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© Libro N° 8634. El Mexico Antiguo. De Sahagun, Bernardino. Emancipación. Mayo 22 de 2021.

Título original: ©  El Mexico Antiguo. Bernardino De Sahagun

 

Versión Original: © El Mexico Antiguo. Bernardino De Sahagun

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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EL MEXICO ANTIGUO

Bernardino De Sahagun

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Mexico Antiguo

Bernardino De Sahagun

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FRAY BERNARDINO DE SAHAGUN

Y SUS INFORMANTES INDIGENAS.  VIDA Y OBRA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIDA DE  SAHAGUN

 

B E R N A R D I N O D E S A H A G Ú N fue el historiador y el etnólogo que más pro­ funda y minuciosamente nos acercó al conocimiento de las cosas y de la mente de los hombres del México antiguo. Nada preciso sabemos de los primeros años de su vida, como si el voto de pobreza hubiera hecho de­ saparecer también su vida anterior. El nos refiere que nació, se supone que hacia 1499, en la villa de Sahagún, en Campos, de la provincia de León. Afirmóse, sin prueba conocida (J. C. Beltrami, Le Mexique, Paris, 1830, t. I, p. 169), que su apellido antes de profesar era Ribeira, especie que repitió Alfredo Chavero ( México a través de los siglos, México, 1887, vol. I, p. xxxiii). Hacia 1512-14 inicia sus estudios en la Univer­ sidad de Salamanca; entre 1516 y 1518 profesa en la Orden de San Francisco en el convento de Salamanca y hacia 1524 se ordena. En 1529 pasa a la Nueva España con fray Antonio de Ciudad Rodrigo y otros diecinueve religiosos. Al igual que Olmos, Motolinía y Durán nunca volverá a España; México será su segunda patria.

 

Sus primeras labores en la Nueva España serán la evangelización y la enseñanza. En 1530-32 está en el convento de Tlalmanalco como guardián y presencia un arrobamiento de fray Martín de Valencia (Men-dieta, Historia eclesiástica indiana, lib. V, 1^ parte, cap. xi). Proba­ blemente también como guardián pasa en 1535 al convento de Xochimil-co sobre cuyo patrono, San Bernardino de Siena, escribió en lengua mexicana una vida, hoy perdida. El mismo Sahagún refiere ( Historia general, lib. XI, cap. xii, apéndice 5) la siguiente hazaña que sin duda ocurrió entonces:

 

Hay otra agua o fuente muy clara y muy linda en Xochimilco, que ahora se llama Santa Cruz, en la cual estaba un ídolo de pie­ dra, debajo del agua, donde ofrecían copal. Yo vi el ídolo y entré debajo del agua para sacarle, y puse allí una cruz de piedra que hasta ahora está allí en la misma fuente.

 

El año siguiente se encuentra ya en la ciudad de México para ser uno de los organizadores y primeros maestros del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, donde enseña latín a los escolares indios, algunos de los cua­ les serán más tarde sus colaboradores. En estos primeros años de su vida en México aprende la lengua náhuatl, “tan bien — dice Mendieta (lib. V, 1^ parte, cap. x li)— que ningún otro hasta hoy se le ha igua­ lado en alcanzar los secretos de ella”, y comienza a interesarse en el estudio del México antiguo, como una base que considera indispensable para combatir la idolatría. García Icazbalceta ha hecho al respecto (Biblio­ grafía mexicana del siglo XVI, ed. 1954, p. 328) una conjetura muy sugestiva aunque haya sido puesta en duda. El padre Sahagún pudo ini­ ciar el estudio del náhuatl en el mismo barco en que vino de España a México. Por Antonio de Herrera ( Década IV, lib. 6, cap. 4 ) sabemos que Carlos V dispuso el regreso a su patria de los indios que había llevado Cortés y "encargó a Fr. Antonio de Ciudad Rodrigo que tuviese cuidado de que fueran bien tratados en el camino”. Y como Sahagún venía con el padre Ciudad Rodrigo, pudo iniciar su aprendizaje del náhuatl con tan buenos maestros.

 

En 1539, siendo aún maestro en el Colegio de Tlatelolco, intervino Sahagún como intérprete en el proceso por idolatría contra el cacique de Tezcoco, don Carlos Chichimecatécotl, nieto de Nezahualcóyotl, proceso en que el cacique fue condenado y ajusticiado; e intervino asimismo como traductor en otros procesos semejantes (Luis Nicolau d’Olwer, Fray Bernardino de Sahagún, 1952, pp. 34-5, y Procesos de indios idólatras y hechiceros, Archivo General de la Nación, México, 1912, pp. 113, 131).

 

Hacia 1540 realiza algunos viajes por el valle de Puebla: Huexotzingo y Cholula, y en esta ocasión, o años antes durante su estancia en Tlalma-nalco, asciende al Popocatépetl y al Iztaccíhuatl ( Historia general, lib. XI, cap. xii, N9 6, 43-4). En este mismo año de 1540 escribe su pri­ mera obra en náhuatl, un Sermonario de dominicas y de santos. La gran peste de 1545-6 lo encuentra en el convento de Tlatelolco, y refiere que él enterró más de diez mil cuerpos ( Historia general, lib. XI, cap. xii, N9 7, 4 ). Muchos de los alumnos del Colegio también mueren por la enfermedad y el hambre. Sahagún se contagia y se ve “muy al cabo” por lo que es llevado para su curación a la enfermería del convento grande de San Francisco en México.

 

“En su juventud — dice Mendieta (lib. V, 1^ parte, cap. xli) — fue guardián de los principales conventos franciscanos”, pero luego re­ nunció a los cargos directivos y administrativos para sólo ocuparse de su obra. Sin embargo, en 1552 firmó junto con otros dignatarios de su Provincia, como definidor, una carta dirigida al emperador ( Cartas de Indias, doc. XXI, t. I, pp. 121-2). Refiere Torquemada (lib. XX, cap. xlvi) que por su belleza varonil se le mantenía alejado de la curiosidad de las mujeres de la Nueva España.

 

A partir de la fecha, cercana a 1547, en que comienza la recopilación de informaciones acerca de la cultura indígena, la vida de Sahagún se confunde con el proceso de su investigación cultural, y a lo largo de más de cuarenta años y hasta su muerte se consagra casi exclusivamente a ella. Además de las tres etapas, o cedazos como él los llamaba, de la elaboración de su obra, que se sitúan en los conventos de Tepepulco, entre 1558 y 1560; de Tlatelolco, entre 1561 y 1565; y de San Fran­ cisco el Grande, en la ciudad de México, entre 1565 y 1569, sus únicos viajes fuera del valle de México lo llevaron al convento franciscano de Tula, donde visitó los monumentos antiguos, y a la custodia de Michoacán a donde fue como visitador en 1558. Concentrado en su enorme tarea, se mueve con sus papeles de un convento a otro del altiplano sin em­ prender largos viajes y aun sin ocuparse ya especialmente de la evan-gelización de los indios, como lo hacían casi todos sus demás hermanos de la Orden.

 

Concluida la tercera etapa de elaboración de su obra, fray Bernar-dino permanece en el convento de San Francisco de México, pero llegan para él sus años más amargos. Quítansele las posibilidades de continuar su trabajo y de 1570 a 1575, por orden del provincial Escalona, se dis­ persan sus escritos por los conventos de su Provincia franciscana. Pese a la “santa obediencia” que lo obligaba, Sahagún intentó defenderse y aprovechando el viaje que hacían a Europa en 1570 dos amigos suyos, fray Miguel de Navarro y fray Gerónimo de Mendieta, envió a Madrid al licenciado Juan de Ovando, que se preparaba para la presidencia del Consejo de Indias, un Sumario para que conociese el contenido de su obra, y a Roma, al Papa Pío V, Un breve compendio de los ritos idolá­ tricos que los indios desta Nueva España usaban en el tiempo de su infi­ delidad, resumen de varios libros de su Historia general, con el que espe­ raba mover la voluntad papal en favor de sus trabajos.

 

Hacia 1571 o 1572 vuelve al monasterio de Tlatelolco donde intenta reorganizar el antiguo Colegio y se preocupa por aumentar su exigua biblioteca. Hacia 1575, aún en Tlatelolco, recupera sus manuscritos, y gracias a la protección del nuevo comisario, fray Rodrigo de Sequera, se pone de nuevo a trabajar en ellos. En ese año sobreviene la terrible peste que se alargará hasta 1576. Los indios mueren por millares, Sa-hagún trata de auxiliar a los enfermos y reconoce que el Colegio de Tlatelolco debiera haberse ocupado en la preparación de médicos para cuidar a los indios.

 

En sus últimos años, Sahagún se vio envuelto en las perturbaciones que causó, entre los franciscanos de Nueva España, la llegada en 1584 de fray Alonso Ponce como comisario general de la Orden. El 15 de octubre del mismo año — como se cuenta en la Relación de su viaje (Madrid, 1872, t. I, p. 2 2 3 )— el nuevo comisario visitó el con­ vento y Colegio de Tlatelolco donde, para festejarlo, se le ofreció un entremés, representado por los escolares indios en latín y en español, en

 

el cual venían a hacer una caricatura de los españoles que negaban la capacidad intelectual de los indios y a pedir ayuda para que prosiguiese su educación. Nicolau d’Olwer (opus cit., p. 127) cree que en ese sketch “aparecen las ideas de Sahagún, si no su propia mano”.

 

Poco después, el provincial fray Pedro de San Sebastián, con apoyo del virrey marqués de Villamanrique, impidió al comisario Ponce visitar la Provincia del Santo Evangelio, lo arrestó y desterró a Guatemala, lo que dio origen a serios conflictos. El 20 de junio de 1585 el capítulo franciscano designó a Sahagún primer definidor. Y el 9 de marzo de 1586, cuando el padre Ponce se encontraba camino a su destierro en Guatemala, ordenó que se privara de su cargo a fray Pedro de San Sebastián y en su lugar designó provincial sustituto a fray Bernardino de Sahagún. Este aceptó el cargo pero lo renunció en cuanto tuvo oca­ sión, un mes después; declaró su apoyo al provincial San Sebastián y rechazó las censuras y excomuniones que pudieran amenazarlo — como en efecto las decretó el comisario Ponce. En 1586 y 1587, Sahagún firmó, junto con otros franciscanos, cartas al rey y al Consejo de Indias quejándose de “las revoluciones, altercados y revueltas” motivadas por fray Alonso Ponce y pidiendo que se les enviara, en cambio, “un pre­ lado pacífico y sin pasión” (Georges Baudot, “The last years of fray Bernardino de Sahagún”, Sixteenth-century México. The ivork of Sa­ hagún, 1974, pp. 171-6).

 

“En su vida — dice Mendieta ( opus cit.')— fue muy reglado y con­ certado, y así vivió más tiempo que ninguno de los antiguos, porque lleno de buenas obras, fue el último que murió de ellos, acabando sus días en venerable vejez, de edad de más de noventa años”. Murió a conse­ cuencia de un “catarro”, el 23 de octubre de 1590 (Vetancurt, Meno-logio franciscano, p. 113). Sin embargo, frente a esta tradición francis­ cana, dos documentos indígenas, los Anales mexicanos y la Séptima rela­ ción de Chimalpahin, dice que “nuestro querido y venerado padre fray Bernardino de Sahagún” murió el 5 de febrero de 1590, en el convento de San Francisco de la ciudad de México donde fue sepultado. A su entierro, refiere Torquemada ( opus cit.'), “concurrió mucha gente y los colegiales de su Colegio con hopas y becas, haciendo sentimiento de su muerte”.

 

 

HACIA EL  CARACTER  DE  SAHAGUN

 

¿Cuál fue el carácter, el temperamento de Bernardino de Sahagún? De sus contemporáneos sabemos muy poco. Además de los rasgos antes cita­ dos, belleza varonil y que en su vida fue muy “reglado y concertado”, Mendieta, que debió tratarlo de cerca y fue su primer biógrafo, sólo añade que “era manso, humilde, pobre, y en su conversación avisado,

 

y afable a todos”. Es preciso, pues, intentar colegir algo más sobre el hombre a través de sus obras y sus acciones.

 

En sus primeros años en Nueva España, entre sus treinta y sus cua­ renta y cinco años, dos acciones lo pintan como un hombre de intre­ pidez física. La primera, es el buceo que hace en Xochimilco para sacar del fondo de una fuente natural un ídolo de piedra y sustituirlo por una cruz. La segunda, son las ascenciones que hace al Popocatépetl y al Iz-taccíhuatl. Al enumerar las principales montañas de México, añade, como sin darle importancia, el testimonio de su hazaña:

 

Hay un monte muy alto, que humea, que está cerca de la provin­ cia de Choleo que se llama Popocatépetl, quiere decir monte que humea; es monte monstruoso de ver, y yo estuve encima de él.

 

Hay otra sierra junto a ésta, que es la sierra nevada, y llámase Iztactépetl, quiere decir sierra blanca; es monstruosa de ver lo alto de ella, donde solía haber mucha idolatría. Yo la vi y estuve sobre ella.

 

( Historia general, lib. XI, cap. xii, N9 6, 43-4)

 

Como antes se ha dicho, supónese que estas ascenciones las realizó durante su estancia en el convento de Tlamanalco, hacia 1530-32, o cuando estuvo en el valle de Puebla, hacia 1540. Por tanto, sólo le ante­ cede las ascensiones al Popocatépetl de Diego de Ordaz en los años de la Conquista, de que da noticia Bernal Díaz del Castillo ( Historia ver­ dadera, cap. lxxviii), y la de Francisco Montaño y Francisco Mesa, poco después de la toma de Tenochtitlan, que refiere Francisco Cervantes de Salazar ( Crónica de la Nueva España, caps, vii-xi). Y en cuanto a la subida al Iztaccíhuatl — o Iztactépetl como le llama fray Bernardino— , considerado inaccesible, ésta es la primera de que se tiene noticia.

 

El móvil que lo llevó a estas empresas pudo haber sido, como supone García Icazbalceta ( Bibliografía mexicana del siglo XVI, ed. 1954, pp. 328-9), el “celo religioso”, pues a dichos montes se les rendían reve­ rencia religiosa y sacrificios, como lo relata fray Diego Duran ( Libro de los ritos, caps, xvii-xviii). Pero aunque Sahagún pretendiera, en efec­ to, averiguar si subsistían estas idolatrías para extirparlas, su repetida audacia tiene un aire de gratuidad deportiva, y la mueve también la curio­ sidad, el afán de comprobar con los propios ojos qué hay y cómo son las cumbres de las imponentes montañas nevadas.

 

El único relato con ciertos pormenores de estas ascensiones — el de Cervantes de Salazar— nos da cierta idea de la increíble imprevisión con que se realizaban: sin comida y sin ningún aparejo para librarse del frío, el viento y los gases. ¿Llevarían fray Bernardino y sus acompañantes para protegerse algo más que el hábito de sayal y las sandalias?

 

Esta fuerza sobrante que era preciso consumir en acciones físicas exce­ sivas, se canalizará, en la madurez de Sahagún, en una enorme empresa

 

científica. Cuando contaba 48 años, y ya había pasado casi veinte en esta tierra, sin dar muestras de interés por la cultura del México antiguo, tuvo la suerte de encontrar en las obras de fray Andrés de Olmos una pista para la que había de ser la tarea de su vida: la investigación de la cultura indígena, y sobre todo un método: organizar los datos de esa cultura recogiéndolos de los propios indios y en su propia lengua. Du­ rante más de cuarenta años y hasta su muerte, Sahagún se mantendrá obsesivamente concentrado en esta única empresa, pese a que no llegaría a obtener ninguna respuesta claramente afirmativa de su validez. Des­ pués de los trabajos pioneros de Olmos — que conocemos sólo parcial e indirectamente— , Sahagún es absolutamente el único de los historiadores de México en el siglo xvi cuya obra principal son textos en náhuatl, recogidos en su mayor parte de sus informantes, y cuyo autor sabe que en su tiempo sólo podrán leer algunos indígenas letrados y algunos frailes instruidos y curiosos.

 

Este hombre solitario en su tarea y apartado casi siempre de las faenas regulares y urgentes que realizan sus cofrades, se ingeniará para que, protegido o desprotegido, los superiores de su Orden no lo distraigan de su trabajo con otras tareas o puestos de mando y le permitan proseguir año tras año, con sus informantes, amanuenses y pintores indios, hacien­ do y rehaciendo sus libros, en los múltiples “cedazos”, dibujos y re­ dibujos, reacomodos, ilustraciones, traducciones y afinaciones de su obra.

 

Aunque él se diera cuenta de que sus libros eran impublicables e inu-tilizables en su tiempo, parecía estar persuadido, sin ninguna duda que agrietara su convencimiento, de que lo que hacía era el único camino que debía seguirse para la extirpación radical de la idolatría. Y además, esta persistencia inconmovible se sustentaba en un temperamento siste­ mático en el que progresivamente va dominando, al propósito evange­ lizados la curiosidad científica pura, el afán gratuito de saber y explicar las cosas.

 

Sahagún no parece haber sido un hombre libresco y de ideas ni de vocación intelectual, como lo fueron, por ejemplo, Las Casas y Mendieta. No parece tampoco haber tenido, pese al dicho de su biógrafo de que fue “muy macizo cristiano, celosísimo de las cosas de la fe”, un intenso espíritu religioso, como tantos de sus cofrades. En sus obras no se revelan muchas lecturas — por ejemplo, de los historiadores y cronistas que lo habían precedido, o de filósofos y poetas— , ni nociones científicas y geográficas claras, ni un trasfondo ideológico que lo conturbara. Sólo en sus últimos años hará un balance pesimista de los resultados del esfuerzo evangelizador y educativo, aunque pensando más en hechos que en ideas.

 

En el mundo cerrado de los frailes de Nueva España en el siglo xvi, pese a la visión seráfica que nos presentan los cronistas de la Orden, se transparentan tensiones, pasiones, resentimientos y violencias verbales inesperados, que no se redujeron a los ruidosos que provocó el comisario

 

fray Alonso Ponce. El manso y humilde Sahagún, en realidad no tenía ni tolerancia ni paciencia para quienes no coincidían con sus puntos de vista. Perturbado acaso por la incomprensión de su tiempo para su obra, el hombre solitario y genial que fue fray Bernardino de Sahagún acabó por encerrarse en una suficiencia y orgullo intelectual que lo empujaron a no querer deber nada a nadie y a callar los nombres de quienes fueron necesariamente sus maestros, e incluso a una injustificable destemplanza, al acusar y denigrar — como se expone en estudio por separado— a un hombre tan sabio como él y que fue su precursor: fray Toribio de Mo-tolinía.

 

 

LOS  INFORMANTES  INDIOS

 

Una de las excelencias de la obra de Sahagún es el haber hecho, como dice Angel María Garibay K., “que los indios mismos escribieran la his­ toria de su propia cultura y, allegando todos los materiales posibles para la refundición que él iba a hacer en castellano, les dio ocasión de guardar el tesoro de su propia lengua y pensamiento” ( Historia de la literatura náhuatl, 1954, t. II, p. 74). El mismo Sahagún da noticia en el Prólogo al lib. II, de quiénes fueron sus principales informantes, colaboradores y escribanos:

 

Martín Jacovita, del barrio de Santa Ana, en Tlatelolco, lo acompañó desde la primera etapa de Tepepulco. Fue más tarde profesor y rector del Colegio de Tlatelolco. Dice Sahagún que él fue “el que más trabajó” en el “escrutinio o examen” en la segunda etapa de Tlatelolco. Garibay considera que Jacovita puede haber sido “uno de los redactores de la Historia de la conquista (libro XII de la Historia general), de los Colo­ quios, y probablemente, de parte de las obras contenidas en el mal llama­ do Códice Ghimalpopoca, en su primera y en su tercera parte ( Anales de Cuauhtitlan y Leyenda de los soles) ” (Ibídem, t. II, p. 226). Jacovita continúa ayudando a Sahagún como amanuense y aún hacia 1584-5 compone el Vocabulario trilingüe.

 

Antonio Valeriano, de Azcapotzalco, fue “el principal y más sabio”, dice Sahagún. Personalidad de notable mérito, Valeriano casó con una hermana del historiador Fernando Alvarado Tezozómoc y fue, desde 1570 hasta su muerte en 1605, gobernador de la parcialidad de los indios de la ciudad de México, con gran aprecio de los virreyes y del rey Felipe II. Enseñó el náhuatl a fray Juan de Torquemada. Fray Juan Bautista elogió la propiedad y elegancia de su latín y su conocimiento de las etimologías del náhuatl. Antes de ser gobernante, enseñó latín en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. Colaboró probablemente con Sahagún en la redacción de la “Historia de la conquista”. Se le atribuye una Historia náhuatl y, según Sigüenza y Góngora, Valeriano es el autor

 

de la más antigua de las narraciones de la aparición guadalupana, Nican mopohua, redactada hacia 1560-70.

 

Alonso Vegerano, de Cuauhtitlan, “un poco menos que éste”, apunta el historiador; esto es, un poco menos sabio que Valeriano. Garibay con­ sidera que Vegerano “tuvo parte en la formación del Códice Chimalpopoca y fue de los revisores de 1560-5. . . Profesor de Tlatelolco, fue de los más señalados investigadores. Casi es seguro que a él, muy unido a Pedro de San Buenaventura, hemos de atribuir la refundición de documentos que constituyen el precioso manuscrito llamado comúnmente Anales de Cuauhtitlan, como ya pensaba el último traductor de ellos, don Primo Feliciano Velázquez” ( Ibid., t. II, p. 227).

 

A pedro de San Buenaventura, de Cuauhtitlan, Garibay lo considera también recopilador, con Vegerano, de los Anales de Cuauhtitlan, y aña­ de: “De él tenemos una Carta a Sahagún acerca del calendario (escrita en unión de J. Pedro González. El texto náhuatl lo incluyó Sahagún en el libro II de los Memoriales en tres columnas, y se ha reproducido con traducción en: Alonso Caso, Los calendarios prehispánicos, 1967, pp. 86-8), de suma importancia tanto por lo que dice al responder al P. Sahagún sobre el principio del año como porque nos pone en camino de identificar la parte que Pedro de San Buenaventura redactó en la magna obra documental para la Historia. Los ‘Himnos de los dioses’, la parte referente a la medicina, la parte tocante a las noticias sobre anima­ les son de su mano, en la mayor parte. Es muy probable que fuera éste de los más estimados de Sahagún. La carta antes referida es de los años 1575 a 1580, cuando Pedro se halla en Cuauhtitlan, sin que sepamos por qué razón. De este colegial de Santa Cruz de Tlatelolco tenemos que decir que forma con los otros dos aquí mencionados (Jacovita y Vegerano) y con Antonio Valeriano la cuaternal autoridad de los escritos fundamentales para la histórica empresa de Fr. Bernardino“ ([lbid., t. II, p. 227).

 

De estos cuatro colaboradores antes citados dice Sahagún que fueron “todos expertos en tres lenguas, latina, española e indiana”.

 

Existen dos grupos especiales de informantes indios, de Tlatelolco, que le dieron la valiosa información sobre plantas y piedras medicinales (lib. XI, cap. vii, Nos. 5 y 6 ):

 

Esta relación arriba puesta de las hierbas medicinales — escribe Sahagún— y de las otras medicinales arriba contenidas, dieron los médicos de Tlatilulco, Santiago, viejos y muy experimentados en las cosas de la medicina, y que todos ellos curan públicamente; los nombres de los cuales, y del escribano que lo escribió se si­ guen, y porque no saben escribir rogaron al escribano que pusiese sus nombres: Gaspar Matías, vecino de la Concepción; Pedro de Santiago, vecino de Santa Inés; Francisco Simón y Miguel Da­ mián, vecinos de Santo Toribio; Felipe Hernández, vecino de

 

Santa Ana; Pedro de Requena, vecino de la Concepción; Miguel García, vecino de Santo Toribio, y Miguel Motolinía, vecino de Santa Inés.

 

Y    en el que llama su “Libro de medicina” del Códice matritense de la Real Academia ( Memoriales de Tlatelolco, sólo en náhuatl, ff. 172 r y v), así como al fin del capitulo xxviii del libro X del Códice florentino, anota los nombres de otros médicos indios que también le dieron noti­ cias: Juan Pérez, de San Pablo; Pedro Pérez, de San Juan; Miguel Gar­ cía, de San Sebastián; Francisco de la Cruz, de Xihuitonco; Baltazar Juá­ rez, de San Sebastián; y Antonio Martínez, de San Juan.

 

Causa extrañeza que en esta amplia nómina de médicos y herbolarios indios que auxilian al padre Sahagún, no figure el nombre del médico Martín de la Cruz que en 1552 había redactado en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, el Libellus de medicinálíbus indorum herbis, tradu­ cido al latín por Juan Badiano. Germán Somolinos d’Ardois explica esta omisión suponiendo que, para cuando Sahagún trabaja en esta materia médica, De la Cruz ya había muerto ( “Estudio histórico”, Libellus. . ., ed. “A” del Instituto Mexicano del Seguro Social, México, 1964, p. 314).

 

Al hacer la enumeración de sus colaboradores en el texto náhuatl del libro de los Colloquios y doctrina christiana con que los doce frailes de San Francisco, enviados por el papa Adriano Sexto y por el emperador Carlos Quinto convirtieron a los indios de la Nueva España, Sahagún menciona el nombre de Andrés Leonardo, de Tlatelolco, que le ayuda cuando rehace esta obra en 1564.

 

En fin, registra también los nombres de los “escribanos que sacaron de buena letra todas las obras” : Diego de Grado y Bonifacio Maximilia­ no, de Tlatelolco, y Mateo Severino, de la parte de Utlac, en Xochimilco (Prólogo al lib. II).

 

De un escribano indígena más, colaborador de Sahagún, guardó noti­ cias fray Agustín de Vetancurt:

 

Agustín de la Fuente, natural de Tlatilulco, el más elegante escri­ bano que se hallaba. Maestro de la escuela, con gran propiedad se ocupó toda la vida en escribir a los V. V. P. P. Fr. Bernardino de Sahagún y Fr. Pedro de Oroz, y hacía con la pluma una estam­ pa con tanta propiedad que parecía impresa, como las que están en la Postilla.

 

(Monologio franciscano,  1697, p.  141)

 

 

ELABORACION DE LA OBRA Y MANUSCRITOS

 

Parece evidente que las investigaciones de la cultura indígena realizadas hacia la cuarta y quinta década del siglo xvi por fray Andrés de Olmos,

 

franciscano y coetáneo de Sahagún, fueron las que despertaron su inte-rés por esta materia, que llegará a absorberlo totalmente, y también las que le sugirieron el método de recoger informaciones de los propios indios, como ya se había practicado en la Historia de los mexicanos por sus pinturas (c. 1531-7), si su autor es Olmos.

 

 

PRIMER ACOPIO DE MATERIALES

 

Antes de imaginar lo que sería su magna empresa etnohistórica, Sahagún comenzó a acopiar algunos materiales que más tarde incorporará a su obra. La fecha más remota que puede fijarse al respecto es el año de 1547 en que, precisamente a ejemplo del Huehuetlatólli (perdido en parte) de Olmos, recogió los textos en náhuatl de los discursos en oca­ siones solemnes y las pláticas morales de los antiguos mexicanos, que luego serán el libro VI de su Historia general, “De la retórica y filosofía moral y teología de la gente mexicana. . . ”, y que traducirá al español en 1577 “después de treinta años que se escribió en lengua mexicana’' (nota al final al libro VI).

 

La segunda tarea que realizó no sigue ya tan de cerca las huellas de Olmos y muestra la lucidez de la visión histórica de Sahagún, al dar oportunidad a los indígenas de consignar su propio testimonio, la “visión de los vencidos”, de la conquista de México. La primera redacción de esta “Historia de la conquista” parece ser un poco anterior a 1555, pues en 1585 dice que:

 

Cuando esta escritura se escribió, que ha ya más de treinta años, toda se escribió en lengua mexicana, y después se romanció toda. Los que me ayudaron en esta escritura fueron viejos principales, y muy entendidos en todas las cosas así de la idolatría como de la república, y oficios de ella, y también que se hallaron presentes en la guerra cuando se conquistó esta ciudad.

 

( “Al lector”, lib. XII)

 

 

EL  PROYECTO GENERAL Y LA PRIMERA ETAPA:

TEPEPULCO,       1558-1560

 

Después de estos dos tratados compuestos previamente, concebirá Sa­ hagún el proyecto de la que habrá de ser su Historia general de las cosas de Nueva España. Fue realizándolo en las tres etapas que él mismo des­ cribe en el prólogo al libro II. Gracias a estas indicaciones, además, podemos conocer el admirable sistema de selección y crítica interna de los informantes que prefiguró Sahagún por la ciencia antropológica.

 

Aquellos trabajos iniciales y el plan de la obra que imaginaba debió darlos a conocer a sus superiores. El hecho es que fray Francisco de Toral, provincial de la Orden en 1558, los aprueba y, conviniendo con su autor en que aquélla será una obra útil para combatir la idolatría y dar un fundamento sólido a la evangelización de los naturales, manda a Sahagún que la realice:

 

Recibido este mandamiento, hice en lengua castellana una minu­ ta o memoria de todas las materias que había que tratar, que fue lo que está escrito en los doce libros, y la postilla y los cánticos.

 

(Prólogo al lib. II)

 

Este primer plan se limitaba a cuatro capítulos: Dioses, Cielo e In­ fierno, Señorío y Cosas Humanas.

 

En el trienio 1558-1561, además, Sahagún concluye dos de sus obras para la evangelización de los naturales, la Postilla sobre las Epístolas y Evangelios de los domingos de todo el año, que había redactado en 1547 y refundirá en 1578 (manuscrito en náhuatl que se conserva fragmen­ tariamente en la Ayer Collection), y los “cánticos” o “cantares” como él suele llamar al único libro suyo que verá realizado, años más tarde, la Psalmodia christiana y Sermonario de los santos del año, en lengua me­ xicana, ordenada en cantares o psalmos para que canten los indios en los areytos que hacen en las iglesias, impreso en México por Pedro Ocharte en 1583.

 

Una vez formulada la “minuta” y esbozadas acaso las preguntas que propondría a sus informantes, Sahagún pone en marcha la primera etapa de su empresa en el pueblo de Tepepulco, en la región de Tezcoco:

 

En el dicho pueblo hice juntar todos los principales con el señor del pueblo, que se llamaba don Diego de Mendoza, hombre an­ ciano, de gran marco y habilidad, muy experimentado en todas las cosas curiales bélicas y políticas y aun idolátricas. Habiéndolos juntados propáseles lo que pretendía hacer y les pedí que me diesen personas hábiles y experimentadas, con quienes pudiese platicar y me supiesen dar razón de lo que les preguntase. Ellos me respondieron que se hablaría cerca de lo propuesto, y que otro día me responderían, y así se despidieron de mí. Otro día vinieron el señor con los principales, y hecho muy solemne par­ lamento, como ellos entonces le usaban hacer, señaláronme hasta diez o doce principales ancianos y dijéronme que con aquéllos podían comunicar y que ellos me darían razón de todo lo que les preguntase.

 

Estaban también allí hasta cuatro latinos, a los cuales yo pocos años antes había enseñado la Gramática en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco.

 

Con estos principales y gramáticos, también principales, platiqué muchos días, cerca de dos años, siguiendo la orden de la minuta que yo tenía hecha.

 

Todas las cosas que conferimos me las dieron por pinturas, que aquella era la escritura que ellos antiguamente usaban, y los gra­ máticos las declararon en su lengua, escribiendo la declaración al pie de la pintura. Tengo aún ahora estos originales.

 

CIbid.)

 

Estos Primeros memoriales o Memoriales de Tepepulco, en náhuatl y con abundantes ilustraciones, llevan fecha de 1560. Los manuscritos se conservan parte en la Biblioteca del Real Palacio y parte en la Real Academia de la Historia, de Madrid, y a ellos junto con otros manus­ critos sahaguntinos se les llama Códices matritenses.

 

 

LA  SEGUNDA ETAPA DE TLATELOLCO:  1561-1565

 

Después de estos dos años de trabajo en Tepepulco, fray Bernardino es trasladado, hacia 1561, al convento de Santiago de Tlatelolco. Repite entonces las corteses negociaciones con los ancianos y los principales del lugar y pronto tiene, en el colegio vecino al convento, un nuevo equipo de informantes y colaboradores con el que:

 

por espacio de un año y algo más, encerrado en el Colegio, se enmendó, declaró y añadió todo lo que de Tepepulco traje escrito, y todo se tornó a escribir de nuevo, de ruin letra porque se escri­ bió con mucha prisa.

 

Qbid.')

 

En esta segunda etapa de la elaboración de su obra, Sahagún hace una primera ampliación de los Primeros memoriales a los que añade un capítulo V para las Cosas Humanas ( Tlacticpaccáyotl), y una segunda mucho más extensa en que convierte los antiguos capítulos en libros y proyecta doce en total (dejará pendientes el VII y el XII). Corresponden al trabajo de esta etapa tres documentos: los Segundos memoriales o Me-moríales complementarios (c. 1561-2), dos fragmentos en náhuatl acerca de los señores aztecas; los Memoriales en tres columnas o Segundo ma­ nuscrito de Tlatelolco Qc. 1563-5), que en su mayor parte sólo tiene completa la columna central náhuatl, y que contienen de hecho la segunda redacción de lo que será la Historia general, en diez libros; y los Me­ moriales con escolios (c. 1565), primer intento de trabajar en tres columnas (español, náhuatl y glosario náhuatl) dos fragmentos de los Memoriales en tres columnas, que corresponden al libro VII, capítulos

 

1-5, y al X, capítulos 1-3, del texto final de la Historia general. Todos ellos forman parte de los Códices matritenses y se encuentran también mezclados entre los de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia y los del Real Palacio.

 

 

LA TERCERA ETAPA DE MEXICO:  1565-1569

 

La tercera etapa de la elaboración de esta magna empresa se sitúa en el

Convento de San Francisco de la ciudad de México, a partir de  1565:

 

donde por espacio de tres años pasé y repasé a mis solas estas mis escrituras, y las torné a enmendar y las dividí por libros, en doce libros, y cada libro por capítulos y algunos libros por capítulos y parrafos.

 

(IbidO

 

Después de aquel período de revisión solitaria,  entre  1567  y  1569

se le proporcionaron copistas a Sahagún y, para este último año estaban en limpio, y con buena letra, los doce libros, aunque aún no se había realizado su traducción al español. Este manuscrito de 1569, que pro­ bablemente contenía la versión náhuatl final de la Historia general, se ha perdido, o bien pudo haberse utilizado más tarde en los manuscritos a los que se añadió la traducción al español.

 

 

LA DISPERSION DE LOS ESCRITOS DE SAHAGUN: 1570-1575

 

Los años siguientes, 1569-1570, serán de los más amargos en la vida de Sahagún. El Capítulo Provincial de su Orden, al que somete sus es­ crituras, decide que son “de mucha estima y que debían ser favorecidas” pero, al mismo tiempo, le quita sus escribanos. El mismo, mayor de setenta años, no puede ya escribir por el temblor de las manos. Y poco después, el provincial Escalona (1570 -3) dispersa las escrituras de fray Bernardino por los conventos franciscanos de la Provincia de México. A pesar de estos obstáculos, Sahagún como siempre se las arregló, al parecer, para iniciar en estos años la traducción al español de su obra, pues existe un manuscrito, al que Paso y Troncoso llamó Memoriales en español, que debió componerse entre 1569 y 1574 y contiene sólo los libros I y V sin prólogos ni apéndices. El manuscrito se encuentra entre los Códices matritenses del Real Palacio y fue publicado por Paso y Troncoso en 1906 en el tomo VII (pp. 401-48) de su edición de facsí­ miles de la Historia general.

 

LA CUARTA ETAPA DE TLATELOLCO:  1575-9

Y EL “CODICE FLORENTINO"

 

Hacia 1575 Sahagún recupera sus manuscritos y, gracias al interés que muestra Juan de Ovando, presidente del Consejo de Indias, el nuevo comisario de la Orden, fray Rodrigo de Sequera, le proporciona de nuevo escribanos que le van recopilando los textos en náhuatl y a los que va dictando el texto castellano de su Historia general de las cosas de Nueva España, que extracta y comenta los materiales proporcionados por los informantes indios. A esta cuarta y última etapa, que concluye hacia 1579, corresponden los manuscritos llamados Códice florentino o Copia Sequera, que llevan una nueva y amplísima serie de ilustraciones, y se conservan en la Biblioteca Medicea Laurentiana de esa ciudad (Ms. 218-20).

 

 

EL "MANUSCRITO DE TOLOSA"

 

Existe aún otra copia muy importante, ya que ha sido hasta ahora la base principal de todas las ediciones en español de la Historia general. Es de letra del siglo xvi, contiene sólo el texto español con ligeras variantes, correcciones de estilo y supresión de algunas enumeraciones de cosas indígenas, con respecto al Códice florentino, y lleva como única ilustración una “rueda de los años” en la página 396. El manuscrito se conservaba, sin que se sepa cómo llegó allí, en el convento franciscano de Tolosa, en Navarra. El primero que se refirió a él fue fray Juan de San Antonio en su Biblioteca universal franciscana (Madrid, 1732-3). En 1780 Francisco Javier Clavijero en su Historia antigua de México ( “Noticia de los escritores de la historia antigua de México en el siglo xvi”, después del “Prólogo del autor”) se refirió a Sahagún y a su obra, sin conocerla, recogiendo datos de Vetancurt y del bibliógrafo antes citado. Y en 1783 Juan Baustista Muñoz, que había recibido la comisión de escribir una Historia de las Indias, trasladó a Madrid aquel Manus­ crito de Tolosa, como vino a llamársele, el cual se conserva en la Biblio­ teca de la Real Academia de la Historia.

 

La filiación de este manuscrito ha sido una incógnita. Sin embargo, existen ya presunciones verosímiles respecto a su origen. Charles E. Dibble y Howard F. Cline ( “Sahagún and his works”, Handbook of Middle American indians, vol. 13, Guide to ethnohistorical sources, part 2, University of Texas Press, Austin, 1973, pp. 199) consideran que el Manuscrito de Tolosa — después de examinar sus variantes respecto al Códice florentino— es una copia contemporánea de la parte española de este códice, aunque preparada para su edición. Y avanzando algo más en las conjeturas, Georges Baudot ( “Fray Rodrigo de Sequera, avocat du diable pour une histoire interdite”, Caravelle, Toulouse, 1969, N ° 12,

 

pp.  47-82) cree que fue el padre Sequera quien, a su regreso a España en 1580, ordenó que se hiciera esta copia de la parte española del ma­ nuscrito náhuatl-español ( Códice florentino o Copia Sequera) que Saha­ gún le había confiado hacia 1579; y que, tomando en cuenta la corriente de opinión que aún prevalecía contra los escritos de misioneros en lenguas nativas, hizo que se omitiera todo aquello que pudiera provocar suspica­ cias. Por tanto, Baudot sugiere que esta copia de Tolosa debió hacerse entre 1580 y 1588, acaso hacia 1583.

 

 

REVISION CRITICA Y ULTIMOS TRABAJOS:  1585

 

Aún a la edad de 85 u 86 años, cuando Sahagún se vio envuelto en los conflictos que originó fray Alonso Ponce, se las arregló para em­ prender una especie de revisión crítica o de reconstrucción de su obra, preocupado insistentemente por la extirpación de la idolatría, tarea en la que reconoce que poco se ha avanzado. De estos últimos trabajos de Sahagún se conserva su versión enmendada del libro XII “De la con­ quista”; el Vocabulario trilingüe — que según Alfredo Chavero y José Fernando Ramírez, puede ser identificado con el manuscrito que ahora se encuentra bajo el número 1.478 de la Ayer Collection (Newberry Library, Chicago), y continúa inédito, mientras que Luis Nicolau d’Olwer considera que, aunque este manuscrito es de Sahagún, puede ser un trabajo preliminar pero no el gran Vocabulario trilingüe — que Sahagún mismo describió— , de 1584-5, cuyo amanuense fue Martín Jacovita; y dos manuscritos, parcialmente publicados, que se encuentran en el mismo cartapacio (N 9 1.628 bis) de la Biblioteca Nacional de México que contiene el famoso de Cantares mexicanos, el Calendario mexicano, latino y castellano (folios 96-112) y el Arte adivinatoria (folios 116-

 

142)            . Ambos manuscritos debieron escribirse hacia 1585 y salvo algunas reservas, se atribuyen a Sahagún tanto por sus temas, similares a los correspondientes de la Historia general, como por sus alusiones a otras obras y tópicos del mismo Sahagún.

 

 

EDICIONES  Y TRADUCCIONES

 

a .—LA “HISTORIA GENERAL"

 

Después de permanecer ignorada durante más de dos siglos, la obra de Sahagún comenzó a conocerse a fines del siglo xvm , gracias al descu­ brimiento del Manuscrito de Tolosa que antes se ha referido. Una copia de este manuscrito, hecha por Diego Panes, fue llevada a México y sirvió para la primera edición, incompleta, que hizo en 1829 y 1830, en México, Carlos María Bustamante de esta versión española, con notas

 

suyas, de la Historia general de Sahagún (Imprentas de Mariano R. Galván y de Valdés, 4 vols.), edición que reimprimió en 1890-5 Ireneo Paz (Biblioteca Mexicana, vols. 22-5). Por los mismos años, y a base de otra copia del Manuscrito de Tolosa, Lord Kingsborough la reprodujo en sus Antiquities of México (London, vol. V, 1830, y VII, 1831).

 

Ya en nuestro siglo, en 1938, apareció la primera edición moderna importante, al cuidado de Joaquín Ramírez Cabañas, siguiendo el Ma­ nuscrito Tolosano-Panes y cotejando con el Florentino los libros I-VI, con un excelente estudio preliminar de Wigberto Jiménez Moreno (Edi­ torial Pedro Robredo, México, 1938, 5 vols.). Esta edición lleva como apéndices los siguientes textos: al libro II, una traducción, a través de la de Eduard Seler, de los “Himnos a los dioses” y de las notas de Seler sobre el tema; al libro IX, traducción de los textos omitidos por Sahagún acerca de los artífices y de los estudios de Seler; al libro XI, estudios de Nicolás León sobre la sinonimia de nombres del mundo natural y de Ignacio Alcocer sobre las comidas y la medicina aztecas; y al libro XII, la relación sobre la conquista de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, el estudio de Manuel Orozco y Berra sobre los conquistadores, las variantes de la versión enmendada del Libro de la Conquista y una versión española del libro XII en náhuatl.

 

En 1946 Miguel Acosta Saignes ofreció una nueva edición, a base del mismo manuscrito pero cotejando con el Florentino tres libros más, con notas, bibliografía y guía para estudiar a Sahagún (Editorial Nueva España, México, 1946, 3 vols.).

La edición más reciente (Editorial Porrúa, México, 1956, 2^ ed., 1969, 4 vols.) fue preparada por Angel María Garibay K., de nuevo a base del Tolosano-Panes, y repitiendo fundamentalmente el texto de la edición Ramírez Cabañas-Jiménez Moreno, aunque cotejando el texto completo con el Códice florentino, separando y numerando los parágrafos y añadiendo nuevos textos y apéndices, como las traducciones por el mismo padre Garibay del texto náhuatl del libro XII sobre la Conquista, del relato sobre el mismo tema del manuscrito anónimo de 1528 de Tlatelolco, de los “Himnos a los dioses” y de otros textos que no llegó a traducir Sahagún. Esta edición del padre Garibay se ha reproducido en el número 300 de la colección “Sepan cuantos. . . ” (Editorial Porrúa, México, 1975), edición a la que se han añadido las curiosas notas que escribió Carlos María Bustamante para la primera edición de la Historia, tomadas de la edición de 1890, de Ireneo Paz.

 

 

b.—LA DOCUMENTACION INDIGENA

 

La documentación de los informantes indígenas — textos en náhuatl e ilustraciones— tardó aún más en comenzar a publicarse. Los dos grupos de Códices matritenses, el del Real Palacio y el de la Real Academia de

 

la Historia, que contienen los Primeros memoriales de Tepepulco, los Memoriales con escolios y los Memoriales en tres columnas, de Tlatelolco, así como las ilustraciones de los Primeros memoriales y del Códice flo­ rentino, fueron publicados los textos en edición facsímil, por Francisco del Paso y Troncoso, por cuenta del gobierno mexicano (Fototipia de Hauser y Menet, Madrid, 1905-7, 5 vols.)* Los volúmenes publicados fueron el V, que contiene las ilustraciones del Códice florentino; el VI, cuaderno 29, que contiene los Primeros memoriales y los Memoriales con escolios; el VI, cuaderno 39, que contiene las ilustraciones de los Prime­ ros memoriales; el VII, que contiene los seis primeros libros de los Memoriales en tres columnas y los Memoriales en español, de los libros I y V de la Historia general; y el VIII, que contiene los libros VIII a XI de los Memoriales en tres columnas. Los cuatro primeros volúmenes, que no llegaron a publicarse, estaban destinados al texto del Códice floren-tino, y el VI, cuaderno 1°, debía llevar una Descripción de los códices.

 

El Códice florentino — que recoge el último estado de la documenta-ción náhuatl recogida por Sahagún, las ilustraciones y la traducción al español conocida como Historia general de las cosas de Nueva España— ha sido editado, entre 1950 y 1970, con el texto náhuatl y traducción al inglés, notas y las ilustraciones completas, por Arthur J. O. Anderson y Charles E. Dibble, por cuenta de la School of American Research ( Florentine Codex, University of Utah, Santa Fe, New México, 12 vols. Falta aún el volumen introductorio).

 

Los textos nahuas de los Códices matritenses — tomando en cuenta que Sahagún, en el texto español de su Historia, sólo abrevió o reexpuso en ocasiones parte de los materiales indígenas mucho más amplios que guardan los memoriales iniciales— han comenzado a ser traducidos y estudiados. En 1944-7, Angel María Garibay K. publicó ( “Paralipóme-nos de Sahagún”, Tlalocan, México, I, 4, y II, 2 y 3) varios fragmentos de los capítulos II y III de los Primeros memoriales: “Agüeros” y “Sueños” (II, 5) y “Hombres malos” y “Hombres malos y mujeres malas” (III,

 

II    y 12). El mismo Garibay publicó en 1948 y en la misma revista (N<? 2), la Relación breve de las fiestas de los dioses que contiene las dos primeras secciones del capítulo I de los Primeros memoriales. Porfirio Aguirre ( Primeros memoriales de Tepepulco. Anónimos indígenas. Co­ lección Amatlacuílotl, Editor Vargas Rea, México, 1950-1, 4 vols.) tradujo las cuatro primeras secciones del capítulo I. En 1974 Wigberto Jiménez Moreno publicó los textos en náhuatl y una versión directa hecha cuarenta años antes del capítulo I, “Ritos, dioses”, de los Primeros me­ moriales (Instituto Nacional de Antropología e Historia, Colección Cien­ tífica, México, 1974). El conjunto de la documentación indígena que existe en los Códices matritenses ha comenzado a ser paleografiado y traducido al español, sistemáticamente, en la serie Fuentes Indígenas de la Cultura Náhuatl, editada por el Instituto de Historia de la Univer­ sidad Nacional Autónoma de México, a partir de 1958. Hasta ahora se

 

han publicado cuatro volúmenes: Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses,

por Miguel León-Portilla (1 9 5 8 ), Veinte himnos sacros de los nahuas, por Angel María Garibay K. (1 9 5 8 ), Vida económica de Tenochtitlan,

 

1 Pochtecáyotl (Arte de traficar), por Alfredo López Austin (1 9 6 9 ). En el análisis y comentario del contenido de cada uno de los doce libros de

 

la Historia general, que se hace adelante, se mencionan muchos otros estudios y traducciones de la documentación náhuatl.

En fin, el libro llamado Códices matritenses de la Historia general de las cosas de Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagún, realizado por el Seminario de Estudios Americanistas, bajo la dirección de Manuel Ballesteros Gaibrois, con la colaboración de Pilar Calvo, Pilar Montero, Teresa Pacheco y Amelia López, contiene un estudio de estos códices, una correlación entre los manuscritos matritenses y el florentino y la reproducción de las láminas de los matritenses (Edición de José Porrúa Turanzas, Madrid, 1964, 2 vols.).

 

c.—TRADUCCIONES A OTRAS LENGUAS

 

La Historia general de Sahagún y partes de los memoriales indígenas han sido traducidos a varias lenguas. La Historia general fue traducida al francés por D. Jourdanet y Rémi Siméon (París, 1880), y los libros I-IV fueron traducidos al inglés por Fanny R. Bandelier, de la edición de Bustamante (Nashville, 1932). Daniel G. Brinton tradujo al inglés los veinte himnos a los dioses (Rig-Veda americanus. Sacred songs of the ancient mexicans, Filadelfia, 1890), y Anderson y Dibble, como ya se apuntó, tradujeron al inglés la parte náhuatl del Códice florentino de la Historia general. Eduard Seler, desde 1890 hasta su muerte, tradujo al alemán y estudió grandes secciones de la obra sahaguntina, trabajos que luego se recogieron en sus Gesammelte Abhandlungen (Berlín, 1902-23, 5 vols. y Graz, 1960-6). Leonhard Schultze-Jena tradujo al alemán y paleografió los libros IV-VII de la Historia general (Stuttgart, 1950).

 

d .— LOS OPUSCULOS

 

Además de sus monumentales trabajos de etnografía e historia, Sahagún escribió a lo largo de su vida múltiples opúsculos de tema religioso dedicados a la evangelización, que han corrido diversa suerte. Varios han sido editados: la Psalmodia christiana, que fue la única obra impresa en vida de su autor, como ya se apuntó, en México, 1583; los Evangelios y Epístolas que, traducido al latín por Bernardinus Biondelli, se publicó bajo el título de Evangeliarum, epistolarium et lectionarium aztecum sive mexicanum, ex antiquo códice mexicano nuper reperto depromptum (M i­ lán, 1858), y el libro de los Colloquios y doctrina christiana con que los doce frailes de San Francisco enviados por el papa Adriano Sexto y por

 

el emperador Carlos Quinto convirtieron a los indios de la Nueva Es­ paña, en lengua mexicana y española, concluido por Sahagún en 1564, el cual, después de que se le consideraba perdido, fue descubierto por el padre Pascual Saura en el Archivo Secreto del Vaticano y publicado luego por el padre José María Pou y Martí en Roma, 1924. Reimprimió el texto español Zelia Nuttall ( Revista Mexicana de Estudios Históricos, México, 1927, t. I, suplemento, pp. 101-154) y lo reprodujo Vargas Rea (Biblioteca Aportación Histórica, México, 1944). Walter Lehmann (Stuttgart, 1949) lo editó en sus textos español y náhuatl y lo tradujo al alemán. Del texto náhuatl, Miguel León-Portilla ha hecho una her­ mosa traducción al español del capítulo siete, “Los diálogos con los sabios indígenas” (E l reverso de la conquista. Relaciones aztecas, mayas e incas, Editorial Joaquín Mortiz, México, 1964, pp. 23-8), que es una notable exposición del pensamiento religioso de los sabios del México antiguo, y anticipo de la traducción completa que prepara el doctor León-Portilla.

 

También en el Archivo Secreto del Vaticano se ha encontrado el Compendio de la Historia general, firmado por Sahagún el 25 de diciem­ bre de 1570 y enviado al Papa Pío V. El opúsculo se intitula Un breve compendio de los ritos idolátricos que los indios desta Nueva España usaban en el tiempo de su infidelidad. Lo dio a conocer parcialmente el padre Wilhelm Schmidt ( Anthropos, Salzburg, Austria, 1906, vol. I,

 

pp.  203-317). Sahagún relata en este escrito el largo proceso de sus trabajos, el gasto que se ha realizado, el contenido general de la obra y da algunas muestras de los nueve primeros libros.

De los opúsculos Calendario mexicano, latino y castellano y Arte adi­ vinatoria dio noticias y comentarios García Icazbalceta en su Bibliografía mexicana del siglo XVI (ed. 1954, pp. 368-9), y reprodujo, en el apén­ dice al estudio sobre Sahagún (pp. 376-387), la introducción “Al lec­ tor” del Calendario, las secciones introductoria y el capítulo 1 del Arte adivinatoria. El Calendario fue publicado completo por Juan B. Iguíniz ( Boletín de la Biblioteca Nacional, México, abril-septiembre de 1918, t. XII, N9 5, pp. 189-232, con 11 ilustraciones). El resto del Arte adi­ vinatoria no se ha publicado porque, como lo advirtió García Icazbalceta, sus capítulos 2-32 corresponden, con pocas variantes, a los capítulos 1-31 del libro IV de la Historia general.

 

Se conservan inéditos, en la Ayer Collection, de Chicago, el Sermo­ nario de dominicas y de santos en lengua castellana, de 1540 y 1563; la Postilla sobre las Epístolas y Evangelios, de 1547 y 1578, si no es la misma obra que el Evangeliarum ya publicado, y el supuesto Vocabulario trilingüe.

 

Otros de sus libros manuscritos menores, dedicados a la evangelización de los naturales y en náhuatl, desaparecieron consumidos por el uso: Ejercicio cuotidiano, Vida de San Bernardino de Siena, Manual del cris­ tiano, Regla de los Casados y Arte de la lengua mexicana con su vocabu­ lario apéndiz.

 

CONTENIDO  Y ANALISIS DE  LA “HISTORIA GENERAL” Y DE SUS MATERIALES PREVIOS

 

ESTRUCTURA  DE  LA  “HISTORIA GENERAL”

 

Los materiales de que consta la Historia general de las cosas de Nueva España de fray Bernardino de Sahagún se encuentran dispuestos como lo muestra el siguiente cuadro:

 

ORGANIZACION DE LA "HISTORIA GENERAL’ *

 

 

 

Libros         prólogos,  etc. capítulos

I      2          preliminares     22

       y prólogo        

II    prólogo            38

       (y nota)          

III   prólogo            14

IV   prólogo            40

       (y nota)          

V    2          prólogos          13

VI   prólogo            43

VII prólogo            13

       (y nota)          

VIII prólogo            21

IX   prólogo            21

X    prólogo            29

XI                       13

XII prólogo            41

       (y nota)          

Total:          12        prólogos          308

       y          6 notas

 

 

 

apéndices

 

1     (en  4

partes)

 

7 (con 14 relaciones )

 

9

 

1     ( “Apología” (en 7 partes)

 

1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1     (interc. en cap. 12)

 

 

20   apéndices (en 36 partes)

 

 

otros textos finales

o adiciones

 

3     (S )

1     (G )

 

1     (R )

1     (G )

 

 

 

 

3     (G )

 

 

 

i      (R)

1     (A )

4     (G )

 

1     (entre caps. (27 y 28)

 

(S)

 

3 (R)

 

4     (R )

3 (G)

 

4     adiciones Sahagún

12   adiciones Garibay

9     adiciones Robredo

1     adición Acosta S.

 

 

*     Las ediciones consultadas fueron la Robredo, de Eamírez Cabañas-]iménez Mo­ reno, de 19B8 (R ); la de Acosta Saignes, de 1946 (A ); y la de Porrúa, de Ga-ribay, 1956 (G ).

 

La división final de la Historia general es, abreviando los títulos, la siguiente: libro I, De los dioses; II, Calendario, fiestas y ceremonias; III, Origen de los dioses; IV, De la astrologia judiciaria o arte de adivinar; V, Agüeros y pronósticos; VI, Retórica, filosofía moral y teología; VII, De la astrologia natural o astronomía; VIII, De los reyes y señores; IX, De los mercaderes y oficiales; X, De los vicios y virtudes de esta gente indiana; XI, De las propiedades de los animales, árboles, metales y de los colores; y XII, De la conquista de la Nueva España.

 

 

PLAN Y MODELOS

t

El plan que sigue Sahagún en la organización de sus materiales parece descender paulatinamente del cielo teológico a la vida religiosa, a las concepciones morales y culturales y a la vida política y económica, para terminar con las costumbres, la historia natural y el testimonio de la con­ quista. Es una estructura que corresponde, en cierta manera, a la inten­ sa y dominante religiosidad del pueblo mexicano al que se refiere princi­ palmente su obra. Sin embargo, puede no ser ésta la mejor ordenación desde el punto de vista didáctico. Acosta Saignes, por ejemplo, propone leer a Sahagún reordenándolo, de modo de comenzar por los orígenes étni­ cos, seguir con la historia política y el mundo natural, las artes y los oficios, el comercio y la organización social, la religión y las creaciones culturales, para terminar con la conquista ( “Guía para estudiar a Saha-gún”, Historia general, ed. M.A.S., 1946, t. III, pp. 91-197).

 

Otra posibilidad es la de reunir, por una parte los materiales disper­ sos acerca de un mismo tema, y por otra, olvidando la actual división en libros, reordenar el conjunto en cinco grandes secciones que en lugar de descender, como lo hace Sahagún, asciendan paso a paso: I —Tierra y cielo; II.—El hombre y sus recursos; III.—La cultura; IV.—Religión y mitos, y como un apéndice ya no etnográfico, V.—El fin del México antiguo. De esta manera, se parte de las nociones sobre la naturaleza; se sigue con el hombre: su vida, sus orígenes étnicos y su organización política y económica; vienen luego sus concepciones morales y sus crea­ ciones culturales; se recogen después sus creencias religiosas, sus mitos y las ideas sobre los destinos ultraterrenos y se concluye con el testimonio de la destrucción de esta cultura.

 

Cuando Sahagún organizó su gran tratado tenía modelos generales que pudieron orientarlo. Donald Robertson ( Mexican manuscript painting of the early colonial period, Yale University Press, New Haven, 1959,

 

pp.  170-2) ha establecido la relación que existe entre el esquema gene­ ral de la Historia general y la organización tradicional de obras medieva­ les de carácter enciclopédico, como la del franciscano inglés Bartholomaeus Anglicus o de Glanville, De proprietatibus rerum, escrita hacia 1360. Se trata de una obra cuya popularidad atestiguan sus quince ediciones

 

antes de 1500, que consta de 19 libros que comienzan con Dios y los ángeles y terminan con colores, aromas y sabores y una lista de 36 espe­ cies de huevos. Es posible asimismo que, como observó Garibay ( Historia de la literatura náhuatl, t. II, pp. 70-1), Sahagún se haya guiado por la Historia natural de Plinio el Viejo en la organización del libro XI, que se refiere a esta materia.

 

En el conjunto de su obra mayor se advierten libros mejor acabados que otros y, pese a los muchos años en que pasó y repasó sus escrituras, como él decía, quedan algunos tratados notoriamente fuera de lugar, sobre todo los apéndices que fue añadiendo en las últimas revisiones. Con todo, debe tenerse presente que su objetivo principal era el texto en lengua náhuatl y que la traducción española fue una empresa com­ plementaria, tardía y, en muchos casos, abreviada. Sin embargo, ahora lo juzgamos sobre todo por los textos castellanos de la Historia general de las cosas de Nueva España, en tanto nos son accesibles en su totalidad los memoriales en náhuatl. Cuenta tenida de estas circunstancias, haga­ mos un repaso más detallado de la Historia general y de sus materiales previos.

 

 

LIBRO I.— EN QUE SE TRATA DE LOS DIOSES QUE ADORABAN LOS NATURALES DE ESTA TIERRA QUE  ES  LA NUEVA ESPAÑA

 

LAS  PRELIMINARES

 

La Historia general de las cosas de Nueva España se inicia con una “Carta dedicatoria” de agradecimiento dirigida a fray Rodrigo de Se­ quera, comisario franciscano en la Nueva España y protector de la obra de Sahagún, un Prólogo y una nota “Al sincero lector”. Estos tres textos debieron escribirse hacia 1575, fecha en que fray Bernardino inicia el arreglo final de su Historia general y su traducción al español.

 

En el Prólogo y la nota que le sigue, Sahagún expone el origen y el plan general de la obra, el contenido de los doce libros, el propósito lingüístico que lo guía y hace una entrañable defensa de la capacidad cultural de los indios. Estos textos, junto con el prólogo al libro II en que expone el proceso de elaboración de la Historia general, son la base principal con que contamos para el conocimiento de la gestación de nues­ tro principal documento etnográfico.

 

 

DIOSES MAYORES Y MENORES

 

Los veintidós capítulos que forman el libro I se parten en dos grupos. Los primeros doce están dedicados a cuatro dioses mayores: Huitzilopo-

 

chtli — y su capitán Páinal— , Tezcatlipoca, Tláloc y Quetzalcóatl, y a siete diosas principales: Cihuacóad, Chicomecóatl, Temazcalteci, Tzapo-tlatena, Cihuapipiltin, Chalchiuhtlicue y Tlazoltéotl. De ellos se descri­ ben los atributos, atavíos, insignias y funciones que los distinguían. A menudo recuerda Sahagún que la descripción de las festividades aparece por extenso en el libro II. Es interesante, en el capítulo xii dedicado a la diosa Tlazoltéotl, la explicación detallada de la ceremonia de confe­ sión auricular, que se hacía una vez en la vida, con los parlamentos del confesor y el penitente, y la explicación de los móviles que movían a los confesores, los cuales se libraban con la confesión de los castigos físicos mayores que les correspondían conforme a las leyes. Sobre este tema de la confesión vuelve Sahagún en el libro VI, capítulo vii, en que pone por extenso la oración que, después de escuchar la confesión, hacían los sacerdotes frente a Tezcatlipoca.

 

Los capítulos siguientes, del xiii al xxii, se refieren a los dioses meno' res. En el capítulo xiv, dedicado a Macuilxóchitl o Xochipilli, hay una curiosa descripción de las ofrendas que se hacían en la fiesta de este dios, de panes de maíz o de bledos, en formas de rayos, mariposas, rode­ las, saetas, espadas y muñecos, costumbre que puede ser el origen del uso mexicano actual de los panes que adoptan diversas figuras.

 

 

EL APENDICE

 

El apéndice del libro I es una confutación de la idolatría, esto es, un esfuerzo de Sahagún por mostrar que el propósito principal de su obra es éste y no la simple exposición de “las cosas de Nueva España”. Co­ mienza por transcribir cuatro capítulos bíblicos, del 13 al 16 del libro de la Sabiduría, para mostrar la locura de los idólatras. Viene en seguida la “confutación” en la que hace un recuento de los dioses que antes ha descrito para insistir en que no son tales dioses sino demonios. Pero como en este texto el autor escribe por sí mismo, y no transcribe a sus infor­ mantes indios, hace una exposición un poco más clara que en los capí­ tulos precedentes de la estructura de la complicada teología de los pue­ blos nahuas.

A pesar de este resumen del apéndice, el libro I es una exposición insuficiente del panteón mexicano. Sahagún no señala, por ejemplo, la distinción entre los dioses creadores y rectores de la vida, Huitzilopochtli, Tezcatlipoca, Tláloc y Quetzalcóatl, y los otros dioses menores, que en realidad eran protectores de funciones, condiciones y actividades huma­ nas. A pesar de ello, es muy precisa y útil la descripción de los atributos y atavíos de los dioses, sobre todo en la versión algo más amplia de los textos nahuas.

 

DOCUMENTACION,  ESTUDIOS  Y TRADUCCIONES

 

La documentación náhuatl correspondiente al conjunto de esta expo­ sición de los dioses sólo existe en los Memoriales en tres columnas y en el Códice florentino. Sin embargo, los pasajes que se refieren a “Atavíos de los dioses” (ff. 261r-267) de los Primeros memoriales, pueden con­ siderarse complementarios de este libro I de la Historia general. Hay dos traducciones al español de estos textos nahuas: de Angel María Garibay, con la colaboración de Byron McAfee (Sahagún, Historia general, Porrúa, México, 1956, t. IV, pp. 279-290) y de Miguel León-Portilla con texto náhuatl y notas en la sección tercera de Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses (UNAM, México, 1958, pp. 111-159).

 

 

LIBRO  II.— QUE  TRATA  DEL  CALENDARIO,  FIESTAS  Y CEREMONIAS, SACRIFICIOS Y SOLEMNIDADES QUE ESTOS  NATURALES DE  ESTA  NUEVA ESPAÑA HACIAN A HONRA DE  SUS DIOSES

 

Este es un libro muy importante para el conocimiento de la complicada y rica estructura del ceremonial y las costumbres religiosas del México antiguo. Se inicia con un prólogo, que es una exposición del método de elaboración del conjunto de la Historia general, y de los problemas y adversidades que tuvo que afrontar Sahagún a lo largo de los años. No tiene, pues, una relación específica con la materia del libro II. El propio prólogo a este libro es un breve texto, “Al sincero lector”, en el que Sahagún explica la disposición y el funcionamiento del calendario del México antiguo en relación con el europeo, y el método que ha seguido para establecer las correspondencias entre ambos, así como el otro calen-dario adivinatorio que rige las fiestas movibles.

 

 

LAS DIECIOCHO FIESTAS FIJAS

 

El libro II está separado en dos partes, que son como dos tratamientos de un mismo tema, lo que fuerza las repeticiones. La primera, del capí­ tulo i al xix, es una exposición de las diecicho fiestas fijas. Los capítulos se refieren a cada una de las dieciocho veintenas o meses del México antiguo, de las que se da su nombre y refiere la advocación y fiesta principal con las ceremonias respectivas. A ambos lados de la descripción de las ceremonias va una laboriosa correlación de los calendarios mexi­ cano y cristiano, con números progresivos de los días del mes y de letras para los días de la semana, y su división en veintenas o meses.

 

Esta exposición calendárica de las fiestas tiene relación con el Calen­ dario mexicano, latino y castellano, atribuido a Sahagún, y compuesto

 

verosímilmente hacia 1585. Garibay ( “Introducción al libro segundo”, Historia general, opus cit., t. I, p. 9 8 ), sin explicar razones, considera a este Calendario el original del que Sahagún copió del libro II de su Historia general. En principio, y por la fecha de redacción, el Calenda­ rio parece, por lo contrario, solamente una reexposición hecha por Saha­ gún de su calendario contenida en este libro II, con algunas modificacio­ nes: ordenarlo conforme al calendario cristiano, poner el principio del mexicano el 1? y no el 2 de febrero y repartir los cinco días nemontemi en otras tantas veintenas del calendario mexicano.

 

En la advertencia “Al lector” que va después del Calendario (que dio a conocer García Icazbalceta en su Bibliografía, ed. Millares Cario, 1954, pp. 380-2), Sahagún menciona, entre varios casos de disimulación de los idólatras la siguiente:

 

como en esta ciudad de México, en el lugar donde está Santa María de Guadalupe se adoraba un ídolo que antiguamente se llamaba Tonantzin, y con este mismo nombre nombran ahora a Nuestra Señora la Virgen María, diciendo que van a Tonantzin, o que hacen fiesta a Tonantzin, y entiéndase por lo antiguo y no por lo moderno.

 

El tema del culto a Tonantzin lo toca con más extensión en la “Nota sobre supersticiones” del libro XI.

 

El capítulo final (xix) de esta primera parte, expone el sentido que se daba a los días nemontemi, o baldíos o aciagos, y a las dieciséis fies­ tas movibles entre las cuales son interesantes los ritos que refiere sobre bautizos y casamientos.

 

 

LAS FIESTAS MOVIBLES

 

La segunda parte del libro, del capítulo xx al xxxviii, más los siete apén­ dices, contiene la descripción pormenorizada de las ceremonias que se realizaban en las fiestas movibles de cada una de las dieciocho veintenas del año náhuatl. Como lo ha hecho notar Garibay, estos capítulos:

 

Para la etnografía son inapreciables, pues nos describen desde los dioses hasta las comidas; desde los ropajes hasta las más ple­ beyas formas de esparcimiento que acompañaban la celebración de aquellas fiestas. Hallamos allí cuadros vivientes de la antigua sociedad; seguimos, paso a paso, la vida de cada año, de cada mes y aun podría decirse de cada día en el México que se perdió en los fangos de la salobre laguna.

 

( “Introducción al libro segundo”,

opus cit., t. I, p.  100)

 

Pueden advertirse también otros rasgos notables en estas descripciones. Lo primero que llama la atención es el exceso inconcebible de fiestas. Si se toma al pie de la letra este calendario de ceremonias religiosas, con su prolongación en costumbres folklóricas, apenas quedarían aquí y allá algunos días libres para los trabajos normales. Lo más probable, aunque aquí no aparezca suficientemente claro, es que algunas de estas fiestas se limitaran a un poblado o un barrio determinado, y no que todas ellas fueran generales. El segundo rasgo sorprendente es el de la intensa vida comunal que, a pesar de las limitaciones que puedan presumirse, mues­ tran estas descripciones. No eran sólo ceremonias en los templos o de los sacerdotes, sino de determinadas profesiones o condiciones (mercaderes, guerreros, mujeres, niños, pobres, etc.) y con la participación popular tan crecida como fuere posible. En fin, algunas de estas ceremonias eran fiestas populares típicas, como por ejemplo la de las calendas del noveno mes, tlaxochimaco, que era una celebración floral del verano, y en ésta y en algunas otras había procesiones, imágenes, ofrendas, convites, juegos y bailes. Sólo unas cuantas de estas fiestas no culminaban con prácticas más o menos crueles de autopenitencia y con diversas maneras de los horribles sacrificios humanos seguidos a menudo por antropofagia ritual.

 

 

LOS APENDICES

 

Los seis apéndices de este libro II, oportunamente colocados, están dedi­ cados a exponer formas de cultos y ritos, los edificios que formaban el Templo Mayor y las clases de sacerdotes y sacerdotisas. El último de estos apéndices contiene los veinte “Himnos rituales” o “Cantares que se decían en honor de los dioses”, que Sahagún consignó sólo en náhuatl en la Historia general advirtiendo que se “cantan sin poderse entender lo que en ellos se trata”. Los han traducido Daniel G. Brinton al inglés (1 8 9 0 ), Eduard Seler al alemán (1 9 0 4 ) y Angel María Garibay al español: Veinte himnos sacros de los nahuas (UNAM, México, 1958). Un anticipo de esta traducción apareció en el tomo IV, pp. 291-306, de la edición de Garibay en Editorial Porrúa.

 

 

DOCUMENTACION, ESTUDIOS Y TRADUCCIONES

 

La primitiva documentación náhuatl relacionada con este libro II y sus apéndices, que en los Primeros memoriales es el capítulo I, “Ritos, dioses”, ha sido traducida en su totalidad al español, frente a los textos en náhuatl, por varios investigadores. Las dos secciones iniciales, corres­ pondientes a “Las 18 fiestas del año” y a la "Fiesta cada 8 años”, por Angel María Garibay K., “Relación breve de las fiestas de los dioses”

 

(Tlalocan, México, 1948, vol. II, pp. 289-320); y por Wigberto Jimé­ nez Moreno, Primeros memoriales (INAH, Colección Científica, Histo­ ria, México, 1974). Porfirio Aguirre, Primeros memoriales de Tepepulco (Colección Amatlacuílotl, Editor Vargas Rea, México, 1950-1, 4 vols.), llegó a traducir las primeras ocho secciones de este capítulo I (ff. 250r-260v). La mayor parte de este primer capítulo de los Primeros memo­ riales (ff. 254v-273r) — con excepción de las dos primeras secciones— , que tiene cierta correspondencia con los apéndices iv-xi del libro II de la Historia general, ha sido traducida al español, con excelente docu­ mentación y estudios, por Miguel León-Portilla, en Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses (UNAM, México, 1958).

 

De la documentación náhuatl del Códice florentino, Alfredo López Austin tradujo el segundo apéndice: “El Templo Mayor de México Teno-chtitlan según los informantes indígenas” ( Estudios de Cultura Náhuatl, UNAM, México, 1965, vol. V, pp. 75-102), con los textos náhuatl y español en columnas paralelas y notas ilustrativas.

 

 

LIBRO III.—DEL PRINCIPIO  QUE TUVIERON  LOS DIOSES

 

Evidentemente, éste es “uno de los libros menos bien construidos” de la Historia general (Garibay, “Introducción al libro tercero”, opus cit., t. I, p. 265), por sus materiales heterogéneos, parcialmente elaborados o fuera de lugar. Con todo, los textos que contiene son de sumo interés si olvidamos el incongruente título que les puso su autor.

 

 

ORIGEN DE LOS DIOSES

 

Los catorce capítulos del libro refieren el mito del nacimiento de Huitzi-lopochtli y el severo culto que se le ofrecía, y modalidades del culto a Texcatlipoca, en un capítulo cada uno, y la leyenda mítica del Quetzal­ cóatl sacerdote en los doce capítulos restantes.

 

Garibay considera que el breve mito sobre el origen de Huitzilopochtli “es fragmento de una epopeya perdida” ( Ibid.). En la reconstrucción de esta leyenda que intentó el mismo investigador ( Epica náhuatl, Di­ vulgación literaria, selección, introducción y notas de . . . , Biblioteca del Estudiante Universitario 51, Edición de la Universidad Nacional Autó­ noma de México, 1945, pp. 65-83), dio una traducción del original náhuatl sobre el nacimiento de Huitzilopochtli, que aparece en los Me­ moriales en tres columnas o Segundo manuscrito de Tlatelolco (lib. III, caps, iv y v, ff. 132v-137v), que nada substancial agrega a la versión de la Historia general, y añadió a continuación pasajes de la Crónica mexicana de Alvarado Tezozómoc, de la Historia de las Indias de Durán, del Códice Ramírez y del Códice Aubin, para completar el ciclo mítico

 

de esta deidad tribal, sacerdote y guerrero, y su intervención en la legen­ daria fundación de México-Tenochtitlan.

 

El breve capítulo ii, dedicado a narrar los poderes de Tezcatlipoca y los motivos por los que se pedía su auxilio, contiene dos oraciones rituales que se dirigían a la divinidad. Para explicar la función de estas divini­ dades, Sahagún echa mano de sus modestos recuerdos mitológicos. Y así como a Huitzilopochtli llamó otro Marte, a Tezcatlipoca lo llama otro Júpiter y a Quetzalcóatl otro Hércules, semejanza esta última tan inopor­ tuna que prescindirá de ella en la última versión de su relato.

 

 

QUETZALCOATL

 

La parte más interesante del libro III son los capítulos que se refieren al Quetzalcóatl sacerdote y civilizador, aunque el primero de estos capítulos trata del culto que se daba en Tula probablemente a la divinidad y de la abundancia y esplendor que allí había. Los demás capítulos (iv-xiv) cuentan la persecución y las asechanzas de Tezcatlipoca que sufrió Quetzalcóatl, hasta Tlillan-Tlapallan donde desapareció. Entre los em­ bustes del tentador, Sahagún intercala el curioso episodio erótico — uno de los contadísimos de este tipo en la historia antigua— del huasteco desnudo, el tohueyo, cuyo miembro viril antojósele a la hija de Huémac, gobernante de los toltecas, quien acabó casándolo con su hija.

 

La versión que da Sahagún de Quetzalcóatl presenta cierta discrepan­ cia con otra de las más importantes exposiciones del mito, la que aparece en los Anales de Cuauhtitlan (ff. 4-8, párrafos 28-52). En estos últimos se da como madre del sacerdote Ce Acatl Topiltzin o Quetzalcóatl a Chimalma, quien lo concibió porque “se tragó un chalchíhuitl”, mientras que en la versión de Sahagún este origen de una virgen es el de Huitzilo­ pochtli, por su madre Coatlicue que lo concibió por una pelotilla de pluma que puso en su seno. Las fuentes antiguas acerca del Quetzalcóatl deidad creadora y restauradora de la vida humana son la Historia de los mexica­ nos por sus pinturas (caps. I-V) y la Leyenda de los soles (ff. II-III).

 

 

LOS DESTINOS DESPUES DE LA MUERTE

 

El libro III lleva un apéndice dividido en nueve capítulos de gran valor informativo aunque sin ninguna relación con el título del libro. Los tres primeros refieren los diversos destinos que podían tener los hombres después de la muerte. Sahagún llama arbitrariamente infierno al mictlan, destino común para los que morían de enfermedad, que no implicaba ninguna idea de castigo; paraíso al tlalocan, destino venturoso de los ful­ minados por rayo, los ahogados y los muertos por ciertas enfermedades

 

relacionadas con Tláloc (rayo, agua y viento); y cielo a la casa del sol adonde iban en recompensa “los que mataban en guerra”.

La relación de los que iban al mictlan es la más interesante ya que contiene un conmovedor ritual de los muertos, especie de huehuetlatolli; y una narración del azaroso viaje — con algunas coincidencias con los ri­ tuales egipcios— que esperaba a los muertos, sobre todo el paso por el terrible “viento de navajas” y el cruce de un río en que los ayudaba un “perrito de pelo bermejo” que todos procuraban como acompañante. Entre las noticias respecto a usos funerarios, llama la atención la costumbre de poner a los muertos una piedra verde en la boca, “por corazón del difunto”. Los chinos hacían otro tanto, con trozos de jade y en todas las aberturas del cuerpo, aunque con el propósito de evitar que otra alma pudiera penetrar en aquel cuerpo obturado herméticamente (Li Ki, Couvreur, II, 202, y I, 175, y Marcel Granet, La civilisation chinoise, Paris, 1929, III, IV, 2).

 

 

EL SISTEMA EDUCATIVO Y LA TRANSMISION DEL SABER

 

Los capítulos restantes de este apéndice son la mejor exposición de que disponemos acerca del sistema educativo de los antiguos mexicanos, que consistía fundamentalmente en dos tipos de escuelas, el telpochcalli y el calmécac. Al primero, iban los hijos de “gente baja” a prepararse “para servicio del pueblo y para las cosas de la guerra”. Consiguientemente, se les adiestraba en trabajos comunales y se les endurecía y ejercitaba para que fuesen aptos para la guerra. En cambio, su vida no era rigurosa y los que sobresalían bailaban cada noche y podían tener sus amigas aman' cebadas.

 

Al calmécac iban los hijos de señores o principales, con el propósito de que se preparasen para ser sacerdotes o gobernantes, que era entonces otra manera de servicio religioso. La vida de los escolares en estas escuelas era un constante ejercicio de ascetismo, disciplina y autopenitencia. Sahagún enumera (cap. viii de este Apéndice) las quince rigurosas reglas que regían en el calmécac. La penúltima de ellas dice:

 

La decimacuarta era, que les enseñaban todos los versos de canto, para cantar, que se llamaban divinos cantos, los cuales versos estaban escritos en sus libros por caracteres; y más les enseñaban la astrología indiana, y las interpretaciones de los sueños y la cuenta de los años.

 

La versión náhuatl del Códice florentino añade al principio de esta regla: “Se les enseñaba con esmero a hablar bien” (según traducción de Miguel León-Portilla). Así pues, además de la formación ascética, a los alumnos del calmécac eran los únicos a quienes se trasmitía el conoci­

 

miento de los himnos rituales y el arte de interpretar y de proseguir las varias especies de libros mencionados en esta regla: los libros que con­ servaban los rituales y conocimientos religiosos que tal vez pudieran ser apoyo para el canto de los himnos; los de astrología o adivinación, o sea la interpretación de los tonálámatl, o libro de la cuenta de los destinos; los de interpretación de los sueños, que se apoyaban probablemente en los mismos tonálámatl y en el saber tradicional difuso que se conserva en los agüeros y abusiones; y la cuenta de los años — o “el libro de los años”, como dice el texto náhuatl— , esto es, el cuidado del calendario, con su compleja red de ceremonias y fiestas, y de los libros “de años” que registraban los acontecimientos de su historia.

Tanto para el telpochcalli como para el calmécac, Sahagún consigna los hermosos parlamentos ceremoniales, huehuetlatolli, que decían los padres al entregar al hijo a la escuela y los que contestaban los maestros al recibirlo.

 

¿Cuál podría ser el lugar más adecuado en la Historia general para distribuir estos materiales disímiles del libro III? Cuando Sahagún redactó, hacia 1561-5, el segundo esbozo de su Historia general, llamó a este capítulo, provisionalmente, “Lugares donde iban las ánimas e historia de algunos dioses”. Así pues, los catorce capítulos de mitos sobre divinida­ des podrían sumarse al libro I, que trata de los dioses. Los capítulos del apéndice sobre los destinos de las ánimas pueden agregarse a las demás creencias religiosas, y los que se refieren a la educación podrían reunirse con los huehuetlatolli educativos que hay en el libro VI (caps, xvii-xxii y xxxix-xl), y con el ensayo sobre los problemas de la educación en México que aparece en lugar del capítulo xxvii del libro X, para formar una sección especial con los temas educativos.

 

 

DOCUMENTACION, ESTUDIOS Y TRADUCCIONES

 

La documentación en náhuatl de este libro III y su apéndice se conserva en dos manuscritos. Por una parte, en los Memoriales en tres columnas o Segundo manuscrito de Tlatelolco forma también el libro III, ff. 129v-159v, aunque la disposición es diferente ya que van primero los tres capítulos sobre los lugares del más allá ( Códice matritense del Real Pa­ lacio, ed. Francisco del Paso y Troncoso, Madrid, 1906, vol. VII, pp. 196-256). Y por otra, existe el texto náhuatl del Códice florentino en el que aparece la documentación más amplia, especialmente acerca de los destinos en el más allá y la educación.

 

De esta documentación se han traducido tres secciones. Además de la traducción del padre Garibay, antes mencionada, Miguel León-Portilla ha hecho una nueva versión del mismo texto, restableciendo su forma de poema épico: “Mito del nacimiento de Huitzilopochtli” como apéndice al estudio de Justino Fernández, “Una aproximación a Coyolxauhqui”

 

( Estudios de Cultura Náhuatl, UNAM, México, 1963, vol. IV, pp. 49-53). El mismo León-Portilla ha estudiado y traducido del Códice matritense del Real Palacio, ff. 142r-144v, “La historia del tohuenyo

 

— narración erótica náhuatl— ” ( Estudios de Cultura Náhuatl, UNAM, México, 1959, vol. I, pp. 95-112), que Sahagún ofrece resumida en el capítulo v de este libro III. Y Alfredo López Austin hizo una traducción al español, frente al texto náhuatl del Códice florentino, de los capítulos del apéndice dedicados a los muertos ( “Los caminos de los muertos”, Estudios de Cultura Náhuatl, UNAM, México, 1960, vol. II, pp. 141-8).

 

LIBRO IV.—DE LA ASTROLOGIA JUDICIARIA O ARTE DE ADIVINAR QUE ESTOS MEXICANOS USABAN PARA SABER CUALES ERAN AFORTUNADOS Y QUE CONDICIONES TENDRIAN LOS QUE NACIAN EN LOS DIAS ATRIBUIDOS A LOS CARACTERES O SIGNOS QUE AQUI SE PONEN Y PARECE COSA DE NIGROMANCIA Y NO DE ASTROLOGIA

 

UNA GUIA PARA EL USO DEL “TONALPOHUALLI”

 

El libro IV dedicado a la exposición del arte adivinatorio del México antiguo es uno de los más logrados, amenos e instructivos de la Historia general, y a la vez, una exposición magistral del funcionamiento y apli­ cación del tonalpohualli o “cuenta de los destinos”. Como Sahagún lo explica en el Prólogo:

 

Estos naturales de toda Nueva España tuvieron y tienen gran solicitud en saber el día y hora del nacimiento de cada persona, para adivinar las condiciones, vida y muerte de los que nacían. Los que tenían este oficio se llamaban tonalpouhque a los cuáles acudían como a profetas, cualquiera que le nacía hijo o hija, para informarse de sus condiciones, vida y muerte. Estos adivinos no se regían por los signos ni planetas del cielo, sino por una instrucción que según ellos dicen se la dejó Quetzalcóatl la cuál contiene veinte caracteres multiplicados trece veces, por el modo que en el presente libro se contiene.

 

Algunos de los códices prehispánicos más importantes, como el Borgia, el Borbónico y el Aubin, contienen un tonálámatl, o sea un libro de la “cuenta de los destinos”. Así pues, este libro IV de Sahagún es una expo­ sición del funcionamiento general de este sistema adivinatorio y un manual para su operación y para la interpretación del signo que regía a los nacidos en cada uno de los veinte signos, y en cada una de sus respectivas trece casas o días.

 

Que el tonalpohualli de los antiguos mexicanos, aparte de que acertara o no con sus predicciones, era un espléndido compendio sistemático de la

 

sabiduría tradicional, lo va mostrando paso a paso la exposición de Sahagún. Es notable el cúmulo de observaciones sobre las infinitas mo­ dalidades de la conducta, los temperamentos, las venturas y desventuras y las posibilidades de vencer o sortear las adversidades o el destino. Y es sorprendente también el ordenamiento mismo, en torno a signos y casas, en el que parece que nada de lo humano se ha dejado al azar y sin reco­ nocerse y clasificarse.

 

Además, como las descripciones de los destinos se relacionan con tipos o profesiones humanos o con celebraciones especiales, Sahagún tiene ocasión de referirnos cosas interesantes. Con penetración psicológica, pre­ cisión y una pizca de humor, describe (caps, iv y v) algunas de las cua­ trocientas maneras de borrachos que nacían bajo el signo orne tochtli; o bien, el carácter de los nacidos bajo ce xóchitl, “alegres, ingeniosos e inclinados a la música y a placeres, y decidores, y las mujeres grandes labranderas y liberales de su cuerpo si se descuidaban” (cap. vii).

 

Cuando al recién nacido le tocaba un signo notoriamente adverso, como estar destinado a ser nigromántico o hechicero o que se le murieran uno a uno sus hijos o tener que ser gran ladrón y morir de mala muerte, o si era mujer:

 

mal afortunada no era para nada, ni para hilar, ni para tejer, y hoha y tocha, risueña y soberbia, vocinglera; anda comiendo tzictli (chicle) y será parlera, chismera, infamadora, sálenle de la boca las malas palabras como agua, y escarnecedora; es holgazana, perezosa, dormilona y con estas obras viene siempre a acabar mal y a venderse por esclava. . .

 

(cap. xxviii)

 

el tonalpouhque siempre tenía el recurso de aplazar el bautizo del niño hasta otro día cercano de signo favorable, para que mejorase su ventura.

 

Al exponer el noveno signo, ce cóatl, que se consideraba muy propicio para los mercaderes, Sahagún — que en el libro IX de su Historia general ofrece todo un tratado respecto a este oficio y sus modalidades en el México antiguo— recoge en este libro (caps, xvii y xviii) las pláticas ceremoniales o huehuetlatolli que decían los viejos a los mercaderes nuevos que salían de viaje y la respuesta de estos últimos.

 

 

INTERMEDIO SOBRE NACIMIENTOS Y BAUTIZOS

 

En la exposición sistemática de los pronósticos que convenían a cada uno de los veinte signos, después del decimonoveno signo ce quauhtli — que convenía a los “valientes o esforzados, atrevidos desvergonzados, deseo* medidos, fanfarrones”— , Sahagún interrumpe los signos y decide feliz­ mente dedicar cuatro capítulos (xxxiv-xxxvii) — que anticipan lo que

 

tratará por extenso al fin del libro VI— a referirnos cuanto se relacionaba con el nacimiento, visitas a la recién parida, ceremonia de los bautizos, con una pequeña plática ceremonial o huehuetlatolli para el recién nacido y su madre, a la que comienza diciéndosele:

 

Hija mía, o señora mía, habéis sufrido trabajo en parir a vuestro hijo que es amable como una pluma rica o piedra preciosa; hasta ahora érades uno, vos y vuestra criatura, ahora ya sois dos dis­ tintos, cada uno ha de vivir para sí, y cada uno ha de morir para sí, por ventura gozaremos y lograremos algún tiempo a vuestro hijo y lo tendremos como a sartal de piedras preciosas. . .

 

(cap. xxxv)

 

Continúa la exposición con los convites con que celebraban los bau­ tizos, en los que hay un curioso pasaje acerca de la extrema cortesía que los de casa tenían con los invitados, los cuales podían mostrar su desa­ grado por la comida y la bebida que se les había ofrecido, en cuyo caso el señor del convite los invitaba al día siguiente para “consolarlos” (cap. xxxvi); y esta linda descripción de la borrachera con pulque de los viejos, con que terminaba la fiesta:

 

En estando borrachos, comenzaban a cantar; unos cantaban y lloraban, y otros cantaban y habían placer; cada uno cantaba lo que quería, y por el tono que se le antojaba; ninguno con­ certaba con otro. Unos de ellos cantaban a voces, y otros can­ taban bajito, como dentro de sí.

 

(cap. xxxvi)

 

Este intermedio sobre los bautizos concluye con una descripción de cómo los celebraban los indios después de su cristianización (cap. xxxvii), en la cual la única novedad son algunos nuevos alimentos.

 

 

APENDICE  CONTRA MOTOLINIA

 

El libro IV tiene un solo apéndice al que se llama “Apología en defensión de la verdad que en él se contiene”, escrito hacia 1576 y sólo en español. Sahagún reexpone una y otra vez los tres sistemas calendáricos nahuas: el año astronómico de 360 más cinco días, la cuenta de 52 años o “rueda de los años”, y la “cuenta de los destinos” o calendario adivinatorio de 260 días, pero con el propósito de refutar y atacar la interpretación de estos calendarios que había hecho fray Toribio de Motolinía en sus es­ critos históricos.

 

EL "ARTE ADIVINATORIA"

 

Existe un texto más de Sahagún que debe relacionarse con este libro IV. Se trata del manuscrito llamado Arte adivinatoria, redactado hacia 1585. Es sustancialmente el mismo libro IV de la Historia general, sin el apén­ dice antes mencionado, y al que se ha puesto un nuevo Prólogo más extenso, una nota “Al lector" y un nuevo capítulo l 9, documentos que dio a conocer García Icazbalceta (apéndice al estudio sobre Sahagún en su Bibliografía mexicana del siglo XVI, ed. Millares Cario, FCE, 1954,

 

pp.  382-7). Estos nuevos textos, escritos o dictados por Sahagún cuando era ya un anciano, tienen el propósito de insistir en la confutación de la idolatría y en el engaño en que, según fray Bernardino, han caído cuantos se han ocupado del arte adivinatorio contenido en la cuenta de 260 días. Así pues, se trata de ampliaciones preliminares que debían incorporarse al libro IV. Acaso Sahagún cayó en la cuenta de que, tal como aparece en la Historia general, este libro es más bien una expo­ sición objetiva y animada de costumbres y ceremonias en las que no parece evidente ni maldad ni sutil artificio del demonio. Y él se sentía obligado a poner énfasis en la presencia demoníaca.

 

 

DOCUMENTACION Y TRADUCCIONES

 

El padre Garibay señala en su Introducción a este libro que en ninguna otra parte de la Historia general “se nota tanto la desproporción entre el texto de los documentos en náhuatl en los Códices matritenses y en el Códice florentino y el escrito en lengua española que forma este Cuarto Libro” (opus cit., 1.1, p. 311). Sin embargo, a pesar de la importancia de estos textos más amplios en náhuatl, sólo se han traducido dos seccio­ nes. La primera proviene de los Memoriales en tres columnas ( Manus­ crito del Real Palacio, ff. 216r-221r), correspondientes a los capítulos xvi-xix del libro IV, que se refieren al signo ce cóatl propicio a los mer­ caderes. La traducción es del propio Garibay y va como apéndice a su versión de otros materiales sobre los mercaderes ( Vida económica de Tenochtitlan. 1. Pochtecáyotl ( Arte de traficar), UNAM, México, 1961,

 

pp.  158-173). En esta traducción se aprecia la belleza de los conceptos en los huehuetlatolli que se dirigen a los mercaderes cuando salen de viaje.

 

La segunda es de Alfredo López Austin quien en su estudio sobre “Los temacpálitotique: brujos, profanadores, ladrones y violadores” (Es­ tudios de Cultura Náhuatl, UNAM, México, 1966, vol. VI, pp. 97-117) traduce, de la versión náhuatl del Códice florentino, algunos pasajes de los capítulos xxxi y xxxii que refieren los actos de brujería que realizaban los nacidos bajo el signo ce ehécatl.

 

LIBRO V.— QUE TRATA DE LOS AGÜEROS Y PRONOSTICOS QUE ESTOS NATURALES TOMABAN DE ALGUNAS AVES, ANIMALES Y SABANDIJAS PARA ADIVINAR COSAS FUTURAS

 

EN BUSCA DEL MENSAJE DE LOS SIGNOS

 

Después del arte adivinatorio, Sahagún pasa a esa zona más difusa de la preocupación humana por averiguar el mensaje de los signos que son los agüeros y las abusiones. El libro que dedica a este tema es uno de los más breves de la Historia general. En trece capítulos expone los agüeros y en el apéndice expone sumariamente 37 abusiones. En el prólogo que puso a estos últimos, hizo un intento por distinguir unos y otros:

 

Aunque los agüeros y abusiones parecen ser de un mismo linaje, pero los agüeros por la mayor parte atribuyen a las criaturas lo que no hay en ellas, como es decir que cuando la culebra o (la) comadreja, atraviesan por delante de alguno que va (de) camino, dicen que es señal de que ha de acontecer alguna desgracia en el camino; y de esta manera de agüeros está dicho en este libro quinto. Las abusiones de que en este apéndice se trata son al revés, que toman en mala parte las impresiones, o influencias, que son buenas en las criaturas, como es decir que el olor del jazmín indiano que ellos llaman omixóchitl, es causa de una enfermedad que es como almorranas. . .

 

Ante esta explicación, ingeniosa pero no convincente, Alfredo López Austin comentó:

 

Pudo agregar el franciscano que él augurio o agüero es una señal que estima captar el hombre de los acontecimientos fu­ turos, mientras que la abusión es la simple derivación mágica de causa a efecto, sin la implicación del supuesto conocimiento del porvenir.

 

( “Introducción”, Augurios y abusiones,  1969, p.  11)

 

De cualquier manera, los agüeros y abusiones que contiene este libro son datos valiosos para el conocimiento del profundo sentimiento reli­ gioso que dominaba la vida diaria, de la creencia en seres fabulosos y de múltiples consejas que dominaban la mente india. Algunas de estas su­ persticiones, que consignaron en el siglo XVI los informantes de Saha­ gún, aún siguen vivas, como las de las piedras del fogón, la tortilla doblada o echar el diente mudado de los niños en el agujero de los ratones.

 

Sahagún incluye dos pláticas ceremoniales en este libro V. En el capítulo primero, una que dicen los tonalpouhque o adivinos para con­

 

solar a los que habían percibido un agüero y señalarles las penitencias y ofrendas que debían hacer. Y en el capítulo segundo, otro que se hacía a los mercaderes o caminantes para darles ánimo cuando había oído el canto, como risa, de un ave llamada oactli u oacton.

 

 

PERSISTENCIA  DE  LOS  AGÜEROS Y ABUSIONES

 

Cuando ya habían sido borrados los antiguos rituales y las creencias religiosas, estos agüeros y abusiones persistían en la mente india, como lo atestiguan los registros y denuncias de ellas que hicieron en el siglo xvn Hernando Ruiz de Alarcón en la región del hoy Estado de Gue­ rrero, Jacinto de la Serna en la ciudad de México, Pedro Ponce de Zum-pahuacán (México), Pedro Sánchez de Aguilar en Yucatán y Gonzalo de Balsalobre en Oaxaca.

 

Como observa Alfredo López Austin ( opus cit., p. 9 ), la atención que dedicó Sahagún a agüeros y abusiones fue uno de los factores que im­ pidieron la publicación de su obra. En la real cédula de Felipe II, del 22 de abril de 1577, por la que se mandó al virrey que se recogiera y enviara a España la obra del franciscano, se precisaba, en efecto, que no se consienta que “por ninguna manera persona alguna escriba cosas que toquen supersticiones y manera de vivir que estos indios tenían”.

 

 

DOCUMENTACION, ESTUDIOS Y TRADUCCIONES

 

Sahagún fue elaborando paso a paso su recolección en lengua náhuatl de estas supersticiones. En los Primeros memoriales de Tepepulco apuntó en el capítulo II una lista de agüeros y sueños; desarrolló más tarde los primeros en el libro VI de los Memoriales en tres columnas matritenses, y en la última versión del Códice florentino (libro V) les puso títulos, hizo pequeños ajustes y les añadió el apéndice sobre abusiones. El último paso de la elaboración fue la traducción al español, en que según su costumbre, abrevió considerablemente y aclaró el texto náhuatl.

 

Todos los textos nahuas se han traducido. Inicialmente, Angel María Garibay publicó el texto y versión de la lista de augurios y sueños de los Primeros memoriales ( “Paralipómenos de Sahagún. Primer estudio”, Tlalocan, México, 1944, t. I, N9 4, pp. 307-13); y en 1969, Alfredo López Austin reunió en Augurios y abusiones, ya citado, la totalidad de los textos nahuas sobre estos temas, con traducción y notas, incluyendo también los que no pertenecen al libro V y aparecen en otros lugares de la Historia general.

 

LIBRO  VI.—DE  LA RETORICA  MORAL Y TEOLOGIA  DE  LA GENTE  MEXICANA,  DONDE  HAY  COSAS  MUY  CURIOSAS, TOCANTES A LOS PRIMORES DE SU LENGUA, Y COSAS MUY DELICADAS  TOCANTES  A  LAS  VIRTUDES  MORALES

 

IMPORTANCIA Y CONTENIDO DEL LIBRO

 

El libro VI es el documento más valioso con que contamos para el cono­ cimiento de las ideas filosóficas y morales y de los usos y ceremonias relacionados con el ciclo de generación, nacimiento y educación de los antiguos mexicanos. Es, además, una extraordinaria antología literaria de la retórica y de la sabiduría popular. Y en fin, uno de los libros más interesantes y mejor estructurados de la Historia general.

 

Los 43 capítulos del libro pueden agruparse en las siguientes sec­ ciones :

 

I ) — Capítulos i-viii.        Oraciones a los dioses para solicitar su protec­

ción. Las primeras siete se dirigen a Tezcatlipoca; la última, a Tláloc en tiempo de seguía. El capítulo vii refiere la ceremonia de la confesión auricular (ya esbozada en el libro I, capítulo xii), que se hacía una vez en la vida, y la oración que decían los sacerdotes ante Tezcatlipoca pi­ diendo clemencia para el confesado.

 

I I) — Capítulos ix-xvi. Oraciones que dirigían los señores a la di­ vinidad o a sus súbditos, o que se dirigían a ellos, en ocasión de la

iniciación de su mandato.

III)— Capítulos xvii-xxii.  Serie educativa para los hijos o hijas.

IV )— Capítulos xxiii-xl.  Sección sobre el ciclo casamiento,  preñez,

parto,  nacimiento,  cuidados  y ceremonias  relativos  al  niño,  pronóstico

de su signo, bautizo y principio de la educación.

V )— Capítulos xli-xliii.    Sabiduría popular y usos lingüísticos:           ada­

gios, adivinanzas y metáforas o modismos.

 

CARACTER DE LOS “HUEHUETLATOLLI" Y PRIMERAS RECOPILACIONES

 

La particularidad que distingue al libro VI es que, mientras en el resto de la Historia general los indígenas por lo regular sólo informan cómo eran sus cosas y usos antiguos, aquí en cambio se recogen sus propias maneras de expresar su pensamiento. Ahora bien, con excepción de la última sección dedicada a otras formas de lenguaje, la sustancia prin­ cipal de las cuatro primeras son los huehuetlatolli o "pláticas de los an­ cianos” o "pláticas antiguas”, acerca de las cuales es pertinente recordar lo que sobre ellas se expone en el estudio de fray Andrés de Olmos.

 

Los huehuetlatolli son discursos o parlamentos formales que se decían en ocasiones solemnes. De alguna manera, eran textos fijos o a base de

 

un patrón fundamental de conceptos que, sobre todo los sacerdotes, debían aprenderse de memoria, y compendiaban en un estilo sentencioso y so­ lemne, a veces difuso, la sabiduría moral tradicional y la filosofía de la vida de los antiguos mexicanos.

 

Su descubrimiento debió impresionar a los primeros misioneros, que encontrarían en los conceptos de estas pláticas un apoyo doctrinario de hondas raíces y de notable coincidencia con sus prédicas evangelizadoras y con la moral cristiana.

El primero en advertir la importancia de estos discursos morales y en consignar dos de ellos parece haber sido fray Toribio de Motolinía. Debe haberlos recogido en Tezcoco hacia los años 1541-3, e incluyó en sus Memoriales (2^ parte, caps. 4 y 10) fragmentos, en español, de la plática de una madre a su hija al casarse y de un sacerdote al nuevo señor al recibir el mandato.

 

Por los mismos años en que Motolinía terminaba sus Memoriales (1 5 4 3 ), o un poco después, fray Andrés de Olmos, reconociendo su importancia doctrinaria, debió realizar la recopilación de huehuetlatolli, en su propia lengua, de boca de los ancianos y probablemente también en Tezcoco. Su propósito parece haber sido incluirlos al fin de su Arte para aprender la lengua mexicana, que concluye a principios de 1547, para que sirvieran de ejemplo del lenguaje metafórico tradicional. En uno de los manuscritos que se conservan de esta obra — que hoy se encuentra en la Biblioteca del Congreso de Washington— aparecen 17 de estos textos en náhuatl.

 

El mismo año en que Olmos concluye su Arte, fray Bernardino de Sahagún, quizás, como afirma Angel María Garibay ( Historia de la lite­ ratura náhuatl, t. I, p. 4 3 9 ), después de haber conocido el repertorio de huehuetlatolli recogido por Olmos, profundiza y amplía la investigación en este campo tan rico, y reúne sus materiales en náhuatl probablemente de los ancianos de Tlatelolco. Sólo treinta años más tarde, en 1577, traducirá al español el libro VI de su Historia general. Con todo, la atención que dedica Sahagún a los huehuetlatolli no se reduce a los más extensos e importantes que incluye en este libro. En el conjunto de su obra aparecen 89 de estos textos: 60 en el libro VI del Códice floren­ tino, 1 en el libro XII del mismo Códice, 2 en los Primeros memoriales y 26 en otros lugares de los Códices matritenses y Florentino (Thelma D. Sullivan, “The rhetorical oration, or huehuetlatolli, collected by Saha­ gún”, Sixteenth century México. The work of Sahagún, 1974, pp. 79-80).

 

Un poco más tarde, entre 1599 y 1601 — ya que falta la portada en los únicos tres ejemplares que se conocen— el franciscano fray Juan Bautista publica un volumen titulado: Huehuetlatolli, que contiene las pláticas que los padres y madres hicieron a sus hijos y a sus hijas, y los señores a sus vasallos, todas llenas de doctrina moral y política, México,

c.    1601, el cual recoge, pese a las menciones imprecisas, 29 de los textos

 

en náhuatl de estas pláticas coleccionadas por el padre Olmos, con traducciones parciales al español probablemente hechas por fray Juan Bautista, editor de la recopilación.

 

Recordada la filiación del descubrimiento de esta peculiar creación de la cultura náhuatl, notemos cuáles son las peculiaridades de los huehue-tlatolli que recoge Sahagún en el libro VI de su Historia general.

 

 

RETORICA  CEREMONIAL, IDEAS FILOSOFICAS Y

DOCTRINAS MORALES

 

Sorprende, en primer lugar, la enorme capacidad de sus creadores para una retórica ceremonial cuyos conceptos principales se prefiere diluir, rodear y repetir matizándolos, antes que presentarlos escuetos. El gober­ nante, por ejemplo, no dice a sus súbditos de una vez: no deben embo­ rracharse porque es malo para su salud, para sus familias y para su pueblo, y puede acarrearles graves castigos, sino que vuelve y revuelve sobre prohibiciones, tópicos y ejemplos.

 

Por otra parte, los antiguos mexicanos tenían un sentido y gusto muy acusado para dar solemnidad y gravedad a los momentos cruciales de la vida humana: nacer, entrar en la escuela, llegar a la madurez, casarse, concebir, recibir una dignidad, morir; y para profundizar, mediante estas pláticas ceremoniales, el sentido religioso y humano y la importancia de cada uno de estos actos, siguiendo su sabiduría tradicional.

 

Algunas de las ideas filosóficas y doctrinas morales que pueden con­ siderarse básicas son las siguientes: omnipotencia, sapiencia y presencia de los poderes divinos, por lo general representados por Tezcatlipoca a través de sus diversas modalidades y advocaciones, y a cuyo imperio nadie puede substraerse. La divinidad providente y clemente suele ser Quet-zalcóatl.

 

El gobernante es una proyección divina. Es la flauta a través de la cual se manifiesta la divinidad. El poder omnímodo que recibe está con­ dicionado por su responsabilidad de representar dignamente a la divini­ dad y de lograr el bienestar del pueblo.

 

La sociedad humana se sobreentiende como una estructura clasista y jerárquica inmutable en la que cada uno, macehual, mercader, menestral, soldado, sacerdote, adivino, señor, mujer noble, mujer plebeya, cumple los deberes, funciones y trabajos que le están destinados. La individua­ lidad casi no existe sino en el señor que tiene un nombre y una biografía. Los demás son sólo miembros de un grupo.

 

El código de conducta personal es muy severo y se ordena en una serie de respetos: a los dioses y a los ritos que les están dedicados; a los señores, a los sacerdotes, a los sabios y a los padres; a la propia pureza, humildad, honestidad, limpieza, decoro, diligencia, frugalidad y laborio­ sidad (el soldado, a cambio de su arrojo y sacrificio, parece excluido de

 

algunas de estas exigencias); y al mundo que nos rodea, lleno de signos y presencias divinas, de donde recibimos el sustento. Este código se resu­ me admirablemente, al fin de la plática del padre al hijo “cerca de las cosas y policía exterior” (cap. xxii), en esta máxima cabalmente aristo­ télica: “guarda en todas las cosas el medio”. El texto náhuatl del Códice florentino dice lo mismo: ca oticoac in zan tlanepantlacáiotl monecui: “ya has escuchado que la moderación (o el término medio) es necesario”.

 

No podemos saber hasta qué punto estas exhortaciones morales indí­ genas están cristianizadas por Sahagún, o autocensuradas mentalmente por sus informantes. De cualquier manera, es sorprendente su coinciden­ cia con la moral cristiana, que incluso sobrepasan en rigor, cortesía para el prójimo, frugalidad, autodominio y penitencia. De ahí el entusiasmo de frailes como Olmos y Sahagún por este franciscanismo extremado

 

— como años más tarde le llamaría fray Jerónimo de Mendieta— que en su conducta personal tenían los antiguos mexicanos.

 

 

LA BELLEZA DE LOS “HUEHUETLATOLLI”

 

La calidad de la expresión literaria y la densidad conceptual de las plá­ ticas — en la versión española de Sahagún— es más bien irregular. Al­ gunas son sólo repetición retórica de tópicos acostumbrados, mientras que otras son de conmovedora belleza. He aquí, por ejemplo, algunos pasajes de la oración que dirige a Tezcatlipoca el señor recién electo, para demandarle favor y lumbre para hacer bien su oficio (cap. i x ) :

 

tened por bien, señor, de darme un poquito de lumbre, aunque no sea más de cuanto echa de sí una luciérnaga que anda de noche, para ir en este sueño, y en esta vida dormida que dura como espacio de un día, donde hay muchas cosas en que tropezar y muchas en que dar ocasión de reír, y otras que son como ca-mino fragoso, que se han de pasar saltando; todo esto ha de pasar en esto que me habéis encomendado, en darme vuestra silla y vuestra dignidad. . .

 

Ya me habéis hecho espaldar de vuestra silla, y vuestra flauta, sin ningún merecimiento mío; ya soy vuestra boca y vuestra cara, y vuestras orejas, y vuestros dientesf y vuestras uñas, aunque soy un pobre hombre, quiero decir, que indignamente soy vuestra imagen y represento vuestra persona, y las palabras que hablare han de ser tenidas como vuestras mismas palabras, y mi cara ha de ser estimada como la vuestra y mis oídos como los vuestros, y los castigos que hiciere han de ser tenidos como si vos mismo los hiciéredes; por esto os ruego que pongáis dentro de mí vuestro espíritu, y vuestras palabras, a quien todos obedezcan y a quien nadie pueda contradecir.

 

Tan admirables como éstos, y reveladores de lo mucho que aquellos hombres habían reflexionado en las condiciones y riesgos del gobernante, son los consejos o advertencias que dirigía al nuevo señor alguno de los sacerdotes o principales del pueblo (cap. x ) :

 

no debéis de decir ni hacer cosa alguna arrebatadamente, oíd con sosiego y muy -por entero las quejas e informaciones que delante de vos vinieren, no atajéis las razones o palabras del que habla, porque sois imagen de nuestro dios y representáis su per­ sona, en quien él está descansando y de quien él usa, como de una flauta, y en quien él habla, y con cuyas orejas él oye. . .

 

Mirad, señor, que no durmáis a sueño suelto; mirad que no os descuidéis con deleites y placeres corporales; mirad que no os deis a comeres ni a beberes demasiados; mirad, señor, que no gastéis con profanidad los sudores y trabajos de vuestros vasallos, en engordaros y emborracharos; mirad, señor, que la merced y regalo que nuestro señor os hace en haceros rey y señor no la convirtáis en cosas de profanidad y locura y enemistades. . .

 

¡Oh señor nuestro y rey nuestro, esforzaos en hacer vuestra obra poco a pocoí. . .

 

Haced vuestro oficio con sosiego, continuamente, orando en vuestro trono y en vuestro estrado con toda benevolencia y blan­ dura, y mirad que no deis a nadie pena, ni fatiga, ni tristeza; mirad que no atropelléis a nadie, no seáis bravo para con nadie, y no habléis a nadie con ira, ni espantéis a ninguno con fero­ cidad. . .

 

Mirad, señor, que no volváis a hacer lo que hacíais cuando no eras señor, que reíais y burlabais; ahora os conviene tomar co­ razón de viejo y de hombre grave y severo; mirad mucho por vuestra honra y por el decoro de vuestra persona y por la ma­ jestad de vuestro oficio, y vuestras palabras sean raras y muy graves, porque ya tenéis majestad y habéis de ser respetado y temido, y honrado y acatado. . .

 

Mirad, señor, que no durmáis a sueño suelto, ni os deis a las mujeres porque son enfermedad y muerte a cualquier varón. Con-viéneos dar vueltas en la cama, habéis de estar en la cama pen­ sando en las cosas de vuestro oficio, y en dormir soñando las cosas de vuestro cargo.

 

 

LA RENOVACION DE LA VIDA Y LA EDUCACION

 

Ciertamente los huehuetlatolli ceremoniales o protocolarios de las dos primeras secciones son los de más levantada nobleza verbal, pero la parte

 

más interesante, la de mayor calor humano del libro VI, es la que com­ prende las secciones tercera y cuarta (caps, xvii-xxii y xxiii-xl), dedi­ cada a la educación de los jóvenes y al ciclo casamiento, preñez, parto, nacimiento, cuidados y ceremonias relativas al niño, pronóstico de su signo, bautizo e ingreso en la escuela.

 

En la tercera sección — que debiera colocarse después de la sección cuarta— , la ternura de la madre para la hija adolescente y la prudencia de sus consejos (cap. xix), y los dos capítulos de pláticas del padre al hijo, recomendándole que espere su tiempo para el “deleite carnal” y que administre bien sus pasiones para que no lo consuman ni se le agoten (cap. xxi), y previniéndolo respecto a “las cosas y policía exterior” (cap. xxii), son páginas admirables por la sabiduría y delicadeza de su doctrina en cuestiones domésticas.

 

En la cuarta sección, acerca de la renovación y primeros pasos en la vida, Sahagún va refiriendo los usos y ceremonias que correspondían a cada etapa y va consignando al mismo tiempo, las numerosas y aun ex­ cesivas pláticas que en el ir y venir de visitas y parabienes se acostumbra­ ban. Sorprende al lector moderno la solemnidad e importancia que se concedía a cada uno de estos pasos; los festejos y convites que muchos de ellos traían aparejados y, además de la ternura y religiosidad que los penetraba, la sabiduría de los cuidados que se daban a la parturienta y al recién nacido. Las parteras del México antiguo sabían en verdad qué hacer en cada caso y los frecuentes baños de temazzal o los simples la­ vados prescritos eran sin duda uno de los más seguros apoyos de su eficacia.

 

Las únicas costumbres y ceremonias extrañas para las ideas actuales, que se exponen en esta parte, son las relacionadas con las mujeres muertas en su primer parto, que se llamaba mocihuaquetzque o mujer valiente, a las que tenían por diosas, cuyos restos se procuraban hurtar como amuletos, y que iban a habitar la casa del sol como los guerreros (cap. xxix).

 

 

LA SABIDURIA POPULAR

 

La quinta y última sección del libro VI (caps, xli-xliii) es un comple­ mento oportuno. Después de la sabiduría guardada en las pláticas pro­ tocolarias y ceremoniales, viene la sabiduría popular expresada en los adagios, adivinanzas, metáforas y modismos. El padre Garibay ha hecho notar al respecto ( “Introducción al libro sexto”, opus cit., t. II, p. 4 6), el sentido humanista de Sahagún que lo hace ver “en esos modos de ex­ presión el mejor medio de llegar a la conciencia del indio”, y señala asimismo la coincidencia de esta recopilación con los Adagios ( Adagio-rum collectanea o Chiliades, 1500) de Erasmo, y el Diálogo de la lengua, 1535, de Juan de Valdés, a los que puede sumarse la obra precursora

 

 

L

 

del Marqués de Santillana (1398 -1458), Refranes que dicen las viejas tras el fuego, colección “paremiológica” que, como dice Agustín Millares Cario, “es probablemente la más antigua que posee ninguna lengua vul­ gar”, y que acaso estuviese más cerca de Sahagún que las obras rena­ centistas.

 

En las adiciones que puso Garibay a estos capítulos, recogiendo del Códice florentino algunos de estos textos que se omitieron en las edi­ ciones anteriores de la Historia general, hace notar que tanto para los re­ franes como para las adivinanzas y las frases metafóricas:

 

La recta interpretación de su tenor se tendrá solamente cuando se haga la edición del texto original y su versión, con la tra­ ducción y la explicación de Sahagún, a veces, sumamente dis­ tante del texto.

 

(Ed.  1956, t. II, p. 241)

 

Tiene razón. En el volumen VI de la edición de Charles E. Dibble y Arthur J. O. Anderson del Flor entine Codex (The University of Utah, Santa Fe, New México, 1969), estos tres últimos capítulos se ofrecen trilingües: el texto náhuatl al centro, a la izquierda la traducción al inglés de este texto y a la derecha la traducción española hecha por Sahagún. Efectivamente, fray Bernardino, a pesar de su ancianidad, para dar sentido en español a modismos verbales difíciles de traducir, puso de más y de menos en su versión, y en uno o dos casos no tradujo algún texto. Sin embargo, sus traducciones, aunque no textuales, conservan el sentido original y algunas son muy ingeniosas.

 

 

COINCIDENCIAS Y REPETICIONES

 

Como ocurre a menudo en la Historia general, en el libro VI hay coin­ cidencias y repeticiones de materias, inevitables por los diferentes enfo­ ques de un mismo tema. Las ceremonias para el ingreso de los hijos al telpochcalli o al calmécac, que aquí aparecen (caps, xxxix-xl) para cerrar el ciclo generación-nacimiento-primeros años, ya se habían expuesto en el libro III (Apéndices IV-IX), que se refieren al sistema educativo de los pueblos del altiplano. Asimismo, sobre el tema nacimiento, bautizo, etc. (aquí caps, xxiii-xxxviii), existe otro tratamiento también interesante en el libro IV (caps, xxxiv-xxxvii).

 

 

LA TRADUCCION  ESPAÑOLA  DE  SAHAGUN

 

Angel María Garibay, en su Introducción a este libro, insiste en las deficiencias y la desigualdad de la traducción de Sahagún respecto a los

 

 

L I

 

textos nahuas del Códice florentino — única fuente existente en este caso— y aun pone un largo ejemplo (pp. 49-50) para ilustrar las per­ plejidades de Sahagún y la lejanía de la versión que ofrece respecto al original. Sin duda, una traducción del Códice florentino — que ya se ha hecho en inglés y aún no en español— y de los otros códices, ofrecerá, hasta cierto punto, otra Historia general de las cosas de Nueva España, pero es posible que esta nueva versión sea más rica aunque también más oscura, y en el caso de las versiones de los primeros textos, a menudo simplemente enumerativa o de apuntes provisionales.

 

ESTUDIOS Y TRADUCCIONES

 

Hasta ahora, poco es lo que se ha hecho en español para el estudio de los textos nahuas del libro VI. Miguel León-Portilla tradujo dos de las más hermosas pláticas educativas: “La educación del niño entre los nahuas: consejos a una niña náhuatl” ( Nicaragua Indígena, Managua, 1960, vol. 2, N9 31, pp. 14-18) y “Consejos de un padre náhuatl a su hija” ( América Indígena, 1961, N9 21, pp. 339-343). Josefina García Quintana en “El baño ritual entre los nahuas según el Códice florentino” ( Estudios de Cultura Náhuatl, México, 1969, vol. VIII, pp. 189-213) estudió esta costumbre y realizó una versión, anotada, de los capítulos

 

xxxvi          a xxxviii. Y Arthur J. O. Anderson en “Refranes en un Santoral en mexicano” ( Estudios de Cultura Náhuatl, México, 1966, vol. VI, pp. 55-64) estudió las correspondencias de algunos de los refranes recogidos por Sahagún con los de un manuscrito anónimo, Santoral en mexicano, que se encuentra en la Bancroft Library, de la Universidad de California.

 

LIBRO VII.— QUE TRATA DE LA ASTROLOGIA NATURAL QUE ALCANZARON ESTOS NATURALES DE ESTA NUEVA ESPAÑA

 

UNA  ASTRONOMIA  ESCUETA

 

Con trece capítulos como los libros V y XI, el libro VII dedicado a la “Astrología natural”, que hoy llamamos astronomía, es el más breve de la Historia general, y el que menos nos enseña sobre su tema. Sahagún lo antecedió de dos textos: un Prólogo en el que, para no apartarse de su designio de confutar idolatrías, recuerda que si griegos y latinos ima­ ginaron fábulas en las que hicieron dioses a astros y elementos, nadie se maraville de que hiciera otro tanto “gente tan párvula” como los indí­ genas mexicanos; y una nota “Al lector” cuya pésima redacción la hace patética:

 

 

Razón tendrá el lector de disgustarse en la lectura de este séptimo libro, y mucha mayor la tendrá si entiende la lengua indiana

 

juntamente con la lengua española, porque en español él lenguaje va muy bajo y la materia de que se trata en este séptimo libro va tratada muy bajamente. Esto es porque los mismos naturales dieron la relación de las cosas que en este libro se tratan muy bajamente, según ellos las entienden, y en bajo lenguaje, y así se tradujo a lengua española en bajo estilo y en bajo quilate de entendimiento, pretendiendo solamente saber y escribir lo que ellos entendían en esta materia de Astrología y Filosofía natural, que es muy poco y muy bajo. . .

 

Después de siete abajamientos, Sahagún nos persuade de su desespe­

ración por no haber podido procurar mejores noticias de sus informantes, redactadas en mejor estilo, y de no haber hecho ningún avance sustancial en esta materia desde los primeros esbozos de los Memoriales de Tepe-pulco hasta la redacción final del Códice florentino.

 

Sin embargo, la desesperación de fray Bernardino tiene una explica­ ción. En efecto, los sabios del México antiguo entendían “muy poco y muy bajo” en materia de Astrología Natural, o de astronomía como hoy

 

la entendemos: descripción y explicación de los astros y fenómenos ce­ lestes. Para los indígenas mexicanos, cielo, astros y fenómenos atmosfé­ ricos eran presencias divinas, y manifestaciones de las luchas divinas que tenían un influjo determinante en la vida de los hombres. Llegaron a tener, más los mayas que los pueblos del altiplano, conocimientos muy precisos de los cursos y ciclos celestes, pero también en función de las preocupaciones religiosas y por su propia supervivencia. Sahagún quería recibir de ellos cosmologías y nociones generales sobre los fenómenos, y recibió sólo cosmogonías y supersticiones sobre el influjo de astros y fenómenos en la vida humana.

 

CONTENIDO DEL LIBRO

 

A pesar de su frustración, Sahagún tuvo la honestidad de consignar lo que recibió, que no fue poco: el precioso mito sobre la creación del quinto sol y de la luna (cap. ii); algunas nociones sobre estrellas y cometas, lluvias, nieve y granizo; noticias acerca del mito de los cuatro rumbos o regiones del mundo, relacionadas con los vientos que soplaban de cada una de esas regiones (cap. v) y con los cuatro sectores en que dividían la cuenta de los años y, en fin, una exposición muy interesante (caps, viii-xiii) acerca de las fiestas del fuego nuevo que se hacían al término de una “gavilla o atadura de años”, o sea el ciclo de 52 años o siglo nahua (Cf. César A. Sáenz, El fuego nuevo, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 1967, sobre la institución de esta ceremonia en Xochicalco).

 

Es inexplicable que Sahagún expusiera sólo el mito del quinto sol y no el mito de los soles completo, que se había consignado en la Historia

 

 

LUI

 

de los mexicanos por sus pinturas — atribuida a Olmos— , en los Anales de Cuauhtitlan y en la Leyenda de los soles — redactados probable­

mente por indígenas que eran sus informantes— y en los Memoriales de Motolinía, todos ellos textos que conoció o en los que pudo tener intervención.

La exposición calendárica que aparece en los capítulos viii-x del pre­

 

sente libro debe relacionarse con la que, sobre el mismo tema, hay en el apéndice del libro IV.

 

 

ESTUDIOS Y TRADUCCIONES

 

Alfredo López Austin en “Fiestas del fuego nuevo según el Códice Flo­

rentino” ( Anuario de Historia, UNAM, México, 1963, vol. 3, pp. 73-9 1), ha estudiado y traducido del náhuatl al español los capítulos ix-xii

que se refieren a esta ceremonia. Y, entre los Augurios y abusiones (Méxi­ co, 1969, pp. 151-3) del mismo autor se encuentra un precioso texto náhuatl y traducción española con la abusión relacionada con el granizo, que aparece muy resumida por Sahagún en el párrafo final del capítulo séptimo.

 

 

LIBRO  VIII.—DE  LOS  REYES  Y  SEÑORES,  Y DE  LA  MANERA QUE  TENIAN  EN  SUS  ELECCIONES  Y EN  EL  GOBIERNO  DE SUS  REINOS

 

 

LA  SECCION  HISTORICA

 

El contenido de este libro VIII corresponde a su título pero el tratamiento de sus materias es irregular. Los veintiún capítulos de que consta pueden dividirse en tres secciones: La primera, histórica (hasta el cap. vii), se refiere a los señores que gobernaron los señoríos de México, Tlatelolco, Tezcoco y Huejutla, desde sus orígenes hasta 1560 (caps, i-iv); a algu­ nos cálculos cronológicos para situar la destrucción de Tula y el inicio de los señoríos (cap. v); a las “señales y pronósticos” que aparecieron antes de la llegada de los españoles (cap. vi; en el primer capítulo, al referirse al reinado de Moctezuma, se relatan también otros presagios); y a los acontecimientos de la conquista hasta el año de 1530 en un resumen esquemático e impreciso, que anticipa el tema que tratará por extenso en el libro XII.

 

Los informantes de Sahagún debieron consignarle en Tepepulco y luego en Tlatelolco los informes contenidos en algunos códices de los llamados Tlaltocaámatl o “libros de los reyes” — señala Garibay ( “In­ troducción al libro octavo”, opus cit., t. II, pp. 274 -5)— , como los llamados En cruz, Telleriano-Remensis, Vaticano-Ríos y Xólotl, algunos

 

u v

 

de ellos refundidos en los Anales de Cuauhtitlan. Sin embargo, las infor­ maciones acerca de lo acontecido durante los reinados de los señores de México-Tenochtitlan son pobres, sobre todo si se les compara con las que recogió fray Diego Durán en su Historia de las Indias de Nueva España, escrita hacia 1581. Los datos acerca de otras dinastías son aún más sumarios. De esta sección, el capítulo con mayor interés es el que da cuenta de los ominosos presagios que acontecieron años antes de la llegada de los españoles, en un relato de creciente tensión dramática.

 

 

LAS CASAS REALES Y LA VIDA DE LOS SEÑORES

 

La segunda sección (caps, viii-xvi), dedicada a los usos de las casas reales: atavíos y aderezos, pasatiempos, comidas y muebles, es un pano­ rama animado de la vida de los señores, en el que sobresale el capítulo xiii, dedicado a las comidas, que revela la imaginación y el refinamiento culinario de los antiguos mexicanos, y lo mucho que de aquella cocina aún persiste.

 

 

SUCESIONES REALES Y MERCADOS

 

La sección final (caps, xvii-xxi) se refiere al régimen político, al sistema que se seguía para las sucesiones reales (tema que tratará años más tarde Alonso de Zorita en el capítulo ix de su Breve y sumaria relación de los señores de la Nueva España) y al orden y regimiento que se mantenía en los mercados Qtiánquez, que hoy se dice tianguis), de los cuales hace Sahagún una pintura cuya falta de animación contrasta con los coloridos frescos de los antiguos mercados indígenas que hicieron Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo.

 

 

DOCUMENTACION, ESTUDIOS Y TRADUCCIONES

 

Sahagún había comenzado a elaborar, desde los Primeros memoriales de Tepepulco, partes de este libro VIII. En aquellos primeros esbozos, ya aparecían los señores de México y Tezcoco, algunos de los usos cortesanos y las insignias de los señores y guerreros, temas acerca de los cuales existen preciosas láminas en los Primeros memoriales. En los años de Tlatelolco, sus informantes hacen algunas adiciones y precisan fechas de reinados de los señores aztecas, sirviéndose probablemente del Códice Mendocino (Wigberto Jiménez Moreno, Fray Bernardino de Sahagún y su obra, 1938, pp. 39-68).

 

Relacionado con la documentación en náhuatl del libro VIII, Alfredo López Austin ha reunido, en Juegos rituales aztecas (UNAM, Instituto

 

LV

 

de Investigaciones Históricas, México, 1967), los textos originales, que ha traducido al español y anotado, relativos a juegos que aparecen tanto en los Códices matritenses como en el Códice florentino. De este último, los textos proceden de los libros II, VII, VIII y IX. Eduard Seler estudió las insignias de los guerreros, según los textos y láminas de los Primeros memoriales, en sus Gesammélte Abhandlungen (t. II).

 

 

LIBRO  IX.—DE  LOS MERCADERES Y OFICIALES DE ORO, PIEDRAS  PRECIOSAS  Y PLUMAS  RICAS

 

El noveno es uno de los libros más notables de la Historia general por las informaciones que contiene acerca del comercio exterior de México y Tlatelolco y acerca del arte y las técnicas de orfebres, gematistas y plumistas.

 

El Prólogo que encabeza el libro es una recapitulación y exposición del ordenamiento general que sigue Sahagún en el conjunto de su obra, y muestra su preocupación por la lógica y el orden descendente, del cielo a la tierra, que se propuso.

 

 

LOS MERCADERES DE  MEXICO  Y TLATELOLCO

 

De los veintiún capítulos que forman el libro, los catorce primeros están dedicados a los mercaderes y los siete últimos a los oficiales artífices. La primera sección es un tratado completo acerca de los mercaderes o pochteca, “ejemplo de redacción de informes, bajo una experta mano”, comenta Angel María Garibay (Introducción, Vida económica de Tenoch-titlan. 1. Pochtecáyotl ( Arte de traficar'), 1961, p. 10). En este tratado se informa del origen que tuvieron los pochteca en Tlatelolco y luego en México, su organización y sus gremios, la forma como disponían sus viajes y los lugares adonde iban, los objetos que vendían y compraban y su carácter paralelo de espías o avanzadas de futuras conquistas, todo esto en los cinco primeros capítulos que son los más interesantes.

 

El resto del tratado (caps, vi-xiv), de monótona y lenta exposición, refiere las ceremonias que se hacían a los mercaderes cuando regresaban a sus casas y las dos especies de festejos y convites con que celebraban sus éxitos. En estos banquetes, los mercaderes, que disfrutaban de muchos privilegios e inmunidades, después de hacer ofrendas a Huitzilopochtli y de cantar y bailar, iniciaban el convite comiendo “unos honguillos negros, que ellos llaman nanácatl, que emborrachan y hacen ver visiones, y aun provocan a lujuria” (cap. viii). Los informantes de fray Bernardino precisaron que se comían estos hongos alucinógenos mezclados con miel, y registraron algunas de las visiones que les provocaban, ninguna de ellas placentera. La exposición final (caps, x-xiv) de la gran fiesta llamada

 

panquetzaliztli que ofrecían los mercaderes más ricos, con sus prepara­ tivos, discursos ceremoniales y culminación con el sacrificio de esclavos cuya carne comían, es excesiva y prolija.

 

EL COMERCIO DE LO SUPLEMENTARIO

 

En los primeros capítulos, que exponen propiamente el arte de traficar, hay informaciones más interesantes. Sin que Sahagún lo diga, podemos suponer que estos pochteca — precursores de los arrieros aunque aqué­ llos debían cargarlo todo en sus propios lomos— hacían sólo el comercio suplementario, es decir, de artículos de lujo que no existían en los dos extremos de su tráfico. El otro aprovisionamiento de “artículos de pri­ mera necesidad” : maíz, frijol y otros granos, chile, sal, mantas y otros vestidos, miel, cacao, papel, pieles, copal, maderas, etc., lo proveían a México-Tenochtitlan los numerosos pueblos tributarios, como puede verse en el Códice Mendoza o en la Matrícula de tributos. Así pues, estos pochteca traficaban sólo en plumas ricas, piedras preciosas, objetos de oro y de otros metales, navajas, pieles labradas, grana, hierbas olorosas, algodón, henequén y esclavos. Al revelar a sus consumidores objetos más finos y mejor elaborados, los mercaderes fueron determinando una evo­ lución del gusto y del mercado. El informante de este tratado anota en el primer capítulo que, en los primeros tiempos de Tlatelolco, sólo se comerciaba con plumas de papagayo, y que más adelante comenzó el intercambio de plumas de quetzal, turquesas, jades, mantas y telas de algodón, que sustituyeron a las ásperas de henequén o de fibra de maguey, y objetos de oro.

 

Por los lugares que se mencionan en la relación, y por los mapas que a base de ellos y otros informes elaboró Lauro José Zavala para el estudio de Miguel Acosta Saignes sobre Los pochteca. Ubicación de los mercaderes en la estructura social tenochca ( Acta Anthropológica, Méxi­ co, junio 1945, I, i), puede advertirse que comerciaban en los alrededores del valle de México, en lo que hoy son los estados de Puebla, Veracruz y Oaxaca y que llegaban a lugares de Chiapas como Xicalanco y Zina-cantan. De Xicalanco, en la costa del Golfo, traían chalchihuites o jades y otras piedras preciosas, carey y conchas labradas para el cacao, plumas de quetzal y pieles de animales salvajes. Y de Zinacatlán traían sobre todo el ámbar y las plumas más largas de quetzal, y les ofrecían en cambio agujas, navajas de obsidiana, cascabeles, grana, alumbre, almagre y madejas de pelo de conejo.

 

RIESGOS Y PROVECHOS

 

Además de las asperezas del viaje y el peso de sus cargamentos, los pochteca tenían que luchar a menudo con enemigos, disfrazarse y cor­

 

tarse el pelo como ellos para cruzar por ciertas regiones y también podían morir. Pero gracias a su audacia, los señores, los guerreros y las mujeres disfrutaban los nuevos lujos; los gobernantes recibían informes respecto a las riquezas y defensas de tierras aún no sometidas, y los pochteca mismos prosperaban y recibían honores y una importancia social creciente.

 

 

LOS ORFEBRES, GEMATISTAS Y PLUMISTAS

 

En la segunda sección del libro IX, dedicada al arte de orfebres, gema-tistas y plumistas, le ocurrió a Sahagún el escrúpulo de que, siendo el propósito de su obra ocuparse de lo concerniente a la fe y a las virtudes (cap. xvi), no tenía por qué incluir los preciosos informes que sobre las técnicas de aquellos artífices le habían consignado sus informantes, y porque aquella “es práctica meramente geométrica”. Así pues, en los capítulos que en la versión en español dedica a estos oficiales, se con­ centró casi exclusivamente a exponer los cultos que cada gremio ofrecía a sus númenes tutelares y dejó lo demás fuera.

 

Siguiendo el ejemplo de la edición Ramírez Cabañas-Jiménez Moreno de la Historia general, en la cual se incluyó una retraducción — que Garibay califica de “menos que mediocre”— de la versión francesa que hizo Eduard Seler en 1890 de los materiales omitidos, el padre Garibay puso en su edición de la Historia general, como adiciones al libro IX, una versión directa, hecha por él y Byron Me Afee, de los textos en náhuatl del Códice matritense de la Academia (ff. 44r-45v), con lo que Sahagún omitió. Estos materiales son preciosos y nos permiten conocer las técnicas que seguían en la elaboración de sus oficios-artes, los orfe­ bres, gematistas y plumistas. Para cada uno de ellos hay una exposición, precisa y detallada, de los pasos que seguían. Es sorprendente el ingenio para sustituir las herramientas, la invención de procesos y el refinamiento que alcanzaban los objetos que creaban, sobre todo los orfebres y los “pintores de pluma”, arte este último propio de México y ya desaparecido.

 

 

DOCUMENTACION, ESTUDIOS  Y TRADUCCIONES

 

La documentación, náhuatl correspondiente al libro IX existe tanto en los Códices matritenses ( Memoriales en tres columnas o Segundo Manus­ crito de Tlatelolco') y en el Códice de Florencia. Debemos a Angel María Garibay K. el estudio y la traducción de las dos secciones que forman este libro IX. En Vida económica de Tenochtitlan. 1. Pochtecáyotl QArte de traficar'), ya citado, tradujo los textos relacionados con los catorce primeros capítulos del Códice matritense de la Academia (ff. 26r-43v), así como otro pasaje correspondiente al libro IV (caps, xvi-xix) sobre los "Augurios” relativos a mercaderes, que Garibay tomó del Códice matri­

 

tense del Palacio Real (ff. 216r-221r). Los capítulos restantes del libro IX, relativos a los oficiales artífices, como acaba de señalarse, traducidos por Garibay y Me Afee, aparecen como adición a este libro en la edición Porrúa de la Historia general preparada por Garibay.

