CANAL EMANCIPACIÓN, OTRA MANERA DE VER LA REALIDAD

Emancipación N° 1048: Neofacismo, resistencia y ciencia

Emancipación N° 1048: Neofacismo, resistencia y ciencia

Emancipación N° 1047: Neofacismo, resistencia y ciencia

Emancipación N° 1046: Neofacismo, resistencia y ciencia

Los Dominios del Poder 2026

Progreso, IA y Mundial 2026

Ciencia y Poder 2026

Libros Más Recientes

Libro N° 11153. Los Procesos Picnológicos. Bueno, Gustavo.

Libro N° 11153. Los Procesos Picnológicos. Bueno, Gustavo.

 


 © Libro N° 11153. Los Procesos Picnológicos. Bueno, Gustavo. Emancipación. Abril 29 de 2023

 

Título original: © Los Procesos Picnológicos. Gustavo Bueno

 

Versión Original: ©  Los Procesos Picnológicos. Gustavo Bueno

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://filosofia.org/hem/195/th129gb.htm

https://filosofia.org/hem/195/th283gb.htm

 

Licencia Creative Commons:

Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la fuente.

La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida su comercialización.  

Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores

No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines comerciales

No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este texto.

Fondo:

https://images.unsplash.com/photo-1528458909336-e7a0adfed0a5?ixlib=rb-4.0.3&ixid=MnwxMjA3fDB8MHxwaG90by1wYWdlfHx8fGVufDB8fHx8&auto=format&fit=crop&w=748&q=80

 

Portada E.O. de Imagen original:

https://filosofia.org/aut/gbm/1997gbm.jpg

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS PROCESOS PICNOLÓGICOS

Gustavo Bueno

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Procesos Picnológicos

Gustavo Bueno

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los procesos picnológicos (I)

 

Esencia de los “procesos picnológicos”

 

Las consideraciones de carácter biológico que abren este párrafo no son absolutamente indispensables para determinar la esencia de cierto movimiento cognoscitivo que llamo picnológico{1}, cuya definición es enteramente inteligible en sí misma, tal como más adelante consta. Pero el punto de vista biológico favorece decididamente la comprensión{2} de la actividad picnológica, es decir, la clara intelección de la posición que ocupa en la economía cognoscitiva del animal. Por este motivo he adoptado este siempre fecundo punto de vista como método adecuado para penetrar en este dominio, poco explorado, de la vida cognoscitiva.

Es conocida la distinción entre sensaciones brutas o primitivas, y sensaciones elaboradas (v. gr., imágenes, percepciones). La “elaboración” tiene lugar en la esfera sensorial, pero también las ideas pueden considerarse muy rigurosamente como sensoriales elaboradas por todo aquel que no defienda la doctrina de las ideas innatas{3}. Queda, de este modo, generalizado el concepto de sensación que se extiende a todo contenido cognoscitivo.

Ulteriormente, conviene imprimir a la oposición entre sensaciones primarias y elaboradas un sentido relativo, en tanto que una sensación elaborada puede ser tomada como primitiva por respecto a otra elaborada en algún grado superior. Esto permite generalizar, a su vez, el concepto de elaboración, considerando a las sensaciones primarias como sensaciones elaboradas en grado cero, concepto que puede ser interpretado –si así lo exigiesen razones que aquí no importan– como un puro concepto límite, de suerte que las sensaciones primarias fuesen pura abstracción, sin existencia real aislada.

Urge definir ahora el concepto de “elaboración” de las sensaciones. Una definición esencial requeriría, sin embargo, excesivos supuestos y, de otra parte, ella no es imprescindible en este estudio. Me limito, por tanto, a aducir la siguiente propiedad de la elaboración, puramente relativa, pero suficiente a mi propósito, y que constituye como una definición implícita del concepto en cuestión.

La elaboración es una inserción de la sensación en un contexto de relaciones, del que constituye un miembro estructural integrante{4}.

Es un error, al que propende la filosofía escolástica, concebir la elaboración exclusivamente como abstracción (operación negativa “precisiva”), sin atender al aspecto de construcción que ella posee, y que es una operación de carácter positivo{5}. Por lo demás, abstracción y construcción se complementan, no siendo ésta posible si aquélla no le precediere. Sin segregar ciertas determinaciones de los contenidos a elaborar no sería posible insertarlos en un complejo de relaciones construido sobre ellos{6}, al menos de un modo biológicamente relevante. En efecto, para conseguirlo, es necesario admitir la persistencia de los contenidos elaborados, que deben sobrevivir de algún modo a la efímera dirección de todo proceso sensorial o psíquico en general, sometido al ritmo temporal del viviente; y esta supervivencia requiere necesariamente la abstracción de las diferencias existenciales. La elaboración, en tanto es biológicamente significativa, se eleva, por tanto, necesariamente sobre los momentos existenciales, lo que equivale a decir que necesita practicar la abstracción de las determinaciones peculiares a tales momentos; y esta abstracción está realizada en virtud de variadísimos recursos, desde la memoria sensitiva hasta las formas más depuradas del pensamiento intelectual{7}.

