© Libro N° 12047.
Para Una Crítica Marxista De Los Medios De
Comunicación. Reymond,
Mathias. Emancipación. Diciembre 30 de 2023
Título original: ©
Para Una Crítica Marxista De Los Medios De Comunicación. Mathias
Reymond
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Comunicación. Mathias Reymond
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Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
PARA UNA CRÍTICA MARXISTA
DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Mathias Reymond
Para Una
Crítica Marxista De Los Medios De Comunicación
Mathias
Reymond
“El
procedimiento siguiente de la prensa burguesa es siempre y en todos los países
el más
corriente y el más ‘seguramente’ eficaz: mientan, griten,hurlen, repitan la
mentira,
‘siempre
quedará algo’”.
Lénine, la
Pravda nº 32, 14 de abril de 1917.
“¿Boicotear
la televisión burguesa? Si hacemos esto, nuestro mensaje no pasa en
ninguna
parte.”
Alain
Krivine, dirigeant de la LCR (Ligue Communiste Révolutionnaire),
Libération,
28 de abril de 2008
Karl Marx y Friedrich
Engels (1967) notan que “el gobierno moderno no es sino un comité
que administra los asuntos comunes de la clase burguesa entera”. El Estado
es así una superestructura garante de la dominación de la clase capitalista:
detrás de una fachada de instituciones libres y democráticas, la clase
capitalista ejerce el poder. Este examen crítico del Estado puede extenderse a
la gestión de los medios de comunicación dominantes. Bajo la cobertura de
libertad de prensa, de reglas estrictas de protección de los periodistas y del
derecho a la información, los ‘medios’ son un instrumento para salvaguardar el
capitalismo y mantener la clase dominante en una posición de clase dominante.
En una
perspectiva económica del análisis de los medios, los trabajos marxistas en
materia de crítica de las administraciones públicas, a partir de aproximaciones
pos y neomarxistas, y resumidas por Clyde W. Barrow (1993),
pueden aplicarse al universo mediático. Los medios son, como el Estado, un
instrumento de dominación para la clase capitalista, y su estructura es
intrínsecamente capitalista.
Una
aproximación instrumentalista
El
análisis inicial de los medios puede ser aquel de una aproximación
instrumentalista, en la cual éstos no serían más que un instrumento de
propaganda al servicio de la clase dominante, y tendrían como función reforzar
y garantizar la estructura de clase en sí misma por el sesgo de la información
que se difunde en ellos: a las clases populares el deporte y los juegos, a las
clases burguesas la cultura y la información. Emisiones (¿transmisiones?)
alienantes que imponen lo que hay que pensar (o no pensar) para los unos,
emisiones (¿transmisiones?) de propaganda que [imponen: prescrivent]
lo que hay que pensar para los otros.
Esta
separación objetiva del rol de los medios se expresa precisamente en las fechas
electorales y consultativas. Los medios de grandes audiencias (televisión,
emisiones populares) deciden respecto a lo que hay que pensar: a la vida
privada de personajes políticos y esto al detrimento de los debates de fondo.
Los medios de opinión (prensa escrita, editorialistas vedetes) arbitran lo que
hay que pensar: una izquierda de derecha o una liberalización de la economía…
(M. Reymond & Gr. Rzepski, 2008). Pero a veces sus roles se confunden; en
mayo de 2005, los medias defienden los intereses del capital y, con escasas
excepciones, sostienen masivamente el ‘sí’ al referendo sobre el Tratado
Constitucional Europeo prescribiendo [¿?] ‘lo a que hay que pensar’ (el Tratado)
y ‘lo que hay que pensar’ (sí) (Maler y Schwartz, 2008). Tres años más tarde,
los medias de manera unánime hacen diversión y [zanjan] respecto ‘a lo
que no hay que pensar’: el nuevo Tratado europeo (Perais)… Durante las
confrontaciones electorales y de referendos, las orientaciones mediáticas están
de hecho, siempre indexadas sobre los intereses de los capitalistas.
Por
tiempo de movilización social, si los medios dominantes no sirven siempre los
intereses capitalistas, nunca los contradicen. Así mimo apoyaron el Plan Juppé
en 1995 y las reformas sobre las pensiones de 2003 y 2007.
