/* ELIMINACIÓN DE TEXTOS RESIDUALES EN EL MENÚ */ .label-size, .label-name, .label-count, .cloud-label-widget-content, .label-wrapper, .label-item, .label-head, .label-list, .feed-link, .show-more, .status-msg-wrap { display: none !important; visibility: hidden !important; height: 0 !important; font-size: 0 !important; /* Mata el texto aunque el contenedor no cierre */ margin: 0 !important; padding: 0 !important; } /* SI ES PUBLICIDAD DE ADSENSE MAL UBICADA */ ins.adsbygoogle[data-ad-status="unfilled"], .google-auto-placed { display: none !important; }

Menú

Slider

Libros Más Recientes

EMANCIPACIÓN DE YOUTUBE, OTRA MANERA DE VER LA ACTUALIDAD

Libros Más Leídos

Libro N° 13074. América Latina Desde La Teoría De La Dependencia. Katz, Claudio.

 

© Libro N° 13074. América Latina Desde La Teoría De La Dependencia. Katz, Claudio. Emancipación. Octubre 12 de 2024

 

Título original: © América Latina Desde La Teoría De La Dependencia. Claudio Katz

 

Versión Original: ©  América Latina Desde La Teoría De La Dependencia. Claudio Katz

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://app.box.com/s/lxfqg0b8m43k4a7c3nqv6ioiw0y4pklb

 

Licencia Creative Commons:

Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la fuente.

La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida su comercialización.  

Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores

No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines comerciales

No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este texto.

Fondo:

https://i.pinimg.com/564x/66/4e/e4/664ee443891499d89cccfdc58fe7567e.jpg

 

Portada E.O. de Imagen original:

https://app.box.com/s/lxfqg0b8m43k4a7c3nqv6ioiw0y4pklb

 

© Edición, reedición  y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AMÉRICA LATINA DESDE LA TEORÍA DE LA DEPENDENCIA

Claudio Katz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

América Latina Desde La Teoría De La Dependencia

Claudio Katz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Claudio Katz

 

América Latina Desde La Teoría De La Dependencia

 

 

Fuente:

 

Conferencia expuesta en el Encuentro “La economía de América Latina y el Caribe ante el nuevo entorno internacional”, ANEC, La Habana, 11-9-2018.

 

 

 

Maquetación:

Demófilo

2023

 

 

 

Edición digital realizada sin interés comercial ni ánimo de lucro, con una finalidad exclusivamente informativo / cultural.

 



_________________________

 

Biblioteca Virtual

OMEGALFA

2023

 

 

 

2

 

 

SUMARIO       

 

Extracivismo y primarización 5

Regresión industrial     7

Modalidades de explotación   11

Determinantes del endeudamiento   13

Variedad de crisis         15

Imperialismo y subimperialismo     17

Regímenes autoritarios 20

Adversarios y balances 22

Reinvención del dependentismo      25

Resumen   26

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

 

 

AMÉRICA LATINA

 

DESDE LA TEORÍA DE LA DEPENDENCIA1

 

 

Claudio Katz 2

 

 

 

Desde hace cuatro décadas vivimos bajo la sombra del capita-lismo neoliberal. Ese período comenzó con el thatcherismo, se reforzó con el desplome de la Unión Soviética y persiste en la actualidad. Modificó el funcionamiento de la economía con atropellos a las conquistas sociales, que facilitaron la gran am-pliación de actividades y territorios sometidos a la lógica de la ganancia.

 

Todas las corrientes de pensamiento coinciden en resaltar los efectos negativos de esa etapa para América Latina. Pero la teoría marxista de la dependencia aporta importantes instru-mentos adicionales para esa evaluación.

 

Este enfoque fue desarrollado por Ruy Mauro Marini, Theoto-nio Dos Santos y Vania Bambirra en los años 70. Alcanzó gran predicamento, con una interpretación del subdesarrollo cen-trada en la pérdida de recursos padecida por la periferia. Ilustró especialmente cómo la reproducción dependiente acentuaba la inserción internacional subordinada de la región. Esa tradición

 

 

1     Conferencia expuesta en el Encuentro “La economía de América Latina y el Caribe ante el nuevo entorno internacional”, ANEC, La Habana, 11-9-2018.

 

2     Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: www.lahaine.org/katz

 

 

permite evaluar ocho características del escenario actual.3

 

 

Extractivismo y primarización

 

El primer rasgo dominante de la economía latinoamericana es la primarización y el extractivismo. Desde los años 80 rige un patrón de especialización exportadora, que recrea la antigua especialización de la región como proveedora de productos bá-sicos. Se han consolidado los cultivos de exportación en des-medro del abastecimiento local, a través de un empresariado que maneja los negocios rurales con criterios de inversión y rentabilidad.

 

Por su parte, las empresas transnacionales han introducido la explotación en gran escala de la minería, con extracciones a cielo abierto que multiplican las calamidades ambientales. Se ha intensificado, además, la succión de todas las variantes del petróleo (convencional, shale oil, subsuelo marítimo).

