© Libro N° 11945.
Metodología En El Dieciocho Brumario De Luis
Bonaparte. Posadas Segura, Florencio. Emancipación. Diciembre
2 de 2023
Título original: ©
Metodología En El Dieciocho Brumario De Luis Bonaparte. Florencio
Posadas Segura
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Bonaparte. Florencio Posadas Segura
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Guillermo Molina Miranda
METODOLOGÍA EN EL DIECIOCHO BRUMARIO DE LUIS
BONAPARTE
Florencio Posadas Segura
Metodología
En El Dieciocho Brumario De Luis Bonaparte
Florencio
Posadas Segura
Introducción
En el
presente ensayo, no se pretende realizar un estudio exhaustivo sobre la
metodología de Marx en El Dieciocho Brumario, se
toma como pretexto esta obra para intentar un acercamiento no a la metodología,
sino a algunos aspectos de la misma ahí presentes.
En el
punto uno, se pretende proporcionar una especie de marco teórico-metodológico
que está presente en la obra de Marx. En el segundo, se aborda
brevemente la reflexión metodológica de Marx y Engels en
relación al 18 Brumario. En el tercero, se sitúa la obra citada en el contexto
del pensamiento gramsciano sobre el análisis de situaciones. En el cuarto, se
discuten tres acepciones sobre el concepto de coyuntura derivados de la
interpretación de los clásicos de la teoría socialista. En el quinto, se examina
con cierto detalle tres aspectos de la metodología, que hacen a la teoría de
las clases, la psicología del individuo y la problemática del tiempo, presentes
en algunos escritores contemporáneos.
Finalmente,
se establecen breves conclusiones.
1.
Principios metodológicos o vectores en la obra de Marx
Un buen
ejemplo de los problemas actuales de las ciencias sociales son los que atañen
al marxismo. Tras el nombre de marxismo se presentan posiciones
teórico-metodológicas diferentes.
Por una
parte, se revela una teorización de la historia en su conjunto, autodefinida
como científica, cuyas tesis centrales son las siguientes: 1) el motor y la
clave del funcionamiento, así como de la transformación de las sociedades, es
el desarrollo de las fuerzas productivas materiales, en donde existe una fuerza
productiva en última instancia determinante: los medios de trabajo o
instrumentos de producción; 2) las fuerzas productivas de la vida material son
definidas, por una parte, como poseedoras de la virtud intrínseca de tenderse a
desarrollar continuamente, progresivamente y, por el otro, como entes que no
tienen determinación social, esto es, que son susceptibles de ser
caracterizadas como tales fuerzas productivas, con independencia de las relaciones
sociales; entre fuerzas productivas y relaciones de producción que conforman la
estructura económica de una sociedad, sólo existen relaciones de
correspondencia o de antagonismo, en donde destaca el carácter primordial de
las primeras; sobre la base de la estructura económica de la sociedad, se
levanta el edificio jurídico y político al cual corresponden formas
determinadas de la conciencia social.
Una
concepción de la sociedad, como la anteriormente expuesta,
habría de hipotecar el futuro teórico-metodológico del marxismo, tendiendo a
situarlo dentro de un enfoque rígido y dogmatizado de la estructura
«invariable» de las sociedades humanas y en una concepción evolucionista
seudocientífica de su dinámica histórica, supuestamente regida por leyes
naturales que se cumplirían necesariamente.
Por otra
parte, se despliega un elemento que despunta en la obra juvenil de Marx y
reaparece constantemente en su obra madura. Se trata de aquella dimensión del
pensamiento marxiano que se manifiesta ante todo como voluntad de acabar con la
filosofía especulativa, proclamando que no se trata de interpretar al mundo
sino de transformarlo y que es preciso superar la filosofía realizándola. Ese
sesgo de la reflexión de Marx es el que se niega otorgarse de
antemano la solución al problema global de la historia que hace a su sentido
y se opone a proveerse de una «dialéctica» acabada e
infalible, afirmando en cambio que el comunismo no es un estado ideal hacia el
cual se encaminaría fatalmente la sociedad, sino el movimiento real que suprime
el estado de cosas existentes.
Este
ingrediente se manifiesta cuando Marx insiste sobre el hecho
de que son los hombres quienes hacen su propia historia, sobre la base de
condiciones dadas y declara, por tanto, que la emancipación de los trabajadores
será obra de los trabajadores mismos.
Estas
otras posiciones y planteamientos de Marx no se resuelven en
meras especulaciones. Por el contrario, pueden servir deguía
teórico-metodológica para abordar el aspecto más importante en la obra de Marx,
a saber, su análisis descriptivo y explicativo de la sociedad capitalista, tal
como se expone en sus trabajos más acabados como El capital y el
18 Brumario de Luis Bonaparte.
En la
llamada acumulación originaria y a todo lo largo del 18 Brumario,
por ejemplo, Marx describe un complejo proceso económico, social, político,
jurídico e ideológico, donde la imaginación, los deseos, los objetivos y, por
tanto, la práctica de los sujetos sociales desempeñan
un papel creador decisivo tanto para la emergencia y consolidación del
capitalismo, en el largo plazo, como para la creación de la forma bonapartista
de Estado, en el corto plazo.
