© Libro N° 11944.
La Superestructura Del Bloque Historico. Portelli,
Hugues. Emancipación. Diciembre 2 de 2023
Título original: ©
La Superestructura Del Bloque Historico. Hugues Portelli
Versión Original: © La Superestructura Del Bloque Historico.
Hugues Portelli
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Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
LA SUPERESTRUCTURA DEL
BLOQUE HISTORICO
Hugues Portelli
La
Superestructura Del Bloque Historico
Hugues
Portelli
Las
superestructuras del bloque histórico forman una totalidad compleja en cuyo
seno Gramsci distingue dos esferas esenciales: por una parte,
la de la sociedad política, que agrupa al aparato de estado; por la otra, la de
la sociedad civil, es decir, la mayor parte de la superestructura. Antes de
estudiar la disposición de estos dos elementos en el seno de la
superestructura, es conveniente analizarlos por separado.
1. LA
SOCIEDAD CIVIL
En
los Cuadernos Gramsci vuelve muy a menudo sobre el
concepto de sociedad civil, para definir la «dirección intelectual y moral»
de un sistema social. Esta noción de sociedad civil la toma de Hegel y
de Marx pero, como correctamente observa Norberto
Bobbio, Gramsci le da una considerable importancia.
1. El
origen del concepto gramsciano de sociedad civil
Tanto Marx como Gramsci parten
de la obra de Hegel pero evolucionan en sentidos opuestos: el
primero entiende la noción hegeliana de «sociedad civil» como el
conjunto de las relaciones económicas; el segundo la interpreta como el
complejo de la superestructura ideológica. En La Contribución a la
crítica de la economía política, Marx escribe,
reivindicando el origen hegeliano de esta noción:
«Mis
investigaciones desembocaron en el resultado que sigue: tanto las relaciones
jurídicas como las formas de estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por
la llamada evolución general del espíritu humano, sino que radican, por el
contrario, en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel,
siguiendo el precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII 1, bajo el
nombre de ‘sociedad civil’, y que la anatomía de la sociedad civil hay que
buscarla en la economía política.” 2
También Engels defiende
esta concepción cuando escribe en Ludwig Feuerbach y el
fin de la filosofía clásica alemana que «el estado, el régimen
político, es el elemento subalterno, y la sociedad civil, el reino de las
relaciones económicas, lo principal«3. Pero es en La
ideología alemana donde Marx y Engels son
más precisos: «La sociedad civil es el verdadero hogar y escenario de toda
la historia…La sociedad civil abarca todo el intercambio material de los
individuos en una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas«4.
Para Marx la sociedad civil es el conjunto de la estructura
económica y social en un periodo determinado; se refiere a la concepción
hegeliana de la sociedad civil, que incluye el complejo de las relaciones
económicas y la formación de las clases sociales.
La
concepción gramsciana de la sociedad civil es radicalmente diferente en tanto
pertenece al momento de la superestructura: «se pueden fijar dos grandes
planes superestructurales«; el primero, que se puede llamar «sociedad
civil”, está formado por el conjunto de los organismos vulgarmente llamados
privados…y que corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante
ejerce en toda la sociedad 5.
Como
señala N. Bobbio, lo más sorprendente es el origen hegeliano
que Gramsci atribuye a esta interpretación: la sociedad civil,
afirma en los Cuadernos, «tal como la entiende Hegel» y en «el
sentido en que la expresión se utiliza en estas notas«, debe ser
considerada como «la hegemonía cultural y política de un grupo social sobre
el conjunto de la sociedad, como contenido ético del Estado«. 6
¿Cómo
explicar esta interpretación contradictoria de Hegel? La respuesta
parece estar en la noción tan extensa que Hegel tiene de la
sociedad civil. Si la mayoría de las veces ésta corresponde a la estructura
socioeconómica (interpretación de Marx), Bobbio advierte
que Gramsci se inspiró esencialmente en ciertos pasajes de
la Filosofía del Derecho donde Hegel incluye
también en el seno de la sociedad civil a las asociaciones políticas y
sindicales, o sea, las corporaciones, que constituyen el «contenido ético
del Estado«. Reconocemos de este modo la definición gramsciana de la
sociedad civil, «organizaciones llamadas privadas» que son el «contenido
ético» del Estado.
Esta
interpretación gramsciana «un poco forzada o por lo menos unilateral» 7 de Hegel se
opone, por lo tanto, a la de Marx 8. Pero, ¿es necesario
llegar a la conclusión, como lo hace Bobbio, de que la noción de
sociedad civil se opone al análisis marxista del papel de la superestructura
ideológica? El mismo Marx ha demostrado lo contrario: en
la Crítica del programa de Gotha, uno de sus última escritos
fundamentales, distingue precisamente en el seno de la superestructura el
aparato de Estado de lo que denomina la «sociedad» y que se corresponde
con la noción gramsciana de sociedad civil. Cuando analiza el objetivo
proclamado por el programa de construir «el Estado libre y la sociedad
socialista» 9, Marx señala «que en vez de
tomar a la sociedad existente (y lo mismo podemos decir de cualquier
sociedad del futuro) como base del Estado existente (o del
futuro para una sociedad futura), considera más bien al Estado como un
ser independiente con sus propios fundamentos espirituales, morales y
liberales» 10. De este modo, y en forma análoga a la sociedad
civil gramsciana, la sociedad aparece definida como el fundamento intelectual y
moral del Estado.
¿Se
deduce de esto que la noción gramsciana de sociedad civil es el desarrollo del
análisis de Marx? De ser exacto que, más allá de diferencias
terninológicas se inscribe como una prolongación de Marx, la
referencia, por lo demás poco convincente a Hegel y no a Marx parece
demostrar que Gramsci no lo considera así.
De ahí
que podamos calificar la noción gramsciana de sociedad civil como una
concepción original cuyas distintas características conviene ahora analizar.
2. Las
características generales de la sociedad civil
Encontramos
en los Cuadernos numerosas definiciones de sociedad civil,
todas ellas concordantes: allí se entiende generalmente a la sociedad civil
como «el conjunto de los organismos vulgarmente llamados privados…y que
corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante ejerce en toda la
sociedad» 11 . Gramsci la contrapone a la
sociedad política (el Estado en el sentido estricto del término) del cual ella
constituye su «base» y su «contenido ético«.
La
sociedad civil es una totalidad compleja, puesto que su campo de
acción es muy amplio y su vocación por dirigir todo el bloque histórico implica
una adaptación de sus contenidos en función de las categorías sociales que
alcanza. La sociedad civil puede ser considerada además bajo tres aspectos
complementarios:
– como
ideología de la clase dirigente, en tanto abarca todas las ramas de la
ideología, desde el arte hasta las ciencias, pasando por la economía, el
derecho, etc. ;
– como
concepción del mundo difundida entre todas las capas sociales a las que liga de
este modo a la clase dirigente, en tanto se adapta a todos los grupos; de ahí
sus diferentes grados cualitativos: filosofía, religión, sentido ,común,
folklore;
– como
dirección ideológica de la sociedad, se articula en tres niveles esenciales: la
ideología propiamente dicha, la «estructura ideológica» -es decir las
organizaciones que crean y difunden la ideología-, y el «material»
ideológico, es decir, los instrumentos técnicos de difusión de la ideología
(sistema escolar, medios de comunicación de masas, bibliotecas, etc.).
