© Libro N° 12054.
A Propósito Del Teorema Económico. De Los Bienes
Autorreproducibles… Rosa Novalbos, Francisco. Emancipación. Enero 6 de 2024
Título original: ©
A Propósito Del Teorema Económico. De Los Bienes Autorreproducibles.
Análisis Gnoseológico Del Mismo: Interpretación Y Crítica. Francisco Rosa
Novalbos
Versión Original: © A Propósito Del Teorema Económico. De Los
Bienes Autorreproducibles. Análisis Gnoseológico Del Mismo: Interpretación Y
Crítica. Francisco Rosa Novalbos
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El Catoblepas • número 41 • julio 2005 • página 14: https://nodulo.org/ec/2005/n041p14.htm
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Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
A PROPÓSITO DEL TEOREMA
ECONÓMICO
DE LOS BIENES AUTORREPRODUCIBLES. Análisis Gnoseológico Del Mismo:
Interpretación Y Crítica
A
Propósito Del Teorema Económico
De Los
Bienes Autorreproducibles. Análisis
Gnoseológico Del Mismo: Interpretación Y Crítica
Francisco
Rosa Novalbos
Se
analiza desde la Teoría del Cierre Categorial el teorema económico de los
bienes autorreproducibles construido por Alfonso Barceló y Julio Sánchez,
atendiendo principalmente a los modos gnoseológicos utilizados y a las diversas
metodologías alfa y beta-operatorias entre las que se mueve. Se reflexiona
también sobre la relación de la categoría económica con las otras categorías
antropológicas
I.
Introducción
Pocos
dudarán de que la Economía sea una ciencia humana o ciencia social, con lo que
ello conlleva implícitamente, a saber, la sensación o la aseveración de que no
se trata de una ciencia exacta. En este artículo vamos a dar cuenta de por qué
esto es así, aunque también vamos a exponer ciertos contenidos (relaciones)
económicos que pueden considerarse exactos.
Desde la
Teoría del Cierre Categorial que ha construido o está construyendo Gustavo
Bueno [1992] el concepto de «ciencia» en su sentido más fuerte denota al
conjunto de las ciencias físico-químicas y formales. Pero existe un sentido
menos fuerte del concepto en el que caben las ciencias humanas y etológicas. La
fisura entre «ciencias humanas/etológicas» y «ciencias naturales/formales»
viene dada por el requerimiento de la neutralización de las operaciones
gnoseológicas, es decir, las operaciones de los científicos, para poder llegar
a construir identidades sintéticas, verdades necesarias, pues las operaciones
son el lugar de la contingencia. Esto, que es posible en las «ciencias
naturales» y formales se complica en las humanas y etológicas por la aparición
en su campo temático de operaciones propias de los términos a estudiar: las
operaciones que realizan hombres y animales en su vida diaria o en el
laboratorio. Evidentemente la contingencia no es absoluta y se pueden encontrar
patrones de comportamiento más o menos estables, por ello es posible algo así
como una ciencia, o saber, sobre estos campos; sin embargo, la mayoría de estos
patrones nunca serán absolutamente necesarios.
Ahora
bien, si fuera posible que las operaciones temáticas quedasen neutralizadas,
igual que quedan las gnoseológicas, podrían establecerse identidades
sintéticas, verdades, en estos saberes. En función de este requisito Gustavo
Bueno nos ha ofrecido una clasificación de las diferentes metodologías que
pueden presentar las «ciencias humanas y etológicas»; diferentes metodologías
que, además, darían cuenta de la perpetua, por constitutiva, polémica interna a
estos saberes sobre su objeto (campo temático), métodos, fundamentos, &c.
Estas
metodologías y su posible ejemplificación en Economía (siguiendo y ampliando lo
dicho en el artículo de Javier Delgado Palomar{1}) serían:
Metodologías-α1: cuando
la neutralización de las operaciones temáticas tiene lugar en el regreso a
factores anteriores (físicos, fisiológicos o neurofisiológicos) a dichas
operaciones. En tal caso se encontraría, si es que fuera cierta, es decir, si
sus supuestos hubieran sido demostrados por la neuro-psicología, la Teoría de
la utilidad marginal, en la que se basan posteriores desarrollos marginalistas
(microeconómicos) y neoclásicos. También estaría, según Javier Delgado Palomar,
la Termodinámica económica.
Metodologías-α2: cuando
la neutralización de las operaciones tiene lugar en el progreso a los
resultados de tales operaciones, construyendo procesos con leyes específicas
que no se reducen a tales operaciones, sino que las envuelven.
Este
progreso puede hacerse hacia contextos genéricos que envuelven también a
procesos naturales, metodologías-Iα2: en tal caso se
encontraría, por ejemplo, el modelo no lineal denominado «sistema
Lotka-Volterra» aplicado por Paul Ormerod [1994: 235ss.] a la relación entre
tasa de desempleo y porcentaje de beneficios –este modelo fue aplicado en los
años 20 por Lotka a ciertas reacciones químicas y posteriormente por Volterra a
las migraciones de peces en el atlántico–.
