© Libro N° 11163.
El Marxismo Real Es El Realismo Marxista. Gunder
Frank, André. Emancipación. Abril 29 de 2023
Título original: ©
El Marxismo Real Es El Realismo Marxista. André Gunder Frank
Versión Original: © El Marxismo Real Es El Realismo Marxista.
André Gunder Frank
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Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
EL MARXISMO REAL ES EL
REALISMO MARXISTA
André Gunder Frank
El
Marxismo Real Es El Realismo Marxista
André
Gunder Frank
Al
conmemorarse el centésimo aniversario la muerte de Carlos Marx, me gustaría
analizar la persistente importancia de Marx y el marxismo en estos días,
poniendo énfasis en la significación de su finalidad principal y de los
problemas que de ello se derivan.
El
principal objetivo perseguido por Marx y el marxismo ha sido cambiar el mundo
para mejorarlo: «Hasta aquí los filósofos sólo han interpretado el
mundo, nuestro objetivo es transformarlo» para eliminar la
explotación, opresión y alienación del hombre (y la mujer) por el hombre. El
método de Marx, identificado con su nombre, aunque no siempre puesto en
práctica por los marxistas, ha sido el materialismo histórico: «No es
la conciencia del hombre la que determina su existencia, sino al contrario, es
su existencia social la que determina su conciencia».
La
práctica del materialismo histórico requiere de «un análisis concreto
de la realidad concreta» (Lenin) no de la adhesión ideológica a textos
sacralizados o una mera obediencia política hacia una doctrina aceptada.
La
combinación de este método y del objetivo señalado, especialmente en la forma
del análisis del materialismo histórico con el propósito de liberar al hombre y
a su conciencia – o contrariamente, si se entiende que el hombre constituye su
propia historia, pero sujeto a las limitaciones materiales plantea una larga
lista de contradicciones dialécticas aún no resueltas, posiblemente
insuperables, y diversas interpretaciones contradictorias. Podemos examinar
algunas de ellas.
Objetivos
marxistas
A cien
años de la muerte de Marx y a ciento treinta y cinco de la publicación
del Manifiesto Comunista, los objetivos propuestos por Marx y los
marxistas plantean la contradicción de que ahora un tercio de la humanidad es
gobernada (más que gobernarse a sí misma) en nombre de Marx, sus objetivos y su
método. Sin embargo, este hecho numérico está por debajo de lo que predijo Marx
en la base de su análisis materialista histórico y lo que se esperaba de
acuerdo con su objetivo propuesto. Más aún, este cambio ha ocurrido no en las
regiones materialmente avanzadas del mundo donde el propio análisis materialista
histórico inducía a preverlo, sino donde él menos lo esperaba: en Rusia, en
China y zonas de lo que hoy se llama Tercer Mundo.
El
objetivo marxista, no obstante, es todavía una luz de esperanza en muchas
partes del mundo; más en el Sur que en el Norte y, posiblemente, más en el
Oeste donde no se ha establecido, que en el Este donde si lo está. Esta
esperanza marxista es débil ahora en el Norte y en el Este debido al fracaso,
en nombre de Marx, de eliminar la explotación, opresión y alienación existente.
Pero, a pesar de estos defectos, la esperanza de hacer realidad los objetivos
marxistas se mantiene muy fuerte en diferentes regiones del Sur y del Oeste.
Estos
defectos en la consecución de los objetivos marxistas se pueden atribuir a las
persistentes limitaciones del desarrollo material de las fuerzas productivas y
de la propia conciencia marxista y del análisis materialista, como asimismo de
las contradicciones que entre ellas se producen, todo lo cual analizaremos con
la ayuda del propio método materialista histórico marxista.