La significación biológica de la elaboración de las sensaciones consiste probablemente en encaminar el animal hacia un nivel o altitud vital de tal naturaleza que, desde aquí, puede decirse que el animal se encuentra preparado ante los nuevos estímulos que incesantemente le siguen llegando del contorno. Preparación implica, por lo tanto:

1. Una conservación del estímulo anterior que permite acoger el actual como “experiencia familiar”. Para ello se exige la abstracción (elaboración negativa) principalmente{8}.

2. Una posesión de relaciones en torno a este estímulo registrado que permite responder con reacciones adecuadas, ya ensayadas, a los nuevos estímulos{9}. Para ello es precisa la construcción (elaboración positiva).

Estamos ya en condiciones de postular con sentido que la elaboración es la primera fase de las actividades teleológicas del cognoscente, y que esta elaboración estriba en la conquista de un sistema estructural en el cual queden conservados e insertados los estímulos y contenidos en general.

Consideremos ahora deductivamente las actitudes que el viviente deberá adoptar ante las nuevas experiencias y estímulos. Evidentemente, en tanto lo consideremos en posesión de un sistema (mínimo) tenderá a “absorber” los nuevos estímulos en las “retículas” ya asimiladas (elaboradas) que pueden llamarse engramas y que, aun procedentes de una elaboración empírica, funcionan como categorías a priori en el sentido de Kant. Por ello, el animal tiende a configurar su contorno según su propia estructura, y no concretamente a adaptarse al medio{10}.

Deberemos admitir, por tanto, en la vida cognoscitiva no sólo la dirección vital llamada elaboración (que podría simbolizarse así: Experiencia → Sistema), sino también una dirección de sentido inverso (su símbolo será: Sistema → Experiencia) y que podría definirse: una tendencia a reducir los estímulos nuevos a otros ya poseídos, a vaciar los nuevos contenidos en los moldes que el animal ya se ha procurado previamente{11}. Naturalmente, esta tendencia no se cumple siempre certeramente. Se producen errores biológicos, que son justamente los testimonios de la realidad de una tendencia subjetiva por lo mismo que desborda las relaciones puramente objetivas de afinidad y semejanza.

Ahora bien: en tanto las nuevas experiencias tienden a “vaciarse” en los retículos sistemáticos, pueden considerarse como diferentes modulaciones de estos engramas, como modelos distintos que ejecuten un mismo tipo general{12}, y constituyen así el specimen de éste.

Se puede ahora formular la tendencia definida como inversa de la elaboración en estos términos precisos: el animal, en posesión de un sistema, tiende a comportarse ante los nuevos estímulos como si fuesen modelos de su sistema, es decir, ejemplos que repiten, en distintas modulaciones, el arquetipo ya presupuesto.

Ahora bien: como la constitución de un sistema ha sido siempre la meta de la actividad científica, se comprende que el interés de los epistemólogos se haya centrado en el estudio de los procesos de elaboración: este sentido poseen los planteamientos clásicos desde Aristóteles y Santo Tomás, hasta Kant y Husserl: explicar el tránsito de la sensibilidad al mundo inteligible.

Es cierto que se han investigado importantes aspectos del movimiento de “retorno” inverso a la elaboración, y entre estos procesos de retorno ocupan destacado lugar los picnológicos. Así, entre los escolásticos, era vulgar el proceso de “contracción” del universal (sistema), al inferior (que desempeña el papel de modelo); asimismo, la conversio ad phantasmata, que es un proceso de regresión desde las ideas hasta las imágenes, que se postulaban como origen de las ideas; y, según algunos, gracias a este proceso podíamos conocer lo individual{13}. La “ratio particularis” pertenece también a los movimientos de retorno. Kant ha conocido los por él llamados “juicios determinantes”{14}. De alto interés son también en este aspecto muchas ideas de Croce{15}. Sin embargo, carecemos de un planteamiento suficiente que recoja todos los aspectos de esta dirección cognoscitiva y formule claramente su peculiar problemática epistemológica. Porque, acaso prácticamente, se viene sobreentendiendo que los “procesos de retorno” constituyen una simple reversión de los “procesos de elaboración”; de forma que bastaría –para decirlo gráficamente– conocer el “camino de ida" para poseer con él la clave del “camino de vuelta”. Pero debe ser atendida la irreversibilidad esencial de los procesos de elaboración, por lo cual las características psicológicas y epistemológicas de los procesos de retorno han de fundarse en principios propios. No es suficiente conocer el criterio de la elaboración para con él arrancar las incógnitas a los procesos inversos; si, por ejemplo, es sencillo el tránsito de la función y = 3 x² + 25 a su derivada y’ = 6 x, no por ello es posible el camino opuesto, ya que aquélla es una de tantas funciones primitivas de y’ = 6 x.

El presente trabajo aspira a contribuir al conocimiento más preciso de los procesos de “retorno” mediante la investigación de uno de ellos, y no de los menos importantes, que es el ya aludido proceso picnológico; pero su exposición requiere necesariamente la introducción previa de ciertas determinaciones sobre el concepto de universalidad, en cuyo ámbito se consuman los procesos picnológicos.

(Continuará.)