Pero
dicho progreso también puede realizarse hacia contextos específicos de las
situaciones humanas (estructuras culturales, por ejemplo): metodologías-IIα2.
En tal caso están la práctica totalidad de los desarrollos teóricos en
Economía, especialmente los clásicos{2}.
Luego
estarían las metodologías-β: aquellas que no han logrado segregar a
las operaciones, sino que se desenvuelven entre ellas, con el consecuente menor
grado de cientificidad:
Metodologías-β1: cuando
se regresa a operaciones o contextos operatorios envolventes, solo que este
regreso puede efectuarse desde objetos culturales o desde operaciones en
sentido estricto.
En el
primer caso, denominado metodologías-Iβ1, estarían las
investigaciones sobre el uso y la producción económica, más o menos inmediata,
de un determinado objeto (bien económico), por ejemplo, investigaciones del
tipo «economía de la vid en el sudoeste madrileño». Probablemente este tipo de
metodologías, por lo que toca a la economía, constituyan una fase interna a las
metodologías-IIα2, pero también pueden figurar como fase previa a
ciertas metodologías-IIβ1.
En el
segundo caso, metodologías-IIβ1, podría situarse el
paralelo al caso anterior con los servicios, así como, en general, todo tipo de
investigación sobre los antecedentes de determinadas operaciones (económicas)
de un sujeto, una empresa, antecedentes tanto a nivel contextual (operaciones
de otros agentes) como proléptico, intencional, del propio sujeto temático,
todo lo cual la mayoría de las veces pide internamente un desbordamiento del
campo económico hacia otras disciplinas como la política, sociología,
psicología o praxiología en general, situándonos en el horizonte de la
historia: la «historia económica» tendría en esta metodología su lugar propio.
Metodologías-β2: cuando
se progresa, en un sentido causal, desde las operaciones del sujeto
gnoseológico a las del sujeto temático, es decir, cuando el científico (social)
intenta determinar causalmente las operaciones del sujeto o los sujetos
investigados. Lo cual significa situarnos ante disciplinas prácticas que en el
campo económico serían, por ejemplo, la Administración de Empresas, la Gestión
Pública o la Política Económica.
II.
Exposición del teorema e interpretación
Pues
bien, con todo esto lo que intentaremos será ver qué tipo de cientificidad
existe en el llamado «teorema de los bienes autorreproducibles», construido por
Alfonso Barceló y Julio Sánchez{3}. Según
Barceló la ley que en él se extrae es local, esto es, para un sector económico
muy restringido, no obstante, es válida para distintos sistemas económicos y es
cuantitativamente precisa. Esta ley se apoya sobre el enfoque reproductivo de
Piero Sraffa y se configura, según Barceló, a partir de dos ideas (contextos
determinantes{4}, según
la Teoría del Cierre Categorial) que nunca antes habían sido combinadas:
1.
«Bienes parientes»
Dado un
método de producción y utilizando una determinada cantidad de factores
productivos –materias primas (m), auxiliares (x) medios de
trabajo (t), fuerza de trabajo (L), &c.– en el lapso t1,
se fabricarán un determinado número de unidades (f) del producto A:
m + x + t
+ L = fA
Hasta
aquí contamos con (el modo gnoseológico{5} de)
una definición, una definición construida a través de una
metodología Iβ1 (partimos del producto A y regresamos a las
operaciones de su producción) seguida de un primer modo (y acaso el decisivo)
de neutralización de dichas operaciones temáticas a través de la consideración
de los factores productivos, es decir, a través de un cierto cierre operatorio
objetual presente en la construcción de los términos denominados como «factores
productivos», cierre que no sería posible sin la existencia de algún cierre
proposicional, un teorema previo al que consideramos y en el que hubieran
intervenido. Dicho teorema podría denominarse como «teorema de la economía
reproductiva» y estaría presente en los modelos reproductivos{6},
construidos a través de metodologías IIα2. En dichos modelos el
precio de un producto (en este caso el producto A) se establece en función de
los precios de producción (costes más margen de beneficios). Las condiciones de
producción del producto A serían:
(m·pM +
x·pX + t·pT) (1+r) + L·w = f·pA
Se trata
de una ecuación (relación) en la que aparecen las cantidades utilizadas de los
distintos factores productivos multiplicadas por sus respectivos precios,
donde r es el beneficio (expresado en fracción de la renta
nacional) que se distribuye por igual entre todas las industrias, donde L es
la cantidad de trabajo utilizada, w es el salario por hora
trabajada y pA el precio del producto A. Esta
ecuación formaría parte de un sistema (modelo complejo) en el que deberían
aparecer las condiciones de producción de los mismos factores productivos para
poder establecer los distintos precios (relativos) de cada producto que harían
estable al sistema económico, es decir, que permitieran su reproducción
[Sraffa, 1960: 17-28].
