© Libro N° 12946. Cuaderno De Poesía Crítica
Nº. 153: Elvira Daudet. Emancipación. Septiembre 1
de 2024
Título original: ©
Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 153: Elvira Daudet
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Original: © Cuaderno De
Poesía Crítica Nº. 153: Elvira Daudet
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© Edición,
reedición y Colección Biblioteca
Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 153:
Elvira Daudet
Cuaderno
De Poesía Crítica Nº. 153:
Elvira
Daudet
CON el
título genérico “Entre los poetas míos” venimos publi-cando, en el mundo
virtual, una colección de cuadernos mono-gráficos con los que deseamos
contribuir a la divulgación de una poesía crítica que, con diversas
denominaciones (“poesía social”, “poesía comprometida”, “poesía de la
conciencia”…) se caracteriza por centrar su temática en los seres humanos, bien
sea para ensalzar sus valores genéricos, o bien para denunciar los atropellos,
injusticias y abusos cometidos por quienes detentan el Poder en cualquiera de
sus formas.
Poesía
ésta que no se evade de la realidad, sino que incide en ella con intención
transformadora. Se entiende por ello que tal producción y sus autores hayan
sido frecuentemente acallados, desprestigiados, censu-rados e incluso
perseguidos por dichos poderes dominantes.
Se trata,
en fin, de una poesía no neutral, teñida por el compromiso ético de sus
autores.
Los
textos aquí incorporados proceden de muy diversas fuentes. Unos de nuestra
biblioteca personal, otros de Internet.
La
edición digitalizada de estos cuadernos poéticos carece de toda fi-nalidad
económica. No obstante, si alguien se considera perjudicado en sus legítimos
derechos de propiedad intelectual, rogamos nos lo haga saber para que retiremos
los textos cuestionados.
Biblioteca
Libre
OMEGALFA
2024
Ω
SUMARIO Pág.
Apunte
biográfico 4
Autorretrato 6
Abril,
maldito abril 7
Droga
dura 9
El traje
de otro 10
Ella 13
Epitafio 15
Esperando
a los bárbaros 16
Europa ya
pagó 18
Huesos
para el perro 20
La
palabra 22
La trampa 23
Libertad 25
Morituri 27
Mujeres 28
No era
inútil, Miguel 30
Origen 33
Prisa 36
Ratas 37
Recuerdo
paciente 39
Regreso 40
Sólo
soplo y temblor 42
Balance 43
Entre los
poetas míos…
Elvira
Daudet
1938-2018
Escritora,
poeta y periodista española nacida en Cuenca en 1938, durante la guerra civil.
Conoció y sufrió junto a sus padres la du-reza de un campo de concentración y
las dificultades económicas de la posguerra.
En
Sigüenza, donde la familia fijó la residencia, se inició su des-cubrimiento de
los libros cuya lectura provocó la vocación litera-ria de Elvira.
Con nueve
años escribe su primera obra “El barrio”, que sus pa-dres destruyeron. Más
tarde, a los 15 años, comienza su actividad literaria en la revista Segontia
con el artículo “Nuestras hijas se quedan solteras” que provocó cierto
escándalo entre la beatería local.
Con 17
años marcha a Madrid con el poemario “Crónicas de una tristeza” que logra
publicar un año después con buena aceptación de público y crítica, consiguiendo
su primer premio literario: “Antonio González de Lama”. Elvira Daudet se
situaría a partir de entonces entre las voces más destacadas de la poesía
española de los años setenta.
Decide
marchar a París, donde lleva una vida bohemia durante unos años.
El resto
de su vida ejerce como periodista para diversos periódi-cos, haciendo de todo:
reportajes, cultura, información política y enviada especial.
Fue
también una excelente entrevistadora de importantes perso-najes, como Pasolini,
Moravia, Gironella, Buero Vallejo, Dalí, An-tonio López, la Pasionaria, etc.
Dirigió
el periódico “La Tarde” de Madrid, y la revista “Derechos Humanos”.
Tras unos
años de intensa dedicación al periodismo, en los años 90 vuelve a publicar un
nuevo poemario “El don desapacible” (1994), al que seguiría, cinco años
después, una nueva colección de poemas publicada bajo el título de “Terrenal y
marina” (1999). La poesía de Elvira Daudet es intimista, humanista, teñida de
in-quietud social, plena de un acento lírico que evoca la naturaleza, la
libertad y la vida, así como vivencias cotidianas de hechos tri-viales o
reflexiones sobre el dolor, la enfermedad, la vejez, la muerte…
De entre
su prolífica obra señalamos los siguientes libros:
El primer
mensaje (1959); Los empresarios, (1974); Crónicas de una tristeza (1971); El
don desapacible (1994); Terrenal y ma-rina (2000); Orestes murió en La Habana
(2003); La Gioconda llora de madrugada (2006); Antología Poética-1959-2012
(2012); Antología poética (1959-2012) (2014).
Autorretrato
*
Me llamo
Soledad y estoy soltera, quiero decir
que voy
sola al abogado, al médico y consumo mi vida
de
ventanilla en ventanilla,
en esa
lenta droga llamada burocracia.
Tengo dos
hijos
a los que
educo para hombres, en la medida que una mujer puede hacer hombres.
Tengo
veintiséis años
y, a
veces, enfermo de ternura.
Estoy tan
sola,
que
alguna vez, me paro ante el espejo y me sonrío.