——

{1} He construido este neologismo a partir de la forma πυχνος = denso, grueso (ya empleada por el tecnicismo científico para designar modos de objetos materiales: Pícnico, Picnótico) y λογος para recoger el lado gnoseológico del proceso en cuestión. Por lo demás, el uso de la forma πυχνος, y otras afines en contextos psíquicos, que a alguien pudieran parecer insólitos, está autorizado por Homero. Así, un consejo βουλή puede ser πυχνή, “sólido, firme”. Lo mismo una μήτις, “idea, pensamiento”, puede ser πυχνή “ajustada, sólida”, &c. Los φρενες, asiento de la inteligencia, son también πυχναι. También Platón (República, 568a) habla de πυχνή διανοια, “inteligencia exacta ajustada”. Los testimonios de Homero y Platón me han sido facilitados por don Daniel Ruiz Bueno, Catedrático de Griego.

{2} Para el concepto de comprensión, véase más adelante, en el párrafo último de este trabajo.

{3} También los gestaltistas admiten una elaboración de los contenidos sensoriales sin salir de los límites del conocimiento sensible. (Véase, v. gr., D. Katz, La Psicología de la Forma, Las leyes de la forma, 6. Trad. esp. de J. M. Sacristán. Madrid, Calpe, 1945.)

{4} La tesis antes mencionada, que niega la existencia de sensaciones elaboradas en grado cero, puede ahora formularse como la negación de la posibilidad de una sensación no incardinada en una cierta estructura (Gestaltpsychologie).

{5} En los casos más sencillos, la elaboración, como construcción, requiere tan sólo la constitución de un sistema de reflejos asociados a la sensación elaborada.

{6} Por esta razón, toda sensación elaborada implica la presencia de relaciones de universalidad (véase más adelante), que no sólo virtualmente, sino también formalmente, aparecen en todas las elaboraciones eidéticas. En efecto, el estado de abstracción de los contenidos es el fundamento de la relación de universalidad, pues si un contenido puede identificarse con otras varias –tal es la esencia de la universalidad– es porque segregó lógicamente las diferencias que contraen a los elementos de la pluralidad. Ahora bien: la inserción del contenido abstracto en un contexto determina la fluencia en aquél de relaciones de composibilidad respecto a los otros miembros del contexto; y estas relaciones son el origen no ya del fundamento, sino de la relación misma de la universalidad, pues constituyen la misma relación de universalidad, según trataré de evidenciar más adelante. Por este camino llego a la misma tesis mantenida por algunos escolásticos (Cayetano principalmente) sobre la necesidad de que todos los contenidos eidéticos sean universales (lo que, a su vez, es el fundamento del discutido teorema Scientiae est universalium que yo defiendo siempre que se interprete la universalidad como una resultancia automática lateral de toda elaboración constructiva). Si, por ejemplo, el fenómeno n es elaborado por inserción en el contexto m C n (c = relación de causalidad; m = causa), entonces el contexto Cm, gracias al cual n es elaborado, es un universal en el sentido de la composibilidad radical lógica con n, n’, n” que posee (ver más adelante).

{7} Mach, que tan fecundamente cultivó el punto de vista biológico en los problemas epistemológicos, comienza su obra, ya clásica, Conocimiento y error, de este modo:

“Dentro de condiciones simples, constantes y favorables, los seres vivos inferiores se adaptan a las circunstancias por reflejos innatos, y esto es suficiente generalmente para asegurarles durante cierto tiempo la conservación del individuo y de la especie. En condiciones más complicadas y menos constantes, el animal sólo resiste si es capaz de adaptarse a las modificaciones más considerables del medio. Para ello le es necesario ver más lejos en el espacio y en el tiempo; llega a eso, ante todo, gracias a órganos de los sentidos más perfectos, y como consecuencia del crecimiento de necesidades, la inteligencia se desarrolla más. En el hecho, un ser vivo, teniendo memoria posee, desde el punto de vista psíquico, un campo de acción más extenso que aquel que sus sentidos le permitirían alcanzar directamente en el espacio y en el tiempo. Lo que aseguró al hombre primitivo una ventaja cuantitativa sobre los animales con quienes vivía, fue simplemente la potencia de su memoria individual, sostenida progresivamente por los recuerdos comunes de los antepasados y de la raza.” (Trad. de Cortés Plá.)

{8} Es conveniente ilustrar estas afirmaciones con ideas semejantes a las desarrolladas por Schrödinger en su conocida obra What is life? (I, 5).

{9} Hasta que esto no se logre, la preparación sigue siendo insuficiente. De hecho, todo animal necesita de un aprendizaje, incluso de sus instintos más primarios, torpes en los primeros momentos, es decir, cuando los estímulos son verdaderamente nuevos y aislados.

{10} Véase M. Scheler: El puesto del hombre en el cosmos, II. En este punto conviene aducir muchas de las ideas sobre la selección propia del conocimiento fideo, que Eddington desarrolla en su obra La filosofía de la ciencia Física. Trad. esp. de C. E. Prelat y A. L. M. Leloug. Editorial Sudamericana. 1944.

{11} Esta tendencia ha sido, desde luego, descrita, y se ha llegado incluso a afirmar que la elaboración se regía internamente sólo en atención al éxito del proceso inverso de retorno. Spencer enseñaba que el único fin de la elaboración (para mantener la terminología que vengo utilizando) es la adaptación a experiencias futuras. Lo mismo enseñó Mach. (Véase F. Enriques: Problemas de la Lógica, cap. II. 28.)