Pues
bien, dos bienes son similares o parientes desde el punto de vista de la
producción si en ella se utiliza la misma cantidad de cada factor productivo,
aunque el método de producción sea distinto. No obstante, mientras en el mismo
lapso t1 se fabricaban f unidades del producto
A, del producto B se fabricarán g unidades:
(m·pM +
x·pX + t·pT) (1+r) + L·w = f·pA
(m·pM +
x·pX + t·pT) (1+r) + L·w = g·pB
Contamos
ahora con otro modo gnoseológico, el de la clasificación tipológica
(clasificación distributiva ascendente), que constituirá parte del contexto
determinante en el que se fraguará el teorema en cuestión: no tratará sobre
todos los bienes, sino exclusivamente de los parientes. Se ha construido un
término complejo a partir de una relación isológica entre dos bienes, lo cual,
en el eje sintáctico supone una relación entre dos relaciones, esto es, un
sistema de relaciones, un modelo complejo. Estaríamos ante un modo
gnoseológico mixto entre la clasificación y el modelo, aunque en rigor todo
modelo complejo (que conste de varias relaciones) requiere del paso previo de
la clasificación de relaciones (no de términos), ya sea tipológica, ya sea
agrupatoria (clasificación atributiva ascendente).
El
miembro izquierdo de cada relación, en el caso particular de los bienes
parientes, se denomina insumo distinguido (ID):
ID = f·pA
ID = g·pB
Este será
el contexto determinante de las dos identidades sintéticas con carácter
esencial que podamos construir. A partir de aquí, según el modo de la demostración,
se construye una identidad sintética, se extrae una característica de los
bienes parientes (que, no obstante no se utilizará en el teorema de los bienes
autorreproducibles). De las anteriores relaciones se sigue que:
f·pA =
g·pB
Agrupando
precios en un miembro y cantidades en otro:
pA/pB =
g/f
Quiere
esto decir que, en semejante lapso temporal, y con la misma cantidad de
factores productivos, se fabrican un determinado número de unidades (f),
del producto A que multiplicado por su precio (pA) ha de ser
igual al número de unidades del producto B (g), fabricadas en el mismo
lapso, multiplicado por el suyo (pB). Lo cual significa que
la relación valorativa entre esos dos bienes es una constante. Dicho valor
relativo no se verá alterado por ningún cambio sufrido en la economía (aumento
de precios, cambios en la distribución entre salarios y beneficios, &c.);
también se mantendrá con independencia del destino (consumidor) final.
Esta
identidad sintética «formal» entre términos económicos (precios y cantidades),
para poder segregar las operaciones gnoseológicas que llevan a su construcción,
especialmente las operaciones demostrativas, pero también las operaciones
clasificatorias, ha de convertirse en una identidad sintética material a través
del hallazgo recurrente de bienes parientes, de la identidad entre la razón de
sus precios (precio relativo) y la razón de sus cantidades producidas en el
mismo tiempo, así como por la constancia de dicha razón a través de diferentes
circunstancias; es decir, el teorema de los bienes parientes no termina en esa
identidad sintética «formal», sino que ha de comprobarse recurrentemente en
cada caso de bienes parientes; dicha identidad sintética «formal» ha de ser
re-construida materialmente en cada caso, y será a partir de las diferentes
identidades entre los diferentes cierres objetuales (precio relativo en el
momento 1, precio relativo en el momento 2, &c., razón de cantidades en el
momento 1, razón de cantidades en el momento 2, &c.), para cada caso de
bienes parientes, como pueda quedar demostrado el teorema en la medida en que
todos esos cursos operatorios gnoseológicos independientes confluyan en la
identidad sintética, ahora reconstruida materialmente. Dichas identidades
materiales, por cierto, se darán a través del modo de la definición,
aunque se trata de una definición objetual, no meramente proposicional, se
trata de la construcción de términos concretos a partir de términos concretos,
por ejemplo, la construcción del precio relativo a partir de los precios de dos
bienes parientes reales. Estos cursos operatorios independientes se
neutralizarán mutuamente, ya que la identidad no dependerá esencialmente de
ninguno de ellos en concreto, sino del conjunto distributivo de casos (lo cual
no significa que una excepción invalide el teorema, habrá que buscar las causas
de la excepción) y ni siquiera, pues si así fuera estaríamos ante una
estructura fenoménica. La relación entre estos cursos «verificativos» es
isológica, se trataría formalmente del mismo curso aplicado a una multiplicidad
de casos. Hay que tener en cuenta, pues, la relación heterológica que mantienen
estos cursos con el «formalmente» demostrativo, relación que también es fuente
de identidad sintética y de segregación operatoria mutua. Habríamos llegado a
esa identidad a través de diferentes cauces, lo cual la constituye como
esencialmente objetiva.
Así,
pues, habríamos alcanzado una estructura objetiva específica del campo
(antropológico) económico, según Bueno; nos encontraríamos ante una metodología
económica IIα2 –sin embargo, según Alvargonzález,
al haber alcanzado una estructura matemática estaríamos ante una
metodología Iα2–.