2. La
reflexión metodológica de Marx en el 18 Brumario
En rigor,
elanálisis sobre su propia metodología utilizada en el 18 Brumario,
es casi inexistente y contradictoria. Quizás, es el único lugar de la obra en
donde Marx expone su concepción metodológica, estaría dado por
el siguiente pasaje: «Sobre las diversas formas de propiedad, sobre las
condiciones sociales de existencia, se levanta toda una superestructura de
sentimientos, ilusiones, modos de pensar y concepciones de vida diversos y
plasmados de un modo peculiar. La clase entera los crea y los plasma
derivándolos de sus bases materiales y de las relaciones sociales
correspondientes», concepción posteriormente canonizada por el ya célebre
fragmento del Prólogo de la contribución a la crítica de la economía
política: “El resultado general al que llegué y que, una vez obtenido,
sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: en la producción
social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e
independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una
determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El
conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la
sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y
política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social” (2).
La
metáfora del edificio, la base y la superestructura integrado por los niveles
económico, jurídico-político e ideológico, donde la superestructura se da como
una derivación de la base y las propias clases sociales están determinadas por
la estructura económica, parecería no corresponder con la realidad examinada y
descrita, pues a despecho del propio autor, como diría Althusser, “la
determinación económica en última instancia, nunca aparece”.
Lo
escasamente descrito por Marx en relación a su mitología,
ciertamente se revela contradictorio con todo lo que hace en el conjunto
de El Dieciocho Brumario, Federico Engels, tomó al pie
de la letra lo escrito por Marx y le dio un sentido aún más
economicista y evolucionista, seudocientífico, cuando en el prólogo a la
tercera edición, sentencia: «Fue precisamente Marx el
primero que descubrió la gran ley que rige la marcha de la historia, la ley
según la cual todas las luchas históricas ya se desarrollan en el terreno
político, en el religioso, en el filosófico o en otro terreno ideológico
cualquiera, no son, en realidad, más que la expresión más o menos clara
de luchas entre clases sociales, y que la existencia, y por tanto también los
choques de estas clases, están condicionados, a su vez, por el grado de
desarrollo de su situación económica, por el modo de su producción y de su
cambio, condicionado por ésta”. (3)
Por lo
demás, Engels se refiere a un aspecto importante de la
reflexión metodológica de Marx en el 18 Brumario y
que tiene que ver con su capacidad para comprender «la historia viva
del momento» y su penetración profunda «en los acontecimientos
al mismo tiempo que se producen». La problemática del tiempo momentáneo
dará lugar a lo que posteriormente será llamado análisis de coyuntura. Sin
embargo, la problemática del tiempo breve en Marx, estaba
estrechamente vinculada a la cuestión del tiempo permanente, como el
propio Engels pone de manifiesto: «He aquí por qué
Marx no solo estudiaba von especial predilección la historia pasada
de Francia sino qua seguía también en todos sus detalles la historia
contemporánea, reuniendo los materiales para emplearlos ulteriormente, razón
por la cual nunca le sorprendían los acontecimientos”.
3. El
análisis de situaciones en Gramsci
Lenin definiría
la coyuntura como «análisis concreto de la situación concreta» y en
términos de la relación estructura-coyuntura. En cambio, para Gramsci es
el problema de las relaciones entre estructura y superestructura al que es
necesario plantear y resolver con precisión para llegar a un análisis justo de
las fuerzas que actúan en la historia de un periodo determinado.
Como el
propio Marx, Gramsci toma como punto de partida
dos principios metodológicos postulados por el primero en el ya
mencionado Prólogo: 1) ninguna sociedad se propone tareas para cuya
solución no existan ya las condiciones necesarias o suficientes o no estén al
menos, en vías de aparición y de desarrollo: 2) ninguna sociedad desaparece y
puede ser sustituida si antes no desarrolla todas las formas de vida que están
implícitas en sus relaciones.
Para Antonio
Gramsci, a partir de la reflexión sobre esos dos cánones
metodológicos se puede llegar al desarrollo de toda una serie
de otros principios de metodología histórica. Sin embargo, señala en sus Notas
sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el estado
moderno, «en el estudio de una estructura es necesario distinguir los
movimientos orgánicos (relativamente permanentes) de los movimientos que se
pueden llamar de coyuntura (y se presentan como ocasionales, inmediatos, casi
accidentales). Los fenómenos de coyuntura dependen también de movimientos
orgánicos, pero su significado no es de gran importancia histórica; dan lugar a
una crítica política mezquina, cotidiana, que se dirige alos pequeños grupos
dirigentes y a las personalidades que tienen la responsabilidad inmediata del
poder. Los fenómenos orgánicos dan lugar a la crítica histórica-social que se
dirige a los grandes agrupamientos, más allá de las personas inmediatamente
responsables y del personal dirigente»(5)
Las notas
anteriores, son reveladoras de algo que habrá que tomar muy en cuenta. Desde la
perspectiva gramsciana, en el estudio de la estructura claramente identificada
con la economía, existen dos tipos de fenómenos o movimientos:
orgánicos y coyunturales; los primeros identificados con la cuestión del tiempo
permanente, los segundos con el problema del tiempo ocasional; los segundos
dependen de los primeros y no son de gran importancia histórica, siempre en
relación con los primeros. En tanto que se hace referencia al
movimiento orgánico y coyuntural de la estructura, debe quedar claramente
establecido que en este nivel del análisis se habla de organicidad y coyuntura
económica respectivamente.