Método
marxista del materialismo histórico
A. Método
marxista en el Oeste y en el mundo
Marx y
sus seguidores hasta Lenin desarrollaron el método del análisis materialista
histórico, tomando como base el desarrollo capitalista en algunos países
particulares, especialmente Inglaterra, para utilizarlo en el estudio
(interpretación) y cambio (transformación) de esos mismos países. Esta forma de
utilizar el materialismo histórico contradice (o es contradicho por) el
desarrollo del capitalismo en una escala mundial, cosa que fue reconocida y
comentada por Marx y Lenin, aunque no fue incorporada en sus propios modelos
analíticos (volumen I del «Capital» de Marx y «Desarrollo del
Capitalismo en Rusia» e «Imperialismo, Etapa Superior del Capitalismo«,
de Lenin).
Desde la
aparición de estos trabajos, la integración e interdependencia de todas las
regiones del mundo en un solo proceso histórico de desarrollo del capitalismo,
ha llegado a ser tan fuerte e inmediatamente determinante de las limitaciones,
bajo las cuales los hombres hacen su propia historia, que el análisis
materialista histórico del presente debe tomar mucha mayor consideración de
ello que la forma como lo hicieron los primeros marxistas y cómo aún lo hacen
muchos en la actualidad. Estos últimos no han sido capaces de resolver la
contradicción entre lo que ha llegado a construir una doctrina marxista basada
en los de textos sacralizados, a la cual algunos aprendices se aferran, y el
método del análisis materialista histórico. Todo esto indudablemente contradice
tanto el método como los objetivos de Marx y Lenin y está también en abierta
contradicción con el desarrollo histórico y la experiencia material.
De este
modo, la presente crisis económica es producto de profundos desajustes
estructurales hacia el interior y entre el Oeste, el Este y el Sur; la crisis
afecta a todos los países por diferentes que sean, en cada una de estas
regiones del mundo, y la solución, si existe alguna, de la presente crisis
supondrá consecuencias económicas, sociales, culturales, ideológicas y cambios
políticos en gran parte del mundo.
Algunos
de estos cambios se evidencian ya con la emergencia de una nueva división
internacional del trabajo, un nuevo desarrollo tecnológico, una extendida
declinación de un poder hegemónico, en este caso los Estados Unidos, frente a
competidores de otras partes; pero básicamente de otras potencias capitalistas,
por ejemplo el Japón, y no de países socialistas.
Este
desarrollo histórico contradice lo que a muchos, tanto de la izquierda como de
la derecha, les gusta reclamar basándose en una equivocada referencia a la
supuesta mayor fortaleza, poder político y superioridad ideológica u ofensiva
de la Unión Soviética.
El cambio
puede ser promovido también por una elevada conciencia social, cultural y
política y por amplios movimientos de masas bajo banderas nacionalistas,
religiosas, raciales y clasistas, aduciendo también objetivos marxistas. Todas
estas importantes transformaciones del mundo y de la conciencia popular es
propiamente la finalidad del análisis marxista del mundo como un todo y de la
creciente diferenciación de sus partes, aunque reconociendo que el todo es
mayor que la suma de las partes.
A pesar
de que el materialismo histórico adolece de limitaciones y de que no fue
precisamente desarrollado en este amplio contexto del mundo o teniendo en
cuenta tan amplios propósitos mundiales, su método aún parece ofrecer mayor
capacidad de análisis que sus rivales económicos y políticos y sus
aproximaciones y diagnósticos socio-culturales. Por ejemplo, confiando en el
método materialista histórico, los marxistas fueron los primeros en predecir,
anunciar y analizar la actual crisis mundial, mientras los economistas
burgueses y sus publicistas aún permanecían ignorantes de ella o simplemente
negaban que hubiese tal cosa. Irónicamente, ciertos marxistas, y en especial
los regímenes que gobiernan en nombre de Marx en los países socialistas,
también fallaron para calcular la llegada de esta crisis mundial. Y más aún,
sus probables efectos sobre ellos. Literalmente, estaban apostando a una
continua prosperidad del Oeste, cuando se lanzaron en su mayor riesgo al
importar tecnología de los países capitalistas al comenzar la década del
setenta, esperando pagar por ella con exportaciones hacia el Oeste. La
consecuencia fue que la balanza de pagos y las deudas de los países socialistas
entraron en crisis desde 1980 con los consiguientes acontecimientos políticos
en Polonia, por ejemplo.