Si, no
obstante, hubiera una multiplicidad de casos de bienes parientes que no
cumplieran esta condición de la constancia de sus precios relativos, dada la
corrección formal del teorema, habremos de revisar alguna de las suposiciones
materiales, que decían los escolásticos, en particular habríamos de revisar el
modelo reproductivo de los precios de producción mencionado más arriba, pues
existen otros modelos de formación de los precios, como el de la oferta y la
demanda. La existencia de múltiples modelos de formación de los precios no
puede ser debida exclusivamente a la ideología o idiosincrasia de los
economistas, aunque sí el sostenimiento recalcitrante de algún modelo en según
qué casos, sino a las peculiaridades temáticas de los mercados reales investigados,
peculiaridades operatorias: no es lo mismo un mercado del sector industrial que
uno del sector financiero, y dentro del mismo sector pueden existir
peculiaridades locales. Estas variaciones operatorias en la formación de
precios particulares quedan envueltas por los datos estadísticos (según el modo
de la clasificación agrupatoria); envueltas, pero no segregadas. Si
a ello le añadimos la dificultad estadística para recoger datos fiables sobre
los precios (ya que el fraude fiscal, operatorio, por supuesto, está a la orden
del día), se producirán desviaciones, más o menos relevantes, de la identidad
sintética en cada caso, todo lo cual hace que las identidades sintéticas de
este campo sean algo precarias, es decir, que quizá no gocen del carácter
necesario que presentan las identidades sintéticas de otros campos. Y esto, por
cierto, tiene que ver con la imposibilidad de establecer principios de
la ciencia económica; lo que a veces se denominan como tales quizá no sean
sino postulados, normas operatorio-gnoseológicas{7}. Pero,
bueno, continuemos con el teorema de los bienes autorreproducibles.
2. Bienes
autorreproducibles
Para
construir el segundo esquema material de identidad partimos del modo de
la clasificación; Barceló [1992, pág. 84] clasifica
distributivamente los bienes económicos que existen en:
1. No
producibles: aunque se puedan extraer, como el petróleo,
carbón, &c.
2. Producibles:
2.1. No
re-producibles: bienes únicos, como las obras de arte.
2.2. Re-producibles: la mayoría de los bienes, los cuales se producen en
factorías resultando un gran número de artículos semejantes.
2.2.1. No
auto-reproducibles: bienes reproducibles artificiales, pertenecientes al sector
secundario, industrial.
2.2.2. Auto-reproducibles: bienes «naturales» (animales y plantas), una
de cuyas propiedades es la de autorreproducirse, generar por sí mismos nuevos
individuos de la misma especie.
Los
bienes autorreproducibles son aquellos animales y plantas que se reproducen
autónomamente, actividad que siempre han realizado en su hábitat natural,
aunque ahora se encuentran bajo control social. Obsérvese que se trata de una
clasificación que cursa a través de una metodología Iβ1,
pues estamos regresando a las operaciones de producción de los bienes y, en
rigor, estamos clasificando dichas operaciones{8}. Dichos
bienes poseen una tasa de reproducción que «es una variable biotecnoeconómica
que puede ser considerada como un parámetro específico para un período
histórico determinado, aunque no sea una constante atemporal» [Barceló, 1992:
137]. Barceló denomina a esa magnitud «tasa específica de excedente», y
según él se define formalmente como:
τA =
(cosecha de A - siembra de A) / siembra de A
Estaríamos
ante el modo de la definición. Originalmente no estamos, sin
embargo, ante una definición, sino ante una descomposición.
Tratándose de productos que entran en su propio proceso de producción y,
además, como parte más importante, la cosecha se puede descomponer en la
siembra y el excedente; siendo f la cosecha, a la
cantidad sembrada y e el excedente:
f = a + e
Que
expresada exclusivamente en términos de la siembra, resulta
f = a + τA·a
donde,
ahora sí, se define, aunque nominalmente, τA como «tasa
específica de excedente». También puede suponerse que se parte de la definición
del excedente como e = f - a, y luego, por otro lado,
descomponemos e en τA·a. Podría pensarse que
esta descomposición es más bien un recurso matemático, pero lo interesante del
caso es que, según Barceló, para algunos bienes dicha tasa es una variable con
largos períodos (históricos) de constancia. Lo cual supone que ha de existir
una identidad sintética entre las distintas mediciones de la misma a lo largo
de esos períodos, y esto ya nos pondría ante una franja de verdad. Esa medición
requiere la transformación de la descomposición en una definición, la que nos
ofrece Barceló; y la identidad sintética entre valores constituye
estructuralmente a dicha tasa en un término esencial (en principio bio-técnico,
aunque considerando su inserción en el teorema podrá considerarse económico) y
a su definición en un principio pragmático normativo del
mismo, aunque genéticamente se trate de una definición secundaria o subsidiaria
respecto de la clasificación por desmembramiento. Será precisamente esta tasa
la que permita distinguir gnoseológicamente entre los bienes reproducibles y
los autorreproducibles. Ahora bien, ¿ante qué tipo de metodología estaríamos?
Partiríamos de las operaciones de siembra (cuidados) y de cosecha
(reproducción), regresando a las cantidades de producto utilizadas y
conseguidas; en términos de Bueno estaríamos ante una metodología IIα2,
sin embargo, al considerar la construcción de la tasa específica de excedente
podríamos estar regresando a factores naturales, no ya en Iα2,
sino incluso en α1, si es que dicha tasa coincidiera con la
tasa de reproducción de la especie. Habríamos construido un término biológico.