 

Este perfil de actividades centradas en el agro, la minería y la energía es más visible en Sudamérica, pero acentúa la vulnera-bilidad de toda la región frente al vaivén de los precios de las materias primas. Esta fragilidad salta a la vista en el estanca-miento actual de las cotizaciones del petróleo, el cobre y la soja. Ninguno de esos productos mantiene los elevados niveles de la década pasada.

 

 

 

3     Las tesis que exponemos sintetizan conceptos desarrollados en dos libros recientes. Toda la bibliografía correspondiente se encuentra en esos textos. Katz, Claudio. Neoliberalismo, Neodesarrollismo, Socialismo, Batalla de Ideas Ediciones, 2015, Buenos Aires. Katz, Claudio. La teoría de la de-pendencia, 50 años después, Batalla de Ideas Ediciones, 2018, Buenos Aires (próxima aparición).

 

 

5

 

 

Para colmo, la nueva ofensiva exportadora de Estados Unidos amenaza varios mercados de la zona, mientras China incre-menta su presencia en la región. El gigante oriental persiste como el principal demandante de insumos básicos, pero selec-ciona compras e incentiva la competencia con proveedores de otros continentes.

 

Estos datos ilustran el agravamiento de los problemas estruc-turales que estudiaba la teoría de la dependencia. La primari-zación y el extractivismo son las denominaciones contemporá-neas del subdesarrollo, generado por la sumisión de la región a los precios externos de las commodities.

 

A diferencia del pasado, los estudios de este problema ya no se inspiran en simples presupuestos de desvalorización de las ex-portaciones básicas. Registran, por ejemplo, la dinámica as-cendente de esas cotizaciones durante la década pasada.

 

El movimiento de esos precios es investigado tomando en cuenta su patrón cíclico. Ese vaivén refleja la menor flexibili-dad de los productos primarios a la innovación tecnológica, en comparación a sus pares del universo fabril. Por su mayor ri-gidez, esos insumos tienden a encarecerse suscitando procesos reactivos de industrialización de las materias primas.

 

El doble movimiento de presiones encarecedoras y reacciones de abaratamiento explica la oscilación periódica de esos pre-cios. Pero esas fluctuaciones siempre afectan a la región. Por su condición dependiente, América Latina nunca aprovecha los momentos de vacas gordas y siempre padece los períodos de vacas flacas.

 

Otro problema evaluado con mayor atención es el adverso ma-nejo de la renta.

 

 

 

 

6

 

 

Han surgido importantes estudios sobre esa remuneración a la propiedad de los recursos naturales, que puede ser interpretada como una plusvalía extraordinaria generada en la propia acti-vidad primaria o absorbida de otros sectores.

 

La gravitación de esa renta ha crecido en forma excepcional por su carácter estratégico para la acumulación. Las grandes potencias disputan duramente el botín de los recursos naturales y América Latina continúa sufriendo la confiscación sistemá-tica de ese excedente. Esa apropiación retrata la dinámica ac-tual de la renta imperialista y de los procesos de acumulación por desposesión.

 

A diferencia de otras economías no metropolitanas (como Aus-tralia o Noruega) que aprovechan la renta para su desenvolvi-miento, América Latina tiene vedado ese usufructo. Como ocupa un lugar subordinado en la división global del trabajo, drena en forma sistemática el grueso de esos recursos hacia el exterior.

 

La primarización y el extractivismo exportador reproducen un escenario clásico del dependentismo. El análisis de la renta y del patrón cíclico de los precios de las materias primas com-plementa la clarificación que introdujo ese enfoque.

 

 

Regresión industrial

 

El segundo rasgo del escenario actual es el repliegue de la in-dustria. En Sudamérica descendió el peso del sector secundario en el PBI y en Centroamérica quedó confinado a los eslabones básicos de la cadena global de valor. Por eso circulan tantas reflexiones sobre la “desindustrialización precoz” de la región, que destacan las diferencias con la deslocalización imperante

 

 

7

 

 

en las economías avanzadas. Se ha profundizado el distancia-miento con la industria asiática y muchas fábricas cierran antes de haber alcanzado su madurez.

 

Ese deterioro afecta principalmente al modelo forjado para abastecer el mercado local, durante la sustitución de importa-ciones. La industria tradicional de los países medianos se en-cuentra en franco retroceso. En Brasil el aparato industrial per-dió la dimensión de los años 80, la productividad se ha estan-cado, el déficit externo se expande y los costos aumentan por la obsolescencia de la infraestructura. En Argentina el declive es mucho mayor. La recuperación de la última década no re-virtió la aguda caída previa, persiste la alta concentración en pocos sectores, el predominio extranjero y la baja integración de componentes locales.

 

Pero también el modelo de las maquilas mexicanas afronta gra-ves problemas. Continúa ensamblando partes de las grandes fábricas estadounidenses, pero ha perdido gravitación frente a los competidores asiáticos. Estas tendencias se acentuarán, si Trump impone sus exigencias en la renegociación del tratado de libre comercio (TLCAN).