{12} Introduzco aquí el nombre de modelo por analogía con lo que, en Teoría de la Demostración, se suelen llamar modelos de una Teoría o conjunto de axiomas, &c. También podría utilizar el nombre de “argumentos”; considerando el sistema o sus partes como variables.

{13} Cayetano. In Anal. Post. I. cap. 8.

{14} Véase, por ejemplo, Crítica del Juicio, Introducción. IV.

{15} Por ejemplo, “la discesa dal concetto puro verso l'intuizione” (vid. Logica come scienza del concetto puro. Parte I, III, pág. 140 ss. Bari, 1909).

 

 

Los procesos picnológicos (y II)

La relación de universalidad ha sido injustamente desatendida por la Lógica moderna, que se atiene a otro concepto distinto, aunque afín: el de clase. Es cierto que el análisis tradicional es también insuficiente. Pues se ha limitado a considerar las relaciones entre la idea general y sus inferiores (que no son sólo individuos, sino también especies, géneros), en tanto que éstos quedan “absorbidos” en aquél. Esta consideración es, desde luego, justa. Si simbolizamos por α a la idea, por a, b, c, …, n a sus inferiores, y por U a la relación de universalidad entre α y a, b, c, …, n, deberemos, ante todo, subrayar cómo la identificación de α con a, b, c, …, n exige la abstracción de diferencias que concretan a cada uno de estos objetos (que constituyen la “extensión” de α){1}.

Sin embargo, es preciso tener muy en cuenta que la parificación entre a, b, c, …, n es puramente abstracta, y que, incluso lógicamente, no puede ser considerada como absoluta sin destruir la misma relación U, pues ésta exige una pluralidad de relata, por tratarse de una relación de uno a varios, y la pluralidad implica diferencias, notas diferenciales entre a, b, c… n. No es lícito abandonar a la Ontología estas advertencias: la Lógica también debe atenderlas y rescatarlas para su estudio. Pero esto significa que al enlazar α con a, b, c… n, no solamente debemos considerar el aspecto negativo, abstractivo, en el que se prescinden las notas diferenciales a’, a’’ … de a; b’, b’’ de b, &c., &c., sino también el positivo, constructivo, que nos manifiesta la composición de α y a’, a’’, b’, b’’, &c., &c., o antes aún, la composibilidad de α con a’, a’’, b’ b’’, &c., &c.

Ahora bien, esta composibilidad es condición necesaria, pero también suficiente, para la relación U, por lo cual podemos tomarla como base para una definición de la noción de universalidad basada en su lado constructivo, positivo, no negativo, como era el usual entre los escolásticos. Y así, puede afirmarse que siempre que una idea α pueda entrar en composición con otras ideas a’, a’’, b’, b’’, &c.{2}, la idea α puede ser llamada universal, en tanto es sujeto de una relación U bien determinada.

Esta definición de la universalidad permite aplicarla con fruto a muchos dominios, lo que aquí no es posible llevar a cabo fundamentalmente. Me limitaré a postular:

1. Que, en tanto toda idea es abstracta, es necesariamente composible con otras ideas. Es contradictoria la hipótesis de una idea abstracta incomposible con todas las demás, con lo que ya no sería abstracta.

En consecuencia, toda idea abstracta es también, de algún modo, una idea universal, pero es esencial que el número de “inferiores” sea indeterminado lógicamente.{3}

2. La limitación o determinación del número natural que corresponda a los inferiores de un universal, sólo por procedimientos extrínsecos al universo lógico es posible.

3. En consecuencia, no será contradictoria la posibilidad de que esta limitación llegue hasta el establecimiento de la unicidad de uno de los inferiores. Ella respeta la composibilidad postulada en 1, si bien lleva al límite la determinación prevista en 2. Llegamos de este modo a la noción de una idea universal, pero de un solo elemento; idea que deberá tomarse siempre en toda su extensión (la Lógica escolástica conoció esta consecuencia al equiparar los juicios singulares a los totales){4} que, aunque única, por serlo extrínsecamente, no destruye la universalidad de composibilidada radical de la idea en cuestión. Tal es el caso de los conceptas empíricos (v. gr., históricos), en los que incesantemente asistimos a una limitación extrínseca de la extensión. Ello es debido a que tratamos con objetos que deben considerarse como agregados de ideas que pertenecen al Universo lógico y de otros contenidos que, acaso, no pueden pertenecer a él porque no son ideas (sino percepciones, vivencias sensoriales…). Así, por ejemplo, la idea de Alejandro Magno es un agregado de contenidos lógicos (tales como “Hombre”, “Rey”) y de contenidos extralógicos (su empírica singularidad o, si se prefiere, la de los documentos históricos que nos prueban su realidad o, simplemente, constituyen su definición).

Después de esta exposición del concepto de universalidad, podrá admitirse que el sistema, todo sistema, en tanto conste virtual o formalmente, de componentes abstractos, implica abundantes relaciones de universalidad que están presentes en él, bien sea virtual o formalmente. Asimismo, que los modelos de este sistema desempeñan el papel de “inferiores” del propio sistema, en tanto que universal.