B. Método
marxista en el Este
Los así
llamados países socialistas y aquellos que aquí y hablan por ellos en nombre de
Marx, están a menudo exentos de las contradicciones anteriormente nombradas,
según sus propias declaraciones, pero curiosamente el desarrollo histórico del
mundo y sus propios análisis materialistas históricos los contradicen tal vez
más firmemente que a todos.
La
reciente y acelerada reintegración de las economías socialistas en la división
internacional capitalista del trabajo – no sólo a través de las relaciones de
intercambio, sino igualmente por medio de relaciones de producción y trabajo –
y los prolongados efectos de la crisis en el Oeste capitalista sobre las
economías, sociedades, políticas y aún en la conciencia ideológica del Este
socialista, contradicen la tesis de Stahn acerca de la existencia de dos
mercados mundiales y dos sistemas sociales, uno socialista y otro capitalista.
Al contrario, el así llamado mundo socialista no ha escapado del proceso
histórico del desarrollo del mundo capitalista ni de la profunda acción dentro
de las economías socialistas de la ley capitalista universal del valor, el uso
e intercambio de la fuerza de trabajo como una conveniencia, lo que constituye
las bases materiales para continuar la explotación, opresión y alienación del
hombre (y la mujer) por el hombre, en el supuesto mundo socialista. Es de
acuerdo con esto que quien habla en nombre de Marx ha concluido que en todo
caso sólo se está en la transición para conseguir los objetivos marxistas.
Ninguno
de estos reclamos es válido en la realidad; todos ellos son refutados
diariamente por la experiencia concreta, por las relaciones de las masas y
especialmente por las existentes entre el proletariado y el campesinado; y todo
este desarrollo puede ser expuesto al análisis marxista.
Curiosamente,
aquellos que hablan en nombre de Marx en los países socialistas son menos dados
a enfrentar tal análisis marxista en sus propias sociedades y menos aún las
bases materiales de la conciencia del proletariado como ha ocurrido en Polonia.
Ha sido
aprovechado el nacionalismo y la religión para promover la lucha de clases en
cada país socialista post-revolucionario, lo cual Marx había profetizado y
esperado que sólo ocurriría en los países capitalistas.
Un siglo
después de la muerte de Carlos Marx, existe la ineludible necesidad de aplicar
mayormente el análisis marxista a los propios países socialistas frente a la
economía del mundo capitalista, como Marx y Lenin lo hicieron, no dudando de la
necesidad de desarrollar el materialismo histórico, no como lo hacen aquellos
que hablan en nombre de Marx en estos países y no tratan de vencer las
limitaciones de los clásicos del pensamiento marxista, fracasando por lo tanto
al aplicar el análisis materialista histórico a sus propias sociedades y a las
bases materiales y sociales de su falsa conciencia.
C. Método
marxista en el Sur
El método
marxista histórico y su uso para utilizar las propias sociedades socialistas y
el desarrollo del mundo capitalista como un todo, está indudablemente más
avanzada en el Sur subdesarrollado que en el avanzado Oeste y que en el Este
socialista. Esta es otra contradicción en el desenvolvimiento del marxismo,
especialmente en las recientes décadas y ello merece un análisis marxista de
las bases materiales de esta conciencia de sí mismo. De una manera muy probable
fue el enorme nivel de explotación, opresión y alienación a que ha sido
sometido el Tercer Mundo en el curso del desarrollo del capitalismo, lo que ha
llevado a este alto grado de la conciencia, la teoría y el análisis marxistas,
entre los intelectuales y también entre las masas de muchos países del Tercer
Mundo.