Privilegiando
las crónicas económicas y financieras a las crónicas sociales (Halimi, 1999),
ofreciendo la palabra a un paquete de expertos que, en sus actividades anexas,
están a los órdenes de los capitalistas (Jacques Marseille, Elie
Cohen, Nicolas Baverez o Jacques Attali),
lesionando los partidos políticos progresistas a favor de la clase capitalista
porque están dominados por esta misma. De este modo, glorifican los provechos
de un sistema económico, que los alimenta y falsifica los debates (ver las discusiones
trucadas sobre el ‘agujero de lo vivido’ (Duval, 2008) 1, o la
deuda ‘faraónica’ de Francia (Plane, 2008) y domar a los más timoratos
(sociólogos mediáticos y militantes del domingo).
La clase
capitalista está entonces en condiciones de instrumentalizar a los medios para
dominar al resto de la sociedad, y puede constituirse en clase propagandista.
Cuatro herramientas le procuran los recursos de ejercer su dominación
ideológica a través de los medios (Barrow, 1993: 24-25):
1. La
colonización de las estructuras formadoras de los periodistas (financiamiento e
intervenciones en las escuelas de periodismo) (Ruffin, 2003);
2. La
selección de los redactores en jefe y de los directores de los medias (hoy en
día, un buen director de periódico debe ser un administrador con una habilidad
confirmada);
3. La
planificación de las líneas editoriales (ocultación de los temas sociales,
tratamiento de los sujetos bajo el ángulo empresarial, disparidad cuantitativa
y cualitativa en las entrevistas a las personalidades políticas);
4. La
impregnación doctrinal (en las escuelas, universidades, pero también a través
de la cultura y del deporte: exposición predominante de los valores del
mercado, del individualismo, rechazo de lo colectivo…).
Favorables
al Tratado Constitucional Europeo, a la mundialización liberal, a la valoración
de las empresas, al descompromiso progresivo del Estado en la Economía, a la
modernización del Partido socialista, los grandes medios están constantemente
en osmosis con el Medef (Movimiento de Empresarios de Francia). “La ‘clase
dirigente’ de la sociedad capitalista, explica Ralph Miliband, es
la que posee y controla los medios de producción y es capaz, en virtud del
poder económico por el cual, de este modo, se encuentra investida, de utilizar
el Estado como instrumento de dominación de la sociedad” (Miliband, 1973:
33). Esta clase es también la que posee y controla los medios de producción y
de difusión de la información (televisión, prensa, radio, libros, películas,
entre otros), y en todas partes, puede utilizar su imperio mediático para
vender (sus productos), para promover (sus ideas) y para deformar (los hechos).
Una
aproximación estructuralista
Los
medios ofrecen a la clase dirigente sus galones de clase dirigente. Esta
perspectiva sugiere que el advenimiento al poder de otra clase social le
permitiría mantenerse y tomar la posta, a su vez, de su propaganda ideológica.
Empero, la estructura de los medios, el funcionamiento económico de la prensa y
la gestión de la difusión hacen imposible cualquier horizonte de evolución.
En su
modelo de propaganda, Noam Chomsky y Edward S. Herman presentan
varios filtros que permiten a los gobiernos y a los intereses privados de hacer
pasar su mensaje y de marginalizar la crítica y las opiniones divergentes
(Chomsky y Herman, 2003: 1). Entre estos filtros, dos ilustran la dependencia
financiera de los medios frente a los capitalistas: la propiedad privada de los
medios de información y la publicidad como fuente principal de financiamiento.
Que sean
sus actividades exclusivamente mediáticas o no, las empresas que poseen los
medios son capitalistas 2. La servidumbre de los medias dominantes
respecto a los intereses de la clase capitalista se explica por los
financiamientos que los hacen vivir: toda crisis del capitalismo conlleva una
disminución de las recaudaciones de los medios.
La
creación de diarios financiados por la publicidad, la mutación de las empresas
de medios que se vuelven multimedias y la declinación hasta el infinito de las
cadenas temáticas, no son sino el biombo de un pluralismo imbecilizado, que
sigue dando sombra a las conexiones y alianzas entre los grupos: la pluralidad
de los órganos de información no implica el pluralismo de la información.