 

Todas las medidas que adopta el millonario para revertir el des-balance comercial estadounidense afectan la producción lati-noamericana. Pretende debilitar a los rivales brasileños con es-cándalos tipo Oderbrecht y apuntala el predominio yanqui en los servicios, el tráfico de datos y las comunicaciones. Busca especialmente disputar con China el control del aparato fabril de la región.

 

Desde hace años el gigante asiático despliega un modelo de compras de materias primas y ventas de manufacturas, que ero-siona el tejido industrial. Frecuentemente utiliza los convenios

 

 

 

8

 

 

de libre-comercio para bloquear cualquier protección al in-greso de sus productos.

 

Las dos grandes potencias cuentan, además, con el auxilio de los gobiernos de la restauración conservadora. Esos regímenes aceleran la disminución de aranceles, en el mismo momento que Estados Unidos y China discuten el incremento de sus ta-rifas. Los presidentes derechistas de Sudamérica avanzan in-cluso en la suscripción de un convenio de libre-comercio con la Unión Europea, que afectará severamente al Mercosur.

 

La regresión industrial de la región actualiza todos los desequi-librios del ciclo dependiente que estudiaron los teóricos de la dependencia. En los años 70 resaltaban el sistemático drenaje de recursos que afectaba a ese sector, a través del giro de utili-dades. El mayor predominio de los capitales foráneos acentuó en las últimas décadas esa obstrucción al proceso local de acu-mulación.

 

La globalización productiva genera una creciente especializa-ción latinoamericana en insumos básicos o en el mero funcio-namiento de las armadurías. Por el lugar marginal que ocupa de la cadena de valor, América Latina no cumple ningún papel significativo en el diseño, la innovación o la gestación de nue-vos productos.

 

Pero a diferencia del escenario descripto por los teóricos de la dependencia, el retroceso actual de la industria latinoameri-cana coexiste con un despunte de sus equivalentes asiáticos. Esa divergencia se verifica en el enorme ensanchamiento de la brecha que separa a Corea del Sur de Brasil o Argentina.

 

Ese distanciamiento obedeció en sus inicios al gran atractivo capitalista de explotar la fuerza de trabajo barata del Sudeste Asiático. Pero la brecha de salarios derivó posteriormente en

 

 

9

 

 

una inserción diferenciada de ambas regiones en la división global del trabajo. Corea del Sur quedó integrada al eslabón superior de un vasto entramado oriental, que recrea en bloque la ventaja comparativa de una fuerza de trabajo devaluada y disciplinada.

 

Mientras que América Latina era funcional al viejo modelo sustitutivo de importaciones, el Sudeste Asiático optimiza la actual internacionalización capitalista de la producción.

 

La interpretación dependentista de esa bifurcación pone el acento en la forma de extraer plusvalía. Esa mirada contrasta con la simplificada visión neoliberal, que atribuye las diver-gencias de ambas regiones a una ventajosa inclinación asiática por la apertura comercial.

 

Muchos autores heterodoxos han demostrado la falacia de ese argumento. Pero suponen ingenuamente que la divergencia en-tre ambas zonas obedeció a la implementación de políticas eco-nómicas contrapuestas. Estiman que los asiáticos optaron por un buen camino desechado por sus pares latinoamericanos. Con ese presupuesto de libre albedrío, olvidan todos los con-dicionamientos estructurales que impone la maximización de la ganancia en la división global del trabajo.

 

El razonamiento dependentista aporta un buen soporte para comprender el retroceso industrial de la región. Pero el distan-ciamiento de América Latina con el desenvolvimiento asiático no se explica sólo con el instrumental de los años 60. Esa bi-furcación exige indagar la nueva dinámica de la globalización productiva.

 

 

 

 

 

 

 

 

10

 

 

Modalidades de explotación

 

El dramático deterioro de los indicadores sociales retrata un tercer plano de la realidad latinoamericana. Bajo el neolibera-lismo no sólo se agravó el desempleo y la informalidad laboral. Las brechas sociales nuevamente se ensancharon en la región más desigual del planeta. Esa polarización explica la aterradora escala de la violencia social que impera en las ciudades. De las 50 urbes más peligrosos del planeta 43 se localizan en América Latina.

 

La expulsión de campesinos generada por la transformación capitalista del agro ha sido determinante de esa degradación. Contribuye a engrosar la masa de excluidos urbanos que en-cuentra poco trabajo y percibe ínfimos ingresos. La enorme ex-pansión de ese segmento explica el nuevo papel de la narco-economía, como refugio de supervivencia.

 

Otro correlato de la especialización en exportaciones básicas es la concentración de actividades en el turismo. En varias eco-nomías pequeñas de Centroamérica la creación de empleos está prácticamente restringida a ese sector.

