© Libro N° 11160.
La Teoría De Las Ondas Largas En La Explicación De
Las Crisis Económicas. Guillén R., Arturo. Emancipación. Abril 29 de
2023
Título original: ©
La Teoría De Las Ondas Largas En La Explicación De Las Crisis Económicas. Arturo Guillén R.
Versión Original: © La Teoría De Las Ondas Largas En La
Explicación De Las Crisis Económicas.
Arturo Guillén R.
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Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
LA TEORÍA DE LAS ONDAS LARGAS EN LA EXPLICACIÓN DE
LAS CRISIS ECONÓMICAS
Arturo
Guillén R.
La Teoría
De Las Ondas Largas En La Explicación De Las Crisis Económicas
Arturo Guillén R.
Introducción
Una de
las interpretaciones más extendidas respecto a la crisis, es la teoría de las
“ondas” o “ciclos largos”. En cuanto a la explicación de la dinámica a largo
plazo de la acumulación capitalista, la teoría de las ondas largas tiene una
vieja historia. Desde su fundación, coexisten en ella tanto autores marxistas
como no marxistas.
Dentro de
la corriente marxista los antecedentes más importantes son Parvus (1901)
y Kautsky –autores de la Segunda Internacional- Van
Gelderen (1913) y Trotsky. Dentro de los no marxistas
destacan principalmente Kondrátiev –de hecho el autor que puso
de moda el tema en la Unión Soviética- y de Schumpeter[1].
En la
actualidad un buen número de autores tiende a explicar la crisis actual del
capitalismo desde la perspectiva de las “ondas largas”. Entre los más conocidos
en nuestro medio se encuentran Ernest Mandel, Paul Boccara, I.
Wallerstein, Samir Amin, André Gunder Frank y,
en alguna medida, el autor soviético S. Menshikov[2].
Autores latinoamericanos como Theotonio Dos Santos, José
Valenzuela y Armando Córdova, entre otros, aceptan como
válida esta teorización y la utilizan en el análisis de la crisis. Existen
entre los diversos autores diferencias y matices en el tratamiento, así como
perspectivas teóricas y políticas distintas. Sin embargo, coinciden en su apreciación
de considerar a la crisis actual como la fase depresiva de una onda larga cuya
fase expansiva comenzaría en la segunda posguerra.
Más que
intentar una exposición detallada de las posiciones de los distintos autores,
lo que rebasa el objetivo de este trabajo, me centraré en la interpretación
de Ernest Mandel, a partir de la cual se intenta un balance inicial
sobre los principales aportes y limitaciones de la teoría de las “ondas
largas”.
El
belga Ernest Mandel es uno de los marxistas contemporáneos más
prolíficos, y reconocidos. Es autor de una vastísima obra sobre temas
económicos, sociales y políticos. Fue uno de los primeros pensadores que
estudió la crisis actual del capitalismo, a través de diversos materiales
teóricos y de coyuntura desde finales de los años sesenta[3]. Ha
publicado dos libros en los que sustenta su teoría de los ciclos largos que
constituye la base teórica de su explicación de la crisis: El
capitalismo tardío (1972) y Las ondas largas del desarrollo
capitalista. La interpretación marxista (1980).
Las ondas
largas y sus mecanismos
Para el
análisis de las “ondas largas”, Mandel parte del análisis
de Marx sobre la relación que existe entre la duración de los
ciclos económicos cortos y la renovación del capital fijo. Esta renovación se
efectúa en un periodo que oscila entre 5 y 10 años y se realiza sobre una base
tecnológica nueva.
Tomando
en consideración la historia del capitalismo, plantea que aparte de los cambios
cíclicos en la estructura del capital, existen periodos que abarcan plazos más
largos, en los cuales se realizan verdaderas revoluciones tecnológicas en las
que “no sólo hay una expansión, sino una renovación fundamental de
la tecnología productiva o del capital fijo, que implica necesariamente un
cambio cualitativo de la productividad del trabajo”[4].
Las
revoluciones tecnológicas se caracterizan por revolucionar las técnicas de
producción vigentes y por modificar radicalmente la producción de maquinaria y
la base energética utilizada por el sistema maquinizado. Estas olas de
revolución tecnológica afectan no solamente a algunas ramas aisladas de la
producción, sino que su impacto se deja sentir en toda la economía, produciendo
cambios revolucionarios en los medios de comunicación y los sistemas de
transporte. Mandel distingue tres grandes revoluciones tecnológicas
en la historia del modo de producción capitalista.
