© Libro N° 9505. Cinco Tesis Filosoficas. Mao Tse-Tung. Emancipación. Enero 22 de 2022.
Título original: © Cinco Tesis Filosoficas. Mao Tse-Tung
Versión
Original: © Cinco Tesis Filosoficas. Mao Tse-Tung
Circulación conocimiento libre,
Diseño y edición digital de Versión original de textos:
https://pensaryhacer.files.wordpress.com/2008/09/cinco_tesis_filosoficas.pdf
Licencia Creative
Commons:
Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar,
difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la
fuente.
La
Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras,
no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus
respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los
Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de
textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida
su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el
nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo
con fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o
reconstruir este texto.
Fondo:
https://us.123rf.com/450wm/phochi1981/phochi19811705/phochi1981170500049/77816086-colorido-borrosa-fondo-de-vector-en-colores-pastel-para-el-folleto-de-la-revista-folleto-de-la-revis.jpg?ver=6
Portada E.O. de Imagen original:
http://juventudpatriotica.com/portada/sites/default/files/field/image/adjuntos/2020/07/Tapa-Mao-Cinco-Tesis.jpg
CINCO TESIS FILOSOFICAS
Mao Tse-Tung
Cinco Tesis Filosoficas
Mao Tse-Tung
CONTENIDO
1. Sobre la práctica
2. Sobre la contradicción
3. Sobre el tratamiento correcto de las
contradicciones en el seno del pueblo
4. Sobre el trabajo de propaganda
5. ¿De dónde provienen las ideas correctas?
SOBRE LA PRACTICA
De
Obras
Escogidas de Mao Tse-tung
EDICIONES EN
LENGUAS EXTRANJERAS PEKIN 1968
Primera
edició;n 1968
Tomo I, pp.
317-32.
pág. 317
SOBRE LA
PRACTICA[*]
SOBRE LA
RELACION ENTRE EL CONOCIMIENTO Y LA PRACTICA, ENTRE EL SABER Y
EL HACER
Julio de 1937
El
materialismo premarxista examinaba el problema del conocimiento al margen de la
naturaleza social del hombre y de su desarrollo histórico, y por eso era
incapaz de comprender la dependencia del conocimiento respecto a la práctica
social, es decir, la dependencia del conocimiento respecto a la producción y a
la lucha de clases.
Ante todo,
los marxistas consideran que la actividad del hombre en la producción es su
actividad práctica más fundamental, la que determina todas sus demás
actividades. El conocimiento del hombre depende principalmente de su actividad
en la producción material; en el curso de ésta, el hombre va comprendiendo
gradualmente los fenómenos, las propiedades y las leyes de la naturaleza, así
como las relaciones entre él mismo y la naturaleza, y, también a través de su
actividad en la producción, va conociendo paulatinamente y en diverso grado
determinadas relaciones existentes entre los hombres. No es posible adquirir
ninguno de estos conocimientos fuera de la actividad en la producción. En una
sociedad sin clases, cada individuo, como miembro de la sociedad, uniendo sus
esfuerzos a los de los demás miembros y entrando con ellos en determinadas
relaciones de produc ción, se dedica a la producción para satisfacer las
necesidades materiales del hombre. En todas las sociedades de clases, los
miembros de las diferentes clases sociales, entrando también, de una u otra
manera, en determinadas relaciones de producción, se dedican a la producción,
destinada a satisfacer las necesidades materiales del hombre. Esto constituye
la fuente fundamental desde la cual se desarrolla el conocimiento humano.
-
__________
* En nuestro Partido había cierto número de
camaradas dogmáticos, que, durante largo tiempo, rechazaron la experiencia de
la revolución china, negaron la verdad de que "el marxismo no es un dogma,
sino una guía para la acción", y trataron de intimidar a la gente con
palabras y frases de las obras marxistas, sacadas mecánicamente fuera del
contexto. Había también cierto número de camaradas empíricos, que, durante
largo tiempo, se limitaron a su Fragmentaria experiencia personal, ignoraron la
importancia de la teoría para la práctica revolucionaria y no vieron la
revolución en su conjunto; aunque trabajaron con diligencia, lo hicieron a
ciegas. Las ideas erróneas de unos y otros, y en particular las de los
dogmáticos, causaron [cont. en pág. 318. -- DJR] entre 1931 y 1934 enormes
daños a la revolución china; además, los dogmáticos, disfrazados de marxistas,
desorientaron a gran número de camaradas. El camarada Mao Tse-tung escribió
"Sobre la práctica" con el fin de denunciar, desde el punto de vista
de la teoría marxista del conocimiento, los errores subjetivistas de dogmatismo
y de empirismo en el Partido, especialmente el de dogmatismo. Este trabajo se
titula "Sobre la práctica" porque pone énfasis en la denuncia del
dogmatismo, variedad del subjetivismo que menosprecia la práctica. Las
concepciones contenidas en este trabajo las expuso el camarada Mao Tse-tung en
una serie de conferencias dadas en el Instituto Político y Militar Antijaponés
de Yenán.
pág. 318
La práctica
social del hombre no se reduce a su actividad en la producción, sino que tiene
muchas otras formas: la lucha de clases, la vida política, las actividades
científicas y artísticas; en resumen, el hombre, como ser social, participa en
todos los dominios de la vida práctica de la sociedad. Por lo tanto, va
conociendo en diverso grado las diferentes relaciones entre los hombres no sólo
a través de la vida material, sino también a través de la vida política y la
vida cultural (ambas estrechamente ligadas a la vida material). De estas otras
formas de la práctica social, la lucha de clases en sus diversas
manifestaciones ejerce, en particular, una influencia profunda sobre el
desarrollo del conocimiento humano. En la sociedad de clases, cada persona existe
como miembro de una determinada clase, y todas las ideas, sin excepción, llevan
su sello de clase.
Los marxistas
sostienen que la producción en la sociedad humana se desarrolla paso a paso, de
lo inferior a lo superior, y que, en consecuencia, el conocimiento que el
hombre tiene tanto de la naturaleza como de la sociedad se desarrolla también
paso a paso, de lo inferior a lo superior, es decir, de lo superficial a lo
profundo, de lo unilateral a lo multilateral. Durante un período muy largo en
la historia, el hombre se vio circunscrito a una comprensión unilateral de la
historia de la sociedad, ya que, por una parte, las clases explotadoras la
deformaban constantemente debido a sus prejuicios, y, por la otra, la pequeña
escala de la producción limitaba la visión del hombre. Sólo cuando surgió el
proletariado moderno junto con gigantescas fuerzas productivas (la gran
industria), pudo el hombre alcanzar una comprensión global e histórica del
desarrollo de la sociedad y transformar este conocimiento en una ciencia, la ciencia del marxismo.
Los marxistas
sostienen que la práctica social del hombre es el único criterio de la verdad
de su conocimiento del mundo exterior. Efectivamente, el conocimiento del
hombre queda confirmado sólo cuando éste logra los resultados esperados en el
proceso de la práctica social (producción material, lucha de clases o
experimentación científica). Si el hombre quiere obtener éxito en su trabajo,
es decir, lograr los resultados esperados, tiene que hacer concordar sus ideas
con las leyes del mundo exterior objetivo; si no consigue esto, fracasa en la
práctica. Después de sufrir un fracaso, extrae lecciones de él, modifica sus
ideas haciéndolas concordar con las leyes del mundo exterior y, de esta manera,
puede transformar el fracaso en éxito: he aquí lo que se quiere decir con
"el fracaso es madre del éxito" y "cada fracaso nos hace más
listos". La teoría materialista dialéctica del conocimiento coloca la
práctica en primer plano; considera que el conocimiento del hombre no puede
separarse ni en lo más mínimo de la práctica, y repudia todas las teorías
erróneas que niegan su importancia o separan de ella el conocimiento. Lenin
dijo: "La práctica es superior al conocimiento (teórico), porque posee no
sólo la dignidad de la universalidad, sino también la de la realidad
inmediata."[1] La filosofía marxista -- el materialismo dialéctico --
tiene dos características sobresalientes. Una es su carácter de clase: afirma
explícitamente que el materialismo dialéctico sirve al proletariado. La otra es
su carácter práctico: subraya la dependencia de la teoría respecto a la
práctica, subraya que la práctica es la base de la teoría y que ésta, a su vez,
sirve a la práctica. El que sea verdad o no un conocimiento o teoría no se
determina mediante una apreciación subjetiva, sino mediante los resultados
objetivos de la práctica social. El criterio de la verdad no puede ser otro que
la práctica social. El punto de vista de la práctica es el punto de vista
primero y fundamental de la teoría materialista dialéctica del conocimiento[2].
Pero, ¿cómo
el conocimiento humano surge de la práctica y sirve a su vez a la práctica?
Para comprenderlo basta con mirar el proceso de desarrollo del conocimiento.
En el proceso
de la práctica, el hombre no ve al comienzo más que las apariencias, los
aspectos aislados y las conexiones externas de las cosas. Por ejemplo, algunas
personas de fuera vienen a Yenán en giras de investigación. En los primeros uno
o dos días, ven su topografía, calles y casas, entran en contacto con muchas
personas, asisten a recepciones, veladas y mítines, oyen todo tipo de
conversaciones y leen diferentes documentos: todo esto son las apariencias de
las cosas, sus aspectos aislados y sus conexiones externas. Esta etapa del
conocimiento se denomina etapa sensorial, y es la etapa de las sensaciones y
las impresiones. Esto es, las cosas de Yenán, aisladas, actuando sobre los
órganos de los sentidos de los miembros del grupo de investigación, han
provocado sensaciones en ellos y hecho surgir en su cerebro multitud de
impresiones junto con una noción aproximativa de las conexiones externas entre
dichas impresiones: ésta es la primera etapa del conocimiento. En esta etapa,
el hombre no puede aún formar conceptos, que corresponden a un nivel más
profundo, ni sacar conclusiones lógicas.
A medida que
continúa la práctica social, las cosas que en el curso de la práctica suscitan
en el hombre sensaciones e impresiones, se presentan una y otra vez; entonces
se produce en su cerebro un cambio repentino (un salto) en el proceso del
conocimiento y surgen los conceptos. Los conceptos ya no constituyen reflejos
de las apariencias de las cosas, de sus aspectos aislados y de sus conexiones
externas, sino que captan las cosas en su esencia, en su conjunto y en sus
conexiones internas. Entre el concepto y la sensación existe una diferencia no
sólo cuantitativa sino también cualitativa. Continuando adelante, mediante el
juicio y el razonamiento, se pueden sacar conclusiones lógicas. La expresión de
la Crónica de los tres reinos[3]: "Frunció el entrecejo y le vino a la
mente una estratagema", o la del lenguaje corriente: "Déjeme
reflexionar", significan que el hombre, empleando conceptos en el cerebro,
procede al juicio y al razonamiento. Esta es la segunda etapa del conocimiento.
Los miembros del grupo de investigación, después de haber reunido diversos
datos y, lo que es más, después de "haber reflexionado", pueden
llegar al juicio de que "la política de frente único nacional antijaponés,
aplicada por el Partido Comunista, es consecuente, sincera y genuina".
Habiendo formulado este juicio, ellos pueden, si son también genuinos
partidarios de la unidad para salvar a la nación, dar otro paso adelante y
sacar la siguiente conclusión: "El frente único nacional antijaponés puede
tener éxito." Esta etapa, la de los conceptos, los juicios y los
razonamientos, es aún más importante en el proceso completo del conocimiento de
una cosa por el hombre; es la etapa del conocimiento racional. La verdadera
tarea del conocimiento consiste en llegar, pasando por las sensaciones, al
pensamiento, en llegar paso a paso a la comprensión de las contradicciones
internas de las cosas objetivas, de sus leyes y de las conexiones internas
entre un proceso y otro, es decir, en llegar al conocimiento lógico. Repetimos:
el conocimiento lógico difiere del conocimiento sensorial en que éste concierne
a los aspectos aislados, las apariencias y las conexiones externas de las
cosas, mientras que aquél, dando un gran paso adelante, alcanza al conjunto, a
la esencia y a las conexiones internas de las cosas, pone al descubierto las
contradicciones internas del mundo circundante y puede, por consiguiente,
llegar a dominar el desarrollo del mundo circundante en su conjunto, en las
conexiones internas de todos sus aspectos.
Nadie antes
del marxismo elaboró una teoría como ésta, la materialista dialéctica, sobre el
proceso de desarrollo del conocimiento, el que se basa en la práctica y va de
lo superficial a lo profundo. Es el materialismo marxista el primero en
resolver correctamente este problema, poniendo en evidencia de. manera
materialista y dialéctica el movimiento de profundización del conocimiento,
movimiento por el cual el hombre, como ser social, pasa del conocimiento
sensorial al conocimiento lógico en su compleja y constantemente repetida
práctica de la producción y de la lucha de clases. Lenin dijo: "La
abstracción de la materia, de una ley de la naturaleza, la abstracción del
valor, etc., en una palabra, todas las abstracciones científicas (correctas,
serias, no absurdas) reflejan la naturaleza en forma más profunda, veraz y
completa."[4] El marxismo-leninismo sostiene que cada una de las dos
etapas del proceso cognoscitivo tiene sus propias características: en la etapa
inferior, el conocimiento se manifiesta como conocimiento sensorial y, en la
etapa superior, como conocimiento lógico, pero ambas son etapas de un proceso
cognoscitivo único. Lo sensorial y lo racional son cualitativamente diferentes;
sin embargo, uno y otro no están desligados, sino unidos sobre la base de la
práctica. Nuestra práctica testimonia que no podemos comprender inmediatamente
lo que percibimos, y que podemos percibir con mayor profundidad sólo aquello
que ya comprendemos. La sensación sólo resuelve el problema de las apariencias;
únicamente la teoría puede resolver el problema de la esencia. La solución de
ninguno de estos problemas puede separarse ni en lo más mínimo de la práctica.
Quien quiera conocer una cosa, no podrá conseguirlo sin entrar en contacto con ella,
es decir, sin
vivir (practicar) en el mismo medio de esa cosa. En la sociedad feudal era
imposible conocer de antemano las leyes de la sociedad capitalista, pues no
había aparecido aún el capitalismo y faltaba la práctica correspondiente. El
marxismo sólo podía ser producto de la sociedad capitalista. Marx, en la época
del capitalismo liberal, no podía conocer concretamente, de antemano, ciertas
leyes peculiares de la época del imperialismo, ya que no había aparecido aún el
imperialismo, fase final del capitalismo, y faltaba la práctica
correspondiente; sólo Lenin y Stalin pudieron asumir esta tarea. Aparte de su
genio, la razón principal por la cual Marx, Engels, Lenin y Stalin pudieron
crear sus teorías fue su participación personal en la práctica de la lucha de
clases y de la experimentación científica de su tiempo; sin este requisito,
ningún genio podría haber logrado éxito. La expresión: "Sin salir de su
casa, el letrado sabe todo cuanto sucede en el mundo" no era más que una
frase hueca en los tiempos antiguos, cuando la técnica estaba poco
desarrollada; y en nuestra época de técnica desarrollada, aunque tal cosa es
realizable, los únicos que tienen auténticos conocimientos de primera mano son
las personas que en el mundo se dedican a la práctica. Y sólo cuando, gracias a
la escritura y a la técnica, llegan al "letrado" los conocimientos
que estas personas han adquirido en su práctica, puede éste, indirectamente,
"saber todo cuanto sucede en el mundo". Para conocer directamente tal
o cual cosa o cosas, es preciso participar personalmente en la lucha práctica
por transformar la realidad, por transformar dicha cosa o cosas, pues es éste
el único medio de entrar en contacto con sus apariencias; asimismo, es éste el
único medio de poner al descubierto la esencia de dicha cosa o cosas y
comprenderlas. Tal es el proceso cognoscitivo que en realidad siguen todos los
hombres, si bien alguna gente, deformando deliberadamente los hechos, afirma lo
contrario. La gente más ridícula del mundo son los "sabelotodo" que,
recogiendo de oídas conocimientos fragmentarios y superficiales, se las dan de
"máxima autoridad en el mundo", lo que testimonia simplemente su
fatuidad. El conocimiento es problema de la ciencia y ésta no admite ni la
menor deshonestidad ni la menor presunción; lo que exige es ciertamente lo
contrario: honestidad y modestia. Si quieres conocer, tienes que participar en
la práctica transformadora de la realidad. Si quieres conocer el sabor de una
pera, tienes tú mismo que transformarla comiéndola. Si quieres conocer la
estructura y las propiedades del átomo, tienes que hacer experimentos físicos y
químicos, cambiar el estado del átomo. Si quieres conocer la teoría y los
métodos de la revolución, tienes que participar en la revolución. Todo
conocimiento auténtico nace de la experiencia directa. Sin embargo, el hombre
no puede tener experiencia directa de todas las cosas y, de hecho, la mayor
parte de nuestros conocimientos proviene de la experiencia indirecta, por
ejemplo, todos los conocimientos de los siglos pasados y de otros países. Estos
conocimientos fueron o son, para nuestros antecesores y los extranjeros,
producto de la experiencia directa, y merecen confianza si en el curso de esa
experiencia directa se ha cumplido la condición de "abstracción
científica" de que hablaba Lenin y si reflejan de un modo científico la
realidad objetiva; en caso contrario, no la merecen. Por eso, los conocimientos
de una persona los constituyen sólo dos sectores: uno proviene de la
experiencia directa y el otro, de la experiencia indirecta. Además, lo que para
mí es experiencia indirecta, constituye experiencia directa para otros.
Por lo tanto, considerados en su conjunto, los conocimientos,
sean del tipo que fueren, no pueden separarse de la experiencia directa. Todo
conocimiento se origina en las sensaciones que el hombre obtiene del mundo
exterior objetivo a través de los órganos de los sentidos; no es materialista
quien niegue la sensación, niegue la experiencia directa, o niegue la
participación personal en la práctica transformadora de la realidad. Es por
esto que los "sabelotodo" son ridículos. Un antiguo proverbio chino
dice: "Si uno no entra en la guarida del tigre, ¿cómo podrá apoderarse de
sus cachorros?" Este proverbio es verdad tanto para la práctica del hombre
como para la teoría del conocimiento. No puede haber conocimiento al margen de
la práctica.
Para poner en
claro el movimiento materialista dialéctico del conocimiento, movimiento de
profundización gradual del conocimiento, surgido sobre la base de la práctica
transformadora de la realidad, daremos a continuación otros ejemplos concretos.
En el período
inicial de su práctica, período de destrucción de las máquinas y de lucha
espontánea, el proletariado se encontraba, en cuanto a su conocimiento de la
sociedad capitalista, sólo en la etapa del conocimiento sensorial; conocía sólo
los aspectos aislados y las conexiones externas de los diversos fenómenos del
capitalismo. En esa época, el proletariado era todavía una "clase en
sí". Sin embargo, el proletariado se convirtió en una "clase para
sí" cuando, entrando en el segundo período de su práctica, período de
lucha económica y política consciente y organizada, llegó a comprender la
esencia de la sociedad capitalista, las relaciones de explotación entre las
clases sociales y sus propias tareas históricas, gracias a su práctica, a su
variada experiencia de largos años de lucha y a su educación en la teoría
marxista, resumen científico hecho por Marx y Engels de dicha experiencia.
Lo mismo pasó
con el conocimiento del pueblo chino respecto al imperialismo. La primera etapa
fue la del conocimiento sensorial, superficial, tal como se manifestó en las
indiscriminadas luchas contra los extranjeros, ocurridas durante los
movimientos del Reino Celestial Taiping, del Yijetuan y otros. Sólo en la
segunda etapa, la del conocimiento racional, el pueblo chino discernió las
diferentes contradicciones internas y externas del imperialismo y comprendió la
verdad esencial de que el imperialismo, en alianza con la burguesía compradora
y la clase feudal, oprimía y explotaba a las amplias masas populares de China;
tal conocimiento no comenzó sino por la época del Movimiento del 4 de Mayo de
1919.
Veamos ahora
la guerra. Si los dirigentes militares carecen de experiencia militar, no
podrán comprender en la etapa inicial las leyes profundas que rigen la
dirección de una guerra específica (por ejemplo, nuestra Guerra Revolucionaria
Agraria de los últimos diez años). En la etapa inicial, sólo vivirán la
experiencia de numerosos combates y, lo que es más, sufrirán muchas derrotas.
Sin embargo, esta experiencia (la experiencia de los combates ganados y, sobre
todo, la de los perdidos) les permitirá comprender lo que por dentro articula
toda la guerra, es decir, las leyes de esa guerra específica, comprender su
estrategia y sus tácticas, y de este modo, dirigirla con seguridad. Si en ese
momento se confía el mando de la guerra a una persona inexperta, ella también
tendrá que sufrir una serie de derrotas (es decir, adquirir experiencia) antes
de poder comprender las verdaderas leyes de la guerra.
Con
frecuencia, de algún camarada que no tiene coraje para aceptar una tarea, oímos
decir: "No estoy seguro de poder cumplirla." ¿Por qué no está seguro
de sí mismo? Porque no comprende el contenido y las circunstancias de ese
trabajo según las leyes que lo rigen, porque no ha tenido o ha tenido muy poco
contacto con semejante trabajo, de modo que no se puede ni hablar de que
conozca tales leyes. Pero, después de un análisis detallado de la naturaleza y
las circunstancias de ese trabajo, se sentirá relativamente seguro de sí mismo
y lo aceptará de buen grado. Si se dedica a él por algún tiempo y adquiere
experiencia, y si está dispuesto a examinar la situación con prudencia, en vez
de abordarla de una manera subjetiva, unilateral y superficial, será capaz de
llegar por sí mismo a conclusiones sobre cómo debe hacer el trabajo y lo hará
con mucho mayor coraje. Sólo quienes abordan los problemas de manera subjetiva,
unilateral y superficial, dictan órdenes presuntuosamente apenas llegan a un
nuevo lugar, sin considerar las circunstancias, sin examinar las cosas en su
totalidad (su historia y su situación actual en conjunto) ni penetrar en su
esencia (su naturaleza y las conexiones internas entre una cosa y otras).
Semejantes personas tropiezan y caen inevitablemente.
Así se ve que
el primer paso en el proceso del conocimiento es el contacto con las cosas del
mundo exterior; esto corresponde a la etapa de las sensaciones. El segundo es
sintetizar los datos proporcionados por las sensaciones, ordenándolos y
elaborándolos; esto corresponde a la etapa de los conceptos, los juicios y los
razonamientos. Sólo cuando los datos proporcionados por las sensaciones son muy
ricos (no fragmentarios e incompletos) y acordes con la realidad (no
ilusorios), pueden servir de base para formar conceptos correctos y una lógica
correcta.
Aquí hay que
subrayar dos puntos importantes. El primero, que se ha señalado más arriba pero
que conviene reiterar, es la dependencia del conocimiento racional respecto al
conocimiento sensorial. Es idealista quien considere posible que el
conocimiento racional no provenga del conocimiento sensorial. En la historia de
la filosofía existe la escuela "racionalista", que sólo reconoce la
realidad de la razón y niega la realidad de la experiencia, considerando que
sólo es digna de crédito la razón y no la experiencia sensorial; su error
consiste en trastrocar los hechos. Lo racional merece crédito precisamente
porque dimana de lo sensorial; de otro modo, lo racional sería arroyo sin
fuente, árbol sin raíces, algo subjetivo, autogenerado e indigno de confianza.
En el orden que sigue el proceso del conocimiento, la experiencia sensorial
viene primero; si subrayamos la importancia de la práctica social en el proceso
del conocimiento, es porque sólo ella puede dar origen al conocimiento humano y
permitir al hombre comenzar a adquirir experiencia sensorial del mundo exterior
objetivo. Para una persona que cierra los ojos y se tapa los oídos y se aísla
totalmente del mundo exterior objetivo, no hay conocimiento posible. El
conocimiento comienza con la experiencia: éste es el materialismo de la teoría
del conocimiento.
El segundo
punto es que el conocimiento necesita profundizarse, necesita desarrollarse de
la etapa sensorial a la racional: ésta es la dialéctica de la teoría del
conocimiento[5]. Pensar que el conocimiento puede quedarse en la etapa
inferior, sensorial, y que sólo es digno de crédito el conocimiento sensorial y
no el racional, significa caer en el "empirismo", error ya conocido
en la historia. El error de esta
teoría consiste en ignorar que los datos proporcionados por las sensaciones, aunque constituyen reflejos
de determinadas realidades del mundo exterior objetivo (aquí no me refiero al
empirismo idealista, que reduce la experiencia a la llamada introspección), no
pasan de ser unilaterales y superficiales, reflejos incompletos de las cosas,
que no traducen su esencia. Para reflejar plenamente una cosa en su totalidad,
para reflejar su esencia y sus leyes internas, hay que proceder a una operación
mental, someter los ricos datos suministrados por las sensaciones a una elaboración
que consiste en desechar la cáscara para quedarse con el grano, descartar lo
falso para conservar lo verdadero, pasar de un aspecto a otro y de lo externo a
lo interno, formando así un sistema de conceptos y teorías; es necesario dar un
salto del conocimiento sensorial al racional. Los conocimientos así elaborados
no son menos substanciosos ni menos dignos de confianza. Por el contrario, todo
aquello que en el proceso del conocimiento ha sido científicamente elaborado
sobre la base de la práctica, refleja la realidad objetiva, como dice Lenin, en
forma más profunda, veraz y completa. Los "prácticos" vulgares no
proceden así; respetan la experiencia pero desprecian la teoría, y en
consecuencia no pueden tener una visión que abarque un proceso objetivo en su
totalidad, carecen de una orientación clara y de una perspectiva de largo
alcance, y se contentan con sus éxitos ocasionales y con fragmentos de la
verdad. Si esas personas dirigen una revolución, la conducirán a un callejón
sin salida.
El
conocimiento racional depende del conocimiento sensorial, y éste necesita
desarrollarse hasta convertirse en conocimiento racional: tal es la teoría
materialista dialéctica del conocimiento. En la filosofía, ni el
"racionalismo" ni el "empirismo" entienden el carácter
histórico o dialéctico, del conocimiento, y aunque cada una de estas escuelas
contiene un aspecto de la verdad (me refiero al racionalismo y al empirismo
materialistas, y no idealistas), ambas son erróneas en cuanto a la teoría del
conocimiento en su conjunto. El movimiento materialista dialéctico del
conocimiento desde lo sensorial a lo racional ocurre tanto en un pequeño
proceso cognoscitivo (por ejemplo, conocer una sola cosa, un solo trabajo) como
en uno grande (por ejemplo, conocer una sociedad o una revolución).
Sin embargo,
el movimiento del conocimiento no acaba ahí. Detener el movimiento materialista
dialéctico del conocimiento en el conocimiento racional, sería tocar sólo la
mitad del problema y, más aún, según la filosofía marxista, la mitad menos
importante. La filosofía marxista considera que el problema más importante no
consiste en comprender las leyes del mundo objetivo para estar en condiciones
de interpretar el mundo, sino en aplicar el conocimiento de esas leyes para
transformarlo activamente. Para el marxismo, la teoría es importante, y su
importancia está plenamente expresada en la siguiente frase de Lenin: "Sin
teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento
revolucionario."[6] Pero el marxismo subraya la importancia de la teoría
precisa y únicamente porque ella puede servir de guía para la acción. Si
tenemos una teoría justa, pero nos contentamos con hacer de ella un tema de
conversación y la dejamos archivada en lugar de ponerla en práctica, semejante
teoría, por buena que sea, carecerá de significación. El conocimiento comienza
por la práctica, y todo conocimiento teórico, adquirido a través de la
práctica, debe volver a ella. La función activa del conocimiento no solamente
se manifiesta en el salto activo del conocimiento sensorial al racional, sino
que también, lo que es más importante, debe manifestarse en el salto del
conocimiento racional a la práctica revolucionaria. El conocimiento que alcanza
las leyes del mundo hay que dirigirlo de nuevo a la práctica transformadora del
mundo, hay que aplicarlo nuevamente a la práctica de la producción, a la
práctica de la lucha de clases revolucionaria y de la lucha nacional
revolucionaria, así como a la práctica de la experimentación científica. Este
es el proceso de comprobación y desarrollo de la teoría, la continuación del
proceso global del conocimiento. El problema de saber si una teoría corresponde
a la verdad objetiva no se resuelve ni puede resolverse completamente en el
arriba descrito movimiento del conocimiento desde lo sensorial a lo racional.
El único medio para resolver completamente este problema es dirigir de nuevo el
conocimiento racional a la práctica social, aplicar la teoría a la práctica y
ver si conduce a los objetivos planteados. Muchas teorías de las ciencias
naturales son reconocidas como verdades no sólo porque fueron creadas por los
científicos, sino porque han sido comprobadas en la práctica científica
ulterior. Igualmente, el marxismo-leninismo es reconocido como verdad no sólo
porque esta doctrina fue elaborada científicamente por Marx, Engels, Lenin y
Stalin, sino porque ha sido comprobada en la ulterior práctica de la lucha de
clases revolucionaria y de la lucha nacional revolucionaria. El materialismo
dialéctico es una verdad universal porque nadie, en su práctica, puede escapar
a su dominio. La historia del conocimiento humano nos enseña que la verdad de
muchas teorías era incompleta y que la comprobación en la práctica ha permitido
completarla. Numerosas teorías eran erróneas, y la comprobación en la práctica
ha permitido corregirlas. Es por esto que la práctica es el criterio de la
verdad y que "el punto de vista de la vida, de la práctica, debe ser el
punto de vista primero y fundamental de la teoría del conocimiento"[7].
Stalin tenía razón al decir: "[. . .] la teoría deja de tener objeto
cuando no se halla vinculada a la práctica revolucionaria, exactamente del
mismo modo que la práctica es ciega si la teoría revolucionaria no alumbra su
camino."[8]
¿Se consuma
aquí el movimiento del conocimiento? Nuestra respuesta es sí y no. Cuando los
hombres, como seres sociales, se dedican a la práctica transformadora de un
determinado proceso objetivo (sea natural o social) en una etapa determinada de
su desarrollo, pueden, a consecuencia del reflejo del proceso objetivo en su
cerebro y de su propia actividad consciente, hacer avanzar su conocimiento
desde lo sensorial a lo racional, y crear ideas, teorías, planes o proyectos
que correspondan, en términos generales, a las leyes que rigen el proceso
objetivo en cuestión. Luego, aplican estas ideas, teorías, planes o proyectos a
la práctica del mismo proceso objetivo. Si alcanzan los objetivos planteados,
es decir, si en la práctica de este mismo proceso logran hacer realidad las
ideas, teorías, planes o proyectos previamente formulados, o hacerlos realidad
en líneas generales, entonces puede considerarse consumado el movimiento del
conocimiento de este proceso específico. Pueden darse por logrados los
objetivos previstos cuando, por ejemplo, en el proceso de transformar la
naturaleza, se realiza un proyecto de ingeniería, se verifica una hipótesis
científica, se fabrica un utensilio o se cosecha un cultivo, o, en el proceso
de transformar la sociedad, se gana una huelga, se vence en una guerra, o se
cumple un plan educacional. Sin embargo, por lo general, tanto en la práctica
que transforma la naturaleza como en la que transforma la sociedad, muy rara
vez se realizan sin ninguna alteración las ideas, teorías, planes o proyectos
previamente elaborados por el hombre. Esto se debe a que la gente que se dedica
a la transformación de la realidad está siempre sujeta a numerosas
limitaciones; no sólo se encuentra limitada por las condiciones científicas y
técnicas existentes, sino también por el desarrollo del propio proceso objetivo
y el grado en que éste se manifiesta (aún no se han revelado plenamente los
diferentes aspectos y la esencia del proceso objetivo). En esta situación,
debido a que en el curso de la práctica se descubren circunstancias
imprevistas, con frecuencia se modifican parcialmente y a veces incluso
completamente las ideas, teorías, planes o proyectos. Dicho de otra manera, se
dan casos en que las ideas, teorías, planes o proyectos originales no
corresponden, en parte o en todo, a la realidad, son parcial o totalmente
erróneos. A menudo, sólo después de repetidos fracasos se logra corregir los
errores en el conocimiento y hacer concordar a éste con las leyes del proceso
objetivo y, por consiguiente, transformar lo subjetivo en objetivo, es decir,
obtener en la práctica los resultados esperados. En todo caso, cuando se llega
a este punto, puede considerarse consumado el movimiento del conocimiento
humano respecto a un proceso objetivo dado en una etapa determinada de su
desarrollo.
Sin embargo,
considerado el proceso en su avance, el movimiento del conocimiento humano no
está consumado. En virtud de sus contradicciones y luchas internas, todo
proceso, sea natural o social, avanza y se desarrolla, y, en consonancia con
ello, también tiene que avanzar y desarrollarse el movimiento del conocimiento
humano. En cuanto a los movimientos sociales, los auténticos dirigentes
revolucionarios no sólo deben saber corregir los errores que se descubran en
sus ideas, teorías, planes o proyectos, corno ya se ha dicho anteriormente,
sino que, además, cuando un determinado proceso objetivo avanza y cambia
pasando de una etapa de desarrollo a otra, ellos deben saber avanzar y cambiar,
a la par, en su conocimiento subjetivo, y conseguir que todos los que
participan en la revolución hagan lo mismo, es decir, deben saber plantear, de
acuerdo con los nuevos cambios producidos en la situación, nuevas tareas
revolucionarias y nuevos proyectos de trabajo. En un período revolucionario, la
situación cambia con mucha rapidez, y si el conocimiento de los revolucionarios
no cambia también rápidamente en conformidad con la situación, ellos no serán
capaces de conducir la revolución a la victoria.
No obstante,
sucede a menudo que el pensamiento se rezaga respecto a la realidad; esto se
debe a que el conocimiento del hombre está limitado por numerosas condiciones
sociales. Nos oponemos a los testarudos en las filas revolucionarias, cuyo
pensamiento no progresa en concordancia con las circunstancias objetivas
cambiantes y se ha manifestado en la historia como oportunismo de derecha.
Estas personas no ven que la lucha de los contrarios ha hecho avanzar el
proceso objetivo, mientras que su conocimiento se halla atascado aún en la
vieja etapa. Esto es característico del pensamiento de todos los testarudos. Su
pensamiento está apartado de la práctica social, y ellos no son capaces de ir
delante guiando el carro de la sociedad; se limitan a ir a la rastra,
refunfuñando que el carro marcha demasiado rápido y tratando de hacerlo
retroceder o dar media vuelta y regresar.
