© Libro N° 13074. América Latina Desde La
Teoría De La Dependencia. Katz, Claudio. Emancipación.
Octubre 12 de 2024
Título original: ©
América Latina Desde La Teoría De La Dependencia. Claudio Katz
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Latina Desde La Teoría De La Dependencia. Claudio Katz
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Guillermo Molina Miranda
AMÉRICA LATINA DESDE LA TEORÍA DE LA DEPENDENCIA
Claudio Katz
América
Latina Desde La Teoría De La Dependencia
Claudio
Katz
Claudio Katz
América Latina Desde La
Teoría De La Dependencia
Fuente:
Conferencia expuesta en el Encuentro “La
economía de América Latina y el Caribe ante el nuevo entorno internacional”,
ANEC, La Habana, 11-9-2018.
Maquetación:
Demófilo
2023
Edición digital realizada sin interés
comercial ni ánimo de lucro, con una finalidad exclusivamente informativo /
cultural.
_________________________
Biblioteca Virtual
OMEGALFA
2023
2
SUMARIO
Extracivismo y primarización 5
Regresión industrial 7
Modalidades de explotación 11
Determinantes del endeudamiento 13
Variedad de crisis 15
Imperialismo y subimperialismo 17
Regímenes autoritarios 20
Adversarios y balances 22
Reinvención del dependentismo 25
Resumen 26
3
AMÉRICA LATINA
DESDE LA TEORÍA DE LA DEPENDENCIA1
Claudio Katz 2
Desde hace cuatro décadas vivimos bajo la sombra del capita-lismo
neoliberal. Ese período comenzó con el thatcherismo, se reforzó con el desplome
de la Unión Soviética y persiste en la actualidad. Modificó el funcionamiento
de la economía con atropellos a las conquistas sociales, que facilitaron la
gran am-pliación de actividades y territorios sometidos a la lógica de la
ganancia.
Todas las corrientes de pensamiento coinciden en resaltar los efectos
negativos de esa etapa para América Latina. Pero la teoría marxista de la
dependencia aporta importantes instru-mentos adicionales para esa evaluación.
Este enfoque fue desarrollado por Ruy Mauro Marini, Theoto-nio Dos
Santos y Vania Bambirra en los años 70. Alcanzó gran predicamento, con una
interpretación del subdesarrollo cen-trada en la pérdida de recursos padecida
por la periferia. Ilustró especialmente cómo la reproducción dependiente
acentuaba la inserción internacional subordinada de la región. Esa tradición
1 Conferencia expuesta en el
Encuentro “La economía de América Latina y el Caribe ante el nuevo entorno
internacional”, ANEC, La Habana, 11-9-2018.
2 Economista, investigador del
CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es:
www.lahaine.org/katz
permite evaluar ocho características del escenario actual.3
Extractivismo y primarización
El primer rasgo dominante de la economía latinoamericana es la
primarización y el extractivismo. Desde los años 80 rige un patrón de
especialización exportadora, que recrea la antigua especialización de la región
como proveedora de productos bá-sicos. Se han consolidado los cultivos de
exportación en des-medro del abastecimiento local, a través de un empresariado
que maneja los negocios rurales con criterios de inversión y rentabilidad.
Por su parte, las empresas transnacionales han introducido la
explotación en gran escala de la minería, con extracciones a cielo abierto que
multiplican las calamidades ambientales. Se ha intensificado, además, la
succión de todas las variantes del petróleo (convencional, shale oil, subsuelo
marítimo).
Este perfil de actividades centradas en el agro, la minería y la energía
es más visible en Sudamérica, pero acentúa la vulnera-bilidad de toda la región
frente al vaivén de los precios de las materias primas. Esta fragilidad salta a
la vista en el estanca-miento actual de las cotizaciones del petróleo, el cobre
y la soja. Ninguno de esos productos mantiene los elevados niveles de la década
pasada.
3 Las tesis que exponemos
sintetizan conceptos desarrollados en dos libros recientes. Toda la
bibliografía correspondiente se encuentra en esos textos. Katz, Claudio.
Neoliberalismo, Neodesarrollismo, Socialismo, Batalla de Ideas Ediciones, 2015,
Buenos Aires. Katz, Claudio. La teoría de la de-pendencia, 50 años después,
Batalla de Ideas Ediciones, 2018, Buenos Aires (próxima aparición).
5
Para colmo, la nueva ofensiva exportadora de Estados Unidos amenaza
varios mercados de la zona, mientras China incre-menta su presencia en la
región. El gigante oriental persiste como el principal demandante de insumos
básicos, pero selec-ciona compras e incentiva la competencia con proveedores de
otros continentes.
