© Libro N° 8634. El Mexico Antiguo. De Sahagun, Bernardino. Emancipación. Mayo 22 de
2021.
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De Sahagun
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Sahagun
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Bernardino De Sahagun
El Mexico Antiguo
Bernardino De Sahagun
FRAY BERNARDINO DE SAHAGUN
Y SUS INFORMANTES INDIGENAS. VIDA Y OBRA
VIDA DE
SAHAGUN
B E R N A R D I N O D E S A H A G Ú N fue el
historiador y el etnólogo que más pro funda y minuciosamente nos acercó al
conocimiento de las cosas y de la mente de los hombres del México antiguo. Nada
preciso sabemos de los primeros años de su vida, como si el voto de pobreza
hubiera hecho de saparecer también su vida anterior. El nos refiere que nació,
se supone que hacia 1499, en la villa de Sahagún, en Campos, de la provincia de
León. Afirmóse, sin prueba conocida (J. C. Beltrami, Le Mexique, Paris, 1830,
t. I, p. 169), que su apellido antes de profesar era Ribeira, especie que
repitió Alfredo Chavero ( México a través de los siglos, México, 1887, vol. I,
p. xxxiii). Hacia 1512-14 inicia sus estudios en la Univer sidad de Salamanca;
entre 1516 y 1518 profesa en la Orden de San Francisco en el convento de
Salamanca y hacia 1524 se ordena. En 1529 pasa a la Nueva España con fray
Antonio de Ciudad Rodrigo y otros diecinueve religiosos. Al igual que Olmos,
Motolinía y Durán nunca volverá a España; México será su segunda patria.
Sus primeras labores en la Nueva España serán la
evangelización y la enseñanza. En 1530-32 está en el convento de Tlalmanalco
como guardián y presencia un arrobamiento de fray Martín de Valencia
(Men-dieta, Historia eclesiástica indiana, lib. V, 1^ parte, cap. xi). Proba
blemente también como guardián pasa en 1535 al convento de Xochimil-co sobre
cuyo patrono, San Bernardino de Siena, escribió en lengua mexicana una vida,
hoy perdida. El mismo Sahagún refiere ( Historia general, lib. XI, cap. xii,
apéndice 5) la siguiente hazaña que sin duda ocurrió entonces:
Hay otra agua o fuente muy clara y muy linda en
Xochimilco, que ahora se llama Santa Cruz, en la cual estaba un ídolo de pie
dra, debajo del agua, donde ofrecían copal. Yo vi el ídolo y entré debajo del
agua para sacarle, y puse allí una cruz de piedra que hasta ahora está allí en
la misma fuente.
El año siguiente se encuentra ya en la ciudad de
México para ser uno de los organizadores y primeros maestros del Colegio de
Santa Cruz de Tlatelolco, donde enseña latín a los escolares indios, algunos de
los cua les serán más tarde sus colaboradores. En estos primeros años de su
vida en México aprende la lengua náhuatl, “tan bien — dice Mendieta (lib. V, 1^
parte, cap. x li)— que ningún otro hasta hoy se le ha igua lado en alcanzar
los secretos de ella”, y comienza a interesarse en el estudio del México antiguo,
como una base que considera indispensable para combatir la idolatría. García
Icazbalceta ha hecho al respecto (Biblio grafía mexicana del siglo XVI, ed.
1954, p. 328) una conjetura muy sugestiva aunque haya sido puesta en duda. El
padre Sahagún pudo ini ciar el estudio del náhuatl en el mismo barco en que
vino de España a México. Por Antonio de Herrera ( Década IV, lib. 6, cap. 4 )
sabemos que Carlos V dispuso el regreso a su patria de los indios que había
llevado Cortés y "encargó a Fr. Antonio de Ciudad Rodrigo que tuviese
cuidado de que fueran bien tratados en el camino”. Y como Sahagún venía con el
padre Ciudad Rodrigo, pudo iniciar su aprendizaje del náhuatl con tan buenos
maestros.
En 1539, siendo aún maestro en el Colegio de
Tlatelolco, intervino Sahagún como intérprete en el proceso por idolatría
contra el cacique de Tezcoco, don Carlos Chichimecatécotl, nieto de
Nezahualcóyotl, proceso en que el cacique fue condenado y ajusticiado; e
intervino asimismo como traductor en otros procesos semejantes (Luis Nicolau
d’Olwer, Fray Bernardino de Sahagún, 1952, pp. 34-5, y Procesos de indios
idólatras y hechiceros, Archivo General de la Nación, México, 1912, pp. 113,
131).
Hacia 1540 realiza algunos viajes por el valle de
Puebla: Huexotzingo y Cholula, y en esta ocasión, o años antes durante su
estancia en Tlalma-nalco, asciende al Popocatépetl y al Iztaccíhuatl ( Historia
general, lib. XI, cap. xii, N9 6, 43-4). En este mismo año de 1540 escribe su
pri mera obra en náhuatl, un Sermonario de dominicas y de santos. La gran
peste de 1545-6 lo encuentra en el convento de Tlatelolco, y refiere que él
enterró más de diez mil cuerpos ( Historia general, lib. XI, cap. xii, N9 7, 4 ).
Muchos de los alumnos del Colegio también mueren por la enfermedad y el hambre.
Sahagún se contagia y se ve “muy al cabo” por lo que es llevado para su
curación a la enfermería del convento grande de San Francisco en México.
“En su juventud — dice Mendieta (lib. V, 1^ parte,
cap. xli) — fue guardián de los principales conventos franciscanos”, pero luego
re nunció a los cargos directivos y administrativos para sólo ocuparse de su
obra. Sin embargo, en 1552 firmó junto con otros dignatarios de su Provincia,
como definidor, una carta dirigida al emperador ( Cartas de Indias, doc. XXI,
t. I, pp. 121-2). Refiere Torquemada (lib. XX, cap. xlvi) que por su belleza
varonil se le mantenía alejado de la curiosidad de las mujeres de la Nueva
España.
A partir de la fecha, cercana a 1547, en que
comienza la recopilación de informaciones acerca de la cultura indígena, la
vida de Sahagún se confunde con el proceso de su investigación cultural, y a lo
largo de más de cuarenta años y hasta su muerte se consagra casi exclusivamente
a ella. Además de las tres etapas, o cedazos como él los llamaba, de la
elaboración de su obra, que se sitúan en los conventos de Tepepulco, entre 1558
y 1560; de Tlatelolco, entre 1561 y 1565; y de San Fran cisco el Grande, en la
ciudad de México, entre 1565 y 1569, sus únicos viajes fuera del valle de
México lo llevaron al convento franciscano de Tula, donde visitó los monumentos
antiguos, y a la custodia de Michoacán a donde fue como visitador en 1558.
Concentrado en su enorme tarea, se mueve con sus papeles de un convento a otro
del altiplano sin em prender largos viajes y aun sin ocuparse ya especialmente
de la evan-gelización de los indios, como lo hacían casi todos sus demás
hermanos de la Orden.
Concluida la tercera etapa de elaboración de su
obra, fray Bernar-dino permanece en el convento de San Francisco de México,
pero llegan para él sus años más amargos. Quítansele las posibilidades de
continuar su trabajo y de 1570 a 1575, por orden del provincial Escalona, se
dis persan sus escritos por los conventos de su Provincia franciscana. Pese a
la “santa obediencia” que lo obligaba, Sahagún intentó defenderse y
aprovechando el viaje que hacían a Europa en 1570 dos amigos suyos, fray Miguel
de Navarro y fray Gerónimo de Mendieta, envió a Madrid al licenciado Juan de
Ovando, que se preparaba para la presidencia del Consejo de Indias, un Sumario
para que conociese el contenido de su obra, y a Roma, al Papa Pío V, Un breve
compendio de los ritos idolá tricos que los indios desta Nueva España usaban
en el tiempo de su infi delidad, resumen de varios libros de su Historia
general, con el que espe raba mover la voluntad papal en favor de sus
trabajos.
Hacia 1571 o 1572 vuelve al monasterio de
Tlatelolco donde intenta reorganizar el antiguo Colegio y se preocupa por
aumentar su exigua biblioteca. Hacia 1575, aún en Tlatelolco, recupera sus
manuscritos, y gracias a la protección del nuevo comisario, fray Rodrigo de
Sequera, se pone de nuevo a trabajar en ellos. En ese año sobreviene la
terrible peste que se alargará hasta 1576. Los indios mueren por millares,
Sa-hagún trata de auxiliar a los enfermos y reconoce que el Colegio de
Tlatelolco debiera haberse ocupado en la preparación de médicos para cuidar a
los indios.
En sus últimos años, Sahagún se vio envuelto en las
perturbaciones que causó, entre los franciscanos de Nueva España, la llegada en
1584 de fray Alonso Ponce como comisario general de la Orden. El 15 de octubre
del mismo año — como se cuenta en la Relación de su viaje (Madrid, 1872, t. I,
p. 2 2 3 )— el nuevo comisario visitó el con vento y Colegio de Tlatelolco
donde, para festejarlo, se le ofreció un entremés, representado por los
escolares indios en latín y en español, en
el cual venían a hacer una caricatura de los
españoles que negaban la capacidad intelectual de los indios y a pedir ayuda
para que prosiguiese su educación. Nicolau d’Olwer (opus cit., p. 127) cree que
en ese sketch “aparecen las ideas de Sahagún, si no su propia mano”.
Poco después, el provincial fray Pedro de San
Sebastián, con apoyo del virrey marqués de Villamanrique, impidió al comisario
Ponce visitar la Provincia del Santo Evangelio, lo arrestó y desterró a
Guatemala, lo que dio origen a serios conflictos. El 20 de junio de 1585 el
capítulo franciscano designó a Sahagún primer definidor. Y el 9 de marzo de
1586, cuando el padre Ponce se encontraba camino a su destierro en Guatemala,
ordenó que se privara de su cargo a fray Pedro de San Sebastián y en su lugar
designó provincial sustituto a fray Bernardino de Sahagún. Este aceptó el cargo
pero lo renunció en cuanto tuvo oca sión, un mes después; declaró su apoyo al
provincial San Sebastián y rechazó las censuras y excomuniones que pudieran
amenazarlo — como en efecto las decretó el comisario Ponce. En 1586 y 1587,
Sahagún firmó, junto con otros franciscanos, cartas al rey y al Consejo de
Indias quejándose de “las revoluciones, altercados y revueltas” motivadas por
fray Alonso Ponce y pidiendo que se les enviara, en cambio, “un pre lado
pacífico y sin pasión” (Georges Baudot, “The last years of fray Bernardino de
Sahagún”, Sixteenth-century México. The ivork of Sa hagún, 1974, pp. 171-6).
“En su vida — dice Mendieta ( opus cit.')— fue muy
reglado y con certado, y así vivió más tiempo que ninguno de los antiguos,
porque lleno de buenas obras, fue el último que murió de ellos, acabando sus
días en venerable vejez, de edad de más de noventa años”. Murió a conse
cuencia de un “catarro”, el 23 de octubre de 1590 (Vetancurt, Meno-logio
franciscano, p. 113). Sin embargo, frente a esta tradición francis cana, dos
documentos indígenas, los Anales mexicanos y la Séptima rela ción de
Chimalpahin, dice que “nuestro querido y venerado padre fray Bernardino de
Sahagún” murió el 5 de febrero de 1590, en el convento de San Francisco de la
ciudad de México donde fue sepultado. A su entierro, refiere Torquemada ( opus
cit.'), “concurrió mucha gente y los colegiales de su Colegio con hopas y
becas, haciendo sentimiento de su muerte”.
HACIA EL
CARACTER DE SAHAGUN
¿Cuál fue el carácter, el temperamento de
Bernardino de Sahagún? De sus contemporáneos sabemos muy poco. Además de los
rasgos antes cita dos, belleza varonil y que en su vida fue muy “reglado y
concertado”, Mendieta, que debió tratarlo de cerca y fue su primer biógrafo,
sólo añade que “era manso, humilde, pobre, y en su conversación avisado,
y afable a todos”. Es preciso, pues, intentar
colegir algo más sobre el hombre a través de sus obras y sus acciones.
En sus primeros años en Nueva España, entre sus
treinta y sus cua renta y cinco años, dos acciones lo pintan como un hombre de
intre pidez física. La primera, es el buceo que hace en Xochimilco para sacar
del fondo de una fuente natural un ídolo de piedra y sustituirlo por una cruz.
La segunda, son las ascenciones que hace al Popocatépetl y al Iz-taccíhuatl. Al
enumerar las principales montañas de México, añade, como sin darle importancia,
el testimonio de su hazaña:
Hay un monte muy alto, que humea, que está cerca de
la provin cia de Choleo que se llama Popocatépetl, quiere decir monte que
humea; es monte monstruoso de ver, y yo estuve encima de él.
Hay otra sierra junto a ésta, que es la sierra
nevada, y llámase Iztactépetl, quiere decir sierra blanca; es monstruosa de ver
lo alto de ella, donde solía haber mucha idolatría. Yo la vi y estuve sobre
ella.
( Historia general, lib. XI, cap. xii, N9 6, 43-4)
Como antes se ha dicho, supónese que estas
ascenciones las realizó durante su estancia en el convento de Tlamanalco, hacia
1530-32, o cuando estuvo en el valle de Puebla, hacia 1540. Por tanto, sólo le
ante cede las ascensiones al Popocatépetl de Diego de Ordaz en los años de la
Conquista, de que da noticia Bernal Díaz del Castillo ( Historia ver dadera,
cap. lxxviii), y la de Francisco Montaño y Francisco Mesa, poco después de la
toma de Tenochtitlan, que refiere Francisco Cervantes de Salazar ( Crónica de
la Nueva España, caps, vii-xi). Y en cuanto a la subida al Iztaccíhuatl — o
Iztactépetl como le llama fray Bernardino— , considerado inaccesible, ésta es
la primera de que se tiene noticia.
El móvil que lo llevó a estas empresas pudo haber
sido, como supone García Icazbalceta ( Bibliografía mexicana del siglo XVI, ed.
1954, pp. 328-9), el “celo religioso”, pues a dichos montes se les rendían
reve rencia religiosa y sacrificios, como lo relata fray Diego Duran ( Libro
de los ritos, caps, xvii-xviii). Pero aunque Sahagún pretendiera, en efec to,
averiguar si subsistían estas idolatrías para extirparlas, su repetida audacia
tiene un aire de gratuidad deportiva, y la mueve también la curio sidad, el
afán de comprobar con los propios ojos qué hay y cómo son las cumbres de las
imponentes montañas nevadas.
El único relato con ciertos pormenores de estas
ascensiones — el de Cervantes de Salazar— nos da cierta idea de la increíble
imprevisión con que se realizaban: sin comida y sin ningún aparejo para
librarse del frío, el viento y los gases. ¿Llevarían fray Bernardino y sus
acompañantes para protegerse algo más que el hábito de sayal y las sandalias?
Esta fuerza sobrante que era preciso consumir en
acciones físicas exce sivas, se canalizará, en la madurez de Sahagún, en una
enorme empresa
científica. Cuando contaba 48 años, y ya había
pasado casi veinte en esta tierra, sin dar muestras de interés por la cultura
del México antiguo, tuvo la suerte de encontrar en las obras de fray Andrés de
Olmos una pista para la que había de ser la tarea de su vida: la investigación
de la cultura indígena, y sobre todo un método: organizar los datos de esa
cultura recogiéndolos de los propios indios y en su propia lengua. Du rante
más de cuarenta años y hasta su muerte, Sahagún se mantendrá obsesivamente concentrado
en esta única empresa, pese a que no llegaría a obtener ninguna respuesta
claramente afirmativa de su validez. Des pués de los trabajos pioneros de
Olmos — que conocemos sólo parcial e indirectamente— , Sahagún es absolutamente
el único de los historiadores de México en el siglo xvi cuya obra principal son
textos en náhuatl, recogidos en su mayor parte de sus informantes, y cuyo autor
sabe que en su tiempo sólo podrán leer algunos indígenas letrados y algunos
frailes instruidos y curiosos.
Este hombre solitario en su tarea y apartado casi
siempre de las faenas regulares y urgentes que realizan sus cofrades, se
ingeniará para que, protegido o desprotegido, los superiores de su Orden no lo
distraigan de su trabajo con otras tareas o puestos de mando y le permitan
proseguir año tras año, con sus informantes, amanuenses y pintores indios,
hacien do y rehaciendo sus libros, en los múltiples “cedazos”, dibujos y re
dibujos, reacomodos, ilustraciones, traducciones y afinaciones de su obra.
Aunque él se diera cuenta de que sus libros eran
impublicables e inu-tilizables en su tiempo, parecía estar persuadido, sin
ninguna duda que agrietara su convencimiento, de que lo que hacía era el único
camino que debía seguirse para la extirpación radical de la idolatría. Y
además, esta persistencia inconmovible se sustentaba en un temperamento siste
mático en el que progresivamente va dominando, al propósito evange lizados la
curiosidad científica pura, el afán gratuito de saber y explicar las cosas.
Sahagún no parece haber sido un hombre libresco y
de ideas ni de vocación intelectual, como lo fueron, por ejemplo, Las Casas y
Mendieta. No parece tampoco haber tenido, pese al dicho de su biógrafo de que
fue “muy macizo cristiano, celosísimo de las cosas de la fe”, un intenso
espíritu religioso, como tantos de sus cofrades. En sus obras no se revelan
muchas lecturas — por ejemplo, de los historiadores y cronistas que lo habían
precedido, o de filósofos y poetas— , ni nociones científicas y geográficas claras,
ni un trasfondo ideológico que lo conturbara. Sólo en sus últimos años hará un
balance pesimista de los resultados del esfuerzo evangelizador y educativo,
aunque pensando más en hechos que en ideas.
En el mundo cerrado de los frailes de Nueva España
en el siglo xvi, pese a la visión seráfica que nos presentan los cronistas de
la Orden, se transparentan tensiones, pasiones, resentimientos y violencias
verbales inesperados, que no se redujeron a los ruidosos que provocó el
comisario
fray Alonso Ponce. El manso y humilde Sahagún, en
realidad no tenía ni tolerancia ni paciencia para quienes no coincidían con sus
puntos de vista. Perturbado acaso por la incomprensión de su tiempo para su
obra, el hombre solitario y genial que fue fray Bernardino de Sahagún acabó por
encerrarse en una suficiencia y orgullo intelectual que lo empujaron a no
querer deber nada a nadie y a callar los nombres de quienes fueron
necesariamente sus maestros, e incluso a una injustificable destemplanza, al
acusar y denigrar — como se expone en estudio por separado— a un hombre tan
sabio como él y que fue su precursor: fray Toribio de Mo-tolinía.
LOS
INFORMANTES INDIOS
Una de las excelencias de la obra de Sahagún es el
haber hecho, como dice Angel María Garibay K., “que los indios mismos
escribieran la his toria de su propia cultura y, allegando todos los
materiales posibles para la refundición que él iba a hacer en castellano, les
dio ocasión de guardar el tesoro de su propia lengua y pensamiento” ( Historia
de la literatura náhuatl, 1954, t. II, p. 74). El mismo Sahagún da noticia en
el Prólogo al lib. II, de quiénes fueron sus principales informantes,
colaboradores y escribanos:
Martín Jacovita, del barrio de Santa Ana, en
Tlatelolco, lo acompañó desde la primera etapa de Tepepulco. Fue más tarde
profesor y rector del Colegio de Tlatelolco. Dice Sahagún que él fue “el que
más trabajó” en el “escrutinio o examen” en la segunda etapa de Tlatelolco.
Garibay considera que Jacovita puede haber sido “uno de los redactores de la
Historia de la conquista (libro XII de la Historia general), de los Colo
quios, y probablemente, de parte de las obras contenidas en el mal llama do
Códice Ghimalpopoca, en su primera y en su tercera parte ( Anales de
Cuauhtitlan y Leyenda de los soles) ” (Ibídem, t. II, p. 226). Jacovita
continúa ayudando a Sahagún como amanuense y aún hacia 1584-5 compone el
Vocabulario trilingüe.
Antonio Valeriano, de Azcapotzalco, fue “el
principal y más sabio”, dice Sahagún. Personalidad de notable mérito, Valeriano
casó con una hermana del historiador Fernando Alvarado Tezozómoc y fue, desde
1570 hasta su muerte en 1605, gobernador de la parcialidad de los indios de la
ciudad de México, con gran aprecio de los virreyes y del rey Felipe II. Enseñó
el náhuatl a fray Juan de Torquemada. Fray Juan Bautista elogió la propiedad y
elegancia de su latín y su conocimiento de las etimologías del náhuatl. Antes
de ser gobernante, enseñó latín en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco.
Colaboró probablemente con Sahagún en la redacción de la “Historia de la
conquista”. Se le atribuye una Historia náhuatl y, según Sigüenza y Góngora,
Valeriano es el autor
de la más antigua de las narraciones de la
aparición guadalupana, Nican mopohua, redactada hacia 1560-70.
Alonso Vegerano, de Cuauhtitlan, “un poco menos que
éste”, apunta el historiador; esto es, un poco menos sabio que Valeriano.
Garibay con sidera que Vegerano “tuvo parte en la formación del Códice
Chimalpopoca y fue de los revisores de 1560-5. . . Profesor de Tlatelolco, fue
de los más señalados investigadores. Casi es seguro que a él, muy unido a Pedro
de San Buenaventura, hemos de atribuir la refundición de documentos que
constituyen el precioso manuscrito llamado comúnmente Anales de Cuauhtitlan, como
ya pensaba el último traductor de ellos, don Primo Feliciano Velázquez” (
Ibid., t. II, p. 227).
A pedro de San Buenaventura, de Cuauhtitlan,
Garibay lo considera también recopilador, con Vegerano, de los Anales de
Cuauhtitlan, y aña de: “De él tenemos una Carta a Sahagún acerca del
calendario (escrita en unión de J. Pedro González. El texto náhuatl lo incluyó
Sahagún en el libro II de los Memoriales en tres columnas, y se ha reproducido
con traducción en: Alonso Caso, Los calendarios prehispánicos, 1967, pp. 86-8),
de suma importancia tanto por lo que dice al responder al P. Sahagún sobre el
principio del año como porque nos pone en camino de identificar la parte que
Pedro de San Buenaventura redactó en la magna obra documental para la Historia.
Los ‘Himnos de los dioses’, la parte referente a la medicina, la parte tocante
a las noticias sobre anima les son de su mano, en la mayor parte. Es muy
probable que fuera éste de los más estimados de Sahagún. La carta antes
referida es de los años 1575 a 1580, cuando Pedro se halla en Cuauhtitlan, sin
que sepamos por qué razón. De este colegial de Santa Cruz de Tlatelolco tenemos
que decir que forma con los otros dos aquí mencionados (Jacovita y Vegerano) y
con Antonio Valeriano la cuaternal autoridad de los escritos fundamentales para
la histórica empresa de Fr. Bernardino“ ([lbid., t. II, p. 227).
De estos cuatro colaboradores antes citados dice
Sahagún que fueron “todos expertos en tres lenguas, latina, española e
indiana”.
Existen dos grupos especiales de informantes
indios, de Tlatelolco, que le dieron la valiosa información sobre plantas y
piedras medicinales (lib. XI, cap. vii, Nos. 5 y 6 ):
Esta relación arriba puesta de las hierbas
medicinales — escribe Sahagún— y de las otras medicinales arriba contenidas,
dieron los médicos de Tlatilulco, Santiago, viejos y muy experimentados en las
cosas de la medicina, y que todos ellos curan públicamente; los nombres de los
cuales, y del escribano que lo escribió se si guen, y porque no saben escribir
rogaron al escribano que pusiese sus nombres: Gaspar Matías, vecino de la
Concepción; Pedro de Santiago, vecino de Santa Inés; Francisco Simón y Miguel
Da mián, vecinos de Santo Toribio; Felipe Hernández, vecino de
Santa Ana; Pedro de Requena, vecino de la
Concepción; Miguel García, vecino de Santo Toribio, y Miguel Motolinía, vecino
de Santa Inés.
Y en el que
llama su “Libro de medicina” del Códice matritense de la Real Academia (
Memoriales de Tlatelolco, sólo en náhuatl, ff. 172 r y v), así como al fin del
capitulo xxviii del libro X del Códice florentino, anota los nombres de otros
médicos indios que también le dieron noti cias: Juan Pérez, de San Pablo;
Pedro Pérez, de San Juan; Miguel Gar cía, de San Sebastián; Francisco de la
Cruz, de Xihuitonco; Baltazar Juá rez, de San Sebastián; y Antonio Martínez,
de San Juan.
Causa extrañeza que en esta amplia nómina de
médicos y herbolarios indios que auxilian al padre Sahagún, no figure el nombre
del médico Martín de la Cruz que en 1552 había redactado en el Colegio de Santa
Cruz de Tlatelolco, el Libellus de medicinálíbus indorum herbis, tradu cido al
latín por Juan Badiano. Germán Somolinos d’Ardois explica esta omisión
suponiendo que, para cuando Sahagún trabaja en esta materia médica, De la Cruz
ya había muerto ( “Estudio histórico”, Libellus. . ., ed. “A” del Instituto Mexicano
del Seguro Social, México, 1964, p. 314).
Al hacer la enumeración de sus colaboradores en el
texto náhuatl del libro de los Colloquios y doctrina christiana con que los
doce frailes de San Francisco, enviados por el papa Adriano Sexto y por el
emperador Carlos Quinto convirtieron a los indios de la Nueva España, Sahagún
menciona el nombre de Andrés Leonardo, de Tlatelolco, que le ayuda cuando
rehace esta obra en 1564.
En fin, registra también los nombres de los
“escribanos que sacaron de buena letra todas las obras” : Diego de Grado y
Bonifacio Maximilia no, de Tlatelolco, y Mateo Severino, de la parte de Utlac,
en Xochimilco (Prólogo al lib. II).
De un escribano indígena más, colaborador de
Sahagún, guardó noti cias fray Agustín de Vetancurt:
Agustín de la Fuente, natural de Tlatilulco, el más
elegante escri bano que se hallaba. Maestro de la escuela, con gran propiedad
se ocupó toda la vida en escribir a los V. V. P. P. Fr. Bernardino de Sahagún y
Fr. Pedro de Oroz, y hacía con la pluma una estam pa con tanta propiedad que
parecía impresa, como las que están en la Postilla.
(Monologio franciscano, 1697, p.
141)
ELABORACION DE LA OBRA Y MANUSCRITOS
Parece evidente que las investigaciones de la
cultura indígena realizadas hacia la cuarta y quinta década del siglo xvi por
fray Andrés de Olmos,
franciscano y coetáneo de Sahagún, fueron las que
despertaron su inte-rés por esta materia, que llegará a absorberlo totalmente,
y también las que le sugirieron el método de recoger informaciones de los
propios indios, como ya se había practicado en la Historia de los mexicanos por
sus pinturas (c. 1531-7), si su autor es Olmos.
PRIMER ACOPIO DE MATERIALES
Antes de imaginar lo que sería su magna empresa
etnohistórica, Sahagún comenzó a acopiar algunos materiales que más tarde
incorporará a su obra. La fecha más remota que puede fijarse al respecto es el
año de 1547 en que, precisamente a ejemplo del Huehuetlatólli (perdido en
parte) de Olmos, recogió los textos en náhuatl de los discursos en oca siones
solemnes y las pláticas morales de los antiguos mexicanos, que luego serán el
libro VI de su Historia general, “De la retórica y filosofía moral y teología
de la gente mexicana. . . ”, y que traducirá al español en 1577 “después de
treinta años que se escribió en lengua mexicana’' (nota al final al libro VI).
La segunda tarea que realizó no sigue ya tan de
cerca las huellas de Olmos y muestra la lucidez de la visión histórica de
Sahagún, al dar oportunidad a los indígenas de consignar su propio testimonio,
la “visión de los vencidos”, de la conquista de México. La primera redacción de
esta “Historia de la conquista” parece ser un poco anterior a 1555, pues en
1585 dice que:
Cuando esta escritura se escribió, que ha ya más de
treinta años, toda se escribió en lengua mexicana, y después se romanció toda.
Los que me ayudaron en esta escritura fueron viejos principales, y muy
entendidos en todas las cosas así de la idolatría como de la república, y
oficios de ella, y también que se hallaron presentes en la guerra cuando se
conquistó esta ciudad.
( “Al lector”, lib. XII)
EL PROYECTO
GENERAL Y LA PRIMERA ETAPA:
TEPEPULCO, 1558-1560
Después de estos dos tratados compuestos
previamente, concebirá Sa hagún el proyecto de la que habrá de ser su Historia
general de las cosas de Nueva España. Fue realizándolo en las tres etapas que
él mismo des cribe en el prólogo al libro II. Gracias a estas indicaciones,
además, podemos conocer el admirable sistema de selección y crítica interna de
los informantes que prefiguró Sahagún por la ciencia antropológica.
Aquellos trabajos iniciales y el plan de la obra
que imaginaba debió darlos a conocer a sus superiores. El hecho es que fray
Francisco de Toral, provincial de la Orden en 1558, los aprueba y, conviniendo
con su autor en que aquélla será una obra útil para combatir la idolatría y dar
un fundamento sólido a la evangelización de los naturales, manda a Sahagún que
la realice:
Recibido este mandamiento, hice en lengua
castellana una minu ta o memoria de todas las materias que había que tratar,
que fue lo que está escrito en los doce libros, y la postilla y los cánticos.
(Prólogo al lib. II)
Este primer plan se limitaba a cuatro capítulos:
Dioses, Cielo e In fierno, Señorío y Cosas Humanas.
En el trienio 1558-1561, además, Sahagún concluye
dos de sus obras para la evangelización de los naturales, la Postilla sobre las
Epístolas y Evangelios de los domingos de todo el año, que había redactado en
1547 y refundirá en 1578 (manuscrito en náhuatl que se conserva fragmen
tariamente en la Ayer Collection), y los “cánticos” o “cantares” como él suele
llamar al único libro suyo que verá realizado, años más tarde, la Psalmodia
christiana y Sermonario de los santos del año, en lengua me xicana, ordenada
en cantares o psalmos para que canten los indios en los areytos que hacen en
las iglesias, impreso en México por Pedro Ocharte en 1583.
Una vez formulada la “minuta” y esbozadas acaso las
preguntas que propondría a sus informantes, Sahagún pone en marcha la primera
etapa de su empresa en el pueblo de Tepepulco, en la región de Tezcoco:
En el dicho pueblo hice juntar todos los
principales con el señor del pueblo, que se llamaba don Diego de Mendoza,
hombre an ciano, de gran marco y habilidad, muy experimentado en todas las
cosas curiales bélicas y políticas y aun idolátricas. Habiéndolos juntados
propáseles lo que pretendía hacer y les pedí que me diesen personas hábiles y
experimentadas, con quienes pudiese platicar y me supiesen dar razón de lo que
les preguntase. Ellos me respondieron que se hablaría cerca de lo propuesto, y
que otro día me responderían, y así se despidieron de mí. Otro día vinieron el
señor con los principales, y hecho muy solemne par lamento, como ellos
entonces le usaban hacer, señaláronme hasta diez o doce principales ancianos y
dijéronme que con aquéllos podían comunicar y que ellos me darían razón de todo
lo que les preguntase.
Estaban también allí hasta cuatro latinos, a los
cuales yo pocos años antes había enseñado la Gramática en el Colegio de Santa
Cruz de Tlatelolco.
Con estos principales y gramáticos, también
principales, platiqué muchos días, cerca de dos años, siguiendo la orden de la
minuta que yo tenía hecha.
Todas las cosas que conferimos me las dieron por
pinturas, que aquella era la escritura que ellos antiguamente usaban, y los
gra máticos las declararon en su lengua, escribiendo la declaración al pie de
la pintura. Tengo aún ahora estos originales.
CIbid.)
Estos Primeros memoriales o Memoriales de
Tepepulco, en náhuatl y con abundantes ilustraciones, llevan fecha de 1560. Los
manuscritos se conservan parte en la Biblioteca del Real Palacio y parte en la
Real Academia de la Historia, de Madrid, y a ellos junto con otros manus
critos sahaguntinos se les llama Códices matritenses.
LA SEGUNDA
ETAPA DE TLATELOLCO: 1561-1565
Después de estos dos años de trabajo en Tepepulco,
fray Bernardino es trasladado, hacia 1561, al convento de Santiago de
Tlatelolco. Repite entonces las corteses negociaciones con los ancianos y los
principales del lugar y pronto tiene, en el colegio vecino al convento, un
nuevo equipo de informantes y colaboradores con el que:
por espacio de un año y algo más, encerrado en el
Colegio, se enmendó, declaró y añadió todo lo que de Tepepulco traje escrito, y
todo se tornó a escribir de nuevo, de ruin letra porque se escri bió con mucha
prisa.
Qbid.')
En esta segunda etapa de la elaboración de su obra,
Sahagún hace una primera ampliación de los Primeros memoriales a los que añade
un capítulo V para las Cosas Humanas ( Tlacticpaccáyotl), y una segunda mucho
más extensa en que convierte los antiguos capítulos en libros y proyecta doce
en total (dejará pendientes el VII y el XII). Corresponden al trabajo de esta
etapa tres documentos: los Segundos memoriales o Me-moríales complementarios
(c. 1561-2), dos fragmentos en náhuatl acerca de los señores aztecas; los
Memoriales en tres columnas o Segundo ma nuscrito de Tlatelolco Qc. 1563-5),
que en su mayor parte sólo tiene completa la columna central náhuatl, y que
contienen de hecho la segunda redacción de lo que será la Historia general, en
diez libros; y los Me moriales con escolios (c. 1565), primer intento de
trabajar en tres columnas (español, náhuatl y glosario náhuatl) dos fragmentos
de los Memoriales en tres columnas, que corresponden al libro VII, capítulos
1-5, y al X, capítulos 1-3, del texto final de la
Historia general. Todos ellos forman parte de los Códices matritenses y se
encuentran también mezclados entre los de la Biblioteca de la Real Academia de
la Historia y los del Real Palacio.
LA TERCERA ETAPA DE MEXICO: 1565-1569
La tercera etapa de la elaboración de esta magna
empresa se sitúa en el
Convento de San Francisco de la ciudad de México, a
partir de 1565:
donde por espacio de tres años pasé y repasé a mis
solas estas mis escrituras, y las torné a enmendar y las dividí por libros, en
doce libros, y cada libro por capítulos y algunos libros por capítulos y
parrafos.
(IbidO
Después de aquel período de revisión
solitaria, entre 1567
y 1569
se le proporcionaron copistas a Sahagún y, para
este último año estaban en limpio, y con buena letra, los doce libros, aunque
aún no se había realizado su traducción al español. Este manuscrito de 1569,
que pro bablemente contenía la versión náhuatl final de la Historia general,
se ha perdido, o bien pudo haberse utilizado más tarde en los manuscritos a los
que se añadió la traducción al español.
LA DISPERSION DE LOS ESCRITOS DE SAHAGUN: 1570-1575
Los años siguientes, 1569-1570, serán de los más
amargos en la vida de Sahagún. El Capítulo Provincial de su Orden, al que
somete sus es crituras, decide que son “de mucha estima y que debían ser
favorecidas” pero, al mismo tiempo, le quita sus escribanos. El mismo, mayor de
setenta años, no puede ya escribir por el temblor de las manos. Y poco después,
el provincial Escalona (1570 -3) dispersa las escrituras de fray Bernardino por
los conventos franciscanos de la Provincia de México. A pesar de estos obstáculos,
Sahagún como siempre se las arregló, al parecer, para iniciar en estos años la
traducción al español de su obra, pues existe un manuscrito, al que Paso y
Troncoso llamó Memoriales en español, que debió componerse entre 1569 y 1574 y
contiene sólo los libros I y V sin prólogos ni apéndices. El manuscrito se
encuentra entre los Códices matritenses del Real Palacio y fue publicado por
Paso y Troncoso en 1906 en el tomo VII (pp. 401-48) de su edición de facsí
miles de la Historia general.
LA CUARTA ETAPA DE TLATELOLCO: 1575-9
Y EL “CODICE FLORENTINO"
Hacia 1575 Sahagún recupera sus manuscritos y,
gracias al interés que muestra Juan de Ovando, presidente del Consejo de
Indias, el nuevo comisario de la Orden, fray Rodrigo de Sequera, le proporciona
de nuevo escribanos que le van recopilando los textos en náhuatl y a los que va
dictando el texto castellano de su Historia general de las cosas de Nueva
España, que extracta y comenta los materiales proporcionados por los
informantes indios. A esta cuarta y última etapa, que concluye hacia 1579,
corresponden los manuscritos llamados Códice florentino o Copia Sequera, que
llevan una nueva y amplísima serie de ilustraciones, y se conservan en la
Biblioteca Medicea Laurentiana de esa ciudad (Ms. 218-20).
EL "MANUSCRITO DE TOLOSA"
Existe aún otra copia muy importante, ya que ha
sido hasta ahora la base principal de todas las ediciones en español de la
Historia general. Es de letra del siglo xvi, contiene sólo el texto español con
ligeras variantes, correcciones de estilo y supresión de algunas enumeraciones
de cosas indígenas, con respecto al Códice florentino, y lleva como única
ilustración una “rueda de los años” en la página 396. El manuscrito se
conservaba, sin que se sepa cómo llegó allí, en el convento franciscano de
Tolosa, en Navarra. El primero que se refirió a él fue fray Juan de San Antonio
en su Biblioteca universal franciscana (Madrid, 1732-3). En 1780 Francisco
Javier Clavijero en su Historia antigua de México ( “Noticia de los escritores
de la historia antigua de México en el siglo xvi”, después del “Prólogo del
autor”) se refirió a Sahagún y a su obra, sin conocerla, recogiendo datos de
Vetancurt y del bibliógrafo antes citado. Y en 1783 Juan Baustista Muñoz, que
había recibido la comisión de escribir una Historia de las Indias, trasladó a
Madrid aquel Manus crito de Tolosa, como vino a llamársele, el cual se
conserva en la Biblio teca de la Real Academia de la Historia.
La filiación de este manuscrito ha sido una
incógnita. Sin embargo, existen ya presunciones verosímiles respecto a su
origen. Charles E. Dibble y Howard F. Cline ( “Sahagún and his works”, Handbook
of Middle American indians, vol. 13, Guide to ethnohistorical sources, part 2,
University of Texas Press, Austin, 1973, pp. 199) consideran que el Manuscrito
de Tolosa — después de examinar sus variantes respecto al Códice florentino— es
una copia contemporánea de la parte española de este códice, aunque preparada
para su edición. Y avanzando algo más en las conjeturas, Georges Baudot ( “Fray
Rodrigo de Sequera, avocat du diable pour une histoire interdite”, Caravelle,
Toulouse, 1969, N ° 12,
pp. 47-82)
cree que fue el padre Sequera quien, a su regreso a España en 1580, ordenó que
se hiciera esta copia de la parte española del ma nuscrito náhuatl-español (
Códice florentino o Copia Sequera) que Saha gún le había confiado hacia 1579;
y que, tomando en cuenta la corriente de opinión que aún prevalecía contra los
escritos de misioneros en lenguas nativas, hizo que se omitiera todo aquello
que pudiera provocar suspica cias. Por tanto, Baudot sugiere que esta copia de
Tolosa debió hacerse entre 1580 y 1588, acaso hacia 1583.
REVISION CRITICA Y ULTIMOS TRABAJOS: 1585
Aún a la edad de 85 u 86 años, cuando Sahagún se
vio envuelto en los conflictos que originó fray Alonso Ponce, se las arregló
para em prender una especie de revisión crítica o de reconstrucción de su
obra, preocupado insistentemente por la extirpación de la idolatría, tarea en
la que reconoce que poco se ha avanzado. De estos últimos trabajos de Sahagún
se conserva su versión enmendada del libro XII “De la con quista”; el
Vocabulario trilingüe — que según Alfredo Chavero y José Fernando Ramírez,
puede ser identificado con el manuscrito que ahora se encuentra bajo el número
1.478 de la Ayer Collection (Newberry Library, Chicago), y continúa inédito,
mientras que Luis Nicolau d’Olwer considera que, aunque este manuscrito es de
Sahagún, puede ser un trabajo preliminar pero no el gran Vocabulario trilingüe
— que Sahagún mismo describió— , de 1584-5, cuyo amanuense fue Martín Jacovita;
y dos manuscritos, parcialmente publicados, que se encuentran en el mismo
cartapacio (N 9 1.628 bis) de la Biblioteca Nacional de México que contiene el
famoso de Cantares mexicanos, el Calendario mexicano, latino y castellano
(folios 96-112) y el Arte adivinatoria (folios 116-
142) .
Ambos manuscritos debieron escribirse hacia 1585 y salvo algunas reservas, se
atribuyen a Sahagún tanto por sus temas, similares a los correspondientes de la
Historia general, como por sus alusiones a otras obras y tópicos del mismo
Sahagún.
EDICIONES Y
TRADUCCIONES
a .—LA “HISTORIA GENERAL"
Después de permanecer ignorada durante más de dos
siglos, la obra de Sahagún comenzó a conocerse a fines del siglo xvm , gracias
al descu brimiento del Manuscrito de Tolosa que antes se ha referido. Una
copia de este manuscrito, hecha por Diego Panes, fue llevada a México y sirvió
para la primera edición, incompleta, que hizo en 1829 y 1830, en México, Carlos
María Bustamante de esta versión española, con notas
suyas, de la Historia general de Sahagún (Imprentas
de Mariano R. Galván y de Valdés, 4 vols.), edición que reimprimió en 1890-5
Ireneo Paz (Biblioteca Mexicana, vols. 22-5). Por los mismos años, y a base de
otra copia del Manuscrito de Tolosa, Lord Kingsborough la reprodujo en sus
Antiquities of México (London, vol. V, 1830, y VII, 1831).
Ya en nuestro siglo, en 1938, apareció la primera
edición moderna importante, al cuidado de Joaquín Ramírez Cabañas, siguiendo el
Ma nuscrito Tolosano-Panes y cotejando con el Florentino los libros I-VI, con
un excelente estudio preliminar de Wigberto Jiménez Moreno (Edi torial Pedro
Robredo, México, 1938, 5 vols.). Esta edición lleva como apéndices los
siguientes textos: al libro II, una traducción, a través de la de Eduard Seler,
de los “Himnos a los dioses” y de las notas de Seler sobre el tema; al libro
IX, traducción de los textos omitidos por Sahagún acerca de los artífices y de
los estudios de Seler; al libro XI, estudios de Nicolás León sobre la sinonimia
de nombres del mundo natural y de Ignacio Alcocer sobre las comidas y la
medicina aztecas; y al libro XII, la relación sobre la conquista de Fernando de
Alva Ixtlilxóchitl, el estudio de Manuel Orozco y Berra sobre los
conquistadores, las variantes de la versión enmendada del Libro de la Conquista
y una versión española del libro XII en náhuatl.
En 1946 Miguel Acosta Saignes ofreció una nueva
edición, a base del mismo manuscrito pero cotejando con el Florentino tres
libros más, con notas, bibliografía y guía para estudiar a Sahagún (Editorial
Nueva España, México, 1946, 3 vols.).
La edición más reciente (Editorial Porrúa, México,
1956, 2^ ed., 1969, 4 vols.) fue preparada por Angel María Garibay K., de nuevo
a base del Tolosano-Panes, y repitiendo fundamentalmente el texto de la edición
Ramírez Cabañas-Jiménez Moreno, aunque cotejando el texto completo con el
Códice florentino, separando y numerando los parágrafos y añadiendo nuevos
textos y apéndices, como las traducciones por el mismo padre Garibay del texto
náhuatl del libro XII sobre la Conquista, del relato sobre el mismo tema del
manuscrito anónimo de 1528 de Tlatelolco, de los “Himnos a los dioses” y de
otros textos que no llegó a traducir Sahagún. Esta edición del padre Garibay se
ha reproducido en el número 300 de la colección “Sepan cuantos. . . ”
(Editorial Porrúa, México, 1975), edición a la que se han añadido las curiosas
notas que escribió Carlos María Bustamante para la primera edición de la
Historia, tomadas de la edición de 1890, de Ireneo Paz.
b.—LA DOCUMENTACION INDIGENA
La documentación de los informantes indígenas —
textos en náhuatl e ilustraciones— tardó aún más en comenzar a publicarse. Los
dos grupos de Códices matritenses, el del Real Palacio y el de la Real Academia
de
la Historia, que contienen los Primeros memoriales
de Tepepulco, los Memoriales con escolios y los Memoriales en tres columnas, de
Tlatelolco, así como las ilustraciones de los Primeros memoriales y del Códice
flo rentino, fueron publicados los textos en edición facsímil, por Francisco
del Paso y Troncoso, por cuenta del gobierno mexicano (Fototipia de Hauser y
Menet, Madrid, 1905-7, 5 vols.)* Los volúmenes publicados fueron el V, que
contiene las ilustraciones del Códice florentino; el VI, cuaderno 29, que
contiene los Primeros memoriales y los Memoriales con escolios; el VI, cuaderno
39, que contiene las ilustraciones de los Prime ros memoriales; el VII, que
contiene los seis primeros libros de los Memoriales en tres columnas y los
Memoriales en español, de los libros I y V de la Historia general; y el VIII,
que contiene los libros VIII a XI de los Memoriales en tres columnas. Los
cuatro primeros volúmenes, que no llegaron a publicarse, estaban destinados al
texto del Códice floren-tino, y el VI, cuaderno 1°, debía llevar una
Descripción de los códices.
El Códice florentino — que recoge el último estado
de la documenta-ción náhuatl recogida por Sahagún, las ilustraciones y la
traducción al español conocida como Historia general de las cosas de Nueva
España— ha sido editado, entre 1950 y 1970, con el texto náhuatl y traducción
al inglés, notas y las ilustraciones completas, por Arthur J. O. Anderson y
Charles E. Dibble, por cuenta de la School of American Research ( Florentine
Codex, University of Utah, Santa Fe, New México, 12 vols. Falta aún el volumen
introductorio).
Los textos nahuas de los Códices matritenses —
tomando en cuenta que Sahagún, en el texto español de su Historia, sólo abrevió
o reexpuso en ocasiones parte de los materiales indígenas mucho más amplios que
guardan los memoriales iniciales— han comenzado a ser traducidos y estudiados.
En 1944-7, Angel María Garibay K. publicó ( “Paralipóme-nos de Sahagún”,
Tlalocan, México, I, 4, y II, 2 y 3) varios fragmentos de los capítulos II y
III de los Primeros memoriales: “Agüeros” y “Sueños” (II, 5) y “Hombres malos”
y “Hombres malos y mujeres malas” (III,
II y 12).
El mismo Garibay publicó en 1948 y en la misma revista (N<? 2), la Relación
breve de las fiestas de los dioses que contiene las dos primeras secciones del
capítulo I de los Primeros memoriales. Porfirio Aguirre ( Primeros memoriales
de Tepepulco. Anónimos indígenas. Co lección Amatlacuílotl, Editor Vargas Rea,
México, 1950-1, 4 vols.) tradujo las cuatro primeras secciones del capítulo I.
En 1974 Wigberto Jiménez Moreno publicó los textos en náhuatl y una versión
directa hecha cuarenta años antes del capítulo I, “Ritos, dioses”, de los
Primeros me moriales (Instituto Nacional de Antropología e Historia, Colección
Cien tífica, México, 1974). El conjunto de la documentación indígena que
existe en los Códices matritenses ha comenzado a ser paleografiado y traducido
al español, sistemáticamente, en la serie Fuentes Indígenas de la Cultura
Náhuatl, editada por el Instituto de Historia de la Univer sidad Nacional
Autónoma de México, a partir de 1958. Hasta ahora se
han publicado cuatro volúmenes: Ritos, sacerdotes y
atavíos de los dioses,
por Miguel León-Portilla (1 9 5 8 ), Veinte himnos
sacros de los nahuas, por Angel María Garibay K. (1 9 5 8 ), Vida económica de
Tenochtitlan,
1 Pochtecáyotl (Arte de traficar), por Alfredo
López Austin (1 9 6 9 ). En el análisis y comentario del contenido de cada uno
de los doce libros de
la Historia general, que se hace adelante, se
mencionan muchos otros estudios y traducciones de la documentación náhuatl.
En fin, el libro llamado Códices matritenses de la
Historia general de las cosas de Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagún,
realizado por el Seminario de Estudios Americanistas, bajo la dirección de
Manuel Ballesteros Gaibrois, con la colaboración de Pilar Calvo, Pilar Montero,
Teresa Pacheco y Amelia López, contiene un estudio de estos códices, una
correlación entre los manuscritos matritenses y el florentino y la reproducción
de las láminas de los matritenses (Edición de José Porrúa Turanzas, Madrid,
1964, 2 vols.).
c.—TRADUCCIONES A OTRAS LENGUAS
La Historia general de Sahagún y partes de los
memoriales indígenas han sido traducidos a varias lenguas. La Historia general
fue traducida al francés por D. Jourdanet y Rémi Siméon (París, 1880), y los
libros I-IV fueron traducidos al inglés por Fanny R. Bandelier, de la edición
de Bustamante (Nashville, 1932). Daniel G. Brinton tradujo al inglés los veinte
himnos a los dioses (Rig-Veda americanus. Sacred songs of the ancient mexicans,
Filadelfia, 1890), y Anderson y Dibble, como ya se apuntó, tradujeron al inglés
la parte náhuatl del Códice florentino de la Historia general. Eduard Seler,
desde 1890 hasta su muerte, tradujo al alemán y estudió grandes secciones de la
obra sahaguntina, trabajos que luego se recogieron en sus Gesammelte
Abhandlungen (Berlín, 1902-23, 5 vols. y Graz, 1960-6). Leonhard Schultze-Jena
tradujo al alemán y paleografió los libros IV-VII de la Historia general
(Stuttgart, 1950).
d .— LOS OPUSCULOS
Además de sus monumentales trabajos de etnografía e
historia, Sahagún escribió a lo largo de su vida múltiples opúsculos de tema
religioso dedicados a la evangelización, que han corrido diversa suerte. Varios
han sido editados: la Psalmodia christiana, que fue la única obra impresa en
vida de su autor, como ya se apuntó, en México, 1583; los Evangelios y
Epístolas que, traducido al latín por Bernardinus Biondelli, se publicó bajo el
título de Evangeliarum, epistolarium et lectionarium aztecum sive mexicanum, ex
antiquo códice mexicano nuper reperto depromptum (M i lán, 1858), y el libro
de los Colloquios y doctrina christiana con que los doce frailes de San
Francisco enviados por el papa Adriano Sexto y por
el emperador Carlos Quinto convirtieron a los
indios de la Nueva Es paña, en lengua mexicana y española, concluido por
Sahagún en 1564, el cual, después de que se le consideraba perdido, fue
descubierto por el padre Pascual Saura en el Archivo Secreto del Vaticano y
publicado luego por el padre José María Pou y Martí en Roma, 1924. Reimprimió
el texto español Zelia Nuttall ( Revista Mexicana de Estudios Históricos,
México, 1927, t. I, suplemento, pp. 101-154) y lo reprodujo Vargas Rea
(Biblioteca Aportación Histórica, México, 1944). Walter Lehmann (Stuttgart,
1949) lo editó en sus textos español y náhuatl y lo tradujo al alemán. Del
texto náhuatl, Miguel León-Portilla ha hecho una her mosa traducción al
español del capítulo siete, “Los diálogos con los sabios indígenas” (E l
reverso de la conquista. Relaciones aztecas, mayas e incas, Editorial Joaquín
Mortiz, México, 1964, pp. 23-8), que es una notable exposición del pensamiento
religioso de los sabios del México antiguo, y anticipo de la traducción completa
que prepara el doctor León-Portilla.
También en el Archivo Secreto del Vaticano se ha
encontrado el Compendio de la Historia general, firmado por Sahagún el 25 de
diciem bre de 1570 y enviado al Papa Pío V. El opúsculo se intitula Un breve
compendio de los ritos idolátricos que los indios desta Nueva España usaban en
el tiempo de su infidelidad. Lo dio a conocer parcialmente el padre Wilhelm
Schmidt ( Anthropos, Salzburg, Austria, 1906, vol. I,
pp. 203-317).
Sahagún relata en este escrito el largo proceso de sus trabajos, el gasto que
se ha realizado, el contenido general de la obra y da algunas muestras de los
nueve primeros libros.
De los opúsculos Calendario mexicano, latino y
castellano y Arte adi vinatoria dio noticias y comentarios García Icazbalceta
en su Bibliografía mexicana del siglo XVI (ed. 1954, pp. 368-9), y reprodujo,
en el apén dice al estudio sobre Sahagún (pp. 376-387), la introducción “Al
lec tor” del Calendario, las secciones introductoria y el capítulo 1 del Arte
adivinatoria. El Calendario fue publicado completo por Juan B. Iguíniz (
Boletín de la Biblioteca Nacional, México, abril-septiembre de 1918, t. XII, N9
5, pp. 189-232, con 11 ilustraciones). El resto del Arte adi vinatoria no se
ha publicado porque, como lo advirtió García Icazbalceta, sus capítulos 2-32
corresponden, con pocas variantes, a los capítulos 1-31 del libro IV de la
Historia general.
Se conservan inéditos, en la Ayer Collection, de
Chicago, el Sermo nario de dominicas y de santos en lengua castellana, de 1540
y 1563; la Postilla sobre las Epístolas y Evangelios, de 1547 y 1578, si no es
la misma obra que el Evangeliarum ya publicado, y el supuesto Vocabulario
trilingüe.
Otros de sus libros manuscritos menores, dedicados
a la evangelización de los naturales y en náhuatl, desaparecieron consumidos
por el uso: Ejercicio cuotidiano, Vida de San Bernardino de Siena, Manual del
cris tiano, Regla de los Casados y Arte de la lengua mexicana con su vocabu
lario apéndiz.
CONTENIDO Y
ANALISIS DE LA “HISTORIA GENERAL” Y DE
SUS MATERIALES PREVIOS
ESTRUCTURA
DE LA “HISTORIA GENERAL”
Los materiales de que consta la Historia general de
las cosas de Nueva España de fray Bernardino de Sahagún se encuentran
dispuestos como lo muestra el siguiente cuadro:
ORGANIZACION DE LA "HISTORIA GENERAL’ *
Libros prólogos, etc. capítulos
I 2 preliminares 22
y
prólogo
II prólogo 38
(y
nota)
III prólogo 14
IV prólogo 40
(y
nota)
V 2 prólogos 13
VI prólogo 43
VII prólogo 13
(y
nota)
VIII prólogo 21
IX prólogo 21
X prólogo 29
XI — 13
XII prólogo 41
(y
nota)
Total: 12 prólogos 308
y 6 notas
apéndices
1 (en 4
partes)
7 (con 14 relaciones )
9
1 (
“Apología” (en 7 partes)
1
—
—
—
1 (interc.
en cap. 12)
—
20 apéndices
(en 36 partes)
otros textos finales
o adiciones
3 (S )
1 (G )
1 (R )
1 (G )
—
—
—
3 (G )
—
—
i (R)
1 (A )
4 (G )
1 (entre
caps. (27 y 28)
(S)
3 (R)
4 (R )
3 (G)
4 adiciones
Sahagún
12 adiciones
Garibay
9 adiciones
Robredo
1 adición
Acosta S.
* Las
ediciones consultadas fueron la Robredo, de Eamírez Cabañas-]iménez Mo reno,
de 19B8 (R ); la de Acosta Saignes, de 1946 (A ); y la de Porrúa, de Ga-ribay,
1956 (G ).
La división final de la Historia general es,
abreviando los títulos, la siguiente: libro I, De los dioses; II, Calendario,
fiestas y ceremonias; III, Origen de los dioses; IV, De la astrologia
judiciaria o arte de adivinar; V, Agüeros y pronósticos; VI, Retórica,
filosofía moral y teología; VII, De la astrologia natural o astronomía; VIII,
De los reyes y señores; IX, De los mercaderes y oficiales; X, De los vicios y
virtudes de esta gente indiana; XI, De las propiedades de los animales,
árboles, metales y de los colores; y XII, De la conquista de la Nueva España.
PLAN Y MODELOS
t
El plan que sigue Sahagún en la organización de sus
materiales parece descender paulatinamente del cielo teológico a la vida
religiosa, a las concepciones morales y culturales y a la vida política y
económica, para terminar con las costumbres, la historia natural y el
testimonio de la con quista. Es una estructura que corresponde, en cierta
manera, a la inten sa y dominante religiosidad del pueblo mexicano al que se
refiere princi palmente su obra. Sin embargo, puede no ser ésta la mejor
ordenación desde el punto de vista didáctico. Acosta Saignes, por ejemplo,
propone leer a Sahagún reordenándolo, de modo de comenzar por los orígenes
étni cos, seguir con la historia política y el mundo natural, las artes y los
oficios, el comercio y la organización social, la religión y las creaciones
culturales, para terminar con la conquista ( “Guía para estudiar a Saha-gún”,
Historia general, ed. M.A.S., 1946, t. III, pp. 91-197).
Otra posibilidad es la de reunir, por una parte los
materiales disper sos acerca de un mismo tema, y por otra, olvidando la actual
división en libros, reordenar el conjunto en cinco grandes secciones que en
lugar de descender, como lo hace Sahagún, asciendan paso a paso: I —Tierra y
cielo; II.—El hombre y sus recursos; III.—La cultura; IV.—Religión y mitos, y
como un apéndice ya no etnográfico, V.—El fin del México antiguo. De esta
manera, se parte de las nociones sobre la naturaleza; se sigue con el hombre:
su vida, sus orígenes étnicos y su organización política y económica; vienen
luego sus concepciones morales y sus crea ciones culturales; se recogen
después sus creencias religiosas, sus mitos y las ideas sobre los destinos
ultraterrenos y se concluye con el testimonio de la destrucción de esta
cultura.
Cuando Sahagún organizó su gran tratado tenía
modelos generales que pudieron orientarlo. Donald Robertson ( Mexican
manuscript painting of the early colonial period, Yale University Press, New
Haven, 1959,
pp. 170-2) ha
establecido la relación que existe entre el esquema gene ral de la Historia
general y la organización tradicional de obras medieva les de carácter
enciclopédico, como la del franciscano inglés Bartholomaeus Anglicus o de
Glanville, De proprietatibus rerum, escrita hacia 1360. Se trata de una obra
cuya popularidad atestiguan sus quince ediciones
antes de 1500, que consta de 19 libros que
comienzan con Dios y los ángeles y terminan con colores, aromas y sabores y una
lista de 36 espe cies de huevos. Es posible asimismo que, como observó Garibay
( Historia de la literatura náhuatl, t. II, pp. 70-1), Sahagún se haya guiado
por la Historia natural de Plinio el Viejo en la organización del libro XI, que
se refiere a esta materia.
En el conjunto de su obra mayor se advierten libros
mejor acabados que otros y, pese a los muchos años en que pasó y repasó sus
escrituras, como él decía, quedan algunos tratados notoriamente fuera de lugar,
sobre todo los apéndices que fue añadiendo en las últimas revisiones. Con todo,
debe tenerse presente que su objetivo principal era el texto en lengua náhuatl
y que la traducción española fue una empresa com plementaria, tardía y, en
muchos casos, abreviada. Sin embargo, ahora lo juzgamos sobre todo por los
textos castellanos de la Historia general de las cosas de Nueva España, en
tanto nos son accesibles en su totalidad los memoriales en náhuatl. Cuenta
tenida de estas circunstancias, haga mos un repaso más detallado de la
Historia general y de sus materiales previos.
LIBRO I.— EN QUE SE TRATA DE LOS DIOSES QUE
ADORABAN LOS NATURALES DE ESTA TIERRA QUE
ES LA NUEVA ESPAÑA
LAS
PRELIMINARES
La Historia general de las cosas de Nueva España se
inicia con una “Carta dedicatoria” de agradecimiento dirigida a fray Rodrigo de
Se quera, comisario franciscano en la Nueva España y protector de la obra de
Sahagún, un Prólogo y una nota “Al sincero lector”. Estos tres textos debieron
escribirse hacia 1575, fecha en que fray Bernardino inicia el arreglo final de
su Historia general y su traducción al español.
En el Prólogo y la nota que le sigue, Sahagún
expone el origen y el plan general de la obra, el contenido de los doce libros,
el propósito lingüístico que lo guía y hace una entrañable defensa de la
capacidad cultural de los indios. Estos textos, junto con el prólogo al libro
II en que expone el proceso de elaboración de la Historia general, son la base
principal con que contamos para el conocimiento de la gestación de nues tro
principal documento etnográfico.
DIOSES MAYORES Y MENORES
Los veintidós capítulos que forman el libro I se
parten en dos grupos. Los primeros doce están dedicados a cuatro dioses
mayores: Huitzilopo-
chtli — y su capitán Páinal— , Tezcatlipoca, Tláloc
y Quetzalcóatl, y a siete diosas principales: Cihuacóad, Chicomecóatl,
Temazcalteci, Tzapo-tlatena, Cihuapipiltin, Chalchiuhtlicue y Tlazoltéotl. De
ellos se descri ben los atributos, atavíos, insignias y funciones que los
distinguían. A menudo recuerda Sahagún que la descripción de las festividades
aparece por extenso en el libro II. Es interesante, en el capítulo xii dedicado
a la diosa Tlazoltéotl, la explicación detallada de la ceremonia de confe sión
auricular, que se hacía una vez en la vida, con los parlamentos del confesor y
el penitente, y la explicación de los móviles que movían a los confesores, los
cuales se libraban con la confesión de los castigos físicos mayores que les
correspondían conforme a las leyes. Sobre este tema de la confesión vuelve
Sahagún en el libro VI, capítulo vii, en que pone por extenso la oración que,
después de escuchar la confesión, hacían los sacerdotes frente a Tezcatlipoca.
Los capítulos siguientes, del xiii al xxii, se
refieren a los dioses meno' res. En el capítulo xiv, dedicado a Macuilxóchitl o
Xochipilli, hay una curiosa descripción de las ofrendas que se hacían en la
fiesta de este dios, de panes de maíz o de bledos, en formas de rayos,
mariposas, rode las, saetas, espadas y muñecos, costumbre que puede ser el
origen del uso mexicano actual de los panes que adoptan diversas figuras.
EL APENDICE
El apéndice del libro I es una confutación de la
idolatría, esto es, un esfuerzo de Sahagún por mostrar que el propósito
principal de su obra es éste y no la simple exposición de “las cosas de Nueva
España”. Co mienza por transcribir cuatro capítulos bíblicos, del 13 al 16 del
libro de la Sabiduría, para mostrar la locura de los idólatras. Viene en
seguida la “confutación” en la que hace un recuento de los dioses que antes ha
descrito para insistir en que no son tales dioses sino demonios. Pero como en
este texto el autor escribe por sí mismo, y no transcribe a sus infor mantes
indios, hace una exposición un poco más clara que en los capí tulos
precedentes de la estructura de la complicada teología de los pue blos nahuas.
A pesar de este resumen del apéndice, el libro I es
una exposición insuficiente del panteón mexicano. Sahagún no señala, por
ejemplo, la distinción entre los dioses creadores y rectores de la vida,
Huitzilopochtli, Tezcatlipoca, Tláloc y Quetzalcóatl, y los otros dioses
menores, que en realidad eran protectores de funciones, condiciones y
actividades huma nas. A pesar de ello, es muy precisa y útil la descripción de
los atributos y atavíos de los dioses, sobre todo en la versión algo más amplia
de los textos nahuas.
DOCUMENTACION,
ESTUDIOS Y TRADUCCIONES
La documentación náhuatl correspondiente al
conjunto de esta expo sición de los dioses sólo existe en los Memoriales en
tres columnas y en el Códice florentino. Sin embargo, los pasajes que se
refieren a “Atavíos de los dioses” (ff. 261r-267) de los Primeros memoriales,
pueden con siderarse complementarios de este libro I de la Historia general.
Hay dos traducciones al español de estos textos nahuas: de Angel María Garibay,
con la colaboración de Byron McAfee (Sahagún, Historia general, Porrúa, México,
1956, t. IV, pp. 279-290) y de Miguel León-Portilla con texto náhuatl y notas
en la sección tercera de Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses (UNAM,
México, 1958, pp. 111-159).
LIBRO II.—
QUE TRATA DEL
CALENDARIO, FIESTAS Y CEREMONIAS, SACRIFICIOS Y SOLEMNIDADES QUE
ESTOS NATURALES DE ESTA
NUEVA ESPAÑA HACIAN A HONRA DE
SUS DIOSES
Este es un libro muy importante para el
conocimiento de la complicada y rica estructura del ceremonial y las costumbres
religiosas del México antiguo. Se inicia con un prólogo, que es una exposición
del método de elaboración del conjunto de la Historia general, y de los
problemas y adversidades que tuvo que afrontar Sahagún a lo largo de los años.
No tiene, pues, una relación específica con la materia del libro II. El propio
prólogo a este libro es un breve texto, “Al sincero lector”, en el que Sahagún explica
la disposición y el funcionamiento del calendario del México antiguo en
relación con el europeo, y el método que ha seguido para establecer las
correspondencias entre ambos, así como el otro calen-dario adivinatorio que
rige las fiestas movibles.
LAS DIECIOCHO FIESTAS FIJAS
El libro II está separado en dos partes, que son
como dos tratamientos de un mismo tema, lo que fuerza las repeticiones. La
primera, del capí tulo i al xix, es una exposición de las diecicho fiestas
fijas. Los capítulos se refieren a cada una de las dieciocho veintenas o meses
del México antiguo, de las que se da su nombre y refiere la advocación y fiesta
principal con las ceremonias respectivas. A ambos lados de la descripción de
las ceremonias va una laboriosa correlación de los calendarios mexi cano y cristiano,
con números progresivos de los días del mes y de letras para los días de la
semana, y su división en veintenas o meses.
Esta exposición calendárica de las fiestas tiene
relación con el Calen dario mexicano, latino y castellano, atribuido a
Sahagún, y compuesto
verosímilmente hacia 1585. Garibay ( “Introducción
al libro segundo”, Historia general, opus cit., t. I, p. 9 8 ), sin explicar
razones, considera a este Calendario el original del que Sahagún copió del
libro II de su Historia general. En principio, y por la fecha de redacción, el
Calenda rio parece, por lo contrario, solamente una reexposición hecha por
Saha gún de su calendario contenida en este libro II, con algunas modificacio
nes: ordenarlo conforme al calendario cristiano, poner el principio del mexicano
el 1? y no el 2 de febrero y repartir los cinco días nemontemi en otras tantas
veintenas del calendario mexicano.
En la advertencia “Al lector” que va después del
Calendario (que dio a conocer García Icazbalceta en su Bibliografía, ed.
Millares Cario, 1954, pp. 380-2), Sahagún menciona, entre varios casos de
disimulación de los idólatras la siguiente:
como en esta ciudad de México, en el lugar donde
está Santa María de Guadalupe se adoraba un ídolo que antiguamente se llamaba
Tonantzin, y con este mismo nombre nombran ahora a Nuestra Señora la Virgen
María, diciendo que van a Tonantzin, o que hacen fiesta a Tonantzin, y
entiéndase por lo antiguo y no por lo moderno.
El tema del culto a Tonantzin lo toca con más
extensión en la “Nota sobre supersticiones” del libro XI.
El capítulo final (xix) de esta primera parte,
expone el sentido que se daba a los días nemontemi, o baldíos o aciagos, y a
las dieciséis fies tas movibles entre las cuales son interesantes los ritos
que refiere sobre bautizos y casamientos.
LAS FIESTAS MOVIBLES
La segunda parte del libro, del capítulo xx al
xxxviii, más los siete apén dices, contiene la descripción pormenorizada de
las ceremonias que se realizaban en las fiestas movibles de cada una de las
dieciocho veintenas del año náhuatl. Como lo ha hecho notar Garibay, estos
capítulos:
Para la etnografía son inapreciables, pues nos
describen desde los dioses hasta las comidas; desde los ropajes hasta las más
ple beyas formas de esparcimiento que acompañaban la celebración de aquellas
fiestas. Hallamos allí cuadros vivientes de la antigua sociedad; seguimos, paso
a paso, la vida de cada año, de cada mes y aun podría decirse de cada día en el
México que se perdió en los fangos de la salobre laguna.
( “Introducción al libro segundo”,
opus cit., t. I, p.
100)
Pueden advertirse también otros rasgos notables en
estas descripciones. Lo primero que llama la atención es el exceso inconcebible
de fiestas. Si se toma al pie de la letra este calendario de ceremonias
religiosas, con su prolongación en costumbres folklóricas, apenas quedarían
aquí y allá algunos días libres para los trabajos normales. Lo más probable,
aunque aquí no aparezca suficientemente claro, es que algunas de estas fiestas
se limitaran a un poblado o un barrio determinado, y no que todas ellas fueran
generales. El segundo rasgo sorprendente es el de la intensa vida comunal que,
a pesar de las limitaciones que puedan presumirse, mues tran estas
descripciones. No eran sólo ceremonias en los templos o de los sacerdotes, sino
de determinadas profesiones o condiciones (mercaderes, guerreros, mujeres,
niños, pobres, etc.) y con la participación popular tan crecida como fuere
posible. En fin, algunas de estas ceremonias eran fiestas populares típicas,
como por ejemplo la de las calendas del noveno mes, tlaxochimaco, que era una
celebración floral del verano, y en ésta y en algunas otras había procesiones,
imágenes, ofrendas, convites, juegos y bailes. Sólo unas cuantas de estas
fiestas no culminaban con prácticas más o menos crueles de autopenitencia y con
diversas maneras de los horribles sacrificios humanos seguidos a menudo por
antropofagia ritual.
LOS APENDICES
Los seis apéndices de este libro II, oportunamente
colocados, están dedi cados a exponer formas de cultos y ritos, los edificios
que formaban el Templo Mayor y las clases de sacerdotes y sacerdotisas. El
último de estos apéndices contiene los veinte “Himnos rituales” o “Cantares que
se decían en honor de los dioses”, que Sahagún consignó sólo en náhuatl en la
Historia general advirtiendo que se “cantan sin poderse entender lo que en
ellos se trata”. Los han traducido Daniel G. Brinton al inglés (1 8 9 0 ),
Eduard Seler al alemán (1 9 0 4 ) y Angel María Garibay al español: Veinte
himnos sacros de los nahuas (UNAM, México, 1958). Un anticipo de esta
traducción apareció en el tomo IV, pp. 291-306, de la edición de Garibay en
Editorial Porrúa.
DOCUMENTACION, ESTUDIOS Y TRADUCCIONES
La primitiva documentación náhuatl relacionada con
este libro II y sus apéndices, que en los Primeros memoriales es el capítulo I,
“Ritos, dioses”, ha sido traducida en su totalidad al español, frente a los
textos en náhuatl, por varios investigadores. Las dos secciones iniciales,
corres pondientes a “Las 18 fiestas del año” y a la "Fiesta cada 8 años”,
por Angel María Garibay K., “Relación breve de las fiestas de los dioses”
(Tlalocan, México, 1948, vol. II, pp. 289-320); y
por Wigberto Jimé nez Moreno, Primeros memoriales (INAH, Colección Científica,
Histo ria, México, 1974). Porfirio Aguirre, Primeros memoriales de Tepepulco
(Colección Amatlacuílotl, Editor Vargas Rea, México, 1950-1, 4 vols.), llegó a
traducir las primeras ocho secciones de este capítulo I (ff. 250r-260v). La
mayor parte de este primer capítulo de los Primeros memo riales (ff.
254v-273r) — con excepción de las dos primeras secciones— , que tiene cierta correspondencia
con los apéndices iv-xi del libro II de la Historia general, ha sido traducida
al español, con excelente docu mentación y estudios, por Miguel León-Portilla,
en Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses (UNAM, México, 1958).
De la documentación náhuatl del Códice florentino,
Alfredo López Austin tradujo el segundo apéndice: “El Templo Mayor de México
Teno-chtitlan según los informantes indígenas” ( Estudios de Cultura Náhuatl,
UNAM, México, 1965, vol. V, pp. 75-102), con los textos náhuatl y español en
columnas paralelas y notas ilustrativas.
LIBRO III.—DEL PRINCIPIO QUE TUVIERON
LOS DIOSES
Evidentemente, éste es “uno de los libros menos
bien construidos” de la Historia general (Garibay, “Introducción al libro
tercero”, opus cit., t. I, p. 265), por sus materiales heterogéneos,
parcialmente elaborados o fuera de lugar. Con todo, los textos que contiene son
de sumo interés si olvidamos el incongruente título que les puso su autor.
ORIGEN DE LOS DIOSES
Los catorce capítulos del libro refieren el mito
del nacimiento de Huitzi-lopochtli y el severo culto que se le ofrecía, y
modalidades del culto a Texcatlipoca, en un capítulo cada uno, y la leyenda
mítica del Quetzal cóatl sacerdote en los doce capítulos restantes.
Garibay considera que el breve mito sobre el origen
de Huitzilopochtli “es fragmento de una epopeya perdida” ( Ibid.). En la
reconstrucción de esta leyenda que intentó el mismo investigador ( Epica
náhuatl, Di vulgación literaria, selección, introducción y notas de . . . ,
Biblioteca del Estudiante Universitario 51, Edición de la Universidad Nacional
Autó noma de México, 1945, pp. 65-83), dio una traducción del original náhuatl
sobre el nacimiento de Huitzilopochtli, que aparece en los Me moriales en tres
columnas o Segundo manuscrito de Tlatelolco (lib. III, caps, iv y v, ff.
132v-137v), que nada substancial agrega a la versión de la Historia general, y
añadió a continuación pasajes de la Crónica mexicana de Alvarado Tezozómoc, de
la Historia de las Indias de Durán, del Códice Ramírez y del Códice Aubin, para
completar el ciclo mítico
de esta deidad tribal, sacerdote y guerrero, y su
intervención en la legen daria fundación de México-Tenochtitlan.
El breve capítulo ii, dedicado a narrar los poderes
de Tezcatlipoca y los motivos por los que se pedía su auxilio, contiene dos
oraciones rituales que se dirigían a la divinidad. Para explicar la función de
estas divini dades, Sahagún echa mano de sus modestos recuerdos mitológicos. Y
así como a Huitzilopochtli llamó otro Marte, a Tezcatlipoca lo llama otro
Júpiter y a Quetzalcóatl otro Hércules, semejanza esta última tan inopor tuna
que prescindirá de ella en la última versión de su relato.
QUETZALCOATL
La parte más interesante del libro III son los
capítulos que se refieren al Quetzalcóatl sacerdote y civilizador, aunque el
primero de estos capítulos trata del culto que se daba en Tula probablemente a
la divinidad y de la abundancia y esplendor que allí había. Los demás capítulos
(iv-xiv) cuentan la persecución y las asechanzas de Tezcatlipoca que sufrió
Quetzalcóatl, hasta Tlillan-Tlapallan donde desapareció. Entre los em bustes
del tentador, Sahagún intercala el curioso episodio erótico — uno de los contadísimos
de este tipo en la historia antigua— del huasteco desnudo, el tohueyo, cuyo
miembro viril antojósele a la hija de Huémac, gobernante de los toltecas, quien
acabó casándolo con su hija.
La versión que da Sahagún de Quetzalcóatl presenta
cierta discrepan cia con otra de las más importantes exposiciones del mito, la
que aparece en los Anales de Cuauhtitlan (ff. 4-8, párrafos 28-52). En estos
últimos se da como madre del sacerdote Ce Acatl Topiltzin o Quetzalcóatl a
Chimalma, quien lo concibió porque “se tragó un chalchíhuitl”, mientras que en
la versión de Sahagún este origen de una virgen es el de Huitzilo pochtli, por
su madre Coatlicue que lo concibió por una pelotilla de pluma que puso en su
seno. Las fuentes antiguas acerca del Quetzalcóatl deidad creadora y
restauradora de la vida humana son la Historia de los mexica nos por sus
pinturas (caps. I-V) y la Leyenda de los soles (ff. II-III).
LOS DESTINOS DESPUES DE LA MUERTE
El libro III lleva un apéndice dividido en nueve
capítulos de gran valor informativo aunque sin ninguna relación con el título
del libro. Los tres primeros refieren los diversos destinos que podían tener
los hombres después de la muerte. Sahagún llama arbitrariamente infierno al
mictlan, destino común para los que morían de enfermedad, que no implicaba
ninguna idea de castigo; paraíso al tlalocan, destino venturoso de los ful
minados por rayo, los ahogados y los muertos por ciertas enfermedades
relacionadas con Tláloc (rayo, agua y viento); y
cielo a la casa del sol adonde iban en recompensa “los que mataban en guerra”.
La relación de los que iban al mictlan es la más
interesante ya que contiene un conmovedor ritual de los muertos, especie de
huehuetlatolli; y una narración del azaroso viaje — con algunas coincidencias
con los ri tuales egipcios— que esperaba a los muertos, sobre todo el paso por
el terrible “viento de navajas” y el cruce de un río en que los ayudaba un
“perrito de pelo bermejo” que todos procuraban como acompañante. Entre las
noticias respecto a usos funerarios, llama la atención la costumbre de poner a los
muertos una piedra verde en la boca, “por corazón del difunto”. Los chinos
hacían otro tanto, con trozos de jade y en todas las aberturas del cuerpo,
aunque con el propósito de evitar que otra alma pudiera penetrar en aquel
cuerpo obturado herméticamente (Li Ki, Couvreur, II, 202, y I, 175, y Marcel
Granet, La civilisation chinoise, Paris, 1929, III, IV, 2).
EL SISTEMA EDUCATIVO Y LA TRANSMISION DEL SABER
Los capítulos restantes de este apéndice son la
mejor exposición de que disponemos acerca del sistema educativo de los antiguos
mexicanos, que consistía fundamentalmente en dos tipos de escuelas, el
telpochcalli y el calmécac. Al primero, iban los hijos de “gente baja” a
prepararse “para servicio del pueblo y para las cosas de la guerra”.
Consiguientemente, se les adiestraba en trabajos comunales y se les endurecía y
ejercitaba para que fuesen aptos para la guerra. En cambio, su vida no era
rigurosa y los que sobresalían bailaban cada noche y podían tener sus amigas
aman' cebadas.
Al calmécac iban los hijos de señores o
principales, con el propósito de que se preparasen para ser sacerdotes o
gobernantes, que era entonces otra manera de servicio religioso. La vida de los
escolares en estas escuelas era un constante ejercicio de ascetismo, disciplina
y autopenitencia. Sahagún enumera (cap. viii de este Apéndice) las quince
rigurosas reglas que regían en el calmécac. La penúltima de ellas dice:
La decimacuarta era, que les enseñaban todos los
versos de canto, para cantar, que se llamaban divinos cantos, los cuales versos
estaban escritos en sus libros por caracteres; y más les enseñaban la
astrología indiana, y las interpretaciones de los sueños y la cuenta de los
años.
La versión náhuatl del Códice florentino añade al
principio de esta regla: “Se les enseñaba con esmero a hablar bien” (según
traducción de Miguel León-Portilla). Así pues, además de la formación ascética,
a los alumnos del calmécac eran los únicos a quienes se trasmitía el conoci
miento de los himnos rituales y el arte de
interpretar y de proseguir las varias especies de libros mencionados en esta
regla: los libros que con servaban los rituales y conocimientos religiosos que
tal vez pudieran ser apoyo para el canto de los himnos; los de astrología o
adivinación, o sea la interpretación de los tonálámatl, o libro de la cuenta de
los destinos; los de interpretación de los sueños, que se apoyaban
probablemente en los mismos tonálámatl y en el saber tradicional difuso que se
conserva en los agüeros y abusiones; y la cuenta de los años — o “el libro de
los años”, como dice el texto náhuatl— , esto es, el cuidado del calendario,
con su compleja red de ceremonias y fiestas, y de los libros “de años” que
registraban los acontecimientos de su historia.
Tanto para el telpochcalli como para el calmécac,
Sahagún consigna los hermosos parlamentos ceremoniales, huehuetlatolli, que
decían los padres al entregar al hijo a la escuela y los que contestaban los
maestros al recibirlo.
¿Cuál podría ser el lugar más adecuado en la
Historia general para distribuir estos materiales disímiles del libro III?
Cuando Sahagún redactó, hacia 1561-5, el segundo esbozo de su Historia general,
llamó a este capítulo, provisionalmente, “Lugares donde iban las ánimas e
historia de algunos dioses”. Así pues, los catorce capítulos de mitos sobre
divinida des podrían sumarse al libro I, que trata de los dioses. Los
capítulos del apéndice sobre los destinos de las ánimas pueden agregarse a las
demás creencias religiosas, y los que se refieren a la educación podrían
reunirse con los huehuetlatolli educativos que hay en el libro VI (caps,
xvii-xxii y xxxix-xl), y con el ensayo sobre los problemas de la educación en
México que aparece en lugar del capítulo xxvii del libro X, para formar una
sección especial con los temas educativos.
DOCUMENTACION, ESTUDIOS Y TRADUCCIONES
La documentación en náhuatl de este libro III y su
apéndice se conserva en dos manuscritos. Por una parte, en los Memoriales en
tres columnas o Segundo manuscrito de Tlatelolco forma también el libro III,
ff. 129v-159v, aunque la disposición es diferente ya que van primero los tres
capítulos sobre los lugares del más allá ( Códice matritense del Real Pa
lacio, ed. Francisco del Paso y Troncoso, Madrid, 1906, vol. VII, pp. 196-256).
Y por otra, existe el texto náhuatl del Códice florentino en el que aparece la
documentación más amplia, especialmente acerca de los destinos en el más allá y
la educación.
De esta documentación se han traducido tres
secciones. Además de la traducción del padre Garibay, antes mencionada, Miguel
León-Portilla ha hecho una nueva versión del mismo texto, restableciendo su
forma de poema épico: “Mito del nacimiento de Huitzilopochtli” como apéndice al
estudio de Justino Fernández, “Una aproximación a Coyolxauhqui”
( Estudios de Cultura Náhuatl, UNAM, México, 1963,
vol. IV, pp. 49-53). El mismo León-Portilla ha estudiado y traducido del Códice
matritense del Real Palacio, ff. 142r-144v, “La historia del tohuenyo
— narración erótica náhuatl— ” ( Estudios de
Cultura Náhuatl, UNAM, México, 1959, vol. I, pp. 95-112), que Sahagún ofrece
resumida en el capítulo v de este libro III. Y Alfredo López Austin hizo una
traducción al español, frente al texto náhuatl del Códice florentino, de los
capítulos del apéndice dedicados a los muertos ( “Los caminos de los muertos”,
Estudios de Cultura Náhuatl, UNAM, México, 1960, vol. II, pp. 141-8).
LIBRO IV.—DE LA ASTROLOGIA JUDICIARIA O ARTE DE
ADIVINAR QUE ESTOS MEXICANOS USABAN PARA SABER CUALES ERAN AFORTUNADOS Y QUE
CONDICIONES TENDRIAN LOS QUE NACIAN EN LOS DIAS ATRIBUIDOS A LOS CARACTERES O
SIGNOS QUE AQUI SE PONEN Y PARECE COSA DE NIGROMANCIA Y NO DE ASTROLOGIA
UNA GUIA PARA EL USO DEL “TONALPOHUALLI”
El libro IV dedicado a la exposición del arte
adivinatorio del México antiguo es uno de los más logrados, amenos e
instructivos de la Historia general, y a la vez, una exposición magistral del
funcionamiento y apli cación del tonalpohualli o “cuenta de los destinos”.
Como Sahagún lo explica en el Prólogo:
Estos naturales de toda Nueva España tuvieron y
tienen gran solicitud en saber el día y hora del nacimiento de cada persona,
para adivinar las condiciones, vida y muerte de los que nacían. Los que tenían
este oficio se llamaban tonalpouhque a los cuáles acudían como a profetas,
cualquiera que le nacía hijo o hija, para informarse de sus condiciones, vida y
muerte. Estos adivinos no se regían por los signos ni planetas del cielo, sino
por una instrucción que según ellos dicen se la dejó Quetzalcóatl la cuál contiene
veinte caracteres multiplicados trece veces, por el modo que en el presente
libro se contiene.
Algunos de los códices prehispánicos más
importantes, como el Borgia, el Borbónico y el Aubin, contienen un tonálámatl,
o sea un libro de la “cuenta de los destinos”. Así pues, este libro IV de
Sahagún es una expo sición del funcionamiento general de este sistema
adivinatorio y un manual para su operación y para la interpretación del signo
que regía a los nacidos en cada uno de los veinte signos, y en cada una de sus
respectivas trece casas o días.
Que el tonalpohualli de los antiguos mexicanos,
aparte de que acertara o no con sus predicciones, era un espléndido compendio
sistemático de la
sabiduría tradicional, lo va mostrando paso a paso
la exposición de Sahagún. Es notable el cúmulo de observaciones sobre las
infinitas mo dalidades de la conducta, los temperamentos, las venturas y
desventuras y las posibilidades de vencer o sortear las adversidades o el
destino. Y es sorprendente también el ordenamiento mismo, en torno a signos y
casas, en el que parece que nada de lo humano se ha dejado al azar y sin reco
nocerse y clasificarse.
Además, como las descripciones de los destinos se
relacionan con tipos o profesiones humanos o con celebraciones especiales,
Sahagún tiene ocasión de referirnos cosas interesantes. Con penetración
psicológica, pre cisión y una pizca de humor, describe (caps, iv y v) algunas
de las cua trocientas maneras de borrachos que nacían bajo el signo orne
tochtli; o bien, el carácter de los nacidos bajo ce xóchitl, “alegres,
ingeniosos e inclinados a la música y a placeres, y decidores, y las mujeres
grandes labranderas y liberales de su cuerpo si se descuidaban” (cap. vii).
Cuando al recién nacido le tocaba un signo
notoriamente adverso, como estar destinado a ser nigromántico o hechicero o que
se le murieran uno a uno sus hijos o tener que ser gran ladrón y morir de mala
muerte, o si era mujer:
mal afortunada no era para nada, ni para hilar, ni
para tejer, y hoha y tocha, risueña y soberbia, vocinglera; anda comiendo
tzictli (chicle) y será parlera, chismera, infamadora, sálenle de la boca las
malas palabras como agua, y escarnecedora; es holgazana, perezosa, dormilona y
con estas obras viene siempre a acabar mal y a venderse por esclava. . .
(cap. xxviii)
el tonalpouhque siempre tenía el recurso de aplazar
el bautizo del niño hasta otro día cercano de signo favorable, para que
mejorase su ventura.
Al exponer el noveno signo, ce cóatl, que se
consideraba muy propicio para los mercaderes, Sahagún — que en el libro IX de
su Historia general ofrece todo un tratado respecto a este oficio y sus
modalidades en el México antiguo— recoge en este libro (caps, xvii y xviii) las
pláticas ceremoniales o huehuetlatolli que decían los viejos a los mercaderes
nuevos que salían de viaje y la respuesta de estos últimos.
INTERMEDIO SOBRE NACIMIENTOS Y BAUTIZOS
En la exposición sistemática de los pronósticos que
convenían a cada uno de los veinte signos, después del decimonoveno signo ce
quauhtli — que convenía a los “valientes o esforzados, atrevidos
desvergonzados, deseo* medidos, fanfarrones”— , Sahagún interrumpe los signos y
decide feliz mente dedicar cuatro capítulos (xxxiv-xxxvii) — que anticipan lo
que
tratará por extenso al fin del libro VI— a
referirnos cuanto se relacionaba con el nacimiento, visitas a la recién parida,
ceremonia de los bautizos, con una pequeña plática ceremonial o huehuetlatolli
para el recién nacido y su madre, a la que comienza diciéndosele:
Hija mía, o señora mía, habéis sufrido trabajo en
parir a vuestro hijo que es amable como una pluma rica o piedra preciosa; hasta
ahora érades uno, vos y vuestra criatura, ahora ya sois dos dis tintos, cada
uno ha de vivir para sí, y cada uno ha de morir para sí, por ventura gozaremos
y lograremos algún tiempo a vuestro hijo y lo tendremos como a sartal de
piedras preciosas. . .
(cap. xxxv)
Continúa la exposición con los convites con que
celebraban los bau tizos, en los que hay un curioso pasaje acerca de la
extrema cortesía que los de casa tenían con los invitados, los cuales podían
mostrar su desa grado por la comida y la bebida que se les había ofrecido, en
cuyo caso el señor del convite los invitaba al día siguiente para “consolarlos”
(cap. xxxvi); y esta linda descripción de la borrachera con pulque de los
viejos, con que terminaba la fiesta:
En estando borrachos, comenzaban a cantar; unos
cantaban y lloraban, y otros cantaban y habían placer; cada uno cantaba lo que
quería, y por el tono que se le antojaba; ninguno con certaba con otro. Unos
de ellos cantaban a voces, y otros can taban bajito, como dentro de sí.
(cap. xxxvi)
Este intermedio sobre los bautizos concluye con una
descripción de cómo los celebraban los indios después de su cristianización
(cap. xxxvii), en la cual la única novedad son algunos nuevos alimentos.
APENDICE
CONTRA MOTOLINIA
El libro IV tiene un solo apéndice al que se llama
“Apología en defensión de la verdad que en él se contiene”, escrito hacia 1576
y sólo en español. Sahagún reexpone una y otra vez los tres sistemas
calendáricos nahuas: el año astronómico de 360 más cinco días, la cuenta de 52
años o “rueda de los años”, y la “cuenta de los destinos” o calendario
adivinatorio de 260 días, pero con el propósito de refutar y atacar la
interpretación de estos calendarios que había hecho fray Toribio de Motolinía
en sus es critos históricos.
EL "ARTE ADIVINATORIA"
Existe un texto más de Sahagún que debe
relacionarse con este libro IV. Se trata del manuscrito llamado Arte
adivinatoria, redactado hacia 1585. Es sustancialmente el mismo libro IV de la
Historia general, sin el apén dice antes mencionado, y al que se ha puesto un
nuevo Prólogo más extenso, una nota “Al lector" y un nuevo capítulo l 9,
documentos que dio a conocer García Icazbalceta (apéndice al estudio sobre
Sahagún en su Bibliografía mexicana del siglo XVI, ed. Millares Cario, FCE,
1954,
pp. 382-7).
Estos nuevos textos, escritos o dictados por Sahagún cuando era ya un anciano,
tienen el propósito de insistir en la confutación de la idolatría y en el
engaño en que, según fray Bernardino, han caído cuantos se han ocupado del arte
adivinatorio contenido en la cuenta de 260 días. Así pues, se trata de
ampliaciones preliminares que debían incorporarse al libro IV. Acaso Sahagún
cayó en la cuenta de que, tal como aparece en la Historia general, este libro
es más bien una expo sición objetiva y animada de costumbres y ceremonias en
las que no parece evidente ni maldad ni sutil artificio del demonio. Y él se
sentía obligado a poner énfasis en la presencia demoníaca.
DOCUMENTACION Y TRADUCCIONES
El padre Garibay señala en su Introducción a este
libro que en ninguna otra parte de la Historia general “se nota tanto la
desproporción entre el texto de los documentos en náhuatl en los Códices
matritenses y en el Códice florentino y el escrito en lengua española que forma
este Cuarto Libro” (opus cit., 1.1, p. 311). Sin embargo, a pesar de la
importancia de estos textos más amplios en náhuatl, sólo se han traducido dos
seccio nes. La primera proviene de los Memoriales en tres columnas ( Manus
crito del Real Palacio, ff. 216r-221r), correspondientes a los capítulos
xvi-xix del libro IV, que se refieren al signo ce cóatl propicio a los mer
caderes. La traducción es del propio Garibay y va como apéndice a su versión de
otros materiales sobre los mercaderes ( Vida económica de Tenochtitlan. 1.
Pochtecáyotl ( Arte de traficar), UNAM, México, 1961,
pp. 158-173).
En esta traducción se aprecia la belleza de los conceptos en los huehuetlatolli
que se dirigen a los mercaderes cuando salen de viaje.
La segunda es de Alfredo López Austin quien en su
estudio sobre “Los temacpálitotique: brujos, profanadores, ladrones y
violadores” (Es tudios de Cultura Náhuatl, UNAM, México, 1966, vol. VI, pp.
97-117) traduce, de la versión náhuatl del Códice florentino, algunos pasajes
de los capítulos xxxi y xxxii que refieren los actos de brujería que realizaban
los nacidos bajo el signo ce ehécatl.
LIBRO V.— QUE TRATA DE LOS AGÜEROS Y PRONOSTICOS
QUE ESTOS NATURALES TOMABAN DE ALGUNAS AVES, ANIMALES Y SABANDIJAS PARA
ADIVINAR COSAS FUTURAS
EN BUSCA DEL MENSAJE DE LOS SIGNOS
Después del arte adivinatorio, Sahagún pasa a esa
zona más difusa de la preocupación humana por averiguar el mensaje de los
signos que son los agüeros y las abusiones. El libro que dedica a este tema es
uno de los más breves de la Historia general. En trece capítulos expone los
agüeros y en el apéndice expone sumariamente 37 abusiones. En el prólogo que
puso a estos últimos, hizo un intento por distinguir unos y otros:
Aunque los agüeros y abusiones parecen ser de un
mismo linaje, pero los agüeros por la mayor parte atribuyen a las criaturas lo
que no hay en ellas, como es decir que cuando la culebra o (la) comadreja,
atraviesan por delante de alguno que va (de) camino, dicen que es señal de que
ha de acontecer alguna desgracia en el camino; y de esta manera de agüeros está
dicho en este libro quinto. Las abusiones de que en este apéndice se trata son
al revés, que toman en mala parte las impresiones, o influencias, que son
buenas en las criaturas, como es decir que el olor del jazmín indiano que ellos
llaman omixóchitl, es causa de una enfermedad que es como almorranas. . .
Ante esta explicación, ingeniosa pero no
convincente, Alfredo López Austin comentó:
Pudo agregar el franciscano que él augurio o agüero
es una señal que estima captar el hombre de los acontecimientos fu turos,
mientras que la abusión es la simple derivación mágica de causa a efecto, sin
la implicación del supuesto conocimiento del porvenir.
( “Introducción”, Augurios y abusiones, 1969, p.
11)
De cualquier manera, los agüeros y abusiones que
contiene este libro son datos valiosos para el conocimiento del profundo
sentimiento reli gioso que dominaba la vida diaria, de la creencia en seres
fabulosos y de múltiples consejas que dominaban la mente india. Algunas de
estas su persticiones, que consignaron en el siglo XVI los informantes de
Saha gún, aún siguen vivas, como las de las piedras del fogón, la tortilla
doblada o echar el diente mudado de los niños en el agujero de los ratones.
Sahagún incluye dos pláticas ceremoniales en este
libro V. En el capítulo primero, una que dicen los tonalpouhque o adivinos para
con
solar a los que habían percibido un agüero y
señalarles las penitencias y ofrendas que debían hacer. Y en el capítulo
segundo, otro que se hacía a los mercaderes o caminantes para darles ánimo
cuando había oído el canto, como risa, de un ave llamada oactli u oacton.
PERSISTENCIA
DE LOS AGÜEROS Y ABUSIONES
Cuando ya habían sido borrados los antiguos
rituales y las creencias religiosas, estos agüeros y abusiones persistían en la
mente india, como lo atestiguan los registros y denuncias de ellas que hicieron
en el siglo xvn Hernando Ruiz de Alarcón en la región del hoy Estado de Gue
rrero, Jacinto de la Serna en la ciudad de México, Pedro Ponce de Zum-pahuacán
(México), Pedro Sánchez de Aguilar en Yucatán y Gonzalo de Balsalobre en
Oaxaca.
Como observa Alfredo López Austin ( opus cit., p. 9
), la atención que dedicó Sahagún a agüeros y abusiones fue uno de los factores
que im pidieron la publicación de su obra. En la real cédula de Felipe II, del
22 de abril de 1577, por la que se mandó al virrey que se recogiera y enviara a
España la obra del franciscano, se precisaba, en efecto, que no se consienta
que “por ninguna manera persona alguna escriba cosas que toquen supersticiones
y manera de vivir que estos indios tenían”.
DOCUMENTACION, ESTUDIOS Y TRADUCCIONES
Sahagún fue elaborando paso a paso su recolección
en lengua náhuatl de estas supersticiones. En los Primeros memoriales de
Tepepulco apuntó en el capítulo II una lista de agüeros y sueños; desarrolló
más tarde los primeros en el libro VI de los Memoriales en tres columnas
matritenses, y en la última versión del Códice florentino (libro V) les puso
títulos, hizo pequeños ajustes y les añadió el apéndice sobre abusiones. El
último paso de la elaboración fue la traducción al español, en que según su
costumbre, abrevió considerablemente y aclaró el texto náhuatl.
Todos los textos nahuas se han traducido.
Inicialmente, Angel María Garibay publicó el texto y versión de la lista de
augurios y sueños de los Primeros memoriales ( “Paralipómenos de Sahagún.
Primer estudio”, Tlalocan, México, 1944, t. I, N9 4, pp. 307-13); y en 1969,
Alfredo López Austin reunió en Augurios y abusiones, ya citado, la totalidad de
los textos nahuas sobre estos temas, con traducción y notas, incluyendo también
los que no pertenecen al libro V y aparecen en otros lugares de la Historia general.
LIBRO
VI.—DE LA RETORICA MORAL Y TEOLOGIA DE LA
GENTE MEXICANA, DONDE
HAY COSAS MUY
CURIOSAS, TOCANTES A LOS PRIMORES DE SU LENGUA, Y COSAS MUY
DELICADAS TOCANTES A LAS VIRTUDES
MORALES
IMPORTANCIA Y CONTENIDO DEL LIBRO
El libro VI es el documento más valioso con que
contamos para el cono cimiento de las ideas filosóficas y morales y de los
usos y ceremonias relacionados con el ciclo de generación, nacimiento y
educación de los antiguos mexicanos. Es, además, una extraordinaria antología
literaria de la retórica y de la sabiduría popular. Y en fin, uno de los libros
más interesantes y mejor estructurados de la Historia general.
Los 43 capítulos del libro pueden agruparse en las
siguientes sec ciones :
I ) — Capítulos i-viii. Oraciones a los dioses para solicitar su protec
ción. Las primeras siete se dirigen a Tezcatlipoca;
la última, a Tláloc en tiempo de seguía. El capítulo vii refiere la ceremonia
de la confesión auricular (ya esbozada en el libro I, capítulo xii), que se
hacía una vez en la vida, y la oración que decían los sacerdotes ante
Tezcatlipoca pi diendo clemencia para el confesado.
I I) — Capítulos ix-xvi. Oraciones que dirigían los
señores a la di vinidad o a sus súbditos, o que se dirigían a ellos, en
ocasión de la
iniciación de su mandato.
III)— Capítulos xvii-xxii. Serie educativa para los hijos o hijas.
IV )— Capítulos xxiii-xl. Sección sobre el ciclo casamiento,
preñez,
parto,
nacimiento, cuidados y ceremonias
relativos al niño,
pronóstico
de su signo, bautizo y principio de la educación.
V )— Capítulos xli-xliii. Sabiduría popular y usos lingüísticos: ada
gios, adivinanzas y metáforas o modismos.
CARACTER DE LOS “HUEHUETLATOLLI" Y PRIMERAS
RECOPILACIONES
La particularidad que distingue al libro VI es que,
mientras en el resto de la Historia general los indígenas por lo regular sólo
informan cómo eran sus cosas y usos antiguos, aquí en cambio se recogen sus
propias maneras de expresar su pensamiento. Ahora bien, con excepción de la
última sección dedicada a otras formas de lenguaje, la sustancia prin cipal de
las cuatro primeras son los huehuetlatolli o "pláticas de los an cianos”
o "pláticas antiguas”, acerca de las cuales es pertinente recordar lo que
sobre ellas se expone en el estudio de fray Andrés de Olmos.
Los huehuetlatolli son discursos o parlamentos
formales que se decían en ocasiones solemnes. De alguna manera, eran textos
fijos o a base de
un patrón fundamental de conceptos que, sobre todo
los sacerdotes, debían aprenderse de memoria, y compendiaban en un estilo
sentencioso y so lemne, a veces difuso, la sabiduría moral tradicional y la
filosofía de la vida de los antiguos mexicanos.
Su descubrimiento debió impresionar a los primeros
misioneros, que encontrarían en los conceptos de estas pláticas un apoyo
doctrinario de hondas raíces y de notable coincidencia con sus prédicas
evangelizadoras y con la moral cristiana.
El primero en advertir la importancia de estos
discursos morales y en consignar dos de ellos parece haber sido fray Toribio de
Motolinía. Debe haberlos recogido en Tezcoco hacia los años 1541-3, e incluyó
en sus Memoriales (2^ parte, caps. 4 y 10) fragmentos, en español, de la
plática de una madre a su hija al casarse y de un sacerdote al nuevo señor al
recibir el mandato.
Por los mismos años en que Motolinía terminaba sus
Memoriales (1 5 4 3 ), o un poco después, fray Andrés de Olmos, reconociendo su
importancia doctrinaria, debió realizar la recopilación de huehuetlatolli, en
su propia lengua, de boca de los ancianos y probablemente también en Tezcoco.
Su propósito parece haber sido incluirlos al fin de su Arte para aprender la
lengua mexicana, que concluye a principios de 1547, para que sirvieran de
ejemplo del lenguaje metafórico tradicional. En uno de los manuscritos que se
conservan de esta obra — que hoy se encuentra en la Biblioteca del Congreso de
Washington— aparecen 17 de estos textos en náhuatl.
El mismo año en que Olmos concluye su Arte, fray
Bernardino de Sahagún, quizás, como afirma Angel María Garibay ( Historia de la
lite ratura náhuatl, t. I, p. 4 3 9 ), después de haber conocido el repertorio
de huehuetlatolli recogido por Olmos, profundiza y amplía la investigación en
este campo tan rico, y reúne sus materiales en náhuatl probablemente de los
ancianos de Tlatelolco. Sólo treinta años más tarde, en 1577, traducirá al
español el libro VI de su Historia general. Con todo, la atención que dedica
Sahagún a los huehuetlatolli no se reduce a los más extensos e importantes que
incluye en este libro. En el conjunto de su obra aparecen 89 de estos textos:
60 en el libro VI del Códice floren tino, 1 en el libro XII del mismo Códice,
2 en los Primeros memoriales y 26 en otros lugares de los Códices matritenses y
Florentino (Thelma D. Sullivan, “The rhetorical oration, or huehuetlatolli,
collected by Saha gún”, Sixteenth century México. The work of Sahagún, 1974,
pp. 79-80).
Un poco más tarde, entre 1599 y 1601 — ya que falta
la portada en los únicos tres ejemplares que se conocen— el franciscano fray
Juan Bautista publica un volumen titulado: Huehuetlatolli, que contiene las
pláticas que los padres y madres hicieron a sus hijos y a sus hijas, y los
señores a sus vasallos, todas llenas de doctrina moral y política, México,
c. 1601, el
cual recoge, pese a las menciones imprecisas, 29 de los textos
en náhuatl de estas pláticas coleccionadas por el
padre Olmos, con traducciones parciales al español probablemente hechas por
fray Juan Bautista, editor de la recopilación.
Recordada la filiación del descubrimiento de esta
peculiar creación de la cultura náhuatl, notemos cuáles son las peculiaridades
de los huehue-tlatolli que recoge Sahagún en el libro VI de su Historia
general.
RETORICA
CEREMONIAL, IDEAS FILOSOFICAS Y
DOCTRINAS MORALES
Sorprende, en primer lugar, la enorme capacidad de
sus creadores para una retórica ceremonial cuyos conceptos principales se
prefiere diluir, rodear y repetir matizándolos, antes que presentarlos
escuetos. El gober nante, por ejemplo, no dice a sus súbditos de una vez: no
deben embo rracharse porque es malo para su salud, para sus familias y para su
pueblo, y puede acarrearles graves castigos, sino que vuelve y revuelve sobre
prohibiciones, tópicos y ejemplos.
Por otra parte, los antiguos mexicanos tenían un
sentido y gusto muy acusado para dar solemnidad y gravedad a los momentos
cruciales de la vida humana: nacer, entrar en la escuela, llegar a la madurez,
casarse, concebir, recibir una dignidad, morir; y para profundizar, mediante
estas pláticas ceremoniales, el sentido religioso y humano y la importancia de
cada uno de estos actos, siguiendo su sabiduría tradicional.
Algunas de las ideas filosóficas y doctrinas
morales que pueden con siderarse básicas son las siguientes: omnipotencia,
sapiencia y presencia de los poderes divinos, por lo general representados por
Tezcatlipoca a través de sus diversas modalidades y advocaciones, y a cuyo
imperio nadie puede substraerse. La divinidad providente y clemente suele ser
Quet-zalcóatl.
El gobernante es una proyección divina. Es la
flauta a través de la cual se manifiesta la divinidad. El poder omnímodo que
recibe está con dicionado por su responsabilidad de representar dignamente a
la divini dad y de lograr el bienestar del pueblo.
La sociedad humana se sobreentiende como una
estructura clasista y jerárquica inmutable en la que cada uno, macehual,
mercader, menestral, soldado, sacerdote, adivino, señor, mujer noble, mujer
plebeya, cumple los deberes, funciones y trabajos que le están destinados. La
individua lidad casi no existe sino en el señor que tiene un nombre y una
biografía. Los demás son sólo miembros de un grupo.
El código de conducta personal es muy severo y se
ordena en una serie de respetos: a los dioses y a los ritos que les están
dedicados; a los señores, a los sacerdotes, a los sabios y a los padres; a la
propia pureza, humildad, honestidad, limpieza, decoro, diligencia, frugalidad y
laborio sidad (el soldado, a cambio de su arrojo y sacrificio, parece excluido
de
algunas de estas exigencias); y al mundo que nos
rodea, lleno de signos y presencias divinas, de donde recibimos el sustento.
Este código se resu me admirablemente, al fin de la plática del padre al hijo
“cerca de las cosas y policía exterior” (cap. xxii), en esta máxima cabalmente
aristo télica: “guarda en todas las cosas el medio”. El texto náhuatl del
Códice florentino dice lo mismo: ca oticoac in zan tlanepantlacáiotl monecui:
“ya has escuchado que la moderación (o el término medio) es necesario”.
No podemos saber hasta qué punto estas
exhortaciones morales indí genas están cristianizadas por Sahagún, o
autocensuradas mentalmente por sus informantes. De cualquier manera, es
sorprendente su coinciden cia con la moral cristiana, que incluso sobrepasan
en rigor, cortesía para el prójimo, frugalidad, autodominio y penitencia. De
ahí el entusiasmo de frailes como Olmos y Sahagún por este franciscanismo
extremado
— como años más tarde le llamaría fray Jerónimo de
Mendieta— que en su conducta personal tenían los antiguos mexicanos.
LA BELLEZA DE LOS “HUEHUETLATOLLI”
La calidad de la expresión literaria y la densidad
conceptual de las plá ticas — en la versión española de Sahagún— es más bien
irregular. Al gunas son sólo repetición retórica de tópicos acostumbrados,
mientras que otras son de conmovedora belleza. He aquí, por ejemplo, algunos
pasajes de la oración que dirige a Tezcatlipoca el señor recién electo, para
demandarle favor y lumbre para hacer bien su oficio (cap. i x ) :
tened por bien, señor, de darme un poquito de
lumbre, aunque no sea más de cuanto echa de sí una luciérnaga que anda de
noche, para ir en este sueño, y en esta vida dormida que dura como espacio de
un día, donde hay muchas cosas en que tropezar y muchas en que dar ocasión de
reír, y otras que son como ca-mino fragoso, que se han de pasar saltando; todo
esto ha de pasar en esto que me habéis encomendado, en darme vuestra silla y
vuestra dignidad. . .
Ya me habéis hecho espaldar de vuestra silla, y
vuestra flauta, sin ningún merecimiento mío; ya soy vuestra boca y vuestra
cara, y vuestras orejas, y vuestros dientesf y vuestras uñas, aunque soy un
pobre hombre, quiero decir, que indignamente soy vuestra imagen y represento
vuestra persona, y las palabras que hablare han de ser tenidas como vuestras
mismas palabras, y mi cara ha de ser estimada como la vuestra y mis oídos como
los vuestros, y los castigos que hiciere han de ser tenidos como si vos mismo
los hiciéredes; por esto os ruego que pongáis dentro de mí vuestro espíritu, y
vuestras palabras, a quien todos obedezcan y a quien nadie pueda contradecir.
Tan admirables como éstos, y reveladores de lo
mucho que aquellos hombres habían reflexionado en las condiciones y riesgos del
gobernante, son los consejos o advertencias que dirigía al nuevo señor alguno
de los sacerdotes o principales del pueblo (cap. x ) :
no debéis de decir ni hacer cosa alguna
arrebatadamente, oíd con sosiego y muy -por entero las quejas e informaciones
que delante de vos vinieren, no atajéis las razones o palabras del que habla,
porque sois imagen de nuestro dios y representáis su per sona, en quien él
está descansando y de quien él usa, como de una flauta, y en quien él habla, y
con cuyas orejas él oye. . .
Mirad, señor, que no durmáis a sueño suelto; mirad
que no os descuidéis con deleites y placeres corporales; mirad que no os deis a
comeres ni a beberes demasiados; mirad, señor, que no gastéis con profanidad
los sudores y trabajos de vuestros vasallos, en engordaros y emborracharos;
mirad, señor, que la merced y regalo que nuestro señor os hace en haceros rey y
señor no la convirtáis en cosas de profanidad y locura y enemistades. . .
¡Oh señor nuestro y rey nuestro, esforzaos en hacer
vuestra obra poco a pocoí. . .
Haced vuestro oficio con sosiego, continuamente,
orando en vuestro trono y en vuestro estrado con toda benevolencia y blan
dura, y mirad que no deis a nadie pena, ni fatiga, ni tristeza; mirad que no
atropelléis a nadie, no seáis bravo para con nadie, y no habléis a nadie con
ira, ni espantéis a ninguno con fero cidad. . .
Mirad, señor, que no volváis a hacer lo que hacíais
cuando no eras señor, que reíais y burlabais; ahora os conviene tomar co razón
de viejo y de hombre grave y severo; mirad mucho por vuestra honra y por el
decoro de vuestra persona y por la ma jestad de vuestro oficio, y vuestras
palabras sean raras y muy graves, porque ya tenéis majestad y habéis de ser
respetado y temido, y honrado y acatado. . .
Mirad, señor, que no durmáis a sueño suelto, ni os
deis a las mujeres porque son enfermedad y muerte a cualquier varón.
Con-viéneos dar vueltas en la cama, habéis de estar en la cama pen sando en
las cosas de vuestro oficio, y en dormir soñando las cosas de vuestro cargo.
LA RENOVACION DE LA VIDA Y LA EDUCACION
Ciertamente los huehuetlatolli ceremoniales o
protocolarios de las dos primeras secciones son los de más levantada nobleza
verbal, pero la parte
más interesante, la de mayor calor humano del libro
VI, es la que com prende las secciones tercera y cuarta (caps, xvii-xxii y
xxiii-xl), dedi cada a la educación de los jóvenes y al ciclo casamiento,
preñez, parto, nacimiento, cuidados y ceremonias relativas al niño, pronóstico
de su signo, bautizo e ingreso en la escuela.
En la tercera sección — que debiera colocarse
después de la sección cuarta— , la ternura de la madre para la hija adolescente
y la prudencia de sus consejos (cap. xix), y los dos capítulos de pláticas del
padre al hijo, recomendándole que espere su tiempo para el “deleite carnal” y
que administre bien sus pasiones para que no lo consuman ni se le agoten (cap.
xxi), y previniéndolo respecto a “las cosas y policía exterior” (cap. xxii),
son páginas admirables por la sabiduría y delicadeza de su doctrina en cuestiones
domésticas.
En la cuarta sección, acerca de la renovación y
primeros pasos en la vida, Sahagún va refiriendo los usos y ceremonias que
correspondían a cada etapa y va consignando al mismo tiempo, las numerosas y
aun ex cesivas pláticas que en el ir y venir de visitas y parabienes se
acostumbra ban. Sorprende al lector moderno la solemnidad e importancia que se
concedía a cada uno de estos pasos; los festejos y convites que muchos de ellos
traían aparejados y, además de la ternura y religiosidad que los penetraba, la sabiduría
de los cuidados que se daban a la parturienta y al recién nacido. Las parteras
del México antiguo sabían en verdad qué hacer en cada caso y los frecuentes
baños de temazzal o los simples la vados prescritos eran sin duda uno de los
más seguros apoyos de su eficacia.
Las únicas costumbres y ceremonias extrañas para
las ideas actuales, que se exponen en esta parte, son las relacionadas con las
mujeres muertas en su primer parto, que se llamaba mocihuaquetzque o mujer
valiente, a las que tenían por diosas, cuyos restos se procuraban hurtar como
amuletos, y que iban a habitar la casa del sol como los guerreros (cap. xxix).
LA SABIDURIA POPULAR
La quinta y última sección del libro VI (caps,
xli-xliii) es un comple mento oportuno. Después de la sabiduría guardada en
las pláticas pro tocolarias y ceremoniales, viene la sabiduría popular
expresada en los adagios, adivinanzas, metáforas y modismos. El padre Garibay
ha hecho notar al respecto ( “Introducción al libro sexto”, opus cit., t. II,
p. 4 6), el sentido humanista de Sahagún que lo hace ver “en esos modos de ex
presión el mejor medio de llegar a la conciencia del indio”, y señala asimismo
la coincidencia de esta recopilación con los Adagios ( Adagio-rum collectanea o
Chiliades, 1500) de Erasmo, y el Diálogo de la lengua, 1535, de Juan de Valdés,
a los que puede sumarse la obra precursora
L
del Marqués de Santillana (1398 -1458), Refranes
que dicen las viejas tras el fuego, colección “paremiológica” que, como dice
Agustín Millares Cario, “es probablemente la más antigua que posee ninguna
lengua vul gar”, y que acaso estuviese más cerca de Sahagún que las obras
rena centistas.
En las adiciones que puso Garibay a estos
capítulos, recogiendo del Códice florentino algunos de estos textos que se
omitieron en las edi ciones anteriores de la Historia general, hace notar que
tanto para los re franes como para las adivinanzas y las frases metafóricas:
La recta interpretación de su tenor se tendrá
solamente cuando se haga la edición del texto original y su versión, con la
tra ducción y la explicación de Sahagún, a veces, sumamente dis tante del
texto.
(Ed. 1956,
t. II, p. 241)
Tiene razón. En el volumen VI de la edición de
Charles E. Dibble y Arthur J. O. Anderson del Flor entine Codex (The University
of Utah, Santa Fe, New México, 1969), estos tres últimos capítulos se ofrecen
trilingües: el texto náhuatl al centro, a la izquierda la traducción al inglés
de este texto y a la derecha la traducción española hecha por Sahagún.
Efectivamente, fray Bernardino, a pesar de su ancianidad, para dar sentido en
español a modismos verbales difíciles de traducir, puso de más y de menos en su
versión, y en uno o dos casos no tradujo algún texto. Sin embargo, sus
traducciones, aunque no textuales, conservan el sentido original y algunas son
muy ingeniosas.
COINCIDENCIAS Y REPETICIONES
Como ocurre a menudo en la Historia general, en el
libro VI hay coin cidencias y repeticiones de materias, inevitables por los
diferentes enfo ques de un mismo tema. Las ceremonias para el ingreso de los
hijos al telpochcalli o al calmécac, que aquí aparecen (caps, xxxix-xl) para
cerrar el ciclo generación-nacimiento-primeros años, ya se habían expuesto en
el libro III (Apéndices IV-IX), que se refieren al sistema educativo de los
pueblos del altiplano. Asimismo, sobre el tema nacimiento, bautizo, etc. (aquí
caps, xxiii-xxxviii), existe otro tratamiento también interesante en el libro
IV (caps, xxxiv-xxxvii).
LA TRADUCCION
ESPAÑOLA DE SAHAGUN
Angel María Garibay, en su Introducción a este
libro, insiste en las deficiencias y la desigualdad de la traducción de Sahagún
respecto a los
L I
textos nahuas del Códice florentino — única fuente
existente en este caso— y aun pone un largo ejemplo (pp. 49-50) para ilustrar
las per plejidades de Sahagún y la lejanía de la versión que ofrece respecto
al original. Sin duda, una traducción del Códice florentino — que ya se ha
hecho en inglés y aún no en español— y de los otros códices, ofrecerá, hasta
cierto punto, otra Historia general de las cosas de Nueva España, pero es
posible que esta nueva versión sea más rica aunque también más oscura, y en el caso
de las versiones de los primeros textos, a menudo simplemente enumerativa o de
apuntes provisionales.
ESTUDIOS Y TRADUCCIONES
Hasta ahora, poco es lo que se ha hecho en español
para el estudio de los textos nahuas del libro VI. Miguel León-Portilla tradujo
dos de las más hermosas pláticas educativas: “La educación del niño entre los
nahuas: consejos a una niña náhuatl” ( Nicaragua Indígena, Managua, 1960, vol.
2, N9 31, pp. 14-18) y “Consejos de un padre náhuatl a su hija” ( América
Indígena, 1961, N9 21, pp. 339-343). Josefina García Quintana en “El baño
ritual entre los nahuas según el Códice florentino” ( Estudios de Cultura Náhuatl,
México, 1969, vol. VIII, pp. 189-213) estudió esta costumbre y realizó una
versión, anotada, de los capítulos
xxxvi a
xxxviii. Y Arthur J. O. Anderson en “Refranes en un Santoral en mexicano” (
Estudios de Cultura Náhuatl, México, 1966, vol. VI, pp. 55-64) estudió las
correspondencias de algunos de los refranes recogidos por Sahagún con los de un
manuscrito anónimo, Santoral en mexicano, que se encuentra en la Bancroft
Library, de la Universidad de California.
LIBRO VII.— QUE TRATA DE LA ASTROLOGIA NATURAL QUE
ALCANZARON ESTOS NATURALES DE ESTA NUEVA ESPAÑA
UNA
ASTRONOMIA ESCUETA
Con trece capítulos como los libros V y XI, el
libro VII dedicado a la “Astrología natural”, que hoy llamamos astronomía, es
el más breve de la Historia general, y el que menos nos enseña sobre su tema.
Sahagún lo antecedió de dos textos: un Prólogo en el que, para no apartarse de
su designio de confutar idolatrías, recuerda que si griegos y latinos ima
ginaron fábulas en las que hicieron dioses a astros y elementos, nadie se
maraville de que hiciera otro tanto “gente tan párvula” como los indí genas mexicanos;
y una nota “Al lector” cuya pésima redacción la hace patética:
Razón tendrá el lector de disgustarse en la lectura
de este séptimo libro, y mucha mayor la tendrá si entiende la lengua indiana
juntamente con la lengua española, porque en
español él lenguaje va muy bajo y la materia de que se trata en este séptimo
libro va tratada muy bajamente. Esto es porque los mismos naturales dieron la
relación de las cosas que en este libro se tratan muy bajamente, según ellos
las entienden, y en bajo lenguaje, y así se tradujo a lengua española en bajo
estilo y en bajo quilate de entendimiento, pretendiendo solamente saber y
escribir lo que ellos entendían en esta materia de Astrología y Filosofía natural,
que es muy poco y muy bajo. . .
Después de siete abajamientos, Sahagún nos persuade
de su desespe
ración por no haber podido procurar mejores
noticias de sus informantes, redactadas en mejor estilo, y de no haber hecho
ningún avance sustancial en esta materia desde los primeros esbozos de los
Memoriales de Tepe-pulco hasta la redacción final del Códice florentino.
Sin embargo, la desesperación de fray Bernardino
tiene una explica ción. En efecto, los sabios del México antiguo entendían
“muy poco y muy bajo” en materia de Astrología Natural, o de astronomía como
hoy
la entendemos: descripción y explicación de los
astros y fenómenos ce lestes. Para los indígenas mexicanos, cielo, astros y
fenómenos atmosfé ricos eran presencias divinas, y manifestaciones de las
luchas divinas que tenían un influjo determinante en la vida de los hombres.
Llegaron a tener, más los mayas que los pueblos del altiplano, conocimientos
muy precisos de los cursos y ciclos celestes, pero también en función de las
preocupaciones religiosas y por su propia supervivencia. Sahagún quería recibir
de ellos cosmologías y nociones generales sobre los fenómenos, y recibió sólo
cosmogonías y supersticiones sobre el influjo de astros y fenómenos en la vida
humana.
CONTENIDO DEL LIBRO
A pesar de su frustración, Sahagún tuvo la
honestidad de consignar lo que recibió, que no fue poco: el precioso mito sobre
la creación del quinto sol y de la luna (cap. ii); algunas nociones sobre
estrellas y cometas, lluvias, nieve y granizo; noticias acerca del mito de los
cuatro rumbos o regiones del mundo, relacionadas con los vientos que soplaban
de cada una de esas regiones (cap. v) y con los cuatro sectores en que dividían
la cuenta de los años y, en fin, una exposición muy interesante (caps, viii-xiii)
acerca de las fiestas del fuego nuevo que se hacían al término de una “gavilla
o atadura de años”, o sea el ciclo de 52 años o siglo nahua (Cf. César A.
Sáenz, El fuego nuevo, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México,
1967, sobre la institución de esta ceremonia en Xochicalco).
Es inexplicable que Sahagún expusiera sólo el mito
del quinto sol y no el mito de los soles completo, que se había consignado en
la Historia
LUI
de los mexicanos por sus pinturas — atribuida a
Olmos— , en los Anales de Cuauhtitlan y en la Leyenda de los soles — redactados
probable
mente por indígenas que eran sus informantes— y en
los Memoriales de Motolinía, todos ellos textos que conoció o en los que pudo
tener intervención.
La exposición calendárica que aparece en los
capítulos viii-x del pre
sente libro debe relacionarse con la que, sobre el
mismo tema, hay en el apéndice del libro IV.
ESTUDIOS Y TRADUCCIONES
Alfredo López Austin en “Fiestas del fuego nuevo
según el Códice Flo
rentino” ( Anuario de Historia, UNAM, México, 1963,
vol. 3, pp. 73-9 1), ha estudiado y traducido del náhuatl al español los
capítulos ix-xii
que se refieren a esta ceremonia. Y, entre los
Augurios y abusiones (Méxi co, 1969, pp. 151-3) del mismo autor se encuentra
un precioso texto náhuatl y traducción española con la abusión relacionada con
el granizo, que aparece muy resumida por Sahagún en el párrafo final del
capítulo séptimo.
LIBRO
VIII.—DE LOS REYES
Y SEÑORES, Y DE
LA MANERA QUE TENIAN
EN SUS ELECCIONES
Y EN EL GOBIERNO
DE SUS REINOS
LA
SECCION HISTORICA
El contenido de este libro VIII corresponde a su
título pero el tratamiento de sus materias es irregular. Los veintiún capítulos
de que consta pueden dividirse en tres secciones: La primera, histórica (hasta
el cap. vii), se refiere a los señores que gobernaron los señoríos de México,
Tlatelolco, Tezcoco y Huejutla, desde sus orígenes hasta 1560 (caps, i-iv); a
algu nos cálculos cronológicos para situar la destrucción de Tula y el inicio
de los señoríos (cap. v); a las “señales y pronósticos” que aparecieron antes
de la llegada de los españoles (cap. vi; en el primer capítulo, al referirse al
reinado de Moctezuma, se relatan también otros presagios); y a los
acontecimientos de la conquista hasta el año de 1530 en un resumen esquemático
e impreciso, que anticipa el tema que tratará por extenso en el libro XII.
Los informantes de Sahagún debieron consignarle en
Tepepulco y luego en Tlatelolco los informes contenidos en algunos códices de
los llamados Tlaltocaámatl o “libros de los reyes” — señala Garibay ( “In
troducción al libro octavo”, opus cit., t. II, pp. 274 -5)— , como los llamados
En cruz, Telleriano-Remensis, Vaticano-Ríos y Xólotl, algunos
u v
de ellos refundidos en los Anales de Cuauhtitlan.
Sin embargo, las infor maciones acerca de lo acontecido durante los reinados
de los señores de México-Tenochtitlan son pobres, sobre todo si se les compara
con las que recogió fray Diego Durán en su Historia de las Indias de Nueva
España, escrita hacia 1581. Los datos acerca de otras dinastías son aún más
sumarios. De esta sección, el capítulo con mayor interés es el que da cuenta de
los ominosos presagios que acontecieron años antes de la llegada de los españoles,
en un relato de creciente tensión dramática.
LAS CASAS REALES Y LA VIDA DE LOS SEÑORES
La segunda sección (caps, viii-xvi), dedicada a los
usos de las casas reales: atavíos y aderezos, pasatiempos, comidas y muebles,
es un pano rama animado de la vida de los señores, en el que sobresale el
capítulo xiii, dedicado a las comidas, que revela la imaginación y el
refinamiento culinario de los antiguos mexicanos, y lo mucho que de aquella
cocina aún persiste.
SUCESIONES REALES Y MERCADOS
La sección final (caps, xvii-xxi) se refiere al
régimen político, al sistema que se seguía para las sucesiones reales (tema que
tratará años más tarde Alonso de Zorita en el capítulo ix de su Breve y sumaria
relación de los señores de la Nueva España) y al orden y regimiento que se
mantenía en los mercados Qtiánquez, que hoy se dice tianguis), de los cuales
hace Sahagún una pintura cuya falta de animación contrasta con los coloridos
frescos de los antiguos mercados indígenas que hicieron Hernán Cortés y Bernal
Díaz del Castillo.
DOCUMENTACION, ESTUDIOS Y TRADUCCIONES
Sahagún había comenzado a elaborar, desde los
Primeros memoriales de Tepepulco, partes de este libro VIII. En aquellos
primeros esbozos, ya aparecían los señores de México y Tezcoco, algunos de los
usos cortesanos y las insignias de los señores y guerreros, temas acerca de los
cuales existen preciosas láminas en los Primeros memoriales. En los años de
Tlatelolco, sus informantes hacen algunas adiciones y precisan fechas de
reinados de los señores aztecas, sirviéndose probablemente del Códice Mendocino
(Wigberto Jiménez Moreno, Fray Bernardino de Sahagún y su obra, 1938, pp.
39-68).
Relacionado con la documentación en náhuatl del
libro VIII, Alfredo López Austin ha reunido, en Juegos rituales aztecas (UNAM,
Instituto
LV
de Investigaciones Históricas, México, 1967), los
textos originales, que ha traducido al español y anotado, relativos a juegos
que aparecen tanto en los Códices matritenses como en el Códice florentino. De
este último, los textos proceden de los libros II, VII, VIII y IX. Eduard Seler
estudió las insignias de los guerreros, según los textos y láminas de los
Primeros memoriales, en sus Gesammélte Abhandlungen (t. II).
LIBRO
IX.—DE LOS MERCADERES Y OFICIALES
DE ORO, PIEDRAS PRECIOSAS Y PLUMAS
RICAS
El noveno es uno de los libros más notables de la
Historia general por las informaciones que contiene acerca del comercio
exterior de México y Tlatelolco y acerca del arte y las técnicas de orfebres,
gematistas y plumistas.
El Prólogo que encabeza el libro es una
recapitulación y exposición del ordenamiento general que sigue Sahagún en el
conjunto de su obra, y muestra su preocupación por la lógica y el orden
descendente, del cielo a la tierra, que se propuso.
LOS MERCADERES DE
MEXICO Y TLATELOLCO
De los veintiún capítulos que forman el libro, los
catorce primeros están dedicados a los mercaderes y los siete últimos a los
oficiales artífices. La primera sección es un tratado completo acerca de los
mercaderes o pochteca, “ejemplo de redacción de informes, bajo una experta
mano”, comenta Angel María Garibay (Introducción, Vida económica de
Tenoch-titlan. 1. Pochtecáyotl ( Arte de traficar'), 1961, p. 10). En este
tratado se informa del origen que tuvieron los pochteca en Tlatelolco y luego
en México, su organización y sus gremios, la forma como disponían sus viajes y
los lugares adonde iban, los objetos que vendían y compraban y su carácter
paralelo de espías o avanzadas de futuras conquistas, todo esto en los cinco
primeros capítulos que son los más interesantes.
El resto del tratado (caps, vi-xiv), de monótona y
lenta exposición, refiere las ceremonias que se hacían a los mercaderes cuando
regresaban a sus casas y las dos especies de festejos y convites con que
celebraban sus éxitos. En estos banquetes, los mercaderes, que disfrutaban de
muchos privilegios e inmunidades, después de hacer ofrendas a Huitzilopochtli y
de cantar y bailar, iniciaban el convite comiendo “unos honguillos negros, que
ellos llaman nanácatl, que emborrachan y hacen ver visiones, y aun provocan a
lujuria” (cap. viii). Los informantes de fray Bernardino precisaron que se
comían estos hongos alucinógenos mezclados con miel, y registraron algunas de
las visiones que les provocaban, ninguna de ellas placentera. La exposición
final (caps, x-xiv) de la gran fiesta llamada
panquetzaliztli que ofrecían los mercaderes más
ricos, con sus prepara tivos, discursos ceremoniales y culminación con el
sacrificio de esclavos cuya carne comían, es excesiva y prolija.
EL COMERCIO DE LO SUPLEMENTARIO
En los primeros capítulos, que exponen propiamente
el arte de traficar, hay informaciones más interesantes. Sin que Sahagún lo
diga, podemos suponer que estos pochteca — precursores de los arrieros aunque
aqué llos debían cargarlo todo en sus propios lomos— hacían sólo el comercio
suplementario, es decir, de artículos de lujo que no existían en los dos
extremos de su tráfico. El otro aprovisionamiento de “artículos de pri mera
necesidad” : maíz, frijol y otros granos, chile, sal, mantas y otros vestidos, miel,
cacao, papel, pieles, copal, maderas, etc., lo proveían a México-Tenochtitlan
los numerosos pueblos tributarios, como puede verse en el Códice Mendoza o en
la Matrícula de tributos. Así pues, estos pochteca traficaban sólo en plumas
ricas, piedras preciosas, objetos de oro y de otros metales, navajas, pieles
labradas, grana, hierbas olorosas, algodón, henequén y esclavos. Al revelar a
sus consumidores objetos más finos y mejor elaborados, los mercaderes fueron
determinando una evo lución del gusto y del mercado. El informante de este
tratado anota en el primer capítulo que, en los primeros tiempos de Tlatelolco,
sólo se comerciaba con plumas de papagayo, y que más adelante comenzó el
intercambio de plumas de quetzal, turquesas, jades, mantas y telas de algodón,
que sustituyeron a las ásperas de henequén o de fibra de maguey, y objetos de
oro.
Por los lugares que se mencionan en la relación, y
por los mapas que a base de ellos y otros informes elaboró Lauro José Zavala
para el estudio de Miguel Acosta Saignes sobre Los pochteca. Ubicación de los
mercaderes en la estructura social tenochca ( Acta Anthropológica, Méxi co,
junio 1945, I, i), puede advertirse que comerciaban en los alrededores del
valle de México, en lo que hoy son los estados de Puebla, Veracruz y Oaxaca y
que llegaban a lugares de Chiapas como Xicalanco y Zina-cantan. De Xicalanco,
en la costa del Golfo, traían chalchihuites o jades y otras piedras preciosas,
carey y conchas labradas para el cacao, plumas de quetzal y pieles de animales
salvajes. Y de Zinacatlán traían sobre todo el ámbar y las plumas más largas de
quetzal, y les ofrecían en cambio agujas, navajas de obsidiana, cascabeles,
grana, alumbre, almagre y madejas de pelo de conejo.
RIESGOS Y PROVECHOS
Además de las asperezas del viaje y el peso de sus
cargamentos, los pochteca tenían que luchar a menudo con enemigos, disfrazarse
y cor
tarse el pelo como ellos para cruzar por ciertas
regiones y también podían morir. Pero gracias a su audacia, los señores, los
guerreros y las mujeres disfrutaban los nuevos lujos; los gobernantes recibían
informes respecto a las riquezas y defensas de tierras aún no sometidas, y los
pochteca mismos prosperaban y recibían honores y una importancia social
creciente.
LOS ORFEBRES, GEMATISTAS Y PLUMISTAS
En la segunda sección del libro IX, dedicada al
arte de orfebres, gema-tistas y plumistas, le ocurrió a Sahagún el escrúpulo de
que, siendo el propósito de su obra ocuparse de lo concerniente a la fe y a las
virtudes (cap. xvi), no tenía por qué incluir los preciosos informes que sobre
las técnicas de aquellos artífices le habían consignado sus informantes, y
porque aquella “es práctica meramente geométrica”. Así pues, en los capítulos
que en la versión en español dedica a estos oficiales, se con centró casi
exclusivamente a exponer los cultos que cada gremio ofrecía a sus númenes
tutelares y dejó lo demás fuera.
Siguiendo el ejemplo de la edición Ramírez
Cabañas-Jiménez Moreno de la Historia general, en la cual se incluyó una
retraducción — que Garibay califica de “menos que mediocre”— de la versión
francesa que hizo Eduard Seler en 1890 de los materiales omitidos, el padre
Garibay puso en su edición de la Historia general, como adiciones al libro IX,
una versión directa, hecha por él y Byron Me Afee, de los textos en náhuatl del
Códice matritense de la Academia (ff. 44r-45v), con lo que Sahagún omitió.
Estos materiales son preciosos y nos permiten conocer las técnicas que seguían
en la elaboración de sus oficios-artes, los orfe bres, gematistas y plumistas.
Para cada uno de ellos hay una exposición, precisa y detallada, de los pasos
que seguían. Es sorprendente el ingenio para sustituir las herramientas, la
invención de procesos y el refinamiento que alcanzaban los objetos que creaban,
sobre todo los orfebres y los “pintores de pluma”, arte este último propio de
México y ya desaparecido.
DOCUMENTACION, ESTUDIOS Y TRADUCCIONES
La documentación, náhuatl correspondiente al libro
IX existe tanto en los Códices matritenses ( Memoriales en tres columnas o
Segundo Manus crito de Tlatelolco') y en el Códice de Florencia. Debemos a
Angel María Garibay K. el estudio y la traducción de las dos secciones que
forman este libro IX. En Vida económica de Tenochtitlan. 1. Pochtecáyotl QArte
de traficar'), ya citado, tradujo los textos relacionados con los catorce
primeros capítulos del Códice matritense de la Academia (ff. 26r-43v), así como
otro pasaje correspondiente al libro IV (caps, xvi-xix) sobre los
"Augurios” relativos a mercaderes, que Garibay tomó del Códice matri
tense del Palacio Real (ff. 216r-221r). Los
capítulos restantes del libro IX, relativos a los oficiales artífices, como
acaba de señalarse, traducidos por Garibay y Me Afee, aparecen como adición a
este libro en la edición Porrúa de la Historia general preparada por Garibay.
LIBRO X.—DE LOS VICIOS Y VIRTUDES DE ESTA GENTE
INDIANA; Y DE
LOS MIEMBROS DE
TODO EL CUERPO INTERIORES Y EXTERIORES; Y DE LAS
ENFERMEDADES Y MEDICINAS CONTRARIAS; Y DE LAS NACIONES QUE HAN VENIDO A ESTA
TIERRA
EL CONTENIDO DEL LIBRO Y SU POSIBLE
REDISTRIBUCION
El décimo es un libro complejo; mas a pesar de que
no existe afinidad entre los tratados que reúne, cada uno de ellos es del mayor
interés. En el largo título se mencionan cuatro secciones, que existen, salvo
que la segunda tuvo que convertirse, en la versión española, en otra cosa. Por
ello, la distribución real del libro X es la siguiente:
I. caps,
i-xxvi: Descripción de tipos humanos y
oficios.
II. cap.
xxvii: Problemas de la educación en
México.
III. cap.
xxviii: Enfermedades y medicinas (en 6 partes).
IV. cap.
xxix: Pueblos indígenas que han poblado esta tierra (en 12 partes).
¿Cuál podría ser la distribución racional de estos
tratados? El libro podría quedarse con la primera sección, que podría
aumentarse con las descripciones de los artífices que hay al fin del libro IX
(caps, xv-xxi). La segunda, sobre educación, podría reunirse, como ya se ha
sugerido, con los materiales afines que hay en los libros III y VI. La tercera,
sobre enfermedades y medicinas, junto con el extenso vocabulario anatómico, que
en el original náhuatl es el capítulo xxvii de este libro X, y el capítulo
vii del
libro XI sobre las hierbas medicinales, podrían formar un libro o sección por
separado sobre medicina. En fin, la cuarta sección que se refiere a los pueblos
podría iniciar el libro VIII, para que este libro se llamara “De los pueblos y
señores. . . ”.
LAS DESCRIPCIONES DE TIPOS HUMANOS Y OFICIOS
Dejando aparte el agrupamiento arbitrario de los
tratados que lo forman y su posible reacomodo, se expone a continuación el
contenido del libro
L IX
X. Los veintiséis capítulos iniciales, que forman
la primera sección, con descripciones de tipos humanos y oficios, son un alarde
de investigación sociológica que tiene, además, un evidente propósito
lingüístico de parte de Sahagún. He aquí un resumen de esta sección, que
permitirá apreciar la extensión y variedad del corte en aquella sociedad:
RESUMEN DE DESCRIPCIONES EN EL LIBRO X
Capítulos Número
de
descripciones
i-ii Parentescos 31
iii Edades 9
iv-v Oficios nobles 7
vi Varones fuertes 6
vii-viii Oficiales 13
ix Hechiceros
y trampistas 5
X Otros
oficiales 3
xi Personas
viciosas 10
xii Otros
oficiales 5
xiii Mujeres
nobles 8
xiv Mujeres
bajas 7
XV Malas
mujeres 4
xvi Tratantes 8
xvii Vendedores
de mantas 1
xviii Vendedores
de granos 7
xix Vendedores
de tortillas, tamales y pan 6
XX Vendedores
de mantas, etc. 6
xxi Vendedores
de colores, tochómitl y jicaras 5
xxii Vendedores
de frutas y otros comestibles 4
xxiii Los
que hacen loza, etc. 5
xxiv Los
que venden gallinas, huevos, medicinas, etc. 19
xxv Los que
venden candelas, bolsas y cintas 8
xxvi Los
que venden atolli y cacao, etc. 4
Total de descripciones: 181
Como puede advertirse, Sahagún trazó un minucioso
inventario de las variedades de tipos humanos que formaban la sociedad
prehispánica, aunque acabó por describir más bien a la sociedad ya indohispana
de su propio tiempo, como lo harán los ilustradores de este libro. Preocupóse
además, por precisar en cada caso, con cierta simpleza de ejercicio escolar,
“la bondad de cada persona y luego su maldad”, esto es, el buen y el mal tío,
el buen y el mal viejo, el buen y el mal ollero, excepto en tipos
L X
ya malvados de por sí — el ladrón y la adúltera,
por ejemplo— en que no cabe la distinción, que no deja de ser forzada también
en otros casos.
Como ya lo había observado Carlos María de
Bustamante en una de sus notas a la primera edición de la Historia general,
Garibay, en su Introducción a este libro X (t. Ill, pp. 88-9), propone como
posible modelo formal de este inventario humano, Los caracteres de Teofrasto,
que Sahagún pudo leer en sus años de estudiante en la Universidad de Salamanca;
aunque también sugiere que estos caracteres morales existían dentro de la
educación indígena y se enseñaban de memoria en el cálmécac. Sin embargo, lo
más probable es que este dualismo de virtudes y vicios provenga, como lo ha
señalado Donald Robertson ( “The sixteenth century encyclopedia of fray
Bernardino de Sahagún”, Cahiers d’Histoire Mondiale, Neuchátel, Switzerland,
1966, vol. 6, N9 3, pp. 624-5), de la obra de Bartholomaeus Anglicus o de
Glanville, De proprietatibtis rerum, en la que se emplea justamente el mismo
sistema.
Si en los primeros capítulos (parentesco, edades)
estas descripciones son un ejercicio de observación psicológica, que poco nos
enseña en realidad de la sociedad prehispánica o indohispánica del siglo xvi,
la mayoría son como un abigarrado fresco entre monótono y pintoresco, de las
modalidades humanas del mundo indiano, o como una anticipación de “los
mexicanos pintados por sí mismo”. Refiere, en efecto, las cos tumbres de
trampistas, bufones, sastres, viciosos, mercaderes, artesanos, mujeres nobles,
humildes y malas, y vendedores de toda clase de pro ductos, con muy curiosos
datos sobre usos, manufacturas y productos. Por ejemplo, la vivaz y cruel
descripción de la “alegradora” o mujer pública, el arte de hacer jicaras, los
modos de hacer y fumar buenas pipas o “cañutos de humo” o los usos del
chapopote que salía del mar y sólo se empleaba para mezclarlo con el tabaco o
el copal, mascarlo como chicle para limpiar los dientes y a veces como pintura.
El propósito principal que determinó a Sahagún a
inquirir a sus infor mantes estas sistemáticas descripciones, debió ser el
registrar en náhuatl los pormenores de parentescos, edades, condiciones,
calidades y oficios, de modo que quedaran consignados en un contexto que
facilitara su comprensión — como aún se hace en ciertos manuales para aprender
lenguas. De otra manera, no se explica esta investigación en un campo que nos
ilustra relativamente poco sobre la antigua sociedad, que no aprovecha al
propósito evangelizador pero que es muy útil para el cono cimiento de los
nombres, en náhuatl, de modalidades menudas de la so-ciedad en que Sahagún
vivía.
VOCABULARIO ANATOMICO Y ENSAYO SOBRE LA EDUCACION
A esta larga sección descriptiva sigue en el libro
X el capítulo xxvii, cuyo nombre en la Historia general dice “De todos los
miembros exteriores e
interiores así en el hombre como en la mujer”. En
este caso — como lo hará Sahagún más adelante— el contenido es absolutamente
diverso en el original náhuatl y en español. Tanto en el Códice matritense de
la Academia como en el Códice florentino, y de acuerdo con el título antes
citado, este capítulo es un extenso vocabulario en náhuatl, sin comen tarios,
de vocablos relacionados con el cuerpo humano, formado por catorce secciones
correspondientes a otras tantas zonas anatómicas, con más de tres mil entradas.
Este vocabulario — que de hecho continúa el vocabulario “relatado” de la
sección anterior— es muy importante para el estudio del náhuatl y de los
conocimientos anatómicos de los antiguos mexicanos. Pero, obviamente, no tenía
sentido traducirlo al español sin la parte náhuatl.
Para llenar este hueco, Sahagún puso en su lugar,
sólo en español, un texto con el vago nombre de “Relación digna de ser notada”,
que es un ensayo acerca de los problemas de la educación en México en el siglo
xvi, cuya fecha consta: 1576.
Estas reflexiones las escribe un Sahagún ya viejo,
que ha visto el principio esperanzado y el fin desorganizado de las
experiencias educa tivas, y que sabe cuanto es posible saber de la antigua
educación y de la que se ha impuesto a los indios. Su pesimismo lo comparte
otro francis cano que por los mismos años cavila en estos temas: fray Gerónimo
de Mendieta. La cuestión principal que se propone Sahagún es qué ha podido
hacer la evangelización y la nueva educación para cristianizar a los indios y
mejorarlos. Como fray Gerónimo, fray Bernardino cree que la experiencia ha sido
un fracaso. Se ha destruido el antiguo, rígido y eficaz sistema educativo
indígena, y no se ha encontrado la manera de conservar las buenas costumbres,
pues en aquellos años el relajamiento parecía tener el camino abierto. El mismo
Colegio de Tlatelolco, que en sus principios tanto hizo para la nueva educación
indígena, ha quedado casi desmantelado por las pestes, la mala administración y
el descuido. Y al fin de sus reflexiones, Sahagún se pregunta si no hubiera
sido más conveniente pensar en instruir a los naturales, además de en latín,
religión y filosofía, también en medicina, para que hubiesen sido capaces de
auxiliar a tantos que han muerto.
EL TRATADO
SOBRE LAS ENFERMEDADES
La tercera sección de este libro X la forma el
capítulo xxviii, titulado “De las enfermedades del cuerpo humano y de las
medicinas contra ellas”. El vocabulario anatómico en náhuatl, antes mencionado,
el pre sente capítulo y el inventario de plantas medicinales que hay en el
libro XI, constituyen el tratado de medicina indígena de la Historia general.
Este capítulo xxviii, muy extenso, está dividido en
seis partes corres pondientes a otras tantas regiones del cuerpo humano y
clases de do
lencias: cabeza, cuello y garganta, tórax, vientre,
enfermedades y medi cina contrarias, heridas, fracturas y torceduras de
huesos. Semejante disposición anatómica de los males y sus remedios tiene
alguna coinci dencia con la que siguen las Hierbas medicinales de los indios
(1 5 5 2 ) de Martín de la Cruz, aunque en ambos casos, su origen puede
suponerse más europeo que indígena. En el cuestionario previo, Sahagún debió
pedir a sus informantes que agruparan dolencias y curas en este orden.
Aunque en la versión en náhuatl de este tratado del
Códice matritense de la Academia aparecen al margen correcciones y adiciones —
luego incorporadas al Códice florentino— que muestran preocupación por la
precisión, Sahagún se limitó a recoger la información indígena, ordenán dola y
guiándola, pero sin crítica. Mucho queda aún por estudiar respecto a la
comprobación clínica de las hierbas medicinales y de los procedi mientos
curativos de la antigua medicina indígena. Pero, aparte de la eficacia de las
hierbas, algunas curaciones consignadas en este tratado, con uso frecuente de
excremento, orina y animales molidos, son poco convincentes. Descríbense
asimismo algunas intervenciones quirúrgicas menores, para extirpar las
cataratas raspándolas con una raíz, y para arreglar fracturas, descubriendo y
rayendo el hueso roto y encajando en el tuétano de ambos extremos “un palo de
teas que tenga mucha resina”, esto es, un trozo de pino u ocote resinoso.
En ambos manuscritos en náhuatl de este capítulo,
pero no en la versión española, Sahagún consignó al final los nombres de ocho
“mé dicos mexicanos” que examinaron su escrito.
ALGUNOS
PUEBLOS DEL MEXICO
ANTIGUO
Al igual que el que acaba de exponerse, el capítulo
xxix, o cuarta sección del libro X, constituye por sí mismo un tratado, en este
caso de etnología acerca de los pueblos del México antiguo, de los que tenían
noticia los informantes de Sahagún. El extenso capítulo está dividido en doce
partes en las que se exponen, principalmente, datos sobre los toltecas,
chichimecas, nahuas, otomíes, matlatzincas, toloques, ocuiltecas, ma-zaoaques,
totonacas, cuextecas, toueyomes, pantecas, tlahuicas, couixcas, tlapanecas,
yopimes, olmecas, mixtecas, michoacanos y mexicanos. Estos pueblos cubrían una
extensa zona de la porción central del territorio actual de México; quedando
excluidos, entre otros, los hoy Estados de Guerrero, Jalisco y parte del
sureste y el norte del país.
Las monografías más notables, con informaciones
preciosas para la historia antigua, son las que se refieren a los toltecas, el
pueblo civilizado de Quetzalcóatl del que se hace una cálida y animada
exposición; a los grupos indígenas de la costa atlántica (totonacas, huastecos
y olmecas); y a los mexicanos, cuyos orígenes y peregrinaciones se refieren.
DOCUMENTACION, ESTUDIOS Y
TRADUCCIONES
Sahagún comenzó a elaborar los materiales en
náhuatl de este variado libro X desde los años de Tepepulco. En el capítulo
III, “Señores de México”, de los Primeros memoriales, aparece una primera lista
de “Hombres malos y malas mujeres” y en el capítulo IV, “Cosas humanas”, hay un
esbozo de las descripciones de otros tipos de la sociedad indiana (párrafos 1 a
7). Años más tarde, en Tlatelolco y en México, redactada la versión definitiva,
también en náhuad, que aparece en el Códice matritense de la Academia y en el
Códice florentino. Y al traducirlo al español, omite el vocabulario anatómico
del capítulo xxvii y pone en su lugar, sólo en español, el ensayo sobre el
fracaso educativo.
Mucho se ha estudiado y traducido al español la
documentación en náhuatl del libro X. Relacionadas con las descripciones de
tipos humanos de la primera sección, Angel María Garibay K. tradujo, de los
Primeros memoriales, “Hombres malos” y “Hombres malos y mujeres malas”
(Tlalocan, 1946, t. II, N? 2, pp. 167-174, y 1947, t. II, N? 3, pp. 235-254), y
Alfredo López Austin ha traducido del Códice florentino el capítulo xi, sobre
“Personas viciosas”, para su estudio sobre “Los temacpalitotique: brujos, profanadores,
ladrones y violadores”, ya citado por las versiones del libro IV que estudia
principalmente.
Los términos anatómicos, alimentos, hierbas
medicinales y la medicina náhuatl han suscitado buenos estudios y traducciones.
Rafael Martín del Campo estudió el vocabulario anatómico — que aparece en la
versión náhuad del capítulo xxvii— en “La anatomía entre los mexica” ( Revista
de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, México, 1956, vol. XVII, Nos. 1-4,
pp. 145-167). Irene Rivera M., en “Ensayo de interpretación botánica del libro
X de la Historia de Sahagún” ( Anales del Instituto de Biología, UNAM, México,
1941, vol. XII, pp. 439-488), hizo la identificación botánica de alimentos y
hierbas que se vendían en los mercados, según los capítulos 18, 19, 21, 22 y
24-26, e identificó las plantas medicinales del capítulo 28 (partes 2-6), de
este libro X. Efrén C. del Pozo ha examinado las fuentes principales de la
medicina náhuatl (De la Cruz, Sahagún y Hernández) en dos estudios: “La
botánica me dicinal indígena de México” ( Estudios de Cultura Náhuatl, UNAM,
México, 1965, vol. V, pp. 57-73) y “Aztec pharmacology” ( Annual Review of
Pharmacology, 1966, vol. 6, pp. 9-18). En fin, Alfredo López Austin, desde 1969
publicó en Estudios de Cultura Náhuatl estudios y traducciones sobre
enfermedades, medicinas y vocabulario anatómico, expuestos por Sahagún y sus
informantes en este libro X y en el XI, trabajos que reunió, junto con estudios
y textos de otros tratadistas de medicina indígena, en el volumen Textos de
medicina náhuatl (UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, México, 1975).
Las traducciones y estudios de la documentación
náhuatl sobre etno grafía, relacionados con el capítulo xxix de este libro X,
se deben a
Miguel León-Portilla. En “El mito náhuatl de los
orígenes de la cultura” ( Universidad de México, México, septiembre de 1963,
vol. XVIII, N9 1,
pp. 35-7),
traduce al español un hermoso pasaje del Códice matritense de la Academia, en
que el informante indígena trata de explicarse los
orígenes de su cultura y las invenciones de la
“cuenta de los destinos” y de la “cuenta de los años”. Y en “Los huaxtecos
según los informantes de Sahagún” ( Estudios de Cultura Náhuatl, UNAM, México,
1965, vol. V, pp. 15-29) estudia el probable sistema de investigación
etnográfica que siguió Sahagún y traduce pasajes sobre los huastecos del Códice
matritense de la Academia.
LIBRO XI.—DE
LAS PROPIEDADES DE LOS ANIMALES,
AVES, PECES, ARBOLES, HIERBAS,
FLORES, METALES Y
PIEDRAS, Y DE LOS COLORES
AMOR Y
CONOCIMIENTO DE LA
NATURALEZA
Uno de los rasgos distintivos de los pueblos del
México antiguo, revela dores de la profundidad de su civilización, es su amor
por la naturaleza y su conocimiento cercano y minucioso de las propiedades y
caracterís ticas de las cosas que nos rodean. Los indígenas habían dado
nombres, que describen formas, usos y atributos, a millares de seres animados e
inanimados, y muchos de ellos conocían estos nombres y eran expertos en la
utilización o en la prevención de los recursos que se encuentran en la naturaleza.
Como observa Angel María Garibay K. ( “Introducción al libro undécimo”, opus
cit., t. III, p. 216), antes que en Europa se pen sara en constituirlos,
Nezahualcóyotl y Moctezuma habían establecido en Tezcoco y en
México-Tenochtitlan jardines zoológicos y botánicos, que causaron admiración a
los conquistadores.
La frecuentación que tuvo Sahagún con indígenas que
conservaban el saber tradicional debió suscitarle el interés por recoger en su
obra, junto al conocimiento de las cosas divinas y humanas, el de las cosas
naturales del México antiguo. Tal es la materia de este libro XI de la Historia
general que, junto a la monumental Historia natural de Nueva España del doctor
Francisco Hernández, es una de las fuentes principales para el conocimiento del
mundo natural de estas tierras.
CONTENIDO DEL LIBRO Y VARIANTES EN NAHUATL Y EN
ESPAÑOL
El libro XI, en la versión española, es copioso, y
es aún más extenso el original náhuatl, Está dividido en trece capítulos que,
siguiendo el orden de la Historia natural de Cayo Plinio Segundo, describen los
tres grandes
reinos de la naturaleza: el reino animal, con los
animales superiores, las aves, los peces y los reptiles; el reino vegetal, con
los árboles y sus propiedades y “toda clase de hierbas”; y el reino mineral,
con piedras, metales y colorantes. En la parte final, apartándose del esquema
de Plinio, Sahagún sigue caminos diferentes en el original náhuatl y en la
versión española. En náhuatl (párrafos 8, 9 y 10 del capítulo xii y en el ca
pítulo xiii), da noticias sobre caminos, casas, cuevas y mantenimientos. Y en
español, incluye tres reflexiones, sin relación con la materia del libro,
acerca de supersticiones, la predicación evangélica y si hubo o no en estas
tierras esta predicación antes de la llegada conocida de los espa ñoles. El
cuadro siguiente precisa estas variantes:
ESTRUCTURA DE LA PARTE FINAL DEL LIBRO XI EN
NAHUATL ("CODICE FLORENTINO”) Y EN LA VERSION ESPAÑOLA
DE LA “HISTORIA GENERAL"
cap.
xii, n9 7 n9 8 n9 9 n9 10 cap. xiii
Náhuatl: piedras caminos casas cuevas mantenimientos
Español: Nota n<? 7 — — Si
hubo o no
caminos
sobre de la predicación
supers predicación anterior
ticiones evangélica
¿Por qué hizo Sahagún estos cambios al trabajar en
1576 en la versión española de su obra? Como en casos anteriores, debió pensar
que ciertos inventarios más bien secundarios para el propósito central del
libro, y en los que se empeñaba pensando sobre todo en el repertorio léxico,
tenían poco interés traducidos al español. Pero, al mismo tiempo, el hombre que
se había envejecido trabajando en la extirpación de idolatrías y en la
predicación de una nueva fe, había cavilado mucho en estas cues tiones y decidió
encajar sus reflexiones en el lugar de aquellos otros textos, vinieran o no al
caso.
LAS
DESCRIPCIONES DEL MUNDO
NATURAL
Como antes se ha dicho, el esquema general de esta
historia natural que es el libro XI (animales, vegetales, minerales), y aun las
divisiones internas del reino animal (animales de tierra, agua, aire y
reptiles), son los mismos con que organizó Plinio el Viejo su obra; pero el
contenido es indígena. Como supone el padre Garibay ( Ibídem), Sahagún debió
pre sentar a sus informantes un cuestionario o “minuta” en el que se ordena
ban los datos que requería, cuestionario que debió
ser diverso para cada reino. Además, pudo precisarles que sólo debían dar la
información completa y pormenorizada para las especies principales o las más
raras o curiosas. En la obra que fue el resultado de estas indagaciones, las
descripciones mayores y menores de animales, plantas y minerales llegan
aproximadamente a un millar, y casi todas van acompañadas de preciosas
ilustraciones — en número de 965— , que pueden admirarse redibujadas por Genaro
López en el tomo V (Madrid, 1905) de la edición de Paso y Troncoso de los
manuscritos de la Historia general o en la edición de Dibble y Anderson del
libro XI del Florentine Codex (Santa Fe, New México, 1963). Según su costumbre,
en la versión española Sahagún abrevia en ocasiones, pero también añade a veces
nuevos datos u obser vaciones. Al describir animales, plantas y minerales,
tiene la preocupa ción de poner más énfasis en las especies propias de esta
tierra, o bien en sus particularidades en relación con las especies ya
conocidas. En náhuatl, por ejemplo, la descripción y la técnica agresiva del
móyotl o zancudo son minuciosas. Pero como sabe que el bicho es el mismo ya
conocido, al traducir al español lo dice y abrevia:
Hay mosquitos zancudos que se llaman móyotl; son
pardillos y son como los de Castilla, y pican como los de Castilla.
(cap. v, N? 14)
Sahagún no parece haberse preocupado en este libro
por discernir realidad e imaginación ni por rastrear idolatrías, y gracias a
ello hay aquí no pocas criaturas fabulosas, serpientes sobre todo, como la
culebra quetzalcóatl, que es el mito encarnado pues tiene plumas de quetzal en
el lomo y vuela para picar, como lo muestran las ilustraciones (Nos. 276 y
277), o la petlacóatl ( “dizque se juntan muchas culebras y se entre tejen
como petate”), la cual, según el texto náhuatl y las ilustraciones (Nos. 261 y 262),
puede servir de asiento y transporte en cualquier dirección a un hombre
decidido.
LA ORDENACION
La separación de los capítulos, que comprenden un
género, en párrafos o secciones que van agrupando familias, fue tarea del
propio Sahagún, como puede verse en las anotaciones de su mano que puso al
margen en los Códices matritenses, separación que es muy útil para facilitar la
lectura y la consulta de la Historia general. Pero cuando una familia es muy
extensa, esta separación es insuficiente. El capítulo vii, por ejemplo,
intitulado “En que se trata de todas las hierbas”, está dividido en once
párrafos o secciones: hierbas que emborrachan, setas, hierbas comestibles,
cocidas, etc. Pero al llegar al párrafo 5, “De las hierbas medicinales”,
LXVII
describe no menos de un centenar de medicamentos en
25 páginas y sin ningún orden interno. Al principio, van juntos algunos
purgativos y aquí y allá se reúnen plantas con aplicaciones similares. En
cambio, en el otro tratado médico de la Historia general (lib. X, cap. xxviii),
Saha gún tuvo el acierto de agrupar las enfermedades por regiones del cuerpo
humano y por clases de dolencias. Una ordenación semejante hubiera sido
oportuna en este caso.
EL INTERES DE LAS DESCRIPCIONES
El contenido del libro XI es de un interés siempre
cambiante y sugestivo, lo mismo para el científico que para el investigador de
pueblos antiguos o el simple curioso. Sahagún y sus informantes acabaron por
hacerse una mente de etnólogos, aunque afortunadamente nunca dejaron a un lado
el gusto por las descripciones animadas, las anécdotas y las consejas, y aun
cierta disimulada inclinación picaresca, que también son útiles para la
historia y la ciencia. El resultado fue un inventario de zoología, botánica y
mineralogía que se lee con curiosidad renovada, y con admi ración para estos
hombres del México antiguo para los cuales el mundo natural era un mundo vivo y
cercano que no tenía secretos para ellos. He aquí algunas alusiones muy someras
a lo que contiene este libro.
La descripción que lo abre, del océlotl o tigre, es
una página de ma gistral precisión y tensión dramática:
La propiedad del tigre es que come animales como
son ciervos, conejos y otros semejantes; es regalado y no es para trabajo;
tiene mucho cuidado de sí, báñase, y de noche ve los animales que ha de cazar,
tiene muy larga vista, aunque haga muy oscuro y aunque haga niebla ve las cosas
muy pequeñas; cuando ve al cazador con su arco y saetas no huye sino siéntase,
mirando hacia él, sin ponerse detrás de alguna cosa, ni arrimarse a nada, luego
comienza a hipar y aquel aire enderézale hacia el cazador, a propósito de
ponerle temor y miedo y desmayarle el corazón con él hipo; y el cazador
comienza a luego a tirarle, y la primera saeta que es de caña tómala el tigre
con la mano y hácela pedazos con los dientes, y comienza a regañar y gruñir, y
echándole otra saeta, hace lo mismo.
Los cazadores tenían cuenta con que no habían de
tirar al tigre más de cuatro saetas; ésta era su costumbre o devoción, y como
no le matasen con las cuatro saetas, luego el cazador se daba por vencido, y el
tigre luego comienza a esperezarse y sacudirse y relamerse; hecho esto
recógese, da un salto, como volando y arrójase sobre el cazador aunque esté
lejos diez o quince brazas, no da más que un salto; va todo erizado como el
gato contra él perro; luego mata al cazador y se lo come.
LXVIII
Los cazadores diestros, en echando la primera
saeta, si el tigre la hizo pedazos, toman una hoja de un árbol de roble o de
otro árbol semejante, e híncanla en la saeta y tiran con ella al tigre; y la
hoja así puesta hace ruido así como cuando vuela una lan gosta, y cáese en el
suelo al medio del camino o cerca del tigre, y con esto se divierte ál tigre
(a) allegar la hoja que cae, y llega la saeta y pásale, o hiérele; y luego él
tigre da un salto hacia arriba y, tornando a caer en tierra, tórnase a sentar como
estaba antes y allí muere sentado sin cerrar los ojos, y aunque esté muerto
parece vivo.
(cap. i, N9 1)
No hay en el libro XI otra página con el vigor de
este concertado ballet, en el que los adversarios afrontan sin intentar mudarlo
el destino que les toca, pero hay muchas otras con observaciones curiosas.
Del coyote ( cóyotl), por ejemplo, se refiere el
contraste entre sus ven ganzas diabólicas y la condición exquisita de su
agradecimiento por una ayuda recibida (cap. i, N9 2). Al mapache se le pinta
así:
Algunas veces anda en pie como persona, y otras a
cuatro pies
como animal; hurta cuanto halla, por ser así
ladrón, y por tener manos de persona le llaman mapachtli.
( Ibid.)
Y del tlacuache ( tlácuatl o tlacuatzin) se dice
que:
tiene una bolsa entre los pechos y la barriga donde
mete a sus hijuelos, y allí los lleva a donde los quiere llevar, y allí maman.
Este animálejo ni sabe morder ni arañar ni hacer
algún daño aunque lo tomen, y cuando le toman chilla y llora, y sálenle las
lágrimas de los ojos como a persona; cuando le toman los hijos
chilla mucho, y llora por ellos.
(cap. i, N9 4)
Las descripciones de las aves de pluma rica, con
las que se adornaban los señores, dan idea de su belleza. Al igual que
Motolinía ( Memoriales, parte II, cap. 23), y como lo harán también Cervantes
de Salazar
(Crónica, lib. I, cap. vii) y Hernández ( Historia
natural de Nueva Es
paña, tratado II, cap. liv) Sahagún y sus
informantes describen el colibrí o quetzalhuitzitzilin (cap. ii, N9 2) o
huitzilin, y su extraña costumbre:
en el tiempo de invierno cuélganse de los árboles
por el pico, allí colgados se secan y se les cae la pluma; y cuando el árbol
torna a reverdecer él torna a revivir, y tórnale a nacer pluma,
LXIX
y cuando comienza a tronar para llover entonces
despierta y vuela y resucita.
En el párrafo 3 de este capítulo dedicado a las
aves se describen 44 especies de aves acuáticas, en su mayor parte de las
lagunas de México, y hoy casi todas desaparecidas, entre ellas una, los
chichicuilotes Qatzitzi-cuílotY), que hacia los años cuarenta aún se pregonaba
en las calles de la ciudad de México.
De otra más de las “avecillas de esta tierra”, las
tórtolas o cocotli (cap. ii, N9 5), se cuenta una tierna historia — que
repetirá Hernández ( His toria natural, tratado II, cap. xliv):
no se casan (las tórtolas) más de una vez, y cuando muere el
uno, el otro siempre anda como llorando y
solitario, diciendo coco, coco. Dicen que la carne de estas aves comida es
contra la tristeza. A las mujeres celosas danles a comer de estas aves para que
olviden los celos, y también (a) los hombres.