 

La ausencia de puestos de trabajo multiplica la emigración y la consiguiente dependencia familiar de las remesas. Enormes contingentes de jóvenes desempleados tienen simultáneamente vedado el arraigo y la emigración. Trump acentúa esa adversi-dad declarando la guerra a los desamparados. Insulta a los me-xicanos, construye muros y desprecia a los países del Caribe.

 

Las teorías económicas convencionales suelen omitir esos pa-decimientos. En cambio la tradición dependentista, prioriza la denuncia de todas las desgracias generadas por el capitalismo dependiente. Ilustra cómo el modelo neoliberal potencia la

 

 

 

11

 

 

miseria reforzando la informalidad laboral. A diferencia de las economías desarrolladas, la pobreza desborda en América La-tina al segmento precarizado y afecta a una enorme porción de los trabajadores estables.

 

La clase media de la región sólo aglutina en la región a un re-ducido conglomerado de la población. En comparación a los países avanzados aporta un colchón muy exiguo, al abismo que separa a los acaudalados de los empobrecidos. Está constituida principalmente por pequeños comerciantes o cuentapropistas y no por profesionales o técnicos calificados.

 

Ese infra-desarrollo refleja la estrechez de la industria y la es-casa gravitación de los servicios de alta tecnología. La expan-sión de los sectores medios en algunos países durante la década pasada fue sobredimensionada y omitió su coexistencia con la enorme desigualdad.

 

Es evidente que el modelo actual amplía la brecha de salarios entre América Latina y las economías centrales. Esa disparidad corrobora la continuidad del escenario dependentista. Tal como señalaba Marini, esa disparidad de sueldos se acentúa por la inclinación de los capitalistas locales a compensar su debilidad internacional, con mayor opresión de la fuerza de tra-bajo.

 

Las grandes diferencias nacionales de salario se han afianzado bajo el capitalismo neoliberal. Pero no convalidan el tradicio-nal contrapunto entre formas de explotación en el centro y mo-dalidades de superexplotación en la periferia.

 

La globalización productiva ha diversificado la estructura in-ternacional de los salarios, con nuevas estructuras de valores altos, medios y bajos de la fuerza de trabajo. Las empresas transnacionales toman en cuenta esas diferencias, para definir

 

 

12

 

 

sus inversiones y optimizar el fraccionamiento del proceso de fabricación en distintos países.

 

Los grandes cambios generados por esa reorganización de la actividad laboral afectan a todas las economías. América La-tina acompaña, por un lado, la tendencia a la segmentación de los asalariados entre un sector formal-estable y otro informal-precarizado. Los países centrales incorporan, por otra parte, la retribución de una parte de la fuerza de trabajo por debajo de su valor. La actualización del razonamiento dependentista exige conceptualizar esas transformaciones de las últimas dé-cadas.

 

 

Determinantes del endeudamiento

 

El creciente peso de la deuda constituye un cuarto rasgo de la economía latinoamericana actual. Esa pesadilla sigue afec-tando a la región, a través de la vieja secuencia de desequili-brios fiscales y déficits externos, que engrosan los pasivos y precipitan las crisis.

 

Bajo el capitalismo neoliberal se registraron períodos de dis-tinta gravedad de ese encadenamiento. En la década pasada la apreciación de las materias primas y el ingreso de dólares per-mitieron cierto alivio. Posteriormente ese respiro desapareció y el endeudamiento resurgió con gran intensidad.

 

La relación deuda/producto ha desmejorado significativa-mente en la mayoría de los países desde el 2015. La presencia de dos actores complementarios de ese proceso -el FMI y los fondos de inversión- es mucho más visible que en el pasado.

 

La   tradición     dependentista       suele  evitar el       análisis       del

 

 

 

13

 

 

endeudamiento en simple clave de especulación financiera. Destaca que el creciente peso de los pasivos expresa la fragili-dad productiva y comercial del capitalismo dependiente. La vulnerabilidad financiera complementa esas inconsistencias.

 

Hay agobio con el pago de los intereses, las refinanciaciones compulsivas y las cesaciones de pagos por el perfil subdesa-rrollado de economías primarizadas, con poca industria y ele-vada especialización en servicios básicos. El endeudamiento no se dispara sólo por el “saqueo de los financistas”. Refleja la creciente debilidad de los procesos de acumulación.

 

Lo mismo ocurre con el déficit fiscal. Ese desbalance no deriva del populismo, el malgasto o la indisciplina de los latinoame-ricanos. Refleja la condición dependiente de todos los países. El deterioro de las cuentas públicas se ha profundizado, ade-más, por la generalizada fuga de capitales que instrumentan los acaudalados de la región.

 

Esa emigración de fondos se acrecentó en las últimas décadas por la localización de las grandes fortunas en los paraísos fis-cales. La mudanza es también indicativa de la estrecha asocia-ción gestada por los grandes grupos locales (Rocca, Slim, Cis-neros, Camargo Correa) con las empresas transnacionales. La concentración y extranjerización de las principales empresas confirma el diagnóstico de las clases dominantes formulado por la teoría marxista de la dependencia.