Otras
veces, para no enloquecer, me coloco las pestañas postizas, los lunares,
me encajo
la sonrisa
y ensayo
el
pequeño suicidio del diálogo.
Todas las
madrugadas
recibo la
visita de un extraño
-siempre
el mismo-
al que
caliento la cama hace ocho años.
Solo por
esto me mantiene.
* De “Crónicas de una tristeza”. Fuente:
elviradaudet.blogspot.com
- 7 -
Abril,
maldito Abril
(Al poeta
Paul Celan)
La luz
pura de abril esconde mil cadáveres.
El poeta
se inclina, se descalza,
en un
zapato deja los lentes con cuidado,
y al
final besa el Sena con labios temblorosos de lirio, que se entrega musitando
los versos
del más
triste poema de amor que se haya escrito, entrecortado por los golpes de agua.
(Las
furias maldijeron su linaje
y Hitler
hizo el resto: lo redujo a cenizas. Él se salvó, mas con el alma herida. ¿Quién
podría recomponer la vida
con el
humo de los cuerpos amados, un botón inocente, una fotografía;
huir de
la tortura de imaginar sus muertes en las grises salas del manicomio?
A veces,
sólo a veces, salvaban las palabras:
los rezos
familiares en hebreo, las ingenuas palabras en rumano llegadas en socorro de la
infancia, las amorosas palabras en francés, y los versos de Schiller o de
Goethe -demasiados idiomas
para
cantar la angustia un hombre solo-.
Consolaba
el amor, inevitable
riesgo,
fulgurante pared de hielo
que debía
ascender para alcanzar el Gólgota).
Desde que
lo abrazara con el último aliento, no se puede mirar la piel del Sena
sin
hallar los pétalos morados de sus versos
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
- 8 -
en la
líquida lengua de ramera
que
engulle y regurgita cuanto toca, como hizo con el cuerpo maltratado del más
conmovedor de los poetas.
“Antología
poética (2012-2014) Poemas inéditos”
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
- 9 -
Droga
dura
Nunca
estuve enganchada a la droga del odio.
Cuando
pisoteaba las flores de mi huerto y rompía la mesa que le esperaba puesta, no
recurría yo, por liberarme
de la
atroz impotencia, a la droga del odio.
Solamente
lloraba.
No le
odié por abrasar con ácido
la seda
de mis muslos y dejarlos marchitos.
Ni
siquiera cuando tenía hambre y él me daba los frutos de su vino, amargos y
morados,
corría yo
a inyectarme el odio en vena.
Odio las
drogas duras.
Por raro
que parezca, no le odiaba por cercenar mi risa de muchacha
y grabar
a cuchillo el miedo entre mis ojos.
Y cuando
al póker se jugó mi suerte,
a cambio
del cangrejo dorado que una mujer llevaba en el ombligo, no era odio
lo que me
goteaba amargo por los labios:
era mi
corazón hecho pedazos.
Le maté
por azar, en un impulso ciego y desnudo de cólera, una necesidad de liberarme
y
respirar al fin, que me nació de súbito * mientras él me asfixiaba con sus
manos. Pero nunca le odie, sólo le amaba.
* Fuente:
Del libro Terrenal y marina
elviradaudet.blogspot.com
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-10-
El traje
de otro *
Si me
vais a juzgar, tened en cuenta que mi vida nunca fue cosa mía.
Este
sutil tejido de arañas indolentes, lleno de nudos, rotos y agujeros, esta vida
de harapos, que me cuelgan y arrastro por la tierra como un traje que no me
pertenece, no la quiero, aunque sea la única que tengo.
Siempre
fue grande o chica, nunca fue de mi talla ni la vida que me correspondía,
y
adaptarme no pude a sus hechuras.
De niña,
la vida que me dieron era enorme
para tan
corto cuerpo; me quedaba muy grande.
Con la
guerra perdida vine al mundo, aún antes de nacer ya había perdido y sólo por
nacer ya fui culpable.
Sin ángel
de la guarda, extraviado
en la
enorme confusión o quizá en el exilio, apenas vi la luz me hicieron presa en un
campo de miel y de naranjas.
¿Quién
dijo que no pueden poner rejas al campo? Rejas al campo aquel pusieron para mí.
Lo sé en las cicatrices aunque no en la memoria.
Luego fue
el juego familiar de cárcel a penal,
* (Del libro "El don desapacible")
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-11-
en vez
del de la oca,
en un ir
y venir, ensoñecida,
y con el
miedo de no reconocer a mi preso entre los otros presos.
Después
vino el hallazgo de aquel muerto nacido en los trigales con los ojos abiertos y
sus flores de sangre por chaleco.
Malditos
años tiernos de rejas, sangre y fuego.
Me
desbordó la vida ya en la infancia,
y de
joven mantuve la distancia con ella, que me dotó de un cuerpo
que no
correspondía a mi pobreza.
De nuevo
me estafó con el señuelo del amor, y otra vez presa y derrotada fui, acunando
la muerte entre mis brazos. No merecí la vida que me dieron.
Tenedlo
bien en cuenta
cuando mi
caso llegue a vuestras manos.
Si me
vais a juzgar por esta mueca de verdín que devoró mi risa de muchacha, llamad
como testigos a los niños
que
mueren sin haber conocido la sonrisa.