Es conveniente, antes de continuar la exposición de nuestro tema, introducir dos distinciones muy conocidas, pero de sumo interés en este dominio:

a) La distinción entre el acto –en el sentido de ergon, de producto– y la potencia –como energeia, el producirse.

b) La distinción, dentro de los procesos cognoscitivos, en general, entre lo noético y lo noemático.

Restringiéndonos a los procesos correctos, en el aspecto del producto, considerado noemáticamente, contemplamos ya ciertas relaciones objetivas legítimas (como la subsunción del modelo en el sistema) que no ofrecen problemas nuevos; justamente, este es el punto de vista que ha predominado. Manteniéndonos dentro del producto, pero mirado noéticamente, ya podemos advertir una perspectiva más sorprendente: en tanto dos vivencias numérica y aún específicamente heterogéneas (v. gr., las correspondientes a la idea más universal y menos universal) se fusionan en una unidad cognoscitiva{5}. Atendida esta heterogeneidad, debemos inquirir la razón suficiente de la fusión cognoscitiva, si bien considerada ésta desde el punto de vista del producto, fácilmente son aclarados todos los problemas desde la superior unidad que se presupone entre sistema y modelo.

Pero si nos atenemos al punto de vista del producirse, del movimiento mismo noético en el momento en que el viviente sale de la vivencia del sistema y no ha llegado todavía al modelo{6} que se le da en vivencias distintas, la problemática peculiar de los movimientos de retorno aparecerá en toda su plenitud y en toda su fuerza, y con tanta más intensidad cuanto mayor sea la distancia entre la vivencia del sistema y la del modelo. Será mínima cuando ambos se consideren no independientes; en rigor, en tal caso no cabe admitir un movimiento auténtico. Necesario es convenir, por tanto, para poder hablar con sentido de un movimiento de “retorno”, que sistema y modelo puedan vivirse independientemente de algún modo; por ejemplo, a la manera como la idea hombre es vivida respecto de Sócrates, y recíprocamente.

En consecuencia, si supusiéramos que el número de modelos era igual a cero –es decir que ningún modelo podía vivirse independientemente del sistema– habría que negar todo proceso de “retorno”; debe existir un número natural n (indeterminado) de modelos para que pueda hablarse de procesos semejantes. El caso límite será aquel en que el modelo sea único; que el número de modelos sea 1. Este interesante caso particular, que ofrece peculiaridades notabilisimas respecto de todos los demás casos, da lugar a los procesos picnológicos, que serán descritos a continuación{7}.

Cuando se admiten, varios modelos, la unión que los “procesos de retorno” logran entre ellos y el sistema correspondiente, es muy pequeña: la “energía vital” necesaria para consumar una fusión semejante es también mínima y poco compleja. Prácticamente, en el juicio “determinante”, por ejemplo, el modelo es, por así decir, “visto” desde el sistema: se prescinden sus notas diferenciales características y la identificación predicativa es más bien negativa, abstractiva (procesos de subsunción). En rigor, sólo abstractivamente es posible que el sistema se aplique a varios modelos, siempre que se respete el principio de identidad. La unidad de la idea abstracta solamente podrá identificarse (unívocamente) con la pluralidad de objetos que constituyen su extensión en tanto se prescindan las diferencias que caracterizan a cada uno de esos objetos.

Pero, si por el contrario, admitimos que el modelo que recibe el sistema es uno solo, la unión entre ambos podrá ser mucho más íntima, sin perjuicio del principio de identidad. Podrá hablarse de identificación unívoca (no de mera composición por medio de alguna relación en que los términos quedan exteriores), por cuanto se dan las relaciones del universal al inferior{8}. Pero esta identificación será máxima porque ya no será necesario practicar la abstracción de diferencias para parificar una pluralidad inexistente. La identificación será positiva; la “energía vital” necesaria para superar la oposición inicial entre modelo y sistema, será también máxima y crecerá en proporción directa a la intensidad de aquella oposición, es decir, de la independencia de las vivencias del sistema y del modelo.

Que la identificación es máxima en estos casos de sistemas “monomorfos” (de un solo modelo) se deduce también de la circunstancia de que el modelo haya de estar de algún modo mentado por el sistema, aunque no se encuentre representado íntegramente por él. Por así decir, el sistema dice una relación trascendental al modelo único que lo verifica. Propiamente  –y esto es de gran interés lógico–  esta unión tan íntima determina que las notas diferenciales del modelo puedan considerarse como notas pertenecientes a la comprensión del sistema{9}. En este caso particular puede afirmarse, en consecuencia, que la extensión y la comprensión coinciden: nos hallamos, sin duda, ante un caso límite.

Al identificar el sistema con el modelo único, asistimos, por lo tanto, a un riguroso crecimiento del sistema, cuya comprensión aparece incrementada con las notas diferenciales del modelo. La identificación predicativa del sistema y modelo único no es ya abstractiva, negativa; no consiste en una mera multiplicación del sistema en un “inferior”, permaneciendo, empero, igual a sí mismo, sino que es constructiva, positiva, y en ella el modelo “llena”, por decirlo así, el esquematismo abstracto del sistema que gana una mayor densidad y plasticidad, como si se condensase y se robusteciese. A estos matices, psicológica y epistemológicamente primarios, se refiere etimológicamente el nombre picnológico con el cual designo a este proceso en particular{10}.