Para Gramsci,
es en el estudio de un periodo histórico donde se aprecia la gran importancia
de esta distinción entre fenómeno orgánico y coyuntural y en el cual se
presentan crisis orgánicas estructurales que a veces se prolongan por decenas
de años. Esta larga duración significará que en la estructura económica se han
revelado contradicciones incurables que las fuerzas políticas que operan
positivamente en la conservación y defensa de la estructura, se esfuerzan por
sanearla y por superarla. Esos esfuerzos generan el fenómeno coyuntural que a
diferencia de la crisis orgánica casi permanente, forman el tempo de lo casi
accidental, lo ocasional, lo inmediato. Sobre él se organizan las fuerzas
antagónicas que tienden a demostrar que existen ya las condiciones necesarias y
suficientes para que determinadas tareas puedan y deban ser resueltas
históricamente.
Esos
criterios metodológicos pueden adquirir todo su significado si se aplican al
análisis de los hechos históricos concretos, Gramsci lo hace
en el caso de los acontecimientos de Francia en el periodo histórico de 1789
a 1870, en donde puede advertirse de inmediato que Gramsci analiza
los acontecimientos de 1848 examinados por Marx en El
Dieciocho Brumario, pero sólo como un episodio más situado en el contexto
de un período histórico largo: «En efecto, sólo en 1870-71 con la
tentativa de la comuna se agotan históricamente todos los gérmenes nacidos en
1789, lo cual significa que la nueva clase que lucha por el poder no sólo
derrota a los representantes de la vieja sociedad que se niegan a considerarla
perdida, sino también a los grupos más nuevos que consideran como superada
también a la nueva estructura surgida de los cambios promovidos en 1789. Dicha
clase demuestra así su vitalidad frente a lo viejo y frente a lo más nuevo.
Además, en 1870-71 pierde eficacia el conjunto de principios de estrategia y de
táctica política nacidos prácticamente en 1789 y desarrollados en forma
ideológica alrededor de 1848 y que se resumen en la fórmula de “revolución
permanente” (6).
Para el
examen de ese largo periodo histórico francés, Gramsci no se
limita al estudio de la estructura económica de la sociedad, sino que analiza
también las contradicciones internas de la estructura social a partir de 1789,
que sólo encuentran un equilibrio relativo a partir de 1871 con la tercera
república: equilibrio político que se prolonga por sesenta años después de
ochenta de conmociones políticas producidas en oleadas cada vez más espaciadas
y en donde la problemática del tiempo permanente y ocasional se vincula en un
mismo periodo histórico que tiene como crestas de la oleada: 1789, 1794, 1804,
1815, 1830, 1848 y 1870 y en el cual se privilegia no sólo el estudio de la
estructura, sino también el de su relación con la superestructura: “El
estudio de estas ‘oleadas’ de amplitudes diferentes es precisamente lo que
permite reconstruir las relaciones entre estructura y superestructura por un
lado, y por el otro, entre el desarrollo del movimiento orgánico y del
movimiento coyuntural de la estructura” (7).
Es decir,
que en los principios metodológicos que sirven a Gramsci como
punto de partida “ninguna sociedad desaparece y puede ser sustituida”…”ninguna
sociedad se propone tareas…para ser» pasa por la mediación dialéctica de la
fórmula política-histórica de la revolución permanente”, lo que significa
resolver adecuadamente el problema de la relación estructura-superestructura,
para un análisis justo de las fuerzas que actúan en un período histórico
determinado.
En ese
sentido, cabe decir que para Gramsci lo verdaderamente
relevante desde el punto de vista mitológico es el análisis de las situaciones
o de fuerzas sociales, políticas y militares. El análisis de la correlación de
fuerzas supone el problema relaciona estructura-superestructura y por tanto la
relación entre los fenómenos económicos, jurídicos, políticos, filosóficos,
religiosos e ideológicos.
En el
análisis de situación o relación de fuerzas gramsciano es necesario distinguir
diversos momentos o grados que en lo fundamental son los siguientes:
I.
Relación de fuerzas sociales ligadas a la estructura, objetiva, independiente
de la voluntad de los hombres, que puede ser medida con los sistemas de las
ciencias exactas e físicas.
II.
Un momento sucesivo es la relación de las fuerzas políticas caracterizado por
cierto grado de homogeneidad, autoconciencia y organización de los grupos
sociales. Se distinguen, a su vez, por los diferentes momentos de la conciencia
política colectiva: a) el momento económico-corporativo; b) momento de la
conciencia de solidaridad de intereses entre todos los miembros de un grupo
social en el campo económico; c) el momento de la conciencia de
intereses extracorporativos o fase política. En este momento se opera el pasaje
de la conciencia sobre la estructura a la conciencia de la superestructura. Se
generan las ideologías y surgen los partidos políticos. Se forma la unidad de
fines económicos y políticos e intelectuales y morales. Se produce
la hegemonía política y cultural. Surge el Estado.
III.
Relación de fuerzas militares inmediatamente decisivo según
las circunstancias. Se distinguen a su vez dos momentos: a)
técnico-militar y b) político-militar.
No
obstante, el análisis concreto de las relaciones de fuerza, no constituye un
fin en sí mismo; “ellos muestran cuales son los puntos de menos
resistencia donde la fuerza de voluntad puede ser aplicada de manera más
fructífera, sugieren las operaciones tácticas inmediatas, indican cómo se puede
lanzar mejor una campaña de agitación política, qué lenguaje será el mejor
comprendido por las multitudes, etc. El elemento decisivo de toda situación es
la fuerza permanente organizada desde largo tiempo, que puede hacer avanzar
cuando se juzga que una situación es favorable… Los grandes Estados han llegado
a serlo precisamente porque en todos los momentos estaban preparados para
insertarse eficazmente en las coyunturas internacionales favorables y estas
eran tales porque ofrecían la posibilidad concreta de insertarse con eficacia
en ellas” (8).
