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Libro N° 12946. Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 153: Elvira Daudet.

Libro N° 12946. Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 153: Elvira Daudet.

 


© Libro N° 12946. Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 153: Elvira Daudet. Emancipación. Septiembre 1 de 2024

 

Título original: © Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 153: Elvira Daudet

 

Versión Original: ©  Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 153: Elvira Daudet

 

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© Edición, reedición  y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 153:

Elvira Daudet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno De Poesía Crítica Nº. 153:

Elvira Daudet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CON el título genérico “Entre los poetas míos” venimos publi-cando, en el mundo virtual, una colección de cuadernos mono-gráficos con los que deseamos contribuir a la divulgación de una poesía crítica que, con diversas denominaciones (“poesía social”, “poesía comprometida”, “poesía de la conciencia”…) se caracteriza por centrar su temática en los seres humanos, bien sea para ensalzar sus valores genéricos, o bien para denunciar los atropellos, injusticias y abusos cometidos por quienes detentan el Poder en cualquiera de sus formas.

 

Poesía ésta que no se evade de la realidad, sino que incide en ella con intención transformadora. Se entiende por ello que tal producción y sus autores hayan sido frecuentemente acallados, desprestigiados, censu-rados e incluso perseguidos por dichos poderes dominantes.

 

Se trata, en fin, de una poesía no neutral, teñida por el compromiso ético de sus autores.

 

Los textos aquí incorporados proceden de muy diversas fuentes. Unos de nuestra biblioteca personal, otros de Internet.

 

La edición digitalizada de estos cuadernos poéticos carece de toda fi-nalidad económica. No obstante, si alguien se considera perjudicado en sus legítimos derechos de propiedad intelectual, rogamos nos lo haga saber para que retiremos los textos cuestionados.

 

Biblioteca Libre

OMEGALFA

2024

 

 

SUMARIO         Pág.

Apunte biográfico        4

Autorretrato       6

Abril, maldito abril      7

Droga dura 9

El traje de otro    10

Ella 13

Epitafio    15

Esperando a los bárbaros       16

Europa ya pagó  18

Huesos para el perro    20

La palabra 22

La trampa 23

Libertad    25

Morituri    27

Mujeres    28

No era inútil, Miguel    30

Origen      33

Prisa 36

Ratas        37

Recuerdo paciente        39

Regreso    40

Sólo soplo y temblor    42

Balance     43

 

 

 

 

Entre los poetas míos…

 

 

Elvira Daudet

1938-2018

 

 

 

 

Escritora, poeta y periodista española nacida en Cuenca en 1938, durante la guerra civil. Conoció y sufrió junto a sus padres la du-reza de un campo de concentración y las dificultades económicas de la posguerra.

 

En Sigüenza, donde la familia fijó la residencia, se inició su des-cubrimiento de los libros cuya lectura provocó la vocación litera-ria de Elvira.

 

Con nueve años escribe su primera obra “El barrio”, que sus pa-dres destruyeron. Más tarde, a los 15 años, comienza su actividad literaria en la revista Segontia con el artículo “Nuestras hijas se quedan solteras” que provocó cierto escándalo entre la beatería local.

 

Con 17 años marcha a Madrid con el poemario “Crónicas de una tristeza” que logra publicar un año después con buena aceptación de público y crítica, consiguiendo su primer premio literario: “Antonio González de Lama”. Elvira Daudet se situaría a partir de entonces entre las voces más destacadas de la poesía española de los años setenta.

 

Decide marchar a París, donde lleva una vida bohemia durante unos años.

 

El resto de su vida ejerce como periodista para diversos periódi-cos, haciendo de todo: reportajes, cultura, información política y enviada especial.

 

Fue también una excelente entrevistadora de importantes perso-najes, como Pasolini, Moravia, Gironella, Buero Vallejo, Dalí, An-tonio López, la Pasionaria, etc.

 

Dirigió el periódico “La Tarde” de Madrid, y la revista “Derechos Humanos”.

 

Tras unos años de intensa dedicación al periodismo, en los años 90 vuelve a publicar un nuevo poemario “El don desapacible” (1994), al que seguiría, cinco años después, una nueva colección de poemas publicada bajo el título de “Terrenal y marina” (1999). La poesía de Elvira Daudet es intimista, humanista, teñida de in-quietud social, plena de un acento lírico que evoca la naturaleza, la libertad y la vida, así como vivencias cotidianas de hechos tri-viales o reflexiones sobre el dolor, la enfermedad, la vejez, la muerte…

De entre su prolífica obra señalamos los siguientes libros:

 

El primer mensaje (1959); Los empresarios, (1974); Crónicas de una tristeza (1971); El don desapacible (1994); Terrenal y ma-rina (2000); Orestes murió en La Habana (2003); La Gioconda llora de madrugada (2006); Antología Poética-1959-2012 (2012); Antología poética (1959-2012) (2014).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Autorretrato *

 

 

 

Me llamo Soledad y estoy soltera, quiero decir

que voy sola al abogado, al médico y consumo mi vida

 

de ventanilla en ventanilla,

 

en esa lenta droga llamada burocracia.

 

Tengo dos hijos

 

a los que educo para hombres, en la medida que una mujer puede hacer hombres.

 

Tengo veintiséis años

 

y, a veces, enfermo de ternura.

 

Estoy tan sola,

 

que alguna vez, me paro ante el espejo y me sonrío.

 

Otras veces, para no enloquecer, me coloco las pestañas postizas, los lunares,

 

me encajo la sonrisa

 

y ensayo

 

el pequeño suicidio del diálogo.

