© Libro N° 11162.
La Nocion Del Capital Financiero En Hilferding Y Su
Importancia Para La Comprensión Del Capitalismo Contemporaneo. Guillén,
Arturo. Emancipación. Abril 29 de 2023
Título original: ©
La Nocion Del Capital Financiero En
Hilferding Y Su Importancia Para La Comprensión Del Capitalismo Contemporaneo.
Arturo Guillén
Versión Original: © La Nocion Del Capital
Financiero En Hilferding Y Su Importancia Para La Comprensión Del Capitalismo
Contemporaneo. Arturo Guillén
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Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
La Nocion Del Capital Financiero En Hilferding Y Su
Importancia Para La Comprensión Del Capitalismo Contemporaneo
Arturo Guillén
La Nocion
Del Capital Financiero En Hilferding Y Su Importancia Para La Comprensión Del
Capitalismo Contemporaneo
Arturo
Guillén
Rudolf
Hilferding (1877-1941) fue unos de los teóricos marxistas más importantes del
amanecer del siglo XX, junto con Lenin, Bujarin y Rosa
Luxemburgo, y el más agudo estudioso de esa corriente, en su tiempo, de la
esfera financiera de la economía: ¡El teórico marxista de las finanzas por
excelencia! El sesgo productivista que se produjo en el marxismo (la
apreciación correcta pero parcial e insuficiente, de considerar a Marx como
el teórico de la producción), así como la ubicación de Hilferding,
después del triunfo de la revolución bolchevique en Rusia, como oportunista y
reformista, relegaron su obra a un segundo plano en el seno del “marxismo
oficial”.
Sin
embargo a cien años de la publicación de su obra cumbre “El capital
financiero” de 1910 (1973), la revaloración de sus aportes para la
comprensión del capitalismo de su época, al margen de algunos errores en la
comprensión de algunos fenómenos (1), resulta esencial para
entender los fenómenos contemporáneos. A quienes desde la economía política
concebimos “el presente como historia”, su estudio del capital
financiero como categoría básica del capitalismo monopolista, resulta de primer
orden para comprender los procesos de financiarización y las crisis recurrentes
que le acompañan desde la década de los ochenta del siglo pasado.
Esta
breve nota tiene como objetivo principal, como lo plantea su título, analizar
la definición de capital financiero propuesta por Hilferding,
ubicarla en su real dimensión, así como contribuir a la comprensión de esta
nueva forma de capital, y lo que su desarrollo significó para la configuración
ulterior del sistema capitalista.
La
definición de la categoría de capital financiero se ubica principalmente en el
capitulo XIV de su obra intitulado “Los monopolios capitalistas y los
bancos. Transformación del capital en capital financiero”. La frase más
citada de este capítulo es aquella en la que Hilferding define
al capital financiero de la siguiente manera:
“La
dependencia de la industria con respecto a los bancos es, pues, la consecuencia
de las relaciones de propiedad. Una parte cada vez mayor del capital de la
industria no pertenece a los industriales que lo emplean. No pueden disponer de
él más que a través del Banco, que frente a ellos representa el propietario.
Por otro lado el banco tiene que fijar en la industria una parte cada vez mayor
de sus capitales. Así, se convierte en capitalista industrial en proporciones
cada vez mayores. Llamo capital financiero al capital bancario, esto es,
capital en forma de dinero, que de este modo se transforma realmente en capital
industrial” (Hilferding, 19: 254).
Esta
primera definición en la que Hilferding alude principalmente
al papel del crédito en el proceso de expansión de las grandes corporaciones
que se organizan bajo la forma de sociedades anónimas, y que resalta en su
parte final con cursivas, ha dado lugar a diversas críticas (de Lenin y
de Bujarin, por ejemplo). Se ha asumido que el capital financiero
desemboca y significa, como el propio Hilferding lo sugiere en
esa cita, la dominación de la industria por parte de la banca. Por
ejemplo Paul Sweezy (1981: 286), plantea que Hilferding “erró
en el sentido de sobreestimar la importancia de la dominación financiera en la
última etapa del desarrollo capitalista”. En su opinión “la dominación
del capital bancario es una fase transitoria del desarrollo capitalista, que
coincide aproximadamente con la transición del capitalismo de competencia al
monopolista” (Ibíd.: 295). Sweezy sostenía también, con
cierta razón, en que la dominación de la banca sobre la industria era un
fenómeno más característico del modelo alemán del desarrollo, que del
estadounidense. Tenía razón también en postular, como lo hace con Baran en
el Capital monopolista (1982), que el capitalismo estadounidense de la
posguerra dependió fundamentalmente del financiamiento con recursos propios de
los grupos monopolistas, más que del acceso a los mercados financieros.