 

La vieja burguesía nacional de industriales -que privilegiaba la expansión de la demanda, fabricando para el mercado interno con protección aduanera- se ha extinguido. En la actualidad predomina una burguesía local que prioriza la exportación y prefiere la reducción de costos a la ampliación del consumo. Todos los cuestionamientos dependentistas a la existencia de

 

 

 

14

 

 

una burguesía nacional desarrollista han sido validados por esa evolución de las clases capitalistas.

 

 

Variedad de crisis

 

También la dinámica de la crisis corrobora las caracterizacio-nes de la teoría de la dependencia. Esas convulsiones constitu-yen una quinta característica del escenario regional.

 

Bajo el neoliberalismo las crisis han sido más periódicas e in-tensas a escala global. En ciertos casos (2008-09), provocaron grandes recesiones e involucraron socorros a los bancos sol-ventados con emisión monetaria. En otras circunstancias, gol-pearon a las economías intermedias (México en 1995, Sudeste Asiático en 1997, Rusia en 1998, Argentina en 2001).

 

Esta última variedad reaparece en la actualidad y ya impacta sobre Argentina y Turquía. La crisis se concentra nuevamente en los denominados países emergentes, afectados por la valo-rización del dólar, el aumento de la tasa de interés estadouni-dense y las tensiones comerciales entre las grandes potencias.

 

A mediados del 2018 Argentina se ha transformado en el esla-bón más débil del entramado regional. La política neoliberal extrema de Macri generó déficit comercial, fuga de capitales y un festival de especulación financiado con créditos externos. Cuando los acreedores cortaron los préstamos temiendo la ce-sación de pago, el gobierno recurrió a un desesperado auxilio del FMI. Esa decisión ha puesto en marcha un círculo vicioso de ajustes que empobrecen a la población. El potencial conta-gio de la convulsión argentina a otros países es la principal preocupación de los economistas.

 

 

 

 

15

 

 

Las crisis han sido una pesadilla recurrente del capitalismo de-pendiente. Obedecen, en primer lugar, al estrangulamiento del sector externo que generan los desequilibrios comerciales y las salidas de fondos financieros.

 

Como las economías latinoamericanas dependen del vaivén de precios de las materias primas, en los períodos de valorización exportadora afluyen las divisas, se aprecian las monedas y el gasto se expande. En las fases opuestas los capitales emigran, decrece el consumo y se deterioran las cuentas fiscales. En el pico de esa adversidad irrumpen las crisis.

 

Esas fluctuaciones magnifican a su vez el endeudamiento. En los momentos de valorización financiera los capitales ingresan para lucrar con operaciones de alto rendimiento y en los perío-dos inversos se generaliza la emigración de los capitales.

 

Estas operaciones se consuman engrosando los pasivos del sector público o privado.

 

El segundo determinante de las crisis regionales son los perió-dicos recortes del poder adquisitivo. Esas amputaciones agra-van la ausencia estructural de una norma de consumo masivo. La debilidad del mercado interno y el bajo nivel de ingreso de la población explican esa carencia. La expansión de la infor-malidad laboral, los bajos salarios y la estrechez de la clase media acentúan la fragilidad del poder de compra.

 

Las dos modalidades de la crisis -por desequilibrio externo y por retracción del consumo- se han verificado en todos los mo-delos de las últimas décadas. Irrumpieron durante la sustitu-ción de importaciones (1935-1970) y reaparecieron en la “dé-cada perdida” de estancamiento e inflación (años 80). En el posterior debut del neoliberalismo asumieron mayor intensi-dad por el impacto de la desregulación financiera, la apertura

 

 

16

 

 

comercial y la flexibilidad laboral.

 

Los mismos desequilibrios persistieron durante los ensayos neo-desarrollistas de la década pasada. La intervención del es-tado para sostener el nivel de actividad no ahuyentó el fan-tasma de la crisis. Los desfasajes de la balanza de pagos y las asfixias del consumo están inscriptos en el ADN del capita-lismo latinoamericano.

 

La teoría de la dependencia siempre estudió esas tensiones con criterios multicausales y subrayó la ausencia de un sólo deter-minante de la crisis. Las convulsiones que padece la región son desencadenadas por fuerzas diversas, que combinan los des-equilibrios externos con las restricciones del poder de compra. La sobreproducción o el declive porcentual de la tasa de ga-nancia –que impactan más directamente sobre las economías desarrolladas- operan a una escala que desborda el escenario regional.

 

 

Imperialismo y subimperialismo

 

La sexta característica de la región deriva de su continuada subordinación al imperialismo estadounidense. La pretensión de Trump de restaurar la hegemonía de la primera potencia agrava ese sometimiento. El magnate intenta utilizar el poder geopolítico-militar de su país para recuperar posiciones econó-micas perdidas. En esa estrategia de recomposición imperial, América Latina es tratada como un patio trasero sujeto a la doctrina Monroe.