Pavoroso
cortejo de espectros diminutos, adornado de un enjambre insaciable
de moscas
esmeraldas; cuerpecillos donde se ensañan todas las miserias
y la
muerte atesora sus larvas destructoras; con el único oficio del dolor desmedido
que albergan como templos del dios cruel,
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-12-
sensible
a la belleza de los lirios mas sin piedad hacia sus criaturas.
Si me
vais a juzgar por las palabras,
ácidas
verdades que me han quemado los labios y corroído mis ojos y mi corazón
antes de
que mis manos las gritaran, llamad en mi defensa a los malditos: presos, locos,
gitanos y todos los que sufren hambre y sed de justicia. Tal vez ellos, tan
desdichados, puedan perdonarme.
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de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-13-
Ella *
Ella, mi
fiel amiga, viene siempre conmigo desde niña, y nunca me abandona cuando todos
se marchan. Generosa, me ofrece
el
consuelo total para mis penas y curarme las llagas del fracaso. Tiene más de
mil rostros, algunos pavorosos, repugnantes,
y a mí,
por ser su amiga, me brinda el más amable.
Se ha
instalado en mi casa, en mi cama; no me deja dormir con sus ofertas: me promete
la paz irrevocable, el fin de los dolores,
librarme
de la grotesca y tristísima vejez que derriba el mástil más airoso,
y corona
la rosa de marfil de la espalda con monstruosa giba;
de
confundir los nombres y las fechas,
de
olvidar la cabeza, las palabras precisas, junto a la dignidad,
en un
vagón del metro o en veladas de amigos.
Ella, que
está tan cerca porque la llevo dentro, como la esencia de mi propia sangre,
o como
una bacteria trasmitida al nacer, me tienta cada noche con pactos y dulzuras. Y
cuando ya me tiene convencida, una sola palabra,
haciendo
que me sienta necesaria,
* Fuente: https://elviradaudet.blogspot.com/
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-14-
basta
para que olvide sus promesas.
Y
renazco.
Ella tan
familiar, tan dulce y necesaria, sería la libertad, si no fuera la muerte.
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-15-
Epitafio
*
Unos
fijan los ojos en la antorcha, quizá en el terciopelo ebrio de la sangre, yo en
los momentos más dramáticos, me fijo en los zapatos del herido, del que llega
en patera
cosido a
puñaladas por el mar
o del
ladrón que huye con el bolso.
En la
última tragedia
con que
la puta vida nos ha zarandeado para hacernos conscientes del regalo que es
vivir sin salud
pagando
medicinas con las migas del mal comer,
desahuciados,
recortados a cachos,
vi una fotografía en la que unos zapatos
insolentes me buscaban los ojos
para que
yo escribiera este epitafio: murieron con zapatos preparados para la fiesta
grande del patrón
y
llegaron confusos al infierno.
* Fuente: Elvira Daudet, julio 2013
https://elviradaudet.blogspot.com/2013/07/epitafio.html
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de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-16-
Esperando
a los bárbaros *
"Un
día el Imperio decidió que los bárbaros eran una amenaza a su integridad"
J.M.
Goetzee
¿Por qué
tiemblas?, si está calma la tarde transparente,
alumbrada
por Dios para tus ojos. Los almendros derraman su perfume. y aún hay vino en tu
copa,
de la
cepa más vieja y soleada,
que
mimaron los siervos de tu hacienda porque es para tu labios.
Si el
dolor de los hombres ha quedado detrás de la muralla que te guarda
para que
no lastime tu tierno corazón, di, ¿por qué te tiemblas
y haces
bailar el vino de tu copa?,
solo
porque han tintineado los cristales preciosos en la mesa, y a lo lejos se
escucha galopar a mil caballos.
¿Qué te
hizo creer el elegido para gozar lo que de todos era?, depositario único del
rayo de la belleza estremecedora..
Qué
delicado pétalo en la retina tienes, solamente por rico, que la naturaleza no
les diera a los hijos de nadie, que te hace percibir, clarividente,
la última
pincelada de la mano del genio -temblaba, como tú tiemblas ahora,
* Fuente: https://elviradaudet.blogspot.com/
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-17-
al oír el
galope de la muerte-.
Has
pisado las huellas de los grandes guerreros, de poetas que alumbraron el mundo
con sus palabras de oro.
¿Afinaste
en el viaje tu mirada miope en los ojos de hombres desgraciados?
¿Qué amor
desmesurado o qué dolor avalan tu paso por la tierra? -Ella se fue con otro, ni
un polvo de tu viaje que dejara memoria-. Volviste convencido que el hermoso
escenario fue diseñado sólo para ti, un regalo
de boda
de ese Dios generoso con los tuyos. ¿Qué prodigio atesoras, niño de porcelana,
que no sea pagado con la sangre del pobre?
Mas no
temas, los bárbaros no vienen siempre estuvieron dentro: sois vosotros.
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-18-
Europa ya
pagó *
Europa
está erigida sobre un mar tenebroso de sangre y de zarzas abismales que son
huesos humanos.
Ya pagó
con largueza la dignidad empeñada en el altar terrible de los dioses.
Pero los
dinosaurios prosiguen su proyecto de acabar con el hombre y sus derechos,
convertirlo en el sumiso esclavo que fue ayer, trabajando de sol a sol, barato,
para que
todo vuelva a estar como al principio.
No fueron
suficientes los diluvios de sangre
de dos
guerras mundiales, que inundaron Europa de espanto y de dolor inagotables, para
ahogar la avidez de la serpiente.