 

Todas las madrugadas

 

recibo la visita de un extraño

 

-siempre el mismo-

 

al que caliento la cama hace ocho años.

 

Solo por esto me mantiene.

 

 

 

*      De “Crónicas de una tristeza”. Fuente: elviradaudet.blogspot.com

 

 

 

 

 

 

- 7 -

 

 

 

Abril, maldito Abril

 

(Al poeta Paul Celan)

 

La luz pura de abril esconde mil cadáveres.

 

El poeta se inclina, se descalza,

 

en un zapato deja los lentes con cuidado,

 

y al final besa el Sena con labios temblorosos de lirio, que se entrega musitando los versos

 

del más triste poema de amor que se haya escrito, entrecortado por los golpes de agua.

 

(Las furias maldijeron su linaje

 

y Hitler hizo el resto: lo redujo a cenizas. Él se salvó, mas con el alma herida. ¿Quién podría recomponer la vida

 

con el humo de los cuerpos amados, un botón inocente, una fotografía;

 

huir de la tortura de imaginar sus muertes en las grises salas del manicomio?

 

A veces, sólo a veces, salvaban las palabras:

 

los rezos familiares en hebreo, las ingenuas palabras en rumano llegadas en socorro de la infancia, las amorosas palabras en francés, y los versos de Schiller o de Goethe -demasiados idiomas

 

para cantar la angustia un hombre solo-.

 

Consolaba el amor, inevitable

 

riesgo, fulgurante pared de hielo

 

que debía ascender para alcanzar el Gólgota).

 

Desde que lo abrazara con el último aliento, no se puede mirar la piel del Sena

 

sin hallar los pétalos morados de sus versos

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

- 8 -

 

 

 

en la líquida lengua de ramera

 

que engulle y regurgita cuanto toca, como hizo con el cuerpo maltratado del más conmovedor de los poetas.

 

 

 

“Antología poética (2012-2014) Poemas inéditos”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

- 9 -

 

 

 

Droga dura

 

 

 

Nunca estuve enganchada a la droga del odio.

 

Cuando pisoteaba las flores de mi huerto y rompía la mesa que le esperaba puesta, no recurría yo, por liberarme

 

de la atroz impotencia, a la droga del odio.

 

Solamente lloraba.

 

No le odié por abrasar con ácido

 

la seda de mis muslos y dejarlos marchitos.

 

Ni siquiera cuando tenía hambre y él me daba los frutos de su vino, amargos y morados,

 

corría yo a inyectarme el odio en vena.

 

Odio las drogas duras.

 

Por raro que parezca, no le odiaba por cercenar mi risa de muchacha

 

y grabar a cuchillo el miedo entre mis ojos.

 

Y cuando al póker se jugó mi suerte,

 

a cambio del cangrejo dorado que una mujer llevaba en el ombligo, no era odio

 

lo que me goteaba amargo por los labios:

 

era mi corazón hecho pedazos.

 

Le maté por azar, en un impulso ciego y desnudo de cólera, una necesidad de liberarme

 

y respirar al fin, que me nació de súbito * mientras él me asfixiaba con sus manos. Pero nunca le odie, sólo le amaba.

 

 

 

 

* Fuente: Del libro Terrenal y marina  elviradaudet.blogspot.com

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-10-

 

 

 

El traje de otro *

 

 

 

Si me vais a juzgar, tened en cuenta que mi vida nunca fue cosa mía.

 

Este sutil tejido de arañas indolentes, lleno de nudos, rotos y agujeros, esta vida de harapos, que me cuelgan y arrastro por la tierra como un traje que no me pertenece, no la quiero, aunque sea la única que tengo.

 

Siempre fue grande o chica, nunca fue de mi talla ni la vida que me correspondía,

 

y adaptarme no pude a sus hechuras.

 

De niña, la vida que me dieron era enorme

 

para tan corto cuerpo; me quedaba muy grande.

 

Con la guerra perdida vine al mundo, aún antes de nacer ya había perdido y sólo por nacer ya fui culpable.

 

Sin ángel de la guarda, extraviado

 

en la enorme confusión o quizá en el exilio, apenas vi la luz me hicieron presa en un campo de miel y de naranjas.

 

¿Quién dijo que no pueden poner rejas al campo? Rejas al campo aquel pusieron para mí. Lo sé en las cicatrices aunque no en la memoria.

 

Luego fue el juego familiar de cárcel a penal,

 

 

*      (Del libro "El don desapacible")

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-11-

 

 

 

en vez del de la oca,

 

en un ir y venir, ensoñecida,

 

y con el miedo de no reconocer a mi preso entre los otros presos.

 

Después vino el hallazgo de aquel muerto nacido en los trigales con los ojos abiertos y sus flores de sangre por chaleco.

 

Malditos años tiernos de rejas, sangre y fuego.

 

Me desbordó la vida ya en la infancia,

 

y de joven mantuve la distancia con ella, que me dotó de un cuerpo

 

que no correspondía a mi pobreza.

 

De nuevo me estafó con el señuelo del amor, y otra vez presa y derrotada fui, acunando la muerte entre mis brazos. No merecí la vida que me dieron.

 

Tenedlo bien en cuenta

 

cuando mi caso llegue a vuestras manos.

 

Si me vais a juzgar por esta mueca de verdín que devoró mi risa de muchacha, llamad como testigos a los niños

 

que mueren sin haber conocido la sonrisa.