Los
cuatro grupos mediáticos más grandes del mundo: News Corporation (con
un capital de 54,6 miliares de dólares en 2008); Time Warner (50,1
miliares); Walt Disney (35,5 miliares) y Bertelsmann (30,5
miliares), no cesan de contemplar el crecimiento de su curva de ganancia.
Proceden sin descanso a integraciones horizontales por el sesgo de
adquisiciones de medios análogos y fusionan los activos para reducir sus
costos. Pero es sobre todo la hora de las integraciones verticales, como la
fusión Time Warner–AOL (primer proveedor de internet del
mundo), por las cuales las empresas extienden su zona de influencia por encima
y por detrás de su actividad primera, se especializan en la distribución y la
difusión de los medios que ellos mismos producen.
Si esta
estrategia ofensiva se propaga del otro lado del Atlántico, en Francia, grupos
industriales, que viven de encargos del Estado, especializadas en actividades
no-mediáticas, también ellos poseen medios. Así, el constructor Bouygyes,
19ª empresa francesa en términos de capitalización (33,7 miliares de
dólares) 3 posee el 43% del capital de TF1 que
poseen cadenas como LCI, Eurosport o Histoire,
una parte de Métro (34%), una parte del grupo AB (34%)
que programa cadenas del cable y del satélite, 10% de TMC y
10% de Canal Plus France. Canal Plus France que
pertenece por los dos tercios a Vivendi, 25ª empresa francesa (25,1
miliares de dólares) especializada en la telefonía y en la distribución de
agua, que, vía Vivendi Universal, produce obras cinematográficas y
musicales, y que ocupa el segundo puesto mundial en la industria espacial,
aeronáutica y de defensa, está presente en la edición (con Hachette),
en los medios (Europe 1, Paris Match, Elle, La
Provence, Nice Matin, Télé 7 jours…) y en la
distribución de la prensa (Nouvelles Messageries de la Presse Parisiense).
Ogros
poco dispuestos a salvaguardar el pluralismo de la información y la
independencia de los medias, si se cree el PDG de Lagardère, M.
Arnaud Lagardère, para quien “la independencia de la prensa, es flauta”
(Gadault, 2006: 204). Estas impúdicas palabras no han hecho sonrojarse a M.
Serge Dassault, PDG del Groupe Dassault y del Figaro,
que sobre France Inter, el 10 de diciembre de 2004, había soltado:
“Las ideas de izquierda son ideas no sanas. Hoy en día, estamos
reventando por culpa de las ideas de izquierda que siguen manteniéndose”.
Ni M. Patrick Le Lay, pintando el oficio de TF1 con
esta fórmula famosa: “Lo que vendemos a Coca-Cola, es tiempo del cerebro
humano disponible”. Palabras esclarecedoras respecto a las apetencias de
los patronos de los medios: ¿para qué controlar un reino mediático si daña los
intereses de la clase que los posee?
El
mercado de los medios es además un mercado con una oferta y dos demandas (Le
Floch y Sonnac, 2005): una demanda para la información (de parte de los
consumidores de medios) y una demanda para la publicidad (de parte de los
anunciadores). Así, la publicidad que subvenciona la información y abreva con
euros a los medios jamás es objeto de investigaciones profundizadas.
Estos
grupos con intereses cruzados coproducen continentes y contenidos, se dividen
las partes de un gigantesco pastel, recurren a los fondos de inversión para
vivir, y construyen la correa de transmisión dorada entre capital y medios, ahí
donde el periodista, transformado en una argolla sustituible de la cadena, es
el proletario perfectamente designado (Rimbert, 2007).
Los medios hablan
con los medios
Las
esperanzas de evolución son muy reducidas: los periódicos no capitalistas
(económica y ideológicamente) –de CQFD hasta Plan B,
pasando por La Décroissance– que viven de sus redactores y
solamente de las ventas de sus números, no gozan de alguna recensión en los
Media dominantes; y los periódicos con la gestión capitalista como L’Humanité o Le
Monde Diplomatique, cuyas líneas editoriales son claramente
anticapitalistas, ven el campo de su difusión limitarse únicamente a sus solos
lectores. La escucha atenta de las revistas de prensa matutinas de algunas
radios es la perfecta ilustración de esto: fuera de su difusión, no hay salvación.