Los
millones de muertos en incontables frentes, la ley del exterminio, los hornos
crematorios de dos atroces guerras, no bastaron para que el ser humano, larga
sombra
que viaja
sin descanso al fondo de la noche, ganara su derecho
a salir a
la calle y sonreír,
en sus
horas de luz,
viendo
crecer en paz a sus cachorros.
La
esperanza agoniza, lentamente.
No es el
devastador incendio del planeta, al desplomarse el sol,
la causa
del final de la aventura.
De nuevo
es la serpiente de los huevos de oro
* Fuente: https://elviradaudet.blogspot.com/
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-19-
-depositados
en las cajas fuertes-la que dicta su plan a los esbirros de someter a todo
ciudadano; enterrarle en el barro la cabeza, como a un gusano vil, sodomizarlo
para que nunca vuelva a alzar los ojos
al sueño
de ser hombre con dignidad y trabajo.
El futuro
prometido era esto:
la
pesadilla, escrita a largo plazo por pacientes guionistas,
de esta
pavorosa realidad que vivimos.
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-20-
Huesos
para el perro *
A veces,
como tú, me desespero
por los
niños que ayunan de mañana,
sin leche
ni mendrugo que llevarse a la boca.
A
mediodía comparten la ración
escueta
del abuelo,
cenan
caldo de "huesos para el perro"
y se van
a la cama con las tripas ladrando.
Sus
padres perdieron el trabajo y no lo encuentran, la tierra ha dejado de dar
trigo,
es sólo
un mar de estiércol donde hozan los cerdos y desfallece el viento.
Ya no
pueden comer ni pan ni peces y no aparece Cristo a remediarlo.
Todavía
es más grave la miseria que sufren los miembros del Gobierno, obligados
a
camuflar la bola cual trileros. Con su tercera mano asen el cargo
que les
brindan los amos en premio a sus servicios. Huele el aire a patíbulo,
a carne
corrompida que atrae a todos los buitres. Duele ver el desfile de banqueros
-a un
dulce paraíso, no a la cárcel-, quebrados por la avidez obscena de su alquimia:
transformar la sangre de los pobres en dinero. Ángeles de alas de humo, gimen
mientras abrasan la tierna flor del pubis de chiquillos,
con su
mano-azucena de rozar el Misterio.
No
respetan a Dios ni a nuestros hijos;
* Fuente: https://elviradaudet.blogspot.com/
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-21-
se burlan
de nosotros. La sangre me galopa como un enloquecido corcel envuelto en llamas.
Me levanto la tapa de los sesos y dejo que se enfríen.
Más
serena,
contemplo
la central laboriosa del cerebro,
motor del
terco avance de los hombres
desde el
fondo más negro de la noche
-largo ha
sido el camino del cándido primate
que
estrenó el dolor de ser humano;
milenios
defendiéndose del miedo. ¿Quién podría hacerle retroceder ahora? Descubro en
sus alvéolos, como abejas dormidas en su celda, tesoros olvidados:
la
dignidad cuando aún estaba entera, la utopía, más bella con los años,
la
justicia, aire puro que a todos alimenta:
las cosas
de valor que arrinconamos
y el
azufre del tiempo fue borrando.
Mientras
tanto ha llovido. Sobre su piel mojada, el campo adolescente nos muestra un
bozo verde. La tierra, siempreviva de jugos minerales que rebosan sus pechos,
no
renuncia a su misión de madre. Habrá pan, si nosotros aportamos un pequeño
puñado de semillas, y atamos a los cerdos a una valla para que no destrocen lo
sembrado.
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-22-
La
palabra *
¿Quién me
vende una palabra virgen, vibrante, cegadora cual una lumbrarada, para cantar
al mar, mi último amante? La necesito viva, llena de sangre roja. La palabra
precisa,
reluciente,
limpia como una estrella, una palabra nueva
para
llevarla hasta el altar del mar, el único milagro que conozco, con la
veneración que se merece, como hace el cielo cuando le visita con la chispa
azul del relámpago.
¡Oh, Juan
Ramón, Cernuda, Federico Poesía uno y trino, sustancia consumada, sublimada
materia derribada, carne abatida a tiros,
mustia y
deshilachada en el exilio, y renacida luego, para siempre, en el verbo. Sí
vosotros, poetas,
que
domináis la magia de crear la belleza, prestadme la palabra nunca dicha.
Una sola
palabra escueta y pura, carne de lunación iluminada, para acercarme sin
vergüenza al misterio del mar
y su
fondo sagrado de arrecifes,
que
esconde la simiente de un dios bueno.
* Fuente: https://elviradaudet.blogspot.com
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-23-
La trampa
Como una
pobre rata va el hombre hacia su queso.
Están
reunidos todos los amigos, regocijados
al verlo
tan hermoso y anhelante. Le murmuran obscenidades al oído y acarician su nuca.
Sonríe
él, agradecido, y les ríe los chistes.
La fiesta
vale el salario de un año
y,
satisfecho, el novio los ve beber champán, prepararle las sábanas y cantar
parabienes.
Nadie le
dice el precio del vestido de novia.
Aunque
todos lo saben,
ninguno
va a decirle que la esposa, debajo de los tules,
esconde
una boca inmensa que acabará engulléndolo.
No le
dicen que sus sueños, su ambición, su esperanza,
van a ser
arrancadas
para
adornar el adorado ombligo. Y sus huesos, si se salvan, serán paseados con
cadenas.