 

Pavoroso cortejo de espectros diminutos, adornado de un enjambre insaciable

 

de moscas esmeraldas; cuerpecillos donde se ensañan todas las miserias

 

y la muerte atesora sus larvas destructoras; con el único oficio del dolor desmedido que albergan como templos del dios cruel,

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-12-

 

 

 

sensible a la belleza de los lirios mas sin piedad hacia sus criaturas.

 

Si me vais a juzgar por las palabras,

 

ácidas verdades que me han quemado los labios y corroído mis ojos y mi corazón

 

antes de que mis manos las gritaran, llamad en mi defensa a los malditos: presos, locos, gitanos y todos los que sufren hambre y sed de justicia. Tal vez ellos, tan desdichados, puedan perdonarme.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-13-

 

 

 

Ella *

 

 

 

Ella, mi fiel amiga, viene siempre conmigo desde niña, y nunca me abandona cuando todos se marchan. Generosa, me ofrece

 

el consuelo total para mis penas y curarme las llagas del fracaso. Tiene más de mil rostros, algunos pavorosos, repugnantes,

 

y a mí, por ser su amiga, me brinda el más amable.

 

Se ha instalado en mi casa, en mi cama; no me deja dormir con sus ofertas: me promete la paz irrevocable, el fin de los dolores,

 

librarme de la grotesca y tristísima vejez que derriba el mástil más airoso,

 

y corona la rosa de marfil de la espalda con monstruosa giba;

 

de confundir los nombres y las fechas,

 

de olvidar la cabeza, las palabras precisas, junto a la dignidad,

 

en un vagón del metro o en veladas de amigos.

 

Ella, que está tan cerca porque la llevo dentro, como la esencia de mi propia sangre,

 

o como una bacteria trasmitida al nacer, me tienta cada noche con pactos y dulzuras. Y cuando ya me tiene convencida, una sola palabra,

 

haciendo que me sienta necesaria,

 

 

*      Fuente: https://elviradaudet.blogspot.com/

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-14-

 

 

 

basta para que olvide sus promesas.

 

Y renazco.

 

Ella tan familiar, tan dulce y necesaria, sería la libertad, si no fuera la muerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-15-

 

 

 

Epitafio *

 

 

 

Unos fijan los ojos en la antorcha, quizá en el terciopelo ebrio de la sangre, yo en los momentos más dramáticos, me fijo en los zapatos del herido, del que llega en patera

 

cosido a puñaladas por el mar

 

o del ladrón que huye con el bolso.

 

En la última tragedia

 

con que la puta vida nos ha zarandeado para hacernos conscientes del regalo que es vivir sin salud

 

pagando medicinas con las migas del mal comer,

 

desahuciados, recortados a cachos,

 

vi    una fotografía en la que unos zapatos insolentes me buscaban los ojos

 

para que yo escribiera este epitafio: murieron con zapatos preparados para la fiesta grande del patrón

 

y llegaron confusos al infierno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

*      Fuente: Elvira Daudet, julio 2013 https://elviradaudet.blogspot.com/2013/07/epitafio.html

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-16-

 

 

 

Esperando a los bárbaros *

 

"Un día el Imperio decidió que los bárbaros eran una amenaza a su integridad"

J.M. Goetzee

 

¿Por qué tiemblas?, si está calma la tarde transparente,

 

alumbrada por Dios para tus ojos. Los almendros derraman su perfume. y aún hay vino en tu copa,

de la cepa más vieja y soleada,

 

que mimaron los siervos de tu hacienda porque es para tu labios.

 

Si el dolor de los hombres ha quedado detrás de la muralla que te guarda

 

para que no lastime tu tierno corazón, di, ¿por qué te tiemblas

 

y haces bailar el vino de tu copa?,

 

solo porque han tintineado los cristales preciosos en la mesa, y a lo lejos se escucha galopar a mil caballos.

 

¿Qué te hizo creer el elegido para gozar lo que de todos era?, depositario único del rayo de la belleza estremecedora..

 

Qué delicado pétalo en la retina tienes, solamente por rico, que la naturaleza no les diera a los hijos de nadie, que te hace percibir, clarividente,

 

la última pincelada de la mano del genio -temblaba, como tú tiemblas ahora,

 

 

*      Fuente: https://elviradaudet.blogspot.com/

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-17-

 

 

 

al oír el galope de la muerte-.

 

Has pisado las huellas de los grandes guerreros, de poetas que alumbraron el mundo con sus palabras de oro.

 

¿Afinaste en el viaje tu mirada miope en los ojos de hombres desgraciados?

 

¿Qué amor desmesurado o qué dolor avalan tu paso por la tierra? -Ella se fue con otro, ni un polvo de tu viaje que dejara memoria-. Volviste convencido que el hermoso escenario fue diseñado sólo para ti, un regalo

 

de boda de ese Dios generoso con los tuyos. ¿Qué prodigio atesoras, niño de porcelana, que no sea pagado con la sangre del pobre?

 

Mas no temas, los bárbaros no vienen siempre estuvieron dentro: sois vosotros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-18-

 

 

 

Europa ya pagó *

 

 

 

Europa está erigida sobre un mar tenebroso de sangre y de zarzas abismales que son huesos humanos.

 

Ya pagó con largueza la dignidad empeñada en el altar terrible de los dioses.

 

Pero los dinosaurios prosiguen su proyecto de acabar con el hombre y sus derechos, convertirlo en el sumiso esclavo que fue ayer, trabajando de sol a sol, barato,

para que todo vuelva a estar como al principio.

 

No fueron suficientes los diluvios de sangre

 

de dos guerras mundiales, que inundaron Europa de espanto y de dolor inagotables, para ahogar la avidez de la serpiente.