El doctor Hernández añadió este comentario:
“averigüen los teólogos cómo puede esto realizarse”.
así:Entre los animales del agua pone Sahagún a la
iguana, que describe
Hay otro animal en esta tierra que se llama
quauhcuetzpalin, y los españoles le llaman iguana; es espantable a la vista,
parece dragón; tiene escamas, es tan largo como un brazo, es pintado de negro y
amarillo, come tierra y moscas y otros coquillos; a tiempo anda en los árboles,
a tiempo en el agua; no tiene ponzoña, ni hace mal, antes es bueno de comer,
estáse cuatro
o cinco días sin comer; susténtase del aire.
(cap. iii, N9 3)
Al
ahuítzotl, animalejo “monstruoso
en su cuerpo
y en sus obras”
— que existe y se llama Lutra felina— dedicó
Sahagún más espacio que a ningún otro animal para describirlo y relatar sus
fechorías y cautelas. He aquí el principio de su historia:
Hay un animalejo en esta tierra que vive en el
agua, nunca oído, el cuál se llama ahuítzotl; es tamaño como un perrillo, tiene
el pelo muy lezne y pequeño, tiene las orejitas pequeñas y puntiagu
das, tiene el cuerpo negro y muy liso, tiene la
cola larga y en el cabo de la cola una como mano de persona; tiene pies y
manos, y las manos y los pies como de mona; habita este animal en los profundos
manantiales de las aguas; y si alguna persona llega a la orilla del agua donde
él habita, luego le arrebata con la mano
de la cola, y le mete debajo del agua, y le lleva
al profundo, y luego turba el agua y le hace vertir y levantar olas. . .
(cap. iv, 2)
Los espléndidos tlacuilos que tenía Sahagún para
ilustrar su Historia general no pintaron, infortunadamente, al terrible
ahuítzotl, acaso porque ninguno de ellos lo había visto.
En el capítulo v de este libro XI, Sahagún y sus
informantes presentan uno de los mejores serpentarios de que disponemos, con
descripción de 30 especies. En este caso, el doctor Hernández lo supera ya que
describe en su Historia natural (tratado III) 39 especies de serpientes
mexicanas. Las descripciones de Sahagún son acaso menos objetivas que las del
protomédico pero más animadas, llenas de anécdotas respecto a las cos tumbres
de las serpientes, el modo de cazarlas y librarse de sus mordedu ras y sus virtudes
curativas. Ya se han mencionado a dos de las criaturas fabulosas, la
quetzalcóatl y la petlacóatl, que Sahagún incluyó en su serpentario, pero
pueden aún notarse las virtudes atribuidas a la ser
piente mazacóatl:
De la carne de ésta usan los que quieren tener
potencia para tener cuenta con muchas mujeres; los que la usan mucho, o toman
demasiado de cantidad, siempre tienen el miembro armado y siempre despiden
simiente, y mueren de ello.
(cap. v, N? 4)
La descripción de otras criaturas menos
provocativas, las luciérnagas, tiene un encanto rural:
Hay muchas maneras de luciérnagas en esta tierra, y
a todas las llaman, ícpitl. Unas son como langostas, un poco más larguillas, y
andan en el tiempo de las aguas y vuelan de noche muchas
de ellas, y tienen luz, así como una candela en la
cola; y algunas veces alumbran más que candela, como hacha de tea. Cuando es la
noche más oscura, algunas veces van volando muchas en rencle, y algunos bobos
piensan que son aquellos hechiceros, que andan de noche y echan lumbre por la
cabeza o boca.
(cap. v, N? 14)
Pasando a otro reino natural, entre las maderas más
preciadas que se describen en el capítulo dedicado a los árboles, destaca el
siguiente:
Hay unos árboles silvestres que se llaman
tlacuilolquáuitl que quiere decir que tiene madera pintada, porque ellos son
bermejos y tienen las vetas negras que parecen pinturas sobre el bermejo;
es árbol muy preciado porque de él se hacen
teponaztles, tam boriles y vihuelas, y suenan mucho estos instrumentos cuando
son de esta madera; y por ser muy pintada y de buen parecer es muy preciada.
(cap. vi, N9 3)
En su traducción de la descripción indígena de los
nopalli, Sahagún llama monstruosos a estos árboles cuyos troncos y ramas se
forman por las mismas hojas, y celebra el “muy buen comer” de las tunas (cap.
vi, 8 ). Y, entre las raíces comestibles, dice de las jicaras que “son blan
cas y dulces, y matan mucho la sed” (cap. vi, N9
9).
LOS HONGOS QUE EMBORRACHAN
El primer párrafo del capítulo vii, dedicado a
“todas las hierbas”, se re fiere a las que emborrachan. De las once descritas,
dos al menos han adquirido notoriedad, el péyotl y el hongo llamado teonanácatl
o nanácatl. Descríbese así al primero:
Hay otra hierba, como tunas de tierra, que se llama
péyotl; es blanca, hácese hacia la parte del norte. Los que la comen y beben
ven visiones espantosas, o de risas; dura esta
borrachera dos o tres días, y después se quita. Es como un manjar de los
chichi-mecas, que los mantiene y da ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed,
ni hambre, y dicen que los guarda de todo peligro.
y los hongos famosos:
Hay unos honguillos en esta tierra que se llaman
teonanácatl (que) se crían debajo del heno en los campos o páramos; son
redondos y tienen él pie altillo y delgado y redondo. Comidos son de mal sabor,
dañan la garganta y emborrachan. Son medi cinales contra las calenturas y la
gota; hanse de comer dos o tres, no más, (y) los que los comen ven visiones y
sienten bascas en el corc&ón; a los que los comen muchos de ellos provocan
a lujuria, y aunque sean pocos.
(cap. vii, N° 1)
La manera como se comían estos hongos alucinógenos
y las visiones que provocaban a los mercaderes en sus fiestas se refieren en
otra parte de la Historia general (libro IX, cap. viii).
LAS HIERBAS MEDICINALES
Después de describir las setas y las hierbas
comestibles cocidas y crudas, viene el extenso apartado (N 9 5) sobre las
hierbas medicinales. De cada hierba se da su nombre, casi siempre alusivo a su
forma o uso, su apa riencia y características, los lugares donde suele
encontrarse, la parte de ella que es útil, la manera como se toma o aplica,
sola o mezclada con otras, y las dolencias para las que es provechosa. He aquí
un ejemplo de una planta de usos múltiples:
Hay otra hierba medicinal que se llama iztáuhyatl;
es como los ajenjos de Castilla, también es amarga; molida o majada esta hierba
aprovecha a muchas cosas, molida y bebida con agua hace echar la cólera y
flema; también es buena bebida para los que están ahitos; también echa fuera el
calor demasiado interior, y también purifica la orina, y también aprovecha al
que tiene
ardor en la cabeza. También es provechosa, molida,
juntamente con los meollos de las ramas de la hierba que se llama
quauhya-yáual, para los que tienen angustias en el corazón por razón de algún
mal humor que le oprima; bébenla cocida con agua y
sanan. Hácese por todas partes en los campos.
(cap. vii, N9 5, 190)
La doctora Emily Walcott Emmart identificó el
iztáuhyatl como la
Artemisia mexicana Willd.
Otro ejemplo más merece citarse por la singular
ocasión en que es provechosa cierta raíz:
Esta raíz (del oquichpatli), molida, es provechosa
para el hom bre, o mujer, que porque no acabó de expeler la simiente hu mana,
o por miedo o por otra ocasión que se ofreció, y queda cortado o extragado, y
por esta causa se va secando, y le da una tos continua, y se va pasando un año
o dos o tres que está así; tomándola por tristel expele un humor muy hediondo
por espacio de dos o tres días, acaba de salir el humor corrupto, y por el
miembro echa la orina blanca, como agua de cal, y muy he dionda, y lo mismo
hace la mujer. Esto mismo es medicina para cuando alguno en sueños no acabó de
expeler el humor sementino. La cantidad de esta raíz ha de ser como medio dedo,
molida para una vez. Hállase esta hierba en los campos de
Tullantzinco.
(cap. vii, N9 5, 230)
El oquichpatli no ha sido identificado.
Después de las hierbas medicinales siguen otros
medicamentos indí genas entre los que es notable el siguiente:
La carne de tigre dicen que es medicinal para los
que han sido casados y, estando viudos, no se acuerden de mujer ni les fatiguen
las tentaciones carnales; hanla de comer asada o cocida; también es provechosa
comida de esta manera para los que pierden el seso, y también es buena para los
que tienen calentura con frío. . .
(cap. vii, N9 6, 241)
Al finalizar este apartado, se hace una descripción
de cómo deben prepararse los baños de temazcalli y se enumeran algunos de sus
múltiples aprovechamientos: para los convalecientes, las preñadas, las recién
pa ridas, los enfermos de nervios encogidos, los purgados y los que han
sufrido una caída o han sido apaleados o maltratados.
PIEDRAS PRECIOSAS Y COLORANTES
En el capítulo viii, dedicado a las piedras
preciosas, se cuenta cómo las
descubren quienes conocen sus criaderos: por un “humo delicado” que
aparece a la salida del sol en el lugar donde se
esconden; y en especial
los chalchihuites, porque en el lugar donde se
hallan la hierba está siem
pre verde. Más adelante, se exponen los usos de las
navajas que se sacan
de la piedra
llamada ítztetl u
obsidiana, así como las virtudes de la
éztetl o piedra de sangre, buena para “restañar la
sangre que sale de
las narices”. Sahagún refiere que tiene una éztetl, “tan grande
como un
puño, o
poco menos”, la
cual, durante la
peste de 1576, con sólo
tomarla en la mano, “ha dado vida a muchos que se les salía la sangre
y la vida por las narices”. el más interesante es
De los tres capítulos dedicados a mineralogía,
el de los colorantes. Acerca de la grana o
nocheztli, “que quiere decir,
sangre de tunas”, además de precisar que se extrae
de los gusanos lla
mados
cochinillas que se
adhieren a las
hojas de cierto género de
nopales, Sahagún informa que:
Esta grana es conocida en esta tierra y fuera de
ella, y hay grandes tratos de ella; llega hasta la China, y hasta Turquía, casi
por todo el Mundo es preciada y tenida en mucho.
(cap. xi, N9 1)
Este precioso tinte, la grana, que celebró Andrés
Bello en dos versos famosos:
Bulle carmín viviente en tus nopales, Que afrenta
fuera al múrice de Tiro
sustituyó en efecto al colorante que en la
Antigüedad llamábase púrpura de Tiro y se usaba para teñir los trajes talares
de los príncipes de la realeza y de la Iglesia. Fue un cultivo prehispánico que
se empleaba como pintura y como colorante para telas. Del siglo xvi al xix tuvo
gran auge y llegó a constituir el tercer ingreso en importancia del co mercio
exterior, después del oro y la plata. Las principales regiones que cultivaron
la grana fina fueron Oaxaca, Puebla y Tlaxcala, y la silvestre se daba en Autlán
de la Grana, Jalisco, y en Chiapas.
Antonio Alzate dedicó a la cochinilla y al cultivo
de la grana una monografía en sus Gacetas de Literatura (1777). Se ocuparon
también de ella Francisco Javier Clavijero, el Barón de Humboldt y Manuel
Orozco y Berra. Un buen estudio acerca de este tema es el de Barbro
Dahlgren de Jordán, Nocheztli. Economía de
una región (José Porrúa
e Hijos, Sucrs., México, 1963), en el que se
publican varios documentos del siglo xvm .
Volviendo a los colorantes de los que dan noticia
Sahagún y sus infor mantes, entre muchos otros tintes de origen vegetal o
animal, se habla de cómo fabricaban la tinta para escribir:
Hacen estos naturales tinta del humo de las teas, y
es tinta bien fina; llámanla tlilliócotl, tienen para hacerla unos vasos que
llaman tlicomalli, que son a manera de alquitaras; vale por mu-chas tintas para
escribir, y para medicinas, mezclándolo con ellas.
(cap. xi, N-
2)
Son interesantes también los datos que hay en este
capítulo sobre los
ingredientes para preparar colores, como alumbre,
greda o tízatl (que
los españoles llaman con
un nahuatlismo tiza y en
México llamamos
con un latinismo gis) y barniz o tetízatl, y las
maneras de preparar colores
compuestos.
AGUAS Y MONTES
Al principiar el capítulo xii, dedicado a las
diversidades de agua y tierra, hay un hermoso pasaje acerca de la concepción
que del agua y del mar tenían los antiguos mexicanos:
En este primer párrafo se trata del agua de la mar
y de la mar, a la cual llaman teóatl, y no quiere decir dios del agua, ni dios
agua sino que quiere decir agua maravillosa en
profundidad y en grandeza; llámase también ilhuicáatl, quiere decir, agua que
se juntó con el cielo, porque los antiguos habitadores de esta
tierra pensaban que el cielo se juntaba con el agua
en la mar,
como si fuese una casa (en) que el agua son las
paredes y el cielo está sobre ellas y por esto llaman a la mar ilhuicáatl, como
si dijesen (el) agua se juntó con el cielo, pero ahora después de
venida la fe ya saben que el cielo no se junta con
el agua, ni con la tierra, y por esto llaman a la mar uéyatl, quiere decir,
agua grande y temerosa y fiera llena de espumas y de olas y de
montes de agua y agua amarga, salada y mala para
beber, donde se crían muchos animales que están en continuo movimiento.
(cap. xii, N9 1)
Y, al referirse a los montes mayores de esta
tierra, se mencionan en primer lugar los dos nevados que señorean el valle de
México, a los que ascendió el propio fray Bernardino de Sahagún, como aquí lo
dice (cap. xii, N9 6, 43 y 44).
EL CULTO A TONANTZIN
A partir del párrafo o sección 7 de este capítulo
xii, el contenido del libro XI, como se expuso al principio, difiere en el
texto náhuatl y en la versión española. En esta última, se intercala, después
del párrafo 6, una nota o apéndice “sobre supersticiones” en la cual toca
Sahagún el tema del culto, al parecer ya entonces muy extendido, a Nuestra
Señora de Guadalupe en Tepeácac o Tepeyac, y en el lugar donde "tenían un
templo dedicado a la madre de los dioses que llamaban Tonantzin, que quiere decir
Nuestra Madre”. Sahagún insiste en que se trata de una disimulación de la
antigua idolatría. “De dónde haya nacido esta fun dación de esta Tonantzin (la
nueva) no se sabe de cierto”, dice Sahagún, pero él está convencido de que los
indígenas vienen a rendir culto a su antigua devoción con el pretexto de la
nueva. A este tema volverá
Sahagún en la advertencia al Calendario
mexicano, latino y castellano,
de
1585, como ya se mencionó al
exponer el libro II de la Historia
general.
FRAGILIDAD DE LA NUEVA FE
Los dos textos finales de este libro XI, en su
versión española, se inti tulan “De las calidades de los caminos” y “De todos
los mantenimientos”. El primero es una cavilación, escrita el 8 de noviembre de
1576 por un Sahagún ya anciano, sobre la fragilidad de la nueva fe en estas
tierras,
en un tono que recuerda las reflexiones pesimistas
de Mendieta. Fray Bernardino está persuadido de que los malos tratamientos a
los indios y pestilencias tan terribles como la que por entonces aún asolaba la
Nueva España, acabarán con los indios, y de que la Iglesia no ha hecho “más de
pasar de camino” en estas tierras. Alguna esperanza muestra en que sea más
estable en los Reinos de la China adonde tiene noticias de que han entrado los
agustinos.
Sí HUBO O NO PREDICACION ANTERIOR
En fin, en lugar de ocuparse en el capítulo xiii
“De todos los manteni mientos”, esto es, de lo que sustentaba materialmente a
los pueblos del México antiguo, cree más oportuno discutir si hubo o no, antes
de la llegada conocida de los españoles, predicación del Evangelio en estas
tierras. En materia tan resbaladiza, las opiniones de Sahagún son pru dentes.
Tras de enumerar algunos de los indicios de que tiene noticia, se inclina por
afirmar que en el pasado “nunca les fue predicado el Evangelio”. Pero vuelve
luego a sus cavilaciones y recogiendo la “pro fecía de un santo varón
dominico”, que no es otro que fray Bartolomé de las Casas, quien dijo que
“antes de sesenta años después de que fueron conquistados, no ha de quedar
hombre de ellos”, quiere decir de los indios, duda si darle o no crédito. A
pesar de la peste de aquellos días y de las adversidades, concluye el libro XI
con una nota optimista: “Tengo para mí que siempre habrá cantidad de indios en
estas tierras”.
PREOCUPACION LINGÜISTICA
En la versión española, Sahagún puso al frente del
libro XI el título descriptivo que se copió al frente de este comentario. Pero
en la versión náhuatl del Códice florentino anotó otro lindo título: “Libro
undécimo que es bosque, jardín, vergel de la lengua mexicana”. Una vez más, y
con especial cuidado en el conjunto de este espléndido libro XI, es notoria su
preocupación por recoger el tesoro lingüístico del náhuatl, aquí con el
propósito de exponer la historia natural: los nombres, cos tumbres y consejas
acerca de los animales; el mundo vegetal y sobre todo las propiedades
medicinales atribuidas a las hierbas; el reino mineral, los mares, ríos, montes
y cuevas, las casas que el hombre ha construido y los mantenimientos que ha
podido obtener de la tierra.
RELACION DEL LIBRO XI CON EL HERBOLARIO DE MARTIN DE LA CRUZ Y LA “HISTORIA NATURAL” DEL
DOCTOR HERNANDEZ
Las relaciones del libro XI de la Historia general
de Sahagún con el opúsculo Hierbas medicinales de los indios del indígena
Martín de la
Cruz y con la Historia natural de Nueva España del
doctor Francisco Hernández son un curioso caso, al parecer, de fingida
ignorancia. En el primer caso, Martín de la Cruz escribe el Libellus de
medicinalibus indorum herbis en 1552 o poco antes, en el Colegio de Santa Cruz
de Tlatelolco. Por esas fechas, el padre Sahagún, maestro y organizador del
Colegio, se encuentra fuera de él aunque reside en el cercano convento de San
Francisco de México. Aún no iniciaba la investigación sistemática de la cultura
indígena, que emprenderá en 1558 en Tepepulco, pero había principiado ya desde
1547 a trabajar en estas materias. Muchos comentaristas han opinado en pro y en
contra del conocimiento por parte de Sahagún del trabajo de Martín de la Cruz
([Libellus, ed. “A” del IMSS, México, 1964, p. 314). Sabemos que esta obra fue
compuesta con premura, para poder ser enviada a España, y que es un ejemplar
único del que no se sacaron copias. Pero Sahagún residía cerca de Tlatelolco,
seguía muy relacionado con el Colegio, con sus tareas y problemas y estaba ya
interesado en cosas de indios. Por todo ello, es probable que se le consultara
al respecto y que llegara a ver la obra del médico indio. El padre Garibay se
inclina a creer que Sahagún sí debió conocer o tener noticia de la obra de
Martín de la Cruz pero que “No vio seriedad Fr. Bernardino en una obra así”
Qopus cit., p. 4 ), tan lejana a los métodos rigurosos de investigación que
pondría en práctica. Por otra parte, el hecho de que Martín de la Cruz no
figure entre los informantes indios en materias médicas, a los que años más
tarde recurrirá Sahagún y de cuyos nombres dejará constancia, lo ha explicado
Germán Somolinos d’Ardois suponiendo que:
Martín de la Cruz en 1552 era ya un hombre de
avanzada edad
muy experimentado, razón por la cual fue elegido
para escribir el Libellus, y probablemente había muerto cuando, diez años
después, Sahagún busca informantes en la materia.
( Opus cit., p. 314)
El doctor Francisco Hernández permaneció en México
de 1571 a 1577, realizando las investigaciones que recogerá en su Historia
natural
de Nueva España y en sus Antigüedades de la Nueva
España y Libro
de la Conquista. A pesar de que no exista, de parte
de Hernández, men ción alguna de la obra de Sahagún, es evidente que conoció
al menos
parte de la Historia general de las cosas de Nueva
España, por entonces
al final de su elaboración y, durante los años 1570
a 1575, dispersada en los conventos franciscanos por orden del provincial fray
Francisco de Escalona. Como se precisa en el estudio dedicado a la obra del
doctor Hernández, éste, durante sus viajes por el interior del país, se alojaba
a menudo en conventos franciscanos y llevaba consigo intérpretes del náhuatl,
que pudieron traducirle y copiarle pasajes de los libros de Sahagún. El hecho
es que en los tratados históricos de Hernández hay
numerosos pasajes tomados aun textualmente de
Sahagún, y en las descripciones de historia natural hay frecuentes
coincidencias aunque también divergencias, con las descripciones del libro XI
de la Historia
general.
En conjunto, las historias naturales de Sahagún y
de Hernández son dos investigaciones paralelas y casi contemporáneas, pero
hechas por separado y según sus propios métodos. El franciscano recibía las
informa ciones en náhuatl de los indígenas, las supervisaba y ordenaba, y
poste riormente las traduciría al español ajustándolas a su plan y comentán
dolas. No se preocupaba, como Hernández, por ver, oler y probar las plantas, y
por describir los objetos naturales observados. Hernández reco gía de los médicos
y herbolarios indígenas el nombre y los atributos medicinales, alimenticios e
industriales de cada cosa natural, pero luego las describía con sus propias
palabras y procuraba comprobar, por sí mismo o en la experimentación clínica,
la veracidad de sus aplicaciones. Mientras Sahagún ofrece testimonios
etnográficos, Hernández ofrece el conocimiento de la naturaleza y la ciencia
médica indígena, juzgados, criticados y comprobados por la ciencia europea y
por su propia expe riencia.
En términos generales, Sahagún supera a Hernández
en sentido prác tico para las clasificaciones o subdivisiones internas, que
dan eficacia didáctica a sus exposiciones. Al igual que lo hizo en el libro X
(cap. xxviii) al clasificar los remedios por las diversas partes del cuerpo
humano a que se aplican, y en el libro XI (caps, vi y vii) con las familias de
plantas — a pesar de que, como ya se ha señalado, el párrafo 5 de este último
capítulo, dedicado a las hierbas medicinales, hubiera requerido por su extensión
de alguna clasificación interna— , en el capítulo ii del mismo libro XI, acerca
de las aves, las ordena así: aves de pluma rica, papagayos y tzinzones; aves de
agua; de rapiña; de diversas maneras; codornices; tordos, grajos, urracas y
palomas; aves que cantan bien, y gallos y gallinas, lo cual puede no ser
científico pero facilita la com prensión del tema. Las descripciones de
Hernández, por su parte, inicia das por el nombre indígena, y sin que se haya
concluido su ordenación alfabética, requieren para su consulta el auxilio del
“índice analítico”.
Las descripciones de Sahagún, como ya se ha
observado, tienen el interés adicional de las anécdotas y consejas que mezclan.
Las de Her nández, aunque no carecen de algunos relieves pintorescos, son
supe riores desde la perspectiva científica por su orden, objetividad y
eficacia expresiva.
DOCUMENTACION, ESTUDIOS Y TRADUCCIONES
El libro dedicado a las cosas naturales no forma
parte del primer esbozo de la Historia general realizado en Tepepulco. Durante
el segundo pe
ríodo de elaboración en Tlatelolco,
1561-5, aparece como libro V: cosas
naturales o T lalticpaccáyotl, que luego pasó a ser
el VI y, finalmente,
el libro XI en la última versión de 1569.
Del libro XI se conservan dos manuscritos: el de los Memoriales en
tres columnas, sólo en náhuatl, que forman parte
del Códice matritense
de la Academia de la Historia, ff. 200- 342, y el
del Códice florentino,
con textos en náhuatl, versión española y
abundantes ilustraciones.
El libro XI ha sido uno de los mejor estudiados. En
la edición Robredo
de la Historia general (México, 1938) se pusieron como
apéndice al
tomo III (que contiene los libros X y XI) tres
importantes estudios. El
primero, del doctor Nicolás León, “Ensayo de nomenclatura e identifi
cación de las láminas 98 a 138 (Nos.
368 a 965) del libro XI. . . ”
(t.
III, pp. 327-364),
es una sinonimia de los nombres de vegetales,
minerales, montes, ríos, casas y
mantenimientos, que aparecen en este
libro XI,
del capítulo vi (árboles)
al xii (mantenimientos). Quedan
excluidos de este trabajo, por lo tanto, los
nombres de animales que se
encuentran en los cinco primeros capítulos. Los otros dos trabajos son
del doctor Ignacio Alcocer: “Las comidas de los
antiguos mexicanos” (t.
III, pp. 367 -374), traducción con algunos
comentarios del capítulo III,
párrafo 4, f.
120 de los Primeros memoriales, y “Consideraciones sobre
medicina
azteca” (t. III,
pp. 375-382), comentario al pasaje
de los
Primeros memoriales
(cap. IV, párrafo 9 )
que se refiere a “Enferme
dades y remedios de los mexicanos”.
Rafael Martín del Campo, en su “Ensayo de
interpretación del libro
undécimo de la Historia general de las cosas de
Nueva España de fray
Bernardino
de Sahagún” ( Anales
del Instituto de
Biología, UNAM,
México,
1938-1941, t. 9, pp. 379-391 (reptiles), t. 11, pp.
385-408
(aves) y t.
12, pp. 489-506 (mamíferos), ha
hecho la identificación
taxonómica de los animales descritos en los
primeros cinco capítulos del
libro XI (los no trabajados por el doctor León).
Alfredo López Austin, en “Descripción de
estupefacientes en el Códice
florentino” ( Universidad de México, UNAM, México, enero de 1965,
vol. XIX, N9 5, pp.
17-8), traduce al español del capítulo vii del libro
XI en náhuatl, la primera sección acerca de las
“hierbas que emborrachan”
e identifica varias drogas. La investigación más
importante sobre el tema
es la obra de Roger Heim y R. Gordon Wasson, Les
champignons kallu-
cinogénes
du Mexique, Muséum
National d’Histoire Naturelle,
Paris,
1958. Hay
edición en inglés: “The
hallucinogenic fungi of México”,
Botanical Museum Leaflets, vol. 19, N9 7, Harvard, 1961.
Víctor M. Castillo Farreras, en “Caminos del mundo
náhuatl” ( Estu
dios de Cultura Náhuatl, UNAM,
México, 1969, vol. VIII, pp.
175-
187), estudia y traduce el párrafo 8 del capítulo
xii — que sólo existe
en náhuatl— del Códice florentino, que se refiere a
los diversos tipos de caminos del México antiguo.
LIBRO XII.—QUE TRATA DE LA CONQUISTA DE MEXICO
LOS PRELIMINARES
El libro con que concluye la Historia general de
las cosas de Nueva Es
paña es de hecho una obra aparte y un documento
indígena de noble belleza y patetismo. Lo preceden dos textos preliminares: un
"Prólogo del autor” y una nota “Al lector”. El primero, escrito por
Sahagún en 1585, esto es, con los últimos impulsos de su ancianidad, se propone
ofrecer una interpretación del cambio de nociones que significó el des
cubrimiento de nuevas tierras, pero se enreda con datos imprecisos y
fantasiosos, pues llega a decir cosas como éstas:
agora se dice por muy cierto que la flota del rey
Salomón llegó al Perú y también a la isla de Santo Domingo a tomar oro para el
edificio del templo.
Sin embargo, al final de este Prólogo es clara una
interpretación pro-videncialista y grandes elogios de Hernán Cortés — a la
manera de Gomara y Mendieta— , por cuyos medios se operaron milagros y cuyas
acciones encuentra Sahagún comparables a las del Cid Ruy Díaz.
La nota "Al lector” consta de dos partes. La
primera, escrita hacia 1575 -7, expone el propósito que tiene Sahagún de dar
oportunidad a "que los que fueron conquistados” expongan su testimonio de
aquella guerra, esto es, su "visión de los vencidos”. Y en la última,
añadida en 1585 — que falta en la edición Garibay de Porrúa— , se refiere a las
dos versiones que se escribieron de este libro, con el ánimo de enmendar en la
segunda defectos y omisiones y dar una versión más fiel de la Conquista.
ORIGEN DEL TESTIMONIO
Por el propio Sahagún sabemos que años antes de que
emprendiera for malmente la elaboración de la Historia general recogió la
primera ver sión indígena de la Conquista, hacia 1555, en Tlatelolco, de:
viejos principales, y muy entendidos en todas las
cosas así de la idolatría como de la república, y oficios della, y también que
se hallaron presentes en la guerra cuando se conquistó esta ciudad.
( “Al lector”, adición de 1585)
A pesar de que mantuviera aquel texto un poco al
lado de la Historia general — ya que sólo comenzó a incluirlo en sus planes en
el primer
ordenamiento de México (1565-7) como posible libro
IX, y en el plan definitivo de 1569 como libro XII— , debió seguir pensando en
él. Al hacerlo leer a nuevos informantes, éstos discrepan de lo que se afirmaba
respecto a hechos y circunstancias de los que se debía hablar mucho. Los
primeros informantes, de 1555, habían estado presentes en la guerra; los
discrepantes, de 1585, quizá no eran ya testigos pero creían saber cómo fueron
en verdad — con variaciones que hoy nos parecen rela tivas— tales y cuales hechos.
Sahagún los pone a escribir un nuevo relato en náhuad con sus enmiendas, y
luego lo traduce al español, como lo había hecho con la primera versión.
Tanto los primeros informantes como los segundos
fueron tlatelolcas, esto es, del antiguo señorío autónomo que acabó convertido
en un barrio de México-Tenochtitlan. Los tlatelolcas sufrirían y serían
conquistados y sojuzgados al igual que los mexicas, pero en su versión veían
fatal mente con más interés sus propias acciones, y con animadversión o
simples reservas las acciones de los mexicas. Y como una singular ironía, los
dos testimonios indígenas más patéticos de la Conquista de México no serían del
pueblo dominante, sino tlatelolcas: éste, y el de los Anales de Tlatelolco, el
admirable anónimo de 1528.
CARACTER Y CONTENIDO DEL LIBRO DE LA CONQUISTA
Los relatos de la Conquista hechos por españoles,
como los de Cortés, López de Gomara y Bernal, dan cuenta de un enfrentamiento
con lo extraño, con lo desconocido, aunque desde el convencimiento absoluto de
que les asiste una superioridad, tanto por sus armas, recursos y forta leza
personal, como por la misión divina de que se sienten portadores. Este
testimonio indígena del mismo acontecimiento lo es también de un enfrentamiento
con lo desconocido, ante el que, desde el principio, todo es confusión y anonadamiento.
Cuando llegan los soldados españoles a tierras de México hacia 1517 ya habían
tenido bastantes años para ha cerse a la idea de la existencia de un Nuevo
Mundo, con hombres y usos diversos a los suyos, y además, casi inermes y
fácilmente sojuzgables. En cambio, los indígenas del México antiguo ven llegar
a los intrusos y para ellos no cabe la explicación de que son otros hombres,
acaso más poderosos, pero semejantes a ellos. Los ominosos presagios de que
algo terrible se acercaba los había amedrentado y, cuando se concreta el con
quistador en las costas, la única explicación que conciben es el de un
advenimiento sobrenatural y mítico: el retorno anunciado y esperado de
Quetzalcóatl. Cuando la rudeza, las necesidades y servidumbres humanas que los
indios ven en los españoles los convencen de que no son dioses sino hombres, ya
es demasiado tarde. Antes de pensar en combatirlos con esfuerzo y astucia,
Moctezuma pone en acción los maleficios de encan tadores, brujos y
nigrománticos que reconocen su impotencia: “¡No somos
sus .contendientes iguales, somos como unas nadas!”
(cap. viii, según el texto náhuatl). Moctezuma sólo piensa en un buen lugar
para esconderse y sus maliciosos consejeros le sugieren el “Lugar de los
muertos, la Casa del Sol y la Tierra de Tláloc, y la Casa de Cintli” (cap. ix),
es decir, lugares míticos a los que se va después de la muerte. Y al fin no
hace sino esperar y admirar lo inevitable.
La única reacción realista y trágica es la de
Cuauhtémoc, que a pesar de augurios y de la evidencia de la inferioridad
militar, organiza la lucha desesperada. Pero ya es tarde. Cuando la derrota
está casi consumada, a uno de sus capitanes, Tlacutzin, se le ocurre echar mano
de recursos extremos: vestir a un soldado valeroso con las insignias de
Huitzilopochtli y poner en sus manos las dos armas terribles de la deidad, la
xiuhcóatl o “serpiente de fuego” y el mamálhuaztli o “perforador de fuego”. Es
conmovedor advertir que, en tanto que en la primera versión del libro de la
Conquista se dice que después de estos recursos mágicos: “De golpe acabó la
batalla, todo quedó en calma y nada más sucedió” (cap. xxxviii, versión
náhuatl), en la versión corregida de 1585 se reconoce que: “No les aprovechó
nada todo esto, porque de ahí a tres días se rindieron”.
Además de esta peculiar visión mágica del mundo,
que la fuerza de los hechos va corroyendo, es notable en el libro de la
Conquista el tono sobrio, sin ira ni lamentos, con que se refieren las
atrocidades españolas, la destrucción del mundo indio y las miserias e
ignominias que sufren los vencidos.
Los nuevos hechos históricos que nos revela el
relato indígena, en realidad son pocos y de relativa novedad: las disidencias y
traiciones internas de los pueblos nahuas, como la de los pueblos de las
chinampas que ofrecen a los mexicas ayuda en los momentos más críticos y acaban
robándolos (cap. xxxiii), o bien el rendimiento voluntario — o concer tado
secretamente según la versión corregida— de Cuauhtémoc (cap. xxxix), en lugar
de la versión de su captura cuando trata de escapar por el lago, que conocemos
por los relatos de Hernán Cortés (tercera carta de relación del 15 de mayo de
1522), de Francisco López de Gomara (cap. cxliii) y de Bernal Díaz del Castillo
(cap. xlvi), aunque en rigor los tres hablan también de negociaciones de
rendimiento que no llegaron a buen fin.
ELABORACION Y TEXTOS
Como antes se anotó, por el propio Sahagún sabemos
que el libro de la Conquista se escribió por primera vez hacia 1555 en
Tlatelolco “en lengua mexicana, y después se romanció toda”, y que treinta años
más tarde, en 1585, se hizo una enmienda general del libro y se puso de nuevo
en náhuatl y en español. Debieron existir, por lo tanto, dos textos en cada una
de estas lenguas. Sin embargo, sólo existe un texto náhuatl,
LXXXIII
el del Códice florentino, que corresponde a la
primera versión, y dos versiones en español: la que se redactó por primera vez
hacia 1555 y se incluyó hacia 1575 - 7 en el Códice florentino — y en el
Manuscrito Tolosano-Panes— y la que se “enmendó” en 1585. Así pues, la historia
de la Conquista dictada por informantes indígenas y supervisada por Sahagún
puede leerse en tres versiones:
I. La
versión en náhuatl del Códice florentino;
II. La
primera versión en español, breve; y III. La versión corregida en español, más
extensa.
Una vez precisadas, podemos describir el carácter
de cada una y sus traducciones y ediciones.
I.— La única versión náhuatl tiene el interés de
comunicarnos más a lo vivo y a la manera indígena, detalles de las primeras,
confusas y ate rradoras reacciones de los indios ante los españoles. Por
ejemplo, su primera visión de las armas y aderezos, de los caballos y los
perros de los conquistadores:
también mucho espanto le causó (a Moctezuma) el oír
cómo estalla el cañón, cómo retumba su estrépito, y cuando cae, se desmaya uno,
se le aturden a uno los oídos. . .
Sus aderezos de guerra son todos de hierro: hierro
se visten, hierro ponen como capacetes a sus cabezas, hierro son sus espa-das,
hierros sus arcos, hierro sus escudos, hierro sus lanzas.
Los soportan en sus lomos sus “venados". Tan
altos están como los techos.
Por todas partes vienen envueltos sus cuerpos,
solamente apa recen las caras. Son blancos, son como si fueran de cal. Tienen
el cabello amarillo, aunque algunos lo tienen negro. Larga su barba es, también
amarilla; el bigote también tienen amarillo. Son de pelo crespo y fino, un poco
encarrujado. . .
Pues sus perros son enormes, de orejas ondulantes y
aplas tadas, de grandes lenguas colgantes; tienen ojos que derraman fuego,
están echando chispas: sus ojos son amarillos, de color intensamente amarillo.
(cap. vii. Trad. Angel María Garibay K.)
O bien la preciosa enumeración de los atavíos de
Quetzalcóatl que Moctezuma envía a Cortés (cap. iv), y que Eduard Seler utilizó
en su estudio sobre Quetzalcóatl que aparece en sus Comentarios al Códice
Borgia (cap. 2, ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1963, 2 vols. más el
Códice) .
El texto náhuatl del libro XII fue publicado por
primera vez por Eduard Seler con traducción al alemán, en Einige Kapitel aus
detn
Geschichtswerk des Fray Bernardino de Sahagún
(Stuttgart, 1927, pp.
453-574). Lo publicaron también, con traducción al
inglés, Arthur J. O.
Anderson y Charles E. Dibble en su gran edición del
Flor entine Codex:
Book 12, The Conquest of México (Santa Fe, New
México, 1955, 2?
ed. revisada, 1975), que reproduce, además, las
ilustraciones del Códice. Existen dos
traducciones al español de esta
versión náhuatl: la de traductor anónimo, revisada por J. Ignacio Dávila Garibi, que aparece en la edición Jiménez
Moreno-Ramírez Cabañas de la Historia general, publicada por
la Editorial Pedro
Robredo en México,
1938 (t. IV, pp.
129-224), y la hecha por Angel María Garibay K. que aparece en su edición
de la Historia general, publicada
por Editorial Porrúa
en
México,
1956, y reimpresiones (t. IV, pp. 81-165).
II. La versión en español más antigua y breve, “es
más sencilla, menos trabajada y más cercana de lo escrito en mexicano”, observa
Wigberto Jiménez Moreno ( “Advertencia”, Sahagún, Historia general, Robredo,
1938, t. IV, p. 8). Luis Leal, que ha estudiado y comparado el contenido de las
dos versiones en español ( “El libro XII de Sahagún”, Historia Mexicana, El
Colegio de México, México, octubre-diciembre de 1955, vol. V, N<? 2 (1 8 ),
pp. 184-210), advierte que en esta ver-sión breve, aparte de otras variantes
menudas, se refiere el saqueo de las casas reales de Moctezuma por los soldados
de Cortés (caps, xvii y xviii, del que nada se dice en la versión reformada.
Aunque, en términos generales, la última versión es la más explícita.
Esta versión más antigua y breve ha sido hasta
ahora la preferida. La publicó por primera vez Carlos María de Bustamante en
1829 ( His
toria de la conquista de México, escrita por el R.
P. Fr. Bernardino de
S ahagú n ..., México, 1829); la reprodujo Lord
Kingsborough en sus Antiquities of México (London, vols. VI y VII, 1830-1); e
Ireneo Paz reimprimió la edición de Bustamante en México, 1890-5. Ya en nuestro
siglo, esta versión del libro XII se reprodujo en la edición Jiménez
Mo-reno-Ramírez Cabañas de la Historia general, de Robredo (México, 1938, t.
IV), añadiendo al pie de la página las variantes más importan tes de la
versión enmendada y, además de la versión española del libro XII en náhuatl, ya
citada, esta edición reproduce como apéndices la
Décima tercia relación de la venida de los
españoles, de Fernando de
Alva Ixtlilxóchitl, y Los conquistadores de México,
por Manuel Orozco y Berra; en la edición de Miguel Acosta Saignes de la
Historia general (Editorial Nueva España, México, 1946, t. III), y en la
edición Garibay de la Historia general (Editorial Porrúa, México, 1956 y
reeds., t. IV). Esta última edición lleva, además de la traducción al español
de la versión náhuatl del libro XII, como apéndices, la Relación de Alva
Ixtlilxóchitl antes citada y, traducidos por Garibay, el Relato de la con
quista, por un anónimo de Tlatelolco (Anales de
Tlatelolco de 1528),
y tres textos de diferentes lugares de la versión
náhuatl de la Historia
general: Atavíos e insignias de los dioses, Los
himnos de los dioses y Magos y saltimbanquis.
III. La versión en español enmendada en 1585 y más
extensa, la cual muestra, como nota Wigberto Jiménez Moreno:
que él autor tuvo la preocupación de pulirla, de
darle forma más literaria, aun con perjuicio de los datos consignados y de la
ingenuidad y simplicidad que en su obra pusieron los indios redactores “que
habían estado en la conquista".
( “Advertencia”, opus cit., p. 8)
Esta versión, en efecto, añade muchos detalles — y
aun un nuevo capítulo XXVIII— así como reacciones patéticas de los indígenas.
Por ejemplo, el relato que los mensajeros hacen a Moctezuma de su primera
impresión de los españoles (cap. vii), las reacciones del monarca (cap. viii),
la exposición que hace Cortés a Moctezuma de su misión (cap. xvii), las
matanzas de Cholula y del Templo Mayor (caps, x y xx), la muerte de Moctezuma
(cap. xxiii), el relato de la Noche Triste (cap. xxiv), y la supuesta entrevista
de Cortés y Cuauhtémoc, antes de ini ciarse el sitio de la ciudad, en
Acachinanco, para comunicarle las ra zones por las que le haría la guerra
(cap. xxx), que transcribe Torque-mada (lib. IV, cap. xc) y que Clavijero ponía
en duda (lib. X, cap. xvii). Además, aquí se muestra una preocupación especial
por las pre cisiones cronológicas y los cómputos.
Esta versión de 1585 es, pues, la más amplia y
expresiva entre las existentes. Y sin embargo, apenas se la conoce.
El manuscrito de esta última versión, llamado
Relación de la conquista de esta Nueva España, fue propiedad en el siglo X V I
I de Juan Francisco Montemayor y Cuenca y luego del cronista fray Agustín de
Vetancurt; en las revueltas ocurridas en Madrid en 1808, por la invasión
francesa, una copia de esta versión española fue robada de la Biblioteca de la
Academia de la Historia, comprada en 1828 por el Conde de la Cortina y
entregada a Bustamante quien la publicó por única vez en 1840 bajo
un título extravagante: La aparición de Ntra.
Señora de Guadalupe de México, comprobada con la refutación del argumento
negativo que pre senta D. Juan Bautista Muñoz, fundándose en el testimonio del
P. Fr. Bernardino Sahagún; o sea Historia original de este escritor, que altera
la publicada en
1829 en el equivocado concepto de ser la única y ori
ginal de dicho autor. Publícala precediendo una
Disertación sobre la Aparición Guadalupana, y con notas sobre la Conquista de
México, Carlos M^ de Bustamante, Individuo del Supremo Poder Conservador,
México, Impreso por Ignacio Cumplido, 1840.
En la edición Robredo de 1938, como ya se apuntó,
se consignan a pie de página las variantes más importantes que aparecen en esta
versión
enmendada. Gracias a ellas, es posible darse cuenta
de su importancia documental y de la conveniencia de que, en las próximas
ediciones de la Historia general, de no reproducirse por extenso ambas
versiones en es pañol, se prefiera esta segunda, que no se ha reimpreso desde
1840.
ESTUDIOS
Además del excelente estudio, ya citado, de Luis
Leal sobre “El libro XII de Sahagún”, sólo es posible registrar otro estudio
sobre el tema, de Howard F. Cline, “Notes on Sahagún’s History of the Conquest:
General History, book XII” ([Homenaje a José Miranda, El Colegio de México,
México, 1969).
LA
“HISTORIA GENERAL” Y SUS
DOS TEXTOS
En
conjunto, la Historia
general de las
cosas de Nueva
España es,
como
las viejas catedrales,
una obra enorme
y múltiple, compleja
y
secreta,
desigual e inagotable. Ninguna
otra de nuestra historia
anti
gua nos enseña más acerca del pasado indígena. como del
Los textos
en náhuatl, tanto
de los Códices
matritenses
Códice
florentino, contienen documentación
indígena directa, y en
muchos casos más amplia o no incorporada a la
traducción, de la mayor
parte
de los temas
que luego formaron
la Historia general. Miguel
León-Portilla
ha mostrado (fíiíos, sacerdotes y
atavíos de los
dioses,
1558, apéndice, pp.
161-4) que es un error considerar la versión en
español
de la Historia general como
una simple traducción
de los
primitivos textos en náhuatl de los memoriales
indígenas, que hubieran
sido sólo comprensibles para los etnólogos
modernos. Los textos nahuas
son a
menudo enumeraciones que
seguían los modos de pensamiento
indígena.
Sahagún, como un
verdadero historiador de
la cultura, los
resumió, los interpretó o los completó según el
caso. Por razones diver
sas, dejó sin traducir muchos pasajes, y al mismo tiempo, agregó, sólo
en español, exposiciones, comentarios y reflexiones
importantes.
Algunos
especialistas en Sahagún
muestran cierta tendencia a con
siderar como única fuente confiable para conocer el
pensamiento indí
gena
estos textos en náhuatl, sobre
todo los más antiguos, y a
dejar
a un lado la versión española de Sahagún como secundaria, deficiente
y mutilada.
Existen, ciertamente, casos
en que sólo tenemos
el texto
náhuatl,
como otros en
los que sólo existe el texto
español, y otros
más en que los textos en náhuatl nos dan una visión
más cercana al
pensamiento indígena. Pero, en la mayoría de los
casos, los textos nahuas
más
antiguos tienen un
carácter primario y provisional. Por
ello, la
excesiva confianza en las nuevas traducciones y la
desconfianza en las
tareas
de interpretación,
refundición y exposición que
hizo Sahagún
al poner en español la Historia general, al
lado de la última versión
náhuatl de sus informantes, no parece la actitud más ponderada. Son
importantes, evidentemente, las
primeras y las segundas
versiones de
los textos en náhuatl, como documentos etnográficos y como informa
ciones históricas
de primera mano, y es deseable
que se concluya su
traducción al español
y se prosiga su estudio.
Pero, al mismo tiempo,
el
texto español redactado
por Sahagún es
su interpretación de la
cultura de los antiguos mexicanos. Y ambos documentos, el náhuatl y
el español, existen gracias al esfuerzo heroico y a la lucidez científica
de un hombre venerable para la cultura mexicana.
LAS
ILUSTRACIONES
El primero y el último de los manuscritos de la
Historia general de las cosas de Nueva España de fray Bernardino de Sahagún
contienen ilus traciones de valor documental, para completar las exposiciones
textuales, y de importancia artística ya que nos permiten apreciar el talento
de los tlacuilos indígenas y el comienzo de un arte mestizo en sus repre
sentaciones y en sus técnicas figurativas.
EDICIONES Y REPRODUCCIONES
Reconociendo la importancia de estas pinturas,
además de la repro ducción en facsímil, en blanco y negro, de los manuscritos,
Francisco del Paso y Troncoso publicó también por separado tanto la serie de
ilustraciones de los Primeros memoriales ( Historia general, 1905, vol.
VI, cuaderno 39), como las del Códice florentino
(1905, vol. V). Hacerlo no fue empresa fácil, como puede leerse en las cartas y
docu mentos que dan cuenta de ello (Silvio Zavala, Francisco del Paso y
Troncoso y su misión en Europa, 1892-1916, Publicaciones del Museo
Nacional, Departamento Autónomo de Prensa y
Publicidad, México, 1938, pp. 170 -4). Ante la imposibilidad de hacer
fotografías en color de las pinturas, Paso y Troncoso decidió que se hicieran
calcas de ellas, y después se retocaran y colorearan de manera que pudieran ser
repro-ducibles por medio de la cromolitografía. Encontró un excelente dibu
jante mexicano, Genaro López, al que consiguió una pensión de 80 pesos. Las
autoridades que guardaban el Códice florentino no querían permitir las calcas,
temiendo algún daño para los valiosos manuscritos. Intervino el padre Aquiles
Gerste quien, en octubre de 1893, obtuvo el permiso y la enorme tarea pudo
comenzar a realizarse. Puede presu mirse que no hubo obstáculos para hacer las
calcas de los manuscritos de Madrid. El trabajo de impresión de las láminas con
las ilustraciones
Lxxxvra
de ambas series fue realizado por la casa
litogràfica A. Ruffoni, de Flo rencia, y se imprimieron admirablemente en
papel P. M. Fabriano. En la obra citada del doctor Zavala se consignan los
presupuestos, costos, dilaciones y problemas de estas impresiones así como las
nego ciaciones para el contrato que se firmó con el impresor Alessandro
Ruffoni (pp. 239 -251).
El dibujante Genaro López, sin duda de acuerdo con
el editor Paso y Troncoso, mantuvo la secuencia original de las pinturas, y en
los casos de imágenes pequeñas las agrupó para componer estampas o láminas de
tamaño uniforme. De esta manera el álbum de pintura de los Prime ros
memoriales (VI, 3?) consta de 27 láminas a colores, que contienen
aproximadamente 445 ilustraciones, cada una con su título en náhuatl y en cada
lámina indicaciones de su correspondencia con el texto. En la obra de Manuel
Ballesteros Gaibrois, Códices matritenses. . . (Ma drid, 1964, voi. II), se
reproduce en pequeña escala esta serie com pleta de ilustraciones. Las
secciones de ilustraciones correspondientes a la materia se reproducen en las
traducciones de Miguel León-Portilla
de Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses (1958)
y de Wigberto Ji
ménez Moreno, Primeros memoriales, cap. 1 (1974), y
algunas de ellas en las ediciones modernas de la Historia general.
El álbum de pinturas del Códice florentino, que
contiene los doce libros de la Historia general en su disposición última, es
mucho más extenso ya que consta (Paso y Troncoso, voi. V) de 158 láminas que
incluyen aproximadamente 1.846 ilustraciones y viñetas decorativas tam bién a
color. Se encuentran en orden las de cada libro pero no se re gistran los
detalles de cada una. En este caso, las pinturas aparecen en el manuscrito
original en una forma constante. El Códice floren tino está compuesto en dos
columnas, español a la izquierda y náhuatl a la derecha, y las ilustraciones se
intercalan en cuadretes, casi siempre en la columna izquierda, más breve.
Agrupando estos cuadretes, el dibu jante Genaro López compuso sus láminas.
Estas se han reproducido completas en blanco y negro, añadiendo identificación
de cada ilustra ción, en los doce volúmenes de la edición de Charles E. Dibble
y Arthur J. O. Anderson del Fiorentine Codex (Santa Fe, New México, 1950-1969),
y parcialmente en numerosas obras sahaguntinas.
ILUSTRACIONES
DE LOS “PRIMEROS
MEMORIALES”
Los Primeros memoriales, que recogen el primer
esbozo de la Historia general, se realizaron, como se ha repetido, en Tepepulco
hacia 1558-60. En aquel momento de elaboración de la obra, las ilustraciones o
pinturas tenían una importancia capital. Los indígenas informantes, siguiendo
aún sus propios métodos de comunicación, se apoyaban prin
cipalmente en sus
imágenes, que luego
explicaban. Así lo
consignó
Sahagún:
Todas las cosas que conferimos me las dieron por
pinturas, que aquella era la escritura que antiguamente usaban, y los gramá
ticos las declararon en su lengua, escribiendo la declaración al pie de la
pintura. Tengo aún ahora estos originales.
(Prólogo
al lib. II)
En
efecto, en el
manuscrito de estos
Primeros memoriales — que
publicó en facsímil
Paso y Troncoso ( Historia
de las cosas de Nueva
España, Madrid, 1905, vol. VI, cuaderno 29) — , los folios se encuen
tran divididos en dos columnas, a la derecha las
pinturas y a la izquierda
el texto explicativo náhuatl; cuando la
ilustración lo amerita, como
en la descripción de la “Fiesta cada 8 años” o en la de los
edificios
del Templo Mayor, llena la página; y otra veces el
texto va a ambos
lados
de las figuras
cuando éstas representan
personajes en diversas
acciones.
Para mayor claridad, como ocurre en las pinturas que repre
sentan a los señores de México y de otros señoríos,
se identifican con
una línea indicadora cada una de sus insignias, atavíos y el glifo que
les da nombre, o bien, las insignias de los señores
y de los guerreros se
representan
en filas verticales, con su
solo nombre al lado izquierdo.
Las ilustraciones
de las primeras cinco láminas,
correspondientes a
las
fiestas rituales, son
composiciones en que
intervienen numerosos
personajes alrededor de pequeñas pirámides,
casas y algunos glifos de
lugar. En ocasiones, en una misma escena se
muestran momentos suce
sivos
de una acción.
Aparece, por ejemplo
(lámina II, fig.
6), un
cautivo conducido al sacrificio y
el mismo cautivo ya
sacrificado en
la escalinata de un cu, procedimiento que se emplea también en
códices
como el Magliabechiano
y el Xólotl.
Acaso la pintura
más notable en esta serie de los Primeros
memo
riales sea la dedicada a la “Fiesta cada 8 años” o atamalqualiztli, que
llena todo el folio (lámina V). En el centro aparece el cu de Tláloc,
un estanque con serpientes que comen los mazatecas,
y un gran tronco
de
árbol enhiesto, el xócotl, adornado
con flores y pájaros. En
torno
bailan los dioses disfrazados de animales, las mujeres ofrecen tamales,
una
teje, tres personajes
bogan en una corriente de
agua, y muchos
otros dioses y sacerdotes bailan ( Historia general, lib. II, apéndice I).
La
composición se organiza en un solo plano,
colorido y animado, y
tiene alguna semejanza con la de algunos murales
descriptivos de Diego
Rivera.
Otra lámina interesante es la número XI que
describe los edificios del
Templo Mayor y que también ocupa todo el folio. Rodeados por una
especie de
muro con aberturas a los lados y en la parte
inferior, se re
presentan en elevación siete pirámides y edificios
muy estilizados, entre los cuales sólo es posible reconocer la pirámide doble
de Tláloc y Huitzilopochtli —cuya imagen se muestra— , rematada por dos
adora-torios, como la describe Sahagún (lib. II, apéndice II); la piedra del
sacrificio gladiatorio y el tzompantli. Bajo éste, se encuentra un juego de
pelota. En el centro de la composición, un sacerdote, cuyas huellas indican que
ha salido de un edificio, probablemente el cálmécac, lleva su bolsa de copal e
incensa en dirección al Templo Mayor. Hay tres personajes más, dos sentados con
escudos y estandartes que guardan las puertas, y uno más de pie, con una
especie de báculo y una bolsa colgada al cuello. Este es el único croquis
antiguo que se conserva del conjunto del Templo Mayor. La descripción que
aparece en la Historia general (Jbídem') de Sahagún es mucho más detallada, ya
que describe 78 edificios, aunque con algunas repeticiones. Fray Diego Durán,
en su Libro de los ritos y ceremonias (cap. ii) añade otras precisiones res
pecto a los edificios principales del Templo Mayor. Ignacio Marquina, en
Arquitectura prehispánica (2^ ed., Instituto Nacional de Antropo logía e
Historia, México, 1964, pp. 180-199), ha hecho excelentes reconstrucciones
tentativas de los planos, perspectivas y características del conjunto de
construcciones que formaban el Templo Mayor de México Tenochtitlan.
Las demás ilustraciones de esta serie son de
importancia documental: servicios a los dioses, atavíos de los dioses y sus
ministros, astros y me teoros, cuentas calendáricas, señores de México y de
otros señoríos, vestidos e insignias de los señores y de los guerreros.
En conjunto, las imágenes con que los tlacuilos
indios mostraron a Sahagún, en Tepepulco, hacia 1558-60, su antiguo mundo
religioso, se conservan aún dentro de las convenciones figurativas indígenas.
Las pinturas narrativas se inician en el ángulo superior derecho y siguen hacia
abajo, para continuar con el ángulo superior izquierdo. Las figuras de dioses y
señores comienzan a simplificarse y a perder la abigarrada composición en
espiral de insignias y atributos característica de los an tiguos códices, pero
siguen siendo figuras cercanas a las tradicionales indígenes. Si se ponen a un
lado imágenes de concepción europea, como las de los eclipses, aún pueden
considerarse estas imágenes como un códice indígena poshispánico tardío.
ILUSTRACIONES DEL
"CODICE FLORENTINO"
En tanto que respecto a la composición de los
Primeros memoriales Sahagún hizo una declaración de la importancia de las
pinturas, que fueron previas a la “declaración” de los gramáticos, de acuerdo
con las técnicas indígenas antiguas de consignación de sus nociones, fray Ber
nardino no hizo ninguna alusión a los indios que hicieron alrededor de
1850 las ilustraciones y viñetas para el gran
manuscrito final de la Historia general, completa con sus doce libros, que se
realizó en México entre 1575 y 1577, y se conoce como Códice florentino.
Los tlacuilos que pintaron 445 ilustraciones
mayores y menores para los Primeros memoriales hacia 1558-60, pudieron ser dos
o tres, con estilos casi homogéneos y aún muy cercanos a las técnicas
tradicionales indígenas. Pero quienes veinte años más tarde recibieron el
encargo de ilustrar los pasajes más importantes de cada uno de los doce libros,
debieron ser al menos siete u ocho pintores, que conservaban la habilidad pero
no las concepciones de los antiguos tlacuilos, y tenían calidades y estilos
diversos.
De sólo uno de ellos tenemos alguna presunción. Al
examinar la intervención de los informantes indígenas en la obra dirigida por
Saha gún, se citó un pasaje en que el historiador fray Agustín de Vetancurt
menciona como colaborador de fray Bernardino a Agustín de la Fuente, de
Tlatelolco, gran escribano y muy hábil para hacer con la pluma estampas.
Apoyándose en esta alusión, Alfonso Toro, en su estudio sobre la “Importancia
etnográfica y lingüística de las obras del P. fray Ber
nardino de Sahagún
( Anales del Museo Nacional de Arqueología, His
toria y Etnografía, México, 1924), escribió: “Creo
muy probable que Agustín de la Fuente sea el autor de las figuras del Códice de
Florencia y aun de los dibujos que sirvieron para ejecutar muchos de los
grabados que adornan la Psalmodia cristiana’. Esta presunción fue recogida por
Wigberto Jiménez Moreno en su estudio sobre Sahagún ( opus cit., p. 40). Hay un
indicio que puede afirmarla. Entre las ilustraciones del libro IX, la número
59, que representa a un orfebre, lleva inscrita en la base de una columna una
elegante letra A. Como lo señaló Donald Robertson QMexican manuscript painting.
. ., 1959, cap. 9, p. 176), es casi sin duda la discreta firma del tlatelolca
Agustín de la Fuente, pero como autor de algunas de las series de este mar de
imágenes. Suponerlo autor único es olvidar la variedad de temas, estilos,
calidades pictóricas y documentales que pueden advertirse en las numerosas pin
turas-miniaturas, y la costumbre y posibilidad de disponer de varios
colaboradores.
Al emprender en 1575 la elaboración final de su
Historia general, Sahagún seguía queriendo que fuese el propio testimonio de
los indios de México, pero tenía otras ideas respecto a su presentación. Dejó a
un lado la tercera columna filológica de explicación de los términos nahuas, se
concentró en dos columnas, náhuatl y español, y decidió que sus pintores
hicieran sus ilustraciones después y no antes que los escribanos. Estos iban
dejando ventanas cada vez que consideraban que una ilus tración debía llenarlas,
y quedaban espacios útiles al final de los párrafos y capítulos. La tarea de
los pintores estaba ahora subordinada a las exigencias del texto.
Hacía ya muchos años que los informantes habían
olvidado el arte de comunicar sus antigüedades por medio de pinturas; ahora
sabían escribir con propiedad. Y los diestros en la pintura comenzaban a saber
más del mundo que los rodeaba y de las nuevas creencias que del anti guo mundo
indígena y de las idolatrías de sus antepasados. Aquellos pintores indios,
educados en el Colegio de Tlatelolco, a más de medio siglo después de la
Conquista, se habían formado en contacto con las nuevas ideas y costumbres coloniales,
con los nuevos usos e indumen tarias y con las técnicas figurativas que los
frailes les enseñaban y les mostraban en sus libros ilustrados.
Cuando tenían que pintar monumentos, dioses,
señores e indumen tarias de los antiguos mexicanos, Sahagún debió mostrarles
las ilustra ciones de los Primeros memoriales; y los nuevos pintores las
copiaron, simplificándolas aún más y deformándolas. Acaban por pintar pirámides
absurdas — como si nunca las hubiesen visto— , con un estrechamiento a la
mitad; ya no saben cómo se sentaban los indios nobles, en cuclillas en sus
equípales casi al ras del suelo, y los sientan en taburetes o equípales altos;
en los adoratorios de los teocallis ponen figuras de de monios — tanto les
habían machacado con ello los predicadores— en lugar de las imágenes de los
antiguos dioses; y a los penitentes indígenas les muestran arrodillados ante
los dioses o los sacerdotes.
En cambio, pintan bastante bien el mundo que
entonces los rodea, y la naciente arquitectura colonial: portadas, arcadas y
columnas pla terescas, muros de mampostería, pisos enladrillados, algunas
torres; la evolución de las indumentarias: los mercaderes o pochteca, cosa del
pasado, aparecen aún vestidos a la usanza indígena, con maxtles, tilmas o
mantas, mientras que los oficiales orfebres, gematistas y plumistas llevan ya
camisa y pantalones blancos — como los indígenas actuales— , aunque encima
portan la tilma tradicional; y no faltan las mescolanzas: unos labradores en
las ilustraciones del libro IV usan capas españolas, y bajo ellas sólo sus
maxtles , y otros llevan una especie de cascos roma nos; un joven del libro X
usa pantalones bombachos, sombrero alto, tilma y va descalzo. En cambio, la
indumentaria de las mujeres sigue siendo la tradicional, con huípil y enagua,
tal vez ésta un poco más larga, o con túnicas amplias con un rectángulo bordado
bajo la abertura del cuello, como se representa siempre a la Malinche, y que
debió ser el traje de la costa atlántica. En ocasiones, se pintan imágenes
comple tamente españolas, como el carnicero con una gran balanza y el sastre
con enormes tijeras (libro X); o bien aparecen los hibridismos: entre las
arcadas coloniales, un hombre da consejos a otro pero la palabra sale de su
boca en la forma tradicional de volutas, o un plumista ya no compone grecas ni
insignias sino algo como la imagen de un santo y motivos ornamentales europeos
(lib. IX).
Con excepción, pues, de las imágenes de dioses,
sacerdotes y gue rreros, y de monumentos de su antigüedad, cuya representación
tradi-
XCIII
cional habían olvidado, la mayoría de este
repertorio del Códice flo rentino pinta principalmente el mundo de la Nueva
España en la se gunda mitad del siglo xvi.
En los aspectos técnicos se aprecia también la
transición de un mun do a otro, o la confusión y de nuevo el hibridismo. Los
pintores se sirven del claroscuro y del sombreado, para crear la ilusión de los
pliegues de las vestiduras, a veces se enredan con las perspectivas, co
mienzan a intentar una representación realista y nuevas posturas con
vencionales para sus personajes. En el libro I hay un adoratorio indígena
rematado por almenas en flor de lis; en el libro IX aparece un grupo de
danzantes en torno al que toca el teponaztle, sobre un piso ya enladri llado;
los indígenas comienzan a tener más barba y sus rostros se van afilando.
El pintor del libro XII de la Conquista, entre los
otros posibles, pa rece ser el que conoce y domina mejor las convenciones
figurativas eu ropeas: los movimientos de caballos y lanzas, las vistas aéreas
de las batallas, con barcos y fortalezas, las ondulaciones de los estandartes.
Es un pintor desigual, muy hábil, preciso y animado para dibujar los españoles,
sus caballos, sus barcos y sus armas pero se confundían a menudo para
representar su propio pasado: pirámides, dioses, señores. Estas ilustraciones
no van coloreadas.
El enorme inventario del mundo natural (965
pinturas sólo en el libro XI) debió ser realizado por varios pintores, todos
ellos con habi lidad y a veces con primor indígena, pero ya con técnicas y
conven ciones europeas. Sin embargo, algunas figuras de serpientes, como la
coapétatl, la chimalcóatl y la quetzalcóatl, tienen
aún la fuerza expresiva
de los códices antiguos. En cuanto a los pintores,
los de los mamíferos, aves y peces son medianos; algo mejor el de los reptiles;
el de los in sectos, malo, y los que pintaron árboles y plantas, son muy
diestros y precisos, y sabían componer con gracia e imaginación. El que tuvo a
su cargo las construcciones, parece haber olvidado cómo eran las prehispá-nicas
y sólo pintó las españolas que lo rodeaban poniéndoles nombres indígenas.
Muchas otras series de pinturas tienen interés
documental y algunas son muy hermosas, como la dedicada al ciclo vital (libro
VI); la que pinta las costumbres de los señores, las fiestas por su elección y
los regalos que daban a quienes tenían éxito en las conquistas (lib. VIII); las
espléndidas acerca de las técnicas de los artífices (lib. IX); muchas de las
que pintan con gracia, composición ingenua y múltiples recursos figurativos,
parentescos y oficios, entre las que destacan las lindas imá genes de la “alegradora”
— en cuyas dos versiones aparece pisando un símbolo indígena del agua y
llevando en una mano otro símbolo idén tico, acaso para significar que la
“alegradora”, como el agua, es huidiza, o como inicio de un glifo fonético— ;
la serie dedicada a las enferme
dades y sus remedios y algunas de las que pintan a
los antiguos pueblos que poblaban el territorio, especialmente las de los
otomíes (lib. X).
UN ARTE MESTIZO
En tanto que los pintores de los Primeros
memoriales eran aún tlacuilos que conservaban la mayor parte de las
convenciones figurativas indí genas, quienes pintan más de medio siglo después
de la Conquista las ilustraciones para el manuscrito final de la Historia
general de las cosas
de Nueva España, que se llama Códice florentino,
son ya pintores que
expresan un arte mestizo. Fueron probablemente
indígenas jóvenes a los que se encargó pintar una pluralidad de aspectos del
México antiguo y que conservaban la habilidad, la imaginación plástica y a
veces el encanto y la delicadeza de los artífices de su pueblo. Pero al mismo
tiempo, se les había desgajado de sus propias tradiciones, que no podían
frecuentar ni mantener; se les había educado en un nuevo mundo de creencias; se
les habían trasmitido nuevas nociones y convenciones fi gurativas, que se empeñaban
en repetir, y vivían en un mundo en que convivían los viejos usos mexicanos con
los nuevos españoles. El arte que crearon, hecho de sensibilidad, mescolanza,
imaginación, hibridismo, aprendizaje, e intentos de ajuste entre dos mundos, es
un arte mestizo.
ESTUDIOS
Las ilustraciones a los manuscritos de Sahagún se
han estudiado poco. Además de las referencias que Alfonso Toro hizo en su
estudio, ya citado, al posible autor de las pinturas del Códice florentino, con
per tinentes observaciones respecto a sus características, los únicos estudios
son los que Donald Robertson ha dedicado a este tema. En su libro
Mexican manuscript painting of the early colonial
period (19 59) de
dicó un capítulo al examen de las pinturas tanto de
los Primeros memo riales como del Códice florentino. En un segundo estudio,
también ya citado ( “The sixteenth century mexican encyclopedia of fray
Bernar-dino de Sahagún”, Cahiers d’Histoire Mondiale, Neuchátel, Switzerland,
1966, vol. 6, N9 3, pp. 617-627), desarrolla su tesis de que el modelo general
para la Historia general de Sahagún fue la obra de Bartholomaeus Anglicus, o de
Glanville, De propietatibus rerum, una enciclopedia del siglo xiv basada en
Plinio, de la que había probablemente un ejemplar de su versión española en el
Colegio de Tlatelolco. Y en su estudio más reciente, “The treatment of
architecture in the Florentine Codex of
Sahagún” ( Sixteenih-century México. The work of
Sahagún, 1974, pp.
151-164), hace notar la falta de conocimiento que
existe en estos pintores de los aspectos arquitectónicos de la cultura
prehispánica, y al
mismo tiempo, su intensa aculturación, su cercanía
con el ambiente y la cultura hispánica.
FUENTES Y
APROVECHAMIENTOS
Aunque no queda constancia expresa de que Sahagún y
sus informantes hayan aprovechado códices indígenas o consultado los tratados y
anales sobre temas antiguos que existían en la segunda mitad del siglo xvi, es
posible presumir algunas de sus fuentes.
Charles E. Dibble (
“Writing in Central México”, Archeology o/
northern Mesoamerica, Part one, Handbook of Middle
American indians,
vol. 10, University of Texas Press, Austin, 1971,
p. 373) considera que “El voluminoso libro II y el un poco menos extenso libro
IV de la
Historia general de las cosas de Nueva Es-paña de
fray Bernardino de
Sahagún constituyen los complementos orales y
ceremoniales del Códice borbónico”. Los mitos sobre Huitzilopochtli y
Quetzalcóatl, del libro III, dan la impresión de ser fragmentos de poemas
épicos antiguos. El trata do acerca del arte adivinatorio, del libro IV, en
efecto, es la interpre-tación de un tonálámatl, como los que figuran en los
códices Borgia o Borbónico. Los discursos ceremoniales, las pláticas de los
ancianos y los parlamentos familiares en ocasiones solemnes, que figuran en el
libro VI, fueron inspirados por los materiales reunidos por fray Andrés de
Olmos para su Huehuetlatolli, perdido en parte, aunque ambos textos se
completan.
Por los años en que Sahagún escribe, ya se había
publicado el Sumario
(15 26) y la
primera parte de la Historia general y natural de las In
dias (1547) de Gonzalo Fernández de Oviedo, pero
Sahagún no los menciona y es improbable que los conociera. Sí debió conocer, en
cam bio, los Memoriales de Motolinía, concluidos desde 1543, antes de que el
manuscrito fuera llevado por primera vez a España. Sin embargo, la única huella
que hay en la Historia general de Sahagún de los escritos de su cofrade
(Apéndice al libro IV) es para refutarlos agriamente. Parece pues evidente,
como ya se ha apuntado, que Sahagún quería deber lo menos posible a otros, salvo
a los discípulos indígenas que con él trabajaron.
Con todo, a pesar de las presuntas fuentes
documentales, el de Saha gún y sus colaboradores no es un libro hecho a base
de otros libros. Gracias al método de representaciones pictóricas y de relatos
testimo niales en que adiestró a sus informantes indios, Sahagún hizo que
éstos fueran componiendo nuevos códices comentados y que fueran organizando el
recuerdo de sus creencias y tradiciones, la memoria de sus costumbres y
organización social, el inventario de su vida y de su mundo natural hasta
llegar al testimonio de su aniquilación, de manera que no hubieran podido
serles útiles casi ninguna de las fuentes entonces existentes. Co
mo decía Garibay, Sahagún “hizo que los indios
mismos escribieran la historia de su propia cultura”.
Aun como manuscritos, la Historia general de
Sahagún o partes de sus escritos fueron aprovechados por Diego Durán, Juan de
Tovar, Fran cisco Hernández, Juan Suárez de Peralta, fray Gerónimo de
Mendieta, fray Juan de Torquemada, fray Agustín de Vetancurt y por el padre
Francisco de Florencia. En España, Antonio Herrera utilizó como anó nimo el
libro de la Conquista. Después de su publicación, a partir de principios del
siglo xix, nuestra información sobre antigüedades mexi canas no puede
prescindir de la obra de Sahagún.
OBSERVACIONES
En la obra histórica de Sahagún se transparenta el
conflicto entre el propósito inicial de confundir la idolatría indígena y hacer
más eficaz la evangelización, gracias al conocimiento de las “enfermedades
espi rituales” que se iban a combatir, y el interés cada vez más dominante que
siente el historiador por la cultura indígena y la cordial afinidad que lo une
a los indios mismos con los que convive familiarmente largos años. En el
Prólogo que escribió al frente de su Historia general, cuando ya había pasado
casi medio siglo en México, puso estas palabras emo cionadas respecto al
destino de aquellos indios a los que se había con sagrado :
fueron tan atropellados y destruidos ellos y todas
sus cosas, que ninguna apariencia les quedó de lo que eran antes. Así están
tenidos por bárbaros y por gente de bajísimo quilate, como según verdad, en las
cosas de policía echan el pie delante de muchas otras naciones que tienen gran
presunción de políticas, sacando fuera algunas tiranías que su manera de regir
contenía.
El era ciertamente un cristiano y un evangelizador
convencido pero era también un hombre de extremada curiosidad científica y un
aman te de la justicia y del bien. Y aquella curiosidad tan largo tiempo cul
tivada y estas convicciones acrecidas tras de cada expolio y cada vio lencia
lo van ganando fatalmente a la causa de los vencidos y aun a la afición a su
propia cultura, hasta hacerlo casi olvidar el objetivo que se proponía.
Quizá percibieron este sutil deslizamiento
intelectual de la obra de Sahagún quienes, en su tiempo, la obstaculizaron y la
persiguieron. Aquí y allá, el franciscano sigue insistiendo en que sólo quiere
erradi car las viejas creencias, preocupación que se avivará en sus últimos
años ante la idea de que sus empeños evangelizadores y educativos han fra
casado. A fin de cuentas, su obra está rasgada por esta disputa interior
entre el misionero que quiere ser implacable y el
hombre de ciencia que ha acabado por amar el objeto de su estudio y que, paso a
paso, va erigiendo un monumento a sus enemigos.
Como lo ha señalado Luis Nicolau d’Olwer, la
preocupación lingüís tica de Sahagún es uno de los rasgos característicos y
dominantes de su obra de etnohistoria. Partiendo acaso de una idea de Olmos,
Sahagún considera que las “antigüedades mexicanas debían conservarse en la
propia lengua mexicana” y, por otra parte, está convencido de que el dominio de
la lengua principal del país, cuya riqueza y belleza pondera una y otra vez,
era indispensable para persuadir a los naturales y para conocer íntimamente sus
antiguos ritos, creencias, historia, modos de pensamiento y aun de
sensibilidad. Por todo ello, recoge en náhuatl principalmente las informaciones
etnohistóricas; traduce al náhuatl ser monarios, evangelios, explicaciones
doctrinales, himnos, oraciones y vidas de santos y, dentro de la propia
Historia general o como obras separa das, realiza varios intentos de artes y
vocabularios especializados del náhuatl. Estas preocupaciones lingüísticas
serán una de las causas de la desventura de su obra, cuando la Corona, hacia
1578 -1583, decide proscribir las obras de los religiosos en lenguas nativas,
considerando que podrían reavivar las idolatrías. Y por otra parte, esta
convicción de Sahagún de que la vía lingüística era el único camino para la
catc quesis, lo opondrá a la tesis que habían sostenido los primeros doce
franciscanos, sobre todo Motolinía, que desde años atrás se había mos trado
enemigo de que se removiesen las memorias de las idolatrías que él consideraba
del todo olvidadas ( Memoriales, I, 32; Historia, III, xx).
ALGUNAS
NOTAS SOBRE EL
ESTILO DE SAHAGUN
Sahagún, que no era hombre de mucha frecuentación
de libros ajenos ni dado a escribir memoriales y alegatos, concentrado en su
larga em presa de investigación lingüística y etnográfica para lograr la
evangeli-zación de los naturales, se fue creando un instrumento expresivo que
satisfacía lo mejor posible sus necesidades. Como debió tener escasas lecturas
de los grandes prosistas españoles de su tiempo, echa mano de los modos de
expresión tradicionales y populares, esto es, de la lengua que de muchacho había
aprendido en su región leonesa. De ahí que su estilo en español contenga
palabras en desuso y giros familiares. La suya es, pues, una lengua arcaizante,
en la que subsisten ciertas formas medievales que los nuevos prosistas
españoles, preocupados por la depuración de la lengua, comienzan a abandonar.
(Como apéndice al presente estudio va una lista de algunos de los arcaísmos y
expresio nes coloquiales en la obra de Sahagún).
Por otra parte, el hecho de que la Historia general
de las cosas de Nueva España sea substancialmente una traducción y
reelaboración de
XCVIII
textos en náhuatl, determina en su lengua dos
especies de contamina
ciones. En primer lugar, una abundancia de nombres en esta lengua,
no sólo propios o comunes citados, sino
designaciones de cosas de la tierra
que él
adopta naturalmente, y así escribe ya, españolizándolas: agua
cate, atole, chalchihuites, chile,
chocolate, guajolote, huípil,
jicama,
jicara, tamal zapote y tlapanco, que luego se
volverá tapanco. Sahagún
se sirve también de voces tainas y caribes de
reciente ingreso, como ají,
areito, cacique,
caimán, canoa, iguana, nequén (por henequén), tabaco
y tuna. En segundo lugar, en el estilo de Sahagún
aparece una especie
de contaminación
con las estructuras sintácticas
acumulativas del ná
huatl. Como observó Alfredo López Austin, Sahagún
“acabó escribiendo
en castellano con
un estilo muy semejante al que había aprendido de
labios de
sus ancianos informantes en lengua
náhuatl” ( “Introducción”
a Augurios y abusiones, 1969,
p. 7). Y cuando mezcla la traducción
de
noticias dadas por
los informantes indios
con observaciones y re
cuerdos personales, en estos últimos sigue por
inercia los esquemas sin
tácticos del náhuatl.
Otro es el caso del Sahagún que, por lo regular en
sus últimos años,
escribe prólogos y otros preliminares para los
libros de su Historia gene
ral o les agrega apéndices, cavilaciones y
confutaciones. La calidad de
estos textos es desigual. Cuando Sahagún escribe de
lo que le importa
más entrañablemente, de lo que ha sido su obra de muchos años que
siente en peligro e incomprendida, es claro,
elocuente y persuasivo, como
en el prólogo al libro I, en que se expone el
origen y el plan general de
su prólogo y hace
una apología de la capacidad cultural de los indios;
el prólogo al libro II en que expone el método de
elaboración del con
junto de
su obra y los problemas y obstáculos
que debió afrontar,
y
en el ensayo acerca del fracaso educativo (lib. X,
cap. xxvii). En cam
bio, Sahagún escribe con estilo apelmazado y
repetitivo cuando lo per
turba
la ira, como
en el apéndice
contra Motolinía del
libro IV, o
cuando, ya anciano de 85 años, en el prólogo al
libro XII quiere explicar
el cambio de nociones que significó el
descubrimiento de América.
Con todo, es
preciso tener en cuenta que Sahagún
es sobre todo, y
en la parte medular de su obra, el organizador de
una vasta investiga
ción y su intérprete en español. Como tal,
sus exposiciones son claras
aunque a menudo monótonas, pues no se esfuerza en
variar las formas
de presentación y los enlaces; pero sus escritos
están casi siempre como
iluminados por una simpatía y una viva curiosidad
por cuantos temas
expone, y no carecen
de discretos rasgos de humor y de
picardía.
HACIA LA
EDICION COMPLETA Y CRITICA
DE
SAHAGUN Y SUS INFORMANTES
Mucho se ha avanzado, desde el primer tercio del
siglo xix en el conoci miento de esta “enciclopedia de la cultura de los
nahuas”, como la llama
Garibay, que
es la obra de Sahagún y sus informantes.
Pero a pesar
de la importancia de las ediciones facsimilares de
los manuscritos ori
ginales, de las ediciones modernas de la Historia general, de la trans
cripción y traducción al inglés de la parte
náhuatl del Códice floren
tino, de los
volúmenes publicados con
traducciones españolas de los
Textos de
los Informantes y del importante conjunto
de traducciones,
estudios e investigaciones, mucho es lo que resta
aún por hacer.
A principios de siglo, Francisco del Paso y
Troncoso, en un Informe
del 31 de
agosto de 1909 acerca de
las ediciones de Sahagún que
dirigía (Silvio Zavala, Francisco del
Paso y Troncoso, Su misión
en
Europa 1892-1916, 1938, p. 72), resumía así su
criterio: para las ilus
traciones conviene utilizar “todas las pinturas
conservadas en los Códices
de
Florencia y de Madrid;
para la edición
de los textos en la
parte
mexicana
debe darse a los de
Madrid toda preferencia, conservando
los textos mexicanos de Florencia como simple
variante instructiva; por
último, para
los textos castellanos hay que desechar absolutamente los
de
Florencia, y hacer la
edición según el
texto del códice
castellano
[Manuscrito de
Tolosa] de Madrid”.
Paso y Troncoso tenía que elegir e iniciar el
trabajo, y lo hizo con
gran competencia y buen juicio. Sin embargo,
el criterio actual consi
dera el
problema de la edición de Sahagún
con una perspectiva
más
amplia. Ciertamente, es necesario reproducir las
ilustraciones de todos
los códices, tanto por separado como en su lugar; y
respecto a los textos
en náhuatl, a pesar de que sigue considerándose que
los Códices matri
tenses son los que ofrecen materiales nuevos o más
amplios, en relación
con la versión española, se reconoce también la importancia del texto
náhuatl del Códice florentino — como lo ha mostrado la transcripción
paleográfica y la traducción al inglés que de dicho
texto hicieron An-
derson y Dibble— , texto que puede considerarse
como la versión final
de los tantas
veces rehechos manuscritos en
náhuatl. Y en cuanto
al
texto
en español, el criterio
actual parece ser contrario
al de Paso y
Troncoso. Como antes se ha expuesto, hoy se
considera que “el códice
castellano de Madrid”, esto es el manuscrito que se
encontró en Tolosa
de donde pasó a Madrid, es una copia enmendada,
“purificada” y pre
parada para
su edición de la parte española del
Códice florentino, al
que sigue siendo indispensable recurrir, como lo
han hecho los editores
recientes de la Historia general.
La
edición crítica que debemos a Sahagún debe considerar por pri
mera vez
la totalidad de su obra. En principio,
por lo que se refiere
a la Historia
general y a sus complementos, deberían reproducirse foto
gráficamente,
y en color siempre
que hubiera ilustraciones, todos
los
antiguos manuscritos o códices, lo mismo
los primeros y segundos de
los informantes indígenas,
el Códice florentino
—náhuatl, español— ,
el Manuscrito
de Tolosa y los manuscritos parciales de la Historia
gene
ral: Manuscrito del Archivo Secreto del Vaticano,
firmado por Sahagún,
con partes de los libros I y II; manuscrito del
libro IV con un extenso prólogo inédito, que se encuentra en la Biblioteca
Nacional de México; el manuscrito Memoriales en español, con los libros I a V,
ya citado, publicado por Paso y Troncoso pero no transcrito, y las adiciones de
1585, Calendario y Arte Adivinatoria, que se conservan en la Biblioteca
Nacional de México, todos ellos paleografiados y, en su caso, traducidos al
español. De las diversas versiones en náhuatl no parece posible esta blecer variantes
en relación con un texto principal — salvo que éste pudiera ser el del Códice
florentino — , sino, a lo más, ir señalando la elaboración y la correspondencia
de los textos hasta llegar a su última etapa. Y en cuanto a las versiones en
español, acaso el camino a seguir sería dar el texto del Florentino e ir
señalando las variantes que existan en el Manuscrito de Tdiosa y en las otras
copias o versiones parciales.
Otro tanto debiera hacerse con el resto de la obra
de Sahagún, tan descuidada hasta ahora hasta el punto de que, al menos en la
Ayer Collection de Chicago, existen manuscritos inéditos. Otras de las obras
menores de Sahagún han sido publicadas en revistas o libros sumamente raros y,
algunos, parcialmente. El único libro impreso en vida de Saha gún, la
Psalmodia christiana (México, 1583), nunca ha sido repro ducido completo,
salvo la descripción bibliográfica y la reproducción de cuatro de sus grabados,
que aparecen en la Bibliografía mexicana del siglo XVI (ed. 1954, pp. 322-7),
de García Icazbalceta. Todos estos trabajos de evangelización y lingüística en
términos generales, ma nuscritos o impresos, podrían igualmente, ser
reproducidos, paleografia dos y, en su caso traducidos al español. Todo ello
acompañado del apa rato de estudios, documentación y crítica adecuado, de
manera de tener accesible, al fin, y debidamente estudiado, el mayor documento
con que contamos acerca de nuestras antigüedades etnohistóricas.
Esta es una tarea de tal magnitud que tal vez sea
preferible empren derla con la asociación de las instituciones que hasta ahora
han auspi ciado estudios sahaguntinos: el Gobierno de México y la Universidad
Nacional Autónoma de México, a través de su Instituto de Investigacio nes
Históricas; el Seminario de Estudios Americanistas, de Madrid, y la Institución
“Fray Bernardino de Sahagún”, de León, en España; The School of American
Research y la University of Utah, editoras del Códice florentino; y la primera,
además, patrocinadora del Semina rio Sahaguntino cuyos trabajos se reunieron
en el volumen Sixteenth-century. The work of Sahagún (1974); y la University of
Texas, cuyo
Handbook of Middle American indians, y
especialmente sus volúmenes
12 a 15, Guide to etnohistorical sources, contienen
trabajos tan con cienzudos acerca de nuestros historiadores antiguos y
especialmente sobre Sahagún (parte 2). Con los esfuerzos conjuntos de estas
institu ciones, y el trabajo de los sabios especialistas sahaguntinos que hoy
existen, en un plazo relativamente breve, se pueden sentar las bases
para afirmar que ya pueden ser posibles el
conocimiento y la apreciación de la totalidad de la obra de Sahagún y de sus
informantes y auxiliares indígenas.
JOSÉ
LUIS MARTÍNEZ
CII
CRITERIO DE ESTA EDICION
El propósito de esta obra es realizar una
reordenación y un agrupamiento de los
textos más representativos
de la Historia general de las cosas
de Nueva España,
de fray Bernardino de Sahagún, de modo que se
destaquen los principales temas
tratados y se facilite su consulta.
Sahagún dispuso
su obra como una enciclopedia
medieval, que desciende
de
lo divino a lo humano y a la vida natural; pero al mismo tiempo, con
ideas
renacentistas se interesó en las investigaciones
antropológicas, étnicas y lingüísti
cas para tratar de rescatar la pluralidad de
contenido de una cultura. La presente
obra pretende destacar estos rasgos humanistas y
propone una nueva ordenación
que acerque a Sahagún a nuestro propio mundo.
Como la suya fue una investigación realizada
durante muchos años y en varias
etapas, a menudo los materiales sobre un mismo tema
quedaron dispersos. Por
ello, se
intenta ahora agruparlos.
Sahagún nombró
a su Historia general de las cosas de Nueva España porque
así vino a llamarse
temporalmente el país; pero como se refiere principalmente
a las antigüedades del altiplano mexicano, se ha
adoptado como título El México
antiguo.
La selección se sirve en lo fundamental de la
cuidadosa edición preparada por
Joaquín Ramírez Cabañas y Wigberto Jiménez Moreno para la Editorial Pedro
Robredo, en México, 1938, normalizando la ortografía. Y
con el
propósito de
dar una idea de la importancia de los textos de los
informantes indígenas que
quedaron
sólo en náhuatl,
y de enriquecer
el contenido de la obra,
se han
incorporado en varios lugares traducciones del
náhuatl al español realizadas por
Angel María Garibay
K., para ediciones
de la UNAM,
y por Alfredo
López
Austin —
a quien expreso
mi reconocimiento por su autorización
para repro
ducirlas. Asimismo, se
han incluido pasajes de la
versión española corregida
en 1585 del Libro
de la Conquista, que
aparecen en la edición Robredo. La
Tabla de correspondencias precisa los textos
recogidos en cada sección.
Las notas añadidas al texto se identifican con las iniciales R. C. las de Joa
quín Ramírez Cabañas; L. A. las de Alfredo López
Austin y M. las del suscrito.
j . L . M .
CHI
TABLA DE CORRESPONDENCIAS
Preliminares. Plan, propósito y método de la obra,
prólogo a los libros I,
II y IX.
I TIERRA
Y CIELO
El mundo natural:
lib. XI, caps. 1-8, 11 y 12.
Astros y fenómenos celestes: lib. VII, caps. 1-5 y 7.
II EL
HOMBRE Y SUS RECURSOS
El ciclo vital: lib. VI, caps. 23, 25, 27, 28, 31 y 37, y lib. IV, caps.
34, 36 y 39.
Pueblos y señores: prólogo al lib. VIII; lib. X,
cap. 29 y lib. VIII, caps.
1, 9,
10, 13-15 y 17-
19.
La gente y sus oficios: lib. X, caps. 4, 8, 11, 12,
14-7 y 24; lib. IX, cap. 15 y versiones de los Códices matritenses.
Comercio: lib. IX, caps. 1, 4, 5 y versión de los
Códices matritenses.
III LA CULTURA
Filosofía moral: lib. VI, prólogo y caps. 2, 4, 6,
8-10, 18 y 19.
Educación:
lib. III, apéndice caps. 4-9; lib. VI,
caps. 21 v 22, y lib.
X, cap, 27.
Calendario y Fuego Nuevo: lib. IV, apéndice, y lib.
VII, caps. 8-13.
Arte de adivinar: lib. IV, prólogo y caps. 1-9, 11,
16, 17, 23, 25, 27, 28, 31 y 32.
Agüeros y abusiones: lib. V, Agüeros, prólogo y
caps. 2, 3 y 5; Abusio nes,
prólogo y fragmentos, y versiones
de Primeros memoriales,
Códices matritenses y Códice florentino.
Medicina: lib. X, cap. 28 y lib. XI, cap. 7.
IV RELIGION
Y MITOS
Origen de los dioses: lib. II, caps. 1-6 y
10-14.
Mitos cosmogónicos:
lib. VII, caps. 2 y 5.
Los dioses: lib. I, caps. 1-14,
16, 19 y 21.
Fiestas, ritos, templos y sacerdotes: Lib.
II, caps.
35 y 37 y apéndice caps. 1-6.
Himnos: lib.
II, cap. 6, versión de los núms. 3,
Después de la muerte: lib. III, apéndice caps. 1-3.
Nuevos y viejos cultos: lib. XI, apéndice.
5, 19, 24,
28, 33,
4, 8, 12, 15
y 20.
V EL FIN
DEL MEXICO ANTIGUO
La conquista: lib. XII nota “Al lector” v caps. 1,
4, 5, 9, 10, 11, 13, 16, 17 19-21, 23, 24, 29-32, 34, 35, 37-39, 41; adición de
la versión náhuatl, cap. 7, y de la versión corregida de 1585 al cap. 7 y cap.
15.
EL MEXICO ANTIGUO
PROLOGO
PROYECTO GENERAL, CONTENIDO Y PROPOSITO DE LA OBRA
El médico no puede acertadamente aplicar las
medicinas al enfermo (sin) que primero conozca de qué humor, o de qué causa
proceda la enfer medad; de manera que el buen médico conviene sea docto en el
cono cimiento de las medicinas y en el de las enfermedades, para aplicar
conveniblemente a cada enfermedad la medicina contraria (y porque), los
predicadores y confesores médicos son de las ánimas, para curar las
enfermedades espirituales conviene (que) tengan experiencia de las me dicinas
y de las enfermedades espirituales: el predicador de los vicios de la
república, para enderezar contra ellos su doctrina; y el confesor, para saber
preguntar lo que conviene y entender lo que dijesen tocante a su oficio,
conviene mucho que sepan lo necesario para ejercitar sus oficios; ni conviene
se descuiden los ministros de esta conversión, con decir que entre esta gente
no hay más pecados que borrachera, hurto y carnalidad, porque otros muchos
pecados hay entre ellos muy más graves y que tienen gran necesidad de remedio: Los
pecados de la idola tría y ritos idolátricos, y supersticiones idolátricas y
agüeros, y abusiones y ceremonias idolátricas, no son aún perdidos del todo.
Para predicar contra estas cosas, y aun para saber
si las hay, menes ter es de saber cómo las usaban en tiempo de su idolatría,
que por falta de no saber esto en nuestra presencia hacen muchas cosas idolá
tricas sin que lo entendamos; y dicen algunos, excusándolos, que son boberías o
niñerías, por ignorar la raíz de donde salen — que es mera idolatría, y los
confesores ni se las preguntan ni piensan que hay tal cosa, ni saben lenguaje
para se las preguntar, ni aun lo entenderán aunque se lo digan— . Pues por que
los ministros del Evangelio que sucederán a los que primero vinieron, en la
cultura de esta nueva viña del Señor no tengan ocasión de quejarse de los
primeros, por haber dejado a oscuras las cosas de estos naturales de esta Nueva
España, yo, fray Bernardino de Sahagún, fraile profeso de la Orden de Nuestro
Seráfico P. San Francisco, de la observancia,
natural de la Villa de Sahagún, en Campos, por mandato del muy reverendo padre
el P. fray Francisco Toral, provincial de esta Provincia del Santo Evangelio, y
des pués Obispo de Campeche y Yucatán, escribí doce libros de las cosas
divinas, o por mejor decir idolátricas, y humanas y naturales de esta Nueva
España: El primero de los cuales trata de los dioses y diosas que estos
naturales adoraban; el segundo, de las fiestas con que los honra ban; él
tercero, de la inmortalidad del ánima y de los lugares donde decían que iban
las almas desde que salían de los cuerpos, y de los sufra gios y obsequias que
hacían por los muertos; él cuarto libro trata de la astrología judiciaria que
estos naturales usaban, para saber la fortuna buena o mala que tenían los que
nacían; él quinto libro trata de los agüeros que estos naturales tenían para
adivinar las cosas por venir; el libro sexto trata de la Retórica y Filosofía
Moral, que estos naturales usaban; el séptimo libro trata de la Filosofía
Natural que estos naturales alcanzaban; el octavo libro trata de los señores y
de sus costumbres y maneras de gobernar la república; el libro nono trata de
los mercaderes y otros oficiales mecánicos, y de sus costumbres; el libro
décimo trata de los vicios y virtudes de estas gentes, al propio de su manera
de vivir; el libro undécimo trata de los animales, aves y peces, y de las
genera-dones que hay en esta tierra, y de los árboles, yerbas y flores y
frutos,
metales y piedras y otros minerales; el libro duodécimo se
intitula La
Conquista de México.
Estos doce libros, con el arte y vocabulario
apéndice, se acabaron de sacar en blanco este año de mil quinientos y sesenta y
nueve. Aún no se ha podido romanzar, ni poner los escolios según la traza de la
obra; no sé lo que se podría hacer en él año de setenta que se sigue, pues
desde el dicho año, hasta casi el fin de este año de mil quinientos y setenta y
cinco no se pudo más entender en esta obra, por el gran disfavor que hubo de
parte de los que la debieron de favorecer: pero como llegó a esta tierra nuestro
Rmo. P. Fray Rodrigo de Sequera, Comisario General de todas estas Provincias de
esta Nueva España, Gua temala, etc., de la Orden de Nuestro Seráfico P. San
Francisco, de la observancia, mandó que estos libros todos se romanzasen, y así
en roman ce como en lengua mexicana se escribiesen de buena letra.
Es esta obra como una red barredera para sacar a
luz todos los voca blos de esta lengua con sus propias y metafóricas
significaciones, y todas sus maneras de hablar, y las más de sus antiguallas
buenas y malas; es para redimir mil canas, porque con harto menos trabajo de lo
que aquí me cuesta, podrán los que quisieren saber en poco tiempo muchas de sus
antiguallas y todo el lenguaje de esta gente mexicana. Aprovecha-rá mucho toda
esta obra para conocer el quilate de esta gente mexicana, él cuál aún no se ha
conocido, porque vino sobre ellos aquella maldi ción que Jeremías de parte de
Dios fulminó contra Judea y Jerusalem, diciendo, en él Cap. 5?: yo haré que
venga sobre vosotros, yo traeré
contra vosotros una gente muy de lejos, gente muy
robusta y esforzada, gente muy antigua y diestra en el ■pelear, gente cuyo
lenguaje no enten deréis ni jamás oísteis su manera de hablar; toda gente
fuerte y animosa, codiciosísima de matar. Esta gente os destruirá a vosotros y
a vuestras mujeres e hijos, y todo cuanto poseeis, y destruirá todos vuestros
pueblos y edificios. Esto a la letra ha acontecido a estos indios con los
españo les: fueron tan atropellados y destruidos ellos y todas sus cosas, que
ninguna apariencia les quedó de lo que eran antes. Así están tenidos por
bárbaros y por gente de bajísimo quilate — como según verdad, en las cosas de
policía echan el pie delante a muchas otras naciones que tienen gran presunción
de políticos, sacando fuera algunas tiranías que su manera de regir contenía— .
En esto poco que con gran trabajo se ha rebuscado parece mucho la ventaja que
hicieran si todo se pudie ra haber.
En lo que toca a la antigüedad de esta gente
tiénese por averiguado que ha más de dos mil años que habitan en esta tierra
que ahora se llama la Nueva España: Porque por sus pinturas antiguas hay
noticia que aquella famosa ciudad que se llamó Tula ha ya mil años o muy cerca
de ellos que fue destruida, y antes que se edificase, los que la edificaron
estuvieron muchos poblados en Tülantzinco, donde dejaron muchos edi ficios muy
notables; pues en lo que allí estuvieron y en lo que tardaron en edificar la ciudad
de Tula, y en lo que duró en su prosperidad antes que fuese destruida, es
cónsono a verdad que pasaron más de mil años, de lo cual residta que por lo
menos quinientos años antes de la Encar nación de nuestro Redentor esta tierra
era poblada. Esta célebre y gran ciudad de Tula, muy rica y decente, muy sabia
y muy esforzada, tuvo la adversa fortuna de Troya. Los chololtecas, que son los
que de ella se escaparon, han tenido la sucesión de los romanos, y como los
romanos edificaron el Capitolio para su fortaleza, así los cholulanos
edificaron a mano aquel promontorio que está junto a Chólula, que es como una
sierra o un gran monte, y está todo lleno de minas o cuevas por de dentro.
Muchos años después los mexicanos edificaron la ciudad de Mé xico, que es otra
Venecia, y ellos, en saber y en policía son otros vene cianos. Los
tlaxcaltecas parecen haber sucedido en la fortuna de los cartagineses. Hay
grandes señales de las antiguallas de estas gentes, como hoy día parece en Tula
y en Tülantzinco, y en un edificio llamado Xochicalco, que está en los términos
de Quauhnáhuac; y casi en toda esta tierra hay señales y rastro de edificios y
alhajas antiquísimos.
Es, cierto, cosa de grande admiración que haya
nuestro señor Dios tantos siglos ocultado una selva de tantas gentes idólatras,
cuyos frutos ubérrimos sólo el demonio los ha cogido, y en el fuego infernal
los tiene atesorados; ni puedo creer que la Iglesia de Dios no sea próspera
donde la sinagoga de Satanás tanta prosperidad ha tenido, conforme aquello de
San Pablo: abundará la gracia adonde abundó el delito. Del saber, o sabiduría
de esta gente, hay fama que fue mucha como parece en el
libro décimo donde, en el capítulo XXIX, se habla
de los primeros po bladores de esta tierra, donde se afirma que fueron
perfectos filósofos y astrólogos y muy diestros en todas las artes mecánicas de
la fortaleza, la cual entre ellos era más estimada que ninguna otra virtud, y
por la que subían al último grado del valer; tenían de esto grandes ejercicios,
como parece en muchas partes de esta obra. En lo que toca a la religión y
cultura de sus dioses no creo ha habido en el mundo idólatras tan reverenciadores
de sus dioses, ni tan a su costa, como éstos de esta Nueva España; ni los
judíos, ni ninguna otra nación tuvo yugo tan pesado y de tantas ceremonias como
le han tomado estos naturales por espacio de muchos años, como parece por toda
esta obra.
Del origen de esta gente la relación que dan los
viejos es que por la mar vinieron, de hacia el norte, y cierto es que vinieron
en algunos vasos de manera (que) no se sabe cómo eran labrados, sino que se
con jetura que una fama que hay entre todos estos naturales, que salieron de
siete cuevas, que estas siete cuevas son los siete navios o galeras en que
vinieron los primeros pobladores de esta tierra, según se colige por conjeturas
verosímiles; la gente primero vino a poblar a esta tierra de hacia la Florida,
y costeando vino y desembarcó en el puerto de Pánuco, que ellos llaman Panco,
que quiere decir lugar donde llegaron los que
pasaron el agua. Esta gente venía en demanda del
paraíso terrenal, y traían por apellido Tamoanchan, que quiere decir, buscamos
nuestra casa; y poblaban cerca de los más altos montes que hallaban. En venir
hacia el mediodía a buscar el paraíso terrenal, no
erraban, porque opinión es de los que escriben que está debajo de la línea
equinoccial; y en pensar que es algún altísimo monte tampoco yerran, porque así
lo dicen los escritores, que el paraíso terrenal está debajo de la línea
equinoccial y que es un monte altísimo que llega su cumbre cerca de la luna.
Pa rece que ellos, o sus antepasados, tuvieron algún oráculo cerca de esta
materia, o de Dios, o del demonio, o tradición de los antiguos que vino de mano
en mano hasta ellos. Ellos buscaban lo que por vía humana no se puede hallar, y
nuestro señor Dios pretendía que la tierra despo blada se poblase para que
algunos de sus descendientes fuesen a poblar el paraíso celestial como ahora lo
vemos por experiencia; mas ¿para qué me detengo en contar adivinanzas?, pues es
certísimo que estas gentes todas son nuestros hermanos, procedentes del tronco
de Adán como
nosotros, son nuestros prójimos, a quien somos
obligados a amar como a nosotros mismos, quid quid sit.
De lo que fueron los tiempos pasados, vemos por
experiencia ahora que son hábiles para todas las artes mecánicas, y las
ejercitan; son tam bién hábiles para aprender todas las artes liberales, y la
santa Teología, como por experiencia se ha visto en aquellos que han sido
enseñados en estas ciencias; por que de lo que son en las cosas de guerra,
experiencia se tiene de ellos, así en la conquista de esta tierra como de otras
par ticulares conquistas, que después acá se han hecho, cuán fuertes son en
sufrir trabajos de hambre y sed, frío y sueño, cuán
ligeros y dispuestos para acometer cualesquiera trances peligrosos. Pues no son
menos há biles para nuestro cristianismo sino en él debidamente fueron
cultivados;
cierto, parece que
en estos nuestros tiempos, y en estas tierras y con
esta gente, ha querido Nuestro Señor Dios restituir a la Iglesia lo que
el demonio la ha robado (en) Inglaterra, Alemania y Francia, en Asia
y Palestina, de lo cual quedamos muy obligados de
dar gracias a Nuestro
Señor y trabajar fielmente en esta su Nueva España.
(Lib. I)
AL SINCERO LECTOR
Cuando esta obra se comenzó, comenzóse a decir de
los que lo supieron que se hacía un Calepino, y aun ahora no cesan muchos de
preguntarme que ¿en qué términos anda él Calepino? Ciertamente fuera harto pro
vechoso hacer una obra tan útil para los que quieren aprender esta lengua
mexicana, como Ambrosio Calepino la hizo para los que quieren aprender la
lengua latina, y la significación de sus vocablos; pero cier tamente no ha
habido oportunidad, por que Calepino sacó los vocablos y las significaciones de
ellos, y sus equivocaciones y metáforas, de la lección de los poetas y oradores
y de los otros autores de la lengua latina, autorizando todo lo que dice con
los dichos de los autores, el cual fun damento me ha faltado a mí, por no
haber letras ni escritura entre esta gente; y así me fue imposible hacer
Calepino. Pero eché los funda mentos para (que) quien quisiere con facilidad
le pueda hacer, porque por mi industria se han escrito doce libros de lenguaje
propio y natural de esta lengua mexicana, donde allende de ser muy gustosa y
provechosa escritura, hallarse han también en ella todas maneras de hablar, y
todos los vocablos que esta lengua usa, tan bien autorizados y ciertos como lo
que escribió Virgilio, y Cicemn, y los demás autores de la lengua latina.
Van estos doce libros de tal manera trazados que
cada plana lleva tres columnas: la primera, de lengua española; la segunda, la
lengua mexicana; la tercera, la declaración de los vocablos mexicanos, señala
dos con sus cifras. En ambas partes lo de la lengua mexicana se ha acabado de
sacar en blanco, todos doce libros; lo de la lengua española, y los escolios no
está hecho, por no haber podido más, por falta de ayuda y de favor. Si se me
diese la ayuda necesaria, en un año o poco más se acabaría todo; y cierto, si
se acabase sería un tesoro para saber muchas cosas dignas de ser sabidas, y
para con facilidad saber esta lengua con todos sus secretos, y sería cosa de
mucha estima en la Nueva
y Vieja España. (Lib.
I)
PROLOGO
METODO Y ETAPAS DE LA INVESTIGACION
Todos los escritores trabajan de autorizar sus
escrituras lo mejor que pueden, unos con testigos fidedignos, otros con otros
escritores que antes de ellos han escrito, los testimonios de los cuales son
habidos por ciertos; otros con testimonio de la Sagrada Escritura. A mí me han
faltado todos estos fundamentos para autorizar lo que en estos doce libros
tengo es crito, y no hallo otro fundamento para autorizarlo sino poner aquí la
relación de la diligencia que hice para saber la verdad de todo lo que en estos
libros se escribe.
Como en otros prólogos de esta obra he dicho, a mí
me fue mandado por santa obediencia de mi prelado mayor, que escribiese en
lengua mexicana lo que me pareciese ser útil para la doctrina, cultura y
manu-tencia de la cristiandad de estos naturales de esta Nueva España, y para
ayuda de los obreros y ministros que los doctrinan. Recibido este man
damiento, hice en lengua castellana una minuta o memoria de todas las materias
de que había de tratar, que fue lo que está escrito en los doce libros, y la
apostilla y cánticos. Lo cual se puso de prima tijera en el pueblo de
Tepepulco, que es de la provincia de Acolhuacan o Tezcuco, (e) hízose de esta
manera.
En él dicho pueblo hice juntar todos los
principales con el señor del pueblo, que se llamaba don Diego de Mendoza,
hombre anciano, de gran marco y habilidad, muy experimentado en todas las cosas
curiales, béli cas y políticas y aun idolátricas. Habiéndolos juntado
propáseles lo que pretendía hacer y les pedí me diesen personas hábiles y
experimentadas, con quien pudiese platicar y me supiesen dar razón de lo que
les pre guntase. Ellos me respondieron que se hablarían cerca de lo propuesto,
y que otro día me responderían, y así se despidieron de mí. Otro día vinieron
el señor con los principales, y hecho un muy solemne parla mento, como ellos
entonces le usaban hacer, señaláronme hasta diez o doce principales ancianos, y
dijéronme que con aquellos podía comu
nicar y que ellos me darían razón de todo lo que
les preguntase. Estaban también allí hasta cuatro latinos, a los cuales yo
pocos años antes había enseñado la Gramática en el Colegio de Santa Cruz en el
Tlatelolco.
Con estos principales y gramáticos, también
principales, platiqué mu chos días, cerca de dos años, siguiendo la orden de
la minuta que yo tenía hecha.
Todas las cosas que conferimos me las dieron por
pinturas, que aquella era la escritura que ellos antiguamente usaban, y los
gramáticos las declararon en su lengua, escribiendo la declaración al pie de la
pintura. Tengo aún ahora estos originales. También en este tiempo dicté la
apostilla y los cantares: escribiéronlos los latinos en el mismo pueblo de
Tepepulco.
Cuando al Capítulo donde cumplió su hebdómada el
padre fray Fran cisco Toral, el cual me impuso esta carga, me mudaron de
Tepepulco, llevando todas mis escrituras fui a morar a Santiago de Tlatelolco,
donde juntando (a) los principales les propuse el negocio de mis escrituras y
les demandé me señalasen algunos principales hábiles, con quien exa minase y
platicase las escrituras que de Tepepulco traía escritas. El gobernador con los
alcaldes, me señalaron hasta ocho o diez principales, escogidos entre todos,
muy hábiles en su lengua y en las cosas de sus antiguallas, con los cuales y
con cuatro o cinco colegiales todos trilingües, por espacio de un año y algo
más, encerrados en el Colegio, se enmendó, declaró y añadió todo lo que de
Tepepulco traje escrito, y todo se tornó a escribir de nuevo, de ruin letra
porque se escribió con mucha prisa. En este escrutinio o examen el que más
trabajó de todos los colegiales fue Martín Jacovita, que entonces era rector
del Colegio, vecino de Tlatelolco, del barrio de Santa Ana.
Habiendo hecho lo dicho en el Tlatelolco, vine a
morar a San Fran cisco de México con todas mis escrituras, donde por espacio
de tres años pasé y repasé a mis solas estas mis escrituras, y las torné a
enmendar y las dividí por libros, en doce libros, y cada libro por capítulos y
algu nos libros por capítulos y párrafos. Después de esto, siendo provincial
el padre fray Miguel Navarro y guardián de México el padre fray Diego de
Mendoza, con su favor se sacaron en blanco, de buena letra, todos los doce libros,
y se enmendó y sacó en blanco la apostilla y los can tares, y se hizo un arte
de la lengua mexicana con un vocabulario apén dice, y los mexicanos añadieron
y enmendaron muchas cosas a los doce libros, cuando se iban sacando en blanco,
de manera que el primer cedazo por donde mis obras cirnieron fueron los de
Tepepulco; el se gundo, los de Tlatelolco; el tercero, los de México; y en
todos estos escrutinios hubo gramáticos colegiales. El principal y más sabio
fue Antonio Valeriano, vecino de Azcapotzalco; otro, poco menos que éste, fue
Alonso Vegerano vecino de Cuauhtitlan; otro fue Martín Jacovita, de que arriba
hice mención. Otro, Pedro de San Buenaventura, vecino de Cuauhtitlan; todos
expertos en tres lenguas, latina, española e in
diana. Los escribanos que sacaron de buena letra
todas las obras son Diego de Grado, vecino de Tlatelolco, del barrio de la
Concepción; Bonifacio Maximiliano, vecino de Tlatelolco, del barrio de San
Martín; Mateo Severino, vecino de Xochimilco, de la parte de Utlac.
Desde que estas escrituras estuvieron sacadas en
blanco, con el favor de los padres arriba nombrados, en que se gastaron hartos
tomines con los escribientes, el autor de ellas demandó al padre Comisario fray
Francisco de Ribera que se viesen de tres o cuatro religiosos, para que
aquellos dijesen lo que les parecía de ellas, en el Capítulo provincial que
estaba propincuo: los cuáles las vieron y dieron relación de ellas al
definitorio en el mismo Capítulo, diciendo lo que les parecía; y dijeron en el
definitorio que eran escrituras de mucha estima y que debían ser favorecidas
para que se acabasen. Algunos de los definidores les pareció que era contra la
pobreza gastar dineros en escribirse aquellas escrituras, y así mandaron al
autor que despidiese a los escribanos y que él solo escribiese de su mano lo
que quisiere en ellas. El cuál, como era mayor de setenta años y por temblor de
la mano no puede escribir nada ni se pudo alcanzar dispensación de este
mandamiento, estuvieron las escri turas sin hacer nada en ellas más de cinco
años.
En este tiempo, en el Capítulo siguiente, fue
elegido por custos custodum para el Capítulo general, el padre fray Miguel
Navarro, y por Provincial el padre fray Alonso de Escalona. En este tiempo el
autor
hizo un sumario de todos los libros y de todos los
capítulos de cada libro, y los prólogos, donde en brevedad se decía todo lo que
se contenía en los libros; (y) este sumario llevaron a España el padre fray
Miguel Navarro y su compañero el padre fray Gerónimo de Mendieta. Y así se puso
en España lo que estaba escrito acerca de las cosas de esta tierra. En este
medio tiempo el padre Provincial tomó todos los libros al dicho autor y se
esparcieron por toda la Provincia, donde fueron vistos de muchos religiosos y
aprobados por muy preciosos y provechosos.
Después de algunos años, volviendo del Capítulo
general el padre fray Miguel Navarro, el cual vino por Comisario de estas
partes, con censuras tornó a recoger los dichos libros a petición del autor; y
desde que estuvieron recogidos, de allí a un año poco más o menos, vinieron a
poder del autor. En este tiempo ninguna cosa se hizo en ellos, ni hubo quien
(los) favoreciese, para acabarse de traducir en romance, hasta que el padre
Comisario General fray Rodrigo de Sequera vino a estas partes y los vio, y se
contentó mucho de ellos, y mandó al autor que los tra dujese en romance y
proveyó de todo lo necesario para que se escribiesen de nuevo, la lengua
mexicana en una columna y él romance en la otra, para enviarlos a España,
porque los procuró el ilustrísimo señor don Juan de Ovando, Presidente del
Consejo de Indias, porque tenía noticia de estos libros por razón del sumario
que el dicho padre fray Miguel Navarro había llevado a España, como arriba se
dijo.
Todo lo sobredicho hace al propósito de que se
entienda que esta obra ha sido examinada y depurada por muchos, y en muchos
años, y se han pasado muchos trabajos y desgracias hasta ponerla en el estado
que ahora está.
(Lib. II)
PROLOGO
EL ORDEN QUE SIGUE LA “HISTORIA GENERAL”
La primera orden que se ha tenido en esta Historia
es que primeramente y en los primeros libros se trató de los dioses y de sus
fiestas, y de sus
sacrificios, y de sus templos, y de todo lo
concerniente a su servicio, y de esto se escribieron los primeros cinco libros;
y de ellos el postrero
fue el libro quinto, que trata de la arte
adivinatoria y que también habla de las cosas sobrenaturales; en todos estos
cinco libros se trata de lo que he dicho. El sexto libro trata de la Retórica y
Filosofía Moral que estos naturales alcanzaron, donde se ponen muchas maneras
de oraciones, muy elegantes y morales, y aun las que tocan a sus dioses y a sus
cere monias se pueden decir muy teologales. En este mismo libro se trata de
la estimación en que se tenía los retóricos y
oradores; después de esto se trata de las cosas Naturales, y esto en el séptimo
libro. Y luego de
los señores, reyes y gobernadores, y principales
personas; y luego de los mercaderes, y después de los señores capitanes y
hombres fuertes, que son los más tenidos en la república, de los cuales se
trata en el octavo libro. Y tras ellos los oficiales de pluma y de oro, y de
piedras preciosas; de éstos se trata en el noveno libro. Y las calidades,
condiciones y ma neras de todos los oficiales y personas, se trata en el libro
décimo, donde también se trata de los miembros corporales y de las enferme dades,
y medicinas contrarias, y también de las diferencias y diversidades de
generaciones de gentes que en esta tierra habitan, y de sus condicio nes. En
el undécimo libro se trata de los animales, aves, yerbas, y árboles. En el
libro duodécimo se trata de las guerras cuando esta tierra fue conquistada,
como cosa horrible y enemiga de la naturaleza humana.
(Lib. IX)
TIERRA Y CIELO
EL MUNDO NATURAL
LAS
PROPIEDADES DE LOS ANIMALES
LAS BESTIAS
FIERAS
EL TIGRE
El tigre anda y bulle en las sierras, y entre las
peñas y riscos, y también en el agua, y dicen es príncipe y señor de los otros
animales; y es avisado y recatado y regálase como el gato, y no siente trabajo
ninguno, y tiene asco de beber cosas sucias y hediondas, y tiénese en mucho; es
bajo y corpulento y tiene la cola larga, las manos son gruesas y an chas, y
tiene el pescuezo grueso; tiene la cabeza grande, las orejas son pequeñas, el
hocico grueso y carnoso y corto, y de color prieto, y la nariz tiene grasienta,
y tiene la cara ancha y los ojos relucientes como brasa; los colmillos son
grandes y gruesos, los dientes menudos, chicos y agudos, las muelas anchas de
arriba y la boca muy ancha, y tiene uñas largas y agudas, tiene pesuños en los
brazos y en las piernas; y tiene el pecho blanco, tiene el pelo lezne y como
crece se va manchando, y crécenle las uñas, y agarra, crécenle los dientes y
las muelas y colmillos y regaña y muerde, y arranca con los dientes y corta, y
gruñe, y brama, sonando como trompeta. El tigre blanco dicen que es el capitán
de los otros tigres, y es muy blanco; hay otros que son blanquecinos, mancha
dos de prieto; hay otro tigre de pelo bermejo y manchado de negro.
La propiedad del tigre es que come animales como
son ciervos, co nejos y otros semejantes; es regalado y no es para trabajo,
tiene mucho cuidado de sí, báñase, y de noche ve los animales que ha de cazar,
tiene muy larga vista, aunque haga muy oscuro y aunque haga niebla ve las cosas
muy pequeñas; cuando ve al cazador con su arco y saetas no huye sino siéntase,
mirando hacia él, sin ponerse detrás de alguna cosa, ni arrimarse a nada, luego
comienza a hipar y aquel aire enderézale hacia el cazador, a propósito de
ponerle temor y miedo y desmayarle el corazón con el hipo, y el cazador
comienza luego a tirarle, y la primera saeta que es de caña tómala el tigre con
la mano y hácela pedazos con los dientes, y comienza a regañar y gruñir, y
echándole otra saeta, hace lo mismo.
Los cazadores tenían cuenta con que no habían de
tirar al tigre más de cuatro saetas; ésta era su costumbre o devoción, y como
no le matasen con las cuatro saetas, luego el cazador se daba por vencido, y el
tigre luego comienza a esperezarse y sacudirse y a relamerse; hecho esto
recógese, da un salto, como volando y arrójase sobre el cazador aunque esté
lejos diez o quince brazas, no da más de un salto; va todo erizado como el gato
contra el perro; luego mata al cazador y se lo come.
Los cazadores diestros, en echando la primera
saeta, si el tigre la hizo pedazos toman una hoja de un árbol de roble o de
otro árbol semejante, e híncanla en la saeta y tiran con ella al tigre; y la
hoja así puesta hace ruido así como cuando vuela una langosta, y cáese en el
suelo al medio del camino o cerca del tigre, y con esto se divierte el tigre (a
) allegar la hoja que cae, y llega la saeta y pásale, o hiérele; y luego el
tigre da un salto hacia arriba y, tornando a caer en tierra, tórnase a sentar
como estaba de antes y allí muere sentado sin cerrar los ojos, y aunque está
muerto parece vivo. Cuando el tigre caza primero hipa, y con aquel aire desmaya
a lo que ha de cazar. La carne del tigre tiene mal sabor, requema.
EL COYOTE
Hay en esta tierra un animal que se dice cóyotl, al
cual algunos de los españoles le llaman zorro, y otros le llaman lobo, y según
sus propiedades a mi ver ni es lobo ni zorro sino animal propio de esta tierra.
Es muy velloso, de larga lana; tiene la cola gruesa y muy lanuda; tiene las
orejas pequeñas y agudas, el hocico largo y no muy grueso, y prieto; tiene las
piernas nervosas, tiene las uñas corvadas y negras; y siente mucho, es muy
recatado para cazar, agazápase y pónese en acecho, mira a todas partes para
tomar su caza, es muy sagaz en acechar su caza y cuando quiere arremeter a la
caza primero echa su vaho contra ella, para infi cionarla y desanimarla con
él. Es diabólico este animal: si alguno le quita la caza nótale, y aguárdale y
procura de vengarse de él, matándole sus gallinas u otros animales de su casa;
y si no tiene cosa de éstas en que se vengue, aguarda al tal cuando va camino,
y pónese delante la drando, como que se le quiere comer por amedrentarle; y
también algunas veces se acompaña con otros tres o cuatro sus compañeros, para
espantarle, y esto hacen o de noche o día.
Este animal tiene condiciones exquisitas, es
agradecido. Ahora en estos tiempos aconteció una cosa harta de notar, con uno
de estos ani males. Un caminante, yendo por su camino, vio uno de estos
animales que le hacía señal con la mano, que se llegase a él; espantóse de esto
el caminante, y fue hacia donde estaba, y como llegó cerca de él vio una
culebra que estaba revuelta al pescuezo de aquel animal, y tenía la cabeza por
debajo del sobaco de aquel animalejo, y estaba muy apretada
con él; esta culebra era de las que se llaman
cincóatl; y el caminante como vio este negocio, pensó dentro de sí diciendo: ¿A
cuál de éstos ayudaré?, y determinó ayudar a aquel animal, y tomó una verdasca
y comenzó a herir a la culebra, y luego la culebra se desenroscó y cayó en el
suelo, y comenzó a irse y meterse entre la hierba, y también el animalejo se
fue huyendo; y de allí a un rato tornóse a encontrar con el caminante, entre
unos maizales, y llevaba dos gallos en la boca por los pescuezos, y púsolos
delante del caminante que le había librado de la culebra, e hízole señal con el
hocico que los tomase, y fuese tras el caminante hasta que llegó a su casa, y
como vio donde entraba fue a buscar una gallina y llevósela a su casa, y dende
a dos días le llevó un gallo.
Este animal come carne cruda, y también mazorcas de
maíz secas y verdes, y cañas verdes, y gallinas, y pan, y miel. A este animal
tómanle con trampa, o con alzapié, o con lazo, o fléchanle, y también le arman
en los magueyes cuando va a beber la miel.
EL MAPACHE
Hay otro animalejo que llaman mapachtli, y también
le llaman cihuatla-macazqui y también se llama tlamaton, (que) quiere decir
viejecilla; tiene las manos y los pies como persona, destruye los maizales
cuando están verdes, comiéndolos, sube a los árboles y come la fruta de ellos,
y come la miel de los magueyes; y vive en cueva, hace su habitación en las
montañas y en los riscos, y entre las espadañas del agua. En el tiempo de
invierno, cuando no hay fruta ni maíz, come ratones y otras sa bandijas. Algunas
veces anda en dos pies como persona, y otras veces a cuatro pies como animal;
hurta cuanto halla, por ser así ladrón, y por tener manos de persona le llaman
mapachtli; es bajuelo y rollizo, y tiene larga lana, tiene la cola larga, dura
y pelosa a manera de zorro, la cabeza grande, las orejas pequeñas, el hocico
largo y delgado y prieto, el cuerpo pardo y peloso.
EL TLACUACHE
De aquel animalejo que se llama tláquatl, que tiene
una bolsa donde mete a sus hijuelos, cuya cola es muy medicinal
Hay un animalejo que se llama tláquatl, o
tlaquatzin, del tamaño de un gato, poco más o menos, y es pardillo oscuro;
tiene el pelo largo, y muy blando, y cuando son viejos cáensele los pelos;
tiene el hocico largo y delgado, tiene la cara pintada, las orejas pequeñas, la
cola larga y pe lada, ningunos pelos tiene en ella; vive entre los maizales,
entre las
piedras hace cueva donde mora y donde cría sus
hijos; tiene una bolsa entre los pechos y la barriga donde mete sus hijuelos, y
allí los lleva a donde los quiere llevar, y allí maman.
Este animalejo ni sabe morder ni arañar, ni hacer
algún daño aunque le tomen, y cuando le toman chilla y llora, y sálenle las
lágrimas de los ojos como a persona; cuando le toman los hijos chilla mucho, y
llora por ellos.
Este animalejo come maíz y frijoles, y (las)
raeduras de los magueyes que sacan de ellos cuando los agujerean para sacar la
miel, y también come miel; y la carne de éste es comestible y sabrosa, como la
del conejo, ni los huesos de este animalejo, ni la cola son de comer; si alguno
los come, aunque sea perro o gato, luego echa fuera todos los intestinos.
Aconteció una vez que un perro royó los huesos de uno de estos ani-malejos, y
dende a un rato lo vieron que andaba con las tripas arras trando, que las había
echado por detrás.
La cola de este animalejo es muy medicinal: saca
cualquiera cosa que se halle en la carne o en el hueso, la saca poniéndolo
muchas veces; y las mujeres que tienen parto bebiendo un poco de la cola de
este animal paren luego; los que tienen cerrada la cámara, que no pueden bien
purgar, bebiendo un poco de la cola molida purgan luego, porque abre y limpia
los poros; los que tienen tos, bebiendo lo mismo sanan; también para esto es
buena aquella especie que llaman ueinacaztli, y la otra que llaman tlilocóchitl,
molido todo y bebido con cacao; y esto tam bién aprovecha para los que no
pueden digerir, y los que tienen estra gado el estómago con opilaciones.
LOS MONOS
Monos, o micos, hay muchos en esta tierra. Críanse
en las partes que llaman Anáhuac, que es hacia oriente con respecto de México.
Son estos animales barrigudos, tienen larga la cola y enróscanla; tienen manos
y pies como persona; tienen uñas largas; gritan y silban y cocán, arrojan
piedras y palos a los caminantes; tienen cara casi como de persona, son pelosos
y vellosos, tienen las ancas gruesas, crían en los riscos, y no paren más de un
hijo; y comen maíz y frijoles, y frutas, y carne, comen como las personas;
también comen piñones y bellotas, también comen los grumos de los árboles
verdes.
Para tomar éstos usan de este embuste: hacen una
grande hoguera donde andan estos animales, y cércanla de mazorcas de maíz, y
ponen en el medio del fuego una piedra, que se llama cacalótetl, y los caza
dores de esta caza escóndense, o entiérranse, y como ven el fuego los monos, y
huelen el humo, vienen luego a calentarse y ver qué cosa es aquello, y las
hembras traen sus hijos a cuestas, y todos se asientan luego alrededor del
fuego, calentándose; y como la piedra se calentó
da un tronido grande, y derrama las brasas, y la
ceniza sobre los monos, y ellos espantados dan a huir, y dejan sus hijuelos por
allí, ni los ven, porque van ciegos con la ceniza; entonces los cazadores
levántanse de presto y toman a manos las monicos y críanlos, y amánsanlos.
Estos animales fácilmente se amansan; siéntanse como persona, cocán a las
mujeres, búrlanse con ellas, y demandan de comer extendiendo la mano, y gritan.
LOS
PERROS MEXICANOS
Los perros de esta tierra tienen cuatro nombres:
llámanse chichi, itzcuin-tli, xochiocóyotl y tetlamin, y también teuítzotl. Son
de diversos colores, hay unos negros, otros blancos, otros cenicientos, otros
buros, otros castaños oscuros, otros morenos, otros pardos y otros manchados.
Hay algunos de ellos grandes, otros medianos; algunos hay de pelo lezne, otros
de pelo largo; tienen largos hocicos, los dientes agudos y grandes, las orejas
cóncavas y pelosas, cabeza grande, son corpulentos, tienen uñas agudas; son
mansos y domésticos, acompañan y siguen a su amo o dueño; son regocijados,
menean la cola en señal de paz, gruñen y ladran; bajan las orejas hacia el
pescuezo en señal de amor, comen pan y ma zorcas de maíz verdes, y carne cruda
y cocida, comen cuerpos muertos, comen carnes corruptas.
Criaban en esta tierra unos perros sin pelo
ninguno, lampiños, y si algunos pelos tenían eran muy pocos. Otros perrillos
criaban que lla maban xoloitzcuintli, que ningún pelo tenían, y de noche
abrigábanlos con mantas para dormir; estos perros no nacen así, sino que de
pequeños los untan con resina, que se llama óxitl, y con esto se les cae el
pelo quedando el cuerpo muy liso. Otros dicen que nacen sin pelo en los pueblos
que se llaman Teotlixco y Toztlan . Hay otros perros que se llaman tlalchichi,
bajuelos y redondillos, que son muy buenos de comer.
(Lib. XI, cap. i, fragmentos)
LAS
AVES DE PLUMA
RICA
Hay una ave en esta tierra que se llama
quetzaltótotl; tiene plumas muy ricas y de diversos colores; tiene el pico
agudo y amarillo, y los pies amarillos; tiene un tocado en la cabeza, de pluma,
como cresta de gallo; es tan grande como una ave que se llama tzánatl, que es
tamaña como una urraca, o pega de España; tiene la cola de forma y composición
de estas aves que se llaman tzánatl , teotzánatl, que se crían en los pueblos.
Las plumas que cría en la cola se llaman quezalli (y ) son muy verdes y resplandecientes,
son anchas, como unas hojas de espadaña dobléganse
cuando las toca el aire (y) resplandecen muy
hermosamente. Tiene esta ave unas plumas negras en la cola, con que cubre estas
plumas ricas, las cuales están en el medio de estas negras. Estas plumas
negras, de la parte de fuera son muy negras, y de la parte de dentro que es lo
que está junto con las plumas ricas, es algo verde oscuro y no muy ancho ni
largo. El tocado que tiene en la cabeza esta ave es muy hermoso y
resplandeciente, llaman a estas plumas tzinitzcan; tiene esta ave el cuello y
el pecho colorado y resplandeciente; es preciosa esta pluma y llámanla
tzinitzcan; el pescuezo por la parte de atrás y todas las espaldas tiene las
plumas verdes muy resplandecientes; debajo de la cola y entre las piernas tiene
una pluma delicada, verde clara, resplan deciente y blanda; en los codillos de
las alas tiene plumas verdes, y debajo negro, y las plumas más de dentro de las
alas tiene de color de uña, y un poco encorvadas, son anchuelas y agudas, y
están sobre los cañones de las plumas delgadas del ala que se llaman
quetzaluitztli, son verdes claras, largas, derechas y agudas de las puntas, y
resplandece su verdura.
Habitan estas aves en la provincia que se llama
Tecolotlan, que es hacia Honduras, o cerca. Viven en las arboledas, y hacen su
nido en los árboles para criar sus hijos.
Hay una ave en esta tierra que se llama tzinitzcan
, o teutzinitTxan; esta ave tiene las plumas negras, y vive en el agua; las
plumas preciosas que tiene críalas en el pecho y en los sobacos, y debajo de
las alas; son la mitad prietas y la mitad verdes resplandecientes.
Hay otra ave que se llama tlauhquéchol, o
teoquéchól, y vive en el agua, es como pato; tiene los pies como pato, anchos y
colorados, tam bién el pico colorado; tiene el pico como paleta de boticario,
que ellos llaman espátula; tiene un tocadillo en la cabeza, colorado; tiene el
pe cho, y la barriga, y la cola, y las alas de color encarnado muy fino; y las
espaldas, y los codos de las alas muy colorados; el pico tiene amarillo, y los
pies amarillos. Dicen que esta ave es el príncipe de las garzotas blancas, que
se juntan a ella donde quiera que la ven.
Hay otra avecilla de plumas ricas que se llama
xiuhquéchól; tiene la pluma verde como hierba, tiene las alas azules y también
la cola; críase esta ave hacia las partes que llaman Anáhuac, que es al oriente
de México, hacia la mar del sur.
Hay otra ave que se llama zaquan; tiene el pico
agudo, y las plumas de sobre el pico tiene coloradas; tiene las plumas leonadas
por todo el cuerpo; las plumas de la cola son amarillas muy finas y
resplandecientes; tiene en la misma cola otras plumas negras con que cubre las
amarillas; cuando vuela y extiende la cola, entonces se parecen las plumas ama
rillas (y) reverbera el color amarillo con las negras, y así parecen como llama
de fuego y como oro; críanse en Anáhuac.
Hay otra ave que se llama ayoquan; mora en las
montañas de Cuex-tlan, y Michuacan; tiene el pico agudo y negro; toda la pluma
tiene
negra, excepto la cola, que tiene las plumas la
mitad blancas y la mitad negras.
Hay otra ave que también se llama ayoquan y es ave
del agua; todas las aves del agua se acompañan con ella, como con su príncipe;
tiene el pico amarillo y los codillos de las alas verdes; las plumas grandes de
las alas y las de la cola las tiene ametaladas, con blanco y verde; la pluma de
todo el cuerpo la tiene bermeja tirante a colorado.
Hay otra ave que se llama chalchiuhtótotl y críase
en las montañas; es pequeña; tiene el pico agudo, la cabeza y la cola tiene
verde y tam bién las alas; los escudos de las alas también los tiene verdes
oscuros; la pluma, debajo de las alas, y de todo el cuerpo tiene el color de
azul claro.
Hay otra ave que se llama xuihtótotl, que se cría
en las provincias de Anáhuac, que es hacia la costa del Mar del Sur, en los
pueblos que se
llaman Tecpatlan, Tlapilollan, Oztotlan. Es esta
ave del tamaño de una
graja, tiene el pico agudo y negro, las plumas del
pecho moradas, la pluma de las espaldas es azul y las de las alas azules
claras, la cola tiene de plumas ametaladas de verde, azul y negro. Esta ave se
caza en el mes de octubre, cuando están maduras las ciruelas; entonces las
matan con cerbatanas en los árboles, y cuando caen en tierra arrancan alguna
hierba para que, tomándola, no llegue la mano a las plumas, porque si llega
dicen que luego pierde el color.
Hay una ave que se llama xiuhpalquéchol (que) tiene
el pico largo y los pies negros; tiene la cabeza y la cola y las alas, y las
espaldas, de color azul claro; tiene el pecho leonado y los codillos de las
alas también leonadas.
Hay otra ave que se llama xochitenácal; mora en las
montañas, en los árboles; críase en la provincia de Totonacapan y Cuextlan;
hace nidos en las palmas; el nido que hace es como una talega, que está colgada
de la rama del árbol. Tiene el pico cóncavo y largo, muy ama rillo; tiene la
cabeza y el cuerpo verde; tiene las alas y la cola leonadas y ametaladas de
negro y blanco.
Hay otra ave que se llama quapachtótotl; es de
color leonado todo el cuerpo.
Hay otra ave que se llama elotótotl; tiene las alas
de color morado; tiene el pico verde oscuro y azul.
LOS COLIBRIS
Hay unas avecitas en esta tierra que son muy
pequeñitas, que parecen más moscardones que aves; hay muchas maneras de ellas,
tienen el pico chiquito, negro y delgadito, así como aguja; hacen su nido en
los ar bustos, allí ponen sus huevos y los empollan y sacan sus pollos; no
ponen más de dos huevos. Comen y mantiénense del rocío de las flores, como
las abejas, son muy ligeras, vuelan como saeta; son
de color pardillo. Renuévanse cada año: en el tiempo del invierno cuélganse de
los ár boles por el pico, allí colgados se secan y se les cae la pluma; y
cuando el árbol torna a reverdecer él torna a revivir, y tórnale a nacer la
pluma, y cuando comienza a tronar para llover entonces despierta y vuela y
resucita. Es medicinal, para las bubas, comido, y el que los come nunca tendrá
bubas; pero hace estéril al que los come.
Hay unas de estas avecitas que se llaman
quetzalhuitzitzilin, (que) tienen las gargantas muy coloradas y los codillos de
las alas bermejos, el pecho verde y también las alas y la cola; parecen a los
finos quetzales. Otras de estas avecitas son todas azules, de muy fino azul
claro, a manera de turquesa resplandeciente. Hay otras verdes claras, a manera
de hierba. Hay otras que son de color morado. Hay otras que son coloradas, y
mezcladas con pardo. Hay otras que son de color morado claro. Hay otras que son
resplandecientes como brasa. Hay otras que son leonadas con amarillo. Hay otras
que son larguillas, unas de ellas son cenicientas, otras son negras; estas
cenicientas tienen una raya de negro por los ojos, y las negras tienen una raya
blanca por los ojos.
Hay otras que tienen la garganta colorada y
resplandeciente como una brasa; son cenicientas en el cuerpo, y la corona de la
cabeza y la garganta resplandeciente como una brasa.
Hay otras que son redondillas, cenicientas, con
unas motas blancas.
EL AVE CORAZON DEL AGUA
Hay una ave de agua en esta tierra que se llama
atotolin, que quiere decir gallina del agua, la cual dicen que es rey de todas
las aves del agua; viene a esta Laguna de México cuando vienen las otras aves
del agua, que es en el mes de julio; tiene esta ave la cabeza grande y negra y
el pico amarillo, redondo y largo como un palmo, el pecho y las espaldas
blancas, la cola tiene corta, las piernas tiene muy cortas, los pies tiene
juntos al cuerpo (y) son anchos como un palmo; tiene el cuerpo largo y grueso;
tiene las alas cortas, las plumas también cortas.
Esta ave no se recoge a los espadañales, siempre
anda en el medio del agua; dicen que es corazón del agua, porque anda en el
medio del agua siempre y raramente parece; sume las canoas en el agua con la
gente; dicen que da voces, llama al viento y entonces viene el viento recio, y
sume las canoas, (y) esto hace cuando la quieren tomar.
Para tomarla andan acechándola dos o tres días, y
al tercero día la pueden tomar; al cuarto día aparéjanse todos los cazadores
del agua, y van a donde está, como aparejados para morir, como quien va a la
muerte, porque tienen costumbre de perseguirla cuatro días, y todos los días
este atotolin está esperando a los cazadores sobre el agua, y cuando vienen
está mirando, no huye de ellos; y si al cuarto día no la
cazan antes de puesto el sol, luego se dan por
vencidos, y saben que han de morir, porque ya se les acabó el término en que la
podrían matar y flechar. Y como aquel día cuarto se acaba, comienza esta ave a
vocear como grulla, y llama al viento para que los suma; luego viene el viento
y se levantan las olas y luego comienzan a graznar las aves del agua y pénense
en bandas, y sacuden las alas, y los peces salen arriba, y entonces los
cazadores no se pueden escapar, aunque quieran no pueden, muérenseles los brazos
y súmense debajo del agua y ahóganse.
Y si en alguno de los cuatro días cazan esta ave,
luego la toman y trábanla por el pico y échanla en la canoa, y luego la abren
la barriga, estando viva, con un dardo de tres puntas que se llama
minacachalli. La causa porque la toman por el pico es porque no vomite lo que
tiene en la barriga, y si así no lo hiciesen lo vomitaría luego; y cuando la
abren la barriga luego sacan la molleja y ábrenla, y hallan en ella una piedra
preciosa o plumas ricas de todas maneras; y si no hay piedra preciosa, ni tampoco
plumas, hallan un carbón, y esto es señal que el que la tiró o mató morirá
luego; y si hallaban piedra o pluma, era señal que el que la tiró había de ser
venturoso en la caza y en la pesca, y habría de ser rico; pero sus nietos
habrían de ser pobres.
Comían la carne de esta ave todos los pescadores y
cazadores del agua; repartíanla entre todos, y a cada uno cabía poquita, y
teníanlo en mucho por ser aquella ave corazón del agua.
Y cuando ella se va allá a donde crían, también
todas las aves del agua se van tras ella, y van hacia occidente. Los cazadores
y pescadores tenían por su espejo a esta ave; decían que en ella veían que
habían de ser prósperos, o no, en el oficio de cazar y pescar.
EL AVE QUE
DESPIERTA
Hay otra avecilla que es semejante a la de arriba
en la corpulencia y en el color, pero diferente en el canto, porque ésta tiene
costumbre de cantar antes que amanezca; canta en los tlapancos y sobre las
pare des, y despierta a la gente con su cantar, que dice tlatuicicitli, quiere
decir, ¡hola, hola, ya amanece!
LA TORTOLA CONTRA LA TRISTEZA Y LOS CELOS
Hay unas avecillas en esta tierra que se llaman
cocotli, y todos los españoles las llaman tortolitas; no son tan grandes como
las de Castilla, pero son de aquel color; son bajuelas, tienen las alas rubias;
son pinta-dillas, tienen la pinta muy lisa, tienen los pies colorados y
bajuelos; llámanse cocotli, porque cuando cantan dicen coco, coco; comen semi
llas de las hierbas y también chian; no se casan más de una vez, y
cuando muere el uno el otro siempre anda como
llorando y solitario, diciendo coco, coco. Dicen que la carne de estas aves
comida es contra la tristeza. A las mujeres celosas danles de comer de estas
aves para que olviden los celos, y también (a ) los hombres.
LOS GALLOS Y GALLINAS DE ESTA TIERRA
Las gallinas de esta tierra y los gallos se llaman
totollin. Son aves domés ticas y conocidas, tienen la cola redonda, tienen las
plumas en las alas, aunque no vuelan; son de muy buen comer, la mejor carne de
todas las aves; comen maíz mojado cuando pequeñas, y también bledos co cidos y
molidos y otras hierbas; ponen huevos, y sacan pollos. Son de diversos colores;
unos blancos, otros rojos, otros negros y otros pardos; los machos se llaman
huexólotl y tienen gran papada y gran pechuga, tienen grande pescuezo, tienen
unos corales colorados; la cabeza tienen azul, en especial cuando se enojan, es
cejijunto, tiene un pico de carne que le cuelga sobre el pico; bufa, hínchase o
enerízase. Los que quieren mal a otros danlos a comer, o a beber, aquel pico de
carne blandujo que tienen sobre el pico, para que no pueda armar el miembro
gentil.
La gallina hembra es menor que el gallo, es
bajuela, tiene corales en la cabeza y en la garganta; tómase del gallo, pone
huevos, échase sobre ellos y saca sus pollos. Es muy sabrosa su carne, y gorda,
es corpulenta, y sus pollos mételos debajo de sus alas, y dan a sus hijuelos de
comer buscándoles gusanillos, y otras cosas. Los huevos que concibe primera
mente se cuajan y crían una telita, y dentro crían su cáscara tierna, y después
les pone la gallina; después de puesto el huevo se endurece la cáscara.
(Lib. XI, cap. ii, fragmentos)
LOS
ANIMALES DEL AGUA
EL ANIMAL
QUE LLAMAN EL
ARMADO, LA IGUANA,
Y LOS PECES
DEL RIO O LAGUNAS
Hay un animalejo en esta tierra que se llama
ayotochtli, que quiere decir conejo como calabaza; es todo armado de conchas,
es del tamaño de un conejo; las conchas con que está armado parecen pedazos de
cascos de calabazas, muy duros y recios.
Hay otro animal en esta tierra que se llama
quauhcuetzpalin, y los españoles le llaman iguana; es espantable a la vista,
parece dragón; tiene escamas, es tan largo como un brazo, es pintado de negro y
ama rillo, come tierra y moscas y otros coquillos; a tiempos anda en los
árboles, a tiempos en el agua; no tiene ponzoña, ni hace mal, antes
es bueno de comer, estáse cuatro o cinco días sin
comer; susténtase del aire.
EL AJOLOTE
Hay unos animalejos en el agua que se llaman
axólotl, (que) tienen la cola como lagartillas, y tienen la cola como anguila,
y el cuerpo también; tienen muy ancha la boca y barbas en el pescuezo. Es muy
bueno de comer; es comida de los señores.
(Lib. XI, cap. iii, fragmentos)
LOS CAIMANES
Hay en esta tierra unos grandísimos lagartos que
ellos llaman acuetzpalin (y ) los españoles los llaman caimanes; son largos y
gruesos, tienen pies y manos, y colas largas y dividida la punta en tres o
cuatro; tienen la boca muy ancha, y muy ancho tragadero; los grandes de ellos
trá-ganse un hombre entero. Tienen el pellejo negro, tienen conchas en el lomo
muy duras, sale de ellas mal hedor, atraen con el anhélito lo que quieren
comer. Estos no andan en la mar, sino en las orillas de los ríos grandes.
UNA
CULEBRA O SERPIENTE
DEL AGUA MUY
MONSTRUOSA EN
FEROCIDAD Y OBRAS
Hay una culebra en esta tierra que se llama acóatl,
o tlilcóatl, que anda en el agua y en el cieno; es tan gruesa cuanto un hombre
puede abrazar, y muy larga; tiene grande cabeza, tiene barbas tras de la
cabeza, como barbas de barbo grande; es muy negra, reluce de negra, tiene los
ojos como brasas; tiene horcajada la cola; mora en las cuevas o manan tiales
que hay debajo del agua; come peces y trae con el anhélito desde lejos hacia
sí, y ahoga en el agua lo que atrae, ora sea persona o animal.
Para cazar personas tiene esta culebra una astucia
notable, hace un hoyo cerca del agua, de tamaño de un lebrillo grande, y toma
peces grandes de las cuevas, como barbos u otros de otra manera, y tráelos en
la boca y échalos en el hoyo que tiene hecho, y antes que los eche levanta el
cuello en alto y mira a todas partes, y luego echa los peces en la lagunilla, y
vuelve otra vez por otros; y algunos indios atrevidos, entretanto que sale otra
vez, témanle los peces de la lagunilla y echan a huir con ellos. De que sale
otra vez la culebra luego ve que le han tomado los peces, y luego se levanta en
alto sobre la cola, y mira a
todas partes,
y aunque
vaya algo
lejos el que lleva
los peces, vele, y
si no le ve por el olor le va rastreando, y echa tras él tan recio como
una
saeta, que parece que vuela
por encima de los
zacates y de las
matas, y
como llega al que le lleva los
peces, enróscasele al
cuello y
apriétale
reciamente, y la cola, como
la tiene hendida,
métesela por
las narices
cada punta por cada ventana, o se las
mete por el sieso;
hecho esto apriétase reciamente al cuerpo de aquel
que le hurtó los pe
ces, y mátale.
Mas si aquel es avisado, antes
que acometa a tomar los
peces hace
una concavidad en
algún árbol que
esté por allí
cerca, y
cuando
huye vase a
acoger al árbol, a
la concavidad que
hizo, y la
culebra enróscase al árbol, y apriétase con él
reciamente pensando que
está enroscada con el hombre, y tan reciamente se
aprieta que allí muere
enroscada al árbol, y el que lleva los peces
escápase.
De otra
manera mata esta culebra
a los que pasan
por donde ella
mora;
sale a la orilla del agua y
arroja como escupiendo
la ponzoña
a aquel que pasa, y luego cae tendido como borracho, y luego le
atrae
a sí con el anhélito por fuerza, y va perneando el
que así es llevado, y
méteselo en la boca y ahógale en el agua, y allí le come.
(Lib. XI, cap. iv, fragmentos)
LA 10LC0ATL
Hay otra culebra que se llama zolcóatl, quiere
decir, la culebra enemiga
de las codornices, porque las engaña con su canto y
las come. Es me
diana, ni es muy gruesa ni muy larga; es pintada
como las codornices,
tiene el
pecho blanco y la boca amarilla. Es muy
ponzoñosa, a quien
pica no tiene
remedio; es fraudulenta,
engaña con su
canto a las
codornices y a las personas; canta como codorniz, y las codornices que
la oyen
piensan que es codorniz y vanse a
ella, y entonces arrebátalas
y cómelas; y algunos indios bobos, como
oyen su canto, piensan que
es codorniz, y van hacia donde está ella y pícalos, y mátalos. Los que
son avisados,
cuando oyen que
canta esta culebra
escuchan si la
res
ponde otra codorniz, y si
no la responde
otra, ella torna
a silbar o
cantar en el mismo lugar que
de antes; entiende que es
esta culebra
zolcóatl, y guárdanse de ella; dicen
que vuela esta culebra.
LA CULEBRA DE
DOS CABEZAS
Hay una culebra
en esta tierra
que tiene dos cabezas: una en lugar
de cabeza,
otra en lugar de la cola,
y llámase maquizcóatl; tiene dos
cabezas (y
) en cada una de ellas tiene ojos, boca y
dientes y lengua;
no tiene cola ninguna. No es grande, ni es larga, sino pequeña; tiene
cuatro rayas negras por el lomo, y otras cuatro
coloradas en el un lado y otras cuatro amarillas en el otro. Anda hacia ambas
partes, a las veces guía la una cabeza, y a las veces la otra; y esta culebra
se llama culebra espantosa, raramente parece; tienen ciertos agüeros acerca de
esta culebra, como están en la letra. A los chismeros llámanlos por el nombre
de esta culebra, que dicen que tienen dos lenguas y dos cabezas.
LA MA7ACOATL
Hay otra culebra que también se llama mazacóatl (y
) es pequeña, tiene cuernos, es prieta, no hace mal, ni tiene eslabones en la
cola. De la carne de ésta usan los que quieren tener potencia para tener cuenta
con muchas mujeres; los que la usan mucho, o toman demasiado de cantidad,
siempre tienen el miembro armado y siempre despiden simiente, y mue ren de
ello.
LA PETLACOATL
Hay otro monstruo de culebras que se llaman
petlacóatl; dizque se jun tan muchas culebras y se entretejen como petate, y
andan de acá y de allá, porque tienen todas las cabezas hacia fuera; aquella
tela está cer cada de cabezas de culebras. De estas culebras cuentan ciertas
supersti ciones, como en la letra están puestas.
Hay otra culebra que llaman coapétlatl; es ancha
como un pliego de papel, y en la una esquina tiene la cabeza, y en la esquina
contraria tiene la cola; anda de través como cangrejo y va haciendo ruido como
cuando se arrastra un petate; raramente parece esta culebra.
LA
CHIMALCOATL
Hay otra culebra que se llama chimálcóatl; es una
culebra larga y gruesa, tiene eslabones en la cola; tiene en el medio del lomo,
hecha de su misma carne, una a manera de rodela muy pintada; raramente parece
esta culebra. Los que la ven, unos toman de ella mal agüero, y otros bueno, los
unos piensan que luego han de morir, por haberla visto; y otros dicen que han
de ser prósperos y valientes en cosas de guerra por haberla visto.
LA QUETZALCOATL
Hay otra culebra que se llama quetzdlcóatl; hay
muchas de ellas en la tierra caliente de Totonacapan; es mediana, es del tamaño
de las cule
bras del agua, o casi. Llámase quetzalcóatl porque
cría plumas de la misma manera de la pluma rica que se llaman quetzálli, y en
el pes cuezo tiene unas plumas que se llaman tzinitzcan, que son verdes,
claras y pequeñas, y en la cola y en los eslabones tiene pluma como el ave que
llama xiuhtótotl, que es azul; y (en ) el pecho tiene pluma colorada. Raramente
parece esta culebra, ni se sabe lo que come; cuando parece es para picar al que
la ve, y su ponzoña es mortal; a quien muerde, luego muere súbitamente. Esta
culebra vuela cuando quiere picar, y cuando pica también ella muere, porque
echa de un golpe toda su ponzoña y con ella la vida.
LAS MARIPOSAS
Hay muchas maneras de mariposas en esta tierra, y
son de diversos colores, muchas más que en España.
Hay una manera de mariposas que son muy pintadas de
diversos colores, que llaman xicalpapálotl.
Hay
otras negras y rociadas
con unas pintas
blancas, que llaman
tlilpapálotl.
Hay otras mariposas que son leonadas y reluce su
color.
Hay otras que son blanquecinas entre amarillo y
blanco; hay otras que son muy pintadas.
Hay
otras que son
azules claras; hay otras
que son muy
pintadas,
a las mil maravillas; hay otras mariposas que son
coloradas, y pintadas muy hermosas.
LAS LUCIERNAGAS, HAY MUCHA DIVERSIDAD DE ELLAS
Hay muchas maneras de luciérnagas en esta tierra, y
a todas las llaman
ícpitl.
Unas son como
langostas, un poco más
larguillas, y andan en
el tiempo de
las aguas y vuelan de noche
muchas de ellas,
y tienen
luz, así
como una candela en la cola; y algunas
veces alumbran más
que
candela, como hacha
de tea. Cuando
es la noche
muy oscura,
algunas veces van volando muchas en rende,
y algunos bobos piensan
que son aquellos hechiceros, que andan de noche y echan lumbre por
la cabeza o boca.
Otras luciérnagas hay que son como mariposas, y
tienen en la cola luz.
Hay unos gusanos que también tienen luz en la cola, y relucen de
noche. Hay
otros que también tienen lumbre en la cola; hay otros que
tienen alas, y a trechos cubren la lumbre y a
trechos la descubren.
Todas
éstas andan de noche,
y relumbran volando, excepto
los gu
sanos que no vuelan. Hay un escarabajuelo que se
llama máyatl (que)
es muy hermoso,
relúcenle las conchas
como esmeralda (y) ningún
daño hace.
ALGUNOS
ARBOLES
Hay unos árboles silvestres que se llaman
tlacuilolquáuitl, que quiere decir que tiene madera pintada, porque ellos son
bermejos, y tienen las vetas negras que parecen pinturas sobre el bermejo; es
árbol muy preciado, porque de él se hacen teponaztles, tamboriles y vihuelas, y
suenan mucho estos instrumentos cuando son de esta madera; y por ser muy
pintada y de buen parecer es muy preciada.
Hay unos árboles silvestres que son altos y
delgados, y derechos; hacen de ellos cerbatanas porque se pueden agujerar
fácilmente. Hay un árbol silvestre, no muy alto, (que) tiene las hojas
coloradas y también la madera.
Hay otros árboles silvestres que se llaman
chichiquáuitl, o chichipatli, quiere decir, medicina amarga. La corteza de este
árbol, molida, es medicinal, hace buena digestión, limpia los intestinos, es
buena para la orina; bébense los polvos molidos con agua. El meollo de este
árbol es muy recio, sacan de él los tarugos para saetas, en lugar de
casquillos.
Hay otros árboles que se llaman ulquáuitl; son
grandes, altos y hacen gran copa. De estos árboles mana aquella resina negra
que se llama ulli; esta resina que se llama ulli es muy medicinal, casi para
todas las enfermedades es provechosa; es medicinal para los ojos, para postemas
y pudrimientos, y también se bebe con cacao; es provechosa para el estómago,
para los intestinos, para los pudrimientos interiores, para la cámara cuando se
cierra, etc. Esta resina hácese muy correosa; hacen de ella las pelotas para
jugar, y salta más que pelotas de viento.
Hay otros árboles que llaman auácatl; tienen las
hojas verdes oscuras, el fruto de ellos se llama auácatl, y son blancos por de
dentro; son de hechura de corazón, tienen un cuesco dentro de hechura de
corazón; hay otros auacates que se llaman tlacozalauácatl (que) son grandes,
como los de arriba. Las mujeres que crían no los osan comer, porque causan
cámaras a los niños que maman. Hay otros auacates que se llaman quilauácatl, (y
) la fruta de éstos se llama de la misma manera; son verdes por de fuera, son muy
buenas de comer y preciosas.
EL CACAO
Al árbol donde se hace el cacao llaman
cacaoaquáuitl; tiene las hojas anchas y es acopado, y es mediano; el fruto que
hace es como mazorcas de maíz, o poco mayores, y tienen de dentro los granos de
cacao; de fuera es morado y de dentro encarnado o bermejo. Cuando es nuevo, si
se bebe mucho emborracha* y si se bebe templadamente refrigera y refresca.
DIVERSIDAD DE TUNAS
Hay unos árboles en esta tierra que llaman nopalli,
quiere decir tunal, o árbol que lleva tunas; es monstruoso este árbol, el
tronco se compone de las hojas y las ramas se hacen de las mismas hojas; las
hojas son anchas y gruesas, tienen mucho zumo y son viscosas; tienen espinas
las mismas hojas. La fruta que en estos árboles se hace, se llama tuna (y ) son
de buen comer; es fruta preciada, y las buenas de ellas son como camuesas. Las
hojas de este árbol cómenlas crudas y cocidas.
En unos árboles de éstos se dan tunas, que son
amarillas por dentro, otros las dan que por de dentro son coloradas, o rosadas,
y éstas son de muy buen comer, otros árboles de éstos hay que tienen en las
hojas vetas coloradas, y las tunas que se hacen de éstas son coloradas por de
fuera y por dentro moradas, son grandes, y tienen grueso el hollejo. Hay otros
árboles que la fruta que en ellos se hace son coloradas de fuera y de dentro,
son gruesas y largas.
(Lib. XI, cap. vi, fragmentos)
HIERBAS QUE EMBORRACHAN
Hay una hierba que se llama cóatl xoxouhqui, y cría
una semilla que se llama ololiuhqui; esta semilla emborracha y enloquece. Danla
por bebe dizos para hacer daño a los que quieren mal, y los que la comen
paré-celes que ven visiones y cosas espantables; danla a comer con la comida, o
a beber con la bebida los hechiceros, o los que aborrecen a algunos para
hacerlos mal. Esta hierba es medicinal, y su semilla es buena para la gota,
moliéndola y poniéndola en el lugar donde está la gota.
Hay otra hierba, como tunas de tierra, que se llama
péyotl; es blanca, hácese hacia la parte del norte. Los que la comen o beben
ven visiones espantosas, o de risas; dura esta borrachera dos o tres días, y
después se quita. Es como un manjar de los chichimecas, que los mantiene y da
ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed, ni hambre, y dicen que los guarda
de todo peligro.
Hay otra hierba que se llama tlápatl, (y ) es como
mata; cría unas cabezuelas sin espinas, como limones; tiene la cáscara verde,
tiene las hojas anchuelas, las flores blancas, tiene la semilla negra y
hedionda, y quita la gana del comer a los que la comen, y emborracha y
enloquece perpetuamente. Esta semilla es buena contra la gota, untando con ella
a donde está el dolor; el olor también de ella es dañoso como la mis-ma
semilla.
Hay unos honguillos en esta tierra que se llaman
teonanácatl (que) se crían debajo del heno en los campos o páramos; son
redondos, y tienen el pie altillo y delgado y redondo. Comidos son de mal
sabor,
dañan la garganta y emborrachan. Son medicinales
contra las calentu ras y la gota; hanse de comer dos o tres, no más, (y ) los
que los comen ven visiones y sienten bascas en el corazón; a los que comen
muchos de ellos provocan a lujuria, y aunque sean pocos.
HIERBAS
COMESTIBLES COCIDAS
Una de las hierbas que se comen cocidas se llaman
huauhquílitl, que son bledos; es muy verde, tiene las ramas delgadillas y
altillas, tiene las hojas anchuelas. Los tallos de esta hierba se llaman
huauhtli, (y ) la semilla se llama de la misma manera; esta hierba se cuece
para co mer, sabe a cenizos, exprímese del agua en que se cuece para comerse;
hácense témales de esta hierba, los cuales se llaman quiltamálli; hácense
tortillas. Es hierba muy común y cómenla mucho; es como cenizos de España.
Las flores de las calabazas se llaman
ayoxochquílitl (y ) cómenlas también cocidas; son muy amarillas, son espinosas,
móndanlas para cocer, quitando el hollejudo de encima. Los grumos o las
extremidades de las ramas de las calabazas se comen también cocidas.
FLORESTAS Y ARBOLES
Las florestas son muy amenas, frescas y de muchos
árboles y hierbas; tienen hierbas y árboles de diversas flores; tienen aguas
manantiales, o de río, con que se riega el lugar de tierra fértil; son lugares
apacibles y muy deleitosos. Están plantados en estas florestas árboles de muy
olorosas y preciosas flores; árboles en que se hacen las flores que se
llaman yolloxóchitl, y el árbol que se llama
yoloxochiquáhuitl.
Son estas flores olorosas y hermosas, y su hechura
es como corazón. Antiguamente solamente los señores las usaban, especialmente
las que se llaman tlacayoloxóchitl, que ni son hermosas, ni huelen y usan de
ellas la gente baja.
Esta flor llamada yoloxochiquáhuitl, hácese en
árboles grandes como nogales; llámase también el árbol yoloxóchitl. Son estas
flores preciosas y de muy suave olor, tienen la hechura de corazón (y ) por de
dentro son muy blancas; son estas flores de dos maneras, unas que se llaman
tlacayoloxóchitl, son grandes y muy hermosas, úsanlas los señores y gen te de
arte; hay otras que se llaman itzcuinyoloxóchitl, (que) como está dicho es muy
medicinal, y la beben también con cacao, que le da muy buen sabor.
Hay un arbusto que se llama cacaloxóchitl; tiene
las hojas anchue-las y larguillas y vellosas, tiene las ramas derechas y fofas,
y las hojas y ramas cuando se cortan manan leche y esta leche es pegajo
sa como miel; las flores de este árbol son
hermosas, llámanse también cacaloxóchitl, son ametaladas de colorado, amarillo
y blanco, son de suave olor y confortan el corazón con su olor. Por estas
comarcas 'de México se hacen estas flores, pero son mejores las que vienen de
tierra caliente; algunas son negras. Eran reservadas estas flores antigua
mente para los señores; de las que vienen de tierras calientes unas se llaman
necuxóchitl, son cortas; otras se llaman uitzitziltentli, (y) éstas son muy
preciadas; otras que se llaman caxóchitl; y otras tienen diver sos nombres.
(Lib. XI, cap. vii, fragmentos)
LAS PIEDRAS PRECIOSAS
TODAS LAS PIEDRAS PRECIOSAS EN GENERAL,
COMO SE BUSCAN Y DONDE SE HALLAN
Las piedras preciosas no se hallan así como están
ahora, en poder de los que las tienen, o (de los) que las venden, así hermosas
y pulidas y resplandecientes, mas antes se crían en unas piedras toscas que no
tienen ninguna apariencia ni hermosura, que están por esos campos, o en los
pueblos; las traen de acá para allá, y otras tales piedras muchas veces tienen
dentro de sí piedras preciosas, no grandes sino pequeñitas; algunas las tienen
en el medio, otras en las orillas o en los costados.
Hay personas que conocen dónde se crían las piedras
preciosas, y es que cualquier piedra preciosa, donde quiera que está, está
echando de sí vapor o exhalación como un humo delicado, y este humo se aparece
cuando quiere el sol salir, o a la salida del sol; y los que las buscan y
conocen, éstos pónense en lugar conveniente cuando quiere salir el sol, y miran
hacia donde sale el sol, y donde ven salir un humito delicado, luego conocen
que allí hay piedras preciosas, o que ha nacido allí o que ha sido escondida
allí, y van luego a aquel lugar, y si hallan alguna piedra preciosa, y
quiébranla para buscarla, y si no hay piedra donde sale aquel humito, cavan en
la tierra y hallan alguna caja de piedra, donde están algunas piedras preciosas
escondidas, o por ventura está en la tierra misma escondida o perdida.
También hay otra señal donde se crían piedras
preciosas, especial mente las que se llaman chalchihuites; en el lugar donde
están o se crían, esta hierba que está allí nacida está siempre verde, y es
porque estas piedras siempre echan de sí una exhalación fresca y húmeda; y
donde esto está cavan y hallan las piedras en que se crían estos chalchihuites.
Las esmeraldas que se llaman quetzalitztli, las hay
en esta tierra muy buenas; son preciosas, de mucho valor, llámanse así porque
quetzalli quiere decir pluma muy verde, y itztli piedra de navaja, la cual es
muy pulida y sin mancha ninguna, y estas dos cosas tiene la buena esme ralda,
que es muy verde, no tiene mancha, y muy pulida y transpa rente, es
resplandeciente.
LOS CHALCHIHUITES
Hay otras piedras que se llaman chalchihuites; son
verdes y no trans parentes, mezcladas de blanco; úsanlas mucho los
principales, trayén-dolas en las muñecas, atándolas en hilo y aquello es señal
de que es persona noble el que la trae; a los maceguales no les era lícito
traerla.
EL CRISTAL Y EL AMBAR
El cristal de esta tierra se llama teuílotl, es
piedra que se halla en minas en las montañas; y también entre éstas se crían
las amatistas, que son piedras moradas claras.
El ámbar de esta tierra se llama apozonalli, dícese
de esta manera porque el ámbar de esta tierra, o estas piedras así llamadas,
son seme jantes a las campanillas o ampollas del agua, cuando las da el sol en
saliendo, que parece que son amarillas claras como oro. Estas piedras hállanse
en mineros, en las montañas. Hay tres maneras de estas pie dras: la una manera
de ellas se llama ámbar amarillo; estas parecen que tienen dentro de sí una
centella de fuego (y ) son muy hermosas; la segunda manera se llama tzalapozonalli,
(y ) dícese así porque son amarillas con una mezcla de verde claro; la tercera
se llama iztacapo-zonálli, dícese así porque son amarillas blanquecinas, no son
transpa rentes, ni son muy preciosas.
LA PIEDRA DE NAVAJAS
Hay otras piedras en esta tierra, negras, que se
llaman ítztetl; de éstas sacan las navajas, y a las navajas sacadas de ellas
llaman itztli; con éstas raspan las cabezas y cortan cosas que no sean muy
duras; hay muchas y grandes piezas; cuando están en piedra son muy negras y muy
lisas y resplandecientes, cuando se labran, y (si) se hacen navajas son
transparentes y muy lisas, sin otra mezcla de color ninguno; algunas de ellas
son rojas, otras blanquecinas.
Estas piedras creo que son esmeraldas negras, por
la virtud que de ellas he experimentado. Molidas como harina y echadas en
llagas re cientes, o heridas, las sana muy en breve, y no las dejan criar
materia; molidas como se dijo, y mezcladas con carne de membrillo, o con cual
quiera otra conserva muy amasada, de manera que la conserva tome la arena, o
harina en cantidad, comida tanto como una píldora, o dos o tres, son muy
provechosas para las reumas y dan gran sonoridad a la voz, mitigan cualquiera
calor interior. Esto sé por experiencia de mu chos días.