Nos oponemos
también a la huera palabrería "izquierdista". El pensamiento de los
"izquierdistas" pasa por encima de una determinada etapa de
desarrollo del proceso objetivo; algunos toman sus fantasías por verdades,
otros pretenden realizar a la fuerza en el presente ideales sólo realizables en
el futuro. Alejado de la práctica presente de la mayoría de las personas y de
la realidad del momento, su pensamiento se traduce en la acción como aventurerismo.
El idealismo
y el materialismo mecanicista, el oportunismo y el aventurerismo, se
caracterizan por la ruptura entre lo subjetivo y lo objetivo, por la separación
entre el conocimiento y la práctica. La teoría marxista- leninista del
conocimiento, caracterizada por la práctica social científica, no puede dejar
de oponerse categóricamente a estas concepciones erróneas. Los marxistas
reconocen que, en el proceso general absoluto del desarrollo del universo, el
desarrollo de cada proceso determinado es relativo y que, por eso, en el
torrente infinito de la verdad absoluta, el conocimiento humano de cada proceso
determinado en una etapa dada de desarrollo es sólo una verdad relativa. La
suma total de las incontables verdades relativas constituye la verdad absoluta[9].
El desarrollo de todo proceso objetivo está lleno de contradicciones y luchas,
y también lo está el desarrollo del movimiento del conocimiento humano. Todo
movimiento dialéctico del mundo objetivo se refleja, tarde o temprano, en el
conocimiento humano. En la práctica social, el proceso de nacimiento,
desarrollo y extinción es infinito. Y así lo es el proceso de nacimiento,
desarrollo y extinción en el conocimiento humano. A medida que avanza cada vez
más lejos la práctica del hombre que transforma la realidad objetiva de acuerdo
con determinadas ideas, teorías, planes o proyectos, más y más profundo se va
haciendo el conocimiento que de la realidad objetiva tiene el hombre. Nunca
terminará el movimiento de cambio en el mundo de la realidad objetiva, y
tampoco tendrá fin la cognición de la verdad por el hombre a través de la
práctica. El marxismo-leninismo no ha agotado en modo alguno la verdad, sino
que en el curso de la práctica abre sin cesar el camino hacia su conocimiento.
Nuestra conclusión es la unidad concreta e histórica de lo subjetivo y lo
objetivo, de la teoría y la práctica, del saber y el hacer, y nos oponemos a
todas las ideas erróneas, de "izquierda" o de derecha, ideas que se
separan de la historia concreta.
En la
presente época del desarrollo de la sociedad, la historia ha hecho recaer sobre
los hombros del proletariado y su partido la responsabilidad de conocer
correctamente el mundo y transformarlo. Este proceso, el de la práctica
transformadora del mundo, que está determinado con arreglo al conocimiento
científico, ha llegado ya a un momento histórico en China y en toda la Tierra,
a un gran momento sin precedentes en la historia, esto es, el momento de acabar
completamente con las tinieblas en China y en el resto de la Tierra, y
transformar nuestro mundo en un mundo luminoso, nunca visto antes. La lucha del
proletariado y de los pueblos revolucionarios por la transformación del mundo
implica el cumplimiento de las siguientes tareas: transformar el mundo objetivo
y, al mismo tiempo, transformar su propio mundo subjetivo, esto es, su propia
capacidad cognoscitiva y las relaciones entre su mundo subjetivo y el objetivo.
Estas transformaciones ya están en marcha en una parte del globo terrestre, la
Unión Soviética. Allí se sigue promoviendo este proceso de transformaciones.
Los pueblos de China y del resto del orbe también están pasando o pasarán por
semejante proceso. Y el mundo objetivo a transformar incluye también a todas
las personas opuestas a estas transformaciones, personas que tienen que pasar
por una etapa de coacción antes de poder entrar en la etapa de transformación
consciente. La época en que la humanidad entera proceda de manera consciente a
su propia transformación y a la del mundo, será la época del comunismo mundial.
Descubrir la
verdad a través de la práctica y, nuevamente a través de la práctica,
comprobarla y desarrollarla. Partir del conocimiento sensorial y desarrollarlo
activamente convirtiéndolo en conocimiento racional; luego, partir del
conocimiento racional y guiar activamente la práctica revolucionaria para
transformar el mundo subjetivo y el mundo objetivo. Practicar, conocer,
practicar otra vez y conocer de nuevo. Esta forma se repite en infinitos
ciclos, y, con cada ciclo, el contenido de la práctica y del conocimiento se
eleva a un nivel más alto. Esta es en su conjunto la teoría materialista
dialéctica del conocimiento, y ésta es la teoría materialista dialéctica de la
unidad entre el saber y el hacer.
NOTAS
[1] V. I. Lenin: Resumen del libro de Hegel
" Ciencia de la lógica ". [pág. 319]
[2] Véanse C. Marx, Tesis sobre Feuerbach y V. I.
Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, II, 6. [pág. 319]
[3] Célebre novela histórica china escrita por
Luo Kuan-chung (¿1330-1400?). [pág. 320]
[4] V. I. Lenin: Resumen del libro de Hegel
" Ciencia de la lógica ". [pág. 321]
[5] V. I. Lenin dice: "Para comprender, hay
que comenzar a comprender y a estudiar de una manera empírica, y elevares de lo
empírico a lo general." Ibíd. [pág. 325]
[6] V. I. Lenin: ¿Qué Hacer?, I, d. [pág. 327]
[7] V. I. Lenin: Materialismo y
empiriocriticismo, II, 6. [pág. 328]
[8] J. V. Stalin: "Los fundamentos del
leninismo", III. [pág. 328]
[9] Véase V. I. Lenin, Materialismo y
empiriocriticismo, II, 5. [pág. 330]
SOBRE LA CONTRADICCION
De las
Obras
Escogidas de Mao Tse-tung
EDICIONES EN
LENGUAS EXTRANJERAS
PEKIN 1968
Primera
edició;n 1968
Tomo I, pp.
333-70.
SOBRE LA
CONTRADICCION (Agosto de 333 1937 )
I.
II.
III.
IV.
V.
VI.
VII.
Las dos concepciones del mundo
La universalidad de la contradicción
La particularidad de la contradicción
La contradicción
principal y el
aspecto principal de la contradicción
La identidad
y la lucha entre los aspectos de la
contradicción
El papel del antagonismo en la contradicción
Conclusión
NOTAS
369
SOBRE LA
CONTRADICCION[*]
Agosto de
1937
La ley de la
contradicción en las cosas, es decir, la ley de la unidad de los contrarios, es
la ley más fundamental de la dialéctica materialista. Lenin dijo: "La
dialéctica, en sentido estricto, es el estudio de la contradicción en la
esencia misma de los objetos [ . . . ]"[1] Lenin solía calificar esta ley
de esencia de la dialéctica y también de núcleo de la dialéctica[2]. Por
consiguiente, al estudiar esta ley, no podemos dejar de abordar una gran
variedad de temas, un buen número de problemas filosóficos. Si obtenemos una
clara noción de todos estos problemas, comprenderemos en su esencia misma la
dialéctica materialista. Estos problemas son: las dos concepciones del mundo,
la universalidad de la contradicción, la particularidad de la contradicción, la
contradicción principal y el aspecto principal de la contradicción, la
identidad y la lucha entre los aspectos de la contradicción, y el papel del
antagonismo en la contradicción.
Ha suscitado
vivo interés entre nosotros la crítica a que los círculos filosóficos
soviéticos han sometido al idealismo de la escuela de Deborin durante los
últimos años. El idealismo de Deborin ha ejercido muy mala influencia en el
Partido Comunista de China, y no se puede decir que el pensamiento dogmático en
nuestro Partido nada tenga que ver con dicha escuela. Por tanto, nuestro
estudio de la filosofía, en la hora actual, debe tener como objetivo principal
extirpar el pensamiento dogmático.
________________________
* Trabajo filosófico escrito por el camarada
Mao Tse-tung a continuación de su obra "Sobre la práctica" y
destinado, como ella, a vencer el pensamiento dogmático, grave error que
existía entonces en el Partido. Originalmente dado a conocer en Forma de
conferencias en el Instituto Político y Militar Antijaponés de Yenán, este
escrito fue revisado por el autor para incluirlo en sus Obras Escogidas.
pág. 334
I. LAS DOS
CONCEPCIONES DEL MUNDO
A lo largo de
la historia del conocimiento humano, siempre han existido dos concepciones
acerca de las leyes del desarrollo del universo: la concepción metafísica y la
concepción dialéctica, que constituyen dos concepciones del mundo opuestas.
Lenin dice:
"Las dos
concepciones fundamentales (¿o las dos posibles? ¿o las dos que se observan en
la historia?) del desarrollo (evolución) son: el desarrollo como disminución y
aumento, como repetición, y el desarrollo como unidad de los contrarios (la
división del todo único en dos contrarios mutuamente excluyentes y su relación
recíproca)."[3]
Lenin se
refiere aquí precisamente a estas dos diferentes concepciones del mundo.
Durante largo
tiempo en la historia, tanto en China como en Europa, el modo de pensar
metafísico formó parte de la concepción idealista del mundo y ocupó una
posición dominante en el pensamiento humano. En Europa, el materialismo de la
burguesía en sus primeros tiempos fue también metafísico. Debido a que una
serie de países europeos entraron, en el curso de su desarrollo
económico-social, en una etapa de capitalismo altamente desarrollado, a que las
fuerzas productivas, la lucha de clases y las ciencias alcanzaron en esos
países un nivel sin precedentes en la historia y a que allí el proletariado
industrial
llegó a ser la más grande fuerza motriz de la historia, surgió la concepción
marxista, dialéctica materialista, del mundo. Entonces, junto al idealismo
reaccionario, abierto y sin disimulo, apareció en el seno de la burguesía el
evolucionismo vulgar para oponerse a la dialéctica materialista.
La concepción
metafísica del mundo, o concepción del mundo del evolucionismo vulgar, ve las
cosas como aisladas, estáticas y unilaterales. Considera todas las cosas del
universo, sus formas y sus especies, como eternamente aisladas unas de otras y
eternamente inmutables. Si reconoce los cambios, los considera sólo como
aumento o disminución cuantitativos o corno simple desplazamiento. Además, para
ella, la causa de tal aumento, disminución o desplazamiento no está dentro de
las cosas mismas, sino fuera de ellas, es decir, en el impulso de fuerzas
externas. Los metafísicos sostienen que las diversas clases de cosas del mundo
y sus características han permanecido iguales desde que comenzaron a existir, y
que cualquier cambio posterior no ha sido más que un aumento o disminución
cuantitativos. Consideran que las cosas de una determinada especie sólo pueden
dar origen a cosas de la misma especie, y así indefinidamente, y jamás pueden
transformarse en cosas de una especie distinta. Según ellos, la explotación
capitalista, la competencia capitalista, la ideología individualista de la
sociedad capitalista, etc., pueden ser halladas igualmente en la sociedad
esclavista de la antigüedad, y aun en la sociedad primitiva, y
existirán sin cambio para siempre. En cuanto al desarrollo social, lo atribuyen
a factores exteriores a la sociedad, tales como el medio geográfico y el clima.
De manera simplista, tratan de encontrar las causas del desarrollo de las cosas
fuera de ellas mismas, y rechazan la tesis de la dialéctica materialista según
la cual el desarrollo de las cosas se debe a sus contradicciones internas. En
consecuencia, no pueden explicar ni la diversidad cualitativa de las cosas, ni
el fenómeno de la transformación de una calidad en otra. En Europa, este modo de
pensar se manifestó como materialismo mecanicista en los siglos XVII y XVIII y
como evolucionismo vulgar a fines del siglo XIX y comienzos del XX. En China,
el modo metafísico de pensar expresado en el dicho "El cielo no cambia y
el Tao tampoco"[4], ha sido durante largo tiempo sostenido por la
decadente clase dominante feudal. En cuanto al materialismo mecanicista y al
evolucionismo vulgar, importados de Europa en los últimos cien años, son
sostenidos por la burguesía.
En oposición
a la concepción metafísica del mundo, la concepción dialéctica materialista del
mundo sostiene que, a fin de comprender el desarrollo de una cosa, debemos
estudiarla por dentro y en sus relaciones con otras cosas; dicho de otro modo,
debemos considerar que el desarrollo de las cosas es un automovimiento, interno
y necesario, y que, en su movimiento, cada cosa se encuentra en interconexión e
interacción con las cosas que la rodean. La causa fundamental del desarrollo de
las cosas no es externa sino interna; reside en su carácter contradictorio
interno. Todas las cosas entrañan este carácter contradictorio; de ahí su
movimiento, su desarrollo. El carácter contradictorio interno de una cosa es la
causa fundamental de su desarrollo, en tanto que su interconexión y su
interacción con otras cosas son causas secundarias. Así, pues, la dialéctica
materialista refuta categóricamente la teoría metafísica de la causalidad
externa o del impulso externo, teoría sostenida por el materialismo mecanicista
y el evolucionismo vulgar. Es evidente que las causas puramente externas sólo
pueden provocar el movimiento mecánico de las cosas, esto es, sus cambios de
dimensión o cantidad, pero no pueden explicar la infinita diversidad
cualitativa de las cosas ni la transformación de una cosa en otra. De hecho,
hasta el movimiento mecánico, impulsado por una fuerza externa, tiene lugar
también a través del carácter contradictorio interno de las cosas. El simple
crecimiento de las plantas y los animales, su desarrollo cuantitativo, también
se debe
principalmente
a sus contradicciones internas. De la misma manera, el desarrollo de la
sociedad no obedece principalmente a causas externas, sino internas. Países de
condiciones geográficas y climáticas casi idénticas se desarrollan de un modo
muy distinto y desigual. Más aún, en un mismo país se producen enormes cambios
sociales sin que haya cambiado su geografía ni su clima. La Rusia imperialista
se transformó en la Unión Soviética socialista, y el Japón feudal, cerrado al
mundo exterior, se transformó en el Japón imperialista, sin que se hubieran
producido cambios en el medio geográfico ni el clima de ninguno de los dos
países. China, dominada durante largo tiempo por el feudalismo, ha
experimentado enormes cambios en los últimos cien años y ahora está avanzando
hacia su transformación en una nueva China, emancipada y libre; sin embargo, no
han ocurrido cambios ni en su geografía ni en su clima. Por cierto, se operan
cambios en la geografía y el clima de la Tierra en su conjunto y de cada una de
sus zonas, pero son insignificantes en comparación con los cambios en la
sociedad; los primeros se manifiestan en términos de decenas de miles de años,
en tanto que los segundos lo hacen en términos de miles, cientos o decenas de
arios, e incluso en pocos años o meses (en períodos de revolución). Según la
dialéctica materialista, los cambios en la naturaleza son ocasionados
principalmente por el desarrollo de las contradicciones internas de ésta, y los
cambios en la sociedad se deben principalmente al desarrollo de las
contradicciones internas de la sociedad, o sea, las contradicciones entre las
fuerzas productivas y las relaciones de producción, entre las clases y entre lo
viejo y lo nuevo. Es el desarrollo de estas contradicciones lo que hace avanzar
la sociedad e impulsa la sustitución de la vieja sociedad por la nueva.
¿Excluye la dialéctica materialista las causas externas? No. La dialéctica
materialista considera que las causas externas constituyen la condición del
cambio, y las causas internas, su base, y que aquéllas actúan a través de
éstas. A una temperatura adecuada, un huevo se transforma en pollo, pero
ninguna temperatura puede transformar una piedra en pollo, porque sus bases son
diferentes. Existe constante influencia mutua entre los pueblos de los diferentes
países. En la época del capitalismo, especialmente en la época del imperialismo
y de la revolución proletaria, son extremadamente grandes la influencia mutua y
la interacción entre los diversos países en los terrenos político, económico y
cultural. La Revolución Socialista de Octubre inauguró una nueva era no sólo en
la historia de Rusia, sino también en la historia mundial. Ha ejercido
influencia en los cambios internos de los demás países del mundo y también, con
especial profundidad, en los cambios internos de China. Tales cambios, sin
embargo, han tenido lugar a través de las respectivas leyes internas de dichos
países, incluida China. Cuando dos ejércitos traban combate y uno resulta
vencedor y el otro, vencido, tanto la victoria del uno como la derrota del otro
son determinadas por causas internas. Uno es el vencedor gracias a su poderío o
a la corrección de su mando, y el otro sale derrotado sea por su debilidad o
por los errores de su mando; las causas externas actúan a través de las causas
internas. En China, la derrota que la gran burguesía infligió al proletariado
en 1927 se produjo por obra del oportunismo que existía entonces en el seno del
proletariado chino (dentro del Partido Comunista de China) . Cuando liquidamos
ese oportunismo, la revolución china volvió a desarrollarse. El que más tarde
la revolución china haya sufrido de nuevo serios golpes de sus enemigos es
consecuencia del aventurerismo que surgió en nuestro Partido. Cuando liquidamos
el aventurerismo, nuestra causa reanudó su avance. De esto se desprende que si
un partido quiere conducir la revolución a la victoria, ha de basarse en la
justeza de su línea política y en la solidez de su organización.
La concepción
dialéctica del mundo surgió ya en la antigüedad, tanto en China como en
Europa. Sin embargo, la antigua dialéctica tenía un carácter espontáneo e
ingenuo; en razón de las condiciones sociales e históricas de entonces, no le
era posible constituirse en teoría sistemática, y por eso no podía dar una
explicación completa del universo y fue reemplazada más tarde por la
metafísica. Hegel, célebre filósofo alemán de fines del siglo XVIII y comienzos
del XIX, hizo importantísimas
contribuciones
a la dialéctica, pero su dialéctica era idealista. Sólo cuando Marx y Engels,
los grandes protagonistas del movimiento proletario, crearon la gran teoría del
materialismo dialéctico y del materialismo histórico sintetizando todo lo
positivo conquistado en la historia del conocimiento humano y, en particular,
asimilando críticamente los elementos racionales de la dialéctica hegeliana, se
produjo en la historia del conocimiento humano una gran revolución sin
precedentes. Esta gran teoría ha sido desarrollada
pág. 338
posteriormente
por Lenin y Stalin. Al ser introducida en nuestro país, provocó enormes cambios
en el pensamiento chino.
Esta
concepción dialéctica del mundo nos enseña principalmente a observar y analizar
el movimiento de los contrarios en las distintas cosas, y a determinar, sobre
la base de tal análisis, los métodos para resolver las contradicciones. Por
consiguiente, es para nosotros de singular importancia comprender concretamente
la ley de la contradicción en las cosas.
II. LA
UNIVERSALIDAD DE LA CONTRADICCION
Para
facilitar mi exposición, comenzaré por la universalidad de la contradicción y
luego continuaré con la particularidad de la contradicción. Lo haré así porque
la universalidad de la contradicción puede ser explicada en pocas palabras,
pues ha sido ampliamente reconocida desde que Marx, Engels, Lenin y Stalin, los
grandes creadores y continuadores del marxismo, descubrieron la concepción
dialéctica materialista del mundo y aplicaron con notables éxitos la dialéctica
materialista al análisis de numerosas cuestiones de la historia humana y de la
historia de la naturaleza y a la transformación, en muchos terrenos, de la
sociedad y la naturaleza (en la Unión Soviética, por ejemplo); en cambio,
muchos camaradas, especialmente los dogmáticos, todavía no comprenden
claramente la particularidad de la contradicción. No entienden que es
precisamente en la particularidad de la contradicción donde reside la
universalidad de la contradicción. Tampoco comprenden cuán importante es, para
dirigir el curso de la práctica revolucionaria, el estudio de la particularidad
de la contradicción en las cosas concretas que tenemos ante nosotros. Es
necesario, entonces, estudiar con detenimiento la particularidad de la
contradicción y dedicar suficiente espacio a explicarla. Por esta razón, en
nuestro análisis de la ley de la contradicción en las cosas, comenzaremos por
la universalidad de la contradicción, luego dedicaremos especial atención al
análisis de la particularidad de la contradicción, y volveremos finalmente a la
primera.
La
universalidad o carácter absoluto de la contradicción significa, primero, que
la contradicción existe en el proceso de desarrollo de toda cosa, y, segundo,
que el movimiento de los contrarios se presenta desde el comienzo hasta el fin
del proceso de desarrollo de cada cosa.
pág. 339
Engels dijo:
"El movimiento mismo es una contradicción"[5]. Lenin definió la ley
de la unidad de los contrarios como "el reconocimiento (descubrimiento) de
las tendencias contradictorias, mutuamente excluyentes, opuestas, en todos los
fenómenos y procesos de la naturaleza (incluso del espíritu y de la
sociedad)"[6]. ¿Son correctas estas ideas? Sí lo son. La interdependencia
y la lucha entre los contrarios
existentes en
cada una de las cosas determinan su vida e impulsan su desarrollo. No hay cosa
que no contenga contradicción; sin contradicción no existiría el mundo.
La
contradicción es la base de las formas simples del movimiento (por ejemplo, el
movimiento mecánico) y tanto más lo es de las formas complejas del movimiento.
Engels
explicó la universalidad de la contradicción en los siguientes términos:
"Si ya
el simple cambio mecánico de lugar encierra una contradicción, tanto más la
encierran las formas superiores del movimiento de la materia y muy
especialmente la vida orgánica y su desarrollo. [. . .] la vida consiste
precisamente, ante todo, en que un ser es en cada instante el mismo y a la vez
otro. La vida, pues, es también una contradicción que, presente en las cosas y
los procesos mismos, se está planteando y resolviendo incesantemente; al cesar
la contradicción, cesa la vida y sobreviene la muerte. Vimos igualmente cómo
tampoco en el mundo del pensamiento podemos librarnos de las contradicciones, y
cómo, por ejemplo, la contradicción entre la interiormente ilimitada capacidad
cognoscitiva humana y su existencia real sólo en hombres exteriormente
limitados y que conocen limitadamente, se resuelve en la sucesión, para
nosotros al menos prácticamente infinita, de las generaciones, en un progreso
ilimitado."
"[. . .]
una de las bases fundamentales de las matemáticas superiores es precisamente la
contradicción [. . .].
"Pero ya
en las matemáticas inferiores hormiguean las contradicciones."[7] A su
vez, Lenin ilustró la universalidad de la contradicción como sigue: "En
matemáticas: + y -. Diferencial e integral.
En mecánica:
acción y reacción.
En física:
electricidad positiva y negativa.
pág. 340
En química:
combinación y disociación de los átomos.
En ciencias
sociales: lucha de clases."[8]
En la guerra,
la ofensiva y la defensiva, el avance y la retirada, la victoria y la derrota,
son todas parejas de fenómenos contradictorios. El uno no puede existir sin el
otro. La lucha y la interconexión entre ambos aspectos constituyen el conjunto
de la guerra, impulsan su desarrollo y resuelven sus problemas.
Toda
diferencia entre los conceptos de los hombres debe ser considerada como reflejo
de las contradicciones objetivas. El reflejo de las contradicciones objetivas
en el pensamiento subjetivo forma el movimiento contradictorio de los
conceptos, impulsa el desarrollo del pensamiento y va resolviendo sin cesar los
problemas planteados al pensamiento humano.
La oposición
y la lucha entre ideas diferentes tienen lugar constantemente dentro del
Partido. Este es el reflejo en su seno de las contradicciones entre las clases
y entre lo nuevo y lo viejo en la sociedad. Si en el Partido no hubiera
contradicciones ni luchas ideológicas para resolverlas, la vida del Partido
tocaría a su fin.
Así, pues,
queda claro que la contradicción existe universalmente, en todos los procesos,
tanto en las formas simples del movimiento como en las complejas, tanto en los
fenómenos objetivos como en los fenómenos del pensamiento. Pero ¿existe la
contradicción también en la etapa inicial de cada proceso? ¿Existe el
movimiento de los contrarios desde el comienzo hasta el fin del proceso de
desarrollo de cada cosa?
La escuela de
Deborin, a juzgar por los artículos en que la critican los filósofos
soviéticos, sostiene que la contradicción no aparece en el comienzo de un
proceso, sino sólo cuando éste ha alcanzado determinada etapa. Si así fuera, el
desarrollo del proceso hasta ese momento no obedecería a causas internas sino
externas. De esta manera, Deborin retrocede a la teoría metafísica de la
causalidad externa y al mecanismo. Aplicando este criterio al análisis de
problemas concretos, la escuela de Deborin estima que, en las condiciones de la
Unión Soviética, sólo existen diferencias, pero no contradicción, entre los
kulaks y las masas campesinas, y así coincide por entero con la opinión de
Bujarin. Al analizar la Revolución Francesa, sostiene que antes dé la Revolución
existían asimismo sólo diferencias, pero no contradicciones, dentro del Tercer
Estado, integrado por los obreros, los campesinos y la burguesía. Tal punto de
vista de la escuela de Deborin es antimarxista. Esta escuela ignora que toda
diferencia entraña ya una contradicción, y que la diferencia en sí es
contradicción. Trabajadores y capitalistas han estado en contradicción desde el
nacimiento mismo de estas dos clases, sólo que la contradicción no se agudizó
al comienzo. Aun en las condiciones sociales de la Unión Soviética, existen
diferencias entre los obreros y los campesinos, y estas diferencias en sí
mismas constituyen una contradicción, sólo que ésta no se intensificará hasta
el punto de transformarse en antagónica ni tornará la forma de lucha de clases,
como es el caso de la contradicción entre trabajadores y capitalistas; los
obreros y los campesinos han formando una sólida alianza en el curso de la
construcción socialista y van resolviendo gradualmente esa contradicción en el
proceso de desarrollo del socialismo al comunismo. De lo que aquí se trata es
de contradicciones de distinto carácter, y no de la presencia o ausencia de
contradicciones. La contradicción es universal, absoluta; existe en los
procesos de desarrollo de todas las cosas y recorre cada proceso desde el
comienzo hasta el fin.
¿Qué es la
aparición de un nuevo proceso? La vieja unidad y los contrarios que la
constituyen, dejan lugar a una nueva unidad y sus correspondientes contrarios;
así nace un nuevo proceso en reemplazo del viejo. Termina el viejo proceso y
comienza el nuevo. El nuevo proceso contiene una nueva contradicción e inicia
su propia historia, la historia del desarrollo de su contradicción.
Como señaló
Lenin, Marx dio en El Capital un modelo de análisis del movimiento de los
contrarios, que recorre todo el proceso de desarrollo de una cosa desde el
comienzo hasta el fin. Este es el método que ha de emplearse al estudiar el
proceso de desarrollo de cualquier cosa. El propio Lenin también empleó
correctamente este método, que impregna todas sus obras.
"En El
Capital, Marx comienza por analizar la relación más simple, ordinaria y
fundamental, más común, más cotidiana de la sociedad burguesa (mercantil), una
relación miles de millones de veces presente: el intercambio de mercancías. El
análisis revela en este fenómeno sencillísimo (en esa 'célula' de la sociedad
burguesa) todas las contradicciones (o los gérmenes de todas las
contradicciones) de la sociedad contemporánea. La posterior exposición nos
muestra el desarrollo (a la vez crecimiento y movimiento) de dichas
contradicciones y de esa sociedad en la Σ [suma] de sus partes individuales,
desde su comienzo hasta su fin."
Lenin agregó:
"Tal debe ser el método de exposición (o de estudio) de la dialéctica en
general [. . .]"[9]
pág. 342
Los
comunistas chinos deben asimilar este método, pues sólo así podrán analizar
correctamente la historia y la situación actual de la revolución china y
deducir sus perspectivas futuras.
III. LA
PARTICULARIDAD DE LA CONTRADICCION
La
contradicción existe en el proceso de desarrollo de cada cosa y lo recorre
desde el comienzo hasta el fin; tal es la universalidad o carácter absoluto de
la contradicción. A esto ya nos hemos referido más arriba. Detengámonos ahora
en la particularidad o carácter relativo de la contradicción.
Hay que
estudiar este problema en varios planos.
Ante todo,
las contradicciones de las diversas formas del movimiento de la materia poseen,
cada una, un carácter particular. El conocimiento que el hombre tiene de la
materia es el conocimiento de las formas de su movimiento, pues en el mundo no
hay más que materia en movimiento, y el movimiento de la materia reviste
necesariamente formas determinadas. Al abordar una forma dada del movimiento de
la materia, debemos tomar en consideración lo que tiene de común con otras
formas del movimiento. Pero aquello que encierra especial importancia, pues
sirve de base a nuestro conocimiento de una cosa, es atender a lo que esa forma
del movimiento de la materia tiene de particular, o sea, a lo que la distingue
cualitativamente de otras formas del movimiento. Sólo así podemos distinguir
una cosa de otra. Toda forma del movimiento contiene su propia contradicción
particular. Esta contradicción particular constituye la esencia particular que
diferencia a una cosa de las demás. He aquí la causa interna o, por decirlo así,
la base de la infinita variedad de las cosas del mundo. Hay muchas formas del
movimiento en la naturaleza: movimiento mecánico, sonido, luz, calor,
electricidad, disociación, combinación, etc. Todas estas formas del movimiento
de la materia son interdependientes, pero, en su esencia, cada una es diferente
de las otras. La esencia particular de cada forma del movimiento de la materia
es determinada por la contradicción particular de dicha forma. Esto ocurre no
sólo en la naturaleza, sino también en los fenómenos de la sociedad y del
pensamiento. Todas las formas sociales y todas las formas del pensamiento
tienen, cada una, su propia contradicción particular y su esencia particular.
La
delimitación entre las diferentes ciencias se funda precisamente en las
contradicciones particulares inherentes a sus respectivos objetos de estudio.
Así, es la contradicción peculiar de un determinado sector de fenómenos lo que
constituye el objeto de estudio de una rama dada de la ciencia. Por ejemplo:
los números positivos y los negativos en matemáticas; la acción y la reacción
en mecánica; la electricidad positiva y la negativa en física; la disociación y
la combinación en química; las fuerzas productivas y las relaciones de
producción, y la lucha entre una clase y otra en las ciencias sociales; la
ofensiva y la defensiva en la ciencia militar; el idealismo y el materialismo,
la concepción metafísica y la concepción dialéctica en filosofía, etc., -- cada
una de estas parejas de fenómenos constituye una contradicción particular y
tiene una esencia particular y, precisamente por eso, ellas son objetos de
estudio de ramas distintas de la ciencia. Cierto es que si no se comprende la
universalidad de la contradicción, no hay manera de descubrir la causa
universal o base universal del movimiento o desarrollo de las cosas; pero, si
no se estudia la particularidad de la contradicción, no hay manera de
determinar la esencia particular que diferencia a una cosa de las demás, ni de
descubrir la causa
particular o
base particular del movimiento o desarrollo de cada cosa, ni de distinguir una
cosa de otra, ni de delimitar los diversos dominios de la ciencia.
En cuanto al
orden que sigue el movimiento del conocimiento humano, el hombre parte siempre
del conocimiento de lo individual y particular para llegar gradualmente a
conocer lo general. únicamente después de conocer la esencia particular de
multitud de cosas distintas, el hombre puede pasar a la generalización y
conocer la esencia común a las diversas cosas. Luego de haber llegado a conocer
dicha esencia común, el hombre se sirve de este conocimiento como guía para
seguir adelante y estudiar distintas cosas concretas que no han sido estudiadas
todavía o que no lo han sido en profundidad, a fin de descubrir la esencia
particular de cada una de ellas; sólo así puede acrecentar, enriquecer y
desarrollar su conocimiento de dicha esencia común y evitar que este
conocimiento se marchite o fosilice. Estos son los dos procesos del
conocimiento: uno, de lo particular a lo general, y el otro, de lo general a lo
particular. El conocimiento humano siempre avanza en forma cíclica y cada ciclo
(si se observa estrictamente el método científico) puede elevar el conocimiento
humano a una etapa más alta y hacerlo más profundo. El error de nuestros
dogmáticos a este respecto consiste en que, por una parte, no comprenden que es
imperativo estudiar la particularidad de la contradicción y conocer la esencia
particular de las cosas individuales para poder conocer plenamente la
universalidad de la contradicción y la esencia común a las diversas cosas, y,
por otra parte, no comprenden que aun después de conocer la esencia común a las
cosas hay que seguir adelante y estudiar las cosas concretas todavía no
estudiadas profundamente o aquéllas recién surgidas. Nuestros dogmáticos son
perezosos y rehusan dedicar el menor esfuerzo al estudio de las cosas
concretas; consideran las verdades generales como surgidas de la nada y las
convierten en fórmulas puramente abstractas, ininteligibles, y, de este modo,
niegan por completo e invierten el orden normal que sigue el hombre para llegar
a conocer la verdad. Tampoco comprenden la interconexión entre los dos procesos
del conocimiento humano: de lo particular a lo general y, luego, de lo general
a lo particular. Los dogmáticos no entienden nada de la teoría marxista del
conocimiento.
Es preciso
estudiar no sólo la contradicción particular y la esencia, por ella
determinada, de cada gran sistema de formas del movimiento de la materia, sino
también la contradicción particular y la esencia de cada proceso en el largo
curso del desarrollo de cada forma del movimiento de la materia. En toda forma
del movimiento, cada proceso de desarrollo, real y no imaginario, es
cualitativamente diferente. En nuestro estudio debemos poner énfasis en este
punto y comenzar por él.
Contradicciones
cualitativamente diferentes sólo pueden resolverse por métodos cualitativamente
diferentes. Por ejemplo: la contradicción entre el proletariado y la burguesía
se resuelve por el método de la revolución socialista; la contradicción entre las
grandes masas populares y el sistema feudal, por el método de la revolución
democrática; la contradicción entre las colonias y el imperialismo, por el
método de la guerra revolucionaria nacional; la contradicción entre la clase
obrera y el campesinado en la sociedad socialista, por el método de la
colectivización y la mecanización de la agricultura; las contradicciones en el
seno del Partido Comunista, por el método de la crítica y la autocrítica; la
contradicción entre la sociedad y la naturaleza, por el método del desarrollo
de las fuerzas productivas. Los procesos cambian, desaparecen viejos procesos y
contradicciones y surgen nuevos procesos y contradicciones, y, en consecuencia,
varían los métodos para resolver las contradicciones. En Rusia fueron radicalmente
diferentes tanto la contradicción resuelta por la Revolución de Febrero y la
resuelta por la Revolución de Octubre, como los métodos empleados para
resolverlas. Resolver contradicciones diferentes por métodos diferentes es un
principio que los marxista-leninistas deben observar rigurosamente. Los
dogmáticos no observan este principio, no comprenden las diferencias entre las
condiciones de los distintos tipos de revolución y, por eso, tampoco comprenden
la necesidad de usar métodos diferentes para resolver contradicciones diferentes;
antes al contrario, siguen invariablemente una fórmula que suponen inalterable
y la aplican mecánicamente y en todas partes, lo cual sólo puede causar reveses
a la revolución o llevar a hacer muy mal lo que podría hacerse bien.