1.
La revolución industrial de finales del siglo XVIII
que acompañó el surgimiento del capitalismo industrial y que se
caracterizó por la introducción de la máquina de vapor y la sustitución de la
manufactura por la gran industria maquinizada.
2.
La segunda revolución tecnológica de la última
década del siglo XIX que acompañó el ascenso del imperialismo y del capital
monopolista, caracterizada por el surgimiento de los motores eléctricos y de
combustión interna; y
3.
La tercera revolución tecnológica efectuada después
de la Segunda Guerra Mundial, que señaló el ascenso del capitalismo a una nueva
fase de su desarrollo que el autor define como capitalismo tardío, y que
estaría caracterizada por la “producción maquinizada de los aparatos movidos
por la energía nuclear y organizados electrónicamente”[5].
Al
permitir cambios fundamentales en la productividad del trabajo y al expandir y
modernizar los sistemas productivos, las revoluciones tecnológicas abren nuevas
vías a la acumulación de capital. De allí que, coincidiendo con Kondrátiev, Schumpeter y
otros autores, Mandel considera que las revoluciones
tecnológicas crean las condiciones para un periodo largo de expansión, como los
conocidos por el capitalismo en el umbral del siglo XX y después de la Segunda
Guerra Mundial.
Aparte,
pues, de los ciclos cortos estudiados por Marx (los
llamados ciclos Juglar o ciclos de los negocios en
la literatura académica tradicional), Mandel soporta la tesis
de que existen ondas largas, cuyas fases de expansión y contradicción tienen
una duración aproximada de 25 a 30 años.
Así el
capitalismo habría conocido cuatro “ondas largas” a lo largo de su historia:
1.
El periodo que va desde fines del siglo XVIII hasta
1847.
2.
El periodo que va de 1847 hasta principios de la
última década del siglo XIX.
3.
El periodo que va de finales del siglo XIX hasta la
Segunda Guerra Mundial.
4.
El periodo que comienza en la posguerra y que
perdura hasta la actualidad.
Para
comprobar la existencia de las “ondas largas”, Mandel utiliza
básicamente dos indicadores: la producción industrial y el crecimiento del
mercado mundial. Desecha otros indicadores como los precios porque, según él,
el factor fundamental que determina las “ondas largas” son los movimientos de
la tasa media de ganancia. De allí que los factores claves que expresan el
movimiento de ésta son el crecimiento del sector productivo de la economía y la
expansión de los mercados. En su opinión, las revoluciones tecnológicas no
serían la causa de las ondas largas, sino un efecto de ascensos sustanciales en
la tasa media de ganancia. De esta manera, rechaza que una explicación
tecnologista de los ciclos largos. En su último trabajo sobre el tema señala
que:
La idea
de que las revoluciones tecnológicas –de las que distingo tres desde la
revolución industrial- son la causa de ascensos a largo plazo de la tasa media
de crecimiento industrial no se corresponde en absoluto con mis análisis (…).
En
realidad cualquier teoría marxista de las ondas largas en el desarrollo
capitalista sólo puede ser una teoría de la acumulación de capital o, si
se desea expresar esa misma idea con otras palabras, una teoría de la tasa de
ganancia. Desde un punto de vista marxista resulta una tautología decir que un
marcado ascenso a largo plazo de la tasa media de crecimiento de la producción
industrial sólo puede ser la expresión de subidas marcadas en la tasa de
acumulación de capital y en la tasa media de ganancia, al menos dentro del
marco del modo capitalista de producción.[6]
Según
este autor, la tasa de ganancia registra movimientos de largo plazo que
determinan la fuerza de la acumulación de capital y establecen el tránsito en
las economías capitalistas de periodos largos de expansión a periodos largos
depresivos en los que predomina la tendencia al estancamiento.
El
análisis económico marxista –afirma Mandel– generalmente ha situado
los movimientos de la tasa media de ganancia en dos marcos temporales
diferentes: el ciclo industrial y el del ciclo vital del sistema capitalista…
Nosotros propugnamos que debe intercalarse un tercer marco temporal, con el fin
de ser coherentes tanto con el análisis teórico general como con los datos
empíricos disponibles. Este tercer marco temporal es precisamente el de las
llamadas ondas largas de veinte a veinticinco años de duración.[7]
La onda
larga expansiva sobreviene cuando se da un aumento brusco de la tasa media de
ganancia, como resultado de la acción de cuatro factores principales:
1.