 

 

LIBRO X.—DE LOS VICIOS Y VIRTUDES DE ESTA GENTE INDIANA;  Y  DE  LOS  MIEMBROS  DE  TODO  EL  CUERPO INTERIORES Y EXTERIORES; Y DE LAS ENFERMEDADES Y MEDICINAS CONTRARIAS; Y DE LAS NACIONES QUE HAN VENIDO A ESTA TIERRA

 

EL CONTENIDO DEL LIBRO Y SU POSIBLE

REDISTRIBUCION

 

El décimo es un libro complejo; mas a pesar de que no existe afinidad entre los tratados que reúne, cada uno de ellos es del mayor interés. En el largo título se mencionan cuatro secciones, que existen, salvo que la segunda tuvo que convertirse, en la versión española, en otra cosa. Por ello, la distribución real del libro X es la siguiente:

 

I.     caps, i-xxvi:  Descripción de tipos humanos y oficios.

 

II.   cap. xxvii:  Problemas de la educación en México.

 

III.   cap. xxviii: Enfermedades y medicinas (en 6 partes).

 

IV.  cap. xxix: Pueblos indígenas que han poblado esta tierra (en 12 partes).

 

¿Cuál podría ser la distribución racional de estos tratados? El libro podría quedarse con la primera sección, que podría aumentarse con las descripciones de los artífices que hay al fin del libro IX (caps, xv-xxi). La segunda, sobre educación, podría reunirse, como ya se ha sugerido, con los materiales afines que hay en los libros III y VI. La tercera, sobre enfermedades y medicinas, junto con el extenso vocabulario anatómico, que en el original náhuatl es el capítulo xxvii de este libro X, y el capítulo

 

vii   del libro XI sobre las hierbas medicinales, podrían formar un libro o sección por separado sobre medicina. En fin, la cuarta sección que se refiere a los pueblos podría iniciar el libro VIII, para que este libro se llamara “De los pueblos y señores. . . ”.

 

 

LAS DESCRIPCIONES DE TIPOS  HUMANOS Y OFICIOS

 

Dejando aparte el agrupamiento arbitrario de los tratados que lo forman y su posible reacomodo, se expone a continuación el contenido del libro

 

 

L IX

 

X. Los veintiséis capítulos iniciales, que forman la primera sección, con descripciones de tipos humanos y oficios, son un alarde de investigación sociológica que tiene, además, un evidente propósito lingüístico de parte de Sahagún. He aquí un resumen de esta sección, que permitirá apreciar la extensión y variedad del corte en aquella sociedad:

 

RESUMEN DE DESCRIPCIONES EN EL LIBRO X

 

Capítulos                                       Número de

                                           descripciones

i-ii   Parentescos                 31

iii    Edades                        9

iv-v Oficios            nobles             7

vi    Varones           fuertes             6

vii-viii         Oficiales                     13

ix    Hechiceros y trampistas                     5

X    Otros oficiales            3

xi    Personas viciosas                    10

xii   Otros oficiales            5

xiii  Mujeres nobles                       8

xiv  Mujeres bajas              7

XV Malas mujeres             4

xvi  Tratantes                     8

xvii Vendedores de mantas                       1

xviii            Vendedores de granos                        7

xix  Vendedores de tortillas, tamales y pan          6

XX Vendedores de mantas,          etc.      6

xxi  Vendedores de colores, tochómitl y jicaras   5

xxii Vendedores de frutas y otros comestibles     4

xxiii            Los que hacen loza, etc.                     5

xxiv            Los que venden gallinas, huevos, medicinas, etc.     19

xxv Los que venden candelas, bolsas y cintas     8

xxvi            Los que venden atolli y cacao, etc.    4

                   Total    de descripciones:        181

 

 

Como puede advertirse, Sahagún trazó un minucioso inventario de las variedades de tipos humanos que formaban la sociedad prehispánica, aunque acabó por describir más bien a la sociedad ya indohispana de su propio tiempo, como lo harán los ilustradores de este libro. Preocupóse además, por precisar en cada caso, con cierta simpleza de ejercicio escolar, “la bondad de cada persona y luego su maldad”, esto es, el buen y el mal tío, el buen y el mal viejo, el buen y el mal ollero, excepto en tipos

 

 

L X

 

ya malvados de por sí — el ladrón y la adúltera, por ejemplo— en que no cabe la distinción, que no deja de ser forzada también en otros casos.

 

Como ya lo había observado Carlos María de Bustamante en una de sus notas a la primera edición de la Historia general, Garibay, en su Introducción a este libro X (t. Ill, pp. 88-9), propone como posible modelo formal de este inventario humano, Los caracteres de Teofrasto, que Sahagún pudo leer en sus años de estudiante en la Universidad de Salamanca; aunque también sugiere que estos caracteres morales existían dentro de la educación indígena y se enseñaban de memoria en el cálmécac. Sin embargo, lo más probable es que este dualismo de virtudes y vicios provenga, como lo ha señalado Donald Robertson ( “The sixteenth century encyclopedia of fray Bernardino de Sahagún”, Cahiers d’Histoire Mondiale, Neuchátel, Switzerland, 1966, vol. 6, N9 3, pp. 624-5), de la obra de Bartholomaeus Anglicus o de Glanville, De proprietatibtis rerum, en la que se emplea justamente el mismo sistema.

 

Si en los primeros capítulos (parentesco, edades) estas descripciones son un ejercicio de observación psicológica, que poco nos enseña en realidad de la sociedad prehispánica o indohispánica del siglo xvi, la mayoría son como un abigarrado fresco entre monótono y pintoresco, de las modalidades humanas del mundo indiano, o como una anticipación de “los mexicanos pintados por sí mismo”. Refiere, en efecto, las cos­ tumbres de trampistas, bufones, sastres, viciosos, mercaderes, artesanos, mujeres nobles, humildes y malas, y vendedores de toda clase de pro­ ductos, con muy curiosos datos sobre usos, manufacturas y productos. Por ejemplo, la vivaz y cruel descripción de la “alegradora” o mujer pública, el arte de hacer jicaras, los modos de hacer y fumar buenas pipas o “cañutos de humo” o los usos del chapopote que salía del mar y sólo se empleaba para mezclarlo con el tabaco o el copal, mascarlo como chicle para limpiar los dientes y a veces como pintura.

 

El propósito principal que determinó a Sahagún a inquirir a sus infor­ mantes estas sistemáticas descripciones, debió ser el registrar en náhuatl los pormenores de parentescos, edades, condiciones, calidades y oficios, de modo que quedaran consignados en un contexto que facilitara su comprensión — como aún se hace en ciertos manuales para aprender lenguas. De otra manera, no se explica esta investigación en un campo que nos ilustra relativamente poco sobre la antigua sociedad, que no aprovecha al propósito evangelizador pero que es muy útil para el cono­ cimiento de los nombres, en náhuatl, de modalidades menudas de la so-ciedad en que Sahagún vivía.

 

VOCABULARIO ANATOMICO Y ENSAYO SOBRE LA EDUCACION

 

A esta larga sección descriptiva sigue en el libro X el capítulo xxvii, cuyo nombre en la Historia general dice “De todos los miembros exteriores e

 

interiores así en el hombre como en la mujer”. En este caso — como lo hará Sahagún más adelante— el contenido es absolutamente diverso en el original náhuatl y en español. Tanto en el Códice matritense de la Academia como en el Códice florentino, y de acuerdo con el título antes citado, este capítulo es un extenso vocabulario en náhuatl, sin comen­ tarios, de vocablos relacionados con el cuerpo humano, formado por catorce secciones correspondientes a otras tantas zonas anatómicas, con más de tres mil entradas. Este vocabulario — que de hecho continúa el vocabulario “relatado” de la sección anterior— es muy importante para el estudio del náhuatl y de los conocimientos anatómicos de los antiguos mexicanos. Pero, obviamente, no tenía sentido traducirlo al español sin la parte náhuatl.

 

Para llenar este hueco, Sahagún puso en su lugar, sólo en español, un texto con el vago nombre de “Relación digna de ser notada”, que es un ensayo acerca de los problemas de la educación en México en el siglo xvi, cuya fecha consta: 1576.

Estas reflexiones las escribe un Sahagún ya viejo, que ha visto el principio esperanzado y el fin desorganizado de las experiencias educa­ tivas, y que sabe cuanto es posible saber de la antigua educación y de la que se ha impuesto a los indios. Su pesimismo lo comparte otro francis­ cano que por los mismos años cavila en estos temas: fray Gerónimo de Mendieta. La cuestión principal que se propone Sahagún es qué ha podido hacer la evangelización y la nueva educación para cristianizar a los indios y mejorarlos. Como fray Gerónimo, fray Bernardino cree que la experiencia ha sido un fracaso. Se ha destruido el antiguo, rígido y eficaz sistema educativo indígena, y no se ha encontrado la manera de conservar las buenas costumbres, pues en aquellos años el relajamiento parecía tener el camino abierto. El mismo Colegio de Tlatelolco, que en sus principios tanto hizo para la nueva educación indígena, ha quedado casi desmantelado por las pestes, la mala administración y el descuido. Y al fin de sus reflexiones, Sahagún se pregunta si no hubiera sido más conveniente pensar en instruir a los naturales, además de en latín, religión y filosofía, también en medicina, para que hubiesen sido capaces de auxiliar a tantos que han muerto.

 

EL TRATADO  SOBRE  LAS ENFERMEDADES

 

La tercera sección de este libro X la forma el capítulo xxviii, titulado “De las enfermedades del cuerpo humano y de las medicinas contra ellas”. El vocabulario anatómico en náhuatl, antes mencionado, el pre­ sente capítulo y el inventario de plantas medicinales que hay en el libro XI, constituyen el tratado de medicina indígena de la Historia general.

 

Este capítulo xxviii, muy extenso, está dividido en seis partes corres­ pondientes a otras tantas regiones del cuerpo humano y clases de do­

 

lencias: cabeza, cuello y garganta, tórax, vientre, enfermedades y medi­ cina contrarias, heridas, fracturas y torceduras de huesos. Semejante disposición anatómica de los males y sus remedios tiene alguna coinci­ dencia con la que siguen las Hierbas medicinales de los indios (1 5 5 2 ) de Martín de la Cruz, aunque en ambos casos, su origen puede suponerse más europeo que indígena. En el cuestionario previo, Sahagún debió pedir a sus informantes que agruparan dolencias y curas en este orden.

 

Aunque en la versión en náhuatl de este tratado del Códice matritense de la Academia aparecen al margen correcciones y adiciones — luego incorporadas al Códice florentino— que muestran preocupación por la precisión, Sahagún se limitó a recoger la información indígena, ordenán­ dola y guiándola, pero sin crítica. Mucho queda aún por estudiar respecto a la comprobación clínica de las hierbas medicinales y de los procedi­ mientos curativos de la antigua medicina indígena. Pero, aparte de la eficacia de las hierbas, algunas curaciones consignadas en este tratado, con uso frecuente de excremento, orina y animales molidos, son poco convincentes. Descríbense asimismo algunas intervenciones quirúrgicas menores, para extirpar las cataratas raspándolas con una raíz, y para arreglar fracturas, descubriendo y rayendo el hueso roto y encajando en el tuétano de ambos extremos “un palo de teas que tenga mucha resina”, esto es, un trozo de pino u ocote resinoso.

 

En ambos manuscritos en náhuatl de este capítulo, pero no en la versión española, Sahagún consignó al final los nombres de ocho “mé­ dicos mexicanos” que examinaron su escrito.

 

 

ALGUNOS  PUEBLOS  DEL  MEXICO  ANTIGUO

 

Al igual que el que acaba de exponerse, el capítulo xxix, o cuarta sección del libro X, constituye por sí mismo un tratado, en este caso de etnología acerca de los pueblos del México antiguo, de los que tenían noticia los informantes de Sahagún. El extenso capítulo está dividido en doce partes en las que se exponen, principalmente, datos sobre los toltecas, chichimecas, nahuas, otomíes, matlatzincas, toloques, ocuiltecas, ma-zaoaques, totonacas, cuextecas, toueyomes, pantecas, tlahuicas, couixcas, tlapanecas, yopimes, olmecas, mixtecas, michoacanos y mexicanos. Estos pueblos cubrían una extensa zona de la porción central del territorio actual de México; quedando excluidos, entre otros, los hoy Estados de Guerrero, Jalisco y parte del sureste y el norte del país.

 

Las monografías más notables, con informaciones preciosas para la historia antigua, son las que se refieren a los toltecas, el pueblo civilizado de Quetzalcóatl del que se hace una cálida y animada exposición; a los grupos indígenas de la costa atlántica (totonacas, huastecos y olmecas); y a los mexicanos, cuyos orígenes y peregrinaciones se refieren.

 

DOCUMENTACION,      ESTUDIOS  Y  TRADUCCIONES

 

Sahagún comenzó a elaborar los materiales en náhuatl de este variado libro X desde los años de Tepepulco. En el capítulo III, “Señores de México”, de los Primeros memoriales, aparece una primera lista de “Hombres malos y malas mujeres” y en el capítulo IV, “Cosas humanas”, hay un esbozo de las descripciones de otros tipos de la sociedad indiana (párrafos 1 a 7). Años más tarde, en Tlatelolco y en México, redactada la versión definitiva, también en náhuad, que aparece en el Códice matritense de la Academia y en el Códice florentino. Y al traducirlo al español, omite el vocabulario anatómico del capítulo xxvii y pone en su lugar, sólo en español, el ensayo sobre el fracaso educativo.

 

Mucho se ha estudiado y traducido al español la documentación en náhuatl del libro X. Relacionadas con las descripciones de tipos humanos de la primera sección, Angel María Garibay K. tradujo, de los Primeros memoriales, “Hombres malos” y “Hombres malos y mujeres malas” (Tlalocan, 1946, t. II, N? 2, pp. 167-174, y 1947, t. II, N? 3, pp. 235-254), y Alfredo López Austin ha traducido del Códice florentino el capítulo xi, sobre “Personas viciosas”, para su estudio sobre “Los temacpalitotique: brujos, profanadores, ladrones y violadores”, ya citado por las versiones del libro IV que estudia principalmente.

 

Los términos anatómicos, alimentos, hierbas medicinales y la medicina náhuatl han suscitado buenos estudios y traducciones. Rafael Martín del Campo estudió el vocabulario anatómico — que aparece en la versión náhuad del capítulo xxvii— en “La anatomía entre los mexica” ( Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, México, 1956, vol. XVII, Nos. 1-4, pp. 145-167). Irene Rivera M., en “Ensayo de interpretación botánica del libro X de la Historia de Sahagún” ( Anales del Instituto de Biología, UNAM, México, 1941, vol. XII, pp. 439-488), hizo la identificación botánica de alimentos y hierbas que se vendían en los mercados, según los capítulos 18, 19, 21, 22 y 24-26, e identificó las plantas medicinales del capítulo 28 (partes 2-6), de este libro X. Efrén C. del Pozo ha examinado las fuentes principales de la medicina náhuatl (De la Cruz, Sahagún y Hernández) en dos estudios: “La botánica me­ dicinal indígena de México” ( Estudios de Cultura Náhuatl, UNAM, México, 1965, vol. V, pp. 57-73) y “Aztec pharmacology” ( Annual Review of Pharmacology, 1966, vol. 6, pp. 9-18). En fin, Alfredo López Austin, desde 1969 publicó en Estudios de Cultura Náhuatl estudios y traducciones sobre enfermedades, medicinas y vocabulario anatómico, expuestos por Sahagún y sus informantes en este libro X y en el XI, trabajos que reunió, junto con estudios y textos de otros tratadistas de medicina indígena, en el volumen Textos de medicina náhuatl (UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, México, 1975).

Las traducciones y estudios de la documentación náhuatl sobre etno­ grafía, relacionados con el capítulo xxix de este libro X, se deben a

 

Miguel León-Portilla. En “El mito náhuatl de los orígenes de la cultura” ( Universidad de México, México, septiembre de 1963, vol. XVIII, N9 1,

 

pp.  35-7), traduce al español un hermoso pasaje del Códice matritense de la Academia, en que el informante indígena trata de explicarse los

orígenes de su cultura y las invenciones de la “cuenta de los destinos” y de la “cuenta de los años”. Y en “Los huaxtecos según los informantes de Sahagún” ( Estudios de Cultura Náhuatl, UNAM, México, 1965, vol. V, pp. 15-29) estudia el probable sistema de investigación etnográfica que siguió Sahagún y traduce pasajes sobre los huastecos del Códice matritense de la Academia.

 

 

LIBRO XI.—DE  LAS  PROPIEDADES DE  LOS ANIMALES,  AVES, PECES,  ARBOLES,  HIERBAS,  FLORES,  METALES  Y  PIEDRAS, Y DE LOS COLORES

 

AMOR  Y CONOCIMIENTO  DE  LA  NATURALEZA

 

Uno de los rasgos distintivos de los pueblos del México antiguo, revela­ dores de la profundidad de su civilización, es su amor por la naturaleza y su conocimiento cercano y minucioso de las propiedades y caracterís­ ticas de las cosas que nos rodean. Los indígenas habían dado nombres, que describen formas, usos y atributos, a millares de seres animados e inanimados, y muchos de ellos conocían estos nombres y eran expertos en la utilización o en la prevención de los recursos que se encuentran en la naturaleza. Como observa Angel María Garibay K. ( “Introducción al libro undécimo”, opus cit., t. III, p. 216), antes que en Europa se pen­ sara en constituirlos, Nezahualcóyotl y Moctezuma habían establecido en Tezcoco y en México-Tenochtitlan jardines zoológicos y botánicos, que causaron admiración a los conquistadores.

 

La frecuentación que tuvo Sahagún con indígenas que conservaban el saber tradicional debió suscitarle el interés por recoger en su obra, junto al conocimiento de las cosas divinas y humanas, el de las cosas naturales del México antiguo. Tal es la materia de este libro XI de la Historia general que, junto a la monumental Historia natural de Nueva España del doctor Francisco Hernández, es una de las fuentes principales para el conocimiento del mundo natural de estas tierras.

 

 

CONTENIDO DEL LIBRO Y VARIANTES EN NAHUATL Y EN ESPAÑOL

 

El libro XI, en la versión española, es copioso, y es aún más extenso el original náhuatl, Está dividido en trece capítulos que, siguiendo el orden de la Historia natural de Cayo Plinio Segundo, describen los tres grandes

 

reinos de la naturaleza: el reino animal, con los animales superiores, las aves, los peces y los reptiles; el reino vegetal, con los árboles y sus propiedades y “toda clase de hierbas”; y el reino mineral, con piedras, metales y colorantes. En la parte final, apartándose del esquema de Plinio, Sahagún sigue caminos diferentes en el original náhuatl y en la versión española. En náhuatl (párrafos 8, 9 y 10 del capítulo xii y en el ca­ pítulo xiii), da noticias sobre caminos, casas, cuevas y mantenimientos. Y en español, incluye tres reflexiones, sin relación con la materia del libro, acerca de supersticiones, la predicación evangélica y si hubo o no en estas tierras esta predicación antes de la llegada conocida de los espa­ ñoles. El cuadro siguiente precisa estas variantes:

 

ESTRUCTURA DE LA PARTE FINAL DEL LIBRO XI EN NAHUATL ("CODICE FLORENTINO”) Y EN LA VERSION ESPAÑOLA

DE LA “HISTORIA GENERAL"

 

       cap. xii, n9 7   n9 8     n9 9     n9 10   cap. xiii

Náhuatl:     piedras caminos           casas    cuevas mantenimientos

Español:     Nota    n<? 7                   Si hubo o no

                   caminos                                 

       sobre   de la                            predicación

       supers­ predicación                             anterior

       ticiones            evangélica                             

 

¿Por qué hizo Sahagún estos cambios al trabajar en 1576 en la versión española de su obra? Como en casos anteriores, debió pensar que ciertos inventarios más bien secundarios para el propósito central del libro, y en los que se empeñaba pensando sobre todo en el repertorio léxico, tenían poco interés traducidos al español. Pero, al mismo tiempo, el hombre que se había envejecido trabajando en la extirpación de idolatrías y en la predicación de una nueva fe, había cavilado mucho en estas cues­ tiones y decidió encajar sus reflexiones en el lugar de aquellos otros textos, vinieran o no al caso.

 

 

LAS  DESCRIPCIONES  DEL  MUNDO  NATURAL

 

Como antes se ha dicho, el esquema general de esta historia natural que es el libro XI (animales, vegetales, minerales), y aun las divisiones internas del reino animal (animales de tierra, agua, aire y reptiles), son los mismos con que organizó Plinio el Viejo su obra; pero el contenido es indígena. Como supone el padre Garibay ( Ibídem), Sahagún debió pre­ sentar a sus informantes un cuestionario o “minuta” en el que se ordena­

 

ban los datos que requería, cuestionario que debió ser diverso para cada reino. Además, pudo precisarles que sólo debían dar la información completa y pormenorizada para las especies principales o las más raras o curiosas. En la obra que fue el resultado de estas indagaciones, las descripciones mayores y menores de animales, plantas y minerales llegan aproximadamente a un millar, y casi todas van acompañadas de preciosas ilustraciones — en número de 965— , que pueden admirarse redibujadas por Genaro López en el tomo V (Madrid, 1905) de la edición de Paso y Troncoso de los manuscritos de la Historia general o en la edición de Dibble y Anderson del libro XI del Florentine Codex (Santa Fe, New México, 1963). Según su costumbre, en la versión española Sahagún abrevia en ocasiones, pero también añade a veces nuevos datos u obser­ vaciones. Al describir animales, plantas y minerales, tiene la preocupa­ ción de poner más énfasis en las especies propias de esta tierra, o bien en sus particularidades en relación con las especies ya conocidas. En náhuatl, por ejemplo, la descripción y la técnica agresiva del móyotl o zancudo son minuciosas. Pero como sabe que el bicho es el mismo ya conocido, al traducir al español lo dice y abrevia:

 

Hay mosquitos zancudos que se llaman móyotl; son pardillos y son como los de Castilla, y pican como los de Castilla.

(cap. v, N? 14)

 

Sahagún no parece haberse preocupado en este libro por discernir realidad e imaginación ni por rastrear idolatrías, y gracias a ello hay aquí no pocas criaturas fabulosas, serpientes sobre todo, como la culebra quetzalcóatl, que es el mito encarnado pues tiene plumas de quetzal en el lomo y vuela para picar, como lo muestran las ilustraciones (Nos. 276 y 277), o la petlacóatl ( “dizque se juntan muchas culebras y se entre­ tejen como petate”), la cual, según el texto náhuatl y las ilustraciones (Nos. 261 y 262), puede servir de asiento y transporte en cualquier dirección a un hombre decidido.

 

LA ORDENACION

 

La separación de los capítulos, que comprenden un género, en párrafos o secciones que van agrupando familias, fue tarea del propio Sahagún, como puede verse en las anotaciones de su mano que puso al margen en los Códices matritenses, separación que es muy útil para facilitar la lectura y la consulta de la Historia general. Pero cuando una familia es muy extensa, esta separación es insuficiente. El capítulo vii, por ejemplo, intitulado “En que se trata de todas las hierbas”, está dividido en once párrafos o secciones: hierbas que emborrachan, setas, hierbas comestibles, cocidas, etc. Pero al llegar al párrafo 5, “De las hierbas medicinales”,

 

 

LXVII

 

describe no menos de un centenar de medicamentos en 25 páginas y sin ningún orden interno. Al principio, van juntos algunos purgativos y aquí y allá se reúnen plantas con aplicaciones similares. En cambio, en el otro tratado médico de la Historia general (lib. X, cap. xxviii), Saha­ gún tuvo el acierto de agrupar las enfermedades por regiones del cuerpo humano y por clases de dolencias. Una ordenación semejante hubiera sido oportuna en este caso.

 

EL INTERES DE LAS DESCRIPCIONES

 

El contenido del libro XI es de un interés siempre cambiante y sugestivo, lo mismo para el científico que para el investigador de pueblos antiguos o el simple curioso. Sahagún y sus informantes acabaron por hacerse una mente de etnólogos, aunque afortunadamente nunca dejaron a un lado el gusto por las descripciones animadas, las anécdotas y las consejas, y aun cierta disimulada inclinación picaresca, que también son útiles para la historia y la ciencia. El resultado fue un inventario de zoología, botánica y mineralogía que se lee con curiosidad renovada, y con admi­ ración para estos hombres del México antiguo para los cuales el mundo natural era un mundo vivo y cercano que no tenía secretos para ellos. He aquí algunas alusiones muy someras a lo que contiene este libro.

 

La descripción que lo abre, del océlotl o tigre, es una página de ma­ gistral precisión y tensión dramática:

 

La propiedad del tigre es que come animales como son ciervos, conejos y otros semejantes; es regalado y no es para trabajo; tiene mucho cuidado de sí, báñase, y de noche ve los animales que ha de cazar, tiene muy larga vista, aunque haga muy oscuro y aunque haga niebla ve las cosas muy pequeñas; cuando ve al cazador con su arco y saetas no huye sino siéntase, mirando hacia él, sin ponerse detrás de alguna cosa, ni arrimarse a nada, luego comienza a hipar y aquel aire enderézale hacia el cazador, a propósito de ponerle temor y miedo y desmayarle el corazón con él hipo; y el cazador comienza a luego a tirarle, y la primera saeta que es de caña tómala el tigre con la mano y hácela pedazos con los dientes, y comienza a regañar y gruñir, y echándole otra saeta, hace lo mismo.

 

Los cazadores tenían cuenta con que no habían de tirar al tigre más de cuatro saetas; ésta era su costumbre o devoción, y como no le matasen con las cuatro saetas, luego el cazador se daba por vencido, y el tigre luego comienza a esperezarse y sacudirse y relamerse; hecho esto recógese, da un salto, como volando y arrójase sobre el cazador aunque esté lejos diez o quince brazas, no da más que un salto; va todo erizado como el gato contra él perro; luego mata al cazador y se lo come.

 

 

LXVIII

 

Los cazadores diestros, en echando la primera saeta, si el tigre la hizo pedazos, toman una hoja de un árbol de roble o de otro árbol semejante, e híncanla en la saeta y tiran con ella al tigre; y la hoja así puesta hace ruido así como cuando vuela una lan­ gosta, y cáese en el suelo al medio del camino o cerca del tigre, y con esto se divierte ál tigre (a) allegar la hoja que cae, y llega la saeta y pásale, o hiérele; y luego él tigre da un salto hacia arriba y, tornando a caer en tierra, tórnase a sentar como estaba antes y allí muere sentado sin cerrar los ojos, y aunque esté muerto parece vivo.

 

(cap. i, N9 1)

 

No hay en el libro XI otra página con el vigor de este concertado ballet, en el que los adversarios afrontan sin intentar mudarlo el destino que les toca, pero hay muchas otras con observaciones curiosas.

 

Del coyote ( cóyotl), por ejemplo, se refiere el contraste entre sus ven­ ganzas diabólicas y la condición exquisita de su agradecimiento por una ayuda recibida (cap. i, N9 2). Al mapache se le pinta así:

 

Algunas veces anda en pie como persona, y otras a cuatro pies

 

como animal; hurta cuanto halla, por ser así ladrón, y por tener manos de persona le llaman mapachtli.

( Ibid.)

 

Y del tlacuache ( tlácuatl o tlacuatzin) se dice que:

 

tiene una bolsa entre los pechos y la barriga donde mete a sus hijuelos, y allí los lleva a donde los quiere llevar, y allí maman.

 

Este animálejo ni sabe morder ni arañar ni hacer algún daño aunque lo tomen, y cuando le toman chilla y llora, y sálenle las lágrimas de los ojos como a persona; cuando le toman los hijos

chilla mucho, y llora por ellos.

(cap. i, N9 4)

 

Las descripciones de las aves de pluma rica, con las que se adornaban los señores, dan idea de su belleza. Al igual que Motolinía ( Memoriales, parte II, cap. 23), y como lo harán también Cervantes de Salazar

(Crónica, lib. I, cap. vii) y Hernández ( Historia natural de Nueva Es­

 

paña, tratado II, cap. liv) Sahagún y sus informantes describen el colibrí o quetzalhuitzitzilin (cap. ii, N9 2) o huitzilin, y su extraña costumbre:

 

en el tiempo de invierno cuélganse de los árboles por el pico, allí colgados se secan y se les cae la pluma; y cuando el árbol torna a reverdecer él torna a revivir, y tórnale a nacer pluma,

 

 

LXIX

 

y cuando comienza a tronar para llover entonces despierta y vuela y resucita.

 

En el párrafo 3 de este capítulo dedicado a las aves se describen 44 especies de aves acuáticas, en su mayor parte de las lagunas de México, y hoy casi todas desaparecidas, entre ellas una, los chichicuilotes Qatzitzi-cuílotY), que hacia los años cuarenta aún se pregonaba en las calles de la ciudad de México.

 

De otra más de las “avecillas de esta tierra”, las tórtolas o cocotli (cap. ii, N9 5), se cuenta una tierna historia — que repetirá Hernández ( His­ toria natural, tratado II, cap. xliv):

 

no se casan (las tórtolas) más de  una vez, y cuando muere el

 

uno, el otro siempre anda como llorando y solitario, diciendo coco, coco. Dicen que la carne de estas aves comida es contra la tristeza. A las mujeres celosas danles a comer de estas aves para que olviden los celos, y también (a) los hombres.

 

El doctor Hernández añadió este comentario: “averigüen los teólogos cómo puede esto realizarse”.

así:Entre los animales del agua pone Sahagún a la iguana, que describe

 

Hay otro animal en esta tierra que se llama quauhcuetzpalin, y los españoles le llaman iguana; es espantable a la vista, parece dragón; tiene escamas, es tan largo como un brazo, es pintado de negro y amarillo, come tierra y moscas y otros coquillos; a tiempo anda en los árboles, a tiempo en el agua; no tiene ponzoña, ni hace mal, antes es bueno de comer, estáse cuatro

o cinco días sin comer; susténtase del aire.

(cap. iii, N9 3)

Al  ahuítzotl,  animalejo  “monstruoso  en  su  cuerpo  y en  sus  obras”

 

— que existe y se llama Lutra felina— dedicó Sahagún más espacio que a ningún otro animal para describirlo y relatar sus fechorías y cautelas. He aquí el principio de su historia:

 

Hay un animalejo en esta tierra que vive en el agua, nunca oído, el cuál se llama ahuítzotl; es tamaño como un perrillo, tiene el pelo muy lezne y pequeño, tiene las orejitas pequeñas y puntiagu­

 

das, tiene el cuerpo negro y muy liso, tiene la cola larga y en el cabo de la cola una como mano de persona; tiene pies y manos, y las manos y los pies como de mona; habita este animal en los profundos manantiales de las aguas; y si alguna persona llega a la orilla del agua donde él habita, luego le arrebata con la mano

 

de la cola, y le mete debajo del agua, y le lleva al profundo, y luego turba el agua y le hace vertir y levantar olas. . .

(cap. iv,      2)

 

Los espléndidos tlacuilos que tenía Sahagún para ilustrar su Historia general no pintaron, infortunadamente, al terrible ahuítzotl, acaso porque ninguno de ellos lo había visto.

 

En el capítulo v de este libro XI, Sahagún y sus informantes presentan uno de los mejores serpentarios de que disponemos, con descripción de 30 especies. En este caso, el doctor Hernández lo supera ya que describe en su Historia natural (tratado III) 39 especies de serpientes mexicanas. Las descripciones de Sahagún son acaso menos objetivas que las del protomédico pero más animadas, llenas de anécdotas respecto a las cos­ tumbres de las serpientes, el modo de cazarlas y librarse de sus mordedu­ ras y sus virtudes curativas. Ya se han mencionado a dos de las criaturas fabulosas, la quetzalcóatl y la petlacóatl, que Sahagún incluyó en su serpentario, pero pueden aún notarse las virtudes atribuidas a la ser

 

piente mazacóatl:

 

De la carne de ésta usan los que quieren tener potencia para tener cuenta con muchas mujeres; los que la usan mucho, o toman demasiado de cantidad, siempre tienen el miembro armado y siempre despiden simiente, y mueren de ello.

(cap. v, N? 4)

 

La descripción de otras criaturas menos provocativas, las luciérnagas, tiene un encanto rural:

 

Hay muchas maneras de luciérnagas en esta tierra, y a todas las llaman, ícpitl. Unas son como langostas, un poco más larguillas, y andan en el tiempo de las aguas y vuelan de noche muchas

de ellas, y tienen luz, así como una candela en la cola; y algunas veces alumbran más que candela, como hacha de tea. Cuando es la noche más oscura, algunas veces van volando muchas en rencle, y algunos bobos piensan que son aquellos hechiceros, que andan de noche y echan lumbre por la cabeza o boca.

(cap. v, N? 14)

 

Pasando a otro reino natural, entre las maderas más preciadas que se describen en el capítulo dedicado a los árboles, destaca el siguiente:

 

Hay unos árboles silvestres que se llaman tlacuilolquáuitl que quiere decir que tiene madera pintada, porque ellos son bermejos y tienen las vetas negras que parecen pinturas sobre el bermejo;

 

es árbol muy preciado porque de él se hacen teponaztles, tam­ boriles y vihuelas, y suenan mucho estos instrumentos cuando son de esta madera; y por ser muy pintada y de buen parecer es muy preciada.

 

(cap. vi, N9 3)

 

En su traducción de la descripción indígena de los nopalli, Sahagún llama monstruosos a estos árboles cuyos troncos y ramas se forman por las mismas hojas, y celebra el “muy buen comer” de las tunas (cap. vi, 8 ). Y, entre las raíces comestibles, dice de las jicaras que “son blan­

cas y dulces, y matan mucho la sed” (cap. vi, N9 9).

 

LOS HONGOS QUE EMBORRACHAN

 

El primer párrafo del capítulo vii, dedicado a “todas las hierbas”, se re­ fiere a las que emborrachan. De las once descritas, dos al menos han adquirido notoriedad, el péyotl y el hongo llamado teonanácatl o nanácatl. Descríbese así al primero:

 

Hay otra hierba, como tunas de tierra, que se llama péyotl; es blanca, hácese hacia la parte del norte. Los que la comen y beben

 

ven visiones espantosas, o de risas; dura esta borrachera dos o tres días, y después se quita. Es como un manjar de los chichi-mecas, que los mantiene y da ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed, ni hambre, y dicen que los guarda de todo peligro.

 

y los hongos famosos:

 

Hay unos honguillos en esta tierra que se llaman teonanácatl (que) se crían debajo del heno en los campos o páramos; son redondos y tienen él pie altillo y delgado y redondo. Comidos son de mal sabor, dañan la garganta y emborrachan. Son medi­ cinales contra las calenturas y la gota; hanse de comer dos o tres, no más, (y) los que los comen ven visiones y sienten bascas en el corc&ón; a los que los comen muchos de ellos provocan a lujuria, y aunque sean pocos.

 

(cap. vii, N° 1)

 

La manera como se comían estos hongos alucinógenos y las visiones que provocaban a los mercaderes en sus fiestas se refieren en otra parte de la Historia general (libro IX, cap. viii).

 

LAS HIERBAS MEDICINALES

 

Después de describir las setas y las hierbas comestibles cocidas y crudas, viene el extenso apartado (N 9 5) sobre las hierbas medicinales. De cada hierba se da su nombre, casi siempre alusivo a su forma o uso, su apa­ riencia y características, los lugares donde suele encontrarse, la parte de ella que es útil, la manera como se toma o aplica, sola o mezclada con otras, y las dolencias para las que es provechosa. He aquí un ejemplo de una planta de usos múltiples:

 

Hay otra hierba medicinal que se llama iztáuhyatl; es como los ajenjos de Castilla, también es amarga; molida o majada esta hierba aprovecha a muchas cosas, molida y bebida con agua hace echar la cólera y flema; también es buena bebida para los que están ahitos; también echa fuera el calor demasiado interior, y también purifica la orina, y también aprovecha al que tiene

 

ardor en la cabeza. También es provechosa, molida, juntamente con los meollos de las ramas de la hierba que se llama quauhya-yáual, para los que tienen angustias en el corazón por razón de algún mal humor que le oprima; bébenla cocida con agua y

sanan. Hácese por todas partes en los campos.

(cap. vii, N9 5, 190)

La doctora Emily Walcott Emmart identificó el iztáuhyatl  como la

Artemisia mexicana Willd.

 

Otro ejemplo más merece citarse por la singular ocasión en que es provechosa cierta raíz:

 

Esta raíz (del oquichpatli), molida, es provechosa para el hom­ bre, o mujer, que porque no acabó de expeler la simiente hu­ mana, o por miedo o por otra ocasión que se ofreció, y queda cortado o extragado, y por esta causa se va secando, y le da una tos continua, y se va pasando un año o dos o tres que está así; tomándola por tristel expele un humor muy hediondo por espacio de dos o tres días, acaba de salir el humor corrupto, y por el miembro echa la orina blanca, como agua de cal, y muy he­ dionda, y lo mismo hace la mujer. Esto mismo es medicina para cuando alguno en sueños no acabó de expeler el humor sementino. La cantidad de esta raíz ha de ser como medio dedo, molida para una vez. Hállase esta hierba en los campos de

Tullantzinco.

(cap. vii, N9 5, 230)

 

El oquichpatli no ha sido identificado.

Después de las hierbas medicinales siguen otros medicamentos indí­ genas entre los que es notable el siguiente:

 

La carne de tigre dicen que es medicinal para los que han sido casados y, estando viudos, no se acuerden de mujer ni les fatiguen las tentaciones carnales; hanla de comer asada o cocida; también es provechosa comida de esta manera para los que pierden el seso, y también es buena para los que tienen calentura con frío. . .

 

(cap. vii, N9 6, 241)

 

Al finalizar este apartado, se hace una descripción de cómo deben prepararse los baños de temazcalli y se enumeran algunos de sus múltiples aprovechamientos: para los convalecientes, las preñadas, las recién pa­ ridas, los enfermos de nervios encogidos, los purgados y los que han sufrido una caída o han sido apaleados o maltratados.

 

PIEDRAS PRECIOSAS Y COLORANTES

En el capítulo viii, dedicado a las piedras preciosas, se cuenta cómo las

descubren quienes conocen sus criaderos:  por un “humo delicado” que

aparece a la salida del sol en el lugar donde se esconden; y en especial

los chalchihuites, porque en el lugar donde se hallan la hierba está siem­

pre verde. Más adelante, se exponen los usos de las navajas que se sacan

de la  piedra llamada  ítztetl  u  obsidiana,  así como       las        virtudes  de     la

éztetl o piedra de sangre, buena para “restañar la sangre que sale          de

las narices”. Sahagún refiere que tiene una éztetl,           “tan     grande como un

puño,  o poco  menos”,  la  cual,  durante  la  peste         de        1576,   con  sólo

tomarla en la mano, “ha dado vida a muchos que            se les   salía la sangre

y la vida por las narices”.  el         más      interesante       es

De los tres capítulos dedicados a mineralogía,                                       

el de los colorantes. Acerca de la grana o nocheztli,        “que quiere decir,

sangre de tunas”, además de precisar que se extrae de los gusanos lla­

mados  cochinillas  que  se  adhieren  a  las  hojas           de                    cierto   género de

nopales, Sahagún informa que:                                                               

 

Esta grana es conocida en esta tierra y fuera de ella, y hay grandes tratos de ella; llega hasta la China, y hasta Turquía, casi por todo el Mundo es preciada y tenida en mucho.

 

(cap. xi, N9 1)

 

Este precioso tinte, la grana, que celebró Andrés Bello en dos versos famosos:

 

Bulle carmín viviente en tus nopales, Que afrenta fuera al múrice de Tiro

 

sustituyó en efecto al colorante que en la Antigüedad llamábase púrpura de Tiro y se usaba para teñir los trajes talares de los príncipes de la realeza y de la Iglesia. Fue un cultivo prehispánico que se empleaba como pintura y como colorante para telas. Del siglo xvi al xix tuvo gran auge y llegó a constituir el tercer ingreso en importancia del co­ mercio exterior, después del oro y la plata. Las principales regiones que cultivaron la grana fina fueron Oaxaca, Puebla y Tlaxcala, y la silvestre se daba en Autlán de la Grana, Jalisco, y en Chiapas.

 

Antonio Alzate dedicó a la cochinilla y al cultivo de la grana una monografía en sus Gacetas de Literatura (1777). Se ocuparon también de ella Francisco Javier Clavijero, el Barón de Humboldt y Manuel Orozco y Berra. Un buen estudio acerca de este tema es el de Barbro

Dahlgren de Jordán, Nocheztli.  Economía de  una región (José Porrúa

 

e Hijos, Sucrs., México, 1963), en el que se publican varios documentos del siglo xvm .

 

Volviendo a los colorantes de los que dan noticia Sahagún y sus infor­ mantes, entre muchos otros tintes de origen vegetal o animal, se habla de cómo fabricaban la tinta para escribir:

 

Hacen estos naturales tinta del humo de las teas, y es tinta bien fina; llámanla tlilliócotl, tienen para hacerla unos vasos que llaman tlicomalli, que son a manera de alquitaras; vale por mu-chas tintas para escribir, y para medicinas, mezclándolo con ellas.

(cap. xi, N-  2)

Son interesantes también los datos que hay en este capítulo sobre los

ingredientes para preparar colores,  como alumbre,  greda o tízatl  (que

los españoles llaman  con  un  nahuatlismo tiza  y en  México llamamos

con un latinismo gis) y barniz o tetízatl, y las maneras de preparar colores

compuestos.

 

AGUAS Y MONTES

Al principiar el capítulo xii, dedicado a las diversidades de agua y tierra, hay un hermoso pasaje acerca de la concepción que del agua y del mar tenían los antiguos mexicanos:

 

En este primer párrafo se trata del agua de la mar y de la mar, a la cual llaman teóatl, y no quiere decir dios del agua, ni dios

 

agua sino que quiere decir agua maravillosa en profundidad y en grandeza; llámase también ilhuicáatl, quiere decir, agua que se juntó con el cielo, porque los antiguos habitadores de esta

tierra pensaban que el cielo se juntaba con el agua en la mar,

como si fuese una casa (en) que el agua son las paredes y el cielo está sobre ellas y por esto llaman a la mar ilhuicáatl, como si dijesen (el) agua se juntó con el cielo, pero ahora después de

venida la fe ya saben que el cielo no se junta con el agua, ni con la tierra, y por esto llaman a la mar uéyatl, quiere decir, agua grande y temerosa y fiera llena de espumas y de olas y de

 

montes de agua y agua amarga, salada y mala para beber, donde se crían muchos animales que están en continuo movimiento.

(cap. xii, N9 1)

 

Y, al referirse a los montes mayores de esta tierra, se mencionan en primer lugar los dos nevados que señorean el valle de México, a los que ascendió el propio fray Bernardino de Sahagún, como aquí lo dice (cap. xii, N9 6, 43 y 44).

 

EL CULTO A TONANTZIN

 

A partir del párrafo o sección 7 de este capítulo xii, el contenido del libro XI, como se expuso al principio, difiere en el texto náhuatl y en la versión española. En esta última, se intercala, después del párrafo 6, una nota o apéndice “sobre supersticiones” en la cual toca Sahagún el tema del culto, al parecer ya entonces muy extendido, a Nuestra Señora de Guadalupe en Tepeácac o Tepeyac, y en el lugar donde "tenían un templo dedicado a la madre de los dioses que llamaban Tonantzin, que quiere decir Nuestra Madre”. Sahagún insiste en que se trata de una disimulación de la antigua idolatría. “De dónde haya nacido esta fun­ dación de esta Tonantzin (la nueva) no se sabe de cierto”, dice Sahagún, pero él está convencido de que los indígenas vienen a rendir culto a su antigua devoción con el pretexto de la nueva. A este tema volverá

Sahagún en la advertencia al Calendario mexicano,  latino y castellano,

de  1585,  como ya se mencionó al exponer el libro II  de la  Historia

general.

 

FRAGILIDAD DE LA NUEVA FE

 

Los dos textos finales de este libro XI, en su versión española, se inti­ tulan “De las calidades de los caminos” y “De todos los mantenimientos”. El primero es una cavilación, escrita el 8 de noviembre de 1576 por un Sahagún ya anciano, sobre la fragilidad de la nueva fe en estas tierras,

 

en un tono que recuerda las reflexiones pesimistas de Mendieta. Fray Bernardino está persuadido de que los malos tratamientos a los indios y pestilencias tan terribles como la que por entonces aún asolaba la Nueva España, acabarán con los indios, y de que la Iglesia no ha hecho “más de pasar de camino” en estas tierras. Alguna esperanza muestra en que sea más estable en los Reinos de la China adonde tiene noticias de que han entrado los agustinos.

 

Sí HUBO O NO PREDICACION ANTERIOR

En fin, en lugar de ocuparse en el capítulo xiii “De todos los manteni­ mientos”, esto es, de lo que sustentaba materialmente a los pueblos del México antiguo, cree más oportuno discutir si hubo o no, antes de la llegada conocida de los españoles, predicación del Evangelio en estas tierras. En materia tan resbaladiza, las opiniones de Sahagún son pru­ dentes. Tras de enumerar algunos de los indicios de que tiene noticia, se inclina por afirmar que en el pasado “nunca les fue predicado el Evangelio”. Pero vuelve luego a sus cavilaciones y recogiendo la “pro­ fecía de un santo varón dominico”, que no es otro que fray Bartolomé de las Casas, quien dijo que “antes de sesenta años después de que fueron conquistados, no ha de quedar hombre de ellos”, quiere decir de los indios, duda si darle o no crédito. A pesar de la peste de aquellos días y de las adversidades, concluye el libro XI con una nota optimista: “Tengo para mí que siempre habrá cantidad de indios en estas tierras”.

 

PREOCUPACION LINGÜISTICA

 

En la versión española, Sahagún puso al frente del libro XI el título descriptivo que se copió al frente de este comentario. Pero en la versión náhuatl del Códice florentino anotó otro lindo título: “Libro undécimo que es bosque, jardín, vergel de la lengua mexicana”. Una vez más, y con especial cuidado en el conjunto de este espléndido libro XI, es notoria su preocupación por recoger el tesoro lingüístico del náhuatl, aquí con el propósito de exponer la historia natural: los nombres, cos­ tumbres y consejas acerca de los animales; el mundo vegetal y sobre todo las propiedades medicinales atribuidas a las hierbas; el reino mineral, los mares, ríos, montes y cuevas, las casas que el hombre ha construido y los mantenimientos que ha podido obtener de la tierra.

 

RELACION DEL LIBRO XI CON EL HERBOLARIO DE  MARTIN DE LA CRUZ Y LA “HISTORIA NATURAL” DEL DOCTOR HERNANDEZ

 

Las relaciones del libro XI de la Historia general de Sahagún con el opúsculo Hierbas medicinales de los indios del indígena Martín de la

 

Cruz y con la Historia natural de Nueva España del doctor Francisco Hernández son un curioso caso, al parecer, de fingida ignorancia. En el primer caso, Martín de la Cruz escribe el Libellus de medicinalibus indorum herbis en 1552 o poco antes, en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. Por esas fechas, el padre Sahagún, maestro y organizador del Colegio, se encuentra fuera de él aunque reside en el cercano convento de San Francisco de México. Aún no iniciaba la investigación sistemática de la cultura indígena, que emprenderá en 1558 en Tepepulco, pero había principiado ya desde 1547 a trabajar en estas materias. Muchos comentaristas han opinado en pro y en contra del conocimiento por parte de Sahagún del trabajo de Martín de la Cruz ([Libellus, ed. “A” del IMSS, México, 1964, p. 314). Sabemos que esta obra fue compuesta con premura, para poder ser enviada a España, y que es un ejemplar único del que no se sacaron copias. Pero Sahagún residía cerca de Tlatelolco, seguía muy relacionado con el Colegio, con sus tareas y problemas y estaba ya interesado en cosas de indios. Por todo ello, es probable que se le consultara al respecto y que llegara a ver la obra del médico indio. El padre Garibay se inclina a creer que Sahagún sí debió conocer o tener noticia de la obra de Martín de la Cruz pero que “No vio seriedad Fr. Bernardino en una obra así” Qopus cit., p. 4 ), tan lejana a los métodos rigurosos de investigación que pondría en práctica. Por otra parte, el hecho de que Martín de la Cruz no figure entre los informantes indios en materias médicas, a los que años más tarde recurrirá Sahagún y de cuyos nombres dejará constancia, lo ha explicado Germán Somolinos d’Ardois suponiendo que:

 

Martín de la Cruz en 1552 era ya un hombre de avanzada edad

 

muy experimentado, razón por la cual fue elegido para escribir el Libellus, y probablemente había muerto cuando, diez años después, Sahagún busca informantes en la materia.

( Opus cit., p. 314)

 

El doctor Francisco Hernández permaneció en México de 1571 a 1577, realizando las investigaciones que recogerá en su Historia natural

de Nueva España y en sus Antigüedades de la Nueva España y Libro

de la Conquista. A pesar de que no exista, de parte de Hernández, men­ ción alguna de la obra de Sahagún, es evidente que conoció al menos

parte de la Historia general de las cosas de Nueva España, por entonces

 

al final de su elaboración y, durante los años 1570 a 1575, dispersada en los conventos franciscanos por orden del provincial fray Francisco de Escalona. Como se precisa en el estudio dedicado a la obra del doctor Hernández, éste, durante sus viajes por el interior del país, se alojaba a menudo en conventos franciscanos y llevaba consigo intérpretes del náhuatl, que pudieron traducirle y copiarle pasajes de los libros de Sahagún. El hecho es que en los tratados históricos de Hernández hay

 

numerosos pasajes tomados aun textualmente de Sahagún, y en las descripciones de historia natural hay frecuentes coincidencias aunque también divergencias, con las descripciones del libro XI de la Historia

general.

En conjunto, las historias naturales de Sahagún y de Hernández son dos investigaciones paralelas y casi contemporáneas, pero hechas por separado y según sus propios métodos. El franciscano recibía las informa­ ciones en náhuatl de los indígenas, las supervisaba y ordenaba, y poste­ riormente las traduciría al español ajustándolas a su plan y comentán­ dolas. No se preocupaba, como Hernández, por ver, oler y probar las plantas, y por describir los objetos naturales observados. Hernández reco­ gía de los médicos y herbolarios indígenas el nombre y los atributos medicinales, alimenticios e industriales de cada cosa natural, pero luego las describía con sus propias palabras y procuraba comprobar, por sí mismo o en la experimentación clínica, la veracidad de sus aplicaciones. Mientras Sahagún ofrece testimonios etnográficos, Hernández ofrece el conocimiento de la naturaleza y la ciencia médica indígena, juzgados, criticados y comprobados por la ciencia europea y por su propia expe­ riencia.

 

En términos generales, Sahagún supera a Hernández en sentido prác­ tico para las clasificaciones o subdivisiones internas, que dan eficacia didáctica a sus exposiciones. Al igual que lo hizo en el libro X (cap. xxviii) al clasificar los remedios por las diversas partes del cuerpo humano a que se aplican, y en el libro XI (caps, vi y vii) con las familias de plantas — a pesar de que, como ya se ha señalado, el párrafo 5 de este último capítulo, dedicado a las hierbas medicinales, hubiera requerido por su extensión de alguna clasificación interna— , en el capítulo ii del mismo libro XI, acerca de las aves, las ordena así: aves de pluma rica, papagayos y tzinzones; aves de agua; de rapiña; de diversas maneras; codornices; tordos, grajos, urracas y palomas; aves que cantan bien, y gallos y gallinas, lo cual puede no ser científico pero facilita la com­ prensión del tema. Las descripciones de Hernández, por su parte, inicia­ das por el nombre indígena, y sin que se haya concluido su ordenación alfabética, requieren para su consulta el auxilio del “índice analítico”.

 

Las descripciones de Sahagún, como ya se ha observado, tienen el interés adicional de las anécdotas y consejas que mezclan. Las de Her­ nández, aunque no carecen de algunos relieves pintorescos, son supe­ riores desde la perspectiva científica por su orden, objetividad y eficacia expresiva.

 

DOCUMENTACION, ESTUDIOS Y TRADUCCIONES

 

El libro dedicado a las cosas naturales no forma parte del primer esbozo de la Historia general realizado en Tepepulco. Durante el segundo pe­

 

ríodo de elaboración en Tlatelolco,

1561-5, aparece como libro V: cosas

naturales o T lalticpaccáyotl, que luego pasó a ser el      VI y, finalmente,

el libro XI en la última versión de 1569.                          

Del libro XI se conservan dos manuscritos:  el de los Memoriales en

tres columnas, sólo en náhuatl, que forman parte del      Códice matritense

de la Academia de la Historia, ff. 200- 342, y el del       Códice florentino,

con textos en náhuatl, versión española y abundantes ilustraciones.

El libro XI ha sido uno de los mejor estudiados. En la edición Robredo

de la Historia general  (México,    1938)  se pusieron      como apéndice al

tomo III (que contiene los libros X y XI) tres importantes estudios. El

primero, del doctor Nicolás León,  “Ensayo de nomenclatura e identifi­

cación de las láminas 98  a  138   (Nos.  368  a 965)       del libro XI. . . ”

(t.  III,  pp.  327-364),  es una sinonimia de los nombres de vegetales,

minerales, montes, ríos, casas y mantenimientos,  que aparecen en  este

libro XI,  del  capítulo vi  (árboles)  al  xii  (mantenimientos).    Quedan

excluidos de este trabajo, por lo tanto, los nombres de animales que se

encuentran en los cinco primeros capítulos.  Los otros dos trabajos son

del doctor Ignacio Alcocer: “Las comidas de los antiguos mexicanos” (t.

III, pp. 367 -374), traducción con algunos comentarios del capítulo III,

párrafo 4, f.  120 de los Primeros memoriales, y “Consideraciones sobre

medicina  azteca”  (t.  III,  pp.  375-382),  comentario    al  pasaje  de  los

Primeros memoriales  (cap.  IV, párrafo  9 )  que se refiere a     “Enferme­

dades y remedios de los mexicanos”.                              

Rafael Martín del Campo, en su “Ensayo de interpretación del libro

undécimo de la Historia general de las cosas de Nueva España  de fray

Bernardino  de  Sahagún”  ( Anales  del  Instituto  de  Biología,            UNAM,

México,  1938-1941, t. 9, pp.  379-391  (reptiles), t.  11, pp.  385-408

(aves) y t.  12, pp. 489-506  (mamíferos), ha hecho la identificación

taxonómica de los animales descritos en los primeros cinco capítulos del

libro XI (los no trabajados por el doctor León).                         

Alfredo López Austin, en “Descripción de estupefacientes en el Códice

florentino” ( Universidad de México,  UNAM, México, enero de  1965,

vol. XIX, N9 5, pp.  17-8), traduce al español del capítulo vii del libro

XI en náhuatl, la primera sección acerca de las “hierbas que emborrachan”

e identifica varias drogas. La investigación más importante sobre el tema

es la obra de Roger Heim y R. Gordon Wasson, Les champignons kallu-

cinogénes  du  Mexique,  Muséum  National  d’Histoire  Naturelle,  Paris,

1958.  Hay edición  en inglés:  “The  hallucinogenic  fungi  of México”,

Botanical Museum Leaflets, vol.  19, N9 7, Harvard,     1961.              

Víctor M. Castillo Farreras, en “Caminos del mundo náhuatl” ( Estu­

dios de Cultura Náhuatl,  UNAM,  México,  1969, vol. VIII,    pp.  175-

187), estudia y traduce el párrafo 8 del capítulo xii         — que sólo existe

en náhuatl— del Códice florentino, que se refiere a los diversos tipos de caminos del México antiguo.

 

LIBRO XII.—QUE TRATA DE LA CONQUISTA DE MEXICO

 

LOS PRELIMINARES

El libro con que concluye la Historia general de las cosas de Nueva Es­

 

paña es de hecho una obra aparte y un documento indígena de noble belleza y patetismo. Lo preceden dos textos preliminares: un "Prólogo del autor” y una nota “Al lector”. El primero, escrito por Sahagún en 1585, esto es, con los últimos impulsos de su ancianidad, se propone ofrecer una interpretación del cambio de nociones que significó el des­ cubrimiento de nuevas tierras, pero se enreda con datos imprecisos y fantasiosos, pues llega a decir cosas como éstas:

 

agora se dice por muy cierto que la flota del rey Salomón llegó al Perú y también a la isla de Santo Domingo a tomar oro para el edificio del templo.

 

Sin embargo, al final de este Prólogo es clara una interpretación pro-videncialista y grandes elogios de Hernán Cortés — a la manera de Gomara y Mendieta— , por cuyos medios se operaron milagros y cuyas acciones encuentra Sahagún comparables a las del Cid Ruy Díaz.

 

La nota "Al lector” consta de dos partes. La primera, escrita hacia 1575 -7, expone el propósito que tiene Sahagún de dar oportunidad a "que los que fueron conquistados” expongan su testimonio de aquella guerra, esto es, su "visión de los vencidos”. Y en la última, añadida en 1585 — que falta en la edición Garibay de Porrúa— , se refiere a las dos versiones que se escribieron de este libro, con el ánimo de enmendar en la segunda defectos y omisiones y dar una versión más fiel de la Conquista.

 

ORIGEN DEL TESTIMONIO

 

Por el propio Sahagún sabemos que años antes de que emprendiera for­ malmente la elaboración de la Historia general recogió la primera ver­ sión indígena de la Conquista, hacia 1555, en Tlatelolco, de:

 

viejos principales, y muy entendidos en todas las cosas así de la idolatría como de la república, y oficios della, y también que se hallaron presentes en la guerra cuando se conquistó esta ciudad.

 

( “Al lector”, adición de 1585)

 

A pesar de que mantuviera aquel texto un poco al lado de la Historia general — ya que sólo comenzó a incluirlo en sus planes en el primer

 

ordenamiento de México (1565-7) como posible libro IX, y en el plan definitivo de 1569 como libro XII— , debió seguir pensando en él. Al hacerlo leer a nuevos informantes, éstos discrepan de lo que se afirmaba respecto a hechos y circunstancias de los que se debía hablar mucho. Los primeros informantes, de 1555, habían estado presentes en la guerra; los discrepantes, de 1585, quizá no eran ya testigos pero creían saber cómo fueron en verdad — con variaciones que hoy nos parecen rela­ tivas— tales y cuales hechos. Sahagún los pone a escribir un nuevo relato en náhuad con sus enmiendas, y luego lo traduce al español, como lo había hecho con la primera versión.

 

Tanto los primeros informantes como los segundos fueron tlatelolcas, esto es, del antiguo señorío autónomo que acabó convertido en un barrio de México-Tenochtitlan. Los tlatelolcas sufrirían y serían conquistados y sojuzgados al igual que los mexicas, pero en su versión veían fatal­ mente con más interés sus propias acciones, y con animadversión o simples reservas las acciones de los mexicas. Y como una singular ironía, los dos testimonios indígenas más patéticos de la Conquista de México no serían del pueblo dominante, sino tlatelolcas: éste, y el de los Anales de Tlatelolco, el admirable anónimo de 1528.

 

CARACTER Y CONTENIDO DEL LIBRO DE LA CONQUISTA

 

Los relatos de la Conquista hechos por españoles, como los de Cortés, López de Gomara y Bernal, dan cuenta de un enfrentamiento con lo extraño, con lo desconocido, aunque desde el convencimiento absoluto de que les asiste una superioridad, tanto por sus armas, recursos y forta­ leza personal, como por la misión divina de que se sienten portadores. Este testimonio indígena del mismo acontecimiento lo es también de un enfrentamiento con lo desconocido, ante el que, desde el principio, todo es confusión y anonadamiento. Cuando llegan los soldados españoles a tierras de México hacia 1517 ya habían tenido bastantes años para ha­ cerse a la idea de la existencia de un Nuevo Mundo, con hombres y usos diversos a los suyos, y además, casi inermes y fácilmente sojuzgables. En cambio, los indígenas del México antiguo ven llegar a los intrusos y para ellos no cabe la explicación de que son otros hombres, acaso más poderosos, pero semejantes a ellos. Los ominosos presagios de que algo terrible se acercaba los había amedrentado y, cuando se concreta el con­ quistador en las costas, la única explicación que conciben es el de un advenimiento sobrenatural y mítico: el retorno anunciado y esperado de Quetzalcóatl. Cuando la rudeza, las necesidades y servidumbres humanas que los indios ven en los españoles los convencen de que no son dioses sino hombres, ya es demasiado tarde. Antes de pensar en combatirlos con esfuerzo y astucia, Moctezuma pone en acción los maleficios de encan­ tadores, brujos y nigrománticos que reconocen su impotencia: “¡No somos

 

sus .contendientes iguales, somos como unas nadas!” (cap. viii, según el texto náhuatl). Moctezuma sólo piensa en un buen lugar para esconderse y sus maliciosos consejeros le sugieren el “Lugar de los muertos, la Casa del Sol y la Tierra de Tláloc, y la Casa de Cintli” (cap. ix), es decir, lugares míticos a los que se va después de la muerte. Y al fin no hace sino esperar y admirar lo inevitable.

 

La única reacción realista y trágica es la de Cuauhtémoc, que a pesar de augurios y de la evidencia de la inferioridad militar, organiza la lucha desesperada. Pero ya es tarde. Cuando la derrota está casi consumada, a uno de sus capitanes, Tlacutzin, se le ocurre echar mano de recursos extremos: vestir a un soldado valeroso con las insignias de Huitzilopochtli y poner en sus manos las dos armas terribles de la deidad, la xiuhcóatl o “serpiente de fuego” y el mamálhuaztli o “perforador de fuego”. Es conmovedor advertir que, en tanto que en la primera versión del libro de la Conquista se dice que después de estos recursos mágicos: “De golpe acabó la batalla, todo quedó en calma y nada más sucedió” (cap. xxxviii, versión náhuatl), en la versión corregida de 1585 se reconoce que: “No les aprovechó nada todo esto, porque de ahí a tres días se rindieron”.

 

Además de esta peculiar visión mágica del mundo, que la fuerza de los hechos va corroyendo, es notable en el libro de la Conquista el tono sobrio, sin ira ni lamentos, con que se refieren las atrocidades españolas, la destrucción del mundo indio y las miserias e ignominias que sufren los vencidos.

 

Los nuevos hechos históricos que nos revela el relato indígena, en realidad son pocos y de relativa novedad: las disidencias y traiciones internas de los pueblos nahuas, como la de los pueblos de las chinampas que ofrecen a los mexicas ayuda en los momentos más críticos y acaban robándolos (cap. xxxiii), o bien el rendimiento voluntario — o concer­ tado secretamente según la versión corregida— de Cuauhtémoc (cap. xxxix), en lugar de la versión de su captura cuando trata de escapar por el lago, que conocemos por los relatos de Hernán Cortés (tercera carta de relación del 15 de mayo de 1522), de Francisco López de Gomara (cap. cxliii) y de Bernal Díaz del Castillo (cap. xlvi), aunque en rigor los tres hablan también de negociaciones de rendimiento que no llegaron a buen fin.

 

 

ELABORACION Y TEXTOS

 

Como antes se anotó, por el propio Sahagún sabemos que el libro de la Conquista se escribió por primera vez hacia 1555 en Tlatelolco “en lengua mexicana, y después se romanció toda”, y que treinta años más tarde, en 1585, se hizo una enmienda general del libro y se puso de nuevo en náhuatl y en español. Debieron existir, por lo tanto, dos textos en cada una de estas lenguas. Sin embargo, sólo existe un texto náhuatl,

 

 

LXXXIII

 

el del Códice florentino, que corresponde a la primera versión, y dos versiones en español: la que se redactó por primera vez hacia 1555 y se incluyó hacia 1575 - 7 en el Códice florentino — y en el Manuscrito Tolosano-Panes— y la que se “enmendó” en 1585. Así pues, la historia de la Conquista dictada por informantes indígenas y supervisada por Sahagún puede leerse en tres versiones:

I.     La versión en náhuatl del Códice florentino;

 

II.   La primera versión en español, breve; y III. La versión corregida en español, más extensa.

 

Una vez precisadas, podemos describir el carácter de cada una y sus traducciones y ediciones.

 

I.— La única versión náhuatl tiene el interés de comunicarnos más a lo vivo y a la manera indígena, detalles de las primeras, confusas y ate­ rradoras reacciones de los indios ante los españoles. Por ejemplo, su primera visión de las armas y aderezos, de los caballos y los perros de los conquistadores:

 

también mucho espanto le causó (a Moctezuma) el oír cómo estalla el cañón, cómo retumba su estrépito, y cuando cae, se desmaya uno, se le aturden a uno los oídos. . .

 

Sus aderezos de guerra son todos de hierro: hierro se visten, hierro ponen como capacetes a sus cabezas, hierro son sus espa-das, hierros sus arcos, hierro sus escudos, hierro sus lanzas.

 

Los soportan en sus lomos sus “venados". Tan altos están como los techos.

 

Por todas partes vienen envueltos sus cuerpos, solamente apa­ recen las caras. Son blancos, son como si fueran de cal. Tienen el cabello amarillo, aunque algunos lo tienen negro. Larga su barba es, también amarilla; el bigote también tienen amarillo. Son de pelo crespo y fino, un poco encarrujado. . .

 

Pues sus perros son enormes, de orejas ondulantes y aplas­ tadas, de grandes lenguas colgantes; tienen ojos que derraman fuego, están echando chispas: sus ojos son amarillos, de color intensamente amarillo.

 

(cap. vii. Trad. Angel María Garibay K.)

 

O bien la preciosa enumeración de los atavíos de Quetzalcóatl que Moctezuma envía a Cortés (cap. iv), y que Eduard Seler utilizó en su estudio sobre Quetzalcóatl que aparece en sus Comentarios al Códice Borgia (cap. 2, ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1963, 2 vols. más el Códice) .

 

El texto náhuatl del libro XII fue publicado por primera vez por Eduard Seler con traducción al alemán, en Einige Kapitel aus detn

Geschichtswerk des Fray Bernardino de Sahagún (Stuttgart,  1927, pp.

453-574). Lo publicaron también, con traducción al inglés, Arthur J. O.

Anderson y Charles E. Dibble en su gran edición del Flor entine Codex:

Book 12, The Conquest of México (Santa Fe, New México,  1955,  2?

 

ed. revisada, 1975), que reproduce, además, las ilustraciones del Códice. Existen  dos traducciones  al español de esta versión  náhuatl:  la de traductor anónimo,  revisada por J. Ignacio Dávila Garibi,  que aparece en la edición Jiménez Moreno-Ramírez Cabañas de la Historia general, publicada  por  la  Editorial  Pedro  Robredo  en  México,  1938  (t.  IV, pp.  129-224), y la hecha por Angel María Garibay K. que aparece en su  edición  de la  Historia general,  publicada  por  Editorial  Porrúa  en

México,  1956, y reimpresiones (t. IV, pp. 81-165).

 

II. La versión en español más antigua y breve, “es más sencilla, menos trabajada y más cercana de lo escrito en mexicano”, observa Wigberto Jiménez Moreno ( “Advertencia”, Sahagún, Historia general, Robredo, 1938, t. IV, p. 8). Luis Leal, que ha estudiado y comparado el contenido de las dos versiones en español ( “El libro XII de Sahagún”, Historia Mexicana, El Colegio de México, México, octubre-diciembre de 1955, vol. V, N<? 2 (1 8 ), pp. 184-210), advierte que en esta ver-sión breve, aparte de otras variantes menudas, se refiere el saqueo de las casas reales de Moctezuma por los soldados de Cortés (caps, xvii y xviii, del que nada se dice en la versión reformada. Aunque, en términos generales, la última versión es la más explícita.

 

Esta versión más antigua y breve ha sido hasta ahora la preferida. La publicó por primera vez Carlos María de Bustamante en 1829 ( His­

toria de la conquista de México, escrita por el R. P. Fr. Bernardino de

S ahagú n ..., México, 1829); la reprodujo Lord Kingsborough en sus Antiquities of México (London, vols. VI y VII, 1830-1); e Ireneo Paz reimprimió la edición de Bustamante en México, 1890-5. Ya en nuestro siglo, esta versión del libro XII se reprodujo en la edición Jiménez Mo-reno-Ramírez Cabañas de la Historia general, de Robredo (México, 1938, t. IV), añadiendo al pie de la página las variantes más importan­ tes de la versión enmendada y, además de la versión española del libro XII en náhuatl, ya citada, esta edición reproduce como apéndices la

Décima tercia relación de la venida de los españoles,  de Fernando de

Alva Ixtlilxóchitl, y Los conquistadores de México, por Manuel Orozco y Berra; en la edición de Miguel Acosta Saignes de la Historia general (Editorial Nueva España, México, 1946, t. III), y en la edición Garibay de la Historia general (Editorial Porrúa, México, 1956 y reeds., t. IV). Esta última edición lleva, además de la traducción al español de la versión náhuatl del libro XII, como apéndices, la Relación de Alva Ixtlilxóchitl antes citada y, traducidos por Garibay, el Relato de la con­

quista, por un anónimo de Tlatelolco (Anales de Tlatelolco de  1528),

 

y tres textos de diferentes lugares de la versión náhuatl de la Historia

general: Atavíos e insignias de los dioses, Los himnos de los dioses y Magos y saltimbanquis.

 

III. La versión en español enmendada en 1585 y más extensa, la cual muestra, como nota Wigberto Jiménez Moreno:

 

que él autor tuvo la preocupación de pulirla, de darle forma más literaria, aun con perjuicio de los datos consignados y de la ingenuidad y simplicidad que en su obra pusieron los indios redactores “que habían estado en la conquista".

( “Advertencia”, opus cit., p.  8)

 

Esta versión, en efecto, añade muchos detalles — y aun un nuevo capítulo XXVIII— así como reacciones patéticas de los indígenas. Por ejemplo, el relato que los mensajeros hacen a Moctezuma de su primera impresión de los españoles (cap. vii), las reacciones del monarca (cap. viii), la exposición que hace Cortés a Moctezuma de su misión (cap. xvii), las matanzas de Cholula y del Templo Mayor (caps, x y xx), la muerte de Moctezuma (cap. xxiii), el relato de la Noche Triste (cap. xxiv), y la supuesta entrevista de Cortés y Cuauhtémoc, antes de ini­ ciarse el sitio de la ciudad, en Acachinanco, para comunicarle las ra­ zones por las que le haría la guerra (cap. xxx), que transcribe Torque-mada (lib. IV, cap. xc) y que Clavijero ponía en duda (lib. X, cap. xvii). Además, aquí se muestra una preocupación especial por las pre­ cisiones cronológicas y los cómputos.

 

Esta versión de 1585 es, pues, la más amplia y expresiva entre las existentes. Y sin embargo, apenas se la conoce.

 

El manuscrito de esta última versión, llamado Relación de la conquista de esta Nueva España, fue propiedad en el siglo X V I I de Juan Francisco Montemayor y Cuenca y luego del cronista fray Agustín de Vetancurt; en las revueltas ocurridas en Madrid en 1808, por la invasión francesa, una copia de esta versión española fue robada de la Biblioteca de la Academia de la Historia, comprada en 1828 por el Conde de la Cortina y entregada a Bustamante quien la publicó por única vez en 1840 bajo

 

un título extravagante: La aparición de Ntra. Señora de Guadalupe de México, comprobada con la refutación del argumento negativo que pre­ senta D. Juan Bautista Muñoz, fundándose en el testimonio del P. Fr. Bernardino Sahagún; o sea Historia original de este escritor, que altera

la publicada en  1829 en el equivocado concepto de ser la única y ori­

 

ginal de dicho autor. Publícala precediendo una Disertación sobre la Aparición Guadalupana, y con notas sobre la Conquista de México, Carlos M^ de Bustamante, Individuo del Supremo Poder Conservador, México, Impreso por Ignacio Cumplido, 1840.

 

En la edición Robredo de 1938, como ya se apuntó, se consignan a pie de página las variantes más importantes que aparecen en esta versión

 

enmendada. Gracias a ellas, es posible darse cuenta de su importancia documental y de la conveniencia de que, en las próximas ediciones de la Historia general, de no reproducirse por extenso ambas versiones en es­ pañol, se prefiera esta segunda, que no se ha reimpreso desde 1840.

 

ESTUDIOS

 

Además del excelente estudio, ya citado, de Luis Leal sobre “El libro XII de Sahagún”, sólo es posible registrar otro estudio sobre el tema, de Howard F. Cline, “Notes on Sahagún’s History of the Conquest: General History, book XII” ([Homenaje a José Miranda, El Colegio de México, México, 1969).

 

LA  “HISTORIA  GENERAL” Y  SUS  DOS TEXTOS

En  conjunto,  la  Historia  general           de  las  cosas  de  Nueva  España  es,

como  las  viejas  catedrales,  una  obra  enorme  y  múltiple,  compleja  y

secreta,  desigual  e inagotable.  Ninguna  otra    de nuestra  historia  anti­

gua nos enseña más acerca del pasado indígena. como  del

Los textos  en  náhuatl,  tanto  de  los  Códices  matritenses      

Códice  florentino, contienen  documentación  indígena  directa,  y  en

muchos casos más amplia o no incorporada a la traducción, de la mayor

parte  de  los  temas  que  luego  formaron  la      Historia  general.        Miguel

León-Portilla  ha  mostrado  (fíiíos,          sacerdotes       y  atavíos  de  los  dioses,

1558, apéndice, pp.  161-4)  que es un  error considerar la versión en

español  de  la        Historia  general         como  una  simple  traducción  de  los

primitivos textos en náhuatl de los memoriales indígenas, que hubieran

sido sólo comprensibles para los etnólogos modernos. Los textos nahuas

son  a menudo  enumeraciones  que  seguían los  modos  de pensamiento

indígena.  Sahagún,  como  un  verdadero  historiador  de  la  cultura,  los

resumió, los interpretó o los completó según el caso. Por razones diver­

sas, dejó sin traducir          muchos pasajes, y al mismo tiempo, agregó, sólo

en español, exposiciones, comentarios y reflexiones importantes.         

Algunos  especialistas  en  Sahagún  muestran cierta  tendencia  a  con­

siderar como única fuente confiable para conocer el pensamiento indí­

gena  estos  textos  en        náhuatl,  sobre  todo los         más  antiguos, y          a  dejar

a un lado la versión            española de Sahagún como secundaria,        deficiente

y mutilada.  Existen,  ciertamente,  casos  en  que  sólo tenemos  el  texto

náhuatl,  como       otros    en  los  que  sólo existe          el  texto  español,  y otros

más en que los textos en náhuatl nos dan una visión más cercana al

pensamiento indígena. Pero, en la mayoría de los casos, los textos nahuas

más  antiguos  tienen  un  carácter  primario  y provisional.  Por  ello,  la

excesiva confianza en        las nuevas       traducciones    y la desconfianza       en las

 

tareas  de  interpretación,

refundición y          exposición  que  hizo Sahagún

al poner en español la        Historia general,         al lado de la  última  versión

náhuatl de sus informantes,  no parece la actitud más ponderada.  Son

importantes,           evidentemente,  las  primeras y las  segundas  versiones  de

los textos en náhuatl,  como documentos etnográficos y como informa­

ciones históricas  de primera  mano,  y es deseable  que  se concluya  su

traducción al          español y        se prosiga su   estudio.  Pero,  al mismo tiempo,

el  texto  español  redactado  por  Sahagún  es  su  interpretación  de    la

cultura de los antiguos mexicanos. Y       ambos documentos,  el           náhuatl            y

el español, existen gracias al esfuerzo      heroico y a la lucidez científica

de un hombre venerable    para la cultura mexicana.                   

 

LAS  ILUSTRACIONES

 

El primero y el último de los manuscritos de la Historia general de las cosas de Nueva España de fray Bernardino de Sahagún contienen ilus­ traciones de valor documental, para completar las exposiciones textuales, y de importancia artística ya que nos permiten apreciar el talento de los tlacuilos indígenas y el comienzo de un arte mestizo en sus repre­ sentaciones y en sus técnicas figurativas.

 

EDICIONES Y REPRODUCCIONES

 

Reconociendo la importancia de estas pinturas, además de la repro­ ducción en facsímil, en blanco y negro, de los manuscritos, Francisco del Paso y Troncoso publicó también por separado tanto la serie de

ilustraciones de los Primeros memoriales  ( Historia general,     1905,  vol.

 

VI, cuaderno 39), como las del Códice florentino (1905, vol. V). Hacerlo no fue empresa fácil, como puede leerse en las cartas y docu­ mentos que dan cuenta de ello (Silvio Zavala, Francisco del Paso y

Troncoso y su misión en Europa,  1892-1916, Publicaciones del Museo

 

Nacional, Departamento Autónomo de Prensa y Publicidad, México, 1938, pp. 170 -4). Ante la imposibilidad de hacer fotografías en color de las pinturas, Paso y Troncoso decidió que se hicieran calcas de ellas, y después se retocaran y colorearan de manera que pudieran ser repro-ducibles por medio de la cromolitografía. Encontró un excelente dibu­ jante mexicano, Genaro López, al que consiguió una pensión de 80 pesos. Las autoridades que guardaban el Códice florentino no querían permitir las calcas, temiendo algún daño para los valiosos manuscritos. Intervino el padre Aquiles Gerste quien, en octubre de 1893, obtuvo el permiso y la enorme tarea pudo comenzar a realizarse. Puede presu­ mirse que no hubo obstáculos para hacer las calcas de los manuscritos de Madrid. El trabajo de impresión de las láminas con las ilustraciones

 

 

Lxxxvra

 

de ambas series fue realizado por la casa litogràfica A. Ruffoni, de Flo­ rencia, y se imprimieron admirablemente en papel P. M. Fabriano. En la obra citada del doctor Zavala se consignan los presupuestos, costos, dilaciones y problemas de estas impresiones así como las nego­ ciaciones para el contrato que se firmó con el impresor Alessandro Ruffoni (pp. 239 -251).

 

El dibujante Genaro López, sin duda de acuerdo con el editor Paso y Troncoso, mantuvo la secuencia original de las pinturas, y en los casos de imágenes pequeñas las agrupó para componer estampas o láminas de tamaño uniforme. De esta manera el álbum de pintura de los Prime­ ros memoriales (VI, 3?) consta de 27 láminas a colores, que contienen aproximadamente 445 ilustraciones, cada una con su título en náhuatl y en cada lámina indicaciones de su correspondencia con el texto. En la obra de Manuel Ballesteros Gaibrois, Códices matritenses. . . (Ma­ drid, 1964, voi. II), se reproduce en pequeña escala esta serie com­ pleta de ilustraciones. Las secciones de ilustraciones correspondientes a la materia se reproducen en las traducciones de Miguel León-Portilla

de Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses  (1958)  y de Wigberto Ji­

 

ménez Moreno, Primeros memoriales, cap. 1 (1974), y algunas de ellas en las ediciones modernas de la Historia general.

 

El álbum de pinturas del Códice florentino, que contiene los doce libros de la Historia general en su disposición última, es mucho más extenso ya que consta (Paso y Troncoso, voi. V) de 158 láminas que incluyen aproximadamente 1.846 ilustraciones y viñetas decorativas tam­ bién a color. Se encuentran en orden las de cada libro pero no se re­ gistran los detalles de cada una. En este caso, las pinturas aparecen en el manuscrito original en una forma constante. El Códice floren­ tino está compuesto en dos columnas, español a la izquierda y náhuatl a la derecha, y las ilustraciones se intercalan en cuadretes, casi siempre en la columna izquierda, más breve. Agrupando estos cuadretes, el dibu­ jante Genaro López compuso sus láminas. Estas se han reproducido completas en blanco y negro, añadiendo identificación de cada ilustra­ ción, en los doce volúmenes de la edición de Charles E. Dibble y Arthur J. O. Anderson del Fiorentine Codex (Santa Fe, New México, 1950-1969), y parcialmente en numerosas obras sahaguntinas.

 

ILUSTRACIONES  DE  LOS  “PRIMEROS  MEMORIALES”

 

Los Primeros memoriales, que recogen el primer esbozo de la Historia general, se realizaron, como se ha repetido, en Tepepulco hacia 1558-60. En aquel momento de elaboración de la obra, las ilustraciones o pinturas tenían una importancia capital. Los indígenas informantes, siguiendo aún sus propios métodos de comunicación, se apoyaban prin­

 

cipalmente  en        sus  imágenes, que  luego  explicaban.           Así  lo  consignó

Sahagún:

 

Todas las cosas que conferimos me las dieron por pinturas, que aquella era la escritura que antiguamente usaban, y los gramá­ ticos las declararon en su lengua, escribiendo la declaración al pie de la pintura. Tengo aún ahora estos originales.

                                                                              (Prólogo al lib. II)

En  efecto,  en  el  manuscrito       de        estos  Primeros  memoriales   — que

publicó en facsímil  Paso y Troncoso  ( Historia de  las cosas de Nueva

España,      Madrid,  1905, vol. VI,          cuaderno 29) — , los folios se encuen­

tran divididos en dos columnas, a la derecha las pinturas y a la izquierda

el  texto      explicativo  náhuatl;   cuando  la  ilustración  lo  amerita,    como

en la descripción de la  “Fiesta     cada    8 años” o en la  de los  edificios

del Templo Mayor, llena la página; y otra veces el texto va a ambos

lados  de  las  figuras  cuando  éstas  representan  personajes  en  diversas

acciones.  Para mayor claridad, como ocurre en las pinturas que repre­

sentan a los señores de México y de otros señoríos, se identifican con

una línea indicadora cada una       de sus insignias, atavíos y el glifo que

les da nombre, o bien, las insignias de los señores y de los guerreros se

representan  en  filas verticales,    con su  solo nombre  al lado izquierdo.

Las ilustraciones  de las  primeras            cinco  láminas,  correspondientes  a

las  fiestas  rituales,  son  composiciones  en  que  intervienen  numerosos

personajes alrededor de pequeñas  pirámides,  casas y algunos  glifos de

lugar. En ocasiones, en una misma escena se muestran momentos suce­

sivos  de  una  acción.  Aparece,   por       ejemplo  (lámina  II,  fig.  6),  un

cautivo       conducido       al         sacrificio         y  el     mismo  cautivo ya  sacrificado  en

la escalinata de un cu,       procedimiento que se emplea también en códices

como el      Magliabechiano y el   Xólotl.                       

Acaso la pintura  más notable  en  esta serie de los  Primeros  memo­

riales sea la dedicada a la “Fiesta cada 8 años” o atamalqualiztli,  que

llena todo el folio (lámina V).      En el centro aparece el cu de Tláloc,

un estanque con serpientes que comen los mazatecas, y un gran tronco

de  árbol  enhiesto, el         xócotl, adornado  con  flores y pájaros.  En  torno

bailan los dioses disfrazados de    animales, las mujeres ofrecen  tamales,

una  teje,  tres  personajes  bogan en        una  corriente  de  agua,  y muchos

otros dioses y sacerdotes bailan    ( Historia general,       lib.  II,  apéndice I).

La  composición  se organiza  en  un  solo plano,  colorido y  animado,  y

tiene alguna semejanza con la de algunos murales descriptivos de Diego

Rivera.                                                                                         

Otra lámina interesante es la número XI que describe los edificios del

Templo Mayor y que también  ocupa todo el folio.  Rodeados por una

especie       de muro con aberturas a los lados y en la      parte inferior,  se re­

 

presentan en elevación siete pirámides y edificios muy estilizados, entre los cuales sólo es posible reconocer la pirámide doble de Tláloc y Huitzilopochtli —cuya imagen se muestra— , rematada por dos adora-torios, como la describe Sahagún (lib. II, apéndice II); la piedra del sacrificio gladiatorio y el tzompantli. Bajo éste, se encuentra un juego de pelota. En el centro de la composición, un sacerdote, cuyas huellas indican que ha salido de un edificio, probablemente el cálmécac, lleva su bolsa de copal e incensa en dirección al Templo Mayor. Hay tres personajes más, dos sentados con escudos y estandartes que guardan las puertas, y uno más de pie, con una especie de báculo y una bolsa colgada al cuello. Este es el único croquis antiguo que se conserva del conjunto del Templo Mayor. La descripción que aparece en la Historia general (Jbídem') de Sahagún es mucho más detallada, ya que describe 78 edificios, aunque con algunas repeticiones. Fray Diego Durán, en su Libro de los ritos y ceremonias (cap. ii) añade otras precisiones res­ pecto a los edificios principales del Templo Mayor. Ignacio Marquina, en Arquitectura prehispánica (2^ ed., Instituto Nacional de Antropo­ logía e Historia, México, 1964, pp. 180-199), ha hecho excelentes reconstrucciones tentativas de los planos, perspectivas y características del conjunto de construcciones que formaban el Templo Mayor de México Tenochtitlan.

Las demás ilustraciones de esta serie son de importancia documental: servicios a los dioses, atavíos de los dioses y sus ministros, astros y me­ teoros, cuentas calendáricas, señores de México y de otros señoríos, vestidos e insignias de los señores y de los guerreros.

En conjunto, las imágenes con que los tlacuilos indios mostraron a Sahagún, en Tepepulco, hacia 1558-60, su antiguo mundo religioso, se conservan aún dentro de las convenciones figurativas indígenas. Las pinturas narrativas se inician en el ángulo superior derecho y siguen hacia abajo, para continuar con el ángulo superior izquierdo. Las figuras de dioses y señores comienzan a simplificarse y a perder la abigarrada composición en espiral de insignias y atributos característica de los an­ tiguos códices, pero siguen siendo figuras cercanas a las tradicionales indígenes. Si se ponen a un lado imágenes de concepción europea, como las de los eclipses, aún pueden considerarse estas imágenes como un códice indígena poshispánico tardío.

 

ILUSTRACIONES DEL  "CODICE  FLORENTINO"

 

En tanto que respecto a la composición de los Primeros memoriales Sahagún hizo una declaración de la importancia de las pinturas, que fueron previas a la “declaración” de los gramáticos, de acuerdo con las técnicas indígenas antiguas de consignación de sus nociones, fray Ber­ nardino no hizo ninguna alusión a los indios que hicieron alrededor de

 

1850 las ilustraciones y viñetas para el gran manuscrito final de la Historia general, completa con sus doce libros, que se realizó en México entre 1575 y 1577, y se conoce como Códice florentino.

 

Los tlacuilos que pintaron 445 ilustraciones mayores y menores para los Primeros memoriales hacia 1558-60, pudieron ser dos o tres, con estilos casi homogéneos y aún muy cercanos a las técnicas tradicionales indígenas. Pero quienes veinte años más tarde recibieron el encargo de ilustrar los pasajes más importantes de cada uno de los doce libros, debieron ser al menos siete u ocho pintores, que conservaban la habilidad pero no las concepciones de los antiguos tlacuilos, y tenían calidades y estilos diversos.

De sólo uno de ellos tenemos alguna presunción. Al examinar la intervención de los informantes indígenas en la obra dirigida por Saha­ gún, se citó un pasaje en que el historiador fray Agustín de Vetancurt menciona como colaborador de fray Bernardino a Agustín de la Fuente, de Tlatelolco, gran escribano y muy hábil para hacer con la pluma estampas. Apoyándose en esta alusión, Alfonso Toro, en su estudio sobre la “Importancia etnográfica y lingüística de las obras del P. fray Ber­

nardino de Sahagún  ( Anales del Museo Nacional de Arqueología, His­

 

toria y Etnografía, México, 1924), escribió: “Creo muy probable que Agustín de la Fuente sea el autor de las figuras del Códice de Florencia y aun de los dibujos que sirvieron para ejecutar muchos de los grabados que adornan la Psalmodia cristiana’. Esta presunción fue recogida por Wigberto Jiménez Moreno en su estudio sobre Sahagún ( opus cit., p. 40). Hay un indicio que puede afirmarla. Entre las ilustraciones del libro IX, la número 59, que representa a un orfebre, lleva inscrita en la base de una columna una elegante letra A. Como lo señaló Donald Robertson QMexican manuscript painting. . ., 1959, cap. 9, p. 176), es casi sin duda la discreta firma del tlatelolca Agustín de la Fuente, pero como autor de algunas de las series de este mar de imágenes. Suponerlo autor único es olvidar la variedad de temas, estilos, calidades pictóricas y documentales que pueden advertirse en las numerosas pin­ turas-miniaturas, y la costumbre y posibilidad de disponer de varios colaboradores.

 

Al emprender en 1575 la elaboración final de su Historia general, Sahagún seguía queriendo que fuese el propio testimonio de los indios de México, pero tenía otras ideas respecto a su presentación. Dejó a un lado la tercera columna filológica de explicación de los términos nahuas, se concentró en dos columnas, náhuatl y español, y decidió que sus pintores hicieran sus ilustraciones después y no antes que los escribanos. Estos iban dejando ventanas cada vez que consideraban que una ilus­ tración debía llenarlas, y quedaban espacios útiles al final de los párrafos y capítulos. La tarea de los pintores estaba ahora subordinada a las exigencias del texto.

 

Hacía ya muchos años que los informantes habían olvidado el arte de comunicar sus antigüedades por medio de pinturas; ahora sabían escribir con propiedad. Y los diestros en la pintura comenzaban a saber más del mundo que los rodeaba y de las nuevas creencias que del anti­ guo mundo indígena y de las idolatrías de sus antepasados. Aquellos pintores indios, educados en el Colegio de Tlatelolco, a más de medio siglo después de la Conquista, se habían formado en contacto con las nuevas ideas y costumbres coloniales, con los nuevos usos e indumen­ tarias y con las técnicas figurativas que los frailes les enseñaban y les mostraban en sus libros ilustrados.

 

Cuando tenían que pintar monumentos, dioses, señores e indumen­ tarias de los antiguos mexicanos, Sahagún debió mostrarles las ilustra­ ciones de los Primeros memoriales; y los nuevos pintores las copiaron, simplificándolas aún más y deformándolas. Acaban por pintar pirámides absurdas — como si nunca las hubiesen visto— , con un estrechamiento a la mitad; ya no saben cómo se sentaban los indios nobles, en cuclillas en sus equípales casi al ras del suelo, y los sientan en taburetes o equípales altos; en los adoratorios de los teocallis ponen figuras de de­ monios — tanto les habían machacado con ello los predicadores— en lugar de las imágenes de los antiguos dioses; y a los penitentes indígenas les muestran arrodillados ante los dioses o los sacerdotes.

En cambio, pintan bastante bien el mundo que entonces los rodea, y la naciente arquitectura colonial: portadas, arcadas y columnas pla­ terescas, muros de mampostería, pisos enladrillados, algunas torres; la evolución de las indumentarias: los mercaderes o pochteca, cosa del pasado, aparecen aún vestidos a la usanza indígena, con maxtles, tilmas o mantas, mientras que los oficiales orfebres, gematistas y plumistas llevan ya camisa y pantalones blancos — como los indígenas actuales— , aunque encima portan la tilma tradicional; y no faltan las mescolanzas: unos labradores en las ilustraciones del libro IV usan capas españolas, y bajo ellas sólo sus maxtles , y otros llevan una especie de cascos roma­ nos; un joven del libro X usa pantalones bombachos, sombrero alto, tilma y va descalzo. En cambio, la indumentaria de las mujeres sigue siendo la tradicional, con huípil y enagua, tal vez ésta un poco más larga, o con túnicas amplias con un rectángulo bordado bajo la abertura del cuello, como se representa siempre a la Malinche, y que debió ser el traje de la costa atlántica. En ocasiones, se pintan imágenes comple­ tamente españolas, como el carnicero con una gran balanza y el sastre con enormes tijeras (libro X); o bien aparecen los hibridismos: entre las arcadas coloniales, un hombre da consejos a otro pero la palabra sale de su boca en la forma tradicional de volutas, o un plumista ya no compone grecas ni insignias sino algo como la imagen de un santo y motivos ornamentales europeos (lib. IX).

 

Con excepción, pues, de las imágenes de dioses, sacerdotes y gue­ rreros, y de monumentos de su antigüedad, cuya representación tradi-

 

 

XCIII

 

cional habían olvidado, la mayoría de este repertorio del Códice flo­ rentino pinta principalmente el mundo de la Nueva España en la se­ gunda mitad del siglo xvi.

 

En los aspectos técnicos se aprecia también la transición de un mun­ do a otro, o la confusión y de nuevo el hibridismo. Los pintores se sirven del claroscuro y del sombreado, para crear la ilusión de los pliegues de las vestiduras, a veces se enredan con las perspectivas, co­ mienzan a intentar una representación realista y nuevas posturas con­ vencionales para sus personajes. En el libro I hay un adoratorio indígena rematado por almenas en flor de lis; en el libro IX aparece un grupo de danzantes en torno al que toca el teponaztle, sobre un piso ya enladri­ llado; los indígenas comienzan a tener más barba y sus rostros se van afilando.

 

El pintor del libro XII de la Conquista, entre los otros posibles, pa­ rece ser el que conoce y domina mejor las convenciones figurativas eu­ ropeas: los movimientos de caballos y lanzas, las vistas aéreas de las batallas, con barcos y fortalezas, las ondulaciones de los estandartes. Es un pintor desigual, muy hábil, preciso y animado para dibujar los españoles, sus caballos, sus barcos y sus armas pero se confundían a menudo para representar su propio pasado: pirámides, dioses, señores. Estas ilustraciones no van coloreadas.

 

El enorme inventario del mundo natural (965 pinturas sólo en el libro XI) debió ser realizado por varios pintores, todos ellos con habi­ lidad y a veces con primor indígena, pero ya con técnicas y conven­ ciones europeas. Sin embargo, algunas figuras de serpientes, como la

coapétatl, la chimalcóatl y la quetzalcóatl, tienen aún la fuerza expresiva

 

de los códices antiguos. En cuanto a los pintores, los de los mamíferos, aves y peces son medianos; algo mejor el de los reptiles; el de los in­ sectos, malo, y los que pintaron árboles y plantas, son muy diestros y precisos, y sabían componer con gracia e imaginación. El que tuvo a su cargo las construcciones, parece haber olvidado cómo eran las prehispá-nicas y sólo pintó las españolas que lo rodeaban poniéndoles nombres indígenas.

 

Muchas otras series de pinturas tienen interés documental y algunas son muy hermosas, como la dedicada al ciclo vital (libro VI); la que pinta las costumbres de los señores, las fiestas por su elección y los regalos que daban a quienes tenían éxito en las conquistas (lib. VIII); las espléndidas acerca de las técnicas de los artífices (lib. IX); muchas de las que pintan con gracia, composición ingenua y múltiples recursos figurativos, parentescos y oficios, entre las que destacan las lindas imá­ genes de la “alegradora” — en cuyas dos versiones aparece pisando un símbolo indígena del agua y llevando en una mano otro símbolo idén­ tico, acaso para significar que la “alegradora”, como el agua, es huidiza, o como inicio de un glifo fonético— ; la serie dedicada a las enferme­

 

dades y sus remedios y algunas de las que pintan a los antiguos pueblos que poblaban el territorio, especialmente las de los otomíes (lib. X).

 

UN ARTE MESTIZO

 

En tanto que los pintores de los Primeros memoriales eran aún tlacuilos que conservaban la mayor parte de las convenciones figurativas indí­ genas, quienes pintan más de medio siglo después de la Conquista las ilustraciones para el manuscrito final de la Historia general de las cosas

de Nueva España, que se llama Códice florentino, son ya pintores que

expresan un arte mestizo. Fueron probablemente indígenas jóvenes a los que se encargó pintar una pluralidad de aspectos del México antiguo y que conservaban la habilidad, la imaginación plástica y a veces el encanto y la delicadeza de los artífices de su pueblo. Pero al mismo tiempo, se les había desgajado de sus propias tradiciones, que no podían frecuentar ni mantener; se les había educado en un nuevo mundo de creencias; se les habían trasmitido nuevas nociones y convenciones fi­ gurativas, que se empeñaban en repetir, y vivían en un mundo en que convivían los viejos usos mexicanos con los nuevos españoles. El arte que crearon, hecho de sensibilidad, mescolanza, imaginación, hibridismo, aprendizaje, e intentos de ajuste entre dos mundos, es un arte mestizo.

 

ESTUDIOS

 

Las ilustraciones a los manuscritos de Sahagún se han estudiado poco. Además de las referencias que Alfonso Toro hizo en su estudio, ya citado, al posible autor de las pinturas del Códice florentino, con per­ tinentes observaciones respecto a sus características, los únicos estudios son los que Donald Robertson ha dedicado a este tema. En su libro

Mexican manuscript painting of the early colonial period  (19 59)  de­

 

dicó un capítulo al examen de las pinturas tanto de los Primeros memo­ riales como del Códice florentino. En un segundo estudio, también ya citado ( “The sixteenth century mexican encyclopedia of fray Bernar-dino de Sahagún”, Cahiers d’Histoire Mondiale, Neuchátel, Switzerland, 1966, vol. 6, N9 3, pp. 617-627), desarrolla su tesis de que el modelo general para la Historia general de Sahagún fue la obra de Bartholomaeus Anglicus, o de Glanville, De propietatibus rerum, una enciclopedia del siglo xiv basada en Plinio, de la que había probablemente un ejemplar de su versión española en el Colegio de Tlatelolco. Y en su estudio más reciente, “The treatment of architecture in the Florentine Codex of

Sahagún” ( Sixteenih-century México. The work of Sahagún,  1974, pp.

 

151-164), hace notar la falta de conocimiento que existe en estos pintores de los aspectos arquitectónicos de la cultura prehispánica, y al

 

mismo tiempo, su intensa aculturación, su cercanía con el ambiente y la cultura hispánica.

 

 

FUENTES  Y APROVECHAMIENTOS

 

Aunque no queda constancia expresa de que Sahagún y sus informantes hayan aprovechado códices indígenas o consultado los tratados y anales sobre temas antiguos que existían en la segunda mitad del siglo xvi, es posible presumir algunas de sus fuentes.

Charles       E.         Dibble ( “Writing       in         Central            México”,         Archeology     o/

northern Mesoamerica, Part one, Handbook of Middle American indians,

 

vol. 10, University of Texas Press, Austin, 1971, p. 373) considera que “El voluminoso libro II y el un poco menos extenso libro IV de la

Historia general de las cosas de Nueva Es-paña de fray Bernardino de

 

Sahagún constituyen los complementos orales y ceremoniales del Códice borbónico”. Los mitos sobre Huitzilopochtli y Quetzalcóatl, del libro III, dan la impresión de ser fragmentos de poemas épicos antiguos. El trata­ do acerca del arte adivinatorio, del libro IV, en efecto, es la interpre-tación de un tonálámatl, como los que figuran en los códices Borgia o Borbónico. Los discursos ceremoniales, las pláticas de los ancianos y los parlamentos familiares en ocasiones solemnes, que figuran en el libro VI, fueron inspirados por los materiales reunidos por fray Andrés de Olmos para su Huehuetlatolli, perdido en parte, aunque ambos textos se completan.

Por los años en que Sahagún escribe, ya se había publicado el Sumario

(15 26)  y la primera parte de la Historia general y natural de las In­

dias (1547) de Gonzalo Fernández de Oviedo, pero Sahagún no los menciona y es improbable que los conociera. Sí debió conocer, en cam­ bio, los Memoriales de Motolinía, concluidos desde 1543, antes de que el manuscrito fuera llevado por primera vez a España. Sin embargo, la única huella que hay en la Historia general de Sahagún de los escritos de su cofrade (Apéndice al libro IV) es para refutarlos agriamente. Parece pues evidente, como ya se ha apuntado, que Sahagún quería deber lo menos posible a otros, salvo a los discípulos indígenas que con él trabajaron.

 

Con todo, a pesar de las presuntas fuentes documentales, el de Saha­ gún y sus colaboradores no es un libro hecho a base de otros libros. Gracias al método de representaciones pictóricas y de relatos testimo­ niales en que adiestró a sus informantes indios, Sahagún hizo que éstos fueran componiendo nuevos códices comentados y que fueran organizando el recuerdo de sus creencias y tradiciones, la memoria de sus costumbres y organización social, el inventario de su vida y de su mundo natural hasta llegar al testimonio de su aniquilación, de manera que no hubieran podido serles útiles casi ninguna de las fuentes entonces existentes. Co­

 

mo decía Garibay, Sahagún “hizo que los indios mismos escribieran la historia de su propia cultura”.

 

Aun como manuscritos, la Historia general de Sahagún o partes de sus escritos fueron aprovechados por Diego Durán, Juan de Tovar, Fran­ cisco Hernández, Juan Suárez de Peralta, fray Gerónimo de Mendieta, fray Juan de Torquemada, fray Agustín de Vetancurt y por el padre Francisco de Florencia. En España, Antonio Herrera utilizó como anó­ nimo el libro de la Conquista. Después de su publicación, a partir de principios del siglo xix, nuestra información sobre antigüedades mexi­ canas no puede prescindir de la obra de Sahagún.

 

OBSERVACIONES

 

En la obra histórica de Sahagún se transparenta el conflicto entre el propósito inicial de confundir la idolatría indígena y hacer más eficaz la evangelización, gracias al conocimiento de las “enfermedades espi­ rituales” que se iban a combatir, y el interés cada vez más dominante que siente el historiador por la cultura indígena y la cordial afinidad que lo une a los indios mismos con los que convive familiarmente largos años. En el Prólogo que escribió al frente de su Historia general, cuando ya había pasado casi medio siglo en México, puso estas palabras emo­ cionadas respecto al destino de aquellos indios a los que se había con­ sagrado :

 

fueron tan atropellados y destruidos ellos y todas sus cosas, que ninguna apariencia les quedó de lo que eran antes. Así están tenidos por bárbaros y por gente de bajísimo quilate, como según verdad, en las cosas de policía echan el pie delante de muchas otras naciones que tienen gran presunción de políticas, sacando fuera algunas tiranías que su manera de regir contenía.

 

El era ciertamente un cristiano y un evangelizador convencido pero era también un hombre de extremada curiosidad científica y un aman­ te de la justicia y del bien. Y aquella curiosidad tan largo tiempo cul­ tivada y estas convicciones acrecidas tras de cada expolio y cada vio­ lencia lo van ganando fatalmente a la causa de los vencidos y aun a la afición a su propia cultura, hasta hacerlo casi olvidar el objetivo que se proponía.

 

Quizá percibieron este sutil deslizamiento intelectual de la obra de Sahagún quienes, en su tiempo, la obstaculizaron y la persiguieron. Aquí y allá, el franciscano sigue insistiendo en que sólo quiere erradi­ car las viejas creencias, preocupación que se avivará en sus últimos años ante la idea de que sus empeños evangelizadores y educativos han fra­ casado. A fin de cuentas, su obra está rasgada por esta disputa interior

 

entre el misionero que quiere ser implacable y el hombre de ciencia que ha acabado por amar el objeto de su estudio y que, paso a paso, va erigiendo un monumento a sus enemigos.

 

Como lo ha señalado Luis Nicolau d’Olwer, la preocupación lingüís­ tica de Sahagún es uno de los rasgos característicos y dominantes de su obra de etnohistoria. Partiendo acaso de una idea de Olmos, Sahagún considera que las “antigüedades mexicanas debían conservarse en la propia lengua mexicana” y, por otra parte, está convencido de que el dominio de la lengua principal del país, cuya riqueza y belleza pondera una y otra vez, era indispensable para persuadir a los naturales y para conocer íntimamente sus antiguos ritos, creencias, historia, modos de pensamiento y aun de sensibilidad. Por todo ello, recoge en náhuatl principalmente las informaciones etnohistóricas; traduce al náhuatl ser­ monarios, evangelios, explicaciones doctrinales, himnos, oraciones y vidas de santos y, dentro de la propia Historia general o como obras separa­ das, realiza varios intentos de artes y vocabularios especializados del náhuatl. Estas preocupaciones lingüísticas serán una de las causas de la desventura de su obra, cuando la Corona, hacia 1578 -1583, decide proscribir las obras de los religiosos en lenguas nativas, considerando que podrían reavivar las idolatrías. Y por otra parte, esta convicción de Sahagún de que la vía lingüística era el único camino para la catc­ quesis, lo opondrá a la tesis que habían sostenido los primeros doce franciscanos, sobre todo Motolinía, que desde años atrás se había mos­ trado enemigo de que se removiesen las memorias de las idolatrías que él consideraba del todo olvidadas ( Memoriales, I, 32; Historia, III, xx).

 

ALGUNAS  NOTAS  SOBRE  EL  ESTILO  DE  SAHAGUN

 

Sahagún, que no era hombre de mucha frecuentación de libros ajenos ni dado a escribir memoriales y alegatos, concentrado en su larga em­ presa de investigación lingüística y etnográfica para lograr la evangeli-zación de los naturales, se fue creando un instrumento expresivo que satisfacía lo mejor posible sus necesidades. Como debió tener escasas lecturas de los grandes prosistas españoles de su tiempo, echa mano de los modos de expresión tradicionales y populares, esto es, de la lengua que de muchacho había aprendido en su región leonesa. De ahí que su estilo en español contenga palabras en desuso y giros familiares. La suya es, pues, una lengua arcaizante, en la que subsisten ciertas formas medievales que los nuevos prosistas españoles, preocupados por la depuración de la lengua, comienzan a abandonar. (Como apéndice al presente estudio va una lista de algunos de los arcaísmos y expresio­ nes coloquiales en la obra de Sahagún).

 

Por otra parte, el hecho de que la Historia general de las cosas de Nueva España sea substancialmente una traducción y reelaboración de

 

 

XCVIII

 

textos en náhuatl, determina en su lengua dos especies de contamina­

 

ciones. En primer lugar,  una abundancia de nombres en  esta lengua,

no sólo propios o comunes citados, sino designaciones de cosas de la tierra

que  él adopta  naturalmente,  y así escribe ya,  españolizándolas:  agua­

cate,           atole,   chalchihuites,  chile,  chocolate,  guajolote,  huípil,  jicama,

jicara, tamal zapote y tlapanco, que luego se volverá tapanco.  Sahagún

se sirve también de voces tainas y caribes de reciente ingreso, como ají,

areito,         cacique, caimán,         canoa, iguana, nequén  (por henequén), tabaco

y tuna. En segundo lugar, en el estilo de Sahagún aparece una especie

de contaminación  con las  estructuras  sintácticas  acumulativas  del  ná­

huatl. Como observó Alfredo López Austin, Sahagún “acabó escribiendo

en castellano          con un estilo muy semejante al que había aprendido de

labios          de sus  ancianos informantes en lengua náhuatl” ( “Introducción”

a Augurios y          abusiones,       1969,  p.  7).  Y cuando mezcla la traducción

de  noticias  dadas  por  los  informantes  indios  con  observaciones  y  re­

cuerdos personales, en estos últimos sigue por inercia los esquemas sin­

tácticos del náhuatl.          

Otro es el caso del Sahagún que, por lo regular en sus últimos años,

escribe prólogos y otros preliminares para los libros de su Historia gene­

ral o les agrega apéndices, cavilaciones y confutaciones.  La calidad de

estos textos es desigual. Cuando Sahagún escribe de lo que le importa

más entrañablemente,  de lo que ha sido su obra de muchos años que

siente en peligro e incomprendida, es claro, elocuente y persuasivo, como

en el prólogo al libro I, en que se expone el origen y el plan general de

su prólogo y           hace una apología de la capacidad cultural de los indios;

el prólogo al libro II en que expone el método de elaboración del con­

junto           de su    obra y los        problemas y obstáculos  que  debió  afrontar,  y

en el ensayo acerca del fracaso educativo (lib. X, cap. xxvii). En cam­

bio, Sahagún escribe con estilo apelmazado y repetitivo cuando lo per­

turba  la  ira,  como  en  el  apéndice  contra  Motolinía  del  libro  IV,  o

cuando, ya anciano de 85 años, en el prólogo al libro XII quiere explicar

el cambio de nociones que significó el descubrimiento de América.

Con todo,   es preciso        tener en cuenta que Sahagún es sobre todo, y

en la parte medular de su obra, el organizador de una vasta investiga­

ción y su intérprete en español.  Como tal,  sus exposiciones son claras

aunque a menudo monótonas, pues no se esfuerza en variar las formas

de presentación y los enlaces; pero sus escritos están casi siempre como

iluminados por una simpatía y una viva curiosidad por cuantos  temas

expone, y no          carecen de      discretos rasgos de humor y de picardía.

HACIA  LA EDICION  COMPLETA  Y CRITICA  DE

SAHAGUN Y SUS INFORMANTES

 

Mucho se ha avanzado, desde el primer tercio del siglo xix en el conoci­ miento de esta “enciclopedia de la cultura de los nahuas”, como la llama

 

Garibay,  que es la  obra de  Sahagún y sus informantes.

Pero  a pesar

de la importancia de las ediciones facsimilares de los manuscritos ori­

ginales, de las ediciones modernas  de la Historia general,         de la    trans­

cripción y traducción al inglés de la parte náhuatl  del Códice   floren­

tino,            de  los  volúmenes  publicados  con  traducciones  españolas  de  los

Textos  de los Informantes y del importante conjunto  de traducciones,

estudios e investigaciones, mucho es lo que resta aún por hacer.          

A principios de siglo, Francisco del Paso y Troncoso, en un Informe

del  31  de  agosto  de       1909  acerca  de  las  ediciones  de    Sahagún  que

dirigía         (Silvio  Zavala,           Francisco  del  Paso y Troncoso,  Su  misión  en

Europa 1892-1916, 1938, p. 72), resumía así su criterio: para las ilus­

traciones conviene utilizar “todas las pinturas conservadas en los Códices

de  Florencia  y de  Madrid;  para  la  edición  de los textos  en  la  parte

mexicana  debe  darse       a  los  de  Madrid  toda  preferencia, conservando

los textos mexicanos de Florencia como simple variante instructiva; por

último,        para los textos castellanos hay que desechar absolutamente los

de  Florencia,  y hacer  la  edición  según  el  texto  del  códice  castellano

[Manuscrito de  Tolosa]  de  Madrid”.                

Paso y Troncoso tenía que elegir e iniciar el trabajo, y lo hizo con

gran competencia y buen juicio.  Sin embargo,  el criterio actual consi­

dera  el problema de la  edición de  Sahagún  con  una  perspectiva  más

amplia.       Ciertamente,   es necesario reproducir las ilustraciones  de  todos

los códices, tanto por separado como en su lugar; y respecto a los textos

en náhuatl, a pesar de que sigue considerándose que los Códices matri­

tenses son los que ofrecen materiales nuevos o más amplios, en relación

con la versión española,  se reconoce también la importancia  del texto

náhuatl del Códice florentino  — como lo ha mostrado la transcripción

paleográfica y la traducción al inglés que de dicho texto hicieron An-

derson y Dibble— , texto que puede considerarse como la versión final

de los tantas  veces rehechos  manuscritos  en  náhuatl.  Y en  cuanto  al

texto  en  español,  el criterio  actual  parece  ser contrario  al  de  Paso  y

Troncoso. Como antes se ha expuesto, hoy se considera que “el códice

castellano de Madrid”, esto es el manuscrito que se encontró en Tolosa

de donde pasó a Madrid, es una copia enmendada, “purificada” y pre­

parada        para su edición de la parte  española  del  Códice     florentino,  al

que sigue siendo indispensable recurrir, como lo han hecho los editores

recientes de la Historia general.               

       La edición crítica que debemos a Sahagún debe considerar por pri­

mera           vez la totalidad           de su obra.  En principio,  por lo que se        refiere

a la  Historia general y a sus complementos, deberían reproducirse foto­

gráficamente,  y en  color  siempre  que  hubiera  ilustraciones,  todos  los

antiguos manuscritos         o códices,  lo mismo los primeros y segundos  de

los   informantes  indígenas,  el  Códice  florentino  —náhuatl,  español— ,

el    Manuscrito de Tolosa y los manuscritos parciales de la       Historia gene­

ral: Manuscrito del Archivo Secreto del Vaticano, firmado        por Sahagún,

 

con partes de los libros I y II; manuscrito del libro IV con un extenso prólogo inédito, que se encuentra en la Biblioteca Nacional de México; el manuscrito Memoriales en español, con los libros I a V, ya citado, publicado por Paso y Troncoso pero no transcrito, y las adiciones de 1585, Calendario y Arte Adivinatoria, que se conservan en la Biblioteca Nacional de México, todos ellos paleografiados y, en su caso, traducidos al español. De las diversas versiones en náhuatl no parece posible esta­ blecer variantes en relación con un texto principal — salvo que éste pudiera ser el del Códice florentino — , sino, a lo más, ir señalando la elaboración y la correspondencia de los textos hasta llegar a su última etapa. Y en cuanto a las versiones en español, acaso el camino a seguir sería dar el texto del Florentino e ir señalando las variantes que existan en el Manuscrito de Tdiosa y en las otras copias o versiones parciales.

 

Otro tanto debiera hacerse con el resto de la obra de Sahagún, tan descuidada hasta ahora hasta el punto de que, al menos en la Ayer Collection de Chicago, existen manuscritos inéditos. Otras de las obras menores de Sahagún han sido publicadas en revistas o libros sumamente raros y, algunos, parcialmente. El único libro impreso en vida de Saha­ gún, la Psalmodia christiana (México, 1583), nunca ha sido repro­ ducido completo, salvo la descripción bibliográfica y la reproducción de cuatro de sus grabados, que aparecen en la Bibliografía mexicana del siglo XVI (ed. 1954, pp. 322-7), de García Icazbalceta. Todos estos trabajos de evangelización y lingüística en términos generales, ma­ nuscritos o impresos, podrían igualmente, ser reproducidos, paleografia­ dos y, en su caso traducidos al español. Todo ello acompañado del apa­ rato de estudios, documentación y crítica adecuado, de manera de tener accesible, al fin, y debidamente estudiado, el mayor documento con que contamos acerca de nuestras antigüedades etnohistóricas.

 

Esta es una tarea de tal magnitud que tal vez sea preferible empren­ derla con la asociación de las instituciones que hasta ahora han auspi­ ciado estudios sahaguntinos: el Gobierno de México y la Universidad Nacional Autónoma de México, a través de su Instituto de Investigacio­ nes Históricas; el Seminario de Estudios Americanistas, de Madrid, y la Institución “Fray Bernardino de Sahagún”, de León, en España; The School of American Research y la University of Utah, editoras del Códice florentino; y la primera, además, patrocinadora del Semina­ rio Sahaguntino cuyos trabajos se reunieron en el volumen Sixteenth-century. The work of Sahagún (1974); y la University of Texas, cuyo

Handbook of Middle American indians, y especialmente sus volúmenes

12 a 15, Guide to etnohistorical sources, contienen trabajos tan con­ cienzudos acerca de nuestros historiadores antiguos y especialmente sobre Sahagún (parte 2). Con los esfuerzos conjuntos de estas institu­ ciones, y el trabajo de los sabios especialistas sahaguntinos que hoy existen, en un plazo relativamente breve, se pueden sentar las bases

 

para afirmar que ya pueden ser posibles el conocimiento y la apreciación de la totalidad de la obra de Sahagún y de sus informantes y auxiliares indígenas.

 

JOSÉ  LUIS  MARTÍNEZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CII

 

CRITERIO DE ESTA EDICION

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El propósito de esta obra es realizar una reordenación y un agrupamiento de los

textos más  representativos de la Historia general de  las cosas de  Nueva España,

de fray Bernardino de Sahagún, de modo que se destaquen los principales temas

tratados y se facilite su consulta.

Sahagún     dispuso su obra como una enciclopedia  medieval,  que  desciende  de

lo divino a lo humano y a la vida natural;  pero al mismo tiempo,  con  ideas

renacentistas se interesó en las investigaciones antropológicas, étnicas y lingüísti­

cas para tratar de rescatar la pluralidad de contenido de una cultura. La presente

obra pretende destacar estos rasgos humanistas y propone una nueva ordenación

que acerque a Sahagún a nuestro propio mundo.

Como la suya fue una investigación realizada durante muchos años y en varias

etapas, a menudo los materiales sobre un mismo tema quedaron  dispersos. Por

ello,  se intenta  ahora agruparlos.

Sahagún     nombró a su Historia general de las cosas de Nueva España porque

así vino a    llamarse temporalmente el país; pero como se refiere principalmente

a las antigüedades del altiplano mexicano, se ha adoptado como título El México

antiguo.     

La selección se sirve en lo fundamental de la cuidadosa edición preparada por

Joaquín Ramírez Cabañas y Wigberto Jiménez  Moreno para la  Editorial Pedro

Robredo,    en        México,           1938,   normalizando la          ortografía.  Y con  el  propósito  de

dar una idea de la importancia de los textos de los informantes indígenas que

quedaron  sólo  en  náhuatl,  y  de  enriquecer  el  contenido  de  la  obra,  se  han

incorporado en varios lugares traducciones del náhuatl al español realizadas por

Angel         María   Garibay  K.,  para  ediciones  de       la  UNAM,  y  por  Alfredo  López

Austin                    — a     quien  expreso  mi  reconocimiento  por  su  autorización  para  repro­

ducirlas.                 Asimismo,       se  han incluido           pasajes de  la  versión  española  corregida

en  1585     del       Libro de la  Conquista,  que  aparecen en  la  edición Robredo.  La

Tabla de correspondencias precisa los textos recogidos en cada sección.

Las notas   añadidas al texto se identifican          con las iniciales R. C. las de Joa­

quín Ramírez Cabañas; L. A. las de         Alfredo           López Austin y M. las del suscrito.

j .    L . M .

 

 

CHI

 

TABLA DE CORRESPONDENCIAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Preliminares. Plan, propósito y método de la obra, prólogo a los libros I,

II y IX.

 

I      TIERRA Y CIELO

 

El mundo natural:  lib. XI, caps.  1-8,  11 y 12.

Astros y fenómenos celestes: lib. VII, caps.  1-5 y 7.

 

II    EL HOMBRE Y SUS RECURSOS

El ciclo vital: lib. VI, caps. 23, 25, 27, 28,  31 y 37, y lib. IV, caps.

34,  36 y 39.

Pueblos y señores: prólogo al lib. VIII; lib. X, cap. 29 y lib. VIII, caps.

1, 9,  10,  13-15  y  17- 19.

La gente y sus oficios: lib. X, caps. 4, 8, 11, 12, 14-7 y 24; lib. IX, cap. 15 y versiones de los Códices matritenses.

Comercio: lib. IX, caps. 1, 4, 5 y versión de los Códices matritenses.

 

III   LA  CULTURA

Filosofía moral: lib. VI, prólogo y caps. 2, 4, 6, 8-10,  18 y 19.

Educación:  lib. III, apéndice caps. 4-9; lib. VI,  caps. 21 v 22, y lib.

X, cap, 27.

Calendario y Fuego Nuevo: lib. IV, apéndice, y lib. VII, caps. 8-13.

 

Arte de adivinar: lib. IV, prólogo y caps. 1-9, 11, 16, 17, 23, 25, 27, 28, 31 y 32.

 

Agüeros y abusiones: lib. V, Agüeros, prólogo y caps. 2, 3 y 5; Abusio­ nes,  prólogo  y fragmentos,  y versiones  de  Primeros  memoriales,

Códices matritenses y Códice florentino.

Medicina: lib. X, cap. 28 y lib. XI, cap.  7.

 

 

IV   RELIGION Y MITOS

Origen de los dioses:  lib. II, caps.  1-6 y  10-14.

Mitos cosmogónicos:  lib. VII,  caps. 2 y  5.

Los dioses: lib. I, caps.  1-14,  16,  19 y 21.

Fiestas, ritos, templos y sacerdotes:  Lib.  II,  caps.

35  y 37  y apéndice caps.  1-6.

Himnos:  lib. II, cap.  6, versión de los núms.  3,

Después de la muerte: lib. III, apéndice caps. 1-3.

Nuevos y viejos cultos:  lib. XI, apéndice.

 

 

 

 

 

 

 

5,  19,  24,  28,  33,

 

4,  8,  12,    15 y 20.

 

 

V    EL FIN DEL MEXICO ANTIGUO

 

La conquista: lib. XII nota “Al lector” v caps. 1, 4, 5, 9, 10, 11, 13, 16, 17 19-21, 23, 24, 29-32, 34, 35, 37-39, 41; adición de la versión náhuatl, cap. 7, y de la versión corregida de 1585 al cap. 7 y cap. 15.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL MEXICO ANTIGUO

 

PROLOGO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PROYECTO GENERAL, CONTENIDO Y PROPOSITO DE LA OBRA

 

El médico no puede acertadamente aplicar las medicinas al enfermo (sin) que primero conozca de qué humor, o de qué causa proceda la enfer­ medad; de manera que el buen médico conviene sea docto en el cono­ cimiento de las medicinas y en el de las enfermedades, para aplicar conveniblemente a cada enfermedad la medicina contraria (y porque), los predicadores y confesores médicos son de las ánimas, para curar las enfermedades espirituales conviene (que) tengan experiencia de las me­ dicinas y de las enfermedades espirituales: el predicador de los vicios de la república, para enderezar contra ellos su doctrina; y el confesor, para saber preguntar lo que conviene y entender lo que dijesen tocante a su oficio, conviene mucho que sepan lo necesario para ejercitar sus oficios; ni conviene se descuiden los ministros de esta conversión, con decir que entre esta gente no hay más pecados que borrachera, hurto y carnalidad, porque otros muchos pecados hay entre ellos muy más graves y que tienen gran necesidad de remedio: Los pecados de la idola­ tría y ritos idolátricos, y supersticiones idolátricas y agüeros, y abusiones y ceremonias idolátricas, no son aún perdidos del todo.

 

Para predicar contra estas cosas, y aun para saber si las hay, menes­ ter es de saber cómo las usaban en tiempo de su idolatría, que por falta de no saber esto en nuestra presencia hacen muchas cosas idolá­ tricas sin que lo entendamos; y dicen algunos, excusándolos, que son boberías o niñerías, por ignorar la raíz de donde salen — que es mera idolatría, y los confesores ni se las preguntan ni piensan que hay tal cosa, ni saben lenguaje para se las preguntar, ni aun lo entenderán aunque se lo digan— . Pues por que los ministros del Evangelio que sucederán a los que primero vinieron, en la cultura de esta nueva viña del Señor no tengan ocasión de quejarse de los primeros, por haber dejado a oscuras las cosas de estos naturales de esta Nueva España, yo, fray Bernardino de Sahagún, fraile profeso de la Orden de Nuestro

 

Seráfico P. San Francisco, de la observancia, natural de la Villa de Sahagún, en Campos, por mandato del muy reverendo padre el P. fray Francisco Toral, provincial de esta Provincia del Santo Evangelio, y des­ pués Obispo de Campeche y Yucatán, escribí doce libros de las cosas divinas, o por mejor decir idolátricas, y humanas y naturales de esta Nueva España: El primero de los cuales trata de los dioses y diosas que estos naturales adoraban; el segundo, de las fiestas con que los honra­ ban; él tercero, de la inmortalidad del ánima y de los lugares donde decían que iban las almas desde que salían de los cuerpos, y de los sufra­ gios y obsequias que hacían por los muertos; él cuarto libro trata de la astrología judiciaria que estos naturales usaban, para saber la fortuna buena o mala que tenían los que nacían; él quinto libro trata de los agüeros que estos naturales tenían para adivinar las cosas por venir; el libro sexto trata de la Retórica y Filosofía Moral, que estos naturales usaban; el séptimo libro trata de la Filosofía Natural que estos naturales alcanzaban; el octavo libro trata de los señores y de sus costumbres y maneras de gobernar la república; el libro nono trata de los mercaderes y otros oficiales mecánicos, y de sus costumbres; el libro décimo trata de los vicios y virtudes de estas gentes, al propio de su manera de vivir; el libro undécimo trata de los animales, aves y peces, y de las genera-dones que hay en esta tierra, y de los árboles, yerbas y flores y frutos,

metales y piedras y otros minerales;  el libro duodécimo  se  intitula La

Conquista de México.

 

Estos doce libros, con el arte y vocabulario apéndice, se acabaron de sacar en blanco este año de mil quinientos y sesenta y nueve. Aún no se ha podido romanzar, ni poner los escolios según la traza de la obra; no sé lo que se podría hacer en él año de setenta que se sigue, pues desde el dicho año, hasta casi el fin de este año de mil quinientos y setenta y cinco no se pudo más entender en esta obra, por el gran disfavor que hubo de parte de los que la debieron de favorecer: pero como llegó a esta tierra nuestro Rmo. P. Fray Rodrigo de Sequera, Comisario General de todas estas Provincias de esta Nueva España, Gua­ temala, etc., de la Orden de Nuestro Seráfico P. San Francisco, de la observancia, mandó que estos libros todos se romanzasen, y así en roman­ ce como en lengua mexicana se escribiesen de buena letra.

 

Es esta obra como una red barredera para sacar a luz todos los voca­ blos de esta lengua con sus propias y metafóricas significaciones, y todas sus maneras de hablar, y las más de sus antiguallas buenas y malas; es para redimir mil canas, porque con harto menos trabajo de lo que aquí me cuesta, podrán los que quisieren saber en poco tiempo muchas de sus antiguallas y todo el lenguaje de esta gente mexicana. Aprovecha-rá mucho toda esta obra para conocer el quilate de esta gente mexicana, él cuál aún no se ha conocido, porque vino sobre ellos aquella maldi­ ción que Jeremías de parte de Dios fulminó contra Judea y Jerusalem, diciendo, en él Cap. 5?: yo haré que venga sobre vosotros, yo traeré

 

contra vosotros una gente muy de lejos, gente muy robusta y esforzada, gente muy antigua y diestra en el ■pelear, gente cuyo lenguaje no enten­ deréis ni jamás oísteis su manera de hablar; toda gente fuerte y animosa, codiciosísima de matar. Esta gente os destruirá a vosotros y a vuestras mujeres e hijos, y todo cuanto poseeis, y destruirá todos vuestros pueblos y edificios. Esto a la letra ha acontecido a estos indios con los españo­ les: fueron tan atropellados y destruidos ellos y todas sus cosas, que ninguna apariencia les quedó de lo que eran antes. Así están tenidos por bárbaros y por gente de bajísimo quilate — como según verdad, en las cosas de policía echan el pie delante a muchas otras naciones que tienen gran presunción de políticos, sacando fuera algunas tiranías que su manera de regir contenía— . En esto poco que con gran trabajo se ha rebuscado parece mucho la ventaja que hicieran si todo se pudie­ ra haber.

 

En lo que toca a la antigüedad de esta gente tiénese por averiguado que ha más de dos mil años que habitan en esta tierra que ahora se llama la Nueva España: Porque por sus pinturas antiguas hay noticia que aquella famosa ciudad que se llamó Tula ha ya mil años o muy cerca de ellos que fue destruida, y antes que se edificase, los que la edificaron estuvieron muchos poblados en Tülantzinco, donde dejaron muchos edi­ ficios muy notables; pues en lo que allí estuvieron y en lo que tardaron en edificar la ciudad de Tula, y en lo que duró en su prosperidad antes que fuese destruida, es cónsono a verdad que pasaron más de mil años, de lo cual residta que por lo menos quinientos años antes de la Encar­ nación de nuestro Redentor esta tierra era poblada. Esta célebre y gran ciudad de Tula, muy rica y decente, muy sabia y muy esforzada, tuvo la adversa fortuna de Troya. Los chololtecas, que son los que de ella se escaparon, han tenido la sucesión de los romanos, y como los romanos edificaron el Capitolio para su fortaleza, así los cholulanos edificaron a mano aquel promontorio que está junto a Chólula, que es como una sierra o un gran monte, y está todo lleno de minas o cuevas por de dentro. Muchos años después los mexicanos edificaron la ciudad de Mé­ xico, que es otra Venecia, y ellos, en saber y en policía son otros vene­ cianos. Los tlaxcaltecas parecen haber sucedido en la fortuna de los cartagineses. Hay grandes señales de las antiguallas de estas gentes, como hoy día parece en Tula y en Tülantzinco, y en un edificio llamado Xochicalco, que está en los términos de Quauhnáhuac; y casi en toda esta tierra hay señales y rastro de edificios y alhajas antiquísimos.

 

Es, cierto, cosa de grande admiración que haya nuestro señor Dios tantos siglos ocultado una selva de tantas gentes idólatras, cuyos frutos ubérrimos sólo el demonio los ha cogido, y en el fuego infernal los tiene atesorados; ni puedo creer que la Iglesia de Dios no sea próspera donde la sinagoga de Satanás tanta prosperidad ha tenido, conforme aquello de San Pablo: abundará la gracia adonde abundó el delito. Del saber, o sabiduría de esta gente, hay fama que fue mucha como parece en el

 

libro décimo donde, en el capítulo XXIX, se habla de los primeros po­ bladores de esta tierra, donde se afirma que fueron perfectos filósofos y astrólogos y muy diestros en todas las artes mecánicas de la fortaleza, la cual entre ellos era más estimada que ninguna otra virtud, y por la que subían al último grado del valer; tenían de esto grandes ejercicios, como parece en muchas partes de esta obra. En lo que toca a la religión y cultura de sus dioses no creo ha habido en el mundo idólatras tan reverenciadores de sus dioses, ni tan a su costa, como éstos de esta Nueva España; ni los judíos, ni ninguna otra nación tuvo yugo tan pesado y de tantas ceremonias como le han tomado estos naturales por espacio de muchos años, como parece por toda esta obra.

 

Del origen de esta gente la relación que dan los viejos es que por la mar vinieron, de hacia el norte, y cierto es que vinieron en algunos vasos de manera (que) no se sabe cómo eran labrados, sino que se con­ jetura que una fama que hay entre todos estos naturales, que salieron de siete cuevas, que estas siete cuevas son los siete navios o galeras en que vinieron los primeros pobladores de esta tierra, según se colige por conjeturas verosímiles; la gente primero vino a poblar a esta tierra de hacia la Florida, y costeando vino y desembarcó en el puerto de Pánuco, que ellos llaman Panco, que quiere decir lugar donde llegaron los que

 

pasaron el agua. Esta gente venía en demanda del paraíso terrenal, y traían por apellido Tamoanchan, que quiere decir, buscamos nuestra casa; y poblaban cerca de los más altos montes que hallaban. En venir

 

hacia el mediodía a buscar el paraíso terrenal, no erraban, porque opinión es de los que escriben que está debajo de la línea equinoccial; y en pensar que es algún altísimo monte tampoco yerran, porque así lo dicen los escritores, que el paraíso terrenal está debajo de la línea equinoccial y que es un monte altísimo que llega su cumbre cerca de la luna. Pa­ rece que ellos, o sus antepasados, tuvieron algún oráculo cerca de esta materia, o de Dios, o del demonio, o tradición de los antiguos que vino de mano en mano hasta ellos. Ellos buscaban lo que por vía humana no se puede hallar, y nuestro señor Dios pretendía que la tierra despo­ blada se poblase para que algunos de sus descendientes fuesen a poblar el paraíso celestial como ahora lo vemos por experiencia; mas ¿para qué me detengo en contar adivinanzas?, pues es certísimo que estas gentes todas son nuestros hermanos, procedentes del tronco de Adán como

 

nosotros, son nuestros prójimos, a quien somos obligados a amar como a nosotros mismos, quid quid sit.

 

De lo que fueron los tiempos pasados, vemos por experiencia ahora que son hábiles para todas las artes mecánicas, y las ejercitan; son tam­ bién hábiles para aprender todas las artes liberales, y la santa Teología, como por experiencia se ha visto en aquellos que han sido enseñados en estas ciencias; por que de lo que son en las cosas de guerra, experiencia se tiene de ellos, así en la conquista de esta tierra como de otras par­ ticulares conquistas, que después acá se han hecho, cuán fuertes son en

 

sufrir trabajos de hambre y sed, frío y sueño, cuán ligeros y dispuestos para acometer cualesquiera trances peligrosos. Pues no son menos há­ biles para nuestro cristianismo sino en él debidamente fueron cultivados;

cierto, parece         que en estos nuestros  tiempos,  y en estas    tierras y           con

esta gente,  ha        querido Nuestro Señor Dios restituir a          la         Iglesia lo         que

el demonio la         ha robado (en) Inglaterra, Alemania  y          Francia,           en        Asia

y Palestina, de lo cual quedamos muy obligados de dar gracias a          Nuestro

Señor y trabajar fielmente en esta su Nueva España.                                                     

(Lib. I)

 

AL SINCERO LECTOR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando esta obra se comenzó, comenzóse a decir de los que lo supieron que se hacía un Calepino, y aun ahora no cesan muchos de preguntarme que ¿en qué términos anda él Calepino? Ciertamente fuera harto pro­ vechoso hacer una obra tan útil para los que quieren aprender esta lengua mexicana, como Ambrosio Calepino la hizo para los que quieren aprender la lengua latina, y la significación de sus vocablos; pero cier­ tamente no ha habido oportunidad, por que Calepino sacó los vocablos y las significaciones de ellos, y sus equivocaciones y metáforas, de la lección de los poetas y oradores y de los otros autores de la lengua latina, autorizando todo lo que dice con los dichos de los autores, el cual fun­ damento me ha faltado a mí, por no haber letras ni escritura entre esta gente; y así me fue imposible hacer Calepino. Pero eché los funda­ mentos para (que) quien quisiere con facilidad le pueda hacer, porque por mi industria se han escrito doce libros de lenguaje propio y natural de esta lengua mexicana, donde allende de ser muy gustosa y provechosa escritura, hallarse han también en ella todas maneras de hablar, y todos los vocablos que esta lengua usa, tan bien autorizados y ciertos como lo que escribió Virgilio, y Cicemn, y los demás autores de la lengua latina.

 

Van estos doce libros de tal manera trazados que cada plana lleva tres columnas: la primera, de lengua española; la segunda, la lengua mexicana; la tercera, la declaración de los vocablos mexicanos, señala­ dos con sus cifras. En ambas partes lo de la lengua mexicana se ha acabado de sacar en blanco, todos doce libros; lo de la lengua española, y los escolios no está hecho, por no haber podido más, por falta de ayuda y de favor. Si se me diese la ayuda necesaria, en un año o poco más se acabaría todo; y cierto, si se acabase sería un tesoro para saber muchas cosas dignas de ser sabidas, y para con facilidad saber esta lengua con todos sus secretos, y sería cosa de mucha estima en la Nueva

 

y Vieja España.      (Lib. I)

      

 

PROLOGO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

METODO Y ETAPAS DE LA INVESTIGACION

 

Todos los escritores trabajan de autorizar sus escrituras lo mejor que pueden, unos con testigos fidedignos, otros con otros escritores que antes de ellos han escrito, los testimonios de los cuales son habidos por ciertos; otros con testimonio de la Sagrada Escritura. A mí me han faltado todos estos fundamentos para autorizar lo que en estos doce libros tengo es­ crito, y no hallo otro fundamento para autorizarlo sino poner aquí la relación de la diligencia que hice para saber la verdad de todo lo que en estos libros se escribe.

 

Como en otros prólogos de esta obra he dicho, a mí me fue mandado por santa obediencia de mi prelado mayor, que escribiese en lengua mexicana lo que me pareciese ser útil para la doctrina, cultura y manu-tencia de la cristiandad de estos naturales de esta Nueva España, y para ayuda de los obreros y ministros que los doctrinan. Recibido este man­ damiento, hice en lengua castellana una minuta o memoria de todas las materias de que había de tratar, que fue lo que está escrito en los doce libros, y la apostilla y cánticos. Lo cual se puso de prima tijera en el pueblo de Tepepulco, que es de la provincia de Acolhuacan o Tezcuco, (e) hízose de esta manera.

 

En él dicho pueblo hice juntar todos los principales con el señor del pueblo, que se llamaba don Diego de Mendoza, hombre anciano, de gran marco y habilidad, muy experimentado en todas las cosas curiales, béli­ cas y políticas y aun idolátricas. Habiéndolos juntado propáseles lo que pretendía hacer y les pedí me diesen personas hábiles y experimentadas, con quien pudiese platicar y me supiesen dar razón de lo que les pre­ guntase. Ellos me respondieron que se hablarían cerca de lo propuesto, y que otro día me responderían, y así se despidieron de mí. Otro día vinieron el señor con los principales, y hecho un muy solemne parla­ mento, como ellos entonces le usaban hacer, señaláronme hasta diez o doce principales ancianos, y dijéronme que con aquellos podía comu­

 

nicar y que ellos me darían razón de todo lo que les preguntase. Estaban también allí hasta cuatro latinos, a los cuales yo pocos años antes había enseñado la Gramática en el Colegio de Santa Cruz en el Tlatelolco.