Animada
por músicas, velos y temblores entra la novia, ave perseguida.
Va
dejando a su paso las espumas del velo, las plumas de su cola, de paloma
alcanzada. Camina al paraíso corregido,
hacia la
fortaleza conquistada, poniendo bridas
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-24-
al miedo
de encontrarse en el bosque de vello donde el deseo amordazado del varón la
espera. Va la virgen a poseer un dios dulce y viril,
a la isla
fortificada de sus brazos, a la feria de los besos y el misterio, a salvarse
del miedo, a la entrega.
Pero,
¿por qué nadie le dice ahora
que la
crisálida sale hecha cenizas del abrazo, que su dios es un hombre destrozado y
recompuesto,
que el
misterio es un caos de amargura y vergüenza. Que mañana habrá de defenderse
del odio
de su dios encadenado y su propia impotencia.
Y que el
tierno almidón de las sábanas va a convertirse
en un
violento e incandescente charco mineral? Hermosos, jóvenes, los dos enamorados
son
conducidos por el órgano, el incienso, el pueblo entero, hacia la trampa.
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-25-
Libertad
Desde
niña intuí que eras muy cara
al ver
los descarnados rostros de tus amantes -a esas alturas, la mayoría había muerto
con tu nombre de azúcar en los labios y un extraño fulgor en la mirada-.
Loca de
mí, seguí su mal ejemplo
y me
enganché al batallón de parias
que por
hallarte pierden cuanto aman.
Nadie me
dijo nunca al perseguirte que debería dejar en el camino
tajadas,
aún sangrantes, de mi propio corazón; desprenderme del sueño del amor, romperme
las costuras del cuerpo, desfondarme, y vaciarme entera.
No
imaginé que ahora, al cabo despojada, te hallaría en el postrer recodo.
Finalmente
soy libre, sin amos, sin horarios, libre de decir lo que quiera, llueva
o no el
azufre, pues nada pueden hacerme ya. Mas me sabes a poco, perdona que te diga;
ni por asomo eres la libertad soñada.
Libertad
a deshora no me sirves
cuando
todo hace aguas, el mundo retrocede y los jerarcas celebran tus exequias;
yo
confirmo que tengo la pólvora quemada en batallas perdidas,
y el
corazón latiendo a toda prisa como vierte el reloj la última arena, avanzando
hacia nada.
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-26-
Libertad,
tus alas llegan tarde, con sarcasmo, a una guerrillera quebrada por la
artritis,
a la
amante con ceniza en la sangre que fuera ardiente lava,
a una
madre que es nicho de sus hijos.
Y es más,
sin esperanza
de que
pueda llegar el hombre nuevo a este lodazal sin adjetivos.
Libertad
que me duele como una puñalada
al ver
que mis hermanos vuelven a ser esclavos. Y ahora te pregunto, ¿de qué puedes
servirme sin cuerpo ni energía para cambiar el mundo?, sin amor, ¿de qué
sirves?
Yo
necesitaría un corazón para estrenar contigo Libertad, para vivirte
y
sorberte hasta el tuétano la esencia, y tú sólo me sirves de notario para
firmar mis últimas palabras.
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-27-
Morituri
A Pier
Paolo Pasolini, muerto a palos y enlodado por los hijos de la noche.
Esperad,
antes que me golpeéis, quiero advertiros, hijos de la noche, implacables
ángeles de las sombras, que sé llorar en todos los idiomas.
En
francés he gemido, con éxito notable, en el Barrio Latino y en el andén del
metro,
en
tiempos de Ben Bella, de De Gaulle y Bumedian.
Al pie
del Vaticano y en las playas de Ostia he llorado -en italiano, claro- a un
cristo sucio de sangre y barro, de voz insobornable. Y en Wall Street, en
Bowaris y en Harlem, acosada por millares de espectros, hombres sacrificados al
dios Dólar,
mis
lamentos han sido en un yanki perfecto. Asombraos, también sé gemir en griego
antiguo. Lo he probado en el Ágora ateniense, mientras el tren pasaba desdeñoso
y se tambaleaban los cimientos
del
templo de Teseo.
Y también
he llorado en el Pireo, junto a un sarnoso can apaleado. Pero lloro mejor en
castellano,
en esta
hermosa lengua, que es mi idioma, rizo el rizo del grito y el lamento, y no es
por presumir de virtuosa,
que me ha
costado sangre el aprenderlo.
Antes de
golpearme, ahora que estáis a tiempo, decidme, azules criaturas de la muerte,
¿qué idioma preferís para el recreo?
Cuaderno
de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
-28-
Mujeres
Hay
mujeres hermosas como estatuas de hielo, que viven entre pétalos y plumas
en el
dulce refugio de las rosas. Todo es bello en sus vidas, delicado; no saben del
dolor, nunca han amado. Los hombres las adoran, las protegen, roban por sus
favores,
dan la
vida por ellas: son las diosas.
Hay
mujeres araña, perversas viudas negras, que tejen con sus lágrimas la tela
de sutil
pedrería para cazar marido con fortuna, y luego devorarlo: son las brujas.
Damas
sofisticadas, de dorada apariencia y corazón de cuarzo,
lo mismo
que los ríos que se adornan con los oros prestados del otoño
y sólo
guardan piedras en el fondo. O vulgares, con vocación de mando y agrio zumo,
que únicamente gozan paseando a los hombres con cadenas.