Una caída sustancial de la composición orgánica del
capital, debido a la penetración del capital de los países desarrollados en
países menos desarrollados.
2.
Un incremento rápido de la tasa general de
plusvalía, lo que podría implicar una derrota radical de la clase obrera.
3.
Una caída brusca de los precios de los elementos
constitutivos del capital constante.
4.
Una reducción repentina en el tiempo de rotación de
capital, como resultado de una revolución de los medios de transporte y
comunicación u otros factores.[8]
Al final
de una onda larga expansiva se produce una caída acusada de la tasa general de
ganancias, motivada por un aumento de la composición orgánica del capital y por
crecientes obstáculos para elevar la tasa de plusvalía. En ese momento se
inicia un proceso de experimentación de nuevas técnicas de producción que se
generaliza durante la fase depresiva.
En esta
fase se produce también la creación de una “reserva histórica de fondos de
capital” ya que, al contraerse la inversión, una parte importante del capital
se congela bajo la forma de capital-dinero. De allí que una vez que se crean
las condiciones para el alza de la tasa de ganancia y para el inicio de una
nueva fase larga expansiva, las innovaciones tecnológicas fundamentales se
generalizan y se cuenta con los fondos de capital que hacen posible su
financiamiento.
Es
interesante hacer notar que para Mandel la entrada a una fase
depresiva responde a factores endógeno, mientras que la salida de ésta es
exógena y no responde a la lógica de las leyes de la acumulación de capital. En
este aspecto establece un deslinde con otras explicaciones del ciclo largo como
la de Kondrátiev, para quien el tránsito de una fase a otra se
produce regularmente. Para Mandel, por el contrario, es
indispensable introducir en el análisis factores exógenos vinculados a la lucha
de clases en escala nacional e internacional.
Retomando
las tesis usadas por Trotsky para refutar la teoría de Kondrátiev,[9] Mandel considera
que fenómenos como las guerras, las revoluciones sociales y la debilidad
orgánica o ideológica de la clase obrera han jugado un papel de primera
importancia en las salidas de otras grandes crisis del capitalismo, como fue el
caso de la gran depresión de los años treinta u otras grandes crisis
anteriores.
Pero a
diferencia de Trotsky que negaba la posibilidad de establecer
la periodicidad o regularidad de las “ondas largas” en forma parecida a los
ciclos cortos, Mandel sostiene que si bien no es posible
establecer ningún automatismo, es posible aceptar la regularidad de las ondas
largas sobre la base de los movimientos a largo plazo de la valorización del
capital.
Una vez
que queda establecido que las curvas ascendentes y descendentes de una onda
larga están determinadas por el entrecruzamiento de diversos factores y que se
ha enfatizado que estas “ondas largas” no poseen la misma periodicidad
intrínseca de los ciclos clásicos de modo de producción capitalista entonces,
no hay por qué negar su estrecha conexión con el mecanismo central, que es por
su naturaleza misma, una expresión sintética de todos los
cambios a los que el capital está sujeto permanentemente: las fluctuaciones en
la tasa de ganancia.[10]
En las
ondas largas del desarrollo capitalista precisa su concepción llegando
a concluir que mientras el inicio de las fases depresivas responde a factores
“endógenos”, el inicio de las fases expansivas está ligado fundamentalmente a
factores “exógenos”.
Por todas
las razones señaladas, nos aferramos a nuestro concepto de un ritmo básico
asimétrico para las ondas largas del desarrollo capitalista, en el cual la
tendencia descendente (el paso de una onda larga expansiva a una depresiva) es
endógena, mientras que la ascendente no lo es; ésta última depende más bien de
aquellos cambios radicales que se producen en el medio histórico y geográfico
del modo de producción capitalista, cambios capaces de inducir un ascenso
fuerte y sostenido de la tasa de ganancia.[11]
El
movimiento de largo plazo de la acumulación capitalista no elimina, de acuerdo
con nuestro autor, la existencia de los ciclos cortos de 7 a 10 años estudiados
por Marx y los teóricos del ciclo económico. Por el contrario,
se podría sostener que existe una articulación entre las ondas largas y los
ciclos cortos.
En una
fase de expansión, los periodos de auge cíclico serán más largos y más
intensivos, y las crisis cíclicas de sobreproducción serán más cortas y
superficiales. Inversamente, en las fases de la onda larga en las que la
tendencia al estancamiento prevalece, los periodos de auge serán menos febriles
y más breves, mientras que los periodos de crisis cíclicas de sobreproducción
serán, por contraste, más largos y profundos[12].