 

Los millones de muertos en incontables frentes, la ley del exterminio, los hornos crematorios de dos atroces guerras, no bastaron para que el ser humano, larga sombra

 

que viaja sin descanso al fondo de la noche, ganara su derecho

 

a salir a la calle y sonreír,

 

en sus horas de luz,

 

viendo crecer en paz a sus cachorros.

 

La esperanza agoniza, lentamente.

 

No es el devastador incendio del planeta, al desplomarse el sol,

 

la causa del final de la aventura.

 

De nuevo es la serpiente de los huevos de oro

 

 

*      Fuente: https://elviradaudet.blogspot.com/

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-19-

 

 

 

-depositados en las cajas fuertes-la que dicta su plan a los esbirros de someter a todo ciudadano; enterrarle en el barro la cabeza, como a un gusano vil, sodomizarlo para que nunca vuelva a alzar los ojos

 

al sueño de ser hombre con dignidad y trabajo.

 

El futuro prometido era esto:

 

la pesadilla, escrita a largo plazo por pacientes guionistas,

de esta pavorosa realidad que vivimos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-20-

 

 

 

Huesos para el perro *

 

 

 

A veces, como tú, me desespero

 

por los niños que ayunan de mañana,

 

sin leche ni mendrugo que llevarse a la boca.

 

A mediodía comparten la ración

 

escueta del abuelo,

 

cenan caldo de "huesos para el perro"

 

y se van a la cama con las tripas ladrando.

 

Sus padres perdieron el trabajo y no lo encuentran, la tierra ha dejado de dar trigo,

 

es sólo un mar de estiércol donde hozan los cerdos y desfallece el viento.

 

Ya no pueden comer ni pan ni peces y no aparece Cristo a remediarlo.

 

Todavía es más grave la miseria que sufren los miembros del Gobierno, obligados

 

a camuflar la bola cual trileros. Con su tercera mano asen el cargo

 

que les brindan los amos en premio a sus servicios. Huele el aire a patíbulo,

 

a carne corrompida que atrae a todos los buitres. Duele ver el desfile de banqueros

 

-a un dulce paraíso, no a la cárcel-, quebrados por la avidez obscena de su alquimia: transformar la sangre de los pobres en dinero. Ángeles de alas de humo, gimen mientras abrasan la tierna flor del pubis de chiquillos,

con su mano-azucena de rozar el Misterio.

 

No respetan a Dios ni a nuestros hijos;

 

 

*      Fuente: https://elviradaudet.blogspot.com/

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-21-

 

 

 

se burlan de nosotros. La sangre me galopa como un enloquecido corcel envuelto en llamas. Me levanto la tapa de los sesos y dejo que se enfríen.

 

Más serena,

 

contemplo la central laboriosa del cerebro,

 

motor del terco avance de los hombres

 

desde el fondo más negro de la noche

 

-largo ha sido el camino del cándido primate

 

que estrenó el dolor de ser humano;

 

milenios defendiéndose del miedo. ¿Quién podría hacerle retroceder ahora? Descubro en sus alvéolos, como abejas dormidas en su celda, tesoros olvidados:

 

la dignidad cuando aún estaba entera, la utopía, más bella con los años,

la justicia, aire puro que a todos alimenta:

 

las cosas de valor que arrinconamos

 

y el azufre del tiempo fue borrando.

 

Mientras tanto ha llovido. Sobre su piel mojada, el campo adolescente nos muestra un bozo verde. La tierra, siempreviva de jugos minerales que rebosan sus pechos,

 

no renuncia a su misión de madre. Habrá pan, si nosotros aportamos un pequeño puñado de semillas, y atamos a los cerdos a una valla para que no destrocen lo sembrado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-22-

 

 

 

La palabra *

 

 

 

¿Quién me vende una palabra virgen, vibrante, cegadora cual una lumbrarada, para cantar al mar, mi último amante? La necesito viva, llena de sangre roja. La palabra precisa,

 

reluciente, limpia como una estrella, una palabra nueva

 

para llevarla hasta el altar del mar, el único milagro que conozco, con la veneración que se merece, como hace el cielo cuando le visita con la chispa azul del relámpago.

 

¡Oh, Juan Ramón, Cernuda, Federico Poesía uno y trino, sustancia consumada, sublimada materia derribada, carne abatida a tiros,

 

mustia y deshilachada en el exilio, y renacida luego, para siempre, en el verbo. Sí vosotros, poetas,

 

que domináis la magia de crear la belleza, prestadme la palabra nunca dicha.

 

Una sola palabra escueta y pura, carne de lunación iluminada, para acercarme sin vergüenza al misterio del mar

y su fondo sagrado de arrecifes,

 

que esconde la simiente de un dios bueno.

 

 

 

 

 

*      Fuente: https://elviradaudet.blogspot.com

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-23-

 

 

 

La trampa

 

 

 

Como una pobre rata va el hombre hacia su queso.

 

Están reunidos todos los amigos, regocijados

 

al verlo tan hermoso y anhelante. Le murmuran obscenidades al oído y acarician su nuca.

 

Sonríe él, agradecido, y les ríe los chistes.

 

La fiesta vale el salario de un año

 

y, satisfecho, el novio los ve beber champán, prepararle las sábanas y cantar parabienes.

 

Nadie le dice el precio del vestido de novia.

 

Aunque todos lo saben,

 

ninguno va a decirle que la esposa, debajo de los tules,

 

esconde una boca inmensa que acabará engulléndolo.