LA PIEDRA DE SANGRE
Hay también unas piedras que se llaman éztetl,
quiere decir piedra de
sangre; es piedra parda y sembrada de muchas gotas
de colorado, como
de sangre, y otras verdecitas entre las coloradas;
esta piedra tiene virtud
de restañar
la sangre que sale de las narices. Yo tengo experiencia de
la virtud
de esta piedra, porque tengo una
tan grande como un puño,
o poco
menos; es tosca como la quebraron de la
roca, la cual en este
año de 1576,
en esta pestilencia, ha dado la vida a muchos que se les
salía la
sangre y la vida por las
narices; y tomándola en la mano,
y
teniéndola algún rato apuñada, cesaba de salir la
sangre y sanaban de
esta
enfermedad de que
han muerto y mueren
muchos en toda
esta
Nueva España; de esto hay muchos testigos en este
pueblo de Tlatilulco
de Santiago.
LAS PIEDRAS DE QUE
SE HACEN LOS ESPEJOS
Hay en esta tierra piedras de que se hacen espejos;
hay venas de estas piedras y minas de donde se sacan. Unas de éstas son
blancas, y de ellas se hacen buenos espejos, (y ) son estos espejos de señores
y señoras: cuando están en piedra parecen pedazos de metal; cuando las labran y
pulen son muy hermosos, muy lisos, sin raya ninguna, son preciosos y hacen la
cara muy al propio.
Hay otras piedras de este metal que son negras
cuando las labran y pulen; hácense unos espejos de ellas que representan la
cara muy al revés de lo que es: hacen la cara grande y disforme, y todas las
par ticularidades del rostro muy disformes. Lábranse estos espejos de mu chas
figuras, unos redondos y otros triangulados, etc.
LA PIEDRA
LUCIERNAGA
Hay unas piedras preciosas que se llaman
huitzitziltetl, que quiere decir, piedra que parece al tzinzon; ésta es piedra
pequeñuela y blanca, pero
la luz hácela parecer de diversos colores, como
también hace parecer de diversos colores a la pluma del tzinzon; esta piedra,
según la diver sidad de la luz que le da, parece de diversos colores. Está
dicho y bien explicado en la letra; tiene hechura como de hormiga; hállase esta
pie dra a las orillas de la mar entre la arena, y también se halla en un río
que corre por la tierra de Totonacapan; venia de noche porque resplan dece a
manera de luciérnaga, o como una candelita pequeña que está ardiendo, y de
lejos no parece sino luciérnaga, y conocen ser la piedra dicha en que está
queda aquella luz y no se mueve. Es rara y preciosa, no la usan sino los
señores; es transparente, o a lo menos del color de una perla muy fina.
(Lib. XI, cap. viii, fragmentos)
LOS COLORES DE TODAS MANERAS
LA GRANA Y OTROS COLORES FINOS
Al color con que se tiñe la grana llaman nocheztli,
que quiere decir, san gre de tunas, porque en cierto género de tunas se crían
unos gusanos que llaman cochinillas, apegados a las hojas, y aquellos gusanos
tienen una sangre muy colorada; ésta es la grana fina. Esta grana es conocida
en esta tierra y fuera de ella, y hay grandes tratos de ella; llega hasta la
China y hasta Turquía, casi por todo el Mundo es preciada y tenida en mucho. A
la grana que ya está purificada y hecha en panecitos, llaman grana recia, o
fina; véndenla en los tiánquez hecha en panes, para que la compren los pintores
y tintoreros.
Hay otra manera de grana baja, o mezclada, que
llaman tlapalnextli, quiere decir grana cenicienta, y es porque la mezclan con
greda o con harina; también hay una grana falsa que también se cría en las
hojas de la tuna, o ixquimiliuhqui, que daña a las cochinillas de la buena
grana y seca las hojas de las tunas donde se pone; también ésta la cogen para
envolverla con la buena grana, para venderla, lo cual es grande engaño.
Al color amarillo fino llaman xochipali, quiere
decir, tintura de flores amarillas; este color amarillo se cría en tierras
calientes.
Al color azul fino llaman matlalli, quiere decir,
azul; hácese de flores azules, color (que) es muy preciado y muy apacible de
ver.
Hay un color que es amarillo claro, que llaman
zacatlaxcalli, quiere decir, pan de hierba que se amasa de unas hierbas
amarillas, que son muy delgadas, y usan de ellas para teñir o pintar.
Hay un color colorado blanquecino que se llama
chíotl, (y ) hácese en tierras calientes; es flor que se muele (y ) es
medicinal para la sarna; y si se mezcla con el ungüento que se llama áxin, se
hace de color de bermellón.
Hacen estos naturales tinta del humo de las teas, y
es tinta bien fina; llámanla tlilliócotl ; tiene para hacerla unos vasos que
llaman tlicomalli, que son a manera de alquitaras; vale por muchas tintas para
escribir, y para medicinas, mezclándolo con ellas.
EL BARNIZ
Hay piedras en esta tierra de que se hace el
barniz; llámanlas tetízatl;
son piedras que se hacen en los arroyos hacia Tulan. Usan mucho de
estas piedras para
embarnizar las jicaras. Hay otros materiales como
en la letra se declaran.
(Lib.
XI, cap. xi, fragmentos)
EL
AGUA DE LA MAR Y DE LOS RIOS
En este
primer párrafo se trata del
agua de la mar, y
de la mar, a
la cual llaman teóatl, y no quiere decir dios del
agua, ni dios agua, sino
que quiere decir agua maravillosa en profundidad y
en grandeza; llámase
también ilhuicáatl, quiere decir, agua que se juntó
con el cielo, porque
los antiguos habitadores de esta tierra pensaban
que el cielo se juntaba
con el agua en la mar, como si fuese una casa que
el agua son las pare
des y el cielo está sobre ellas y por esto llaman a
la mar ilhuicáatl, como
si dijesen agua que se juntó con el cielo, pero ahora después de venida
la fe ya saben
que el cielo no se junta con el agua, ni con la tierra,
y por eso llaman
a la mar uéyatl, quiere decir,
agua grande y teme
rosa y fiera llena de espumas y de olas y de montes
de agua, y agua
amarga, salada y mala para beber, donde se crían
muchos animales que
están en continuo movimiento.
A los ríos grandes llaman atóyatl, quiere decir, agua que va corriendo
con gran prisa, como si dijese agua apresurada en
correr. de un
Los antiguos
de esta tierra
decían que los ríos todos
salían
lugar que se llama Tlalocan, que es como paraíso
terrenal, el cual lugar
es de un dios que se llama Chalchihuitlicue; y también decían que los
montes que están fundados sobre él, que están
llenos de agua, y por de
fuera
son de tierra,
como si fuesen
vasos grandes de
agua, o como
casas
llenas de agua;
y que cuando
fuere menester se
romperán los
montes, y saldrá el agua que dentro está, y anegará
la tierra; y de aquí
acostumbraron a llamar a los pueblos donde vive la
gente altépetl, quiere
decir monte
de agua, o monte lleno de agua.
Y también
decían que los ríos salían de los montes, y aquel dios Chalchihuitlicue los
enviaba, pero sabida la verdad de lo que es, ahora dicen que porque es la
voluntad de Dios.
La mar entra por la tierra, por sus venas y caños,
y anda por debajo de la tierra y de los montes; y por donde halla camino para
salir fuera, allí mana, o por las raíces de los montes, o por los llanos de la
tierra, y después muchos arroyos se juntan y juntos hacen los grandes ríos; y
aunque el agua de la mar es salada, y el agua de los ríos dulce, pierde el
amargor, o sal, colándose por la tierra, o por las piedras, y por la arena, y
se hace dulce y buena de beber; de manera que los ríos grandes salen de la mar
por secretas venas debajo de la tierra, y saliendo se hacen fuentes y ríos.
LOS MONTES DE ESTA TIERRA
Hay un monte muy alto, que humea, que está cerca de
la provincia de Chalco, que se llama Popocatépetl, quiere decir monte que
humea; es monte monstruoso de ver, y yo estuve encima de él.
Hay otra sierra junto a ésta, que es la sierra
nevada y llámase Iztacté-petl quiere decir sierra blanca; es monstruoso de ver
lo alto de ella, donde solía haber mucha idolatría. Yo la vi y estuve sobre
ella.
Hay un monte que se llama Poyauhtécatl, está cerca
de Auillizapan y de Tecamachalco; ha pocos años que comenzó a arder la cumbre
de él, y yo le vi muchos años que tenía la cumbre cubierta de nieve, y después
vi cuando comenzó a arder, y las llamas parecían de noche y de día de más de
veinte leguas, y ahora, como el fuego ha gastado mucha parte de lo anterior del
monte, ya no se parece el fuego aunque siem pre arde.
Hay otro gran monte cerca de Tlaxcala que llaman
Matlálcueye, quie re decir, mujer que tiene las naguas azules.
Hay otro cerca de Coyoacan e Ixtapálapan, aunque no
es muy alto es muy afamado, llámase Huixachtécatl.
Hay otro monte cerca de Cuitláuac que se llama
Youáliuhqui. Todos estos montes tienen cosas notables.
(Lib. XI, cap. xii,
fragmentos)
ASTROS Y FENOMENOS CELESTES
EL SOL
El sol tiene propiedad de resplandecer y de
alumbrar, y de echar rayos de sí; es caliente y tuesta, hace sudar, pone hosco
o loro el cuerpo y la cara de la persona.
Hacían fiesta al sol una vez cada año, en el signo
que se llamaba náhui ollin, y antes de la fiesta ayunaban cuatro días, como
vigilia de la fiesta; y en esta fiesta del sol ofrecían incienso y sangre de
las orejas cuatro veces, una en saliendo el sol, otra al medio día, y otra a la
hora de vísperas y cuando se ponía. Y cuando a la mañana salía decían: “ya
comienza el sol su obra. ¿Qué será, qué acontecerá en este día?”. Y a la puesta
del sol, decían: “acabó su obra, o su tarea el sol”.
A las veces, cuando sale el sol parece de color de
sangre y a las veces parece blanquecino, y a las veces sale de color enfermizo,
por razón de las tinieblas o de las nubes que se le anteponen. Cuando se
eclipsa el sol párase colorado, parece que se desasosiega o que se turba el
sol, o se remece, o revuelve, y amarillécese mucho. Cuando (esto) ve la gente
luego se alborota y tómales gran temor, y luego las mujeres lloran a voces y
los hombres dan grita, hiriendo las bocas con las manos; y en todas partes se
daban grandes voces y alaridos, y luego buscaban hombres de cabellos blancos y
caras blancas, y los sacrificaban al sol. Y también sacrificaban cautivos, y se
untaban con la sangre de las orejas; y también agujeraban las orejas con puntas
de maguey y pasaban mimbres, o cosa semejante, por las orejas, por los agujeros
que las puntas habían hecho, y luego por todos los templos cantaban y tañían,
haciendo gran ruido.
Y decían, si del todo se acababa de eclipsar el
sol: “¡nunca más alum brará, ponerse han perpetuas tinieblas y descenderán los
demonios y vendránnos a comer!”.
Cuando la luna
nuevamente nace parece como un arquito
de alambre
delgado.
Aunque resplandece, poco
a poco va creciendo; a los
quince
días es llena; y cuando ya es llena,
sale por el oriente a la puesta del
sol;
parece como una
rueda de molino,
grande, muy redonda
y muy
colorada, y cuando va subiendo parece blanca o
resplandeciente, parece
como un conejo en medio de ella, y si no hay nubes resplandece
casi
como el sol, casi
como de día y después de llena cumplidamente poco
a poco se va menguando, hasta que vuelve a ser como
cuando comenzó.
Dicen
entonces: ya se muere
la luna, ya se duerme
mucho. Esto es
cuando sale ya
con el alba, (y ) al tiempo de la conjunción dicen: ya
es muerta la luna. está
en la luna
es ésta: Dicen
que los
La
fábula del conejo
que
dioses se burlaron con la luna y diéronla con un conejo en la cara, y
quedóle el conejo señalado en la cara, y con esto
le escurecieron la cara
como con un
cardenal. Después de esto sale para alumbrar al mundo.
(Lib.
VII, cap. ii, fragmentos)
LAS ESTRELLAS
LLAMADAS MASTELEJOS
Hacía
esta gente particular
reverencia y particulares
sacrificios a los
Mastelejos del
cielo, que andan cerca de las Cabrillas, que es el signo
del Toro. Hacían estos sacrificios y ceremonias
cuando nuevamente pare
cían
por el oriente, después
de la fiesta del
sol. Después de
haberles
ofrecido
incienso decían: “Ya ha salido Yoaltecutli, Yacauitztli, ¿qué
acontecerá esta noche?, o, ¿qué fin habrá la noche,
próspero o adverso?
Tres veces
ofrecían incienso, y debe ser
porque son tres estrellas; la una
vez a prima
noche, la otra a hora de las tres, la otra cuando comienza
a amanecer.
Llaman
a estas tres esrellas mamalhuaztli, y por este mismo nombre
llaman a los palos con que sacan lumbre, porque les
parece que tienen
alguna semejanza con ellas, y que de allí les vino
esta manera de sacar
fuego. De aquí
tomaron por costumbre de hacer
unas quemaduras en
la muñeca (a )
los varones, a honra de
aquellas estrellas. Decían
que
el que no fuese
señalado de aquellas quemaduras,
cuando se muriese,
que allá en el infierno habían de sacar el fuego de
su muñeca, barre
nándola, como cuando acá sacan el fuego del palo.
A
la estrella de Venus
la llamaban esta
gente citlápol, uei
citlalin,
estrella
grande; y decían que
cuando sale por
el oriente hace
cuatro
arremetidas, y las tres luce poco y vuélvese a
esconder, y la cuarta sale
con
toda su claridad, y procede
por su curso;
y dicen de su luz
que
parece a la de
la luna.
En la primera arremetida teníanla de mal agüero,
diciendo que traía enfermedad consigo, y por esto cerraban las puertas y
ventanas para que no entrase su luz; y a las veces la tomaban por buen agüero,
según el principio del tiempo en que comenzaba a aparecer por el oriente.
(Lib. VII, cap. iii)
LOS COMETAS
Llamaba esta gente al cometa citlalin popoca, que
quiere decir estrella que humea. Teníanle por pronóstico de la muerte de algún
príncipe o rey, o de guerra, o de hambre; la gente vulgar decía ésta es nuestra
hambre. A la inflamación (cauda) del cometa llamaba esta gente citlalin
tlamina, que quiere decir la estrella tira saetas, y decían que siempre que
aquella saeta caía sobre alguna cosa viva, liebre o conejo, u otro animal donde
hería luego se criaba un gusano por lo cual aquel animal no era de comer. Por
esta causa procuraba esta gente de abrigarse de noche, porque la inflamación
del cometa no cayese sobre ellos.
A las estrellas que están en la boca de la bocina
llamaba esta gente citlalxonecuilli. Píntanla a manera de una S, revueltas
siete estrellas; dicen que están por sí apartadas de las otras y que son
resplandecientes. Llámanlas citlalxonecuilli porque tienen semejanza con cierta
manera de pan, que hacen a manera de la letra S, al cual llaman xonecuilli, el
cual pan se comía en todas las casas un día del año que se llama
xochílhuitl.
A aquellas estrellas, que en algunas partes se
llaman el Carro, esta gente las llama Escorpión, porque tienen figura de
escorpión o alacrán, y así se llaman en muchas partes del mundo.
(Lib. VII, cap. iv)
LAS NUBES
Las nubes y las pluvias atribuíanlas estos
naturales a un dios que llama ban Tlalocan tecutli, el cual tenía muchos otros
debajo de su dominio a los cuales llamaban Tlaloque y Tlamacazque. Estos
pensaban que criaban todas las cosas necesarias para el cuerpo, como maíz y
flijoles, etc., y que ellos enviaban las pluvias para que naciesen todas las
cosas que se crían en la tierra; y cuando hacían fiesta a este dios y a sus
sujetos, antes de la fiesta, ayunaban cuatro días aquellos que llaman
tlamacazque, los cuales moraban en la casa del templo que se llamaba Calmécac;
y acabado el ayuno, si algún defecto entre ellos había, por honra de aquellos
dioses le maltrataban (al que incurrió en el) en la
laguna arrastrándole y acoceándole por el cieno, y
por el agua, hasta que casi lo ahogaban. A los que en la casa llamada Calmécac
hacían defecto, como es quebrar alguna vasija o cosa semejante, los prendían y
tenían guardados para castigarlos en aquel día; y algunas veces los padres de
aquel que estaba preso daban gallinas, o mantas y otras cosas a los tlamacazque
porque lo soltasen y no lo ahogasen. A los que maltra taban de esta manera, ni
sus padres ni sus parientes osaban favorecerlos, ni hablar por ellos si antes
no los habían librado estando presos, y tanto los maltrataban que los dejaban
casi muertos, arrojados a la orilla del agua; entonces los tomaban sus padres y
los llevaban a sus casas.
En esta fiesta de estos dioses todos los maceguales
comían maíz co cido, hecho como arroz, y los tlamacazque andaban bailando y
cantando por las calles: en una mano traían una caña de maíz verde, y en otra
una olla con asa. De este modo andaban demandando que les diesen maíz cocido, y
todos los maceguales les echaban en las ollas que traían de aquel maíz cocido.
Estos dioses decían que hacían las nubes, y las lluvias, y el granizo y la
nieve, y los truenos y los relámpagos y los rayos.
El arco del cielo es a manera de arco de cantería;
tiene apariencia de diversos colores (y ) cuando aparece es señal de serenidad.
Y cuando el arco del cielo se pone sobre algún maguey decían que le haría secar
o marchitar, y también decían que cuando espesas veces aparece el arco del
cielo, es señal que ya quieren cesar las aguas.
(Lib. VII, cap. vi)
LA HELADA,
NIEVE Y GRANIZO
Señalaban cierto tiempo de la helada, diciendo que
en término de ciento veinte días en cada un año helaba, y que comenzaba el
hielo desde el mes que llaman ochpaniztli hasta el mes llamado títitl, porque
cuando venía este mes o fiesta toda la gente vulgar decía que ya era tiempo de
beneficiar y labrar la tierra, y sembrar maíz y cualquiera género de semillas;
y así se aparejaban todos para trabajar. La nieve cuando cae casi como agua o
lluvia llaman cepayáuitl, casi hielo blando, como niebla, y cuando así acontecía
decían que era pronóstico de la cosecha buena, y que el año que venía sería muy
fértil. Las nubes espesas, cuando se veían encima de las sierras altas, decían
que ya ve nían los Tlaloque, que eran tenidos por dioses de las aguas, y de
las lluvias. Esta gente cuando veía encima de las sierras nubes muy blancas,
decían que eran señal de granizos, los cuales venían a destruir las se
menteras, y así tenían muy grande miedo. Y para los cazadores era de gran
provecho el granizo, porque mataban infinito número de cua-lesquier aves y
pájaros. Y para que no viniese el dicho daño en los mai
zales, andaban unos hechiceros que llamaban
teciuhtlazque, que es casi estorbadores de granizos; los cuales decían que
sabían cierta arte o encantamiento para quitar los granizos, o que no
empeciesen los maizales, y para enviarlos a las partes desiertas, y no
sembradas, ni cul tivadas, o a los lugares donde no hay sementeras ningunas.
(Lib. VII, cap. vii)
EL HOMBRE Y SUS RECURSOS
EL CICLO VITAL
LA
MANERA QUE HACIAN LOS CASAMIENTOS
ESTOS
NATURALES
Aquí se trata de la manera que hacían los
casamientos en estas partes. Los padres de algún mancebo, cuando ya le veían
que era idóneo para casarse, juntaban a todos los parientes y estando juntos,
decía el padre del mancebo: “Este pobre de nuestro hijo ya es tiempo que le
busquemos su mujer, porque no haga alguna travesura, porque no se revuelva por
allí por ventura con alguna mujer, que ya es hombre”.
Dicho esto llamaban al mozo, delante de todos, y
decía el padre: “Hijo mío, aquí estás en presencia de tus parientes; habernos
hablado sobre ti porque tenemos cuidado de ti, pobrecito, (que) ya eres hombre
y parécenos que será bien buscarte mujer con quien te cases; pide li cencia a
tu maestro para apartarte de tus amigos, los mancebos con quien te has criado:
Oigan esto los que tienen cargo de vosotros, que
se llaman telpochtlatoque’.
Oído esto el mancebo respondía: “Tengo en gran
merced y beneficio eso que se me ha dicho; habéis hecho conmigo misericordia en
haber tenido cuidado de mí (que) os habré dado pena y fatiga; hágase lo que
decís, porque también lo quiere así mi corazón. Ya es tiempo que yo comience a
experimentar los trabajos y peligros de este mundo. Pues, ¿qué tengo de
hacer?”.
Hecho esto, luego aparejaban de comer, haciendo
tamales y moliendo cacao y haciendo sus guisados que se llaman molli. Y luego
compraban una hacha con que cortar leña y maderos. Luego enviaban a llamar a
los maestros de los mancebos, que se llamaban telpochtlatoque, y dábanles a
comer y dábanles cañas de humo. Acabado de comer, sen tábanse los viejos
parientes del mancebo, y los del barrio, y ponían delante de todos el hacha, de
que los mancebos usan estando en el poder de sus maestros. Luego comenzaba a hablar
uno de los parientes del mancebo, y decía: “Aquí estáis presentes, señores y
maestros de los mancebos; no recibáis pena porque vuestro hermano N., nuestro
hijo, se quiere apartar de vuestra compañía, ya
quiere tomar mujer; aquí está esta hacha que es señal de cómo se quiere apartar
ya de vuestra compañía, según es la costumbre de los mexicanos; tomadla y dejad
a nuestro hijo”. Entonces respondía el maestro de los mancebos llamado
telpochtlato, diciendo: “Aquí hemos oído todos nosotros, yo y los man cebos
con quien se ha criado vuestro hijo algunos días, cómo habéis determinado de
casarle y de aquí adelante se apartará de ellos para siem pre; hágase como mandáis”.
Luego tomaban la hachuela, y se iban y dejaban al mozo en casa de su padre.
Hecho esto, juntábanse los parientes del mozo,
viejos y viejas, y con
ferían
entre sí cuál
moza le vendría bien, y
habiendo determinado
cuál moza le habían de demandar, aquellas matronas
viejas que tienen por
oficio de intervenir en los casamientos,
habiéndolas rogado los parientes
del mozo,
que fuesen a hablar de su
parte a la que
tenían señalada
ya sus parientes, luego otro día, de mañana,
iban a la casa de la moza
y hablaban a los parientes de la moza, para que
diesen su hija a aquel
mozo: esto
hacían con mucha retórica y con mucha parola.
Habiendo
oído los parientes
de la moza
la mensajería de
las viejas, respondían
excusándose,
como haciéndose de rogar, que la
moza aún no era para
casar ni era digna de tal mancebo. En esto pasaban
pláticas de mucha
roncería. Acabada su plática los de parte de la
moza, con las viejas, des
pedíanse
diciendo que vendrían otro
día, que mirasen despacio lo que
les cumplía; y así el día siguiente iban muy de mañana a la casa
de
la moza, y hacían sus pláticas acerca del negocio,
y también las despe
dían
con roncerías los padres de
la moza, y como se iban
las viejas
decían los
parientes de la
moza que viniesen otra vez.
Al cuarto día
volvían las viejas
a oír la respuesta y
determinación de los padres de
la
moza, los cuales hablaban
de esta manera:
“Señoras nuestras, esta
mozuela os da
fatiga en que la buscáis con
tanta importunación para
mujer de este mancebo que habéis dicho. No sabemos cómo se engaña
ese mozo que la demanda, porque ella no es para
nada y es una bobilla;
pero pues que con tanta importunación habláis en
este negocio, es nece
sario que, pues que la muchacha tiene tíos y tías,
y parientes y parien-
tas, será
bien que todos juntos vean lo que les parece,
veamos lo que
dirán y también será bien que la muchacha entienda
esto; y así, venios
mañana y llevaréis la determinación y conclusión de
este negocio”.
El día siguiente, después de haberse ido las
viejas, júntanse los pa rientes de la moza y háblanse sobre el negocio
sosegada y pacíficamente, y los padres de la moza, después de haber concluido
el negocio, entre todos dicen: está bien, pues conclúyese que el mozo será muy
contento de oír lo que se ha determinado, será contento de casarse con ella,
aunque sufra pobreza y trabajo, que parece que está aficionado a esta muchacha,
aunque no sabe aún hacer nada ni es experta en hacer su oficio mujeril. Y luego
después de esto los padres de la moza, hablaban
a los padres del mozo diciéndoles: “Señores, dios os dé mucho descanso;
el negocio está concluido, conciértese el día
cuando se han de juntar”.
Después
de apartados los
unos de los otros, los parientes ancianos
del mozo preguntaban a los adivinos, que señalasen un día bien
afor
tunado
para el negocio
y los adivinos les
señalaban uno de
los días
prósperos para
el negocio. Decían que cuando reinaba el carácter que
se llama ácatl, o
el otro que se llama ozomatli;
o el otro que se llama
cipactli, o
el otro que se llama quauhtli, o el otro que se llama calli,
cualquiera
de éstos era bien acondicionado para este negocio. Después
de esto luego comenzaban a aparejar las cosas
necesarias para el día de
la
boda, que se había
de hacer en
algún signo de
los arriba dichos;
aparejábanse las ollas para cocer el maíz y el
cacao molido, que llaman
cacauapinolli;
las flores que eran menester, las cañas de humo que
se
llaman yetlalli, y
los platos que se llaman molcáxitl, y los vasos
que se llaman zoquitecómatl, y los ckiquihuites; comenzaban a moler
el maíz y ponerlo en los apaztles
o lebrillos; luego hacían tamales toda
la noche y todo el día, por espacio de dos o tres días; no dormían
de noche sino muy poco, trabajando en lo arriba
dicho.
El día
antes de la boda
convidaban primero a la
gente honrada y
noble y después
a la otra gente,
como eran los maestros de los
man
cebos y a los mancebos de quien tenían cargo, y luego a los parientes
del novio y de la novia. El día
de la boda, de mañana, entraban
los
convidados
en la casa de los
que se casaban; primeramente entraban
los maestros de los
mancebos con su gente, y bebían solamente cacao
y no
vino, y todos los viejos y
viejas entraban a comer
al mediodía;
entonces
había gran número
de gente que
comían, y servían
dando
comida y flores, y cañas de perfumes; muchas de las
mujeres llevaban
mantas y las ofrecían; otras que
eran pobres ofrecían maíz. Todo esto
ofrecían delante
del fuego, y los viejos y las viejas bebían octli o pulcre,
y bebían en unos vasos pequeños templadamente;
algunos bebían tres o
cuatro, otros
cinco de
aquellos vasos, y de allí no pasaban los viejos
y viejas, (pero) con tanto como esto se emborrachaban, y este vino
era adobado. de este día bañaban a
la novia, y lavábanla los cabellos,
Y a la tarde
y componíanla los brazos y las piernas con pluma colorada, y poníanla
en el rostro margagita pegada; a las que eran más
muchachas poníanlas
unos
polvos amarillos que
se llaman tecozáhuitl; y después
de com
puesta de esta manera poníanla cerca del hogar, en
un petate como es
trado, y allí la iban a saludar todos los viejos de
parte del mozo, y decían
de esta manera:
“Hija mía, que
estás aquí, por vos son
honrados los
viejos y viejas y vuestros parientes; ya sois del número de las mujeres
ancianas: ya
habéis dejado de ser moza y comenzáis a ser vieja; ahora
dejad ya las mocedades y niñerías. No habéis de ser
desde aquí adelante
como
niña o como
mozuela, conviene que
habléis y saludéis a cada
uno
como conviene; habéis de levantaros de
noche y barrer la casa,
y poner fuego
antes que amanezca,
os habéis de
levantar cada día;
mirad,
hija, que no
avergoncéis, que no
deshonréis a los
que somos
vuestros padres y madres; vuestros abuelos que ya son difuntos,
no os
han de venir a decir lo que os cumple, porque son
ya difuntos; nosotros
lo decimos en su nombre. Mira,
pobrecita, que te
esfuerces, ya te has
de apartar de tu padre y madre, mira que no se incline tu corazón más
a ellos; no has más de estar con tu padre ni con tu madre, ya los has
de
dejar del todo:
Hija nuestra, deseamos
que seas bienaventurada y
próspera”. Oído esto la novia respondía con
lágrimas, al que la
había
hablado:
“Señor mío, persona de estima,
habéisme hecho merced todos
los que habéis
venido; ha hecho
vuestro corazón benignidad
por mi
causa,
habéis recibido pena
y trabajo por honrarme; las palabras
que
se me han dicho téngolas por cosa preciosa, y de
mucha estima; habéis
hecho como verdaderos padres y madres en hablarme y
avisarme; agra
dezco mucho el bien que se me ha hecho”.
Cuando ya era a la puesta del sol, venían los
parientes del mozo a
llevar a su nuera,
muchas viejas honradas y
matronas, y en entrando
en la casa donde estaba la novia decían luego: “Por ventura os seremos
causa de temor con nuestro tropel, y es que venimos
por nuestra hija,
queremos
que se vaya con nosotros”.’ Y luego se levantaban todos
los
parientes de la moza, y una matrona que para esto
iba aparejada, apa
rejaba una manta
que se llama tliqiiémitl tomándola por las
esquinas,
y tendíala en el suelo, y sobre ella se ponía de rodillas
la novia, luego
la tomaba a cuestas y luego encendían hachones de
teas, que para esto
estaban aparejados, y ésta era la señal que ya la
llevaban a casa de su
marido. Iban todos ordenados en dos rendes, como
cuando van en pro
cesión, acompañándola; pero los parientes de la
moza iban en torno de
ella en tropel, y todos llevaban los ojos puestos
en ella. Y los que estaban
a la mira por las calles, decían a sus hijas: “¡Oh bienaventurada moza!,
mírala, mírala cual va, bien parece que ha sido
obediente a sus padres
y ha tomado sus consejos; tú nunca tomas los consejos y palabras que
se te dicen para tu provecho; las palabras y
consejos que se te dicen,
todas las entiendes
al revés, y no las pones por obra. Esta
moza que
ahora se
casa con
esta honra, bien parece
que es bien criada
y bien
doctrinada, y tomó bien los consejos y doctrinas de
sus padres y madres;
honrando a
sus padres, no los desobedeció, mas
antes los ha honrado
como parece ahora”. novia
a la casa del
novio, luego ponían a
los
Habiendo llegado la
dos juntos al hogar, la mujer a la mano izquierda del varón y
el varón
a la mano derecha
de la mujer;
y la suegra de la novia luego salía
para dar dones a su nuera: vestíala un huipilli y poníala a los pies un
cueitl,
todo muy labrado;
y la suegra del
novio, luego daba
también
dones a su
yerno: cubríale una
manta añudada sobre
el hombro, y
poníale un maxtle junto a sus pies. Hecho esto las casamenteras ataban
la manta del novio, con el huipilli de la novia, y la suegra de
la novia
iba y lavaba la boca a su nuera, y ponía tamales en
un plato de madera
junto a ella, y también un plato con molli que se llama tlatonilli; luego
daba a comer
a la novia
cuatro bocados, los primeros que comía,
después daba otros cuatro al novio, y luego a ambos juntos los metían
en una cámara y las casamenteras los echaban en la
cama, y cerraban
las puertas y dejábanlos a ambos solos. Salíanse todos
de la cámara, y
las viejas casamenteras que se llaman titici, que
eran como ministras del
matrimonio estábanlos guardando a la puerta, y allí bebían; no se
iban
a sus casas, toda la noche estaban allí; habiendo
hecho eso cuatro días
arreo, hacían una ceremonia, y era que la estera
sobre que habían dor
mido que se llamaba pétatl, la sacaban al medio
patio, y allí la sacudían
con cierta
ceremonia; y después tornaban
a poner la estera
en donde
habían de
dormir.
En este
tiempo comían y bebían dentro de casa los parientes de la
novia con los parientes del novio, y allí se trataban todos como cuñados
y afínes, y
como tales se hablaban y conocían; después de esto íbanse
todos a sus casas,
muy contentos. Y las viejas
parientas del novio ha
blaban a la novia diciendo de esta manera: “Hija mía, vuestras madres,
que aquí estamos, y vuestros padres, os quieren
consolar; esforzaos hija,
no os aflijáis por la carga del casamiento que
tomáis a cuestas, y aun
que es pesada, con la ayuda de nuestro
señor la llevaréis, rogadle que
os ayude;
placerá (a ) nuestro
señor que viváis muchos días
y subáis
por la cuesta arriba de los trabajos; por ventura llegaréis
a la cumbre
de ellos sin ningún
impedimento ni fatiga que os
envíe nuestro señor.
No
sabemos lo que
nuestro señor tendrá por bien
de hacer: esperad
en él. Veis aquí cinco mantas que os da vuestro
marido, para que con
ellas tratéis
en el mercado,
y con ellas compréis el chilli, y
la sal,
y
las teas, y
la leña con que habéis de guisar la comida.
Esta es la cos
tumbre que dejaron los viejos y viejas;
trabajad, hija, y haced vuestro
oficio mujeril sola, ninguno os ha de ayudar; ya
nos vamos. Sed biena
venturada y
próspera como deseamos”. Después de
esto la suegra
del
recién
casado hablábale de
esta manera: “Aquí estáis, hijo
mío, que
sois nuestro tigre y nuestra águila, y nuestra
pluma rica y nuestra piedra
preciosa, ya
sois nuestro hijo muy tiernamente amado; entended,
hijo,
que ya sois
hombre, y hombre
casado, y hombre
que tiene por su
mujer a nuestra hija; no os parezca esto cosa de
burla, mirad que ya
es otro mundo en donde ahora estáis, ya estáis en
vuestra libertad, otra
manera
de vivir habéis
tomado de la
que habéis tenido
hasta ahora;
mirad que seáis hombre y que no tengáis corazón de
niño; no os convie
ne de aquí adelante ser mozo travieso; no os
conviene de aquí adelante
andar en los vicios que andan los mancebos, como es
los amancebamien
tos, y
burlerías de mozos y chocarrerías,
porque ya sois del
estado de
los casados,
que es tlapaliui; comenzad de
trabajar en llevar cargas
a
cuestas por los caminos, como es chilli y sal, y salitre, y peces, andando
de
pueblo en pueblo; enseñaos a los trabajos y fatigas que habéis de
sentir en el corazón y en el cuerpo, durmiendo en
los rincones en las
casas ajenas, en
las portadas de las casas
donde no conocéis;
haceos
a los trabajos de pasar los arroyos y de subir las cuestas, y de
pasar
los páramos; haceos a los trabajos de pasar grandes
soles y grandes fríos,
do habréis menester de templar el calor del sol con
el aventadero de
plumas que habéis de llevar en la mano; haceos a
los trabajos de comer
pan seco, con
maíz tostado; no
penséis, hijo, que
de aquí adelante
habéis de vivir en regalos y en delicadezas, porque habéis con vuestro
sudor de ganar la comida; a nadie se le viene a
casa lo que ha de comer
y beber, a nadie se le cae delante lo que ha de menester; no se junta
la hacienda sin trabajo, es menester trabajar con
todas las fuerzas para alcanzar la misericordia de dios. No hay otra cosa que
os decir, quedad en buena hora”.
(Lib. VI, cap. xxiii)
ENHORABUENA
A LA PREÑADA
“Nieta mía muy amada y preciosa, como piedra
preciosa, como chalchi huite y zafiro, noble y generosa; ya es cierto ahora
que nuestro señor se ha acordado de vos, el cual está en toda parte y hace
mercedes a quien quiere; ya está claro que estáis preñada, y que nuestro señor
os quiere dar fruto de generación, y os quiere poner un joyel y daros una pluma
rica. Por ventura lo han merecido vuestros suspiros y vuestras lágrimas, y el
extendimiento de vuestras manos delante de nuestro señor dios, y las peticiones
y oraciones que habéis ofrecido en presencia de nuestro señor, llamado tiniebla
y aire, en las vigilias de la media noche; por ventura habéis velado, por
ventura habéis trabajado en barrer y ofrecer incienso en su presencia, por
ventura por estas buenas obras, ha hecho con vos misericordia nuestro señor;
por ventura ésta fue la causa por que se determinó en los cielos y en el
infierno, antes del principio del mundo, que se os hiciese esta merced. Por
ventura es verdad que nuestro señor Quetzálcóatl, que es criador y hacedor, os
ha hecho esta merced. Por ventura lo ha determinado el que reside en el cielo,
un hombre y una mujer, que se llaman Ometecutli, Omecíhuatl. Por ventura esto
está ya así determinado: mirad, hija mía, que no os ensoberbezcáis por la
merced que se os ha hecho; mira que no digáis dentro de vos, ya estoy preñada;
mirad que no atribuyáis esta merced a vuestros merecimientos; porque si esto
hiciéredes, no se le podrá es conder a nuestro señor lo que dentro de vos
pensáredes, porque no se le esconde ninguna cosa, aunque esté dentro de las
piedras y de los árboles, y así se enojará contra vos y os enviará algún
castigo, de manera que perdamos lo que dentro de vos está, matándolo nuestro
señor o permitiendo que nazca sin sazón o muera en su ternura; o por ventura
os dará nuestro señor alguna enfermedad a vos para
que muráis; porque el cumplimiento del deseo que tenemos del hijo y de
generación, por sola la misericordia de dios se nos cumple, y si nuestros
pensamientos son contrarios a esta verdad, pensando que se hace por nuestros
mereci mientos, nosotros nos defraudamos de la merced que nos está hecha.
Por ventura, hija, por tu soberbia no merecerás que
salga a luz lo que está principiando y viene ya; por ventura ya quiere brotar
la gene ración de tus bisabuelos y tatarabuelos, y de tus padres que te
echaron acá, y nuestro señor dios quiere que engendre y produzca fruto el
maguey que ellos plantaron hondamente, para que lo que naciera sea imagen de
ellos, a los cuales el mismo nuestro señor los escondió y los llevó para sí, y
él quiere que los levanten la cabeza y en alguna manera los resuciten los que nacerán
de su posteridad. Lo que ahora, hija mía muy tierna, es necesario que hagas es
que te esfuerces, que hagas tu posibilidad acerca de llorar y suspirar delante
de nuestro señor; traba jad también en barrer y en desembarazar, y en
componer, y en limpiar los altares y oratorios de vuestra casa, a honra de
nuestro señor dios; y procurad asimismo de ofrecer incienso, que se llama
tenamactli; velad de noche, mirad que no durmáis demasiado, ni os deis a la
dulzura del sueño, mayormente procurad de suspirar de corazón y decir: ¿qué
será de mí desde aquí a cuatro días, o cinco días?, porque somos flacos y muy
quebradizos. Oíd otra cosa, hija mía, que os encomiendo mucho: mirad que
guardéis mucho la criatura de dios que está dentro de vos; mirad, no burléis con
él; mirad que no seáis causa de alguna enfermedad por vuestra culpa, a la
merced que nuestro señor os ha hecho, que es haberos dado criatura, que es como
un joyel con que os ha adornado; mirad que os guardéis de tomar alguna cosa
pesada en los brazos, o de levantarla con fuerza, porque no empezcáis a vuestra
criatura; mirad, hija, que no uséis el baño demasiadamente, mirad que no la
matéis con el calor demasiado del baño. De otra cosa os aviso, y ésta quiero
que la oiga y la note nuestro hijo, vuestro marido N., que está aquí y es esto:
porque somos viejos, sabemos lo que conviene; mirad, los dos, que no os burléis
el uno con el otro porque no empezcáis a la criatura; mirad que no uséis mucho
el acto carnal, porque podrá ser que hagáis daño a la criatura, con la cual
nuestro señor os ha adornado a vos hija mía, y así saldrá cuando naciere manca
o lisiada de los pies o de las manos o de los dedos; si pluguiere a dios que
merezcamos que nazca vuestra criatura que dios os ha dado, y viniere muy
envuelta de la suciedad que causa el acto carnal, por ventura moriréis en el
parto, porque aque lla viscosidad es pegajosa, e impedirá la salida de vuestra
criatura por que hubo efusión de simiente sin haber para qué, y así se hace
pegajosa como engrudo, y podréis morir del parto.
Apartaos, hija, de mirar cosas que espantan o dan
asco: esto es consejo de los viejos y viejas que fueron ante nos. ¡Oh, hija mía
chiquita, palomita!, estas pocas palabras he dicho para esforzaros y animaros,
y son palabras de los viejos antiguos, vuestros
antepasados y de las viejas
que aquí están presentes, con las cuales os enseñan
todo lo que es nece
sario para que sepáis y veáis que os aman mucho y
que os tienen como
una piedra preciosa
y pluma rica; ninguna
cosa os han escondido,
y
en esto hacen como sabios y experimentados. Seáis,
hija, muy bien aven
turada y próspera, y vivas con mucha salud y
contento; y viva con sanidad
y con salud lo
que tenéis dentro en
vuestro vientre. Esperemos todos
en nuestro señor, esperando
lo que sucederá
mañana o ese
otro día,
y lo que de vos determinará nuestro señor. Seáis muy bien aventurada
y ruego que venga a luz lo que está en vuestro
vientre”.
PREPARACION DE LA PARTURIENTA
“Señores nuestros y padres muy amados, por mi causa habéis recibido
trabajo en el camino, porque hay caídas y
tropiezos, con tener muchos
negocios y ocupaciones que nuestro señor os ha
encargado; por mi causa
los habéis dejado, por darme a mí contento,
descanso y placer con vues
tras palabras y consejos, y avisos muy preciosos
y raros, que aquí he
yo oído, como de padres y de madres muy amados, las
cuales tenéis ate
soradas en vuestras entrañas y en vuestra garganta,
cosas muy preciosas y
deseables. ¿Por ventura las olvidaré, o ambos las
olvidaremos, yo y mi ma
rido, el cual aquí está,
que es vuestro siervo y criado. N., a los cuales
ambos nuestro señor nos ha juntado y atado?; ¿por
ventura con descuido lo
olvidará? Y lo que, señores, habéis oído, la razón
porque habéis venido, es
verdad. Verdad habéis oído, que ya nuestro señor
tiene por bien de nos que
rer dar una piedra preciosa y una pluma rica. ¿Por
ventura tendrá por bien
de sacar a
la luz lo que está comenzado,
o por ventura perderé este
beneficio, y no gozaré de mi criatura? No sé lo que
nuestro señor tiene
propósito de hacer en este negocio.
Por cierto esto sé, que en mí no
hay merecimiento
para que venga
a luz y nazca en
el mundo; duda
tengo que nuestro señor
le dé luz, para que se conozca la merced que
me ha hecho. Aquí está presente vuestro siervo y
criado; siempre anda
mos
juntos, como trabados
de las manos,
no sé si lo
verá, no sé si
conocerá,
no sé si verá la cara de lo que de
su sangre se ha
hecho,
que es lo que tengo en el vientre; no sé si verá a su imagen, que es
la
criatura que está
en mí, o si por ventura nuestro
señor, que está
en todo
lugar, se quiere reír
de nosotros deshaciéndole
como agua, o
dándole
alguna enfermedad en su
ternura, o nacerá sin tiempo y nos
dejará con el deseo de generación, porque
ni nuestro lloro ni
nuestra
penitencia merece otra cosa;
esperemos en nuestro señor; por
ventura
no lo
merecemos. Padres míos,
y señores míos muy
amados, deséoos
todo reposo y todo contento”.
EL PARTO
“Señora, aquí estáis presente, haos traído nuestro
señor, que está en todo lugar. Persona honrada y digna de veneración. También
aquí están presentes los viejos y viejas vuestros mayores: Sabed, señora, que
esta mozuela está preñada, mujer casada con N., que aquí está, vuestro siervo,
sus padres y sus parientes os la presentan y encomiendan, porque nuestro señor,
que rige el mundo, quiere hacer con ellos misericordia en darles una piedra
preciosa y una pluma rica, que es la criatura, que ya viene dentro del vientre
de su madre, que está aquí presente, que es esta moza vuestra sierva, que se
llama N., la cual está casada con vuestro siervo y criado N., el cual la pone
en vuestras manos, en vuestro regazo, sobre vuestras espaldas; y también los
viejos y viejas parientes y padres y madres de ella, os encomiendan esta su
hija ahora. Señora, metedla en el baño, como sabéis que conviene, que es la
casa de nuestro señor llamada Xochicaltzin, a donde arrecia y esfuerza los
cuerpos de los niños la madre y abuela, que es la señora diosa llamada
Yoaltícitl. Entre, pues ésta la moza en el baño por vuestra industria, porque
ya ha llegado el tiempo de tres o cuatro meses que ha concebido, ¿qué os pa
rece, señora, de esto?
No queremos que por nuestro poco saber la pongamos
en ocasión de enfermedad; por ventura aún no es tiempo de enderezarle la
criatura, ni llegar a ella. Estas palabras habéis oído en muestra muy amada;
deseo salud a vuestro corazón y a vuestro cuerpo, con todo contento; no hay
otra persona más hábil para hablaros, con aquella cortesía y concierto de
palabra que, señora, merecéis; y si la hubiera no la escondieran estos viejos y
viejas, padres y madres de los casados, que aquí están, que han brotado y procedido
de los abuelos y antepasados señores, y progenitores de esta señora N. y de su
marido vuestro siervo y criado N. Ellos ignoran lo que en su ausencia se hace,
porque ya están en el recogimiento y encerramiento que nuestro señor los puso,
ya son idos a reposar a la casa, donde todos hemos de ir, que está sin luz y
sin ventanas, que ya están dando descanso a su dios y padre de todos nosotros,
que es el dios del infierno Mictlantecutli. Ojalá estuvieran ellos presentes a
este ne gocio, porque ellos lloraran y se afligieran por lo que ahora tenemos
nosotros como sueño, que es la fiesta grande y la maravilla que nuestro señor
les quiere dar; y ellos, si fueran vivos, os hablaran y rogaran según vuestro
merecimiento, pero por estar ellos ausentes, nosotros sus suce sores hacemos
niñerías y muchacherías, en pronunciar palabras barbari zando y tartamudeando,
aquí en vuestra presencia, sin orden y sin con cierto, trabajando de
presentaros nuestra necesidad. Así os rogamos, señora, que hagáis misericordia
con esta muchacha, y que hagáis con ella vuestro oficio y facultad, pues que
nuestro señor os ha hecho maestra y médica, y por su mandado ejercitáis este
oficio. Señora, no
tenemos que decir más de lo que habéis oído: os dé
dios muchos días de vida para que le sirváis y ayudéis en este oficio que os ha
dado”.
AQUI RESPONDEN LA MADRE Y PARIENTAS DE LA CASADA A
LA PARTERA
“Muy amada señora y madre nuestra espiritual, haced,
señora, vuestro
oficio, responded a la
señora y diosa nuestra que se llama Quilaztli, y
comenzad a bañar a
esta muchacha; metedla en el baño, que es la flor
esta de nuestro señor que le llamamos temazcalli, a
donde está y donde
cura y ayuda
la abuela, que
es diosa del temazcalli que
se llama
Yoaltícitl”.
Oído esto, la partera luego, ella misma,
comienza a encender fuego
para calentar el baño, y luego metía en el baño a
la moza preñada, y la
palpaba con las manos el vientre, para enderezar la
criatura si por ven
tura estaba mal puesta, y volvíala de una parte a
otra; y si por ventura
la partera se hallaba mal dispuesta, o era muy vieja, otra por ella en-
cendía el fuego. Después de sacada del baño la
palpaba la barriga, y esto
hacía
muchas veces aun
fuera del baño,
y esto se
llamaba palpar a
secas; y porque es costumbre que los que se bañan
los hieran las espaldas
con hojas de maíz cocidas en la misma
agua del baño, esto mandaba
algunas veces la partera que no se hiciese, cuando
se bañaba la preñada;
también
mandaba algunas veces
que no se
calentase mucho el
agua,
porque
decía que había
peligro de escalentarse
o tostarse la criatura,
si estaba el agua muy caliente, y así se pegaría de
tal manera que no
podría
bien nacer; por
esta causa mandaba
que no golpeasen
en las
espaldas, ni el agua fuese muy caliente, porque no
peligrase la criatura.
También mandaba la partera que no se calentase
mucho la preñada al
fuego, ni la barriga,
ni las espaldas, ni tampoco
al sol, porque
no se
tostase
la criatura; también
mandaba la partera
a la preñada que no
durmiese
entre día, porque no
fuese disforme en la
cara el niño que
había de nacer.
Otros mandamientos o consejos
daba la partera a la
preñada, para
que los
guardase entretanto que
duraba la preñez;
mandábala que no
comiese aquel betún
negro que se llama tzictli,
porque la criatura por
esta causa no incurriese en el peligro que se llama
netentzoponiliztli, y
que no se hiciese el paladar duro y las encías
gruesas, porque no podría
mamar y se moriría; también mandaba que no tomase
pena o enojo, ni
recibiese algún espanto porque no abortase o
recibiese daño la criatura,
también mandaba a los de casa que lo que quisiese o
se le antojase a la
preñada, que
luego se lo diesen, porque no recibiese daño la criatura,
si no le diesen luego lo que se le había antojado;
también la partera mandaba a la preñada que no mirase lo colorado porque no
naciese de lado la criatura; mandaba la partera a la preñada que no ayunase,
porque
no causase hambre a la criatura; también la mandaba que no comiese
tierra, ni tampoco tízatl, porque nacería enferma la criatura o con
algún
defecto
corporal, porque lo (que) come y
bebe la
madre, aquello se
incorpora en la
criatura y de aquello toma la
sustancia. También decía
la partera a la preñada que cuando era recién
preñada de un mes, o dos
o tres meses, que tuviese cuenta con su marido,
templadamente; porque
si del todo se abstuviese
del acto carnal, la criatura
saldría enferma
y de pocas fuerzas,
cuando naciese; también
mandaba la partera a la
preñada que cuando ya llegaba cerca el tiempo de
parir, que se abstu
viesen
del acto carnal, porque si no
lo hiciese así la
criatura saldría
sucia y
cubierta de una
viscosidad blanca como si
fuera bañada con
atolli blanco, y en aquello parecía que nunca
dejaron el acto carnal en
todo el tiempo que estaba preñada; y esto es cosa
vergonzosa a la mujer
preñada, y
esta misma viscosidad da mucha
pena, y dolor a la mujer
cuando pare, tiene mal parto, y aun
queda lastimada por
dos o tres
días, y cuando pariere dará muchas voces con el
dolor, porque aquella
viscosidad
es pegajosa y no deja salir a la
criatura libremente, y esto
porque recibió la simiente del varón cuando no convenía; y para sacar
la
criatura era menester
que la partera
tenga mucha maña,
para no
lastimar a
la madre
y a la criatura, y si la
partera no tiene
aquella
destreza,
que conviene, muere la
criatura antes de nacer,
o de acabar
de nacer porque se pega o se vuelve de lado; y
algunas veces también
por esta causa muere la parida, porque con aquella
viscosidad se pega
y se revuelve en las partes, y no puede salir, por
eso muere dentro de
su madre y también la madre muere. Y el no cesar de
la cópula carnal
cuando es menester,
es causa que la simiente del
varón se vuelva vis
cosidad pegajosa,
donde se causa el peligro dicho.
Digamos
aquí una cosa
digna de saber,
que tiene dependencia
de
cuando
el niño muere dentro de
su madre, que
la partera con
una
navaja de piedra que se llama itztli, corta el cuerpo
muerto dentro de
la madre y a pedazos le saca; con esto libran a la
madre de la muerte.
También manda la partera a la preñada que no llore, ni tome tristeza,
ni nadie le dé pena porque no reciba detrimento la
criatura que tiene en
el vientre; también mandaba que a la preñada la
diesen de comer su
ficientemente y buenos manjares, calientes y bien
guisados, mayormente
cuando a la preñada le viene su purgación, o
como dicen, su regla, y
esto llaman que la criatura se lava los pies porque
no se halle la criatura
en vacío o haya alguna vaciedad o falta de sangre
o humor necesario,
y así reciba algún daño; también mandaba la partera
a la preñada que
no trabajase mucho, ni presumiese de diligente ni
hacendosa, mientras
que estaba preñada, ni tampoco levantase alguna
cosa pesada y que no
corriese, ni temiese, ni se espantase de nada,
porque estas cosas causan
aborto.
Estas cosas dichas son los mandamientos o consejos
que daba
la partera a la preñada.
LAS DILIGENCIAS QUE HACIA LA PARTERA, LLEGADA LA
HORA DEL PARTO, PARA QUE LA PREÑADA PARIESE SIN
PENA, Y LOS REMEDIOS QUE LA APLICABA SI TENIA MAL
PARTO, DONDE HAY COSAS BíEN GUSTOSAS DE LEER
Llegado el tiempo del parto llamaban a la partera,
y los hijos e hijas de los señores nobles, y de los ricos y mercaderes, cuatro
o cinco días antes que pariese la preñada, estaba con ellos la partera
aguardando y espe rando a que llegase la hora del parto; ya cuando comenzaban
los dolores del parto, ellas mismas (las parteras), según se dice, hacían la
comida para la preñada; y cuando ya la preñada sentía los dolores del parto,
luego le daban un baño, y después del baño dábanla a beber la raíz de una yerba
molida que se llama cihuapactli, que tiene virtud de impeler o empujar hacia
afuera a la criatura; y si los dolores eran recios aun todavía, dábanla a beber
tanto como medio dedo de la cola del animal que se llama tlaquatzin, molida;
con esto paría fácilmente, porque esta cola de este animal tiene gran virtud
para expeler y hacer salir la cria tura. Tiene esta carne y cola de este
animal tan fuerte virtud de expeler que una vez un perro, a hurto, comió uno de
estos animales que se llaman tlaquatzin, y luego echó el perro por el sieso
todas las tripas y todos los hígados, que no le quedó nada en el cuerpo; de la
misma manera, si alguno comiese o bebiese molida una cola entera de uno de
estos animales, luego echaría por bajo todos los intestinos. Y si después de
haber bebido la preñada las dos cosas arriba dichas, no paría, luego la
partera, y los que estaban con ella tomaban conjetura que había de morir la que
estaba de parto, y comenzaban a llorar, y la partera co menzaba a decir:
“Hijos míos e hijas, ¿qué es la voluntad de nuestro señor, qué nos ha de
acontecer ahora? Muy peligroso está este negocio; roguemos a nuestro señor que
está en todo lugar, que ninguna cosa nos ayuda”.
Y luego la partera levantaba en alto a la preñada,
tomándola con ambas manos por la cabeza, meneándola, y dábala en las espaldas o
con las manos o con los pies, y decíala de esta manera: “hija mía, esfuérzate,
¿qué te haremos? No sabemos ya qué te hacer: aquí están presente tu madre y
parientes, mira que tú sola has de hacer este negocio; haz fuerza en el caño de
la madre, para que salga la criatura. Hija mía muy amada, mira que eres mujer
fuerte, esfuérzate, y haz como mujer varonil; haz como hizo aquella diosa que
parió primero que se llamaba Cihuacóatl, y Quilaztli” — ésta es Eva, que es la
mujer que primero parió— . Y si pa saba una noche y un día, que no paría la
paciente, luego la metían en el baño, y en el baño la palpaba la partera y le
enderezaba la criatura, si por ventura se había puesto de lado o atravesada;
enderezábala para que saliese derechamente, y si esto no aprovechaba, y con
todo esto no podía parir, luego ponían a la paciente en una cámara cerrada, con
sola la partera, que estaba con ella, y allí la partera oraba y decía muchas
oraciones, llamando a la diosa que se llama
Cihuacóatl y Quilaztli, que decimos ser Eva, y también llamaba a la diosa que
se llama Yoaltícitl, y también llamaba a otras no sé qué diosas. Y la partera,
que era hábil y bien diestra en su oficio, cuando veía que la criatura estaba
muerta dentro de su madre, porque no se meneaba, y que la paciente estaba con
gran pena, luego metía la mano por el lugar de la generación a la pa ciente, y
con una navaja de piedra cortaba el cuerpo de la criatura y sacábalo a pedazos.
(Lib. VI, cap. xxviii)
CORTE Y ENTIERRO DEL OMBLIGO
“Hijo mío muy amado, y muy tierno, cata aquí la
doctrina que nos de jaron nuestro señor Yoaltecutli y la señora Yoaltícitl, tu
padre y madre; de medio de ti corto tu ombligo; sábete y entiende, que no es
aquí tu casa donde has nacido, porque eres soldado y criado, eres ave que
llaman quecholli, eres ave que llaman zaquan, que eres ave y soldado del que
está en todas partes; pero esta casa donde has nacido, no es sino un nido, es
una posada donde has llegado, es tu salida en este mundo, aquí brotas, aquí floreces,
aquí te apartas de tu madre, como el pedazo de la piedra donde se corta; ésta
es tu cuna y el lugar donde reclines tu cabeza, solamente es tu posada esta
casa; tu propia tierra, otra es, en otra parte estás prometido, que es el campo
donde se hacen las guerras, donde se traban las batallas; para allí eres
enviado; tu oficio y facultad es la guerra, tu oficio es dar a beber al sol con
sangre de los enemigos, y dar de comer a la tierra, que se llama T láltecutli,
con los cuerpos de tus enemigos.
Tu propia tierra, y tu heredad, y tu padre, es la
casa del sol, en el cielo, allí has de alabar y regocijar a nuestro señor el
sol, que se llama Totonámetl in manic. Por ventura merecerás, y serás digno de
morir en este lugar y recibir en él muerte florida. Y esto que te corto de tu
cuerpo, y de (en ) medio de tu barriga, es cosa suya, es cosa debida a
Tlaltecutli, que es la tierra, y el sol; y cuando se comenzare la guerra a
bullir, y los soldados a se juntar, ponerla hemos en sus manos de aquellos que
son soldados valientes, para que la den a tu padre y a tu madre la tierra, y el
sol; enterrarla han en medio del campo donde se dan las batallas, y esto es la
señal que eres ofrecido y prometido al sol y a la tierra, ésta es la señal que
tú haces profesión de hacer este oficio de guerra, y tu nombre estará escrito
en el campo de las batallas para que no se eche en olvido tu nombre, ni tu
persona; esta la ofrenda de espina, y de maguey, y de caña de humo, y de ramos
de acxóyatl, la cual se corta de tu cuerpo, cosa muy preciosa; con esta ofrenda
se confirma tu peni tencia y tu voto, y ahora resta que esperemos el
merecimiento y dignidad
o provecho que nos vendrá de tu vida y de tus
obras; hijo mío muy amado, vive y trabaja; deseo que te guíe, y te provea, y te
adorne, aquel que está en todo lugar”.
Y si la criatura era hembra, hablaba la partera de
esta manera cuando la cortaba el ombligo:
“Hija mía y señora mía, ya habéis venido a este
mundo; haos enviado nuestro señor, el cual está en todo lugar: habéis venido al
lugar de cansancios y de trabajos y congojas, donde hace frío y viento. Nota,
hija mía, que del medio de vuestro cuerpo, corto y tomo tu ombligo, porque así
lo mandó y ordenó tu padre y tu madre Yoaltecutli, que es señor de la noche, y
Yoaltícitl, que es la diosa de los baños; habéis de estar dentro de casa como
el corazón dentro del cuerpo, no habéis de andar fuera de casa, no habéis de
tener costumbre de ir a ninguna parte; habéis de ser la ceniza con que se cubre
el fuego en el hogar; habéis de ser las trébedes, donde se pone la olla; en
este lugar os entierra nuestro señor, aquí habéis de trabajar; vuestro oficio
ha de ser traer agua y moler el maíz en el metate; allí habéis de sudar, cabe
la ceniza y cabe el hogar”.
Dicho esto la partera enterraba junto al hogar el
ombligo que había cortado a la niña. Decían que ésta era señal que la niña no
saldría de casa; solamente había de vivir en casa; no convenía que fuese a
alguna parte, (y ) también esto significaba que había de tener cuidado de hacer
la bebida y la comida, y las vestiduras, como mantas, etc., y que su oficio ha
de ser hilar y tejer.
(Lib. VI, cap. xxxi)
EL BAUTISMO DE LA CRIATURA, Y TODAS LAS CEREMONIAS
QUE EN EL SE HACIAN, Y EL PONER EL NOMBRE DE LA CRIATURA Y EL CONVITE
DE LOS NIÑOS, ETC.
Al tiempo de bautizar la criatura luego aparejaban
las cosas necesarias para el bateo, que era que le hacían una rodelita y un
arquito, y sus saetas pequeñitas, cuatro, una de las cuales era del oriente,
otra del occi-dente, otra del mediodía y otra del norte; y hacíanle también una
rode lita de masa de bledos, y encima ponían un arco y saetas, y otras cosas
hechas de la misma masa. Hacían también comida de molli, o potaje con frijoles
y maíz tostado, y su mastelejo y su mantica ; y a los pobres no les hacían más
del arco y las saetas, y su rodelilla, algunos tamales y maíz tostado; y si era
hembra la que se bautizaba, aparejábanla todas las alhajas mujeriles, que eran
aderezos para tejer y para hilar, como era huso y rueca y lanzadera, y su
petaquilla, y vaso para hilar, etc., y también su huipilejo y sus naguas
pequeñitas. Y después de haber apa rejado todo lo necesario para el bateo,
luego se juntaban todos los pa rientes y parientas del niño, viejos y viejas,
luego llamaban a la partera,
que era la que bautizaba a la criatura que había
parteado; juntábanse todos muy de mañana, antes que saliese el sol, y en
saliendo el sol, ya que estaba algo altillo, la partera demandaba un lebrillo
nuevo, lleno de agua, y luego tomaba el niño entre ambas manos y luego tomaban
los circunstantes todas las alhajuelas que estaban aparejadas para el bautismo
y poníanlas en el medio del patio de la casa; y para bautizar el niño poníase
la partera con la cara hacia el occidente, y luego co menzaba a hacer sus ceremonias
y comenzaba a decir: ¡Oh águila, oh tigre, oh valiente hombre, nieto mío!, has
llegado a este mundo, hate enviado tu padre y tu madre, el gran señor y la gran
señora. Tú fuiste criado y engendrado en tu casa, que es el lugar de los dio
ses supremos del gran señor y de la gran señora que están sobre los nueve
cielos; hízote merced nuestro hijo Quetzalcóatl, que está en todo lugar; ahora
júntate con tu madre la diosa del agua que se
llama
Chálchiuhtlicue y
Chalchiuhtlatónac”. Dicho esto luego le
daba
a gustar del agua, llegándole los dedos mojados a
la boca, y decía de esta manera: “Toma, recibe, ve aquí con qué has de vivir
sobre la tierra, para que crezcas y reverdezcas; ésta es por quien tenemos y
nos mereció las cosas necesarias, para que podamos vivir sobre la tierra;
recíbela”.
Después de esto tocábale los pechos con los dedos
mojados en el agua y decíale: “Cata aquí el agua celestial, cata aquí el agua
muy pura que lava y limpia vuestro corazón, que quita toda suciedad, recíbela;
tenga ella por bien de purificar y limpiar tu corazón”. Después de esto
echábale el agua sobre la cabeza, diciendo: “¡Oh nieto mío, hijo mío, recibe y
toma el agua del señor del mundo, que es nuestra vida, y es para que nuestro
cuerpo crezca y reverdezca, es para lavar, para limpiar; ruego que entre en tu
cuer po y allí viva esta agua celestial azul, y azul clara! Ruego que ella
destruya y aparte de ti todo lo malo y contrario que te fue dado antes del
prin cipio del mundo, porque todos nosotros los hombres, somos dejados en su
mano, porque es nuestra madre Chálchiuhtlicue”. Después de esto lavaba la
criatura con el agua, por todo el cuerpo, y decía de esta manera: “A donde
quiera que estás, tú que eres cosa empecible al niño, déjale y vete, apártate
de él, porque ahora vive de nuevo y nuevamente nace este niño, ahora otra vez
se purifica y se limpia, otra vez le forma y engendra nuestra madre
Chálchiuhtlicue”. Después de hechas las cosas arriba dichas, tomaba la partera
al niño con ambas manos, y levantábalo hacia el cielo y decía: “Señor, veis
aquí vuestra criatura, que habéis enviado a este lugar de dolores y de
aflicciones y de penitencia, que es este mundo; dadle, señor, vuestros dones y
vuestras inspiraciones, pues vos sois el gran dios, y también con vos la gran
diosa”. Cuando esto decía estaba mirando hacia el cielo. Tornaba un poco a
poner el niño en el suelo, y tornaba la segunda vez a levantarle hacia el
cielo, y decía de esta manera: “Señora, que sois madre de los cielos, y os
llamáis Citlaltónac, y también Citlalicue, a vos se enderezan mis pala
bras y mis voces, y os ruego imprimáis vuestra
virtud, cualquiera que ella es, dadla, inspiradla a esta criatura”. Y luego la
tornaba a poner, y luego la tercera vez tornábala a alzar hacia el cielo, y
decía: “¡Oh señores dioses y diosas celestiales, que estáis en los cielos, aquí
está esta criatura, tened por bien de infundirle y en inspirarle vuestra virtud
y vuestro soplo, para que viva sobre la tierra!”. Y luego la tornaba a poner, y
de allí a un poquito la tornaba a levantar hacia el cielo, la cuarta vez, y
hablaba con el sol y decía: “Señor sol y Tlaltecutli, que sois nuestra madre y
nuestro padre: veis aquí esta criatura, que es como una ave de pluma rica que
se llama zaquan o quecholli, vuestra es, y he determinado de os la ofrecer a
vos, señor sol, que también os llamáis
Tonámetl y Xipilli y Quauhtli, Océlotl, y pintado
como tigre de pardo
y negro, y que sois valiente en la guerra; mirad
que es vuestra esta cria tura, y es de vuestra hacienda y patrimonio, que para
esto fue criada y para os servir, para os dar comida y bebida; es de la familia
de los soldados y peleadores que pelean en el campo de las batallas”. Y luego
tomaba la rodela, y el arco y el dardo que estaban allí aparejados, y decía de
esta manera: “Aquí están los instrumentos de la milicia, con que sois servido,
con que os gozáis y deleitáis; dadle el don que soléis dar a vuestros soldados,
para que pueda ir a vuestra casa llena de delei tes, donde descansan y se
gozan los valientes soldados que mueren en la guerra, que están ya con vos
alabándoos. ¿Será por ventura este pobre-cito maceguál uno de ellos? ¡Oh señor
piadoso, haced misericordia con él!”.
Y todo el tiempo que estas ceremonias se están
haciendo, está ardien do un hachón de teas grande y grueso. Acabadas todas
estas ceremonias ponen nombre al niño, de alguno de sus antepasados, para que
levante la fortuna y suerte de aquel cuyo nombre le dan: este nombre le pone la
partera o sacerdotisa que le bautizó. Pongo por caso que le pone por nombre
Yáotl; comienza a dar voces, y habla como varón con el niño
y dícele de esta manera: “Yáotl, que quiere decir
hombre valiente, reci be, toma tu rodela, toma el dardo, que éstas son tus
recreaciones, y regocijos del sol”. Y luego le ponían la mantilla atada sobre
el hombro y le ciñe un maxtli.
En este tiempo que estas cosas se hacían, júntanse
los mozuelos de todo aquel barrio, y acabadas todas las ceremonias entran en la
casa del bautizado y toman la comida que allí les tenían aparejada, y a ésta
llaman el ombligo del niño, y salían huyendo con ella e iban co miendo de la
comida que habían arrebatado; y luego comenzaban a voces a decir el nombre del
niño, y si era su nombre Yáotl, iban dicien do: “¡Oh Yáotl, oh Yáotl, vete
hacia el campo de las batallas, ponte en el medio donde se hacen las guerras!
¡Oh Yáotl, oh Yáotl, tu oficio es regocijar al sol y a la tierra, y darlos de
comer y de beber; ya eres de la suerte de los soldados que son águilas y
tigres, los cuales murieron en la guerra, y ahora están regocijando y cantando
delante del sol”.
Y iban también diciendo: “¡Oh soldados, oh gente de
guerra, venid acá, venid a comer el ombligo de Yáotll”. Estos muchachos
representaban a los hombres de guerra, porque robaban y arrebatan la comida que
se llamaba el ombligo del niño. Después de que la partera, o sacerdotisa había
acabado todas las ceremonias del bautismo, metían al niño en casa e iba delante
de él el hachón de teas ardiendo, y así se acababa el bautismo.
(Lib. VI, cap. xxxvii)
CONVITES DE LOS BAUTIZOS
DE LA SUPERSTICION QUE USABAN LOS QUE IBAN A
VISITAR (A) LA RECIEN
PARIDA, Y DE OTROS
RITOS QUE SE GUARDABAN EN LA CASA DE LA RECIEN PARIDA
Aquí se pone la ceremonia que hacían las mujeres a
las recién pari das. En sabiendo que alguna parienta había parido luego todas
las vecinas, y amigas y parientas, iban a visitarla para ver la criatura que
había nacido; y antes que entrasen en aquella casa, fregábanse las rodillas con
ceniza, y también fregaban las rodillas a sus niños, que llevaban consigo, no
solamente las rodillas mas todas las coyunturas del cuerpo; decían que con esto
remediaban las coyunturas que no se aflojasen. También hacían otra superstición:
que cuatro días arreo ardía el fuego en casa de la recién parida, y guardaban
estos cuatro días con mucha diligencia que nadie sacase fuera el fuego, porque
decían que si sacaban fuego fuera quitaban la buena ventura a la criatura que
había nacido.
(Lib. IV, cap. xxxiv)
DE LAS CEREMONIAS QUE HACIAN CUANDO
BAUTIZABAN LA CRIATURA, Y DEL CONVITE QUE HACIAN A
LOS NIÑOS CUANDO LES PONIAN EL NOMBRE; Y DE LA PLATICA QUE LOS VIEJOS HACIAN A
LA CRIATURA Y A LA MADRE
Síguese la ceremonia que hacían cuando bautizaban a
sus hijos y hijas. Este bautismo se hacía cuando salía el sol, y convidaban a
todos los niños para entonces y dábanles de comer; la criatura que nacía en
buen signo luego la bautizaban, y si no había oportunidad de bautizarla luego
diferíanla para la tercera o séptima o décima casa, y esto hacían para
proveerse de las cosas necesarias para
el convite de los bateos. Llegado
el día de
los bateos comían y bebían los viejos y viejas, y saludaban
al niño y a
la madre. Al niño
le decían: “Nieto
mío, has venido
al
mundo
donde has de padecer muchos trabajos
y fatigas, porque estas
cosas hay en el mundo. Por ventura vivirás mucho tiempo, y te logra
remos,
porque eres imagen de tu
padre y de tu madre,
eres proben
y broton1
de tus
abuelos y antepasados,
los cuales conocíamos,
que
vivieron en este mundo”. Dicho esto y otras cosas semejantes, halagaban
a la
criatura, trayéndole la mano sobre la cabeza en señal de
amor:
y luego comenzaban
a saludar a la
madre, diciendo de esta
manera:
“Hija mía, o señora mía, habéis sufrido trabajo en
parir a vuestro hijo
que es amable como una pluma rica o piedra
preciosa; hasta ahora érades
uno, vos y
vuestra criatura, ahora ya sois dos
distintos, cada uno ha
de vivir por sí, y cada uno ha de morir por sí, por
ventura gozaremos
y lograremos algún tiempo a vuestro hijo y lo
tendremos como a sartal
de piedras preciosas. Esforzaos, hija y tened cuidado de vuestra
salud;
mirad, no caigáis en enfermedad por vuestra culpa y
tened cuidado de
vuestro
hijito, mira que
las madres mal
avisadas matan a
sus hijos
durmiendo, o cuando maman; si no les quitan la teta
con tiento, suélense
agujerar el paladar y mueren; mirad que pues que
nos le ha dado nues
tro señor no le perdamos por vuestra culpa, y no es
menester fatigaros
con más palabras”.
(Lib. IV, cap.
xxxv)
DEL CONVITE QUE SE HACIA POR RAZON DE LOS BATEOS, Y
DE LA ORDEN DE SERVICIO Y DE LA BORRACHERA QUE ALLI PASABA
Síguese la manera
del convite que se hacía en los bateos.
Llegado el
día de los bateos, juntábanse los convidados en la
casa del que hacía
el bateo y
luego se asentaban por su orden,
porque tenían sus asientos
a cada uno
según su manera.
Luego comenzaban los
que tenían el
cargo de servir las cosas del convite, los que
habían elegido para esto;
ponían luego cañas de humo con sus platos delante
de cada uno de los
convidados; luego dábanles flores en las manos, y poníanles guirnaldas
en las cabezas y echábanles sartales de flores al cuello;
y luego todos
los convidados
comenzaban a chupar el humo
de las cañas,
y a oler
las flores. Después de esto venían los servidores
de la comida, y traían
comida a cada
uno según su
comida, y la
ponían delante del
que
estaba sentado. Una
orden de chiquihuites con diversas maneras de
pan, y pareados en
los chiquihuites otros
tantos cajetes con
diversas
1 Arcaísmo
equivalente a renuevo (JDic. de Amí.) Proben, seguramente, tiene un significado
semejante. R. C.).
maneras de cazuela, con carne o pescado; y antes
que comenzasen a comer los convidados la comida que les habían puesto, tomaban
un bocado de la comida y arrojábanle al suelo a honra del dios Tlaltecutli, y
luego comenzaban a comer; habiendo comido daban las sobras a sus criados, y
también los cajetes y chiquihuites. Luego venían los que ser vían el cacao y
ponían a cada uno una jicara de cacao, y a cada uno le ponían su palillo, que
llaman aquáuitl, y las sobras del cacao daban a sus criados. Después de haber
ellos bien bebido y comido estábanse en sus asientos un ratillo, reposando; y
algunos a quien no les conten taba la comida y bebida, levantábanse luego
enojados e íbanse mur murando del convite y del que los convidó, y entrábanse
en su casa enojados; y si alguno de parte del que convidó veía aquello, decíalo
al señor del convite, el cual los hacía llamar para el día siguiente y les daba
de comer y consolaba; a este día llamaban apeualo, porque en él se acababa todo
el convite. A las mujeres, que comían en otra parte, no las daban cacao a beber
sino ciertas maneras de mazamorra, sem brado con diversas maneras de chilmolli
por encima; y a la noche los viejos y viejas juntábanse y bebían pulcre y
emborrachábanse. Para hacer esta borrachería ponían delante de ellos un cántaro
de pulcre, y el que servía echaba en una jicara y daba a cada uno a beber, por
su orden, hasta el cabo. A las veces daban pulcre que llaman iztac octli, que
quiere decir pulcre blanco, que es lo que mana de los magueyes, y otras veces
daban pulcre hechizo de agua y miel, cocido con la raíz, al cual llaman
ayoctli, que quiere decir pulcre de agua, lo cual tenía guardado y aparejado el
señor del convite de algunos días antes. Y el servidor, cuando veía que no se
emborrachaban, tornaba a dar a beber por la parte contraria a la mano
izquierda, comenzando de los de más abajo. En estando borrachos, comenzaban a
cantar; unos cantaban y lloraban, y otros cantaban y habían placer; cada uno
cantaba lo que quería, y por el tono que se le antojaba; ninguno concertaba con
otro. Unos de ellos cantaban a voces, y otros cantaban bajito, como dentro de
sí. Otros no cantaban, sino parlaban y reían y decían gracias, y daban grandes
risadas cuando oían a los que decían gracias. De esta manera se hacían los
convites, cuando alguno convidaba por alguna causa.
(Lib. IV,
cap. xxxvi)
BAUTIZOS Y SIGNOS
QUE HABLA GENERALMENTE DE TODOS LOS SIGNOS2
Aquí brevemente se dice de todo lo susodicho, de
las calidades, y de condiciones de todos los signos de cada día; cuáles son
bien afortunados
2 Bustamante
suprimió este capítulo en su edición, por considerarlo inútil. Y el mismo
criterio siguió Jourdanet en su traducción francesa. (R. C .).
y cuáles son infelices, ya se ha dicho largamente
atrás, y se ha replicado
muchas veces que todos los signos hacen y cuentan
cada día, los cuales
se andan mudando de unos lugares a otros de sus
números, y son todos
los mismos; que cada uno de aquéllos tiene
principio cada vez, llevando
tras sí a los otros, alguna vez es bien afortunado,
y alguna vez es mal
aventurado
y alguna vez es
indiferente, conforme a sus números; ya
esto está dicho. Que los que nacían en buenos
signos luego se bautiza
ban, y los que nacían en infelices signos, no se
bautizaban luego mas
diferíanlos
para mejorar y
remediar su fortuna.
Por esto los
viejos
caducos y
necios, que eran
prácticos en este arte, buscaban el signo
que era mejor.
Por tanto,
aquí decimos sumariamente lo que resta de decir y hacer
mención de todo lo susodicho, por no dar hastío a
los lectores con pala
bras demasiadas y superfluas, y más porque en esto
no estamos estima
dos por importunos,
de tornar a
decir lo que
está ya dicho,
porque
poniendo comparación que
así como si fuese comida muy sabrosa, no
más ni menos
la plática o
razonamiento pierde su sabor cuando se
repite muchas veces una cosa, y en esto ya
se dijo todo, muy delicada
y
suavemente; así lo
que era blando y caliente, y sabroso, y
suave,
y gracioso, y donoso. También está ya dicho que así como si fuese el
pan
duro, y frío y
áspero, o así como el pan
hecho de maíz
cocido
no bien molido ni bien lavado que hiede a la cal, así es
la plática que
es molesta a
los oyentes; o así
como si fuese tamal muy caliente, el
cual
cuando se come
quema el paladar, y echa de sí
humo, porque
es demasiado caliente. Otrosí:
está ya dicho que así como si
fuese el
tamal frío y mohoso y podrido, así la plática
desabrida ofende al oído.
Por lo cual brevemente concluimos con pocas palabras lo que se dijo
ya arriba, porque no es razón tornar a decir y
replicar lo que está ya
platicado. Es como una pared que se hace y edifica
con los materiales
muy bastantes,
poco a poco. Así la plática se hizo y a
poco a
poco.
Unas pláticas están muy bien cumplidas y juntadas y
puestas hasta el
cabo,
así como si
fuese la pared
cuando se labra bien dentro
de la
pared, y dentro de las piedras grandes que se ponen
afuera se le meten
con mucha diligencia piedras chicas y menudas, con
piedras más peque
ñas, y con barro bastante; así esta plática, y
otras pláticas están abrevia
das y tajadas o cortadas, como parece en lo
susodicho.
(Lib. 6. IV, cap. xxxix)
PUEBLOS Y SEÑORES
PROLOGO
LOS PRIMEROS POBLADORES
Según que afirman los viejos, en cuyo poder estaban
las pinturas y me morias de las cosas antiguas, los que primeramente vinieron
a poblar a
esta tierra de esta Nueva España vinieron de hacia
el norte, en deman da del paraíso terrenal; traían por apellido Tamoanchan, y
es lo que ahora dicen tictemoa tochan, que quiere decir, “buscamos nuestra casa
natural”. Por ventura inducidos de algún oráculo, que alguno de los muy
estimados entre ellos había recibido y divulgado de que el paraí
so terrenal está hacia el
mediodía, como es
verdad, según casi
todos
los que escriben, que está debajo
de la línea equinoccial; y poblaban
cerca de los
más altos montes que hallaban, por tener relación que es
un m.onte altísimo; y es así verdad.
Estos primeros pobladores,
según lo manifiestan los antiquísimos
edi
ficios que ahora están muy manifiestos, fueron
gente robustísima y sa pientísima y belicosísima. Entre otras cosas muy
notables que hicieron,
edificaron una
ciudad fortísim.a, en tierra opulentísima,
de cuya felicidad
y riquezas aun en
los edificios destruidos de ella
hay grandes indicios.
A esta
ciudad llamaron Tullan, que
quiere decir, “lugar de
fertilidad
y abundancia”, y aun ahora se llama así y es lugar
muy ameno y fértil. En esa ciudad reinó muchos años un rey llamado
Quetzalcóatl, gran nigromántico e inventor de la nigromancia, y la dejó a sus
descendientes
y hoy día la usan. Fue extremado en las virtudes
morales. Está el nego cio de este rey entre estos naturales, como el del rey
Arthus entre los ingleses. Fue esta ciudad destruida y este rey ahuyentado;
dicen que
caminó hacia el oriente,
y que se fue (hacia) la ciudad del sol, llamada
Tlapallan, y
fue llamado del sol. Y dicen que es
vivo, y que ha de volver
a reinar y a reedificar aquella ciudad que le destruyeron, y así hoy día
le esperan. Y cuando vino don Hernando Cortés pensaron que era él,
y por tal le recibieron y tuvieron, hasta que
su conversación y la de
los que con él venían les desengañó.
Los que de esta ciudad huyeron edificaron otra muy
próspera ciudad, que se llama Cholulla, a la cual por su grandeza y edificios
los españo les, en viéndola, la pusieron Roma por nomhre. Parece que el
negocio
de estas dos ciudades, llevó el camino de Troya y
Roma. Después de esto, muchos años, comenzó a poblar la nación mexicana, y en
tres cientos años más o menos, se enseñorearon de la mayor parte de los reinos
y señoríos que hay en todo lo que ahora se llama Nueva España,
y poblaron la ciudad de México, que es otra
Venecia. Los señores de ella fueron emperadores, en especial el último que fue
Moteccuzoma, varón muy esforzado, muy belicoso y diestro en las armas,
magnánimo
y de grande habilidad y magnífico, extremado en las
cosas de su policía; pero cruel. En tiempo de éste llegaron los españoles, y él
tenía ya mu chos pronósticos de que habían de venir en su tiempo. Llegados los
españoles cesó el imperio de los mexicanos y comenzó el de España, y porque hay
muchas cosas notables en el modo de regir que estos infie les tenían, copilé
este volumen, que trata de los señores y de todas sus costumbres.
(Lib. VIH)
QUE TRATA DE
TODAS LAS GENERACIONES OUE
A ESTA TIERRA
HAN VENIDO A POBLAR
LOS TOLTECAS
Primeramente los toltecas, que en romance se pueden
llamar oficiales primos, según se dice, fueron los primeros pobladores de esta
tierra, y los primeros que vinieron a estas partes que llaman tierras de
México, o tierras de chichimecas; y vivieron primero muchos años en el pueblo
de Tullantzinco, en testimonio de lo cual dejaron muchas antiguallas allí, y un
cu que llamaban en indio Uapalcalli el cual está hasta ahora, y por ser tajado
en piedra y peña ha durado tanto tiempo.
Y de allí fueron a poblar a la ribera de un río
junto al pueblo de Xicotitlan, el cual ahora tiene nombre de Tulla, y de haber
morado y vivido allí juntos hay señales de las muchas obras que allí hicieron,
entre las cuales dejaron una obra que está allí y hoy en día se ve, aunque no
la acabaron, que llaman coatlaquetzálli, que son unos pilares de la hechura de
culebra, que tienen la cabeza en el suelo, por pie, y la cola y los cascabeles
de ella tienen arriba. Dejaron también una sierra o un cerro, que los dichos
toltecas comenzaron a hacer y no lo acabaron,
y los edificios viejos de sus casas, y el encalado
parece hoy día: Hállanse también hoy en día cosas suyas primeramente hechas,
conviene a saber, pedazos de olla, o de barro, o vasos, o escudillas, y ollas:
Sácanse tam bién de debajo de tierra joyas y piedras preciosas, esmeraldas y
tur quesas finas.
Estos
dichos toltecas todos se nombraban chichimecas,
y no tenían
otro nombre particular sino el que
tomaron de la curiosidad y primor
de las obras que
hacían, que se llamaron toltecas que es tanto como
si dijésemos oficiales
pulidos y curiosos, como ahora los de
Flandes,
y con
razón, porque eran
sutiles y primos en
cuanto ellos ponían
la
mano que todo era muy bueno, curioso y gracioso, como las casas que
hacían muy
curiosas, que estaban
de dentro muy adornadas
de cierto
género de piedras preciosas, muy verdes,
por encalado; y las otras que
no
estaban así adornadas
tenían un encalado muy
pulido que era de
ver, y piedras
de que estaban
hechas, tan bien
labradas y tan
bien
pegadas que parecía ser cosa de mosaico; y así con
razón se llamaron
cosas de primos y curiosos oficiales, por tener tanta lindeza de primor
y labor.
Había
también un templo que era de su
sacerdote llamado Quetzal-
cóatl, mucho más pulido y precioso que las casas suyas, el cual
tenía
cuatro aposentos:
el uno estaba hacia el oriente, y era de oro, y llamá
banle
aposento o casa dorada,
porque en lugar del
encalado tenía oro
en planchas y muy sutilmente enclavado; y el otro
aposento estaba hacia
el poniente, y a éste le llamaban aposento de
esmeraldas y de turquesas,
porque por de dentro tenía pedrería fina de toda
suerte de piedras, todo
puesto y juntado en lugar de encalado, como obra de mosaico, que era
de grande admiración; y el otro aposento estaba
hacia el mediodía, que
llaman
sur, el cual era
de diversas conchas
mariscas, y en lugar
del
encalado tenía plata, y las conchas de que estaban
tan sutilmente pues
tas que no
parecía la juntadura de ellas;
y el cuarto aposento
estaba
hacia el norte, y este aposento era de piedra
colorada y jaspes y conchas
muy adornado.
También
había otra casa de labor de pluma, que por de dentro estaba
la pluma en lugar de encalado, y tenía otros cuatro
aposentos; y el uno
estaba hacia
el oriente, y éste era de pluma rica amarilla, que estaba
en lugar de encalado, y era de todo género de pluma
amarilla muy fina;
y el otro
aposento estaba hacia
el poniente, se
llamaba aposento de
plumajes, el cual tenía en lugar de encalado toda
pluma riquísima que
llaman
xiuhtótotl, pluma de un ave
que es azul
fino, y estaba
toda
puesta y pegada en mantas y en redes muy
sutilmente, por las paredes
de dentro a
manera de tapicería, por lo cual le llamaban quetzalcalli,
que es aposento de plumas ricas; y
al otro aposento que
estaba hacia
el sur llamábanle la casa de pluma blanca, porque toda era de pluma
blanca por
de dentro, a manera de
penachos, y tenía todo
género de
rica pluma blanca; y el otro aposento que estaba
hacia el norte le llama ban el aposento de pluma colorada, de todo género de
aves preciosas por dentro entapizado. Fuera de estas dichas casas hicieron
otras mu chas, muy curiosas y de gran valor.
La casa u oratorio del dicho Quetzalcóatl estaba en
medio de un río grande que pasa por allí, por el pueblo de Tulla, y allí tenía
su lava
torio el
dicho Quetzalcóatl, y le llamaban
Chalchiuhapan.
Allí hay muchas casas edificadas debajo de tierra,
donde dejaron muchas cosas enterradas los dichos toltecas, y no solamente en el
pueblo de Tullan, y Xicotitlan, se han hallado las cosas tan curiosas y primas
que dejaron hechas, así de edificios viejos, como de otras cosas, etc., pero en
todas partes de la Nueva España donde se han hallado sus obras, así ollas, como
pedazos de tejuelas de barro, de todo género de servicio, y muñecas de niños, y
joyas y otras muchas cosas por ellos hechas; y la causa de esto es, porque casi
por todas partes estuvieron derramados los dichos toltecas.
Los que eran amantecas, que son los que hacían obra
de pluma, eran muy curiosos y primos en lo que hacían, y tanto que ellos fueron
inven tores del arte de hacer obra de pluma, porque hacían rodelas de pluma y
otras insignias que se decían apanecáyotl, y así todas las demás que
antiguamente se usaban fueron de su invención hechas a maravilla y con gran
artificio de plumas ricas; y para hacerlas muy pulidas primero antes que
saliesen a luz trazaban y tanteábanlas, y al cabo hacíanlas con toda curiosidad
y primor.
Tenían
asimismo mucha experiencia
y conocimiento los dichos
tol
tecas, que
sabían y conocían las calidades y virtudes de las hierbas, que
sabían las
que eran
de provecho y las que eran dañosas y mortíferas,
y las que eran simples; y por la gran experiencia que tenían de ellas
dejaron señaladas y conocidas las que ahora se usan
para curar, porque
también
eran médicos, y especialmente los
primeros de este
arte que
llamaban Oxomoco Cipactonal, Tlaltetecuin,
Xochicauaca, los cuales fue
ran tan hábiles
en conocer las hierbas
que ellos fueron
los primeros
inventores de Medicina, y aun
los primeros médicos herbolarios.
Ellos
mismos por
su gran conocimiento hallaron y
descubrieron las piedras
preciosas, y
las usaron ellos primeros, como son las
esmeraldas y tur
quesa fina
y piedra azul fina, y todo género de piedras preciosas.
Y fue tan
grande el conocimiento que tuvieron de las piedras que aunque estuviesen dentro
de alguna gran piedra, y debajo de la tierra, con su ingenio natural y
filosofía las descubrían; sabían dónde las ha bían de hallar, en esta manera,
que madrugaban muy de mañana y se subían a un alto, puesto el rostro hacia
donde sale el sol, y en saliendo tenían gran cuidado en ver y mirar a unas y a
otras partes, para ver dónde y en qué lugar y parte debajo de la tierra estaba
o había alguna piedra preciosa, y buscábanla mayormente en parte donde estaba
hú meda o mojada la tierra; y en acabando de salir el sol, y especialmente
empezando a salir, hacíase un poco de humo sutil que se levantaba en alto, y
allí hallaban la tal piedra preciosa debajo de la tierra, o dentro de alguna
piedra, por ver que salía aquel humo.
Ellos mismos hallaron y descubrieron la mina de las
piedras precio sas que en México se dicen xíuitl, que son turquesas, la cual
según los antiguos es un cerro grande que está hacia el pueblo de Tepotzotlan,
que tiene por nombre Xiuhtzone, donde hallaban y sacaban las dichas piedras
preciosas, y después de sacadas las llevaban a lavar a un arroyo que llaman
Atóyac; y como allí las lavaban y limpiaban muy bien, por esta causa le
llamaron Xipacoyan, y hora se llama de este nombre el propio pueblo que allí está
poblado junto al pueblo de Tulla.
Y tan curiosos eran los dichos toltecas que sabían
casi todos los ofi cios mecánicos, y en todos ellos eran únicos y primos
oficiales, porque eran pintores, lapidarios, carpinteros, albañiles,
encaladores, oficiales de pluma, oficiales de loza, hilanderos y tejedores.
Ellos mismos también, como eran de buen
conocimiento, con su in genio descubrieron y alcanzaron a sacar y descubrir
las dichas piedras preciosas, y sus calidades y virtudes, y lo mismo las minas
de plata, y oro, y de metales de cobre y plomo, y oropel natural, y estaño, y
otros metales, que todo lo sacaron y labraron, y dejaron señales y memoria de
ello. Y lo mismo el ámbar y el cristal, y las piedras llamadas ama tistas, y
perlas, y todo género de ellas, y todas las demás que traían por joyas, que ahora
se usan y traen así por cuentas como por joyas, y de algunas de ellas su
beneficio y uso está olvidado y perdido.
Eran tan hábiles en la Astrología Natural los
dichos toltecas que ellos fueron los primeros que tuvieron cuenta, y la
compusieron, de los días que tiene el año, y las noches, y sus horas, y la
diferencia de tiempos y que conocían y sabían muy bien los que eran sanos y los
que eran dañosos, lo cual dejaron ellos compuesto por veinte figuras o carac
teres. También ellos inventaron el arte de interpretar los sueños, y eran tan
entendidos y sabios que conocían las estrellas de los cielos y las tenían puestos
nombres, y sabían sus influencias y calidades, y sabían los movimientos de los
cielos, y esto por las estrellas.
También conocían y sabían y decían que había doce
cielos, donde en el más alto estaba el gran señor y su mujer; al gran señor le
llama ban Ometecutli, que quiere decir dos veces señor, y a su compañera le
llamaban Omecihuatl, que quiere decir dos veces señora, los cuales dos así se
llamaban para dar a entender que ellos dos señoreaban sobre los doce cielos y
sobre la tierra; y decían que de aquel gran señor de pendía el ser de todas
las cosas, y que por su mandato de allá venía la influencia y calor con que se
engendraban los niños o niñas en el vientre de sus madres.
Y estos dichos toltecas eran buenos hombres y
allegados a la virtud, porque no decían mentiras; y su manera de hablar y
saludarse unos a otros era: señor, y señor hermano mayor, y señor hermano
menor; y su habla en lugar de juramento era, es verdad, es así, así es, está
averiguado, y sí por sí, y no por no.
Su comida de ellos era el mismo mantenimiento que
ahora se usa, del maíz, y le sembraban y beneficiaban, así el blanco como el de
los demás colores de maíz con que se sustentaban, y compraban y trataban con
ello por moneda; y su vestir era ropa o manta, que tenía alacranes pintados de
azul; su calzado eran cotaras, también pintadas de azul, y de lo mismo eran sus
correas.
Y eran altos, de más cuerpo que los que ahora
viven, y por ser tan altos corrían y atrancaban mucho, por lo cual les llamaba
tlanquacemil' huique que quiere decir, que corrían un día entero sin descansar.
Eran buenos cantores, y mientras cantaban o
danzaban, usaban alam bores y sonajas de palo que llaman ayacachtli; tañían, y
componían, y ordenaban de su cabeza cantares curiosos; eran muy devotos y gran
des oradores.
Adoraban a un solo señor que tenían por dios, el
cual le llamaban Quetzalcóatl, cuyo sacerdote tenía el mismo nombre que también
le llamaban Quetzalcóatl, el cual era muy devoto y aficionado a las cosas de su
señor y dios, y por esto tenido en mucho entre ellos y así lo que les mandaba
lo hacían y cumplían y no excedían de ello; y les solía decir muchas veces que
había un solo señor y dios que se decía Quet zalcóatl, y que no quería más que
culebras y mariposas que le ofreciesen y diesen en sacrificio; y como los
dichos toltecas en todo le creían y obedecían no eran menos aficionados a las
cosas divinas que su sacer dote, y muy temerosos de su dios.
Finalmente fueron persuadidos y convencidos por el
dicho Quetzal cóatl para que saliesen del pueblo de Tulla, y así salieron de
allí por su mandato, aunque ya estaban allí mucho tiempo poblados y tenían
hechas lindas y suntuosas casas, de su templo y de sus palacios, que habían
sido edificados con harta curiosidad en el pueblo de Tulla, y en todas partes y
lugares donde estaban derramados y poblados y muy arrai gados allí, los dichos
toltecas, con muchas riquezas que tenían; al fin se hubieron de ir de allí,
dejando sus casas, sus tierras, su pueblo y sus riquezas, y como no las podían
llevar todas consigo, muchas dejaron enterradas y aun ahora algunas de ellas se
sacan debajo de tierra, y cierto no sin admiración de primor y labor. Y así,
creyendo y obede ciendo a lo que el dicho Quetzalcóatl les mandaba, hubieron
de llevar por delante aunque con trabajo (a ) sus mujeres e hijos, y enfermos,
y viejos y viejas, y no hubo ninguno que no le quisiese obedecer, por que todos
se mudaron cual él salió del pueblo de Tulla para irse a la región que llaman
Tlapallan, donde nunca más pareció el dicho Ouet-
zalcóatl.
Y estos dichos toltecas eran ladinos en la lengua
mexicana, que no eran bárbaros, aunque no la hablaron tan perfectamente como
ahora se usa. Eran ricos, y por ser vivos y hábiles, en breve tiempo con su
diligencia tenían riquezas, que decían que les daba su dios y señor
Quetzalcóatl, y así se decía entre ellos que el que
en breve tiempo se enriquecía, que era hijo de Quetzalcóatl.
Y la manera de se cortar los cabellos era según su
uso, pulido, que traían los cabellos desde la media cabeza atrás, y traían el
celebro atu sado, como a sobre peine; y éstos también por su nombre se
llamaban chichimecas, y no se dice aquí más, en suma de la manera y condición
de los que primero vinieron a poblar esta tierra que llaman México.
Resta por decir otro poco de los dichos toltecas, y
es que todos los que hablan claro la lengua mexicana, que les llaman náhuas,
son descen dientes de los dichos toltecas, que fueron de los que se quedaron y
no pudieron ir y seguir a Quetzalcóatl, como eran los viejos y viejas, o
enfermos, o paridas, o que de su voluntad se quedaron.
LOS CUEXTECAS Y TOUEYOMES Y
PANTECAS O PANOTECAS
El nombre de todos estos tómase de la provincia que
llaman Cuextlan, donde los que están poblados se llaman cuexteca, si son
muchos, y si uno cuextécatl; y por otro nombre toueyome cuando son muchos, y
cuando uno, toueyo, el cual nombre quiere decir nuestro prójimo. A los mismos
llamaban panteca, o panoteca, que quiere decir hombres del lugar pasadero, los
cuales fueron así llamados porque viven en la pro vincia de Pánuco, que
propiamente se llama Pantían o Panotlan, cuasi Panoayan, que quiere decir lugar
por donde pasan, que es a orillas o riberas de la mar; y dicen que la causa
porque le pusieron el nombre de Panoayan es que dizque los primeros pobladores
que vinieron a poblar a esta tierra de México, que se llama ahora India
Occidental, llegaron a aquel puerto con navios con que pasaron aquella mar; y
por llegar allí, y pasar de allí le pusieron nombre de Pantlan, y de antes le
llama ban Panotlan, casi Panoayan, que quiere decir, como ya está dicho, lugar
de donde pasan por la mar. Y en este lugar hacen grandísimos colores, y se dan
muy bien todos los bastimentos y muchas frutas que por acá no se hallan, como
es la que dicen quequéxquic, y otras muchas frutas. Hay también todo género de
algodón, y árboles de flores o rosas por lo cual le llaman Tonacatlapan, lugar
de bastimentos, y por otro nombre Xochitlalpan, lugar de rosas.
La manera de su traje y la disposición de su cuerpo
es, que son de la frente ancha y las cabezas chatas; y los cabellos traíanlos
teñidos de diferentes colores, unos de amarillo, otros de colorado y otros de
otros colores diferentes, y unos traían los cabellos largos en el colodrillo, y
otros los diferenciaban. Tienen los dientes todos agudos porque los aguzaban a
posta; tenían por ornamento brazaletes de oro en los brazos, y en las piernas
unas medias calzas de pluma, y en las muñecas de las manos unas muñecas de
chalchihuites; y en la cabeza, junto a la
oreja, poníanse plumajes hechos a manera de
aventadoricos, y a las espaldas unos plumajes redondos a manera de grandes
moscaderos de hojas de palmas, o de plumas coloradas, largas, puestas a manera
de rueda, y en las espaldas unos aventaderos también de plumas coloradas.
También suelen traer arcos y flechas delgadas y
pulidas, que en las puntas tenían unos casquillos de pedernal o de guijarros, o
de pie dras de navajas; y a cuantos tomaban en las guerras les cortaban las
cabezas, y dejando los cuerpos se las llevaban y las ponían con sus cabe llos
en algún palo, puestas en orden, en señal de victoria.
Estos andan bien vestidos, y sus ropas y mantas muy
pulidas y cu riosas, con lindas labores, porque en su tierra hacen las mantas
que
llaman centzontilmatli, centzonquachtli, que quiere decir, mantas de
colores; de allá se traen las mantas que tienen
unas cabezas de mons truos, pintadas, y las pintadas de remolinos de agua,
ingeridas unas con otras, en las cuales y en otras muchas se esmeraban las
tejedoras.
Tienen muchas joyas, esmeraldas y turquesas finas,
y todo género de piedras preciosas; las mujeres se galanean mucho y pénense
bien sus trajes, andan muy bien vestidas, traen sus trenzas en las cabezas, con
que se tocan, de colores diferentes y retorcidos con pluma.
Los defectos de los cuextecas son, que los hombres
no traen maxtles con que cubrir sus vergüenzas, aunque entre ellos hay gran
cantidad de ropa; traen las narices agujeradas, y con hojas de palma las ensan
chan, y en el agujero de ellas ponían un cañuto de oro y dentro del cañuto
atravesaban un plumaje colorado, y aguzaban sus dientes a posta, y los teñían
de negro y otros colores.
LOS OLMECAS, UIXTOTIN
Y MIXTECAS
Estos tales así llamados están hacia el nacimiento
del sol, y llámanles también tenimes, porque hablan lengua bárbara, y dicen que
son tolte-cas, que quiere decir oficiales de todos oficios, primos y sutiles en
todo y que son descendientes de los toltecas de que arriba se ha hecho men
ción. Y son muy ricos porque sus tierras son muy ricas, fértiles y abun dosas,
donde se da todo género de bastimento en abundancia; allí se da mucho cacao, y
la rosa o especie aromática llamada teonacaztli, y el otro género de cacao que
llaman quapatlachtli; dase también allá el ulli, que es una goma negra de un
árbol que se llama ulli, y la rosa que llaman yóloxóchitl, y todas las demás
rosas que son muy preciadas. (D e) allí es la madre de las aves que crían pluma
muy rica, y papagayos grandes y chicos, y el ave que llaman quetzaltótotl.
También se traen de allá las piedras muy ricas de
chalchihuites y las piedras turquesas; allí se halla también mucho oro y plata;
tierra cierto fértilísima, por lo cual la llamaron los antiguos Tlalocan, que
quiere decir, tierra de riquezas y paraíso terrenal.
El traje de ellos era de diversas maneras; unos
traían mantas, otros como unas jaquetillas y otros los maxtles con que cubrían
sus vergüen zas. Sus mujeres son grandes tejedoras, muy pulidas en hacer
labores en la tela, y con razón lo son, pues son de tan buena y rica tierra.
Traen y usan ajorcas muy anchas de oro, y sartales de piedras a las muñecas, y
joyeles de piedras al cuello y joyeles de oro; traen también cotaras, como los
hombres, pero las que traen los hombres son más pulidas; usaban también cotaras
hechas de ulli. De éstos, porque eran ricos, y no les faltaba nada de lo
necesario antiguamente, se decía que eran hijos de Quetzalcóatl y así creían
los antiguos que el que era próspero, rico y bien afortunado, que era conocido
y amigo del
dicho Quetzalcóatl.
Traían ni más ni menos como los demás, arcos y
flechas y hachas, para defenderse de bestias fieras que veían en las montañas.
Muchos de éstos hay que son nahuas, o mexicanos.
LOS DE M1CHOACAN, Y POR OTRO
NOMBRE QUAOCHPANME
Michoacaque cuando son muchos, y cuando uno,
michoa, y quiere decir, hombre, u hombres abundantes de peces, porque en la
provincia de ellos allí es la madre de los pescados, que es Michoacan; llámanse
tam bién quaochpanme, que quiere decir hombres de cabeza rapada, o raída,
porque antiguamente estos tales no traían cabellos largos, antes se rapa ban
todos la cabeza, así los hombres como las mujeres, aunque fuesen ya viejas,
sino eran tal y cual que traían cabellos largos.
En su tierra se dan muy bien los bastimentos, maíz,
frijoles, pepitas y fruta y las semillas de mantenimientos llamadas huauhtli y
chían. El traje de ellos era que traían una jaquetillas sin mangas, a manera de
huípiles, con las cuales de continuo traían sus arcos y flechas y carcajes de
saetas; su vestido era el pellejo de gatos monteses, o de tigre, o de león, o
de venados o de ardillas, y por atavío o aderezo traían plumajes redondos a
manera de aventadoricos, de pluma encarnada, metida en la guirnalda que traían
en la cabeza, hecha de pellejo de ardilla. Sus casas eran lindas aunque todas
eran de paja; los hombres lindos y primos oficiales, carpinteros, entalladores,
pintores y lapidarios, y buenos oficiales de cotaras; y sus mujeres lindas
tejedoras, buenas trabajadoras y lindas labranderas de mantas galanas, y de las
grandes que traen dobla das. Hacían su comida para dos o tres días, y aun para
ocho días, por no hacerla cada día.
La falta que tenían es que antiguamente los hombres
no traían con que tapar sus vergüenzas sino las jaquetillas con que las
encubrían y todo el cuerpo, las cuales llegaban hasta las rodillas, y llámanse
cícuil, o xicolli, que son a manera de huípiles, que son camisas de las
mujeres de México; agujeraban también el labio de
abajo y las orejas, en el labio ponían sus bezotes y en las orejas sus orejeras
por vía de galanía. Las mujeres traían sus naguas, mas eran angostas y cortas,
que llegaban hasta las rodillas, y no traían huípiles; y en la comida ni los
unos ni los otros eran curiosos ni limpios. Su dios que tenían se llamaba
Taras, del cual tomando su nombre los michoaques, también se dicen tarasca; y
este Taras en la lengua mexicana se dice Míxcóatl, que era el dios de los chichimecas,
ante el cual sacrificaban culebras, aves y conejos, y no los hombres, aunque
fuesen cautivos, porque se servían de ellos como de esclavos. A su rey todos le
tenían reverencia y respeto y le obedecían en todo, conociéndole por su señor
los demás señores y principales de su provincia, y dándole tributo todos los
indios en reconocimiento del vasallaje; y no era menor que el rey de México.
LOS MEXICANOS
Este nombre mexícatl se decía antiguamente mecitli,
componiéndose de me, que es metí por el maguey, y de citli por la liebre, y así
se había de decir mecícatl; y mudándose la c en x corrómpese y dícese mexícatl.
Y la causa del nombre según lo cuentan los viejos es que cuando vinie ron los
mexicanos a estas partes traían un caudillo y señor que se llamaba Mécitl, al
cual luego después que nació le llamaron citli, liebre; y porque en lugar de
cuna lo criaron en una penca grande de un maguey, de allí adelante llamóse
mecitli, como quien dice, hombre cria do en aquella penca del maguey; y cuando
ya era hombre fue sacerdote de ídolos, que hablaba personalmente con el
demonio, por lo cual era tenido en mucho y muy respetado y obedecido de sus
vasallos, los cuales tomando su nombre de su sacerdote se llamaron mexica, o
mexícac, según lo cuentan los antiguos. Estos tales son advenedizos, porque vi
nieron de las provincias de los chichimecas, y lo que hay que contar de estos
mexica es lo siguiente.
Ha años sin cuenta que llegaron los primeros
pobladores a estas partes de la Nueva España, que es casi otro mundo, y
viniendo con navios por la mar aportaron al puerto que está hacia el norte; y
porque allí se desembarcaron se llamó Panutla, casi Panoayan, lugar donde
llegaron los que vinieron por la mar, y al presente se dice aunque
corruptamente Pantlan. Y desde aquel puerto comenzaron a caminar por la ribera
de la mar mirando siempre las sierras nevadas y los vol canes, hasta que
llegaron a la provincia de Guatimala, siendo guiados por su sacerdote, que
llevaba consigo a su dios de ellos, con quien siempre se aconsejaba para lo que
habían de hacer. Y fueron a poblar en Tamoanchan, donde estuvieron mucho tiempo
y nunca dejaron de tener sus sabios o adivinos que se decían amoxoaque, que
quiere decir hombres entendidos en las pinturas antiguas, los cuales aunque
vinie
ron juntos, pero no se quedaron con los demás en
Tamoanchan, porque dejándolos allí se tornaron a embarcar y llevaron consigo
todas las pin turas que habían traído de los ritos y de los oficios mecánicos.
Y antes que se partiesen primero les hicieron este razonamiento: “Sabed: que
manda nuestro señor dios que os quedéis aquí en estas tierras de las cuales os
hace señores, y os da posesión, el cual vuelve donde vino, y nosotros con él,
pero vase para volver y tornar a os visitar cuando fuere ya tiempo de acabarse
el mundo; y entretanto vosotros estaréis en estas tierras esperándole y
poseyendo estas tierras, y todas las cosas con tenidas en ellas, porque para
tomarlas y poseerlas vinisteis por acá, y así quedaos en buen hora, que
nosotros nos vamos con nuestro se ñor dios”.
Y así se partieron con su dios que llevaban
envuelto en un envol torio de mantas, y siempre les iba hablando y diciendo lo
que habían de hacer; y fuéronse hacia el oriente llevando consigo todas sus
pintu ras, donde tenían todas las cosas de antiguallas y de los oficios
mecáni cos: y de estos sabios no quedaron más de cuatro con esta gente que
quedó, que
se decían Oxomoco, Cipactónal,
Tlaltetecuin, Xochicauaca.
Los cuales, después de idos los demás sabios,
entraron en consulta, don de trataron lo siguiente, diciendo: Vendrá tiempo
cuando haya luz para el regimiento de esta república, mas, ¿mientras estuviere
ausente nues tro señor dios, que modo se tendrá para poder regir bien la
gente?, etc. ¿Qué orden habrá en todo, pues los sabios llevaron sus pinturas
por donde gobernaban, por lo cual inventaron la Astrología Judiciaria y el arte
de interpretar los sueños, compusieron la cuenta de los días, y de las noches y
de las horas, y las diferencias de tiempos que se guardó mientras señorearon y
gobernaron los señores de los tultecas,
y de los mexicanos, y de los tepanecas, y de todos
los chichimecas? Por
la cual cuenta no se puede saber qué tanto tiempo
estuvieron en Tamo~ anchan, y se sabía por las pinturas que se quemaron en
tiempo del señor de México que se decía ltzcóatl, en cuyo tiempo los señores y
los principales que había entonces acordaron y mandaron que se quemasen todas,
porque no viniesen a manos del vulgo y viniesen en menos precio.
Desde Tamoanchan iban a hacer sacrificios al pueblo
llamado Teofi-huacan, donde hicieron a honra del sol y de la luna dos montes, y
en este pueblo se elegían los que habían de regir a los demás, por lo cual se
llamó Teotihuacan, que quiere decir Ueitiuacan, lugar donde hacían señores.
Allí también se enterraban los principales y
señores, sobre cuyas se pulturas se mandaban hacer túmulos de tierra, que hoy
se ven todavía y parecen como montecillos hechos a mano; y aun se ven todavía
los hoyos donde sacaron las piedras, o peña de que se hicieron los dichos
túmulos. Y los túmulos que hicieron al sol y a la luna, son como gran des
montes edificados a mano, que parecen ser montes naturales y no
lo son, y aun parece ser cosa indecible decir que
son edificados a mano, y cierto lo son, porque los que los hicieron entonces
eran gigan tes y aun esto se ve claro en el cerro o monte de Chollullan, que
se ve claro estar hecho a mano, porque tiene adobes y encalado.
Y se llamó Teotihuacan, el pueblo de Téotl, que es
dios, porque los señores que allí se enterraban después de muertos los
canonizaban por dioses y que no se morían sino que despertaban de un sueño en
que habían vivido; por lo cual decían los antiguos que cuando morían los
hombres no parecían, sino que de nuevo comenzaban a vivir, casi des pertando
de un sueño, y se volvían en espíritus o dioses. Les decían: “Señor, señora,
despiértate que ya comienza a amanecer, que ya es el alba, que ya comienzan a
cantar las aves de plumas amarillas, y que ya andan volando las mariposas de
diversos colores”. Y cuando alguno se moría, de él solían decir que ya era
téotl, que quiere decir que ya era muerto, para ser espíritu, o dios; y creían
los antiguos, engañándose, que los señores cuando morían se volvían en dioses,
lo cual decían por que fuesen obedecidos o temidos los señores que regían, y
que unos se volvían en sol y otros en luna, y otros en otros planetas.
Y estando todos en Tamoanchan, ciertas familias
fueron a poblar a las provincias que ahora se llaman Olmeca, Uixtoti, los
cuales antigua mente solían saber los meleficios o hechizos, cuyo caudillo y
señor tenía pacto con el demonio y se llamaba Olmécatl Uixtotli, de quien
tomando su nombre se llamaron olmecas uixtotin.
De éstos se cuenta que fueron en pos de los
toltecas cuando salieron del pueblo de Tullan, y se fueron hacia el oriente,
llevando consigo las pinturas de sus hechicerías; y que llegando al puerto se
quedaron allí, y no pudieron pasar por la mar, y de ellos descienden los que al
pre sente se llaman anahuaca mixteca; y fueron a poblar allí sus antepasa dos
porque su señor que era escogió aquella tierra por muy buena y rica.
Estos mismos inventaron el modo de hacer el vino de
la tierra; era mujer la que comenzó y supo primero agujerar los magueyes, para
sacar la miel de que se hace el vino, y llamábase Mayauel, y el que halló
primero las raíces que echan en la miel se llamaba Pantécatl. Y los autores del
arte de saber hacer el pulcre, así como se hace ahora se
decían Tepuztécatl, Quatlapanqui, Tliloa,
Papaztactzocaca, todos los cua
les inventaron la manera de hacer el pulcre en el
monte llamado Chichi-nauhia, y porque el dicho vino hace espuma también
llamaron al monte Popozonaltépetl, que quiere decir monte espumoso; y hecho el
vino convidaron los dichos a todos los principales, viejos y viejas, en el
monte que ya está referido, donde dieron a comer a todos y de beber del vino
que habían hecho, y a cada uno estando en el banquete dieron cuatro tazas de
vino, y a ninguno cinco por que no se emborrachasen. Y hubo un cuexteco, que era
caudillo y señor de los cuexteca que bebió cinco tazas de vino, con las cuales
perdió su juicio y estando sin él echó por allí sus maxtles, descubriendo sus
vergüenzas, de lo cual los
dichos inventores del vino, corriéndo(se) y
afrentándose mucho, se jun taron todos para castigarle; empero, como lo supo
el cuexteco, de pura vergüenza se fue huyendo de ellos con todos sus vasallos y
los demás que entendían su lenguaje, y fuéronse hacia Panotlan, de donde ellos
habían venido, que al presente se dice Pantlan y los españoles la dicen Panuco.
Y llegando al puerto no pudieron ir, por lo cual allí poblaron, y son los que
al presente se dice toueyome, que quiere decir en indio (en mexicano) touampohuan,
y en romance nuestros prójimos; y su nombre que es cuexteca, tomáronlo de su
caudillo y señor, que se
decía Cuextécatl.
Y estos cuextecas, volviendo a Panotlan llevaron
consigo los cantares que cantaban cuando bailaban, y todos los aderezos que
usaban en la danza o areito. Los mismos eran amigos de hacer embaimientos, con
los cuales engañaban (a ) las gentes, dándoles a entender ser verdadero lo que
es falso, como es dar a entender que se queman las casas que no se quemaban, y
que hacían parecer una fuente con peces y no era nada, sino ilusión de los
ojos; y que se mataban a sí mismos, haciéndose tajadas y pedazos sus carnes; y
otras cosas que eran aparentes y no verdaderas. Y nunca dejaron de ser notados
de borrachos, porque eran muy dados al vino, y siguiendo o imitando a su
caudillo o señor que había descubierto sus vergüenzas por su borrachera,
andaban también sin maxtles los hombres, hasta que vinieron los españoles. Y
porque el dicho su señor había bebido cinco tazas de vino en el monte que se
dice Popozonaltépetl, los vasallos suyos siempre han sido tenidos por muy
borrachos, porque parecían andar casi siempre tocados del vino, con poco
juicio, y así por injuriar a algún alocado le llamaban de Cuextécatl, diciendo
que él también había bebido cinco tazas del vino, y que las acabó de beber sin
dejar gota, y que por esto andaba como borracho.
Y como por largos tiempos se había tenido señorío y
mando en Tamoanchan, después se traspasó al pueblo llamado Xomiltépec, donde
estando los que eran señores y ancianos y sacerdotes de ídolos, se ha blaron
unos a otros, diciendo, que su dios les había dicho que no habían de estar
siempre en el pueblo de Xomiltépec, sino que habían de ir más adelante para
descubrir más tierras, porque su dios no quería parar allí sino pasar adelante;
y así todos los muchachos, viejos y viejas, mujeres y hombres, comenzaron a
caminar, y fuéronse poco a poco hasta que llegaron al pueblo de Teotihuacan,
donde se eligieron los que habían de regir y gobernar a los demás; y se
eligieron los que eran sabios y adivi nos, y los que sabían secretos de
encantamientos. Y hecha elección de los señores luego se partieron todos de
allí, yendo cada señor con la gente que era de su lenguaje, y guiando a cada
cuadrilla su dios. Iban siempre delante los toltecas, y luego los otomíes, los
cuales con su señor llegando a Coatépec no fueron más adelante con los demás,
porque de allí el que era su señor los llevó a las sierras para poblarlos allí,
y por esta causa estos tales tenían por costumbre hacer sacrificios en las
alturas
de las sierras y poblarse en las laderas de ellas.
Y las demás gentes, como los toltecas, y los mexicanos o nahuas, y todos los
otros, prosiguieron su camino por los llanos o páramos para descubrir tierras.
Cada gente, o familia, yendo con su dios que les guiaba.
Y de cuánto tiempo hayan peregrinado, no hay
memoria de ello. Fueron a dar en un valle entre unos peñascos, donde lloraron
todos sus duelos y trabajos porque padecían mucha hambre y mucha sed; y en este
valle había siete cuevas que tomaron por sus oratorios todas aquellas gentes.
Allí iban a hacer sacrificios todos los tiempos que tenían de cos tumbre.
Tampoco no hay memoria ni cuenta de todo el tiempo que estuvieron allí. Estando
allí los toltecas con los demás dicen que su dios de ellos les habló aparte,
mandándoles que volviesen allí de donde habían venido, porque no habían de
permanecer allí; lo cual oído los toltecas antes que se partiesen de allí
primero fueron a hacer sacrificios en aquellas siete cuevas, y hechos, se
partieron todos; y fueron a dar en el pueblo de Tullantzinco, y de allí después
pasaron a Xicotitlan que es el pueblo de Tulla.
Después de éstos volviéronse también los
michoaques, con su señor que les guiaba, llamado Amímitl, y fuéronse hacia el
occidente, en aquellas partes donde están poblados ahora; hicieron también sus
sacri ficios en las cuevas antes que partiesen. Sucesivamente se volvieron los
nahuas, que son los tepanecas, los acolhuaques, los
chalcas, los uexotzin-
cas y los tlaxcaltecas, cada familia por sí, y
vinieron a estas partes de México.
Después de esto a los mexicanos, que quedaban a la
postre, les habló su dios diciendo que tampoco habían de permanecer en aquel
valle sino que habían de ir más adelante, para descubrir más tierras, y
fuéronse hacia el poniente, y cada una familia de estas ya dichas antes que se
partiese hizo sus sacrificios en aquellas siete cuevas, por lo cual todas las
naciones de esta tierra, gloriándose, suelen decir que fueron criadas en
aquellas siete cuevas, y que de allá salieron sus antepasados, lo cual es falso
porque no salieron de allí sino que iban allí a hacer sus sacri ficios cuando
estaban en el valle ya dicho. Y así venidos todos a estas partes, y tomada la
posesión de las tierras y puestas las mojoneras entre cada familia, los dichos
mexicanos prosiguieron su viaje hacia el po niente, y según lo cuentan los
viejos llegaron a una provincia que se dice Colhuacan México, y de allí
tornaron a volver; y qué tanto tiempo duró su peregrinación, viniendo de
Colhuacan, no hay memoria de ello.
Y antes que se partiesen de Colhuacan dicen que su
dios les habló, diciendo que volviesen allí donde habían partido y que les
guiaría mos trándoles el camino por donde habían de ir. Y así volvieron hacia
esta tierra que ahora se dice México, siendo guiados por su dios; y los sitios
donde se aposentaron a la vuelta los mexicanos todos están señalados y
nombrados en las pinturas antiguas, que son sus anales de los mexi canos; y
viniendo de peregrinar por largos tiempos fueron los postreros
que vinieron aquí a México, y viniendo por su
camino en muchas partes
no los querían recibir, ni aun los conocían, antes
les preguntaban quié
nes eran y de dónde venían, y los echaban de sus
pueblos; y pasando
por Tulla, e Ichpochco,
y por Ecatépec, vinieron a estarse un poco de
tiempo en el monte que se dice Chiquiuhio, que
es un poco más acá de
Ecatépec, y después estuvieron en Chapultépec
viniendo todos juntos.
Y en este
tiempo había tres cabeceras las más principales, conviene
a
saber, Azcapotzalco,
Coatlichan y Colhuacan, y entonces no
había me
moria de México, porque donde ahora es México no
había otra cosa sino
cañaverales; y estando los mexicanos en
Chapultépec dábanles guerra
los comarcanos, y de allí pasaron a Colhuacan donde
estuvieron algunos
años, y
de allí vinieron a tener asiento en la
parte que ahora se dice
Tenochtitlan, México,
que cae en los términos de los tepanecas, que son
los de Azcapotzalco
y Tlacopan. Y estos tepanecas partían términos con
los de Tez coco.
Y vinieron
a poblar allí entre los cañaverales que había muchos, por
que todo lo demás estaba ya ocupado y las tierras
tomadas y poseídas
todas por los que vinieron primero; y por estar en
los términos de los
tepanecas, fueron sujetos y tributarios del pueblo
de Azcapotzalco.
Todas las dichas familias se llaman chichimecas, y
aun de tal nombre
se jactan y
glorían, y es porque
todas anduvieron peregrinando
como
chichimecas por
las tierras ante dichas,
y de allí volvieron para
estas
partes
aunque a la verdad no se llamaban
tierras de chichimecas, por
donde ellos anduvieron, sino Tleotlalpan, Tlacochcalco, Mictlampan,
que quiere
decir campos llanos y espaciosos
que están hacia el norte.
Llamáronse tierras de chichimecas porque por allí
suelen habitar ahora
los chichimecas,
que son unas gentes bárbaras que se
sustentan de la
caza que toman, y no pueblan; y aunque los
mexicanos se dicen chichi-
mecas, empero
propiamente se dicen atlacachichimeca, que quiere decir
pescadores que vinieron de lejas tierras.
Las
gentes nahuas, que
son las que
entienden la lengua mexicana,
también se llaman chichimecas porque vinieron de las tierras ya dichas,
donde están
las siete cuevas que ya están
referidas, y son las que se
nombran
aquí: tepanecas, acolhuacas,
chalcas, y los hombres de tierra
caliente y
los tlateputzcas, que son los
que viven tras
de las sierras,
hacia el oriente,
como son los tlaxcaltecas, uexotzincas y chololtecas, y
otros muchos;
y todos traían arcos
y flechas. Los toltecas también se
llaman chichimecas,
y los otomíes y michoacas ni más ni menos;
pero
los que están hacia el nacimiento del sol se
nombran olmeca, uixtotin,
nonooalca, y no se dicen chichimecas.
LOS SEÑORES Y GOBERNADORES QUE REINARON EN MEXICO
DESDE EL PRINCIPIO DEL REINO HASTA EL AÑO DE 1560
Acamapichtli fue
el primer señor de México, de
Tenochtitlan, el cual
tuvo el señorío de México veintiún años en paz y quietud y no hubo
guerras en su tiempo.
Huitzilíhuitl fue
el segundo señor de Tenochtitlan, el
cual tuvo el
señorío
veintiún años, y
él comenzó las
guerras y peleó
con los de
Culhuacan. fue
el tercer señor de Tenochtitlan, y lo fue diez años.
Chimálpopoca
Itzcoatzin fue el
cuarto señor de T enochtitlan, y lo
fue catorce años,
el cual sojuzgó con guerras a los de Azcapotzalco y a los de Xochimilco.
Huehue Moteccuzoma,
el primer Moteccuzoma, fue el
quinto señor
de Tenochtitlan, el
cual gobernó a los de México treinta años, y él tam
bién hizo guerras a los de la provincia de Chalco,
y a los de Quauhnáuac
y a todos los sujetos a la dicha
cabecera; y en su
tiempo hubo muy
grande hambre por espacio de cuatro años, y se dijo necetochuíloc, por
lo cual los de México y los de Tepaneca, y los de
Aculhuacan se derra
maron a otras partes para buscar su vida.
Axayácatl fue
el sexto señor
de Tenochtitlan-México y
señoreó ca
torce
años, y en su
tiempo hubo guerra
entre los de
Tenochtitlan y
Tlatilulco, y los de Tlatilulco perdieron el
señorío por la victoria que tu
vieron de ellos los de Tenochtitlan; y por esto los de Tlatilulco no tu
vieron señor por espacio de cuarenta y seis años, y
el que entonces era
señor de Tlatilulco
llamóse Moquihuiztli, y el dicho
Axayácatl ganó y
conquistó estos
reinos y provincias: Tlacotépec,
Cozcaquauhtenco, Calli-
maya,
Metépec, Calixtlahuaca, Ecatépec,
Teutenanco, Malinaltenanco,
Tzinacantépec, Coatépec, Cuitlapilco, Teuxaoalco,
Tequaloyan y Ocuillan.
Tizocicatzin fue el séptimo señor de Tenochtitlan,
y lo fue cuatro años, y no hubo guerras en su tiempo.
Ahuítzotl fue el octavo señor de Tenochtitlan por
tiempo de dieciocho años y en su tiempo se anegó la ciudad de México, porque él
mandó que se abriesen cinco fuentes que están en los términos de los pueblos de
Coyoacan y de Huitzilopochco, y las fuentes tenían estos nombres:
Acuecuéxcatl, Tlílatl, Huitzílatl, Xochcóatl y
Cóatl, y esto
aconteció
cuatro años antes de su muerte del dicho Ahuítzotl,
y veintidós años antes de la venida de los españoles. Y también en su tiempo
acaeció muy grande eclipse de sol al medio día, casi por espacio de cinco horas
hubo muy grande oscuridad, porque aparecieron las estrellas; y las gentes
tuvieron muy grande miedo, y decían que habían de descender del cielo unos
monstruos que se dicen tzitzimime, que habían de comer a los hom bres y
mujeres. El dicho Ahuítzotl, conquistó estas provincias: Tziuh-
cóac, Molanco, Tlapan, Chiapan, Xaltépec, Yzoatlan,
Xochtlan, Amax-tlan, Mapachtépec, Xoconochco, Ayutlan, Mazatlan, Coyoacan.
El noveno rey de México fue Moteccuzoma, segundo de
este nombre, y reinó diecinueve años y en su tiempo hubo grande hambre; por
espacio de tres años no llovió, por lo cual los de México se derramaron a otras
tierras; y en su tiempo también aconteció una maravilla en México, en una casa
grande donde se juntaban a cantar y a bailar, porque una viga muy grande que
estaba atravesada encima de las paredes cantó como
una persona este cantar: Ueya noqueztepule uel
tomitotía, atlan tiuétztoz,
que quiere decir: ¡guay de ti, mi anca, baila bien
que estarás echada en el agua! Lo cual aconteció cuando la fama de los
españoles ya sonaba en esta tierra de México. En su tiempo del mismo
Moteccuzoma, el dia blo que se nombraba Cihuacóatl de noche andaba llorando
por las calles de México, y lo oían todos diciendo: “¡Oh hijos míos, guay de
mí, que ya os dejo a vosotros!...”. Acaeció otra señal en este tiempo de
Moteccuzoma: que una mujer vecina de México-Tenochtitlan murió de una
enfermedad y fue enterrada en el patio, y encima de su sepultura pusieron unas
piedras, la cual resucitó después de cuatro días de su muerte, de noche, con
grande miedo y espanto de los que se hallaron allí, porque se abrió la
sepultura y las piedras derramáronse lejos; y la dicha mujer que resucitó fue a
casa de Moteccuzoma, y le contó todo lo que había visto, y le dijo: “La causa
porque he resucitado es para decirte que en tu tiempo se acabará el señorío de
México, y tú eres el último señor, porque vienen otras gentes y ellas tomarán
el señorío de la tierra y poblarán en México”. Y la dicha mujer que resucitó
después vivió otros veintiún años y parió otro hijo. El dicho Moteccuzoma con
quistó estas provincias: Icpatépec, Cuezcoma,
Ixtlahuacan, Coznllan, Tecomaixtlahuacan, Zacatépec, Tlachquiauhco,
Yolloxonecuilan, Atépec, Mictlan, Tlaoapan, Nopallan, Iztaclalocan, Cuextlan,
Quetzaltépec, Chi-
chiualtatacalan. En su tiempo también, ocho años
antes de la venida de los españoles, veíase, y espantábanse las gentes, porque
de noche se le vantaba un gran resplandor como una llama de fuego, y duraba
toda la noche, y nacía de la parte de oriente y desaparecía cuando ya quería
salir el sel; y esto se vio cuatro años arreo, siempre de noche, y desapa
reció después de cuatro años antes de la venida de los españoles. Y en tiempo
de este señor vinieron a estas tierras los españoles que conquis taron a la ciudad
de México, donde ellos están al presente, y a toda la Nueva España, la cual
conquista fue en el año de 1519.
El décimo señor que fue de México se decía
Cuitláhuac y tuvo el señorío ochenta días, cuando ya los españoles estaban en
México, y en tiempo de éste acaeció una mortandad o pestilencia de viruelas en
toda la tierra, la cual enfermedad nunca había acontecido en México, ni en otra
tierra de esta Nueva España, según decían los viejos, y a todos afeó las caras,
porque hizo muchos hoyos en ellas; y eran tantos los difuntos que morían de
aquella enfermedad, que no había quien los enterrase, per lo cual en México los
echaban en las acequias, porque entonces había
muy grande copia de aguas; y era muy grande hedor
que salía de los cuerpos muertos.
El undécimo señor de Tenochtitlan se dijo
Quauhtémoc, y gobernó a los de México cuatro años, y en su tiempo los españoles
conquistaron a la ciudad de México y a toda la comarca, y también en su tiempo
llegaron y vinieron a México los doce frailes de la Orden del Señor San
Francisco que han convertido a los naturales a la Santa Fe Católica, y ellos y
los demás ministros han destruido los ídolos y plantado la Fe Católica en esta
Nueva España.
El duodécimo gobernador de Tenochtitlan se dijo don
Andrés Mo-telchiuh, y gobernó tres años en tiempo de los españoles, con los
cuales se halló en las conquistas de las provincias de C uextlan, de Honduras y
Anáhuac. Después fue con Ñuño de Guzmán a conquistar a las tierras de
Culhuacan, y allí acabó su vida.
El decimotercero gobernador de Tenochtitlan se dijo
don Pablo Xo-chiquen, y gobernó a los de México tres años.
El decimocuarto gobernador de Tenochtitlan se llamó
don Diego Uánitl y fue gobernador cuatro años.
El decimoquinto gobernador de Tenochtitlan se llamó
don Diego Teuetzquiti, y gobernó trece años, y en tiempo de éste fue la
mortandad y pestilencia muy grande de la Nueva España, y salía como agua de las
bocas de los hombres y mujeres naturales gran copia de sangre, por lo cual
moría y murió infinita gente. Y porque en cada casa no había quien tuviese
cargo de los enfermos muchos murieron de hambre. Y cada día, en cada pueblo, se
enterraban muchos muertos. Y también en tiempo de dicho don Diego, fue la guerra
con los Chichimecas de Xu-chipilla, que hizo don Antonio de Mendoza, que fue
primero visorrey de esta Nueva España.
El decimosexto gobernador de México se dijo don
Cristóbal Cecepátic, y gobernó cuatro años.
(Lib. VIII, cap. i)
LOS ADEREZOS QUE LOS SEÑORES USABAN EN SUS AREITOS
Uno de los aderezos, y el primero que usaban los
señores en los areitos, se llamaba quetzalilpiloni, y eran dos borlas hechas de
plumas ricas guarnecidas con oro, muy curiosas; y traíanlas atadas a los
cabellos de la coronilla de la cabeza, que colgaban hasta el pescuezo por la
parte de las sienes, y traían un plumaje rico a cuestas, que se llamaba
tlauh-quecholtzontli, muy curioso. Llevaban también en los brazos unas ajorcas
de oro, que todavía las usan, y unas orejeras de oro que ya no las usan; traían
también atada a las muñecas una correa gruesa negra, sobada con bálsamo, y en
ella una cuenta gruesa de chalchíhuitl u otra piedra
preciosa. También traían un barbote de chalchihuitl
engastado en oro, metido en la barba, y ya tampoco usan esto; también traían
estos bar botes hechos de cristal, largos y dentro de ellos unas plumas azules
me tidas, que les hacen parecer zafiros. Otras muchas maneras de piedras
preciosas traían por barbotes. Traían el bezo agujerado, y por allí los traían
colgados, como que salían de dentro de la carne; también traían unas medias
lunas de oro, colgadas en los bezotes. Traían también agu jeradas las narices
los grandes señores, y en los agujeros metidas unas turquesas muy finas, u
otras piedras preciosas, una de la una parte y otra de la otra de la nariz;
traían también unos sartales de piedras pre ciosas al cuello; traían una
medalla colgada de un collar de oro, y en el medio de ella una piedra preciosa
llana y por la circunferencia colgaban unos pinjantes de perlas; usaban también
unos brazaletes de mosaico, hechos de turquesas, con unas plumas ricas que
salían de ellos, que eran más altas que la cabeza, y bordadas con plumas ricas,
y con oro, y con unas bandas de oro, que subían con las plumas.
Usaban también traer en las piernas, de la rodilla
abajo, grebas de oro muy delgadas; usaban también traer en la mano derecha una
ban derilla de oro, y en lo alto un remate de plumas ricas; usaban también
traer por guirnaldas una ave de plumas ricas hecha, que traía la cabeza y el
pico hacia la frente y la cola hacia el cogote, con unas plumas muy ricas y muy
largas, y las alas de esta ave venían hacia las sienes, como cuernos, hechas de
plumas ricas; también usaban traer unos moscaderos en la mano, que llamaban
quetzállicaceuaztli, y con unas bandas de oro, que subían con las plumas;
usaban también traer en la mano izquierda unos brazaletes de turquesas muy
buenas sin plumaje ninguno.
Traían un collar de oro, hecho de cuentas de oro y
entrepuestos unos
caracolitos mariscos, entre cada dos cuentas uno; también
usaban traer
collares de oro, hechos a manera de eslabones de
víboras. También usa
ban los señores, en los areitos, traer flores en la
mano juntamente, con
una caña de humo que iban chupando.
Tenían también un espejo en
que se miraban cuando se componían, y después de
compuestos mirábanse
bien al espejo, y luego lo daban a un paje para que
lo guardase; traían
también unas cotaras, los calcaños de las cuales
eran de cuero de tigre,
y las suelas de cuero de ciervo hechas de
muchos dobleces y cosidas,
con pinturas.
Usaban de atambor y de
atamboril, el atambor era alto,
como hasta la cinta, de la manera de los de España
en la cobertura; era
el tamboril de madera, hueco, tan grueso como un
cuerpo de un hombre,
y tan largo como tres palmos, unos poco más y otros
poco menos, y muy
pintados;
este atambor, y
este atamboril ahora
lo usan de
la misma
manera.
Usaban también unas sonajas de oro, y las mismas ahora usan
de palo; y usaban de unas conchas de tortuga hechas de oro, en que
iban
tañendo, y ahora
las usan estos
naturales de la
misma tortuga.
También usaban de carátulas o máscaras labradas de
mosaico, y de ca
belleras, como las usan ahora, y unos penachos de
oro que salían de las carátulas.
(Lib. VIII, cap. ix)
LOS PASATIEMPOS Y RECREACIONES DE LOS SEÑORES
Cuando los señores salían de su casa y se iban a
recrear, llevaban una cañita en la mano y movíanla al compás de lo que iban
hablando con los principales. Los principales iban de una parte y de otra del
señor, llevábanle en medio e iban algunos delante apartando la gente, que nadie
pasase delante de él, ni cerca de él; y nadie de los que pasaban por el camino
osaba mirarle a la cara, sino luego bajaban la cabeza y echaban por otra parte.
Algunas veces, por su pasatiempo, el señor cantaba y aprendía los cantares que
suelen decir en los areitos. Otras veces por darle recreación algún truhán le
decía truhanerías, o gracias.
Otras veces por su pasatiempo jugaba a la pelota, y
para esto teníanle sus pelotas de ulli guardadas; estas pelotas eran tamañas
como unas grandes bolas de jugar a los bolos (y ) eran macizas, de una cierta
resina o goma que se llamaba ulli, que es muy liviana y salta como pelota de
viento, y tenía de ellas cargo algún paje; y también traía consigo buenos
jugadores de pelota que jugaban en su presencia, y por el (bando) con trario
otros principales, y ganábanse oro y chalchihuites y cuentas de oro y turquesas,
y esclavos, y mantas ricas y maxtles ricos, y maizales y casas, y grebas de oro
y ajorcas de oro y brazaletes hechos con plumas ricas, y pellones de pluma y
cargas de cacao; el juego de la pelota se llamaba tlaxtli o tlachtli que eran
dos paredes, que había entre la una y la otra veinte o treinta pies, y serían
de largo hasta cuarenta o cin cuenta pies; estaban muy encaladas las paredes y
el suelo, y tendrían de alto como estado y medio, y en medio del juego estaba
una raya que hacía al propósito del juego; y en el medio de las paredes, en la
mitad del trecho del juego, estaban dos piedras como muelas de molino agu
jeradas por medio, frontera la una de la otra y tenían sendos agujeros tan
anchos que podía caber la pelota por cada uno de ellos. Y el que metía la
pelota por allí ganaba el juego; no jugaban con las manos sino con las nalgas
herían a la pelota; traían para jugar unos guantes en las manos, y una cincha
de cuero en las nalgas, para herir a la pelota.
También los señores por su pasatiempo jugaban un
juego que se llama patolli, que es como el juego del castro o alquerque, o
casi, o como el juego de los dados, y son cuatro frijoles grandes que cada uno
tiene un agujero, y arrójanlos con la mano sobre un petate — como quien juega a
los carnicoles— , donde está hecha una figura; a este juego solían jugar y
ganarse cosas preciosas, como cuentas de oro, piedras preciosas, turquesas muy
finas; y este juego y el de la pelota hanlo dejado por ser sospechoso de algunas
supersticiones idolátricas que en ellos hay.
También solían jugar a tirar con el arco al blanco,
o con los dardos, y a esto también se ganaban cosas preciosas. También usaban
tirar con cerbatanas, y traían sus bodoquitos hechos en una bruxaquilla de red;
y también lo usan ahora en andar a matar pájaros con estas cerbatanas. También
usaban tomar pájaros con red.
También, para su pasatiempo, plantaban vergeles o
florestas donde ponían todos los árboles de flores. También usaban de truhanes
que les decían chocarrerías para alegrarlos; también el juego del palo, jugaban
delante de ellos por darles recreación. También tenían pajes que los
acompañaban y servían, y también usaban de enanos y corcovados, y otros hombres
monstruosos; también criaban bestias fieras, águilas y tigres, osos y gatos
cervales y aves de todas las maneras.
(Lib. VIII, cap. x)
LAS COMIDAS QUE
USABAN LOS SEÑORES
Las tortillas que cada día comían los señores se
llamaban totonqui tlax-calli tlacuelpacholli, quiere decir tortillas blancas y
calientes, y dobladas, compuestas en un chiquíhuitl, y cubiertas con un paño
blanco. Otras tortillas comían también cada día que se llamaban ueitlaxcalli,
quiere decir tortillas grandes; éstas son muy blancas y muy delgadas, y anchas
y muy blandas. Comían también otras tortillas que llaman quauhtlaqualli; son
muy blancas, y gruesas y grandes y ásperas; otra manera de tortillas comían que
eran blancas, y otras algo pardillas, de muy buen comer, que llamaban
tlaxcalpacholli; también comían unos panecillos no redon dos, sino largos, que
llaman tlaxcalmimilli; son rollizos y blancos y del largor de un palmo o poco
menos.
Otra manera de tortillas comían, que llamaban
tlacepoalli ilaxcalli, que eran ahojaldradas, eran de delicado comer. Comían
también tamales de muchas maneras, unos de ellos son blancos y a manera de
pella, hechos no del todo redondos, ni bien cuadrados, tienen en lo alto un
caracol, que le pintan los frijoles, con que está mezclado. Otros tamales
comían que son muy blancos y muy delicados, como digamos pan de bamba o a la
guillena; otra manera de tamales comían blancos, pero no tan delicados como los
de arriba, algo más duros; otros tamales co mían que son colorados, y tienen
su caracol encima, hácense colorados porque después de hecha la masa la tienen
dos días al sol o al fuego, y la revuelven, y así se para colorada. Otros
tamales comían simples u ordinarios, que no son muy blancos sino medianos, y
tienen en lo alto un caracol como los de arriba dichos; otros tamales comían
que no eran mezclados con cosa ninguna.
Comían los señores estas maneras de pan ya dichas
con muchas ma neras de gallinas asadas y cocidas; unas de ellas en empanada,
en que
está una gallina entera, (y )
también otra manera de empanada de pe
dazos de gallina, que llaman empanadilla de carne
de gallina, o de gallo,
con chile amarillo;
otras maneras de
gallinas asadas comían;
también
otra manera de asado que eran codornices asadas.
Usaban también mu
chas maneras de tortillas para la gente común.
También comían los señores muchas maneras de
cazuelas; una manera
de cazuela de gallina hecha a su modo, con chile
bermejo y con tomates,
y pepitas de calabaza molidas, que se llama ahora este manjar pipián;
otra
manera de cazuela
comían de gallina,
hecha con chile amarillo.
Otras muchas maneras de cazuelas, y de aves asadas
comían que están
en la letra
explicadas.
Comían también muchas maneras de potajes de
chiles: una manera
era hecho de chile amarillo, otra manera de
chilmolli hecho de chiltécpitl
y tomates:
otra manera de chilmolli hecho de chile amarillo y tomates:
Osaban también comer peces en cazuela: una de peces blancos hechos
con chile amarillo y tomates; otra cazuela de peces
pardos, hecha con
chile bermejo y tomates, y con pepitas de calabaza
molidas que son muy
buenas de
comer; otra manera
de cazuela comen
de ranas, con
chile
verde; otra manera de cazuela de aquellos peces que
se llaman axólotl
con
chile amarillo; comían
también otra manera
de renacuajos con
chiltécpitl; comían también una
manera de pececillos colorados
hechos
con chiltécpitl; también
comían otra cazuela de unas hormigas
aludas
con chiltécpitl. También
otra cazuela de unas
langostas, y es muy sa
brosa comida;
también comían unos gusanos que son del maguey, con
chiltécpitl molli; también
otra cazuela de camarones hecha con chiltécpitl
y tomates, y algunas pepitas de calabaza molidas; también otra cazuela
de una manera de peces que los llaman topotli, hechos con chiltécpitl
como las arriba dichas. Otra cazuela comían de
pescados grandes, hecha
como las arriba dichas; otra cazuela comían hecha de ciruelas no ma
duras, con unos pececillos blanquecillos, y con
chile amarillo y tomates.
Usaban
también los señores comer muchas maneras de frutas;
una
de ellas se
llama tzápotl colorados de dentro y por
de fuera pardillos
y ásperos; otra manera de frutas que son una manera
de ciruelas, y son
coloradas, y otra manera de ciruelas que son
amarillas, otra manera de
ciruelas
que son bermejas
o naranjadas; usan también
comer muchas
maneras de tzapotes, unos que son cenicientos por
de fuera, o anonas, y
tienen por de dentro unas pepitas como de frijoles,
y lo demás es como
manjar blanco, y es muy sabrosa; otra manera de
tzapotes pequeños, o
peruétanos;
otros zapotes hay amarillos
por de fuera y por de dentro
son como
yemas de huevos cocidos; otra fruta se
llama quauhcamotli,
(y ) son
unas raíces de árboles;
camotli, una cierta
raíz que se llama
batata; otras muchas maneras de frutas se dejan de
decir.
Usaban también comer unas semillas, que tenían
por fruta: una se
llama
xílotl, que quiere
decir mazorcas tiernas comestibles y
cocidas,
otra se llama élotl,
también mazorcas ya hechas, tiernas y
cocidas. Exotl
quiere decir frijoles cocidos en sus vainas. Comían
también unas ciertas maneras de tamales hechos de los penachos del maíz,
revueltos con unas semillas de bledos, y con meollos de cerezas molidos; comían
unas ciertas tortillas hechas de las mazorcas tiernas del maíz, y otra manera
de tor tillas hechas de las mazorquillas pequeñas y muy tiernas; otra manera
de tamales comían hechos de bledos.
Usaban también comer unas ciertas maneras de
potajes hechos a su modo: una manera de bledos cocidos, y con chile amarillo y
tomates, y pepitas de calabaza, o con chiltécpitl solamente; otra hecha de
semillas de bledos, y con chile verde; también comían unas ciertas yerbas no
cocidas, sino verdes; usaban también comer muchas maneras de puchas, o
mazamorras, una manera se llamaba totonqui atolli, mazamorra o atolli caliente;
nequatolli, atole con miel; chilnequatolli, atole con chile amarillo y miel;
quauhnexatolli, que es hecho con harina muy espesa y muy blanca, hecho con
tequíxquitl. Otras muchas maneras de puchas o mazamorras hacían, las cuales se
usaban hacer en casa de los señores.
Y los calpixque tenían cargo de las cosas
necesarias para los señores; traían para comer siempre a casa de los señores
muchas maneras de comida, hasta número de cien comidas: y después que había
comido el señor mandaba a sus pajes o servidores que diesen de comer a todos
los señores y embajadores que habían venido de algunos pueblos, y también daban
de comer a los que guardaban en palacio; también daban de comer a los que
criaban los mancebos, que se llaman telpochtlatoque, y a los sátrapas de los
ídolos; y también daban de comer a los cantores y a los pajes, y a todos los
del palacio; también daban de comer a los oficiales, como los plateros y los
que labran plumas ricas, y los lapidarios y los que labran de mosaico, y los
que hacen cotaras ricas para los señores, y los barberos que trasquilaban a los
señores. Y en acabando de comer, luego se sacaban muchas maneras de cacaos,
hechos muy delicadamente, como son, cacao hecho de mazorcas tiernas de cacao,
que es muy sabroso de beber; cacao hecho con miel de abejas; cacao hecho con
ueinacaztli; cacao hecho con tlilxóchitl tierno, cacao hecho colorado, cacao
hecho bermejo, cacao hecho naranjado, cacao hecho negro, cacao hecho blanco; y
dábanlo en unas jicaras con que se bebía, y son de muchas maneras, unas son pintadas
con diversas pinturas, y sus tapaderos muy ricos, y sus cucharas de tortuga
para revolver el cacao; otras maneras de jicaras pintadas de negro, y también
sus rodetes hechos de cuero de tigre o de venado, para sentar o poner esta
calabaza o jicara. Usaban también traer unas redes hechas a manera de bruxaca
en que se guardaban estas jicaras ya dichas; usaban también unas jicaras
agujeradas para colar el cacao; usaban también de unas jicaras más grandes en
que se alzaba el cacao; usaban también guardar unas jicaras pintadas, también
grandes para lavar las manos; usaban también unas grandecillas jicaras,
pintadas con ricas pinturas, con que se bebía mazamorra; usaban también unos
ces-tillos en que se guardaban, o se ponían las tortillas; usaban también de
unas escudillas con que se bebían potajes, y de
salseras, y de otras escudillas de palo.
(Lib. VIII, cap. xiii)
LA MANERA DE LAS CASAS REALES
LA AUDIENCIA EN LAS CAUSAS CRIMINALES
El palacio de los señores, o casas reales, tenía
muchas salas: la primera
era la sala de la Judicatura, donde residían el rey,
los señores cónsules,
o oidores, y
principales nobles, oyendo las cosas criminales, como pleitos
y peticiones de la gente popular, y allí juzgaban y sentenciaban a los
criminales a
pena de
muerte, o ahorcar, o apedrear
o achocarlos con
palos; de manera que los señores usaban dar muchas
maneras de muerte
por justicia, y también allí juzgaban a los
principales nobles y cónsules,
cuando caían en algún crimen condenándolos a muerte
o a destierro, o a
ser
trasquilados, o les hacían
maceguales o los desterraban
perpetua
mente del palacio, o echábanlos presos en unas
jaulas recias y grandes.
También allí los señores libertaban a los esclavos
injustamente hechos.
En tiempo de Moteccuzoma hubo muy gran hambre por
espacio de dos
años, por lo cual
los principales vendieron muchos
así (a ) sus hijos
como hijas,
por no tener qué
comer; y oyendo
Moteccuzoma que los
señores vendieron
sus hijos e hijas por el hambre,
hubo gran miseri
cordia, y mandó a sus vasallos que juntasen todos
los esclavos hidalgos
que se habían comprado; y luego el señor mandó
dar a sus dueños a
cada uno su paga, o sus dones, como mantas de
cuatro piernas y delga
das, y quachtles,
que son como de campeche; y también les dieron maíz
por los que habían comprado los principales, y fue
la paga doblada del
precio que habían dado.
Y en esta
primera sala, que se llamaba tlaxitlan, los jueces no diferían
los pleitos de la gente popular, sino procuraban de
determinarlos presto; ni recibían cohechos, ni favorecían al culpado, sino
hacían la justicia derechamente.
LA
AUDIENCIA EN LAS
CAUSAS CIVILES
Otra sala del palacio se llamaba teccalli o
teccalco: en este lugar resi dían los senadores y los ancianos para oír los
pleitos y peticiones, que les ofrecía la gente popular; y los jueces procuraban
de hacer su oficio con mucha prudencia y sagacidad, y presto los despachaban;
porque primeramente demandaban la pintura, en que estaban escritas, o pin
tadas las causas, como hacienda o casas o maizales; y después cuando
ya se quería acabar el pleito, buscaban los
senadores los testigos, para que se afirmasen en lo que habían visto u oído;
con esto se acababan los pleitos. Y si oía el señor que los jueces o senadores
que tenían que juzgar, dilataban mucho, sin razón, los pleitos de los
populares, que pu dieran acabar presto, y los detenían por los cohechos o
pagas o por amor de los parentescos, luego el señor mandaba que les echasen
presos en unas jaulas grandes, hasta que fuesen sentenciados a muerte; y por
esto los senadores y jueces estaban muy recatados o avisados en su oficio.
En el tiempo de Moteccuzoma echaron presos (a )
muchos senadores o jueces, en unas jaulas grandes, a cada uno de por sí, y
después fueron sentenciados a muerte, porque dieron relación a Moteccuzoma que
estos jueces no hacían justicia derecha, o justa, sino que injustamente la
hacían, y por eso fueron muertos; y eran estos que se siguen: el primero
se llamaba Mixcoatlailótlac, el segundo
Teicnotlamachtli, el tercero Tlacochcálcatl, el cuarto Iztlacamizcoatlailótlac,
el quinto Umaca, el
sexto Tóqual, el séptimo Uictlolinqui. Estos eran
todos del Tlatelolco.
LA AUDIENCIA
PARA LA GENTE NOBLE
Otra casa del palacio se llamaba tecpilcalli; en
este lugar se juntaban los soldados nobles y hombres de guerra, y si el señor
sabía que alguno de ellos había hecho algún delito criminal de adulterio,
aunque fuese más noble o principal, luego le sentenciaban a muerte; matábanle a
pedradas. En el tiempo de Moteccuzoma fue sentenciado un gran prin cipal que
se llamaba Uitznauatlecamalácatl, el cual había cometido adul terio, y le
mataron a pedradas delante de toda la gente.
EL CONSEJO
DE GUERRA
Otra sala del palacio se llamaba tequiuacacalli ,
por otro nombre quauh-calli. En este lugar se juntaban los capitanes, que se
nombraban tlatla-cochcalca y tlatlacateca, para el consejo de la guerra. Había
también otra sala del palacio que se llamaba achcauhcáíli; en este lugar se
juntaban y residían los achcacauhtin, que tenían cargo de matar a los que
condenaba el señor, y si no cumplían lo que les mandaba el señor, luego les
condenaban a muerte.
Había otra sala en el palacio que se llamaba
cuicacalli. En este lugar se juntaban los maestros de los mancebos, que se
llamaban tiachcauan y telpochtlatoque, para aguardar lo que les había de mandar
el señor, para hacer algunas obras públicas; y cada día a la puesta del sol
tenían por costumbre de ir desnudos a la dicha casa de cuicacalli para cantar y
bailar; solamente llevaba cada uno una manta hecha a manera de red, y en la
cabeza ataban unos penachos de plumas con unos cordo
nes hechos de hilo de algodón colorado, porque se
llamaba tochácatl, con que ataban los cabellos; y en los agujeros de las orejas
ponían unas turquesas, y en los agujeros de la barba traían unos barbotes de
cara coles mariscos blancos. Y así todos los mancebos que se criaban en las
casas de telpochcalli, iban a bailar cada noche y cesaban como a las once, y
luego los sacerdotes y ministros de los ídolos comenzaban a tañer a maitines,
con unos caracoles mariscos grandes, por razón que era hora de salir a hacer
penitencia, según su costumbre. De esta manera, en cesando de bailar todos los
mancebos, luego iban a dormir en las casas del telpochcalli, y nadie se iba a
dormir a su casa; y todos dormían desnudos, sino con aquellas mantillas con que
bailaban se cubrían cada uno por sí; y en durmiendo un poco, luego se
levantaban para ir al palacio del señor.
Y si el señor sabía que alguno de ellos había
echado algunas derramas de tributo o de comida o bebida, que comiesen los
maestros de los man cebos, luego el señor los mandaba prender y echarlos en la
cárcel de las jaulas grandes, por sí cada uno; o si sabía el señor que alguno
de ellos se había emborrachado o amancebado, o había hecho adulterio, mandábale
prender, y sentenciábanle a muerte; o le daban garrote, o le mataban a
pedradas, o a palos delante de toda la gente, para que tomasen miedo de no atreverse
a hacer cosa semejante.
LAS TROJES O ALHONDIGAS
Otra sala del palacio se llamaba petlacalco. En
este lugar posaba un mayordomo del señor, que tenía cargo y cuenta de todas las
trojes de los mantenimientos de maíz que se guardaban para proveimiento de la
ciudad y república, que cabían a cada dos mil fanegas de maíz, en las cuales
había maíz de veinte años sin dañarse; también había otras trojes en que se
guardaba mucha cantidad de frijoles. Había también otras trojes en que se
guardaban todos los géneros de bledos y semi llas; había otras trojes en que se
guardaban la sal gruesa por moler, que la traían por tributo de tierra
caliente; también había otras trojes en que se guardaban fardos de chile y
pepitas de calabazas de dos géne ros, unas medianas y otras mayores. En estas
alhóndigas estaban tam bién de aquellos que hacían algunos delitos, por los
cuales no mere cían muerte.
LA CASA DE
LOS MAYORDOMOS
Otra sala se llamaba calpixcacalli, por otro nombre
texancalli. En este lugar se juntaban todos los mayordomos del señor, trayendo
cada uno la cuenta de los tributos que tenía a su cargo, para dar cuenta y
razón
de ellos al señor cuando se los pidiese, y así cada
día tenía cada uno aparejado el tributo que era a su cargo; y si el señor sabía
y tenía ave riguado de alguno de los mayordomos, que había tomado y aplicado
para sí alguna parte del tributo que era a su cargo, luego mandaba el señor
prenderle y echarle en una jaula hecha de viguetas gruesas; y también mandaba y
proveía el señor que todas las mujeres amancebadas con el tal mayordomo, e
hijos o hijas o deudos, les echasen fuera de su casa, y les desposeyesen de la
casa con toda la hacienda que antes tenía el mayordomo delincuente; y así la
casa con toda la hacienda se aplicaba al señor, y luego mandaba cerrarla y
condenábale a muerte.
Había otra sala que se llamaba coacálli. En este
lugar se aposentaban todos los señores forasteros, que eran amigos, o enemigos
del señor, y dábales muchas joyas ricas, como mantas labradas y maxtles muy
curio sos, y barbotes de oro que usaban poner en los agujeros de la barba, y
las orejeras de oro que ponían en las orejas agujeradas, y otros bar botes de
piedras preciosas de chalchihuites engastados en oro, y unas cuantas de
chalchihuites, y otras cuantas de las mismas piedras para las muñecas, que usaban
traerlas. Lo que dice de los enemigos era, que con salvoconducto, venían a ver
la majestad del señor de México, y los edificios del templo y la cultura de los
dioses, y el servicio o po licía que el rey o señor de México tenía en su
república.
LA CASA DE LOS
CANTORES, Y
LOS ATAVIOS DEL ARE1TO
Había otra sala que se llamaba mixcoacálli. En este
lugar se juntaban todos los cantores de México y Tlatilulco, aguardando a lo
que le man dase el señor, si quisiese bailar, o probar u oír algunos cantares
de nuevo compuestos, y tenían a la mano aparejados todos los atavíos del
areito, atambor y atamboril, con sus instrumentos para tañer el atambor y unas
sonajas que se llaman ayacachtli, y tetzilácatl, y
omichicauatztli, y flau
tas, con todos los maestros tañedores y cantores y
bailadores, y los ata víos del areito para cualquier cantar. Si mandaba el
señor que cantasen los cantores de Vexotzincáyotl, o Anáhuacóyotl, así los
cantaban y baila ban con los atavíos del areito de Uuexotzincáyotl o
Anáhuacáyotl, y si el señor mandaba a los maestros y cantores que cantasen y
bailasen el cantar que se llama Cuextecáyotl, tomaban los atavíos del areito
con forme al cantar y se componían con cabelleras y máscaras pintadas, con
narices agujeradas y cabellos bermejos, y traían la cabeza ancha y larga como
la usan los cuextecas, y traían las mantas tejidas a manera de red. De manera
que los cantores tenían muchas y diversas maneras de ata víos, de cualquier
areito, para los cantares y bailes.
Otra sala se llamaba malcalli. En este lugar los
mayordomos guardaban los cautivos que se tomaban en la guerra, y tenían gran
cargo y cuenta de ellos, y dábanles la comida y bebida y todo lo que se les
pedía a los mayordomos.
Otra sala se llamaba totocalli, donde estaban unos
mayordomos que guardaban todo género de aves. Y también en este lugar se
juntaban todos los oficiales, como plateros, o herreros y oficiales de plumajes
y pintores, y lapidarios que labraban chalchihuites, y entalladores. Y tam
bién en este lugar residían unos mayordomos que tenían cargo de guardar tigres,
y leones y onzas y gatos cervales.
(Lib. VIII, cap. xiv)
LOS ATAVIOS DE
LAS SEÑORAS
Usaban las señoras vestirse los huípiles labrados y
tejidos de muy muchas maneras de labores: Usaban también las señoras de poner
mudas en la cara con color colorado o amarillo, o prieto hecho de incienso
quemado con tinta; y también untaban los pies con el mismo color prieto; y
también usaban traer los cabellos largos hasta la cinta, y otras traían los
cabellos hasta las espaldas; y otras traían los cabellos largos de una parte y
otra de las sienes y orejas, y toda la cabeza trasquilada; y otras traían los
cabellos torcidos con hilo prieto de algodón, y los tocaban a la cabeza, y así
lo usan hasta ahora, haciendo de ellos como unos carnezuelos sobre la frente; y
otras tienen más largos los cabellos, y cortan igualmente el cabo de los
cabellos por hermosearse, y en torcién dolos y atándolos parecen ser todos
iguales, y otras trasquilan toda la cabeza: Usan también las mujeres teñir los
cabellos con lodo prieto, o con una yerba verde que se llama xiuhquílitl, por
hacer relucientes los cabellos, a manera de color morado; y también limpian los
dientes con color colorado o grana. Usaban también pintar las manos con todo el
cuello y pecho. También las señoras usaban el bañarse y enjabonarse, y
enseñábanlas a ser vergonzosas y hablar con reverencia, y tener acata miento a
todos, y ser diestras y diligentes en las cosas necesarias a la comida, etc.
(Lib. VIII, cap. xv)
LAS COSAS EN
QUE SE EJERCITABAN LOS SEÑORES PARA REGIR BIEN EL REINO
EL APARATO, Y ORDEN QUE USABAN PARA
ACOMETER EN
LA GUERRA
El más principal oficio del señor era el ejercicio
de la guerra, así para
defenderse de los enemigos, como para conquistar provincias ajenas, y
cuando quería
acometer guerra contra algún
señor o provincia juntaba
a sus soldados y dábales parte de lo que quería
hacer, y luego enviaba
espías a aquella tal provincia que querían
conquistar, para que mirasen
la disposición de la tierra, y la llanura
o aspereza de ella, y los pasos
peligrosos,
y los pasos
por donde seguramente
podían entrar; y todo
lo traían pintado,
y lo presentaban al señor para
que viese la disposi
ción de la tierra.
Visto esto,
el señor mandaba llamar a los
capitanes principales que
siempre eran dos, el uno se llamaba tlacochcálcatl
y el otro
tlacatécatl
y mostrándoles la pintura señalábales los caminos
que habían de llevar,
por dónde habían de ir los soldados, y en cuántos
días habían de llegar
y en dónde habían de asentar los reales; y
señalábales los maestres de
campo, que habían de llevar. Luego mandaba hacer provisiones, así de
armas como de viandas, y para esto enviaba a llamar
a todos los mayor
domos de las provincias, que llamaban calpixques de las provincias que
eran sus
sujetos, y mandábales traer
a su presencia todos los tributos,
así mantas como de plumajes y oro, y armas y
mantenimientos, y desque
todo
estaba traído y junto,
luego el señor repartía las armas a todos
los soldados, y a los capitanes y hombres fuertes y
valientes.
Habiendo
distribuido las armas
a todos, mandaba
luego a los
cal
pixques, que llevasen armas a todos los principales
de las provincias que
habían
de ir a la
guerra, para sí y para
sus soldados, y
entonces lo
notificaba a sus gentes y les daban armas.
Juntado todo el ejército, comenzaban a caminar por
este orden: Iban
los sacerdotes de los ídolos delante de todos, con sus ídolos a cuestas;
iban un día
delante de todos. Tras éstos iban los capitanes y hombres
valientes,
un día más adelante que el otro ejército; tras éstos
iban los
soldados
mexicanos; tras éstos iban
los tezcocanos, un día más atrás;
tras éstos
iban los de Tlacuba, otro día más
atrás; tras éstos iban los
de las otras provincias, otro día más atrás. Todos
iban con gran concier
to por el camino, y cuando ya estaban cerca de la provincia que iban
a conquistar, luego los señores del campo trazaban
cómo habían de asen
tar el
real, dando sitio
a cada una de las
provisiones ya dichas, y el
que no quería estar por lo que ordenaban los
señores del campo, asían
le luego.
También los señores tenían cuidado de la
pacificación del pueblo y de sentenciar los litigios y pleitos que había en la
gente popular, y para esto elegían jueces, personas nobles y ricas y
ejercitadas en las cosas de la guerra, y experimentadas en los trabajos de las
conquistas; perso nas de buenas costumbres, que fueron criadas en los
monasterios de Calmécac, prudentes y sabias, y también criadas en el palacio.
A estos tales escogía el señor para que fuesen
jueces en la república. Mirábase mucho en que estos tales no fuesen borrachos,
ni amigos de tomar dádivas, ni fuesen aceptadores de personas, ni apasionados;
en cargábales mucho el señor que hiciesen justicia en todo lo que a sus manos
viniese. También les señalaba el señor las salas donde habían de ejercitar sus
oficios; señalábales una sala que era debajo de la sala del señor que llamaban
tlacxitlan; en ésta oían y juzgaban las causas de los nobles. Otra sala les
señalaba que llamaban teccalli, allí oían y juz gaban las causas populares,
tomándolas por escrito primeramente, por sus pinturas, y averiguado y escrito
el negocio llevábanlos a los de la sala más alta, que se llamaban tlacxitlan,
para que allí se sentenciase por los mayores cónsules; y los casos muy
dificultosos y graves llevábanlos al señor, para que los sentenciase juntamente
con trece principales, muy calificados, que con él andaban y residían.
Estos tales eran los mayores jueces, que ellos
llamaban tecutlatoque; éstos examinaban con gran diligencia las causas que iban
a sus manos. Y cuando quiera que en esta audiencia, que era la mayor,
sentenciaban alguno a muerte, luego lo entregaban a los ejecutores de la
justicia, los cuales, según la sentencia, o los ahogaban, o daban garrote, o
los ape dreaban o los despedazaban.