El ciclo
largo de la posguerra y la crisis actual
Como
señalé antes, para Mandel la crisis actual del capitalismo se
identifica con la fase depresiva de la onda larga que comenzaría en la segunda
posguerra y que permitió al sistema capitalista un amplio de expansión de más
de 20 años.
El auge
de la posguerra fue posible por la conjunción de una serie de factores que
provocaron una elevación brusca de la tasa de ganancia, entre los que destacan:
una derrota radical de la clase obrera, con su consiguiente efecto en la
elevación de la tasa de plusvalía; y el comienzo de la tercera revolución
tecnológica, la que si bien incrementó la composición orgánica media del
capital, permitió el aumento considerable de la productividad social del
trabajo, el abaratamiento de los elementos del capital constante y la elevación
de la rotación del capital.
La
derrota de la clase obrera que condujo al ascenso del fascismo, posibilitó un
incremento sustancial de la tasa de plusvalía mediante la disminución de los
salarios reales y el incremento de la intensidad del trabajo. La tercera
revolución tecnológica, como ya se dijo, contribuyó también a elevar el grado
de explotación de los trabajadores y a incrementar la tasa de ganancia mediante
el abaratamiento de las materias primas y el capital fijo, así como por la
reducción del tiempo de rotación del capital motivado por la revolución de los
medios de comunicación y transporte.
Esta
tercera revolución tecnológica que acompañaría el surgimiento del “capitalismo
tardío”, fase contemporánea del capitalismo, estaría caracterizada, según Mandel,
por la industrialización de todos los sectores económicos incluyendo el
comercio y los servicios. La mecanización integral de todas las ramas
económicas produciría una tendencia a la igualación de las ganancias de
productividad. Se produce así un crecimiento más armonioso entre los sectores I
y II de la economía. Otro rasgo característico de esta tercera revolución sería
la acentuación de los incentivos a la innovación tecnológica, ya que al
desaparecer otras fuentes de sobrebeneficios debido a la igualación sectorial
de los incrementos de la productividad del trabajo, las rentas tecnológicas,
bajo condiciones de dominación del capital monopolista, se convertirían en la
fuente principal de obtención de ganancias extraordinarias de carácter
duradero.
Otro
rasgo esencial de la tercera revolución tecnológica sería la introducción de
procesos automatizados y semiautomatizados, lo que provocaría una tendencia
acelerada al desplazamiento del trabajo vivo. Este desplazamiento se traduce no
solamente en un mayor desempleo, sino que pone trabas a la valorización del
capital, ya que el trabajo vivo cuenta más como elemento de transferencia de
valores pasados que como creador de valores nuevos.
Para Mandel como
para otros autores, el auge de la posguerra sería ininteligible sin considerar
el papel jugado por la expansión del crédito, la utilización de procedimientos
inflacionistas y la creciente intervención estatal en la economía. El crédito
se independizó del ciclo industrial y amortiguó las caídas cíclicas y la
tendencia a la crisis.
Sin la
explosión permanente de la deuda de los últimos treinta años (explosión de la
deuda pública durante la guerra, explosión de la deuda privada en mayor grado
que la de la pública en Estados Unidos, Alemania Occidental y Japón desde la
guerra) nunca se habría dado una nueva onda larga expansiva.. . (A partir de la
depresión de los años treinta, el capitalismo). . . ha necesitado los estímulos
artificiales de la inflación permanente, la creciente intervención estatal, el
rearme permanente, etc. a fin de embarcarse en una nueva expansión a largo
plazo.[13]
Apoyándose
en un estudio de Duprez señala que la tasa de crecimiento
exponencial del crédito privado en los 10 principales países capitalistas
durante el periodo 1945-1948-1971 fue de 11.6%, contra solamente 1.4% para las
reservas de oro y 3.7 % para las reservas de divisas. La deuda y el capital
ficticio crecieron aún más al estallar la crisis estructural a finales de los
sesenta. La deuda global de Estados Unidos pasó de medio billón de dólares en
1946 a un billón en 1960, para alcanzar cuatro billones en 1978.
La
expansión de la posguerra no podía continuar en forma ilimitada ni resolvió las
contradicciones internas del modo de producción capitalista.