Estos datos ilustran el agravamiento de los problemas estruc-turales que
estudiaba la teoría de la dependencia. La primari-zación y el extractivismo son
las denominaciones contemporá-neas del subdesarrollo, generado por la sumisión
de la región a los precios externos de las commodities.
A diferencia del pasado, los estudios de este problema ya no se inspiran
en simples presupuestos de desvalorización de las ex-portaciones básicas.
Registran, por ejemplo, la dinámica as-cendente de esas cotizaciones durante la
década pasada.
El movimiento de esos precios es investigado tomando en cuenta su patrón
cíclico. Ese vaivén refleja la menor flexibili-dad de los productos primarios a
la innovación tecnológica, en comparación a sus pares del universo fabril. Por
su mayor ri-gidez, esos insumos tienden a encarecerse suscitando procesos
reactivos de industrialización de las materias primas.
El doble movimiento de presiones encarecedoras y reacciones de
abaratamiento explica la oscilación periódica de esos pre-cios. Pero esas
fluctuaciones siempre afectan a la región. Por su condición dependiente,
América Latina nunca aprovecha los momentos de vacas gordas y siempre padece
los períodos de vacas flacas.
Otro problema evaluado con mayor atención es el adverso ma-nejo de la
renta.
6
Han surgido importantes estudios sobre esa remuneración a la propiedad
de los recursos naturales, que puede ser interpretada como una plusvalía
extraordinaria generada en la propia acti-vidad primaria o absorbida de otros
sectores.
La gravitación de esa renta ha crecido en forma excepcional por su
carácter estratégico para la acumulación. Las grandes potencias disputan
duramente el botín de los recursos naturales y América Latina continúa
sufriendo la confiscación sistemá-tica de ese excedente. Esa apropiación
retrata la dinámica ac-tual de la renta imperialista y de los procesos de
acumulación por desposesión.
A diferencia de otras economías no metropolitanas (como Aus-tralia o
Noruega) que aprovechan la renta para su desenvolvi-miento, América Latina
tiene vedado ese usufructo. Como ocupa un lugar subordinado en la división
global del trabajo, drena en forma sistemática el grueso de esos recursos hacia
el exterior.
La primarización y el extractivismo exportador reproducen un escenario
clásico del dependentismo. El análisis de la renta y del patrón cíclico de los
precios de las materias primas com-plementa la clarificación que introdujo ese
enfoque.
Regresión industrial
El segundo rasgo del escenario actual es el repliegue de la in-dustria.
En Sudamérica descendió el peso del sector secundario en el PBI y en
Centroamérica quedó confinado a los eslabones básicos de la cadena global de
valor. Por eso circulan tantas reflexiones sobre la “desindustrialización
precoz” de la región, que destacan las diferencias con la deslocalización
imperante
7
en las economías avanzadas. Se ha profundizado el distancia-miento con
la industria asiática y muchas fábricas cierran antes de haber alcanzado su
madurez.
Ese deterioro afecta principalmente al modelo forjado para abastecer el
mercado local, durante la sustitución de importa-ciones. La industria
tradicional de los países medianos se en-cuentra en franco retroceso. En Brasil
el aparato industrial per-dió la dimensión de los años 80, la productividad se
ha estan-cado, el déficit externo se expande y los costos aumentan por la
obsolescencia de la infraestructura. En Argentina el declive es mucho mayor. La
recuperación de la última década no re-virtió la aguda caída previa, persiste
la alta concentración en pocos sectores, el predominio extranjero y la baja
integración de componentes locales.
Pero también el modelo de las maquilas mexicanas afronta gra-ves
problemas. Continúa ensamblando partes de las grandes fábricas estadounidenses,
pero ha perdido gravitación frente a los competidores asiáticos. Estas
tendencias se acentuarán, si Trump impone sus exigencias en la renegociación
del tratado de libre comercio (TLCAN).
Todas las medidas que adopta el millonario para revertir el des-balance
comercial estadounidense afectan la producción lati-noamericana. Pretende
debilitar a los rivales brasileños con es-cándalos tipo Oderbrecht y apuntala
el predominio yanqui en los servicios, el tráfico de datos y las
comunicaciones. Busca especialmente disputar con China el control del aparato
fabril de la región.
Desde hace años el gigante asiático despliega un modelo de compras de
materias primas y ventas de manufacturas, que ero-siona el tejido industrial.
Frecuentemente utiliza los convenios
8
de libre-comercio para bloquear cualquier protección al in-greso de sus
productos.
Las dos grandes potencias cuentan, además, con el auxilio de los
gobiernos de la restauración conservadora. Esos regímenes aceleran la
disminución de aranceles, en el mismo momento que Estados Unidos y China
discuten el incremento de sus ta-rifas. Los presidentes derechistas de
Sudamérica avanzan in-cluso en la suscripción de un convenio de libre-comercio
con la Unión Europea, que afectará severamente al Mercosur.