Sin embargo, dicha tasa no es exactamente una constante (en el sentido estricto
como pueda serlo la constante de la gravitación universal o la de Planck) y su
variación tampoco depende de causas biológicas: los animales y plantas a los
que nos estamos refiriendo se encuentran bajo control social, es decir,
requieren de ciertos cuidados para mejorar la producción, así pues, la
transformación de la tasa específica de excedente será consecuencia de una
transformación en los métodos de producción (abonos, cuidados veterinarios,
cruces de variedades, modificación genética directa...). Como puede observarse,
las operaciones no desaparecen del campo económico (aunque al alcanzar
estructuras objetivas nos moveríamos en una metodología IIα2,
o según Alvargonzález en Iα2), y no desaparecen hasta el
punto de poder comprometer la cientificidad de ciertos desarrollos, esto es,
hasta el punto de poder cancelar la recurrencia de determinadas identidades
sintéticas: en el caso que nos traemos entre manos se podrían fallar ciertas
predicciones y retrodicciones (podría no haber identidad entre la construcción
de términos concretos a partir de la teoría y la medición de tales términos en
el campo) si nos salimos del período histórico-técnico para el que rige la tasa
que estemos utilizando, es decir, si los sujetos operatorios han transformado
sus métodos de producción (en las predicciones) o si no lo habían hecho todavía
(en las retrodicciones). Tras una predicción o retrodicción fallida, la
investigación de la causa del fallo, en este caso por transformación de la tasa
de excedente, se movería en una metodología Iβ1. Estas
consideraciones, sin embargo, nos sacan del teorema que nos traemos entre
manos, teorema que a partir de aquí se desenvuelve enteramente en IIα2.
3.
Síntesis
Con todo
lo anterior Barceló expone el caso de dos bienes autorreproducibles que posean
un mismo insumo distinguido (una primera identidad sintética fenoménica,
condición de la identidad sintética esencial final), es decir, que además sean
parientes (trigo y cebada, por ejemplo). Las condiciones de producción serían
las siguientes:
a·pA +
ID = (a + τA·a) ·pA
b·pB +
ID = (b + τB·b)·pB{9}
Este es
el contexto determinante en el que se construirá la identidad
sintética sobre los bienes autorreproducibles. Se trata del modelo de los
bienes parientes en el que se han sustituido las cantidades finales
(producidas) por la suma de las cantidades iniciales (a, b) más el
excedente (τA·a, τB·b). En el primer miembro
también se introducen, fuera del insumo distinguido, las cantidades iniciales
del producto. La construcción de este modelo, a partir del de los bienes
parientes, requiere de dos modos distintos de operaciones clasificatorias: por
un lado la descomposición de los factores productivos en el
insumo distinguido y en el valor de la cantidad de producto inicial (siembra),
por otro la composición o agrupamiento del sistema de
relaciones (modelo complejo) con el sistema de descomposiciones f = a +
τA·a, g = b + τB·b, seguido por la
sustitución de variables. Obsérvese que ambos cursos operatorios son
independientes. A partir de aquí se continua según el modo de la demostración.
Por la propiedad distributiva:
a·pA +
ID = a·pA + τA·a·pA
b·pB +
ID = b·pB + τB·b·pB
De donde:
ID = τA·a·pA
ID = τB·b·pB
Luego:
τA·a·pA =
τB·b·pB
Que se
trata de una identidad sintética entre los valores del excedente; de la cual
finalmente:
pA/pB =
τB·b / τA·a
Según
Barceló, esta es una relación presente en todo tipo de economía (esclavista,
feudal, capitalista o socialista), a pesar de pertenecer a un sector económico
muy reducido.
La
diferencia con la identidad establecida para los bienes parientes no
autorreproducibles es que la relación entre precios (o precio relativo) es
idéntica a la relación inversa entre excedentes, no a la relación inversa entre
cantidades finales producidas. Sólo en el caso de que las cantidades iniciales
de siembra y sus precios fueran los mismos para ambos productos, estaríamos en
el caso de los bienes parientes analizado antes, pues el valor de la siembra en
el miembro izquierdo de la relación entraría a formar parte del insumo
distinguido. Por cierto, tendría muy poco sentido gnoseológico intentar
equiparar las dos situaciones (bienes parientes facturados y parientes
autorreproducibles) construyendo una tasa de excedente para los productos
facturados, en primer lugar porque su campo de aplicación sería más reducido
aún que el de los autorreproducibles (por ejemplo, la construcción de hardware,
en la cual se usan ordenadores, o la producción de combustible, en la cual
también se usa combustible) y en segundo lugar porque dicha tasa sería más
variable que la propuesta por Barceló, cercana a una tasa biológica, debido a
que los métodos de producción industrial se transforman mucho más rápido que
los agropecuarios.