Examinaremos
sucesivamente estos tres aspectos de la ideología.
3. El
campo de la sociedad civil
El campo
que abarca la sociedad civil es extremadamente vasto puesto que constituye el
de la ideología. Sin querer desarrollar aquí la concepción gramsciana de la
ideología, conviene señalar su amplitud: en efecto, Gramsci define
a la ideología como «una concepción del mundo que se manifiesta
implícitamente en el arte, en el derecho, en la actividad económica, en todas
las manifestaciones de la vida intelectual y colectiva» 12.
Sólo las
ideologías «orgánicas«, vale decir ligadas a una clase fundamental, son
esenciales. Limitada en una primera instancia al nivel económico de esa clase,
con el desarrollo de la hegemonía la ideología se extiende a todas las
actividades del grupo dirigente. Esta crea una o más capas de intelectuales que
se especializa en cada uno de los aspectos de la ideología de ese grupo: la
economía, las ciencias, el arte. En apariencia independientes, las distintas
ramas de la ideología no son más que los diferentes aspectos de un mismo todo:
la concepción del mundo de la clase fundamental.
Un
ejemplo de esta unidad real está dada por la filosofía de la praxis, concepción
del mundo de la clase obrera, clase subalterna esencial. La filosofía de la
praxis realiza la unidad de la superestructura ideológica a través de la unidad
de los elementos constitutivos de su concepción del mundo: esta unidad,
afirma Gramsci, es necesaria: «necesariamente debe haber, en los
principios teóricos, convertibilidad de la una a la otra, traducción recíproca
al propio lenguaje específico de cada elemento constitutivo: uno se halla
implícito en el otro, y todos juntos forman un círculo homogéneo«13 .
La
consecuencia de esta concepción tan amplia de la ideología es la de dar cabida
a todas las actividades del grupo social dirigente, incluyendo aquellas que,
como es el caso de las ciencias, parecen las menos ideológicas. En efecto,
según Gramsci hasta la ciencia es parte integrante de la
superestructura y forma una «categoría histórica«. Cuando analiza la
metodología histórica Gramsci distingue «la ideología
científica» 14, es decir las teorías científicas que han
sufrido numerosas crisis, del método de investigación experimental. Sólo los
datos establecidos por éste son independientes de la ideología. Ni siquiera el
método de investigación es independiente de la superestructura: «Los
principales instrumentos del progreso científico son de orden intelectual (y
también político), metodológico y con entera justeza ha escrito Engels que los
‘instrumentos intelectuales’ no surgieron de la nada, no son innatos en el
hombre, sino que son adquiridos; se han desarrollado y se desarrollan
históricamente» 15. Como señala Jacques Texier 16,
esta distinción entre teoría e investigación experimental permite evitar los
inconvenientes de una concepción excesivamente superestructual de la ciencia,
que plantearía el problema de su continuidad histórica. Luego, no obstante
estas reservas, parecería que la ideología recubre todas las actividades de la
clase dirigente y por lo tanto de toda la superestructura: una concepción tan
extensiva de la ideología explica con creces por qué Gramsci le
asigna un rol esencial en el seno del bloque histórico.
4. Los
diferentes grados de la ideología
La
ideología, concepción del mundo de la clase dirigente, debe difundirse en toda
la sociedad. Sin embargo no posee la misma homogeneidad en todos los niveles:
la ideología difundida entre las capas sociales dirigentes es evidentemente
mucho más elaborada que los trozos sueltos de ideología que es posible
reconocer en la cultura popular. Así, Gramsci distingue
diferentes grados cualitativos que corresponden a capas sociales determinadas:
en la cúspide la concepción del mundo más elaborada: la filosofía. En el nivel
más bajo: el folklore. Entre estos dos extremos, el «sentido común» y la
religión.
La
filosofía es entonces el estadio más elaborado de la concepción del mundo, el
nivel donde más claramente aparecen las características de la ideología como
expresión cultural de la clase fundamental. Es en calidad de tal que la
filosofía debe poseer el máximo de coherencia: «El filósofo profesional o
técnico no sólo piensa con mayor lógica, con mayor coherencia, con mayor
espíritu sistemático que los demás hombres, sino que además conoce toda la
historia del pensamiento, es decir, sabe determinar el sentido del
desarrollo que el pensamiento ha tenido hasta él y se halla en condiciones de
retomar los problemas desde el punto en que se hallan, luego de haber sufrido
el máximo de tentativas de solución, etc. Tiene en los diversos campos del
pensamiento la misma función que en los diversos campos científicos tienen los
especialistas» 17.
Esta
necesidad de coherencia es aún mayor por cuanto la filosofía es la referencia
de todo el sistema ideológico. Gramsci define el rol de la
ideología en los mismos términos en que definirá a sus creadores, los grandes
intelectuales, piedra angular de la hegemonía: la filosofía es la piedra
angular de la ideología; el problema fundamental de toda filosofía que se ha traducido
en movimiento cultural, en «creencia» es «conservar la unidad
ideológica de todo el bloque social, que precisamente es cimentado y unificado
por esta ideología» 18.
Por su
ligazón con la clase dominante, la filosofía influye sobre las normas de vida
de prácticamente todas las capas sociales.
En este
sentido, «la historia de la filosofía, como se entiende comúnmente, esto es,
como historia de la filosofía de los filósofos, es la historia de las
iniciativas de una determinada clase de personas para cambiar, corregir,
perfeccionar las concepciones del mundo existentes en cada época determinada y
para cambiar, consiguientemente, las normas de conducta conformes y relativas a
ellas; o sea, por modificar la actividad práctica en su conjunto» 19.
Por consiguiente, filosofía e historia se identifican: la filosofía de un
período determinado no es, «otra cosa que ha historia de dicha época; no
otra cosa que la masa de las variaciones que el grupo dirigente ha logrado
determinar en la realidad precedente: historia y filosofía son inseparables en
ese sentido, forman un bloque» 20.
El rol
esencial de la filosofía en el seno del bloque histórico se manifiesta por su
influencia sobre las concecpiones del mundo propagadas entre las clases
auxiliares y subalternas: el sentido común.
Toda
filosofía «histórica«, vale decir orgánica, debe prolongarse por el
sentido común y esto significa que a la vez que elabora un «pensamiento
superior al sentido común y científicamente coherente” 21, todo
movimiento filosófico orgánico debe mantenerse en contacto con las capas
populares, con los «simples» e incluso encontrar, en este contacto, «la
fuente de los problemas a estudiar y resolver» 22, a fin de
dirigir mejor ideológicamente a las clases subalternas. Gramsci constata
que no obstante este contacto, la verdadera conexión entre filosofía «superior«,
y sentido común está asegurada en realidad por la política, que
afirma la unidad ideológica del bloque histórico.