Ellos han
contribuido o inspirado la mayoría de los recientes avances en la teoría de la
política económica y el estudio de los modos de producción, dependencia,
imperialismo, sistema mundial, acumulación capitalista, cambio económico
estructural, Estado autoritario, movimiento populista y estrategia
revolucionaria, algunos de los cuales han sido importados por los supuestamente
marxistas del Este y los antimarxistas del Oeste. Sin embargo, este desarrollo
del análisis materialista histórico – una forma de conciencia – en el Sur no ha
sido seguida por un igual desarrollo de movimientos anticapitalistas y un
avance revolucionario socialista en el Tercer Mundo y mucho menos en otras
partes. La razón hay que buscarla – por medio del análisis marxista en la contradicción,
fundamental entre el método marxista y los objetivos propuestos, pero
sustancialmente por la limitación material que posee el hombre para construir
su propia historia tal como a él le place.
Contradicciones
entre objetivos y medios marxistas
Más allá
de la contradicción entre el cumplimiento de los objetivos y el uso del método
marxista, la mayor contradicción durante el siglo pasado ha sido la que se
produce entre los fines y los medios marxistas y esto parece que permanecerá
así en el futuro predecible. Desde luego, Marx y los marxistas nunca afirmaron
que el mundo cambiaría hacia el cumplimiento de sus objetivos
por la sola interpretación de ellos a través del método materialista histórico.
Para Marx
y los marxistas, la «lucha de clases es el motor de la historia». El
materialismo histórico tiene que revelar la forma como la lucha de clases pone
a la luz las contradicciones entre el desarrollo de las fuerzas materiales y
las relaciones de producción, y cómo hombres y mujeres con su conciencia
altamente desarrollada precisamente por el mismo materialismo histórico pueden
aprender dónde, cuándo y la manera como intervenir decididamente en el
desarrollo de la lucha de clases para guiarla y conducirla al cumplimiento de
los objetivos marxistas durante la centuria transcurrida desde la muerte de
Marx para establecer un acuerdo satisfactorio entre los objetivos y los medios,
que él mismo estableció, se ha convertido en su mayor defecto, y la promesa de
que ellos se impondrán en un futuro próximo no es creíble ni brillante.
A.
Contradicciones en el Oeste
En el
Oeste, para el cual los objetivos y medios marxistas se elaboraron primero y
principalmente, el método del materialismo histórico no ha podido conducir la
lucha de clases a un final victorioso, o a obtener algunos avances en ciertas
partes.
El primer
desengaño fue la primera guerra mundial y el fracaso de la revolución en
Alemania y en cualquier otra parte fuera de Rusia, posteriormente. Después de
ello vino el nacismo que había sido erróneamente diagnosticado por el comunismo
internacional, la segunda guerra mundial y el fracaso, desde entonces, de los
partidos marxistas.
Con el
progreso del Estado de bienestar y de la democracia burguesa, si bien ambos
están ahora de nuevo bajo la amenaza de la crisis económica, el sueño marxista
para el Oeste capitalista ha retrocedido más y más, y los partidos marxistas,
desde los socialdemócratas hasta los comunistas y otros, se han integrado en el
sistema capitalista y ayudan a mantenerlo. Curiosamente, el análisis
materialista histórico puede revelar la causa de ello: sencillamente el
proletariado tiene escasa motivación para jugar el papel que originariamente le
fue adscrito por Marx.
B.
Contradicciones en el Este
En el
llamado socialismo del Este, especialmente de Europa, para el cual Marx y los
marxistas posteriores habían elaborado deficientemente el método de análisis
materialista histórico, el marxismo se ha convertido en la religión oficial,
que temporalmente reemplaza al cristianismo y a menudo a la ciencia. El
análisis materialista histórico, en especial del socialismo, ha brillado allí
por su ausencia.