«La
utilización de un ciclo crediticio interconectado para mitigar el ciclo
industrial, sólo podría ser efectivo por un periodo limitado bajo las
condiciones favorables de la expansión acelerada provocada por la tercera
revolución tecnológica y a costa de una devaluación permanente del dinero y la
disolución creciente del sistema monetario internacional».[14]
La onda
larga de expansión de la posguerra llegó a su fin por la presencia combinada de
un conjunto de factores que agravaron las contradicciones y que se expresaron
un una caída de la tasa media de ganancia[15]. A
juicio del autor, los factores principales fueron los siguientes:
1.
Un continuo incremento de la composición orgánica
del capital ligado al avance de procesos automatizados y semiautomatizados.
2.
El agotamiento de las ramas económicas que se
dinamizaron con la tercera revolución tecnológica.
3.
El cada vez más difícil incremento de la rotación
de capital, debido a que avances sustanciales en los sistemas de comunicación y
transporte se hacen menos frecuentes.
4.
El ascenso relativo del precio de las materias
primas después de un periodo amplio de caída en 1952-1971.
5.
El crecimiento’más lento de la capacidad
adquisitiva de los consumidores en relación con la capacidad productiva, lo que
se expresa en una baja capacidad de utilización de la planta instalada.
6.
Las dificultades crecientes para contrarrestar la
baja en la tasa media de ganancia mediante la elevación de la tasa de
plusvalor.
7.
Al agravarse la inflación, ésta dejó de funcionar
como mecanismo anticídico eficaz y se convirtió en una traba del proceso de
acumulación de capital.
Aunque Mandel no
utiliza la categoría crisis general del capitalismo usada por otras corrientes
marxistas y por el pensamiento soviético para caracterizar la época que se abre
con la Primera Guerra Mundial y la revolución soviética de 1917, su
caracterización de la crisis actual parece acercarse mucho a esta línea de
análisis.
En su
caracterización más amplia, la crisis es definida como «crisis de las
relaciones de producción capitalista».
La crisis
de las relaciones de producción capitalistas -afirma en El capitalismo
tardío- debe verse como una crisis social general, es decir, la
decadencia histórica de todo sistema social y modo de producción operante a lo
largo de toda la época del capitalismo tardío. Esto ni es idéntico a las crisis
clásicas de sobreproducción ni tampoco las excluye.[16]
La crisis
expresaría pues, el agotamiento histórico del modo de producción capitalista;
crearía las condiciones para posibles situaciones prerrevolucionarias y
revolucionarias que abrirían el camino a una salida no capitalista de la crisis
en algunos países. El dilema socialismo o barbarie, según Mandel,
se vuelve a poner en el orden del día.
Si bien
no descarta la posibilidad de una salida capitalista de la crisis, la considera
lejana e improbable pues exigiría una derrota radical de la clase obrera. Una
nueva ola expansiva «… exigiría una subida espectacular de la tasa de
acumulación y por ello, de la tasa media de ganancia y una no menos
considerable expansión del mercado de mercancías capitalistas en la acepción
más amplia de la palabra». Esto reclamaría, entre otras cosas, un desempleo
masivo crónico, desvalorización masiva de capital incluyendo a grandes empresas
multinacionales, nuevas formas radicales de abatimiento del valor del capital
constante, aplicación masiva de innovaciones tecnológicas y aceleración
revolucionaria de la tasa de circulación de capital.
La imagen
esperada por el autor sobre el comportamiento futuro de la economía mundial es
la agravación de la crisis estructural, más que una salida de la misma.
El rasgo
distintivo de todo el decenio próximo (se refiere a los años ochenta) es por lo
tanto el de un periodo de crecimiento lento, léase de estancamiento,
interrumpido por recesiones graves y reactivaciones vacilantes. Se sucederían
las crisis económicas, sociales, políticas y militares. Sobre todo una de esas
crisis flotaría permanentemente el oscuro nubarrón del riesgo de un pánico
bancario y de un hundimiento del sistema crediticio internacional (. . .).
Sólo una
derrota aplastante del proletariado en algunos países industriales clave…
podría alterar cualitativamente esta situación (. . .).[17]
Importancia
y limitaciones de la teoría de las «ondas largas»
El
trabajo teórico de Mandel, como se dijo antes, reviste importancia.