La
necesariedad de este vínculo político muestra la diferencia entre filosofía y
sentido común: mientras que en la filosofía predominan «los caracteres de la
elaboración individual del pensamiento«, en el sentido común se trata
esencialmente de los »caracteres difusos y dispersos de un pensamiento
genérico de cierta época y de cierto ambiente popular«23. El
sentido común aparece como una amalgama de diversas ideologías tradicionales y
de la ideología de la clase dirigente: el buen sentido. Pero las ideologías
tradicionales, y en especial las religiones -cuya vinculación con el sentido
común es aun más estrecha que la existente entre éste y la filosofía-
constituyen los principales elementos. Esta amalgama que son las religiones no
está formada sólo por los distintos aspectos de las religiones contemporáneas,
sino también por antiguas creencias, supersticiones, etc. Esto explica que no
exista un solo sentido común -baste recordar que no existe una sola religión,
ni siquiera en el seno de una misma iglesia. Cada capa social posee su propio «sentido
común«, de tal forma que esta concepción del mundo se presenta bajo una
multiplicidad de formas: «su rasgo más fundamental y más característico es
el de ser una concepción (incluso en cada cerebro) disgregada, incoherente,
incongruente, conforme a la posición social y cultural de las multitudes, cuya
filosofía es» 24. Esta situación explica que sea sólo
autoritariamente, por medio de la política, que pueda llegar a lograrse una
cierta coherencia.
Si
consideramos al bloque histórico en su conjunto, el sentido común aparece como
«el folklore de la filosofía«, «situado a mitad de camino entre la
filosofía -de la que toma prestado un núcleo de buen sentido- y el folklore» 25 ,
que le suministra lo esencial de su sedimentación ideológica. El primer deber
de todo nuevo grupo social homogéneo es, por lo tanto, definir su propia
filosofía y combatir el sentido común.
En el
nivel más bajo del bloque ideológico se sitúa el folklore. Debe rechazarse
cualquier estudio que tienda a pensarlo como un elemento esencialmente «pintoresco«.
El folklore es una «concepción del mundo«, a pesar de su carácter
primitivo e incoherente. Su incoherencia se explica por el origen social de
esta variedad de ideologías: el folklore es una concepción del mundo «no
sólo no elaborada y sistemática, ya que el pueblo (es decir, el conjunto de las
clases subalternas e instrumentales de cada una de las formas de sociedad hasta
ahora existentes) por definición no puede tener concepciones elaboradas,
sistemática y políticamente organizadas y centralizadas aun en su
contradictorio desarrollo, sino también múltiple; no sólo en el sentido de
diverso y yuxtapuesto sino también en el sentido estratificado de lo más
grosero a lo menos grosero, si no debe hablarse directamente de un aglomerado
indigesto de fragmentos de todas las concepciones del mundo y de la vida que se
han sucedido en la historia, de la mayor parte de las cuales sólo en el
folklore se encuentran, sobrevivientes, documentos mutilados y contaminados» 26.
El folklore es un fenómeno presente y no pasado: permanentemente el pensamiento
y la ciencia proveen al «folklore moderno» de nuevos elementos. Gramsci distingue
dentro del folklore una religión popular -especialmente en los países de
religión católica y ortodoxa muy diferente a la de los intelectuales y
la jerarquía eclesiástica, una moral popular formada por el cojunto
de «máximas para la conducta práctica y de costumbres» 27,
etc.
La esfera
ideológica de la sociedad civil se extiende así sobre todas las
estratificaciones sociales de la estructura del bloque histórico. En la medida
en que la ideología abarca todas las actividades de la clase dominante, la
sociedad civil debe disponer de una articulación interna extremadamente
compleja.
5.
Estructura ideológica y material ideológico
Uno de
los aspectos esenciales de la sociedad civil consiste en su articulación
interna, es decir en la organización mediante la cual la clase dirigente
difunde su ideología. Gramsci califica a esta organización de
«estructura ideológica» de la clase dirigente, y entiende por este
término «la organización material destinada a mantener, defender y
desarrollar el frente teórico e ideológico«28. Gramsci reagrupa
en la estructura ideológica no solamente las organizaciones cuya función es
difundir la ideología, sino también todos los medios de comunicación social y
todos los instrumentos que permiten influir sobre la opinión pública.
Gramsci distingue
en el seno de la estructura ideológica las organizaciones encargadas de la
difusión de la ideología de aquellas que incorporan a su actividad general una
«fracción cultural«. Los jueces y los oficiales del ejército, por
ejemplo, forman parte de estas últimas. Las organizaciones culturales
propiamente dichas son: la Iglesia, la organización escolar y los organismos de
prensa. La Iglesia, después de haber tenido en el bloque histórico precedente
el casi-monopolio de la sociedad civil («la ideología religiosa, es decir la
filosofía y la ciencia de la época«, con la escuela, la instrucción, la
moral, la justicia, la beneficiencia) 29, conserva todavía una
parte importante de esta esfera. La organización escolar, ya sea que esté bajo
el control del Estado o bien de organismos privados, e incluso las
universidades populares, forman el segundo conjunto cultural de la sociedad
civil, donde volvemos a encontrar la gradación de la ideología, esta vez bajo
el control de la Universidad y de la Academia (esta última en la medida que
ejerce una función nacional de alta cultura, especialmente como depositaria de
la lengua nacional y, por lo tanto, de una concepción del mundo, 30.
La prensa y las editoriales constituyen la tercera de las grandes instituciones
de la sociedad civil. Gramsci confiere una gran importancia a
esta nueva institución que considera la más dinámica de la sociedad civil y
cumple a la vez una función ideológica determinada: «las editoriales tienen
un programa implícito o explícito y se apoyan en una determinada corriente» 31.
Como la organización escolar, la prensa y las editoriales cumplen un papel
fundamental, puesto que son las únicas que abarcan todo el campo de la
ideología (libros y revistas científicas, políticas, literarias, etc.) y todos
sus niveles (libros y periódicos para las «élites«, de vulgarización,
populares…)
A estas
tres instituciones fundamentales Gramsci agrega como sujeto
también a la estructura ideológica, «todo aquello que influye o puede
influir directa o indirectamente sobre la opinión pública» 32 y
menciona en especial las bibliotecas, los círculos, clubes, etc.
Esta «estructura
ideológica» difunde ideología a través de diversos medios de comunicación
(material ideológico) cuya eficacia Gramsci compara: los
medios audio-visuales (teatro, cine, radio, televisión, etc.) «son un medio
de difusión ideológica que tienen una rapidez, un campo de acción y un impacto
emocional mucho más vasto que la comunicación escrita, pero superficialmente y
no en profundidad» 33. A estos canales de difusión de la
ideología Gramsci integra también la arquitectura y hasta la
disposición y los nombres de las calles, subrayando su importancia como
material ideológico.
La
difusión de la ideología requiere una articulación extremadamente compleja de
la sociedad civil; es posible apreciar la disposición de los distintos aspectos
de la sociedad civil (campo, gradación, estructura y difusión de la ideología)
tomando un ejemplo que Gramsci cita a menudo: la Iglesia
católica, sociedad civil dentro de la sociedad civil.