Para
descubrir la particularidad de las contradicciones en el proceso de desarrollo
de una cosa, consideradas en su conjunto, en sus interconexiones, es decir,
para descubrir la esencia del proceso de desarrollo de una cosa, hay que
descubrir la particularidad de cada uno de los aspectos de cada contradicción
de ese proceso; de otro modo, será imposible descubrir la esencia del proceso.
En nuestro estudio también debemos prestar mucha atención a esto.
En el proceso
de desarrollo de toda cosa grande existen numerosas contradicciones. Por
ejemplo, en el proceso de la revolución democrático- burguesa de China, existen
la contradicción entre todas las clases oprimidas de la sociedad china y el
imperialismo, la contradicción entre las amplias masas populares y el
feudalismo, la contradicción entre el proletariado y la burguesía, la
contradicción entre el campesinado y la pequeña burguesía urbana, por un lado,
y la burguesía, por el otro, las contradicciones entre los distintos grupos
dominantes reaccionarios, etc.; la situación es sumamente compleja. Estas
contradicciones no pueden ser tratadas de una misma manera, ya que cada una
tiene su propia particularidad; además, los dos aspectos de cada contradicción
tampoco pueden ser tratados de una misma manera, puesto que cada uno tiene sus
propias características. Los que nos dedicamos a la revolución china no sólo
debemos comprender la particularidad de las contradicciones en su conjunto, es
decir, en sus interconexiones, sino también estudiar los dos aspectos de cada
contradicción, único medio para llegar a comprender el conjunto. Comprender
cada uno de los aspectos de una contradicción significa comprender qué posición
específica ocupa cada uno de ellos, qué formas concretas asumen sus relaciones
de interdependencia y contradicción con su contrario, y qué medios concretos
emplea en la lucha con su contrario tanto mientras ambos aspectos están en
interdependencia y contradicción como después de la ruptura de la interdependencia.
Estudiar estos problemas es de suma importancia. A esto se refería Lenin al
decir que la esencia misma del marxismo, el alma viva del marxismo, es el
análisis concreto de la situación concreta[10]. En contra de las enseñanzas de
Lenin, nuestros dogmáticos nunca usan su cerebro para analizar ninguna cosa
concretamente, y en sus escritos y discursos recurren siempre a frases vacías y
estereotipadas, introduciendo de esta manera una pésima práctica en nuestro
Partido.
Al estudiar
un problema, debemos guardarnos del subjetivismo, la unilateralidad y la
superficialidad. Por subjetivismo se entiende no saber abordar los problemas
objetivamente, es decir, no saber abordarlos desde el punto de vista
materialista. De esto ya he hablado en mi trabajo "Sobre la
práctica". Por unilateralidad se entiende no saber abordar los problemas
en todas sus facetas. Por ejemplo, comprender sólo a China y no al Japón, sólo
al Partido Comunista y no al Kuomintang, sólo al proletariado y no a la
burguesía, sólo a los campesinos y no a los terratenientes, sólo las
condiciones favorables y no las difíciles, sólo el pasado y no el futuro, sólo
las partes y no el todo, sólo los defectos y no los éxitos, sólo al acusador y
no al acusado, sólo el trabajo revolucionario secreto y no el trabajo
revolucionario
abierto, y así por el estilo. En una palabra, significa no comprender las
características de cada uno de los aspectos de una contradicción. A esto se
llama enfocar un problema unilateralmente; o puede llamarse ver la parte y no
el todo, ver los árboles y no el bosque. De esta manera no es posible encontrar
el método para resolver las contradicciones, ni cumplir las tareas de la
revolución, ni llevar a buen término el trabajo encomendado, ni desarrollar
correctamente la lucha ideológica en el seno del Partido. Cuando Sun Tsi decía
en su exposición del arte de la guerra: "Conoce a tu adversario y conócete
a ti mismo, y podrás librar cien batallas sin correr ningún riesgo de
derrota"[11], se refería a las dos partes beligerantes. Wei Cheng, de la
dinastía Tang, también comprendía lo errónea que es la unilateralidad cuando
decía: "Si escuchas a ambas partes, se hará en ti la luz; si escuchas a
una sola, permanecerás en tinieblas."[12] Pero nuestros camaradas a menudo
examinan los problemas de manera unilateral y, por eso, dan con la cabeza en un
muro. En la novela A la orilla del agua, Sung Chiang lanza tres ataques contra
la aldea de Chu[13]. Dos veces es derrotado porque no conoce las condiciones
locales y no emplea métodos correctos. Más tarde cambia de métodos; comienza
por investigar la situación y llega a conocer el laberinto de senderos, después
logra deshacer la alianza entre las aldeas de Li, Ju y Chu y, empleando una
estratagema similar a la del caballo de Troya de que habla una leyenda extranjera,
envía a sus hombres disfrazados a mantenerse a la espera en el campo enemigo. Y
en el tercer ataque obtiene la victoria. Hay muchos ejemplos de dialéctica
materialista en A la orilla del agua, de los cuales el episodio de los tres
ataques a la aldea de Chu es el mejor. Lenin dijo:
"Para
conocer realmente un objeto hay que abarcar y estudiar todos sus aspectos,
todos sus vínculos y 'mediaciones'. Esto jamás lo conseguiremos por completo,
pero la exigencia de estudiar las cosas en todos sus aspectos nos prevendrá
contra los errores y la rigidez."[14]
Debemos tener
presentes sus palabras. Por superficialidad se entiende no considerar ni las
características de la contradicción en su conjunto ni las características de
cada uno de sus aspectos, no reconocer la necesidad de ir al fondo de las cosas
para estudiar minuciosamente las características de la contradicción, sino
limitarse a mirar de lejos y, después de una ojeada a los contornos generales
de la contradicción, tratar inmediatamente de resolverla (responder a una
pregunta, zanjar una disputa, manejar un asunto o dirigir una operación
militar) . Esta forma de proceder lleva inevitablemente a consecuencias
funestas. La razón por la cual los camaradas dogmáticos y empíricos chinos han
cometido errores reside precisamente en que su modo de examinar las cosas es
subjetivista, unilateral y superficial. La unilateralidad y la superficialidad
son también subjetivismo, porque todas las cosas objetivas se hallan en
realidad ligadas unas con otras y se rigen por leyes internas; sin embargo, hay
personas que, en lugar de reflejar las cosas tal como son, las consideran de
modo unilateral o superficial ignorando sus relaciones recíprocas y sus leyes
internas; por tanto, el método que siguen es subjetivista.
No sólo el
proceso total del movimiento de las contradicciones en el desarrollo de una
cosa, consideradas en sus interconexiones, y cada uno de los aspectos de cada
contradicción tienen rasgos particulares, a los que debemos prestar atención,
sino que cada etapa del proceso tiene también sus rasgos particulares, que
deben ser igualmente atendidos.
La
contradicción fundamental del proceso de desarrollo de una cosa y la esencia de
éste, determinada por dicha contradicción, no desaparecen mientras el proceso
no termina; sin embargo, en un proceso de desarrollo prolongado, la situación
generalmente varía de etapa a etapa. La razón es que, si bien no cambia ni la
naturaleza de la contradicción fundamental del proceso de desarrollo de la cosa
ni la
esencia del
proceso, la contradicción fundamental se va agudizando a medida que pasa de una
etapa a otra en este proceso prolongado. Además, de las numerosas
contradicciones, grandes y pequeñas, determinadas por la contradicción
fundamental o sujetas a su influencia, unas se agudizan y otras son temporal o
parcialmente resueltas o atenuadas, y surgen algunas nuevas; es por esto que
hay etapas en el proceso. Si no se presta atención a las etapas del proceso de
desarrollo de una cosa, no se puede tratar apropiadamente sus contradicciones.
Por ejemplo,
cuando el capitalismo de la época de la libre competencia se desarrolló y
convirtió en imperialismo, no cambió ni la naturaleza de las dos clases
radicalmente contradictorias, el proletariado y la burguesía, ni tampoco la
esencia capitalista de la sociedad; pero se agudizó la contradicción entre
estas dos clases, surgió la contradicción entre el capital monopolista y el no
monopolista, se agudizó la contradicción entre las metrópolis y las colonias, y
se manifestaron con especial intensidad las contradicciones entre los distintos
países capitalistas, originadas en la desigualdad de su desarrollo; así surgió
una fase especial del capitalismo: el imperialismo. El leninismo es el marxismo
de la era del imperialismo y de la revolución proletaria precisamente porque
Lenin y Stalin han explicado correctamente estas contradicciones y han
formulado la teoría y las tácticas correctas de la revolución proletaria para
resolverlas.
Veamos el
proceso de la revolución democrático-burguesa de China, iniciada con la
Revolución de 1911. Ha tenido varias etapas distintas. Constituyen, en
particular, dos etapas históricas sumamente diferentes el período en que la
revolución fue dirigida por la burguesía y el período en que la dirige el
proletariado. En otras palabras, la dirección del proletariado ha provocado un
cambio radical en la fisonomía de la revolución, ha conducido a un nuevo
alineamiento de las clases, ha hecho desencadenarse en gran escala la
revolución campesina, ha impreso un carácter consecuente a la revolución
antiimperialista y antifeudal, ha abierto la posibilidad de la transformación
de la revolución democrática en revolución socialista, etc. Nada de esto era
posible en el período en que la revolución se hallaba bajo la dirección de la
burguesía. Aunque no ha cambiado la naturaleza de la contradicción fundamental
del proceso considerado en su conjunto, ni la naturaleza del proceso en cuanto
revolución democrática, antiimperialista y antifeudal (cuyo contrario es la
naturaleza semicolonial y semifeudal del país), este proceso ha pasado por
varias etapas de desarrollo en el curso de más de veinte años, durante los
cuales se produjeron muchos acontecimientos importantes: la derrota de la
Revolución de 1911 y la implantación del régimen de los caudillos militares del
Norte, la
pág. 349
formación del
primer frente único nacional y la revolución de 1924-1927, la ruptura del
frente único y el paso de la burguesía al campo de la contrarrevolución, las
guerras entre los nuevos caudillos militares, la Guerra Revolucionaria Agraria,
el establecimiento del segundo frente único nacional y la Guerra de Resistencia
contra el Japón. Caracterizan a las mencionadas etapas la agudización de
algunas contradicciones (por ejemplo, la Guerra Revolucionaria Agraria y la
invasión japonesa de las cuatro provincias del Nordeste), la solución parcial o
temporal de otras contradicciones (por ejemplo, la eliminación de los caudillos
militares del Norte y nuestra confiscación de las tierras de los
terratenientes), o la reaparición de ciertas contradicciones (por ejemplo, la
lucha entre los nuevos caudillos militares y la recuperación de las tierras por
los terratenientes después de que perdimos las bases de apoyo revolucionarias
en el Sur).
Al estudiar
la particularidad de las contradicciones en cada etapa del proceso de
desarrollo de una cosa, debemos no sólo considerar las contradicciones en sus
interconexiones, en su conjunto, sino también examinar cada uno de los aspectos
de cada contradicción.
Tomemos por
ejemplo al Kuomintang y al Partido Comunista. Veamos un aspecto, el Kuomintang.
En el período del primer frente único, el Kuomintang aplicaba las Tres Grandes
Políticas de Sun Yat-sen: alianza con Rusia, alianza con el Partido Comunista y
ayuda a los obreros y campesinos; por eso era revolucionario y vigoroso y
constituía una alianza de diversas clases para la revolución democrática. En
1927, sin embargo, el Kuomintang se transformó en su reverso, en un bloque
reaccionario de los terratenientes y de la gran burguesía. Después del
Incidente de Sían en diciembre de 1936, comenzó a cambiar, orientándose a cesar
la guerra civil y a cooperar con el Partido Comunista para luchar juntos contra
el imperialismo japonés. Tales son las características del Kuomintang en estas
tres etapas. Dichas características obedecen, por supuesto, a diversas causas.
Veamos ahora el otro aspecto, el Partido Comunista de China. En el período del
primer frente único, estaba en su infancia; dirigió valerosamente la revolución
de 1924-1927, pero se mostró inmaduro en su comprensión del carácter, las
tareas y los métodos de la revolución y, en consecuencia, el chentusiuísmo[15],
surgido en el último tiempo de esa revolución, pudo imponerse y conducirla a la
derrota. A partir de 1927, el Partido Comunista dirigió con valentía la Guerra
Revolucionaria Agraria y creó el ejército revolucionario y las bases de apoyo
revolucionarias; sin embargo, cometió errores de aventurerismo, que causaron
serias
pág. 350
pérdidas
tanto al ejército como a las bases de apoyo. Desde 1935 el Partido ha corregido
estos errores y ha asumido la dirección de un nuevo frente único, el de
resistencia al Japón; esta gran lucha está desarrollándose ahora. En la
presente etapa, el Partido Comunista es un partido probado en dos revoluciones
y poseedor de una rica experiencia. Tales son las características del Partido
Comunista de China en las tres etapas. Y también ellas obedecen a diversas
causas. Si no estudiamos estas características de los dos partidos, no podremos
comprender sus mutuas relaciones particulares en las diferentes etapas:
formación de un frente único, ruptura del mismo y creación de otro nuevo. Pero,
al estudiar las distintas características de los dos partidos, es aún más
fundamental examinar la base de clase de uno y otro y las contradicciones,
surgidas de ella en los diferentes períodos, entre cada partido y las demás
fuerzas. Por ejemplo, en el período de su primera alianza con el Partido
Comunista, el Kuomintang, por una parte, se hallaba en contradicción con el
imperialismo extranjero y, consiguientemente, se le oponía; por la otra, estaba
en contradicción con las vastas masas populares en el interior, y, si bien
prometió muchos beneficios al pueblo trabajador, de hecho le dio muy pocos o
ninguno. En el período en que llevó adelante la guerra anticomunista, el
Kuomintang, colaborando con el imperialismo y el feudalismo, se opuso a las
grandes masas populares y suprimió de una plumada todos los beneficios que
éstas habían conquistado en la revolución, de manera que agudizó su
contradicción con ellas. Actualmente, en el período de la resistencia
antijaponesa, el Kuomintang se encuentra en contradicción con el imperialismo
japonés; por una parte, está interesado en cooperar con el Partido Comunista,
en tanto que, por la otra, no atenúa su lucha contra éste y el pueblo ni la
opresión que ejerce sobre ellos. En cuanto al Partido Comunista, ha estado
siempre, en cada período, al lado de las grandes masas populares contra el imperialismo
y el feudalismo; sin embargo, en el presente período, el de la resistencia
antijaponesa, ha adoptado una política de moderación respecto al Kuomintang y a
las fuerzas feudales del país, porque el Kuomintang se ha manifestado a favor
de la resistencia al Japón. Todas estas condiciones han llevado ya a la
alianza, ya a la lucha, entre los dos partidos; incluso durante los períodos de
alianza se presenta un complejo estado de alianza y lucha simultáneas. Si no
estudiamos las características de los aspectos de las mencionadas
contradicciones,
no podremos
comprender ni las relaciones de cada uno de los dos partidos con las demás
fuerzas, ni sus propias relaciones mutuas.
pág. 351
Así se ve que
al estudiar la particularidad de la contradicción en cualquier plano -- trátese
de la contradicción en cada forma del movimiento de la materia, la
contradicción en cada uno de los procesos de desarrollo de cada forma del
movimiento de la materia, los dos aspectos de la contradicción en cada proceso,
la contradicción en cada etapa de desarrollo de un proceso, o los dos aspectos
de la contradicción en cada etapa --, al estudiar la particularidad de la
contradicción en cualquiera de estos planos, no debemos ser subjetivos ni
arbitrarios, sino que debemos hacer un análisis concreto. Sin un análisis
concreto no se puede llegar a conocer la particularidad de la contradicción en
ningún plano. Tengamos siempre presentes las palabras de Lenin: análisis
concreto de la situación concreta.
Marx y Engels
fueron los primeros en ofrecernos excelentes modelos de semejante análisis
concreto.
Al aplicar la
ley de la contradicción en las cosas al estudio del proceso socio-histórico,
Marx y Engels descubrieron la contradicción entre las fuerzas productivas y las
relaciones de producción, la contradicción entre las clases explotadoras y las
explotadas, así como la contradicción, originada por las anteriores, entre la
base económica y su superestructura (política, ideología, etc.), y descubrieron
también cómo estas contradicciones conducen inevitablemente, en los diferentes
tipos de sociedades de clases, a diferentes tipos de revoluciones sociales.
Al aplicar
esta ley al estudio de la estructura económica de la sociedad capitalista, Marx
descubrió que la contradicción fundamental de esta sociedad es la contradicción
entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la
propiedad. Esta contradicción se manifiesta en la contradicción entre el
carácter organizado de la producción en las empresas individuales y el carácter
anárquico de la producción en la sociedad en su conjunto. En términos de
relaciones de clase, se manifiesta en la contradicción entre la burguesía y el
proletariado.
Dado que la
variedad de las cosas es inconmensurable y su desarrollo no tiene límites, lo
que es universal en un contexto determinado se hace particular en otro
contexto, y viceversa. La contradicción, inherente al sistema capitalista,
entre el carácter social de la producción y la propiedad privada de los medios
de producción, es común a todos los países donde existe y se desarrolla el
capitalismo, y, por tanto, es universal con respecto a éste. Sin embargo, la
contradicción propia del capitalismo corresponde sólo a una determinada etapa
histórica en
pág. 352
el desarrollo
de la sociedad de clases en general, y, por consiguiente, tiene carácter
particular respecto a la contradicción entre las fuerzas productivas y las
relaciones de producción dentro de la sociedad de clases en general. Ahora
bien, al disecar la particularidad de las contradicciones arriba mencionadas de
la sociedad capitalista, Marx elucidó en forma aún más profunda, exhaustiva y
completa el carácter universal de la contradicción entre las fuerzas
productivas y las relaciones de producción dentro de la sociedad de clases en
general.
Lo particular
y lo universal están unidos, y no solamente la particularidad sino también la
universalidad de la contradicción son inherentes a toda cosa: la universalidad
reside en la particularidad; por eso, al estudiar una cosa determinada, debemos
tratar de descubrir estos dos lados y
su
interconexión, lo particular y lo universal dentro de la cosa misma y su
interconexión, y de descubrir las interconexiones entre dicha cosa y las
numerosas cosas exteriores a ella. Stalin, al explicar las raíces históricas
del leninismo en su famosa obra "Los fundamentos del leninismo",
analizó la situación internacional en que nació el leninismo, analizó las
distintas contradicciones del capitalismo, llegadas a su grado extremo bajo las
condiciones del imperialismo, y mostró cómo ellas hicieron de la revolución
proletaria una cuestión práctica inmediata y crearon condiciones favorables
para el asalto directo al capitalismo. Además, analizó por qué Rusia fue la
patria del leninismo, por qué la Rusia zarista constituía el punto de
convergencia de todas las contradicciones del imperialismo y por qué el
proletariado ruso se convirtió en la vanguardia del proletariado revolucionario
internacional. De esta manera, Stalin analizó lo universal de las
contradicciones del imperialismo, demostrando que el leninismo es el marxismo
de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, y, al mismo tiempo,
analizó lo que de particular tenían estas contradicciones generales en el caso
del imperialismo de la Rusia zarista, explicando por qué Rusia llegó a ser la
cuna de la teoría y las tácticas de la revolución proletaria y cómo dicha
particularidad encerraba la universalidad de la contradicción. Este análisis de
Stalin nos ofrece un modelo para comprender la particularidad y la
universalidad de la contradicción y su interconexión.
Al referirse
a la aplicación de la dialéctica al estudio de los fenómenos objetivos, Marx y
Engels, así como Lenin y Stalin, han enseñado siempre que es preciso deshacerse
de todo subjetivismo y arbitrariedad y partir de las condiciones concretas del
movimiento objetivo real para descubrir las contradicciones concretas de estos
fenómenos, la posición
pág. 353
concreta de
cada uno de los aspectos de cada contradicción y las interrelaciones concretas
de las contradicciones. A nuestros dogmáticos les falta esta actitud en el
estudio y, por lo tanto, yerran en todo. Debemos sacar lecciones de sus
fracasos y aprender a estudiar con esta actitud, la única correcta.
La relación
entre la universalidad y la particularidad de la contradicción es la relación
entre el carácter general y el carácter individual de la contradicción. Por
carácter general de la contradicción entendemos que ésta existe en todos los
procesos y los recorre desde el comienzo hasta el fin: movimiento, cosas,
procesos y pensamiento, todo es contradicción. Negar la contradicción es
negarlo todo. Esta es una verdad universal para todos los tiempos y todos los
países, sin excepción. Tal es el carácter general, el carácter absoluto de la
contradicción. Sin embargo, lo general está contenido en todo ser individual;
sin carácter individual no puede haber carácter general. Si todo lo individual
fuera excluido, ¿qué sería de lo general? Cada contradicción es particular y de
ahí lo individual. Lo individual existe condicional y temporalmente y es, por
tanto, relativo.
Esta verdad
referente a lo general y lo individual, a lo absoluto y lo relativo, es la
quintaesencia del problema de la contradicción en las cosas; no comprenderla
equivale a abandonar la dialéctica.
IV. LA
CONTRADICCION PRINCIPAL Y EL ASPECTO PRINCIPAL DE LA CONTRADICCION
En lo tocante
a la particularidad de la contradicción, quedan dos cuestiones que requieren un
análisis especial: la contradicción principal y el aspecto principal de la
contradicción.
En el proceso
de desarrollo de una cosa compleja hay muchas contradicciones y, de ellas, una
es necesariamente la principal, cuya existencia y desarrollo determina o
influye en la existencia y desarrollo de las demás contradicciones.
Por ejemplo:
en la sociedad capitalista, las dos fuerzas contradictorias, el proletariado y
la burguesía, constituyen la contradicción principal. Las otras
contradicciones, como las que existen entre los remanentes de la clase feudal y
la burguesía, entre la pequeña burguesía campesina y la burguesía, entre el
proletariado y la pequeña burguesía campesina, entre la burguesía no
monopolista y la monopolista, entre la democracia y el fascismo en el seno de
la burguesía, entre los diversos países capitalistas, entre el imperialismo y
las colonias, etc., son todas determinadas por esta contradicción principal o
sujetas a su influencia.
En un país
semicolonial como China, la relación entre la contradicción principal y las
contradicciones no principales ofrece un cuadro complejo.
Cuando el
imperialismo desata una guerra de agresión contra un país así, las diferentes
clases de éste, excepto un pequeño número de traidores, pueden unirse
temporalmente en una guerra nacional contra el imperialismo. Entonces, la
contradicción entre el imperialismo y el país en cuestión pasa a ser la
contradicción principal, mientras todas las contradicciones entre las
diferentes clases dentro del país (incluida la contradicción, que era la
principal, entre el sistema feudal y las grandes masas populares) quedan
relegadas temporalmente a una posición secundaria y subordinada. Tal fue el
caso en China durante la Guerra del Opio de 1840, la Guerra Chino-Japonesa de
1894, la Guerra del Yijetuan de 1900, y tal es también el caso de la actual
guerra chino-japonesa.
En otras
circunstancias, sin embargo, las contradicciones cambian de posición. Cuando el
imperialismo no recurre a la guerra, sino a medios relativamente moderados,
medios políticos, económicos y culturales, para llevar adelante su opresión, la
clase dominante del país semicolonial en cuestión capitula ante el imperialismo
y forma con él una alianza para oprimir conjuntamente a las masas populares. En
esas circunstancias, las masas populares suelen recurrir a la guerra civil
contra la alianza del imperialismo y la clase feudal, en tanto que el
imperialismo emplea a menudo métodos indirectos, y no la acción directa, para
ayudar a los reaccionarios de dicho país a oprimir al pueblo, y así las
contradicciones internas se vuelven particularmente agudas. Esto sucedió en
China durante la Guerra Revolucionaria de 1911, la guerra revolucionaria de
1924-1927 y los diez años de la Guerra Revolucionaria Agraria, iniciada en
1927. También entran en esta categoría las guerras intestinas entre los
diversos grupos dominantes reaccionarios de los países semicoloniales, como por
ejemplo las guerras entre los caudillos militares de China.
Cuando la
guerra civil revolucionaria se desarrolla hasta el punto en que amenaza la
existencia misma del imperialismo y de sus lacayos, los reaccionarios internos,
suele aquél adoptar otros métodos para mantener su dominación: o bien trata de
dividir el frente revolucionario, o bien envía fuerzas armadas para ayudar
directamente a los reaccionarios internos. En tal caso, el imperialismo
extranjero y la reacción interna se colocan, sin el menor disimulo, en un polo,
y las amplias masas populares se agrupan en el otro, y así se forma la
contradicción principal, que determina
o influye en
el desarrollo de las demás contradicciones. La ayuda prestada por diversos
países capitalistas a los reaccionarios rusos luego de la Revolución de
Octubre, es un ejemplo de intervención armada. La traición de Chiang Kai-shek
en 1927 es un ejemplo de división del frente revolucionario.
Pero, ocurra
lo que ocurra, no cabe ninguna duda de que en cada etapa de desarrollo de un
proceso hay sólo una contradicción principal, que desempeña el papel dirigente.
De este modo,
si en un proceso hay varias contradicciones, necesariamente una de ellas es la
principal, la que desempeña el papel dirigente y decisivo, mientras las demás
ocupan una posición secundaria y subordinada. Por lo tanto, al estudiar
cualquier proceso complejo en el que existan dos o más contradicciones,
debernos esforzarnos al máximo por descubrir la contradicción principal. Una
vez aprehendida la contradicción principal, todos los problemas pueden
resolverse con facilidad. Tal es el método que nos enseñó Marx en su estudio de
la sociedad capitalista. Lo mismo nos enseñaron Lenin y Stalin al estudiar el
imperialismo y la crisis general del capitalismo y al estudiar la economía
soviética. Miles de estudiosos y hombres de acción no comprenden este método, y
el resultado es que, perdidos en un mar de humo, no son capaces de llegar a la
médula de los problemas y, por consiguiente, no logran encontrar la manera de
resolver las contradicciones.
Como queda
dicho, no hay que tratar de un mismo modo todas las contradicciones de un
proceso, sino distinguir entre la principal y las secundarias y concentrarse en
aprehender la principal. Ahora bien, en cada contradicción, sea principal o
secundaria, ¿cabe tratar de un mismo modo sus dos aspectos contradictorios?
Tampoco. En toda contradicción, el desarrollo de los aspectos contradictorios
es desigual. A veces ambos parecen estar en equilibrio, pero tal situación es
sólo temporal y relativa, en tanto que la desigualdad es el estado fundamental.
De los dos aspectos contradictorios, uno ha de ser el principal, y el otro, el
secundario. El aspecto principal es el que desempeña el papel dirigente en la
contradicción. La naturaleza de una cosa es determinada fundamentalmente por el
aspecto principal de su contradicción, aspecto que ocupa la posición
predominante.
pág. 356
Pero esta
situación no es estática; el aspecto principal y el no principal de una
contradicción se transforman el uno en el otro y, en consecuencia, cambia la
naturaleza de la cosa. En un determinado proceso de desarrollo de una
contradicción o en una etapa dada de éste, el aspecto principal es A y el
aspecto no principal es B, pero en otra etapa o proceso, los papeles se
invierten; este cambio lo determina el grado en que ha crecido o disminuido la
fuerza de cada aspecto en su lucha contra el otro durante el desarrollo de la
cosa.
Hablamos
corrientemente del "reemplazo de lo viejo por lo nuevo". El reemplazo
de lo viejo por lo nuevo es una ley universal, eterna e ineludible. Una cosa se
transforma en otra mediante un salto cuya forma varía según la naturaleza de la
cosa y las condiciones: éste es el proceso del reemplazo de lo viejo por lo
nuevo. Dentro de toda cosa existe la contradicción entre lo nuevo y lo viejo,
la cual da origen a una serie de luchas llenas de vicisitudes. Como resultado
de estas luchas, lo nuevo pasa de pequeño a grande y llega a ser predominante;
en cambio, lo viejo pasa de grande a pequeño y se aproxima gradualmente a su
desaparición. En el momento en que lo nuevo logra predominar sobre lo viejo, la
cosa vieja se transforma cualitativamente en una cosa nueva. De esto se
desprende que la naturaleza de una cosa es determinada fundamentalmente por el
aspecto principal de su contradicción,
el que ocupa
la posición predominante. Al cambiar dicho aspecto, cambia en consecuencia la
naturaleza de la cosa.
El
capitalismo, que en la vieja época feudal ocupa una posición subordinada, pasa
a ser la fuerza predominante en la sociedad capitalista y, con ello, la
naturaleza de la sociedad se convierte de feudal en capitalista. Las fuerzas
feudales pasan de su antigua posición dominante a una posición subordinada en
la nueva era capitalista, y se acercan paulatinamente a su desaparición. Así
sucedió, por ejemplo, en Inglaterra y Francia. A medida que se desarrollan las
fuerzas productivas, la burguesía se transforma de clase nueva, que juega un
papel progresista, en clase vieja, que juega un papel reaccionario, y
finalmente es derrocada por el proletariado, pasando a ser una clase despojada
de sus medios privados de producción y del Poder; entonces también se aproxima
de manera gradual a su desaparición. El proletariado, muy superior en número a
la burguesía y que crece simultáneamente con ésta, pero bajo su dominación, es
una fuerza nueva que, dependiente de la burguesía en un comienzo, se robustece
poco a poco, llega a ser una clase independiente y que desempeña el papel
dirigente en la historia, y finalmente toma el Poder convirtiéndose en la clase
dominante. Entonces la sociedad cambia de naturaleza: la vieja sociedad
capitalista se transforma en la nueva sociedad socialista. Este es el camino
recorrido ya por la Unión Soviética y que seguirán forzosamente todos los demás
países.
Veamos el
caso de China. El imperialismo ocupa la posición principal en la contradicción
en que China se ve reducida al estado de semicolonia; oprime al pueblo chino,
mientras China ha sido convertida de país independiente en país semicolonial.
Pero este estado de cosas cambiará inevitablemente; en la lucha entre las dos
partes, la fuerza del pueblo chino, creciente bajo la dirección del
proletariado, transformará inevitablemente a China de semicolonia en país
independiente, al paso que el imperialismo será derrocado. La vieja China se
transformará inevitablemente en una nueva China.
La
transformación de la vieja China en una nueva China entraña además, dentro del
país, la transformación de la relación entre las viejas fuerzas feudales y las
nuevas fuerzas populares. La vieja clase terrateniente feudal será derrocada,
de dominante se convertirá en dominada, y también se aproximará gradualmente a
su desaparición. Y el pueblo, bajo la dirección del proletariado, pasará de
dominado a dominante. Entonces cambiará la naturaleza de la sociedad china: la
vieja sociedad, semicolonial y semifeudal, se transformará en una nueva
sociedad democrática.
Transformaciones
semejantes se han producido ya en el pasado. La dinastía Ching, que gobernó a
China durante casi trescientos años, fue derribada en la Revolución de 1911, en
tanto que la Keming Tungrnengjui (Liga Revolucionaria), dirigida por Sun Yat-sen,
quedó triunfante por algún tiempo. En la guerra revolucionaria de 1924-1927,
las fuerzas revolucionarias de la alianza entre el Kuomintang y el Partido
Comunista en el Sur se transformaron de débiles en fuertes y obtuvieron la
victoria en la Expedición al Norte, mientras que los caudillos militares del
Norte, al comienzo dueños de la situación, fueron derrocados. En 1927, las
fuerzas populares, encabezadas por el Partido Comunista, se vieron seriamente
reducidas bajo los golpes de la reacción kuomintanista; pero, después de
eliminar de sus filas el oportunismo, volvieron a crecer paulatinamente. En las
bases de apoyo revolucionarias, que dirige el Partido Comunista, los campesinos
se han transformando de dominados en dominantes, en tanto que los terratenientes
han sufrido la transformación inversa. Siempre ocurre así en el mundo: lo nuevo
desplaza a lo viejo, lo viejo es reemplazado por lo nuevo, lo viejo es
eliminado para dejar paso a lo nuevo, lo nuevo surge de lo viejo.
En ciertos
momentos de la lucha revolucionaria, las dificultades prevalecen sobre las
condiciones favorables y constituyen, entonces, el aspecto principal de la
contradicción, mientras las condiciones favorables constituyen el aspecto
secundario. Sin embargo, los revolucionarios pueden, mediante sus esfuerzos,
superar gradualmente las dificultades y crear una situación nueva, favorable;
así, una situación difícil cede su lugar a una situación favorable. Tal fue el
caso después de la derrota de la revolución china en 1927 y durante la Gran
Marcha del Ejército Rojo de China. En la actual guerra chino-japonesa, nuestro
país se encuentra de nuevo en una posición difícil; pero podemos cambiar este
estado de cosas y transformar radicalmente la situación de China y la del
Japón. A la inversa, las condiciones favorables pueden transformarse en
dificultades si los revolucionarios cometen errores. Así, la victoria de la
revolución de 1924-1927 se transformó en derrota. Las bases de apoyo
revolucionarias que se desarrollaron a partir de 1927 en las provincias del
Sur, habían sido todas derrotadas hacia 1934.
En el
estudio, sucede lo mismo con la contradicción en el paso del no saber al saber.
Cuando comenzamos a estudiar el marxismo, existe una contradicción entre
nuestra ignorancia o escasa noción del marxismo y el conocimiento del marxismo.
Pero, a través de un estudio tenaz, podernos llegar a transformar esa
ignorancia en conocimiento, ese conocimiento escaso, en conocimiento amplio, y
la ceguera en la aplicación del marxismo, en libertad en su aplicación.