Sus trabajos son ampliamente conocidos en el mundo capitalista. Para el
inglés Bob Rowthorn, El capitalismo tardío es «uno
de los dos más importantes trabajos de economía política marxista aparecidos en
inglés en la década pasada, siendo el otro Trabajo y capital
monopolista de Harry Braverman».[18] En
dicha obra, Mandel ofrece una representación amplia sobre el
funcionamiento del capitalismo contemporáneo a partir de la segunda posguerra,
periodo en el cual se dan cambios de gran trascendencia en la configuración del
modo de producción capitalista.
En cuanto
a su caracterización de la crisis actual es importante enfatizar como aspecto
destacado el definirla como una crisis de largo plazo distinta a las crisis
clásicas de sobreproducción que han acompañado el desarrollo del capitalismo
desde su surgimiento. En cuanto a su identificación de la crisis como una fase
depresiva de una «onda larga» lo novedoso es su intento por vincular éstas con
movimientos a largo plazo de la tasa media de ganancia, como lo intenta
también Paul Boccara.[19]
Mandel trata
de dar sustentación teórica a una explicación que en sus antecedentes (Kondrátiev, Schumpeter,
etc.) careció de una explicación teórica sólida (más allá del surgimiento por
oleadas de empresarios innovadores en Schumpeter o el cambio
tecnológico visto como deux et machina en Kondrátiev).
Para éste último, más que la búsqueda de una teoría, prevaleció sobre todo el
interés por validar empíricamente la existencia de periodos largos en la
reproducción del capital. Por ello, Rowthorn califica el esfuerzo
de Mandel de vincular las ondas largas con la ley de la
tendencia descendente de la tasa de ganancia como un retorno al «marxismo
clásico».[20]
Otro de
sus méritos es la importancia que atribuye a la pérdida de hegemonía de Estados
Unidos en el sistema capitalista internacional, cuyas raíces se encuentran en
los años sesenta y que se manifiesta, entre otras cosas, en la pérdida
creciente de competitividad de los productos estadounidenses en el mercado
mundial. El autor de este artículo considera que las «grandes crisis» son
periodos en los cuales el liderazgo mundial de las potencias capitalistas
hegemónicas se ve cuestionado. La depresión de los años treinta señaló el fin
del liderazgo británico y el ascenso de Estados Unidos, mientras que la crisis
actual expresaría el fin de la hegemonía de Estados Unidos. Aunque la discusión
de si la hegemonía estadounidense ha concluido es una cuestión sujeta a debate
e implica considerar otros factores, en particular el predominio militar de
Estados Unidos en el mundo, es indudable que las «grandes crisis» cuestionan la
supremacía de los sistemas productivos dominantes. Este es el caso en la
actualidad de Estados Unidos, el cual si bien conserva liderazgo en el sector
militar y en algunas ramas de punta, su base productiva se ha erosionado en
favor de Japón y Alemania Federal.[21]
Diversas
críticas se han hecho al autor de El capitalismo tardío. Rowthorn,
por ejemplo, señala que éste último libro «es de no fácil lectura; su material
de estudio es extremadamente complejo; su acercamiento a los problemas es
muchas veces ecléctico y sus argumentos son frecuentemente confusos o
innecesariamente oscuros”.[22]
El
eclecticismo es un rasgo característico de toda la obra de Mandel.
Está presente de manera muy clara en su análisis de la acumulación del capital
y de las crisis capitalistas. Desde el Tratado de Economía
Marxista, el autor hacía una valiosa crítica a los enfoques
«monocausalistas» sobre las crisis, que en el marxismo dan un peso excesivo en
el análisis a una determinada contradicción de la acumulación, sea la baja
tendencial de la tasa de ganancia, el subconsumo o el crecimiento
desproporcional de los sectores y ramas económicas. En esa obra, Mandel insistía
en la necesidad de entender la crisis como un fenómeno complejo, que obedece a
factores diversos, por lo cual no puede establecerse a priori una
jerarquía entre las distintas contradicciones inherentes a la reproducción del
capital.
En su
análisis de la crisis actual conserva esta posición metodológica. Si bien la
atribuye, en primera instancia, a la caída sustancial de la tasa media de
ganancia, al presentar los factores que originaron la crisis, la ganancia se
convierte, como vimos arriba, en un elemento más junto al rezago de la
capacidad de consumo y otros factores.