 

Con estos principales y gramáticos, también principales, platiqué mu­ chos días, cerca de dos años, siguiendo la orden de la minuta que yo tenía hecha.

 

Todas las cosas que conferimos me las dieron por pinturas, que aquella era la escritura que ellos antiguamente usaban, y los gramáticos las declararon en su lengua, escribiendo la declaración al pie de la pintura. Tengo aún ahora estos originales. También en este tiempo dicté la apostilla y los cantares: escribiéronlos los latinos en el mismo pueblo de Tepepulco.

 

Cuando al Capítulo donde cumplió su hebdómada el padre fray Fran­ cisco Toral, el cual me impuso esta carga, me mudaron de Tepepulco, llevando todas mis escrituras fui a morar a Santiago de Tlatelolco, donde juntando (a) los principales les propuse el negocio de mis escrituras y les demandé me señalasen algunos principales hábiles, con quien exa­ minase y platicase las escrituras que de Tepepulco traía escritas. El gobernador con los alcaldes, me señalaron hasta ocho o diez principales, escogidos entre todos, muy hábiles en su lengua y en las cosas de sus antiguallas, con los cuales y con cuatro o cinco colegiales todos trilingües, por espacio de un año y algo más, encerrados en el Colegio, se enmendó, declaró y añadió todo lo que de Tepepulco traje escrito, y todo se tornó a escribir de nuevo, de ruin letra porque se escribió con mucha prisa. En este escrutinio o examen el que más trabajó de todos los colegiales fue Martín Jacovita, que entonces era rector del Colegio, vecino de Tlatelolco, del barrio de Santa Ana.

 

Habiendo hecho lo dicho en el Tlatelolco, vine a morar a San Fran­ cisco de México con todas mis escrituras, donde por espacio de tres años pasé y repasé a mis solas estas mis escrituras, y las torné a enmendar y las dividí por libros, en doce libros, y cada libro por capítulos y algu­ nos libros por capítulos y párrafos. Después de esto, siendo provincial el padre fray Miguel Navarro y guardián de México el padre fray Diego de Mendoza, con su favor se sacaron en blanco, de buena letra, todos los doce libros, y se enmendó y sacó en blanco la apostilla y los can­ tares, y se hizo un arte de la lengua mexicana con un vocabulario apén­ dice, y los mexicanos añadieron y enmendaron muchas cosas a los doce libros, cuando se iban sacando en blanco, de manera que el primer cedazo por donde mis obras cirnieron fueron los de Tepepulco; el se­ gundo, los de Tlatelolco; el tercero, los de México; y en todos estos escrutinios hubo gramáticos colegiales. El principal y más sabio fue Antonio Valeriano, vecino de Azcapotzalco; otro, poco menos que éste, fue Alonso Vegerano vecino de Cuauhtitlan; otro fue Martín Jacovita, de que arriba hice mención. Otro, Pedro de San Buenaventura, vecino de Cuauhtitlan; todos expertos en tres lenguas, latina, española e in­

 

diana. Los escribanos que sacaron de buena letra todas las obras son Diego de Grado, vecino de Tlatelolco, del barrio de la Concepción; Bonifacio Maximiliano, vecino de Tlatelolco, del barrio de San Martín; Mateo Severino, vecino de Xochimilco, de la parte de Utlac.

 

Desde que estas escrituras estuvieron sacadas en blanco, con el favor de los padres arriba nombrados, en que se gastaron hartos tomines con los escribientes, el autor de ellas demandó al padre Comisario fray Francisco de Ribera que se viesen de tres o cuatro religiosos, para que aquellos dijesen lo que les parecía de ellas, en el Capítulo provincial que estaba propincuo: los cuáles las vieron y dieron relación de ellas al definitorio en el mismo Capítulo, diciendo lo que les parecía; y dijeron en el definitorio que eran escrituras de mucha estima y que debían ser favorecidas para que se acabasen. Algunos de los definidores les pareció que era contra la pobreza gastar dineros en escribirse aquellas escrituras, y así mandaron al autor que despidiese a los escribanos y que él solo escribiese de su mano lo que quisiere en ellas. El cuál, como era mayor de setenta años y por temblor de la mano no puede escribir nada ni se pudo alcanzar dispensación de este mandamiento, estuvieron las escri­ turas sin hacer nada en ellas más de cinco años.

 

En este tiempo, en el Capítulo siguiente, fue elegido por custos custodum para el Capítulo general, el padre fray Miguel Navarro, y por Provincial el padre fray Alonso de Escalona. En este tiempo el autor

 

hizo un sumario de todos los libros y de todos los capítulos de cada libro, y los prólogos, donde en brevedad se decía todo lo que se contenía en los libros; (y) este sumario llevaron a España el padre fray Miguel Navarro y su compañero el padre fray Gerónimo de Mendieta. Y así se puso en España lo que estaba escrito acerca de las cosas de esta tierra. En este medio tiempo el padre Provincial tomó todos los libros al dicho autor y se esparcieron por toda la Provincia, donde fueron vistos de muchos religiosos y aprobados por muy preciosos y provechosos.

 

Después de algunos años, volviendo del Capítulo general el padre fray Miguel Navarro, el cual vino por Comisario de estas partes, con censuras tornó a recoger los dichos libros a petición del autor; y desde que estuvieron recogidos, de allí a un año poco más o menos, vinieron a poder del autor. En este tiempo ninguna cosa se hizo en ellos, ni hubo quien (los) favoreciese, para acabarse de traducir en romance, hasta que el padre Comisario General fray Rodrigo de Sequera vino a estas partes y los vio, y se contentó mucho de ellos, y mandó al autor que los tra­ dujese en romance y proveyó de todo lo necesario para que se escribiesen de nuevo, la lengua mexicana en una columna y él romance en la otra, para enviarlos a España, porque los procuró el ilustrísimo señor don Juan de Ovando, Presidente del Consejo de Indias, porque tenía noticia de estos libros por razón del sumario que el dicho padre fray Miguel Navarro había llevado a España, como arriba se dijo.

 

Todo lo sobredicho hace al propósito de que se entienda que esta obra ha sido examinada y depurada por muchos, y en muchos años, y se han pasado muchos trabajos y desgracias hasta ponerla en el estado que ahora está.

 

(Lib. II)

 

PROLOGO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ORDEN QUE SIGUE LA “HISTORIA GENERAL”

 

La primera orden que se ha tenido en esta Historia es que primeramente y en los primeros libros se trató de los dioses y de sus fiestas, y de sus

 

sacrificios, y de sus templos, y de todo lo concerniente a su servicio, y de esto se escribieron los primeros cinco libros; y de ellos el postrero

 

fue el libro quinto, que trata de la arte adivinatoria y que también habla de las cosas sobrenaturales; en todos estos cinco libros se trata de lo que he dicho. El sexto libro trata de la Retórica y Filosofía Moral que estos naturales alcanzaron, donde se ponen muchas maneras de oraciones, muy elegantes y morales, y aun las que tocan a sus dioses y a sus cere­ monias se pueden decir muy teologales. En este mismo libro se trata de

 

 

 

 

 

 

 

 

la estimación en que se tenía los retóricos y oradores; después de esto se trata de las cosas Naturales, y esto en el séptimo libro. Y luego de

 

los señores, reyes y gobernadores, y principales personas; y luego de los mercaderes, y después de los señores capitanes y hombres fuertes, que son los más tenidos en la república, de los cuales se trata en el octavo libro. Y tras ellos los oficiales de pluma y de oro, y de piedras preciosas; de éstos se trata en el noveno libro. Y las calidades, condiciones y ma­ neras de todos los oficiales y personas, se trata en el libro décimo, donde también se trata de los miembros corporales y de las enferme­ dades, y medicinas contrarias, y también de las diferencias y diversidades de generaciones de gentes que en esta tierra habitan, y de sus condicio­ nes. En el undécimo libro se trata de los animales, aves, yerbas, y árboles. En el libro duodécimo se trata de las guerras cuando esta tierra fue conquistada, como cosa horrible y enemiga de la naturaleza humana.

 

(Lib. IX)

 

 

TIERRA Y CIELO

 

 

 

 

 

EL MUNDO NATURAL

 

LAS  PROPIEDADES  DE  LOS ANIMALES

 

LAS BESTIAS  FIERAS

 

EL  TIGRE

 

El tigre anda y bulle en las sierras, y entre las peñas y riscos, y también en el agua, y dicen es príncipe y señor de los otros animales; y es avisado y recatado y regálase como el gato, y no siente trabajo ninguno, y tiene asco de beber cosas sucias y hediondas, y tiénese en mucho; es bajo y corpulento y tiene la cola larga, las manos son gruesas y an­ chas, y tiene el pescuezo grueso; tiene la cabeza grande, las orejas son pequeñas, el hocico grueso y carnoso y corto, y de color prieto, y la nariz tiene grasienta, y tiene la cara ancha y los ojos relucientes como brasa; los colmillos son grandes y gruesos, los dientes menudos, chicos y agudos, las muelas anchas de arriba y la boca muy ancha, y tiene uñas largas y agudas, tiene pesuños en los brazos y en las piernas; y tiene el pecho blanco, tiene el pelo lezne y como crece se va manchando, y crécenle las uñas, y agarra, crécenle los dientes y las muelas y colmillos y regaña y muerde, y arranca con los dientes y corta, y gruñe, y brama, sonando como trompeta. El tigre blanco dicen que es el capitán de los otros tigres, y es muy blanco; hay otros que son blanquecinos, mancha­ dos de prieto; hay otro tigre de pelo bermejo y manchado de negro.

 

La propiedad del tigre es que come animales como son ciervos, co­ nejos y otros semejantes; es regalado y no es para trabajo, tiene mucho cuidado de sí, báñase, y de noche ve los animales que ha de cazar, tiene muy larga vista, aunque haga muy oscuro y aunque haga niebla ve las cosas muy pequeñas; cuando ve al cazador con su arco y saetas no huye sino siéntase, mirando hacia él, sin ponerse detrás de alguna cosa, ni arrimarse a nada, luego comienza a hipar y aquel aire enderézale hacia el cazador, a propósito de ponerle temor y miedo y desmayarle el corazón con el hipo, y el cazador comienza luego a tirarle, y la primera saeta que es de caña tómala el tigre con la mano y hácela pedazos con los dientes, y comienza a regañar y gruñir, y echándole otra saeta, hace lo mismo.

 

Los cazadores tenían cuenta con que no habían de tirar al tigre más de cuatro saetas; ésta era su costumbre o devoción, y como no le matasen con las cuatro saetas, luego el cazador se daba por vencido, y el tigre luego comienza a esperezarse y sacudirse y a relamerse; hecho esto recógese, da un salto, como volando y arrójase sobre el cazador aunque esté lejos diez o quince brazas, no da más de un salto; va todo erizado como el gato contra el perro; luego mata al cazador y se lo come.

 

Los cazadores diestros, en echando la primera saeta, si el tigre la hizo pedazos toman una hoja de un árbol de roble o de otro árbol semejante, e híncanla en la saeta y tiran con ella al tigre; y la hoja así puesta hace ruido así como cuando vuela una langosta, y cáese en el suelo al medio del camino o cerca del tigre, y con esto se divierte el tigre (a ) allegar la hoja que cae, y llega la saeta y pásale, o hiérele; y luego el tigre da un salto hacia arriba y, tornando a caer en tierra, tórnase a sentar como estaba de antes y allí muere sentado sin cerrar los ojos, y aunque está muerto parece vivo. Cuando el tigre caza primero hipa, y con aquel aire desmaya a lo que ha de cazar. La carne del tigre tiene mal sabor, requema.

 

EL  COYOTE

 

Hay en esta tierra un animal que se dice cóyotl, al cual algunos de los españoles le llaman zorro, y otros le llaman lobo, y según sus propiedades a mi ver ni es lobo ni zorro sino animal propio de esta tierra. Es muy velloso, de larga lana; tiene la cola gruesa y muy lanuda; tiene las orejas pequeñas y agudas, el hocico largo y no muy grueso, y prieto; tiene las piernas nervosas, tiene las uñas corvadas y negras; y siente mucho, es muy recatado para cazar, agazápase y pónese en acecho, mira a todas partes para tomar su caza, es muy sagaz en acechar su caza y cuando quiere arremeter a la caza primero echa su vaho contra ella, para infi­ cionarla y desanimarla con él. Es diabólico este animal: si alguno le quita la caza nótale, y aguárdale y procura de vengarse de él, matándole sus gallinas u otros animales de su casa; y si no tiene cosa de éstas en que se vengue, aguarda al tal cuando va camino, y pónese delante la­ drando, como que se le quiere comer por amedrentarle; y también algunas veces se acompaña con otros tres o cuatro sus compañeros, para espantarle, y esto hacen o de noche o día.

 

Este animal tiene condiciones exquisitas, es agradecido. Ahora en estos tiempos aconteció una cosa harta de notar, con uno de estos ani­ males. Un caminante, yendo por su camino, vio uno de estos animales que le hacía señal con la mano, que se llegase a él; espantóse de esto el caminante, y fue hacia donde estaba, y como llegó cerca de él vio una culebra que estaba revuelta al pescuezo de aquel animal, y tenía la cabeza por debajo del sobaco de aquel animalejo, y estaba muy apretada

 

con él; esta culebra era de las que se llaman cincóatl; y el caminante como vio este negocio, pensó dentro de sí diciendo: ¿A cuál de éstos ayudaré?, y determinó ayudar a aquel animal, y tomó una verdasca y comenzó a herir a la culebra, y luego la culebra se desenroscó y cayó en el suelo, y comenzó a irse y meterse entre la hierba, y también el animalejo se fue huyendo; y de allí a un rato tornóse a encontrar con el caminante, entre unos maizales, y llevaba dos gallos en la boca por los pescuezos, y púsolos delante del caminante que le había librado de la culebra, e hízole señal con el hocico que los tomase, y fuese tras el caminante hasta que llegó a su casa, y como vio donde entraba fue a buscar una gallina y llevósela a su casa, y dende a dos días le llevó un gallo.

 

Este animal come carne cruda, y también mazorcas de maíz secas y verdes, y cañas verdes, y gallinas, y pan, y miel. A este animal tómanle con trampa, o con alzapié, o con lazo, o fléchanle, y también le arman en los magueyes cuando va a beber la miel.

 

EL  MAPACHE

 

Hay otro animalejo que llaman mapachtli, y también le llaman cihuatla-macazqui y también se llama tlamaton, (que) quiere decir viejecilla; tiene las manos y los pies como persona, destruye los maizales cuando están verdes, comiéndolos, sube a los árboles y come la fruta de ellos, y come la miel de los magueyes; y vive en cueva, hace su habitación en las montañas y en los riscos, y entre las espadañas del agua. En el tiempo de invierno, cuando no hay fruta ni maíz, come ratones y otras sa­ bandijas. Algunas veces anda en dos pies como persona, y otras veces a cuatro pies como animal; hurta cuanto halla, por ser así ladrón, y por tener manos de persona le llaman mapachtli; es bajuelo y rollizo, y tiene larga lana, tiene la cola larga, dura y pelosa a manera de zorro, la cabeza grande, las orejas pequeñas, el hocico largo y delgado y prieto, el cuerpo pardo y peloso.

 

EL TLACUACHE

 

De aquel animalejo que se llama tláquatl, que tiene una bolsa donde mete a sus hijuelos, cuya cola es muy medicinal

 

Hay un animalejo que se llama tláquatl, o tlaquatzin, del tamaño de un gato, poco más o menos, y es pardillo oscuro; tiene el pelo largo, y muy blando, y cuando son viejos cáensele los pelos; tiene el hocico largo y delgado, tiene la cara pintada, las orejas pequeñas, la cola larga y pe­ lada, ningunos pelos tiene en ella; vive entre los maizales, entre las

 

piedras hace cueva donde mora y donde cría sus hijos; tiene una bolsa entre los pechos y la barriga donde mete sus hijuelos, y allí los lleva a donde los quiere llevar, y allí maman.

 

Este animalejo ni sabe morder ni arañar, ni hacer algún daño aunque le tomen, y cuando le toman chilla y llora, y sálenle las lágrimas de los ojos como a persona; cuando le toman los hijos chilla mucho, y llora por ellos.

 

Este animalejo come maíz y frijoles, y (las) raeduras de los magueyes que sacan de ellos cuando los agujerean para sacar la miel, y también come miel; y la carne de éste es comestible y sabrosa, como la del conejo, ni los huesos de este animalejo, ni la cola son de comer; si alguno los come, aunque sea perro o gato, luego echa fuera todos los intestinos. Aconteció una vez que un perro royó los huesos de uno de estos ani-malejos, y dende a un rato lo vieron que andaba con las tripas arras­ trando, que las había echado por detrás.

 

La cola de este animalejo es muy medicinal: saca cualquiera cosa que se halle en la carne o en el hueso, la saca poniéndolo muchas veces; y las mujeres que tienen parto bebiendo un poco de la cola de este animal paren luego; los que tienen cerrada la cámara, que no pueden bien purgar, bebiendo un poco de la cola molida purgan luego, porque abre y limpia los poros; los que tienen tos, bebiendo lo mismo sanan; también para esto es buena aquella especie que llaman ueinacaztli, y la otra que llaman tlilocóchitl, molido todo y bebido con cacao; y esto tam­ bién aprovecha para los que no pueden digerir, y los que tienen estra­ gado el estómago con opilaciones.

 

LOS MONOS

 

Monos, o micos, hay muchos en esta tierra. Críanse en las partes que llaman Anáhuac, que es hacia oriente con respecto de México. Son estos animales barrigudos, tienen larga la cola y enróscanla; tienen manos y pies como persona; tienen uñas largas; gritan y silban y cocán, arrojan piedras y palos a los caminantes; tienen cara casi como de persona, son pelosos y vellosos, tienen las ancas gruesas, crían en los riscos, y no paren más de un hijo; y comen maíz y frijoles, y frutas, y carne, comen como las personas; también comen piñones y bellotas, también comen los grumos de los árboles verdes.

 

Para tomar éstos usan de este embuste: hacen una grande hoguera donde andan estos animales, y cércanla de mazorcas de maíz, y ponen en el medio del fuego una piedra, que se llama cacalótetl, y los caza­ dores de esta caza escóndense, o entiérranse, y como ven el fuego los monos, y huelen el humo, vienen luego a calentarse y ver qué cosa es aquello, y las hembras traen sus hijos a cuestas, y todos se asientan luego alrededor del fuego, calentándose; y como la piedra se calentó

 

da un tronido grande, y derrama las brasas, y la ceniza sobre los monos, y ellos espantados dan a huir, y dejan sus hijuelos por allí, ni los ven, porque van ciegos con la ceniza; entonces los cazadores levántanse de presto y toman a manos las monicos y críanlos, y amánsanlos. Estos animales fácilmente se amansan; siéntanse como persona, cocán a las mujeres, búrlanse con ellas, y demandan de comer extendiendo la mano, y gritan.

 

LOS  PERROS  MEXICANOS

 

Los perros de esta tierra tienen cuatro nombres: llámanse chichi, itzcuin-tli, xochiocóyotl y tetlamin, y también teuítzotl. Son de diversos colores, hay unos negros, otros blancos, otros cenicientos, otros buros, otros castaños oscuros, otros morenos, otros pardos y otros manchados. Hay algunos de ellos grandes, otros medianos; algunos hay de pelo lezne, otros de pelo largo; tienen largos hocicos, los dientes agudos y grandes, las orejas cóncavas y pelosas, cabeza grande, son corpulentos, tienen uñas agudas; son mansos y domésticos, acompañan y siguen a su amo o dueño; son regocijados, menean la cola en señal de paz, gruñen y ladran; bajan las orejas hacia el pescuezo en señal de amor, comen pan y ma­ zorcas de maíz verdes, y carne cruda y cocida, comen cuerpos muertos, comen carnes corruptas.

 

Criaban en esta tierra unos perros sin pelo ninguno, lampiños, y si algunos pelos tenían eran muy pocos. Otros perrillos criaban que lla­ maban xoloitzcuintli, que ningún pelo tenían, y de noche abrigábanlos con mantas para dormir; estos perros no nacen así, sino que de pequeños los untan con resina, que se llama óxitl, y con esto se les cae el pelo quedando el cuerpo muy liso. Otros dicen que nacen sin pelo en los pueblos que se llaman Teotlixco y Toztlan . Hay otros perros que se llaman tlalchichi, bajuelos y redondillos, que son muy buenos de comer.

 

(Lib. XI, cap. i, fragmentos)

 

LAS  AVES  DE  PLUMA  RICA

 

Hay una ave en esta tierra que se llama quetzaltótotl; tiene plumas muy ricas y de diversos colores; tiene el pico agudo y amarillo, y los pies amarillos; tiene un tocado en la cabeza, de pluma, como cresta de gallo; es tan grande como una ave que se llama tzánatl, que es tamaña como una urraca, o pega de España; tiene la cola de forma y composición de estas aves que se llaman tzánatl , teotzánatl, que se crían en los pueblos. Las plumas que cría en la cola se llaman quezalli (y ) son muy verdes y resplandecientes, son anchas, como unas hojas de espadaña dobléganse

 

cuando las toca el aire (y) resplandecen muy hermosamente. Tiene esta ave unas plumas negras en la cola, con que cubre estas plumas ricas, las cuales están en el medio de estas negras. Estas plumas negras, de la parte de fuera son muy negras, y de la parte de dentro que es lo que está junto con las plumas ricas, es algo verde oscuro y no muy ancho ni largo. El tocado que tiene en la cabeza esta ave es muy hermoso y resplandeciente, llaman a estas plumas tzinitzcan; tiene esta ave el cuello y el pecho colorado y resplandeciente; es preciosa esta pluma y llámanla tzinitzcan; el pescuezo por la parte de atrás y todas las espaldas tiene las plumas verdes muy resplandecientes; debajo de la cola y entre las piernas tiene una pluma delicada, verde clara, resplan­ deciente y blanda; en los codillos de las alas tiene plumas verdes, y debajo negro, y las plumas más de dentro de las alas tiene de color de uña, y un poco encorvadas, son anchuelas y agudas, y están sobre los cañones de las plumas delgadas del ala que se llaman quetzaluitztli, son verdes claras, largas, derechas y agudas de las puntas, y resplandece su verdura.

 

Habitan estas aves en la provincia que se llama Tecolotlan, que es hacia Honduras, o cerca. Viven en las arboledas, y hacen su nido en los árboles para criar sus hijos.

 

Hay una ave en esta tierra que se llama tzinitzcan , o teutzinitTxan; esta ave tiene las plumas negras, y vive en el agua; las plumas preciosas que tiene críalas en el pecho y en los sobacos, y debajo de las alas; son la mitad prietas y la mitad verdes resplandecientes.

 

Hay otra ave que se llama tlauhquéchol, o teoquéchól, y vive en el agua, es como pato; tiene los pies como pato, anchos y colorados, tam­ bién el pico colorado; tiene el pico como paleta de boticario, que ellos llaman espátula; tiene un tocadillo en la cabeza, colorado; tiene el pe­ cho, y la barriga, y la cola, y las alas de color encarnado muy fino; y las espaldas, y los codos de las alas muy colorados; el pico tiene amarillo, y los pies amarillos. Dicen que esta ave es el príncipe de las garzotas blancas, que se juntan a ella donde quiera que la ven.

 

Hay otra avecilla de plumas ricas que se llama xiuhquéchól; tiene la pluma verde como hierba, tiene las alas azules y también la cola; críase esta ave hacia las partes que llaman Anáhuac, que es al oriente de México, hacia la mar del sur.

 

Hay otra ave que se llama zaquan; tiene el pico agudo, y las plumas de sobre el pico tiene coloradas; tiene las plumas leonadas por todo el cuerpo; las plumas de la cola son amarillas muy finas y resplandecientes; tiene en la misma cola otras plumas negras con que cubre las amarillas; cuando vuela y extiende la cola, entonces se parecen las plumas ama­ rillas (y) reverbera el color amarillo con las negras, y así parecen como llama de fuego y como oro; críanse en Anáhuac.

 

Hay otra ave que se llama ayoquan; mora en las montañas de Cuex-tlan, y Michuacan; tiene el pico agudo y negro; toda la pluma tiene

 

negra, excepto la cola, que tiene las plumas la mitad blancas y la mitad negras.

 

Hay otra ave que también se llama ayoquan y es ave del agua; todas las aves del agua se acompañan con ella, como con su príncipe; tiene el pico amarillo y los codillos de las alas verdes; las plumas grandes de las alas y las de la cola las tiene ametaladas, con blanco y verde; la pluma de todo el cuerpo la tiene bermeja tirante a colorado.

 

Hay otra ave que se llama chalchiuhtótotl y críase en las montañas; es pequeña; tiene el pico agudo, la cabeza y la cola tiene verde y tam­ bién las alas; los escudos de las alas también los tiene verdes oscuros; la pluma, debajo de las alas, y de todo el cuerpo tiene el color de azul claro.

 

Hay otra ave que se llama xuihtótotl, que se cría en las provincias de Anáhuac, que es hacia la costa del Mar del Sur, en los pueblos que se

llaman Tecpatlan, Tlapilollan, Oztotlan. Es esta ave del tamaño de una

graja, tiene el pico agudo y negro, las plumas del pecho moradas, la pluma de las espaldas es azul y las de las alas azules claras, la cola tiene de plumas ametaladas de verde, azul y negro. Esta ave se caza en el mes de octubre, cuando están maduras las ciruelas; entonces las matan con cerbatanas en los árboles, y cuando caen en tierra arrancan alguna hierba para que, tomándola, no llegue la mano a las plumas, porque si llega dicen que luego pierde el color.

 

Hay una ave que se llama xiuhpalquéchol (que) tiene el pico largo y los pies negros; tiene la cabeza y la cola y las alas, y las espaldas, de color azul claro; tiene el pecho leonado y los codillos de las alas también leonadas.

 

Hay otra ave que se llama xochitenácal; mora en las montañas, en los árboles; críase en la provincia de Totonacapan y Cuextlan; hace nidos en las palmas; el nido que hace es como una talega, que está colgada de la rama del árbol. Tiene el pico cóncavo y largo, muy ama­ rillo; tiene la cabeza y el cuerpo verde; tiene las alas y la cola leonadas y ametaladas de negro y blanco.

 

Hay otra ave que se llama quapachtótotl; es de color leonado todo el cuerpo.

 

Hay otra ave que se llama elotótotl; tiene las alas de color morado; tiene el pico verde oscuro y azul.

 

LOS  COLIBRIS

 

Hay unas avecitas en esta tierra que son muy pequeñitas, que parecen más moscardones que aves; hay muchas maneras de ellas, tienen el pico chiquito, negro y delgadito, así como aguja; hacen su nido en los ar­ bustos, allí ponen sus huevos y los empollan y sacan sus pollos; no ponen más de dos huevos. Comen y mantiénense del rocío de las flores, como

 

las abejas, son muy ligeras, vuelan como saeta; son de color pardillo. Renuévanse cada año: en el tiempo del invierno cuélganse de los ár­ boles por el pico, allí colgados se secan y se les cae la pluma; y cuando el árbol torna a reverdecer él torna a revivir, y tórnale a nacer la pluma, y cuando comienza a tronar para llover entonces despierta y vuela y resucita. Es medicinal, para las bubas, comido, y el que los come nunca tendrá bubas; pero hace estéril al que los come.

 

Hay unas de estas avecitas que se llaman quetzalhuitzitzilin, (que) tienen las gargantas muy coloradas y los codillos de las alas bermejos, el pecho verde y también las alas y la cola; parecen a los finos quetzales. Otras de estas avecitas son todas azules, de muy fino azul claro, a manera de turquesa resplandeciente. Hay otras verdes claras, a manera de hierba. Hay otras que son de color morado. Hay otras que son coloradas, y mezcladas con pardo. Hay otras que son de color morado claro. Hay otras que son resplandecientes como brasa. Hay otras que son leonadas con amarillo. Hay otras que son larguillas, unas de ellas son cenicientas, otras son negras; estas cenicientas tienen una raya de negro por los ojos, y las negras tienen una raya blanca por los ojos.

 

Hay otras que tienen la garganta colorada y resplandeciente como una brasa; son cenicientas en el cuerpo, y la corona de la cabeza y la garganta resplandeciente como una brasa.

Hay otras que son redondillas, cenicientas, con unas motas blancas.

 

EL AVE CORAZON DEL AGUA

 

Hay una ave de agua en esta tierra que se llama atotolin, que quiere decir gallina del agua, la cual dicen que es rey de todas las aves del agua; viene a esta Laguna de México cuando vienen las otras aves del agua, que es en el mes de julio; tiene esta ave la cabeza grande y negra y el pico amarillo, redondo y largo como un palmo, el pecho y las espaldas blancas, la cola tiene corta, las piernas tiene muy cortas, los pies tiene juntos al cuerpo (y) son anchos como un palmo; tiene el cuerpo largo y grueso; tiene las alas cortas, las plumas también cortas.

Esta ave no se recoge a los espadañales, siempre anda en el medio del agua; dicen que es corazón del agua, porque anda en el medio del agua siempre y raramente parece; sume las canoas en el agua con la gente; dicen que da voces, llama al viento y entonces viene el viento recio, y sume las canoas, (y) esto hace cuando la quieren tomar.

 

Para tomarla andan acechándola dos o tres días, y al tercero día la pueden tomar; al cuarto día aparéjanse todos los cazadores del agua, y van a donde está, como aparejados para morir, como quien va a la muerte, porque tienen costumbre de perseguirla cuatro días, y todos los días este atotolin está esperando a los cazadores sobre el agua, y cuando vienen está mirando, no huye de ellos; y si al cuarto día no la

 

cazan antes de puesto el sol, luego se dan por vencidos, y saben que han de morir, porque ya se les acabó el término en que la podrían matar y flechar. Y como aquel día cuarto se acaba, comienza esta ave a vocear como grulla, y llama al viento para que los suma; luego viene el viento y se levantan las olas y luego comienzan a graznar las aves del agua y pénense en bandas, y sacuden las alas, y los peces salen arriba, y entonces los cazadores no se pueden escapar, aunque quieran no pueden, muérenseles los brazos y súmense debajo del agua y ahóganse.

 

Y si en alguno de los cuatro días cazan esta ave, luego la toman y trábanla por el pico y échanla en la canoa, y luego la abren la barriga, estando viva, con un dardo de tres puntas que se llama minacachalli. La causa porque la toman por el pico es porque no vomite lo que tiene en la barriga, y si así no lo hiciesen lo vomitaría luego; y cuando la abren la barriga luego sacan la molleja y ábrenla, y hallan en ella una piedra preciosa o plumas ricas de todas maneras; y si no hay piedra preciosa, ni tampoco plumas, hallan un carbón, y esto es señal que el que la tiró o mató morirá luego; y si hallaban piedra o pluma, era señal que el que la tiró había de ser venturoso en la caza y en la pesca, y habría de ser rico; pero sus nietos habrían de ser pobres.

 

Comían la carne de esta ave todos los pescadores y cazadores del agua; repartíanla entre todos, y a cada uno cabía poquita, y teníanlo en mucho por ser aquella ave corazón del agua.

 

Y cuando ella se va allá a donde crían, también todas las aves del agua se van tras ella, y van hacia occidente. Los cazadores y pescadores tenían por su espejo a esta ave; decían que en ella veían que habían de ser prósperos, o no, en el oficio de cazar y pescar.

 

EL  AVE  QUE  DESPIERTA

 

Hay otra avecilla que es semejante a la de arriba en la corpulencia y en el color, pero diferente en el canto, porque ésta tiene costumbre de cantar antes que amanezca; canta en los tlapancos y sobre las pare­ des, y despierta a la gente con su cantar, que dice tlatuicicitli, quiere decir, ¡hola, hola, ya amanece!

 

LA TORTOLA CONTRA LA TRISTEZA Y LOS CELOS

 

Hay unas avecillas en esta tierra que se llaman cocotli, y todos los españoles las llaman tortolitas; no son tan grandes como las de Castilla, pero son de aquel color; son bajuelas, tienen las alas rubias; son pinta-dillas, tienen la pinta muy lisa, tienen los pies colorados y bajuelos; llámanse cocotli, porque cuando cantan dicen coco, coco; comen semi­ llas de las hierbas y también chian; no se casan más de una vez, y

 

cuando muere el uno el otro siempre anda como llorando y solitario, diciendo coco, coco. Dicen que la carne de estas aves comida es contra la tristeza. A las mujeres celosas danles de comer de estas aves para que olviden los celos, y también (a ) los hombres.

 

LOS GALLOS Y GALLINAS DE ESTA TIERRA

 

Las gallinas de esta tierra y los gallos se llaman totollin. Son aves domés­ ticas y conocidas, tienen la cola redonda, tienen las plumas en las alas, aunque no vuelan; son de muy buen comer, la mejor carne de todas las aves; comen maíz mojado cuando pequeñas, y también bledos co­ cidos y molidos y otras hierbas; ponen huevos, y sacan pollos. Son de diversos colores; unos blancos, otros rojos, otros negros y otros pardos; los machos se llaman huexólotl y tienen gran papada y gran pechuga, tienen grande pescuezo, tienen unos corales colorados; la cabeza tienen azul, en especial cuando se enojan, es cejijunto, tiene un pico de carne que le cuelga sobre el pico; bufa, hínchase o enerízase. Los que quieren mal a otros danlos a comer, o a beber, aquel pico de carne blandujo que tienen sobre el pico, para que no pueda armar el miembro gentil.

 

La gallina hembra es menor que el gallo, es bajuela, tiene corales en la cabeza y en la garganta; tómase del gallo, pone huevos, échase sobre ellos y saca sus pollos. Es muy sabrosa su carne, y gorda, es corpulenta, y sus pollos mételos debajo de sus alas, y dan a sus hijuelos de comer buscándoles gusanillos, y otras cosas. Los huevos que concibe primera­ mente se cuajan y crían una telita, y dentro crían su cáscara tierna, y después les pone la gallina; después de puesto el huevo se endurece la cáscara.

 

(Lib. XI, cap. ii, fragmentos)

 

LOS  ANIMALES  DEL  AGUA

EL  ANIMAL QUE  LLAMAN  EL  ARMADO,  LA  IGUANA,

Y LOS PECES  DEL RIO  O LAGUNAS

 

Hay un animalejo en esta tierra que se llama ayotochtli, que quiere decir conejo como calabaza; es todo armado de conchas, es del tamaño de un conejo; las conchas con que está armado parecen pedazos de cascos de calabazas, muy duros y recios.

 

Hay otro animal en esta tierra que se llama quauhcuetzpalin, y los españoles le llaman iguana; es espantable a la vista, parece dragón; tiene escamas, es tan largo como un brazo, es pintado de negro y ama­ rillo, come tierra y moscas y otros coquillos; a tiempos anda en los árboles, a tiempos en el agua; no tiene ponzoña, ni hace mal, antes

 

es bueno de comer, estáse cuatro o cinco días sin comer; susténtase del aire.

 

 

EL  AJOLOTE

 

Hay unos animalejos en el agua que se llaman axólotl, (que) tienen la cola como lagartillas, y tienen la cola como anguila, y el cuerpo también; tienen muy ancha la boca y barbas en el pescuezo. Es muy bueno de comer; es comida de los señores.

 

(Lib. XI, cap. iii, fragmentos)

 

 

LOS  CAIMANES

 

Hay en esta tierra unos grandísimos lagartos que ellos llaman acuetzpalin (y ) los españoles los llaman caimanes; son largos y gruesos, tienen pies y manos, y colas largas y dividida la punta en tres o cuatro; tienen la boca muy ancha, y muy ancho tragadero; los grandes de ellos trá-ganse un hombre entero. Tienen el pellejo negro, tienen conchas en el lomo muy duras, sale de ellas mal hedor, atraen con el anhélito lo que quieren comer. Estos no andan en la mar, sino en las orillas de los ríos grandes.

 

UNA  CULEBRA  O  SERPIENTE  DEL  AGUA  MUY

 

MONSTRUOSA EN  FEROCIDAD  Y OBRAS

 

Hay una culebra en esta tierra que se llama acóatl, o tlilcóatl, que anda en el agua y en el cieno; es tan gruesa cuanto un hombre puede abrazar, y muy larga; tiene grande cabeza, tiene barbas tras de la cabeza, como barbas de barbo grande; es muy negra, reluce de negra, tiene los ojos como brasas; tiene horcajada la cola; mora en las cuevas o manan­ tiales que hay debajo del agua; come peces y trae con el anhélito desde lejos hacia sí, y ahoga en el agua lo que atrae, ora sea persona o animal.

 

Para cazar personas tiene esta culebra una astucia notable, hace un hoyo cerca del agua, de tamaño de un lebrillo grande, y toma peces grandes de las cuevas, como barbos u otros de otra manera, y tráelos en la boca y échalos en el hoyo que tiene hecho, y antes que los eche levanta el cuello en alto y mira a todas partes, y luego echa los peces en la lagunilla, y vuelve otra vez por otros; y algunos indios atrevidos, entretanto que sale otra vez, témanle los peces de la lagunilla y echan a huir con ellos. De que sale otra vez la culebra luego ve que le han tomado los peces, y luego se levanta en alto sobre la cola, y mira a

 

todas partes,  y aunque

vaya  algo lejos el  que  lleva  los peces,  vele,  y

si no le ve por el olor         le va rastreando, y echa tras él tan recio como

una  saeta,  que  parece      que  vuela  por encima  de  los  zacates  y  de  las

matas,  y como llega  al que le lleva los peces,  enróscasele  al  cuello y

apriétale  reciamente,  y    la         cola,  como  la  tiene  hendida,  métesela  por

las narices  cada  punta     por  cada ventana,  o se las  mete por  el  sieso;

hecho esto apriétase reciamente al cuerpo de aquel que le hurtó los pe­

ces, y mátale.  Mas si aquel es avisado,  antes que acometa a tomar los

peces hace  una  concavidad  en  algún  árbol  que  esté  por  allí  cerca,  y

cuando  huye  vase  a  acoger al  árbol,  a  la  concavidad  que  hizo,  y la

culebra enróscase al árbol, y apriétase con él reciamente pensando que

está enroscada con el hombre, y tan reciamente se aprieta que allí muere

enroscada al árbol, y el que lleva los peces escápase.     

De  otra manera  mata  esta culebra  a los  que  pasan  por donde  ella

mora;  sale  a la  orilla       del       agua y  arroja  como  escupiendo  la  ponzoña

a aquel que pasa, y luego   cae tendido como borracho, y luego  le atrae

a sí con el anhélito por fuerza, y va perneando el que así es llevado, y

méteselo en la boca y ahógale en el agua, y allí le           come. 

                   (Lib.    XI, cap. iv, fragmentos)

 

 

LA 10LC0ATL

 

Hay otra culebra que se llama zolcóatl, quiere decir, la culebra enemiga

de las codornices, porque las engaña con su canto y las come.  Es me­

diana, ni es muy gruesa ni muy larga; es pintada como las codornices,

tiene  el pecho blanco y la boca amarilla.  Es muy ponzoñosa,  a quien

pica  no  tiene  remedio;  es  fraudulenta,  engaña  con  su  canto  a  las

codornices y a las personas; canta como codorniz,          y las     codornices      que

la    oyen piensan que        es codorniz y vanse a ella,  y entonces  arrebátalas

y     cómelas;          y algunos        indios  bobos,  como  oyen  su           canto,  piensan            que

es codorniz, y van hacia donde está ella y pícalos,          y mátalos.       Los      que

son avisados,  cuando  oyen  que  canta  esta  culebra  escuchan  si  la  res­

ponde         otra      codorniz,         y  si  no  la  responde  otra,  ella  torna  a      silbar  o

cantar         en        el mismo         lugar  que  de  antes;  entiende          que      es  esta  culebra

zolcóatl,     y          guárdanse       de  ella;  dicen  que vuela  esta  culebra.                  

                                           LA  CULEBRA DE  DOS CABEZAS                               

Hay  una    culebra  en      esta  tierra  que  tiene  dos     cabezas:          una      en  lugar

de cabeza,  otra  en lugar  de la cola,  y llámase   maquizcóatl;    tiene    dos

cabezas  (y )  en cada        una de ellas tiene ojos, boca  y dientes y lengua;

no   tiene    cola ninguna.  No es grande, ni es larga,       sino     pequeña;  tiene

 

cuatro rayas negras por el lomo, y otras cuatro coloradas en el un lado y otras cuatro amarillas en el otro. Anda hacia ambas partes, a las veces guía la una cabeza, y a las veces la otra; y esta culebra se llama culebra espantosa, raramente parece; tienen ciertos agüeros acerca de esta culebra, como están en la letra. A los chismeros llámanlos por el nombre de esta culebra, que dicen que tienen dos lenguas y dos cabezas.

 

LA MA7ACOATL

 

Hay otra culebra que también se llama mazacóatl (y ) es pequeña, tiene cuernos, es prieta, no hace mal, ni tiene eslabones en la cola. De la carne de ésta usan los que quieren tener potencia para tener cuenta con muchas mujeres; los que la usan mucho, o toman demasiado de cantidad, siempre tienen el miembro armado y siempre despiden simiente, y mue­ ren de ello.

 

LA PETLACOATL

 

Hay otro monstruo de culebras que se llaman petlacóatl; dizque se jun­ tan muchas culebras y se entretejen como petate, y andan de acá y de allá, porque tienen todas las cabezas hacia fuera; aquella tela está cer­ cada de cabezas de culebras. De estas culebras cuentan ciertas supersti­ ciones, como en la letra están puestas.

 

Hay otra culebra que llaman coapétlatl; es ancha como un pliego de papel, y en la una esquina tiene la cabeza, y en la esquina contraria tiene la cola; anda de través como cangrejo y va haciendo ruido como cuando se arrastra un petate; raramente parece esta culebra.

 

LA  CHIMALCOATL

 

Hay otra culebra que se llama chimálcóatl; es una culebra larga y gruesa, tiene eslabones en la cola; tiene en el medio del lomo, hecha de su misma carne, una a manera de rodela muy pintada; raramente parece esta culebra. Los que la ven, unos toman de ella mal agüero, y otros bueno, los unos piensan que luego han de morir, por haberla visto; y otros dicen que han de ser prósperos y valientes en cosas de guerra por haberla visto.

 

LA QUETZALCOATL

 

Hay otra culebra que se llama quetzdlcóatl; hay muchas de ellas en la tierra caliente de Totonacapan; es mediana, es del tamaño de las cule­

 

bras del agua, o casi. Llámase quetzalcóatl porque cría plumas de la misma manera de la pluma rica que se llaman quetzálli, y en el pes­ cuezo tiene unas plumas que se llaman tzinitzcan, que son verdes, claras y pequeñas, y en la cola y en los eslabones tiene pluma como el ave que llama xiuhtótotl, que es azul; y (en ) el pecho tiene pluma colorada. Raramente parece esta culebra, ni se sabe lo que come; cuando parece es para picar al que la ve, y su ponzoña es mortal; a quien muerde, luego muere súbitamente. Esta culebra vuela cuando quiere picar, y cuando pica también ella muere, porque echa de un golpe toda su ponzoña y con ella la vida.

 

LAS MARIPOSAS

 

Hay muchas maneras de mariposas en esta tierra, y son de diversos colores, muchas más que en España.

 

Hay una manera de mariposas que son muy pintadas de diversos colores, que llaman xicalpapálotl.

 

Hay  otras  negras  y rociadas  con  unas  pintas  blancas,           que  llaman

tlilpapálotl.

Hay otras mariposas que son leonadas y reluce su color.

Hay otras que son blanquecinas entre amarillo y blanco; hay otras que son muy pintadas.

Hay  otras  que  son  azules claras;  hay  otras  que  son  muy  pintadas,

 

a las mil maravillas; hay otras mariposas que son coloradas, y pintadas muy hermosas.

 

LAS LUCIERNAGAS, HAY MUCHA DIVERSIDAD DE ELLAS

Hay muchas maneras de luciérnagas en esta tierra, y a todas las llaman

ícpitl.  Unas  son  como  langostas,          un  poco más  larguillas,         y andan  en

el tiempo de  las  aguas  y vuelan de  noche  muchas  de  ellas,  y tienen

luz,  así como una  candela  en la  cola;  y algunas  veces  alumbran  más

que  candela,  como  hacha  de  tea.  Cuando  es  la  noche  muy  oscura,

algunas veces van volando muchas en  rende,  y algunos bobos piensan

que son aquellos hechiceros,  que andan  de noche y echan        lumbre por

la cabeza o boca.                          

Otras luciérnagas hay que son como mariposas, y tienen en la cola luz.

Hay unos gusanos que también  tienen luz en la cola, y relucen  de

noche.  Hay otros que también tienen lumbre en la cola; hay otros que

tienen alas, y a trechos cubren la lumbre y a trechos la descubren.

Todas  éstas  andan  de noche,  y relumbran  volando,  excepto  los  gu­

sanos que no vuelan. Hay un escarabajuelo que se llama máyatl            (que)

es  muy  hermoso,  relúcenle  las  conchas  como  esmeralda     (y)       ningún

daño  hace.                        

 

ALGUNOS  ARBOLES

 

Hay unos árboles silvestres que se llaman tlacuilolquáuitl, que quiere decir que tiene madera pintada, porque ellos son bermejos, y tienen las vetas negras que parecen pinturas sobre el bermejo; es árbol muy preciado, porque de él se hacen teponaztles, tamboriles y vihuelas, y suenan mucho estos instrumentos cuando son de esta madera; y por ser muy pintada y de buen parecer es muy preciada.

 

Hay unos árboles silvestres que son altos y delgados, y derechos; hacen de ellos cerbatanas porque se pueden agujerar fácilmente. Hay un árbol silvestre, no muy alto, (que) tiene las hojas coloradas y también la madera.

 

Hay otros árboles silvestres que se llaman chichiquáuitl, o chichipatli, quiere decir, medicina amarga. La corteza de este árbol, molida, es medicinal, hace buena digestión, limpia los intestinos, es buena para la orina; bébense los polvos molidos con agua. El meollo de este árbol es muy recio, sacan de él los tarugos para saetas, en lugar de casquillos.

 

Hay otros árboles que se llaman ulquáuitl; son grandes, altos y hacen gran copa. De estos árboles mana aquella resina negra que se llama ulli; esta resina que se llama ulli es muy medicinal, casi para todas las enfermedades es provechosa; es medicinal para los ojos, para postemas y pudrimientos, y también se bebe con cacao; es provechosa para el estómago, para los intestinos, para los pudrimientos interiores, para la cámara cuando se cierra, etc. Esta resina hácese muy correosa; hacen de ella las pelotas para jugar, y salta más que pelotas de viento.

 

Hay otros árboles que llaman auácatl; tienen las hojas verdes oscuras, el fruto de ellos se llama auácatl, y son blancos por de dentro; son de hechura de corazón, tienen un cuesco dentro de hechura de corazón; hay otros auacates que se llaman tlacozalauácatl (que) son grandes, como los de arriba. Las mujeres que crían no los osan comer, porque causan cámaras a los niños que maman. Hay otros auacates que se llaman quilauácatl, (y ) la fruta de éstos se llama de la misma manera; son verdes por de fuera, son muy buenas de comer y preciosas.

 

EL CACAO

 

Al árbol donde se hace el cacao llaman cacaoaquáuitl; tiene las hojas anchas y es acopado, y es mediano; el fruto que hace es como mazorcas de maíz, o poco mayores, y tienen de dentro los granos de cacao; de fuera es morado y de dentro encarnado o bermejo. Cuando es nuevo, si se bebe mucho emborracha* y si se bebe templadamente refrigera y refresca.

 

DIVERSIDAD DE TUNAS

 

Hay unos árboles en esta tierra que llaman nopalli, quiere decir tunal, o árbol que lleva tunas; es monstruoso este árbol, el tronco se compone de las hojas y las ramas se hacen de las mismas hojas; las hojas son anchas y gruesas, tienen mucho zumo y son viscosas; tienen espinas las mismas hojas. La fruta que en estos árboles se hace, se llama tuna (y ) son de buen comer; es fruta preciada, y las buenas de ellas son como camuesas. Las hojas de este árbol cómenlas crudas y cocidas.

 

En unos árboles de éstos se dan tunas, que son amarillas por dentro, otros las dan que por de dentro son coloradas, o rosadas, y éstas son de muy buen comer, otros árboles de éstos hay que tienen en las hojas vetas coloradas, y las tunas que se hacen de éstas son coloradas por de fuera y por dentro moradas, son grandes, y tienen grueso el hollejo. Hay otros árboles que la fruta que en ellos se hace son coloradas de fuera y de dentro, son gruesas y largas.

 

(Lib. XI, cap. vi, fragmentos)

 

 

HIERBAS QUE EMBORRACHAN

 

Hay una hierba que se llama cóatl xoxouhqui, y cría una semilla que se llama ololiuhqui; esta semilla emborracha y enloquece. Danla por bebe­ dizos para hacer daño a los que quieren mal, y los que la comen paré-celes que ven visiones y cosas espantables; danla a comer con la comida, o a beber con la bebida los hechiceros, o los que aborrecen a algunos para hacerlos mal. Esta hierba es medicinal, y su semilla es buena para la gota, moliéndola y poniéndola en el lugar donde está la gota.

 

Hay otra hierba, como tunas de tierra, que se llama péyotl; es blanca, hácese hacia la parte del norte. Los que la comen o beben ven visiones espantosas, o de risas; dura esta borrachera dos o tres días, y después se quita. Es como un manjar de los chichimecas, que los mantiene y da ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed, ni hambre, y dicen que los guarda de todo peligro.

 

Hay otra hierba que se llama tlápatl, (y ) es como mata; cría unas cabezuelas sin espinas, como limones; tiene la cáscara verde, tiene las hojas anchuelas, las flores blancas, tiene la semilla negra y hedionda, y quita la gana del comer a los que la comen, y emborracha y enloquece perpetuamente. Esta semilla es buena contra la gota, untando con ella a donde está el dolor; el olor también de ella es dañoso como la mis-ma semilla.

 

Hay unos honguillos en esta tierra que se llaman teonanácatl (que) se crían debajo del heno en los campos o páramos; son redondos, y tienen el pie altillo y delgado y redondo. Comidos son de mal sabor,

 

dañan la garganta y emborrachan. Son medicinales contra las calentu­ ras y la gota; hanse de comer dos o tres, no más, (y ) los que los comen ven visiones y sienten bascas en el corazón; a los que comen muchos de ellos provocan a lujuria, y aunque sean pocos.

 

HIERBAS  COMESTIBLES  COCIDAS

 

Una de las hierbas que se comen cocidas se llaman huauhquílitl, que son bledos; es muy verde, tiene las ramas delgadillas y altillas, tiene las hojas anchuelas. Los tallos de esta hierba se llaman huauhtli, (y ) la semilla se llama de la misma manera; esta hierba se cuece para co­ mer, sabe a cenizos, exprímese del agua en que se cuece para comerse; hácense témales de esta hierba, los cuales se llaman quiltamálli; hácense tortillas. Es hierba muy común y cómenla mucho; es como cenizos de España.

 

Las flores de las calabazas se llaman ayoxochquílitl (y ) cómenlas también cocidas; son muy amarillas, son espinosas, móndanlas para cocer, quitando el hollejudo de encima. Los grumos o las extremidades de las ramas de las calabazas se comen también cocidas.

 

FLORESTAS Y ARBOLES

 

Las florestas son muy amenas, frescas y de muchos árboles y hierbas; tienen hierbas y árboles de diversas flores; tienen aguas manantiales, o de río, con que se riega el lugar de tierra fértil; son lugares apacibles y muy deleitosos. Están plantados en estas florestas árboles de muy olorosas y preciosas flores; árboles en que se hacen las flores que se

llaman yolloxóchitl, y el árbol que se llama yoloxochiquáhuitl.

 

Son estas flores olorosas y hermosas, y su hechura es como corazón. Antiguamente solamente los señores las usaban, especialmente las que se llaman tlacayoloxóchitl, que ni son hermosas, ni huelen y usan de ellas la gente baja.

 

Esta flor llamada yoloxochiquáhuitl, hácese en árboles grandes como nogales; llámase también el árbol yoloxóchitl. Son estas flores preciosas y de muy suave olor, tienen la hechura de corazón (y ) por de dentro son muy blancas; son estas flores de dos maneras, unas que se llaman tlacayoloxóchitl, son grandes y muy hermosas, úsanlas los señores y gen­ te de arte; hay otras que se llaman itzcuinyoloxóchitl, (que) como está dicho es muy medicinal, y la beben también con cacao, que le da muy buen sabor.

 

Hay un arbusto que se llama cacaloxóchitl; tiene las hojas anchue-las y larguillas y vellosas, tiene las ramas derechas y fofas, y las hojas y ramas cuando se cortan manan leche y esta leche es pegajo­

 

sa como miel; las flores de este árbol son hermosas, llámanse también cacaloxóchitl, son ametaladas de colorado, amarillo y blanco, son de suave olor y confortan el corazón con su olor. Por estas comarcas 'de México se hacen estas flores, pero son mejores las que vienen de tierra caliente; algunas son negras. Eran reservadas estas flores antigua­ mente para los señores; de las que vienen de tierras calientes unas se llaman necuxóchitl, son cortas; otras se llaman uitzitziltentli, (y) éstas son muy preciadas; otras que se llaman caxóchitl; y otras tienen diver­ sos nombres.

 

(Lib. XI, cap. vii, fragmentos)

 

LAS           PIEDRAS       PRECIOSAS

 

TODAS LAS PIEDRAS PRECIOSAS EN  GENERAL,  COMO SE BUSCAN Y DONDE  SE HALLAN

 

Las piedras preciosas no se hallan así como están ahora, en poder de los que las tienen, o (de los) que las venden, así hermosas y pulidas y resplandecientes, mas antes se crían en unas piedras toscas que no tienen ninguna apariencia ni hermosura, que están por esos campos, o en los pueblos; las traen de acá para allá, y otras tales piedras muchas veces tienen dentro de sí piedras preciosas, no grandes sino pequeñitas; algunas las tienen en el medio, otras en las orillas o en los costados.

 

Hay personas que conocen dónde se crían las piedras preciosas, y es que cualquier piedra preciosa, donde quiera que está, está echando de sí vapor o exhalación como un humo delicado, y este humo se aparece cuando quiere el sol salir, o a la salida del sol; y los que las buscan y conocen, éstos pónense en lugar conveniente cuando quiere salir el sol, y miran hacia donde sale el sol, y donde ven salir un humito delicado, luego conocen que allí hay piedras preciosas, o que ha nacido allí o que ha sido escondida allí, y van luego a aquel lugar, y si hallan alguna piedra preciosa, y quiébranla para buscarla, y si no hay piedra donde sale aquel humito, cavan en la tierra y hallan alguna caja de piedra, donde están algunas piedras preciosas escondidas, o por ventura está en la tierra misma escondida o perdida.

 

También hay otra señal donde se crían piedras preciosas, especial­ mente las que se llaman chalchihuites; en el lugar donde están o se crían, esta hierba que está allí nacida está siempre verde, y es porque estas piedras siempre echan de sí una exhalación fresca y húmeda; y donde esto está cavan y hallan las piedras en que se crían estos chalchihuites.

 

Las esmeraldas que se llaman quetzalitztli, las hay en esta tierra muy buenas; son preciosas, de mucho valor, llámanse así porque quetzalli quiere decir pluma muy verde, y itztli piedra de navaja, la cual es muy pulida y sin mancha ninguna, y estas dos cosas tiene la buena esme­ ralda, que es muy verde, no tiene mancha, y muy pulida y transpa­ rente, es resplandeciente.

 

LOS CHALCHIHUITES

 

Hay otras piedras que se llaman chalchihuites; son verdes y no trans­ parentes, mezcladas de blanco; úsanlas mucho los principales, trayén-dolas en las muñecas, atándolas en hilo y aquello es señal de que es persona noble el que la trae; a los maceguales no les era lícito traerla.

 

EL CRISTAL Y EL AMBAR

 

El cristal de esta tierra se llama teuílotl, es piedra que se halla en minas en las montañas; y también entre éstas se crían las amatistas, que son piedras moradas claras.

 

El ámbar de esta tierra se llama apozonalli, dícese de esta manera porque el ámbar de esta tierra, o estas piedras así llamadas, son seme­ jantes a las campanillas o ampollas del agua, cuando las da el sol en saliendo, que parece que son amarillas claras como oro. Estas piedras hállanse en mineros, en las montañas. Hay tres maneras de estas pie­ dras: la una manera de ellas se llama ámbar amarillo; estas parecen que tienen dentro de sí una centella de fuego (y ) son muy hermosas; la segunda manera se llama tzalapozonalli, (y ) dícese así porque son amarillas con una mezcla de verde claro; la tercera se llama iztacapo-zonálli, dícese así porque son amarillas blanquecinas, no son transpa­ rentes, ni son muy preciosas.

 

LA PIEDRA DE NAVAJAS

 

Hay otras piedras en esta tierra, negras, que se llaman ítztetl; de éstas sacan las navajas, y a las navajas sacadas de ellas llaman itztli; con éstas raspan las cabezas y cortan cosas que no sean muy duras; hay muchas y grandes piezas; cuando están en piedra son muy negras y muy lisas y resplandecientes, cuando se labran, y (si) se hacen navajas son transparentes y muy lisas, sin otra mezcla de color ninguno; algunas de ellas son rojas, otras blanquecinas.

 

Estas piedras creo que son esmeraldas negras, por la virtud que de ellas he experimentado. Molidas como harina y echadas en llagas re­ cientes, o heridas, las sana muy en breve, y no las dejan criar materia; molidas como se dijo, y mezcladas con carne de membrillo, o con cual­ quiera otra conserva muy amasada, de manera que la conserva tome la arena, o harina en cantidad, comida tanto como una píldora, o dos o tres, son muy provechosas para las reumas y dan gran sonoridad a la voz, mitigan cualquiera calor interior. Esto sé por experiencia de mu­ chos días.

 

LA PIEDRA DE SANGRE

 

Hay también unas piedras que se llaman éztetl, quiere decir piedra de

sangre; es piedra parda y sembrada de muchas gotas de colorado, como

de sangre, y otras verdecitas entre las coloradas; esta piedra tiene virtud

de   restañar la sangre  que sale de las narices.  Yo tengo experiencia de

la    virtud de esta piedra,  porque tengo una tan  grande como un  puño,

o     poco menos;  es tosca como la quebraron de la roca, la cual en  este

año de  1576, en esta pestilencia, ha dado la vida a muchos que se les

salía la  sangre y la vida por las  narices;  y tomándola  en  la  mano,  y

teniéndola algún rato apuñada, cesaba de salir la sangre y sanaban de

esta  enfermedad  de  que  han  muerto  y mueren  muchos  en  toda  esta

Nueva España; de esto hay muchos testigos en este pueblo de Tlatilulco

de   Santiago.

 

LAS PIEDRAS DE QUE  SE HACEN  LOS ESPEJOS

 

Hay en esta tierra piedras de que se hacen espejos; hay venas de estas piedras y minas de donde se sacan. Unas de éstas son blancas, y de ellas se hacen buenos espejos, (y ) son estos espejos de señores y señoras: cuando están en piedra parecen pedazos de metal; cuando las labran y pulen son muy hermosos, muy lisos, sin raya ninguna, son preciosos y hacen la cara muy al propio.

 

Hay otras piedras de este metal que son negras cuando las labran y pulen; hácense unos espejos de ellas que representan la cara muy al revés de lo que es: hacen la cara grande y disforme, y todas las par­ ticularidades del rostro muy disformes. Lábranse estos espejos de mu­ chas figuras, unos redondos y otros triangulados, etc.

 

LA  PIEDRA LUCIERNAGA

 

Hay unas piedras preciosas que se llaman huitzitziltetl, que quiere decir, piedra que parece al tzinzon; ésta es piedra pequeñuela y blanca, pero

 

la luz hácela parecer de diversos colores, como también hace parecer de diversos colores a la pluma del tzinzon; esta piedra, según la diver­ sidad de la luz que le da, parece de diversos colores. Está dicho y bien explicado en la letra; tiene hechura como de hormiga; hállase esta pie­ dra a las orillas de la mar entre la arena, y también se halla en un río que corre por la tierra de Totonacapan; venia de noche porque resplan­ dece a manera de luciérnaga, o como una candelita pequeña que está ardiendo, y de lejos no parece sino luciérnaga, y conocen ser la piedra dicha en que está queda aquella luz y no se mueve. Es rara y preciosa, no la usan sino los señores; es transparente, o a lo menos del color de una perla muy fina.

 

(Lib. XI, cap. viii,  fragmentos)

 

LOS COLORES DE TODAS MANERAS

 

LA GRANA Y OTROS COLORES FINOS

 

Al color con que se tiñe la grana llaman nocheztli, que quiere decir, san­ gre de tunas, porque en cierto género de tunas se crían unos gusanos que llaman cochinillas, apegados a las hojas, y aquellos gusanos tienen una sangre muy colorada; ésta es la grana fina. Esta grana es conocida en esta tierra y fuera de ella, y hay grandes tratos de ella; llega hasta la China y hasta Turquía, casi por todo el Mundo es preciada y tenida en mucho. A la grana que ya está purificada y hecha en panecitos, llaman grana recia, o fina; véndenla en los tiánquez hecha en panes, para que la compren los pintores y tintoreros.

 

Hay otra manera de grana baja, o mezclada, que llaman tlapalnextli, quiere decir grana cenicienta, y es porque la mezclan con greda o con harina; también hay una grana falsa que también se cría en las hojas de la tuna, o ixquimiliuhqui, que daña a las cochinillas de la buena grana y seca las hojas de las tunas donde se pone; también ésta la cogen para envolverla con la buena grana, para venderla, lo cual es grande engaño.

 

Al color amarillo fino llaman xochipali, quiere decir, tintura de flores amarillas; este color amarillo se cría en tierras calientes.

 

Al color azul fino llaman matlalli, quiere decir, azul; hácese de flores azules, color (que) es muy preciado y muy apacible de ver.

 

Hay un color que es amarillo claro, que llaman zacatlaxcalli, quiere decir, pan de hierba que se amasa de unas hierbas amarillas, que son muy delgadas, y usan de ellas para teñir o pintar.

 

Hay un color colorado blanquecino que se llama chíotl, (y ) hácese en tierras calientes; es flor que se muele (y ) es medicinal para la sarna; y si se mezcla con el ungüento que se llama áxin, se hace de color de bermellón.

 

Hacen estos naturales tinta del humo de las teas, y es tinta bien fina; llámanla tlilliócotl ; tiene para hacerla unos vasos que llaman tlicomalli, que son a manera de alquitaras; vale por muchas tintas para escribir, y para medicinas, mezclándolo con ellas.

 

 

EL  BARNIZ

 

Hay piedras en esta tierra de que se hace el barniz; llámanlas     tetízatl;

son piedras que se hacen en los arroyos hacia      Tulan.  Usan    mucho de

estas           piedras  para  embarnizar  las  jicaras.           Hay     otros    materiales        como

en   la         letra se declaran.                                                                                          

                                           (Lib. XI, cap. xi, fragmentos)

                   EL AGUA DE LA MAR Y DE LOS RIOS                                    

En   este primer  párrafo  se           trata  del  agua            de la  mar,       y de     la         mar,  a

la cual llaman teóatl, y no quiere decir dios del agua, ni dios agua, sino

que quiere decir agua maravillosa en profundidad y en grandeza; llámase

también ilhuicáatl, quiere decir, agua que se juntó con   el cielo,           porque

los antiguos habitadores de esta tierra pensaban que el cielo se juntaba

con el agua en la mar, como si fuese una casa que el agua son las pare­

des y el cielo está sobre ellas y por esto llaman a la mar ilhuicáatl, como

si dijesen agua que se juntó          con el cielo, pero ahora después        de        venida

la fe ya saben que el cielo   no se junta con el agua,          ni con              la         tierra,

y por eso llaman  a la  mar            uéyatl,  quiere decir,  agua     grande             y          teme­

rosa y fiera llena de espumas y de olas y de montes de agua,  y agua

amarga, salada y mala para beber, donde se crían muchos animales que

están           en  continuo movimiento.                                                                            

A los ríos grandes llaman  atóyatl, quiere decir, agua que va corriendo

con gran prisa, como si dijese agua apresurada en correr.                                              de  un

Los antiguos  de  esta  tierra  decían  que los  ríos  todos  salían            

lugar que se llama Tlalocan, que es como paraíso terrenal, el cual lugar

es de un dios que se llama Chalchihuitlicue; y también decían que los

montes que están fundados sobre él, que están llenos de agua, y por de

fuera  son  de  tierra,  como           si  fuesen  vasos  grandes  de  agua,              o          como

casas  llenas  de  agua;  y  que  cuando  fuere  menester  se  romperán  los

montes, y saldrá el agua que dentro está, y anegará la tierra; y de aquí

acostumbraron a llamar a los pueblos donde vive la gente altépetl,        quiere

decir           monte de agua, o monte lleno de agua.                                                                   

 

Y    también decían que los ríos salían de los montes, y aquel dios Chalchihuitlicue los enviaba, pero sabida la verdad de lo que es, ahora dicen que porque es la voluntad de Dios.

 

La mar entra por la tierra, por sus venas y caños, y anda por debajo de la tierra y de los montes; y por donde halla camino para salir fuera, allí mana, o por las raíces de los montes, o por los llanos de la tierra, y después muchos arroyos se juntan y juntos hacen los grandes ríos; y aunque el agua de la mar es salada, y el agua de los ríos dulce, pierde el amargor, o sal, colándose por la tierra, o por las piedras, y por la arena, y se hace dulce y buena de beber; de manera que los ríos grandes salen de la mar por secretas venas debajo de la tierra, y saliendo se hacen fuentes y ríos.

 

LOS MONTES DE ESTA TIERRA

 

Hay un monte muy alto, que humea, que está cerca de la provincia de Chalco, que se llama Popocatépetl, quiere decir monte que humea; es monte monstruoso de ver, y yo estuve encima de él.

 

Hay otra sierra junto a ésta, que es la sierra nevada y llámase Iztacté-petl quiere decir sierra blanca; es monstruoso de ver lo alto de ella, donde solía haber mucha idolatría. Yo la vi y estuve sobre ella.

 

Hay un monte que se llama Poyauhtécatl, está cerca de Auillizapan y de Tecamachalco; ha pocos años que comenzó a arder la cumbre de él, y yo le vi muchos años que tenía la cumbre cubierta de nieve, y después vi cuando comenzó a arder, y las llamas parecían de noche y de día de más de veinte leguas, y ahora, como el fuego ha gastado mucha parte de lo anterior del monte, ya no se parece el fuego aunque siem­ pre arde.

 

Hay otro gran monte cerca de Tlaxcala que llaman Matlálcueye, quie­ re decir, mujer que tiene las naguas azules.

Hay otro cerca de Coyoacan e Ixtapálapan, aunque no es muy alto es muy afamado, llámase Huixachtécatl.

 

Hay otro monte cerca de Cuitláuac que se llama Youáliuhqui. Todos estos montes tienen cosas notables.

 

(Lib. XI, cap. xii,  fragmentos)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ASTROS Y FENOMENOS CELESTES

 

EL SOL

 

El sol tiene propiedad de resplandecer y de alumbrar, y de echar rayos de sí; es caliente y tuesta, hace sudar, pone hosco o loro el cuerpo y la cara de la persona.

 

Hacían fiesta al sol una vez cada año, en el signo que se llamaba náhui ollin, y antes de la fiesta ayunaban cuatro días, como vigilia de la fiesta; y en esta fiesta del sol ofrecían incienso y sangre de las orejas cuatro veces, una en saliendo el sol, otra al medio día, y otra a la hora de vísperas y cuando se ponía. Y cuando a la mañana salía decían: “ya comienza el sol su obra. ¿Qué será, qué acontecerá en este día?”. Y a la puesta del sol, decían: “acabó su obra, o su tarea el sol”.

 

A las veces, cuando sale el sol parece de color de sangre y a las veces parece blanquecino, y a las veces sale de color enfermizo, por razón de las tinieblas o de las nubes que se le anteponen. Cuando se eclipsa el sol párase colorado, parece que se desasosiega o que se turba el sol, o se remece, o revuelve, y amarillécese mucho. Cuando (esto) ve la gente luego se alborota y tómales gran temor, y luego las mujeres lloran a voces y los hombres dan grita, hiriendo las bocas con las manos; y en todas partes se daban grandes voces y alaridos, y luego buscaban hombres de cabellos blancos y caras blancas, y los sacrificaban al sol. Y también sacrificaban cautivos, y se untaban con la sangre de las orejas; y también agujeraban las orejas con puntas de maguey y pasaban mimbres, o cosa semejante, por las orejas, por los agujeros que las puntas habían hecho, y luego por todos los templos cantaban y tañían, haciendo gran ruido.

Y decían, si del todo se acababa de eclipsar el sol: “¡nunca más alum­ brará, ponerse han perpetuas tinieblas y descenderán los demonios y vendránnos a comer!”.

 

Cuando la luna  nuevamente  nace  parece como un  arquito  de  alambre

 

delgado.  Aunque  resplandece,    poco  a poco va  creciendo;  a los  quince

días es llena; y cuando ya es         llena,  sale por el oriente a la puesta del

sol;  parece  como  una  rueda  de  molino,  grande,  muy  redonda  y muy

colorada, y cuando va subiendo parece blanca o resplandeciente, parece

como un conejo en medio de ella,  y si no hay nubes  resplandece  casi

como el sol,            casi como de día        y después de llena       cumplidamente poco

a poco se va menguando, hasta que vuelve a ser como cuando comenzó.

Dicen  entonces:  ya  se muere  la  luna,  ya  se   duerme  mucho.  Esto  es

cuando sale ya con el alba,  (y )  al tiempo de      la         conjunción      dicen:  ya

es muerta la            luna.    está  en  la  luna  es    ésta:  Dicen  que         los

La  fábula  del  conejo  que                                 

dioses se burlaron con la luna  y diéronla con un  conejo en la cara,  y

quedóle el conejo señalado en la cara, y con esto le escurecieron la cara

como con un  cardenal.  Después de esto sale      para     alumbrar          al mundo.

                   (Lib. VII, cap. ii,         fragmentos)

 

 

LAS ESTRELLAS  LLAMADAS  MASTELEJOS

 

Hacía  esta  gente  particular  reverencia  y  particulares  sacrificios  a  los

Mastelejos  del cielo,  que andan  cerca de las Cabrillas, que es el          signo

del Toro. Hacían estos sacrificios y ceremonias cuando nuevamente pare­

cían  por  el oriente,  después  de la  fiesta  del  sol.  Después  de  haberles

ofrecido  incienso  decían: “Ya  ha           salido  Yoaltecutli,     Yacauitztli,     ¿qué

acontecerá esta noche?, o, ¿qué fin habrá la noche, próspero o adverso?

Tres            veces ofrecían incienso,         y debe ser porque son tres estrellas; la una

vez a           prima noche, la otra               a hora  de las tres, la otra       cuando comienza

a     amanecer.                                                      

       Llaman a estas tres esrellas mamalhuaztli, y por este mismo nombre

llaman a los palos con que sacan lumbre, porque les parece que tienen

alguna semejanza con ellas, y que de allí les vino esta manera de sacar

fuego.  De  aquí  tomaron  por costumbre  de hacer  unas  quemaduras  en

la    muñeca            (a )  los varones,  a honra  de  aquellas  estrellas.  Decían  que

el    que no fuese  señalado de  aquellas  quemaduras,  cuando  se muriese,

que allá en el infierno habían de sacar el fuego de su muñeca, barre­

nándola, como cuando acá            sacan el fuego del palo.                     

       A la  estrella  de Venus  la  llamaban  esta  gente  citlápol,  uei  citlalin,

estrella  grande;  y decían  que  cuando  sale  por  el  oriente  hace  cuatro

arremetidas, y las tres luce poco y vuélvese a esconder, y la cuarta sale

con  toda  su claridad,  y procede  por  su  curso;  y dicen  de  su luz  que

parece a la  de la luna.                                                      

 

En la primera arremetida teníanla de mal agüero, diciendo que traía enfermedad consigo, y por esto cerraban las puertas y ventanas para que no entrase su luz; y a las veces la tomaban por buen agüero, según el principio del tiempo en que comenzaba a aparecer por el oriente.

 

(Lib. VII, cap. iii)

 

LOS COMETAS

 

Llamaba esta gente al cometa citlalin popoca, que quiere decir estrella que humea. Teníanle por pronóstico de la muerte de algún príncipe o rey, o de guerra, o de hambre; la gente vulgar decía ésta es nuestra hambre. A la inflamación (cauda) del cometa llamaba esta gente citlalin tlamina, que quiere decir la estrella tira saetas, y decían que siempre que aquella saeta caía sobre alguna cosa viva, liebre o conejo, u otro animal donde hería luego se criaba un gusano por lo cual aquel animal no era de comer. Por esta causa procuraba esta gente de abrigarse de noche, porque la inflamación del cometa no cayese sobre ellos.

 

A las estrellas que están en la boca de la bocina llamaba esta gente citlalxonecuilli. Píntanla a manera de una S, revueltas siete estrellas; dicen que están por sí apartadas de las otras y que son resplandecientes. Llámanlas citlalxonecuilli porque tienen semejanza con cierta manera de pan, que hacen a manera de la letra S, al cual llaman xonecuilli, el cual pan se comía en todas las casas un día del año que se llama

xochílhuitl.

A aquellas estrellas, que en algunas partes se llaman el Carro, esta gente las llama Escorpión, porque tienen figura de escorpión o alacrán, y así se llaman en muchas partes del mundo.

 

(Lib. VII, cap. iv)

 

 

LAS NUBES

 

Las nubes y las pluvias atribuíanlas estos naturales a un dios que llama­ ban Tlalocan tecutli, el cual tenía muchos otros debajo de su dominio a los cuales llamaban Tlaloque y Tlamacazque. Estos pensaban que criaban todas las cosas necesarias para el cuerpo, como maíz y flijoles, etc., y que ellos enviaban las pluvias para que naciesen todas las cosas que se crían en la tierra; y cuando hacían fiesta a este dios y a sus sujetos, antes de la fiesta, ayunaban cuatro días aquellos que llaman tlamacazque, los cuales moraban en la casa del templo que se llamaba Calmécac; y acabado el ayuno, si algún defecto entre ellos había, por honra de aquellos dioses le maltrataban (al que incurrió en el) en la

 

laguna arrastrándole y acoceándole por el cieno, y por el agua, hasta que casi lo ahogaban. A los que en la casa llamada Calmécac hacían defecto, como es quebrar alguna vasija o cosa semejante, los prendían y tenían guardados para castigarlos en aquel día; y algunas veces los padres de aquel que estaba preso daban gallinas, o mantas y otras cosas a los tlamacazque porque lo soltasen y no lo ahogasen. A los que maltra­ taban de esta manera, ni sus padres ni sus parientes osaban favorecerlos, ni hablar por ellos si antes no los habían librado estando presos, y tanto los maltrataban que los dejaban casi muertos, arrojados a la orilla del agua; entonces los tomaban sus padres y los llevaban a sus casas.

 

En esta fiesta de estos dioses todos los maceguales comían maíz co­ cido, hecho como arroz, y los tlamacazque andaban bailando y cantando por las calles: en una mano traían una caña de maíz verde, y en otra una olla con asa. De este modo andaban demandando que les diesen maíz cocido, y todos los maceguales les echaban en las ollas que traían de aquel maíz cocido. Estos dioses decían que hacían las nubes, y las lluvias, y el granizo y la nieve, y los truenos y los relámpagos y los rayos.

 

El arco del cielo es a manera de arco de cantería; tiene apariencia de diversos colores (y ) cuando aparece es señal de serenidad. Y cuando el arco del cielo se pone sobre algún maguey decían que le haría secar o marchitar, y también decían que cuando espesas veces aparece el arco del cielo, es señal que ya quieren cesar las aguas.

 

(Lib. VII, cap. vi)

 

LA HELADA,  NIEVE  Y GRANIZO

 

Señalaban cierto tiempo de la helada, diciendo que en término de ciento veinte días en cada un año helaba, y que comenzaba el hielo desde el mes que llaman ochpaniztli hasta el mes llamado títitl, porque cuando venía este mes o fiesta toda la gente vulgar decía que ya era tiempo de beneficiar y labrar la tierra, y sembrar maíz y cualquiera género de semillas; y así se aparejaban todos para trabajar. La nieve cuando cae casi como agua o lluvia llaman cepayáuitl, casi hielo blando, como niebla, y cuando así acontecía decían que era pronóstico de la cosecha buena, y que el año que venía sería muy fértil. Las nubes espesas, cuando se veían encima de las sierras altas, decían que ya ve­ nían los Tlaloque, que eran tenidos por dioses de las aguas, y de las lluvias. Esta gente cuando veía encima de las sierras nubes muy blancas, decían que eran señal de granizos, los cuales venían a destruir las se­ menteras, y así tenían muy grande miedo. Y para los cazadores era de gran provecho el granizo, porque mataban infinito número de cua-lesquier aves y pájaros. Y para que no viniese el dicho daño en los mai­

 

zales, andaban unos hechiceros que llamaban teciuhtlazque, que es casi estorbadores de granizos; los cuales decían que sabían cierta arte o encantamiento para quitar los granizos, o que no empeciesen los maizales, y para enviarlos a las partes desiertas, y no sembradas, ni cul­ tivadas, o a los lugares donde no hay sementeras ningunas.

 

(Lib. VII, cap. vii)

 

 

EL HOMBRE Y SUS RECURSOS

 

 

 

 

 

 

 

 

EL CICLO VITAL

LA  MANERA  QUE       HACIAN       LOS  CASAMIENTOS

ESTOS  NATURALES

 

Aquí se trata de la manera que hacían los casamientos en estas partes. Los padres de algún mancebo, cuando ya le veían que era idóneo para casarse, juntaban a todos los parientes y estando juntos, decía el padre del mancebo: “Este pobre de nuestro hijo ya es tiempo que le busquemos su mujer, porque no haga alguna travesura, porque no se revuelva por allí por ventura con alguna mujer, que ya es hombre”.

 

Dicho esto llamaban al mozo, delante de todos, y decía el padre: “Hijo mío, aquí estás en presencia de tus parientes; habernos hablado sobre ti porque tenemos cuidado de ti, pobrecito, (que) ya eres hombre y parécenos que será bien buscarte mujer con quien te cases; pide li­ cencia a tu maestro para apartarte de tus amigos, los mancebos con quien te has criado: Oigan esto los que tienen cargo de vosotros, que

se llaman telpochtlatoque’.

 

Oído esto el mancebo respondía: “Tengo en gran merced y beneficio eso que se me ha dicho; habéis hecho conmigo misericordia en haber tenido cuidado de mí (que) os habré dado pena y fatiga; hágase lo que decís, porque también lo quiere así mi corazón. Ya es tiempo que yo comience a experimentar los trabajos y peligros de este mundo. Pues, ¿qué tengo de hacer?”.

 

Hecho esto, luego aparejaban de comer, haciendo tamales y moliendo cacao y haciendo sus guisados que se llaman molli. Y luego compraban una hacha con que cortar leña y maderos. Luego enviaban a llamar a los maestros de los mancebos, que se llamaban telpochtlatoque, y dábanles a comer y dábanles cañas de humo. Acabado de comer, sen­ tábanse los viejos parientes del mancebo, y los del barrio, y ponían delante de todos el hacha, de que los mancebos usan estando en el poder de sus maestros. Luego comenzaba a hablar uno de los parientes del mancebo, y decía: “Aquí estáis presentes, señores y maestros de los mancebos; no recibáis pena porque vuestro hermano N., nuestro

 

hijo, se quiere apartar de vuestra compañía, ya quiere tomar mujer; aquí está esta hacha que es señal de cómo se quiere apartar ya de vuestra compañía, según es la costumbre de los mexicanos; tomadla y dejad a nuestro hijo”. Entonces respondía el maestro de los mancebos llamado telpochtlato, diciendo: “Aquí hemos oído todos nosotros, yo y los man­ cebos con quien se ha criado vuestro hijo algunos días, cómo habéis determinado de casarle y de aquí adelante se apartará de ellos para siem­ pre; hágase como mandáis”. Luego tomaban la hachuela, y se iban y dejaban al mozo en casa de su padre.

Hecho esto, juntábanse los parientes del mozo, viejos y viejas, y con­

ferían  entre    cuál  moza  le      vendría  bien,  y  habiendo  determinado

cuál moza le habían de demandar, aquellas matronas viejas que tienen por

oficio de intervenir en los casamientos, habiéndolas rogado los parientes

del mozo,  que  fuesen  a hablar    de        su  parte          a la  que  tenían  señalada

ya sus parientes, luego otro día,    de        mañana, iban a la casa de la moza

y hablaban a los parientes de la moza, para que diesen su hija a aquel

mozo:  esto hacían  con  mucha retórica y con mucha  parola.  Habiendo

oído los parientes  de  la  moza  la  mensajería  de  las  viejas,  respondían

excusándose,  como haciéndose de rogar,  que la moza aún  no era para

casar ni era digna de tal mancebo. En esto pasaban pláticas de mucha

roncería. Acabada su plática los de parte de la moza, con las viejas, des­

pedíanse  diciendo que vendrían  otro día,  que   mirasen  despacio lo que

les cumplía; y así el día siguiente iban muy         de mañana  a la casa  de

la moza, y hacían sus pláticas acerca del negocio, y también las despe­

dían  con  roncerías los padres  de  la  moza,  y   como  se iban  las  viejas

decían  los parientes  de  la  moza  que    viniesen  otra  vez.  Al cuarto  día

volvían las viejas  a oír la respuesta                     y determinación  de los padres  de

la  moza,  los cuales  hablaban  de  esta  manera:  “Señoras  nuestras,  esta

mozuela os da  fatiga  en  que la buscáis  con  tanta  importunación  para

mujer de este mancebo que habéis dicho.  No sabemos cómo se engaña

ese mozo que la demanda, porque ella no es para nada y es una bobilla;

pero pues que con tanta importunación habláis en este negocio, es nece­

sario que, pues que la muchacha tiene tíos y tías, y parientes y parien-

tas,  será bien que todos juntos vean lo que les parece,  veamos lo que

dirán y también será bien que la muchacha entienda esto; y así, venios

mañana y llevaréis la determinación y conclusión de este negocio”.

El día siguiente, después de haberse ido las viejas, júntanse los pa­ rientes de la moza y háblanse sobre el negocio sosegada y pacíficamente, y los padres de la moza, después de haber concluido el negocio, entre todos dicen: está bien, pues conclúyese que el mozo será muy contento de oír lo que se ha determinado, será contento de casarse con ella, aunque sufra pobreza y trabajo, que parece que está aficionado a esta muchacha, aunque no sabe aún hacer nada ni es experta en hacer su oficio mujeril. Y luego después de esto los padres de la moza, hablaban

 

a los padres del mozo diciéndoles:  “Señores, dios os dé mucho descanso;

 

el negocio está concluido, conciértese el día cuando se han de juntar”.

Después  de  apartados  los  unos  de                   los  otros,        los       parientes         ancianos

del mozo preguntaban  a los adivinos,  que señalasen un  día bien  afor­

tunado  para  el  negocio  y los  adivinos  les  señalaban  uno  de  los  días

prósperos para  el negocio.  Decían  que  cuando reinaba            el         carácter           que

se    llama   ácatl,    o el otro que se llama             ozomatli; o el otro que se llama

cipactli,                  o el otro que se llama quauhtli,  o el otro que se llama                     calli,

cualquiera  de  éstos era bien        acondicionado para  este        negocio.                      Después

de esto luego comenzaban a aparejar las cosas necesarias para  el día de

la  boda,  que  se había  de  hacer  en  algún  signo  de  los  arriba  dichos;

aparejábanse las ollas para cocer el maíz y el cacao molido, que llaman

cacauapinolli;  las  flores   que      eran  menester,           las        cañas   de  humo         que

se  llaman  yetlalli,  y  los  platos  que      se  llaman        molcáxitl,        y          los                   vasos

que  se        llaman  zoquitecómatl,  y        los  ckiquihuites;         comenzaban                a          moler

el    maíz    y ponerlo         en        los       apaztles o lebrillos;     luego   hacían  tamales            toda

la    noche  y todo  el  día, por  espacio     de  dos o          tres      días;    no                    dormían

de noche sino muy poco, trabajando en lo arriba dicho.                                                            

       El  día  antes  de la  boda  convidaban  primero  a la  gente  honrada  y

noble y después  a la  otra  gente,  como eran  los maestros  de  los man­

cebos y a los mancebos de quien tenían  cargo,   y          luego   a          los       parientes

del novio y de la novia.  El día  de la boda,  de mañana,  entraban  los

convidados  en       la         casa  de  los  que  se               casaban;          primeramente  entraban

los   maestros  de    los mancebos con  su             gente,  y          bebían solamente        cacao

y no  vino,  y todos los viejos y viejas  entraban  a comer  al  mediodía;

entonces  había  gran  número  de  gente  que  comían,  y  servían  dando

comida y flores, y cañas de perfumes; muchas de las mujeres llevaban

mantas y las ofrecían;  otras que  eran  pobres ofrecían maíz.  Todo esto

ofrecían                  delante del fuego, y los viejos y las viejas bebían octli        o pulcre,

y bebían en unos vasos pequeños templadamente; algunos bebían tres o

cuatro,        otros cinco  de  aquellos         vasos,              y de     allí  no pasaban           los        viejos

y     viejas,  (pero)   con      tanto    como  esto      se  emborrachaban,     y          este                  vino

era adobado.                      de        este      día       bañaban                      a la novia, y lavábanla            los       cabellos,

       Y         a la tarde                                                                                          

y componíanla los brazos y las piernas     con pluma colorada,  y poníanla

en el rostro margagita pegada; a las que eran más muchachas poníanlas

unos  polvos  amarillos  que  se  llaman               tecozáhuitl;     y  después  de  com­

puesta de esta manera poníanla cerca del hogar, en un petate como es­

trado, y allí la iban a saludar todos los viejos de parte del mozo, y decían

de esta manera:  “Hija  mía,  que  estás  aquí,  por vos son  honrados  los

viejos y viejas y vuestros parientes;  ya sois del número  de las mujeres

ancianas:  ya habéis dejado de ser moza y comenzáis a ser vieja; ahora

dejad ya las mocedades y niñerías. No habéis de ser desde aquí adelante

como  niña  o  como  mozuela,  conviene  que  habléis   y          saludéis           a                      cada

uno  como  conviene;        habéis  de        levantaros  de  noche  y          barrer   la                     casa,

 

y  poner  fuego  antes  que  amanezca,  os  habéis  de  levantar  cada  día;

 

mirad,  hija,  que  no  avergoncéis,  que  no  deshonréis  a  los  que  somos

vuestros padres y madres; vuestros abuelos         que ya son  difuntos,  no os

han de venir a decir lo que os cumple, porque son ya difuntos; nosotros

lo decimos en su nombre.  Mira,  pobrecita,        que te esfuerces,  ya te has

de apartar de tu padre        y madre, mira que no se incline tu    corazón más

a ellos; no has más de estar con tu padre  ni con tu madre, ya los has

de  dejar  del  todo:  Hija  nuestra,  deseamos  que  seas bienaventurada  y

próspera”. Oído esto la novia respondía con lágrimas,  al que  la  había

hablado:  “Señor mío, persona de estima,  habéisme hecho merced todos

los  que  habéis  venido;  ha  hecho  vuestro  corazón  benignidad  por  mi

causa,  habéis  recibido     pena  y trabajo  por    honrarme;        las        palabras  que

se me han dicho téngolas por cosa preciosa, y de mucha estima; habéis

hecho como verdaderos padres y madres en hablarme y avisarme; agra­

dezco mucho el bien que se me ha hecho”.                                                                                

Cuando ya era a la puesta del sol, venían los parientes  del mozo a

llevar a su nuera,  muchas viejas honradas          y matronas,  y en  entrando

en la casa donde estaba la novia decían luego:  “Por ventura os seremos

causa de temor con nuestro tropel, y es que venimos por nuestra hija,

queremos  que  se vaya con  nosotros”.’ Y luego se levantaban  todos  los

parientes de la moza, y una matrona que para esto iba aparejada, apa­

rejaba una manta  que       se llama tliqiiémitl      tomándola       por       las  esquinas,

y tendíala en el suelo,        y sobre ella se ponía de          rodillas la        novia,  luego

la tomaba a cuestas y luego encendían hachones de teas, que para esto

estaban aparejados, y ésta era la señal que ya la llevaban a casa de su

marido. Iban todos ordenados en dos rendes, como cuando van en pro­

cesión, acompañándola; pero los parientes de la moza iban en torno de

ella en tropel, y todos llevaban los ojos puestos en ella. Y los que estaban

a la mira por las calles, decían a sus hijas:  “¡Oh bienaventurada moza!,

mírala, mírala cual va,       bien parece que ha     sido obediente a sus padres

y ha tomado sus consejos; tú nunca tomas           los consejos y palabras que

se te dicen para tu provecho; las palabras y consejos que  se te dicen,

todas las entiendes  al  revés,  y no las pones por obra.  Esta  moza  que

ahora  se casa  con  esta honra,  bien  parece  que  es bien  criada  y bien

doctrinada, y tomó bien los consejos y doctrinas de sus padres y madres;

honrando  a sus padres,  no los desobedeció,  mas  antes los ha  honrado

como parece ahora”.          novia a la  casa  del  novio,    luego   ponían a los

Habiendo llegado la                                             

dos juntos al hogar, la        mujer a la mano izquierda      del       varón   y el      varón

a  la  mano derecha  de  la  mujer;  y la  suegra    de        la         novia   luego   salía

para dar dones a su nuera:  vestíala un huipilli     y poníala a los pies un

cueitl,  todo  muy  labrado;  y la  suegra  del  novio,  luego  daba  también

dones  a  su  yerno:  cubríale  una  manta  añudada  sobre  el  hombro,  y

poníale un maxtle junto a sus pies. Hecho           esto      las        casamenteras ataban

la manta del novio, con el huipilli de la novia,    y la suegra       de la    novia

 

iba y lavaba la boca a su nuera, y ponía tamales en un plato de madera

 

junto a ella, y también un plato con molli que se llama tlatonilli; luego

daba  a  comer  a  la  novia  cuatro  bocados,  los primeros          que      comía,

después daba otros cuatro al novio, y luego a      ambos juntos   los       metían

en una cámara y las casamenteras los echaban en la cama, y cerraban

las puertas y dejábanlos a ambos solos.  Salíanse            todos de la cámara,  y

las viejas casamenteras que se llaman      titici,    que eran como ministras del

matrimonio estábanlos      guardando      a la      puerta, y allí bebían;   no        se iban

a sus casas, toda la noche estaban allí; habiendo hecho eso cuatro días

arreo, hacían una ceremonia, y era que la estera sobre que habían dor­

mido que se llamaba pétatl, la sacaban al medio patio, y allí la sacudían

con cierta  ceremonia;  y después  tornaban  a poner  la  estera  en  donde

habían  de dormir.                                                                                                           

En  este tiempo comían  y bebían  dentro de casa los parientes de la

novia con los parientes      del novio, y allí se trataban todos      como cuñados

y afínes,  y como tales se hablaban  y conocían;  después de esto íbanse

todos a sus casas,  muy contentos.  Y las viejas parientas del  novio ha­

blaban a la novia diciendo de esta manera:  “Hija mía, vuestras madres,

que aquí estamos, y vuestros padres, os quieren consolar; esforzaos hija,

no os aflijáis por la carga del casamiento que tomáis a cuestas,  y aun­

que es pesada, con la         ayuda de         nuestro señor   la         llevaréis,          rogadle            que

os ayude;  placerá  (a )      nuestro  señor que      viváis   muchos           días  y subáis

por la cuesta arriba de los trabajos;  por ventura  llegaréis a la    cumbre

de ellos sin ningún  impedimento  ni fatiga         que      os envíe           nuestro señor.

No  sabemos  lo  que  nuestro  señor  tendrá        por       bien  de  hacer:           esperad

en él. Veis aquí cinco mantas que os da vuestro marido, para que con

ellas tratéis  en  el  mercado,  y con  ellas  compréis        el  chilli,          y la  sal,  y

las teas,  y la leña con que habéis de guisar la comida.  Esta es la cos­

tumbre que dejaron los viejos y viejas; trabajad,  hija,  y haced vuestro

oficio mujeril sola, ninguno os ha de ayudar; ya nos vamos.  Sed biena­

venturada  y próspera  como  deseamos”. Después  de  esto  la  suegra  del

recién  casado  hablábale  de  esta  manera:         “Aquí  estáis,  hijo  mío,        que

sois nuestro tigre y nuestra águila, y nuestra pluma rica y nuestra piedra

preciosa,  ya sois nuestro hijo muy tiernamente   amado;  entended,  hijo,

que  ya  sois  hombre,  y  hombre  casado,  y  hombre  que        tiene    por       su

mujer a nuestra hija;          no os parezca  esto     cosa     de burla,          mirad   que      ya

es otro mundo en donde ahora estáis, ya estáis en vuestra libertad, otra

manera  de  vivir  habéis  tomado  de  la  que  habéis  tenido  hasta  ahora;

mirad que seáis hombre y que no tengáis corazón de niño; no os convie­

ne de aquí adelante ser mozo travieso; no os conviene de aquí adelante

andar en los vicios que andan los mancebos, como es los amancebamien­

tos,  y burlerías  de mozos y chocarrerías, porque           ya sois del  estado      de

los casados,  que  es tlapaliui; comenzad  de  trabajar  en  llevar cargas  a

cuestas por los caminos, como es chilli y sal, y salitre, y peces, andando

de  pueblo  en  pueblo;      enseñaos         a los     trabajos           y          fatigas que habéis       de

 

sentir en el corazón y en el cuerpo, durmiendo en los rincones en las

 

casas           ajenas,  en  las  portadas  de  las  casas  donde  no  conocéis;  haceos

a los            trabajos  de pasar los arroyos y de     subir las cuestas,  y de  pasar

los páramos; haceos a los trabajos de pasar grandes soles y grandes fríos,

do habréis menester de  templar el calor del  sol con  el aventadero  de

plumas que habéis de llevar en la mano; haceos a los trabajos de comer

pan seco,  con  maíz  tostado;  no  penséis,          hijo,  que  de  aquí  adelante

habéis de vivir en regalos y en delicadezas,  porque habéis con vuestro

sudor de ganar la comida; a nadie se le viene a casa lo que ha de comer

y beber, a nadie se le cae delante lo que   ha de menester; no se junta

la hacienda sin trabajo, es menester trabajar con todas las fuerzas para alcanzar la misericordia de dios. No hay otra cosa que os decir, quedad en buena hora”.

 

(Lib. VI, cap. xxiii)

 

ENHORABUENA  A LA PREÑADA

 

“Nieta mía muy amada y preciosa, como piedra preciosa, como chalchi­ huite y zafiro, noble y generosa; ya es cierto ahora que nuestro señor se ha acordado de vos, el cual está en toda parte y hace mercedes a quien quiere; ya está claro que estáis preñada, y que nuestro señor os quiere dar fruto de generación, y os quiere poner un joyel y daros una pluma rica. Por ventura lo han merecido vuestros suspiros y vuestras lágrimas, y el extendimiento de vuestras manos delante de nuestro señor dios, y las peticiones y oraciones que habéis ofrecido en presencia de nuestro señor, llamado tiniebla y aire, en las vigilias de la media noche; por ventura habéis velado, por ventura habéis trabajado en barrer y ofrecer incienso en su presencia, por ventura por estas buenas obras, ha hecho con vos misericordia nuestro señor; por ventura ésta fue la causa por que se determinó en los cielos y en el infierno, antes del principio del mundo, que se os hiciese esta merced. Por ventura es verdad que nuestro señor Quetzálcóatl, que es criador y hacedor, os ha hecho esta merced. Por ventura lo ha determinado el que reside en el cielo, un hombre y una mujer, que se llaman Ometecutli, Omecíhuatl. Por ventura esto está ya así determinado: mirad, hija mía, que no os ensoberbezcáis por la merced que se os ha hecho; mira que no digáis dentro de vos, ya estoy preñada; mirad que no atribuyáis esta merced a vuestros merecimientos; porque si esto hiciéredes, no se le podrá es­ conder a nuestro señor lo que dentro de vos pensáredes, porque no se le esconde ninguna cosa, aunque esté dentro de las piedras y de los árboles, y así se enojará contra vos y os enviará algún castigo, de manera que perdamos lo que dentro de vos está, matándolo nuestro señor o permitiendo que nazca sin sazón o muera en su ternura; o por ventura

 

os dará nuestro señor alguna enfermedad a vos para que muráis; porque el cumplimiento del deseo que tenemos del hijo y de generación, por sola la misericordia de dios se nos cumple, y si nuestros pensamientos son contrarios a esta verdad, pensando que se hace por nuestros mereci­ mientos, nosotros nos defraudamos de la merced que nos está hecha.

 

Por ventura, hija, por tu soberbia no merecerás que salga a luz lo que está principiando y viene ya; por ventura ya quiere brotar la gene­ ración de tus bisabuelos y tatarabuelos, y de tus padres que te echaron acá, y nuestro señor dios quiere que engendre y produzca fruto el maguey que ellos plantaron hondamente, para que lo que naciera sea imagen de ellos, a los cuales el mismo nuestro señor los escondió y los llevó para sí, y él quiere que los levanten la cabeza y en alguna manera los resuciten los que nacerán de su posteridad. Lo que ahora, hija mía muy tierna, es necesario que hagas es que te esfuerces, que hagas tu posibilidad acerca de llorar y suspirar delante de nuestro señor; traba­ jad también en barrer y en desembarazar, y en componer, y en limpiar los altares y oratorios de vuestra casa, a honra de nuestro señor dios; y procurad asimismo de ofrecer incienso, que se llama tenamactli; velad de noche, mirad que no durmáis demasiado, ni os deis a la dulzura del sueño, mayormente procurad de suspirar de corazón y decir: ¿qué será de mí desde aquí a cuatro días, o cinco días?, porque somos flacos y muy quebradizos. Oíd otra cosa, hija mía, que os encomiendo mucho: mirad que guardéis mucho la criatura de dios que está dentro de vos; mirad, no burléis con él; mirad que no seáis causa de alguna enfermedad por vuestra culpa, a la merced que nuestro señor os ha hecho, que es haberos dado criatura, que es como un joyel con que os ha adornado; mirad que os guardéis de tomar alguna cosa pesada en los brazos, o de levantarla con fuerza, porque no empezcáis a vuestra criatura; mirad, hija, que no uséis el baño demasiadamente, mirad que no la matéis con el calor demasiado del baño. De otra cosa os aviso, y ésta quiero que la oiga y la note nuestro hijo, vuestro marido N., que está aquí y es esto: porque somos viejos, sabemos lo que conviene; mirad, los dos, que no os burléis el uno con el otro porque no empezcáis a la criatura; mirad que no uséis mucho el acto carnal, porque podrá ser que hagáis daño a la criatura, con la cual nuestro señor os ha adornado a vos hija mía, y así saldrá cuando naciere manca o lisiada de los pies o de las manos o de los dedos; si pluguiere a dios que merezcamos que nazca vuestra criatura que dios os ha dado, y viniere muy envuelta de la suciedad que causa el acto carnal, por ventura moriréis en el parto, porque aque­ lla viscosidad es pegajosa, e impedirá la salida de vuestra criatura por­ que hubo efusión de simiente sin haber para qué, y así se hace pegajosa como engrudo, y podréis morir del parto.

 

Apartaos, hija, de mirar cosas que espantan o dan asco: esto es consejo de los viejos y viejas que fueron ante nos. ¡Oh, hija mía chiquita, palomita!, estas pocas palabras he dicho para esforzaros y animaros,

 

y son palabras de los viejos antiguos, vuestros antepasados y de las viejas

 

que aquí están presentes, con las cuales os enseñan todo lo que es nece­

sario para que sepáis y veáis que os aman mucho y que os tienen como

una  piedra preciosa  y pluma  rica;  ninguna  cosa  os han  escondido,  y

en esto hacen como sabios y experimentados. Seáis, hija, muy bien aven­

turada y próspera, y vivas con mucha salud y contento; y viva con sanidad

y     con  salud        lo que tenéis  dentro  en  vuestro vientre.  Esperemos  todos

en   nuestro            señor,  esperando  lo  que  sucederá  mañana  o  ese  otro  día,

y lo que      de        vos determinará nuestro señor.  Seáis muy bien aventurada

y ruego       que      venga a luz lo que está en vuestro vientre”.

 

PREPARACION DE LA PARTURIENTA

 

“Señores nuestros y padres muy amados,  por mi causa habéis recibido

trabajo en el camino, porque hay caídas y tropiezos, con tener muchos

negocios y ocupaciones que nuestro señor os ha encargado; por mi causa

los habéis dejado, por darme a mí contento, descanso y placer con vues­

tras palabras y consejos,    y  avisos muy  preciosos  y raros,  que  aquí he

yo oído, como de padres y de madres muy amados, las cuales tenéis ate­

soradas en vuestras entrañas y en vuestra garganta, cosas muy preciosas y

deseables. ¿Por ventura las olvidaré, o ambos las olvidaremos, yo y mi ma­

rido, el cual aquí    está, que es vuestro siervo y criado.  N.,  a los cuales

ambos nuestro señor nos ha juntado y atado?; ¿por ventura con descuido lo

olvidará? Y lo que, señores, habéis oído, la razón porque habéis venido, es

verdad. Verdad habéis oído, que ya nuestro señor tiene por bien de nos que­

rer dar una piedra preciosa y una pluma rica. ¿Por ventura tendrá por bien

de  sacar a la luz lo que  está  comenzado,  o por ventura  perderé  este

beneficio, y no gozaré de mi criatura? No sé lo que nuestro señor tiene

propósito de hacer en  este negocio.  Por cierto  esto sé,  que  en    no

hay merecimiento  para  que  venga  a luz  y nazca  en  el  mundo;  duda

tengo que nuestro  señor le dé luz, para que se conozca la merced que

me ha hecho. Aquí está presente vuestro siervo y criado; siempre anda­

mos  juntos,  como  trabados  de  las  manos,  no    si lo  verá,  no    si

conocerá,  no  sé si verá la cara de lo        que  de  su  sangre  se ha  hecho,

que es lo que tengo en       el vientre;  no sé si verá a su imagen,  que  es

la  criatura  que  está  en    mí,  o si por    ventura  nuestro  señor,  que  está

en  todo lugar,  se quiere  reír  de  nosotros  deshaciéndole  como agua,  o

dándole  alguna  enfermedad  en  su ternura,  o nacerá sin tiempo y nos

dejará con el deseo de generación,  porque  ni  nuestro lloro  ni  nuestra

penitencia merece  otra  cosa;  esperemos  en  nuestro señor;  por  ventura

no  lo merecemos.  Padres  míos,  y señores  míos  muy  amados,  deséoos

todo reposo y todo contento”.      

 

EL  PARTO

 

“Señora, aquí estáis presente, haos traído nuestro señor, que está en todo lugar. Persona honrada y digna de veneración. También aquí están presentes los viejos y viejas vuestros mayores: Sabed, señora, que esta mozuela está preñada, mujer casada con N., que aquí está, vuestro siervo, sus padres y sus parientes os la presentan y encomiendan, porque nuestro señor, que rige el mundo, quiere hacer con ellos misericordia en darles una piedra preciosa y una pluma rica, que es la criatura, que ya viene dentro del vientre de su madre, que está aquí presente, que es esta moza vuestra sierva, que se llama N., la cual está casada con vuestro siervo y criado N., el cual la pone en vuestras manos, en vuestro regazo, sobre vuestras espaldas; y también los viejos y viejas parientes y padres y madres de ella, os encomiendan esta su hija ahora. Señora, metedla en el baño, como sabéis que conviene, que es la casa de nuestro señor llamada Xochicaltzin, a donde arrecia y esfuerza los cuerpos de los niños la madre y abuela, que es la señora diosa llamada Yoaltícitl. Entre, pues ésta la moza en el baño por vuestra industria, porque ya ha llegado el tiempo de tres o cuatro meses que ha concebido, ¿qué os pa­ rece, señora, de esto?

 

No queremos que por nuestro poco saber la pongamos en ocasión de enfermedad; por ventura aún no es tiempo de enderezarle la criatura, ni llegar a ella. Estas palabras habéis oído en muestra muy amada; deseo salud a vuestro corazón y a vuestro cuerpo, con todo contento; no hay otra persona más hábil para hablaros, con aquella cortesía y concierto de palabra que, señora, merecéis; y si la hubiera no la escondieran estos viejos y viejas, padres y madres de los casados, que aquí están, que han brotado y procedido de los abuelos y antepasados señores, y progenitores de esta señora N. y de su marido vuestro siervo y criado N. Ellos ignoran lo que en su ausencia se hace, porque ya están en el recogimiento y encerramiento que nuestro señor los puso, ya son idos a reposar a la casa, donde todos hemos de ir, que está sin luz y sin ventanas, que ya están dando descanso a su dios y padre de todos nosotros, que es el dios del infierno Mictlantecutli. Ojalá estuvieran ellos presentes a este ne­ gocio, porque ellos lloraran y se afligieran por lo que ahora tenemos nosotros como sueño, que es la fiesta grande y la maravilla que nuestro señor les quiere dar; y ellos, si fueran vivos, os hablaran y rogaran según vuestro merecimiento, pero por estar ellos ausentes, nosotros sus suce­ sores hacemos niñerías y muchacherías, en pronunciar palabras barbari­ zando y tartamudeando, aquí en vuestra presencia, sin orden y sin con­ cierto, trabajando de presentaros nuestra necesidad. Así os rogamos, señora, que hagáis misericordia con esta muchacha, y que hagáis con ella vuestro oficio y facultad, pues que nuestro señor os ha hecho maestra y médica, y por su mandado ejercitáis este oficio. Señora, no

 

tenemos que decir más de lo que habéis oído: os dé dios muchos días de vida para que le sirváis y ayudéis en este oficio que os ha dado”.

 

AQUI RESPONDEN LA MADRE Y PARIENTAS DE LA CASADA A LA PARTERA

“Muy amada señora y madre nuestra espiritual,  haced,  señora,  vuestro

oficio, responded a la señora y diosa nuestra que se llama Quilaztli, y

comenzad a bañar  a esta muchacha; metedla en el baño, que es la flor

esta de nuestro señor que le llamamos temazcalli, a donde está y donde

cura  y  ayuda  la  abuela,  que  es  diosa  del      temazcalli  que  se  llama

Yoaltícitl”.            

Oído esto, la partera luego,  ella misma,  comienza a encender  fuego

para calentar el baño, y luego metía en el baño a la moza preñada, y la

palpaba con las manos el vientre, para enderezar la criatura si por ven­

tura estaba mal puesta, y volvíala de una parte a otra; y si por ventura

la partera se hallaba mal dispuesta,  o era muy vieja,  otra por ella en-

cendía el fuego. Después de sacada del baño la palpaba la barriga, y esto

hacía  muchas  veces  aun  fuera  del  baño,  y     esto  se  llamaba  palpar  a

secas; y porque es costumbre que los que se bañan los hieran las espaldas

con hojas de maíz cocidas en la  misma  agua del  baño,  esto mandaba

algunas veces la partera que no se hiciese, cuando se bañaba la preñada;

también  mandaba  algunas  veces  que  no  se  calentase  mucho  el  agua,

porque  decía  que  había  peligro  de  escalentarse  o tostarse  la  criatura,

si estaba el agua muy caliente, y así se pegaría de tal manera  que no

podría  bien  nacer;  por  esta  causa  mandaba  que  no  golpeasen  en  las

espaldas, ni el agua fuese muy caliente, porque no peligrase la criatura.

También mandaba la partera que no se calentase mucho la preñada  al

fuego,  ni    la barriga,  ni las espaldas,  ni  tampoco  al  sol,  porque  no  se

tostase  la  criatura;  también  mandaba  la  partera  a la  preñada  que  no

durmiese  entre día,  porque  no  fuese disforme  en  la  cara  el niño  que

había de     nacer.             

Otros          mandamientos  o consejos  daba  la partera  a la  preñada,  para

que los  guardase  entretanto  que  duraba  la  preñez;  mandábala  que  no

comiese aquel betún  negro que se llama  tzictli, porque la criatura por

esta causa no incurriese en el peligro que se llama netentzoponiliztli, y

que no se hiciese el paladar duro y las encías gruesas, porque no podría

mamar y se moriría; también mandaba que no tomase pena o enojo, ni

recibiese algún espanto porque no abortase o recibiese daño la criatura,

también mandaba a los de casa que lo que quisiese o se le antojase a la

preñada,     que luego se lo diesen,  porque no     recibiese daño la criatura,

si no le diesen luego lo que se le había antojado; también la partera mandaba a la preñada que no mirase lo colorado porque no naciese de lado la criatura; mandaba la partera a la preñada que no ayunase, porque

 

no causase hambre a la criatura;  también la mandaba que no comiese

 

tierra, ni tampoco   tízatl,   porque nacería enferma la criatura o con algún

defecto  corporal,   porque lo  (que)          come   y bebe  la  madre,  aquello  se

incorpora en           la criatura        y de aquello toma la sustancia. También decía

la partera a la preñada que cuando era recién preñada de un mes, o dos

o tres meses,           que      tuviese cuenta con su marido, templadamente; porque

si  del  todo se  abstuviese  del  acto          carnal,  la  criatura  saldría  enferma

y de pocas fuerzas,  cuando  naciese;  también  mandaba la  partera  a la

preñada que cuando ya llegaba cerca el tiempo de parir,  que se abstu­

viesen  del  acto  carnal,    porque  si  no lo hiciese  así  la  criatura  saldría

sucia  y cubierta  de  una  viscosidad       blanca  como si  fuera  bañada  con

atolli blanco, y en aquello parecía que nunca dejaron el acto carnal en

todo el tiempo que estaba preñada; y esto es cosa vergonzosa a la mujer

preñada,  y esta misma viscosidad da  mucha pena,  y dolor a la mujer

cuando pare,           tiene  mal        parto,  y aun  queda  lastimada  por  dos  o tres

días, y cuando pariere dará muchas voces con el dolor, porque aquella

viscosidad  es pegajosa y no  deja salir a la criatura  libremente,  y  esto

porque recibió la simiente del varón cuando       no convenía; y para sacar

la  criatura  era  menester  que  la  partera  tenga  mucha  maña,  para  no

lastimar  a la  madre  y a la  criatura,  y si la  partera  no  tiene  aquella

destreza,  que         conviene,        muere la  criatura  antes de  nacer,  o de  acabar

de nacer porque se pega o se vuelve de lado; y algunas veces también

por esta causa muere la     parida,  porque           con      aquella viscosidad  se pega

y se revuelve en las partes, y no puede    salir,    por eso muere dentro de

su madre y también la madre muere. Y el no cesar de la cópula carnal

cuando es menester,  es causa que la  simiente del varón  se vuelva vis­

cosidad pegajosa,  donde se causa el peligro dicho.

Digamos  aquí  una  cosa  digna  de  saber,  que  tiene  dependencia  de

cuando  el  niño  muere     dentro  de  su  madre,  que  la  partera  con  una

navaja de piedra que se     llama itztli, corta el    cuerpo muerto dentro de

la madre y a pedazos le saca; con esto libran a la madre de la muerte.

También manda la partera a la preñada que         no llore, ni tome tristeza,

ni nadie le dé pena porque no reciba detrimento la criatura que tiene en

el vientre; también mandaba que a la preñada la diesen de comer su­

ficientemente y buenos manjares, calientes y bien guisados, mayormente

cuando a la preñada le       viene su purgación,  o como dicen,  su regla,  y

esto llaman que la criatura se lava los pies porque no se halle la criatura

en vacío o haya alguna      vaciedad o      falta     de        sangre o humor necesario,

y así reciba algún daño; también mandaba la partera a la preñada que

no trabajase mucho, ni presumiese de diligente ni hacendosa, mientras

que estaba preñada, ni tampoco levantase alguna cosa pesada y que no

corriese, ni temiese, ni se espantase de nada, porque estas cosas causan

aborto.  Estas         cosas dichas  son los  mandamientos  o consejos  que  daba

la partera a la         preñada.                                            

 

LAS DILIGENCIAS QUE HACIA LA PARTERA, LLEGADA LA HORA DEL PARTO, PARA QUE LA PREÑADA PARIESE SIN

 

PENA, Y LOS REMEDIOS QUE LA APLICABA SI TENIA MAL PARTO, DONDE HAY COSAS BíEN GUSTOSAS DE LEER

 

Llegado el tiempo del parto llamaban a la partera, y los hijos e hijas de los señores nobles, y de los ricos y mercaderes, cuatro o cinco días antes que pariese la preñada, estaba con ellos la partera aguardando y espe­ rando a que llegase la hora del parto; ya cuando comenzaban los dolores del parto, ellas mismas (las parteras), según se dice, hacían la comida para la preñada; y cuando ya la preñada sentía los dolores del parto, luego le daban un baño, y después del baño dábanla a beber la raíz de una yerba molida que se llama cihuapactli, que tiene virtud de impeler o empujar hacia afuera a la criatura; y si los dolores eran recios aun todavía, dábanla a beber tanto como medio dedo de la cola del animal que se llama tlaquatzin, molida; con esto paría fácilmente, porque esta cola de este animal tiene gran virtud para expeler y hacer salir la cria­ tura. Tiene esta carne y cola de este animal tan fuerte virtud de expeler que una vez un perro, a hurto, comió uno de estos animales que se llaman tlaquatzin, y luego echó el perro por el sieso todas las tripas y todos los hígados, que no le quedó nada en el cuerpo; de la misma manera, si alguno comiese o bebiese molida una cola entera de uno de estos animales, luego echaría por bajo todos los intestinos. Y si después de haber bebido la preñada las dos cosas arriba dichas, no paría, luego la partera, y los que estaban con ella tomaban conjetura que había de morir la que estaba de parto, y comenzaban a llorar, y la partera co­ menzaba a decir: “Hijos míos e hijas, ¿qué es la voluntad de nuestro señor, qué nos ha de acontecer ahora? Muy peligroso está este negocio; roguemos a nuestro señor que está en todo lugar, que ninguna cosa nos ayuda”.

 

Y luego la partera levantaba en alto a la preñada, tomándola con ambas manos por la cabeza, meneándola, y dábala en las espaldas o con las manos o con los pies, y decíala de esta manera: “hija mía, esfuérzate, ¿qué te haremos? No sabemos ya qué te hacer: aquí están presente tu madre y parientes, mira que tú sola has de hacer este negocio; haz fuerza en el caño de la madre, para que salga la criatura. Hija mía muy amada, mira que eres mujer fuerte, esfuérzate, y haz como mujer varonil; haz como hizo aquella diosa que parió primero que se llamaba Cihuacóatl, y Quilaztli” — ésta es Eva, que es la mujer que primero parió— . Y si pa­ saba una noche y un día, que no paría la paciente, luego la metían en el baño, y en el baño la palpaba la partera y le enderezaba la criatura, si por ventura se había puesto de lado o atravesada; enderezábala para que saliese derechamente, y si esto no aprovechaba, y con todo esto no podía parir, luego ponían a la paciente en una cámara cerrada, con sola la partera, que estaba con ella, y allí la partera oraba y decía muchas

 

oraciones, llamando a la diosa que se llama Cihuacóatl y Quilaztli, que decimos ser Eva, y también llamaba a la diosa que se llama Yoaltícitl, y también llamaba a otras no sé qué diosas. Y la partera, que era hábil y bien diestra en su oficio, cuando veía que la criatura estaba muerta dentro de su madre, porque no se meneaba, y que la paciente estaba con gran pena, luego metía la mano por el lugar de la generación a la pa­ ciente, y con una navaja de piedra cortaba el cuerpo de la criatura y sacábalo a pedazos.

 

(Lib. VI, cap. xxviii)

 

CORTE Y ENTIERRO DEL OMBLIGO

 

“Hijo mío muy amado, y muy tierno, cata aquí la doctrina que nos de­ jaron nuestro señor Yoaltecutli y la señora Yoaltícitl, tu padre y madre; de medio de ti corto tu ombligo; sábete y entiende, que no es aquí tu casa donde has nacido, porque eres soldado y criado, eres ave que llaman quecholli, eres ave que llaman zaquan, que eres ave y soldado del que está en todas partes; pero esta casa donde has nacido, no es sino un nido, es una posada donde has llegado, es tu salida en este mundo, aquí brotas, aquí floreces, aquí te apartas de tu madre, como el pedazo de la piedra donde se corta; ésta es tu cuna y el lugar donde reclines tu cabeza, solamente es tu posada esta casa; tu propia tierra, otra es, en otra parte estás prometido, que es el campo donde se hacen las guerras, donde se traban las batallas; para allí eres enviado; tu oficio y facultad es la guerra, tu oficio es dar a beber al sol con sangre de los enemigos, y dar de comer a la tierra, que se llama T láltecutli, con los cuerpos de tus enemigos.

 

Tu propia tierra, y tu heredad, y tu padre, es la casa del sol, en el cielo, allí has de alabar y regocijar a nuestro señor el sol, que se llama Totonámetl in manic. Por ventura merecerás, y serás digno de morir en este lugar y recibir en él muerte florida. Y esto que te corto de tu cuerpo, y de (en ) medio de tu barriga, es cosa suya, es cosa debida a Tlaltecutli, que es la tierra, y el sol; y cuando se comenzare la guerra a bullir, y los soldados a se juntar, ponerla hemos en sus manos de aquellos que son soldados valientes, para que la den a tu padre y a tu madre la tierra, y el sol; enterrarla han en medio del campo donde se dan las batallas, y esto es la señal que eres ofrecido y prometido al sol y a la tierra, ésta es la señal que tú haces profesión de hacer este oficio de guerra, y tu nombre estará escrito en el campo de las batallas para que no se eche en olvido tu nombre, ni tu persona; esta la ofrenda de espina, y de maguey, y de caña de humo, y de ramos de acxóyatl, la cual se corta de tu cuerpo, cosa muy preciosa; con esta ofrenda se confirma tu peni­ tencia y tu voto, y ahora resta que esperemos el merecimiento y dignidad

 

o provecho que nos vendrá de tu vida y de tus obras; hijo mío muy amado, vive y trabaja; deseo que te guíe, y te provea, y te adorne, aquel que está en todo lugar”.

Y si la criatura era hembra, hablaba la partera de esta manera cuando la cortaba el ombligo:

 

“Hija mía y señora mía, ya habéis venido a este mundo; haos enviado nuestro señor, el cual está en todo lugar: habéis venido al lugar de cansancios y de trabajos y congojas, donde hace frío y viento. Nota, hija mía, que del medio de vuestro cuerpo, corto y tomo tu ombligo, porque así lo mandó y ordenó tu padre y tu madre Yoaltecutli, que es señor de la noche, y Yoaltícitl, que es la diosa de los baños; habéis de estar dentro de casa como el corazón dentro del cuerpo, no habéis de andar fuera de casa, no habéis de tener costumbre de ir a ninguna parte; habéis de ser la ceniza con que se cubre el fuego en el hogar; habéis de ser las trébedes, donde se pone la olla; en este lugar os entierra nuestro señor, aquí habéis de trabajar; vuestro oficio ha de ser traer agua y moler el maíz en el metate; allí habéis de sudar, cabe la ceniza y cabe el hogar”.

 

Dicho esto la partera enterraba junto al hogar el ombligo que había cortado a la niña. Decían que ésta era señal que la niña no saldría de casa; solamente había de vivir en casa; no convenía que fuese a alguna parte, (y ) también esto significaba que había de tener cuidado de hacer la bebida y la comida, y las vestiduras, como mantas, etc., y que su oficio ha de ser hilar y tejer.

 

(Lib. VI, cap. xxxi)

 

EL BAUTISMO DE LA CRIATURA, Y TODAS LAS CEREMONIAS QUE EN EL SE HACIAN, Y EL PONER EL NOMBRE DE LA CRIATURA Y EL  CONVITE  DE  LOS NIÑOS,  ETC.

 

Al tiempo de bautizar la criatura luego aparejaban las cosas necesarias para el bateo, que era que le hacían una rodelita y un arquito, y sus saetas pequeñitas, cuatro, una de las cuales era del oriente, otra del occi-dente, otra del mediodía y otra del norte; y hacíanle también una rode­ lita de masa de bledos, y encima ponían un arco y saetas, y otras cosas hechas de la misma masa. Hacían también comida de molli, o potaje con frijoles y maíz tostado, y su mastelejo y su mantica ; y a los pobres no les hacían más del arco y las saetas, y su rodelilla, algunos tamales y maíz tostado; y si era hembra la que se bautizaba, aparejábanla todas las alhajas mujeriles, que eran aderezos para tejer y para hilar, como era huso y rueca y lanzadera, y su petaquilla, y vaso para hilar, etc., y también su huipilejo y sus naguas pequeñitas. Y después de haber apa­ rejado todo lo necesario para el bateo, luego se juntaban todos los pa­ rientes y parientas del niño, viejos y viejas, luego llamaban a la partera,

 

que era la que bautizaba a la criatura que había parteado; juntábanse todos muy de mañana, antes que saliese el sol, y en saliendo el sol, ya que estaba algo altillo, la partera demandaba un lebrillo nuevo, lleno de agua, y luego tomaba el niño entre ambas manos y luego tomaban los circunstantes todas las alhajuelas que estaban aparejadas para el bautismo y poníanlas en el medio del patio de la casa; y para bautizar el niño poníase la partera con la cara hacia el occidente, y luego co­ menzaba a hacer sus ceremonias y comenzaba a decir: ¡Oh águila, oh tigre, oh valiente hombre, nieto mío!, has llegado a este mundo, hate enviado tu padre y tu madre, el gran señor y la gran señora. Tú fuiste criado y engendrado en tu casa, que es el lugar de los dio­ ses supremos del gran señor y de la gran señora que están sobre los nueve cielos; hízote merced nuestro hijo Quetzalcóatl, que está en todo lugar; ahora júntate con tu madre la diosa del agua que se

llama  Chálchiuhtlicue  y Chalchiuhtlatónac”. Dicho  esto  luego le  daba

 

a gustar del agua, llegándole los dedos mojados a la boca, y decía de esta manera: “Toma, recibe, ve aquí con qué has de vivir sobre la tierra, para que crezcas y reverdezcas; ésta es por quien tenemos y nos mereció las cosas necesarias, para que podamos vivir sobre la tierra; recíbela”.

 

Después de esto tocábale los pechos con los dedos mojados en el agua y decíale: “Cata aquí el agua celestial, cata aquí el agua muy pura que lava y limpia vuestro corazón, que quita toda suciedad, recíbela; tenga ella por bien de purificar y limpiar tu corazón”. Después de esto echábale el agua sobre la cabeza, diciendo: “¡Oh nieto mío, hijo mío, recibe y toma el agua del señor del mundo, que es nuestra vida, y es para que nuestro cuerpo crezca y reverdezca, es para lavar, para limpiar; ruego que entre en tu cuer­ po y allí viva esta agua celestial azul, y azul clara! Ruego que ella destruya y aparte de ti todo lo malo y contrario que te fue dado antes del prin­ cipio del mundo, porque todos nosotros los hombres, somos dejados en su mano, porque es nuestra madre Chálchiuhtlicue”. Después de esto lavaba la criatura con el agua, por todo el cuerpo, y decía de esta manera: “A donde quiera que estás, tú que eres cosa empecible al niño, déjale y vete, apártate de él, porque ahora vive de nuevo y nuevamente nace este niño, ahora otra vez se purifica y se limpia, otra vez le forma y engendra nuestra madre Chálchiuhtlicue”. Después de hechas las cosas arriba dichas, tomaba la partera al niño con ambas manos, y levantábalo hacia el cielo y decía: “Señor, veis aquí vuestra criatura, que habéis enviado a este lugar de dolores y de aflicciones y de penitencia, que es este mundo; dadle, señor, vuestros dones y vuestras inspiraciones, pues vos sois el gran dios, y también con vos la gran diosa”. Cuando esto decía estaba mirando hacia el cielo. Tornaba un poco a poner el niño en el suelo, y tornaba la segunda vez a levantarle hacia el cielo, y decía de esta manera: “Señora, que sois madre de los cielos, y os llamáis Citlaltónac, y también Citlalicue, a vos se enderezan mis pala­

 

bras y mis voces, y os ruego imprimáis vuestra virtud, cualquiera que ella es, dadla, inspiradla a esta criatura”. Y luego la tornaba a poner, y luego la tercera vez tornábala a alzar hacia el cielo, y decía: “¡Oh señores dioses y diosas celestiales, que estáis en los cielos, aquí está esta criatura, tened por bien de infundirle y en inspirarle vuestra virtud y vuestro soplo, para que viva sobre la tierra!”. Y luego la tornaba a poner, y de allí a un poquito la tornaba a levantar hacia el cielo, la cuarta vez, y hablaba con el sol y decía: “Señor sol y Tlaltecutli, que sois nuestra madre y nuestro padre: veis aquí esta criatura, que es como una ave de pluma rica que se llama zaquan o quecholli, vuestra es, y he determinado de os la ofrecer a vos, señor sol, que también os llamáis

Tonámetl y Xipilli y Quauhtli, Océlotl, y pintado como tigre de pardo

 

y negro, y que sois valiente en la guerra; mirad que es vuestra esta cria­ tura, y es de vuestra hacienda y patrimonio, que para esto fue criada y para os servir, para os dar comida y bebida; es de la familia de los soldados y peleadores que pelean en el campo de las batallas”. Y luego tomaba la rodela, y el arco y el dardo que estaban allí aparejados, y decía de esta manera: “Aquí están los instrumentos de la milicia, con que sois servido, con que os gozáis y deleitáis; dadle el don que soléis dar a vuestros soldados, para que pueda ir a vuestra casa llena de delei­ tes, donde descansan y se gozan los valientes soldados que mueren en la guerra, que están ya con vos alabándoos. ¿Será por ventura este pobre-cito maceguál uno de ellos? ¡Oh señor piadoso, haced misericordia con él!”.

 

Y todo el tiempo que estas ceremonias se están haciendo, está ardien­ do un hachón de teas grande y grueso. Acabadas todas estas ceremonias ponen nombre al niño, de alguno de sus antepasados, para que levante la fortuna y suerte de aquel cuyo nombre le dan: este nombre le pone la partera o sacerdotisa que le bautizó. Pongo por caso que le pone por nombre Yáotl; comienza a dar voces, y habla como varón con el niño

 

y dícele de esta manera: “Yáotl, que quiere decir hombre valiente, reci­ be, toma tu rodela, toma el dardo, que éstas son tus recreaciones, y regocijos del sol”. Y luego le ponían la mantilla atada sobre el hombro y le ciñe un maxtli.

 

En este tiempo que estas cosas se hacían, júntanse los mozuelos de todo aquel barrio, y acabadas todas las ceremonias entran en la casa del bautizado y toman la comida que allí les tenían aparejada, y a ésta llaman el ombligo del niño, y salían huyendo con ella e iban co­ miendo de la comida que habían arrebatado; y luego comenzaban a voces a decir el nombre del niño, y si era su nombre Yáotl, iban dicien­ do: “¡Oh Yáotl, oh Yáotl, vete hacia el campo de las batallas, ponte en el medio donde se hacen las guerras! ¡Oh Yáotl, oh Yáotl, tu oficio es regocijar al sol y a la tierra, y darlos de comer y de beber; ya eres de la suerte de los soldados que son águilas y tigres, los cuales murieron en la guerra, y ahora están regocijando y cantando delante del sol”.

 

Y iban también diciendo: “¡Oh soldados, oh gente de guerra, venid acá, venid a comer el ombligo de Yáotll”. Estos muchachos representaban a los hombres de guerra, porque robaban y arrebatan la comida que se llamaba el ombligo del niño. Después de que la partera, o sacerdotisa había acabado todas las ceremonias del bautismo, metían al niño en casa e iba delante de él el hachón de teas ardiendo, y así se acababa el bautismo.

 

(Lib. VI, cap. xxxvii)

 

CONVITES DE LOS BAUTIZOS

 

DE LA SUPERSTICION QUE  USABAN LOS QUE  IBAN  A VISITAR  (A)  LA RECIEN  PARIDA,  Y DE  OTROS  RITOS QUE SE GUARDABAN EN LA CASA DE LA RECIEN  PARIDA

 

Aquí se pone la ceremonia que hacían las mujeres a las recién pari­ das. En sabiendo que alguna parienta había parido luego todas las vecinas, y amigas y parientas, iban a visitarla para ver la criatura que había nacido; y antes que entrasen en aquella casa, fregábanse las rodillas con ceniza, y también fregaban las rodillas a sus niños, que llevaban consigo, no solamente las rodillas mas todas las coyunturas del cuerpo; decían que con esto remediaban las coyunturas que no se aflojasen. También hacían otra superstición: que cuatro días arreo ardía el fuego en casa de la recién parida, y guardaban estos cuatro días con mucha diligencia que nadie sacase fuera el fuego, porque decían que si sacaban fuego fuera quitaban la buena ventura a la criatura que había nacido.

 

(Lib. IV, cap. xxxiv)

 

DE LAS CEREMONIAS QUE  HACIAN CUANDO

BAUTIZABAN LA CRIATURA, Y DEL CONVITE QUE HACIAN A LOS NIÑOS CUANDO LES PONIAN EL NOMBRE; Y DE LA PLATICA QUE LOS VIEJOS HACIAN A LA CRIATURA Y A LA MADRE

 

Síguese la ceremonia que hacían cuando bautizaban a sus hijos y hijas. Este bautismo se hacía cuando salía el sol, y convidaban a todos los niños para entonces y dábanles de comer; la criatura que nacía en buen signo luego la bautizaban, y si no había oportunidad de bautizarla luego diferíanla para la tercera o séptima o décima casa, y esto hacían para

 

proveerse de las cosas necesarias para

el convite   de        los bateos.  Llegado

el día  de los bateos  comían         y bebían          los        viejos   y          viejas,  y         saludaban

al niño  y a la  madre.  Al niño  le  decían:  “Nieto  mío,  has  venido  al

mundo  donde  has  de padecer muchos  trabajos  y fatigas,  porque  estas

cosas hay en el mundo.  Por ventura vivirás mucho tiempo, y te logra­

remos,  porque  eres  imagen         de  tu  padre  y            de  tu   madre,  eres  proben

y  broton1 de  tus  abuelos  y  antepasados,  los  cuales  conocíamos,  que

vivieron en este mundo”. Dicho esto y otras        cosas semejantes,        halagaban

a la  criatura,  trayéndole la           mano sobre  la cabeza en  señal          de  amor:

y luego comenzaban  a  saludar  a la  madre,  diciendo de  esta  manera:

“Hija mía, o señora mía, habéis sufrido trabajo en parir a vuestro hijo

que es amable como una pluma rica o piedra preciosa; hasta ahora érades

uno,  vos y vuestra  criatura,         ahora  ya         sois      dos distintos,  cada  uno  ha

de vivir por sí, y cada uno ha de morir por sí,      por ventura      gozaremos

y lograremos algún tiempo a vuestro hijo y lo tendremos como a sartal

de piedras preciosas.  Esforzaos, hija y tened cuidado de vuestra salud;

mirad, no caigáis en enfermedad por vuestra culpa y tened cuidado de

vuestro  hijito,  mira  que  las  madres  mal  avisadas  matan  a  sus  hijos

durmiendo, o cuando maman; si no les quitan la teta con tiento, suélense

agujerar el paladar y mueren; mirad que pues que nos le ha dado nues­

tro señor no le perdamos por vuestra culpa, y no es menester fatigaros

con más palabras”.                                                           

                                                      (Lib.  IV,        cap. xxxv)

 

DEL CONVITE QUE SE HACIA POR RAZON DE LOS BATEOS, Y DE LA ORDEN DE SERVICIO Y DE LA BORRACHERA QUE ALLI PASABA

Síguese       la  manera  del  convite que  se hacía en  los bateos.  Llegado el

día  de        los bateos, juntábanse los convidados           en la  casa del  que hacía

el    bateo y luego se asentaban por su      orden, porque tenían sus asientos

a     cada    uno  según  su  manera.  Luego  comenzaban  los  que  tenían  el

cargo de servir las cosas del convite, los que habían  elegido para esto;

ponían luego cañas de humo con sus platos delante de cada uno de los

convidados; luego dábanles flores en       las manos, y poníanles guirnaldas

en   las        cabezas y echábanles sartales de        flores   al cuello;  y     luego  todos

los convidados  comenzaban  a  chupar    el         humo  de         las  cañas,  y  a  oler

las flores. Después de esto venían los servidores de la comida, y traían

comida       a  cada  uno  según  su  comida,  y  la  ponían  delante  del  que

estaba         sentado.  Una  orden  de  chiquihuites           con      diversas           maneras  de

pan, y          pareados  en  los  chiquihuites           otros  tantos    cajetes con  diversas

1     Arcaísmo equivalente a renuevo (JDic. de Amí.) Proben, seguramente, tiene un significado semejante. R. C.).

 

maneras de cazuela, con carne o pescado; y antes que comenzasen a comer los convidados la comida que les habían puesto, tomaban un bocado de la comida y arrojábanle al suelo a honra del dios Tlaltecutli, y luego comenzaban a comer; habiendo comido daban las sobras a sus criados, y también los cajetes y chiquihuites. Luego venían los que ser­ vían el cacao y ponían a cada uno una jicara de cacao, y a cada uno le ponían su palillo, que llaman aquáuitl, y las sobras del cacao daban a sus criados. Después de haber ellos bien bebido y comido estábanse en sus asientos un ratillo, reposando; y algunos a quien no les conten­ taba la comida y bebida, levantábanse luego enojados e íbanse mur­ murando del convite y del que los convidó, y entrábanse en su casa enojados; y si alguno de parte del que convidó veía aquello, decíalo al señor del convite, el cual los hacía llamar para el día siguiente y les daba de comer y consolaba; a este día llamaban apeualo, porque en él se acababa todo el convite. A las mujeres, que comían en otra parte, no las daban cacao a beber sino ciertas maneras de mazamorra, sem­ brado con diversas maneras de chilmolli por encima; y a la noche los viejos y viejas juntábanse y bebían pulcre y emborrachábanse. Para hacer esta borrachería ponían delante de ellos un cántaro de pulcre, y el que servía echaba en una jicara y daba a cada uno a beber, por su orden, hasta el cabo. A las veces daban pulcre que llaman iztac octli, que quiere decir pulcre blanco, que es lo que mana de los magueyes, y otras veces daban pulcre hechizo de agua y miel, cocido con la raíz, al cual llaman ayoctli, que quiere decir pulcre de agua, lo cual tenía guardado y aparejado el señor del convite de algunos días antes. Y el servidor, cuando veía que no se emborrachaban, tornaba a dar a beber por la parte contraria a la mano izquierda, comenzando de los de más abajo. En estando borrachos, comenzaban a cantar; unos cantaban y lloraban, y otros cantaban y habían placer; cada uno cantaba lo que quería, y por el tono que se le antojaba; ninguno concertaba con otro. Unos de ellos cantaban a voces, y otros cantaban bajito, como dentro de sí. Otros no cantaban, sino parlaban y reían y decían gracias, y daban grandes risadas cuando oían a los que decían gracias. De esta manera se hacían los convites, cuando alguno convidaba por alguna causa.