 

No le dicen que sus sueños, su ambición, su esperanza,

 

van a ser arrancadas

 

para adornar el adorado ombligo. Y sus huesos, si se salvan, serán paseados con cadenas.

 

Animada por músicas, velos y temblores entra la novia, ave perseguida.

 

Va dejando a su paso las espumas del velo, las plumas de su cola, de paloma alcanzada. Camina al paraíso corregido,

 

hacia la fortaleza conquistada, poniendo bridas

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-24-

 

 

 

al miedo de encontrarse en el bosque de vello donde el deseo amordazado del varón la espera. Va la virgen a poseer un dios dulce y viril,

 

a la isla fortificada de sus brazos, a la feria de los besos y el misterio, a salvarse del miedo, a la entrega.

 

Pero, ¿por qué nadie le dice ahora

 

que la crisálida sale hecha cenizas del abrazo, que su dios es un hombre destrozado y recompuesto,

 

que el misterio es un caos de amargura y vergüenza. Que mañana habrá de defenderse

 

del odio de su dios encadenado y su propia impotencia.

 

Y que el tierno almidón de las sábanas va a convertirse

 

en un violento e incandescente charco mineral? Hermosos, jóvenes, los dos enamorados

 

son conducidos por el órgano, el incienso, el pueblo entero, hacia la trampa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-25-

 

 

 

Libertad

 

 

 

Desde niña intuí que eras muy cara

 

al ver los descarnados rostros de tus amantes -a esas alturas, la mayoría había muerto con tu nombre de azúcar en los labios y un extraño fulgor en la mirada-.

 

Loca de mí, seguí su mal ejemplo

 

y me enganché al batallón de parias

 

que por hallarte pierden cuanto aman.

 

Nadie me dijo nunca al perseguirte que debería dejar en el camino

 

tajadas, aún sangrantes, de mi propio corazón; desprenderme del sueño del amor, romperme las costuras del cuerpo, desfondarme, y vaciarme entera.

 

No imaginé que ahora, al cabo despojada, te hallaría en el postrer recodo.

 

Finalmente soy libre, sin amos, sin horarios, libre de decir lo que quiera, llueva

 

o no el azufre, pues nada pueden hacerme ya. Mas me sabes a poco, perdona que te diga; ni por asomo eres la libertad soñada.

 

Libertad a deshora no me sirves

 

cuando todo hace aguas, el mundo retrocede y los jerarcas celebran tus exequias;

 

yo confirmo que tengo la pólvora quemada en batallas perdidas,

 

y el corazón latiendo a toda prisa como vierte el reloj la última arena, avanzando hacia nada.

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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Libertad, tus alas llegan tarde, con sarcasmo, a una guerrillera quebrada por la artritis,

 

a la amante con ceniza en la sangre que fuera ardiente lava,

 

a una madre que es nicho de sus hijos.

 

Y es más, sin esperanza

 

de que pueda llegar el hombre nuevo a este lodazal sin adjetivos.

 

Libertad que me duele como una puñalada

 

al ver que mis hermanos vuelven a ser esclavos. Y ahora te pregunto, ¿de qué puedes servirme sin cuerpo ni energía para cambiar el mundo?, sin amor, ¿de qué sirves?

 

Yo necesitaría un corazón para estrenar contigo Libertad, para vivirte

 

y sorberte hasta el tuétano la esencia, y tú sólo me sirves de notario para firmar mis últimas palabras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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Morituri

 

A Pier Paolo Pasolini, muerto a palos y enlodado por los hijos de la noche.

 

 

Esperad, antes que me golpeéis, quiero advertiros, hijos de la noche, implacables ángeles de las sombras, que sé llorar en todos los idiomas.

 

En francés he gemido, con éxito notable, en el Barrio Latino y en el andén del metro,

 

en tiempos de Ben Bella, de De Gaulle y Bumedian.

 

Al pie del Vaticano y en las playas de Ostia he llorado -en italiano, claro- a un cristo sucio de sangre y barro, de voz insobornable. Y en Wall Street, en Bowaris y en Harlem, acosada por millares de espectros, hombres sacrificados al dios Dólar,

 

mis lamentos han sido en un yanki perfecto. Asombraos, también sé gemir en griego antiguo. Lo he probado en el Ágora ateniense, mientras el tren pasaba desdeñoso y se tambaleaban los cimientos

 

del templo de Teseo.

 

Y también he llorado en el Pireo, junto a un sarnoso can apaleado. Pero lloro mejor en castellano,

 

en esta hermosa lengua, que es mi idioma, rizo el rizo del grito y el lamento, y no es por presumir de virtuosa,

que me ha costado sangre el aprenderlo.

 

Antes de golpearme, ahora que estáis a tiempo, decidme, azules criaturas de la muerte, ¿qué idioma preferís para el recreo?

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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Mujeres

 

 

 

Hay mujeres hermosas como estatuas de hielo, que viven entre pétalos y plumas

 

en el dulce refugio de las rosas. Todo es bello en sus vidas, delicado; no saben del dolor, nunca han amado. Los hombres las adoran, las protegen, roban por sus favores,

 

dan la vida por ellas: son las diosas.

 

Hay mujeres araña, perversas viudas negras, que tejen con sus lágrimas la tela

 

de sutil pedrería para cazar marido con fortuna, y luego devorarlo: son las brujas.

 

Damas sofisticadas, de dorada apariencia y corazón de cuarzo,

 

lo mismo que los ríos que se adornan con los oros prestados del otoño

 

y sólo guardan piedras en el fondo. O vulgares, con vocación de mando y agrio zumo, que únicamente gozan paseando a los hombres con cadenas.