2. LA
SOCIEDAD POLÍTICA
La sociedad
política, que Gramsci opone a la sociedad civil en el seno de
la superestructura, ha sido poco estudiada en los Cuadernos de
Cárcel. Esto tiene una explicación: en la teoría marxista clásica, el
estudio se refiere más al aparato de Estado que a la dirección ideológica y
cultural de la sociedad. No obstante, encontramos en los Cuadernos numerosas
definiciones de la sociedad política:
-«Sociedad
política o Estado que corresponde a la función de ‘dominio directo’ o de
comando que se expresa en el estado y en el gobierno jurídico» 40 .
-«Sociedad
política o dictadura, o aparato coercitivo para conformar a las masas del
pueblo de acuerdo al tipo de producción y de economía de un momento dado» 41.
-«Gobierno
político», es decir, el «aparato de coerción estatal que asegura legalmente la
disciplina de aquellos grupos que no consienten ni activa ni pasivamente, pero
que está preparado para toda la sociedad en previsión de los momentos de crisis
en el comando y en la dirección, casos en que no se da el consenso espontáneo» 42.
La
sociedad política posee pues caracteres bien definidos: agrupa el conjunto de
las actividades de la superestructura que dan cuenta de la función de coerción.
En este sentido es una prolongación de la sociedad civil; al analizar los
distintos niveles de la formación de un sistema hegemónico, Gramsci señala
que el momento político-militar es la prolongación y concretización de la
dirección económica e ideológica que una clase ejerce sobre la sociedad. Así
como en el esquema gramsciano el control de la sociedad remata en la conquista
del poder político, así también la sociedad política no debe jugar sino un
papel secundario en el sistema hegemónico.
Tal como
se deduce de las definiciones de Gramsci, la función de la sociedad
política es el ejercicio de la coerción, la conservación, por la violencia, del
orden establecido. En este sentido, no se limita simplemente al campo militar
sino que abarca también el gobierno jurídico, la coacción «legal«: «El
derecho es el aspecto represivo y negativo de toda la actividad positiva de
formación civil desplegada por el Estado«43.
Esta
concepción extensiva de la coerción explica que Gramsci distinga
varios aspectos en la sociedad política, según su ligazón más o menos estrecha
con la sociedad civil (dictadura pura y simple cuando es autónoma, hegemonía
política cuando depende de la sociedad civil) y según se limite al nivel
técnico-militar (de simple uso de la fuerza) o político-militar (dirección
política de la coerción).
Momento
de la coerción; la sociedad política se define entonces por las situaciones en
donde es utilizada Gramsci distingue dos:
-la más
habitual consiste en el control de los grupos sociales que no »consienten»
con la dirección de la clase fundamental: dado un cierto grado de desarrollo de
las relaciones sociales y económicas, estos grupos -las clases subalternas-
entran en contradicción con la clase dirigente. Para mantener su
dominación, ésta utiliza entonces la coerción, en mayor o menor medida,
«legal».
– la
segunda situación es más excepcional y transitoria puesto que se trata de los
períodos de crisis orgánica: La clase dirigente pierde el control de la
sociedad civil y se apoya sobre la sociedad política para intentar mantener su
dominación.
En ambos
casos la sociedad política se apoya -y este es su último aspecto- sobre el
aparato de Estado. Para calificar a la sociedad política Gramsci utiliza
en varias ocasiones el término Estado, pero precisando bien que se trata de la
concepción clásica. Según él, esta concepción, históricamente superada, es la
del Estado gendarme, propia de la época liberal, cuando el Estado no ejercía
ninguna función económica ni ideológica directa, limitándose a «la tutela
del orden público y del respeto de las leyes»44. Por lo tanto, sociedad
política y Estado no se identifican más. La noción de sociedad política, así
como la de sociedad civil; es una noción funcional y, por lo tanto, no se
traduce totalmente en las organizaciones superestructurales. Sin embargo,
la sociedad política se presta en mayor medida a una definición orgánica. La
función coercitiva del aparato estatal es administrada por un personal
intelectual bien delimitado: la burocracia, «esto es, la cristalición del
personal dirigente, que ejerce el poder coercitivo y que hasta cierto punto se
trasforma en casta» 45. Esta homogeneidad se ve facilitada por el
hecho -todavía o en los países occidentales en la época de Gramsci -de que la
nueva clase fundamental a menudo confió privilegios corporativos de origen
burocrático y militar a las antiguas clases dirigentes del bloque histórico.
Gramsci señala que, incluso en este caso, el aparato coercitivo del Estado
puede no ejercer el monopolio de la violencia por cuenta de la clase dirigente:
cuando el aparato de Estado se muestra impotente para controlar una crisis
orgánica, esta clase puede suscitar, en el seno de la sociedad civil,
organizaciones paramilitares que una vez consumada su misión se integrarán al
Estado. Es que, como lo demuestra el estudio de sus relaciones recíprocas,
sociedad civil y sociedad política están estrechamente imbricadas en el seno de
la superestructura.
III. LAS
RELACIONES ENTRE SOCIEDAD CIVIL Y SOCIEDAD POLÍTICA EN EL SENO
DE LA SUPERESTRUCTURA
El
análisis separado de cada una de las dos esferas del momento superestructural
no se corresponde evidentemente con la realidad práctica. En efecto, esta
división funcional debe ubicarse en el marco de una unidad dialéctica donde el
consenso y la coerción son utilizados alternativamente y donde el papel exacto
de las organizaciones es menos preciso de lo que parece. No existe sistema
social donde el consenso sirva de única base de la hegemonía, ni Estado donde
un mismo grupo social pueda mantener duraderamente su dominación sobre la base
de la pura coerción. Un sistema donde bastara sólo el consenso es «utopía
pura, por estar basado en el presupuesto de que todos los hombres son realmente
iguales y, por consiguiente, igualmente razonables y morales, es decir,
pasibles de aceptar la ley espontáneamente, libremente y no por coerción, como
impuesta por otra clase, como algo externo a la conciencia«. 46 En
cuanto a la dominación fundada exclusivamente sobre la fuerza, no puede ser
sino provisoria y expresa la crisis del bloque histórico cuando la clase
dominante, al no tener más la dirección ideológica, se mantiene artificialmente
por la fuerza.
Por lo
tanto, sociedad civil y sociedad política están en constante relación. Es este tipo
de relaciones lo que ahora conviene estudiar.
1. La
colaboración en el seno del Estado de los órganos de las dos sociedades
Entre la
sociedad civil y la sociedad política, entre el consenso y la fuerza, no existe
de hecho una separación orgánica. Uno y otro colaboran estrechamente. Este es
el caso de la formación de la «opinión pública«: «El Estado cuando
quiere iniciar una acción poco popular, crea preventivamente la opinión pública
adecuada, es decir, organiza y centraliza ciertos elementos de la sociedad
civil. Historia de la opinión pública: naturaimente, siempre han existido
elementos de opinión pública incluso en las satrapías asiáticas; pero
la opinión pública tal como se la entiende hoy en día nació en vísperas de
la caída del Estado absoluto, es decir, en el período de lucha de la nueva
clase burguesa por la hegemonía política y la conquista del poder. La opinión pública
es el contenido político de una voluntad política que puede ser discordante. Es
por eso que se desarrolla en la lucha por el monopolio de los órganos de la
opinión pública: periódicos, partido, parlamento, de manera que una sola fuerza
modela la opinión y de este modo la voluntad política nacional, dispersando los
desacuerdos en fragmentos individuales y desorganizados» 47.