Podría
ocurrir que el método marxista revelase la causa por la cual ciertos principios
y lemas leninistas, tales como «socialismo = poder soviético más
electrificación» y cierto acento en el taylorismo y el fordismo que con llevan
inevitablemente a una alienación del trabajo, la integración del mercado
capitalista mundial y el principio del centralismo democrático (más centralismo
que democracia), han impedido en la práctica a las sociedades socialistas su
transición al comunismo y a lo mejor las han guiado en conjunto a una nueva
sociedad no-socialista o posiblemente de vuelta al capitalismo. Ello a pesar de
su evidente progreso e intensivo crecimiento tecnológico.
El
«realismo socialista» ha dado lugar al «socialismo real» o realmente existente.
Significativamente, los marxistas del mundo socialista no ven más ya la actual
crisis del capitalismo como el vehículo a través del cual el motor de la lucha
de clases puede conducir al mundo por la vía del capitalismo al socialismo. En
primer lugar, como observamos antes, ellos no ven la crisis como un proceso
absoluto y, por lo tanto, han expresado su sincera esperanza de que tal crisis
que perjudica sus intereses reales se aleje lo más pronto posible, de tal
manera que puedan volver a sus negocios como siempre.
Solamente
para el Tercer Mundo las tesis oficiales de los marxistas soviéticos expresan
una mayor esperanza en el socialismo, pero su supuesto análisis materialista
histórico y su dirección política se ha demostrado generalmente equivocada,
desde China y Vietnam a Cuba y Chile, de la India y Egipto, a Etiopía y
Somalía, Angola y Mozambique y otros muchos países del Tercer Mundo que por
ahora pueden permanecer ignorados, en tanto que para ellos los propósitos del
socialismo marxista permanecen muy distantes.
C.
Contradicciones en el Sud-Este
Estos
países del Tercer Mundo, incluyendo a China que gusta aparecer en el primer
lugar, revelan la contradicción entre el método marxista y los objetivos de una
manera más evidente. Primero que todo, como ya se observó antes, de acuerdo al
análisis marxista de los países del Oeste, la transición al socialismo no fue
nunca considerada para empezar en ninguna forma fuera de esta órbita. Pero ello
ocurrió. Quizás esta sorpresa pudo haber sido obviada por el análisis
materialista histórico del proceso de desarrollo capitalista en una escala
mundial como un todo, lo que habría revelado dónde y cuándo estaban los
eslabones realmente débiles del capitalismo. No obstante, si Mao Dse Dong
procedió revolucionariamente en China, Ho Chi Minh y Giap en Vietnam y Fidel
Castro en Cuba, ellos lo hicieron así precisamente, contra el análisis ortodoxo
y la presión institucional de Moscú.
Sus
revoluciones no deberían haber sucedido de ninguna manera, pues de acuerdo a la
ortodoxia marxista el desarrollo de las fuerzas productivas y su contradicción
con las relaciones de producción vigentes, no estaban maduras para la
revolución en estos países.
Pero
estos líderes revolucionarios, y de una manera especial Mao y su política de
dirección arguyeron y persuadieron a muchos que el desarrollo de la conciencia
misma podría ayudar a cambiar los determinantes materiales de la existencia
social.
Con un
proletariado escaso, en la larga marcha hacia el Yenán, Mao trabajó para la
revolución socialista proletaria en una sociedad campesina. Cuando
posteriormente estos progresos vacilaron y fueron amenazados por la reacción al
promediar la década del sesenta, Mao lanzó la «revolución cultural» en un
último y vano esfuerzo por desarrollar las fuerzas productivas, cambiando las
relaciones de producción a través de una mayor conciencia social y política.
Pero la revolución cultural fracasó y la muerte de Mao abrió el camino para «un
gran salto hacia atrás» (Bettelheim) hacia 1957 y antes aún, para proseguir con
«las cuatro modernizaciones» de Chou En Lai, bajo la supervisión de Deng Txiao
Ping. La política de Mao ha sido desplazada de la dirección y el materialismo
retrocede, y no solamente en China.