 

Las hay puras y tiernas, niñas no terminadas, con candorosos ojos de vidriera, que por su perfección y su rareza

 

sus propietarios guardan celosos en vitrinas, como el mayor tesoro. Con el tiempo, pierden su juventud y su rareza; se convierten en objetos olvidados.

Hay mujeres “alegres”

 

que al amor se jugaron la vida en una apuesta.

 

Desahuciadas,

 

abren su tenderete de miserias

 

al paso clandestino de los hombres,

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-29-

 

 

 

con la muerte anidando en la mirada y la maleta llena de tristeza.

 

Y hay mujeres sencillas, con los ojos de agua y la carne de harina,

 

que aman, trabajan, paren, se deshojan aferradas a un sueño

 

-el más lento y cruel de los venenos-

 

y despiertan a golpes en una pesadilla. Un monstruo, baba negra y ojos turbios, se ha metido en sus camas y en sus vidas. Pasado el primer trago

 

-mitad terror y otra mitad de sangre-, adictas a la pócima de su amor obstinado,

 

se instalan en la esperanza inútil de que él cambie. Penélopes dolientes, ocupadas en destejer la trama misteriosa

 

que destruyó al muchacho enamorado. Los hombres las desprecian, las golpean; como animales mansos, ellas gimen bajito y se dejan llevar al matadero.

 

Las matan a diario, son tan sólo mujeres.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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No era inútil, Miguel

"Para la libertad sangro,

lucho, pervivo"

Miguel Hernández-

 

 

 

 

Ya desde muy temprano me enseñaron tus versos clandestinos. Cuando la libertad era un delito

 

y pronunciar tan hermosa palabra podía conducirte a la prisión, pensaba:

"Pobre Miguel, si hubieras intuido lo que nos esperaba al doblar tú la esquina envenenada de la vida"

Y se me atragantaba la libertad perdida,

lo mismo que una estrella de cristal astillada,

 

que abandoné en tu boca como un último beso royéndote la lengua y las encías.

 

Ay, España, ¿qué fue de tus poetas, los más puros brillantes que hubo en corona alguna?, ¿qué hiciste con su sangre, con sus huesos?

 

Y la pena me estallaba por dentro, llanto y trueno, al recordar tu limpia vida inútil, malgastada.

 

Inútiles tu sueño, tu esperanza, tu sangre, vuestra sangre, derramada. Y también

 

tu palabra, tus versos militantes, porque, ay, la libertad fue enterrada contigo, vencido y humillado contigo todo el pueblo, desangrado por la herida terrible

 

de la mitad de España amputada de cuajo, de un cuerpo que fue hermoso.

 

Y millares de espectros, escondidos entre las pocas piedras que quedaron en pie,

 

como muñones de los muros

 

que fueron arrastrados por la crecida de la sangre, tus hermanos.

 

Fuimos los herederos de tu sueño cadavéricos niños, atacados por la tisis, el tifus, la pelagra y el odio,

 

comidos por el miedo y la miseria,

y sin nada que comer; peritos en prisiones y astucias

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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para sobrevivir.

 

Durante mucho tiempo me ha amargado tu muerte, vuestra muerte, por inútil.

 

Menos mal, me decía, que la muerte es eterna y no pueden volver en un permiso

a contemplar la vida de los seres que amaron.

Me preguntaba si en algún momento al descubrir que la guerra iba en serio, obscenamente en serio,

al mirar a la muerte cara a cara en el campo de batalla, al brindar tu carne vegetal al cirujano, o cuando exangüe, espuma a espuma,

te escapabas de la prisión, la duda te clavó su diente venenoso.

 

Quizá al verte doblemente vencido, desguazado, en la nata de pena

 

de los ojos de la mujer que amabas, al sellar la esperanza

 

de jugar con tu hijo a cazar grillos,

te preguntaste si no sería inútil también tú,

si valía la pena penar tanto por ese pez de plata escurridizo con el que te llenabas tú la hambrienta boca.

 

Hoy sé, Miguel, que no era inútil. La libertad enterrada no se pudrió, protegida por la tierra empapada con la sangre, la tuya y la de tantos, demasiados.

 

Vuestra sangre comienza a germinar en hombres nuevos que gritan libertad como en aquel verano violento, pero esta vez sin ira.

 

Tu corazón, helado en varios tomos, vuelve a latir en los pulsos más nobles.

 

Vuelve la vida a restañar la herida de la muerte y las cuencas vacías

 

se han llenado de piedras luminosas abiertas al futuro,

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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incierto pero hermoso.

 

Gracias a ti, a vosotros, España resucita ya completa. Los gritos de los niños, que juegan en el parque mientras sus padres votan, de nuevo en democracia,

 

me han hecho recordarte y comprender.

 

No era inútil, Miguel, descansa en paz.

 

 

Madrid,15 de junio 1977

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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Origen

 

A los mineros en lucha

 

 

 

Aunque mi signo es de aire, paradójicamente, vengo de las entrañas mordidas de la tierra, de la honda caverna descarnada

 

situada diez pisos más abajo del reino de las ciegas alimañas, y el grisú venenoso de la mina;

 

el polvo del carbón es mi sustancia.

 

Los hombres que me dieron su apellido fueron todos mineros desde niños

 

-      ojos enrojecidos, enfermos de tinieblas, sin pestañas, donde la luz es una cicatriz,

 

un lejano recuerdo que aún duele en la retina-y sólo abandonaron la negrura del pozo para luchar en guerras diferentes,

 

aunque fueran la misma;

 

que todas las perdieron es ya historia.