En Gramsci,
finalmente se da una revaloración de la coyuntura, de su
importancia. Análisis situacional, análisis integrado de fuerzas sociales,
políticas y militares a todos los niveles estructural y superestructural, para
insertarse eficazmente en las coyunturas económicas favorables originadas por
la crisis orgánica de la economía. Para Gramsci,
el análisis de coyuntura lo es de la economía y el de situaciones integra los
diversos niveles de análisis de la totalidad social. Son cosas diferentes,
pero relacionadas. Para poder incidir eficazmente en la primera se requiere de
la segunda, de una situación favorable.
4.
Diversas nociones sobre la coyuntura
En virtud
de que hablar de la coyuntura se ha convertido en un lugar
común, bien vale la pena hacer las aclaraciones que vienen al caso. Para
unos, análisis de coyuntura, es el nivel de la economía; para otros, es
coyuntura política; para otros más, significa analizar la totalidad social.
Pareciera que el único criterio común entre los teóricos de la coyuntura es su
referencia al tiempo breve, pero ni siquiera eso es cierto. Los hay quienes
hablan de «coyunturas largas».
Para
ilustrar la noción de coyuntura en el sentido que le otorga Gramsci,
pero que se queda en él sin vincularlo al análisis de situaciones, se hará
referencia al ejemplo de Vilar.
Pierre
Vilar en su noción de Coyuntura, asume una definición amplia del
concepto de coyuntura: «En el sentido más general, la ‘coyuntura’ es el
conjunto de las condiciones articuladas entre sí que caracterizan un momento en
el movimiento global de la materia histórica. En este sentido, se trata de
todas las condiciones, tanto de las psicológicas, políticas y sociales como de
las económicas o meteorológicas» (9)
Sin
embargo, Vilar le otorga a su noción de coyuntura un sentido
más particular, En rigor se refiere a la coyuntura económica como parte de la
ciencia económica. En ese sentido, que es el original tanto en Marx como
en Gramsci, a la estructura de una sociedad, que Vilar identifica
claramente con los modos de producción, cuyas relaciones fundamentales y
principios de funcionamiento serían relativamente estables, se dan en
contrapartida movimientos incesantes, coyunturales, que son el resultado de
este mismo funcionamiento y que modifican en todo momento el carácter de estas
relaciones, la intensidad de los conflictos, las relaciones de fuerza. «Así,
a condición de pensarlo dentro de un tipo de estructura (modo de producción
feudal, capitalista, de transición, etcétera), el movimiento coyuntural forma
parte de los análisis de historiador«, (10)
En Vilar,
solo hay una referencia formal a la articulación de todas las condiciones, y a
la modificación de las relaciones de fuerza. En realidad se queda en la
coyuntura económica y podría pecar de reduccionismo económico. Los movimientos
contemporáneos de la coyuntura económica son los indicadores económicos, sobre
todo los movimientos de los precios de las mercancías: ‘»Digamos que hay mas
‘probabilidades’ de que estalle un motín en tiempo de hambre que en un año de
buena cosecha«. Esto no significa, sin embargo, que el motín vaya
estallar necesariamente, y menos aún que vaya a transformarse en revolución.
Pero si hay confluencia (coyuntural) entre agudizaciones máximas de las
contradicciones sociales a niveles diversos, se refinen las condiciones revolucionarias.
Tal es el sentido del análisis coyuntural». (11)
Desde su
oficio de historiador, sugiere ideas novedosas para el corte geográfico o
amplitud de las coyunturas: «zonas coyunturales» más que «coyunturas
mundiales»; «coyuntura mediterránea» más que «coyuntura moderna» y «coyuntura
antigua»; «emparentamiento de coyunturas mundiales de fenómenos geofísicos».
Sin embargo al referirse a la duración de los periodos, Vilar se
permite hablar de movimiento largo y movimiento corto de los indicadores de la
coyuntura y por tanto de “coyuntura larga” y “coyuntura corta”, eliminando la
diferencia entre el movimiento orgánico y el movimiento coyuntural, la
problemática del tiempo largo y el tiempo corto, por más que el propia Vilar se
imagine “las fases largas” de la coyuntura como otros tantos “signos
de modificación de las estructuras” (…) pues “coyunturas y estructuras
no son dos nociones extrañas entre sí; son dos aspectos de fenómenos comunes”
(12).
Otra
definición de coyuntura, como coyuntura política, que quiere distinguirse de la
noción de coyuntura económica, sería la de Roger Bartra, en Breve
diccionario de sociología marxista, cuando escribe: “Se denomina
coyuntura política el eslabonamiento que se produce en un momento dado de las
fuerzas políticas que luchan por controlar el poder socioeconómico. La
coyuntura política es, por decirlo de otra forma, el reflejo en la
superestructura política del nivel, carácter y agudeza de las contradicciones y
lucha de clases” (13).
Evidentemente,
la teoría del reflejo no resuelve adecuadamente el problema de la relación
entre estructura y superestructura, al menos en el sentido gramsciano, pues
omite la mediación dialéctica entre ambas.