Sin
embargo, me parece que el debate sobre la “dominación” de la banca es
engañoso y oscurece lo esencial del aporte hilferdiano. Tal debate impidió una
lectura más cuidadosa del propio Hilferding que otorga a
la categoría de capital financiero, como trataré de demostrar, un significado
más profundo. Tan sólo unos cuantos párrafos adelante de la multicitada y
descuidada definición inicial, Hilferding afirma:
“El
capital financiero se desarrolla con el auge de la sociedad por acciones y
alcanza su apogeo con la monopolización de la industria (…) Pero son los bancos
los que disponen del capital bancario y el dominio sobre ellos lo tienen los
propietarios de la mayoría de las acciones bancarias. Es evidente que, con la
concentración creciente de la propiedad, se identifican cada vez más los
propietarios del capital ficticio, que da el poder sobre los bancos y los del
capital (real), que da el poder sobre la industria. Y tanto más cuanto que
hemos visto cómo el gran Banco se apodera cada vez más del capital
ficticio (2)” (Hilferding,
Ibídem).
Esta
nueva aproximación al concepto pone de relieve por lo menos dos cosas claves:
primero, que el capital financiero es el resultado del proceso de concentración
y centralización del capital, así como del surgimiento de la sociedad por
acciones; y segundo, que el surgimiento de estas no solamente implica la
separación de la propiedad y la el control de la empresa – lo que modifica las
formas de gestión de la misma- sino ,quizá más importante el control por parte
del capital financiero de la emisión y propiedad del capital ficticio, es decir
aquél capital en forma de acciones, obligaciones y toda clase de títulos
financieros que como brillantemente lo había intuido Marx duplica
el capital real invertido en la producción. La proliferación del capital
ficticio provoca, entre otras cosas, el desarrollo de las bolsas de valores
como espacio privilegiado para su movimiento.
Y por si
hubiera dudas sobre la idea de Hilferding que lo definitorio
del poder de la nueva oligarquía financiera, reside en su control del capital
ficticio, agrega:
“Crece el
poder de los bancos, se convierten en fundadores, y finalmente en dominadores
de la industria, apoderándose de los beneficios como capital financiero, igual
que arrebataba antes el usurero con su “interés” el rendimiento del trabajo de
los campesinos y la renta del latifundista. El hegeliano podría hablar de la
negación de la negación: el capital bancario fue la negación del capital
usurero y es negado a su vez por el capital financiero. El capital
financiero es la síntesis del capital usurero y del capital bancario y, como
estos, aunque en un grado infinitamente superior del desarrollo económico, se
apropia de los frutos de la producción social (Ibíd.:
255)”.
En otras
palabras, el capital financiero es un nuevo segmento del capital – el dominante
en la época de los monopolios y de las sociedades anónimas – no el viejo
capital bancario al servicio de la industria. Lo que surge de esa fusión del
capital bancario y el capital industrial es una nueva fracción de la burguesía:
la oligarquía financiera que domina no sólo el accionar de los bancos, sino que
determina, también, el modus operandi de la esfera productiva de la economía.
Esa oligarquía financiera se apropia de la plusvalía social por mecanismos
financieros nuevos que antes no estaban en manos de las distintas fracciones
separadas del capital. Es por ello que la dicotomía entre economía real y
economía financiera como esferas separadas de la economía – en las que se
solaza, por ejemplo, la economía neoclásica – es totalmente falsa, desde que
existe el capital financiero, y con él se abre la era del imperialismo moderno.
Esa dicotomía sólo podía tener alguna realidad en la fase de la competencia
entre pequeñas y medianas empresas, en la que la burguesía se fragmentaba en
estancos relativamente separados: burguesía industrial, burguesía comercial,
burguesía bancaría. Estos segmentos si bien no desaparecen durante la era del
capital monopolista, se subordinan todos ellos al accionar del capital
financiero.
Como dice
el propio Hilferding en otra parte de su monumental obra,
resumiendo su concepto de capital financiero:
“El
capital financiero significa la unificación del capital. Los antiguos sectores
separados del capital industrial, comercial y bancario se hallan bajo la
dirección común de la alta finanza, en la que están vinculados personalmente
los señores de la industria y de los Bancos. Esa unión tiene como base la
eliminación de la libre competencia del capitalista individual por las grandes
uniones monopolistas. Con ello cambia incluso la naturaleza de la relación de
la clase capitalista con el poder del Estado (Ibíd.:
337)”.
Quizás el
aspecto más revolucionario de su teoría es el descubrimiento de la categoría
que rotula como “ganancia del fundador”, es decir la ganancia
-auténticamente una renta monopólica-, de la que se apropia el capital
financiero por el mero hecho de negociar el capital ficticio, es decir, la
emisión de acciones y de los títulos de deuda pública y privada. Considerando todas
las diferencias que existen en la actualidad respecto a la época de nuestro
autor, esta ganancia de fundador juega un papel de primer orden en el
capitalismo de nuestros días y fue fundamental, por ejemplo, en todo el proceso
de bursatilización y de creación de derivados que acompañó el boom inmobiliario
de 1990-2007, y que desembocó en la actual crisis global que ya dura más de
tres años.