 

Trump busca reducir el margen de autonomía de los tres países medianos de la región. Exige que Brasil entregue la explota-ción petrolera, que México refuerce la penetración de la DEA

 

 

17

 

 

y que Argentina se sume a las provocaciones anti-iraníes. Como las invasiones directas tipo Granada o Panamá no son factibles (por ahora), el ocupante de la Casa Blanca refuerza las bases en Colombia y auspicia acciones terroristas contra Venezuela.

 

Los presidentes derechistas de la región -que esperaban una relación de sometimiento tradicional- han aceptado la sumi-sión extrema que exige Trump. No sólo convalidan las deci-siones del Ministerio de Colonias (OEA) y se arrodillan en las Cumbres de Lima. Promueven, además, la disolución de UNASUR por simple pedido del Departamento de Estado.

 

Este escenario actualiza el legado antiimperialista de la teoría de la dependencia, que combinaba tradiciones de resistencia nacional con proyectos socialistas. Ese enfoque se inspiró en el proceso anticapitalista que inauguró la revolución cubana, radicalizando la batalla contra el agresor estadounidense.

 

El período de grandes esperanzas en acelerados avances del socialismo, que despertó ese triunfo en el Caribe se cerró en los años 80, con la derrota de los movimientos guerrilleros, el fracaso de la Unidad Popular chilena y la frustración de Nica-ragua.

 

Pero el antiimperialismo reapareció posteriormente en las re-beliones populares que iniciaron el ciclo progresista, con ideas de soberanía nacional y campañas contra el pago de la deuda externa. La continuidad de esa batalla actualmente incluye la denuncia del embargo que sufre Cuba y las agresiones que pa-dece Venezuela.

 

Las banderas antiimperialistas no han perdido centralidad con la globalización.

 

 

 

 

18

 

 

Las resistencias populares surgen, maduran y se desenvuelven en distintos países o regiones, a través de organizaciones y pro-gramas nacionales.

 

El dependentismo también ha legado una tradición de empal-mes entre la teoría económica, la acción política y el compro-miso social. Esa complementariedad es decisiva en una región con elevados niveles de movilización popular.

 

En este mismo terreno político se verifica una séptima carac-terística más peculiar de las economías medianas, que en los últimos años han sido clasificadas en el casillero de los emer-gentes. Actualmente se verifica una gran remodelación de esos estamentos intermedios.

 

La vieja relación bipolar (centro-periferia) actualmente adopta ciertos rasgos triangulares, ante la competencia entre econo-mías metropolitanas y nuevas potencias industrializadas por el sometimiento de la periferia. En su amoldamiento a la globali-zación productiva, las distintas franjas intermedias adoptan modalidades diferenciadas.

 

Algunas economías se insertan en el gran taller industrial de Oriente y otras recrean su antiguo rol de proveedoras de insu-mos. El primer grupo asciende y el segundo retrocede de la división global del trabajo, siguiendo las trayectorias contra-puestas que han transitado Corea del Sur y Brasil.

 

Como la teoría marxista de la dependencia siempre prestó gran atención a los países intermedios, su mirada facilita la com-prensión de estas novedosas situaciones. Conviene recordar que Marini analizaba las singularidades de esas formaciones, distinguiendo el status de los países más relegados del lugar alcanzado por Brasil en el escenario regional.

 

 

 

 

19

 

 

El teórico de la dependencia introdujo el concepto de subim-perialismo para retratar ese segmento. Le asignó a esa catego-ría una dimensión económica de expansión externa y otra geo-político-militar de protagonismo regional.

 

La caracterización complementaria de semiperiferia que aportó Wallerstein definió a los países intermedios por su in-serción internacional y nivel de desarrollo. Esa noción permite, por ejemplo, distinguir en la actualidad a Corea del Sur de Mo-zambique.

 

El alcance del subimperialismo es más controvertido. Se aplica a las sub- potencias regionales con capacidad de acción militar, que cumplen un doble rol de gendarmes asociados y autóno-mos de Estados Unidos. Turquía e India ejemplifican ese rol en Medio Oriente y el Sur de Asia.

 

Por el contrario Brasil mantiene un status semiperiférico, sin desenvolver una acción subimperial en Sudamérica. Ese perfil geopolítico es coherente con su regresión manufacturera y su especialización en las exportaciones primarias. Brasil ilustra la inexistencia de estrictos paralelos entre potencias subimperia-les y economías semiperiféricas.

 

 

Regímenes autoritarios

 

La multiplicación de gobiernos autoritarios constituye el oc-tavo rasgo actual de América Latina. Ese perfil se verifica tanto en los regímenes derechistas continuados (Perú y Colombia), como en los surgidos de elecciones (Argentina) o golpes insti-tucionales (Honduras (2009, Paraguay 2014, Brasil 2017).