Las hay
puras y tiernas, niñas no terminadas, con candorosos ojos de vidriera, que por
su perfección y su rareza
sus
propietarios guardan celosos en vitrinas, como el mayor tesoro. Con el tiempo,
pierden su juventud y su rareza; se convierten en objetos olvidados.
Hay
mujeres “alegres”
que al
amor se jugaron la vida en una apuesta.
Desahuciadas,
abren su
tenderete de miserias
al paso
clandestino de los hombres,
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de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
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con la
muerte anidando en la mirada y la maleta llena de tristeza.
Y hay
mujeres sencillas, con los ojos de agua y la carne de harina,
que aman,
trabajan, paren, se deshojan aferradas a un sueño
-el más
lento y cruel de los venenos-
y
despiertan a golpes en una pesadilla. Un monstruo, baba negra y ojos turbios,
se ha metido en sus camas y en sus vidas. Pasado el primer trago
-mitad
terror y otra mitad de sangre-, adictas a la pócima de su amor obstinado,
se
instalan en la esperanza inútil de que él cambie. Penélopes dolientes, ocupadas
en destejer la trama misteriosa
que
destruyó al muchacho enamorado. Los hombres las desprecian, las golpean; como
animales mansos, ellas gimen bajito y se dejan llevar al matadero.
Las matan
a diario, son tan sólo mujeres.
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de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
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No era
inútil, Miguel
"Para
la libertad sangro,
lucho,
pervivo"
Miguel
Hernández-
Ya desde
muy temprano me enseñaron tus versos clandestinos. Cuando la libertad era un
delito
y
pronunciar tan hermosa palabra podía conducirte a la prisión, pensaba:
"Pobre
Miguel, si hubieras intuido lo que nos esperaba al doblar tú la esquina
envenenada de la vida"
Y se me
atragantaba la libertad perdida,
lo mismo
que una estrella de cristal astillada,
que
abandoné en tu boca como un último beso royéndote la lengua y las encías.
Ay,
España, ¿qué fue de tus poetas, los más puros brillantes que hubo en corona
alguna?, ¿qué hiciste con su sangre, con sus huesos?
Y la pena
me estallaba por dentro, llanto y trueno, al recordar tu limpia vida inútil,
malgastada.
Inútiles
tu sueño, tu esperanza, tu sangre, vuestra sangre, derramada. Y también
tu
palabra, tus versos militantes, porque, ay, la libertad fue enterrada contigo,
vencido y humillado contigo todo el pueblo, desangrado por la herida terrible
de la
mitad de España amputada de cuajo, de un cuerpo que fue hermoso.
Y
millares de espectros, escondidos entre las pocas piedras que quedaron en pie,
como
muñones de los muros
que
fueron arrastrados por la crecida de la sangre, tus hermanos.
Fuimos
los herederos de tu sueño cadavéricos niños, atacados por la tisis, el tifus,
la pelagra y el odio,
comidos
por el miedo y la miseria,
y sin
nada que comer; peritos en prisiones y astucias
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para
sobrevivir.
Durante
mucho tiempo me ha amargado tu muerte, vuestra muerte, por inútil.
Menos
mal, me decía, que la muerte es eterna y no pueden volver en un permiso
a
contemplar la vida de los seres que amaron.
Me
preguntaba si en algún momento al descubrir que la guerra iba en serio,
obscenamente en serio,
al mirar
a la muerte cara a cara en el campo de batalla, al brindar tu carne vegetal al
cirujano, o cuando exangüe, espuma a espuma,
te
escapabas de la prisión, la duda te clavó su diente venenoso.
Quizá al
verte doblemente vencido, desguazado, en la nata de pena
de los
ojos de la mujer que amabas, al sellar la esperanza
de jugar
con tu hijo a cazar grillos,
te
preguntaste si no sería inútil también tú,
si valía
la pena penar tanto por ese pez de plata escurridizo con el que te llenabas tú
la hambrienta boca.
Hoy sé,
Miguel, que no era inútil. La libertad enterrada no se pudrió, protegida por la
tierra empapada con la sangre, la tuya y la de tantos, demasiados.
Vuestra
sangre comienza a germinar en hombres nuevos que gritan libertad como en aquel
verano violento, pero esta vez sin ira.
Tu
corazón, helado en varios tomos, vuelve a latir en los pulsos más nobles.
Vuelve la
vida a restañar la herida de la muerte y las cuencas vacías
se han
llenado de piedras luminosas abiertas al futuro,
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incierto
pero hermoso.
Gracias a
ti, a vosotros, España resucita ya completa. Los gritos de los niños, que
juegan en el parque mientras sus padres votan, de nuevo en democracia,
me han
hecho recordarte y comprender.
No era
inútil, Miguel, descansa en paz.
Madrid,15
de junio 1977
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de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
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Origen
A los
mineros en lucha
Aunque mi
signo es de aire, paradójicamente, vengo de las entrañas mordidas de la tierra,
de la honda caverna descarnada
situada
diez pisos más abajo del reino de las ciegas alimañas, y el grisú venenoso de
la mina;
el polvo
del carbón es mi sustancia.
Los
hombres que me dieron su apellido fueron todos mineros desde niños
- ojos enrojecidos, enfermos de tinieblas,
sin pestañas, donde la luz es una cicatriz,
un lejano
recuerdo que aún duele en la retina-y sólo abandonaron la negrura del pozo para
luchar en guerras diferentes,
aunque
fueran la misma;
que todas
las perdieron es ya historia.