LA MANERA DE LOS ARE1TOS
Lo tercero de que los señores tenían gran cuidado
era de los areitos y bailes que usan para regocijar a todo el pueblo. Lo
primero, dictaba el cantar que se había de decir, y mandaba a los cantores que
le pusiesen en el tono que quería, y que le proveyesen muy bien. También man
daba hacer aquellas macetas de ulli con que tañen el teponaztli, y que el
teponaztli y atambor fuesen muy buenos; también mandaba los meneos que había de
haber en la danza, y los atavíos y divisas con que se habían de componer los que
danzaban; también señalaba los que habían de tañer el atambor y teponaztli, y
los que habían de guiar la danza o baile, y señalaba el día del baile, para
alguna fiesta señalada de los dioses. Para entonces él se componía con los
aderezos que se siguen: En la cabeza se ponía unas borlas hechas de pluma, y
oro, atadas a los cabellos de la coronilla; poníase un bezote de oro, o de
piedra pre-
ciosa; poníase también unas orejeras de oro en las
orejas; poníase al cuello un collar de piedras preciosas de diversos géneros,
poníase en las muñecas unas ajorcas, o sartalejos de piedras preciosas de
chalchihuites o turquesas; también se ponía en los brazos, en los morcillos
unas ajor cas de oro, y un brazalete con un plumaje que sobrepujaba la cabeza,
y otro plumaje en la mano; cubríase de mantas ricas, añudadas sobre el hombro;
poníase unos ceñidores muy ricos, que ellos llaman máxtlatl, que sirve de cinta
y de cubrir las partes vengonzosas. De esta misma librea arreaba a todos los
principales, y hombres de guerra y capitanes, y todas las otras gentes que
habían de entrar en la danza o baile; y también a todos daba copiosamente de
comer y beber. Y andando en el baile, si alguno de los cantores hacía falta en
el canto, o si los que tañían el teponaztli y atambor faltaban en el tañer, o
si los que guían erraban en los meneos y contenencias del baile, luego el señor
les mandaba pren der y otro día los mandaba matar.
(Lib. VIII, cap. xvii, fragmento)
LA MANERA QUE TENIAN EN ELEGIR A LOS SEÑORES
Cuando moría el señor o rey, para elegir otro
juntábanse los senadores que llamaban tecutlatoque, y también los viejos del
pueblo que llamaban achcacauhtin; y también los capitanes, soldados viejos de
la guerra, que llamaban yaotequiuaque, y otros capitanes que eran principales
en las cosas de la guerra, y también los sátrapas que llamaban telenamacazque o
papauaque. Todos éstos se juntaban en las casas reales, y allí delibera ban y
determinaban quién había de ser señor, y escogían uno de los más nobles de la
línea de los señores antepasados, que fuese hombre valiente, ejercitado en las
cosas de la guerra, osado y animoso, y que no supiese beber vino; que fuese
criado en el Calmécac, que supiese bien hablar, fuese entendido y recatado, y
animoso y amoroso, y cuando se hacía esta elección por escrutinio, o por votos,
sino que todos juntos, todos, o los más, concurrían en uno, luego le nombraban
por señor. No confiriendo los unos con los otros, venían a concertarse en uno.
Elegido el señor luego elegían otros cuatro que eran como senadores, que habían
siempre de estar al lado del señor y entender en todos los negocios gra ves
del reino. Estos cuatro tenían en diversos lugares, diversos nombres.
(Lib.
VIII, cap. xviii,
fragmento)
EL ORDEN QUE HABIA EN EL T1ANQUEZ,
DEL
CUAL EL SEÑOR TENIA ESPECIAL CUIDADO
El señor también cuidaba del tiánquez, y de todas
las cosas que en él se vendían, por amor de la gente popular y de toda la gente
forastera
que
allí
venía, para que
nadie les hiciese
fraude o sinrazón
en el
tiánquez. Por esta razón ponían por orden todas las
cosas que se ven
dían, cada
cosa en su lugar, y elegían por esta causa oficiales, que se
llamaban
tianquizpan tlayacaque, los
cuales tenían cargo del tiánquez
y de todas las cosas que allí se vendían, de cada
género de mantenimien
tos, o
mercaderías; tenía uno de estos
cargos para poner
los precios
de las cosas
que se vendían y para
que no hubiese fraudes
entre los
que vendían y compraban. Estaban en una parte del tiánquez los que
vendían oro y plata y piedras preciosas, y plumas
ricas de todo género,
de las
cuales se hacían las divisas o armas
para la guerra, y también
las rodelas.
En otra parte se ordenaban los
que vendían cacao y espe
cias aromáticas que ellos llaman ueinacaztli, tlilxoehitl, mecaxóchitl.
En otra parte
se ordenaban los que
vendían mantas grandes, blancas
dos, y otros ricos; y también allí mismo se vendían
las vestiduras muje-
o labradas, y maxtles que entonces usaban unos blancos, y otros labra-
riles
labradas, y por
labrar, medianas y
ricas, y también
las mantas
comunes que ellos llaman quachtli áyatl. En otra
parte estaban por su
orden los que vendían las cosas de comer, como son
maíz blanco y maíz
azul obscuro, o negro, y colorado y amarillo, y
frijoles amarillos y blan
cos, y negros,
y colorado y amarillo, y
frijoles amarillos y
blancos, y
negros, y
colorados, y jaspeados, y unos
frijoles negros, grandes
como
habas, y semillas de bledos pardos o cenicientos, y colorados, y amarillos,
y chían blanca y negra, y otra que llaman
chiantzótzotl; en este mismo
lugar se ordenaban los que vendían sal, y gallinas,
y gallos, y codorni
ces, y conejos, y liebres, y carne de venado, y
aves de diversas maneras,
como son ánades, y labancos, y otras aves de la
agua; también los que
vendían miel de maguey y de abejas; de este orden
eran los que vendían
chile
de diversas maneras,
los mismos vendían
tomates que llaman
miltómatl,
y chiltómatl. En
otra parte se
ordenaban los que
vendían
fruta, como
son cerezas, y aguacates, ciruelas silvestres, vayadas, bata
tas, y batatas de raíces que se llaman
quauhcamotli, y zapotes de diversas
maneras,
y otras muchas
frutas. También con
éstos se ordenaban los
que vendían turrones de chían, castañas de raíces
de yerba, raíces, como
regaliz, erizos, que es una fruta que se come,
pepitas grandes y peque
ñas de calabaza. También con éstos se ordenaban los
que vendían peces,
y ranas, y otros pescadillos, que son como
lagartillos, y otras sabandijas
que se crían
en la agua; también con éstos se ordenaban los que ven
den papel que se hace de cortezas de árboles, e
incienso blanco, y goma
negra que se llama ulli, y cal, y navajas, y leña
para quemar, y made
ros para techar las casas, unos cuadrados, otros
rollizos, y tablas, y pan
dillas,
que son tablas delgadas, y coas, y
palancas y palas,
y remos,
y varales, y tomizas, y nequén y cuero labrado y
cotaras, y hachas de
cobre para cortar maderos, y punzones, y escoplos,
y otras herramientas
para labrar madera. También estaban por su orden
los que vendían yer
bas para comer, como son
cebollas, y otras yerbas que usan comer,
también éstos venden xilotes, y elotes cocidos, y
pan hecho de los pena chos del maíz y pan hecho de elotes, y todas las maneras
de pan que se usa. También estaban por su orden los que venden cañas de humo de
muchas maneras, y también aquí se vende xochiocózotl, y los platos para poner
las cañas cuando se queman, y otras maneras de vasos de barro, y lebrillos, y
ollas, y tinajas para hacer octli, y todas las otras maneras de loza.
Y los que tenían cargo de las cosas del tiánquez si
no hacían fielmente sus oficios privábanlos de ellos y desterrábanlos de los
pueblos; y los que vendían algunas cosas hurtadas, como mantas ricas o piedras
pre-ciosas, cuando se sospechaba que aquello era hurtado, si no daba la persona
que se lo había vendido prendíanle y sentenciábanle a muerte los jueces y
señores, y con esto se ponía temor a la gente, para que nadie osase comprar
cosa hurtada.
(Lib. VIII,
cap. xix)
LA GENTE Y SUS OFICIOS
LOS OFICIOS, CONDICIONES Y DIGNIDADES DE LAS PERSONAS
NOBLES Y GENEROSAS
PERSONA GENEROSA
La persona generosa o de gran linaje es de gran
estima, da; es persona, es digna de ser reverenciada y de ser temida; es
persona que espanta, y digna de ser obedecida; la persona generosa y bien
acondicionada es amorosa, piadosa, compasiva, liberal, imprime reverencia en
los que la ven.
La persona generosa mal acondicionada es
insufrible, temerosa, quiere ser temida y reverenciada, imprime temor y
espanto, es alborotadora de los suyos. Este nombre tlácatl quiere decir persona
noble, generosa o magnífica; y su compuesto, que es atlácatl, es
contradictorio, significa persona vil y de baja suerte. Y los compuestos de
tlácatl que se componen con nombres numerales, significan persona común, como
diciendo ce tlácatl, una persona hombre, o mujer; orne tlácatl, dos personas,
hom bres o mujeres, y diciendo cuixtlácatl, quiere decir, es persona vil y de
baja suerte; y cuando dicen ca cenca tlácatl, quiere decir es persona muy de
bien, es muy noble o muy generosa.
SEÑOR, REY, EMPERADOR, PAPA, OBISPO
Las excelencias del señor, rey o emperador, obispo
o papa, pónense por vía de metáfora ceuallo, hecauhyo, quiere decir, cosa que
hace sombra, porque el mayor ha de hacer sombra a sus súbditos; malacahyo, cosa
que tiene gran circuito en hacer sombra, porque el mayor ha de amparar a todos,
chicos y grandes. Póchotl es un árbol que hace gran sombra y tiene muchas
ramas, ahuéhuetl es de la misma manera, porque el señor ha de ser semejante a
estos árboles, donde sus súbditos se am paren. El mayor ha de ser reverenciable,
espantable, preciado y temido de todos. El mayor que hace bien su oficio ha de
llevar a sus súbditos, unos a cuestas, otros en el regazo, otros en brazos, los
ha de allegar y tener debajo sus alas, como las gallinas a los pollos.
SENADOR
El senador tiene estas propiedades: ser juez, y
averiguar bien los pleitos; ser respetado, grave, severo, espantable y tener
presencia digna, de mucha gravedad y reverencia, y ser temido de todos. El buen
senador es recto juez y oye a entrambas partes, y pondera muy bien la causa de
los unos y de los otros; da a cada uno lo que es suyo, y siempre hace justicia
derecha; no es aceptador de personas y hace justicia sin pasión.
El mal senador, por el contrario, es aceptador de
personas, apasionado, acuéstase a una parte o es parcial, amigo de cohechos e
interesado.
NOBLE
EN LINAJE
La persona noble de linaje es de buenas entrañas,
de real condición y de honesta vida, humilde, avisado, recatado; amado de
todos, pacífico, hombre cabal, sosegado, de buena y limpia vida, sabio y
prudente. Por el contrario, la persona que es de buen linaje y mal
acondicionada es muy entremetida, entonada, inquieta, soberbia, alocada, medio
choca-rrera, molesta y penosa a todos, burladora, atrevida y determinada.
CABALLERO
El verdadero caballero es muy estimado, amado, y de
buena condición, a todos quiere bien y tiénelos en mucho, y con todos vive en
paz y amor; a todos honra y muestra benevolencia, y con todos es bien hablado.
El caballero mal acondicionado es de bajo quilate,
imprudente, tonto, desatentado, precipitado o inconsiderado en todo, y a todos
es penoso, fastidioso y enojoso.
ILUSTRE
El que es ilustre o generoso es como una piedra
preciosa, o como una joya rica, o como una pluma preciada; y así es digno de
ser muy bien tratado, y regalado y tenido por hombre noble y generoso al fin,
de muy esclarecido linaje, y de los finos y mejores caballeros.
(Lib. X, cap. iv)
OTROS OFICIALES COMO SON CARPINTEROS Y CANTEROS
CARPINTERO
El carpintero es de su oficio hacer lo siguiente:
cortar con hacha, hender las vigas y hacer trozos, y aserrar, cortar ramos de
árboles, y hender con cuñas cualquier madero.
El buen carpintero suele medir y compasar la madera
con nivel, y labrarla con la juntera para que vaya derecha, y acepillar,
emparejar y entarugar, y encajar unas tablas con otras, y poner las vigas en
con-cierto sobre las paredes; al fin, ser diestro en su oficio. El mal car
pintero desparpaja lo que está bien acepillado, y es descuidado, tram poso y
dañador de la obra que le dan para hacer, y en todo lo que él hace es torpe y
nada curioso.
CANTERO
El cantero tiene fuerzas y es recio, ligero y
diestro en labrar y aderezar cualquiera piedra. El buen cantero es buen
oficial, entendido y hábil en labrar la piedra, en desbastar, esquinar y hender
con la cuña, hacer arcos, esculpir y labrar la piedra artificiosamente; también
es su oficio trazar una casa, hacer buenos cimientos y poner esquinas y hacer
por tadas y ventanas bien hechas, y poner tabiques en su lugar.
El mal cantero es flojo, labra mal y en el hacer de
las paredes no las fragua, hácelas torcidas y acostadas a una parte, y
corcovadas.
ALBAÑIL
El albañil tiene por oficio hacer mezcla, mojándola
bien, y echar tortas de cal y emplanarla, y bruñirla o lucirla bien.
El mal albañil por ser inhábil, lo que encala es
atolondrado, ni es liso, sino hoyoso, áspero y tuerto.
PINTORES Y CANTORES
PINTOR
El pintor, en su oficio, sabe usar de colores, y
dibujar o señalar las imágenes con carbón, y hacer muy buena mezcla de colores,
y sábelos moler muy bien y mezclar. El buen pintor tiene buena mano y gracia en
el pintar, y considera muy bien lo que ha de pintar, y matiza muy bien la
pintura, y sabe hacer las sombras, y los lejos, y follajes. El mal
pintor es de malo y bobo ingenio y por esto es
penoso y enojoso, y no responde a la esperanza del que da la obra, ni da lustre
a lo que pinta, y matiza mal, todo va confuso, ni lleva compás o proporción lo
que pinta, por pintarlo de prisa.
CANTOR
El cantor alza la voz y canta claro, levanta y baja
la voz, y compone cualquier canto de su ingenio; el buen cantor es de buena,
clara y sana voz, de claro ingenio y de buena memoria, y canta en tenor, y can
tando baja y sube, y ablanda o tiempla la voz, entona a los otros, ocúpase en
componer y en enseñar la música, y antes que cante en público primero se
ensaya. El mal cantor tiene voz hueca o áspera, o ronca; es indocto y bronco,
mas por otra parte es presuntuoso y jac tancioso, o desvergonzado y envidioso,
molesto y enojoso a los demás, por cantar mal; es muy olvidadizo y avariento en
no querer comunicar con los otros lo que sabe del canto, y es soberbio y muy
loco.
SABIOS Y MEDICOS
LOS SABIOS
El sabio es como lumbre o hacha grande, y espejo
luciente y pulido de ambas partes, y buen dechado de los otros, entendido y
leído; tam bién es como camino y guía para los otros.
El buen sabio, como buen médico, remedia bien las
cosas y da buenos consejos y buena doctrina, con que guía y alumbra a los
demás, por ser él de confianza y de crédito, y por ser cabal y fiel en todo; y
para que se hagan bien las cosas da orden y concierto, con lo cual satisfacé y
contenta a todos respondiendo al deseo y esperanza de los que se llegan a él; a
todos favorece y ayuda con su saber. El mal sabio es mal médico, tonto y
perdido, amigo del nombre de sabio y de vanagloria, y por ser necio es causa de
muchos males y de grandes errores, peligroso y des-peñador, y engañador o
embaucador.
LOS MEDICOS
El médico suele curar y remediar las enfermedades;
el buen médico es entendido, buen conocedor de las propiedades de las yerbas,
piedras, árboles y raíces, experimentado en las curas, el cual también tiene
por oficio saber concertar los huesos, purgar, sangrar y sajar, y dar puntos, y
al fin librar de las puertas de la muerte. El mal médico es burlador,
y por ser inhábil, en lugar de sanar, empeora a los
enfermos con el brebaje que les da, y aun a las veces usa hechicerías y
supersticiones para dar a entender que hace buenas curas.
(Lib. X, cap. viii)
PERSONAS
VICIOSAS, COMO RUFIANES
Y ALCAHUETES
RUFIANES
El hombre perdido y alocado es desatinado y
atontado en todo, lisiado en alguna parte del cuerpo, muy miserable, amigo del
vino y de las cosas que emborrachan al hombre y anda como endemoniado, que no
teme ni respeta a nadie y se pone a cualquier peligro y riesgo.
El mozo desbaratado anda como hechizado, o muy
beodo, o fanfarronea mucho, ni puede guardar secreto; amigo de mujeres, perdido
con algunos hechizos, o con algunas cosas que sacan al hombre de su juicio,
como son los malos hongos y algunas yerbas que desatinan al hombre. El viejo
putañero es de poca estima y de mala fama, alocado, tonto y necio.
ALCAHUETE
El alcahuete es comparado al ratón, porque anda a
escondidas enga ñando a las mujeres, y para engañarlas tiene linda plática,
muchos ha lagos y engaños con que parece que embauca a las mujeres, y los en
gaños y embustes con que atrae son comparados a las rosas, que aplacen a los
hombres con su hermosura y con su buen color.
EMBAUCADORES
El embaucador, o la embaucadora, tiene estas
propiedades, que sabe ciertas palabras con que embauca a las mujeres, y ellas
por el contrario con que engañan a los hombres, y así cada una de éstas hacen a
los hombres y a las mujeres andar elevados o embelesados, o enhechizados, vanos
y locos, atónitos y desvanecidos.
SOMETICOS3
El somético paciente es abominable, nefando y
detestable, digno de que hagan burla y se rían las gentes, y el hedor y fealdad
de su pecado
3 Sodomitas (M ).
nefando no se puede sufrir, por el asco que da a
los hombres; en todo se muestra mujeril o afeminado, en el andar o en el
hablar, por todo lo cual merece ser quemado.
HOMICIANO4
El homiciano tiene estas propiedades, que es de
malas entrañas y muy malicioso, bravo como un perro rabioso, sediento de
derramar sangre; su estudio y cuidado es armar pleitos a otros, y ser chismero
y levantar testimonios, herir y matar a otros.
TRAIDOR
El traidor en todas partes siembra cizañas entre
los amigos, gran chis mero y mentiroso, al fin revolvedor de todos.
JUGLARES
El juglar suele decir gracias y donaires. El buen
juglar es suave en el hablar, amigo de decir cuentos y cortesano en su habla.
El mal juglar dice disparates y es perjudicial en sus palabras, y suele
entremeterse en las pláticas de otros sin ser llamado para ello, y en lugar de
gracias dice malicias y torpezas.
CHOCARRERO
El chocarrero es atrevido y desvergonzado, alocado,
amigo del vino y enemigo de buena fama. El buen chocarrero es suave o gracioso
en su hablar y hábil para decir muchos donaires. El mal chocarrero es penoso en
su hablar, tonto e inhábil para decir las gracias, y las dice fuera de
propósito y de tiempo, con las cuales da más enojo que placer a los que las
oyen, por más que ande bailando y cantando.
LADRONES
El ladrón por más que hurte siempre anda pobre y
miserable, y lace rado, escaso y hambriento, y codicioso de lo ajeno: y para
hurtar sabe mil modos, miente, acecha y horada las casas, y sus manos son como
garabatos con que apaña lo que puede; y de pura codicia anda como un perro,
carleando y rabiando para hurtar lo que desea.
4 Homicidas (M ).
El ladrón que encantaba sabía muy bien los
encantamientos, con los cuales hacía amortecer o desmayar a los de (la) casa
donde él entraba, y así amortecidos, hurtaba cuanto hallaba en casa, y aun con
sus encan tamientos sacaba la troje y la llevaba a cuestas a su casa; y
estando en la casa donde hurtaba — estando encantados los de la casa— tañía,
cantaba y bailaba, y aun comía con sus compañeros que llevaba para hurtar.
DEL SALTEADOR
El salteador es comparado a una bestia fiera, por
ser bravo, cruel e inhumano, sin piedad alguna, el cual usa mil modos y engaños
para atraer a sí a los caminantes, y así atraídos róbalos y mátalos.
(Lib. X, cap. xi)
LABRADORES Y MERCADERES
LOS RICOS
El rico es recatado y de buen ingenio y tiene de
comer y mucha hacien da, y en buscar y aumentarla es muy diligente. El buen
rico es piadoso y misericordioso y agradecido por los bienes que tiene, los
cuales guarda y gasta a su tiempo y con ellos granjea.
El mal rico es desperdiciador o desbaratador de su
hacienda, avariento y gran logrero; su oficio es prestar dineros y pedir más
por ellos.
LOS LABRADORES
El labrador es dispuesto y recio y diligente, y
apto para la labranza. El
buen
labrador es fuerte, diligente y cuidadoso, y madruga mucho por
no perder su hacienda, y por aumentarla deja de
comer y de dormir;
trabaja mucho en su oficio, conviene a saber, en
romper la tierra, cavar,
desyerbar,
cavar en tiempo
de seca, vinar,
allanar lo cavado,
hacer
camellones, mollir bien la tierra y ararla en su
tiempo, hacer linderos
y vallados, y romper también la tierra en tiempo de
aguas; saber escoger
en tiempo de
seca; sembrar, derramando la
semilla; agujerar la tierra
la buena tierra para labrarla; hacer hoyos para
echar la semilla y regarla
para sembrar los frijoles; cegar los hoyos donde
está el maíz sembrado,
acohombrar, o allegar la tierra o lo nacido, quitar
el vallico, entresacar
las cañas quebrándolas, y entresacar las
mazorquillas, y quitar los hijos
de las mazorcas, y quitar los tallos porque crezca
bien lo nacido; entre
sacar a su tiempo las mazorcas verdes, y al tiempo
de la cosecha quebrar las cañas cogiéndolas y coger el maíz cuando está ya bien
sazonado; desollar o desnudar las mazorcas y atar las mazorcas unas con otras,
añudando las camisillas unas con otras; y hacer sartales de mazorcas, atando
unas con otras; y acarrear a casa lo cogido y ensilarlo; quebrar las cañas que
tienen nada, aporréandolas; trillar, limpiar, aventar (y ) levantar al viento
lo trillado. El mal labrador es muy negligente, hara gán, y a él se le hace
grave y molesto todo trabajo; en su oficio es tosco, bruto, groserazo,
villanazo, comilón, escaso, enemigo de dar y amigo de tomar.
LOS HORTELANOS
El hortelano tiene de oficio sembrar semillas,
plantas y árboles, y hacer eras, y cavar y mollir bien la tierra. El buen
hortelano suele ser dis creto, cuidadoso, prudente, de buen juicio y tener
cuenta por el libro con el tiempo, con el mes y con el año.
LOS OLLEROS
El ollero es robusto, ligero, buen conocedor del
barro, sabe y piensa muy bien el modo y la forma de hacer ollas de cualquiera
suerte que quisiere. El mal ollero es torpe, tonto y necio.
MERCADERES
El mercader suele ser regatón, y sabe ganar, y
prestar logro; concertarse con los comprantes, y multiplicar la hacienda. El
buen mercader lleva fuera de su tierra las mercaderías y las vende a moderado
precio, cada cosa según su valor y como es, no usando algún fraude en ellas,
sino temiendo a Dios en todo. El mal mercader es escaso y apretado, enga
ñador, parlero, porfiado, encarecedor, gran logrero, ladrón, mentiroso, y con
mala conciencia tiene cuanto gana y posee, y lo que gana todo es mal ganado, y
en vender tiene linda plática y alaba tanto lo que vende que fácilmente engaña
a los compradores.
(Lib. X, cap. xii)
CONDICIONES Y OFICIOS DE LAS MUJERES BAJAS
MUJER
POPULAR
La mujer popular de buenas fuerzas, es trabajadora
y de media edad, recia, fornida, diligente, animosa, varonil y sufrida; la que
es de este
jaez es buena, vive bien y castamente, y ninguna
cosa reprensible hace,
sino que cuanto obra es de buena y honrada mujer y
bien dispuesta, y
por
esto es estimada
como una piedra
preciosa; y la
que de éstas
es
mala, es mal mirada, mal criada, atrevida,
atontada, precipitada en sus
cosas y mal considerada, que no mira bien lo que
hace.
MUJER HONRADA
La mujer honrada es cabal y cuerda; la tal, si es buena, es constante
y firme y que no vuelve atrás en sus obras, y es
tal que con ánimo de
varón sufre cualquiera mal que le viene, y aun hace
fuerza a sí misma
por no ser vencida de algún infortunio, sino que
todo lo que se ofrece
adverso lo sufre con grande y mucha paciencia; la que de éstas no es
tal, es flaca y vil mujer, que hace caer las alas a
los otros, ni da ánimo,
ni esperanza de alguna cosa, muy desconfiada, que
fácilmente se cansa,
mala en todo y de mala fama y vida.
TEJEDORA DE LABORES
La tejedora de labores tiene por oficio tejer
mantas labradas, o galanas
y pintadas; la que es buena de este oficio es
entendida y diestra en su
oficio, y así sabe matizar los colores y ordenar
las bandas en las mantas;
al fin hácelas labradas y galanas de diversos
colores. También tiene por
oficio
saber hacer orillas
de mantas, saber
hacer labor del
pecho de
huípil y hacer mantas de tela rala, como es la
toca, y por el contrario
hacerlas gruesas de hilo gordazo o grueso, a manera
de cotonía de Cas
tilla;
la que es mala
es incapaz de este
oficio, es torpe y hace mala
labor, y echa a perder cualquier tela.
HILANDERAS
La
hilandera tiene por
oficio hacer lo
siguiente: saber escarmenar
y
sacudir bien lo escarmenado. La que es buena
hilandera sabe hilar del
gado y parejo, e igual, y así tiene buena mano y es
diestra en el hilar;
también sabe hacer buena mazorca en el huso, y
devanar, o hacer ovillo,
y sabe concertar el hilo que está
en la devanadera
para la urdimbre,
y sabe triplicar los hilos, y sabe hilar hilo
grueso y flojo; la que no
es tal hace
tramojos, y es floja y
perezosa, y tal que de
pura pereza
no ve la hora para dejar lo que hace.
COSTURERAS
La costurera sabe coser y labrar, y echar buena
labor en todo lo que labra; la que es buena costurera es buena oficiala de su
oficio, y echa labores trazando bien primero lo que ha de hacer. La que no es
tal, echa puntos largos y manosea lo que cose, hace mala labor en todo y burla
y engaña a los hombres y dueños de la obra que se le en comienda.
GUISANDERAS
La mujer que sabe bien guisar tiene por oficio
entender en las cosas siguientes: hacer bien de comer, hacer tortillas, amasar
bien, saber echar la levadura, para todo lo cual es diligente y trabajadora; y
sabe hacer tortillas llanas y redondas y bien hechas, o por el contrario
hácelas prolongadas y hácelas delgadas, o hácelas con pliegues, o hácelas
arrolla das con ají; y sabe echar masa de los frijoles cocidos en la masa de
los tamales, y hacer tamales de carne, como empanadillas, y otros guisados, que
usan. La que es buena en este oficio, sabe probar los guisados si están buenos,
o no, y es diestra y experimentada en todo género de guisados, entendida y
limpia en su oficio, y hace lindos y sabrosos gui sados. La que no es tal no
se le entiende bien el oficio, es penosa y molesta porque guisa mal, es sucia y
puerca, comilona, golosa, y cuece mal las tortillas, y los guisados de su mano
están ahumados, o salados o acedos, y tal que en todo es grosera y tosca.
MEDICAS
La médica es buena conocedora de las propiedades de
yerbas, y raíces, árboles, y piedras, y en conocerlas tiene mucha experiencia,
no igno rando muchos secretos de la medicina. La que es buena médica sabe bien
curar a los enfermos, y por el beneficio que les hace casi vuélvelos de muerte
a vida, haciéndoles mejorar o convalecer con las curas que hace; sabe sangrar,
dar la purga, echar medicina y untar el cuerpo, ablandar palpando lo que parece
duro en alguna parte del cuerpo, con certar los huesos, sajar y curar bien las
llagas y la gota, y el mal de los ojos, y cortar la carnaza de ellos.
La que es mala médica usa de la hechicería
supersticiosa en su oficio y tiene pacto con el demonio, y sabe dar bebedizos
con que mata a los hombres; y por no saber bien las curas, en lugar de sanar
enferma y empeora, y aun pone en peligro de la vida a los enfermos, y al cabo
los mata, y así engaña a las gentes con su hechicería, soplando a los enfermos,
atando y desatando sutilmente a los cordeles, mirando en la
agua, echando los granos gordos de maíz que suele
usar en su supers tición, diciendo que por ello suele conocer las enfermedades
y las entien de; y para usar bien de su superstición da a entender que de los
dientes saca gusanos, y de las otras partes del cuerpo papel, pedernal, navaja
de la tierra, sacando todo lo cual, dice que sana a los enfermos, siendo ello
falsedad y superstición notoria.
(Lib. X, cap. xiv)
MUCHAS
MANERAS DE MALAS MUJERES
LAS MUJERES PUBLICAS
La puta es mujer pública y tiene lo siguiente: que anda vendiendo su
cuerpo,
comienza desde moza y no lo deja siendo vieja, y anda
como
borracha y perdida, y es mujer galana y pulida,
y con esto muy des
vergonzada; y a cualquier hombre se da y le vende su cuerpo, por ser
muy lujuriosa, sucia y sin vergüenza, habladora y
muy viciosa en el acto
carnal; púlese mucho y es tan curiosa en ataviarse
que parece una rosa
después de bien compuesta, y para aderezarse muy
bien primero se mira
en el espejo,
báñase, lávase muy bien y refréscase para más
agradar;
suélese
también untar con
ungüento amarillo de la tierra
que llaman
axin, para
tener buen rostro y luciente, y a las veces se pone colores
o afeites
en el rostro, por
ser perdida y mundana. Tiene también
de
costumbre
teñir los dientes
con grana, y soltar los
cabellos para más
hermosura, y a las veces tener la mitad sueltos, y la otra mitad sobre
la oreja o sobre el hombro, y trenzarse los
cabellos y venir a poner las puntas sobre la mollera, como cornezuelos, y
después andarse pavonean do, como mala mujer, desvergonzada, disoluta e
infame.
Tiene también costumbre de sahumarse con algunos
sahumerios olo rosos, y andar mascando el tzictli para limpiar los dientes, lo
cual tiene por gala, y al tiempo de mascar suenan las dentelladas como
castañetas. Es andadora, o andariega, callejera y placera, ándase paseando,
buscan do vicios, anda riéndose, nunca para y es de corazón desasosegado. Y
por los deleites en que anda de continuo sigue el camino de las bestias,
júntase con unos y con otros; tiene también de costumbre llamar, hacien do
señas con la cara, hacer del ojo a los hombres, hablar guiñando el ojo, llamar
con la mano, vuelve el ojo arqueando, andarse riendo para todos, escoger al que
mejor le parece, y querer que la codicien, engaña a los mozos, o mancebos, y
querer que le paguen bien, y andar alcahue teando las otras para otros y andar
vendiendo otras mujeres.
MUJER ADULTERA
La adúltera es tenida por alevosa, o es traidora,
por lo cual no es tenida en alguna reputación, vive muy deshonrada y cuéntase
como por muer ta; por cuanto tiene perdidas la honra, tiene hijos bastardos y
con bebedizos se provoca a vómito y mal parir, y por ser tan lujuriosa con
todos se echa, y hace traición a su marido, engáñale en todo y tráe-le ciego.
LA
HERMAFRODITA
La mujer que tiene dos sexos, o la que tiene natura
de hombre y natura de mujer, la cual se llama hermafrodita, es mujer
monstruosa, la cual tiene supinos, y tiene muchas amigas y criadas, y tiene
gentil cuerpo como hombre, anda y habla como varón (es) vellosa; usa de entram
bas naturas; suele ser enemiga de los hombres porque usa el sexo mas culino.
ALCAHUETA
La alcahueta, cuando usa alcahuetería, es como un
diablo y trae forma de él, y es como ojo y oreja del diablo, al fin es como
mensajera suya. Esta tal mujer suele pervertir el corazón de otras y las atrae
a su volun tad, a lo que ella quiere; muy retórica en cuanto habla, usando de
unas palabras sabrosas para engañar, con las cuales como unas rosas anda
convidando a las mujeres, y así trae con sus palabras dulces a los hom-bres
abobados y embelesados.
(Lib. X, cap. xv)
LOS QUE VENDEN
COLORES, TOCHOMITL Y JICARAS
QUE VENDEN COLORES
El que vende los colores que pone encima de un
cesto grande, es de estas propiedades que cada género de color pónelo en un
cestillo encima del grande, y los colores que vende son de todo género; los
colores secos, y colores molidos, la grana, amarillo claro, azul claro, la
greda, el cisco de teas, cardenillo, alumbre y el ungüento amarillo izictli y
el que se llama axin, y el chapopotli mezclado con este ungüento amarillo se
llama almagre. Vende también cosas olorosas como sen las especias aromáticas; vende
también cosillas de medicina, como es la cola del animalejo llama
do tlaquatzin, y muchas hierbas y raíces de
diversas especies; allende de todo lo dicho, vende también el betún, que es
como pez, y el incienso blanco, y agallas para hacer tinta, y la cebadilla, y
panes de azul, y aceche y margagita.
TINTOREROS
El que es tintorero tiene por oficio teñir la lana
con diversos colores, y a las veces con colores deslavados y falsos; la lana
que vende es bien teñida y dale buen punto, y tiñe de diversos colores,
amarillo, verde, leonado, morado, verde obscuro, verde claro, verde fino,
encarnado, con los cuales colores tiñe lana.
QUE VENDEN JICARAS
El que vende jicaras cómpralas de otro para
tomarlas a vender, y para venderlas bien primero las unta con cosas que las
hacen pulidas; y algu nos las bruñen con algún betún, con que las hacen
relucientes, y algu nos las pintan rayendo, o raspando bien lo que no está
llano, ni liso, y para que parezcan galanas úntalas con el axin, o con los
huesos de los zapotes amarillos molidos, y endurécelas o cúralas al humo,
colgándolas en la chimenea; y todas las jicaras véndelas poniendo a parte, o
por sí, las que traen de Guatimala, y las de México, y las de otros pueblos,
unas de las cuales son blancas, otras prietas, unas amarillas, otras pardas,
unas bruñidas de encima, otras untadas con cosas que les dan lustre, unas son
pintadas, otras llanas sin labor; unas son redondas y otras larguillas, o
puntiagudas; unas tienen pie, otras asillas, o picos, unas asas grandes, y
otras como calderuelas, unas son para beber agua, y otras son para beber
atolli; fuera de éstas vende también las jicaras muy pintadas de Izucan, y las
jicaras como bacines, anchas, y jicaras para lavar las manos, y jicaras grandes
y redondas, y los vasos transpa rentes, y las jicaras agujeradas para colar,
éstas suélelas comprar de otros para tornarlas a vender fuera de su tierra.
QUE
VENDEN PAPEL
El que trata en vender papel májalo si es de la
tierra; también vende el de Castilla, el cual es blanco, o recio, delgado,
ancho, y largo, o gordo, o grueso, mal hecho, gorolloso, podrido, medio blanco
o pardo.
QUE VENDEN CAL
El que trata en cal, quiebra la piedra de que hace
cal y la cuece, y después la mata; y para cocerla, o hacerla viva junta primero
toda la
piedra que es buena para hacer cal; y métela
después en el horno, donde la quema con harta leña, y después que la tiene
cocida o quemada, mátala para aumentarla. Este tal tratante unas veces vende la
cal viva, y otras veces muerta, y la cal que es buena sácala de la piedra que
se llama cacálótetl quemada, o de la piedra que se llama tepétlatl.
(Lib. X, cap. xxi)
LOS QUE VENDEN FRUTAS Y OTRAS COSAS DE COMER
QUE VENDEN FRUTAS
El que trata en fruta va por ella a donde se hace,
y después de traída llévala a otros pueblos para vender; y cómprala toda junta
para ven derla poco a poco, o por menudo. Y si tiene huerta en ella procura de
plantar o trasponer los árboles de fruta, y cuando está bien sazonada, cógela
para hacer dineros de ella. Vende cañas dulces, xilotes y mazor cas verdes, y
las desgrana a las veces para hacer tamales y tortillas de ellas; vende también
las mazorcas tostadas, y las tortillas de masa mezclada con miel, y los granos
de maíz tostados, envueltos con miel, harina de maíz tostada mezclada con miel,
y las pepitas de calabazas hervidas con miel, y cascos de calabaza cocidos, y
otras comidas que están en la letra; vende también unos erizos de fruta, una
fruta como nabos que llaman jicamas, unas raíces de árboles que son como
batatas, y patatas silvestres, y unas raíces comestibles llamadas tocímatl y
piñas, fruta, y tzapotes de todas maneras, y peruétanos, anonas, mameyes, ci
ruelas de todas maneras, guayabas, manzanillas de la tierra, cerezas de
cualquier especie, tunas amarillas, coloradas, blancas, rosadas, vende también
unos tomates pequeños dulces que se venden por fruta.
PESCADORES
El que vende pescado es pescador, y para pescar
suele usar redes y anzuelos, y en el tiempo de las aguas espera las avenidas de
los ríos y toma los peces a menos trabajo; y para ganar su vida suele vender
camarones y pescados de todo género, vende también unas sabandijas del agua,
menudas como arena, y las tortillas y tamales que se hacen de ellas, y los
huevos de pescado y los coquillos del agua, como pulgón, cocidos, de que hacen
también como unos buñuelos prietos y larguillos, y unos gusanos blancos que son
buenos para aves o pájaros.
CARNICEROS
El que trata en carne tiene ganado, caza y cría, y
así vende carne de todo género, de gallinas, de venados, de conejos o de
liebres, de ánsares, de patos, de pájaros, de codornices, y la carne de águila
y de bestias fieras, y la carne del animalejo que trae sus hijos en una bolsa,
y la carne de los animales de Castilla, aves, vacas, puercos, carneros,
cabritos, véndela cocida o por cocer, y la carne cecinada y la asada debajo de
tierra. El que no es fiel en esto vende la carne que es podrida, y hedionda o aceda,
y la carne magullada, y por engañar a los compra dores dice ser comestible la
carne de perro.
LEÑADORES
El que trata en leña tiene montes y para cortarla
usa de hacha, con que la corta, raja, cercena y parte, y la pone en rimero;
vende todo género de leña, ciprés, cedro, pino; vende también morillos, postes,
pilares de madera, tablas, tajamaniles y tablazones, ora sean nuevas, ora sean
viejas y podridas. El que va por leña al monte, vende la leña de roble, y de
pino, y de fresno, y de madroños; y la leña que respenda y humea mucho; vende
también leña trozada o troncada, y leña cortada a manos, las cortezas de cedros
y de otros árboles, secos y verdes; vende también jara seca, y las pencas de
maguey secas, y las cañas secas, y los tagarnos.
(Lib. X, cap. xxii)
LOS QUE VENDEN GALLINAS, HUEVOS,
MEDICINAS,
ETC.
QUE VENDE HUEVOS
El que trata en huevos suele criar gallinas, que
ponen huevos; vende también los huevos de patos y de codornices, buenos y
recientes, y de ellos unas veces hace tortillas y otras veces algún guisado de
cazuela. El que es mal tratante en esto engaña vendiendo huevos podridos y
huevos de ánades, y cuervos, y auras y de otras aves cuyos huevos no se comen.
QUE VENDE GALLINAS
El que trata en vender gallinas, también cría las
aves, y a las veces cómpralas de otros para tornarlas a vender, ora sean de la
tierra, ora
de Castilla, gordas, tiernas, nuevas, pollos y
gallos que tienen papada. El que es mal tratante en esto vende gallinas viejas,
duras, flacas, y enfermas, que tienen pepita, mortecinas y hediondas.
OFICIAL DE NAVAJAS
El oficial de las navajas de la tierra sácalas de
piedra negra con un ins-trumento de palo, estribando con los pies, y con las
manos, y cada vez hace saltar una navaja de la misma piedra, y las navajas que
así saca unas son para raspar la cabeza, y otras para otra cosa; unas salen de
la superficie y otras tienen cazo, y otras son de dos filos, y otras para roer
los meollos de maguey para que manen; y algunas de estas navajas son blancas, y
otras jaspeadas, y otras amarillas, y otras comu nes, que son buenas para raer
las sedas, o cerdas de puercos, cuando los matan, después de chamuscados.
BOTICARIOS
El que trata en cosas de medicina conoce las
hierbas, raíces, árboles, piedras, y el incienso de la tierra y todas las cosas
medicinales, que sean raíces, que sean hierbas, de las cuales se trata en el
libro onceno, de cada género por sí; pénelas aparte, en algún petate en el
tiánquez, para vender.
LOS OUE HACEN
ESTERAS
El que es oficial de hacer esteras tiene muchas
juncias, u hojas de palma, de que hace los petates, y para hacerlos primero
extiende los juncos en algún lugar llano para asolearlos, y escoge los mejores,
y pénelos en concierto; y de los petates que vende unos son lisos, pintados, y
otros son de hojas de palma; de éstas también se hacen unos cestos que llaman
otlatompiatli, que son como espuertas.
Vende también unas esteras de juncias gruesas y
largas, unos de estos petates son bastos y ruines, y otros lindos y escogidos
entre los demás; de los petates unos son largos y anchos, y otros cuadrados, y
otros largos y angostos, otros pintados.
Hace también, y vende, unos asientos con espaldar,
y otros para sen tarse que son cuadrados, y otros para cabeceras que son
cuadrados y largos, unos pintados, y otros llanos, sin labor.
El que no es buen oficial de esto, vende esteras
hechas de juncias ruines y dañadas.
El que es oficial de hacer cestos de cañas macizas,
o el que los mer ca para venderlos poco a poco, primero hiende las cañas, y
después de partidas entretéjelas; de ellas hace los cestos, tejiéndolas muy
bien, echándoles un borde u orilla alrededor de la boca. Unos hace redondos, y
largos, y otros anchos y angostos, y otros que tienen asiento por pie y
tapadera.
BUHONEROS
El buhonero que vende sartales de vidrio, vende
sartales de navajudas labradas, y cristal blanco, y morado y del viril, y de
azabache, y de otras cuentas de fuslera, y joyas fundidas de oro, como
canutillos y como bodoquillos; vende también las joyas de Castilla, collares o
sarta les, manillas que parecen como esmeraldas, o como cristal blanco, ama
rillos, verdes, rubios, negros, azules, leonados, colorados, verde obscuros,
morados, todos éstos son teñidos y falsos.
EL QUE VENDE ESPEJOS
El que vende espejos es de los lapidarios porque
también corta sutil mente piedras del espejo, y las raspa con el instrumento
que llaman teuxalli, y las asierra con un betún hecho de estiércol de
murciélagos, y púlelos en unas cañas macizas que se llaman quetzalótlatl. Vende
espe jos de dos haces, pulidos de ambas partes, y espejos de una haz sola
mente, y espejos cóncavos, todos muy buenos, y algunos de piedra blanca, y
otros de piedra negra; ya éstos poco se usan.
HERREROS Y AGUJEROS
El que trata en agujas, fúndelas y límpialas,
acicalándolas muy bien; hace también cascabeles, y agiiixUlos, punzones,
clavos, hachas y des-tiales, azuelas y escoplos.
EL QUE VENDE
ULL1, GOMA
El que trata en la goma negra que se llama ulli,
que se derrite como torrezno puesto en asador, y no se torna a cuajar, tiene
árboles de que la saca; hace unas masas redondas, otras anchas y otras delgadas
y lar gas. Es goma muy saludable. De ésta se hacen las pelotas con que juegan,
que fácilmente saltan como pelotas de viento,
haciendo sonido como las mismas.
EL QUE VENDE
ESCOBAS
El que vende escobas valas a coger al monte, con
hoces, y véndelas en el tiánquez, siendo largas, recias, limpias y algunas
cercenadas las puntas.
EL QUE VENDE
ENGRUDO
El que vende engrudo primero saca las raíces de que
se hace, y saca das, límpialas y mójalas o machúcalas, y machucadas sécalas al
sol, y siendo secas muélelas bien molidas; y algunas veces engaña con el en
grudo, porque sus raíces van mal molidas, mezcladas con cañas de maíz molidas.
Después que están muy bien secas y con granos de maíz o de frijoles bien
molidos, con los cuales mezclado el engrudo parece bueno.
EL QUE VENDE RESINA
El que vende resina odorífera, si es buen hombre
vende la que es buena y que no tiene alguna mixtura; y si es mal hombre, vende
la que es aparente y no es verdadera, mezclada o envuelta con harina de
frijoles, o del maíz molido.
CAÑUTO
DE HUMO
El que vende cañutos para chupar humo primero corta
las cañas y las desnuda o monda de las hojas, limpiándolas muy bien, y muele el
car bón, bien molido, con el cual siendo mojado embarra los cañutos, y después
algunos los pinta y otros los hace dorados; algunos de éstos son llanos, que no
llevan pintura, y muy largos, bien embarrados con el carbón molido, o bien
emblanquecidos con la greda que les echan enci ma del carbón, o muy
relucientes con el oro con que los doran, otros hay que tienen pintura encubierta,
que no se ve, sino cuando se van gastando con el fuego: otros están jaspeados,
otros hay donde están pintadas flores, pescados, águilas, etc. Unos se hacen
para venderlos en el tiánquez, los cuales son comunes y mal hechos, y se les
cae fácil mente el carbón con que están embarrados, hay muchas maneras de
estos cañutos y se hacen de muchas y diversas maneras, de hierbas olorosas,
molidas y mezcladas unas con otras, con que los tupen muy bien de rosas, de
especias aromáticas, del betún llamado chapopotli, y de hongos, de rosa llamada
poyomatli y de otras.
CHAP0P0TL1
El chapopotli es un betún que sale de la mar, y es
como pez de Castilla,
que fácilmente se deshace, y el mar lo echa de sí
con las ondas, y esto
ciertos y señalados días, conforme al creciente de la luna; viene ancha
y gorda a manera de manta, y ándanla a coger a la
orilla los que moran
junto al mar.
Este chapopotli es oloroso y preciado entre las mujeres,
y cuando se
echa en el fuego su olor se derrama lejos.
DE ESTE HAY DOS MANERAS
(EL CHICLE)
Hay dos maneras
de este betún, el uno
es del con que se mezcla la
masa o la resina olorosa, que se mete en los
cañutos con que dan buen
y trascendente olor. El otro es de la pez que
mascan las mujeres, llama
da tzictli, y para que la puedan mascar mézclanla
con el axin, con el
cual se ablanda; de otra manera no se puede mascar,
antes se deshace,
y por la mayor parte suélenla
mascar las muchachas y mozas que ya
son adultas, y las que ya son mujeres; pero no la
mascan todas en públi
co,
sino las solteras
y doncellas, porque
las casadas y
viudas puesto
caso que la masquen, pero no en público, sino en
sus casas; y las que
son públicas mujeres sin vergüenza alguna la andan
mascando, en todas
partes en las calles, en el tiánquez, sonando las dentelladas, como
cas
tañetas. Las
otras mujeres que no son públicas si lo mismo hacen, no
dejan de ser notadas de malas y ruines mujeres por
aquello.
La causa porque las mujeres mascan el tzictli es
para echar la reuma,
y también porque no les hieda al boca, o porque
el mal hedor de su
boca, que ya tienen no se sienta, y por aquello
sean desechadas. reuma,
Los hombres también mascan el tzictli para echar
también la
y para
limpiar también los dientes; empero hácenlo en
secreto. Y los
que son notados de vicio nefando y sin vergüenza,
lo mascan y tiénenlo
por costumbre andarlo mascando en público; y los
demás hombres si lo
mismo hacen nótanlos de somáticos.
Este betún mézclase con el copal o incienso de la
tierra, y con la re
sina odorífera,
y así mezclado hace buenos sahumerios.
AXIN
El ungüento amarillo llamado axin tiene lo
siguiente: que es muy ama rillo, blando y cálido; este axin se hace de unos
cuquillos como moscas que nacen en el árbol que se dice axquáuitl, cuyas moscas
las comen, y ponen huevos de que se engendran los dichos, y como van creciendo
páranse redondillos, y siendo grandecillos sacúdenlos del árbol y cógen-
los para cocerlos, y como están ya cocidos de ellos
exprimen el axin, que es como un ungüento amarillo, y lo envuelven con las
cáscaras de mazorcas de maíz.
CALIDADES Y
VIRTUDES DE ESTE
AXIN
La calidad de este axin es ser caliente, según
dicen los que lo han expe rimentado, y tan caliente que parece fuego; con él
se untan los pies los caminantes para guardarlos del frío, y que no se hagan
grietas; ablanda o aplaca la gota, poniéndolo sobre la parte donde se siente el
dolor; untan también los labios con él, para que no se hiendan; y para que sea
bueno contra la gota mézclase con una hierba molida que se dice
colot-zitzicaztli, y para ser bueno contra el frío, mézclase con el cisco
porque no se derrita. También es bueno contra las cámaras que no se pueden
estancar; primero será necesario cocerlo muy bien y estando un poco blando o
tibio, con él echarán la medicina al enfermo que las tiene, y con esto se
estancarán fácilmente las dichas cámaras.
DIFERENCIAS DE TZ1CTLI
Hay un género de tzictli, que se llama por estos
nombres tepetzictli, tacanaltzictli, que es tanto como si dijésemos tzictli
agreste; éste también se masca, como el otro ya referido, salvo que no es negro
sino amarillo, como la cera amarilla; cuando se masca no se siente algún dolor
de la cabeza, antes la alegra, siéndole dulce o sabroso. El otro género de
tzictli que es el de chapopotli, mascándose fatiga a la cabeza. El tepetzictli
es una hierba y de la raíz de ella se toma este betún.
(Lib. X, cap. xxiv)
LOS OFICIALES QUE LABRAN ORO
En este capítulo se comienza a tratar de los
oficiales que labran oro y plata: los oficiales que labran oro son de dos
maneras, unos de ellos se llaman martilladores amajadores, porque éstos labran
oro de martillo, majando el oro con piedras o con martillos, para hacerlo
delgado como papel; otros se llaman tlatlalianime, que quiere decir, que
asientan el oro, o alguna cosa en el oro o en la plata (y ) éstos son
verdaderos oficiales que por nombre se llaman tolteca; pero están divididos en
dos partes, porque labran el oro cada uno de su manera. Tenían por dios estos
oficiales de oro en tiempo de su idolatría a un dios que se llamaba Tótec; a
este dios hacían fiesta cada año en el cu que se decía Yopico, en el mes que
llamaban tlacaxipeualiztli.
(Lib. IX, cap. xv, fragmento)
ADICIONES
LOS OFICIALES QUE LABRAN ORO
Aquí se divulga la relación de cuantos
artífices: los que llaman tolteca
(labradores), amanteca (plumarios), tecuitláhuaque (gente que
trata
los metales
finos de oro y plata), tlatecque (cortadores de piedras
en
general) y
chalchiuhtlatecque (gematistas) . que
tienen que ver
con el
Los
primeramente mencionados son
los
metal fino, los fundidores de él. Y de los
labradores de oro y plata son
diversos los oficios y se dividen y reparten sus
artes y hechuras.
Unos se nombran batihojas. Estos no tienen más
oficio para con él,
que batir el metal fino, adelgazarlo,
con piedras extenderlo donde sea
necesario, y laminarlo y adelgazarlo.
Y otros se nombran ajustadores. Estos precisamente
se llaman artistas.
Y en cuanto
gremio aparte, en cuanto agrupación
de los que entre
sí se entienden, de
estos artífices del
oro y la plata, antaño
el dios
era a quien tenían por su divinidad propia, Tótec (
“Nuestro Señor"
Xipe: el
Desollado).
LA MANERA DE LABRAR DE LOS ORFEBRES Y LOS PLATEROS
Aquí se declara
en qué manera hacían algo los fundidores de metales
preciosos.
Con carbón, con cera diseñaban, dibujaban
algo: con lo que fundían
metal precioso, sea amarillo, sea blanco. Primeramente el
que presidía
Con esto daban principio a su arte.
les repartía carbón. Primero lo muelen bien, lo hacen polvo, se lo re
ducen a menudo polvo. luego lo juntan, lo mezclan
con un poco
Y ya que lo han molido,
de lodo de ollero, el que es pegajoso, con el que
hacen ollas. Con esto
desparece,
desbasta, hace pegajoso al
carbón, con esto se endurece, se
adelgaza.
Y cuando lo han acabado, de igual manera hacen
laminillas, las tien
den al sol,
y otras laminillas hacen de semejante manera
que ponen
al sol. dos
días se secan, se resecan, se enjutan, se endurecen. Cuando
En
se ha secado bien, cuando se ha endurecido, luego se graba, se moldea
el carbón con una navajilla de metal.
Si se comienza la figura de un ser vivo, de un
animal, se graba, no
más se sigue la semejanza, se imita lo vivo, para que en ello salga lo
que se quiere hacer.
Supóngase
que es un
huasteco, un vecino:
tiene su nariguera,
su
perforación
de la nariz,
su flecha en
la cara, su cuerpo pintado
con
navajillas de obsidiana (tatu ad o ): enteramente
así se dispone el carbón al irse raspando, al irlo labrando cuidadosamente.
Se toma de cualquier cosa que se trata de ejecutar:
cómo es su natural y su apariencia se dispondrá.
Sea (verbigracia) una tortuga: exactamente así se
dispone el carbón: su caparazón con que se irá moviendo, su cabeza que sale de
dentro de él, que se mueve, su pescuezo y sus manos, como que las está exten
diendo.
O sea un pájaro el que va a salir del oro:
enteramente así se tallará, así se raspará el carbón: de modo que adquiera sus
plumas, sus alas, su cola, sus patas.
O sea un pescado que se va a hacer: enteramente así
se raspa el carbón: adquiere sus escamas, sus aletas, así se acaban, y así está
parada su cola bifurcada.
O bien, se ha de hacer una langosta acuática, o una
lagartija, se le ponen sus manos, sus patas (en esta forma) se labra el carbón.
Cual quier cosa que se ensaye hacer, un animalillo, o un collar de oro que se
ha de producir, con cuentas como semillas, con campanitas al borde, cosa de
artificio, engalanada de flores.
Cuando se acaba de grabar el carbón, cuando se ha
esculpido, luego se hierve la cera, mézclase con incienso blanco de la tierra
(copal), con el cual se endurece bien. En seguida se purifica, se tamiza, para
que con esto caiga su suciedad, su tierra, su lodo de la cera.
Y cuando ya está lista la cera, luego en una laja
se adelgaza, se hace lámina con un rodillo de madera. Esa piedra laja es muy
lisa, suma mente lisa en la cual se adelgaza y lamina (la cera).
Y cuando se ha adelgazado bien, como una telaraña,
que ya no tiene grumos ni bolillas en parte alguna, luego se pone en el carbón,
se ex tiende sobre la superficie; pero no se pone sin gran cuidado, sino con
tiento poco a poquito se va cortando, se va despedazando, de modo que entre en
los huecos, se pone en las estrías, en las cavidades y entradas, se embute
donde se ha labrado el carbón; con un palito se va pegando.
Y cuando se ha acabado de poner por todas partes la
cera, luego se tiende polvo de carbón en agua sobre la superficie de la cera.
Se muele bien, se pulveriza el carbón; un poco grueso se tiende en la
superficie de la cera.
Y una vez que se ha hecho esto, otra vez se le pone
una capa con que se reviste por completo y se cubre enteramente, con lo cual ya
es el momento de dejar la obra con que se ha de fundir el oro.
Esta capa es puramente carbón, mezclada con barro
pegajoso, no muy molido, sino basto.
Cuando se ha cubierto y revestido lo que se moldea,
por dos días aún se seca, y luego se le pone el tubo para el oro, también hecho
de cera; ése es el tubo que se le hace al oro.
Por allí ha de entrar cuando es derretido y otra
vez con él se conecta.
Se dispone el crisol, también es de carbón, de
hechura ahuecada.
Luego así se toma el carbón; allí es cuando se
funde y liquida el oro,
con lo cual
luego entra el tubo de comunicación, con esto
se entuba
por allí y corre. Se pone en el suelo.
Cuando se ha fundido el artefacto, el collar, que
se intentó, o cual
quiera de las cosas mencionadas, se pule con un
pedrusco, y cuando ya
se ha pulido, es cuando se le da un baño de
alumbre.
Se remuele
el alumbre: con él se baña,
se restriega el oro que
se
fundió.
Otra vez entra
al fuego, con el cual se calienta,
y cuando ha sido
sacado, una vez más se baña, se restriega con el
que se llama “remedio
del oro”.
Esto es solamente como una tierra amarilla: se mezcla con
un poco de sal, y con ésta se perfecciona, se pone
muy amarillo el oro.
Y luego se
desnuda, se frota, con lo cual se hermosea mucho, y viene
a brillar mucho,
a resplandecer a echar fulgores de sí.
Dicen que antaño solamente andaba el oro y de él
disfrutaban. Lo
fundían los aurífices y hacían collares de él.
Por su parte los batihojas lo laminaban y
adelgazaban: se empleaba
para las insignias militares. No había
aún plata: rara
vez se hallaba;
aquí o allá se dejaba ver, con lo cual era muy
apreciada.
Pero ahora todo es plata. Quieren el oro y es muy
tenido en precio.
Los plateros, lo mismo los de fundición que los batihojas, ahora
al
hacer
algo de plata,
requieren un metal rojo, aunque solamente para
que sirva de base a la plata, para colocar plata en él; con
ello chapean
y emplastan.
Que si sola la plata se funde y se usa, no más
se hace pedazos el
artefacto al
lavarlo, no es consistente en todas sus partes, ni se
com
pagina en donde están colocadas las aplicaciones. el metal fino;
Antaño los batihojas solamente se
dedicaban a batir
lo hacían
maleable, lo adelgazaban muy
bien y lo pintaban con
rayas
negras.
En primer lugar, les escribían (el objeto) los
trabajadores de pluma,
luego ellos
lo dibujaban con un
pedernal; iban siguiendo
el contorno
de la línea negra,
de modo que quedara escrito y dibujado con el pe
dernal; le
hacen realces, le van haciendo lentamente los realces, para
que quede tal como es el modelo. necesita su obra, ya sea
de pintura
Ahora,
en donde quiera que se
de plumas, ya sea de artefacto de plumas, se requiere que se les asocien
y se les enseñe a los aurífices los artistas de la
pluma. De esta manera labran todo lo que quieren unidos a los de arte plumaria.
Ahora, al hacer alguna cosa los aurífices,
necesitan de arena, arena fina. Después que la han conseguido, la muelen, la
remuelen, y también la mezclan con pegamento.
Luego la extienden en la misma forma que extienden
el lodo, para que en ella salga, en ella se imprima cualquier cosa que han de
hacer.
En dos días se seca; cuando se ha secado bien, con
un fragmento de tiesto se raya, se raspa, se restriega; con ello queda lisa la
superficie. En seguida se traza el grabado con un punzón de metal, como en otro
lugar está declarado.
Como en dos o tres días queda acabado, compuesto y
perfeccionado el artefacto. Cuando se ha terminado, se le pone encima polvo de
carbón en agua, y con pegamento se fija el carbón en la superficie.
Tras eso, luego se hierve la cera, se le mezcla
incienso blanco de la tierra (copal), como se declaró.
Cuando se ha enfriado y está clarificada, luego se
adelgaza en una laja con un rodillo de palo, que se hace rodar sobre ella. En
seguida se le aplica encima una capa de lodo, con la cual se moldeará el oro
(al fundirse), en figura de cualquier objeto que se ha de hacerse, sea un
jarro, o un sahumerio, que llaman “perfumador”.
Al pintar y disponer una buena pintura
principalmente es muy apta la cera; esto principalmente lo hace el pintor
artístico, con esto se hace obra de arte, pues principalmente primero en alguna
parte se hace el molde de cera.
Cuando se ha preparado todo, en ella se aprieta el
molde, pues en él se halla la impresión de cualquier artificio v.gr. un ala,
una cola de pájaro, o una flor, o una rama de planta, o cualquier cosa de
hermoso aspecto.
Se va apretando, se va pegando con un palito que
llaman “punzón de palo”.
Como en dos días se ajusta, se compone. Cuando se
ha ajustado, por todas partes se le pega cera, para extender luego en la
superficie polvo de carbón con agua.
Cuando se ha secado, es precisamente cuando se le
ponen las tapas, de puro carbón basto, con lo cual se reviste totalmente el
molde. Como en dos días se seca.
Luego se le pone en la cera el llamado tubo de
contacto, es cilindrico, primeramente se redondea: éste es el conducto por
donde ha de entrar el oro.
Puesto el tubo, luego se van poniendo los crisoles
en que se ha de derretir el oro.
Cuando todo se ha dejado listo, como va dicho,
luego se pone en el fuego, se calienta totalmente: allí sale, arde la cera que
se halla dentro, la que se había puesto.
Cuando ya se fue la cera, cuando ardió, luego se
enfría: es entonces cuando se coloca sobre la arena burda.
Es cuando, por fin, se funde, entra al crisol, se
pone en el carbón, y el oro que allí entra por otro lado en un cucharón se
derrite. Allí acaba todo esto, con esto queda hecha la obra.
Cuando ha nacido, se ha fundido y ha sido hecho el
artefacto, luego
va a un
baño de alumbre,
en un cazo de cobre, en el
cual hierve a
borbollones.
Y si en
alguna parte está rota la obra, o se dañó, es el momento de
remediarla.
Se pega con soldadura y luego se raspa con una azuelilla
y con ella se pule.
Otra vez se mete a donde está el alumbre, se le aplica alumbre, y
después se
limpia, se pulimenta, queda bien limpia.
LOS LAPIDARIOS
De esta manera se hacía en Xochimilco, pues de allá
vinieron sus pa
dres, sus abuelos de todos los que trabajan la
piedra fina, allá es donde
tienen su raíz, allá tomaron
origen, es de donde
provinieron, el sitio
en que tuvieron vida.
Los artífices lapidarios cortan el cristal, blanco
o rojo, y el jade y la
esmeralda,
con arena de sílice y con un metal duro.
Y los pulen con
pedernal, y los perforan y horadan con un punzón de
metal.
Luego
lentamente tallan su
superficie, la desbastan,
la enmollecen
como plomo y dan a las piedras la última perfección con un
palo; con
él las pulen y de este modo brillan y echan
reflejos de sí. O también
con un bambú fino las pulen y con esto las
perfeccionan y acababan su
artefacto los lapidarios.
De igual manera,
el cristal de roca rojo se
trabaja. Se elabora per
fectamente.
Primero, lo desbastan, lo hacen
pedazos, mediante un me
tal, los artífices de la piedra fina y de este modo van
poniendo a un
lado las partes buenas, las bien
constituidas, rojas y de
buen aspecto.
Después, las
van colocando donde se requiere, ya que las han desbas
tado con el metal. Y luego les pulen, les labran la
superficie y las hacen
blandas como si fueran plomo y las alisan con un
palo, es el "limpiador”,
y con ése las embellecen y las perfeccionan.
Pero el llamado “pedernal de sangre”, por ser muy
duro y consistente,
no puede
cortarse con esmeril,
sino que no más se hace
pedazos. Se
golpea con una piedra. Solamente se toma de la
parte buena, de la que
puede pulirse, lo que es rojo, como sangre, que es
fácilmente elaborable.
Se raspa con agua y con una piedra dura que viene
de Matlatzinco (Va
lle de Toluca), porque ésa se aviene bien con esta
piedra fina: cuan duro es el “pedernal de sangre”, tan dura es aquella piedra y
de este modo, la una con la otra se matan. Luego se labra la superficie con
esmeril. Y luego se perfecciona y pule con el bambú fino y de este modo se le
hace dar fulgores y reflejos.
Pues el llamado “pedernal de colibrí” desde luego
se produce y cría con multitud de matices: blanco, verde, color de fuego, o si
no, como estrella, como arco iris. No más con un poco de arena se raspa y se
pule.
Pero la llamada “bola verde”, por ser también dura,
requiere igual mente esmeril. Con éste se raspa, se labra su superficie y con
él se hace tan lisa como si fuera plomo; también con él se pule y al ponerle el
bambú, se le dan reverberos y relucencias.
Y la turquesa, por no ser dura, no más con un poco
de arena se pule y perfecciona y con ella también se le puede dar el brillo,
darle relu cencias; con un instrumento especial que se llama “pulidor de
turquesas”.
LA MANERA QUE TIENEN EN HACER SU OBRA
LOS PINTORES DE PLUMA
Estos amantecas, pintores de pluma, los que tienen
su placer en la pluma comienzan así su obra:
Primero ven el modelo, cómo habrán de ejecutarlo:
los que lo diseñan primero son los escritores o pintores. Cuando han visto cómo
está tra zado y cómo es una discreta hechura, y si acaso ya están bien puestos
todos los pormenores, luego refuerzan el algodón en que está la pintura con un
pedazo de maguey. Este se llama “refuerzo de algodón”.
Buscan un maguey bueno, liso de superficie,
reluciente, sin costras ni granulaciones, terso, pulido, no levantado, sino
acucharado, y en él fortalecen el algodón.
En primer lugar, untan la superficie con pegamento;
extienden bien el pegamento sobre la cara del maguey. Luego encima tienden,
estiran y aprietan el algodón cardado. Lo cardan bien antes, lo estiran a un
lado y a otro, lo adelgazan.
Cuando el algodón está ya como una telaraña, como
una neblina de delgado, lo aprietan con el maguey y lo ponen al sol. Sólo un
poquito se seca su superficie. Ya que ésta se ha secado, le untan una vez más
pegamento, en la parte de arriba y con esto la superficie queda tersa y
reluciente y se hace terso el algodón y así ya no se carda con secarse en él
enteramente la pegadura.
Cuando se ha secado, cuando ya suena de tan seco,
se desprende con un gancho. Entonces se extiende, se coloca la pintura del
modelo y se dibuja, se perfila el contorno, se van viendo los trazos del
dibujo, viene a parecer lo pintado.
Cuando se ha acabado de pintar el algodón por todas
partes, sin que se deje olvidado ningún rasgo del modelo, se extiende encima un
papel, un papel de amate, con el cual se refuerza enteramente y se hace resis
tente el refuerzo del algodón.
En seguida se comienza con la azuelilla de metal a
despellejar, a ir quitando la rudeza, donde el dibujo esté metido o
arrinconado.
En una tablita que se llama “cortador de palo”, se
va cortando y des menuzando la pluma, igualándola por abajo y redondeándola
por arriba.
Y
cuando ya por todas partes se ha desbastado el
modelo de papel, de
modo que quede tal
cual la pintura primitiva, entonces se coloca sobre
el maguey y es cuando
se pinta, se va siguiendo el trazo que se hizo
en el maguey. el maguey, luego se le unta pegamento en la superficie,
Ya pintado
y le ponen
encima algodón, de modo que el algodón
se endurece con
el pegamento; en el algodón se pone el contorno en
negro lo que es de
color. Se
seca al sol. Luego se le va poniendo la
pluma que se llama
la “ensecadura”, la cosa seca.
Pero
antes, sobre el maguey se van colocando las plumas, una
por
una; se secan con pegamento: esto es lo que se llama "secadura”. Con
pegamento se cuelgan, se pegan de un extremo.
Luego se pegan en el
maguey, se alisan con la plegadera.
Esta llamada secadura es de pluma vulgar, por ser
el principio y soporte y fundamento sobre el cual se realiza la obra de pluma
fina.
En esa secadura la capa de pluma corriente se pone
como cama y sostén de la pluma fina. Puede ser pluma pintada de amarillo, que
se apelmaza para ser soporte, o bien, de garza, o cualquier otra pluma, ya sea
de un solo color, ya sea de muchos. En ella se va viendo, se casa, se ensaya la
pluma fina con que se ha de combinar y a la que ha de servir de soporte.
A la pluma de azulejo se le pone como sostén la
pluma de pájaro azul llamado cuitlatexotli. Esta le sale justa al color. Para
la pluma de papagayo o de tzinizcan se pone pluma de loro. Y al pechirrojo se
le hace su soporte del desperdicio de esa misma pluma del pájaro, o de pluma
pintada. Al lorito amarillo se le hace su soporte de pluma teñida de amarillo:
también puede servirle de cama el desperdicio de la pluma del mismo lorito.
Esta pluma que se llama “pintada de amarillo”, no
más se pinta, se tiñe de amarillo, se la hace convertirse en amarilla. En el
fuego se cuece, se hace hervir a borbotones, el color zacatláxcal; se le agrega
alum bre, y más tarde se le pone salitre.
Cuando por todas partes está acabada la cama, o
soporte de la pluma; cuando por todos lados se ha extendido y puesto una capa
de algodón con pegamento todo puesto sobre un fragmento de maguey, luego se
levanta la pintura.
Cuando ya está levantado, en una tablita se pega un
papel. Y en éste una vez más se traza, se dibuja el modelo, el diseño que antes
se había hecho.
Sobre
él puntualmente queda
terminado el artefacto
de pluma, en
él se pega la pluma, ya sea en capa lisa, ya sea en
dibujo de flor, o de planta, o de alguna otra imagen que se pretende hacer, o
cualquier otro objeto de arte o cosa hermosa.
Cuando se ha pintado y delineado el modelo con
tinta negra sobre la tabla es cuando empieza la pegadura de las plumas, el
revestimiento del decorado o adorno.
En primer lugar, se mezcla y se deslíe el
pegamento. Se hace deslei miento, se hace pegamento. Este oficio de preparar
el pegamento es propio de los muchachos aprendices. Les preparan el pegamento a
los artífices, les hacen el pegamento.
En seguida se recorta el contorno negro con que se
contorneó la pin tura de pluma. Esto es lo que va por delante. Primero se
pliega y aprieta con la plegadera de hueso.
El contorno negro se hace con pluma de tordo, o con
pluma de chamulli: es el soporte de chamulli. Luego sigue el corte de la cama o
sostén de cualquier clase de pluma. Se empieza primero conforme al modelo, sea
de azulejo, sea de tornasol, sea de pájaro rosado, sea de pluma amarilla fina,
sea de colibrí azul, o de colibrí común, o de colibrí verde, o de colibrí color
de fuego.
Al quedar por todas partes colocada y parada la
pluma es su aspecto como si reverberara o brillara: se va adaptando, se va
acomodando sobre el soporte, por todas partes sirve de sostén la cama referida.
Se va viendo en el modelo, rasgo a rasgo, tal como está pintado, cada color se
coteja con el de él.
Cuando se ha aplanado con la plegadera de hueso el
soporte o cama, luego en su superficie se va colocando la pluma fina, se va
poniendo en orden, se va aplanando con la plegadera de hueso y va quedando
fija. En esta forma se va prosiguiendo, se va cubriendo la pluma enco lada que
sirve de soporte.
Se va sobreponiendo el modelo de papel sobre el
trabajo que se está haciendo, se va ensayando para que no resulte torcido, por
alguna parte el artefacto; para que no se vaya a poner una cosa por otra, sino
que se va comparando y embonando bien el modelo al ir pegando la pluma.
Pues ésta es la forma con que se hace y concluye la
pintura de plu* mas, la que se hace mediante el pegamento.
Pero hay otra manera de fabricar el artefacto que
es solamente con cordelillos e hilitos de pita. Tal es la que se usa para los
abanicos, el plumaje de quetzal, los brazales con plumajes para colocar en el
brazo, las insignias dorsales, y en general todas las insignias; los jubones de
pluma amarilla, o de las demás, lo mismo que los colgajos, los pena chos, las
bolas de pluma, las borlas de remate: todo aquello con que se decoran y
sobrecargan los plumeros a manera de abanicos.
Todo esto así se confecciona: primero, se ata el
armazón, luego se reviste de manta, de modo que quede fuerte. En seguida se
coloca la pluma de quetzal sobre este armazón recubierto y en esta forma queda
colocada:
Se le pone un refuerzo abajo en el cabo, se rodean
del cañón de la pluma palillos de bambú, con que se refuerza; luego se le
enrolla hilo,
se ata con pita, con pita se rodea el cabo, y de
este modo se hacen gazas
con que se han de ensartar y atar con cordelillos.
Ya que se ha ensartado, se hacen gazas por la mitad
de la pluma, “por
el pecho de la pluma”, literalmente. Para esto se ata de la mitad con
pita muy delgada,
de modo que se juntan enteramente,
se reúnen, se
estrechan
las plumas de quetzal, para
que no se esparzan,
ni se des
parramen, sino que queden bien juntas y apretadas.
Y así es
como se acomoda la pluma de quetzal y toda clase de pluma
ensartada:
por un lado y por otro se regulan y se ajustan, mediante la
azuelilla. Es decir, si están ralas y separadas, o
se ven divididas, se ajus
tan, y si están apiñadas o apelmazadas, se hacen a
un lado y otro.
Cuando
ya se ensartaron y se ataron
por la medianía, se cosen
al
armazón. De esta manera se hacen todos los
envaramientos y amanoja-
mientos de
las plumas.
Si hay que agregar a la pluma de quetzal un
revestimiento de pluma
de águila, de zacuan, todo se ata primero con pita,
se enhebra, se enreda,
y luego se va cosiendo al armazón.
Se va fijando la base con cuerdas, se le va
formando cuerpo, de modo
que vaya siguiendo el manojo de plumas bicolores
del quetzal, y luego
se hace una ceja de pluma rosada. Tapa la pluma
blanca y blanda. Todo
se enhebra primero y se va cosiendo luego al
armazón. De esta manera
se hace y termina todo género de insignias.
Pero si ha
de hacerse un animal,
un animalillo, primero,
se tallan
palillos de madera de colorín y con ellos se hace
el esqueleto. Pero si se
ha de hacer un animalito pequeño, como es una
lagartija, una libélula,
una mariposa, el esqueleto se hace con cañuela de
maíz o con tiritas de
cartón.
Luego se le hace el cuerpo con médula de la misma
cañuela, remo
lida y amasada
con pegamento; con
esta médula se recubren
aquellas
tiras de cartón,
luego se raspa y se lima con tezontle, y con esto se le
da buena forma y pulimento.
Después,
encima se pone una capa de
algodón, en el cual se pinta
para
que se vaya bordando sobre él y
vaya sirviendo de
sostén a las
plumas. Se tiene cuidado de ir sacando el animal
tal como se dibujó.
Algunas veces se hace omisión de la azuelita de
metal, o del madero
de
cortar, y solamente se
usa la plegadera
de hueso: con
ella se va
cortando la pluma en la forma que sea necesario, y
se va acomodando
y aplanando con la misma plegadera.
Pues este es el modo con que hacen su artificio los artífices de la
pluma, habitantes
de Amatlan.
(Códices matritenses, RAH, ff. 44r-45v.
Trad. de Byron Me. Afee y Angel María Garibay K.,
1950, fragmentos)
COMERCIO
EL PRINCIPIO QUE TUVIERON LOS MERCADERES
EN
MEXICO Y EN TLATILULCO
Síguese la manera que tenían los mercaderes
antiguamente en sus mer-caderías: Cuando los mercaderes comenzaron en
Tlatilulco, de México, a tratar, era señor uno que se llamaba Quaquapizáuac, y
los principales tratantes eran dos, el uno se llamaba Itzcoatzin y el otro
Tziutecatzin. La mercadería de éstos, por entonces, eran plumas de papagayos,
unas coloradas que se llamaban quetzalli, otras azules que se llaman
cuitla-texotli y otras coloradas como grana que se llaman chamulli; estas tres
cosas eran todo su trato. Después que el señor arriba dicho murió, eligie ron
otro señor que se llamó Tlacatéotl, y en tiempo de éste los principa les
mercaderes fueron dos: el uno se llamó Cozmatzin y el otro Tzopan-tzin ; en
tiempo de éstos se comenzaron a vender y comprar las plumas que se llaman
quetzalli, y las piedras turquesas que se llaman xíuitl, y las piedras verdes
que se llaman chalchíhuitl, y también las mantas de algodón y maxtles de
algodón, porque antes solamente usaban de mantas y maxtles de nequén, y las mujeres
usaban de huípiles y naguas también de ichtli.
Muerto este señor eligieron otro que se llamó
Quauhtlatoatzin. En tiempo de éste fueron principales de los mercaderes, dos,
el uno se llamó
Tullamimichtzin, y el otro Miczotzigaotzin; en
tiempo de éstos se comen
zaron a comprar y vender barbotes de oro, y anillos
de oro y cuentas de oro, y piedras azules labradas como cuentas, y grandes
chalchihuites y grandes quetzales, y pellejos labrados de animales fieros, y
otras plumas ricas de diversas maneras y colores.
Muerto este señor eligieron a otro que se llamó
Moquiuixtzin. En tiempo de éste fueron principales de los mercaderes dos, el
uno que se llamó Popoyotzin y el otro Tlacochintzin. En tiempo de éstos se
comen zaron a comprar y a vender las mantas ricas y labradas, de diversas
labo res, y los maxtles ricos y labrados hacia las extremidades, como dos o
tres palmos en largo y ancho, y también las naguas ricas y los huípiles
ricos, y también las mantas de ocho brazas en
largo, tejidas de hilo tor cido, como terliz, y también se comenzó a tratar el
cacao en este tiempo, y todas las otras mercadurías que arriba se dijeron se
comenzaron a tratar en más abundancia que de antes.
Este Moquíhuix, fue el postrero señor de los
tlatilulcanos, porque le mataron los de Tlatilulco, y de allí adelante cesaron
los señores y el regimiento que de allí adelante usaron los tlatilulcanos fue
por vía de cónsules, que fue su primera manera de regimiento; los cónsules que
entonces comenzaron a regir el uno de ellos se llamaba Tlacatecatzintli
Tzioacpopocatzin;
el otro Tlacochcálcatzintli Itzquauhtzin;
ambos estos
eran muy principales y también fue el tercero Tlacochcálcatzintli Tez-
cantzin; el cuarto se llamaba Tlacaltecatzintli
Totozacatzin. Todos estos
eran muy nobles y valientes y mexicanos.
(Lib. IX, cap. i)
LO QUE HACIAN EN LLEGANDO A DONDE IBAN
Después que los mecaderes llegaban a la provincia
donde iban, o Anáhuac o a otra, luego sacaban las mantas ricas, y las naguas
ricas y camisas ricas de mujeres, que les había dado el señor de México; esto
se lo pre sentaban delante del señor, saludándole de su parte, y como recibían
los señores de aquella provincia estos dones, luego ellos presentaban otros
dones de otra manera, para que fuesen de su parte presentados al señor de
México, eran estos dones plumas ricas de diversas maneras y de diversos colores.
Entraban en la provincia de Anáhuac no todos, sino aquellos que iban de parte
del señor de México con quien estaban aliados y confederados, que eran los
tenochcas, o tlatilulcas, o los de
Huitzilopochco, o los de Azcapotzálco, o los de
Quauhtitlan; todos iban
acompañados los unos con los otros, iban todos
juntos hasta el pueblo de Tochtépec. En ese pueblo se dividían, unos iban a
Anáhuac Ayotlan;
otros iban a
Anáhuac Xicalanco.
Los mercaderes de Tlatilulco dividíanse en dos
partes, y los tenochcas en otras dos, y los que acompañaban a estas
parcialidades o divisiones
eran los de Huitzilopochco o Azcapotzalco, y de
Quauhtitlan.
Cuando ya iban a entrar en aquellas provincias que
ya habían pasado de Tochtépec, todos iban a punto de guerra con sus rodelas y
con sus espadas, como ellos las usaban, y con sus banderas, porque pasaban por
tierra de guerra. En algunas partes recibían daño de los enemigos; en otras
partes cautivaban de ellos. Desque llegaban a Xicalanco daban el presente que
llevaban de mantas, o naguas y huípiles, y maxtles muy labrados y ricos;
dábanlos como está dicho, a los principales.
Y luego también los mercaderes sacaban las joyas de
oro y piedras que sabían que eran preciosas en aquella provincia, una de ellas
era como
corona de oro, otra era como una plancha de oro
delgada y flexible, que se ceñían a la frente, y otras de otras maneras; todas
estas joyas eran para los señores. Llevaban también otras para las señoras, que
eran unos vasitos de oro donde ponen el huso cuando hilan, otras eran orejeras
de oro, otras orejeras de cristal. También llevaban para la gente común
orejeras de piedra negra que llaman itztli; y otras de cobre muy lucidas y
pulidas; también llevaban navajas de piedra negra que se llama itztli para raer
los cabellos, y otras navajitas de punta para sangrar; también llevaban
cascabeles como ellos los usaban, y agujas como las usaban; y grana de tunas, y
piedra lumbre, y tochómitl; llevaban tam bién una cierta yerba muy olorosa,
que llaman tlacopatli y otras que
llaman xichipatli.
Los principales mercaderes que se llaman
Tealtinime, tecoanime, lle
vaban esclavos para vender, hombres y muchachos, y
mujeres y mucha
chas, y vendíanlos en aquella provincia de
Xicalanco, y cuando los lleva
ban por la tierra de enemigos llevábanlos vestidos
con armas defensivas
para que no se los matasen
los enemigos, que eran los de Tehuantépec
y los de Tzapotlan, y
los de Chiapanécatl, por cuyos términos
iban; y
cuando ya iban a entrar en la tierra de los enemigos enviaban mensaje
a los de la provincia a donde iban, para que
supiesen que iban y les
saliesen de paz.
Y yendo por la tierra de los enemigos iban de noche,
y no de día.
Como llegaban los mensajeros a dar mandado a Anáhuac,
luego
los señores salían
a recibirlos, y también
venían aparejados de
guerra con todas sus armas, y recibíanlos en medio del camino de los
enemigos, y de allí los llevaban consigo hasta su
tierra, que es Anáhuac
Xicalanco; en llegando los mercaderes a la
provincia de Anáhuac Xica
lanco, luego daban a
los señores lo que el señor de México les enviaba,
y saludábanle de su parte, y luego el señor, o
señores de la misma pro
vincia, del pueblo de Xicamalco, y del pueblo de
Cimatécatl, y Cuatza-
qualco, les daban grandes piedras labradas, verdes,
y otros chalchihuites
labrados, largos,
y otros chalchihuites colorados;
y otras que son esme
raldas,
que ahora se llaman
quetzáliztli y otra
manera de esmeraldas,
y otras muchas piedras de muchas maneras.
También les daban caracoles colorados, y avaneras
coloradas, y otras avaneras amarillas, y paletas de cacao amarillas, hechas de
conchas de tortuga, y otras paletas también de tortugas pintadas como cuero de
tigre blanco y negro: dábanles plumas ricas de muchas maneras, y cueros la
brados de bestias fieras.
Todas estas cosas traían los mercaderes de aquella
provincia de Xica lanco para el señor de México, y como volvían y llegaban a
México, luego lo presentaban al señor, de esta manera dicha. Hacían sus viajes
los mercaderes de México que llamaban tecunenenque, yendo a aquella tierra de
Anáhuac, que está cerca de enemigos de los mexicanos. El señor
de México quería mucho a estos mercaderes, teníalos
como a hijos, como a personas nobles y muy avisadas y esforzadas.
(Lib. IX, cap. iv)
DE DONDE
NACIO QUE LOS MERCADERES
SE LLAMARON
NAUALOZTOMECA
La razón por qué cierta parte de los mercaderes se
llamó naualoztomeca
es, que
antes que se conquistase la provincia de Tzinacatlan los mer
caderes mexicanos que entraban a tratar en aquella
provincia disimula
dos, tomaban el traje y lenguaje de la misma
provincia, y con esto tra
taban
entre ellos sin
ser conocidos por
mexicanos. En esta
provincia
de
Tzinacatlan se hace el
ámbar, y también plumas
muy largas que
llaman quetzalli, porque
allí hay muchas aves de estas que llaman quet-
zaltotome, especial en el tiempo de verano, que
comen allí las bellotas;
también hay muchas aves que llaman xiuhtotonie y otras que se llaman
chalchiuhtotome, que vienen a comer el fruto de
un árbol que llaman
ytzámatl, y cuando cazan estas aves que llaman xiuhtótotl no
las osan
tocar con las manos, sino que rozan de presto heno
verde para tomarlas,
de manera que las manos no lleguen a la pluma, y si
las toman con las
manos desnudas luego el color de la pluma se
deslava, y se para como
amortiguada del color de azul claro deslavado; hay
también en aquella
provincia muchos cueros muy preciosos de animales
fieros.
Estos
mercaderes que se
llamaron naualoztomeca compraban estas
cosas dichas,
rescatábanlas con navajas
de itztli y con
lancetas de lo
mismo, y con agujas y cascabeles, y con grana, y
piedra alumbre, y con
almagre, y con unas madejas que se llaman tochómitl hechas
de pelos
de conejos; todas estas cosas tenían estos
mercaderes que se llaman naua
loztomeca,
con que rescataban
el ámbar de
que se hacen los bezotes
ricos y otros bezotes que llamaban tencolli, los
cuales usaban los hombres
valientes
por muestra de su
valentía, que no
temían la muerte
ni la
guerra, y eran muy diestros en el arte de pelear, y
de cautivar.
Rescataban
con lo dicho
arriba también plumas
ricas como eran
quetzales, y xiuhtótotl, y chalchiuhtótotl, y si
alguna vez los conocían a
estos mercaderes mexicanos los naturales, luego los
mataban, y así anda
ban con gran peligro y con gran miedo; y cuando ya venían, y salían
de aquella provincia para venir a su tierra, venían
con los mismos tra
jes, que
entre aquella gente habían usado, y en llegando a Tochtépec,
donde
eran tenidos en
mucho, allí dejaban
aquel traje y tomaban el
traje mexicano, y
allí los daban bezotes de ámbar, y
orejeras y mantas
de maguey, tejidas como tela de cedazo, y les daban
aventaderos o mos caderos hechos de plumas ricas, y también les daban unos
báculos ador nados con unas borlas de pluma amarilla de papagayos, con que
venían por el camino hasta llegar a México.
En llegando a México, luego iban a ver a los
principales mercaderes y daban relación de toda la tierra que habían visto,
estos que se llama
ban nauáloztomeca.
Habiendo oído los principales mercaderes la
relación de lo que pasa ba, iban luego a dar noticia al señor de México, y
decían: “Señor nues tro, lo que pasa en la provincia de Tzicanatlan, y lo que
en ella hay es esto, lo que te traemos y está en vuestra presencia, y esto no
lo hemos habido de balde, que las vidas de algunos ha costado; algunos
naualoz-tomeca murieron en la demanda”.
Habiéndole contado por menudo todo lo que pasó,
concluyendo de cían: “De esta manera que habernos dicho han buscado vuestros
siervos tierra para nuestro señor dios Huitzilopochtli: Primero descubrieron la
provincia de Anáhuac, y la pasearon, que estaba toda llena de riquezas, y esto
secretamente, como espías que eran disimulados como merca deres”.
Después que murió el señor de México que llamaban
Ahuitzotzin, fue electo por señor Moteccuzoma, que era natural de Tenochtitlan,
(y ) como fue electo guardaba las costumbres que tenían los mercaderes y
honrábalos y particularmente honraba a los principales mercaderes y a los que
trataban en esclavos, y los ponían cabe sí, como a los generosos y capitanes de
su corte, como lo habían hecho sus antepasados.
Y los senadores que regían al Tlatilulco y los que
regían a los merca deres estuvieron muy conformes y muy amigos, y muy a una, y
los seño res mercaderes que regían a los otros mercaderes, tenían por sí su
juris dicción y su judicatura; y si alguno de los mercaderes hacía algún
delito, no los llevaban delante de los senadores, a que ellos los juzgasen, mas
los mercaderes mismos, que eran señores de los otros mercaderes, juzga ban las
causas de todos los mercaderes por sí mismos. Y si alguno in curría en pena de
muerte ellos le sentenciaban, y mataban, o en la cárcel, o en su casa, o en
otra parte según que lo tenían de costumbre.
Cuando los cónsules se sentaban en la audiencia
aderezábanse con atavíos de gravedad y de autoridad, poníanse barbotes de oro u
otros barbotes de otras maneras, y los señores que regían a los pochteca,
cuando juzgaban, componíanse con los aderezos arriba dichos, los cuales eran
también insignias de que eran valientes, de que habían ido a la provincia de
Anáhuac, entre los enemigos. También se componían de estos aderezos en las
grandes fiestas. También los señores que regían los mercaderes tenían cuidado
de regir el tiánquez, y todos los que en él compraban y vendían, para que
ninguno agraviase a otro ni injuriase a otro, y a los que delinquían en el
tiánquez ellos los castigaban; y ponían los precios a todas las cosas.
Y cuando alguna vez el señor de México mandaba a
los mercaderes disimulados que fuesen a alguna provincia, si allá los prendían
o los mataban sin dar buena respuesta, o buen recibimiento, a los que iban como
mensajeros del señor de México sino que los prendían o mataban,
luego el señor de México hacía gente para ir de
guerra sobre aquella provincia, y en el ejército que iba los mercaderes eran
capitanes y ofi ciales del ejército, elegidos por los señores que regían a los
mercaderes; ellos daban el cargo a los que iban y los instruían de lo que
habían de hacer. Elegían también por capitán general a uno de los principales
mercaderes que se llamaba Quahpoyaualtzin. Por mando de éste se hacía la gente
para la guerra en México, y en Texcoco, y en Huexotla, y en
Coatlichan, y en Choleo, y en Huitzilopochco, y en
Azcapotzalco, y en
Quauhtitlan, y en Otumba; de todos estos lugares
dichos se recogía la gente para ir a esta guerra, que tocaba a los mercaderes.
Yendo por los caminos, al pueblo que llegaban los de Tlatilulco, todos se
aposentaban en una casa y ninguno faltaba; y si alguno forzaba a alguna mujer,
los mismos principales de los del Tlatilulco se juntaban y le sentencia ban, y
así le mataban; y si alguno de los pochtecas del Tlatilulco enfer maba, y
moría, no le enterraban, sino poníanle en un cacaxtli, como suelen componer los
difuntos, con su barbote, y teñíanle los ojos de negro y teñíanle de colorado
el rededor de la boca, y poníanle unas ban das blancas por el cuerpo, y
poníanle unas tiras anchas de papel a ma nera de estola, como se la pone el
diácono, desde el hombro al sobaco; habiéndole compuesto, poníanle en un
cacaxtli y atábanle en él muy bien, y llevábanle a lo alto de algún monte, y
ponían el cacaxtli levan tado, arrimado a un palo, hincado en tierra, y allí
se consumía aquel cuerpo, y decían que no moría, sino que se iba al cielo en
donde está el sol. Lo mismo decían de todos los que morían en la guerra, que se
habían ido a donde está el sol.
(Lib. IX, cap. v)
ADICIONES
LA FIESTA DE LOS MERCADERES
1. Ahora
bien, cuando ya van a comenzar a danzar los cantores, primeramente hacen
ofrendas delante de Huitzilopochtli. Colocan sus ofrendas: flores, tabaco.
Colocan eso en “La estera de agua”, en “La Casa del Aguila”.
2. Pero
después van haciendo ofrendas en cada uno de los templos así llamados:
Huitznahuac, Puchtlan, Yohpico, Tlamahtzinco, Mo-mozco.
3. Puramente
queda la casa de los que hacen la ofrenda. Allí, a la medianía del patio,
delante de los tambores, está colocado un arma dijo de grama:
4. Sobre él
se colocan las flores de escudo, los collares de flores, las guirnaldas de
flores, y también allí se colocan dos cazoletas de taba co, allí se coloca la
caña de tabaco: están ardiendo.
5. Cuando
se han hecho las ofrendas, luego se empieza a cantar. Aún hay un poquito de sol
cuando se da principio al canto.
6. En
primer lugar, se dan silbos con las manos. Cuando oyen estos silbos los que
hacen el convite, suspiran. Toman la tierra para llevarla a la boca todos,
cuantas mujeres hay allí habitando, y los veci nos, cuando oían los silbidos,
decían:
7. “Se ha
manifestado hablando nuestro señor el dios”. Y luego con un solo dedo toman
tierra para llevarla a la boca. Y eso mismo hace el que celebra la fiesta.
8. Entonces
apresuradamente toma el cucharón del fuego; cucha rea el fuego, pone allí goma
de quemar blanca: es la de cacto, la muy lograda, sin mácula, sin tacha, muy
limpia: se llamaba su fortuna.
9. Luego va
a hacer su ofrenda de fuego a medio patio. Va llevando codornices.
10. Cuando ha
llegado donde está el tambor luego coloca el cucha rón del fuego. Primeramente
corta el cuello a las codornices, las echa por tierra: allí están aleteando.
11. Ve bien
para donde dirige la convulsión: si acaso se endereza hacia el Norte — Sitio de
los Muertos— , lado derecho del mundo, se atemorizaba mucho, se espantaba con
el agüero, decía:
12. “¡Voy a
contraer una enfermedad, voy a morir!”.
13. Pero si
estaba en dirección de donde el sol sale, o donde se mete, o al lado izquierdo
de la tierra, se alegraba mucho de ello y decía:
14. “Ya no
hay enojo de nuestro señor dueño del universo; allí está mi buena suerte”.
15. Luego
toma su cucharón de fuego, va a pararse frente al tam bor. Cuatro veces eleva
su incensador por donde el sol nace: lo llama ban "Rumbo de donde la
luz”.
16. Y el
segundo lugar donde hacía la ofrenda de fuego era por donde el sol se mete: lo
llamaban “En las mujeres”. También cuatro veces eleva su incensador.
17. Y el
tercer lugar donde hacía la ofrenda de fuego era por el lado izquierdo del
mundo: lo llamaban “En la tierra de los surianos”. También cuatro veces eleva
su incensador.
18. Y el
cuarto lugar donde hacía la ofrenda de fuego era por el lado derecho del mundo:
lo llamaban “En la tierra de los culebras de nube” (e.d. los norteños). También
cuatro veces eleva su incensador.
19. En todos
estos lugares hacía la ofrenda de fuego, y cuando ha acabado de ofrecer fuego,
coloca las brasas en un gran brasero; sola mente mete el incensador.
20. Cuando el
que hace el convite ha terminado de incensar, ya salen los que han de danzar:
el Jefe de tropas, el Jefe del arsenal, en suma, todos los de “cabeza rapada” y
los “otomíes”, los capitanes de guerra, los comandantes primeros.
21. Por lo
que hace a los jefes de traficantes, ellos no bailaban, sino que estaban en
hilera vigilando, por ser ellos los que hacían el banquete.
22. Pero los
traficantes veteranos eran los que recibían a la gente con flores y cañas de
tabaco, con collares de papel con espejitos verdes y un penacho de fibra de
maguey con lunetas de metal precioso.
23. Muy al
principio va el dar de comer a la gente hongos. Los comían al tiempo que se
dice toque de flautas. Ningún alimento ha bían comido, sino solamente un poco
de cacao bebían por la noche.
24. En cuanto
a los hongos, los comían en miel. Cuando les hace efecto el hongo, entonces se
ponen a bailar o a llorar.
25. Pero
algunos que aún están en su juicio, se meten a su lugar; se sientan pegados a
la pared; ya no bailan, sino que están cabizbajos.
26. Uno ve
que va a morir, se pone a llorar. Otro ve que ha morir en guerra. Otro ve que
será comido de fieras.
27. Otro ve
que ha de ser cautivado en guerra. Otro ve que va a ser rico, a ser feliz,
tenido por persona de representación.
28. Otro ve
que ha de comprar gente, ha de ser dueño de esclavos. Otro ve que va a ser
adúltero: ha de ser quebrantado de la cabeza con piedras, oprimido por piedras.
29. Otro ve
que será ladrón: también será oprimido por piedras. Otro ve que su cabeza será
apedreada, que lo han de encerrar en cárcel.
30. Otro ve
que ha de morir en agua. Otro ve que él ha de pasar su vida en quietud y calma
y en esa forma morirá.
31. Otro ve
que ha de caer del terrado y ha de morir de la caída. Estas son unas cuantas
cosas de las que pueden suceder a las gentes: todo eso lo veían allí, o que se
ahogarían en el agua.
32. Y cuando
(el efecto del) hongo los ha dejado, se ponen a conversar, se dicen lo que han
visto.
33. También
para los que no han comido los hongos les ven lo que les ha de suceder y lo que
ellos mismos han de hacer: unos robarán, otros serán adúlteros.
34. Estas son
por ejemplo algunas de las cosas de todas las dichas: hará cautivos, será
capitán, será jefe de muchachos, morirá en guerra, llegará a ser persona,
adquirirá esclavos, ha de ser cantor, ofrecerá vícti mas compradas, será
adúltero, morirá con un cordel al cuello, morirá en el agua, se anegará.
35. Lo que
les ha de suceder todo lo veían allí, lo mismo que si iban a morir tal vez en
la costa.
36. Y cuando
ha llegado el partimiento de la noche, precisamente al mediar la noche, el que
ha convidado al banquete va a pagar su deuda.
37. Lo que
hace es quemar papeles goteados de hule. Lo hacía en la forma que se dijo
arriba.
38. Y es
entonces cuando se bebe por segunda vez: dos o tres veces se da a beber cacao a
la gente en la noche.
39. De tal
modo, toda la noche bailan; cuando ya amanece, can tan. Puede ser un canto
común y conocido, o un canto al estilo de Huexotzinco, o un canto al estilo de
Chalco.
40. Y los
mencionados dones de ofrenda: flores, tabaco, el incen sador todos los
enterraba con ceniza en el medio del patio.
41. Al
enterrar aquello (decía): “Espinas y tabaco enterramos: lo comerán nuestros
hijos, nuestros nietos que vengan. No del todo ha de perecer”.
(Códice matritense, RAH, lib. IX, cap. viii.
Traducción de Angel
María Garibay K., Vida económica de
Tenochtitlan. 1, Pochtecáyotl
( Arte
de traficar ), Fuentes Indígenas de la cultura
Náhuatl, 3,
Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto
de Historia, México, 1961, pp. 99 -107).
LA CULTURA
FILOSOFIA MORAL
PROLOGO
Todas las naciones, por bárbaras y de bajo metal
que hayan sido, han puesto los ojos en los sabios y poderosos para persuadir, y
en los hombres eminentes en las virtudes morales, y en los diestros y valientes
en los ejercicios bélicos, y más en los de su generación que en los de las
otras. Hay de esto tantos ejemplos entre los griegos y latinos, españoles,
fran ceses e italianos, que están los libros llenos de esta materia. Esto
mismo se usaba en esta nación indiana, y más principalmente entre los mexica nos,
entre los cuales, los sabios retóricos, y virtuosos, y esforzados, eran tenidos
en mucho; y de éstos elegían para pontífices, para señores, y principales y
capitanes por de baja suerte que fuesen. Estos regían las repúblicas y guiaban
los ejércitos, y presidían los templos.
Fueron, cierto, en estas cosas extremados,
devotísimos para con sus dioses, celosísimos de sus repúblicas, entre sí muy
urbanos; para con sus enemigos, muy crueles; para con los suyos, humanos y
severos; y pienso que por estas virtudes alcanzaron el imperio, aunque les duró
poco y ahora todo lo han perdido, como verá claro el que cotejase lo contenido
en este libro con la vida que ahora tienen. La causa de esto no la digo por
estar muy clara. En este libro se verá muy claro que lo que algunos émidos han
afirmado, que todo lo escrito en estos libros, antes de éste y después de éste,
son ficciones y mentiras, hablan como apasionados y mentirosos, porque lo que
en este libro está escrito no cabe en entendi miento de hombre humano el
fingirlo, ni hombre viviente pudiera fin gir el lenguaje que en él está. Y
todos los indios entendidos, si fueran preguntados, afirmarían que este
lenguaje es propio de sus antepasados, y obra que ellos hacían.
(Lib. VI)
EL LENGUAJE Y AFECTOS QUE USABAN CUANDO ORABAN AL PRINCIPAL DE LOS
DIOSES LLAMADO TEZCATLIPOCA Y YOALLI EHECATL, DEMANDANDOLE SOCORRO CONTRA LA
POBREZA. ES ORACION DE LOS SATRAPAS EN LA CUAL LE CONFIESAN POR SEÑOR DE LAS
RIQUEZAS, DESCANSO Y CONTENTO Y PLACERES Y DOLOR DE ELLAS, Y SEÑOR DE LA
ABUNDANCIA
¡Oh
señor nuestro, valerosísimo,
humanísimo, amparador!, vos
sois el
que nos dais vida, y sois invisible y no palpable,
señor de todos y señor
de las batallas; aquí me presento delante de V. M., que sois
amparador
y
defensor, aquí quiero
decir algunas pocas
palabras a V. M.
por la
necesidad que tienen los pobres populares y gente
de baja suerte y de
poco caudal,
en hacienda, y
menos en el
entender y discreción;
que
cuando
se echan a
la noche no
tienen nada, ni
tampoco cuando se
levantan a
la mañana, pásanseles la
noche y el día en gran pobreza.
Sepa V. M. que vuestros vasallos y siervos padecen gran pobreza, tanto
cuanto no se puede encarecer más de que es grande
su pobreza y desam
paro; los hombres no tienen una manta con que se
cobijen, ni las mu
jeres
alcanzan unas naguas con que se
envuelvan y tapen sus carnes,
sino algunos andrajos por todas partes rotos, y que
por todas partes entra
el aire y el frío;
con gran trabajo y gran cansancio
pueden allegar lo
que es menester para comer cada día, andando por
las montañas y pára
mos buscando su mantenimiento; andan tan flacos y
tan descaecidos que
traen
las tripas pegadas
a las costillas,
y todo el cuerpo repercutido;
andan como espantados en la cara y cuerpo,
como imagen de muerte:
y estos tales, si son mercaderes solamente venden
sal en panes y chile
desechado,
que la gente, que algo tiene no cura de estas cosas, ni las
tiene en
nada, y ellos las andan a vender de puerta
en puerta, y de
casa en casa,
y cuando estas cosas
no se les venden, asiéntanse
muy
tristes cerca de algún seto, o de alguna pared, o
en un rincón, allí están
relamiendo los bezos y royendo las uñas de las
manos con la hambre que
tienen;
allí están mirando a la boca
de los que
pasan esperando que
los
digan alguna palabra. ¡Oh señor
nuestro muy piadoso!, otra
cosa
no menos dolorosa quiero decir, que la cama en que
se echan no es para
descansar sino para padecer tormento en ella; no
tienen sino un andrajo
que echan sobre sí de noche, de esta manera duermen, y en cama de
tal
manera como está
dicho arrojan sus
cuerpos. Y los hijos
que les
habéis dado por la miseria en que se crían, por la falta de la comida
y no tener con qué cubrirse traen la cara amarilla,
y todo el cuerpo de
color de tierra,
y andan temblando de
frío; algún andrajo traen estos
tales en lugar de manta, atado al cuello, y otro semejante las mujeres
atado por las caderas, y andan pegada la barriga
con las costillas; pué-
denlos
contar todos sus huesos;
andan azcadillando5 con
flaqueza, no
pudiendo andar, andan llorando y suspirando, y llenos de tristeza; toda
la desventura junta está en ellos, todo el día no
se quitan de sobre el
fuego; allí hallan un poco de refrigerio.
¡Oh señor
nuestro humanísimo, invisible, impalpable!
Suplícoos ten
gáis por bien de apiadaros de ellos, y de conocerlos por vuestros vasallos
y siervos, pobrecitos que andan llorando y
suspirando, llamándoos y cla
mando en vuestra presencia y deseando vuestra
misericordia con angus
tia de corazón.
¡Oh señor nuestro, en
cuyo poder está dar todo contento
y refrigerio y dulcedumbre, y suavidad y riqueza y
prosperidad, porque
vos solo sois el señor de todos estos bienes, suplícoos hayáis
misericor
dia de ellos porque vuestros siervos son!
Suplícoos, señor, que
tengáis
por bien de que experimenten un poco de vuestra
ternura y regalo y de
vuestra dulcedumbre y suavidad, que a la verdad
tienen grande necesi
dad y gran trabajo; suplícoos que levanten su cabeza con vuestro favor
y ayuda; suplícoos tengáis por bien que tengan
algunos días de prosperi
dad y descanso. Suplícoos tengan algún tiempo en
que su carne, y sus
huesos reciban alguna recreación y holgura. Tened
por bien, señor, que
duerman y descansen con reposo. Suplícoos les deis días de vida prós
peros y pacíficos; cuando fuéredes servido les podéis quitar, y esconder
y ocultar lo que les habéis dado, como lo
hayan gozado algunos pocos
días, como quien goza de alguna flor olorosa y hermosa que en breve
tiempo se marchita, y esto cuando les fuere causa
de soberbia, de pre
sunción y altivez las mercedes que les habéis
hecho, y con ellas se hicie
ren briosos y presuntuosos y atrevidos; entonces
las podéis dar a los tris
tes,
llorosos y angustiados,
pobres y menesterosos que
son humildes y
obedientes y
serviciales y familiares en
vuestra casa, y hacen
vuestro
servicio con grande
humildad y
diligencia y os dan su
corazón muy
de veras.
Y si este
pueblo por quien te ruego y suplico que le hagas bien, no
conociere el bien que le dieres, le quitarás el
bien y echarle has la mal
dición, que
le venga todo el mal para que sea pobre necesitado, y manco
y cojo, ciego
y sordo, y entonces se espantará y
verá el bien que tenía
y en qué ha parado,
y entonces te llamará y se
acogerá a ti, y no le
oirás, porque en el tiempo de la abundancia no
conoció el bien que le
hicistes. En conclusión, suplícoos, señor humanísimo y
beneficentísimo,
que tenga por bien V.
M. de dar a gustar a este pueblo las riquezas y
haciendas que vos soléis dar, y de
vos suelen salir, que son
dulces
y suaves y que dan contento y regalo, aunque no sean sino por breve
tiempo, y
como sueño que pasa,
porque cierto ha
mucho tiempo que
anda
triste y pensativo y
lloroso, delante de V.
M., por la angustia
y
trabajo y afán que siente
su cuerpo, y su corazón sin tener
descanso
5 Probablemente
derivado de azocan. Dic. de Aut.: “Azacan, Metaphoricamente se dice del que
anda ocupado en cosas de poco provecho, y de mucho trabajo, mal trajeado y
vestido. . . ” (R.C. ).
ni placer alguno, y de esto no hay duda ninguna
sino que a este pueblo pobre y menesteroso y desabrigado, le acontece todo lo
que tengo dicho. Y esto por sola vuestra liberalidad y magnificiencia lo habéis
de hacer, que ninguno es digno ni merecedor de recibir vuestras larguezas, por
su dignidad y merecimiento, sino que por vuestra benignidad sacáis de bajo del
estiércol y buscáis entre las montañas a los que son vuestros servidores y
amigos y conocidos, para levantarlos a riquezas y digni dades. ¡Oh señor
nuestro humanísimo!, hágase vuestro beneplácito como lo tenéis en vuestro
corazón ordenado, y no tengamos que decir. Yo, hombre rústico y común, ni
quiero con importunación y prolijidad dar fastidio y enojo a V. M., de donde
proceda mi mal y mi perdición y mi castigo, ¿adonde hablo?, ¿adonde estoy?
Hablando con V.M. bien sé que estoy en un lugar muy eminente, y hablo con una
persona de gran majestad, en cuya presencia corre un río que tiene una barranca
profundísima y precisa, o tajada, y asimismo está en vuestra presencia un
resbaladero donde muchos se despeñan; no hay nadie que no yerre delante de V.
M., y yo hombre de poco saber y muy defectuoso en el hablar, en haberme
atrevido a hablar delante de V. M. yo mismo me he puesto al peligro de caer en
la barranca y sima de este río. Yo con mis manos he venido a tomar ceguedad
para mis ojos, y pudrimiento y tullimiento para mis miembros, y pobreza y
aflicción para mi cuerpo, por mi bajeza y rusticidad; esto es lo que yo merezco
recibir. Vivid y reinad para siempre, vos que sois nuestro señor, y nuestro
abrigo y amparo, humanísimo, piadosísimo, invisible e impalpable, en toda quie
tud y sosiego.
(Lib. VI, cap. ii)
EL LENGUAJE Y
AFECTOS QUE USABAN CUANDO
ORABAN AL PRINCIPAL DIOS LLAMADO TEZCATLIPOCA,
TEYOCOYANI, TE1MAT1N1, PRIMER
PROVEEDOR DE LAS COSAS NECESARIAS, DEMANDANDO FAVOR PARA
EL SEÑOR RECIEN ELECTO
PARA QUE HICIESE
BIEN
SU
OFICIO. ES ORACION
DE LOS SATRAPAS,
QUE CONTIENE SENTENCIAS MUY
DELICADAS
Hoy, día bienaventurado, ha salido el sol, hanos
alumbrado, hanos comu nicado su claridad y su resplandor, en que sea labrada
una piedra pre ciosa, un precioso zafiro; hanos aparecido una nueva lumbre,
hanos llegado una nueva claridad, hásenos dado un hacha muy resplande ciente,
que ha de regir y gobernar nuestro pueblo, y ha de tomar a cuestas los negocios
y trabajos de nuestra república. Ha de ser imagen y substituto de los señores y
gobernadores que ya pasaron de esta vida, los cuales algunos días trabajaron en
llevar a cuestas las pesadumbres de esta vuestra gente, y vinieron a poseer
vuestro trono y vuestra silla,
que
es la principal
dignidad de este vuestro pueblo, provincia, reino;
la cual tuvieron
y poseyeron en vuestro nombre y en vuestra persona
algunos pocos días. Ya son idos, ya pasaron de esta
vida y dejaron aque
lla
gran carga que
trujeron a cuestas,
carga de gran
peso y de gran
fatiga, y que pocos la pueden sufrir. Y ahora
estamos maravillados cómo
has puesto tus ojos en este hombre rústico y de poco saber, N., para
que
algunos días, o
algún poco tiempo
tenga el gobierno
de vuestra
república
y de vuestro
pueblo, provincia o reino.
¡Oh señor nuestro
humanísimo!,
¿tenéis por ventura falta
de personas y de amigos?,
no
por cierto,
que tantos tenéis que no se pueden contar vuestros amigos,
y este rústico y persona baja ¿cómo habéis puesto los ojos en él? ¿Es
por ventura
por yerro, o por no le
conocer, o es por ventura que le
habéis puesto prestado entre tanto que buscáis otro
que lo haga mejor
que
este rústico, indiscreto
y desatentado y
hombre sin provecho,
y
hombre que vive en
este mundo por demás? Finalmente
hacemos gra
cias a V.
M. por la merced
que nos habéis hecho,
y lo que en
esto
pretendéis vos solo lo sabéis, y por ventura ya
está proveído este oficio:
hágase vuestra voluntad,
según la determinación
de vuestro corazón.
Por ventura por algunos días y tiempo os servirá
aunque defectuosamen
te en este oficio, o por ventura
dará desasosiego y pondrá
espanto, o
por ventura hará las cosas sin consejo, y sin
consideración, o por ventura
teniéndose
por digno de
aquella dignidad pensará
que mucho tiempo
permanecerá en ella, o por ventura se le volverá en
triste sueño; o por
ventura le será ocasión de soberbia y de presunción esta
dignidad que
V. M. le ha dado,
y menospreciará a todos, o por
ventura andará con
pompa y con fausto. V. M. sabe a qué se ha de
inclinar de aquí a pocos
días, porque
nosotros los hombres somos vuestro
espectáculo o vuestro
teatro, de quien vos os reís y os regocijáis. Por
ventura perderá su dig
nidad por sus niñerías o por su descuido y pereza,
que a la verdad nin
guna cosa se
esconde a V. M.,
porque vuestra vista penetra las pie
dras y maderos, y también vuestro oído; o por ventura la perderá por
la arrogancia y jactancia interior de sus
pensamientos y por esta causa
daréis con él en el muladar y le arrojaréis en el
estiércol, y su merecido
será
ceguedad y tullimiento
y extrema pobreza
hasta la hora
de su
muerte,
donde le pondréis
debajo de vuestros
pies. Y pues que este
pobre está
puesto en este peligro y en este
riesgo, suplícoos, pues que
sois nuestro señor y amparador invisible e
impalpable, por cuya virtud
vivimos y debajo de cuya voluntad y albedrío
estamos, y que vos solo
disponéis y proveéis en todo, que tengáis por bien
de hacer misericordia
con este pobre y menesteroso vuestro vasallo y
siervo, ciego y privado de
los ojos, de
le proveer de vuestra lumbre y resplandor,
para que sepa
lo que ha de hacer, lo que ha de obrar y el camino que ha de llevar
para no errar en su oficio, según vuestra disposición y
voluntad. V. M.
sabe lo que le ha de acontecer de día y de noche en su oficio, ¡oh señor
nuestro humanísimo! Sabemos que nuestros caminos y
obras no están tan
to en
nuestra
mano como en
la mano del
que nos mueve;
si alguna
cosa aviesa o mal
hecha hiciere en la
dignidad que le habéis dado, y
en la silla en que le habéis puesto, que es vuestra, donde está tratando
los negocios populares, como quien lava cosas
sucias con agua muy clara
y muy
limpia, en la cual silla,
y dignidad tiene
el mismo oficio
de
lavar vuestro padre y madre
de todos los dioses, el dios antiguo, que
es el dios del fuego, que está en medio de
las flores, y en medio de
la
alberca cercada de
cuatro paredes, y
está cubierto en
plumas res
plandecientes que
son como alas. con
que provoque vuestra ira
Lo que este
electo hiciere mal hecho,
e indignación y despierte vuestro castigo contra
sí, no será de su albedrío
o de su querer,
sino de vuestra permisión, o de alguna
otra sugestión
vuestra, o de otro, por lo cual os suplico tengáis
por bien de abrirle los
ojos,
darle lumbre y abrirle las
orejas, y
guiadle a este pobre electo,
no tanto por lo que es
él sino principalmente por aquellos a quien ha
de regir y llevar a cuestas; suplico ahora, desde el principio, le inspiréis
lo que ha
de hacer y le infundáis en su corazón
el camino que ha
de llevar,
pues que le habéis hecho vuestra
silla en que os
habéis de
asentar, y
también le habéis hecho como flauta vuestra para, tañendo,
significar vuestra voluntad. Hacedle, señor, como
verdadera imagen vues
tra, y no permitáis que en vuestro trono y en
vuestro estrado se enso
berbezca o
altivezca; mas antes tened, señor, por bien
que asosegada-
mente y cuerdamente rija y gobierne a aquellos de quien
tiene cargo,
que es la gente popular, y no permitáis, señor,
que agravie ni veje
a
sus súbditos,
ni sin razón
y sin justicia eche a perder
a nadie; y no
permitáis, señor, que mancille y ensucie vuestro
trono y vuestro estrado
con alguna injusticia o agravio, que haciendo esto
pondrá también mácu
la en vuestra honra y en vuestra fama.
Ya, señor, este pobre hombre ha aceptado y recibido
la honra y seño
río que V. M. le ha dado,
ya tiene la posesión de la gloria y
riquezas;
ya, señor, lo habéis
adornado las manos y los pies, y la cabeza,
orejas
y bezos, con barbote y orejeras y con
brazaletes, y con cuero amarillo
para las gargantas de los pies; no permitáis,
señor, que estos atavíos e
insignias y ornamentos le sean causa de altivez y
presunción, mas antes
tened por bien, señor, que os sirva con humildad y
llaneza. ¡Oh, señor
humanísimo!,
tened por bien que
rija y gobierne vuestro
señorío que
ahora le habéis encomendado, con toda prudencia y sabiduría; plegaos,
señor, de ordenar y tened por bien que ninguna cosa
haga mal hecha,
con que os ofenda, y
tened por bien de andar
con él y
guiarle en
todo. Y si esto no habéis de hacer, ordenad desde
luego que sea aborre
cido y mal querido, y que muera en la guerra a
manos de sus enemigos
y se vaya a la casa del sol, donde está guardado
como una piedra precio
sa y estimado su corazón como un zafiro,
y entregue su cuerpo y
su
corazón
al señor sol, muriendo
en la guerra
como hombre valeroso y
esforzado;
muy mejor le estará esto que
ser deshonrado y despreciado
en este mundo, y mal querido y aborrecido de los
suyos por sus faltas o defectos. ¡Oh señor humanísimo que proveéis a todos de
lo necesario!, tened por bien, que esto se haga así, como os lo tengo rogado y
suplicado.
(Lib. VI, cap. iv)
EL LENGUAJE Y AFECTOS QUE USABAN ORANDO A TEZCATL1POCA, DEMANDANDOLE
TUVIESE POR BIEN DE QUITAR DEL SEÑORIO, POR MUERTE O POR OTRA VIA, AL SEÑOR QUE NO HACIA BIEN SU
OFICIO: ES LA ORACION O MALDICION DEL MAYOR
SATRAPA, CONTRA EL SEÑOR, DONDE SE PONE MUY EXTREMADO LENGUAJE Y MUY
DELICADAS METAFORAS
¡Oh señor
nuestro humanísimo, que hacéis
sombra a todos los que a
vos se allegan, como el árbol de muy gran altura y
anchura! Sois invi
sible e impalpable, y tenemos entendido que
penetráis con vuestra vista
las piedras y árboles, viendo lo que dentro está
escondido, y por la misma
razón veis y entendéis lo que está dentro de
nuestros corazones, y veis
nuestros pensamientos: nuestras ánimas en vuestra presencia son como
un poco de
humo y de niebla, que se
levanta de la tierra. No se
os
puede
ahora esconder, señor,
las obras y maneras de vivir de fulano;
veis y sabéis sus cosas,
y las causas de su altivez y ambición que tiene
un corazón cruel y duro, y usa de la dignidad que
le habéis dado así
como el borracho usa
del vino, y como el loco de los beleños,
esto es,
que la riqueza y dignidad y abundancia que por
breve tiempo le habéis
dado, que se pasa como el sueño, del señorío y
trono vuestro que posee
esto le
desatina y altivece y desasosiega, y se vuelve
en locura, como
el que come beleños que le aloquecen. Así a éste la
prosperidad le hace
que a todos
menosprecie y a ninguno
tenga en nada,
parece que su
corazón está armado de espinas muy agudas, y
también su cara; y esto
bien se parece en su manera de vivir y en su manera de hablar, que
ninguna cosa hace ni dice que dé contento a nadie;
no cura de nadie,
ni toma consejo
con nadie, vive según
su parecer y según su antojo.
¡Oh señor nuestro humanísimo, y amparador de todos y proveedor de
todas las cosas, y criador
y hacedor de todos!: esto es muy cierto, que
él se ha desbaratado y desatinado, y se ha hecho
como hijo desagrade
cido de los beneficios de su padre, y está hecho
como un borracho que
no tiene
seso; las mercedes que le habéis hecho y la dignidad en que
le habéis puesto,
ha sido la ocasión de su
perdición.
Allende lo dicho tiene otra cosa harto
reprehensible y dañosa, que no
es devoto ni ora a
los dioses, ni llora delante de ellos,
ni se entristece
por sus pecados, ni suspira; y esto
le procede de haberse desatinado
en los
vicios como borracho, anda como una
persona baldía y vacía y
muy desatinada; no tiene consideración de quién
es, ni del oficio que
tiene; ciertamente deshonra y afrenta a la dignidad
y trono que tiene,
que es cosa vuestra y debía ser muy honrada y
reverenciada, porque de
ella depende la justicia y rectitud de la judicatura que
tenéis para el
sustento y buen regimiento de vuestro pueblo, vos, que sois amparador
de todos, y para que la gente baja no sea
agraviada, ni oprimida de los
mayores; asimismo de ella depende el castigo y
humillación de aquellos
que no tienen respeto a vuestro trono y dignidad. Y
también los merca
deres,
que son a
quien vos confiáis más
de vuestras riquezas,
y dis
curren y andan por todo el mundo y por las montañas
y despoblados,
buscando con lágrimas vuestros dones y mercedes y
regalos, lo cual vos
dais
con dificultad y
a quien son
vuestros amigos: todo
esto recibe
detrimento
con no hacer él su oficio
como debe; ¡oh
señor!, que no
solamente os
deshonra en lo ya
dicho, pero aun
también cuando nos
solemos juntar
a cantar y tañer los vuestros cantares,
donde demanda
mos las vuestras mercedes y dones, y donde
sois alabado y rogado, y
donde los tristes
y afligidos y pobres
se esfuerzan y consuelan, y los
que son
cobardes se esfuerzan para
morir en la guerra,
en ese lugar
santo y tan
digno de reverencia, hace este hombre disoluciones, y des
truye la devoción y desasosiega a los que en este
lugar os sirven y ala
ban, en el cual vos juntáis y señaláis a los
que son vuestros amigos,
como el pastor señala sus ovejas, cuando
se cantan vuestros loores.
Y
pues que vos,
señor, sois y sabéis ser verdad todo lo que he dicho
en
vuestra presencia,
no hay más sino que hagáis vuestra santa voluntad,
y el beneplácito de vuestro corazón, remediando este negocio; a lo me
nos, señor, castigadle de tal manera que sea
escarmiento para los demás,
para que no le imiten en su mal vivir; véngale de
vuestra mano el cas
tigo, según que a vos pareciere, ora sea
enfermedad ora otra cualquier
aflicción, o
le privad del señorío para que
pongáis a otro de vuestros
amigos,
que sea humilde,
devoto y penitente, que tenéis
vos muchos
tales,
que no os
faltan tales personas
cuales son menester para este
oficio, los cuales os están esperando y llamando, y
los tenéis conocidos
por
amigos y siervos que lloran
y suspiran en vuestra presencia cada
día.
Elegid alguno de
éstos y tomad alguno de
éstos para que tenga
la dignidad de este vuestro reino y señorío; haced experiencia de algu
no de éstos. Cuál de estas cosas ya dichas quiere
V. M. conceder: o qui
tarle el señorío, dignidad y riquezas con que se
ensoberbece, y darlo a
alguno
que sea devoto y
penitente y os ruegue
con humildad, y sea
hábil y de buen ingenio, humilde y obediente; o por
ventura sois servido,
que
éste a quien
han ensorberbecido vuestros
beneficios caiga en po
breza y en miseria,
como uno de los más pobres
rústicos, que apenas
alcanzan qué comer ni qué beber ni qué vestir; ¿o por ventura place a
V. M. de
hacerle un recio castigo, de que se tulla todo
el cuerpo, o
incurra
en ceguedad de los ojos,
o se le pudran los miembros, o por
ventura sois servido de sacarle de
este mundo por muerte corporal,
y
que se vaya al infierno, a la casa de las tinieblas
y obscuridad, donde hemos de ir todos, donde está nuestro padre y nuestra madre
la diosa del infierno y el dios del infierno? Paréceme, señor, que esto le con
viene más, para que descansen su corazón y su cuerpo allá en el infier no, con
sus antepasados que están ya allá en el infierno. ¡Oh señor nues tro
humanísimo!, ¡qué es lo que más quiere vuestro corazón, vuestra voluntad sea
hecha! A esto que ruego a V. M. no me mueve envidia ni odio, ni con tal intención
he venido a vuestra presencia; lo que me mueve no es otra cosa sino el robo y
mal tratamiento que se hace a los populares, y la paz y prosperidad de ellos.
No querría, señor, pro-vocar contra mí vuestra ira e indignación, que soy un
hombre bajo y rústico; bien sé, señor, que penetráis los corazones y sabéis los
pensa mientos de todos los mortales.
(Lib. VI, cap. vi)
EL
LENGUAJE Y AFECTOS QUE
USABAN CUANDO
ORABAN AL DIOS DE LA PLUVIA LLAMADO TLALOC EL CUAL
TENIAN QUE ERA SEÑOR Y REY DEL PARAÍSO TERRENAL, CON OTROS MUCHOS DIOSES SUS
SUJETOS, QUE LLAMABAN TLALOQUES, Y SU HERMANA LLAMADA
CH1COMECOATL: LA DIOSA CERES. ESTA ORACION USABAN
LOS SATRAPAS EN TIEMPO DE SECA PARA PEDIR AGUA A LOS ARRIBA DICHOS: CONTIENE
MUY DELICADA MATERIA; ESTAN EXPRESOS
EN ELLA MUCHOS DE LOS ERRORES QUE
ANTIGUAMENTE TENIAN
¡Oh señor nuestro humanísimo, y liberal dador y
señor de las verduras y frescuras, y señor del paraíso terrenal, oloroso y
florido, y señor del incienso o copal! ¡Ay dolor, que los dioses del agua
vuestros sujetos se han recogido y escondido en su recogimiento — los cuales
suelen dar las cosas necesarias, y son servidos con ulli y con yauhtli y con
copal— y dejaron escondidos todos los mantenimientos necesarios a nuestra vida,
que son piedras preciosas, como esmeraldas y zafiros; y lleváronse con sigo a
su hermana la diosa de los mantenimientos, y también se llevaron consigo la
diosa del chilli o ají. ¡Oh señor nuestro, dolor de nosotros que vivimos, que
las cosas de nuestro mantenimiento por tierra van, todo se pierde y todo se
seca, parece que está empolvorizado y revuelto con telas de arañas por la falta
del agua! ¡Oh dolor de los tristes maceguales y gente baja!, ya se pierden de
hambre, todos andan desemejados y desfigurados: Unas orejas traen como de
muertos; traen las bocas secas, como esparto, y los cuerpos que se les pueden
contar todos los huesos, bien como figura de muerte; y los niños todos andan
desfigurados y amarillos, de color de tierra, no solamente aquellos que ya
comienzan
a andar,
pero aun también todos los que
están en
las cunas; no hay
nadie a quien no llegue esta aflicción y
tribulación de la hambre que
ahora hay.
Hasta los
animales y aves padecen gran necesidad
por razón de la
sequedad que hay; es gran angustia de ver las aves,
unas de ellas traen
las alas caídas y arrastrando, de hambre,
otras que se van cayendo de
su
estado, que no pueden
andar, y otras abiertas
las bocas de
sed y
hambre; y los animales, señor nuestro, es gran
dolor de verlos que andan
azcadillando y cayendo de hambre, y andan lamiendo
la tierra de ham
bre, andan las lenguas colgadas y las bocas
abiertas carleando de hambre
y de sed. Y la gente toda pierde el seso, y se mueren
por la falta de
agua: todos
perecen sin quedar nadie.
Es
también, señor, gran
dolor ver toda la haz de la tierra
seca, ni
puede criar ni producir las yerbas ni los
árboles, ni cosa ninguna que
pueda servir
de mantenimiento; solía como padre y madre
criarnos, y
darnos leche con los mantenimientos y yerbas y
frutos que en
ella se
criaban, y ahora
todo está seco, todo está perdido, no parece sino que
los dioses Tlaloques
lo llevaron todo consigo,
y lo escondieron donde
ellos
están recogidos, en
su casa, que
es el paraíso
terrenal. ¡Señor
nuestro:
todas las cosas que nos solíades dar por vuestra largueza, con
que vivíamos y nos alegrábamos, y que
son vida y alegría de todo
el
mundo, y que son preciosas como esmeraldas y como
zafiros, todas estas
cosas se nos han ausentado y se nos han ido! Señor
nuestro, dios de los
mantenimientos
y dador de ellos,
humanísimo y piadosísimo, ¿qué
es
lo que habéis determinado de hacer de nosotros?
¿Habéisnos por ventura
desamparado del todo? ¿No se aplacará vuestra ira e
indignación? ¿Habéis
determinado
que se pierdan
todos vuestros siervos y vasallos, y que
quede desolado y despoblado vuestro pueblo, reino o señorío? ¿Está ya
determinado por ventura que esto se haga? ¿Determinóse en el cielo y
en el infierno?
¡Oh señor, siquiera concededme esto, que los niños
inocentes que aún
no saben andar, y los que están aún en las cunas,
sean proveídos de las
cosas de comer, porque vivan y no perezcan en esta
necesidad tan gran
de! ¿Qué han hecho los pobrecitos para que sean
afligidos y muertos de
hambre? Ninguna ofensa han hecho, ni saben qué cosa
es pecar, ni han
ofendido a los dioses del cielo ni a los del
infierno; y si nosotros hemos
ofendido en muchas cosas, y nuestras ofensas han
llegado al cielo y al
infierno, y
los hedores de
nuestros pecados se han
dilatado hasta los
fines de la tierra, justo es que seamos destruidos
y acabados; ni tenemos
qué decir, ni con qué nos excusar, ni con qué
resistir a lo que está de
terminado contra nosotros en el cielo y en
el infierno. Hágase, perda
mos todos, y esto con brevedad por (que) no suframos tan prolija fa
tiga, que más grave es lo que padecemos que si
estuviésemos en el fuego
quemándonos.
Cierto, es cosa espantable sufrir
el hambre, que es así
como una culebra
que con deseo de comer está tragando la saliva y está
carleando, demandando de comer, y está voceando
porque le den co mida; es cosa espantable ver la agonía que tiene demandando
de comer; es esta hambre tan intensa, como un fuego encendido, que está echando
de sí chispas o centellas. Hágase, señor, lo que muchos años ha que oímos decir
a los viejos y viejas que pasaron, caiga sobre nos el cielo y desciendan los
demonios del aire llamados tzitzimites, los cuales han de venir a destruir la
tierra con todos los que en ella habitan, y para que siempre sean tinieblas y
oscuridad en todo el mundo y en ninguna parte haya habitación de gente. Esto
los viejos lo supieron y ellos lo divulgaron, y de mano en mano ha venido hasta
nosotros, que se ha de cumplir hacia el fin del mundo, después que ya la tierra
estuviere harta de producir más criaturas. ¡Señor nuestro: por riquezas y
pasatiempos tendremos que esto venga sobre nosotros!
¡Oh pobres de nosotros!, tuviérades ya por bien,
señor, que viniera pestilencia, que de presto nos acabara, la cual plaga suele
venir del dios del infierno. En tal caso, por ventura, la diosa de los
mantenimientos y el dios de las mieses hubieran proveído de algún refrigerio,
con que los que muriesen llevasen alguna mochila para andar el camino hacia el
infierno. Ojalá esta tribulación fuera de guerra, que procede de la impresión
del sol, la cual él despierta como fuerte y valeroso en la tierra, porque en este
caso tuvieran los soldados y valientes hombres, fuertes y belicosos, gran
regocijo y placer en hallarse en ella, puesto que allí mueren muchos y se
derrama mucha sangre, y se hinche el campo de cuerpos muertos y de huesos, y
calaveras de los vencidos, y se hinche la haz de la tierra de cabellos de las
cabezas que allí se pelan, cuando se pudren; y esto no se teme con tener
entendido que sus almas van a la casa del sol, donde se hace aplauso al sol con
voces de alegría, y se chupan las flores de diversas maneras, con gran
delectación, donde son glorificados y ensalzados todos los valientes y
esforzados que mu rieron en la guerra. Y los niños chiquitos tiernos que
mueren en la guerra son presentados al sol muy limpios y pulidos y
resplandecientes, como una piedra preciosa, y para ir su camino a la casa del
sol, vuestra hermana, la diosa de los mantenimientos, los provee de la mochila
que han de llevar, porque esta provisión de las cosas necesarias, es el es
fuerzo y ánimo y el bordón de toda la gente del mundo, y sin ella no hay vivir.
Pero esta hambre con que nos afliges, oh señor nuestro hu manísimo, es tan
aflictiva y tan intolerable, que los tristes de los maceguales no lo pueden
sufrir ni soportar y mueren muchas veces es tando vivos; y no solamente este
daño siente la gente toda, pero también todos los animales. ¡Oh señor nuestro
piadosísimo, señor de las verdu ras, y de las gomas y de las yerbas olorosas y
virtuosas! Suplícoos tengáis por bien de mirar con ojos de piedad a la gente de
este vuestro pueblo, reino o señorío, que ya se pierde, ya peligra, ya se
acaba, ya se des truye y perece todo el mundo, hasta las bestias y animales y
aves se pierden y acaban sin remedio ninguno. Pues que esto pasa así, como
digo, suplícoos tengáis por bien de enviar a los
dioses que dan los man
tenimientos,
y dan las pluvias y temporales, y
que son señores de las
yerbas
y de los
árboles, para que
vengan a hacer
sus oficios acá al
mundo;
ábrase la riqueza y la prosperidad de vuestros tesoros, y mué
vanse las sonajas de alegría, que son báculos de los señores dioses del
agua, y
tomen sus cotaras de ulli para caminar con ligereza. Ayudad,
señor, a
nuestro señor dios de la tierra, siquiera
con una mollizna de
agua porque él nos cría y nos mantiene cuando hay
agua; tened por bien,
señor, de
consolar al maíz y a los etles
6, y a los otros mantenimientos
muy deseados y muy necesarios que están sembrados y
plantados en los
camellones de la tierra, y padecen gran necesidad y gran angustia por
la falta de agua. Tened por bien, señor, que reciba
la gente esta merced
y este favor de vuestra mano, que merezcan ver y
gozar de las verduras
y frescuras, que son como piedras preciosas, que es
el fruto y la sustancia
de los señores Tlaloques, que son las nubes que
traen consigo y siembran
sobre nosotros la pluvia. Tened por bien, señor,
que se alegren y rego
cijen los animales, y las yerbas, y tened por bien
que las aves y pájaros
de preciosas plumas como son el quechol y zacuan
vuelen y canten, y
chupen las yerbas y flores. Y no sea esto con
truenos y rayos, signifi-
cadores de
vuestro enojo, porque si
vienen nuestros señores Tlaloques
con truenos y rayos, como los maceguáles están flacos y toda la gente
muy debilitada del hambre, espantarlos han, y atemorizarlos han; y si
algunos están ya señalados para que vayan al
paraíso terrenal, heridos
y muertos con rayos, sean solos éstos y no más, y
no se haga daño, ni
fraude a otro alguno a la demás gente que
andan derramados por los
montes y por las cabañas, ni tampoco dañen a los
árboles, y magueyes
y otras plantas que nacen de la tierra, que son necesarias para la vida,
y mantenimiento y sustento de la gente pobre y
desamparada y desechada,
que con dificultad pueden haber los mantenimientos para vivir y pasar
la vida, los
cuales de hambre andan las tripas vacías y pegadas a las
costillas.
¡Oh señor humanísimo, generosísimo, dador de todos los man
tenimientos, tened, señor, por bien de consolar a
la tierra y a todas las
cosas que viven sobre la haz de la tierra! Con gran suspiro y angustia
de mi corazón llamo, y ruego a todos los que sois
dioses del agua, que
estáis
en las cuatro
partes del mundo, oriente, occidente, septentrión
y austro, y los que habitáis en las concavidades de la tierra, o en el aire,
o en los montes altos, o en las cuevas profundas,
que vengáis a consolar
esta pobre gente y a regar la tierra, porque los ojos de los que habitan
en la tierra,
así hombres, como animales y aves, están puestos — y su
esperanza— en vuestras personas. ¡Oh señores
nuestros, tened por bien de venir!
(Lib. VI, cap. viii)
6 Frijoles. (M .).
EL LENGUAJE Y AFECTOS QUE USABA EL SEÑOR DESPUES DE
ELECTO PARA HACER GRACIAS A TEZCATLIPOCA POR HABERLE ELECTO EN SEÑOR, Y PARA
DEMANDARLE FAVOR
Y LUMBRE
PARA HACER BIEN SU OFICIO, DONDE SE HUMILLA DE MUCHAS MANERAS
“¡Oh
señor nuestro, humanísimo
amparador y gobernador,
invisible e
impalpable! Bien sé
que me tenéis conocido, que soy un pobre
hombre
y de baja suerte, criado
y nacido entre estiércol, hombre de
poca razón
y de bajo juicio, lleno de muchos defectos y
faltas, ni me sé conocer ni
considerar
quién soy: habéisme
hecho gran beneficio,
gran merced y
misericordia,
sin merecerlo, ya que tomándome
del estiércol me habéis
puesto en la dignidad y trono real; quién soy yo,
señor mío, y qué es mi
valor
(para) que me
pongáis entre los
que vos amáis y conocéis,
y
tenéis por amigos escogidos y dignos de toda honra,
y nacidos y criados
para las dignidades y tronos reales (que)
para este efecto los criasteis
hábiles y prudentes, tomados de nobles y generosos
padres, y para esto
criados y enseñados, y que fueron nacidos y
bautizados en signos y cons
telaciones en que nacen los señores, y para ser
vuestros instrumentos y
vuestras
imágenes, para regir
vuestros reinos, estando
dentro de ellos
y hablando por su boca y pronunciando ellos
vuestras palabras, y para
que se conformen con el querer del antiguo dios y
padre de todos los
dioses que es el dios del fuego, que está en el alberca del agua entre
almenas, cercado de piedras como rosas, el cual se
llama Xiuhtecutli, el
cual
determina, examina y concluye los negocios y litigios
del pueblo
y de la gente popular, como lavándoles con agua; al
cual siempre acom
pañan y están en su presencia las personas
generosas arriba dichas.
¡Oh humanísimo señor, regidor y gobernador, gran
merced me habéis
hecho! Por ventura, ¿esto ha sido por intercesión
de los lloros y lágrimas
que derramaron los
pasados señores, y señoras, que
tuvieron cargo de
este reino? Cosa sería de gran locura que yo
pensase que por mis mere
cimientos y por mi valer me habéis hecho
esta merced, de me haber
puesto en el regimiento muy pesado y muy
dificultoso, y aun espantoso
de vuestro reino,
que es como una carga que se lleva a cuestas, muy
pesada, que con gran dificultad la llevaron a
cuestas los señores pasados
que le rigieron
en vuestro nombre.
¡Oh señor humanísimo,
regidor y
gobernador, invisible e impalpable, criador y
sabedor de todas las cosas
y pensamientos, adornador de las almas, ¿qué diré
más, pobre de mí? ¿Qué modo tendré en gobernar y regir esta vuestra república?
¿Cómo tengo de llevar esta carga del regimiento de la gente popular, que soy
ciego y sordo, que aun a mí no me sé conocer ni regir, porque soy acostumbrado
de andar entre el estiércol, y mi facultad es buscar y vender yerbas para comer
y traer leña a cuestas para vender? Lo que yo merezco, señor, es ceguedad de
los ojos y tullimiento y pudrimiento de los miembros, andar vestido de un
andrajo y de una manta rota; éste es
mi merecido y lo que se me debía dar, y yo soy el
que tengo necesidad de ser regido y de ser traído a cuestas, pues que tenéis
muchos amigos y muchos conocidos a quien podéis encomendar este cargo.
Pero pues que ya tenéis determinado de ponerme en
escarnio y risa del mundo, hágase vuestra voluntad y vuestro querer, y cúmplase
vuestra palabra; por ventura no conocéis quién yo soy, y después que me cono
ciereis quién yo soy, buscaréis a otro, quitándome a mí del regimiento,
tornándolo a tomar en vos y escondiendo en vos esta dignidad y esta honra,
estando ya cansado y enfadado de sufrirme; y lo daréis a otro muy amigo y
conocido vuestro, que es vuestro devoto, y llora y suspira y así merece esta dignidad.
O por ventura, es como sueño, o como quien se levanta durmiendo de la cama,
esto que me ha acontecido, ¡Oh señor, que presente estáis en todo lugar, sabéis
todos los pensamientos y dis tribuís todos los dones, plágaos de no me
esconder vuestras palabras y vuestras inspiraciones! Con brevedad y súbitamente
somos nombrados para las dignidades; pero ignoro el camino por donde tengo de
ir, no sé lo que tengo de hacer; plégaos de no me esconder la lumbre y el
espejo que me ha de guiar; no permitáis, señor, que yo descamine y eche por las
montañas y por los riscos a los que tengo que regir, y llevar a cuestas; no
permitáis, señor, que los guíe por caminos de conejos y de venados; no
permitáis, señor, que se levante alguna guerra contra mí, no permitáis que venga
alguna pestilencia sobre los que tengo de regir porque no sabré lo que en tal
caso tengo de hacer, ni por dónde tengo de guiar a los que llevo a cuestas. ¡Oh
desventurado de mí, que soy inhábil e ignorante, no querría que viniese sobre
mí alguna enfer medad, porque en este caso era echar a perder vuestro pueblo y
vuestra gente, y desolar y poner en tinieblas vuestro reino! ¿Qué haré, señor y
criador, si por ventura cayere en algún pecado carnal y deshonroso, y así
echare a perder el reino? ¿Qué haré si por negligencia o por pereza echare a
perder mis súbditos? ¿Qué haré si desbarrancare o despeñare por mi culpa a los
que tengo de regir?
Señor humanísimo, invisible, e impalpable: ruégoos
que no os apar téis de mí, idme visitando muchas veces, visitad esta casa
pobrecita, porque os estaré esperando en esta pobre casa, en esta pobre posada,
con gran deseo. Espero, y demando con grande instancia vuestra palabra y
vuestra inspiración, con las cuales inspirasteis, insuflasteis a vuestros
amigos y conocidos que rigieron con diligencia y con rectitud vuestro reino,
que es la silla de V.M. y honra, donde a un lado y a otro se sientan vuestros senadores
y principales, que son vuestra imagen y como vuestra persona propia, los cuales
sentencian y hablan en las cosas de la república en vuestro nombre, y usáis de
ellos como de vuestras flautas, hablando dentro de ellos y poniéndoos en sus
caras y en sus oídos, y abriendo sus bocas para bien hablar; y en este lugar
burlan y ríen de nuestras boberías los negociantes con los cuales estáis vos
holgándoos, porque son vuestros amigos y vuestros conocidos, y allí inspiráis e
insu-
fiáis a vuestros devotos que lloran y suspiran en
vuestra presencia, y os
dan de verdad su corazón y por esto los adornáis
con prudencia y sabi
duría, para que vean como un espejo de dos haces,
donde se representa
la imagen de cada uno; y por la misma causa los
dais una hacha muy
clara, sin ningún humo, cuya claridad se extiende
por todas partes.
“También por esta causa les dais dones y joyas
preciosas, colgándoselas
del cuello y de las orejas, como se cuelgan las
joyas corporales como son
el nacochtli, el téntetl, el tlalpiloni, que es la borla
de la cabeza, y el
matemécatl, que es la correa adobada que atan a la muñeca los señores,
y con cuero
amarillo atado a las pantorrillas,
y con cuentas de oro
y
plumas ricas.
En este lugar del buen regimiento y gobierno del reino
se merecen vuestras riquezas y vuestra gloria, y
vuestros deleites y vues
tras suavidades, y en
este lugar se merece el sosiego y tranquilidad, y
la vida pacífica y el contento, lo cual viene de
vuestra mano. En este
mismo lugar se merecen las cosas adversas y
trabajosas, como son enfer
medades y pobrezas y el abreviamiento de la vida,
lo cual viene de vues
tra mano a los que en este estado no hacen el
deber.
¡Oh señor nuestro humanísimo, sabedor de los
pensamientos, y dador
de los dones! ¿Está por ventura en mi mano que soy
un pobre hombre
el modo de me regir? ¿Está en mi mano la manera de
mi vivir? ¿Y las
obras que tengo de hacer en mi oficio? Que es
vuestro reino y vuestra
dignidad, y no mía, lo que vos quisiéredes que
haga, ayudándome, y lo
que fuere la vuestra voluntad que haga
según vuestra disposición, eso
haré; el camino que
me enseñáredes ése seguiré, lo que me inspiráredes
y pusiéredes en mi corazón, eso diré y hablaré. ¡Señor nuestro huma
nísimo! En
vuestras manos me pongo totalmente, porque
yo no tengo
posibilidad
para regirme ni
gobernarme, porque soy ciego y soy tinie-
bla, y soy
un rincón de estiércol; tened por
bien, señor, de darme un
poquito de lumbre, aunque no sea más de cuanto echa
de sí una luciér
naga que anda de noche, para ir en este sueño, y en
esta vida dormida
que
dura como espacio
de un día,
donde hay muchas
cosas en que
tropezar y muchas cosas en que dar ocasión de
reír, y otras
cosas que
son como camino fragoso, que se han
de pasar saltando; todo esto ha
de pasar en esto que me habéis encomendado,
en darme vuestra silla
y vuestra dignidad.
¡Señor
nuestro humanísimo! Ruégoos
que me vayáis
visitando con
vuestra lumbre para
que no me yerre y para que no me
desbarate, y
para que no me den grita mis vasallos; señor nuestro piadosísimo; ya
me habéis hecho espaldar de vuestra silla, y
vuestra flauta, sin ningún
merecimiento mío;
ya soy vuestra boca y vuestra cara, y vuestras ore
jas, y
vuestros dientes, y vuestras uñas, aunque
soy un pobre hombre,
quiero decir, que indignamente soy vuestra imagen y
represento vuestra
persona, y
las palabras que hablare han
de ser tenidas como vuestras
mismas palabras,
y mi cara ha de ser estimada como la vuestra y mis
oídos como los vuestros, y los castigos que hiciere han de ser tenidos
como si vos mismo los hiciéredes; por esto os ruego
que pongáis dentro
de mí vuestro
espíritu, y vuestras palabras, a
quien todos obedezcan
y a quien nadie pueda contradecir”.
El que dice esta oración delante el dios Tezcatlipoca, está en pie
e
inclinado hacia la tierra y los pies juntos; y los
que son muy devotos
están desnudos, y antes que comience la oración
ofrecen copal al fuego
o algún otro
sacrificio, y si
están con su manta cubiertos
ponen la
atadura de ella hacia los pechos, de manera que la
parte delantera está desnuda, y algunos diciendo esta oración están en
cuclillas y ponen el ñudo de la manta sobre el hombro; a esto llaman
moquichtlalia.
(Lib. VI, cap. ix)
EL
LENGUAJE Y AFECTOS
QUE USABAN PARA
HABLAR, Y AVISAR AL
SEÑOR RECIEN ELECTO.
ES PLATICA DE ALGUNA PERSONA MUY PRINCIPAL, UNO DE LOS SATRAPAS O DE ALGUN PILLI O
TECUTLI, EL QUE MAS APTO ERA PARA HACERLA; TIENE MARAVILLOSO LENGUAJE Y MUY DELICADAS
METAFORAS Y
ADMIRABLES AVISOS
“¡Oh señor nuestro
humanísimo y piadosísimo, amantísimo y digno
de ser
estimado más que todas
las piedras preciosas y
más que todas
las
plumas ricas! Aquí
estáis presente; haos puesto nuestro soberano
dios por nuestro
señor, a la
verdad, porque han fallecido, hanse
ido
a sus recogimientos
los señores vuestros antepasados, los cuales murie
ron por
mandado de nuestro señor, partieron de este mundo
el señor
X. y N.,
etcétera; dejaron la carga de regimiento que traían a cuestas,
debajo de la cual trabajaron como los que van
camino y llevan a cues
tas cargas muy pesadas. Estos por ventura acuérdanse,
o tienen algún
cuidado del pueblo que regían, el cual está ahora
despoblado y a obscu
ras y yermo,
sin señor, por
la voluntad de
nuestro señor dios;
por
ventura
tienen cuidado o miran su pueblo,
que está hecho una breña
y una tierra inculta, y está la pobre gente sin
padre y sin madre, huér
fanos que no saben ni entienden, ni
consideran lo que conviene a su
pueblo; están como mudos, no saben hablar, están
como un cuerpo sin
cabeza.
El último que nos ha dejado huérfanos es el señor
fuerte y muy vale
roso N., el cual por algún breve tiempo, por
algunos pocos días le tuvo
prestado este pueblo, y este señorío y reino, y fue
como cosa de sueño,
así le fue de entre las manos porque le llamó
nuestro señor para ponerle
en el regimiento
de los otros difuntos, sus antepasados, que están como
en arca o en cofre guardados; y así se fue para
ellos, ya está con nues
tro padre y madre el dios del infierno que se llama
Mictlantecutli. ¿Por
ventura volverá acá, de aquel lugar donde fue? No
es posible que vuelva,
para siempre
se fue y le perdió su reino; en
ningún tiempo le verán
acá los que viven, ni los que nacerán; para siempre
se fue a su recogi
miento; para siempre nos dejó, apagada está nuestra candela,
fuésenos
nuestra
lumbre; ya está desamparado, ya
está a obscuras
el pueblo y
señorío de nuestro
señor dios, que él regía y alumbraba, y ahora está
a peligro de perderse y destruirse este pueblo y señorío
que llevaba a
cuestas; y
lo dejó
en el mismo
lugar que dejó la carga que llevaba;
allí está donde dejó a su pueblo y reino,
pacífico y sosegado, y así le
tuvo todo el tiempo que le rigió
pacíficamente; gobernó pacíficamente,
poseyó el trono y silla que le fue dado por nuestro
señor dios, y puso
todas sus fuerzas e hizo toda su posibilidad para
tenerle pacífico y sose
gado hasta su muerte, no escondió sus manos, ni sus
pies debajo de su
manta con pereza, sino que con toda diligencia trabajó por el bien de
su reino. gran consolación y gran regocijo, ¡oh humanísi
Al presente tenemos
mo señor nuestro!,
porque nos ha dado nuestro señor dios,
por quien
vivimos, una lumbre y un resplandor del sol, que
sois vos; él os señala
y os demuestra con
el dedo, y os tiene escrito con letras coloradas,
y
así está determinado allá arriba y acá abajo, en el
cielo, y en el infierno,
que vos seáis el señor y poseáis la silla y estrado
y dignidad de este reino,
ciudad o pueblo, brotado a la raíz de vuestros
antepasados que pusieron
muy
profunda y plantaron de
muchos años atrás. ¡Oh señor
nuestro,
vos sois el que habéis de llevar la pesadumbre de esta carga, de
este
reino,
señorío o ciudad! Vos sois
el que habéis de
suceder a vuestros
antepasados los señores reyes, vuestros
progenitores, para llevar la carga
que ellos llevaron; vos, señor, habéis de poner vuestras espaldas debajo
de esta
carga grande, que es el regimiento de este reino;
en vuestras
espaldas y en
vuestro regazo, y en vuestros brazos pone nuestro señor
dios este oficio y dignidad, de regir y gobernar a
la gente popular, que
son muy antojadizas
y muy enojadizas. Vos,
señor, por algunos años
los habéis de sustentar y
regalar, como a niños que están en la
cuna.
Vos habéis de poner en nuestro regazo y en nuestros
brazos a la gente
popular; vos los habéis de halagar, y hacerles el son para que duerman
el tiempo que viviéredes en este mundo.
¡Oh señor nuestro serenísimo y muy precioso, ya se
determinó en el
cielo y en el infierno ya se averiguó, ya os cupo
esta suerte, a vos os
señaló, sobre vos cayó la elección de nuestro señor
dios soberano! ¿Por
ventura os
podréis esconder, o ausentar?
¿Podréis vos escapar de
esta
sentencia? ¿O por ventura os escabullirías, o
hurtaríais el cuerpo? ¿Qué
estimación tenéis de dios nuestro señor? ¿Qué
estimación tenéis de los
hombres que os eligieron, que son señores muy
principales y muy ilus
tres? ¿En qué estimación tenéis a los reyes y señores que os eligieron
y señalaron, y ordenaron por inspiración y
ordenación de nuestro señor
dios, cuya elección
no se puede casar, ni variar por haber sido
por orde
nación divina? El haberos elegido y nombrado por
padre y madre de este reino, pues que esto es así, ¡oh señor nuestro
humanísimo!, esfor zaos y animaos, y poned el hombro a la carga que os es
encomendada y encargada; cúmplase y verifiqúese el querer y voluntad de nuestro
señor. Por ventura por algún espacio de tiempo llevaréis la carga a vos
encomendada, o por ventura os atajará la muerte, y será como sueño esta vuestra
elección a este reino; mirad que no seáis desagradecido, teniendo en poco en
vuestro pecho el beneficio de nuestro señor dios, porque él ve todas las cosas
secretas y enviará sobre vos algún castigo, como le pareciere, porque en su
querer y voluntad está que os anieble y desvanezca, u os enviará a las
montañas, y a las sabanas, u os echará en el estiércol y entre las suciedades,
o (que) os acontezca alguna cosa fea o torpe; por ventura seréis infamado de
alguna cosa fea y vergon zosa, o por ventura permitirá dios que haya
discordias y alborotos en el reino, para que seáis menospreciado y abatido, o
por ventura os darán guerra otros reyes que os aborrecen y seréis vencido y
aborrecido, o por ventura permitirá dios que venga sobre vuestro reino hambre y
necesi dad. ¿Qué haréis si en vuestro tiempo se destruye vuestro reino, o
nuestro señor dios enviase sobre vos su ira, enviando pestilencia? ¿Qué haréis
si en vuestro tiempo se destruye el reino, y vuestro resplandor se volviese en
tiniebla? ¿Qué haréis si se desolare en vuestro tiempo vuestro reino, o si por
ventura viniere sobre vos la muerte antes de tiempo y en el principio de
vuestro reino, y antes que os apoderéis de él os destruyere y matare, os
pusiere debajo de sus pies nuestro señor todo poderoso? O por ventura
súbitamente enviare sobre vos ejércitos de ene migos de hacia los yermos, o de
hacia la mar, o de hacia las sabanas y despoblados, donde se suelen ejercitar
las guerras, donde se suele derra mar la sangre, que es beber del sol y de la
tierra, porque muchas e infi nitas maneras tiene dios de castigar a los que le
desobedecen.
Y así es menester, oh señor nuestro y rey nuestro,
que pongáis todas vuestras fuerzas, y todo vuestro poder para hacer el deber en
la prose cución de vuestro oficio, y esto con lloros y suspiros, orando a
nuestro señor dios, invisible e impalpable; llegaos, señor, a él muy de veras
con lloros y lágrimas y suspiros, para que os ayude a pacíficamente regir
vuestro reino, que es su honra; mirad que recibáis con afabilidad y hu mildad
a los que vienen a vuestra presencia angustiados y atribulados; no debéis de
decir, ni hacer cosa alguna arrebatadamente, oíd con sosie go y muy por entero
las quejas e informaciones que delante de vos vinie ren, no atajéis las
razones o palabras del que habla, porque sois imagen de nuestro señor dios y
representáis su persona, en quien él está des cansando y de quien él usa, como
de una flauta, y en quien él habla, y con cuyas orejas él oye; mirad, señor,
que no seáis aceptador de per sonas, ni castiguéis a nadie sin razón, porque
el poder que tenéis de castigar es de dios, es como con uñas y dientes de dios,
para hacer justicia sois ejecutor de su justicia y recto sentenciador suyo;
hágase
justicia, guárdese la rectitud, aunque se enoje
quien se enojare, porque estas cosas os son mandadas de dios nuestro señor;
dios no ha de hacer estas cosas porque en vuestra mano las ha dejado. Mirad,
señor, que en los estrados y en los tronos de los señores y jueces no ha de
haber arrebatamiento, o precipitamiento de obras, o de palabras, ni se ha de
hacer alguna cosa con enojo; mirad que no os pase por pensamiento decir: Yo soy
señor, yo haré lo que quisiere, que esto es ocasión de destruir y atropellar y
desbaratar todo vuestro valor, y toda vuestra esti mación y gravedad y
majestad; mirad que la dignidad que tenéis, el poder que se os ha dado sobre
vuestro reino, o señorío, no os sea ocasión de ensoberbeceros y altiveceros,
mas antes os conviene muchas veces acordaros de lo que fuisteis atrás, y de la
bajeza de donde fuisteis tomado para la dignidad en que estáis puesto, sin
haberlo merecido; debéis muchas veces decir, en vuestro pensamiento, ¿quién fui
yo y quién soy ahora, que nunca yo merecí ser puesto en lugar tan honroso y tan
eminente como estoy por mandado de nuestro señor dios, que más parece cosa de
sueño que no verdad? Mirad, señor, que no dur máis a sueño suelto; mirad que
no os descuidéis con deleites y placeres corporales; mirad que no os deis a
comeres ni a beberes demasiado; mirad, señor, que no gastéis con profanidad los
sudores y trabajos de vuestros vasallos, en engordaros y emborracharos; mirad,
señor, que la merced y regalo que nuestro señor os hace en haceros rey y señor
no la convirtáis en cosas de profanidad y locura y enemistades.
¡Oh señor nuestro y rey nuestro, y nieto nuestro,
que nuestro señor dios está mirando lo que hacen los que rigen sus reinos, y
cuando yerran en sus oficios danle ocasión de reírse de ellos y él se ríe de
ellos y calla porque es dios, y hace lo que quiere y hace burla de quien
quiere, porque a todos nosotros nos tiene en el medio de su palma, y nos está
remeciendo, y somos como bodoques redondos en su palma, que anda mos rodando
de una parte a otra y le hacemos reír, y (se) sirve de nosotros, de cómo andamos
rodando de una parte a otra en su palma! ¡Oh señor nuestro y rey nuestro,
esforzaos a hacer vuestra obra poco a poco! Por ventura por nuestros pecados no
os merecemos y vuestra elección no será como cosa de sueño, y no se hará lo que
nuestro señor quiere, que poseáis su reino y su dignidad real por algunos
tiempos; por ventura os quiere probar y hacer experiencias de quién sois, y si
no hiciéredes el deber, pondrá a otro en esta dignidad. Por ventura, ¿tiene
pocos amigos nuestro señor dios? ¿Eres tú solo por ventura amigo? ¿Cuántos
otros tienen sus conocidos? ¿Cuántos son los que le llaman, cuántos son los que
dan voces en su presencia, cuántos son los que lloran, cuántos son los que con
tristeza le ruegan, cuántos son los que en su presencia suspiran? Cierto, no se
podrán contar; hay muchos generosos, prudentísimos y de grande habilidad y los
que ya han tenido y tienen cargos (que) están en dignidades; de muchos es
rogado y mu chos en su presencia dan voces; bien tiene a quien dar la dignidad
de sus reinos. Por ventura con brevedad y como cosa
de sueño te pre senta (en ) su honra y su gloria; por ventura te da a oler, y
te pasa por tus labios su ternura y su dulzura, y su suavidad, y su blandura y
las riquezas que sólo él las comunica, porque sólo él las posee.
¡Oh muy dichoso señor!, humillaos e inclinaos y
llorad con tristeza, y suspirad y orad y haced lo que nuestro señor quiere que
hagáis, el tiempo que él por bien tuviere, así de noche como de día; haced
vuestro oficio con sosiego, continuamente, orando en vuestro trono y en vues
tro estrado con toda benevolencia y blandura, y mirad que no deis a nadie pena,
ni fatiga, ni tristeza; mirad que no atropelléis a nadie, no seáis bravo para
con nadie, y no habléis a nadie con ira, ni espantéis a ninguno con ferocidad.
Conviene también, oh señor nuestro, que ten gáis mucho aviso en no decir
palabras de burlas, o de donaires, porque esto causará menosprecio de vuestra
persona, porque las burlas y donai res no son para las personas que están en
vuestra dignidad, ni tampoco os conviene que os inclinéis a las burlas o
chocarrerías de alguno, aun que sea muy vuestro pariente o propincuo, porque
aunque sois nuestro prójimo en cuanto al ser de hombres, en cuanto al oficio
sois como dios. Aunque sois nuestro prójimo y amigo, hijo y hermano, no somos
vuestros iguales, ni os consideramos como a hombre, porque ya tenéis la persona
y la imagen y conversación y familiaridad de nuestro señor dios, el cual dentro
de vos habla y os enseña, y por vuestra boca habla, y vuestra boca es suya, y
vuestra lengua es su lengua, y vuestra cara es su cara y vuestras orejas y os
adornó con su autoridad, que os dio colmillos y uñas para que seáis temido y
reverenciado. Mirad, señor, que no volváis a hacer lo que hacíais cuando no
erais señor, que reíais y burlabais; ahora os conviene tomar corazón de viejo y
de hombre grave y severo; mirad mucho por vuestra honra y por el decoro de
vuestra persona y por la majestad de vuestro oficio, y vuestras palabras sean
raras y muy graves, porque ya tenéis otro ser, ya tenéis majestad y ha béis de
ser respetado y temido, y honrado y acatado; ya sois precioso y de gran valor,
y persona rara a quien conviene toda reverencia y acatamiento y respeto;
guardaos, señor, de menoscabar y amenguar y amancillar vuestra dignidad y
valor, y la dignidad y valor de vuestra alteza y excelencia; advertid, señor,
el lugar en que estáis que es muy alto, y la caída de él muy peligrosa. Pensad,
señor, que vais por una loma muy alta y de camino muy angosto, y a la mano
izquierda y a la mano derecha hay grande profundidd y hondura; no es posible
salir del camino hacia una parte, ni hacia otra sin caer en un profundo abismo;
debéis, señor, también guardaros de lo contrario, que no os hagáis bravo como
bestia fiera, de quien todos tengan temor y horror; sed templado en el rigor,
en el ejercitar vuestra potencia, y antes debéis quedar atrás en el castigo y
en la ejecución del rigor, que no pasar adelante; nunca mostréis los dientes
del todo, ni saquéis las uñas cuanto podáis; mirad,
señor, que no os demostréis espantoso, y temeroso,
y áspero o espinoso;
esconded los dientes y las uñas.
“Juntad y regalad y congregad, y mostraos blando y
apacible a vues
tros
principales y a los mayores de
vuestro reino y de
vuestra corte;
y también os conviene, señor, de regocijar y
alegrar a la gente popular,
según la
calidad y condición de la diversidad y grados que hay en la
república,
conformándoos con las condiciones
de cada grado y parcia
lidad de la gente popular; tened, señor, solicitud
y cuidado de los areitos
y danzas, y de los aderezos e instrumentos que para
ellos son menester,
porque es ejercicio donde los hombres esforzados
conciben deseo de las
cosas de la milicia y de la guerra; regocijad,
señor, y alegrad a la gente
popular con juegos y pasatiempos convenibles,
(porque) con esto cobraréis
fama y seréis amado, y aun después de esta vida
quedará vuestra fama y
vuestro amor, y lágrimas por vuestra ausencia
acerca de los viejos y viejas
que os conocieron. ¡Oh felicísimo señor y
serenísimo rey, persona preciosí
sima, considerad que vais camino, y que hay lugares
fragosos y peligrosos
en el camino por donde vais, y que habéis de ir muy
con tiento, porque las
dignidades y
señoríos tienen muchos
barrancos y muchos resbaladeros
y deslizaderos,
donde los lazos están muy espesos,
y unos sobre otros,
que no hay camino libre ni seguro entre los lazos,
y los pozos disimula
dos,
cerrada la boca con yerba, y en
el profundo tienen estacas muy
agudas,
plantadas, para que los que cayeren se enclaven en ellas! Por
lo cual conviene que sin cesar gimáis y llaméis a
dios y suspiréis. Mirad,
señor, que no durmáis a sueño suelto, ni os deis a las mujeres porque
son
enfermedad y muerte a
cualquier varón. Conviéneos
dar vuelcos
en la cama, habéis de estar en la cama pensando en
las cosas de vuestro
oficio, y en dormir soñando las cosas de vuestro
cargo. Y las cosas que
nuestro señor nos dio para nuestro mantenimiento,
como son el comer
y el beber,
repartidlo con vuestros
principales y cortesanos,
porque
muchos tienen
envidia a los señores y reyes, por tener
lo que tienen
y comer lo que comen y beber lo que beben; y por
eso se dice que los
reyes y señores comen pan de dolor.
No penséis, señor, que el estado
real y el trono y dignidad que es deleitoso y
placentero, que no es sino
de grande trabajo, y de grande aflicción y de gran
penitencia.
“¡Oh bienaventurado señor nuestro, persona muy
preciosa!; no quiero
dar pena ni
enojo a vuestro corazón; no
quiero caer en vuestra ira e
indignación;
bástenme los defectos que
he hecho, y las
veces que he
tropezado y
resbalado, y aun
caído, en esta plática
que tengo dicha;
bástenme las
faltas y defectos que hablando he hecho, yendo
a saltos
de rana delante de nuestro señor invisible e
impalpable, el cual está pre
sente y nos está escuchando, y ha oído muy por el
cabo todas las pala
bras que he pronunciado imperfectamente y como
balbuciendo, tartamu
deando, y con mala orden y con mal aire. Pero con
lo hecho he cum
plido con lo que son obligados los viejos y
ancianos de la república para
con sus señores recién electos; asimismo he
cumplido con lo que debo
a nuestro señor, el cual está presente y lo oye, y
a él se lo oferzco y presento. ¡Oh señor nuestro y rey: vivid muchos años
trabajando en vuestro oficio real! Ya he acabado de decir”.