Algunos
estiman que no ocurre así con ciertas contradicciones. Por ejemplo, según
ellos, en la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de
producción, las fuerzas productivas constituyen el aspecto principal; en la
contradicción entre la práctica y la teoría, la práctica constituye el aspecto
principal; en la contradicción entre la base económica y la superestructura, la
base económica constituye el aspecto principal; y los aspectos no cambian de
posición entre sí. Esta es una concepción materialista mecanicista, y no
materialista dialéctica. Es verdad que las fuerzas productivas, la práctica y
la base económica desempeñan por regla general el papel principal y decisivo;
quien niegue esto no es materialista. Pero hay que admitir también que, bajo
ciertas condiciones, las relaciones de producción, la teoría y la
superestructura desempeñan, a su vez, el papel principal y decisivo. Cuando el
desarrollo de las fuerzas productivas se hace imposible sin
pág. 359
un cambio de
las relaciones de producción, este cambio desempeña el papel principal y
decisivo. La creación y divulgación de una teoría revolucionaria desempeña el
papel principal y decisivo en determinados momentos, refiriéndose a los cuales
dijo Lenin: "Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento
revolucionario."[16] Cuando hay una tarea por cumplir (sea la que fuere),
pero se carece todavía de orientación; método, plan o política, lo principal y
decisivo es determinar una orientación, método, plan o política. Cuando la
superestructura (política, cultura, etc.) obstaculiza el desarrollo de la base
económica, las transformaciones políticas y culturales pasan a ser lo principal
y decisivo. ¿Estamos yendo en contra del materialismo al afirmar esto? No. La
razón es que, junto con reconocer que, en el curso general del desarrollo
histórico, lo material determina lo espiritual y el ser social determina la
conciencia social, también reconocemos y debemos reconocer la reacción que a su
vez ejerce lo espiritual sobre lo material, la conciencia social sobre el ser
social, y la superestructura sobre la base económica. No vamos así en contra
del materialismo, sino que evitamos el materialismo mecanicista y defendemos
firmemente el materialismo dialéctico.
Al estudiar
la particularidad de la contradicción, a no ser que examinemos estas dos
cuestiones -- las contradicciones principal y no principales de un proceso, y
los aspectos principal y no principal de la contradicción --, es decir, a no
ser que examinemos lo que distingue a un término del otro en cada una de estas
dos cuestiones, nos veremos empantanados en un estudio abstracto, seremos
incapaces de comprender concretamente las contradicciones y, por ende, no
podremos encontrar el método correcto para resolverlas. Lo distintivo o lo
particular en cada una de estas dos cuestiones representa la desigualdad de las
fuerzas en contradicción. Nada en el mundo se desarrolla en forma absolutamente
uniforme; debemos combatir la teoría del desarrollo uniforme o teoría del
equilibrio. Más aún, es esta característica concreta de la contradicción y el
cambio de los aspectos principal y no principal de una contradicción en el
curso de su desarrollo lo que muestra la fuerza de lo nuevo que reemplaza a lo
viejo. El estudio de las distintas modalidades de la desigualdad en las
contradicciones, el estudio de la contradicción principal y las no principales
y de los aspectos principal y no principal de la contradicción, es uno de los
métodos importantes que permiten a un partido revolucionario determinar
correctamente su estrategia y táctica en lo político y lo militar; todos los
comunistas deben prestar atención a este método.
pág. 360
V. LA
IDENTIDAD Y LA LUCHA ENTRE LOS
ASPECTOS DE
LA CONTRADICCION
Después de
comprendidas la universalidad y la particularidad de la contradicción, debemos
proceder al estudio de la identidad y la lucha entre los aspectos de la
contradicción.
Identidad,
unidad, coincidencia, interpenetración, impregnación recíproca,
interdependencia (o mutua dependencia para existir), interconexión o
cooperación -- todos estos variados términos significan lo mismo y se refieren
a los dos puntos siguientes: primero, la existencia de cada uno de los dos
aspectos de una contradicción en el proceso de desarrollo de una cosa presupone
la existencia de su contrario, y ambos aspectos coexisten en un todo único;
segundo, sobre la base de determinadas condiciones, cada uno de los dos
aspectos contradictorios se transforma en su contrario. Esto es lo que se
entiende por identidad.
Lenin dijo:
"La
dialéctica es la doctrina de cómo los contrarios pueden ser y cómo suelen ser
(cómo devienen) idénticos, -- en qué condiciones suelen ser idénticos,
convirtiéndose el uno en el otro, -- por qué el entendimiento humano no debe
considerar estos contrarios como muertos, petrificados, sino como vivos,
condicionales, móviles y que se convierten el uno en el otro."[17]
¿Qué
significan estas palabras de Lenin?
En todo
proceso, los aspectos de una contradicción se excluyen, luchan y se oponen
entre sí. Los procesos de desarrollo de todas las cosas del mundo y todo
pensamiento del hombre, sin excepción, contienen tales aspectos
contradictorios. Un proceso simple contiene solamente una pareja de contrarios,
mientras un proceso complejo contiene más de una. Las diferentes parejas de
contrarios, a su vez, se hallan en contradicción. Es así como están
constituidas todas las cosas del mundo objetivo y todo pensamiento del hombre,
y de ahí su movimiento.
Podría
parecer entonces que no hay ninguna identidad o unidad. En tal caso, ¿cómo se
puede hablar de identidad o unidad?
El caso es
que ninguno de los dos aspectos contradictorios puede existir
independientemente del otro. Si falta uno de los dos contrarios, falta la
condición para la existencia del otro. Piensen: de una pareja de cosas
contradictorias o de dos conceptos contradictorios en la conciencia humana,
¿puede uno de los aspectos existir independiente-
pág. 361
mente? Sin
vida no habría muerte; sin muerte tampoco habría vida. Sin "arriba"
no habría "abajo"; sin "abajo" tampoco habría
"arriba". Sin desgracia no habría felicidad; sin felicidad tampoco
habría desgracia. Sin facilidad no habría dificultad; sin dificultad tampoco
habría facilidad. Sin terratenientes no habría campesinos arrendatarios; sin
campesinos arrendatarios tampoco habría terratenientes. Sin burguesía no habría
proletariado; sin proletariado tampoco habría burguesía. Sin opresión nacional
por parte del imperialismo no habría colonias ni semicolonias; sin colonias ni
semicolonias tampoco habría opresión nacional por parte del imperialismo. Así
sucede con todos los contrarios: en virtud de determinadas condiciones, junto
con oponerse el uno al otro, están interconectados, se impregnan
recíprocamente, se interpenetran y dependen el uno del otro; esto es lo que se
denomina identidad. Los aspectos de toda contradicción se llaman contrarios
porque, en virtud de determinadas condiciones, existe entre ellos no-
identidad. Pero también existe entre ellos identidad, y por eso están
interconectados. A esto se refería Lenin cuando dijo que la dialéctica estudia
"cómo los contrarios pueden [ . . . ] ser idénticos ". ¿Por qué
pueden serlo? Porque cada uno constituye la condición para la existencia del
otro. Este es el primer sentido de la identidad.
Pero ¿basta
con afirmar que cada uno de los dos aspectos contradictorios es la condición
para la existencia de su opuesto, que hay identidad entre uno y otro, y que,
por consiguiente, ambos pueden coexistir en un todo único? No, no basta. La
cuestión no se limita a la interdependencia de los contrarios; más importante
aún es la transformación del uno en el otro. Esto significa que, en razón de
determinadas condiciones, cada uno de los aspectos contradictorios de una cosa
se transforma en su contrario cambiando su posición por la de éste. Tal es el
segundo sentido de la identidad de los contrarios.
¿Por qué
existe identidad aquí también? Obsérvese cómo, a través de la revolución, el
proletariado se transforma de clase dominada en clase dominante, en tanto que
la burguesía, hasta entonces dominante, se transforma en dominada, cambiando
cada cual su posición por la que originalmente ocupaba su contrario. Esto ha
tenido lugar ya en la Unión Soviética, y ocurrirá en todo el mundo. De no
existir, bajo determinadas condiciones, la interconexión y la identidad entre
los contrarios, ¿cómo podría producirse semejante cambio?
El
Kuomintang, que desempeñó un papel hasta cierto punto positivo en una
determinada etapa de la historia contemporánea de China, pasó a ser un partido
contrarrevolucionario en 1927 debido a su inhe-
pág. 362
rente
naturaleza de clase y a la seducción por el imperialismo (éstas son las
condiciones); pero, después se ha visto obligado a aceptar la resistencia al
Japón debido a la agudización de la contradicción entre China y el Japón y a la
política de frente único del Partido Comunista (éstas son las condiciones). Los
contrarios se transforman el uno en el otro, pues entre ellos existe una
determinada identidad.
Nuestra
revolución agraria ha sido y será un proceso en que la clase terrateniente,
poseedora de tierras, se transforma en una clase que ha perdido sus tierras,
mientras los campesinos, antes despojados de sus tierras, se transforman en
pequeños propietarios que han obtenido tierras. Debido a determinadas
condiciones, poseer y no poseer, obtener y perder, están interconectados; hay
identidad entre lo uno y lo otro. Bajo el socialismo, la propiedad privada de
los campesinos, a su vez, se transforma en la propiedad social de la
agricultura socialista; esto ya ha ocurrido en la Unión Soviética, y ocurrirá
también en todo el mundo. Hay un puente que conduce de la propiedad privada a
la propiedad social; en filosofía, esto se llama identidad o transformación recíproca
o interpenetración.
Consolidar la
dictadura del proletariado, o del pueblo, significa, justamente, preparar las
condiciones para abolir dicha dictadura y pasar a una etapa más elevada, en la
cual no habrá ningún tipo de sistema estatal. Fundar y desarrollar el Partido
Comunista significa, precisamente, preparar las condiciones para la
desaparición del Partido Comunista y de todos los partidos políticos. Crear un
ejército revolucionario bajo la dirección del Partido Comunista y llevar
adelante la guerra revolucionaria significa, justamente, preparar las
condiciones para acabar para siempre con las guerras. En cada una de estas
parejas, los contrarios se sostienen mutuamente.
Como todos
saben, la guerra y la paz se transforman la una en la otra. La guerra se
transforma en paz; por ejemplo, la Primera Guerra Mundial se transformó en la
paz de la postguerra, y la guerra civil en China ha cesado ahora, cediendo su
lugar a la paz interna. La paz se transforma en guerra; por ejemplo, en 1927,
la cooperación entre el Kuomintang y el Partido Comunista se transformó en
guerra, y la actual situación de paz mundial puede también transformarse en una
segunda guerra mundial. ¿Por qué sucede esto? Porque en la sociedad de clases,
bajo determinadas condiciones, existe identidad entre cosas contrarias como la
guerra y la paz.
Todos los
contrarios están interconectados; no sólo coexisten en un todo único bajo
determinadas condiciones, sino que, también bajo
pág. 363
determinadas
condiciones, se transforman el uno en el otro; éste es el significado íntegro
de la identidad de los contrarios. A esto se refería Lenin al hablar de
"cómo los contrarios [. . .) suelen ser (cómo devienen) idénticos, -- en
qué condiciones suelen ser idénticos, convirtiéndose el uno en el otro".
¿Por qué
"el entendimiento humano no debe considerar estos contrarios como muertos,
petrificados, sino como vivos, condicionales, móviles y que se convierten el
uno en el otro"? Porque precisamente así son las cosas objetivas. El caso
es que la unidad o identidad de los contrarios en las cosas objetivas no es
algo muerto o petrificado, sino algo vivo, condicional, móvil, temporal y
relativo; sobre la base de determinadas condiciones, cada uno de los aspectos
de la contradicción se transforma en su contrario. Y el reflejo de esto en el
pensamiento humano constituye la concepción marxista, dialéctica materialista,
del mundo. Sólo las clases dominantes reaccionarias del pasado y del presente,
y la metafísica a su servicio, no consideran los contrarios como vivos,
condicionales, móviles y que se convierten el uno en el otro, sino como muertos
y petrificados, y propagan esta falacia por todas partes para engañar a las
masas populares, en el intento de perpetuar su dominación. Es tarea de los
comunistas denunciar esta falacia de los reaccionarios y de la metafísica,
divulgar la dialéctica inherente a las cosas y acelerar la transformación de
las cosas, a fin de alcanzar los objetivos de la revolución.
Cuando
decimos que, bajo determinadas condiciones, existe la identidad de los
contrarios, nos referimos a contrarios reales y concretos, y consideramos que
la transformación del uno en el otro es igualmente real y concreta. En la
mitología se habla de innumerables transformaciones, por ejemplo, en los mitos
de la carrera de Kua Fu tras el Sol en el Libro de las montañas y los mares
[18], del derribo de nueve soles a flechazos por Yi, en el Juai Nan Tsi [19],
de las setenta y dos metamorfosis de Sun Wu-kung en Peregrinación al Oeste
[20], en los numerosos episodios de fantasmas y zorros metamorfoseados en seres
humanos en los Cuentos extraños de Liaochai [21], etc. Estas transformaciones
de los contrarios, de las que habla la mitología, no son cambios concretos que
reflejen contradicciones concretas, sino transformaciones ingenuas,
imaginarias, fantásticas, inspiradas a los hombres por las innumerables y
complejas transformaciones reales de los contrarios el uno en el otro. Marx
decía: "Toda mitología conquista, domina y da formas a las fuerzas de la
naturaleza, en la imaginación y mediante ella, y desaparece cuando las fuerzas
de la naturaleza son
pág. 364
dominadas
realmente."[22] Las innumerables metamorfosis en la mitología (y también
en los cuentos infantiles) deleitan a la gente porque describen
imaginativamente la conquista de las fuerzas de la naturaleza por el hombre, y
los mejores mitos poseen, como señaló Marx, "un encanto eterno"; pero
los mitos no se crean basándose en situaciones determinadas surgidas de
contradicciones concretas y, por lo tanto, no son un reflejo científico de la
realidad. Esto significa que, en los mitos o en los cuentos infantiles, existe
sólo una identidad imaginaria y no concreta entre los aspectos que constituyen
la contradicción. Es la dialéctica marxista la que refleja científicamente la
identidad en las transformaciones reales.
¿Por qué
puede un huevo, y no una piedra, transformarse en un pollo? ¿Por qué existe
identidad entre la guerra y la paz pero no entre la guerra y una piedra? ¿Por
qué los seres humanos son capaces de engendrar sólo seres humanos y no otra
cosa? La única razón es que la identidad de los contrarios exige determinadas
condiciones necesarias. En ausencia de éstas, no puede haber ninguna identidad.
¿Por qué en
Rusia la revolución democrático-burguesa de febrero de 1917 se ligó
directamente a la revolución socialista proletaria de octubre del mismo año,
mientras que en Francia la revolución burguesa no se ligó directamente a una
revolución socialista y la Comuna de París de 1871 terminó en derrota? ¿Por
qué, en cambio, el sistema nómade de Mongolia y Asia Central empalmó
directamente con el socialismo? ¿Por qué puede la revolución china evitar un
futuro capitalista y entroncar directamente con el socialismo, sin seguir el
viejo camino histórico recorrido por los países occidentales, sin pasar por un
período de dictadura burguesa? Todo esto no se debe sino a las condiciones
concretas de la época. Cuando se presentan determinadas condiciones necesarias,
en el proceso de desarrollo de las cosas surgen determinadas parejas de
contrarios, y estos contrarios son interdependientes y se transforman el uno en
el otro. De no presentarse tales condiciones, nada de esto podría suceder.
Hasta aquí el
problema de la identidad. Ahora bien, ¿qué es la lucha? ¿Cuál es la relación
entre la identidad y la lucha?
Lenin señala:
"La
unidad (coincidencia, identidad, equivalencia) de los contrarios es
condicional, temporal, transitoria, relativa. La lucha de los contrarios,
mutuamente excluyentes, es absoluta, como es absoluto el desarrollo, el
movimiento."[23]
¿Qué
significan estas palabras de Lenin?
Todo proceso
tiene comienzo y fin, todo proceso se transforma en su contrario. La
permanencia de todo proceso es relativa, en tanto que la mutabilidad,
manifestada en la transformación de un proceso en otro, es absoluta.
En todas las
cosas se presentan dos estados de movimiento: el de reposo relativo y el de
cambio manifiesto. Ambos tienen su origen en la lucha entre los dos elementos
contradictorios que contiene cada cosa. En el primer estado de movimiento, la
cosa experimenta sólo cambios cuantitativos y no cualitativos y, en
consecuencia, parece estar en reposo. La cosa pasa al segundo estado de
movimiento cuando los cambios cuantitativos producidos en el primer estado
alcanzan ya su punto culminante, dando origen a la disolución de la cosa como
todo único, esto es, a un cambio cualitativo; de este modo aparece el estado de
cambio manifiesto. La unidad, la cohesión, la unión, la armonía, el equilibrio,
el impasse, el punto muerto, el reposo, la permanencia, la uniformidad, el
aglutinamiento, la atracción, etc., que vemos en la vida diaria, son todas
manifestaciones del estado de cambio cuantitativo de las cosas. A la inversa,
la disolución del todo único, es decir, la destrucción de esa cohesión, unión,
armonía, equilibrio, impasse, punto muerto, reposo, permanencia, uniformidad,
aglutinamiento, atracción, y su transformación en sus respectivos contrarios,
son todas manifestaciones del estado de cambio cualitativo de las cosas, es
decir, de la transformación de un proceso en otro. Las cosas cambian
constantemente, pasando del primero al segundo estado; la lucha de los
contrarios existe en ambos estados, y la contradicción se resuelve a través del
segundo estado. Es por esto que la unidad de los contrarios es condicional, temporal
y relativa, en tanto que la lucha de los contrarios, mutuamente excluyentes, es
absoluta.
Al afirmar
más arriba que entre los contrarios existe identidad y que, por esta razón,
ambos pueden coexistir en un todo único y, además, transformarse el uno en el
otro, nos hemos referido a la condicionalidad; esto es, bajo determinadas
condiciones, dos cosas contrarias pueden unirse y transformarse la una en la
otra; en ausencia de tales condiciones, no pueden formar una contradicción, no
pueden coexistir en un todo único ni transformarse la una en la otra. La
identidad de los contrarios se produce sólo a causa de determinadas
condiciones, y por eso decimos que es condicional y relativa. Ahora, agregamos
que la lucha entre los contrarios recorre los procesos desde el comienzo hasta
el fin y origina la transformación de un proceso en otro; la lucha entre los
contrarios es omnipresente, y por lo tanto decimos que es incondicional y
absoluta.
La
combinación entre la identidad, condicional y relativa, y la lucha,
incondicional y absoluta, forma el movimiento de los contrarios en todas las
cosas.
Los chinos
acostumbramos a decir: "Cosas que se oponen, se sostienen entre
sí."[24] En otras palabras, existe identidad entre cosas que se oponen una
a otra. Este dicho es dialéctico y contrario a la metafísica. "Se
oponen" significa que los dos aspectos contradictorios se excluyen
mutuamente o luchan entre sí. "Se sostienen entre sí" significa que,
bajo determinadas condiciones, los dos aspectos
contradictorios
se interconectan y adquieren identidad. Sin embargo, la lucha está implícita en
la identidad; sin lucha no hay identidad.
En la
identidad existe la lucha, en lo particular existe lo universal, en lo
individual existe lo general.
Para citar a
Lenin, "en lo relativo existe lo absoluto"[25].
VI. EL PAPEL
DEL ANTAGONISMO
EN LA
CONTRADICCION
El problema
de la lucha de los contrarios incluye la cuestión de qué es antagonismo.
Nuestra respuesta es que el antagonismo constituye una forma, pero no la única,
de la lucha de los contrarios.
En la
historia de la humanidad existe el antagonismo de clase, que es una
manifestación particular de la lucha de los contrarios. Veamos la contradicción
entre la clase explotadora y la clase explotada. En una misma sociedad, sea la
esclavista, la feudal o la capitalista, estas dos clases contradictorias
coexisten por largo tiempo y luchan entre sí; pero sólo al alcanzar cierta
etapa en su desarrollo, la contradicción entre las dos clases adopta la forma
de antagonismo abierto y se convierte en revolución. De igual manera se
verifica la transformación de la paz en guerra dentro de la sociedad de clases.
Antes de
estallar, una bomba es un todo único en el cual los contrarios coexisten debido
a determinadas condiciones. La explosión tiene lugar sólo cuando se hace
presente una nueva condición: la ignición. Análoga situación se presenta en
todos aquellos fenómenos de la naturaleza en los que la solución de la vieja
contradicción y el
pág. 367
nacimiento de
una cosa nueva se producen, finalmente, bajo la forma de un conflicto abierto.
Es
extremadamente importante adquirir conciencia de este hecho, pues nos permite
comprender que en la sociedad de clases, son inevitables las revoluciones y las
guerras revolucionarias y que sin ellas es imposible realizar saltos en el
desarrollo social y derrocar a las clases dominantes reaccionarias, y, por lo
tanto, es imposible que el pueblo conquiste el Poder. Los comunistas deben
denunciar la engañosa propaganda de los reaccionarios, quienes afirman, entre
otras cosas, que la revolución social es innecesaria e imposible; deben
perseverar firmemente en la teoría marxista-leninista de la revolución social y
ayudar al pueblo a comprender que la revolución no sólo es absolutamente
necesaria, sino también enteramente posible, y que esta verdad científica ha
sido confirmada ya por toda la historia de la humanidad y por el triunfo en la
Unión Soviética.
Sin embargo,
debemos estudiar concretamente la situación de cada lucha de contrarios y no
aplicar impropiamente y a todas las cosas la fórmula arriba mencionada. La
contradicción y la lucha son universales y absolutas, pero los métodos para
resolver las contradicciones, esto es, las formas de lucha, varían según el
carácter de las contradicciones. Algunas contradicciones tienen un carácter
antagónico abierto, mientras que otras no. Siguiendo el desarrollo concreto de
las cosas, algunas contradicciones, originalmente no antagónicas, se
transforman en antagónicas, en tanto que otras, originalmente antagónicas, se
transforman en no antagónicas.
Como ya lo
hemos señalado, mientras existan las clases, las contradicciones entre las
ideas correctas e incorrectas dentro del Partido Comunista son un reflejo, en
su seno, de las contradicciones de clase. Al comienzo o en algunos problemas,
tales contradicciones pueden no manifestarse inmediatamente
como
antagónicas. Pero, a medida que se desenvuelve la lucha de clases, pueden
llegar a transformarse en antagónicas. La historia del Partido Comunista de la
Unión Soviética nos enseña que la contradicción entre las correctas ideas de
Lenin y Stalin y las erróneas ideas de Trotski, Bujarin y otros no se manifestó
como antagónica al principio, pero posteriormente se desarrolló hasta
convertirse en antagónica. Casos similares se han dado en la historia del
Partido Comunista de China. La contradicción entre las correctas ideas de
muchos de nuestros camaradas del Partido y las erróneas ideas de Chen Tu-siu,
Chang Kuo-tao y otros, tampoco se manifestó en un
pág. 368
comienzo como
antagónica, pero posteriormente se desarrolló y se convirtió en antagónica.
Actualmente, la contradicción entre las ideas correctas y las incorrectas en
nuestro Partido no se manifiesta como antagónica y, si los camaradas que han
cometido errores son capaces de corregirlos, no llegará a convertirse en
antagónica. En vista de ello, el Partido debe Llevar a cabo, por un lado, una
seria lucha contra las ideas erróneas, y, por el otro, dar a los camaradas que
han cometido errores plena oportunidad para que adquieran conciencia. En estas
circunstancias, una lucha excesiva es obviamente inadecuada. Pero si aquellos
que han cometido errores persisten en ellos y los agravan, habrá posibilidad de
que esta contradicción desemboque en antagonismo.
En lo
económico, la contradicción entre la ciudad y el campo es extremadamente
antagónica tanto en la sociedad capitalista (donde la ciudad dominada por la
burguesía saquea implacablemente al campo) como en las zonas controladas por el
Kuomintang en China (donde la ciudad dominada por el imperialismo extranjero y
la gran burguesía compradora china saquea al campo con extremada ferocidad).
Pero en un país socialista y en nuestras bases de apoyo revolucionarias, esta
contradicción antagónica se ha transformado en no antagónica, y desaparecerá
con la llegada de la sociedad comunista.
Lenin dijo:
"El antagonismo y la contradicción no son en absoluto una y la misma cosa.
Bajo el socialismo, desaparecerá el primero, subsistirá la segunda."[26]
Esto significa que el antagonismo es una forma, pero no la única, de la lucha
de los contrarios; no se puede aplicar esta fórmula de manera mecánica y en todas partes.
VII.
CONCLUSION
Digamos ahora
algunas palabras a modo de resumen. La ley de la contradicción en las cosas,
esto es, la ley de la unidad de los contrarios, es la ley fundamental de la
naturaleza y la sociedad y, por consiguiente, también la ley fundamental del
pensamiento. Esta ley se opone a la concepción metafísica del mundo. Su
descubrimiento representó una gran revolución en la historia del conocimiento
humano. Según el materialismo dialéctico, la contradicción existe en todos los
procesos de las cosas objetivas y del pensamiento subjetivo, y los recorre
desde el comienzo hasta el fin; esto constituye la universalidad o carácter
absoluto de la contradicción: Cada contradicción y cada uno de sus dos aspectos
tienen sus respectivas características; esto constituye la particularidad o
relatividad de la contradicción. Sobre la base de determinadas condiciones,
entre cosas contrarias existe identidad y; por lo tanto, ambas pueden coexistir
en un todo único y transformarse la una en la otra; esto también constituye la
particularidad o relatividad de la contradicción. Pero la lucha de los
contrarios es ininterrumpida, y está presente tanto cuando los contrarios
coexisten como cuando se transforman el uno en el otro; especialmente en el último
casó la lucha se manifiesta de una manera más evidente; esto también constituye
la universalidad o carácter absoluto de la contradicción. Al estudiar la
particularidad o relatividad de la contradicción, debemos prestar atención a
distinguir entre la contradicción principal y las contradicciones no
principales, así como entre el aspecto principal y el aspecto no principal de
la contradicción; al estudiar la universalidad de la contradicción y la lucha
de los contrarios, debemos prestar atención a distinguir entre las diferentes
formas de lucha. De otro modo, cometeremos errores. Si, mediante el estudio,
llegamos a comprender realmente las tesis esenciales expuestas más arriba,
podremos destruir el pensamiento dogmático, opuesto a los principios
fundamentales del marxismo-leninismo y perjudicial para nuestra causa
revolucionaria, y los camaradas que tienen experiencia estarán en condiciones
de sistematizarla y elevarla a la categoría de principios y evitar la
repetición de los errores de empirismo. Tal es, en pocas palabras, la
conclusión a que nos conduce el estudio de la ley de la contradicción.
pág. 369
NOTAS
[1]V. I.
Lenin: Resumen del libro de Hegel " Lecciones de historia de la filosofía
". [pág. 333]
[2]En su
escrito En torno a la cuestión de la dialéctica, Lenin dice: "El
desdoblamiento de un todo y el conocimiento de sus partes contradictorias [. .
.) es la esencia [. . .) de la dialéctica:" Dice también en su Resumen del
libro de Hegel " Ciencia de la lógica ": "En una palabra, la
dialéctica puede ser definida como la doctrina acerca de la unidad de los
contrarios. Esto aprehende el núcleo de la dialéctica, pero exige explicaciones
y desarrollo."
[3]V. I.
Lenin: En torno a la cuestión de la dialéctica. [pág.
334]
[4]Palabras
de Tung Chung-shu (179-104 a.n.e.), célebre exponente del confucianismo durante
la dinastía Jan. Una vez Tung dijo al emperador Wuti: "El Tao se origina
en el cielo. El cielo no cambia y el Tao tampoco." "Tao",
término comúnmente
pág. 370
usado por los
filósofos chinos de la antigüedad, significa "caminó",
"razón" y también "ley".
[pág. 335]
[5]F. Engels:
Anti-Dühring, primera sección, XII, "Dialéctica. Cantidad y
calidad". [pág. 339]
[6]V. I.
Lenin: En torno a lo cuestión de la dialéctica. [pág.
339]
[7]F. Engels:
Anti-Dühring, primera sección, XII, "Dialéctica. Cantidad y
calidad". [pág. ]
[8]V. I.
Lenin: En torno a la cuestión de la dialéctica. [pág.
340]
[9]Ibíd. [pág. 341]
[10]V. I.
Lenin: "Comunismo", Obras Completas, t. XXXI. Véase "Problemas
estratégicos de la guerra revolucionaria de China", nota 10, en el
presente tomo.
[11]Sun Tsi,
cap. III, "Plan de ataque".
[12]Wei Cheng
(580-643), estadista e historiador de la dinastía Tang. [pág. 346]
[pág. 366]
[pág. 363]
[pág. 363]
[pág. 349]
[13]Famosa
novela china que describe una guerra campesina ocurrida a finales de la
dinastía Sung del Norte. Sung Chiang es uno de los protagonistas de la novela.
La aldea de Chu, bajo la dominación de un terrateniente despótico llamado Chu
Chao-feng, estaba cerca de Liangshanpo, base de apoyo de esa guerra campesina.
[pág. 346]
[14]V. I.
Lenin: "Una vez más sobre los sindicatos, el momento actual y los errores
de Trotski y Bujarin". [pág. 347]
[15]Acerca de
Chen Tu-siu, véase "Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria de
China", nota 4, en el presente tomo.
[16]V. I.
Lenin: ¿Qué Hacer?, I, d. [pág. 359]
[17]V. I.
Lenin: Resumen del libro de Hegel " Ciencia de la lógica ". [pág. 360]
[18]Libro
escrito durante la Era de los Reinos Combatientes (403-221 a.n.e.). En una de
sus leyendas se relata que Kua Fu, un ser sobrenatural, corrió en persecución
del Sol. Pero murió de sed en el camino. El báculo que llevaba se transformó en
un bosque. [pág. 363]
[19]Yi es el
héroe de una antigua leyenda china, famoso por su destreza en el manejo del
arco. Según una leyenda contada en el Juai Nan Tsi, obra compilada en el siglo
II a.n.e., había, en tiempos del emperador Yao, diez soles en el cielo. Para
acabar con los daños causados a la vegetación por los abrasadores rayos de los
estros, Yao ordenó a Yi que derribara los soles. Otra leyenda, registrada por
Wang Yi (siglo II), cuenta que el arquero derribó nueve de los diez soles.
[20]Novela
mitológica escrita en el siglo XVI. Su héroe, Sun Wu-kung, el Rey Mono, es
valiente e ingenioso y está dotado del poder mágico de adquirir a voluntad
setenta y dos formas diferentes, tales como pájaro, bestia, planta, etc.
[21]Famosa
colección de cuentos fantásticos, redactados por Po Sung-ling en el siglo XVII.
Conste en total de 431 cuentos que en su mayoría hablan de hadas, fantasmas y
zorros. [pág. 363]
[22]C. Marx:
Introducción a la crítica de la economía política. [pág. 364]
[23]V. I.
Lenin: En torno a la cuestión de la dialéctica. [pág.
364]
[24]Esta
frase apareció por primera vez en la Historia de la primera dinastía Jan,
escrita por Pan Ku, célebre historiador del siglo I, y be sido siempre un dicho
popular.
[25]V. I.
Lenin: En torno a la cuestión de la dialéctica. [pág.
366]
[26]V. I.
Lenin: "Observaciones críticas sobre el libro de Bujarin Economía del
período de transición ". [pág. 368]
SOBRE EL TRATAMIENTO CORRECTO DE LAS
CONTRADICCIONES EN EL SENO DEL PUEBLO
De
Obras
Escogidas de Mao Tsetung
EDICIONES EN
LENGUAS EXTRANJERAS
PEKIN
Primera
edición 1977
Tomo V, págs.
419-58.
SOBRE EL TRATAMIENTO CORRECTO DE LAS
CONTRADICCIONES
419 EN EL SENO DEL PUEBLO (27 de febrero de 1957 )
I.
Dos tipos de
contradicciones de diferente carácter 419
II.
El problema de la eliminación de los
contrarrevolucio narios
III.
IV.
V.
VI.
VII.
El problema
de la cooperativización agrícola
El problema
de los industriales y comerciantes
El problema
de los intelectuales
El problema
de las minorías nacionales
Proceder con
una visión de conjunto y adoptar disposi-
ciones
apropiadas
VIII. Sobre
las consignas "Que se abran cien flores y que compitan cien escuelas" y "Coexistencia duradera y
supervisión mutua"
IX.
Acerca de los
desórdenes creados por un pequeño
número
de personas
X.
¿Puede una
cosa mala transformarse en buena?
XI.
Sobre el
régimen de economías
XII.
El camino de
la industrialización de China
NOTAS
SOBRE EL
TRATAMIENTO CORRECTO DE LAS CONTRADICCIONES EN EL SENO DEL PUEBLO[*]
27 de febrero
de 1957
El tema
general que abordaré es el tratamiento correcto de las contradicciones en el
seno del pueblo. Para facilitar su exposición, lo voy a presentar dividido en
doce partes. En esta ocasión, me referiré también al problema de las
contradicciones entre nosotros y el enemigo, pero centraré la atención en el
examen de las contradicciones en el seno del pueblo.
I. DOS TIPOS
DE CONTRADICCIONES DE
DIFERENTE
CARACTER
Hoy nuestro
país está más unido que nunca. El triunfo de la revolución democrático-burguesa
y las victorias de la revolución socialista, así como los éxitos alcanzados en
la construcción socialista, han cambiado rápidamente la fisonomía de la vieja
China. Ante nuestra patria se abre un futuro aún más radiante. Pertenecen para
siempre al pasado los días de división y caos en el país, tan odiados por el
pueblo. Bajo la dirección de la clase obrera y del Partido Comunista, los
seiscientos millones de seres de nuestro pueblo, unidos en apretado haz, están
realizando la gran obra de la construcción socialista. La unificación de
nuestro país, la unidad de nuestro pueblo y la de todas nuestras nacionalidades
constituyen la garantía fundamental para la ineluctable
____________________
* Discurso pronunciado por el camarada Mao
Tsetung en la XI Sesión (Ampliada) de la Conferencia Suprema de Estado. Fue
publicado el 19 de junio de 1957 en Diario del Pueblo, después de que el autor
revisó el texto transcrito de las actas y le hizo algunas adiciones.
victoria de
nuestra causa. Pero esto no significa que en nuestra sociedad ya no exista
ninguna contradicción. La idea de que no hay contradicciones es una ingenuidad,
que no corresponde a la realidad objetiva. Existen ante nosotros dos tipos de
contradicciones sociales: contradicciones entre nosotros y el enemigo y
contradicciones en el seno del pueblo. Estos dos tipos de contradicciones son
de naturaleza completamente distinta.