La regresión industrial de la región actualiza todos los desequi-librios
del ciclo dependiente que estudiaron los teóricos de la dependencia. En los
años 70 resaltaban el sistemático drenaje de recursos que afectaba a ese
sector, a través del giro de utili-dades. El mayor predominio de los capitales
foráneos acentuó en las últimas décadas esa obstrucción al proceso local de
acu-mulación.
La globalización productiva genera una creciente especializa-ción
latinoamericana en insumos básicos o en el mero funcio-namiento de las
armadurías. Por el lugar marginal que ocupa de la cadena de valor, América
Latina no cumple ningún papel significativo en el diseño, la innovación o la
gestación de nue-vos productos.
Pero a diferencia del escenario descripto por los teóricos de la
dependencia, el retroceso actual de la industria latinoameri-cana coexiste con
un despunte de sus equivalentes asiáticos. Esa divergencia se verifica en el
enorme ensanchamiento de la brecha que separa a Corea del Sur de Brasil o
Argentina.
Ese distanciamiento obedeció en sus inicios al gran atractivo
capitalista de explotar la fuerza de trabajo barata del Sudeste Asiático. Pero
la brecha de salarios derivó posteriormente en
9
una inserción diferenciada de ambas regiones en la división global del
trabajo. Corea del Sur quedó integrada al eslabón superior de un vasto
entramado oriental, que recrea en bloque la ventaja comparativa de una fuerza
de trabajo devaluada y disciplinada.
Mientras que América Latina era funcional al viejo modelo sustitutivo de
importaciones, el Sudeste Asiático optimiza la actual internacionalización
capitalista de la producción.
La interpretación dependentista de esa bifurcación pone el acento en la
forma de extraer plusvalía. Esa mirada contrasta con la simplificada visión
neoliberal, que atribuye las diver-gencias de ambas regiones a una ventajosa
inclinación asiática por la apertura comercial.
Muchos autores heterodoxos han demostrado la falacia de ese argumento.
Pero suponen ingenuamente que la divergencia en-tre ambas zonas obedeció a la
implementación de políticas eco-nómicas contrapuestas. Estiman que los
asiáticos optaron por un buen camino desechado por sus pares latinoamericanos.
Con ese presupuesto de libre albedrío, olvidan todos los con-dicionamientos
estructurales que impone la maximización de la ganancia en la división global
del trabajo.
El razonamiento dependentista aporta un buen soporte para comprender el
retroceso industrial de la región. Pero el distan-ciamiento de América Latina
con el desenvolvimiento asiático no se explica sólo con el instrumental de los
años 60. Esa bi-furcación exige indagar la nueva dinámica de la globalización
productiva.
10
Modalidades de explotación
El dramático deterioro de los indicadores sociales retrata un tercer
plano de la realidad latinoamericana. Bajo el neolibera-lismo no sólo se agravó
el desempleo y la informalidad laboral. Las brechas sociales nuevamente se
ensancharon en la región más desigual del planeta. Esa polarización explica la
aterradora escala de la violencia social que impera en las ciudades. De las 50
urbes más peligrosos del planeta 43 se localizan en América Latina.
La expulsión de campesinos generada por la transformación capitalista
del agro ha sido determinante de esa degradación. Contribuye a engrosar la masa
de excluidos urbanos que en-cuentra poco trabajo y percibe ínfimos ingresos. La
enorme ex-pansión de ese segmento explica el nuevo papel de la narco-economía,
como refugio de supervivencia.
Otro correlato de la especialización en exportaciones básicas es la
concentración de actividades en el turismo. En varias eco-nomías pequeñas de
Centroamérica la creación de empleos está prácticamente restringida a ese
sector.
La ausencia de puestos de trabajo multiplica la emigración y la
consiguiente dependencia familiar de las remesas. Enormes contingentes de
jóvenes desempleados tienen simultáneamente vedado el arraigo y la emigración.
Trump acentúa esa adversi-dad declarando la guerra a los desamparados. Insulta
a los me-xicanos, construye muros y desprecia a los países del Caribe.
Las teorías económicas convencionales suelen omitir esos pa-decimientos.
En cambio la tradición dependentista, prioriza la denuncia de todas las
desgracias generadas por el capitalismo dependiente. Ilustra cómo el modelo
neoliberal potencia la
11
miseria reforzando la informalidad laboral. A diferencia de las
economías desarrolladas, la pobreza desborda en América La-tina al segmento
precarizado y afecta a una enorme porción de los trabajadores estables.
La clase media de la región sólo aglutina en la región a un re-ducido
conglomerado de la población. En comparación a los países avanzados aporta un
colchón muy exiguo, al abismo que separa a los acaudalados de los empobrecidos.