(Lib.  IV, cap. xxxvi)

 

BAUTIZOS Y SIGNOS

 

QUE HABLA GENERALMENTE DE TODOS LOS SIGNOS2

 

Aquí brevemente se dice de todo lo susodicho, de las calidades, y de condiciones de todos los signos de cada día; cuáles son bien afortunados

 

 

2     Bustamante suprimió este capítulo en su edición, por considerarlo inútil. Y el mismo criterio siguió Jourdanet en su traducción francesa. (R. C .).

 

y cuáles son infelices, ya se ha dicho largamente atrás, y se ha replicado

 

muchas veces que todos los signos hacen y cuentan cada día, los cuales

se andan mudando de unos lugares a otros de sus números, y son todos

los mismos; que cada uno de aquéllos tiene principio cada vez, llevando

tras sí a los otros, alguna vez es bien afortunado, y alguna vez es mal

aventurado  y  alguna  vez  es indiferente,  conforme  a  sus  números;  ya

esto está dicho. Que los que nacían en buenos signos luego se bautiza­

ban, y los que nacían en infelices signos, no se bautizaban luego mas

diferíanlos  para  mejorar  y  remediar  su  fortuna.  Por  esto  los  viejos

caducos  y necios,  que  eran  prácticos  en          este      arte,  buscaban            el  signo

que era mejor.                                                                                          

Por tanto,  aquí decimos sumariamente lo que resta de decir y hacer

mención de todo lo susodicho, por no dar hastío a los lectores con pala­

bras demasiadas y superfluas, y más porque en esto no estamos estima­

dos  por  importunos,  de  tornar  a  decir  lo  que  está  ya  dicho,  porque

poniendo comparación  que  así como si fuese  comida  muy     sabrosa,           no

más  ni  menos  la  plática  o  razonamiento  pierde  su   sabor   cuando se

repite muchas veces una cosa,      y en esto         ya se dijo todo, muy   delicada

y  suavemente;  así  lo  que  era    blando  y         caliente,           y  sabroso,       y  suave,

y gracioso, y donoso. También  está ya dicho que así      como   si         fuese   el

pan  duro,  y  frío y  áspero,  o      así como  el  pan  hecho         de  maíz  cocido

no bien molido ni bien lavado que hiede  a la      cal,       así        es la     plática que

es molesta  a los  oyentes;  o así  como si fuese   tamal   muy     caliente,          el

cual  cuando  se  come  quema      el  paladar,      y  echa de          humo,  porque

es demasiado caliente.  Otrosí:  está ya dicho que  así como si fuese  el

tamal frío y mohoso y podrido, así la plática desabrida ofende al oído.

Por lo cual brevemente  concluimos con  pocas   palabras  lo      que  se dijo

ya arriba, porque no es razón tornar a decir y replicar lo que está ya

platicado. Es como una pared que se hace y edifica con los materiales

muy bastantes,  poco  a poco.  Así la plática  se hizo y   a poco a  poco.

Unas pláticas están muy bien cumplidas y juntadas y puestas hasta el

cabo,  así  como  si  fuese  la  pared  cuando  se  labra  bien  dentro  de la

pared, y dentro de las piedras grandes que se ponen afuera se le meten

con mucha diligencia piedras chicas y menudas, con piedras más peque­

ñas, y con barro bastante; así esta plática, y otras pláticas están abrevia­

das y tajadas o cortadas, como      parece en        lo susodicho.                         

(Lib. 6. IV, cap. xxxix)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PUEBLOS Y SEÑORES

 

PROLOGO

 

LOS PRIMEROS POBLADORES

 

Según que afirman los viejos, en cuyo poder estaban las pinturas y me­ morias de las cosas antiguas, los que primeramente vinieron a poblar a

 

esta tierra de esta Nueva España vinieron de hacia el norte, en deman­ da del paraíso terrenal; traían por apellido Tamoanchan, y es lo que ahora dicen tictemoa tochan, que quiere decir, “buscamos nuestra casa natural”. Por ventura inducidos de algún oráculo, que alguno de los muy estimados entre ellos había recibido y divulgado de que el paraí­

so    terrenal  está   hacia  el  mediodía,    como  es  verdad,  según  casi  todos

los   que      escriben,          que  está debajo  de  la línea equinoccial;  y poblaban

cerca de     los más            altos montes que        hallaban,  por  tener    relación que es

un m.onte altísimo; y es así verdad.                                

       Estos   primeros          pobladores, según       lo manifiestan los       antiquísimos edi­

ficios que ahora están muy manifiestos, fueron gente robustísima y sa­ pientísima y belicosísima. Entre otras cosas muy notables que hicieron,

edificaron   una ciudad fortísim.a, en tierra opulentísima, de cuya felicidad

y     riquezas           aun      en los edificios           destruidos de ella hay grandes indicios.

A    esta ciudad      llamaron Tullan,         que  quiere  decir,  “lugar de  fertilidad

y abundancia”, y aun ahora se llama así y es lugar muy ameno y fértil. En esa ciudad reinó muchos años un rey llamado Quetzalcóatl, gran nigromántico e inventor de la nigromancia, y la dejó a sus descendientes

 

y hoy día la usan. Fue extremado en las virtudes morales. Está el nego­ cio de este rey entre estos naturales, como el del rey Arthus entre los ingleses. Fue esta ciudad destruida y este rey ahuyentado; dicen que

caminó hacia el      oriente, y que se fue (hacia) la ciudad del sol, llamada

Tlapallan,   y fue    llamado del sol. Y dicen que es vivo, y que  ha de volver

a     reinar y            a reedificar aquella ciudad que          le destruyeron, y         así        hoy      día

le    esperan.           Y cuando vino don Hernando            Cortés pensaron         que      era       él,

y     por tal  le recibieron y tuvieron,  hasta          que su  conversación   y la      de

los que con él venían les desengañó.

 

Los que de esta ciudad huyeron edificaron otra muy próspera ciudad, que se llama Cholulla, a la cual por su grandeza y edificios los españo­ les, en viéndola, la pusieron Roma por nomhre. Parece que el negocio

 

de estas dos ciudades, llevó el camino de Troya y Roma. Después de esto, muchos años, comenzó a poblar la nación mexicana, y en tres­ cientos años más o menos, se enseñorearon de la mayor parte de los reinos y señoríos que hay en todo lo que ahora se llama Nueva España,

 

y poblaron la ciudad de México, que es otra Venecia. Los señores de ella fueron emperadores, en especial el último que fue Moteccuzoma, varón muy esforzado, muy belicoso y diestro en las armas, magnánimo

 

y de grande habilidad y magnífico, extremado en las cosas de su policía; pero cruel. En tiempo de éste llegaron los españoles, y él tenía ya mu­ chos pronósticos de que habían de venir en su tiempo. Llegados los españoles cesó el imperio de los mexicanos y comenzó el de España, y porque hay muchas cosas notables en el modo de regir que estos infie­ les tenían, copilé este volumen, que trata de los señores y de todas sus costumbres.

 

(Lib. VIH)

 

QUE  TRATA DE TODAS  LAS GENERACIONES  OUE

A ESTA TIERRA  HAN VENIDO A POBLAR

 

LOS TOLTECAS

 

Primeramente los toltecas, que en romance se pueden llamar oficiales primos, según se dice, fueron los primeros pobladores de esta tierra, y los primeros que vinieron a estas partes que llaman tierras de México, o tierras de chichimecas; y vivieron primero muchos años en el pueblo de Tullantzinco, en testimonio de lo cual dejaron muchas antiguallas allí, y un cu que llamaban en indio Uapalcalli el cual está hasta ahora, y por ser tajado en piedra y peña ha durado tanto tiempo.

 

Y de allí fueron a poblar a la ribera de un río junto al pueblo de Xicotitlan, el cual ahora tiene nombre de Tulla, y de haber morado y vivido allí juntos hay señales de las muchas obras que allí hicieron, entre las cuales dejaron una obra que está allí y hoy en día se ve, aunque no la acabaron, que llaman coatlaquetzálli, que son unos pilares de la hechura de culebra, que tienen la cabeza en el suelo, por pie, y la cola y los cascabeles de ella tienen arriba. Dejaron también una sierra o un cerro, que los dichos toltecas comenzaron a hacer y no lo acabaron,

 

y los edificios viejos de sus casas, y el encalado parece hoy día: Hállanse también hoy en día cosas suyas primeramente hechas, conviene a saber, pedazos de olla, o de barro, o vasos, o escudillas, y ollas: Sácanse tam­ bién de debajo de tierra joyas y piedras preciosas, esmeraldas y tur­ quesas finas.

 

 

Estos  dichos  toltecas  todos se    nombraban  chichimecas,  y no  tenían

otro nombre particular  sino el      que tomaron  de la      curiosidad y    primor

de   las  obras que  hacían,  que    se         llamaron          toltecas           que      es         tanto    como

si     dijésemos  oficiales  pulidos  y  curiosos,      como  ahora    los       de  Flandes,

y con  razón,  porque  eran  sutiles           y primos  en  cuanto  ellos  ponían  la

mano que todo era muy bueno,  curioso y gracioso, como las casas que

hacían  muy curiosas,  que  estaban  de  dentro muy  adornadas  de  cierto

género de piedras preciosas, muy verdes,  por encalado; y las otras que

no  estaban  así  adornadas  tenían            un  encalado muy  pulido  que  era  de

ver,  y  piedras  de  que  estaban  hechas,  tan  bien  labradas  y  tan  bien

pegadas que parecía ser cosa de mosaico; y así con razón se llamaron

cosas de primos y curiosos oficiales,  por tener tanta lindeza de primor

y     labor.                                                                         

       Había también un  templo que era de su sacerdote llamado  Quetzal-

cóatl, mucho más pulido y precioso  que las casas suyas,  el cual  tenía

cuatro aposentos:  el uno estaba hacia el oriente, y era de oro, y llamá­

banle  aposento o casa dorada,  porque  en          lugar del  encalado  tenía  oro

en planchas y muy sutilmente enclavado; y el otro aposento estaba hacia

el poniente, y a éste le llamaban aposento de esmeraldas y de turquesas,

porque por de dentro tenía pedrería fina de toda suerte de piedras, todo

puesto y juntado en lugar de encalado, como obra          de mosaico, que era

de grande admiración; y el otro aposento estaba hacia el mediodía,  que

llaman  sur,  el cual  era  de  diversas  conchas  mariscas,  y en  lugar  del

encalado tenía plata, y las conchas de que estaban tan sutilmente pues­

tas que  no parecía  la  juntadura  de  ellas;  y el  cuarto  aposento  estaba

hacia el norte, y este aposento era de piedra colorada y jaspes y conchas

muy adornado.                                                                            

       También había otra casa de labor de pluma, que por de dentro estaba

la pluma en lugar de encalado, y tenía otros cuatro aposentos; y el uno

estaba hacia  el oriente,  y éste      era de pluma  rica       amarilla,          que      estaba

en lugar de encalado, y era de todo género de pluma amarilla muy fina;

y  el  otro  aposento  estaba  hacia  el  poniente,  se  llamaba  aposento  de

plumajes, el cual tenía en lugar de encalado toda pluma riquísima que

llaman  xiuhtótotl,  pluma  de  un ave  que  es  azul  fino,  y  estaba  toda

puesta y pegada en mantas y en redes muy sutilmente, por las paredes

de dentro  a manera  de tapicería, por lo cual le llamaban           quetzalcalli,

que es aposento de plumas  ricas; y al  otro aposento  que  estaba hacia

el sur llamábanle la casa de pluma blanca,  porque toda era de pluma

blanca por  de dentro,  a manera   de  penachos,  y tenía todo  género  de

rica pluma blanca; y el otro aposento que estaba hacia el norte le llama­ ban el aposento de pluma colorada, de todo género de aves preciosas por dentro entapizado. Fuera de estas dichas casas hicieron otras mu­ chas, muy curiosas y de gran valor.

 

La casa u oratorio del dicho Quetzalcóatl estaba en medio de un río grande que pasa por allí, por el pueblo de Tulla, y allí tenía su lava­

torio  el dicho  Quetzalcóatl,  y le llamaban  Chalchiuhapan.

Allí hay muchas casas edificadas debajo de tierra, donde dejaron muchas cosas enterradas los dichos toltecas, y no solamente en el pueblo de Tullan, y Xicotitlan, se han hallado las cosas tan curiosas y primas que dejaron hechas, así de edificios viejos, como de otras cosas, etc., pero en todas partes de la Nueva España donde se han hallado sus obras, así ollas, como pedazos de tejuelas de barro, de todo género de servicio, y muñecas de niños, y joyas y otras muchas cosas por ellos hechas; y la causa de esto es, porque casi por todas partes estuvieron derramados los dichos toltecas.

 

Los que eran amantecas, que son los que hacían obra de pluma, eran muy curiosos y primos en lo que hacían, y tanto que ellos fueron inven­ tores del arte de hacer obra de pluma, porque hacían rodelas de pluma y otras insignias que se decían apanecáyotl, y así todas las demás que antiguamente se usaban fueron de su invención hechas a maravilla y con gran artificio de plumas ricas; y para hacerlas muy pulidas primero antes que saliesen a luz trazaban y tanteábanlas, y al cabo hacíanlas con toda curiosidad y primor.

Tenían  asimismo  mucha  experiencia  y  conocimiento los  dichos  tol­

tecas,          que sabían y conocían las calidades y virtudes de las hierbas, que

sabían         las que  eran  de provecho y las que  eran  dañosas y mortíferas,

y las que eran simples; y por la gran  experiencia que tenían  de ellas

dejaron señaladas y conocidas las que ahora se usan para curar, porque

también  eran  médicos,  y especialmente  los  primeros  de  este  arte  que

llamaban Oxomoco Cipactonal, Tlaltetecuin, Xochicauaca, los cuales fue­

ran  tan  hábiles  en  conocer  las hierbas  que  ellos  fueron  los  primeros

inventores de Medicina,  y aun  los primeros médicos herbolarios.  Ellos

mismos por  su  gran  conocimiento hallaron  y  descubrieron  las  piedras

preciosas,  y las usaron ellos primeros,  como  son las  esmeraldas  y tur­

quesa          fina y piedra azul fina, y todo género de piedras preciosas.

Y    fue tan grande el conocimiento que tuvieron de las piedras que aunque estuviesen dentro de alguna gran piedra, y debajo de la tierra, con su ingenio natural y filosofía las descubrían; sabían dónde las ha­ bían de hallar, en esta manera, que madrugaban muy de mañana y se subían a un alto, puesto el rostro hacia donde sale el sol, y en saliendo tenían gran cuidado en ver y mirar a unas y a otras partes, para ver dónde y en qué lugar y parte debajo de la tierra estaba o había alguna piedra preciosa, y buscábanla mayormente en parte donde estaba hú­ meda o mojada la tierra; y en acabando de salir el sol, y especialmente empezando a salir, hacíase un poco de humo sutil que se levantaba en alto, y allí hallaban la tal piedra preciosa debajo de la tierra, o dentro de alguna piedra, por ver que salía aquel humo.

 

Ellos mismos hallaron y descubrieron la mina de las piedras precio­ sas que en México se dicen xíuitl, que son turquesas, la cual según los antiguos es un cerro grande que está hacia el pueblo de Tepotzotlan, que tiene por nombre Xiuhtzone, donde hallaban y sacaban las dichas piedras preciosas, y después de sacadas las llevaban a lavar a un arroyo que llaman Atóyac; y como allí las lavaban y limpiaban muy bien, por esta causa le llamaron Xipacoyan, y hora se llama de este nombre el propio pueblo que allí está poblado junto al pueblo de Tulla.

 

Y tan curiosos eran los dichos toltecas que sabían casi todos los ofi­ cios mecánicos, y en todos ellos eran únicos y primos oficiales, porque eran pintores, lapidarios, carpinteros, albañiles, encaladores, oficiales de pluma, oficiales de loza, hilanderos y tejedores.

Ellos mismos también, como eran de buen conocimiento, con su in­ genio descubrieron y alcanzaron a sacar y descubrir las dichas piedras preciosas, y sus calidades y virtudes, y lo mismo las minas de plata, y oro, y de metales de cobre y plomo, y oropel natural, y estaño, y otros metales, que todo lo sacaron y labraron, y dejaron señales y memoria de ello. Y lo mismo el ámbar y el cristal, y las piedras llamadas ama­ tistas, y perlas, y todo género de ellas, y todas las demás que traían por joyas, que ahora se usan y traen así por cuentas como por joyas, y de algunas de ellas su beneficio y uso está olvidado y perdido.

 

Eran tan hábiles en la Astrología Natural los dichos toltecas que ellos fueron los primeros que tuvieron cuenta, y la compusieron, de los días que tiene el año, y las noches, y sus horas, y la diferencia de tiempos y que conocían y sabían muy bien los que eran sanos y los que eran dañosos, lo cual dejaron ellos compuesto por veinte figuras o carac­ teres. También ellos inventaron el arte de interpretar los sueños, y eran tan entendidos y sabios que conocían las estrellas de los cielos y las tenían puestos nombres, y sabían sus influencias y calidades, y sabían los movimientos de los cielos, y esto por las estrellas.

También conocían y sabían y decían que había doce cielos, donde en el más alto estaba el gran señor y su mujer; al gran señor le llama­ ban Ometecutli, que quiere decir dos veces señor, y a su compañera le llamaban Omecihuatl, que quiere decir dos veces señora, los cuales dos así se llamaban para dar a entender que ellos dos señoreaban sobre los doce cielos y sobre la tierra; y decían que de aquel gran señor de­ pendía el ser de todas las cosas, y que por su mandato de allá venía la influencia y calor con que se engendraban los niños o niñas en el vientre de sus madres.

 

Y estos dichos toltecas eran buenos hombres y allegados a la virtud, porque no decían mentiras; y su manera de hablar y saludarse unos a otros era: señor, y señor hermano mayor, y señor hermano menor; y su habla en lugar de juramento era, es verdad, es así, así es, está averiguado, y sí por sí, y no por no.

 

Su comida de ellos era el mismo mantenimiento que ahora se usa, del maíz, y le sembraban y beneficiaban, así el blanco como el de los demás colores de maíz con que se sustentaban, y compraban y trataban con ello por moneda; y su vestir era ropa o manta, que tenía alacranes pintados de azul; su calzado eran cotaras, también pintadas de azul, y de lo mismo eran sus correas.

 

Y eran altos, de más cuerpo que los que ahora viven, y por ser tan altos corrían y atrancaban mucho, por lo cual les llamaba tlanquacemil' huique que quiere decir, que corrían un día entero sin descansar.

 

Eran buenos cantores, y mientras cantaban o danzaban, usaban alam­ bores y sonajas de palo que llaman ayacachtli; tañían, y componían, y ordenaban de su cabeza cantares curiosos; eran muy devotos y gran­ des oradores.

 

Adoraban a un solo señor que tenían por dios, el cual le llamaban Quetzalcóatl, cuyo sacerdote tenía el mismo nombre que también le llamaban Quetzalcóatl, el cual era muy devoto y aficionado a las cosas de su señor y dios, y por esto tenido en mucho entre ellos y así lo que les mandaba lo hacían y cumplían y no excedían de ello; y les solía decir muchas veces que había un solo señor y dios que se decía Quet­ zalcóatl, y que no quería más que culebras y mariposas que le ofreciesen y diesen en sacrificio; y como los dichos toltecas en todo le creían y obedecían no eran menos aficionados a las cosas divinas que su sacer­ dote, y muy temerosos de su dios.

Finalmente fueron persuadidos y convencidos por el dicho Quetzal­ cóatl para que saliesen del pueblo de Tulla, y así salieron de allí por su mandato, aunque ya estaban allí mucho tiempo poblados y tenían hechas lindas y suntuosas casas, de su templo y de sus palacios, que habían sido edificados con harta curiosidad en el pueblo de Tulla, y en todas partes y lugares donde estaban derramados y poblados y muy arrai­ gados allí, los dichos toltecas, con muchas riquezas que tenían; al fin se hubieron de ir de allí, dejando sus casas, sus tierras, su pueblo y sus riquezas, y como no las podían llevar todas consigo, muchas dejaron enterradas y aun ahora algunas de ellas se sacan debajo de tierra, y cierto no sin admiración de primor y labor. Y así, creyendo y obede­ ciendo a lo que el dicho Quetzalcóatl les mandaba, hubieron de llevar por delante aunque con trabajo (a ) sus mujeres e hijos, y enfermos, y viejos y viejas, y no hubo ninguno que no le quisiese obedecer, por que todos se mudaron cual él salió del pueblo de Tulla para irse a la región que llaman Tlapallan, donde nunca más pareció el dicho Ouet-

zalcóatl.

Y estos dichos toltecas eran ladinos en la lengua mexicana, que no eran bárbaros, aunque no la hablaron tan perfectamente como ahora se usa. Eran ricos, y por ser vivos y hábiles, en breve tiempo con su diligencia tenían riquezas, que decían que les daba su dios y señor

 

Quetzalcóatl, y así se decía entre ellos que el que en breve tiempo se enriquecía, que era hijo de Quetzalcóatl.

 

Y la manera de se cortar los cabellos era según su uso, pulido, que traían los cabellos desde la media cabeza atrás, y traían el celebro atu­ sado, como a sobre peine; y éstos también por su nombre se llamaban chichimecas, y no se dice aquí más, en suma de la manera y condición de los que primero vinieron a poblar esta tierra que llaman México.

 

Resta por decir otro poco de los dichos toltecas, y es que todos los que hablan claro la lengua mexicana, que les llaman náhuas, son descen­ dientes de los dichos toltecas, que fueron de los que se quedaron y no pudieron ir y seguir a Quetzalcóatl, como eran los viejos y viejas, o enfermos, o paridas, o que de su voluntad se quedaron.

 

LOS CUEXTECAS Y TOUEYOMES Y

 

PANTECAS O PANOTECAS

 

El nombre de todos estos tómase de la provincia que llaman Cuextlan, donde los que están poblados se llaman cuexteca, si son muchos, y si uno cuextécatl; y por otro nombre toueyome cuando son muchos, y cuando uno, toueyo, el cual nombre quiere decir nuestro prójimo. A los mismos llamaban panteca, o panoteca, que quiere decir hombres del lugar pasadero, los cuales fueron así llamados porque viven en la pro­ vincia de Pánuco, que propiamente se llama Pantían o Panotlan, cuasi Panoayan, que quiere decir lugar por donde pasan, que es a orillas o riberas de la mar; y dicen que la causa porque le pusieron el nombre de Panoayan es que dizque los primeros pobladores que vinieron a poblar a esta tierra de México, que se llama ahora India Occidental, llegaron a aquel puerto con navios con que pasaron aquella mar; y por llegar allí, y pasar de allí le pusieron nombre de Pantlan, y de antes le llama­ ban Panotlan, casi Panoayan, que quiere decir, como ya está dicho, lugar de donde pasan por la mar. Y en este lugar hacen grandísimos colores, y se dan muy bien todos los bastimentos y muchas frutas que por acá no se hallan, como es la que dicen quequéxquic, y otras muchas frutas. Hay también todo género de algodón, y árboles de flores o rosas por lo cual le llaman Tonacatlapan, lugar de bastimentos, y por otro nombre Xochitlalpan, lugar de rosas.

 

La manera de su traje y la disposición de su cuerpo es, que son de la frente ancha y las cabezas chatas; y los cabellos traíanlos teñidos de diferentes colores, unos de amarillo, otros de colorado y otros de otros colores diferentes, y unos traían los cabellos largos en el colodrillo, y otros los diferenciaban. Tienen los dientes todos agudos porque los aguzaban a posta; tenían por ornamento brazaletes de oro en los brazos, y en las piernas unas medias calzas de pluma, y en las muñecas de las manos unas muñecas de chalchihuites; y en la cabeza, junto a la

 

oreja, poníanse plumajes hechos a manera de aventadoricos, y a las espaldas unos plumajes redondos a manera de grandes moscaderos de hojas de palmas, o de plumas coloradas, largas, puestas a manera de rueda, y en las espaldas unos aventaderos también de plumas coloradas.

 

También suelen traer arcos y flechas delgadas y pulidas, que en las puntas tenían unos casquillos de pedernal o de guijarros, o de pie­ dras de navajas; y a cuantos tomaban en las guerras les cortaban las cabezas, y dejando los cuerpos se las llevaban y las ponían con sus cabe­ llos en algún palo, puestas en orden, en señal de victoria.

 

Estos andan bien vestidos, y sus ropas y mantas muy pulidas y cu­ riosas, con lindas labores, porque en su tierra hacen las mantas que

llaman        centzontilmatli,           centzonquachtli,         que      quiere  decir,   mantas de

 

colores; de allá se traen las mantas que tienen unas cabezas de mons­ truos, pintadas, y las pintadas de remolinos de agua, ingeridas unas con otras, en las cuales y en otras muchas se esmeraban las tejedoras.

 

Tienen muchas joyas, esmeraldas y turquesas finas, y todo género de piedras preciosas; las mujeres se galanean mucho y pénense bien sus trajes, andan muy bien vestidas, traen sus trenzas en las cabezas, con que se tocan, de colores diferentes y retorcidos con pluma.

 

Los defectos de los cuextecas son, que los hombres no traen maxtles con que cubrir sus vergüenzas, aunque entre ellos hay gran cantidad de ropa; traen las narices agujeradas, y con hojas de palma las ensan­ chan, y en el agujero de ellas ponían un cañuto de oro y dentro del cañuto atravesaban un plumaje colorado, y aguzaban sus dientes a posta, y los teñían de negro y otros colores.

 

LOS  OLMECAS, UIXTOTIN  Y  MIXTECAS

 

Estos tales así llamados están hacia el nacimiento del sol, y llámanles también tenimes, porque hablan lengua bárbara, y dicen que son tolte-cas, que quiere decir oficiales de todos oficios, primos y sutiles en todo y que son descendientes de los toltecas de que arriba se ha hecho men­ ción. Y son muy ricos porque sus tierras son muy ricas, fértiles y abun­ dosas, donde se da todo género de bastimento en abundancia; allí se da mucho cacao, y la rosa o especie aromática llamada teonacaztli, y el otro género de cacao que llaman quapatlachtli; dase también allá el ulli, que es una goma negra de un árbol que se llama ulli, y la rosa que llaman yóloxóchitl, y todas las demás rosas que son muy preciadas. (D e) allí es la madre de las aves que crían pluma muy rica, y papagayos grandes y chicos, y el ave que llaman quetzaltótotl.

 

También se traen de allá las piedras muy ricas de chalchihuites y las piedras turquesas; allí se halla también mucho oro y plata; tierra cierto fértilísima, por lo cual la llamaron los antiguos Tlalocan, que quiere decir, tierra de riquezas y paraíso terrenal.

 

El traje de ellos era de diversas maneras; unos traían mantas, otros como unas jaquetillas y otros los maxtles con que cubrían sus vergüen­ zas. Sus mujeres son grandes tejedoras, muy pulidas en hacer labores en la tela, y con razón lo son, pues son de tan buena y rica tierra. Traen y usan ajorcas muy anchas de oro, y sartales de piedras a las muñecas, y joyeles de piedras al cuello y joyeles de oro; traen también cotaras, como los hombres, pero las que traen los hombres son más pulidas; usaban también cotaras hechas de ulli. De éstos, porque eran ricos, y no les faltaba nada de lo necesario antiguamente, se decía que eran hijos de Quetzalcóatl y así creían los antiguos que el que era próspero, rico y bien afortunado, que era conocido y amigo del

dicho Quetzalcóatl.

 

Traían ni más ni menos como los demás, arcos y flechas y hachas, para defenderse de bestias fieras que veían en las montañas. Muchos de éstos hay que son nahuas, o mexicanos.

 

LOS DE M1CHOACAN, Y POR OTRO

 

NOMBRE QUAOCHPANME

 

Michoacaque cuando son muchos, y cuando uno, michoa, y quiere decir, hombre, u hombres abundantes de peces, porque en la provincia de ellos allí es la madre de los pescados, que es Michoacan; llámanse tam­ bién quaochpanme, que quiere decir hombres de cabeza rapada, o raída, porque antiguamente estos tales no traían cabellos largos, antes se rapa­ ban todos la cabeza, así los hombres como las mujeres, aunque fuesen ya viejas, sino eran tal y cual que traían cabellos largos.

 

En su tierra se dan muy bien los bastimentos, maíz, frijoles, pepitas y fruta y las semillas de mantenimientos llamadas huauhtli y chían. El traje de ellos era que traían una jaquetillas sin mangas, a manera de huípiles, con las cuales de continuo traían sus arcos y flechas y carcajes de saetas; su vestido era el pellejo de gatos monteses, o de tigre, o de león, o de venados o de ardillas, y por atavío o aderezo traían plumajes redondos a manera de aventadoricos, de pluma encarnada, metida en la guirnalda que traían en la cabeza, hecha de pellejo de ardilla. Sus casas eran lindas aunque todas eran de paja; los hombres lindos y primos oficiales, carpinteros, entalladores, pintores y lapidarios, y buenos oficiales de cotaras; y sus mujeres lindas tejedoras, buenas trabajadoras y lindas labranderas de mantas galanas, y de las grandes que traen dobla­ das. Hacían su comida para dos o tres días, y aun para ocho días, por no hacerla cada día.

 

La falta que tenían es que antiguamente los hombres no traían con que tapar sus vergüenzas sino las jaquetillas con que las encubrían y todo el cuerpo, las cuales llegaban hasta las rodillas, y llámanse cícuil, o xicolli, que son a manera de huípiles, que son camisas de las

 

mujeres de México; agujeraban también el labio de abajo y las orejas, en el labio ponían sus bezotes y en las orejas sus orejeras por vía de galanía. Las mujeres traían sus naguas, mas eran angostas y cortas, que llegaban hasta las rodillas, y no traían huípiles; y en la comida ni los unos ni los otros eran curiosos ni limpios. Su dios que tenían se llamaba Taras, del cual tomando su nombre los michoaques, también se dicen tarasca; y este Taras en la lengua mexicana se dice Míxcóatl, que era el dios de los chichimecas, ante el cual sacrificaban culebras, aves y conejos, y no los hombres, aunque fuesen cautivos, porque se servían de ellos como de esclavos. A su rey todos le tenían reverencia y respeto y le obedecían en todo, conociéndole por su señor los demás señores y principales de su provincia, y dándole tributo todos los indios en reconocimiento del vasallaje; y no era menor que el rey de México.

 

LOS MEXICANOS

 

Este nombre mexícatl se decía antiguamente mecitli, componiéndose de me, que es metí por el maguey, y de citli por la liebre, y así se había de decir mecícatl; y mudándose la c en x corrómpese y dícese mexícatl. Y la causa del nombre según lo cuentan los viejos es que cuando vinie­ ron los mexicanos a estas partes traían un caudillo y señor que se llamaba Mécitl, al cual luego después que nació le llamaron citli, liebre; y porque en lugar de cuna lo criaron en una penca grande de un maguey, de allí adelante llamóse mecitli, como quien dice, hombre cria­ do en aquella penca del maguey; y cuando ya era hombre fue sacerdote de ídolos, que hablaba personalmente con el demonio, por lo cual era tenido en mucho y muy respetado y obedecido de sus vasallos, los cuales tomando su nombre de su sacerdote se llamaron mexica, o mexícac, según lo cuentan los antiguos. Estos tales son advenedizos, porque vi­ nieron de las provincias de los chichimecas, y lo que hay que contar de estos mexica es lo siguiente.

 

Ha años sin cuenta que llegaron los primeros pobladores a estas partes de la Nueva España, que es casi otro mundo, y viniendo con navios por la mar aportaron al puerto que está hacia el norte; y porque allí se desembarcaron se llamó Panutla, casi Panoayan, lugar donde llegaron los que vinieron por la mar, y al presente se dice aunque corruptamente Pantlan. Y desde aquel puerto comenzaron a caminar por la ribera de la mar mirando siempre las sierras nevadas y los vol­ canes, hasta que llegaron a la provincia de Guatimala, siendo guiados por su sacerdote, que llevaba consigo a su dios de ellos, con quien siempre se aconsejaba para lo que habían de hacer. Y fueron a poblar en Tamoanchan, donde estuvieron mucho tiempo y nunca dejaron de tener sus sabios o adivinos que se decían amoxoaque, que quiere decir hombres entendidos en las pinturas antiguas, los cuales aunque vinie­

 

ron juntos, pero no se quedaron con los demás en Tamoanchan, porque dejándolos allí se tornaron a embarcar y llevaron consigo todas las pin­ turas que habían traído de los ritos y de los oficios mecánicos. Y antes que se partiesen primero les hicieron este razonamiento: “Sabed: que manda nuestro señor dios que os quedéis aquí en estas tierras de las cuales os hace señores, y os da posesión, el cual vuelve donde vino, y nosotros con él, pero vase para volver y tornar a os visitar cuando fuere ya tiempo de acabarse el mundo; y entretanto vosotros estaréis en estas tierras esperándole y poseyendo estas tierras, y todas las cosas con­ tenidas en ellas, porque para tomarlas y poseerlas vinisteis por acá, y así quedaos en buen hora, que nosotros nos vamos con nuestro se­ ñor dios”.

Y así se partieron con su dios que llevaban envuelto en un envol­ torio de mantas, y siempre les iba hablando y diciendo lo que habían de hacer; y fuéronse hacia el oriente llevando consigo todas sus pintu­ ras, donde tenían todas las cosas de antiguallas y de los oficios mecáni­ cos: y de estos sabios no quedaron más de cuatro con esta gente que

quedó,  que se decían Oxomoco,  Cipactónal, Tlaltetecuin,  Xochicauaca.

Los cuales, después de idos los demás sabios, entraron en consulta, don­ de trataron lo siguiente, diciendo: Vendrá tiempo cuando haya luz para el regimiento de esta república, mas, ¿mientras estuviere ausente nues­ tro señor dios, que modo se tendrá para poder regir bien la gente?, etc. ¿Qué orden habrá en todo, pues los sabios llevaron sus pinturas por donde gobernaban, por lo cual inventaron la Astrología Judiciaria y el arte de interpretar los sueños, compusieron la cuenta de los días, y de las noches y de las horas, y las diferencias de tiempos que se guardó mientras señorearon y gobernaron los señores de los tultecas,

y de los mexicanos, y de los tepanecas, y de todos los chichimecas? Por

 

la cual cuenta no se puede saber qué tanto tiempo estuvieron en Tamo~ anchan, y se sabía por las pinturas que se quemaron en tiempo del señor de México que se decía ltzcóatl, en cuyo tiempo los señores y los principales que había entonces acordaron y mandaron que se quemasen todas, porque no viniesen a manos del vulgo y viniesen en menos­ precio.

 

Desde Tamoanchan iban a hacer sacrificios al pueblo llamado Teofi-huacan, donde hicieron a honra del sol y de la luna dos montes, y en este pueblo se elegían los que habían de regir a los demás, por lo cual se llamó Teotihuacan, que quiere decir Ueitiuacan, lugar donde hacían señores.

 

Allí también se enterraban los principales y señores, sobre cuyas se­ pulturas se mandaban hacer túmulos de tierra, que hoy se ven todavía y parecen como montecillos hechos a mano; y aun se ven todavía los hoyos donde sacaron las piedras, o peña de que se hicieron los dichos túmulos. Y los túmulos que hicieron al sol y a la luna, son como gran­ des montes edificados a mano, que parecen ser montes naturales y no

 

lo son, y aun parece ser cosa indecible decir que son edificados a mano, y cierto lo son, porque los que los hicieron entonces eran gigan­ tes y aun esto se ve claro en el cerro o monte de Chollullan, que se ve claro estar hecho a mano, porque tiene adobes y encalado.

 

Y se llamó Teotihuacan, el pueblo de Téotl, que es dios, porque los señores que allí se enterraban después de muertos los canonizaban por dioses y que no se morían sino que despertaban de un sueño en que habían vivido; por lo cual decían los antiguos que cuando morían los hombres no parecían, sino que de nuevo comenzaban a vivir, casi des­ pertando de un sueño, y se volvían en espíritus o dioses. Les decían: “Señor, señora, despiértate que ya comienza a amanecer, que ya es el alba, que ya comienzan a cantar las aves de plumas amarillas, y que ya andan volando las mariposas de diversos colores”. Y cuando alguno se moría, de él solían decir que ya era téotl, que quiere decir que ya era muerto, para ser espíritu, o dios; y creían los antiguos, engañándose, que los señores cuando morían se volvían en dioses, lo cual decían por­ que fuesen obedecidos o temidos los señores que regían, y que unos se volvían en sol y otros en luna, y otros en otros planetas.

 

Y estando todos en Tamoanchan, ciertas familias fueron a poblar a las provincias que ahora se llaman Olmeca, Uixtoti, los cuales antigua­ mente solían saber los meleficios o hechizos, cuyo caudillo y señor tenía pacto con el demonio y se llamaba Olmécatl Uixtotli, de quien tomando su nombre se llamaron olmecas uixtotin.

 

De éstos se cuenta que fueron en pos de los toltecas cuando salieron del pueblo de Tullan, y se fueron hacia el oriente, llevando consigo las pinturas de sus hechicerías; y que llegando al puerto se quedaron allí, y no pudieron pasar por la mar, y de ellos descienden los que al pre­ sente se llaman anahuaca mixteca; y fueron a poblar allí sus antepasa­ dos porque su señor que era escogió aquella tierra por muy buena y rica.

Estos mismos inventaron el modo de hacer el vino de la tierra; era mujer la que comenzó y supo primero agujerar los magueyes, para sacar la miel de que se hace el vino, y llamábase Mayauel, y el que halló primero las raíces que echan en la miel se llamaba Pantécatl. Y los autores del arte de saber hacer el pulcre, así como se hace ahora se

decían Tepuztécatl, Quatlapanqui, Tliloa, Papaztactzocaca, todos los cua­

 

les inventaron la manera de hacer el pulcre en el monte llamado Chichi-nauhia, y porque el dicho vino hace espuma también llamaron al monte Popozonaltépetl, que quiere decir monte espumoso; y hecho el vino convidaron los dichos a todos los principales, viejos y viejas, en el monte que ya está referido, donde dieron a comer a todos y de beber del vino que habían hecho, y a cada uno estando en el banquete dieron cuatro tazas de vino, y a ninguno cinco por que no se emborrachasen. Y hubo un cuexteco, que era caudillo y señor de los cuexteca que bebió cinco tazas de vino, con las cuales perdió su juicio y estando sin él echó por allí sus maxtles, descubriendo sus vergüenzas, de lo cual los

 

dichos inventores del vino, corriéndo(se) y afrentándose mucho, se jun­ taron todos para castigarle; empero, como lo supo el cuexteco, de pura vergüenza se fue huyendo de ellos con todos sus vasallos y los demás que entendían su lenguaje, y fuéronse hacia Panotlan, de donde ellos habían venido, que al presente se dice Pantlan y los españoles la dicen Panuco. Y llegando al puerto no pudieron ir, por lo cual allí poblaron, y son los que al presente se dice toueyome, que quiere decir en indio (en mexicano) touampohuan, y en romance nuestros prójimos; y su nombre que es cuexteca, tomáronlo de su caudillo y señor, que se

decía Cuextécatl.

 

Y estos cuextecas, volviendo a Panotlan llevaron consigo los cantares que cantaban cuando bailaban, y todos los aderezos que usaban en la danza o areito. Los mismos eran amigos de hacer embaimientos, con los cuales engañaban (a ) las gentes, dándoles a entender ser verdadero lo que es falso, como es dar a entender que se queman las casas que no se quemaban, y que hacían parecer una fuente con peces y no era nada, sino ilusión de los ojos; y que se mataban a sí mismos, haciéndose tajadas y pedazos sus carnes; y otras cosas que eran aparentes y no verdaderas. Y nunca dejaron de ser notados de borrachos, porque eran muy dados al vino, y siguiendo o imitando a su caudillo o señor que había descubierto sus vergüenzas por su borrachera, andaban también sin maxtles los hombres, hasta que vinieron los españoles. Y porque el dicho su señor había bebido cinco tazas de vino en el monte que se dice Popozonaltépetl, los vasallos suyos siempre han sido tenidos por muy borrachos, porque parecían andar casi siempre tocados del vino, con poco juicio, y así por injuriar a algún alocado le llamaban de Cuextécatl, diciendo que él también había bebido cinco tazas del vino, y que las acabó de beber sin dejar gota, y que por esto andaba como borracho.

 

Y como por largos tiempos se había tenido señorío y mando en Tamoanchan, después se traspasó al pueblo llamado Xomiltépec, donde estando los que eran señores y ancianos y sacerdotes de ídolos, se ha­ blaron unos a otros, diciendo, que su dios les había dicho que no habían de estar siempre en el pueblo de Xomiltépec, sino que habían de ir más adelante para descubrir más tierras, porque su dios no quería parar allí sino pasar adelante; y así todos los muchachos, viejos y viejas, mujeres y hombres, comenzaron a caminar, y fuéronse poco a poco hasta que llegaron al pueblo de Teotihuacan, donde se eligieron los que habían de regir y gobernar a los demás; y se eligieron los que eran sabios y adivi­ nos, y los que sabían secretos de encantamientos. Y hecha elección de los señores luego se partieron todos de allí, yendo cada señor con la gente que era de su lenguaje, y guiando a cada cuadrilla su dios. Iban siempre delante los toltecas, y luego los otomíes, los cuales con su señor llegando a Coatépec no fueron más adelante con los demás, porque de allí el que era su señor los llevó a las sierras para poblarlos allí, y por esta causa estos tales tenían por costumbre hacer sacrificios en las alturas

 

de las sierras y poblarse en las laderas de ellas. Y las demás gentes, como los toltecas, y los mexicanos o nahuas, y todos los otros, prosiguieron su camino por los llanos o páramos para descubrir tierras. Cada gente, o familia, yendo con su dios que les guiaba.

 

Y de cuánto tiempo hayan peregrinado, no hay memoria de ello. Fueron a dar en un valle entre unos peñascos, donde lloraron todos sus duelos y trabajos porque padecían mucha hambre y mucha sed; y en este valle había siete cuevas que tomaron por sus oratorios todas aquellas gentes. Allí iban a hacer sacrificios todos los tiempos que tenían de cos­ tumbre. Tampoco no hay memoria ni cuenta de todo el tiempo que estuvieron allí. Estando allí los toltecas con los demás dicen que su dios de ellos les habló aparte, mandándoles que volviesen allí de donde habían venido, porque no habían de permanecer allí; lo cual oído los toltecas antes que se partiesen de allí primero fueron a hacer sacrificios en aquellas siete cuevas, y hechos, se partieron todos; y fueron a dar en el pueblo de Tullantzinco, y de allí después pasaron a Xicotitlan que es el pueblo de Tulla.

 

Después de éstos volviéronse también los michoaques, con su señor que les guiaba, llamado Amímitl, y fuéronse hacia el occidente, en aquellas partes donde están poblados ahora; hicieron también sus sacri­ ficios en las cuevas antes que partiesen. Sucesivamente se volvieron los

nahuas, que son los tepanecas, los acolhuaques, los chalcas, los uexotzin-

cas y los tlaxcaltecas, cada familia por sí, y vinieron a estas partes de México.

 

Después de esto a los mexicanos, que quedaban a la postre, les habló su dios diciendo que tampoco habían de permanecer en aquel valle sino que habían de ir más adelante, para descubrir más tierras, y fuéronse hacia el poniente, y cada una familia de estas ya dichas antes que se partiese hizo sus sacrificios en aquellas siete cuevas, por lo cual todas las naciones de esta tierra, gloriándose, suelen decir que fueron criadas en aquellas siete cuevas, y que de allá salieron sus antepasados, lo cual es falso porque no salieron de allí sino que iban allí a hacer sus sacri­ ficios cuando estaban en el valle ya dicho. Y así venidos todos a estas partes, y tomada la posesión de las tierras y puestas las mojoneras entre cada familia, los dichos mexicanos prosiguieron su viaje hacia el po­ niente, y según lo cuentan los viejos llegaron a una provincia que se dice Colhuacan México, y de allí tornaron a volver; y qué tanto tiempo duró su peregrinación, viniendo de Colhuacan, no hay memoria de ello.

 

Y antes que se partiesen de Colhuacan dicen que su dios les habló, diciendo que volviesen allí donde habían partido y que les guiaría mos­ trándoles el camino por donde habían de ir. Y así volvieron hacia esta tierra que ahora se dice México, siendo guiados por su dios; y los sitios donde se aposentaron a la vuelta los mexicanos todos están señalados y nombrados en las pinturas antiguas, que son sus anales de los mexi­ canos; y viniendo de peregrinar por largos tiempos fueron los postreros

 

que vinieron aquí a México, y viniendo por su camino en muchas partes

 

no los querían recibir, ni aun los conocían, antes les preguntaban quié­

nes eran y de dónde venían, y los echaban de sus pueblos; y pasando

por Tulla, e Ichpochco, y por Ecatépec, vinieron a estarse un poco de

tiempo en el monte que se dice     Chiquiuhio,     que es un poco más acá de

Ecatépec,  y           después  estuvieron    en  Chapultépec  viniendo      todos  juntos.

Y en  este tiempo había tres cabeceras las más principales,  conviene  a

saber,          Azcapotzalco, Coatlichan      y Colhuacan, y entonces no había me­

moria de México, porque donde ahora es México no había otra cosa sino

cañaverales;            y          estando  los     mexicanos  en  Chapultépec  dábanles  guerra

los comarcanos, y de allí pasaron a Colhuacan donde estuvieron algunos

años,  y de  allí vinieron a tener asiento en la parte que  ahora  se dice

Tenochtitlan,          México, que cae en los términos de los tepanecas, que son

los de         Azcapotzalco y Tlacopan.      Y estos tepanecas partían       términos con

los de Tez coco.                                                                           

Y    vinieron a poblar allí entre los cañaverales que había muchos, por­

que todo lo demás estaba ya ocupado y las tierras tomadas y poseídas

todas por los que vinieron primero; y por estar en los términos de los

tepanecas, fueron sujetos y tributarios del pueblo de      Azcapotzalco.

Todas las dichas familias se llaman chichimecas, y aun de tal nombre

se jactan  y glorían,  y  es porque  todas  anduvieron  peregrinando  como

chichimecas            por las tierras  ante  dichas,  y de  allí volvieron  para  estas

partes  aunque a la verdad no  se llamaban tierras  de chichimecas,  por

donde         ellos     anduvieron,     sino     Tleotlalpan,     Tlacochcalco,              Mictlampan,

que quiere  decir campos llanos y  espaciosos que  están hacia  el norte.

Llamáronse tierras de chichimecas porque por allí suelen           habitar ahora

los chichimecas,  que  son unas    gentes bárbaras  que  se sustentan  de la

caza que toman, y no pueblan; y aunque los mexicanos se dicen chichi-

mecas,        empero propiamente se dicen atlacachichimeca, que quiere decir

pescadores que vinieron de lejas tierras.                                     

Las  gentes  nahuas,  que  son  las  que  entienden  la lengua  mexicana,

también se llaman chichimecas     porque vinieron de las tierras ya dichas,

donde  están las siete cuevas  que  ya están  referidas,  y son las  que  se

nombran  aquí:       tepanecas,  acolhuacas,  chalcas, y los hombres  de tierra

caliente  y los         tlateputzcas,  que        son  los  que  viven  tras  de  las  sierras,

hacia el oriente,  como son los tlaxcaltecas, uexotzincas y         chololtecas,  y

otros muchos;  y todos  traían  arcos  y flechas.  Los       toltecas           también  se

llaman        chichimecas, y los      otomíes y michoacas ni          más ni menos; pero

los que están hacia el nacimiento del sol se nombran olmeca,  uixtotin,

nonooalca, y no se dicen chichimecas.

 

LOS SEÑORES Y GOBERNADORES QUE REINARON EN MEXICO DESDE EL PRINCIPIO DEL REINO HASTA EL AÑO DE 1560

Acamapichtli fue  el primer señor de México,  de Tenochtitlan,  el cual

tuvo el señorío de México veintiún  años en paz y quietud  y no hubo

guerras en su tiempo.                   

Huitzilíhuitl fue  el  segundo señor  de Tenochtitlan,  el  cual tuvo  el

señorío  veintiún  años,  y  él  comenzó  las  guerras  y  peleó  con  los  de

Culhuacan. fue el tercer señor de Tenochtitlan, y lo fue diez años.

Chimálpopoca       

Itzcoatzin fue         el cuarto señor de T enochtitlan,        y lo fue catorce años,

el cual sojuzgó con guerras a los de         Azcapotzalco  y a los de Xochimilco.

Huehue Moteccuzoma,  el primer Moteccuzoma,  fue  el quinto  señor

de Tenochtitlan,     el cual gobernó a los de México treinta años, y él tam­

bién hizo guerras a los de la provincia de Chalco, y a los de Quauhnáuac

y a todos los sujetos  a la dicha  cabecera;  y en  su  tiempo hubo  muy

grande hambre por espacio de cuatro años, y se  dijo necetochuíloc, por

lo cual los de México y los de Tepaneca, y los de Aculhuacan se derra­

maron a otras partes para buscar su vida.

Axayácatl fue  el  sexto  señor  de Tenochtitlan-México  y  señoreó  ca­

torce  años,  y en  su  tiempo  hubo  guerra  entre  los  de  Tenochtitlan  y

Tlatilulco, y los de Tlatilulco perdieron el señorío por la victoria que tu­

vieron de ellos los de Tenochtitlan;          y por esto los de Tlatilulco no tu­

vieron señor por espacio de cuarenta y seis años, y el que entonces era

señor de     Tlatilulco llamóse Moquihuiztli,  y el dicho Axayácatl ganó y

conquistó   estos reinos y provincias:       Tlacotépec, Cozcaquauhtenco, Calli-

maya,  Metépec,    Calixtlahuaca,  Ecatépec,  Teutenanco,  Malinaltenanco,

Tzinacantépec, Coatépec, Cuitlapilco, Teuxaoalco, Tequaloyan y Ocuillan.

 

Tizocicatzin fue el séptimo señor de Tenochtitlan, y lo fue cuatro años, y no hubo guerras en su tiempo.

 

Ahuítzotl fue el octavo señor de Tenochtitlan por tiempo de dieciocho años y en su tiempo se anegó la ciudad de México, porque él mandó que se abriesen cinco fuentes que están en los términos de los pueblos de Coyoacan y de Huitzilopochco, y las fuentes tenían estos nombres:

Acuecuéxcatl,        Tlílatl,  Huitzílatl,        Xochcóatl  y  Cóatl,  y  esto  aconteció

cuatro años antes de su muerte del dicho Ahuítzotl, y veintidós años antes de la venida de los españoles. Y también en su tiempo acaeció muy grande eclipse de sol al medio día, casi por espacio de cinco horas hubo muy grande oscuridad, porque aparecieron las estrellas; y las gentes tuvieron muy grande miedo, y decían que habían de descender del cielo unos monstruos que se dicen tzitzimime, que habían de comer a los hom­ bres y mujeres. El dicho Ahuítzotl, conquistó estas provincias: Tziuh-

 

cóac, Molanco, Tlapan, Chiapan, Xaltépec, Yzoatlan, Xochtlan, Amax-tlan, Mapachtépec, Xoconochco, Ayutlan, Mazatlan, Coyoacan.

 

El noveno rey de México fue Moteccuzoma, segundo de este nombre, y reinó diecinueve años y en su tiempo hubo grande hambre; por espacio de tres años no llovió, por lo cual los de México se derramaron a otras tierras; y en su tiempo también aconteció una maravilla en México, en una casa grande donde se juntaban a cantar y a bailar, porque una viga muy grande que estaba atravesada encima de las paredes cantó como

una persona este cantar: Ueya noqueztepule uel tomitotía, atlan tiuétztoz,

que quiere decir: ¡guay de ti, mi anca, baila bien que estarás echada en el agua! Lo cual aconteció cuando la fama de los españoles ya sonaba en esta tierra de México. En su tiempo del mismo Moteccuzoma, el dia­ blo que se nombraba Cihuacóatl de noche andaba llorando por las calles de México, y lo oían todos diciendo: “¡Oh hijos míos, guay de mí, que ya os dejo a vosotros!...”. Acaeció otra señal en este tiempo de Moteccuzoma: que una mujer vecina de México-Tenochtitlan murió de una enfermedad y fue enterrada en el patio, y encima de su sepultura pusieron unas piedras, la cual resucitó después de cuatro días de su muerte, de noche, con grande miedo y espanto de los que se hallaron allí, porque se abrió la sepultura y las piedras derramáronse lejos; y la dicha mujer que resucitó fue a casa de Moteccuzoma, y le contó todo lo que había visto, y le dijo: “La causa porque he resucitado es para decirte que en tu tiempo se acabará el señorío de México, y tú eres el último señor, porque vienen otras gentes y ellas tomarán el señorío de la tierra y poblarán en México”. Y la dicha mujer que resucitó después vivió otros veintiún años y parió otro hijo. El dicho Moteccuzoma con­

 

quistó estas provincias: Icpatépec, Cuezcoma, Ixtlahuacan, Coznllan, Tecomaixtlahuacan, Zacatépec, Tlachquiauhco, Yolloxonecuilan, Atépec, Mictlan, Tlaoapan, Nopallan, Iztaclalocan, Cuextlan, Quetzaltépec, Chi-

 

chiualtatacalan. En su tiempo también, ocho años antes de la venida de los españoles, veíase, y espantábanse las gentes, porque de noche se le­ vantaba un gran resplandor como una llama de fuego, y duraba toda la noche, y nacía de la parte de oriente y desaparecía cuando ya quería salir el sel; y esto se vio cuatro años arreo, siempre de noche, y desapa­ reció después de cuatro años antes de la venida de los españoles. Y en tiempo de este señor vinieron a estas tierras los españoles que conquis­ taron a la ciudad de México, donde ellos están al presente, y a toda la Nueva España, la cual conquista fue en el año de 1519.

 

El décimo señor que fue de México se decía Cuitláhuac y tuvo el señorío ochenta días, cuando ya los españoles estaban en México, y en tiempo de éste acaeció una mortandad o pestilencia de viruelas en toda la tierra, la cual enfermedad nunca había acontecido en México, ni en otra tierra de esta Nueva España, según decían los viejos, y a todos afeó las caras, porque hizo muchos hoyos en ellas; y eran tantos los difuntos que morían de aquella enfermedad, que no había quien los enterrase, per lo cual en México los echaban en las acequias, porque entonces había

 

muy grande copia de aguas; y era muy grande hedor que salía de los cuerpos muertos.

 

El undécimo señor de Tenochtitlan se dijo Quauhtémoc, y gobernó a los de México cuatro años, y en su tiempo los españoles conquistaron a la ciudad de México y a toda la comarca, y también en su tiempo llegaron y vinieron a México los doce frailes de la Orden del Señor San Francisco que han convertido a los naturales a la Santa Fe Católica, y ellos y los demás ministros han destruido los ídolos y plantado la Fe Católica en esta Nueva España.

 

El duodécimo gobernador de Tenochtitlan se dijo don Andrés Mo-telchiuh, y gobernó tres años en tiempo de los españoles, con los cuales se halló en las conquistas de las provincias de C uextlan, de Honduras y Anáhuac. Después fue con Ñuño de Guzmán a conquistar a las tierras de Culhuacan, y allí acabó su vida.

 

El decimotercero gobernador de Tenochtitlan se dijo don Pablo Xo-chiquen, y gobernó a los de México tres años.

 

El decimocuarto gobernador de Tenochtitlan se llamó don Diego Uánitl y fue gobernador cuatro años.

 

El decimoquinto gobernador de Tenochtitlan se llamó don Diego Teuetzquiti, y gobernó trece años, y en tiempo de éste fue la mortandad y pestilencia muy grande de la Nueva España, y salía como agua de las bocas de los hombres y mujeres naturales gran copia de sangre, por lo cual moría y murió infinita gente. Y porque en cada casa no había quien tuviese cargo de los enfermos muchos murieron de hambre. Y cada día, en cada pueblo, se enterraban muchos muertos. Y también en tiempo de dicho don Diego, fue la guerra con los Chichimecas de Xu-chipilla, que hizo don Antonio de Mendoza, que fue primero visorrey de esta Nueva España.

 

El decimosexto gobernador de México se dijo don Cristóbal Cecepátic, y gobernó cuatro años.

 

(Lib. VIII, cap. i)

 

 

LOS ADEREZOS QUE LOS SEÑORES USABAN EN SUS AREITOS

 

Uno de los aderezos, y el primero que usaban los señores en los areitos, se llamaba quetzalilpiloni, y eran dos borlas hechas de plumas ricas guarnecidas con oro, muy curiosas; y traíanlas atadas a los cabellos de la coronilla de la cabeza, que colgaban hasta el pescuezo por la parte de las sienes, y traían un plumaje rico a cuestas, que se llamaba tlauh-quecholtzontli, muy curioso. Llevaban también en los brazos unas ajorcas de oro, que todavía las usan, y unas orejeras de oro que ya no las usan; traían también atada a las muñecas una correa gruesa negra, sobada con bálsamo, y en ella una cuenta gruesa de chalchíhuitl u otra piedra

 

preciosa. También traían un barbote de chalchihuitl engastado en oro, metido en la barba, y ya tampoco usan esto; también traían estos bar­ botes hechos de cristal, largos y dentro de ellos unas plumas azules me­ tidas, que les hacen parecer zafiros. Otras muchas maneras de piedras preciosas traían por barbotes. Traían el bezo agujerado, y por allí los traían colgados, como que salían de dentro de la carne; también traían unas medias lunas de oro, colgadas en los bezotes. Traían también agu­ jeradas las narices los grandes señores, y en los agujeros metidas unas turquesas muy finas, u otras piedras preciosas, una de la una parte y otra de la otra de la nariz; traían también unos sartales de piedras pre­ ciosas al cuello; traían una medalla colgada de un collar de oro, y en el medio de ella una piedra preciosa llana y por la circunferencia colgaban unos pinjantes de perlas; usaban también unos brazaletes de mosaico, hechos de turquesas, con unas plumas ricas que salían de ellos, que eran más altas que la cabeza, y bordadas con plumas ricas, y con oro, y con unas bandas de oro, que subían con las plumas.

 

Usaban también traer en las piernas, de la rodilla abajo, grebas de oro muy delgadas; usaban también traer en la mano derecha una ban­ derilla de oro, y en lo alto un remate de plumas ricas; usaban también traer por guirnaldas una ave de plumas ricas hecha, que traía la cabeza y el pico hacia la frente y la cola hacia el cogote, con unas plumas muy ricas y muy largas, y las alas de esta ave venían hacia las sienes, como cuernos, hechas de plumas ricas; también usaban traer unos moscaderos en la mano, que llamaban quetzállicaceuaztli, y con unas bandas de oro, que subían con las plumas; usaban también traer en la mano izquierda unos brazaletes de turquesas muy buenas sin plumaje ninguno.

Traían un collar de oro, hecho de cuentas de oro y entrepuestos unos

caracolitos mariscos,  entre cada dos cuentas uno; también usaban  traer

collares de oro, hechos a manera de eslabones de víboras. También usa­

ban los señores, en los areitos, traer flores en la mano juntamente, con

una caña de humo que iban  chupando.  Tenían  también un  espejo en

que se miraban cuando se componían, y después de compuestos mirábanse

bien al espejo, y luego lo daban a un paje para que lo guardase; traían

también unas cotaras, los calcaños de las cuales eran      de cuero          de tigre,

y las suelas de cuero de ciervo hechas  de  muchos         dobleces y       cosidas,

con pinturas.  Usaban  de atambor y de atamboril,  el atambor era  alto,

como hasta la cinta, de la manera de los de España en la cobertura; era

el tamboril de madera, hueco, tan grueso como un cuerpo de un hombre,

y tan largo como tres palmos, unos poco más y otros poco menos, y muy

pintados;  este  atambor,  y  este  atamboril  ahora  lo  usan  de  la  misma

manera.  Usaban también unas sonajas de oro, y las mismas ahora usan

de palo; y usaban de unas  conchas de tortuga hechas  de oro,    en  que

iban  tañendo,  y  ahora  las  usan  estos  naturales  de  la  misma  tortuga.

También usaban de carátulas o máscaras labradas de mosaico,  y de ca­

 

belleras, como las usan ahora, y unos penachos de oro que salían de las carátulas.

 

(Lib. VIII, cap. ix)

 

LOS PASATIEMPOS Y RECREACIONES DE LOS SEÑORES

 

Cuando los señores salían de su casa y se iban a recrear, llevaban una cañita en la mano y movíanla al compás de lo que iban hablando con los principales. Los principales iban de una parte y de otra del señor, llevábanle en medio e iban algunos delante apartando la gente, que nadie pasase delante de él, ni cerca de él; y nadie de los que pasaban por el camino osaba mirarle a la cara, sino luego bajaban la cabeza y echaban por otra parte. Algunas veces, por su pasatiempo, el señor cantaba y aprendía los cantares que suelen decir en los areitos. Otras veces por darle recreación algún truhán le decía truhanerías, o gracias.

 

Otras veces por su pasatiempo jugaba a la pelota, y para esto teníanle sus pelotas de ulli guardadas; estas pelotas eran tamañas como unas grandes bolas de jugar a los bolos (y ) eran macizas, de una cierta resina o goma que se llamaba ulli, que es muy liviana y salta como pelota de viento, y tenía de ellas cargo algún paje; y también traía consigo buenos jugadores de pelota que jugaban en su presencia, y por el (bando) con­ trario otros principales, y ganábanse oro y chalchihuites y cuentas de oro y turquesas, y esclavos, y mantas ricas y maxtles ricos, y maizales y casas, y grebas de oro y ajorcas de oro y brazaletes hechos con plumas ricas, y pellones de pluma y cargas de cacao; el juego de la pelota se llamaba tlaxtli o tlachtli que eran dos paredes, que había entre la una y la otra veinte o treinta pies, y serían de largo hasta cuarenta o cin­ cuenta pies; estaban muy encaladas las paredes y el suelo, y tendrían de alto como estado y medio, y en medio del juego estaba una raya que hacía al propósito del juego; y en el medio de las paredes, en la mitad del trecho del juego, estaban dos piedras como muelas de molino agu­ jeradas por medio, frontera la una de la otra y tenían sendos agujeros tan anchos que podía caber la pelota por cada uno de ellos. Y el que metía la pelota por allí ganaba el juego; no jugaban con las manos sino con las nalgas herían a la pelota; traían para jugar unos guantes en las manos, y una cincha de cuero en las nalgas, para herir a la pelota.

 

También los señores por su pasatiempo jugaban un juego que se llama patolli, que es como el juego del castro o alquerque, o casi, o como el juego de los dados, y son cuatro frijoles grandes que cada uno tiene un agujero, y arrójanlos con la mano sobre un petate — como quien juega a los carnicoles— , donde está hecha una figura; a este juego solían jugar y ganarse cosas preciosas, como cuentas de oro, piedras preciosas, turquesas muy finas; y este juego y el de la pelota hanlo dejado por ser sospechoso de algunas supersticiones idolátricas que en ellos hay.

 

También solían jugar a tirar con el arco al blanco, o con los dardos, y a esto también se ganaban cosas preciosas. También usaban tirar con cerbatanas, y traían sus bodoquitos hechos en una bruxaquilla de red; y también lo usan ahora en andar a matar pájaros con estas cerbatanas. También usaban tomar pájaros con red.

 

También, para su pasatiempo, plantaban vergeles o florestas donde ponían todos los árboles de flores. También usaban de truhanes que les decían chocarrerías para alegrarlos; también el juego del palo, jugaban delante de ellos por darles recreación. También tenían pajes que los acompañaban y servían, y también usaban de enanos y corcovados, y otros hombres monstruosos; también criaban bestias fieras, águilas y tigres, osos y gatos cervales y aves de todas las maneras.

 

(Lib. VIII, cap. x)

 

 

LAS COMIDAS QUE  USABAN LOS SEÑORES

 

Las tortillas que cada día comían los señores se llamaban totonqui tlax-calli tlacuelpacholli, quiere decir tortillas blancas y calientes, y dobladas, compuestas en un chiquíhuitl, y cubiertas con un paño blanco. Otras tortillas comían también cada día que se llamaban ueitlaxcalli, quiere decir tortillas grandes; éstas son muy blancas y muy delgadas, y anchas y muy blandas. Comían también otras tortillas que llaman quauhtlaqualli; son muy blancas, y gruesas y grandes y ásperas; otra manera de tortillas comían que eran blancas, y otras algo pardillas, de muy buen comer, que llamaban tlaxcalpacholli; también comían unos panecillos no redon­ dos, sino largos, que llaman tlaxcalmimilli; son rollizos y blancos y del largor de un palmo o poco menos.

 

Otra manera de tortillas comían, que llamaban tlacepoalli ilaxcalli, que eran ahojaldradas, eran de delicado comer. Comían también tamales de muchas maneras, unos de ellos son blancos y a manera de pella, hechos no del todo redondos, ni bien cuadrados, tienen en lo alto un caracol, que le pintan los frijoles, con que está mezclado. Otros tamales comían que son muy blancos y muy delicados, como digamos pan de bamba o a la guillena; otra manera de tamales comían blancos, pero no tan delicados como los de arriba, algo más duros; otros tamales co­ mían que son colorados, y tienen su caracol encima, hácense colorados porque después de hecha la masa la tienen dos días al sol o al fuego, y la revuelven, y así se para colorada. Otros tamales comían simples u ordinarios, que no son muy blancos sino medianos, y tienen en lo alto un caracol como los de arriba dichos; otros tamales comían que no eran mezclados con cosa ninguna.

 

Comían los señores estas maneras de pan ya dichas con muchas ma­ neras de gallinas asadas y cocidas; unas de ellas en empanada, en que

 

está una gallina entera,  (y )  también otra manera de empanada de pe­

 

dazos de gallina, que llaman empanadilla de carne de gallina, o de gallo,

con chile  amarillo;  otras  maneras  de  gallinas  asadas  comían;  también

otra manera de asado que eran codornices asadas. Usaban también mu­

chas maneras de tortillas para la gente común.                           

También comían los señores muchas maneras de cazuelas; una manera

de cazuela de gallina hecha a su modo, con chile bermejo y con tomates,

y pepitas de calabaza molidas,  que se llama ahora este manjar pipián;

otra  manera  de  cazuela  comían  de  gallina,  hecha  con  chile           amarillo.

Otras muchas maneras de cazuelas, y de aves asadas comían     que están

en   la letra explicadas.                                        

Comían también muchas maneras de potajes de chiles:  una manera

era hecho de chile amarillo, otra manera de chilmolli hecho de chiltécpitl

y tomates:  otra manera de chilmolli hecho de chile amarillo y tomates:

Osaban también comer peces en cazuela:  una de peces blancos hechos

con chile amarillo y tomates; otra cazuela de peces pardos,  hecha con

chile bermejo y tomates, y con pepitas de calabaza molidas que son muy

buenas  de comer;  otra  manera  de  cazuela  comen  de  ranas,  con  chile

verde; otra manera de cazuela de aquellos peces que se llaman axólotl

con  chile  amarillo;  comían  también  otra  manera  de  renacuajos  con

chiltécpitl; comían también  una  manera  de pececillos colorados hechos

con chiltécpitl;       también  comían  otra  cazuela de     unas  hormigas  aludas

con chiltécpitl.       También  otra cazuela de  unas langostas,  y es muy  sa­

brosa comida;  también comían unos gusanos que son del maguey,  con

chiltécpitl molli;     también otra cazuela de camarones hecha con         chiltécpitl

y tomates, y algunas pepitas de calabaza  molidas; también otra cazuela

de una manera de peces que los llaman    topotli, hechos con      chiltécpitl

como las arriba dichas. Otra cazuela comían de pescados grandes, hecha

como las arriba dichas;  otra cazuela comían hecha de ciruelas no ma­

duras, con unos pececillos blanquecillos, y con chile amarillo y tomates.

Usaban  también  los  señores comer muchas  maneras   de  frutas;  una

de   ellas se llama tzápotl colorados  de dentro  y            por de  fuera    pardillos

y ásperos; otra manera de frutas que son una manera de ciruelas, y son

coloradas, y otra manera de ciruelas que son amarillas, otra manera de

ciruelas  que  son  bermejas  o naranjadas;  usan  también  comer  muchas

maneras de tzapotes, unos que son cenicientos por de fuera, o anonas, y

tienen por de dentro unas pepitas como de frijoles, y lo demás es como

manjar blanco, y es muy sabrosa; otra manera de tzapotes pequeños,  o

peruétanos;  otros  zapotes hay  amarillos  por  de          fuera  y           por       de  dentro

son  como yemas de huevos cocidos;  otra  fruta se llama           quauhcamotli,

(y )  son unas  raíces de  árboles;  camotli,           una  cierta  raíz que    se llama

batata; otras muchas maneras de frutas se dejan de decir.                      

Usaban también comer unas semillas,  que tenían  por fruta:  una  se

llama  xílotl,           que  quiere  decir  mazorcas  tiernas  comestibles  y  cocidas,

otra se llama           élotl, también mazorcas ya hechas,   tiernas y cocidas. Exotl

 

quiere decir frijoles cocidos en sus vainas. Comían también unas ciertas maneras de tamales hechos de los penachos del maíz, revueltos con unas semillas de bledos, y con meollos de cerezas molidos; comían unas ciertas tortillas hechas de las mazorcas tiernas del maíz, y otra manera de tor­ tillas hechas de las mazorquillas pequeñas y muy tiernas; otra manera de tamales comían hechos de bledos.

Usaban también comer unas ciertas maneras de potajes hechos a su modo: una manera de bledos cocidos, y con chile amarillo y tomates, y pepitas de calabaza, o con chiltécpitl solamente; otra hecha de semillas de bledos, y con chile verde; también comían unas ciertas yerbas no cocidas, sino verdes; usaban también comer muchas maneras de puchas, o mazamorras, una manera se llamaba totonqui atolli, mazamorra o atolli caliente; nequatolli, atole con miel; chilnequatolli, atole con chile amarillo y miel; quauhnexatolli, que es hecho con harina muy espesa y muy blanca, hecho con tequíxquitl. Otras muchas maneras de puchas o mazamorras hacían, las cuales se usaban hacer en casa de los señores.

 

Y los calpixque tenían cargo de las cosas necesarias para los señores; traían para comer siempre a casa de los señores muchas maneras de comida, hasta número de cien comidas: y después que había comido el señor mandaba a sus pajes o servidores que diesen de comer a todos los señores y embajadores que habían venido de algunos pueblos, y también daban de comer a los que guardaban en palacio; también daban de comer a los que criaban los mancebos, que se llaman telpochtlatoque, y a los sátrapas de los ídolos; y también daban de comer a los cantores y a los pajes, y a todos los del palacio; también daban de comer a los oficiales, como los plateros y los que labran plumas ricas, y los lapidarios y los que labran de mosaico, y los que hacen cotaras ricas para los señores, y los barberos que trasquilaban a los señores. Y en acabando de comer, luego se sacaban muchas maneras de cacaos, hechos muy delicadamente, como son, cacao hecho de mazorcas tiernas de cacao, que es muy sabroso de beber; cacao hecho con miel de abejas; cacao hecho con ueinacaztli; cacao hecho con tlilxóchitl tierno, cacao hecho colorado, cacao hecho bermejo, cacao hecho naranjado, cacao hecho negro, cacao hecho blanco; y dábanlo en unas jicaras con que se bebía, y son de muchas maneras, unas son pintadas con diversas pinturas, y sus tapaderos muy ricos, y sus cucharas de tortuga para revolver el cacao; otras maneras de jicaras pintadas de negro, y también sus rodetes hechos de cuero de tigre o de venado, para sentar o poner esta calabaza o jicara. Usaban también traer unas redes hechas a manera de bruxaca en que se guardaban estas jicaras ya dichas; usaban también unas jicaras agujeradas para colar el cacao; usaban también de unas jicaras más grandes en que se alzaba el cacao; usaban también guardar unas jicaras pintadas, también grandes para lavar las manos; usaban también unas grandecillas jicaras, pintadas con ricas pinturas, con que se bebía mazamorra; usaban también unos ces-tillos en que se guardaban, o se ponían las tortillas; usaban también de

 

unas escudillas con que se bebían potajes, y de salseras, y de otras escudillas de palo.

 

(Lib. VIII, cap. xiii)

 

LA MANERA DE LAS CASAS REALES

 

LA AUDIENCIA EN LAS CAUSAS CRIMINALES

 

El palacio de los señores, o casas reales, tenía muchas salas: la primera

era la          sala      de la Judicatura, donde residían el rey, los señores   cónsules,

o oidores,   y principales nobles, oyendo las cosas criminales, como pleitos

y peticiones de la gente popular,  y allí juzgaban  y sentenciaban a los

criminales  a pena  de  muerte,  o ahorcar,  o apedrear  o achocarlos  con

palos; de manera que los señores usaban dar muchas maneras de muerte

por justicia, y también allí juzgaban a los principales nobles y cónsules,

cuando caían en algún crimen condenándolos a muerte o a destierro, o a

ser  trasquilados,  o les  hacían  maceguales  o los  desterraban  perpetua­

mente del palacio, o echábanlos presos en unas jaulas recias y grandes.

También allí los señores libertaban a los esclavos injustamente hechos.

En tiempo de Moteccuzoma hubo muy gran hambre por espacio de dos

años,           por       lo cual  los principales  vendieron  muchos  así  (a ) sus hijos

como hijas,  por no  tener  qué  comer;  y  oyendo  Moteccuzoma         que  los

señores vendieron  sus hijos  e hijas por el  hambre,  hubo  gran  miseri­

cordia, y mandó a sus vasallos que juntasen todos los esclavos hidalgos

que se habían comprado; y luego el señor mandó dar  a sus dueños a

cada uno su paga, o sus dones, como mantas de cuatro piernas y delga­

das, y          quachtles, que son como de campeche; y también les dieron maíz

por los que habían comprado los principales, y fue la paga doblada del

precio         que      habían dado.  

Y    en esta primera sala, que se llamaba tlaxitlan, los jueces no diferían

los pleitos de la gente popular, sino procuraban de determinarlos presto; ni recibían cohechos, ni favorecían al culpado, sino hacían la justicia derechamente.

 

LA  AUDIENCIA  EN     LAS  CAUSAS  CIVILES

 

Otra sala del palacio se llamaba teccalli o teccalco: en este lugar resi­ dían los senadores y los ancianos para oír los pleitos y peticiones, que les ofrecía la gente popular; y los jueces procuraban de hacer su oficio con mucha prudencia y sagacidad, y presto los despachaban; porque primeramente demandaban la pintura, en que estaban escritas, o pin­ tadas las causas, como hacienda o casas o maizales; y después cuando

 

ya se quería acabar el pleito, buscaban los senadores los testigos, para que se afirmasen en lo que habían visto u oído; con esto se acababan los pleitos. Y si oía el señor que los jueces o senadores que tenían que juzgar, dilataban mucho, sin razón, los pleitos de los populares, que pu­ dieran acabar presto, y los detenían por los cohechos o pagas o por amor de los parentescos, luego el señor mandaba que les echasen presos en unas jaulas grandes, hasta que fuesen sentenciados a muerte; y por esto los senadores y jueces estaban muy recatados o avisados en su oficio.

 

En el tiempo de Moteccuzoma echaron presos (a ) muchos senadores o jueces, en unas jaulas grandes, a cada uno de por sí, y después fueron sentenciados a muerte, porque dieron relación a Moteccuzoma que estos jueces no hacían justicia derecha, o justa, sino que injustamente la hacían, y por eso fueron muertos; y eran estos que se siguen: el primero

 

se llamaba Mixcoatlailótlac, el segundo Teicnotlamachtli, el tercero Tlacochcálcatl, el cuarto Iztlacamizcoatlailótlac, el quinto Umaca, el

sexto Tóqual, el séptimo Uictlolinqui. Estos eran todos del Tlatelolco.

 

LA AUDIENCIA  PARA LA  GENTE  NOBLE

 

Otra casa del palacio se llamaba tecpilcalli; en este lugar se juntaban los soldados nobles y hombres de guerra, y si el señor sabía que alguno de ellos había hecho algún delito criminal de adulterio, aunque fuese más noble o principal, luego le sentenciaban a muerte; matábanle a pedradas. En el tiempo de Moteccuzoma fue sentenciado un gran prin­ cipal que se llamaba Uitznauatlecamalácatl, el cual había cometido adul­ terio, y le mataron a pedradas delante de toda la gente.

 

EL  CONSEJO DE GUERRA

 

Otra sala del palacio se llamaba tequiuacacalli , por otro nombre quauh-calli. En este lugar se juntaban los capitanes, que se nombraban tlatla-cochcalca y tlatlacateca, para el consejo de la guerra. Había también otra sala del palacio que se llamaba achcauhcáíli; en este lugar se juntaban y residían los achcacauhtin, que tenían cargo de matar a los que condenaba el señor, y si no cumplían lo que les mandaba el señor, luego les condenaban a muerte.

 

Había otra sala en el palacio que se llamaba cuicacalli. En este lugar se juntaban los maestros de los mancebos, que se llamaban tiachcauan y telpochtlatoque, para aguardar lo que les había de mandar el señor, para hacer algunas obras públicas; y cada día a la puesta del sol tenían por costumbre de ir desnudos a la dicha casa de cuicacalli para cantar y bailar; solamente llevaba cada uno una manta hecha a manera de red, y en la cabeza ataban unos penachos de plumas con unos cordo­

 

nes hechos de hilo de algodón colorado, porque se llamaba tochácatl, con que ataban los cabellos; y en los agujeros de las orejas ponían unas turquesas, y en los agujeros de la barba traían unos barbotes de cara­ coles mariscos blancos. Y así todos los mancebos que se criaban en las casas de telpochcalli, iban a bailar cada noche y cesaban como a las once, y luego los sacerdotes y ministros de los ídolos comenzaban a tañer a maitines, con unos caracoles mariscos grandes, por razón que era hora de salir a hacer penitencia, según su costumbre. De esta manera, en cesando de bailar todos los mancebos, luego iban a dormir en las casas del telpochcalli, y nadie se iba a dormir a su casa; y todos dormían desnudos, sino con aquellas mantillas con que bailaban se cubrían cada uno por sí; y en durmiendo un poco, luego se levantaban para ir al palacio del señor.

 

Y si el señor sabía que alguno de ellos había echado algunas derramas de tributo o de comida o bebida, que comiesen los maestros de los man­ cebos, luego el señor los mandaba prender y echarlos en la cárcel de las jaulas grandes, por sí cada uno; o si sabía el señor que alguno de ellos se había emborrachado o amancebado, o había hecho adulterio, mandábale prender, y sentenciábanle a muerte; o le daban garrote, o le mataban a pedradas, o a palos delante de toda la gente, para que tomasen miedo de no atreverse a hacer cosa semejante.

 

LAS TROJES O ALHONDIGAS

 

Otra sala del palacio se llamaba petlacalco. En este lugar posaba un mayordomo del señor, que tenía cargo y cuenta de todas las trojes de los mantenimientos de maíz que se guardaban para proveimiento de la ciudad y república, que cabían a cada dos mil fanegas de maíz, en las cuales había maíz de veinte años sin dañarse; también había otras trojes en que se guardaba mucha cantidad de frijoles. Había también otras trojes en que se guardaban todos los géneros de bledos y semi­ llas; había otras trojes en que se guardaban la sal gruesa por moler, que la traían por tributo de tierra caliente; también había otras trojes en que se guardaban fardos de chile y pepitas de calabazas de dos géne­ ros, unas medianas y otras mayores. En estas alhóndigas estaban tam­ bién de aquellos que hacían algunos delitos, por los cuales no mere­ cían muerte.

 

LA  CASA  DE  LOS  MAYORDOMOS

 

Otra sala se llamaba calpixcacalli, por otro nombre texancalli. En este lugar se juntaban todos los mayordomos del señor, trayendo cada uno la cuenta de los tributos que tenía a su cargo, para dar cuenta y razón

 

de ellos al señor cuando se los pidiese, y así cada día tenía cada uno aparejado el tributo que era a su cargo; y si el señor sabía y tenía ave­ riguado de alguno de los mayordomos, que había tomado y aplicado para sí alguna parte del tributo que era a su cargo, luego mandaba el señor prenderle y echarle en una jaula hecha de viguetas gruesas; y también mandaba y proveía el señor que todas las mujeres amancebadas con el tal mayordomo, e hijos o hijas o deudos, les echasen fuera de su casa, y les desposeyesen de la casa con toda la hacienda que antes tenía el mayordomo delincuente; y así la casa con toda la hacienda se aplicaba al señor, y luego mandaba cerrarla y condenábale a muerte.

 

Había otra sala que se llamaba coacálli. En este lugar se aposentaban todos los señores forasteros, que eran amigos, o enemigos del señor, y dábales muchas joyas ricas, como mantas labradas y maxtles muy curio­ sos, y barbotes de oro que usaban poner en los agujeros de la barba, y las orejeras de oro que ponían en las orejas agujeradas, y otros bar­ botes de piedras preciosas de chalchihuites engastados en oro, y unas cuantas de chalchihuites, y otras cuantas de las mismas piedras para las muñecas, que usaban traerlas. Lo que dice de los enemigos era, que con salvoconducto, venían a ver la majestad del señor de México, y los edificios del templo y la cultura de los dioses, y el servicio o po­ licía que el rey o señor de México tenía en su república.

 

LA CASA DE LOS  CANTORES,  Y

 

LOS ATAVIOS DEL ARE1TO

 

Había otra sala que se llamaba mixcoacálli. En este lugar se juntaban todos los cantores de México y Tlatilulco, aguardando a lo que le man­ dase el señor, si quisiese bailar, o probar u oír algunos cantares de nuevo compuestos, y tenían a la mano aparejados todos los atavíos del areito, atambor y atamboril, con sus instrumentos para tañer el atambor y unas

sonajas que se llaman ayacachtli, y tetzilácatl, y omichicauatztli, y flau­

 

tas, con todos los maestros tañedores y cantores y bailadores, y los ata­ víos del areito para cualquier cantar. Si mandaba el señor que cantasen los cantores de Vexotzincáyotl, o Anáhuacóyotl, así los cantaban y baila­ ban con los atavíos del areito de Uuexotzincáyotl o Anáhuacáyotl, y si el señor mandaba a los maestros y cantores que cantasen y bailasen el cantar que se llama Cuextecáyotl, tomaban los atavíos del areito con­ forme al cantar y se componían con cabelleras y máscaras pintadas, con narices agujeradas y cabellos bermejos, y traían la cabeza ancha y larga como la usan los cuextecas, y traían las mantas tejidas a manera de red. De manera que los cantores tenían muchas y diversas maneras de ata­ víos, de cualquier areito, para los cantares y bailes.

 

Otra sala se llamaba malcalli. En este lugar los mayordomos guardaban los cautivos que se tomaban en la guerra, y tenían gran cargo y cuenta de ellos, y dábanles la comida y bebida y todo lo que se les pedía a los mayordomos.

 

Otra sala se llamaba totocalli, donde estaban unos mayordomos que guardaban todo género de aves. Y también en este lugar se juntaban todos los oficiales, como plateros, o herreros y oficiales de plumajes y pintores, y lapidarios que labraban chalchihuites, y entalladores. Y tam­ bién en este lugar residían unos mayordomos que tenían cargo de guardar tigres, y leones y onzas y gatos cervales.

 

(Lib. VIII, cap. xiv)

 

LOS ATAVIOS DE  LAS  SEÑORAS

 

Usaban las señoras vestirse los huípiles labrados y tejidos de muy muchas maneras de labores: Usaban también las señoras de poner mudas en la cara con color colorado o amarillo, o prieto hecho de incienso quemado con tinta; y también untaban los pies con el mismo color prieto; y también usaban traer los cabellos largos hasta la cinta, y otras traían los cabellos hasta las espaldas; y otras traían los cabellos largos de una parte y otra de las sienes y orejas, y toda la cabeza trasquilada; y otras traían los cabellos torcidos con hilo prieto de algodón, y los tocaban a la cabeza, y así lo usan hasta ahora, haciendo de ellos como unos carnezuelos sobre la frente; y otras tienen más largos los cabellos, y cortan igualmente el cabo de los cabellos por hermosearse, y en torcién­ dolos y atándolos parecen ser todos iguales, y otras trasquilan toda la cabeza: Usan también las mujeres teñir los cabellos con lodo prieto, o con una yerba verde que se llama xiuhquílitl, por hacer relucientes los cabellos, a manera de color morado; y también limpian los dientes con color colorado o grana. Usaban también pintar las manos con todo el cuello y pecho. También las señoras usaban el bañarse y enjabonarse, y enseñábanlas a ser vergonzosas y hablar con reverencia, y tener acata­ miento a todos, y ser diestras y diligentes en las cosas necesarias a la comida, etc.

 

(Lib. VIII, cap. xv)

 

LAS COSAS EN  QUE  SE EJERCITABAN  LOS SEÑORES PARA REGIR BIEN EL REINO

 

EL APARATO, Y ORDEN QUE  USABAN PARA

 

ACOMETER EN  LA GUERRA

El más principal oficio del señor era el ejercicio de la guerra, así para

defenderse de los enemigos,  como para conquistar provincias ajenas,  y

cuando quería  acometer guerra contra algún  señor o     provincia         juntaba

a sus soldados y dábales parte de lo que quería hacer, y luego enviaba

espías a aquella tal provincia que querían conquistar,     para     que      mirasen

la disposición de la tierra,  y la llanura  o aspereza de ella, y los pasos

peligrosos,  y  los  pasos  por  donde  seguramente  podían        entrar;  y          todo

lo traían pintado,  y lo presentaban  al  señor para  que viese la  disposi­

ción de la tierra.                                                               

Visto esto,  el señor mandaba llamar  a los capitanes principales  que

siempre eran dos, el uno se llamaba tlacochcálcatl y       el         otro tlacatécatl

y mostrándoles la pintura señalábales los caminos que habían de llevar,

por dónde habían de ir los soldados, y en cuántos días habían de           llegar

y en dónde habían de asentar los reales; y señalábales los maestres de

campo, que habían de llevar.  Luego mandaba hacer provisiones,  así de

armas como de viandas, y para esto enviaba a llamar a todos los mayor­

domos de las provincias, que llamaban     calpixques de las provincias que

eran  sus sujetos,  y mandábales  traer  a  su presencia     todos los         tributos,

así mantas como de plumajes y oro, y armas y mantenimientos, y desque

todo  estaba  traído  y junto,  luego  el  señor repartía      las        armas   a          todos

los soldados, y a los capitanes y hombres fuertes y valientes.                

Habiendo  distribuido  las  armas  a  todos,  mandaba  luego  a  los  cal­

pixques, que llevasen armas a todos los principales de las provincias que

habían  de  ir  a la  guerra,  para  sí y para  sus  soldados,  y  entonces  lo

notificaba a sus gentes y les daban armas.                                                          

Juntado todo el ejército, comenzaban a caminar por este orden:  Iban

los sacerdotes de los ídolos delante  de    todos,  con sus ídolos a          cuestas;

iban un  día delante de todos. Tras éstos iban los capitanes y hombres

valientes,  un  día más adelante  que el otro ejército;  tras  éstos iban los

soldados  mexicanos;  tras  éstos iban  los  tezcocanos,   un        día  más          atrás;

tras  éstos iban los de Tlacuba,  otro día  más  atrás;        tras      éstos    iban  los

de las otras provincias, otro día más atrás. Todos iban con gran concier­

to por el camino, y cuando ya estaban      cerca de la provincia que       iban

a conquistar, luego los señores del campo trazaban cómo habían de asen­

tar  el real,  dando  sitio  a cada  una  de  las provisiones ya       dichas, y  el

que no quería estar por lo que ordenaban los señores      del       campo, asían­

le  luego.                                                              

 

También los señores tenían cuidado de la pacificación del pueblo y de sentenciar los litigios y pleitos que había en la gente popular, y para esto elegían jueces, personas nobles y ricas y ejercitadas en las cosas de la guerra, y experimentadas en los trabajos de las conquistas; perso­ nas de buenas costumbres, que fueron criadas en los monasterios de Calmécac, prudentes y sabias, y también criadas en el palacio.

A estos tales escogía el señor para que fuesen jueces en la república. Mirábase mucho en que estos tales no fuesen borrachos, ni amigos de tomar dádivas, ni fuesen aceptadores de personas, ni apasionados; en­ cargábales mucho el señor que hiciesen justicia en todo lo que a sus manos viniese. También les señalaba el señor las salas donde habían de ejercitar sus oficios; señalábales una sala que era debajo de la sala del señor que llamaban tlacxitlan; en ésta oían y juzgaban las causas de los nobles. Otra sala les señalaba que llamaban teccalli, allí oían y juz­ gaban las causas populares, tomándolas por escrito primeramente, por sus pinturas, y averiguado y escrito el negocio llevábanlos a los de la sala más alta, que se llamaban tlacxitlan, para que allí se sentenciase por los mayores cónsules; y los casos muy dificultosos y graves llevábanlos al señor, para que los sentenciase juntamente con trece principales, muy calificados, que con él andaban y residían.

 

Estos tales eran los mayores jueces, que ellos llamaban tecutlatoque; éstos examinaban con gran diligencia las causas que iban a sus manos. Y cuando quiera que en esta audiencia, que era la mayor, sentenciaban alguno a muerte, luego lo entregaban a los ejecutores de la justicia, los cuales, según la sentencia, o los ahogaban, o daban garrote, o los ape­ dreaban o los despedazaban.

 

LA MANERA DE LOS ARE1TOS

 

Lo tercero de que los señores tenían gran cuidado era de los areitos y bailes que usan para regocijar a todo el pueblo. Lo primero, dictaba el cantar que se había de decir, y mandaba a los cantores que le pusiesen en el tono que quería, y que le proveyesen muy bien. También man­ daba hacer aquellas macetas de ulli con que tañen el teponaztli, y que el teponaztli y atambor fuesen muy buenos; también mandaba los meneos que había de haber en la danza, y los atavíos y divisas con que se habían de componer los que danzaban; también señalaba los que habían de tañer el atambor y teponaztli, y los que habían de guiar la danza o baile, y señalaba el día del baile, para alguna fiesta señalada de los dioses. Para entonces él se componía con los aderezos que se siguen: En la cabeza se ponía unas borlas hechas de pluma, y oro, atadas a los cabellos de la coronilla; poníase un bezote de oro, o de piedra pre-

 

ciosa; poníase también unas orejeras de oro en las orejas; poníase al cuello un collar de piedras preciosas de diversos géneros, poníase en las muñecas unas ajorcas, o sartalejos de piedras preciosas de chalchihuites o turquesas; también se ponía en los brazos, en los morcillos unas ajor­ cas de oro, y un brazalete con un plumaje que sobrepujaba la cabeza, y otro plumaje en la mano; cubríase de mantas ricas, añudadas sobre el hombro; poníase unos ceñidores muy ricos, que ellos llaman máxtlatl, que sirve de cinta y de cubrir las partes vengonzosas. De esta misma librea arreaba a todos los principales, y hombres de guerra y capitanes, y todas las otras gentes que habían de entrar en la danza o baile; y también a todos daba copiosamente de comer y beber. Y andando en el baile, si alguno de los cantores hacía falta en el canto, o si los que tañían el teponaztli y atambor faltaban en el tañer, o si los que guían erraban en los meneos y contenencias del baile, luego el señor les mandaba pren­ der y otro día los mandaba matar.

(Lib. VIII, cap. xvii, fragmento)

 

LA MANERA QUE TENIAN EN ELEGIR A LOS SEÑORES

 

Cuando moría el señor o rey, para elegir otro juntábanse los senadores que llamaban tecutlatoque, y también los viejos del pueblo que llamaban achcacauhtin; y también los capitanes, soldados viejos de la guerra, que llamaban yaotequiuaque, y otros capitanes que eran principales en las cosas de la guerra, y también los sátrapas que llamaban telenamacazque o papauaque. Todos éstos se juntaban en las casas reales, y allí delibera­ ban y determinaban quién había de ser señor, y escogían uno de los más nobles de la línea de los señores antepasados, que fuese hombre valiente, ejercitado en las cosas de la guerra, osado y animoso, y que no supiese beber vino; que fuese criado en el Calmécac, que supiese bien hablar, fuese entendido y recatado, y animoso y amoroso, y cuando se hacía esta elección por escrutinio, o por votos, sino que todos juntos, todos, o los más, concurrían en uno, luego le nombraban por señor. No confiriendo los unos con los otros, venían a concertarse en uno. Elegido el señor luego elegían otros cuatro que eran como senadores, que habían siempre de estar al lado del señor y entender en todos los negocios gra­ ves del reino. Estos cuatro tenían en diversos lugares, diversos nombres.

(Lib.  VIII,  cap.  xviii,  fragmento)

 

EL ORDEN QUE HABIA EN  EL T1ANQUEZ,  DEL

CUAL EL SEÑOR TENIA ESPECIAL CUIDADO

 

El señor también cuidaba del tiánquez, y de todas las cosas que en él se vendían, por amor de la gente popular y de toda la gente forastera

 

que

allí  venía,  para  que  nadie  les  hiciese  fraude  o  sinrazón  en  el

tiánquez. Por esta razón ponían por orden todas las cosas que se ven­

dían,  cada cosa en su lugar, y elegían por esta causa oficiales,  que se

llamaban  tianquizpan       tlayacaque,      los  cuales  tenían  cargo        del  tiánquez

y de todas las cosas que allí se vendían, de cada género de mantenimien­

tos, o mercaderías;  tenía  uno  de estos  cargos   para     poner  los        precios

de   las cosas que  se vendían  y para  que  no hubiese    fraudes  entre  los

que vendían y compraban.  Estaban en una parte  del     tiánquez          los       que

vendían oro y plata y piedras preciosas, y plumas ricas de todo género,

de   las cuales se    hacían las divisas o armas para la  guerra,  y también

las rodelas.  En  otra parte se ordenaban los que vendían cacao y espe­

cias aromáticas       que      ellos  llaman    ueinacaztli,      tlilxoehitl,       mecaxóchitl.

En   otra  parte  se ordenaban  los  que  vendían  mantas grandes,          blancas

dos, y otros ricos; y también allí mismo se vendían las vestiduras muje-

o labradas, y maxtles         que entonces usaban unos blancos, y otros labra-

riles  labradas,  y  por  labrar,  medianas  y  ricas,  y  también  las  mantas

comunes que ellos llaman quachtli áyatl. En otra parte estaban por su

orden los que vendían las cosas de comer, como son maíz blanco y maíz

azul obscuro, o negro, y colorado y amarillo, y frijoles amarillos y blan­

cos, y negros,  y colorado  y amarillo,  y  frijoles  amarillos y blancos,  y

negros,  y colorados,  y jaspeados,  y unos  frijoles  negros,  grandes  como

habas, y semillas de bledos pardos o cenicientos,            y colorados,    y amarillos,

y chían blanca y negra, y otra que llaman chiantzótzotl; en este mismo

lugar se ordenaban los que vendían sal, y gallinas, y gallos, y codorni­

ces, y conejos, y liebres, y carne de venado, y aves de diversas maneras,

como son ánades, y labancos, y otras aves de la agua; también los que

vendían miel de maguey y de abejas; de este orden eran los que vendían

chile  de  diversas  maneras,  los  mismos  vendían  tomates  que  llaman

miltómatl,  y  chiltómatl.  En  otra  parte  se  ordenaban  los  que  vendían

fruta,  como son cerezas, y aguacates,  ciruelas   silvestres, vayadas,  bata­

tas, y batatas de raíces que se llaman quauhcamotli, y zapotes de diversas

maneras,  y  otras  muchas  frutas.  También  con  éstos se  ordenaban  los

que vendían turrones de chían, castañas de raíces de yerba, raíces, como

regaliz, erizos, que es una fruta que se come, pepitas grandes y peque­

ñas de calabaza. También con éstos se ordenaban los que vendían peces,

y ranas, y otros pescadillos, que son como lagartillos, y otras sabandijas

que se crían en la agua; también con éstos se      ordenaban       los que ven­

den papel que se hace de cortezas de árboles, e incienso blanco, y goma

negra que se llama ulli, y cal, y navajas, y leña para quemar, y made­

ros para techar las casas, unos cuadrados, otros rollizos, y tablas, y pan­

dillas,  que  son      tablas   delgadas,        y          coas,  y  palancas  y  palas,  y remos,

y varales, y tomizas, y       nequén y cuero labrado y cotaras, y hachas de

cobre para cortar maderos, y punzones, y escoplos, y otras herramientas

para labrar madera. También estaban por su orden los que vendían yer­

bas  para  comer,    como   son  cebollas,  y  otras            yerbas  que      usan     comer,

 

también éstos venden xilotes, y elotes cocidos, y pan hecho de los pena­ chos del maíz y pan hecho de elotes, y todas las maneras de pan que se usa. También estaban por su orden los que venden cañas de humo de muchas maneras, y también aquí se vende xochiocózotl, y los platos para poner las cañas cuando se queman, y otras maneras de vasos de barro, y lebrillos, y ollas, y tinajas para hacer octli, y todas las otras maneras de loza.

 

Y los que tenían cargo de las cosas del tiánquez si no hacían fielmente sus oficios privábanlos de ellos y desterrábanlos de los pueblos; y los que vendían algunas cosas hurtadas, como mantas ricas o piedras pre-ciosas, cuando se sospechaba que aquello era hurtado, si no daba la persona que se lo había vendido prendíanle y sentenciábanle a muerte los jueces y señores, y con esto se ponía temor a la gente, para que nadie osase comprar cosa hurtada.

 

(Lib.  VIII, cap. xix)

 

 

 

 

 

 

 

 

LA GENTE Y SUS OFICIOS

 

LOS OFICIOS, CONDICIONES Y DIGNIDADES DE  LAS PERSONAS  NOBLES  Y GENEROSAS

 

PERSONA GENEROSA

 

La persona generosa o de gran linaje es de gran estima, da; es persona, es digna de ser reverenciada y de ser temida; es persona que espanta, y digna de ser obedecida; la persona generosa y bien acondicionada es amorosa, piadosa, compasiva, liberal, imprime reverencia en los que la ven.

 

La persona generosa mal acondicionada es insufrible, temerosa, quiere ser temida y reverenciada, imprime temor y espanto, es alborotadora de los suyos. Este nombre tlácatl quiere decir persona noble, generosa o magnífica; y su compuesto, que es atlácatl, es contradictorio, significa persona vil y de baja suerte. Y los compuestos de tlácatl que se componen con nombres numerales, significan persona común, como diciendo ce tlácatl, una persona hombre, o mujer; orne tlácatl, dos personas, hom­ bres o mujeres, y diciendo cuixtlácatl, quiere decir, es persona vil y de baja suerte; y cuando dicen ca cenca tlácatl, quiere decir es persona muy de bien, es muy noble o muy generosa.

 

SEÑOR,    REY,   EMPERADOR,         PAPA, OBISPO

Las excelencias del señor, rey o emperador, obispo o papa, pónense por vía de metáfora ceuallo, hecauhyo, quiere decir, cosa que hace sombra, porque el mayor ha de hacer sombra a sus súbditos; malacahyo, cosa que tiene gran circuito en hacer sombra, porque el mayor ha de amparar a todos, chicos y grandes. Póchotl es un árbol que hace gran sombra y tiene muchas ramas, ahuéhuetl es de la misma manera, porque el señor ha de ser semejante a estos árboles, donde sus súbditos se am­ paren. El mayor ha de ser reverenciable, espantable, preciado y temido de todos. El mayor que hace bien su oficio ha de llevar a sus súbditos, unos a cuestas, otros en el regazo, otros en brazos, los ha de allegar y tener debajo sus alas, como las gallinas a los pollos.

 

SENADOR

 

El senador tiene estas propiedades: ser juez, y averiguar bien los pleitos; ser respetado, grave, severo, espantable y tener presencia digna, de mucha gravedad y reverencia, y ser temido de todos. El buen senador es recto juez y oye a entrambas partes, y pondera muy bien la causa de los unos y de los otros; da a cada uno lo que es suyo, y siempre hace justicia derecha; no es aceptador de personas y hace justicia sin pasión.

 

El mal senador, por el contrario, es aceptador de personas, apasionado, acuéstase a una parte o es parcial, amigo de cohechos e interesado.

 

NOBLE  EN  LINAJE

 

La persona noble de linaje es de buenas entrañas, de real condición y de honesta vida, humilde, avisado, recatado; amado de todos, pacífico, hombre cabal, sosegado, de buena y limpia vida, sabio y prudente. Por el contrario, la persona que es de buen linaje y mal acondicionada es muy entremetida, entonada, inquieta, soberbia, alocada, medio choca-rrera, molesta y penosa a todos, burladora, atrevida y determinada.

 

CABALLERO

 

El verdadero caballero es muy estimado, amado, y de buena condición, a todos quiere bien y tiénelos en mucho, y con todos vive en paz y amor; a todos honra y muestra benevolencia, y con todos es bien hablado.

 

El caballero mal acondicionado es de bajo quilate, imprudente, tonto, desatentado, precipitado o inconsiderado en todo, y a todos es penoso, fastidioso y enojoso.

 

 

ILUSTRE

 

El que es ilustre o generoso es como una piedra preciosa, o como una joya rica, o como una pluma preciada; y así es digno de ser muy bien tratado, y regalado y tenido por hombre noble y generoso al fin, de muy esclarecido linaje, y de los finos y mejores caballeros.

 

(Lib. X, cap. iv)

 

OTROS OFICIALES COMO SON CARPINTEROS Y CANTEROS

 

CARPINTERO

 

El carpintero es de su oficio hacer lo siguiente: cortar con hacha, hender las vigas y hacer trozos, y aserrar, cortar ramos de árboles, y hender con cuñas cualquier madero.

 

El buen carpintero suele medir y compasar la madera con nivel, y labrarla con la juntera para que vaya derecha, y acepillar, emparejar y entarugar, y encajar unas tablas con otras, y poner las vigas en con-cierto sobre las paredes; al fin, ser diestro en su oficio. El mal car­ pintero desparpaja lo que está bien acepillado, y es descuidado, tram­ poso y dañador de la obra que le dan para hacer, y en todo lo que él hace es torpe y nada curioso.

 

CANTERO

 

El cantero tiene fuerzas y es recio, ligero y diestro en labrar y aderezar cualquiera piedra. El buen cantero es buen oficial, entendido y hábil en labrar la piedra, en desbastar, esquinar y hender con la cuña, hacer arcos, esculpir y labrar la piedra artificiosamente; también es su oficio trazar una casa, hacer buenos cimientos y poner esquinas y hacer por­ tadas y ventanas bien hechas, y poner tabiques en su lugar.

 

El mal cantero es flojo, labra mal y en el hacer de las paredes no las fragua, hácelas torcidas y acostadas a una parte, y corcovadas.

 

ALBAÑIL

 

El albañil tiene por oficio hacer mezcla, mojándola bien, y echar tortas de cal y emplanarla, y bruñirla o lucirla bien.

 

El mal albañil por ser inhábil, lo que encala es atolondrado, ni es liso, sino hoyoso, áspero y tuerto.

 

PINTORES Y CANTORES

 

PINTOR

 

El pintor, en su oficio, sabe usar de colores, y dibujar o señalar las imágenes con carbón, y hacer muy buena mezcla de colores, y sábelos moler muy bien y mezclar. El buen pintor tiene buena mano y gracia en el pintar, y considera muy bien lo que ha de pintar, y matiza muy bien la pintura, y sabe hacer las sombras, y los lejos, y follajes. El mal

 

pintor es de malo y bobo ingenio y por esto es penoso y enojoso, y no responde a la esperanza del que da la obra, ni da lustre a lo que pinta, y matiza mal, todo va confuso, ni lleva compás o proporción lo que pinta, por pintarlo de prisa.

 

CANTOR

 

El cantor alza la voz y canta claro, levanta y baja la voz, y compone cualquier canto de su ingenio; el buen cantor es de buena, clara y sana voz, de claro ingenio y de buena memoria, y canta en tenor, y can­ tando baja y sube, y ablanda o tiempla la voz, entona a los otros, ocúpase en componer y en enseñar la música, y antes que cante en público primero se ensaya. El mal cantor tiene voz hueca o áspera, o ronca; es indocto y bronco, mas por otra parte es presuntuoso y jac­ tancioso, o desvergonzado y envidioso, molesto y enojoso a los demás, por cantar mal; es muy olvidadizo y avariento en no querer comunicar con los otros lo que sabe del canto, y es soberbio y muy loco.

 

SABIOS Y MEDICOS

 

LOS  SABIOS

 

El sabio es como lumbre o hacha grande, y espejo luciente y pulido de ambas partes, y buen dechado de los otros, entendido y leído; tam­ bién es como camino y guía para los otros.

 

El buen sabio, como buen médico, remedia bien las cosas y da buenos consejos y buena doctrina, con que guía y alumbra a los demás, por ser él de confianza y de crédito, y por ser cabal y fiel en todo; y para que se hagan bien las cosas da orden y concierto, con lo cual satisfacé y contenta a todos respondiendo al deseo y esperanza de los que se llegan a él; a todos favorece y ayuda con su saber. El mal sabio es mal médico, tonto y perdido, amigo del nombre de sabio y de vanagloria, y por ser necio es causa de muchos males y de grandes errores, peligroso y des-peñador, y engañador o embaucador.

 

LOS MEDICOS

 

El médico suele curar y remediar las enfermedades; el buen médico es entendido, buen conocedor de las propiedades de las yerbas, piedras, árboles y raíces, experimentado en las curas, el cual también tiene por oficio saber concertar los huesos, purgar, sangrar y sajar, y dar puntos, y al fin librar de las puertas de la muerte. El mal médico es burlador,

 

y por ser inhábil, en lugar de sanar, empeora a los enfermos con el brebaje que les da, y aun a las veces usa hechicerías y supersticiones para dar a entender que hace buenas curas.

 

(Lib. X, cap. viii)

 

PERSONAS  VICIOSAS,  COMO  RUFIANES  Y ALCAHUETES

 

RUFIANES

 

El hombre perdido y alocado es desatinado y atontado en todo, lisiado en alguna parte del cuerpo, muy miserable, amigo del vino y de las cosas que emborrachan al hombre y anda como endemoniado, que no teme ni respeta a nadie y se pone a cualquier peligro y riesgo.

El mozo desbaratado anda como hechizado, o muy beodo, o fanfarronea mucho, ni puede guardar secreto; amigo de mujeres, perdido con algunos hechizos, o con algunas cosas que sacan al hombre de su juicio, como son los malos hongos y algunas yerbas que desatinan al hombre. El viejo putañero es de poca estima y de mala fama, alocado, tonto y necio.

 

ALCAHUETE

 

El alcahuete es comparado al ratón, porque anda a escondidas enga­ ñando a las mujeres, y para engañarlas tiene linda plática, muchos ha­ lagos y engaños con que parece que embauca a las mujeres, y los en­ gaños y embustes con que atrae son comparados a las rosas, que aplacen a los hombres con su hermosura y con su buen color.

 

EMBAUCADORES

 

El embaucador, o la embaucadora, tiene estas propiedades, que sabe ciertas palabras con que embauca a las mujeres, y ellas por el contrario con que engañan a los hombres, y así cada una de éstas hacen a los hombres y a las mujeres andar elevados o embelesados, o enhechizados, vanos y locos, atónitos y desvanecidos.

 

SOMETICOS3

 

El somético paciente es abominable, nefando y detestable, digno de que hagan burla y se rían las gentes, y el hedor y fealdad de su pecado

 

3 Sodomitas (M ).

 

nefando no se puede sufrir, por el asco que da a los hombres; en todo se muestra mujeril o afeminado, en el andar o en el hablar, por todo lo cual merece ser quemado.

 

HOMICIANO4

 

El homiciano tiene estas propiedades, que es de malas entrañas y muy malicioso, bravo como un perro rabioso, sediento de derramar sangre; su estudio y cuidado es armar pleitos a otros, y ser chismero y levantar testimonios, herir y matar a otros.

 

TRAIDOR

 

El traidor en todas partes siembra cizañas entre los amigos, gran chis­ mero y mentiroso, al fin revolvedor de todos.

 

JUGLARES

 

El juglar suele decir gracias y donaires. El buen juglar es suave en el hablar, amigo de decir cuentos y cortesano en su habla. El mal juglar dice disparates y es perjudicial en sus palabras, y suele entremeterse en las pláticas de otros sin ser llamado para ello, y en lugar de gracias dice malicias y torpezas.

 

CHOCARRERO

 

El chocarrero es atrevido y desvergonzado, alocado, amigo del vino y enemigo de buena fama. El buen chocarrero es suave o gracioso en su hablar y hábil para decir muchos donaires. El mal chocarrero es penoso en su hablar, tonto e inhábil para decir las gracias, y las dice fuera de propósito y de tiempo, con las cuales da más enojo que placer a los que las oyen, por más que ande bailando y cantando.

 

LADRONES

 

El ladrón por más que hurte siempre anda pobre y miserable, y lace­ rado, escaso y hambriento, y codicioso de lo ajeno: y para hurtar sabe mil modos, miente, acecha y horada las casas, y sus manos son como garabatos con que apaña lo que puede; y de pura codicia anda como un perro, carleando y rabiando para hurtar lo que desea.

 

 

4 Homicidas (M ).

 

El ladrón que encantaba sabía muy bien los encantamientos, con los cuales hacía amortecer o desmayar a los de (la) casa donde él entraba, y así amortecidos, hurtaba cuanto hallaba en casa, y aun con sus encan­ tamientos sacaba la troje y la llevaba a cuestas a su casa; y estando en la casa donde hurtaba — estando encantados los de la casa— tañía, cantaba y bailaba, y aun comía con sus compañeros que llevaba para hurtar.

 

DEL SALTEADOR

 

El salteador es comparado a una bestia fiera, por ser bravo, cruel e inhumano, sin piedad alguna, el cual usa mil modos y engaños para atraer a sí a los caminantes, y así atraídos róbalos y mátalos.

 

(Lib. X, cap. xi)

 

LABRADORES Y MERCADERES

 

LOS RICOS

 

El rico es recatado y de buen ingenio y tiene de comer y mucha hacien­ da, y en buscar y aumentarla es muy diligente. El buen rico es piadoso y misericordioso y agradecido por los bienes que tiene, los cuales guarda y gasta a su tiempo y con ellos granjea.

 

El mal rico es desperdiciador o desbaratador de su hacienda, avariento y gran logrero; su oficio es prestar dineros y pedir más por ellos.

 

LOS LABRADORES

 

El labrador es dispuesto y recio y diligente, y apto para la labranza. El

buen  labrador  es fuerte,  diligente y cuidadoso,  y madruga mucho por

no perder su hacienda, y por aumentarla deja de comer y de dormir;

trabaja mucho en su oficio, conviene a saber, en romper la tierra, cavar,

desyerbar,  cavar  en  tiempo  de  seca,  vinar,  allanar  lo  cavado,  hacer

camellones, mollir bien la tierra y ararla en su tiempo, hacer linderos

y vallados, y romper también la tierra en tiempo de aguas; saber escoger

en  tiempo de seca;  sembrar,  derramando la  semilla;    agujerar la       tierra

la buena tierra para labrarla; hacer hoyos para echar la semilla y regarla

para sembrar los frijoles; cegar los hoyos donde está el maíz sembrado,

acohombrar, o allegar la tierra o lo nacido, quitar el        vallico,  entresacar

las cañas quebrándolas, y entresacar las mazorquillas,    y quitar los      hijos

de las mazorcas, y quitar los tallos porque crezca bien    lo nacido;        entre­

 

sacar a su tiempo las mazorcas verdes, y al tiempo de la cosecha quebrar las cañas cogiéndolas y coger el maíz cuando está ya bien sazonado; desollar o desnudar las mazorcas y atar las mazorcas unas con otras, añudando las camisillas unas con otras; y hacer sartales de mazorcas, atando unas con otras; y acarrear a casa lo cogido y ensilarlo; quebrar las cañas que tienen nada, aporréandolas; trillar, limpiar, aventar (y ) levantar al viento lo trillado. El mal labrador es muy negligente, hara­ gán, y a él se le hace grave y molesto todo trabajo; en su oficio es tosco, bruto, groserazo, villanazo, comilón, escaso, enemigo de dar y amigo de tomar.

 

LOS HORTELANOS

 

El hortelano tiene de oficio sembrar semillas, plantas y árboles, y hacer eras, y cavar y mollir bien la tierra. El buen hortelano suele ser dis­ creto, cuidadoso, prudente, de buen juicio y tener cuenta por el libro con el tiempo, con el mes y con el año.

 

LOS  OLLEROS

El ollero es robusto, ligero, buen conocedor del barro, sabe y piensa muy bien el modo y la forma de hacer ollas de cualquiera suerte que quisiere. El mal ollero es torpe, tonto y necio.

 

MERCADERES

 

El mercader suele ser regatón, y sabe ganar, y prestar logro; concertarse con los comprantes, y multiplicar la hacienda. El buen mercader lleva fuera de su tierra las mercaderías y las vende a moderado precio, cada cosa según su valor y como es, no usando algún fraude en ellas, sino temiendo a Dios en todo. El mal mercader es escaso y apretado, enga­ ñador, parlero, porfiado, encarecedor, gran logrero, ladrón, mentiroso, y con mala conciencia tiene cuanto gana y posee, y lo que gana todo es mal ganado, y en vender tiene linda plática y alaba tanto lo que vende que fácilmente engaña a los compradores.

(Lib. X, cap. xii)

 

CONDICIONES Y OFICIOS DE LAS MUJERES BAJAS

 

MUJER  POPULAR

 

 

La mujer popular de buenas fuerzas, es trabajadora y de media edad, recia, fornida, diligente, animosa, varonil y sufrida; la que es de este

 

jaez es buena, vive bien y castamente, y ninguna cosa reprensible hace,

 

sino que cuanto obra es de buena y honrada mujer y bien dispuesta, y

por  esto  es  estimada  como  una  piedra  preciosa;  y   la  que  de  éstas  es

mala, es mal mirada, mal criada, atrevida, atontada, precipitada en sus

cosas y mal considerada, que no mira bien lo que hace.

MUJER HONRADA       

La mujer honrada es cabal y cuerda; la tal,  si es buena,  es constante

y firme y que no vuelve atrás en sus obras, y es tal que con ánimo de

varón sufre cualquiera mal que le viene, y aun hace fuerza a sí misma

por no ser vencida de algún infortunio, sino que todo lo que se ofrece

adverso lo sufre con grande y mucha paciencia; la          que de éstas no es

tal, es flaca y vil mujer, que hace caer las alas a los        otros, ni da ánimo,

ni esperanza de alguna cosa, muy desconfiada, que fácilmente se cansa,

mala en todo y de mala fama y vida.       

TEJEDORA DE LABORES       

La tejedora de labores tiene por oficio tejer mantas         labradas, o galanas

y pintadas; la que es buena de este oficio es entendida y diestra en su

oficio, y así sabe matizar los colores y ordenar las bandas en las mantas;

al fin hácelas labradas y galanas de diversos colores. También tiene por

oficio  saber  hacer  orillas  de  mantas,  saber  hacer      labor  del  pecho  de

huípil y hacer mantas de tela rala, como es la toca, y por el contrario

hacerlas gruesas de hilo gordazo o grueso, a manera de cotonía de Cas­

tilla;  la  que  es mala  es incapaz  de  este  oficio,  es     torpe  y hace  mala

labor, y echa a perder cualquier tela.       

 

HILANDERAS

 

La  hilandera  tiene  por  oficio  hacer  lo  siguiente:  saber  escarmenar  y

sacudir bien lo escarmenado. La que es buena hilandera sabe hilar del­

gado y parejo, e igual, y así tiene buena mano y es diestra en el hilar;

también sabe hacer buena mazorca en el huso, y devanar, o hacer ovillo,

y     sabe     concertar el hilo que  está  en  la  devanadera  para  la  urdimbre,

y     sabe     triplicar los hilos,  y sabe       hilar  hilo  grueso  y flojo;  la  que  no

es    tal        hace  tramojos,  y es   floja     y perezosa,  y tal  que  de pura  pereza

no   ve        la hora para dejar lo    que      hace.

 

COSTURERAS

 

La costurera sabe coser y labrar, y echar buena labor en todo lo que labra; la que es buena costurera es buena oficiala de su oficio, y echa labores trazando bien primero lo que ha de hacer. La que no es tal, echa puntos largos y manosea lo que cose, hace mala labor en todo y burla y engaña a los hombres y dueños de la obra que se le en­ comienda.

 

GUISANDERAS

 

La mujer que sabe bien guisar tiene por oficio entender en las cosas siguientes: hacer bien de comer, hacer tortillas, amasar bien, saber echar la levadura, para todo lo cual es diligente y trabajadora; y sabe hacer tortillas llanas y redondas y bien hechas, o por el contrario hácelas prolongadas y hácelas delgadas, o hácelas con pliegues, o hácelas arrolla­ das con ají; y sabe echar masa de los frijoles cocidos en la masa de los tamales, y hacer tamales de carne, como empanadillas, y otros guisados, que usan. La que es buena en este oficio, sabe probar los guisados si están buenos, o no, y es diestra y experimentada en todo género de guisados, entendida y limpia en su oficio, y hace lindos y sabrosos gui­ sados. La que no es tal no se le entiende bien el oficio, es penosa y molesta porque guisa mal, es sucia y puerca, comilona, golosa, y cuece mal las tortillas, y los guisados de su mano están ahumados, o salados o acedos, y tal que en todo es grosera y tosca.

 

MEDICAS

 

La médica es buena conocedora de las propiedades de yerbas, y raíces, árboles, y piedras, y en conocerlas tiene mucha experiencia, no igno­ rando muchos secretos de la medicina. La que es buena médica sabe bien curar a los enfermos, y por el beneficio que les hace casi vuélvelos de muerte a vida, haciéndoles mejorar o convalecer con las curas que hace; sabe sangrar, dar la purga, echar medicina y untar el cuerpo, ablandar palpando lo que parece duro en alguna parte del cuerpo, con­ certar los huesos, sajar y curar bien las llagas y la gota, y el mal de los ojos, y cortar la carnaza de ellos.

 

La que es mala médica usa de la hechicería supersticiosa en su oficio y tiene pacto con el demonio, y sabe dar bebedizos con que mata a los hombres; y por no saber bien las curas, en lugar de sanar enferma y empeora, y aun pone en peligro de la vida a los enfermos, y al cabo los mata, y así engaña a las gentes con su hechicería, soplando a los enfermos, atando y desatando sutilmente a los cordeles, mirando en la

 

agua, echando los granos gordos de maíz que suele usar en su supers­ tición, diciendo que por ello suele conocer las enfermedades y las entien­ de; y para usar bien de su superstición da a entender que de los dientes saca gusanos, y de las otras partes del cuerpo papel, pedernal, navaja de la tierra, sacando todo lo cual, dice que sana a los enfermos, siendo ello falsedad y superstición notoria.

 

(Lib. X, cap. xiv)

 

MUCHAS  MANERAS DE  MALAS  MUJERES

 

LAS MUJERES PUBLICAS

La puta es mujer pública y tiene lo siguiente:  que anda vendiendo su

cuerpo,  comienza desde moza y no lo deja siendo vieja,  y anda  como

borracha y perdida, y es mujer galana y   pulida,  y con  esto muy  des­

vergonzada; y a cualquier hombre se da  y le vende su cuerpo, por ser

muy lujuriosa, sucia y sin vergüenza, habladora y muy viciosa en el acto

carnal; púlese mucho y es tan curiosa en ataviarse que parece una rosa

después de bien compuesta, y para aderezarse muy bien primero se mira

en  el  espejo,  báñase,  lávase muy bien  y refréscase para  más  agradar;

suélese  también  untar  con  ungüento amarillo  de la  tierra  que  llaman

axin, para  tener buen  rostro y luciente,   y a las veces se pone  colores

o afeites  en  el rostro,  por  ser perdida y mundana.  Tiene  también  de

costumbre  teñir  los  dientes  con  grana,  y soltar los  cabellos  para  más

hermosura, y a las veces tener la mitad    sueltos, y la otra mitad  sobre

la oreja o sobre el hombro, y trenzarse los cabellos y venir a poner las puntas sobre la mollera, como cornezuelos, y después andarse pavonean­ do, como mala mujer, desvergonzada, disoluta e infame.

 

Tiene también costumbre de sahumarse con algunos sahumerios olo­ rosos, y andar mascando el tzictli para limpiar los dientes, lo cual tiene por gala, y al tiempo de mascar suenan las dentelladas como castañetas. Es andadora, o andariega, callejera y placera, ándase paseando, buscan­ do vicios, anda riéndose, nunca para y es de corazón desasosegado. Y por los deleites en que anda de continuo sigue el camino de las bestias, júntase con unos y con otros; tiene también de costumbre llamar, hacien­ do señas con la cara, hacer del ojo a los hombres, hablar guiñando el ojo, llamar con la mano, vuelve el ojo arqueando, andarse riendo para todos, escoger al que mejor le parece, y querer que la codicien, engaña a los mozos, o mancebos, y querer que le paguen bien, y andar alcahue­ teando las otras para otros y andar vendiendo otras mujeres.

 

MUJER ADULTERA

 

La adúltera es tenida por alevosa, o es traidora, por lo cual no es tenida en alguna reputación, vive muy deshonrada y cuéntase como por muer­ ta; por cuanto tiene perdidas la honra, tiene hijos bastardos y con bebedizos se provoca a vómito y mal parir, y por ser tan lujuriosa con todos se echa, y hace traición a su marido, engáñale en todo y tráe-le ciego.

 

LA  HERMAFRODITA

 

La mujer que tiene dos sexos, o la que tiene natura de hombre y natura de mujer, la cual se llama hermafrodita, es mujer monstruosa, la cual tiene supinos, y tiene muchas amigas y criadas, y tiene gentil cuerpo como hombre, anda y habla como varón (es) vellosa; usa de entram­ bas naturas; suele ser enemiga de los hombres porque usa el sexo mas­ culino.

 

 

ALCAHUETA

 

La alcahueta, cuando usa alcahuetería, es como un diablo y trae forma de él, y es como ojo y oreja del diablo, al fin es como mensajera suya. Esta tal mujer suele pervertir el corazón de otras y las atrae a su volun­ tad, a lo que ella quiere; muy retórica en cuanto habla, usando de unas palabras sabrosas para engañar, con las cuales como unas rosas anda convidando a las mujeres, y así trae con sus palabras dulces a los hom-bres abobados y embelesados.

 

(Lib. X, cap. xv)

 

LOS  QUE  VENDEN  COLORES,  TOCHOMITL  Y JICARAS

 

QUE VENDEN COLORES

 

El que vende los colores que pone encima de un cesto grande, es de estas propiedades que cada género de color pónelo en un cestillo encima del grande, y los colores que vende son de todo género; los colores secos, y colores molidos, la grana, amarillo claro, azul claro, la greda, el cisco de teas, cardenillo, alumbre y el ungüento amarillo izictli y el que se llama axin, y el chapopotli mezclado con este ungüento amarillo se llama almagre. Vende también cosas olorosas como sen las especias aromáticas; vende también cosillas de medicina, como es la cola del animalejo llama­

 

do tlaquatzin, y muchas hierbas y raíces de diversas especies; allende de todo lo dicho, vende también el betún, que es como pez, y el incienso blanco, y agallas para hacer tinta, y la cebadilla, y panes de azul, y aceche y margagita.

 

TINTOREROS

 

El que es tintorero tiene por oficio teñir la lana con diversos colores, y a las veces con colores deslavados y falsos; la lana que vende es bien teñida y dale buen punto, y tiñe de diversos colores, amarillo, verde, leonado, morado, verde obscuro, verde claro, verde fino, encarnado, con los cuales colores tiñe lana.

 

QUE VENDEN JICARAS

 

El que vende jicaras cómpralas de otro para tomarlas a vender, y para venderlas bien primero las unta con cosas que las hacen pulidas; y algu­ nos las bruñen con algún betún, con que las hacen relucientes, y algu­ nos las pintan rayendo, o raspando bien lo que no está llano, ni liso, y para que parezcan galanas úntalas con el axin, o con los huesos de los zapotes amarillos molidos, y endurécelas o cúralas al humo, colgándolas en la chimenea; y todas las jicaras véndelas poniendo a parte, o por sí, las que traen de Guatimala, y las de México, y las de otros pueblos, unas de las cuales son blancas, otras prietas, unas amarillas, otras pardas, unas bruñidas de encima, otras untadas con cosas que les dan lustre, unas son pintadas, otras llanas sin labor; unas son redondas y otras larguillas, o puntiagudas; unas tienen pie, otras asillas, o picos, unas asas grandes, y otras como calderuelas, unas son para beber agua, y otras son para beber atolli; fuera de éstas vende también las jicaras muy pintadas de Izucan, y las jicaras como bacines, anchas, y jicaras para lavar las manos, y jicaras grandes y redondas, y los vasos transpa­ rentes, y las jicaras agujeradas para colar, éstas suélelas comprar de otros para tornarlas a vender fuera de su tierra.

 

QUE  VENDEN  PAPEL

 

El que trata en vender papel májalo si es de la tierra; también vende el de Castilla, el cual es blanco, o recio, delgado, ancho, y largo, o gordo, o grueso, mal hecho, gorolloso, podrido, medio blanco o pardo.

 

QUE VENDEN CAL

 

 

El que trata en cal, quiebra la piedra de que hace cal y la cuece, y después la mata; y para cocerla, o hacerla viva junta primero toda la

 

piedra que es buena para hacer cal; y métela después en el horno, donde la quema con harta leña, y después que la tiene cocida o quemada, mátala para aumentarla. Este tal tratante unas veces vende la cal viva, y otras veces muerta, y la cal que es buena sácala de la piedra que se llama cacálótetl quemada, o de la piedra que se llama tepétlatl.

 

(Lib. X, cap. xxi)

 

LOS QUE VENDEN FRUTAS Y OTRAS COSAS DE COMER

 

QUE VENDEN FRUTAS

 

El que trata en fruta va por ella a donde se hace, y después de traída llévala a otros pueblos para vender; y cómprala toda junta para ven­ derla poco a poco, o por menudo. Y si tiene huerta en ella procura de plantar o trasponer los árboles de fruta, y cuando está bien sazonada, cógela para hacer dineros de ella. Vende cañas dulces, xilotes y mazor­ cas verdes, y las desgrana a las veces para hacer tamales y tortillas de ellas; vende también las mazorcas tostadas, y las tortillas de masa mezclada con miel, y los granos de maíz tostados, envueltos con miel, harina de maíz tostada mezclada con miel, y las pepitas de calabazas hervidas con miel, y cascos de calabaza cocidos, y otras comidas que están en la letra; vende también unos erizos de fruta, una fruta como nabos que llaman jicamas, unas raíces de árboles que son como batatas, y patatas silvestres, y unas raíces comestibles llamadas tocímatl y piñas, fruta, y tzapotes de todas maneras, y peruétanos, anonas, mameyes, ci­ ruelas de todas maneras, guayabas, manzanillas de la tierra, cerezas de cualquier especie, tunas amarillas, coloradas, blancas, rosadas, vende también unos tomates pequeños dulces que se venden por fruta.

 

PESCADORES

 

El que vende pescado es pescador, y para pescar suele usar redes y anzuelos, y en el tiempo de las aguas espera las avenidas de los ríos y toma los peces a menos trabajo; y para ganar su vida suele vender camarones y pescados de todo género, vende también unas sabandijas del agua, menudas como arena, y las tortillas y tamales que se hacen de ellas, y los huevos de pescado y los coquillos del agua, como pulgón, cocidos, de que hacen también como unos buñuelos prietos y larguillos, y unos gusanos blancos que son buenos para aves o pájaros.

 

CARNICEROS

 

El que trata en carne tiene ganado, caza y cría, y así vende carne de todo género, de gallinas, de venados, de conejos o de liebres, de ánsares, de patos, de pájaros, de codornices, y la carne de águila y de bestias fieras, y la carne del animalejo que trae sus hijos en una bolsa, y la carne de los animales de Castilla, aves, vacas, puercos, carneros, cabritos, véndela cocida o por cocer, y la carne cecinada y la asada debajo de tierra. El que no es fiel en esto vende la carne que es podrida, y hedionda o aceda, y la carne magullada, y por engañar a los compra­ dores dice ser comestible la carne de perro.

 

LEÑADORES

 

El que trata en leña tiene montes y para cortarla usa de hacha, con que la corta, raja, cercena y parte, y la pone en rimero; vende todo género de leña, ciprés, cedro, pino; vende también morillos, postes, pilares de madera, tablas, tajamaniles y tablazones, ora sean nuevas, ora sean viejas y podridas. El que va por leña al monte, vende la leña de roble, y de pino, y de fresno, y de madroños; y la leña que respenda y humea mucho; vende también leña trozada o troncada, y leña cortada a manos, las cortezas de cedros y de otros árboles, secos y verdes; vende también jara seca, y las pencas de maguey secas, y las cañas secas, y los tagarnos.

(Lib. X, cap. xxii)

 

LOS  QUE  VENDEN      GALLINAS,  HUEVOS,

MEDICINAS,  ETC.

 

QUE VENDE HUEVOS

 

El que trata en huevos suele criar gallinas, que ponen huevos; vende también los huevos de patos y de codornices, buenos y recientes, y de ellos unas veces hace tortillas y otras veces algún guisado de cazuela. El que es mal tratante en esto engaña vendiendo huevos podridos y huevos de ánades, y cuervos, y auras y de otras aves cuyos huevos no se comen.

 

QUE VENDE GALLINAS

 

 

El que trata en vender gallinas, también cría las aves, y a las veces cómpralas de otros para tornarlas a vender, ora sean de la tierra, ora

 

de Castilla, gordas, tiernas, nuevas, pollos y gallos que tienen papada. El que es mal tratante en esto vende gallinas viejas, duras, flacas, y enfermas, que tienen pepita, mortecinas y hediondas.

 

OFICIAL DE NAVAJAS

 

El oficial de las navajas de la tierra sácalas de piedra negra con un ins-trumento de palo, estribando con los pies, y con las manos, y cada vez hace saltar una navaja de la misma piedra, y las navajas que así saca unas son para raspar la cabeza, y otras para otra cosa; unas salen de la superficie y otras tienen cazo, y otras son de dos filos, y otras para roer los meollos de maguey para que manen; y algunas de estas navajas son blancas, y otras jaspeadas, y otras amarillas, y otras comu­ nes, que son buenas para raer las sedas, o cerdas de puercos, cuando los matan, después de chamuscados.

 

BOTICARIOS

 

El que trata en cosas de medicina conoce las hierbas, raíces, árboles, piedras, y el incienso de la tierra y todas las cosas medicinales, que sean raíces, que sean hierbas, de las cuales se trata en el libro onceno, de cada género por sí; pénelas aparte, en algún petate en el tiánquez, para vender.

 

LOS  OUE  HACEN  ESTERAS

 

El que es oficial de hacer esteras tiene muchas juncias, u hojas de palma, de que hace los petates, y para hacerlos primero extiende los juncos en algún lugar llano para asolearlos, y escoge los mejores, y pénelos en concierto; y de los petates que vende unos son lisos, pintados, y otros son de hojas de palma; de éstas también se hacen unos cestos que llaman otlatompiatli, que son como espuertas.

 

Vende también unas esteras de juncias gruesas y largas, unos de estos petates son bastos y ruines, y otros lindos y escogidos entre los demás; de los petates unos son largos y anchos, y otros cuadrados, y otros largos y angostos, otros pintados.

 

Hace también, y vende, unos asientos con espaldar, y otros para sen­ tarse que son cuadrados, y otros para cabeceras que son cuadrados y largos, unos pintados, y otros llanos, sin labor.

 

El que no es buen oficial de esto, vende esteras hechas de juncias ruines y dañadas.

 

El que es oficial de hacer cestos de cañas macizas, o el que los mer­ ca para venderlos poco a poco, primero hiende las cañas, y después de partidas entretéjelas; de ellas hace los cestos, tejiéndolas muy bien, echándoles un borde u orilla alrededor de la boca. Unos hace redondos, y largos, y otros anchos y angostos, y otros que tienen asiento por pie y tapadera.

 

BUHONEROS

 

El buhonero que vende sartales de vidrio, vende sartales de navajudas labradas, y cristal blanco, y morado y del viril, y de azabache, y de otras cuentas de fuslera, y joyas fundidas de oro, como canutillos y como bodoquillos; vende también las joyas de Castilla, collares o sarta­ les, manillas que parecen como esmeraldas, o como cristal blanco, ama­ rillos, verdes, rubios, negros, azules, leonados, colorados, verde obscuros, morados, todos éstos son teñidos y falsos.

 

EL QUE VENDE ESPEJOS

 

El que vende espejos es de los lapidarios porque también corta sutil­ mente piedras del espejo, y las raspa con el instrumento que llaman teuxalli, y las asierra con un betún hecho de estiércol de murciélagos, y púlelos en unas cañas macizas que se llaman quetzalótlatl. Vende espe­ jos de dos haces, pulidos de ambas partes, y espejos de una haz sola­ mente, y espejos cóncavos, todos muy buenos, y algunos de piedra blanca, y otros de piedra negra; ya éstos poco se usan.

 

HERREROS Y AGUJEROS

 

El que trata en agujas, fúndelas y límpialas, acicalándolas muy bien; hace también cascabeles, y agiiixUlos, punzones, clavos, hachas y des-tiales, azuelas y escoplos.

 

 

EL QUE VENDE  ULL1, GOMA

 

El que trata en la goma negra que se llama ulli, que se derrite como torrezno puesto en asador, y no se torna a cuajar, tiene árboles de que la saca; hace unas masas redondas, otras anchas y otras delgadas y lar­ gas. Es goma muy saludable. De ésta se hacen las pelotas con que juegan,

 

que fácilmente saltan como pelotas de viento, haciendo sonido como las mismas.

 

 

EL  QUE  VENDE  ESCOBAS

 

El que vende escobas valas a coger al monte, con hoces, y véndelas en el tiánquez, siendo largas, recias, limpias y algunas cercenadas las puntas.

 

EL  QUE  VENDE  ENGRUDO

 

El que vende engrudo primero saca las raíces de que se hace, y saca­ das, límpialas y mójalas o machúcalas, y machucadas sécalas al sol, y siendo secas muélelas bien molidas; y algunas veces engaña con el en­ grudo, porque sus raíces van mal molidas, mezcladas con cañas de maíz molidas. Después que están muy bien secas y con granos de maíz o de frijoles bien molidos, con los cuales mezclado el engrudo parece bueno.