Para
comprender correctamente estos dos tipos diferentes de contradicciones, se hace
necesario, ante todo, precisar qué se entiende por "pueblo" y que por
"enemigo". El concepto de "pueblo" tiene diferente
contenido en diversos países y en distintos períodos de la historia de cada
país. Tomemos, por ejemplo, el caso de China. Durante la Guerra de Resistencia
contra el Japón, el pueblo lo integraban todas las clases, capas y grupos
sociales que se oponían a la agresión japonesa, mientras que los imperialistas
japoneses, los colaboracionistas chinos y los elementos projaponeses eran todos
enemigos del pueblo. En el período de la Guerra de Liberación, los enemigos del
pueblo eran los imperialistas norteamericanos y sus lacayos -- la burguesía
burocrática y la clase terrateniente, así como los reaccionarios del Kuomintang
que representaban a estas clases --; el pueblo lo constituían todas las clases,
capas y grupos sociales que luchaban contra estos enemigos. En la etapa actual,
período de edificación del socialismo, integran el pueblo todas las clases,
capas y grupos sociales que aprueban y apoyan la causa de la construcción
socialista y participan en ella, mientras que son enemigos del pueblo todas las
fuerzas y grupos sociales que oponen resistencia a la revolución socialista y
se muestran hostiles a la construcción socialista o la sabotean.
Las
contradicciones entre nosotros y el enemigo son antagónicas. En cuanto a las
contradicciones en el seno del pueblo, las que existen dentro de las masas
trabajadoras no son antagónicas, mientras que las existentes entre la clase
explotada y la explotadora tienen, además del aspecto antagónico, otro no
antagónico. Las contradicciones en el seno del pueblo no datan de hoy, pero
tienen distinto contenido en los diferentes períodos de la revolución y el
período de la construcción socialista. En las condiciones actuales de nuestro
país, esas contradicciones comprenden: las contradicciones dentro de la clase
obrera, dentro del campesinado y dentro de la intelectualidad; las
contradicciones entre la clase obrera y el campesinado; las contradicciones
entre los obreros y campesinos, por una parte, y los intelectuales, por la
otra; las contradicciones entre la clase obrera y los demás tra-
pág. 421
bajadores, de
un lado, y la burguesía nacional, del otro; las contradicciones dentro de la
burguesía nacional, etc. Nuestro gobierno popular es un gobierno que representa
realmente los intereses del pueblo y que está al servicio de éste. Sin embargo,
entre el gobierno y las masas populares también existen ciertas
contradicciones. Estas incluyen las contradicciones entre los intereses del
sector estatal, los intereses del sector colectivo y los intereses
individuales, entre la democracia y el centralismo, entre dirigentes y
dirigidos y entre las masas y ciertos trabajadores gubernamentales con estilo
burocrático. Todas éstas también son contradicciones en el seno del pueblo.
Hablando en términos generales, las contradicciones en el seno del pueblo son
contradicciones que se dan sobre la base de la identidad fundamental de los
intereses de éste.
En nuestro
país, la contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional hace parte
de las contradicciones en el seno del pueblo. La lucha de clases entre la clase
obrera y la burguesía nacional es, en general, una lucha de clases en las filas
del pueblo, porque la burguesía nacional de China tiene doble carácter. En el
período de la revolución democrático-burguesa, ella tenía en su carácter tanto
un lado revolucionario como otro conciliador. En el período de la revolución
socialista, al tiempo que explota a la clase obrera obteniendo ganancias, apoya
la Constitución y se muestra dispuesta a aceptar la transformación socialista.
La burguesía nacional difiere del imperialismo, la clase terrateniente y la
burguesía burocrática. La contradicción entre la clase obrera y la burguesía
nacional, que es una contradicción entre explotados y explotadores, es de suyo
antagónica. Sin embargo, en las condiciones concretas de China, esta
contradicción antagónica entre las dos clases, si la tratamos apropiadamente, puede
transformarse en no antagónica y ser resuelta por medios pacíficos. Pero la
contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional se convertirá en
una contradicción entre nosotros y el enemigo si no la tratamos como es debido,
es decir, si no aplicamos la política de unidad, crítica y educación respecto a
la burguesía nacional, o si ella no acepta esta política nuestra.
Las
contradicciones entre nosotros y el enemigo y las contradicciones en el seno
del pueblo, por ser de distinta naturaleza, deben resolverse con diferentes
métodos. En pocas palabras, en el primer caso, se trata de establecer una clara
distinción entre nosotros y el enemigo y, en el segundo, entre lo correcto y lo
erróneo. Por supuesto, distinguir entre nosotros y el enemigo también implica
distinguir
pág. 422
entre lo
correcto y lo erróneo. Por ejemplo, la cuestión de si la razón nos asiste a
nosotros o a los reaccionarios internos y externos -- el imperialismo, el
feudalismo y el capitalismo burocrático --, supone asimismo distinguir entre lo
correcto y lo erróneo, pero se diferencia, por su naturaleza, de las cuestiones
relativas a lo correcto y lo erróneo en el seno del pueblo.
El nuestro es
un Estado de dictadura democrática popular, dirigido por la clase obrera y
basado en la alianza obrero-campesina. ¿Cuáles son las funciones de esta
dictadura? Su primera función es reprimir, dentro del país, a las clases y
elementos reaccionarios, a los explotadores que oponen resistencia a la
revolución socialista y a los que sabotean nuestra construcción socialista, es
decir, resolver las contradicciones entre nosotros y el enemigo interno. Por
ejemplo, está dentro del marco de nuestra dictadura arrestar, juzgar y condenar
a ciertos contrarrevolucionarios, lo mismo que privar por determinado tiempo de
derechos electorales y libertad de expresión a los terratenientes y burgueses
burocráticos. Para mantener el orden público y defender los intereses de las
masas populares, también es necesario ejercer la dictadura sobre los ladrones,
estafadores, incendiarios, asesinos, bandas de malhechores y otros elementos
nocivos que alteran seriamente el orden público. La segunda función de esta
dictadura es defender a nuestro país de la subversión y eventual agresión de
los enemigos externos. En este caso, la dictadura asume la tarea de resolver la
contradicción entre nosotros y el enemigo externo. El objetivo de la dictadura
es proteger a todo el pueblo para que pueda dedicarse al trabajo pacífico y así
transformar a China en un país socialista con una industria, una agricultura,
una ciencia y una cultura modernas. ¿Quiénes ejercen la dictadura?
Naturalmente, la clase obrera y el pueblo dirigido por ella. La dictadura no se
aplica dentro del pueblo. Es imposible que el pueblo ejerza la dictadura sobre
sí mismo, e inadmisible que una parte del pueblo oprima a otra. Los elementos
pertenecientes al pueblo que infrinjan las leyes también deben ser castigados
con arreglo a la ley, pero entre esto y la dictadura que reprime a los enemigos
del pueblo media una diferencia de principio. Dentro del pueblo se practica el
centralismo democrático. Nuestra Constitución estipula que los ciudadanos de la
República Popular China gozan de libertad de palabra, de prensa, de reunión, de
asociación, de desfile, de manifestación, de culto, etc. Establece, además, que
los organismos del Estado practiquen el centralismo democrático y se
fundamenten en las masas populares y que su per-
pág. 423
sonal sirva
al pueblo. Nuestra democracia socialista es la democracia más amplia, una
democracia que no puede existir en ningún Estado burgués. Nuestra dictadura es
una dictadura democrática popular, dirigida por la clase obrera y basada en la
alianza obrero-campesina. Esto significa que dentro del pueblo se practica la
democracia, mientras que la clase obrera, en unión con todos los que gozan de
derechos ciudadanos, los campesinos en primer lugar, ejerce la dictadura sobre
las clases y elementos reaccionarios y sobre aquellos que se oponen a las
transformaciones socialistas y la construcción socialista. En sentido político,
por derechos ciudadanos se entienden los derechos a la libertad y a la
democracia.
Sin embargo,
esta libertad es una libertad bajo dirección, y esta democracia es una
democracia guiada por el centralismo; no son la anarquía. La anarquía no
responde a los intereses y deseos del pueblo.
Los
acontecimientos de Hungría causaron alegría a algunos individuos de nuestro
país. Estos abrigaban la esperanza de que en China también se producirían
sucesos semejantes, de que miles y miles de personas se echarían a las calles
para pronunciarse contra el gobierno popular. Tal esperanza está en pugna con
los intereses de las masas populares y no puede contar con su apoyo. En
Hungría, una parte de las masas, engañada por las fuerzas
contrarrevolucionarias internas y externas, cometió el error de recurrir a la
violencia contra el gobierno popular, a consecuencia de lo cual tanto el Estado
como el pueblo sufrieron pérdidas. Será necesario un largo tiempo para reparar
los daños ocasionados a la economía en unas pocas semanas de motín. Hay otras
gentes en China que se han mostrado vacilantes ante el problema de Hungría,
porque no comprenden los fenómenos concretos del mundo. Creen que bajo nuestro
sistema democrático popular hay muy poca libertad frente a la mucha que,
según ellas,
hay bajo el sistema democrático parlamentario de Occidente. Reclaman que se
implante, a la manera occidental, el sistema bipartidista, conforme al cual un
partido está en el Poder y el otro fuera de él. Pero el así llamado sistema
bipartidista no es más que un medio de mantener la dictadura burguesa, y no
puede en absoluto asegurar ninguna libertad al pueblo trabajador. Realmente, en
el mundo sólo hay libertad y democracia en concreto, nunca en abstracto. En una
sociedad en que existe lucha de clases, si hay libertad para que las clases
explotadoras exploten al pueblo trabajador, no la hay para que éste no sufra
explotación; si hay democracia para la burguesía, no la hay para el
proletariado y el resto del pueblo trabajador. En algunos países capitalistas
se permite, es cierto, la
pág. 424
existencia
legal del Partido Comunista, pero sólo hasta el punto en que éste no ponga en
peligro los intereses fundamentales de la burguesía; no se le permite ir más
allá de ese límite. Los que piden libertad y democracia abstractas consideran a
la democracia como un fin y no como un medio. A veces la democracia parece un
fin, pero en realidad es sólo un medio. El marxismo nos enseña que la
democracia forma parte de la superestructura y pertenece a la categoría de la
política. Esto significa que, en fin de cuentas, la democracia sirve a la base
económica. Lo mismo ocurre con la libertad. Tanto la democracia como la
libertad son relativas, de ningún modo absolutas; ambas han surgido y se
desarrollan en el curso de la historia. En el seno del pueblo, la democracia es
correlativa al centralismo, y la libertad, a la disciplina. En ambos casos se
trata de dos términos opuestos de un todo único, contradictorios y a la vez
unidos; no debemos destacar unilateralmente uno de ellos y negar el otro. En el
seno del pueblo, no se puede prescindir de la libertad, y tampoco de la
disciplina; no se puede prescindir de la democracia, y tampoco del centralismo.
Esta unidad de democracia y centralismo, de libertad y disciplina, constituye
nuestro centralismo democrático. Bajo este sistema, el pueblo disfruta de
amplia democracia y libertad, pero, al mismo tiempo, debe mantenerse dentro de
los límites de la disciplina socialista. Todo esto lo comprenden las grandes
masas populares.
Abogamos por
una libertad bajo dirección y una democracia guiada por el centralismo, pero
con esto no queremos decir en ningún sentido que, en el seno del pueblo, deban
emplearse métodos coercitivos para resolver los problemas ideológicos y los
problemas relativos a la distinción entre lo correcto y lo erróneo. Pretender
solucionar estos problemas utilizando órdenes administrativas y métodos
coercitivos no sólo sería inútil, sino perjudicial. No podemos abolir la
religión por medio de órdenes administrativas, ni obligar a la gente a no creer
en ella. No se puede forzar a la gente a que abandone el idealismo, del mismo
modo que no se la puede compeler a aceptar el marxismo. Los problemas de
carácter ideológico y las controversias en el seno del pueblo únicamente pueden
resolverse empleando métodos democráticos -- discusión, crítica, persuasión y
educación --, y en ningún caso recurriendo a métodos coercitivos o represivos.
A fin de poder dedicarse Fructíferamente a la producción y al estudio y vivir
en un ambiente de orden, el pueblo requiere que su gobierno y los dirigentes de
la producción y de las instituciones culturales y educacionales dicten
apropiadas disposiciones administrativas con carácter obligatorio. Es de
pág. 425
sentido común
que sin ellas sería imposible mantener el orden público. Las órdenes
administrativas y el método de persuasión y educación se complementan
mutuamente en la solución de las contradicciones en el seno del pueblo. Incluso
las disposiciones administrativas dictadas con el fin de mantener el orden
público deben ir acompañadas de la persuasión y la educación, ya que, en muchos
casos, no dan resultado por sí solas.
En 1942
sintetizamos este método democrático de resolver las contradicciones en el seno
del pueblo en la fórmula "unidad -- crítica -- unidad", que,
expresada en forma detallada, significa partir del deseo de unidad, resolver
las contradicciones a través de la crítica o la lucha y alcanzar una nueva
unidad sobre una base nueva. Según nuestra experiencia, éste es el método
correcto para resolver las contradicciones en el seno del pueblo. En 1942 lo
empleamos para resolver las contradicciones dentro del Partido Comunista, o
sea, las contradicciones entre los dogmáticos y la gran masa de militantes del
Partido, entre las ideas dogmáticas y las marxistas. Con anterioridad a esto,
los dogmáticos "izquierdistas" habían empleado en la lucha interna
del Partido el método de "lucha despiadada y golpes implacables".
Este método era erróneo. Cuando criticamos el dogmatismo de
"izquierda", no aplicarnos este viejo método, sino uno nuevo, que
consiste en partir del deseo de unidad, distinguir entre lo correcto y lo
erróneo a través de la crítica o la lucha y alcanzar una nueva unidad sobre una
base nueva. Este método se empleó en la campaña de rectificación de 1942. Unos
años después, en 1945, cuando el Partido Comunista de China celebró su VII
Congreso Nacional, se logró, en efecto, la unidad de todo el Partido y, como
resultado de ello, se obtuvo la gran victoria de la revolución popular. La
aplicación de este método requiere ante todo partir del deseo de unidad. Pues,
si subjetivamente no existe tal deseo, apenas se inicie la lucha se armará un
embrollo difícil de desenredar. ¿Acaso no equivaldría esto a aquello de
"lucha despiadada y golpes implacables"? Y entonces, ¿de que unidad
del Partido podría hablarse? De esta experiencia dedujimos la fórmula: "unidad
-- crítica -- unidad"; en otras palabras, "sacar lecciones de los
errores pasados para evitarlos en el futuro, y tratar la enfermedad para salvar
al paciente". Extendimos este método fuera del Partido. Lo aplicamos con
gran éxito en todas las bases de apoyo antijaponesas al tratar las relaciones
entre la dirección y las masas, entre el ejército y el pueblo, entre oficiales
y soldados, entre las diversas unidades del ejército y entre los distintos
pág. 426
grupos de
cuadros. El uso de este método puede remontarse a tiempos aún más lejanos en la
historia de nuestro Partido. Desde que creamos, en 1927, nuestras fuerzas
armadas y bases de apoyo revolucionarias en el Sur, lo hemos venido aplicando
en las relaciones entre el Partido y las masas entre el ejército y el pueblo,
entre oficiales y soldados, así como en otras relaciones dentro del pueblo. La
única diferencia reside en que, durante la guerra antijaponesa, lo aplicamos
sobre una base más consciente. Después de la liberación de todo el país, hemos
empleado el mismo método de "unidad -- crítica -- unidad" en nuestras
relaciones con los partidos democráticos y con los círculos industriales y
comerciales. Nuestra tarea actual consiste en seguir generalizándolo entre todo
el pueblo y aplicarlo cada vez mejor; planteamos que todas las fábricas,
cooperativas, establecimientos comerciales, centros docentes, entidades
oficiales y organizaciones populares, en una palabra, los seiscientos millones
de integrantes de nuestro pueblo, lo usen para resolver sus contradicciones
internas.
En
circunstancias normales, las contradicciones en el seno del pueblo no son
antagónicas. Sin embargo, pueden llegar a serlo si no las tratamos como es
debido o si aflojamos nuestra vigilancia y nos adormecemos políticamente. En un
país socialista, semejante situación no pasa de ser, por lo común, un fenómeno
parcial y transitorio. Esto se explica porque allí ya se ha abolido el sistema
de explotación del hombre por el hombre y existe una identidad fundamental de
intereses en las filas del pueblo. Las acciones antagónicas que se dieron en
proporciones tan grandes durante los acontecimientos de Hungría se debieron a
la intervención de Factores contrarrevolucionarios internos y externos. Fue un
fenómeno particular y temporal. Es así como los reaccionarios dentro de un país
socialista, en confabulación con los imperialistas y explotando las
contradicciones en el seno del pueblo, fomentan disensiones y provocan
desórdenes, en un intento de materializar sus designios conspirativos. Esta
lección de los acontecimientos de Hungría merece la atención de todos.
A muchos les
parece que plantear el empleo de métodos democráticos para resolver las
contradicciones en el seno del pueblo es una cuestión nueva. Pero en realidad
no es así. Los marxistas siempre han considerado que la causa del proletariado
no se puede realizar sino fundamentándose en las masas populares y que, al
actuar entre los trabajadores, los comunistas deben emplear el método
democrático de persuasión y educación y en ningún caso proceder con actitud
autori-
pág. 427
taria o
recurrir a la coerción. El Partido Comunista de China se atiene fielmente a
este principio marxista-leninista. Siempre hemos sostenido que, bajo la
dictadura democrática popular, deben usarse dos métodos diferentes -- la
dictadura y la democracia -- para resolver dos tipos de contradicciones de
distinto carácter: las contradicciones entre nosotros y el enemigo, y las
existentes en el seno del pueblo. De ello se ha hablado bastante en numerosos
documentos de nuestro Partido y discursos de muchos de sus dirigentes. En
"Sobre la dictadura democrática popular", que escribí en 1949, decía
que "la combinación de estos dos aspectos, democracia para el pueblo y
dictadura para los reaccionarios, constituye la dictadura democrática popular",
y que para resolver los problemas en el seno del pueblo, "el método que
empleamos es democrático, o sea, un método de persuasión, y no de
coacción". En mi intervención ante la II Sesión del I Comité Nacional de
la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, celebrada en junio de
1950, dije también:
"La
dictadura democrática popular presupone dos métodos. Con los enemigos, se
emplea la dictadura, es decir, durante el tiempo que sea necesario, no se les
permite tomar parte en las actividades políticas, y se los obliga a acatar las
leyes del gobierno popular y a dedicare al trabajo físico para que, por este
medio, se transformen en gente nueva. Con el pueblo, por el contrario, se
emplean métodos democráticos y no coercitivos, es decir, se le garantiza su
participación en las actividades políticas y, en vez de obligarlo a hacer esto
o aquello, se realiza un trabajo de educación y persuasión con métodos
democráticos. Este trabajo de educación es el trabajo de autoeducación en el
seno del pueblo, y su método fundamental lo constituyen la crítica y la autocrítica."
Hemos hablado
muchas veces sobre el problema del empleo de métodos democráticos para resolver
las contradicciones en el seno del pueblo; además, los hemos aplicado en lo
fundamental en nuestro trabajo, y muchos cuadros y gran parte del pueblo han
comprendido ese problema en la práctica. ¿Por qué todavía hay quienes piensan
que se trata de algo nuevo? Porque la lucha entre nosotros y el enemigo, tanto
interno como externo, era muy aguda en el pasado, y la gente no fijaba tanto
como ahora su atención en las contradicciones en el seno del pueblo.
Mucha gente
no sabe distinguir con claridad estos dos tipos de contradicciones diferentes
por su carácter -- las existentes entre nosotros y el enemigo, y las que hay en
el seno del pueblo -- y los confunden
pág. 428
fácilmente.
Debemos reconocer que a veces es fácil confundirlos; en ciertos casos, esta
confusión se ha producido en nuestra labor del pasado. Durante la eliminación
de los contrarrevolucionarios, en algunas ocasiones se tomó equivocadamente por
malas a personas buenas, y esto ocurre también ahora. Si nuestras
equivocaciones no se extendieron, fue porque nuestra política al respecto
estipula la necesidad de trazar una clara línea divisoria entre nosotros y el
enemigo y de corregir todo error que se descubra.
La filosofía
marxista sostiene que la ley de la unidad de los contrarios es la ley
fundamental del universo. Esta ley tiene validez universal, tanto para la
naturaleza y la sociedad humana como para el pensamiento del hombre. Los lados
opuestos de una contradicción forman una unidad y a la vez luchan entre sí, lo
cual produce el movimiento y el cambio de las cosas. En todas partes existen
contradicciones pero estas tienen diverso carácter según sea la naturaleza de
las cosas. En cualquier cosa concreta, la unidad de los contrarios es
condicional, temporal, transitoria y, por eso, relativa, mientras que la lucha
entre los contrarios es absoluta. Esta ley la expuso Lenin con gran claridad.
En nuestro país es cada vez mayor el número de personas que la comprenden. Sin
embargo, en el caso de mucha gente, una cosa es que reconozcan esta ley, y otra
que la apliquen al examinar y tratar los problemas. Son muchos los que no se
atreven a reconocer abiertamente que en el seno de nuestro pueblo existen
todavía contradicciones cuando precisamente son ellas las que hacen avanzar
nuestra sociedad. Muchos no reconocen que en la sociedad socialista existen aún
contradicciones y, por ello, obran con timidez y pierden la iniciativa frente a
las contradicciones sociales; no comprenden que en el incesante proceso de
tratar y resolver correctamente las contradicciones se afianzarán cada vez más
la cohesión y la unidad internas de la sociedad socialista. De ahí la necesidad
de llevar a cabo una labor explicativa entre nuestro pueblo, ante todo entre
los cuadros, a fin de conducirlos a que comprendan las contradicciones en la
sociedad socialista y aprendan a tratarlas con métodos correctos.
Las
contradicciones en la sociedad socialista son radicalmente distintas de las
existentes en las viejas sociedades, como por ejemplo las contradicciones en la
sociedad capitalista. Estas últimas se manifiestan en violentos antagonismos y
conflictos, en una enconada lucha de clases; no pueden ser resueltas por el
sistema capitalista mismo, sino
pág. 429
únicamente
por la revolución socialista. Por el contrario, las contradicciones en la
sociedad socialista son otra cosa, pues no tienen carácter antagónico y el
mismo sistema socialista puede resolverlas incesantemente.
En la
sociedad socialista, las contradicciones fundamentales siguen siendo las
existentes entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, y
entre la superestructura y la base económica. Sin embargo, por su carácter y
sus manifestaciones, estas contradicciones son radicalmente distintas de las
que se daban en las viejas sociedades entre las relaciones de producción y las
fuerzas productivas, y entre la superestructura y la base económica. El actual
sistema social de nuestro país es muy superior al dé antaño. De no ser así, el
viejo sistema no habría sido derrocado y el nuevo no habría podido implantarse.
Al afirmar que las relaciones de producción socialistas son por su naturaleza
más apropiadas que las de la vieja época para el desarrollo de las fuerzas
productivas, se quiere decir que aquéllas permiten a las fuerzas productivas
desarrollarse a un ritmo desconocido en la vieja sociedad, gracias a lo cual la
producción puede ampliarse de continuo y las siempre crecientes necesidades del
pueblo pueden satisfacerse de manera gradual. En la vieja China, sometida a la
dominación del imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático, las
fuerzas productivas se desarrollaban con extrema lentitud. Durante más de medio
siglo antes de la Liberación, la producción anual de acero en todo el país, sin
contar la del Nordeste, no pasaba de unas decenas de miles de toneladas,
mientras que, incluyendo ésta, la producción máxima anual alcanzó sólo a algo
más de novecientas mil toneladas. En 1949, la producción de acero en todo el
país fue sólo de poco más de cien mil toneladas. Pero ahora, apenas siete años
después de la liberación del país, ya asciende a cuatro millones y varios
cientos de miles de toneladas. En la vieja China casi no existía industria de construcción
de maquinaria, y mucho menos las industrias automotriz y aeronáutica. Hoy, sin
embargo, se ha creado todo esto. ¿Hacia dónde debía marchar China una vez que
el pueblo derrocó la dominación del imperialismo, el feudalismo y el
capitalismo
burocrático? ¿Hacia el capitalismo o hacia el socialismo? Mucha gente no tenía
una idea clara al respecto. Los hechos han dado la respuesta: Sólo el
socialismo puede salvar a China. El sistema socialista ha promovido un
impetuoso desarrollo de nuestras fuerzas productivas, hecho que hasta nuestros
enemigos externos han tenido que reconocer.
pág. 430
Pero nuestro
sistema socialista acaba de instaurarse, y aún no está totalmente establecido
ni consolidado por completo. En las empresas mixtas estatal-privadas de la
industria y el comercio, los capitalistas reciben todavía un dividendo fijo,
valga decir, aún existe explotación. En cuanto a la propiedad se refiere, este
tipo de empresas no tiene todavía un carácter completamente socialista. Una
parte de las cooperativas de producción agrícola y de las cooperativas de
producción artesanal aún es de carácter semisocialista. En las cooperativas
enteramente socialistas, quedan por resolver ciertos problemas acerca de la
propiedad. Las relaciones entre las distintas ramas de la economía en cuanto a
producción e intercambio, están aún estableciéndose de modo gradual y en
consonancia con los principios socialistas y van buscando poco a poco formas
relativamente adecuadas. Dentro de cada uno de los dos sectores de la economía
socialista -- el uno de propiedad de todo el pueblo y el otro de propiedad
colectiva --, así como en sus relaciones mutuas, fijar la proporción entre la
acumulación y el consumo es un problema complicado, al que no es fácil
encontrar de golpe una solución completamente racional. En resumidas cuentas,
ya se han creado las relaciones de producción socialistas y ellas están en
consonancia con el desarrollo de las fuerzas productivas; pero, al mismo
tiempo, están lejos de ser perfectas, y esta imperfección se halla en
contradicción con el desarrollo de las fuerzas productivas. Este fenómeno de
consonancia y contradicción simultáneas, además de darse entre las relaciones
de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas, se presenta también
entre la superestructura y la base económica. La superestructura -- el sistema
estatal y las leyes de la dictadura democrática popular, así como la ideología
socialista guiada por el marxismo-leninismo -- desempeña un positivo papel
impulsor para la victoria de las transformaciones socialistas y el
establecimiento de la organización socialista del trabajo en nuestro país; ella
está en consonancia con la base económica socialista, es decir, con las
relaciones de producción socialistas. Pero, a su vez, la existencia de la
ideología burguesa, cierto estilo burocrático en nuestros organismos estatales
y las deficiencias en algunos eslabones del sistema estatal, están en
contradicción con la base económica socialista. En adelante, debemos seguir
solucionando estas contradicciones según lo aconsejen las circunstancias
concretas. Naturalmente, una vez resueltas estas contradicciones, surgirán
nuevos problemas. Y las nuevas contradicciones también exigirán solución. Por
ejemplo, se necesita hacer constantes
pág. 431
reajustes
mediante los planes del Estado para tratar la contradicción entre la producción
social y las necesidades sociales, contradicción que continuará existiendo
objetivamente durante largo tiempo. Nuestro Estado elabora cada año un plan
económico y establece una proporción adecuada entre la acumulación y el
consumo, a fin de lograr el equilibrio entre la producción y las necesidades.
Lo que llamamos equilibrio es la temporal y relativa unidad de los contrarios.
Al cabo de un año, este equilibrio, tomado en su conjunto, queda roto por la
lucha de los contrarios, esta unidad se ve alterada, el equilibrio se convierte
en desequilibrio, la unidad en desunidad y, entonces, una vez más se hace
necesario conseguir el equilibrio y ja unidad para el año siguiente. En esto
reside la superioridad de nuestra economía planificada. En realidad, este
equilibrio y esta unidad se rompen parcialmente cada mes y cada trimestre, y se
requieren reajustes parciales. A veces, se presentan contradicciones y se rompe
el equilibrio debido a que las medidas subjetivas no corresponden a la realidad
objetiva. Esto es
lo que
llamamos cometer un error. Las contradicciones surgen de continuo y se
resuelven también continuamente: He aquí la ley dialéctica del desarrollo de
las cosas.
La situación
actual es la siguiente: Las vastas y tempestuosas luchas clasistas de las
masas, características de los períodos de revolución, han terminado en lo
fundamental, pero la lucha de clases no ha cesado por completo. Las grandes
masas populares acogen el nuevo sistema, pero todavía no se sienten muy
acostumbradas a él. Los trabajadores gubernamentales aún no tienen suficiente
experiencia y necesitan seguir examinando y explorando algunos problemas
relativos a las políticas concretas. En otras palabras, se necesita un proceso
para que nuestro sistema socialista continúe estableciéndose y consolidándose,
para que las masas se acostumbren al nuevo sistema y para que los trabajadores
gubernamentales aprendan y adquieran experiencias. En este momento es, pues,
imperativo que planteemos la cuestión de diferenciar las contradicciones en el
seno del pueblo de las existentes entre nosotros y el enemigo y la de tratar
correctamente las contradicciones en el seno del pueblo, con el propósito de
cohesionar al pueblo de todas las nacionalidades de nuestro país para una nueva
batalla -- la batalla contra la naturaleza --, desarrollar nuestra economía y
nuestra cultura, hacer que todo el pueblo atraviese de manera relativamente
feliz el actual período de transición, consolidar nuestro nuevo sistema y
construir nuestro nuevo Estado.
II. EL PROBLEMA DE LA ELIMINACION DE LOS
CONTRARREVOLUCIONARIOS
La
eliminación de los contrarrevolucionarios es una lucha que pertenece al dominio
de las contradicciones entre nosotros y el enemigo. Dentro del pueblo hay
quienes, frente a esta cuestión, sostienen puntos de vista algo distintos.
Existen dos tipos de personas cuya opinión difiere de la nuestra. Las que, con
ideas derechistas, en vez de distinguir entre nosotros y el enemigo, toman al
enemigo por gente nuestra y consideran amigos a quienes a los ojos de las
grandes masas son enemigos. Y las personas que, con ideas
"izquierdistas", amplían el marco de las contradicciones entre
nosotros y el enemigo hasta el punto de tomar como tales ciertas
contradicciones en el seno del pueblo y de considerar contrarrevolucionarias a
personas que en realidad no lo son. Ambos puntos de vista son erróneos; ninguno
de los dos permite resolver correctamente el problema de la eliminación de los
contrarrevolucionarios, ni hacer una justa apreciación acerca de nuestra labor
a este respecto.
Para evaluar
con acierto nuestro trabajo de eliminación de los contrarrevolucionarios,
veamos la repercusión que en nuestro país tuvieron los acontecimientos de
Hungría. Aunque dichos acontecimientos suscitaron ciertas vacilaciones entre
una parte de nuestros intelectuales, no llegaron a provocar desórdenes. ¿Cómo
se explica esto? Una de las razones, debemos decirlo, es que habíamos eliminado
de manera bastante radical a los contrarrevolucionarios.
Claro que la
solidez de nuestro Estado no se debe principalmente a la eliminación de los
contrarrevolucionarios. Se debe, ante todo, a que contamos con un Partido
Comunista, un Ejército de Liberación y un pueblo trabajador templados en
decenios de lucha revolucionaria. Nuestro Partido y nuestras fuerzas armadas
han arraigado en las masas, se han templado en el fuego de una revolución
prolongada y tienen capacidad combativa. Nuestra República Popular no se formó
de la noche a la mañana, sino que se desarrolló poco a poco partiendo de las
bases de apoyo revolucionarias. Algunas personalidades democráticas también se
templaron en mayor o menor grado y compartieron
penalidades
con nosotros. Algunos intelectuales se templaron en la lucha contra el
imperialismo y las fuerzas reaccionarias, y muchos otros pasaron, después de la
Liberación, por un proceso de transformación ideológica encauzada a trazar una
clara distinción entre nosotros y el enemigo. La solidez de nuestro Estado se
debe, además, a que las medidas económicas que adoptamos son básicamente
acertadas, la vida del pueblo es estable y mejora gradualmente, nuestras
políticas respecto a la burguesía nacional y otras clases son igualmente
correctas, etc. No obstante, nuestros éxitos en la eliminación de los
contrarrevolucionarios constituyen, sin duda alguna, una de las razones
importantes de la solidez de nuestro Estado. Gracias a todo ello, nuestros
estudiantes universitarios no promovieron desórdenes durante los
acontecimientos de Hungría, pues ellos -- salvo unos pocos -- son patriotas y
apoyan el socialismo, a pesar de que muchos proceden de familias no
trabajadoras. Lo mismo ocurrió con la burguesía nacional, para no hablar de las
masas básicas: los obreros y campesinos.
Después de la
Liberación eliminamos cierto número de elementos contrarrevolucionarios.
Algunos de ellos fueron sentenciados a muerte por sus graves crímenes. Esto fue
absolutamente necesario, pues así lo exigieron las masas populares, y se hizo
con el fin de liberar a las amplias masas, oprimidas durante largos años por
los contrarrevolucionarios y toda suerte de tiranos locales, o sea, con el fin
de liberar las fuerzas productivas. Si no hubiésemos obrado así, las masas
populares no habrían podido levantar la cabeza. La situación ha cambiado
radicalmente desde 1956. Tomando el país en su conjunto, las fuerzas
principales de la contrarrevolución ya han sido liquidadas. Nuestra tarea
Fundamental ya no es liberar las fuerzas productivas, sino protegerlas y desarrollarlas
en el contexto de las nuevas relaciones de producción. Algunos no comprenden
que nuestra política actual corresponde a la situación de hoy y nuestra
política anterior, a la situación pasada, y pretenden utilizar nuestra política
actual para impugnar lo que se resolvió en el pasado e intentan negar los
enormes éxitos que conseguimos en la eliminación de los contrarrevolucionarios.
Esto es completamente erróneo, y no lo permitirán las masas populares.
En nuestro
trabajo de eliminación de los contrarrevolucionarios, los éxitos fueron lo
principal, pero también hubo errores. En ciertos casos se cometieron excesos,
mientras que en otros se dejó escapar de nuestra red a algunos
contrarrevolucionarios. Nuestra orientación es la siguiente: "Todos los
contrarrevolucionarios comprobados deben ser eliminados, y todos los errores
descubiertos deben ser corregidos." La línea que seguimos en dicho trabajo
es eliminar a los contrarrevolucionarios apoyándonos en las masas. Claro que
aun ateniéndonos a la línea de masas es posible que cometamos errores en
nuestra labor, pero su número será menor, y más fácil su corrección. Las masas
ganan experiencia a través de la lucha. Cuando actúan con acierto adquieren
experiencias positivas, y cuando yerran sacan lecciones de los errores.