Este orador, que hace esta oración delante del
señor recién electo, era alguno de los sacerdotes, muy entendido y muy
retórico, o era algu no de los tres sumos sacerdotes, que el uno se llamaba
Quetzalcóatl, y el otro Totectlamacazqui, y el tercero Tláloc, (que) eran sumos
sacerdo tes, O por ventura la hacía alguno de los nobles v muy principales del
pueblo, muy retórico; o algún embajador del señor de alguna pro vincia, muy
entendido en el hablar, que no tiene empacho ninguno en lo que ha de decir, o
por ventura era alguno de los senadores, muy sabio, o algún otro muy retórico y
muy experto en hablar, que ninguna falta hace en lo que ha de decir, que le
acude el lenguaje y lo que ha de decir a su voluntad; y esto es así necesario
porque al señor recién electo le hablan de esta manera, y también cuando muere,
porque en tonces, cuando recién electo, toma el poder sobre todos, tiene
libertad de matar a quien quisiere, porque ya es superior, y por esta causa
cuan do recién electo decírnosle todo lo que ha menester para hacer bien su
oficio y esto con mucha reverencia y humildad; por esta causa el orador habla
con gran tiento, llorando y suspirando.
(Lib. VI, cap. x)
EL LENGUAJE Y AFECTOS QUE LOS SEÑORES USABAN
HABLANDO Y DOCTRINANDO A SUS HIJAS CUANDO YA HABIAN LLEGADO A LOS AÑOS DE DISCRECION: EXHORTANLAS A TODA DISCIPLINA Y
HONESTIDAD INTERIOR Y EXTERIOR Y A LA CONSIDERACION DE SU
NOBLEZA PARA QUE
NINGUNA COSA HAGAN
POR DONDE AFRENTEN A SU LINAJE,
HABLANLAS CON MUY TIERNAS PALABRAS Y EN
COSAS MUY PARTICULARES
“Tú, hija mía, preciosa como cuenta de oro y como
pluma rica, salida de mis entrañas, a quien yo engendré y que eres mi sangre y
mi ima gen, que estás aquí presente, oye con atención lo que te quiero decir,
porque ya tienes edad de discreción: dios criador te ha dado uso de razón y de
habilidad para entender, el cual está en todo lugar y es criador de todos; y
pues que es así que ya entiendes, y tienes uso de razón para saber y entender
cómo son las cosas del mundo y que en este mundo no hay verdadero placer, ni
verdadero descanso, mas antes hay trabajos y aflicciones y cansancios
extremados, y abundancia de miserias y pobrezas. ¡Oh hija mía, que este mundo
es de llorar y de aflicciones, y de descontentos, donde hay fríos y
destemplanzas de aire,
y grandes calores
del sol, que nos aflige,
y es lugar de hambre y de
sed! Esto es muy gran verdad y por experiencia lo
sabemos.
“Nota bien lo que te digo, hija mía, que este mundo
es malo y pe
noso, donde no hay placeres, sino descontentos. Hay
un refrán que dice
que no hay placer sin que no esté junto con mucha
tristeza, que no
hay descanso que no esté junto con mucha aflicción,
acá en este mundo;
éste es dicho de los antiguos, que nos dejaron para
que nadie se aflija
con demasiados lloros y con demasiada
tristeza. Nuestro señor nos
dio
la risa, y el sueño, y el comer y el beber con que
nos criamos y vivimos,
dionos
también el oficio de la generación,
con que nos multiplicamos
en el mundo; todas estas cosas dan algún contento a
nuestra vida por
poco espacio; para que nos aflijamos, continuos
lloros y tristezas; y aun
que esto es así, y éste es el estilo del mundo, y
están algunos placeres
mezclados con muchas fatigas, no se echa de ver ni
aun se teme, ni aun
se llora, porque vivimos en este mundo, y hay
reinos y señoríos, y dig
nidades y oficios de honra, unos cerca de los señoríos y reinos, otros
cerca de las cosas de la milicia. Esto que está
dicho es muy gran verdad
que pasa así en el mundo, mas nadie lo
considera, nadie piensa en la
muerte,
solamente se considera lo presente,
que es el ganar de comer
y beber y buscar la vida, edificar casas y trabajar para vivir, y
buscar
mujeres
para casarse; y las mujeres
cásanse pasando del estado
de la
mocedad al estado de los casados; esto, hija mía,
es así como he dicho.
Pues nota ahora y oye con sosiego, que
aquí está tu madre y y señora,
de cuyo vientre saliste, como una piedra que se
corta de otra, te
en
gendró como una yerba que engendra a otra, así tú brotaste y naciste
de tu madre; has estado hasta aquí como dormida,
ahora ya has desper
tado; mira y oye, y sábete que el negocio de este
mundo es como tengo
dicho. Ruego a dios que vivas muchos días.
“Es menester que sepas cómo has de vivir, y cómo
has de andar tu
camino,
porque el camino de
este mundo es muy dificultoso, y
mira
hija mía, palomita mía, que el camino de este mundo
no es poco difi
cultoso,
sino es espantablemente dificultoso.
Ten entendido, hija
mía
primogénita,
que vienes de gente noble,
de hidalgos y generosos; eras
de sangre de señores y senadores que ha ya muchos
años que murieron,
y reinaron y poseyeron el trono y estrado del
reino, y dejaron fama y
honra a las dignidades que tuvieron y
engrandecieron su nobleza; nota,
hija mía, quiérote declarar lo que digo: Sábete que eres noble y gene
rosa, considérate y conócete como tal; aunque eres doncellita eres pre
ciosa como un chalchihuite y como un zafiro, y
fuistes labrada y escul
pida de noble sangre, de generosos parientes; vienes de parientes
muy
principales e ilustres, y esto que te
digo, hija mía,
bien lo entiendes,
porque ya no andas amontonando la tierra y burlando
con las tejuelas
y con la tierra con otras niñas, que ya entiendes y
tienes discreción y usas de razón; mira que no te deshonres a ti misma, mira
que no te avergüences a ti misma, mira que no avergüences y afrentes a nuestros
antepasados, se
ñores y senadores; mira que no hagas alguna vileza,
mira que no te hagas persona vil, pues que eres nobles y generosa. Ve aquí la
regla que has de guardar para vivir bien en este mundo, entre la gente que en
él vive, mira que eres mujer, nota lo que has de hacer de noche y de día, debes
orar muchas veces y suspirar al dios invisible e impalpable, que se llama
Yoalli Echécatl; demándale con clamores y puesta en cruz en el secreto de tu
cama y de tu recogimiento; mira que no seas dormidora, despierta y levántate a
la media noche, y póstrate de rodillas y de codos delante de él; inclínate y
cruza los brazos, llama con clamores de tu corazón a nuestro señor dios,
invisible e impalpable, porque de noche se regocija con los que le llaman;
entonces te oirá, entonces hará misericordia con tigo, entonces te dará lo que
te conviene y aquello de que fueres digna. Y si por ventura antes del principio
del mundo te fue dada alguna sinies tra ventura, algún hado contrario en que
naciste, orando y haciendo penitencia como está dicho se mejorará, y nuestro
señor dios lo abonará. Mira, hija, que de noche te levantes y veles, y te
pongas en cruz; echa de ti de presto la ropa, lávate la cara, lávate las manos,
lávate la boca, toma de presto la escoba para barrer, barre con diligencia, no
te estés perezosa en la cama; levántate a lavar las bocas a los dioses y a
ofrecerlos incienso, y mira no dejes esto por pereza, que con estas cosas
demandamos a dios y clamamos a dios, para que nos dé lo que cumple. Hecho esto
comienza luego a hacer lo que es de tu oficio, o hacer cacao, o moler el maíz,
o a hilar, o a tejer; mira que aprendas muy bien cómo se hace la comida y
bebida, para que sea bien hecha; aprende muy bien a hacer la buena comida y
buena bebida, que se llama comer y beber delicado para los señores, y a solos
ellos se da, y por esto se llama tetónal tlatocatlacualli tlatocáatl, que
quiere decir comida y bebida delicada, que a solos los señores y generosos les
conviene; y mira que con mucha diligencia y con toda curiosidad y aviso
aprendas cómo se hace esta comida y bebida, que por esta vía serás honrada y
amada y enriquecida, donde quiera que dios te diere la suerte de tu casamiento.
Y si por ven tura vinieres a necesidad de pobreza, mira, aprende muy bien y
con gran advertencia el oficio de las mujeres, que es hilar y tejer; abre bien
los ojos para ver cómo hacen delicada manera de tejer y de labrar, y de hacer
las pinturas en las telas, y cómo ponen los colores y cómo jun tan los unos
con los otros para que digan bien, las que son señoras y hábiles en este arte;
aprende bien cómo se urde la tela y cómo se ponen los lizos en la tela, cómo se
ponen las cañas entre la una tela y la otra, para que pase por en medio la
lanzadera. Mira que seas en esto muy avisada y muy diligente; mira que no dejes
de saber esto por negligencia o por pereza, porque ahora que eres mozuela
tienes buen tiempo para entender en esto, porque tu corazón está simple y hábil
y es como chal chihuite fino y como zafiro, y tiene habilidad porque aún no
está aman cillado de algún pecado: está puro y simple y limpio, sin mezcla de
alguna mala afección, y también porque aún vivimos los que te engen
dramos, porque tú no te hiciste a ti, no te
formaste, yo y tu madre tuvimos este cuidado y te hicimos, porque ésta es la
costumbre del mun do, no es invención de alguno, es ordenación de nuestro
señor dios que haya generación por vía de hombre y de mujer, para hacer
multiplica ción y generación.
Y entre tanto que somos y vivimos, y en nuestra
presencia y antes que muramos, antes que nos llame nuestro señor, conviénete
mucho, hija mía muy amada, mi paloma, mi primogénita, que entiendas en estas
cosas dichas y las sepas muy bien, para que después de nuestra muerte puedas
vivir honrada y entre personas honradas, porque andar a coger yerbas o a vender
leña, o a vender ají verde, o sal o salitre a los can tones de las calles,
esto en ninguna manera te conviene, porque eres generosa y desciendes de gente
noble e hidalga. Por ventura acontecerá lo que no pensamos y lo que nadie
piensa, que alguno se aficionará a ti y te demandará, y si no estás experta en
las cosas de tu oficio mujeril, ¿qué será entonces? ¿No nos darán con ello en
la cara, y nos zaherirán, que no te enseñamos lo que era menester que supieses?
Y si por ventura entonces ya fuéremos muertos, yo y tu madre, murmurarán de
nosotros porque no te enseñamos cuando vivíamos, y dirán: mal siglo hayan,
porque no enseñaron a su hija; y tú provocarás contra ti riñas y maldi ciones,
tú serás causa de tu mal. Y si ya fueres diestra, en lo que has de hacer, no
habrá ocasión entonces de que nadie te riña, no tendrá lugar la reprehensión;
entonces con razón serás loada y honrada, y ten drás presunción y te
estimarás, como si estuviese en los estrados de los que por sus hazañas en la
guerra merecieron honra; presumirás de la rodela, como los buenos soldados; y
si por ventura ya fueres diestra en tu oficio como el soldado en el ejercicio
de la guerra, entonces, donde estuvieres, acordarse han de nosotros y nos
bendecirán y honrarán por tu causa; y si por ventura no hicieres nada bien de
lo que has de hacer, maltratarte han, pelearte han, y por ti se dirá que con
dificultad te lavarás, o que no tendrás tiempo para rascarte la cabeza.
De estas dos cosas sólo dios sabe cuál te ha de
caber, y para cuál de ellas te tiene, o que siendo diligente y sabia en tu
oficio seas amada y tenida, o que siendo perezosa, y negligente y boba, seas
maltratada y aborrecida. Mira, hija mía, que notes muy bien lo que ahora te
quiero decir; mira que no deshonres a tus padres, ni siembres estiércol y polvo
encima de tus pinturas, que significan las buenas obras y fama: mira que no los
infames; mira que no te des al deleite carnal; mira que no te arrojes sobre el
estiércol y hediondez de la lujuria; y si has de venir a esto, más valdría que
te murieras luego. Mira, hija mía, que muy poco a poco vayas aprovechando en
las cosas que te tengo dichas; porque si pluguiere a nuestro señor que alguno
te quiera y te pida, no le deseches, no menosprecies la voluntad de nuestro
señor porque él le envía, recí bele, tómale, no te excuses, no deseches ni
menosprecies, no esperes a tres veces que te lo digan, no te hurtes, no te
escabullas burlando.
Aunque eres nuestra hija, aunque vienes de
parientes nobles y generosos,
no te jactes de ello porque ofenderás a nuestro
señor, y apedrearte han
con piedras de estiércol y de suciedad, quiero decir que permitirá que
caigas
en vergüenza y confusión
por tu mala
vida, y también
él se
burlará de ti, y dirán ya quiere, ya no quiere;
mira que no escojas entre
los hombres el que mejor te parezca, como hacen los que van a com
prar las mantas al tiánquez o mercado; recibe al
que te demanda, y mira
que no hagas como se hace cuando
se crían las mazorcas verdes, que
son xilotes o elotes, que se buscan las mejores y
más sabrosas; mira que
no desees algún hombre por ser mejor dispuesto;
mira que no te enamo
res de él apasionadamente. Si fuere bien dispuesto
el que te demandare,
recíbele; y si fuere mal dispuesto y feo, no le
deseches; toma aquél por
que lo envía dios y si no le quisieres recibir él
burlará de ti, deshonrarte
ha, trabajando a ver tu cuerpo por mala vía; y
después te apregonará por
mala mujer.
Mira, hija, que
te esfuerces, y mira
muy bien quién es
tu enemigo, mira que nadie burle de ti, mira que no
te des a quien no
conoces,
que es como viandante que
anda bellaqueando y es
bellaco;
mira hija que no te juntes con otro, sino con sólo
aquel que te demandó;
persevera
con él hasta
que muera; no
le dejes aunque él te quiera
dejar, aunque sea pobrecito labrador, u oficial, o algún
hombre común
de bajo linaje;
aunque no tenga qué comer no le
menosprecies, no le
dejes, porque poderoso es nuestro señor de
proveeros y honraros, porque
es sabedor de todas las cosas y hace mercedes a
quien quiere. que te
Esto que he dicho,
hija mía, te doy
para tu doctrina, para
sepas valer; y con esto hago contigo lo que debo delante de dios; y si
lo perdieres y lo olvidares, sea a tu cargo,
que yo ya hice mi deber.
¡Oh
hija mía muy
amada, primogénita palomita,
seas bienaventurada
y nuestro señor te tenga en su paz y reposo”.
(Lib. VI, cap. xviii)
QUE EN ACABANDO EL PADRE DE EXHORTAR A LA HIJA,
LUEGO DELANTE DE EL TOMABA LA MADRE LA MANO,
Y CON MUY AMOROSAS PALABRAS LA DECIA QUE TUVIESE EN
MUCHO LO QUE SU PADRE LA HABIA
DICHO Y LO GUARDARE EN SU CORAZON COMO COSA MUY
PRECIOSA, Y LUEGO COMENZABA ELLA A
DISCIPLINARLA DE LOS ATAVIOS QUE HA DE
USAR Y DE COMO HA DE HABLAR Y MIRAR Y ANDAR, Y QUE NO CURE DE SABER
VIDAS AJENAS, Y QUE EL MAL QUE
DE
OTROS OYERE NUNCA
LO DIGA. MAS
APROVECHARIAN
ESTAS DOS PLATICAS DICHAS EN EL PULPITO, POR EL
LENGUAJE Y EL ESTILO QUE ESTAN (MUTATIS MUTANDIS) A LOS MOZOS, Y MOZAS, QUE
OTROS MUCHOS SERMONES
“Hija mía muy amada, muy querida palomita, ya has
oído y notado las palabras que tu señor padre te ha dicho: has oído las
palabras pre ciosas y que raramente se dicen, ni se oyen, las cuales han
procedido de las entrañas y corazón en que estaban atesoradas; y tu muy amado
padre bien sabe que eres su hija, engendrada de él, eres su sangre y su carne,
y sabe dios nuestro señor que es así aunque eres mujer, ima gen de tu padre.
¿Qué más te puedo decir, hija mía, de lo que está dicho? ¿Qué más puedes oír de
lo que has oído de tu señor y padre? El cual te ha dicho copiosamente lo que te
cumple hacer y guardar, ni ninguna cosa ha quedado de lo que te cumple que no
la haya tocado; pero por hacer lo que soy obligada para contigo quiérote decir
algunas pocas palabras. Lo primero es que te encargo mucho que guardes y que no
olvides lo que tu señor y padre ya dijo, porque son todas cosas muy preciosas;
porque las personas de su suerte raramente publican tales cosas, y que son
palabras de señores y principales y sabios, precio sas como piedras preciosas
muy bien labradas. Mira que las tomes y las guardes en tu corazón, y las
escribas en tus entrañas: si dios te diere vida, con aquellas mismas palabras
has de doctrinar a tus hijos e hijas, si dios te los diere. Lo segundo que te
quiero decir es que mires que te amo mucho, que eres mi querida hija; acuérdate
que te traje en mi vientre nueve meses, y desque naciste, te criaste en mis
brazos: yo te ponía en la cuna, y de allí en mi regazo, y con mi leche te crié.
Esto te digo porque sepas que yo y tu padre somos los que te engendramos, madre
y padre, y ahora te hablamos doctrinándote. Mira que tomes nues tras palabras
y las guardes en tu pecho: mira que tus vestidos sean ho nestos y como
conviene; mira que no te atavíes con cosas curiosas y muy labradas, porque esto
significa fantasía y poco seso y locura. Tam poco es menester que tus atavíos
sean muy viles, o sucios o rotos, como son los de la gente baja, porque estos
atavíos son señal de gente vil y de quien se hace burla: tus vestidos sean
honestos y limpios, de manera
que
ni parezcas fantástica
ni vil; y cuando hablares, no te apresurarás
en el hablar,
no con desasosiego,
sino poco a poco
y sosegadamente;
cuando hablares, no alzarás la voz ni hablarás muy
bajo, sino con me
diano sonido, no adelgazarás mucho tu voz cuando
hablares ni cuando
saludares,
ni hablarás por las narices, sino
que tu palabra sea honesta
y de buen
sonido, y la voz mediana; no seas
curiosa en tus palabras.
Mira, hija, que en el andar has de ser
honesta, no andes con apre
suramiento ni
con demasiado espacio porque es
señal de pompa andar
despacio, y el andar de prisa tiene resabio de desasosiego y poco asien
to;
andando llevarás un
medio, que ni
andes muy de
prisa ni muy
despacio, y cuando fuere necesario andar de prisa
hacerlo has así, (que)
por eso tienes discreción; para cuando fuere
menester saltar algún arroyo,
saltarás
honestamente, de manera
que ni parezcas
pesada y torpe
ni
liviana. Cuando fueres por la calle o por el camino
no lleves inclinada
mucho la cabeza,
o encorvado el cuerpo, ni tampoco
vayas muy levan
tada la cabeza y muy
erguida, porque es
señal de mala
crianza, irás
derecha y la cabeza poco inclinada; no lleves la
boca cubierta, o la cara
con vergüenza, no vayas mirando a manera
de cegajosa; no hagas con
los
pies meneos de
fantasía por el
camino, anda con
sosiego y con
honestidad por la
calle.
“Lo otro que debes notar, hija mía, es que cuando
fueres por la calle
no vayas mirando acá ni acullá, ni volviendo la
cabeza a mirar a una
parte ni a otra, ni irás mirando al cielo, ni
tampoco irás mirando a la
tierra; a los que topares, no los mires con ojos de
persona enojada, ni
hagas
semblante de persona
enojada; mira a
todos con cara
serena.
Haciendo esto no darás a nadie ocasión de enojarse contra ti. Muestra
tu cara y tu disposición como conviene, y de la
manera que conviene,
de manera que ni lleves el semblante como enojada ni
tampoco como
risueña.
Mira también, hija, que no
te des nada por las palabras que
oyeres,
yendo por el camino, ni
hagas cuenta de
ellas, digan lo que
dijeren los que van o vienen; no cures de responder
ni cures de hablar,
mas haz como que no lo oyes ni lo entiendes, porque
haciendo de esta
manera nadie podrá decir, con verdad,
dijiste tal cosa. Mira
también,
hija, que
nunca te acontezca afeitar la cara
o poner colores en ella, o
en la boca, por parecer bien, porque esto es señal de mujeres munda
nas y carnales; los afeites y colores son cosas que
las malas mujeres y
carnales lo usan,
las desvergonzadas que ya
han perdido la
vergüenza
y aun el
seso, que andan como locas y borrachas; éstas
se llaman ra
meras. Y
para que
tu marido no
te aborrezca atavíate,
lávate y lava
tus ropas, y esto sea con regla y con discreción,
porque si cada día te
lavas y lavas tus ropas, decirse ha
de ti que eres relimpia y que eres
demasiado
regalada; llamarte han
tayepetzon, tinemaxoch.
“Hija mía, éste es el camino que has de llevar,
porque de esta manera
nos criaron tus señoras antepasadas, de donde vienes;
las señoras no
bles, ancianas y
canas y abuelas, etc., no
nos dijeron tantas cosas
como yo te he dicho, no nos decían sino
algunas pocas palabras; decían
de esta manera:
Oíd, hijas mías, en este mundo es
menester vivir con
mucho aviso y recato. Oye esta comparación que
ahora te diré, y guár
dala y
de ella
toma ejemplo y dechado
para bien vivir.
Acá en este
mundo vamos por un camino muy angosto y muy alto y
muy peligroso,
que es como una loma muy alta, y que por lo alto de
ella va un camino
muy
angosto, y a la una
mano está gran
profundidad y hondura sin
suelo, y si te desviares del camino hacia la una
mano o hacia la otra,
caerás en aquel profundo. Por tanto, conviene con mucho tiento seguir
el
camino. Hija mía,
muy tiernamente amada,
palomita mía, guarda
este ejemplo en tu
corazón y mira que no te
olvides que éste te será
como candela y como lumbre todo el tiempo que
vivieres en este mundo.
“Sólo una cosa, hija mía, me resta por decirte para
acabar mi plática:
si dios te diere vida, si vivieres algunos años
sobre la tierra, mira, hija
mía muy amada,
palomita mía, que no des tu
cuerpo a alguno; mira
que te guardes
mucho que nadie llegue a ti, que nadie tome tu cuerpo.
Si perdieres tu virginidad y después de esto te
demandare por mujer algu
no, y te casares con él, nunca se habrá bien
contigo, ni te tendrá verda
dero amor; siempre se acordará de que no te halló
virgen, y esto será
causa de grande aflicción y trabajo; nunca estarás
en paz, siempre estará
tu marido sospechoso de ti. ¡Oh hija mía muy amada, mi palomita!, si
vivieres sobre la tierra, mira que en ninguna
manera te conozca más que
un varón; y esto que ahora te quiero decir,
guárdalo como mandamiento
estrecho.
Cuando dios fuere
servido de que tomes
marido, estando ya
en su poder, mira que no te altivezcas, mira que no
te ensoberbezcas,
mira
que no le menosprecies,
mira que no des licencia
a tu corazón
para que se incline a otra parte; mira que no te
atrevas a tu marido;
mira que en
ningún tiempo ni en ningún lugar le hagas traición,
que
se llama adulterio; mira que no des tu cuerpo a
otro, porque esto, hija
mía muy
querida y muy amada, es una caída en
una sima sin
suelo
que no tiene
remedio, ni jamás
se puede sanar,
según es estilo
del
mundo; si
fuere sabido, y si fueres vista en
este delito, matarte
han,
echarte han
en una calle para
ejemplo de toda la gente,
donde serás
por justicia machucada la cabeza y arrastrada; de éstas se dice un re
frán:
probarás la piedra y serás
arrastrada, y tomarán ejemplo
de tu
muerte De
aquí sucederá infamia y deshonra a nuestros antepasados
y
señores, y senadores, de donde venimos, de donde naciste, y ensuciarás
su ilustre fama y su gloria con la suciedad y polvo
de tu pecado. Asi
mismo perderás tu fama y tu nobleza y tu
generosidad; tu nombre será
olvidado y
aborrecido, de ti se dirá el refrán: que fuiste enterrada en
el polvo de
tus pecados. Y mira bien, hija mía, que aunque nadie
te vea,
ni tu marido
sepa lo que pasa, te ve
dios, que está
en todo
lugar, enojarse ha contra ti y despertará la
indignación del pueblo contra
ti, y se vengará como él quisiere o te tullirás por
su mandado, o cega
rás, o se te podrirá
el cuerpo o vendrás a la última pobreza, porque
te atreviste y te arrojaste contra tu marido, que
por ventura te dará la muerte y te pondrá debajo de sus pies, enviándote al
infierno. Nues tro señor misericordioso es, pero si hicieres traición a tu
marido, aunque no se sepa, aunque no se publique, dios, que está en todo lugar,
él hará venganza de tu pecado, que nunca tengas contento ni reposo ni tengas
vida sosegada, y él provocará a tu marido que siempre esté enojado con tra ti
y siempre te hable con enojo. Mira, hija mía muy amada, a quien amo tiernamente,
mira que vivas en el mundo con paz y con reposo y con contento esos días que
vivieres; mira que no te infames, mira que no amancilles tu honra, mira que no
ensucies la honra y fama de nues tros señores antepasados de los cuales
vienes; mira que a mí y a tu padre nos honres, y nos des fama con tu buena
vida. Hágate dios muy bien aventurada, hija mía primogénita, y llégate a dios,
el cual está en todo lugar”.
(Lib. VI, cap. xix)
EDUCACION
DE COMO LA GENTE BAJA OFRECIA SUS HIJOS A LA CASA
QUE SE
LLAMA TELPOCHCALLI, Y DE LAS COSTUMBRES QUE
ALLI LES MOSTRABAN
En naciendo una criatura luego los padres y madres
hacían voto y ofre cían la criatura a la casa de los ídolos, que se llama
calmécac o tel-pochcalli. Era la intención de los padres ofrecer la criatura a
la casa de los ídolos que se llama calmécac para que fuese ministro de los
ídolos, viniendo a edad perfecta. Y si ofrecían la criatura a la casa del
telpochcalli, era su intención que allí se criase con los otros mance bos para
servicio del pueblo y para las cosas de la guerra. Y antes que le llevasen a la
casa del telpochcalli, los padres hacían y guisaban muy buena comida, y
convidaban a los maestros de los mancebos que tenían cargo de criarlos y
mostrarles las costumbres que en aquella casa usaban. Y hecho el convite en
casa de los padres del muchacho, hacían una plática a los maestros que los
criaban, y decíanles: “Aquí os ha traído nuestro señor, creador del cielo y de
la tierra; os hacemos saber que nuestro señor fue servido de hacernos merced de
darnos una criatura, como una joya o pluma rica, que nos fue nacida; por
ventura se criará y vivirá: y es varón, no conviene que le mostremos oficio de
mujer, teniéndole en casa. Por tanto os le damos por vuestro hijo, y os le
encar gamos porque tenéis cargo de criar a los muchachos y mancebos, mos
trándoles las costumbres, para que sean hombres valientes, y para que sirvan a
los dioses Tlaltecutli y Tonatiuh, que son la tierra y el sol; (y para que
sirva) en la pelea, y por esto ofrecérnosle al señor dios todopoderoso Yáotl o
por otro nombre Titlacauan, o Tezcatlipoca. Por ventura se criará y vivirá,
placiendo a dios, entrará a la casa de peni tencia y del lloro que se llama
telpochcalli (y ) desde ahora os le entre gamos para que more en aquella casa
donde se crían y salen hombres valientes; porque en este lugar se merecen los
tesoros de dios, orando y haciendo penitencia y pidiendo los tesoros de
misericordia y merced de darles victoria, para que sean principales, teniendo
habilidad para gobernar y regir la gente baja. Y nosotros, padres indignos,
¿por ventura
merecerá nuestro lloro y nuestra penitencia que
este muchacho se críe y viva? ¡No por cierto, porque somos indignos viejos y
viejas caducos! Por tanto, humildemente os rogamos que le recibáis y toméis por
hijo, para entrar y vivir con los otros hijos de principales y otras gentes que
se crían en casa de telpochcalli”.
Y los maestros de los muchachos y mancebos
respondían de esta ma nera diciendo a los padres del muchacho: “Tenemos en
mucha merced haber oído vuestra plática o razonamiento. No somos nosotros a
quien hacéis esta plática o petición, mas (la) hacéis al señor dios Yáotl, en
cuya persona la oímos; él es a quien habláis y a él dais y ofrecéis vues tro
hijo, o vuestra piedra preciosa y pluma rica, y nosotros en su nombre le
recibimos; él sabe lo que tiene por bien de hacer de él. Nosotros indignos
siervos caducos, con dudosa esperanza, esperamos lo que será y lo que tendrá
por bien hacer a vuestro hijo, según que él tiene ya ordenado de hacerle
mercedes, conforme a su disposición y determi nación, que antes del principio
del mundo determinó de hacer. Cierto, ignoramos los dones que le fueron dados y
la propiedad y condición que entonces le fue dada; ignoramos también qué fueron
los dones que le fueron dados a este niño cuando se bautizó; también ignoramos
el signo bueno o malo en que nació y se bautizó; no podemos nosotros, siervos
bajos, adivinar estas cosas. Nadie de los que nacen recibe su fortuna acá en el
mundo: cierta cosa es que nuestra fortuna con nosotros la traemos cuando
nacemos, y nos fue dada antes del principio del mundo. En conclusión, recibimos
vuestro niño para que sirva en barrer y en los otros trabajos bajos, en la casa
de nuestro señor. Deseamos y rogamos que le sean dadas las riquezas de nuestro
señor dios; deseamos que en esta casa se manifiesten y salgan a luz los dones y
mercedes con que nuestro señor le adornó y hermoseó antes del principio del
mundo; o, por ventura, nuestro señor le llevará para sí y le quitará la vida en
su niñez; por ventura no merecemos que viva largo tiempo en este mun do; no
sabemos cosa cierta que os decir, para que os podamos consolar; no os podemos
decir con certidumbre esto será, o esto hará, o esto acontecerá, o será
estimado, será ensalzado, vivirá sobre la tierra. Por ventura por nuestros
deméritos será vil y pobre, y despreciado sobre la tierra; por ventura será
ladrón o adúltero, o vivirá vida trabajosa o fatigosa. Nosotros haremos lo que
es nuestro (deber) que es criarle y doctrinarle como padres y madres; no
podremos por cierto entrar en él, dentro de él, y ponerle nuestro corazón;
tampoco vosotros podréis hacer esto, aunque sois padres. Lo que resta es que no
os descuidéis en enco mendarle a dios con oraciones y lágrimas, para que nos
declare su vo luntad”.
(Lib. III, apéndice cap. iv)
LA MANERA DE VIVIR Y EJERCICIOS QUE TENIAN LOS QUE
SE CRIABAN EN EL TELPOCHCALLI
En entrando en la casa del telpochcalli el
muchacho, dábanle cargo de
barrer y limpiar la casa y poner lumbre, y hacer
los servicios de peni
tencia a que se obligaba. Era la costumbre que a la
puesta del sol todos
los mancebos iban a bailar y danzar a la casa que
se llamaba cuicacálco,
cada noche, y el muchacho también bailaba con los
otros mancebos; y lle
gando a los quince años y siendo ya mancebillo,
llevábanle consigo los
mancebos al monte,
a traer la leña, que era necesaria para la casa del
telpochcalli
y cuicacalco, y
cargábanle al mancebo
un leño grueso
o
dos, para probar y ver si ya tenía habilidad para
llevarle a la pelea. Y
siendo ya hábil
para la pelea, llevábanle y cargábanle las rodelas, para
que las llevase a cuestas; y si estaba ya bien
criado, y sabía las buenas
costumbres y ejercicios a que estaba
obligado, elegíanle para
maestro
de los
mancebos, que se llama a tiachcauh; y si era ya hombre valiente
y diestro, elegíanle para regir todos
los mancebos y para castigarlos,
y entonces se
llamaba telpochtlato; y si ya era
hombre valiente, y si en
la
guerra había cautivado
cuatro enemigos, elegíanle
y nombrábanle
tlacatécatl, o
tlacochcálcatl, o quauhtlato, los
cuales regían y gobernaban
el pueblo. O
elegíanle por achcauhtli, que
era como ahora alguacil,
y
y tenía vara gorda y prendía a los delincuentes y
los ponía en la cárcel.
De esta manera iban subiendo de grado en grado los
mancebos que allí
se criaban, y eran muy muchos los que se criaban en
las casas del tel-
pochcalli, porque cada parroquia tenía quince o
diez casas de telpochcalli.
Y la vida que tenía no era
muy áspera, y dormían
todos juntos cada
uno apartado del
otro, en cada casa de telpochcalli, y
castigaban al
que no iba a dormir en estas casas, y comían en sus
casas propias.
Iban todos juntos
a trabajar dondequiera
que tenían obra,
a hacer
barro, o paredes, o maizal, o zanja o acequia. Para hacer estos trabajos
iban todos juntos, no se repartían, o iban todos
juntos a tomar y traer
leña a cuestas de los montes, que era necesaria
para la casa de cuicacalco
y telpochcalli; y
cuando hacían alguna obra de trabajo, cesaban del tra
bajo un poco antes de la puesta del sol.
Entonces íbanse a sus casas
y bañábanse, y untábanse con
tinta todo el cuerpo,
pero no la cara;
luego poníanse sus mantas y sartales, y los hombres valientes poníanse
unos sartales de caracoles mariscos que se llaman
chipolli, o sartales de
oro, y en lugar de peinarse escarrapuzábanse los cabellos
hacia arriba
por parecer espantables, y en la cara ponían ciertas rayas con tinta
y
margagita, y
en los agujeros de las orejas poníanse unas turquesas que
se llaman xiuhnacochtli, y en la cabeza poníanse unas plumas blancas
como penachos;
y vestíanse con las
mantas de maguey
que se llama
chalcaáyatl, las cuales eran tejidas de hilo de
maguey torcido, no eran
tupidas sino flojas
y ralas a
manera de red y
ponían unos caracoles
mariscos sembrados
y atados por las mantas; y los principales vestíanse
con las mismas mantas, pero los caracoles eran de
oro; y los hombres valientes que se llamaban quaquachictin traían atados a las
mantas unos ovillos grandes de algodón; y tenían costumbre cada día, a la
puesta del sol, (que) ponían lumbre en la casa de cuicacalco los mancebos, y
co menzaban a bailar y danzar todos, hasta pasada la media noche; y no tenían
otras mantas sino aquellas mantas que se llaman chálcaáyatl que andaban casi
desnudos; y después de haber bailado todos iban a las casas de telpochcalli a
dormir, en cada barrio, y así lo hacían cada noche; y los que eran amancebados
íbanse a dormir con sus amigas.
(Lib. III, apéndice, cap. v)
LOS CASTIGOS QUE HACIAN A LOS QUE SE EMBORRACHABAN
Los mancebos que se criaban en la casa del
telpochcalli tenían cargo de barrer y limpiar la casa; y nadie bebía vino, mas
solamente los que eran ya viejos bebían el vino muy secretamente y bebían poco,
no se embo rrachaban; y si parecía un mancebo borracho públicamente o si le
to paban con el vino, o le veían caído en la calle o iba cantando, o estaba
acompañado con los otros borrachos, este tal, si era maceguál castigá banle
dándole de palos hasta matarle, o le daban garrote delante de todos los mancebos
juntados, porque tomasen ejemplo y miedo de no emborracharse; y si era noble el
que se emborrachaba dábanle garrote secretamente. Y estos mancebos tenían sus
amigas, cada dos, o tres, la una tenían en su casa y las otras estaban en sus
casas; y quien quería salir de la casa de telpochcalli, y dejar la conversación
de los mancebos, pagaba a los maestros de los mancebos diez o veinte mantas
grandes que se llaman quachtli, si tenía hacienda, y así en consintiendo los
maestros de los mancebos, luego le dejaban salir de aquella casa y casábase; y
entonces le llamaban tlapaliúhcatl, que quiere decir que no es mancebo sino que
es casado. Y el que era bien criado y aficionado a las costumbres de los
mancebos no salía de allí de su voluntad, aunque fuese ya de edad perfecta,
sino que por mandato del rey o señor salía de aquella casa. Y de estos mancebos
no se elegían los senadores que regían los pueblos, sino otros oficiales más
bajos de la república, que se llamaban
tlatlacateca y tlacochcalca y achcacauhtin, porque
no tenían buena vida,
por ser amancebados y osaban decir palabras
livianas y cosas de burla, y hablaban con soberbia y osadamente.
(Lib. III, apéndice, cap. vi)
DE COMO LOS SEÑORES Y PRINCIPALES Y GENTE DE TONO
OFRECIAN SUS HIJOS A LA CASA QUE SE
LLAMABA CALMECAC Y DE LAS COSTUMBRES QUE ALLI LOS MOSTRABAN
Los señores o principales, o viejos ancianos,
ofrecían a sus hijos a la casa que se llamaba Calmécac. Era su intención que
allí se criasen para que fuesen ministros de los ídolos, porque decían que en
la casa de Calmécac había buenas costumbres, y doctrinas y ejercicios, y áspera
y casta vida, y no había cosa de desvergüenzas, ni reprehensión, ni afrenta
ninguna de las costumbres que allí usaban los ministros de los ídolos, que se
criaban en aquella casa. Señor o principal o rico, cualquier que tenía hacienda,
cuando ofrecía a su hijo hacía y guisaba muy buena comida y convidaba a los
sacerdotes y ministros de los ídolos, que se llamaban tlamacazque y
quaquacuiltin, y a los viejos pláticos que tenían cargo del barrio; y hecho el
convite en casa del padre del muchacho, los viejos ancianos y pláticos hacían
una plática a los sacerdotes y mi nistros de los ídolos que criaban los
muchachos, de esta manera: “¡Ah, señores sacerdotes y ministros de nuestros
dioses, habéis tomado trabajo de venir aquí, a nuestra casa, y os trajo nuestro
señor todo poderoso! Os hacemos saber que nuestro señor fue servido de hacemos
merced de darnos una criatura, como una joya o pluma rica que nos fue dada; si
mereciéramos que este muchacho se críe y viva, y (como) es varón, no conviene
que le mostremos oficio de mujer teniéndole en casa; por tanto, os le damos por
vuestro hijo y os le encargamos, y ahora al pre sente ofrecérnosle al señor
Quetzalcóatl, o otro nombre Tlilpotonqui, para entrar en la casa de Calmécac,
que es la casa de penitencia y lá grimas donde se crían los señores nobles,
porque en este lugar se me recen los tesoros de dios, orando y haciendo
penitencia con lágrimas y gemidos, y pidiendo a dios que les haga misericordia
y merced de darles sus riquezas. Desde ahora le ofrecemos, para que en llegando
a edad convenible entre y viva en casa de nuestro señor, donde se crían y doc
trinan los señores nobles, y para que este nuestro muchacho tenga cargo de
barrer y limpiar la casa de nuestro señor. Por tanto humildemente rogamos que
le recibáis y toméis por hijo, para entrar y vivir con los otros ministros de
nuestros dioses en aquella casa donde hacen todos los ejercicios de penitencia,
de día y noche, andando de rodillas y de codos, orando, rogando y llorando y
suspirando ante nuestro señor”.
Y los sacerdotes y ministros de los ídolos
respondían a los padres del muchacho, de esta manera: “Aquí oímos vuestra
plática, aunque somos indignos de oírla, sobre que deseáis que vuestro amado
hijo, y vuestra piedra preciosa o pluma rica, entre y viva en la casa de
Calmécac. No somos nosotros a quien se hace esta plática, mas hácese al señor
Quetzal cóatl, o otro nombre Tlilpotonqui, en cuya persona la oímos; él es a
quien habláis, él sabe lo que tiene por bien de hacer de vuestra piedra
preciosa y pluma rica, y de vosotros sus padres.
Nosotros, indignos sier vos, con dudosa esperanza esperamos lo que será; no
sabemos por cierto cosa cierta que os decir, esto será o esto será de vuestro
hijo; esperemos en nuestro señor todo poderoso lo que tendrá por bien de hacer
a vuestro hijo”.
Y luego tomaban al muchacho y llevábanle a la casa
de Calmécac, y los padres del muchacho llevaban consigo papeles e incienso, y
maxtles
y mantas, y unos sartales de oro y pluma rica, y
piedras preciosas ante la estatua de Quetzalcóatl, en la casa de Calmécac, y en
llegando luego todos teñían y untaban al muchacho con tinta todo el cuerpo y la
cara, y le ponían unas cuentas de palo que se llama tlacopatli; y si era hijo
de pobres le ponían hilo de algodón flojo, y le cortaban las orejas, y sacaban
la sangre y la ofrecían ante la estatua de Quetzalcóatl; y si aún era pequeño
tornaban a llevarle consigo los padres a su casa. Y si el muchacho era hijo del
señor o principal, luego le quitaban las cuentas hechas de tlacopatli y las
dejaban en la casa de Calmécac, porque decían que lo hacían así por razón que
el espíritu del muchachuelo estaba asido a las cuentas de tlacopatli, y el
mismo espíritu hacía los servicios bajos de penitencia por el muchachuelo; y si
era ya de edad convenible para vivir y estar en la casa de Calmécac, luego le
dejaban allí en poder de los sacerdotes y ministros de los ídolos, para criarle
y enseñarle todas las costumbres que se usaban en la casa de Calmécac.
(Lib. III, apéndice, cap. vii)
LAS COSTUMBRES QUE SE GUARDABAN EN LA CASA QUE SE
LLAMABA CALMECAC, DONDE SE CRIABAN LOS SACERDOTES
Y MINISTROS
DEL TEMPLO DESDE NIÑOS
Era la primera costumbre que todos los ministros de
los ídolos que se llamaban tlamacazque, dormían en la casa de Calmécac. La
segunda era que barrían y limpiaban la casa todos, a las cuatro de la mañana.
La tercera era que los muchachos ya grandecillos, iban a buscar y cortar puntas
de maguey. La cuarta era que los ya grandecillos iban a traer a cuestas la leña
del monte, que era necesaria para quemar en la casa de Calmécac cada noche, y
cuando hacían alguna obra de barro o paredes, o maizal, o zanjas o acequias,
íbanse todos juntos a trabajar, en ama neciendo, solamente quedaban los que
guardaban la casa y los que les llevaban la comida, y ninguno de ellos faltaba,
con mucho orden y concierto trabajaban. La quinta era que cesaban del trabajo
un poco tempranillo, y luego iban derechos a su monasterio a entender en el
servicio de los dioses y ejercicios de penitencia, y bañábanse primero, y a la
puesta del sol comenzaban a aparejar las cosas necesarias, y a las once horas
de la noche tomaban el camino llevando consigo las puntas de maguey; cada uno,
a solas, iba llevando un caracol para tañer en el
camino y un incensario de barro, y un zurrón o
talega en que iba el incienso, y teas y puntas de maguey, y así cada uno iba
desnudo a poner al lugar de su devoción las puntas de maguey, y los que querían
hacer gran penitencia, llegaban así a los montes y sierras y ríos, y los
gran-decillos llegaban hasta media legua; y en llegando al lugar determinado,
luego ponían las puntas de maguey, metiéndolas en una pelota hecha de heno, y
así se volvía cada uno, a solas, tañendo el caracol. La sexta era, que los ministros
de los ídolos no dormían dos juntos, cubiertos con una manta, sino dormían cada
uno apartado del otro. La séptima era que la comida que comían (la) hacían y
guisaban en la casa de Calmécac, porque tenían renta de comunidad que gastaban
para la co mida, y si traían a algunos comida de sus casas, todos la comían.
La octava era que cada media noche todos se levantaban a hacer oración, y quien
no se levantaba y despertaba, castigábanle, punzándole las orejas y el pecho y
muslos y piernas, metiéndole las puntas de maguey por todo el cuerpo, en
presencia de todos los ministros de los ídolos por que se escarmentasen. La
novena que ninguno era soberbio, ni hacía ofensa a otro, ni era inobediente a
la orden y costumbres que ellos usa ban, y si alguna vez parecía un borracho o
amancebado, o hacía otro delito criminal, luego le mataban o le daban garrote,
o le asaban vivo o le asaeteaban; y quien hacía culpa venial, luego le punzaban
las orejas y lados con puntas de maguey o punzón. La décima era que a los mu chachos
castigaban punzándoles las orejas, o los azotaban con ortigas. La undécima era
que a la media noche todos los ministros de los ídolos se bañaban en una
fuente. La duodécima era que cuando era día de ayuno todos ayunaban, chicos y
grandes, no comían hasta medio día, y cuando llegaban a un ayuno que se llamaba
atamalqualo, ayunaban a pan y agua, y otros que ayunaban no comían todo el día
sino a la media noche, y otro día hasta la otra media noche, y otros no comían
hasta el mediodía, una vez nomás, y en la noche no gustaban cosa alguna aunque
fuese agua, porque decían que quebrantaban el ayuno si gustaban cosa alguna o
si bebían agua. La decimatercera era que les mostraban a los muchachos (a )
hablar bien y saludar, y hacer reve rencia, y el que no hablaba bien o no
saludaba a los que encontraba, o estaban ausentados, luego le punzaban con las
puntas de maguey. La decimacuarta era, que les enseñaban todos los versos de
canto, para cantar, que se llamaban divinos cantos, los cuales versos estaban
escritos en sus libros por caracteres; y más les enseñaban la astrología
indiana, y las interpretaciones de los sueños y la cuenta de los años. La
décima-quinta era que los ministros de los ídolos tenían voto de vivir casta
mente, sin conocer a mujer carnalmente, y comer templadamente ni decir mentiras
y vivir devotamente y temer a dios, y con esto acabamos de decir las costumbres
y orden que usaban los ministros de los ídolos, y dejamos otras que en otra
parte se dirán.
(Lib. III, apéndice, cap. viii)
LA
ELECCION DE LOS
SUMOS SACERDOTES QUE
SIEMPRE ERAN DOS, EL UNO SE
LLAMABA TOTEC TLAMACAZQUI, EL OTRO TLALOC TLAMACAZQUI QUE
SIEMPRE ELEGIAN LOS MAS PERFECTOS DE TODOS LOS QUE MORABAN
EN EL TEMPLO
El que era perfecto en todas las costumbres y
ejercicios y doctrinas que usaban los ministros de los ídolos, elegíanle por
sumo pontífice, al cual elegían el rey o señor y todos los principales, y
llamábanle Quetzalcóatl; y eran dos los que eran sumos sacerdotes, el uno se
llamaba Tótec tlamacazqui y el otro se llamaba T láloc tlamacazqui; y el que se
llamaba
Quetzalcóatl Tótec tlamacazqui, servía al dios
Huitzilopochtli, y el otro que se llamaba Tláloc tlamacazqui servía al dios
Tlalocantecutli, que era
dios de las lluvias. Y estos dos sumos pontífices
eran iguales en estado y honra, aunque fuesen de muy baja suerte y de padres
muy bajos y pabres; mas la razón por que elegían a estos tales por sumos
pontífices, era porque fielmente cumplían y hacían todas las costumbres y
ejercicios y doctrinas, que usaban los ministros de los ídolos en el monasterio
de Calmécac. Y por esta causa, por la elección que hacían a uno se llamaba
Quetzalcóatl,
o otro nombre
Tótec tlamacazqui; y
el otro se
llamaba
Tláloc tlamacazqui-, y en la elección no se hacía
caso del linaje sino de las costumbres y ejercicios, y doctrinas y buena vida,
si las tenían los sumos sacerdotes, si vivían castamente y si guardaban todas
las costum bres que usaban los ministros de los ídolos: (se elegía a) el que
era virtuoso, humilde y pacífico, y considerado y cuerdo, y no liviano, y
grave, y riguroso, y celoso en las costumbres, y amoroso, y misericor dioso, y
compasivo y amigo de todos y devoto, y temeroso de dios. Los grados por donde
subía este tal son éstos: el primero le llamaban tla-macazton (que) es como
acólito; el segundo, le llamaban tlamacazque, que es como diácono; el tercero,
le llamaban tlenamácac, que es como sacerdote. De estos sacerdotes los mejores
elegían por sumos pontífices, que se llamaban quequetzalcoa, que quiere decir
sucesores de Quetzal cóatl; y la vida que tenían y usaban los ministros de los
ídolos era áspera, pero la crianza de los muchachos estaba partida y distinta
en dos partes, la una era en la casa de Calmécac y la otra en la casa de
telpochcalli.
(Lib. III, apéndice, cap. ix)
EL LENGUAJE Y AFECTOS QUE EL PADRE, SEÑOR
PRINCIPAL, L/SABA PAKA PERSUADIR
A SU HIJO
AL AMOR DE LA
CASTIDAD, DONDE PONE
CUAN AMIGOS ERAN LOS DIOSES DE LOS CASTOS, CON MUCHAS
COMPARACIONES Y EJEMPLOS MUY AL PROPOSITO
CON EXCELENTE LENGUAJE; TRATANDO ESTA
MATERIA OFRECESE TOCAR
OTRAS MUCHAS COSAS GUSTOSAS DE LEER
“Hijo mío muy amado: Nota bien las palabras que
quiero decir, y ponías
en tu
corazón, porque las dejaron nuestros antepasados viejos y viejas,
sabios y avisados,
que vivieron en este mundo; es lo que
nos dijeron,
y lo que nos avisaron y encomendaron que lo
guardásemos como en cofre
y como oro en paño,
porque son piedras preciosas muy resplandecientes
y muy pulidas, que son los consejos para bien
vivir, en que no hay raza
ni
mancha, dijéronlas los
que perfectamente vivieron
en este mundo;
son como piedras preciosas que se llaman
chalchihuites y zafiros, muy
resplandecientes delante de nuestro señor, y son
como plumas ricas muy
finas, y muy anchas y muy enteras que están
arqueadas; tales son los
que las tienen
en costumbre (y )
llámanse persona de
buen corazón.
Mira, hijo,
que los viejos nos dejaron dicho que los niños y las niñas,
o mancebitos
y doncellas, son
muy amados de
dios, précialos mucho
nuestro señor que está en todas partes, huélgase
con ellos y tiénelos por
amigos, y por esto los viejos que eran muy dados al
culto divino y a la
penitencia,
y a los ayunos, y a
ofrecer incienso a los dioses, tuvieron
en gran precio a
los niños y a las niñas que oraban, y despertábanlos de
noche
al mejor sueño,
y desnudábanlos y
rociábanlos con agua,
y
hacíanlos
barrer y ofrecer incienso delante
de los dioses, y lavábanles
las bocas, a los cuales decían que dios recibía y
oía de buena gana sus
oraciones y servicios, y sus lágrimas y su
tristeza, y sus suspiros, porque
tenían corazón limpio y sin mezcla de pecado,
perfectos y sin mancilla,
como una piedra preciosa, chalchíhuitl o
zafiros; decían que por
éstos
sustentaba
dios al mundo,
y que ellos eran
nuestros intercesores para
con dios.
“Otra manera de gente hay, que son agradables a
dios y a los hom
bres, que son los buenos sátrapas que viven
castamente y tienen corazón
limpio y
puro, y bueno y lavado,
y blanco como la
nieve; ninguna
mancilla tiene su manera de vivir, ninguna suciedad,
ningún polvo de
pecado hay
en sus costumbres y porque son tales
son aceptos a
dios,
y le ofrecen incienso y oraciones, y le ruegan por
el pueblo. El señor
decía: éstos
son los siervos de mis dioses, porque
eran de buena vida
y de buen ejemplo, y los viejos y ancianos, y
sabios y entendidos en los
libros
de nuestra doctrina,
dejaron dicho que
los que son
de limpio
corazón,
son muy dignos
de ser amados,
los cuales son
apartados de
toda delectación carnal y sucia; y porque son
preciosos los que de esta
manera viven, los
dioses los desean y los
procuran, y los llaman para
sí, los que son puros de toda mancilla y mueren en
la guerra. Dijeron los viejos que el sol los llama para sí, y para que vivan
con él allá en el cielo, para que le regocijen y canten en su presencia y le
hagan placer; éstos están en continuos placeres con el sol, viven en continuos
deleites, gustan y chupan el olor y zumo de todas las flores sabrosas y
olorosas, jamás sienten tristeza ni dolor, ni disgusto porque viven en la casa
del sol, donde hay riquezas de deleites; y éstos de esta manera que viven en las
guerras, son muy honrados acá en el mundo, y esta manera de muerte es deseada
de muchos, y muchos tienen envidia a los que así mueren, y por esto todos
desean esta muerte, porque los que así mueren, son muy alabados. Y dícese que
un mancebo generoso de Huexotzinco, el cual se llamaba Mixcóatl, murió en la
guerra de los mexicanos — y ellos le mataron en la guerra— , dícese un cantar
en su loor: ¡Oh bienaventurado Mixcóatl, bien mereces ser loado en cantares, y
bien mereces que tu fama viva en el mundo, y que los que bailan en los areitos
te traigan en la boca, en rededor de los atabales y tamboriles de Huexotzinco,
para que regocijes y aparezcas a tus amigos los nobles y generosos, tus
parientes! Siguen otro cantar del loor de este mancebo, en que le loan de la
virginidad y limpieza y pureza de su corazón: ¡Oh glorioso mancebo, digno de
todo loor, que ofreciste tu corazón al sol, limpio como un sartal de piedras
preciosas que se llaman zafiros, otra vez tornarás a brotar, otra vez tornarás
a florecer en el mundo, vendrás a los areitos, y entre los atambores y
tamboriles de Huexotzinco, aparecerás a los nobles y varones valerosos, y verte
han tus amigos!
“Hay otro género de personas que también son amados
de dios, y deseados, y éstos son aquellos que son ahogados en el agua, con
alguna violencia de algún animal del agua, como del ahuízotl, o del
ateponaztli, o otra alguna cosa. También aquellos que son muertos de rayo,
porque de todos éstos dijeron los viejos que, porque los dioses los aman los
llevan para sí al paraíso terrenal, para que vivan con el dios llamado
Tlalocatecutli, que se sirve con ulli y con yauhtli, y es dios de las ver
duras; estos así muertos están en la gloria con el dios Tlalocatecutli, donde
siempre hay verduras, maizales verdes, y toda manera de yerbas y flores y
frutas, jamás se secan en aquel lugar las yerbas y las flores, etc., y siempre
es verano, siempre las yerbas están verdes y las flores frescas y olorosas.
También de los mozuelos y mozuelas que mueren antes de tener experiencia de
pecados ningunos, y mueren en su ino cencia, en su simplicidad y virginidad,
dicen los viejos, que éstos reci ben grandes mercedes de nuestro señor dios,
porque son como piedras preciosas, y porque van puros y limpios a la presencia
de dios.
“Oye otra manera de gente, que son bienaventurados
y son amados y los llevan los dioses para sí, y son los niños que mueren en su
tierna niñez (que) son como unas piedras preciosas; éstos no van a los lugares
de espanto del infierno, sino van a la casa de dios que se llama
Tonaca-tecutli, que vive en los vergeles que se llaman Tonacaquauhtitlan, donde
hay todas maneras de árboles y flores y frutos, y
andan allí como tzintzones, que son avecitas pequeñas de diversos colores que
andan chu pando las flores de los árboles; y estos niños y niñas, cuando
mueren no sin razón los entierran junto a las trojes, donde se guarda el maíz y
los otros mantenimientos, porque esto quiere decir que están sus ánimas en
lugar muy deleitoso y de muchos mantenimientos, porque murieron en estado de
limpieza y simplicidad, como piedras preciosas y muy finos zafiros. También tendrás
entendido que los niños muy bonicos y muy hermosos y amables, cuando están en
su simplicidad y en su inocencia son preciosos como piedras preciosas,
turquesas y zafiros. También otro género de personas son amados y deseados de
los dioses, y son los hombres y mujeres de buena condición y de buena vida, y
de quien todos se confían y a quien todos honran, que no hay en ellos ninguna
cosa reprensible y viven pacíficamente, de toda parte son amados de todos, y
pacíficos con todos.
“Nota pues ahora, amado hijo, si dios te diere vida
en este mundo, la manera que has de vivir en él; mira que te apartes de los
deleites carnales y en ninguna manera los desees; guárdate de todas las cosas
sucias que ensucian a los hombres, no solamente en las ánimas, pero también en
los cuerpos, causando enfermedades y muertes corporales. Dejáronnos dicho los
antiguos que en la niñez y en la juventud hace dios mercedes y da dones; en
este mismo tiempo señala a los que han de ser señores, reyes, o gobernadores o
capitanes; también en el tiempo de la niñez y adolescencia da dios sus riquezas
y sus delectaciones, (y) en el tiempo de la adolescencia y simplicidad se
merece la buena muerte. Nota, hijo mío, lo que te digo, mira que el mundo ya
tiene este estilo de engendrar y multiplicar, y para esta generación y multi
plicación ordenó dios que una mujer usase de un varón, y un varón de una mujer;
pero esto conviene se haga con templanza y con discreción; no te arrojes a la
mujer como el perro se arroja a lo que ha de comer, no te hagas a manera de
perro en comer y tragar lo que le dan, dándote a las mujeres antes de tiempo;
aunque tengas apetito de mujer resístete, resiste a tu corazón hasta que ya
seas hombre perfecto y recio; mira que el maguey si lo abren de pequeño para
quitarle la miel, ni tiene sus tancia ni da miel, sino piérdese; antes que
abran al maguey para sacarle la miel lo dejan crecer y venir a su perfección, y
entonces se saca la miel. De esta manera debes hacer tú, que antes que llegues
a mujer crezcas y embarnezcas, y seas perfecto hombre, y entonces estarás hábil
para el casamiento y engendrarás hijos de buena estatura y recios, y ligeros y
hermosos y de buenos rostros, y tú serás recio y hábil para el trabajo
corporal, y serás ligero y recio y diligente; y si por ventura destempladamente
y antes de tiempo te dieres al deleite carnal, en este caso, dijéronnos
nuestros antepasados que el que se arroja así al deleite carnal queda
desmedrado, nunca es perfecto hombre y anda descolorido y desainado; andarás
como cuartanario, descolorido, enflaquecido, serás
como un muchacho mocoso y desvanecido y enfermo, y
de presto te harás viejo arrugado; y cuando te casares, serás así como el que
coge miel del maguey, que no mana porque le agujeraron antes de tiempo, y el
que chupa para sacar la miel de él, no saca nada, y aborrecerle ha y desecharle
ha; así te hará tu mujer, que como estás ya seco y acabado, y no tienes qué
darle, le dices no puedo más; aborrecerte ha y desecharte ha, porque no
satisfaces a su deseo, y buscará otro porque tú ya estás agotado; y aunque no tenía
tal pensamiento por la falta que en ti halló hacerte ha adulterio, y esto
porque tú te destruistes, dándote a mujeres y antes de tiempo te acabaste.
“Nota otra cosa, hijo mío, que ya te casen, (y ) en
buen tiempo y en buena sazón tomes mujer, mira que no te des demasiadamente a
ella porque te echarás a perder, aunque es así que es tu mujer y es tu cuerpo;
conviénete tener templanza en usar de ella, bien así como el manjar, que es
menester tomarlo con templanza; quiero decir, que no seas destemplado para con
tu mujer sino que tengas templanza en el acto carnal; mira que no sigas al
deleite carnal porque pensarás que te deleitas en lo que haces, y que no hay
otro mal en ello, pero sábete que te matas y te haces gran daño en frecuentar
aquella obra carnal. Dijeron los viejos que serás en este caso, como el maguey
chupado que luego se seca y serás como la manta, de que cuando la lavan
hínchese de agua; pero si la tuerces reciamente luego se seca. Así serás tú,
que si frecuentares la delectación carnal, aunque sea con tu mujer sola mente,
te secarás y así te harás mal acondicionado y mal aventurado, y de mal gesto,
ni a nadie querrás hablar, ni nadie querrá hablar conti go, y andarás
afrentado. Nota un ejemplo cerca de este negocio. Un viejo muy viejo y muy
cano, fue preso por adulterio, y fuele preguntado que siendo tan viejo cómo no
cesaba del acto carnal. Respondió que entonces tenía mayor deseo y habilidad
para el acto carnal, porque en el tiempo de su juventud no llegó a mujer, ni
tampoco en aquel tiempo tuvo experiencia del acto carnal, y que por haberlo
comenzado después de viejo estaba más potente para esta obra. Quiérote dar otro
ejemplo y nótale muy bien, para que te sea todo como mochila, para que vivas
castamente en este mundo: Siendo vivo el señor de Tezcuco, llamado N
ezahualcoyotzin, fueron presas dos viejas, que tenían los cabellos blan cos
como la nieve de viejas, y fueron presas porque adulteraron e hicieron traición
a sus maridos, que eran tan viejos como ellas, y unos mancebillos sacristanejos
tuvieron acceso a ellas. El señor Nezahual coyotzin, cuando las llevaron a su
presencia para que las sentenciase, preguntólas diciendo: Abuelas nuestras, ¿es
verdad que todavía tenéis deseo de deleite carnal? ¿Aún no estáis hartas siendo
tan viejas como sois? ¿Qué sentíades cuando érades mozas? Decídmelo, pues que
estáis en mi presencia, por este caso. Ellas respondieron: Señor nuestro y rey,
oiga vuestra alteza: Vosotros los hombres cesáis de viejos de querer la
deleitación carnal, por haber frecuentádola en la juventud, porque se
acaba la potencia y la simiente humana; pero
nosotras las mujeres nunca nos hartamos, ni nos enfadamos de esta obra, porque
es nuestro cuerpo como una sima y como una barranca honda que nunca se hinche,
recibe todo cuanto le echan y desea más y demanda más, y si esto no hacemos no
tenemos vida. Esto te digo, hijo mío, para que vivas recatado y con discreción,
y que vayas poco a poco, y no te des prisa en este negocio tan feo y tan
perjudicial”.
(Lib. VI, cap. xxi)
EN QUE SE CONTIENE LA DOCTRINA QUE EL PADRE PRIN
CIPAL O SEÑOR DABA A SU HIJO, CERCA DE LAS COSAS Y POLICIA EXTERIOR, CONVIENE A
SABER, COMO SE HABIA DE HABER EN EL DORMIR, COMER, BEBER, HABLAR Y EN EL TRAJE,
Y EN EL ANDAR Y MIRAR Y OIR, Y QUE SE GUARDE
DE COMER COMIDA DE MANO DE MALAS MUJERES PORQUE DAN
HECHIZOS
“Hijo mío, ya te he dicho muchas cosas que te son
necesarias para tu doctrina y buena crianza, para que vivas en este mundo como
noble e hidalgo, y persona que viene de personas ilustres y generosas, y
réstame el decirte otras algunas cosas que te conviene mucho saber y enco
mendar a la memoria, las cuales recibimos de nuestros antepasados, y sería
hacerlos injuria no te las decir todas.
“Lo primero es que seas muy cuidadoso de despertar
y velar, y no duermas toda la noche, porque no se diga de ti que eres dormilón
y perezoso y soñoliento; mira que te levantes de noche, a la media noche, a
orar y a suspirar y a demandar a nuestro señor, que está en todo lugar, que es
invisible e impalpable, y tendrás cuidado de barrer el lugar donde están las
imágenes y de ofrecerlas incienso.
“Lo segundo: tendrás cuidado de cuando fueres por
la calle o por el camino que vayas sosegadamente, ni con mucha prisa ni con
mucho espacio, sino con honestidad y madureza; los que no lo hacen así
llá-manlos ixtotómac cuécuetz, que quiere decir persona que va mirando a
diversas partes, como loco, y persona que va andando sin honestidad y sin
gravedad, como liviano y bullicioso. Asimismo dicen de los que van muy despacio
uiuiláxpol, xocotézpol, eticápol, que quiere decir persona que va arrastrando
con los pies, que anda como persona pesada y como persona que no puede andar de
gordo, y como mujer preñada; o que vas andando, haciendo meneos con el cuerpo,
ni tampoco por el camino irás cabizbajo, ni tampoco irás inclinada la cabeza de
lado, ni mirando hacia los lados, porque no se diga de ti que eres bobo o tonto
y mal criado, y mal disciplinado, y que andas como muchacho.
“Lo tercero que debes notar, hijo mío, es cerca de
tu hablar. Conviene
que hables con mucho sosiego; ni hables
apresuradamente, ni con desa
sosiego, ni alces la voz, porque no se diga de ti
que eres vocinglero y
desentonado, o
bobo o alocado o rústico;
tendrás un tono moderado,
ni bajo ni alto en hablar, y sea suave y blanda
tu palabra. vieres
“Lo cuarto que
debes notar es que en las cosas
que oyeres y
(en )
especial si son malas, las
disimules y calles, como si no las oyeres,
y no mires curiosamente a alguno en la
cara, ni mires con curiosidad
los atavíos
que trae
y la manera de su
disposición, no mires con
cu
riosidad el gesto y disposición de la gente
principal, mayormente de las
mujeres, especialmente de las casadas, porque dice
el refrán que el que
curiosamente mira a la mujer, adultera con la vista; y algunos fueron
punidos con pena de muerte por esta causa.
“Lo
quinto que debes notar es que te guardes de oír las cosas que se
dicen que no te cumplen, especialmente vidas ajenas y nuevas; dígase
lo que se dijere, no tengas cuidado de ello,
haz como si no lo oyeres,
y si no te puedes apartar de donde se hablan
estas cosas, o de donde
se oyen,
no respondas ni
hables cosas semejantes;
oye y no cures de
hablar. Cuando algunos hablan de vidas ajenas, y
dicen algunos pecados
que son dignos de castigo, y tú llegas a oírlos, en
especial si tú también
hablares alguna palabra acerca de aquel negocio o
pecado, a ti te será
achacado, y atribuido lo que se dice y a ti te lo
pondrán a cuestas, y
serás preso,
y aun castigado por ello; y
según dice el
refrán pagarán
justos por pecadores; a ti te lo echarán todo,
todos se excusarán y a ti
sólo
echarán la culpa;
todos los otros
que oyeron y
dijeron aquellas
palabras, o
que les toca, quedarán en paz,
y tú serás llevado a juicio.
Por lo ya dicho,
hijo mío muy
amado, conviene que abras muy
bien
los ojos y andes con mucho aviso, para que
no mueras por tu necedad
y por tu poco saber; mira muy bien por ti.
“Lo
sexto, hijo mío, en que debes ser avisado es que no esperes a que
dos veces te llamen;
a la primera responde luego, y levántante luego,
y ve a quien te llama; y si alguno te enviare a
alguna parte, ve corriendo,
ve en un salto; si te mandaren tomar alguna cosa
tómalo de presto sin
tardanza, sé
muy diligente y muy ligero, no seas
perezoso; has de ser
como el aire ligero; mira
que en mandándote la cosa, luego la hagas,
no esperes a que dos veces te lo manden, porque
esperar a dos veces
ser mandado o ser llamado es cosa de bellacos, es cosa de perezosos y
de personas viles y de ningún valor; y por tal
serás tenido, y serás tenido
por mal mandado y por soberbio, y por el mismo caso
conviene que te
quiebren en la cabeza o en las espaldas lo que
habías de traer.
“Lo
séptimo de que te aviso, hijo, es que
en tus atavíos seas templado
y honesto;
no seas curioso
en tu vestir,
ni demasiado fantástico;
no
busques
mantas curiosas ni
muy labradas, ni
tampoco traigas atavíos
rotos y viles, porque es señal de pobreza y de
bajeza, y de personas a
quien nuestro señor tiene desechadas y son sin provecho y miserables,
que andan por las montañas y por las sabanas
buscando yerbas para comer y leña para vender; no conviene que imites a estos
tales, porque son burladores y su manera de vivir es cosa de burla; tráete
honesta mente y como hombre de bien, ni traigas la manta arrastrando o muy
colgada, de manera que vayas tropezando en ella por vía de fantasía; tampoco
añudarás la manta tan corta que quede muy alta, pues en esto tendrás el medio;
ni tampoco traigas la manta añudada por el sobaco; y aunque estas cosas veas que
otros las hacen, no los imites. Los soldados que se llaman quachicque, son
tenidos en mucho en la guerra porque pelean como desatinados y no tienen en
nada la vida, sino que buscan la muerte por vía de valentía; y también los
truhanes, chocarreros y los bailadores, y los locos luego toman cualquier traje
nuevo que ven; traen las mantas arrastrando y andan tropezando en ellas, y
añádanlas debajo del sobaco y traen el brazo desnudo, y andan de fantasía,
haciendo desgaires en el andar, arrastrando los pies y requebrándose en el
andar; traen unas cotaras de fantasía, más anchas y largas que son menester, y
con las correas muy anchas y muy fantásti camente atadas, mira, hijo, que tú
seas avisado y templado, y honesto en las mantas y en los cactles de manera que
todo sea de buena manera y bien puesto.
“Lo octavo que quiero que notes, hijo mío, es la
manera que has de tener en el comer y en el beber: seas avisado, hijo, que no
comas demasiado a la mañana y a la noche; sé templado en la comida y en la
cena, y si trabajares, conviene que almuerces antes que comiences el trabajo.
La honestidad que debes tener en el comer es ésta: cuando comieres, no comas
muy aprisa, no comas con demasiada desenvoltura, ni des grandes bocados en el
pan, ni metas mucha vianda junta en la boca, porque no te añuzgues, ni tragues
lo que comes como perro; co merás con sosiego y con reposo, y beberás con
templanza cuando be bieres; no despedaces el pan, ni arrebates lo que está en
el plato; sea sosegado tu comer, porque no des ocasión de reír a los que están
presen tes. Si te añuzgares con el manjar e hicieres alguna cosa deshonesta,
para que burlen de ti los que comen contigo, adrede te darán cosas sabrosas por
tener qué reír contigo, porque eres glotón y tragón. Al principio de la comida
lavarte las manos y la boca; donde te juntares con otros a comer no te sientes
luego, mas antes tomarás el agua y la jicara para que se laven los otros, y
echarles has agua a manos; y después de haber comi do harás lo mismo y darás
agua manos a todos, y después de esto, cogerás lo que se ha caído por el suelo
y barrerás el lugar de la comida, y también tú después de comer te lavarás las
manos y la boca y limpiarás los dientes.
“Hete dicho, hijo, estas pocas palabras, aunque hay
mucho que decir cerca de la honestidad que se ha de tener en el bien vivir, de
lo cual hablaron muchas cosas los antiguos y canos así hombres como mujeres,
nuestros antepasados; pero no lo podrás tener todo en la memoria. Una cosa te
quiero decir, que te conviene mucho tener en la memoria, porque
es sacada de los tesoros y
cofres de nuestros mayores, (los cuales) dije
ron: el
camino seguro por donde debemos caminar en
este mundo es
muy alto y muy estrecho, y desviando a cualquiera
parte de este camino
no podemos sino caer en una profunda barranca, y
despeñarnos de una
gran altura;
esto quiere decir que es necesario que todas las cosas que
hiciéramos y dijéramos sean regladas con la
providencia; lo mismo he
mos de guardar en lo que oyéremos, y en lo que
pensáremos, etc. Esto
quiero que notes mucho, que no comas de presto la
comida que te dieren,
sino mira primero lo que se te da a comer, porque
hay muchos peligros
en el mundo
y hay muchos enemigos que
aborrecen a la
persona de
secreto;
guárdate que no te den a
comer, o beber, alguna cosa ponzo
ñosa; mayormente te debes guardar en esto de los
que te quieren mal; y
más de las mujeres, en especial de las que son
malas mujeres; no come
rás, ni beberás lo que te dieren, porque muchas veces dan hechizos en
la comida o en la bebida, algunas de ellas, dan hechizo en la comida o
en la bebida
para provocar a
lujuria, y esta manera
de hechizos no
solamente empece al cuerpo y al ánima, pero también
mata, porque se
desaina el que lo bebe, o lo come, frecuentando el
acto carnal hasta que
muere. Dícese que los que toman de su voluntad la
carne del mazucóatl,
que es una
culebra con cuernos, témanlo muy templado y muy poco,
y si lo toman destempladamente podrán tener acceso
a cuatro y a cinco
y a más mujeres, a cada una cuatro o cinco veces, y
los que esto hacen
mueren porque se vacían de toda la sustancia de su cuerpo y se secan,
y se mueren
deshechos y chupados; y andando
de esta manera al fin
mueren en breve tiempo, con gran fealdad y desemejanza de su
cuerpo
y de sus miembros. Nota bien, hijo, que si alguno
te diere algo de comer o de beber, de quien tienes sospechas, no lo comas ni lo
bebas hasta que primero coma y beba de ello quien te lo da. Sé avisado, mira
por ti en este mundo. Ya has oído lo que te he dicho; guarda en todas las cosas
el medio”.
(Lib. VI, cap. xxii)
LA ANTIGUA Y LA NUEVA EDUCACION. EXPERIENCIAS Y
PROBLEMAS. RELACION DEL AUTOR DIGNA DE SER NOTADA
En lo que toca (a ) que eran para más en los
tiempos pasados, así para el regimiento de la república, como para el servicio
de los dioses, es la causa porque tenían el negocio de su regimiento conforme a
la necesidad de la gente, y por esto los muchachos y muchachas criábanlos con
gran rigor, hasta que eran adultos, y esto no en casa de sus padres, porque no
eran poderosos para criarlos como convenía, cada uno en su casa, y por esto los
criaban de comunidad debajo de maestros muy solícitos y rigurosos, los hombres
a su parte y las mujeres a la suya. Allí los ense
ñaban cómo habían de honrar a sus dioses, y cómo
habían de acatar y
obedecer a la república y a los regidores de ella.
Tenían bravos castigos para castigar a los que no
eran obedientes y
reverentes a sus maestros, y en especial se ponían
gran diligencia en que
no se bebiese octli. La gente que era de cincuenta
años abajo ocupában
los en muchos ejercicios de noche y de día, y
criábanlos en grande auste
ridad, de manera que los bríos e inclinaciones
carnales no tenían señorío
en ellos, así en los hombres como en las mujeres.
Los que vivían en los templos tenían tantos
trabajos de noche y de día,
y eran tan abstinentes, que no se les acordaba de
cosas sensuales.
Los que eran del ejercicio militar, eran tan
continuas las guerras que
tenían los unos con los otros, que muy poco tiempo
cesaban de la guerra
y de los trabajos de ella.
Era esta manera
de regir muy
conforme a la
Filosofía Natural y
Moral,
porque la templanza y abastanza
de esta tierra, y las constela
ciones que en ella reinan, ayudan mucho a la
naturaleza humana para
ser viciosa y ociosa, y muy dada
a los vicios sensuales; y la Filosofía
Moral enseñó
por experiencia a
estos naturales, que
para vivir moral
mente y
virtuosamente era necesario el rigor y
(la) austeridad, y ocupa
ciones continuas en
cosas provechosas a la
república. Como esto cesó
por la venida de los españoles, y porque ellos
derrocaron y echaron por
tierra todas las costumbres y maneras de regir que
tenían estos naturales,
y quisieron reducirlos a la manera de vivir de
España, así en las cosas
divinas como en las humanas, teniendo entendido que
eran idólatras y
bárbaros, perdióse todo el regimiento que tenían.
Necesario fue destruir
todas las cosas idolátricas, y todos los edificios
idolátricos, y aun las cos
tumbres de la república que estaban mezcladas con
ritos de idolatría y
acompañadas con ceremonias idolátricas, lo cual
había casi en todas las
costumbres que tenía la república con que se regía,
y por esta causa fue
necesario desbaratarlo todo y ponerles en otra
manera de policía, que no
tuviese ningún resabio de cosas de idolatría. Pero
viendo ahora que esta
manera de policía cría gente muy viciosa, de muy
malas inclinaciones y
malas obras,
las cuales los hace a ellos odiosos a
Dios y a los hombres,
y aun los causan grandes enfermedades y breve vida,
será menester poner
remedio; y parécenos a todos que la principal causa
de esto es la borra
chera, que como
cesó aquel rigor
antiguo, de castigar
con pena de
muerte las borracheras, aunque ahora se castigan
con azotarlos, trasqui
larlos y venderlos por esclavos, por años, o por
meses, no es suficiente
castigo éste para cesar de emborracharse y aun
tampoco las predicacio
nes muy frecuentes contra este vicio, ni las
amenazas del infierno bastan
para refrenarlos, y son estas borracheras tan
destempladas y perjudiciales
a la república y a la salud y salvación de los que
las ejercitan, que por
ellas se causan
muchas muertes porque se matan
los unos a los otros
estando borrachos, y se maltratan de obras y de
palabras, y se causan
grandes disensiones en la república; y los que rigen se deshonran y se
amenguan, y hacen grandes faltas en sus oficios, y
los juzgan por indig
nos de ellos, y aun por este vicio son tenidos por
indignos e inhábiles
para el sacerdocio,
y también porque la continencia o
castidad que es
necesaria a los sacerdotes, no son hábiles para
guardarla, en especial los
borrachos.
A los principios se hizo experiencia de hacerlos
religiosos, porque nos
parecía entonces que serían hábiles para las cosas
eclesiásticas y para la
vida religiosa, y así se dio el hábito de San
Francisco a dos mancebos
indios, los más hábiles y recogidos que entonces
había, y que predicaban
con gran fervor las cosas de nuestra Fe Católica a
sus naturales; y pare
ciónos que si aquellos, vestidos de nuestro
hábito y adornados con las
virtudes
de nuestra Santa
Religión Franciscana, predicasen
con aquel
fervor que predicaban, harían grandísimo fruto en
las ánimas; mas como
tuviesen el hábito y los ejercitasen en las cosas
de esta Santa Religión,
hallóse
por experiencia que
no eran suficientes para tal
estado, y así
les quitaron los hábitos, y nunca más se ha recibido indio a la religión,
ni aun se tiene por hábiles para el sacerdocio. En
este tiempo, como aún
los religiosos no sabían la lengua de estos
naturales, como mejor podían
instruían a
los indios que parecían hábiles y recogidos,
para que ellos
predicasen delante de los religiosos, al pueblo;
pero después que los reli
giosos supieron la lengua y comenzaron a predicar,
quitáronlos de la pre
dicación, por bajos que hallaron en ellos en mostrarse en presencia de
los religiosos honestos y recogidos, no siendo
tales, cosa que ellos saben
muy bien hacer.
Y no me
maravillo tanto de las tachas y dislates de los naturales de
esta tierra, porque los españoles que en ella
habitan, y mucho más los
que en ella
nacen, cobran estas
malas inclinaciones; los
que en ella
nacen, muy
al propio de los indios, en el aspecto parecen españoles y
en las condiciones no lo son; los que son naturales
españoles, si no tienen
mucho aviso, a pocos años andados de su llegada a
esta tierra se hacen
otros; y esto pienso que lo hace el clima, o
constelaciones de esta tierra;
pero es gran vergüenza nuestra que los indios
naturales, cuerdos y sabios
antiguos,
supieron dar remedio a los daños
que esta tierra imprime en
los que en ella viven, obviando a las cosas
naturales con contrarios ejer
cicios; y nosotros nos vamos al agua abajo de
nuestras malas inclinacio
nes; y cierto, se cría una gente, así española como
india, que es intole
rable
de regir y pesadísima de
salvar: los padres y las madres
no se
pueden
apoderar con sus hijos e hijas
para apartarlos de los
vicios y
sensualidades que esta tierra cría. Buen tino
tuvieron los habitantes de
esta tierra, antiguos, en que criaban sus hijos e
hijas con la potencia de
la república, y no los dejaban criar a sus padres,
y si aquella manera de
regir no estuviera tan inficionada con ritos y
supersticiones idolátricas,
paréceme que
era muy buena, y si limpiada de
todo lo idolátrico que
tenía y
haciéndola del todo cristiana, se introdujese en
esta república
indiana y
española, cierto sería gran bien y sería
causa de librar así a
la una república como a la
otra de grandes males, y de grandes trabajos
a los que las rigen. nos podemos apoderar con los que se crían
Ya tampoco nosotros no
en las escuelas, porque como no tienen aquel temor
y sujeción que anti
guamente tenían, ni los criamos con aquel rigor y
austeridad que se cria
ban en tiempo de su idolatría, no se sujetan ni se
enseñan, ni toman lo
que los enseñan, como si estuvieran en aquella
empresa pesada de los
viejos antiguos. A los principios, como hallamos
que en su república an
tigua criaban los muchachos y las muchachas en los
templos, y allí los
disciplinaban y enseñaban la cultura de sus dioses, y la
sujeción a su
república, tomamos aquel estilo de criar los
muchachos en nuestras casas,
y dormían en la casa que para ellos estaba
edificada junta a la nuestra,
donde los enseñábamos a levantarse a la media
noche, y los enseñábamos
a decir los maitines de Nuestra Señora, y luego de mañana, las horas;
y aun les enseñábamos y tuviesen oración mental;
pero como no se ejer
citaban en los trabajos corporales como solían y
como demanda la con
dición de su briosa sensualidad, y también comían
mejor de lo que acos
tumbraban
de su república
antigua, porque ejercitábamos
con ellos la
blandura y piedad que entre nosotros se usa,
comenzaron a tener bríos
sensuales y a entender en cosas de lascivia, y así los
echaron de nues
tras casas, para que se fuesen a dormir a las casas
de sus padres; y venían
a la mañana a las escuelas a aprender a leer y escribir, y cantar, y esto
es lo que aun ahora se usa. Pero como se han venido
relajando de poco
en poco estos ejercicios, y entre ellos casi no hay
quien tenga orgullo e
industria para por sí enseñar estas cosas, si nosotros mismos no enten
demos
en ellas, no hay
ya en las
escuelas de nuestras
casas quien a
derechas enseñe a leer y escribir, ni a cantar,
ni a las otras cosas de
música, casi todo se va cayendo.
También se hizo experiencia en las mujeres para ver
si, como en el
tiempo de la idolatría había monasterios de ellas
que servían en los tem
plos y guardaban castidad, serían hábiles para ser
monjas y religiosas de
la religión cristiana, y guardar perpetua castidad,
y a este propósito se
hicieron monasterios y congregaciones de mujeres, y
fueron instruidas en
las cosas espirituales, y muchas de ellas supieron
leer y escribir; y las que
nos parecían que estaban bien instruidas en la Fe y
eran matronas de
buen juicio,
las hicimos preladas de las otras,
para que las rigiesen y
enseñasen en las cosas de la cristiandad y de todas
las buenas costumbres,
y cierto, a
los principios tuvimos opinión que ellos serían hábiles para
sacerdotes y religiosos, y ellas para monjas y
religiosas, pero engañónos
nuestra opinión.
Por experiencia entendimos que por entonces no eran
capaces
de tanta perfección,
y así cesó la congregación y monasterios
que a los principios intentábamos, ni aun ahora
vemos indicios que este
negocio se pueda efectuar.
Hízose también a los principios una diligencia en
algunos pueblos de
esta Nueva España donde residen los religiosos, como fue en Cholula y
en Huexotzingo, etc., que los que se casaban los
poblaban por sí junto a los monasterios, y allí moraban, y de allí venían todos
a misa cada día, al monasterio, y les predicaban el cristianismo, y el modo de
la cohabita ción matrimonial, y era muy buen medio éste para sacarlos de la
infec ción de la idolatría, y otras malas costumbres, que se les podían apegar
de la conversación de sus padres; pero duró poco, porque ellos hicieron
entender a los más de los religiosos, que toda la idolatría, con todas sus ceremonias
y ritos, estaba ya tan olvidada y abominada que no había para qué tener este
recatamiento, pues que todos eran bautizados y sier vos del verdadero Dios; y
esto fue falsísimo, como después acá lo hemos visto muy claro, que ni aun ahora
cesa de haber muchas heces de idola tría y de borrachería, y de muchas malas
costumbres, lo cual se hubiera mucho remediado si aquel negocio fuera adelante
como se comenzó. Y si así como fue en pocas partes, fuera en todas, y
perseverara hasta ahora, ya casi está imposibilitado de remediarse.
Fueron grandes los trabajos y perplejidades que
tuvimos a los princi pios para casar a los casados, y que tenían muchas
mujeres, para darles aquellas que el derecho manda que tomen, porque para
examinar los parentescos y saber cuál fue la primera, para dársela, nos vimos
en un laberinto de gran dificultad, porque ellos mentían en decir cuál fue la
primera y hacían embustes para casarse con aquella que ellos tenían más
afección; y para saber con cuál habían hecho la ceremonia que usaban cuando
tomaban mujer legítima necesario revolver y saber muchas ceremo nias y ritos
idolátricos de la infidelidad; y como sabíamos poca lengua, ca si nunca bien
caímos en la cuenta como ahora lo habernos entendido. . .
Luego que venimos a esta tierra a plantar la Fe
juntamos (a ) los mu chachos en nuestras casas, como está dicho, y les
comenzamos (a ense ñar) a leer y escribir y cantar, y como salieron bien con
esto, procura mos luego de ponerlos en el estudio de la Gramática, para el
cual ejer cicio se hizo un Colegio en la ciudad de México en la parte de
Santiago del Tlatilulco, en el cual de todos los pueblos comarcanos y de todas
las provincias se escogieron los muchachos más hábiles, y que mejor sabían leer
y escribir, los cuales dormían y comían en el mismo Colegio sin salir fuera
sino pocas veces.
Los españoles y los otros religiosos que supieron
esto, reíanse mucho y hacían burla, teniendo muy por averiguado que nadie sería
poderoso para poder enseñar Gramática a gente tan inhábil; pero trabajando con
ellos dos o tres años, vinieron a entender todas las materias del arte de la
Gramática, (a ) hablar latín y entenderlo, y a escribir en latín, y aun a hacer
versos heroicos. Como vieron esto por experiencia los españoles seglares y
eclesiásticos espantáronse mucho, como aquello se pudo hacer. Yo fui el que los
primeros cuatro años con ellos trabajé y los puse en todas las materias de la
Latinidad. Como vieron que esto iban adelante y aun que tenían habilidad para
más, comenzaron así los seglares como los eclesiásticos a contradecir este
negocio y a poner muchas objeciones con
tra él, para impedirle, porque yo me hallé presente
en todas estas cosas y porque leía la Gramática a los indios del Colegio, podré
decir con ver dad las objeciones que ponían y las respuestas que se les daban.
Decían que, pues éstos no habían de ser sacerdotes,
de qué servía enseñarles la Gramática, que era ponerlos en peligro de que
hereticasen, y también que viendo la Sagrada Escritura entenderían en ella como
los Patriarcas antiguos tenían juntamente muchas mujeres, que era conforme a lo
que ellos usaban, y que no querrían creer lo que ahora les predicá semos, que
no puede nadie tener más que una mujer casado con ella infacie eclesiae; otras
objeciones de esta calidad ponían, a las cuales se les respondía que, puesto
caso que no hubiesen de ser sacerdotes que ríamos tener sabido a cuánto se
extendía su habilidad; lo cual sabido por experiencia, podríamos dar fe de lo
que en ellos hay, y que conforme a su habilidad se haría con ellos lo que
pareciese ser justo, según proxi midad. A lo que decían que les dábamos
ocasión de hereticar, se res pondía que con no pretender aquello sino lo
contrario, conviene a saber, que pudiesen entender mejor las cosas de la fe, y
con estar sujetos a Príncipe Cristianísimo, estaba muy en la mano, cuando algo
de esto pareciese, remediarlo. A lo de las mujeres, como está en el Evangelio
la corrección que nuestro Redentor hizo cerca de lo que antiguamente se usaba
de que un hombre tenía muchas mujeres, son obligados a creerlo, predicándoselo
como ordinariamente se les predica; y siendo en esto rebeldes castigarlos como
a herejes, pues hay autoridad de poder Ecle siástico y Seglar para hacerlo.
Muchas otras altercaciones se tuvieron acerca de este negocio, las cuales sería
cosa prolija ponerlas aquí.
Ha ya más de cuarenta años que este Colegio
persevera, y los cole giales de él en ninguna cosa han delinquido, ni contra
el rey, ni contra su república, mas antes han ayudado y ayudan en muchas cosas
a la plantación y sustentación de nuestra santa Fe católica, porque si sermo
nes y postillas y doctrinas se han hecho en la lengua indiana, que pue den
parecer y sean limpios de toda herejía, son precisamente los que con ellos se
han compuesto, y ellos por ser entendidos en la lengua latina nos dan a entender
las propiedades de los vocablos y las propiedades de su manera de hablar, y las
incongruidades que hablamos en los ser mones, o las que decimos en las
doctrinas; ellos nos las enmiendan, y cualquiera cosa que se haya de convertir
en su lengua, si no va con ellos examinada, no puede ir sin defecto sin
escribir congruamente en la lengua latina, ni en romances, ni en su lengua;
para lo que toca a la ortografía y buena letra, no hay quien lo escriba si no
es los que aquí se crían.
Enseñaron los frailes a los colegiales y estuvieron
con ellos más de diez años enseñándolos toda la disciplina y costumbres que en
el Cole gio se habían de guardar, y ya que había entre ellos quien leyesen y
quien al parecer fuesen hábiles para regir el Colegio, luciéronles sus
ordenaciones y eligiéronse rector, y consiliarios, para que rigieran el Co
legio, y dejáronlos que leyesen y se rigiesen ellos
a sus solas por más de
veinte años, en el cual tiempo se cayó todo el
regimiento y buen con
cierto del Colegio, parte por el mayordomo que
tenía cargo del colegio,
que era español; parte por la negligencia y
descuido del rector y consi
liarios.
También por descuido de los
frailes que no curaban
de mirar
cómo iban las cosas, hasta que todo dio en tierra.
Cuarenta años
después de la
fundación del Colegio
tornóse a exa
minar el
estado en que
estaban las cosas
del Colegio, y hallóse
estar
perdido, y
fue necesario dar otro
corte y hacer otras
ordenaciones de
nuevo, sobre las primeras, para que el Colegio
fuese adelante, como pa
rece por las mismas ordenaciones que se hicieron de
nuevo.
Yo que
me hallé en la fundación del
dicho Colegio, me hallé tam
bién en la reformación de él, la cual fue más
dificultosa que la misma
fundación. La pestilencia que hubo ahora ha treinta
y un años dio gran
baque al Colegio, y no le ha dado menor esta
pestilencia de este año de
1576, que casi
no está ya
nadie en el
Colegio, muertos y enfermos,
casi todos son
salidos.
Recelo
tengo muy grande que esto se ha de perder del todo, lo uno
porque ellos son pesados de regir y mal inclinados
a aprender, lo otro
porque los frailes se cansan de poner con ellos el
trabajo de que tienen
necesidad para
llevarlos adelante; lo otro,
porque veo que ni entre
los
seglares ni entre
los eclesiásticos no
hay nadie que
los favorezca, ni
con solo un tomín. Si el señor don Antonio de
Mendoza — que en gloria
sea—
visorrey que fue de esta Nueva España,
no los hubiera proveído
de su hacienda de una poca de rentilla que tienen,
con que se sustentan
pocos y mal, ya no hubiera memoria de Colegio, ni
colegial; y pudiérase
haber hecho gran bien a toda esta república indiana, y el rey nuestro
señor
tuviera más vasallos
en ella de
los que tiene,
y tendrá porque
siempre van en disminución y la causa que yo he
visto con mis ojos es,
que en la pestilencia de ahora ha treinta años por
no haber quien supie
se sangrar ni
administrar las medicinas
como conviene, murieron los
más que murieron, y de hambre, y en esta
pestilencia presente acontece
lo mismo y
en todas las
que se ofrecieren
será lo mismo, hasta que
se acaben.
Y si se hubiera tenido atención y
advertencia a que estos indios hu
bieran sido
instruidos en la
Gramática, Lógica y
Filosofía Natural, y
Medicina, pudieran
haber socorrido (a ) muchos de los que han muer
to porque en esta ciudad de México vemos por
nuestros ojos, que aque
llos
que acuden a
sangrarlo y purgarlos
como conviene, con tiempo
sanan, y los demás mueren; y como los médicos y
sangradores españoles,
que lo saben
hacer, son pocos socorren a pocos y ya casi están cansados
y enfermos,
y muertos los sangradores y médicos,
y no hay ya quien
pueda ni quiera acudir, ni ayudar a los indios
pobres, y así se mueren
por no tener
remedio ni socorro.
CALENDARIO Y FUEGO NUEVO
LAS TRES CUENTAS DEL TIEMPO
APENDICE
DEL CUARTO LIBRO,
EN ROMANCE, Y ES UNA APOLOGIA EN DEFENSION DE LA VERDAD
QUE EN EL SE CONTIENE
Porque algunos se han
engañado y aun todavía dura
el engaño cerca
de ciertas cuentas que estos naturales usaban
antiguamente, tengo por
cosa provechosa poner aquí la declaración
de tres maneras de cuentas
que usaban, y aun en algunas partes la usan. sus meses: es el caso
Es la primera cuenta, la división del año por
que ellos repartían el año en diez y ocho partes, y
a cada parte le daban
veinte días; éstos se pueden llamar meses, de
manera que su año tenía
diez y ocho meses, los cuales contienen trescientos
y sesenta días, y los
cinco que sobran para ser año cumplido no entran en
cuenta sino llamá
banlos días baldíos
y aciagos, porque a ningún dios eran dedicados.
El fin a que enderezaban esta división es, que cada
mes, o cada veinte
días los dedicaban
a un dios, y en
ellos le hacían fiesta y sacrificios,
excepto que en dos meses hacían fiesta a cuatro
dioses, dedicando diez
días al uno y otros diez al otro, y así con ser los
meses diez y ocho, las
fiestas que celebraban en ellos eran veinte. Esta
cuenta se llama calen
dario, donde todos los días del año se dedican a
los dioses, excepto los
cinco que como está dicho los tenían por baldíos y
aciagos. Esta cuenta,
que es el calendario que estos naturales tenían, de
tiempo sin memoria,
no tiene qué hacer con las otras dos cuentas que luego se dirá.
La segunda cuenta que estos naturales usaban se
llama cuenta de los
años, porque contaban cierto número de años por la
forma que se sigue.
Tenían
cuatro caracteres puestos
en cuatro partes
en respecto de un
círculo redondo, al uno de estos caracteres
llamaban ce ácatl, que quiere
decir una
caña. Este carácter era como
una caña verde pintada, y en
respecto del círculo estaba hacia el oriente. Al
segundo carácter llamaban
ce técpatl, que quiere decir un pedernal hecho a
manera de hierro de
lanza, teñido la mitad de él con sangre. Pero
estaba puesto hacia la parte
del septentrión, en respecto del círculo. El tercer
carácter era una casa
pintada que
ellos llaman ce calli; está puesta hacia
la puerta del occi
dente en respecto del círculo. El cuarto carácter
es la semejanza de un conejo que ellos llaman ce tochtli; está puesto hacia la
parte del mediodía en respecto del círculo. Contaban por estos caracteres
cincuen ta y dos años, dando a cada uno de los caracteres trece años, y
contaban
de esta manera:
ce ácatl, orne técpatl, ei cálli, nahui tochtli, y así dan
do vuelta por estos caracteres hasta que en cada
uno se cumpliesen trece años, los cuales todos juntos son cuatro veces trece,
que hacen cincuenta y dos años. El fin o intención de esta cuenta es renovar
cada cincuenta y dos años el pacto o concierto, o juramento de servir a los
ídolos, porque en el fin de los cincuenta y dos años hacían una muy solemne
fiesta, y sacaban fuego nuevo, y apagaban todo lo viejo, y toma ban todas las
provincias de esta Nueva España fuego nuevo. Entonces renovaban todas las estatuas
de los ídolos y todas sus alhajas, y el pro pósito de servir los otros
cincuenta y dos años, y también tenía profecía u oráculo del demonio que en uno
de estos períodos se había de acabar el mundo.
La tercera cuenta que estos naturales usaban era el
arte para adivinar la fortuna o ventura que tendrían los que nacían, hombres y
mujeres; era de esta manera: que tenían veinte caracteres: al primero llaman
cipactli; el segundo, ehécatl; el tercero, calli; el cuarto,
cuetzpállin', el
quinto, cóatl, etc., hasta veinte como está pintado
en la figura que está al fin de este apéndice. Decían que cada uno de estos
caracteres reinaba trece días, que todos juntos son doscientos sesenta días;
algunos dicen que estos trece días, son semanas del mes, y no es así sino
número de días en que reina el signo o carácter. Las semanas de los meses son
cinco días, y así hay en cada mes cuatro semanas; y los tiánquez o mercados,
por este número se señalaban, que de cinco en cinco días echaban los mercados o
ferias, y así no tenían semanas sino quintana; y ahora en muchas partes echan
los mercados y ferias por nuestra se mana, de siete en siete días.
En esta cuenta adivinatoria y no lícita
entrepónense los caracteres de la cuenta de los años, conviene a saber,
aquellos cuatro caracteres de que arriba se hizo mención, que es caña,
padernal, casa, conejo, por donde contaban la hebdómada de sus años, que son
cincuenta y dos.
(Lib. IV, apéndice)
LA MANERA QUE TENIAN EN CONTAR LOS AÑOS. LOS CUATRO
RUMBOS DEL MUNDO
Los de México, o los de esta Nueva España, en su
infidelidad solían contar los años por cierta rueda con cuatro señales o
figuras, conforme a las cuatro partes del mundo, de manera que cada año se
contaba con la figura que era de cada una de las dichas partes. Los nombres que
tuvieron puestos a las cuatro partes del mundo son
éstos: huitztlampa, que es el mediodía o austro; tlapcopa, que es el oriente;
mictlampa, que es el septentrión: cihuatlampa, que es el occidente o poniente;
los nombres de las figuras dedicadas a las cuatro partes del mundo son éstos,
Tochtli, que es conejo, y era dedicada a huitztlampa, que es el mediodía:
ácatl, que es caña, era dedicada al oriente; técpatl, que es pedernal, dedicada
a septentrión; calli, que es casa, era dedicada al occidente o poniente. Así
que el principio de los años era la figura de conejo; de esta manera ce
tochtli, un conejo, y luego orne ácatl, que es dos cañas, y luego ei técpatl,
que es tres pedernales, y luego nahui calli que es cuatro casas, y así se van
multiplicando los números de cada nombre o figura hasta los trece. Y acabados
los cincuenta y dos tornaba la cuenta a ce tochtli.
Acatl, que es la caña, era figura dedicada al
oriente, que llamaban tlapcopa y tlauilcopa, casi hacia la lumbre o al sol.
Técpatl, que es pe dernal, era figura dedicada a mictlampa, casi hacia el
infierno porque creían que a la parte del septentrión los difuntos se iban; por
lo cual, en la superstición que hacían a los difuntos, cubiertos con las mantas
y atados los cuerpos, hacíanlos sentar vuelta la cara al septentrión o
mictlampa. La cuarta figura era la casa, y era dedicada al occidente o
poniente, al cual llamaban cihuatlampa, que es casi hacia la casa de las
mujeres, porque tenían opinión que en el poniente vivían las mujeres difuntas,
que son diosas. Y en el oriente viven los hombres, y que los hombres difuntos
que están en la casa del sol, desde el oriente le guían, haciéndole fiesta al
sol cada día que sale, hasta llegar al mediodía. Y que las mujeres difuntas que
llaman Cihuapipiltin, que las tienen por diosas, parten del occidente y vanle a
recibir al mediodía, y lié vanle con fiesta hasta el occidente.
Así que, cada una de las dichas cuatro figuras, por
el dicho orden, de trece en trece años comienzan la cuenta de los años, y todas
las cuatro multiplicándose, llegan al número treceno, diciendo: ce tochtli,
orne ácatl, ei técpatl, nahui calli, macuilli
tochtli, seis ácatl, siete técpatl,
ocho calli etc., y con trece veces cuatro se
concluyen los cincuenta y dos años.
Acabados los cincuenta y dos años según dicho es,
tornaba la cuenta otra vez a ce tochtli, que era la figura a la parte del
mediodía, que llamaban huitztlampa, y cuando se volvía al dicho ce tochtli,
todos te mían del hambre, porque creían que era señal de grande hambre.
(Lib. VII, cap. viii)
EL TEMOR QUE TENIAN AL HAMBRE CUANDO ANDABA LA
CUENTA DE LOS AÑOS EN CE TOCHTLI, Y DE LA PROVISION QUE HACIAN EN EL AÑO ANTES
Antes que llegase ce tochtli, a quien temían mucho
por el hambre, todos procuraban de juntar y esconder en sus casas muchos
manteni mientos, y todos los géneros de semillas que se pudiesen comer, aunque
eran comidas muy bajas, cuales son las que se dicen en este capítulo: polúcatl,
es una semilla de unas yerbas que no se comen sino por grande necesidad; este
popóyotl es maíz aneblado; xolotzontli, son los cabellos qué las mazorcas
tienen colgados cuando están en la caña; miáuatl, son aquellos penachos que tienen
las cañas del maíz cuando ya están grandes las mazorcas; este metzolli, son las
rayaduras o raspas del maguey, cuando le abren para que mane; nochxóchitl es la
flor de la tuna; mexcalli, son las pencas del maguey cocidas; necutlatotonilli,
es la miel reciente que sale del maguey, calentada al fuego, huauhtli polocayo,
es la semilla de los cenizos sin limpiar, con todas sus inmun dicias. Los
frijoles los guardaban con todas las ramas y hojas y vainas, porque de todo se
aprovechaban en tiempo de hambre.
Y cuando acontecía la dicha hambre, entonces se
vendían por escla vos muchos pobres, hombres y mujeres, y comprábanlos los
ricos que tenían muchas provisiones allegadas; y no solamente los dichos pobres
se vendían a sí mismo sino que también vendían a sus hijos y a sus
descendientes y a todos su linaje, y así eran esclavos perpetuamente porque
decían que esta servidumbre que se cobraba en tal tiempo no tenía remedio para
acabarse en algún tiempo, porque sus padres se habían vendido por escapar de la
muerte o por librar su vida de la última necesidad, y decían que por su culpa
les acontecía tal desastre, porque ellos sabiendo que venía la dicha hambre se
habían descuidado y no habían curado de remedio; y así decían después que los
tales esclavos habían cobrado la dicha servidumbre en el año de ce tochtli, y
los des cendientes que habían heredado tal servidumbre de sus antepasados la
cual se decía servidumbre perpetua. Pasado el año de ce tochtli luego volvía la
cuenta de los años al orne ácatl, que era de la parte de tlapcopa, que es donde
nace el sol.
(Lib. VII, cap. ix)
DE LA GAVILLA O ATADURA DE LOS AÑOS, QUE ERA
DESPUES QUE CADA UNO DE LOS CUATRO CARACTERES HABIA REGIDO CADA UNO TRECE AÑOS,
QUE SON CINCUENTA Y DOS, Y DE LO QUE EN ESTE AÑO DE CINCUENTA Y DOS HACIAN
Acabada la dicha rueda de los años, al principio
del nuevo año que se decía orne ácatl, solían hacer los de México y de toda la
comarca
una fiesta o ceremonia grande, que llamaban toxiuh
molpilia; y es casi atadura de los años, y esta ceremonia se hacía de cincuenta
y dos en cincuenta y dos años, es a saber, después que cada una de las cuatro
señales había regido trece veces a los años. Decíase aquella fiesta toxiuh
molpilia, que quiere decir, ‘ atanse nuestros años”, y por que era principio
de otros cincuenta y dos años, decían también xiuht-zitzquilo, que quiere
decir, “se torna el año nuevo”, y en señal de esto cada uno tocaba a las yerbas,
para dar a entender que ya se comenzaba la cuenta de otros cincuenta y dos años
para que se cumpliesen ciento cuatro años, que hacen un siglo.
Así que entonces sacaban también nueva lumbre, y
cuando ya se acercaba el día señalado para sacar nueva lumbre, cada vecino de
México solía echar, o arrojar en el agua o en las acequias, o lagunas, las
piedras o palos que tenían por dioses de su casa, y también las piedras que
servían en los hogares para cocer comida, y con que molían ajíes o chiles, y
limpiaban muy bien las casas y al cabo mataban todas las lumbres. Era señalado
cierto lugar donde se sacaba y se hacía la dicha nueva lumbre, y era encima de
una sierra que se dice Euixachtlan, que está en los términos de los pueblos de
Iztapalapa y Colhuacan, dos leguas de México; y se hacía la dicha lumbre a
media noche, y el palo de donde se sacaba fuego estaba puesto sobre el pecho de
un cautivo que fue tomado en la guerra, y el que era más generoso, de manera
que sacaban la dicha lumbre de palo bien seco, con otro palillo largo y delgado
como asta, rodándole entre las palmas muy de presto con entrambas palmas como
torciendo; y cuando acertaban a sacarla y estaba ya hecha, luego incontinenti
abrían las entrañas del cautivo y sacábanle el corazón y arrojábanlo en el
fuego, atizándole con él, y todo el cuerpo se acababa en el fuego. Y los que
tenían oficio de sacar lum bre nueva eran los sacerdotes solamente, y
especialmente el que era del barrio de Copolco tenía el dicho oficio, él mismo
sacaba y hacía fuego nuevo.
(Lib. VII, cap. x)
EL
ORDEN QUE GUARDABAN EN
SACAR LA LUMBRE NUEVA EN EL AÑO CINCUENTA
Y DOS Y TODAS LAS CEREMONIAS QUE PARA
SACARLA HACIAN
Está arriba declarado que en la sierra de
Uixachtlan solían hacer fuego nuevo, y el orden que tenían en ir a aquella
sierra es éste: que en la vigilia de la dicha fiesta, ya puesto el sol, se
aparejaban los sacerdo tes de los ídolos y se vestían y se componían con los
ornamentos de sus dioses, así que parecían que eran los mismos dioses; y al
principio de la noche empezaban a caminar, poco a poco y muy despacio, y con
mucha
gravedad y silencio, y por esto decían teonenemi,
que quiere decir, cami
nan como dioses; partíanse de México
y llegaban a la dicha sierra ya
casi cerca de media noche, y el dicho sacerdote del
barrio de Copolco,
cuyo oficio
era de sacar (la ) lumbre nueva, traía en sus manos los ins
trumentos con que se sacaba el fuego; y desde
México por todo el camino
iba probando la manera con que fácilmente se
pudiese hacer lumbre.
Venida
aquella noche en que
(se) había de hacer y tomar lumbre
nueva, todos tenían muy grande miedo y estaban
esperando con mucho
temor lo que acontecería, porque decían y tenían
esta fábula o creencia
entre
sí, que si
no se pudiese sacar lumbre
que habría fin el linaje
humano, y
que aquella noche y aquellas
tinieblas serían perpetuas,
y
que el sol no tornaría a nacer o salir; y que de
arriba vendrían y des
cenderían
los tzitzimime, que eran unas
figuras feísimas y terribles
y
que comerían
a los hombres y mujeres. Por lo cual
todos se subían a
las azoteas, y allí se juntaban todos los que eran
de cada casa, y ninguno
osaba estar
bajo. Y las mujeres
preñadas en su
rostro o cara ponían
una carátula de penca de maguey, y también
encerrábanlas en las trojes
porque tenían y decían que si la lumbre no se
pudiese hacer, ellas tam
bién se volverían fieros animales y que comerían a
los hombres y muje
res. Lo mismo hacían con los niños, porque poníanle la dicha carátula
de maguey en la cara, y no los dejaban dormir poco ni mucho; y los
padres y las madres ponían muy gran solicitud en
despertarlos, dándoles
cada rato de empujones y voces, porque decían que
si los dejasen a ellos
dormir que se habían de volver ratones.
De manera que todas las gentes no entendían en
otra cosa sino en
mirar
hacia aquella parte,
donde se esperaba
la lumbre, y
con gran
cuidado estaban esperando la hora y momento en que había de parecer
y se viese el fuego; y cuando estaba sacada la lumbre, luego se hacía
una hoguerra muy grande para que se pudiese ver
desde lejos; y todos,
vista aquella luz, luego cortaban
sus orejas con navajas y
tomaban
de la sangre que salía y esparcíanla hacia aquella
parte de donde pare
cía la
lumbre. Y todos eran
obligados a hacerlo, hasta
los niños que
estaban
en las cunas,
porque también les
cortaban las orejas;
porque
decían que de aquella manera todos hacían
penitencia o merecían, y los
ministros de los
ídolos abrían el pecho y las entrañas
del cautivo, con
un pedernal agudo como un cuchillo según está dicho
arriba.
(Lib. VII, cap. xi)
LO QUE SE HACIA DESPUES DE HABER
SACADO EL
FUEGO NUEVO
Hecha aquella hoguera grande, según dicho es de la
lumbre nueva, luego los ministros de los ídolos, que habían venido de México y
de otros
pueblos,
tomaban de
aquella
lumbre, porque allí
estaban esperándola,
y enviaban
por ella los que eran muy ligeros y grandes corredores,
y
llevábanla
en unas teas
de pino hechas
a manera de hachas;
corrían
todos a gran prisa, y a porfía, para que muy presto
se llevase la lumbre
a cualquier pueblo.
Los de México, en
trayendo aquella lumbre,
con
aquellas teas de pino, luego la llevaban al templo
del ídolo de Huitzilo-
pochtli y poníanla en un candelero hecho de cal y
canto, puesto delante
del ídolo, y ponían en él mucho incienso de copal;
y de allí tomaban
y llevaban al aposento de los sacerdotes que se
dicen mexicanos y des
pués a otros
aposentos de los dichos ministros de los
ídolos, y de allí
tomaban y llevaban todos los vecinos de la
ciudad; y era cosa de ver
aquella multitud de gente que venía por la lumbre,
y así hacían hogue
ras grandes y muchas en cada barrio, y hacían muy grandes regocijos.
Lo mismo hacían los otros
sacerdotes de otros pueblos, porque llevaban
la dicha lumbre muy de prisa y a porfía, porque el
que más podía correr
que otros tomaba la tea de pino y así, muy presto, casi en un momen
to
llegaban a sus
pueblos, y luego
venían a tomar todos los pueblos
de ella; y era cosa de ver la muchedumbre de los
fuegos en todos los
pueblos,
que parecía ser
de día, y primero
se hacían lumbres en las
casas donde moraban los dichos ministros de los
ídolos.
(Lib.
VII, cap. xii)
DE COMO TODA LA GENTE DESPUES
DE HABER TOMADO FUEGO
NUEVO, RENOVABAN TODOS SUS
VESTIDOS Y ALHAJAS, DONDE SE PONE LA FIGURA DE LA CUENTA DE LOS AÑOS
De la dicha manera hecha la
lumbre nueva, luego los vecinos
de
cada pueblo, en cada casa, renovaban sus alhajas, y
los hombres y mu
jeres se vestían de vestidos nuevos y ponían en el
suelo nuevos petates,
de manera que
todas las cosas que eran menester
en casa eran nuevas,
en señal del año nuevo que se comenzaba; por lo
cual todos se alegra
ban y hacían grandes fiestas, diciendo que ya había pasado la pestilen
cia y hambre, y echaban en el fuego mucho incienso
y cortaban cabezas
de codornices, y con las cucharas de barro ofrecían incienso a sus dioses,
a cuatro partes del mundo, estando cada uno en el
patio de su casa,
y después metían lo ofrecido en la hoguera, y
después comían tzóuatl,
que es comida hecha de bledos con miel, y
mandaban a todos ayunar
y que nadie bebiese agua hasta medio día. Siendo ya medio día comen
zaban a sacrificar y a matar hombres cautivos, o esclavos, y así hacían
fiestas y comían y renovaban las hogueras. Y las
mujeres preñadas que
estuvieron encerradas y tenidas
por animales fieros,
si entonces acon
tecía parir, ponían
a sus hijos estos nombres: Mólpilia, etc.,
en memo
ria de lo que había acontecido en su tiempo, y a
las hijas Xiuhnénetl,
etc. En tiempo de Moteccuzoma hízose aquella fiesta
ya dicha, el cual
mandó
en todo su
reino que trabajasen
de tomar algún
cautivo que
tuviese el dicho nombre, y fue tomado un hombre de
Huexotzinco, muy
generoso, el cual se decía Xiuhtlamin; y lo tomó en la guerra un soldado
de Tlaltilulco que
había (d e) nombre Itzcuin, por lo cual después le
llamaban a
él Xiuhtlamin-mani, que quiere decir tomador de Xiuhtla
min; y en el
pecho del dicho
cautivo se hizo la lumbre
nueva y su
cuerpo todo se quemó, según era (la) costumbre.
Esta tabla arriba puesta es la cuenta de los años,
y es cosa antiquí
sima. Dicen
que el inventor de ella fue
Quetzalcóatl. Procede de
esta
manera,
que comienza del
oriente, que es
donde están las
cañas (y
según otros del mediodía, donde está el
conejo) y dicen ce ácatl, y de
allí van al norte donde está el pedernal, y dicen
orne técpatl; luego van
al occidente
donde está la casa, y allí dicen yei
calli, y luego van al
ábrego, que es donde está el conejo, y dicen nahui tochtli; y luego tor
nan al oriente, y dicen, macuilli ácatl, y así van dando cuatro vueltas,
hasta que llegan a trece, que se acaban donde comenzó; y luego vuelven
a uno,
diciendo ce técpatl, y de esta manera dando vueltas, dan
trece
años a cada uno de los caracteres, o a cada una de
las cuatro partes del
mundo, y entonces se cumplen cincuenta y dos años,
que es una gavilla
de años, donde se celebra el jubileo y se saca
lumbre nueva en la forma
arriba puesta.
Luego vuelven a contar como de
principio. Es de notar
que discrepan mucho en diversos lugares del
principio del año. En unas
partes
me dijeron que
comenzaba a tantos
de enero; en
otras que a
primero de
febrero; en otras que a
tantos de marzo.
En el Tlatilulco
junté muchos viejos, los más diestros que yo pude
haber, y juntamente
con los más hábiles de los colegiales se altercó
esta materia por muchos
días, y
todos ellos concluyeron que
comenzaba el año el segundo día
de febrero.
(Lib. VII, cap. xiii)
ARTE DE ADIVINAR
PROLOGO
Cosa muy sabida es que los astrólogos llamados
genethliaci7 tienen soli' citud en saber la hora y punto del nacimiento de cada
persona, lo cual sabido adivinan y pronostican las inclinaciones naturales de
los hombres, por la consideración del signo en que nacen y del estado y aspecto
que entonces tenían los planetas entre sí, y en respecto del signo. Estos
astró logos o adivinos fundan su adivinanza en la influencia de las constela
ciones y planetas, y por esta causa tolérase su adivinanza, y permítese en los
repertorios que el vulgo usa, con tal condición que nadie piense que la
influencia de la constelación hace más que inclinar a la sensua lidad, y que
ningún poder tiene sobre él libre albedrío. Estos naturales de toda (la) Nueva
España tuvieron y tienen gran solicitud en saber el día y hora del nacimiento
de cada persona, para adivinar las condi
ciones, vida y muerte de los que nacían. Los que
tenían este oficio se llamaban tonalpouhque a los cuales acudían como a
profetas, cualquiera que le nacía hijo o hija, para informarse de sus
condiciones, vida y
muerte. Estos adivinos no se regían por los signos
ni planetas del cielo, sino por una instrucción que según ellos dicen se la
dejó Quetzalcóatl la cual contiene veinte caracteres multiplicados trece veces,
por el modo
que en el presente libro se contiene. Esta manera
de adivinanza en nin guna manera puede ser lícita, porque si se funda en la
influencia de las estrellas, ni en cosa ninguna natural, ni su círculo es
conforme al círculo del año, porque no contiene más de doscientos sesenta días,
los cuales acabados tornan al principio. Este artificio de contar, o es arte de
nigromántica o pacto y fábrica del demonio, lo cual con toda dili gencia se
debe desarraigar.
7 En latín,
los que hacen horóscopos (M
).
DEL PRIMERO SIGNO LLAMADO CE CIPACTLI, Y DE LA
BUENA FORTUNA QUE TENIAN LOS QUE NACIAN,
ASÍ HOMBRES COMO MUJERES, SI NO LA PERDIAN POR SU NEGLIGENCIA, O FLOJURA
Aquí comienzan los caracteres de cada día, que
contaban por trecenas; eran trece días en cada semana, y hacían un círculo de
doscientos sesen ta días y después tornaban al principio. El primer carácter
se llama cipactli, que quiere decir un espadarte, que es pez que vive en el
mar; y es principio de todos los caracteres, que hacen y cuentan cada día hasta
que hacen un círculo de doscientos sesenta días, y comienza la cuenta de los
días dando a cada carácter de trece días, que se llama año de los caracteres.
El primer día de los trece es del primer carácter, que se llama cipactli; el
segundo, de otro carácter que se llama ácatl (ehécatl) (viento) que quiere
decir caña; el tercer día es de otro carácter que se llama calli, que quiere
decir casa; el cuarto día es de otro carácter que se llama cuetzpallin, que
quiere decir lagartija; el quinto día es de otro carácter que se llama cóatl,
que quiere decir cule bra; el sexto día es de otro carácter que se llama m
iquiztli, que quiere decir muerte; el séptimo día es de otro carácter que se
llama m ázatl, que quiere decir ciervo; el octavo día es de otro carácter que
se llama tochtli, que quiere decir conejo; el noveno día es de otro carácter
que se llama atl, que quiere decir agua; el décimo día es de otro carácter, que
se llama ozomatli, que quiere decir mona; el undécimo día es de otro carácter
que se llama itzcuintli, que quiere decir perro; el duodéci mo día es de otro
carácter que se llama malinalli, que quiere decir heno; el decimotercero día es
de otro carácter que se llama ácatl, que quiere decir caña.
Estos trece días decían que eran bien afortunados,
que cualquiera que nacía en cualquiera de los trece días, que si era hijo de
principal sería señor o senador, y rico; y si era hijo de baja suerte y de
padres pobres, sería valiente y honrado y acatado de todos, y tendría qué
comer; y si era hija la que nacía en cualquiera de los trece días sería rica y
tendría todo cuanto es menester para su casa, para gastar en comida y bebida,
para hacer convite, para bailar y danzar en su casa, y dar comida y bebida a los
pobres viejos y huérfanos que no tienen qué co mer y beber, y sería todo
próspero lo que hiciere por su trabajo para ganar la vida, y no se le perdería
cosa ninguna del trabajo, y sería hábil para vender todas las mercaderías y
ganar todo cuanto pudiere. Y más, decían que aunque en naciendo una criatura
tuviese carácter bien afor tunado, si no hacía penitencia, y si no se
castigaba, y si no sufría los castigos que se le hacían y las palabras celosas
y ásperas que se le daban, y si era de mala crianza, ni andaba en camino
derecho, perdía todo cuanto había merecido por el buen signo en que nació. El
mismo se menospreciaba y se cegaba; aun si era amancebado perdería la buena
fortuna que tenía, y así se empobrecería y no
tendría qué comer, y beber, y tendría gran trabajo en toda su vida, porque él
mismo buscó la mala ventura por su bellaquería, siendo desobediente y soberbio
y descuidado, y en ninguna parte hallaría contento, y siempre tendría pobreza y
mala ventura y todos le menospreciarían y todos le tendrían en nada, y nadie le
tendría por amigo y andaría solo y nadie le querría bien, y en todo lugar le
querrían mal y todos le maldecirían y sería odioso a todos y le mirarían con
malos ojos, por ser público pecador, y todos le maldecirían por ser soberbio y
vagabundo, y por andar perdi do y desobediente a lo que se le mandaba y
aconsejaba, y porque no curaba de la buena crianza.
Y (de) la criatura que nacía en buen signo decían
los padres y ma dres “nuestra criatura es bien afortunada y tiene buen signo
que se llama
c i p a c t l i luego le bautizaban y le daban el
nombre del signo llamándole cípac, o le daban otro nombre de los abuelos, etc.;
y si les perecía pasa ban el bautismo a otro día que fuese de mejor fortuna,
dentro del mismo signo. Y si la criatura que nacía era varón, cuando le
bautizaban ha cíanle una rodela pequeña con cuatro saetillas, y ataban a ellas
el ombli go, y dábanlo todo junto a los hombres soldados para que lo llevasen
al lugar de la pelea y allí lo enterraban; y si la criatura que nacía era
mujer, cuando la bautizaban le ponían en el lebrillo todas las alhajas de mujer
con que hilan y tejen, porque la vida de la mujer es criarse en casa y estar y
vivir en ella; el ombligo enterrábanle junto al hogar. Y esta astrología o
nigromancia fue tomada y hubo origen de una mujer que se llamaba Oxomoco, y de
un hombre que se llamaba Cipactónál; y los maestros de esta astrología o
nigromancia que contaban estos signos, que se llamaban tonalpouhque, pintaban a
esta mujer Oxomoco y a este hombre Cipactónál, y los ponían en medio de los
libros donde estaban escritos todos los caracteres de cada día, porque decían
que eran señores de esta astrología o nigromancia, como principales astrólogos,
porque la inventaron e hicieron esta cuenta de todos los caracteres.
(Lib. IV, cap. i)
DEL
SIGNO LLAMADO CE
OCELOTL Y DE
LA MALA FORTUNA QUE TENIAN LOS
QUE EN EL NACIAN, ASI HOMBRES COMO MUJERES, SI CON SU BUENA DILIGENCIA NO SE
REMEDIABAN; LOS QUE EN ESTE SIGNO NACIAN POR LA MAYOR PARTE ERAN ESCLAVOS
El segundo carácter, que se llamaba océlotl, que
quiere decir tigre, el cual reinaba por otros trece días, decían que era signo
mal afortunado en todos los tres días que gobernaba. Este océlotl tenía la
primera casa, o día; la segunda tenía quauhtli, que quiere decir águila; la
tercera tenía
cozcaquauhtli, que quiere decir otro pajaróte, que
así se llama; la cuarta
tenía ollin, que
quiere decir movimiento; la
quinta tenía técpatl, que
quiere decir pedernal; la sexta tenía quiáuitl, que quiere decir
lluvia;
la séptima tenía
xóchitl, que quiere decir flor; la octava tenía
cipactli,
que
quiere decir espadarte;
la novena tenía ehécatl, que
quiere decir
viento; la décima
tenía calli, que quiere decir casa; la undécima tenía
cuetzpállin, que quiere
decir lagartija; la
duodécima tenía cóatl, que
quiere
decir culebra; la
decimatercera tenía miquiztli,
que quiere de
cir muerte. fuese plebeyo, en alguna
Cualquiera que nacía, ora fuese noble, ora
de las dichas casas, decían que había de ser
cautivo en la guerra, y en
todas
sus cosas había
de ser desdichado
y vicioso y muy dado a las
mujeres, y aunque fuese hombre valiente al fin
vendíase él mismo por
esclavo, y esto hacía porque era
nacido en tal
signo; más decían, que
aunque fuese
nacido en tal signo mal
afortunado, remediábase por la
destreza y diligencia que hacía por no dormir
mucho, y hacer peniten
cia de ayunar y punzarse, sacando la sangre de
su cuerpo, y barriendo
la casa donde
se criaba y poniendo
lumbre, y si
en despertando iba
luego a buscar la vida, acordándose de lo que adelante había de gastar,
si enfermase, o con que sustentase a sus hijos, y
si fuese cauto en las
mercaderías que tratase; y también remediábase si
era entendido y obe
diente, y si sufría los castigos o injurias que le hacían
sin tomar ven
ganza de ellas. Lo mismo decían de la mujer que
nacía en este signo,
que sería mal afortunada; si era hija de principal
sería adúltera y mori
ría
estrujada la cabeza
entre dos piedras,
y viviría muy necesitada
y
trabajosa, en extremada pobreza; y no sería bien
casada, porque decían
que nació en signo mal afortunado que se llamaba
océlotl.
La cuarta casa de este signo se llama ollin; decían
que era signo del
sol y le
tenían en mucho los señores, porque le tenían por su signo,
y le mataban
codornices y poníanle lumbre
e incienso, delante de la
estatua del sol; y le vestían un plumaje que se llama cuetzaltonaméyotl,
y al medio día mataban cautivos; y el que nacía en este día era indife
rente su
ventura, o buena o mala; si era varón
sería hombre valiente,
y cautivaría
los enemigos o moriría en la
guerra, porque decían que
en tal signo nació. Y todos hacían penitencia,
chicos, hombres y muje
res, y
cortaban las orejas y sacaban la sangre a honra
del sol; decían
que con esto se recreaba el sol. La séptima casa de
este signo se llamaba
xóchitl; decían que era indiferente, bien afortunado y mal afortunado,
y especialmente los pintores
honraban este signo, que se llama xóchitl
y le hacían una estatua y le daban ofrendas, y
también las mujeres la
branderas honraban este signo, y ayunaban ochenta o
cuarenta o veinte
días antes que llegasen a la fiesta de este signo xóchitl, por razón que
le pedían que les diese y favoreciese en sus labores de bien pintar, y
a las mujeres de bien labrar y bien tejer; y ponían lumbre e incienso,
y mataban codornices delante de la estatua. Y en pasando el
ayuno
todos se bañaban para celebrar la fiesta del dicho
signo chicóme xóchitl; y decían que este signo era también mal afortunado, que
cualquiera mujer labrandera que quebrantaba el ayuno le acaecía y merecía que
fuese mala mujer pública; y más decían, que las mujeres labranderas eran casi
todas malas de su cuerpo, por razón que hubieron el origen de labrar de la
diosa Xochiquézatl, la cual les engañaba, y esta diosa también les daba sarnas
y bubas incurables y otras enfermedades con tagiosas; y la que hacía penitencia
a que era obligada, merecía ser mujer de buena fama y honra y sería bien
casada. Y más decían, que cualquiera que nacía en el dicho signo xóchitl, sería
hábil para todas las artes me cánicas, si fuese diligente y bien criado; y si
no fuese bien criado y enten dido, tampoco no merecía buena fortuna, sino
malas venturas y deshon ras. La novena casa de este signo chécatl es mal
afortunada, que cual quiera que nacía en aquel día era mal afortunado porque
su vida sería como viento, que lleva consigo todo cuanto puede; quiere ser algo
y siempre es menos, y quiere medrar y siempre desmedra, y tienta de tomar
oficio y nunca sale con nada, aunque sea hombre valiente o sol dado no hay
quien se acuerde de él, todos le menosprecian, y ninguna cosa que intenta tiene
buen suceso, con ninguna cosa sale.
(Lib. IV, cap. ii)
DEL TERCERO SIGNO LLAMADO CE M AZATL, Y
DE LA
BUENA
FORTUNA QUE TENIAN
LOS QUE EN EL
NACIAN, ASI HOMBRES COM O MUJERES,
SI POR SU NEGLIGENCIA N O LA PERDIAN
El tercer carácter se llama ce mázatl, el cual
gobernaba por otros trece días. Este signo mázatl tenía la primera casa o día;
la segunda tenía tochtli; la tercera tenía atl; la cuarta tenía itzcuintli; la
quinta tenía ozjomatli; la sexta tenía malincdli; la séptima tenía áctl; la
octava tenía acélotl; la novena tenía quauhtli; la décima tenía cozcaquauh-tli;
la undécima tenía ollin; la duodécima tenía técpatl; la decima-tercera tenía
quiáuitl. Todos los dichos trece días decían que uno eran bien afortunados y
otros mal afortunados, como parecerá por la declaración de ellos. Decían que
cualquiera que nacía, siendo hijo de principal, en el dicho signo, sería
también noble y principal y tendría qué comer y beber, y con qué dar vestidos a
otros, y otras joyas y ata víos; y si nacía un hijo de hombre de baja suerte
en aquel día, decían que sería bien afortunado y que merecía ser hombre de
guerra y sobre pujaría a todos de su manera, y sería hombre de mucha gravedad
y no cobarde ni pusilánime; y si nacía hembra en aquel día, siendo hija de
noble, o de hombre de baja suerte, lo mismo merecía ser bien afortuna da,
varonil y animosa, y no daría pesadumbre a sus padres; y más
decían, que cualquiera que nacía en este signo ce
mázatl era temeroso y de poco ánimo, y pusilánime; cuando oía tronidos y
relámpagos o rayos no los podía sufrir sin gran miedo y se espantaba; y alguna
vez le acontecía que moría del rayo, aunque no lloviese, ni fuese nublado, o
cuando se bañaba ahogábase, y le quitaban los ojos y uñas algunos animales del
agua, porque decían que nació en tal signo ce mázatl, porque es su natural del
ciervo ser temeroso. Y el que nacía en este signo era temeroso demasiadamente,
y los padres, como sabían el signo donde había nacido, no tenían cuidado (de
él) por tener por averigua do que había de parar en mal. Y en este dicho signo
decían que las diosas que se llamaban Cihuateteo descendían a la tierra y les
hacían fiesta y les daban ofrendas, y vestían con papeles a sus estatuas.
(Lib. IV, cap. iii)
DE LA SEGUNDA CASA DE ESTE SIGNO QUE SE LLAMA OME
TOCHTLI, EN LA CUAL NACIAN LOS BORRACHOS
La segunda casa o día de este signo llamaba orne
tochtli. Decían que cualquiera que nacía en este signo sería borracho,
inclinado a beber vino y (que) no buscaba otra cosa sino el vino, y en
despertando a la mañana bebe el vino, no se acuerda de otra cosa sino del vino
y así cada día anda borracho, y aun lo bebe en ayunas, y en amaneciendo luego
se va a las casas de los taberneros, pidiéndoles por gracia el vino; y no puede
sosegar sin beber vino, y no le hace mal ni le da asco, aunque sean heces del
vino, con moscas y pajas, así lo bebe; y si no tiene con qué comprar el vino,
con la manta o el maxtle que se viste merca el vino, y así después viene a ser
pobre; y no puede dejar de beber vino, ni lo puede olvidar ni un solo día puede
estar sin emborracharse, y anda ca yéndose, lleno de polvo y bermejo, y todo
espeluzado y descabellado y muy sucio; y no se lava la cara, aunque se caiga
lastimándose e hirién dose en la cara, o en las narices, manos o los pies,
etc. No lo tiene en nada aunque esté lleno de golpes y heridas de caerse por
andarse bo rracho, no se le da nada, y tiémblanle las manos, y cuando habla no
sabe lo que se dice: habla como borracho, y dice palabras afrentosas e
injuriosas, reprehendiendo y disfamando a otros y dando aullidos y voces, y diciendo
que es hombre valiente; y anda bailando y cantando a voces; y a todos
menosprecia y no teme cosa ninguna, y arroja piedras y palos y todo lo que se
le viene a las manos, y anda alborotando a todos, y en las calles impide y
estorba a los que pasan; y hace ser pobres a sus hijos, y los espanta y
ahuyenta; y no se echa a dormir quietamente, sino anda inquieto, hasta que se
ha cansado. Y no se acuerda de lo que será necesario en su casa, para hacer
lumbre y para las otras cosas que son menester, mas solamente procura de
emborracharse, y así está su casa
muy suda, llena de estiércol y polvo o salitre, y
no hay quien la barra y haga lumbre; su casa está oscura, con pobreza, y no
duerme en su casa sino en casas ajenas, y no se acuerda de otra cosa sino de la
taberna; y cuando no halla el vino y no lo bebe, siente gran pesadumbre y
tristeza y anda de acá, y de allá, buscando el vino; y si en algunas casas
entrando, están algunos borrachos bebiendo vino, huélgase mucho y reposa su
corazón, y asiéntase reposando y holgándose con los borrachos, y no se acuerda
de salir de aquella casa; y si le convidan a beber el vino en alguna casa,
luego se levanta y de buena gana va corriendo, porque ya ha perdido la
vergüenza y es desvergonzado, no teme a nadie. Por esta causa todos le
menosprecian, por ser hombre infamado públicamente, y todos le tienen hastío y
aborrecimiento; nadie quiere su conversación porque confunde todos los amigos y
ahuyenta los que estaban juntos, y déjanle solo porque es enemigo de los
amigos. Y decían que nació én tal signo, que no se podía remediar; y todos
desesperaban de él, diciendo que se había de ahogar en algún arroyo o laguna, o
se había de despeñar en alguna barranca, o le habían de robar algunos
salteadores todo cuanto tenía, y estaría desnudo; y demás de esto hace el
borracho muchas des vergüenzas, de echarse con mujeres casadas, o hurtar cosas
ajenas, o saltar por las paredes, o hacer fuerza a algunas mujeres, o retozar
con ellas, y hace todo esto porque es borracho y está fuera de su juicio; y en
amaneciendo cuando se levanta el borracho, tiene la cara hinchada y disforme y
no parece persona, anda siempre voceando. Y el que no es muy dado al vino
hácele mal cuando se emborracha, y hácele mal a los ojos y a la cabeza, y no se
levanta, mas duerme todo el día; y no tiene gana de comer, mas tiene hastío de
ver la comida, y con dificultad vuel ve en sí.
(Lib. IV, cap. iiv)
LAS DIVERSAS MANERAS DE BORRACHOS
Más decían: que el vino se llama centzontotoektin,
que quiere decir “400 conejos”, porque tiene muchas y diversas maneras de
borrachería. (A ) algunos borrachos, por razón del signo en que nacieron, el
vino no les es perjudicial o contrario; en emborrachándose luego cáense dormi
dos o pónense cabizbajos, asentados y recogidos, ninguna travesura hacen ni
dicen; y otros borrachos comienzan a llorar tristemente y a sollozar, y
córrenles las lágrimas por los ojos, como arroyos de agua; y otros bo rrachos luego
comienzan a cantar, y no quieren parlar ni oír cosas de burlas, mas solamente
reciben consolación en cantar; y otros borrachos no cantan, sino luego
comienzan a parlar y a hablar consigo mismos, o a infamar a otros y decir
algunas desvergüenzas contra otros; y a ento narse, y decirse ser unos de los
principales, honrados, y menosprecian a
otros y dicen afrentosas palabras, y álzanse, y
mueven la cabeza diciendo ser ricos y reprendiendo a otros de pobreza, y
estimándose mucho, como soberbios y rebeldes en sus palabras, y hablando recia
y ásperamente mo viendo las piernas y dando coces; y cuando están en su
juicio, son como mudos y temen a todos, y son temerosos, y excúsanse con decir,
“estaba borracho, y no sé lo que me dije, estaba tomado del vino”. Y otros bo
rrachos sospechan mal, hácense sospechosos y mal acondicionados y entienden las
cosas al revés y levantan falsos testimonios a sus mujeres, diciendo que son
malas mujeres, y luego comienzan a enojarse con cual quiera que habla a su
mujer, etc.; y si alguno habla, piensa que mur mura de él; y si alguno ríe,
piensa que se ríe de él, y así riñe con todos sin razón y sin porqué. Esto
hacen por estar trastornados del vino. Y
si es mujer la que se emborracha, luego se cae
asentada en el suelo, encogidas las piernas, y algunas veces extiende las
piernas en ese suelo; y si está muy borracha desgréñase los cabellos, y así
está toda desca bellada y duérmese, revueltos todos los cabellos, etc. Todas
estas maneras de borrachos ya dichas decían que aquel borracho era su conejo, o
la condición de su borrachez, o el demonio que en él entraba. Si algún
borracho se despeñó, o se mató, decían “aconejóse”;
y porque el vino es de diversas maneras y hace borrachos de diversas maneras le
llaman centzontotochtin, que son “400 conejos”, como si dijesen que hacen
infinitas maneras de borrachos: y más decían, que cuando entraba el signo orne
tochtli, hacían fiesta al dios principal de los dioses del vino, que se llamaba
Izquitécatl. También hacían fiesta a todos los dioses del vino,
y poníanles una estatua en el cu y dábanles
ofrendas, y bailaban y tañíanles flautas, y delante de la estatua una tinaja
hecha de piedra que se llamaba ometochtecómatl, llena de vino, con unas cañas
con que bebían el vino los que venían a la fiesta, y aquellos eran viejos y
viejas, y hombres valientes y soldados y hombres de guerra, bebían vino de
aquella tinaja, por razón que algún día serían cautivos de los enemigos, o
ellos, estando en lugar de la pelea, tomarían cautivos de los enemigos; y así
andaban holgándose, bebiendo vino, y el vino que bebían nunca se acababa,
porque los taberneros cada rato echaban vino en la tinaja. Los que llegaban al
tiánquez, donde estaba la estatua del dios Izquitécatl y también los que
nuevamente horadaban los magueyes y hacían vino nuevo, que se llamaba uitztli,
traían vino con cántaros y echábanlo en la tinaja de piedra, y no solamente
hacían esto los taberneros en la fiesta sino cada día lo hacían así, porque era
tal costumbre de los taberneros.
(Iib. IV, cap. v)
LAS DEMAS CASAS DE ESTE SIGNO, UNAS PROSPERAS,
OTRAS ADVERSAS Y OTRAS INDIFERENTES
La tercera casa de este signo se llama yei atl *,
decían que era indiferente, o bien o mal afortunada, porque cualquiera que
nacía en este día, que sería rico y próspero y tendría mucha hacienda, que
ganaría por su trabajo y que la perdería presto, y se desharía como agua o como
cosas que lleva el río; y nunca saldría con nada, ni tendría reposo, ni con
tento, todo se le desharía entre las manos y todo su trabajo saldría en
vano.
La cuarta casa de este signo se llama nahui
itzcuintli; decían que cualquiera que nacía en esta casa, sería rico y
venturoso y tendría qué comer y beber, aunque no trabajase un solo día, no
sabría (de) dónde
le venía lo que comía; en cualquiera casa se
hallaría contento en todo el día, y aun ganaría algo para sustentación de sus
hijos; y así estando descuidado se le vendría lo que había de comer, y no
sabría de dónde y de qué manera se haría esto; aunque trabajase poco, ganaría
algo para
sustentarse;
y más decían, que si el que nacía en este signo se daba
a criar perritos,
todos cuantos quisiese criar se le multiplicarían y los
gozaría, y sería rico con ellos, porque era
granjeria que se usaba, y decían que eran de un mismo signo él y ellos, y unos
vende y otros se le nacen, y con ellos ganaba ropas, que se llaman quachtli, y
se hacía rico del precio de los perros, porque era costumbre antiguamente comer
los perros y venderlos en el mercado; y los que los criaban traían al mercado
muchos perros, y los compradores a su placer y contento bus caban el que era
mejor, o de pelo chico, o de pelo largo. Cuando ven dían estos perros en el
tiánquez unos ladraban y otros carleaban, y los ataban los hocicos porque no
mordiesen; y cuando los mataban hacían un hoyo en la tierra, y metían en él las
cabezas de los perros y los ahogaban; y el dueño del perro, que le vendía,
poníale un hilo de al godón, flojo, en el pescuezo, y halagábale trayéndole la
mano por el cuerpo, diciéndole: aguárdame allá porque me has de pasar los nueve
ríos del infierno. Y algunos ladrones mataban estos perros armándolos con
lazos.
La quinta casa de este signo se llama macuilli
ozomatli; de que el que nacía en esta casa era inclinado a placeres y regocijos
y chocarrerías, y con sus donaires y truhanerías daría contento y alegría a los
que le oyesen y diría donaires y gracias sin pensarlos; y decían que esto
tenían por razón del signo en que habían nacido.
La sexta casa de este signo se llama chicuacen
malinaüi; decían que era casa mal afortunada, porque los que en ella nacían,
vivían siempre
8 Los numerales en náhuatl son: ce, uno; orne, dos;
ye o yei, tres; nahui, cuatro; macuilli, cinco; chicuacen, seis; chicóme,
siete; chicuei, ocho; chiconahui, nueve; matlactli, diez; matlactlionce, once;
matlactliomome, doce; matlactiomei, trece, etc. Cempoalli, veinte; ompoálli,
dos veces veinte; centzontli, cuatrocientos, etc. Según Rémi Siméon. (M .).
en pobreza y trabajos, y sus hijos todos morían y
ninguno se lograba, y venían a tanta bajeza éstos que se vendían por esclavos.
La séptima casa de este signo se llama chicóme
ácatl, y decían que era bien afortunada; los que en ella nacían serían ricos, y
que cualquiera cosa que emprendiesen tendría próspero suceso.
La octava casa de este signo se llama chicuei
océlotl, y la novena chiconahui quauhtli; y la décima matlactli ollin, y la
undécima matlac-tlionce cozcaquauhtli y la duodécima matlactliomome técpal.
Todas estas casas decían que eran mal afortunadas, y los que en ellas nacían
ninguna buena ventura tendrían. A la decimotercera casa de este signo llamaban
matlactliomei quiáhuitl (y ) decían que era casa venturosa por ser la casa
postrera de todas las de este signo; decían que todos los que en ella nacían, así
hombres como mujeres, serían ricos y muy abastados de las cosas necesarias, y
que tendrían larga vida y llegarían a la vejez, por haber nacido en la casa
postrera del signo.
(Lib. IV, cap. vi)
DEL CUARTO
SIGNO LLAMADO CE XOCHITL. LOS HOMBRES QUE NACIAN EN EL DECIAN QUE ERAN
ALEGRES, INGENIO SOS E INCLINADOS A LA MUSICA Y A PLACERES, Y DECIDO
RES, Y LAS MUJERES GRANDES LABRANDERAS Y
LIBERALES DE SU CUERPO. SI SE DESCUIDABAN, DECIAN
ESTE SIGNO SER INDIFERENTE A
BIEN Y A MAL
El cuarto signo se llama ce xóchitl, y tiene trece
casas. Este ce Xóchitl tenía la primera casa; la segunda de este signo tenía
orne cipactli; la tercera tenía chécatl; la cuarta nahui calli; la quinta
macuilli cuetzpállin; la sexta chicuace cóatl; la séptima chicóme miquiztlv, la
octava chicuei mázatl; la novena chiconahui tochtli; la décima matlactli atl;
la undé cima matlactlionce itzcuintli; la duodécima matlactliomome ozomatli;
la decimatercera matlactliomei malinalli; todas estas casas tenían por mal
afortunadas. También decían que eran indiferentes; decían que cual quiera que
nacía en alguna de estas casas ora fuese popular, sería truhán y chocarrero, y
decidor; su ventura sería su consolación, y reci biría gran contento en estas
cosas si fuese devoto a su signo; y si no tenía en nada a su signo, aunque
fuese cantor y oficial y tuviere de comer, haríase soberbio y desdeñoso y mal
acondicionado, presuntuoso, y no tendría en nada a los mayores, ni a los
iguales, ni a los viejos, ni a los mozos; con todos hablaría con soberbia y con
desdén. A este tal todos le tienen por desatinado, y dicen que dios le ha
desamparado, y que por su culpa ha perdido su ventura y así todos le
menosprecian; y él, viéndose menospreciado de todos, de pena y congoja cae en alguna
enfermedad y con ella se empobrece, y se hace solitario, olvidado de
todos, y desea su muerte y desea salir de esta vida
porque nadie le ve, ni visita, ni hace cuenta de él, y todo cuanto tiene se le
deshace como la sal en el agua, y muere en pobreza, que apenas tiene con que se
amortajar, y esto le acontece por ser indevoto, y mal agradecido a su signo, y
por ir tras sus malas inclinaciones, desgarrándose y despeñándose por sus
vicios. Y decían que esto le acontecía por haber perdido la ventura de su
signo. Y si alguna mujer nacía en este signo que se llama ce xóchitl, decían
que sería buena labrandera, pero era menester para gozar de esta habilidad que
fuese muy devota a su signo e hiciese peni tencia todos los días que reinaba;
y si esto no hacía, su signo era con
trario y viviría en pobreza y en desecho de todos,
y también sería vicio
sa de su cuerpo y venderíase públicamente; y decían
que aquello haría por razón del signo en que había nacido, porque era
ocasionado a bien y a mal.
También decían que los señores bailaban en este
signo por su devo ción, los días que les parecía; y cuando habían de comenzar
esta solem nidad ponían dos varales con flores a la puerta del palacio, y
aquello era señal que habían de bailar a honra de este signo, algunos días, y
el cantar que habían de decir mandaba el señor que dijesen el que se
llama cuextecáyotl, o tlauanca cuextecáyotl, o
uexotzincáyotl, o el que se llama anahuacáyotl, o alguno de los otros que están
aquí señalados.
Y también los que tenía cargo de guardar los
plumajes con que bailaban, sacaban todos los plumajes que tenían para que
tomase cual quisiese el señor, y conforme a aquél daban sus divisas o plumajes
a los princi pales y hombres valientes y soldados, y toda la otra gente de
guerra, y también daban mantas y maxtles a los cantores y a los que tañían
tepo-naztli y atambor, y a los que silbaban, y a todos los otros bailadores y
cantores; y dábanles de comer a todos éstos diversas maneras de tama les y
diversas maneras de moles, como aquí se declara; y cuando ya estaban enfadados
de este baile, quitaban los varales que habían puesto, en señal que el baile ya
se había acabado, y quemábanlos y luego todos cesaban de bailar en el palacio;
pero los principales en sus casas po drían bailar.
(Lib. IV,
cap. vii)
DEL QUINTO SIGNO LLAMADO CE ACATL, MAL
AFORTUNADO, DECIAN QUE LOS QUE NACIAN EN LA NONA
CASA QUE LLAMAN CHICONAHUI CIPACTLI, ERAN GRANDES MURMURADORES, NOVELEROS,
MALSINES, TESTIMOÑEROS, ETC. DECIAN SER
ESTE EL SIGNO DE QUETZALCOATL, DONDE LA GENTE NOBLE HACIA MUCHOS SACRIFICIOS Y
OFRENDAS
A HONRA DE ESTE DIOS
El quinto signo se llama Ce áccttl; de este signo
se dice que todo es mal afortunado. La segunda casa se llama orne océlotl; la
tercera casa se llama ei quauhtli; la cuarta casa nahui cozcaquauhtli; la
quinta macuilli ollin; la sexta chicuace técpatl. De todas estas casas decían
que eran mal afor tunadas, porque eran de Quetzálcóatl, el cual era dios de
los vientos. Cuan do comenzaba a reinar este signo los señores y principales
hacían ofrendas en la casa de Quetzálcóatl, que se llamaba Cálmécac, donde estaba
la esta tua de Quetzálcóatl a la cual estos días componían con ricos
ornamentos, y delante de ella ponían flores y cañas de humo e incienso, y
comida y bebida; decían que éste era el signo de Quetzálcóatl; y decían que los
que en él nacían ora fuesen nobles, ora fuesen populares, siempre vivían
desventurados y todas sus casas les llevaba el aire; de esta misma manera
decían de las mujeres que nacían en este signo; y para reme diar el mal de los
que nacían en estos días, los adivinos, que entendían en esta arte, mandaban
que fuesen bautizados en la séptima casa de este signo, que se llama chicóme
quiáhuitl; bautizándose en esta casa decían que se remediaba el mal del día en
que habían nacido, y cobra ban la buena fortuna, porque decían que esta casa
chicóme quiáhuitl era casa clemente, y los que nacían en esta casa luego los
bautizaban el mismo día. De la misma calidad decían ser la casa que se sigue
que es chicuei xóchitl.
La octava casa de este signo se llama chicuei
xóchitl; decían que era bien acondicionada, (y ) los que nacían en ella luego
se bautizaban el mismo día. La que era novena casa que se llamaba chiconahui
cipactli, la tenían por mal afortunada: los que en esta casa nacían decían que
eran mal acondicionados y revoltosos y amigos de riñas, y sembradores de
discordias y mentirosos y que ningún secreto guardaban, y eran po bres y mal
aventurados todos los días de su vida, etc. La décima casa de este signo se llama
matlactli ehécatl; decían que era de buena for tuna, con las otras tres que se
siguen, que son matlactlionce cálli, mat-lactliomome cuetzpalin y matlactliomei
cóatl, todas éstas eran de una misma condición; decían que los que nacían en
estas casas serían hon rados y ricos y reverenciados de todos, ora fuesen
mujeres, ora fuesen hombres.
DEL SEXTO SIGNO LLAMADO CE MIQUIZTLI, Y DE SU
PROSPERA FORTUNA. DECIAN QUE ESTE SIGNO ERA TEZCATLIPOCA POR CUYA REVERENCIA
HACIAN
EN
PARTICULAR MUCHAS OFRENDAS Y SACRIFICIOS, Y HACIAN FIESTA Y REGALOS A
LOS ESCLAVOS, CADA UNO A LOS SUYOS, EN
SUS CASAS
El sexto signo se llama ce miquiztli; decían que
éste era bueno y en parte malo, esto es, que algunas cosas tenía buenas y otras
malas, como parecerá abajo. Decían que este signo era de Tezcatlipoca. Los
señores y principales eran muy devotos de este signo; hacían ofrendas por su
honra y derramaban sangre de codornices; y hacían otras ceremonias cada uno en
el oratorio de su casa, y en los oratorios de los calpules, esto hacían por ser
este signo de Tezcatlipoca, al cual tenían por cria dor universal; todos en
este día oraban con devoción y pedían serles hecha alguna misericordia, no
solamente los señores, mas los hombres de guerra y los mercaderes y hombres
ricos, y todos los que sabían que entonces reinaba el signo de Tezcatlipoca. Y
decían que era malo, por que aquellos a quien Tezcatlipoca había dado
riquezas, también enton ces se las quitaba por algún desagradecimiento o
soberbia que por ellas habían tomado, y dábalas a los que le rogaban
humildemente y suspira ban y lloraban por ellas, y por eso en todo lugar le
rogaban, porque decían que sus dones no permanecían sino que los mudaba de uno
en otro; y decían que los que nacían en este signo eran bien afortunados, eran
honrados si eran devotos a su signo y si hacían penitencia por él, y si esto no
hacían perdían su ventura; y por esto el mismo día que nacían los bautizaban y
les ponían nombre y convidaban a los niños, y le daban de comer para que
supiesen el nombre del que había nacido y le divulgasen a voces por las calles.
Y si era varón el que nacía ponían le por nombre Mtquiz o Yáotl, o Ceyáotl, o
Nécoc Yáotl, o Chicoyáotl, o Yaomáuitl; dábanle uno de estos nombres ya dichos,
que eran todos de Tezcatlipoca y decían que al tal nadie le podía aborrecer,
nadie le podía desear la muerte; y si alguno le deseaba la muerte él mismo
moría, reinante este signo. Nadie osaba reñir, ni maltratar a sus escla vos;
todos los que tenían esclavos un día antes que comenzase a reinar este signo
les quitaban las prisiones o colleras con que estaban presos, y le jabonaban
las cabezas, y los bañaban y regalaban, como si fueran hijos muy amados de
Titlacauan; y los dueños de los esclavos manda ban con gran rigor a todos los
de su casa, que no riñesen ni diesen pena a ningún esclavo, y decían que si
alguno reñía a los esclavos en estos días, que él mismo se procuraba pobreza,
enfermedad y desven tura, y merecía ser esclavo, pues que trataba mal al mal
amado hijo de Tezcatlipoca, porque decían que de nadie era amigo fiel
Tezcatlipoca, sino que buscaba ocasiones para quitarle lo que le había dado; y
algu nos, cuando perdían su hacienda, con desesperación reñían a Tezcatli-
poca, y decíanle: “Tú, Tezcatlipoca, eres un puto y
hasme burlado y engañado”. Y de la misma manera hacían cuando se les ausentaba
un esclavo, o cautivo; y si acontecía que el esclavo se libertaba y venía a
prosperidad, y el que era señor de esclavos venía a ser esclavo, todo lo
echaban a Tezcatlipoca, porque decían que él había hecho misericor dia al
esclavo, porque se lo había rogado, y había castigado al señor porque era duro
con sus esclavos; y el que de la servidumbre venía a prosperidad hacía banquetes
y daba mantas a sus convidados, y decían que esto le venía por haber nacido en
este signo.
(Lib. IV,
cap. ix)
DEL SEPTIMO SIGNO LLAMADO CE QU1AHUITL, Y DE
SU DESASTRADA FORTUNA; DECIAN QUE LOS QUE EN
ESTE SIGNO NACIAN ERAN NIGROMANTICOS,
BRUJOS, HECHICEROS, EMBAJADORES, ES DE NOTAR QUE ESTE VOCABLO TLACATECOLOTL PROPIAMENTE QUIERE DECIR
NIGROMANTICO O BRUJO;
IMPROPIAMENTE SE USA POR DIABLO. CASI TODAS LAS CASAS DE ESTE SIGNO ERAN DE
MALA DIGESTION, PERO LA DECIMA Y LA DECIMOTERCERA CASAS UNIVERSALMENTE EN
TODOS LOS SIGNOS
ERAN FELICES
El séptimo signo se llamaba ce quiáhuitl. Decían
que era de mala ventu ra, porque en esta casa decían que las diosas que se
llamaban Cihua-teteo descendían a la tierra y daban muchas enfermedades a los
mucha chos y muchachas; y los padres, con todo rigor mandaban a sus hijos que
no saliesen fuera de su casa. Decíanles: “no salgáis de casa porque si salís
encontraros heis con las diosas llamadas Cihuateteo, que descien den ahora a
la tierra”. Tenían temor los padres y madres que no diese perlesía a sus hijos,
si saliesen a alguna parte reinante este signo; ofre cían en los oratorios de
las diosas, porque había muchos en muchas par tes, y cubrían con papeles las
estatuas de estas diosas. También reinante este signo mataban a los que estaban
encarcelados por algún pecado criminal digno de muerte; también mataban a los
esclavos por la vida del señor porque viviese muchos años. Y a los que nacían
en este signo no los bautizaban sino diferíanlos hasta la tercera casa que se
llamaba, ei cipactli, (porque) decían que aquella casa mejoraba la ventura de
aquel que se bautizaba; y decían que los que nacían en este signo serían
nigrománticos o embaidores o hechiceros, y se transfiguraban en anima les y
sabían palabras para hechizar a las mujeres y para inclinar los corazones a lo
que quisiesen, y para otros maleficios, y para esto se alquilaban a los que
querían hacer mal a sus enemigos y les deseaban la muerte. Hacían sus
encantamientos de noche, cuatro noches; esco
gíanlas en signo mal afortunado, iban a las casas
de aquellos a quien querían empecer, de noche, y a las veces allá los prendían,
porque aquellos a quien iban a maleficiar, si eran animosos, acechábanlos y
cogíanlos y arrancabanles los cabellos de la coronilla de la cabeza y con esto
llegando a su casa morían. Y algunos decían que se remediaban si tomasen
prestado algo de aquella casa, agua o fuego o algún vaso, y aquel que había
arrancado los cabellos, si era avisado, velaba todo aquel día para que nadie sacase
cosa ninguna de su casa, ni prestada ni de otra manera, y así moría aquel
nigromántico. Estos tales nunca tenían placer ni contento, siempre andaban mal
vestidos y de mal gesto, nin gún amigo tenían, ni entraban en casa de nadie,
ni nadie les quería bien; y si era mujer la que nacía en este signo, aunque
fuese principal nunca se casaba, ni medraba, siempre andaba de casa en casa y
todos decían que el signo en que había nacido le había dado aquella condición.
(Lib. IV,
cap. xi)
DEL NOVENO SIGNO LLAMADO CE COATL Y DE
SU BUENA FORTUNA, SI LOS QUE NACIAN EN EL NO
LA PERDIESEN POR SU
FLOJEDAD. LOS MERCADERES TENIAN A ESTE
SIGNO POR MUY PROPICIO PARA SU OFICIO
El noveno signo se llama ce cóatl; decían que era
bien afortunado y próspero; los que nacían en esta primera casa eran felices y
prósperos. Decían que sería dichoso (el que nacía en ese día) o venturoso en
riquezas, y también en las cosas de guerra sería señalado; y si fuese mujer,
sería rica y honrada; pero si como ya está dicho fuese negligente en hacer
penitencia y no tomase bien los consejos de sus mayores, perdería su ventura y
sería perezoso y dormilón, y desaprovechado, pobre y mal venturado. Este signo
era muy favorable a los mercaderes y tratantes, y ellos eran muy devotos de
este signo; cuando habían de partirse a provincias remotas para entender en sus
tratos y mercade rías, aguardaban a que reinase este signo y entonces se
partían; y antes que se partiesen, ya que tenían a punto sus cargas, hacían un
convite a los mercaderes viejos y a sus parientes, haciéndoles saber a las pro
vincias a donde iban, y a qué iban, y esto hacían para cobrar fama entre los
mercaderes, porque supiesen que estando ausentes de ellos andaban ganando de
comer por diversas provincias.
(Lib. IV,
cap. xvi)
DE LA PLATICA O RAZONAMIENTO QUE UNO DE
LOS MERCADERES VIEJOS HACIA AL QUE ESTABA DE
PARTIDA PARA IR A MERCADEAR A PROVINCIAS LONGINCUAS O EXTRAÑAS, CUANDO ERA LA
PRIMERA VEZ (QUE SALIA)
Acabada la comida o convite, ya que estaba de
partida el que había convidado, si era mercader novel, que era la primera vez
que iba a mercadear, cada uno de los viejos le hacía un razonamiento esforzán
dole para los trabajos en que se había de ver. El primero le decía de esta
manera: “Hijo, aquí nos habéis juntado y allegado a todos los que aquí estamos,
que somos vuestros padres y mercaderes como vos: es bien que os avisemos y
hagamos el oficio de viejos para con vos conso lándoos y esforzándoos; y yo el
primero, como hijo, os quiero decir mi parecer, pues que ya estáis de partida
para lejas tierras y dejáis a vuestro pueblo, y a vuestros parientes y amigos,
y vuestro descanso y reposo, y habéis de ir por largos caminos, por cuestas y
valles y despoblados: esforzaos, hijo, no es razón que acabéis vuestra vida
aquí, ni que moréis aquí sin que hagáis alguna cosa loable para que ganéis
honra, como nosotros vuestros padres lo deseamos y así con lágrimas pedimos que
sea así y vuestras obras sean conformes a nuestros deseos. Vuestros antepasados
en estos trabajos se ejercitaron, en caminos, y en esto gana ron la honra que
tuvieron, como la ganan los hombres valientes en la guerra; con estos trabajos
alcanzaron de nuestro señor la riqueza que dejaron. Es menester que os
esforcéis y tengáis ánimo para sufrir los trabajos que os están aparejados, que
son hambre y sed y cansancio, y falta de mantenimientos; habéis de comer el pan
duro y los tamales mohosos, y habéis de beber agua turbia y de mal sabor,
habéis de llegar a ríos crecidos, que van impetuosos, con avenidas, y que hacen
espan table ruido y que no se pueden vadear; por esta causa habréis de estar
detenido algunos días, habréis de padecer hambre y sed. Mirad hijo, que no os
desmayéis con estas cosas, ni volváis atrás del trabajo comenzan do, por que
no nos afrentéis a nosotros vuestros padres. Por este camino fueron los viejos
antepasados, y pusieron sus vidas muchas veces a riesgo, y por ser animosos
vinieron a ser valerosos, honrados, y ricos. Final mente, probrecito mancebo,
si alguna buenaventura os ha de dar nuestro señor, si nuestro señor os tiene en
algo, primero conviene que experi mentéis trabajos y pobrezas, y sufráis
fatigas intolerables, como se ofre cen a los que andan de pueblo en pueblo, que
son grandes cansancios y grandes sudores, y grandes fríos y grandes calores;
andaréis lleno de polvo, fatigaros ha el mecapal en la frente; iréis limpiando
el sudor de la cara con las manos; aumentarse ha vuestro trabajo, en que seréis
compelido a dormir al rincón y detrás de la puerta de casas ajenas, y allí
estaréis cabizbajo y avergonzado, y tendréis la barriga pegada a las cos
tillas de hambre, y andaréis de pueblo en pueblo discurriendo; y demás
de esto, os afligirá la duda de la venta de
vuestras mercaderías, que por ventura no se venderán, y de esto tendréis
tristeza y lloro. Antes que alcancéis algún caudal o buenaventura, habéis de
ser afligido y tra bajado hasta lo último de potencia; y allende de esto
muchas veces os será necesario dormir en alguna barranca, en alguna cueva, o
debajo (de) alguna lapa, o cabe alguna piedra grande. Si por ventura nuestro
señor os matare en alguno de estos lugares no sabemos, y quizá no volve réis
más a vuestra tierra. ¿Y quién sabe esto? Por esos caminos conviene que
devotamente vayáis llamando a dios y haciendo penitencia, y sir viendo
humildemente a los mayores en cosas humildes, como es dar agua a manos y
barrer, etc. Mirad que no desmayéis, mirad que no volváis atrás de lo
comenzado, y mirad que no os acordéis de las cosas que acá dejáis; continuad y
perseverad en vuestro camino, en sufrir los trabajos. Por ventura nuestro señor
os hará merecedor que volváis con prosperidad, que os veamos vuestros padres y
vuestros parientes; mirad que tengáis en lugar de mantenimientos estos avisos,
que aquí os damos nosotros, que somos vuestros padres y vuestras madres, para
que con ellos os esforcéis y animéis. Hijo muy amado, esforzaos y andad con
dios; aquí os enviamos vuestros padres para que hagáis vuestro negocio,
apartándoos de vuestros parientes, etc.”. De esta manera los mercaderes viejos
a los mancebos que nuevamente iban con otros mercaderes a tierras extrañas, a
mercadear, los hablaban y esforzaban, y ponían delante los trabajos y
dificultades en que se habían de ver, así en los poblados como en los
desiertos, en la prosecución de su oficio de mercader.
(Lib. IV,
cap. xvii)
DEL DUODECIMO SIGNO LLAMADO CE CUETZPALL1N Y DE SU VENTURA; DECIAN QUE LOS
QUE NACIAN EN ESTE SIGNO
ERAN NERVIOSOS, ENJUTOS, SANOS DE
BUENA CARNADURA, DILIGENTES, VIVIDORES. LAS CASAS SUJETAS: LA
CUARTA, Y QUINTA, Y SEXTA, Y NONA,
UMVERSALMENTE LAS TENIAN POR MAL AFORTUNADAS, EN TODOS LOS SIGNOS; LA
SEGUNDA Y OCTAVA, POR INDIFERENTES
El duodécimo signo llamado ce cuetzpallin, que
quiere decir lagartja; decían que los que nacían en este signo serían muy
esforzados y nervo sos, y sanos del cuerpo, y que las caídas no les
empecerían, como no empecen a la lagartija cuando cae de alto a abajo, que
ningún daño siente, sino luego se va corriendo. Estos tales serían muy grandes
traba jadores y con facilidad allegarían riquezas. La calidad de todas las
otras casas ya está dicha arriba, en los signo pasados, que son buenas o malas
conforme al número en que caen. La segunda casa de este signo es orne
coatí; la tercera es ei miquiztli; la cuarta, nahui
mázatl; la quinta, ma-cuilli tochtli; la sexta, chicuace atl; la séptima,
chicóme itzcuintli; la octava, chicuei ozomatli; la nona, chiconahui malinalli;
la décima, mat-lactli acatl; la undécima, matlactlionce océlotl; la duodécima,
matlactlio-mome quauhtli; la tercia décima, matlactliomei cozcaquauhtli.