Mandel resuelve
el debate de más de 100 años del marxismo sobre las causas de la crisis, con el
eclecticismo. Convierte a todas las contradicciones en variables
autónomas. «…Hasta cierto punto, comenta, todas las variables básicas
que determinan el desarrollo del modo de producción pueden desempeñar en forma
parcial y periódica el papel de variables autónomas».[23] En
otro trabajo he calificado la posición de Mandel, como el método de
romper el nudo en vez de desatarlo.[24]
Dijimos
arriba que el aporte principal de Mandel es vincular el ciclo
u onda larga con los movimientos de la tasa de ganancia. El intento es loable
porque si de algo ha carecido siempre la teoría del ciclo largo es de
sustentación científica. Dicha teoría ha aportado importantes elementos empíricos
para comprender la dinámica a largo plazo de la acumulación capitalista, pero
ha sido incapaz de comprobar la regularidad del ciclo largo y las leyes que
determinan el tránsito de las grandes fases expansivas a las grandes fases
depresivas, y a la inversa.
Varios
años antes de la nueva popularidad que adquirió esta teoría con el
estallamiento de la crisis actual, el economista polaco Oscar Lange hacía
el siguiente balance de la teoría del ciclo largo.
Aunque no
hay razón para tomar con ninguna reserva seria los hechos históricos antes
mencionados (las fases alternantes de la producción capitalista desde el año
1825), estos no son pruebas suficientes de la existencia de ciclos de larga
duración. Para probar esta teoría sería necesario mostrar que existe una
relación casual entre las dos fases consecutivas del ciclo, y nadie ha
conseguido demostrar esto.[25]
El
propio Kondrátiev era consciente del carácter inicial y
empírico de su trabajo.
Al
afirmar la existencia de ciclos largos -señalaba- y negar que éstos sean de
origen accidental, creemos, al mismo tiempo, que nacen de causas radicantes en
la esencia de la economía capitalista, lo que nos induce, lógicamente, a
inquirir la naturaleza de estas causas. Reconocemos plenamente la dificultad,
así como la gran importancia, de esta cuestión, sin embargo este ensayo
no se propone iniciar la construcción de una teoría propiamente dicha de los
ciclos largos.[26]
Fueron
los seguidores de Kondrátiev, quienes sin aportar elementos
teóricos nuevos, convirtieron sin más el estudio estadístico de aquél en la
«teoría» de los ciclos largos.
Mandel realiza
un análisis más fructífero que el de sus predecesores. Coloca en el centro del
análisis el comportamiento de la tasa de ganancia e introduce en la discusión
elementos básicos acerca del desenvolvimiento del capitalismo de la posguerra.
Difícilmente podría aceptarse, sin embargo, que su explicación le da
cientificidad a la explicación de los ciclos largos. Si bien coincido con su
idea de que la crisis actual tiene su origen en problemas de valorización del
capital, es difícil aceptar que la tasa de ganancia tenga un movimiento
pendular como lo sugiere Mandel.
El
movimiento de largo plazo de la tasa de ganancia no es pendular sino dialéctico
y está sujeto a una dinámica irregular e incierta. La reproducción ampliada del
capital se da en el marco de la operación combinada de tendencias y
contratendencias, en el seno de la lucha de clases y del proceso de
restructuración del capital. Tanto la lucha por el valor agregado entre las dos
clases principales del sistema, como el reparto de la plusvalía implícito en la
perecuación de la tasa de ganancia, son procesos que no pueden acomodarse a la
regularidad pendular de 25 años de auge y 25 años
de depresión. Suponer, por otro lado, la regularidad y recurrencia del ciclo
largo equivale implícitamente a aceptar la posibilidad de reforma sin Imite del
modo de producción capitalista, cuestión que pese al derrumbamiento del
socialismo, sigue sujeta a debate.
Mandel cae
en una contradicción irresoluble. Por un lado, plantea que las fases depresivas
se originan por factores endógenos mientras que, por el otro, considera que las
fases de expansión requieren de factores exógenos de carácter político y
social. Por ello prefiere llamarles «ondas» largas en vez de «ciclos», aunque
insiste en que «hemos intentado de todas maneras mostrar que la lógica interna
de la vida larga está determinada por oscilaciones a largo plazo de la tasa de
ganancia».[27]
Sin
embargo, el problema de fondo en este punto es que si la salida de la crisis
está en función de factores exógenos, la lógica de la onda larga deja de estar
determinada por la tasa de ganancia. O demostramos que la tasa de ganancia o
cualquier otro factor determina la regularidad de la onda larga o la onda larga
no existe realmente.
De allí
que coincida con la conclusión de R. Day en el sentido de que
a pesar de todos los esfuerzos de Mandel, su explicación no es más
que una explicación tipo Kondrátiev actualizada con elementos
del marxismo.