El
régimen de acumulación con dominación financiera (Chesnais, 1994; Serfati,
1996; y Guillén, 2007) que rige al capitalismo desde los años ochenta del siglo
pasado, y en el cual, como afirma Serfati (2010), se “desdibujan
las fronteras entre las actividades financieras y las no financieras”,
comenzando por las empresas transnacionales “no financieras”, tiene en
la “ganancia de fundador” descubierta por Hilferding, su
principal fuente de ingreso. Baste señalar que considerando solamente a las
empresas financieras, estas obtuvieron en 2009 42% de sus ingresos por la vía
de comisiones y 58% por intereses, contra 20% y 80% respectivamente, en 1980
(citado en Foster y Magdoff, 2009: 55).
Como bien
lo entendió Hilferding, el surgimiento del capital financiero
reduce a la mayoría de los propietarios de acciones a conformarse con recibir
un dividendo que se aproxima al nivel de la tasa de interés, mientras que un
puñado de grandes capitalistas, aquellos que tienen acceso a la emisión y
colocación primaria del capital ficticio, logran apoderarse de grandes
ganancias bajo la forma de “ganancia de fundador”. O para decirlo en sus
términos se produce “la progresiva reducción del dividendo al interés,
mientras que en la ganancia de fundador aparece capitalizada la ganancia total
del empresario, un proceso que tiene como supuesto un desarrollo relativamente
elevado de los bancos y de su unión con la industria, así como un
correspondiente desarrollo del capital ficticio, de la Bolsa (Hilferding,
Ibíd.: 138)”.
Aunque Hilferding no
lo dice explícitamente, habría que considerar a la ganancia de fundador como
uno de los principales mecanismos que contrarrestan la tendencia descendente de
la tasa general de ganancia en el capitalismo monopolista, cuestión
que había sido intuida genialmente por Marx al incluir al
surgimiento de las sociedades por acciones entre los factores contrarrestantes
de la caída tendencial del beneficio (3).
Quizá el
mejor homenaje que se pueda rendir al Capital financiero a cien años de su
publicación es el reconocimiento de parte de Paul Sweezy -hombre
en su vida poco receptivo a las críticas – de que se había equivocado en su
evaluación de la obra de Hilferding, y de que el desarrollo del
capitalismo de las últimas décadas del siglo XX y de las primera del presente
siglo, comprobaba la justeza de su análisis. Incluso Sweezy calificó
la época reciente del capitalismo, como el “triunfo del capital financiero”,
y sugirió sustituir la categoría de capital monopolista por la de “capital
monopolista-financiero” (Sweezy, 1994).
“Tradicionalmente -afirmó Sweezy– la
expansión financiera ha ido de la mano con prosperidad en la economía real. Es
realmente posible que esto no sea ya no sea más cierto, que ahora en la parte
final del siglo veinte, lo opuesto es más bien el caso: en otras palabras, que
ahora la expansión financiera se alimenta no solamente de una economía real
saludable, sino de una economía estancada”.
Y como
advierte este autor “avanzar en la comprensión de la sociedad capitalista de
nuestros días (…) será posible sólo sobre la base de una
teoría más adecuada de la acumulación de capital, con especial énfasis en la
interacción de sus aspectos reales y financieros” (citado en Ibíd.: 68). Y
para avanzar en ello – agregaría yo –, repensar a Hilferding y
a su obra, resulta imprescindible.
NOTAS
1. Se
pueden señalar entre otros errores, la carencia de una teoría general de la
moneda mencionada por de S. De Brunhoff (1973), la consideración del precio de
monopolio como un elemento subjetivo, más que objetivo (Guillén, 1981)
determinado por la ley del valor, y el desliz de sus últimos años de creer que
el desarrollo del capital financiero conducía a la formación de un “capitalismo
organizado” más estable, en el que las crisis generales de sobreproducción
serían superadas. Sobre las críticas a Hilferding, véase M. Pierre (2010).
2
Cursivas mías
3. “A los
cinco puntos anteriores (se refiere Marx a las otras contratendencias que
limitan la baja de la tasa de ganancia A.G.), aún puede agregárseles el
siguiente (…) Con el progreso de la producción capitalista, que va de la mano
de la aceleración de la acumulación, una parte del capital sólo se calcula y
emplea como capital que devenga interés. No en el sentido de que cualquier
capitalista que presta capital se conforma con los intereses (…) sino en el
sentido de que esos capitales, a pesar de estar invertidos en grandes empresas
productivas, una vez deducidos todos los costos sólo arrojan pequeños o
medianos intereses, los así llamados dividendos (…) Por lo tanto, no entran en
la nivelación de la tasa general de ganancia, ya que arrojan una tasa menor que
la tasa media de ganancia (Marx, 1976, T.III.V.VI: 307)”.
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y P.Sweezy. (1982). El capital monopolista. México, Siglo XXI editores.
Chesnais,
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(2010). “El capital financiero de Hilferding: lecciones y legados para el
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(1996). “Le rôle actif des groupes à dominante industrielle dans la
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Sweezy,
P. (1994). «The triumph of financial capital», Monthly Review, junio,
1994. http://www.monthlyreview.org/940600sweezy.php
——(1983) Teoría
del desarrollo capitalista. México, F.C.E.


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