(Lib. IV,
cap. xxiii)
DEL DECIMOCUARTO SIGNO LLAMADO CE ITZCUINTLI
Y DE SU
PROSPERA VENTURA. ESTE DECIAN SER EL SIGNO DEL DIOS DEL FUEGO LLAMADO
XIUHTECUTLI O TLALXICTENTICA. EN ESTE
SIGNO LOS SEÑORES Y PRINCIPALES HACIAN
GRAN FIESTA A ESTE DIOS Y EN
ESTE SIGNO LOS SEÑORES Y PRINCIPALES QUE ERAN ELEGIDOS PARA
REGIR LA REPUBLICA HACIAN LA FIESTA DE SU ELECCION
Al decimocuarto signo llamaban ce itzcuintl. Este
signo decían que era bien afortunado; en este signo reinaba el dios del fuego
llamado Xiuhtecutli y por eso sacaban su imagen en público al cuy y delante de
ella ofrecían codornices y otras cosas, y componíanla con sus orna mentos de
papeles, que le cortaban los maestros que eran oficiales de cortar papeles para
este negocio; y ponían plumas ricas en los papeles y también chalchihuites, y
le ofrecían muchas maneras de comidas, y las echaban en el fuego, y toda la
gente rica y mercaderes en sus casas hacían estas ofrendas al fuego y daban de
comer y beber a sus convida dos y vecinos. Y cerca de la mañana quemaban las
ofrendas de papel y copal, (pues) decían que con estas cosas daban de comer al
fuego, y descabezaban codornices cabe el fuego y derramaban la sangre, y las
codornices andaban revolando cerca del hogar; y también derramaban el pulcre en
derredor del hogar y después a las cuatro esquinas del hogar derramaban el
pulcre. Los pobres ofrecían un incienso que llaman copalxalli, en su mismo
hogar, y los muy pobres ofrecían una yerba molida que se llama yauhtli, en sus
mismos hogares. Decían también que los señores que acontecía ser electos en
este signo, que serían feli ces en su oficio; y luego hacían gran convite a
los señores de la co marca, y el convite comenzaba en la cuarta casa de este
signo, nahui ácatl. Todos los convidados venían este día a dar la enhorabuena
al señor, y le traían algún presente, y le hacían un razonamiento muy elegante
y muy honroso; y él estaba sentado en su trono y todos sus principales estaban
sentados por su orden. En acabando la oración que le hacía el orador, luego se
levantaba otro orador por parte del mismo señor y hacía otra oración
responsiva, al propósito de lo que había dicho aquel orador primero; y cuando
hacía la fiesta este señor
electo daba muchas mantas y maxtles ricos a los
mismos señores que habían venido, de manera que más cargados iban de lo que
recibían de él que no habían venido de lo que le habían traído. Las mantas que
daba el señor eran todas preciosas, hechas en su casa, y tejidas o labra das
de diversas maneras conforme a las personas a quien se habían de dar. También
les daba mucha abundancia de comidas, e iban cargados de las sobras para sus
casas.
(Lib. IV,
cap. xxv)
DEL DECIMOQUINTO SIGNO LLAMADO CE CALLI,
Y DE SU MUY
ADVERSA FORTUNA. DECIAN QUE LOS HOMBRES QUE EN EL NACIAN ERAN GRANDES
LADRONES,
LUJURIOSOS, TAHURES,
DESPERDICIADORES Y QUE SIEMPRE PARABAN EN MAL; Y LAS MUJERES QUE EN EL
NACIAN ERAN PEREZOSAS, DORMILONAS, INUTILES
PARA TODO BIEN
El
decimoquinto signo se llama
ce calli; decían que
este signo era
mal afortunado y que engendraba suciedades y
torpedades. Cuando reinaba descendían las diosas que se llaman Cíhuateteo y
hacían los daños que arriba, en otras partes, se ha dicho. Todos los médicos y
las parte
ras eran muy
devotos de este signo, y en sus casas
le hacían sacrificios
y ofrendas.
Los que nacían en este signo
decían que habían de morir
de mala muerte, y todos
esperaban su mal fin;
decían que o morían
en la
guerra, o serían en
ella cautivos o morirían acuchillados en la
piedra del desafío, o les quemarían vivos, o les
estrujarían con la red, o les achocarían, o les sacarían las tripas por el
ombligo, o les matarían en el agua a lanzadas, o en el baño asados; y si no
morían alguna de estas muertes, caerían en algún adulterio y así les matarían
juntamente con la adúltera, machucándoles las cabezas a ambos juntos; y si esto
no,
decían que serían esclavos, que ellos mismos se
venderían y comerían y beberían su precio, y ya que ninguna de estas cosas les
aconteciese
siempre vivirían tristes y descontentos; y serían
ladrones o salteadores, o robadores, o arrebatadores, o grandes jugadores y
serían engañadores
en el juego, o perderían todo cuanto tenían en el
juego, y aun hurtarían a su padre y madre todo cuanto tenía para jugar; y no
tendría con que cubrir, ni alhaja ninguna en su casa, y aunque tomasen en la
guerra algunos cautivos, y por esto les hiciesen tequiua, todo les saldría mal;
y por mucho que hagan penitencia desde pequeños, no se podrán esca par de mala
ventura.
LAS MALAS CONDICIONES DE LAS
MUJERES QUE NACIAN EN ESTE SIGNO
Y si era mujer la que nacía en este signo, también
era mal afortunada, no era para nada, ni para hilar, ni para tejer, y boba y
tocha, risueña y soberbia, vocinglera; anda comiendo tzictli9 y será parlera,
chismera, infamadora, sálenle de la boca las malas palabras como agua, y escar
necedora; es holgazana, perezosa, dormilona y con estas obras viene siempre a
acabar mal y a venderse por esclava; como no sabe hacer nada, ni moler maíz, ni
hacer pan, ni otra cosa ninguna, su amo la vendería a los que trataban en
esclavos para comer y así vendría a morir en el tajón de los ídolos. Remediaban
la maldad de este signo, en que los que nacían en él, los bautizaban en la
tercera casa que se llamaba ei cóatl; o en la séptima casa, que llamaban
chicóme atl, por que todas las terceras y séptimas casas eran buenas; y por no
repetir muchas veces una cosa brevemente decimos que todas las casas que se
siguen tienen la calidad de sus números, como ya arriba está dicho en muchos
lugares. La segunda casa de este signo se llama orne cuetz-pallin; la tercera
ei cóatl; la cuarta nahui miquiztli; la quinta macuilli mázatl; la sexta
chicuace tochtli; la séptima chicóme atl; la octava chi' cuei iztcuintli; la
novena chiconahui ozomatli; la décima matlactlionce écatl; la duodécima
matlactliomome océlotl; la decimotercera matlactlio-mei cuauhtli.
(Lib. IV, cap. xxviii)
DEL SIGNO DECIMOCTAVO LLAMADO CE EHECATL Y DE SUS
DESGRACIAS Y MALA FORTUNA DE LOS QUE EN EL NACIAN
El decimoctavo signo se llama ce echécatl, decían
que era mal afortuna do porque en él reinaba Quetzalcóatl, que es dios de los
vientos y de los torbellinos; decían que el que nacía en este signo, si era
noble, sería embaidor y que se transfiguraría en muchas formas, y que sería
nigro mántico y hechicero y maléfico, y que sabría todos los géneros de hechi
cerías y maleficios y que se transfiguraría en diversos animales; y si fuese
hombre popular o maceguál sería también hechicero y encantador y embaidor, de
aquellos que se llaman temacpalitotique; y si fuese mujer sería hechicera, de
aquellas que se llaman mometzpipinque. Y estas he chicerías, esos hechiceros
aguardaban algún signo favorable para hacer las, uno de los cuales eran
chiconahui itzzuintli y otro chiconahui mi-quiztli, chiconahui málinálli; y
todas las casas novenas de todos los sig nos les eran favorables para estas
sus obras, las cuales son contrarias a
"Chicle. (M
).
toda buena fortuna. Los que eran de este oficio
siempre andaban tris tes y pobres, ni tenían qué comer ni casa en que morar,
solamente se mantenían de lo que les daban los cuales (aquellos que) mandaban
hacer algún maleficio; y cuando ya habían acabado de hacer sus male ficios y
era tiempo que acabasen su mala vida, alguno los prendía y les cortaba los
cabellos de la corona de la cabeza, por donde perdía el poder que tenía de
hacer hechicerías y maleficios; con esto acababa su mala vida muriendo. Aquellos
hechiceros que se llaman temacpalito-tique, o por otro nombre tepupuxaquauique,
cuando querían robar al guna casa hacían la imagen de ce echécatl, o de
Quetzalcóatl, y ellos eran hasta quince o veinte los que entendían en esto e
iban todos bai lando a donde iban a robar, e íbalos guiando uno que llevaba la
imagen de Quetzalcóatl, y otro que llevaba un brazo desde el codo hasta la mano
de alguna mujer que hubiese muerto del primer parto; las cortaban a hurto el
brazo izquierdo, y estos ladrones llevaban un brazo de éstos delante de sí,
para hacer su hecho; uno de los que iban guiando lo llevaba en el hombro. Y en
llegando a la casa donde habían de robar, antes que entrasen dentro de la casa,
estando en el patio de la misma casa daban dos golpes en el suelo con el brazo
de la muerta; y en llegando a la puerta de la casa daban otros golpes en el
umbral de la misma casa, con el mismo brazo, y hecho esto dicen que todos los
de la casa se adormecían o se amortecían, que nadie podía hablar, ni mo verse;
estaban todos como muertos aunque entendían y veían lo que se hacía; otros
estaban dormidos roncando, y los ladrones encendían can delas y buscaban por
la casa lo que había que comer y comían todos, muy de reposo; nadie de los de
casa los impedía ni hablaba, todos esta ban atónitos y fuera de sí. En
habiendo muy bien comido y consoládose, entraban en los silleros y bodegas y
arrebañaban cuanto hallaban, man tas y otras cosas, y lo sacaban todo fuera,
oro y plata, y piedras y plumas ricas, y luego hacían de todo cargas, y se las
echaban a cuestas y se iban con ellas; y antes de esto dicen que hacían muchas
suciedades y dehonestidades en las mujeres de aquella casa; y cuando ya se
iban, luego se iban corriendo para sus casas, con lo que llevaban hurtado: y
dicen, que si alguno de ellos se asentaba en el camino para descan sar, no se
podía más levantar y quedábase allí hasta la mañana, y tomá banle con el hurto
y él descubría a los demás.
(Lib.
IV, cap. xxxi)
DE LOS
LLOROS Y LASTIMAS QUE HACIAN
Y DECIAN AQUELLOS A QUIEN ROBARON LOS NIGROMANTICOS, Y DE LAS DEMAS
CASAS DE ESTE SIGNO
Idos los ladrones, los de la casa de los robados
comienzan a volver en sí y a levantarse de donde estaban echados, y comenzaban
a mirar por casa, por los silleros y bodegas, y por las petacas y cajas y
cofres, y no hallaban nada de cuanto tenían; y hallan robado todo cuanto
tenían, oro y plata, y piedras y plumas ricas, mantas y naguas y huípiles, y
todo cuanto tenían, y comienzan luego todos a llorar, y a dar gritos y a dar
palmadas de angustia, y las mujeres comienzan a decir a voces: quezan nel oc nen
quennel oc nen, que quiere decir, “oh desventuradas de nosotras”, y daban
consigo tendidas en el suelo, y dábanse de puña das y bofetadas en la cara
diciendo: ca onitquioac, otlacemochictia, que quiere decir: “todo cuanto
teníamos nos han llevado”; y decían otras muchas lástimas, como está en la
letra; de esta manera lloraban aquellos que estaban robados.
A estos robadores también llamaban tetzotzomme;
porque en tomán dolos luego los apedreaban y les tomaban todo cuanto tenían en
sus casas. De las demás casas de este signo no hay que decir más de lo que está
dicho atrás; la segunda casa de este signo se llama orne cálli; la tercera el
cuetzpállin: la cuarta nahui cóatl; la quinta macuilli mi-quiztli; la sexta
chicuace mazatl; la séptima chicante tochtli; la octava chicuei atl; la novena
chiconahui itzcuintli; la décima matlactli ozoma-tli; la undécima matlactlionce
malinalli; la duodécima matlactliomome ácatl; la decimotercera matlactliomei
océlotl.
(Lib.
IV, cap. xxxii)
AGÜEROS Y ABUSIONES
PROLOGO
Como con apetito de más saber, nuestros primeros
padres merecieron ser privados del original saber que les fue dado, y caer en
la noche muy oscura de la ignorancia en que a todos nos dejaron, no habiendo
aún perdido aquel maldito apetito, no cesamos de porfiar, de querer inves
tigar, por fas o por nefas, lo que ignoramos, así cerca de las cosas naturales
como cerca de las cosas sobrenaturales. Y aunque para saber muchas cosas de
estas tenemos caminos muchos, y muy ciertos, no nos contentamos con esto, sino
que por caminos no lícitos y vedados procu ramos de saber las cosas que
nuestro señor Dios no es servido que sepamos, como son las cosas futuras y las
cosas secretas: Y esto, a las veces, por vía del demonio; a las veces,
conjeturando por los bramidos de los animales o garridos de las aves, o por el
aparecer de algunas sabandijas. Mal es éste que cundió en todo el humanal
linaje; y como estos naturales son buena parte de él, cúpolos harta parte desta
enfer medad. Y porque, para cuando, llagados de esta llaga fueren a buscar
medicina, y el médico los pueda fácilmente entender, se ponen en el presente
libro muchos de los agüeros que estos naturales usaban y, a la postre, se trata
de diversas maneras de estantiguas que de noche (se) les aparecían.
(Lib. V )
DEL AGÜERO INDIFERENTE QUE TOMABAN DE OIR CANTAR A
UN AVENTURERO QUE LLAMAN OACTON, Y
DE LO
QUE HACIAN LOS MERCADERES
QUE IBAN CAMINO EN ESTE CASO
El segundo agüero que tenían era cuando oían
cantar, o charrear a una ave que llaman oactli o oacton. Este agüero era
indiferente, que a las
veces pronunciaba bien y a las veces mal; teníanle
por bueno cuando cantaba como quien ríe, porque entonces parecía que decía
yeccan, yeccan, que quiere decir buen tiempo, buen tiempo; cuando de esta
manera cantaba no tenían sospecha que vendría algún mal, antes se holgaban de
oírle, porque tenían que alguna buena dicha les había de suceder. Pero cuando
oían a esta ave que cantaba, o charreaba como quien ríe con gran risa y con
alta voz, y que su risa salía de lo íntimo del pecho, como quien tiene gran gozo
y gran regocijo, entonces enmu
decíanse y desmayaban, ninguno hablaba al otro,
todos iban callando y cabizbajos, porque entendían que algún mal les había de
venir, o que alguno de ellos había de morir en breve, o que había de enfermar
alguno de ellos o que les habían de cautivar
aquéllos a cuyas tierras iban. Esto por la mayor parte acontecía en algunos
valles profundos,
o en algunos grandes arroyos, o en algunas grandes
montañas, o en algunos grandes páramos; los caminantes que esto oían eran
mercade res o tratantes, decían entre sí: “algún mal nos ha de venir, alguna
avenida de algún río o creciente nos ha de llevar a nosotros, o a nues tras
cargas, o habernos de caer en manos de algunos ladrones que nos han de robar o
saltear, o por ventura alguno de nosotros ha de enfermar y le hemos de dejar
desamparado, o por ventura nos han de comer bestias fieras, o por ventura nos
han de atajar alguna guerra para que no podamos pasar”.
Cuando platicaban estas cosas entre sí, aquel que
era principal entre ellos comenzaba a esforzar y consolar a los otros, menores,
y decíalos de esta manera, yendo andando: “Hijos míos y hermanos míos, no con
viene que ninguno de vosotros se entristezca, ni desmaye por el agüero que
habéis oído, que ya teníamos entendido cuando partimos de nues tras casas y de
nuestros parientes, que veníamos a ofrecernos a la muerte, y sus lágrimas y sus
lloros, que en nuestra presencia derramaron, bien las vimos porque se acordaron
y nos dieron a entender que por ventura en algún despoblado, o en alguna
montaña, o en alguna barranca habían de quedar nuestros huesos, y sembrarse
nuestros cabellos y derramarse nuestra sangre; y (si) esto nos ha venido, no
conviene que nadie se haga de pequeño corazón, como si fuese mujer temerosa y
flaca; apa rejaos como varones para morir, orad a nuestro señor dios, no
curéis de pensar en nada de esto porque en breve sabremos por experiencia lo
que nos ha de acontecer, al tiempo que viéremos si algún mal nos ha de
acontecer; entonces lloraremos todos, porque ésta es la gloria y fama que hemos
de dar y dejar a nuestros mayores y señores los merca deres nobles y de grande
estima de donde descendemos, porque no so mos nosotros los primeros ni los
postreros a quien estas cosas han acon tecido, que (a ) muchos antes que
nosotros, y (a ) muchos después de nosotros les acontecerán semejantes casos; y
por esto esforzaos como valientes hombres, hijos míos”. Y donde quiera que
llegaban a dormir aquel día, ora fuese debajo de un árbol, o debajo de alguna
lapa, o
en alguna cueva, luego juntaban todos sus bordones
o cañas de camino, que llevaban, y los ataban todos juntos en una gavilla;
entonces decían que aquellos topiles, así todos atados juntos, eran la imagen
de su dios Yacatecutli, que es el de los mercaderes y tratantes; y luego
delante de aquel manojo de topiles o báculos, con grande humildad y reverencia
cortaban las orejas, derramando sangre, y se agujeraban la lengua pa sando por
ella mimbres, las cuales ensangrentadas las ofrecían a la gavilla de aquellos
báculos que estaban todos atados; y todos ellos pro ponían de recibir en
paciencia, por honra de su dios, cualquiera cosa que les aconteciese. De allí
adelante no curaban de pensar más en que alguna cosa les había de acontecer,
adversa por el agüero que habían oído de aquel ave que se llama oactli; y
pasando el término de aquel agüero, si ninguna cosa les acontecía consolábanse
y tomaban aliento y esfuerzo, porque su espanto no vino en efecto; pero algunos
de la com pañía que eran medrosos y de poco esfuerzo, todavía iban con temor
de que alguna cosa les había de acontecer, y así ni se alegraban ni habla ban
ni podían recibir consolación; iban como desmayados y pensativos de que alguna
cosa les había de acontecer, y de allí a algún trecho adelante iban pensando
que lo que no les había acontecido antes, cerca de la significación de aquel
agüero, que por ventura les acontecería ade lante; ninguno se determinaba en
lo que podía acontecer, porque como arriba se dijo este agüero es indiferente a
bien y a mal.
(Lib. V, cap. ii)
DEL AGÜERO QUE TOMABAN CUANDO OIAN DE NOCHE ALGUNOS
GOLPES, COMO DE QUIEN ESTA CORTANDO MADERA
Cuando alguno de noche oía golpes como de quien
corta leña, tomaba mal agüero; a éste llamaban youaltepuztli, que quiere decir
hacha noc turna; por la mayor parte este sonido se oía al primer sueño de la
noche, cuando todos duermen profundamente y ningún ruido de gente suena; oían
este sonido los que de noche iban a ofrecer cañas y ramos de pino, los cuales
eran ministros del templo, que se llamaban tlamacazque. Estos tenían por
costumbre de hacer este ejercicio o penitencia de noche, que es lo profundo de
la noche; iban a hacer estas ofrendas a los lugares acos tumbrados de los
montes comarcanos, y cuando oían golpes como de quien hiende madero con hacha,
lo cual de noche suena lejos, espan tábanse de aquellos golpes y tomaban mal
agüero. Decían que estos golpes eran ilusión de T ezcatlipoca, con que
espantaba y burlaba a los que andaban de noche; y cuando esto oía algún hombre
animoso y es forzado, y ejercitado en la guerra, no huía, mas antes seguía el
sonido de los golpes hasta ver qué cosa era, y cuando veía algún bulto de per
sona corría a todo correr tras él, hasta asirle y ver qué cosa era. Dícese
que el que asía a esta fantasma con dificultad
podía aferrar con ella,
y así corrían gran rato andando a la sacapella, de
acá para allá, cuando ya se fingía cansada la fantasma, esperaba al que la
seguía, (y ) enton ces parecía al que la seguía que era un hombre sin cabeza,
que tenía cortado el pescuezo como un tronco, y el pecho teníale abierto y
tenía a cada parte como una portecilla, como que se abrían y cerraban jun
tándose en el medio y, al cerrar, decían que hacían aquellos golpes que se oían
lejos; y aquel a quien había aparecido esta fantasma, ora fuese algún soldado
valiente, o algún sátrapa del templo animoso, en asiéndola y conociéndola por
la abertura del pecho veíale el corazón y asíale de él, como que se le
arrancaba tirando; estando en esto demandaba a la fantasma que le hiciese
alguna merced, o le pedía alguna riqueza, o
le pedía esfuerzo y valentía para cautivar en la
guerra a muchos, y algu
nos dábalos esto que pedían y a otros no los daba
lo que pedían, sino
lo contrario, que era pobreza y miseria y
malaventura; y así decían que
en su mano estaba de T ezeatlipoca dar cualquiera
cosa que quisiese, adversa o próspera. Y la fantasma, respondiendo a la
demanda, decía de esta manera: “Gentil hombre, valiente hombre amigo mío,
fulano, déjame, ¿qué me quieres?, que yo te daré lo que quisieres”. Y la
persona
a quien
esta fantasma le
había aparecido decíala: “no
te dejaré, que
ya te he cazado”. Y la fantasma dábale un punta o
espina de maguey, diciéndole: “Cata aquí esta espina, déjame”. Y el que tenía a
la fantas ma asida por el corazón, si era valiente y esforzado, no se
contentaba con una espina y hasta que le daba tres o cuatro espinas no la
dejaba.
Estas espinas eran señal que sería próspero en la
guerra, y tomaría tantos cautivos cuantas espinas recibía, y que sería próspero
y reveren ciado en este mundo, con riquezas y honras e insignias de hombre
valiente. También se decía que el que la asía del corazón, a la fantas ma, y
se lo arrancaba de presto sin decirle nada, echaba a huir con el corazón y se
escondía, y (lo) guardaba con gran diligencia, envolvién dolo y atándole
fuertemente con algunos paños; y después, a la mañana, desenvolvíale y miraba
qué era aquello que había arrancado, y si veía alguna cosa buena en el paño,
como es pluma floja como algodón, o algunas espinas de maguey, como una o dos,
tenía señal que le había de venir buenaventura y prosperidad; y si por ventura
hallaba en el paño carbones, o algún andrajo, o pedazo de manta roto y sucio,
en esto conocía que le había de venir malaventura y miseria; y si aquel que oía
estos golpes nocturnos era algún hombre de poco ánimo y co barde, ni la
perseguía ni iba tras ella, sino temblaba de temblor y cortábase de miedo,
echábase a gatas porque ni podía correr ni andar; no pensaba otra cosa más de
que alguna desgracia le había de venir por razón del mal agüero que había oído.
Comenzaba luego a temer que le había de venir enfermedad, o muerte, o alguna
desventura de pobreza y trabajos por razón de aquel mal agüero.
DEL MAL AGÜERO QUE
TOMABAN DEL
CHILLIDO DE
LA LECHUZA
Cuando alguno sobre su casa oía charrear a la
lechuza, tomaba mal agüero, luego sospechaba que alguno de su casa había de
morir o enfer mar, en especial si dos o tres veces venía a charrear allí,
sobre su casa, tenía por averiguado que había de ser verdadera su sospecha; y
si por ventura en aquella casa donde venía a charrear la lechuza estaba algún
enfermo, luego le pronosticaban la muerte. Decían que aquel era el mensajero
del dios Mictlantecutli, que iba y venía al infierno, por esto le llamaban Yautequiua,
que quiere decir mensajero del dios del infier no y de la diosa del infierno
que andaba a llamar a los que le manda ban; y si juntamente con el charrear le
oían que escarbaba con las uñas, el que le oía, si era hombre, luego le decía:
“Está quedo bellaco oji-hundido, que hiciste adulterio a tu padre”. Y si era
mujer la que oía decíale: “Vete de ahí puto; ¿has agujerado el cabello con que
tengo de beber allá en el infierno? Antes de esto no puedo ir”. Decían que por
esto le injuriaban de esta manera, para escaparse del mal agüero que
pronosticaba y para no ser obligados a cumplir su llamamiento.
(Lib.
V, cap. v)
LAS ABUSIONES QUE USABAN ESTOS NATURALES
PROLOGO
Aunque los agüeros y abusiones parecen ser de un
mismo linaje, pero los agüeros por la mayor parte atribuyen a las criaturas lo
que no hay en ellas, como es decir que cuando la culebra, o (la) comadreja,
atra viesan por delante de alguno que va (de) camino, dicen que es señal que
le ha de acontecer alguna desgracia en el camino; y de esta manera de agüeros
está dicho en este libro quinto.
Las abusiones de que en este apéndice se trata son
el revés, que toman en mala parte las impresiones, o influencias, que son
buenas en las criaturas, como es decir que el olor del jazmín indiano que ellos
llaman omixóchitl, es causa de una enfermedad que es como almorranas, y también
a la flor que llaman cuetlaxóchitl la atribuyen un falso testi monio, que
cuando la mujer pasa sobre ella le causa una enfermedad, que también la llaman
cuetlaxóchitl, la cual se causa en el miembro mujeril.
Y porque
los agüeros y las abusiones son muy vecinos, pongo este tratado de las
abusiones por apéndice de este libro quinto, de los agüe ros; y en los agüeros
no está tanto dicho cuanto hay en él uso, ni tam poco en este apéndice están
todas las abusiones de que usan mal, por que siempre van multiplicándose estas
cosas, que son malas; y muchos hallarán, así del uno como del otro, cosas que
no están aquí puestas.
(Lib. V apéndice)
DEL
OMIXOCHITL
Hay una flor que se llama omixóchitl, de muy buen
olor, parece al jaz mín en la blancura y en la hechura; hay también una
enfermedad que parece como almorranas, que se cría en las partes inferiores de
los hom
bres y de las mujeres, y dicen los supersticiosos
antiguos que aquella enfermedad se causa de haber olido mucho esta flor arriba
dicha, de haberla orinado o de haberla pisado
DEL CUETLAXOCHITL
Hay una flor que se llama cuetlaxóchitl, de un
árbol con hojas muy coloradas. Hay también entre las mujeres una enfermedad que
se les causa en el miembro mujeril, que también la llaman cuetlaxóchitl; (y )
decían los supersticiosos antiguos que esta enfermedad se causaba en las
mujeres por haber pasado sobre esta flor arriba dicha, o por haberla olido, o
por haberse sentado sobre ella; y por esto avisaban a sus hijas que se
guardasen de olería, o de sentarse sobre ella, o de pasar sobre ella.
DE LA FLOR YA HECHA
Decían los viejos supersticiosos que las flores que
se componen de mu chas flores, con que bailan y que dan a sus convidados, que
a nadie le es lícito oler el medio de ella, porque el medio de ella está
reservado para Tezcatlipoca y que los hombres solamente pueden oler las
orillas.
DE TECUENCHOLHUILIZTLI, QUE
QUIERE DECIR PASAR SOBRE ALGUNO
Decían también los supersticiosos antiguos, que el
que pasaba sobre algún niño que estaba sentado o echado que le quitaba la
virtud de crecer, y se quedaría así pequeñuelo siempre, y para remediar esto
decían que era menester tornar a pasar sobre él por la parte contraria.
DEL TAMAL MAL COCIDO
Otra abusión tenían: cuando se cuecen los tamales
en la olla, si algunos se pegan a la olla como la carne cuando se cuece y se
pega a la olla, decían que el que comía aquel tamal pegado, si era hombre,
nunca bien tiraría en la guerra las flechas, y su mujer nunca pariría bien; y
si era mujer, que nunca bien pariría, que se le pegaría el niño dentro.
DEL OMBLIGO
Otra abusión tenían: cuando cortaban el ombligo a las criaturas
recién
nacidas: si
era varón, daban el ombligo a los soldados para que le lle
vasen al lugar donde se daban las batallas; decían
que por esto sería muy aficionado el niño a la guerra; y si era mujer,
enterraban el ombligo cerca del hogar, y decían que por esto sería aficionada a
estar en casa y (a ) hacer las cosas que eran menester para comer.
DE LA TORTILLA QUE (SE) DOBLA EN EL COMAL
Tenían otra abusión: decían que cuando se doblaba
la tortilla, echán dola en el comal para cocerse, era señal que alguno venía a
aquella casa, o que el marido de aquella mujer que cocía el pan, si era ido
fuera, venía ya, y había coceado la tortilla porque se dobló.
DEL QUE ESTA
ARRIMADO AL POSTE
Otra abusión tenían: decían que los que se
arrimaban a los postes serían mentirosos, porque los postes son mentirosos y
hacen mentirosos a los que se arriman a ellos, y por esto los padres y madres
prohibían a sus hijos que se arrimasen a los postes.
DEL COMER ESTANDO EN PIE
Otra abusión tenían: decían que las mozas que
comían estando en pie, que no se casarían en su pueblo sino en pueblos ajenos,
y por esto las madres prohibían a sus hijas que comiesen estando en pie.
DE LA MUJER PREÑADA
Otra abusión dejaron los antiguos; y es, que la
mujer preñada se debía de guardar de que no viese a ninguno que ahorcaban, o
daban garrote, porque si le veía decían que el niño que tenía en el vientre
nacería con una soga de carne a la garganta. También decían que si la mujer
pre ñada miraba al sol, o a la luna cuando se eclipsaba, la criatura que
tenía en el vientre nacería mellados los bezos, y por esto las preñadas
no osaban
mirar al eclipse, y, para que esto no aconteciese, si mirase
el eclipse
poníase una navajuela de piedra
negra en el seno, que tocase
a la carne. También decían que la mujer preñada, si
mascaba aquel betún que llaman tzictli, la criatura cuando naciese, que le
acontecería aquello que llaman motentzoponiz, que mueren de ello las criaturas
recién nacidas, y cáusase de que cuando mama la criatura, si su madre la saca
de presto la teta de la boca, lastímase en el paladar y luego queda mortal.
También decían que la mujer preñada, si anduviese de
noche, la criatura que naciese sería muy llorona; y
si el padre andaba de noche y veía alguna estantigua, lo que naciese tendría
mal de corazón, y para remedio de esto, la mujer preñada, cuando andaba de
noche, poníase unas chinas en el seno, o un poco de ceniza del hogar, o unos
pocos de ajenjos de esta tierra que llaman iztáuhyatl; y también los hombres se
ponían en el seno chinas, o pícietl, para excusar el peligro del hijo que
estaba en el vientre de la madre; y si esto no hacían, decían que la criatura
nacería con una enfermedad que llaman ayo-mama, o con otra enfermedad que
llaman cuetzpaliciuiztli, o con loba nillos en las ingles.
DE LA MANO DE LA MONA
Tenían otra abusión, y aun todavía la hay: los
mercaderes, y los que venden mantas, procuraban de tener una mano de mona.
Decían que teniéndola consigo, cuando vendían, luego se les vendía su
mercadería, v aun ahora se hace esto; y también cuando no se vende su
mercadería, a la noche, volviendo a su casa, ponen entre las mantas dos vainas
de chilli, (y) dicen que les dan a comer chilli para que luego otro día se
vendan.
DE LOS RATONES
Otra abusión tenían: decían que los ratones sabían
cuando alguno es-taba amancebado en alguna casa, y luego van allí y roen y
agujeran los chiquihuites y esteras, y los vasos, y esto es señal que hay algún
amancebado en alguna casa, y llaman a esto tlazolli; y cuando a la mujer casada
los ratones agujeraban las naguas, entendía su marido que le hacía adulterio; y
si los ratones agujeraban la manta al hombre, en tendía la mujer que le hacía
adulterio.
DE LAS PIERNAS DE LAS MANTAS
Otra abusión tenían: decían que cuando se tejía
alguna tela, ora fuese para manta, ora para naguas, ora para huípil, si la tela
se aflojaba de una parte más que de otra, decían que aquél para quien era, era
per sona de mala vida, y que se parecía en que la tela se paraba bizcornada.
DEL ESTORNUDO
Otra superstición: decían que el que estornudaba,
era señal que alguno decía mal de él, o que alguno hablaba de él, o que algunos
hablaban de él.
Otra abusión: y es que cuando comían o bebían en
presencia de algún niño que estaba en la cuna, poníanle un poco en la boca de
lo que comían o bebían; decían que con esto no le daría hipo cuando comiese o
bebiese.
DE LA CASA NUEVA POR QUIEN SACABA FUEGO NUEVO
Otra abusión: cuando alguno edificaba alguna casa
nueva, habiéndola acabado, juntaba los parientes y vecinos y delante de ellos
sacaba fuego nuevo en la misma casa; y si el fuego salía presto, decían que la
habita ción de la casa sería buena y apacible, y si el fuego tardaba en salir
decían que era señal que la habitación de la casa sería desdichada y penosa.
DE CUANDO LOS MUCHACHOS MUDAN LOS DIENTES
Otra abusión tenían cerca del mudar de los dientes
de los muchachos: decían que cuando mudaba un diente algún muchacho, su madre o
padre echaba el diente mudado en el agujero de los ratones, o mandábalo echar;
decían que si no lo echaba en el agujero de los ratones no nacería, y que se
quedaría desdentado.
Estas abusiones empecen a la fe, y por eso conviene
saberlas, y predicar contra ellas. Hanse puesto estas pocas, aunque hay otras
muchas más. Los diligentes predicadores y confesores búsquenlas para
entenderlas, en las confesiones, y para predicar contra ellas, porque son como
una sarna que enferma a la fe.
(Lib. V,
ap., fragmentos)
ADICIONES
SUEÑOS Y
OTROS AGÜEROS Y ABUSIONES
SUEÑOS
El que soñaba al diablo, lo imprecaba.
Del que soñaba que su casa ardía, se decía: “Ya morirá”. Y del que
soñaba que era llevado por el río: “Ya morirá”.
Del que soñaba que sobre él se rompía un cerro,
también se decía:
“Ya morirá”.
Del que soñaba que el árbol se rompía sobre él, se
decía: “Ya morirá”.
Del que soñaba que hacía estrenar casa, también se
decía: “Ya morirá”.
Del que soñaba eclipse del sol, también se decía:
“Ya quedará ciego o se venderá”.
Del que soñaba que la fiera lo comía, se expresaba:
“Ya morirá”. Del que soñaba que una serpiente se echaba sobre él, también se
decía: “[Padecerá la enfermedad llamada]
‘envaramiento de la serpiente’; por esto morirá”.
Del que se soñaba volar, se decía: “Ya morirá en guerra”.
Y aun otros sueños que no sabemos bien, que son
muchos.
Los lectores de los destinos interpretaban los
sueños. Los veían en el libro de los destinos y ordenaban la forma en que debía
ser hecha la ofrenda, y quemaban la ofrenda. Y la ofrenda era papel, copal,
hule.
( Trímeros memoriales, f. 85 v.)
ESTERA DE SERPIENTES O SERPIENTE-ESTERA
Esta no es sólo una. Se reúnen, se juntan las
serpientes, como si se hicie ran una estera. En ella está la silla de
culebras, o quizá está aparte. Y así va, así anda, corre de aquí para allá;
corre a todas partes. Es (así) porque las cabezas de las serpientes están hacia
todas partes; se han convertido en los flecos de la estera de serpientes; por
esto corre hacia todas partes; de aquí para allá va, y en ella va la silla de
serpientes, va rodando.
El que la ve, el sabio, el experimentado, no le
teme. En ella se sienta rápidamente, como si se sentara sobre una estera, y la
silla de serpientes sobre la que se sienta la considera silla propia.
Quizá se aplane algo la estera de serpientes, o
quizá la pandee un poco. En ella va; va haciendo silla la silla de serpientes.
Luego desbara tan (la estera) las serpientes; se hace la huida; se encaminan
en cual quier dirección.
Y cuando acontece esto, piensa (el hombre) dos
cosas. La primera cosa, que dizque su augurio es que ya morirá, o que le
acontecerá algo peligroso. La segunda cosa,; dizque entonces hace merecimiento,
que entonces merece el cargo de tecuhtli10, el gobierno; dizque será tecuhtli,
gobernará, porque rápidamente se sienta en la estera de serpientes.
( Códice matritense, RAH, f. 291 v. y Códice
florentino, lib. XI, p. 81)
10 Cargo administrativo y judicial en el
calpilli. (L .A .).
Es también muy raro. Viene también cuando vienen
las aves. Sólo es pequeñillo, del tamaño de una paloma.
Por esto se llama cabeza de espejo: tiene en su
cabeza como un espe jo, en medio de la cabeza, como disco. Ahí aparecemos.
Precisamente en su frente está una renglerilla de plumaje algo ceniciento. Su
pico es pequeño, como un diminuto cilindro. Su pecho, su espalda, son comple
tamente azules. El plumaje de sus alas, su cola, también son azules. En todo su
plumaje hay un poquito de blanco. Sus patas son amarillas, y cuando anda en el
agua va remando con sus patas. Aparece en el agua; va ardiendo, va luciendo
como ascua.
Y este cuatézcatl es la señal de la guerra. El que
lo caza, ahí (en el espejo) se ve. Si irá, si irá a finalizar en la guerra,
verá que es llevado, que es hecho cautivo, que lo arrastran. Pero si tendrá
fortuna, si algo es su merecimiento, verá que él arrastra a la gente.
(Códice florentino, lib. XI, p. 32)
EL ECLIPSE DE SOL
Cuando esto acontece (el sol) se muestra muy rojo;
ya no permanece quieto; ya no está tranquilo; sólo está balanceándose. Se
amarillece mu cho. En seguida hay bullicio; se inquieta el hombre; hay
alboroto, hay trastorno, hay temor, hay llanto. Levantan el llanto los hombres;
se dan alaridos; hay gritos; hay grita; hay vocerío; hay clamor; se tienden los
cascabeles. Son sacrificados albinos 11; son sacrificados cautivos. Se san gra
la gente; se hacen pasar varas por las orejas y en los templos son can tados
cantos floridos. Permanece el ruido; permanece la grita. Así se decía: “Si
acabase, si fuese comido el sol, todo oscurecerá para siempre, vendrán a bajar
las tzitzimime n, vendrán a comer hombres”.
( Primeros memoriales, £. 160 v.; Códice
matritense, RP, ff. 178 r. y v., y Códice florentino, lib. VII, p. 2 )
EL GRANIZO
Así se hace,
así aparece: cuando sobre los
cerros se colocan las nubes
muy blancas, se dice: “Ya granizará, ya será
granizado nuestro sustento”. Y así cae el granizo, como resonando; golpea la
cabeza de la gente, apedrea a la gente. Así muere, así se daña, así se muere
nuestro sustento.
11 Tlacaztalmicoa es “sacrificar albinos” según la
interpretación de fray Bernar-dino de Sahagún en los Memoriales con escolios.
(L .A .).
12 Deidades femeninas. (L .A .).
A una braza tiende, tiende a los pájaros en la
superficie del agua. Y allá los levantan, los levantan después, obtienen
nuestro alimento los navegantes.
Y para que
no granice, para que no sea granizado, para que no sea muerta por el granizo la
mata del maíz, entonces empujan (las nubes), las ahuyentan los arrojadores de
granizo, los arrojadores de la lluvia; desde el agua las apartan, las muestran,
las llevan; o quizá allá las arrojan
a los zacatales, a las llanuras de zacate, donde es
el lugar en que nada se hace, donde de nada es lugar, donde nada permanece,
donde nada se levanta, donde nada permanece levantándose, donde nada brota,
donde nada permanece brotando, donde nada se siega. Sólo es lugar de miseria,
donde las piedras están secándose.
( Códice matritense, RP, ff. 183 v.,
184 r., y Códice florentino, lib. II,
pp. 157-8;
éste y los cuatro textos anteriores: traducción de Alfredo López Austin,
Augurios y abusiones, Fuentes Indígenas de la Cultura Náhuatl, 4, Universidad
Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, México,
1969, pp. 101, 103, 121, 123, 125, 145, 151 y 153).
MEDICINA
DE LAS ENFERMEDADES Y MEDICINAS CONTRARIAS DE LOS
PECHOS, COSTADOS Y ESPALDAS
DOLOR DE LOS PECHOS
Para el dolor de los pechos será bueno tomar las
raíces aquí nombradas, y molerse y cocerse, y beber el agua de ellas, siendo
tibia, y esto dos o tres veces, o beber el agua del ezpatli hecho de diversas
hierbas, cocién dose mucho y mezclándose con pepitas y chile, y procurar de
comer siem pre tarde; y los correos o mensajeros, que van muy de prisa, suelen
beber esta agua caminando para que no (se) abra el pecho.
POCA LECHE
Para las mujeres que tienen poca leche en las tetas
será necesario moler la raíz llamada tacanalquíltic, y bebería dos, o tres
veces saliendo del baño, y lavándose primero los pechos con el tequixquite, con
la cual pri mera leche que sobreviniere de esta cura, la criatura se
corromperá algún tanto, y para acabarle de purgar será bueno darle dos o tres
gotas de esta agua, empapando algún poco de algodón como está dicho; el alma
(que) no coma aguacate y beba el agua cocida de calabazas blancas, o de la hierba
llamada cuetlaxóchitl, o coma asado el vergajo de los perrillos, o coma el
izcauitli.
HINCHAZON DE LAS TETAS
La hinchazón de las tetas, para curarse será
necesario moler la hierba que se llama yxiayáuál, mezclada con otra hierba
nombrada eloquíltic, y ponerla alrededor de aquella hinchazón o dureza, y con
esto vendrá a madurar o se resolverá la hinchazón, y si no aprovechare este
remedio se sajará, y poner alrededor las dichas hierbas mezcladas, y cuando se
fueren pudriendo las heridas de la sajadura, se echará una bilma de las dichas
hierbas, y de los polvos de la hierba llamada chichicaquílitl y el ocótzotl, y
beberá el agua de la hierba nombrada tetetzmític.
Cuando se tuviere dolor en los pechos, o en las
espaldas, o en las cos tillas, o molimiento en todo el cuerpo, molerse han las
hierbas y raíces aquí nombradas, y revolverse y mezclarse con el cisco y el
axin, y untarse, lavándose primero con el agua caliente de los inciensos de la
tierra; y cuando sintiere alguna comezón tomar algunos baños, y después de
haberlos tomado beber el agua de estas hierbas aquí nombradas, y así (se)
expelerá el mal, tlalquequétzal y tonálxíhuitl.
NIGUAS
Las niguas que nacen en las espaldas, que en la
lengua se llaman qua-lócatl, curarse han no lavándose ni bañándose, algunos se
curan con la hierba que llaman toloa, secada al sol y hecha polvos, puesta en
los dichos nacidos, y si con ésta se ablandaren, echarse han los polvos de la
raíz que se llama iztacpatli, y si con esto no sanare, cortarlo en cruz, y
sacarse han de dentro ciertas sabandijas a manera de aradores; y juntarse han
las hierbas aquí nombradas, molidas, mezclándolas con el cisco y cal, y poniéndolas
encima, y sobre todo se han de poner una bilma de ocót-zotl; y algunos curan
esto con la penca del maguey cortando un pedazo a manera de parche, y
poniéndola en el nacido, y abriéndola por medio para que quede descubierta la
boca del nacido, y tomar un poco de óxitl y ponerlo en la propia boca del
nacido, de suerte que poniendo fuego sobre el óxitl quede quemado el nacido; y
hecho esto se pondrá una bilma de ocótzotl mezclado con la hierba nombrada
yiaiihtli. Y su comida del enfermo serán tortillas tostadas, y huevos, y
guardarse de comer chile y carne, y de beber al atole caliente, y cacao, y
vino; su bebida será agua fría, o el agua del aguayacan.
QUEBRADURAS DE HUESOS
Las quebraduras del hueso del espinazo y de las
costillas, o de los pies, o (de) otro cualquier hueso del cuerpo, se curarán,
tirándose, y ponién dose en su lugar, después de lo cual se ha de poner encima
de la tal quebradura la raíz molida que se llama zazálic, y ponerse a la
redonda algunas tablillas y atarse bien, porque no se torne a desconcertar; y
si a la redonda de la tal quebradura estuviere hinchada la carne se ha de
punzar y poner la raíz que se llama zazálic, molida y mezclada con la raíz nombrada
tememétlatl, y con el agua de esta raíz postrera lavarse el cuerpo, o bebería
en vino y tomar algunos baños; y cuando se sintiere alguna comezón, untarse con
la hierba llamada xipetziuh, mezclada con la raíz llamada iztac zazálic. Si con
esto no sanare se ha de raer y legrar
el hueso de encima de la quebradura, cortar un palo
de teas que tenga mucha resina, y encajarlo con el tuétano del hueso para que
quede firme, y atarse muy bien y cerrar la carne con el pañi arriba dicho.
HINCHAZONES
Las hinchazones que proceden de los huesos
desconcertados se curarán con los polvos de ciertas mazorcas de maíz que nacen
anchas y jaspeadas, o leonadas, que en la lengua se llaman tzatzapalli
xochicintli, quappach-cintli, quemadas y molidas, y puestos los dichos polvos
en la hinchazón y apretarla con la mano.
TOS PERPETUA
Para los que siempre andan tosiendo, y tienen una
tos perpetua, y echan mucha flema, materia, sangraza cuajada, será necesario
beber el agua de la hierba que se llama teouaxin, mezclada con chile y sal,
cociéndose muy bien, o beberá el agua de cierta raíz que se nombra iztac
chichic-quáuitl, cociéndose primero con el pulcre, y cuando bebiese esta agua
no coma luego, y no coma fruta ni cosas muy frías, aunque puede beber algún
trago de pulcre. También aprovechará beber el agua del palo nombrado chichiualquáuitl
mezclado con agua y puesto al sol, y también beber el agua, del palo nombrado
tlapalezquáuitl, cociéndose primero y echando en el agua un poco de tequixquite
colorado; entiéndese que un día ha de beber el agua de un palo y otro día la
del otro.
ESCUPIR SANGRE
Los que escupen sangre se curarán bebiendo el cacao
hecho con aquellas especies aromáticas que se llaman tlilxóchitl mecaxóchitl y
ueinacaztli, y con cierto género de chile llamado chiltecpin, muy tostado y
mezclado con ulli; y también esto que está dicho se podrá beber en el vino,
pero no ha de llevar ulli; o beberá el agua del palo llamado tlapalezquáuitl, o
el panecico que se llama ezpatli, que se hace de diversas hierbas mo liéndolo
y revolviéndolo con el agua.
(Lib. X, cap. xviii, fragmento)
DE LAS HIERBAS
MEDICINALES
T0ZANCUITLAXC0LL1
Hay otra hierba medicinal que se llama
tozancuitlaxcolli, (que) tiene las hojas coloradillas y redondas y arpadas, y
las ramas bermejas; algunas de estas hojas están la mitad coloradas y la mitad
verdes, y la raíz de esta hierba por de dentro es blanca y por de fuera
bermeja. Tiene muchas raíces y son redondillas, asidas unas con otras. Esta
raíz, molida con un chile, tuéstase y después cuécese con agua; (y ) esta
medicina, de esta manera hecha, sana las cámaras de sangre. Después de bebida
baja aquel humor y hace más cámaras de las que hacía, y después, antes de un
poco, aplaca, y después de esto ha de beber agua mezclada con chiantzótzol, y
de allá (a ) un poco podrá comer. Las hojas de esta hier ba, no aprovechan de
nada; hácese esta hierba en las peñas y en los riscos y montañas.
CACAC1LL1
Hay otra hierba medicinal que se llama cacacilli;
párrase a raíz del suelo; las hojas tiene anchuelas y delgadillas; hácense en
esta hierba unas flo res blancas (que) no son de provecho. La raíz de esta
hierba es algo dulce. Es contra las cámaras de sangre, bebida y molida con un
poco de chiantzótzol; bébese sobre la comida, y también se bebe contra las
quebraduras de huesos, digo, es buena, puesta encima con alguna cosa que pegue
como tzacutli, o xochiocótzotl. También es provechosa contra las postemas, como
incordios y otras semejantes, (pues) poniéndola enci ma hace madurar la
postema; también es buena para sacar astilla, espi na o hueso, o pedazo de
flecha del cuerpo. Hácese esta hierba en las montañas de Xochimilco, y en todas
(las) montañas.
XOXOCOYOLT1C
Hay otra hierba medicinal que se llama
xoxocovóltic; tiene hojas a mane ra del corazón, arpadillas y coloradillas; no
son para nada provechosas. Tiene una raíz sola y redonda como piedra; la raíz
en la sobre haz es bermeja y de dentro es blanca, y es amarga. Es medicinal
para los que tienen dañado el miembro, echando con jeringa dentro, y también
para los que están estreñidos, tomándola por tristel; hase de mezclar con un
poco de pulcre blanco, o sin mezcla, y vomitará con ella y también echará fuera
la materia que está dentro en el miembro. Habiéndola tomado de esta manera,
tomará el enfermo un poco de caldo de ave, o puchas que llaman yallotolli, y
tomado esto comerá; pero no ha de beber agua fría. Hácese esta hierba en los
riscos y peñas.
1ZELEUA
Hay otra hierba medicinal que se llama izeleua; es
arbusto, tiene las hojas redondilas, muy verdes, tiene unas flores moradas
(que) no son de provecho. La raíz de esta hierba es grande y negra, como raíz
de árbol, córtanla para aprovecharse de ella, y hecha astillas, cuécese junta
mente (con) pepitas de calabaza y granos de maíz; cuélase el agua des pués de
cocida, (y ) dase a beber a los que recaen; y si alguna mujer después de la
enfermedad tuvo su marido un acceso a ella, y por ése recae, bébela dos o tres
veces y con esto sana. También se bebe cruda, molida y revuelta con agua,
cuando alguno comienza a estar enfermo, y con esto echa cólera y flema por la
boca; y también la beben los que tienen demasiado calor y angustias en el
corazón, y con esto se aplacan; después de bebida toman un poco de caldo de
ave. Es rara esta hierba y hácese en las montañas.
POZAUL1ZPATL1
Hay otra hierba medicinal que se llama
pozaulizpatli; tiene las hojas anchas, la hechura (de ellas) es como de higuera
aunque pequeñas, son muy verdes, arpadillas y puntiagudas; están parradas por
el suelo; son amargas estas hojas. Tiene la raíz como el rábano, por de fuera
amarilla y por de dentro blanca; muélese la raíz con las hojas (y ) es
provechosa para los que están hinchados, o que les salen llagas por el cuerpo;
pénen la molida en los lugares de las llagas e hinchazones, y así sanan.
Hácese en las montañas.
UAUAUHTZ1N
Hay otra hierba medicinal que se llama uauauhtzin,
o iztacquáuitl, (que) ya se dijo arriba que es contra el calor demasiado, y
también es medicinal para la hinchazón o podredumbre del miembro, y para esto
se ha de moler juntamente con las hojas y flores de la hierba que se llama
mat-lalli, y revuélvense con agua caliente. También esta hierba molida y bebi
da es contra el tabardete, cuando comienza a aparecer con unas pintas como de
cardenillo, y bebiendo esta hierba luego sale fuera; es menester sangrar al
enfermo. También es provechosa para el que tiene cámaras continuas, bebida la
raíz con agua caliente y mezclada con un poco de chian. En toda parte se hace,
en las montañas.
IZTAQUILTIC
Hay otra hierba medicinal que se llama iztaquiltic;
es mata, tiene las ramas largas, tiene las hojas menudas como las hojas de
cedro, es muy
verde y lisa. La raíz de esta hierba no aprovecha
nada. La rama es algo quemosa, (y ) aprovecha para los que están estreñidos de
la orina; hanla de beber molida y mezclada con agua, y no se ha de beber otra
agua sino ésta; también aprovecha a los que echan sangre por la boca; purga los
malos humores por la boca, y a los que tienen gota coral, si se la dan a beber
a los principios, sanan; y también aprovecha a los que escupen materia. Hase de
mezclar con la hierba arriba dicha que se llama uauauh-tzin, y háceles purgar
los humores por abajo. Dase en las montañas y riscos
MEMEYA
Hay otra hierba medicinal que se llama memeya, que
quiere decir mana leche; tiene una rama sola, y las hojas (son) largas y
anchuelas y pun tiagudas, y (la) flor blanca; las ramas ni hojas no son de
provecho. La raíz de esta hierba es como de color castaño por de fuera, por de
dentro es blanca; no tiene ningún sabor, sino como agua; hase de tomar molida
con unos granos de maíz y mezclada con agua tibia; una de estas raíces, o
cebollas, se reparte en tres o cuatro veces para beber. Aprovecha así bebida para
los que tienen mal de barriga y les rugen las tripas, y tienen la barriga
hinchada, y con esto sana; hace echar por la boca cólera y flema y materia. Se
ha de tomar en ayunas, y después de tomada ha de beber el enfermo el
yóllatolli, y después ha de comer; pero no cosa con chile. También provoca la
cámara, y echa fuera las lombrices. Há-cese en todas las montañas y cuestas.
TETZM1T1C
Hay otra hierba medicinal que se llama tetzmític,
(que) es semejante a la mata que se llama tétzmetl, (y ) también se llama
quauholli. Tiene las hojas muy verdes y correosas y redondillas, y también mana
leche, y tiene las ramas coloradas; mana leche de las hojas y de los grumos
cuando se corta; esta leche echada en los ojos, templa el calor y quita la
bermejura de ellos, aclarálos, purifícalos. Las raíces de esta hierba son
dulces, y espesas y larguillas, y por de fuera tienen color castaño y por de dentro
blanco; lo interior de esta raíz molido provoca a la orina y purifícala, y
también templa el calor demasiado; hácese en las montañas y en las ciénegas.
TZATZAYANALQUILTIC
Hay otra hierba medicinal que se llama
tzatzayanalquíltic; las ramitas de esta hierba salen muchas sobre la tierra, (y
) tiene las hojas como
la hierba que se llama tzayanalquílitl, tiene las
hojas pequeñas y arpa-dillas, muy verdes; no tallece. De la hierba no hay
provecho. La raíz de esta hierba es una, y parece como cuentas que están
ensartadas; de fuera son de color castaño claro, de dentro son blancas. Bébese
molida y mezclada con agua; aprovecha a las mujeres que crían cuando se les
aceda la leche, y bebida muchas veces purifica la leche; y también la dan a
beber al niño que tiene cámara (y ) con ella se le quitan. También se maja, y
el zumo que sacan de ella purifica la orina a los niños. Las que dan leche no
han de comer aguacates porque causan cámaras a los niños que crían. Hácese en
las montañas y en las peñas.
OUAUHTLACALH UAZTL1
Hay otra que se llama quauhtlacalhuaztli; es
arbusto, tiene las hojas ver des, y anchuelas y ralas y arpadas, redondillas;
tiene las flores leonadas; las raíces de este arbusto son medicinales, son
gruesas y blancas y muy amargas, son correosas. Estas raíces hechas astillas y
echadas en agua en que estén algún tiempo, para que el agua tome sustancia de
la raíz, dase a beber esta agua a los que tienen sarna de la tierra que se
llama naná-huatl; hase de beber en ayunas. También se bebe molida con el agua;
también purifica la orina, también los polvos de esta raíz se echan sobre la
dicha sarna, también es provechosa a los que tienen mal de pecho y tienen mala
digestión; también es provechosa para los que tornan a recaer de alguna
enfermedad; (y ) también purifica la leche de las mujeres que crían. Esta raíz
pone el agua en que se echa muy azul. Hácese en los montes, y en los llanos y
en los campos.
1ZTAUHYATL
Hay otra hierba medicinal que se llama iztáuhyatl;
es como los ajenjos de Castilla, también es amarga; molida o majada esta hierba
aprovecha a muchas cosas, molida y bebida con agua hace echar la cólera y
flema, (y ) también es buena bebida para los que están ahitos; también echa
fuera el calor demasiado interior, y también purifica la orina, y también
aprovecha al que tiene ardor en la cabeza. También es provechosa, moli da,
juntamente con los meollos de las ramas de la hierba que se llama quauhyayáual,
para los que tienen angustias en el corazón por razón de algún mal humor que le
oprima; bébenla cocida con agua y sanan. Hácese por todas partes en los campos.
OLOLIUHQUI
Hay otra planta- medicinal que se llama ololiuhqui,
o uey ytzontecon; párranse sobre la tierra sus ramas y hojas, tiene las hojas
verdes obscuras,
son de tres en tres, las flores están revueltas con
las hojas, tienen las flores moradas y blanquecinas; no son de provecho. La
raíz tiénela redon da, de fuera es negra y de dentro es blanca, tiene sabor
dulce como de hierba; la corteza es delgada, molida es buena para dolor de la
barriga y rugimiento de las tripas, y para el que tiene desmayos del corazón, y
que le laten las sienes y venas; hase de beber revuelta con agua, en ayu nas,
y con esto purga y echan la cólera y flema por la boca, (y ) con esto se le
quitan los latidos del cuerpo. El agua con que se ha de beber ha de ser tibia
para purgar por la orina. A los que tienen calenturas ter cianas, o cuartanas,
dársela han a beber en tomándole la calentura, y con esto se le quita o se le
aplaca. En todo lugar se hace, en cuestas o en llanos, pero es rara. En otra
parte se puso este nombre olóliuhqui, pero son diferentes hierbas.
XOXOUHQU1
Hay otra que se dice quauhxoxouhqui, o
xoxouhcapatli; ésta es una hier ba como la hiedra, que sube por los árboles y
por las paredes; tiene las ramas verdes, y las hojas redondillas y puntiagudas;
echa flores, y son blanquitas; hace semilla, y esta semilla es redonda, y en
cada flor no se hace más que una; las hojas y semillas, molidas, todo junto y
mezclado con agua y tinta, lavando el cuerpo con ella es contra la gota; y
también se pone en el mismo lugar donde está la gota, mezclado con un poco de
resina; y cuando la gota ha cundido por todo el cuerpo y da grandes dolores, y
se va secando todo el cuerpo, si se lava con ella, o la pone por todo el cuerpo
mezclada con resina, y emplumado, con esto aman san los dolores; y también
bebidas en ayunas la semilla molida y mezcla da con agua amansa el dolor.
Dicen que cuando uno tiene enfermedad que los médicos no entienden, ni saben
dar remedio para ella, se bebe esta semilla molida y mezclada con agua,
emborráchase con ella el enfer mo y luego da señal donde está la enfermedad.
También dicen que es provechosa para las llagas podridas que no les hallan
medicina, molida esta semilla con las hojas, y puesta en polvos, o mojada, sana
las llagas viejas e incurables. Hácese esta hierba en tierra caliente.
TEXOXOCOYOLLI
Hay otra hierba que se llama texoxocoyólli; tiene
las ramas larguillas y también los pezones de las hojas, tiene las hojas
anchuelas y ametaladas de verde y morado; solamente hace una flor y es como
morada; tiene un sabor como de hierba o heno, y amarga un poco. Esta hierba
molida es provechosa para las hinchazones, poniéndola molida sobre la
hinchazón. La raíz de esta hierba es una y es redonda, por de fuera es negra y
por
de dentro amarilla; tiene unas raíces pequeñuelas y
delgadas y espesas, en que está revuelta; tiene un sabor áspero, que se ase a
la lengua; esta raíz molida es buena para las mujeres que tornaron a recaer por
haber tenido su marido acceso a ellas antes que estuviesen bien sanas, y tam
bién para el hombre que tornó a recaer por haber tenido acceso a su mujer antes
de estar bien sano.
CHILPANTON
Molida hase de revolver con un poco de algodón y
hase de poner dentro, en el miembro femenil, o viril, luego por allí purga lo
que hacía daño al cuerpo; lo mismo es para los que se estragaron teniendo
acceso a la mujer. Esta raíz molida y mezclada con la raíz de la hierba que se
llama chilpanton, es provechosa para los que tienen hinchazón de la barriga por
razón de alguna postema interior. Hase de beber en ayunas, con agua, y con esto
purga por abajo la postema que hacía daño. De esta hierba, chilpanton, arriba
se dijo: esta hierba, texoxocoyolli, en las montañas y en los páramos se hace.
TLACOXOCH1TL
Hay otra hierba medicinal que se llama
tlacoxóchitl, es altilla, tiene las hojas divididas de dos en dos y de tres en
tres; son verdes, son anchuelas y arpadas, son algo vellosas; tiene las flores
naranjadas, redondillas y huecas; no son de provecho. Tiene esta hierba las
raíces grosezuelas, por encima negrestinas y de dentro blancas, (que) tienen la
corteza delgada; sabe entre amargo y dulce; es buena contra el calor demasiado
y desmayo del corazón. Hase de beber molida y mezclada con agua, y con algunos
granos de maíz hasta quince, y también con algunos granos de cacao, hasta
quince o dieciséis, todo molido junto, y bebido con agua muchas veces, en
ayunas, y después de comer, mitígase el calor; hácese en todas partes en las
montañas y páramos.
MAGUEY
El maguey de esta tierra, especialmente el que
llaman tlacámetl, es muy medicinal por razón de la miel que de él sacan, la
cual hecha pulcre se mezcla con muchas medicinas para tomarlas por la boca,
como atrás se dijo, también este pulcre es bueno, especialmente para los que
han recaído de alguna enfermedad, bebiéndolo mezclado con una vaina de ají y
con pepitas de calabaza, todo molido y mezclado, bebiéndolo dos o tres veces, y
después tomar el baño, así sana; también la penca del
maguey nuevo asada en el rescoldo, el zumo de este
maguey, o el agua de que se coció, hervido con sal (y ) echado en la llaga del
que se des calabró, o del herido, de cualquier herida sana; también la penca
del maguey, seca y molida, mezclada con resina de pino y puesta con su pluma en
el lugar del dolor, ahora sea gota, ahora sea otra cosa, sana; también el
pulcre se mezcla con la medicina que se llama chichicpatli, y hervido con ella
es provechosa para el que tiene dolor de pecho, o de la barriga, o de las
espaldas, o tiene alguna enfermedad con que se va secando; bebiéndola en ayunas
unas o dos veces, o más sana.
TUNAS
El árbol que se llama tuna tiene las hojas grandes
y gruesas, y verdes y espinosas; este árbol echa flores en las mismas hojas (y
) unas son blancas, otras bermejas, otras amarillas, y otras encarnadas;
hácense en este árbol frutas que se llaman tunas, (que) son muy buenas de comer
(y ) nacen en las mismas hojas. Las hojas de este árbol, descortezadas y
molidas, danlas a beber con agua a la mujer que no puede parir, o que se ladeó
la criatura, con esto pare bien; a la mujer que se le ladea dentro la criatura
padece dos o tres días gran pena, antes que para; esto acon tece por la mayor
parte a las mujeres que no se abstienen del varón antes de parir.
CHIA CON TLAQUATZ1N
La semilla de la chía molida con un poco de la cola
del animal que se llama tlaquatzin, (en) tanta cantidad como medio dedo,
mezclado todo con agua, bebiéndola la mujer que no puede parir luego pare; este
brebaje es mejor para parir que no los de arriba, y esto no lo saben muchos.
Con la raíz de esta hierba, verde y cruda, con la raíz del sauce que se llama
quetzalhuéxotl, todo molido, hácese con ello atole, y es provechoso para los
que escupen sangre y que tienen continua tos, que sale del pecho y escupen sangre;
también con esto sana la tos vieja, o de muchos días; también es bueno para los
que tienen cámaras de mate ria, bebiéndola dos o tres veces. La semilla de
esta hierba cruda muélese, y sacándola el zumo, y bebiéndolo en ayunas limpia
el pecho, y bebiendo con este zumo mezclado atul antes de comer hace lo mismo.
Este zumo de esta chían es como el olio de linaza de Castilla, con que los
pintores dan lustre.
OQUICHPATL1
Hay otra hierba medicinal que se llama oquichpatli;
nace parrada sobre la tierra, como la hierba de la golondrina; tiene las hojas
muy verdes
y redondillas, como lentejas, algo puntiagudas; las
flores y las hojas van entrepuestas una con otras, como plumas blanquillas,
llévalas el viento a las flores, las cuales, ni las hojas, no son de provecho.
La raíz es una redondilla, tan larga como un palmo; por encima es un poco
amarilla y por de dentro blanca, y es quemosa esta raíz, está como en relata.
Esta raíz, molida, es provechosa para el hombre, o mujer, que porque no acabó
de expeler la simiente humana, o por miedo o por otra ocasión que se ofreció, y
queda cortado o estragado, y por esta causa se va secando, y le da una tos
continua, y se va parando negro el cuerpo, y secándose, aunque haya un año, o
dos o tres, que está así; tomándola por tristel expele un humor muy hediondo
por espacio de dos o tres días, acaba de salir el humor corrupto, y por el
miembro echa la orina blanca, como agua de cal, y muy hedionda, y lo mismo hace
la mujer. Esto mismo es medicina para cuando alguno en sueños no acabó de
expeler el humor sementino. La cantidad de esta raíz ha de ser como medio dedo,
molida para una vez. Hállase esta hierba en los campos de Tm-llantzinco.
LOS BAÑOS TEMAZCALL1
Usan en esta tierra de los baños para muchas cosas,
y para que aproveche a los enfermos hase de calentar muy bien el baño, que los
llaman temaz-calli, y hase de calentar con buena leña que no haga humo;
aprovecha primeramente a los convalecientes de algunas enfermedades, para que
más presto acaben de sanar; aprovechan también a las preñadas que están cerca
del parto, porque allí las parteras las hacen ciertos beneficios para que mejor
paran; también aprovechan para las recién paridas, para que sanen y para purificar
la leche; todos los enfermos reciben benefi cios de estos baños, especialmente
los que tienen nervios encogidos, y también los que se purgan, después de
purgados; también para los que caen de su pie, o de alto, o fueron apaleados o
maltratados, y se les encogieron los nervios, aprovéchales el baño; también
aprovecha a los sarnosos y bubosos, allí los lavan, y después de lavados los
ponen medi cinas conforme a aquellas enfermedades; para éstos es menester que
esté muy caliente el baño.
LOS MEDICOS INFORMANTES INDIOS
Esta relación arriba puesta, de las hierbas
medicinales, y de las otras cosas medicinales arriba contenidas, dieron los
médicos del Tlatilülco, Santiago, viejos y muy experimentados en las cosas de
la medicina y que todos ellos curan públicamente, los nombres de los cuales, y
del escribano que lo escribió se siguen, y porque no saben escribir rogaron al
escribano
que pusiese sus nombres. Gaspar Matías, vecino de
la Concepción; Pedro de Santiago, vecino de Santa Inés; Francisco Simón y
Miguel Damián, vecinos de Santo Toribio; Felipe Hernández, vecino de Santa Ana;
Pedro de Requena, vecino de la Concepción; Miguel García, vecino de Santo
Toribio, y Miguel Motolinía, vecino de Santa Inés.
(Lib.
XI, cap. vii,
fragmentos)
OTRAS
MEDICINAS
CARNE DE TIGRE
La carne del tigre dicen que es medicinal para los
que han sido casados y, estando viudos, no se acuerden de mujer, ni les
fatiguen las tentacio nes carnales; hanla de comer asada o cocida; también es
provechosa co mida de esta manera para los que pierden el seso, y también es
buena para los que tienen calenturas con frío; hase de comer cuando comienza la
calentura, y hase de beber un poco de caldo. También comen esta carne los
señores para ser fuertes y animosos; también para los que son locos es bueno un
pedazo de cuero, y de los huesos, y también del estiér col, todo quemado y
molido y mezclado con resina, u ocótzotl, y sahu mándose con ello sanan.
RELIGION Y MITOS
ORIGEN DE LOS DIOSES
DEL PRINCIPIO QUE TUVIERON LOS DIOSES
Del principio de los dioses no hay clara ni
verdadera relación, ni aun se sabe nada; mas lo que dicen es que hay un lugar
que se dice Teotihua-can, y allí, de tiempo inmemorial, todos los dioses se
juntaron y se hablaron diciendo: ¿Quién ha de gobernar y regir el mundo? ¿Quién
ha de ser sol? (y esto ya es platicado en otra parte). Y al tiempo que nació y
salió el sol, todos los dioses murieron y ninguno quedó de ellos, como adelante
se dirá en el Libro Séptimo, en el capítulo II.
DEL NACIMIENTO DE HUITZILOPOCHTLI
Según lo que dijeron y supieron los naturales
viejos, del nacimiento y principio del diablo que se decía Huitzilopochtli, al
cual daban mucha honra y acatamiento los mexicanos, es: que hay una sierra que
se llama Coatépec junto al pueblo de Tulla, y allí vivía una mujer que se
llamaba Coatlicue, que fue madre de unos indios que se decían
Centzonhuitzna-hua, los cuales tenían una hermana que se llamaba Coyolxauhqui;
y la dicha Coatlicue hacía penitencia barriendo cada día en la sierra de Coa
tépec, y un día acontecióle que andando barriendo descendióle una pelo tilla
de pluma, como ovillo de hilado, y tomóla y púsola en el seno junto a la
barriga, debajo de las naguas y después de haber barrido (la) quiso tomar y no
la halló de que dicen se empreñó; y como vieron los dichos indios
Centzonhuitznahua a la madre que ya era preñada se enojaron bravamente
diciendo: ¿Quién la empreñó que nos infamó y avergonzó? Y la hermana que se
llamaba Coyolxauhqui decíales: hermanos, mate mos a nuestra madre porque nos
infamó, habiéndose a hurto empreñado. Y después de haber sabido la dicha
Coatlicue (el negocio) pesóle mucho y atemorizóse, y su criatura hablábala y
consolábala, diciendo: no tengas miedo, porque yo sé lo que tengo de hacer. Y
después de haber oído estas palabras la dicha Coatlicue aquietósele su corazón
y quitósele la
pesadumbre que tenía; y como los dichos indios
Centzonhuitznahua ha bían hecho y acabado el consejo de matar a la madre, por
aquella infa mia y deshonra que les había hecho, estaban enojados mucho,
junta mente con la hermana que se decía Coyolxauhqui, la cual les importu
naba que matasen a su madre Coatlicue; y los dichos indios Centzonhui tznahua
habían tomado las armas y se armaban para pelear, torciendo y atando sus
cabellos, así como hombres valientes.
Y uno de
ellos que se llama Quauitlícac, el cual era como traidor, lo que decían los
indios Centzonhuitznahua luego se lo iba a decir a Hui-tzilopochtli, que aún
estaba en el vientre de su madre, dándole noticia de ello; y le respondía
diciendo el Huitzilopochtli: ¡Oh, mi tío!, mira lo que hacen y escucha muy bien
lo que dicen, porque yo sé lo que tengo de hacer. Y después de haber acabado el
consejo de matar a la dicha
Coatlicue, los dichos indios Centzonhuitznahua
fueron a donde estaba su madre Coatlicue, y delante iba la hermana suya
Coyolxauhqui y ellos iban armados con todas armas y papeles y cascabeles, y
dardos en su orden; y el dicho Quauitlícac subió a la sierra a decir a
Huitzilopochtli, cómo ya venían los dichos indios Centzonhuitznahua contra él,
a ma tarle; y díjole el Huitzilopochtli respondiéndole: mirad bien a dónde
llegan. Y díjole el dicho Quauitlícac que ya llegaban a un lugar que se dice
Tzompantitlan; y más preguntó el dicho Huitzilopochtli al dicho
Quauitlícac, diciéndole: ¿a dónde llegan los indios
Centzonhuitznahua'}, y le dijo el Quautlícac que ya llegaban a otro lugar que
se dice Coaxalpa; y más otra vez preguntó al dicho Huitzilopochtli al dicho
Quauitlícac diciéndole dónde llegaban y respondió diciéndole que ya llegaban a
otro lugar que se dice Apétlac; y más le preguntó el dicho Huitzilopochtli al
dicho Quauitlícac diciéndole a dónde llegaban, y le respondió diciéndole que ya
llegaban al medio de la sierra; y más dijo el Huitzilopochtli pre guntando al
dicho Quauitlícac ¿a dónde llegan?, y le dijo que ya llegaban y estaban ya muy
cerca, y delante de ellos venía la dicha Cayolxauhqui.
Y en llegando los dichos indios Centzonhuitznahua
nació luego el dicho Huitzilopochtli, trayendo consigo una rodela que se dice
teueuelli, con un dardo y vara de color azul, y su rostro como pintado y en la
cabeza traía un pelmazo de pluma pegado, y la pierna siniestra delgada y emplu
mada y los dos muslos pintados de color azul, y también los brazos. Y el dicho
Huitzilopochtli dijo a uno que se llamaba Tochancalqui que encendiese una
culebra hecha de teas que se llamaba xiuhcóatl, y así la encendió y con ella
fue herida la dicha Coyolxauhqui, de que murió hecha pedazos, y la cabeza quedó
en aquella sierra que se dice Coatépec y el cuerpo cayóse abajo hecho pedazos;
y el dicho Huitzilopochtli levantóse y armóse y salió contra los dichos
Centzonhuitznahua, persiguiéndoles y echándoles fuera de aquella sierra que se
dice Coatépec, hasta abajo, peleando contra ellos y cercando cuatro veces la
dicha sierra; y los dichos indios Centzonhuitznahua, no se pudieron defender,
ni valer contra el dicho Huitzilopochtli, ni le hacer cosa alguna, y así fueron
vencidos y
muchos de ellos murieron; y los dichos indios
Centzonhuitznáhua rogaban y suplicaban al dicho Huitzilopochtli, diciéndole que
no los persiguiese y que se retrayese de la pelea, y el dicho Huitzilopochtli
no quiso ni les consintió, hasta que casi todos los mató, y muy pocos escaparon
y salieron huyendo de sus manos, y fueron a un lugar que se dice Huitztlampa, y
les quitó y tomó muchos despojos y las armas que traían que se llamaban
anecúhiotl. Y el dicho Huitzilopochtli también se llamaba Tetzáuitl, por razón
que decían que la dicha Coatlicue se empreñó de una pelotilla de pluma, y no se
sabía quién fue su padre, y los dichos mexicanos lo han tenido en mucho
acatamiento y le han servido en muchas cosas, y lo han tenido por dios de la
guerra, porque decían que el dicho Huitzilo pochtli les daba gran favor en la
pelea; y el orden y costumbre que tenían los mexicanos para servir y honrar al
dicho Huitzilopochtli tomaron el que se solía usar y hacer en aquella dicha
sierra que se nombra Coatépec.
DE COMO HONRABAN A HUITZILOPOCHTLI, COMO A DIOS
Asimismo dicen que el día cuando amasaba y hacía el
cuerpo de Huitzilopochtli para celebrar la fiesta que se llamaba
panquetzaliztli, tomaban semillas de bledos y las limpiaban muy bien, quitando
las pajas y apartando otras semillas que se llamaban petzicatl y tezcahuauhtli,
y las molían delicadamente, y después de haberlas molido, estando la harina muy
sutil, amasábanla de que se hacía el cuerpo de Huitzilo' pochtli; y otro día
siguiente un hombre que se llamaba Quetzalcóatl tiraba el cuerpo de dicho Huitzilopochtli
con un dardo que tenía un casquillo de piedra, y se le metía por el corazón,
estando presente el rey o señor, y un privado del dicho Huitzilopochtli que se
llamaba Teohua; y más se hallaban presentes cuatro grandes sacerdotes y más
otros cuatro principales de los mancebos, que tenían cargo de criar los
mancebos, los cuales se llamaban telpochtlatoque; todos éstos se hallaban
presentes cuando mataban el cuerpo de Huitzilopochtli y después de haber muerto
el dicho Huitzilopochtli; luego deshacían y desbarataban el cuerpo de
Huitzilopochtli, que era de una masa hecha de semilla de bledos, y el corazón
de Huitzilopochtli, tomaban para el señor o rey, y todo el cuerpo y pedazos que
eran como huesos del dicho Huitzilopochtli lo repartían en dos partes, entre
los naturales de México y Tlatilulco. Los de México, que eran ministros del
dicho Huitzilopochtli, que se llamaban calpules, tomaban cuatro pedazos del
cuerpo de dicho Huitzilopochtli; y otro tanto tomaban los de Tlatilulco, los
cuales se llamaban calpules, y así de esta manera repartían entre ellos los
cuatro pedazos del cuerpo de Huitzilo pochtli, a los indios de los barrios y a
los ministros de los ídolos que se llamaban calpules, los cuales comían el
cuerpo de Huitzilopochtli cada año, según su orden y costumbre que ellos habían
tenido. Cada uno comía un pedacito del cuerpo de Huitzilopochtli, y los que
comían eran
mancebos, y decían que era cuerpo de dios que se
llamaba Teoquálo; y los que recibían y comían el cuerpo de Huitzilopochtli se
llamaban mi nistros de dios.
(Lib. III, cap. i, fragmento)
DE LA ESTIMACION EN QUE ERA TENIDO EL DIOS LLAMADO
TITLACAUAN O TEZCATLIPOCA
El dios que se llamaba Titlacauan decían que era
criador del cielo y de la tierra y era todopoderoso, el cual daba a los vivos
todo cuanto era menester de comer y beber y riquezas, y el dicho Titlacauan era
invisible y como oscuridad y aire, y cuando aparecía y hablaba a algún hombre,
era como sombra; y sabía los secretos de los hombres, que tenían en los
corazones, y le aclamaban, y rogaban diciéndole: ¡Oh dios todopoderoso, que
dais vida a los hombres, que os llamáis Titlacauan, hacedme merced de darme todo
lo necesario para comer y beber, y gozar de vuestra sua vidad y delectación
porque padezco gran trabajo y necesidad en este mundo! ¡Habed misericordia de
mí porque estoy tan pobre y desnudo, y trabajo por os servir, y por vuestro
servicio barro y limpio, y pongo lumbre en esta pobre casa donde estoy
aguardando lo que me quisiéredes mandar, o haced que luego me muera y acabe
esta vida tan trabajosa y miserable, para que descanse y huelgue mi cuerpo! Y
más decían, que el dicho dios que se llamaba Titlacauan daba a los vivos
pobreza y mi seria, y enfermedades incurables y contagiosas de lepra y bubas,
y gota y sarna e hidropesía, las cuales enfermedades daba cuando estaba enojado
con los que no cumplían y quebrantaban el voto y penitencia a que se obligaban
de ayunar, o si dormían con sus mujeres, o las mujeres con sus maridos o amigos
en el tiempo del ayuno. Y los dichos enfermos estando muy penados y agraviados,
clamaban rogando y diciéndole: ¡Oh dios, que os llamáis Titlacauan hacedme
merced de me relevar y quitar esta enfermedad que me mata, que yo no haré otra
cosa sino enmendarme; si yo fuese sano de esta enfermedad, hágoos un voto de os
servir y buscar la vida, y si yo ganare algo por mi trabajo yo no lo comeré ni
gastaré en otra cosa, sino que por os honrar haré una fiesta y banquete para
bailar en esta pobre casa! Y el enfermo desesperado que no podía sanar reñía
enojado y decía: ¡Oh Titlacauan, puto, hacéis burla de mí! ¿Por qué no me
matáis? Y algunos enfermos sanaban, y otros morían.
El dicho Titlacauan también se llamaba Tezcatlipoca
Moyocoyatzin, Yaotzin, Nécoc Yáotl y Nezahualpilli; llamábanle Moyocoyatzin por
razón que hacía todo cuanto quería y pensaba, y que ninguno le podía impedir y
contradecir a lo que hacía, ni en el cielo ni en este mundo, y enriquecía a
quien quería y también daba pobreza y miseria a quien quería; y más decían, que
el día que fuere servido destruir y derribar el cielo, que lo
haría, y los vivos se acabarían. Y al dicho
Titlacauan todos le adoraban y rogaban, y en todos los caminos y divisiones de
calles le ponían un asiento hecho de piedra, para él, que se llamaba momoztli,
y le ponían ciertos ramos en el dicho asiento, por su honra y servicio, cada
cinco días, allende de los veinte días de fiesta que le hacían, y así tenían la
cos tumbre y orden de lo hacer siempre.
(Lib. III, cap. ii)
QUETZALCOATL
DE LA RELACION
DE QUIEN ERA
QUETZALCOATL, OTRO HERCULES GRAN
NIGROMANTICO, DONDE REINO Y DE LO
QUE HIZO CUANDO SE FUE
Quetzalcóatl fue estimado y tenido por dios y lo
adoraban de tiempo an tiguo en Tulla, y tenía un cu muy alto con muchas
gradas, y muy an gostas que no cabía un pie; y estaba siempre echada su
estatua y cu bierta de mantas, y la cara que tenía era muy fea, la cabeza
larga y barbudo; y los vasallos que tenía eran todos oficiales de artes
mecánicas y diestros para labrar las piedras verdes, que se llaman
chalchihuites, y también para fundir plata y hacer otras cosas, y estas artes
todas hubieron origen del dicho Quetzalcóatl. Y tenía unas casas hechas de
piedras verdes preciosas, que se llaman chalchihuites, y otras casas hechas de
plata y más otras casas hechas de concha colorada y blanca, y más otras casas
hechas todas de tablas, y más otras casas hechas de tur quesas, y más otras
casas hechas de plumas ricas; y los vasallos que tenía eran muy ligeros para
andar y llegar a donde ellos querían ir, y se lla maban Tlanquacemilhuitime, y
hay una sierra que se llama Tzatzitépetl
— hasta ahora así se nombra— en donde pregonaba un
pregonero para llamar a los pueblos apartados, los cuales distan más de cien
leguas, que se nombra Anáhuac, y desde allá oían y entendían el pregón, y luego
con brevedad venían a saber y oír lo que mandaba el dicho
Quetzalcóatl. Y más dicen que era muy rico y que
tenía todo cuanto era menester y necesario de comer y beber, y que el maíz
(bajo su reinado) era abundantísimo, y las calabazas muy gordas, de una braza
en redon do, y las mazorcas de maíz eran tan largas que se llevaban abrazadas;
y las cañas de bledos eran muy largas y gordas y que subían por ellas como por
árboles; y que sembraban y cogían algodón de todos colores, que son colorado y
encarnado y amarillo, y morado, blanquecino, verde y azul y prieto, y pardo y
naranjado y leonado, y estos colores de algodón eran naturales, que así nacían;
y más dicen que en el dicho pueblo de Tulla se criaban muchos y diversos
géneros de aves de pluma rica y colores diversos, que se llaman xiuhtótotl y
quetzaltótotl, y zacuan y
tlauhquéchól, y otras aves que cantaban dulce y
suavemente. Y más tenía el dicho Quetzalcóatl todas las riquezas del mundo, de
oro y plata y piedras verdes, que se llaman chalchihuites, y otras cosas
preciosas, y mucha abundancia de árboles de cacao de diversos colores, que se
llaman xochicacaóatl; y los dichos vasallos del dicho Quetzalcóatl estaban muy
ricos y no les faltaba cosa ninguna, ni había hambre ni falta de maíz, ni
comían las mazorcas de maíz pequeñas sino con ellas calentaban los baños, como
con leña; y también dicen que el dicho Quetzalcóatl hacía penitencia punzando
sus piernas y sacando la sangre con que manchaba y ensangrentaba las puntas de
maguey, y se lavaba a la media noche en una fuente que se llama Xippacoya, y
esta costumbre y orden tomaron los sacerdotes y ministros de los ídolos
mexicanos, como el dicho Quet zalcóatl lo usaba y hacía en el dicho pueblo de
Tulla.
(Lib. III, cap. iii)
DE COMO SE ACABO LA FORTUNA DE QUETZALCOATL,
Y VINIERON
CONTRA EL OTROS TRES NIGROMANTICOS, Y DE LAS COSAS QUE HICIERON
Vino el tiempo que ya acabase la fortuna de
Quetzalcóatl y de los tolte-cas. Vinieron contra ellos tres nigrománticos,
llamados Huitzilopochtli, Titlacauan y Tlacauepan, los cuales hicieron muchos
embustes, en Tulla. Y el Titlacauan comenzó primero a hacer un embuste, que se
volvió como un viejo muy cano y bajo, el cual fue a casa del dicho Quetzalcóatl
di ciendo a los pajes de dicho Quetzalcóatl: Quiero ver y hablar al rey
Quetzalcóatl. Y le dijeron: anda vete, viejo, que no puedes ver, porque está enfermo
y le darás enojo y pesadumbre. Y entonces dijo el viejo: Yo le tengo de ver. Y
le dijeron sus pajes del dicho Quetzalcóatl: Aguardaos, decírselo hemos. Y así
fueron a decir a dicho Quetzalcóatl de cómo venía un viejo a hablarle,
diciendo: Señor, un viejo ha venido aquí y quiéreos hablar y ver, y echárnosle
fuera para que se fuese, y no quiere, diciendo que os ha de ver por fuerza. Y
dijo el dicho Quetzalcóatl: éntrese acá y venga, que le estoy aguardando muchos
días ha.
Y luego
llamaron al viejo, y entró el dicho viejo adonde estaba el dicho Quetzalcóatl y
entrando el dicho viejo dijo: Señor hijo, cómo estáis, aquí traigo una medicina
para que la bebáis. Y dijo el dicho Quetzalcóatl, respondiendo al viejo: en
hora buena vengáis vos, viejo, que ya ha muchos días que os estoy aguardando. Y
dijo el viejo al dicho Quetzal cóatl: Señor, ¿cómo estáis de vuestro cuerpo y
salud? Y respondió el dicho Quetzalcóatl diciendo al viejo: estoy muy mal
dispuesto, y me duele todo el cuerpo, y las manos y los pies no los puedo
menear; y le dijo el viejo respondiendo al dicho Quetzalcóatl: Señor, veis aquí
la me dicina que os traigo; es muy buena y saludable, y se emborracha quien
la bebe; si queréis beber, emborracharos ha y
sanaros ha, y ablandárseos ha el corazón, y acordáseos ha de los trabajos y
fatigas y de la muerte, o de vuestra ida. Y respondió el dicho Quetzalcóatl
diciendo: ¡Oh viejo!, ¿a dónde me tengo de ir?; y le dijo el dicho viejo: Por
fuerza habéis de ir a T ullantlapalan 13, en donde está otro viejo
aguardándoos, él y vos hablaréis, entre vosotros, y después de vuestra vuelta
estaréis como mancebo, y aun os volveréis otra vez como muchacho. Y el dicho
Quet zalcóatl, oyendo estas palabras, moviósele el corazón; y tornó a decir el
viejo al dicho Quetzalcóatl: Señor, mande beber esa medicina. Y le res pondió
el dicho Quetzalcóatl, diciendo: ¡Oh, viejo!, no quiero beber; y le respondió
el viejo diciendo: Señor, bebedla, porque si no la bebéis después se os ha de
antojar; a lo menos ponéosla en la frente, o bebed tantito. Y el dicho
Quetzalcóatl gustó y probóla, y después bebióla dicien do: ¿Qué es esto?
Parece ser cosa muy buena y sabrosa; ya me sanó y quitó la enfermedad, ya estoy
sano. Y más otra vez le dijo el viejo: Señor, bebedla otra vez porque es muy
buena la medicina y estaréis más sano. Y el dicho Quetzalcóatl bebióla otra
vez, de que se emborrachó y comenzó a llorar tristemente, y se le movió y
ablandó el corazón para irse, y no se le quitó del pensamiento lo que tenía por
el engaño y burla, que le hizo el dicho nigromántico viejo; y la medicina que
bebió el dicho Quetzalcóatl era vino blanco de la tierra, hecho de magueyes que
se llaman teómetl.
(Lib. II, cap. iv)
DE OTRO EMBUSTE
QUE HIZO AQUEL
NIGROMANTICO LLAMADO T1TLACAUAN
HISTORIA
DEL “TOUEYO"
Otro embuste hizo el dicho Titlacauan, el cual se
volvió y pareció como un indio forastero, que se llama toueyo, desnudo todo el
cuerpo como solían andar aquellos de su generación; el cual andaba vendiendo
ají verde, y se asentó en el mercado delante del palacio. Y el Huémac, que era
señor de los toltecas en lo temporal, porque el dicho Quetzalcóatl era como
sacerdote y no tenía hijos, tenía una hija muy hermosa y por la hermosura
codiciábanla y deseábanla los dichos toltecas para casarse con ella; y el dicho
Huémac no se la quiso dar a los dichos toltecas. Y la dicha hija del señor
Huémac miró hacia el tiánquez y vio al dicho toueyo des nudo, y el miembro
genital, y después de lo haber visto la dicha hija entróse en palacio y
antojósele el miembro de aquel toueyo, de que luego comenzó a estar muy mala
por el amor de aquello que vio; hinchósele todo el cuerpo, y el dicho señor
Huémac supo cómo estaba muy mala
13 Tlillan
Tlapallan.
la hija, y preguntó a las mujeres que guardaban la
hija: ¿Qué mal tiene mi hija?, ¿qué enfermedad es ésta, que se le ha hinchado
todo el cuerpo? Y le respondieron las mujeres diciendo: Señor, de esta enfer
medad fue la causa y ocasión el indio toueyo, que andaba desnudo y vuestra hija
vio y miró el miembro genital de aquel toueyo, y está mala de amores. Y el
dicho señor Huémac, oídas estas palabras, mandó dicien do: jAh toltecas!,
buscadme al toueyo que anda por aquí vendiendo ají verde; por fuerza ha de parecer.
Y así lo buscaron en todas partes, y no pareciendo, subió un pregonero a la
sierra que se llama Tzatzitépec, y pregonó diciendo: ¡Ah toltecas!, si halláis
un toueyo que por aquí andaba vendiendo ají verde, traedlo ante el señor
Huémac; y así buscaron en todas partes y no le hallaron y vinieron a decir al
señor Huémac, que no parecía el dicho toueyo; y después pareció el dicho toueyo
asentado en el tiánquez donde antes había estado vendiendo el dicho ají verde.
Y como le hallaron luego fueron a decir al señor Huémac cómo había parecido el
dicho toueyo; y dijo el señor: Traédmelo acá presto y los dichos toltecas
fueron por él, a llamarle, y traer al dicho toueyo y traído ante el señor
Huémac, dijo el señor Huémac, preguntando al dicho toue yo: ¿de dónde sois? Y
respondió el dicho toueyo diciendo: Señor, yo soy forastero, vengo por aquí a
vender ají verde. Y más le dijo el señor al toueyo: ¿dónde os tardastes?, ¿por
qué no os ponéis el maxtli y no os cubrís con la manta? Y le respondió el dicho
toueyo diciendo: Señor, tenemos tal costumbre en nuestra tierra; y el señor le
dijo al dicho toueyo: vos antojastes a mi hija, vos la habéis de sanar; y
respondió el dicho toueyo diciendo: Señor mío, en ninguna manera puede ser
esto, mas matadme, yo quiero morir porque yo no soy digno de oír estas pala
bras, viniendo por aquí a buscar la vida vendiendo ají verde. Díjole el señor:
por fuerza habéis de sanar a mi hija; no tengáis miedo. Y luego tomáronle para
lavarle y trasquilarle, y tiñeron todo el cuerpo con tinta y le pusieron el
maxtli, y le cubrieron con una manta al dicho toueyo, y díjole el señor Huémac:
anda y entra a ver a mi hija, allá dentro donde la guardan; y el dicho toueyo
así lo hizo, y durmió con la dicha hija del señor Huémac, de que luego fue sana
y buena; y de esta manera el dicho toueyo fue yerno del dicho señor Huémac.
(Lib. III,
cap. v)
DE COMO LOS DE TULLA SE ENOJARON
POR EL CASAMIENTO Y DE OTRO EMBUSTE QUE HIZO TITLACAUAN
Después de cumplido y hecho el matrimonio del dicho
toueyo con la hija del señor Huémac, los dichos toltecas comenzaron a enojarse
y decir palabras injuriosas y afrentosas contra el señor Huémac, diciendo entre
sí: ¿por qué el señor Huémac casó la hija con el toueyo? Y como el
dicho señor Huémac entendió y oyó las palabras
afrentosas que contra él decían los dichos toltecas, llamóles diciendo: Venid
acá, yo he enten dido todas las palabras injuriosas que habéis dicho contra mí
por amor de mi yerno que es un toueyo; yo os mando que le llevéis disimulada
mente a pelear a la guerra de Zacatépec y Coatépec, para que le maten nuestros
enemigos. Y así oyendo estas palabras del dicho señor Huémac, los toltecas
armáronse y juntáronse y fueron a la guerra con muchos peones, y con el yerno
toueyo del dicho señor Huémac; y en llegando al lugar de la pelea enterráronle
al dicho toueyo para aguardar a los enemigos, con los pajes, enanos y cojos;
después de haber enterrado a todos aquellos enanos y cojos — que es ardid que
ellos solían tener y hacer en la guerra— los dichos toltecas fueron a pelear
contra los ene migos de Coatépec; y el dicho toueyo decía a los dichos pajes,
enanos y cojos: No tengáis miedo, esforzaos porque a todos nuestros enemigos
hemos de matar. Y los dichos enemigos de Coatépec prevalecían, persi guiendo y
venciendo a los toltecas, los cuales huían delante de los ene migos y
escapándose de las manos de los enemigos; y astuta y engañosa mente los dichos
toltecas dejaron al dicho toueyo solo, enterrado con los dichos pajes,
huyéndose de los enemigos; y habían pensado que los dichos enemigos matarían al
dicho toueyo con los pajes, porque estaba solo con los dichos pajes. Y se
vinieron a decir y dar noticia al señor Huémac diciendo: Señor, ya hemos dejado
a vuestro yerno toueyo solo en la guerra, con los pajes, en poder de los
enemigos; y como el señor Huémac había oído la traición que habían hecho los
dichos toltecas con el yerno toueyo, holgóse mucho, pensando que ya era muerto
el dicho yerno toueyo, porque tenía gran vergüenza de tener tal yerno
forastero, toueyo.
Y el dicho
toueyo, estando enterrado, miraba a los enemigos y decía a los dichos pajes: no
tengáis miedo; ya se llegan contra nosotros los enemigos, yo sé que los tengo
de matar a todos; y así se levantó y salió contra los enemigos de Coatépec y
Zacatépec, persiguiéndoles y matán doles sin número. Y como esto vino a
noticia del señor Huémac espantóse y pesóle mucho, y llamó a los dichos
toltecas diciéndoles: Vamos a reci bir a nuestro yerno. Y así fueron a
recibirle con el señor Huémac, llevan do consigo unas armas o divisas que se
llaman quetmlapanecáyotl, y ro delas que se llaman xiuhchimali, y las dieron
al dicho toueyo, y así lo recibieron bailando y cantando y tañéndole las
flautas con los dichos pajes, con mucha victoria y alegría, y todos los dichos
toltecas, en llegando al palacio de dicho señor Huémac emplumáronle la cabeza y
tiñéronle todo el cuerpo con color amarillo, y la cara con color colorado, y a
los pajes. Este es el regalo que solían hacer a los que venían con victoria de
la guerra. Y después le dijo el señor Huémac al dicho yerno: ahora ya estoy
contento de lo que habéis hecho, y los toltecas están ya conten tos; muy bien
lo habéis hecho con los enemigos; descansad y reposad.
DE OTROS EMBUSTES DEL MISMO NIGROMANTICO
Otro embuste hizo el dicho nigromántico en el dicho
Tulla. Es que di cen, que andaba volando una ave blanca que se llama
iztaccuixtli pasada con una saeta, algo lejos de la tierra, y claramente la
veían los dichos toltecas mirando hacia arriba.
Otro embuste hizo el dicho nigromántico, que fue de
los dichos tolte cas, los cuales veían de noche una sierra que se llama
Zacatépec ardién dose, y las llamas parecían de lejos; y al tiempo que la
veían alborotá banse y daban gritos y voces, y estaban desasosegados y decían
unos a otros: ¡Oh toltecas, ya nos acaba la fortuna, ya perecemos, ya se acaba
Tóltecáyotl, ya nos vino la mala ventura!, ¡guay de nosotros!, ¿a dónde nos
iremos?, ¡oh desventurados de nosotros, esforzaos! También otro embuste que fue
de los dichos toltecas, lo cual hizo el dicho nigrománti co, que llovió sobre
ellos piedras y después de pasado esto cayóles del cielo una piedra grande que
se llamaba téchcatl, y desde entonces andaba una vieja india en un lugar que se
llama Chapultépec Cuitlapilco, o por otro nombre Huetzinco, vendiendo unas
banderillas de papel diciendo: ¡A las banderas! Quien se determinaba a morir
luego decía: compradme una banderilla, y siéndole mercada la banderilla luego
se iba a donde estaba la dicha piedra téchcatl, y allí le mataban. Y no había
quien dijese: ¿qué es esto que nos acontece?, y estaban como locos.
(Lib. III,
cap. x)
DE OTRO EMBUSTE DEL MISMO NIGROMANTICO, CON QUE
MATO OTROS MUCHOS TULLANOS
Item: otro embuste hizo el dicho nigromántico
contra los dichos toltecas. Dicen que todos los mantenimientos se volvieron
acedos y nadie los po día comer, y una india vieja pareció — dicen que era el
mismo nigromán tico, el cual pareció como una india vieja— ; y asentóse en un
lugar que se llama Xochitla, y tostaba el maíz, y el olor del dicho maíz
tostado llegaba a los pueblos de toda la comarca; y cuando olían los dichos
tolte cas el maíz, luego venían corriendo y en un momento llegaban al dicho lugar
Xochitla, donde estaba la dicha vieja, porque dicen que los toltecas eran
ligeros y aunque estaban muy lejos venían presto y llegaban a donde querían; y
todos cuantos venían de los dichos toltecas y se juntaban los mataba la dicha
vieja, y ninguno de ellos se volvía. Gran engaño y burla les hacía, y mató muy
muchos toltecas el dicho nigromántico, por el dicho embuste que les hizo.
DE LA HUIDA DE QUETZALCOATL PARA TLAPALLAN Y DE LAS
COSAS QUE POR EL CAMINO HIZO
Otros embustes les acaecieron a los dichos
toltecas, por habérseles aca bado la fortuna, y el dicho Quetzálcóatl,
teniendo pesadumbre de los dichos embustes y acordando de irse de Tulla a
Tlapallan, hizo quemar todas las casas que tenía hechas, de plata y de conchas,
y enterrar otras cosas muy preciosas dentro de las sierras o barrancos de los
ríos, y convir tió los árboles de cacao en otros árboles que se llaman
múzquitl; y demás de esto mandó a todos los géneros de aves de pluma rica, que
se llaman quetzaltótotl, y xiuhtótotl y tlauhquéchol, que se fuesen delante, y
fué-ronse hasta Anáhuac, que dista más de cien leguas. Y el dicho Quetzal-cóatl
comenzó a tomar el camino y partirse de Tulla; y así se fue, y llegó a un lugar
que se llama Ouauhtlitan, donde estaba un árbol grande y grueso y largo, y el
dicho Quetzalcóatl arrimóse a él, y pidió a los pajes un espejo, y se lo
dieron, y miróse la cara en el dicho espejo y dijo: ¡ya estoy viejo! Y entonces
nombró el dicho lugar Huehuequauhtitlan y luego tomó piedras con que apedreó al
dicho árbol, y todas las piedras que tiraba el dicho Quetzalcóatl las metía
dentro del dicho árbol, y por muchos tiempos así estaban y parecían y todos las
veían, desde el suelo hasta arriba. Así iba caminando el dicho Quetzalcóatl, e
iban delante tañéndole flautas, y llegó a otro lugar en el camino donde
descansó y se asentó en una piedra, y puso las manos en la piedra y dejó las
señales de las manos en la dicha piedra. Y estando mirando hacia Tulla comenzó
a llorar tristemente, y las lágrimas que derramó cavaron y horadaron la dichas
piedra donde estaba llorando y descansando el dicho Quetzalcóatl.
(Lib. III, cap. xii)
DE LAS SEÑALES QUE DEJO EN LAS PIEDRAS, HECHAS CON
LAS PALMAS Y CON LAS NALGAS DONDE SE ASENTABA
El dicho Quetzalcóatl puso las manos tocando a la
piedra grande donde se asentó, y dejó señales de las palmas de sus manos en la
dicha piedra, así como si las dichas manos pusiera en lodo, que ligeramente
dejase las palmas de las manos señaladas; y también dejó señales de las nalgas
en la dicha piedra donde se había sentado, y las dichas señales parecen y se
ven claramente, y entonces nombró el dicho lugar Temacpalco. Y se levantó,
yéndose de camino, y llegó a otro lugar que se llama Tepanoa-yan, y allí pasa
un río grande y ancho, y el dicho Quetzalcóatl mandó hacer y poner una puente
de piedra en aquel dicho río y así por aquella dicha puente pasó el dicho
Quetzalcóatl, y se llamó el dicho lugar Tepa-noayan. Yéndose de camino el dicho
Quetzalcóatl llegó a otro lugar que
se llama Coahuapan, en donde los dichos
nigrománticos vinieron a topar se con él, por impedirle que no se fuese más
adelante, diciendo al dicho Quetzalcóatl: ¿A dónde os vais? ¿Por qué dejasteis
vuestro pueblo? ¿A quién lo encomendasteis? ¿Quién hará penitencia? Y dijo el
dicho Quet zalcóatl, respondiendo a los dichos nigrománticos: En ninguna
manera podéis impedir mi ida; por fuerza tengo de irme— . Y los dichos nigro
mánticos dijeron, preguntando al dicho Quetzalcóatl: ¿A dónde os vais?
— Y les respondió diciendo. Yo me voy hasta
Tlapallan— . Y le pregun taron los nigrománticos: ¿a qué os vais allá? — Y
respondió Quetzalcóatl:
Vinieron a llamarme, y llámame el sol. —Y le
dijeron los nigrománticos al dicho Quetzalcóatl: Idos en hora buena, y dejad
todas las artes mecá nicas de fundir plata y labrar piedras, y madera, y
pintar y hacer plu majes y otros oficios. Todo se lo quitaron los dichos
nigrománticos al dicho Quetzalcóatl, y el dicho Quetzalcóatl comenzó a echar en
una fuen te todas las joyas ricas que llevaba consigo, y así fue llamada la
dicha fuente Cozcaapan, y ahora esta fuente se llama Coahapan. Y el dicho
Quetzalcóatl yendo de camino llegó a otro lugar que
se llama Cochtocan, y vino otro nigromántico y topóse con él diciendo: ¿A dónde
os vais?; y le dijo Quetzalcóatl: yo me voy a Tlapallan; y el dicho
nigromántico dijo al dicho Quetzalcóatl: En hora buena os vais, bebed ese vino
que
os traigo. — Y dijo el dicho Quetzalcóatl: no lo
puedo beber, ni aun gus
tar un tantito. — Y le dijo el nigromántico: Por
fuerza lo habéis de beber, o gustar un tantito, porque a ninguno de los vivos
dejo de dar y hacer beber ese vino; a todos emborracho, ¡ea, pues bebedlo! Y el
dicho Quet zalcóatl tomó el vino y lo bebió con una caña, y en bebiéndolo se
embo rrachó y durmióse en el camino y comenzó a roncar, y cuando despertó,
mirando a una parte y a otra, sacudía los cabellos con la mano, y enton ces
fue llamado el dicho lugar Cochtocan.
(Lib. III, cap. xiii)
DE COMO DE FRIO SE LE MURIERON TODOS SUS PAJES
A QUETZALCOATL EN LA PASADA DE ENTRE LAS DOS
SIERRAS, EL VOLCAN Y LA SIERRA NEVADA, Y DE OTRAS HAZAÑAS SUYAS
El dicho Quetzalcóatl, yéndose de camino más
adelante, a la pasada de entre las dos sierras, del Volcán y la Sierra Nevada,
todos los pajes de dicho Quetzalcóatl, que eran enanos y corcovados, que le
iban acompa ñando, se le murieron de frío dentro de la dicha pasada de las
dichas dos sierras; y el dicho Quetzalcóatl sintió mucho lo que le había
acaecido de la muerte de los dichos pajes, y llorando muy tristemente y
cantando con lloro y suspirando, miró la otra sierra nevada que se nombra
Poyauh-técatl, que está cabe Tecamachalco, y así pasó por todos los lugares y
pueblos y puso muy muchas señales en las tierras y
caminos según que dicen. Más dicen, que el dicho Quetzalcóatl se andaba
holgando y jugan do en una sierra, y encima de la sierra se asentó y veníase
bajando, asen tado, hasta el suelo, y bajó de la sierra y así lo hacía muchas
veces; y en otro lugar hizo poner un juego de pelota, hecho de piedras en
cuadra, donde solían jugar la pelota que se llama tlachtli, y en el medio del
juego puso una señal o raya que dice tlécotl, y donde hizo la raya está abierta
la tierra muy profundamente; y en otro lugar tiró con una saeta a un árbol
grande que se llama póchotl, y la saeta era también un árbol que se llama
póchotl y atravesóle con la dicha saeta y así está hecha una cruz; y más dicen
que el dicho Quetzalcóatl hizo y edificó unas casas debajo de la tierra, que se
llaman Mictlancalco; y más hizo poner una piedra grande que se mueve con el
dedo menor, y dicen que cuando hay muchos hombres que quieren mover y menear la
piedra, que no se mueve aunque sean muy muchos. Y más, hay otras cosas notables
que hizo el Quetzalcóatl en muchos pueblos, y dio todos los nombres a las
sierras y montes y lugares, y así en llegando a la ribera de la mar, mandó
hacer una balsa hecha de culebras que se llama coatlapechtli, y en ella entró y
asentóse como en una canoa, y así se fue por la mar nave gando y no se sabe
cómo y de qué manera llegó al dicho Tlapállan.
(Lib. III, cap. xiv)
MITOS COSMOGONICOS
LA CREACION DEL SOL Y DE LA LUNA
Decían que antes que hubiese día en el mundo que se
juntaron los dio ses en aquel lugar que se llama Teotihuacan, que es el pueblo
de San Juan, entre Chiconauhtlan y Otumba, dijeron los unos a los otros dio
ses: “¿Quién tendrá cargo de alumbrar al mundo?”. Luego a estas pala bras
respondió un dios que se llamaba Tecuciztécatl, y dijo: “Yo tomo cargo de
alumbrar al mundo”. Luego otra vez hablaron los dioses, y dije ron: “¿Quién
será otro?”. Luego se miraron los unos a los otros, y confe rían quién sería
el otro, y ninguno de ellos osaba ofrecerse a aquel oficio; todos temían y se
excusaban. Uno de los dioses de que no se hacía cuenta y era buboso, no hablaba
sino oía lo que los otros dioses decían, y los otros habláronle y dijéronle:
“Sé tú el que alumbres, bubosito”. Y él de buena voluntad obedeció a lo que le
mandaron y respondió: “En merced recibo lo que me habéis mandado, sea así”. Y
luego los dos comenzaron a hacer penitencia cuatro días, y luego encendieron
fuego en el hogar, el cual era hecho en una peña, que ahora llaman teotexcalli.
El dios Tecuciztécatl todo lo que ofrecía era
precioso. En lugar de ramos ofrecía plumas ricas que se llaman quetzalli, y en
lugar de pelotas de heno ofrecía pelotas de oro, y en lugar de espinas de
maguey ofrecía espinas hechas de piedras preciosas, y en lugar de espinas
ensangrenta das ofrecía espinas hechas de coral colorado; y el copal que
ofrecía era muy bueno. Y el buboso, que se llamaba Nanauatzin, en lugar de
ramos ofrecía cañas verdes atadas de tres en tres, todas ellas llegaban a
nueve; y ofrecía bolas de heno y espinas de maguey, y ensangrentábalas con su
misma sangre; y en lugar de copal, ofrecía las postillas de las bubas.
A cada uno de éstos se les edificó una torre, como
monte; en los mis mos montes hicieron penitencia cuatro noches. Ahora se
llaman estos montes tzaqualli, (y ) están ambos cabe el pueblo de San Juan que
se llama Teotihuacan. Después que se acabaron las cuatro noches de su
penitencia, luego echaron por allí los ramos y todo lo demás con que hicie
ron penitencia. Esto se hizo al fin, o al remate de
su penitencia, cuando la noche siguiente a la medianoche habían de comenzar a
hacer sus ofi cios; antes un poco de la medianoche, diéronle sus aderezos al
que se llamaba Tecuciztécatl; diéronle un plumaje llamado aziacómitl, y una
paqueta de lienzo; y al buboso que se llamaba Nanauatzin tocáronle la cabeza
con papel, que se llama amatzontli, y pusiéronle una estola de papel y un
maxtli de papel; y llegada la medianoche, todos los dioses se pusieron en rededor
del hogar que se llama teotexcálli: En este lugar ardió el fuego cuatro días.
Ordenáronse los dichos dioses en dos rendes, unos
de la una parte del fuego y otros de la otra; y luego los dos sobredichos se
pusieron de lante del fuego, las caras hacia el fuego, en medio de las dos
rendes
de los dioses. Los cuales todos estaban levantados,
y luego hablaron los dioses y dijeron a Tecuciztécatl: “¡Ea pues,
Tecuciztécatl, entra tú en el fuego!”. Y él luego acometió para echarse en el
fuego; y como el fuego era grande y estaba muy encendido, como sintió el gran
calor del fuego hubo miedo, y no osó echarse en el fuego y volvióse atrás. Otra
vez tornó para echarse en el fuego haciéndose fuerza, y llegando detúvose, no
osó echarse en el fuego; cuatro veces probó, pero nunca se osó echar. Estaba
puesto mandamiento que no probase más de cuatro veces. De que hubo probado
cuatro veces los dioses luego hablaron a Nanauatzin y di-jéronle: “Ea pues,
Nanauatzin, prueba tú!”. Y como le hubieron habla do los dioses, esforzóse y
cerrando los ojos arremetió y echóse en el fuego, y luego comenzó a rechinar y
respendar en el fuego, como quien se asa; y como vio Tecuciztécatl que se había
echado en el fuego, y ardía, arremetió y echóse en el fuego. Y dizque luego una
aguila entró en el fuego y también se quemó, y por eso tiene las plumas hoscas
o negres-tinas; a la postre entró un tigre, y no se quemó, sino chamuscóse y
por eso quedó manchado de negro y blanco.
De este lugar se tomó la costumbre de llamar a los
hombres diestros en la guerra quauhtlocélotl, y dicen primero quauhtli, porque
el águila primero entró en el fuego; y dícese a la postre océlotl porque el
tigre entró en el fuego a la postre del águila.
Después que ambos se hubieron arrojados en el
fuego, y después que se hubieron quemado, luego los dioses se sentaron a
esperar de qué parte vendría a salir el Nanauatzin. Después que estuvieron gran
rato esperan do, comenzóse a parar colorado el cielo y en todas partes
apareció la luz del alba. Y dicen que después de esto los dioses se hincaron de
rodillas para esperar a dónde saldría Nanauatzin hecho sol: a todas partes
mira ron volviéndose en rededor, mas nunca acertaron a pensar, ni a decir a
qué parte saldría; en ninguna cosa se determinaron; algunos pensaron que
saldría de la parte del norte y paráronse a mirar hacia él; otros hacia
mediodía; a todas partes sospecharon que había de salir, porque a todas partes
había resplandor del alba; otros se pusieron a mirar hacia el orien te, y
dijeron aquí, de esta parte, ha de salir el sol. El dicho de éstos fue
verdadero. Dicen que los que miraron hacia el
oriente fueron Quetzal-cóatl, que también se llama Ecatl; y otro que se llama
Tótce, y por otro nombre Anaoatlytecu y por otro nombre Tlatláuic T
ezcatlipoca; y otros que se llaman Mitnixcoa, que son innumerables; y cuatro
mujeres, la una se llama Tiacapan, la otra Teicu, la tercera Tlacoeua, la
cuarta Xocóyotl. Y cuando vino a salir el sol, pareció muy colorado, parecía
que se con toneaba de una parte a otra; nadie lo podía mirar, porque quitaba
la vista de los ojos, resplandecía y echaba rayos de sí en gran manera; y sus
rayos se derramaron por todas partes; y después salió la luna, en la misma
parte del oriente, a par del sol: primero salió el sol y tras él salió la luna;
por el orden que entraron en el fuego por el mismo salieron hechos sol y luna.
Y dicen los
que cuentan fábulas o hablillas, que tenían igual luz con que alumbraban, y de
que vieron los dioses que igualmente resplande cían, habláronse otra vez y
dijeron: “¡Oh dioses!, ¿cómo será esto? ¿Será bien que vayan ambos a la par?
¿Será bien que igualmente alumbren?”. Y los dioses dieron sentencia, y dijeron:
“Sea de esta manera, hágase de esta manera”. Y luego uno de ellos fue corriendo
y dio con un conejo en la cara a Tecuciztécatl, y oscurecióle la cara y
ofuscóle el resplandor, y quedó como ahora está su cara.
Después que hubieron salido ambos sobre la tierra
estuvieron quedos, sin moverse de un lugar el sol y la luna; y los dioses otra
vez se habla ron, y dijeron: “¿Cómo podemos vivir?, ¿no se menea el sol?
¿Hemos de vivir entre los villanos? Muramos todos y hagámosle que resucite por
nuestra muerte”. Y luego el Aire se encargó de matar a todos los dioses y
matólos; y dícese que uno llamado Xólotl rehusaba la muerte, y dijo a los
dioses. “¡Oh dioses! ¡No muera yo!”. Y lloraba en gran manera, de suerte que se
le hincharon los ojos de llorar; y cuando llegó a él el que mataba echó a huir
y escondióse entre los maizales y convirtióse en pie de maíz, que tiene dos
cañas, y los labradores le llaman xólotl; y fue visto y hallado entre los pies
del maíz; otra vez echó a huir, y se escon dió entre los magueyes, y
convirtióse en maguey que tiene dos cuerpos que se llama mexólotl; otra vez fue
visto, y echó a huir y metióse en el agua, y hízose pez que se llama axólotl, y
de allí le tomaron y le mataron. Y dicen que aunque fueron muertos los dioses,
no por eso se movió el sol, y luego el viento comenzó a soplar y ventear
reciamente, y él le hizo moverse para que anduviese su camino; y después que el
sol comenzó a caminar la luna se estuvo queda en el lugar donde estaba. Después
del sol, comenzó la luna a andar; de esta manera se desviaron el uno del otro y
así salen en diversos tiempcs, el sol dura un día, y la luna trabaja en la
noche, o alumbra en la noche: de aquí parece lo que se dice que el
Tecuciztécatl había de ser sol si primero se hubiera echado en el fuego, porque
él primero fue nombrado y ofreció cosas preciosas en su peni tencia.
Cuando la luna se eclipsa parece casi oscura,
ennegrécese, párase hosca, y luego se escurece la tierra; cuando esto acontecía
las preñadas temían de abortar, tomábales gran temor, que lo que tenían en el
cuerpo se había de volver ratón: y para remedio de esto tomaban un pedazo de
itztli en la boca, o poníanlo en la cintura sobre el vientre, para que los
niños que en el vientre estaban no saliesen sin bezos o sin narices o
boquituertos, o bizcos o para que no naciesen monstruos. Los de Xaltoca tenían
por dios a la luna, y le hacían particulares ofrendas y sacrificios.
(Lib.
VII, cap. ii)
LOS CUATRO RUMBOS O REGIONES DEL MUNDO
DEL VIENTO
Esta gente atribuía el viento a un dios que
llamaban Quetzálcóatl, bien casi como dios de los vientos. Sopla el viento de
cuatro partes del mundo por mandamiento de este dios, según ellos decían; de la
una parte viene de hacia el oriente, donde ellos dicen estar el paraíso
terrenal al cual llaman Tlalocan, (y ) a este viento le llamaban tlálocáyotl;
no es viento furioso, cuando él sopla no impide (a ) las canoas andar por el
agua. El segundo viento sopla de hacia el norte, donde ellos dicen estar el infierno,
y así le llaman mictlampa ehécatl, que quiere decir el viento de hacia el
infierno; este viento es furioso, y por eso le temen mucho; cuando él sopla no
pueden andar por el agua las canoas y todos los que andan por el agua se salen,
por temor, cuando él sopla, con toda la prisa que pueden porque muchas veces
peligran con él. El tercer viento sopla de hacia el occidente, donde ellos
decían que era la habitación de los dioses que llaman Cihuapipiltin; llamábanle
cihuatlampa ehécatl, o cihuatecá-yotl, que quiere decir, viento que sopla de
donde habitan las mujeres; este viento no es furioso, pero es frío, hace
temblar de frío; con este viento bien se navega. El cuarto viento sopla de
hacia el mediodía y llá-manlo huitztlampa ehécatl, que quiere decir, viento que
sopla de aquella parte donde fueron las diosas que llaman Huitznahua; este
viento en estas partes es furioso y peligroso para navegar. Tanta es su furia
que algunas veces arranca los árboles, y trastorna las paredes, y levanta
grandes olas en el agua; las canoas que topa en el agua échalas a fondo, o las
levanta en alto; es tan furioso como cierzo o norte.
Por diversos nombres nombran al relámpago o rayo;
atribuíanle a los Tlaloque o Tlamacazque; decían que ellos hacían los rayos, y
relámpagos, y truenos y que herían con ellos a quien querían.
LOS DIOSES PRINCIPALES
QUE HABLA DEL PRINCIPAL DIOS QUE ADORABAN Y A QUIEN
SACRIFICABAN LOS MEXICANOS LLAMADO HUITZILOPOCHTLI
Este dios llamado Huitzilopochtli fue otro
Hércules, el cual fue robus tísimo, de grandes fuerzas y muy belicoso, gran
destruidor de pueblos y matador de gentes. En las guerras era como fuego vivo
muy temeroso a sus contrarios, y así la divisa que traía era una cabeza de
dragón muy espantable, que echaba fuego por la boca; también éste era
nigromántico o embaidor, que se transformaba en figura de diversas aves y
bestias. A este hombre, por su fortaleza y destreza en la guerra, le tuvieron
en mucho los mexicanos cuando vivía. Después que murió le honraron como a dios
y le ofrecían esclavos, sacrificándolos en su presencia; buscaban que estos
esclavos fuesen muy regalados y muy bien ataviados con aque llos aderezos que
ellos usaban de orejeras y barbotes; esto hacían por más honrarle. Otro
semejante a éste hubo en las partes de Tlaxcala, que se llamaba Camaxtli.
(Lib. I, cap. i)
QUE TRATA DEL DIOS LLAMADO PA1NAL, EL CUAL SIENDO
HOMBRE ERA ADORADO POR DIOS
Este dios llamado Páinal era como sota capitán del
arriba dicho, porque el arriba dicho como mayor capitán dictaba cuándo se había
de hacer guerra a algunas provincias. Este, como su vicario, servía de cuando
repentinamente se ofrecía de salir al encuentro a los enemigos, porque entonces
era menester que este Páinal, que quiere decir ligero, apresu rado, saliese en
persona a mover la gente para que con toda prisa salie sen a haberse con los
enemigos.
Después de muerto la fiesta que le hacían era que
uno de los sátrapas tomaba la imagen de este Páinal, compuesto con ricos
ornamentos como
dios, y hacían una procesión con él, bien larga, y
todos iban corriendo a más correr, así el que le llevaba como los que le
seguían. En esto representaban la prisa que muchas veces es necesaria para
resistir a los enemigos, que sin saberlo acometen haciendo celadas.
(Lib. I, cap. ii)
TRATA DEL DIOS LLAMADO TEZCATL1POCA, EL CUAL
GENERALMENTE ERA TENIDO POR DIOS ENTRE ESTOS
NATURALES DE ESTA
NUEVA ESPAÑA; ES OTRO JUPITER
El dios llamado Tezcatlipoca era tenido por
verdadero dios, e invisible, el cual andaba en todo lugar, en el cielo, en la
tierra y en el infierno; y tenían que cuando andaba en la tierra movía guerras,
enemistades y discordias, de donde resultaban muchas fatigas y desasosiegos.
Decían que él mismo incitaba a unos contra otros para que tuviesen guerras y
por esto le llamaban Nécoc Yáotl, que quiere decir sembrador de discor dias de
ambas partes; y decían él solo ser el que entendía en el regi miento del mundo,
y que él solo daba las prosperidades y riquezas, y que él solo las quitaba
cuando se le antojaba; daba riquezas, prosperidades y fama, y fortaleza y
señoríos, y dignidades y honras, y las quitaba cuan do se le antojaba; por
esto le tenían que en su mano estaba el levantar y abatir, en la honra que se
le hacía.
(Lib. I, cap. iii)
QUE TRATA DEL DIOS QUE SE LLAMABA
TLALOC TLAMACAZQUI
Este dios llamado Tláloe Tlamacazqui era el dios de
las lluvias. Tenían que él daba las lluvias para que regasen la tierra,
mediante la cual lluvia se criaban todas las yerbas, árboles y frutas y
mantenimientos: también tenían que él enviaba el granizo y los relámpagos y
rayos, y las tempes tades del agua, y los peligros de los ríos y de la mar. El
llamarse Tláloe Tlamacazqui quiere decir que es dios que habita en el paraíso
terrenal, y que da a los hombres los mantenimientos necesarios para la vida cor
poral: Los servicios que se le hacían están en el segundo libro, entre las
fiestas de los dioses.
(Lib. I, cap. iv)
TRATA DEL DIOS QUE SE LLAMA QUETZALCOATL DIOS DE
LOS VIENTOS
Este Quetzalcóatl, aunque fue hombre, teníanle por
dios y decían que barría el camino a los dioses del agua y esto adivinaban
porque antes que comienzan las aguas hay grandes vientos y polvos, y por esto
decían que Quetzalcóatl, dios de los vientos, barría los caminos a los dioses
de las lluvias para que viniesen a llover.
Los sacrificios y ceremonias con que honraban a
este dios están escri tas adelante, en el segundo libro. Los atavíos con que
les aderezaban eran los siguientes: Una mitra en la cabeza, con un penacho de
plumas que se llaman quetzalli; la mitra era manchada como cuero de tigre; la
cara tenía teñida de negro, y todo el cuerpo; tenía vestida una camisa como
sobrepelliz, labrada, que no le llegaba más de hasta la cinta; tenía unas
orejeras de turquesas, de labor mosaica, tenía un collar de oro, de que colgaban
unos caracolitos mariscos preciosos; llevaba a cuestas por divisa un plumaje a
manera de llamas de fuego; tenía unas calzas desde la rodilla abajo, de cuero
de tigre, de las cuales colgaban unos caracolitos mariscos; tenía calzadas unas
sandalias teñidas de negro, revuelto con margajita; tenía en la mano izquierda
una rodela con una pintura con cinco ángulos, que llaman joyel del viento. En
la mano derecha tenía un cetro a manera de báculo de obispo: en lo alto era
enroscado como báculo de obispo, muy labrado de pedrería, pero no era largo
como el báculo; parecía por donde se tenía como empuñadura de espada. Era éste
el gran sacerdote del templo.
(Lib. I, cap. v)
QUE TRATA DE LAS DIOSAS PRINCIPALES QUE SE ADORABAN
EN ESTA NUEVA ESPAÑA
CIHUACOATL
La primera de estas diosas se llamaba Cihuacóatl.
Decían que esta diosa daba cosas adversas como pobreza, abatimiento, trabajos;
aparecía mu chas veces, según dicen, como una señora compuesta con unos
atavíos como se usan en palacio. Decían que de noche voceaba y bramaba en el
aire; esta diosa se llama Cihuacóatl, que quiere decir mujer de la culebra; y
también la llamaban Tonantzin, que quiere decir nuestra madre.
En estas dos cosas parece que esta diosa es nuestra
madre Eva, la cual fue engañada de la culebra, y que ellos tenían noticia del
negocio que pasó entre nuestra madre Eva y la culebra.
Los atavíos con que esta mujer aparecía eran
blancos, y los cabellos los tocaba de manera que tenía como unos cornezuelos
cruzados sobre
la frente; dicen también que traía una cuna a
cuestas, como quien trae a su hijo en ella, y poníase en el tianquiz entre las
otras mujeres, y desa pareciendo dejaba allí la cuna. Cuando las otras mujeres
advertían que aquella cuna estaba allí olvidada, miraban lo que estaba en ella
y halla ban un pedernal como hierro de lanzón, con que ellos mataban a los que
sacrificaban; en esto entendían que fue Cihuacóatl la que dejó allí.
(Lib. I, cap. vi)
TRATA DE LA DIOSA QUE SE LLAMABA
CHICOMECOATL.
ES OTRA DIOSA CERES
Esta diosa llamada Chicomecóatl era la diosa de los
mantenimientos, así de lo que se come como de lo que se bebe; a ésta la
pintaban con una corona en la cabeza, y en la mano derecha un vaso, y en la
izquierda una rodela con una flor grande pintaban: tenía su cueitl y huipilli y
san dalias, todo bermejo; y la cara teñida de bermejo; debió esta mujer ser la
primera que comenzó a hacer pan y otros manjares y guisados.
(Lib. I, cap. vii)
TRATA DE UNA
DIOSA QUE SE LLAMABA LA MADRE DE LOS DIOSES, CORAZON DE LA TIERRA Y NUESTRA
ABUELA
Esta diosa era la diosa de las medicinas y de las
yerbas medicinales; adorábanla los médicos y los cirujanos y los sangradores, y
también las parteras, y las que dan yerbas para abortar; y también los
adivinos, que dicen la buenaventura, o mala, que han de tener los niños, según
su nacimiento. Adorábanla también los que echan suertes con granos de maíz, y
los que auguran, mirando el agua en una escudilla, y los que echan suertes con
unas cordezuelas que atan unas con otras, que llaman mecatlapouhque; y los que
sacan gusanillos de la boca y de los ojos, y pedrezuelas de las otras partes
del cuerpo, que se llaman tetlacuicuilique. También la adoraban los que tienen
en sus casas baños, o temazcales. Y todos ponían la imagen de esta diosa en los
baños y llamábanla Te-mazcalteci, que quiere decir la abuela de los baños.
Todos los arriba dichos hacían cada año una fiesta
a esta diosa, en la cual compraban una mujer, y la componían con los ornamentos
que eran de esta diosa, como parecen en la pintura que es de su imagen, y todos
los días de su fiesta hacían con ella areito14 y la regalaban mucho, y la
halagaban porque no se entristeciese por su muerte, ni llorase; y le
14 Danzas indígenas. Voz caribe. (R .C .).
daban de comer delicadamente y convidaban con lo
que había de comer y la rogaban que comiese, como a gran señora, y estos días
hacían delante de ella ardides de guerra con vocerío y regocijo, y con muchas
divisas de guerra, y daban dones a los soldados que delante de ella peleaban
por hacerla placer y regocijo. Llegada la hora cuando había de morir, después
de haberla muerto con otros dos que la acompañaban en la muerte, la desollaban,
y un hombre, o sátrapa, vestíase su pellejo y traíale vestido por todo el
Pueblo, y hacían con esto muchas vanidades.
Las vestiduras y ornato de esta diosa eran que
tenía la boca y barba, hasta la garganta, teñida con ulli, que es una goma
negra; tenía en el rostro como un parche redondo, de lo mismo; tenía la cabeza
a manera de una gorra hecha de manta, revuelta y anudada: los cabos del nudo
caían sobre las espaldas; en el mismo nudo estaba injerido un plumaje del cual
salían unas plumas a manera de llamas: estaban colgando hacia la parte trasera
de la cabeza. Tenía vestido un huipilli, el cual en la extremidad de abajo tenía
una cortapisa ancha y arpada; las naguas que tenía eran blancas y tenía sus
cotaras o sandalias en los pies; en la mano izquierda, una rodela con una chapa
redonda de oro en el medio, y en la mano derecha tenía una escoba, que es
instrumento para barrer.
(Lib. I, cap. viii)
TRATA DE UNA DIOSA LLAMADA TZAPOTLATENA
Esta diosa que se decía Tzapotlatena fue una mujer,
según su nombre, nacida en el pueblo de Tzapotla, y por esto se llama la Madre
de Tzapotla, porque fue la primera que inventó la resina que se llama úxitl, y
es un aceite sacado por artificio de la resina del pino que aprovecha para
sanar muchas enfermedades y primeramente aprovecha contra una mane ra de
bubas, o sarna, que nace en la cabeza, que se llama quaxocociuiztli, y también
contra otra enfermedad es provechosa asimismo, que nace en la cabeza que es
como bubas que se llama chaquachiciuiztli; y también para la sarna de la
cabeza; aprovecha también contra la ronquera de la garganta; aprovecha también
contra las grietas de los pies y de los labios. Es también contra los empeines
que nacen en la cara, o en las manos; es también contra el usagre, contra otras
muchas enfermedades es buena; y como esta mujer debió ser la primera que halló
este aceite, contáronla entre las diosas y hacíanla fiesta y sacrificios
aquellos que venden y hacen este aceite que se llama úxitl.
(Lib. I, cap. ix)
QUE TRATA DE UNAS DIOSAS QUE
LLAMABAN
CIHUAPIPILTIN
Estas diosas llamadas Cihuapipiltin eran todas las
mujeres que morían del primer parto, a las cuales canonizaban por diosas, según
está escrito en el sexto libro, en el capítulo XXVIII; allí se cuenta de las
ceremonias que hacían a su muerte, y de la canonización por diosas; allí se
verá a la larga.
Lo que en el presente capítulo se trata es de que
decían que estas diosas andan juntas por el aire, y aparecen cuando quieren a
los que viven sobre la tierra, y a los niños los empecen con enfermedades, como
es dando enfermedad de perlesía, y entrando en los cuerpos humanos; y decían
que andaban en las encrucijadas de los caminos, haciendo estos daños, y por
esto los padres y madres vedaban a sus hijos e hijas que en ciertos días del
año, en que tenían que descendían estas diosas, que no saliesen fuera de casa,
porque no topasen con ellos estas diosas, y no les hiciesen algún daño; y
cuando a alguno le entraba perlesía, u otra enfermedad repentina, o entraba en
él algún demonio, decían que estas diosas lo habían hecho.
Y por esto las hacían fiesta y en esta fiesta
ofrecían en su templo, o en las encrucijadas de los caminos, pan hecho de
diversas figuras. Unos, como mariposas, otros de figura del rayo que cae del
cielo, que llaman xonecuilli, y también unos tamalejos que se llaman
xucuichtlamatzoalli, y maíz tostado que llaman ellos ízquitl.
La imagen de estas diosas tienen la cara
blanquecina, como si estuvie se teñida con color muy blanco, como es el
tízatl, lo mismo los brazos y piernas; tenían unas orejas de oro, los cabellos
tocados como las seño ras con sus cornezuelos; el huípil era pintado de unas
olas de negro, las naguas tenía labradas de diversos colores, tenía sus cotaras
blancas.
(Lib. I, cap. x)
QUE TRATA DE LA DIOSA DEL AGUA,
QUE LA LLAMABAN CHALCHIUHTLICUE; ES OTRA JUNO
Esta diosa llamada Chalchiuhtlicue, diosa del agua,
pintábanla como a mujer, y decían que era hermana de los dioses de la lluvia
que llaman Tlaloques; honrábanla porque decían que ella tenía poder sobre el
agua de la mar y de los ríos, para ahogar a los que andaban en estas aguas y
hacer tempestades y torbellinos en el agua, y anegar los navios y barcas y
otros vasos que andan por el agua.
Hacían fiesta a esta diosa en la fiesta que se
llama etzalcualiztli, que se pone en el segundo libro capítulo VII. Allí está a
la larga las cere monias y sacrificios con que la festejaban, allí se podrá
ver. Los que
eran devotos a esta diosa y la festejaban eran
todos aquellos que tienen
sus granjerias
en el agua, como
son los que venden agua en canoas,
y los que venden agua en tinajas en la plaza.
Los atavíos con que pintaban a esta diosa son: que
la pintaban la cara
con color amarillo,
y la ponían un collar de piedras preciosas de que
colgaba una
medalla de oro; en la cabeza tenía
una corona hecha de
papel pintada de azul claro, con unos penachos de
plumas verdes y con
unas borlas que colgaban hacia el colodrillo, y otras
hacia la frente de
la misma corona,
todo de color azul claro. Tenía sus orejeras labradas
de turquesas de obra mosaica; estaba vestida de un huípil y unas naguas
pintadas del mismo color azul claro, con unas
franjas de que colgaban
caracolitos mariscos. Tenía
en la mano izquierda una rodela,
con una
hoja ancha y redonda que se cría en el agua; la
llaman atlacuezona. Tenía
en la mano derecha un vaso con una cruz hecha a
manera de la custodia
en que se
lleva el
Sacramento, cuando uno
solo le lleva, y era como
cetro de esta diosa. Tenía sus cotaras blancas.
Los señores y reyes veneraban mucho a esta diosa,
con otras dos, que
eran la
diosa de los mantenimientos que
llamaban Chicomecóatl, y la
diosa
de la sal,
que llamaban Uixtocíhuatl, porque decían que estas
tres diosas mantenían a la gente popular para que
pudiese vivir y mul
tiplicar. Lo
demás acerca de esta diosa se verá
en el capítulo que he
citado, del segundo libro, porque allí se trata
copiosamente.
(Lib.
I, cap. xi)
QUE TRATA DE LA DIOSA DE LAS COSAS CARNALES LA
CUAL LLAMABAN TLAZOLTEOTL, OTRA VENUS
Esta diosa tenía tres nombres: el
uno era
que se llamaba Tlazoltéotl,
que quiere decir la diosa de la carnalidad; el
segundo nombre es lxcuina:
llamábanla este nombre por que decían que
eran cuatro hermanas: la
primera
era primogénita o
hermana mayor, que llamaban Tiacapan,
la
segunda era hermana menor que
llamaban Teicu, la
tercera era la
de enmedio, la cual llamaban Tlaco, la cuarta era la menor
de todas,
que llamaban Xucotzin. Estas cuatro hermanas decían
que eran las dio
sas de la carnalidad. En los nombres bien significa
a todas las mujeres
que son
aptas para el acto carnal. El
tercer nombre de
esta diosa es
Tlaélquani;
que quiere decir
comedora de cosas
sucias, esto es,
que
según
decían, las mujeres y hombres carnales confesaban sus pecados
a estas diosas, cuanto quiera que fuesen torpes y
sucios, que ellas los perdonaban.
También decían que esta diosa o diosas, tenían
poder para provocar a lu juria y para inspirar cosas carnales, y para
favorecer los torpes amores; y después de hechos los pecados decían que tenían
también poder para per
donarlos, y limpiar de ellos perdonándolos, si los
confesbaan a los sus sátra
pas, que eran los adivinos que tenían los libros de las adivinanzas y de
las venturas de los que nacen, y de las hechicerías
y agüeros, y de las
tradiciones de los antiguos que vinieron de mano en
mano hasta ellos.
Pues desde que el penitente determinaba confesarse iba luego a buscar
a algunos de los ya dichos, delante quien se solían
confesar y decíale:
“Señor,
querríame llegar a
dios todopoderoso y
que es amparador
de
todos, el cual se llama Yoálli -Ehécatl, esto
es, Tezcatlipoca; querría ha
blar en secreto mis pecados”. Oído esto el sátrapa
decíale: “Seáis muy
bien venido,
hijo, que lo que decís que queréis
hacer para vuestro bien
y provecho es”.
Dicho esto miraba luego el libro de
las adivinanzas que
se llamaba tonálámatl, para por él saber qué día sería más
oportuno para
aquella obra; y habiendo visto el día que convenía
decíale: “para tal día
vendréis, porque entonces reina buen signo, para
que esto se haga prós
peramente”.
Llegado el día que le había mandado que volviese,
el penitente com
praba un petate nuevo e incienso blanco, que llaman copalli; y leña para
el fuego en que se había de quemar el copalli; y si el penitente era per
sona
principal, o puesta
en dignidad, el
sátrapa iba a
su casa para
confesarle —
o por ventura el penitente, aunque fuese principal,
iba
a casa del sátrapa— ; llegado, barría muy bien el
lugar donde se había
de tender el petate
nuevo, para ponerse
sobre él el
confesor, y luego
encendía fuego y echaba el copal en el fuego el
sátrapa, y hablaba al
fuego y decíale:
“Vos, señor, que sois el padre
y la madre de los dioses,
y sois el más antiguo dios, sabed que es venido
aquí este vuestro vasallo,
este vuestro siervo;
y viene llorando,
viene con gran dolor, y esto
es
por que se conoce haber errado, haber resbalado y
tropezado, y encon
trado
con algunas suciedades
de pecados y con
algunos graves delitos
dignos de muerte, y de esto viene muy penado y
fatigado. Señor nuestro
muy
piadoso, pues que sois amparador y defensor de
todos, recibid a
penitencia, oíd la angustia de este vuestro siervo
y vasallo”. hablábale
Acabada esta oración,
el sátrapa volvíase al penitente y
de esta manera:
“Hijo, has venido
a la presencia
del dios favore
cedor y amparador
de todos; viniste a publicar tus interiores hedo
res y podredumbres; vienes a abrirle los secretos de tu corazón,
mira que no
te despeñes, mira que no te desbarranques mientiendo
en su presencia de nuestro señor. Desnúdate, echa
fuera todas tus ver
güenzas en presencia de nuestro señor, el cual se llama Yoálli-Ehécatl,
esto es, Tezcatlipoca. Es cierto que estás delante de él aunque no eres
digno de verle, ni aun que él te hable, porque es
invisible y no palpable;
mira,
pues, cómo vienes, qué
corazón traes, no dudes
de publicar tus
secretos en su presencia; cuenta tu vida, relata
tus obras de la misma
manera que hiciste tus excesos y ofensas; derrama
tus maldades en su
presencia, cuenta
con tristeza a nuestro señor dios,
que es favorecedor
de todos y tiene abiertos los brazos y está
aparejado para abrazarte, y para
tomarte a cuestas: mira que no dejes nada por
vergüenza, mira que no dejes nada por flaqueza”. Oído esto, el penitente luego
hacía juramento de decir la verdad, de la manera que ellos usaban jurar,
tocando la tierra con la mano y lamiendo lo que se le había pegado; y luego
echaba copalli en el fuego, que era otro fundamento cerca de decir la verdad, y
luego se sentaba delante del sátrapa, y porque le tenía como imagen y vicario
de dios comenzábale a hablar de esta manera:
“¡Oh señor nuestro, que a todos recibes y amparas,
oye mis hedion deces y podredumbres; en tu presencia me desnudo y echo fuera
todas mis vergüenzas, cuantas he hecho; no te son por cierto ocultas mis mal
dades que he hecho, porque todas las cosas te son manifiestas y claras!”. Dicho
esto, luego comienza a decir sus pecados, por el mismo orden que los hizo, con
toda claridad y reposo, como quen dice un cantar muy despacio y muy
pronunciado, como quien va por un camino muy derecho, sin desviar a una parte ni
a otra. Y acabando de decir todo lo que había hecho, comenzaba luego a hablar
el sátrapa, diciendo de esta manera: “Hijo, has hablado a nuestro señor dios
diciendo delante de él tus malas obras; ahora, también en su nombre, te quiero
decir lo que eres obligado a hacer cuando descienden a la tierra las diosas
llamadas Cihuapipiltin, o cuando se hace la fiesta de las diosas de la
carnalidad que se llaman Ixcuiname: ayunarás cuatro días, afligiendo tu
estómago y tu boca; y llegado el día de la fiesta de esta diosa Ixcuiname,
luego de mañana, o en amaneciendo, para que hagas la penitencia convenible por
tus peca dos, pasarás la lengua por el medio de parte a parte con algunas mim
bres que se llaman teocalzácatl o tlácotl, y si más quisieres, pasarlas has por
las orejas, lo uno de dos; y esto harás en penitencia y satisfacción por tu
pecado, no por vía de merecimiento sino en penitencia del mal que hiciste.
Traspasarás la lengua por el medio con alguna espina de maguey y después, por
el mismo agujero pasarás las mimbres; pasarás cada una por delante tu cara, y
acabando de sacarla arrojarla has atrás de ti, hacia las espaldas, y si
quisieras de todas ellas hacer una, atando todas, la una con la otra, ora sean
cutrocientas u ochocientas las que hubieras de sacar por la lengua, haciendo
esto se te perdonan las sucie dades que hiciste”.
Y si no tiene muchos no graves pecados el
penitente, dice el sátrapa delante de quien se confiesa: “hijo, ayunarás,
fatigarás tu estómago con hambre y tu boca con sed, comiendo sola una vez al
medio día, y esto cuatro días”. O le mandaba: “irás a ofrecer papeles a los
lugares acos tumbrados, y harás imágenes; cubrirás con ellos las imágenes que
llevares hechas, según tu devoción, y harás la ceremonia acostumbrada de can
tar y bailar en su presencia”. O le decía: “has ofendido a dios, emborra
chándote, conviénete satisfacer al dios del vino llamado T otochti15, y cuando
fueres a hacer esta penitencia irás de noche, irás desnudo sin que
15 Los dioses del vino eran llamados C
entzontotichtin, o “400 conejos”.
(R.C.).
lleves ninguna otra cosa sino un papel delante y
otro detrás, para cubrir tus partes vergonzosas; y cuando hecha tu oración te
volvieres, los pape les con que vas ceñido detrás y delante arrojarlos has
delante de los dioses, que allí están”.
Acabada la confesión y recibida la penitencia, el
penitente íbase para su casa y procuraba de nunca más volver a hacer aquellos
pecados de que se había confesado, porque decían que si otra vez reincidía en
los pecados no tenía remedio. No hacían esta confesión sino los viejos, por
graves pecados como son adulterio, etc., y la razón por que se confesaban era
por librarse de la pena temporal que estaba señalada a los que caían en tales
pecados, por librarse de no recibir pena de muerte, o machu cándoles la cabeza
o haciéndoselas tortilla entre dos grandes piedras.
Es de saber que los sátrapas que oían los pecados
tenían gran secreto, que jamás decían lo que habían oído en la confesión,
porque tenían que no lo habían oído ellos sino su dios, delante de quien solo
se descubrían los pecados; no se pensaba que hombre los hubiese oído, ni a
hombre se hubiesen dicho sino a dios.
Cerca de lo arriba dicho sabemos que aun después
acá, en el cristianis mo, porfían a llevarlo adelante, en cuanto toca a hacer
penitencia y con fesarse por los pecados graves y públicos, como son
homicidio, adulterio, etc., pensando que, como en el tiempo pasado, por la
confesión y peni tencia que hacían se les perdonaban aquellos pecados, en el
foro judicial, también ahora, cuando alguno mata o adultera acógese a nuestras
casas y monasterios y, callando lo que hicieron, dicen que quieren hacer peni
tencia; y cavan en la huerta y barren en casa, y hacen lo que les mandan y
confiésanse de allí a algunos días, y entonces descarnan su pecado y la causa
por que vinieron a hacer penitencia; acabada su confesión, demandan una cédula
firmada del confesor, con propósito de mostrarla a los que rigen, gobernador y
alcaldes, para que sepan que han hecho penitencia y confesádose y que ya no
tiene nada contra ellos la Justicia. Este embuste casi ninguno de los
religiosos ni clérigos entienden por dónde va, por ignorar la costumbre antigua
que tenían, según que arriba está escrito, mas antes piensan que la cédula la
demandan para mostrar como está confesado, aquel año. Esto sabemos por mucha
expe riencia que de ello tenemos. Dícese que se confesaban los viejos, y de los
grandes pecados de la carne; de esto bien se arguye que aunque habían hecho
muchos pecados en tiempo de su juventud, no se confesaban de ellos hasta la
vejez por no se obligar a cesar de pecar antes de la vejez, por la opinión que
tenían que el que tornaba a reincidir en los pecados el que se confesaba una
vez no tenía remedio. En lo arriba dicho no hay poco fundamento para argüir que
estos indios de esta Nueva España se tenían por obligados de se confesar una
vez en la vida, y esto, in lumi-ne naturali, sin haber tenido noticia de las
cosas de la fe.
QUE TRATA DE LOS DIOSES QUE SON MENORES EN DIGNIDAD QUE LOS ARRIBA
DICHOS, Y EL PRIMERO DE ESTOS ES (EL) QUE LLAMAN X1UHTECUTLI; ES OTRO VULCAN
Este dios del fuego llamado Xiuhtecutli tiene
también otros dos nombres el uno es Ixcozauhqui, que quiere decir
“cariamarillo”; y el otro es Cuezaltzin, que quiere decir “llama de fuego”.
También se llamaba Hwe-huetéotl, que quiere decir “el dios antiguo”; y todos le
tenían por padre considerando los efectos que hacía porque quema la llama,
enciende y abrasa, y estos son efectos que causan temor. Otros efectos tiene
que causan amor y reverencia, como es que calienta a los que tienen frío y
guisa las viandas para comer, asando y cociendo y tostando y friendo. El hace
la sal y la miel espesa, y el carbón y la cal, y calienta los baños para
bañarse y hace el aceite que se llama úxitl; con él se calienta la lejía y agua
para lavar las ropas sucias y viejas, y se vuelven así nuevas.
A este dios se le hacía fiesta cada año, al fin del
mes que se llama izcalli, y a su imagen le ponían todas las vestiduras y
atavíos y plumajes del principal señor en tiempo de Moteccuzoma; hacíanla a
semejanza, de Moteccuzoma, y en tiempo de los otros señores pasados hacíanle la
semejanza de cada uno de ellos; y puesto en su altar o trono, desca bezaban a
su presencia muchas codornices, derramaban la sangre de ellas delante de él, y
también ofrecíanle copal como a dios, y ofrecíanle unos pastelejos que llaman
quiltamalli, hechos de bledos 1S, y estos mis mos comían por su honra; en
todos los barrios, por su honra, en cada casa antes que los comiesen los
ofrecían al fuego, y antes de ofrecérselos no los comían. Y los sátrapas que
estaban diputados al servicio de este dios que los llamaban yhuehueyouan, que
quiere decir sus viejos, todo el día hacían areito o danza en su presencia,
cantando y bailando a su modo, y tañían caracoles como cuernos y tañían
atambores y teponaztli, que son atambores de madera; y traían en las manos una
sonajas con que hacen un son al propósito del cantar, son a la manera de
trebejos o trebecinas con que hacen callar a los niños cuando lloran; úsanse en
los Campos 17. No se cocía pan en comal en este día, y en esto se tenía cuidado,
de que nadie cociese pan ni otra cosa en comal porque ninguno se tocase del
fuego por ser el primer día en que se comían y ofrecían los tamales arriba
dichos. En esta misma fiesta los padres y madres de los niños cazaban: unos,
culebras; otros, ranas; otros, peces que se llaman xouiles, o lagartillos del
agua que se llaman axólotl, o aves o cualesquier otros animalejos, y éstos
echábanlos en las brasas del hogar; y desque ya estaban tostados comíanlos los
niños y decían, come cosas tostadas
16 Huauhtli. Actualmente se designa con el nombre
de alegría a la planta y la semilla, y sólo se utiliza para preparar una
golosina popular. (R.C.) .
17 Parece que el autor se refirió a una
reminiscencia local, puesto que emplea trebejo y trebecina en sentido de
juguete. (R.C.).
nuestro padre el fuego; y llegada la noche los
viejos y viejas todos bebían
octli, que es vino de la tierra, y del octli que bebían derramaban antes
que bebiesen en cuatro partes del hogar del octli que habían de beber;
a esto decían
que daban a gustar al fuego aquella bebida, honrándole
como a dios en esto, que era como sacrificio u
ofrenda. Y de cuatro en
cuatro años hacíase esta fiesta muy solemne, y
hacía areito el señor con
todos sus
principales, delante de
la casa o templo de este
dios y en
esta fiesta de cuatro en cuatro años no solamente
los viejos y viejas be
bían vino, o pulcre, pero todos, mozos y mozas,
niños y niñas lo bebían;
por eso se llamaba
esta fiesta pillaoano, que
quiere decir fiesta donde
los niños y niñas beben el vino o pulcre, y daban padrinos y madrinas
a los niños y buscábanselos sus padres y
madres, y les daban algunos
dones. Estos padrinos y madrinas llevaban a cuestas
a los niños y niñas
que eran sus ahijados, al templo de este dios del
fuego, (al cual) tam
bién lo llamaban Ixcozauhqui. Allí, delante de él, agujeraban las orejas
a todos los niños y niñas; señalábanlos de esta señal en presencia
de
sus padrinos y madrinas que les llamaban imavioan intlaoan. Hecho esto
comían todos juntos padres y madres, padrinos y
madrinas, niños y niñas.
La imagen de
este dios se pintaba (como)
un hombre desnudo,
el
cual
tenía la barba
teñida con la
resina que es llamada
ulli, que es
negra,y un barbote de piedra colorada en el agujero de la barba; tenía
en la cabeza una corona de papel pintada de
diversos colores y de diver
sas labores; en lo alto de la corona tenía unos
penachos de plumas ver
des, a
manera de llamas de fuego; tenía unas borlas de plumas hacia
los lados, como pendientes hacia las orejas; tenía unas orejeras en los
agujeros de las orejas, labradas de turquesas, de
labor mosaica; tenía a
cuestas un plumaje hecho a manera de una cabeza de
un dragón, labrado
de
plumas amarillas, con
unos caracolitos mariscos;
tenía unos casca
beles atados a las gargantas de los pies; tenía en
la mano izquierda una
rodela con cinco piedras verdes que se llaman chalchihuites, puestas a
manera (d
e) cruz sobre una chapa de oro, (que) casi cubría
toda la
rodela.
En la mano derecha tenía
una manera de cetro,
que era una
chapa de oro redonda agujerada por el medio, y
sobre ella un remate
de dos globos, uno mayor y otro menor, con una
pluma sobre el menor;
llamaban a este cetro tlachiáloni, que quiere decir
miradero, o mirador,
porque con él ocultaba la cara y miraba por el agujero de enmedio de
la chapa de oro.
(Lib. I, cap. xiii)
QUE HABLA CERCA DE UN DIOS QUE SE LLAMABA
MACUILXOCHITL QUE QUIERE DECIR CINCO FLORES, Y TAMBIEN
SE LLAMABA X0CH1P1LLI,
QUE QUIERE DECIR EL PRINCIPAL QUE
DA FLORES O
QUE TIENE
CARGO DE DAR FLORES
A este
dios llamado Macuilxochitl
le tenían por
dios, como al
arriba
dicho, que es el dios del fuego. Era más particular
dios de los que mora
ban en las casas de los señores o en los palacios
de los principales.
A la honra de este dios hacían fiesta, y su fiesta
se llamaba xochilhuitl,
la cual se contaba entre las fiestas movibles que
están en el cuarto libro,
que trata del arte adivinatorio; cuatro días antes
de esta fiesta ayunaban
todos los que la celebraban, así hombres como
mujeres; y si algún hom
bre en el tiempo de este ayuno tenía acceso a mujer,
o alguna mujer
a hombre durante el dicho ayuno, decían que
ensuciaba su ayuno y este
dios se ofendía mucho de esto, por esto hería con
enfermedades de las
partes secretas a los que tal hacían, como son
almorranas, podredumbre
del miembro secreto, diviesos e incordios, etc.,
y porque tenían enten
dido que estas enfermedades eran castigos de este
dios, por la causa arriba
dicha, hacíanle votos y prometimientos para que se
aplacase y cesase de
afligir con aquellas enfermedades. Cuando
llegaba esta fiesta
de este
dios que se llamaba xochilhuitl, que quiere decir
la fiesta de las flores,
como dicho es, ayunaban todos cuatro días; algunos
no comían chilli o
axi y comían
solamente al medio día, y a la media
noche bebían una
mazamorra 18 que se llamaba tlacuilolatolli, que quiere decir mazamorra
pintada con una flor puesta encima, en
el medio, llamábase este ayuno
el ayuno de las flores. ni
otras cosas sabrosas
También los que ayunaban sin dejar el chilli
que
suelen comer, comían
una vez sola al
mediodía. Otros ayunaban
comiendo panes ázimos esto es, que el maíz de que
se hacía el pan que
comían no se cocía con cal, antes de molerlo, que esto es como hor-
m entar19, sino molían el maíz
seco y de aquella
harina hacían pan y
cocíanlo en el comal, y no comían chilli ni otra
cosa con ello; no comían
más que una vez a mediodía. de este dios.
En esta fiesta uno
Llegado el quinto día era la fiesta
se componía con los atavíos de este dios, como si
fuera su imagen o per
sona, que significaba al
mismo dios; con éste hacían areito con canta
res, y con teponaztli y
atambor (y ) llegando al mediodía de esta fiesta,
descabezaban muchas codornices derramando la sangre delante de este
18 Los
diccionarios castellanos, del
Diccionario de Autoridades a los últimos de
la Academia, aplican el vocablo a una “comida de
harina de maíz con azúcar o
miel, semejante a las poleadas, de que se usa mucho
en el Perú. Sahagún emplea
frecuentemente este nombre, pero es difícil
concretar su sentido; parece que lo
refiere a las muchas formas de atulli, atolli o atole, simple o con frutas, o cacao,
que en buen número se toman aún en México. (R.C .).
19Hormento. Lo mismo que fermento o levadura.
(R.C.).
dios y de su imagen; otros sangrábanse de las
orejas delante de él; otros
traspasaban las lenguas con una punta de maguey, y
por aquel agujero
pasaban muchas mimbres delgadas derramando sangre;
también le hacían
otras ofrendas en su templo. Hacían también una
ceremonia, que hacían
cinco tamales (que)
son como panes redondos hechos de maíz, ni bien
rollizos ni bien redondos, que se llamaban pan de
ayuno; eran grandes;
encima de los cuales iba una saeta hincada que
llamaban xúchmitl; esta
era ofrenda de todo el pueblo. Los particulares que querían ofrecían
en un plato de madera cinco tamales pequeños, a la
manera de los arriba
dichos que dijimos ser grandes, con chilmolli en
otro vaso; ofrecían asi
mismo dos pasteles que llaman tzoálli, en lugar
de ulli, goma negra,
que otros ofrecían, en unos platos de madera; y el
uno de estos pastelejos
era negros y el otro bermejo.
La otra
gente ofrecía diversas cosas: unos
ofrecían maíz tostado, otros
maíz
tostado revuelto con
miel y con
harina de semilla de bledos20,
otros hecho de
pan una manera
de rayo, como cuando cae del
cielo,
que llaman xonecuilli; otros ofrecían pan hecho a manera
de mariposa;
otros ofrecían panes ázimos que ellos llamaban yotlaxcalli; otros ofrecían
unas tortas hechas de semillas de bledos; otros
ofrecían unas tortas hechas
a
manera de rodela,
de la misma
semilla; otros hacían
saetas, otros
espadas, hechas de la masa de esta misma semilla;
otros ofrecían muñe
cas, hechas de la misma masa.
de En esta
misma fiesta todos los principales y calpixque de la comarca
México, que
lindaban con los
pueblos de guerra, traían a México
los cautivos que
tenían, o comprados o que
por sí mismos los habían
cautivado, y entregábanlos a los calpixque, para
que los guardasen para
el tiempo en que fuese menester ser sacrificados delante de los ídolos;
y si alguno de estos
esclavos se huía entretanto que llegaba el tiempo
de su
sacrificio, el mismo calpixqui que lo tenía a cargo era obligado
a comprar otro y ponerle en el lugar del que había
huido.
La
imagen de este dios era como un hombre desnudo que está deso
llado,
o teñido de
bermellón, y tenía
la boca y la barba teñida de
blanco y negro y azul claro; la cara teñida de
bermejo; tenía una corona
teñida de verde claro, con unos penachos del mismo color; tenía
unas
borlas que colgaban de la corona hacia las
espaldas; tenía a cuestas una
divisa o
plumaje, que era como una bandera
que está hincada en un
cerro, y en lo alto tenía unos penachos verdes;
tenía ceñida por el medio
del cuerpo una manta bermeja, que colgaba hasta los muslos; esta
manta tenía una franja de que colgaban unos
caracolitos mariscos: tenía
en los pies unas cotaras o sandalias, muy
curiosamente hechas: en la mano izquierda tenía una rodela, la cual era blanca,
y en el medio tenía cuatro piedras puestas de dos en dos juntas; tenía un cetro
hecho a
20 H
uauhtli. (R.C.).
manera de corazón, que en lo alto tenía unos
penachos verdes y de lo bajo colgaban también otros penachos verdes y
amarillos.
(Lib. I, cap. xiv)
QUE TRATA DEL DIOS LLAMADO 1XTLILTON, QUE QUIERE
DECIR EL NEGRILLO, Y TAMBIEN SE LLAMA
TLALTETECUIN
A este
dios hacían un
oratorio de tablas pintadas,
como tabernáculo,
donde estaba su imagen. En este oratorio o templo
había muchos lebri
llos y
tinajas de agua,
y todas estabas tapadas
con tablas o
comales;
llamaban a esta agua tlílatl, que quiere
decir agua negra; y cuando algún
niño enfermaba, llevábanle al templo o tabernáculo de este dios Ixtliton,
y abrían una de aquellas tinajas y daban de beber
al niño de aquella
agua y con ella sanaba; y cuando alguno quería
hacer la fiesta de este
dios, por su devoción, llevaba a su imagen a su
casa.
Esta imagen no era de bulto, ni pintada, sino era
uno de los sátrapas,
que se vestía los ornamentos de este dios, y cuando
le llevaban íbanle
incensando delante con humo de copal, como llegaba
esta imagen a la
casa del que había de hacerle fiesta con danzas y
cantares, como ellos
usaban,
porque esta manera de
danzar o bailar, es muy
diferente de
nuestros bailes y danzas, pongo aquí la manera que tienen estas danzas
o bailes, que por otro nombre se llaman areitos, y
en su lengua se llaman
macehualiztli. Juntábanse muchos de dos en dos, o de tres en tres, en
un gran corro según la cantidad de los que eran,
llevando flores en las
manos, y ataviados con plumajes; hacían todos a una
un mismo meneo
con el cuerpo y con los pies y con las manos, cosa
bien de ver y bien
artificiosa; todos los meneos iban según el son que
tañían los tañedores
del atambor y del teponaztli. Con esto iban cantando con gran
concierto
todos y con voces muy sonoras los loores de aquel
dios a quien festejaban,
y lo mismo usan ahora, aunque enderezan los meneos con tenencias y
atavíos conforme
a lo que cantan, porque
usan diversísimos meneos y
diversísimos tonos en el cantar;
pero todo muy agraciado, y aun
muy
místico. Es el bosque de la idolatría que no está
talado.
Llegada como está dicho la
imagen de este
dios a la casa
del que
la festejaba, lo primero que hacían era comer y
beber, después de lo cual
comenzaban la danza y cantar del dios a quien
festejaban. Después que
este dios había bailado con los otros gran
rato, entraba dentro de casa
a la bodega donde estaba el pulcre o vino que ellos usaban, en muchas
tinajas, todas tapadas con tablas o comales
embarrados, las cuales había
cuatro días que estaban tapadas. Este dios abría
una o muchas, y a este
abrimiento
llamaban tlayacaxapotla, que
quiere decir esto
abrimiento
primero o vino nuevo; hecho este abrimiento, él y
los que iban con él
bebían de aquel vino y salíanse fuera, al patio de la casa donde se hacía
la fiesta, e iban donde estaban las tinajas del
agua negra que eran dedi cadas a él y habían estado cerradas cuatro días; y
abríalas este mismo que era la imagen de este dios; y si después de abiertas
estas tinajas parecía en alguna de ellas alguna suciedad, como alguna pajuela o
cabello, o pelo o carbón, luego decían que el que hacía la fiesta era hombre de
mala vida, adúltero o ladrón, o dado al vicio camal, y enton ces le afrentaban
con decirle que alguno de aquellos vicios estaban en él, o que era sembrador de
discordias, o de cizañas, afrentábanle en presencia de todos; y cuando aquél
que era la imagen de dios salía de aquella casa dábanle mantas, las cuales
llamaban ixquen que quiere decir abertura de la casa, porque quedaba
avergonzado aquél que había hecho la fiesta, si alguna falta se hallaba en el
agua negra. La manera de ata víos de este dios se pondrá al fin de este libro.
(Lib. I, cap. xvi)
QUE HABLA DEL DIOS QUE SE LLAMA YIACATECUTLI, DIOS
DE LOS MERCADERES
Este dios llamado Yiacatecutli hay conjetura que
comenzó los tratos y mercaderías entre esta gente, y así los mercaderes le
tomaron por dios y le honraban de diversas maneras. Una de las cosas con que le
honraban era, que le ofrecían papel y le cobijaban con el mismo papel, donde
quiera que estaban sus estatuas.
También tenían en mucha veneración al báculo con
que caminaban, que era una caña maciza, que ellos llaman ótlatl, y también usan
de otra manera de báculo que es una caña negra liviana, maciza, sin nudo
ninguno, que es como junco de los que se usan en España. Todos los mercaderes
usan de esta manera de báculos por el camino y cuando lle gaban a donde habían
de dormir, juntaban todos sus báculos en una gavilla, atados, e hincábanlos a
la cabecera donde habían de dormir; y derramaban sangre delante de ellos, de
las orejas o de la lengua, o de las piernas, o de los brazos, y ofrecían copal,
hacían fuego y quemábanle delante de los báculos, los cuales tenían por imagen
del mismo dios y en ellos honraban al mismo dios Yiacatecutli. Con esto le
suplicaban que los amparase de todo peligro.
Estos mercaderes discurren por toda la tierra
tratando, comprando en una parte y vendiendo en otra lo que habían comprado;
estos mercaderes discurren por todas las poblaciones que están ribera de la
mar, y la tierra adentro; no dejan cosa que no escudriñan y pasean, en unas
partes com prando y en otras vendiendo. No dejan lugar donde no buscan lo que
allí se puede comprar, o vender, ni porque la tierra sea muy caliente ni porque
sea muy fría, ni porque sea muy áspera no dejan de pasarla, ni de trastornarla,
buscando lo que en ella hay precioso o provechoso para comprar o vender. Son
estos mercaderes sufridores de muchos trabajos, y
osados para
entrar en todas
las tierras
— aunque
sean las tierras
de
enemigos— y muy astutos para tratar con los
extraños, así aprendiendo
sus lenguas como tratando con ellos con
benevolencia, para atraerlos a su
familiaridad.
Estos
descubren donde hay las plumas preciosas, y las piedras
pre
ciosas y el oro, y las compran y las llevan a
vender donde saben que
han de valer
mucho; también éstos
descubren donde hay
pellejos de
animales
exquisitos y preciosos,
y los venden a
donde valen mucho.
Tratan
también en vasos preciosos, hechos de diversas maneras y pin
tados con diversas figuras, según que en diversas
tierras se usan, unos
con tapaderos hechos de conchas de tortugas y cucharas de lo
mismo
para
revolver el cacao;
otros con tapaderos
muy pintados de
diversos
colores, y
figuras hechas a manera de una hoja
de un árbol,
y otros
palos preciosos para revolver el cacao.
Si han de entrar en tierra de guerra primero
aprenden el lenguaje de
aquella gente,
y toman el traje de ella,
para que no parezca
que son
extranjeros sino que son naturales.
Acontecía muchas veces que los enemigos los
conocían y los prendían
y mataban; y si uno, o dos o más se podían escapar iban a dar man
dado al señor principal de
la tierra, como Moteccuzoma, u
otros sus
antecesores, y llevaban algunas de aquellas
riquezas que había en aquella
tierra y
presentábanlas al señor
y le contaban lo
que habían pasado
y le daban la relación de la tierra que habían
visto. El señor, en remu
neración de sus trabajos para que fuese honrado en
el pueblo y tenido
por valiente, poníale un barbote de ámbar, que es
una piedra larga ama
rilla, transparente, que cuelga del bezo bajo
agujerado, en señal que era
valiente y era noble, y esto se tenía en mucho.
Estos mercaderes partíanse de sus parientes con
grandes ceremonias,
según sus ritos antiguos, cuando iban a mercadear a
tierras extrañas, y
estaban por allá muchos años, y cuando volvían a
sus tierras venían car
gados de muchas riquezas; y para hacer demostración de lo que traían,
y dar relación de las tierras por donde habían
andado y de las cosas que habían visto, convidaban a todos los mercaderes, en
especial a los prin cipales de ellos y a los señores del pueblo, y les hacían
gran convite. A este convite llamábanle lavatorio de pies, y los convidados
reverenciaban grandemente al báculo con que habían ido y vuelto; tenían que era
imagen de aquel dios y que le había dado favor para ir y volver y andar los
caminos que anduvo. Para hacer esta honra al báculo se ponían en una de las casas
de oración que tenían en los barrios que ellos llamaban calpulli, que quiere
decir iglesia del barrio o parroquia. En este calpulli donde se contaba este
mercader ponían el báculo en lugar venerable. Y cuando daban comida a los
convidados, primeramente ponían comida y flores y acayietl, etc., delante del
báculo; y fuera del convite todas las veces que comía este mercader ofrecía
primeramente comida y las demás cosas al báculo, que le tenía en su oratorio,
dentro de su casa.