En
Vietnam y en Cuba, al igual que en China después de sus heroicos triunfos entre
la oposición militar, política, ideológica y económica del imperialismo, el
«socialismo real» ha reemplazado de nuevo al «realismo socialista» frente a su
incapacidad para producir modificaciones suficientemente rápidas y profundas en
las relaciones de producción e intercambio incluyendo aquellas con el mundo
capitalista y el consiguiente desarrollo de las fuerzas de producción, en
especial a través de los cambios tecnológicos y la reestructuración económica.
Ahora se
busca la privatización de la dirección de la tierra y mayor comercialización de
la producción y la industria; inversión extranjera y promoción de las
exportaciones, educación selectiva y otras concesiones a la realidad histórica
y material.
Son
medidas que están todas a la orden del día en estos países socialistas del
Tercer Mundo, como lo están también en aquellos de la Europa del Este. El
materialismo histórico realista parece en éstos haber abandonado, con el paso
de los años, un avance hacia adelante para buscar la forma de consolidar el
proceso.
Así es
como este marxismo se ha convertido más bien en conservador que revolucionario.
D.
Contradicciones en el Sur
Por otra
parte, en el Tercer Mundo la contradicción marxista entre objetivos y medios es
esencialmente similar. La aparición de diversos procesos revolucionarios desde
la década del sesenta, la llamada «vía no-capitalista» al socialismo, en
Indonesia, India, Egipto, Ghana, Guinea, Argelia, Irak y en cualquier otro
lugar, trajo más bien un directo regreso al capitalismo como, honestamente,
cualquier análisis realista materialista puede demostrarlo.
Desde
mediados de los sesenta, los desarrollos de Angola, Mozambique, Guinea, Cabo
Verde, Zimbabwe, Somalia (temporalmente y luego reemplazada por Etiopía, a
pesar de la opresión de Eritrea), Yemen del Sur, Siria, Afganistán, Granada,
Nicaragua y probablemente en El Salvador y Guatemala han suscitado los temores
de Washington y sus amigos y las esperanzas de Moscú y sus aliados, pero a
decir verdad, sin ningún fundamento, si acaso la experiencia pasada y el
análisis marxista constituyen verdaderamente una guía adecuada.
Hasta el
momento, hay pocas razones fundadas en el materialismo histórico, para sostener
ya sea temores o esperanzas de que estos procesos contemporáneos puedan ir más
lejos que aquellos «no-capitalistas» de la década del sesenta. En verdad, los
intentos por zafarse del mundo capitalista y modificar las relaciones
domésticas de producción no han ido más allá de lo que aquellos hicieron
entonces y/o están dando pasos en sentido contrario. Por ejemplo, Angola nunca
se separó, Zimbabwe ni siquiera se propuso hacerlo y Mozambique está
reprivatizando su economía.
Los
sandinistas en Nicaragua están sufriendo severas limitaciones económicas y
obstáculos políticos derivados del legado de su deuda externa, dependencia de
exportaciones y estructura productiva heredada de la administración de Somoza y
utilizada por la administración Reagan como parte de su programa económico,
político y militar para desestabilizar al gobierno sandinista. Por cierto, un
Reagan esperanzado se equivoca al proceder de este modo y cualquier análisis
marxista señala que tales planes no tienen un futuro.
Mucho del
crédito que el marxismo ha alcanzado en Latinoamérica debe darse a dos aliados
que el no esperaba ni tampoco quería: el nacionalismo y la religión.
Contradicciones
entre materialismo, nacionalismo y religión
Una mayor
y reciente contradicción se plantea entre fines y medios del marxismo, referida
ahora al significativo rol del nacionalismo y la religión. De acuerdo al
materialismo histórico clásico, estas formas de la conciencia social pronto
desaparecerían, especialmente como fuerzas capaces de movilizar a las masas,
como el desarrollo del capitalismo lo había hecho y como también sucedió con el
socialismo.