 

EL QUE VENDE RESINA

 

El que vende resina odorífera, si es buen hombre vende la que es buena y que no tiene alguna mixtura; y si es mal hombre, vende la que es aparente y no es verdadera, mezclada o envuelta con harina de frijoles, o del maíz molido.

 

CAÑUTO  DE  HUMO

 

El que vende cañutos para chupar humo primero corta las cañas y las desnuda o monda de las hojas, limpiándolas muy bien, y muele el car­ bón, bien molido, con el cual siendo mojado embarra los cañutos, y después algunos los pinta y otros los hace dorados; algunos de éstos son llanos, que no llevan pintura, y muy largos, bien embarrados con el carbón molido, o bien emblanquecidos con la greda que les echan enci­ ma del carbón, o muy relucientes con el oro con que los doran, otros hay que tienen pintura encubierta, que no se ve, sino cuando se van gastando con el fuego: otros están jaspeados, otros hay donde están pintadas flores, pescados, águilas, etc. Unos se hacen para venderlos en el tiánquez, los cuales son comunes y mal hechos, y se les cae fácil­ mente el carbón con que están embarrados, hay muchas maneras de estos cañutos y se hacen de muchas y diversas maneras, de hierbas olorosas, molidas y mezcladas unas con otras, con que los tupen muy bien de rosas, de especias aromáticas, del betún llamado chapopotli, y de hongos, de rosa llamada poyomatli y de otras.

 

CHAP0P0TL1

 

El chapopotli es un betún que sale de la mar, y es como pez de Castilla,

que fácilmente se deshace, y el mar lo echa de sí con las ondas, y esto

ciertos y señalados días, conforme           al creciente de la luna; viene ancha

y gorda a manera de manta, y ándanla a coger a la orilla los que moran

junto  al      mar.  Este  chapopotli es        oloroso y preciado entre  las mujeres,

y cuando    se echa en el fuego su olor se derrama lejos.

 

DE ESTE HAY DOS MANERAS

 

(EL CHICLE)

Hay dos maneras  de  este betún,  el uno  es del con  que  se mezcla la

masa o la resina olorosa, que se mete en los cañutos con que dan buen

y trascendente olor. El otro es de la pez que mascan las mujeres, llama­

da tzictli, y para que la puedan mascar mézclanla con el axin,    con el

cual se ablanda; de otra manera no se puede mascar, antes         se deshace,

y por la mayor parte  suélenla  mascar las muchachas  y mozas que ya

son adultas, y las que ya son mujeres; pero no la mascan todas en públi­

co,  sino  las  solteras  y  doncellas,  porque  las  casadas  y  viudas       puesto

caso que la masquen, pero no en público, sino en sus casas; y    las que

son públicas mujeres sin vergüenza alguna la andan mascando, en todas

partes en las calles,  en el tiánquez, sonando las dentelladas, como cas­

tañetas.  Las otras mujeres que no son públicas si lo mismo hacen,  no

dejan de ser notadas de malas y ruines mujeres por aquello.      

La causa porque las mujeres mascan el tzictli es para echar la reuma,

y también porque no les hieda al boca,  o porque  el mal hedor  de  su

boca, que ya tienen no se sienta, y por aquello sean desechadas.           reuma,

Los hombres también mascan el tzictli para echar también la    

y para  limpiar  también los dientes;  empero hácenlo  en  secreto.  Y los

que son notados de vicio nefando y sin vergüenza, lo mascan y tiénenlo

por costumbre andarlo mascando en público; y los demás hombres si lo

mismo hacen nótanlos de somáticos.                   

Este betún mézclase con el copal o incienso de la tierra, y con la re­

sina odorífera,  y así mezclado hace buenos sahumerios.                       

 

AXIN

 

El ungüento amarillo llamado axin tiene lo siguiente: que es muy ama­ rillo, blando y cálido; este axin se hace de unos cuquillos como moscas que nacen en el árbol que se dice axquáuitl, cuyas moscas las comen, y ponen huevos de que se engendran los dichos, y como van creciendo páranse redondillos, y siendo grandecillos sacúdenlos del árbol y cógen-

 

los para cocerlos, y como están ya cocidos de ellos exprimen el axin, que es como un ungüento amarillo, y lo envuelven con las cáscaras de mazorcas de maíz.

 

CALIDADES  Y VIRTUDES  DE  ESTE  AXIN

 

La calidad de este axin es ser caliente, según dicen los que lo han expe­ rimentado, y tan caliente que parece fuego; con él se untan los pies los caminantes para guardarlos del frío, y que no se hagan grietas; ablanda o aplaca la gota, poniéndolo sobre la parte donde se siente el dolor; untan también los labios con él, para que no se hiendan; y para que sea bueno contra la gota mézclase con una hierba molida que se dice colot-zitzicaztli, y para ser bueno contra el frío, mézclase con el cisco porque no se derrita. También es bueno contra las cámaras que no se pueden estancar; primero será necesario cocerlo muy bien y estando un poco blando o tibio, con él echarán la medicina al enfermo que las tiene, y con esto se estancarán fácilmente las dichas cámaras.

 

DIFERENCIAS DE TZ1CTLI

 

Hay un género de tzictli, que se llama por estos nombres tepetzictli, tacanaltzictli, que es tanto como si dijésemos tzictli agreste; éste también se masca, como el otro ya referido, salvo que no es negro sino amarillo, como la cera amarilla; cuando se masca no se siente algún dolor de la cabeza, antes la alegra, siéndole dulce o sabroso. El otro género de tzictli que es el de chapopotli, mascándose fatiga a la cabeza. El tepetzictli es una hierba y de la raíz de ella se toma este betún.

(Lib. X, cap. xxiv)

 

LOS OFICIALES QUE LABRAN  ORO

 

En este capítulo se comienza a tratar de los oficiales que labran oro y plata: los oficiales que labran oro son de dos maneras, unos de ellos se llaman martilladores amajadores, porque éstos labran oro de martillo, majando el oro con piedras o con martillos, para hacerlo delgado como papel; otros se llaman tlatlalianime, que quiere decir, que asientan el oro, o alguna cosa en el oro o en la plata (y ) éstos son verdaderos oficiales que por nombre se llaman tolteca; pero están divididos en dos partes, porque labran el oro cada uno de su manera. Tenían por dios estos oficiales de oro en tiempo de su idolatría a un dios que se llamaba Tótec; a este dios hacían fiesta cada año en el cu que se decía Yopico, en el mes que llamaban tlacaxipeualiztli.

 

(Lib. IX, cap. xv, fragmento)

 

ADICIONES

 

LOS OFICIALES QUE LABRAN ORO

 

Aquí se divulga la relación de cuantos artífices:  los que llaman tolteca

(labradores),           amanteca         (plumarios),     tecuitláhuaque (gente  que  trata

los metales  finos  de oro y plata),  tlatecque       (cortadores  de            piedras en

general)  y chalchiuhtlatecque  (gematistas) .      que  tienen  que  ver  con  el

Los  primeramente  mencionados  son  los         

metal fino, los fundidores de él. Y de los labradores de oro y plata son

diversos los oficios y se dividen y reparten sus artes y hechuras.

Unos se nombran batihojas. Estos no tienen más oficio para con él,

que batir el metal fino,  adelgazarlo,  con piedras  extenderlo donde  sea

necesario, y laminarlo y adelgazarlo.                                                      

Y otros se nombran ajustadores. Estos precisamente se llaman artistas.

Y    en cuanto gremio aparte,  en cuanto  agrupación  de los  que  entre

     se         entienden,  de  estos  artífices  del  oro  y      la  plata,  antaño  el  dios

era  a          quien   tenían  por       su  divinidad   propia, Tótec   ( “Nuestro  Señor"

Xipe:          el Desollado).                                                                       

 

LA MANERA DE LABRAR DE LOS ORFEBRES Y LOS PLATEROS

 

Aquí se declara  en  qué manera hacían  algo los fundidores  de metales

preciosos.                                                                         

Con carbón, con cera diseñaban, dibujaban algo:  con lo que fundían

metal precioso,       sea       amarillo,          sea       blanco. Primeramente  el  que  presidía

Con esto  daban      principio          a          su  arte.          

les repartía carbón.  Primero lo muelen bien,  lo hacen polvo,  se lo re­

ducen a menudo polvo.     luego lo           juntan,  lo mezclan  con  un  poco

Y ya que lo han      molido,                      

de lodo de ollero, el que es pegajoso, con el que hacen ollas. Con esto

desparece,  desbasta,  hace pegajoso al carbón,  con  esto se endurece,  se

adelgaza.                                                                          

Y cuando lo han acabado, de igual manera hacen laminillas, las tien­

den  al        sol,  y  otras    laminillas  hacen        de        semejante        manera  que  ponen

al sol.         dos días           se secan, se resecan,   se         enjutan,  se      endurecen.  Cuando

En                                                 

se ha secado bien, cuando se ha endurecido, luego          se graba, se moldea

el carbón con una navajilla de metal.                  

Si se comienza la figura de un ser vivo, de un animal, se graba, no

más se sigue la semejanza,  se imita lo vivo, para           que  en  ello salga lo

que se         quiere  hacer.                                                 

Supóngase  que  es  un  huasteco,  un  vecino:  tiene  su  nariguera,  su

perforación  de      la  nariz,  su  flecha  en  la  cara,  su  cuerpo  pintado  con

 

navajillas de obsidiana (tatu ad o ): enteramente así se dispone el carbón al irse raspando, al irlo labrando cuidadosamente.

Se toma de cualquier cosa que se trata de ejecutar: cómo es su natural y su apariencia se dispondrá.

 

Sea (verbigracia) una tortuga: exactamente así se dispone el carbón: su caparazón con que se irá moviendo, su cabeza que sale de dentro de él, que se mueve, su pescuezo y sus manos, como que las está exten­ diendo.

 

O sea un pájaro el que va a salir del oro: enteramente así se tallará, así se raspará el carbón: de modo que adquiera sus plumas, sus alas, su cola, sus patas.

O sea un pescado que se va a hacer: enteramente así se raspa el carbón: adquiere sus escamas, sus aletas, así se acaban, y así está parada su cola bifurcada.

 

O bien, se ha de hacer una langosta acuática, o una lagartija, se le ponen sus manos, sus patas (en esta forma) se labra el carbón. Cual­ quier cosa que se ensaye hacer, un animalillo, o un collar de oro que se ha de producir, con cuentas como semillas, con campanitas al borde, cosa de artificio, engalanada de flores.

 

Cuando se acaba de grabar el carbón, cuando se ha esculpido, luego se hierve la cera, mézclase con incienso blanco de la tierra (copal), con el cual se endurece bien. En seguida se purifica, se tamiza, para que con esto caiga su suciedad, su tierra, su lodo de la cera.

 

Y cuando ya está lista la cera, luego en una laja se adelgaza, se hace lámina con un rodillo de madera. Esa piedra laja es muy lisa, suma­ mente lisa en la cual se adelgaza y lamina (la cera).

 

Y cuando se ha adelgazado bien, como una telaraña, que ya no tiene grumos ni bolillas en parte alguna, luego se pone en el carbón, se ex­ tiende sobre la superficie; pero no se pone sin gran cuidado, sino con tiento poco a poquito se va cortando, se va despedazando, de modo que entre en los huecos, se pone en las estrías, en las cavidades y entradas, se embute donde se ha labrado el carbón; con un palito se va pegando.

Y cuando se ha acabado de poner por todas partes la cera, luego se tiende polvo de carbón en agua sobre la superficie de la cera. Se muele bien, se pulveriza el carbón; un poco grueso se tiende en la superficie de la cera.

Y una vez que se ha hecho esto, otra vez se le pone una capa con que se reviste por completo y se cubre enteramente, con lo cual ya es el momento de dejar la obra con que se ha de fundir el oro.

 

Esta capa es puramente carbón, mezclada con barro pegajoso, no muy molido, sino basto.

 

Cuando se ha cubierto y revestido lo que se moldea, por dos días aún se seca, y luego se le pone el tubo para el oro, también hecho de cera; ése es el tubo que se le hace al oro.

 

Por allí ha de entrar cuando es derretido y otra vez con él se conecta.

 

Se dispone el crisol, también es de carbón, de hechura ahuecada.         

Luego así se toma el carbón; allí es cuando se funde y liquida el oro,

con lo         cual luego entra  el tubo  de comunicación,  con      esto se entuba

por allí y corre. Se pone en el suelo.                                                                   

Cuando se ha fundido el artefacto, el collar, que se intentó,  o cual­

quiera de las cosas mencionadas, se pule con un pedrusco, y cuando ya

se ha pulido, es cuando se le da un baño de alumbre.                                         

Se remuele  el alumbre:  con  él se baña,  se restriega  el  oro que  se

fundió.                                                                             

Otra vez entra  al fuego,  con el cual  se calienta,  y cuando ha  sido

sacado, una vez más se baña, se restriega con el que se llama “remedio

del  oro”. Esto es  solamente  como          una  tierra        amarilla:          se mezcla        con

un poco de sal, y con ésta se perfecciona, se pone muy   amarillo el       oro.

Y    luego se desnuda, se frota, con lo cual se hermosea mucho, y viene

a brillar mucho,  a resplandecer a echar fulgores de sí.                          

Dicen que antaño solamente andaba el oro y de él disfrutaban.  Lo

fundían los aurífices y hacían collares de él.                                                      

Por su parte los batihojas lo laminaban y adelgazaban:  se empleaba

para las insignias militares.  No había  aún  plata:  rara  vez se hallaba;

aquí o allá se dejaba ver, con lo cual era muy apreciada.                       

Pero ahora todo es plata. Quieren el oro y es muy tenido en precio.

Los plateros, lo mismo los de fundición  que los batihojas,  ahora  al

hacer  algo  de  plata,  requieren  un         metal   rojo,     aunque solamente        para

que sirva de base a la plata, para   colocar            plata    en él;   con ello           chapean

y emplastan.                                                                                 

Que si sola la plata se funde y se usa,  no más  se hace pedazos el

artefacto  al lavarlo,  no  es consistente en todas sus partes,  ni  se com­

pagina en donde están colocadas las aplicaciones.                       el  metal          fino;

Antaño los batihojas  solamente   se dedicaban  a  batir             

lo hacían  maleable,  lo adelgazaban muy bien  y lo pintaban  con  rayas

negras.                                                                              

En primer lugar, les escribían (el objeto) los trabajadores de pluma,

luego          ellos lo dibujaban  con  un  pedernal;  iban  siguiendo  el  contorno

de la línea negra,  de modo que quedara escrito y dibujado con el pe­

dernal;  le hacen realces,  le van haciendo           lentamente los realces,           para

que quede tal como es el modelo. necesita su      obra,    ya        sea de  pintura

Ahora,  en  donde quiera que se                                                  

de plumas, ya sea de artefacto de plumas,            se requiere       que se les        asocien

y se les enseñe a los aurífices los artistas de la pluma. De esta manera labran todo lo que quieren unidos a los de arte plumaria.

 

Ahora, al hacer alguna cosa los aurífices, necesitan de arena, arena fina. Después que la han conseguido, la muelen, la remuelen, y también la mezclan con pegamento.

 

Luego la extienden en la misma forma que extienden el lodo, para que en ella salga, en ella se imprima cualquier cosa que han de hacer.

 

En dos días se seca; cuando se ha secado bien, con un fragmento de tiesto se raya, se raspa, se restriega; con ello queda lisa la superficie. En seguida se traza el grabado con un punzón de metal, como en otro lugar está declarado.

 

Como en dos o tres días queda acabado, compuesto y perfeccionado el artefacto. Cuando se ha terminado, se le pone encima polvo de carbón en agua, y con pegamento se fija el carbón en la superficie.

 

Tras eso, luego se hierve la cera, se le mezcla incienso blanco de la tierra (copal), como se declaró.

 

Cuando se ha enfriado y está clarificada, luego se adelgaza en una laja con un rodillo de palo, que se hace rodar sobre ella. En seguida se le aplica encima una capa de lodo, con la cual se moldeará el oro (al fundirse), en figura de cualquier objeto que se ha de hacerse, sea un jarro, o un sahumerio, que llaman “perfumador”.

 

Al pintar y disponer una buena pintura principalmente es muy apta la cera; esto principalmente lo hace el pintor artístico, con esto se hace obra de arte, pues principalmente primero en alguna parte se hace el molde de cera.

 

Cuando se ha preparado todo, en ella se aprieta el molde, pues en él se halla la impresión de cualquier artificio v.gr. un ala, una cola de pájaro, o una flor, o una rama de planta, o cualquier cosa de hermoso aspecto.

 

Se va apretando, se va pegando con un palito que llaman “punzón de palo”.

 

Como en dos días se ajusta, se compone. Cuando se ha ajustado, por todas partes se le pega cera, para extender luego en la superficie polvo de carbón con agua.

 

Cuando se ha secado, es precisamente cuando se le ponen las tapas, de puro carbón basto, con lo cual se reviste totalmente el molde. Como en dos días se seca.

 

Luego se le pone en la cera el llamado tubo de contacto, es cilindrico, primeramente se redondea: éste es el conducto por donde ha de entrar el oro.

 

Puesto el tubo, luego se van poniendo los crisoles en que se ha de derretir el oro.

 

Cuando todo se ha dejado listo, como va dicho, luego se pone en el fuego, se calienta totalmente: allí sale, arde la cera que se halla dentro, la que se había puesto.

 

Cuando ya se fue la cera, cuando ardió, luego se enfría: es entonces cuando se coloca sobre la arena burda.

 

Es cuando, por fin, se funde, entra al crisol, se pone en el carbón, y el oro que allí entra por otro lado en un cucharón se derrite. Allí acaba todo esto, con esto queda hecha la obra.

 

Cuando ha nacido, se ha fundido y ha sido hecho el artefacto, luego

 

va a un  baño  de  alumbre,  en  un  cazo de cobre,  en  el cual hierve  a

borbollones.

Y    si en alguna parte está rota la obra, o se dañó, es el momento de

remediarla.  Se pega con  soldadura  y luego se raspa con una  azuelilla

y con ella se pule.

Otra vez se mete a donde está el alumbre,  se le aplica alumbre,  y

después      se limpia, se pulimenta, queda bien limpia.

 

LOS LAPIDARIOS

 

De esta manera se hacía en Xochimilco, pues de allá vinieron  sus pa­

dres, sus abuelos de todos los que trabajan la piedra fina, allá es donde

tienen         su  raíz,            allá  tomaron  origen,  es de  donde  provinieron,  el  sitio

en que        tuvieron           vida.               

Los artífices lapidarios cortan el cristal, blanco o rojo, y el jade y la

esmeralda,  con  arena de sílice y con un  metal duro.  Y los pulen  con

pedernal, y los perforan y horadan con un punzón de metal.

Luego  lentamente  tallan  su  superficie,  la  desbastan,  la  enmollecen

como plomo y dan a las piedras la última perfección      con      un palo; con

él las pulen y de este modo brillan y echan reflejos         de        sí.  O también

con un bambú fino las pulen y con esto las perfeccionan y acababan su

artefacto los lapidarios.                

De igual manera,  el cristal de roca rojo  se trabaja.  Se elabora per­

fectamente.  Primero,  lo desbastan, lo hacen pedazos,  mediante un  me­

tal, los        artífices           de la piedra fina y de este modo van poniendo  a un

lado las partes buenas,  las bien  constituidas,  rojas y de buen  aspecto.

Después,  las van colocando donde  se requiere,  ya que las han  desbas­

tado con el metal. Y luego les pulen, les labran la superficie y las hacen

blandas como si fueran plomo y las alisan con un palo,  es el "limpiador”,

y con ése las embellecen y las perfeccionan.                  

Pero el llamado “pedernal de sangre”, por ser muy duro y consistente,

no puede  cortarse  con  esmeril,  sino que  no más  se hace  pedazos.  Se

golpea con una piedra. Solamente se toma de la parte buena, de la que

puede pulirse, lo que es rojo, como sangre, que es fácilmente elaborable.

Se raspa con agua y con una piedra dura que viene de    Matlatzinco (Va­

lle de Toluca), porque ésa se aviene bien con esta piedra fina: cuan duro es el “pedernal de sangre”, tan dura es aquella piedra y de este modo, la una con la otra se matan. Luego se labra la superficie con esmeril. Y luego se perfecciona y pule con el bambú fino y de este modo se le hace dar fulgores y reflejos.

 

Pues el llamado “pedernal de colibrí” desde luego se produce y cría con multitud de matices: blanco, verde, color de fuego, o si no, como estrella, como arco iris. No más con un poco de arena se raspa y se pule.

 

Pero la llamada “bola verde”, por ser también dura, requiere igual­ mente esmeril. Con éste se raspa, se labra su superficie y con él se hace tan lisa como si fuera plomo; también con él se pule y al ponerle el bambú, se le dan reverberos y relucencias.

 

Y la turquesa, por no ser dura, no más con un poco de arena se pule y perfecciona y con ella también se le puede dar el brillo, darle relu­ cencias; con un instrumento especial que se llama “pulidor de turquesas”.

 

LA MANERA QUE TIENEN EN  HACER SU OBRA

 

LOS PINTORES DE PLUMA

 

Estos amantecas, pintores de pluma, los que tienen su placer en la pluma comienzan así su obra:

 

Primero ven el modelo, cómo habrán de ejecutarlo: los que lo diseñan primero son los escritores o pintores. Cuando han visto cómo está tra­ zado y cómo es una discreta hechura, y si acaso ya están bien puestos todos los pormenores, luego refuerzan el algodón en que está la pintura con un pedazo de maguey. Este se llama “refuerzo de algodón”.

 

Buscan un maguey bueno, liso de superficie, reluciente, sin costras ni granulaciones, terso, pulido, no levantado, sino acucharado, y en él fortalecen el algodón.

 

En primer lugar, untan la superficie con pegamento; extienden bien el pegamento sobre la cara del maguey. Luego encima tienden, estiran y aprietan el algodón cardado. Lo cardan bien antes, lo estiran a un lado y a otro, lo adelgazan.

 

Cuando el algodón está ya como una telaraña, como una neblina de delgado, lo aprietan con el maguey y lo ponen al sol. Sólo un poquito se seca su superficie. Ya que ésta se ha secado, le untan una vez más pegamento, en la parte de arriba y con esto la superficie queda tersa y reluciente y se hace terso el algodón y así ya no se carda con secarse en él enteramente la pegadura.

 

Cuando se ha secado, cuando ya suena de tan seco, se desprende con un gancho. Entonces se extiende, se coloca la pintura del modelo y se dibuja, se perfila el contorno, se van viendo los trazos del dibujo, viene a parecer lo pintado.

 

Cuando se ha acabado de pintar el algodón por todas partes, sin que se deje olvidado ningún rasgo del modelo, se extiende encima un papel, un papel de amate, con el cual se refuerza enteramente y se hace resis­ tente el refuerzo del algodón.

 

En seguida se comienza con la azuelilla de metal a despellejar, a ir quitando la rudeza, donde el dibujo esté metido o arrinconado.

 

En una tablita que se llama “cortador de palo”, se va cortando y des­ menuzando la pluma, igualándola por abajo y redondeándola por arriba.

 

Y

cuando ya por todas partes se ha desbastado el modelo de papel, de

modo          que      quede  tal cual la pintura primitiva, entonces se       coloca  sobre

el maguey  y          es         cuando se pinta,  se va siguiendo el trazo     que se  hizo

en el maguey.         el         maguey, luego se le unta pegamento en        la superficie,

Ya  pintado                                  

y le ponen encima algodón,  de modo que el algodón se endurece con

el pegamento; en el algodón se pone el contorno en negro lo que es de

color.  Se seca al    sol. Luego se le va poniendo la pluma          que se  llama

la “ensecadura”, la cosa seca.                  

Pero  antes,  sobre  el maguey se van  colocando las plumas,  una  por

una; se secan con pegamento:  esto es lo que se llama "secadura”. Con

pegamento se cuelgan,  se pegan de un  extremo.  Luego se pegan en el

maguey, se alisan con la plegadera.                    

Esta llamada secadura es de pluma vulgar, por ser el principio y soporte y fundamento sobre el cual se realiza la obra de pluma fina.

 

En esa secadura la capa de pluma corriente se pone como cama y sostén de la pluma fina. Puede ser pluma pintada de amarillo, que se apelmaza para ser soporte, o bien, de garza, o cualquier otra pluma, ya sea de un solo color, ya sea de muchos. En ella se va viendo, se casa, se ensaya la pluma fina con que se ha de combinar y a la que ha de servir de soporte.

 

A la pluma de azulejo se le pone como sostén la pluma de pájaro azul llamado cuitlatexotli. Esta le sale justa al color. Para la pluma de papagayo o de tzinizcan se pone pluma de loro. Y al pechirrojo se le hace su soporte del desperdicio de esa misma pluma del pájaro, o de pluma pintada. Al lorito amarillo se le hace su soporte de pluma teñida de amarillo: también puede servirle de cama el desperdicio de la pluma del mismo lorito.

 

Esta pluma que se llama “pintada de amarillo”, no más se pinta, se tiñe de amarillo, se la hace convertirse en amarilla. En el fuego se cuece, se hace hervir a borbotones, el color zacatláxcal; se le agrega alum­ bre, y más tarde se le pone salitre.

 

Cuando por todas partes está acabada la cama, o soporte de la pluma; cuando por todos lados se ha extendido y puesto una capa de algodón con pegamento todo puesto sobre un fragmento de maguey, luego se levanta la pintura.

 

Cuando ya está levantado, en una tablita se pega un papel. Y en éste una vez más se traza, se dibuja el modelo, el diseño que antes se había hecho.

Sobre  él  puntualmente  queda  terminado  el  artefacto  de  pluma,  en

él se pega la pluma, ya sea en capa lisa, ya sea en dibujo de flor, o de planta, o de alguna otra imagen que se pretende hacer, o cualquier otro objeto de arte o cosa hermosa.

 

Cuando se ha pintado y delineado el modelo con tinta negra sobre la tabla es cuando empieza la pegadura de las plumas, el revestimiento del decorado o adorno.

 

En primer lugar, se mezcla y se deslíe el pegamento. Se hace deslei­ miento, se hace pegamento. Este oficio de preparar el pegamento es propio de los muchachos aprendices. Les preparan el pegamento a los artífices, les hacen el pegamento.

 

En seguida se recorta el contorno negro con que se contorneó la pin­ tura de pluma. Esto es lo que va por delante. Primero se pliega y aprieta con la plegadera de hueso.

 

El contorno negro se hace con pluma de tordo, o con pluma de chamulli: es el soporte de chamulli. Luego sigue el corte de la cama o sostén de cualquier clase de pluma. Se empieza primero conforme al modelo, sea de azulejo, sea de tornasol, sea de pájaro rosado, sea de pluma amarilla fina, sea de colibrí azul, o de colibrí común, o de colibrí verde, o de colibrí color de fuego.

 

Al quedar por todas partes colocada y parada la pluma es su aspecto como si reverberara o brillara: se va adaptando, se va acomodando sobre el soporte, por todas partes sirve de sostén la cama referida. Se va viendo en el modelo, rasgo a rasgo, tal como está pintado, cada color se coteja con el de él.

 

Cuando se ha aplanado con la plegadera de hueso el soporte o cama, luego en su superficie se va colocando la pluma fina, se va poniendo en orden, se va aplanando con la plegadera de hueso y va quedando fija. En esta forma se va prosiguiendo, se va cubriendo la pluma enco­ lada que sirve de soporte.

 

Se va sobreponiendo el modelo de papel sobre el trabajo que se está haciendo, se va ensayando para que no resulte torcido, por alguna parte el artefacto; para que no se vaya a poner una cosa por otra, sino que se va comparando y embonando bien el modelo al ir pegando la pluma.

 

Pues ésta es la forma con que se hace y concluye la pintura de plu* mas, la que se hace mediante el pegamento.

 

Pero hay otra manera de fabricar el artefacto que es solamente con cordelillos e hilitos de pita. Tal es la que se usa para los abanicos, el plumaje de quetzal, los brazales con plumajes para colocar en el brazo, las insignias dorsales, y en general todas las insignias; los jubones de pluma amarilla, o de las demás, lo mismo que los colgajos, los pena­ chos, las bolas de pluma, las borlas de remate: todo aquello con que se decoran y sobrecargan los plumeros a manera de abanicos.

Todo esto así se confecciona: primero, se ata el armazón, luego se reviste de manta, de modo que quede fuerte. En seguida se coloca la pluma de quetzal sobre este armazón recubierto y en esta forma queda colocada:

 

Se le pone un refuerzo abajo en el cabo, se rodean del cañón de la pluma palillos de bambú, con que se refuerza; luego se le enrolla hilo,

 

se ata con pita, con pita se rodea el cabo, y de este modo se hacen gazas

 

con que se han de ensartar y atar con cordelillos.

Ya que se ha ensartado, se hacen gazas por la mitad de la pluma, “por

el pecho de la pluma”, literalmente.  Para esto se ata de la mitad con

pita muy delgada,  de modo que  se juntan  enteramente,  se reúnen,  se

estrechan  las plumas de  quetzal,  para  que  no  se esparzan,  ni  se des­

parramen, sino que queden bien juntas y apretadas.

Y    así es como se acomoda la pluma de quetzal y toda clase de pluma

ensartada:  por un lado y por otro se regulan y se ajustan, mediante la

azuelilla. Es decir, si están ralas y separadas, o se ven divididas, se ajus­

tan, y si están apiñadas o apelmazadas, se hacen a un lado y otro.

Cuando  ya  se ensartaron  y se ataron  por la  medianía,  se cosen  al

armazón. De esta manera se hacen todos los envaramientos y amanoja-

mientos      de las plumas.

Si hay que agregar a la pluma de quetzal un revestimiento de pluma

de águila, de zacuan, todo se ata primero con pita, se enhebra, se enreda,

y luego se va cosiendo al armazón.

Se va fijando la base con cuerdas, se le va formando cuerpo, de modo

que vaya siguiendo el manojo de plumas bicolores del quetzal, y luego

se hace una ceja de pluma rosada. Tapa la pluma blanca y blanda. Todo

se enhebra primero y se va cosiendo luego al armazón. De esta manera

se hace y termina todo género de insignias.

Pero si ha  de hacerse  un  animal,  un  animalillo,  primero,  se tallan

palillos de madera de colorín y con ellos se hace el esqueleto. Pero si se

ha de hacer un animalito pequeño, como es una lagartija, una libélula,

una mariposa, el esqueleto se hace con cañuela de maíz o con tiritas de

cartón.       

Luego se le hace el cuerpo con médula de la misma cañuela, remo­

lida y amasada  con  pegamento;  con  esta  médula  se recubren  aquellas

tiras de       cartón, luego se raspa y se lima con tezontle, y con esto se le

da buena forma y pulimento.

Después,  encima se pone una  capa de algodón,  en  el cual se pinta

para  que  se vaya bordando sobre  él  y vaya  sirviendo  de  sostén  a las

plumas. Se tiene cuidado de ir sacando el animal tal como se dibujó.

Algunas veces se hace omisión de la azuelita de metal, o del madero

de  cortar,  y solamente  se  usa  la  plegadera  de  hueso:  con  ella  se va

cortando la pluma en la forma que sea necesario, y se va acomodando

y aplanando con la misma plegadera.

Pues este es el modo con que hacen su  artificio los artífices  de la

pluma,        habitantes de Amatlan.

 

(Códices matritenses, RAH, ff. 44r-45v.

Trad. de Byron Me. Afee y Angel María Garibay K., 1950, fragmentos)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COMERCIO

EL PRINCIPIO QUE TUVIERON LOS MERCADERES

EN  MEXICO  Y EN  TLATILULCO

 

Síguese la manera que tenían los mercaderes antiguamente en sus mer-caderías: Cuando los mercaderes comenzaron en Tlatilulco, de México, a tratar, era señor uno que se llamaba Quaquapizáuac, y los principales tratantes eran dos, el uno se llamaba Itzcoatzin y el otro Tziutecatzin. La mercadería de éstos, por entonces, eran plumas de papagayos, unas coloradas que se llamaban quetzalli, otras azules que se llaman cuitla-texotli y otras coloradas como grana que se llaman chamulli; estas tres cosas eran todo su trato. Después que el señor arriba dicho murió, eligie­ ron otro señor que se llamó Tlacatéotl, y en tiempo de éste los principa­ les mercaderes fueron dos: el uno se llamó Cozmatzin y el otro Tzopan-tzin ; en tiempo de éstos se comenzaron a vender y comprar las plumas que se llaman quetzalli, y las piedras turquesas que se llaman xíuitl, y las piedras verdes que se llaman chalchíhuitl, y también las mantas de algodón y maxtles de algodón, porque antes solamente usaban de mantas y maxtles de nequén, y las mujeres usaban de huípiles y naguas también de ichtli.

 

Muerto este señor eligieron otro que se llamó Quauhtlatoatzin. En tiempo de éste fueron principales de los mercaderes, dos, el uno se llamó

Tullamimichtzin, y el otro Miczotzigaotzin; en tiempo de éstos se comen­

 

zaron a comprar y vender barbotes de oro, y anillos de oro y cuentas de oro, y piedras azules labradas como cuentas, y grandes chalchihuites y grandes quetzales, y pellejos labrados de animales fieros, y otras plumas ricas de diversas maneras y colores.

 

Muerto este señor eligieron a otro que se llamó Moquiuixtzin. En tiempo de éste fueron principales de los mercaderes dos, el uno que se llamó Popoyotzin y el otro Tlacochintzin. En tiempo de éstos se comen­ zaron a comprar y a vender las mantas ricas y labradas, de diversas labo­ res, y los maxtles ricos y labrados hacia las extremidades, como dos o tres palmos en largo y ancho, y también las naguas ricas y los huípiles

 

ricos, y también las mantas de ocho brazas en largo, tejidas de hilo tor­ cido, como terliz, y también se comenzó a tratar el cacao en este tiempo, y todas las otras mercadurías que arriba se dijeron se comenzaron a tratar en más abundancia que de antes.

 

Este Moquíhuix, fue el postrero señor de los tlatilulcanos, porque le mataron los de Tlatilulco, y de allí adelante cesaron los señores y el regimiento que de allí adelante usaron los tlatilulcanos fue por vía de cónsules, que fue su primera manera de regimiento; los cónsules que entonces comenzaron a regir el uno de ellos se llamaba Tlacatecatzintli

Tzioacpopocatzin;  el  otro Tlacochcálcatzintli  Itzquauhtzin;  ambos  estos

eran muy principales y también fue  el tercero Tlacochcálcatzintli Tez-

cantzin; el cuarto se llamaba Tlacaltecatzintli Totozacatzin. Todos estos

eran muy nobles y valientes y mexicanos.

 

(Lib. IX, cap. i)

 

LO QUE HACIAN EN LLEGANDO A DONDE IBAN

 

Después que los mecaderes llegaban a la provincia donde iban, o Anáhuac o a otra, luego sacaban las mantas ricas, y las naguas ricas y camisas ricas de mujeres, que les había dado el señor de México; esto se lo pre­ sentaban delante del señor, saludándole de su parte, y como recibían los señores de aquella provincia estos dones, luego ellos presentaban otros dones de otra manera, para que fuesen de su parte presentados al señor de México, eran estos dones plumas ricas de diversas maneras y de diversos colores. Entraban en la provincia de Anáhuac no todos, sino aquellos que iban de parte del señor de México con quien estaban aliados y confederados, que eran los tenochcas, o tlatilulcas, o los de

Huitzilopochco, o los de Azcapotzálco, o los de Quauhtitlan; todos iban

acompañados los unos con los otros, iban todos juntos hasta el pueblo de Tochtépec. En ese pueblo se dividían, unos iban a Anáhuac Ayotlan;

otros iban  a Anáhuac Xicalanco.

 

Los mercaderes de Tlatilulco dividíanse en dos partes, y los tenochcas en otras dos, y los que acompañaban a estas parcialidades o divisiones

eran los de Huitzilopochco o Azcapotzalco, y de Quauhtitlan.

 

Cuando ya iban a entrar en aquellas provincias que ya habían pasado de Tochtépec, todos iban a punto de guerra con sus rodelas y con sus espadas, como ellos las usaban, y con sus banderas, porque pasaban por tierra de guerra. En algunas partes recibían daño de los enemigos; en otras partes cautivaban de ellos. Desque llegaban a Xicalanco daban el presente que llevaban de mantas, o naguas y huípiles, y maxtles muy labrados y ricos; dábanlos como está dicho, a los principales.

 

Y luego también los mercaderes sacaban las joyas de oro y piedras que sabían que eran preciosas en aquella provincia, una de ellas era como

 

corona de oro, otra era como una plancha de oro delgada y flexible, que se ceñían a la frente, y otras de otras maneras; todas estas joyas eran para los señores. Llevaban también otras para las señoras, que eran unos vasitos de oro donde ponen el huso cuando hilan, otras eran orejeras de oro, otras orejeras de cristal. También llevaban para la gente común orejeras de piedra negra que llaman itztli; y otras de cobre muy lucidas y pulidas; también llevaban navajas de piedra negra que se llama itztli para raer los cabellos, y otras navajitas de punta para sangrar; también llevaban cascabeles como ellos los usaban, y agujas como las usaban; y grana de tunas, y piedra lumbre, y tochómitl; llevaban tam­ bién una cierta yerba muy olorosa, que llaman tlacopatli y otras que

llaman xichipatli.

Los principales mercaderes que se llaman Tealtinime, tecoanime, lle­

vaban esclavos para vender, hombres y muchachos, y mujeres y mucha­

chas, y vendíanlos en aquella provincia de Xicalanco, y cuando los lleva­

ban por la tierra de enemigos llevábanlos vestidos con armas defensivas

para que no se los  matasen los enemigos, que eran los de Tehuantépec

y los de Tzapotlan, y los de Chiapanécatl, por cuyos términos iban;  y

cuando ya iban a entrar en la tierra de los enemigos enviaban mensaje

a los de la provincia a donde iban, para que supiesen que iban y les

saliesen de paz.  Y yendo por la tierra de los enemigos iban       de noche,

y no de día.  Como llegaban los mensajeros a dar mandado a    Anáhuac,

luego  los  señores  salían  a  recibirlos,  y también  venían  aparejados  de

guerra con todas sus armas,  y recibíanlos en medio del camino  de los

enemigos, y de allí los llevaban consigo hasta su tierra, que es Anáhuac

Xicalanco; en llegando los mercaderes a la provincia de Anáhuac Xica­

lanco, luego daban a los señores lo que el señor de México les enviaba,

y saludábanle de su parte, y luego el señor, o señores de la misma pro­

vincia, del pueblo de Xicamalco, y del pueblo de Cimatécatl,    y Cuatza-

qualco, les daban grandes piedras labradas, verdes, y otros chalchihuites

labrados, largos,  y otros chalchihuites colorados;  y otras que  son esme­

raldas,  que  ahora  se llaman  quetzáliztli y         otra manera  de  esmeraldas,

y otras muchas piedras de muchas maneras.                   

También les daban caracoles colorados, y avaneras coloradas, y otras avaneras amarillas, y paletas de cacao amarillas, hechas de conchas de tortuga, y otras paletas también de tortugas pintadas como cuero de tigre blanco y negro: dábanles plumas ricas de muchas maneras, y cueros la­ brados de bestias fieras.

 

Todas estas cosas traían los mercaderes de aquella provincia de Xica­ lanco para el señor de México, y como volvían y llegaban a México, luego lo presentaban al señor, de esta manera dicha. Hacían sus viajes los mercaderes de México que llamaban tecunenenque, yendo a aquella tierra de Anáhuac, que está cerca de enemigos de los mexicanos. El señor

 

de México quería mucho a estos mercaderes, teníalos como a hijos, como a personas nobles y muy avisadas y esforzadas.

(Lib. IX, cap. iv)

 

DE DONDE  NACIO QUE  LOS MERCADERES

 

SE LLAMARON  NAUALOZTOMECA

La razón por qué cierta parte de los mercaderes se llamó naualoztomeca

es,  que antes que se conquistase la provincia de Tzinacatlan los  mer­

caderes mexicanos que entraban a tratar en aquella provincia disimula­

dos, tomaban el traje y lenguaje de la misma provincia, y con esto tra­

taban  entre  ellos  sin  ser  conocidos  por  mexicanos.   En  esta  provincia

de  Tzinacatlan       se hace  el  ámbar,  y también  plumas  muy  largas  que

llaman quetzalli,    porque allí hay muchas aves de estas que llaman     quet-

zaltotome, especial en el tiempo de verano, que comen allí las bellotas;

también hay muchas aves que llaman       xiuhtotonie y otras que se llaman

chalchiuhtotome, que vienen a comer el fruto de un  árbol que llaman

ytzámatl, y cuando cazan estas aves que llaman  xiuhtótotl        no las   osan

tocar con las manos, sino que rozan de presto heno verde para tomarlas,

de manera que las manos no lleguen a la pluma, y si las toman con las

manos desnudas luego el color de la pluma se deslava, y se para como

amortiguada del color de azul claro deslavado; hay también en aquella

provincia muchos cueros muy preciosos de animales fieros.                 

Estos  mercaderes  que  se  llamaron        naualoztomeca            compraban  estas

cosas dichas,  rescatábanlas  con  navajas  de  itztli  y con  lancetas  de  lo

mismo, y con agujas y cascabeles, y con grana, y piedra alumbre, y con

almagre, y con unas madejas que se llaman  tochómitl   hechas de        pelos

de conejos; todas estas cosas tenían estos mercaderes que se llaman      naua­

loztomeca,  con  que  rescataban  el  ámbar  de  que  se  hacen   los  bezotes

ricos y otros bezotes que llamaban tencolli, los cuales usaban los hombres

valientes  por  muestra  de  su valentía,  que  no  temían  la  muerte  ni  la

guerra, y eran muy diestros en el arte de pelear, y de cautivar.  

Rescataban  con  lo  dicho  arriba  también  plumas  ricas  como  eran

quetzales, y xiuhtótotl, y chalchiuhtótotl, y si alguna vez los conocían a

estos mercaderes mexicanos los naturales, luego los mataban, y así anda­

ban con gran peligro y con gran miedo; y cuando           ya        venían,  y        salían

de aquella provincia para venir a su tierra, venían con los          mismos tra­

jes,  que entre aquella gente habían  usado,  y en llegando a       Tochtépec,

donde  eran  tenidos  en  mucho,  allí  dejaban  aquel      traje  y tomaban  el

traje mexicano,      y allí los daban bezotes de ámbar,     y orejeras y mantas

de maguey, tejidas como tela de cedazo, y les daban aventaderos o mos­ caderos hechos de plumas ricas, y también les daban unos báculos ador­ nados con unas borlas de pluma amarilla de papagayos, con que venían por el camino hasta llegar a México.

 

En llegando a México, luego iban a ver a los principales mercaderes y daban relación de toda la tierra que habían visto, estos que se llama­

ban nauáloztomeca.

Habiendo oído los principales mercaderes la relación de lo que pasa­ ba, iban luego a dar noticia al señor de México, y decían: “Señor nues­ tro, lo que pasa en la provincia de Tzicanatlan, y lo que en ella hay es esto, lo que te traemos y está en vuestra presencia, y esto no lo hemos habido de balde, que las vidas de algunos ha costado; algunos naualoz-tomeca murieron en la demanda”.

 

Habiéndole contado por menudo todo lo que pasó, concluyendo de­ cían: “De esta manera que habernos dicho han buscado vuestros siervos tierra para nuestro señor dios Huitzilopochtli: Primero descubrieron la provincia de Anáhuac, y la pasearon, que estaba toda llena de riquezas, y esto secretamente, como espías que eran disimulados como merca­ deres”.

 

Después que murió el señor de México que llamaban Ahuitzotzin, fue electo por señor Moteccuzoma, que era natural de Tenochtitlan, (y ) como fue electo guardaba las costumbres que tenían los mercaderes y honrábalos y particularmente honraba a los principales mercaderes y a los que trataban en esclavos, y los ponían cabe sí, como a los generosos y capitanes de su corte, como lo habían hecho sus antepasados.

 

Y los senadores que regían al Tlatilulco y los que regían a los merca­ deres estuvieron muy conformes y muy amigos, y muy a una, y los seño­ res mercaderes que regían a los otros mercaderes, tenían por sí su juris­ dicción y su judicatura; y si alguno de los mercaderes hacía algún delito, no los llevaban delante de los senadores, a que ellos los juzgasen, mas los mercaderes mismos, que eran señores de los otros mercaderes, juzga­ ban las causas de todos los mercaderes por sí mismos. Y si alguno in­ curría en pena de muerte ellos le sentenciaban, y mataban, o en la cárcel, o en su casa, o en otra parte según que lo tenían de costumbre.

 

Cuando los cónsules se sentaban en la audiencia aderezábanse con atavíos de gravedad y de autoridad, poníanse barbotes de oro u otros barbotes de otras maneras, y los señores que regían a los pochteca, cuando juzgaban, componíanse con los aderezos arriba dichos, los cuales eran también insignias de que eran valientes, de que habían ido a la provincia de Anáhuac, entre los enemigos. También se componían de estos aderezos en las grandes fiestas. También los señores que regían los mercaderes tenían cuidado de regir el tiánquez, y todos los que en él compraban y vendían, para que ninguno agraviase a otro ni injuriase a otro, y a los que delinquían en el tiánquez ellos los castigaban; y ponían los precios a todas las cosas.

 

Y cuando alguna vez el señor de México mandaba a los mercaderes disimulados que fuesen a alguna provincia, si allá los prendían o los mataban sin dar buena respuesta, o buen recibimiento, a los que iban como mensajeros del señor de México sino que los prendían o mataban,

 

luego el señor de México hacía gente para ir de guerra sobre aquella provincia, y en el ejército que iba los mercaderes eran capitanes y ofi­ ciales del ejército, elegidos por los señores que regían a los mercaderes; ellos daban el cargo a los que iban y los instruían de lo que habían de hacer. Elegían también por capitán general a uno de los principales mercaderes que se llamaba Quahpoyaualtzin. Por mando de éste se hacía la gente para la guerra en México, y en Texcoco, y en Huexotla, y en

Coatlichan, y en Choleo, y en Huitzilopochco, y en Azcapotzalco, y en

 

Quauhtitlan, y en Otumba; de todos estos lugares dichos se recogía la gente para ir a esta guerra, que tocaba a los mercaderes. Yendo por los caminos, al pueblo que llegaban los de Tlatilulco, todos se aposentaban en una casa y ninguno faltaba; y si alguno forzaba a alguna mujer, los mismos principales de los del Tlatilulco se juntaban y le sentencia­ ban, y así le mataban; y si alguno de los pochtecas del Tlatilulco enfer­ maba, y moría, no le enterraban, sino poníanle en un cacaxtli, como suelen componer los difuntos, con su barbote, y teñíanle los ojos de negro y teñíanle de colorado el rededor de la boca, y poníanle unas ban­ das blancas por el cuerpo, y poníanle unas tiras anchas de papel a ma­ nera de estola, como se la pone el diácono, desde el hombro al sobaco; habiéndole compuesto, poníanle en un cacaxtli y atábanle en él muy bien, y llevábanle a lo alto de algún monte, y ponían el cacaxtli levan­ tado, arrimado a un palo, hincado en tierra, y allí se consumía aquel cuerpo, y decían que no moría, sino que se iba al cielo en donde está el sol. Lo mismo decían de todos los que morían en la guerra, que se habían ido a donde está el sol.

 

(Lib. IX, cap. v)

 

ADICIONES

LA FIESTA DE LOS MERCADERES

 

1.    Ahora bien, cuando ya van a comenzar a danzar los cantores, primeramente hacen ofrendas delante de Huitzilopochtli. Colocan sus ofrendas: flores, tabaco. Colocan eso en “La estera de agua”, en “La Casa del Aguila”.

 

2.    Pero después van haciendo ofrendas en cada uno de los templos así llamados: Huitznahuac, Puchtlan, Yohpico, Tlamahtzinco, Mo-mozco.

 

3.    Puramente queda la casa de los que hacen la ofrenda. Allí, a la medianía del patio, delante de los tambores, está colocado un arma­ dijo de grama:

 

4.    Sobre él se colocan las flores de escudo, los collares de flores, las guirnaldas de flores, y también allí se colocan dos cazoletas de taba­ co, allí se coloca la caña de tabaco: están ardiendo.

 

5.    Cuando se han hecho las ofrendas, luego se empieza a cantar. Aún hay un poquito de sol cuando se da principio al canto.

6.    En primer lugar, se dan silbos con las manos. Cuando oyen estos silbos los que hacen el convite, suspiran. Toman la tierra para llevarla a la boca todos, cuantas mujeres hay allí habitando, y los veci­ nos, cuando oían los silbidos, decían:

 

7.    “Se ha manifestado hablando nuestro señor el dios”. Y luego con un solo dedo toman tierra para llevarla a la boca. Y eso mismo hace el que celebra la fiesta.

 

8.    Entonces apresuradamente toma el cucharón del fuego; cucha­ rea el fuego, pone allí goma de quemar blanca: es la de cacto, la muy lograda, sin mácula, sin tacha, muy limpia: se llamaba su fortuna.

 

9.    Luego va a hacer su ofrenda de fuego a medio patio. Va llevando codornices.

 

10.  Cuando ha llegado donde está el tambor luego coloca el cucha­ rón del fuego. Primeramente corta el cuello a las codornices, las echa por tierra: allí están aleteando.

 

11.  Ve bien para donde dirige la convulsión: si acaso se endereza hacia el Norte — Sitio de los Muertos— , lado derecho del mundo, se atemorizaba mucho, se espantaba con el agüero, decía:

 

12.  “¡Voy a contraer una enfermedad, voy a morir!”.

 

13.  Pero si estaba en dirección de donde el sol sale, o donde se mete, o al lado izquierdo de la tierra, se alegraba mucho de ello y decía:

14.  “Ya no hay enojo de nuestro señor dueño del universo; allí está mi buena suerte”.

 

15.  Luego toma su cucharón de fuego, va a pararse frente al tam­ bor. Cuatro veces eleva su incensador por donde el sol nace: lo llama­ ban "Rumbo de donde la luz”.

 

16.  Y el segundo lugar donde hacía la ofrenda de fuego era por donde el sol se mete: lo llamaban “En las mujeres”. También cuatro veces eleva su incensador.

 

17.  Y el tercer lugar donde hacía la ofrenda de fuego era por el lado izquierdo del mundo: lo llamaban “En la tierra de los surianos”. También cuatro veces eleva su incensador.

 

18.  Y el cuarto lugar donde hacía la ofrenda de fuego era por el lado derecho del mundo: lo llamaban “En la tierra de los culebras de nube” (e.d. los norteños). También cuatro veces eleva su incensador.

 

19.  En todos estos lugares hacía la ofrenda de fuego, y cuando ha acabado de ofrecer fuego, coloca las brasas en un gran brasero; sola­ mente mete el incensador.

 

20.  Cuando el que hace el convite ha terminado de incensar, ya salen los que han de danzar: el Jefe de tropas, el Jefe del arsenal, en suma, todos los de “cabeza rapada” y los “otomíes”, los capitanes de guerra, los comandantes primeros.

 

21.  Por lo que hace a los jefes de traficantes, ellos no bailaban, sino que estaban en hilera vigilando, por ser ellos los que hacían el banquete.

 

22.  Pero los traficantes veteranos eran los que recibían a la gente con flores y cañas de tabaco, con collares de papel con espejitos verdes y un penacho de fibra de maguey con lunetas de metal precioso.

 

23.  Muy al principio va el dar de comer a la gente hongos. Los comían al tiempo que se dice toque de flautas. Ningún alimento ha­ bían comido, sino solamente un poco de cacao bebían por la noche.

 

24.  En cuanto a los hongos, los comían en miel. Cuando les hace efecto el hongo, entonces se ponen a bailar o a llorar.

 

25.  Pero algunos que aún están en su juicio, se meten a su lugar; se sientan pegados a la pared; ya no bailan, sino que están cabizbajos.

26.  Uno ve que va a morir, se pone a llorar. Otro ve que ha morir en guerra. Otro ve que será comido de fieras.

 

27.  Otro ve que ha de ser cautivado en guerra. Otro ve que va a ser rico, a ser feliz, tenido por persona de representación.

 

28.  Otro ve que ha de comprar gente, ha de ser dueño de esclavos. Otro ve que va a ser adúltero: ha de ser quebrantado de la cabeza con piedras, oprimido por piedras.

 

29.  Otro ve que será ladrón: también será oprimido por piedras. Otro ve que su cabeza será apedreada, que lo han de encerrar en cárcel.

30.  Otro ve que ha de morir en agua. Otro ve que él ha de pasar su vida en quietud y calma y en esa forma morirá.

31.  Otro ve que ha de caer del terrado y ha de morir de la caída. Estas son unas cuantas cosas de las que pueden suceder a las gentes: todo eso lo veían allí, o que se ahogarían en el agua.

 

32.  Y cuando (el efecto del) hongo los ha dejado, se ponen a conversar, se dicen lo que han visto.

 

33.  También para los que no han comido los hongos les ven lo que les ha de suceder y lo que ellos mismos han de hacer: unos robarán, otros serán adúlteros.

 

34.  Estas son por ejemplo algunas de las cosas de todas las dichas: hará cautivos, será capitán, será jefe de muchachos, morirá en guerra, llegará a ser persona, adquirirá esclavos, ha de ser cantor, ofrecerá vícti­ mas compradas, será adúltero, morirá con un cordel al cuello, morirá en el agua, se anegará.

 

35.  Lo que les ha de suceder todo lo veían allí, lo mismo que si iban a morir tal vez en la costa.

 

36.  Y cuando ha llegado el partimiento de la noche, precisamente al mediar la noche, el que ha convidado al banquete va a pagar su deuda.

 

37.  Lo que hace es quemar papeles goteados de hule. Lo hacía en la forma que se dijo arriba.

 

38.  Y es entonces cuando se bebe por segunda vez: dos o tres veces se da a beber cacao a la gente en la noche.

 

39.  De tal modo, toda la noche bailan; cuando ya amanece, can­ tan. Puede ser un canto común y conocido, o un canto al estilo de Huexotzinco, o un canto al estilo de Chalco.

40.  Y los mencionados dones de ofrenda: flores, tabaco, el incen­ sador todos los enterraba con ceniza en el medio del patio.

41.  Al enterrar aquello (decía): “Espinas y tabaco enterramos: lo comerán nuestros hijos, nuestros nietos que vengan. No del todo ha de perecer”.

(Códice matritense, RAH, lib. IX, cap. viii. Traducción de Angel

María Garibay K., Vida económica de Tenochtitlan.  1, Pochtecáyotl

( Arte  de  traficar ),           Fuentes Indígenas de la cultura Náhuatl,      3,

Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, México, 1961, pp. 99 -107).

 

 

LA CULTURA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FILOSOFIA MORAL

 

PROLOGO

 

Todas las naciones, por bárbaras y de bajo metal que hayan sido, han puesto los ojos en los sabios y poderosos para persuadir, y en los hombres eminentes en las virtudes morales, y en los diestros y valientes en los ejercicios bélicos, y más en los de su generación que en los de las otras. Hay de esto tantos ejemplos entre los griegos y latinos, españoles, fran­ ceses e italianos, que están los libros llenos de esta materia. Esto mismo se usaba en esta nación indiana, y más principalmente entre los mexica­ nos, entre los cuales, los sabios retóricos, y virtuosos, y esforzados, eran tenidos en mucho; y de éstos elegían para pontífices, para señores, y principales y capitanes por de baja suerte que fuesen. Estos regían las repúblicas y guiaban los ejércitos, y presidían los templos.

 

Fueron, cierto, en estas cosas extremados, devotísimos para con sus dioses, celosísimos de sus repúblicas, entre sí muy urbanos; para con sus enemigos, muy crueles; para con los suyos, humanos y severos; y pienso que por estas virtudes alcanzaron el imperio, aunque les duró poco y ahora todo lo han perdido, como verá claro el que cotejase lo contenido en este libro con la vida que ahora tienen. La causa de esto no la digo por estar muy clara. En este libro se verá muy claro que lo que algunos émidos han afirmado, que todo lo escrito en estos libros, antes de éste y después de éste, son ficciones y mentiras, hablan como apasionados y mentirosos, porque lo que en este libro está escrito no cabe en entendi­ miento de hombre humano el fingirlo, ni hombre viviente pudiera fin­ gir el lenguaje que en él está. Y todos los indios entendidos, si fueran preguntados, afirmarían que este lenguaje es propio de sus antepasados, y obra que ellos hacían.

 

 

(Lib. VI)

 

EL LENGUAJE Y AFECTOS QUE  USABAN CUANDO ORABAN AL PRINCIPAL DE LOS DIOSES LLAMADO TEZCATLIPOCA Y YOALLI EHECATL, DEMANDANDOLE SOCORRO CONTRA LA POBREZA. ES ORACION DE LOS SATRAPAS EN LA CUAL LE CONFIESAN POR SEÑOR DE LAS RIQUEZAS, DESCANSO Y CONTENTO Y PLACERES Y DOLOR DE ELLAS, Y SEÑOR DE LA ABUNDANCIA

 

¡Oh  señor  nuestro,  valerosísimo,  humanísimo,  amparador!,  vos  sois  el

que nos dais vida, y sois invisible y no palpable, señor de todos y señor

de las batallas; aquí me presento delante de V. M.,         que      sois amparador

y  defensor,  aquí  quiero  decir  algunas  pocas  palabras  a                   V. M.  por  la

necesidad que tienen los pobres populares y gente de baja suerte y de

poco caudal,  en  hacienda,  y  menos  en  el  entender  y  discreción;  que

cuando  se  echan  a  la  noche  no  tienen  nada,  ni  tampoco  cuando  se

levantan  a la  mañana,  pásanseles la  noche  y el día  en                       gran  pobreza.

Sepa V. M. que vuestros vasallos y siervos padecen       gran                 pobreza,  tanto

cuanto no se puede encarecer más de que es grande su pobreza y desam­

paro; los hombres no tienen una manta con que se cobijen, ni las mu­

jeres  alcanzan  unas  naguas        con  que  se envuelvan y tapen  sus  carnes,

sino algunos andrajos por todas partes rotos, y que por todas partes entra

el aire y el frío;  con gran  trabajo y gran cansancio pueden  allegar lo

que es menester para comer cada día, andando por las montañas y pára­

mos buscando su mantenimiento; andan tan flacos y tan descaecidos que

traen  las  tripas  pegadas  a          las  costillas,  y todo  el          cuerpo repercutido;

andan como espantados en            la cara y cuerpo,  como          imagen            de muerte:

y estos tales, si son mercaderes solamente venden sal en panes y chile

desechado,  que la  gente,  que algo tiene no cura de estas cosas, ni las

tiene  en nada,  y ellos las  andan  a vender  de puerta  en  puerta,  y de

casa  en  casa,  y cuando  estas  cosas  no  se les venden,  asiéntanse  muy

tristes cerca de algún seto, o de alguna pared, o en un rincón, allí están

relamiendo los bezos y royendo las uñas de las manos con la hambre que

tienen;  allí  están   mirando          a la  boca  de  los  que  pasan  esperando  que

los  digan  alguna   palabra.           ¡Oh  señor  nuestro  muy        piadoso!,  otra  cosa

no menos dolorosa quiero decir, que la cama en que se echan no es para

descansar sino para padecer tormento en ella; no tienen sino un andrajo

que echan sobre sí de noche,  de esta manera duermen,              y          en  cama de

tal  manera  como  está  dicho  arrojan  sus  cuerpos.  Y los  hijos  que  les

habéis dado por la miseria en  que se crían,  por la          falta     de la comida

y no tener con qué cubrirse traen la cara amarilla, y todo el cuerpo de

color de tierra,  y andan  temblando  de  frío;  algún       andrajo            traen  estos

tales en lugar de manta,  atado al cuello, y otro semejante las mujeres

atado por las caderas, y andan pegada la barriga con las costillas; pué-

 

denlos  contar todos sus huesos;  andan  azcadillando5  con  flaqueza,  no

 

pudiendo andar, andan llorando y suspirando,     y llenos de tristeza; toda

la desventura junta está en ellos, todo el día no se quitan de sobre el

fuego; allí hallan un poco de refrigerio.                                                  

¡Oh señor nuestro humanísimo,     invisible,  impalpable!  Suplícoos ten­

gáis por bien de apiadaros de ellos,          y de conocerlos por vuestros vasallos

y siervos, pobrecitos que andan llorando y suspirando, llamándoos y cla­

mando en vuestra presencia y deseando vuestra misericordia con angus­

tia de corazón.  ¡Oh señor nuestro,           en cuyo poder está dar todo contento

y refrigerio y dulcedumbre, y suavidad y riqueza y prosperidad, porque

vos solo sois el señor de todos      estos bienes,  suplícoos          hayáis misericor­

dia de ellos porque vuestros  siervos son!  Suplícoos,     señor,  que  tengáis

por bien de que experimenten un poco de vuestra ternura y regalo y de

vuestra dulcedumbre y suavidad, que a la verdad tienen grande necesi­

dad y gran trabajo; suplícoos que levanten su      cabeza con vuestro favor

y ayuda; suplícoos tengáis por bien que tengan algunos días de prosperi­

dad y descanso. Suplícoos tengan algún tiempo en que su carne, y sus

huesos reciban alguna recreación y holgura. Tened por bien, señor, que

duerman y descansen con reposo.  Suplícoos les deis días de vida prós­

peros y pacíficos; cuando fuéredes           servido les       podéis quitar, y esconder

y ocultar lo que les habéis dado, como lo hayan  gozado algunos pocos

días, como quien goza de  alguna flor olorosa y hermosa que  en breve

tiempo se marchita, y esto cuando les fuere causa de soberbia, de pre­

sunción y altivez las mercedes que les habéis hecho, y con ellas se hicie­

ren briosos y presuntuosos y atrevidos; entonces las podéis dar a los tris­

tes,  llorosos y angustiados,  pobres  y menesterosos  que  son humildes  y

obedientes  y serviciales  y familiares  en  vuestra  casa,  y hacen  vuestro

servicio       con  grande  humildad           y diligencia  y os        dan      su  corazón  muy

de veras.                                                                                                              

Y    si este pueblo por quien te ruego y suplico que le hagas bien,  no

conociere el bien que le dieres, le quitarás el bien y echarle has la mal­

dición,        que le venga todo el mal para que sea pobre necesitado, y manco

y cojo,        ciego y sordo, y entonces se espantará          y verá el bien que tenía

y en qué ha parado,  y entonces te llamará y        se acogerá a ti,  y no le

oirás, porque en el tiempo de la abundancia no conoció el bien que le

hicistes. En conclusión,  suplícoos, señor humanísimo y beneficentísimo,

que tenga   por       bien     V. M. de dar a gustar a este pueblo las riquezas y

haciendas   que      vos      soléis  dar,      y  de  vos  suelen        salir,    que  son  dulces

y suaves y que dan contento y regalo,  aunque no sean sino por breve

tiempo,  y como sueño  que  pasa,  porque  cierto  ha  mucho  tiempo  que

anda  triste  y pensativo y lloroso,  delante  de    V. M.,  por       la  angustia  y

trabajo        y          afán     que      siente  su cuerpo,  y su  corazón        sin       tener  descanso

 

5     Probablemente derivado de azocan. Dic. de Aut.: “Azacan, Metaphoricamente se dice del que anda ocupado en cosas de poco provecho, y de mucho trabajo, mal trajeado y vestido. . . ” (R.C. ).

 

ni placer alguno, y de esto no hay duda ninguna sino que a este pueblo pobre y menesteroso y desabrigado, le acontece todo lo que tengo dicho. Y esto por sola vuestra liberalidad y magnificiencia lo habéis de hacer, que ninguno es digno ni merecedor de recibir vuestras larguezas, por su dignidad y merecimiento, sino que por vuestra benignidad sacáis de­ bajo del estiércol y buscáis entre las montañas a los que son vuestros servidores y amigos y conocidos, para levantarlos a riquezas y digni­ dades. ¡Oh señor nuestro humanísimo!, hágase vuestro beneplácito como lo tenéis en vuestro corazón ordenado, y no tengamos que decir. Yo, hombre rústico y común, ni quiero con importunación y prolijidad dar fastidio y enojo a V. M., de donde proceda mi mal y mi perdición y mi castigo, ¿adonde hablo?, ¿adonde estoy? Hablando con V.M. bien sé que estoy en un lugar muy eminente, y hablo con una persona de gran majestad, en cuya presencia corre un río que tiene una barranca profundísima y precisa, o tajada, y asimismo está en vuestra presencia un resbaladero donde muchos se despeñan; no hay nadie que no yerre delante de V. M., y yo hombre de poco saber y muy defectuoso en el hablar, en haberme atrevido a hablar delante de V. M. yo mismo me he puesto al peligro de caer en la barranca y sima de este río. Yo con mis manos he venido a tomar ceguedad para mis ojos, y pudrimiento y tullimiento para mis miembros, y pobreza y aflicción para mi cuerpo, por mi bajeza y rusticidad; esto es lo que yo merezco recibir. Vivid y reinad para siempre, vos que sois nuestro señor, y nuestro abrigo y amparo, humanísimo, piadosísimo, invisible e impalpable, en toda quie­ tud y sosiego.

 

(Lib. VI, cap. ii)

 

EL  LENGUAJE   Y  AFECTOS  QUE  USABAN       CUANDO

ORABAN AL PRINCIPAL DIOS LLAMADO TEZCATLIPOCA, TEYOCOYANI,  TE1MAT1N1,  PRIMER  PROVEEDOR  DE  LAS COSAS NECESARIAS, DEMANDANDO FAVOR PARA EL SEÑOR  RECIEN  ELECTO  PARA  QUE  HICIESE  BIEN

 

SU  OFICIO.  ES  ORACION  DE  LOS  SATRAPAS,  QUE CONTIENE  SENTENCIAS MUY DELICADAS

 

Hoy, día bienaventurado, ha salido el sol, hanos alumbrado, hanos comu­ nicado su claridad y su resplandor, en que sea labrada una piedra pre­ ciosa, un precioso zafiro; hanos aparecido una nueva lumbre, hanos llegado una nueva claridad, hásenos dado un hacha muy resplande­ ciente, que ha de regir y gobernar nuestro pueblo, y ha de tomar a cuestas los negocios y trabajos de nuestra república. Ha de ser imagen y substituto de los señores y gobernadores que ya pasaron de esta vida, los cuales algunos días trabajaron en llevar a cuestas las pesadumbres de esta vuestra gente, y vinieron a poseer vuestro trono y vuestra silla,

 

que

es    la  principal  dignidad  de  este vuestro pueblo,        provincia,        reino;

la cual tuvieron  y poseyeron  en  vuestro nombre y en vuestra  persona

algunos pocos días. Ya son idos, ya pasaron de esta vida y dejaron aque­

lla  gran  carga  que  trujeron  a  cuestas,  carga  de  gran  peso  y  de    gran

fatiga, y que pocos la pueden sufrir. Y ahora estamos maravillados cómo

has puesto tus ojos en  este hombre rústico y de poco     saber,   N.,       para

que  algunos  días,  o  algún  poco  tiempo  tenga  el  gobierno  de  vuestra

república  y  de  vuestro  pueblo,  provincia  o reino.  ¡Oh  señor  nuestro

humanísimo!,  ¿tenéis  por ventura  falta  de personas y de  amigos?,  no

por cierto,  que tantos tenéis que no se pueden contar     vuestros          amigos,

y este rústico y persona baja  ¿cómo habéis puesto los    ojos en él?       ¿Es

por ventura  por yerro,  o por no le conocer,  o es por ventura  que le

habéis puesto prestado entre tanto que buscáis otro que lo haga mejor

que  este  rústico,  indiscreto  y  desatentado  y  hombre  sin  provecho,  y

hombre que vive en  este mundo por demás?  Finalmente hacemos  gra­

cias  a V. M.  por la  merced  que  nos habéis  hecho,  y lo  que  en  esto

pretendéis vos solo lo sabéis, y por ventura ya está proveído este oficio:

hágase        vuestra  voluntad,  según  la  determinación  de       vuestro corazón.

Por ventura por algunos días y tiempo os servirá aunque defectuosamen­

te  en          este oficio,  o por ventura  dará  desasosiego y         pondrá  espanto,  o

por ventura hará las cosas sin consejo, y sin consideración, o por ventura

teniéndose  por  digno  de  aquella  dignidad  pensará  que  mucho  tiempo

permanecerá en ella, o por ventura se le volverá en triste sueño; o por

ventura le será ocasión de soberbia y de  presunción       esta dignidad  que

V. M. le ha dado,  y menospreciará a todos,  o por ventura  andará        con

pompa y con fausto. V. M. sabe a qué se ha de inclinar de aquí a pocos

días,  porque nosotros los hombres  somos vuestro espectáculo o vuestro

teatro, de quien vos os reís y os regocijáis. Por ventura perderá su dig­

nidad por sus niñerías o por su descuido y pereza, que a la verdad nin­

guna           cosa  se  esconde  a  V. M.,  porque   vuestra  vista   penetra            las        pie­

dras y          maderos, y también vuestro oído;      o por ventura la perderá         por

la arrogancia y jactancia interior de sus pensamientos y por esta causa

daréis con él en el muladar y le arrojaréis en el estiércol, y su merecido

será  ceguedad  y  tullimiento  y  extrema  pobreza  hasta  la  hora  de  su

muerte,  donde  le  pondréis  debajo  de  vuestros  pies.  Y pues  que     este

pobre          está puesto en este peligro y en  este riesgo,  suplícoos,       pues     que

sois nuestro señor y amparador invisible e impalpable, por cuya virtud

vivimos y debajo de cuya voluntad y albedrío estamos,  y que vos solo

disponéis y proveéis en todo, que tengáis por bien de hacer misericordia

con este pobre y menesteroso vuestro vasallo y siervo, ciego y privado de

los ojos,  de le proveer de vuestra lumbre y resplandor,  para     que      sepa

lo que ha de hacer, lo que ha  de obrar y el camino que ha de llevar

para no errar en su oficio, según vuestra  disposición      y voluntad. V. M.

sabe lo que le ha de acontecer de día y de noche en        su oficio,         ¡oh señor

nuestro humanísimo! Sabemos que nuestros caminos y obras no están tan­

 

to en  nuestra

mano          como  en  la  mano  del  que  nos  mueve;  si  alguna

cosa aviesa o          mal hecha hiciere  en  la  dignidad que le habéis dado,  y

en la silla en que le            habéis puesto, que es vuestra, donde está tratando

los negocios populares, como quien lava cosas sucias con agua muy clara

y muy  limpia,  en  la         cual  silla,  y  dignidad  tiene  el  mismo  oficio  de

lavar vuestro          padre  y madre  de  todos los dioses,  el dios antiguo,           que

es el dios del fuego,           que está en medio       de las flores,  y           en        medio  de

la  alberca  cercada  de  cuatro  paredes,  y  está  cubierto  en  plumas  res­

plandecientes que  son como alas.                        con que provoque       vuestra ira

Lo que  este electo hiciere mal hecho,                             

e indignación y despierte vuestro castigo contra sí, no será de   su albedrío

o de su querer,  sino de vuestra  permisión,  o de alguna  otra  sugestión

vuestra, o de otro, por lo cual os suplico tengáis por bien de abrirle los

ojos,  darle  lumbre  y        abrirle  las  orejas,                  y guiadle  a  este         pobre  electo,

no tanto por lo que es él sino principalmente por aquellos a quien         ha

de regir y llevar a cuestas; suplico ahora, desde el principio, le inspiréis

lo  que  ha  de  hacer          y le  infundáis  en                   su  corazón  el  camino  que  ha

de llevar,  pues que le habéis hecho vuestra  silla  en  que  os habéis  de

asentar,  y también le habéis hecho como flauta vuestra para,  tañendo,

significar vuestra voluntad. Hacedle, señor, como verdadera imagen vues­

tra, y no permitáis que en vuestro trono y en vuestro estrado se enso­

berbezca  o altivezca;  mas antes  tened,  señor,  por bien  que  asosegada-

mente y cuerdamente rija y gobierne  a               aquellos  de quien  tiene cargo,

que es la gente popular,  y no permitáis,  señor,  que  agravie  ni veje  a

sus súbditos,  ni  sin  razón  y sin justicia  eche  a perder  a  nadie;  y no

permitáis, señor, que mancille y ensucie vuestro trono y vuestro estrado

con alguna injusticia o agravio, que haciendo esto pondrá también mácu­

la en vuestra honra y en vuestra fama.                                                    

Ya, señor, este pobre hombre ha aceptado y recibido la honra y seño­

río que V. M. le ha dado, ya tiene la posesión de la gloria           y riquezas;

ya, señor, lo           habéis adornado las manos    y los pies, y la cabeza,  orejas

y bezos, con barbote y orejeras y con brazaletes,  y con cuero amarillo

para las gargantas de los pies;  no permitáis,  señor,  que estos atavíos e

insignias y ornamentos le sean causa de altivez y presunción, mas antes

tened por bien, señor, que os sirva con humildad y llaneza.  ¡Oh, señor

humanísimo!,  tened  por bien  que  rija  y gobierne  vuestro  señorío  que

ahora le habéis encomendado,  con toda prudencia y sabiduría; plegaos,

señor, de ordenar y tened por bien que ninguna cosa haga mal hecha,

con  que  os            ofenda,           y  tened  por  bien                   de  andar  con  él  y  guiarle  en

todo. Y si esto no habéis de hacer, ordenad desde luego que sea aborre­

cido y mal querido, y que muera en la guerra a manos de           sus enemigos

y se vaya a la casa del sol, donde está guardado como una piedra precio­

sa y estimado su corazón como un  zafiro,  y entregue  su  cuerpo y  su

corazón  al  señor sol,  muriendo  en  la  guerra  como hombre  valeroso  y

esforzado;  muy mejor le  estará  esto que  ser deshonrado         y          despreciado

 

en este mundo, y mal querido y aborrecido de los suyos por sus faltas o defectos. ¡Oh señor humanísimo que proveéis a todos de lo necesario!, tened por bien, que esto se haga así, como os lo tengo rogado y suplicado.

 

(Lib. VI, cap. iv)

 

EL LENGUAJE Y AFECTOS QUE  USABAN ORANDO A TEZCATL1POCA,  DEMANDANDOLE  TUVIESE  POR  BIEN DE QUITAR DEL SEÑORIO, POR MUERTE  O POR OTRA VIA, AL SEÑOR QUE NO HACIA BIEN SU OFICIO: ES LA ORACION  O MALDICION  DEL MAYOR  SATRAPA, CONTRA EL SEÑOR, DONDE SE PONE MUY EXTREMADO LENGUAJE Y MUY DELICADAS METAFORAS

¡Oh  señor nuestro humanísimo,  que  hacéis  sombra     a todos los       que  a

vos se allegan, como el árbol de muy gran altura y anchura!  Sois invi­

sible e impalpable, y tenemos entendido que penetráis con vuestra vista

las piedras y árboles, viendo lo que dentro está escondido, y por la misma

razón veis y entendéis lo que está dentro de nuestros corazones, y veis

nuestros pensamientos:  nuestras ánimas en vuestra presencia son como

un  poco de humo  y de niebla,  que  se levanta  de la tierra.  No  se os

puede  ahora  esconder,  señor,  las obras y maneras       de vivir            de        fulano;

veis y sabéis sus     cosas, y las causas de su altivez y      ambición         que tiene

un corazón cruel y duro, y usa de la dignidad que le habéis dado así

como el borracho   usa del vino, y como el loco de los beleños,  esto es,

que la riqueza y dignidad y abundancia que por breve tiempo le habéis

dado, que se pasa como el sueño, del señorío y trono vuestro que posee

esto le  desatina y altivece y         desasosiega,  y se vuelve  en  locura,  como

el que come beleños que le aloquecen. Así a éste la prosperidad le hace

que  a  todos  menosprecie  y a  ninguno  tenga  en  nada,  parece  que  su

corazón está armado de espinas muy agudas, y también su cara; y esto

bien se parece en su manera de vivir y en  su manera de hablar,  que

ninguna cosa hace ni dice que dé contento a nadie; no cura        de        nadie,

ni  toma  consejo  con  nadie,  vive según  su parecer      y según           su        antojo.

¡Oh señor nuestro humanísimo,  y amparador de  todos y proveedor de

todas las cosas, y   criador y hacedor de todos!:  esto      es muy cierto,  que

él se ha desbaratado y desatinado, y se ha hecho como hijo desagrade­

cido de los beneficios de su padre, y está hecho como un borracho que

no   tiene seso; las  mercedes que le habéis hecho y         la dignidad     en  que

le habéis puesto,  ha sido la  ocasión de su perdición.                

Allende lo dicho tiene otra cosa harto reprehensible y dañosa, que no

es devoto ni ora      a los dioses,    ni llora delante de ellos, ni se entristece

por  sus  pecados,   ni  suspira;       y  esto  le  procede  de           haberse            desatinado

en   los vicios como borracho,      anda como una persona baldía           y vacía y

 

muy desatinada; no tiene consideración  de quién  es,  ni  del oficio que

 

tiene; ciertamente deshonra y afrenta a la dignidad y trono que tiene,

que es cosa vuestra y debía ser muy honrada y reverenciada, porque de

ella depende la justicia y rectitud  de la judicatura  que  tenéis  para  el

sustento y buen regimiento de      vuestro pueblo, vos,  que sois amparador

de todos, y para que la gente baja no sea agraviada, ni oprimida de los

mayores; asimismo de ella depende el castigo y humillación de aquellos

que no tienen respeto a vuestro trono y dignidad. Y también los merca­

deres,  que  son  a  quien  vos confiáis  más  de  vuestras  riquezas,  y  dis­

curren y andan por todo el mundo y por las montañas y despoblados,

buscando con lágrimas vuestros dones y mercedes y regalos, lo cual vos

dais  con  dificultad  y  a  quien  son  vuestros  amigos:  todo  esto  recibe

detrimento  con  no hacer  él  su   oficio  como  debe;  ¡oh  señor!,  que  no

solamente  os deshonra  en  lo ya  dicho,  pero  aun  también  cuando  nos

solemos juntar  a cantar y tañer los vuestros cantares,  donde demanda­

mos las vuestras mercedes y dones,  y donde  sois alabado y rogado,  y

donde los tristes  y afligidos  y     pobres  se esfuerzan  y consuelan,  y los

que  son cobardes  se esfuerzan    para  morir en  la  guerra,  en  ese lugar

santo y tan  digno de reverencia, hace este hombre disoluciones,  y des­

truye la devoción y desasosiega a los que en este lugar os sirven y ala­

ban,  en  el cual vos juntáis  y       señaláis  a los  que  son vuestros  amigos,

como el pastor señala sus ovejas,  cuando  se cantan  vuestros  loores.  Y

pues que vos,  señor, sois y sabéis ser verdad todo lo que he  dicho  en

vuestra presencia,  no hay más      sino que hagáis           vuestra santa voluntad,

y el beneplácito de vuestro corazón,  remediando este negocio; a lo me­

nos, señor, castigadle de tal manera que sea escarmiento para los demás,

para que no le imiten en su mal vivir; véngale de vuestra mano el cas­

tigo, según que a vos pareciere, ora sea enfermedad  ora otra cualquier

aflicción,  o le privad  del señorío para  que  pongáis  a otro de  vuestros

amigos,  que  sea  humilde,  devoto  y  penitente,            que      tenéis  vos  muchos

tales,  que  no  os  faltan  tales  personas  cuales  son       menester  para este

oficio, los cuales os están esperando y llamando, y los tenéis conocidos

por  amigos  y siervos  que lloran  y  suspiran  en           vuestra presencia         cada

día.  Elegid  alguno  de  éstos  y   tomad  alguno  de  éstos         para  que         tenga

la dignidad de este vuestro reino y señorío; haced           experiencia de algu­

no de éstos. Cuál de estas cosas ya dichas quiere V. M. conceder:  o qui­

tarle el señorío, dignidad y riquezas con que se ensoberbece, y darlo a

alguno  que  sea  devoto y  penitente  y  os ruegue  con  humildad,  y  sea

hábil y de buen ingenio, humilde y obediente; o por ventura sois servido,

que  éste  a  quien  han  ensorberbecido  vuestros  beneficios  caiga  en  po­

breza y en miseria,  como uno  de los más  pobres  rústicos,  que  apenas

alcanzan qué comer ni qué beber ni qué vestir;    ¿o por ventura place a

V. M.  de hacerle  un  recio castigo,  de  que  se  tulla  todo  el  cuerpo,  o

incurra  en  ceguedad  de los ojos,  o se le pudran  los miembros,  o por

ventura sois servido de sacarle      de  este  mundo          por       muerte  corporal,  y

 

que se vaya al infierno, a la casa de las tinieblas y obscuridad, donde hemos de ir todos, donde está nuestro padre y nuestra madre la diosa del infierno y el dios del infierno? Paréceme, señor, que esto le con­ viene más, para que descansen su corazón y su cuerpo allá en el infier­ no, con sus antepasados que están ya allá en el infierno. ¡Oh señor nues­ tro humanísimo!, ¡qué es lo que más quiere vuestro corazón, vuestra voluntad sea hecha! A esto que ruego a V. M. no me mueve envidia ni odio, ni con tal intención he venido a vuestra presencia; lo que me mueve no es otra cosa sino el robo y mal tratamiento que se hace a los populares, y la paz y prosperidad de ellos. No querría, señor, pro-vocar contra mí vuestra ira e indignación, que soy un hombre bajo y rústico; bien sé, señor, que penetráis los corazones y sabéis los pensa­ mientos de todos los mortales.

 

(Lib. VI, cap. vi)

 

 

EL  LENGUAJE  Y AFECTOS  QUE  USABAN CUANDO

 

ORABAN AL DIOS DE LA PLUVIA LLAMADO TLALOC EL CUAL TENIAN QUE ERA SEÑOR Y REY DEL PARAÍSO TERRENAL, CON OTROS MUCHOS DIOSES SUS SUJETOS, QUE LLAMABAN TLALOQUES, Y SU HERMANA LLAMADA

 

CH1COMECOATL: LA DIOSA CERES. ESTA ORACION USABAN LOS SATRAPAS EN TIEMPO DE SECA PARA PEDIR AGUA A LOS ARRIBA DICHOS: CONTIENE MUY DELICADA MATERIA; ESTAN  EXPRESOS EN  ELLA MUCHOS DE LOS ERRORES QUE ANTIGUAMENTE TENIAN

 

¡Oh señor nuestro humanísimo, y liberal dador y señor de las verduras y frescuras, y señor del paraíso terrenal, oloroso y florido, y señor del incienso o copal! ¡Ay dolor, que los dioses del agua vuestros sujetos se han recogido y escondido en su recogimiento — los cuales suelen dar las cosas necesarias, y son servidos con ulli y con yauhtli y con copal— y dejaron escondidos todos los mantenimientos necesarios a nuestra vida, que son piedras preciosas, como esmeraldas y zafiros; y lleváronse con­ sigo a su hermana la diosa de los mantenimientos, y también se llevaron consigo la diosa del chilli o ají. ¡Oh señor nuestro, dolor de nosotros que vivimos, que las cosas de nuestro mantenimiento por tierra van, todo se pierde y todo se seca, parece que está empolvorizado y revuelto con telas de arañas por la falta del agua! ¡Oh dolor de los tristes maceguales y gente baja!, ya se pierden de hambre, todos andan desemejados y desfigurados: Unas orejas traen como de muertos; traen las bocas secas, como esparto, y los cuerpos que se les pueden contar todos los huesos, bien como figura de muerte; y los niños todos andan desfigurados y amarillos, de color de tierra, no solamente aquellos que ya comienzan

 

a andar,  pero aun  también  todos los que  están  en

las  cunas;  no  hay

nadie a quien no llegue esta aflicción y tribulación  de la hambre que

ahora hay.                         

Hasta  los animales y aves padecen  gran  necesidad  por  razón  de  la

sequedad que hay; es gran angustia de ver las aves, unas de ellas traen

las alas caídas y arrastrando,  de hambre,  otras que        se van cayendo de

su  estado,  que  no pueden  andar,  y otras  abiertas  las  bocas  de  sed  y

hambre; y los animales, señor nuestro, es gran dolor de verlos que andan

azcadillando y cayendo de hambre, y andan lamiendo la tierra de ham­

bre, andan las lenguas colgadas y las bocas abiertas carleando de hambre

y de sed. Y la gente toda pierde el seso,  y se mueren  por la  falta  de

agua:  todos perecen sin quedar nadie.                

Es  también,  señor,  gran  dolor ver toda la haz de la tierra  seca,  ni

puede criar ni producir las yerbas ni los árboles,  ni cosa ninguna  que

pueda  servir de mantenimiento;  solía como padre  y madre  criarnos,  y

darnos leche con los mantenimientos y yerbas y frutos  que  en  ella  se

criaban, y   ahora todo está seco,  todo está perdido,       no parece sino que

los  dioses  Tlaloques  lo llevaron  todo  consigo,  y lo    escondieron  donde

ellos  están  recogidos,  en  su  casa,  que  es  el  paraíso  terrenal.  ¡Señor

nuestro:  todas las cosas que nos solíades dar por vuestra largueza,  con

que vivíamos y nos alegrábamos,  y que  son vida y alegría  de  todo  el

mundo, y que son preciosas como esmeraldas y como zafiros, todas estas

cosas se nos han ausentado y se nos han ido! Señor nuestro, dios de los

mantenimientos  y dador  de  ellos,  humanísimo  y piadosísimo,           ¿qué  es

lo que habéis determinado de hacer de nosotros? ¿Habéisnos por ventura

desamparado del todo? ¿No se aplacará vuestra ira e indignación? ¿Habéis

determinado  que  se  pierdan  todos  vuestros  siervos    y  vasallos,      y  que

quede desolado y despoblado vuestro pueblo,  reino o señorío?  ¿Está ya

determinado por ventura  que esto se haga? ¿Determinóse en el cielo y

en el infierno?                   

¡Oh señor, siquiera concededme esto, que los niños inocentes que aún

no saben andar, y los que están aún en las cunas, sean proveídos de las

cosas de comer, porque vivan y no perezcan en esta necesidad tan gran­

de! ¿Qué han hecho los pobrecitos para que sean afligidos y muertos de

hambre? Ninguna ofensa han hecho, ni saben qué cosa es pecar, ni han

ofendido a los dioses del cielo ni a los del infierno; y si nosotros hemos

ofendido en muchas cosas, y nuestras ofensas han llegado al cielo y al

infierno,  y los  hedores  de  nuestros  pecados  se han  dilatado  hasta  los

fines de la tierra, justo es que seamos destruidos y acabados; ni tenemos

qué decir, ni con qué nos excusar, ni con qué resistir a lo que está de­

terminado contra nosotros en  el cielo y en  el infierno.  Hágase,  perda­

mos todos, y esto con brevedad por (que)  no suframos tan  prolija fa­

tiga, que más grave es lo que padecemos que si estuviésemos en el fuego

quemándonos.  Cierto,  es cosa espantable  sufrir  el hambre,  que  es  así

como una   culebra que con deseo de comer está tragando la saliva y está

 

carleando, demandando de comer, y está voceando porque le den co­ mida; es cosa espantable ver la agonía que tiene demandando de comer; es esta hambre tan intensa, como un fuego encendido, que está echando de sí chispas o centellas. Hágase, señor, lo que muchos años ha que oímos decir a los viejos y viejas que pasaron, caiga sobre nos el cielo y desciendan los demonios del aire llamados tzitzimites, los cuales han de venir a destruir la tierra con todos los que en ella habitan, y para que siempre sean tinieblas y oscuridad en todo el mundo y en ninguna parte haya habitación de gente. Esto los viejos lo supieron y ellos lo divulgaron, y de mano en mano ha venido hasta nosotros, que se ha de cumplir hacia el fin del mundo, después que ya la tierra estuviere harta de producir más criaturas. ¡Señor nuestro: por riquezas y pasatiempos tendremos que esto venga sobre nosotros!

 

¡Oh pobres de nosotros!, tuviérades ya por bien, señor, que viniera pestilencia, que de presto nos acabara, la cual plaga suele venir del dios del infierno. En tal caso, por ventura, la diosa de los mantenimientos y el dios de las mieses hubieran proveído de algún refrigerio, con que los que muriesen llevasen alguna mochila para andar el camino hacia el infierno. Ojalá esta tribulación fuera de guerra, que procede de la impresión del sol, la cual él despierta como fuerte y valeroso en la tierra, porque en este caso tuvieran los soldados y valientes hombres, fuertes y belicosos, gran regocijo y placer en hallarse en ella, puesto que allí mueren muchos y se derrama mucha sangre, y se hinche el campo de cuerpos muertos y de huesos, y calaveras de los vencidos, y se hinche la haz de la tierra de cabellos de las cabezas que allí se pelan, cuando se pudren; y esto no se teme con tener entendido que sus almas van a la casa del sol, donde se hace aplauso al sol con voces de alegría, y se chupan las flores de diversas maneras, con gran delectación, donde son glorificados y ensalzados todos los valientes y esforzados que mu­ rieron en la guerra. Y los niños chiquitos tiernos que mueren en la guerra son presentados al sol muy limpios y pulidos y resplandecientes, como una piedra preciosa, y para ir su camino a la casa del sol, vuestra hermana, la diosa de los mantenimientos, los provee de la mochila que han de llevar, porque esta provisión de las cosas necesarias, es el es­ fuerzo y ánimo y el bordón de toda la gente del mundo, y sin ella no hay vivir. Pero esta hambre con que nos afliges, oh señor nuestro hu­ manísimo, es tan aflictiva y tan intolerable, que los tristes de los maceguales no lo pueden sufrir ni soportar y mueren muchas veces es­ tando vivos; y no solamente este daño siente la gente toda, pero también todos los animales. ¡Oh señor nuestro piadosísimo, señor de las verdu­ ras, y de las gomas y de las yerbas olorosas y virtuosas! Suplícoos tengáis por bien de mirar con ojos de piedad a la gente de este vuestro pueblo, reino o señorío, que ya se pierde, ya peligra, ya se acaba, ya se des­ truye y perece todo el mundo, hasta las bestias y animales y aves se pierden y acaban sin remedio ninguno. Pues que esto pasa así, como

 

digo, suplícoos tengáis por bien de enviar a los dioses que dan los man­

 

tenimientos,  y dan las pluvias y temporales,  y que  son señores  de las

yerbas  y  de  los  árboles,  para  que  vengan  a  hacer  sus  oficios  acá  al

mundo;  ábrase la riqueza y la prosperidad de vuestros tesoros,  y mué­

vanse las sonajas de alegría,  que son báculos de los señores dioses del

agua,  y tomen  sus cotaras de ulli para  caminar con ligereza.  Ayudad,

señor,  a nuestro señor dios de la tierra,    siquiera con una  mollizna  de

agua porque él nos cría y nos mantiene cuando hay agua; tened por bien,

señor,  de consolar al maíz            y a los etles 6, y a los otros mantenimientos

muy deseados y muy necesarios que están sembrados y plantados en los

camellones de la tierra, y  padecen  gran necesidad y gran  angustia por

la falta de agua. Tened por bien, señor, que reciba la gente esta merced

y este favor de vuestra mano, que merezcan ver y gozar de las verduras

y frescuras, que son como piedras preciosas, que es el fruto y la sustancia

de los señores Tlaloques, que son las nubes que traen consigo y siembran

sobre nosotros la pluvia. Tened por bien, señor, que se alegren y rego­

cijen los animales, y las yerbas, y tened por bien que las aves y pájaros

de preciosas plumas como son el quechol y zacuan vuelen y canten,  y

chupen las yerbas y flores. Y no sea esto con truenos y rayos,  signifi-

cadores  de vuestro  enojo,            porque  si vienen  nuestros  señores   Tlaloques

con truenos y rayos, como los maceguáles están  flacos y toda la  gente

muy debilitada del hambre,  espantarlos han,  y atemorizarlos han;  y si

algunos están ya señalados           para  que vayan al paraíso  terrenal,  heridos

y muertos con rayos, sean solos éstos y no más, y no se haga daño,  ni

fraude a otro alguno a la demás gente que andan  derramados por los

montes y por las cabañas,  ni tampoco dañen  a los árboles, y magueyes

y otras plantas que nacen  de la tierra, que son necesarias para la vida,

y mantenimiento y sustento de la gente pobre y desamparada y desechada,

que con dificultad pueden haber los mantenimientos para vivir y pasar

la vida,  los cuales de hambre  andan  las tripas vacías y pegadas  a las

costillas.  ¡Oh señor humanísimo, generosísimo, dador de todos los man­

tenimientos, tened, señor, por bien de consolar a la tierra y a todas las

cosas que viven sobre la haz de la tierra!  Con gran suspiro        y angustia

de mi corazón llamo, y ruego a todos los que sois dioses del agua, que

estáis  en  las  cuatro  partes  del  mundo, oriente,            occidente,       septentrión

y austro, y los que habitáis            en las concavidades de la tierra, o en el aire,

o en los montes altos, o en las cuevas profundas, que vengáis a consolar

esta pobre gente y a regar  la tierra, porque los ojos de los que habitan

en la tierra,  así hombres,   como animales            y aves, están puestos  — y su

esperanza— en vuestras personas. ¡Oh señores nuestros, tened por bien de venir!

 

(Lib. VI, cap. viii)

 

6 Frijoles. (M .).

 

EL LENGUAJE Y AFECTOS QUE USABA EL SEÑOR DESPUES DE ELECTO PARA HACER GRACIAS A TEZCATLIPOCA POR HABERLE ELECTO EN SEÑOR, Y PARA DEMANDARLE FAVOR

 

Y    LUMBRE PARA HACER BIEN SU OFICIO, DONDE SE HUMILLA DE MUCHAS MANERAS

“¡Oh  señor  nuestro,  humanísimo  amparador  y  gobernador,  invisible  e

impalpable! Bien   sé que me tenéis conocido, que soy un         pobre hombre

y de baja suerte,     criado y nacido entre estiércol, hombre         de poca razón

y de bajo juicio, lleno de muchos defectos y faltas, ni me sé conocer ni

considerar  quién  soy:  habéisme  hecho  gran  beneficio,  gran  merced  y

misericordia,  sin merecerlo,  ya que tomándome del estiércol me habéis

puesto en la dignidad y trono real; quién soy yo, señor mío, y qué es mi

valor  (para)  que  me  pongáis  entre  los  que  vos  amáis          y  conocéis,  y

tenéis por amigos escogidos y dignos de toda honra, y nacidos y criados

para las dignidades y tronos reales  (que)  para este efecto los criasteis

hábiles y prudentes, tomados de nobles y generosos padres, y para esto

criados y enseñados, y que fueron nacidos y bautizados en signos y cons­

telaciones en que nacen los señores, y para ser vuestros instrumentos y

vuestras  imágenes,  para  regir  vuestros  reinos,  estando  dentro  de  ellos

y hablando por su boca y pronunciando ellos vuestras palabras, y para

que se conformen con el querer del antiguo dios y padre de todos los

dioses que es el dios del fuego,  que está en el alberca del agua entre

almenas, cercado de piedras como rosas, el cual se llama           Xiuhtecutli, el

cual  determina,     examina  y concluye los negocios  y litigios  del  pueblo

y de la gente popular, como lavándoles con agua; al cual siempre acom­

pañan y están en su presencia las personas generosas arriba dichas.

¡Oh humanísimo señor, regidor y gobernador, gran merced me habéis

hecho! Por ventura, ¿esto ha sido por intercesión de los lloros y lágrimas

que derramaron      los pasados señores,  y señoras,  que  tuvieron  cargo de

este reino? Cosa sería de gran locura que yo pensase que por mis mere­

cimientos y por mi valer me  habéis hecho  esta merced,  de me  haber

puesto en el regimiento muy pesado y muy dificultoso, y aun espantoso

de vuestro reino,  que es como una  carga que  se lleva a cuestas,  muy

pesada, que con gran dificultad la llevaron a cuestas los señores pasados

que  le  rigieron  en  vuestro  nombre.  ¡Oh  señor  humanísimo,  regidor  y

gobernador, invisible e impalpable, criador y sabedor de           todas las cosas

y pensamientos, adornador de las almas, ¿qué diré más, pobre de mí? ¿Qué modo tendré en gobernar y regir esta vuestra república? ¿Cómo tengo de llevar esta carga del regimiento de la gente popular, que soy ciego y sordo, que aun a mí no me sé conocer ni regir, porque soy acostumbrado de andar entre el estiércol, y mi facultad es buscar y vender yerbas para comer y traer leña a cuestas para vender? Lo que yo merezco, señor, es ceguedad de los ojos y tullimiento y pudrimiento de los miembros, andar vestido de un andrajo y de una manta rota; éste es

 

mi merecido y lo que se me debía dar, y yo soy el que tengo necesidad de ser regido y de ser traído a cuestas, pues que tenéis muchos amigos y muchos conocidos a quien podéis encomendar este cargo.

 

Pero pues que ya tenéis determinado de ponerme en escarnio y risa del mundo, hágase vuestra voluntad y vuestro querer, y cúmplase vuestra palabra; por ventura no conocéis quién yo soy, y después que me cono­ ciereis quién yo soy, buscaréis a otro, quitándome a mí del regimiento, tornándolo a tomar en vos y escondiendo en vos esta dignidad y esta honra, estando ya cansado y enfadado de sufrirme; y lo daréis a otro muy amigo y conocido vuestro, que es vuestro devoto, y llora y suspira y así merece esta dignidad. O por ventura, es como sueño, o como quien se levanta durmiendo de la cama, esto que me ha acontecido, ¡Oh señor, que presente estáis en todo lugar, sabéis todos los pensamientos y dis­ tribuís todos los dones, plágaos de no me esconder vuestras palabras y vuestras inspiraciones! Con brevedad y súbitamente somos nombrados para las dignidades; pero ignoro el camino por donde tengo de ir, no sé lo que tengo de hacer; plégaos de no me esconder la lumbre y el espejo que me ha de guiar; no permitáis, señor, que yo descamine y eche por las montañas y por los riscos a los que tengo que regir, y llevar a cuestas; no permitáis, señor, que los guíe por caminos de conejos y de venados; no permitáis, señor, que se levante alguna guerra contra mí, no permitáis que venga alguna pestilencia sobre los que tengo de regir porque no sabré lo que en tal caso tengo de hacer, ni por dónde tengo de guiar a los que llevo a cuestas. ¡Oh desventurado de mí, que soy inhábil e ignorante, no querría que viniese sobre mí alguna enfer­ medad, porque en este caso era echar a perder vuestro pueblo y vuestra gente, y desolar y poner en tinieblas vuestro reino! ¿Qué haré, señor y criador, si por ventura cayere en algún pecado carnal y deshonroso, y así echare a perder el reino? ¿Qué haré si por negligencia o por pereza echare a perder mis súbditos? ¿Qué haré si desbarrancare o despeñare por mi culpa a los que tengo de regir?

 

Señor humanísimo, invisible, e impalpable: ruégoos que no os apar­ téis de mí, idme visitando muchas veces, visitad esta casa pobrecita, porque os estaré esperando en esta pobre casa, en esta pobre posada, con gran deseo. Espero, y demando con grande instancia vuestra palabra y vuestra inspiración, con las cuales inspirasteis, insuflasteis a vuestros amigos y conocidos que rigieron con diligencia y con rectitud vuestro reino, que es la silla de V.M. y honra, donde a un lado y a otro se sientan vuestros senadores y principales, que son vuestra imagen y como vuestra persona propia, los cuales sentencian y hablan en las cosas de la república en vuestro nombre, y usáis de ellos como de vuestras flautas, hablando dentro de ellos y poniéndoos en sus caras y en sus oídos, y abriendo sus bocas para bien hablar; y en este lugar burlan y ríen de nuestras boberías los negociantes con los cuales estáis vos holgándoos, porque son vuestros amigos y vuestros conocidos, y allí inspiráis e insu-

 

fiáis a vuestros devotos que lloran y suspiran en vuestra presencia, y os

 

dan de verdad su corazón y por esto los adornáis con prudencia y sabi­

duría, para que vean como un espejo de dos haces, donde se representa

la imagen de cada uno; y por la misma causa los dais una hacha muy

clara, sin ningún humo, cuya claridad se extiende por todas partes.      

“También por esta causa les dais dones y joyas preciosas, colgándoselas

del cuello y de las orejas, como se cuelgan las joyas corporales como son

el nacochtli,           el         téntetl, el tlalpiloni, que es la borla de la cabeza, y el

matemécatl,            que      es la correa adobada que atan a la muñeca    los señores,

y con cuero  amarillo atado a las pantorrillas,  y con  cuentas  de  oro y

plumas ricas.  En   este lugar del buen  regimiento y gobierno del  reino

se merecen vuestras riquezas y vuestra gloria, y vuestros deleites y vues­

tras suavidades,     y          en este lugar se merece el sosiego y  tranquilidad,  y

la vida pacífica y el contento, lo cual viene de vuestra mano.  En  este

mismo lugar se merecen las cosas adversas y trabajosas, como son enfer­

medades y pobrezas y el abreviamiento de la vida, lo cual viene de vues­

tra mano a los que en este estado no hacen el deber.                              

¡Oh señor nuestro humanísimo, sabedor de los pensamientos, y dador

de los dones! ¿Está por ventura en mi mano que soy un pobre hombre

el modo de me regir? ¿Está en mi mano la manera de mi vivir? ¿Y las

obras que tengo de hacer en mi oficio? Que es vuestro reino y vuestra

dignidad, y no mía, lo que vos quisiéredes que haga, ayudándome, y lo

que fuere la vuestra voluntad  que haga  según vuestra  disposición,  eso

haré; el camino      que me enseñáredes ése seguiré, lo que        me       inspiráredes

y pusiéredes           en        mi corazón,  eso diré y hablaré.  ¡Señor        nuestro  huma­

nísimo!  En vuestras manos me  pongo totalmente,  porque  yo no  tengo

posibilidad  para  regirme  ni  gobernarme,  porque  soy ciego   y  soy tinie-

bla,  y soy un rincón  de estiércol; tened por bien,  señor,  de darme un

poquito de lumbre, aunque no sea más de cuanto echa de sí una luciér­

naga que anda de noche, para ir en este sueño, y en esta vida dormida

que  dura  como  espacio  de  un  día,  donde  hay  muchas  cosas  en  que

tropezar y muchas cosas en que dar ocasión de reír,  y    otras cosas      que

son  como   camino            fragoso,  que se han  de pasar saltando;        todo esto         ha

de   pasar    en        esto     que me habéis  encomendado,  en  darme     vuestra  silla

y vuestra    dignidad.                               

¡Señor  nuestro  humanísimo!  Ruégoos  que  me  vayáis  visitando  con

vuestra lumbre para  que no me yerre y para  que  no me  desbarate,  y

para  que    no me  den  grita mis vasallos;  señor nuestro           piadosísimo;    ya

me habéis hecho espaldar de vuestra silla, y vuestra flauta,  sin ningún

merecimiento mío;  ya soy vuestra boca y vuestra cara,  y          vuestras           ore­

jas,  y vuestros dientes,  y vuestras uñas,  aunque  soy un  pobre hombre,

quiero decir, que indignamente soy vuestra imagen y represento vuestra

persona,  y las palabras  que hablare  han  de  ser tenidas  como vuestras

mismas palabras,  y mi cara ha de ser estimada como la vuestra y mis

oídos como los        vuestros,  y los castigos que hiciere  han       de  ser tenidos

 

como si vos mismo los hiciéredes; por esto os ruego que pongáis dentro

 

de    vuestro  espíritu,    y  vuestras       palabras,          a  quien  todos  obedezcan

y a quien nadie pueda contradecir”.                                

El que dice esta oración delante  el dios Tezcatlipoca,  está en pie  e

inclinado hacia la tierra y los pies juntos; y los que  son muy devotos

están desnudos, y antes     que comience la         oración ofrecen copal al fuego

o  algún  otro  sacrificio,    y  si  están       con      su         manta  cubiertos  ponen  la

atadura de ella hacia los pechos, de manera que la parte delantera está desnuda, y algunos diciendo esta oración están en cuclillas y ponen el ñudo de la manta sobre el hombro; a esto llaman moquichtlalia.

 

(Lib. VI, cap. ix)

 

EL  LENGUAJE  Y  AFECTOS  QUE  USABAN  PARA  HABLAR,  Y AVISAR  AL  SEÑOR  RECIEN  ELECTO.  ES  PLATICA  DE ALGUNA PERSONA MUY PRINCIPAL,  UNO DE LOS SATRAPAS O DE ALGUN PILLI O TECUTLI, EL QUE MAS APTO ERA PARA HACERLA; TIENE  MARAVILLOSO LENGUAJE Y MUY DELICADAS METAFORAS Y

ADMIRABLES AVISOS

“¡Oh           señor  nuestro  humanísimo    y          piadosísimo,    amantísimo     y          digno

de  ser estimado más  que  todas  las        piedras  preciosas        y más   que      todas

las  plumas  ricas!  Aquí  estáis  presente;  haos  puesto  nuestro soberano

dios por  nuestro  señor,  a  la  verdad,  porque    han      fallecido,         hanse  ido

a sus recogimientos  los señores vuestros  antepasados,  los cuales murie­

ron  por mandado  de nuestro  señor,        partieron          de        este      mundo  el        señor

X. y N.,  etcétera; dejaron la carga de regimiento que traían  a cuestas,

debajo de la cual trabajaron como los que van camino y llevan a cues­

tas cargas muy pesadas.  Estos por ventura  acuérdanse,  o tienen  algún

cuidado del pueblo que regían, el cual está ahora despoblado y a obscu­

ras  y  yermo,  sin  señor,  por  la  voluntad  de  nuestro  señor   dios;  por

ventura  tienen  cuidado  o miran  su        pueblo,  que está         hecho una       breña

y una tierra inculta, y está la pobre gente sin padre y sin madre, huér­

fanos que no saben ni entienden,  ni  consideran lo que  conviene  a su

pueblo; están como mudos, no saben hablar, están como un cuerpo sin

cabeza.                                                                             

El último que nos ha dejado huérfanos es el señor fuerte y muy vale­

roso N., el cual por algún breve tiempo, por algunos pocos días le tuvo

prestado este pueblo, y este señorío y reino, y fue como cosa de sueño,

así le fue de entre las manos porque le llamó nuestro señor para ponerle

en el           regimiento de los otros difuntos, sus antepasados, que están           como

en arca o en cofre guardados; y así se fue para ellos, ya está con nues­

tro padre y madre el dios del infierno que se llama Mictlantecutli.         ¿Por

 

ventura volverá acá, de aquel lugar donde fue? No es posible que vuelva,

 

para  siempre se fue y        le perdió su reino;  en  ningún  tiempo le verán

acá los que viven, ni los que nacerán; para siempre se fue a su recogi­

miento; para siempre nos dejó,  apagada está nuestra  candela,  fuésenos

nuestra  lumbre;  ya  está desamparado,  ya  está  a  obscuras  el  pueblo  y

señorío de  nuestro señor dios,  que  él regía y alumbraba,          y          ahora está

a peligro de perderse y destruirse  este pueblo y  señorío que llevaba a

cuestas;  y lo  dejó  en       el  mismo  lugar  que  dejó     la         carga   que  llevaba;

allí está donde dejó a         su pueblo y reino,  pacífico y sosegado, y así le

tuvo todo el tiempo que le rigió pacíficamente;  gobernó pacíficamente,

poseyó el trono y silla que le fue dado por nuestro señor dios,  y puso

todas sus fuerzas e hizo toda su posibilidad para tenerle pacífico y sose­

gado hasta su muerte, no escondió sus manos, ni sus pies debajo de su

manta con pereza, sino que con toda diligencia   trabajó por       el bien de

su    reino.               gran consolación y gran regocijo,      ¡oh       humanísi­

Al presente tenemos                                 

mo señor nuestro!,  porque  nos ha  dado nuestro señor  dios,  por quien

vivimos, una lumbre y un resplandor del sol, que sois vos;         él os señala

y os demuestra con  el       dedo,  y os tiene escrito con letras     coloradas,  y

así está determinado allá arriba y acá abajo, en el cielo, y en el infierno,

que vos seáis el señor y poseáis la silla y estrado y dignidad de este reino,

ciudad o pueblo, brotado a la raíz de vuestros antepasados que pusieron

muy  profunda  y plantaron  de  muchos  años  atrás.      ¡Oh      señor  nuestro,

vos sois el que habéis de llevar la pesadumbre  de esta carga,  de  este

reino,  señorío o ciudad!  Vos sois el  que habéis  de  suceder  a vuestros

antepasados los señores reyes, vuestros progenitores, para llevar la carga

que ellos llevaron; vos,      señor, habéis de poner vuestras espaldas debajo

de  esta carga grande,  que  es el regimiento de  este reino;  en vuestras

espaldas y  en vuestro       regazo,  y en vuestros brazos pone nuestro  señor

dios este oficio y dignidad, de regir y gobernar a la gente popular, que

son  muy     antojadizas  y muy  enojadizas.  Vos,  señor,  por    algunos  años

los   habéis  de sustentar     y regalar, como a niños que están  en la cuna.

Vos habéis de poner en nuestro regazo y en nuestros brazos a la gente

popular; vos los habéis      de halagar, y hacerles el son para que duerman

el tiempo que viviéredes en este mundo.                                                

¡Oh señor nuestro serenísimo y muy precioso, ya se determinó en el

cielo y en el infierno ya se averiguó, ya os cupo esta suerte,  a vos os

señaló, sobre vos cayó la elección de nuestro señor dios soberano!  ¿Por

ventura  os podréis  esconder,  o ausentar?  ¿Podréis vos  escapar  de  esta

sentencia? ¿O por ventura os escabullirías, o hurtaríais el cuerpo? ¿Qué

estimación tenéis de dios nuestro señor? ¿Qué estimación tenéis de los

hombres que os eligieron, que son señores muy principales y muy ilus­

tres?  ¿En   qué estimación tenéis  a los reyes y señores que       os eligieron

y señalaron, y ordenaron por inspiración y ordenación de nuestro señor

dios, cuya   elección no se puede casar, ni variar por haber         sido por orde­

 

nación divina? El haberos elegido y nombrado por padre y madre de este reino, pues que esto es así, ¡oh señor nuestro humanísimo!, esfor­ zaos y animaos, y poned el hombro a la carga que os es encomendada y encargada; cúmplase y verifiqúese el querer y voluntad de nuestro señor. Por ventura por algún espacio de tiempo llevaréis la carga a vos encomendada, o por ventura os atajará la muerte, y será como sueño esta vuestra elección a este reino; mirad que no seáis desagradecido, teniendo en poco en vuestro pecho el beneficio de nuestro señor dios, porque él ve todas las cosas secretas y enviará sobre vos algún castigo, como le pareciere, porque en su querer y voluntad está que os anieble y desvanezca, u os enviará a las montañas, y a las sabanas, u os echará en el estiércol y entre las suciedades, o (que) os acontezca alguna cosa fea o torpe; por ventura seréis infamado de alguna cosa fea y vergon­ zosa, o por ventura permitirá dios que haya discordias y alborotos en el reino, para que seáis menospreciado y abatido, o por ventura os darán guerra otros reyes que os aborrecen y seréis vencido y aborrecido, o por ventura permitirá dios que venga sobre vuestro reino hambre y necesi­ dad. ¿Qué haréis si en vuestro tiempo se destruye vuestro reino, o nuestro señor dios enviase sobre vos su ira, enviando pestilencia? ¿Qué haréis si en vuestro tiempo se destruye el reino, y vuestro resplandor se volviese en tiniebla? ¿Qué haréis si se desolare en vuestro tiempo vuestro reino, o si por ventura viniere sobre vos la muerte antes de tiempo y en el principio de vuestro reino, y antes que os apoderéis de él os destruyere y matare, os pusiere debajo de sus pies nuestro señor todo­ poderoso? O por ventura súbitamente enviare sobre vos ejércitos de ene­ migos de hacia los yermos, o de hacia la mar, o de hacia las sabanas y despoblados, donde se suelen ejercitar las guerras, donde se suele derra­ mar la sangre, que es beber del sol y de la tierra, porque muchas e infi­ nitas maneras tiene dios de castigar a los que le desobedecen.

 

Y así es menester, oh señor nuestro y rey nuestro, que pongáis todas vuestras fuerzas, y todo vuestro poder para hacer el deber en la prose­ cución de vuestro oficio, y esto con lloros y suspiros, orando a nuestro señor dios, invisible e impalpable; llegaos, señor, a él muy de veras con lloros y lágrimas y suspiros, para que os ayude a pacíficamente regir vuestro reino, que es su honra; mirad que recibáis con afabilidad y hu­ mildad a los que vienen a vuestra presencia angustiados y atribulados; no debéis de decir, ni hacer cosa alguna arrebatadamente, oíd con sosie­ go y muy por entero las quejas e informaciones que delante de vos vinie­ ren, no atajéis las razones o palabras del que habla, porque sois imagen de nuestro señor dios y representáis su persona, en quien él está des­ cansando y de quien él usa, como de una flauta, y en quien él habla, y con cuyas orejas él oye; mirad, señor, que no seáis aceptador de per­ sonas, ni castiguéis a nadie sin razón, porque el poder que tenéis de castigar es de dios, es como con uñas y dientes de dios, para hacer justicia sois ejecutor de su justicia y recto sentenciador suyo; hágase

 

justicia, guárdese la rectitud, aunque se enoje quien se enojare, porque estas cosas os son mandadas de dios nuestro señor; dios no ha de hacer estas cosas porque en vuestra mano las ha dejado. Mirad, señor, que en los estrados y en los tronos de los señores y jueces no ha de haber arrebatamiento, o precipitamiento de obras, o de palabras, ni se ha de hacer alguna cosa con enojo; mirad que no os pase por pensamiento decir: Yo soy señor, yo haré lo que quisiere, que esto es ocasión de destruir y atropellar y desbaratar todo vuestro valor, y toda vuestra esti­ mación y gravedad y majestad; mirad que la dignidad que tenéis, el poder que se os ha dado sobre vuestro reino, o señorío, no os sea ocasión de ensoberbeceros y altiveceros, mas antes os conviene muchas veces acordaros de lo que fuisteis atrás, y de la bajeza de donde fuisteis tomado para la dignidad en que estáis puesto, sin haberlo merecido; debéis muchas veces decir, en vuestro pensamiento, ¿quién fui yo y quién soy ahora, que nunca yo merecí ser puesto en lugar tan honroso y tan eminente como estoy por mandado de nuestro señor dios, que más parece cosa de sueño que no verdad? Mirad, señor, que no dur­ máis a sueño suelto; mirad que no os descuidéis con deleites y placeres corporales; mirad que no os deis a comeres ni a beberes demasiado; mirad, señor, que no gastéis con profanidad los sudores y trabajos de vuestros vasallos, en engordaros y emborracharos; mirad, señor, que la merced y regalo que nuestro señor os hace en haceros rey y señor no la convirtáis en cosas de profanidad y locura y enemistades.

 

¡Oh señor nuestro y rey nuestro, y nieto nuestro, que nuestro señor dios está mirando lo que hacen los que rigen sus reinos, y cuando yerran en sus oficios danle ocasión de reírse de ellos y él se ríe de ellos y calla porque es dios, y hace lo que quiere y hace burla de quien quiere, porque a todos nosotros nos tiene en el medio de su palma, y nos está remeciendo, y somos como bodoques redondos en su palma, que anda­ mos rodando de una parte a otra y le hacemos reír, y (se) sirve de nosotros, de cómo andamos rodando de una parte a otra en su palma! ¡Oh señor nuestro y rey nuestro, esforzaos a hacer vuestra obra poco a poco! Por ventura por nuestros pecados no os merecemos y vuestra elección no será como cosa de sueño, y no se hará lo que nuestro señor quiere, que poseáis su reino y su dignidad real por algunos tiempos; por ventura os quiere probar y hacer experiencias de quién sois, y si no hiciéredes el deber, pondrá a otro en esta dignidad. Por ventura, ¿tiene pocos amigos nuestro señor dios? ¿Eres tú solo por ventura amigo? ¿Cuántos otros tienen sus conocidos? ¿Cuántos son los que le llaman, cuántos son los que dan voces en su presencia, cuántos son los que lloran, cuántos son los que con tristeza le ruegan, cuántos son los que en su presencia suspiran? Cierto, no se podrán contar; hay muchos generosos, prudentísimos y de grande habilidad y los que ya han tenido y tienen cargos (que) están en dignidades; de muchos es rogado y mu­ chos en su presencia dan voces; bien tiene a quien dar la dignidad

 

de sus reinos. Por ventura con brevedad y como cosa de sueño te pre­ senta (en ) su honra y su gloria; por ventura te da a oler, y te pasa por tus labios su ternura y su dulzura, y su suavidad, y su blandura y las riquezas que sólo él las comunica, porque sólo él las posee.

¡Oh muy dichoso señor!, humillaos e inclinaos y llorad con tristeza, y suspirad y orad y haced lo que nuestro señor quiere que hagáis, el tiempo que él por bien tuviere, así de noche como de día; haced vuestro oficio con sosiego, continuamente, orando en vuestro trono y en vues­ tro estrado con toda benevolencia y blandura, y mirad que no deis a nadie pena, ni fatiga, ni tristeza; mirad que no atropelléis a nadie, no seáis bravo para con nadie, y no habléis a nadie con ira, ni espantéis a ninguno con ferocidad. Conviene también, oh señor nuestro, que ten­ gáis mucho aviso en no decir palabras de burlas, o de donaires, porque esto causará menosprecio de vuestra persona, porque las burlas y donai­ res no son para las personas que están en vuestra dignidad, ni tampoco os conviene que os inclinéis a las burlas o chocarrerías de alguno, aun­ que sea muy vuestro pariente o propincuo, porque aunque sois nuestro prójimo en cuanto al ser de hombres, en cuanto al oficio sois como dios. Aunque sois nuestro prójimo y amigo, hijo y hermano, no somos vuestros iguales, ni os consideramos como a hombre, porque ya tenéis la persona y la imagen y conversación y familiaridad de nuestro señor dios, el cual dentro de vos habla y os enseña, y por vuestra boca habla, y vuestra boca es suya, y vuestra lengua es su lengua, y vuestra cara es su cara y vuestras orejas y os adornó con su autoridad, que os dio colmillos y uñas para que seáis temido y reverenciado. Mirad, señor, que no volváis a hacer lo que hacíais cuando no erais señor, que reíais y burlabais; ahora os conviene tomar corazón de viejo y de hombre grave y severo; mirad mucho por vuestra honra y por el decoro de vuestra persona y por la majestad de vuestro oficio, y vuestras palabras sean raras y muy graves, porque ya tenéis otro ser, ya tenéis majestad y ha­ béis de ser respetado y temido, y honrado y acatado; ya sois precioso y de gran valor, y persona rara a quien conviene toda reverencia y acatamiento y respeto; guardaos, señor, de menoscabar y amenguar y amancillar vuestra dignidad y valor, y la dignidad y valor de vuestra alteza y excelencia; advertid, señor, el lugar en que estáis que es muy alto, y la caída de él muy peligrosa. Pensad, señor, que vais por una loma muy alta y de camino muy angosto, y a la mano izquierda y a la mano derecha hay grande profundidd y hondura; no es posible salir del camino hacia una parte, ni hacia otra sin caer en un profundo abismo; debéis, señor, también guardaros de lo contrario, que no os hagáis bravo como bestia fiera, de quien todos tengan temor y horror; sed templado en el rigor, en el ejercitar vuestra potencia, y antes debéis quedar atrás en el castigo y en la ejecución del rigor, que no pasar adelante; nunca mostréis los dientes del todo, ni saquéis las uñas cuanto podáis; mirad,

 

señor, que no os demostréis espantoso, y temeroso, y áspero o espinoso;

 

esconded los dientes y las uñas.               

“Juntad y regalad y congregad, y mostraos blando y apacible a vues­

tros  principales  y a los mayores  de  vuestro  reino  y de  vuestra         corte;

y también os conviene, señor, de regocijar y alegrar a la gente popular,

según la  calidad y condición de la diversidad y grados que hay  en la

república,  conformándoos con las condiciones  de cada  grado y parcia­

lidad de la gente popular; tened, señor, solicitud y cuidado de los         areitos

y danzas, y de los aderezos e instrumentos que para ellos son menester,

porque es ejercicio donde los hombres esforzados conciben deseo de las

cosas de la milicia y de la guerra; regocijad, señor, y alegrad a la gente

popular con juegos y pasatiempos convenibles, (porque) con esto cobraréis

fama y seréis amado, y aun después de esta vida quedará vuestra fama y

vuestro amor, y lágrimas por vuestra ausencia acerca de los viejos y viejas

que os conocieron. ¡Oh felicísimo señor y serenísimo rey, persona preciosí­

sima, considerad que vais camino, y que hay lugares fragosos y peligrosos

en el camino por donde vais, y que habéis de ir muy con tiento, porque las

dignidades  y señoríos       tienen  muchos  barrancos  y muchos  resbaladeros

y deslizaderos,  donde       los lazos están  muy espesos,  y unos  sobre  otros,

que no hay camino libre ni seguro entre los lazos, y los pozos disimula­

dos,  cerrada  la boca con yerba,  y en  el profundo  tienen  estacas muy

agudas,  plantadas,  para  que los que cayeren se enclaven  en  ellas!  Por

lo cual conviene que sin cesar gimáis y llaméis a dios y suspiréis. Mirad,

señor, que no durmáis       a sueño suelto, ni os deis a las mujeres          porque

son  enfermedad  y muerte  a  cualquier  varón.   Conviéneos  dar         vuelcos

en la cama, habéis de estar en la cama pensando en las cosas de vuestro

oficio, y en dormir soñando las cosas de vuestro cargo. Y las cosas que

nuestro señor nos dio        para nuestro mantenimiento,  como son el    comer

y  el  beber,  repartidlo  con  vuestros  principales  y  cortesanos,  porque

muchos tienen  envidia      a los señores y reyes,  por tener  lo  que        tienen

y comer lo que comen y beber lo que beben; y por eso se dice que los

reyes y señores comen pan  de dolor.  No penséis,  señor,  que  el         estado

real y el trono y dignidad que es deleitoso y placentero, que no es sino

de grande trabajo, y de grande aflicción y de gran penitencia.   

“¡Oh bienaventurado señor nuestro, persona muy preciosa!; no quiero

dar pena ni  enojo a vuestro corazón;  no quiero caer  en vuestra  ira  e

indignación;  bástenme  los defectos  que  he  hecho,  y las  veces  que  he

tropezado  y resbalado,  y  aun  caído,  en  esta plática  que  tengo  dicha;

bástenme las  faltas y        defectos  que hablando he hecho,  yendo  a  saltos

de rana delante de nuestro señor invisible e impalpable, el cual está pre­

sente y nos está escuchando, y ha oído muy por el cabo todas las pala­

bras que he pronunciado imperfectamente y como balbuciendo, tartamu­

deando, y con mala orden y con mal aire. Pero con lo hecho he cum­

plido con lo que son obligados los viejos y ancianos de la república para

con sus señores recién       electos;  asimismo he cumplido con lo que debo

 

a nuestro señor, el cual está presente y lo oye, y a él se lo oferzco y presento. ¡Oh señor nuestro y rey: vivid muchos años trabajando en vuestro oficio real! Ya he acabado de decir”.

 

Este orador, que hace esta oración delante del señor recién electo, era alguno de los sacerdotes, muy entendido y muy retórico, o era algu­ no de los tres sumos sacerdotes, que el uno se llamaba Quetzalcóatl, y el otro Totectlamacazqui, y el tercero Tláloc, (que) eran sumos sacerdo­ tes, O por ventura la hacía alguno de los nobles v muy principales del pueblo, muy retórico; o algún embajador del señor de alguna pro­ vincia, muy entendido en el hablar, que no tiene empacho ninguno en lo que ha de decir, o por ventura era alguno de los senadores, muy sabio, o algún otro muy retórico y muy experto en hablar, que ninguna falta hace en lo que ha de decir, que le acude el lenguaje y lo que ha de decir a su voluntad; y esto es así necesario porque al señor recién electo le hablan de esta manera, y también cuando muere, porque en­ tonces, cuando recién electo, toma el poder sobre todos, tiene libertad de matar a quien quisiere, porque ya es superior, y por esta causa cuan­ do recién electo decírnosle todo lo que ha menester para hacer bien su oficio y esto con mucha reverencia y humildad; por esta causa el orador habla con gran tiento, llorando y suspirando.

 

(Lib. VI, cap. x)

 

 

EL LENGUAJE Y AFECTOS QUE LOS SEÑORES USABAN HABLANDO Y DOCTRINANDO A SUS HIJAS CUANDO YA HABIAN  LLEGADO A LOS AÑOS DE  DISCRECION: EXHORTANLAS A TODA DISCIPLINA Y HONESTIDAD INTERIOR  Y EXTERIOR  Y A LA CONSIDERACION  DE  SU NOBLEZA  PARA  QUE  NINGUNA  COSA  HAGAN  POR  DONDE AFRENTEN A SU LINAJE, HABLANLAS CON MUY TIERNAS PALABRAS Y EN  COSAS MUY  PARTICULARES

 

“Tú, hija mía, preciosa como cuenta de oro y como pluma rica, salida de mis entrañas, a quien yo engendré y que eres mi sangre y mi ima­ gen, que estás aquí presente, oye con atención lo que te quiero decir, porque ya tienes edad de discreción: dios criador te ha dado uso de razón y de habilidad para entender, el cual está en todo lugar y es criador de todos; y pues que es así que ya entiendes, y tienes uso de razón para saber y entender cómo son las cosas del mundo y que en este mundo no hay verdadero placer, ni verdadero descanso, mas antes hay trabajos y aflicciones y cansancios extremados, y abundancia de miserias y pobrezas. ¡Oh hija mía, que este mundo es de llorar y de aflicciones, y de descontentos, donde hay fríos y destemplanzas de aire,

 

y grandes calores  del sol,  que nos  aflige,  y es lugar de hambre  y de

 

sed! Esto es muy gran verdad y por experiencia lo sabemos.                            

“Nota bien lo que te digo, hija mía, que este mundo es malo y pe­

noso, donde no hay placeres, sino descontentos. Hay un refrán que dice

que no hay placer sin  que no esté junto  con mucha  tristeza,    que  no

hay descanso que no esté junto con mucha aflicción, acá en este mundo;

éste es dicho de los antiguos, que nos dejaron para que nadie                se aflija

con demasiados lloros y con demasiada tristeza.  Nuestro  señor           nos dio

la risa, y el sueño, y el comer y el beber con que nos criamos y vivimos,

dionos  también  el oficio de la  generación,  con  que  nos multiplicamos

en el mundo; todas estas cosas dan algún contento a nuestra vida por

poco espacio; para que nos aflijamos, continuos lloros y tristezas; y aun­

que esto es así, y éste es el estilo del mundo, y están algunos placeres

mezclados con muchas fatigas, no se echa de ver ni aun se teme, ni aun

se llora, porque vivimos en este mundo, y hay reinos y señoríos, y dig­

nidades y oficios de honra,  unos cerca de los  señoríos y reinos,  otros

cerca de las cosas de la milicia. Esto que está dicho es muy gran verdad

que pasa así en el mundo, mas nadie lo considera,  nadie piensa en la

muerte,  solamente se considera lo presente,  que es el ganar     de        comer

y beber y buscar la vida,  edificar casas y trabajar para vivir, y buscar

mujeres  para  casarse;  y las mujeres  cásanse pasando  del  estado  de  la

mocedad al estado de los casados; esto, hija mía, es así como he dicho.

Pues nota ahora y oye con sosiego,  que  aquí  está tu  madre     y          y          señora,

de cuyo vientre saliste, como una piedra que se corta de otra,                            te en­

gendró como una yerba que engendra a otra,  así tú brotaste      y          naciste

de tu madre; has estado hasta aquí como dormida, ahora ya has desper­

tado; mira y oye, y sábete que el negocio de este mundo es como tengo

dicho. Ruego a dios que vivas muchos días.                               

“Es menester que sepas cómo has de vivir, y cómo has de andar tu

camino,  porque  el camino  de  este mundo  es muy  dificultoso,                      y mira

hija mía, palomita mía, que el camino de este mundo no es poco difi­

cultoso,  sino  es  espantablemente  dificultoso.  Ten  entendido,  hija  mía

primogénita,  que  vienes de  gente noble,  de hidalgos y  generosos;  eras

de sangre de señores y senadores que ha ya muchos años que murieron,

y reinaron y poseyeron el trono y estrado del reino, y dejaron fama y

honra a las dignidades que tuvieron y engrandecieron su nobleza; nota,

hija mía, quiérote declarar lo que digo:  Sábete que eres noble y gene­

rosa, considérate y conócete como tal;  aunque eres doncellita  eres pre­

ciosa como un chalchihuite y como un zafiro, y fuistes labrada y escul­

pida de noble sangre,  de generosos parientes; vienes de parientes muy

principales e ilustres,  y esto que te  digo,  hija  mía,  bien  lo entiendes,

porque ya no andas amontonando la tierra y burlando con las    tejuelas

y con la tierra con otras niñas, que ya entiendes y tienes discreción y usas de razón; mira que no te deshonres a ti misma, mira que no te avergüences a ti misma, mira que no avergüences y afrentes a nuestros antepasados, se­

 

ñores y senadores; mira que no hagas alguna vileza, mira que no te hagas persona vil, pues que eres nobles y generosa. Ve aquí la regla que has de guardar para vivir bien en este mundo, entre la gente que en él vive, mira que eres mujer, nota lo que has de hacer de noche y de día, debes orar muchas veces y suspirar al dios invisible e impalpable, que se llama Yoalli Echécatl; demándale con clamores y puesta en cruz en el secreto de tu cama y de tu recogimiento; mira que no seas dormidora, despierta y levántate a la media noche, y póstrate de rodillas y de codos delante de él; inclínate y cruza los brazos, llama con clamores de tu corazón a nuestro señor dios, invisible e impalpable, porque de noche se regocija con los que le llaman; entonces te oirá, entonces hará misericordia con­ tigo, entonces te dará lo que te conviene y aquello de que fueres digna. Y si por ventura antes del principio del mundo te fue dada alguna sinies­ tra ventura, algún hado contrario en que naciste, orando y haciendo penitencia como está dicho se mejorará, y nuestro señor dios lo abonará. Mira, hija, que de noche te levantes y veles, y te pongas en cruz; echa de ti de presto la ropa, lávate la cara, lávate las manos, lávate la boca, toma de presto la escoba para barrer, barre con diligencia, no te estés perezosa en la cama; levántate a lavar las bocas a los dioses y a ofrecerlos incienso, y mira no dejes esto por pereza, que con estas cosas demandamos a dios y clamamos a dios, para que nos dé lo que cumple. Hecho esto comienza luego a hacer lo que es de tu oficio, o hacer cacao, o moler el maíz, o a hilar, o a tejer; mira que aprendas muy bien cómo se hace la comida y bebida, para que sea bien hecha; aprende muy bien a hacer la buena comida y buena bebida, que se llama comer y beber delicado para los señores, y a solos ellos se da, y por esto se llama tetónal tlatocatlacualli tlatocáatl, que quiere decir comida y bebida delicada, que a solos los señores y generosos les conviene; y mira que con mucha diligencia y con toda curiosidad y aviso aprendas cómo se hace esta comida y bebida, que por esta vía serás honrada y amada y enriquecida, donde quiera que dios te diere la suerte de tu casamiento. Y si por ven­ tura vinieres a necesidad de pobreza, mira, aprende muy bien y con gran advertencia el oficio de las mujeres, que es hilar y tejer; abre bien los ojos para ver cómo hacen delicada manera de tejer y de labrar, y de hacer las pinturas en las telas, y cómo ponen los colores y cómo jun­ tan los unos con los otros para que digan bien, las que son señoras y hábiles en este arte; aprende bien cómo se urde la tela y cómo se ponen los lizos en la tela, cómo se ponen las cañas entre la una tela y la otra, para que pase por en medio la lanzadera. Mira que seas en esto muy avisada y muy diligente; mira que no dejes de saber esto por negligencia o por pereza, porque ahora que eres mozuela tienes buen tiempo para entender en esto, porque tu corazón está simple y hábil y es como chal­ chihuite fino y como zafiro, y tiene habilidad porque aún no está aman­ cillado de algún pecado: está puro y simple y limpio, sin mezcla de alguna mala afección, y también porque aún vivimos los que te engen­

 

dramos, porque tú no te hiciste a ti, no te formaste, yo y tu madre tuvimos este cuidado y te hicimos, porque ésta es la costumbre del mun­ do, no es invención de alguno, es ordenación de nuestro señor dios que haya generación por vía de hombre y de mujer, para hacer multiplica­ ción y generación.

 

Y entre tanto que somos y vivimos, y en nuestra presencia y antes que muramos, antes que nos llame nuestro señor, conviénete mucho, hija mía muy amada, mi paloma, mi primogénita, que entiendas en estas cosas dichas y las sepas muy bien, para que después de nuestra muerte puedas vivir honrada y entre personas honradas, porque andar a coger yerbas o a vender leña, o a vender ají verde, o sal o salitre a los can­ tones de las calles, esto en ninguna manera te conviene, porque eres generosa y desciendes de gente noble e hidalga. Por ventura acontecerá lo que no pensamos y lo que nadie piensa, que alguno se aficionará a ti y te demandará, y si no estás experta en las cosas de tu oficio mujeril, ¿qué será entonces? ¿No nos darán con ello en la cara, y nos zaherirán, que no te enseñamos lo que era menester que supieses? Y si por ventura entonces ya fuéremos muertos, yo y tu madre, murmurarán de nosotros porque no te enseñamos cuando vivíamos, y dirán: mal siglo hayan, porque no enseñaron a su hija; y tú provocarás contra ti riñas y maldi­ ciones, tú serás causa de tu mal. Y si ya fueres diestra, en lo que has de hacer, no habrá ocasión entonces de que nadie te riña, no tendrá lugar la reprehensión; entonces con razón serás loada y honrada, y ten­ drás presunción y te estimarás, como si estuviese en los estrados de los que por sus hazañas en la guerra merecieron honra; presumirás de la rodela, como los buenos soldados; y si por ventura ya fueres diestra en tu oficio como el soldado en el ejercicio de la guerra, entonces, donde estuvieres, acordarse han de nosotros y nos bendecirán y honrarán por tu causa; y si por ventura no hicieres nada bien de lo que has de hacer, maltratarte han, pelearte han, y por ti se dirá que con dificultad te lavarás, o que no tendrás tiempo para rascarte la cabeza.

 

De estas dos cosas sólo dios sabe cuál te ha de caber, y para cuál de ellas te tiene, o que siendo diligente y sabia en tu oficio seas amada y tenida, o que siendo perezosa, y negligente y boba, seas maltratada y aborrecida. Mira, hija mía, que notes muy bien lo que ahora te quiero decir; mira que no deshonres a tus padres, ni siembres estiércol y polvo encima de tus pinturas, que significan las buenas obras y fama: mira que no los infames; mira que no te des al deleite carnal; mira que no te arrojes sobre el estiércol y hediondez de la lujuria; y si has de venir a esto, más valdría que te murieras luego. Mira, hija mía, que muy poco a poco vayas aprovechando en las cosas que te tengo dichas; porque si pluguiere a nuestro señor que alguno te quiera y te pida, no le deseches, no menosprecies la voluntad de nuestro señor porque él le envía, recí­ bele, tómale, no te excuses, no deseches ni menosprecies, no esperes a tres veces que te lo digan, no te hurtes, no te escabullas burlando.