Derrota
tras derrota, regresaban
-los que
no tuvieron la suerte de morir en la batalla o luego en la prisión-
más
viejos y humillados. O lo hacían sus hijos, con su orfandad y su derrota a
cuestas, como una herencia amarga, irrevocable.
En aquel
agujero vecino del infierno, despiadado, vivieron su dolorosa infancia,
rebeldes sometidos,
y
aprendieron a odiar a los tiranos antes de que el amor les golpeara.
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Por
encima pasaron los inviernos, los veranos, la vida ajena a ellos, mientras se
hacían hombres en la mina, con un disfraz oscuro que crecía con ellos, royendo
la esperanza de la revolución.
- ¡Qué terquedad en repetir la historia sin
futuro de sus padres,
en vez de
hacerse hombres de provecho!, procurador en cortes o ingeniero
son
oficios más limpios y tienen menos riesgo-.
Arriba,
prácticamente
a la altura del cielo,
la
primavera esmaltaba de verdes la campiña, las muchachas lavaban en el río
con sus
manos de lirio adolescente. Aunque era imposible mirar hacia lo alto, ellos lo
presentían
en el
ciego y preciso calendario de su desordenado corazón.
Polvo a
polvo, eslabón a eslabón
de una
larga cadena de dolor y miseria, huésped de un azaroso viaje,
yo soy el
resultado del fracaso obstinado de una casta de pobres orgullosos de serlo, su
pasado impregna mis tejidos del mismo zumo acre de la hulla
y los
gases letales bullen en mi cerebro.
La sangre
que fue suya y ahora me pertenece, ese río remoto y poderoso
que llegó
a mis arterias a través de los siglos, cuerpo a cuerpo, era negra y esclava
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de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
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hasta que
un día, con la primera luz, abrió los ojos
y vio la
abrumadora, la insoslayable realidad, antes de derramarse generosa.
Ese
caudal de polvo ennegrecido guerrea en mi interior con otra sangre,
más
pulida y brillante, aunque igualmente pobre.
Al fin
todos venimos de un viaje milenario con origen común en las cavernas;
el mismo
rey desciende de un primate.
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Prisa
Nunca
llegó a averiguar quién era. No tuvo tiempo de estudiar la ruta
de los
mares profundos en su cartografía ni el mecanismo
que la
piel ocultaba a sus ojos inquietos.
Ella fue
sólo un número
-vestido
de ternura-
que
añadir a la suma,
un
estreno festivo de sedas y amapolas.
Después,
el ritual -ya conocido-
de su
pubis de arándanos,
que se
fueron agriando en la costumbre.
Sin
conocerla,
la fue
desconociendo poco a poco, hasta desvanecerse,
confundida
en el blanco de la almohada. Ignoró el instante que sucede a la brisa, cuando
la mar se abre como un cráter y muestra sus tesoros.
Se fue
sin escuchar el canto puro
que brota
-y justifica de algún modo la vida-con la última sangre del roto corazón.
Era
demasiada mujer para su prisa.
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Ratas
"¡Alerta,
ciudadanos!, una feroz camada de hombres grises ha invadido la tierra. Son
hombres de ceniza, despiadados, grises como el cemento, sin espina
dorsal
que los sostenga de pie como a los hombres, aplastan las estrellas como
chinches, y quieren apagarnos la luna y cosernos
los
besos. Si los dejáis os beberán la sangre, arrasarán los sueños, junto al vino
y el pan
que os alimentan. ¡Despertad! Vigilad noche y día a vuestros hijos, antes de
que os los roben
y les
saquen su corazón de tórtola,
o el
hígado para hacerse un trasplante, como el hombre del saco
de los
terribles cuentos infantiles.
A veces
les succionan el cerebro
y los
devuelven del infierno huecos,
sin
voluntad ni risa, como cascos vacíos.
Sin
trabajo, sin hogar y sin patria,
ya ni el
cielo ni el viento os pertenecen:
son de
estos hombres de humo que envenenan el aire con sus cuerpos podridos, donde
anidan los números abyectos, causa de la miseria, mortal como la peste, que
recorre la tierra. Ratas que mondan la hermosa piel azul
con el
ácido verde de su orina, emborronando
el día de
sucias serpentinas. Son los mismos que queman las cosechas para subir los
precios y jugar en la bolsa con la hambruna.
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Los que
borran países de los mapas
con el
pulgar enhiesto, y arrasan a los pueblos de civilizaciones milenarias -ay,
Grecia-
con las
bombas de su codicia en llamas. Hombres de gestos grises y próstatas zurcidas
con el hilo de oro del manto de la Virgen, que viajan en vehículos blindados,
se
esconden en altas madrigueras, protegidos por mil canes feroces
y duermen
en sendas cajas fuertes: tienen miedo. Como estatuas de frágil escayola, desde
su pedestal parecen fuertes,
vivos,
aunque sepamos que no tienen corazón.
Los
podréis conocer: toda la peste viste trajes de lana gris inglesa, tiene grises
y escasos los cabellos, ojos de acero astutos, escondidos, que congelan la luz
de la mañana. Utilizan palabras terminales
y su
sueño voraz hiela la sangre:
quieren
el Partenón, el Coliseo,
la Puerta
de Alcalá; ser los dueños de Europa.