Con el concepto de procesos picnológicos no designo directamente, sin embargo, una especial facultad cognoscitiva, una singular virtud gnoseológica –lo que sería objeto de una investigación especial– sino solamente una dirección o tendencia biológica, a cuya caracterización contribuirán las siguientes precisaciones:

I. Supuesto que con los recursos del pensamiento abstracto  (sistemático) no podemos jamás agotar la riquísima abundancia de determinaciones de los objetos conocidos, ya que la elaboración se detiene siempre en razones más o menos generales, en número finito, más allá de las cuales no nos es posible trascender: la teleología cognoscitiva del animal, en tanto pretende asimilar los objetos en la mayor parte de sus contenidos, promoverá, como compensación, un “incremento” del sistema mediante su positiva fusión –es decir, no meramente negativa– con el modelo único, que la permite omnímodamente. Este incremento puede apoyarse en motivos o razones lógicas objetivas, pero, de suyo, se desarrolla con independencia de ellas, como lo prueban los procesos picnológicos erróneos{11}, en los que la tendencia a la hipóstasis del modelo único es patente.

Si como ejemplo ilustrativo asignamos a la noción “Satélite de la Tierra” el papel de sistema o elaboración de contenidos cognoscitivos, compréndese fácilmente que esta noción no es por sí misma absolutamente idéntica a todo lo que se designa con el nombre propio “Luna”, que puede tomarse como el único modelo de aquel sistema. Cuando se aprehende la unidad entre el concepto sistemático “Satélite de la Tierra” y el empírico “Luna”, aquél experimenta un maravilloso incremento interno cuyo significado es superior al de una mera ilustración de los contenidos eidéticos mediante intuiciones sensoriales o imaginativas.

II. Estamos, por así decirlo, entre un juego de las facultades cognoscitivas en su tendencia a “ajustar” sus contenidos de acuerdo con la unidad del objeto que mencionan; y este juego requiere biológicamente una dirección teleológica a la que pretende servir también la noción de proceso picnológico. Porque cuando el sistema es psicológicamente una efectiva elaboración de un modelo vivido anteriormente, la posibilidad del retorno picnológico no ofrece problemas excesivos, pero bordea el misterio el caso en que el sistema fue obtenido por recursos puramente constructivos, sin perjuicio de lo cual consigue determinar un modelo único del que no se tuvo conocimiento previo (en lo que se refiere, naturalmente, a la obtención ideatoria del sistema). En este caso es necesario aducir todos los dispositivos biológicos de ajuste, &c., antes comentados. Si, por ejemplo, obtengo mediante puras operaciones lógicas (para asegurar la autonomía del sistema respecto de todo modelo), como el producto de clases (∩) la idea de la clase

Mamíferos ∩ voladores

cumpliré un proceso picnológico al “llenar” este concepto resultante con el empírico “murciélago”, aisladamente vivido, en tanto se concibe como el único modelo en que se verifica la clase producto. Por eso, a pesar de que dicho concepto empírico consta de muchas notas que de ningún modo pueden deducirse del producto de las clases dadas, se le concede ingreso íntegro en el sistema, que podrá ser concebido conforme al modelo del único modelo empírico que lo realiza{12}.

III. Como última precisación biológica de los procesos picnológicos señalaré que en ellos tiene lugar una magnificación del modelo, una transvisión de su intuición, que queda exaltada por las prolongaciones sistemáticas{13}. La intuición del modelo se nos ofrece como una maravillosa potencia de aprehender sintéticamente las complejas estructuras analíticamente recogidas en el sistema{14}, a la manera como el instinto de las abejas las conduce certeramente a resolver problemas de volúmenes máximos cuyo desarrollo analítico no está al alcance de muchos hombres.

Como propiedad biológicamente significativa y experimentalmente comprobable que debe asignarse a los procesos picnológicos, en su inmediata conexión y concomitancia con ciertas vivencias que pudieran agruparse bajo el nombre de vivencias de goce cognoscitivo; y aún me atrevo a afirmar que los mecanismos del placer intelectual funcionan eminentemente al cumplirse un proceso picnológico. En los grados inferiores deben situarse aquí las llamadas vivencias del “ajá” (Köhler, Scheler…) que, como es fácil constatar, tienen lugar ya en los animales superiores en relación con procesos que satisfacen la definición de los procesos picnológicos. En los grados superiores, las vivencias placenteras del éxtasis intelectual, culminación de la Sabiduría (Plotino, Spinoza, Schelling) también se describen en situaciones que podrían llamarse picnológicas, y se destaca como culminación del proceso cognoscitivo, esa fusión brota de la máxima abstracción con las realidades más ardientes e inmediatas que constituyen el núcleo más íntimo de la personalidad.