Se han tomado
o se están tomando medidas para corregir todos los errores descubiertos en la
labor de eliminación de los contrarrevolucionarios. Los errores aún no
descubiertos serán enmendados en cuanto se pongan de manifiesto. Las decisiones
de rehabilitación de una persona deben darse a conocer con la misma amplitud
con que se anunciaron en su tiempo las decisiones equivocadas. Propongo que
este año, o el próximo, se realice una verificación general de esta labor, a
fin de sintetizar experiencias, estimular el espíritu de justicia y combatir
las tendencias nocivas. Este trabajo de verificación debe ser
presidido, en
lo relativo a las instituciones a nivel nacional, por el Comité Permanente de
la Asamblea Popular Nacional y el Comité Permanente del Comité Nacional de la
Conferencia Consultiva Política y, a nivel local, por los comités populares
provinciales y municipales y los comités locales de la Conferencia Consultiva
Política. Durante la verificación, debemos ayudar a los numerosos cuadros y
activistas que participaron en el trabajo de eliminación de los
contrarrevolucionarios, en vez de echarles un balde de agua fría, ya que esto
sería incorrecto. No obstante, los errores deben ser rectificados cuando se
descubran. Tal debe ser la actitud de todos los departamentos de seguridad
pública, fiscalización y justicia, de las prisiones y de los establecimientos
encargados de la corrección por medio del trabajo físico. Esperamos que los
miembros del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional, los miembros
del Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política y los diputados
populares participen todos en esta verificación siempre que tengan la
posibilidad de hacerlo. Esto contribuirá a perfeccionar nuestro sistema
jurídico y a tratar correctamente a los contrarrevolucionarios y otros
criminales.
La situación
presente, en lo que concierne a los contrarrevolucionarios, puede
caracterizarse como sigue: Todavía hay contrarrevolucionarios, pero no muchos.
Ante todo se debe reconocer que aún existen. Algunos dicen que ya no los hay,
que por doquier reina una paz completa, que se puede mullir bien las almohadas
y dormir a pierna suelta. Esto no corresponde a la realidad. De hecho, los
contrarrevolucionarios existen todavía (no en cada localidad ni en cada
entidad, por supuesto), y es preciso proseguir la lucha contra ellos. Debemos
comprender que los que están ocultos, no eliminados hasta la fecha, no se darán
por vencidos y tratarán de aprovechar cualquier oportunidad para provocar
disturbios. Los imperialistas norteamericanos y
pág. 435
la camarilla
de Chiang Kai-shek envían aquí con frecuencia agentes secretos con el fin de
efectuar sabotajes. Incluso cuando se haya eliminado a todos los
contrarrevolucionarios existentes, podrán surgir otros nuevos. Si relajamos
nuestra vigilancia, caeremos víctimas del engaño y lo pagaremos caro.
Dondequiera que aparezcan contrarrevolucionarios creando disturbios, hay que
eliminarlos con mano firme. No obstante, considerando el país en su conjunto,
efectivamente ya no quedan muchos. Sería asimismo erróneo afirmar que en China
hay todavía numerosos elementos contrarrevolucionarios. Aceptar semejante
apreciación daría también lugar a confusiones.
III. EL PROBLEMA
DE LA COOPERATIVIZACION AGRICOLA
Tenemos una
población rural de más de quinientos millones de habitantes y, por eso, el
desarrollo de nuestra economía y la consolidación de nuestro Poder estatal
dependen en sumo grado de cuál sea la situación de nuestros campesinos. Estimo
que la situación es básicamente buena. La cooperativización agrícola ha
culminado, y esto ha resuelto en nuestro país la gran contradicción entre la
industrialización socialista y la explotación agrícola individual. La rapidez
con que se terminó la cooperativización agrícola inquieta a algunos, que se
preguntan si no habrá dado lugar a deficiencias. Deficiencias hubo algunas,
pero felizmente no fueron grandes, y el movimiento se desenvolvió en lo
fundamental de manera sana. Los campesinos muestran gran entusiasmo en la producción.
A pesar de que las inundaciones, la sequía y los tifones fueron el año pasado
más graves que en cualquiera de los últimos años, tomando al país en su
conjunto, se obtuvo un aumento en la producción de cereales. Con todo, algunos
afirman que la cooperativización agrícola no sirve para nada, que no ofrece
ventajas, desatando
así un tifón
en miniatura. En fin de cuentas, ¿tiene o no ventajas la cooperativización
agrícola? Entre los documentos distribuidos hoy en la reunión se encuentra un
material sobre una cooperativa del distrito de Tsunjua, provincia de Jopei,
dirigida por Wang Kuo-fan. Les aconsejo leerlo. Esta cooperativa se halla en
una zona montañosa, que siempre fue muy pobre y dependió de la ayuda en
cereales que todos los años le daba el gobierno popular. Cuando en 1953 se
fundó allí la cooperativa, la gente la llamaba "cooperativa de
pobretones". Pero a través de cuatro años de lucha tenaz, su situación ha
venido mejorando sin cesar y hoy la mayor parte de las familias integrantes
tienen excedentes de cereales. En condiciones normales, lo que ha podido
conseguir esta cooperativa, las demás deben ser capaces de lograrlo también en
el mismo lapso o en uno ligeramente más largo. Se ve con claridad, entonces,
que carece de fundamento el aserto de que la cooperativización fue mala.
De ahí se
desprende también que la creación de cooperativas exige necesariamente una
lucha tenaz. Todo lo que sea nuevo tiene que crecer en medio de dificultades y
vicisitudes. No es más que una ilusión el creer que la causa del socialismo es
como navegar siempre viento en popa, empresa de éxito fácil en la que no se
tropieza con dificultades, ni se sufre vicisitudes ni se requiere inmensos
esfuerzos.
¿Quiénes
apoyan activamente las cooperativas? La inmensa mayoría de los campesinos
pobres y campesinos medios inferiores, que constituyen más del 70 por ciento de
la población rural. La mayoría de los campesinos restantes también cifran sus
esperanzas en las cooperativas. Los que están realmente descontentos sólo
representan una ínfima minoría. Mucha gente no ha analizado esta situación, no
ha estudiado en todos sus aspectos los éxitos y las deficiencias de las
cooperativas, ni tampoco las causas que motivaron tales deficiencias, sino que
ha tomado lo parcial y fragmentario por el todo; de ahí el pequeño tifón
desatado entre alguna gente que arguye que las cooperativas no ofrecen
ventajas.
¿Cuánto
tiempo hace falta para que se consoliden las cooperativas y se ponga punto
Final a las habladurías de que éstas no ofrecen ventajas? A juzgar por la
experiencia del desarrollo de muchas de ellas se necesitarán unos cinco años o
algo más. Hoy, la mayor parte de las cooperativas del país sólo llevan un año
largo de vida, y por eso no es razonable exigir que sean tan buenas como se
desea. En mi opinión, sería muy bueno si consolidáramos las cooperativas
durante el período del Segundo Plan Quinquenal después de establecerlas en el
Primero.
Las
cooperativas se hallan ahora en un proceso de consolidación paulatina. Aún
quedan por resolver algunas contradicciones, como las existentes entre el
Estado y las cooperativas, dentro de cada una de éstas y entre unas
cooperativas y otras.
Para resolver
estas contradicciones, debemos prestar constante atención a los problemas de la
producción y la distribución. Veamos el problema de la producción. Por un lado,
la economía de la cooperativa debe someterse a la dirección del plan económico
único del
pág. 437
Estado; al
mismo tiempo, debe conservar cierta flexibilidad e independencia, siempre que
con ello no vulnere el plan único, la política, las leyes y las disposiciones
del Estado. Por otro lado, cada familia miembro de una cooperativa debe
subordinarse al plan general de la cooperativa o del equipo de producción al
que pertenece, si bien puede hacer planes adecuados para la parcela de
usufructo
personal y
demás explotaciones individuales. En lo tocante a la distribución, debemos
tener en cuenta los intereses del sector estatal, los intereses del sector
colectivo y los intereses individuales. Es preciso tratar en forma apropiada la
triple relación entre los impuestos estatales, los fondos de acumulación de las
cooperativas y los ingresos personales de los campesinos, y prestar constante
atención a hacer reajustes para resolver las contradicciones entre ellos. La
acumulación es necesaria tanto para el Estado como para las cooperativas, pero
en ninguno de los dos casos debe ser excesiva. Debemos hacer todo lo posible
para que, en los años de cosecha normal, los campesinos vayan aumentando, año
tras año, sus ingresos personales a medida que se incremente la producción.
Muchos dicen
que los campesinos llevan una vida dura. ¿Es acertada esta opinión? Por un
lado, sí. Es decir, como China estuvo sometida durante más de cien años a la
opresión y explotación de los imperialistas y sus agentes, se convirtió en un
país muy pobre, en el cual no sólo es bajo el nivel de vida de los campesinos,
sino también el de los obreros e intelectuales. Necesitamos varias décadas de
intensos esfuerzos para elevar paulatinamente el nivel de vida de todo el
pueblo. En este sentido es correcto decir "dura". Mas, por otro lado,
es incorrecto, pues con esto se da a entender que en los siete años
transcurridos desde la Liberación, la vida de los campesinos no ha mejorado y
sólo ha mejorado la de los obreros. En realidad, salvo ínfimas excepciones,
tanto los obreros como los campesinos han elevado en cierto grado su nivel de
vida. Después de la Liberación, los campesinos se han desembarazado de la
explotación de los terratenientes, y su producción aumenta de año en año.
Tomemos por ejemplo los cereales. En 1949, la producción de cereales en todo el
país sólo llegó a algo más de 210.000 millones de jin. En 1956, sobrepasó los
360.000 millones de jin, con un incremento de casi 150.000 millones. El
impuesto agrícola estatal no es gravoso, pues sólo alcanza un poco más de
30.000 millones de jin anuales. La cantidad de cereales que anualmente compra
el Estado a los campesinos a precio normal no pasa de algo más de 50.000
millones de jin. Sumadas estas dos cifras, totalizan un poco más de
pág. 438
80. 000
millones de jin. Más de la mitad de esta cantidad se vende en las aldeas y sus
poblados vecinos. Se ve, pues, que no puede decirse que no haya mejorado la
vida de los campesinos. La cantidad total de cereales que el Estado recibe de
los campesinos por concepto de impuesto y mediante compra, nos proponemos
estabilizarla por varios años en algo más de 80.000 millones de jin anuales, a
fin de promover el desarrollo de la agricultura y consolidar las cooperativas.
De este modo, el reducido número de familias campesinas que no tienen
suficientes cereales los tendrán; todas las familias campesinas -- excepto
algunas que se dedican a los cultivos industriales -- contarán con excedentes
de cereales o con grano suficiente para su consumo, y los campesinos pobres,
así como el resto del campesinado, alcanzarán o sobrepasarán el nivel de vida
de los campesinos medios. No es adecuado comparar de modo simplista el ingreso
medio anual de un campesino con el de un obrero y deducir de ello que uno es
demasiado bajo y el otro demasiado alto. La productividad del trabajo de los
obreros es mucho mayor que la de los campesinos, mientras que el costo de vida
de éstos es muy inferior al de los obreros urbanos. Por eso, no puede afirmarse
que los obreros gocen de un trato preferencial del Estado. Un reducido número
de obreros y algunos trabajadores gubernamentales sí perciben salarios algo
elevados, y los campesinos tienen razón para estar descontentos con ello. De
ahí que sea necesario efectuar cierto reajuste adecuado según las
circunstancias concretas.
IV. EL
PROBLEMA DE LOS INDUSTRIALES Y COMERCIANTES
En el dominio
de la transformación del sistema social de nuestro país, en 1956 culminó,
además de la cooperativización de la agricultura y de la artesanía, la
conversión de las empresas industriales y comerciales privadas en empresas
mixtas estatal-privadas. La rápida y feliz realización de esta tarea está
estrechamente vinculada al hecho de que tratamos la contradicción entre la
clase obrera y la burguesía nacional como una contradicción en el seno del
pueblo. ¿Ha sido resuelta por completo dicha contradicción de clases? No. Para
esto se requiere todavía un tiempo considerable. Sin embargo, ahora hay quienes
dicen que los capitalistas están ya tan transformados que casi no se
diferencian de los obreros y que no necesitan seguir transformándose. Otros
llegan a afirmar que los capitalistas son algo mejores que los obreros. Y hay
también quienes preguntan por qué, si de transformación se trata, no ha de
necesitarla la clase obrera. ¿Son correctas estas opiniones? Claro que no.
En el curso
de la construcción de la sociedad socialista, todos necesitan transformarse,
tanto los explotadores como los trabajadores. ¿Quién dice que la clase obrera
no lo necesita? Por supuesto, la transformación de los explotadores y la de los
trabajadores son diferentes por su naturaleza, y no deben confundirse. La clase
obrera transforma a toda la sociedad en la lucha de clases y en la lucha contra
la naturaleza y, al mismo tiempo, se transforma a sí misma. La clase obrera
debe aprender sin cesar en el trabajo, superar poco a poco sus defectos, y
nunca debe estancarse. Por ejemplo, muchos de los aquí presentes hacemos
algunos progresos cada año, es decir, nos transformamos constantemente. Yo
mismo tuve en otros tiempos diversas ideas no marxistas, y sólo después acepté
el marxismo. Aprendí un poco de marxismo en los libros y así di los primeros
pasos en mi transformación ideológica. Sin embargo, ha sido principalmente a
través de una prolongada participación en la lucha de clases como me he
transformado. Y tengo que seguir aprendiendo para poder hacer más progresos,
pues de lo contrario me quedaré rezagado. ¿Son acaso tan perfectos los
capitalistas que ya no necesitan transformarse?
Algunos
sostienen que la burguesía china ya no tiene un carácter doble, sino único. ¿Es
así en realidad No, no es así. Por un lado, los elementos burgueses se han
convertido en miembros del personal administrativo de las empresas mixtas
estatal-privadas y se están transformando de explotadores en trabajadores, que
viven de su propio trabajo. Pero, por otro lado, siguen recibiendo de las
empresas mixtas un dividendo fijo, es decir, no han cortado aún las raíces que
los unen a la explotación. Ellos aún se encuentran muy lejos de la clase obrera
en cuanto a ideología, sentimientos y manera de vivir. ¿Cómo puede afirmarse
que ya no tienen doble carácter? Incluso cuando dejen de percibir el dividendo
fijo y se les quite el marbete de burgueses, será necesario proseguir su
transformación ideológica durante bastante tiempo. Si la burguesía no poseyera
ya doble carácter, como opinan aquellas personas, los capitalistas ya no
tendrían la tarea de transformarse y estudiar.
Es de señalar
que esa opinión no sólo no concuerda con la situación real de los industriales
y comerciantes, sino que tampoco responde a los deseos de los más de ellos.
Durante los últimos años, los industriales y comerciantes, en su gran mayoría,
han mostrado buena disposición para el estudio y han hecho notables progresos.
Como es en el propio curso del trabajo donde tiene que realizarse su
transformación radical, ellos deben trabajar junto con los obreros y empleados
en las empresas, tomando éstas como
campo
fundamental de su propia transformación. No obstante, también es importante que
a través del estudio cambien algunas de sus viejas concepciones. Su estudio
debe ser voluntario. Muchos industriales y comerciantes, al retornar a las
empresas después de haber asistido a cursos de estudio durante unas semanas,
han encontrado más fácilmente un lenguaje común con las masas obreras y los
representantes del sector estatal, lo cual va en beneficio del trabajo
conjunto. Han llegado a comprender, por experiencia propia, que para ellos es
provechoso continuar estudiando y transformándose. La referida opinión de que
no es necesario estudiar ni transformarse, no refleja el punto de vista de la
gran mayoría de los industriales y comerciantes, sino de una minoría.
V. EL
PROBLEMA DE LOS INTELECTUALES
En nuestro
país, las contradicciones en el seno del pueblo también tocan a los
intelectuales. Los varios millones de intelectuales que antes trabajaban para
la vieja sociedad han pasado a servir a la nueva sociedad. Y aquí surge el
problema de cómo pueden adaptarse a las demandas de la nueva sociedad y cómo
les ayudamos a lograrlo. Esta también es una contradicción en el seno del
pueblo.
La mayoría de
nuestros intelectuales han alcanzado ya progresos evidentes durante los últimos
siete años. Ellos se pronuncian por el sistema socialista. Muchos estudian el
marxismo con empeño, y algunos se han hecho comunistas. El número de estos
últimos, aunque pequeño en la actualidad, va creciendo poco a poco. Claro que
existen intelectuales que aún miran escépticamente el socialismo o que no lo
aprueban, pero ellos sólo representan una minoría.
La gigantesca
y ardua causa de la construcción socialista de China requiere que la mayor
cantidad posible de intelectuales se ponga a su servicio. Debemos confiar en
todos los intelectuales que de verdad estén dispuestos a servir a la causa del
socialismo, mejorar de manera radical nuestras relaciones con ellos y ayudarles
a resolver todos los problemas cuya solución sea necesaria, para que puedan
poner en pleno juego su capacidad. Muchos de nuestros camaradas no saben unirse
con los intelectuales, los tratan de un modo rígido, no respetan su trabajo y,
en la labor científica y cultural, se inmiscuyen en asuntos en los cuales no
deberían intervenir. Debemos superar todas estas fallas.
Aunque las
masas de intelectuales han hecho progresos, no deben por ello sentirse
satisfechas de sí mismas. Para ponerse a la altura de las demandas de la nueva
sociedad y unirse con los obreros y campesinos, deben proseguir su
transformación, desprendiéndose poco a poco de su concepción burguesa del mundo
y adquiriendo la proletaria, la concepción comunista. El cambio de concepción
del mundo es un cambio radical y, hasta la fecha, no se puede decir que la
mayoría de los intelectuales lo hayan logrado. Esperamos que éstos sigan
avanzando y que, en el curso de su trabajo y estudio, vayan adquiriendo la
concepción comunista del mundo, asimilando el marxismo- leninismo e
identificándose con los obreros y campesinos. Esperamos que no se detengan a
medio camino y que menos aún retrocedan, pues el retroceso no les ofrece futuro
alguno. Como el sistema social de nuestro país ha cambiado y la base económica
de la ideología burguesa ha sido liquidada en lo fundamental, no sólo es
necesario sino también posible que gran número de intelectuales cambien su
concepción del mundo. Pero el cambio radical de concepción del mundo exige
largo tiempo, y por eso debemos hacer entre ellos un trabajo paciente, evitando
toda precipitación. Existen, en efecto, gentes que siempre se negarán
a aceptar
ideológicamente el marxismo-leninismo y el comunismo. No debemos ser muy
exigentes con ellas. Siempre y cuando se sometan a los requerimientos del
Estado y realicen honestamente sus actividades, debemos darles la posibilidad
de dedicarse a un trabajo adecuado.
En los
últimos tiempos, se ha debilitado la labor ideológica y política entre los
intelectuales y jóvenes estudiantes, y han surgido ciertas desviaciones. A los
ojos de algunos, ya es innecesario preocuparse de la política, del futuro de la
patria o de los ideales de la humanidad, y el marxismo, que estuvo tan de moda,
ya no lo está tanto. Para contrarrestar estas desviaciones, debemos
intensificar nuestra labor ideológica y política. Tanto los intelectuales como
los estudiantes deben estudiar con ahínco. A la par que estudian sus
especialidades, tienen que progresar ideológica y políticamente, y para eso
deben estudiar el marxismo y los problemas políticos y de actualidad. No tener
una correcta concepción política equivale a no tener alma. La transformación
ideológica realizada en el pasado fue necesaria y reportó resultados positivos.
Pero hubo métodos que fueron un tanto bruscos, y se hirieron los sentimientos
de algunas personas, lo cual no está bien. En adelante, hay que evitar esta
deficiencia. Todos los departamentos y organizaciones deben responsabilizarse
de la labor ideológica y política. Esto es válido para el Partido Comunista, la
Liga de la Juventud, los departamentos gubernamentales encargados de esta labor
y, con mayor razón, para los directores y profesores de los centros docentes.
Nuestra política educacional debe estar orientada a lograr que todos aquellos
que reciben educación se desarrollen moral, intelectual y físicamente y se
conviertan en trabajadores que tengan conciencia socialista y sean cultos.
Debemos promover el espíritu de laboriosidad y economía en la construcción del
país. Es necesario hacer comprender a toda la juventud que nuestro país es
todavía muy pobre, que esta situación no se podrá cambiar de raíz en un plazo
breve y que sólo mediante sus esfuerzos mancomunados es como la joven
generación y todo el pueblo podrán construir con sus propias manos un país
próspero y poderoso en el curso de algunos decenios. La instauración del
sistema socialista nos ha abierto el camino que conduce a la sociedad ideal del
futuro, pero para que esta se haga realidad tenemos que trabajar arduamente.
Algunos jóvenes creen que, una vez establecida la sociedad socialista todo debe
ser perfecto y que ellos pueden gozar de una vida feliz que ya está dada, sin
necesidad de trabajar por ella. Esta idea no corresponde a la realidad.
VI. EL
PROBLEMA DE LAS MINORIAS NACIONALES
Nuestras
minorías nacionales conforman una población de más de treinta millones y,
aunque sólo representan el 6 por ciento de la población de China, habitan
extensas regiones que constituyen del 50 al 60 por ciento de la superficie
total del país. Por eso es de imperiosa necesidad fomentar las buenas
relaciones entre ellas y la nacionalidad jan. La clave de este problema está en
superar el chovinismo de gran jan. Al mismo tiempo, hay que superar también el
nacionalismo local en aquellas minorías nacionales en las que éste se presente.
Tanto el chovinismo de gran jan como el nacionalismo local lesionan la unidad
entre las nacionalidades; se trata de un tipo de contradicción en el seno del
pueblo, que debemos resolver. En este aspecto hemos realizado ya cierta labor
y, en comparación con tiempos anteriores, las relaciones entre las
nacionalidades han mejorado mucho en la mayoría de las regiones pobladas por
minorías nacionales. Sin embargo, quedan algunos problemas en espera de
solución. Aún existen, en parte de
dichas
regiones, serias manifestaciones tanto de chovinismo de gran jan corno de
nacionalismo local, circunstancia a la cual debe prestarse suficiente atención.
Gracias a los esfuerzos hechos por el pueblo de todas las nacionalidades
durante los últimos años, en la inmensa mayoría de las regiones habitadas por
minorías nacionales se han realizado ya, en lo fundamental, las reformas
democráticas y las transformaciones socialistas. En el Tíbet no se han
implantado las reformas democráticas debido a que allí las condiciones no están
todavía maduras. Según el Acuerdo de Diecisiete Puntos, concertado entre el
Gobierno Popular Central y el gobierno local del Tíbet, la reforma del sistema
social debe realizarse, pero el momento de emprenderla sólo podrá ser decidido
cuando la gran mayoría de las masas tibetanas y sus personalidades dirigentes
lo consideren factible. En cuanto a este particular no debe haber
precipitación. Por ahora se ha decidido no efectuar reformas democráticas en el
Tíbet durante el Segundo Plan Quinquenal. La cuestión de si éstas serán
introducidas durante el Tercer Plan Quinquenal se decidirá a la luz de la
situación de entonces.
VII. PROCEDER
CON UNA VISION DE CONJUNTO Y ADOPTAR DISPOSICIONES APROPIADAS
Por visión de
conjunto entendemos una visión que tenga en cuenta a los seiscientos millones
de habitantes del país. Al formular los planes, manejar los asuntos o
considerar los problemas, debemos partir del hecho de que China tiene una
población de seiscientos millones, hecho que no debemos olvidar jamás. ¿Por
qué, pues, planteamos semejante cuestión? ¿Acaso aún puede haber quien no sepa
que nuestro país tiene una población de seiscientos millones? De saber, lo
saben todos, pero en la práctica algunos lo olvidan y les parece que tanto
mejor sería cuanto menos gente hubiera y más reducido fuese el círculo. Los que
tienen esta mentalidad de pequeño círculo se resisten a la idea de poner en
juego todos los factores positivos, unirse con cuanta gente sea susceptible de
ser unida y transformar, en la medida de lo posible, los factores negativos en
positivos a fin de que sirvan a la gran causa de la edificación de una sociedad
socialista.
pág. 444
Espero que
esa gente ensanche sus horizontes y reconozca de veras que tenemos una
población de seiscientos millones, que éste es un hecho objetivo y que
constituye nuestro capital. El que sea numerosa nuestra población es una cosa
buena, pero, claro está, también implica dificultades. Nuestra construcción se
desenvuelve con ímpetu en todos los terrenos y ha conseguido grandes éxitos;
sin embargo, en el actual período de transición, de grandes cambios sociales,
hay aún muchos problemas difíciles. El avance y las dificultades simultáneos
constituyen una contradicción. Pero toda contradicción debe, y perfectamente
puede, ser resuelta. Nuestra política es la de proceder con una visión de
conjunto y adoptar disposiciones apropiadas. En todos los problemas, ya se
trate de los cereales, las calamidades naturales, el empleo, la educación, los
intelectuales, el frente único de todas las fuerzas patriotas, las minorías
nacionales u otros problemas, hay que partir de una visión de conjunto, que
implica tomar en consideración a todo el pueblo, y adoptar disposiciones
apropiadas de acuerdo con las posibilidades reales en cada momento y lugar,
después de consultar con los sectores interesados. De ningún modo está bien
quejarse de lo numerosa y atrasada que es la gente, de lo engorrosas y
difíciles que son las cosas, y poner punto final dando la espalda a los
problemas. ¿Significa lo dicho que el gobierno debe hacerse cargo de toda la
gente y de todos los problemas? Claro que no. En muchos casos, esta
responsabilidad la pueden asumir las organizaciones populares o las masas
directamente, ya que unas y otras son capaces de idear muchas buenas
soluciones. Esto también entra en la política de proceder con una visión de
conjunto y adoptar disposiciones apropiadas.
Debemos guiar
a las organizaciones populares y a las masas de todos los lugares del país para
que actúen en ese sentido.
VIII. SOBRE
LAS CONSIGNAS "QUE SE ABRAN CIEN FLORES Y QUE COMPITAN CIEN ESCUELAS"
Y "COEXISTENCIA DURADERA Y SUPERVISION MUTUA"
¿Cómo fue que
se plantearon las consignas "Que se abran cien flores y que compitan cien
escuelas" y "Coexistencia duradera y supervisión mutua"? Fueron
enunciadas en base a la situación concreta de China, al reconocimiento de que
en la sociedad socialista aún exis-
pág. 445
ten diversas
contradicciones y a la exigencia apremiante de acelerar el desenvolvimiento
económico y cultural del país. "Que se abran cien flores y que compitan
cien escuelas" es la orientación para promover el desarrollo del arte y el
progreso de la ciencia e impulsar el florecimiento de la cultura socialista de
nuestro país. En el arte, pueden desarrollarse libremente distintas formas y
estilos y, en la ciencia, competir libremente diferentes escuelas. Consideramos
perjudicial al desarrollo del arte y de la ciencia recurrir a medidas
administrativas imponiendo un particular estilo de arte o una determinada
escuela y prohibiendo otros. El problema de lo correcto y lo erróneo en el arte
y en la ciencia debe resolverse mediante discusiones libres en los círculos
artísticos y científicos y a través de la práctica en esos terrenos, no de
manera simplista. Para determinar si una cosa es correcta o errónea se requiere
a menudo un período de prueba. En la historia ocurre con frecuencia que lo
nuevo y correcto no obtiene al comienzo el consenso de la mayoría de los
hombres, y sólo logra desarrollarse en medio de luchas y vicisitudes. Sucede a
menudo que lo justo y bueno no es considerado al principio corno flor fragante,
sino, por el contrario, como hierba venenosa. La teoría de Copérnico sobre el
sistema solar y la de Darwin sobre la evolución fueron consideradas erróneas en
un tiempo y tuvieron que atravesar una ardua lucha. La historia de China ofrece
numerosos ejemplos análogos. En la sociedad socialista, las condiciones para el
crecimiento de lo nuevo son radicalmente distintas y mucho más propicias que en
la vieja sociedad. Sin embargo, aún ocurre con frecuencia que las fuerzas
nacientes son frenadas, y ahogadas las opiniones racionales. La expansión de
las cosas nuevas puede verse también obstaculizada por falta de discernimiento
y no por represión deliberada. Por eso, ante la cuestión de lo correcto y lo
erróneo en la ciencia y en el arte debemos adoptar una actitud prudente,
estimular la discusión libre y evitar las conclusiones precipitadas. Creemos
que esta actitud puede contribuir a un desarrollo más o menos feliz de la
ciencia y del arte.
También el
marxismo se ha desarrollado en medio de luchas. Al principio, Fue objeto de
toda suerte de ataques y considerado como hierba venenosa. Esto sucede todavía
hoy en muchos lugares del mundo. Sin embargo, el marxismo goza de una posición
muy diferente en los países socialistas. Pero, incluso en éstos, subsisten
ideas no marxistas, y aun antimarxistas. En China, aunque ha culminado
básicamente la transformación socialista en lo tocante a la propiedad y han
terminado en lo fundamental las vastas y tempestuosas luchas
pág. 446
clasistas de
las masas, características de los períodos de revolución, subsisten remanentes
de las clases derrocadas: la clase terrateniente y la burguesía compradora;
subsiste la burguesía, y la transformación de la pequeña burguesía acaba de
empezar. La lucha de clases no ha terminado. La lucha de clases
entre el
proletariado y la burguesía, entre las diferentes fuerzas políticas y entre el
proletariado y la burguesía en el terreno ideológico, será aún larga, tortuosa
y a veces incluso muy enconada. El proletariado aspira a transformar el
universo según su concepción del mundo, y a otro tanto aspira la burguesía. A
este respecto, aún no ha sido solucionada realmente la cuestión de si será el
socialismo o el capitalismo el que venza. Los marxistas siguen constituyendo
una minoría lo mismo en el conjunto de la población que entre los
intelectuales. Por eso el marxismo tiene que seguir desarrollándose a través de
la lucha. El marxismo sólo puede desarrollarse en la lucha; esto no sólo es
cierto para el pasado y el presente, sino necesariamente también para el
futuro. Lo correcto se desarrolla siempre en el proceso de la lucha contra lo
erróneo. Lo verdadero, lo bueno y lo hermoso sólo existen en comparación con lo
falso, lo malo y lo feo y siempre se desarrollan en lucha con ellos. En el
mismo momento en que la humanidad desecha un error y acepta una verdad, una
nueva verdad comienza a luchar contra nuevas ideas erróneas. Esta lucha no
cesará jamás. Esta es la ley del desarrollo de la verdad y, desde luego,
también la ley del desarrollo del marxismo.
Pasará un
tiempo bastante largo antes de que se resuelva en nuestro país la cuestión de
quién vencerá a quién en la lucha ideológica entre el socialismo y el
capitalismo. Esto se debe a que la influencia de la burguesía y de los
intelectuales provenientes de la vieja sociedad, su ideología de clase,
subsistirá por largo tiempo en nuestro país. Quien no lo comprenda
suficientemente o no lo comprenda en absoluto, cometerá el más grave de los
errores y pasará por alto la necesidad de la lucha ideológica. Esta última
difiere de otras formas de lucha. En ella no pueden emplearse procedimientos
toscos ni coercitivos; sólo se debe recurrir al razonamiento minucioso. Hoy el
socialismo cuenta con condiciones ventajosas para la lucha ideológica. La
fuerza básica del Poder se halla en manos del pueblo trabajador dirigido por el
proletariado. El Partido Comunista es fuerte y goza de alto prestigio. Aunque
se observan defectos y errores en nuestro trabajo, cualquier persona libre de
prejuicios puede advertir que somos leales al pueblo, que estamos decididos a
edificar nuestra patria junto con el pueblo y somos capaces de hacerlo y que ya
hemos conseguido grandes éxitos y
pág. 447
obtendremos
otros aún mayores. La abrumadora mayoría de los elementos burgueses y de los
intelectuales provenientes de la vieja sociedad son patriotas, están dispuestos
a servir a su floreciente patria socialista y saben que, si se apartan de la
causa del socialismo y del pueblo trabajador dirigido por el Partido Comunista,
no tendrán nada en que apoyarse y, en consecuencia, no habrá para ellos ningún
futuro brillante.
Alguien
podría preguntar: ¿Puede criticarse el marxismo siendo que es reconocido en
nuestro país como ideología rectora por la gran mayoría del pueblo? Desde luego
que sí. El marxismo es una verdad científica y no teme a la crítica. Si la
temiese, si pudiera ser derribado con críticas, no tendría valor alguno.
¿Acaso, de hecho, los idealistas no critican el marxismo a diario y por todos
los medios? ¿Acaso no critican el marxismo también y por todos los medios
aquellos que se aferran a las ideas burguesas y pequeñoburguesas y rehusan
transformarse? Los marxistas no deben temer a la crítica, venga ésta de donde
viniere. Por el contrario, tienen que templarse, desarrollarse y ampliar sus
posiciones precisamente en medio del fuego de la crítica y en la tormenta de la
lucha. La lucha contra las ideas erróneas puede compararse a la vacunación: El
hombre se inmuniza contra la enfermedad cuando la vacuna le hace efecto. Una
cosa criada en invernadero no tiene mucha vitalidad. La aplicación de la
política de "Que se abran cien flores y que compitan cien escuelas"
no debilitará la posición rectora del marxismo en el campo ideológico, sino
que, por el contrario, la fortalecerá.
¿Cuál debe
ser nuestra política con respecto a las ideas no marxistas? En lo que concierne
a los contrarrevolucionarios comprobados y a los saboteadores de la causa
socialista, la cosa es fácil: Basta privarlos de la libertad de palabra. Pero
el asunto se presenta de muy distinta manera si se trata de ideas erróneas en
el seno del pueblo. ¿Se debe prohibir tales ideas y negar a la gente toda
oportunidad de expresarlas? Desde luego que no. La práctica de métodos
simplistas para tratar problemas ideológicos en el seno del pueblo, problemas
referentes al mundo espiritual del hombre, no sólo es ineficaz sino sumamente
perniciosa. Las ideas erróneas no dejarán de existir por el hecho de que se
prohiba su expresión. Por otro lado, si las ideas correctas han sido cultivadas
en invernadero, si no han sido expuestas a los vientos y las lluvias, si no se
han hecho inmunes contra la enfermedad, no podrán vencer a las ideas erróneas
al enfrentarse con ellas. Por eso, sólo empleando los métodos de discusión,
crítica y razonamiento podemos
pág. 448
realmente
fomentar las ideas correctas, superar las erróneas y solucionar en forma
efectiva los problemas.