Estos mercaderes
después que venían prósperos de las tierras donde
habían andado, como tenían caudal compraban
esclavos y esclavas para
ofrecerlos a su dios, en su fiesta, el cual
principalmente era Yiacatecutli,
y éste tenía cinco hermanos y una hermana, y a todos los
tenían por
dioses, y como se inclinaba su devoción
sacrificaban esclavos a cada uno
de ellos en su fiesta, o a todos juntos, o a la hermana; el uno de los
hermanos se llamaba Chiconquiáhuitl, el otro
Xomócuil, el otro Nácatl,
el otro Cochímetl, el otro Yacapitzáuac; la hermana
se llamaba Chalme-
cacíhuatl. A éstos o alguno de ellos ofrecían un
esclavo, o más, sacrifi
cándolos
en su presencia,
vestidos con los
ornamentos de , aquel dios,
como si fuese su imagen.
Había
una feria ordinaria
donde se vendían y compraban
esclavos,
hombres y mujeres, en un pueblo que se llama
Azcapotzalco que es dos
leguas de México.
Allí los iban a escoger entre muchos, y los que
compraban miraban muy
bien que el esclavo o esclava no tuviese alguna
enfermedad, o fealdad
en el cuerpo. A estos esclavos, hombres y mujeres,
después que los com
praban
criábanlos en mucho regalo y
vestíanlos muy bien; dábanlos a
comer y beber abundantemente y bañábanlos en agua
caliente, de manera
que los engordaban porque los habían de comer y
ofrecer a su dios; tam
bién
los regocijaban haciéndoles
cantar y bailar, a
las veces sobre
la
azotea de sus casas, o en la plaza; cantaban todos
los cantares que sabían,
hasta que se hartaban de cantar, y no estimaban en
nada la muerte que
les estaba aparejada. Mataban
estos esclavos en la fiesta que se
llama
panquetzaliztli, y todo el tiempo antes de llegar a
aquella fiesta, los rega
laban como está dicho; y si entre estos esclavos
había algún hombre que
parecía de buen juicio y que era diligente para
servir y sabía bien cantar,
o alguna
mujer que era
dispuesta y sabía bien hacer
de comer y de
beber, y labrar y tejer, a estos tales los
principales los compraban para
servirse de ellos en su casa y los escapaban del
sacrificio. iba camino,
La imagen de este dios se pintaba como un indio
que
con su báculo, y la cara tenía manchada de blanco y
negro; en los ca
bellos llevaba atadas dos borlas de plumas ricas
que se llamaban quetzáli;
iban atadas en los cabellos del medio de la cabeza,
recogidos como una
gavilla
de todo lo alto
de la cabeza;
tiene unas orejeras
de oro; está
cubierto con una manta azul, y sobre el azul una
red negra de manera
que el azul se parece por las mallas de la red;
tenía una flocadura esta
manta por todas las orillas, en la cual estaban
tejidas unas flores; tenía
en la garganta de los pies unas como calzuelas de
cuero amarillo, de las
cuales colgaban unos caracolitos mariscos. Tenía en
los pies unas cotaras
muy curiosas y labradas; tenía una
rodela teñida de amarillo con una
mancha en el medio, de azul claro, que no tiene
ninguna labor. Tenía
en la mano derecha su báculo con que van camino.
QUE HABLA DE MUCHOS DIOSES IMAGINARIOS A LOS CUALES
TODOS LLAMABAN TLALOQUES
Todos
los montes eminentes,
especialmente donde se
arman nublados
para llover, imaginaban que eran dioses, y a cada uno de ellos hacían
su imagen
según la imaginación
que tenían de
ellos; tenían también
imaginación que ciertas enfermedades, las cuales
parece que son enfer
medades de frío, procedían de los montes, o que
aquellos montes tenían
poder para sanarlas; y aquellos a quienes estas
enfermedades acontecían,
hacían voto de hacer fiesta y ofrenda a tal o a tal
monte de quien estaba
más cerca, o con quien tenía más devoción. También
hacían semejante
voto aquellos que se veían en algún peligro de
ahogarse en el agua de
ríos, o de la mar. Las enfermedades por que hacían
estos votos eran la
gota de las manos o de los pies, o de cualquiera
parte del cuerpo; y tam
bién el tullimiento de algún miembro o de todo el
cuerpo; y también el
envaramiento del pescuezo, o de otra parte del cuerpo, o encogimiento
de algún miembro, o el pararse yerto.
Aquellos a quien estas enfermedades acontecían,
hacían voto de hacer
las imágenes de estos dioses que se siguen: Del
dios del aire, la diosa del
agua y el dios de la lluvia. También la imagen del
volcán que se llama
Popocatépetl y la
imagen de la
Sierra Nevada21; y la imagen
de un
monte que se llama Poiauhtécatl22, o de otros
cualesquiera montes a quien
se inclinaban por su devoción. El que había hecho voto a alguno o a
algunos montes o de estos dioses hacía su figura de
una masa que se
llama tzoalli, y poníalos en figura de
personas; no lo hacía él por sus
manos, porque no le era lícito, sino rogaba a los
sátrapas, que eran en
esto
experimentados y para esto
señalados, que le
hiciesen estas imá
genes a quien había hecho voto. Los que las
hacían poníanles dientes
de pepitas de calabaza, y las ponían en lugar de
ojos unos frijoles negros
que son tan
grandes como habas, aunque no de la misma hechura, y
llámanlos ayocotli; en los demás atavíos
poníanselos según la imagen con
que los imaginaban y pintaban, al dios
del viento, como Quetzalcóatl;
al agua, como a la diosa del agua; a la lluvia, como al dios de la lluvia,
y a los otros montes según las imágenes con que los
pinta.
Después de
hechas estas imágenes ofrecíanles papel
de lo que ellos
hacían, y
era que un pliego de papel le echaban muchas gotas
de la
goma que se llama ulli, derretido; hecho esto
colgaban al cuello de la
imagen el papel, de manera que le cubría desde los
pechos abajo, y con
el remate de abajo arpaban el papel; también ponían
estos mismos pa
peles goteados con ulli, y colgados de unos
cordeles delante de las mismas
imágenes,
de manera que
los papeles estaban
asidos los unos de los
otros, y meneábalos el aire porque estaban los cordeles en que estaban
los papeles colgados atados a las puntas de unos varales, o báculos, que
21 El
Iztacümatl. (R.C.).
22 El Pico de Orizaba. (R.C.)
estaban hincados en el suelo y de la una punta del
uno a la del otro estaba atado el cordel o mécatl.
Ofrecían asimismo a estas imágenes vino, u octli o
pulcre, que es el vino de la tierra; y los vasos en que lo ofrecían eran de
esta manera. Hay unas calabazas lisas, redondas, pecosas, entre verde y blanco
o man chadas, que las llaman tzilacayotli, que son tan grandes como un gran
melón; a cada una de éstas partíanla por la mitad y sacábanle lo que tenía
dentro, y quedaba hecha como una taza, y henchíanla del vino dicho y poníanlas
delante de aquella imagen o imágenes, y decían que aquellos eran vasos de piedras
preciosas que llaman chalchihuitl. Todas estas cosas dichas hacían los
sátrapas, que eran experimentados o estaban señalados para estos sacrificios.
La otra gente no usaban hacer esto aunque fuese para en su casa. Después de
hechas las imágenes, aquellos por cuyo voto se hacían convidaban a los sátrapas
para el quinto día, después de hechas las imágenes (en que) se había de hacer
la fiesta; y llegado el quinto día (pasaban) aquella noche velando, cantando y
bailando a honra de aquellas imágenes, y de los dioses que representaban, y
aquella noche ofrecían cuatro veces tamales, que son como unos pas-telejos
redondos hechos de maíz, a los que cantaban y bailaban, que eran los sátrapas
que habían hecho estas imágenes, y otros convidados para esta fiesta. A todos
daban comida cuatro veces en aquella noche, y todas cuatro veces tocaban
instrumentos musicales, los que ellos usaban, que eran silbos que hacen
metiendo el dedo meñique en la boca y tocando caracoles y flautas de las que
ellos usaban. Esto hacían unos mozos ju glares que usaban de hacer esta
música, y también a éstos les daban comida.
Esto se hacía cuatro veces en esta noche; en
amaneciendo los sátrapas descabezaban aquellas imágenes que habían hecho de
masa; las desca bezaban torciéndoles las cabezas, y tomaban toda aquella masa
y llevá banla a la casa donde estaban todos juntos los sátrapas, que se
llamaba Cálmécac; y aquellos por cuyo voto se habían hecho aquellas imágenes,
entrábanse luego donde estaban sus convidados: estaban con ellos todo aquel
día, y a la tarde, de par de noche, bebían todos los viejos y viejas vino que
llaman pulcre , u octli, por que éstos tenían licencia de beber este vino, y
después que ya estaban medio borrachos, o del todo, se iban para sus casas.
Unos de ellos iban llorando, otros iban haciendo fieros como valientes y
bailando, y pompeándose; otros iban riñendo unos con otros.
Los que hacían esta fiesta convidaban y apercibían
para ella a los taberneros que hacían el pulcre, y exhortábanlos para que
hiciesen buen vino, y los taberneros procuraban de hacer bien su vino, y para
esto se abstenían cuatro días de llegar a mujer ninguna, por que tenían que si
llegasen a mujer aquellos días el vino que hiciesen se había de acedar y
estragar; absteníanse asimismo aquellos días de beber el pulcre, ni la miel de
que se hace, ni aun mojando el dedo en ella lo llegaban a la
boca hasta en tanto que el cuarto día se encetase
con la ceremonia que
arriba se dijo. Tenían por agüero, que si alguno
bebía el vino, aunque
fuese muy poco, antes que se hiciese la ceremonia
del abrimiento de las
tinajas como arriba se dijo, que se le había de
torcer la boca hacia un
lado, en
pena de su pecado. Decían también que si alguno se le secaba
la mano o el pie, o se le acucharaba la mano o el
pie; o le temblaba la
cara, la boca o los labios, o si entraba en él algún demonio, todo esto
decían que acontecía por que estos dioses de que
aquí se trata se habían
enojado contra él.
Después de acabada la fiesta, otro día luego de
mañana el que había
hecho la fiesta juntaba a sus parientes y a sus
amigos, y a los de su barrio,
con todos los de su casa, y acababan de comer y
beber todo lo que había
sobrado de la fiesta; a esto llamaban apeoalo, que
quiere decir añadidura
a lo que estaba comido y bebido; ninguna cosa
quedaba de comer, ni de
beber para otro día. Decían que los gotosos
haciendo esta fiesta sanaban
de la gota, o de cualquiera de las enfermedades que
arriba se dijeron,
y los que habían escapado de algún peligro de agua
con hacer esta fiesta
cumplían con su voto. Acabada toda la fiesta los
papeles y aderezos con
que habían adornado estas imágenes, y todas las
vasijas que habían sido
menester para el convite, tomábanlo todo y
levábanlo a un sumidero que
está en la
laguna de México, que se llama
Pantitlan, y allí lo arroja
ban todo.
(Lib.
I, cap. xxi)
FIESTAS, RITOS, TEMPLOS Y SACERDOTES
TOXCATL
Al quinto mes llamaban tóxcatl. El primer día de
este mes hacían gran fiesta a honra del dios llamado Titlacauan, y por otro
nombre Tezcatli-poca; a éste tenían por dios de los dioses; a su honra mataban
en esta fiesta un mancebo escogido, que ninguna tacha tuviese en su cuerpo,
criado en todos los deleites por espacio de un año, instruido en tañer y cantar
y en hablar.
2.—K.
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
L. a.
b.
c.
d.
e.
f. g-a.
b.
c.
d.
e.
f.
g-
a.
b.
c.
d.
Esta fiesta era la principal de todas las fiestas:
era como pascua y caía cerca de la pascua de Resurrección, pocos días des
pués. Este mancebo, criado como está di cho, era muy bien dispuesto y escogido
entre muchos; tenía los cabellos largos hasta la cinta.
Cuando en esta fiesta mataban al man cebo que
estaba criado para esto, luego sacaban otro, el cual había de morir dende a un
año. Andaba por todo el pueblo muy ataviado, con flores en la mano, y con
personas que le acompañaban; saludaba a los que topaba graciosamente; todos
sabían que era aquél la imagen de Tezcatlipoca, y se postraban delante de él y
le ado raban donde quiera que le topaban. Vein te días antes que llegase esta
fiesta daban a este mancebo cuatro mozas bien dispues tas y criadas para esto,
con las cuales todos los veinte días tenía conversación carnal; y mudábanle el
traje cuando le daban estas
a 23
b 24
c 25
d 26
e 27
f 28
g 29
a Maius 30
habet dies
b XXXI. 1
c 2
d 3
e 4
f 5
g 6
a 7
b 8
c 9
d 10
19
e. mozas. Cortábanle los cabellos como ca- e 11
20 f. pitán y dábanle otros atavíos más
galanes. f 12
Cinco
días antes que muriese hacíanle Nerei,
fiestas
y banquetes, en lugares frescos y A
rchilei,
amenos;
acompañábanle muchos principa- atqz. Pan.
les. Llegado el día donde había de morir llevábanle
a un cu o oratorio
que llamaban Tlacochcalco, y antes que llegase
allí, en un lugar que lla
maban Tlapitzoayan, apartábanse
las mujeres y
dejábanle: llegando al
lugar donde le habían de matar, él mismo se subía
por las gradas y en
cada una de ellas hacía pedazos una flauta, de las
con que andaba tañendo
todo el año; llegado arriba echábanle sobre el
tajón, sacábanle el corazón
y tornaban a descender el cuerpo bajo, en palmas;
abajo le cortaban la
cabeza y la espetaban en un palo que se llamaba tzompantli. Otras
muchas
ceremonias se hacían en esta fiesta, las cuales están escritas a la larga
en su historia.
(Lib.
II, cap. v)
DIAS
NEMONTEMI
A los cinco días restantes del año, que son los cuatro
últimos de enero
y el primero de febrero, llamaban nemontemi, que quiere decir días bal
díos, y teníanlos por aciagos y de mala fortuna:
hay conjetura que cuan
do agujeraban las orejas a los niños y niñas, que
era de cuatro en cuatro
años echaban
seis días de nemontemi, y es lo mismo del bisiesto que
nosotros hacemos de cuatro en cuatro años.
1 a Estos
cinco días tenían por mal afor- a 28
2 b tunados
y aciagos; decían que los que en b 29
3 c ellos
nacían tenían malos sucesos en todas c 30
4 d sus
cosas y eran pobres y míseros; llamá- d 31
los 5 e banlos
nen. Si eran hombres llamábanlos e 1
nenoquich, y
si eran mujeres
llamábanlas nencihuatl. No
usaban
hacer nada en estos días, por ser mal afortunados;
especialmente se abs
tenían
de reñir, porque
decían que los
que reñían en
estos días se
quedaban siempre con aquella costumbre; tenían por mal agüero trope
zar en estos días. del mes,
Estas
fiestas dichas eran fijas, que siempre se hacían dentro
o un día o dos adelante. Otra fiesta tenían
movibles, que se hacían por
el curso de los veinte signos, los cuales hacían un círculo en
doscientos
y sesenta días; y por tanto estas fiestas movibles
caían en un mes, un
año, y otro año
en otro, y siempre variaban.
LA DECIMA QUINTA FIESTA MOVIBLE
Los señores y principales, nobles y mercaderes ricos, cuando le nacían
algún hijo o hija tenían
gran cuenta con el signo en que
hacía, y el día
y la hora en que nacía, y de esto iban luego a
informar a los astrólogos
judiciarios,
y a preguntar por la fortuna
buena o mala de la
criatura
que nacía; y si el signo en que nacía era próspero,
luego le hacían bauti
zar, y si
era adverso buscaban
la más próspera
casa de aquel
signo
para le bautizar. a
los parientes y amigos para que
Cuando le bautizaban convidaban
se hallasen presentes al bautismo, y entonces daban
comida y bebida a
todos los presentes, y también a los niños de todo
el barrio. Bautizábanle
a la salida del sol en casa de su padre;
bautizábale la partera, diciendo
muchas oraciones y
haciendo muchas ceremonias sobre la criatura. Esta
fiesta también la usan ahora en los bautismos
de sus hijos, en cuanto
al convidar y comer y beber.
LA DECIMA SEXTA FIESTA MOVIBLE
Cuando los padres veían que su
hijo era de edad para casarse, hablá
banle
en que le querían
buscar su mujer,
y él respondía
haciéndoles
gracias por
aquel cuidado que
tomaban de casarle;
luego hablaban al
principal
que tenía cargo
de todos los
mancebos, que ellos
llamaban
telpochtlato, y decíanle como querían casar su
hijo, que lo tuviese por
bueno. Y para esto hacíanle un convite a él, y a
todos los mancebos que
tenía a su cargo; y para esto le hacían una
plática, después de haberle
dado de comer y de
beber a él y
a todos
los que tenía a su
cargo,
y en principio de la plática poníanle delante una
hacha de cortar madera
o leña; esta
hacha era señal que aquel mancebo se despedía ya de la
compañía de los otros mancebos, porque le querían
casar, y así el telpo'
chtlctto iba contento.
Después de esto determinaban entre sí los
parientes, la mujer que le
habían de dar, y llamaban a las casamenteras, que
eran unas viejas hon
radas, para que fuesen a hablar a los padres de la moza, (las cuales)
iban dos o
tres veces y hablaban y volvían con la respuesta. En este
tiempo los parientes de la moza se hablaban, y
concertándose de dársela, daban el sí a las casamenteras.
Después de esto buscaban un día bien afortunado de
algún signo bien
acondicionado,
cuales eran ácatl,
ozomatli, cipactli, cuauhtli; habiendo
escogido alguno de estos signos, los padres del
mozo hacían saber a los padres de la moza el día en que había de hacerse el
matrimonio, y luego comenzaban a aparejar las cosas necesarias para las bodas,
así de comer
como de beber, como de mantas y cañas de humo y
otras cosas; hecho
esto convidaban
a todos los principales, y toda
la otra gente que ellos
querían para las bodas. Después del convite y de
muchas pláticas y cere
monias, venían los de la parte del mozo a llevar a
la moza, de parte de no
che; llevábanla con gran solemnidad a cuestas de
una matrona y con mu
chas hachas de teas encendidas, en dos rendes,
delante de ella; iba rodeada
de ella mucha gente detrás y delante, hasta que la
llegaban a la casa de los
padres del mozo. Llegada a la casa del mozo,
poníanlos ambos juntos al
hogar, que siempre le tenían en medio de una sala,
lleno de fuego, y la
mujer estaba a la mano izquierda del varón; luego
la madre del mancebo
vestía un huípil muy galano a su nuera y poníale
junto a sus pies unas
naguas muy labradas; y la madre de la moza cubría
con una manta muy
galana a su yerno, y atábasela sobre el hombro y
poníale un maxtli muy
labrado a los pies. Hecho esto, unas viejas que se
llaman Titici ataban la
esquina de la manta del mozo con la falda del
huípil de la moza; así se
concluía el matrimonio, con otras muchas ceremonias
y comeres y beberes
y bailes;
que después se hacían,
como se contiene en la
historia del
matrimonio. fijas,
y en parte eran movi
Otras dos fiestas tenían que en parte eran
bles: eran movibles
porque se hacían
por años interpolados. La una
se hacía de cuatro en cuatro años, y la otra de
ocho en ocho años; eran
fijas porque tenían año, mes y día señalados. En la
que se hacía de cua
tro en cuatro años horadaban las orejas a los niños
y niñas, haciéndolos
las ceremonias de crezca para bien, y lustrábanlos
por el fuego. En la que
hacían de
ocho en ocho años ayunaban antes de ella ocho días, a pan
y agua, y hacían un areito en que tomaban figuras o
personajes de diver
sas aves y animales, y decían que buscaban ventura, como está escrito
en el apéndice del segundo libro.
Estas fiestas movibles en algunos años echan de su
lugar a las fiestas
del calendario, como también acontece en nuestro calendario.
(Lib. II, cap. XIX, fragmentos)
DE LA FIESTA QUE SE HACIA EN LAS CALENDAS DEL QUINTO MES QUE SE LLAMABA TOXCATL
Al quinto mes llamaba tóxcatl. En este mes hadan
fiesta y pascua a honra
del
principal dios, llamado Tezcatlipoca, por
otro nombre Titlacauan,
y por otro Yáotl, y por otro Telpochtli, y por otro Tlamatzíncatl.
En esta fiesta mataban un mancebo, muy acabado en
disposición, el
cual
habían criado por espacio
de un año en
deleites, (pues) decían
que era la imagen de Tezcatlipoca. En matando al mancebo que estaba
de un año criado, luego ponían otro en su lugar
para criarle por espacio
de un año, y de éstos tenían muchos guardados para que luego sucediese
otro al que había muerto. Escogíanlo entre todos los cautivos, los más
gentiles hombres, y teníanlos guardados los calpixques; ponían gran dili
gencia en que fuesen los más hábiles y más bien
dispuestos que se pu
diesen haber, y sin tacha ninguna corporal. Al mancebo que se criaba
para matarle en esta fiesta enseñábanle con gran
diligencia que supiese
bien tañer una
flauta, y para que
supiese tomar y traer las cañas
de
humo y las flores, según que se acostumbra entre
los señores y palacia
nos; y enseñábanle a ir chupando el humo, y oliendo
las flores, yendo
andando, como se acostumbra entre los señores y en
palacio. Estos man
cebos, estando aún en el poder de los calpixques y antes que se publica
sen por diputados
para morir, tenían gran
cuidado los mismos calpix
ques de enseñarles toda buena crianza, en hablar y
en saludar a los que
topaban por la calle y en todas las otras cosas de buenas costumbres,
porque cuando ya eran señalados para
morir en la fiesta de este dios,
por espacio de
aquel año en que se sabía de su muerte, todos los que
le veían le tenían
en gran reverencia y le hacían
grande acatamiento,
y le
adoraban besando la tierra;
y si por el buen tratamiento que le
hacían engordaba, dábanle a beber agua mezclada con
sal, para que se
parase cenceño.
Luego que este mancebo era diputado para morir en
la fiesta de este
dios, comenzaba a andar tañendo su flauta por
las calles, con sus flores
y su caña de humo; tenía libertad de noche y de día
de andar por todo
el pueblo, y andaban con él, acompañándole siempre,
ocho pajes atavia
dos a manera
del palacio. En siendo publicado este mancebo para ser
sacrificado en la pascua, luego el señor le ataviaba,
con atavíos curiosos
y preciosos porque ya le tenía como en lugar de
dios, y entintábanle todo
el cuerpo y
la cara;
emplumábanle la cabeza
con plumas blancas
de
gallina,
pegadas con resina; criaba los cabellos hasta la cinta. Después
de haberle
ataviado de ricos atavíos, poníanle una
guirnalda de flores
que llaman izquixóchitl,
y un sartal largo de las mismas
colgado desde
el hombro al sobaco, de ambas partes; poníanle en
las orejas un orna
mento como zarcillos de oro; (y ) poníanle al cuello un sartal de piedras
preciosas: colgábanle un joyel de una piedra
preciosa blanca, que colga
ba hasta el pecho; poníanle un barbote largo hecho
de caracol marisco;
llevaba a las espaldas un ornamento como bolsa de
un palmo en cuadro,
de lienzo blanco,
con sus borlas y flocadura; poníanle
también en los
brazos, encima de los codos, en los morcillos de
los brazos unas ajorcas
de oro, en ambos brazos; poníanle también en las
muñecas unos sartales
de piedras preciosas que ellos llaman macuextli, que le cubrían casi todas
las
muñecas hasta el
codo; cubríanle con
una manta rica,
hecha a
manera de red, con una flocadura muy curiosa por
las orillas; poníanle
también ceñida una pieza de lienzo muy curiosa que
ellos usaban para
cubrir las partes bajas, que llamaban máxtlatl y las extremidades de este
máxtlatl eran
muy labradas en tanta anchura como un
palmo, de todo
el ancho del
lienzo; colgaban estas extremidades
por la parte delantera
casi hasta la rodilla. Poníanle también unos
cascabeles de oro en las piernas, que iba sonando por dondequiera que iba;
poníanle unas cota-ras muy pintadas, muy curiosas, que las llamaban
océlunacace. De esta manera ataviaban (a ) este mancebo que habían de matar en
esta fiesta.
Estos eran los atavíos del principio del año;
veinte días antes de llegar a esta fiesta mudábanle las vestiduras con que
hasta allí había hecho penitencia y lavábanle la tintura que hasta allí solía
traer este mancebo; y casábanle con cuatro doncellas, con las cuales tenía
conversación aque llos veinte días que restaban de su vida, y cortábanle los
cabellos a la manera que los usaban los capitanes; atábanle los cabellos como
una borla sobre la corona de la cabeza, con una franja curiosa atábanle (de) aquella
atadura de los cabellos dos borlas con sus botones, hechas de pluma y oro y
tochómitl, muy curiosas, que ellos llamaban aztaxelli.
Las cuatro doncellas que le daban por sus mujeres
también eran criadas en mucho regalo. Para aquel efecto, poníanlas los nombres
de cuatro diosas; a la una llamaban Xochiquétzal; a la otra, Xilonen; y la
tercera, Atlatonan; y a la cuarta, Uixtocíhuatl. Cinco días antes de llegar a
la fiesta donde habían de sacrificar a este mancebo, honrábanle como a dios. El
señor se quedaba solo en su casa y todos los de la corte le seguían, y se
hacían solemnes banquetes y areitos con muy ricos atavíos. El primer día le hacían
fiesta en el barrio que llamaban Tecanman; el segundo, en el barrio donde se
guardaba la estatua de Tezcatlipoca; el tercero, en el montecillo que se llama
Tepetzinco, que está en la laguna,
ilquioa,
ontlalpia, ontlalcuya, inic
ontlalpia, itoti2S; el cuarto,
en otro
montecillo que está también en la laguna, que se
llama Tepepulco. Aca bada esta cuarta fiesta, poníanlo en una canoa en que el
señor solía andar, cubierta con su toldo, y con él a sus mujeres que le iban
conso lando; y partiendo de Tepepulco navegaban hacia una parte que se llama
Tlapitzaoayan, que es cerca del camino de Iztapalapan, que va hacia Chalco,
donde está un montecillo que se llama Acaquilpan, o Caoal-tépec; en este lugar
le dejaban sus mujeres y toda la otra gente, y se volvían para la ciudad: solamente
le acompañaban aquellos ocho pajes que habían andado con él todo el año.
Llevábanlo luego a un cu pequeño y mal aliñado que estaba a orilla del camino y
fuera en despoblado, distante de la ciudad una legua o casi; llegado a las
gradas del cú, él mismo se subía por las gradas arriba, y en la primera grada
hacía peda zos una de las flautas con que tañía en el tiempo de su
prosperidad, y en la segunda grada hacía pedazos otra y en la tercera otra, y
así las acababa todas, subiendo por las gradas; llegando arriba, a lo más alto
del cu, estaban aparejados los sátrapas que le habían de matar, y tomá banle y
echábanle sobre el tajón de piedra, y teniéndole por los pies y por las manos y
por la cabeza, echado de espaldas sobre el tajón, el que
23 Estas
palabras, que están en la copia de Panes y en la versión de Kingsborough, no
figuran en el Códice Florentino, según la copia de don Francisco del Paso y
Troncoso. (R.C .).
tenía el cuchillo de piedra,
metí áselo por los pechos con un gran golpe,
y tornándole a sacar, metía la mano por la cortadura que había hecho
el
cuchillo y arancábale
el corazón y
ofrecíale luego al
sol. De esta
manera mataban a todos los que sacrificaban; a éste
no le echaban por
las gradas abajo,
como a los otros, sino
tomábanle cuatro y bajábanle
luego al patio,
y allí le cortaban la cabeza y
la espetaban en un
palo
que llamaban tzonpantli. De esta manera acababa su vida este que había
sido regalado y honrado por espacio de un año.
Decían que esto signifi
caba que los que tienen riquezas y deleites en su vida, al cabo de ella
han de venir en pobreza y dolor.
En esta misma fiesta hacían de masa que se llama tzoalli la imagen
de Huitzilopochtli, tan alta como
un hombre hasta la
cinta; en el cu
que llamaban Huitznáhuac hacían para ponerla un tablado (y )
los ma
deros de él
eran labrados como culebras y tenían las
cabezas a todas
cuatro partes del tablado, contrapuestas las unas a
las otras, de manera
que a todas cuatro partes había colas y cabezas.
A la imagen que hacían poníanla por huesos unos palos de mízquitl,
y luego la henchían toda de aquella masa, hasta
hacer un bulto de un
hombre; hacían esto en la casa donde siempre se
guardaba la imagen de
Huitzilopochtli. Acabada de hacer, componíanla
luego con todos los ata
víos de Huitzilopochtli; poníanle una jaqueta
de tela labrada de bezos
de hombres;
cubríanle con una manta
de nequen24 de tela muy
rala;
poníanle en la cabeza una corona a manera de escriño que venía justa
a la cabeza y en lo alto íbase ensanchando, labrada
de pluma; sobre papel,
del medio de ella salía un mástil también labrado de pluma, y en lo
alto
del mástil estaba ingerido un
cuchillo de pedernal,
a manera de
hierro
de lanzón, ensangrentado
hasta el medio;
cubríale otra manta,
ricamente labrada de pluma rica; tenía esta manta
en el medio una plan
cha de oro redonda, hecha de martillo; abajo ponían
unos huesos hechos
de tzoalli, cerca de los pies de la imagen, y cubríalos la misma manta
que tenía cubierta en la cual estaban labrados los
huesos y miembros de una persona despedazada; a esta manta, labrada de esta
manera, lla maban tlacuacuallo. Otro ornamento hacían para honra de este dios,
que era un papelón que tenía veinte brazas de largo y una de ancho, y un dedo
de grueso; este papelón lo llevaban muchos mancebos recios de lante de la
imagen, asidos de una parte y de otra del papelón, todos de lante la imagen; y
porque el papelón no se quebrase llevábanle entablado con unas saetas que ellos
llamaban téumitl, las cuales tenían plumas en
24 Acerca de
esta palabra tomamos de Pichardo COb. cit., pág. 148) la refe rencia
siguiente: “Oviedo dice que los indios de la provincia de Cueba, en el istmo de
Panamá, nombraban henequem a la planta de que hacían hilos, etc.; y de aquí ha
venido la palabra heniquen, como algunos escriben, o jeniquén, como se
pronuncia generalmente. . . Maguey o magüey era la palabra propia de estas
islas, como generalmente hoy se usa con relación a la especie de su suelo,
aplicándose la de heniquen a los hilos, sogas, tejidos, etc., que vienen del
territorio mexicano y a la especie introducida de Yucatán hace pocos años”.
(R.C.).
tres partes, cabe el casquillo y en el medio y al
cabo, e iban estas saetas
una debajo y
otra encima del papel; llevábanlas dos, uno de una parte
y otro de otra, llevándolas asidas ambas
juntas con las manos, y ellas
apretaban el papelón, una por encima y otra por
debajo.
Acabada de componer esta imagen de la manera ya
dicha, alcanzaban
el tablado sobre que estaba puesta muchos capitanes
y hombres de guerra,
y, unos de una parte y otros de otra, íbanla
llevando como en andas, y
delante de ella iba el papelón, y todos los que le
llevaban iban todos en
procesión;
iban cantando sus
cantares del mismo dios,
y bailando de
lante de él con grande areito; y llegando al cu
donde la habían de subir,
llevaban con unas cuerdas atado el tablado por las
cuatro esquinas y asían
de las cuerdas para subirle, de manera que fuese
muy llano, que a ninguna
parte se acostase la imagen; y los que llevaban el
papelón subían delante,
y los que llegaban primero a lo alto comenzaban a
coger el papel enro
llándole; así como iban subiendo iban enrollando
con gran tiento, para
que no se
quebrase ni rompiese; y las saetas íbanlas sacando y dábanlas
a quien todas y juntas las tuviese, hechas un haz.
En llegando arriba la
imagen, poníanla en su lugar o silla donde había de
estar, y el papelón
que ya estaba enrollado atábanle muy bien porque no
se tornase a desen
rollar, y poníansele delante del tabladillo en que
estaba la imagen. Des
pués de haber asentado el tabladillo
sobre que estaba la imagen en lo
alto del cu
— y puesto el papelón enrollado junto al tabladillo— des
cendían todos
los que le habían subido y solamente quedaban
allá los
que habían
de guardar, que eran los sátrapas
de los ídolos; cuando lo
acababan
de subir ya
era a puestas
del sol, y luego
entonces hacían
ofrendas a la imagen de tamales y otras comidas.
Otro
día, en amaneciendo,
cada uno en
su casa hacía
ofrenda de
comida a
la imagen del mismo Huitzilopochtli,
que tenía en
su casa,
y todos ofrecían sangre de codornices delante de la
imagen que habían
puesto en el cu. Primero comenzaba el
señor: arrancaba la
cabeza a
cuatro codornices, ofreciéndolas al ídolo recién puesto, y luego ofrecían
los sátrapas y después todo el pueblo, y en arrancando la cabeza a la
codorniz, arrojábanla delante del ídolo; allí
andaba revolando hasta que
se moría, y los escuderos y hombres de guerra del
señor cogían las co
dornices después de muertas y hacíanlas pelar y
asar y salar, y dividíanlas
entre sí, parte de ellas al señor y parte a los
principales y parte a los
sátrapas, y
parte a los escuderos. Todos llevaban braseros,
y en el cu
encendían lumbre y hacían brasa; llevaban también
copalli y sus incen
sarios de barro como cazos, agujerados y muy
labrados, que ellos llamaban
tlemaitl; llevaban
también copal de todas las maneras, e iban precediendo
en las ceremonias
del servicio de
aquel dios. Los sátrapas,
llegando a
cierto punto, tomaban todos brasas en sus
incensarios y echaban allí el
copal o incienso e incensaban hacia la imagen de Huitzilopochtli, que
poco antes habían puesto en el cu; no solamente en este lugar se hacía
fiesta o ceremonia, pero también en todas las casas de los dueños de
ellas incensaban a todas las estatuas de los dioses
que en sus casas tenían; acabado de incensar, echaban las brasas en un hogar
redondo, dos palmos o casi alto, de tierra, que estaba en medio del patio, al
cual
llamaban tlexictli.
En esta fiesta todas las doncellas se afeitaban las
caras y componían con pluma colorada los brazos y las piernas, y llevaban todas
unos pa peles puestos en unas cañas hendidas, que llamaban tetéuitl, el papel
era pintado con tinta; otras, que eran hijas de señores o de personas ricas, no
llevaban papel sino unas mantas delgadas que llamaban canaoac; también las
mantas iban pintadas de negro a manera de vírgulas, de alto a bajo. Llevando en
las manos estas cañas, con sus papeles o mantas altas, andaban la procesión con
la otra gente, a honra de este dios, y también bailaban estas doncellas con sus
cañas y papeles asidos con ambas manos, en derredor del fogón, sobre el cual
estaban dos escuderos, teñidas las caras con tinta, que traían a cuestas unas
como jaulas hechas de tea, en las orillas de las cuales iban hincadas unas
banderitas de papel; y llevábanlas a cuestas, no asidas de la frente como las
cargas de los hombres, sino atadas de los pechos como suelen llevar las cargas
las mujeres; éstos, alrededor del fogón, en lo alto, guiaban la danza de las
mujeres, bailando al modo que ellas bailan. También los sátrapas del templo
bailaban con las mujeres; ellos y ellas bailando saltaban, y lla maban a este
baile toxcachocholoa, que quiere decir saltar o bailar de la fiesta de tóxcatl.
Llevaban los sátrapas unas rodajas de papel en las
frentes, fruncidas a manera de rosas de papel. Todos los sátrapas llevaban
emplumadas las cabezas con pluma blanca de gallina, y llevaban los labios y
parte de los rostros enmelados, de manera que relucía la miel sobre la tintura
de la cara, la cual siempre traían teñida de negro. Los sátrapas llevaban unos
paños menores que ellos usaban, de papel, que llamaban ama-maxtli, y llevaban
en las manos unos cetros de palma, en la punta de los cuales iba una flor de
pluma negra y en lo bajo una borla, también de pluma negra, por remate del
cetro. A este cetro llamaban cuitlacuchtli, por razón de la borla que llevaba
abajo en el remate. La parte por donde llevaban asidos estos cetros iba
envuelta con un papel pintado de listas o rayas negras, y cuando éstos iban
danzando llegaban al suelo con el cetro, como sustentándose en él, según los
pasos que iban dando y los que hacían el son para bailar estaban dentro de una
casa que lla maban calpulco, de manera que no veían los unos a los otros, ni
los que bailaban a los que tañían ni los que tañían a los que bailaban. Estos
que tañían estaban todos sentados; en medio de ellos estaba el atabal, y todos
tañían sonajas y otros instrumentos que ellos usan en los areitos. Toda la
gente del palacio y la gente de guerra, viejos y mozos, danzaban en otras
partes del patio, trabados de las manos y culebreando, a manera de las danzas
que los populares hombres y mujeres hacen en Castilla la Vieja. Entre éstos
también danzaban las mujeres doncellas, afeitadas
y emplumadas de pluma colorada
todos los brazos y todas
las piernas,
y llevaban
en la cabeza
puestos unos capillejos compuestos en
lugar
de flores con maíz tostado, que ellos llaman momochtli, que cada grano
es como una
flor blanquísima. Estos capillejos
eran a la manera que
los capillejos de flores que usan las mozas en
Campos, por mayo; llevaban
también unos
sartales de lo mismo colgados desde el
hombro hasta el
sobaco, de ambas partes. A esta manera de danzar
llaman tlanaua, que
quiere decir abrazado, quinaua in Huitzilopochtli,
abrazan a Huitzilo
pochtli. Todo esto se hacía con gran recato y honestidad; y si alguno
hablaba o
miraba deshonestamente luego
le castigaban, porque
había
personas puestas que velaban sobre esto. Estos
bailes y danzas duraban
hasta la noche.
Cuando por espacio de un año regalaban al mancebo
que al principio
se dijo era imagen de Titlacauan, y le mataban en el principio de esta
fiesta, juntamente criaban otro que llamaban Ixteocale y
por otro nombre
Tlacauepan, y
por otro Teicauhtzin, y andaban ambos juntos, aunque
a éste no le adoraban como al otro ni le tenían en
tanto. Acabadas todas
las fiestas ya dichas, y regocijos y
ceremonias, al cabo mataban a este
Tlacauepan, el
cual era imagen de Huitzilopochtli; para haberle de matar
componíanle con unos papeles todos pintados con unas ruedas negras,
y poníanle
una mitra en
la cabeza, hecha
de plumas de
águila, con
muchos penachos en la punta, y en medio de los
penachos llevaba un
cuchillo de pedernal enhiesto y teñido la mitad con
sangre. Iba adornado
este
pedernal con plumas
coloradas; llevaba en
las espaldas un
orna
mento de un palmo en cuadro hecho de tela rala, el
cual llamaban ycue-
chin, atado
con unas
cuerdas de algodón
a los pechos, y encima del
ycuechin llevaba una teleguilla (a la cual)
llamábanle icpatoxin; llevaba
también en uno de los brazos otro ornamento de pellejo de
bestia fiera,
a manera de manípulo, que se usa en la misa; a éste
llamaban ymatácax.
Llevaba también unos cascabeles de oro atados a las
piernas, como los
llevan
los que bailan. Este, así adornado, danzaba con los otros en
esta
fiesta (y ) en las danzas
plebeyas iba delante, gniando; éste, él
mismo y de su voluntad y a la hora que quería, se ponía en las manos
de los
que le
habían de matar;
aquellos sátrapas que
le tenían para
cuando le mataban, los llamaban tlatlacanaualtin; en las manos de éstos
le cortaban los pechos y le sacaban el corazón, y
después le cortaban la
cabeza, y la espetaban en el palo que llamaban tzompantli cabe la del
otro mancebo de que dijimos al principio. Este mismo día los sátrapas
del templo daban unas cuchilladillas con navaja de
piedra a los niños
y niñas, en el pecho, y en el estómago, y en los morcillos de los brazos
y en las muñecas; estas señales parece que eran
como hierro del demonio,
con que herraba a sus ovejas, y los que ahora
todavía hacen estas señales
no carecen de mácula de idolatría, si después del
bautismo la recibieron.
Cada año en esta
fiesta señalaban a los niños
y niñas con estas señales.
DE LA FIESTA Y SACRIFICIOS QUE HACIAN EN LAS
CALENDAS DEL NOVENO MES, QUE SE LLAMABA
TLAXOCHIMACO
Al noveno mes llamaban tlaxochimaco. Dos días antes
que llegase esta fiesta toda la gente se derramaba por los campos y maizales a
buscar flores, de todas maneras de flores, así silvestres como campesinas, de
las
cuales unas se llamaban acocoxóchitl,
huitzitzilocoxóchitl, tepecempoal-xóchitl, nextamálxóchitl, tlacoxóchitl; otras
se llaman oceloxóchitl, ca-caloxóchitl, ocoxóchitl, o ayacoxóchitl,
quauheloxóchitl, xiloxóchitl, yo-lloxóchitl, tlalcacáloxóchitl, cempoálxóchitl,
atlacuezonan, otras se llaman tlapalatlecuezonan, atzatzamulxóchitl; y teniendo
juntas muchas de estas
flores, juntábanlas en la casa del cu donde se
hacía esta fiesta, allí se guardaban aquella noche, y luego en amaneciendo las
ensartaban en sus hilos o mecatejos; teniéndolas ensartadas hacían sogas
gruesas de ellas, torcidas y largas, y las tendían en el patio de aquel cu,
presentándolas a aquel dios cuya fiesta hacían. Aquella misma tarde, la vigilia
de la fiesta, todos los populares hacían tamales y mataban gallinas y
perrillos, y pelaban las gallinas y chamuscaban los perrillos, y todo lo demás
que era menester para el día siguiente; toda esta noche, sin dormir, se ocupa
ban en aparejar estas cosas. Otro día muy de mañana, que era la fiesta de
Huitzilopochtli, los sátrapas ofrecían a este mismo ídolo flores, in cienso y
comida y (lo) adornaban con guirnaldas y sartales de flores; habiendo compuesto
esta estatua de Huitzilopochtli con flores y habién dole presentado muchas
flores, muy artificiosamente hechas y muy olo rosas, hacían lo mismo a todas
las estatuas de todos los otros dioses, por todos los cúes; y luego en todas
las casas de los señores y principales ade rezaban con flores a los ídolos que
cada uno tenía, y los presentaban otras flores, poniéndoselas delante, y toda
la otra gente popular hacía lo mismo en sus casas.
Acabado de hacer lo dicho luego comenzaban a comer
y beber en todas las casas de chicos, grandes y medianos; llegando a la hora
del medio día, luego comenzaban un areito muy pomposo en el patio del mismo
Huitzilopochtli, en el cual los más valientes hombres de la guerra, que se
llaman unos otomin, otros quaquachictin, guiaban la danza, y luego tras ellos
iban otros que se llaman tequiuaque, y tras ellos, otros que se llaman
telpochiaque, y tras ellos otros que se llaman tiachcauan, y luego los mancebos
que se llaman telpopochtin. También en esta danza entraban mujeres, mozas
públicas; e iban asidos de las manos, una mujer entre dos mujeres, a manera de
las danzas que hacen en Castilla la Vieja la gente popular; y danzaban
culebreando y can tando, y los que hacían el son para la danza, y los que
regían el canto estaban juntos, arrimados a un altar redondo que llamaban
momoztli. En esta danza no hacían ademanes ningunos con los pies ni con las
manos, ni con las cabezas, ni hacían vueltas ningunas, más de
ir con pasos llanos al compás del son y del canto,
muy despacio; nadie osaba hacer ningún bullicio, ni atravesar por el espacio
donde danzaban; todos los danzantes iban con gran tiento, que no hiciesen
alguna diso nancia. Los que iban en la delantera, que era la gente más
ejercitada en la guerra, llevaban echado el brazo por la cintura de la mujer,
como abrazándola; los otros que no eran tales no tenían licencia de hacer esto.
A la puesta del sol cesaba este areito y se iban todos para sus casas, y lo mismo
hacían en cada casa, cada uno delante de sus dioses; había gran ruido en todo
el pueblo por razón de los cantares y del tañer de cada casa. Los viejos y
viejas bebían vino y emborrachábanse, y reñían unos con otros a voces y otros
se jactaban de sus valentías, que habían hecho cuando mozos. Aquí se acaba la
relación de la fiesta que se llamaba tla-
xochimaco.
(Lib. II, cap. xxviii)
DE LA FIESTA Y SACRIFICIOS QUE HACIAN EN LAS
CALENDAS DEL DECIMO
CUARTO MES, QUE SE
LLAMABA QUECHOLL1
Al mes décimo cuarto llamaban quecholli. Salido el
mes pasado, en cinco días no se hacía ceremonia ninguna ni fiesta en los cúes,
todo estaba en calma lo que toca al servicio de los dioses. Al sexto día
juntábanse los que tenían cargo de los barrios; mandaban que se buscasen cañas
para hacer saetas, y cada uno de los soldados traía una carga de cañas y todos
juntos, del Tlatelolco y de México, ofrecían todas aquellas cañas a
Huitzi-lopochtli; poniéndolas en el patio, delante del cu de este dios; luego allí
las repartían a la otra gente, y cada uno llevaba a su casa las que le cabían.
Otro día venían al patio de Huitzilopochtli todos los que habían llevado cañas,
para enderezar las cañas al fuego; este día no se hacía más de enderezar cañas
y volvíanlas a sus casas. Otro día siguiente vol vían con ellas al patio de
Huitzilopochtli y venía toda la gente, chicos y grandes, no quedaba nadie, y a
todos los muchachos subíanlos al cu de Huitzilopochtli; allí los hacían tañer
con los caracoles y cornetas, y les hacían cortar las orejas y sacaban sangre y
untábanlos por las sienes y por los rostros. Llamábase este sacrificio
momazaizo; porque lo hacían en me moria de los ciervos que habían de ir a
cazar. Desque se juntaban todos
juntos en el patio de Huitzilopochtli, los
tenochcas y los tlatilulcas; en una
parte se ponían los tenochcas y en otra los
tlatilulcas, y comenzaban a hacer saetas; a este día llamaban tlacati in
tlacochtli. En este día todos hacían penitencia, todos sacaban sangre de las
orejas cortándose, y si algu no no se sangraba de las orejas, tomábanle la
manta los que tenían cui dado de recoger la gente, que llamaban tepan mani;
nunca más se la daban. Y los días que entendían en hacer estas saetas nadie
dormía
con mujer y nadie bebía puícre. Todas las saetas
eran hechas a una medida, y los casquillos, que eran unas puntas tan largas
como un jeme, hechas de roble, eran también todas iguales; todos cortaban las
cañas a una medida, cortadas dábanlas a los que les ponían las puntas y aqué
llos atábanlas muy bien con ixtli, con hilos de nequen muy bien torcidos,
porque no se hendiesen al meter de las puntas; metían engrudo en el agujero de
la caña y luego la punta sobre el engrudo; en poniéndola la punta como había de
estar untaban con resina la atadura de la caña y también al cabo donde había de
herir la cuerda del arco. En acabando de aparejar las saetas hacíanlas luego
hacecillos de veinte en veinte y luego se ordenaban como en procesión; llevaban
hacecillos todos a poner los y presentábanlos delante de Huitzilopochtli. Allí
las ponían todas juntas, (y ) en acabándolas de poner íbanse a sus casas.
Al cuarto día llamaban calpcm nemitilo, que quiere
decir el día que se hacen saetas particulares para jugar con ellas, para
ejercitarse en el tirar, y ponían por blanco una hoja de maguey y tirábanla;
aquí parecían quienes eran los más certeros en tirar. Al quinto día hacían unas
saeticas pequeñas, a honra de los difuntos, eran largas como un jeme o palmo y
poníanlas resina en las puntas, y en el cabo el casquillo era de un palo; de
por aquí ataban cuatro saeticas y cuatro teas con hilo de algo dón flojo, y
poníanlas sobre las sepulturas de los difuntos; también ponían juntamente un
par de tamales dulces; todo el día estaba esto en las sepulturas y a la puesta
del sol encendían las teas, y allí se quemaban las teas y las saetas. El carbón
y ceniza que de ellas se hacía enterrá banlo sobre la sepultura del muerto, a
honra de los que habían muerto en la guerra. Tomaban una caña de maíz, que
tenía nueve nudos, y ponían en la punta de ella un papel como bandera, y otro
largo que colgaba hasta abajo (y ) al pie de la caña ponían la rodela de aquel
muer to, arrimada con una saeta; también ataban a la caña la manta y el
maxtle; en la bandera señalaban con hilo colorado un aspa de ambas partes, y
también labraban el papel largo con hilo colorado y blanco, torcido desde
arriba hasta abajo, y del hilo blanco colgaban el pajarito que se llama
huitzitzilin, muerto. Hacían también unos manojitos de plu mas blancas del ave
que llaman áztatl, atadas de dos en dos, y todos los hilos se juntaban y los
ataban a la caña; estaban forrados los hilos con pluma blanca de gallina pegado
con resina; todo esto lo llevaban a quemar a un pilón de piedra que se llamaba
quauhxicalco. Al sexto día llamaban zacapanquixoa, y llamábanle de esta manera
porque en el patio del cu del dios que llaman Mixcóatl tendían mucho heno, que
le traían de las montañas, y sobre el heno se sentaban las mujeres ancianas que
servían en el cú, que se llamaban cihuatlamacazque; delante de ellas tendían un
petate (y ) luego venían todas las mujeres que tenían hijos o hijas y traíanlos
consigo; éstas traían cada cinco tamales dulces, y echábanlos sobre el petate
delante de las viejas, y luego daban cada una su hijo, a alguna de aquellas
viejas, y la vieja que le tomaba brincábale en los
brazos, y hecho esto dábanlos a sus madres e íbanse
a sus casas. Esto se comenzaba a la mañana, y se acababa a la hora de comer los
tamales (que) tomaban las viejas para su comer.
Al onceno día de este mes iban a hacer una caza a
aquella sierra que estaba encima de Atlacuihuayan, y ésta era fiesta por sí, de
manera que en este mes había dos fiestas, la que está dicha y la que comienza.
Esta montaña o ladera donde iban a cazar llamaban Zacatépec, y llamá banle
también Ixillantonan. El día que llegaban a esta ladera descansa ban allí
aquella noche en sus cabañas de heno; hacían hogueras para dormir aquella
noche. A diez días del mes arriba dicho hacían fiesta al dios de los otomíes llamado
Mixcóatl, en el modo que se sigue. Otro día de mañana almorzaban todos;
habiendo almorzado aderezábanse todos para la caza, ceñían sus mantas a los
lomos y poníanse todos en ala. No solamente los mexicanos iban a esta caza,
pero también los de Quauh-titlan, y de Quauhnáhuac, y Coyoacan y otros pueblos
comarcanos. Todos llevaban arcos y saetas, e íbanse juntando poco a poco,
acorralando la caza, que eran ciervos y conejos, y liebres, y coyotes; cuando
ya estaba junta la caza arremetían todos y tomaba cada una lo que podía; pocos
animales de aquellos se escapaban, o casi ninguno. Habiendo tomado los animales
íbase cada uno para su pueblo, y los que tomaron alguna caza, matábanla, y
llevaban la cabeza consigo: y los que cazaban algunos animales dábanlos mantas
por ligeros y osados; también los daban comida. En acabando la caza luego se
iban a sus casas. Todas las cabezas de los animales que habían tomado las
cuales llevaban, colgábanlas en sus casas.
En el sexto día, que se llamaba zacapan quixoa,
dábanles aderezos de papel a los esclavos que habían de matar a honra del dios
Tlamatzíncatl, y a honra del otro dios que se llamaba Izquitécatl; estos
esclavos (los) compraban los que hacen pulcre, y los que hacían pulcre para
Moteccu-zoma. Estos morían a honra de aquellos dioses ya dichos. Otros dos
esclavos que mataban a honra del dios Mixcóatl y de su mujer que se llamaba
Coatlicue, comprábanlos los calpixques. Allende de estos hom bres que mataban
a honra de Tlamatzíncatl, mataban muchas mujeres a las cuales llamaban
Coatlicue, y eran sus mujeres de Tlamatzíncatl, y de Izquitécatl; también a
estas mujeres las componían con sus papeles. Llegada la fiesta que era el
último día de este mes, daban una vuelta a todos los que habían de morir,
trayéndolos en procesión por alrededor del cu. Pasado el mediodía llevábanlos
al cu donde los habían de matar, y traíanlos en procesión alrededor del tajón
donde los habían de matar, y tornábanlos a descender abajo y llevábanlos a la
casa del calpulco; allí los hacían velar toda la noche. Y a la medianoche,
delante del fuego cortábanles los cabellos de la coronilla; luego los esclavos
quemaban sus hatos, que eran una banderilla de papel y su manta, y su maxtle, y
algu nos quemaban las sobras de las cañas de humo y sus vasos que tenían para
beber; todo lo quemaban allí en el calpulco; y las mujeres también quemaban
todos sus hatos y sus alhajas, su petaquilla y sus husos y la
greda con que hilaban, y los vasitos sobre que
corre el huso, y el ordidero y las cañas, y el tupidero con que tejían, y los
lizos y el ataharre, y los cordeles con que atan la tela para que esté alta, y
la caña para tupir y las espinas o puntas de maguey, y la medida para tejer,
con todas las otras baratijas, todo lo quemaban las mismas cuyo eran. Decían
que todas estas alhajas que quemaban se las habían de dar en el otro mundo
donde iban después de la muerte. Esto se hacía la vigilia de la fiesta; el día en
amaneciendo, componíanlos luego con sus papeles con que habían de morir, y
luego los llevaban al lugar de la muerte; subíanlos por las gradas del cu a
cada uno dos mancebos, uno de un brazo y otro de otro porque no desmayasen ni
cayesen, y otros dos los bajaban después de muertos por las gradas abajo; a
cada uno de ellos le llevaba uno, una bandera de papel delante, cada uno de
estos esclavos iba con esta com pañía; cuando subían por las gradas del cu
llevaban delante de todos cuatro cautivos atados de pies y manos, los cuales
habían atado en el recibimiento del cu, que se llamaba Apétlac, que es donde
comienzan las gradas. A cada uno llevaban cuatro, dos por los pies y dos por
los brazos, llevábanlos boca ariba; llegados arriba echábanlos sobre el tajón y
abríanles los pechos, y sacábanles los corazones. Subíanlos a éstos de esta
manera en significación que eran como ciervos, que iban atados a la muerte. Los
demás esclavos iban por su pie. Habiendo muerto a todos éstos a la postre
mataban a la imagen del dios Mixcóatl, porque todos ios mataban en su cu; y a
los que eran del dios Tlamatzíncatl también los mataban en su cu; subíanse de
su cu y iban al tajón donde los mata-ban en el cu de Tlamatzíncatl. Las mujeres
matábanlas en otro cu que llamaban Coatlan, antes que a los hombres, y las
mujeres cuando subían las gradas unas cantaban y otras gritaban, y otras
lloraban; iban lleván dolas por los brazos algunos hombres porque no
desmayasen, y después que las habían muerto no las arrojaban por las gradas abajo,
sino des cendíanlas rodando poco a poco.
Estaban abajo, cerca del lugar donde espetaban
cabezas, dos mujeres viejas que llamaban teixamique; tenían cabe sí unas
jicaras con tamales y una salsa de molli en una escudilla, y en descendiendo a
los que habían muerto, llevábanlos a donde estaban aquellas viejas, y ellas
metían en la boca a cada uno de los muertos cuatro bocadillos de pan, mojados
en la salsa, y rociábanlos las caras con unas hojas de caña mojadas en agua
clara; y luego los cortaban las cabezas los que tenían cargo de esto y las espetaban
en unos varales, que estaban pasados por unos maderos como en lancera. Hecho
todo esto se acababa la fiesta y se iban todos a sus casas. Esta relación de lo
que pasaba en esta fiesta.
(Lib. II, cap. xxxiii)
DE LA FIESTA Y CEREMONIAS QUE SE HACIAN EN LAS CALENDAS DEL DECIMO SEXTO
MES, QUE SE LLAMABA ATEMOZTLI
Al mes décimo sexto llamaban atemoztli, que quiere
decir descendimiento de agua, y llamábanle así porque en este mes suelen
comenzar los true nos, y las primeras aguas allá en los montes; y decía la
gente popular: ya vienen los dioses Tlaloque. En este tiempo los sátrapas de
los Tlálo-que andaban muy devotos y muy penitentes, rogando a sus dioses por el
agua y esperando la lluvia; comenzando a tronar y a hacer señales de lluvia,
luego estos sátrapas tomaban sus incensarios, que eran como unas cucharas grandes
agujeradas, llenas de brasas, y los astiles largos delgados y rollizos y
huecos, y tenían unas sonajas dentro y el remate que era una cabeza de culebra,
en estos incensarios sobre las brasas echa ban su incienso, que llaman
yiauhtli, y comenzaban luego a hacer ruido con las sonajas que estaban en el
astil, moviéndole acá y allá, y comen zaban luego a incensar todas las
estatuas de los cues , y de los tlaxilacales; con estos servicios demandaban y
esperaban la lluvia. La otra gente, por amor del agua, hacían votos de hacer
las imágenes de los montes. Cinco días antes de llegar a esta fiesta compraban
papel y ulli y nequen y navajas, y con mucha devoción aparejábanse con ayunos y
penitencia para hacer las imágenes de los montes y para cubrirlas con papel. En
estos tiempos aunque se bañaban, no (se) lavaban la cabeza sino sólo el
pescuezo; absteníanse los hombres de las mujeres y las mujeres de los hombres.
La noche de la vigilia de la fiesta para amanecer a la fiesta de atemoztli, que
era a los veinte días de este mes, toda la noche gastaban en cortar papeles de
diversas maneras (y) a estos papeles así cortados llamaban tetéuitl ; cortados
estos papeles, pegábanlos a unos varales gran des, desde abajo hasta arriba a
manera de bandera — todos estos pape les estaban manchados de ulli— , y
después hincaban este varal en el patio de su casa, cada uno, y allí estaba
todo el día de la fiesta; y éstos que hacían el voto de hacer las imágenes
convidaban a los ministros de los ídolos, para que viniesen a sus casas a hacer
los papeles con que habían de componer a las imágenes de los montes, y
hacíanlas en su monasterio que se llama calmécac. Después de haberlas hecho
llevában las a las casas de los que habían votado y llevaban también su
teponaztli y sus sonajas, y la concha de la tortuga para tañer en llegando;
luego componían las imágenes que estaban hechas de masa de bledos; algunos
tenían hechas cinco, algunos diez y otros quince; eran las imágenes de los
montes, sobre que las nubes se arman, como es el Volcán, la Sierra Nevada y la
Sierra de Tlaxcala, etc., y otras de esta manera. Después de haber compuesto
estas imágenes poníanlas en orden en el oratorio de la casa, y luego ponían
comida a cada una por sí, y delante de ellas sentábanse, y los tamales que las ponían
eran muy chiquitos, conforme a las imágenes que eran muy pequeñitas, poníanlos
en unos platillos
pequeñuelos y unos cajetillos con un poquito de
mazamorra, y también
unos tecomates
pequeñitos (en ) que
cabía (u n ) poquito
de cacaóatl;
en una noche les presentaban comida de esta manera,
cuatro veces; tam
bién les ponían dos tecomates de calabaza verde que
se llama tzilacayotli,
henchíanlos de pulcre, y toda la noche estaban
cantando delante de ellos.
Tañían sus flautas, y no tañían los flauteros sino
unos mancebillos que
buscaban para
esto, y dábanlos de comer; hecho todo esto, en
amane
ciendo los ministros de los ídolos, damandaban a
los dueños de la casa
aquel instrumento
para tejer que llaman tzotzopaztli, y metíanselo por
los pechos a las imágenes de los montes, como
matándolas, y cortábanles
el cuello y sacábanles el corazón, y luego lo daban
al dueño de la casa
puesto
en una jicara
verde. Habiendo ya muerto como
está dicho a
todas aquellas imágenes o estatuas, quitábanles los
papeles con que esta
ban aderezadas, y todos juntos los quemaban en el
patio de la casa, y con
ellos quemaban también los cajetillos de la comida
y todos los petates de
juncias verdes con que estaban adornadas aquellas
imágenes, y todas las
alhajas en que habían puesto comida y bebida a las
imágenes o estatuas;
todo lo llevaban a los oratorios que llaman
ayauhcálco, que estaban edi^
ficados a la orilla del agua.
Hecho esto
luego se juntaban los
convidados y comían y bebían
a
honra de las estatuas muertas, que se
llamaban tepeme. Luego ponían
delante comida
a cada uno por sí; habiendo comido dábanles a beber
pulcre. Y las mujeres que entraban en este convite todas llevaban maíz
o mazorcas de maíz,
en los almantos25, ninguna iba
sin llevar algo, o
mazorcas de maíz hasta quince o veinte;
entrando estábanse aparte,
y
dábanlas allí comida a cada una por sí, y también a
beber pulcre; tenían
este pulcre
en unos cangilones
prietos (y ) bebían
tomando el pulcre
de los cangilones con unas tazas negras. Acabando
el convite cogían los
papeles de los varales, que estaban puestos en los patios, que llamaban
tetéuitl, y llevábanlos a ciertos lugares del agua que estaban señalados
con unos maderos hincados, o a las alturas de los montes. Este
es el
remate de esta fiesta y la conclusión de la
relación de atemoztli.
(Lib. II,
cap. xxxv)
DE LA FIESTA Y CEREMONIAS QUE SE HACIAN EN LAS
CALENDAS DEL DECIMO OCTAVO MES, QUE SE LLAMABA 1ZCALLI
Al décimo octavo mes llaman izcalli. A los diez
días de este mes hacían tamales de hojas de bledos, muy molidas. Decían a esta
fiesta motlaxquian
25 El
sentido de la palabra resulta obscuro, pues podría tal maíz destinarse a
semilla, o ser llevado en alguna prenda de vestir que quiso particularizar el
autor. Jourdanet la tomó por “almario”, lo cual complica su comprensión. (Pág.
158 de la edición francesa). (R.C.).
tota, que quiere decir: nuestro padre el fuego
tuesta para comer. Hacían
la estatua del dios del fuego de arquitos y palos
atados unos con otros,
que ellos llaman colotli, que quiere decir cimbria
o modelo. Poníanle una
carátula de
obra de mosaico; era toda labrada
de turquesas, con unas
bandas de piedras que se llaman chalchihuites,
atravesadas por la cara;
era muy hermosa esta máscara, y resplandeciente;
poníanle una corona
que la llamaban quetzalcómitl, era hecha de plumas ricas, era angosta,
conforme al redondo de la cabeza en lo de abajo,
pero íbase ensanchando
hacia arriba; estaban las plumas arriba muy
paradas, bien así como cla
vel que está enredado de cañas y ariba están
paradas todas las flores,
por encima de las cañas; llevaba también esta
corona dos plumajes, uno
de la parte izquierda y otro a la parte
derecha, que salían de junto a
las sienes a manera de cuernos inclinados hacia
adelante; en el remate
de ellos iban muchas plumas ricas que llaman
quetzalli, que salían de
unos vasos hechos a manera de jicara chiquita: estos plumajes o cuernos
se llamaban quamamalitli.
Llevaba esta corona cosida por la parte trasera
y baja una cabellera de cabellos rubios que colgaba
sobre las espaldas;
eran estos cabellos cercenados por la parte de abajo, muy iguales, (y )
parecía que estos cabellos salían de debajo la
corona y que eran naturales.
Ponían a
esta estatua un ornamento
de plumas muy
ricas, plegado al
cuello, tan ancho como todos los pechos, que descendía hasta los pies,
del mismo anchor; y aunque sobraba sobre los pies
más de dos palmos,
que se tendían delante los pies, era hecho de tal
manera este ornamento
que cualquiera aire que corriese por poco que fuese
le meneaba y levan
taba, y
todas las plumas resplandecían y
parecían de diversos colores.
Estaba sentada esta estatua en un trono de un cuero
de tigre que tenía
pies y manos y cabeza natural, aunque estaba seco, (y )
esta estatua así
adornada no lejos de un hogar que estaba delante de
ella; a la media
noche sacaban
fuego nuevo, para que
ardiese en aquel
hogar, y sacá
banlo con unos palos, uno puesto abajo y sobre él
barrenaban con otro
palo como torciéndole entre las manos con gran
prisa, y con aquel movi
miento y calor se encendía el fuego: y allí lo
tomaban con yesca y encen
díanlo en el hogar.
A la mañana, en amaneciendo, venían todos los
muchachos y mance-
billos trayendo todos la caza que habían tomado el
día antes, y ordená
banse todos en
rende e iban delante los viejos, que estaban allí juntos
a la casa de calpulli, donde estaba la estatua, y
ofrecían las aves que traían
cazadas, de todo género, y también peces y culebras
y otras sabandijas
del agua; y recibiendo estas ofrendas los viejos
echábanlas en el fuego,
que era grande y ardía delante de la estatua. Las
mujeres, toda la gente
se ocupaba en hacer unos tamales que llaman
huauhquiltamalli, y tam
bién en amaneciendo los iban a ofrecer delante la
estatua, y así estaba
gran cantidad de ellos delante la estatua; y como
los muchachos ofrecían
la caza que traían, entraban así como
iban ordenados y
daban una
vuelta en
rededor del fuego y cuando pasaban cabe
el fuego, estaban
otros viejos que daban a cada uno de los muchachos
un tamal, y así se tornaban a salir los muchachos por su orden. A estos tamales
los llamaban también chálchiúhtamálli. Toda la gente, y en todas las casas se
hacían estos tamales, y convidábanse unos a otros con ellos; a porfía
trabajaban cual por cual haría primero estos tamales; y la que primero los
hacía iba luego a convidar con ellos a sus vecinos, para mostrar su mayor dili
gencia y su mayor urbanidad. La vianda que se comía con estos tamales eran unos
camarones que ellos llaman acociltin, hechos con un caldo que ellos llaman
chalmulmulli, y todos comían en sus casas esta comida, muy caliente y tras el
fuego; y las camisillas de maíz con que estaban envuel tos los tamales, cuando
se las quitaban para comerlos no las echaban en el fuego sino juntábanlas para
echarlas en el agua. En acabando de comer esta comida, luego bebían pulcre los
viejos del barrio, en la casa del calpulco donde estaba la estatua, y llamaban
esta bebida texcalceuia; bebían y cantaban delante de la imagen de Xiuhtecutli
hasta la noche.
Esta es la relación de la fiesta que llamaban
huauhquiltamalquáliztli. Lo que está dicho arriba se hacía a los diez días de
este mes y a los veinte días del mismo mes hacían otra vez la estatua del dios
del fuego, de palillos y círculos atados unos con otros, como arriba se dijo;
acabada de hacer la estatua poníanla una carátula o máscara hecha de mosaico,
de pedacitos de conchas que llaman tapachtli; la barba hasta la boca tenía esta
máscara de piedras negras, que llamaban teótetl ; también tenía una banda de
piedras negras que atravesaba las narices y ambos los ros tros (que) era hecha
de unas piedras que llaman tezcapoctli; poníanle en la cabeza una corona de
plumajes ricos, que estaban alrededor de la cabeza, y del medio salían muchos
quetzales ricos y altos; colgaban de esta corona sobre las espaldas unas plumas
verdes muy preciosas; tenía aquella corona adornado el chapitel de unas plumas
muy negras, que resplandecían de negras — que crían las gallinas y los gallos
en el pes cuezo— , y entrepuestas unas pestañas de plumas peladas, que
parecían como pestañas de tafetán; poníanle una pieza hecha de plumas de papa
gayos plegada al cuello, (que) era tan ancha que tomaba de un hombro a otro y
colgaba hasta los pies, y aun arrastraba; era igualmente ancha desde arriba
hasta abajo. Estando adornada esta estatua que llamaban Milíntoc, y sentada en
su trono, ofrecíanle harina de maíz; esta harina revolvían con agua caliente (y
) de esta masa hacían unos panecillos pequeños; echábanles en el medio frijoles
como empanados, no molidos, y luego iban a ofrecer delante la estatua; cada uno
llevaba cinco de aquellos panecillos, que poníanlos a los pies de la estatua.
También los muchachos y mancebillos puestos por orden traían su caza, y dábanla
a los viejos, y los viejos echábanla en el fuego que ardía delante la esta
tua; esta caza era de aves y culebras y otras sabandijas, y las pequeñas
culebras y las pequeñas aves quemábanse del todo en el fuego, y las grandes
culebras y las grandes aves desque estaban asadas sacábanlas y echábanlas allí
a la orilla del fuego; y después que se templaban comían
las los viejos que se llamaban calpuleque. Y los
muchachos como iban
ofreciendo daban vuelta alrededor del fuego y a la
pasada daban, a cada
uno,
uno de los
panecillos que habían
ofrecido los cuales
llamaban
macuextlaxcalli. Acabando de comer estos
panecillos, y la demás comida,
luego los viejos bebían pulcre; esta bebida
llamaban texcalceuilo (y la)
bebían allí, en el mismo oratorio, donde estaba la
estatua del Milíntoc,
que llaman calpulco, y los que hacían vino de maguey que
llamaban
tlachique o tecutlachique,
tenían cargo de traer el pulcre para beber de
su voluntad; iban,
traíanlo en sus jarros o
jicaras, y echábanlo en un
lebrillo que estaba
allí, delante la estatua.
Los que bebían este pulcre
no se emborrachaban. Estas dos ceremonias dichas no
se hacían en todas
partes, sino por aquí por Tlatelolco.
Acabado este mes,
los cinco días que se siguen son sobrados de los
trescientos y sesenta ya dichos, los cuales todos
de veinte en veinte están
dedicados a algún
dios; estos cinco días a ningún dios están dedicados,
y por esos los llaman nemcmtemi, que quiere decir que están por de
más
y teníanlos por aciagos; ninguna cosa hacían en ellos.
Los que nacían
en estos días teníanlos por mal afortunados; ningún
signo los aplicaban.
Tres años arreo hacían lo que arriba está dicho, en
este mes y en esta
fiesta; pero al cuarto año hacían otras muchas
cosas, según que se sigue.
Este cuarto año mataban muchos esclavos, como
imágenes del dios del
fuego, que llamaban Ixcozauhqui o Xiuhtecutli, y cada uno de ellos iba
con su mujer, que también había de morir. Este
cuarto año, el último
día de este mes, en amaneciendo llevaban a los que
habían de morir al
cu donde los habían de matar; las mujeres que
habían de morir llevaban
todas sus hatillos y todas sus alhajas a cuestas, y
los hombres lo mismo;
los papeles con que habían de morir no los llevaban
vestidos, mas llevá-
banselos
uno delante, puestos
en una trípoda,
que era un globo que
tenía
tres pies sobre
que estaba (y ) sería medio estado de
alto esta
trípoda; sobre el globo iban compuestos estos
papeles y colgados, y uno
llevaba esta trípoda delante del mismo esclavo a
quien se los habían de
vestir y, llegando al cu donde habían de morir,
componíanlos con sus
papeles en la forma del dios Ixcozauhqui, así a los
hombres como a las
mujeres, y por su orden subíanlos al cu. Llegados arriba daban vuelta por
delante del tajón donde los habían de matar, y
tornábanlos a descender
por su orden y llevábanlos al calpulco y
descomponíanlos de los papeles y
metíanlos
en una casa;
y guardábanlos con
gran diligencia, y
a los
hombres
ataban unas sogas por medio del
cuerpo, y cuando salían
a
orinar, los que los guardaban teníanlos por la soga
porque no se huyesen.
Y llegada la media noche cortábanles los cabellos
de la coronilla de la
cabeza,
delante del fuego,
para guardar por reliquias; habiéndoles
cor
tado los cabellos echábanles una bilma en toda la
cabeza, con resina y
plumas
de gallina blanca, así a
los hombres como a las
mujeres. En
aquella noche nadie dormía; luego quemaban sus
hatillos y alhajas allí
en el calpulco y, habiéndolos quemado, tornaban
otra vez a encerrar(los).
Algunos de ellos no quemaban sus hatos sino los
daban de gracia (a ) sus parientes. Y luego en amaneciendo componían a los que
habían de morir con sus papeles, y luego los llevaban en procesión al lugar
donde habían de morir; iban bailando y cantando hasta el cu y daban muy grandes
voces; este canto y este baile duraba hasta después de mediodía, y pasando el
mediodía luego bajaba del cu un sátrapa vestido con los ornamentos del dios
Páinal, y pasaba por delante de los que habían de morir y luego tornaba a subir
al cu y luego los cautivos iban tras él subiendo por el cu arriba, porque ellos
habían de morir primero. Ha biendo muerto a los cautivos luego mataban a los
esclavos que eran imá genes del dios Ixcozauhqui, que era el dios del fuego, y
después que todos habían muerto estaban aparejados los señores principales para
comenzar su areito, muy solemne, y luego le comenzaban y el que guiaba era el
señor; llevaban todos en la cabeza unas coronas de papel como medias mitras,
solamente llevaban la punta delante, sin la de atrás; llevaban en las narices
un ornamento de papel azul, hecho como media mitra pequeñita que embestía la
nariz y colgaba hasta la boca, era como corona de la boca; llevaban orejeras
hechas de turquesas, de obra de mosaico; otros que no alcanzaban estas orejeras
llevábanlas de palo, la bradas con flores; llevaban una jaqueta pintada de
color azul, de unas flores curiosas; llevaban por joyel colgado al cuello una
figura de perro, hecha de papel y pintada de flores, y llevaban unos maxtles
con unas bandas negras en los cabos, que colgaban; y llevaban en las manos unos
palos a manera de machetes, la mitad de ellos teñido con colorado y la mitad
blanco, desde el medio arriba de colorado y desde el medio abajo de blanco; de
la mano izquierda llevaban colgada una taleguilla de papel con copal. El
principio de este baile era en lo alto del cu, adonde estaba el tajón, y
habiendo bailado un poco descendían abajo, al patio del cu, y daban vueltas
bailando al patio, las cuales acabadas luego se deshacía el areito y entrábanse
en el palacio real acompañando al señor. Este baile se llamaba netecuitotilo,
porque en él nadie había de bailar sino el señor y los principales: hacíase de
cuatro en cuatro años tan solamente.
En este mismo día agujeraban las orejas a todos los
niños y niñas que habían nacido en los tres años pasados; agujerábanselas con
un punzón de hueso y después se las ensalmaban con plumas de papagayo, con las
muy blandas que parecen algodón, que se llama tlachcáiotl, y con un poco de
ocótzotl, y cuando esto se hacía los padres y madres de los mu chachos y
muchachas buscaban padrinos y madrinas, que ellos en su lengua llaman tíos y
tías, tetla, teaui, para que los tuviesen cuando agu jeraban las orejas; y ofrecían
entonces harina de una semilla que llaman chían, y a los padrinos y madrinas
dábanles al hombre una manta leo nada o bermeja, y a la madrina daban su
huípil. Acabándolos de horadar las orejas, llevábanlos los padrinos y madrinas
a rodearlos por las llamas de un fuego que tenían aparejado para esto, que en
el latín se dice
lustrare, que es ceremonia que la Sagrada Escritura
reprehende. Había
gran vocería de los muchachos y muchachas por el
agujeramiento de las
orejas. Hecho esto íbanse a sus casas y allá comían
los padrinos y ma
drinas, todos juntos, y cantaban y bailaban, y al mediodía los padrinos
y madrinas iban otra vez al cu y llevaban a sus
ahijados y ahijadas, tam
bién llevaban pulcre en sus jarros. Luego
comenzaban un areito, y bai
lando traían
a cuestas sus ahijados y ahijadas, y dábanlos
a beber del
pulcre que llevaban con unas tacitas pequeñitas, y por esto llamaban a
esta fiesta la borrachera de los niños y niñas; duraba este baile hasta
la tarde. Entonces se iban a sus casas y en el patio de sus casas hacían
el mismo areito, y todos los de casa y los vecinos
bebían pulcre. También
hacían otra ceremonia, que tomaban con las manos a
los niños y niñas
apretándoles por las sienes (y )
los levantaban en alto; decían
que así
los hacían crecer,
y por esto llamaban a esta fiesta izcalli, que quiere
decir
crecimiento. Esta es la relación
de esta fiesta, aunque hay otra
más copiosa que se pondrá adelante.
(Lib.
II, cap. xxxvii)
RELACION DE LA FIESTA QUE SE HACIA DE OCHO EN OCHO AÑOS
Hacían estos naturales una fiesta de ocho en ocho
años, a la cual lla
maban atamalqualiztli, que quiere decir ayuno de pan y agua,
(pues)
ninguna otra cosa comían en
ocho días sino unos
tamales hechos sin
sal, ni
bebían otra cosa sino agua clara.
Esta fiesta algunos años
caía
en el mes que se llama quecholli, y otras
veces en el mes que se llama
tepéilhuitl. Antes de esta fiesta ayunaban todos
ocho días a pan y agua,
como está dicho; a los tamales que comían estos
días llamaban atamalli,
porque ninguna
cosa mezclaban con ellos cuando
los hacían ni sal ni
otra cosa, sino sola agua, ni cocían el
maíz con sal, sino con sola agua,
y todos comían al medio día; y si alguno no ayunaba
castigábanle por
ello.
Tenían en gran
reverencia este ayuno, y en
gran temor, porque
decían que los que no le ayunaban, aunque
secretamente comiesen y no
lo supiese nadie,
dios les castigaba hiriéndolos con lepra. A esta fiesta
llamaban ixnextiua, que
quiere decir buscar ventura; en esta fiesta decían
que bailaban todos los dioses y así todos los que bailaban se
ataviaban
con diversos personajes, unos tomaban personajes de
aves, otros de ani
males y así unos se tansfiguraban como tzintzones,
otros como mariposas,
otros como abejones, otros como moscas, otros como
escarabajos; otros
traían a cuestas un hombre durmiendo, que decían era el sueño; otros
traían unos
sartales de tamales que llaman xocotamalli ; otros de
otros
tamales que llaman nacatamalli.
Otros tenían comida de tamales y otras
cosas, y dábanlas a los pobres, y también tomaban
personajes de pobres,
como son los que traen a cuestas leña a vender, y
otros que traen ver dura a vender; y también tomaban personajes de enfermos,
como son los leprosos y bubosos; otros tomaban personajes de aves como de
búhos, y de lechuzas y otras aves. Estaba la imagen de Tláloc en medio del
areito, a cuya honra bailaban y delante de ella estaba una balsa de agua donde
había culebras y ranas, y unos hombres que llamaban mazateca estaban a la
orilla de la balsa y tragábanse las culebras y las ranas vivas; tomábanlas con
las bocas, y no con las manos y cuando las habían to mado en la boca íbanse a
bailar; íbanlas tragando y bailando, y el que primero acababa de tragar la
culebra o rana, luego daba voces diciendo: ¡papa, papa! Bailaban alrededor del
cu de este dios, y cuando iban bai lando y pasaban por cerca de los cestos que
llamaban tonaca cuezcómatl, dábanles de los tamales que estaban en los cestos.
Y las viejas que estaban mirando este areito lloraban, acordándose que antes
que otra vez se hiciese aquella fiesta serían muertas. Decían que este ayuno se
hacía por dar descanso al mantenimiento, porque ninguna cosa en aquel ayuno se
comía con el pan, y también decían que todo el otro tiempo fatigaban al
mantenimiento o pan, porque lo mezclaban con sal, cal y salitre, y así lo
vestían y desnudaban de diversas libreas, de que se afrentaba y se envejecía, y
con este ayuno se remozaba; y el día siguiente después del ayuno se llamaba
molpólólo, que quiere decir (que) comían otras cosas con el pan, porque ya se
hizo penitencia por el mantenimiento.
(Lib. II, ap. i, fragmento)
RELACION DE LOS
EDIFICIOS DEL GRAN
TEMPLO
DE MEXICO
Era el patio de este templo muy grande: tendría
hasta doscientas brazas en cuadro. Era todo enlosado (y ) tenía dentro de sí
muchos edificios y muchas torres; de estas torres unas eran más altas que
otras, y cada una de ellas era dedicada a un dios. La principal torre de todas
estaba en el medio y era más alta que todas, era dedicada al dios
Huitzilopochtli o Tlacauepan Cuexcotzin. Esta torre estaba dividida en lo alto,
de manera que parecía ser dos y así tenía dos capillas o altares en lo alto,
cubierta cada una con un chapitel, y en la cumbre tenía cada una de ellas sus
insignias o divisas distintas. En la una de ellas y más principal estaba
la estatua de Huitzilopochtli, que también la
llamaban llhuícatl xoxouh-
qui; en la otra estaba la imagen del Dios Tláloc.
Delante de cada una de éstas estaba una piedra redonda a manera de tajón que
llamaban téchcatl, donde mataban los que sacrificaban a honra de aquel dios; y
desde la piedra hasta abajo estaba un regajal de sangre de los que mataban en
él, y así estaba en todas las otras torres. Estas torres tenían la cara hacia
el occidente,
y subían por gradas bien
estrechas y
derechas, de abajo
hasta arriba, a todas estas torres.
El segundo cu principal era de los dioses del agua
que se llamaban
Tlaloque; llamábase este cu Epcóatl. En este cu y a honra de este dios,
o de estos dioses,
ayunaban y hacían penitencia
cuatro días antes de
su fiesta, y acabando el ayuno iban a castigar a los ministros de estos
ídolos que habían hecho algún defecto en el servicio de ellos por todo
el año; castigábanlos en unas ciénagas de lodo y
agua, zambulléndolos
debajo del
lodo y del agua; hecho este castigo, los castigados se lavaban,
y luego hacían areito y traían en la mano cañas de
maíz, como bordones.
También
todos los populares bailaban por
esas calles. Llamábase
esta
fiesta, la fiesta de mazamorra que se llama etzolli, y acababa esta
fiesta
de los Tlaloque, mataban cautivos a honra de estos
dioses. En este
cu
El tercer cu se llamaba
Macuilcalli o Macuilquiáuitl.
mataban a las espías de los contrarios que
prendían, cuando estaban en
la
guerra o contra los de
Huexotzinco, o contra los de Tlaxcala, etc.
Y a los que venían a espiar la ciudad de México, en
conociéndolos luego
los prendían y los llevaban a este cu y allí los
desmembraban, cortándoles
miembro por miembro.
El cuarto edificio se llamaba Teccizcalli. En esta
casa estaban muchas
estatuas
de los dioses. En
esta casa se recogía
el señor del
pueblo o
ciudad (en ) las fiestas grandes, y allí ayunaba y
hacía penitencia cuatro
días, e
incensaba a todas las estatuas
que allí estaban, y también
allí
mataban cautivos a honra de aquellas estatuas.
El quinto edificio se llamaba Poyauhtla.
Allí ayunaban los mayores
sátrapas, que eran dos: el uno se llamaba Tótec tlamacazqui, el otro
se
llamaba Tlalocan
tlenamácac; ayunaban y hacían
penitencia cuatro días
e incensaban a las estatuas que allí estaban. Esto
hacían cada año cuatro
días en la fiesta
de etzalquializtli; y también
allí mataban cautivos
a
honra de aquellas estatuas.
El sexto edificio se llamaba Mixcoapan zompantli.
Este era un edifi
cio en que espetaban las cabezas de los que mataban
a honra del dios
Mixcóatl; eran
unos maderos que
estaban hincados, de
altura de dos
estados, y estaban agujerados a trechos y por
aquellos agujeros estaban
pasadas unas
astas o varales, del grosor de astas de lanza o poco más,
y eran siete
u ocho. En éstas espetaban las cabezas de los que mataban
a honra de aquel dios, estaban las caras vueltas hacia el medio día.
El séptimo edificio o cu se llamaba Tlaxicco. En
este cu mataban cada
año un cautivo a honra del dios del infierno;
matábanle en el mes que
se llamaba títitl. Después
que le había muerto el sátrapa que llamaban
Tlillan tlenamácac ponía fuego e incensaba delante
la estatua, y esto se
hacía de
noche. oratorio donde
El octavo edificio
se llamaba Quauhxicalco. Era un
el señor se recogía a hacer penitencia y ayunar,
cuando se hacía un ayuno
que se llamaba netonatiuhzaualo; ayunaban cuatro
días por honra del
sol, este ayuno se hacía de doscientos en
doscientos y tres días; y aquí mataban cuatro cautivos que se llamaban
chachanme, y otros dos cautivos que llamaban la imagen del Sol y de la Luna,
con otros muchos cautivos a la postre de todos.
El noveno edificio se llamaba Tochinco. Era un cu
bajo, el cual era cuadrado, que tenía gradas por todas cuatro partes. En éste
mataban cada año la imagen de Ometochtli, cuando reinaba este signo, era esta
imagen un cautivo compuesto con los ornamentos del dios del vino que
se llamaba Ometochtli.
El décimo edificio se llamaba Teutlálpan, que
quiere decir tierra fra gosa. Era un bosquecillo cercado de cuatro paredes,
como un corral, en el cual estaban riscos hechos a mano, y en ellos plantados
arbustos que se hacen en tiera fragosa, como son magueyes pequeñuelos y otros
que se llaman tzioactli; en este bosquecito hacían procesión cada año en el mes
llamado quecholli, y hecha la procesión luego se partían para la ladera de la
sierra que se llama Zacatépec, y allí cazaban y hacían las otras cosas como
está dicho en la historia de este mes.
El undécimo edificio se llamaba Tlilapan, que
quiere decir agua ne gra; era una fuente como alberca, y por estar el agua
profunda parecía negra. En esta fuente se bañaban los sátrapas, de noche, los
días que ayunaban en aparejo de las fiestas que eran cuatro días en cada mes;
éstos eran como vigilia de la fiesta. En habiéndose bañado incensaban en el cu
de Mixcóatl, y acabando de incensar allí iban a su monasterio.
El duodécimo edificio se llamaba Tlillancalmécac;
era un oratorio hecho a honra de la diosa Cihuacóatl. En este edificio
habitaban tres sátrapas que servían a esta diosa, la cual visiblemente les
aparecía y resi día en aquel lugar, y de allí visiblemente salía para ir a
donde quería. Cierto es que era el demonio en forma de aquella mujer.
El decimotercero edificio se llamaba México
Calmécac; éste era mo nasterio donde moraban los sátrapas y ministros que
servían al cu de Tláloc, cada día.
El decimocuarto edificio se llamaba Coacalco. Era
una sala enrejada como cárcel; en ella tenían encerrados a todos los dioses de
los pueblos que habían tomado por guerra; teníanlos allí como cautivos.
El decimoquinto se llamaba Quauhxicálco. Este
edificio era un cu pequeño, redondo, de anchura de tres brazas o cerca, de
altura de braza y media; no tenía cobertura ninguna; en éste incensaba el
sátrapa de Titlacauan cada día, incensaba hacia las cuatro partes del mundo.
Tam bién a este edificio subía aquel mancebo que se criaba por espacio de un
año para matarle en la fiesta del dios Titlacauan; allí tañía con su flauta de
noche o de día, cuando quería venir, y acabando de tañer incen saba hacia las
cuatro partes del mundo y luego se iba para su aposento.
El decimosexto edificio se llamaba Quauhxicalco
segundo; este edificio era como el ya dicho; delante de él levantaban un árbol
que se llamaba xócotl, compuesto con muchos papeles, y encima de este cu o
momoztli
bailaba un chocarrero, vestido como el animalejo
que se llama techálotl, que es ardilla.
El decimoséptimo edificio se llamaba Teccalco; éste
era un cu donde cada año echaban vivos en un gran montón de fuego muchos
cautivos, en la fiesta que se llamaba teotleco; y hacían los sátrapas aquella
cere monia que se llamaba amatlauitzoa, como se dijo en la misma fiesta de
teotleco.
El decimoctavo edificio se llamaba Tzompcmtli. Eran
unos maderos hincados, tres o cuatro, por los cuales estaban pasadas unas astas
como de lanza, en las cuales estaban espetadas por las sienes las cabezas de
los que mataban en el cu.
El decimonoveno edificio se llamaba Huitznáuac
teocalli. En este cu mataban las imágenes de los dioses que llamaban
Centzonhuitznaua, a honra de Huitzilopochtli, y también mataban muchos
cautivos; esto se hacía cada año en la fiesta de panquetzaliztli.
El vigésimo edificio se llamaba Tezcacalco; era un
oratorio donde esta ban las estatuas que se llamaban omacame. En este lugar
mataban algu nos cautivos, aunque no cada año.
El vigesimoprimero edificio se llamaba Tlacochcalco
acatlyiacapan. En esta casa guardaban gran cantidad de dardos para la guerra;
era como casa de armas; en este lugar mataban algunos cautivos (y ) matábanlos
de noche; no tenían tiempo señalado para matarlos sino cuando querían.
El vigesimosegundo edificio se llamaba Teccizcalco;
era un oratorio donde estaban unas estatuas del dios llamado Omácatl, y de
otros dioses. En este oratorio, por devoción, mataban algunos cautivos. No
tenían días señalados.
El vigesimotercero edificio se llamaba
Huitztepeualco; era un corral o cercado de cuatro paredes, donde los ministros
de los ídolos arrojaban las puntas de maguey después que con ellas se habían
punzado, y tam bién allí arrojaban unas cañas verdes después que las habían
ensangren tado, y ofrecido a los dioses.
El vigesimocuarto edificio se llamaba Huitznáhua
Calmécac; éste era un monasterio donde habitaban los ministros de los ídolos
que ser vían en el cu del dios Huitznáhuac, incensando y haciendo los otros
ser vicios que acostumbraban cada día.
El vigesimoquinto edificio se llamaba otro
Ouauhxicalco. Era de la manera del otro que queda dicho atrás; delante de este
cu estaba un tzom-pantli, que es donde espetaban las cabezas de los muertos, y
encima del cu estaba una estatua del dios que llamaban Omácatl, hecha de
madera, y allí mataban algunos esclavos, la sangre de los cuales daban a gustar
a aquella estatua untándole la boca con ella.
El vigesimosexto edificio se llamaba Macuilcipactli
iteopan. Este era un gran cu hecho a honra de aquel Macuilcipactli; aquí
mataban cauti vos de noche, en su mismo signo cipactli.
El vigesimoséptimo edificio se llamaba Tetlanman
Cálmécac. Era un monasterio que se llamaba tetlanma, en el (cual) moraban
sátrapas y ministros del cu dedicado a la diosa Chantico; allí servían de
noche, y de día.
El vigesimoctavo edificio se llamaba Iztaccintéotl
iteopan. Este era un cu dedicado a la diosa llamada Cintéotl: en este cu
mataban a los leprosos cautivos, y no comían su carne; matábanlos en el ayuno
del sol, que arriba se dijo.
El vigesimonoveno se llamaba Tetlanman. Este era un
cu dedicado a una diosa que se llamaba Quaxólotl Chantico: aquí mataban
esclavos por devoción, reinante el signo que se llamaba ce xóchitl.
El trigésimo edificio se llamaba Chicomécatl
iteopan. Este era un cu dedicado al dios Chicomécatl, en éste mataban algunos
cautivos, de noche, cuando comenzaba a reinar el signo llamado ce xóchitl.
El trigesimoprimero edificio se llamaba Tezcaapan;
era una fuente como alberca en que se bañaban los que hacían penitencia por
voto: acostumbraban muchos a hacer voto de hacer penitencia ciertos meses, o un
año, sirviendo a los cúes, o dioses a quien tenían devoción; éstos se lavaban
de noche en esta fuente.
El trigesimosegundo edificio se llamaba
Tezcatlachco; éste era un juego de pelota que estaba entre los cúes; en él
mataban por devoción algunos cautivos cuando reinaba el signo que llamaban
omácatl.
El trigesimotercero edificio se llamaba Tzompantli,
(y ) era donde espetaban las cabezas de los muertos que allí mataban, cautivos,
a honra de los dioses llamados Omacame; este sacrificio se hacía cada
doscientos y dos días. El trigesimocuarto edificio se llamaba Tlamatzinco; éste
era cu dedicado al dios Tlamatzíncatl, a cuya honra en él mataban esclavos cada
año, al fin de la fiesta que se llamaba quechólli.
El trigesimoquinto edificio se llamaba Tlamatzinco
Calmécac; éste era un monasterio donde moraban los sacerdotes o sátrapas que
servían en el cu arriba dicho.
El trigesimosexto edificio se llamaba Quauhxicalco.
Este era un cu pequeño y ancho, y algo cóncavo y hondo, donde se quemaban los
papeles que ofrecían por algún voto que habían hecho; y también allí se quemaba
la culebra de que arriba se dio relación en la fiesta de panquetzaliztli.
El trigesimoséptimo edificio se llamaba
Mixcoateopan; éste era un cu dedicado a Mixcóatl, donde se hacían aquellas
ceremonias de que se dio relación en la fiesta llamada quechólli tlami.
El trigesimoctavo edificio se llamaba N
étlatiloyan. Era un cu al pie del cual estaba una cueva donde escondían los
pellejos de los desollados, como está en la relación de tlacaxipehualiztli. El
trigesimonoveno edifi cio se llamaba Teotlachco; éste era un juego de pelota
que estaba en el mismo templo; aquí mataban unos cautivos que llamaban
amapanme, en la fiesta de panquetzaliztli, allí se dio relación de estos
amapanme.
El cuadragésimo edificio se llamaba Ilhuicatitlan.
Este era una colum na gruesa y alta, donde estaba pintada la estrella o lucero
de la mañana, y sobre el capitel de esta columna estaba un chapitel hecho de
paja; delante de esta columna y de esta estrella, mataban cautivos cada año, al
tiempo que parecía nuevamente esta estrella.
El cuadragesimoprimero edificio se llamaba
Hueitzompantli; era el edi ficio que estaba delante del cu de Huitzilopochtli,
donde espetaban las cabezas de los cautivos que allí mataban, a reverencia de
este edificio, cada año en la fiesta de panquetzaliztli.
El cuadragesimosegundo (edificio) se llamaba
Mecatlan; ésta era una casa en la cual se enseñaban a tañer las trompetas los
ministros de los ídolos.
El cuadragesimotercero (edificio) se llamaba
Cinteopan; éste era un cu dedicado a la diosa Chicomecóatl; en éste mataban una
mujer que decían que era imagen de esta dicha diosa, y la desollaban, de esto
se dio relación en la fiesta de Ochpaniztli.
El cuadragesimocuarto edificio se llamaba
Centzontotochtin iteopan; éste era un cu dedicado a los dioses del vino; aquí
mataban tres cautivos a honra de estos dioses del vino. A una llamaban
Tepoztécatl y al otro Toltécatl y al otro Vapáztac. Los que aquí mataban, de
día morían, no de noche; esto hacían cada año en la fiesta de tepéilhuitl.
El cuadragesimoquinto edificio se llamaba
Cinteopan. Era un cu don de estaba la estatua del dios de los maizales, y allí
mataban cada año a su imagen y con otros cautivos, como se dijo en su fiesta.
El cuadragesimosexto edificio se llamaba
Netotiloyan. Era un lugar o parte del patio donde bailaban los cautivos y
esclavos, un poco antes que los matasen, y con ellos también bailaba la imagen
del signo chico-nahui ehécatl, y matábanlos a la media noche en la fiesta de
Xilomaniztli, o en la fiesta de atlcahualo, esto se hacía cada año.
El cuadragesimoséptimo edificio se llamaba
Chililico. Era un cu donde mataban los esclavos en el signo de chiconahui
ehécatl; matábanlos a la media noche; sólo los señores daban los esclavos que
aquí morían. Esto se hacía en la fiesta de atlcahualo.
El cuadragesimoctavo edificio se llamaba Coaapan;
ésta era una fuente donde se bañaba el sátrapa que ministraba en el cu, que
llamaban Coatlan, y ningún otro allí se bañaba sino sólo él.
El cuadragesimonono edificio se llamaba Pochtlan;
era un monasterio donde estaban los ministros y sátrapas que ministraban en el
cu donde estaba la estatua de Yiacatecutli, el dios de los mercaderes;
ministraban allí de día y de noche.
El quincuagésimo edificio se llamaba Atlauhco; éste
era un monasterio donde moraban los sátrapas y ministros que ministraban en el
cu de Huitzilinquétec — una diosa— de día y de noche26.
26 El orden
de éste y del siguiente edificio está cambiado en las dos ediciones caste
llanas y en la francesa; seguimos el texto de la copia del señor Troncoso.
(R.C.).
El quincuagesimoprimero edificio se llamaba Yopico;
éste era un cu donde cada año mataban muchos esclavos y cautivos; matábanlos de
día,
en la fiesta de tlacaxipehualiztli.
El quincuagesimosegundo edificio se llamaba
Yiacatecutli iteopan. Era el cu del dios de los mercaderes; allí mataban la
imagen de este dios cada año, en la fiesta de títitl.
El quincuagesimotercero edificio se llamaba
Huitzilinquátec iteopan. Era un cu donde mataban la imagen de esta diosa, cada
año, en la fiesta de títitl; era mujer, la que mataban.
El quincuagesimocuarto edificio se llamaba Yopico
Calmécac. En este monasterio u oratorio mataban muchos cautivos cada año, en la
fiesta
de tlacaxipehualiztli.
El quincuagesimoquinto edificio se llamaba Yopico
tzompantli; en este edificio espetaban las cabezas de los que mataban en la
fiesta de
tlacaxipehualiztli.
El quincuagesimosexto edificio se llamaba
Tzompantli. Era donde es petaban las cabezas de los que mataban en la fiesta
de Yiacatecutli, dios de los mercaderes, en el primer día de la fiesta de
xócotl uetzi.
El quincuagesimoséptimo edificio se llamaba
Macuilmalinalli iteopan. Era un cu donde estaban dos estatuas, una de
Macuilmalinalli y otra de Topantlacaqui, y en este signo hacían fiesta en este
cu cada doscientos y tres días, y también hacían fiesta a honra del signo que
se llamaba
xochíhuitl.
El quincuagesimoctavo edificio se llamaba Aticpan.
Era un oratorio donde hacían fiesta y ofrecían a las diosas que se llamaban
Cihuapipiltin; hacían fiesta en el signo que llamaban chicomecoatonalli.
El quincuagesimonono edificio llamaban
Netlatiloyan; ésta era una cueva donde escondían los pellejos de los muertos
que desollaban cada año, en la fiesta de ochpaniztli.
Al sexagésimo edificio llamaban Atlauhco; éste era
un oratorio donde honraban a la diosa que se llamaba Cihuatéotl, y cada año
mataban a su honra una mujer que decían que era su imagen; matábanla en el cu
que se llamaba Coatlan, que estaba cerca de este oratorio; esto hacían cada
año, en la fiesta de ochpaniztli.
El sexagesimoprimero edificio se llamaba Tzonmolco
Calmécac; éste era un monasterio donde moraban sátrapas del dios Xiuhtecutli, y
aquí sacaban fuego nuevo cada año, en la fiesta huauhquiltamalqualiztli, y de
aquí sacaban el fuego nuevo cuando quiera que el señor había de incen sar
delante de los dioses.
El sexagesimosegundo edificio se llamaba
Temalácatl. Eran una piedra como muela de molino, grande, y estaba agujerada en
el medio como muela de molino; sobre esta piedra ponían los esclavos, y
acuchillábanse con ellos; estaban atados por el medio del cuerpo de tal manera
que po drían llegar hasta la circunferencia de la piedra, y dábanlos armas con
que peleasen. Eran éste un espectáculo muy frecuente y donde concurría
gente de
todas las
comarcas a verle. Un sátrapa vestido de un pellejo
de oso, o cuetlachtli,
era allí el padrino de los cautivos que allí mataban,
que los llevaba a la piedra y los ataba allí, y los daba las armas y los
lloraba entretanto que peleaban; y cuando caía (el cautivo) lo entregaba
al que le había de sacar el corazón, que era otro
sátrapa vestido con otro
pellejo, que se llamaba iooallauan. Esta relación queda escrita a la
larga
en la fiesta de tlacaxipehualiztli.
Al sexagesimotercero edificio llamaban Nappatecutli
iteopan; éste era
un cu dedicado al dios Nappatecutli, en el cual
mataban la imagen de
este dios,
que era un cautivo vestido con
los ornamentos de este dios;
matábanle a la media noche, cada año, en la fiesta
de tepéilhuitl.
Al sexagesimocuarto edificio llamaban Tzonmolco; éste era un cu dedi
cado al dios del fuego llamado Xiuhtecutli; éste es
un cu en que mataban
cuatro esclavos, como imágenes de este dios,
adornados con los ornamen
tos del mismo, aunque de diversos colores. Al
primero llamaban Xoxouh-
qui Xiuhtecutli; al segundo llamaban Cozauhqui
Xiuhtecutli; al tercero
llamaban Iztac
Xiuhtecutli; al cuarto llamaban Tlatlauhqui
Xiuhtecutli.
También mataban otros muchos cautivos en este lugar
y en este día, a
los cuales llamaban ihuipaneca temimilolca. Abajo
de las gradas de este
cu estaba una placeta a la cual subían también por
gradas; en esta place
ta mataban
dos mujeres, y llamaban a la
una Nancotlaceuhqui; de la
otra no se pone nombre. En acabando de matar los
que habían de morir,
hacían luego un areito muy solemne, según se dijo a
la larga en la fiesta
de Xiuhtecutli.
El sexagesimoquinto edificio se llamaba Coatlan;
éste era un cu donde
mataban cautivos a honra de aquellos dioses que
llamaban Centzonhuitz-
nahua; y también todas las veces que sacaban fuego nuevo, y también
cuando la fiesta de quecholli.
El sexagesimosexto se llamaba Xochicalco; éste era
un cu edificado a
honra del dios Cintéotl
y también a honra del dios
Tlatlauhqui Cintéotl,
y también de la diosa Atlatonan, y cuando mataban una mujer que era
imagen de esta diosa, desollábanla y uno de los
sátrapas vestía su cuero.
Esto se hacía de noche, (y )
luego de mañana andaba bailando con el
cuero vestido, de
aquella que había muerto; esto se hacía
cada año, en
la fiesta de
ochpaniztli.
El
sexagesimoséptimo edificio se llamaba
Yopicalco, y también Eoa-
calco; ésta era una casa donde se aposentaban los
señores y principales
que venían de lejos a visitar este templo,
especialmente los de la provincia
de Anáhuac.
El sexagesimoctavo edificio se llamaba Tozpálatl;
ésta era una fuente
muy preciada, que
manaba en el mismo lugar; de
aquí tomaban agua
los sátrapas de los
ídolos, y cuando se hacía la fiesta
de Huitzilopochtli
y otras fiestas, la
gente popular bebía en esta fuente con gran devoción.
El sexagesimonono se llamaba T lacochcalco
quauhquiyáuac; ésta era una casa (y) en esta casa estaba una estatua del dios
Macuiltótec; aquí a honra de este dios mataban cautivos en la fiesta de
panquetzaliztli.
El septuagésimo edificio se llamaba Tolnáuac; éste
era una casa donde mataban cautivos cuando comenzaba a reinar el signo que se
llamaba
ce miquiztli, a honra de Tezcatlipoca.
El septuagesimoprimero edificio era Xilocan. Era
una casa donde cocían la masa para hacer imagen a Huitzilopochtli cuando se
hacía la fiesta.
El septuagesimosegundo edificio se llamaba
llepéyoc; ésta era una casa donde hacían de masa la imagen de Huitzilopochtli
los sátrapas.
El septuagesimotercero edificio se llamaba
Huitznéhuac calpulli; era la casa donde hacían la imagen de otro dios compañero
de Huitzilopochtli,
que se llamaba Tlacauepan Cuexcotzin.
El septuagesimocuarto edificio se llamaba Atempan;
era una casa donde juntaban los niños que habían de matar, y también los
leprosos, que llamaban xixioti, que también los mataban; después de haberlos
jun tado en este lugar los traían en procesión en unas andas (y ) hecho esto
llevábanlos a los lugares donde los habían de matar.
El septuagesimoquinto edificio se llamaba Tezcacóac
tlacochcalco. Era una casa donde se estaban muchos dardos y muchas saetas
depositadas, para el tiempo de la guerra; aquí mataban esclavos por su devoción
algu nos años.
El septuagesimosexto se llamaba Acalla yiacapan
hueicalpulli; ésta era una casa donde juntaban los esclavos que habían de matar
a honra de los Tlaloque, y después de muertos, luego los hacían pedazos y los
cocían en esta misma casa; echaban en las ollas flores de calabaza; después de
cocidos comíanlos los señores y principales; la gente popular no comía de
ellos.
El septuagesimoséptimo edificio se llamaba
Techielli; era un cu pe queño, en éste ofrecían cañas que llamaban acxóyatl.
El septuagesimoctavo edificio se llamaba Clapulli;
éstas eran unas casas pequeñas de que estaba cercado todo el patio de la parte
de adentro; a estas casillas llamaban calpulli, a estas casas se recogían a
ayunar y hacer penitencia cuatro días todos los principales y oficiales de la
repú blica, las vigilias de las fiestas que caían de veinte en veinte días, de
manera que hacían de vigilia cuatro días. En este ayuno unos comían a la
medianoche, y otros al mediodía.
(Lib. II, ap. vii)
RELACION DE LOS MEXICANOS, DE LAS COSAS
QUE SE OFRECIAN EN EL TEMPLO
Ofrecían muchas cosas en las casas que llaman
calpulli; eran como igle sias de los barrios, donde se juntaban todos los de
aquel barrio, así a ofrecer como a otras ceremonias muchas que allí se hacían.
Ofrecían comida y mantas, y aves y mazorcas de maíz, y chía y frijoles y
flores; esto ofrecían las mujeres o doncellas por casar; pero en los oratorios
de sus casas no ofrecían sino comida, delante de las imágenes de los dioses que
allí tenían. Esto hacían cada día, luego de mañanita, y la señora de la casa tenía
cuidado cada mañana de despertar a todos los de su casa, para que fuesen a
ofrecer delante de los dioses de su oratorio.
Ofrecían incienso en los cues los sátrapas, de
noche y de día, a ciertas horas; incensaban con unos incensarios hechos de
barro cocido, que te nían, a manera de cazos, de un cazo mediano con su astil
de grosor de una vara de medir o poco menos, largo como un codo o poco más,
hueco y de dentro tenía unas pedrezuelas por sonajas. El vaso era labrado como
incensario, con unas labores que agujeraban el mismo vaso desde el medio abajo;
cogían con él brasas del fogón y luego echaban copal sobre las brasas, y luego
iban delante de la estatua del demonio y levantaban el incensario hacia las
cuatro partes del mundo, como ofreciendo aquel incienso a las cuatro partes del
mundo, y también incensaban a la esta tua. Hecho esto tornaban las brasas al
fogón. Esto mismo hacían todos los del pueblo en sus casas, una vez a la mañana
y otra a la noche, incensando a las estatuas que tenían en sus oratorios o en
los patios de sus casas; y los padres y las madres compelían a sus hijos (a )
que hicie sen lo mismo cada mañana y cada noche.
En la ofrenda del incienso o copal usaban estos
mexicanos, y todos los de Nueva España, de una goma blanca que llaman copalli —
que tam bién ahora se usa mucho— para incensar a sus dioses. No usaban del
incienso, aunque lo hay en esta tierra. De este incienso o copal usaban los
sátrapas en el templo y toda la otra gente en sus casas, como se dijo arriba; y
también lo usaban los jueces cuando habían de ejercitar algún acto de su
oficio: antes que le comenzasen echaban copal en el fuego, en reverencia de sus
dioses y demandándoles ayuda. También hacían esto mismo los cantores de los
areitos, que cuando habían de comenzar a can tar primero echaban copal en el
fuego a honra de sus dioses, y deman dándoles ayuda. Usaban una ceremonia
generalmente en toda esta tierra, hombres y mujeres, niños y niñas, que cuando
entraban en algún lugar donde había imágenes de los ídolos, una o muchas, luego
tocaban en la tierra con el dedo y luego le llegaban a la boca, o a la lengua;
a esto llamaban comer tierra, hacíanlo en reverencia de sus dioses; y todos los
que salían de sus casas, aunque no saliesen del pueblo, volviendo a su casa
hacían lo mismo, y por los caminos, cuando pasaban delante algún cu u oratorio,
hacían lo mismo; y en lugar de juramento usaban esto
mismo, que para afirmar que decían verdad hacían
esta ceremonia, y los que se querían satisfacer del que hablaba si decía
verdad, deman dábanle que hiciese esta ceremonia y luego le creían como
juramento. Hacían otra ceremonia comúnmente que llamaban tlatlazaliztli, que
quie re decir arrojamiento, y era que nadie comiese sin que primeramente
arrojase al fuego un bocadillo de lo que había de comer. Tenían otra ceremonia
también común, que nadie había de beber pulcre sin que pri mero derramase un
poco a la orilla del hogar; y cuando quiera que ence-taban alguna tinaja de
pulcre, primero echaban en un lebrillo cantidad de ello y ponían un lebrillo
cerca del fuego, y de allí tomaban con un vaso, y derramaban al canto del hogar
a cuatro partes un vaso de aquel pulcre, y hecho esto bebían los convidados, y
antes de esto nadie osaba beber. Esto llamaban tlatoyaualiztli, que quiere
decir libatio o gusta-miento.
RELACION DE LA SANGRE QUE SE DERRAMABA
A HONRA DEL DEMONIO, EN EL TEMPLO Y FUERA
Derramaban sangre en los cúes de día y de noche,
matando hombres y mujeres en los cúes delante de las estatuas de los demonios,
como arriba queda dicho en muchos lugares. Derramaban también sangre delante de
los demonios por su devoción, en días señalados, y hacían de esta m anera: si
querían derramar sangre de la lengua, pasábanla con una punta de navaja, y por
el agujero que hacían pasaban muchas pajas gruesas de heno, según la devoción
de cada uno; algunos ataban las unas con las otras y tirábanlas, como quien
tira un cordel, pasándolas por el agujero de la lengua; otros, cada uno por sí,
sacaban cantidad de ellas y dejában las allí, ensangrentadas, delante del
demonio o en los caminos o en los calpulcos. Lo mismo hacían de los brazos y de
las piernas. Derramaban también sangre los sátrapas fuera de los cúes, por esas
montañas o cuevas por su devoción, de noche (y ) hacíanlo de esta manera, que
tomaban cañas verdes y puntas de maguey, y después de haberlas ensangrentado
con la sangre que sacaban de sus piernas, de cabe las espinillas, iban de noche
desnudos a los montes, donde tenían devoción, y así ensan grentadas las
dejaban allí sobre un lechuelo de hojas de caña que les hacían, y esto hacían
en cuatro o cinco partes, según la devoción de cada uno. Derramaban también
sangre los hombres cinco días antes que llegase la fiesta principal, que se
hacía de veinte en veinte días, por su devoción; hacían unas cortaduras en las
orejas, de donde sacaban sangre, y con aquella sangre untaban los rostros,
haciendo unas rayas de sangre por ellos; las mujeres hacían como un corro, y
los hombres hacían una raya derecha desde la ceja hasta la quijada. Las mujeres
tenían devo ción también de ofrecer esta sangre por espacio de ochenta días (y
) cortábanse de tres en tres días o de cuatro en cuatro días, todo este
tiempo. Ofrecían también sangre de aves delante de
los demonios por su devoción, especialmente delante de Huitzilopochtli, y en
sus fiestas compraban codornices vivas y (les) arrancaban las cabezas delante
del diablo; y la sangre derramábase allí y el cuerpo arrojábanlo en tierra, y
allí andaba revolando hasta que se moría; unos descabezaban una, otros dos,
otros tres, según su devoción. Cuando mataban algún esclavo o cau tivo el
dueño de él cogía la sangre en una jicara, y echaba un papel blan co dentro y
después iba por todas las estatuas de los diablos y untábales (la) boca con el
papel ensangrentado. Otros mojaban un palo en la sangre, y tocaban la boca de
la estatua con la misma sangre.
RELACION DE OTROS SERVICIOS QUE SE HACIAN A LOS
DEMONIOS EN EL TEMPLO Y FUERA
Los que se escapaban de alguna enfermedad, por
consejo de algún astró logo escogían algún día bien afortunado y, en este día,
dentro de sus casas quemaban en el hogar de sus casas muchos papeles en que el
astró logo había pintado, con ulli, las imágenes de aquellos dioses que se
conjeturaba que le habían ayudado para salir de aquella enfermedad. El
astrólogo los daba al que florecía, diciéndole el dios que allí iba pintado, y
el otro echaba el papel en el fuego; y después de quemados todos los papeles,
tomaban la ceniza y enterrábanla en el patio de su casa; a esto
llamaban nextlatializtli.
Algunos por su devoción ofrecían sangre en los
cúes, en las vigilias de las fiestas, y para que su ofrenda fuera más aceptable
iban a buscar laurel silvestre, que ellos llamaban ocxóyatl, que se cría mucho
por esos montes, y traído ensangrentaban con sangre de las piernas dos puntas
de maguey en el calpulco, y de allí las llevaban al cu, y hacían un lechuelo de
los ramillos tiernos del laurel y ponían sobre él las puntas de maguey
ensangrentadas, ofreciéndolas a aquel dios a quien tenían devoción, y a esto llamaban
acxoyatemáliztli. Cuando habían de ir a alguna guerra, primero todos los
soldados iban por leña a las montañas, la que se gastaba en los cúes, y hacían
rimeros de ellas en los monasterios de los sátrapas y de allí tomaban para
gastarla, que se que maba mucha entre noche y día en los patios de los cúes,
en unos fogo nes altos que para esto estaban hechos, en los mismos patios; y
en los otros tiempos los ministros de los cúes y los que moraban en el Calmécac
tenían cargo de traer esta leña; a esto llamaban teoquauhquetzaliztli.
También a honra de los dioses que tenían en sus
casas, tenían gran cuidado de barrer la casa y el patio y la portada, cada día,
luego de mañana; y el señor o la señora de la casa tenían cargo de compeler a
todos los de su casa para que hiciesen esto cada día y después de hecho esto
incensaban y ofrecían a las imágenes que tenían en sus casas, y esto cada día;
a esto llamaban tlachpanaliztli.
Tenían gran vigilancia de noche los sátrapas y
ministros de los cúes de velar, para que no faltase de arder fuego en los
fogones del patio, y para despertar a los que habían de tañer a las horas que
habían de incensar y ofrecer delante de los ídolos, y a esto llamaban
tezoaliztli.
Tenían los populares por costumbres de hacer
penitencia muchos días entre año, y esta penitencia era que se abstenían de
jabonarse la cabeza y de los baños, y de dormir con mujer y la mujer con
hombres, los días que hacían esta penitencia, y no se abstenían de comer ni
ayunaban; a
esto llamaban nezaualiztli.
RELACION DE
CIERTAS CEREMONIAS QUE
SE HACIAN A HONRA DEL DEMONIO
Cuando hacían una fiesta que llamaban
atamalqualiztli, que era de ocho
en ocho años, unos indios que se llamaban mazctteca
tragaban unas cule-
bras vivas, por
valentía, y andaban bailando y
tragándolas poco a poco,
y después que las habían tragado dábanles mantas
por su valentía. Tam
bién estos mismos tragaban unas ranas vivas, en la misma fiesta. Otra
ceremonia
hacían en la
fiesta de etzálquáliztli: los mancebos tomaban
avecillas y atábanlas
en unos ramos con hilos, y andaban con ellas en
la procesión de esta fiesta y las aves andaban revolando alrededor del
ramo. también
hacer procesión en muchas de sus fiestas,
y traían
Usaban
en andar las imágenes de los ídolos, algunas veces alrededor de los cúes
y otras veces por lugares más lejos, y acudía todo
el pueblo a estas pro
cesiones. También usaban bailar las mujeres
juntamente con los hombres,
en las grandes fiestas.
Hacían un juego los mancebos a honra de la diosa
llamada Toci, cuan
do mataban
su imagen; ponían un
lebrillo con pluma y con greda,
y
arremetían todos
los mancebos y tomaban cada uno un
puñado de ello,
y echaban a
huir unos tras otros; y como habían tomado los mancebos
la greda y pluma, aquel mancebo que traía vestido
el pellejo de la diosa
Toci, con otros mancebos que estaban con él,
echaban a correr tras los
que habían tomado greda e íbanlos apedreando, y la
gente que miraba
apedreaba a los unos o a los otros, y algunos de
ellos caían apedreados.
Hacían una
ceremonia a los niños y
niñas, tomándolos con las manos
por cabe las orejas y levantándoles en alto; esto
hacían para que crecie
sen, en la fiesta
que se llamaba izcalli, que se hacía a honra del fuego.
RELACION DE LAS CEREMONIAS QUE TAMBIEN
SE
HACIAN A HONRA DEL
DEMONIO
Hacían una superstición, para remediar los niños
enfermizos, que los ataban al cuello unas cuerdas de algodón flojo, y
colgábanle una pellita
de copal en la cuerda que tenía al cuello. También
les ponían unas cuer das de lo mismo atadas a las muñecas y otras a las
gargantas de los pies; atábaselas algún astrólogo, en signo particular, y
traíalas el número de los días que le mandaba el astrólogo, y después el mismo
astrólogo se las quitaba y las quemaba en el calpulco. Esto hacían cuatro veces
por la salud de los niños.
Usaban otra superstición, que se emplumaban el
pecho y las espaldas en la parte contraria del pecho, con pluma de diversos
colores, y en las muñecas ponían unas plumas como ajorcas, una blanca, otra
amarilla y otra colorada, y en las gargantas de los pies hacían lo mismo. Esta
pluma pegaban con resina de pino que llaman ocózotl (y ) esto hacían en la
fiesta de teotleco, porque no les hiciese mal el dios Acólmiztli. Esta cere'
monia o superstición que aquí se dice se hacía de cuatro en cuatro años, en la
fiesta de izcalli.
Esta ceremonia hacían a reverencia del sol y a
reverencia del fuego, cuando alguno acababa su casa nueva, o cuando reinaba el
signo del sol que sacaban sangre de las orejas, y la recibían en la uña del
dedo que está cabe el pulgar, o en el de enmedio, la arrojaban hacia el fuego
como quien da papirote, y también hacia el sol de la misma manera; esto
llamaban tlazcaltiliztli. Esto ya queda dicho atrás que es lo mismo
de acxoyatemaliztli.
Esta ceremonia hacían cuando pasaban delante de
algún ídolo: arran caban una manada de heno y esparcíanla delante de la imagen
del ídolo, haciendo reverencia o acatamiento. Esta misma ceremonia hacían otras
veces por vía de voto o ceremonia.
Todas las noches, un poco antes de la media noche,
los ministros de los ídolos que tenían cargo de esto, tocaban los caracoles y
cornetas y trompetas, y luego se levantaban todos a ofrecer sangre e incienso a
los ídolos, en los cues y en todas las casas particulares.
En llegando a la media noche, los ministros que
llaman quaquacuiltin tañían con atabales para que despertasen, y los que no
despertaban a aquella hora castigábanlos echando sobre ellos agua, o rescoldo
del fuego. Agujerábanse las orejas para poner orejeras, y también los bezos
para poner los bezotes; esto hacían a honra del demonio y llamábanlo nena-
cazxapotlaliztli y netenxapotlaliztli.
(Lib. II, ap. iii)
RELACION DE LAS DIFERENCIAS DE MINISTROS
QUE
SERVIAN A LOS DIOSES
Había un ministro que se decía mexícatl teohuatzin
y éste era como pa triarca elegido por los dos sumos pontífices, el cual tenía
cargo de otros sacerdotes menores que eran como obispos, y tenía cargo de que
todas
las cosas concernientes
al culto divino en todos los pueblos y provincias
se hiciesen con toda diligencia y perfección, según
las leyes y costumbres
de los antiguos pontífices y sacerdotes, mayormente
en la crianza de los
mancebos que se criaban en los monasterios que se
llamaban calmécac.
Este disponía de todas las cosas que habían de
hacer en todas las provin
cias sujetas a México, tocantes a la cultura de los
dioses. Tenía también
cargo de castigar a todos los sacerdotes de quien
tenía cargo, si en algo
pecaban. Los ornamentos de este sátrapa eran: Una jaqueta de tela y un
incensario de los que ellos usaban, y
una talega en que llevaba copal
para incensar. Había otro coadjutor de éste, que se
llamaba Huitznáuac
teohuatzin, que entendía en el mismo negocio.
Había otro coadjutor de los arriba dichos que se
llamaba Tepan teo
huatzin, el cual en particular tenía cargo de la
buena crianza y del buen
regimiento
de los que se criaban en los monasterios, que se
llamaban
calmécac por todas las provincias sujetas a México.
Este Orne tochtzin, era
como maestro de todos los cantores que tenían
cargo de cantar en los cúes; tenía cuenta que todos viniesen a hacer sus
oficios a
los cúes. Hacían cierta
ceremonia con el
vino que llamaban
teooctli, al
tiempo que habían de
hacer sus oficios; de esta
ceremonia
era el principal pachtécatl: éste tenía cuidado de
los vasos en que bebían
los cantores, de traerlos y darlos y recogerlos, y
de henchirlos de aquel
vino que llamaban teooctli,
o macuiloctli y ponía doscientas y tres cañas,
de las cuales sola una agujerada, y cuando las
tomaban el que acertaba
con aquella bebía él solo, y no más; esto se hacía
después del oficio de
haber cantado.
Este Epcoaquacuiltzin tenía cargo de las fiestas
del calendario y de
todas las ceremonias que se habían de hacer en
ellas, para que en nada
hubiese falta. Era como maestro de ceremonias.
Este Molonco teohua tenía cargo de aprestar todas
las cosas necesarias,
como son papel y copal, etc., para cuando habían de
sacrificar u ofrecer
delante de los dioses, en la fiesta de
Chicunauécatl.
Este Cinteotzin, tenía
el mismo cargo de aprestar todas las cosas necej
sarias para cuando se hacía la fiesta de Xilonen.
Este Atempan teohuatzin tenía cargo de proveer de plumas blandas
como algodón, que crían las aves junto a la carne,
y otras cosas que eran
necesarias,
para cuando se
hacía la fiesta
de la madre
de los dioses;
y tenía cargo de juntar los mancebos que se
llamaban cuecuexteca para
que ayunasen en aquel barrio de Atempan.
Este Tlapizcatzin, era como chantre, que tenía
cuidado de enseñar y
regir enmendar el canto
que se había de cantar a honra de sus dioses,
en todas las fiestas.
Este Tzapotlateohuatzin tenía cargo de aprestar
todas las cosas nece-
sarias para la fiesta de la diosa Tzapotlatena, como son papel, y copálli y
ulli, y una yerba olorosa con que incensaban a los ídolos.
Este Tecammateohua, tenía cargo de aprestar las
teas para hacer ha chones, y también almagre y tinta, y cotaras y unas
jaquetas y caracolitos mariscos, lo cual todo era necesario para esta fiesta de
la diosa del fuego.
Este T ezcatzóncatl tenía cargo de aprestar todo lo
de arriba dicho, para cuando se hacía la fiesta del dios del vino, en el mes
que se llama
tepéilhuitl.
Este Ometochtli tenía cargo de aprestar todo lo
arriba dicho, para cuan do se hacía la fiesta del dios del vino que se llamaba
Ometochtli, en el
mes de tepéilhuitl.
Este Ometochtli tomiyauh tenía también cargo de
aprestar todo lo arriba dicho para cuando se hacía la fiesta del dios del vino,
que se llamaba
Ometochtli tomiyauh, en el mes arriba dicho.
Este Acaloa orne tochtli tenía cargo de aprestar
todo lo arriba dicho, que era menester para la fiesta del dios Acalhoa orne
tochtli.
Este Quatlapanqui orne tochtli tenía cargo de
aprestar todo lo arriba dicho para la fiesta del dios del vino llamado
Quatlapanqui.
Este Tlilhoa orne tochtli tenía cargo de aprestar
todo lo arriba dicho para cuando se hacía la fiesta del dios del vino que se
llamaba Tlilhoa
orne tochtli, en el mes de tepéilhuitl.
Este Ometochtli pantécatl tenía cargo de procurar
el vino que se lla maba macuiloctli, o teooctli, lo cual se gastaba en la
fiesta de panquet-
zaliztli.
Este Ometochtli Nappatecutli tenía cargo de
aprestar lo necesario para
la fiesta de tepéilhuitl.
Este Ometochtli papáztac tenía cargo de aprestar el
vino que se llamaba tizaoctli, que se había de gastar en la casa del señor, y
en la fiesta de tozoztli, donde bebían vino hombres y mujeres, niños y niñas.
Este Ometochtli tenía cargo de hacer lo mismo que
arriba se dijo, en la fiesta de atlcaualo.
Esta mujer que se llamaba Cihuaquacuilli tenía
cargo de proveer de todo lo que se había de ofrecer en la fiesta de la diosa
Toci, como son flores y cañas de humo, y todo lo demás que ofrecían las mujeres
en la fiesta de esta diosa Toci.
Esta mujer llamada Cihuaquacuilli iztaccíhuatl
tenía cargo en el cu llamado Atenchicalcan de los que barrían y de los que
ponían fuego; y también los que hacían voto de hacer algún servicio en este cu
a ella acudían.
Este Ixcozauhqui tzonmolco teohua tenía cargo de
hacer traer la leña que se había de gastar en el monasterio, que se llamaba
Tzonmolco Cal-mécac, traían esta leña los mancebos y poníanla en el monasterio
ya dicho.
Este Tlazolquacuilli guardaba el cu, que se llamaba
Mecatlan; andaba vestido con las vestiduras de los sacerdotes, como arriba se
dijo, que era un xicolli o jaqueta y un calabazo lleno de pícietl. Tenía gran
cuidado en que ninguno entrase, ni se llegase a este cu, sino con gran
reverencia,
y que en él no hubiese ninguna suciedad; y si
alguno cerca de este cu se orinaba, luego le prendían y le castigaban.
Este Tecpantzinco teohua tenía cargo de guardar en
el cu, que se llamaba Tecpantzinco, para que ninguna irreverencia allí se
hiciese, y procuraba las ofrendas que se habían de hacer en este cu.
Este Epcoaquacuilli tecpictoton, tenía cargo de
hacer y componer los cantares que de nuevo eran menester, así para los cúes
como para las casas particulares.
Este Ixtlilco teohua tenía cargo del cu de
Ixtlilton y de procurar las ofrendas que ofrecían cuando los niños o niñas
comenzaban a hablar, que los llevaban a este cu, y hacían ciertas ceremonias
cuando los niños nuevamente comenzaban a hablar.
Este Atícpac teohuatzin Xochipilli tenía cargo del
cu que se llamaba Atícpac, y procuraba lo que era necesario para cuando mataban
allí una mujer y la desollaban, a honra de una diosa que se llamaba
Aticpaccalqui cíhuatl, y también se vestía el pellejo de aquella mujer, y
cuando se iba por las calles con él llevaba una codorniz viva asida de los
dientes.
Este Atlixeliuhqui teohua Opochtli, tenía cargo de
aprestar todas las cosas necesarias para cuando sacrificaban matando la imagen
de Opochtli, en la fiesta de tepéilhuitl.
Este Xípec Yopico teohua, tenía cargo de aprestar
las cosas necesarias para cuando mataban la imagen de Tequitzin, en este cu
Yopico.
Este Pochtlan teohua Yiacatecutli tenía cargo de
aprestar todas las cosas necesarias para cuando sacrificaban la imagen de
Yiacatecutli, en el cu
llamado Pochtlan.
Este Chiconquiáhuitl Pochtlan era coadjutor del
arriba dicho, para el mismo efecto que arriba se dijo.
Este Izquitlan teohuatzin tenía cargo de proveer de
jaquetas que lia-maban xicolli, que es un ornamento de los sátrapas, y
caracolitos maris cos y cotaras, para ornamentos, y también recogía la miel de
los mague yes, que era la primera que se cogía del maguey para hacer vino para
los sátrapas.
Este Tzapotlan teohuatzin tenía cargo de proveer de
papel y de copal e incensarios, y de todo lo demás que era menester para los
que morían o mataban en la fiesta de tepéilhuitl.
Este Chalchiuhtlicue acatonalquacuilli, tenía cargo
de proveer de las
ofrendas que eran necesarias para los que mataban
en la fiesta de Chal
chiuhtlicue, como era copal, ulli, etc.
Este Acolnauácatl acolmiztli tenía cargo de proveer
de todo lo que era necesario para cuando el señor o rey había de ayunar en la
fiesta de Tláloc, y en el ayuno del sol y en el ayuno de quecholli, que son
ayunos muy solemnes; proveía de los vestuarios y cotaras, etc., que el señor
había de usar en estos ayunos.
Este T ullan teohua tenía cargo de proveer de papel
y copal y ulli, para cuando habían de matar a la imagen de Tultécatl, al cual
mataban en
el fin del mes que se llamaba quecholli, o en el
principio del mes que
se llamaba tepéilhuitl.
(Lib. II, ap. iv)
RELACION DEL TAÑER
Y CUANTAS VECES TAÑIAN EN EL TEMPLO ENTRE NOCHE Y DIA, QUE ERA COMO
TAÑER A LAS HORAS
Todos los días
del mundo ofrecían sangre
e incienso al sol; luego en
saliendo
por la mañana
ofrecíanle sangre de
las orejas, y
sangre de
codornices a
las cuales, arrancándolas la
cabeza, corriendo sangre,
las
alzaban hacia el sol como ofreciéndole aquella
sangre, y haciendo esto
decían: ya
ha salido el sol, que se llama Tonámetl xiuhpiltontli quauh-
tleoánitl; no sabemos cómo cumplirá su camino este
día, ni sabemos si
acontecerá algún infortunio a la gente. Y luego
enderezaban sus palabras
al
mismo sol, diciendo:
¡Señor nuestro, haced
prósperamente vuestro
oficio! Esto
se hacía cada día, a la
salida del sol;
ofrecíanle incienso
cuatro veces cada día y cinco veces de noche: una vez a la salida del
sol, otra vez a la hora de tercia, otra
vez a la hora de mediodía (y )
la cuarta vez a la puesta del sol. De noche le
ofrecían incienso la pri
mera vez cuando ya era de noche; la segunda, cuando
ya todos se querían
echar a dormir;
la tercera, cuando comenzaban a tañer para levantarse
a maitines; la cuarta, un poco después de media noche; la
quinta, un
poco antes que rompiese el alba; y cuando a la prima noche
ofrecían
incienso,
saludaban a la noche
diciendo: ¡el señor de la noche ya ha
salido, que se
llama Yoaltecutli; no sabemos cómo
hará su oficio
o
su curso! La fiesta de este Yoaltecutli caía y se celebraba en el signo que
se llamaba nahui ollin, a dos o tres días de la
cuenta del tonalámatl. Cua
tro días ayunaban antes de esta fiesta, y al
mediodía de esta fiesta tocaban
los caracoles y pitos y trompetas, etc., y pasaban
mimbres por las lenguas,
ofreciéndole aquella sangre; y hasta los niños que
estaban en las cunas
les sacaban sangre de las orejas para ofrecer, y
todos chicos y grandes
ofrecían
sangre de las orejas (en ) aquella hora. Esto hacían sin
decir
nada, y hacíanlo delante la imagen del sol, que
estaba en un cu que se
llamaba Quauhxicalco, pintada o esculpida como ahora se pinta el sol,
como una cara humana y con rayos que salen de ella, como una rueda;
y en la fiesta del sol siempre, cada año mataban
muchos esclavos y cau
tivos a su honra en sus cúes, y decían, que todos los que morían en la
guerra iban a la casa del sol a reposar.
Un sátrapa de los del templo tenía cuidado de
doctrinar y enseñar a los que trabajaban y servían en el templo, los cuales
doctrinados los entregaba a los sacerdotes, para que hiciesen sus oficios, que
habían aprendido; también éste los disciplinaba para que viviesen bien y no
fuesen tra viesos. Este mismo tenía cargo de hacer barrer los lugares del
templo a estos muchachos que criaba; este mismo tenía cuidado de velar de que
no faltase fuego en los fogones del templo.
Ciertos mancebos que por su voto y devoción hacían
penitencia en el templo, tenían cargo de velar de noche para que ninguna cosa
mala se hiciese en el templo. Los muchachos medianos que se criaban en el
monasterio que se llamaba calmécac, tenían cuidado de ir al monte por la leña
que se gastaba en el templo. Los muchachos novicios, en el mo nasterio tenían
cargo de traer puntas de maguey, las que eran menester en el templo; tenían
cargo de traer ramos de laurel, los que eran necesarios en el templo. Los mancebos
que se llamaban tlamacazque, que vivían en el templo, tenían cargo de tañer los
caracoles y pitos y trompetas; los muchachos y mancebos que se criaban en el
calmécac, que era monas terio, tenían cargo (d e) los mozuelos pequeños que se
criaban en el calmécac, que eran como sacristanejos, de hacer la tinta con que
se teñían los sacerdotes del templo cada día, en amaneciendo, todo el cuerpo de
negro; hacíanla en una canoa que para esto tenían, (y ) hacían de noche esta
tinta y a la mañana se teñían con ella todos los sacerdotes o sátrapas.
RELACION DE LOS VOTOS Y JURAMENTOS
Usaban hacer voto a los ídolos de servirlos con
algunos sacrificios y ofrendas, cuando alguno de sus hijos o de su casa caía en
enfermedad, o caía de su estado y se lisiaba; esto hacía no a uno solo, pero a
dos o tres de sus ídolos, para que le ayudasen en aquella necesidad. Tenían
también costumbre de hacer juramento de cumplir alguna cosa a que se obligaban,
y aquel a quien se obligaban les demandaba que hiciesen juramento para estar
seguro de su palabra, y el juramento que hacía era en esta forma: ¡Por vida del
sol, y de nuestra señora la tierra, que no haré falta en lo que tengo dicho, y
para mayor seguridad como esta tierra!, y luego tocaba con los dedos en la
tierra y llegábalos a la boca y lamíalos, y así comía tierra haciendo
juramento. Cuando por alguna ne cesidad alguno demandaba a su dios ayuda,
hacía voto y juramento de hacer tal cosa por su servicio y cumplirlo.
(Lib. II, ap. v)
Había también en los templos mujeres que desde
pequeñuelas se criaban allí, y era la causa porque por su devoción sus madres,
siendo muy chiquillas, las prometían al servicio del templo; y siendo de veinte
o cuarenta días las presentaban al que tenía cargo de esto, que le llamaban
quacuilli, que era como cura y llevaban escobas para barrer y un incen sario
de barro, e incienso que se llama copalli blanco; todo esto presen taban al
quacuilli o cura. Hecho esto el quacuilli encargaba mucho a la madre que tuviese
mucho cuidado de criar a su hija, y también de que en veinte en veinte días
tuviese cuidado de llevar al caípulco o parroquia de su barrio aquella misma
ofrenda de escobas y copal, y leña, para quemar en los fogones de la iglesia.
Aquella niña desque llegaba a edad de discreción, informada de su madre cerca
del voto que había hecho, ella misma se iba al templo donde estaban las otras
doncellas, y llevaba su ofrenda consigo, que era un incensario de barro y
copal.
Desde este tiempo hasta que era casadera, siempre
estaba en el templo debajo del regimiento de las matronas que criaban a las
doncellas; y cuando ya siendo de edad la demandaba alguno para se casar con
ella, en estando concertados los parientes y los principales del barrio para
que se hiciese el casamiento, aprestaban la ofrenda que habían de llevar, que
era codornices e incienso y flores, y cañas de humo, y un incensario de barro,
y también aparejaban comida; luego tomaban a la moza y la llevaban delante de
los sátrapas, al mismo templo, y tendían una manta grande de algodón blanco y
sobre ella se ponía toda la ofrenda que lle vaban, y también una manta que se
llamaba tlacaquachtli en la cual estaban tejidas muchas cabezas de personas; y
hechos sus razonamientos de la una parte a la otra los padres de la moza
llevaban a su hija.
(Lib. II, ap. vii)
HIMNOS
INTRODUCCION
A LOS HIMNOS
RELACION DE LOS CANTARES QUE SE DECIAN A HONRA DE
LOS DIOSES EN LOS TEMPLOS Y FUERA DE ELLOS
Costumbre muy antigua es de nuestro adversario el
diablo buscar es condrijos para hacer sus negocios, conforme a lo del Santo
Evangelio, que dice: Quien hace mal aborrece la luz. Conforme a esto, este
nuestro enemigo en esta tierra plantó un bosque o arcabuco, lleno de muy
espesas breñas, para hacer sus negocios desde él y para esconderse en él, para
no ser hallado, como hacen las bestias fieras y las muy ponzoñosas serpien
tes. Este bosque o arcabuco breñoso son los cantares que en esta tierra él urdió
que se hiciesen y usasen en su servicio, y como su culto divino y salmos de su
loor, así en los templos, como fuera de ellos — los cuales llevan tanto
artificio, que dicen lo que quieren y pregonan lo que él man da, y
entiéndenlos solamente aquellos a quien él los enderezaba— . Es cosa muy
averiguada que la cueva, bosque y arcabuco donde el día de hoy este maldito
adversario se esconde, son los cantares y salmos que tiene compuestos y se le
cantan, sin poderse entender lo que en ellos se trata, más de aquellos que son
naturales y acostumbrados a este lenguaje, de manera que seguramente se canta
todo lo que él quiere, sea guerra o paz, loor suyo o contumelia de Jesucristo,
sin que de los demás se pueda en tender.
(Lib. II, ap.
vi)
CANTO DE
TLALOC
Ay, en México se está pidiendo préstamo al dios.
En donde están las banderas de papel
y por los cuatro rumbos
están en pie los hombres.
¡Al fin es el tiempo de su lloro!
Ay, yo fui creado
y de mi dios,
festivos manojos de ensangrentadas espigas, ya
llevo
al patio divino.
Ay, eres mi caudillo, Príncipe Mago, y aunque en
verdad,
tú eres el que produce nuestro sustento, aunque
eres el primero, sólo te causan vergüenza.
— Ay, pero si alguno ya me causa vergüenza,
es que no me conocía bien:
vosotros sois mis padres, mi sacerdocio,
Serpiente-Tigre.
Ay, en Tlalocan, en nave de turquesa, suele salir y
no es visto
Acatónal.
Ay, ve a todas partes, Ay, extiéndete
en Poyauhtlan.
Con sonajas de nieblas es llevado al Tlalocan.
Ay, mi hermano Tozcuecuexi Yo me iré para siempre:
es tiempo de
su lloro.
Ay, envíame al lugar del Misterio: bajo su mandato,
Y yo ya le dije
al Príncipe de funestos presagios: Yo me iré para
siempre:
es tiempo de su lloro. Ay, a los cuatro años
entre nosotros es el levantamiento: sin que se
sepa,
gente sin número
en el lugar de los descarnados: casa de plumas de
quetzal, se hace la transformación:
es cosa propia del Acrecentador de hombres. Ay, ve
a todas partes,
Ay, extiéndete en Poyauhtlan.
Con sonajas de nieblas es llevado al Tlalocan.
Amarillas flores abrieron la corola:
es nuestra Madre, la del rostro con máscara.
— ¡Tu punto de partida es Tamoanchanl Amarillas
flores son tus flores:
Es nuestra Madre, la del rostro con máscara. ¡Tu
punto de partida es Tamoanchanl Blancas flores abrieron la corola:
es nuestra Madre, la del rostro con máscaral ¡Tu
punto de partida es Tamoanchanl
La Diosa está sobre el redondo cacto:
¡Es nuestra Madre, Mariposa de Obsidiana!
Oh, veámosla:
en las Nuevas Llanuras
se nutrió con corazones de ciervos.
¡Es nuestra Madre, la Reina de la Tierral Oh, con
greda nueva, con pluma nueva está embadurnada.
¡Por los cuatro rumbos se rompieron dardos!
Oh, en Cierva estás convertida:
sobre tierra de pedregal vienen a verte Xiuhnelli y
Mimichl
CANTO DE X0CH1P1LL1
Encima del campo de juego de pelota hermosamente
canta el precioso faisán: está respondiendo al Dios Mazorca. Ya cantan nuestros
amigos,
ya canta el precioso faisán:
en la noche lució el Dios Mazorca.
Solamente oirá mi canto
ahora la que tiene cascabeles, la que tiene rostro
con máscara.
Solamente oirá mi canto,
Cipactonalli.
Yo doy orden en Tlalocan,
el Provedor orden doy.
En Tlalocan, el Provedor,
orden doy.
Oh, he llegado acá
donde el camino se reparte,
¡sólo soy el Dios Mazorca!
¿A dónde iré?
¿A dónde seguiré camino?
El provedor del Tlalocan:
llueven los dioses.
CANTO DE AYOPECHTLI
En algún lugar, en algún lugar, en casa de
Ayopéchcatl, con adorno de collares da a luz.
En algún lugar, en algún lugar, en casa de
Ayopéchcatl, con adorno de collares da a luz.
En algún lugar, en casa de Ayopéchcatl, los
vientres maduros llegan a la vida.
¡Levántate, ven,
sé enviado,
levántate, ven,
Niño Nuevo,
levántate, ven!
sé enviado,
levántate, ven,
Niño Joya,
levántate, ven.
CANTO DE X1PPE TOTEC YOHUALLAHUANA
La noche se embriaga aquí.
¿Por qué te
hacías desdeñoso?
¡Inmólate ya!
Ropaje de oro
revístete!
Mi dios
lleva a cuestas esmeraldas de
agua:
por medio del acueducto es su descenso.
Sabino de plumas de quetzal,
verde serpiente de turquesas
me ha hecho mercedes.
¡Que yo me deleite, que yo no perezca:
Yo soy la Mata tierna del Maíz:
una esmeralda es
mi corazón:
él oro del agua veré!
Mi vida se refrescará:
el hombre primerizo se robustece:
¡nació él que manda en la guerra!
Mi dios Mazorca con la cara en alto sin motivo se
azora.
Yo soy la Mata tierna del Maíz:
desde tus montañas
te viene a ver tu dios:
Mi vida se refrescará:
el
hombre primerizo se robustece:
¡nació el que manda en la guerra!
CANTO DE MACUIL XOCHT1L
De donde están las flores enhiestas he venido yo:
Viento que proveerá, Dueño del rojo crepúsculo.
Del mismo modo tú, Abuela mía,
la de la máscara, Dueña de la aurora
Dios de presagios funestos, Señor mío,
Tezcatlipoca.
Viento que proveerá, Dueño del rojo crepúscido.
responded al dios Mazorca.
( Códices matritenses, ff. 273v-281v, traducción
Angel María Garibay K., Veinte himnos sacros de los nahuas. Los recogió de los
nativos Fr. Bernardino de Sahagún, franciscano. Los publica en su texto, con
versión, introducción, notas de co mentario y apéndices de otras fuentes. . .,
Fuentes Indígenas de la Cultura Náhuatl, 2, Universidad Nacional Autónoma de
México, Instituto de Historia, México, 1958, pp. 51-2, 68, 100, 129, 175 y 219)
DESPUES DE LA MUERTE
DE LOS QUE IBAN AL INFIERNO Y DE SUS OBSEQUIAS
Lo que dijeron y supieron los naturales antiguos y
señores de esta tierra,
de los difuntos que se morían, es: que las ánimas de los difuntos iban
a una de tres partes: la
una es el infierno, donde
estaba y vivía un
diablo que se decía Mictlantecutli, y por otro nombre Tzontémoc, y una
diosa que se decía Mictecacíhuatl que era mujer de Mictlantecutli; y las
ánimas de los difuntos que iban al infierno, son
los que morían de en
fermedad, ahora fuesen señores o principales, o
gente baja, y el día que
alguno se moría, varón o mujer o muchacho, decían
al difunto echado
en la
cama, antes que lo
enterrasen: "¡Oh hijo!,
ya habéis pasado y
padecido los trabajos de esta vida; ya ha sido
servido nuestro señor de
os llevar, porque no tenemos vida permanente en este mundo y breve
mente, como
quien se calienta al sol, es nuestra vida; hízonos merced
nuestro señor que nos conociésemos y conversásemos
los unos a los otros
en esta vida
y ahora, al
presente ya os
llevó el dios
que se llama
Mictlantecutli, y por otro nombre Aculnahuácatl o
Tzontémoc, y la diosa
que se dice Mictecacíhuatl, ya os puso por su
asiento, porque todos noso
tros iremos allá, y aquel lugar es para todos y es
muy ancho, y no habrá
más memoria de vos; y ya os fuisteis al lugar
oscurísimo que no tiene
luz, ni
ventanas, ni habéis más de volver
ni salir de allí, ni
tampoco
más habéis de tener cuidado y solicitud de vuestra
vuelta. Después de os
haber
ausentado para siempre
jamás, habéis ya
dejado vuestros hijos,
pobres y huérfanos y nietos, ni sabéis cómo han de
acabar, ni pasar los
trabajos de esta vida presente; y nosotros allá
iremos a donde vos estu-
viéredes antes (d e) mucho tiempo".
Después de esto hablaban y decían al pariente del
difunto diciéndole: “¡Oh hijo, esforzaos y tomad ánimo, y no dejéis de comer y
beber, y (a)quiétese vuestro corazón. ¿Qué podemos decir nosotros a lo que dios
hace? ¿Por ventura esta muerte aconteció porque alguno nos quiere mal, o hace
burla de nosotros? Es por cierto porque así lo quiso nuestro
señor, que éste fuese su fin. ¿Quién puede hacer
que una hora o un día sea alargado a nuestra vida presente, en este mundo? Pues
que esto es así, tened paciencia para sufrir los trabajos de esta vida presente
y (que) la casa donde éste vivía esperando la voluntad de dios, yerma y oscura
de aquí adelante, y no tengáis más esperanza de ver a vuestro difunto. No
conviene que os fatiguéis mucho por la orfanidad y pobreza que os queda;
esforzaos, hijo, no os mate la tristeza! Nosotros hemos venido aquí a os visitar
y a consolar con estas pocas palabras, como nos conviene hacer a nosotros, que
somos padres viejos, porque ya nuestro señor llevó a los otros, que eran más
viejos y antiguos, los cuales sabían mejor decir palabras consolatorias a los
tristes. Y con esto ponemos fin a nuestra plática, los que somos vuestros
padres y madres; quedaos a dios”.
Y luego los viejos ancianos y oficiales de tajar
papeles cortaban y aderezaban y ataban los papeles de su oficio, para el
difunto y después de haber hecho y aparejado los papeles tomaban al difunto y
encogíanle las piernas y vestíanle con los papeles y lo ataban; y tomaban un
poco de agua y derramábanla sobre su cabeza, diciendo al difunto: Esta es la de
que gozasteis viviendo en el mundo; y tomaban un jarrillo lleno de agua, y
dánselo diciendo: Veis aquí con que habéis de caminar; y po-níansele entre las
mortajas, y así amortajaban el difunto con sus mantas
y papeles, y atábanle reciamente; y más daban al
difunto todos los papeles que estaban aparejados, poniéndolos ordenadamente
ante él, diciendo: Veis aquí con que habéis de pasar en medio de dos sierras
que están encontrándose una con otra; y más le daban al difunto otros papeles,
diciéndole: Veis aquí con que habéis de pasar el camino donde está una culebra
guardando el camino. Y más daban otros papeles di ciendo: Veis aquí con que
habéis de pasar a donde está la lagartija verde, que se dice xochitonal; y más
decían al difunto: Veis aquí con que habéis de pasar ocho páramos; y más daban
otros papeles diciendo: Veis aquí con que habéis de pasar ocho collados; y más
decían al difunto: Veis aquí con que habéis de pasar el viento de navajas, que
se llama itzehecayan, porque el viento era tan recio que llevaba las piedras y
pedazos de navajas.
Por razón de estos vientos y frialdad quemaban
todas las petacas y armas y todos los despojos de los cautivos, que habían
tomado en la guerra, y todos sus vestidos que usaban; decían que estas cosas
iban con aquel difunto y en aquel paso le abrigaban para que no recibiese gran
pena. Lo mismo hacían con las mujeres que morían, que quemaban todas las
alhajas con que tejían e hilaban, y toda la ropa que usaban para que en aquel
paso las abrigasen de frío y viento grande que allí había, al cual llamaban itzehecayan,
y el que ningún hato tenía sentía gran trabajo con el viento de este paso. Y
más, hacían al difunto llevar con sigo un perrito de pelo bermejo, y al
pescuezo le ponían hilo flojo de algodón; decían que los difuntos nadaban
encima del perrillo cuando pasaban un río del infierno que se nombra
Chiconahuapan; y en llegando
los difuntos ante el diablo que se dice
Mictlantecutli ofrecíanle y presen
tábanle los papeles que llevaban, y manojos de teas
y cañas de perfumes,
e hilo flojo de algodón y otro hilo colorado, y una
manta y un maxtli y
las naguas y
camisas y todo hato de mujer difunta
que dejaba en el
mundo todo
lo tenían envuelto desde que se moría. A los ochenta días
lo quemaban, y lo mismo hacían al cabo del año, y a
los dos años, y a
los tres años, y a los cuatro años; entonces se
acababan y cumplían las
obsequias, según tenían costumbre, porque decían
que todas las ofrendas
que hacían por los difuntos en este mundo, iban
delante el diablo que
se decía Mictlantecutli;
y después de pasados cuatro años el difunto se
sale y se va a los nueve infiernos, donde está y pasa un río muy ancho
y allí viven y andan perros en la ribera del río
por donde pasan los di
funtos nadando, encima de los perritos. Dicen que el difunto que llega
a la ribera del río arriba dicho, luego mira el perro
(y ) si conoce a su
amo luego se echa nadando al río, hacia la otra
parte donde está su amo,
y le pasa a cuestas. Por esta causa los naturales
solían tener y criar los
perritos, para
este efecto; y más decían, que los perros de pelo blanco
y negro no podían nadar y pasar el río, porque
dizque decía el perro de
pelo blanco: yo me lavé; y el perro de pelo negro
decía: yo me he man
chado de color prieto, y por eso no puedo
pasaros. Solamente el perro
de pelo bermejo podía bien pasar a cuestas a los
difuntos, y así en este
lugar del infierno que se llama Chiconaumictlan, se
acababan y fenecían
los difuntos. Y más dicen que después de haber
amortajado al difunto con
los dichos aparejos de papeles y otras cosas, luego
mataban al perro del
difunto, y entrambos los llevaban a un lugar donde había de ser que
mado con el perro juntamente.
Y dos
de los
viejos tenían especial
cuidado y cargo de
quemar al
difunto, y
otros viejos cantaban; y estándose
quemando el difunto los
dichos dos viejos, con palos estaban alanceando al
difunto; y después de
haber quemado al difunto cogían la ceniza y carbón
y huesos del difunto
y tomaban agua diciendo: Lávese el difunto; y derramaban el agua en
cima del carbón y huesos del difunto, y hacían
un hoyo redondo y lo
enterraban; y esto hacían así en el enterramiento
de los nobles como de
la gente baja; y ponían los huesos dentro de un
jarro u olla con una pie
dra verde que se llama chalchíhuitl, y lo
enterraban en una cámara de
su casa, y cada día daban y ponían ofrendas en el
lugar donde estaban
enterrados los huesos del difunto.
Y más dicen que al
tiempo que se
morían los señores y nobles les metían en la boca
una piedra verde que
se dice chalchíhuitl; y en la boca de la gente
baja, metían una piedra que
no era tan preciosa, y de poco valor, que se dice
texoxoctli o piedra de
navaja, porque dicen que la ponían por corazón del
difunto. Y para los
señores que
se morían hacían muchas y diversas cosas de aparejos
de
papeles,
que eran un
pendón de cuatro
brazas de largura,
hecho de
papeles y compuesto con diversos plumajes; y así
también mataban veinte
esclavos y otras veinte esclavas, porque decían que como en este mundo
habían servido a su amo así mismo han de servir en
el infierno; y el día que quemaban al señor luego mataban a los esclavos y
esclavas con saetas, metiéndoselas por la olla de la garganta, y no los
quemaban jun tamente con el señor sino en otra parte los enterraban.
(Lib. III, ap. i)
DE LOS QUE IBAN AL PARAISO TERRENAL
La otra parte donde decían que se iban las ánimas
de los difuntos es el paraíso terrenal, que se nombra Tlalocan, en el cual hay
muchos regocijos y refrigerios, sin pena ninguna; nunca jamás faltan las
mazorcas de maíz verdes, y calabazas y ramitas de bledos, y ají verde y
jitomates, y frijoles verdes en vaina, y flores; y allí viven unos dioses que
se llaman Tláloque, los cuales se parecen a los ministros de los ídolos que
traen cabellos largos. Y los que van allá son los que matan los rayos o se
ahogan en el agua, y los leprosos, bubosos y sarnosos, gotosos e hidró picos;
y el día que se morían de las enfermedades contagiosas e incurables, no los
quemaban sino enterraban los cuerpos de los dichos enfermos, y les ponían
semillas de bledos en las quijadas, sobre el rostro; y más, poníanles color de
azul en la frente, con papeles cortados, y más, en el colodrillo poníanlos
otros papeles, y los vestían con papeles, y en la mano una vara. Y así decían
que en el paraíso terrenal que se llamaba Tlalocan había siempre jamás verdura
y verano.
(Lib. III, ap. ii)
DE LOS QUE IBAN AL CIELO
La otra parte a donde se iban las ánimas de los
difuntos es el cielo, donde vive el sol. Los que se van al cielo son los que
mataban en las guerras y los cautivos que habían muerto en poder de sus
enemigos: unos morían acuchillados, otros quemados vivos, otros acañavereados,
otros aporreados con palos de pino, otros peleando con ellos, otros atábanles
teas por todo el cuerpo y poníanlos fuego, y así se quemaban. Todos estos
dizque están en un llano y que a la hora que sale el sol, alzaban voces y daban
grito golpeando las rodelas, y el que tiene rodela horadada de saetas por los
agujeros de la rodela mira al sol, y el que no tiene rodela horadada de saetas
no puede mirar al sol. Y en el cielo hay arboleda y bosque de diversos árboles;
y las ofrendas que les daban en este mundo los vivos, iban a su presencia y
allí las recibían; y después de cuatro años pasados las ánimas de estos
difuntos, se tornaban en diversos géneros de aves de pluma rica, y color, y
andaban chupando todas las flores así en el cielo como en este mundo, como los
zinzones lo hacen.
NUEVOS Y VIEJOS CULTOS
EL CULTO A NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE-TONANTZIN
Cerca de los montes hay tres o cuatro lugares donde
solían hacer muy solemnes sacrificios, y que venían a ellos de muy lejas
tierras. El uno de éstos es aquí un montecillo que se llama Tepeácac, y los
españoles llaman Tepeaquilla, y ahora se llama Nuestra Señora de Guadalupe; en
este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los dioses que llamaban
Tonantzin, que quiere decir Nuestra Madre; allí hacían muchos sacri ficios a
honra de esta diosa, y venían a ellos de muy lejas tierras, de más de veinte leguas,
de todas estas comarcas de México, y traían muchas ofrendas; venían hombres y
mujeres, y mozos y mozas a estas fiestas; era grande el concurso de gente en
estos días, y todos decían vamos a la fiesta de Tonantzin; y ahora que está
allí edificada la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe también la llaman
Tonantzin, tomada ocasión de los Predicadores que a Nuestra Señora la Madre de
Dios la llaman
Tonantzin.
De dónde haya nacido esta fundación de esta
Tonantzin no se sabe de cierto, pero esto sabemos de cierto que el vocablo
significa de su pri mera imposición a aquella Tonantzin antigua, y es cosa que
se debía remediar porque el propio nombre de la Madre de Dios Señora Nuestra no
es Tonantzin, sino Dios y Nantzin; parece ésta invención satánica, para paliar
la idolatría debajo la equivocación de este nombre Tonantzin, y vienen ahora a
visitar a esta Tonantzin de muy lejos, tan lejos como de antes, la cual devoción
también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra
Señora, y no van a ellas, y vienen de lejas tierras a esta Tonantzin, como
antiguamente.
(Lib. XI, nota o apéndice, fragmento)
EL FIN DEL MEXICO ANTIGUO
LA CONQUISTA
AL LECTOR
Aunque muchos han escrito en romance la conquista
de esta Nueva Es paña según la relación de los que la conquistaron, quísela yo
escribir en lengua mexicana, no tanto por sacar algunas verdades de la relación
de los mismos indios que se hallaron en la conquista, cuanto por poner el
lenguaje de las cosas de la guerra y de las armas que en ella usan los
naturales, para que de allí se puedan sacar vocablos y maneras de decir,
propias para hablar en la lengua mexicana acerca de esta materia. Allé gase
también a esto que los que fueron conquistados supieron y dieron relación de
muchas cosas que pasaron entre ellos durante la guerra, las cuales ignoraron
los que los conquistaron, por las cuales razones me parece que no ha sido
trabajo superfluo el haber escrito esta historia, la cual se escribió en tiempo
que eran vivos los que se hallaron en la misma conquista, y ellos dieron esta
relación, y personas principales y de buen juicio, y que se tiene por cierto
que dijeron toda verdad.
Cuando escribí en este pueblo del Tlatilulco los
doce libros de la historia de esta Nueva España (por los cuales envió nuestro
señor D. Felipe, que los tiene allá), el nono libro fue de la conquista desta
tierra. Cuando esta escritura se escribió (que ha ya más de treinta años) toda
se escribió en lengua mexicana, y después se romanció toda. Los que me ayudaron
en esta escritura fueron viejos principales, y muy enten didos en todas las
cosas así de la idolatría como de la república, y oficios della, y también que
se hallaron presentes en la guerra cuando se conquistó esta ciudad.
En el libro nono donde se trata de esta conquista,
se hicieron varios defectos, y fue que algunas cosas se pusieron en la
narración de esta conquista que fueron mal puestas, y otras se callaron, que
fueron mal calladas. Por esta causa, este año de mil quinientos ochenta y cinco
en mendé este libro, y por eso va escrito en tres columnas. La primera es el
lenguaje indiano ansí tosco como ellos lo pronunciaron, y se escribió
entre los otros libros. La segunda columna es
enmienda de la primera ansí en vocablos como en sentencias. La tercera columna
está en ro mance, sacado según las enmiendas de la segunda columna. Los que
tienen este tractado en la lengua mexicana tan solamente sepan que están
enmendadas muchas cosas en éste que va en tres columnas en cada plana. También
me moví a enmendar este tractado porque tengo propósito que en acabando el arte
y vocabulario de la lengua mexicana (en que ahora voy entendiendo) leer a nuestros
religiosos el arte de esta lengua mexicana, y también el vocabulario, y esta
conquista, leyendo la lengua propia mexicana como allí está escrita, y las
faltas que lleva aumentadas en la segunda columna.
(Lib. XII)
DE LAS SEÑALES Y PRONOSTICOS QUE APARECIERON ANTES
QUE LOS ESPAÑOLES VINIESEN A ESTA TIERRA, NI HUBIESE NOTICIA DE ELLOS
Diez años antes que viniesen los españoles a esta
tierra pareció en el cielo una cosa maravillosa y espantosa, y es, que pareció
una llama de fuego muy grande, y muy resplandeciente: parecía que estaba
tendida en el mismo cielo, era ancha de la parte de abajo, y de la parte de
arriba aguda, como cuando el fuego arde; parecía que la punta de ella llegaba
hasta el medio del cielo, levantábase por la parte del oriente luego después de
la media noche, y salía con tanto resplandor que parecía de día; llegaba hasta
la mañana, entonces se perdía de vista; cuando salía el sol estaba la llama en
el lugar que está el sol a medio día, esto duró por espacio de un año cada
noche: comenzaba en el año de las doce casas, y cuando aparecía a la media
noche toda la gente gritaba y se espantaba: todos sospechaban que era señal de
algún gran mal.
La segunda señal que aconteció fue, que el chapitel
de un cu de Vitzilopuchtli, que se llamaba Totleco, se encendió milagrosamente
y se quemó: parecía que las llamas de fuego salían de dentro de los maderos de
las columnas, y muy de presto se hizo ceniza: cuando ardía comen zaron los
sátrapas a dar voces diciendo: ¡Oh mexicanos!, venid presto a apagar el fuego
con cántaros de agua, y venida el agua echábanla sobre el fuego y no se
apagaba, sino antes más se encendía, y así se hizo todo brasa.
La tercera señal fue que cayó un rayo sobre el cu
de Xiuhtecutli, dios del fuego, el cual estaba techado con paja, llamábase
Tzumulco: espantá ronse de esto porque no llovió sino agua menuda, que no
suelen caer rayos cuando así llueve, ni hubo tronido, sino que no saben cómo se
encendió.
La cuarta señal, o pronóstico, fue que de día
haciendo sol cayó una
cometa, parecían tres estrellas juntas que corrían a la par muy encen
didas y llevaban muy grandes colas: partieron de hacia el occidente, y
corrieron hacia el oriente, iban echando centellas
de sí: de que la gente
las vio comenzaron
a dar grita,
y sonó grandísimo
ruido en toda
la
comarca.
La quinta señal fue que se levantó la mar, o laguna
de México con
grandes olas:
parecía que hervía, sin hacer aire ninguno, la cual nunca
se suele levantar sin gran viento:
llegaron las olas muy lejos y
entra
ron entre las casas, sacudían en los cimientos de
las casas, algunas de
éstas cayeron: fue grande espanto de todos por ver
que sin aire se había
embravecido de tal manera el agua.
La sexta señal, o pronóstico, fue que se oyó de
noche en el aire una
voz de una mujer que decía: ¡Oh hijos míos, ya nos perdimos!; algunas
veces decía:
¡Oh hijos míos, a dónde os llevaré!
La séptima señal fue que los cazadores de las aves
del agua cazaron
una ave parda del tamaño de una grulla, y luego la
fueron a mostrar
a
Mocthecuzoma, que estaba
en una sala
que llamaban Tlitlancalmé-
catl,
era después de medio día;
tenía esta ave en medio de la
cabeza
un espejo redondo, donde se parecía el cielo, y las
estrellas, y especial
mente los mastelejos que andan cerca de las
cabrillas: como la vio Mocthe
cuzoma
espantóse, y la segunda vez que miró en el espejo que
tenía
el ave: de ahí un poco vio muchedumbre de gente
junta que venían todos armados encima de caballos, y luego Mocthecuzoma mandó
llamar a los agoreros y adivinos y preguntólos, ¿no sabéis qué es esto que he
visto?, que viene mucha gente junta, y antes que respondiesen los adivi nos
desapareció el ave, y no respondieron nada.
La octava señal, o pronóstico, fue, que aparecieron
muchas veces monstruos en cuerpos monstruosos, llevábanlos a Mocthecuzoma, y en
viéndolos luego desaparecían.
(Lib. XII, cap. i)
DE LO QUE
PROVEYO MOCTHECUZOMA CUANDO SUPO LA SEGUNDA VEZ QUE LOS ESPAÑOLES HABIAN
VUELTO, ESTE FUE D. HERNANDO CORTES
A los sobredichos habló Mocthecuzoma y les dijo:
mirad que han dicho que ha llegado nuestro señor Quetzalcóatl, id y recibidle,
y oíd lo que os dijere con mucha diligencia: mirad que no se os olvide nada de
lo que os dijere, veis aquí estas joyas que le presentéis de mi parte, que son
todos los atavíos sacerdotales que a él convienen: primeramente una máscara
labrada de musaico de turquesas, tenía esta máscara labrada de las mismas
piedras una culebra doblada y retorcida cuyo doblez
era el pico de la nariz, luego se dividía la cola
de la cabeza, y la cabeza con parte del cuerpo iba por sobre el un ojo de
manera que hacía ceja, y la cola con parte del cuerpo iba por sobre otro ojo, y
hacía otra ceja. Estaba esta máscara engerida en una corona alta y grande,
llena de plumas ricas, largas y muy hermosas, de manera que poniéndose la coro
na sobre la cabeza se ponía la máscara en la cara: llevaba por joyel una
medalla de oro redonda y ancha: estaba asida con nueve sartales de piedras preciosas,
que echadas al cuello cubrían los hombros y todo el pecho; llevaban también una
rodela grande bordada de piedras preciosas con unas bandas de oro, que llegaban
de arriba abajo por toda ella, y otras bandas de perlas atravesadas sobre las
de oro de arriba abajo por toda ella, y los espacios que hacían estas bandas
los cuales eran como mallas de red, iban puestos unos sapitos de oro. Tenía
esta rodela unos rapacejos en lo bajo, iba asida en la misma rodela una bandera
que salía desde la manija de la rodela, hecha de plumas ricas: llevaba tam
bién una medalla grande hecha de obra de musaico que la llevaba atada y ceñida
sobre los lomos; llevaban también unos sartales de piedras pre ciosas con unos
cascabeles de oro entrepuestos a las piedras para atar a la garganta de los
pies: llevaban también un cetro de obispo todo labrado de obra de musaico de
turquesas, y la vuelta de arriba era una cabeza de una culebra revuelta o
enroscada.