Finalizaré esta introducción general a los procesos picnológicos evidenciando la importancia que debemos concederles por medio de la exposición de la función que les corresponde en dos situaciones noemáticas bien conocidas y apreciadas por la Lógica tradicional y moderna, respectivamente, y que describo a continuación:

1. De indiscutible importancia son los conceptos de constitutivo metafísico y constitutivo físico de un objeto, así como las relaciones noemáticas entre ambos. A la Lógica tradicional preocupábale principalmente el tránsito del constitutivo físico al metafísico, tránsito que era generalmente concebido como una disociación, una abstracción a partir de una superior unidad de que se partía. Ahora bien: en tanto el constitutivo metafísico posee en sí mismo cierta autonomía eidética –y otro tanto debe decirse del físico–, entonces el enlace de uno y otro es claramente picnológico. ¿Como explicar, si no es picnológicamente, la fusión del constitutivo metafísico del objeto hombre (que se describe como animal racional) y sus peculiares rasgos físicos, por ejemplo, que su espina dorsal posee tres incurvaciones principales?

2. El enlace y tránsito desde lo que se llama descripción definida de un objeto hasta el nombre propio de dicho objeto, es también picnológico, aunque no todo proceso picnológico supone un tránsito de una descripción hasta un nombre (pues el término puede ser una clase, &c.). La descripción definida que designa un solo objeto{15} puede considerarse como un sistema y el nombre como su único modelo, de suerte que entre ambos se establezca la relación U. Cuando esta consideración no se lleva a efecto, la problemática picnológica no puede plantearse aquí plenamente. Por el contrario, su planteamiento permite proponer una teoría que, al menos, tiene la ventaja de la claridad para explicar la distinción entre definir y conocer que ejerce en el texto de los Principia citado; aunque en (רx) (Φxx defina a un solo objeto, sin embargo, puede decirse que x es un universal, atendiendo a su imposibilidad radical; lo que se desconoce son justamente las determinaciones extrínsecas al Universo lógico, que limitan a x; ellas son conocidas en la intuición empírica del modelo que es designado por el nombre.

——

{1} La relación U podría definirse como la conjunción de las tres condiciones siguientes:

(a . b . c… n) . (a ν b ν c ν… νn) :  α       [1]

Si esta implicación fuere recíproca, podríamos escribir (teniendo en cuenta [3]):

a = b = c = … = n = α,

que viene a ser la definición por abstracción de una clase, de la que, tanto a . b . c… n, como α, eran miembros; a lo sumo, α sería el representante. (Véase E. W. Beth: Les fondements logiques des mathématiques, 1950, livre II, cap. I, § 2.)

Pero en el caso de U, por definición, la relación no ha de ser recíproca.

[α  : (a, b, c… n) . (a ν b ν c ν … νn)]       [2]

Condición que no es incompatible con ésta:

α a ν b ν c … νn,

relación sumamente interesante, que atempera el exagerado platonicismo en la concepción de la autonomía del universal:

a = b = c = … = n.       [3]

{2} Composibilidad significa la posibilidad de una idea a unirse con otras, formando un tertium con ellas.

{3} Rechazo, en consecuencia, la «aritmetización» de la extensión de las ideas universales, que ha sido recientemente intentada por Hönen en sus Recherches de logique formelle, Roma, 1948.

{4} Desde Peano es vulgar la distinción entre clase de un solo elemento y elemento de esta clase. (Véase Carnap: Abriss der Logistik, 19 a., Wien, Springer, 1929.)

{5} Uno de los principales problemas tratados por Russell, en su obra An Inquiry into Meaning and Truth, es el de la aplicación de una idea o palabra a un acaecimiento designado por ella. (Véase el cap. III.)

{6} Conviene tener presente la tendencia biológica fundamental descrita anteriormente, como explicación del producirse de este movimiento o tránsito del sistema al modelo.

{7} Es superfluo generalizar este planteamiento formulándolo como el proceso que tendría lugar en x R y, cuando y admite un solo argumento (siendo, empero, una variable), siempre que partiéramos de x R. Esta formulación puede siempre reducirse a la relación entre el universal y el modelo, ya que, por lo menos, siempre puede darse una hipóstasis del símbolo del condominio de R, mediante la cual, y queda aislado del contexto, convertido en una idea que posee la relación U respecto de sus argumentos. Si, volviendo a símbolos antes utilizados, llamamos x al conjunto de las inferiores de α (es decir, que los valores de x sean a, b, c… n), en el complejo α U x puede x asumir el papel de sujeto de otra relación de universalidad; x U’ y, por respecto a sus propios argumentos, y así sucesivamente; si bien estos universales son de diferente tipo o grado, es decir, pueden ser llamados primarios, secundarios, &c., en un sentido análogo al que Tarski da a estos términos al aplicados al lenguaje. (Véase, v. gr., «The Semantic Conception of Truth», Philosophy and Phenomenological Research, 4, pág. 345, 1944.)

{8} Esto significa prácticamente lo siguiente: En la identificación unívoca de α con a, b, c… n, no solamente se da un composición de α con las notas a’, a’’, b’, b’’, &c., en la que α podía mantenerse como un objeto indiviso (v. gr., como el sujeto de una relación): esto es ciertamente un criterio para construir una relación de universalidad (que antes fue cultivada), pero ésta no se agota en tal composibilidad. Porque la relación de universalidad dice identificación, y, en consecuencia, multiplicación de α en cada uno de los objetos a, b, c… n, de suerte que se una con cada uno de ellos, independientemente de los demás. Es decir, que α podrá intuirse tanto en a, b, c… como en n. Ello significa también que es necesario verificar ideaciones distintas noéticamente de α, tanto en la concepción general de α como en a, b, c… n.