La burguesía
y la pequeña burguesía exteriorizarán indefectiblemente su ideología. Se
expresarán, obstinadamente y por todos los medios posibles, sobre las
cuestiones políticas e ideológicas. No se puede esperar que actúen de otra
manera. No debemos, recurriendo a la coacción, impedirles que se manifiesten;
por el contrario, debemos permitirles que lo hagan y, al mismo tiempo, debatir
con ellos y someterlos a una crítica adecuada. Está fuera de duda que debemos
criticar las ideas erróneas de toda índole. Es inadmisible, por supuesto,
abstenerse de criticar las ideas equivocadas, contemplar con indiferencia cómo
cunden por todas partes y permitirles monopolizar el mercado. Todo error debe
ser criticado y toda hierba venenosa, combatida. Sin embargo, la crítica no
debe ser dogmática; al hacerla, no se debe emplear el método metafísico, sino
esforzarse por aplicar el método dialéctico. Ella ha de contener análisis
científico y argumentos planamente convincentes. Una crítica dogmática no
resuelve nada. Combatimos toda clase de hierbas venenosas, pero debemos
distinguir con cuidado cuáles son verdaderas hierbas venenosas y cuáles
auténticas flores fragantes. Debemos aprender, junto con las masas populares, a
establecer esmeradamente esta distinción y a usar métodos acertados para
combatir las hierbas venenosas.
A la par que
criticamos el dogmatismo, debemos prestar atención a criticar el revisionismo.
El revisionismo, oportunismo de derecha, es una corriente ideológica burguesa;
es más peligroso que el dogmatismo. Los revisionistas, oportunistas de derecha,
siempre tienen en la boca el marxismo y también atacan el
"dogmatismo". Pero lo que atacan es precisamente la quintaesencia del
marxismo. Combaten o tergiversan el materialismo y la dialéctica; combaten o
intentan debilitar la dictadura democrática popular y la dirección del Partido
Comunista; combaten o intentan debilitar las transformaciones socialistas y la
construcción socialista. Incluso después de la victoria Fundamental de la
revolución socialista en nuestro país, quedan todavía cierto número de personas
que sueñan con restaurar el sistema capitalista y que luchan contra la clase
obrera en todos los frentes, incluido el ideológico. Y en esta lucha, tienen en
los revisionistas a sus mejores ayudantes.
Tomadas en su
sentido literal, las consignas "Que se abran cien flores" y "Que
compitan cien escuelas" no tienen un carácter clasista; las puede utilizar
el proletariado, y también la burguesía u otras gentes. Cada clase, cada capa y
cada grupo social tiene su propio punto de vista acerca de qué son flores
fragantes y qué hierbas venenosas. Entonces, desde el punto de vista de las
grandes masas populares; ¿cuáles deben ser hoy nuestros criterios para distinguir
las flores fragantes de las hierbas venenosas? ¿Cómo juzgar, en la vida
política de nuestro pueblo, si son correctas o erróneas nuestras palabras y
actos? Consideramos que, con arreglo a los principios constitucionales del
país, a la voluntad de la aplastante mayoría de nuestro pueblo y a los postulados
políticos comunes proclamados en varias ocasiones por los partidos políticos,
se pueden formular, en términos generales, los siguientes criterios:
1) Las
palabras y los actos deben contribuir a unir al pueblo de nuestras distintas
nacionalidades, y
no
dividirlo; 2) Deben favorecer las transformaciones socialistas y la
construcción socialista, y no perjudicarlas; 3) Deben contribuir a consolidar
la dictadura democrática popular, y no minarla o debilitarla; 4) Deben contribuir
a afianzar el
centralismo democrático, y
no socavarlo o
debilitarlo;
5) Deben contribuir a fortalecer la dirección
del Partido Comunista, y no descartara o debilitarla, y
6) Deben Favorecer, y no perjudicar, la unidad
socialista internacional y la unidad de los pueblos de todo el mundo amantes de
la paz.
De estos seis
criterios, los más importantes son los relativos al camino socialista y a la
dirección del Partido. Estos criterios se plantean para ayudar al pueblo a
fomentar la libre discusión de las distintas cuestiones, y no para
obstaculizarla. Quienes los desaprueben pueden, desde luego, expresar sus
opiniones y polemizar. Sin embargo, cuando la mayoría de las personas tengan
claros estos criterios, se podrá encauzar por un camino acertado la crítica y
la autocrítica y aplicarlos a las palabras y acciones de la gente para
determinar si son correctas o erróneas, si se trata de flores fragantes o de
hierbas venenosas. Dichos criterios son criterios políticos. Claro que para
juzgar la certeza de las tesis científicas y el nivel artístico de las obras de
arte hacen falta, además, otros criterios específicos. No obstante, los seis
criterios políticos son aplicables a cualquier actividad científica o
artística. ¿Acaso en un país socialista como el nuestro puede haber alguna
actividad científica o artística útil que esté en pugna con estos criterios
políticos?
pág. 450
Los puntos de
vista expuestos arriba han sido formulados a la luz de las condiciones
históricas concretas de China. Las condiciones de cada uno de los países
socialistas y Partidos Comunistas no son las mismas. Por eso no consideramos
que ellos deban o tengan la necesidad de seguir nuestra manera de proceder.
La consigna
"Coexistencia duradera y supervisión mutua" también es fruto de las
condiciones históricas concretas de nuestro país. No ha sido presentada de modo
súbito, puesto que estuvo en gestación durante varios años. La idea de la
coexistencia duradera nació hace mucho tiempo. El año pasado, cuando quedó
establecido fundamentalmente el sistema socialista, esta consigna fue planteada
en términos explícitos. ¿Por qué, pues, hay que admitir una larga coexistencia
de los partidos democráticos de la burguesía y de la pequeña burguesía con el
partido político de la clase obrera? Porque no tenemos motivos para no adoptar
la política de coexistencia duradera con respecto a todos aquellos partidos que
se dediquen verdaderamente a la tarea de unir al pueblo para la causa del
socialismo y se hayan granjeado su confianza. Ya en la II Sesión del I Comité
Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, celebrada en
junio de 1950, dije:
"Si uno
tiene el verdadero deseo de servir al pueblo; si, en un período difícil para
éste, realmente le ha ayudado y ha hecho algo bueno, y sigue procediendo así
consecuentemente, sin detenerse a medio camino, el pueblo y su gobierno no
tendrán motivos para rechazarlo ni para negarle la posibilidad de ganarse la
vida y de prestar sus servicios."
Esta es
precisamente la base política de la coexistencia duradera de los partidos. Una
coexistencia duradera del Partido Comunista con los partidos democráticos es
nuestro deseo y también nuestra política. Ahora bien, el que los partidos
democráticos puedan tener o no una larga existencia no depende tan sólo del
deseo del Partido Comunista, sino también de cómo se comporten ellos, de si se
ganan la confianza del pueblo. La supervisión mutua entre los distintos
partidos es otro hecho de larga data, que toma la forma de consejos y críticas
recíprocos. La supervisión mutua no es, desde luego, un asunto unilateral;
significa que, a la vez que el Partido Comunista puede ejercer supervisión
sobre los partidos democráticos, éstos también pueden ejercerla sobre el
Partido Comunista. ¿Por qué se admite la supervisión de los partidos
democráticos sobre el Partido Comunista? Porque un partido, lo mismo que una
persona, tiene gran necesidad de oír opiniones diferen-
pág. 451
tes de las
propias. Es de todos conocido que la supervisión sobre el Partido Comunista la
ejercen principalmente el pueblo trabajador y los militantes del Partido. Pero
será más provechoso para nosotros que también participen en ella los partidos
democráticos. Claro que los consejos y críticas que se intercambien entre los
partidos democráticos y el Partido Comunista sólo podrán desempeñar un papel
positivo de supervisión mutua cuando correspondan a los seis criterios
políticos. Por eso esperamos que todos los partidos democráticos presten
atención a la transformación ideológica y se esfuercen por una coexistencia
duradera con el Partido Comunista y una supervisión mutua, a fin de responder a
las necesidades de la nueva sociedad.
IX. ACERCA DE
LOS DESORDENES CREADOS POR UN PEQUEÑO NUMERO DE PERSONAS
En 1956, se
registraron en algunos lugares huelgas obreras y estudiantiles con un pequeño
número de participantes. La causa inmediata de estos disturbios fue que no se
había satisfecho ciertas demandas de beneficios materiales, que en algunos
casos debían y podían haber sido atendidas, mientras que, en otros, no podían
ser satisfechas en ese momento por ser inadecuadas o excesivas. Pero una de las
causas más importantes de los desórdenes fue el burocratismo de la dirección.
La responsabilidad de estos errores burocráticos debe imputarse, en algunos
casos, a los organismos superiores, y no exclusivamente a las instancias
inferiores. Otra causa de los disturbios fue la insuficiente educación
ideológica y política dada a los obreros y a los estudiantes. Ese mismo año, un
pequeño número de miembros de cooperativas agrícolas provocaron desórdenes,
siendo también en este caso las causas principales el burocratismo de la
dirección y la insuficiente educación impartida a las masas.
Se debe
admitir que, con mucha frecuencia, alguna gente del pueblo se inclina a
preocuparse de sus intereses inmediatos, parciales y personales y no comprende,
o comprende insuficientemente, los intereses a largo plazo, nacionales y
colectivos. Una buena parte de la juventud, por falta de experiencia política y
social, no alcanza a ver el contraste entre la vieja China y la nueva; no le
resulta fácil comprender a fondo ni las incontables penalidades que nuestro
pueblo experimentó en su
pág. 452
lucha por
liberarse de la opresión del imperialismo y de la reacción kuomintanista, ni la
necesidad de trabajar duro por un largo período para construir una bella
sociedad socialista. He aquí por qué debemos realizar constantemente una
educación política viva y eficaz entre las masas, decirles siempre la verdad
sobre las dificultades que surjan y estudiar con ellas la manera de
resolverlas.
No aprobamos
los desórdenes, ya que las contradicciones en el seno del pueblo pueden ser
resueltas por el método de "unidad -- crítica -- unidad"; además, los
desórdenes siempre causan ciertas pérdidas y son perjudiciales para el avance
de la causa socialista. Estamos convencidos de que las amplias masas populares
de nuestro país están por el socialismo, acatan conscientemente la disciplina,
son razonables y nunca crearán desórdenes sin motivo. Pero esto no significa
que en nuestro país esté excluida la posibilidad de que gente del pueblo
provoque desórdenes. Sobre este asunto, hay que prestar atención a lo
siguiente: 1) Para eliminar radicalmente las causas de los desórdenes, debemos
extirpar en forma resuelta el burocratismo, intensificar en grado considerable
la educación ideológica y política y tratar de manera adecuada las diversas
contradicciones. Hecho esto, hablando en general, no se presentarán más
desórdenes. 2) Si surgen desórdenes a consecuencia de nuestro mal trabajo,
habrá que conducir al camino acertado a la gente del pueblo que participe en
ellos, aprovecharlos como un medio especial para el mejoramiento de nuestra
labor y para la educación de los cuadros y las masas y, en fin, resolver las
cuestiones que hayan quedado sin solucionar. En el tratamiento de los
desórdenes debemos realizar un trabajo minucioso y no emplear métodos
simplistas, ni batirnos en retirada antes de que el problema haya sido
efectivamente resuelto. No debemos emplear a la ligera los recursos de
expulsión o despido contra los cabecillas de los desórdenes, salvo aquellos
que, por haber infringido el código penal o por ser contrarrevolucionarios
activos, deben ser castigados con arreglo a la ley. En un país tan grande como
el nuestro no es motivo de alarma el que un reducido número de personas
provoquen disturbios; antes bien, eso puede ayudarnos a superar el
burocratismo.
En nuestra
sociedad hay también un pequeño número de personas que, desdeñando los
intereses públicos, proceden arbitrariamente, cometen delitos y violan la ley.
Puede ocurrir que, utilizando y tergiversando nuestras políticas, presenten, de
modo premeditado, exigencias irrazonables a fin de instigar a las masas o, con
aviesa intención, difundan rumores y armen líos buscando alterar el orden
público. De ninguna manera aprobamos la tolerancia con gentes de esta calaña;
por el contrario, creemos que hay que castigarlas según la ley. Las grandes
masas exigen darles el castigo merecido; dejarlas impunes iría contra la
voluntad de las masas.
X. ¿PUEDE UNA
COSA MALA TRANSFORMARSE EN BUENA?
Como he dicho
antes, en nuestra sociedad es una cosa mala el que gente del pueblo promueva
desórdenes, y esto no lo aprobamos. Sin embargo, su aparición puede impulsarnos
a sacar lecciones, superar el burocratismo y educar a los cuadros y a las
masas. En este sentido, una cosa mala puede convertirse en buena. Los
desórdenes tienen un doble carácter. Todo disturbio puede ser considerado desde
este punto de vista.
Los
acontecimientos de Hungría no fueron una cosa buena; eso está claro para todos.
Pero también tienen un doble carácter. Gracias a que los camaradas húngaros
adoptaron medidas acertadas durante
los sucesos,
éstos se transformaron de cosa mala en buena. Hungría está hoy más consolidada
que antes, y todos los países del campo socialista han sacado una lección de lo
sucedido.
La campaña
anticomunista y antipopular desencadenada a escala mundial durante la segunda
mitad del año 1956 también fue, desde luego, una cosa mala, pero educó y templó
a los Partidos Comunistas y a la clase obrera de los diversos países, y de esta
manera se transformó en una cosa buena. Durante esta campaña, en muchos países
abandonaron las filas de los Partidos Comunistas una parte de sus miembros.
Esas deserciones redujeron el número de su militancia, lo cual fue, por
supuesto, una cosa mala. Pero también hubo en ello su lado bueno. Los elementos
vacilantes no quisieron permanecer en las filas de esos Partidos y se retiraron
de ellos, mientras que la gran mayoría de los afiliados, de convicciones
firmes, se unieron todavía más para la lucha. ¿No es esto una cosa buena?
En síntesis,
debemos aprender a examinar las cuestiones en todos sus aspectos, a ver no sólo
el anverso de las cosas sino también su reverso. En determinadas condiciones,
una cosa mala puede conducir a buenos resultados, y una cosa buena, a
resultados malos. Hace más de dos mil años, ya decía Lao Tse: "En la
desgracia habita la felicidad, en la felicidad se oculta la desgracia."[1]
Los japoneses calificaban de victoria su invasión a China. Los chinos estimaban
como derrota la ocupación por el agresor de vastos territorios del país. Sin
embargo, la derrota de China llevaba en sí el germen de la victoria, mientras
que la victoria del Japón contenía el embrión de la derrota. ¿Acaso no ha
confirmado esto la historia?
En todos los
países se discute ahora si estallará o no una tercera guerra mundial. Frente a
esta cuestión también debemos estar espiritualmente preparados y examinarla de
modo analítico. Estamos resueltamente por la paz y contra la guerra. Pero, si
los imperialistas insisten en desencadenar una guerra, no debemos sentir temor.
Nuestra actitud ante este asunto es la misma que ante cualquier otro
"desorden": En primer lugar, estamos en contra; en segundo, no lo
tememos. Tras la Primera Guerra Mundial apareció la Unión Soviética, con
doscientos millones de habitantes; tras la Segunda Guerra Mundial surgió el
campo socialista, que abarca a novecientos millones de seres. Puede afirmarse
que si, a pesar de todo, los imperialistas desencadenan una tercera guerra mundial,
otros centenares de millones pasarán inevitablemente al lado del socialismo, y
a los imperialistas no les quedará ya mucho espacio en el mundo; incluso es
probable que se derrumbe por completo todo el sistema imperialista.
Bajo
determinadas condiciones, los dos términos opuestos de una contradicción se
convierten inevitablemente cada uno en su contrario, como resultado de la lucha
entre ellos. Aquí lo importante son las condiciones. Sin determinadas
condiciones, ninguno de los dos términos que luchan entre sí puede
transformarse en su contrario. En el mundo, el proletariado es el que más desea
cambiar su situación, y le sigue el semiproletariado, pues el primero no tiene
nada y el segundo tiene poco. La actual situación en que los EE.UU. manipulan
la mayoría de los votos de la ONU y controlan muchas partes del mundo, es sólo
temporal. Llegará indefectiblemente el día en que esta situación cambie. El
status de China como país pobre y privado de sus derechos en la arena internacional
también cambiará: El país pobre se convertirá en rico, el país privado de sus
derechos, en país que goce de ellos, es decir, una transformación de las cosas
en sus contrarios. Las condiciones decisivas para ello son el sistema
socialista y los esfuerzos mancomunados de todo un pueblo unido.
XI. SOBRE EL
REGIMEN DE ECONOMIAS
Quisiera
detenerme ahora en la cuestión del régimen de economías. Nos disponemos a
realizar una construcción en gran escala, pero nuestro país es muy pobre
todavía: he aquí una contradicción. Uno de los medios para resolverla es hacer
prolongados esfuerzos por practicar rigurosamente economías en todos los
terrenos.
En 1952
efectuamos una campaña contra los tres males: la corrupción administrativa, el
despilfarro y el burocratismo, poniendo énfasis en la lucha contra la
corrupción. En 1955 promovimos la práctica de economías, prestando principal
atención al combate contra las normas demasiado altas en la construcción de
obras básicas de carácter improductivo y al ahorro de materias primas en la
producción industrial, y obtuvimos grandes éxitos. Pero, por aquel entonces, la
política de practicar economías no se aplicó seriamente en todas las ramas de
la economía nacional, ni en las entidades oficiales, unidades militares,
centros docentes y organizaciones populares en general. Este año hay que
estimular la práctica de economías y luchar contra el derroche en todos los aspectos
de la vida del país. Nos falta aún experiencia en el trabajo de construcción.
Durante los últimos años hemos conseguido grandes éxitos, pero también ha
habido derroche. Tenemos que construir gradualmente una serie de grandes
empresas modernas, a modo de armazón; sin esta armazón es imposible transformar
en unos decenios nuestro país en una potencia industrial moderna. Sin embargo,
la mayoría de nuestras empresas no deben ser de tales dimensiones; hay que
construir más empresas medianas y pequeñas, aprovechar al máximo la base
industrial heredada de la vieja sociedad y tratar, por todos los medios, de
realizar economías, a fin de hacer más cosas con menos dinero. La orientación
de practicar estrictamente economías y combatir el despilfarro, planteada en
términos más enfáticos que antes por la II Sesión Plenaria del VIII Comité
Central del Partido Comunista de China en noviembre pasado, ha empezado a dar
resultados en los últimos meses. La presente campaña por la práctica de
economías debe ser consecuente y prolongada. La lucha contra el derroche, igual
que la crítica a otros defectos y errores, puede compararse al acto de lavarse
la cara. ¿Acaso no hay que lavarse la cara todos los días? El Partido Comunista
de China, los partidos democráticos, las personalidades democráticas sin
partido, los intelectuales, los industriales y comerciantes, los obreros,
campesinos y artesanos, en una
pág. 456
palabra,
todos nosotros -- los seiscientos millones de habitantes -- debemos aumentar la
producción, practicar economías y luchar contra el lujo y el despilfarro. Esto
tiene una gran importancia no sólo económica sino también política. Entre
muchos de nuestros cuadros crece ahora una tendencia peligrosa: desgano de
compartir penas y alegrías con las masas y preocupación por la fama y el
provecho personales. Esto es muy malo. En el curso de la campaña por aumentar
la producción y practicar economías, debemos simplificar nuestros organismos y
trasladar cuadros a los niveles inferiores a fin de que un número considerable
de ellos se reincorpore a la producción. He aquí una manera de vencer esa
tendencia peligrosa. Debemos velar porque todos nuestros cuadros y todo nuestro
pueblo tengan siempre presente que China es un gran país socialista, pero, al
mismo tiempo, un país económicamente atrasado y pobre, y que esto es una
contradicción muy grande. Para convertir a China en un país próspero y
poderoso, se requieren varios decenios de intensos esfuerzos, que suponen,
entre otras cosas, la observancia de un riguroso régimen de economías y la
lucha contra el despilfarro, o sea, la aplicación de la política de
laboriosidad y economía en la construcción del país.
XII. EL
CAMINO DE LA INDUSTRIALIZACION DE CHINA
Al hablar
sobre nuestro camino hacia la industrialización, me refiero aquí principalmente
a la relación entre el desarrollo de la industria pesada, el de la industria
ligera y el de la agricultura. Hay que reafirmar que la industria pesada es el
centro de la construcción económica de nuestro país. Pero, al mismo tiempo, es
necesario prestar plena atención al desenvolvimiento de la agricultura y de la
industria ligera.
China es un
gran país agrícola con más del 80 por ciento de la población en las áreas
rurales. Su agricultura debe desarrollarse a la par que su industria; sólo así
podrá la industria disponer de materias primas y de mercado, sólo así se podrá
acumular mayor cantidad de fondos para crear una poderosa industria pesada. Es
de todos sabido que la industria ligera está estrechísimamente ligada a la
agricultura, pues sin ésta no podría existir industria ligera. Lo que hoy la
gente todavía no comprende bien es que la agricultura proporciona un
pág. 457
importante
mercado a la industria pesada. Sin embargo, lo comprenderá fácilmente a medida
que la transformación técnica y la modernización de la agricultura, en su
gradual desarrollo, reclamen cada vez más maquinaria, fertilizantes, obras
hidráulicas, instalaciones de energía eléctrica, transporte, combustible para
el consumo popular y materiales de construcción civil. Si durante el período
del Segundo y Tercer Planes Quinquenales podemos dar un mayor impulso a la
agricultura, logrando así un mayor crecimiento correspondiente de la industria
ligera, resultará beneficiada toda la economía nacional. El desarrollo de la
agricultura y la industria ligera proporcionará a la industria pesada mercado y
fondos, acelerando su crecimiento. A primera vista, el ritmo de la
industrialización parece un poco lento, pero en realidad no es así, e incluso
es posible que se acelere todavía más. Dentro de tres quinquenios o algo más,
nuestra producción anual de acero podrá pasar de las novecientas mil toneladas
y tantas, registradas en 1943, la más alta cifra anual de antes de la
Liberación, a los veinte millones de toneladas o aún a más. Entonces toda la
población, tanto de la ciudad como del campo, se sentirá alegre.
Hoy no es mi
intención hablar extensamente sobre los problemas económicos. Carecemos todavía
de experiencia en la construcción económica, ya que llevamos tan sólo siete
años ocupándonos de ella; necesitamos acumular experiencias. Al principio
tampoco teníamos experiencia en la revolución y, sólo después de haber dado
traspiés, adquirimos experiencia y obtuvimos la victoria en todo el país. Ahora
debemos lograr que el tiempo necesario para adquirir experiencia en la
construcción económica no sea tan largo ni el precio tan elevado como requirió
el obtener la experiencia de la revolución. De todas maneras tenemos que pagar
un precio, pero esperamos que no sea tan alto como el que pagamos en la etapa
de la revolución. Es necesario comprender que en esto hay una contradicción: la
contradicción entre las leyes objetivas del desarrollo económico de la sociedad
socialista y nuestro conocimiento subjetivo de ellas, contradicción que debe
ser resuelta en la práctica. Esta se revela también como una contradicción entre
personas, entre las que tienen una comprensión más o menos acertada de las
leyes objetivas y las que las comprenden de manera relativamente incorrecta;
es, pues, una contradicción en el seno del pueblo. Todas las contradicciones
existen objetivamente, y nuestra tarea consiste en conocerlas y resolverlas,
dentro de lo posible, en forma correcta.
pág. 458
Para
transformar a China en un país industrial debemos aprender a conciencia las
experiencias avanzadas de la Unión Soviética. La Unión Soviética lleva ya
cuarenta años edificando el socialismo y su experiencia es muy valiosa para
nosotros. Veamos: ¿Quién ha diseñado y equipado para nosotros tantas Fábricas
importantes? ¿Acaso los Estados Unidos? ¿Inglaterra, tal vez? No, ninguno de
ellos. Sólo la Unión Soviética lo ha hecho, porque es un país socialista y
aliado nuestro. Además de la Unión Soviética, también nos han prestado cierta
ayuda algunos países hermanos de Europa Oriental. Es completamente cierto que
tenemos que aprender las buenas experiencias de todos los países, sean
socialistas o capitalistas; de eso no cabe duda. Sin embargo, debemos aprender
principalmente de la Unión Soviética. Hay dos actitudes respecto a cómo
aprender. Una es la dogmática, que consiste en copiarlo todo, sea o no
aplicable a las condiciones de nuestro país. Esta no es una actitud buena. La
otra es la de hacer funcionar nuestras cabezas y aprender lo que se adapte a
nuestras condiciones, es decir, asimilar cuanta experiencia nos sea útil. Esta
es la actitud que debemos adoptar.
Reforzar
nuestra solidaridad con la Unión Soviética y demás países socialistas es
nuestra política fundamental, y en ello estriban nuestros intereses esenciales.
Además, debemos fortalecer y desarrollar la solidaridad con los países de Asia
y áfrica, así como con todos los países y pueblos amantes de la paz. Unidos a
estas dos fuerzas, no estaremos solos. En cuanto a los países imperialistas,
también debemos unirnos con sus pueblos y esforzarnos por coexistir
pacíficamente con estos países, por comerciar con ellos y por conjurar una
posible guerra. Sin embargo, de ningún modo debemos abrigar ideas ilusorias
respecto a ellos.
pág. 458
NOTAS
[1] Citado de
Lao Tse, cap. LVIII. [pág. 454]
DISCURSO ANTE LA CONFERENCIA NACIONAL DEL PARTIDO
COMUNISTA DE CHINA SOBRE EL TRABAJO DE PROPAGANDA
De
Obras
Escogidas de Mao Tsetung
EDICIONES EN
LENGUAS EXTRANJERAS
PEKIN
Primera
edición 1977
Tomo V, págs.
459-73.
pág. 459
12 de marzo
de 1957
Camaradas:
Nuestra conferencia ha tenido un feliz desarrollo. En su curso se han planteado
numerosos problemas, lo que nos ha permitido conocer muchas cosas. Haré ahora
algunas observaciones sobre temas que ustedes han estado discutiendo.
Vivimos ahora
un período de grandes cambios sociales. Desde hace mucho tiempo la sociedad
china se encuentra en medio de grandes cambios. La Guerra de Resistencia contra
el Japón fue un período de grandes cambios y la Guerra de Liberación, otro.
Pero los cambios actuales son, por su carácter, mucho más profundos que los
anteriores. Estamos construyendo el socialismo. Cientos de millones de personas
se han incorporado al movimiento de transformación socialista. Las relaciones
de todas las clases entre sí se hallan en proceso de cambio. Tanto la pequeña
burguesía agraria y artesanal como la burguesía industrial y comercial han
sufrido mutaciones. Se ha transformado el sistema económico-social; la economía
individual ha devenido en economía colectiva y la propiedad privada capitalista
está siendo transformada en propiedad pública socialista. Cambios de tal
magnitud, por supuesto, tienen que reflejarse en el pensamiento de la gente. El
ser social determina la conciencia. Ante estos grandes cambios en el sistema social,
la gente reacciona de distinto modo de acuerdo a las clases, capas o grupos
sociales a que pertenece. Las grandes masas del pueblo los respaldan
cálidamente, pues la vida misma ha demostrado que el socialismo es la única
solución posible para China. Derribar el
antiguo
sistema social y establecer uno nuevo, el socialismo, es una gran batalla, un
inmenso cambio en el sistema social y en las
pág. 460
relaciones
entre los hombres. Debe decirse que la situación es básicamente saludable.
Pero, el nuevo sistema social acaba de establecerse y su consolidación todavía
requiere tiempo. No es dable suponer que un sistema nuevo pueda consolidarse
totalmente en el momento en que se establece; ello es imposible. Tiene que ir
consolidándose paso a paso. Para su consolidación definitiva, es necesario no
sólo realizar la industrialización socialista del país y perseverar en la
revolución socialista en el frente económico, sino también llevar adelante, en
forma ininterrumpida y con duros esfuerzos, la lucha revolucionaria socialista
y la educación socialista en los frentes político e ideológico. Además, se
requiere el concurso de diversos factores internacionales. En China, la lucha
para afianzar el sistema socialista, la lucha para decidir si vencerá el
socialismo o el capitalismo, llevará todavía un período histórico muy largo.
Pero todos debemos tener claro que el nuevo sistema socialista se consolidará
indefectiblemente. Lograremos construir un país socialista que cuente con una
industria, una agricultura, una ciencia y una cultura modernas. Este es el
primer punto que quería tratar.
En segundo
termino, la situación de los intelectuales de nuestro país. No disponemos de
estadísticas precisas sobre el número de intelectuales chinos. Se calcula que
hay alrededor de cinco millones de todo tipo, entre intelectuales de alta
categoría e intelectuales en general. De estos cinco millones, la absoluta
mayoría son patriotas, aman nuestra República Popular y están dispuestos a
servir al pueblo y al Estado socialista. Un pequeño número de intelectuales no
gusta mucho del sistema socialista ni se siente muy feliz con él. Todavía se
muestra escéptico respecto del socialismo, pero no deja de ser patriota frente
al imperialismo. Los intelectuales hostiles a nuestro Estado son muy pocos. A
ellos no les agrada nuestro Estado de dictadura del proletariado y añoran la
vieja sociedad. A la primera ocasión que se les presenta, agitan las aguas y
provocan disturbios, intentando derrocar al Partido Comunista y restaurar la
vieja China. Entre la línea proletaria y la burguesa, entre la socialista y la
capitalista, se obstinan en seguir la segunda. Y como seguir esta línea es
impracticable, de hecho están dispuestos a entregarse al imperialismo, al
feudalismo y al capitalismo burocrático. Tales individuos figuran en los
círculos políticos, industriales y comerciales, culturales y docentes,
científico-tecnológicos y religiosos, y son extremadamente reaccionarios.
Constituyen sólo el 1, 2 ó 3 por ciento de los cinco millones. La abrumadora
mayoría, o sea más del 90 por ciento, apoya en diverso grado el sis-
pág. 461
terna
socialista. Muchos de ellos aún no tienen muy claro cómo trabajar bajo el
socialismo y cómo comprender, manejar y resolver tantos problemas nuevos.
Respecto a la
actitud de los cinco millones de intelectuales hacia el marxismo, se podría
decir que más del 1o por ciento -- comunistas y simpatizantes -- están
relativamente familiarizados con el marxismo y, bien plantados sobre sus pies,
se sitúan firmemente en la posición del proletariado. Ellos sólo representan
una minoría de ese total de cinco millones, pero constituyen su núcleo y tienen
gran fuerza. La mayoría desea estudiar el marxismo y ya ha aprendido algo, pero
aún no lo conoce bien. Entre esta mayoría hay algunos que, siendo todavía
escépticos y careciendo de una posición firme, vacilan en cuanto se levanta una
tormenta. Este sector de intelectuales, que constituyen la gran mayoría de los
cinco millones, mantienen una posición intermedia. Aquellos que se oponen
obstinadamente al marxismo o le tienen odio representan una mínima proporción.
Hay algunos que, si bien no lo declaran abiertamente, de hecho desaprueban el
marxismo. Habrá gentes de este tipo durante mucho tiempo y
debemos
permitirles que lo desaprueben. Por ejemplo, algunos idealistas pueden apoyar
el sistema político y económico del socialismo, pero disienten de la concepción
marxista del mundo. Lo mismo ocurre con los patriotas de los círculos
religiosos. Ellos son teístas y nosotros ateos. No podemos forzarlos a aceptar
la concepción marxista del mundo. En resumen, sobre la actitud de los cinco
millones de intelectuales hacia el marxismo, puede decirse lo siguiente: Los
que aprueban el marxismo y están relativamente familiarizados con él son una
minoría, los que se oponen a el son también una minoría y la mayoría lo aprueba
pero no lo conoce bien, y esta aprobación se da en muy diversos grados. Se
presentan, por consiguiente, tres posiciones: apoyo resuelto, vacilación y
oposición. Tal situación perdurará por largo tiempo; esto debemos reconocerlo,
pues si no, puede suceder que exijamos demasiado a los demás y nos asignemos a
nosotros mismos tareas muy pequeñas. La tarea de los camaradas encargados de la
propaganda es divulgar el marxismo. Esto debe hacerse gradualmente y en forma
apropiada, de manera que la gente lo acepte gustosa. No podemos obligar a la
gente a aceptar el marxismo; lo único admisible en este sentido es la
persuasión. Estaría muy bien que, en un período de varios planes quinquenales,
un buen número de intelectuales llegara a aceptar el marxismo y lograse
comprenderlo mejor a través de su trabajo y de su vida, a través de
pág. 462
su práctica
en la lucha de clases, en la producción y en las actividades científicas. Y
esto es lo que esperamos.
En tercer
término, el problema de la reeducación de los intelectuales. Nuestro país tiene
escaso desarrollo cultural. Para un país tan inmenso como el nuestro, cinco
millones de intelectuales son demasiado pocos. Sin intelectuales no podríamos
hacer bien nuestro trabajo, y esto nos impone hacer lo debido para unirnos con
ellos. La sociedad socialista se compone principalmente de tres sectores: los
obreros, los campesinos y los intelectuales. Intelectuales son aquellos que se
dedican al trabajo mental; su actividad está al servicio del pueblo, o sea, al
servicio de los obreros y campesinos. En lo que respecta a la mayoría de los
intelectuales, pueden servir a la nueva China lo mismo que sirvieron a la vieja
China, y servir al proletariado lo mismo que sirvieron a la burguesía. Cuando
los intelectuales servían a la vieja China, el ala izquierda se resistía, el
sector intermedio vacilaba y sólo el ala derecha permanecía firme. Ahora,
cuando se trata de servir a la nueva sociedad, la situación se presenta a la inversa.