Es
pertinente anotar que Juan Carlos Portantiero ha llamado
a Gramsci el principal “teórico de la coyuntura”. En Portantiero hay
una decida revalorización de Gramsci en el pensamiento
socialista clásico, porque su reflexión lleva al intento de colocar las bases
para el estudio y la resolución de las coyunturas a través del diseño de un
“canon metodológico” que permite relacionar las estructuras con la actualidad,
pues, “El análisis de una coyuntura no es otra cosa, -en Gramsci-, que
el examen de un haz de relaciones contradictorias (relaciones de fuerza), en
cuya combinación particular un nivel de ellas –las económicas”- opera como
límite de variación, o sea, permite controlar el grado de realismo y de
posibilidades de realización de las diversas ideologías que nacieron (…) en el
terreno de las contradicciones que generó durante su desarrollo” (14).
En Gramsci,
el movimiento orgánico estructural se pone de manifiesto en forma de crisis que
pueden perdurar muchos años y que forman el espacio de los fenómenos
coyunturales. En un sentido amplio, las crisis de las estructuras,
fundamentalmente la crisis política, da lugar al concepto de hegemonía, crisis
de hegemonía, crisis orgánica, que para Alessandro Pizzorno constituiría
el elemento más interesante de la teoría política de Gramsci. Pero,
contrariamente a quienes piensan que toda crisis orgánica, crisis de
representación, abre el espacio para una coyuntura revolucionaria, “una
ruptura revolucionaria”. Pizzorno sostendrá justamente,
en Sobre el método de Gramsci que: “La crisis orgánica
puede conducir a la revolución, pero también puede abrir el camino a la
reacción: o simplemente resolverse dejando el poder en manos de quienes ya lo
detentaban«. (15)
5. La
lectura metodológica contemporánea del 18 Brumario
Un texto
como El Dieciocho Brumario puede ser visto sólo como el
análisis de una coyuntura de casi cuatro años en la historia de Francia
(1848-1851). Puede ser leído también como un aporte a la teoría marxista de la
lucha de clases en proceso de elaboración.
Sin
embargo, si la coyuntura se vincula al análisis de situaciones en el sentido
gramsciano, entonces, el examen de esa coyuntura realizada por el propio Marx,
revela la utilidad de una mitología y de una teoría: atrapa y descubre un
fenómeno casi accidental que luego será un concepto político y dará lugar a la
caracterización de una forma de Estado; el bonapartismo. Como acertadamente
apunta Francisco Delich, en Para el análisis de los
fenómenos sociopolíticos coyunturales: “Metodológicamente, el hilo conductor
del razonamiento es el comportamiento de las clases, pero y sobre todo el de
las fracciones de clases, que a veces se definen por atributos propiamente
socioeconómicos (burguesía financiera), otros políticos (burguesía republicana)
y que se enfrentan política y militar o socialmente según los avatares de una
coyuntura excepcional. Finalmente, Bonaparte asciende al poder en hombros
campesinos, lo que sugiere a Marx un triunfo del campo sobre la ciudad, posible
por el bajo grado de conciencia de aquellos; sin embargo, Marx se cuida bien de
distinguir el enfrentamiento a nivel del Estado, de los conflictos de la
sociedad civil, aunque los reúne y combina reiteradamente, pero claramente
distinguibles” (16). Marx, al referirse a su propia obra
desvela el hilo conductor: “…demuestra cómo la lucha de clases creó en
Francia las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje
mediocre y grotesco representar el papel de héroe”. (17)
Por lo
que se refiere a las clases, y, sobre todo a las fracciones de clase analizadas
por Marx, su utilidad se revela al examinar las fracciones de clase
dominantes, en su relación con una forma particular del Estado. Las fracciones
de clase aparecen formando bloques históricos de clase en el poder o
alternativo al poder, en el sentido gramsciano del término, aunque en Marx no
sea utilizado explícitamente el término.
Cuando Marx nos
habla del “dominio exclusivo” o del “monopolio en el poder” de
dos fracciones de la burguesía, la industrial y la financiera, su unidad
política estaba dada por la monarquía constitucional como forma de Estado. En
cambio, la fracción de los grandes terratenientes, de la burguesía financiera y
de la burguesía industrial, encuentran su unidad política en la república
parlamentaria como forma de Estado; “habían encontrado en la república
burguesa la forma de Estado en que podían reinar en común” dirá Marx.
Pero la unidad política de las fracciones de clase dominantes, no significa
para Marx, reparto igual del poder. Es aquí donde la idea de
hegemonía también está presente en Marx, para indicar que una clase
o fracción de clase en el poder, constituye el elemento dominante o hegemónico,
en el caso de la República, la fracción de la burguesía financiera. En ese
sentido, las conclusiones a las que arriba Nicos Poulantzas,
en Poder político y clases sociales en el Estado capitalista, son
adecuadas: “…el bloque en el poder constituye una unidad contradictoria
de clases y fracciones políticamente dominantes bajo la égida de la fracción
hegemónica” (18).