Pero ha
sucedido algo contradictorio, el nacionalismo y la religión no sólo han
subsistido y otra vez están creciendo en fuerza aún dentro de los países
socialistas, sino que como conciencia y fuerza movilizadora de las masas se han
convertido en aliados necesarios y tal vez los instrumentos más importantes de
aquellos que hablan en nombre de Marx y buscan complementar su método
materialista para conseguir su objetivo cien años después de su muerte. Es una
irónica contradicción. Ningún partido socialista o movimiento llegó nunca al
poder sino confiando en la fuerza del nacionalismo, quizás en mayor medida que
el mismo marxismo.
Luego, el
materialismo histórico fue transformado y convertido en una religión oficial de
Estado, completado con escrituras sagradas, doctrina, dogma, inquisición,
catecismo y obediencia ritual al método marxista que ellos niegan en la
práctica. Clases, nacionalismo, chovinismo y aún racismo se han invocado para
dar una absolución supuestamente marxista a las pecaminosas violaciones de cada
uno de los evangelios y para negar la verdadera legitimidad de la fe marxista
de otros que deben ser combatidos a sangre y fuego, no excluyéndose las
cruzadas sagradas y las guerras santas contra ellos si fuese necesario.
Por otro
lado, allí donde el poder del Estado no se ha logrado o consolidado
convenientemente en nombre de Marx, el método de conducción del materialismo
histórico debe unirse de una manera creciente a la demencia antimetodológica de
lo religioso. Tal como lo ha explicado un partidario cristiano marxista de la
teología de la liberación, sin la conducción del materialismo histórico el
cuerpo religioso es ciego, pero sin el alma religiosa un dirigente no tiene
medios para conducir el cuerpo.
En
Latinoamérica donde muchos celebrarían el centenario de la muerte de Marx con
una década de revoluciones en su nombre, lo cual fue considerado alguna
vez como el anticristo por ellos, ahora se ve que los soldados de Cristo están
en la vanguardia de la lucha revolucionaria y los defensores del análisis
marxista deben seguirlos, porque ellos son sus líderes. Convenientemente
armados, ellos están golpeando a las puertas del paraíso; pero no el paraíso
secular predicho por Marx.
No
obstante, mientras los cristianos pueden invocar la ira de Dios y el amor de su
hijo Jesucristo, o al Espíritu Santo para justificar su matrimonio con los
marxistas, estos últimos deben aún aprovecharse del método del materialismo
histórico para explicar el renovado vigor de la religión y su matrimonio de
conveniencia con ella.
Ciertamente,
el resurgimiento religioso a menudo fundido con el nacionalismo y aún con el
racismo, como sucede entre los iraníes y los musulmanes árabes, está sacudiendo
al mundo de nuevo, mucho tiempo después que un equivocado materialismo
histórico había pronosticado su muerte y entierro. Sin embargo, en la amplia
media luna que va desde el Norte y Oeste de Africa, atravesando el Medio
Oriente, Sur de Asia y Sudeste Asiático, esta movilización y resurgimiento
religioso no sólo del Islam sino también de otras creencias, está amenazando
con crucificar al materialismo histórico y de enterrar cualquier proyecto
socialista predecible construido en su nombre.
Aún así,
el materialismo histórico puede ser de utilidad para aquellos que, honestamente
ahora se preguntan cómo y por qué el análisis marxista en su primera etapa
condujo demasiado lejos a la real determinación material de la conciencia.
Sin
embargo, ahora, el materialismo histórico debe ser utilizado, no tanto para
negar la persistencia de esta conciencia, o para buscar su transformación y
perseguir los objetivos de Marx, sino más bien para facilitar la mejor
acomodación a esta realidad y ayudar a la conducción del hombre para que haga
su propia historia, dentro de las limitaciones de una conciencia
histórico-material, y una cambiante realidad.


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