Ahora
bien, la identidad sintética final que introduce a la relación entre precios y
excedentes de bienes parientes autorreproducibles en el sector ontológico o
semántico de las esencias es la que se produce en los cursos «verificativos»,
es decir, en el progreso (salvo que en el caso de las metodologías α2 haya
que hablar de regreso) de las esencias a los fenómenos, al igual que hemos
considerado en el teorema de los bienes parientes. Y es que nos consta que gran
parte de los modelos económicos construidos son puramente teóricos o formales
(proposicionales, «modelos externos» [Bueno, 1972: 62-67]), no parten de
estructuras fenoménicas desde las que regresar (o progresar) a estructuras
esenciales, sino que parten fundamentalmente de definiciones y modelos ya
construidos (puede que con contenido objetual, en el mejor de los casos), y
proceden por demostraciones proposicionales, sin construcciones objetuales (de
las que debería constar los auténticos «modelos internos», como los físicos).
Sin embargo, la «verificación» de campo dota de contenido objetual, fisicalista
y fenoménico, a los teoremas meramente proposicionales. Una estructura esencial
sólo será tal cuando pueda dar cuenta de algunos fenómenos (o estructuras
fenoménicas), se construyan estos antes o después del teorema. Esto no quita
que la construcciones objetuales y las proposicionales tengan sus ritmos
propios, pero la verdad de éstas sin aquellas ha de ser tomada con cautela,
quizá provisionalmente.
* * *
Por
último nos queda interpretar el teorema desde la tabla de las categorías
económicas que construyó Gustavo Bueno [1972: 47-110]. Pues bien, lo cierto es
que tal y como Bueno dejó dicha tabla nos resulta muy difícil interpretar estas
relaciones económicas. Lo que Bueno hizo en ella fue establecer los principios
constructivos del teorema de la reproducción económica (postulados, si
consideramos que el teorema no es verdaderamente demostrativo), lo cual no es
poco, porque quizá sea desde dicho teorema desde donde pueda empezar a
construirse una teoría económica materialista, no meramente especulativa, así,
por ejemplo, lo sostiene Barceló [1992: 79 ss.]. Y si esto es así es porque
mediante dicho teorema y dichos principios se establece el cierre categorial
económico (al menos el académico), el «corte» con otras disciplinas
antropológicas. Sin embargo, la mayor parte de los conceptos económicos, al
menos los más importantes, no quedan reflejados en dicha tabla; de hecho al
tratar algunos de ellos (utilidad marginal, propensión al consumo) la
referencia a la tabla es mínima [Bueno, 1972: 107-110]. Es más, incluso la
representación del concepto de moneda parece un añadido ad hoc,
principio de cierre, sí, pero no extraído de la matriz. En cualquier caso, a
partir de la tabla no es imposible la interpretación de los distintos conceptos
económicos, lo que ocurre es que resulta poco ilustrativo debido a que la
mayoría de ellos quedarían representados por las flechas que, a su vez,
representan los movimientos de bienes en el plano económico, y es que la
mayoría de dichos conceptos serían relaciones que brotan en la circulación
(recurrente) de los bienes. La metáfora del «brote» nos viene bien para la
propuesta que vamos a hacer. Se trataría de considerar a la matriz original
como plano base sobre el que se levantaría, «brotaría», una dimensión
sintáctica cuyos elementos serían los distintos conceptos económicos, el
primero de los cuales sería la moneda, constituyendo con ello el espacio de los
precios y representando, en la simploké con el plano original, el cierre
económico real. Sobre los precios podrían ir situándose otros conceptos, si
bien hemos de tener en cuenta que la relación entre los conceptos no es la mera
adición, no son puntos ni intervalos de un eje geométrico; de igual modo la
relación entre módulos tampoco es aditiva, ni lo es la de los bienes,
especialmente en el momento de la producción. La relación entre estos conceptos
es la que viniera determinando la teoría económica, una relación en simploké,
pues todo concepto ha de estar relacionado con otros, pero no necesariamente
con todos ni, mucho menos, todos entre sí. Como tampoco todo concepto podría
cruzarse con cualquier cuadro de la tabla: el IPC no tendría sentido cruzarlo
con el bien d que demanda o produce el módulo o sujeto 4,
sino con el conjunto de bienes que representa la cesta de la compra (un bien de
tipo 1, por ejemplo), cesta que demanda el conjunto de sujetos que representa a
los consumidores.
Pues
bien, para el caso que nos atañe, en primer lugar deberíamos agrupar o
considerar exclusivamente los bienes parientes, aquellos que poseen el mismo
insumo. La primera relación considerada, la que establece la constancia en el
precio relativo de dos bienes parientes, se situaría en el campo abstracto (dos
dimensiones) constituido por los precios y cantidades levantado sobre la clase
abstracta de las parejas de bienes parientes; aquí se situaría la relación
«formal»; la relación «material» habría que situarla en el espacio concreto que
representaría su cruce con la matriz original, allí donde los precios y
cantidades toman valores concretos en un determinado momento histórico. De este
modo podemos considerar los movimientos gnoseológicos del regreso y del
progreso: regreso (si es que existe) del espacio histórico-económico concreto a
su dimensión formal, sintáctica, y progreso de ésta a aquél
(verificación/falsación en el caso de que no hubiera regreso previo, sino mera
construcción formal). Del mismo modo la relación entre los precios de los
bienes autorreproducibles se conformaría en la subclase de bienes parientes que
son, además, autorreproducibles. Sobre estos construiríamos el concepto de tasa
específica de excedente, concepto en principio meramente técnico, pero que ha
de considerarse económico por su «participación» en el teorema. La relación
«formal» se establecería en el campo abstracto constituido por precios,
cantidades y tasas de excedente levantadas sobre la clase de bienes
autorreproducibles; su «materialización» estaría dada en el espacio económico
real, en la simploké con la tabla.