 

En todos los casos se afianzan sistemas represivos que utilizan

 

 

 

20

 

 

el estado de excepción para aplicar la agenda neoliberal. Las situaciones de mayor dramatismo se observan en México (2000 muertes por mes, incontables desaparecidos, 330.000 desplazados) y Colombia (385 líderes sociales ultimados desde la firma del Acuerdo de Paz). La misma tónica adopta el ase-sinato de militantes populares. Ya hay varios nombres que sim-bolizan el mortífero accionar de los gendarmes y las bandas parapoliciales (Marielle Franco, Sabino Romero, Berta Cáce-res, Santiago Maldonado, Yolanda Maturana).

 

La persecución de opositores y la proscripción de los principa-les líderes del ciclo progresista ilustran la misma tendencia, en un marco de creciente fraude y alta abstención electoral. In-cluso los gobiernos conservadores con cierto sostén social afrontan escenarios de legitimidad decreciente.

 

En la mayoría de los países los medios de comunicación fijan la agenda derechista. Identifican la corrupción con el progre-sismo, ocultando el protagonismo de muchos presidentes neo-liberales en los desfalcos del erario público.

 

El golpismo de Brasil sintetiza todos los rasgos del nuevo mo-delo autoritario. Los poderosos han gobernado con la compli-cidad de los jueces, utilizando las infamias difundidas por los medios de comunicación y las amenazas propagadas por los militares. Han vulnerado las formalidades institucionales para instaurar una descarda plutocracia.

 

Para caracterizar los nuevos regímenes represivos son muy re-levantes algunas ideas expuestas por los teóricos de la depen-dencia. En esos trabajos asignaron una significativa gravita-ción al pilar coercitivo de los sistemas políticos latinoamerica-nos.

 

En la época de las dictaduras analizaron especialmente los

 

 

21

 

 

modelos de contra- insurgencia, evaluando sus familiaridades y diferencias con el fascismo. En el período pos-dictatorial ad-virtieron la incompatibilidad del neoliberalismo con la conti-nuidad de las conquistas democráticas. Esa contraposición se ha corroborado en forma contundente en las últimas décadas.

 

 

Adversarios y balances

 

La teoría marxista de la dependencia contribuye a esclarecer las principales características del escenario latinoamericano actual. Permite comprender el extractivismo, el repliegue de la industria, el deterioro social, el endeudamiento estructural, el reinicio de la crisis, la relación con el imperialismo, la especi-ficidad de las semiperiferias y la dinámica de los regímenes autoritarios. Esa clarificación se verifica en la polémica con las dos teorías más influyentes de la región: el neoliberalismo y el neodesarrollismo.

 

La primera corriente mantiene su predominio en la mayoría de los gobiernos, universidades y medios de comunicación. Per-siste como práctica reaccionaria, pensamiento conservador y modelo de acumulación anti-popular.

 

El neoliberalismo anticipó en Sudamérica (a fines de los 70) su preeminencia internacional. Pero también ha enfrentado en esa región resistencias superiores al resto del mundo. Tuvo una etapa inicial de políticas de ajuste y otra fase posterior centrada en las privatizaciones. Esas orientaciones acentuaron todos los desequilibrios económicos tradicionales.

 

En la actualidad, los neoliberales continúan repitiendo las mis-mas recetas de apertura comercial y flexibilización laboral. Idealizan al capitalismo y niegan sus desequilibrios

 

 

22

 

 

intrínsecos. Suponen que la mundialización aproxima a la so-ciedad a un idílico estadio de mercados perfectos, distribución óptima de recursos y convergencias entre economías avanza-das y retrasadas.

 

Desde el atril reiteran todas las fantasías de la ortodoxia neo-clásica. Pero en la gestión práctica se han tornado más prag-máticos y eluden el análisis de cualquier episodio que contra-diga sus dogmas. Han quedado especialmente desconcertados por la presencia de un presidente estadounidense que emite dis-cursos proteccionismo y un enemigo chino que defiende el li-bre-comercio.

 

La confrontación dependentista con las incongruencias del neoliberalismo enriquece la batalla de ideas, contra los princi-pales defensores del orden opresivo imperante en América La-tina.

 

El debate con el neo-desarrollismo transita por otro carril. Aquí prevalece un contrapunto de perspectivas opuestas para superar el retraso de la región. La divergencia actual está cen-trada en el balance de los modelos heterodoxos ensayados en la última década, para retomar la industrialización con políti-cas de regulación estatal.

 

La crítica dependentista destaca que esas orientaciones sosla-yaron los cambios estructurales requeridos para erradicar el subdesarrollo. En Argentina eludieron al manejo estatal del co-mercio exterior, en Brasil convalidaron la primacía de las fi-nanzas y a escala regional congelaron los proyectos de integra-ción (Banco del Sur, fondo común de reservas, sistema cam-biario coordinado). Por esa razón, las mejoras logradas en el debut de esos modelos se disiparon, cuando se consolidó la ad-versidad económica internacional.