Nosotros
les sobramos y van a devorarnos.
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Recuerdo
paciente
En los
años primeros de la infancia todo era sombrío; ante los ojos tengo
un charco
de la calle que nunca se secaba.
Cual
bandada de ángeles oscuros,
de una
estética infame: las cabezas rapadas
y ellos
desharrapados en sus jerseys de borra, pasaban los chiquillos con sus latas de
asa
y una
sonrisa de éxtasis en sus caras de barro para ir a comer al Auxilio Social.
¡Cómo les
envidiaba aquel juego con premio asegurado!, prohibido para mí.
Carmen me
trajo un día un trocito de queso amarillo y reseco, escondido en la manga tal
tesoro de la amistad eterna, que a mí me supo a gloria.
Las
mañanas tenían un velo desolado
que
anunciaba a los bárbaros, que entraban en el barrio con la pistola al cinto y
su ferocidad de dinosaurios.
A los
niños que fuimos
todo nos
fue imposible en los años aquellos:
las
jirafas, los dioses, la alegría,
y mis
ojos perdieron la inocencia. Ojos sucios de horror acumulado en las calles, las
cárceles, las tapias, de mirar a los muertos cara a cara.
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Regreso
Vuelvo.
He conseguido salir del agujero que un día me engulló siendo muchacha. La luz
de la mañana me acaricia
como la
tibia seda de unos brazos de madre. Es cierto que entre tanto ha pasado la
vida, los amigos han muerto o no me reconocen. ¿Dónde están -se preguntan- sus
ojos abismales que asustaban de bellos y profundos, la orgullosa mirada que
exigía
el legado
de los dioses? Ay, la felicidad.
¿Dónde se
fue la flor de sus mejillas
y su
cuerpo moldeado por el viento?
No me
atrevo a decirles
que han
pasado los años para todos y tampoco son ellos lo que eran. Sus fértiles
cerebros,
donde
ayer bailaban jubilosas las ideas, son urnas de cenizas
donde la
vida ardida pasa, melancólica, su película de espectros.
La víbora
salaz, antes guerrera, inofensiva
se
esconde arrugadita bajo un faldón de grasa.
El rojo
corazón es hueso negro.
¿Podría
confiarles que vuelvo de una guerra, en las negras cloacas de mi alma,
con el
saurio implacable que me habita y se bebió goloso el dulce plasma dejándome
vacía como un traje? Que quemé los candiles de los ojos
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luchando
con las sombras como un ciego.
Mi
corazón alimentó alimañas, mi cuerpo fue bocado de las ratas de la traición, la
rabia, el desamor. ¿Les entristecerían mis delirios o me oirían lejanos,
desde la
indiferencia de la muerte?
Como una
pobre bestia que no puede quejarse, doy otra vuelta a la triste noria y pido
una sonrisa de limosna
que me
alimente el día de esperanza.
Regresar
del infierno es un viaje muy largo, y no sé, al encontraros, si valía la pena.
De
Cuaderno del delirio, inédito)
Cuaderno
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Sólo
soplo y temblor
Una
noche, de forma inesperada, al regresar del cine, la vejez,
que
acechaba mis pasos con paciencia, salió de entre las lanzas del domingo,
vestida de crespón y perfumada a ungüento de desdicha;
me miró
frente a frente y me cortó la risa lo mismo que una bala entre los ojos. No
sangré por la herida imaginaria ni me desvanecí impresionada.
De hecho,
no ocurrió nada
ni sentí
dolor en parte alguna de mi cuerpo, sólo fue una ráfaga, un soplo y un temblor,
pero al mirarme en un escaparate
vi que ya no era yo la que miraba sino una
desvaída y triste anciana.
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de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
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Balance
Todo está
consumado, es hora del silencio.
Os di la
entraña,
lo que
tuve más mío y verdadero en el extraño viaje que me correspondió:
el frío
violeta y el horror de la España del grito sofocado por los ríos de sangre que
pudrieron mis ojos infantiles.
Los
grumos del dolor inconcebible,
mis tres
mejores versos, escritos al futuro en la sangre más joven, más entera,
coagulada en las rosas fallidas del invierno. Abrí sin compasión los labios de
la herida para mostrar el cráter de lavas destructoras, la triste cordillera de
cenizas
que
invadieron la aorta y ahogaron el amor.
Es hora
de callar, todo está dicho.
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de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet
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Bibliografía:
- https://elviradaudet.blogspot.com/
- https://poesiamaspoesia.com/182-poesia-mas-poesia-elvira-daudet/
- https://es.wikipedia.org/wiki/Elvira_Daudet
- https://trianarts.com/elvira-daudet-versos-de-doble-filo/
- Presentación de la Antología poética
(1959-2012) por Ángel Guinda enlace
- https://acento.com.do/opinion/elvira-daudet-una-poeta-im-prescindible-9071412.html
- Página de Elvira Daudet Ediciones Evohé
- Alacena Roja (edición digital)
- Elvira Daudet y su cuaderno del delirio
(Lanzadigital) (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial,
la pri-mera versión y la última).
- La poesía de Elvira Daudet (La Alcazaba)
- https://www.poesiacastellana.es/noticias/elvira-daudet,-mu-jer-a-sangre-abierta
Cuaderno
153 de Poesía Crítica
Elvira
Daudet
Biblioteca
Virtual
OMEGALFA
Junio,
2024
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