergencias. Una vez más en- cuentro ahí la primacía del deseo, ya que el deseo está precisamente en las líneas de fuga, conjugación y disociación de flujos. Se confunde con ellas.  Me  parece,  por  tanto,  que  Michel  se  enfrenta  con  un  problema que no tiene en absoluto el mismo estatuto que para mí. Porque si los dispositivos  de  poder  son  de  alguna  forma  constituyentes,  sólo  puede haber contra ellos fenómenos de “resistencia”, y la cuestión nos lleva al estatuto de estos fenómenos. En efecto, éstos tampoco serían ni ideoló- gicos ni anti–represivos. De aquí la importancia de las dos páginas de V.S.donde Michel dice: no se me haga decir que estos fenómenos son un  señuelo...  Pero  ¿qué  estatuto les confiere? Aquí se producen dife- rentes  direcciones:  1)  la  de  V.S.(126–127) donde los fenómenos de resistencia serían como una imagen invertida de los dispositivos, tendrían los mismos caracteres, difusión, heterogeneidad... etc., estarían  visàvisconellos;  pero  esta  dirección  me  parece  que  tapona las salidas en vez de en-[17]contrar una; 2) la dirección de la entrevista PolitiqueHebdo.6: si los dispositivos de poder son constitutivos de verdad, si hay una verdad del poder, debe haber como contra–estrategia algún tipo de poder de la verdad contra los poderes. De aquíel problema del papel del intelectual en Michel; y su forma de reintro-

6 «La Fonction politique de l’intellectuel» Politique Hebdo, 29 noviembre5  di- ciembre, 1976, cf. Dits et Écrits, 184, III, p. 109.

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ducir la categoría de verdad, pero, al renovarla completamente hacién- dola  depender  del  poder,  ¿encontrará  en  esta  renovación  una  materia que se pueda volver contra el poder? No veo cómo. Hay que esperar a que Michel hable de esta nueva concepción de la verdad, en el nivel de su micro–análisis;3) tercera dirección, sería la de los placeres, el cuerpo y los placeres. Aquí también, para mí, la misma espera, ¿cómo animan los placeres a los contra–poderes, y cómo concibe él esta noción de placer?

Me  parece  que  hay  tres  nociones que  Michel  toma en  un  sentido completamente  nuevo,  pero  sin  haberlas  desarrollado  aún:  relaciones de fuerza, verdad, placeres.

Se me plantean algunos problemas; problemas que no se plan- tean  para  Michel  porque  han  sido  ya  resueltos  anteriormente  en  sus investigaciones.  Inversamente,  para  animarme,  me  digo  que  a   no se me plantean otros problemas que se le presentan a él ne- cesariamente por sus tesis y sentimientos. Las líneas de fuga, los movimientos de desterritorialización no me parece que tengan equivalencia en Michel, como determinaciones colectivas históricas. Para mí, no hay problema en el estatuto de los fenómenos de resisten- cia: dado que las líneas de fuga son las determinaciones primeras, dado que el deseo dispone el campo social, son más bien los dispositivos de poder  los  que,  al  mismo  tiempo,  son  producidos  por  estas  disposicio- nes,  y  las  aplastan  o las  taponan.  Comparto  el  horror  de  Michel  hacia esos que se llaman marginados: el romanticismo de la locura, de la delincuencia, de la perversión, de la droga, me resulta cada vez más insoportable.  Desde  mi  punto  de  vista,  las  líneas  de  fuga,  es  decir  las disposiciones de deseo, no han sido creadas por los marginados. Por el

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contrario, son líneas objetivas que atraviesan una sociedad, en las que los marginados se instalan aquí o allá, para hacer un bucle, un remoli- no, una recodificación. Por tanto no tengo necesidad de un estatuto para los fenómenos de resistencia, dado que el primer dato de una sociedad es que todo huye, todo se desterritorializa en ella. De ahí que el estatuto intelectual, y el problema político no sean teóricamente los mismos para Michel y para (intentaré  decir  en  seguida  cómo  veo esta diferencia).


 

G. La última vez que nos vimos Michel me dijo, con mucha ama- bilidad y afecto, más o menos esto: no puedo soportar la palabra deseo; incluso si usted lo emplea de otro modo, no puedo evitar pensar o vivir que deseo = falta, o que deseo significa algo reprimido. Michel añadió:

lo que yo llamo “placer” es quizá lo que us-[18]ted llama “deseo”; pero de todas formas necesito otra palabra diferente a deseo.