La
opinión publica es el ejemplo concreto de las relaciones permanentes entre el
gobierno político y la sociedad civil que favorece el consenso alrededor de sus
actos.
En el
seno de la sociedad civil, son esencialmente la «prensa amarilla y la radio
(en los lugares en que está muy difundida)«48 quienes aseguran
este servicio, especialmente por la creación de «explosiones de pánico o de
entusiasmo ficticio, que permiten el logro de determinados objetivos, en
las elecciones, por ejemplo«49. Gramsci matiza en
esa coyuntura el fenómeno de las campañas electorales donde la clase dominante
debe tener «un día el predominio ideológico (o mejor emotivo) para tener una
mayoría que dominará por tres, cuatro o cinco años incluso si, pasada la
emoción, la masa electoral se separa de su expresión legal (‘país legal no
equivalente a país real)» 50.
En este
caso el vínculo entre sociedad civil y sociedad política deviene tan estrecho
que llega a ser orgánico, apoderándose directamente el Estado -strictu sensu-,
sin intermediación de organismos privados de los medios para «modelar»
la opinión pública: el monopolio de la radio-difusión, por ejemplo.
Esta
complementaridad se expresa, por otra parte, en el carácter ambivalente de
ciertos órganos: así, el parlamento, órgano de la sociedad política para la
adopción de la ley, es igualmente órgano de la sociedad civil en tanto
expresión oficial de la opinión pública. La función del parlamento es,
para Gramsci, consumar la unión de la fuerza con el consenso: «El
ejercicio ‘normal’de la hegemonía en el terreno devenido clásico del régimen
parlamentario se caracteriza por la combinación de la fuerza y el consenso que
se equilibran en formas variadas, sin que la fuerza rebase demasiado al
consenso, o mejor tratando de obtener que la fuerza aparezca apoyada sobre el
consenso de la mayoría que se expresa a través de los órganos de la opinión
pública -periódicos y asociaciones- los cuales, con este fin, son multiplicados
artificialmente» 51.
Estos
distintos ejemplos muestran que en realidad la distinción entre sociedad civil
y sociedad política no es orgánicamente completa ya que la clase dominante, en
el ejercicio de su hegemonía, utiliza y combina una y otra. Esta combinación
tiende a ceder el lugar a una creciente ambivalencia de los órganos de la
superestructura. En teoría, son «las organizaciones llamadas privadas»
las que dirigen la sociedad civil, y es el aparato coercitivo del Estado quien
administra la sociedad política. En los hechos, la evolución histórica tiene
consecuencias perturbadoras sobre este reparto.
El
esquema dentro del cual Gramsci razona es, y él mismo lo
reconoce, el de un período histórico determinado: el del Estado liberal o
Estado gendarme. Este aparato, de pura dominación politica y de coerción, se
limita estrictamente a esta actividad. La sociedad civil (ideología, cultura)
es abandonada a las distintas organizaciones privadas, en especial a la Iglesia
a la que, por medio de los concordatos, se le atribuye una «esfera privada»
en el seno de la sociedad civil.
Pero
ya Gramsci nota los signos de una estatización de la sociedad
civil que se expresa, por de pronto, en la decadencia de los órganos clásicos
de expresión de la sociedad civil en el seno del aparato político, en beneficio
de un control directo por parte del Estado: decadencia de los partidos
tradicionales ligados al parlamento, monopolio del Estado sobre los nuevos
órganos de opinión pública y tentativa de estatización de los antiguos (Gramsci incluye
particularmente a los sindicatos) etc. Esta estatización aparece también en la
absorción progresiva de la cultura y de la educación, hasta entonces confiada a
organismos privados (la Iglesia) en provecho de «servicios públicos
intelectuales»52.
El caso
más característico es el de la educación, por diversas razones que Gramsci
señala:
–
necesidad de un control por parte del Estado para elevar el nivel
técnico-cultural de la población respondiendo así a las exigencias del
desarrollo de las fuerzas productivas;
–
conflicto entre los intelectuales tradicionales (especialmente la Iglesia),
resto del antiguo bloque histórico, y los intelectuales de la clase dominante;
–
necesidad de unificar la ideología difundida por las organizaciones de la
sociedad civil.
Estos
distintos «servicios» no pueden ser abandonados, en una sociedad
moderna, a la iniciativa privada, y deben ser asegurados por el Estado. Esta
estatización no se limita a la organización social, sino que se extiende a
todas las «instituciones que deben ser consideradas de utilidad para la
instrucción y la cultura públicas, tal como son considerados en muchos estados,
las que no podrían ser accesibles al público (y se señala que por razones
nacionales deben ser accesibles) sin una intervención estatal» 53.
Gramsci agrupa
entre estas instituciones a los teatros, las bibliotecas, los museos y hasta
los jardines zoológicos; en suma, todas las instituciones culturales.
La
estatización de estos «servicios» no modifica su carácter: «Estos
elementos se deben estudiar como nexos nacionales entre gobernantes y
gobernados, como factores de hegemonía» 54.
A la
influencia de la sociedad política sobre la sociedad civil puede oponerse al
fenómeno inverso: frente a la debilidad de la sociedad política, es posible que
emerjan de la sociedad civil nuevas fuerzas de coerción de la clase
dominante. Como lo muestra Gramsci, es, particularmente, el
caso del fascismo, donde las debilidades del aparato estatal fueron paliadas
por organizaciones privadas paramilitares que, una vez consolidada por la
fuerza la influencia de las clases dominantes, se integraron al aparato del
Estado.
La
estrecha colaboración e incluso el carácter ambivalente de los órganos de la
sociedad civil se expresa en los Cuadernos por una extensión
del concepto de Estado, en tendido como el conjunto de los órganos, cualquiera
sea su status formal -organizaciones «privadas» o aparato de Estado-
mediante los cuales el grupo dominante ejerce su dominación. En varias
ocasiones Gramsci define de este modo al Estado:
– «Estado
= sociedad política + sociedad civil, vale decir, hegemonía revestida de
coerción«55.
– «Estado,
en su significado integral, dictadura + hegemonía«56. El Estado se
definiría, entonces, por tres características:
– por
agrupar la superestructura del bloque histórico, tanto «intelectual y moral»
como política;
– por
articular su equilibrio a partir de estos dos elementos de la superestructura;
-finalmente
y sobre todo porque su unidad deriva de su gestión por un grupo social que
asegura la homogeneidad del bloque histórico: los intelectuales. En una carta
del 3 de agosto de 1931, Gramsci expresa que su interés por el
estudio de «algunos aspectos característicos de la historia de los
intelectuales italianos. . . nace del deseo de profundizar el concepto de
Estado«57. De ahí que en los Cuadernos analice
paralelamente la noción de intelectual y «ciertas determinaciones del
concepto de Estado» 58. La estructura definitiva del Estado
depende de las caracterís- ticas de la actividad de los intelectuales,
entendidos como «empleados» de la clase dominante para el ejercicio de
la dirección política y cultural del bloque histórico.