Está constituida principalmente por pequeños comerciantes o cuentapropistas y
no por profesionales o técnicos calificados.
Ese infra-desarrollo refleja la estrechez de la industria y la es-casa
gravitación de los servicios de alta tecnología. La expan-sión de los sectores
medios en algunos países durante la década pasada fue sobredimensionada y
omitió su coexistencia con la enorme desigualdad.
Es evidente que el modelo actual amplía la brecha de salarios entre
América Latina y las economías centrales. Esa disparidad corrobora la
continuidad del escenario dependentista. Tal como señalaba Marini, esa
disparidad de sueldos se acentúa por la inclinación de los capitalistas locales
a compensar su debilidad internacional, con mayor opresión de la fuerza de
tra-bajo.
Las grandes diferencias nacionales de salario se han afianzado bajo el
capitalismo neoliberal. Pero no convalidan el tradicio-nal contrapunto entre
formas de explotación en el centro y mo-dalidades de superexplotación en la
periferia.
La globalización productiva ha diversificado la estructura
in-ternacional de los salarios, con nuevas estructuras de valores altos, medios
y bajos de la fuerza de trabajo. Las empresas transnacionales toman en cuenta
esas diferencias, para definir
12
sus inversiones y optimizar el fraccionamiento del proceso de
fabricación en distintos países.
Los grandes cambios generados por esa reorganización de la actividad
laboral afectan a todas las economías. América La-tina acompaña, por un lado,
la tendencia a la segmentación de los asalariados entre un sector
formal-estable y otro informal-precarizado. Los países centrales incorporan,
por otra parte, la retribución de una parte de la fuerza de trabajo por debajo
de su valor. La actualización del razonamiento dependentista exige
conceptualizar esas transformaciones de las últimas dé-cadas.
Determinantes del endeudamiento
El creciente peso de la deuda constituye un cuarto rasgo de la economía
latinoamericana actual. Esa pesadilla sigue afec-tando a la región, a través de
la vieja secuencia de desequili-brios fiscales y déficits externos, que
engrosan los pasivos y precipitan las crisis.
Bajo el capitalismo neoliberal se registraron períodos de dis-tinta
gravedad de ese encadenamiento. En la década pasada la apreciación de las
materias primas y el ingreso de dólares per-mitieron cierto alivio.
Posteriormente ese respiro desapareció y el endeudamiento resurgió con gran
intensidad.
La relación deuda/producto ha desmejorado significativa-mente en la
mayoría de los países desde el 2015. La presencia de dos actores
complementarios de ese proceso -el FMI y los fondos de inversión- es mucho más
visible que en el pasado.
La tradición dependentista suele evitar el análisis del
13
endeudamiento en simple clave de especulación financiera. Destaca que el
creciente peso de los pasivos expresa la fragili-dad productiva y comercial del
capitalismo dependiente. La vulnerabilidad financiera complementa esas
inconsistencias.
Hay agobio con el pago de los intereses, las refinanciaciones
compulsivas y las cesaciones de pagos por el perfil subdesa-rrollado de
economías primarizadas, con poca industria y ele-vada especialización en
servicios básicos. El endeudamiento no se dispara sólo por el “saqueo de los
financistas”. Refleja la creciente debilidad de los procesos de acumulación.
Lo mismo ocurre con el déficit fiscal. Ese desbalance no deriva del
populismo, el malgasto o la indisciplina de los latinoame-ricanos. Refleja la
condición dependiente de todos los países. El deterioro de las cuentas públicas
se ha profundizado, ade-más, por la generalizada fuga de capitales que
instrumentan los acaudalados de la región.
Esa emigración de fondos se acrecentó en las últimas décadas por la
localización de las grandes fortunas en los paraísos fis-cales. La mudanza es
también indicativa de la estrecha asocia-ción gestada por los grandes grupos
locales (Rocca, Slim, Cis-neros, Camargo Correa) con las empresas
transnacionales. La concentración y extranjerización de las principales
empresas confirma el diagnóstico de las clases dominantes formulado por la
teoría marxista de la dependencia.
La vieja burguesía nacional de industriales -que privilegiaba la
expansión de la demanda, fabricando para el mercado interno con protección
aduanera- se ha extinguido. En la actualidad predomina una burguesía local que
prioriza la exportación y prefiere la reducción de costos a la ampliación del
consumo. Todos los cuestionamientos dependentistas a la existencia de
14
una burguesía nacional desarrollista han sido validados por esa
evolución de las clases capitalistas.
Variedad de crisis
También la dinámica de la crisis corrobora las caracterizacio-nes de la
teoría de la dependencia. Esas convulsiones constitu-yen una quinta
característica del escenario regional.