 

 

 

23

 

 

La teoría de la dependencia permite entender los límites de las experiencias neodesarrollistas. Esos proyectos minimizan la escala e intensidad de los conflictos vigentes bajo el capita-lismo. Relativizan el sometimiento de la región a la domina-ción imperial y apuestan ingenuamente a un funcionamiento amigable de las economías asentadas en el lucro.

 

Ciertamente el ciclo progresista de la década pasada permitió desahogos políticos, conquistas democráticas y mejoras socia-les. Pero no llegó a conformar una etapa pos-liberal. Los go-biernos mantuvieron los privilegios de los grupos dominantes y se asustaron frente a las protestas sociales. Por eso toleraron la demagogia de la derecha y abrieron el camino a la restaura-ción conservadora.

 

El balance crítico debe extenderse también al proceso más ra-dicalizado de Venezuela, que continúa afrontando la guerra económica y las conspiraciones criminales. El chavismo im-plementó políticas de redistribución del ingreso, que afectaron a las clases dominantes y mejoraron inicialmente el ingreso de las mayorías. Pero nunca transformó la renta petrolera en el pilar de un proyecto productivo. Todas las iniciativas de indus-trialización quedaron bloqueadas por el mal uso de las divisas y los compromisos con la boliburguesía.

 

Las experiencias de los últimos años confirman la necesidad de respuestas socialistas a los problemas de la región. Ese ho-rizonte fue postulado por la teoría de la dependencia en con-traposición a las ilusiones de forjar modelos humanitarios, in-clusivos o redistributivos del capitalismo. Esos atributos con-tradicen la lógica de un sistema regido por explotación y la de-sigualdad.

 

Ninguna modalidad del capitalismo de estado resuelve los

 

 

 

24

 

 

desequilibrios del capitalismo privado. Las mismas contradic-ciones que generan la competencia, el beneficio y la explota-ción afectan a ambas variantes. La superación del capitalismo dependiente exige una renovada batalla por el socialismo.

 

 

Reinvención del Dependentismo

 

La provechosa actualización del legado de Marini no se ex-tiende a la obra de Fernando Henrique Cardoso. El ex manda-tario de Brasil inspiró la versión convencional de la teoría de la dependencia, a partir de una caracterización del nivel de au-tonomía exhibido por cada país latinoamericano.

 

Cardoso rechazó primero la contraposición entre dependencia y desarrollo, para auspiciar un desenvolvimiento asociado con las empresas transnacionales.

 

Posteriormente incorporó todos los dogmas del neolibera-lismo. Hubo continuidad de pensamiento y no sólo improvisa-ción, en el hombre que quemó todos sus escritos para ocupar el sillón presidencial.

 

La visión marxista se ubicó en la vereda opuesta. Retomó la revalorización de la lucha nacional que concibió el autor de El Capital en su madurez y reelaboró todos los estudios de la cen-turia pasada sobre el subdesarrollo. Ese dependentismo ma-duró en los encuentros con la teoría del sistema-mundo y en los empalmes con el marxismo endogenista. Con ese sustento ensanchado ofreció un gran cimiento para comprender la reali-dad latinoamericana.

 

La teoría marxista de la dependencia fue revitalizada por dos figuras recientemente fallecidas. Theotonio Dos Santos indagó

 

 

 

25

 

 

múltiples facetas del capitalismo contemporáneo y aportó im-portantes reflexiones sobre el estado, las clases dominantes y la burocracia. Samir Amin razonó desde Asia y África los pro-blemas de antiguas sociedades orientales sometidas al colonia-lismo, combinando en forma magistral la historia con la eco-nomía. La continuación de esas investigaciones permitirá re-novar una concepción insoslayable para develar los enigmas del siglo XXI.

 

 

 

 

 

 

 

Resumen

 

Un enfoque renovado de la teoría marxista de la dependencia clarifica las causas del retroceso económico latinoamericano durante el neoliberalismo. Ilustra cómo el extractivismo recrea el subdesarrollo y explica el repliegue de la industria frente a la competencia asiática.

 

También resalta la coexistencia de la brecha internacional de los salarios, con la segmentación laboral en la periferia y la precarización en el centro. Destaca que el creciente endeuda-miento expresa la fragilidad del capitalismo dependiente y la asociación de las clases dominantes con sus pares foráneos. Esclarece, además, la combinación de crisis por desequilibrios externos y asfixias del poder adquisitivo.

 

Los principios antiimperialistas del dependentismo recobran vigencia frente al intento estadounidense de recuperar hege-monía. Sus conceptos de semiperiferia y subimperialismo cla-rifican el despunte de los emergentes. Esa escuela ofrece interpretaciones del autoritarismo de los regímenes derechistas y argumentos para confrontar con el neoliberalismo. Permite además extraer balances de la frustración neodesarrollista. La reinvención de esa teoría transita por el camino que pavimen-taron Theotonio Dos Santos y Samir Amin.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Suscripcion

📚 Biblioteca Emancipación

Accede y recibe automáticamente cada nuevo libro publicado

Suscríbete gratis

📩 Contacto: emancipacionbiblioteca@gmail.com