El Estado
aparece, entonces, más allá de la diversidad de organizaciones que lo componen
y de la dualidad de las funciones de dirección por cuyo intermedio asegura la
hegemonía de la clase fundamental, como el conjunto de la actividad de ese
grupo social particular que constituye la capa de los intelectuales. La
distinción en el seno de la superestructura debe referirse más a la oposición
entre la función de hegemonía -ideológica- y la función de dominación
-política- que a la oposición, secundaria, entre tal o cual organización.
2.
Consecuencias políticas y prácticas de la distinción de las dos
sociedades
El
problema de las relaciones entre sociedad civil y sociedad política es
esencialmente una cuestión metodológica: son dos aspectos de la hegemonía de la
clase dominante. No obstante, su distinción es esencial. El hecho de que tal o
cual organización dependa de una u otra sociedad importa menos que el rol
respectivo de estos dos momentos de la superestructura de un período histórico
y en un país determinado. Hemos visto por otra parte que numerosas
organizaciones dependen de la sociedad civil y de la sociedad política
simultáneamente (partidos, parlamentos), y que otras pueden afirmarse en la
sociedad política en un período determinado y en la sociedad civil en otro (la
Iglesia).
Por el
contrario, las dos funciones de hegemonía y de coerción permanecen separadas.
Es necesario caracterizar el tipo de vinculación variable entre estas dos
funciones y las organizaciones privadas o públicas, y la dicotomía, de la que
este vínculo no es sino un aspecto, permanente entre los dos momentos de los
superestructura. No obstante, en varias oportunidades Gramsci recuerda
que esta distinción metodológica entre sociedad civil y sociedad política no
debe convertirse en «orgánica» so pena de llegar a graves errores
teóricos: apoyándose en una distinción de este tipo los sindicatos italianos
partidarios del libre-cambio afirmaron que el Estado no debía intervenir en el
libre juego de la economía de mercado. «Pero como en la realidad efectiva,
sociedad civil y Estado se identifican, es necesario convenir que el
liberalismo es también una «reglamentación» de carácter estatal, introducida y
mantenida por vía legislativa y coercitiva«59.
En la
medida en que se eviten estos errores, la distinción sociedad civil-sociedad
política se mostrará esencial, en tanto permite resolver los problemas
estratégicos y prácticos que plantea el trastrocamiento del sistema hegemónico
de la clase dirigente.
A nivel
estratégico, la importancia relativa de la sociedad civil en relación a la
sociedad política es una cuestión esencial: para que la hegemonía sea
sólidamente establecida, es necesario que sociedad civil y sociedad política
estén igualmente desarrolladas y orgánicamente ligadas: de esta manera la clase
dominante podrá utilizarlas alternativa y armoniosamente para perpetuar su
dominación. Es éste el caso de las sociedades occidentales donde, «entre
Estado y sociedad civil existía una justa relación, y bajo el temblor del
Estado se evidenciaba una robusta estructura de la sociedad civil» 60.
En estos países, la hegemonía de la burguesía descansa esencialmente sobre la «dirección
intelectual y moral» de la sociedad, sobre la impregnación ideológica de
todo el sistema social. De ahí que toda tentativa por subvertir el bloque
histórico deba pasar por una lucha de largo alcance para disgregar la sociedad
civil: «El Estado sólo era una trinchera avanzada, detrás de la cual existía
una robusta cadena de fortalezas y casamatas«61.
La
situación es radicalmente diferente en los países donde la sociedad civil es «primitiva
y gelatinosa«62, como es el caso de los estados absolutos. La
Revolución de Octubre, primera revolución exitosa de la clase obrera, sigue a
la revolución de febrero, última revolución antifeudal en Europa. En estas
situaciones, el conflicto se limita esencialmente a la toma del aparato
coercitivo de Estado. Sólo después se tratará de construir una verdadera
sociedad civil, sin dejar de desarrollar la estructura socio-económica.
Esta
diferencia fundamental de situación, de acuerdo con la relación de fuerzas en
el interior de la superestructura, supone la adopción de estrategias
diferenciadas por parte de los grupos que quieren derribar el sistema
hegemónico para crear un nuevo bloque histórico. En las sociedades «‘primitivas»
la lucha se concentra alrededor del aparato de Estado. En las sociedades más
complejas, lo esencial del combate va dirigido contra la sociedad civil: la
burguesía francesa debió llevar una lucha secular por la hegemonía ideológica
antes de asentar políticamente su dominación, y lo mismo deberá ser para el
nuevo bloque histórico: sólo una larga «guerra de trincheras» 63 podrá
poner fin a esta hegemonía.
La
necesidad de la distinción entre sociedad civil y sociedad política está
justificada también en el plano teórico, pues la confusión entre una y otra en
provecho de la sola sociedad política acarrea un grave error teórico que Gramsci denomina
«estadolatría«: «El análisis no sería exacto si no tuviera en cuenta
la duplicidad de formas en la cual se presenta el Estado en el lenguaje y en la
cultura de las épocas determinadas, o sea, como sociedad civil y como sociedad
política…Se da el nombre de estadolatría a una determinada actitud respecto del
gobierno de los funcionarios o sociedad política, que, en el lenguaje común, es
la forma de vida estatal a la que se da el nombre de Estado y que vulgarmente
se entiende como la totalidad del Estado» 64.
Este
error teórico puede sin embargo justificarse provisoriamente en un caso
histórico preciso: «Para algunos grupos sociales que antes de llegar a la
vida estatal autónoma no han tenido un largo período de desarrollo cultural y
moral propio e independiente (posibilitado en la sociedad medieval y en las
monarquías absolutas por la exigencia jurídica de los estamentos y órdenes
privilegiados) es necesario y hasta oportuno un período de estadolatría» 65.
Según Gramsci,
este es también el caso de la revolución rusa de 1917, donde la caída del «Estado
absoluto» explica el carácter marcadamente «político» de la
dictadura del proletariado.
Aquí
volvemos a encontrar la distinción que hace Gramsci entre los
países con una sociedad civil desarrollada que juega un rol esencial, y los
estados donde el aparato de dominación política constituye la mayor parte de
superestructura. En este último caso, el período de estadolatría debe ser un
período intermedio, «de iniciación, al menos, a la vida estatal autónoma y a
la creación de una sociedad civil que no fue posible históricamente crear antes
de llegar a la vida estatal independiente«66.
Así,
incluso en aquellos países donde no existe una verdadera sociedad civil, su
creación constituye una de las primera tareas del nuevo Estado. Sin embargo y
la advertencia resulta profética si pensamos en la singular rehabilitación del
Estado y su primacía sobre la sociedad civil en la mayor parte de los países
socialistas- esta etapa de estadolatría «no tiene que dejarse entregada a sus
propias fuerzas, ni tiene, sobre todo, que convertirse en fanatismo teórico y
concebirse como perpetua; tiene que ser criticada, precisamente para que se
desarrolle y produzca formas nuevas de vida estatal en las cuales la iniciativa
de los individuos y de los grupos sea estatal, aunque no debida al gobierno de
los funcionarios» 67.