Bajo el neoliberalismo las crisis han sido más periódicas e in-tensas a
escala global. En ciertos casos (2008-09), provocaron grandes recesiones e
involucraron socorros a los bancos sol-ventados con emisión monetaria. En otras
circunstancias, gol-pearon a las economías intermedias (México en 1995, Sudeste
Asiático en 1997, Rusia en 1998, Argentina en 2001).
Esta última variedad reaparece en la actualidad y ya impacta sobre
Argentina y Turquía. La crisis se concentra nuevamente en los denominados
países emergentes, afectados por la valo-rización del dólar, el aumento de la
tasa de interés estadouni-dense y las tensiones comerciales entre las grandes
potencias.
A mediados del 2018 Argentina se ha transformado en el esla-bón más
débil del entramado regional. La política neoliberal extrema de Macri generó
déficit comercial, fuga de capitales y un festival de especulación financiado
con créditos externos. Cuando los acreedores cortaron los préstamos temiendo la
ce-sación de pago, el gobierno recurrió a un desesperado auxilio del FMI. Esa
decisión ha puesto en marcha un círculo vicioso de ajustes que empobrecen a la
población. El potencial conta-gio de la convulsión argentina a otros países es
la principal preocupación de los economistas.
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Las crisis han sido una pesadilla recurrente del capitalismo
de-pendiente. Obedecen, en primer lugar, al estrangulamiento del sector externo
que generan los desequilibrios comerciales y las salidas de fondos financieros.
Como las economías latinoamericanas dependen del vaivén de precios de
las materias primas, en los períodos de valorización exportadora afluyen las
divisas, se aprecian las monedas y el gasto se expande. En las fases opuestas
los capitales emigran, decrece el consumo y se deterioran las cuentas fiscales.
En el pico de esa adversidad irrumpen las crisis.
Esas fluctuaciones magnifican a su vez el endeudamiento. En los momentos
de valorización financiera los capitales ingresan para lucrar con operaciones
de alto rendimiento y en los perío-dos inversos se generaliza la emigración de
los capitales.
Estas operaciones se consuman engrosando los pasivos del sector público
o privado.
El segundo determinante de las crisis regionales son los perió-dicos
recortes del poder adquisitivo. Esas amputaciones agra-van la ausencia
estructural de una norma de consumo masivo. La debilidad del mercado interno y
el bajo nivel de ingreso de la población explican esa carencia. La expansión de
la infor-malidad laboral, los bajos salarios y la estrechez de la clase media
acentúan la fragilidad del poder de compra.
Las dos modalidades de la crisis -por desequilibrio externo y por
retracción del consumo- se han verificado en todos los mo-delos de las últimas
décadas. Irrumpieron durante la sustitu-ción de importaciones (1935-1970) y
reaparecieron en la “dé-cada perdida” de estancamiento e inflación (años 80).
En el posterior debut del neoliberalismo asumieron mayor intensi-dad por el
impacto de la desregulación financiera, la apertura
16
comercial y la flexibilidad laboral.
Los mismos desequilibrios persistieron durante los ensayos
neo-desarrollistas de la década pasada. La intervención del es-tado para
sostener el nivel de actividad no ahuyentó el fan-tasma de la crisis. Los
desfasajes de la balanza de pagos y las asfixias del consumo están inscriptos
en el ADN del capita-lismo latinoamericano.
La teoría de la dependencia siempre estudió esas tensiones con criterios
multicausales y subrayó la ausencia de un sólo deter-minante de la crisis. Las
convulsiones que padece la región son desencadenadas por fuerzas diversas, que
combinan los des-equilibrios externos con las restricciones del poder de
compra. La sobreproducción o el declive porcentual de la tasa de ga-nancia –que
impactan más directamente sobre las economías desarrolladas- operan a una
escala que desborda el escenario regional.
Imperialismo y subimperialismo
La sexta característica de la región deriva de su continuada
subordinación al imperialismo estadounidense. La pretensión de Trump de
restaurar la hegemonía de la primera potencia agrava ese sometimiento. El
magnate intenta utilizar el poder geopolítico-militar de su país para recuperar
posiciones econó-micas perdidas. En esa estrategia de recomposición imperial,
América Latina es tratada como un patio trasero sujeto a la doctrina Monroe.
Trump busca reducir el margen de autonomía de los tres países medianos
de la región. Exige que Brasil entregue la explota-ción petrolera, que México
refuerce la penetración de la DEA
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y que Argentina se sume a las provocaciones anti-iraníes. Como las
invasiones directas tipo Granada o Panamá no son factibles (por ahora), el
ocupante de la Casa Blanca refuerza las bases en Colombia y auspicia acciones
terroristas contra Venezuela.