En el
propio Poulantzas, tenemos un buen ejemplo de interpretación lúcida
del análisis de las clases o fracciones de clase en El Dieciocho
Brumario. Desde esta perspectiva no sólo existe una diferencia sustancial
entre la unidad política de las clases dominantes que llegan a conformar un
bloque en el poder y la idea de elemento dominante o hegemonía, ejercida por
una sola fracción; sino que también está presente la idea de alianza entre el
bloque de poder y clases o fracciones de clase fuera del bloque, así como la
idea de clases o fracciones de clase-apoyo, que sirven de sustento al bloque en
el poder: “Los conceptos de bloque en el poder y de alianzas son
completados en Marx, en lo que concierne, siempre a las variaciones en los
límites de una forma de Estado o de un bloque en el poder, de un estadio
determinado, por otro concepto, que comprende una categoría particular de
relaciones entre las clases del bloque en el poder y otras clases: se trata de
las clases sobre las cuales se ‘apoya’ una forma del Estado capitalista. Casos
típicos de esas clases-apoyos: los campesinos parcelarios en el marco del
bonapartismo; la pequeña burguesía a fines del primer periodo de la república
parlamentaria; el lumpenproletariado del bonapartismo” (19).
Por otra
parte, y siempre siguiendo y tratando de interpretar la metodología utilizada
por Marx en El 18 Brumario, los protagonistas
principales, la acción de ciertos individuos, juegan un papel decisivo en la
coyuntura o las coyunturas que culminan con el golpe de estado de Bonaparte.
La acción individual tiene sentido en función de las clases y fracciones de
clase que representan o dicen representar, pero también son importantes las
consideraciones psicológicas que a propósito de ellos Marx desarrolla.
Por ejemplo, sobre el actor principal: “Parecía como si sus apetitos
usurpadores sólo se exteriorizasen para que no se acallasen las risas malignas
de sus adversarios. Se comportaba como un genio ignorado, considerado por el
mundo entero como un bobo” (20). “Viejo roué ladino, concibe la vida
histórica de los pueblos y los grandes actos del Estado y gobierno como una
comedia, en el sentido más vulgar de la palabra, como una mascarada, en que los
grandes disfraces y las frases y gestos no son más que la careta para ocultar
lo más mezquino y miserable” (21). “Como fatalista que es, abriga la
convicción de que hay ciertos poderes superiores, a los que el hombre y sobre
todo el soldado no se puede resistir. Entre estos poderes incluye en primer
término, los cigarros y el champagne, las aves frías y el salchichón adobado
con ajo” (22). “Una larga y aventurera vida de vagabundo le había dotado
de los tentáculos más perfectos para tantear los momentos de debilidad en que
podía sacar dinero a sus burgueses” (23). “En las orgías que Bonaparte
celebraba todas las noches con la swell mob de ambos sexos, en cuanto se
acercaba la medianoche y las abundantes libaciones desataban las lenguas y
calentaban la fantasía, se acordaba el golpe de Estado para la mañana siguiente”
(24).
Hay un
personaje, el protagonista principal de la mascarada, “grotesco y mediocre”
en los calificativos de Marx, que difícilmente puede ser vinculado
a clase social alguna, no obstante apoyarse, identificarse o representar al
lumpenproletariado o al campesino conservador: “Este Bonaparte, que se erige
en jefe del lumpenproletariado, que sólo en éste encuentra reproducidos en masa
los intereses que él personalmente persigue, que reconoce en esta hez, deshecho
y escoria de todas las clases, la única clase en la que puede apoyarse sin
reservas, es el auténtico Bonaparte, el Bonaparte sans phrase” (25). Y
también “Bonaparte representa a una clase, que es además, la clase más
numerosa de la sociedad francesa: Los campesinos parcelarios” (26). Pero,
en rigor Marx describe a Luis Bonaparte como
un personaje agobiado por las deudas y sus acreedores, obsesivamente guiado por
una sola idea fija y mezquina: asaltar el fisco y expoliar a toda la nación
francesa. A pesar de todo tiene éxito. En opinión de Sinesio López,
en El análisis de coyuntura en el pensamiento socialista clásico, Marx explica
este éxito, porque Bonaparte “explota” las contradicciones
de clase, porque se ubica en los núcleos principales de las correlaciones de
fuerzas, se deja arrastrar por ellas, dentro de una coyuntura cuya forma de
movimiento es definida por Marx como línea descendente de la revolución, hasta
desembocar en el poder” (27).
En
relación con el papel que desempeñan los individuos, los protagonistas
principales de El 18 Brumario y la introspección psicológica
que Marx hace de ellos, Delich, considera que: “Leídas
como historia de largo plazo se trata sólo de anécdotas personales; en aquel
presente fueron probablemente muy relevantes, del mismo modo que el largo plazo
sólo considera las clases como homogéneas en detrimento de las fracciones”
(28).
Una
cuestión más, de orden metodológico, que está presente en El 18
Brumario, es el problema del tiempo. En la lucha de clase o fracciones de
clase, que se enfrentan estableciendo diversas combinaciones en el poder o
fuera de él, sólo el tiempo otorga unidad al conjunto de acontecimientos.
Para Marx existe una especie de tiempo permanente y ocasional.
El segundo depende del primero. Cuando Marx recorta el tiempo
entre febrero de 1848 y diciembre de 1851, en primer lugar, habría que señalar
que no lo desvincula de un periodo histórico más amplio que Marx viene
estudiando desde 1789 y que habrá de concluir ochenta años más tarde, en 1871.
En
segundo lugar, al diseccionar el tiempo y la geografía, Marx se
propone examinar un fenómeno coyuntural extraordinario, pero sobre todo
analizar las fuerzas sociales, políticas y militares capaces de incidir
eficazmente en el movimiento coyuntural, poniendo en juego un complejísimo
análisis de la estructura social.