Creo,
pues, que este esquema tridimensional daría mejor cuenta de los conceptos
económicos.
III. A
modo de conclusión
Como ya
se habrá supuesto, el modelo económico reproductivo que sirve de base a los dos
teoremas es perfectamente interpretable en términos de la tabla original. Ahora
bien, esto supone que los precios son el producto de una relación real entre
módulos (sujetos) a través de bienes (objetos) o más bien, de un conjunto de
compra-ventas, compraventas que se hallan envueltas en un gran número de
relaciones o normas antropológicas no necesariamente económicas. Precisamente
la virtud de la tabla original construida por Bueno consiste en que sirve de
base para el levantamiento de las múltiples categorías antropológicas, tanto
radiales como circulares, que darían cuenta de esas relaciones no económicas.
Esto se debe a que la tabla representa el campo antropológico abstracto (sobre
el cual se podría levantar el eje angular). Pero entonces la representación del
espacio antropológico real vendría dado por un espacio n-dimensional
donde el número de categorías antropológicas sería n-2. Esta
simploké de categorías, real y filosófica, contiene en sí misma,
dialécticamente, la crítica a cada una de dichas categorías, una crítica que se
ejerce, ante todo desde el progreso a unos fenómenos que no validan la
categoría desde la que se construyen (no se produce identidad sintética con los
datos reales recogidos), lo cual requiere de un nuevo regreso, pero ahora no ya
a la categoría original, sino a la simploké; regreso, por cierto, que se
construye según metodologías β1 (como ya hemos visto
anteriormente), pues lo que se busca es la causa operatoria temática del
fracaso predictivo, es decir, del dato que no se identifica sintéticamente con
el término construido desde la categoría.
La
conclusión sería, pues, que las ciencias humanas, entre ellas la Economía, no
sólo se encuentran en un estado de fluctuación interna entre metodologías
debido a la presencia de operaciones temáticas, sino que, por la presencia de
las mismas, se encuentran en una crítica mutua constante, crítica mutua cuyo
campo de batalla es el espacio histórico-antropológico.
Bibliografía
Alvargonzález,
David: (2000) «Análisis gnoseológico de la Teoría de Juegos», El
Basilisco, 2ª época, nº 28, 2000, págs. 17-36.
Barceló,
Alfons: (1992) Filosofía de la economía. Leyes, teorías y modelos,
Icaria-Fuhem Barcelona, 1992.
Bueno,
Gustavo: (1972) Ensayo
sobre las categorías de la economía política, La
Gaya Ciencia, Barcelona, 1972.
—
(1992), Teoría del cierre categorial, Vol. 1, Pentalfa,
Oviedo, 1992.
Delgado
Palomar, Javier: (2003) «La Economía como disciplina científica», El
Catoblepas. Revista crítica del presente, 13, 2003, <en línea:
http://nodulo.org/ec/2003/n013p13.htm >
Ormerod,
Paul: (1994) Por una nueva economía. Las falacias de las ciencias
económicas, Anagrama, Barcelona, 1995.
Sraffa,
Piero: (1960) Producción de mercancías por medio de mercancías,
Oikos-tau, Vilassar de Mar (Barcelona), 1975.
Notas
{1} Javier
Delgado Palomar, «La Economía como disciplina científica» (ver bibliografía).
En este artículo Delgado Palomar no distingue los subtipos de metodologías α2 ni
los de β1; la omisión no es grave ya que el artículo tampoco está
dedicado expresamente a ello y una mínima atención quizá hubiera supuesto hacer
dicho artículo demasiado extenso.
{2} Hemos
de hacer notar la diferencia que existe a este respecto entre la concepción de
Gustavo Bueno y la de David Alvargonzález sobre las metodologías Iα2 y
IIα2: mientras que para Bueno en Iα2 sólo entrarían
aquellos métodos cuyas relaciones construidas fueran comunes a procesos dados
en la naturaleza, como el sistema Lotka-Volterra comentado, para Alvargonzález
[2000: 26] entrarían también todos los métodos que construyeran relaciones matemáticas,
aunque no fueran comunes a ningún proceso natural, por ejemplo, las curvas de
Kondriatev, que para Bueno, en cambio, pertenecerían a las metodologías IIα2.