Los presidentes derechistas de la región -que esperaban una relación de
sometimiento tradicional- han aceptado la sumi-sión extrema que exige Trump. No
sólo convalidan las deci-siones del Ministerio de Colonias (OEA) y se
arrodillan en las Cumbres de Lima. Promueven, además, la disolución de UNASUR
por simple pedido del Departamento de Estado.
Este escenario actualiza el legado antiimperialista de la teoría de la
dependencia, que combinaba tradiciones de resistencia nacional con proyectos
socialistas. Ese enfoque se inspiró en el proceso anticapitalista que inauguró
la revolución cubana, radicalizando la batalla contra el agresor
estadounidense.
El período de grandes esperanzas en acelerados avances del socialismo,
que despertó ese triunfo en el Caribe se cerró en los años 80, con la derrota
de los movimientos guerrilleros, el fracaso de la Unidad Popular chilena y la
frustración de Nica-ragua.
Pero el antiimperialismo reapareció posteriormente en las re-beliones
populares que iniciaron el ciclo progresista, con ideas de soberanía nacional y
campañas contra el pago de la deuda externa. La continuidad de esa batalla
actualmente incluye la denuncia del embargo que sufre Cuba y las agresiones que
pa-dece Venezuela.
Las banderas antiimperialistas no han perdido centralidad con la
globalización.
18
Las resistencias populares surgen, maduran y se desenvuelven en
distintos países o regiones, a través de organizaciones y pro-gramas
nacionales.
El dependentismo también ha legado una tradición de empal-mes entre la
teoría económica, la acción política y el compro-miso social. Esa
complementariedad es decisiva en una región con elevados niveles de
movilización popular.
En este mismo terreno político se verifica una séptima carac-terística
más peculiar de las economías medianas, que en los últimos años han sido
clasificadas en el casillero de los emer-gentes. Actualmente se verifica una
gran remodelación de esos estamentos intermedios.
La vieja relación bipolar (centro-periferia) actualmente adopta ciertos
rasgos triangulares, ante la competencia entre econo-mías metropolitanas y
nuevas potencias industrializadas por el sometimiento de la periferia. En su
amoldamiento a la globali-zación productiva, las distintas franjas intermedias
adoptan modalidades diferenciadas.
Algunas economías se insertan en el gran taller industrial de Oriente y
otras recrean su antiguo rol de proveedoras de insu-mos. El primer grupo
asciende y el segundo retrocede de la división global del trabajo, siguiendo
las trayectorias contra-puestas que han transitado Corea del Sur y Brasil.
Como la teoría marxista de la dependencia siempre prestó gran atención a
los países intermedios, su mirada facilita la com-prensión de estas novedosas
situaciones. Conviene recordar que Marini analizaba las singularidades de esas
formaciones, distinguiendo el status de los países más relegados del lugar
alcanzado por Brasil en el escenario regional.
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El teórico de la dependencia introdujo el concepto de subim-perialismo
para retratar ese segmento. Le asignó a esa catego-ría una dimensión económica
de expansión externa y otra geo-político-militar de protagonismo regional.
La caracterización complementaria de semiperiferia que aportó
Wallerstein definió a los países intermedios por su in-serción internacional y
nivel de desarrollo. Esa noción permite, por ejemplo, distinguir en la
actualidad a Corea del Sur de Mo-zambique.
El alcance del subimperialismo es más controvertido. Se aplica a las
sub- potencias regionales con capacidad de acción militar, que cumplen un doble
rol de gendarmes asociados y autóno-mos de Estados Unidos. Turquía e India
ejemplifican ese rol en Medio Oriente y el Sur de Asia.
Por el contrario Brasil mantiene un status semiperiférico, sin
desenvolver una acción subimperial en Sudamérica. Ese perfil geopolítico es
coherente con su regresión manufacturera y su especialización en las
exportaciones primarias. Brasil ilustra la inexistencia de estrictos paralelos
entre potencias subimperia-les y economías semiperiféricas.
Regímenes autoritarios
La multiplicación de gobiernos autoritarios constituye el oc-tavo rasgo
actual de América Latina. Ese perfil se verifica tanto en los regímenes
derechistas continuados (Perú y Colombia), como en los surgidos de elecciones
(Argentina) o golpes insti-tucionales (Honduras (2009, Paraguay 2014, Brasil
2017).
En todos los casos se afianzan sistemas represivos que utilizan
20
el estado de excepción para aplicar la agenda neoliberal. Las
situaciones de mayor dramatismo se observan en México (2000 muertes por mes,
incontables desaparecidos, 330.000 desplazados) y Colombia (385 líderes
sociales ultimados desde la firma del Acuerdo de Paz). La misma tónica adopta
el ase-sinato de militantes populares. Ya hay varios nombres que sim-bolizan el
mortífero accionar de los gendarmes y las bandas parapoliciales (Marielle
Franco, Sabino Romero, Berta Cáce-res, Santiago Maldonado, Yolanda Maturana).