Prevalece
la tendencia al eclecticismo de Mandel, al tratar de combinar
elementos de Kondrátiev con algunas ideas de Trotsky sobre
la importancia de los factores extraeconómicos.”[28]
La
dificultad estriba en que Kondrátiev y Trotsky son
irreconciliables, pues mientras el primero insistía en la existencia de
regularidad en el ciclo, el segundo consideraba imposible encontrar tal
regularidad. Como dice Day:
(Mandel)
. . .habla de distintas etapas y de irregularidades en el desarrollo del
capitalismo, de la forma en que sugiere la noción de Trotsky de una línea de
tendencia discontinua. Aunque, a la vez, por su referencia a las ondas, viene a
indicar que está de acuerdo con la idea de Kondrátiev de un equilibrio que
evoluciona a largo plazo sin brusquedades. En resumen, está de acuerdo con
Kondrátiev y con Trotsky, algo que lógicamente es imposible. O el capitalismo
se desarrolla según una pauta evolutiva continua, en cuyo caso pueda hablarse
de ciclos, o esa teoría oculta el desarrollo irregular del capitalismo, tal
como Trotsky sostenía.[29]
[1] Para
una presentación y discusión de las posiciones de los fundadores de la teoría
de las ondas largas véase Ernest Mandel. El capitalismo tardío, México
1972, Ediciones Era. Sobre el debate alrededor del trabajo de Kondrátiev, véase
G. Garvy. “La teoría de los ciclos largos de Kondrátiev” en Los ciclos
económicos largos ¿una explicación de la crisis?, España, 1979, Akal
editor.
[2] El
tema ha interesado a autores tradicionales del tipo de W. W. Rostow quien
publicó el libro Why the Poor Get Richer and the Rich Slow
Down. Essays in the Marshallian Long Period, Austin, 1980,
University of Texas Press.
[3] Los
principales artículos de la década de los setenta fueron publicados en México
en dos libros: El dólar y la crisis del imperialismo, México,
1974, Ediciones Era, SP23 y La crisis, 1974-1980, México,
1977, Ediciones Era, SP75.
[4] Mandel,
Ernest. El capitalismo… op. cit., p. 109
[5] Ibid.,
p. 115
[6] Mandel,
Ernest. Las ondas largas del desarrollo capitalista. La interpretación
marxista, Madrid, 1986, Siglo XXI de España ed. p. 8.
[7] Ibid.,
p. 10
[8] El
capitalismo…, op. cit., p. 112
[9] Véase
L. Trotsky. “La curva del desarrollo capitalista” en Los ciclos
económicos largos…, op. cit., pp. 86-94.
[10] El
capitalismo…, op. cit., p. 112.
[11] Las
ondas largas…, op. cit, p. 49.
[12] El
capitalismo…, op. cit., p. 119.
[13] Las
ondas largas…, op. cit, p. 67.
[14] El
capitalismo…, op. cit., p. 459
[15] Véase Las
ondas largas, op. cit. , pp. 56-84
[16] El
capitalismo…, op. cit. , p. 350
[17] La
crisis 1974-1980, op. cit., p. 226
[18] Rowthorn,
B., «Late capitalism», New Left Review, nº 98, Londres,
julio-agosto 1973, p. 59
[19] Véase
Paul Boccara. Études sur le capitalisme monopoliste d’Etat, sa Crise et
son Issue, París 1973, Ediciones Sociales
[20] Rowthorn,
B., op. cit.
[21] Una
posición distinta a la de Mandel es la planteada por H. Magdoff, La Era
del Imperialismo, Editorial Nuestro Tiempo
[22] Consúltese
B. Rowthorn, op. cit.
[23] Mandel,
E., op. cit. , p. 40
[24] Véase
del autor, Imperialismo y la ley del valor, México, Editorial
Nuestro Tiempo
[25] Lange,
Oscar. Theory of reproduction and Accumulation, Varsovia,
1969, pp. 76-77
[26] Kondrátiev,
N. D., op. cit., pp. 66-67 (cursiva mía).
[27] El
capitalismo…, op. cit. , p. 138
[28] Véase
George Garvy. «La teoría de los ciclos largos de Kondrátiev». Los
ciclos largos, op. cit.
[29] Day,
R. «La teoría de los grandes ciclos: Kondrátiev, Trostky y Mandel» en Los
ciclos largos, op. cit., p. 222


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