El
problema se ha planteado en referencia exclusiva al tiempo ocasional ligado a
la coyuntura, en virtud de que Marx establece diferentes
periodizaciones sin mayores explicaciones del porqué lo hace.
Si nos
atenemos a la periodización establecida por Marx al principio
del texto, tenemos que en las fases recorridas por la revolución francesa desde
el 24 de febrero de 1848 hasta el mes de diciembre de 1851: “Hay tres
periodos capitales que son inconfundibles: el periodo de febrero; del 4 de mayo
de 1848 al 28 de mayo de 1849, periodo de constitución de la república o de la
Asamblea Nacional Constituyente; del 28 de mayo de 1849 al 2 de diciembre de
1851, periodo de la república constitucional o de la Asamblea Nacional
Legislativa” (29).
Sin
embargo, esta misma periodización es modificada al final del texto: He aquí en
breves rasgos, el esquema de su historia:
I. Primer
periodo. Del 24 de febrero al 4 de mayo de 1848. Periodo de febrero.
Prólogo. Espejismo de confraternización general.
II. Segundo
periodo. Periodo de constitución de la república y de la Asamblea
Nacional Constituyente.
1. Del 4 de mayo al 25 de junio de 1848. Luchas de todas las clases contra el
proletariado. Derrota del proletariado en las jornadas de junio.
2. Del 25 de junio al 10 de diciembre de 1848. Dictadura de los republicanos
burgueses puros. Se redacta el proyecto de Constitución. Declaración del estado
de sitio en París. El 10 de diciembre se elimina la dictadura burguesa con la
elección de Bonaparte para presidente.
3. Del 20 de diciembre de 1848 al 28 de mayo de 1849.
Lucha
de la Constituyente contra Bonaparte y el partido del orden coligado con él.
Caída de la Constituyente. Derrota de la burguesía republicana.
III. Tercer
periodo. Periodo de la república constitucional y de la
Asamblea Nacional Legislativa.
1. Del 28 de mayo al 13 de junio de 1849. Lucha de los pequeños burgueses
contra la burguesía y contra Bonaparte. Derrota de la democracia pequeño
burguesa.
2. Del 13 de junio de 1849 al 31 de mayo de 1850. Dictadura parlamentaria del
partido del orden. Corona su dominación con la abolición del sufragio
universal, pero pierde el ministerio parlamentario.
3. Del 31 de mayo de 1850 al 2 de diciembre de 1851. Lucha entre la burguesía
parlamentaria y Bonaparte.
a) Del 31 de mayo de 1850 al 12 de enero de 1851. El parlamento pierde el alto
mando sobre el ejército.
b) Del 12 de enero al 11 de abril de 1851. Sucumbe en sus tentativas por volver
a adueñarse del poder administrativo. El partido del orden pierde su mayoría
parlamentaria propia. Coalición del partido del orden con los republicanos y la
montaña.
c) Del 11 de abril al 9 de octubre de 1851. Intentos de revisión, de fusión, de
prórroga de poderes. El partido del orden se descompone en los elementos que lo
integran. Definitiva ruptura del parlamento burgués y de la prensa burguesa con
la masa de la burguesía.
d) Del 9 de octubre al 2 de diciembre de 1851. Ruptura franca entre el
parlamento y el poder ejecutivo. El parlamento consuma su defunción y sucumbe,
abandonado por su propia clase, por el ejército y por las demás clases. Ocaso
del régimen parlamentario y de la dominación burguesa. Triunfo de Bonaparte.
«Parodia de restauración imperial” (30).
Se pueden
apreciar tres cortes sucesivos realizados por Marx. En primer lugar
un corte del periodo histórico recorrido por la revolución francesa, que va del
24 de febrero de 1848 al 2 de diciembre de 1851; 2) la fase anterior, es
subdivida en tres periodos capitales e inconfundibles; 3) los periodos
precedentes son descompuestos a su vez en diez subperiodos.
Establecer
un corte entre el tiempo largo y el tiempo corto tiene un alto grado de
dificultad. Marx lo hace. Su tiempo largo arranca de 1779, su
tiempo corto va de 1848 a 1851. Pero la dificultad es mayor si se efectúan
censuras al interior del tiempo breve como Marx también lo
hace. De hecho cada uno de los diez subperiodos podría dar lugar al estudio de
diez coyunturas distintas.
Una
primera explicación del problema planteado, estaría dada por el hecho de que
los fenómenos coyunturales vinculados al corto plazo depende de los fenómenos
orgánicos relacionados con el largo plazo. Son la forma en que se manifiesta
por medio de crisis el movimiento de la estructura de la sociedad. La
problemática del tiempo inmediato está ligada a la cuestión del tiempo mediato;
pero por otra parte está vinculada, en Marx, a su hilo
metodológico, la teoría de la lucha de clases que es la que le permite hacer
cuantos cortes considera necesarios. En donde aparentemente hay arbitrariedad,
existen criterios teóricos que organizan la periodización asumida
por Marx. Dicho con palabras de Delich: “La
particularidad del ascenso de Luis Bonaparte al poder es generalizable, a
partir de la detección de los componentes básicos de la coyuntura, leídos a
partir de una teoría de las clases no formulada explícitamente. Esto implica
que la coyuntura se desintegra como tal para que emerjan los elementos
directrices, las constantes históricas disimuladas por la especificidad”
(31).