Esta
primacía del aparato de Estado es entonces transitoria y debe dejar su lugar a
la primacía de la sociedad civil, a la hegemonía, modo normal de dirección del
bloque histórico. Esta primacía de la sociedad civil en el seno de la
superestructura le permite igualmente a Gramsci analizar el
grado de evolución de un bloque histórico: en un sistema hegemónico progresivo,
es decir un sistema donde la clase dirigente «empuja realmente la sociedad
entera hacia adelante, satisfaciendo no sólo sus exigencias existenciales, sino
también la tendencia a la ampliación de sus cuadros para la toma de posesión de
nuevas esferas de la actividad económico-productiva» 68, la
sociedad civil juega un rol esencial y casi general (hegemonía): el período del
Risorgimento se distingue por la atracción «espontánea» que los
moderados ejercen sobre todas las otras fuerzas políticas e ideológicas y, por
lo tanto, por la atracción de la burguesía sobre todas las demás clases. En el
extremo opuesto, la desaparición de la sociedad civil en beneficio de la
sociedad política es el signo de la pérdida de control de la clase fundamental
sobre la sociedad, al punto de no poder mantenerse sino por la coerción
(dictadura): en tal caso, el bloque histórico se vuelve regresivo.
Por
último, la primacía de la sociedad civil aparece, en la visión gramsciana del
fin del Estado, en la sociedad sin clases.
3.
Sociedad civil, sociedad política y fin del Estado
El nuevo
sistema hegemónico formado alrededor de la clase obrera debe, según Gramsci,
resolver el problema de la distinción entre sociedad civil y sociedad política.
Durante la lucha por derribar al bloque dominante, el nuevo sistema hegemónico
deberá ligar orgánicamente los dos momentos de su superestructura: frente al
bloque dominante, para quien la aparente diversidad de las organizaciones
-especialmente de la sociedad civil- es un factor de extensión de su hegemonía,
la superestructura de la dirección de la clase obrera y de sus aliados debe ser
homogénea y hasta monolítica. Esta homogeneidad se expresa por el rol
centralizador del Partido Comunista: no puede haber más que una ideología -el
marxismo-; el partido debe ser a la vez la sociedad civil y la sociedad
política del nuevo sistema hegemónico. Es sociedad política en tanto dirección
de las operaciones «militares» de toma del aparato de Estado, pero
también por la función de «policía» del partido: «Es difícil pensar
que un partido político cualquiera (de los grupos dominantes pero también de
los grupos subalternos) no cumpla asimismo una función de policía, vale decir,
de tutela de un cierto orden político y legal» 69. Para ser
legítima, esta función de policía debe ser progresiva, es decir «funcionar
democráticamente (en el sentido de un centralismo democrático) en el interior
del partido y, en el exterior, tender «a mantener en la órbita de la legalidad
a las fuerzas reaccionarias desposeídas y a elevar al nivel de la nueva
legalidad a las masas atrasadas» 70. En lo que respecta al
partido-sociedad civil, éste se manifiesta por la difusión entre las clases
subalternas de la ideología-concepción del mundo de la clase obrera: el
marxismo.
Esta
unidad de la sociedad civil y de la sociedad política en el seno del partido,
debe desarrollarse con posterioridad a la caída del bloque histórico y la toma
del Estado. En el nuevo Estado de transición hacia la sociedad sin clases, la
superestructura política e ideológica se encuentra unificada y centralizada. Es
el Estado -en sentido gramsciano- «que tiene siempre el fin de crear nuevos
y más elevados tipos de civilización, de adecuar la civilización y la moralidad
de las más vastas masas populares a las necesidades del continuo desarrollo del
aparato económico de producción, y por ende, de elaborar también físicamente
los nuevos tipos de humanidad» 71.
Esta
actividad estatal se verá facilitada por la fusión de los intelectuales de las
dos sociedades en el seno del Estado. Pero este Estado-ético no es más que una
etapa transitoria hacia la «sociedad regulada«, vale decir, la sociedad
sin clases que prevé la teoría marxista, con el triunfo definitivo de la
sociedad civil.
La teoría
marxista, profundizada por los estudios de Lenin (especialmente
en El Estado y la revolución) establece como objetivo de la
revolución socialista la sociedad sin clases y la desaparición del Estado: «Sólo
en la sociedad comunista, cuando se haya roto ya definitivamente con la
resistencia de los capitalistas, cuando hayan desaparecido los capitalistas,
cuando no haya clases (es decir, cuando no existan diferencias entre los
miembros de la sociedad por su relación hacia los medios sociales de producción),
sólo entonces desaparecerá el Estado«, Estado que Lenin define
como «el aparato especial de coerción» 72.
En tanto
marxista, Gramsci sostiene la desaparición del aparato
estatal, vale decir, de la sociedad política. Pero, siguiendo su propia
definición, ¿no entiende acaso al Estado como «sociedad política +sociedad
civil«? La noción gramsciana de Estado necesita por lo tanto una
profundización de la teoría de la extinción del Estado.
Toda
clase fundamental que aspira a la hegemonía afirma representar a la sociedad
entera y fundar una «sociedad regulada«. Una afirmación de este tipo se
ve parcialmente realizada en tanto esta clase es realmente progresiva y hace
avanzar al conjunto de la sociedad: «cada Estado es ético en cuanto una de
sus funciones más importantes es la de elevar a la gran masa de la población a
un determinado nivel cultural y moral, nivel (o tipo) que corresponde a las
necesidades de desarrollo de las fuerzas productivas y, por consiguiente, a los
intereses de las clases dominantes» 73. Pero el desarrollo de
las relaciones sociales y económicas acarrea rápidamente una ruptura en el seno
del bloque histórico entre la clase dirigente y las clases subalternas: el
Estado ético desaparece en beneficio del Estado-de-clase y de ahí la coerción
hacia las clases subalternas.
«Sólo
el grupo social que se plantea el fin del Estado y del suyo propio como una
meta a alcanza, puede crear un Estado ético tendiente a poner fin a las
divisiones internas de los dominados, etc., y a crear un organismo social
unitario técnico-moral» 74.
Se llega
a la superación del Estado, a la «sociedad regulada«, porque la clase
que plantea el fin del Estado representa a la gran mayoría de la población a
nivel estructural- pero fundamentalmente porque esta clase dirige
ideológicamente al conjunto de los grupos sociales que forman esta sociedad:
sobrepasando sus propias intereses de clase, o mejor, haciendo de sus intereses
los de todo el cuerpo social, el proletariado no necesita ejercer la coerción
sobre ciertos grupos excluidos del sistema hegemónico; la sociedad política
está destinada a desaparecer puesto que no es utilizada sino para la
desaparición progresiva de las antiguas clases dominantes: el Estado y el
derecho devienen «inútiles por haber agotado su razón de ser» 75,
y la sociedad política es «reabsorbida» 76 por la sociedad
civil. El aparato del Estado, desmembramiento de la sociedad civil en sus
orígenes, se funde nuevamente con ella en el momento en que desaparece.