La persecución de opositores y la proscripción de los principa-les
líderes del ciclo progresista ilustran la misma tendencia, en un marco de
creciente fraude y alta abstención electoral. In-cluso los gobiernos
conservadores con cierto sostén social afrontan escenarios de legitimidad
decreciente.
En la mayoría de los países los medios de comunicación fijan la agenda
derechista. Identifican la corrupción con el progre-sismo, ocultando el
protagonismo de muchos presidentes neo-liberales en los desfalcos del erario
público.
El golpismo de Brasil sintetiza todos los rasgos del nuevo mo-delo
autoritario. Los poderosos han gobernado con la compli-cidad de los jueces,
utilizando las infamias difundidas por los medios de comunicación y las
amenazas propagadas por los militares. Han vulnerado las formalidades
institucionales para instaurar una descarda plutocracia.
Para caracterizar los nuevos regímenes represivos son muy re-levantes
algunas ideas expuestas por los teóricos de la depen-dencia. En esos trabajos
asignaron una significativa gravita-ción al pilar coercitivo de los sistemas
políticos latinoamerica-nos.
En la época de las dictaduras analizaron especialmente los
21
modelos de contra- insurgencia, evaluando sus familiaridades y
diferencias con el fascismo. En el período pos-dictatorial ad-virtieron la
incompatibilidad del neoliberalismo con la conti-nuidad de las conquistas
democráticas. Esa contraposición se ha corroborado en forma contundente en las
últimas décadas.
Adversarios y balances
La teoría marxista de la dependencia contribuye a esclarecer las
principales características del escenario latinoamericano actual. Permite
comprender el extractivismo, el repliegue de la industria, el deterioro social,
el endeudamiento estructural, el reinicio de la crisis, la relación con el
imperialismo, la especi-ficidad de las semiperiferias y la dinámica de los
regímenes autoritarios. Esa clarificación se verifica en la polémica con las
dos teorías más influyentes de la región: el neoliberalismo y el neodesarrollismo.
La primera corriente mantiene su predominio en la mayoría de los
gobiernos, universidades y medios de comunicación. Per-siste como práctica
reaccionaria, pensamiento conservador y modelo de acumulación anti-popular.
El neoliberalismo anticipó en Sudamérica (a fines de los 70) su
preeminencia internacional. Pero también ha enfrentado en esa región
resistencias superiores al resto del mundo. Tuvo una etapa inicial de políticas
de ajuste y otra fase posterior centrada en las privatizaciones. Esas
orientaciones acentuaron todos los desequilibrios económicos tradicionales.
En la actualidad, los neoliberales continúan repitiendo las mis-mas
recetas de apertura comercial y flexibilización laboral. Idealizan al
capitalismo y niegan sus desequilibrios
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intrínsecos. Suponen que la mundialización aproxima a la so-ciedad a un
idílico estadio de mercados perfectos, distribución óptima de recursos y
convergencias entre economías avanza-das y retrasadas.
Desde el atril reiteran todas las fantasías de la ortodoxia neo-clásica.
Pero en la gestión práctica se han tornado más prag-máticos y eluden el
análisis de cualquier episodio que contra-diga sus dogmas. Han quedado
especialmente desconcertados por la presencia de un presidente estadounidense
que emite dis-cursos proteccionismo y un enemigo chino que defiende el
li-bre-comercio.
La confrontación dependentista con las incongruencias del neoliberalismo
enriquece la batalla de ideas, contra los princi-pales defensores del orden
opresivo imperante en América La-tina.
El debate con el neo-desarrollismo transita por otro carril. Aquí
prevalece un contrapunto de perspectivas opuestas para superar el retraso de la
región. La divergencia actual está cen-trada en el balance de los modelos
heterodoxos ensayados en la última década, para retomar la industrialización
con políti-cas de regulación estatal.
La crítica dependentista destaca que esas orientaciones sosla-yaron los
cambios estructurales requeridos para erradicar el subdesarrollo. En Argentina
eludieron al manejo estatal del co-mercio exterior, en Brasil convalidaron la
primacía de las fi-nanzas y a escala regional congelaron los proyectos de
integra-ción (Banco del Sur, fondo común de reservas, sistema cam-biario
coordinado). Por esa razón, las mejoras logradas en el debut de esos modelos se
disiparon, cuando se consolidó la ad-versidad económica internacional.