 

Aunque eres nuestra hija, aunque vienes de parientes nobles y generosos,

 

no te jactes de ello porque ofenderás a nuestro señor, y apedrearte han

con piedras de estiércol y de suciedad,  quiero decir que permitirá que

caigas  en  vergüenza  y confusión  por  tu  mala  vida,  y  también  él  se

burlará de ti, y dirán ya quiere, ya no quiere; mira que no escojas entre

los hombres el que mejor te parezca,  como hacen los que van  a com­

prar las mantas al tiánquez o mercado; recibe al que te demanda, y mira

que no hagas como se hace  cuando  se crían  las mazorcas verdes,  que

son xilotes o elotes, que se buscan las mejores y más sabrosas; mira que

no desees algún hombre por ser mejor dispuesto; mira que no te enamo­

res de él apasionadamente. Si fuere bien dispuesto el que te demandare,

recíbele; y si fuere mal dispuesto y feo, no le deseches; toma aquél por­

que lo envía dios y si no le quisieres recibir él burlará de ti, deshonrarte

ha, trabajando a ver tu cuerpo por mala vía; y después te apregonará por

mala mujer.  Mira,  hija,  que  te  esfuerces,  y mira  muy bien  quién  es

tu enemigo, mira que nadie burle de ti, mira que no te des a quien no

conoces,  que  es como viandante  que  anda  bellaqueando  y  es bellaco;

mira hija que no te juntes con otro, sino con sólo aquel que te demandó;

persevera  con  él  hasta  que  muera;  no  le  dejes          aunque  él  te  quiera

dejar, aunque sea pobrecito           labrador, u oficial, o   algún hombre  común

de bajo linaje;  aunque no tenga  qué comer no le menosprecies,  no le

dejes, porque poderoso es nuestro señor de proveeros y honraros, porque

es sabedor de todas las cosas y hace mercedes a quien quiere.    que te

Esto que he dicho,  hija  mía,  te  doy para  tu     doctrina,  para

sepas valer; y con esto hago          contigo lo que debo    delante  de dios; y si

lo perdieres y lo olvidares,            sea  a tu  cargo,  que   yo ya hice mi  deber.

¡Oh  hija  mía  muy  amada,          primogénita  palomita,  seas bienaventurada

y nuestro señor te tenga en su paz y reposo”.                  

(Lib. VI, cap. xviii)

 

QUE EN ACABANDO EL PADRE DE EXHORTAR A LA HIJA, LUEGO DELANTE DE EL TOMABA LA MADRE LA MANO,

 

Y CON MUY AMOROSAS PALABRAS LA DECIA QUE TUVIESE EN MUCHO LO QUE SU PADRE LA HABIA

 

DICHO Y LO GUARDARE EN SU CORAZON COMO COSA MUY PRECIOSA, Y LUEGO  COMENZABA ELLA A DISCIPLINARLA DE LOS ATAVIOS QUE HA DE  USAR Y DE COMO HA DE HABLAR Y MIRAR Y ANDAR, Y QUE NO CURE DE SABER VIDAS AJENAS, Y QUE EL MAL QUE

DE  OTROS  OYERE  NUNCA  LO  DIGA.  MAS  APROVECHARIAN

ESTAS DOS PLATICAS DICHAS EN EL PULPITO, POR EL LENGUAJE Y EL ESTILO QUE ESTAN (MUTATIS MUTANDIS) A LOS MOZOS, Y MOZAS, QUE OTROS MUCHOS  SERMONES

 

“Hija mía muy amada, muy querida palomita, ya has oído y notado las palabras que tu señor padre te ha dicho: has oído las palabras pre­ ciosas y que raramente se dicen, ni se oyen, las cuales han procedido de las entrañas y corazón en que estaban atesoradas; y tu muy amado padre bien sabe que eres su hija, engendrada de él, eres su sangre y su carne, y sabe dios nuestro señor que es así aunque eres mujer, ima­ gen de tu padre. ¿Qué más te puedo decir, hija mía, de lo que está dicho? ¿Qué más puedes oír de lo que has oído de tu señor y padre? El cual te ha dicho copiosamente lo que te cumple hacer y guardar, ni ninguna cosa ha quedado de lo que te cumple que no la haya tocado; pero por hacer lo que soy obligada para contigo quiérote decir algunas pocas palabras. Lo primero es que te encargo mucho que guardes y que no olvides lo que tu señor y padre ya dijo, porque son todas cosas muy preciosas; porque las personas de su suerte raramente publican tales cosas, y que son palabras de señores y principales y sabios, precio­ sas como piedras preciosas muy bien labradas. Mira que las tomes y las guardes en tu corazón, y las escribas en tus entrañas: si dios te diere vida, con aquellas mismas palabras has de doctrinar a tus hijos e hijas, si dios te los diere. Lo segundo que te quiero decir es que mires que te amo mucho, que eres mi querida hija; acuérdate que te traje en mi vientre nueve meses, y desque naciste, te criaste en mis brazos: yo te ponía en la cuna, y de allí en mi regazo, y con mi leche te crié. Esto te digo porque sepas que yo y tu padre somos los que te engendramos, madre y padre, y ahora te hablamos doctrinándote. Mira que tomes nues­ tras palabras y las guardes en tu pecho: mira que tus vestidos sean ho­ nestos y como conviene; mira que no te atavíes con cosas curiosas y muy labradas, porque esto significa fantasía y poco seso y locura. Tam­ poco es menester que tus atavíos sean muy viles, o sucios o rotos, como son los de la gente baja, porque estos atavíos son señal de gente vil y de quien se hace burla: tus vestidos sean honestos y limpios, de manera

 

que

ni parezcas fantástica ni vil; y cuando hablares,  no te    apresurarás

en  el  hablar,  no  con  desasosiego,  sino  poco  a poco  y  sosegadamente;

cuando hablares, no alzarás la voz ni hablarás muy bajo, sino con me­

diano sonido, no adelgazarás mucho tu voz cuando hablares ni cuando

saludares,  ni hablarás por las narices,  sino que tu palabra         sea honesta

y de buen  sonido, y la voz mediana;  no seas curiosa  en  tus  palabras.

Mira, hija, que en el andar has de ser honesta,  no andes con apre­

suramiento ni  con demasiado  espacio porque es señal de pompa andar

despacio, y el andar de      prisa tiene resabio de desasosiego y poco asien­

to;  andando  llevarás  un  medio,  que  ni  andes  muy  de  prisa  ni  muy

despacio, y cuando fuere necesario andar de prisa hacerlo has así,         (que)

por eso tienes discreción; para cuando fuere menester saltar algún arroyo,

saltarás  honestamente,  de  manera  que  ni  parezcas  pesada  y  torpe  ni

liviana. Cuando fueres por la calle o por el camino no lleves inclinada

mucho la cabeza,  o encorvado el cuerpo,  ni tampoco vayas muy levan­

tada  la  cabeza y muy  erguida,  porque  es  señal  de  mala  crianza,  irás

derecha y la cabeza poco inclinada; no lleves la boca cubierta, o la cara

con vergüenza, no vayas mirando  a         manera de cegajosa;  no hagas con

los  pies  meneos  de  fantasía  por  el  camino,  anda  con  sosiego  y  con

honestidad por       la calle.                                                          

“Lo otro que debes notar, hija mía, es que cuando fueres por la calle

no vayas mirando acá ni acullá, ni volviendo la cabeza a mirar a una

parte ni a otra, ni irás mirando al cielo, ni tampoco irás mirando a la

tierra; a los que topares, no los mires con ojos de persona  enojada,  ni

hagas  semblante  de  persona  enojada;  mira  a  todos  con  cara  serena.

Haciendo esto no darás     a nadie ocasión de enojarse contra ti.  Muestra

tu cara y tu disposición      como conviene,  y de la manera que conviene,

de manera que ni lleves  el semblante como  enojada ni  tampoco como

risueña.  Mira también,  hija,  que  no te  des nada por las palabras  que

oyeres,  yendo por  el camino,  ni  hagas  cuenta  de  ellas,  digan  lo  que

dijeren los que van o vienen; no cures de responder ni cures de hablar,

mas haz como que no lo oyes ni lo entiendes, porque haciendo de esta

manera nadie podrá decir,  con verdad,  dijiste  tal cosa.  Mira  también,

hija,  que nunca te acontezca afeitar         la cara o poner colores en  ella,  o

en la boca, por parecer       bien, porque esto es señal de mujeres  munda­

nas y carnales; los afeites y colores son cosas que las malas mujeres y

carnales lo usan,  las  desvergonzadas      que      ya han  perdido  la  vergüenza

y aun  el seso,  que andan  como locas y borrachas;  éstas  se llaman  ra­

meras.  Y para  que  tu      marido  no  te  aborrezca  atavíate,  lávate    y  lava

tus ropas, y esto sea con regla y con discreción, porque si cada día te

lavas y lavas tus ropas,  decirse ha  de ti  que  eres relimpia y que  eres

demasiado  regalada;  llamarte  han  tayepetzon,  tinemaxoch.              

“Hija mía, éste es el camino que has de llevar, porque de esta manera

nos  criaron  tus      señoras            antepasadas,   de  donde  vienes;  las  señoras  no­

bles,            ancianas          y  canas           y  abuelas,       etc.,     no  nos  dijeron           tantas   cosas

 

como yo te he dicho, no nos decían sino

algunas pocas palabras;     decían

de esta manera:  Oíd, hijas mías,  en este mundo es menester vivir con

mucho aviso y recato. Oye esta comparación que ahora te diré, y guár­

dala  y de  ella  toma  ejemplo  y dechado  para  bien  vivir.  Acá  en  este

mundo vamos por un camino muy angosto y muy alto y muy peligroso,

que es como una loma muy alta, y que por lo alto de ella va un camino

muy  angosto,  y a la  una  mano  está  gran  profundidad  y hondura  sin

suelo, y si te desviares del camino hacia la una mano o hacia la otra,

caerás en aquel profundo.  Por tanto, conviene con mucho tiento          seguir

el  camino.  Hija  mía,  muy  tiernamente amada,  palomita        mía,     guarda

este ejemplo en tu  corazón y mira que    no  te  olvides que éste te será

como candela y como lumbre todo el tiempo que vivieres en este mundo.

“Sólo una cosa, hija mía, me resta por decirte para acabar mi plática:

si dios te diere vida, si vivieres algunos años sobre         la tierra, mira, hija

mía muy amada,  palomita mía,  que no   des tu  cuerpo  a alguno;  mira

que te         guardes mucho que nadie llegue a ti, que nadie tome tu cuerpo.

Si perdieres tu virginidad y después de esto te demandare por mujer algu­

no, y te casares con él, nunca se habrá bien contigo, ni te tendrá verda­

dero amor; siempre se acordará de que no te halló virgen,  y esto será

causa de grande aflicción y trabajo; nunca estarás en paz, siempre estará

tu marido sospechoso de ti.  ¡Oh hija mía muy amada, mi palomita!,  si

vivieres sobre la tierra, mira que en ninguna manera te conozca más que

un varón; y esto que ahora te quiero decir, guárdalo como mandamiento

estrecho.  Cuando  dios  fuere  servido de           que tomes marido,  estando  ya

en su poder, mira que no te altivezcas, mira que no te  ensoberbezcas,

mira  que  no le  menosprecies,  mira  que           no  des  licencia  a  tu  corazón

para que se incline a otra parte; mira que no te atrevas    a tu  marido;

mira que     en ningún tiempo ni en ningún lugar le         hagas   traición,  que

se llama adulterio; mira que no des tu cuerpo a otro, porque esto, hija

mía  muy querida y muy  amada,  es una caída  en  una  sima  sin  suelo

que  no  tiene  remedio,  ni  jamás  se  puede  sanar,  según  es  estilo  del

mundo;  si fuere  sabido,  y si fueres vista  en  este  delito,  matarte  han,

echarte han  en  una  calle para  ejemplo  de toda la  gente,  donde  serás

por justicia machucada la cabeza y arrastrada;  de éstas se dice un  re­

frán:  probarás la  piedra  y serás  arrastrada,  y tomarán  ejemplo  de  tu

muerte        De aquí sucederá        infamia y deshonra     a nuestros        antepasados y

señores, y senadores, de donde venimos, de donde naciste, y ensuciarás

su ilustre fama y su gloria con la suciedad y polvo de tu pecado. Asi­

mismo perderás tu fama y tu nobleza y tu generosidad; tu nombre será

olvidado     y aborrecido,  de        ti          se dirá el refrán:         que      fuiste   enterrada  en

el  polvo     de  tus  pecados.         Y         mira     bien,    hija      mía,     que      aunque nadie

te vea,  ni  tu  marido  sepa  lo  que pasa, te  ve  dios,  que  está  en  todo

lugar, enojarse ha contra ti y despertará la indignación del pueblo contra

ti, y se vengará como él quisiere o te tullirás por su mandado, o cega­

rás,  o         se         te  podrirá  el  cuerpo o vendrás  a la última  pobreza,          porque

 

te atreviste y te arrojaste contra tu marido, que por ventura te dará la muerte y te pondrá debajo de sus pies, enviándote al infierno. Nues­ tro señor misericordioso es, pero si hicieres traición a tu marido, aunque no se sepa, aunque no se publique, dios, que está en todo lugar, él hará venganza de tu pecado, que nunca tengas contento ni reposo ni tengas vida sosegada, y él provocará a tu marido que siempre esté enojado con­ tra ti y siempre te hable con enojo. Mira, hija mía muy amada, a quien amo tiernamente, mira que vivas en el mundo con paz y con reposo y con contento esos días que vivieres; mira que no te infames, mira que no amancilles tu honra, mira que no ensucies la honra y fama de nues­ tros señores antepasados de los cuales vienes; mira que a mí y a tu padre nos honres, y nos des fama con tu buena vida. Hágate dios muy bien aventurada, hija mía primogénita, y llégate a dios, el cual está en todo lugar”.

 

(Lib. VI, cap. xix)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EDUCACION

 

DE COMO LA GENTE BAJA OFRECIA SUS HIJOS A LA CASA QUE  SE  LLAMA TELPOCHCALLI,  Y DE  LAS COSTUMBRES  QUE  ALLI  LES  MOSTRABAN

 

En naciendo una criatura luego los padres y madres hacían voto y ofre­ cían la criatura a la casa de los ídolos, que se llama calmécac o tel-pochcalli. Era la intención de los padres ofrecer la criatura a la casa de los ídolos que se llama calmécac para que fuese ministro de los ídolos, viniendo a edad perfecta. Y si ofrecían la criatura a la casa del telpochcalli, era su intención que allí se criase con los otros mance­ bos para servicio del pueblo y para las cosas de la guerra. Y antes que le llevasen a la casa del telpochcalli, los padres hacían y guisaban muy buena comida, y convidaban a los maestros de los mancebos que tenían cargo de criarlos y mostrarles las costumbres que en aquella casa usaban. Y hecho el convite en casa de los padres del muchacho, hacían una plática a los maestros que los criaban, y decíanles: “Aquí os ha traído nuestro señor, creador del cielo y de la tierra; os hacemos saber que nuestro señor fue servido de hacernos merced de darnos una criatura, como una joya o pluma rica, que nos fue nacida; por ventura se criará y vivirá: y es varón, no conviene que le mostremos oficio de mujer, teniéndole en casa. Por tanto os le damos por vuestro hijo, y os le encar­ gamos porque tenéis cargo de criar a los muchachos y mancebos, mos­ trándoles las costumbres, para que sean hombres valientes, y para que sirvan a los dioses Tlaltecutli y Tonatiuh, que son la tierra y el sol; (y para que sirva) en la pelea, y por esto ofrecérnosle al señor dios todopoderoso Yáotl o por otro nombre Titlacauan, o Tezcatlipoca. Por ventura se criará y vivirá, placiendo a dios, entrará a la casa de peni­ tencia y del lloro que se llama telpochcalli (y ) desde ahora os le entre­ gamos para que more en aquella casa donde se crían y salen hombres valientes; porque en este lugar se merecen los tesoros de dios, orando y haciendo penitencia y pidiendo los tesoros de misericordia y merced de darles victoria, para que sean principales, teniendo habilidad para gobernar y regir la gente baja. Y nosotros, padres indignos, ¿por ventura

 

merecerá nuestro lloro y nuestra penitencia que este muchacho se críe y viva? ¡No por cierto, porque somos indignos viejos y viejas caducos! Por tanto, humildemente os rogamos que le recibáis y toméis por hijo, para entrar y vivir con los otros hijos de principales y otras gentes que se crían en casa de telpochcalli”.

 

Y los maestros de los muchachos y mancebos respondían de esta ma­ nera diciendo a los padres del muchacho: “Tenemos en mucha merced haber oído vuestra plática o razonamiento. No somos nosotros a quien hacéis esta plática o petición, mas (la) hacéis al señor dios Yáotl, en cuya persona la oímos; él es a quien habláis y a él dais y ofrecéis vues­ tro hijo, o vuestra piedra preciosa y pluma rica, y nosotros en su nombre le recibimos; él sabe lo que tiene por bien de hacer de él. Nosotros indignos siervos caducos, con dudosa esperanza, esperamos lo que será y lo que tendrá por bien hacer a vuestro hijo, según que él tiene ya ordenado de hacerle mercedes, conforme a su disposición y determi­ nación, que antes del principio del mundo determinó de hacer. Cierto, ignoramos los dones que le fueron dados y la propiedad y condición que entonces le fue dada; ignoramos también qué fueron los dones que le fueron dados a este niño cuando se bautizó; también ignoramos el signo bueno o malo en que nació y se bautizó; no podemos nosotros, siervos bajos, adivinar estas cosas. Nadie de los que nacen recibe su fortuna acá en el mundo: cierta cosa es que nuestra fortuna con nosotros la traemos cuando nacemos, y nos fue dada antes del principio del mundo. En conclusión, recibimos vuestro niño para que sirva en barrer y en los otros trabajos bajos, en la casa de nuestro señor. Deseamos y rogamos que le sean dadas las riquezas de nuestro señor dios; deseamos que en esta casa se manifiesten y salgan a luz los dones y mercedes con que nuestro señor le adornó y hermoseó antes del principio del mundo; o, por ventura, nuestro señor le llevará para sí y le quitará la vida en su niñez; por ventura no merecemos que viva largo tiempo en este mun­ do; no sabemos cosa cierta que os decir, para que os podamos consolar; no os podemos decir con certidumbre esto será, o esto hará, o esto acontecerá, o será estimado, será ensalzado, vivirá sobre la tierra. Por ventura por nuestros deméritos será vil y pobre, y despreciado sobre la tierra; por ventura será ladrón o adúltero, o vivirá vida trabajosa o fatigosa. Nosotros haremos lo que es nuestro (deber) que es criarle y doctrinarle como padres y madres; no podremos por cierto entrar en él, dentro de él, y ponerle nuestro corazón; tampoco vosotros podréis hacer esto, aunque sois padres. Lo que resta es que no os descuidéis en enco­ mendarle a dios con oraciones y lágrimas, para que nos declare su vo­ luntad”.

 

 

(Lib. III, apéndice cap. iv)

 

LA MANERA DE VIVIR Y EJERCICIOS QUE TENIAN LOS QUE SE CRIABAN EN EL TELPOCHCALLI

En entrando en la casa del telpochcalli el muchacho, dábanle cargo de

barrer y limpiar la casa y poner lumbre, y hacer los servicios de peni­

tencia a que se obligaba. Era la costumbre que a la puesta del sol todos

los mancebos iban a bailar y danzar a la casa que se llamaba cuicacálco,

cada noche, y el muchacho también bailaba con los otros mancebos; y lle­

gando a los quince años y siendo ya mancebillo, llevábanle consigo los

mancebos al monte,  a traer la leña, que era necesaria para la casa del

telpochcalli  y        cuicacalco,  y  cargábanle  al mancebo  un  leño  grueso  o

dos, para probar y ver si ya tenía habilidad para llevarle a la pelea. Y

siendo ya    hábil para la pelea, llevábanle y cargábanle las rodelas, para

que las llevase a cuestas; y si estaba ya bien criado, y sabía las buenas

costumbres y          ejercicios         a          que      estaba  obligado,         elegíanle  para  maestro

de   los mancebos,  que     se llama           a          tiachcauh;        y si era ya hombre valiente

y     diestro,            elegíanle para regir                            todos los         mancebos y para castigarlos,

y entonces  se llamaba       telpochtlato; y si ya era hombre valiente, y si en

la  guerra  había  cautivado  cuatro  enemigos,  elegíanle  y  nombrábanle

tlacatécatl,  o tlacochcálcatl,          o quauhtlato, los cuales regían y gobernaban

el pueblo.  O elegíanle por            achcauhtli,  que  era    como ahora  alguacil,  y

y tenía vara gorda y prendía a los delincuentes y los ponía en la cárcel.

De esta manera iban subiendo de grado en grado los mancebos que allí

se criaban, y eran muy muchos los que se criaban en las casas del tel-

pochcalli, porque cada parroquia tenía quince o diez casas de telpochcalli.

Y la vida     que      tenía  no          era muy           áspera, y dormían  todos juntos  cada

uno apartado          del  otro,         en        cada    casa  de           telpochcalli,  y  castigaban  al

que no iba a dormir en estas casas, y comían en sus casas propias.

       Iban  todos juntos  a  trabajar  dondequiera  que  tenían  obra,  a hacer

barro, o paredes, o maizal, o zanja o acequia.  Para hacer estos trabajos

iban todos juntos, no se repartían, o iban todos juntos a tomar y traer

leña a cuestas de los montes, que era necesaria para la casa de cuicacalco

y telpochcalli;         y cuando hacían alguna obra de trabajo, cesaban del tra­

bajo un        poco    antes  de         la         puesta  del  sol.  Entonces  íbanse  a  sus  casas

y     bañábanse,      y untábanse  con  tinta  todo el  cuerpo,  pero  no la  cara;

luego poníanse sus mantas y sartales,  y los hombres valientes poníanse

unos sartales de caracoles mariscos que se llaman chipolli, o sartales de

oro, y en     lugar de peinarse  escarrapuzábanse  los cabellos  hacia  arriba

por parecer espantables,  y en la cara ponían  ciertas rayas con  tinta  y

margagita,  y en los agujeros de las orejas poníanse unas turquesas que

se llaman    xiuhnacochtli, y en la cabeza poníanse unas plumas blancas

como penachos;  y vestíanse  con  las  mantas  de  maguey  que  se  llama

chalcaáyatl, las cuales eran tejidas de hilo de maguey torcido, no eran

tupidas       sino  flojas  y  ralas  a  manera  de  red  y ponían  unos  caracoles

mariscos     sembrados y    atados por       las mantas; y los principales vestíanse

 

con las mismas mantas, pero los caracoles eran de oro; y los hombres valientes que se llamaban quaquachictin traían atados a las mantas unos ovillos grandes de algodón; y tenían costumbre cada día, a la puesta del sol, (que) ponían lumbre en la casa de cuicacalco los mancebos, y co­ menzaban a bailar y danzar todos, hasta pasada la media noche; y no tenían otras mantas sino aquellas mantas que se llaman chálcaáyatl que andaban casi desnudos; y después de haber bailado todos iban a las casas de telpochcalli a dormir, en cada barrio, y así lo hacían cada noche; y los que eran amancebados íbanse a dormir con sus amigas.

 

(Lib. III, apéndice, cap. v)

 

LOS CASTIGOS QUE HACIAN A LOS QUE SE EMBORRACHABAN

 

Los mancebos que se criaban en la casa del telpochcalli tenían cargo de barrer y limpiar la casa; y nadie bebía vino, mas solamente los que eran ya viejos bebían el vino muy secretamente y bebían poco, no se embo­ rrachaban; y si parecía un mancebo borracho públicamente o si le to­ paban con el vino, o le veían caído en la calle o iba cantando, o estaba acompañado con los otros borrachos, este tal, si era maceguál castigá­ banle dándole de palos hasta matarle, o le daban garrote delante de todos los mancebos juntados, porque tomasen ejemplo y miedo de no emborracharse; y si era noble el que se emborrachaba dábanle garrote secretamente. Y estos mancebos tenían sus amigas, cada dos, o tres, la una tenían en su casa y las otras estaban en sus casas; y quien quería salir de la casa de telpochcalli, y dejar la conversación de los mancebos, pagaba a los maestros de los mancebos diez o veinte mantas grandes que se llaman quachtli, si tenía hacienda, y así en consintiendo los maestros de los mancebos, luego le dejaban salir de aquella casa y casábase; y entonces le llamaban tlapaliúhcatl, que quiere decir que no es mancebo sino que es casado. Y el que era bien criado y aficionado a las costumbres de los mancebos no salía de allí de su voluntad, aunque fuese ya de edad perfecta, sino que por mandato del rey o señor salía de aquella casa. Y de estos mancebos no se elegían los senadores que regían los pueblos, sino otros oficiales más bajos de la república, que se llamaban

tlatlacateca y tlacochcalca y achcacauhtin, porque no tenían buena vida,

por ser amancebados y osaban decir palabras livianas y cosas de burla, y hablaban con soberbia y osadamente.

 

(Lib. III, apéndice, cap. vi)

 

DE COMO LOS SEÑORES Y PRINCIPALES Y GENTE DE TONO OFRECIAN  SUS HIJOS A LA CASA QUE SE LLAMABA CALMECAC Y DE LAS COSTUMBRES QUE ALLI LOS MOSTRABAN

 

Los señores o principales, o viejos ancianos, ofrecían a sus hijos a la casa que se llamaba Calmécac. Era su intención que allí se criasen para que fuesen ministros de los ídolos, porque decían que en la casa de Calmécac había buenas costumbres, y doctrinas y ejercicios, y áspera y casta vida, y no había cosa de desvergüenzas, ni reprehensión, ni afrenta ninguna de las costumbres que allí usaban los ministros de los ídolos, que se criaban en aquella casa. Señor o principal o rico, cualquier que tenía hacienda, cuando ofrecía a su hijo hacía y guisaba muy buena comida y convidaba a los sacerdotes y ministros de los ídolos, que se llamaban tlamacazque y quaquacuiltin, y a los viejos pláticos que tenían cargo del barrio; y hecho el convite en casa del padre del muchacho, los viejos ancianos y pláticos hacían una plática a los sacerdotes y mi­ nistros de los ídolos que criaban los muchachos, de esta manera: “¡Ah, señores sacerdotes y ministros de nuestros dioses, habéis tomado trabajo de venir aquí, a nuestra casa, y os trajo nuestro señor todo poderoso! Os hacemos saber que nuestro señor fue servido de hacemos merced de darnos una criatura, como una joya o pluma rica que nos fue dada; si mereciéramos que este muchacho se críe y viva, y (como) es varón, no conviene que le mostremos oficio de mujer teniéndole en casa; por tanto, os le damos por vuestro hijo y os le encargamos, y ahora al pre­ sente ofrecérnosle al señor Quetzalcóatl, o otro nombre Tlilpotonqui, para entrar en la casa de Calmécac, que es la casa de penitencia y lá­ grimas donde se crían los señores nobles, porque en este lugar se me­ recen los tesoros de dios, orando y haciendo penitencia con lágrimas y gemidos, y pidiendo a dios que les haga misericordia y merced de darles sus riquezas. Desde ahora le ofrecemos, para que en llegando a edad convenible entre y viva en casa de nuestro señor, donde se crían y doc­ trinan los señores nobles, y para que este nuestro muchacho tenga cargo de barrer y limpiar la casa de nuestro señor. Por tanto humildemente rogamos que le recibáis y toméis por hijo, para entrar y vivir con los otros ministros de nuestros dioses en aquella casa donde hacen todos los ejercicios de penitencia, de día y noche, andando de rodillas y de codos, orando, rogando y llorando y suspirando ante nuestro señor”.

 

Y los sacerdotes y ministros de los ídolos respondían a los padres del muchacho, de esta manera: “Aquí oímos vuestra plática, aunque somos indignos de oírla, sobre que deseáis que vuestro amado hijo, y vuestra piedra preciosa o pluma rica, entre y viva en la casa de Calmécac. No somos nosotros a quien se hace esta plática, mas hácese al señor Quetzal­ cóatl, o otro nombre Tlilpotonqui, en cuya persona la oímos; él es a quien habláis, él sabe lo que tiene por bien de hacer de vuestra piedra

 

preciosa y pluma rica, y de vosotros sus padres. Nosotros, indignos sier­ vos, con dudosa esperanza esperamos lo que será; no sabemos por cierto cosa cierta que os decir, esto será o esto será de vuestro hijo; esperemos en nuestro señor todo poderoso lo que tendrá por bien de hacer a vuestro hijo”.

 

Y luego tomaban al muchacho y llevábanle a la casa de Calmécac, y los padres del muchacho llevaban consigo papeles e incienso, y maxtles

 

y mantas, y unos sartales de oro y pluma rica, y piedras preciosas ante la estatua de Quetzalcóatl, en la casa de Calmécac, y en llegando luego todos teñían y untaban al muchacho con tinta todo el cuerpo y la cara, y le ponían unas cuentas de palo que se llama tlacopatli; y si era hijo de pobres le ponían hilo de algodón flojo, y le cortaban las orejas, y sacaban la sangre y la ofrecían ante la estatua de Quetzalcóatl; y si aún era pequeño tornaban a llevarle consigo los padres a su casa. Y si el muchacho era hijo del señor o principal, luego le quitaban las cuentas hechas de tlacopatli y las dejaban en la casa de Calmécac, porque decían que lo hacían así por razón que el espíritu del muchachuelo estaba asido a las cuentas de tlacopatli, y el mismo espíritu hacía los servicios bajos de penitencia por el muchachuelo; y si era ya de edad convenible para vivir y estar en la casa de Calmécac, luego le dejaban allí en poder de los sacerdotes y ministros de los ídolos, para criarle y enseñarle todas las costumbres que se usaban en la casa de Calmécac.

(Lib. III, apéndice, cap. vii)

 

LAS COSTUMBRES QUE SE GUARDABAN EN LA CASA QUE SE LLAMABA CALMECAC, DONDE SE CRIABAN LOS SACERDOTES

Y    MINISTROS DEL TEMPLO DESDE NIÑOS

 

Era la primera costumbre que todos los ministros de los ídolos que se llamaban tlamacazque, dormían en la casa de Calmécac. La segunda era que barrían y limpiaban la casa todos, a las cuatro de la mañana. La tercera era que los muchachos ya grandecillos, iban a buscar y cortar puntas de maguey. La cuarta era que los ya grandecillos iban a traer a cuestas la leña del monte, que era necesaria para quemar en la casa de Calmécac cada noche, y cuando hacían alguna obra de barro o paredes, o maizal, o zanjas o acequias, íbanse todos juntos a trabajar, en ama­ neciendo, solamente quedaban los que guardaban la casa y los que les llevaban la comida, y ninguno de ellos faltaba, con mucho orden y concierto trabajaban. La quinta era que cesaban del trabajo un poco tempranillo, y luego iban derechos a su monasterio a entender en el servicio de los dioses y ejercicios de penitencia, y bañábanse primero, y a la puesta del sol comenzaban a aparejar las cosas necesarias, y a las once horas de la noche tomaban el camino llevando consigo las puntas de maguey; cada uno, a solas, iba llevando un caracol para tañer en el

 

camino y un incensario de barro, y un zurrón o talega en que iba el incienso, y teas y puntas de maguey, y así cada uno iba desnudo a poner al lugar de su devoción las puntas de maguey, y los que querían hacer gran penitencia, llegaban así a los montes y sierras y ríos, y los gran-decillos llegaban hasta media legua; y en llegando al lugar determinado, luego ponían las puntas de maguey, metiéndolas en una pelota hecha de heno, y así se volvía cada uno, a solas, tañendo el caracol. La sexta era, que los ministros de los ídolos no dormían dos juntos, cubiertos con una manta, sino dormían cada uno apartado del otro. La séptima era que la comida que comían (la) hacían y guisaban en la casa de Calmécac, porque tenían renta de comunidad que gastaban para la co­ mida, y si traían a algunos comida de sus casas, todos la comían. La octava era que cada media noche todos se levantaban a hacer oración, y quien no se levantaba y despertaba, castigábanle, punzándole las orejas y el pecho y muslos y piernas, metiéndole las puntas de maguey por todo el cuerpo, en presencia de todos los ministros de los ídolos por­ que se escarmentasen. La novena que ninguno era soberbio, ni hacía ofensa a otro, ni era inobediente a la orden y costumbres que ellos usa­ ban, y si alguna vez parecía un borracho o amancebado, o hacía otro delito criminal, luego le mataban o le daban garrote, o le asaban vivo o le asaeteaban; y quien hacía culpa venial, luego le punzaban las orejas y lados con puntas de maguey o punzón. La décima era que a los mu­ chachos castigaban punzándoles las orejas, o los azotaban con ortigas. La undécima era que a la media noche todos los ministros de los ídolos se bañaban en una fuente. La duodécima era que cuando era día de ayuno todos ayunaban, chicos y grandes, no comían hasta medio día, y cuando llegaban a un ayuno que se llamaba atamalqualo, ayunaban a pan y agua, y otros que ayunaban no comían todo el día sino a la media noche, y otro día hasta la otra media noche, y otros no comían hasta el mediodía, una vez nomás, y en la noche no gustaban cosa alguna aunque fuese agua, porque decían que quebrantaban el ayuno si gustaban cosa alguna o si bebían agua. La decimatercera era que les mostraban a los muchachos (a ) hablar bien y saludar, y hacer reve­ rencia, y el que no hablaba bien o no saludaba a los que encontraba, o estaban ausentados, luego le punzaban con las puntas de maguey. La decimacuarta era, que les enseñaban todos los versos de canto, para cantar, que se llamaban divinos cantos, los cuales versos estaban escritos en sus libros por caracteres; y más les enseñaban la astrología indiana, y las interpretaciones de los sueños y la cuenta de los años. La décima-quinta era que los ministros de los ídolos tenían voto de vivir casta­ mente, sin conocer a mujer carnalmente, y comer templadamente ni decir mentiras y vivir devotamente y temer a dios, y con esto acabamos de decir las costumbres y orden que usaban los ministros de los ídolos, y dejamos otras que en otra parte se dirán.

 

 

(Lib. III, apéndice, cap. viii)

 

LA  ELECCION  DE  LOS  SUMOS  SACERDOTES  QUE  SIEMPRE ERAN  DOS,  EL  UNO  SE  LLAMABA  TOTEC  TLAMACAZQUI, EL OTRO TLALOC TLAMACAZQUI QUE SIEMPRE ELEGIAN LOS MAS PERFECTOS DE TODOS LOS QUE MORABAN

EN  EL  TEMPLO

 

El que era perfecto en todas las costumbres y ejercicios y doctrinas que usaban los ministros de los ídolos, elegíanle por sumo pontífice, al cual elegían el rey o señor y todos los principales, y llamábanle Quetzalcóatl; y eran dos los que eran sumos sacerdotes, el uno se llamaba Tótec tlamacazqui y el otro se llamaba T láloc tlamacazqui; y el que se llamaba

 

Quetzalcóatl Tótec tlamacazqui, servía al dios Huitzilopochtli, y el otro que se llamaba Tláloc tlamacazqui servía al dios Tlalocantecutli, que era

dios de las lluvias. Y estos dos sumos pontífices eran iguales en estado y honra, aunque fuesen de muy baja suerte y de padres muy bajos y pabres; mas la razón por que elegían a estos tales por sumos pontífices, era porque fielmente cumplían y hacían todas las costumbres y ejercicios y doctrinas, que usaban los ministros de los ídolos en el monasterio de Calmécac. Y por esta causa, por la elección que hacían a uno se llamaba

Quetzalcóatl,  o  otro  nombre  Tótec  tlamacazqui;  y  el  otro  se  llamaba

 

Tláloc tlamacazqui-, y en la elección no se hacía caso del linaje sino de las costumbres y ejercicios, y doctrinas y buena vida, si las tenían los sumos sacerdotes, si vivían castamente y si guardaban todas las costum­ bres que usaban los ministros de los ídolos: (se elegía a) el que era virtuoso, humilde y pacífico, y considerado y cuerdo, y no liviano, y grave, y riguroso, y celoso en las costumbres, y amoroso, y misericor­ dioso, y compasivo y amigo de todos y devoto, y temeroso de dios. Los grados por donde subía este tal son éstos: el primero le llamaban tla-macazton (que) es como acólito; el segundo, le llamaban tlamacazque, que es como diácono; el tercero, le llamaban tlenamácac, que es como sacerdote. De estos sacerdotes los mejores elegían por sumos pontífices, que se llamaban quequetzalcoa, que quiere decir sucesores de Quetzal­ cóatl; y la vida que tenían y usaban los ministros de los ídolos era áspera, pero la crianza de los muchachos estaba partida y distinta en dos partes, la una era en la casa de Calmécac y la otra en la casa de telpochcalli.

 

(Lib. III, apéndice, cap. ix)

 

EL LENGUAJE Y AFECTOS QUE EL PADRE, SEÑOR PRINCIPAL, L/SABA  PAKA  PERSUADIR  A  SU  HIJO  AL  AMOR  DE  LA CASTIDAD,  DONDE  PONE  CUAN AMIGOS ERAN  LOS  DIOSES DE LOS CASTOS, CON MUCHAS COMPARACIONES Y EJEMPLOS MUY  AL  PROPOSITO  CON  EXCELENTE  LENGUAJE; TRATANDO  ESTA  MATERIA  OFRECESE  TOCAR

OTRAS MUCHAS COSAS GUSTOSAS DE LEER

“Hijo mío muy amado: Nota bien las palabras que quiero decir, y ponías

en  tu corazón, porque las dejaron nuestros antepasados viejos y viejas,

sabios y avisados,  que vivieron    en  este            mundo;  es lo que  nos  dijeron,

y lo que nos avisaron y encomendaron que lo guardásemos como en cofre

y como oro en        paño, porque son piedras preciosas muy resplandecientes

y muy pulidas, que son los consejos para bien vivir, en que no hay raza

ni  mancha,  dijéronlas  los  que    perfectamente  vivieron  en  este  mundo;

son como piedras preciosas que se llaman chalchihuites y zafiros, muy

resplandecientes delante de nuestro señor, y son como plumas ricas muy

finas, y muy anchas y muy enteras que están arqueadas;  tales son los

que  las  tienen  en  costumbre      (y )  llámanse  persona  de  buen  corazón.

Mira,  hijo, que los viejos nos       dejaron            dicho que los niños y las niñas,

o mancebitos  y  doncellas,  son  muy  amados  de  dios,  précialos  mucho

nuestro señor que está en todas partes, huélgase con ellos y tiénelos por

amigos, y por esto los viejos que eran muy dados al culto divino y a la

penitencia,  y a       los ayunos,  y  a ofrecer incienso a los dioses,  tuvieron

en gran precio        a los niños y a las niñas que oraban, y despertábanlos de

noche  al  mejor  sueño,  y  desnudábanlos  y  rociábanlos  con  agua,  y

hacíanlos  barrer y ofrecer incienso delante  de los  dioses,  y lavábanles

las bocas, a los cuales decían que dios recibía y oía de buena gana sus

oraciones y servicios, y sus lágrimas y su tristeza, y sus suspiros, porque

tenían corazón limpio y sin mezcla de pecado, perfectos y sin mancilla,

como una piedra preciosa,  chalchíhuitl    o zafiros;  decían  que por  éstos

sustentaba  dios  al  mundo,  y que  ellos  eran  nuestros  intercesores  para

con dios.                           

“Otra manera de gente hay, que son agradables a dios y a los hom­

bres, que son los buenos sátrapas que viven castamente y tienen corazón

limpio  y puro,  y bueno  y lavado,  y blanco  como  la  nieve;  ninguna

mancilla tiene su manera de vivir, ninguna  suciedad,  ningún polvo de

pecado hay  en       sus costumbres           y porque  son tales  son  aceptos  a  dios,

y le ofrecen incienso y oraciones, y le ruegan por el pueblo.  El señor

decía:  éstos son los siervos de     mis dioses, porque eran  de buena vida

y de buen ejemplo, y los viejos y ancianos, y sabios y entendidos en los

libros  de  nuestra  doctrina,  dejaron  dicho  que  los  que  son  de  limpio

corazón,  son  muy  dignos  de  ser  amados,  los  cuales  son  apartados  de

toda delectación carnal y sucia; y porque son preciosos los que de esta

manera viven,        los dioses los desean y           los procuran,  y los llaman para

 

sí, los que son puros de toda mancilla y mueren en la guerra. Dijeron los viejos que el sol los llama para sí, y para que vivan con él allá en el cielo, para que le regocijen y canten en su presencia y le hagan placer; éstos están en continuos placeres con el sol, viven en continuos deleites, gustan y chupan el olor y zumo de todas las flores sabrosas y olorosas, jamás sienten tristeza ni dolor, ni disgusto porque viven en la casa del sol, donde hay riquezas de deleites; y éstos de esta manera que viven en las guerras, son muy honrados acá en el mundo, y esta manera de muerte es deseada de muchos, y muchos tienen envidia a los que así mueren, y por esto todos desean esta muerte, porque los que así mueren, son muy alabados. Y dícese que un mancebo generoso de Huexotzinco, el cual se llamaba Mixcóatl, murió en la guerra de los mexicanos — y ellos le mataron en la guerra— , dícese un cantar en su loor: ¡Oh bienaventurado Mixcóatl, bien mereces ser loado en cantares, y bien mereces que tu fama viva en el mundo, y que los que bailan en los areitos te traigan en la boca, en rededor de los atabales y tamboriles de Huexotzinco, para que regocijes y aparezcas a tus amigos los nobles y generosos, tus parientes! Siguen otro cantar del loor de este mancebo, en que le loan de la virginidad y limpieza y pureza de su corazón: ¡Oh glorioso mancebo, digno de todo loor, que ofreciste tu corazón al sol, limpio como un sartal de piedras preciosas que se llaman zafiros, otra vez tornarás a brotar, otra vez tornarás a florecer en el mundo, vendrás a los areitos, y entre los atambores y tamboriles de Huexotzinco, aparecerás a los nobles y varones valerosos, y verte han tus amigos!

 

“Hay otro género de personas que también son amados de dios, y deseados, y éstos son aquellos que son ahogados en el agua, con alguna violencia de algún animal del agua, como del ahuízotl, o del ateponaztli, o otra alguna cosa. También aquellos que son muertos de rayo, porque de todos éstos dijeron los viejos que, porque los dioses los aman los llevan para sí al paraíso terrenal, para que vivan con el dios llamado Tlalocatecutli, que se sirve con ulli y con yauhtli, y es dios de las ver­ duras; estos así muertos están en la gloria con el dios Tlalocatecutli, donde siempre hay verduras, maizales verdes, y toda manera de yerbas y flores y frutas, jamás se secan en aquel lugar las yerbas y las flores, etc., y siempre es verano, siempre las yerbas están verdes y las flores frescas y olorosas. También de los mozuelos y mozuelas que mueren antes de tener experiencia de pecados ningunos, y mueren en su ino­ cencia, en su simplicidad y virginidad, dicen los viejos, que éstos reci­ ben grandes mercedes de nuestro señor dios, porque son como piedras preciosas, y porque van puros y limpios a la presencia de dios.

 

“Oye otra manera de gente, que son bienaventurados y son amados y los llevan los dioses para sí, y son los niños que mueren en su tierna niñez (que) son como unas piedras preciosas; éstos no van a los lugares de espanto del infierno, sino van a la casa de dios que se llama Tonaca-tecutli, que vive en los vergeles que se llaman Tonacaquauhtitlan, donde

 

hay todas maneras de árboles y flores y frutos, y andan allí como tzintzones, que son avecitas pequeñas de diversos colores que andan chu­ pando las flores de los árboles; y estos niños y niñas, cuando mueren no sin razón los entierran junto a las trojes, donde se guarda el maíz y los otros mantenimientos, porque esto quiere decir que están sus ánimas en lugar muy deleitoso y de muchos mantenimientos, porque murieron en estado de limpieza y simplicidad, como piedras preciosas y muy finos zafiros. También tendrás entendido que los niños muy bonicos y muy hermosos y amables, cuando están en su simplicidad y en su inocencia son preciosos como piedras preciosas, turquesas y zafiros. También otro género de personas son amados y deseados de los dioses, y son los hombres y mujeres de buena condición y de buena vida, y de quien todos se confían y a quien todos honran, que no hay en ellos ninguna cosa reprensible y viven pacíficamente, de toda parte son amados de todos, y pacíficos con todos.

 

“Nota pues ahora, amado hijo, si dios te diere vida en este mundo, la manera que has de vivir en él; mira que te apartes de los deleites carnales y en ninguna manera los desees; guárdate de todas las cosas sucias que ensucian a los hombres, no solamente en las ánimas, pero también en los cuerpos, causando enfermedades y muertes corporales. Dejáronnos dicho los antiguos que en la niñez y en la juventud hace dios mercedes y da dones; en este mismo tiempo señala a los que han de ser señores, reyes, o gobernadores o capitanes; también en el tiempo de la niñez y adolescencia da dios sus riquezas y sus delectaciones, (y) en el tiempo de la adolescencia y simplicidad se merece la buena muerte. Nota, hijo mío, lo que te digo, mira que el mundo ya tiene este estilo de engendrar y multiplicar, y para esta generación y multi­ plicación ordenó dios que una mujer usase de un varón, y un varón de una mujer; pero esto conviene se haga con templanza y con discreción; no te arrojes a la mujer como el perro se arroja a lo que ha de comer, no te hagas a manera de perro en comer y tragar lo que le dan, dándote a las mujeres antes de tiempo; aunque tengas apetito de mujer resístete, resiste a tu corazón hasta que ya seas hombre perfecto y recio; mira que el maguey si lo abren de pequeño para quitarle la miel, ni tiene sus­ tancia ni da miel, sino piérdese; antes que abran al maguey para sacarle la miel lo dejan crecer y venir a su perfección, y entonces se saca la miel. De esta manera debes hacer tú, que antes que llegues a mujer crezcas y embarnezcas, y seas perfecto hombre, y entonces estarás hábil para el casamiento y engendrarás hijos de buena estatura y recios, y ligeros y hermosos y de buenos rostros, y tú serás recio y hábil para el trabajo corporal, y serás ligero y recio y diligente; y si por ventura destempladamente y antes de tiempo te dieres al deleite carnal, en este caso, dijéronnos nuestros antepasados que el que se arroja así al deleite carnal queda desmedrado, nunca es perfecto hombre y anda descolorido y desainado; andarás como cuartanario, descolorido, enflaquecido, serás

 

como un muchacho mocoso y desvanecido y enfermo, y de presto te harás viejo arrugado; y cuando te casares, serás así como el que coge miel del maguey, que no mana porque le agujeraron antes de tiempo, y el que chupa para sacar la miel de él, no saca nada, y aborrecerle ha y desecharle ha; así te hará tu mujer, que como estás ya seco y acabado, y no tienes qué darle, le dices no puedo más; aborrecerte ha y desecharte ha, porque no satisfaces a su deseo, y buscará otro porque tú ya estás agotado; y aunque no tenía tal pensamiento por la falta que en ti halló hacerte ha adulterio, y esto porque tú te destruistes, dándote a mujeres y antes de tiempo te acabaste.

 

“Nota otra cosa, hijo mío, que ya te casen, (y ) en buen tiempo y en buena sazón tomes mujer, mira que no te des demasiadamente a ella porque te echarás a perder, aunque es así que es tu mujer y es tu cuerpo; conviénete tener templanza en usar de ella, bien así como el manjar, que es menester tomarlo con templanza; quiero decir, que no seas destemplado para con tu mujer sino que tengas templanza en el acto carnal; mira que no sigas al deleite carnal porque pensarás que te deleitas en lo que haces, y que no hay otro mal en ello, pero sábete que te matas y te haces gran daño en frecuentar aquella obra carnal. Dijeron los viejos que serás en este caso, como el maguey chupado que luego se seca y serás como la manta, de que cuando la lavan hínchese de agua; pero si la tuerces reciamente luego se seca. Así serás tú, que si frecuentares la delectación carnal, aunque sea con tu mujer sola­ mente, te secarás y así te harás mal acondicionado y mal aventurado, y de mal gesto, ni a nadie querrás hablar, ni nadie querrá hablar conti­ go, y andarás afrentado. Nota un ejemplo cerca de este negocio. Un viejo muy viejo y muy cano, fue preso por adulterio, y fuele preguntado que siendo tan viejo cómo no cesaba del acto carnal. Respondió que entonces tenía mayor deseo y habilidad para el acto carnal, porque en el tiempo de su juventud no llegó a mujer, ni tampoco en aquel tiempo tuvo experiencia del acto carnal, y que por haberlo comenzado después de viejo estaba más potente para esta obra. Quiérote dar otro ejemplo y nótale muy bien, para que te sea todo como mochila, para que vivas castamente en este mundo: Siendo vivo el señor de Tezcuco, llamado N ezahualcoyotzin, fueron presas dos viejas, que tenían los cabellos blan­ cos como la nieve de viejas, y fueron presas porque adulteraron e hicieron traición a sus maridos, que eran tan viejos como ellas, y unos mancebillos sacristanejos tuvieron acceso a ellas. El señor Nezahual­ coyotzin, cuando las llevaron a su presencia para que las sentenciase, preguntólas diciendo: Abuelas nuestras, ¿es verdad que todavía tenéis deseo de deleite carnal? ¿Aún no estáis hartas siendo tan viejas como sois? ¿Qué sentíades cuando érades mozas? Decídmelo, pues que estáis en mi presencia, por este caso. Ellas respondieron: Señor nuestro y rey, oiga vuestra alteza: Vosotros los hombres cesáis de viejos de querer la deleitación carnal, por haber frecuentádola en la juventud, porque se

 

acaba la potencia y la simiente humana; pero nosotras las mujeres nunca nos hartamos, ni nos enfadamos de esta obra, porque es nuestro cuerpo como una sima y como una barranca honda que nunca se hinche, recibe todo cuanto le echan y desea más y demanda más, y si esto no hacemos no tenemos vida. Esto te digo, hijo mío, para que vivas recatado y con discreción, y que vayas poco a poco, y no te des prisa en este negocio tan feo y tan perjudicial”.

 

(Lib. VI, cap. xxi)

 

 

EN QUE SE CONTIENE LA DOCTRINA QUE EL PADRE PRIN­ CIPAL O SEÑOR DABA A SU HIJO, CERCA DE LAS COSAS Y POLICIA EXTERIOR, CONVIENE A SABER, COMO SE HABIA DE HABER EN EL DORMIR, COMER, BEBER, HABLAR Y EN EL TRAJE, Y EN EL ANDAR Y MIRAR Y OIR, Y QUE SE GUARDE

 

DE COMER COMIDA DE MANO DE MALAS MUJERES PORQUE DAN HECHIZOS

 

“Hijo mío, ya te he dicho muchas cosas que te son necesarias para tu doctrina y buena crianza, para que vivas en este mundo como noble e hidalgo, y persona que viene de personas ilustres y generosas, y réstame el decirte otras algunas cosas que te conviene mucho saber y enco­ mendar a la memoria, las cuales recibimos de nuestros antepasados, y sería hacerlos injuria no te las decir todas.

 

“Lo primero es que seas muy cuidadoso de despertar y velar, y no duermas toda la noche, porque no se diga de ti que eres dormilón y perezoso y soñoliento; mira que te levantes de noche, a la media noche, a orar y a suspirar y a demandar a nuestro señor, que está en todo lugar, que es invisible e impalpable, y tendrás cuidado de barrer el lugar donde están las imágenes y de ofrecerlas incienso.

 

“Lo segundo: tendrás cuidado de cuando fueres por la calle o por el camino que vayas sosegadamente, ni con mucha prisa ni con mucho espacio, sino con honestidad y madureza; los que no lo hacen así llá-manlos ixtotómac cuécuetz, que quiere decir persona que va mirando a diversas partes, como loco, y persona que va andando sin honestidad y sin gravedad, como liviano y bullicioso. Asimismo dicen de los que van muy despacio uiuiláxpol, xocotézpol, eticápol, que quiere decir persona que va arrastrando con los pies, que anda como persona pesada y como persona que no puede andar de gordo, y como mujer preñada; o que vas andando, haciendo meneos con el cuerpo, ni tampoco por el camino irás cabizbajo, ni tampoco irás inclinada la cabeza de lado, ni mirando hacia los lados, porque no se diga de ti que eres bobo o tonto y mal­ criado, y mal disciplinado, y que andas como muchacho.

 

 

“Lo tercero que debes notar, hijo mío, es cerca de tu hablar. Conviene

que hables con mucho sosiego; ni hables apresuradamente, ni con desa­

sosiego, ni alces la voz, porque no se diga de ti que  eres vocinglero y

desentonado,         o bobo  o alocado  o rústico;  tendrás  un      tono     moderado,

ni bajo ni alto en hablar, y sea suave y blanda tu  palabra.                      vieres

       “Lo      cuarto  que debes notar es que           en las cosas que          oyeres y         

(en )  especial         si son malas, las disimules y calles, como si no        las        oyeres,

y no mires curiosamente a alguno  en      la cara,  ni mires con  curiosidad

los  atavíos que  trae  y la manera  de  su  disposición,  no mires  con  cu­

riosidad el gesto y disposición de la gente principal, mayormente de las

mujeres, especialmente de las casadas, porque dice el refrán que el que

curiosamente mira a la mujer,  adultera con la vista;  y algunos fueron

punidos con pena de muerte por esta causa.                               

       “Lo quinto que debes notar es que te guardes de oír las cosas que se

dicen          que      no        te         cumplen,  especialmente vidas ajenas y nuevas;       dígase

lo    que      se                     dijere,  no tengas cuidado      de                    ello, haz como si no   lo       oyeres,

y si no te puedes apartar de donde           se                     hablan estas cosas,  o de        donde

se oyen,  no  respondas  ni  hables  cosas  semejantes;  oye y no  cures  de

hablar. Cuando algunos hablan de vidas ajenas, y dicen algunos pecados

que son dignos de castigo, y tú llegas a oírlos, en especial si tú también

hablares alguna palabra acerca de aquel negocio o pecado,  a ti te será

achacado, y atribuido lo que se dice y a ti te lo pondrán a cuestas,  y

serás preso,  y aun  castigado por  ello;    y según  dice  el  refrán  pagarán

justos por pecadores; a ti te lo echarán todo, todos se excusarán y a ti

sólo  echarán  la  culpa;  todos  los  otros  que  oyeron  y  dijeron  aquellas

palabras,  o que les toca,  quedarán  en    paz, y tú  serás llevado a        juicio.

Por lo ya dicho,  hijo  mío  muy  amado, conviene  que  abras    muy  bien

los   ojos y              andes   con mucho aviso, para           que no mueras por tu  necedad

y por           tu         poco saber; mira muy bien por ti.                            

       “Lo sexto, hijo mío, en que debes ser avisado es que no esperes a que

dos veces                te         llamen;  a la primera  responde luego,  y levántante luego,

y ve a quien te llama; y si alguno te enviare a alguna parte, ve corriendo,

ve en un salto; si te mandaren tomar alguna cosa tómalo de presto sin

tardanza,  sé muy diligente y muy ligero,  no seas perezoso; has  de ser

como el aire           ligero;  mira  que en  mandándote la  cosa, luego la hagas,

no   esperes            a          que      dos veces te lo manden,  porque  esperar a   dos veces

ser   mandado         o ser llamado es cosa de        bellacos,  es cosa de perezosos y

de personas viles y de ningún valor; y por tal serás tenido, y serás tenido

por mal mandado y por soberbio, y por el mismo caso conviene que te

quiebren en la cabeza o en las espaldas lo que habías de traer.  

       “Lo séptimo de que te aviso, hijo,     es que en tus atavíos seas templado

y honesto;  no  seas  curioso  en  tu  vestir,  ni  demasiado  fantástico;  no

busques  mantas  curiosas  ni  muy  labradas,  ni  tampoco  traigas        atavíos

rotos y viles, porque es señal de pobreza y de bajeza,  y de personas a

quien          nuestro señor tiene desechadas y        son sin provecho y miserables,

 

que andan por las montañas y por las sabanas buscando yerbas para comer y leña para vender; no conviene que imites a estos tales, porque son burladores y su manera de vivir es cosa de burla; tráete honesta­ mente y como hombre de bien, ni traigas la manta arrastrando o muy colgada, de manera que vayas tropezando en ella por vía de fantasía; tampoco añudarás la manta tan corta que quede muy alta, pues en esto tendrás el medio; ni tampoco traigas la manta añudada por el sobaco; y aunque estas cosas veas que otros las hacen, no los imites. Los soldados que se llaman quachicque, son tenidos en mucho en la guerra porque pelean como desatinados y no tienen en nada la vida, sino que buscan la muerte por vía de valentía; y también los truhanes, chocarreros y los bailadores, y los locos luego toman cualquier traje nuevo que ven; traen las mantas arrastrando y andan tropezando en ellas, y añádanlas debajo del sobaco y traen el brazo desnudo, y andan de fantasía, haciendo desgaires en el andar, arrastrando los pies y requebrándose en el andar; traen unas cotaras de fantasía, más anchas y largas que son menester, y con las correas muy anchas y muy fantásti­ camente atadas, mira, hijo, que tú seas avisado y templado, y honesto en las mantas y en los cactles de manera que todo sea de buena manera y bien puesto.

 

“Lo octavo que quiero que notes, hijo mío, es la manera que has de tener en el comer y en el beber: seas avisado, hijo, que no comas demasiado a la mañana y a la noche; sé templado en la comida y en la cena, y si trabajares, conviene que almuerces antes que comiences el trabajo. La honestidad que debes tener en el comer es ésta: cuando comieres, no comas muy aprisa, no comas con demasiada desenvoltura, ni des grandes bocados en el pan, ni metas mucha vianda junta en la boca, porque no te añuzgues, ni tragues lo que comes como perro; co­ merás con sosiego y con reposo, y beberás con templanza cuando be­ bieres; no despedaces el pan, ni arrebates lo que está en el plato; sea sosegado tu comer, porque no des ocasión de reír a los que están presen­ tes. Si te añuzgares con el manjar e hicieres alguna cosa deshonesta, para que burlen de ti los que comen contigo, adrede te darán cosas sabrosas por tener qué reír contigo, porque eres glotón y tragón. Al principio de la comida lavarte las manos y la boca; donde te juntares con otros a comer no te sientes luego, mas antes tomarás el agua y la jicara para que se laven los otros, y echarles has agua a manos; y después de haber comi­ do harás lo mismo y darás agua manos a todos, y después de esto, cogerás lo que se ha caído por el suelo y barrerás el lugar de la comida, y también tú después de comer te lavarás las manos y la boca y limpiarás los dientes.

 

“Hete dicho, hijo, estas pocas palabras, aunque hay mucho que decir cerca de la honestidad que se ha de tener en el bien vivir, de lo cual hablaron muchas cosas los antiguos y canos así hombres como mujeres, nuestros antepasados; pero no lo podrás tener todo en la memoria. Una cosa te quiero decir, que te conviene mucho tener en la memoria, porque

 

es sacada de los tesoros y

cofres de nuestros mayores,  (los cuales) dije­

ron:  el camino  seguro por donde  debemos caminar  en  este  mundo  es

muy alto y muy estrecho, y desviando a cualquiera parte de este camino

no podemos sino caer en una profunda barranca, y despeñarnos de una

gran altura;  esto quiere decir que es necesario que todas las cosas que

hiciéramos y dijéramos sean regladas con la providencia;  lo mismo he­

mos de guardar en lo que oyéremos, y en lo que pensáremos, etc.  Esto

quiero que notes mucho, que no comas de presto la comida que te dieren,

sino mira primero lo que se te da a comer, porque hay muchos peligros

en  el  mundo  y hay muchos  enemigos  que  aborrecen  a  la  persona  de

secreto;  guárdate que no te den  a comer,  o beber,  alguna cosa ponzo­

ñosa; mayormente te debes guardar en esto de los que te quieren mal; y

más de las mujeres, en especial de las que son malas mujeres; no come­

rás, ni beberás lo que te     dieren, porque muchas veces dan hechizos en

la comida o en la bebida,  algunas de ellas, dan hechizo en la comida o

en  la  bebida  para  provocar  a  lujuria,  y esta  manera  de  hechizos  no

solamente empece al cuerpo y al ánima, pero también mata, porque se

desaina el que lo bebe, o lo come, frecuentando el acto carnal hasta que

muere. Dícese que los que toman de su voluntad la carne del     mazucóatl,

que es una  culebra con     cuernos,  témanlo muy templado y    muy poco,

y si lo toman destempladamente podrán tener acceso a cuatro y a cinco

y a más mujeres, a cada una cuatro o cinco veces, y los que esto hacen

mueren porque se vacían   de toda la sustancia de su cuerpo y se secan,

y se mueren  deshechos y chupados; y andando  de esta manera  al  fin

mueren en breve tiempo,   con gran fealdad y desemejanza de   su cuerpo

y de sus miembros. Nota bien, hijo, que si alguno te diere algo de comer o de beber, de quien tienes sospechas, no lo comas ni lo bebas hasta que primero coma y beba de ello quien te lo da. Sé avisado, mira por ti en este mundo. Ya has oído lo que te he dicho; guarda en todas las cosas el medio”.

 

(Lib. VI, cap. xxii)

 

 

LA ANTIGUA Y LA NUEVA EDUCACION. EXPERIENCIAS Y PROBLEMAS. RELACION DEL AUTOR DIGNA DE SER NOTADA

 

En lo que toca (a ) que eran para más en los tiempos pasados, así para el regimiento de la república, como para el servicio de los dioses, es la causa porque tenían el negocio de su regimiento conforme a la necesidad de la gente, y por esto los muchachos y muchachas criábanlos con gran rigor, hasta que eran adultos, y esto no en casa de sus padres, porque no eran poderosos para criarlos como convenía, cada uno en su casa, y por esto los criaban de comunidad debajo de maestros muy solícitos y rigurosos, los hombres a su parte y las mujeres a la suya. Allí los ense­

 

ñaban cómo habían de honrar a sus dioses, y cómo habían de acatar y

 

obedecer a la república y a los regidores de ella.

Tenían bravos castigos para castigar a los que no eran obedientes y

reverentes a sus maestros, y en especial se ponían gran diligencia en que

no se bebiese octli. La gente que era de cincuenta años abajo ocupában­

los en muchos ejercicios de noche y de día, y criábanlos en grande auste­

ridad, de manera que los bríos e inclinaciones carnales no tenían señorío

en ellos, así en los hombres como en las mujeres.          

Los que vivían en los templos tenían tantos trabajos de noche y de día,

y eran tan abstinentes, que no se les acordaba de cosas sensuales.

Los que eran del ejercicio militar, eran tan continuas las guerras que

tenían los unos con los otros, que muy poco tiempo cesaban de la guerra

y de los trabajos de ella.               

Era  esta  manera  de  regir  muy  conforme  a  la  Filosofía  Natural  y

Moral,  porque la templanza y abastanza  de  esta tierra,  y las constela­

ciones que en ella reinan, ayudan mucho a la naturaleza humana para

ser viciosa y ociosa,  y muy dada  a los vicios sensuales;  y la  Filosofía

Moral  enseñó por  experiencia  a  estos  naturales,  que  para  vivir moral­

mente         y virtuosamente era    necesario el rigor y (la) austeridad, y ocupa­

ciones         continuas  en  cosas    provechosas  a la  república.  Como  esto cesó

por la venida de los españoles, y porque ellos derrocaron y echaron por

tierra todas las costumbres y maneras de regir que tenían estos naturales,

y quisieron reducirlos a la manera de vivir de España, así en las cosas

divinas como en las humanas, teniendo entendido que eran idólatras y

bárbaros, perdióse todo el regimiento que tenían. Necesario fue destruir

todas las cosas idolátricas, y todos los edificios idolátricos, y aun las cos­

tumbres de la república que estaban mezcladas con ritos de idolatría y

acompañadas con ceremonias idolátricas, lo cual había casi en todas las

costumbres que tenía la república con que se regía, y por esta causa fue

necesario desbaratarlo todo y ponerles en otra manera de policía, que no

tuviese ningún resabio de cosas de idolatría. Pero viendo ahora que esta

manera de policía cría gente muy viciosa, de muy malas inclinaciones y

malas          obras, las cuales los    hace a ellos odiosos a Dios y a los hombres,

y aun los causan grandes enfermedades y breve vida, será menester poner

remedio; y parécenos a todos que la principal causa de esto es la borra­

chera,         que  como  cesó  aquel  rigor  antiguo,  de  castigar  con  pena  de

muerte las borracheras, aunque ahora se castigan con azotarlos, trasqui­

larlos y venderlos por esclavos, por años, o por meses,  no es suficiente

castigo éste para cesar de emborracharse y aun tampoco las predicacio­

nes muy frecuentes contra este vicio, ni las amenazas del infierno bastan

para refrenarlos, y son estas borracheras tan destempladas y perjudiciales

a la república y a la salud y salvación de los que las ejercitan, que por

ellas se causan  muchas muertes porque se matan  los unos        a los otros

estando borrachos, y se maltratan de obras y de palabras,  y       se causan

grandes disensiones en la  república; y los que rigen se deshonran y se

 

amenguan, y hacen grandes faltas en sus oficios, y los juzgan por indig­

 

nos de ellos, y aun por este vicio son tenidos por indignos e inhábiles

para el sacerdocio,  y también porque la continencia  o castidad  que  es

necesaria a los sacerdotes, no son hábiles para guardarla, en especial los

borrachos.             

A los principios se hizo experiencia de hacerlos religiosos, porque nos

parecía entonces que serían hábiles para las cosas eclesiásticas y para la

vida religiosa, y así se dio el hábito de San Francisco a dos mancebos

indios, los más hábiles y recogidos que entonces había, y que predicaban

con gran fervor las cosas de nuestra Fe Católica a sus naturales; y pare­

ciónos que si aquellos, vestidos  de nuestro  hábito y adornados  con las

virtudes  de  nuestra  Santa  Religión  Franciscana,  predicasen  con  aquel

fervor que predicaban, harían grandísimo fruto en las ánimas; mas como

tuviesen el hábito y los ejercitasen en las cosas de esta Santa Religión,

hallóse  por  experiencia  que  no  eran    suficientes  para  tal  estado,  y          así

les quitaron los hábitos, y nunca más       se ha recibido indio a la religión,

ni aun se tiene por hábiles para el sacerdocio. En este tiempo, como aún

los religiosos no sabían la lengua de estos naturales, como mejor podían

instruían  a los indios que parecían hábiles y recogidos,  para  que  ellos

predicasen delante de los religiosos, al pueblo; pero después que los reli­

giosos supieron la lengua y comenzaron a predicar, quitáronlos de la pre­

dicación, por bajos que hallaron  en ellos en mostrarse  en presencia     de

los religiosos honestos y recogidos, no siendo tales, cosa que ellos saben

muy bien hacer.                

Y    no me maravillo tanto de las tachas y dislates de los naturales de

esta tierra, porque los españoles que en ella habitan, y mucho más        los

que  en  ella  nacen,  cobran  estas  malas  inclinaciones;  los  que  en   ella

nacen,  muy al propio de los indios,         en  el aspecto parecen  españoles y

en las condiciones no lo son; los que son naturales españoles, si no tienen

mucho aviso, a pocos años andados de su llegada a esta tierra se hacen

otros; y esto pienso que lo hace el clima, o constelaciones de esta tierra;

pero es gran vergüenza nuestra que los indios naturales, cuerdos y sabios

antiguos,  supieron dar remedio a los       daños que esta tierra imprime            en

los que en ella viven, obviando a las cosas naturales con contrarios ejer­

cicios; y nosotros nos vamos al agua abajo de nuestras malas inclinacio­

nes; y cierto, se cría una gente, así española como india, que es intole­

rable  de  regir y pesadísima  de  salvar:  los padres  y las madres  no  se

pueden  apoderar con  sus hijos  e hijas  para  apartarlos  de  los vicios y

sensualidades que esta tierra cría. Buen tino tuvieron los habitantes      de

esta tierra, antiguos, en que criaban sus hijos e hijas con la potencia     de

la república, y no los dejaban criar a sus padres, y si aquella manera de

regir no estuviera tan inficionada con ritos y supersticiones idolátricas,

paréceme que  era muy buena,  y si limpiada de todo lo idolátrico  que

tenía  y haciéndola  del  todo cristiana,  se introdujese  en  esta  república

indiana       y española, cierto sería gran   bien y sería causa de librar así a

 

la una república como a la

otra de grandes males, y de grandes trabajos

a los que las rigen. nos podemos apoderar con los que se crían

Ya tampoco nosotros no   

en las escuelas, porque como no tienen aquel temor y sujeción que anti­

guamente tenían, ni los criamos con aquel rigor y austeridad que se cria­

ban en tiempo de su idolatría, no se sujetan ni se enseñan, ni toman lo

que los enseñan, como si estuvieran  en aquella  empresa pesada de los

viejos antiguos. A los principios, como hallamos que en su república an­

tigua criaban los muchachos y las muchachas en los templos, y allí los

disciplinaban y enseñaban la cultura  de sus dioses,  y la  sujeción  a su

república, tomamos aquel estilo de criar los muchachos en nuestras casas,

y dormían en la casa que para ellos estaba edificada junta a la nuestra,

donde los enseñábamos a levantarse a la media noche, y los enseñábamos

a decir los maitines de Nuestra  Señora, y luego de mañana, las horas;

y aun les enseñábamos y tuviesen oración mental; pero como no se ejer­

citaban en los trabajos corporales como solían y como demanda la con­

dición de su briosa sensualidad, y también comían mejor de lo que acos­

tumbraban  de  su  república  antigua,  porque  ejercitábamos  con  ellos la

blandura y piedad que entre nosotros se usa, comenzaron a tener bríos

sensuales y a entender en  cosas de lascivia,  y así los echaron de nues­

tras casas, para que se fuesen a dormir a las casas de sus padres; y venían

a la mañana a las escuelas a aprender a leer y escribir, y cantar, y esto

es lo que aun ahora se usa. Pero como se han venido relajando de poco

en poco estos ejercicios, y entre ellos casi no hay quien tenga orgullo e

industria para por sí enseñar estas cosas,  si nosotros mismos no enten­

demos  en  ellas,  no hay  ya  en  las  escuelas  de  nuestras  casas  quien  a

derechas enseñe a leer y escribir,  ni a cantar,  ni  a las otras cosas de

música, casi todo se va cayendo.

También se hizo experiencia en las mujeres para ver si, como en el

tiempo de la idolatría había monasterios de ellas que servían en los tem­

plos y guardaban castidad, serían hábiles para ser monjas y religiosas de

la religión cristiana, y guardar perpetua castidad, y a este propósito se

hicieron monasterios y congregaciones de mujeres, y fueron instruidas en

las cosas espirituales, y muchas de ellas supieron leer y escribir; y las que

nos parecían que estaban bien instruidas en la Fe y eran matronas  de

buen juicio,  las hicimos preladas de las otras,  para  que  las rigiesen y

enseñasen en las cosas de la cristiandad y de todas las buenas costumbres,

y cierto,  a los principios tuvimos opinión que ellos serían hábiles para

sacerdotes y religiosos, y ellas para monjas y religiosas, pero engañónos

nuestra opinión.  Por experiencia entendimos que por entonces no eran

capaces  de  tanta  perfección,  y así cesó la  congregación  y monasterios

que a los principios intentábamos, ni aun ahora vemos indicios que este

negocio se pueda efectuar.           

Hízose también a los principios una diligencia en algunos pueblos de

esta Nueva España donde residen los religiosos, como fue en Cholula y

 

en Huexotzingo, etc., que los que se casaban los poblaban por sí junto a los monasterios, y allí moraban, y de allí venían todos a misa cada día, al monasterio, y les predicaban el cristianismo, y el modo de la cohabita­ ción matrimonial, y era muy buen medio éste para sacarlos de la infec­ ción de la idolatría, y otras malas costumbres, que se les podían apegar de la conversación de sus padres; pero duró poco, porque ellos hicieron entender a los más de los religiosos, que toda la idolatría, con todas sus ceremonias y ritos, estaba ya tan olvidada y abominada que no había para qué tener este recatamiento, pues que todos eran bautizados y sier­ vos del verdadero Dios; y esto fue falsísimo, como después acá lo hemos visto muy claro, que ni aun ahora cesa de haber muchas heces de idola­ tría y de borrachería, y de muchas malas costumbres, lo cual se hubiera mucho remediado si aquel negocio fuera adelante como se comenzó. Y si así como fue en pocas partes, fuera en todas, y perseverara hasta ahora, ya casi está imposibilitado de remediarse.

 

Fueron grandes los trabajos y perplejidades que tuvimos a los princi­ pios para casar a los casados, y que tenían muchas mujeres, para darles aquellas que el derecho manda que tomen, porque para examinar los parentescos y saber cuál fue la primera, para dársela, nos vimos en un laberinto de gran dificultad, porque ellos mentían en decir cuál fue la primera y hacían embustes para casarse con aquella que ellos tenían más afección; y para saber con cuál habían hecho la ceremonia que usaban cuando tomaban mujer legítima necesario revolver y saber muchas ceremo­ nias y ritos idolátricos de la infidelidad; y como sabíamos poca lengua, ca­ si nunca bien caímos en la cuenta como ahora lo habernos entendido. . .

 

Luego que venimos a esta tierra a plantar la Fe juntamos (a ) los mu­ chachos en nuestras casas, como está dicho, y les comenzamos (a ense­ ñar) a leer y escribir y cantar, y como salieron bien con esto, procura­ mos luego de ponerlos en el estudio de la Gramática, para el cual ejer­ cicio se hizo un Colegio en la ciudad de México en la parte de Santiago del Tlatilulco, en el cual de todos los pueblos comarcanos y de todas las provincias se escogieron los muchachos más hábiles, y que mejor sabían leer y escribir, los cuales dormían y comían en el mismo Colegio sin salir fuera sino pocas veces.

 

Los españoles y los otros religiosos que supieron esto, reíanse mucho y hacían burla, teniendo muy por averiguado que nadie sería poderoso para poder enseñar Gramática a gente tan inhábil; pero trabajando con ellos dos o tres años, vinieron a entender todas las materias del arte de la Gramática, (a ) hablar latín y entenderlo, y a escribir en latín, y aun a hacer versos heroicos. Como vieron esto por experiencia los españoles seglares y eclesiásticos espantáronse mucho, como aquello se pudo hacer. Yo fui el que los primeros cuatro años con ellos trabajé y los puse en todas las materias de la Latinidad. Como vieron que esto iban adelante y aun­ que tenían habilidad para más, comenzaron así los seglares como los eclesiásticos a contradecir este negocio y a poner muchas objeciones con­

 

tra él, para impedirle, porque yo me hallé presente en todas estas cosas y porque leía la Gramática a los indios del Colegio, podré decir con ver­ dad las objeciones que ponían y las respuestas que se les daban.

 

Decían que, pues éstos no habían de ser sacerdotes, de qué servía enseñarles la Gramática, que era ponerlos en peligro de que hereticasen, y también que viendo la Sagrada Escritura entenderían en ella como los Patriarcas antiguos tenían juntamente muchas mujeres, que era conforme a lo que ellos usaban, y que no querrían creer lo que ahora les predicá­ semos, que no puede nadie tener más que una mujer casado con ella infacie eclesiae; otras objeciones de esta calidad ponían, a las cuales se les respondía que, puesto caso que no hubiesen de ser sacerdotes que­ ríamos tener sabido a cuánto se extendía su habilidad; lo cual sabido por experiencia, podríamos dar fe de lo que en ellos hay, y que conforme a su habilidad se haría con ellos lo que pareciese ser justo, según proxi­ midad. A lo que decían que les dábamos ocasión de hereticar, se res­ pondía que con no pretender aquello sino lo contrario, conviene a saber, que pudiesen entender mejor las cosas de la fe, y con estar sujetos a Príncipe Cristianísimo, estaba muy en la mano, cuando algo de esto pareciese, remediarlo. A lo de las mujeres, como está en el Evangelio la corrección que nuestro Redentor hizo cerca de lo que antiguamente se usaba de que un hombre tenía muchas mujeres, son obligados a creerlo, predicándoselo como ordinariamente se les predica; y siendo en esto rebeldes castigarlos como a herejes, pues hay autoridad de poder Ecle­ siástico y Seglar para hacerlo. Muchas otras altercaciones se tuvieron acerca de este negocio, las cuales sería cosa prolija ponerlas aquí.

 

Ha ya más de cuarenta años que este Colegio persevera, y los cole­ giales de él en ninguna cosa han delinquido, ni contra el rey, ni contra su república, mas antes han ayudado y ayudan en muchas cosas a la plantación y sustentación de nuestra santa Fe católica, porque si sermo­ nes y postillas y doctrinas se han hecho en la lengua indiana, que pue­ den parecer y sean limpios de toda herejía, son precisamente los que con ellos se han compuesto, y ellos por ser entendidos en la lengua latina nos dan a entender las propiedades de los vocablos y las propiedades de su manera de hablar, y las incongruidades que hablamos en los ser­ mones, o las que decimos en las doctrinas; ellos nos las enmiendan, y cualquiera cosa que se haya de convertir en su lengua, si no va con ellos examinada, no puede ir sin defecto sin escribir congruamente en la lengua latina, ni en romances, ni en su lengua; para lo que toca a la ortografía y buena letra, no hay quien lo escriba si no es los que aquí se crían.

 

Enseñaron los frailes a los colegiales y estuvieron con ellos más de diez años enseñándolos toda la disciplina y costumbres que en el Cole­ gio se habían de guardar, y ya que había entre ellos quien leyesen y quien al parecer fuesen hábiles para regir el Colegio, luciéronles sus ordenaciones y eligiéronse rector, y consiliarios, para que rigieran el Co­

 

legio, y dejáronlos que leyesen y se rigiesen ellos a sus solas por más de

 

veinte años, en el cual tiempo se cayó todo el regimiento y buen con­

cierto del Colegio, parte por el mayordomo que tenía cargo del colegio,

que era español; parte por la negligencia y descuido del rector y consi­

liarios.  También  por descuido de  los  frailes  que  no curaban  de  mirar

cómo iban las cosas, hasta que todo dio en tierra.                                              

       Cuarenta  años  después  de  la  fundación  del  Colegio  tornóse  a  exa­

minar el  estado  en  que  estaban  las  cosas  del  Colegio,  y hallóse  estar

perdido,  y fue  necesario dar  otro  corte  y hacer  otras  ordenaciones  de

nuevo, sobre las primeras, para que el Colegio fuese adelante, como pa­

rece por las mismas ordenaciones que se hicieron de nuevo.                 

       Yo que me hallé en la  fundación  del  dicho Colegio,  me hallé  tam­

bién en la reformación de él, la cual fue más dificultosa que la misma

fundación. La pestilencia que hubo ahora ha treinta y un años dio gran

baque al Colegio, y no le ha dado menor esta pestilencia de este año de

1576,          que      casi  no  está  ya  nadie  en  el  Colegio,  muertos     y enfermos,

casi todos   son salidos.                                        

       Recelo tengo muy grande que esto se ha de perder del todo, lo uno

porque ellos son pesados de regir y mal inclinados a aprender,  lo otro

porque los frailes se cansan de poner con ellos el trabajo de que tienen

necesidad para  llevarlos adelante; lo otro,  porque  veo que ni  entre  los

seglares      ni         entre  los  eclesiásticos  no  hay  nadie  que  los       favorezca,       ni

con solo un tomín. Si el señor don Antonio de Mendoza — que en gloria

sea—  visorrey que fue de esta Nueva España,  no los    hubiera proveído

de su hacienda de una poca de rentilla que tienen, con que se sustentan

pocos y mal, ya no hubiera memoria de Colegio, ni colegial; y pudiérase

haber hecho gran bien  a toda esta república indiana,  y el rey nuestro

señor  tuviera  más  vasallos  en  ella  de  los  que  tiene,  y  tendrá  porque

siempre van en disminución y la causa que yo he visto con mis ojos es,

que en la pestilencia de ahora ha treinta años por no haber quien supie­

se    sangrar            ni  administrar  las  medicinas  como  conviene,      murieron         los

más que murieron, y de hambre, y en esta pestilencia presente acontece

lo    mismo y  en  todas  las  que  se  ofrecieren  será  lo mismo,  hasta  que

se    acaben.                                                          

       Y         si se hubiera tenido atención y advertencia a que estos indios hu­

bieran  sido instruidos  en  la  Gramática,  Lógica  y  Filosofía  Natural,  y

Medicina,   pudieran haber socorrido  (a )  muchos de los que han         muer­

to porque en esta ciudad de México vemos por nuestros ojos, que aque­

llos  que  acuden  a  sangrarlo  y  purgarlos  como  conviene,     con      tiempo

sanan, y los demás mueren; y como los médicos y sangradores españoles,

que lo         saben hacer, son pocos socorren a pocos y ya casi están cansados

y enfermos,  y muertos  los sangradores  y médicos,  y no  hay ya  quien

pueda ni quiera acudir, ni ayudar a los indios pobres, y así se mueren

por no         tener remedio ni socorro.                                          

 

 

 

 

 

 

 

CALENDARIO Y FUEGO NUEVO

 

LAS TRES CUENTAS DEL TIEMPO

 

APENDICE  DEL  CUARTO  LIBRO,  EN  ROMANCE,  Y ES UNA APOLOGIA EN DEFENSION DE LA VERDAD QUE EN EL  SE CONTIENE

Porque        algunos  se han  engañado y aun  todavía     dura  el  engaño  cerca

de ciertas cuentas que  estos naturales  usaban  antiguamente,  tengo  por

cosa provechosa poner aquí la  declaración  de  tres maneras     de        cuentas

que usaban, y aun en algunas partes la usan.       sus meses:       es         el caso

Es la primera cuenta, la división del año por                              

que ellos repartían el año en diez y ocho partes, y a cada parte le daban

veinte días; éstos se pueden llamar meses, de manera que su año tenía

diez y ocho meses, los cuales contienen trescientos y sesenta días, y los

cinco que sobran para ser año cumplido no entran en cuenta sino llamá­

banlos         días  baldíos  y  aciagos,  porque       a  ningún         dios  eran        dedicados.

El fin a que enderezaban esta división es, que cada mes, o cada veinte

días los dedicaban  a un  dios,  y en  ellos le hacían  fiesta  y sacrificios,

excepto que en dos meses hacían fiesta a cuatro dioses, dedicando diez

días al uno y otros diez al otro, y así con ser los meses diez y ocho, las

fiestas que celebraban en ellos eran veinte. Esta cuenta se llama calen­

dario, donde todos los días del año se dedican a los dioses, excepto los

cinco que como está dicho los tenían por baldíos y aciagos. Esta cuenta,

que es el calendario que estos naturales tenían, de tiempo sin memoria,

no tiene qué hacer con las otras dos cuentas que luego se dirá. 

La segunda cuenta que estos naturales usaban se llama cuenta de los

años, porque contaban cierto número de años por la forma que se sigue.

Tenían  cuatro  caracteres  puestos  en  cuatro  partes  en  respecto  de  un

círculo redondo, al uno de estos caracteres llamaban ce ácatl,    que quiere

decir una  caña.  Este carácter era como una  caña verde pintada,  y en

respecto del círculo estaba hacia el oriente. Al segundo carácter llamaban

ce técpatl, que quiere decir un pedernal hecho a manera de hierro de

lanza, teñido la mitad de él con sangre. Pero estaba puesto hacia la parte

del septentrión, en respecto del círculo. El tercer carácter era una casa

pintada       que ellos llaman ce calli; está puesta hacia la puerta del occi­

 

dente en respecto del círculo. El cuarto carácter es la semejanza de un conejo que ellos llaman ce tochtli; está puesto hacia la parte del mediodía en respecto del círculo. Contaban por estos caracteres cincuen­ ta y dos años, dando a cada uno de los caracteres trece años, y contaban

de esta manera:  ce ácatl, orne técpatl, ei cálli, nahui tochtli, y así dan­

do vuelta por estos caracteres hasta que en cada uno se cumpliesen trece años, los cuales todos juntos son cuatro veces trece, que hacen cincuenta y dos años. El fin o intención de esta cuenta es renovar cada cincuenta y dos años el pacto o concierto, o juramento de servir a los ídolos, porque en el fin de los cincuenta y dos años hacían una muy solemne fiesta, y sacaban fuego nuevo, y apagaban todo lo viejo, y toma­ ban todas las provincias de esta Nueva España fuego nuevo. Entonces renovaban todas las estatuas de los ídolos y todas sus alhajas, y el pro­ pósito de servir los otros cincuenta y dos años, y también tenía profecía u oráculo del demonio que en uno de estos períodos se había de acabar el mundo.

 

La tercera cuenta que estos naturales usaban era el arte para adivinar la fortuna o ventura que tendrían los que nacían, hombres y mujeres; era de esta manera: que tenían veinte caracteres: al primero llaman

cipactli; el segundo,  ehécatl; el tercero, calli;  el cuarto,  cuetzpállin', el

 

quinto, cóatl, etc., hasta veinte como está pintado en la figura que está al fin de este apéndice. Decían que cada uno de estos caracteres reinaba trece días, que todos juntos son doscientos sesenta días; algunos dicen que estos trece días, son semanas del mes, y no es así sino número de días en que reina el signo o carácter. Las semanas de los meses son cinco días, y así hay en cada mes cuatro semanas; y los tiánquez o mercados, por este número se señalaban, que de cinco en cinco días echaban los mercados o ferias, y así no tenían semanas sino quintana; y ahora en muchas partes echan los mercados y ferias por nuestra se­ mana, de siete en siete días.

 

En esta cuenta adivinatoria y no lícita entrepónense los caracteres de la cuenta de los años, conviene a saber, aquellos cuatro caracteres de que arriba se hizo mención, que es caña, padernal, casa, conejo, por donde contaban la hebdómada de sus años, que son cincuenta y dos.

 

(Lib. IV, apéndice)

 

 

LA MANERA QUE TENIAN EN CONTAR LOS AÑOS. LOS CUATRO RUMBOS DEL MUNDO

 

Los de México, o los de esta Nueva España, en su infidelidad solían contar los años por cierta rueda con cuatro señales o figuras, conforme a las cuatro partes del mundo, de manera que cada año se contaba con la figura que era de cada una de las dichas partes. Los nombres que

 

tuvieron puestos a las cuatro partes del mundo son éstos: huitztlampa, que es el mediodía o austro; tlapcopa, que es el oriente; mictlampa, que es el septentrión: cihuatlampa, que es el occidente o poniente; los nombres de las figuras dedicadas a las cuatro partes del mundo son éstos, Tochtli, que es conejo, y era dedicada a huitztlampa, que es el mediodía: ácatl, que es caña, era dedicada al oriente; técpatl, que es pedernal, dedicada a septentrión; calli, que es casa, era dedicada al occidente o poniente. Así que el principio de los años era la figura de conejo; de esta manera ce tochtli, un conejo, y luego orne ácatl, que es dos cañas, y luego ei técpatl, que es tres pedernales, y luego nahui calli que es cuatro casas, y así se van multiplicando los números de cada nombre o figura hasta los trece. Y acabados los cincuenta y dos tornaba la cuenta a ce tochtli.

 

Acatl, que es la caña, era figura dedicada al oriente, que llamaban tlapcopa y tlauilcopa, casi hacia la lumbre o al sol. Técpatl, que es pe­ dernal, era figura dedicada a mictlampa, casi hacia el infierno porque creían que a la parte del septentrión los difuntos se iban; por lo cual, en la superstición que hacían a los difuntos, cubiertos con las mantas y atados los cuerpos, hacíanlos sentar vuelta la cara al septentrión o mictlampa. La cuarta figura era la casa, y era dedicada al occidente o poniente, al cual llamaban cihuatlampa, que es casi hacia la casa de las mujeres, porque tenían opinión que en el poniente vivían las mujeres difuntas, que son diosas. Y en el oriente viven los hombres, y que los hombres difuntos que están en la casa del sol, desde el oriente le guían, haciéndole fiesta al sol cada día que sale, hasta llegar al mediodía. Y que las mujeres difuntas que llaman Cihuapipiltin, que las tienen por diosas, parten del occidente y vanle a recibir al mediodía, y lié vanle con fiesta hasta el occidente.

 

Así que, cada una de las dichas cuatro figuras, por el dicho orden, de trece en trece años comienzan la cuenta de los años, y todas las cuatro multiplicándose, llegan al número treceno, diciendo: ce tochtli,

orne ácatl, ei técpatl, nahui calli, macuilli tochtli, seis ácatl, siete técpatl,

 

ocho calli etc., y con trece veces cuatro se concluyen los cincuenta y dos años.

 

Acabados los cincuenta y dos años según dicho es, tornaba la cuenta otra vez a ce tochtli, que era la figura a la parte del mediodía, que llamaban huitztlampa, y cuando se volvía al dicho ce tochtli, todos te­ mían del hambre, porque creían que era señal de grande hambre.

 

(Lib. VII, cap. viii)

 

EL TEMOR QUE TENIAN AL HAMBRE CUANDO ANDABA LA CUENTA DE LOS AÑOS EN CE TOCHTLI, Y DE LA PROVISION QUE HACIAN EN EL AÑO ANTES

 

Antes que llegase ce tochtli, a quien temían mucho por el hambre, todos procuraban de juntar y esconder en sus casas muchos manteni­ mientos, y todos los géneros de semillas que se pudiesen comer, aunque eran comidas muy bajas, cuales son las que se dicen en este capítulo: polúcatl, es una semilla de unas yerbas que no se comen sino por grande necesidad; este popóyotl es maíz aneblado; xolotzontli, son los cabellos qué las mazorcas tienen colgados cuando están en la caña; miáuatl, son aquellos penachos que tienen las cañas del maíz cuando ya están grandes las mazorcas; este metzolli, son las rayaduras o raspas del maguey, cuando le abren para que mane; nochxóchitl es la flor de la tuna; mexcalli, son las pencas del maguey cocidas; necutlatotonilli, es la miel reciente que sale del maguey, calentada al fuego, huauhtli polocayo, es la semilla de los cenizos sin limpiar, con todas sus inmun­ dicias. Los frijoles los guardaban con todas las ramas y hojas y vainas, porque de todo se aprovechaban en tiempo de hambre.

 

Y cuando acontecía la dicha hambre, entonces se vendían por escla­ vos muchos pobres, hombres y mujeres, y comprábanlos los ricos que tenían muchas provisiones allegadas; y no solamente los dichos pobres se vendían a sí mismo sino que también vendían a sus hijos y a sus descendientes y a todos su linaje, y así eran esclavos perpetuamente porque decían que esta servidumbre que se cobraba en tal tiempo no tenía remedio para acabarse en algún tiempo, porque sus padres se habían vendido por escapar de la muerte o por librar su vida de la última necesidad, y decían que por su culpa les acontecía tal desastre, porque ellos sabiendo que venía la dicha hambre se habían descuidado y no habían curado de remedio; y así decían después que los tales esclavos habían cobrado la dicha servidumbre en el año de ce tochtli, y los des­ cendientes que habían heredado tal servidumbre de sus antepasados la cual se decía servidumbre perpetua. Pasado el año de ce tochtli luego volvía la cuenta de los años al orne ácatl, que era de la parte de tlapcopa, que es donde nace el sol.

(Lib. VII, cap. ix)

 

DE LA GAVILLA O ATADURA DE LOS AÑOS, QUE ERA DESPUES QUE CADA UNO DE LOS CUATRO CARACTERES HABIA REGIDO CADA UNO TRECE AÑOS, QUE SON CINCUENTA Y DOS, Y DE LO QUE EN ESTE AÑO DE CINCUENTA Y DOS HACIAN

 

Acabada la dicha rueda de los años, al principio del nuevo año que se decía orne ácatl, solían hacer los de México y de toda la comarca

 

una fiesta o ceremonia grande, que llamaban toxiuh molpilia; y es casi atadura de los años, y esta ceremonia se hacía de cincuenta y dos en cincuenta y dos años, es a saber, después que cada una de las cuatro señales había regido trece veces a los años. Decíase aquella fiesta toxiuh molpilia, que quiere decir, ‘ atanse nuestros años”, y por­ que era principio de otros cincuenta y dos años, decían también xiuht-zitzquilo, que quiere decir, “se torna el año nuevo”, y en señal de esto cada uno tocaba a las yerbas, para dar a entender que ya se comenzaba la cuenta de otros cincuenta y dos años para que se cumpliesen ciento cuatro años, que hacen un siglo.

 

Así que entonces sacaban también nueva lumbre, y cuando ya se acercaba el día señalado para sacar nueva lumbre, cada vecino de México solía echar, o arrojar en el agua o en las acequias, o lagunas, las piedras o palos que tenían por dioses de su casa, y también las piedras que servían en los hogares para cocer comida, y con que molían ajíes o chiles, y limpiaban muy bien las casas y al cabo mataban todas las lumbres. Era señalado cierto lugar donde se sacaba y se hacía la dicha nueva lumbre, y era encima de una sierra que se dice Euixachtlan, que está en los términos de los pueblos de Iztapalapa y Colhuacan, dos leguas de México; y se hacía la dicha lumbre a media noche, y el palo de donde se sacaba fuego estaba puesto sobre el pecho de un cautivo que fue tomado en la guerra, y el que era más generoso, de manera que sacaban la dicha lumbre de palo bien seco, con otro palillo largo y delgado como asta, rodándole entre las palmas muy de presto con entrambas palmas como torciendo; y cuando acertaban a sacarla y estaba ya hecha, luego incontinenti abrían las entrañas del cautivo y sacábanle el corazón y arrojábanlo en el fuego, atizándole con él, y todo el cuerpo se acababa en el fuego. Y los que tenían oficio de sacar lum­ bre nueva eran los sacerdotes solamente, y especialmente el que era del barrio de Copolco tenía el dicho oficio, él mismo sacaba y hacía fuego nuevo.

 

(Lib. VII, cap. x)

 

EL  ORDEN  QUE  GUARDABAN EN  SACAR LA  LUMBRE NUEVA EN EL AÑO CINCUENTA Y DOS Y TODAS LAS CEREMONIAS QUE  PARA SACARLA HACIAN

 

Está arriba declarado que en la sierra de Uixachtlan solían hacer fuego nuevo, y el orden que tenían en ir a aquella sierra es éste: que en la vigilia de la dicha fiesta, ya puesto el sol, se aparejaban los sacerdo­ tes de los ídolos y se vestían y se componían con los ornamentos de sus dioses, así que parecían que eran los mismos dioses; y al principio de la noche empezaban a caminar, poco a poco y muy despacio, y con mucha

 

gravedad y silencio, y por esto decían teonenemi, que quiere decir, cami­

 

nan como dioses; partíanse  de     México y llegaban  a la dicha  sierra ya

casi cerca de media noche, y el dicho sacerdote del barrio de Copolco,

cuyo           oficio era de    sacar (la )  lumbre nueva, traía en sus manos los ins­

trumentos con que se sacaba el fuego; y desde México por todo el camino

iba probando la manera con que fácilmente se pudiese hacer lumbre.

Venida  aquella noche  en  que  (se)  había de hacer  y tomar lumbre

nueva, todos tenían muy grande miedo y estaban esperando con mucho

temor lo que acontecería, porque decían y tenían esta fábula o creencia

entre  sí,  que  si  no  se pudiese  sacar lumbre  que  habría  fin  el  linaje

humano,  y que  aquella  noche     y  aquellas  tinieblas  serían  perpetuas,  y

que el sol no tornaría a nacer o salir; y que de arriba vendrían y des­

cenderían  los         tzitzimime,      que      eran  unas  figuras  feísimas  y terribles  y

que comerían  a los hombres y     mujeres.  Por lo cual  todos se subían  a

las azoteas, y allí se juntaban todos los que eran de cada casa, y ninguno

osaba  estar bajo.  Y las  mujeres  preñadas  en   su  rostro  o cara  ponían

una carátula de penca de maguey, y también encerrábanlas en las trojes

porque tenían y decían que si la lumbre no se pudiese hacer, ellas tam­

bién se volverían fieros animales y que comerían a los hombres y muje­

res. Lo mismo hacían con los        niños, porque poníanle la dicha carátula

de maguey en la cara,  y no los dejaban dormir poco ni mucho; y los

padres y las madres ponían muy gran solicitud en despertarlos, dándoles

cada rato de empujones y voces, porque decían que si los dejasen a ellos

dormir que se habían de volver ratones.              

De manera que todas las  gentes no entendían  en  otra cosa sino  en

mirar  hacia  aquella  parte,  donde  se  esperaba  la  lumbre,  y  con  gran

cuidado estaban esperando la hora y momento    en que había de parecer

y se viese el fuego; y cuando        estaba sacada la lumbre,  luego se hacía

una hoguerra muy grande para que se pudiese ver desde lejos; y todos,

vista           aquella luz,      luego   cortaban  sus   orejas   con  navajas  y  tomaban

de la sangre que salía y esparcíanla hacia aquella parte de donde pare­

cía la  lumbre.  Y todos  eran  obligados  a hacerlo,  hasta  los  niños  que

estaban  en  las  cunas,  porque  también  les  cortaban  las  orejas;  porque

decían que de aquella manera todos hacían penitencia o merecían, y los

ministros de           los ídolos abrían         el pecho          y las     entrañas del cautivo,  con

un pedernal agudo como un cuchillo según está dicho arriba.

 

(Lib. VII, cap. xi)

 

LO QUE SE HACIA DESPUES DE HABER

SACADO EL  FUEGO NUEVO

 

Hecha aquella hoguera grande, según dicho es de la lumbre nueva, luego los ministros de los ídolos, que habían venido de México y de otros

 

pueblos,  tomaban  de

aquella  lumbre,  porque  allí  estaban      esperándola,

y enviaban  por ella los que  eran  muy ligeros y grandes  corredores,  y

llevábanla  en  unas  teas  de  pino  hechas  a manera  de  hachas;  corrían

todos a gran prisa, y a porfía, para que muy presto se llevase la lumbre

a cualquier pueblo.  Los de  México,  en  trayendo  aquella  lumbre,  con

aquellas teas de pino, luego la llevaban al templo del ídolo de   Huitzilo-

pochtli y poníanla en un candelero hecho de cal y canto, puesto delante

del ídolo, y ponían en él mucho incienso de copal; y de allí       tomaban

y llevaban al aposento de los sacerdotes que se dicen mexicanos y des­

pués  a otros aposentos de los dichos ministros  de los ídolos, y de allí

tomaban y llevaban todos los vecinos de la ciudad;  y era cosa de ver

aquella multitud de gente que venía por la lumbre, y así hacían hogue­

ras grandes y muchas         en cada barrio, y hacían muy grandes regocijos.

Lo mismo hacían los         otros sacerdotes de otros pueblos, porque     llevaban

la dicha lumbre muy de prisa y a porfía, porque el que más podía correr

que otros tomaba la tea de pino y así, muy          presto, casi en un        momen­

to  llegaban  a  sus  pueblos,  y  luego  venían     a  tomar todos los       pueblos

de ella; y era cosa de ver la muchedumbre de los fuegos en todos los

pueblos,  que  parecía        ser  de  día,  y primero  se hacían  lumbres  en  las

casas donde moraban los dichos ministros de los ídolos.           

                   (Lib. VII,        cap. xii)

 

DE COMO TODA LA GENTE  DESPUES  DE  HABER TOMADO  FUEGO  NUEVO, RENOVABAN TODOS  SUS VESTIDOS Y ALHAJAS, DONDE SE PONE LA FIGURA DE LA CUENTA DE LOS AÑOS

De  la         dicha   manera            hecha  la  lumbre  nueva,  luego        los       vecinos  de

cada pueblo, en cada casa, renovaban sus alhajas, y los hombres y mu­

jeres se vestían de vestidos nuevos y ponían en el suelo  nuevos petates,

de manera   que todas        las cosas que eran menester en casa eran nuevas,

en señal del año nuevo que se comenzaba; por lo cual todos se alegra­

ban y hacían           grandes           fiestas, diciendo que ya había pasado la pestilen­

cia y hambre, y echaban en el fuego mucho incienso y cortaban cabezas

de codornices, y con las cucharas de barro          ofrecían incienso        a sus dioses,

a cuatro partes del mundo,  estando cada uno  en  el patio          de  su casa,

y después metían lo ofrecido en la hoguera, y después comían   tzóuatl,

que es         comida hecha  de bledos con miel,  y mandaban      a todos ayunar

y que nadie bebiese agua hasta medio día.  Siendo ya medio día comen­

zaban a sacrificar y a matar hombres cautivos,  o esclavos, y así hacían

fiestas y comían y renovaban las hogueras. Y las mujeres preñadas que

estuvieron  encerradas       y tenidas  por  animales  fieros,  si     entonces  acon­

tecía parir,  ponían a          sus hijos estos nombres:  Mólpilia,    etc., en memo­

 

ria de lo que había acontecido en su tiempo, y a las hijas Xiuhnénetl,

 

etc. En tiempo de Moteccuzoma hízose aquella fiesta ya dicha,  el cual

mandó  en  todo  su  reino  que  trabajasen  de  tomar  algún  cautivo  que

tuviese el dicho nombre, y fue tomado un hombre de Huexotzinco, muy

generoso, el cual se decía  Xiuhtlamin; y lo tomó en la guerra un soldado

de Tlaltilulco          que había        (d e)  nombre Itzcuin, por lo cual      después           le

llamaban  a él         Xiuhtlamin-mani,  que quiere decir tomador de Xiuhtla­

min; y en  el pecho  del  dicho  cautivo  se hizo la  lumbre  nueva  y su

cuerpo todo se quemó, según era (la)  costumbre.                      

Esta tabla arriba puesta es la cuenta de los años, y es cosa antiquí­

sima.  Dicen que el inventor de ella fue  Quetzalcóatl.  Procede  de  esta

manera,  que  comienza  del  oriente,  que  es  donde  están  las  cañas  (y

según otros del mediodía, donde está el conejo)  y dicen ce       ácatl, y de

allí van al norte donde está el pedernal, y dicen orne técpatl;     luego van

al occidente  donde  está la casa,  y allí dicen      yei calli,  y luego van  al

ábrego, que es donde está el conejo, y dicen        nahui tochtli; y luego tor­

nan al oriente, y dicen,      macuilli ácatl, y así van dando cuatro vueltas,

hasta que llegan a trece,    que se acaban donde comenzó; y luego vuelven

a uno,  diciendo ce técpatl, y de esta manera dando vueltas,  dan  trece

años a cada uno de los caracteres, o a cada una de las cuatro partes del

mundo, y entonces se cumplen cincuenta y dos años, que es una gavilla

de años, donde se celebra el jubileo y se saca lumbre nueva en la forma

arriba puesta.  Luego vuelven  a contar como de principio.  Es de  notar

que discrepan mucho en diversos lugares del principio del año. En unas

partes  me  dijeron  que  comenzaba  a  tantos  de  enero;  en  otras  que  a

primero  de febrero;  en otras  que  a tantos  de  marzo.  En  el   Tlatilulco

junté muchos viejos, los más diestros que yo pude haber, y juntamente

con los más hábiles de los colegiales se altercó esta materia por muchos

días,  y todos         ellos concluyeron  que  comenzaba  el  año  el  segundo     día

de febrero.                                                

(Lib. VII, cap. xiii)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ARTE DE ADIVINAR

 

PROLOGO

 

Cosa muy sabida es que los astrólogos llamados genethliaci7 tienen soli' citud en saber la hora y punto del nacimiento de cada persona, lo cual sabido adivinan y pronostican las inclinaciones naturales de los hombres, por la consideración del signo en que nacen y del estado y aspecto que entonces tenían los planetas entre sí, y en respecto del signo. Estos astró­ logos o adivinos fundan su adivinanza en la influencia de las constela­ ciones y planetas, y por esta causa tolérase su adivinanza, y permítese en los repertorios que el vulgo usa, con tal condición que nadie piense que la influencia de la constelación hace más que inclinar a la sensua­ lidad, y que ningún poder tiene sobre él libre albedrío. Estos naturales de toda (la) Nueva España tuvieron y tienen gran solicitud en saber el día y hora del nacimiento de cada persona, para adivinar las condi­

 

ciones, vida y muerte de los que nacían. Los que tenían este oficio se llamaban tonalpouhque a los cuales acudían como a profetas, cualquiera que le nacía hijo o hija, para informarse de sus condiciones, vida y

 

muerte. Estos adivinos no se regían por los signos ni planetas del cielo, sino por una instrucción que según ellos dicen se la dejó Quetzalcóatl la cual contiene veinte caracteres multiplicados trece veces, por el modo

 

que en el presente libro se contiene. Esta manera de adivinanza en nin­ guna manera puede ser lícita, porque si se funda en la influencia de las estrellas, ni en cosa ninguna natural, ni su círculo es conforme al círculo del año, porque no contiene más de doscientos sesenta días, los cuales acabados tornan al principio. Este artificio de contar, o es arte de nigromántica o pacto y fábrica del demonio, lo cual con toda dili­ gencia se debe desarraigar.

 

 

 

 

 

7 En latín,  los que hacen horóscopos       (M ).

 

DEL PRIMERO SIGNO LLAMADO CE CIPACTLI, Y DE LA BUENA FORTUNA QUE TENIAN  LOS QUE NACIAN, ASÍ HOMBRES COMO MUJERES, SI NO LA PERDIAN POR SU NEGLIGENCIA, O FLOJURA

 

Aquí comienzan los caracteres de cada día, que contaban por trecenas; eran trece días en cada semana, y hacían un círculo de doscientos sesen­ ta días y después tornaban al principio. El primer carácter se llama cipactli, que quiere decir un espadarte, que es pez que vive en el mar; y es principio de todos los caracteres, que hacen y cuentan cada día hasta que hacen un círculo de doscientos sesenta días, y comienza la cuenta de los días dando a cada carácter de trece días, que se llama año de los caracteres. El primer día de los trece es del primer carácter, que se llama cipactli; el segundo, de otro carácter que se llama ácatl (ehécatl) (viento) que quiere decir caña; el tercer día es de otro carácter que se llama calli, que quiere decir casa; el cuarto día es de otro carácter que se llama cuetzpallin, que quiere decir lagartija; el quinto día es de otro carácter que se llama cóatl, que quiere decir cule­ bra; el sexto día es de otro carácter que se llama m iquiztli, que quiere decir muerte; el séptimo día es de otro carácter que se llama m ázatl, que quiere decir ciervo; el octavo día es de otro carácter que se llama tochtli, que quiere decir conejo; el noveno día es de otro carácter que se llama atl, que quiere decir agua; el décimo día es de otro carácter, que se llama ozomatli, que quiere decir mona; el undécimo día es de otro carácter que se llama itzcuintli, que quiere decir perro; el duodéci­ mo día es de otro carácter que se llama malinalli, que quiere decir heno; el decimotercero día es de otro carácter que se llama ácatl, que quiere decir caña.

 

Estos trece días decían que eran bien afortunados, que cualquiera que nacía en cualquiera de los trece días, que si era hijo de principal sería señor o senador, y rico; y si era hijo de baja suerte y de padres pobres, sería valiente y honrado y acatado de todos, y tendría qué comer; y si era hija la que nacía en cualquiera de los trece días sería rica y tendría todo cuanto es menester para su casa, para gastar en comida y bebida, para hacer convite, para bailar y danzar en su casa, y dar comida y bebida a los pobres viejos y huérfanos que no tienen qué co­ mer y beber, y sería todo próspero lo que hiciere por su trabajo para ganar la vida, y no se le perdería cosa ninguna del trabajo, y sería hábil para vender todas las mercaderías y ganar todo cuanto pudiere. Y más, decían que aunque en naciendo una criatura tuviese carácter bien afor­ tunado, si no hacía penitencia, y si no se castigaba, y si no sufría los castigos que se le hacían y las palabras celosas y ásperas que se le daban, y si era de mala crianza, ni andaba en camino derecho, perdía todo cuanto había merecido por el buen signo en que nació. El mismo se menospreciaba y se cegaba; aun si era amancebado perdería la buena

 

fortuna que tenía, y así se empobrecería y no tendría qué comer, y beber, y tendría gran trabajo en toda su vida, porque él mismo buscó la mala ventura por su bellaquería, siendo desobediente y soberbio y descuidado, y en ninguna parte hallaría contento, y siempre tendría pobreza y mala ventura y todos le menospreciarían y todos le tendrían en nada, y nadie le tendría por amigo y andaría solo y nadie le querría bien, y en todo lugar le querrían mal y todos le maldecirían y sería odioso a todos y le mirarían con malos ojos, por ser público pecador, y todos le maldecirían por ser soberbio y vagabundo, y por andar perdi­ do y desobediente a lo que se le mandaba y aconsejaba, y porque no curaba de la buena crianza.

 

Y (de) la criatura que nacía en buen signo decían los padres y ma­ dres “nuestra criatura es bien afortunada y tiene buen signo que se llama

 

c i p a c t l i luego le bautizaban y le daban el nombre del signo llamándole cípac, o le daban otro nombre de los abuelos, etc.; y si les perecía pasa­ ban el bautismo a otro día que fuese de mejor fortuna, dentro del mismo signo. Y si la criatura que nacía era varón, cuando le bautizaban ha­ cíanle una rodela pequeña con cuatro saetillas, y ataban a ellas el ombli­ go, y dábanlo todo junto a los hombres soldados para que lo llevasen al lugar de la pelea y allí lo enterraban; y si la criatura que nacía era mujer, cuando la bautizaban le ponían en el lebrillo todas las alhajas de mujer con que hilan y tejen, porque la vida de la mujer es criarse en casa y estar y vivir en ella; el ombligo enterrábanle junto al hogar. Y esta astrología o nigromancia fue tomada y hubo origen de una mujer que se llamaba Oxomoco, y de un hombre que se llamaba Cipactónál; y los maestros de esta astrología o nigromancia que contaban estos signos, que se llamaban tonalpouhque, pintaban a esta mujer Oxomoco y a este hombre Cipactónál, y los ponían en medio de los libros donde estaban escritos todos los caracteres de cada día, porque decían que eran señores de esta astrología o nigromancia, como principales astrólogos, porque la inventaron e hicieron esta cuenta de todos los caracteres.

 

(Lib. IV, cap. i)

 

 

DEL  SIGNO  LLAMADO  CE  OCELOTL  Y  DE  LA  MALA FORTUNA QUE TENIAN LOS QUE EN EL NACIAN, ASI HOMBRES COMO MUJERES, SI CON SU BUENA DILIGENCIA  NO  SE REMEDIABAN; LOS QUE EN ESTE SIGNO NACIAN POR LA MAYOR PARTE ERAN ESCLAVOS

 

El segundo carácter, que se llamaba océlotl, que quiere decir tigre, el cual reinaba por otros trece días, decían que era signo mal afortunado en todos los tres días que gobernaba. Este océlotl tenía la primera casa, o día; la segunda tenía quauhtli, que quiere decir águila; la tercera tenía

 

cozcaquauhtli, que quiere decir otro pajaróte, que así se llama; la cuarta

 

tenía           ollin,    que  quiere  decir movimiento;  la  quinta  tenía       técpatl, que

quiere         decir    pedernal;         la         sexta    tenía                quiáuitl,           que      quiere         decir lluvia;

la séptima   tenía xóchitl,   que quiere decir flor;  la octava                     tenía cipactli,

que  quiere  decir  espadarte;  la  novena  tenía    ehécatl,            que  quiere  decir

viento; la    décima tenía    calli,  que quiere decir casa; la undécima tenía

cuetzpállin, que  quiere  decir  lagartija;  la  duodécima  tenía     cóatl,   que

quiere  decir  culebra;  la  decimatercera  tenía    miquiztli,  que quiere  de­

cir muerte.                                                                                                                                           fuese   plebeyo,          en alguna

Cualquiera que nacía,  ora fuese noble,  ora                               

de las dichas casas, decían que había de ser cautivo en la guerra, y en

todas  sus  cosas  había  de  ser  desdichado  y vicioso y  muy  dado  a  las

mujeres, y aunque fuese hombre valiente al fin vendíase él mismo por

esclavo, y esto hacía porque  era  nacido  en  tal  signo; más  decían,  que

aunque  fuese nacido  en tal  signo mal  afortunado,  remediábase  por  la

destreza y diligencia que hacía por no dormir mucho, y hacer peniten­

cia de ayunar y punzarse, sacando la        sangre  de su cuerpo,   y barriendo

la  casa  donde  se  criaba  y poniendo  lumbre,   y  si  en  despertando  iba

luego a buscar la vida, acordándose de lo que     adelante          había   de gastar,

si enfermase, o con que sustentase a sus hijos, y si fuese cauto  en las

mercaderías que tratase; y también remediábase si era entendido y obe­

diente, y si sufría los castigos o injurias  que le hacían  sin tomar ven­

ganza de ellas. Lo mismo decían de la mujer que nacía en este signo,

que sería mal afortunada; si era hija de principal sería adúltera y mori­

ría  estrujada  la  cabeza  entre  dos  piedras,  y viviría  muy  necesitada  y

trabajosa, en extremada pobreza; y no sería bien casada, porque decían

que nació en signo mal afortunado que se llamaba océlotl.                               

La cuarta casa de este signo se llama        ollin;    decían que era signo del

sol y           le tenían          en        mucho los       señores,           porque le  tenían                     por       su  signo,

y le mataban  codornices  y poníanle  lumbre  e incienso,  delante  de  la

estatua del sol; y le vestían un plumaje     que se llama cuetzaltonaméyotl,

y al medio día mataban cautivos; y          el que nacía en este día era indife­

rente           su ventura,  o  buena o mala;  si         era       varón sería      hombre valiente,

y cautivaría  los  enemigos  o moriría                   en  la  guerra,  porque decían que

en tal signo nació. Y todos hacían penitencia, chicos, hombres y muje­

res,  y cortaban las orejas y sacaban la  sangre     a honra  del  sol;  decían

que con esto se recreaba el sol. La séptima casa de este signo se llamaba

xóchitl; decían       que      era indiferente,           bien     afortunado      y          mal      afortunado,

y especialmente los           pintores honraban  este signo,  que    se                    llama xóchitl

y le hacían una estatua y le daban ofrendas, y también las mujeres la­

branderas honraban este signo, y ayunaban ochenta o cuarenta o veinte

días antes   que      llegasen           a          la fiesta de      este signo xóchitl,      por       razón   que

le pedían    que      les diese y favoreciese           en        sus       labores de       bien     pintar,  y

a las mujeres de bien         labrar y           bien                 tejer;    y          ponían lumbre e incienso,

y  mataban             codornices      delante de  la               estatua.                       Y  en   pasando           el  ayuno

 

todos se bañaban para celebrar la fiesta del dicho signo chicóme xóchitl; y decían que este signo era también mal afortunado, que cualquiera mujer labrandera que quebrantaba el ayuno le acaecía y merecía que fuese mala mujer pública; y más decían, que las mujeres labranderas eran casi todas malas de su cuerpo, por razón que hubieron el origen de labrar de la diosa Xochiquézatl, la cual les engañaba, y esta diosa también les daba sarnas y bubas incurables y otras enfermedades con­ tagiosas; y la que hacía penitencia a que era obligada, merecía ser mujer de buena fama y honra y sería bien casada. Y más decían, que cualquiera que nacía en el dicho signo xóchitl, sería hábil para todas las artes me­ cánicas, si fuese diligente y bien criado; y si no fuese bien criado y enten­ dido, tampoco no merecía buena fortuna, sino malas venturas y deshon­ ras. La novena casa de este signo chécatl es mal afortunada, que cual­ quiera que nacía en aquel día era mal afortunado porque su vida sería como viento, que lleva consigo todo cuanto puede; quiere ser algo y siempre es menos, y quiere medrar y siempre desmedra, y tienta de tomar oficio y nunca sale con nada, aunque sea hombre valiente o sol­ dado no hay quien se acuerde de él, todos le menosprecian, y ninguna cosa que intenta tiene buen suceso, con ninguna cosa sale.

 

(Lib. IV, cap. ii)

 

DEL TERCERO SIGNO LLAMADO  CE M AZATL, Y  DE LA

BUENA  FORTUNA  QUE  TENIAN  LOS  QUE  EN  EL NACIAN, ASI HOMBRES  COM O  MUJERES,  SI POR SU NEGLIGENCIA N O  LA  PERDIAN

 

El tercer carácter se llama ce mázatl, el cual gobernaba por otros trece días. Este signo mázatl tenía la primera casa o día; la segunda tenía tochtli; la tercera tenía atl; la cuarta tenía itzcuintli; la quinta tenía ozjomatli; la sexta tenía malincdli; la séptima tenía áctl; la octava tenía acélotl; la novena tenía quauhtli; la décima tenía cozcaquauh-tli; la undécima tenía ollin; la duodécima tenía técpatl; la decima-tercera tenía quiáuitl. Todos los dichos trece días decían que uno eran bien afortunados y otros mal afortunados, como parecerá por la declaración de ellos. Decían que cualquiera que nacía, siendo hijo de principal, en el dicho signo, sería también noble y principal y tendría qué comer y beber, y con qué dar vestidos a otros, y otras joyas y ata­ víos; y si nacía un hijo de hombre de baja suerte en aquel día, decían que sería bien afortunado y que merecía ser hombre de guerra y sobre­ pujaría a todos de su manera, y sería hombre de mucha gravedad y no cobarde ni pusilánime; y si nacía hembra en aquel día, siendo hija de noble, o de hombre de baja suerte, lo mismo merecía ser bien afortuna­ da, varonil y animosa, y no daría pesadumbre a sus padres; y más

 

decían, que cualquiera que nacía en este signo ce mázatl era temeroso y de poco ánimo, y pusilánime; cuando oía tronidos y relámpagos o rayos no los podía sufrir sin gran miedo y se espantaba; y alguna vez le acontecía que moría del rayo, aunque no lloviese, ni fuese nublado, o cuando se bañaba ahogábase, y le quitaban los ojos y uñas algunos animales del agua, porque decían que nació en tal signo ce mázatl, porque es su natural del ciervo ser temeroso. Y el que nacía en este signo era temeroso demasiadamente, y los padres, como sabían el signo donde había nacido, no tenían cuidado (de él) por tener por averigua­ do que había de parar en mal. Y en este dicho signo decían que las diosas que se llamaban Cihuateteo descendían a la tierra y les hacían fiesta y les daban ofrendas, y vestían con papeles a sus estatuas.

 

(Lib. IV, cap. iii)

 

DE LA SEGUNDA CASA DE ESTE SIGNO QUE SE LLAMA OME TOCHTLI, EN LA CUAL NACIAN LOS BORRACHOS

 

La segunda casa o día de este signo llamaba orne tochtli. Decían que cualquiera que nacía en este signo sería borracho, inclinado a beber vino y (que) no buscaba otra cosa sino el vino, y en despertando a la mañana bebe el vino, no se acuerda de otra cosa sino del vino y así cada día anda borracho, y aun lo bebe en ayunas, y en amaneciendo luego se va a las casas de los taberneros, pidiéndoles por gracia el vino; y no puede sosegar sin beber vino, y no le hace mal ni le da asco, aunque sean heces del vino, con moscas y pajas, así lo bebe; y si no tiene con qué comprar el vino, con la manta o el maxtle que se viste merca el vino, y así después viene a ser pobre; y no puede dejar de beber vino, ni lo puede olvidar ni un solo día puede estar sin emborracharse, y anda ca­ yéndose, lleno de polvo y bermejo, y todo espeluzado y descabellado y muy sucio; y no se lava la cara, aunque se caiga lastimándose e hirién­ dose en la cara, o en las narices, manos o los pies, etc. No lo tiene en nada aunque esté lleno de golpes y heridas de caerse por andarse bo­ rracho, no se le da nada, y tiémblanle las manos, y cuando habla no sabe lo que se dice: habla como borracho, y dice palabras afrentosas e injuriosas, reprehendiendo y disfamando a otros y dando aullidos y voces, y diciendo que es hombre valiente; y anda bailando y cantando a voces; y a todos menosprecia y no teme cosa ninguna, y arroja piedras y palos y todo lo que se le viene a las manos, y anda alborotando a todos, y en las calles impide y estorba a los que pasan; y hace ser pobres a sus hijos, y los espanta y ahuyenta; y no se echa a dormir quietamente, sino anda inquieto, hasta que se ha cansado. Y no se acuerda de lo que será necesario en su casa, para hacer lumbre y para las otras cosas que son menester, mas solamente procura de emborracharse, y así está su casa

 

muy suda, llena de estiércol y polvo o salitre, y no hay quien la barra y haga lumbre; su casa está oscura, con pobreza, y no duerme en su casa sino en casas ajenas, y no se acuerda de otra cosa sino de la taberna; y cuando no halla el vino y no lo bebe, siente gran pesadumbre y tristeza y anda de acá, y de allá, buscando el vino; y si en algunas casas entrando, están algunos borrachos bebiendo vino, huélgase mucho y reposa su corazón, y asiéntase reposando y holgándose con los borrachos, y no se acuerda de salir de aquella casa; y si le convidan a beber el vino en alguna casa, luego se levanta y de buena gana va corriendo, porque ya ha perdido la vergüenza y es desvergonzado, no teme a nadie. Por esta causa todos le menosprecian, por ser hombre infamado públicamente, y todos le tienen hastío y aborrecimiento; nadie quiere su conversación porque confunde todos los amigos y ahuyenta los que estaban juntos, y déjanle solo porque es enemigo de los amigos. Y decían que nació én tal signo, que no se podía remediar; y todos desesperaban de él, diciendo que se había de ahogar en algún arroyo o laguna, o se había de despeñar en alguna barranca, o le habían de robar algunos salteadores todo cuanto tenía, y estaría desnudo; y demás de esto hace el borracho muchas des­ vergüenzas, de echarse con mujeres casadas, o hurtar cosas ajenas, o saltar por las paredes, o hacer fuerza a algunas mujeres, o retozar con ellas, y hace todo esto porque es borracho y está fuera de su juicio; y en amaneciendo cuando se levanta el borracho, tiene la cara hinchada y disforme y no parece persona, anda siempre voceando. Y el que no es muy dado al vino hácele mal cuando se emborracha, y hácele mal a los ojos y a la cabeza, y no se levanta, mas duerme todo el día; y no tiene gana de comer, mas tiene hastío de ver la comida, y con dificultad vuel­ ve en sí.

 

(Lib. IV, cap. iiv)

 

 

LAS DIVERSAS MANERAS DE BORRACHOS

 

Más decían: que el vino se llama centzontotoektin, que quiere decir “400 conejos”, porque tiene muchas y diversas maneras de borrachería. (A ) algunos borrachos, por razón del signo en que nacieron, el vino no les es perjudicial o contrario; en emborrachándose luego cáense dormi­ dos o pónense cabizbajos, asentados y recogidos, ninguna travesura hacen ni dicen; y otros borrachos comienzan a llorar tristemente y a sollozar, y córrenles las lágrimas por los ojos, como arroyos de agua; y otros bo­ rrachos luego comienzan a cantar, y no quieren parlar ni oír cosas de burlas, mas solamente reciben consolación en cantar; y otros borrachos no cantan, sino luego comienzan a parlar y a hablar consigo mismos, o a infamar a otros y decir algunas desvergüenzas contra otros; y a ento­ narse, y decirse ser unos de los principales, honrados, y menosprecian a

 

otros y dicen afrentosas palabras, y álzanse, y mueven la cabeza diciendo ser ricos y reprendiendo a otros de pobreza, y estimándose mucho, como soberbios y rebeldes en sus palabras, y hablando recia y ásperamente mo­ viendo las piernas y dando coces; y cuando están en su juicio, son como mudos y temen a todos, y son temerosos, y excúsanse con decir, “estaba borracho, y no sé lo que me dije, estaba tomado del vino”. Y otros bo­ rrachos sospechan mal, hácense sospechosos y mal acondicionados y entienden las cosas al revés y levantan falsos testimonios a sus mujeres, diciendo que son malas mujeres, y luego comienzan a enojarse con cual­ quiera que habla a su mujer, etc.; y si alguno habla, piensa que mur­ mura de él; y si alguno ríe, piensa que se ríe de él, y así riñe con todos sin razón y sin porqué. Esto hacen por estar trastornados del vino. Y

 

si es mujer la que se emborracha, luego se cae asentada en el suelo, encogidas las piernas, y algunas veces extiende las piernas en ese suelo; y si está muy borracha desgréñase los cabellos, y así está toda desca­ bellada y duérmese, revueltos todos los cabellos, etc. Todas estas maneras de borrachos ya dichas decían que aquel borracho era su conejo, o la condición de su borrachez, o el demonio que en él entraba. Si algún

 

borracho se despeñó, o se mató, decían “aconejóse”; y porque el vino es de diversas maneras y hace borrachos de diversas maneras le llaman centzontotochtin, que son “400 conejos”, como si dijesen que hacen infinitas maneras de borrachos: y más decían, que cuando entraba el signo orne tochtli, hacían fiesta al dios principal de los dioses del vino, que se llamaba Izquitécatl. También hacían fiesta a todos los dioses del vino,

 

y poníanles una estatua en el cu y dábanles ofrendas, y bailaban y tañíanles flautas, y delante de la estatua una tinaja hecha de piedra que se llamaba ometochtecómatl, llena de vino, con unas cañas con que bebían el vino los que venían a la fiesta, y aquellos eran viejos y viejas, y hombres valientes y soldados y hombres de guerra, bebían vino de aquella tinaja, por razón que algún día serían cautivos de los enemigos, o ellos, estando en lugar de la pelea, tomarían cautivos de los enemigos; y así andaban holgándose, bebiendo vino, y el vino que bebían nunca se acababa, porque los taberneros cada rato echaban vino en la tinaja. Los que llegaban al tiánquez, donde estaba la estatua del dios Izquitécatl y también los que nuevamente horadaban los magueyes y hacían vino nuevo, que se llamaba uitztli, traían vino con cántaros y echábanlo en la tinaja de piedra, y no solamente hacían esto los taberneros en la fiesta sino cada día lo hacían así, porque era tal costumbre de los taberneros.

 

(Iib. IV, cap. v)

 

LAS DEMAS CASAS DE ESTE SIGNO, UNAS PROSPERAS, OTRAS ADVERSAS Y OTRAS INDIFERENTES

 

La tercera casa de este signo se llama yei atl *, decían que era indiferente, o bien o mal afortunada, porque cualquiera que nacía en este día, que sería rico y próspero y tendría mucha hacienda, que ganaría por su trabajo y que la perdería presto, y se desharía como agua o como cosas que lleva el río; y nunca saldría con nada, ni tendría reposo, ni con­ tento, todo se le desharía entre las manos y todo su trabajo saldría en

vano.

La cuarta casa de este signo se llama nahui itzcuintli; decían que cualquiera que nacía en esta casa, sería rico y venturoso y tendría qué comer y beber, aunque no trabajase un solo día, no sabría (de) dónde

 

le venía lo que comía; en cualquiera casa se hallaría contento en todo el día, y aun ganaría algo para sustentación de sus hijos; y así estando descuidado se le vendría lo que había de comer, y no sabría de dónde y de qué manera se haría esto; aunque trabajase poco, ganaría algo para

sustentarse;  y más  decían,  que si el que nacía  en este signo se  daba

a criar perritos,  todos cuantos quisiese criar se le multiplicarían y los

gozaría, y sería rico con ellos, porque era granjeria que se usaba, y decían que eran de un mismo signo él y ellos, y unos vende y otros se le nacen, y con ellos ganaba ropas, que se llaman quachtli, y se hacía rico del precio de los perros, porque era costumbre antiguamente comer los perros y venderlos en el mercado; y los que los criaban traían al mercado muchos perros, y los compradores a su placer y contento bus­ caban el que era mejor, o de pelo chico, o de pelo largo. Cuando ven­ dían estos perros en el tiánquez unos ladraban y otros carleaban, y los ataban los hocicos porque no mordiesen; y cuando los mataban hacían un hoyo en la tierra, y metían en él las cabezas de los perros y los ahogaban; y el dueño del perro, que le vendía, poníale un hilo de al­ godón, flojo, en el pescuezo, y halagábale trayéndole la mano por el cuerpo, diciéndole: aguárdame allá porque me has de pasar los nueve ríos del infierno. Y algunos ladrones mataban estos perros armándolos con lazos.

 

La quinta casa de este signo se llama macuilli ozomatli; de que el que nacía en esta casa era inclinado a placeres y regocijos y chocarrerías, y con sus donaires y truhanerías daría contento y alegría a los que le oyesen y diría donaires y gracias sin pensarlos; y decían que esto tenían por razón del signo en que habían nacido.

 

La sexta casa de este signo se llama chicuacen malinaüi; decían que era casa mal afortunada, porque los que en ella nacían, vivían siempre

 

8 Los numerales en náhuatl son: ce, uno; orne, dos; ye o yei, tres; nahui, cuatro; macuilli, cinco; chicuacen, seis; chicóme, siete; chicuei, ocho; chiconahui, nueve; matlactli, diez; matlactlionce, once; matlactliomome, doce; matlactiomei, trece, etc. Cempoalli, veinte; ompoálli, dos veces veinte; centzontli, cuatrocientos, etc. Según Rémi Siméon. (M .).

 

en pobreza y trabajos, y sus hijos todos morían y ninguno se lograba, y venían a tanta bajeza éstos que se vendían por esclavos.

 

La séptima casa de este signo se llama chicóme ácatl, y decían que era bien afortunada; los que en ella nacían serían ricos, y que cualquiera cosa que emprendiesen tendría próspero suceso.

 

La octava casa de este signo se llama chicuei océlotl, y la novena chiconahui quauhtli; y la décima matlactli ollin, y la undécima matlac-tlionce cozcaquauhtli y la duodécima matlactliomome técpal. Todas estas casas decían que eran mal afortunadas, y los que en ellas nacían ninguna buena ventura tendrían. A la decimotercera casa de este signo llamaban matlactliomei quiáhuitl (y ) decían que era casa venturosa por ser la casa postrera de todas las de este signo; decían que todos los que en ella nacían, así hombres como mujeres, serían ricos y muy abastados de las cosas necesarias, y que tendrían larga vida y llegarían a la vejez, por haber nacido en la casa postrera del signo.

 

(Lib. IV, cap. vi)

 

 

DEL CUARTO  SIGNO LLAMADO CE  XOCHITL.  LOS HOMBRES QUE NACIAN EN EL DECIAN QUE ERAN ALEGRES, INGENIO­ SOS E INCLINADOS A LA MUSICA Y A PLACERES, Y DECIDO­ RES,  Y LAS MUJERES GRANDES LABRANDERAS Y LIBERALES DE  SU CUERPO.  SI SE DESCUIDABAN,  DECIAN  ESTE  SIGNO SER INDIFERENTE A BIEN  Y A MAL

 

El cuarto signo se llama ce xóchitl, y tiene trece casas. Este ce Xóchitl tenía la primera casa; la segunda de este signo tenía orne cipactli; la tercera tenía chécatl; la cuarta nahui calli; la quinta macuilli cuetzpállin; la sexta chicuace cóatl; la séptima chicóme miquiztlv, la octava chicuei mázatl; la novena chiconahui tochtli; la décima matlactli atl; la undé­ cima matlactlionce itzcuintli; la duodécima matlactliomome ozomatli; la decimatercera matlactliomei malinalli; todas estas casas tenían por mal afortunadas. También decían que eran indiferentes; decían que cual­ quiera que nacía en alguna de estas casas ora fuese popular, sería truhán y chocarrero, y decidor; su ventura sería su consolación, y reci­ biría gran contento en estas cosas si fuese devoto a su signo; y si no tenía en nada a su signo, aunque fuese cantor y oficial y tuviere de comer, haríase soberbio y desdeñoso y mal acondicionado, presuntuoso, y no tendría en nada a los mayores, ni a los iguales, ni a los viejos, ni a los mozos; con todos hablaría con soberbia y con desdén. A este tal todos le tienen por desatinado, y dicen que dios le ha desamparado, y que por su culpa ha perdido su ventura y así todos le menosprecian; y él, viéndose menospreciado de todos, de pena y congoja cae en alguna enfermedad y con ella se empobrece, y se hace solitario, olvidado de

 

todos, y desea su muerte y desea salir de esta vida porque nadie le ve, ni visita, ni hace cuenta de él, y todo cuanto tiene se le deshace como la sal en el agua, y muere en pobreza, que apenas tiene con que se amortajar, y esto le acontece por ser indevoto, y mal agradecido a su signo, y por ir tras sus malas inclinaciones, desgarrándose y despeñándose por sus vicios. Y decían que esto le acontecía por haber perdido la ventura de su signo. Y si alguna mujer nacía en este signo que se llama ce xóchitl, decían que sería buena labrandera, pero era menester para gozar de esta habilidad que fuese muy devota a su signo e hiciese peni­ tencia todos los días que reinaba; y si esto no hacía, su signo era con­

trario y viviría en pobreza y en desecho de todos, y también sería vicio­

sa de su cuerpo y venderíase públicamente; y decían que aquello haría por razón del signo en que había nacido, porque era ocasionado a bien y a mal.

 

También decían que los señores bailaban en este signo por su devo­ ción, los días que les parecía; y cuando habían de comenzar esta solem­ nidad ponían dos varales con flores a la puerta del palacio, y aquello era señal que habían de bailar a honra de este signo, algunos días, y el cantar que habían de decir mandaba el señor que dijesen el que se

 

llama cuextecáyotl, o tlauanca cuextecáyotl, o uexotzincáyotl, o el que se llama anahuacáyotl, o alguno de los otros que están aquí señalados.

Y también los que tenía cargo de guardar los plumajes con que bailaban, sacaban todos los plumajes que tenían para que tomase cual quisiese el señor, y conforme a aquél daban sus divisas o plumajes a los princi­ pales y hombres valientes y soldados, y toda la otra gente de guerra, y también daban mantas y maxtles a los cantores y a los que tañían tepo-naztli y atambor, y a los que silbaban, y a todos los otros bailadores y cantores; y dábanles de comer a todos éstos diversas maneras de tama­ les y diversas maneras de moles, como aquí se declara; y cuando ya estaban enfadados de este baile, quitaban los varales que habían puesto, en señal que el baile ya se había acabado, y quemábanlos y luego todos cesaban de bailar en el palacio; pero los principales en sus casas po­ drían bailar.