Evidentemente, una vez más, no es una cuestión de palabras. Porque yo mismo no soporto apenas la palabra “placer”. Pero, ¿por qué? Para mí, deseo no implica ninguna falta; tampoco es un dato natural; está vinculado a una disposición de heterogéneos que fun- ciona; es proceso, en oposición a estructura o génesis; es afecto, en

oposición a sentimiento; es haecceidad(individualidad de una jor- nada, de una estación, de una vida), en oposición a subjetividad; es acontecimiento, en oposición a cosa o persona. Y  sobre todo implica la constitución de un campo de inmanencia o de un “cuerpo sin órga- nos”, que se define sólo por zonas de intensidad, de umbrales, de gradientes,  de  flujos.  Este  cuerpo  es  tanto  biológico  como  colectivo  y político;  sobre  él  se  hacen  y  se  deshacen  las  disposiciones,  es  él  quien

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lleva las puntas de desterritorialización de las disposiciones o las líneas de  fuga.  Varía  (el  cuerpo  sin  órganos  de  la  feudalidad  no  es  el  mismo que el del capitalismo). Si lo llamo cuerpo sin órganos es porque se

opone a todos los estratos de organización, del organismo, pero también  a las  organizaciones  de  poder.  Es  justamente  el  conjunto  de las  organizaciones  del  cuerpo  quien  romperá  el  plano  o el  campo  de inmanencia e impondrán al deseo otro tipo de “plano”, estratificando en cada ocasión el cuerpo sin órganos.

Si  digo  todo  esto  tan  confuso  es  porque  se  me  plantean  muchos problemas en relación a Michel: 1) no puedo dar al placer ningún valor  positivo,  porque  me  parece  que  el  placer  interrumpe  el  proceso inmanente del deseo; creo que el placer está del lado de los estratos y de la organización; y en un mismo movimiento el deseo es presentado como  sometido  desde  dentro  a la  ley  y  escandido  desde  fuera  por  los placeres;  en  los  dos  casos,  hay  negación  de  un  campo  de  inmanencia propio al deseo. Pienso que no es casualidad que Michel atribuya cierta importancia a Sade, y yo por el contrario a Masoch7.  No  sería suficiente  decir  que  yo  soy  masoquista,  y  Michel  sádico.  Eso  quedaría bien, pero no es verdad. Lo que me interesa en Masoch no son los dolores,  sino  la  idea  de  que  el  placer  viene  a interrumpir  la  positivi- dad  del  deseo  y  la  constitución  de su  campo  de  inmanencia  (de  igual modo, o más bien de otra manera, sucede en el amor cortés: constitu- ción de un plano de inmanencia o de un cuerpo sin órganos donde al deseo no le falta nada, y  donde éste evita todo lo posible placeres que vendrían a interrumpir su proceso). El placer me parece el único

7 Deleuze  ha  dedicado  un  libro  a Sacher–  Masoch:  Presentación a Sacher–Ma- soch, Taurus, Madrid, 1973.

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medio  para  una  persona  o un  sujeto  de  “recuperarse”  en  un  proceso que le desborda. Es una re–territorialización. Y, desde mi punto de vista,  el  deseo  se  remite  de  la  misma  manera  a la  ley  de  la  falta  y  a la normadel placer.

2) Por otra parte, es esencial la idea en Michel de que los disposi- tivos  de  poder  tienen  una  relación  con  el  cuerpo  inmediata  y  directa. Pero para mí, esto sucede en la medida en que imponen una or- [19]ganización a los cuerpos. Mientras que el cuerpo sin órganos es lu- gar  o agente  de  desterritorialización  (y  por  ello  plano  de  inmanencia del  deseo),  todas  las  organizaciones,  todo  el  sistema  de  lo  que  Michel llama el“bio–poder”opera reterritorializacionesdel cuerpo.

3) ¿Podría pensar en equivalencias del tipo: lo que para es“cuerpo sin órganos–deseos” corresponde a lo que para Michel es“cuerpos–placeres”? La distinción de que me hablaba Michel “cuerpo–carne”, ¿puedo ponerla en relación con “cuerpo sin órganos–organis- mo”? Existe una página muy importante en V.S.(190) sobre la vida en tanto  que  confiere  un  estatuto  posible  a las  fuerzas  de  resistencia.  Esta vida, para mí, incluso aquella de que habla Lawrence, no es en absoluto Naturaleza, es exactamente el plano de inmanencia variable del deseo, a través de todas las disposicionesdeterminadas.Concepción del deseo en Lawrence,  en  relación  con  las  líneas  de  fuga  positivas  (pequeño  detalle:

la forma en que Michel se sirve de Lawrence al final de V.S., opuesta a la forma en que yo me sirvo de él).