Esta
concepción gramsciana de la sociedad sin clases demuestra una vez más el rol
primordial acordado al momento de la sociedad civil, momento mediato entre la
estructura y la sociedad política, fundamento ético de ésta, y proporciona una
respuesta a la visión marxista de la sociedad comunista sin poner en cuestión
la teoría leninista del fin del Estado, pero mostrando que éste no es el
momento esencial de la superestructura.
Como
resultante de este análisis quedaría entonces que, para Gramsci, el
momento esencial de la sociedad civil es el momento primordial de la
superestructura. Esta primacía se expresa en los Cuadernos por:
– la
evolución terminológica del termino sociedad civil que, momento de la
infraestructura en Marx, deviene momento de la superestructura en los Cuadernos;
–
la importancia acordada a la dirección «cultural y moral» en la
hegemonía de la clase fundamental;
–
la primacía reconocida a la sociedad civil en los paises occidentales y la
necesidad de establecer una estrategia revolucionaria conforme a ella;
–
el deber primordial de desarrollar una sociedad civil autónoma en los países
donde es poco importante; – la solidez de la sociedad civil en el seno del
bloque histórico, que la convierte en el elemento más difícil de derrumbar;
– la
desaparición de la sociedad política y su reabsorción por la sociedad civil en
la sociedad sin clases. A la esfera compleja de la superestructura Gramsci opone,
en el seno del bloque histórico, el momento más homogéneo de la estructura,
cuya vinculación orgánica con el momento superestructural conviene estudiar.
NOTAS
1. Los
fisiócratas.
2. Karl
Marx, Introducción general a la Crítica de la Economía Política. 1857,
Cuadernos de Pasado y Presente, Córdoba, 1970, p. 35.
3. F.
Engels, «Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana», en Marx y
Engels, Obras Escogidas, Ed. Progreso, Moscú, s/f. 2 Tomos, t.
11, p. 389.
4. Marx
y Engels, La ideología alemana, Ed. Pueblos Unidos.
Montevideo, 1968, p. 38.
5. l., p.
16
6. P.,
p. 164 (también Mach.; pp. 161-162 y I., pp. 67-68)
7.
Norberto Bobbio, «Gramsci y la concepción de la sociedad civil» en Gramsci y
las Ciencias sociales, op. cit., p. 78.
8. El
término «sociedad civil» corresponde en alemán (texto original de Marx) al de
bürgerliche Gesellschaft, posible también de ser traducido como «sociedad
burguesa». Los traductores de Marx no concuerdan en este punto. Es así que,
mientras J. Texier traduce como «sociedad civil» el célebre pasaje de La
ideología alemana donde Marx afirma que ésta es «el verdadero hogar y escenario
de toda la historia» (Texier, «Gramsci théoricien des superestructures», La
Pensée, No 139, 1968, p. 41, n. 22), las Editions Sociales eligen el término
sociedad burguesa: «La sociedad burguesa es el verdadero hogar y escenario de
toda la historia» (L’ideologie allemande, Ed. Sociales, p. 54). (En la edición
castellana precedentemente citada, traducción de Wenceslao Roces, se opta por
el término sociedad civil. N. del T.). De todas maneras, el peligro de errores
limitado. ya que más adelante Marx dice que esta sociedad -civil o burguesa-
«abarca todo el intermbio material de los individuos en una determinada fase de
desarrollo de las fuerzas productivas» (ibid. p., 39). Sociedad civil o
burguesa, la estructura es, por lo tanto, el hogar de la historia.
Pero, como señala V. Gerratana (Gramsci e la cultura contemporanea, T. 1, p.
170), el problema de la traducción de la bürgerliche Gesellschaft no carece de
importancia en la medida en que Gramsci tradujo ciertos pasajes del artículo de
Marx sobre la Cuestión judía, donde Marx retoma la definición hegeliana muy
extensiva de la sociedad civil; en su traducción, Gramsci traduce bürgerliche
Gesellschaft por societa borguese y no como societa civile. Por otra parte, en
La ideologia alemana Marx reconoce el doble sentido del concepto hegeliano de
sociedad civil: aún cuando utiliza este término para designar la estructura
económica, Marx subraya que «la organización social que desarrolla directamente
basándose en la producción y en el intercambio, y que forma en todas las épocas
la base del Estado y de toda otra superestructura idealista, se ha designado
siempre, invariablemente, con el mismo nombre» (La ideología alemona, op. cit.,
p. 39) Es recién en la Critica del Programa de Gotha que Marx separa total-,
mente los aspectos estructurales y superestructurales de la concepción
hegeliana de la sociedad civil.
9. Karl
Marx, «Crítica del programa de Gotha», en Marx y Engels,Obras Escogidas, op.
cit. p. 24.
10. Idem.
11. I., p. 16.
13. M.
s., p. 99.
14. M. s.,
p: 57.
15. M.
S., 162.
16. J.
Texier, Gramsci, Seghers, pp. 68-79. Para un punto de vista
crítico ver L. Althusser.
17. M.
S., pag. 29
18. M.
S., pag. 12
19. M.
S., p. 26-27.
20. M.
S., p. 27.
21. M.
S., p. 13.
22. M.
S., p. 14.
23. M.
S., p. 9 (nota).
24. M.
S., p. 152-6
25. O,
p.136
26. LVF,
pag. 240
27. LVF,
pag. 241
28. P.,
p. 172
29. I.,
p. 11
30.P.,
p. 172
31. P.,
p. 172
32. Ibid
33. P.,
p. 178
34. M.
S., pag. 12
35. M.
S., pag. 15
36. Ibid
37. M.
S., p. 12
38. Mach.,
p. 240
39. P.,
p. 172
40. I.,
p. 16
41. L.
C., p. ,183.
42. L,
p. 16.
43.
Mach., p. 164
44. Mach.,
45. Mach.,
p. 116
46.
Mach., p. 164
47. P.,
p. 158
48. Ibid.
49. bid.
50. P.,
p. 159
51.
Mach., p. 133
52. I.,
p. 141
53. I.,
p. 141
54. I.,
p. 142
55.
Mach., p. 165
56. P.,
p. 172
57. L.
C., p. 174.
58. L.
C., p. 183.
59. Mach.,
p. 54.
60. Mach.,
p. 95-96.
61. Mach.,
p. 96
62. Mach.,
p. 95
63. Ibid.
64. P.,
p. 165 (en español, Antol. p. 315).
65. P.,
p. 166 (en esp. Antol. p. 315).
66. lbid.
(en esp. Antol. p. 315).
67. P.,
p. 166 (en esp. Antol. p. 315).
68. R.,
pp, 71-72 (en esp., Antol. p. 488).
69. Mach.,
p. 50.
70. Mach.,
p. 50.
71. Mach.,
p. 112.
72. Lenin
«El Estado y la revolución» en Obras escogidas, 3 tomos, Ed. Progreso, Moscú,
t. 11, p. 367.
73. Mach.,
p. 161.
74. Mach.,
p. 161-162
75. Mach.,
p. 163
76. Mach.,
p. 123


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