 

(Lib. IV,  cap. vii)

 

DEL QUINTO SIGNO LLAMADO CE ACATL, MAL

AFORTUNADO, DECIAN QUE LOS QUE NACIAN EN LA NONA CASA QUE LLAMAN CHICONAHUI CIPACTLI, ERAN GRANDES MURMURADORES, NOVELEROS, MALSINES, TESTIMOÑEROS, ETC. DECIAN  SER ESTE EL SIGNO DE QUETZALCOATL, DONDE LA GENTE NOBLE HACIA MUCHOS SACRIFICIOS Y OFRENDAS

A HONRA DE ESTE DIOS

 

El quinto signo se llama Ce áccttl; de este signo se dice que todo es mal afortunado. La segunda casa se llama orne océlotl; la tercera casa se llama ei quauhtli; la cuarta casa nahui cozcaquauhtli; la quinta macuilli ollin; la sexta chicuace técpatl. De todas estas casas decían que eran mal afor­ tunadas, porque eran de Quetzálcóatl, el cual era dios de los vientos. Cuan­ do comenzaba a reinar este signo los señores y principales hacían ofrendas en la casa de Quetzálcóatl, que se llamaba Cálmécac, donde estaba la esta­ tua de Quetzálcóatl a la cual estos días componían con ricos ornamentos, y delante de ella ponían flores y cañas de humo e incienso, y comida y bebida; decían que éste era el signo de Quetzálcóatl; y decían que los que en él nacían ora fuesen nobles, ora fuesen populares, siempre vivían desventurados y todas sus casas les llevaba el aire; de esta misma manera decían de las mujeres que nacían en este signo; y para reme­ diar el mal de los que nacían en estos días, los adivinos, que entendían en esta arte, mandaban que fuesen bautizados en la séptima casa de este signo, que se llama chicóme quiáhuitl; bautizándose en esta casa decían que se remediaba el mal del día en que habían nacido, y cobra­ ban la buena fortuna, porque decían que esta casa chicóme quiáhuitl era casa clemente, y los que nacían en esta casa luego los bautizaban el mismo día. De la misma calidad decían ser la casa que se sigue que es chicuei xóchitl.

 

La octava casa de este signo se llama chicuei xóchitl; decían que era bien acondicionada, (y ) los que nacían en ella luego se bautizaban el mismo día. La que era novena casa que se llamaba chiconahui cipactli, la tenían por mal afortunada: los que en esta casa nacían decían que eran mal acondicionados y revoltosos y amigos de riñas, y sembradores de discordias y mentirosos y que ningún secreto guardaban, y eran po­ bres y mal aventurados todos los días de su vida, etc. La décima casa de este signo se llama matlactli ehécatl; decían que era de buena for­ tuna, con las otras tres que se siguen, que son matlactlionce cálli, mat-lactliomome cuetzpalin y matlactliomei cóatl, todas éstas eran de una misma condición; decían que los que nacían en estas casas serían hon­ rados y ricos y reverenciados de todos, ora fuesen mujeres, ora fuesen hombres.

 

DEL SEXTO SIGNO LLAMADO CE MIQUIZTLI, Y DE SU PROSPERA FORTUNA. DECIAN QUE ESTE SIGNO ERA TEZCATLIPOCA POR CUYA REVERENCIA HACIAN

 

EN  PARTICULAR MUCHAS OFRENDAS Y SACRIFICIOS, Y HACIAN FIESTA Y REGALOS A LOS ESCLAVOS, CADA UNO A LOS SUYOS, EN  SUS CASAS

 

El sexto signo se llama ce miquiztli; decían que éste era bueno y en parte malo, esto es, que algunas cosas tenía buenas y otras malas, como parecerá abajo. Decían que este signo era de Tezcatlipoca. Los señores y principales eran muy devotos de este signo; hacían ofrendas por su honra y derramaban sangre de codornices; y hacían otras ceremonias cada uno en el oratorio de su casa, y en los oratorios de los calpules, esto hacían por ser este signo de Tezcatlipoca, al cual tenían por cria­ dor universal; todos en este día oraban con devoción y pedían serles hecha alguna misericordia, no solamente los señores, mas los hombres de guerra y los mercaderes y hombres ricos, y todos los que sabían que entonces reinaba el signo de Tezcatlipoca. Y decían que era malo, por­ que aquellos a quien Tezcatlipoca había dado riquezas, también enton­ ces se las quitaba por algún desagradecimiento o soberbia que por ellas habían tomado, y dábalas a los que le rogaban humildemente y suspira­ ban y lloraban por ellas, y por eso en todo lugar le rogaban, porque decían que sus dones no permanecían sino que los mudaba de uno en otro; y decían que los que nacían en este signo eran bien afortunados, eran honrados si eran devotos a su signo y si hacían penitencia por él, y si esto no hacían perdían su ventura; y por esto el mismo día que nacían los bautizaban y les ponían nombre y convidaban a los niños, y le daban de comer para que supiesen el nombre del que había nacido y le divulgasen a voces por las calles. Y si era varón el que nacía ponían­ le por nombre Mtquiz o Yáotl, o Ceyáotl, o Nécoc Yáotl, o Chicoyáotl, o Yaomáuitl; dábanle uno de estos nombres ya dichos, que eran todos de Tezcatlipoca y decían que al tal nadie le podía aborrecer, nadie le podía desear la muerte; y si alguno le deseaba la muerte él mismo moría, reinante este signo. Nadie osaba reñir, ni maltratar a sus escla­ vos; todos los que tenían esclavos un día antes que comenzase a reinar este signo les quitaban las prisiones o colleras con que estaban presos, y le jabonaban las cabezas, y los bañaban y regalaban, como si fueran hijos muy amados de Titlacauan; y los dueños de los esclavos manda­ ban con gran rigor a todos los de su casa, que no riñesen ni diesen pena a ningún esclavo, y decían que si alguno reñía a los esclavos en estos días, que él mismo se procuraba pobreza, enfermedad y desven­ tura, y merecía ser esclavo, pues que trataba mal al mal amado hijo de Tezcatlipoca, porque decían que de nadie era amigo fiel Tezcatlipoca, sino que buscaba ocasiones para quitarle lo que le había dado; y algu­ nos, cuando perdían su hacienda, con desesperación reñían a Tezcatli-

 

poca, y decíanle: “Tú, Tezcatlipoca, eres un puto y hasme burlado y engañado”. Y de la misma manera hacían cuando se les ausentaba un esclavo, o cautivo; y si acontecía que el esclavo se libertaba y venía a prosperidad, y el que era señor de esclavos venía a ser esclavo, todo lo echaban a Tezcatlipoca, porque decían que él había hecho misericor­ dia al esclavo, porque se lo había rogado, y había castigado al señor porque era duro con sus esclavos; y el que de la servidumbre venía a prosperidad hacía banquetes y daba mantas a sus convidados, y decían que esto le venía por haber nacido en este signo.

 

(Lib.  IV, cap. ix)

 

 

DEL SEPTIMO SIGNO LLAMADO CE QU1AHUITL, Y DE

 

SU DESASTRADA FORTUNA; DECIAN QUE LOS QUE EN ESTE  SIGNO NACIAN ERAN NIGROMANTICOS, BRUJOS, HECHICEROS, EMBAJADORES, ES DE NOTAR QUE ESTE  VOCABLO TLACATECOLOTL  PROPIAMENTE QUIERE  DECIR  NIGROMANTICO  O BRUJO; IMPROPIAMENTE  SE  USA POR DIABLO.  CASI TODAS LAS CASAS DE ESTE SIGNO ERAN DE MALA DIGESTION, PERO LA DECIMA Y LA DECIMOTERCERA CASAS UNIVERSALMENTE  EN  TODOS  LOS  SIGNOS  ERAN  FELICES

 

El séptimo signo se llamaba ce quiáhuitl. Decían que era de mala ventu­ ra, porque en esta casa decían que las diosas que se llamaban Cihua-teteo descendían a la tierra y daban muchas enfermedades a los mucha­ chos y muchachas; y los padres, con todo rigor mandaban a sus hijos que no saliesen fuera de su casa. Decíanles: “no salgáis de casa porque si salís encontraros heis con las diosas llamadas Cihuateteo, que descien­ den ahora a la tierra”. Tenían temor los padres y madres que no diese perlesía a sus hijos, si saliesen a alguna parte reinante este signo; ofre­ cían en los oratorios de las diosas, porque había muchos en muchas par­ tes, y cubrían con papeles las estatuas de estas diosas. También reinante este signo mataban a los que estaban encarcelados por algún pecado criminal digno de muerte; también mataban a los esclavos por la vida del señor porque viviese muchos años. Y a los que nacían en este signo no los bautizaban sino diferíanlos hasta la tercera casa que se llamaba, ei cipactli, (porque) decían que aquella casa mejoraba la ventura de aquel que se bautizaba; y decían que los que nacían en este signo serían nigrománticos o embaidores o hechiceros, y se transfiguraban en anima­ les y sabían palabras para hechizar a las mujeres y para inclinar los corazones a lo que quisiesen, y para otros maleficios, y para esto se alquilaban a los que querían hacer mal a sus enemigos y les deseaban la muerte. Hacían sus encantamientos de noche, cuatro noches; esco­

 

gíanlas en signo mal afortunado, iban a las casas de aquellos a quien querían empecer, de noche, y a las veces allá los prendían, porque aquellos a quien iban a maleficiar, si eran animosos, acechábanlos y cogíanlos y arrancabanles los cabellos de la coronilla de la cabeza y con esto llegando a su casa morían. Y algunos decían que se remediaban si tomasen prestado algo de aquella casa, agua o fuego o algún vaso, y aquel que había arrancado los cabellos, si era avisado, velaba todo aquel día para que nadie sacase cosa ninguna de su casa, ni prestada ni de otra manera, y así moría aquel nigromántico. Estos tales nunca tenían placer ni contento, siempre andaban mal vestidos y de mal gesto, nin­ gún amigo tenían, ni entraban en casa de nadie, ni nadie les quería bien; y si era mujer la que nacía en este signo, aunque fuese principal nunca se casaba, ni medraba, siempre andaba de casa en casa y todos decían que el signo en que había nacido le había dado aquella condición.

 

(Lib.  IV, cap. xi)

 

DEL NOVENO SIGNO LLAMADO CE COATL Y DE

 

SU BUENA FORTUNA, SI LOS QUE NACIAN EN EL NO LA  PERDIESEN  POR  SU FLOJEDAD.  LOS MERCADERES TENIAN A ESTE SIGNO POR MUY PROPICIO PARA SU OFICIO

 

El noveno signo se llama ce cóatl; decían que era bien afortunado y próspero; los que nacían en esta primera casa eran felices y prósperos. Decían que sería dichoso (el que nacía en ese día) o venturoso en riquezas, y también en las cosas de guerra sería señalado; y si fuese mujer, sería rica y honrada; pero si como ya está dicho fuese negligente en hacer penitencia y no tomase bien los consejos de sus mayores, perdería su ventura y sería perezoso y dormilón, y desaprovechado, pobre y mal venturado. Este signo era muy favorable a los mercaderes y tratantes, y ellos eran muy devotos de este signo; cuando habían de partirse a provincias remotas para entender en sus tratos y mercade­ rías, aguardaban a que reinase este signo y entonces se partían; y antes que se partiesen, ya que tenían a punto sus cargas, hacían un convite a los mercaderes viejos y a sus parientes, haciéndoles saber a las pro­ vincias a donde iban, y a qué iban, y esto hacían para cobrar fama entre los mercaderes, porque supiesen que estando ausentes de ellos andaban ganando de comer por diversas provincias.

 

(Lib.  IV, cap.  xvi)

 

DE LA PLATICA O RAZONAMIENTO QUE UNO DE

LOS MERCADERES VIEJOS HACIA AL QUE ESTABA DE PARTIDA PARA IR A MERCADEAR A PROVINCIAS LONGINCUAS O EXTRAÑAS, CUANDO ERA LA PRIMERA VEZ (QUE  SALIA)

 

Acabada la comida o convite, ya que estaba de partida el que había convidado, si era mercader novel, que era la primera vez que iba a mercadear, cada uno de los viejos le hacía un razonamiento esforzán­ dole para los trabajos en que se había de ver. El primero le decía de esta manera: “Hijo, aquí nos habéis juntado y allegado a todos los que aquí estamos, que somos vuestros padres y mercaderes como vos: es bien que os avisemos y hagamos el oficio de viejos para con vos conso­ lándoos y esforzándoos; y yo el primero, como hijo, os quiero decir mi parecer, pues que ya estáis de partida para lejas tierras y dejáis a vuestro pueblo, y a vuestros parientes y amigos, y vuestro descanso y reposo, y habéis de ir por largos caminos, por cuestas y valles y despoblados: esforzaos, hijo, no es razón que acabéis vuestra vida aquí, ni que moréis aquí sin que hagáis alguna cosa loable para que ganéis honra, como nosotros vuestros padres lo deseamos y así con lágrimas pedimos que sea así y vuestras obras sean conformes a nuestros deseos. Vuestros antepasados en estos trabajos se ejercitaron, en caminos, y en esto gana­ ron la honra que tuvieron, como la ganan los hombres valientes en la guerra; con estos trabajos alcanzaron de nuestro señor la riqueza que dejaron. Es menester que os esforcéis y tengáis ánimo para sufrir los trabajos que os están aparejados, que son hambre y sed y cansancio, y falta de mantenimientos; habéis de comer el pan duro y los tamales mohosos, y habéis de beber agua turbia y de mal sabor, habéis de llegar a ríos crecidos, que van impetuosos, con avenidas, y que hacen espan­ table ruido y que no se pueden vadear; por esta causa habréis de estar detenido algunos días, habréis de padecer hambre y sed. Mirad hijo, que no os desmayéis con estas cosas, ni volváis atrás del trabajo comenzan­ do, por que no nos afrentéis a nosotros vuestros padres. Por este camino fueron los viejos antepasados, y pusieron sus vidas muchas veces a riesgo, y por ser animosos vinieron a ser valerosos, honrados, y ricos. Final­ mente, probrecito mancebo, si alguna buenaventura os ha de dar nuestro señor, si nuestro señor os tiene en algo, primero conviene que experi­ mentéis trabajos y pobrezas, y sufráis fatigas intolerables, como se ofre­ cen a los que andan de pueblo en pueblo, que son grandes cansancios y grandes sudores, y grandes fríos y grandes calores; andaréis lleno de polvo, fatigaros ha el mecapal en la frente; iréis limpiando el sudor de la cara con las manos; aumentarse ha vuestro trabajo, en que seréis compelido a dormir al rincón y detrás de la puerta de casas ajenas, y allí estaréis cabizbajo y avergonzado, y tendréis la barriga pegada a las cos­ tillas de hambre, y andaréis de pueblo en pueblo discurriendo; y demás

 

de esto, os afligirá la duda de la venta de vuestras mercaderías, que por ventura no se venderán, y de esto tendréis tristeza y lloro. Antes que alcancéis algún caudal o buenaventura, habéis de ser afligido y tra­ bajado hasta lo último de potencia; y allende de esto muchas veces os será necesario dormir en alguna barranca, en alguna cueva, o debajo (de) alguna lapa, o cabe alguna piedra grande. Si por ventura nuestro señor os matare en alguno de estos lugares no sabemos, y quizá no volve­ réis más a vuestra tierra. ¿Y quién sabe esto? Por esos caminos conviene que devotamente vayáis llamando a dios y haciendo penitencia, y sir­ viendo humildemente a los mayores en cosas humildes, como es dar agua a manos y barrer, etc. Mirad que no desmayéis, mirad que no volváis atrás de lo comenzado, y mirad que no os acordéis de las cosas que acá dejáis; continuad y perseverad en vuestro camino, en sufrir los trabajos. Por ventura nuestro señor os hará merecedor que volváis con prosperidad, que os veamos vuestros padres y vuestros parientes; mirad que tengáis en lugar de mantenimientos estos avisos, que aquí os damos nosotros, que somos vuestros padres y vuestras madres, para que con ellos os esforcéis y animéis. Hijo muy amado, esforzaos y andad con dios; aquí os enviamos vuestros padres para que hagáis vuestro negocio, apartándoos de vuestros parientes, etc.”. De esta manera los mercaderes viejos a los mancebos que nuevamente iban con otros mercaderes a tierras extrañas, a mercadear, los hablaban y esforzaban, y ponían delante los trabajos y dificultades en que se habían de ver, así en los poblados como en los desiertos, en la prosecución de su oficio de mercader.

 

(Lib.  IV, cap. xvii)

 

 

DEL DUODECIMO SIGNO LLAMADO CE  CUETZPALL1N Y DE SU VENTURA; DECIAN QUE LOS QUE NACIAN EN  ESTE  SIGNO  ERAN  NERVIOSOS,  ENJUTOS, SANOS  DE  BUENA  CARNADURA,  DILIGENTES, VIVIDORES. LAS CASAS SUJETAS: LA CUARTA, Y QUINTA, Y SEXTA, Y NONA,  UMVERSALMENTE LAS TENIAN POR MAL AFORTUNADAS, EN TODOS LOS SIGNOS; LA SEGUNDA Y OCTAVA, POR INDIFERENTES

 

El duodécimo signo llamado ce cuetzpallin, que quiere decir lagartja; decían que los que nacían en este signo serían muy esforzados y nervo­ sos, y sanos del cuerpo, y que las caídas no les empecerían, como no empecen a la lagartija cuando cae de alto a abajo, que ningún daño siente, sino luego se va corriendo. Estos tales serían muy grandes traba­ jadores y con facilidad allegarían riquezas. La calidad de todas las otras casas ya está dicha arriba, en los signo pasados, que son buenas o malas conforme al número en que caen. La segunda casa de este signo es orne

 

coatí; la tercera es ei miquiztli; la cuarta, nahui mázatl; la quinta, ma-cuilli tochtli; la sexta, chicuace atl; la séptima, chicóme itzcuintli; la octava, chicuei ozomatli; la nona, chiconahui malinalli; la décima, mat-lactli acatl; la undécima, matlactlionce océlotl; la duodécima, matlactlio-mome quauhtli; la tercia décima, matlactliomei cozcaquauhtli.

 

(Lib.  IV, cap.  xxiii)

 

 

DEL DECIMOCUARTO SIGNO LLAMADO CE ITZCUINTLI

 

Y    DE SU PROSPERA VENTURA. ESTE DECIAN SER EL SIGNO DEL DIOS DEL FUEGO LLAMADO

 

XIUHTECUTLI O TLALXICTENTICA.  EN ESTE  SIGNO LOS  SEÑORES  Y  PRINCIPALES  HACIAN  GRAN  FIESTA A ESTE  DIOS Y EN  ESTE  SIGNO LOS  SEÑORES Y PRINCIPALES QUE ERAN ELEGIDOS PARA REGIR LA REPUBLICA HACIAN LA FIESTA DE SU ELECCION

 

Al decimocuarto signo llamaban ce itzcuintl. Este signo decían que era bien afortunado; en este signo reinaba el dios del fuego llamado Xiuhtecutli y por eso sacaban su imagen en público al cuy y delante de ella ofrecían codornices y otras cosas, y componíanla con sus orna­ mentos de papeles, que le cortaban los maestros que eran oficiales de cortar papeles para este negocio; y ponían plumas ricas en los papeles y también chalchihuites, y le ofrecían muchas maneras de comidas, y las echaban en el fuego, y toda la gente rica y mercaderes en sus casas hacían estas ofrendas al fuego y daban de comer y beber a sus convida­ dos y vecinos. Y cerca de la mañana quemaban las ofrendas de papel y copal, (pues) decían que con estas cosas daban de comer al fuego, y descabezaban codornices cabe el fuego y derramaban la sangre, y las codornices andaban revolando cerca del hogar; y también derramaban el pulcre en derredor del hogar y después a las cuatro esquinas del hogar derramaban el pulcre. Los pobres ofrecían un incienso que llaman copalxalli, en su mismo hogar, y los muy pobres ofrecían una yerba molida que se llama yauhtli, en sus mismos hogares. Decían también que los señores que acontecía ser electos en este signo, que serían feli­ ces en su oficio; y luego hacían gran convite a los señores de la co­ marca, y el convite comenzaba en la cuarta casa de este signo, nahui ácatl. Todos los convidados venían este día a dar la enhorabuena al señor, y le traían algún presente, y le hacían un razonamiento muy elegante y muy honroso; y él estaba sentado en su trono y todos sus principales estaban sentados por su orden. En acabando la oración que le hacía el orador, luego se levantaba otro orador por parte del mismo señor y hacía otra oración responsiva, al propósito de lo que había dicho aquel orador primero; y cuando hacía la fiesta este señor

 

electo daba muchas mantas y maxtles ricos a los mismos señores que habían venido, de manera que más cargados iban de lo que recibían de él que no habían venido de lo que le habían traído. Las mantas que daba el señor eran todas preciosas, hechas en su casa, y tejidas o labra­ das de diversas maneras conforme a las personas a quien se habían de dar. También les daba mucha abundancia de comidas, e iban cargados de las sobras para sus casas.

 

(Lib.  IV, cap.  xxv)

 

DEL DECIMOQUINTO SIGNO LLAMADO CE CALLI,

 

Y    DE SU MUY ADVERSA FORTUNA. DECIAN QUE LOS HOMBRES QUE EN EL NACIAN ERAN GRANDES

LADRONES,  LUJURIOSOS, TAHURES,  DESPERDICIADORES Y QUE SIEMPRE PARABAN EN MAL; Y LAS MUJERES QUE EN EL NACIAN ERAN PEREZOSAS, DORMILONAS, INUTILES  PARA TODO BIEN

 

El  decimoquinto signo se llama  ce  calli; decían  que  este signo era

 

mal afortunado y que engendraba suciedades y torpedades. Cuando reinaba descendían las diosas que se llaman Cíhuateteo y hacían los daños que arriba, en otras partes, se ha dicho. Todos los médicos y las parte­

ras eran      muy devotos de este signo,    y en sus casas le hacían sacrificios

y ofrendas.  Los que nacían en este          signo decían que habían  de morir

de mala       muerte,  y todos  esperaban    su mal  fin;  decían  que o morían

en la  guerra,  o serían  en  ella cautivos o morirían  acuchillados  en  la

 

piedra del desafío, o les quemarían vivos, o les estrujarían con la red, o les achocarían, o les sacarían las tripas por el ombligo, o les matarían en el agua a lanzadas, o en el baño asados; y si no morían alguna de estas muertes, caerían en algún adulterio y así les matarían juntamente con la adúltera, machucándoles las cabezas a ambos juntos; y si esto no,

 

decían que serían esclavos, que ellos mismos se venderían y comerían y beberían su precio, y ya que ninguna de estas cosas les aconteciese

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

siempre vivirían tristes y descontentos; y serían ladrones o salteadores, o robadores, o arrebatadores, o grandes jugadores y serían engañadores

 

en el juego, o perderían todo cuanto tenían en el juego, y aun hurtarían a su padre y madre todo cuanto tenía para jugar; y no tendría con que cubrir, ni alhaja ninguna en su casa, y aunque tomasen en la guerra algunos cautivos, y por esto les hiciesen tequiua, todo les saldría mal; y por mucho que hagan penitencia desde pequeños, no se podrán esca­ par de mala ventura.

 

LAS MALAS CONDICIONES DE LAS

MUJERES QUE NACIAN EN ESTE SIGNO

 

Y si era mujer la que nacía en este signo, también era mal afortunada, no era para nada, ni para hilar, ni para tejer, y boba y tocha, risueña y soberbia, vocinglera; anda comiendo tzictli9 y será parlera, chismera, infamadora, sálenle de la boca las malas palabras como agua, y escar­ necedora; es holgazana, perezosa, dormilona y con estas obras viene siempre a acabar mal y a venderse por esclava; como no sabe hacer nada, ni moler maíz, ni hacer pan, ni otra cosa ninguna, su amo la vendería a los que trataban en esclavos para comer y así vendría a morir en el tajón de los ídolos. Remediaban la maldad de este signo, en que los que nacían en él, los bautizaban en la tercera casa que se llamaba ei cóatl; o en la séptima casa, que llamaban chicóme atl, por­ que todas las terceras y séptimas casas eran buenas; y por no repetir muchas veces una cosa brevemente decimos que todas las casas que se siguen tienen la calidad de sus números, como ya arriba está dicho en muchos lugares. La segunda casa de este signo se llama orne cuetz-pallin; la tercera ei cóatl; la cuarta nahui miquiztli; la quinta macuilli mázatl; la sexta chicuace tochtli; la séptima chicóme atl; la octava chi' cuei iztcuintli; la novena chiconahui ozomatli; la décima matlactlionce écatl; la duodécima matlactliomome océlotl; la decimotercera matlactlio-mei cuauhtli.

 

(Lib. IV, cap. xxviii)

 

DEL SIGNO DECIMOCTAVO LLAMADO CE EHECATL Y DE SUS DESGRACIAS Y MALA FORTUNA DE LOS QUE EN EL NACIAN

 

El decimoctavo signo se llama ce echécatl, decían que era mal afortuna­ do porque en él reinaba Quetzalcóatl, que es dios de los vientos y de los torbellinos; decían que el que nacía en este signo, si era noble, sería embaidor y que se transfiguraría en muchas formas, y que sería nigro­ mántico y hechicero y maléfico, y que sabría todos los géneros de hechi­ cerías y maleficios y que se transfiguraría en diversos animales; y si fuese hombre popular o maceguál sería también hechicero y encantador y embaidor, de aquellos que se llaman temacpalitotique; y si fuese mujer sería hechicera, de aquellas que se llaman mometzpipinque. Y estas he­ chicerías, esos hechiceros aguardaban algún signo favorable para hacer­ las, uno de los cuales eran chiconahui itzzuintli y otro chiconahui mi-quiztli, chiconahui málinálli; y todas las casas novenas de todos los sig­ nos les eran favorables para estas sus obras, las cuales son contrarias a

 

 

"Chicle.      (M ).

 

toda buena fortuna. Los que eran de este oficio siempre andaban tris­ tes y pobres, ni tenían qué comer ni casa en que morar, solamente se mantenían de lo que les daban los cuales (aquellos que) mandaban hacer algún maleficio; y cuando ya habían acabado de hacer sus male­ ficios y era tiempo que acabasen su mala vida, alguno los prendía y les cortaba los cabellos de la corona de la cabeza, por donde perdía el poder que tenía de hacer hechicerías y maleficios; con esto acababa su mala vida muriendo. Aquellos hechiceros que se llaman temacpalito-tique, o por otro nombre tepupuxaquauique, cuando querían robar al­ guna casa hacían la imagen de ce echécatl, o de Quetzalcóatl, y ellos eran hasta quince o veinte los que entendían en esto e iban todos bai­ lando a donde iban a robar, e íbalos guiando uno que llevaba la imagen de Quetzalcóatl, y otro que llevaba un brazo desde el codo hasta la mano de alguna mujer que hubiese muerto del primer parto; las cortaban a hurto el brazo izquierdo, y estos ladrones llevaban un brazo de éstos delante de sí, para hacer su hecho; uno de los que iban guiando lo llevaba en el hombro. Y en llegando a la casa donde habían de robar, antes que entrasen dentro de la casa, estando en el patio de la misma casa daban dos golpes en el suelo con el brazo de la muerta; y en llegando a la puerta de la casa daban otros golpes en el umbral de la misma casa, con el mismo brazo, y hecho esto dicen que todos los de la casa se adormecían o se amortecían, que nadie podía hablar, ni mo­ verse; estaban todos como muertos aunque entendían y veían lo que se hacía; otros estaban dormidos roncando, y los ladrones encendían can­ delas y buscaban por la casa lo que había que comer y comían todos, muy de reposo; nadie de los de casa los impedía ni hablaba, todos esta­ ban atónitos y fuera de sí. En habiendo muy bien comido y consoládose, entraban en los silleros y bodegas y arrebañaban cuanto hallaban, man­ tas y otras cosas, y lo sacaban todo fuera, oro y plata, y piedras y plumas ricas, y luego hacían de todo cargas, y se las echaban a cuestas y se iban con ellas; y antes de esto dicen que hacían muchas suciedades y dehonestidades en las mujeres de aquella casa; y cuando ya se iban, luego se iban corriendo para sus casas, con lo que llevaban hurtado: y dicen, que si alguno de ellos se asentaba en el camino para descan­ sar, no se podía más levantar y quedábase allí hasta la mañana, y tomá­ banle con el hurto y él descubría a los demás.

 

(Lib.  IV,  cap.  xxxi)

 

DE  LOS LLOROS Y LASTIMAS  QUE  HACIAN  Y DECIAN AQUELLOS A QUIEN ROBARON LOS NIGROMANTICOS, Y DE LAS DEMAS CASAS DE ESTE  SIGNO

 

Idos los ladrones, los de la casa de los robados comienzan a volver en sí y a levantarse de donde estaban echados, y comenzaban a mirar por casa, por los silleros y bodegas, y por las petacas y cajas y cofres, y no hallaban nada de cuanto tenían; y hallan robado todo cuanto tenían, oro y plata, y piedras y plumas ricas, mantas y naguas y huípiles, y todo cuanto tenían, y comienzan luego todos a llorar, y a dar gritos y a dar palmadas de angustia, y las mujeres comienzan a decir a voces: quezan nel oc nen quennel oc nen, que quiere decir, “oh desventuradas de nosotras”, y daban consigo tendidas en el suelo, y dábanse de puña­ das y bofetadas en la cara diciendo: ca onitquioac, otlacemochictia, que quiere decir: “todo cuanto teníamos nos han llevado”; y decían otras muchas lástimas, como está en la letra; de esta manera lloraban aquellos que estaban robados.

A estos robadores también llamaban tetzotzomme; porque en tomán­ dolos luego los apedreaban y les tomaban todo cuanto tenían en sus casas. De las demás casas de este signo no hay que decir más de lo que está dicho atrás; la segunda casa de este signo se llama orne cálli; la tercera el cuetzpállin: la cuarta nahui cóatl; la quinta macuilli mi-quiztli; la sexta chicuace mazatl; la séptima chicante tochtli; la octava chicuei atl; la novena chiconahui itzcuintli; la décima matlactli ozoma-tli; la undécima matlactlionce malinalli; la duodécima matlactliomome ácatl; la decimotercera matlactliomei océlotl.

 

(Lib.  IV,  cap.  xxxii)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AGÜEROS Y ABUSIONES

 

PROLOGO

 

Como con apetito de más saber, nuestros primeros padres merecieron ser privados del original saber que les fue dado, y caer en la noche muy oscura de la ignorancia en que a todos nos dejaron, no habiendo aún perdido aquel maldito apetito, no cesamos de porfiar, de querer inves­ tigar, por fas o por nefas, lo que ignoramos, así cerca de las cosas naturales como cerca de las cosas sobrenaturales. Y aunque para saber muchas cosas de estas tenemos caminos muchos, y muy ciertos, no nos contentamos con esto, sino que por caminos no lícitos y vedados procu­ ramos de saber las cosas que nuestro señor Dios no es servido que sepamos, como son las cosas futuras y las cosas secretas: Y esto, a las veces, por vía del demonio; a las veces, conjeturando por los bramidos de los animales o garridos de las aves, o por el aparecer de algunas sabandijas. Mal es éste que cundió en todo el humanal linaje; y como estos naturales son buena parte de él, cúpolos harta parte desta enfer­ medad. Y porque, para cuando, llagados de esta llaga fueren a buscar medicina, y el médico los pueda fácilmente entender, se ponen en el presente libro muchos de los agüeros que estos naturales usaban y, a la postre, se trata de diversas maneras de estantiguas que de noche (se) les aparecían.

 

(Lib.  V )

 

DEL AGÜERO INDIFERENTE QUE TOMABAN DE OIR CANTAR A UN AVENTURERO  QUE LLAMAN OACTON, Y DE  LO  QUE  HACIAN  LOS MERCADERES

QUE IBAN CAMINO EN ESTE CASO

 

El segundo agüero que tenían era cuando oían cantar, o charrear a una ave que llaman oactli o oacton. Este agüero era indiferente, que a las

 

veces pronunciaba bien y a las veces mal; teníanle por bueno cuando cantaba como quien ríe, porque entonces parecía que decía yeccan, yeccan, que quiere decir buen tiempo, buen tiempo; cuando de esta manera cantaba no tenían sospecha que vendría algún mal, antes se holgaban de oírle, porque tenían que alguna buena dicha les había de suceder. Pero cuando oían a esta ave que cantaba, o charreaba como quien ríe con gran risa y con alta voz, y que su risa salía de lo íntimo del pecho, como quien tiene gran gozo y gran regocijo, entonces enmu­

 

decíanse y desmayaban, ninguno hablaba al otro, todos iban callando y cabizbajos, porque entendían que algún mal les había de venir, o que alguno de ellos había de morir en breve, o que había de enfermar

alguno de ellos o que les habían de cautivar aquéllos a cuyas tierras iban. Esto por la mayor parte acontecía en algunos valles profundos,

 

o en algunos grandes arroyos, o en algunas grandes montañas, o en algunos grandes páramos; los caminantes que esto oían eran mercade­ res o tratantes, decían entre sí: “algún mal nos ha de venir, alguna avenida de algún río o creciente nos ha de llevar a nosotros, o a nues­ tras cargas, o habernos de caer en manos de algunos ladrones que nos han de robar o saltear, o por ventura alguno de nosotros ha de enfermar y le hemos de dejar desamparado, o por ventura nos han de comer bestias fieras, o por ventura nos han de atajar alguna guerra para que no podamos pasar”.

 

Cuando platicaban estas cosas entre sí, aquel que era principal entre ellos comenzaba a esforzar y consolar a los otros, menores, y decíalos de esta manera, yendo andando: “Hijos míos y hermanos míos, no con­ viene que ninguno de vosotros se entristezca, ni desmaye por el agüero que habéis oído, que ya teníamos entendido cuando partimos de nues­ tras casas y de nuestros parientes, que veníamos a ofrecernos a la muerte, y sus lágrimas y sus lloros, que en nuestra presencia derramaron, bien las vimos porque se acordaron y nos dieron a entender que por ventura en algún despoblado, o en alguna montaña, o en alguna barranca habían de quedar nuestros huesos, y sembrarse nuestros cabellos y derramarse nuestra sangre; y (si) esto nos ha venido, no conviene que nadie se haga de pequeño corazón, como si fuese mujer temerosa y flaca; apa­ rejaos como varones para morir, orad a nuestro señor dios, no curéis de pensar en nada de esto porque en breve sabremos por experiencia lo que nos ha de acontecer, al tiempo que viéremos si algún mal nos ha de acontecer; entonces lloraremos todos, porque ésta es la gloria y fama que hemos de dar y dejar a nuestros mayores y señores los merca­ deres nobles y de grande estima de donde descendemos, porque no so­ mos nosotros los primeros ni los postreros a quien estas cosas han acon­ tecido, que (a ) muchos antes que nosotros, y (a ) muchos después de nosotros les acontecerán semejantes casos; y por esto esforzaos como valientes hombres, hijos míos”. Y donde quiera que llegaban a dormir aquel día, ora fuese debajo de un árbol, o debajo de alguna lapa, o

 

en alguna cueva, luego juntaban todos sus bordones o cañas de camino, que llevaban, y los ataban todos juntos en una gavilla; entonces decían que aquellos topiles, así todos atados juntos, eran la imagen de su dios Yacatecutli, que es el de los mercaderes y tratantes; y luego delante de aquel manojo de topiles o báculos, con grande humildad y reverencia cortaban las orejas, derramando sangre, y se agujeraban la lengua pa­ sando por ella mimbres, las cuales ensangrentadas las ofrecían a la gavilla de aquellos báculos que estaban todos atados; y todos ellos pro­ ponían de recibir en paciencia, por honra de su dios, cualquiera cosa que les aconteciese. De allí adelante no curaban de pensar más en que alguna cosa les había de acontecer, adversa por el agüero que habían oído de aquel ave que se llama oactli; y pasando el término de aquel agüero, si ninguna cosa les acontecía consolábanse y tomaban aliento y esfuerzo, porque su espanto no vino en efecto; pero algunos de la com­ pañía que eran medrosos y de poco esfuerzo, todavía iban con temor de que alguna cosa les había de acontecer, y así ni se alegraban ni habla­ ban ni podían recibir consolación; iban como desmayados y pensativos de que alguna cosa les había de acontecer, y de allí a algún trecho adelante iban pensando que lo que no les había acontecido antes, cerca de la significación de aquel agüero, que por ventura les acontecería ade­ lante; ninguno se determinaba en lo que podía acontecer, porque como arriba se dijo este agüero es indiferente a bien y a mal.

 

(Lib. V, cap. ii)

 

DEL AGÜERO QUE TOMABAN CUANDO OIAN DE NOCHE ALGUNOS GOLPES, COMO DE QUIEN ESTA CORTANDO MADERA

 

Cuando alguno de noche oía golpes como de quien corta leña, tomaba mal agüero; a éste llamaban youaltepuztli, que quiere decir hacha noc­ turna; por la mayor parte este sonido se oía al primer sueño de la noche, cuando todos duermen profundamente y ningún ruido de gente suena; oían este sonido los que de noche iban a ofrecer cañas y ramos de pino, los cuales eran ministros del templo, que se llamaban tlamacazque. Estos tenían por costumbre de hacer este ejercicio o penitencia de noche, que es lo profundo de la noche; iban a hacer estas ofrendas a los lugares acos­ tumbrados de los montes comarcanos, y cuando oían golpes como de quien hiende madero con hacha, lo cual de noche suena lejos, espan­ tábanse de aquellos golpes y tomaban mal agüero. Decían que estos golpes eran ilusión de T ezcatlipoca, con que espantaba y burlaba a los que andaban de noche; y cuando esto oía algún hombre animoso y es­ forzado, y ejercitado en la guerra, no huía, mas antes seguía el sonido de los golpes hasta ver qué cosa era, y cuando veía algún bulto de per­ sona corría a todo correr tras él, hasta asirle y ver qué cosa era. Dícese

 

que el que asía a esta fantasma con dificultad podía aferrar con ella,

y así corrían gran rato andando a la sacapella, de acá para allá, cuando ya se fingía cansada la fantasma, esperaba al que la seguía, (y ) enton­ ces parecía al que la seguía que era un hombre sin cabeza, que tenía cortado el pescuezo como un tronco, y el pecho teníale abierto y tenía a cada parte como una portecilla, como que se abrían y cerraban jun­ tándose en el medio y, al cerrar, decían que hacían aquellos golpes que se oían lejos; y aquel a quien había aparecido esta fantasma, ora fuese algún soldado valiente, o algún sátrapa del templo animoso, en asiéndola y conociéndola por la abertura del pecho veíale el corazón y asíale de él, como que se le arrancaba tirando; estando en esto demandaba a la fantasma que le hiciese alguna merced, o le pedía alguna riqueza, o

le pedía esfuerzo y valentía para cautivar en la guerra a muchos, y algu­

nos dábalos esto que pedían y a otros no los daba lo que pedían, sino

lo contrario, que era pobreza y miseria y malaventura; y así decían que

en su mano estaba de T ezeatlipoca dar cualquiera cosa que quisiese, adversa o próspera. Y la fantasma, respondiendo a la demanda, decía de esta manera: “Gentil hombre, valiente hombre amigo mío, fulano, déjame, ¿qué me quieres?, que yo te daré lo que quisieres”. Y la persona

a quien  esta  fantasma  le  había  aparecido  decíala:      “no te dejaré,  que

 

ya te he cazado”. Y la fantasma dábale un punta o espina de maguey, diciéndole: “Cata aquí esta espina, déjame”. Y el que tenía a la fantas­ ma asida por el corazón, si era valiente y esforzado, no se contentaba con una espina y hasta que le daba tres o cuatro espinas no la dejaba.

 

Estas espinas eran señal que sería próspero en la guerra, y tomaría tantos cautivos cuantas espinas recibía, y que sería próspero y reveren­ ciado en este mundo, con riquezas y honras e insignias de hombre valiente. También se decía que el que la asía del corazón, a la fantas­ ma, y se lo arrancaba de presto sin decirle nada, echaba a huir con el corazón y se escondía, y (lo) guardaba con gran diligencia, envolvién­ dolo y atándole fuertemente con algunos paños; y después, a la mañana, desenvolvíale y miraba qué era aquello que había arrancado, y si veía alguna cosa buena en el paño, como es pluma floja como algodón, o algunas espinas de maguey, como una o dos, tenía señal que le había de venir buenaventura y prosperidad; y si por ventura hallaba en el paño carbones, o algún andrajo, o pedazo de manta roto y sucio, en esto conocía que le había de venir malaventura y miseria; y si aquel que oía estos golpes nocturnos era algún hombre de poco ánimo y co­ barde, ni la perseguía ni iba tras ella, sino temblaba de temblor y cortábase de miedo, echábase a gatas porque ni podía correr ni andar; no pensaba otra cosa más de que alguna desgracia le había de venir por razón del mal agüero que había oído. Comenzaba luego a temer que le había de venir enfermedad, o muerte, o alguna desventura de pobreza y trabajos por razón de aquel mal agüero.

 

DEL MAL AGÜERO QUE  TOMABAN  DEL

 

CHILLIDO  DE LA LECHUZA

 

Cuando alguno sobre su casa oía charrear a la lechuza, tomaba mal agüero, luego sospechaba que alguno de su casa había de morir o enfer­ mar, en especial si dos o tres veces venía a charrear allí, sobre su casa, tenía por averiguado que había de ser verdadera su sospecha; y si por ventura en aquella casa donde venía a charrear la lechuza estaba algún enfermo, luego le pronosticaban la muerte. Decían que aquel era el mensajero del dios Mictlantecutli, que iba y venía al infierno, por esto le llamaban Yautequiua, que quiere decir mensajero del dios del infier­ no y de la diosa del infierno que andaba a llamar a los que le manda­ ban; y si juntamente con el charrear le oían que escarbaba con las uñas, el que le oía, si era hombre, luego le decía: “Está quedo bellaco oji-hundido, que hiciste adulterio a tu padre”. Y si era mujer la que oía decíale: “Vete de ahí puto; ¿has agujerado el cabello con que tengo de beber allá en el infierno? Antes de esto no puedo ir”. Decían que por esto le injuriaban de esta manera, para escaparse del mal agüero que pronosticaba y para no ser obligados a cumplir su llamamiento.

 

(Lib.  V,  cap.  v)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS ABUSIONES QUE USABAN ESTOS NATURALES

 

PROLOGO

 

Aunque los agüeros y abusiones parecen ser de un mismo linaje, pero los agüeros por la mayor parte atribuyen a las criaturas lo que no hay en ellas, como es decir que cuando la culebra, o (la) comadreja, atra­ viesan por delante de alguno que va (de) camino, dicen que es señal que le ha de acontecer alguna desgracia en el camino; y de esta manera de agüeros está dicho en este libro quinto.

 

Las abusiones de que en este apéndice se trata son el revés, que toman en mala parte las impresiones, o influencias, que son buenas en las criaturas, como es decir que el olor del jazmín indiano que ellos llaman omixóchitl, es causa de una enfermedad que es como almorranas, y también a la flor que llaman cuetlaxóchitl la atribuyen un falso testi­ monio, que cuando la mujer pasa sobre ella le causa una enfermedad, que también la llaman cuetlaxóchitl, la cual se causa en el miembro mujeril.

 

Y    porque los agüeros y las abusiones son muy vecinos, pongo este tratado de las abusiones por apéndice de este libro quinto, de los agüe­ ros; y en los agüeros no está tanto dicho cuanto hay en él uso, ni tam­ poco en este apéndice están todas las abusiones de que usan mal, por­ que siempre van multiplicándose estas cosas, que son malas; y muchos hallarán, así del uno como del otro, cosas que no están aquí puestas.

 

(Lib.  V  apéndice)

 

 

DEL  OMIXOCHITL

 

Hay una flor que se llama omixóchitl, de muy buen olor, parece al jaz­ mín en la blancura y en la hechura; hay también una enfermedad que parece como almorranas, que se cría en las partes inferiores de los hom­

 

bres y de las mujeres, y dicen los supersticiosos antiguos que aquella enfermedad se causa de haber olido mucho esta flor arriba dicha, de haberla orinado o de haberla pisado

 

DEL CUETLAXOCHITL

 

Hay una flor que se llama cuetlaxóchitl, de un árbol con hojas muy coloradas. Hay también entre las mujeres una enfermedad que se les causa en el miembro mujeril, que también la llaman cuetlaxóchitl; (y ) decían los supersticiosos antiguos que esta enfermedad se causaba en las mujeres por haber pasado sobre esta flor arriba dicha, o por haberla olido, o por haberse sentado sobre ella; y por esto avisaban a sus hijas que se guardasen de olería, o de sentarse sobre ella, o de pasar sobre ella.

 

DE LA FLOR YA HECHA

 

Decían los viejos supersticiosos que las flores que se componen de mu­ chas flores, con que bailan y que dan a sus convidados, que a nadie le es lícito oler el medio de ella, porque el medio de ella está reservado para Tezcatlipoca y que los hombres solamente pueden oler las orillas.

 

DE TECUENCHOLHUILIZTLI,  QUE  QUIERE  DECIR PASAR SOBRE ALGUNO

 

Decían también los supersticiosos antiguos, que el que pasaba sobre algún niño que estaba sentado o echado que le quitaba la virtud de crecer, y se quedaría así pequeñuelo siempre, y para remediar esto decían que era menester tornar a pasar sobre él por la parte contraria.

 

DEL TAMAL MAL COCIDO

 

Otra abusión tenían: cuando se cuecen los tamales en la olla, si algunos se pegan a la olla como la carne cuando se cuece y se pega a la olla, decían que el que comía aquel tamal pegado, si era hombre, nunca bien tiraría en la guerra las flechas, y su mujer nunca pariría bien; y si era mujer, que nunca bien pariría, que se le pegaría el niño dentro.

 

DEL OMBLIGO

 

Otra abusión tenían:  cuando cortaban el ombligo a las criaturas recién

nacidas:  si era varón, daban el ombligo a los soldados para que le lle­

 

vasen al lugar donde se daban las batallas; decían que por esto sería muy aficionado el niño a la guerra; y si era mujer, enterraban el ombligo cerca del hogar, y decían que por esto sería aficionada a estar en casa y (a ) hacer las cosas que eran menester para comer.

 

 

DE LA TORTILLA QUE (SE) DOBLA EN EL  COMAL

 

Tenían otra abusión: decían que cuando se doblaba la tortilla, echán­ dola en el comal para cocerse, era señal que alguno venía a aquella casa, o que el marido de aquella mujer que cocía el pan, si era ido fuera, venía ya, y había coceado la tortilla porque se dobló.

 

 

DEL  QUE  ESTA  ARRIMADO AL  POSTE

 

Otra abusión tenían: decían que los que se arrimaban a los postes serían mentirosos, porque los postes son mentirosos y hacen mentirosos a los que se arriman a ellos, y por esto los padres y madres prohibían a sus hijos que se arrimasen a los postes.

 

 

DEL COMER ESTANDO EN PIE

 

Otra abusión tenían: decían que las mozas que comían estando en pie, que no se casarían en su pueblo sino en pueblos ajenos, y por esto las madres prohibían a sus hijas que comiesen estando en pie.

 

DE LA MUJER PREÑADA

 

Otra abusión dejaron los antiguos; y es, que la mujer preñada se debía de guardar de que no viese a ninguno que ahorcaban, o daban garrote, porque si le veía decían que el niño que tenía en el vientre nacería con una soga de carne a la garganta. También decían que si la mujer pre­ ñada miraba al sol, o a la luna cuando se eclipsaba, la criatura que

tenía en el vientre nacería mellados          los bezos,  y por esto las preñadas

no   osaban mirar    al eclipse,  y,   para     que esto no aconteciese,  si mirase

el    eclipse poníase           una navajuela  de        piedra negra en el seno, que tocase

a la carne. También decían que la mujer preñada, si mascaba aquel betún que llaman tzictli, la criatura cuando naciese, que le acontecería aquello que llaman motentzoponiz, que mueren de ello las criaturas recién nacidas, y cáusase de que cuando mama la criatura, si su madre la saca de presto la teta de la boca, lastímase en el paladar y luego queda mortal. También decían que la mujer preñada, si anduviese de

 

noche, la criatura que naciese sería muy llorona; y si el padre andaba de noche y veía alguna estantigua, lo que naciese tendría mal de corazón, y para remedio de esto, la mujer preñada, cuando andaba de noche, poníase unas chinas en el seno, o un poco de ceniza del hogar, o unos pocos de ajenjos de esta tierra que llaman iztáuhyatl; y también los hombres se ponían en el seno chinas, o pícietl, para excusar el peligro del hijo que estaba en el vientre de la madre; y si esto no hacían, decían que la criatura nacería con una enfermedad que llaman ayo-mama, o con otra enfermedad que llaman cuetzpaliciuiztli, o con loba­ nillos en las ingles.

 

DE LA MANO DE LA MONA

 

Tenían otra abusión, y aun todavía la hay: los mercaderes, y los que venden mantas, procuraban de tener una mano de mona. Decían que teniéndola consigo, cuando vendían, luego se les vendía su mercadería, v aun ahora se hace esto; y también cuando no se vende su mercadería, a la noche, volviendo a su casa, ponen entre las mantas dos vainas de chilli, (y) dicen que les dan a comer chilli para que luego otro día se vendan.

 

DE LOS RATONES

 

Otra abusión tenían: decían que los ratones sabían cuando alguno es-taba amancebado en alguna casa, y luego van allí y roen y agujeran los chiquihuites y esteras, y los vasos, y esto es señal que hay algún amancebado en alguna casa, y llaman a esto tlazolli; y cuando a la mujer casada los ratones agujeraban las naguas, entendía su marido que le hacía adulterio; y si los ratones agujeraban la manta al hombre, en­ tendía la mujer que le hacía adulterio.

 

DE LAS PIERNAS DE LAS MANTAS

 

Otra abusión tenían: decían que cuando se tejía alguna tela, ora fuese para manta, ora para naguas, ora para huípil, si la tela se aflojaba de una parte más que de otra, decían que aquél para quien era, era per­ sona de mala vida, y que se parecía en que la tela se paraba bizcornada.

 

DEL ESTORNUDO

 

Otra superstición: decían que el que estornudaba, era señal que alguno decía mal de él, o que alguno hablaba de él, o que algunos hablaban de él.

 

 

Otra abusión: y es que cuando comían o bebían en presencia de algún niño que estaba en la cuna, poníanle un poco en la boca de lo que comían o bebían; decían que con esto no le daría hipo cuando comiese o bebiese.

 

 

DE LA CASA NUEVA POR QUIEN SACABA FUEGO NUEVO

 

Otra abusión: cuando alguno edificaba alguna casa nueva, habiéndola acabado, juntaba los parientes y vecinos y delante de ellos sacaba fuego nuevo en la misma casa; y si el fuego salía presto, decían que la habita­ ción de la casa sería buena y apacible, y si el fuego tardaba en salir decían que era señal que la habitación de la casa sería desdichada y penosa.

 

 

DE CUANDO LOS MUCHACHOS MUDAN LOS DIENTES

 

Otra abusión tenían cerca del mudar de los dientes de los muchachos: decían que cuando mudaba un diente algún muchacho, su madre o padre echaba el diente mudado en el agujero de los ratones, o mandábalo echar; decían que si no lo echaba en el agujero de los ratones no nacería, y que se quedaría desdentado.

 

 

 

Estas abusiones empecen a la fe, y por eso conviene saberlas, y predicar contra ellas. Hanse puesto estas pocas, aunque hay otras muchas más. Los diligentes predicadores y confesores búsquenlas para entenderlas, en las confesiones, y para predicar contra ellas, porque son como una sarna que enferma a la fe.

 

(Lib. V,  ap., fragmentos)

 

 

ADICIONES

 

SUEÑOS  Y OTROS  AGÜEROS  Y ABUSIONES

 

SUEÑOS

 

 

El que soñaba al diablo, lo imprecaba.

Del que soñaba que su casa ardía, se decía:  “Ya morirá”. Y del que

soñaba que era llevado por el río:  “Ya morirá”.

 

Del que soñaba que sobre él se rompía un cerro, también se decía:

“Ya morirá”.

Del que soñaba que el árbol se rompía sobre él, se decía: “Ya morirá”.

Del que soñaba que hacía estrenar casa, también se decía: “Ya morirá”.

 

Del que soñaba eclipse del sol, también se decía: “Ya quedará ciego o se venderá”.

 

Del que soñaba que la fiera lo comía, se expresaba: “Ya morirá”. Del que soñaba que una serpiente se echaba sobre él, también se

 

decía: “[Padecerá la enfermedad llamada] ‘envaramiento de la serpiente’; por esto morirá”.

Del que se soñaba volar, se decía:  “Ya morirá en guerra”.

Y aun otros sueños que no sabemos bien, que son muchos.

Los lectores de los destinos interpretaban los sueños. Los veían en el libro de los destinos y ordenaban la forma en que debía ser hecha la ofrenda, y quemaban la ofrenda. Y la ofrenda era papel, copal, hule.

 

( Trímeros memoriales, f.  85 v.)

 

 

ESTERA DE SERPIENTES O SERPIENTE-ESTERA

 

Esta no es sólo una. Se reúnen, se juntan las serpientes, como si se hicie­ ran una estera. En ella está la silla de culebras, o quizá está aparte. Y así va, así anda, corre de aquí para allá; corre a todas partes. Es (así) porque las cabezas de las serpientes están hacia todas partes; se han convertido en los flecos de la estera de serpientes; por esto corre hacia todas partes; de aquí para allá va, y en ella va la silla de serpientes, va rodando.

 

El que la ve, el sabio, el experimentado, no le teme. En ella se sienta rápidamente, como si se sentara sobre una estera, y la silla de serpientes sobre la que se sienta la considera silla propia.

 

Quizá se aplane algo la estera de serpientes, o quizá la pandee un poco. En ella va; va haciendo silla la silla de serpientes. Luego desbara­ tan (la estera) las serpientes; se hace la huida; se encaminan en cual­ quier dirección.

 

Y cuando acontece esto, piensa (el hombre) dos cosas. La primera cosa, que dizque su augurio es que ya morirá, o que le acontecerá algo peligroso. La segunda cosa,; dizque entonces hace merecimiento, que entonces merece el cargo de tecuhtli10, el gobierno; dizque será tecuhtli, gobernará, porque rápidamente se sienta en la estera de serpientes.

 

( Códice matritense, RAH, f. 291 v. y Códice florentino, lib. XI, p. 81)

 

 

 

 

10 Cargo administrativo y judicial en el calpilli.  (L .A .).

 

 

Es también muy raro. Viene también cuando vienen las aves. Sólo es pequeñillo, del tamaño de una paloma.

 

Por esto se llama cabeza de espejo: tiene en su cabeza como un espe­ jo, en medio de la cabeza, como disco. Ahí aparecemos. Precisamente en su frente está una renglerilla de plumaje algo ceniciento. Su pico es pequeño, como un diminuto cilindro. Su pecho, su espalda, son comple­ tamente azules. El plumaje de sus alas, su cola, también son azules. En todo su plumaje hay un poquito de blanco. Sus patas son amarillas, y cuando anda en el agua va remando con sus patas. Aparece en el agua; va ardiendo, va luciendo como ascua.

 

Y este cuatézcatl es la señal de la guerra. El que lo caza, ahí (en el espejo) se ve. Si irá, si irá a finalizar en la guerra, verá que es llevado, que es hecho cautivo, que lo arrastran. Pero si tendrá fortuna, si algo es su merecimiento, verá que él arrastra a la gente.

 

(Códice florentino, lib. XI, p.  32)

 

EL ECLIPSE DE SOL

 

Cuando esto acontece (el sol) se muestra muy rojo; ya no permanece quieto; ya no está tranquilo; sólo está balanceándose. Se amarillece mu­ cho. En seguida hay bullicio; se inquieta el hombre; hay alboroto, hay trastorno, hay temor, hay llanto. Levantan el llanto los hombres; se dan alaridos; hay gritos; hay grita; hay vocerío; hay clamor; se tienden los cascabeles. Son sacrificados albinos 11; son sacrificados cautivos. Se san­ gra la gente; se hacen pasar varas por las orejas y en los templos son can­ tados cantos floridos. Permanece el ruido; permanece la grita. Así se decía: “Si acabase, si fuese comido el sol, todo oscurecerá para siempre, vendrán a bajar las tzitzimime n, vendrán a comer hombres”.

 

( Primeros memoriales, £. 160 v.; Códice matritense, RP, ff. 178 r. y v., y Códice florentino, lib. VII, p. 2 )

 

EL GRANIZO

 

Así se hace,  así aparece:  cuando sobre los cerros se colocan las nubes

muy blancas, se dice: “Ya granizará, ya será granizado nuestro sustento”. Y así cae el granizo, como resonando; golpea la cabeza de la gente, apedrea a la gente. Así muere, así se daña, así se muere nuestro sustento.

 

11 Tlacaztalmicoa es “sacrificar albinos” según la interpretación de fray Bernar-dino de Sahagún en los Memoriales con escolios. (L .A .).

12 Deidades femeninas.  (L .A .).

 

A una braza tiende, tiende a los pájaros en la superficie del agua. Y allá los levantan, los levantan después, obtienen nuestro alimento los navegantes.

 

Y    para que no granice, para que no sea granizado, para que no sea muerta por el granizo la mata del maíz, entonces empujan (las nubes), las ahuyentan los arrojadores de granizo, los arrojadores de la lluvia; desde el agua las apartan, las muestran, las llevan; o quizá allá las arrojan

 

a los zacatales, a las llanuras de zacate, donde es el lugar en que nada se hace, donde de nada es lugar, donde nada permanece, donde nada se levanta, donde nada permanece levantándose, donde nada brota, donde nada permanece brotando, donde nada se siega. Sólo es lugar de miseria, donde las piedras están secándose.

 

( Códice matritense, RP, ff.  183 v.,  184 r., y Códice florentino, lib. II,

pp.  157-8; éste y los cuatro textos anteriores: traducción de Alfredo López Austin, Augurios y abusiones, Fuentes Indígenas de la Cultura Náhuatl, 4, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, México, 1969, pp. 101, 103, 121, 123, 125, 145, 151 y 153).

 

 

 

 

 

 

 

 

MEDICINA

 

DE LAS ENFERMEDADES Y MEDICINAS CONTRARIAS DE LOS PECHOS, COSTADOS Y ESPALDAS

 

DOLOR DE LOS PECHOS

 

Para el dolor de los pechos será bueno tomar las raíces aquí nombradas, y molerse y cocerse, y beber el agua de ellas, siendo tibia, y esto dos o tres veces, o beber el agua del ezpatli hecho de diversas hierbas, cocién­ dose mucho y mezclándose con pepitas y chile, y procurar de comer siem­ pre tarde; y los correos o mensajeros, que van muy de prisa, suelen beber esta agua caminando para que no (se) abra el pecho.

 

POCA LECHE

 

Para las mujeres que tienen poca leche en las tetas será necesario moler la raíz llamada tacanalquíltic, y bebería dos, o tres veces saliendo del baño, y lavándose primero los pechos con el tequixquite, con la cual pri­ mera leche que sobreviniere de esta cura, la criatura se corromperá algún tanto, y para acabarle de purgar será bueno darle dos o tres gotas de esta agua, empapando algún poco de algodón como está dicho; el alma (que) no coma aguacate y beba el agua cocida de calabazas blancas, o de la hierba llamada cuetlaxóchitl, o coma asado el vergajo de los perrillos, o coma el izcauitli.

 

HINCHAZON DE LAS TETAS

 

La hinchazón de las tetas, para curarse será necesario moler la hierba que se llama yxiayáuál, mezclada con otra hierba nombrada eloquíltic, y ponerla alrededor de aquella hinchazón o dureza, y con esto vendrá a madurar o se resolverá la hinchazón, y si no aprovechare este remedio se sajará, y poner alrededor las dichas hierbas mezcladas, y cuando se fueren pudriendo las heridas de la sajadura, se echará una bilma de las dichas hierbas, y de los polvos de la hierba llamada chichicaquílitl y el ocótzotl, y beberá el agua de la hierba nombrada tetetzmític.

 

 

Cuando se tuviere dolor en los pechos, o en las espaldas, o en las cos­ tillas, o molimiento en todo el cuerpo, molerse han las hierbas y raíces aquí nombradas, y revolverse y mezclarse con el cisco y el axin, y untarse, lavándose primero con el agua caliente de los inciensos de la tierra; y cuando sintiere alguna comezón tomar algunos baños, y después de haberlos tomado beber el agua de estas hierbas aquí nombradas, y así (se) expelerá el mal, tlalquequétzal y tonálxíhuitl.

 

 

NIGUAS

 

Las niguas que nacen en las espaldas, que en la lengua se llaman qua-lócatl, curarse han no lavándose ni bañándose, algunos se curan con la hierba que llaman toloa, secada al sol y hecha polvos, puesta en los dichos nacidos, y si con ésta se ablandaren, echarse han los polvos de la raíz que se llama iztacpatli, y si con esto no sanare, cortarlo en cruz, y sacarse han de dentro ciertas sabandijas a manera de aradores; y juntarse han las hierbas aquí nombradas, molidas, mezclándolas con el cisco y cal, y poniéndolas encima, y sobre todo se han de poner una bilma de ocót-zotl; y algunos curan esto con la penca del maguey cortando un pedazo a manera de parche, y poniéndola en el nacido, y abriéndola por medio para que quede descubierta la boca del nacido, y tomar un poco de óxitl y ponerlo en la propia boca del nacido, de suerte que poniendo fuego sobre el óxitl quede quemado el nacido; y hecho esto se pondrá una bilma de ocótzotl mezclado con la hierba nombrada yiaiihtli. Y su comida del enfermo serán tortillas tostadas, y huevos, y guardarse de comer chile y carne, y de beber al atole caliente, y cacao, y vino; su bebida será agua fría, o el agua del aguayacan.

 

 

QUEBRADURAS DE HUESOS

 

Las quebraduras del hueso del espinazo y de las costillas, o de los pies, o (de) otro cualquier hueso del cuerpo, se curarán, tirándose, y ponién­ dose en su lugar, después de lo cual se ha de poner encima de la tal quebradura la raíz molida que se llama zazálic, y ponerse a la redonda algunas tablillas y atarse bien, porque no se torne a desconcertar; y si a la redonda de la tal quebradura estuviere hinchada la carne se ha de punzar y poner la raíz que se llama zazálic, molida y mezclada con la raíz nombrada tememétlatl, y con el agua de esta raíz postrera lavarse el cuerpo, o bebería en vino y tomar algunos baños; y cuando se sintiere alguna comezón, untarse con la hierba llamada xipetziuh, mezclada con la raíz llamada iztac zazálic. Si con esto no sanare se ha de raer y legrar

 

el hueso de encima de la quebradura, cortar un palo de teas que tenga mucha resina, y encajarlo con el tuétano del hueso para que quede firme, y atarse muy bien y cerrar la carne con el pañi arriba dicho.

 

 

HINCHAZONES

 

Las hinchazones que proceden de los huesos desconcertados se curarán con los polvos de ciertas mazorcas de maíz que nacen anchas y jaspeadas, o leonadas, que en la lengua se llaman tzatzapalli xochicintli, quappach-cintli, quemadas y molidas, y puestos los dichos polvos en la hinchazón y apretarla con la mano.

 

 

TOS PERPETUA

 

Para los que siempre andan tosiendo, y tienen una tos perpetua, y echan mucha flema, materia, sangraza cuajada, será necesario beber el agua de la hierba que se llama teouaxin, mezclada con chile y sal, cociéndose muy bien, o beberá el agua de cierta raíz que se nombra iztac chichic-quáuitl, cociéndose primero con el pulcre, y cuando bebiese esta agua no coma luego, y no coma fruta ni cosas muy frías, aunque puede beber algún trago de pulcre. También aprovechará beber el agua del palo nombrado chichiualquáuitl mezclado con agua y puesto al sol, y también beber el agua, del palo nombrado tlapalezquáuitl, cociéndose primero y echando en el agua un poco de tequixquite colorado; entiéndese que un día ha de beber el agua de un palo y otro día la del otro.

 

ESCUPIR SANGRE

 

Los que escupen sangre se curarán bebiendo el cacao hecho con aquellas especies aromáticas que se llaman tlilxóchitl mecaxóchitl y ueinacaztli, y con cierto género de chile llamado chiltecpin, muy tostado y mezclado con ulli; y también esto que está dicho se podrá beber en el vino, pero no ha de llevar ulli; o beberá el agua del palo llamado tlapalezquáuitl, o el panecico que se llama ezpatli, que se hace de diversas hierbas mo­ liéndolo y revolviéndolo con el agua.

 

(Lib. X, cap. xviii, fragmento)

 

DE  LAS  HIERBAS  MEDICINALES

 

T0ZANCUITLAXC0LL1

 

Hay otra hierba medicinal que se llama tozancuitlaxcolli, (que) tiene las hojas coloradillas y redondas y arpadas, y las ramas bermejas; algunas de estas hojas están la mitad coloradas y la mitad verdes, y la raíz de esta hierba por de dentro es blanca y por de fuera bermeja. Tiene muchas raíces y son redondillas, asidas unas con otras. Esta raíz, molida con un chile, tuéstase y después cuécese con agua; (y ) esta medicina, de esta manera hecha, sana las cámaras de sangre. Después de bebida baja aquel humor y hace más cámaras de las que hacía, y después, antes de un poco, aplaca, y después de esto ha de beber agua mezclada con chiantzótzol, y de allá (a ) un poco podrá comer. Las hojas de esta hier­ ba, no aprovechan de nada; hácese esta hierba en las peñas y en los riscos y montañas.

 

CACAC1LL1

 

Hay otra hierba medicinal que se llama cacacilli; párrase a raíz del suelo; las hojas tiene anchuelas y delgadillas; hácense en esta hierba unas flo­ res blancas (que) no son de provecho. La raíz de esta hierba es algo dulce. Es contra las cámaras de sangre, bebida y molida con un poco de chiantzótzol; bébese sobre la comida, y también se bebe contra las quebraduras de huesos, digo, es buena, puesta encima con alguna cosa que pegue como tzacutli, o xochiocótzotl. También es provechosa contra las postemas, como incordios y otras semejantes, (pues) poniéndola enci­ ma hace madurar la postema; también es buena para sacar astilla, espi­ na o hueso, o pedazo de flecha del cuerpo. Hácese esta hierba en las montañas de Xochimilco, y en todas (las) montañas.

 

XOXOCOYOLT1C

 

Hay otra hierba medicinal que se llama xoxocovóltic; tiene hojas a mane­ ra del corazón, arpadillas y coloradillas; no son para nada provechosas. Tiene una raíz sola y redonda como piedra; la raíz en la sobre haz es bermeja y de dentro es blanca, y es amarga. Es medicinal para los que tienen dañado el miembro, echando con jeringa dentro, y también para los que están estreñidos, tomándola por tristel; hase de mezclar con un poco de pulcre blanco, o sin mezcla, y vomitará con ella y también echará fuera la materia que está dentro en el miembro. Habiéndola tomado de esta manera, tomará el enfermo un poco de caldo de ave, o puchas que llaman yallotolli, y tomado esto comerá; pero no ha de beber agua fría. Hácese esta hierba en los riscos y peñas.

 

1ZELEUA

 

Hay otra hierba medicinal que se llama izeleua; es arbusto, tiene las hojas redondilas, muy verdes, tiene unas flores moradas (que) no son de provecho. La raíz de esta hierba es grande y negra, como raíz de árbol, córtanla para aprovecharse de ella, y hecha astillas, cuécese junta­ mente (con) pepitas de calabaza y granos de maíz; cuélase el agua des­ pués de cocida, (y ) dase a beber a los que recaen; y si alguna mujer después de la enfermedad tuvo su marido un acceso a ella, y por ése recae, bébela dos o tres veces y con esto sana. También se bebe cruda, molida y revuelta con agua, cuando alguno comienza a estar enfermo, y con esto echa cólera y flema por la boca; y también la beben los que tienen demasiado calor y angustias en el corazón, y con esto se aplacan; después de bebida toman un poco de caldo de ave. Es rara esta hierba y hácese en las montañas.

 

POZAUL1ZPATL1

 

Hay otra hierba medicinal que se llama pozaulizpatli; tiene las hojas anchas, la hechura (de ellas) es como de higuera aunque pequeñas, son muy verdes, arpadillas y puntiagudas; están parradas por el suelo; son amargas estas hojas. Tiene la raíz como el rábano, por de fuera amarilla y por de dentro blanca; muélese la raíz con las hojas (y ) es provechosa para los que están hinchados, o que les salen llagas por el cuerpo; pénen­ la molida en los lugares de las llagas e hinchazones, y así sanan. Hácese en las montañas.

 

UAUAUHTZ1N

 

Hay otra hierba medicinal que se llama uauauhtzin, o iztacquáuitl, (que) ya se dijo arriba que es contra el calor demasiado, y también es medicinal para la hinchazón o podredumbre del miembro, y para esto se ha de moler juntamente con las hojas y flores de la hierba que se llama mat-lalli, y revuélvense con agua caliente. También esta hierba molida y bebi­ da es contra el tabardete, cuando comienza a aparecer con unas pintas como de cardenillo, y bebiendo esta hierba luego sale fuera; es menester sangrar al enfermo. También es provechosa para el que tiene cámaras continuas, bebida la raíz con agua caliente y mezclada con un poco de chian. En toda parte se hace, en las montañas.

 

IZTAQUILTIC

 

 

Hay otra hierba medicinal que se llama iztaquiltic; es mata, tiene las ramas largas, tiene las hojas menudas como las hojas de cedro, es muy

 

verde y lisa. La raíz de esta hierba no aprovecha nada. La rama es algo quemosa, (y ) aprovecha para los que están estreñidos de la orina; hanla de beber molida y mezclada con agua, y no se ha de beber otra agua sino ésta; también aprovecha a los que echan sangre por la boca; purga los malos humores por la boca, y a los que tienen gota coral, si se la dan a beber a los principios, sanan; y también aprovecha a los que escupen materia. Hase de mezclar con la hierba arriba dicha que se llama uauauh-tzin, y háceles purgar los humores por abajo. Dase en las montañas y riscos

 

MEMEYA

 

Hay otra hierba medicinal que se llama memeya, que quiere decir mana leche; tiene una rama sola, y las hojas (son) largas y anchuelas y pun­ tiagudas, y (la) flor blanca; las ramas ni hojas no son de provecho. La raíz de esta hierba es como de color castaño por de fuera, por de dentro es blanca; no tiene ningún sabor, sino como agua; hase de tomar molida con unos granos de maíz y mezclada con agua tibia; una de estas raíces, o cebollas, se reparte en tres o cuatro veces para beber. Aprovecha así bebida para los que tienen mal de barriga y les rugen las tripas, y tienen la barriga hinchada, y con esto sana; hace echar por la boca cólera y flema y materia. Se ha de tomar en ayunas, y después de tomada ha de beber el enfermo el yóllatolli, y después ha de comer; pero no cosa con chile. También provoca la cámara, y echa fuera las lombrices. Há-cese en todas las montañas y cuestas.

 

TETZM1T1C

 

Hay otra hierba medicinal que se llama tetzmític, (que) es semejante a la mata que se llama tétzmetl, (y ) también se llama quauholli. Tiene las hojas muy verdes y correosas y redondillas, y también mana leche, y tiene las ramas coloradas; mana leche de las hojas y de los grumos cuando se corta; esta leche echada en los ojos, templa el calor y quita la bermejura de ellos, aclarálos, purifícalos. Las raíces de esta hierba son dulces, y espesas y larguillas, y por de fuera tienen color castaño y por de dentro blanco; lo interior de esta raíz molido provoca a la orina y purifícala, y también templa el calor demasiado; hácese en las montañas y en las ciénegas.

 

TZATZAYANALQUILTIC

 

Hay otra hierba medicinal que se llama tzatzayanalquíltic; las ramitas de esta hierba salen muchas sobre la tierra, (y ) tiene las hojas como

 

la hierba que se llama tzayanalquílitl, tiene las hojas pequeñas y arpa-dillas, muy verdes; no tallece. De la hierba no hay provecho. La raíz de esta hierba es una, y parece como cuentas que están ensartadas; de fuera son de color castaño claro, de dentro son blancas. Bébese molida y mezclada con agua; aprovecha a las mujeres que crían cuando se les aceda la leche, y bebida muchas veces purifica la leche; y también la dan a beber al niño que tiene cámara (y ) con ella se le quitan. También se maja, y el zumo que sacan de ella purifica la orina a los niños. Las que dan leche no han de comer aguacates porque causan cámaras a los niños que crían. Hácese en las montañas y en las peñas.

 

OUAUHTLACALH UAZTL1

 

Hay otra que se llama quauhtlacalhuaztli; es arbusto, tiene las hojas ver­ des, y anchuelas y ralas y arpadas, redondillas; tiene las flores leonadas; las raíces de este arbusto son medicinales, son gruesas y blancas y muy amargas, son correosas. Estas raíces hechas astillas y echadas en agua en que estén algún tiempo, para que el agua tome sustancia de la raíz, dase a beber esta agua a los que tienen sarna de la tierra que se llama naná-huatl; hase de beber en ayunas. También se bebe molida con el agua; también purifica la orina, también los polvos de esta raíz se echan sobre la dicha sarna, también es provechosa a los que tienen mal de pecho y tienen mala digestión; también es provechosa para los que tornan a recaer de alguna enfermedad; (y ) también purifica la leche de las mujeres que crían. Esta raíz pone el agua en que se echa muy azul. Hácese en los montes, y en los llanos y en los campos.

 

1ZTAUHYATL

 

Hay otra hierba medicinal que se llama iztáuhyatl; es como los ajenjos de Castilla, también es amarga; molida o majada esta hierba aprovecha a muchas cosas, molida y bebida con agua hace echar la cólera y flema, (y ) también es buena bebida para los que están ahitos; también echa fuera el calor demasiado interior, y también purifica la orina, y también aprovecha al que tiene ardor en la cabeza. También es provechosa, moli­ da, juntamente con los meollos de las ramas de la hierba que se llama quauhyayáual, para los que tienen angustias en el corazón por razón de algún mal humor que le oprima; bébenla cocida con agua y sanan. Hácese por todas partes en los campos.

 

OLOLIUHQUI

 

 

Hay otra planta- medicinal que se llama ololiuhqui, o uey ytzontecon; párranse sobre la tierra sus ramas y hojas, tiene las hojas verdes obscuras,

 

son de tres en tres, las flores están revueltas con las hojas, tienen las flores moradas y blanquecinas; no son de provecho. La raíz tiénela redon­ da, de fuera es negra y de dentro es blanca, tiene sabor dulce como de hierba; la corteza es delgada, molida es buena para dolor de la barriga y rugimiento de las tripas, y para el que tiene desmayos del corazón, y que le laten las sienes y venas; hase de beber revuelta con agua, en ayu­ nas, y con esto purga y echan la cólera y flema por la boca, (y ) con esto se le quitan los latidos del cuerpo. El agua con que se ha de beber ha de ser tibia para purgar por la orina. A los que tienen calenturas ter­ cianas, o cuartanas, dársela han a beber en tomándole la calentura, y con esto se le quita o se le aplaca. En todo lugar se hace, en cuestas o en llanos, pero es rara. En otra parte se puso este nombre olóliuhqui, pero son diferentes hierbas.

 

 

XOXOUHQU1

 

Hay otra que se dice quauhxoxouhqui, o xoxouhcapatli; ésta es una hier­ ba como la hiedra, que sube por los árboles y por las paredes; tiene las ramas verdes, y las hojas redondillas y puntiagudas; echa flores, y son blanquitas; hace semilla, y esta semilla es redonda, y en cada flor no se hace más que una; las hojas y semillas, molidas, todo junto y mezclado con agua y tinta, lavando el cuerpo con ella es contra la gota; y también se pone en el mismo lugar donde está la gota, mezclado con un poco de resina; y cuando la gota ha cundido por todo el cuerpo y da grandes dolores, y se va secando todo el cuerpo, si se lava con ella, o la pone por todo el cuerpo mezclada con resina, y emplumado, con esto aman­ san los dolores; y también bebidas en ayunas la semilla molida y mezcla­ da con agua amansa el dolor. Dicen que cuando uno tiene enfermedad que los médicos no entienden, ni saben dar remedio para ella, se bebe esta semilla molida y mezclada con agua, emborráchase con ella el enfer­ mo y luego da señal donde está la enfermedad. También dicen que es provechosa para las llagas podridas que no les hallan medicina, molida esta semilla con las hojas, y puesta en polvos, o mojada, sana las llagas viejas e incurables. Hácese esta hierba en tierra caliente.

 

 

TEXOXOCOYOLLI

 

Hay otra hierba que se llama texoxocoyólli; tiene las ramas larguillas y también los pezones de las hojas, tiene las hojas anchuelas y ametaladas de verde y morado; solamente hace una flor y es como morada; tiene un sabor como de hierba o heno, y amarga un poco. Esta hierba molida es provechosa para las hinchazones, poniéndola molida sobre la hinchazón. La raíz de esta hierba es una y es redonda, por de fuera es negra y por

 

de dentro amarilla; tiene unas raíces pequeñuelas y delgadas y espesas, en que está revuelta; tiene un sabor áspero, que se ase a la lengua; esta raíz molida es buena para las mujeres que tornaron a recaer por haber tenido su marido acceso a ellas antes que estuviesen bien sanas, y tam­ bién para el hombre que tornó a recaer por haber tenido acceso a su mujer antes de estar bien sano.

 

 

CHILPANTON

 

Molida hase de revolver con un poco de algodón y hase de poner dentro, en el miembro femenil, o viril, luego por allí purga lo que hacía daño al cuerpo; lo mismo es para los que se estragaron teniendo acceso a la mujer. Esta raíz molida y mezclada con la raíz de la hierba que se llama chilpanton, es provechosa para los que tienen hinchazón de la barriga por razón de alguna postema interior. Hase de beber en ayunas, con agua, y con esto purga por abajo la postema que hacía daño. De esta hierba, chilpanton, arriba se dijo: esta hierba, texoxocoyolli, en las montañas y en los páramos se hace.

 

 

TLACOXOCH1TL

 

Hay otra hierba medicinal que se llama tlacoxóchitl, es altilla, tiene las hojas divididas de dos en dos y de tres en tres; son verdes, son anchuelas y arpadas, son algo vellosas; tiene las flores naranjadas, redondillas y huecas; no son de provecho. Tiene esta hierba las raíces grosezuelas, por encima negrestinas y de dentro blancas, (que) tienen la corteza delgada; sabe entre amargo y dulce; es buena contra el calor demasiado y desmayo del corazón. Hase de beber molida y mezclada con agua, y con algunos granos de maíz hasta quince, y también con algunos granos de cacao, hasta quince o dieciséis, todo molido junto, y bebido con agua muchas veces, en ayunas, y después de comer, mitígase el calor; hácese en todas partes en las montañas y páramos.

 

 

MAGUEY

 

El maguey de esta tierra, especialmente el que llaman tlacámetl, es muy medicinal por razón de la miel que de él sacan, la cual hecha pulcre se mezcla con muchas medicinas para tomarlas por la boca, como atrás se dijo, también este pulcre es bueno, especialmente para los que han recaído de alguna enfermedad, bebiéndolo mezclado con una vaina de ají y con pepitas de calabaza, todo molido y mezclado, bebiéndolo dos o tres veces, y después tomar el baño, así sana; también la penca del

 

maguey nuevo asada en el rescoldo, el zumo de este maguey, o el agua de que se coció, hervido con sal (y ) echado en la llaga del que se des­ calabró, o del herido, de cualquier herida sana; también la penca del maguey, seca y molida, mezclada con resina de pino y puesta con su pluma en el lugar del dolor, ahora sea gota, ahora sea otra cosa, sana; también el pulcre se mezcla con la medicina que se llama chichicpatli, y hervido con ella es provechosa para el que tiene dolor de pecho, o de la barriga, o de las espaldas, o tiene alguna enfermedad con que se va secando; bebiéndola en ayunas unas o dos veces, o más sana.

 

TUNAS

 

El árbol que se llama tuna tiene las hojas grandes y gruesas, y verdes y espinosas; este árbol echa flores en las mismas hojas (y ) unas son blancas, otras bermejas, otras amarillas, y otras encarnadas; hácense en este árbol frutas que se llaman tunas, (que) son muy buenas de comer (y ) nacen en las mismas hojas. Las hojas de este árbol, descortezadas y molidas, danlas a beber con agua a la mujer que no puede parir, o que se ladeó la criatura, con esto pare bien; a la mujer que se le ladea dentro la criatura padece dos o tres días gran pena, antes que para; esto acon­ tece por la mayor parte a las mujeres que no se abstienen del varón antes de parir.

 

CHIA CON TLAQUATZ1N

 

La semilla de la chía molida con un poco de la cola del animal que se llama tlaquatzin, (en) tanta cantidad como medio dedo, mezclado todo con agua, bebiéndola la mujer que no puede parir luego pare; este brebaje es mejor para parir que no los de arriba, y esto no lo saben muchos. Con la raíz de esta hierba, verde y cruda, con la raíz del sauce que se llama quetzalhuéxotl, todo molido, hácese con ello atole, y es provechoso para los que escupen sangre y que tienen continua tos, que sale del pecho y escupen sangre; también con esto sana la tos vieja, o de muchos días; también es bueno para los que tienen cámaras de mate­ ria, bebiéndola dos o tres veces. La semilla de esta hierba cruda muélese, y sacándola el zumo, y bebiéndolo en ayunas limpia el pecho, y bebiendo con este zumo mezclado atul antes de comer hace lo mismo. Este zumo de esta chían es como el olio de linaza de Castilla, con que los pintores dan lustre.

 

OQUICHPATL1

 

 

Hay otra hierba medicinal que se llama oquichpatli; nace parrada sobre la tierra, como la hierba de la golondrina; tiene las hojas muy verdes

 

y redondillas, como lentejas, algo puntiagudas; las flores y las hojas van entrepuestas una con otras, como plumas blanquillas, llévalas el viento a las flores, las cuales, ni las hojas, no son de provecho. La raíz es una redondilla, tan larga como un palmo; por encima es un poco amarilla y por de dentro blanca, y es quemosa esta raíz, está como en relata. Esta raíz, molida, es provechosa para el hombre, o mujer, que porque no acabó de expeler la simiente humana, o por miedo o por otra ocasión que se ofreció, y queda cortado o estragado, y por esta causa se va secando, y le da una tos continua, y se va parando negro el cuerpo, y secándose, aunque haya un año, o dos o tres, que está así; tomándola por tristel expele un humor muy hediondo por espacio de dos o tres días, acaba de salir el humor corrupto, y por el miembro echa la orina blanca, como agua de cal, y muy hedionda, y lo mismo hace la mujer. Esto mismo es medicina para cuando alguno en sueños no acabó de expeler el humor sementino. La cantidad de esta raíz ha de ser como medio dedo, molida para una vez. Hállase esta hierba en los campos de Tm-llantzinco.

 

 

LOS BAÑOS TEMAZCALL1

 

Usan en esta tierra de los baños para muchas cosas, y para que aproveche a los enfermos hase de calentar muy bien el baño, que los llaman temaz-calli, y hase de calentar con buena leña que no haga humo; aprovecha primeramente a los convalecientes de algunas enfermedades, para que más presto acaben de sanar; aprovechan también a las preñadas que están cerca del parto, porque allí las parteras las hacen ciertos beneficios para que mejor paran; también aprovechan para las recién paridas, para que sanen y para purificar la leche; todos los enfermos reciben benefi­ cios de estos baños, especialmente los que tienen nervios encogidos, y también los que se purgan, después de purgados; también para los que caen de su pie, o de alto, o fueron apaleados o maltratados, y se les encogieron los nervios, aprovéchales el baño; también aprovecha a los sarnosos y bubosos, allí los lavan, y después de lavados los ponen medi­ cinas conforme a aquellas enfermedades; para éstos es menester que esté muy caliente el baño.

 

 

LOS MEDICOS INFORMANTES INDIOS

 

Esta relación arriba puesta, de las hierbas medicinales, y de las otras cosas medicinales arriba contenidas, dieron los médicos del Tlatilülco, Santiago, viejos y muy experimentados en las cosas de la medicina y que todos ellos curan públicamente, los nombres de los cuales, y del escribano que lo escribió se siguen, y porque no saben escribir rogaron al escribano

 

que pusiese sus nombres. Gaspar Matías, vecino de la Concepción; Pedro de Santiago, vecino de Santa Inés; Francisco Simón y Miguel Damián, vecinos de Santo Toribio; Felipe Hernández, vecino de Santa Ana; Pedro de Requena, vecino de la Concepción; Miguel García, vecino de Santo Toribio, y Miguel Motolinía, vecino de Santa Inés.

 

(Lib.  XI,  cap.  vii,  fragmentos)

 

OTRAS  MEDICINAS

 

CARNE DE TIGRE

 

La carne del tigre dicen que es medicinal para los que han sido casados y, estando viudos, no se acuerden de mujer, ni les fatiguen las tentacio­ nes carnales; hanla de comer asada o cocida; también es provechosa co­ mida de esta manera para los que pierden el seso, y también es buena para los que tienen calenturas con frío; hase de comer cuando comienza la calentura, y hase de beber un poco de caldo. También comen esta carne los señores para ser fuertes y animosos; también para los que son locos es bueno un pedazo de cuero, y de los huesos, y también del estiér­ col, todo quemado y molido y mezclado con resina, u ocótzotl, y sahu­ mándose con ello sanan.

 

 

RELIGION Y MITOS

 

 

 

 

 

 

 

 

ORIGEN DE LOS DIOSES

 

DEL PRINCIPIO QUE TUVIERON LOS DIOSES

 

Del principio de los dioses no hay clara ni verdadera relación, ni aun se sabe nada; mas lo que dicen es que hay un lugar que se dice Teotihua-can, y allí, de tiempo inmemorial, todos los dioses se juntaron y se hablaron diciendo: ¿Quién ha de gobernar y regir el mundo? ¿Quién ha de ser sol? (y esto ya es platicado en otra parte). Y al tiempo que nació y salió el sol, todos los dioses murieron y ninguno quedó de ellos, como adelante se dirá en el Libro Séptimo, en el capítulo II.

 

DEL NACIMIENTO DE HUITZILOPOCHTLI

 

Según lo que dijeron y supieron los naturales viejos, del nacimiento y principio del diablo que se decía Huitzilopochtli, al cual daban mucha honra y acatamiento los mexicanos, es: que hay una sierra que se llama Coatépec junto al pueblo de Tulla, y allí vivía una mujer que se llamaba Coatlicue, que fue madre de unos indios que se decían Centzonhuitzna-hua, los cuales tenían una hermana que se llamaba Coyolxauhqui; y la dicha Coatlicue hacía penitencia barriendo cada día en la sierra de Coa­ tépec, y un día acontecióle que andando barriendo descendióle una pelo­ tilla de pluma, como ovillo de hilado, y tomóla y púsola en el seno junto a la barriga, debajo de las naguas y después de haber barrido (la) quiso tomar y no la halló de que dicen se empreñó; y como vieron los dichos indios Centzonhuitznahua a la madre que ya era preñada se enojaron bravamente diciendo: ¿Quién la empreñó que nos infamó y avergonzó? Y la hermana que se llamaba Coyolxauhqui decíales: hermanos, mate­ mos a nuestra madre porque nos infamó, habiéndose a hurto empreñado. Y después de haber sabido la dicha Coatlicue (el negocio) pesóle mucho y atemorizóse, y su criatura hablábala y consolábala, diciendo: no tengas miedo, porque yo sé lo que tengo de hacer. Y después de haber oído estas palabras la dicha Coatlicue aquietósele su corazón y quitósele la

 

pesadumbre que tenía; y como los dichos indios Centzonhuitznahua ha­ bían hecho y acabado el consejo de matar a la madre, por aquella infa­ mia y deshonra que les había hecho, estaban enojados mucho, junta­ mente con la hermana que se decía Coyolxauhqui, la cual les importu­ naba que matasen a su madre Coatlicue; y los dichos indios Centzonhui­ tznahua habían tomado las armas y se armaban para pelear, torciendo y atando sus cabellos, así como hombres valientes.

 

Y    uno de ellos que se llama Quauitlícac, el cual era como traidor, lo que decían los indios Centzonhuitznahua luego se lo iba a decir a Hui-tzilopochtli, que aún estaba en el vientre de su madre, dándole noticia de ello; y le respondía diciendo el Huitzilopochtli: ¡Oh, mi tío!, mira lo que hacen y escucha muy bien lo que dicen, porque yo sé lo que tengo de hacer. Y después de haber acabado el consejo de matar a la dicha

 

Coatlicue, los dichos indios Centzonhuitznahua fueron a donde estaba su madre Coatlicue, y delante iba la hermana suya Coyolxauhqui y ellos iban armados con todas armas y papeles y cascabeles, y dardos en su orden; y el dicho Quauitlícac subió a la sierra a decir a Huitzilopochtli, cómo ya venían los dichos indios Centzonhuitznahua contra él, a ma­ tarle; y díjole el Huitzilopochtli respondiéndole: mirad bien a dónde llegan. Y díjole el dicho Quauitlícac que ya llegaban a un lugar que se dice Tzompantitlan; y más preguntó el dicho Huitzilopochtli al dicho

 

Quauitlícac, diciéndole: ¿a dónde llegan los indios Centzonhuitznahua'}, y le dijo el Quautlícac que ya llegaban a otro lugar que se dice Coaxalpa; y más otra vez preguntó al dicho Huitzilopochtli al dicho Quauitlícac diciéndole dónde llegaban y respondió diciéndole que ya llegaban a otro lugar que se dice Apétlac; y más le preguntó el dicho Huitzilopochtli al dicho Quauitlícac diciéndole a dónde llegaban, y le respondió diciéndole que ya llegaban al medio de la sierra; y más dijo el Huitzilopochtli pre­ guntando al dicho Quauitlícac ¿a dónde llegan?, y le dijo que ya llegaban y estaban ya muy cerca, y delante de ellos venía la dicha Cayolxauhqui.

 

Y en llegando los dichos indios Centzonhuitznahua nació luego el dicho Huitzilopochtli, trayendo consigo una rodela que se dice teueuelli, con un dardo y vara de color azul, y su rostro como pintado y en la cabeza traía un pelmazo de pluma pegado, y la pierna siniestra delgada y emplu­ mada y los dos muslos pintados de color azul, y también los brazos. Y el dicho Huitzilopochtli dijo a uno que se llamaba Tochancalqui que encendiese una culebra hecha de teas que se llamaba xiuhcóatl, y así la encendió y con ella fue herida la dicha Coyolxauhqui, de que murió hecha pedazos, y la cabeza quedó en aquella sierra que se dice Coatépec y el cuerpo cayóse abajo hecho pedazos; y el dicho Huitzilopochtli levantóse y armóse y salió contra los dichos Centzonhuitznahua, persiguiéndoles y echándoles fuera de aquella sierra que se dice Coatépec, hasta abajo, peleando contra ellos y cercando cuatro veces la dicha sierra; y los dichos indios Centzonhuitznahua, no se pudieron defender, ni valer contra el dicho Huitzilopochtli, ni le hacer cosa alguna, y así fueron vencidos y

 

muchos de ellos murieron; y los dichos indios Centzonhuitznáhua rogaban y suplicaban al dicho Huitzilopochtli, diciéndole que no los persiguiese y que se retrayese de la pelea, y el dicho Huitzilopochtli no quiso ni les consintió, hasta que casi todos los mató, y muy pocos escaparon y salieron huyendo de sus manos, y fueron a un lugar que se dice Huitztlampa, y les quitó y tomó muchos despojos y las armas que traían que se llamaban anecúhiotl. Y el dicho Huitzilopochtli también se llamaba Tetzáuitl, por razón que decían que la dicha Coatlicue se empreñó de una pelotilla de pluma, y no se sabía quién fue su padre, y los dichos mexicanos lo han tenido en mucho acatamiento y le han servido en muchas cosas, y lo han tenido por dios de la guerra, porque decían que el dicho Huitzilo­ pochtli les daba gran favor en la pelea; y el orden y costumbre que tenían los mexicanos para servir y honrar al dicho Huitzilopochtli tomaron el que se solía usar y hacer en aquella dicha sierra que se nombra Coatépec.

 

 

DE COMO HONRABAN A HUITZILOPOCHTLI, COMO A DIOS

 

Asimismo dicen que el día cuando amasaba y hacía el cuerpo de Huitzilopochtli para celebrar la fiesta que se llamaba panquetzaliztli, tomaban semillas de bledos y las limpiaban muy bien, quitando las pajas y apartando otras semillas que se llamaban petzicatl y tezcahuauhtli, y las molían delicadamente, y después de haberlas molido, estando la harina muy sutil, amasábanla de que se hacía el cuerpo de Huitzilo' pochtli; y otro día siguiente un hombre que se llamaba Quetzalcóatl tiraba el cuerpo de dicho Huitzilopochtli con un dardo que tenía un casquillo de piedra, y se le metía por el corazón, estando presente el rey o señor, y un privado del dicho Huitzilopochtli que se llamaba Teohua; y más se hallaban presentes cuatro grandes sacerdotes y más otros cuatro principales de los mancebos, que tenían cargo de criar los mancebos, los cuales se llamaban telpochtlatoque; todos éstos se hallaban presentes cuando mataban el cuerpo de Huitzilopochtli y después de haber muerto el dicho Huitzilopochtli; luego deshacían y desbarataban el cuerpo de Huitzilopochtli, que era de una masa hecha de semilla de bledos, y el corazón de Huitzilopochtli, tomaban para el señor o rey, y todo el cuerpo y pedazos que eran como huesos del dicho Huitzilopochtli lo repartían en dos partes, entre los naturales de México y Tlatilulco. Los de México, que eran ministros del dicho Huitzilopochtli, que se llamaban calpules, tomaban cuatro pedazos del cuerpo de dicho Huitzilopochtli; y otro tanto tomaban los de Tlatilulco, los cuales se llamaban calpules, y así de esta manera repartían entre ellos los cuatro pedazos del cuerpo de Huitzilo­ pochtli, a los indios de los barrios y a los ministros de los ídolos que se llamaban calpules, los cuales comían el cuerpo de Huitzilopochtli cada año, según su orden y costumbre que ellos habían tenido. Cada uno comía un pedacito del cuerpo de Huitzilopochtli, y los que comían eran

 

mancebos, y decían que era cuerpo de dios que se llamaba Teoquálo; y los que recibían y comían el cuerpo de Huitzilopochtli se llamaban mi­ nistros de dios.

 

(Lib. III, cap. i, fragmento)

 

 

DE LA ESTIMACION EN QUE ERA TENIDO EL DIOS LLAMADO TITLACAUAN  O TEZCATLIPOCA

 

El dios que se llamaba Titlacauan decían que era criador del cielo y de la tierra y era todopoderoso, el cual daba a los vivos todo cuanto era menester de comer y beber y riquezas, y el dicho Titlacauan era invisible y como oscuridad y aire, y cuando aparecía y hablaba a algún hombre, era como sombra; y sabía los secretos de los hombres, que tenían en los corazones, y le aclamaban, y rogaban diciéndole: ¡Oh dios todopoderoso, que dais vida a los hombres, que os llamáis Titlacauan, hacedme merced de darme todo lo necesario para comer y beber, y gozar de vuestra sua­ vidad y delectación porque padezco gran trabajo y necesidad en este mundo! ¡Habed misericordia de mí porque estoy tan pobre y desnudo, y trabajo por os servir, y por vuestro servicio barro y limpio, y pongo lumbre en esta pobre casa donde estoy aguardando lo que me quisiéredes mandar, o haced que luego me muera y acabe esta vida tan trabajosa y miserable, para que descanse y huelgue mi cuerpo! Y más decían, que el dicho dios que se llamaba Titlacauan daba a los vivos pobreza y mi­ seria, y enfermedades incurables y contagiosas de lepra y bubas, y gota y sarna e hidropesía, las cuales enfermedades daba cuando estaba enojado con los que no cumplían y quebrantaban el voto y penitencia a que se obligaban de ayunar, o si dormían con sus mujeres, o las mujeres con sus maridos o amigos en el tiempo del ayuno. Y los dichos enfermos estando muy penados y agraviados, clamaban rogando y diciéndole: ¡Oh dios, que os llamáis Titlacauan hacedme merced de me relevar y quitar esta enfermedad que me mata, que yo no haré otra cosa sino enmendarme; si yo fuese sano de esta enfermedad, hágoos un voto de os servir y buscar la vida, y si yo ganare algo por mi trabajo yo no lo comeré ni gastaré en otra cosa, sino que por os honrar haré una fiesta y banquete para bailar en esta pobre casa! Y el enfermo desesperado que no podía sanar reñía enojado y decía: ¡Oh Titlacauan, puto, hacéis burla de mí! ¿Por qué no me matáis? Y algunos enfermos sanaban, y otros morían.

 

El dicho Titlacauan también se llamaba Tezcatlipoca Moyocoyatzin, Yaotzin, Nécoc Yáotl y Nezahualpilli; llamábanle Moyocoyatzin por razón que hacía todo cuanto quería y pensaba, y que ninguno le podía impedir y contradecir a lo que hacía, ni en el cielo ni en este mundo, y enriquecía a quien quería y también daba pobreza y miseria a quien quería; y más decían, que el día que fuere servido destruir y derribar el cielo, que lo

 

haría, y los vivos se acabarían. Y al dicho Titlacauan todos le adoraban y rogaban, y en todos los caminos y divisiones de calles le ponían un asiento hecho de piedra, para él, que se llamaba momoztli, y le ponían ciertos ramos en el dicho asiento, por su honra y servicio, cada cinco días, allende de los veinte días de fiesta que le hacían, y así tenían la cos­ tumbre y orden de lo hacer siempre.

 

(Lib. III, cap. ii)

 

 

QUETZALCOATL

 

DE LA RELACION  DE  QUIEN  ERA  QUETZALCOATL, OTRO  HERCULES  GRAN  NIGROMANTICO,  DONDE REINO Y DE LO QUE HIZO CUANDO SE FUE

 

Quetzalcóatl fue estimado y tenido por dios y lo adoraban de tiempo an­ tiguo en Tulla, y tenía un cu muy alto con muchas gradas, y muy an­ gostas que no cabía un pie; y estaba siempre echada su estatua y cu­ bierta de mantas, y la cara que tenía era muy fea, la cabeza larga y barbudo; y los vasallos que tenía eran todos oficiales de artes mecánicas y diestros para labrar las piedras verdes, que se llaman chalchihuites, y también para fundir plata y hacer otras cosas, y estas artes todas hubieron origen del dicho Quetzalcóatl. Y tenía unas casas hechas de piedras verdes preciosas, que se llaman chalchihuites, y otras casas hechas de plata y más otras casas hechas de concha colorada y blanca, y más otras casas hechas todas de tablas, y más otras casas hechas de tur­ quesas, y más otras casas hechas de plumas ricas; y los vasallos que tenía eran muy ligeros para andar y llegar a donde ellos querían ir, y se lla­ maban Tlanquacemilhuitime, y hay una sierra que se llama Tzatzitépetl

 

— hasta ahora así se nombra— en donde pregonaba un pregonero para llamar a los pueblos apartados, los cuales distan más de cien leguas, que se nombra Anáhuac, y desde allá oían y entendían el pregón, y luego con brevedad venían a saber y oír lo que mandaba el dicho

 

Quetzalcóatl. Y más dicen que era muy rico y que tenía todo cuanto era menester y necesario de comer y beber, y que el maíz (bajo su reinado) era abundantísimo, y las calabazas muy gordas, de una braza en redon­ do, y las mazorcas de maíz eran tan largas que se llevaban abrazadas; y las cañas de bledos eran muy largas y gordas y que subían por ellas como por árboles; y que sembraban y cogían algodón de todos colores, que son colorado y encarnado y amarillo, y morado, blanquecino, verde y azul y prieto, y pardo y naranjado y leonado, y estos colores de algodón eran naturales, que así nacían; y más dicen que en el dicho pueblo de Tulla se criaban muchos y diversos géneros de aves de pluma rica y colores diversos, que se llaman xiuhtótotl y quetzaltótotl, y zacuan y

 

tlauhquéchól, y otras aves que cantaban dulce y suavemente. Y más tenía el dicho Quetzalcóatl todas las riquezas del mundo, de oro y plata y piedras verdes, que se llaman chalchihuites, y otras cosas preciosas, y mucha abundancia de árboles de cacao de diversos colores, que se llaman xochicacaóatl; y los dichos vasallos del dicho Quetzalcóatl estaban muy ricos y no les faltaba cosa ninguna, ni había hambre ni falta de maíz, ni comían las mazorcas de maíz pequeñas sino con ellas calentaban los baños, como con leña; y también dicen que el dicho Quetzalcóatl hacía penitencia punzando sus piernas y sacando la sangre con que manchaba y ensangrentaba las puntas de maguey, y se lavaba a la media noche en una fuente que se llama Xippacoya, y esta costumbre y orden tomaron los sacerdotes y ministros de los ídolos mexicanos, como el dicho Quet­ zalcóatl lo usaba y hacía en el dicho pueblo de Tulla.

 

(Lib. III, cap. iii)

 

 

DE COMO SE ACABO LA FORTUNA DE QUETZALCOATL,

 

Y    VINIERON CONTRA EL OTROS TRES NIGROMANTICOS, Y DE LAS COSAS QUE HICIERON

 

Vino el tiempo que ya acabase la fortuna de Quetzalcóatl y de los tolte-cas. Vinieron contra ellos tres nigrománticos, llamados Huitzilopochtli, Titlacauan y Tlacauepan, los cuales hicieron muchos embustes, en Tulla. Y el Titlacauan comenzó primero a hacer un embuste, que se volvió como un viejo muy cano y bajo, el cual fue a casa del dicho Quetzalcóatl di­ ciendo a los pajes de dicho Quetzalcóatl: Quiero ver y hablar al rey Quetzalcóatl. Y le dijeron: anda vete, viejo, que no puedes ver, porque está enfermo y le darás enojo y pesadumbre. Y entonces dijo el viejo: Yo le tengo de ver. Y le dijeron sus pajes del dicho Quetzalcóatl: Aguardaos, decírselo hemos. Y así fueron a decir a dicho Quetzalcóatl de cómo venía un viejo a hablarle, diciendo: Señor, un viejo ha venido aquí y quiéreos hablar y ver, y echárnosle fuera para que se fuese, y no quiere, diciendo que os ha de ver por fuerza. Y dijo el dicho Quetzalcóatl: éntrese acá y venga, que le estoy aguardando muchos días ha.

 

Y    luego llamaron al viejo, y entró el dicho viejo adonde estaba el dicho Quetzalcóatl y entrando el dicho viejo dijo: Señor hijo, cómo estáis, aquí traigo una medicina para que la bebáis. Y dijo el dicho Quetzalcóatl, respondiendo al viejo: en hora buena vengáis vos, viejo, que ya ha muchos días que os estoy aguardando. Y dijo el viejo al dicho Quetzal­ cóatl: Señor, ¿cómo estáis de vuestro cuerpo y salud? Y respondió el dicho Quetzalcóatl diciendo al viejo: estoy muy mal dispuesto, y me duele todo el cuerpo, y las manos y los pies no los puedo menear; y le dijo el viejo respondiendo al dicho Quetzalcóatl: Señor, veis aquí la me­ dicina que os traigo; es muy buena y saludable, y se emborracha quien

 

la bebe; si queréis beber, emborracharos ha y sanaros ha, y ablandárseos ha el corazón, y acordáseos ha de los trabajos y fatigas y de la muerte, o de vuestra ida. Y respondió el dicho Quetzalcóatl diciendo: ¡Oh viejo!, ¿a dónde me tengo de ir?; y le dijo el dicho viejo: Por fuerza habéis de ir a T ullantlapalan 13, en donde está otro viejo aguardándoos, él y vos hablaréis, entre vosotros, y después de vuestra vuelta estaréis como mancebo, y aun os volveréis otra vez como muchacho. Y el dicho Quet­ zalcóatl, oyendo estas palabras, moviósele el corazón; y tornó a decir el viejo al dicho Quetzalcóatl: Señor, mande beber esa medicina. Y le res­ pondió el dicho Quetzalcóatl, diciendo: ¡Oh, viejo!, no quiero beber; y le respondió el viejo diciendo: Señor, bebedla, porque si no la bebéis después se os ha de antojar; a lo menos ponéosla en la frente, o bebed tantito. Y el dicho Quetzalcóatl gustó y probóla, y después bebióla dicien­ do: ¿Qué es esto? Parece ser cosa muy buena y sabrosa; ya me sanó y quitó la enfermedad, ya estoy sano. Y más otra vez le dijo el viejo: Señor, bebedla otra vez porque es muy buena la medicina y estaréis más sano. Y el dicho Quetzalcóatl bebióla otra vez, de que se emborrachó y comenzó a llorar tristemente, y se le movió y ablandó el corazón para irse, y no se le quitó del pensamiento lo que tenía por el engaño y burla, que le hizo el dicho nigromántico viejo; y la medicina que bebió el dicho Quetzalcóatl era vino blanco de la tierra, hecho de magueyes que se llaman teómetl.

 

(Lib. II, cap. iv)

 

DE OTRO EMBUSTE  QUE  HIZO AQUEL

 

NIGROMANTICO LLAMADO T1TLACAUAN

 

HISTORIA  DEL  “TOUEYO"

 

Otro embuste hizo el dicho Titlacauan, el cual se volvió y pareció como un indio forastero, que se llama toueyo, desnudo todo el cuerpo como solían andar aquellos de su generación; el cual andaba vendiendo ají verde, y se asentó en el mercado delante del palacio. Y el Huémac, que era señor de los toltecas en lo temporal, porque el dicho Quetzalcóatl era como sacerdote y no tenía hijos, tenía una hija muy hermosa y por la hermosura codiciábanla y deseábanla los dichos toltecas para casarse con ella; y el dicho Huémac no se la quiso dar a los dichos toltecas. Y la dicha hija del señor Huémac miró hacia el tiánquez y vio al dicho toueyo des­ nudo, y el miembro genital, y después de lo haber visto la dicha hija entróse en palacio y antojósele el miembro de aquel toueyo, de que luego comenzó a estar muy mala por el amor de aquello que vio; hinchósele todo el cuerpo, y el dicho señor Huémac supo cómo estaba muy mala

 

 

13 Tlillan  Tlapallan.

 

la hija, y preguntó a las mujeres que guardaban la hija: ¿Qué mal tiene mi hija?, ¿qué enfermedad es ésta, que se le ha hinchado todo el cuerpo? Y le respondieron las mujeres diciendo: Señor, de esta enfer­ medad fue la causa y ocasión el indio toueyo, que andaba desnudo y vuestra hija vio y miró el miembro genital de aquel toueyo, y está mala de amores. Y el dicho señor Huémac, oídas estas palabras, mandó dicien­ do: jAh toltecas!, buscadme al toueyo que anda por aquí vendiendo ají verde; por fuerza ha de parecer. Y así lo buscaron en todas partes, y no pareciendo, subió un pregonero a la sierra que se llama Tzatzitépec, y pregonó diciendo: ¡Ah toltecas!, si halláis un toueyo que por aquí andaba vendiendo ají verde, traedlo ante el señor Huémac; y así buscaron en todas partes y no le hallaron y vinieron a decir al señor Huémac, que no parecía el dicho toueyo; y después pareció el dicho toueyo asentado en el tiánquez donde antes había estado vendiendo el dicho ají verde. Y como le hallaron luego fueron a decir al señor Huémac cómo había parecido el dicho toueyo; y dijo el señor: Traédmelo acá presto y los dichos toltecas fueron por él, a llamarle, y traer al dicho toueyo y traído ante el señor Huémac, dijo el señor Huémac, preguntando al dicho toue­ yo: ¿de dónde sois? Y respondió el dicho toueyo diciendo: Señor, yo soy forastero, vengo por aquí a vender ají verde. Y más le dijo el señor al toueyo: ¿dónde os tardastes?, ¿por qué no os ponéis el maxtli y no os cubrís con la manta? Y le respondió el dicho toueyo diciendo: Señor, tenemos tal costumbre en nuestra tierra; y el señor le dijo al dicho toueyo: vos antojastes a mi hija, vos la habéis de sanar; y respondió el dicho toueyo diciendo: Señor mío, en ninguna manera puede ser esto, mas matadme, yo quiero morir porque yo no soy digno de oír estas pala­ bras, viniendo por aquí a buscar la vida vendiendo ají verde. Díjole el señor: por fuerza habéis de sanar a mi hija; no tengáis miedo. Y luego tomáronle para lavarle y trasquilarle, y tiñeron todo el cuerpo con tinta y le pusieron el maxtli, y le cubrieron con una manta al dicho toueyo, y díjole el señor Huémac: anda y entra a ver a mi hija, allá dentro donde la guardan; y el dicho toueyo así lo hizo, y durmió con la dicha hija del señor Huémac, de que luego fue sana y buena; y de esta manera el dicho toueyo fue yerno del dicho señor Huémac.

 

(Lib. III,  cap. v)

 

 

DE COMO LOS DE TULLA  SE ENOJARON  POR EL CASAMIENTO Y DE OTRO EMBUSTE QUE HIZO TITLACAUAN

 

Después de cumplido y hecho el matrimonio del dicho toueyo con la hija del señor Huémac, los dichos toltecas comenzaron a enojarse y decir palabras injuriosas y afrentosas contra el señor Huémac, diciendo entre sí: ¿por qué el señor Huémac casó la hija con el toueyo? Y como el

 

dicho señor Huémac entendió y oyó las palabras afrentosas que contra él decían los dichos toltecas, llamóles diciendo: Venid acá, yo he enten­ dido todas las palabras injuriosas que habéis dicho contra mí por amor de mi yerno que es un toueyo; yo os mando que le llevéis disimulada­ mente a pelear a la guerra de Zacatépec y Coatépec, para que le maten nuestros enemigos. Y así oyendo estas palabras del dicho señor Huémac, los toltecas armáronse y juntáronse y fueron a la guerra con muchos peones, y con el yerno toueyo del dicho señor Huémac; y en llegando al lugar de la pelea enterráronle al dicho toueyo para aguardar a los enemigos, con los pajes, enanos y cojos; después de haber enterrado a todos aquellos enanos y cojos — que es ardid que ellos solían tener y hacer en la guerra— los dichos toltecas fueron a pelear contra los ene­ migos de Coatépec; y el dicho toueyo decía a los dichos pajes, enanos y cojos: No tengáis miedo, esforzaos porque a todos nuestros enemigos hemos de matar. Y los dichos enemigos de Coatépec prevalecían, persi­ guiendo y venciendo a los toltecas, los cuales huían delante de los ene­ migos y escapándose de las manos de los enemigos; y astuta y engañosa­ mente los dichos toltecas dejaron al dicho toueyo solo, enterrado con los dichos pajes, huyéndose de los enemigos; y habían pensado que los dichos enemigos matarían al dicho toueyo con los pajes, porque estaba solo con los dichos pajes. Y se vinieron a decir y dar noticia al señor Huémac diciendo: Señor, ya hemos dejado a vuestro yerno toueyo solo en la guerra, con los pajes, en poder de los enemigos; y como el señor Huémac había oído la traición que habían hecho los dichos toltecas con el yerno toueyo, holgóse mucho, pensando que ya era muerto el dicho yerno toueyo, porque tenía gran vergüenza de tener tal yerno forastero, toueyo.

 

Y    el dicho toueyo, estando enterrado, miraba a los enemigos y decía a los dichos pajes: no tengáis miedo; ya se llegan contra nosotros los enemigos, yo sé que los tengo de matar a todos; y así se levantó y salió contra los enemigos de Coatépec y Zacatépec, persiguiéndoles y matán­ doles sin número. Y como esto vino a noticia del señor Huémac espantóse y pesóle mucho, y llamó a los dichos toltecas diciéndoles: Vamos a reci­ bir a nuestro yerno. Y así fueron a recibirle con el señor Huémac, llevan­ do consigo unas armas o divisas que se llaman quetmlapanecáyotl, y ro­ delas que se llaman xiuhchimali, y las dieron al dicho toueyo, y así lo recibieron bailando y cantando y tañéndole las flautas con los dichos pajes, con mucha victoria y alegría, y todos los dichos toltecas, en llegando al palacio de dicho señor Huémac emplumáronle la cabeza y tiñéronle todo el cuerpo con color amarillo, y la cara con color colorado, y a los pajes. Este es el regalo que solían hacer a los que venían con victoria de la guerra. Y después le dijo el señor Huémac al dicho yerno: ahora ya estoy contento de lo que habéis hecho, y los toltecas están ya conten­ tos; muy bien lo habéis hecho con los enemigos; descansad y reposad.

 

DE OTROS EMBUSTES DEL MISMO NIGROMANTICO

 

Otro embuste hizo el dicho nigromántico en el dicho Tulla. Es que di­ cen, que andaba volando una ave blanca que se llama iztaccuixtli pasada con una saeta, algo lejos de la tierra, y claramente la veían los dichos toltecas mirando hacia arriba.

 

Otro embuste hizo el dicho nigromántico, que fue de los dichos tolte­ cas, los cuales veían de noche una sierra que se llama Zacatépec ardién­ dose, y las llamas parecían de lejos; y al tiempo que la veían alborotá­ banse y daban gritos y voces, y estaban desasosegados y decían unos a otros: ¡Oh toltecas, ya nos acaba la fortuna, ya perecemos, ya se acaba Tóltecáyotl, ya nos vino la mala ventura!, ¡guay de nosotros!, ¿a dónde nos iremos?, ¡oh desventurados de nosotros, esforzaos! También otro embuste que fue de los dichos toltecas, lo cual hizo el dicho nigrománti­ co, que llovió sobre ellos piedras y después de pasado esto cayóles del cielo una piedra grande que se llamaba téchcatl, y desde entonces andaba una vieja india en un lugar que se llama Chapultépec Cuitlapilco, o por otro nombre Huetzinco, vendiendo unas banderillas de papel diciendo: ¡A las banderas! Quien se determinaba a morir luego decía: compradme una banderilla, y siéndole mercada la banderilla luego se iba a donde estaba la dicha piedra téchcatl, y allí le mataban. Y no había quien dijese: ¿qué es esto que nos acontece?, y estaban como locos.

 

(Lib. III,  cap. x)

 

DE OTRO EMBUSTE DEL MISMO NIGROMANTICO, CON QUE MATO OTROS MUCHOS TULLANOS

 

Item: otro embuste hizo el dicho nigromántico contra los dichos toltecas. Dicen que todos los mantenimientos se volvieron acedos y nadie los po­ día comer, y una india vieja pareció — dicen que era el mismo nigromán­ tico, el cual pareció como una india vieja— ; y asentóse en un lugar que se llama Xochitla, y tostaba el maíz, y el olor del dicho maíz tostado llegaba a los pueblos de toda la comarca; y cuando olían los dichos tolte­ cas el maíz, luego venían corriendo y en un momento llegaban al dicho lugar Xochitla, donde estaba la dicha vieja, porque dicen que los toltecas eran ligeros y aunque estaban muy lejos venían presto y llegaban a donde querían; y todos cuantos venían de los dichos toltecas y se juntaban los mataba la dicha vieja, y ninguno de ellos se volvía. Gran engaño y burla les hacía, y mató muy muchos toltecas el dicho nigromántico, por el dicho embuste que les hizo.

 

DE LA HUIDA DE QUETZALCOATL PARA TLAPALLAN Y DE LAS COSAS QUE  POR EL CAMINO HIZO

 

Otros embustes les acaecieron a los dichos toltecas, por habérseles aca­ bado la fortuna, y el dicho Quetzálcóatl, teniendo pesadumbre de los dichos embustes y acordando de irse de Tulla a Tlapallan, hizo quemar todas las casas que tenía hechas, de plata y de conchas, y enterrar otras cosas muy preciosas dentro de las sierras o barrancos de los ríos, y convir­ tió los árboles de cacao en otros árboles que se llaman múzquitl; y demás de esto mandó a todos los géneros de aves de pluma rica, que se llaman quetzaltótotl, y xiuhtótotl y tlauhquéchol, que se fuesen delante, y fué-ronse hasta Anáhuac, que dista más de cien leguas. Y el dicho Quetzal-cóatl comenzó a tomar el camino y partirse de Tulla; y así se fue, y llegó a un lugar que se llama Ouauhtlitan, donde estaba un árbol grande y grueso y largo, y el dicho Quetzalcóatl arrimóse a él, y pidió a los pajes un espejo, y se lo dieron, y miróse la cara en el dicho espejo y dijo: ¡ya estoy viejo! Y entonces nombró el dicho lugar Huehuequauhtitlan y luego tomó piedras con que apedreó al dicho árbol, y todas las piedras que tiraba el dicho Quetzalcóatl las metía dentro del dicho árbol, y por muchos tiempos así estaban y parecían y todos las veían, desde el suelo hasta arriba. Así iba caminando el dicho Quetzalcóatl, e iban delante tañéndole flautas, y llegó a otro lugar en el camino donde descansó y se asentó en una piedra, y puso las manos en la piedra y dejó las señales de las manos en la dicha piedra. Y estando mirando hacia Tulla comenzó a llorar tristemente, y las lágrimas que derramó cavaron y horadaron la dichas piedra donde estaba llorando y descansando el dicho Quetzalcóatl.

 

(Lib. III, cap. xii)

 

 

DE LAS SEÑALES QUE DEJO EN LAS PIEDRAS, HECHAS CON LAS PALMAS Y CON LAS NALGAS DONDE SE ASENTABA

 

El dicho Quetzalcóatl puso las manos tocando a la piedra grande donde se asentó, y dejó señales de las palmas de sus manos en la dicha piedra, así como si las dichas manos pusiera en lodo, que ligeramente dejase las palmas de las manos señaladas; y también dejó señales de las nalgas en la dicha piedra donde se había sentado, y las dichas señales parecen y se ven claramente, y entonces nombró el dicho lugar Temacpalco. Y se levantó, yéndose de camino, y llegó a otro lugar que se llama Tepanoa-yan, y allí pasa un río grande y ancho, y el dicho Quetzalcóatl mandó hacer y poner una puente de piedra en aquel dicho río y así por aquella dicha puente pasó el dicho Quetzalcóatl, y se llamó el dicho lugar Tepa-noayan. Yéndose de camino el dicho Quetzalcóatl llegó a otro lugar que

 

se llama Coahuapan, en donde los dichos nigrománticos vinieron a topar­ se con él, por impedirle que no se fuese más adelante, diciendo al dicho Quetzalcóatl: ¿A dónde os vais? ¿Por qué dejasteis vuestro pueblo? ¿A quién lo encomendasteis? ¿Quién hará penitencia? Y dijo el dicho Quet­ zalcóatl, respondiendo a los dichos nigrománticos: En ninguna manera podéis impedir mi ida; por fuerza tengo de irme— . Y los dichos nigro­ mánticos dijeron, preguntando al dicho Quetzalcóatl: ¿A dónde os vais?

 

— Y les respondió diciendo. Yo me voy hasta Tlapallan— . Y le pregun­ taron los nigrománticos: ¿a qué os vais allá? — Y respondió Quetzalcóatl:

 

Vinieron a llamarme, y llámame el sol. —Y le dijeron los nigrománticos al dicho Quetzalcóatl: Idos en hora buena, y dejad todas las artes mecá­ nicas de fundir plata y labrar piedras, y madera, y pintar y hacer plu­ majes y otros oficios. Todo se lo quitaron los dichos nigrománticos al dicho Quetzalcóatl, y el dicho Quetzalcóatl comenzó a echar en una fuen­ te todas las joyas ricas que llevaba consigo, y así fue llamada la dicha fuente Cozcaapan, y ahora esta fuente se llama Coahapan. Y el dicho

 

Quetzalcóatl yendo de camino llegó a otro lugar que se llama Cochtocan, y vino otro nigromántico y topóse con él diciendo: ¿A dónde os vais?; y le dijo Quetzalcóatl: yo me voy a Tlapallan; y el dicho nigromántico dijo al dicho Quetzalcóatl: En hora buena os vais, bebed ese vino que

os traigo. — Y dijo el dicho Quetzalcóatl: no lo puedo beber, ni aun gus­

 

tar un tantito. — Y le dijo el nigromántico: Por fuerza lo habéis de beber, o gustar un tantito, porque a ninguno de los vivos dejo de dar y hacer beber ese vino; a todos emborracho, ¡ea, pues bebedlo! Y el dicho Quet­ zalcóatl tomó el vino y lo bebió con una caña, y en bebiéndolo se embo­ rrachó y durmióse en el camino y comenzó a roncar, y cuando despertó, mirando a una parte y a otra, sacudía los cabellos con la mano, y enton­ ces fue llamado el dicho lugar Cochtocan.

 

(Lib. III, cap. xiii)

 

 

DE COMO DE FRIO SE LE MURIERON TODOS SUS PAJES

 

A QUETZALCOATL EN LA PASADA DE ENTRE LAS DOS SIERRAS, EL VOLCAN Y LA SIERRA NEVADA, Y DE OTRAS HAZAÑAS SUYAS

 

El dicho Quetzalcóatl, yéndose de camino más adelante, a la pasada de entre las dos sierras, del Volcán y la Sierra Nevada, todos los pajes de dicho Quetzalcóatl, que eran enanos y corcovados, que le iban acompa­ ñando, se le murieron de frío dentro de la dicha pasada de las dichas dos sierras; y el dicho Quetzalcóatl sintió mucho lo que le había acaecido de la muerte de los dichos pajes, y llorando muy tristemente y cantando con lloro y suspirando, miró la otra sierra nevada que se nombra Poyauh-técatl, que está cabe Tecamachalco, y así pasó por todos los lugares y

 

pueblos y puso muy muchas señales en las tierras y caminos según que dicen. Más dicen, que el dicho Quetzalcóatl se andaba holgando y jugan­ do en una sierra, y encima de la sierra se asentó y veníase bajando, asen­ tado, hasta el suelo, y bajó de la sierra y así lo hacía muchas veces; y en otro lugar hizo poner un juego de pelota, hecho de piedras en cuadra, donde solían jugar la pelota que se llama tlachtli, y en el medio del juego puso una señal o raya que dice tlécotl, y donde hizo la raya está abierta la tierra muy profundamente; y en otro lugar tiró con una saeta a un árbol grande que se llama póchotl, y la saeta era también un árbol que se llama póchotl y atravesóle con la dicha saeta y así está hecha una cruz; y más dicen que el dicho Quetzalcóatl hizo y edificó unas casas debajo de la tierra, que se llaman Mictlancalco; y más hizo poner una piedra grande que se mueve con el dedo menor, y dicen que cuando hay muchos hombres que quieren mover y menear la piedra, que no se mueve aunque sean muy muchos. Y más, hay otras cosas notables que hizo el Quetzalcóatl en muchos pueblos, y dio todos los nombres a las sierras y montes y lugares, y así en llegando a la ribera de la mar, mandó hacer una balsa hecha de culebras que se llama coatlapechtli, y en ella entró y asentóse como en una canoa, y así se fue por la mar nave­ gando y no se sabe cómo y de qué manera llegó al dicho Tlapállan.

 

(Lib. III, cap. xiv)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MITOS COSMOGONICOS

 

LA CREACION DEL SOL Y DE LA LUNA

 

Decían que antes que hubiese día en el mundo que se juntaron los dio­ ses en aquel lugar que se llama Teotihuacan, que es el pueblo de San Juan, entre Chiconauhtlan y Otumba, dijeron los unos a los otros dio­ ses: “¿Quién tendrá cargo de alumbrar al mundo?”. Luego a estas pala­ bras respondió un dios que se llamaba Tecuciztécatl, y dijo: “Yo tomo cargo de alumbrar al mundo”. Luego otra vez hablaron los dioses, y dije­ ron: “¿Quién será otro?”. Luego se miraron los unos a los otros, y confe­ rían quién sería el otro, y ninguno de ellos osaba ofrecerse a aquel oficio; todos temían y se excusaban. Uno de los dioses de que no se hacía cuenta y era buboso, no hablaba sino oía lo que los otros dioses decían, y los otros habláronle y dijéronle: “Sé tú el que alumbres, bubosito”. Y él de buena voluntad obedeció a lo que le mandaron y respondió: “En merced recibo lo que me habéis mandado, sea así”. Y luego los dos comenzaron a hacer penitencia cuatro días, y luego encendieron fuego en el hogar, el cual era hecho en una peña, que ahora llaman teotexcalli.

 

El dios Tecuciztécatl todo lo que ofrecía era precioso. En lugar de ramos ofrecía plumas ricas que se llaman quetzalli, y en lugar de pelotas de heno ofrecía pelotas de oro, y en lugar de espinas de maguey ofrecía espinas hechas de piedras preciosas, y en lugar de espinas ensangrenta­ das ofrecía espinas hechas de coral colorado; y el copal que ofrecía era muy bueno. Y el buboso, que se llamaba Nanauatzin, en lugar de ramos ofrecía cañas verdes atadas de tres en tres, todas ellas llegaban a nueve; y ofrecía bolas de heno y espinas de maguey, y ensangrentábalas con su misma sangre; y en lugar de copal, ofrecía las postillas de las bubas.

 

A cada uno de éstos se les edificó una torre, como monte; en los mis­ mos montes hicieron penitencia cuatro noches. Ahora se llaman estos montes tzaqualli, (y ) están ambos cabe el pueblo de San Juan que se llama Teotihuacan. Después que se acabaron las cuatro noches de su penitencia, luego echaron por allí los ramos y todo lo demás con que hicie­

 

ron penitencia. Esto se hizo al fin, o al remate de su penitencia, cuando la noche siguiente a la medianoche habían de comenzar a hacer sus ofi­ cios; antes un poco de la medianoche, diéronle sus aderezos al que se llamaba Tecuciztécatl; diéronle un plumaje llamado aziacómitl, y una paqueta de lienzo; y al buboso que se llamaba Nanauatzin tocáronle la cabeza con papel, que se llama amatzontli, y pusiéronle una estola de papel y un maxtli de papel; y llegada la medianoche, todos los dioses se pusieron en rededor del hogar que se llama teotexcálli: En este lugar ardió el fuego cuatro días.

 

Ordenáronse los dichos dioses en dos rendes, unos de la una parte del fuego y otros de la otra; y luego los dos sobredichos se pusieron de­ lante del fuego, las caras hacia el fuego, en medio de las dos rendes

 

de los dioses. Los cuales todos estaban levantados, y luego hablaron los dioses y dijeron a Tecuciztécatl: “¡Ea pues, Tecuciztécatl, entra tú en el fuego!”. Y él luego acometió para echarse en el fuego; y como el fuego era grande y estaba muy encendido, como sintió el gran calor del fuego hubo miedo, y no osó echarse en el fuego y volvióse atrás. Otra vez tornó para echarse en el fuego haciéndose fuerza, y llegando detúvose, no osó echarse en el fuego; cuatro veces probó, pero nunca se osó echar. Estaba puesto mandamiento que no probase más de cuatro veces. De que hubo probado cuatro veces los dioses luego hablaron a Nanauatzin y di-jéronle: “Ea pues, Nanauatzin, prueba tú!”. Y como le hubieron habla­ do los dioses, esforzóse y cerrando los ojos arremetió y echóse en el fuego, y luego comenzó a rechinar y respendar en el fuego, como quien se asa; y como vio Tecuciztécatl que se había echado en el fuego, y ardía, arremetió y echóse en el fuego. Y dizque luego una aguila entró en el fuego y también se quemó, y por eso tiene las plumas hoscas o negres-tinas; a la postre entró un tigre, y no se quemó, sino chamuscóse y por eso quedó manchado de negro y blanco.

 

De este lugar se tomó la costumbre de llamar a los hombres diestros en la guerra quauhtlocélotl, y dicen primero quauhtli, porque el águila primero entró en el fuego; y dícese a la postre océlotl porque el tigre entró en el fuego a la postre del águila.

 

Después que ambos se hubieron arrojados en el fuego, y después que se hubieron quemado, luego los dioses se sentaron a esperar de qué parte vendría a salir el Nanauatzin. Después que estuvieron gran rato esperan­ do, comenzóse a parar colorado el cielo y en todas partes apareció la luz del alba. Y dicen que después de esto los dioses se hincaron de rodillas para esperar a dónde saldría Nanauatzin hecho sol: a todas partes mira­ ron volviéndose en rededor, mas nunca acertaron a pensar, ni a decir a qué parte saldría; en ninguna cosa se determinaron; algunos pensaron que saldría de la parte del norte y paráronse a mirar hacia él; otros hacia mediodía; a todas partes sospecharon que había de salir, porque a todas partes había resplandor del alba; otros se pusieron a mirar hacia el orien­ te, y dijeron aquí, de esta parte, ha de salir el sol. El dicho de éstos fue

 

verdadero. Dicen que los que miraron hacia el oriente fueron Quetzal-cóatl, que también se llama Ecatl; y otro que se llama Tótce, y por otro nombre Anaoatlytecu y por otro nombre Tlatláuic T ezcatlipoca; y otros que se llaman Mitnixcoa, que son innumerables; y cuatro mujeres, la una se llama Tiacapan, la otra Teicu, la tercera Tlacoeua, la cuarta Xocóyotl. Y cuando vino a salir el sol, pareció muy colorado, parecía que se con­ toneaba de una parte a otra; nadie lo podía mirar, porque quitaba la vista de los ojos, resplandecía y echaba rayos de sí en gran manera; y sus rayos se derramaron por todas partes; y después salió la luna, en la misma parte del oriente, a par del sol: primero salió el sol y tras él salió la luna; por el orden que entraron en el fuego por el mismo salieron hechos sol y luna.

 

Y    dicen los que cuentan fábulas o hablillas, que tenían igual luz con que alumbraban, y de que vieron los dioses que igualmente resplande­ cían, habláronse otra vez y dijeron: “¡Oh dioses!, ¿cómo será esto? ¿Será bien que vayan ambos a la par? ¿Será bien que igualmente alumbren?”. Y los dioses dieron sentencia, y dijeron: “Sea de esta manera, hágase de esta manera”. Y luego uno de ellos fue corriendo y dio con un conejo en la cara a Tecuciztécatl, y oscurecióle la cara y ofuscóle el resplandor, y quedó como ahora está su cara.

 

Después que hubieron salido ambos sobre la tierra estuvieron quedos, sin moverse de un lugar el sol y la luna; y los dioses otra vez se habla­ ron, y dijeron: “¿Cómo podemos vivir?, ¿no se menea el sol? ¿Hemos de vivir entre los villanos? Muramos todos y hagámosle que resucite por nuestra muerte”. Y luego el Aire se encargó de matar a todos los dioses y matólos; y dícese que uno llamado Xólotl rehusaba la muerte, y dijo a los dioses. “¡Oh dioses! ¡No muera yo!”. Y lloraba en gran manera, de suerte que se le hincharon los ojos de llorar; y cuando llegó a él el que mataba echó a huir y escondióse entre los maizales y convirtióse en pie de maíz, que tiene dos cañas, y los labradores le llaman xólotl; y fue visto y hallado entre los pies del maíz; otra vez echó a huir, y se escon­ dió entre los magueyes, y convirtióse en maguey que tiene dos cuerpos que se llama mexólotl; otra vez fue visto, y echó a huir y metióse en el agua, y hízose pez que se llama axólotl, y de allí le tomaron y le mataron. Y dicen que aunque fueron muertos los dioses, no por eso se movió el sol, y luego el viento comenzó a soplar y ventear reciamente, y él le hizo moverse para que anduviese su camino; y después que el sol comenzó a caminar la luna se estuvo queda en el lugar donde estaba. Después del sol, comenzó la luna a andar; de esta manera se desviaron el uno del otro y así salen en diversos tiempcs, el sol dura un día, y la luna trabaja en la noche, o alumbra en la noche: de aquí parece lo que se dice que el Tecuciztécatl había de ser sol si primero se hubiera echado en el fuego, porque él primero fue nombrado y ofreció cosas preciosas en su peni­ tencia.

 

Cuando la luna se eclipsa parece casi oscura, ennegrécese, párase hosca, y luego se escurece la tierra; cuando esto acontecía las preñadas temían de abortar, tomábales gran temor, que lo que tenían en el cuerpo se había de volver ratón: y para remedio de esto tomaban un pedazo de itztli en la boca, o poníanlo en la cintura sobre el vientre, para que los niños que en el vientre estaban no saliesen sin bezos o sin narices o boquituertos, o bizcos o para que no naciesen monstruos. Los de Xaltoca tenían por dios a la luna, y le hacían particulares ofrendas y sacrificios.

 

(Lib.  VII,  cap.  ii)

 

 

LOS CUATRO RUMBOS O REGIONES DEL MUNDO

 

DEL VIENTO

 

Esta gente atribuía el viento a un dios que llamaban Quetzálcóatl, bien casi como dios de los vientos. Sopla el viento de cuatro partes del mundo por mandamiento de este dios, según ellos decían; de la una parte viene de hacia el oriente, donde ellos dicen estar el paraíso terrenal al cual llaman Tlalocan, (y ) a este viento le llamaban tlálocáyotl; no es viento furioso, cuando él sopla no impide (a ) las canoas andar por el agua. El segundo viento sopla de hacia el norte, donde ellos dicen estar el infierno, y así le llaman mictlampa ehécatl, que quiere decir el viento de hacia el infierno; este viento es furioso, y por eso le temen mucho; cuando él sopla no pueden andar por el agua las canoas y todos los que andan por el agua se salen, por temor, cuando él sopla, con toda la prisa que pueden porque muchas veces peligran con él. El tercer viento sopla de hacia el occidente, donde ellos decían que era la habitación de los dioses que llaman Cihuapipiltin; llamábanle cihuatlampa ehécatl, o cihuatecá-yotl, que quiere decir, viento que sopla de donde habitan las mujeres; este viento no es furioso, pero es frío, hace temblar de frío; con este viento bien se navega. El cuarto viento sopla de hacia el mediodía y llá-manlo huitztlampa ehécatl, que quiere decir, viento que sopla de aquella parte donde fueron las diosas que llaman Huitznahua; este viento en estas partes es furioso y peligroso para navegar. Tanta es su furia que algunas veces arranca los árboles, y trastorna las paredes, y levanta grandes olas en el agua; las canoas que topa en el agua échalas a fondo, o las levanta en alto; es tan furioso como cierzo o norte.

 

Por diversos nombres nombran al relámpago o rayo; atribuíanle a los Tlaloque o Tlamacazque; decían que ellos hacían los rayos, y relámpagos, y truenos y que herían con ellos a quien querían.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS DIOSES PRINCIPALES

 

QUE HABLA DEL PRINCIPAL DIOS QUE ADORABAN Y A QUIEN SACRIFICABAN LOS MEXICANOS LLAMADO HUITZILOPOCHTLI

 

Este dios llamado Huitzilopochtli fue otro Hércules, el cual fue robus­ tísimo, de grandes fuerzas y muy belicoso, gran destruidor de pueblos y matador de gentes. En las guerras era como fuego vivo muy temeroso a sus contrarios, y así la divisa que traía era una cabeza de dragón muy espantable, que echaba fuego por la boca; también éste era nigromántico o embaidor, que se transformaba en figura de diversas aves y bestias. A este hombre, por su fortaleza y destreza en la guerra, le tuvieron en mucho los mexicanos cuando vivía. Después que murió le honraron como a dios y le ofrecían esclavos, sacrificándolos en su presencia; buscaban que estos esclavos fuesen muy regalados y muy bien ataviados con aque­ llos aderezos que ellos usaban de orejeras y barbotes; esto hacían por más honrarle. Otro semejante a éste hubo en las partes de Tlaxcala, que se llamaba Camaxtli.