 

Derrota tras derrota, regresaban

 

-los que no tuvieron la suerte de morir en la batalla o luego en la prisión-

 

más viejos y humillados. O lo hacían sus hijos, con su orfandad y su derrota a cuestas, como una herencia amarga, irrevocable.

 

En aquel agujero vecino del infierno, despiadado, vivieron su dolorosa infancia, rebeldes sometidos,

 

y aprendieron a odiar a los tiranos antes de que el amor les golpeara.

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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Por encima pasaron los inviernos, los veranos, la vida ajena a ellos, mientras se hacían hombres en la mina, con un disfraz oscuro que crecía con ellos, royendo la esperanza de la revolución.

 

-      ¡Qué terquedad en repetir la historia sin futuro de sus padres,

 

en vez de hacerse hombres de provecho!, procurador en cortes o ingeniero

 

son oficios más limpios y tienen menos riesgo-.

 

Arriba,

 

prácticamente a la altura del cielo,

 

la primavera esmaltaba de verdes la campiña, las muchachas lavaban en el río

 

con sus manos de lirio adolescente. Aunque era imposible mirar hacia lo alto, ellos lo presentían

 

en el ciego y preciso calendario de su desordenado corazón.

 

Polvo a polvo, eslabón a eslabón

 

de una larga cadena de dolor y miseria, huésped de un azaroso viaje,

 

yo soy el resultado del fracaso obstinado de una casta de pobres orgullosos de serlo, su pasado impregna mis tejidos del mismo zumo acre de la hulla

y los gases letales bullen en mi cerebro.

 

La sangre que fue suya y ahora me pertenece, ese río remoto y poderoso

 

que llegó a mis arterias a través de los siglos, cuerpo a cuerpo, era negra y esclava

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-35-

 

 

 

hasta que un día, con la primera luz, abrió los ojos

 

y vio la abrumadora, la insoslayable realidad, antes de derramarse generosa.

 

Ese caudal de polvo ennegrecido guerrea en mi interior con otra sangre,

más pulida y brillante, aunque igualmente pobre.

 

Al fin todos venimos de un viaje milenario con origen común en las cavernas;

 

el mismo rey desciende de un primate.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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Prisa

 

 

 

Nunca llegó a averiguar quién era. No tuvo tiempo de estudiar la ruta

 

de los mares profundos en su cartografía ni el mecanismo

 

que la piel ocultaba a sus ojos inquietos.

 

Ella fue sólo un número

 

-vestido de ternura-

 

que añadir a la suma,

 

un estreno festivo de sedas y amapolas.

 

Después, el ritual -ya conocido-

 

de su pubis de arándanos,

 

que se fueron agriando en la costumbre.

 

Sin conocerla,

 

la fue desconociendo poco a poco, hasta desvanecerse,

 

confundida en el blanco de la almohada. Ignoró el instante que sucede a la brisa, cuando la mar se abre como un cráter y muestra sus tesoros.

 

Se fue sin escuchar el canto puro

 

que brota -y justifica de algún modo la vida-con la última sangre del roto corazón.

 

Era demasiada mujer para su prisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-37-

 

 

 

Ratas

 

 

 

"¡Alerta, ciudadanos!, una feroz camada de hombres grises ha invadido la tierra. Son hombres de ceniza, despiadados, grises como el cemento, sin espina

 

dorsal que los sostenga de pie como a los hombres, aplastan las estrellas como chinches, y quieren apagarnos la luna y cosernos

 

los besos. Si los dejáis os beberán la sangre, arrasarán los sueños, junto al vino

 

y el pan que os alimentan. ¡Despertad! Vigilad noche y día a vuestros hijos, antes de que os los roben

 

y les saquen su corazón de tórtola,

 

o el hígado para hacerse un trasplante, como el hombre del saco

 

de los terribles cuentos infantiles.

 

A veces les succionan el cerebro

 

y los devuelven del infierno huecos,

 

sin voluntad ni risa, como cascos vacíos.

 

Sin trabajo, sin hogar y sin patria,

 

ya ni el cielo ni el viento os pertenecen:

 

son de estos hombres de humo que envenenan el aire con sus cuerpos podridos, donde anidan los números abyectos, causa de la miseria, mortal como la peste, que recorre la tierra. Ratas que mondan la hermosa piel azul

 

con el ácido verde de su orina, emborronando

 

el día de sucias serpentinas. Son los mismos que queman las cosechas para subir los precios y jugar en la bolsa con la hambruna.

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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Los que borran países de los mapas

 

con el pulgar enhiesto, y arrasan a los pueblos de civilizaciones milenarias -ay, Grecia-

 

con las bombas de su codicia en llamas. Hombres de gestos grises y próstatas zurcidas con el hilo de oro del manto de la Virgen, que viajan en vehículos blindados,

 

se esconden en altas madrigueras, protegidos por mil canes feroces

 

y duermen en sendas cajas fuertes: tienen miedo. Como estatuas de frágil escayola, desde su pedestal parecen fuertes,

vivos, aunque sepamos que no tienen corazón.

 

Los podréis conocer: toda la peste viste trajes de lana gris inglesa, tiene grises y escasos los cabellos, ojos de acero astutos, escondidos, que congelan la luz de la mañana. Utilizan palabras terminales

 

y su sueño voraz hiela la sangre:

 

quieren el Partenón, el Coliseo,

 

la Puerta de Alcalá; ser los dueños de Europa.