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La teoría de la dependencia permite entender los límites de las
experiencias neodesarrollistas. Esos proyectos minimizan la escala e intensidad
de los conflictos vigentes bajo el capita-lismo. Relativizan el sometimiento de
la región a la domina-ción imperial y apuestan ingenuamente a un funcionamiento
amigable de las economías asentadas en el lucro.
Ciertamente el ciclo progresista de la década pasada permitió desahogos
políticos, conquistas democráticas y mejoras socia-les. Pero no llegó a
conformar una etapa pos-liberal. Los go-biernos mantuvieron los privilegios de
los grupos dominantes y se asustaron frente a las protestas sociales. Por eso
toleraron la demagogia de la derecha y abrieron el camino a la restaura-ción
conservadora.
El balance crítico debe extenderse también al proceso más ra-dicalizado
de Venezuela, que continúa afrontando la guerra económica y las conspiraciones
criminales. El chavismo im-plementó políticas de redistribución del ingreso,
que afectaron a las clases dominantes y mejoraron inicialmente el ingreso de
las mayorías. Pero nunca transformó la renta petrolera en el pilar de un
proyecto productivo. Todas las iniciativas de indus-trialización quedaron
bloqueadas por el mal uso de las divisas y los compromisos con la
boliburguesía.
Las experiencias de los últimos años confirman la necesidad de
respuestas socialistas a los problemas de la región. Ese ho-rizonte fue
postulado por la teoría de la dependencia en con-traposición a las ilusiones de
forjar modelos humanitarios, in-clusivos o redistributivos del capitalismo.
Esos atributos con-tradicen la lógica de un sistema regido por explotación y la
de-sigualdad.
Ninguna modalidad del capitalismo de estado resuelve los
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desequilibrios del capitalismo privado. Las mismas contradic-ciones que
generan la competencia, el beneficio y la explota-ción afectan a ambas
variantes. La superación del capitalismo dependiente exige una renovada batalla
por el socialismo.
Reinvención del Dependentismo
La provechosa actualización del legado de Marini no se ex-tiende a la
obra de Fernando Henrique Cardoso. El ex manda-tario de Brasil inspiró la
versión convencional de la teoría de la dependencia, a partir de una
caracterización del nivel de au-tonomía exhibido por cada país latinoamericano.
Cardoso rechazó primero la contraposición entre dependencia y
desarrollo, para auspiciar un desenvolvimiento asociado con las empresas
transnacionales.
Posteriormente incorporó todos los dogmas del neolibera-lismo. Hubo
continuidad de pensamiento y no sólo improvisa-ción, en el hombre que quemó
todos sus escritos para ocupar el sillón presidencial.
La visión marxista se ubicó en la vereda opuesta. Retomó la
revalorización de la lucha nacional que concibió el autor de El Capital en su
madurez y reelaboró todos los estudios de la cen-turia pasada sobre el
subdesarrollo. Ese dependentismo ma-duró en los encuentros con la teoría del
sistema-mundo y en los empalmes con el marxismo endogenista. Con ese sustento
ensanchado ofreció un gran cimiento para comprender la reali-dad
latinoamericana.
La teoría marxista de la dependencia fue revitalizada por dos figuras
recientemente fallecidas. Theotonio Dos Santos indagó
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múltiples facetas del capitalismo contemporáneo y aportó im-portantes
reflexiones sobre el estado, las clases dominantes y la burocracia. Samir Amin
razonó desde Asia y África los pro-blemas de antiguas sociedades orientales
sometidas al colonia-lismo, combinando en forma magistral la historia con la
eco-nomía. La continuación de esas investigaciones permitirá re-novar una
concepción insoslayable para develar los enigmas del siglo XXI.
Resumen
Un enfoque renovado de la teoría marxista de la dependencia clarifica
las causas del retroceso económico latinoamericano durante el neoliberalismo.
Ilustra cómo el extractivismo recrea el subdesarrollo y explica el repliegue de
la industria frente a la competencia asiática.
También resalta la coexistencia de la brecha internacional de los
salarios, con la segmentación laboral en la periferia y la precarización en el
centro. Destaca que el creciente endeuda-miento expresa la fragilidad del
capitalismo dependiente y la asociación de las clases dominantes con sus pares
foráneos. Esclarece, además, la combinación de crisis por desequilibrios
externos y asfixias del poder adquisitivo.
Los principios antiimperialistas del dependentismo recobran vigencia
frente al intento estadounidense de recuperar hege-monía. Sus conceptos de
semiperiferia y subimperialismo cla-rifican el despunte de los emergentes. Esa
escuela ofrece interpretaciones del autoritarismo de los regímenes derechistas
y argumentos para confrontar con el neoliberalismo. Permite además extraer
balances de la frustración neodesarrollista. La reinvención de esa teoría
transita por el camino que pavimen-taron Theotonio Dos Santos y Samir Amin.

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