Por consiguiente, identificación unívoca en el caso del modelo único significa no una nueva composición del sistema con él, sino una «reproducción» del sistema en el modelo, como interno a él. Lo que prácticamente puede reconocerse por la posibilidad de intuir íntegramente el sistema en el modelo, aunque aquél es, a su vez, independiente.

{9} Esta afirmación puede hacerse más clara por medio del siguiente razonamiento comparativo:

Si suponemos que una idea α está perfectamente dividida en tres especies a, b, c, puede escribirse la relación:

α a ν b ν c

Es decir, que las notas diferenciales de a, b, c pertenecen alternativamente a α, si bien justamente la abstracción permite prescindir de ellas al considerar a α en sí mismo.

Pero si partimos de la hipótesis de un sistema monomorfo α’ (por respecto a una especie o modelo α’), la relación precedente se transformará en esta otra:

α’ . a’ ν a’ ν a’

lo que significa que las notas diferenciales a’ han de ponerse en α’, ya que la alternativa en este caso siempre recae sobre el mismo objeto.

{10} Véase la nota primera de la parte (I) (número 1 de THEORIA).

Acerca de la unicidad requerida en el modelo por los procesos picnológicos conviene tener presentes estas advertencias:

1. La unicidad no ha de computarse absolutamente, sino por relación al tipo lógico al que pertenece el modelo. Si α dice composibilidad radical a las formas a, b, c… n del mismo tipo lógico tm; si, empero, limitamos estas formas a una sola, como la a; ello no excluye que a no pueda, a su vez, poseer la relación U con otros objetos a’, b’, c’… n’. Naturalmente, el proceso picnológico tiene entonces lugar por respecto al tipo lógico tm, que puede, desde luego, ser el t0 (es decir, el de los individuos singulares).

2. La unicidad puede considerarse en su aspecto objetivo y en su aspecto puramente subjetivo, según que el modelo sea vivido como único con fundamento objetivo o de una manera ilusoria, que no por ello excluye un proceso picnológico subjetivo.

3. La unicidad puede medirse por relación a todas las circunstancias ontológicas del modelo, no sólo después de una abstracción de algunos. La Torre Eiffel, como sistema arquitectónico, sólo tiene hasta la fecha un modelo en París, cuya intuición podrá, empero, no ser picnológica en años sucesivos.

{11} Asimismo, debe aducirse como prueba la tendencia de la ideación a servirse de imágenes impletivas, aunque de ningún modo debe confundirse esta tendencia con la específicamente picnológica. (Véase Husserl, Investigaciones lógicas, I, §§ 17 y 18.)

{12} Si, por el contrario, admitimos otros objetos empíricos de morfología muy diferente al murciélago ordinario, pero que satisfacían simultáneamente las condiciones de mamífero y volador, entonces es necesario que al poner el producto en el objeto murciélago ordinario, éste no sea considerado, íntegramente, como siendo el único que decora los ámbitos abstractos del sistema, sino que tan sólo deberá ser atendido en sus estrictas notas de mamífero y volador, siendo preciso, para proceder correctamente, rectificar la picnosis que pudiera haberse consumado.

{13} Porque el modelo puede considerarse también, más que como objeto, como una perspectiva de un tercer objeto mentado por el sistema y modelo conjuntamente, y entonces tiene sentido plantear la cuestión de la superioridad cognoscitiva de sistema o modelo (lo que no sucedería si a éste se le asigna el significado del objeto conocido) en proposiciones análogas a la profunda sentencia de Kempis: «Más vale sentir la compunción que saber definirla

{14} Ateniéndonos, no ya a los procesos mismos, pero sí a sus contenidos, puede decirse que no sólo se ofrece aquí el caso del tránsito que las metafísicas llaman determinación de lo Absoluto en lo concreto, o los teólogos Encarnación de la divinidad en una realidad histórica, sino también el del «valor universal», «simbólico» de ciertas realidades singulares; del «valor eterno» de determinados acaecimientos temporales históricos.

{15} «By a “description” we mean a phrase of the form “the so-and-so” or of some equivalent form. For the present, we confine our attention to the in the singular. We shall use this word strictly, so as to imply uniqueness; e.g. we should not say: “A is the son of B” if B had other sons besides A. Thus a description of the form “the so-and-so” will only have an application in the event of there being one so-and-so and no more. Hence a description requires some propositional function Φx̂ which is satisfied by one value of x and by no other values; then “the x which satisfies Φx̂” is a description which definitely describes a certain object, though we may not know what objet it describes.» (Whitehead y Russell: Principia Mathematica, vol. I, segunda edición. Cambridge, 1925. Introduction, cap. I, pág. 30.)

 

 

 

 

 

 

 

Publicar un comentario

Copyright © BIBLIOTECA EMANCIPACIÓN . Designed by OddThemes