 

Nosotros les sobramos y van a devorarnos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-39-

 

 

 

Recuerdo paciente

 

 

 

En los años primeros de la infancia todo era sombrío; ante los ojos tengo

un charco de la calle que nunca se secaba.

 

Cual bandada de ángeles oscuros,

 

de una estética infame: las cabezas rapadas

 

y ellos desharrapados en sus jerseys de borra, pasaban los chiquillos con sus latas de asa

 

y una sonrisa de éxtasis en sus caras de barro para ir a comer al Auxilio Social.

 

¡Cómo les envidiaba aquel juego con premio asegurado!, prohibido para mí.

 

Carmen me trajo un día un trocito de queso amarillo y reseco, escondido en la manga tal tesoro de la amistad eterna, que a mí me supo a gloria.

 

Las mañanas tenían un velo desolado

 

que anunciaba a los bárbaros, que entraban en el barrio con la pistola al cinto y su ferocidad de dinosaurios.

 

A los niños que fuimos

 

todo nos fue imposible en los años aquellos:

 

las jirafas, los dioses, la alegría,

 

y mis ojos perdieron la inocencia. Ojos sucios de horror acumulado en las calles, las cárceles, las tapias, de mirar a los muertos cara a cara.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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Regreso

 

 

 

Vuelvo. He conseguido salir del agujero que un día me engulló siendo muchacha. La luz de la mañana me acaricia

 

como la tibia seda de unos brazos de madre. Es cierto que entre tanto ha pasado la vida, los amigos han muerto o no me reconocen. ¿Dónde están -se preguntan- sus ojos abismales que asustaban de bellos y profundos, la orgullosa mirada que exigía

el legado de los dioses? Ay, la felicidad.

 

¿Dónde se fue la flor de sus mejillas

 

y su cuerpo moldeado por el viento?

 

No me atrevo a decirles

 

que han pasado los años para todos y tampoco son ellos lo que eran. Sus fértiles cerebros,

 

donde ayer bailaban jubilosas las ideas, son urnas de cenizas

 

donde la vida ardida pasa, melancólica, su película de espectros.

 

La víbora salaz, antes guerrera, inofensiva

 

se esconde arrugadita bajo un faldón de grasa.

 

El rojo corazón es hueso negro.

 

¿Podría confiarles que vuelvo de una guerra, en las negras cloacas de mi alma,

 

con el saurio implacable que me habita y se bebió goloso el dulce plasma dejándome vacía como un traje? Que quemé los candiles de los ojos

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

-41-

 

 

 

luchando con las sombras como un ciego.

 

Mi corazón alimentó alimañas, mi cuerpo fue bocado de las ratas de la traición, la rabia, el desamor. ¿Les entristecerían mis delirios o me oirían lejanos,

 

desde la indiferencia de la muerte?

 

Como una pobre bestia que no puede quejarse, doy otra vuelta a la triste noria y pido una sonrisa de limosna

que me alimente el día de esperanza.

 

Regresar del infierno es un viaje muy largo, y no sé, al encontraros, si valía la pena.

 

 

De Cuaderno del delirio, inédito)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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Sólo soplo y temblor

 

 

 

Una noche, de forma inesperada, al regresar del cine, la vejez,

 

que acechaba mis pasos con paciencia, salió de entre las lanzas del domingo, vestida de crespón y perfumada a ungüento de desdicha;

 

me miró frente a frente y me cortó la risa lo mismo que una bala entre los ojos. No sangré por la herida imaginaria ni me desvanecí impresionada.

De hecho, no ocurrió nada

 

ni sentí dolor en parte alguna de mi cuerpo, sólo fue una ráfaga, un soplo y un temblor, pero al mirarme en un escaparate

 

vi    que ya no era yo la que miraba sino una desvaída y triste anciana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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Balance

 

 

 

Todo está consumado, es hora del silencio.

 

Os di la entraña,

 

lo que tuve más mío y verdadero en el extraño viaje que me correspondió:

 

el frío violeta y el horror de la España del grito sofocado por los ríos de sangre que pudrieron mis ojos infantiles.

 

Los grumos del dolor inconcebible,

 

mis tres mejores versos, escritos al futuro en la sangre más joven, más entera, coagulada en las rosas fallidas del invierno. Abrí sin compasión los labios de la herida para mostrar el cráter de lavas destructoras, la triste cordillera de cenizas

 

que invadieron la aorta y ahogaron el amor.

 

Es hora de callar, todo está dicho.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuaderno de poesía crítica nº. 153: Elvira Daudet

 

 

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Bibliografía:

 

 

 

-      https://elviradaudet.blogspot.com/

 

-      https://poesiamaspoesia.com/182-poesia-mas-poesia-elvira-daudet/

 

-      https://es.wikipedia.org/wiki/Elvira_Daudet

 

-      https://trianarts.com/elvira-daudet-versos-de-doble-filo/

 

-      Presentación de la Antología poética (1959-2012) por Ángel Guinda enlace

 

-      https://acento.com.do/opinion/elvira-daudet-una-poeta-im-prescindible-9071412.html

 

-      Página de Elvira Daudet Ediciones Evohé

 

-      Alacena Roja (edición digital)

 

-      Elvira Daudet y su cuaderno del delirio (Lanzadigital) (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial, la pri-mera versión y la última).

 

-      La poesía de Elvira Daudet (La Alcazaba)

 

-      https://www.poesiacastellana.es/noticias/elvira-daudet,-mu-jer-a-sangre-abierta

 

 

 

 

 

Cuaderno 153 de Poesía Crítica

 

Elvira Daudet

 

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