Efecto de
exclusión por una parte, y efecto de acumulación por otra parte. Los periódicos
capitalistas coproducen emisiones en partenariado con los canales de radios y
de televisiones, en las cuales sus periodistas estelares van a poder
perorar: Le Figaro con RTL, y LCI para
“Le Grand Jury”; Le Monde con France Inter e I-telé para
“Le Franc-Parler”; Le Parisien con Europe 1 et TV5 para
“Le grand Rendez-vous”…
En
realidad, las fuentes primeras de los medios capitalistas son… los medios
capitalistas mismos. En el periodo que va desde el 1º de enero hasta el 1º de
abril de 2008, Le Monde ha hecho referencia al Figaro (sea
como fuente sea como sujeto) en 130 artículos, a Les Échos en
52 artículos, y a L’Humanité en sólo 12 artículos. En Le
Figaro, L’Humanité no está citado más que en ocho
artículos en el mismo periodo, y Les Échos en 52 artículos.
En Les Échos, L’Humanité no está citada más que
dos veces, mientras que Le Figaro lo es 96 veces. “Estos
periódicos dominantes, subraya el sociólogo Julien Duval, deben su posición
tanto a su capacidad de producción de la información como a las relaciones que
mantienen entre sí por el hecho de que se citan, que se reconocen los unos a
los otros y se consagran de este modo mutuamente como productores casi
exclusivos de informaciones” (Duval, 2004: 124).
En fin,
el silencio cómplice de los partidos políticos que se reclaman del marxismo, la
participación sistemática y sin matices de sus representantes al circo
mediático 4 y la denuncia constante de la crítica radical de
los medias por algunos aliados de la ‘izquierda de la izquierda’ al narcisismo
mediático desmesurado, no hacen más que ensombrecer un pizarrón ya muy oscuro.
La
información está en manos de la clase capitalista y cofinanciada por los
anunciadores capitalistas. Si quiere vivir, por ende no puede servir sino los
intereses de la clase que la detenta. Para destruir este lazo incestuoso, y
antes de obrar por la apropiación colectiva de los medios de información, es
necesario constituir sociedades de medios con fines no lucrativos, reforzar los
dispositivos anti-concentración y limitar la amplitud de los financiamientos
publicitarios. Ser radical, escribía Marx, es tomar las cosas por
las raíces. Es así que hay que transformar a los medios: por la raíz.
*Publicado
originalmente UPS-Ecuador, No. 13, julio-diciembre 2010, pp. 199-206.
Notas
1. Sobre
el entusiasmo mediático alrededor del déficit del seguro social, leer el
capítulo 1 de la obra de Julien Duval (2008).
2. El
caso de los medios detentados por el Estado no es fundamentalmente diferente,
ya que el Estado mismo está instrumentalizado por la clase capitalista, y
estructuralmente dependiente del capital.
3. Según
la clasificación 2007 de la revista Fortune.
4. Ver
el documental de Damien Doignot, José Bové o el circo mediático, producido y
difundido por Le Plan B, 2008.
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Clyde (1993), Critical Theories of the State, EE.UU.: The University of
Wisconsin Press. Traducción Cristian Lagarde.
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Noam y Edward S. Herman (2003), La fabrique de l’opinion publique, Paris :
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Julien (2004), Critique de la raison journalistique, Paris : Seuil.
DUVAL,
Julien (2008), Le « trou du vécu », mythe ou réalité, Paris :
Raison d’agir.
GADAULT,
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MARX,
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PERAIS,
Denis, « Traité européen de Lisbonne: le débat démocratique médiatiquement
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PLANE,
Matthieu (2008), « La France est-elle en faillite ? », en
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REYMOND,
Mathias y Gregory Rzepski (2008), Tous les medias sont-ils de droite,
Paris : Syllepse.
RIMBERT,
Pierre (2007), “Des journalistes au bord de la rébellion”, en Le Monde
Diplomatique, février 2007.
RUFFIN,
François (2003), Les petits soldats du journalisme, Paris : Les Arènes.


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