H. ¿Ha  avanzado  Michel  en  el  problema  que  nos  ocupaba:  afir- mar los derechos de un micro–análisis (difusión, heterogeneidad, carácter parcelario), y sin embargo encontrar una especie de principio

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de unificación que no sea del tipo “Estado”, “partido”, totalización, representación?

En  primer  lugar,  del  lado  del  poder  mismo:  vuelvo  a las  dos  di- recciones  de  V.yC,  por una  parte,  carácter difuso  y  parcelario  de  los micro–dispositivos,  pero  también,  por  otra  parte,  diagrama  o máqui- na abstracta que cubre el conjunto del campo social. Me parece que seguía existiendo un problema en V. y C.: la relación entre esas dos instancias del micro–análisis. Creo que la cuestión cambia un poco en V.S..:  aquí, las dos distinciones del micro–análisis serían más bien las micro–disciplinas por una parte, y por otra parte los procesos bio–políticos (p. 183 y ss.). Esto es lo que quería decir en el punto C de estas  notas.  Así  pues,  el  punto  de  vista  de  V. y C.sugería  que  el  dia- grama, irreductible a la instancia global del Estado, operaba quizá una micro–unificación de los pequeños dispositivos. ¿Debemos entender ahora  que  los  procesos  bio–políticos  tendrían  esta  función?  Confieso que  la  noción  de diagrama  me  parece muy rica: ¿la encontrará Michel sobre este nuevo terreno?

Pero del lado de las líneas de resistencia, o de lo que yo llamo lí- neas de fuga, ¿cómo concebir las relaciones o las conjugaciones, las conjunciones,  los  procesos de  unificación?  Yo  diría  que  el  campo  de inmanencia colectivo donde se producen en un momento dado las disposiciones  y  donde  trazan  sus  líneas  de  fuga,  presenta  también  un verdadero diagrama. Por tanto, hay que encontrar la disposición compleja  capaz  de  efectuar  este  diagrama,  operando  la  conjunción  de las líneas o de los puntos de desterritorialización. Es en este sentido en el que yo hablaba de una máquina de guerra, to-[20]talmente diferente

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del aparato del Estado y de las instituciones militares, y también de los dispositivos de poder. Así pues, tendríamos por una parte: Estado–diagrama del poder (siendo el Estado el aparato molar que  realiza los micro–datos del diagrama como plano de organización); por otra parte, máquina de guerra–diagrama de las líneas de fuga (siendo la máquina de guerra la disposición que realiza los micro–datos del diagrama  como  plano  de  inmanencia).  Me  detengo  en  este  punto,  ya que esto pondría en juego dos tipos de planos muy diferentes, una especie  de  plano  transcendente  de  organización  contra  el  plan  inma- nente de las disposiciones, y que revertiría sobre los problemas precedentes. Y a partir de este punto ya no cómo situarme en relación a las investigacionesactuales de Michel.

[Apéndice: lo que me interesa en los dos estados opuestos del plano o del diagrama es su enfrentamiento histórico y bajo formas muy diversas. En un caso, se tiene un plan de organización y de de- sarrollo, que está escondido por naturaleza, pero que permite ver todo lo que es visible; en el otro caso, se tiene un plano de inmanencia, donde ya no hay más que velocidades y lentitudes, no desarrollo, y donde todo es visto, oído... etc. El primer plano no se confunde con el Estado, pero está ligado a él: el segundo, por el contrario, está ligado a una máquina de guerra, a una ilusión de máquina de guerra. En el nivel  de  la  naturaleza,  por  ejemplo,  Cuvier,  y  también  Goethe,  conci- ben el primer tipo de plano; Hölderlin en Hiperión, pero más aún Kleist, conciben el segundo. De golpe, dos tipos de intelectuales (ponerlo en relación con lo que dice Michel sobre la posición del intelectual). O bien en el terreno de la música, las dos concepciones del plano sonoro se enfrentan. Las relaciones poder–saber tal como Michel

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las analiza podrían explicarse así: los poderes implican un plano–diagrama del primer tipo (por ejemplo la ciudad griega o la geometría euclidiana). Pero inversamente,  del  lado  de  los  contra–poderes  y  más

o menos en relación con las máquinas de guerra, hay otro tipo de plano, de especies de saberes “menores” (la geometría arquimediana,

o la geometría de las catedrales que va a ser combatida por el Estado);¿todo un saber propio de las líneas de resistencia, y que no tiene la misma forma que el otro saber, el saber sobre los poderes?]


 

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