Alvargonzález deja exclusivamente para IIα2 las metodologías
que alcanzan estructuras culturales no cuantificables. En los economistas
clásicos existen desarrollos de ambos tipos: relaciones matemáticas entre
términos económicos y estructuras propiamente culturales, normativas; para no
extendernos en la polémica seguiremos a Bueno.
{3} Barceló
A. y Sánchez J., Teoría económica de los bienes
autorreproducibles, Oikos-Tau, Barcelona, 1988. Para este análisis, en
cambio, me he guiado por el resumen ofrecido en Barceló 1992: págs. 135 ss.
{4} Se
trata de contextos determinantes, y no de esquemas materiales de identidad
porque en ambos se gestan identidades sintéticas, aunque éstas luego no figuren
en el contexto determinante final.
{5} Sobre
los modos gnoseológicos: Bueno, 1992: 133-138 y 141-143.
{6} Por
ejemplo, en Sraffa, 1960. Esta es, por cierto, la forma en que Gustavo Bueno
consideraba que debía cerrarse categorialmente la economía: a través de un
proceso productivo circular y recurrente, es decir, reproductivo [Bueno, 1972:
57-60, 91ss.].
{7} Sobre
los principios y postulados: Bueno, 1992: 133-140.
{8} Una
clasificación, por otro lado, bastante precaria. En efecto, la distinción entre
bienes extraíbles y producibles podría fundarse en la distinción entre
operaciones de separación y operaciones de unión o ensamblaje, sin embargo, se
trata de una distinción ideológica por cuanto se supone que aquello que se
extrae ya estaba allí y sólo hace falta separarlo de la tierra o de la ganga;
además en las industrias extractivas modernas maquinizadas es difícil
distinguir entre separación y acercamiento, pues para separar algo primero
hemos de haber acercado los instrumentos (de igual modo, en la producción,
después de haber ensamblado las partes hemos de separar los medios de trabajo
del producto (semi)facturado). Tampoco se puede decir que el sector industrial
transforme la naturaleza mientras que el extractivo no lo hace, puesto que las
materias primas ya suponen un alto grado de transformación, la minería
especialmente, que utiliza procesos químicos. Ambas distinciones, en cualquier
caso, parecen más bien praxeológicas que económicas. Una distinción más
económica sería aquella que regresara a los factores de producción/extracción,
y la diferencia estaría en que las industrias extractivas, productoras de
materias primas, no utilizarían materias primas a su vez. Utilizan, no
obstante, materias auxiliares, materias que se consumen en el proceso de
producción, pero de nuevo estamos ante una distinción praxeológica, o más bien,
técnica, pues ambos tipos de materias, consideradas desde su valor, entran a
formar parte del valor del producto facturado. Otro posible criterio de
distinción sería la agotabilidad de las materias primas, que supondría la
imposibilidad de recurrencia de las operaciones de extracción. Ahora bien, si
se agotan ciertas materias primas, se imposibilita la fabricación de según qué
productos, y por tanto se cancela la recurrencia de sus cursos operatorios.
Este criterio puede parecer rebuscado por la falta de necesidad de regresar a
las operaciones, sin embargo, es congruente con el criterio de distinción
interno a los bienes producibles: bienes únicos / bienes re-producibles. Está
bastante claro que los bienes únicos lo son por el aura que les proporciona la
producción o uso de algún sujeto relevante, artista o santo. Se trata, pues,
del regreso a un único curso operatorio (efectivo, mientras que en el caso de
la extracción sería potencial). Por último, la distinción entre bienes
reproducibles y bienes autorreproducibles posee resonancias animistas en la
medida en que se regrese a las operaciones de los propios bienes, regreso
pertinente en el caso de los animales, pero no en el de las plantas, y como si,
además tales procesos, que no operaciones, no estuvieran asistidos por las
operaciones humanas, especialmente por las técnicas veterinarias, de manipulación
genética, desbrozamiento de la tierra, abono... O como si en ciertas industrias
extractivas no existieran procesos de autorreproducción (pesca, tala para
madera...).
{9} No
estoy seguro hasta qué punto es correcto el razonamiento, pues creo que el
factor productivo autorreproducible, b·pB y su
homólogo (a·pA), debería estar multiplicado por la tasa de
beneficio (1+r), lo cual produciría una relación final ligeramente
diferente: pA/pB = [(τB -
r)/(τA - r)] · (b/a). Sólo en el caso de que el beneficio
fuera muy pequeño y/o la diferencia entre a·pA y b·pB fuera
despreciable estaríamos en el caso que nos presenta Barceló. De hecho, en su
exposición introduce otro sumando en el primer miembro, RA y RB,
representantes del valor de otros insumos y valores añadidos, pero que, en
cambio son despreciables en comparación con ID; probablemente entre
dichos valores añadidos se encuentre el beneficio que le corresponde a la
explotación en cuestión, con ello el razonamiento volvería a ser correcto;
correcto desde un punto de vista técnico, mas no formalmente. Técnica y
políticamente quizá sean despreciables ciertos valores añadidos, ciertos
términos, pero su eliminación formalmente arbitraria quizá comprometa la
cientificidad, la veracidad de la identidad sintética construida.


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