También llevaban unas cotaras como los grandes
señores se las suelen poner: 29 llevaron también los ornamentos o atavíos con
que se ataviaba Tezcatlipoca que era una cabellera hecha de pluma rica, que
colgaba por la parte de atrás hasta cerca de la cintura y estaba sembrada toda
de estre llas de oro: llevaban también unas orejeras de oro: llevaban colgados
unos cascabelitos de oro, y sartales de caracolitos marinos blancos y her
mosos. De estos sartales colgaba un cuero que era como peto, y llevábale ceñido
de manera que cubría todo el pecho hasta la cintura: llevaba este peto, muchos
caracolitos sembrados y colgados por todo él; llevaban también un coselete de
tela blanca pintado, la orilla de abajo de este coselete iba bordada con plumas
blancas en tres listas por todo el rededor: llevaban una manta rica, la tela de
ella era un azul claro y toda labrada encima de muchas labores de un azul muy
fino; esta manta se ponía por la cintura atada por las esquinas al cuerpo,
sobre esta manta iba una medalla de musaico atada al cuerpo sobre los lomos;
también llevaban unos sartales de cascabeles de oro para atar a las gargantas
de los pies, y también unas cotaras blancas como los señores las solían traer.
Lleva ron también los ornamentos y atavíos del dios que llamaban T
lalocate-cutli, que era una máscara con su plumaje, y una bandera como la que
se dijo arriba: también unas orejeras de Chalchívitl anchas que tenía dentro
unas culebras de Chalchivites, y también un coselete pintado de labores verdes
y unos sartales o collar de piedras preciosas, y también una medalla con que se
ceñía los lomos, como la que arriba se dijo con una manta rica con que se ceñía
como también arriba se dijo, y casca
beles de oro para poner a los pies, y su báculo
como el de arriba. Otros ornamentos también que llevaban eran del mismo
Quetzalcóatl: una mi tra de cuero de tigre, y colgaba de la mitra una capilla
grande hecha de plumas de cuervo: llevaba la mitra un chálchívitl grande y
redondo en la punta, y también unas orejeras redondas de musaico de turquesas
con un garabato de oro que llamaban Ecacózcatl, y una manta rica con que se
ceñía, y unos cascabeles de oro para los pies, y una rodela que tenía en el
medio una plancha de oro redonda, la cual rodela estaba bordada con plumas
ricas. En lo bajo de la rodela salían una banda de plumas ricas en la forma que
se dijo arriba: llevaba un báculo labrado de musaico de turquesas, y en la
vuelta de arriba puestas unas piedras ricas o perlas eminentes. En lo alto de
arriba también llevaban unas cotaras como los señores solían traer: todas estas
cosas llevaban los men sajeros y las presentaron según dicen a D. Hernando
Cortés. Otras mu chas cosas le presentaron que no se escriben, como fue una
mitra de oro hecha a manera de caracol marisco con unos rapacejos de plumas
ricas que colgaban hacia las espaldas, y otra mitra llana también de oro y
otras joyas de oro que no se escriben. Todas estas cosas metieron en sus
petacas y tomada la licencia de Mocthecuzoma díjoles: Td con prisa y
no os detengáis; id y adorad en mi nombre al dios
que viene, y decidle, acá
nos envía vuestro siervo Mocthecuzoma, estas cosas
que aquí traemos os envía, pues habéis venido a vuestra casa que es México”.
Tomaron luego
el camino los mensajeros y llegaron a la orilla de
la mar y allí entraron en canoas, y llegaron a un lugar que se llama Xicalanco:
de allí tomaron otra vez a entrar en otras canoas con todo su hato, y llegaron
a los navios,
luego les preguntaron de los navios: ¿Quién sois
vosotros, de dónde habéis
venido?, dijeron los de la canoa: Venimos de
México, y dijeron los de la
nao: ¿Por
ventura no sois de México, sino que decís con falsedad que
sois de México, y nos engañáis? y sobre esto
tomaron y dieron, y de que se satisficieron los unos a los otros, juntaron la
canoa con el navio y echáronles una escalera con que subieron al navio donde
estaba D. Her nando Cortés.
(Lib. XII, cap. iv)
DE LO QUE
PASO CUANDO LOS MENSAJEROS DE MOCTHECUZOMA ENTRARON
EN EL NAVIO DE D. HERNANDO CORTES
Comenzaron a subir al navio por las escaleras, y
llevaban el presente que Mocthecuzoma les mandó llevar. Como estuvieron delante
del capitán D. Hernando Cortés besaron todos la tierra en su presencia, y
habláronle de esta manera: “Sepa el dios a quien venimos a adorar en persona de
su siervo Mocthecuzoma, el cual rige y gobierna la ciudad de México,
y dice ha llegado con trabajo el dios”, y luego
sacaron los ornamentos que llevaban, y se los pusieron al capitán D. Hernando
Cortés atavián dole con ellos: pusiéronle primeramente la corona y máscara que
arriba se dijo, y todo lo demás: echáronle al cuello los collares de piedras
que llevaban con los joyeles de oro, y pusiéronle en el brazo izquierdo la
rodela que se dijo arriba y todas las demás cosas se las pusieron delante
ordenadas como suelen poner sus presentes. El capitán dijo: ¿hay otra cosa más
que esto?; dijéronle, señor nuestro, no hemos traído más cosas que estas que
aquí están. El capitán mandólos luego atar, y mandó soltar tiros de artillería,
y los mensajeros que estaban atados de pies y manos como oyeron los truenos de
las bombardas cayeron en el suelo como muertos, y los españoles levantáronlos
del suelo, y diéronlos a beber vino con que los esforzaron y tornaron en sí.
Después de esto el capitán D. Hernando Cortés les dijo por su intérprete: oíd
lo que os digo: hanme dicho que los mexicanos son valientes hombres, que son
grandes con quistadores y grandes luchadores, y son muy diestros en las armas;
dícenme que un solo mexicano es bastante para vencer a diez y a veinte de sus
enemigos, quiero probaros si es esto verdadero, y si sois tan fuer tes como me
han dicho; luego les mandó dar espadas y rodelas para que peleasen con otros
tantos españoles, para ver quién vencería a los otros, y los mexicanos dijeron
luego al capitán Cortés: óiganos vuestra merced nuestra excusa, porque no
podemos hacer lo que nos manda, y es porque Mocthecuzoma nuestro señor no nos
envió a otra cosa sino a saludaros, y daros este presente; no podemos hacer
otra cosa, ni podemos hacer lo que nos mandáis, y si lo hiciésemos enojarse ha
nuestro señor Mocthecu zoma, y mandarnos ha matar, y el capitán respondióles:
hase de hacer en todo caso lo que os digo, tengo de ver qué hombres sois, que
allá en nuestra tierra hemos oído que sois valientes hombres, aparejaos con
esas armas, y disponeos para que mañana nos veamos en el campo.
(Lib. XII, cap. v)
ADICIONES
ALLI SE DICE EL RELATO CON QUE DIERON CUENTA A
MOCTHECUZOMA LOS ENVIADOS QUE
FUERON A VER LA BARCA
Hecho esto, luego dan cuenta a Mocthecuzoma. Le
dijeron en qué forma se habían ido a admirar y lo que estuvieron viendo, y cómo
es la comida de aquéllos. Y cuando él hubo oído lo que le comunicaron los
enviados, mucho se espantó, mucho se admiró. Y se llamó a asombro en gran
manera su alimento.
También mucho espanto le causó el oír cómo estalla
el cañón, cómo retumba su estrépito, y cuando cae, se desmaya uno; se le
aturden a uno
los oídos. Y cuando cae el tiro, una como bola de
piedra sale de sus entrañas: va lloviendo fuego, va destilando chispas, y el
humo que de él sale es muy pestilente, huele a lodo podrido, penetra hasta el
cerebro causando molestia.
Pues si va a dar contra un cerro, como lo hiende,
lo resquebraja, y si da contra un árbol, lo destroza hecho astillas, como si
fuera algo admirable, cual si alguien le hubiera soplado desde el interior.
Sus aderezos de guerra son todos de hierro: hierro
se visten, hierro ponen como capacete a sus cabezas, hierro son sus espadas,
hierro sus arcos, hierro sus escudos, hierro sus lanzas.
Los soportan en sus lomos sus “venados”. Tan altos
están como los techos.
Por todas partes vienen envueltos sus cuerpos,
solamente aparecen sus caras. Son blancas, son como si fueran de cal. Tienen el
cabello amarillo, aunque algunos lo tienen negro. Larga su barba es, también
amarilla; el bigote también tienen amarillo. Son de pelo crespo y fino, un poco
encarrujado.
En cuanto a sus alimentos, son como alimentos
humanos: grandes, blancos, no pesados, cual si fueran paja. Cual madera de caña
de maíz, y como de medula de caña de maíz en su sabor. Un poco dulces, un poco
como enmelados: se comen como miel, son comida dulce.
Pues sus perros son enormes, de orejas ondulantes y
aplastadas, de grandes lenguas colgantes; tienen ojos que derraman fuego, están
echan do chispas: sus ojos son amarillos, de color intensamente amarillo.
Sus panzas, ahuecadas, alargadas como angarilla,
acanaladas.
Son muy fuertes y robustos, no están quietos, andan
jadeando, andan con la lengua colgando. Manchados de color como tigres, con
muchas manchas de colores.
Cuando hubo oído todo esto Mocthecuzoma se llenó de
grande temor y como que se le amorteció el corazón, se le encogió el corazón,
se le abatió con la angustia.
(Texto náhuatl, lib. XII, cap. vii.
Trad.
Angel María Garibay
K.)
ENCUENTRO
EN EL NAVIO
El principal de aquellos embajadores comenzó a
hablar. . . y dijo de esta manera: “Señor nuestro: como hubimos llegado yo y
estos señores que aquí estamos, a la orilla del mar, vimos dentro en la mar
unas casas grandísimas de madera todas, con grandes edificios dentro y fuera,
las cuales andan por la mar como las canoas que acá nosotros usamos para andar
por él agua: dijéronnos que estas casas se llamaban navios: son unos edificios
admirables y muy grandes hechos para andar por la mar, que
nadie de nosotros tendrá habilidad para contar en
particular los diversos edificios que contienen estos navios, o casas de agua.
Procuramos luego de llegar con las canoas que llevamos, al principal navio o
casa de agua, donde vimos el estandarte que traían. Como hubimos llegado cerca,
vimos más de veinte navios y en cada uno de ellos venía mucha gente, y todos
nos estaban mirando hasta que entramos en el navio
principal. Entrados que fuimos, procuramos de ver al señor Quetzalcóatl, que
buscamos para darle el presente que llevábamos. Allá dentro del navio en una
pieza mos
tráronnos un señor sentado en su trono, del cual
nos dijeron. .. Ese es el que buscáis: luego nos postramos delante dél
adorándolo como a dios, y luego le dijimos lo que nos mandaste, le compusimos
con las joyas que nos diste. Diéronnos a entender que era poco aquello que
llevábamos. Aquel día nos trataron bien, y nos dieron de comer y beber de lo
que ellos comen y beben, que es preciosa comida y bebida. Aquella noche dormi
mos en el navio, y a la mañana comenzáronnos a hablar en que querían ver nuestras
fuerzas y manera de pelear, y que peleásemos con ellos de uno a uno, o de dos a
dos. Escusámonos de este negocio, y sobre él nos echaron hierros y soltaron
tiros de artillería, que nos espantaron mucho, y nos hicieron caer como
muertos. Después que volvimos en no sotros y nos dieron de comer, vimos sus
armas y sus caballos y sus perros, y sería cosa prolija de contar cada cosa de
por sí, de las que vimos. Dicen que viene acá a conquistarnos y a robarnos, acá
se verá todo: grandemente venimos espantados
(Versión corregida de 1585, lib. XII, cap. vii,
pasaje complementario)
DEL LLANTO QUE HIZO MOCTHECUZOMA Y TODOS
LOS MEXICANOS DE
QUE SUPIERON QUE
LOS
ESPAÑOLES ERAN TAN ESFORZADOS
Oídas las cosas de arriba dichas por Mocthecuzoma,
concibió en sí un sentimiento de que venían grandes males sobre él y sobre su
reino, y comenzó a temer grandemente no solamente él, pero todos aquellos que
supieron aquestas nuevas ya dichas. Todos lloraban y se angustiaban, y andaban
tristes y cabizbajos, hacían corrillos, y hablaban con espanto de las nuevas
que habían venido; las madres llorando tomaban en brazos a sus hijos y
trayéndoles la mano sobre la cabeza decían: ¡Oh hijo mío!, ¡en mal tiempo has nacido,
qué grandes cosas has de ver, en grandes tra bajos te has de hallar! Fue dicho
a Mocthecuzoma cómo los españoles traían una india mexicana que se llamaba
María27 vecina del pueblo de Tetícpac que está a la orilla de la mar del Norte,
y que traían ésta por intérprete, que decía en la lengua mexicana todo lo que
el capitán
27 Más adelante se le llama Marina o Malinche, sus
nombres habituales. M.
D. Hernando Cortés le mandaba. Luego Mocthecuzoma
comenzó a enviar mensajeros y principales a donde estaban los españoles para
que mirasen lo que se hacía, y procurasen lo que fuese menester al servicio de
los españoles. Cada día iban unos y volvían otros, no paraban mensajeros que
iban y volvían, y los españoles no cesaban de preguntar por Mocthe cuzoma,
queriendo saber qué persona era, si era viejo, o si era mozo, o si era de media
edad, o si tenía canas. Respondían los indios mexicanos a los españoles, hombre
es de media edad, no es viejo ni es gordo, es delgado y enjuto. Cuando oía
Mocthecuzoma la relación de los mensa jeros, cómo los españoles preguntaban
mucho por él, y que deseaban mucho de verle, angustiábase en gran manera, pensó
de huir o de escon derse para que no le viesen los españoles ni le hallasen:
pensaba escon derse en alguna cueva, o de salirse de este mundo y irse al
infierno o al paraíso terrenal, o a cualquiera otra parte secreta, y esto
trataba con sus amigos, aquellos de quien se confiaba, y ellos le decían: hay
quien sepa el camino para ir al infierno y también al paraíso terrenal, y a la
casa del sol, y a la cueva que se llama Cincalco, que está cabe a Tlacu-yoacan,
detrás de Chapultépec que hay grandes secretos, en uno de estos lugares se
podrá V. M. remediar: escoja V. M. el lugar que quisiere que allí le
llevaremos, y allí se consolará sin recibir ningún daño. Mocthecu zoma se
inclinó a irse a la cueva de Cincalco, y así se publicó por toda la tierra;
pero no tuvo efecto este negocio, ninguna cosa de lo que dijeron los
nigrománticos se pudo verificar, y así Mocthecuzoma procuró de es forzarse, y
de esperar a todo lo que viniese, y de ponerse a todo peligro.
(Lib. XII, cap. ix)
DE COMO LOS ESPAÑOLES COMENZARON A ENTRAR LA TIERRA
ADENTRO, Y DE COMO MOCTHECUZOMA DEJO LA CASA REAL Y SE FUE A SU CASA PROPIA
Mocthecuzoma teniendo ya por averiguado, así por
las cosas que había oído de los españoles como por los pronósticos que habían
pasado, y pro fecías antiguas y modernas que tenían, que los españoles habían
de reinar en esta tierra, salióse de las casas reales y fuese a las casas que
él tenía antes que fuese rey o emperador. De que los españoles partieron de la
ribera de la mar para entrar la tierra adentro, tomaron un indio princi pal
que llamaban Tlacochcálcatl para que los mostrase el camino, al cual indio
habían tomado de allí de aquella provincia los primeros navios que vinieron a
descubrir esta tierra, el cual indio el capitán D. Hernando Cortés trajo
consigo, y sabía ya de la lengua española algo. Este junta mente con María
eran intérpretes del capitán. A éste tomaron por guía de su camino para venir a
México, en llegando a la provincia de Tecóac que es tierra de Tlaxcala: allí
estaban poblados los otomíes y gente de
guerra que guardaba la frontera o términos de los
tlaxcaltecas. Estos sa
lieron de guerra contra los españoles, quienes
comenzaron a pelear con
ellos, y los de a caballo alancearon muchos, y los arcabuceros y balles
teros mataron también a muchos, de manera que
desbarataron a todo aquel
ejército que venía, y huyeron los que quedaron. Los
españoles tomaron
el pueblo y robaron lo que hallaron, y así
destruyeron aquellos pueblos.
Como los de Tlaxcala oyeron lo que había acontecido
a sus soldados y
otomíes, espantáronse y comenzaron a temer: luego se juntaron a con
sejo, y confirieron todos sobre el negocio para ver
si saldrían de guerra
contra los españoles o si se darían de paz, y
dijeron: sabemos que los
otomíes son muy valientes y pelean reciamente y
todos son destruidos,
ninguna resistencia hubo en ellos, que en un abrir
y cerrar de ojos los
destruyeron:
¿qué podemos hacer nosotros?,
¿será bien que los reciba
mos de paz y los tomemos por amigos?, esto es mejor
que no perder toda
nuestra gente, y así acordaron los señores de Tlaxcala de recibirlos de
paz y tomarlos por amigos. Salieron luego los señores y principales con
gran multitud de tamemes cargados de comida de
todas maneras. Llegan
do a ellos saludaron de paz a D.
Hernando Cortés, y él los preguntó
diciendo, ¿de dónde sois vosotros?; ellos dijeron,
somos de la ciudad de
Tlaxcala y venimos a recibiros porque nos holgamos
de vuestra venida;
habéis llegado a nuestra tierra, seáis muy bien venidos,
es vuestra casa
y vuestra tierra donde estáis, que se llama Quauhtexcalla. La ciudad que
ahora se
llama Tlaxcala, antes
que viniesen los
españoles se llamaba
T excalla.
(Lib. XII, cap. x)
DE COMO
LOS ESPAÑOLES LLEGARON
A TLAXCALA, QUE ENTONCES SE LLAMABA TEXCALLA
Los señores y principales de Tlaxcala metieron en
su ciudad a los espa ñoles recibiéndolos de paz: lleváronlos luego derecho a
las casas reales: allí los aposentaron y los hicieron muy buen tratamiento
administrándoles las cosas necesarias con gran diligencia, y también les dieron
a sus hijas doncellas muchas, y ellos los recibieron, y usaron de ellas como de
sus mujeres: luego el capitán comenzó a preguntar por México diciendo, ¿dónde
está México?, ¿está lejos de aquí?; dijéronle, no está lejos, está andadura de
tres días, es una ciudad muy populosa, y los habitantes de ella son valientes y
grandes conquistadores, en todas partes hacen con quista. Los tlaxcaltecas y
cholultecas no eran amigos, tenían entre sí discordia, y como los querían mal
dijeron mal de ellos a los españoles para que los maltratasen; dijéronlos que
eran sus enemigos y amigos de los mexicanos, y valientes como ellos. Los
españoles oídas estas nuevas de Cholulla propusieron de tratarlos mal como lo
hicieron; partieron de
Tlaxcala todos ellos y con muchos zempoaltecas y
tlaxcaltecas que los acompañaron todos con sus armas de guerra: llegando todos
a Cholulla, los cholultecas no hicieron cuenta de nada, ni los recibieron de
guerra ni de paz, estuviéronse quedos en sus casas. De esto tomaron mala
opinión de ellos los españoles, y conjeturaron alguna traición, y comenzaron
lue go a dar voces a los principales y señores, y toda la otra gente para que
viniesen donde estaban los españoles, y ellos todos se juntaron en el patio del
gran cu de Quetzalcóatl. Estando allí juntos los españoles afrentados de la
poca cuenta que habían hecho de ellos entraron a caballo, habiendo tomado todas
las entradas del patio, y comenzaron a lancearlos y mataron todos cuantos
pudieron, y los amigos indios de creer es que mataron muchos más. Los
cholultecas ni llevaron armas ofensivas ni defensivas, sino fuéronse desarmados
pensando que no se haría lo que se hizo: de esta manera murieron mala muerte.
Todas estas cosas que acontecieron, luego que ocurrieron los mensajeros de
Mocthe-cuzoma se las venía a decir: todo el camino andaba lleno de mensajeros
de acá para allá, y de allá para acá, y toda la gente acá en México y donde
venían los españoles, y en todas las comarcas, andaba muy albo rotada y desasosegada,
parecía que la tierra se movía, todos andaban espantados y atónitos; y como
hubiesen hecho en Cholulla aquel estrago los españoles con todos los indios sus
amigos, venían gran multitud de escuadrones con gran ruido y con gran
polvareda, y de lejos resplandecían las armas, y causaban gran miedo en los que
las miraban: asimismo ponían grande miedo los lebreles que traían consigo, que
eran grandes, traían las bocas abiertas, las lenguas sacadas, y venían
carleando, y así ponían gran temor en todos los que lo veían.
(Lib. XII, cap. xi)
DE COMO MOCTHECUZOMA ENVIO OTROS HECHICEROS CON LOS
ESPAÑOLES, Y DE LO QUE ACONTECIO EN EL CAMINO
Como supo Mocthecuzoma que ya venían los españoles
camino de Mé xico, enviólos al encuentro muchos sátrapas de los ídolos,
agoreros y encantadores, y ningrománticos, para que con sus encantamientos y
hechicerías los empeciesen y maleficiesen, y no pudieron hacer nada, ni sus
encantamientos los pudieron empecer, ni aun llegaron a ellos; porque antes que
llegasen a ellos toparon con un borracho en el camino y no pasaron adelante:
parecióles que era un indio de Chalco, y también parecíales que estaba borracho.
Traía ceñido a los pechos ochos cabestros, o sogas hechas de heno como de
esparto, y venía de hacia donde estaban los españoles, y llegando cerca de
ellos comenzó con grande enojo a reñirlos y díjoles: ¿Para qué porfiáis
vosotros otra vez de venir acá? ¿Qué
es lo que queréis? ¿Qué piensa Mocthecuzoma de
hacer? ¿Ahora acuerda a despertar? ¿Ahora comienza a temer?, ya ha errado, ya
no tiene remedio porque ha hecho muchas muertes injustas, ha destruido a
muchos, ha hecho muchos agravios y engaños, y burlas. Como vieron este hombre
los encantadores temieron mucho, y postráronse delante de él, y comen zaron a
rogarle e hicieron un montón de tierra como altar, y echaron heno verde encima
para que se sentase, y él como hombre enojado no quiso sentarse ni hacer lo que
le rogaban, ni aun mirarlos, por demás hicieron el altar o asiento; mas antes
se enojó y más brava y más recia mente los reñía con grandes voces, y con gran
denuedo les dijo: por de más habéis venido, nunca más haré cuenta de México,
para siempre os dejo, no tendré más cargo de vosotros, ni os ampararé, apartaos
de mí, lo que queréis no se puede hacer, volveos y mirad hacia México. Como
vieron aquello los encantadores desmayaron grandemente, y no pudieron hablar,
palabra hízoseles un nudo en la garganta; esto aconteció en la cuesta que sube
hacia Tlalmanalco; hecho esto desapareció aquel que les hablaba, y volviendo en
sí dijeron, esto que hemos visto convenía que lo viera Mochtecuzoma y no
nosotros: este que nos ha hablado no es persona humana, es el dios
Tezcatlipoca. Estos mensajeros no curaron de ir más adelante, sino volvieron a
dar relación a Mocthecuzoma de lo que había pasado. Venidos los mensajeros a la
presencia de Mocthecuzoma, y oído lo que dijeron entristecióse mucho, estaba
cabizbajo, no hablaba, estaba enmudecido, casi fuera de sí; a cabo de rato
díjoles: ¿Pues qué hemos de
hacer varones nobles? Ya estamos para perdernos, ya
tenemos tragada la muerte, no hemos de subirnos a alguna sierra, ni hemos de
huir, mexica nos somos, ponernos hemos a lo que viniese por la honra de la
generación mexicana; pésame de los viejos y viejas, y de los niños y niñas que
no tienen posibilidad ni discreción para valerse; ¿dónde los escaparán sus
padres? ¿Pues qué hemos de hacer? Nacidos somos, venga lo que viniere.
(Lib. XII, cap. xiii)
ADICION
DE COMO LOS ESPAÑOLES PARTIERON DE IZTAPALAPA PARA ENTRAR EN MEXICO
Como la confederación de los dichos en el capítulo
pasado se concluyó en Iztapalapa, el capitán D. Hernando Cortés con sus
españoles conclu yeron y determinaron de entrar en la ciudad de México a punto
de guerra, y con banderas desplegadas, y dieron de esto noticia a todo el
ejército, para que todos se pusiesen a punto de guerra, y a este propósito un
día luego de mañana comenzaron los maestres de campo y capitanes a ordenar su
ejército, poniendo a los de a caballo en su orden, y a los
de a pie en la suya, poniendo en su lugar a los
arcabuceros, y en el suyo a los ballesteros, y ansí todos los demás, conforme
al arte y uso del ejer cicio militar; de manera que la vanguardia guiaba al
ejército, y el bagaje iba en el medio de la batalla, y la retaguardia iba en el
postrero de la batalla, todos ordenados como quien había de dar batalla a los
mexicanos si saliesen de guerra contra ellos. Habiendo puesto el ejército en
todo su concierto, comenzaron a mover de Iztapalapa camino de México ex tendidas
las banderas y tocando los atambores con gran sorna y aparato para poner miedo
a todos los que los vían. Apenas se había movido la retaguardia de Iztapalapa
cuando la vanguardia entraba ya por México. Luego enderezaron su camino hacia
las casas reales, y llegando a ellas toda su artillería hizo su salva. En todo
este trecho no pareció señal de cosa de guerra, antes estaba México como
despoblado, que ni por los caminos parecía persona, y esto era señal no de paz,
sino de indignación, y que se guardaba para su tiempo, y significaba la
violencia que se los hacía en entrar en su ciudad contra su voluntad. No
dejaron empero de hacerles obras de humanidad en dejarlos aposentar en su
ciudad, y proveerlos de bastimentos, y salir el rey Mocthecuzoma a recibirlos
como a gente forastera, y que no podía por entonces resistirlos; empero siempre
tuvieron esta entrada por violenta y tiránica.
(Versión corregida de 1585, lib. XII, cap. xv)
DE COMO MOCTHECUZOMA SALIO DE PAZ A RECIBIR A LOS
ESPAÑOLES A DONDE LLAMAN XOLUCO, QUE ES EN EL ACEQUIA QUE ESTA CABE LAS CASAS
DE ALVARADO UN POCO MAS ACA QUE LLAMAN
ELLOS V1TZILLAN
En llegando los españoles a aquel río que está cabe
las casas de Alvarado que se llama Xoluco, luego Mocthecuzoma se aparejó para
irlos a recibir con muchos señores y principales, y nobles para recibir con paz
y con honra a D. Hernando Cortés, y a los otros capitanes; tomaron muchas
flores hermosas y olorosas hechas sartales, y en guirnaldas, y compuestas para
las manos, y pusiéronlas en platos muy pintados y muy grandes hechos de
calabazas, y también llevaron collares de oro y de piedras. Llegando Mocthecuzoma
a los españoles al lugar que llaman Vitzillan que es cabe el hospital de la
Concepción, luego allí el mismo Mocthecu zoma puso un collar de oro y de
piedras al capitán D. Hernando Cortés, y dio flores y guirnaldas a todos los
demás capitanes; habiendo dado el mismo Mocthecuzoma este presente como ellos
lo usaban hacer; luego D. Hernando Cortés preguntó al mismo Mocthecuzoma, y
Mocthecuzoma respondió: “yo soy Mocthecuzoma", y entonces enhiestóse
delante del capitán haciéndole gran reverencia, y enhiestóse luego de cara a
cara del
capitán cerca de él, y comenzóle a hablar de esta
manera. . . ¡Oh señor nuestro!, seáis muy bien venido, habéis llegado a vuestra
tierra y a vuestro pueblo, y a vuestra casa, México: habéis venido a sentaros
en vuestro trono y en vuestra silla, el cual yo en vuestro nombre he poseído
algunos días. Otros señores (que ya son muertos) le tuvieron antes que yo, el
uno que se llama Itzcóatl, el otro Mocthecuzoma el viejo, y el otro Axayácatl,
y el otro Tízoc, y el otro Ahuítzotl. Yo el postrero de todos he venido a tener
cargo y regir este vuestro pueblo de México, todos hemos traído a cuestas a
vuestra república, y a vuestros vasallos, los difuntos ya no pueden ver ni
saber lo que ahora pasa; ¡plugiera aquel por quien vivimos que alguno de ellos
fuera vivo, y en su presencia acon teciera lo que acontece en la mía! Ellos
están ausentes señor nuestro, ni estoy dormido, ni soñando, con mis ojos veo
vuestra cara y vuestra persona: días ha que yo esperaba esto: días ha que mi
corazón estaba mi rando aquellas partes por donde habéis venido; habéis salido
de entre las nubes, y de entre las nieblas, lugar a todos escondido. Esto es
por cierto lo que nos dejaron dicho los reyes que pasaron, que habíais de
volver a reinar en estos reinos y que habíades de asentaros en vuestro trono, y
en vuestra silla; ahora veo que es verdad lo que nos dejaron dicho. Seáis muy
bien venido, trabajos habréis pasado viniendo tan largos caminos, descansad
ahora, aquí está vuestra casa y vuestros palacios, tomadlos y descansad en
ellos con todos vuestros capitanes y compañeros que han venido con vos”. Acabó
Mocthecuzoma de decir su plática, y Marina declaróla a D. Hernando Cortés; como
éste hubo entendido lo que había dicho Mocthecuzoma, dijo a Marina: “Decidle a
Mocthecuzo ma que se consuele y huelgue y no haya temor, que yo le quiero
mucho y todos los que conmigo vienen, y de nadie recibirá daño: hemos recibido
gran contento en verle y conocerle, lo cual hemos deseado muchos días ha y se
ha cumplido nuestro deseo: hemos venido a su casa, México, de espacio nos
veremos, y hablaremos”. Luego D. Hernando Cortés tomó por la mano a
Mocthecuzoma, y se fueron ambos juntos a la par para las casas reales. Los
señores que se hallaron presentes con Mocthecuzoma fueron los siguientes: el
señor de Tezcoco, que se llamaba Cacamatzin; el 2? el señor de Tlacupan que se
llamaba Tetlepanquetzatzin; el 3*? el que gobernaba en el Tlatilulco que se
llamaba Itzquauhtzin; el 4° el mayordomo de Mocthecuzoma que tenía puesto en el
Tlatilulco que se llamaba Topantemoctzin. Estos fueron más principales, sin
otros muchos menos principales mexicanos que allí se hallaron, el uno de los
cuales
se llamaba Atlixcatzin tlacatéccatl, el otro T
epeoatzin tlacochcálcatl, el otro Quetzalaztatzin ticociaoácatl, otro
Totomochizin hecatempatiltzin, el
otro Quappiatzin; todos éstos cuando fue preso
Mocthecuzoma le desam pararon y se escondieron.
DE COMO LOS ESPAÑOLES CON MOCTHECUZOMA LLEGARON A
LAS CASAS REALES Y DE TODO LO QUE ALLI PASO
De que los españoles llegaron a las casas reales
con Mocthecuzoma, luego le detuvieron consigo, nunca más le dejaron apartar de
sí, y también detuvieron consigo a Itcuauhtzin gobernador del Tlatilulco: a
estos dos detuvieron consigo, y a los demás dejaron ir, y luego soltaron todos
los tiros de pólvora que traían, y con el ruido y humo de los tiros todos los
indios que allí estaban se pararon como aturdidos y andaban como bo rrachos:
comenzaron a irse por diversas partes muy espantados, y así los presentes como
los ausentes cobraron un espanto mortal.
Durmieron aquella noche, y otro día luego muy de
mañana comenzóse a pregonar de parte del capitán y de parte de Mocthecuzoma que
se tra jesen todas las cosas necesarias para los españoles y para los
caballos, y Mocthecuzoma ponía mucha diligencia en que trajesen todas las cosas
necesarias, y los Piles y Achcauhtles, y otros oficiales a quien concernía esta
provisión, no querían obedecer a Mocthecuzoma, ni llegarse a él; pero con todo
esto proveían de todo lo necesario. De que se hubieron aposentado los españoles
y concertado todo su repuesto y reposado, co menzaron a preguntar a
Mocthecuzoma por él tesoro real para que dijese dónde estaba, y él los llevó a
una sala que se llamaba Teuhcalco, donde tenían los plumajes ricos, y otras
muchas joyas ricas de pluma y de oro V de piedras, y luego lo sacaron delante
de ellos. Comenzaron los espa ñoles a quitar el oro de las plumas y de las
rodelas y de los otros atavíos del areito que allí estaban, y por quitar el oro
destruyeron todos los plu majes y joyas ricas, y el oro fundiéronlo e
hiciéronlo barretas, y las piedras que les parecieron bien tomáronlas, y las
piedras bajas y plu majes, todo lo tomaron los indios de Tlaxcala, y
escudriñaron los espa ñoles toda la casa real y tomaron todo lo que les
pareció bien.
(Lib. XII, cap. xvii)
DE COMO LOS ESPAÑOLES MANDARON A LOS INDIOS HACER
LA FIESTA DE VITZILOPUCHTLI, ESTO FUE EN AUSENCIA DEL CAPITAN CUANDO FUE AL
PUERTO POR LA VENIDA DE PANFILO DE NARVAEZ
Habiéndose partido el capitán D. Hernando Cortés
para el puerto a recibir a Pánfilo de Narváez, dejó en su lugar a D. Pedro de
Alvarado con los españoles que quedaron aquí en México, el cual en ausencia del
capitán persuadió a Mocthecuzoma para hacer la fiesta de Vitzilopuchtli porque
querían ver cómo hacían aquella solemnidad. Como Mocthecuzo ma mandó que se
hiciese esta fiesta para dar contento a los españoles, aparejáronse así los
sátrapas, como los principales para hacer la fiesta.
En toda esta letra que se sigue no se dice otra
cosa sino la manera como hacían la estatua de Vitzilopuchtli de masa de
diversas legumbres y cómo la pintaban, y cómo la componían, y cómo después
ofrecían delante de ella muchas cosas; y estando en esta solemnidad haciendo un
gran areito muy ricamente aderezados todos los principales en el patio grande
del cu de Vitzilopuchtli donde estaba la imagen hecha de masa de bledos, y muy
ricamente ataviada con muchos ornamentos los cuales están en la letra explicados,
y otras ceremonias que se ponen en todo este capítulo.
(Lib. XII, cap. xix)
DE COMO LOS ESPAÑOLES HICIERON GRAN MATANZA EN LOS
INDIOS ESTANDO HACIENDO LA FIESTA DE VITZILOPUCHTLI EN EL PATIO MISMO DE
VITZILOPUCHTLI
Los españoles al tiempo que les pareció convenible
salieron de donde estaban, y tomaron todas las puertas del patio para que no
saliese nadie, y otros entraron con sus armas y comenzaron a matar a los que
estaban en el areito, y a los que tañían les cortaban las manos y las cabezas,
y daban de estocadas y de lanzadas a todos cuantos topaban, y hicieron una
matanza muy grande, y los que acudían a las puertas huyendo de allí los
mataban; algunos saltaban por las paredes, algunos se metían en las capillas de
los cúes, allí se echaban y se fingían muertos, corría la sangre por el patio
como el agua cuando llueve, y todo el patio estaba sembrado de cabezas y
brazos, y tripas, y cuerpos de hombres muertos: por todos los rincones buscaban
los españoles a los que estaban vivos para matarlos. Como salió a fama de este
hecho por la ciudad, comenzaron a dar voces diciendo ¡a la arma!, ¡a la arma! y
luego a estas voces se juntó gran copia de gente todos con sus armas, y
comenzaron a pelear contra los españoles.
(Lib. XII, cap. xx)
DE COMO COMENZO LA GUERRA ENTRE LOS MEXICANOS Y LOS
ESPAÑOLES EN MEXICO
Como comenzó la guerra entre los indios y los
españoles, éstos se forta lecieron en las casas reales con el mismo
Mocthecuzoma y con Ytzquauht-zin, el gobernador de Tlatilulco: los indios los
cercaron y los combatieron reciamente, y los españoles se defendían con los
tiros de pólvora y ba llestas y escopetas, y hacían gran daño en los indios, y
luego echaron grillos a Mocthecuzoma, y también los indios comenzaron a
enterrar a los que habían sido muertos en el patio por los españoles, por cuya
muerte se hizo gran llanto en toda la ciudad porque
eran gente muy prin cipal los que habían muerto. Enterráronlos en diversas
partes según sus ritos; el mismo día y a la puesta del sol Itzquauhtzin
gobernador de Tlatilulco subióse sobre los tlapancos de la casa real y comenzó
a dar voces diciendo: ¡Ah mexicanos! ¡Ah tlatilulcas!, mirad que el señor
Mocthecuzoma vuestro rey os ruega que ceséis de pelear, y dejéis las armas
porque estos hombres son muy fuertes más que nosotros, y si no dejáis de darles
guerra, recibirá gran daño todo el pueblo porque ya han atado con hierro a
vuestro rey. Oídas estas voces por los mexicanos y tlatilulcas, comenzaron
entre sí a bravear, y maldecir a Mocthecuzoma
diciendo:
¿qué dice el puto de Mocthecuzoma y tú bellaco con él? No
cesaremos de la guerra; luego comenzaron a dar
alaridos y a tirar saetas y dardos hacia donde estaba el que hablaba junto con
Mocthecuzoma, y los españoles arrodeláronlos, y así no recibieron daño. Tenían
gran rabia contra los españoles porque mataron a los principales y valientes
hombres a traición, y por tanto tenían cercadas las casas reales que a nadie
dejaban entrar, ni salir, ni meter ningún bastimento porque muriesen de hambre,
y si alguno metía secretamente comida a alguno de los de dentro, los de afuera
en sabiéndolo luego los mataban. Supieron los de fuera que algunos mexicanos
entraban allá, y metían saetas secretamente, y luego pusieron gran diligencia
en guardar que nadie entrase ni por tierra, ni por agua, y a los que hallaron
culpados de haber metido algo matáronlos; y luego se levantó gran revuelta
entre los mexicanos, unos se acusaban a otros de haber entrado, y así mataron
muchos, en especial de los ser viciales o pajes de Mocthecuzoma que traían
bezotes de cristal que era particular librea o señal de los de la familia de
Mocthecuzoma, y también a los que traían mantas delgadas que llaman áyatl que
era librea de los pajes de Mocthecuzoma: a todos los acusaban y decían que
habían en trado a dar comida a su señor y a decir lo que pasaba fuera, y a
todos los mataban, y de allí adelante hubo gran vigilancia que nadie entrase, y
así todos los de la casa de Mocthecuzoma se huyeron y escondieron por que no
los matasen. Dieron batería los mexicanos a los españoles siete días y los
tuvieron cercados veinte y tres días, y en este tiempo ensan charon y
ahondaron las acequias y atajaron los caminos con paredes, y hicieron grandes
baluartes para que no pudiesen salir los españoles por ninguna parte.
(Lib. XII, cap. xxi)
DE COMO MOCTHECUZOMA Y EL GOBERNADOR DEL
TLATILULCO FUERON ECHADOS
MUERTOS FUERA DE LA CASA DONDE LOS
ESPAÑOLES ESTABAN
Después de lo arriba dicho cuatro días andados
después de la matanza que se hizo en el cu, hallaron los mexicanos muertos a
Mocthecuzoma y
al gobernador del Tlatilulco echados fuera de las
casas reales, cerca del muro donde estaba una piedra labrada como galápago que
llamaban Teoaíoc, y después que conocieron los que los hallaron que eran ellos,
dieron mandado y alzáronlos de allí, y lleváronlos a un oratorio que llamaban
Calpulco, y hiciéronlos allí las ceremonias que solían hacer a los difuntos de
gran valor, y después los quemaron como acostumbraban hacer a todos los
señores, y hicieron todas las solemnidades que solían hacer en este caso; al
uno de ellos que era Mocthecuzoma lo enterraron en México y al otro en el
Tlatilulco; algunos decían mal de Mocthecu zoma porque había sido muy cruel;
los del Tlatilulco lloraban mucho su gobernador porque era muy bien quisto.
Después de algunos días que estaban cercados los españoles y que cada día les
daban guerra, un día salieron de su fuerte algunos de ellos y cogieron de los
maizales mazorcas de maíz y cañas de maíz, y tornáronse a su fuerte.
(Lib. XII, cap. xxiii)
DE COMO LOS ESPAÑOLES Y TLAXCALTECAS SALIERON HUYENDO DE MEXICO DE NOCHE
LA NOCHE TRISTE
Después que los españoles y los amigos que con
ellos estaban se hallaron muy apretados, así de hambre como de guerra, una
noche salieron todos de su fuerte, los españoles delante y los indios
tlaxcaltecas detrás, y lle vaban unas puentes hechas con que se pasaban las
acequias. Cuando esto aconteció llovía mansamente, pasaron cuatro acequias, y
antes que pasasen las demás salió una mujer a tomar agua y violos como se iban,
y salió dando voces diciendo: ¡Ah Mexicanos, ya vuestros enemigos se van!; esto
dijo tres o cuatro veces, luego uno de los que velaban comenzó a dar voces
desde el cu de Vitzilopuchtli en manera que todos le oyeron, y dijo: ¡Ah
valientes hombres, ya han salido vuestros enemigos, comen zad a pelear que se
van! Como oyeron todos estas voces comenzaron a dar alaridos, y luego
comenzaron a arremeter así por tierra como por agua. Acudieron a un lugar que
se llama Mictlantoncomacuilcuitlapilco, y allí atajaron a los españoles, los
mexicanos de una parte y los del Tlatilulco de otra, y allí comenzaron a pelear
contra los españoles y éstos contra ellos, y así fueron muertos y heridos de
ambas partes muchos; y llegando los españoles a una acequia que se llama
Tlantecayocan como no pudieron pasar todos y les daban guerra por todas partes,
los indios tlaxcaltecas cayeron en la acequia y muchos de los españoles, y las
mu jeres con ellos, tantos cayeron que la acequia se hinchió, y los que iban
detrás pudieron pasar la acequia sobre los muertos. Llegaron a otra acequia que
se llama Petlacalco, y pasáronla con harta dificultad: ha
biéndola pasado allí se rehicieron todos y se
recogieron a otro lugar que se llama P uputla ya cuando amanecía, y los
mexicanos seguíanlos con gran grita. Los españoles con algunos tlaxcaltecas
iban juntos por su camino adelante, y peleando los unos con los otros
siguiéronlos hasta cerca de Tlacupan hasta un lugar que se llama T ilihucan, y
allí mataron al Señor de Tlacupan, que era hijo de Mocthecuzoma: también aquí
murió un principal que se llamaba T laltecatzin, y otro que se llamaba
Tepanecatltecutli; todos iban guiando a los españoles y los enemigos los
mataron. Llegaron los españoles a un lugar que llamaban Otonteocalco, allí se
recogieron en el patio y se refocilaron porque los indios mexicanos ya se
habían vuelto a recoger al campo: allí los llegaron a recibir de paz los
otomíes del pueblo de Teucalhuican, y los dieron comida.
(Lib. XII, cap. xxiv)
DE LA PESTILENCIA
QUE VINO SOBRE
LOS INDIOS DE VIRUELAS, DESPUES QUE LOS ESPAÑOLES
SALIERON DE MEXICO
Antes que
los españoles que estaban en Tlaxcala viniesen
a conquistar
a México, dio una grande pestilencia de viruelas a
todos los indios en el
mes que llamaban Tepéilhuitl que es al fin de
septiembre.
De esta pestilencia murieron muy muchos indios:
tenían todo el cuer
po y toda la cara, y todos los miembros tan llenos
y lastimados de viruelas
que no se podían bullir y menear de un lugar, ni
volverse de un lado
a otro, y si alguno los meneaba daban voces. Esta
pestilencia mató gentes
sin número, muchas murieron porque no había quien
pudiese hacer co
mida; los que escaparon de esta pestilencia
quedaron con las caras aho
yadas, y algunos los ojos quebrados; duró la fuerza de esta pestilencia
sesenta días, y después que fue aflojando en
México, fue hacia Chalco.
En acabándose esta pestilencia en México, vinieron
los españoles que ya
estaban en
Tezcuco, y dejaron la laguna, y vinieron
por Cuauhtitlan,
hasta
Tlacupan, y allí se
repartieron en capitanías,
y se pusieron en
diversas estancias. A D. Pedro Al varado le cupo el camino que va de
recho de Tlacupa al Tlatilulco. El capitán D.
Hernando Cortés se puso
en Coyoacan y guardaba el camino que va de Coyoacan
a México. De hacia
la parte de Tlatilulco se comenzó primero la guerra
en un lugar que se
llama Nextlatilco,
y llegaron peleando hasta el lugar que se llama Nono-
aleo, donde
está ahora una iglesia que se llama San Miguel, y los espa
ñoles se retrujeron; no ganaron nada en esta
escaramuza. También el capitán D. Hernando Cortés acometió por su parte a los
mexicanos por el camino que se llama Acachinanco, y los mexicanos resistíanlos
gran demente.
DE COMO LOS BERGANTINES QUE HICIERON LOS ESPAÑOLES
EN TE1CUCO VINIERON SOBRE MEXICO
Estando los españoles en Tlaxcala labraron doce
bergantines, y antes que los armasen trujáronlos en piezas los indios hasta
Tezcuco, y allí los armaron, enclavaron y carenaron, los cuales hechos, y
puesta en ellos la artillería entraron en ellos los españoles que para esto
estaban asig nados, y vinieron por la laguna hasta un desembarcadero que se
llama Acachinanco que es cerca de México, en derecho de San Antón, iglesia que
está cerca de las casas de Alvarado; y el capitán D. Hernando Cortés luego se metió
en los bergantines, y comenzaron a sondar el agua para descubrir el alto que
había por donde habían de andar los bergantines. Como hubieron descubierto los
caminos por donde podían andar los bergantines, pusiéronse a gesto de guerra en
los mismos bergantines con determinación de destruir a los mexicanos, y luego
puestos en orden con su bandera delante, y tocando su tambor y pífano,
comenzaron a pelear contra los mexicanos, y muchos de éstos que tenían las
casas dentro en el agua, como comenzó la guerra por el agua, comenzaron a huir
con sus hijos y con sus mujeres, algunos llevaban a cuestas a aquéllos y otros
en canoas: todas sus haciendas dejaban en sus casas, y los indios que ayudaban
a los españoles entraban en las que dejaban, y robaban cuanto hallaban. También
los indios de Tlatilulco andaban allí peleando con sus canoas. Como llegaron
los españoles a donde estaba atajada una acequia con albarrada y pared,
desbarataron la acequia los castellanos que iban en los bergantines, y
comenzaron a pelear con los que estaban defendiéndola: los españoles que iban
en los bergantines tornaban la artillería hacia donde estaban más espesas las
canoas, y hacían gran daño en los indios con la artillería y escopetas. Visto
esto los mexicanos comenzaron a apartarse y a guardarse de la artillería, yendo
culebreando con las canoas, y también cuando veían algún tiro que soltaban
agaza pábanse en las canoas, y comenzaron a retraerse hacia las casas, y así
quedó desocupado el campo. Llegaron los españoles a un lugar que se llama
Vitzillan, que es cerca de la iglesia de San Pablo, allí estaba otro paredón
hecho, y a las espaldas de él estaban muchas gentes de los mexicanos;
detuviéronse allí algo los bergantines entre tanto que ade rezaban la
artillería para destrozar el paredón.
(Lib. XII, cap. xxx)
DE COMO LOS DE LOS BERGANTINES HABIENDO OJEADO LAS
CANOAS QUE LES SALIERON POR LA AGUA, LLEGARON A TIERRA JUNTO
A LAS CASAS
Después que los españoles aderezaron sus piezas
tiraron al paredón con ellas, y de los primeros tiros arruináronle todo, y de
los segundos tiros
dieron con él en el suelo, y los soldados indios
que estaban detrás del paredón luego echaron a huir, y los indios amigos luego
cegaron la acequia para pasar adelante con piedras y adobes y tierra y maderos.
De que tuvieron llana la acequia luego vinieron los de a caballo y entraron en
la ciudad y alancearon los que pudieron de los indios, y tornáronse a salir, y
luego entraron otros de a caballo, e hicieron lo mismo, y los indios acogíanse
a las casas reales: también alancearon a algunos indios, entre los cuales fue
alanceado un indio del Tlatilulco, y éste asió de la lanza con que estaba
atravesado y otros sus compañeros asieron también de ella, y quitáronsela al de
a caballo, y con ella le mataron y le derro caron del caballo, y luego se
juntaron los españoles y entraron dentro de un patio que se llamaba
quauhquiáoac , y llevaban consigo un tiro grueso y asentáronle. En este lugar
estaba una águila de piedra grande y alta como un estado de hombre, y por eso
llamaban a aquel patio quauhquiáoac: de la una parte del águila estaba un tigre
de piedra, y de la otra un oso también de piedra, y los capitanes de los indios
escondíanse detrás de ocho columnas de piedra que allí estaban, y mucha otra
gente estaba encima de la casa que estaba armada sobre las columnas; y los
españoles tiraron con el tiro grueso que llevaban consigo aquel edificio que
estaba allí, y con el trueno y con el humo los que estaban abajo se espantaron
y echaron a huir, y los de arriba se echaron de allí abajo y todos huyeron.
Llevaron el tiro más adelante hacia el patio de Vitzilo puchtli donde estaba
una grande piedra redonda como rueda de molino, y sobre el cu de Vitzilopuchtli
estaban unos sátrapas sentados tañendo un teponaztli y cantando; y aunque veían
lo que pasaba, no cesaban de tañer y cantar, y subieron dos españoles, y
matáronlos, y echáronlos por las gradas abajo del cu. Como los españoles
entraban por la ciudad, vinieron los indios diestros que andaban en las canoas,
y saltaron en tierra, y comenzaron a llamar a otra gente para impedir la
entrada a los españoles. Luego vieron éstos a los indios que venían sobre ellos
con gran ímpetu y que los desbarataban, recogiéronse y comenzaron a re
traerse, y los indios peleaban reciamente: los españoles se recogieron a su
estancia que llamaban Acachinanco y dejaron el tiro en el patio de
Vitzilopuchtli, y de allí lo tomaron los indios y lo echaron a una agua
profunda que llamaban Tetamaculco que está cabe el monte que se llama
Tepetzinco, donde están los baños.
(Lib. XII, cap. xxxi)
DE COMO LOS MEXICANOS SE RINDIERON Y COMENZARON A
SALIRSE DE LA CIUDAD POR MIEDO A LOS ESPAÑOLES
Después de las cosas arriba dichas, los indios
mexicanos huyeron para Tlatilulco dejando la ciudad de México en poder de los
españoles, y los
indios de Tlatilulco acudieron a México a hacer
guerra a los españoles, y D. Pedro Alvarado que estaba todos aquellos días
peleando contra los del Tlatilulco en aquella estancia que llaman lliácac, cabe
Nonoalco, no hizo ninguna cosa, porque los del Tlatilulco se defendieron muy
bien por tierra y por el agua. Como vio Alvarado que no aprovechaba con ellos
nada, desconfiado volvióse a Tlacuba, y dende a dos días los es pañoles
vinieron con todos los bergantines junto a las casas del Tlatilulco, y dos de
los bergantines fueron hacia el barrio que se llama Nonoalco: ojearon de por
allí todas las canoas de guerra y saltaron en tierra, y comenzaron a entrar por
entre las casas en concierto de guerra. Todos los indios se apartaron, ninguno
salió contra ellos. Como nadie osaba ir contra los españoles, un valiente
hombre que se llamaba Tzilacatzin salió contra los castellanos, y a pedradas
mató algunos de ellos porque tenía gran fuerza en el brazo, y salieron otros
tras él, e hicieron retraer a los españoles, y volvieron el agua hacia donde
tenían los bergantines; y aquel Tzilacatzin tenía sus armas y sus divisas como
Otómitl, y con su ferocidad espantaba no solamente a los indios amigos de los
españoles, pero también a los mismos españoles, y éstos ponían gran diligencia
para matarle, pero él disfrazábase cada día porque no le conociesen; a las
veces iba la cabeza descubierta como otomí, y otras veces armábase con armas de
algodón, y otras se ponía la cabellera de manera que no le viesen ni le
conociesen. Otro día los españoles hicieron lo mismo: vi nieron en los
bergantines con muchos amigos indios al mismo barrio de Nonoalco, y comenzaron
a pelear con los de Tlatilulco, trabóse recia mente la batalla, y pelearon
todo el día hasta la noche, y murieron mu chos indios de ambas partes:
señaláronse allí entonces tres indios de Tlatilulco muy valientes, el uno
llamaban Tzjoyectzin, el otro llamaban Temoctzin, y el tercero Tzilacatzin, que
ya se dijo. Como vieron los españoles que ya venía la noche y no ganaban nada,
volviéronse a su estancia con los indios sus amigos.
(Lib. XII, cap. xxxii)
DE COMO LOS INDIOS MEXICANOS PRENDIERON QUINCE ESPAÑOLES
Decían los capitanes: ¡Ea pues mexicanos!; ¡ea
mexicanos!; luego comen zaron todos a tocar sus trompetas y a pelear con los
españoles, y llevaban de vencida a los españoles, y prendieron quince de ellos,
y los demás españoles huyeron con los bergantines a lo alto de la agua, y a los
presos quitaron las armas y despojáronlos, y lleváronlos a un cu que se llama
Tlacochcalco, allí les sacaron los corazones delante del ídolo que se llamaba
Macuiltótec, y los otros españoles estaban mirando desde los bergantines cómo
los mataban. Otra vez vinieron dos bergantines al
barrio que se llama Xocotitlan, y como llegaron
saltaron en tierra por el barrio adelante peleando; y como vio aquel capitán
indio que se llamaba Tzílacatzin que estaban peleando, acudió a ellos con otra
gente que le siguió, y peleando los echaron de aquel barrio y les hicieron
acoger a los bergantines. Otra vez vinieron dos bergantines al barrio que se
llama Coyonacazco, y saltaron en tierra los españoles y comenzaron a pelear.
Venía allí por capitán Rodrigo de Castañeda, y comenzaron a echar saetas, y Castañeda
mató a uno con una saeta, y saltaron contra él ciertos soldados indios y dieron
con él en el agua, y estuvieron a punto de matarle sino que se escapó asido de
un bergantín. Estaba otro bergantín de los españoles en el barrio que se llama
Tetenanteputzco, cerca de aquella iglesia que se llama Santa Lucía; otro
bergantín estaba en el barrio que se llama Totecco, que es cabe la iglesia de
la Concepción; estos bergantines estaban en el agua aguardando tiempo, estaban
todo el día y a la noche se iban, y dende a tres o cuatro días determinaron los
españoles de darles guerra por allí. Entraron por el camino que se llama
Quavecatitlan que va derecho hacia donde venden la sal; iban tantos indios y
españoles que no cabían por el camino, porque por una parte y por otra había
agua, y echaron tierra y adobes y maderos, para poder mejor pasar, y como
hubieron ensanchado el camino, luego comen zaron a entrar por él en orden de
guerra con su bandera delante, y to cando el tambor y pífano, y venían tras
ellos todos los indios de Tlaxcala y de otros pueblos que eran amigos. Entraron
los españoles con mucha fantasía que no tenían en nada a los mexicanos, y los
tlaxcaltecas y otros indios amigos iban cantando, y también los mexicanos
cantaban de la misma manera según que solían hacer en las guerras; y como
llegaron a un barrio que se llama Tlioacan, que es ahora San Martín, los
soldados tlatilulcancs estaban escondidos y agazapados por temor de la
artillería, esperando la pelea y la grita de sus capitanes que mandasen pelear;
y como oyeron el mandato, luego arremetió a los españoles aquel capitán
tlatilulcano que se llamaba Tlapanécatl hecatzin, y
comenzó a dar voces
esforzando a los suyos, y aferró con un español y
dio con él en tierra y tomáronle los otros soldados que iban con este T
lapanécatl hecatzin.
(Lib. XII, cap. xxxiv)
DE COMO LOS MEXICANOS PRENDIERON OTROS ESPAÑOLES,
MAS DE CINCUENTA Y TRES, Y MUCHOS
TLAXCALTECAS, TEZCUCANOS, CHALCAS, XUCHIMILCAS, Y A TODOS LOS MATARON DELANTE
DE LOS IDOLOS
Trabóse una batalla muy recia en este día, de
manera que los mexicanos como borrachos se arrojaron contra los enemigos, y
cautivaron muchos de los tlaxcaltecas y chalcas, y tezcucanos, y mataron muchos
de ellos,
y peleando hicieron saltar a los españoles en las
acequias y a todos los
indios sus amigos. Púsose con esto el camino todo
lodoso que no podían
andar por él; aquí prendieron a muchos
españoles, y lleváronlos arras
trando.
En este lugar tomaron a los españoles una bandera donde está
la iglesia de San Martín, y los españoles huyeren, y siguiéronlos hasta
el barrio que se llama Coloacatonco, allí se
recogieron y los indios vol
vieron a coger el campo, y tomaron sus
cautivos, y pusieron en proce
sión todos maniatados; pusieren
delante a los españoles, y luego
a los
tlaxcaltecas, y luego a los demás indios cautivos,
y lleváronlos al cu que
llamaban Mumuzco,
allí los mataron uno a uno
sacándolos los corazo
nes: primeramente mataron a los españoles y después
a todos los indios
sus amigos. Habiéndolos muerto pusieron las cabezas
en unos palos de
lante de los ídolos, todas espetadas por las
sienes; las de los españoles
más altas, las de los otros indios más bajas, y las de los caballos más
bajas. Murieron en esta batalla cincuenta y tres
españoles y cuatro caba
llos. En todo esto no cesaba la guerra por el
agua: matábanse unos a
otros por las canoas, y había gran hambre entre los
mexicanos y grande
enfermedad, porque bebían del agua de la laguna y
comían sabandijas,
lagartijas y ratones, porque no les entraba ningún bastimento, y poco
a poco fueron acorralando a los mexicanos cercándolos
de todas partes.
(Lib. XII, cap. xxxv)
DE COMO DE NOCHE ABRIAN LOS CAMINOS DEL AGUA QUE DE
DIA LOS ESPAÑOLES CERRABAN
Los españoles y sus amigos cegaban de día las
acequias para pasar a donde estaban los enemigos, y todo lo que cegaban de día,
los enemigos mexicanos lo tornaban de noche a abrir: en esto entendieron
algunos días, y por esto se dilató la victoria mucho. Los españoles y los
tlaxcalte cas combatían por tierra, unos por la parte que se dice lacalco, y
otros por la parte que se dice Atezcapan: y de la parte del agua peleaban los
de Xuchimilco y todos los chinampanecas, y los tlatilulcanos del barrio de Atliceuhian:
y los del barrio de Ayácac resistían por el agua, y no descansaban en la pelea:
eran tan espesas las saetas y los dardos que todo el aire parecía amarillo, y
los capitanes de los mexicanos que eran del barrio de Yacacolco todos defendían
las entradas porque no entrasen donde estaba recogida la gente, mujeres y
niños, y peleando con gran per severancia hicieron retraer a los dichos
capitanes de la parte de la otra acequia que se llama Amáxac. Otra vez
acometieron los españoles, y lle garon a un lugar que se llamaba Ayácac donde
estaba una casa grande que se llamaba Telpuchcalli, pusieron fuego a la casa, y
un bergantín de los españoles iba por el barrio que se llama Atliceuhian, con
muchas canoas que les siguieron de los amigos, y un capitán que se llamaba
Coiovevetzin,
mexicano que traía las armas vestidas, la mitad de
ellas era una águila y la otra mitad de un tigre, vino en una canoa de hacia la
parte que se llama Tolmayecan, y seguíanle muchas canoas con gente armada.
Luego comenzó a dar voces a los suyos, que comenzasen a pelear, y luego co
menzaron la pelea, y los españoles se retrujeron, y este capitán con los suyos
los seguían, y retrujéronse hacia un lugar que se llama Atliceuya; también los
bergantines se retrujeron hacia la laguna. De este alcance murieron muchos
xochimilcanos. Otra vez tornaron los españoles a ence rrarse en un cu que se
llama Mumuztli, y otra vez volvieron tras ellos hasta donde estaba el
telpuchcalli que llaman Atliceuhian: volvieron otra vez los españoles tras los
indios con Coiovevetzin en la acequia; revolvió un capitán mexicano que se
llamaba Itzpapalotzin, otomí, y hizo retraer a los españoles a los bergantines:
entonces cesó la batalla y los del pueblo de Cuitláoac pensando que su señor
que se llamaba Maieoaztzin quedaba muerto con los demás enojáronse mucho con
los mexicanos, entre los cuales estaba su señor, y dijeron: ¿Por qué habéis
muerto a nuestro señor?, y su señor como estaba vivo supo que sus vasallos
estaban eno jados, habló al capitán Coiovevetzin y díjole: señor hermano, busque
a uno de sus soldados que tenga recia voz, y Coiovevetzin llamó a un ca pitán
que se llamaba Tlamaiócatl, y el señor de Cuitláoac díjole: ve, y
di a mis vasallos que yo te envío para que les
digas que estoy vivo, y
que miren acá y verme han. Como aquel capitán habló
a los de Cuitláoac y les dijo lo que le había mandado el señor Maieoatlzin,
ellos no qui sieron creerle, mas dijeron que le habían muerto y que no era
verdad lo que les decía, y el otro respondió, no es muerto como pensáis, mirad
y verle heis a donde está vivo, que allí se puso para que le veáis, y habló el
señor de Cuitláoac y dijo: mirad que no me perdáis nada de mis atavíos y joyas
y armas, que vivo estoy. Como dijo estas palabras el señor de Cuitláoac, luego
los indios amigos de los españoles, comenza ron a dar grita, y a pelear contra
los mexicanos, y metiéronlos hasta dentro de tianquiztli a donde se vende el
copal, y allí pelearon gran rato. Otra vez entraron en consejo nuestros
enemigos para acometernos y destruirnos, en especial los otomíes de Tlaxcala, y
otros capitanes mu chos, y determinaron de entrar por una calle que estaba
junto donde es ahora San Martín, y la calle iba derecha a una casa de un pilli
tlati-lulcano que se llamaba Tlacatzin, y luego los salieron al encuentro los
del Tlatilulco, un capitán que se llamaba Tlappanécatl que iba delante; pero
los que iban con él arrojáronse sobre los enemigos con gran furia, y tomáronles
el capitán que llevaban preso que se llamaba Tlappanécatl; pero escapó con una
herida en una pierna, y cesó por entonces la guerra.
(Lib. XII, cap. xxxvii)
DEL
TRABUCO QUE HICIERON
LOS ESPAÑOLES PARA CONQUISTAR A
LOS DEL TLATILULCO
Como los indios mexicanos todos estaban recogidos
en un barrio que se llama Amáxac y no los podían entrar, ordenaron de hacer un
trabuco, y armáronle encima de un cu que estaba en el tianquiztli que llamaban
Mumuztli, y como soltaron la piedra no llegó a donde estaba la gente, cayó
mucho más atrás junto a la orilla del tianquiztli, y como salió el tiro en
vacío comenzaron los españoles a reñir entre sí. Como vieron que por vía del
trabuco no pudieron hacer nada, determinaron de aco meter al fuerte donde estaban
los mexicanos, y pusiéronse todos en orde nanza: dispusieron los escuadrones y
comenzaron a ir contra el fuerte, y los mexicanos como los vieron ir
escondíanse por miedo de la artillería, y los españoles iban poco a poco
llegándose al fuerte muy ordenados y muy juntos. Y uno de los mexicanos del
Tlatilulco que se llamaba Chal-chiuhtepeoa púsose en celada con otros soldados
que llevaba consigo con propósito de herir a los caballos, y como llegaron los
españoles a donde estaba la celada, hirieron a un caballo, y luego el español
cayó en tierra y los mexicanos le tomaron, y luego salieron todos porque
salieron todos los mexicanos valientes que estaban en el fuerte, e hicieron
gran daño en ellos los amigos de los españoles, y así se retrujeron otra vez al
tian quiztli al lugar donde llaman Copalnamacoyan a donde estaba un ba
luarte. Después de esto, todos los indios amigos, y enemigos de los mexi canos
que tenían cercados a éstos, concertaron de cegar una laguna que les hacía
mucho embarazo para entrar al fuerte de los mexicanos, que estaba cerca de
donde está ahora la iglesia de Santa Lucía, y así otro día muy de mañana
cargáronse de piedras, y de tierra y de adobes, y de la madera de las casas que
derrocaban, y robaban todas las casas que esta ban por allí cerca. Visto por
los mexicanos lo que hacían los enemigos, sacaron escondidamente cuatro canoas
con gente de guerra y cuatro capi tanes con ellos, y como estuvieron a punto
comenzaron a remar recia mente, y fueron contra los que cegaban la laguna dos
canoas por la una parte, y otras dos por la otra; luego comenzaron a pelear y
muchos mu rieron, unos en la laguna y otros en la tierra; otros echaban a huir
y caían entre los maderos que habían puesto, y de allí los sacaban arras
trando los mexicanos llenos de lodo. Murieron muchos en este reencuen tro
aquel día. Otro día luego los españoles acometieron al fuerte que era donde
llaman Amáxac, donde está la iglesia de la Concepción, y pelea ron gran rato,
y finalmente llegaron donde estaba el bagaje de los mexi canos; y como
llegaron a una casa grande que se llamaba Telpuchcalli a donde estaba mucha
gente, subiéronse a las azoteas de aquella casa; die ron consigo en el agua
por huir, y un capitán que se llamaba Vitziloatzin con muchos soldados que estaban
sobre los tlapancos, comenzaron a resistir a los españoles poniéndose por muro
para que no pasasen a donde estaba el bagaje, y los españoles arrojáronse
contra ellos, y comenzaron a matar
en ellos y a destrozarlos y salieron otros soldados
en favor de aquéllos, de
manera que no pudieron los españoles pasar a donde
querían y retrujéron-
se. A otro día los españoles pegaron fuego a
aquella casa, en la cual había
muchas estatuas de los ídolos. Los españoles
peleaban contra los mexica
nos ya dentro de su fuerte, y a las mujeres y niños
no los hacían mal,
sino a los hombres que peleaban. Aquel día
despartió la noche la pelea,
y al otro los españoles y todos los amigos
comenzaron a caminar hacia
donde
estaban los mexicanos
en su fuerte,
y los mexicanos quisieron
hacer una celada para resistir a los españoles la
entrada, y no pudieron:
viéronlos, y
así los españoles comenzaron
a pelear. Casi un
día duró
la pelea; a la noche retrujéronse a sus estancias,
y a la mañana deter
minaron romper, y cercáronlos de todas partes de
manera que por nin
guna parte podían salir, y estando en esta
estrechura murieron muchos
(ningunas
mujeres) pisados y
acoceados, y estando en
esta pelea las
mujeres también peleaban cegando a los contrarios con el agua de las
acequias, arrojándosela con los remos. Estando ya
los mexicanos acosados
de todas partes de los enemigos, acordaron de tomar
pronóstico o agüero
si era ya acabada su ventura, o si les quedaba
lugar de escapar de aquel
gran peligro en que estaban, y habló el señor de
México que se llamaba
Cuauhtemoctzín, y dijo a los principales que con él
estaban: “Hagamos
experiencia
a ver si podemos escapar de este peligro
en que estamos:
venga uno de los más valientes que
hay entre nosotros, y vístase las
armas y divisas que eran de mi padre
Avitzotzin”, y luego llamaron a
un mancebo valiente que se llamaba Tlapaltécatl
opuchtzin que era del
barrio de Coatlan, donde es ahora la parroquia de
Santa Catalina en el
Tlatilulco,
a aquél le habló el señor
Quauhtemoctzín y le dijo: “Veis
aquí estas armas
que se llaman Quetzaltecúlotl
que eran
armas de mi
padre Avitzotzin, vístetelas y pelea con ellas,
y matarás algunos, vean
estas armas nuestros enemigos, podrá ser que se
espanten en verlas”; y
como se las vistieron pareció una cosa espantable,
y mandaron a cuatro
capitanes
que fuesen delante
de él, de
cada parte dos de aquel
que
iba armado con las armas de Avitzotzin, en las
cuales tenían gran agüero
que saliendo
luego los enemigos habían de
huir. Diéronle también
el
arco y la saeta de Vitzilopuchtli que tenían también guardado por reli
quias, y
tenían fe en aquel arco y saeta que cuando saliese no podían
ser vencidos, aquella saeta tenía un casquillo de
pedernal. Estando estos
cinco puestos a punto, un principal mexicano que se
llamaba Cioacoatla-
cotzin dio voces diciendo a los cinco que estaban a
punto: ¡Oh mexicanos,
oh tlatilulcanos!,
el fundamento y fortaleza de los mexicanos en Vitzi
lopuchtli es
puesta, el cual arrojaba entre los enemigos su saeta que se
llamaba Xiuhcóatl
y Mamaloaztli, la misma saeta lleváis ahora
vosotros
que es agüero de todos nosotros; mirad que la
enderecéis contra vuestros enemigos para que haga tiro y no se pierda en balde,
y si por ventura con ella matáredes o cautiváredes a alguno, tenemos
certidumbre y pro nóstico que no nos perderemos de esta vez, sino que quiere
nuestro señor
ayudarnos": y dichas estas palabras, aquel que
estaba armado con los otros cuatro comenzaron a ir contra los enemigos. Como
los vieron los españoles así como los indios, cayóles grande espanto, no les
pareció cosa humana, y aquel que iba armado con Quetzáltecúlotl subióse a una
azo tea, y los enemigos paráronse a mirarle qué cosa era aquélla, y como
conocieron que era hombre y no demonio acometiéronle peleando, y hi riéronle
huir. El Quetzáltecúlotl tornó tras ellos con los que con él iban, y hízolos
huir, y subió otra vez en el tlapanco donde los tlaxcaltecas tenían quetzales y
cosas de oro robadas, y tomóselas, y volvió a saltar del tlapanco abajo, y no
se hizo mal ninguno, ni le pudieron cautivar los enemigos, mas antes los que
iban con él cautivaron tres de los enemigos, y por entonces cesó la pelea:
volviéronse todos a sus ranchos, y el día siguiente tampoco pelearon.
DE COMO
LOS DEL
TLATILULCO CUANDO ESTABAN CERCADOS VIERON VENIR FUEGO DEL CIELO
SOBRE SI DE COLOR DE SANGRE
El día siguiente cerca de medianoche llovía menudo,
y a deshora vieron los mexicanos un fuego así como torbellino que echaba de sí
brasas grandes, y menores, y centellas muchas, remolineando y respendando y
estallando: anduvo alrededor del cercado o corral de los mexicanos donde
estaban todos cercados que se llamaba Coionacazco, y como hubo cer cado el
corral tiró derecho hacia el medio de la laguna, y allí desapareció, y los
mexicanos no dieron grita como suelen hacer en tales visiones: todos callaron
por miedo de los enemigos. Otro día después de esto no pelearon, todos
estuvieron en sus ranchos, y D. Hernando Cortés subióse encima de una azotea de
una casa del barrio de Amáxac; esta casa era de un principal tlatilulcano que
se llamaba Aztooatzin. Desde aquel tla panco estaba mirando hacia el cercado
de los enemigos: allí encima de aquel tlapanco le tenían hecho un pabellón
colorado, desde donde estaba mirando, y muchos españoles estaban alrededor de
él hablando los unos con los otros; es muy verosímil que D. Hernando Cortés
había enviado muchos mensajeros al señor de México Cuauhtemoctzín para que se
rin diesen antes que los matasen a todos, pues ya no tenían ningún remedio, y
en este punto en que estaba ahora el negocio de la guerra es cosa muy cierta
que ya el señor de México había dado la palabra a los men sajeros del capitán
D. Hernando Cortés que se quería rendir, y a este propósito se puso en el
pabellón en el tlapanco el capitán D. Hernando Cortés, esperando a que viniese
a su presencia el señor de México Cuauh temoctzín con todos los principales
que con él estaban. Viniéronse a donde estaba el marqués en canoas,
Cuauhtemoctzín iba en una canoa y iban dos pajes con él que llevaban sus armas,
y uno solo iba remando en la canoa que se llamaba Cenyáutl, y cuando llegaron a
la presencia de
D. Hernando Cortés estaba en el corral. . .
los dioses españoles.
comenzaron a decir toda la gente mexicana que ya va
nuestro señor rey a ponerse en las manos de
(Lib. XII, cap. xxxix)
AUTOR
De las cosas arriba dichas, parece claramente
cuánto temporizó y disimuló el capitán D. Hernando Cortés con estos mexicanos
por no los destruir del todo ni acabarlos de matar: porque según lo de arriba
dicho, muchas veces pudieron acabarlos de destruir, y no lo hizo, esperando
siempre a que se rindiesen, para que no fuesen destruidos del todo.
DE LA PLATICA QUE HIZO D. HERNANDO CORTES A LOS
SEÑORES DE MEXICO, TEZCUCO Y TLACUPAN, DESPUES
DE LA VICTORIA,
PROCURANDO POR EL ORO
QUE SE HABIA PERDIDO CUANDO SALIERON
HUYENDO DE MEXICO
Como estuvieron juntos los tres señores de México,
Tezcuco y Tlacupan con sus principales delante de D. Hernando Cortés, mandó a
Marina que les dijese dónde estaba el oro que había dejado en México; y luego
los mexicanos le sacaron todas las joyas que tenían escondidas en una canoa
llena, y todo lo pusieron delante del capitán y de los españoles que con él
estaban, y como lo vio dijo, ¿no hay más oro que éste en México? Sacadlo todo
que es menester todo, y luego un principal que llaman Tlacutzin habló a Marina
respondiendo: di a nuestro señor capi tán que cuando llegó a las casas reales
la primera vez, todo lo que había, y todas las salas cerramos con adobes, no
sabemos qué se hizo el oro que había, tenemos que todo lo llevaron ellos, y no
tenemos más de esto ahora: y el capitán respondió diciendo que es verdad que
todo lo toma mos, pero todo nos le tomaron en aquel paso de acequia que se
llama Tóltecaacáloco, es menester que luego parezca: y luego respondió un
principal mexicano que se llamaba Cioacoatlacutzin, y dijo a M arina: dile al
señor capitán que nosotros los mexicanos no peleamos por el agua con canoas, ni
sabemos esta manera de pelear, que sólo los de Tlatilulco que peleaban por el
agua, atajaron a nuestros señores los españoles, y creemos que solos ellos lo
tomaron; luego respondió Quauhtemoctzín, y dijo al principal Cioacóatl, ¿qué es
lo que dices?, aunque es así que los del Tlatilulco lo tomaron fueron presos y
todo lo tornaron: en el lugar de Texopan se juntó todo, y esto que está aquí y
no hay más. Dijo luego Marina: el nuestro capitán dice que no está aquí todo, y
respondió el
principal Cioacóatl, ¿por ventura alguno Maceoal ha
tomado alguno? Buscarse ha, y traerse ha a la presencia del capitán. Otra vez
dijo M arina: el señor capitán dice que busquéis 200 tejuelos de oro, tan
grandes como así y señalóles con las manos el grandor de una patena de cáliz.
Otra vez habló el principal Cioacóatl, y dijo: por ventura algunas de las
mujeres lo llevaron escondido debajo de las enaguas, buscarse ha, y traerse a
la presencia del señor capitán. Luego allí habló otro principal que se llamaba
Mixcoatlaytotlaca welitoczin: dile al señor capitán, que cuando vivía
Mocthecuzoma el estilo que se tenía en conquistar, era éste, que iban los
mexicanos, y los Tezcucanos, y los de Tlacupan, y los de las Chinam pas, todos
juntos iban sobre el pueblo o provincia que querían conquistar, y después que
lo habían conquistado, luego se volvían a sus casas, y a sus pueblos, y después
venían los señores de los pueblos que habían sido conquistados, y traían su
tributo de oro y de piedras preciosas, y de plu majes ricos, y todo lo daban a
Mocthecuzoma, y así todo el oro venía a su poder.
(Lib. XII, cap. xli)
ARCAISMOS Y EXPRESIONES COLOQUIALES EN SAHAGUN
AB A R R A JA R : atropellar.
ABARRISCO : en
junto, sin distinción.
ABOHETADO : abotagado, hinchado.
AL M A N T A S : surcos para dirigir las siembras; semillero o almácigo
(arabismo).
ALQ UER Q UE : juego
de origen árabe, “tres en raya”.
APOSTA : adrede.
AR C ABU CO : monte
espeso y cerrado.
AR R EO : sucesivamente,
sin interrupción (catalanismo).
ATR A M O JA D O : arcaísmo
coloquial quizá por atrabancado; subsiste como
mexicanismo y americanismo con la acepción de
atraillado (como
los perros).
ATR A N C A B A N : daban
trancos a pasos largos.
A v an era s: nombre de
un molusco de
los ríos llamado
a tzcá lli en
náhuatl. Garibay dice que es lo mismo que veneras o
conchas.
AZCADILLANDO O AZACADILLANDO : andar ocupado en
cosas de poco provecho.
BATEO : bautizo.
BROTÓN : renuevo.
BR U XA C A : cierta especie de red para llevar
vasijas con alimentos. No se registra en los diccionarios.
BURÓ (color buró): buró equivale en Aragón a greda.
Aquí probable mente de color blancuzco.
CÁMARAS : evacuaciones,
diarrea.
CARLEANDO : jadeando.
CA R N IC O LE S: juego
que se jugaba con una taba de camero.
Co LIC AP ASIO :
có lico
.
COLOCUCIÓN : conversación.
CORRENCIA : diarrea.
CO TAR A :
especie de sandalia.
EM BAIDORES :
embaucadores. quizá por
emberrenchinado según
EMBERRECADO: arcaísmo
coloquial,
Santamaría.
EM PE C E R :
dañar, ofender.
ESCALIENTA: calienta.
ESCOGOLLARSE: tomar
ufanía, lozanía.
ESCOLARSE ; escabullirse.
E SPADARTE :
pez espada. I, 5 ):
no se registra en los dic
E SPAGAÑADA
( “cola espagañada”, XI,
cionarios. Quizá variante o corrupción de
espadañar: dividir. En este caso, cola dividida, partida.
FONDIBULARIOS : que
tiran con honda, honderos.
FREZA : hueva
de los peces, desove.
FU SLERA : fruslera,
latón.
HOMICIANO : homicida.
INGERIDAS : intercaladas.
LE J A S : lejanas.
LE Z N E : que
se deshace o disgrega fácilmente.
L O N G IN C U A S : leja n a s.
LORO: de
color moreno oscuro.
MA ST EL EJO S : nombre
de unas estrellas.
narios.
MOLLIR : ablandar.
MONCIÑOS (
“ánsares monciños”, XI, 2, 3 ): narios. Quizá salvajes, no domésticos.
No se registra en los diccio
no se registra en los diccio
N ECE GRA : quizá
variante coloquial de negruzca.
N E GRESTINO : que
tira a negro.
OPILADO : obstruido.
PESUÑOS : pezuñas.
PLUVIAS : lluvias.
PRÍM AM ENTE : primorosamente.
RE N C L E : fila
o hilera.
RE SPENDAR : por el contexto, crepitar. No se
registra en los diccio narios.
RESPE N D E R ( “a la leña, o maderos que respenden
en el fuego”, XI, vi, 3 ): No se registra en los diccionarios. Quizá como
respendar, que crepitan o que se queman bien.
SO M ET IC O : sodomita.
TR ISTE L ( “para remedio de esta corrupción que
causan las setas es bueno el ungüento amarillo que se llama axin, echado por
tristel”, XI, vn, 3. “No se bebe, sino dase por tristel”, XI, vii, 5, 153): no
se registra en los diccionarios, ni encuentro su posible significado.
¿Disuelto? ¿A gotas?
VIRGULTO : árbol
pequeño.
CRONOLOGIA*
* Esta
Cronología ha sido revisada y ampliada por el Departamento Técnico de la
Biblioteca Ayacucho.
1499
1500
1501
1502
1503
1504
1505
1506
Nace Bernardino de Sahagún, cuyo apellido original
ignora mos, en la villa de Sahagún, en Campos, en la provincia de León.
Ahuizótl
es señor de
México -Tenochti-
tlán (desde 1486).
Viaje de Vespucio
a las costas orientales de la
América
del Sur.
C. Colón es engrilletado y llevado a Cas tilla.
Vicente Yáñez Pinzón descubre la desembocadura del Amazonas, que hace
retroceder el mar varias decenas de ki lómetros formando los “Mares Dulces”.
Se promulga un decreto autorizando los matrimonios
mixtos. Alvarez Cabral lle ga al Brasil y toma posesión de sus cos tas en
nombre de la corona de Portugal.
Motecuhzoma Xocoyotzin es entroniza do como
gobernante supremo de los azte cas. C. Colón, en su último viaje, llega a una
isla situada frente a Honduras y explora hasta lo que hoy es Panamá. Los
indígenas expulsan a los españoles, que huyen, encallando en las costas de Ja
maica.
Por Cédula Real se autoriza a los con quistadores
a esclavizar a los indios Ca ribe, con el pretexto de su canibalismo.
Los reyes católicos gobiernan España.
Fernando de Rojas:
La celestina.
Leonardo da Vinci comienza La Gio conda.
Los musulmanes son expulsados de Es paña.
Cristóbal Colón emprende su cuarto y último viaje.
Se establece, en Sevilla, la Casa de Con
tratación. Se realiza un acuerdo entre los banqueros alemanes Welser y la Co
rona portuguesa para participar en el comercio con la India.
Muere Isabel de Castilla.
Martín Lutero ingresa a la Orden Agus tina.
Bramante proyecta la iglesia de San Pedro en Roma. Leonardo da Vinci termina La
Gioconda.
Se establecen
en el oriente
venezolano Muere Felipe I, El
Hermoso.
los primeros religiosos.
1507
1508
1509
1510
1511
1512 Inicia
sus estudios en la Universidad de Salamanca.
El mundo nahua celebra en libertad la última Fiesta
del Fuego (cada 52 años).
Alonso de Ojeda levanta, pese a la hos tilidad de
los indígenas, una pequeña fortaleza en Panamá. El hambre, y los ataques de los
autóctonos deciden su partida a La Española, en busca de au xilios. Francisco
Pizarro queda en su lugar. Ojeda no regresa y Pizarro aban dona el lugar.
Ojeda había encallado en las playas de Cuba.
Se constituye la primera Audiencia ame ricana en
Santo Domingo. Diego de Velázquez conquista Cuba.
Se crea el Obispado de Santo Domingo y comienza la
construcción de la ca tedral.
Los portugueses penetran en Madagas car. Segunda
regencia de Fernando de Aragón. Aparece el nombre de América, por primera vez,
en la Cosmografía de Waldseermüller. El Cardenal Jiménez de Cisneros mantiene
un absoluto predo minio en España.
Miguel Angel comienza a pintar los fres cos de la
Capilla Sixtina. Se funda la Universidad de Alcalá. Erasmo prepara: Elogio de
la locura.
Enrique VIII es coronado Rey de Ingla terra.
Se inician las sesiones del Concilio de Letrán. Es
fundado el Consulado de Bil bao para el control del comercio de la lana.
Fernando el Católico entra en la Liga Santa con el
Papa Julio II, Enrique VIII de Inglaterra y el Emperador Ma ximiliano para
expulsar a Francia de Italia. Se reúne el Conciliábulo de Pisa convocado por
Francia para deponer a Julio II. Moldavia queda sometida al pago de tributo a
los turcos. Alburquer-que conquista para Portugal la penín sula de Malaca.
Grünewald: Altar Isenheim. A. Dure-
ro: Adoración de la Trinidad.
Es creado el Consejo de Indias. Navarra es anexada
a Castilla. Aparece el primer código colonial europeo: las Leyes de Burgos, que
establecen que los indios
1513
1514
1515
Juan Ponce de León desembarca en La Florida. Vasco
Núñez de Balboa atravie sa el istmo de Panamá y descubre el otro océano, hoy
Océano Pacífico, que él llama “Mar del Sur”. En Santa María de Darién (Panamá)
se crea la primera sede episcopal en tierra firme.
Diego de Velázquez funda Santiago de Cuba.
Pedrarias Dávila parte a la con quista de Darién.
son hombres libres y deben ser sometidos a la
cristiandad. Los franceses derrotan a la Liga Santa en Ravena. Reposición de
los Médicis en Florencia. Maximilia no Sforza nuevo Duque de Milán. Los
portugueses conquistan las Molucas.
Rafael:
Madonna de Foligno.
Los turcos dominan Armenia. Hegemo nía española en
la península Itálica. Jacobo IV de Escocia, aliado de Fran cia, invade
Inglaterra, es derrotado y muerto en Flodden Field, le sucede su hijo Jacobo V.
Maximiliano I y Enrique VIII derrotan a los franceses en Guiñe-Gatte. León X es
electo Papa.
Maquiavelo: El príncipe. Miguel Angel:
Moisés.
En Alcalá de Henares se inicia la redac ción de la
Biblia Políglota Compluten se (Latín, Hebreo, Caldeo y Griego). Muere Luis XII
de Francia y le sucede Francisco I. En Alemania Ulrico Wur-temberg aplasta el
levantamiento cam pesino del Pobre Conrado. León X pro mulga la bula de la
indulgencia para la construcción de San Pedro de Roma lo que provoca protestas
de Lutero. Los portugueses inician la exploración de China.
A. Durero:
Melancolía.
México -Tenochtitlán es una gran me trópoli. La
más rica y poderosa de toda América Central y lo que es hoy el territorio de
México; centro del poder y del comercio. Es fundada La Habana. Juan Díaz de
Solís explora el Río de la Plata. Muere en Santo Domingo, Alon so de Ojeda.
Ismail I da principio al nuevo imperio persa.
Francisco I es coronado Rey de Francia y recupera el Milanesado. Bar tolomé de
las Casas expone frente al Rey y por primera vez sus quejas res pecto del
maltrato dado a los indios. Thomas Wolsey es canciller de Ingla terra. Los
turcos conquistan la Anatolia oriental y el Kurdistán. El pirata osmá-
1516
1517
1518
Profesa en la Orden de San Francisco, en el
convento de Sa lamanca.
Juan Díaz de Solís muere en el Río de la Plata.
Francisco Hernández de Córdoba y An tón Alaminos
desembarcan en Yucatán. Mocthecuzoma (Moctezuma) recibe no ticia de su
llegada.
Juan de Grijalva llega a la isla de Sacri ficios,
en Veracruz. Mocthecuzoma se en tera.
nida Chaireddin Barbarroja conquista Argelia.
Correggio: Virgen de San Francisco. Ti-
ziano: Flora. Forment: Retablo del Pi lar de
Zaragoza. Nace Santa Teresa de Jesús.
Paz de Noyon; Francia consolida sus posiciones en
Italia; Concordato de Bo lonia entre Francia y la Santa Sede por el cual la
iglesia francesa queda some tida al Estado. Selim I derrota a los egipcios en
Alepo y conquista Siria. Los portugueses llegan a Cantón y fundan bases
comerciales. Muere Fernando el Católico, le sucede su nieto Carlos de Habsburgo
(Carlos I de España y V de Alemania); regencia de Cisneros y Adria no de
Ultrech.
Erasmo: Nuevo Testamento (en griego).
T. Moro: Utopía. Ariosto: Orlando Fu rioso.
Conjuración de la Liga de Zapateros en el Rin
superior al mando de Jos Fritz. Selim I derrota a los egipcios en El Cai ro y
conquista Egipto. M. Lutero clava las 95 tesis contra la bula de las indul
gencias en la catedral de Wittenberg. Carlos I llega a España y asume el poder.
T. Folengo: Baldus. Bartolomé de To
rres Naharro: Propalliada. Se termina la catedral
de Sevilla.
F. de Magallanes se compromete con Carlos I a
probar que las Molucas son españolas dirigiéndose a ellas por el oes te.
Francisco I de Francia obliga al Parlamento a aceptar el Concordato de Bolonia.
Se establece la Inquisición en Sicilia. Cristian II de Dinamarca con quista
Suecia. Carlos I reúne las Cortes
1519
1520
Hernán Cortés desembarca en Veracruz el 21 de
abril. Se adentra en territorio mexicano y, guiado por indígenas, llega a
México -Tenochtitlán el 8 de noviem bre; es recibido por Mocthecuzoma. Cortés
envía a Carlos V dos Códices pre-hispánicos.
H. Cortés sale de la metrópoli azteca para combatir
a Pánfilo de Narváez, que, enviado por el gobernador de Cuba, viene a
desposeerlo del mando. Entre tanto, Pedro de Alvarado ataca a trai ción a los
aztecas durante la fiesta de Tóxcatl en fecha cercana a la de Pas cua de
Resurrección de 1520. Cuando Cortés regresa tras vencer a Narváez, hace frente
a la indignación azteca. Mo-tecuhzoma es asesinado. Los españoles deben huir de
Tenochtitlán el 30 de junio, en lo que se conoce como “la Noche Triste”. F. de
Magallanes descu bre, después de bordear las costas de América del Sur, el
estrecho que llevará su nombre, que cruzará a 20 días del descubrimiento.
en Valladolid, los representantes se nie gan a
jurar al nuevo rey si éste no jura las libertades y privilegios castellanos.
Melanchton: Gramática griega.
Alberto
Altdorfe: Altar de San Vlorián. Rafael:
Retrato de León X.
F. de Magallanes sale de Sevilla. Al mo rir
Maximiliano I, el Rey Carlos I de España es proclamado Emperador de Alemania
con el nombre de Carlos V, apoyado por la Banca alemana y los con tribuyentes
españoles. V. Swinglio da a conocer sus ideas reformistas, prohíbe en Zurich la
predicación de la bula de las indulgencias. Controversia de Leip zig: Lutero
rompe con la Iglesia Católica. Maquiavelo: Discursos sobre la primera década de
Tito Livio. Martín Fernán dez de Enciso: Summa de Geografía. Correggio: Matrimonio
místico de San ta Catalina. Muere Leonardo da Vinci.
Rebelión de las comunidades de Casti lla. Carlos I
marcha a Alemania y es coronado Emperador. En Germanías de Valencia se produce
una revuelta de la clase media. Se introduce en España el primer cacao de
México. Los suecos man dados por Gustavo Vasa se sublevan con tra Cristián II
de Dinamarca. Solimán II el Magnífico sucede a Selim I como sultán de los
osmánidas. Lutero quema la bula papal que lo amenaza con la ex comunión; es
declarado hereje.
Se publican en Portugal las anónimas Crónicas de
los siete primeros reyes. Erasmo: Antibarbari. Ariosto: Negro mante. Mueren
Rafael Sanzio y Barto lomé Ordóñez.
1521
1522
1523
H. Cortés y sus hombres regresan con miles de
aliados indígenas. El 30 de mayo comienza el asedio final de Te-nochtitlán. El
13 de agosto, tras largo sitio, la ciudad, defendida por el joven Cuauhtémoc,
cae en manos de los espa ñoles y es arrasada.
Andagoya reconoce el litoral de Colom bia.
González Avila inicia la conquista de Nicaragua. Huayna Cápac es Inca supremo
en el momento de mayor ex tensión del imperio (su reinado comen zó en 1493).
Pedro de Gante funda la primera escue la para
indios en México. Pedro de Al-varado emprende la conquista de Amé rica
Central.
Guerra entre Carlos V y Francisco I. F. de
Magallanes toca las Filipinas, donde muere en combate; Juan Sebastián El-cano
asume el mando de la expedición. Ignacio de Loyola se incorpora a la vida
religiosa. Son derrotados los comuneros castellanos y ejecutados sus
cabecillas. Se firman los tratados de Brujas (Car los V y Enrique VIII) y de
Worms (Carlos V y el Papa, León X ), ambos antifranceses. Muere Manuel I de
Por tugal y le sucede Juan III. Solimán II conquista Belgrado.
Maquiavelo:
Del arte de la guerra.
Lo
renzo Lotto:
Virgen con santos.
Comienza el proceso sucesorio de los Borbones. Juan
Sebastián Elcano toca Sevilla completando, así, la primera vuel ta al mundo.
Carlos V pone en manos de su hermano Fernando el gobierno de Austria. Los
turcos toman Rodas. La Inquisición se organiza en los Países Ba jos. Basilio
III firma un tratado con Li-tuania. Muere León X, Adriano de Ul-trech es
elegido Papa con el nombre de Adriano VI. Carlos I regresa a España. Barcelona
presenta petición al rey para comerciar con América. Los portugueses establecen
una línea regular entre Co-chín y China.
M. Lutero:
Traducción del Nuevo Tes
tamento. Hans Holbein, el joven: Vir gen de
Solothurn.
Se crea el Consejo de la Hacienda, en España.
Comienzan los problemas reli giosos y sociales en Alemania. Federico I
destrona a Cristián II en Dinamarca. Se produce una alianza entre Carlos V,
Enrique VIII, el Archiduque Fernando de Austria, y Venecia, Milán, Florencia,
Siena y Luca contra Francisco I de Francia. Gustavo Vasa es Rey de Sue-
1524 Se
ordena sacerdote.
1525
1526
El 13 de mayo llega el grupo de los doce
franciscanos que encabeza fray Martín de Valencia. El 12 de octubre sale Cortés
de las Hibueras. Francisco Pizarro inicia su primer viaje a las tie rras del
imperio incaico en el Perú.
Empiezan a explorarse las minas de pla ta de
México. El 28 de febrero H. Cor tés sacrifica a Cuauhtémoc en Izancá-nac.
Antes de morir, el inca Huayna Cápac recibe noticia de la presencia de
extranjeros nunca antes vistos.
Llegan los primeros dominicos a Méxi co. Pizarro
prepara una nueva expedi ción al Perú.
cía. Muere Adriano VI, le sucede Julio de Médicis
con el nombre de Clemen te VIL
M. Lutero: De la autoridad
temporal.
Hans Sachs: El ruiseñor de Willemberg.
Los herejes son expulsados de Lyon. Se da forma
definitiva al Consejo de Indias, en España, con jurisdicción sobre los nuevos
territorios descubiertos. Los príncipes alemanes reunidos en Nürem-berg
prometen respetar el Edicto de Worms. Francisco I de Francia ocupa de nuevo
Milán. Gustavo I de Suecia prohíbe el pago de anatas (tributo anual) a Roma.
Verrazzana, al servicio de Fran cia, explora la costa oriental de Norte
américa.
Erasmo:
Sobre el libre albedrío. M. Lu
tero:
Cartas a los
príncipes de Sajonia
y De servo arbitrio. Luis Vives: Intro ducción a
la sabiduría.
Muere Federico el Sabio. Se seculariza el ducado de
Prusia. Se lleva a cabo la reforma franciscana de Mateo de Bassi. Empiezan a
notarse influencias erasmis-tas en la cultura española. Francisco I de Francia
es derrotado en Pavia, hecho prisionero y llevado a España. Se suble van los
campesinos en Alemania, son derrotados y su jefe es ejecutado. M. Lutero
contrae matrimonio.
Pedro Bembo: Prosas de la lengua vulgar.
Se produce, en Gotha, la definitiva alian za de
los luteranos. Se firma el tratado de Madrid. Fernando de Hasburgo y Juan
Zapolya se hacen elegir reyes de Hungría. Fernando es elegido rey de Bohemia.
Paz de Madrid, Francisco I de Francia es liberado; desconoce el tra-
1527
1528
1529 Viaja
a Nueva España con fray Antonio de Ciudad Rodrigo
y otros
diecinueve franciscanos.
Fray Juan de Zumárraga es el primer Arzobispo de
México; Francisco de Mon-tejo inicia la conquista de Yucatán; cor sarios
franceses realizan varias incur siones sobre las costas de este territorio.
Sebastián Caboto intenta colonizar el río Paraná y su territorio colindante.
Expedición fallida de Pánfilo de Nar-váez a La
Florida. Saavedra descubre las Carolinas.
Hernán Cortés es Marqués del Valle de Oaxaca y
Gobernador de Nueva España. Ñuño Beltrán de Guzmán inicia la con quista de
Nueva Galicia.
tado de paz y hace alianza con Cle mente VII,
Francisco II Sforza de Milán y las ciudades de Venecia y Florencia (Santa Liga
de Cognac) . Solimán II de rrota a los húngaros en Mohacz.
A. Durero: Los cuatro apóstoles. Boscán renueva la
métrica española introducien do metros italianos. Machuca comienza la
Alhambra.
Enrique VIII y Francisco I entran en guerra con
Carlos V. El luteranismo es proclamado religión de Estado en Sue cia y
Dinamarca. Nace en Valladolid el futuro rey Felipe II. Las tropas impe riales
saquean Roma. Clemente VII es hecho prisionero, los Médicis son expul sados de
Florencia.
Francisco de Osuna:
Abecedario Espiri
tual. Hans Holbein, el joven: Tomás
Moro y su familia.
Francisco I de Francia firma tratado comercial con
Turquía. Andrea Doria, al servicio de Carlos V, libera Génova del dominio
francés. Montenegro cae bajo dominio turco.
Erasmo:
Ciceroniamus. Alfonso de Val-
dés: Diálogo de Mercurio y Carón. Em pieza en
París la construcción del cas tillo de Fontainebleau.
Tomás Moro ocupa el puesto de Canci ller. Carlos V
negocia con los persas. El anabaptismo se desarrolla en los Paí ses Bajos. Los
turcos sitian Viena. To más Moro escribe su Diálogo sobre las herejías. Se
establece la línea de demar cación de Zaragoza entre las posesiones españolas
y portuguesas en el Pacífico. Se inicia la construcción del Canal Im perial de
Aragón. Victoria del ejército imperial sobre los franceses. Paz de
1530 Es
guardián en el convento de Tlalmanalco.
1531
1532
1533
Significativa carta envía H. Cortés: “cer tifico a
vuestras majestades ( . .. ) que ( . . . ) ya falta la mitad de la gente de los
naturales a causa de las vejaciones y malos tratos que han recibido. . . Co
mienza la colonización portuguesa del Brasil.
Aparición de la Virgen en la colina de Tepeyac.
Pizarro inicia la definitiva con quista del imperio incaico por el Perú.
Nicolás Federmann finaliza sus expe diciones por los llanos del Orinoco. El
portugués Martín Alonso de Sousa llega al Brasil.
Atahualpa es hecho prisionero por Pi zarro, en el
Perú. Huáscar, su hermano, era para entonces su enemigo, dividido el imperio
por una guerra intestina. Se funda la ciudad de Puebla (México). Fernández de
Oviedo es nombrado Cro nista General de Las Indias.
Llegan a México los primeros agustinos. Fray Andrés
de Olmos inicia sus obras. Huáscar es asesinado por soldados de Atahualpa.
Pizarro y Almagro se apo deran del Cuzco, centro neurálgico del
Cambrai: Francia retiene el ducado de Borgoña.
Juan de Valdés: Diálogo de la doctrina cristiana.
Se produce la ruptura definitiva entre católicos y
luteranos. Francisco I crea el Collège de France. Carlos I cede Mal ta, Gozzo
y Trípoli a los Caballeros de San Juan de Rodas. Carlos V es corona do
Emperador de Bolonia por Clemente VII. Dieta de Augsburgo. Los Médicis
recuperan Florencia.
Melanchton: Apología. Tiziano: Retrato del cardenal
Hipólito de Médicis.
Los cantones católicos aplastan a Zu rich. Liga de
Esmalcalda, coalición pro testante contra Carlos V y la Iglesia Católica. La
Iglesia inglesa se separa de Roma y Enrique VIII se erige en cabeza de la misma
con aprobación del Parla mento. Inquisición en Portugal.
Servet: Sobre los errores de la Trinidad.
Lucas van Layden:
Curación del ciego.
Miguel Angel:
El Crepúsculo y la
Au
rora.
Tiziano: San Jerónimo.
Se produce la unión administrativa de Bretaña y
Francia. Se firma la paz de Nüremberg. El clero inglés se somete a su nuevo
jefe. Tomás Moro renuncia. Los turcos ocupan Hungría.
F. Rabelais: Grandes e inestimables cró nicas de
Gargantua y Hechos y proezas de Pantagruel.
Enrique VIII desposa a Ana Bolena. Francisco I se
entrevista, en Marsella, con el Papa. Se inicia en Dinamarca una guerra civil
que durará hasta 1537. Cristián III vence a Cristián II. Calvino
1534
1535 Abandona el
convento de Tlalmanalco.
Muy probablemente
entra a
cumplir funciones de
guardián en el
convento de
Xochimilco.
1536 Sahagún participa en la fundación del Colegio
de Tlatelolco
y
enseña latín a los escolares
indios.
imperio Inca; Atahualpa es ejecutado el 29 de
agosto en Cajamarca, cobrado ya el rescate que por él pidieron los es pañoles.
Pedro de Heredia funda Car tagena de Indias.
Empiezan a explotarse sistemáticamente las minas de
plata de Taxco (México). Los portugueses crean la Capitanía del Espíritu Santo
de Brasil. Resistencia mi litar indígena en Perú.
Se crea el Virreinato de Nueva España (México). Se
introduce la imprenta. Antonio de Mendoza es el primer Virrey de Nueva España
(1535- 1550). Se rea liza la primera división geográfica de la Nueva España en
cuatro provincias: México, Michoacán, Coatzacoalcos y las Mixtecas, más Yucatán
y Tabasco. Pi-zarro funda Lima el 18 de enero. Alma gro realiza su primera
expedición a Chi le. Pedro de Mendoza explora el Río de la Plata. Se crea la
Casa de la Moneda de México y la Casa de la Moneda de Lima.
G. Fernández de Oviedo: General y na tural
historia de las indias (primera parte).
Inauguración del Colegio de Santa Cruz de
Tlatelolco en México. Llega a Nueva España fray Alonso de la Veracruz. Se
produce la primera fundación de Bue-
se adhiere a la reforma. Francisco I se alia a los
turcos. Muere Basilio III, en Rusia, y le sucede su hijo Iván, de tres años (el
Terrible); su madre ejerce la regencia. Barbarroja se apodera de Tú nez.
Erasmo: De amabilis concordia. Tiziano:
Retrato de Carlos V.
Francia intenta formar un ejército na cional.
Bagdad es tomada por los tur cos. Francia y Turquía hacen alianza con
Barbarroja. Muere Clemente VII, le sucede el cardenal Alejandro Farnesio con el
nombre de Pablo III. Ignacio de Loyola crea la Compañía de Jesús, en París.
F. Rabelais: Vida del gran Gargantúa. Empieza la
construcción del Palacio Farnesio, en Roma.
Es tomada la ciudad de Munster por católicos y
protestantes: los anabaptis tas son masacrados. En Inglaterra, es ejecutado
Tomás Moro. Tomás Cromwell es Vicario General (canciller). Se rea nuda la
guerra entre Francisco I y Car los V. Carlos V libera Túnez del domi nio
berberisco. El explorador Cartier se interna en el río San Lorenzo.
Holbein:
Retrato de Enrique VIH.
1537
1538
1539
1540
Siempre en el Colegio de Tlatelolco.
Interviene como intérprete en procesos contra
idolatría.
Viaja por el valle de Puebla, Huexotzingo y
Cholula. Ascien de los cerros Popocatepetl e Iztaccíhuatl. Escribe su primera
obra en náhuatl: Sermonarios de dominicas y santos.
nos Aires, por Pedro de Mendoza. Ji ménez de
Quesada conquista la meseta de Bogotá. Sublevación de Manco Inca en el Cuzco.
Alvar Núñez Cabeza de Vaca inicia su expedición a
Texas y La Florida. Es fundada Asunción de Paraguay. Alma gro quita el Cuzco a
Pizarro.
Ayala recorre el interior de Argentina y el curso
medio del río Paraná. Gon zalo Jiménez de Quesada funda Santa Fe de Bogotá. Se
funda la Universidad de Santo Domingo, primera de América. Hernando Pizarro
derrota y ejecuta a Diego de Almagro.
Juan Cromberger, por conducto de Juan Pablo, pone
en funcionamiento la prime ra imprenta de Nueva España. Hernan do de Soto
explora La Florida y el río Mississipi.
Fray Juan de Zumárraga: Breve y más compendiosa
doctrina christiana en len gua mexicana y castellana. Nace en el Cuzco, el 12
de abril, el Inca Garcilaso de la Vega.
Fray Alonso de la Veracruz funda el colegio de
Tiripetío, en Michoacán. Pe dro de Valdivia inicia la conquista defi nitiva
de Chile. F. Vásquez Coronado explora Kansas, Sonora, Arizona y Nue vo México,
y descubre el Gran Cañón de Colorado.
Calvino vuelve a Ginebra; se expide la bula
Regimini militante ecclesiae. El papa aprueba la fundación de la Com pañía de
Jesús y sus constituciones. Sur ge un núcleo protestante en Sevilla. El
emperador cede a su hijo Felipe el Du cado de Milán. Enrique VIII hace eje
cutar a Tomás Cromwell. Francisco I ordena persecución sistemática de los
protestantes en Francia.
Biringuccio: De la pirotecnia (tratado sobre
metalurgia). Nace el músico To más Luis de Vitoria.
1541
1542
1543
Orellana recorre por primera vez el Ama zonas,
desde las fuentes hasta la desem bocadura.
Se crea la Audiencia de Lima. Por Cé dula Real,
Guatemala es convertida en Capitanía General. Hernando de Soto explora la costa
sudeste de Norteaméri ca. Francisco Javier llega a Goa con una misión jesuíta.
El padre Las Casas es Obispo de Chia pas (Nueva
España) . Se crea el Virrei nato del Perú, con capital en Lima. Llegan a
América las Leyes Nuevas, ex pedidas el 20 de noviembre de 1542.
Fray Toribio de Motolinía: Memoriales e Historia de
los Indios de Nueva Es paña.
Felipe de España toma el gobierno de las Españas.
Ignacio de Loyola es el primer general de los jesuítas. Fernando es aplastado
por los turcos en Pesto. Los españoles deben renunciar a invadir Argelia.
Cuarta guerra entre Francia y Carlos V. Muere Juan Zapoyla, rey de Hungría;
Solimán II acude en apoyo de los nacionalistas húngaros contra el do minio de
los Hasburgo y somete todo el territorio a su poder a excepción de
Transilvania.
Miguel Angel termina El Juicio Final, en la Capilla
Sixtina. Nace Domingo Theotocopulli (El Greco).
Aparece María Estuardo en la escena política
escocesa, una vez muerto Sol-way Moss y sofocada la rebelión. Car los V y
Enrique VIII se alian contra Francisco I. Carlos I dicta las Nuevas Leyes de
Indias. Enrique VIII de In glaterra asume el título de Rey de Ir landa.
Francisco I ataca a los Países Bajos y al Condado de Rosellón. Pablo III
extiende la Inquisición a toda la Iglesia Católica. Los portugueses llegan al
Japón.
Miguel Angel: Crucifixión de San Pedro, en la
Capilla Paulina del Vaticano. Na ce San Juan de la Cruz.
Primeras ordenanzas sobre las flotas de Indias.
Fundación del Consulado de la Universidad de Mercaderes de Sevilla. Sitio de
Niza por fuerzas franco-turcas. Matrimonio de Enrique VIII con Cata lina Parr.
Solimán I conquista territorios húngaros. Iván IV, El Terrible, masacra a los
Chuiski.
N. Copérnico:
De Revolutionibus Or-bium caelestium. Libri sex. Vesalius: De Corporeis Humani
Fabrica. Fernán
1544
1545
1546
En Tlatelolco, entierra más de diez mil cuerpos de
víctimas de la peste. Se contagia y es llevado al convento de San Francisco de
México.
Blasco Núñez Vela asume como primer virrey del
Perú. Manco Inca es asesina do en Víteos.
Gran peste en Nueva España. Son revo cadas para
Nueva España las Leyes Nue vas. Descubrimiento de las minas del Potosí. Juan
de Villarroel funda la ciu dad de Potosí. Diego Centeno se rebela contra
Gonzalo Pizarro.
Se crean los arzobispados de México y Lima.
Erección de la Arquidiócesis de México. Llega al Perú Pedro de la Gasea.
Termina en Venezuela el gobierno de los Welser.
Pérez de Oliva: Crónica general de Es paña.
Publicación de obras de Boscán y de Garcilaso. Nace Juan de la Cueva. Mueren
Nicolás Copérnico, Holbein el joven y Felipe de Vigarny.
Francisco I libera a los siervos del do minio
real. Los ingleses queman Edim burgo. Paz de Crepy entre España y Francia.
Federico II autoriza la doctri na evangélica en el Palatinado. El Rey de los
ordos, Dayan, incendia Pekín.
Sebastián Caboto: Mapa mundi. Pri mera
construcción eclesiástica protestan te en Torgau. Nace Tasso.
Se inaugura el XIX Concilio Ecuménico de Trento ( -
6 3 ). Se firma el tratado de Adrianópolis entre Carlos V, Fernando de Austria
y Solimán I.
Juan
Calvino: Contra la secta de los
libertinos y Catecismo. M. Lutero: Con
tra el papado. K. Gesner: Biblioteca Uni
versal (-6 3
). P. Mexía: Historia impe
rial y cesárea. B. Cellini: Ninfa de Fon-tainebleau
y Verseo. Nace Pérez de Hita. Primer Jardín Botánico europeo en Padua.
Se rebelan nuevamente los escoceses ba jo la
dirección de Juan Knox. La Inqui sición se asienta en Nápoles (Carafa). Se
genera un conflicto entre el Concilio y el Papa. Carlos I entra en guerra con
los protestantes. Batalla de Añaquito. Enzinas es ejecutado en Roma por la
Inquisición. Se funda la Flota Naval inglesa. Los turcos ocupan Moldavia.
Mueren Francisco I y Martín Lutero.
Girolamo Francastoro: De contagioni et contagiosis
morbis. Pedro Aretino: L’Orazia. Pierre Lescot comienza la construcción del
Louvre, en París.
1547
1548
1549
Recoge en náhuatl, de informantes indígenas, la
recopilación de huehuetlatolli, que luego formará el libro VI de la Historia
general.
Ultimo y definitivo regreso de fray Bar tolomé de
Las Casas a España. G. Pi-zarro marcha hacia Arequipa. Muere Hernán Cortés en
Castilleja de la Cues ta. Se libra la batalla de Huarina.
Es establecida una Audiencia en Gua dalajara.
Pedro de la Gasea logra, con la derrota y muerte de Gonzalo Pizarro, la
pacificación del Perú. Son descubier tas las minas de Zacatecas. Alonso de
Mendoza funda La Paz.
En Bahía de los Santos se establece el gobierno
general del Brasil, a cargo de Tomás de Souza. Llega al Perú la Real Cédula
aboliendo el servicio personal de los indios. Se establece una Audien cia en
Santa Fe de Bogotá. Gonzalo Pé rez de Angulo traslada la capital de la ciudad
de Santiago a la ciudad de La Habana.
Se crean las secretarías de Estado en Francia. Se
produce una ruptura entre Carlos V y Pablo III. Enrique II resta blece la
“Capilla Ardiente”. Batalla de Muhlberg; Carlos I derrota a Juan Fe derico de
Sajonia. La Corona de Bohe mia pasa a ser patrimonio hereditario de la Casa de
Hasburgo. Muere Enrique VIII de Inglaterra, Eduardo VI —su cesor— es menor de
edad; asume como Lord Protector, Somerset. Gran parte de Hungría es cedida a
los otomanos. Pablo III suspende el Concilio de Tren-to. Iván el Terrible
inicia su autocracia. Incendio de Moscú.
Tintoretto: Eucaristía. Miguel Angel re cibe el
encargo de dirigir la construc ción de la Basílica de San Pedro en Roma. Nacen
M. de Cervantes Saavedra y Mateo Alemán.
María Estuardo desposa al delfín del reino. Carlos
V separa del Imperio a los Países Bajos. Segismundo II asume como Rey de
Polonia. Guerra entre Francia e Inglaterra. Los jesuítas llegan a Marrue cos y
el Congo.
Ignacio de Loyola:
Ejercicios espiritua
les. J. Bayle: Kynse Johan. Tiziano: Es tatua
ecuestre de Carlos V. Berruguete: Retablo de la catedral de Toledo. Pri mer
teatro público en París. Nacen Francisco Suárez y Giordano Bruno.
Muere Pablo III; Carafa, antiguo jefe de la
Inquisición, es Arzobispo de Ná-poles. Se producen varios levantamientos
religiosos en Cornualles. Se publica el primer Libro de rezos, confirmación del
anglicanismo. Francisco Javier introduce el cristianismo en el Japón.
Common Prayer book (en Inglaterra). Du Bellay:
Défense et illustration de la langue française. Andrea Paladio co mienza la
Basílica de Vicenza.
1550
1551
1552 Firma como definidor, junto con otros dignatarios
de su pro
vincia, una carta dirigida al emperador.
Antonio de Mendoza es Virrey del Perú; Luis de
Velasco sucede a aquél como Virrey de Nueva España. Se introduce en Cuba el
cultivo de la caña de azúcar. Los hermanos Contreras toman la ciudad de Panamá
pero son sitiados y derrotados.
Se editan las Cédulas de Fundación de las
Universidades de México y Lima.
Ginés Vázquez de Mercado descubre las minas de
hierro de Cerro Mercado, en Nueva España. Muere, en Lima, el Vi rrey Mendoza.
Son fundadas en Chile las ciudades de Valdivia y Villarrica.
Martín de la Cruz: Libellus de medi-cinalibus
indorum herbis. Fray Bartolo mé de Las Casas: Brevísima relación de la
destrucción de las Indias. Francisco López de Gomara: Historia General de las
Indias y Conquista de México.
El gobierno inglés trata de forzar a Ma ría Tudor
a convertirse al protestantis mo. Por tratado de paz franco-inglés Boloña es
devuelta a los franceses. Julio III es elegido Papa. Se funda el Cole gio de
Jesuítas en Roma. Alberto V es intitulado Duque de Baviera. Se desata una
polémica sobre las Indias, en Sa lamanca. Se decreta el Impuesto de Avería.
Iván el Terrible publica el Sudiebnik.
Martín Bucer:
De regno Christi. P. de
Ronsard: Odas (- 5 2 ) . Cancionero de Romances
(anónimo). Ginés de Sepúl-veda: Apología pro libro de Justis belli causis.
Jorge Vasari: La Villa Giulia, en Roma.
El Parlamento francés se niega a dejar entrar a los
jesuítas en Francia. Enrique II entra nuevamente en guerra, en Ita lia, contra
el Papa. Enrique II descono ce oficialmente la reapertura del Conci lio de
Trento. Los españoles toman Trípoli. Oposición de los príncipes ale manes,
encabezados por Mauricio de Sajonia, al Emperador Carlos V.
Conrado Gesner: Historia animalum (-58). Palestrina
es director musical de San Pedro de Roma.
Se abre una tregua entre Enrique II y el Papa. Se
suspende el Concilio de Tren to. Se firma el Tratado de Chambord entre Enrique
II de Francia y Mauricio de Sajonia. El Duque de Nothumber-land hace ejecutar a
su antecesor So merset. Eduardo VI de Inglaterra elimi na los privilegios de
Hansa. Ammistía a la Liga Esmalcalda por el Tratado de Passau. Iván El Terrible
toma Kazán.
P. de Ronsard: Amor. E. Jodelle: Cleo patra
cautiva.
1553
1554
1555 En
Tlatelolco de nuevo, recoge de informantes indígenas una
relación
de la conquista, en náhuatl, que traduce al español.
La Real y Pontificia Universidad de México inicia
sus cursos. Se rebelan Vas co Godínez y Sebastián de Castilla en Charcas.
Francisco Hernández Girón si gue su ejemplo en El Cuzco. Gran rebe lión de
los indios araucanos. José de Anchieta en el Brasil. Es creado el Cole gio de
San Andrés en Quito, donde se enseña arte y arquitectura; uno de los primeros
en su género.
Es introducido el procedimiento de Pa tio en la
minería americana. El capitán Garcilaso de la Vega es nombrado Corre gidor y
Justicia del Cuzco. Valdivia es hecho prisionero por los araucanos y
ajusticiado. Girón es muerto en Lima.
Primer Concilio Mexicano. Andrés Hur tado de
Mendoza, Marqués de Cañete, es Virrey del Perú. Expedición de Vi-llegaignon al
Brasil. Descubrimiento de los yacimientos de esmeraldas de Mugo, al sur de
Bogotá.
Agustín de Zárate: Historia del descubri miento y
conquista del Perú. Fray Alon so de Molina: Vocabulario de la lengua
Muere Eduardo VI de Inglaterra, María Tudor ocupa
el trono; negocia con el Papa la vuelta de Inglaterra al catoli cismo. Los
franceses conquistan Córcega. Servet es ejecutado en Ginebra. R. Chan-cell
descubre el paso septentrional a Rusia en el Mar Blanco.
J.
Calvino: Defensa de
la fe ortodoxa.
A. Usque: traducción
de La Biblia al
castellano.
Hans Sachs: Tristán
e Isol
da. N. Udall: Ralph Roister Doister. Mueren Lucas
Cranach el viejo y Fran çois Rabelais.
María Tudor y Felipe de España con traen
matrimonio. Inglaterra se recon cilia con el Papado. Los franceses pier den
Toscana. Una sublevación campe sina comandada por Tomás Wyatt es aplastada en
Kent. María de Guisa, viu da de Jacobo V es regente de Escocia en nombre de
María Estuardo. Iván el Terrible y Gustavo Vasa se enfrentan por la posesión de
Finlandia.
Lazarillo de T ormes (anónimo). Monte-mayor:
Cancionero. G. Mercator: Mapa de Europa, escala 1:4 .360 .000 . Bande-11o:
Nouvelle. Tiziano: Venus y Adonis. Primer tomo de misas de Giovanni
Pa-lestrina. Antonio Moro es pintor de la Corte de Felipe II y María Tudor.
Uni versidad Episcopal de Dillingen.
María Tudor deroga todas las leyes reli giosas de
Enrique VIII y de Eduardo VI. Muere Julio III, le sucede Marcelo II e
inmediatamente después Carafa, con el nombre de Pablo IV. Juan Calvino reprime
a sangre y fuego un intento de rebelión en Ginebra. Los persas y los turcos
firman el tratado de Amasia. Car los I abdica Flandes y Borgoña en favor de su
hijo Felipe II. Es introducido a
1556
1557
castellana y mexicana. A. Núñez Cabeza de Vaca:
Relación de los naufragios.
Bernal Díaz del Castillo inicia la redac ción de
su Historia verdadera de la con quista de Nueva España.
García Hurtado de Mendoza encabeza la avanzada de
la guerra contra los arau canos. Es capturado y ajusticiado el cacique
Caupolicán.
España el tabaco de América. Enrique II establece
una alianza con el Papa Pablo IV. Paz de Ausburgo. El ducado de Florencia se
incorpora a la República de Siena. Es fundada en Londres la Mos-covy C.O. Se
realiza un tratado comer cial franco -turco.
P. de Ronsard: Los Himnos. Miguel An
gel: La Piedad.
Los españoles sitos en Nápoles reinician la guerra
contra el Papado que había, hasta entonces, sostenido Francia. Iván el Terrible
toma Àstrakàn. Carlos I ab dica en favor de Felipe II. Muere Igna cio de
Loyola; Láinez es el nuevo gene ral de la Compañía de Jesús. Se abre la Tregua
de Vaucelles, propuesta por Enrique II. María Tudor condena a la hoguera a
Tomás Cramer.
Valverde de Amusco: Historia de la com posición
del cuerpo humano. J. Agrícola: De re metallica. Tartaglia: Tratato di numeri e
misure. M. Flacius Illirycus: Catálogos estium veritatis. Orlando de Lasso
publica su primer libro de mo tetes.
El Duque de Guisa emprende su campa ña en Italia.
España e Inglaterra, alia dos, declaran la guerra a Francia. Enri que II y
Pablo IV rompen la Tregua de Vaucelles. Se produce la primera ban carrota de
Felipe II. Los portugueses se apropian de Macao. Una epidemia de influenza se
abate sobre toda Europa. Es creado un arzobispado en China.
Juan de Avila:
Filia et vide.
Cristóbal
de Villalón: El Crotalón. Wickram: Canciones y
Sonetos. Se funda la Uni versidad de Jena. Se crea la Academia de San Luca en
Roma. Nacen Giovanni Gabrielli y Tomás Morley.
1558
1559
1560
Visita la Custodia de Michoacán. El provincial fray
Francisco Toral le ordena iniciar una investigación de la cultura indí gena.
Comienza el trabajo en Tepepulco con la ayuda de infor mantes y pintores
indios.
Son descubiertas las minas de Guana juato.
Leyenda de los soles (en náhuatl).
Francisco Fajardo vuelve a la tierra de los Caracas
y funda el hato de San Francisco; lo destruyen las tribus al mando de
Guaicaipuro.
Muere en Lima el Virrey Marqués de Cañete. Una Real
Cédula concede a los Cabildos de Venezuela el privilegio de nombrar
gobernadores interinamente.
Francisco Cervantes de Salazar: Túm u lo imperial.
Muere Carlos V, Fernando I es Empe rador. Muere
María Tudor, le sucede Isabel. Iván el Terrible toma Narva: nueva guerra
ruso-sueca por la posesión de Letonia. Inglaterra pierde, con Ca lais, su
última posesión continental. Es restaurada la Iglesia Estatal Anglicana. Luis
Ortiz: Memorial. B. Amannati co mienza la construcción del Palacio Pitti.
La Inquisición acaba definitivamente con el
protestantismo en España. Muere Pa blo IV, le sucede en el trono pontificio
Pío IV. Primer Index Vaticanus. Se rea liza el primer sínodo calvinista en Pa
rís. Paz de Chateau-Cambresis; fin de la guerra franco-española. Entrevista de
la Espina entre Felipe II y Juan de Aus tria. Muere Enrique II de Francia, le
sucede Francisco IV. Juan Calvino fun da la escuela superior en Ginebra. Fede
rico III del Palatinado se convierte al calvinismo. Se desarrolla, en Escocia,
un movimiento iconoclasta-calvinista en el primer sínodo general de París.
Tomás Sackville: Inducción. Matías Fla-
cius
Illirycus: Centurias Magdeburgue-
sas. Pedro Brueghel, el viejo: Proverbios
neerlandeses.
Muere Francisco I, le sucede Carlos IX. Juan Knox,
jefe de los rebeldes escoceses, organiza la Iglesia Presbiteriana. Isabel se
alia a ellos. Eric XIV sucede a Gus tavo Vasa. Conspiración de Ambroise.
Gobierno de Catalina de Médicis a la muerte de Francisco II. Isabel I intro
duce en Irlanda la Iglesia Estatal Angli cana. Andrea Doria fracasa
rotundamen te en Túnez. Los jesuítas penetran en el Japón y en Polonia.
Domingo de Santo Tomás: Vocabulario. Se inicia en
Amberes la publicación de
1561 Concluye
sus Primeros memoriales.
1562 Comienza
la segunda etapa de su obra, en Tlatelolco.
Se promulgan las Ordenanzas Mineras en el Perú.
Orsúa es asesinado, se produce la rebelión de Lope de Aguirre, quien es, poco
después, ajusticiado en Barquisi-meto.
Expedición de John Hawkins a América; trata de
esclavos. Guaicaipuro derrota a Luis de Narváez.
la Biblia políglota. Vasari comienza los Uffizi, en
Florencia.
Se congregan los Estados Generales de Orleáns, en
Francia. Se inicia la Guerra de los Siete Años entre Dinamarca y Sue cia.
María Estuardo es reina de Esco cia. Iván El Terrible destroza a la horda
teutónica definitivamente. Eric XIV de Suecia se apodera de Reval y del norte
de Estonia. Segismundo II de Polonia obtiene Livonia y conserva Curlandia.
Felipe II traslada la capital del reino, de Toledo a Madrid. Se constituye el
Triunvirato Católico. Ruy López desa rrolla el ajedrez en España. Se promul
gan las Ordenanzas Mineras para el Vi-rreynato del Perú. Bárbara Uttman in
troduce el encaje de bolillo en el Erz-gebirge.
Juan
Knox: Libro de
disciplina. Santa
Teresa de Jesús: Libro de m i vida. Luis
de Granada:
Memorial de la vida
coti
diana. Julio César
Escalígero: Poetisa.
F.
Guicciardi: Historia de Italia. Tin-
toretto: Bodas de Cana. Nacen Luis de Góngora y
Argote y Francisco Bacon. Muere Alonso de Berruguete.
Los ingleses ocupan El Havre. Catalina de Médicis
firma con los savoyardos el tratado de Fossans. Se reabre el Conci lio de
Trento. Se abre la tregua de Praga, entre Fernando I y los turcos. Maximiliano
es ungido Rey de Roma. Comienzan las guerras de religión en Francia; baño de
sangre de Vassy, con tra los hugonotes. Guerra comercial en tre España e
Inglaterra. Akbar el Gran de conquista Malva. Santa Teresa de Jesús inicia la
fundación de los conven tos de la orden de las Carmelitas. Se funda la Universidad
contrarreformista de Donai (España).
1563 Memoriales de Tlatelolco.
1564 Evangelios
y Epístolas; Coloquios y Doctrina cristiana.
Se funda la Audiencia de Quito. Son descubiertas
las minas de Huencavélica. El Inca Garcilaso de la Vega se halla en Montilla.
En México, muere el Virrey Luis de Ve-lasco. Llega
a Venezuela como Gober nador y Capitán General Pedro Ponce de León. Francisco
Fajardo es ahorcado por Alonso Cobo.
Francisco Cervantes de Salazar: Crónica de la Nueva
España.
Zurita: Anales de la Corona de Aragón.
Gil Vicente: Obras (portugués). Juan
Mathesius: Prédicas luteranas. Tomás
Sackville:
Gordobuc or Terrex and
Po-
rrex. Vignola: Regla de los cinco órde nes de la
arquitectura. Nace Lope de Vega y Carpió.
Los Países Bajos hostilizan a España. Se clausura
el Concilio de Trento. Comien za la contrarreforma en Baviera. Fran cisco de
Guisa es asesinado. Aparece el Edicto de Paz de Amboise, en favor de los
hugonotes. Federico II de Dinamarca inicia la guerra contra Suecia. Iván el
Terrible conquista Polock a los polacos. Aparece en Inglatera el Statute of
Artí fices, que reglamenta la situación de aprendiz.
Ambroise Paré: Cinco libros de Cirugía.
Se comienza a construir El Escorial.
Los turcos sitian Malta. La bula Bene-dictus Deus
ratifica las actas del Con cilio de Trento. Los españoles conquis tan las
islas Filipinas. Entrevista de Ba yona entre Catalina de Médicis y el Duque de
Alba. Primeros colegios jesuí tas en España; se desata una epidemia. Muere el
Emperador Fernando I; Ma ximiliano II hereda el imperio. Tratado de Lausana.
Se desata el conflicto de Iván IV con los boyardos. Se inicia la contrarreforma
en Polonia. Pío IV pu blica por primera vez un Index librorum prohibitorum .
G. Gil Polo: Cinco libros de Diana ena morada,
Nacen Gregorio Fernández, Wi-lliam Shakespeare y Galileo Galilei. Mue ren
Miguel Angel y Juan Calvino.
1565
1566
Empieza la tercera etapa de su obra, en San
Francisco de México. Depura y organiza la obra, redacta los prólogos y
apéndices, copia en limpio los XII libros; trabajos éstos que le ocuparán
durante tres años.
Siempre en San Francisco, desarrolla las tareas
antes men cionadas.
Comienza a funcionar el Galeón de Ma nila, que
monopoliza el comercio entre Nueva España y Filipinas. Se realiza el segundo
Concilio Mexicano. Muere el Obispo Vasco de Quiroga en Michoacán. Andrés de
Urdaneta realiza el torna viaje: ruta para navegar de Filipinas a Acapulco.
Estasio da Sá funda San Se bastián de Río de Janeiro. Méndez de Avilés funda
San Agustín, en la Florida. En Lima, Gobierno de Lope García de Castro.
Comienza la extirpación del mo vimiento del Toqui de Oncoy, que rea lizará
Cristóbal de Albornoz y que lle vará 10 años. El doctor Andrés Vénero de Leiva
es gobernante del Nuevo Rei no de Granada.
Fray Diego de Landa: Relación de las cosas de
Yucatán.
Asume el cargo de Virrey de Nueva Es paña don
Gastón Peralta, Marqués de Falces. Se realiza una nueva recopilación de las
Leyes de Indias. Don Pedro Pon-ce de León es Gobernador de Venezue la. En
México se trama la conspiración de Martín Cortés; los hermanos Avila son
ajusticiados, acusados en la susodi cha conspiración. En capítulo celebrado
por la Orden de Santo Domingo de Cobán (Guatemala) se impone a los religiosos
redactar gramáticas y vocabu larios de las lenguas autóctonas. En Co lombia
se rebelan contra los españoles los indios catíos y otras tribus aliadas, par
tiendo de la provincia de Antioquia, en cabezados por el cacique Tone.
Fray Bartolomé de Ledesma: De sep-tem novae legis
sacramentis summarium (México).
Los moros se sublevan en Andalucía. Muere Pío IV.
Los Países Bajos presen tan una fuerte resistencia político-reli-giosa. Iván
el Terrible establece la Opritchina; coloca bienes del Estado bajo
administración particular. El Car denal Carlos Borromeo introduce en Milán la
reforma tridentina.
Bernardino Telesio:
De Natura rerium
inxta propia principia. Tiziano: Marti rio de San
Lorenzo.
El monto de los impuestos se multiplica por dos en
Castilla. Los turcos toman Chio de manos de los genoveses. Es ele gido San Pío
V. Los turcos invaden Hun gría, muere Solimán el Magnífico, lo sucede Selim
II. La rebelión de los mo riscos alcanza máxima violencia; así tam bién su
persecución. Es fundada la Bol sa de Londres.
Juan Bodino: Método para más fácil conocimiento de
la historia. Estienne: Apología para Herodoto. M. Lutero: Di chos de sobremesa
(postumo).
1567
1568 Concluye
las labores iniciadas en 1565.
Escribe el Arte de la lengua mexicana con su
vocabulario apéndiz.
Francis Drake y John Hawkins asolan las costas de
Centro América, tocan Riohacha, una tormenta los arrastra ha cia el Golfo de
México al acercarse a Cartagena de Indias. Diego de Losada funda la ciudad de
Santiago de León de Caracas. Se restablece en Guatemala el gobierno de la
Audiencia, que com prende a Guatemala, Nicaragua, Chia-pas, Honduras,
Higueras, Verapaz y So conusco. La Real Audiencia de Chile asume el gobierno.
Fray Pedro de Feria: Doctrina cristiana en lengua
zapoteca.
Es ajusticiado en México don Martín Cortés. Martín
Enríquez es designado Virrey de Nueva España. Francisco de Toledo es Virrey del
Perú. Don Gabriel Montalvo es Gobernador de Cuba y el doctor Melcho Bravo de
Saravia se po sesiona de la gobernación de Chile, cu yo mando ejercerá hasta
1575. Gaspar de Rodas inicia la expedición represiva contra los indios
sublevados en Antio-quia (Nueva Granada). El cacique Guaicaipuro encabeza la
feroz resisten cia que los indios oponen al invasor en Venezuela; es finalmente
derrotado. Los jesuítas llegan a América.
Gaspar de Rodas somete la insurrección de los
indios catíos en Nueva Granada; fallece el Arzobispo de Bogotá; los in dios
pijaos arrasan las poblaciones de Neiva, La Plata y Timaná. Felipe II, mediante
Cédula Real, confirma el es tablecimiento de la Inquisición en Nue-
Los protestantes franceses vuelven a to mar las
armas. El Duque de Alba entra en los Países Bajos. Guerra civil en Es cocia :
María Estuardo renuncia a la corona en favor de su hijo Jacobo VI. Busca amparo
en la corte inglesa, donde es hecha prisionera. Factoría inglesa en Hamburgo y,
con ello, quebrantamiento del monopolio comercial de la Hansa. Iván el Terrible
acuerda con la Moscovy C.O., una total libertad de comercio dentro de sus
estados. Son descubiertas las islas Hawai. Se restablece la indepen dencia de
Siam.
San Carlos Borromeo: Catecismo del
Concilio de Trento. Matías Flacius: Cla-vis
scripturae. Ferreira de Vasconcelos:
Memorial de las proezas de la segunda Tabla
Redonda. Juan de Timoneda: El Patrañuelo. Lope de Rueda: Teatro.
El Duque de Alba establece en Anvers un Tribunal de
Turbas. Jacobo VI ocu pa el trono de Escocia. Maximiliano II protesta por los
excesos del Duque de Alba a Felipe II. Juan III destrona a Eric XIV de Suecia.
Juan de Mal Lara:
Philosophia vulgar.
Marnix: W ilhelm us. Hektorovich: La Pesca. Nace en
Alcalá la Real (Jaén) el escultor Juan Martínez Montañés.
Se produce la unión de Polonia y Litua-nia. Cosme
de Médicis es investido Gran Duque de Toscana. Miguel de Cervan tes ingresa en
el tercio de don Miguel Moneada y recorre Italia. Batalla de Jarnac, en
Francia, en la que perece
1570
1571
1572
Pide que el Capítulo Provincial Mexicano, celebrado
ese mismo año, examine sus obras. El Capítulo las aprueba pero quita sus
escribientes a Sahagún. Este, mayor de 70 años, no puede escribir. El
provincial fray Alonso de Escalona, para impedir que Sahagún prosiga su obra,
recoge sus ma nuscritos y los dispersa en los conventos de la provincia de
México. Fray Bernardino de Sahagún envía a Juan de Ovan do, en España, un
Sumario de su obra, y al Papa Pío V un Breve compendio de los ritos
idolátricos, buscando que prote jan su obra.
Vuelve al convento de Tlatelolco, donde intenta
reorganizar el antiguo colegio y aumentar su biblioteca.
va España y en Perú. Juan de Chaves es Gobernador
de Venezuela. Se prohíbe el desarrollo de la industria textil en las colonias.
A. de Ercilla:
La Araucana (parte
I).
Fray Toribio Benavente ( “Motolinía”):
Historia de los Indios en Nueva España.
Muere Motolinía.
Toma en sus manos la gobernación de Venezuela Don
Diego Mazariego (- 7 6 ). El pirata Juan de Buen Tiempo des truye Borburata.
Francisco Bravo: Opera medicinalia (México) .
Anales de Cuauhtitlán (en náhuatl). Cantares Mexicanos (en ná huatl).
Condé. Enrique III de Valois se halla en el trono
francés.
Muere Pedro Brueghel, el viejo.
Los turcos ocupan Chipre. España, Ve-necia y el
Papado se unen para enfren tarlos. El Papa excomulga a Isabel de Inglaterra.
Paz de Stettin entre Dina marca y Suecia. Iván el Terrible destru ye
Novgorod. Se firma la Paz de Saint Germain, que pone fin a las dos guerras
contra los hugonotes. Consenso de Son-domir: Se unen luteranos, calvinistas, y
otras comunidades de hermanos en Po lonia.
Aschman: El maestro.
Las minas de Huancavélica son incor poradas a la
Corona. El joven Inca Túpac Amaru es capturado con sus je fes y conducido al
Cuzco. El Virrey To ledo ordena las reducciones de pueblos en el Perú. Muere
en México Andrés de Olmos.
Diego Fernández: Primera y segunda parte de la
historia del Perú. López de Velasco es el primer Cronista Mayor de Indias.
En Nueva Granada, Diego de Bocanegra emprende la
tarea de someter a los pi-jao; F. Drake asalta Nombre de Dios; es creada la
Universidad de Bogotá. Campaña contra los Incas de Vilcabam-ba: Titu Cusi y
Túpac Amaru. Muere en México fray Pedro de Gante. Inicia
Victoria de la Armada española en Le-panto,
señalando el término de la domi nación musulmana en el mar. Bloqueo comercial
de España en los Países Bajos contra Inglaterra. Los moros son defini
tivamente vencidos y se dispersan por toda España. Huelga de imprenteros
franceses en Lyon. Los tártaros incen dian Moscú.
Juan Fischart: Vida de Santo Domingo y de San
Francisco. Fallece en Florencia Benvenuto Cellini. Nace Tirso de Molina.
Los ingleses y los franceses se alian para la mutua
defensa. Muere San Pío V; lo sucede Gregorio XIII. Jacobo VI restablece los
arzobispados en Escocia. Se inicia la sublevación de los Países Bajos;
Guillermo de Orange es su Gober nador General. Noche de San Bartolo-
1573 Recupera
sus manuscritos pero no tiene ayuda para escribir.
1574
su gobierno en Caracas don Diego Ma-zariego.
Claudio de Arciniega inicia la construc ción de la
actual Catedral de México (-1667). Francis Drake roba, en el istmo de Panamá,
el tesoro del Perú. Se establece la Real Audiencia del Cuzco. Por orden del
Virrey es ajusticiado, en el Perú, Túpac Amaru. En el Río de la Plata Juan de
Garay funda la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz y Jerónimo Luis de Cabrera la
ciudad de Córdoba de los Comechingones. Juan Ortiz de Zárate es nombrado
gobernador de Bue nos Aires. Llega a Bogotá el nuevo arzobispo, fray Luis Zapata
de Cárdenas. Primer Auto de Fe en Lima y Junta de Chuquisaca.
Cristóbal de Castillejos: Obras. Juan de
Ovando: Ordenanzas de nuevos descu brimientos y
poblaciones. Fray Pedro de Agurto: Tratado de que se deben su ministrar los
sacramentos y la extrema unción a los indios (México).
Primer Auto de Fe en México; Pedro Moya de
Contreras es arzobispo de Mé xico. Toledo organiza en Potosí el ser vicio de
“mitas” para explotar los yaci mientos de plata. El licenciado Francisco
Briceño llega a Bogotá como Presidente del reino de Nueva Granada. Santiago
Barba de Padilla funda la ciudad de Oropesa (luego Cochabamba). Juan de Garay
es nombrado Teniente Gobernador y Capitán General de las provincias del Río de
la Plata; Jerónimo Luis de Ca brera es ejecutado en Santiago del Es-
mé y matanza de hugonotes en París, muere en ella
Coligny. Muere Juan Knox.
Camoens: Os Lusíadas. Ronsard: La Franeiade
(inconclusa). Tycho Brahe:
Introducción
a la nueva astronomía.
Catalina de Médicis hace las paces con los
protestantes. Los españoles toman Haarlem. Se firma la paz entre Venecia y los
turcos. Enrique de Anjou, prome tido de Isabel de Inglaterra es ungido Rey de
Polonia. Firma la Pacta Con-venta.
F. Hotman: Francogallia. Ph. Despor-
tes: Primeras Obras. Tasso: Aminta.
Timoneda: Rosa de Romances; Enredo de amor;
Guisadillo de amor; Truha nesco.
El Duque de Alba abandona los Países Bajos y se
retira a sus tierras en Uceda. Muere Carlos IX; lo sucede Enrique III. Las
guerras religiosas se intensifican. Enrique de Anjou abandona Polonia. Los
tártaros devastan Ucrania. Los turcos re cuperan Túnez y Bizerta de manos de
los españoles, a los que expulsan del territorio.
Duplessis-Mornay:
Vindictae contra ty'
rannos. Tiziano: Adoración de los Reyes Magos
(Escorial).
1575
1576
Juan de Ovando, presidente del Consejo de Indias,
encarga a fray Rodrigo de Sequera, nuevo comisario franciscano en México
(-1580), que dé a Sahagún la ayuda necesaria para terminar la Historia general,
pidiendo que ésta sea traducida al español y le sea remitida. Es así como se
forma el llamado Manuscrito Sequera o Códice florentino. La peste asóla México.
Sahagún auxilia a los enfermos de peste. Los indios
mueren por millares. Sahagún manifiesta su aflicción por no haber formado
médicos en el Colegio de Tlatelolco.
Felipe II ordena al arzobispo Moya de Contreras que
envíe los manuscritos de Sahagún al Cronista de Indias.
tero. Francisco Infante pacifica los va lles del
Tuy.
Juan López de Velasco: Geografía de las Indias.
Juan Bautista de Laguna:
Arte y Diccionario: con otras obras en lengua
Michuaca. Nace fray Pedro Si món, autor de Noticias Historiales de las
conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales.
México es azotado por el terrible coco-litzle, que
el doctor Francisco Hernández se dedica a estudiar. El adelantado Ro drigo de
Noguera se encarga de la gober nación de Chile. Se establece la “mita” en
América. Muere el Presidente de Nueva Granada, licenciado Francisco Briceño.
Antonio de Cetina es designado oidor de Santafé de Bogotá.
Fray Maturino Gilberti: Tesoro espiri tual de
pobres en lengua de Michuacan (México). Fray Juan de la Anuncia ción: Doctrina
cristiana muy cumplida, donde se considera la exposición de todo lo necesario
para doctrinar a los indios. Compuesta en lengua castellana y mexi cana
(México).
En Nueva España, es fundada la ciu dad de León,
Guanajuato. Son prohibi das por el Consejo de Indias las obras religiosas en
lengua nativa. El capitán Francisco de Carreño es Gobernador de Cuba. Don Juan
Pimentel es Gobernador de Venezuela y es el primero en estable cerse en
Santiago de León de Caracas. Oxenham desembarca en Darién y hace alianza con
los negros cimarrones.
R. P. fray Melchor de Vargas: Doctrina cristiana,
muy útil y necesaria en Cas tellano, Mexicano y Otomi: traducida en lengua
Otomi (México).
Segunda bancarrota del Estado español (graves
pérdidas de los Fúcares). Se prohíbe hacer trabajar a los niños en las minas
húngaras. Confesio Bohemia común a todos los estamentos no católi cos de
Bohemia. Etián Barthory, Prínci pe de Transilvania, es elegido, con el apoyo
de los turcos, Rey de Polonia.
Timoneda: Temario sacramental. Fis-
chart: Escrito histórico simiesco e impo
sible. Tiziano: Boceto de la Piedad para su tumba.
Se funda la Universidad de Leiden.
Don Juan gobierna los Países Bajos. Pacificación de
Gante. Los Países Ba jos del Sur y del Norte se alian para expulsar a los
españoles. Disturbios por la sucesión al trono de Persia, después de la muerte
de Themasp. Primer esta blecimiento portugués en Angola (co mercio de
esclavos). Vanos intentos del inglés Martín Frobisher por encontrar el paso del
Norte.
Magallanes:
Historia de la Provincia de
Santa Cruz. Bodin: De la República.
Fischart: El afortunado barco de Zu rich. Se abre
en Londres el primer tea tro permanente.
1577
1578
1579
Nueva cédula de Felipe II ordenando se envíen a
España todos los manuscritos de Sahagún. Este dedica su obra al comisario
Sequera.
Se reitera dos veces más la orden real para que se
envíen a España todos los manuscritos de fray Bernardino de Sa hagún, cuya
impresión no conviene. Sahagún escribe al rey pensando que pide sus libros para
mandarlos imprimir. Cen sura favorable a la Psalmodia Christiana.
Apéndice
a la Postilla o Doctrina Christiana.
F. Drake saquea Panamá, El Callao, Li ma y Las
Molucas. Por mandato del gobernador Juan Pimentel termina en Venezuela la
guerra de Conquista y se inicia el régimen civil colonial.
R. P. Juan Medina: Doctrinalis fidei in
Mechuacanensium indorum lingua (Mé xico).
Se funda en la Universidad de México la cátedra de
medicina. El licenciado Gaspar de Toro es designado goberna dor de Cuba. Se
reconoce por Real Cé dula a Don Diego Gualipa como descu bridor del Potosí.
El licenciado Juan Rodríguez de Mora pasa a ser oidor de la Real Audiencia de
Santafé de Bogotá.
Francisco Toledo: lntroductio in dialec-ticam
Aristotelis (México). Alonso Ló pez de Hinojosa: Summa y recopilación de
chirugía con un Arte para sangrar muy útil y provechosa (México). Fray Alonso
de Molina: Doctrina christiana en lengua mexicana. Alonso de Ercilla: La
Araucana (parte II).
Muere en Mariquita Gonzalo Jiménez de Quesada,
descubridor y conquistador del reino de Nueva Granada.
Fray Diego Veledés:
Rhetorica christia
na. Fray Agustín Farfán: Tratado breve de anathomía
y chirugía y de algunas enfermedades, que más comúnmente sue le haber en esta
Nueva España (Mé xico).
“Edicto perpetuo” en los Países Bajos. Fórmula de
concordia en el luteranismo que toma por base la más estricta orto doxia
luterana. F. Drake realiza un nue vo viaje de circunnavegación y pillaje.
Muere Don Juan, quien es sucedido por Alejandro
Famesio. Guerra turco- persa. Los turcos toman territorios en el Cáu-caso y
Azerbaijhan. Alejandro Farnesio recobra los Países Bajos del sur para Es paña.
Los predicadores protestantes son expulsados de Viena. Los rusos atravie san
los Urales y entran en Asia. Los portugueses intentan la conquista de Ma
rruecos. Son aplastados en Ksar-el-Kebir. Ahmed-el-Manud es sultán de Marrue
cos.
Corte Real: La Austriada. Ronsard: So
netos para Helena. Du Bartas: La Se mana o
Creación del Mundo. Hocha-novsqui: El despido de los embajadores griegos.
Unión de Utrecht, donde se reúnen las provincias
septentrionales de los Países Bajos (23/1). Fausto Socino (1604) tiene que huir
por causa de su doctrina antitriniaria y reúne en Polonia a los unitarios en
una comunidad eclesiás tica (socinianos). Sublevación de Irlan da. Prosigue
guerra turco-persa.
John Lyly: Euphues. Cueva: Los In
fantes
de Lara. Spenser: El calendario
del pastor. Balassa: Cantos de amor.
Montaigne: Traduce la “Theología Na-turalis”, de
Raimundo de Sabunde. El Greco: UEspolio.
1580
1581
El padre Sequera, decidido protector de la obra de
Sahagún, cuando vuelve a España lleva consigo el manuscrito de la última
redacción, que parará en la Biblioteca Laurentina de Florencia ( Códice
florentino ).
Don Lorenzo Suárez de Mendoza asu me el cargo de
Virrey de Nueva España. Don Juan de Garay funda por segunda vez la ciudad
arrasada de Nuestra Seño ra Santa María del Buen Aire (Buenos Aires). Gabriel
de Luján es designado Gobernador de Cuba. Holanda comienza la conquista de
Guayana.
Bernal Díaz del Castillo termina su Ver dadera
historia de los sucesos de la con quista de la Nueva España (17/11). Fray
Bartolomé Roldán: Castilla y doc trina, traducida y romanzada en la len gua
chuchona del pueblo de Tepexic de la Seda (México) .
Es degollado por asesinato, en Santafé de Bogotá,
el oidor Andrés Cortés de Mesa. Don Martín Henríquez de Al-mansa es designado
Virrey del Perú.
Nace en México don Juan Ruiz de Alar-cón y Mendoza.
Felipe II se hace reconocer Rey de Por tugal. Las
colonias portuguesas pasan a España (XII). Libro de la concordia, colección
oficial de todas las obras con fesionales del luteranismo como base para la
unión de los estamentos lutera nos. Los venecianos introducen el café en
Italia.
Juan Bodin: Demonomanies (teoría de los demonios y
de la sola manera de combatirlos). Andrade (portugués): El primer cerco de
Dios. Fernando de He rrera: Anotaciones a Garcilaso. Montaig ne: Essais
(libro I y II). Tasso: Geru salemme liberata. Sidney: Arcadia (1 ? versión).
Defensa de la poesia. Fischar:
El bonete de cuatro picos de los jesuítas.
Kochanovski: Lamentos. Nace en Ma drid Francisco de Quevedo y Villegas.
Los estados de La Haya proclaman la caída de Felipe
II. Se abre una tregua entre éste y los turcos. Se produce la separación de los
Países Bajos septen trionales, gobernados por Guillermo de Orange. Los rusos
inician la conquista de Siberia. Se funda la sociedad anglo-levantina. Aparece
el Compendius or brief examination of certain ordinary complaits of divers of
our countrymen in these our days (W . Starford?-?), que constituye las bases de
la política mer cantil inglesa. Es renovado el tratado comercial franco-turco
(protectorado so bre todos los cristianos de Oriente). Se produce la
declaración de la independen cia de las siete provincias neerlandesas del
norte.
Juan de
la Cueva: El Informador. M.
de Cervantes: Numancia. A. Caro tra duce al
italiano La Eneida, la obra se publica en forma postuma.
1582
Pedro Ocharte imprime en México la Psalmodia
Christiana, único libro de Sahagún impreso durante su vida. Hacia estos años el
padre Sequera encarga una nueva copia, sólo en español, de la Historia general,
probablemente el Manuscrito de Tolosa.
1584
Se funda el Colegio de San Martín en Lima. El III
Concilio Provincial limeño es convocado por el Arzobispo Mogro-nejo. Es fundada
la ciudad de San Fe lipe de Lerma, en el valle de Salta (Ar gentina). Fray
Juan Manzanillo es Obis po de Caracas.
Fray Gaspar González: Vocabulario de la lengua
Yucatán. Fray Juan de Gaona:
Coloquios de la paz y tranquilidad cris tiana
compuestos en lengua mexicana.
Muere el Virrey de México y lo susti tuye
interinamente el Arzobispo Moya de Contreras. Se inicia el III Concilio
Provincial límense. Muere el Virrey del Perú, la Real Audiencia se hace cargo
del gobierno. Se introduce la imprenta en Perú. La sede episcopal de Coro se
traslada a Caracas; Don Luis de Rojas es Gobernador de Venezuela. Martín Ruiz
de Gamboa es Gobernador interi no de Chile ( —1592). El Concilio de Lima
aconseja el uso del idioma quechua para fines de misión evangélica y pre
dicación. Primera colonia inglesa en Terranova.
Diego García Palacio: Diálogos milita res
(México). Fray Francisco Gonzaga: Cartas de avisos y apuntamientos (Mé xico).
Se cierra el Concilio Límense. En Nueva Granada, el
capitán Diego de Bocane-gra prosigue su jornada pacificadora por territorio de
los pijao. Se construye en La Habana el castillo de El Morro.
Juan Fernández Salvador: Utrum mino-ri juris perito
doctori, competat in inte-grum restituitionis beneficium (Méxi co). Pragmática
sobre los diez días del
Gregorio XIII dispone la reforma del ca lendario.
Los españoles, en aplastante victoria contra los franceses, ocupan las Azores.
Se acuerda la paz ruso-polaca de Yam-Zapolsky. Muere el Duque de Alba en
Lisboa.
Juan de la Cueva: Poesías. Fernando de
Herrera: Rimas. Caporali: Viaje al Par
naso. Giordano Bruno: De umbris idea-
rum. A. Caro:
Los harapientos (postu
ma). Palestrina: Eripe m e de enimicis; Lauda Sion;
Missa Prima y Missa Quar ta. Muere Santa Teresa de Jesús.
Anvers se rebela contra los franceses. Se declara
la guerra en el Obispado de Co lonia: triunfa el partido católico. Felipe II
regresa a España dejando al Cardenal Alberto como regente en Portugal.
Fray Luis de León: Los nombres de Cris to (parte
I) y La perfecta casada. Mon teverdi: Madrigali spirituali a cuatro voci.
Comienza la edificación de la igle sia de San Miguel, primer edificio barro-co
alemán, en Munich.
Muere Iván el Terrible, comienzan los “tiempos de
las revueltas”. Es asesinado Guillermo de Orange. Alejandro Farne-sio es
victorioso en la guerra sostenida con los Países Bajos del norte. Se rom pen
las relaciones comerciales entre Es paña e Inglaterra.
Justo Lipsio: De constantia (renovación
del
estoicismo). Giordano Bruno: Spa-
1585
1586
El capítulo franciscano designa a Sahagún primer
definidor.
Calendario mexicano, Arte adivinatoria, Vocabulario
trilin güe y corrección y nueva versión del libro XII de la Con quista.
El capítulo franciscano designa a Sahagún
provincial susti tuto, cargo al que renuncia a un mes de haberlo asumido.
año (Lima). Anhieta: Historia brasile ña de la
Compañía de Jesús. Muere Ber-nal Díaz del Castillo.
Alvaro Manrique de Zúñiga es desig nado Virrey de
Nueva España; se reali za el Tercer Concilio Mexicano; el Pro vincial
franciscano Pedro de San Sebas tián se opone a la designación de fray Alonso
Ponce como comisario de la Orden en México, le impide visitar la Provincia de
México y lo destierra a Guatemala; fray Bernardino de Sahagún se ve envuelto en
el conflicto. Alonso de Vera y Aragón funda la ciudad de Concepción de la Buena
Esperanza (lue go Concepción) para facilitar el paso de Paraguay a Salta. Don
Fernando de Torres y Portugal, Conde de Villar do-pardo es Gobernador del Perú.
Alonso de Zorita: Los señores de la Nueva España y
Relación de la Nueva España. Cardim (brasileño): Narración epistolar de un
viaje y de una misión jesuítica.
F. Drake toma la ciudad de Cartagena, donde
permanece por dos meses, para dejarla tras haber recibido un rescate de 107.000
ducados; se dirige luego a Santo Domingo, ciudad que saquea e incendia. Llega
al Río de la Plata la pri mera misión jesuítica; Juan de Baños descubre
casualmente la provincia del reino del Perú, llamada “el Gran Chaco”.
ccio della bestia trionfante; della causa,
principio et uno; degli heroici furori (publicado en Inglaterra). Luis de Mo
lina: Concordia liberi arbitrii cum gra-tiae donis, divina praescientia,
providen-tia, praedestinatione et reprobatione. Ru fo: La Austriada. Giordano
Bruno: Del infinito universo y mundo. Lily: Ale jandro y Campaspes.
Monteverdi: Can zonette a 3 voci (libro primo). Nace el escritor español Diego
Saavedra Fa jardo.
Sixto V sucede a Gregorio XIII en el trono
pontificio y declara a Enrique de Navarra desposeído de todo derecho a la
corona. El Parlamento protesta. Ale jandro Farnesio toma Anvers. Es creada la
Inquisición anglicana. Florecimiento económico de Amsterdam. Felipe II se alia
con la liga francesa. Flandes y Brabante son recobradas por España. John Davis
descubre el estrecho entre Groenlandia y la Tierra Firme (estrecho de Davis).
Nace en París A. Richelieu. M. de Cervantes: La Galatea. Nace Es teban Manuel
de Villegas.
Se produce la alianza entre Isabel de Inglaterra y
Jacobo VI de Escocia. Abbas el Grande es Shah de Persia. Florece la dominación
sefévida.
Stevin: Teoría de
los planos inclinados;
vasos comunicantes. C. Barón: Anuales ecclesiastici
(base de la historiografía ca tólica). L. Barahona de Soto: Las lágri mas de
Angélica. Tasso: Rey Turis-mundo.
1587 Sahagún
ha abandonado sus actividades.
1588
El Conde de Villardopardo pasa a ser Virrey del
Perú. Se establece en Quito la Universidad Agustiniana de San Ful gencio.
Juan de Tovar: Relación del origen de los indios y
Códice Ramírez. Barahona de Soto: Las lágrimas de Angélica. Arte y vocabulario
en la lengua general del Perú llamada quichua (atribuido a Juan Martínez).
Miguel Cabello de Balboa:
Miscelánea Antàrtica.
F. Drake ataca Cádiz (Colombia). To más Cavendish
cruza el estrecho de Ma gallanes y saquea las costas del Pacífico. W. Raleigh
funda una colonia en Vir ginia. Don Diego de Osorio es designado (y asume)
Gobernador de Venezuela.
Soarez de Souza (brasileño): Tratado descriptivo
del Brasil en 1587. Diego García de Palacio: Instrucción nauthica para el buen
uso y regimiento de las naos, su traza y gobierno conforme a la altura de
México (México).
El Adelantado del Río de la Plata, Juan Torres de
Vera, funda la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, hoy
Corrientes, puerto de intensa acti vidad sobre el río Paraná. Diego de Cár
denas es el último Presidente del reino de Tierra Firme, que será luego Coman
dancia General de Tierra Firme.
Muere el cronista mexicano fray Diego de Durán.
Francis Drake arrasa las costas espa ñolas. Se
instala una imprenta en el Vaticano. Los rusos fundan Tobolsk. Hi-deyoschi es
designado Emperador del Japón. Se promulgan una serie de leyes contra los
jesuitas. El Imperio se unifi ca. María Estuardo es decapitada. Segis mundo
Wasa se convierte al catolicismo y ocupa el trono de Polonia, donde in tenta
restituir esta religión.
Marlowe:
Tamerlán el Grande.
Monte-
verdi: II primo libro de madrigali a 5 voci.
Alejandro Farnesio, Duque de Parma, se apodera de
Bonn y ocupa Warthendonck y Gertruidenberg. Se alzan barricadas en París;
Enrique II se ve obligado a con vocar a los Estados en Blois. La “Arma da
Invencible” es destrozada al atacar Inglaterra. Son asesinados Enrique y Luis
de Guisa.
Marlowe: Life and death of doctor
Faustus. M.
de Montaigne: Essais (lib.
III). Pereira Brandao: La elegiada. Pe
dro Malón de Chaide: La conversión de la Magdalena.
Santa Teresa de Jesús: Las moradas, o Castillo interior. Giorda-no Bruno:
Acrotismus, W ittenberg y Ad-versus hujus temporis mathematicos et philosophos
(Praga). L. de Góngora: Flor de varios romances (Moncayo en Huesca) . Muere V.
Weigel.
1589
1590
El 23 de octubre, según el cronista Vetancurt, o el
5 de febrero según relaciones indígenas, muere fray Bernardino de Sahagún a
consecuencias de un “catarro”, en el convento de San Francisco el Grande de la
Ciudad de México, donde es sepultado.
Gonzalo Peña Lidueña es nombrado Gobernador de
Venezuela. Diego de Oso-rio funda La Guaira. Don Juan Maldo-nado Barrionuevo es
electo Gobernador de Cuba.
Juan de Castellanos: Elegías de varones ilustres de
Indias. Juan Suárez de Peralta: Tratado del descubrimiento de las Indias.
Alonso de Ercilla: La Arau cana (parte III).
Don Luis de Velasco hijo asume el vi-rreynato de
Nueva España; reduce las Filipinas a su gobierno. Muere el Arzo bispo de
Santafé de Bogotá. Llegan los primeros jesuitas al reino de Nueva Gra nada,
pero deben regresar casi en segui da. Antonio González es recibido como
Gobernador, Presidente y Capitán Gene ral del reino de Nueva Granada. Don
García Hurtado de Mendoza se hace cargo de sus funciones como Virrey del Perú.
P. José Acosta: Historia natural y moral de las
Indias. Juan Suárez de Peralta:
Tratado de la caballería, de la jineta y brida
(México). Garcilaso Inca de la Vega traduce los Diálogos del Amor, de León
Hebreo.
Enrique de Navarra y Enrique III se re concilian.
Sitio de París y denuncia de Enrique III por parte del Papa. La Liga entroniza
al Cardenal de Bourbon (Car los X). Enrique IV toma Diepe. Enri que III de
Francia asesinado, la casa de Valois se pierde. Mauricio de Orange go bierna
en los Países Bajos Septentriona les. El metropolitano de Moscú recibe la
dignidad de Patriarca y la indepen dencia con respecto a Constantinopla. El
ministro Sully funda el poder naval y colonial de Francia. Muere Catalina de
Médicis.
Botero: Razón de Estado. Marlowe: El judío de
Malta.
Los ingleses intentan un desembarco en Lisboa.
Muere Sixto V. Urbano VII lo sucede, muere y es reemplazado por Gre gorio XIV.
Se realiza el tratado turco-persa de Constantinopla. Enrique IV sitia París;
Alejandro Farnesio conduce al ejército español contra Francia y en tra a
París. Se comienza a emplear el carbón del Rhur.
Felipe Sidney: Arcadia. Guarino: El pas
tor Fido. W. Shakespeare: Enrique VI y Las penas de
amor perdidas. León He breo: El vaso de amor. W. Shichen: La ciruela del vaso
de oro.
INDICE
P R O L O G O , p
or José Luis Martínez
CRITERIO
DE ESTA EDICION
TABLA
DE CORRESPONDENCIAS
Prólogo. Proyecto General, contenido y propósito de
la obra Al sincero lector
Prólogo. Método y etapas de la investigación
Prólogo. El orden que sigue la “Historia General”
I. TIERRA Y CIELO
El Mundo Natural
Las propiedades de los animales
Algunos
árboles
Las piedras preciosas
Los colores de todas maneras
Astros y fenómenos celestes
II. EL HOMBRE
Y SUS RECURSOS
El ciclo vital
La manera que hacían los casamientos estos
naturales Enhorabuena a la preñada
El bautismo de la criatura, y todas las ceremonias
que en él se hacían, y el poner el nombre de la criatura y el con vite de los
niños, etc.
CIII
CIV
3
8
9
13
14
14
28
31
34
37
42
42
47
55
Pueblos y señores
62
Prólogo. Los primeros pobladores 62
Que trata de todas las generaciones que a esta
tierra han ve
nido a poblar 63
Los señores y gobernadores que reinaron en México
desde el 77
principio del reino hasta el año de 1560
La manera de las casas reales 85
Las cosas en que se ejercitaban los señores para
regir bien el 90
reino
La gente y sus oficios 9 5
Los oficios, condiciones y dignidades de las
personas nobles y
generosas 9
5
Otros oficiales como son carpinteros y canteros 97
Sabios y médicos 98
Personas viciosas, como rufianes y alcahuetes 99
Labradores y mercaderes 101
Condiciones y oficios de las mujeres bajas 102
Muchas maneras de malas mujeres 105
Los que venden colores, tochomid y jicaras 106
Los que venden frutas y otras cosas de comer 108
Los que venden gallinas, huevos, medicinas, etc. 109
Adiciones 115
Comercio 124
El principio que tuvieron los mercaderes en México
y en Tla- 124
tilulco
Adiciones 129
III. LA
CULTURA 133
Filosofía moral
Educación 163
Calendario y fuego nuevo 185
Las tres cuentas del tiempo 185
Arte de adivinar 193
Agüeros y abusiones 215
Las abusiones que usaban estos naturales 220
Adiciones. Sueños y otros agüeros y abusiones 224
Medicina 228
De las enfermedades y medicinas contrarias de los pechos,
costados y espaldas 228
De las hierbas medicinales 231
Otras medicinas 239
IV. RELIGION Y MITOS
Origen de los dioses
Mitos cosmogónicos
Los Dioses
Fiestas, ritos, templos y sacerdotes
De las fiestas movibles
Relación de los edificios del gran templo
Himnos
Después de la muerte
Nuevos y viejos cultos
V. EL FIN
DEL MEXICO ANTIGUO
La Conquista
Al lector
Adiciones
Adición
ARCAISMOS Y EXPRESIONES COLOQUIALES EN CRONOLOGIA
240
253
257
278
de México 280
300
320
325
329
330
330
335
341
SAHAGUN 363
367


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