El
propio Delich, sugiere una serie de premisas para el estudio actual
de la coyuntura tal y como él la entiende. La premisa básica sería que no
existe diferencia entre los elementos que se reúnen en un análisis de largo
plazo de aquellos que se integran para un estudio de corto plazo. Una segunda
premisa es que el nivel de análisis no puede ser otro que el de las formaciones
históricas. Una tercera premisa, consiste en que la coyuntura es siempre un
modo particular de articulación. Una cuarta premisa radica en un análisis
coyuntural es sólo posible si el énfasis se desplaza de las causas a las
condiciones, aunque obviamente no se pueda prescindir de aquellas.
La
propuesta de Delich, no deja de ser sugerente sobre todo por
integrar en una sola visión elementos teóricos sin los cuales el concepto mismo
de coyuntura se presta a confusión o es interpretado en forma reduccionista,
pues como resume: “Las cuatro premisas anotadas no son desde luego
exhaustivas, pero, y a pesar de se generalidad, permiten al menos mostrar la
posibilidad de encontrar un nivel de análisis con cierto grado de autonomía,
despejando las confusiones más frecuentes por una parte y, por otra, apartándola
del pragmatismo usual” (32).
CONCLUSIONES
El
Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, se inscribe dentro de la mejor
tradición del marxismo de Marx, en donde este último describe una
combinatoria económica, política, jurídica, social e ideológica y en donde la
última instancia económica nunca aparece, y en cambio los deseos, los objetivos
y la praxis de los individuos desempeñan un papel determinante.
La
reflexión metodológica que el propio Marx realiza sobre su
obra, resulta ser completamente insuficiente, casi inexistente y
contradictoria. Engels toma al pie de la letra el
reduccionismo economicista de Marx, como elemento clave para
analizar la historia del momento.
Gramsci sitúa
los acontecimientos de 1848-1851 descritos y analizados por Marx en
el contexto de un periodo histórico más amplio que corresponde al ciclo de la
revolución francesa. Desde su perspectiva, cobra especial relieve el análisis
de situaciones o correlación de fuerzas sociales, políticas y militares que
presupone relacionar estructura y superestructura y por ende fenómenos
económicos, jurídicos, políticos, filosóficos, religiosos e ideológicos. Gramsci revalora
la importancia del análisis de coyuntura pero vinculado al análisis de fuerzas.
Análisis de situaciones para insertarse eficazmente en las coyunturas
favorables.
Es
necesario distinguir las diversas nociones de coyuntura vinculadas con el
análisis de lo económico, lo político y la totalidad social, en ese sentido,
destaca la revalorización del pensamiento gramsciano por parte de Portantiero y Pizzorno.
En la
lectura metodológica más reciente de 18 Brumario y en la
revalorización del concepto de coyuntura destaca la problemática vinculada con
la teoría de las clases sociales y las fracciones de clase; la biografía
individual de los protagonistas del cambio social y sus vínculos con la
sociedad; la periodización histórica a corto y largo plazo .
Las
sugerencias de Delich, que hacen a la revalorización del
concepto de su coyuntura, parecen perfectamente pertinentes. Sus premisas
retoman lo mejor de la tradición teórica marxista y además tienen la virtud de
tomar elementos y conceptos que provienen de diversas teorías no marxistas. En
ese sentido y contrariamente a lo que pudiera pensarse, las perspectivas de
nuevos programas de investigación sobre coyuntura, son aún más promisorias.
NOTAS
1. Marx,
Carlos.: El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, p. 258
2. Marx,
Carlos.: Prólogo de la contribución a la crítica de la economía
política, p. 348
3.
Engels, Federico.: Prólogo de la tercera edición alemana de El
Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, p. 232
4. Ibid.
pp. 231-233
5.
Gramsci, Antonio.: Notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el
Estado moderno, p. 67
6. Ibid.
p. 69
7. Ibid.
p. 70
8. Ibid.
p. 76
9. Vilar,
Pierre.: La noción de coyuntura, p. 81
10. Ibid.
p. 105
11. Ibid.
p. 84
12. Ibid.
p. 95
13.
Bartra, Roger.: Breve diccionario de sociología marxista, p.
56
14.
Portantiero, Juan Carlos.: Gramsci y el análisis de coyuntura, p.
177
15.
Pizzorno, Alessandro.: Sobre el método de Gramsci, p. 54
16.
Delich, Francisco.: Para el análisis de los fenómenos sociopolíticos
coyunturales, p. 14
17. Marx,
Carlos.: Prólogo a la segunda edición de El Dieciocho Brumario de Luis
Bonaparte, p. 230
18.
Poulantzas, Nicos.: Poder político y clases sociales en el Estado
capitalista, p. 308
19. Ibid.
p. 315
20. Marx,
Carlos.: El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, p. 271
21. Ibid.
p. 280
22. Ibid.
pp. 281-282
23. Ibid.
p. 278
24. Ibid.
p. 308
25. Ibid.
p. 280
26. Ibid.
p. 317
27.
López, Silesio.: El análisis de coyuntura en el pensamiento socialista
clásico, p. 34
28.
Delich, Francisco, op. cit., p. 15
29. Marx,
Carlos.: El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, p. 238
30.
Ibid. pp. 312-313
31.
Delich, Francisco, op. cit., p. 15
32. Ibid.
p. 19


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