El ala izquierda permanece Firme, el sector intermedio vacila (estas
vacilaciones en la nueva sociedad no son las mismas que en el pasado) y el ala
derecha se resiste. Los intelectuales son también educadores. Diariamente
nuestros periódicos educan al pueblo. Nuestros escritores y artistas,
científicos y técnicos, profesores y maestros, todos están enseñando a sus
educandos, al pueblo. Como son educadores y maestros, antes que nada ellos
mismos deben ser educados. Tanto más cuanto que el presente período es de
grandes cambios en el sistema social. En los últimos años, ellos han recibido
cierta educación marxista y algunos han estudiado con empeño y logrado notables
progresos. Pero la mayoría está aún muy lejos de haber reemplazado totalmente
su concepción burguesa del mundo por la proletaria. Algunos han leído unos
cuantos libros marxistas y se creen muy doctos, pero como lo que han leído no
les ha penetrado ni prendido en la mente, no saben utilizarlo y sus
sentimientos de clase siguen como antes. Otros son muy engreídos y, habiendo
leído algunas frases librescas, se consideran gran cosa y se hinchan de
orgullo, pero cada vez que se levanta una tormenta asumen una posición muy
diferente a la de los obreros y de la mayoría de las masas trabajadoras del
campesinado. Vacilan mientras éstos permanecen firmes, se muestran equívocos
mientras éstos son francos y directos. Por lo tanto, es erróneo suponer que el
que educa no necesita a su vez recibir educación ni tampoco aprender, o que
reeducación socialista significa tan sólo reedu-
pág. 463
car a los
demás -- a los terratenientes, capitalistas y productores individuales -- pero
no a los intelectuales. Los intelectuales también necesitan reeducación; no
sólo deben reeducarse aquellos que aún no han cambiado su posición básica, sino
que todos deben aprender y reeducarse. Yo digo "todos", y eso incluye
a los que estamos aquí presentes. Las situaciones están en constante cambio, y
para adaptar su pensamiento a las nuevas situaciones, uno debe aprender.
Incluso quienes tienen una mayor comprensión del marxismo y se mantienen
relativamente firmes en la posición proletaria, deben continuar aprendiendo,
asimilar cosas nuevas y estudiar problemas nuevos. A menos que eliminen de sus
cabezas lo que no es sano, los intelectuales se hallarán por debajo de su tarea
de educar a otros. Por supuesto, debemos estudiar mientras ensañamos, ser
alumnos y maestros a la vez. Para ser un buen maestro, primero hay que ser un
buen alumno. Son muchas las cosas que no pueden aprenderse a través de los
libros solamente, y que es necesario aprender de los productores -- los obreros
y campesinos -- y, en las escuelas, de los estudiantes, de aquellos a quienes
uno está enseñando. En mi opinión, la mayoría de nuestros intelectuales está
dispuesta a aprender. Es nuestra tarea ayudarles en el estudio, de todo corazón
y de manera adecuada, sobre la base de su buena disposición; no debemos
forzarlos a estudiar recurriendo a métodos compulsivos.
En cuarto
término, el problema de la integración de los intelectuales con las masas de
obreros y campesinos. Dado que su tarea es servir a las masas de obreros y
campesinos, los intelectuales deben, antes que nada, entenderlos y
familiarizarse con su vida, su trabajo y sus ideas. Estimulamos a los
intelectuales a que vayan a las masas, a las fábricas y al campo. Es cosa muy
mala que uno nunca en la vida se vea con obreros o campesinos. Los funcionarios
del Estado, escritores, artistas, maestros e investigadores científicos deben
aprovechar toda oportunidad para acercarse a los obreros y campesinos. Algunos
pueden ir a las fábricas o al campo sólo a dar una vuelta y echar un vistazo.
Esto se llama "ver las flores desde un caballo al trote" y de todos
modos es mejor que no ver nada. Otros pueden permanecer allí durante unos meses
llevando a cabo investigaciones y haciendo amigos; esto se llama
"desmontar para ver las flores". Hay otros más que pueden vivir allí
durante un tiempo considerable, digamos dos o tres años o aún más, lo cual
puede ser llamado "establecerse". Algunos intelectuales viven ya de
hecho entre obreros y campesinos; por ejemplo, los técnicos industriales, en
las fábricas,
pág. 464
y los
técnicos agrícolas y maestros de escuelas rurales, en el campo. Ellos deben
cumplir bien con su trabajo y fundirse con los obreros y campesinos. Es preciso
que el acercarse a los obreros y campesinos se convierta en una práctica
generalizada, es decir, que lo haga gran número de intelectuales. Naturalmente,
no podrán hacerlo el ciento por ciento de ellos, pues algunos, debido a una u
otra razón, no están en condiciones de ir; sin embargo, aspiramos a que vaya el
mayor número posible. Tampoco pueden ir todos al mismo tiempo, pero sí por
grupos y en diferentes períodos. Esta experiencia de hacer que los
intelectuales entren en contacto directo con los obreros y campesinos la
tuvimos ya en la época de Yenán. En aquel tiempo, muchos intelectuales en Yenán
tenían ideas muy confusas y se presentaban con toda clase de opiniones
peregrinas. Celebramos una reunión con ellos y les aconsejamos ir a las masas.
Posteriormente, muchos fueron y obtuvieron excelentes resultados. Los
conocimientos adquiridos por los intelectuales en los libros serán incompletos,
y a veces sumamente incompletos, mientras no los integren con la práctica. Es
fundamentalmente a través de la lectura de libros como los intelectuales
reciben la experiencia de nuestros antepasados. Desde luego, es indispensable
leer libros, pero la sola lectura no resuelve los problemas. Hay que estudiar
la situación actual, las experiencias prácticas y materiales concretos, y hacer
amistad con obreros y campesinos. Forjar esta amistad no es cosa fácil. También
hoy hay personas que van a las fábricas o al campo, y unas obtienen resultados
y otras no. Lo que aquí está de por medio es la posición o actitud que se
adopte, un problema de
concepción
del mundo. Abogamos por "que compitan cien escuelas", es decir, por
que en cada rama del saber pueda haber múltiples tendencias y escuelas; pero en
cuanto a la concepción del mundo, en la época actual sólo existen esencialmente
dos escuelas, la proletaria y la burguesa. Es la una o la otra: la concepción
proletaria del mundo o la burguesa. La concepción comunista del mundo es la
concepción del proletariado y de ninguna otra clase. La mayoría de nuestros
intelectuales de hoy proviene de la vieja sociedad y de familias no
pertenecientes al pueblo trabajador. Algunos, a pesar de su origen obrero o
campesino, no dejan por ello de ser intelectuales burgueses, pues recibieron
una educación burguesa antes de la Liberación y su concepción del mundo sigue
siendo en esencia burguesa. Si no se deshacen de lo viejo reemplazándolo por la
concepción proletaria del mundo, seguirán teniendo puntos de vista, posiciones
y sentimientos distintos a los de los obreros y campesinos y se sentirán
desadaptados
pág. 465
entre los
obreros y campesinos, quienes, a su vez, no les abrirán su corazón. Si los
intelectuales se integran con éstos y se hacen sus amigos, estarán en
condiciones de apropiarse del marxismo que han aprendido en los libros. Para
adquirir una verdadera comprensión del marxismo, hay que aprenderlo no sólo en
los libros, sino también y principalmente a través de la lucha de clases, del
trabajo práctico y del íntimo contacto con las masas obreras y campesinas. Si,
además de leer libros marxistas, nuestros intelectuales logran cierta
comprensión del marxismo a través del íntimo contacto con las masas obreras y
campesinas y mediante su propio trabajo práctico, todos tendremos un lenguaje
común: no sólo el lenguaje común del patriotismo y del sistema socialista, sino
también probablemente el de la concepción comunista del mundo. En este caso,
todos trabajaremos mucho mejor.
En quinto
término, la rectificación. Rectificación significa corrección del modo de
pensar y del estilo de trabajo. Campañas de rectificación dentro del Partido
Comunista se han llevado a cabo en tres ocasiones: durante la Guerra de
Resistencia contra el Japón, en el curso de la Guerra de Liberación y en los
días posteriores a la fundación de la República Popular China. Ahora, el Comité
Central del Partido Comunista ha resuelto que se inicie este año otra campaña
de rectificación dentro del Partido. Personas no pertenecientes al Partido
pueden tomar parte o no en ella, según sea su deseo. Esta campaña está dirigida
principalmente a criticar las siguientes tendencias erróneas en el modo de
pensar y en el estilo de trabajo: subjetivismo, burocratismo y sectarismo. Al
igual que en la campaña de rectificación efectuada durante la Guerra de
Resistencia, el método consistirá, primero que todo, en estudiar una serie de
documentos y, sobre esta base, examinar cada cual sus propias ideas y su
trabajo y desplegar la crítica y autocrítica con el fin de descubrir los
defectos y errores y de estimular lo que sea bueno y correcto. En el curso de
la campaña, por un lado, debemos ser estrictos, efectuando concienzuda y no
superficialmente la crítica y autocrítica de los errores y defectos para luego
corregirlos; por otro, debemos proceder con la suavidad de una brisa, siguiendo
el principio de "sacar lecciones de los errores pasados para evitarlos en
el futuro, y tratar la enfermedad para salvar al paciente", y oponernos al
procedimiento de "acabar con el tipo de un mazazo".
El nuestro es
un Partido grande, glorioso y correcto. Esto es innegable. Pero aún tenemos
defectos, y esto también es innegable. No debemos considerar como positivo todo
lo que hemos hecho sino úni-
pág. 466
camente lo
que es correcto; al mismo tiempo, no debemos negarlo todo, sino sólo lo
erróneo. Si bien los éxitos constituyen lo fundamental de nuestro trabajo, no
son pocos los defectos y errores. De ahí la necesidad de una campaña de
rectificación. ¿Se minará el prestigio de nuestro Partido si criticamos
nuestro
propio subjetivismo, burocratismo y sectarismo? Pienso que no. Por el
contrario, esto servirá para elevarlo. Así lo demostró la campaña de
rectificación realizada durante la Guerra de Resistencia, pues acrecentó el
prestigio de nuestro Partido, de los camaradas militantes y de nuestros cuadros
veteranos, y también permitió que los nuevos cuadros lograran grandes
progresos. ¿Cuál de los dos temía a la crítica, el Partido Comunista o el
Kuomintang? El Kuomintang. Este prohibió la crítica, pero no pudo salvarse de
la ruina. El Partido Comunista no teme a la crítica, pues somos marxistas, la
verdad está de nuestro lado y las masas básicas los obreros y campesinos --
están con nosotros. La campaña de rectificación es, como decíamos, "una
amplia campaña de educación marxista"[1]. Por rectificación entendemos el
estudio del marxismo en todo el Partido a través de la crítica y autocrítica.
Podremos sin duda aprender más marxismo en el curso de la campaña de
rectificación.
La
responsabilidad de dirigir la transformación y la construcción de China recae
sobre nosotros. Cuando hayamos rectificado nuestro modo de pensar y nuestro
estilo de trabajo, gozaremos de mayor iniciativa en las tareas nuestras,
seremos más capaces y trabajaremos mejor. El país necesita de mucha gente que
sirva de todo corazón al pueblo y a la causa del socialismo y que tenga
voluntad de transformaciones. Así debemos ser todos los comunistas. Antes, en
la vieja China, hablar de reformas era un crimen que se pagaba con la
decapitación o la cárcel. No obstante, hubo reformadores resueltos que, sin
temor a nada y desafiando toda clase de dificultades, publicaron libros y
periódicos, educaron y organizaron al pueblo y sostuvieron inflexibles luchas.
Nuestro Poder, la dictadura democrática popular, ha pavimentado el camino para
un rápido desarrollo económico y cultural del país. Sólo han pasado unos pocos
años desde el establecimiento de nuestro Poder y ya puede verse todo un cuadro
de florecimiento sin precedentes de la economía, la cultura, la educación y la
ciencia. En la lucha por construir una China nueva, los comunistas no tememos
ninguna dificultad. Sin embargo, no basta con nuestros solos esfuerzos.
Necesitamos de muchas personas no militantes del Partido que tengan grandes
ideales y que, siguiendo el rumbo del socialismo y el comunismo, luchen junto
con nosotros valientemente por
pág. 467
la
transformación y construcción de nuestra sociedad. Es tarea muy ardua asegurar
una vida mejor a los centenares de millones de chinos y hacer de un país
económica y culturalmente atrasado como China, otro próspero, poderoso y con
elevado nivel cultural. Precisamente para poder asumir esta tarea con mayor
eficacia y trabajar mejor junto con todos aquellos que, sin ser militantes del
Partido, tienen altos ideales y están decididos a hacer reformas, debemos
desplegar campañas de rectificación tanto ahora como en el futuro y
desprendernos constantemente de cuanto haya de erróneo en nosotros. Los
materialistas consecuentes son intrépidos; esperamos que todos los que luchan a
nuestro lado asuman valientemente sus responsabilidades, superen las
dificultades y no tengan miedo a los reveses o las burlas, ni vacilen en
hacernos a nosotros los comunistas críticas y sugerencias. "Quien no teme
morir cortado en mil pedazos, se atreve a desmontar al emperador": Este es
el espíritu intrépido que nos exige la lucha por el socialismo y el comunismo.
Por nuestra parte, los comunistas debemos brindar facilidades a los que
cooperan con nosotros, establecer con ellos buenas relaciones de camaradería en
la tarea común y unirnos con ellos para luchar juntos.
En sexto
término, el problema de la unilateralidad. Ser unilateral significa pensar en
términos absolutos, es decir, enfocar los problemas metafísicamente. En la
valoración de nuestro trabajo, es unilateral considerarlo todo positivo o todo
negativo. Hay todavía no poca gente dentro del Partido Comunista, y mucha fuera
de él, que aborda las cuestiones de esta manera. Considerarlo todo positivo es
ver sólo lo bueno y perder de vista lo malo, es admitir únicamente los elogios
y no las críticas. Presentar nuestro trabajo como si fuera totalmente bueno es
contradecir los hechos. No es cierto que
todo sea
bueno; todavía existen deficiencias y errores. Pero tampoco es cierto que todo
sea malo; pensar así es, igualmente, ir en contra de los hechos. De ahí la
necesidad de hacer análisis. Negarlo todo es creer, sin ningún análisis, que
nada se ha hecho bien y que la grandiosa empresa de la construcción socialista,
esta gran lucha en que participan centenares de millones de personas, es un
embrollo sin nada digno de elogio. Esta manera de abordar las cosas es
sumamente errónea y perjudicial y sólo contribuye a desalentar a la gente,
aunque muchas de las personas que adoptan este enfoque se diferencian de las
que son hostiles al sistema socialista. En la valoración de nuestro trabajo, es
erróneo tanto el punto de vista de que todo es positivo como el de que todo es
negativo. A los que incurren en esta unilateralidad los debemos
pág. 468
criticar,
pero, naturalmente, con una actitud de ayuda, partiendo del principio de
"sacar lecciones de los errores pasados para evitarlos en el futuro, y
tratar la enfermedad para salvar al paciente".
Hay quienes
arguyen que, como se trata de una campaña de rectificación y como a todo el
mundo se le pide expresar sus opiniones, la unilateralidad es inevitable y que,
por tanto, al proponer evitar la unilateralidad, parece que, en realidad, se
quiere impedir que la gente hable. ¿Es acertada esta observación? Es difícil
exigir que no haya en nadie un mínimo rastro de unilateralidad. La gente
siempre examina y trata los problemas y expresa su criterio a la luz de su
propia experiencia; por eso, es ineludible que a veces muestre un poco de
unilateralidad. Sin embargo; ¿no deberíamos pedirle que supere gradualmente esa
unilateralidad y mire los problemas con una visión más o menos completa? En mi
opinión, se le debe pedir. Si procediéramos en otra forma, si no exigiésemos
que de día en día, de año en año, hubiera un mayor número de gente capaz de
enfocar los problemas con una visión más o menos completa, nos estancaríamos y
estaríamos dando carta blanca a la unilateralidad, lo cual equivaldría a ir en
contra del propósito de la campaña de rectificación. Unilateralidad significa
violación de la dialéctica. Pedimos que gradualmente se divulgue la dialéctica
y que, paso a paso, todos aprendan a manejar este método científico. A algunos
de los artículos que ahora aparecen lo que les sobra en grandilocuencia les
falta en contenido, pues no saben analizar los problemas y carecen de
argumentos y fuerza convincente. Es deseable que cada vez haya menos artículos
de este tipo. Al escribir un artículo, uno no debe estar pensando todo el
tiempo "¡Qué brillante soy!", sino considerar a sus lectores en
absoluto pie de igualdad. Si uno dice algo erróneo, la gente lo refutará, así
tenga muchos años de militancia revolucionaria. Cuanto más aires se dé una
persona, menos caso le hará la gente y menos se molestará en leer sus
artículos. Debemos cumplir honestamente con nuestro trabajo, tratar las cosas
con espíritu analítico, escribir artículos que tengan fuerza convincente y
nunca darnos ínfulas para amedrentar a la gente.
Hay quienes
sostienen que la unilateralidad se puede evitar en un escrito extenso, pero no
en un ensayo corto. ¿Necesariamente tiene que pecar de unilateralidad un ensayo
corto? Como ya he dicho, muchas veces es difícil eludir la unilateralidad y no
hay nada de terrible en que se deslice por ahí una brizna de ella. Exigir que
todo el mundo enfoque los problemas con una visión completísima significaría
estorbar el desarrollo de la crítica. No obstante, pedimos que cada uno se
pág. 469
esfuerce por
enfocar los problemas con una visión más o menos completa y por evitar la
unilateralidad tanto en los artículos largos como en los cortos, incluidos los
ensayos. Algunos preguntan: ¿Cómo es posible hacer análisis en un ensayo de
unos pocos cientos o de mil a dos mil caracteres? Yo respondo: ¿Por qué no?
¿Acaso no lo logró Lu Sin? Método analítico es método dialéctico. Cuando
decimos
análisis, nos
referimos a analizar las contradicciones en las cosas. No es posible ningún
análisis acertado sin un conocimiento íntimo de la vida ni una comprensión real
de las contradicciones que se hallan sobre el tapete. Los ensayos de Lu Sin
escritos en los últimos años de su vida son de una extraordinaria profundidad y
vigor y están exentos de unilateralidad, precisamente porque ya en ese entonces
el había asimilado la dialéctica. A algunos escritos de Lenin también se los
puede llamar ensayos cortos; son satíricos y mordaces, pero no tienen nada de
unilateral. Casi todos los ensayos de Lu Sin apuntaban al enemigo, mientras que
los de Lenin costaban dirigidos unos al enemigo y otros a camaradas. ¿Se puede
escribir ensayos al estilo de Lu Sin contra los errores y defectos en el seno
del pueblo? Creo que sí. Por supuesto, debemos trazar una línea divisoria entre
el enemigo y nosotros, y no adoptar una posición hostil hacia nuestros
camaradas tratándolos como a enemigos. Hay que hablar en un lenguaje lleno del
ardiente deseo de defender la causa del pueblo y de elevar su conciencia
política, y en ningún momento ridiculizándolo o atacándolo.
¿Qué hacer
cuando la gente no se atreve a escribir? Algunas personas dicen que, aun cuando
tienen algo sobre qué escribir, no se atreven a hacerlo por temor de ofender a
otros o de ser criticadas. Pienso que esos recelos bien pueden descartarse. El
nuestro es un Poder democrático popular, y esto asegura un ambiente propicio
para escribir en interés del pueblo. La política de "Que se abran cien
Flores y que compitan cien escuelas" ofrece nuevas garantías para el
florecimiento de la ciencia y el arte. Si lo que usted escribe es correcto, no
tiene por qué temer a la crítica y, a través del debate, puede aclarar aún más
sus correctos puntos de vista. Si, en cambio, lo que escribo es erróneo, la
crítica puede ayudarle a corregir, y en eso no hay nada de malo. En nuestra
sociedad, la crítica y la contracrítica revolucionarias y combativas
constituyen un método eficaz para poner al descubierto las contradicciones y
resolverlas, desarrollar la ciencia y el arte y asegurar el éxito en todo
nuestro trabajo.
En séptimo
término, ¿"apertura" o "restricción" de la expresión de
opiniones? Este es un problema de orientación. "Que se abran cien
pág. 470
flores y que
compitan cien escuelas" es una orientación fundamental y a largo plazo, de
ningún modo transitoria. En la discusión, han expresado ustedes su desacuerdo
con la "restricción", y yo pienso que tienen toda la razón. El Comité
Central del Partido opina que lo que debe haber es "apertura" y no
"restricción".
En la
conducción de nuestro país se puede adoptar uno de estos dos métodos u
orientaciones: "apertura" o "restricción".
"Apertura" significa dar a la gente la posibilidad de expresarse
libremente, de manera que se atreva a hablar, criticar y debatir; significa no
temer a las opiniones erróneas ni a las especies venenosas; quiere decir
alentar el debate y la crítica entre personas de criterios divergentes,
permitiendo tanto la libertad de crítica como la de contracrítica; significa no
reprimir las opiniones erróneas, sino convencer a la gente mediante el
razonamiento. "Restricción" quiere decir no permitir que nadie
manifieste opiniones divergentes e ideas equivocadas, y "acabar con el
tipo de un mazazo" si llega a hacerlo. Lejos de resolver las
contradicciones, este método no hace sino agravarlas. De estas dos
orientaciones, "apertura" y "restricción", hay que elegir
una. Nosotros optamos por la primera, pues ésta es la orientación que
contribuye a consolidar nuestro país y a desarrollar nuestra cultura.
Con esta
orientación de "apertura" nos proponemos unir en torno nuestro a los
varios millones de intelectuales y hacer que cambien su actual fisonomía
espiritual. Como ya he dicho antes, la abrumadora mayoría de nuestros
intelectuales quieren progresar, y desean y pueden reeducarse. La política que
adoptemos a este respecto jugará un papel muy importante. El problema de los
intelectuales
es, ante todo, de orden ideológico, y los métodos rudos y coercitivos en el
tratamiento de los problemas ideológicos sólo traen perjuicios y no ventajas.
La reeducación de los intelectuales, y en especial la transformación de su
concepción del mundo, es un proceso que requiere largo tiempo. Nuestros
camaradas deben comprender que la reeducación ideológica supone un trabajo
prolongado, paciente y minucioso, y que no se puede pretender que con unas
cuantas conferencias o reuniones la gente cambie su ideología, formada a lo
largo de décadas de vida. La única forma de hacer que acepte algo es la
persuasión, en ningún caso la coacción. Con la coacción sólo se consigue
someter, jamás convencer. Es inútil todo intento de imponer las cosas por la
fuerza. Este método sólo puede utilizarse con el enemigo, pero nunca con
camaradas o amigos. ¿Qué hacer si no sabemos convencer? Bueno, entonces tene-
pág. 471
mos que
aprender. Debemos aprender a vencer toda clase de ideas erróneas a través del
debate y el razonamiento.
"Que se
abran cien flores" es un medio para desarrollar el arte y "Que
compitan cien escuelas", un medio para desarrollar la ciencia. Esta
política no sólo es un buen medio para impulsar la ciencia y el arte sino que,
si se le da una aplicación más amplia, puede ser un buen método para todo
nuestro trabajo, y nos permitirá cometer menos errores. Hay muchas cosas que no
entendemos y que, por tanto, somos incapaces de resolver, pero, por medio del
debate y la lucha, llegaremos a comprenderlas y a saber cómo solucionarlas. La
verdad se desarrolla a través del debate entre puntos de vista divergentes. El
mismo método puede adoptarse con respecto a todo lo que sea venenoso,
antimarxista, porque el marxismo será desarrollado en la lucha contra lo
antimarxista. Esto es desarrollo en lucha de contrarios, desarrollo que
corresponde a la dialéctica.
¿No se ha
hablado siempre de lo verdadero, lo bueno y lo hermoso? Sus contrarios son lo
falso, lo malo y lo feo. Sin estos últimos, no existirían los primeros. La
verdad existe en oposición a la falsedad. Tanto en la sociedad humana como en
la naturaleza, un todo se divide invariablemente en partes diferentes, sólo que
el contenido y la forma varían según las condiciones concretas. Siempre ha de
haber cosas erróneas y fenómenos feos. Siempre existirán contrarios como lo
correcto y lo erróneo, lo bueno y lo malo, lo hermoso y lo feo. Lo mismo sucede
con las flores fragantes y las hierbas venenosas. La relación entre lo uno y lo
otro es la de unidad y lucha de contrarios. Sin comparación no puede haber
diferenciación; sin diferenciación ni lucha no puede haber desarrollo. La
verdad se desarrolla en lucha con la Falsedad. Es así como se desarrolla el
marxismo. El marxismo avanza en lucha contra la ideología burguesa y
pequeñoburguesa y sólo a través de la lucha puede avanzar.
Estamos a
favor de la "apertura", pero ésta, lejos de ser excesiva ha sido
insuficiente hasta ahora. No debemos temer a la "apertura" y tampoco
a las críticas ni a las hierbas venenosas. El marxismo es una verdad
científica; no tiene miedo a la crítica ni puede ser derrotado por ella. Igual
ocurre con el Partido Comunista y el gobierno popular: No temen a la crítica ni
pueden ser derrotados por ésta. Siempre habrá cosas erradas y de esto no hay
por qué asustarse. Recientemente se ha llevado a escena algunos absurdos e
inmundicias. Hay camaradas que se han mostrado muy preocupados con esto. En mi
opinión, no importa mucho que haya un poco de ese género de cosas; en unas
cuantas dé-
pág. 472
cadas ellas
desaparecerán por completo de los escenarios, y aunque se quiera, ya no se las
podrá ver. Debemos promover lo correcto y oponernos a lo incorrecto, pero sin
temor de que la gente entre en
contacto con
cosas erróneas. No solucionarán ningún problema las simples órdenes
administrativas en que se prohibe a la gente tener contacto con fenómenos
anormales y feos e ideas erróneas, así como ver absurdos e inmundicias en
escena. Por supuesto, no estoy propiciando la divulgación de tales absurdos e
inmundicias, sólo digo que "no importa mucho que haya un poco de ese
género de cosas". La existencia de unas cuantas cosas erróneas no debe ser
motivo de extrañeza ni temor, pues más bien permitirá que la gente aprenda a
luchar mejor contra ellas. Ni siquiera las grandes tormentas tienen nada de
temible. Es en medio de grandes tormentas como progresa la sociedad humana.
En nuestro
país subsistirá por largo tiempo la ideología burguesa y pequeñoburguesa, las
ideas antimarxistas. Se ha establecido en lo fundamental el sistema socialista.
Hemos obtenido la victoria básica en la transformación de la propiedad de los
medios de producción, pero todavía no hemos logrado la victoria completa en los
frentes político e ideológico. En el terreno ideológico, todavía no se ha
resuelto en definitiva la cuestión de quién vencerá: el proletariado o la
burguesía. Aún debemos sostener una lucha prolongada contra la ideología
burguesa y pequeñoburguesa. Es erróneo ignorar esto y abandonar la lucha
ideológica. Todas las ideas erróneas, todas las hierbas venenosas y todos los
absurdos e inmundicias deben ser sometidos a crítica; en ninguna circunstancia
podemos tolerar que cundan libremente. Sin embargo, la crítica debe ser
plenamente razonada, analítica y convincente, y no burda y burocrática, ni
metafísica y dogmática.
Desde hace
mucho tiempo se ha venido criticando profusamente el dogmatismo. Esto es
necesario, pero con frecuencia se descuida la crítica al revisionismo. Tanto el
dogmatismo como el revisionismo son contrarios al marxismo. Indefectiblemente,
el marxismo avanzará, progresará con el desarrollo de la práctica y no
permanecerá estático. Quedaría sin vida si se estancara y estereotipara. No
obstante, nunca se deben violar los principios básicos del marxismo; violarlos
conduce a cometer errores. Es dogmatismo enfocar el marxismo desde el punto de
vista metafísico, considerándolo como algo fosilizado. Es revisionismo negar
los principios básicos del marxismo, la verdad universal del marxismo. El
revisionismo es una variedad de la ideología burguesa. Los revisionistas borran
lo que distingue al socialismo del
pág. 473
capitalismo,
a la dictadura del proletariado de la dictadura burguesa. Lo que preconizan no
es, de hecho, la línea socialista, sino la capitalista. En las circunstancias
actuales, el revisionismo es más pernicioso aún que el dogmatismo. Una
importante tarea que actualmente encaramos en el frente ideológico es desplegar
la crítica al revisionismo.
En octavo y
último término, los comités del Partido a nivel de provincia, municipio y
región autónoma deben tomar en sus manos el problema ideológico. Este es un
punto que algunos de los camaradas aquí presentes querían que yo tratara. En
muchos lugares, los comités del Partido aún no han tomado en sus manos este
problema, o han hecho muy poco al respecto. La razón principal es que están muy
atareados. Pero deben hacerlo indefectiblemente. Por "tomar en las
manos" quiero decir que este problema debe ser colocado en el orden del
día y ser estudiado. En nuestro país, las vastas y tempestuosas luchas
clasistas de las masas, características de los períodos de revolución, en lo
fundamental han llegado a su fin; pero todavía hay lucha de clases,
principalmente en los frentes político e ideológico, donde ésta se presenta
incluso muy enconada. El problema de la ideología ha pasado a ser de singular
importancia. Los primeros secretarios de los comités del Partido en todos los
lugares deben ocuparse personalmente de esta cuestión, que sólo podrá ser
resuelta correctamente cuando le hayan prestado seria atención y la hayan
estudiado. En todas partes deben convocarse reuniones sobre el trabajo de
propaganda, similares a la que estamos celebrando aquí, para discutir
sobre su
labor ideológica y sobre todos los problemas vinculados con ésta. A tales
reuniones no sólo deben asistir camaradas del Partido sino también gente de
fuera de él, incluyendo a personas de diferentes opiniones. Esto no traerá daño
sino ventajas para tales reuniones, como lo ha demostrado la experiencia de la
presente conferencia.
pág. 473
NOTAS
[1] Véase "Sobre la producción en el
ejército para su autoabastecimiento y la importancia de las dos grandes
campañas por la rectificación del estilo de trabajo y por la producción",
Obras Escogidas de Mao Tsetung, t. III. [pág. 466]
¿DE DÓNDE PROVIENEN LAS IDEAS CORRECTAS?*
(1968)
¿De dónde
provienen las ideas correctas? ¿Caen del cielo? No. ¿Son innatas de los
cerebros? No. Sólo pueden provenir de la práctica social, de las tres clases de
práctica: la lucha por la producción, la lucha de clases y los experimentos
científicos en la sociedad. La existencia social de la gente determina sus
pensamientos. Una vez dominadas por las masas, las ideas correctas
características de la clase avanzada se convertirán en una fuerza material para
transformar la sociedad y el mundo. En la práctica social, la gente se enfrenta
con toda clase de luchas y extrae ricas experiencias de sus éxitos y fracasos.
Innumerables fenómenos de la realidad objetiva se reflejan en los cerebros de
las gentes por medio de los órganos de sus cinco sentidos, la vista, el oído,
el olfato, el gusto y el tacto. Al comienzo, el conocimiento es puramente
sensitivo. Al acumularse cuantitativamente este conocimiento sensitivo se
producirá un salto y se convertirá en conocimiento racional, en ideas. Este es
el proceso del conocimiento. Es la primera etapa del proceso del conocimiento
en su conjunto, la etapa que conduce de la materia objetiva a la conciencia
subjetiva, de la existencia a las ideas. En esta etapa, todavía no se ha
comprobado si la conciencia y las ideas (incluyendo teorías, políticas, planes
y resoluciones) reflejan correctamente las leyes de la realidad objetiva,
todavía no se puede determinar si son justas. Luego se presenta la segunda
etapa del proceso del conocimiento, la etapa que conduce de la conciencia a la materia,
de las ideas a la existencia, esto es, aplicar a la práctica social el
conocimiento obtenido en la primera etapa, para ver si esas teorías, políticas,
planes y resoluciones pueden alcanzar las consecuencias esperadas. Hablando en
general, los que resultan bien son adecuados, y los que resultan mal son
erróneos, especialmente en la lucha de la humanidad contra la naturaleza. En
las luchas sociales, las fuerzas que representan a la clase avanzada a veces
padecen algún fracaso, más no a causa de que sus ideas sean incorrectas, sino
de que en la correlación de las fuerzas en lucha, las fuerzas avanzadas aún no
son tan poderosas por el momento como las reaccionarias, y por consiguiente
fracasan temporalmente, pero alcanzan los éxitos previstos tarde o temprano.
Después de las pruebas de la práctica, el conocimiento de la gente realizará
otro salto, que es más importante aún que el anterior. Porque sólo mediante el
segundo salto puede probarse lo acertado o erróneo del primer salto del
conocimiento, esto es, de las ideas, teorías, políticas, planes y resoluciones
formadas durante el curso de la reflexión de la realidad objetiva. No hay otro
método para comprobar la verdad. La única finalidad del proletariado en su
conocimiento del mundo es transformarlo a éste. A menudo sólo se puede lograr
un conocimiento correcto después de muchas reiteraciones del proceso que
conduce de la
materia a la
conciencia y de la conciencia a la materia, es decir, de la práctica al
conocimiento y del conocimiento a la práctica. Esta es la teoría marxista del
conocimiento, es la teoría materialista dialéctica del conocimiento. Muchos de
nuestros camaradas todavía no comprenden esta teoría del conocimiento. Cuando
se les pregunta de dónde extraen sus ideas, opiniones, políticas, métodos,
planes, conclusiones, elocuentes discursos y largos artículos, consideran
extraña la pregunta y no pueden replicar. Encuentran incomprensibles los
frecuentes fenómenos de salto en la vida cotidiana en que la materia puede
transformarse en conciencia y la conciencia en materia. Por eso, es preciso
educar a nuestros camaradas en la teoría materialista dialéctica del conocimiento
para que orienten correctamente sus pensamientos, sepan investigar y estudiar
bien, realicen el balance de sus experiencias, superen las dificultades,
cometan menos errores, trabajen bien y luchen esforzadamente para convertir a
China en una gran potencia socialista y ayudar a las grandes masas de los
pueblos oprimidos y explotados del mundo, cumpliendo así los grandes deberes
internacionalistas que habremos de asumir.
______________________
* Este artículo es un fragmento de
“Decisiones del Comité Central del Partido Comunista de China sobre algunos
problemas en el actual trabajo rural” (proyecto), que fue elaborado bajo la
presidencia del camarada Mao Tse-tung, quien redactó el trozo extraído.


Publicar un comentario