 

(Lib. I, cap. i)

 

 

QUE TRATA DEL DIOS LLAMADO PA1NAL, EL CUAL SIENDO HOMBRE ERA ADORADO POR DIOS

 

Este dios llamado Páinal era como sota capitán del arriba dicho, porque el arriba dicho como mayor capitán dictaba cuándo se había de hacer guerra a algunas provincias. Este, como su vicario, servía de cuando repentinamente se ofrecía de salir al encuentro a los enemigos, porque entonces era menester que este Páinal, que quiere decir ligero, apresu­ rado, saliese en persona a mover la gente para que con toda prisa salie­ sen a haberse con los enemigos.

 

Después de muerto la fiesta que le hacían era que uno de los sátrapas tomaba la imagen de este Páinal, compuesto con ricos ornamentos como

 

dios, y hacían una procesión con él, bien larga, y todos iban corriendo a más correr, así el que le llevaba como los que le seguían. En esto representaban la prisa que muchas veces es necesaria para resistir a los enemigos, que sin saberlo acometen haciendo celadas.

 

(Lib. I, cap. ii)

 

TRATA DEL DIOS LLAMADO TEZCATL1POCA, EL CUAL GENERALMENTE ERA TENIDO POR DIOS ENTRE ESTOS  NATURALES  DE  ESTA  NUEVA ESPAÑA; ES OTRO JUPITER

 

El dios llamado Tezcatlipoca era tenido por verdadero dios, e invisible, el cual andaba en todo lugar, en el cielo, en la tierra y en el infierno; y tenían que cuando andaba en la tierra movía guerras, enemistades y discordias, de donde resultaban muchas fatigas y desasosiegos. Decían que él mismo incitaba a unos contra otros para que tuviesen guerras y por esto le llamaban Nécoc Yáotl, que quiere decir sembrador de discor­ dias de ambas partes; y decían él solo ser el que entendía en el regi­ miento del mundo, y que él solo daba las prosperidades y riquezas, y que él solo las quitaba cuando se le antojaba; daba riquezas, prosperidades y fama, y fortaleza y señoríos, y dignidades y honras, y las quitaba cuan­ do se le antojaba; por esto le tenían que en su mano estaba el levantar y abatir, en la honra que se le hacía.

 

(Lib. I, cap. iii)

 

QUE TRATA DEL DIOS QUE SE LLAMABA

 

TLALOC TLAMACAZQUI

 

Este dios llamado Tláloe Tlamacazqui era el dios de las lluvias. Tenían que él daba las lluvias para que regasen la tierra, mediante la cual lluvia se criaban todas las yerbas, árboles y frutas y mantenimientos: también tenían que él enviaba el granizo y los relámpagos y rayos, y las tempes­ tades del agua, y los peligros de los ríos y de la mar. El llamarse Tláloe Tlamacazqui quiere decir que es dios que habita en el paraíso terrenal, y que da a los hombres los mantenimientos necesarios para la vida cor­ poral: Los servicios que se le hacían están en el segundo libro, entre las fiestas de los dioses.

 

 

(Lib. I, cap. iv)

 

TRATA DEL DIOS QUE SE LLAMA QUETZALCOATL DIOS DE LOS VIENTOS

 

Este Quetzalcóatl, aunque fue hombre, teníanle por dios y decían que barría el camino a los dioses del agua y esto adivinaban porque antes que comienzan las aguas hay grandes vientos y polvos, y por esto decían que Quetzalcóatl, dios de los vientos, barría los caminos a los dioses de las lluvias para que viniesen a llover.

 

Los sacrificios y ceremonias con que honraban a este dios están escri­ tas adelante, en el segundo libro. Los atavíos con que les aderezaban eran los siguientes: Una mitra en la cabeza, con un penacho de plumas que se llaman quetzalli; la mitra era manchada como cuero de tigre; la cara tenía teñida de negro, y todo el cuerpo; tenía vestida una camisa como sobrepelliz, labrada, que no le llegaba más de hasta la cinta; tenía unas orejeras de turquesas, de labor mosaica, tenía un collar de oro, de que colgaban unos caracolitos mariscos preciosos; llevaba a cuestas por divisa un plumaje a manera de llamas de fuego; tenía unas calzas desde la rodilla abajo, de cuero de tigre, de las cuales colgaban unos caracolitos mariscos; tenía calzadas unas sandalias teñidas de negro, revuelto con margajita; tenía en la mano izquierda una rodela con una pintura con cinco ángulos, que llaman joyel del viento. En la mano derecha tenía un cetro a manera de báculo de obispo: en lo alto era enroscado como báculo de obispo, muy labrado de pedrería, pero no era largo como el báculo; parecía por donde se tenía como empuñadura de espada. Era éste el gran sacerdote del templo.

 

(Lib. I, cap. v)

 

QUE TRATA DE LAS DIOSAS PRINCIPALES QUE SE ADORABAN EN ESTA NUEVA ESPAÑA

 

CIHUACOATL

 

La primera de estas diosas se llamaba Cihuacóatl. Decían que esta diosa daba cosas adversas como pobreza, abatimiento, trabajos; aparecía mu­ chas veces, según dicen, como una señora compuesta con unos atavíos como se usan en palacio. Decían que de noche voceaba y bramaba en el aire; esta diosa se llama Cihuacóatl, que quiere decir mujer de la culebra; y también la llamaban Tonantzin, que quiere decir nuestra madre.

 

En estas dos cosas parece que esta diosa es nuestra madre Eva, la cual fue engañada de la culebra, y que ellos tenían noticia del negocio que pasó entre nuestra madre Eva y la culebra.

 

Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre

 

la frente; dicen también que traía una cuna a cuestas, como quien trae a su hijo en ella, y poníase en el tianquiz entre las otras mujeres, y desa­ pareciendo dejaba allí la cuna. Cuando las otras mujeres advertían que aquella cuna estaba allí olvidada, miraban lo que estaba en ella y halla­ ban un pedernal como hierro de lanzón, con que ellos mataban a los que sacrificaban; en esto entendían que fue Cihuacóatl la que dejó allí.

 

(Lib. I, cap. vi)

 

TRATA DE LA DIOSA QUE SE LLAMABA

 

CHICOMECOATL.  ES OTRA  DIOSA CERES

 

Esta diosa llamada Chicomecóatl era la diosa de los mantenimientos, así de lo que se come como de lo que se bebe; a ésta la pintaban con una corona en la cabeza, y en la mano derecha un vaso, y en la izquierda una rodela con una flor grande pintaban: tenía su cueitl y huipilli y san­ dalias, todo bermejo; y la cara teñida de bermejo; debió esta mujer ser la primera que comenzó a hacer pan y otros manjares y guisados.

 

(Lib. I, cap. vii)

 

TRATA DE  UNA DIOSA QUE SE LLAMABA LA MADRE DE LOS DIOSES, CORAZON DE LA TIERRA Y NUESTRA ABUELA

 

Esta diosa era la diosa de las medicinas y de las yerbas medicinales; adorábanla los médicos y los cirujanos y los sangradores, y también las parteras, y las que dan yerbas para abortar; y también los adivinos, que dicen la buenaventura, o mala, que han de tener los niños, según su nacimiento. Adorábanla también los que echan suertes con granos de maíz, y los que auguran, mirando el agua en una escudilla, y los que echan suertes con unas cordezuelas que atan unas con otras, que llaman mecatlapouhque; y los que sacan gusanillos de la boca y de los ojos, y pedrezuelas de las otras partes del cuerpo, que se llaman tetlacuicuilique. También la adoraban los que tienen en sus casas baños, o temazcales. Y todos ponían la imagen de esta diosa en los baños y llamábanla Te-mazcalteci, que quiere decir la abuela de los baños.

 

Todos los arriba dichos hacían cada año una fiesta a esta diosa, en la cual compraban una mujer, y la componían con los ornamentos que eran de esta diosa, como parecen en la pintura que es de su imagen, y todos los días de su fiesta hacían con ella areito14 y la regalaban mucho, y la halagaban porque no se entristeciese por su muerte, ni llorase; y le

 

 

14 Danzas indígenas. Voz caribe. (R .C .).

 

daban de comer delicadamente y convidaban con lo que había de comer y la rogaban que comiese, como a gran señora, y estos días hacían delante de ella ardides de guerra con vocerío y regocijo, y con muchas divisas de guerra, y daban dones a los soldados que delante de ella peleaban por hacerla placer y regocijo. Llegada la hora cuando había de morir, después de haberla muerto con otros dos que la acompañaban en la muerte, la desollaban, y un hombre, o sátrapa, vestíase su pellejo y traíale vestido por todo el Pueblo, y hacían con esto muchas vanidades.

Las vestiduras y ornato de esta diosa eran que tenía la boca y barba, hasta la garganta, teñida con ulli, que es una goma negra; tenía en el rostro como un parche redondo, de lo mismo; tenía la cabeza a manera de una gorra hecha de manta, revuelta y anudada: los cabos del nudo caían sobre las espaldas; en el mismo nudo estaba injerido un plumaje del cual salían unas plumas a manera de llamas: estaban colgando hacia la parte trasera de la cabeza. Tenía vestido un huipilli, el cual en la extremidad de abajo tenía una cortapisa ancha y arpada; las naguas que tenía eran blancas y tenía sus cotaras o sandalias en los pies; en la mano izquierda, una rodela con una chapa redonda de oro en el medio, y en la mano derecha tenía una escoba, que es instrumento para barrer.

 

(Lib. I, cap. viii)

 

TRATA DE UNA DIOSA LLAMADA TZAPOTLATENA

 

Esta diosa que se decía Tzapotlatena fue una mujer, según su nombre, nacida en el pueblo de Tzapotla, y por esto se llama la Madre de Tzapotla, porque fue la primera que inventó la resina que se llama úxitl, y es un aceite sacado por artificio de la resina del pino que aprovecha para sanar muchas enfermedades y primeramente aprovecha contra una mane­ ra de bubas, o sarna, que nace en la cabeza, que se llama quaxocociuiztli, y también contra otra enfermedad es provechosa asimismo, que nace en la cabeza que es como bubas que se llama chaquachiciuiztli; y también para la sarna de la cabeza; aprovecha también contra la ronquera de la garganta; aprovecha también contra las grietas de los pies y de los labios. Es también contra los empeines que nacen en la cara, o en las manos; es también contra el usagre, contra otras muchas enfermedades es buena; y como esta mujer debió ser la primera que halló este aceite, contáronla entre las diosas y hacíanla fiesta y sacrificios aquellos que venden y hacen este aceite que se llama úxitl.

 

(Lib. I, cap. ix)

 

QUE TRATA DE UNAS DIOSAS QUE

 

LLAMABAN  CIHUAPIPILTIN

 

Estas diosas llamadas Cihuapipiltin eran todas las mujeres que morían del primer parto, a las cuales canonizaban por diosas, según está escrito en el sexto libro, en el capítulo XXVIII; allí se cuenta de las ceremonias que hacían a su muerte, y de la canonización por diosas; allí se verá a la larga.

 

Lo que en el presente capítulo se trata es de que decían que estas diosas andan juntas por el aire, y aparecen cuando quieren a los que viven sobre la tierra, y a los niños los empecen con enfermedades, como es dando enfermedad de perlesía, y entrando en los cuerpos humanos; y decían que andaban en las encrucijadas de los caminos, haciendo estos daños, y por esto los padres y madres vedaban a sus hijos e hijas que en ciertos días del año, en que tenían que descendían estas diosas, que no saliesen fuera de casa, porque no topasen con ellos estas diosas, y no les hiciesen algún daño; y cuando a alguno le entraba perlesía, u otra enfermedad repentina, o entraba en él algún demonio, decían que estas diosas lo habían hecho.

 

Y por esto las hacían fiesta y en esta fiesta ofrecían en su templo, o en las encrucijadas de los caminos, pan hecho de diversas figuras. Unos, como mariposas, otros de figura del rayo que cae del cielo, que llaman xonecuilli, y también unos tamalejos que se llaman xucuichtlamatzoalli, y maíz tostado que llaman ellos ízquitl.

 

La imagen de estas diosas tienen la cara blanquecina, como si estuvie­ se teñida con color muy blanco, como es el tízatl, lo mismo los brazos y piernas; tenían unas orejas de oro, los cabellos tocados como las seño­ ras con sus cornezuelos; el huípil era pintado de unas olas de negro, las naguas tenía labradas de diversos colores, tenía sus cotaras blancas.

 

(Lib. I, cap. x)

 

QUE TRATA DE LA DIOSA DEL AGUA,

QUE LA LLAMABAN CHALCHIUHTLICUE; ES OTRA JUNO

 

Esta diosa llamada Chalchiuhtlicue, diosa del agua, pintábanla como a mujer, y decían que era hermana de los dioses de la lluvia que llaman Tlaloques; honrábanla porque decían que ella tenía poder sobre el agua de la mar y de los ríos, para ahogar a los que andaban en estas aguas y hacer tempestades y torbellinos en el agua, y anegar los navios y barcas y otros vasos que andan por el agua.

 

Hacían fiesta a esta diosa en la fiesta que se llama etzalcualiztli, que se pone en el segundo libro capítulo VII. Allí está a la larga las cere­ monias y sacrificios con que la festejaban, allí se podrá ver. Los que

 

eran devotos a esta diosa y la festejaban eran todos aquellos que tienen

 

sus granjerias  en  el  agua,           como son        los  que                       venden agua  en           canoas,

y los que venden agua en tinajas en la plaza.                                                                             

Los atavíos con que pintaban a esta diosa son: que la pintaban la cara

con color amarillo,  y la ponían  un  collar de piedras preciosas de  que

colgaba una  medalla de oro;  en la  cabeza tenía  una  corona hecha  de

papel pintada de azul claro, con unos penachos de plumas verdes y con

unas borlas que colgaban hacia     el colodrillo,   y                      otras hacia la frente de

la misma corona,  todo de color azul claro.  Tenía           sus       orejeras           labradas

de turquesas de obra mosaica; estaba vestida de un         huípil y unas naguas

pintadas del mismo color azul claro, con unas franjas de que colgaban

caracolitos mariscos.  Tenía  en la mano izquierda  una  rodela,  con  una

hoja ancha y redonda que se cría en el agua; la llaman atlacuezona.      Tenía

en la mano derecha un vaso con una cruz hecha a manera de la custodia

en que  se lleva  el  Sacramento,  cuando  uno  solo        le lleva,  y era como

cetro de esta diosa. Tenía sus cotaras blancas.                                                                           

Los señores y reyes veneraban mucho a esta diosa, con otras dos, que

eran la  diosa de los mantenimientos  que llamaban  Chicomecóatl,       y la

diosa  de  la  sal,  que  llamaban    Uixtocíhuatl,   porque decían  que     estas

tres diosas mantenían a la gente popular para que pudiese vivir y mul­

tiplicar.  Lo demás  acerca de esta diosa se verá en  el capítulo que he

citado, del segundo libro, porque allí se trata copiosamente.                 

                                                                                          (Lib. I, cap. xi)

QUE TRATA DE LA DIOSA DE LAS COSAS CARNALES LA

CUAL LLAMABAN TLAZOLTEOTL,             OTRA VENUS                     

Esta diosa tenía tres  nombres:      el uno  era  que se       llamaba Tlazoltéotl,

que quiere decir la diosa de la carnalidad; el segundo nombre es           lxcuina:

llamábanla este nombre por que decían  que  eran cuatro hermanas:  la

primera  era  primogénita  o  hermana      mayor,             que      llamaban  Tiacapan,

la  segunda  era hermana menor que llamaban                 Teicu,  la  tercera  era la

de enmedio, la cual llamaban        Tlaco,  la cuarta          era la   menor de        todas,

que llamaban Xucotzin. Estas cuatro hermanas decían que eran las dio­

sas de la carnalidad. En los nombres bien significa a todas las mujeres

que son  aptas para  el acto carnal.  El  tercer  nombre  de  esta diosa  es

Tlaélquani;  que  quiere  decir  comedora  de  cosas  sucias,  esto          es,  que

según  decían,  las mujeres            y hombres       carnales                       confesaban  sus           pecados

a estas diosas, cuanto quiera que fuesen torpes y sucios, que ellas los perdonaban.

 

También decían que esta diosa o diosas, tenían poder para provocar a lu­ juria y para inspirar cosas carnales, y para favorecer los torpes amores; y después de hechos los pecados decían que tenían también poder para per­

 

donarlos, y limpiar de ellos perdonándolos, si los confesbaan a los sus sátra­

 

pas, que eran los adivinos que tenían los  libros de las adivinanzas y de

las venturas de los que nacen, y de las hechicerías y agüeros, y de las

tradiciones de los antiguos que vinieron de mano en mano hasta ellos.

Pues desde que el penitente          determinaba    confesarse       iba       luego   a          buscar

a algunos de los ya dichos, delante quien se solían confesar y decíale:

“Señor,  querríame  llegar  a  dios  todopoderoso  y  que  es  amparador  de

todos, el cual se llama        Yoálli -Ehécatl,          esto es, Tezcatlipoca;   querría ha­

blar en secreto mis pecados”. Oído esto el sátrapa decíale:  “Seáis muy

bien venido, hijo, que         lo que decís que queréis hacer para vuestro bien

y provecho es”. Dicho       esto miraba luego el libro de las adivinanzas que

se llamaba  tonálámatl,      para por él saber qué día sería más oportuno para

aquella obra; y habiendo visto el día que convenía decíale:  “para tal día

vendréis, porque entonces reina buen signo, para que esto se haga prós­

peramente”.                                                                                                                                            

Llegado el día que le había mandado que volviese, el penitente com­

praba un petate nuevo e incienso blanco, que llaman       copalli; y leña para

el fuego en que se había de quemar el      copalli; y si el penitente era per­

sona  principal,  o  puesta  en  dignidad,  el  sátrapa  iba  a  su  casa  para

confesarle   — o por  ventura        el         penitente,  aunque      fuese  principal,  iba

a casa del sátrapa— ; llegado, barría muy bien el lugar donde   se había

de tender el petate  nuevo,  para  ponerse  sobre  él  el  confesor,  y luego

encendía fuego y echaba el copal en el fuego el sátrapa, y hablaba al

fuego y decíale:  “Vos,      señor, que sois el padre y la madre de los     dioses,

y sois el más antiguo dios, sabed que es venido aquí este vuestro vasallo,

este vuestro  siervo;  y       viene  llorando,  viene con  gran  dolor,        y          esto  es

por que se conoce haber errado, haber resbalado y tropezado, y encon­

trado  con  algunas  suciedades  de  pecados  y con  algunos  graves  delitos

dignos de muerte, y de esto viene muy penado y fatigado. Señor nuestro

muy  piadoso,  pues que  sois amparador y defensor  de  todos,  recibid  a

penitencia, oíd la angustia de este vuestro siervo y vasallo”.      hablábale

Acabada     esta  oración,  el          sátrapa  volvíase         al  penitente    y         

de  esta  manera:  “Hijo,  has  venido  a   la  presencia  del  dios  favore­

cedor  y  amparador  de  todos;     viniste a          publicar           tus       interiores         hedo­

res   y          podredumbres;            vienes  a          abrirle  los       secretos           de        tu         corazón,

mira            que      no  te  despeñes,         mira     que      no        te         desbarranques mientiendo

en su presencia de nuestro señor. Desnúdate, echa fuera todas tus ver­

güenzas en presencia de nuestro señor,  el cual se llama Yoálli-Ehécatl,

esto es,        Tezcatlipoca.   Es cierto que estás delante de él aunque no eres

digno de verle, ni aun que él te hable, porque es invisible y no palpable;

mira,  pues,  cómo vienes,  qué  corazón traes,  no  dudes  de publicar  tus

secretos en su presencia; cuenta tu vida, relata tus obras de la misma

manera que hiciste tus excesos y ofensas; derrama tus maldades en su

presencia,   cuenta con       tristeza a          nuestro señor dios,  que es      favorecedor

de todos y tiene abiertos los brazos y está aparejado para abrazarte, y para

 

tomarte a cuestas: mira que no dejes nada por vergüenza, mira que no dejes nada por flaqueza”. Oído esto, el penitente luego hacía juramento de decir la verdad, de la manera que ellos usaban jurar, tocando la tierra con la mano y lamiendo lo que se le había pegado; y luego echaba copalli en el fuego, que era otro fundamento cerca de decir la verdad, y luego se sentaba delante del sátrapa, y porque le tenía como imagen y vicario de dios comenzábale a hablar de esta manera:

 

“¡Oh señor nuestro, que a todos recibes y amparas, oye mis hedion­ deces y podredumbres; en tu presencia me desnudo y echo fuera todas mis vergüenzas, cuantas he hecho; no te son por cierto ocultas mis mal­ dades que he hecho, porque todas las cosas te son manifiestas y claras!”. Dicho esto, luego comienza a decir sus pecados, por el mismo orden que los hizo, con toda claridad y reposo, como quen dice un cantar muy despacio y muy pronunciado, como quien va por un camino muy derecho, sin desviar a una parte ni a otra. Y acabando de decir todo lo que había hecho, comenzaba luego a hablar el sátrapa, diciendo de esta manera: “Hijo, has hablado a nuestro señor dios diciendo delante de él tus malas obras; ahora, también en su nombre, te quiero decir lo que eres obligado a hacer cuando descienden a la tierra las diosas llamadas Cihuapipiltin, o cuando se hace la fiesta de las diosas de la carnalidad que se llaman Ixcuiname: ayunarás cuatro días, afligiendo tu estómago y tu boca; y llegado el día de la fiesta de esta diosa Ixcuiname, luego de mañana, o en amaneciendo, para que hagas la penitencia convenible por tus peca­ dos, pasarás la lengua por el medio de parte a parte con algunas mim­ bres que se llaman teocalzácatl o tlácotl, y si más quisieres, pasarlas has por las orejas, lo uno de dos; y esto harás en penitencia y satisfacción por tu pecado, no por vía de merecimiento sino en penitencia del mal que hiciste. Traspasarás la lengua por el medio con alguna espina de maguey y después, por el mismo agujero pasarás las mimbres; pasarás cada una por delante tu cara, y acabando de sacarla arrojarla has atrás de ti, hacia las espaldas, y si quisieras de todas ellas hacer una, atando todas, la una con la otra, ora sean cutrocientas u ochocientas las que hubieras de sacar por la lengua, haciendo esto se te perdonan las sucie­ dades que hiciste”.

 

Y si no tiene muchos no graves pecados el penitente, dice el sátrapa delante de quien se confiesa: “hijo, ayunarás, fatigarás tu estómago con hambre y tu boca con sed, comiendo sola una vez al medio día, y esto cuatro días”. O le mandaba: “irás a ofrecer papeles a los lugares acos­ tumbrados, y harás imágenes; cubrirás con ellos las imágenes que llevares hechas, según tu devoción, y harás la ceremonia acostumbrada de can­ tar y bailar en su presencia”. O le decía: “has ofendido a dios, emborra­ chándote, conviénete satisfacer al dios del vino llamado T otochti15, y cuando fueres a hacer esta penitencia irás de noche, irás desnudo sin que

 

 

15 Los dioses del vino eran llamados C entzontotichtin,  o “400 conejos”. (R.C.).

 

lleves ninguna otra cosa sino un papel delante y otro detrás, para cubrir tus partes vergonzosas; y cuando hecha tu oración te volvieres, los pape­ les con que vas ceñido detrás y delante arrojarlos has delante de los dioses, que allí están”.

 

Acabada la confesión y recibida la penitencia, el penitente íbase para su casa y procuraba de nunca más volver a hacer aquellos pecados de que se había confesado, porque decían que si otra vez reincidía en los pecados no tenía remedio. No hacían esta confesión sino los viejos, por graves pecados como son adulterio, etc., y la razón por que se confesaban era por librarse de la pena temporal que estaba señalada a los que caían en tales pecados, por librarse de no recibir pena de muerte, o machu­ cándoles la cabeza o haciéndoselas tortilla entre dos grandes piedras.

 

Es de saber que los sátrapas que oían los pecados tenían gran secreto, que jamás decían lo que habían oído en la confesión, porque tenían que no lo habían oído ellos sino su dios, delante de quien solo se descubrían los pecados; no se pensaba que hombre los hubiese oído, ni a hombre se hubiesen dicho sino a dios.

 

Cerca de lo arriba dicho sabemos que aun después acá, en el cristianis­ mo, porfían a llevarlo adelante, en cuanto toca a hacer penitencia y con­ fesarse por los pecados graves y públicos, como son homicidio, adulterio, etc., pensando que, como en el tiempo pasado, por la confesión y peni­ tencia que hacían se les perdonaban aquellos pecados, en el foro judicial, también ahora, cuando alguno mata o adultera acógese a nuestras casas y monasterios y, callando lo que hicieron, dicen que quieren hacer peni­ tencia; y cavan en la huerta y barren en casa, y hacen lo que les mandan y confiésanse de allí a algunos días, y entonces descarnan su pecado y la causa por que vinieron a hacer penitencia; acabada su confesión, demandan una cédula firmada del confesor, con propósito de mostrarla a los que rigen, gobernador y alcaldes, para que sepan que han hecho penitencia y confesádose y que ya no tiene nada contra ellos la Justicia. Este embuste casi ninguno de los religiosos ni clérigos entienden por dónde va, por ignorar la costumbre antigua que tenían, según que arriba está escrito, mas antes piensan que la cédula la demandan para mostrar como está confesado, aquel año. Esto sabemos por mucha expe­ riencia que de ello tenemos. Dícese que se confesaban los viejos, y de los grandes pecados de la carne; de esto bien se arguye que aunque habían hecho muchos pecados en tiempo de su juventud, no se confesaban de ellos hasta la vejez por no se obligar a cesar de pecar antes de la vejez, por la opinión que tenían que el que tornaba a reincidir en los pecados el que se confesaba una vez no tenía remedio. En lo arriba dicho no hay poco fundamento para argüir que estos indios de esta Nueva España se tenían por obligados de se confesar una vez en la vida, y esto, in lumi-ne naturali, sin haber tenido noticia de las cosas de la fe.

 

QUE TRATA DE LOS DIOSES QUE  SON MENORES EN DIGNIDAD QUE LOS ARRIBA DICHOS, Y EL PRIMERO DE ESTOS ES (EL) QUE LLAMAN X1UHTECUTLI; ES OTRO VULCAN

 

Este dios del fuego llamado Xiuhtecutli tiene también otros dos nombres el uno es Ixcozauhqui, que quiere decir “cariamarillo”; y el otro es Cuezaltzin, que quiere decir “llama de fuego”. También se llamaba Hwe-huetéotl, que quiere decir “el dios antiguo”; y todos le tenían por padre considerando los efectos que hacía porque quema la llama, enciende y abrasa, y estos son efectos que causan temor. Otros efectos tiene que causan amor y reverencia, como es que calienta a los que tienen frío y guisa las viandas para comer, asando y cociendo y tostando y friendo. El hace la sal y la miel espesa, y el carbón y la cal, y calienta los baños para bañarse y hace el aceite que se llama úxitl; con él se calienta la lejía y agua para lavar las ropas sucias y viejas, y se vuelven así nuevas.

 

A este dios se le hacía fiesta cada año, al fin del mes que se llama izcalli, y a su imagen le ponían todas las vestiduras y atavíos y plumajes del principal señor en tiempo de Moteccuzoma; hacíanla a semejanza, de Moteccuzoma, y en tiempo de los otros señores pasados hacíanle la semejanza de cada uno de ellos; y puesto en su altar o trono, desca­ bezaban a su presencia muchas codornices, derramaban la sangre de ellas delante de él, y también ofrecíanle copal como a dios, y ofrecíanle unos pastelejos que llaman quiltamalli, hechos de bledos 1S, y estos mis­ mos comían por su honra; en todos los barrios, por su honra, en cada casa antes que los comiesen los ofrecían al fuego, y antes de ofrecérselos no los comían. Y los sátrapas que estaban diputados al servicio de este dios que los llamaban yhuehueyouan, que quiere decir sus viejos, todo el día hacían areito o danza en su presencia, cantando y bailando a su modo, y tañían caracoles como cuernos y tañían atambores y teponaztli, que son atambores de madera; y traían en las manos una sonajas con que hacen un son al propósito del cantar, son a la manera de trebejos o trebecinas con que hacen callar a los niños cuando lloran; úsanse en los Campos 17. No se cocía pan en comal en este día, y en esto se tenía cuidado, de que nadie cociese pan ni otra cosa en comal porque ninguno se tocase del fuego por ser el primer día en que se comían y ofrecían los tamales arriba dichos. En esta misma fiesta los padres y madres de los niños cazaban: unos, culebras; otros, ranas; otros, peces que se llaman xouiles, o lagartillos del agua que se llaman axólotl, o aves o cualesquier otros animalejos, y éstos echábanlos en las brasas del hogar; y desque ya estaban tostados comíanlos los niños y decían, come cosas tostadas

 

16 Huauhtli. Actualmente se designa con el nombre de alegría a la planta y la semilla, y sólo se utiliza para preparar una golosina popular. (R.C.) .

 

17 Parece que el autor se refirió a una reminiscencia local, puesto que emplea trebejo y trebecina en sentido de juguete. (R.C.).

 

nuestro padre el fuego; y llegada la noche los viejos y viejas todos bebían

 

octli, que es vino de la tierra, y del octli   que bebían derramaban antes

que bebiesen en cuatro partes del hogar del         octli que habían de beber;

a esto decían  que daban  a gustar al fuego  aquella bebida,  honrándole

como a dios en esto, que era como sacrificio u ofrenda. Y de cuatro en

cuatro años hacíase esta fiesta muy solemne, y hacía areito el señor con

todos sus  principales,  delante  de  la  casa          o templo  de  este  dios  y  en

esta fiesta de cuatro en cuatro años no solamente los viejos y viejas be­

bían vino, o pulcre, pero todos, mozos y mozas, niños y niñas lo bebían;

por eso se llamaba  esta fiesta pillaoano,  que quiere  decir fiesta donde

los niños y niñas beben el vino o pulcre,  y daban padrinos y madrinas

a los niños y buscábanselos sus padres y madres,  y les daban  algunos

dones. Estos padrinos y madrinas llevaban a cuestas a los niños y niñas

que eran sus ahijados, al templo de este dios del fuego,  (al cual)  tam­

bién lo llamaban Ixcozauhqui. Allí, delante        de él, agujeraban las orejas

a todos los niños y niñas;  señalábanlos de          esta señal  en  presencia  de

sus padrinos y madrinas que les llamaban            imavioan intlaoan. Hecho esto

comían todos juntos padres y madres, padrinos y madrinas, niños y niñas.

La imagen  de este dios  se pintaba  (como)  un  hombre  desnudo,  el

cual  tenía  la  barba  teñida  con  la  resina  que  es llamada  ulli,  que  es

negra,y un barbote de piedra colorada en el agujero de la barba;  tenía

en la cabeza una corona de papel pintada de diversos colores y de diver­

sas labores; en lo alto de la corona tenía unos penachos de plumas ver­

des,  a manera de llamas de fuego;  tenía unas borlas de plumas hacia

los lados, como pendientes hacia las orejas;  tenía unas orejeras  en  los

agujeros de las orejas, labradas de turquesas, de labor mosaica; tenía a

cuestas un plumaje hecho a manera de una cabeza de un dragón, labrado

de  plumas  amarillas,  con  unos  caracolitos  mariscos;  tenía  unos  casca­

beles atados a las gargantas de los pies; tenía en la mano izquierda una

rodela con cinco piedras verdes que se llaman  chalchihuites, puestas  a

manera  (d e)  cruz sobre una chapa  de oro,        (que)  casi cubría  toda la

rodela.  En  la mano derecha  tenía  una  manera  de cetro,  que  era  una

chapa de oro redonda agujerada por el medio, y sobre ella un  remate

de dos globos, uno mayor y otro menor, con una pluma sobre el menor;

llamaban a este cetro tlachiáloni, que quiere decir miradero, o mirador,

porque con él ocultaba la cara y miraba   por el agujero de enmedio de

la chapa de oro.                

(Lib. I, cap. xiii)

 

QUE HABLA CERCA DE UN DIOS QUE SE LLAMABA

MACUILXOCHITL QUE QUIERE DECIR CINCO FLORES, Y  TAMBIEN  SE  LLAMABA  X0CH1P1LLI,  QUE  QUIERE DECIR EL PRINCIPAL QUE DA FLORES O

QUE TIENE  CARGO DE DAR FLORES

A este  dios  llamado Macuilxochitl le  tenían  por  dios,  como  al  arriba

dicho, que es el dios del fuego. Era más particular dios de los que mora­

ban en las casas de los señores o en los palacios de los principales.

A la honra de este dios hacían fiesta, y su fiesta se llamaba xochilhuitl,

la cual se contaba entre las fiestas movibles que están en el cuarto libro,

que trata del arte adivinatorio; cuatro días antes de esta fiesta ayunaban

todos los que la celebraban, así hombres como mujeres; y si algún hom­

bre  en el    tiempo de        este      ayuno tenía     acceso  a          mujer,  o alguna          mujer

a hombre durante el dicho ayuno, decían que ensuciaba su ayuno y este

dios se ofendía mucho de esto, por esto hería con enfermedades de las

partes secretas a los que tal hacían, como son almorranas, podredumbre

del miembro secreto,  diviesos e incordios,  etc.,  y porque  tenían  enten­

dido que estas enfermedades eran castigos de este dios, por la causa arriba

dicha, hacíanle votos y prometimientos para que se aplacase y cesase de

afligir  con aquellas           enfermedades.  Cuando  llegaba  esta  fiesta  de  este

dios que se llamaba xochilhuitl, que quiere decir la fiesta de las flores,

como dicho es, ayunaban todos cuatro días; algunos no comían chilli o

axi  y comían solamente al medio día,  y a la media noche bebían una

mazamorra 18 que se llamaba       tlacuilolatolli, que quiere decir mazamorra

pintada con una flor puesta           encima,           en el medio, llamábase este ayuno

el ayuno de las flores.                                                                   ni otras cosas sabrosas

También los que ayunaban sin dejar el chilli      

que  suelen  comer,  comían  una  vez sola  al  mediodía.  Otros  ayunaban

comiendo panes ázimos esto es, que el maíz de que se hacía el pan que

comían  no se         cocía    con      cal,      antes    de        molerlo,           que  esto es como hor-

m entar19,  sino      molían el         maíz seco        y          de  aquella harina  hacían      pan  y

cocíanlo en el comal, y no comían chilli ni otra cosa con ello; no comían

más que una vez a mediodía.                    de este dios.  En  esta fiesta  uno

Llegado      el         quinto  día       era       la  fiesta         

se componía con los atavíos de este dios, como si fuera su imagen o per­

sona,  que   significaba       al mismo dios; con éste hacían areito con     canta­

res,  y con   teponaztli        y atambor (y ) llegando al mediodía de esta fiesta,

descabezaban muchas codornices  derramando   la         sangre delante de este

18   Los diccionarios         castellanos, del Diccionario   de        Autoridades  a los       últimos de

la Academia, aplican el vocablo a una “comida de harina de maíz con azúcar o

miel, semejante a las poleadas, de que se usa mucho en el Perú. Sahagún emplea

frecuentemente este nombre, pero es difícil concretar su sentido; parece que lo

refiere a las muchas formas de atulli, atolli          o atole, simple o con frutas, o cacao,

que en buen número se toman aún en México. (R.C .).              

19Hormento. Lo mismo que fermento o levadura. (R.C.).         

 

dios y de su imagen; otros sangrábanse de las orejas delante de él; otros

 

traspasaban las lenguas con una punta de maguey, y por aquel agujero

pasaban muchas mimbres delgadas derramando sangre; también le hacían

otras ofrendas en su templo. Hacían también una ceremonia, que hacían

cinco tamales (que)  son como panes redondos hechos de maíz, ni bien

rollizos ni bien redondos, que se llamaban pan de ayuno; eran grandes;

encima de los cuales iba una saeta hincada que llamaban xúchmitl;       esta

era  ofrenda           de        todo  el            pueblo.            Los      particulares     que      querían  ofrecían

en un plato de madera cinco tamales pequeños, a la manera de los arriba

dichos que dijimos ser grandes, con chilmolli en otro vaso; ofrecían asi­

mismo  dos pasteles que    llaman  tzoálli,            en  lugar  de    ulli,      goma   negra,

que otros ofrecían, en unos platos de madera; y el uno de estos pastelejos

era negros y el otro bermejo.                                                                                                                  

       La otra gente ofrecía diversas cosas:  unos ofrecían maíz tostado, otros

maíz  tostado  revuelto  con  miel y  con  harina  de  semilla       de        bledos20,

otros           hecho   de  pan  una  manera  de  rayo,  como cuando cae  del  cielo,

que llaman xonecuilli; otros ofrecían pan hecho a manera de mariposa;

otros ofrecían panes ázimos que ellos llamaban   yotlaxcalli; otros ofrecían

unas tortas hechas de semillas de bledos; otros ofrecían unas tortas hechas

a  manera  de  rodela,  de  la  misma  semilla;  otros  hacían  saetas,  otros

espadas, hechas de la masa de esta misma semilla; otros ofrecían muñe­

cas, hechas de la misma masa.                                                                                                               

de   En esta misma fiesta todos los principales y calpixque de la comarca

                   México,           que  lindaban  con  los  pueblos  de   guerra, traían   a          México

los cautivos que  tenían,  o comprados  o que  por  sí mismos los habían

cautivado,  y          entregábanlos a los calpixque, para que los guardasen para

el                tiempo en que fuese    menester         ser        sacrificados     delante de        los        ídolos;

y si  alguno de        estos esclavos se         huía     entretanto        que      llegaba el         tiempo

de               su sacrificio,    el mismo calpixqui     que lo tenía     a cargo era  obligado

a comprar otro y ponerle en el lugar del que había huido.                                             

       La imagen de este dios era como un hombre desnudo que está deso­

llado,  o  teñido  de  bermellón,  y  tenía  la  boca  y  la   barba   teñida  de

blanco y negro y azul claro; la cara teñida de bermejo; tenía una corona

teñida de verde claro,  con unos penachos del mismo color;  tenía  unas

borlas que colgaban de la corona hacia las espaldas; tenía a cuestas una

divisa  o plumaje,  que era como una  bandera  que  está hincada  en  un

cerro, y en lo alto tenía unos penachos verdes; tenía ceñida por el medio

del              cuerpo una      manta  bermeja,          que      colgaba           hasta    los       muslos;       esta

manta tenía una franja de que colgaban unos caracolitos mariscos:  tenía

 

en los pies unas cotaras o sandalias, muy curiosamente hechas: en la mano izquierda tenía una rodela, la cual era blanca, y en el medio tenía cuatro piedras puestas de dos en dos juntas; tenía un cetro hecho a

 

 

20   H uauhtli.  (R.C.).

 

manera de corazón, que en lo alto tenía unos penachos verdes y de lo bajo colgaban también otros penachos verdes y amarillos.

(Lib. I, cap. xiv)

 

QUE TRATA DEL DIOS LLAMADO 1XTLILTON, QUE QUIERE DECIR EL NEGRILLO, Y TAMBIEN SE  LLAMA TLALTETECUIN

A  este dios  hacían  un  oratorio de  tablas  pintadas,  como  tabernáculo,

donde estaba su imagen. En este oratorio o templo había muchos lebri­

llos  y tinajas  de  agua,  y todas  estabas  tapadas  con  tablas  o  comales;

llamaban a esta agua         tlílatl,   que quiere decir agua negra; y cuando algún

niño enfermaba, llevábanle           al templo o tabernáculo de este dios Ixtliton,

y abrían una de aquellas tinajas y daban de beber al niño  de aquella

agua y con ella sanaba; y cuando alguno quería hacer la fiesta de este

dios, por su devoción, llevaba a su imagen a su casa.

Esta imagen no era de bulto, ni pintada, sino era uno de los sátrapas,

que se vestía los ornamentos de este dios, y cuando le llevaban íbanle

incensando delante con humo de copal, como llegaba esta imagen a la

casa del que había de hacerle fiesta con danzas y cantares,  como ellos

usaban,  porque  esta manera  de  danzar  o bailar,  es muy  diferente  de

nuestros bailes y danzas, pongo aquí        la manera que tienen estas danzas

o bailes, que por otro nombre se llaman areitos, y en su lengua se llaman

macehualiztli. Juntábanse muchos de      dos en dos, o de tres en tres, en

un gran corro según la cantidad de los que eran, llevando flores en las

manos, y ataviados con plumajes; hacían todos a una un mismo meneo

con el cuerpo y con los pies y con las manos, cosa bien de ver y bien

artificiosa; todos los meneos iban según el son que tañían los tañedores

del atambor y del teponaztli.         Con esto iban cantando con gran concierto

todos y con voces muy sonoras los loores de aquel dios a quien festejaban,

y lo mismo usan ahora,  aunque enderezan los meneos con tenencias y

atavíos conforme  a lo que  cantan,  porque  usan  diversísimos meneos  y

diversísimos tonos en  el cantar;  pero todo muy  agraciado,  y aun  muy

místico. Es el bosque de la idolatría que no está talado.

Llegada como está dicho   la  imagen  de  este  dios  a la  casa  del  que

la festejaba, lo primero que hacían era comer y beber, después de lo cual

comenzaban la danza y cantar del dios a quien festejaban. Después que

este dios había bailado con                       los otros          gran rato,  entraba dentro  de casa

a la bodega donde estaba el           pulcre o vino que ellos usaban, en muchas

tinajas, todas tapadas con tablas o comales embarrados, las cuales había

cuatro días que estaban tapadas. Este dios abría una o muchas, y a este

abrimiento  llamaban         tlayacaxapotla,           que  quiere  decir  esto  abrimiento

primero o vino nuevo; hecho este abrimiento, él y los que iban con él

bebían de aquel vino y salíanse fuera,      al patio de la casa donde se hacía

 

la fiesta, e iban donde estaban las tinajas del agua negra que eran dedi­ cadas a él y habían estado cerradas cuatro días; y abríalas este mismo que era la imagen de este dios; y si después de abiertas estas tinajas parecía en alguna de ellas alguna suciedad, como alguna pajuela o cabello, o pelo o carbón, luego decían que el que hacía la fiesta era hombre de mala vida, adúltero o ladrón, o dado al vicio camal, y enton­ ces le afrentaban con decirle que alguno de aquellos vicios estaban en él, o que era sembrador de discordias, o de cizañas, afrentábanle en presencia de todos; y cuando aquél que era la imagen de dios salía de aquella casa dábanle mantas, las cuales llamaban ixquen que quiere decir abertura de la casa, porque quedaba avergonzado aquél que había hecho la fiesta, si alguna falta se hallaba en el agua negra. La manera de ata­ víos de este dios se pondrá al fin de este libro.

(Lib. I, cap. xvi)

 

QUE HABLA DEL DIOS QUE SE LLAMA YIACATECUTLI, DIOS DE LOS MERCADERES

 

Este dios llamado Yiacatecutli hay conjetura que comenzó los tratos y mercaderías entre esta gente, y así los mercaderes le tomaron por dios y le honraban de diversas maneras. Una de las cosas con que le honraban era, que le ofrecían papel y le cobijaban con el mismo papel, donde quiera que estaban sus estatuas.

 

También tenían en mucha veneración al báculo con que caminaban, que era una caña maciza, que ellos llaman ótlatl, y también usan de otra manera de báculo que es una caña negra liviana, maciza, sin nudo ninguno, que es como junco de los que se usan en España. Todos los mercaderes usan de esta manera de báculos por el camino y cuando lle­ gaban a donde habían de dormir, juntaban todos sus báculos en una gavilla, atados, e hincábanlos a la cabecera donde habían de dormir; y derramaban sangre delante de ellos, de las orejas o de la lengua, o de las piernas, o de los brazos, y ofrecían copal, hacían fuego y quemábanle delante de los báculos, los cuales tenían por imagen del mismo dios y en ellos honraban al mismo dios Yiacatecutli. Con esto le suplicaban que los amparase de todo peligro.

 

Estos mercaderes discurren por toda la tierra tratando, comprando en una parte y vendiendo en otra lo que habían comprado; estos mercaderes discurren por todas las poblaciones que están ribera de la mar, y la tierra adentro; no dejan cosa que no escudriñan y pasean, en unas partes com­ prando y en otras vendiendo. No dejan lugar donde no buscan lo que allí se puede comprar, o vender, ni porque la tierra sea muy caliente ni porque sea muy fría, ni porque sea muy áspera no dejan de pasarla, ni de trastornarla, buscando lo que en ella hay precioso o provechoso para comprar o vender. Son estos mercaderes sufridores de muchos trabajos, y

 

osados para  entrar  en  todas  las  tierras

— aunque  sean  las  tierras  de

enemigos— y muy astutos para tratar con los extraños, así aprendiendo

sus lenguas como tratando con ellos con benevolencia, para atraerlos a su

familiaridad.         

Estos  descubren  donde  hay las plumas preciosas,  y las piedras  pre­

ciosas y el oro, y las compran y las llevan a vender donde saben que

han  de  valer  mucho;  también  éstos  descubren  donde  hay  pellejos  de

animales  exquisitos  y  preciosos,  y los  venden  a  donde  valen  mucho.

Tratan  también  en vasos preciosos,  hechos de diversas maneras y pin­

tados con diversas figuras, según que en diversas tierras se usan, unos

con tapaderos hechos de conchas de  tortugas y cucharas  de  lo mismo

para  revolver  el  cacao;  otros  con  tapaderos  muy  pintados  de  diversos

colores,  y figuras hechas  a manera  de   una  hoja  de  un  árbol,  y otros

palos preciosos para revolver el cacao.   

Si han de entrar en tierra de guerra primero aprenden el lenguaje de

aquella gente,  y toman  el traje  de ella,  para  que  no parezca  que son

extranjeros sino que son naturales.          

Acontecía muchas veces que los enemigos los conocían y los prendían

y mataban; y si uno,  o dos o más se podían escapar iban a dar man­

dado  al  señor principal  de  la  tierra,  como Moteccuzoma,  u  otros  sus

antecesores, y llevaban algunas de aquellas riquezas que había en aquella

tierra  y presentábanlas  al  señor  y le  contaban  lo  que  habían  pasado

y le daban la relación de la tierra que habían visto. El señor, en remu­

neración de sus trabajos para que fuese honrado en el pueblo y tenido

por valiente, poníale un barbote de ámbar, que es una piedra larga ama­

rilla, transparente, que cuelga del bezo bajo agujerado, en señal que era

valiente y era noble, y esto se tenía en mucho.

Estos mercaderes partíanse de sus parientes con grandes ceremonias,

según sus ritos antiguos, cuando iban a mercadear a tierras extrañas, y

estaban por allá muchos años, y cuando volvían a sus tierras venían car­

gados de muchas riquezas; y para hacer   demostración de lo que traían,

y dar relación de las tierras por donde habían andado y de las cosas que habían visto, convidaban a todos los mercaderes, en especial a los prin­ cipales de ellos y a los señores del pueblo, y les hacían gran convite. A este convite llamábanle lavatorio de pies, y los convidados reverenciaban grandemente al báculo con que habían ido y vuelto; tenían que era imagen de aquel dios y que le había dado favor para ir y volver y andar los caminos que anduvo. Para hacer esta honra al báculo se ponían en una de las casas de oración que tenían en los barrios que ellos llamaban calpulli, que quiere decir iglesia del barrio o parroquia. En este calpulli donde se contaba este mercader ponían el báculo en lugar venerable. Y cuando daban comida a los convidados, primeramente ponían comida y flores y acayietl, etc., delante del báculo; y fuera del convite todas las veces que comía este mercader ofrecía primeramente comida y las demás cosas al báculo, que le tenía en su oratorio, dentro de su casa.

 

Estos mercaderes  después que venían prósperos de las tierras  donde

 

habían andado, como tenían caudal compraban esclavos y esclavas para

ofrecerlos a su dios, en su fiesta, el cual principalmente era       Yiacatecutli,

y éste tenía cinco hermanos y una hermana,  y a todos los  tenían  por

dioses, y como se inclinaba su devoción sacrificaban esclavos a cada uno

de ellos en su fiesta, o a todos juntos,  o a la hermana; el uno de los

hermanos se llamaba Chiconquiáhuitl, el otro Xomócuil, el       otro     Nácatl,

el otro Cochímetl, el otro Yacapitzáuac; la hermana se llamaba Chalme-

cacíhuatl. A éstos o alguno de ellos ofrecían un esclavo, o más, sacrifi­

cándolos  en  su  presencia,  vestidos  con  los  ornamentos  de  ,           aquel  dios,

como si fuese su imagen.                         

Había  una  feria  ordinaria  donde  se vendían  y compraban  esclavos,

hombres y mujeres, en un pueblo que se llama Azcapotzalco que es dos

leguas de México.                        

Allí los iban a escoger entre muchos, y los que compraban miraban muy

bien que el esclavo o esclava no tuviese alguna enfermedad,  o fealdad

en el cuerpo. A estos esclavos, hombres y mujeres, después que los com­

praban  criábanlos en  mucho regalo y vestíanlos muy bien;  dábanlos  a

comer y beber abundantemente y bañábanlos en agua caliente, de manera

que los engordaban porque los habían de comer y ofrecer a su dios; tam­

bién  los  regocijaban  haciéndoles  cantar  y bailar,  a  las  veces  sobre  la

azotea de sus casas, o en la plaza; cantaban todos los cantares que sabían,

hasta que se hartaban de cantar, y no estimaban en nada la muerte que

les estaba aparejada.  Mataban  estos esclavos en la  fiesta  que  se llama

panquetzaliztli, y todo el tiempo antes de llegar a aquella fiesta, los rega­

laban como está dicho; y si entre estos esclavos había algún hombre que

parecía de buen juicio y que era diligente para servir y sabía bien cantar,

o alguna  mujer  que  era  dispuesta  y sabía bien  hacer  de  comer y de

beber, y labrar y tejer, a estos tales los principales los compraban para

servirse de ellos en su casa y los escapaban del sacrificio.          iba       camino,

La imagen de este dios se pintaba como un  indio  que              

con su báculo, y la cara tenía manchada de blanco y negro; en los ca­

bellos llevaba atadas dos borlas de plumas ricas que se llamaban quetzáli;

iban atadas en los cabellos del medio de la cabeza, recogidos como una

gavilla  de  todo lo  alto  de  la  cabeza;  tiene  unas  orejeras  de  oro;  está

cubierto con una manta azul, y sobre el azul una red negra de manera

que el azul se parece por las mallas de la red; tenía una flocadura esta

manta por todas las orillas, en la cual estaban tejidas unas         flores; tenía

en la garganta de los pies unas como calzuelas de cuero amarillo, de las

cuales colgaban unos caracolitos mariscos. Tenía en los pies unas cotaras

muy curiosas y labradas;  tenía una  rodela teñida  de amarillo con una

mancha en el medio, de azul claro, que no tiene ninguna            labor. Tenía

en la mano derecha su báculo con que van camino.                               

 

QUE HABLA DE MUCHOS DIOSES IMAGINARIOS A LOS CUALES TODOS LLAMABAN TLALOQUES

Todos  los  montes  eminentes,  especialmente    donde  se  arman  nublados

para llover, imaginaban que eran dioses, y                      a cada uno      de        ellos     hacían

su imagen  según  la  imaginación  que  tenían  de  ellos;  tenían  también

imaginación que ciertas enfermedades, las cuales parece que son enfer­

medades de frío, procedían de los montes, o que aquellos montes tenían

poder para sanarlas; y aquellos a quienes estas enfermedades acontecían,

hacían voto de hacer fiesta y ofrenda a tal o a tal monte de quien estaba

más cerca, o con quien tenía más devoción. También hacían semejante

voto aquellos que se veían en algún peligro de ahogarse en el agua de

ríos, o de la mar. Las enfermedades por que hacían estos votos eran la

gota de las manos o de los pies, o de cualquiera parte del cuerpo; y tam­

bién el tullimiento de algún miembro o de todo el cuerpo; y también el

envaramiento del pescuezo, o de otra parte                     del cuerpo,      o          encogimiento

de algún miembro, o el pararse yerto.                                                     

Aquellos a quien estas enfermedades acontecían, hacían voto de hacer

las imágenes de estos dioses que se siguen: Del dios del aire, la diosa del

agua y el dios de la lluvia. También la imagen del volcán que se llama

Popocatépetl y la  imagen  de  la  Sierra  Nevada21; y la  imagen  de  un

monte que se llama Poiauhtécatl22, o de otros cualesquiera montes a quien

se inclinaban por su devoción.  El que había hecho voto a alguno o a

algunos montes o de estos dioses hacía su figura de una masa que  se

llama tzoalli, y poníalos en figura de personas;  no lo hacía  él por sus

manos, porque no le era lícito, sino rogaba a los sátrapas, que eran en

esto  experimentados  y para  esto  señalados,  que  le  hiciesen  estas  imá­

genes a quien había hecho voto.  Los que las hacían poníanles    dientes

de pepitas de calabaza, y las ponían en lugar de ojos unos frijoles negros

que son tan  grandes como habas,  aunque  no de la misma hechura,  y

llámanlos ayocotli; en los demás atavíos poníanselos según la imagen con

que los imaginaban y pintaban,  al           dios del viento,  como            Quetzalcóatl;

al agua, como a la diosa del agua; a la lluvia, como al dios         de la    lluvia,

y a los otros montes según las imágenes con que los pinta.                   

Después  de hechas estas imágenes  ofrecíanles  papel  de lo que  ellos

hacían,  y era  que un  pliego de papel  le echaban muchas  gotas  de  la

goma que se llama ulli, derretido; hecho esto colgaban al cuello de la

imagen el papel, de manera que le cubría desde los pechos abajo, y con

el remate de abajo arpaban el papel; también ponían estos mismos pa­

peles goteados con ulli, y colgados de unos cordeles delante de las mismas

imágenes,  de  manera  que  los  papeles  estaban  asidos  los     unos    de  los

otros, y meneábalos el aire porque estaban                      los cordeles     en        que      estaban

los papeles colgados atados a las puntas de                     unos varales,   o báculos, que

 

21 El  Iztacümatl.  (R.C.).

22 El Pico de Orizaba.  (R.C.)

 

estaban hincados en el suelo y de la una punta del uno a la del otro estaba atado el cordel o mécatl.

 

Ofrecían asimismo a estas imágenes vino, u octli o pulcre, que es el vino de la tierra; y los vasos en que lo ofrecían eran de esta manera. Hay unas calabazas lisas, redondas, pecosas, entre verde y blanco o man­ chadas, que las llaman tzilacayotli, que son tan grandes como un gran melón; a cada una de éstas partíanla por la mitad y sacábanle lo que tenía dentro, y quedaba hecha como una taza, y henchíanla del vino dicho y poníanlas delante de aquella imagen o imágenes, y decían que aquellos eran vasos de piedras preciosas que llaman chalchihuitl. Todas estas cosas dichas hacían los sátrapas, que eran experimentados o estaban señalados para estos sacrificios. La otra gente no usaban hacer esto aunque fuese para en su casa. Después de hechas las imágenes, aquellos por cuyo voto se hacían convidaban a los sátrapas para el quinto día, después de hechas las imágenes (en que) se había de hacer la fiesta; y llegado el quinto día (pasaban) aquella noche velando, cantando y bailando a honra de aquellas imágenes, y de los dioses que representaban, y aquella noche ofrecían cuatro veces tamales, que son como unos pas-telejos redondos hechos de maíz, a los que cantaban y bailaban, que eran los sátrapas que habían hecho estas imágenes, y otros convidados para esta fiesta. A todos daban comida cuatro veces en aquella noche, y todas cuatro veces tocaban instrumentos musicales, los que ellos usaban, que eran silbos que hacen metiendo el dedo meñique en la boca y tocando caracoles y flautas de las que ellos usaban. Esto hacían unos mozos ju­ glares que usaban de hacer esta música, y también a éstos les daban comida.

 

Esto se hacía cuatro veces en esta noche; en amaneciendo los sátrapas descabezaban aquellas imágenes que habían hecho de masa; las desca­ bezaban torciéndoles las cabezas, y tomaban toda aquella masa y llevá­ banla a la casa donde estaban todos juntos los sátrapas, que se llamaba Cálmécac; y aquellos por cuyo voto se habían hecho aquellas imágenes, entrábanse luego donde estaban sus convidados: estaban con ellos todo aquel día, y a la tarde, de par de noche, bebían todos los viejos y viejas vino que llaman pulcre , u octli, por que éstos tenían licencia de beber este vino, y después que ya estaban medio borrachos, o del todo, se iban para sus casas. Unos de ellos iban llorando, otros iban haciendo fieros como valientes y bailando, y pompeándose; otros iban riñendo unos con otros.

 

Los que hacían esta fiesta convidaban y apercibían para ella a los taberneros que hacían el pulcre, y exhortábanlos para que hiciesen buen vino, y los taberneros procuraban de hacer bien su vino, y para esto se abstenían cuatro días de llegar a mujer ninguna, por que tenían que si llegasen a mujer aquellos días el vino que hiciesen se había de acedar y estragar; absteníanse asimismo aquellos días de beber el pulcre, ni la miel de que se hace, ni aun mojando el dedo en ella lo llegaban a la

 

boca hasta en tanto que el cuarto día se encetase con la ceremonia que

 

arriba se dijo. Tenían por agüero, que si alguno bebía el vino, aunque

fuese muy poco, antes que se hiciese la ceremonia del abrimiento de las

tinajas como arriba se dijo, que se le había de torcer la boca hacia un

lado,           en pena de su pecado. Decían también que si alguno se le secaba

la mano o el pie, o se le acucharaba la mano o el pie; o le temblaba la

cara, la boca o los labios,  o si entraba en él algún demonio,  todo esto

decían que acontecía por que estos dioses de que aquí se trata se habían

enojado contra él. 

Después de acabada la fiesta, otro día luego de mañana el que había

hecho la fiesta juntaba a sus parientes y a sus amigos, y a los de su barrio,

con todos los de su casa, y acababan de comer y beber todo lo que había

sobrado de la fiesta; a esto llamaban apeoalo, que quiere decir añadidura

a lo que estaba comido y bebido; ninguna cosa quedaba de comer, ni de

beber para otro día. Decían que los gotosos haciendo esta fiesta sanaban

de la gota, o de cualquiera de las enfermedades que arriba se dijeron,

y los que habían escapado de algún peligro de agua con hacer esta fiesta

cumplían con su voto. Acabada toda la fiesta los papeles y aderezos con

que habían adornado estas imágenes, y todas las vasijas que habían sido

menester para el convite, tomábanlo todo y levábanlo a un sumidero que

está en la laguna de México,  que  se llama  Pantitlan,  y allí      lo arroja­

ban todo.  

       (Lib. I, cap. xxi)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FIESTAS, RITOS, TEMPLOS Y SACERDOTES

 

TOXCATL

 

Al quinto mes llamaban tóxcatl. El primer día de este mes hacían gran fiesta a honra del dios llamado Titlacauan, y por otro nombre Tezcatli-poca; a éste tenían por dios de los dioses; a su honra mataban en esta fiesta un mancebo escogido, que ninguna tacha tuviese en su cuerpo, criado en todos los deleites por espacio de un año, instruido en tañer y cantar y en hablar.

 

2.—K.

1

2

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5

6

7

8

 

9

10

11

12

13

14

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18

 

L.    a.

b.

c.

d.

e.

f. g-a.

 

b.

c.

d.

e.

f.

g-

a.

b.

c.

d.

 

 

Esta fiesta era la principal de todas las fiestas: era como pascua y caía cerca de la pascua de Resurrección, pocos días des­ pués. Este mancebo, criado como está di­ cho, era muy bien dispuesto y escogido entre muchos; tenía los cabellos largos hasta la cinta.

 

Cuando en esta fiesta mataban al man­ cebo que estaba criado para esto, luego sacaban otro, el cual había de morir dende a un año. Andaba por todo el pueblo muy ataviado, con flores en la mano, y con personas que le acompañaban; saludaba a los que topaba graciosamente; todos sabían que era aquél la imagen de Tezcatlipoca, y se postraban delante de él y le ado­ raban donde quiera que le topaban. Vein­ te días antes que llegase esta fiesta daban a este mancebo cuatro mozas bien dispues­ tas y criadas para esto, con las cuales todos los veinte días tenía conversación carnal; y mudábanle el traje cuando le daban estas

 

 

 

a                 23

b                 24

c                 25

d                 26

e                 27

f                 28

g                 29

a     Maius  30

       habet  dies

b     XXXI. 1

                  

c                 2

d                 3

e                 4

f                 5

g                 6

a                 7

b                 8

c                 9

d                 10

 

19

       e.         mozas. Cortábanle los cabellos como ca-      e                                             11

20               f.          pitán y dábanle otros atavíos más galanes.    f                                              12

                               Cinco días antes que muriese hacíanle                      Nerei,

                               fiestas y banquetes, en lugares frescos y                   A rchilei,

                               amenos; acompañábanle muchos principa-               atqz.    Pan.

les. Llegado el día donde había de morir llevábanle a un            cu o oratorio

que llamaban Tlacochcalco, y antes que llegase allí, en un lugar que lla­

maban        Tlapitzoayan,  apartábanse  las mujeres         y dejábanle:  llegando  al

lugar donde le habían de matar, él mismo se subía por las gradas y en

cada una de ellas hacía pedazos una flauta, de las con que andaba tañendo

todo el año; llegado arriba echábanle sobre el tajón, sacábanle el          corazón

y tornaban a descender el cuerpo bajo, en palmas; abajo le cortaban la

cabeza y la espetaban en un palo que se llamaba tzompantli.      Otras muchas

ceremonias se hacían en esta fiesta, las cuales     están escritas   a          la larga

en   su        historia.                                                                     

                                           (Lib. II,           cap. v)

                               DIAS NEMONTEMI                                                          

A los          cinco    días restantes del año, que son los cuatro últimos     de        enero

y el primero de febrero, llamaban nemontemi,    que quiere decir días bal­

díos, y teníanlos por aciagos y de mala fortuna: hay conjetura que cuan­

do agujeraban las orejas a los niños y niñas, que era de cuatro en cuatro

años echaban  seis días de  nemontemi,  y es lo mismo del bisiesto que

nosotros hacemos de cuatro en cuatro años.                                                                  

       1          a          Estos cinco días tenían por mal afor- a                                  28

       2          b          tunados y aciagos; decían que los que en      b                                 29

       3          c          ellos nacían tenían malos sucesos en todas   c                                  30

       4          d          sus cosas y eran pobres y míseros; llamá-     d                                 31

los   5          e          banlos nen. Si eran hombres llamábanlos      e                                  1

       nenoquich,  y  si  eran  mujeres  llamábanlas  nencihuatl.    No  usaban

hacer nada en estos días, por ser mal afortunados; especialmente se abs­

tenían  de  reñir,  porque  decían  que  los  que  reñían  en  estos  días  se

quedaban siempre con aquella costumbre;  tenían por mal agüero trope­

zar en         estos    días.                                        del       mes,

       Estas fiestas dichas eran fijas, que siempre se hacían dentro                      

o un día o dos adelante. Otra fiesta tenían movibles, que            se hacían         por

el    curso de          los veinte signos, los cuales hacían    un círculo        en doscientos

y sesenta días; y por tanto estas fiestas movibles caían  en un    mes, un

año, y otro  año en otro, y siempre variaban.                                                                  

 

LA DECIMA QUINTA FIESTA MOVIBLE

Los señores y principales,  nobles y mercaderes ricos,  cuando le nacían

algún hijo o hija     tenían gran cuenta      con el signo en que hacía, y el día

y la hora en que nacía, y de esto iban luego a informar a los astrólogos

judiciarios,  y a preguntar por  la  fortuna  buena  o mala  de la  criatura

que nacía; y si el signo en que nacía era próspero, luego le hacían bauti­

zar,  y  si  era  adverso  buscaban  la         más  próspera  casa  de  aquel  signo

para le bautizar.                 a los parientes y amigos para que

Cuando le bautizaban convidaban

se hallasen presentes al bautismo, y entonces daban comida y bebida a

todos los presentes, y también a los niños de todo el barrio. Bautizábanle

a la salida del sol en casa de su padre; bautizábale la partera, diciendo

muchas oraciones   y haciendo muchas ceremonias sobre la criatura. Esta

fiesta también la     usan  ahora en los       bautismos de sus hijos,  en  cuanto

al convidar y comer y beber.        

 

LA DECIMA SEXTA FIESTA MOVIBLE

Cuando los padres veían  que  su hijo era de edad para casarse,  hablá­

banle  en  que le  querían  buscar  su  mujer,  y  él  respondía  haciéndoles

gracias por  aquel  cuidado  que  tomaban  de  casarle;  luego  hablaban  al

principal  que  tenía  cargo  de  todos  los  mancebos,  que  ellos  llamaban

telpochtlato, y decíanle como querían casar su hijo, que lo tuviese por

bueno. Y para esto hacíanle un convite a él, y a todos los mancebos que

tenía a su cargo; y para esto le hacían una plática, después de haberle

dado  de  comer y de  beber  a  él  y a  todos  los  que     tenía  a  su  cargo,

y en principio de la plática poníanle delante una hacha de cortar madera

o leña;  esta hacha  era señal que  aquel mancebo se despedía ya de la

compañía de los otros mancebos, porque le querían casar, y así el telpo'

chtlctto iba contento.                               

Después de esto determinaban entre sí los parientes, la mujer que le

habían de dar, y llamaban a las casamenteras, que eran unas viejas hon­

radas, para que fuesen       a hablar a los padres de la      moza,  (las      cuales)

iban  dos o tres veces y     hablaban  y volvían con la     respuesta.        En  este

tiempo los parientes de la moza se hablaban, y concertándose de dársela, daban el sí a las casamenteras.

Después de esto buscaban un día bien afortunado de algún signo bien

acondicionado,  cuales  eran  ácatl,  ozomatli,  cipactli,  cuauhtli; habiendo

 

escogido alguno de estos signos, los padres del mozo hacían saber a los padres de la moza el día en que había de hacerse el matrimonio, y luego comenzaban a aparejar las cosas necesarias para las bodas, así de comer

 

como de beber, como de mantas y cañas de humo y otras cosas; hecho

 

esto convidaban  a todos los principales,  y toda la otra  gente que ellos

querían para las bodas. Después del convite y de muchas pláticas y cere­

monias, venían los de la parte del mozo a llevar a la moza, de parte de no­

che; llevábanla con gran solemnidad a cuestas de una matrona y con mu­

chas hachas de teas encendidas, en dos rendes, delante de ella; iba rodeada

de ella mucha gente detrás y delante, hasta que la llegaban a la casa de los

padres del mozo. Llegada a la casa del mozo, poníanlos ambos juntos al

hogar, que siempre le tenían en medio de una sala, lleno de fuego, y la

mujer estaba a la mano izquierda del varón; luego la madre del mancebo

vestía un huípil muy galano a su nuera y poníale junto a sus pies unas

naguas muy labradas; y la madre de la moza cubría con una manta muy

galana a su yerno, y atábasela sobre el hombro y poníale un maxtli muy

labrado a los pies. Hecho esto, unas viejas que se llaman Titici  ataban la

esquina de la manta del mozo con la falda del huípil de la moza; así se

concluía el matrimonio, con otras muchas ceremonias y comeres y beberes

y bailes;  que  después  se hacían,  como se contiene  en  la  historia  del

matrimonio.            fijas, y en parte eran movi­

Otras dos fiestas tenían que en parte eran

bles:            eran  movibles  porque  se  hacían  por         años     interpolados.   La  una

se hacía de cuatro en cuatro años, y la otra de ocho en ocho años; eran

fijas porque tenían año, mes y día señalados. En la que se hacía de cua­

tro en cuatro años horadaban las orejas a los niños y niñas, haciéndolos

las ceremonias de crezca para bien, y lustrábanlos por el fuego. En la que

hacían         de ocho en ocho años ayunaban  antes de     ella ocho días,  a pan

y agua, y hacían un areito en que tomaban figuras o personajes de diver­

sas aves y animales, y decían que buscaban         ventura,  como está escrito

en el apéndice del segundo libro.                        

Estas fiestas movibles en algunos años echan de su lugar a las fiestas

del calendario, como también acontece en nuestro          calendario.     

                   (Lib.    II, cap. XIX, fragmentos)

 

DE LA FIESTA QUE SE HACIA EN  LAS CALENDAS DEL QUINTO MES QUE  SE LLAMABA TOXCATL

Al quinto mes llamaba tóxcatl. En este mes hadan fiesta y pascua a honra

del  principal  dios,  llamado         Tezcatlipoca,  por  otro          nombre  Titlacauan,

y por otro Yáotl, y por otro           Telpochtli, y por otro Tlamatzíncatl.

En esta fiesta mataban un mancebo, muy acabado en disposición,  el

cual  habían  criado por  espacio  de        un  año en  deleites,  (pues)  decían

que era la imagen de Tezcatlipoca.           En matando al mancebo que estaba

de un año criado, luego ponían otro en su lugar para criarle por espacio

de un año, y de éstos tenían muchos guardados para       que luego sucediese

 

otro al que había muerto.  Escogíanlo entre todos los cautivos,  los más

 

gentiles hombres, y teníanlos guardados los        calpixques; ponían gran dili­

gencia en que fuesen los más hábiles y más bien dispuestos que se pu­

diesen haber, y sin tacha ninguna corporal.  Al mancebo que se criaba

para matarle en esta fiesta enseñábanle con gran diligencia que supiese

bien tañer una  flauta,  y para  que  supiese tomar y traer las cañas  de

humo y las flores, según que se acostumbra entre los señores y palacia­

nos; y enseñábanle a ir chupando el humo, y oliendo las flores, yendo

andando, como se acostumbra entre los señores y en palacio. Estos man­

cebos, estando aún en el poder de los       calpixques y antes que se publica­

sen por diputados  para morir,  tenían  gran  cuidado  los mismos  calpix­

ques de enseñarles toda buena crianza, en hablar y en saludar a los que

topaban por la calle y en todas las  otras cosas de buenas  costumbres,

porque cuando ya eran señalados  para  morir en la  fiesta de  este dios,

por espacio de aquel           año en que      se         sabía    de su muerte,  todos los que

le veían      le         tenían  en        gran reverencia y le    hacían  grande  acatamiento,

y le  adoraban  besando la  tierra;  y si por el buen  tratamiento  que  le

hacían engordaba, dábanle a beber agua mezclada con sal, para que se

parase cenceño.                                                    

Luego que este mancebo era diputado para morir en la fiesta de este

dios, comenzaba a andar tañendo su        flauta   por las calles,  con sus flores

y su caña de humo; tenía libertad de noche y de día de   andar por todo

el pueblo, y andaban con él, acompañándole siempre, ocho pajes atavia­

dos a manera  del palacio.  En  siendo publicado  este mancebo para  ser

sacrificado en la pascua, luego el  señor le           ataviaba, con   atavíos curiosos

y preciosos porque ya le tenía como en lugar de dios, y entintábanle todo

el cuerpo  y la  cara;  emplumábanle  la  cabeza  con  plumas  blancas  de

gallina,  pegadas con         resina;  criaba los cabellos hasta la    cinta. Después

de haberle  ataviado de ricos atavíos,       poníanle  una  guirnalda  de  flores

que llaman  izquixóchitl, y un sartal          largo de las mismas colgado desde

el hombro al sobaco, de ambas partes; poníanle en las orejas un  orna­

mento como zarcillos de oro; (y ) poníanle          al cuello un sartal de piedras

preciosas: colgábanle un joyel de una piedra preciosa blanca, que colga­

ba hasta el pecho; poníanle un barbote largo hecho de caracol marisco;

llevaba a las espaldas un ornamento como bolsa de un palmo en cuadro,

de lienzo blanco,  con  sus borlas y flocadura;  poníanle  también  en los

brazos, encima de los codos, en los morcillos de los brazos unas ajorcas

de oro, en ambos brazos; poníanle también en las muñecas unos sartales

de piedras preciosas que ellos llaman       macuextli, que le cubrían casi todas

las  muñecas  hasta  el  codo;  cubríanle  con  una  manta  rica,  hecha  a

manera de red, con una flocadura muy curiosa por las orillas; poníanle

también ceñida una pieza de lienzo muy curiosa que ellos usaban para

cubrir las partes bajas, que llamaban        máxtlatl y las extremidades de este

máxtlatl      eran muy labradas en tanta    anchura como un palmo,  de todo

el ancho     del lienzo;       colgaban estas extremidades por la   parte delantera

 

casi hasta la rodilla. Poníanle también unos cascabeles de oro en las piernas, que iba sonando por dondequiera que iba; poníanle unas cota-ras muy pintadas, muy curiosas, que las llamaban océlunacace. De esta manera ataviaban (a ) este mancebo que habían de matar en esta fiesta.

 

Estos eran los atavíos del principio del año; veinte días antes de llegar a esta fiesta mudábanle las vestiduras con que hasta allí había hecho penitencia y lavábanle la tintura que hasta allí solía traer este mancebo; y casábanle con cuatro doncellas, con las cuales tenía conversación aque­ llos veinte días que restaban de su vida, y cortábanle los cabellos a la manera que los usaban los capitanes; atábanle los cabellos como una borla sobre la corona de la cabeza, con una franja curiosa atábanle (de) aquella atadura de los cabellos dos borlas con sus botones, hechas de pluma y oro y tochómitl, muy curiosas, que ellos llamaban aztaxelli.

Las cuatro doncellas que le daban por sus mujeres también eran criadas en mucho regalo. Para aquel efecto, poníanlas los nombres de cuatro diosas; a la una llamaban Xochiquétzal; a la otra, Xilonen; y la tercera, Atlatonan; y a la cuarta, Uixtocíhuatl. Cinco días antes de llegar a la fiesta donde habían de sacrificar a este mancebo, honrábanle como a dios. El señor se quedaba solo en su casa y todos los de la corte le seguían, y se hacían solemnes banquetes y areitos con muy ricos atavíos. El primer día le hacían fiesta en el barrio que llamaban Tecanman; el segundo, en el barrio donde se guardaba la estatua de Tezcatlipoca; el tercero, en el montecillo que se llama Tepetzinco, que está en la laguna,

ilquioa,  ontlalpia,  ontlalcuya,  inic  ontlalpia,  itoti2S; el  cuarto,  en  otro

montecillo que está también en la laguna, que se llama Tepepulco. Aca­ bada esta cuarta fiesta, poníanlo en una canoa en que el señor solía andar, cubierta con su toldo, y con él a sus mujeres que le iban conso­ lando; y partiendo de Tepepulco navegaban hacia una parte que se llama Tlapitzaoayan, que es cerca del camino de Iztapalapan, que va hacia Chalco, donde está un montecillo que se llama Acaquilpan, o Caoal-tépec; en este lugar le dejaban sus mujeres y toda la otra gente, y se volvían para la ciudad: solamente le acompañaban aquellos ocho pajes que habían andado con él todo el año. Llevábanlo luego a un cu pequeño y mal aliñado que estaba a orilla del camino y fuera en despoblado, distante de la ciudad una legua o casi; llegado a las gradas del cú, él mismo se subía por las gradas arriba, y en la primera grada hacía peda­ zos una de las flautas con que tañía en el tiempo de su prosperidad, y en la segunda grada hacía pedazos otra y en la tercera otra, y así las acababa todas, subiendo por las gradas; llegando arriba, a lo más alto del cu, estaban aparejados los sátrapas que le habían de matar, y tomá­ banle y echábanle sobre el tajón de piedra, y teniéndole por los pies y por las manos y por la cabeza, echado de espaldas sobre el tajón, el que

 

 

23   Estas palabras, que están en la copia de Panes y en la versión de Kingsborough, no figuran en el Códice Florentino, según la copia de don Francisco del Paso y Troncoso. (R.C .).

 

tenía el cuchillo de piedra,

metí áselo por los pechos con un gran golpe,

y tornándole a sacar, metía           la mano por la cortadura que había hecho

el  cuchillo  y  arancábale  el  corazón  y  ofrecíale  luego  al  sol.  De  esta

manera mataban a todos los que sacrificaban; a éste no le echaban por

las gradas abajo,  como a los otros,  sino tomábanle  cuatro y bajábanle

luego al patio,  y allí le      cortaban la cabeza y la  espetaban  en un  palo

que llamaban tzonpantli.   De esta manera acababa su vida este que había

sido regalado y honrado por espacio de un año. Decían que esto signifi­

caba que los que tienen     riquezas y deleites en su vida, al cabo de ella

han de venir en pobreza y dolor.

En esta misma        fiesta   hacían de masa que se llama tzoalli la imagen

de Huitzilopochtli, tan       alta      como un  hombre hasta  la  cinta;  en  el cu

que llamaban Huitznáhuac            hacían para ponerla un tablado  (y )  los ma­

deros  de él eran  labrados  como culebras y tenían  las  cabezas  a  todas

cuatro partes del tablado, contrapuestas las unas a las otras, de manera

que a todas cuatro partes había colas y cabezas.

A la imagen que hacían     poníanla por huesos unos palos de mízquitl,

y luego la henchían toda de aquella masa, hasta hacer un bulto de un

hombre; hacían esto en la casa donde siempre se guardaba la imagen de

Huitzilopochtli. Acabada de hacer, componíanla luego con todos los ata­

víos de Huitzilopochtli;     poníanle  una  jaqueta  de tela labrada  de bezos

de hombres;  cubríanle  con una  manta  de nequen24 de  tela  muy  rala;

poníanle en la cabeza una corona a manera de escriño que venía justa

a la cabeza y en lo alto íbase ensanchando, labrada de pluma; sobre papel,

del medio de ella salía       un  mástil  también labrado de pluma,  y en lo

alto  del  mástil  estaba ingerido  un  cuchillo  de  pedernal,  a manera  de

hierro  de  lanzón,  ensangrentado  hasta  el  medio;  cubríale  otra  manta,

ricamente labrada de pluma rica; tenía esta manta en el medio una plan­

cha de oro redonda, hecha de martillo; abajo ponían unos huesos hechos

de tzoalli, cerca de los       pies de la imagen, y cubríalos la misma manta

que tenía cubierta en la cual estaban labrados los huesos y miembros de una persona despedazada; a esta manta, labrada de esta manera, lla­ maban tlacuacuallo. Otro ornamento hacían para honra de este dios, que era un papelón que tenía veinte brazas de largo y una de ancho, y un dedo de grueso; este papelón lo llevaban muchos mancebos recios de­ lante de la imagen, asidos de una parte y de otra del papelón, todos de­ lante la imagen; y porque el papelón no se quebrase llevábanle entablado con unas saetas que ellos llamaban téumitl, las cuales tenían plumas en

 

24   Acerca de esta palabra tomamos de Pichardo COb. cit., pág. 148) la refe­ rencia siguiente: “Oviedo dice que los indios de la provincia de Cueba, en el istmo de Panamá, nombraban henequem a la planta de que hacían hilos, etc.; y de aquí ha venido la palabra heniquen, como algunos escriben, o jeniquén, como se pronuncia generalmente. . . Maguey o magüey era la palabra propia de estas islas, como generalmente hoy se usa con relación a la especie de su suelo, aplicándose la de heniquen a los hilos, sogas, tejidos, etc., que vienen del territorio mexicano y a la especie introducida de Yucatán hace pocos años”. (R.C.).

 

tres partes, cabe el casquillo y en el medio y al cabo, e iban estas saetas

 

una debajo y otra   encima del papel; llevábanlas dos, uno de una parte

y otro de otra, llevándolas asidas ambas juntas  con las manos,  y ellas

apretaban el papelón, una por encima y otra por debajo.

Acabada de componer esta imagen de la manera ya dicha, alcanzaban

el tablado sobre que estaba puesta muchos capitanes y hombres de guerra,

y, unos de una parte y otros de otra, íbanla llevando como en andas, y

delante de ella iba el papelón, y todos los que le llevaban iban todos en

procesión;  iban  cantando  sus  cantares  del mismo  dios,  y bailando  de­

lante de él con grande areito; y llegando al cu donde la habían de subir,

llevaban con unas cuerdas atado el tablado por las cuatro esquinas y asían

de las cuerdas para subirle, de manera que fuese muy llano, que a ninguna

parte se acostase la imagen; y los que llevaban el papelón subían delante,

y los que llegaban primero a lo alto comenzaban a coger el papel enro­

llándole; así como iban subiendo iban enrollando con gran tiento, para

que no se quebrase ni rompiese; y las saetas íbanlas sacando y dábanlas

a quien todas y juntas las tuviese, hechas un haz. En llegando arriba la

imagen, poníanla en su lugar o silla donde había de estar, y el papelón

que ya estaba enrollado atábanle muy bien porque no se tornase a desen­

rollar, y poníansele delante del tabladillo en que estaba la imagen. Des­

pués            de        haber asentado           el         tabladillo sobre que estaba     la imagen en lo

alto del       cu  — y puesto           el         papelón           enrollado  junto al      tabladillo—     des­

cendían      todos los que le habían  subido y solamente  quedaban  allá los

que habían  de guardar,  que eran los sátrapas de los ídolos;  cuando lo

acababan  de  subir  ya  era  a  puestas  del  sol,  y luego  entonces  hacían

ofrendas a la imagen de tamales y otras comidas.                      

Otro  día,  en  amaneciendo,  cada  uno  en  su  casa  hacía  ofrenda  de

comida       a la imagen  del          mismo Huitzilopochtli,  que  tenía  en  su  casa,

y todos ofrecían sangre de codornices delante de la imagen que habían

puesto        en  el  cu.        Primero           comenzaba  el  señor:  arrancaba  la  cabeza  a

cuatro         codornices,      ofreciéndolas al          ídolo recién puesto, y luego ofrecían

los sátrapas y después todo el pueblo,  y en arrancando la cabeza a la

codorniz, arrojábanla delante del ídolo; allí andaba revolando hasta      que

se moría, y los escuderos y hombres de guerra del señor cogían las co­

dornices después de muertas y hacíanlas pelar y asar y salar, y dividíanlas

entre sí, parte de ellas al señor y parte a los principales y parte  a los

sátrapas,  y parte  a los escuderos.  Todos llevaban  braseros,  y en  el  cu

encendían lumbre y hacían brasa; llevaban también copalli y sus incen­

sarios de barro como cazos, agujerados y muy labrados, que ellos llamaban

tlemaitl;      llevaban también copal de todas las maneras, e iban precediendo

en las ceremonias  del  servicio  de  aquel  dios.  Los sátrapas,  llegando  a

cierto punto, tomaban todos brasas en sus incensarios y echaban  allí el

copal o incienso e incensaban  hacia la imagen de  Huitzilopochtli,       que

poco antes habían puesto en el cu;            no solamente en este lugar se hacía

fiesta          o          ceremonia,  pero también       en  todas las casas       de los dueños  de

 

ellas incensaban a todas las estatuas de los dioses que en sus casas tenían; acabado de incensar, echaban las brasas en un hogar redondo, dos palmos o casi alto, de tierra, que estaba en medio del patio, al cual

llamaban tlexictli.

 

En esta fiesta todas las doncellas se afeitaban las caras y componían con pluma colorada los brazos y las piernas, y llevaban todas unos pa­ peles puestos en unas cañas hendidas, que llamaban tetéuitl, el papel era pintado con tinta; otras, que eran hijas de señores o de personas ricas, no llevaban papel sino unas mantas delgadas que llamaban canaoac; también las mantas iban pintadas de negro a manera de vírgulas, de alto a bajo. Llevando en las manos estas cañas, con sus papeles o mantas altas, andaban la procesión con la otra gente, a honra de este dios, y también bailaban estas doncellas con sus cañas y papeles asidos con ambas manos, en derredor del fogón, sobre el cual estaban dos escuderos, teñidas las caras con tinta, que traían a cuestas unas como jaulas hechas de tea, en las orillas de las cuales iban hincadas unas banderitas de papel; y llevábanlas a cuestas, no asidas de la frente como las cargas de los hombres, sino atadas de los pechos como suelen llevar las cargas las mujeres; éstos, alrededor del fogón, en lo alto, guiaban la danza de las mujeres, bailando al modo que ellas bailan. También los sátrapas del templo bailaban con las mujeres; ellos y ellas bailando saltaban, y lla­ maban a este baile toxcachocholoa, que quiere decir saltar o bailar de la fiesta de tóxcatl.

 

Llevaban los sátrapas unas rodajas de papel en las frentes, fruncidas a manera de rosas de papel. Todos los sátrapas llevaban emplumadas las cabezas con pluma blanca de gallina, y llevaban los labios y parte de los rostros enmelados, de manera que relucía la miel sobre la tintura de la cara, la cual siempre traían teñida de negro. Los sátrapas llevaban unos paños menores que ellos usaban, de papel, que llamaban ama-maxtli, y llevaban en las manos unos cetros de palma, en la punta de los cuales iba una flor de pluma negra y en lo bajo una borla, también de pluma negra, por remate del cetro. A este cetro llamaban cuitlacuchtli, por razón de la borla que llevaba abajo en el remate. La parte por donde llevaban asidos estos cetros iba envuelta con un papel pintado de listas o rayas negras, y cuando éstos iban danzando llegaban al suelo con el cetro, como sustentándose en él, según los pasos que iban dando y los que hacían el son para bailar estaban dentro de una casa que lla­ maban calpulco, de manera que no veían los unos a los otros, ni los que bailaban a los que tañían ni los que tañían a los que bailaban. Estos que tañían estaban todos sentados; en medio de ellos estaba el atabal, y todos tañían sonajas y otros instrumentos que ellos usan en los areitos. Toda la gente del palacio y la gente de guerra, viejos y mozos, danzaban en otras partes del patio, trabados de las manos y culebreando, a manera de las danzas que los populares hombres y mujeres hacen en Castilla la Vieja. Entre éstos también danzaban las mujeres doncellas, afeitadas

 

y emplumadas de pluma colorada

todos          los        brazos y          todas las          piernas,

y llevaban  en  la  cabeza  puestos unos    capillejos         compuestos     en  lugar

de flores con maíz tostado, que ellos llaman        momochtli,      que cada grano

es como una  flor blanquísima.  Estos  capillejos  eran    a          la  manera  que

los capillejos de flores que usan las mozas en Campos, por mayo; llevaban

también  unos sartales de lo mismo colgados desde  el hombro hasta  el

sobaco, de ambas partes. A esta manera de danzar llaman tlanaua, que

quiere  decir           abrazado,        quinaua in Huitzilopochtli,  abrazan  a          Huitzilo­

pochtli. Todo esto se hacía con gran  recato y honestidad;  y si alguno

hablaba  o miraba  deshonestamente  luego  le  castigaban,  porque  había

personas puestas que velaban sobre esto. Estos bailes y danzas duraban

hasta la noche.                                                                                                                

Cuando por espacio de un año regalaban al mancebo que al principio

se dijo era imagen de Titlacauan,  y le mataban en el principio de esta

fiesta, juntamente criaban otro que llamaban       Ixteocale         y por otro nombre

Tlacauepan,            y por otro        Teicauhtzin,  y            andaban          ambos  juntos,  aunque

a éste no le adoraban como al otro ni le tenían en tanto. Acabadas todas

las fiestas ya dichas, y regocijos y ceremonias,  al cabo mataban  a este

Tlacauepan,            el cual era imagen de Huitzilopochtli;           para haberle de matar

componíanle           con  unos        papeles  todos pintados con  unas      ruedas  negras,

y poníanle  una  mitra  en  la  cabeza,  hecha  de  plumas  de  águila,  con

muchos penachos en la punta, y en medio de los penachos llevaba un

cuchillo de pedernal enhiesto y teñido la mitad con sangre. Iba adornado

este  pedernal  con  plumas  coloradas;  llevaba  en  las  espaldas  un  orna­

mento de un palmo en cuadro hecho de tela rala, el cual llamaban ycue-

chin,  atado con  unas  cuerdas  de  algodón  a los pechos,  y encima  del

ycuechin llevaba una teleguilla (a la cual) llamábanle     icpatoxin; llevaba

también en uno de los brazos otro ornamento de pellejo  de bestia fiera,

a manera de manípulo, que se usa en la misa; a éste llamaban ymatácax.

Llevaba también unos cascabeles de oro atados a las piernas,  como los

llevan  los  que  bailan.      Este,    así        adornado,        danzaba          con  los           otros    en

esta  fiesta  (y )  en  las      danzas  plebeyas         iba       delante,           gniando;          éste,     él

mismo y de su voluntad y a la hora que quería,   se ponía en las manos

de  los que  le  habían  de  matar;  aquellos  sátrapas  que  le  tenían  para

cuando le mataban, los llamaban  tlatlacanaualtin;          en las manos de éstos

le cortaban los pechos y le sacaban el corazón, y después le cortaban la

cabeza, y la espetaban en el palo que llamaban    tzompantli cabe la      del

otro mancebo de que dijimos al principio.  Este mismo día los sátrapas

del templo daban unas       cuchilladillas con navaja        de piedra  a los niños

y niñas, en el pecho, y en el          estómago,       y en     los       morcillos de los brazos

y en las muñecas; estas señales parece que eran como hierro del demonio,

con que herraba a sus ovejas, y los que ahora todavía hacen estas señales

no carecen de mácula de idolatría, si después del bautismo la recibieron.

Cada año en           esta fiesta        señalaban        a los     niños y niñas   con estas señales.

 

DE LA FIESTA Y SACRIFICIOS QUE HACIAN EN LAS CALENDAS DEL NOVENO MES, QUE  SE LLAMABA TLAXOCHIMACO

 

Al noveno mes llamaban tlaxochimaco. Dos días antes que llegase esta fiesta toda la gente se derramaba por los campos y maizales a buscar flores, de todas maneras de flores, así silvestres como campesinas, de las

 

cuales unas se llamaban acocoxóchitl, huitzitzilocoxóchitl, tepecempoal-xóchitl, nextamálxóchitl, tlacoxóchitl; otras se llaman oceloxóchitl, ca-caloxóchitl, ocoxóchitl, o ayacoxóchitl, quauheloxóchitl, xiloxóchitl, yo-lloxóchitl, tlalcacáloxóchitl, cempoálxóchitl, atlacuezonan, otras se llaman tlapalatlecuezonan, atzatzamulxóchitl; y teniendo juntas muchas de estas

 

flores, juntábanlas en la casa del cu donde se hacía esta fiesta, allí se guardaban aquella noche, y luego en amaneciendo las ensartaban en sus hilos o mecatejos; teniéndolas ensartadas hacían sogas gruesas de ellas, torcidas y largas, y las tendían en el patio de aquel cu, presentándolas a aquel dios cuya fiesta hacían. Aquella misma tarde, la vigilia de la fiesta, todos los populares hacían tamales y mataban gallinas y perrillos, y pelaban las gallinas y chamuscaban los perrillos, y todo lo demás que era menester para el día siguiente; toda esta noche, sin dormir, se ocupa­ ban en aparejar estas cosas. Otro día muy de mañana, que era la fiesta de Huitzilopochtli, los sátrapas ofrecían a este mismo ídolo flores, in­ cienso y comida y (lo) adornaban con guirnaldas y sartales de flores; habiendo compuesto esta estatua de Huitzilopochtli con flores y habién­ dole presentado muchas flores, muy artificiosamente hechas y muy olo­ rosas, hacían lo mismo a todas las estatuas de todos los otros dioses, por todos los cúes; y luego en todas las casas de los señores y principales ade­ rezaban con flores a los ídolos que cada uno tenía, y los presentaban otras flores, poniéndoselas delante, y toda la otra gente popular hacía lo mismo en sus casas.

 

Acabado de hacer lo dicho luego comenzaban a comer y beber en todas las casas de chicos, grandes y medianos; llegando a la hora del medio día, luego comenzaban un areito muy pomposo en el patio del mismo Huitzilopochtli, en el cual los más valientes hombres de la guerra, que se llaman unos otomin, otros quaquachictin, guiaban la danza, y luego tras ellos iban otros que se llaman tequiuaque, y tras ellos, otros que se llaman telpochiaque, y tras ellos otros que se llaman tiachcauan, y luego los mancebos que se llaman telpopochtin. También en esta danza entraban mujeres, mozas públicas; e iban asidos de las manos, una mujer entre dos mujeres, a manera de las danzas que hacen en Castilla la Vieja la gente popular; y danzaban culebreando y can­ tando, y los que hacían el son para la danza, y los que regían el canto estaban juntos, arrimados a un altar redondo que llamaban momoztli. En esta danza no hacían ademanes ningunos con los pies ni con las manos, ni con las cabezas, ni hacían vueltas ningunas, más de

 

ir con pasos llanos al compás del son y del canto, muy despacio; nadie osaba hacer ningún bullicio, ni atravesar por el espacio donde danzaban; todos los danzantes iban con gran tiento, que no hiciesen alguna diso­ nancia. Los que iban en la delantera, que era la gente más ejercitada en la guerra, llevaban echado el brazo por la cintura de la mujer, como abrazándola; los otros que no eran tales no tenían licencia de hacer esto. A la puesta del sol cesaba este areito y se iban todos para sus casas, y lo mismo hacían en cada casa, cada uno delante de sus dioses; había gran ruido en todo el pueblo por razón de los cantares y del tañer de cada casa. Los viejos y viejas bebían vino y emborrachábanse, y reñían unos con otros a voces y otros se jactaban de sus valentías, que habían hecho cuando mozos. Aquí se acaba la relación de la fiesta que se llamaba tla-

xochimaco.

 

(Lib. II, cap. xxviii)

 

 

DE LA FIESTA Y SACRIFICIOS QUE HACIAN EN LAS CALENDAS  DEL  DECIMO  CUARTO  MES,  QUE  SE LLAMABA  QUECHOLL1

 

Al mes décimo cuarto llamaban quecholli. Salido el mes pasado, en cinco días no se hacía ceremonia ninguna ni fiesta en los cúes, todo estaba en calma lo que toca al servicio de los dioses. Al sexto día juntábanse los que tenían cargo de los barrios; mandaban que se buscasen cañas para hacer saetas, y cada uno de los soldados traía una carga de cañas y todos juntos, del Tlatelolco y de México, ofrecían todas aquellas cañas a Huitzi-lopochtli; poniéndolas en el patio, delante del cu de este dios; luego allí las repartían a la otra gente, y cada uno llevaba a su casa las que le cabían. Otro día venían al patio de Huitzilopochtli todos los que habían llevado cañas, para enderezar las cañas al fuego; este día no se hacía más de enderezar cañas y volvíanlas a sus casas. Otro día siguiente vol­ vían con ellas al patio de Huitzilopochtli y venía toda la gente, chicos y grandes, no quedaba nadie, y a todos los muchachos subíanlos al cu de Huitzilopochtli; allí los hacían tañer con los caracoles y cornetas, y les hacían cortar las orejas y sacaban sangre y untábanlos por las sienes y por los rostros. Llamábase este sacrificio momazaizo; porque lo hacían en me­ moria de los ciervos que habían de ir a cazar. Desque se juntaban todos

juntos en el patio de Huitzilopochtli, los tenochcas y los tlatilulcas; en una

parte se ponían los tenochcas y en otra los tlatilulcas, y comenzaban a hacer saetas; a este día llamaban tlacati in tlacochtli. En este día todos hacían penitencia, todos sacaban sangre de las orejas cortándose, y si algu­ no no se sangraba de las orejas, tomábanle la manta los que tenían cui­ dado de recoger la gente, que llamaban tepan mani; nunca más se la daban. Y los días que entendían en hacer estas saetas nadie dormía

 

con mujer y nadie bebía puícre. Todas las saetas eran hechas a una medida, y los casquillos, que eran unas puntas tan largas como un jeme, hechas de roble, eran también todas iguales; todos cortaban las cañas a una medida, cortadas dábanlas a los que les ponían las puntas y aqué­ llos atábanlas muy bien con ixtli, con hilos de nequen muy bien torcidos, porque no se hendiesen al meter de las puntas; metían engrudo en el agujero de la caña y luego la punta sobre el engrudo; en poniéndola la punta como había de estar untaban con resina la atadura de la caña y también al cabo donde había de herir la cuerda del arco. En acabando de aparejar las saetas hacíanlas luego hacecillos de veinte en veinte y luego se ordenaban como en procesión; llevaban hacecillos todos a poner­ los y presentábanlos delante de Huitzilopochtli. Allí las ponían todas juntas, (y ) en acabándolas de poner íbanse a sus casas.

 

Al cuarto día llamaban calpcm nemitilo, que quiere decir el día que se hacen saetas particulares para jugar con ellas, para ejercitarse en el tirar, y ponían por blanco una hoja de maguey y tirábanla; aquí parecían quienes eran los más certeros en tirar. Al quinto día hacían unas saeticas pequeñas, a honra de los difuntos, eran largas como un jeme o palmo y poníanlas resina en las puntas, y en el cabo el casquillo era de un palo; de por aquí ataban cuatro saeticas y cuatro teas con hilo de algo­ dón flojo, y poníanlas sobre las sepulturas de los difuntos; también ponían juntamente un par de tamales dulces; todo el día estaba esto en las sepulturas y a la puesta del sol encendían las teas, y allí se quemaban las teas y las saetas. El carbón y ceniza que de ellas se hacía enterrá­ banlo sobre la sepultura del muerto, a honra de los que habían muerto en la guerra. Tomaban una caña de maíz, que tenía nueve nudos, y ponían en la punta de ella un papel como bandera, y otro largo que colgaba hasta abajo (y ) al pie de la caña ponían la rodela de aquel muer­ to, arrimada con una saeta; también ataban a la caña la manta y el maxtle; en la bandera señalaban con hilo colorado un aspa de ambas partes, y también labraban el papel largo con hilo colorado y blanco, torcido desde arriba hasta abajo, y del hilo blanco colgaban el pajarito que se llama huitzitzilin, muerto. Hacían también unos manojitos de plu­ mas blancas del ave que llaman áztatl, atadas de dos en dos, y todos los hilos se juntaban y los ataban a la caña; estaban forrados los hilos con pluma blanca de gallina pegado con resina; todo esto lo llevaban a quemar a un pilón de piedra que se llamaba quauhxicalco. Al sexto día llamaban zacapanquixoa, y llamábanle de esta manera porque en el patio del cu del dios que llaman Mixcóatl tendían mucho heno, que le traían de las montañas, y sobre el heno se sentaban las mujeres ancianas que servían en el cú, que se llamaban cihuatlamacazque; delante de ellas tendían un petate (y ) luego venían todas las mujeres que tenían hijos o hijas y traíanlos consigo; éstas traían cada cinco tamales dulces, y echábanlos sobre el petate delante de las viejas, y luego daban cada una su hijo, a alguna de aquellas viejas, y la vieja que le tomaba brincábale en los

 

brazos, y hecho esto dábanlos a sus madres e íbanse a sus casas. Esto se comenzaba a la mañana, y se acababa a la hora de comer los tamales (que) tomaban las viejas para su comer.

 

Al onceno día de este mes iban a hacer una caza a aquella sierra que estaba encima de Atlacuihuayan, y ésta era fiesta por sí, de manera que en este mes había dos fiestas, la que está dicha y la que comienza. Esta montaña o ladera donde iban a cazar llamaban Zacatépec, y llamá­ banle también Ixillantonan. El día que llegaban a esta ladera descansa­ ban allí aquella noche en sus cabañas de heno; hacían hogueras para dormir aquella noche. A diez días del mes arriba dicho hacían fiesta al dios de los otomíes llamado Mixcóatl, en el modo que se sigue. Otro día de mañana almorzaban todos; habiendo almorzado aderezábanse todos para la caza, ceñían sus mantas a los lomos y poníanse todos en ala. No solamente los mexicanos iban a esta caza, pero también los de Quauh-titlan, y de Quauhnáhuac, y Coyoacan y otros pueblos comarcanos. Todos llevaban arcos y saetas, e íbanse juntando poco a poco, acorralando la caza, que eran ciervos y conejos, y liebres, y coyotes; cuando ya estaba junta la caza arremetían todos y tomaba cada una lo que podía; pocos animales de aquellos se escapaban, o casi ninguno. Habiendo tomado los animales íbase cada uno para su pueblo, y los que tomaron alguna caza, matábanla, y llevaban la cabeza consigo: y los que cazaban algunos animales dábanlos mantas por ligeros y osados; también los daban comida. En acabando la caza luego se iban a sus casas. Todas las cabezas de los animales que habían tomado las cuales llevaban, colgábanlas en sus casas.

 

En el sexto día, que se llamaba zacapan quixoa, dábanles aderezos de papel a los esclavos que habían de matar a honra del dios Tlamatzíncatl, y a honra del otro dios que se llamaba Izquitécatl; estos esclavos (los) compraban los que hacen pulcre, y los que hacían pulcre para Moteccu-zoma. Estos morían a honra de aquellos dioses ya dichos. Otros dos esclavos que mataban a honra del dios Mixcóatl y de su mujer que se llamaba Coatlicue, comprábanlos los calpixques. Allende de estos hom­ bres que mataban a honra de Tlamatzíncatl, mataban muchas mujeres a las cuales llamaban Coatlicue, y eran sus mujeres de Tlamatzíncatl, y de Izquitécatl; también a estas mujeres las componían con sus papeles. Llegada la fiesta que era el último día de este mes, daban una vuelta a todos los que habían de morir, trayéndolos en procesión por alrededor del cu. Pasado el mediodía llevábanlos al cu donde los habían de matar, y traíanlos en procesión alrededor del tajón donde los habían de matar, y tornábanlos a descender abajo y llevábanlos a la casa del calpulco; allí los hacían velar toda la noche. Y a la medianoche, delante del fuego cortábanles los cabellos de la coronilla; luego los esclavos quemaban sus hatos, que eran una banderilla de papel y su manta, y su maxtle, y algu­ nos quemaban las sobras de las cañas de humo y sus vasos que tenían para beber; todo lo quemaban allí en el calpulco; y las mujeres también quemaban todos sus hatos y sus alhajas, su petaquilla y sus husos y la

 

greda con que hilaban, y los vasitos sobre que corre el huso, y el ordidero y las cañas, y el tupidero con que tejían, y los lizos y el ataharre, y los cordeles con que atan la tela para que esté alta, y la caña para tupir y las espinas o puntas de maguey, y la medida para tejer, con todas las otras baratijas, todo lo quemaban las mismas cuyo eran. Decían que todas estas alhajas que quemaban se las habían de dar en el otro mundo donde iban después de la muerte. Esto se hacía la vigilia de la fiesta; el día en amaneciendo, componíanlos luego con sus papeles con que habían de morir, y luego los llevaban al lugar de la muerte; subíanlos por las gradas del cu a cada uno dos mancebos, uno de un brazo y otro de otro porque no desmayasen ni cayesen, y otros dos los bajaban después de muertos por las gradas abajo; a cada uno de ellos le llevaba uno, una bandera de papel delante, cada uno de estos esclavos iba con esta com­ pañía; cuando subían por las gradas del cu llevaban delante de todos cuatro cautivos atados de pies y manos, los cuales habían atado en el recibimiento del cu, que se llamaba Apétlac, que es donde comienzan las gradas. A cada uno llevaban cuatro, dos por los pies y dos por los brazos, llevábanlos boca ariba; llegados arriba echábanlos sobre el tajón y abríanles los pechos, y sacábanles los corazones. Subíanlos a éstos de esta manera en significación que eran como ciervos, que iban atados a la muerte. Los demás esclavos iban por su pie. Habiendo muerto a todos éstos a la postre mataban a la imagen del dios Mixcóatl, porque todos ios mataban en su cu; y a los que eran del dios Tlamatzíncatl también los mataban en su cu; subíanse de su cu y iban al tajón donde los mata-ban en el cu de Tlamatzíncatl. Las mujeres matábanlas en otro cu que llamaban Coatlan, antes que a los hombres, y las mujeres cuando subían las gradas unas cantaban y otras gritaban, y otras lloraban; iban lleván­ dolas por los brazos algunos hombres porque no desmayasen, y después que las habían muerto no las arrojaban por las gradas abajo, sino des­ cendíanlas rodando poco a poco.

 

Estaban abajo, cerca del lugar donde espetaban cabezas, dos mujeres viejas que llamaban teixamique; tenían cabe sí unas jicaras con tamales y una salsa de molli en una escudilla, y en descendiendo a los que habían muerto, llevábanlos a donde estaban aquellas viejas, y ellas metían en la boca a cada uno de los muertos cuatro bocadillos de pan, mojados en la salsa, y rociábanlos las caras con unas hojas de caña mojadas en agua clara; y luego los cortaban las cabezas los que tenían cargo de esto y las espetaban en unos varales, que estaban pasados por unos maderos como en lancera. Hecho todo esto se acababa la fiesta y se iban todos a sus casas. Esta relación de lo que pasaba en esta fiesta.

 

(Lib. II, cap. xxxiii)

 

DE LA FIESTA Y CEREMONIAS QUE  SE HACIAN EN LAS CALENDAS DEL DECIMO SEXTO MES, QUE SE LLAMABA ATEMOZTLI

 

Al mes décimo sexto llamaban atemoztli, que quiere decir descendimiento de agua, y llamábanle así porque en este mes suelen comenzar los true­ nos, y las primeras aguas allá en los montes; y decía la gente popular: ya vienen los dioses Tlaloque. En este tiempo los sátrapas de los Tlálo-que andaban muy devotos y muy penitentes, rogando a sus dioses por el agua y esperando la lluvia; comenzando a tronar y a hacer señales de lluvia, luego estos sátrapas tomaban sus incensarios, que eran como unas cucharas grandes agujeradas, llenas de brasas, y los astiles largos delgados y rollizos y huecos, y tenían unas sonajas dentro y el remate que era una cabeza de culebra, en estos incensarios sobre las brasas echa­ ban su incienso, que llaman yiauhtli, y comenzaban luego a hacer ruido con las sonajas que estaban en el astil, moviéndole acá y allá, y comen­ zaban luego a incensar todas las estatuas de los cues , y de los tlaxilacales; con estos servicios demandaban y esperaban la lluvia. La otra gente, por amor del agua, hacían votos de hacer las imágenes de los montes. Cinco días antes de llegar a esta fiesta compraban papel y ulli y nequen y navajas, y con mucha devoción aparejábanse con ayunos y penitencia para hacer las imágenes de los montes y para cubrirlas con papel. En estos tiempos aunque se bañaban, no (se) lavaban la cabeza sino sólo el pescuezo; absteníanse los hombres de las mujeres y las mujeres de los hombres. La noche de la vigilia de la fiesta para amanecer a la fiesta de atemoztli, que era a los veinte días de este mes, toda la noche gastaban en cortar papeles de diversas maneras (y) a estos papeles así cortados llamaban tetéuitl ; cortados estos papeles, pegábanlos a unos varales gran­ des, desde abajo hasta arriba a manera de bandera — todos estos pape­ les estaban manchados de ulli— , y después hincaban este varal en el patio de su casa, cada uno, y allí estaba todo el día de la fiesta; y éstos que hacían el voto de hacer las imágenes convidaban a los ministros de los ídolos, para que viniesen a sus casas a hacer los papeles con que habían de componer a las imágenes de los montes, y hacíanlas en su monasterio que se llama calmécac. Después de haberlas hecho llevában­ las a las casas de los que habían votado y llevaban también su teponaztli y sus sonajas, y la concha de la tortuga para tañer en llegando; luego componían las imágenes que estaban hechas de masa de bledos; algunos tenían hechas cinco, algunos diez y otros quince; eran las imágenes de los montes, sobre que las nubes se arman, como es el Volcán, la Sierra Nevada y la Sierra de Tlaxcala, etc., y otras de esta manera. Después de haber compuesto estas imágenes poníanlas en orden en el oratorio de la casa, y luego ponían comida a cada una por sí, y delante de ellas sentábanse, y los tamales que las ponían eran muy chiquitos, conforme a las imágenes que eran muy pequeñitas, poníanlos en unos platillos

 

pequeñuelos y unos cajetillos con un poquito de mazamorra, y también

 

unos tecomates  pequeñitos  (en ) que  cabía        (u n )    poquito  de  cacaóatl;

en una noche les presentaban comida de esta manera, cuatro veces; tam­

bién les ponían dos tecomates de calabaza verde que se llama tzilacayotli,

henchíanlos de pulcre, y toda la noche estaban cantando delante de ellos.

Tañían sus flautas, y no tañían los flauteros sino unos mancebillos que

buscaban para  esto,  y dábanlos de comer;  hecho todo esto,  en  amane­

ciendo los ministros de los ídolos, damandaban a los dueños de la casa

aquel instrumento  para tejer que  llaman  tzotzopaztli, y metíanselo por

los pechos a las imágenes de los montes, como matándolas, y cortábanles

el cuello y sacábanles el corazón, y luego lo daban al dueño de la casa

puesto  en  una  jicara  verde.  Habiendo  ya        muerto  como  está  dicho  a

todas aquellas imágenes o estatuas, quitábanles los papeles con que esta­

ban aderezadas, y todos juntos los quemaban en el patio de la casa, y con

ellos quemaban también los cajetillos de la comida y todos los petates de

juncias verdes con que estaban adornadas aquellas imágenes, y todas las

alhajas en que habían puesto comida y bebida a las imágenes o estatuas;

todo lo llevaban a los oratorios que llaman ayauhcálco, que estaban edi^

ficados a la orilla del agua.                                              

Hecho  esto luego  se juntaban  los  convidados  y comían  y bebían  a

honra de las estatuas muertas,  que  se llamaban  tepeme.  Luego ponían

delante comida  a cada  uno  por sí; habiendo  comido dábanles  a beber

pulcre. Y las mujeres que entraban en este          convite            todas llevaban maíz

o mazorcas de maíz,  en los almantos25, ninguna iba  sin llevar algo,  o

mazorcas de maíz hasta quince  o veinte;  entrando  estábanse  aparte,  y

dábanlas allí comida a cada una por sí, y también a beber pulcre;          tenían

este pulcre  en  unos  cangilones  prietos  (y )      bebían  tomando  el    pulcre

de los cangilones con unas tazas negras. Acabando el convite cogían los

papeles de los varales,  que estaban puestos en los patios,  que llamaban

tetéuitl, y llevábanlos a ciertos lugares del          agua que  estaban señalados

con unos maderos hincados,  o a las alturas  de los montes.  Este  es el

remate de esta fiesta y la conclusión de la relación          de atemoztli.  

                               (Lib.  II,  cap. xxxv)

 

DE LA FIESTA Y CEREMONIAS QUE SE HACIAN EN LAS CALENDAS DEL DECIMO OCTAVO MES, QUE SE LLAMABA 1ZCALLI

 

Al décimo octavo mes llaman izcalli. A los diez días de este mes hacían tamales de hojas de bledos, muy molidas. Decían a esta fiesta motlaxquian

 

25   El sentido de la palabra resulta obscuro, pues podría tal maíz destinarse a semilla, o ser llevado en alguna prenda de vestir que quiso particularizar el autor. Jourdanet la tomó por “almario”, lo cual complica su comprensión. (Pág. 158 de la edición francesa). (R.C.).

 

tota, que quiere decir: nuestro padre el fuego tuesta para comer. Hacían

 

la estatua del dios del fuego de arquitos y palos atados unos con otros,

que ellos llaman colotli, que quiere decir cimbria o modelo. Poníanle una

carátula de  obra de mosaico;  era  toda labrada  de turquesas,  con unas

bandas de piedras que se llaman chalchihuites, atravesadas por la cara;

era muy hermosa esta máscara, y resplandeciente; poníanle una corona

que la llamaban quetzalcómitl,     era hecha de plumas ricas,  era angosta,

conforme al redondo de la cabeza en lo de abajo, pero íbase ensanchando

hacia arriba; estaban las plumas arriba muy paradas, bien así como cla­

vel  que está           enredado de cañas y ariba están paradas todas las flores,

por encima de las cañas; llevaba también esta corona dos plumajes, uno

de   la parte            izquierda y otro a la parte derecha,  que salían de junto a

las   sienes a           manera de cuernos inclinados hacia adelante; en el remate

de ellos iban muchas plumas ricas que llaman quetzalli,  que salían de

unos vasos hechos a manera de jicara chiquita:  estos plumajes o cuernos

se llamaban            quamamalitli. Llevaba esta corona cosida por la parte trasera

y baja una cabellera de cabellos rubios que colgaba sobre las espaldas;

eran estos cabellos cercenados      por la parte de abajo, muy iguales,    (y )

parecía que estos cabellos salían de debajo la corona y que eran naturales.

Ponían  a esta estatua  un  ornamento  de  plumas  muy  ricas,  plegado al

cuello, tan ancho como todos       los pechos, que descendía hasta los pies,

del mismo anchor; y aunque sobraba sobre los pies más de dos palmos,

que se tendían delante los pies, era hecho de tal manera este ornamento

que cualquiera aire que corriese por poco que fuese le meneaba y levan­

taba,  y todas las plumas resplandecían  y parecían  de  diversos colores.

Estaba sentada esta estatua en un trono de un cuero de tigre que tenía

pies y manos y cabeza natural,      aunque estaba seco,  (y )  esta estatua así

adornada no lejos de un hogar que estaba delante de ella; a la media

noche sacaban  fuego nuevo,  para  que  ardiese  en  aquel  hogar,  y sacá­

banlo con unos palos, uno puesto abajo y sobre él barrenaban con otro

palo como torciéndole entre las manos con gran prisa, y con aquel movi­

miento y calor se encendía el fuego: y allí lo tomaban con yesca y encen­

díanlo en el hogar.             

A la mañana, en amaneciendo, venían todos los muchachos y mance-

billos trayendo todos la caza que habían tomado el día antes, y ordená­

banse todos en rende e iban delante los viejos, que estaban allí juntos

a la casa de calpulli, donde estaba la estatua, y ofrecían las aves que traían

cazadas, de todo género, y también peces y culebras y otras sabandijas

del agua; y recibiendo estas ofrendas los viejos echábanlas en el fuego,

que era grande y ardía delante de la estatua. Las mujeres, toda la gente

se ocupaba en hacer unos tamales que llaman huauhquiltamalli, y tam­

bién en amaneciendo los iban a ofrecer delante la estatua, y así estaba

gran cantidad de ellos delante la estatua; y como los muchachos ofrecían

la    caza  que         traían,  entraban         así  como  iban  ordenados  y  daban una

vuelta en  rededor del fuego y cuando pasaban cabe  el fuego,  estaban

 

otros viejos que daban a cada uno de los muchachos un tamal, y así se tornaban a salir los muchachos por su orden. A estos tamales los llamaban también chálchiúhtamálli. Toda la gente, y en todas las casas se hacían estos tamales, y convidábanse unos a otros con ellos; a porfía trabajaban cual por cual haría primero estos tamales; y la que primero los hacía iba luego a convidar con ellos a sus vecinos, para mostrar su mayor dili­ gencia y su mayor urbanidad. La vianda que se comía con estos tamales eran unos camarones que ellos llaman acociltin, hechos con un caldo que ellos llaman chalmulmulli, y todos comían en sus casas esta comida, muy caliente y tras el fuego; y las camisillas de maíz con que estaban envuel­ tos los tamales, cuando se las quitaban para comerlos no las echaban en el fuego sino juntábanlas para echarlas en el agua. En acabando de comer esta comida, luego bebían pulcre los viejos del barrio, en la casa del calpulco donde estaba la estatua, y llamaban esta bebida texcalceuia; bebían y cantaban delante de la imagen de Xiuhtecutli hasta la noche.

 

Esta es la relación de la fiesta que llamaban huauhquiltamalquáliztli. Lo que está dicho arriba se hacía a los diez días de este mes y a los veinte días del mismo mes hacían otra vez la estatua del dios del fuego, de palillos y círculos atados unos con otros, como arriba se dijo; acabada de hacer la estatua poníanla una carátula o máscara hecha de mosaico, de pedacitos de conchas que llaman tapachtli; la barba hasta la boca tenía esta máscara de piedras negras, que llamaban teótetl ; también tenía una banda de piedras negras que atravesaba las narices y ambos los ros­ tros (que) era hecha de unas piedras que llaman tezcapoctli; poníanle en la cabeza una corona de plumajes ricos, que estaban alrededor de la cabeza, y del medio salían muchos quetzales ricos y altos; colgaban de esta corona sobre las espaldas unas plumas verdes muy preciosas; tenía aquella corona adornado el chapitel de unas plumas muy negras, que resplandecían de negras — que crían las gallinas y los gallos en el pes­ cuezo— , y entrepuestas unas pestañas de plumas peladas, que parecían como pestañas de tafetán; poníanle una pieza hecha de plumas de papa­ gayos plegada al cuello, (que) era tan ancha que tomaba de un hombro a otro y colgaba hasta los pies, y aun arrastraba; era igualmente ancha desde arriba hasta abajo. Estando adornada esta estatua que llamaban Milíntoc, y sentada en su trono, ofrecíanle harina de maíz; esta harina revolvían con agua caliente (y ) de esta masa hacían unos panecillos pequeños; echábanles en el medio frijoles como empanados, no molidos, y luego iban a ofrecer delante la estatua; cada uno llevaba cinco de aquellos panecillos, que poníanlos a los pies de la estatua. También los muchachos y mancebillos puestos por orden traían su caza, y dábanla a los viejos, y los viejos echábanla en el fuego que ardía delante la esta­ tua; esta caza era de aves y culebras y otras sabandijas, y las pequeñas culebras y las pequeñas aves quemábanse del todo en el fuego, y las grandes culebras y las grandes aves desque estaban asadas sacábanlas y echábanlas allí a la orilla del fuego; y después que se templaban comían­

 

las los viejos que se llamaban calpuleque. Y los muchachos como iban

 

ofreciendo daban vuelta alrededor del fuego y a la pasada daban, a cada

uno,  uno  de  los  panecillos  que  habían  ofrecido  los  cuales  llamaban

macuextlaxcalli. Acabando de comer estos panecillos, y la demás comida,

luego los viejos bebían pulcre; esta bebida llamaban       texcalceuilo (y la)

bebían allí, en el mismo oratorio, donde estaba la estatua del Milíntoc,

que llaman  calpulco,  y los que hacían  vino de maguey  que  llamaban

tlachique o tecutlachique, tenían cargo de traer el pulcre para beber de

su voluntad; iban,  traíanlo en  sus jarros o jicaras,  y echábanlo  en  un

lebrillo que estaba allí,  delante la  estatua.  Los que        bebían este pulcre

no se emborrachaban. Estas dos ceremonias dichas no se hacían en todas

partes, sino por aquí por Tlatelolco.                                            

Acabado este mes,  los cinco días que se siguen son sobrados de los

trescientos y sesenta ya dichos, los cuales todos de veinte en veinte están

dedicados a algún dios; estos cinco días a ningún dios están       dedicados,

y por esos los llaman nemcmtemi,            que quiere decir que están por de más

y teníanlos por aciagos; ninguna   cosa hacían en  ellos.  Los     que  nacían

en estos días teníanlos por mal afortunados; ningún signo los aplicaban.

Tres años arreo hacían lo que arriba está dicho, en este mes y en esta

fiesta; pero al cuarto año hacían otras muchas cosas, según que se sigue.

Este cuarto año mataban muchos esclavos, como imágenes del dios del

fuego, que llamaban Ixcozauhqui o Xiuhtecutli, y cada uno de ellos iba

con su mujer, que también había de morir. Este cuarto año,  el último

día de este mes, en amaneciendo llevaban a los que habían de morir al

cu donde los habían de matar; las mujeres que habían de morir llevaban

todas sus hatillos y todas sus alhajas a cuestas, y los hombres lo mismo;

los papeles con que habían de morir no los llevaban vestidos, mas llevá-

banselos  uno  delante,  puestos  en          una      trípoda,  que    era  un globo   que

tenía  tres  pies  sobre  que  estaba            (y )      sería  medio    estado  de  alto           esta

trípoda; sobre el globo iban compuestos estos papeles y colgados,  y uno

llevaba esta trípoda delante del mismo esclavo a quien se los habían de

vestir y, llegando al cu donde habían  de morir,  componíanlos con sus

papeles en la forma del dios Ixcozauhqui, así a los hombres como a las

mujeres, y por su orden subíanlos al cu.   Llegados arriba daban vuelta por

delante del tajón donde los habían de matar, y tornábanlos a descender

por su orden y llevábanlos al calpulco y descomponíanlos de los papeles y

metíanlos  en  una  casa;  y  guardábanlos  con  gran  diligencia,  y  a  los

hombres  ataban  unas  sogas por medio  del  cuerpo,  y cuando  salían  a

orinar, los que los guardaban teníanlos por la soga porque no se huyesen.

Y llegada la media noche cortábanles los cabellos de la coronilla de la

cabeza,  delante  del  fuego,  para guardar por reliquias;  habiéndoles cor­

tado los cabellos echábanles una bilma en toda la cabeza, con resina  y

plumas  de  gallina blanca,  así  a los hombres  como  a las  mujeres.  En

aquella noche nadie dormía; luego quemaban sus hatillos y       alhajas allí

en el calpulco y, habiéndolos quemado, tornaban otra vez a encerrar(los).

 

Algunos de ellos no quemaban sus hatos sino los daban de gracia (a ) sus parientes. Y luego en amaneciendo componían a los que habían de morir con sus papeles, y luego los llevaban en procesión al lugar donde habían de morir; iban bailando y cantando hasta el cu y daban muy grandes voces; este canto y este baile duraba hasta después de mediodía, y pasando el mediodía luego bajaba del cu un sátrapa vestido con los ornamentos del dios Páinal, y pasaba por delante de los que habían de morir y luego tornaba a subir al cu y luego los cautivos iban tras él subiendo por el cu arriba, porque ellos habían de morir primero. Ha­ biendo muerto a los cautivos luego mataban a los esclavos que eran imá­ genes del dios Ixcozauhqui, que era el dios del fuego, y después que todos habían muerto estaban aparejados los señores principales para comenzar su areito, muy solemne, y luego le comenzaban y el que guiaba era el señor; llevaban todos en la cabeza unas coronas de papel como medias mitras, solamente llevaban la punta delante, sin la de atrás; llevaban en las narices un ornamento de papel azul, hecho como media mitra pequeñita que embestía la nariz y colgaba hasta la boca, era como corona de la boca; llevaban orejeras hechas de turquesas, de obra de mosaico; otros que no alcanzaban estas orejeras llevábanlas de palo, la­ bradas con flores; llevaban una jaqueta pintada de color azul, de unas flores curiosas; llevaban por joyel colgado al cuello una figura de perro, hecha de papel y pintada de flores, y llevaban unos maxtles con unas bandas negras en los cabos, que colgaban; y llevaban en las manos unos palos a manera de machetes, la mitad de ellos teñido con colorado y la mitad blanco, desde el medio arriba de colorado y desde el medio abajo de blanco; de la mano izquierda llevaban colgada una taleguilla de papel con copal. El principio de este baile era en lo alto del cu, adonde estaba el tajón, y habiendo bailado un poco descendían abajo, al patio del cu, y daban vueltas bailando al patio, las cuales acabadas luego se deshacía el areito y entrábanse en el palacio real acompañando al señor. Este baile se llamaba netecuitotilo, porque en él nadie había de bailar sino el señor y los principales: hacíase de cuatro en cuatro años tan solamente.

 

En este mismo día agujeraban las orejas a todos los niños y niñas que habían nacido en los tres años pasados; agujerábanselas con un punzón de hueso y después se las ensalmaban con plumas de papagayo, con las muy blandas que parecen algodón, que se llama tlachcáiotl, y con un poco de ocótzotl, y cuando esto se hacía los padres y madres de los mu­ chachos y muchachas buscaban padrinos y madrinas, que ellos en su lengua llaman tíos y tías, tetla, teaui, para que los tuviesen cuando agu­ jeraban las orejas; y ofrecían entonces harina de una semilla que llaman chían, y a los padrinos y madrinas dábanles al hombre una manta leo­ nada o bermeja, y a la madrina daban su huípil. Acabándolos de horadar las orejas, llevábanlos los padrinos y madrinas a rodearlos por las llamas de un fuego que tenían aparejado para esto, que en el latín se dice

 

lustrare, que es ceremonia que la Sagrada Escritura reprehende.  Había

 

gran vocería de los muchachos y muchachas por el agujeramiento de las

orejas. Hecho esto íbanse a sus casas y allá comían los padrinos y ma­

drinas, todos juntos, y cantaban y bailaban, y      al mediodía     los padrinos

y madrinas iban otra vez al cu y llevaban a sus ahijados y ahijadas, tam­

bién llevaban pulcre en sus jarros. Luego comenzaban un areito, y bai­

lando traían  a cuestas sus ahijados y ahijadas, y dábanlos a beber del

pulcre que llevaban con unas tacitas pequeñitas, y por esto llamaban a

esta fiesta la borrachera de los niños y niñas;       duraba este      baile hasta

la tarde. Entonces se iban  a sus casas y en el patio de    sus       casas hacían

el mismo areito, y todos los de casa y los vecinos bebían           pulcre. También

hacían otra ceremonia, que tomaban con las manos a los niños y niñas

apretándoles por las sienes  (y )  los levantaban  en alto;  decían  que así

los hacían crecer,  y por esto llamaban  a esta     fiesta izcalli,    que quiere

decir  crecimiento.  Esta  es          la  relación  de  esta    fiesta,  aunque hay  otra

más copiosa que se pondrá           adelante.                                            

                               (Lib. II, cap. xxxvii)

 

 

RELACION DE LA FIESTA QUE SE HACIA DE OCHO EN  OCHO AÑOS

Hacían estos naturales una fiesta de ocho en ocho años,  a la cual lla­

maban atamalqualiztli,  que quiere decir ayuno de pan  y agua,  (pues)

ninguna  otra          cosa     comían  en  ocho días  sino  unos  tamales  hechos  sin

sal,  ni bebían         otra      cosa     sino agua        clara.  Esta  fiesta  algunos     años caía

en el mes que se llama       quecholli,        y otras veces en el mes que se llama

tepéilhuitl. Antes de esta fiesta ayunaban todos ocho días a pan y agua,

como está dicho; a los tamales que comían estos días llamaban atamalli,

porque ninguna  cosa mezclaban con  ellos cuando los hacían    ni         sal ni

otra cosa, sino sola agua, ni cocían           el maíz con sal, sino con        sola      agua,

y todos comían al medio día; y si alguno no ayunaba castigábanle por

ello.  Tenían  en  gran  reverencia  este ayuno,  y en  gran  temor,  porque

decían que los que no le ayunaban, aunque secretamente comiesen y no

lo supiese nadie,  dios les castigaba hiriéndolos con lepra.  A esta fiesta

llamaban ixnextiua,           que quiere decir buscar ventura; en esta fiesta decían

que bailaban           todos   los dioses y así todos los que bailaban se ataviaban

con diversos personajes, unos tomaban personajes de aves, otros de ani­

males y así unos se tansfiguraban como tzintzones, otros como mariposas,

otros como abejones,  otros como moscas,  otros como  escarabajos;  otros

traían a cuestas un hombre durmiendo,  que decían era el sueño; otros

traían  unos sartales de tamales  que llaman  xocotamalli ; otros  de  otros

tamales que llaman            nacatamalli. Otros tenían comida de tamales y otras

cosas, y dábanlas a los pobres, y también tomaban personajes    de pobres,

 

como son los que traen a cuestas leña a vender, y otros que traen ver­ dura a vender; y también tomaban personajes de enfermos, como son los leprosos y bubosos; otros tomaban personajes de aves como de búhos, y de lechuzas y otras aves. Estaba la imagen de Tláloc en medio del areito, a cuya honra bailaban y delante de ella estaba una balsa de agua donde había culebras y ranas, y unos hombres que llamaban mazateca estaban a la orilla de la balsa y tragábanse las culebras y las ranas vivas; tomábanlas con las bocas, y no con las manos y cuando las habían to­ mado en la boca íbanse a bailar; íbanlas tragando y bailando, y el que primero acababa de tragar la culebra o rana, luego daba voces diciendo: ¡papa, papa! Bailaban alrededor del cu de este dios, y cuando iban bai­ lando y pasaban por cerca de los cestos que llamaban tonaca cuezcómatl, dábanles de los tamales que estaban en los cestos. Y las viejas que estaban mirando este areito lloraban, acordándose que antes que otra vez se hiciese aquella fiesta serían muertas. Decían que este ayuno se hacía por dar descanso al mantenimiento, porque ninguna cosa en aquel ayuno se comía con el pan, y también decían que todo el otro tiempo fatigaban al mantenimiento o pan, porque lo mezclaban con sal, cal y salitre, y así lo vestían y desnudaban de diversas libreas, de que se afrentaba y se envejecía, y con este ayuno se remozaba; y el día siguiente después del ayuno se llamaba molpólólo, que quiere decir (que) comían otras cosas con el pan, porque ya se hizo penitencia por el mantenimiento.

 

(Lib. II, ap. i, fragmento)

 

RELACION  DE   LOS  EDIFICIOS      DEL  GRAN

TEMPLO  DE  MEXICO

 

Era el patio de este templo muy grande: tendría hasta doscientas brazas en cuadro. Era todo enlosado (y ) tenía dentro de sí muchos edificios y muchas torres; de estas torres unas eran más altas que otras, y cada una de ellas era dedicada a un dios. La principal torre de todas estaba en el medio y era más alta que todas, era dedicada al dios Huitzilopochtli o Tlacauepan Cuexcotzin. Esta torre estaba dividida en lo alto, de manera que parecía ser dos y así tenía dos capillas o altares en lo alto, cubierta cada una con un chapitel, y en la cumbre tenía cada una de ellas sus insignias o divisas distintas. En la una de ellas y más principal estaba

la estatua de Huitzilopochtli, que también la llamaban llhuícatl xoxouh-

 

qui; en la otra estaba la imagen del Dios Tláloc. Delante de cada una de éstas estaba una piedra redonda a manera de tajón que llamaban téchcatl, donde mataban los que sacrificaban a honra de aquel dios; y desde la piedra hasta abajo estaba un regajal de sangre de los que mataban en él, y así estaba en todas las otras torres. Estas torres tenían la cara hacia

 

el occidente,  y subían  por gradas  bien

estrechas  y derechas,  de  abajo

hasta arriba, a todas estas torres.                                     

El segundo cu principal era de los dioses del agua que se llamaban

Tlaloque; llamábase este cu Epcóatl. En  este cu y a honra de este dios,

o de estos dioses,  ayunaban         y hacían  penitencia  cuatro   días  antes       de

su fiesta, y acabando el ayuno iban  a castigar a los ministros de estos

ídolos que habían hecho algún defecto    en el servicio de         ellos por todo

el año; castigábanlos en unas ciénagas de lodo y agua,  zambulléndolos

debajo        del lodo y del agua; hecho este castigo, los castigados        se lavaban,

y luego hacían areito y traían en la mano cañas de maíz, como bordones.

También  todos      los  populares  bailaban  por  esas  calles.  Llamábase  esta

fiesta, la fiesta de mazamorra        que se llama etzolli, y acababa esta fiesta

de los          Tlaloque,         mataban cautivos a honra de estos dioses.    En  este  cu

El    tercer  cu         se  llamaba  Macuilcalli          o  Macuilquiáuitl.       

mataban a las espías de los contrarios que prendían, cuando      estaban            en

la  guerra  o contra  los de  Huexotzinco, o contra  los  de          Tlaxcala,         etc.

Y a los que venían a espiar la ciudad de México, en conociéndolos luego

los prendían y los llevaban a este cu y allí los desmembraban, cortándoles

miembro por miembro.                                                    

El cuarto edificio se llamaba Teccizcalli. En esta casa estaban muchas

estatuas  de  los dioses.  En  esta  casa  se recogía  el  señor  del  pueblo  o

ciudad (en ) las fiestas grandes, y allí ayunaba y hacía penitencia cuatro

días,  e incensaba  a todas las  estatuas  que  allí estaban,  y también  allí

mataban cautivos a honra de aquellas estatuas.                          

El quinto edificio se llamaba  Poyauhtla.  Allí  ayunaban  los mayores

sátrapas, que eran dos:  el uno se llamaba Tótec tlamacazqui, el otro se

llamaba       Tlalocan tlenamácac; ayunaban         y hacían penitencia cuatro días

e incensaban a las estatuas que allí estaban. Esto hacían cada año cuatro

días  en       la fiesta  de  etzalquializtli;  y también  allí  mataban  cautivos  a

honra de aquellas estatuas.                                                          

El sexto edificio se llamaba Mixcoapan zompantli. Este era un edifi­

cio en que espetaban las cabezas de los que mataban a honra del dios

Mixcóatl; eran  unos  maderos  que  estaban  hincados,  de  altura  de  dos

estados, y estaban agujerados a trechos y por aquellos agujeros  estaban

pasadas      unas astas o varales,    del grosor        de astas de lanza o poco más,

y eran         siete u ocho. En éstas espetaban        las cabezas de los que mataban

a honra de aquel dios, estaban las caras    vueltas hacia el medio día.    

El séptimo edificio o cu se llamaba Tlaxicco. En este cu            mataban cada

año un cautivo a honra del dios del infierno; matábanle  en        el mes  que

se llamaba títitl.     Después que le había muerto el sátrapa que llamaban

Tlillan tlenamácac ponía fuego e incensaba delante la estatua, y esto se

hacía           de noche.                                            oratorio  donde

El    octavo  edificio  se llamaba  Quauhxicalco.  Era  un           

el señor se recogía a hacer penitencia y ayunar, cuando se hacía un ayuno

que se         llamaba            netonatiuhzaualo; ayunaban  cuatro  días      por honra        del

 

sol, este ayuno se hacía de doscientos en doscientos y tres días; y aquí mataban cuatro cautivos que se llamaban chachanme, y otros dos cautivos que llamaban la imagen del Sol y de la Luna, con otros muchos cautivos a la postre de todos.

 

El noveno edificio se llamaba Tochinco. Era un cu bajo, el cual era cuadrado, que tenía gradas por todas cuatro partes. En éste mataban cada año la imagen de Ometochtli, cuando reinaba este signo, era esta imagen un cautivo compuesto con los ornamentos del dios del vino que

se llamaba Ometochtli.

 

El décimo edificio se llamaba Teutlálpan, que quiere decir tierra fra­ gosa. Era un bosquecillo cercado de cuatro paredes, como un corral, en el cual estaban riscos hechos a mano, y en ellos plantados arbustos que se hacen en tiera fragosa, como son magueyes pequeñuelos y otros que se llaman tzioactli; en este bosquecito hacían procesión cada año en el mes llamado quecholli, y hecha la procesión luego se partían para la ladera de la sierra que se llama Zacatépec, y allí cazaban y hacían las otras cosas como está dicho en la historia de este mes.

 

El undécimo edificio se llamaba Tlilapan, que quiere decir agua ne­ gra; era una fuente como alberca, y por estar el agua profunda parecía negra. En esta fuente se bañaban los sátrapas, de noche, los días que ayunaban en aparejo de las fiestas que eran cuatro días en cada mes; éstos eran como vigilia de la fiesta. En habiéndose bañado incensaban en el cu de Mixcóatl, y acabando de incensar allí iban a su monasterio.

 

El duodécimo edificio se llamaba Tlillancalmécac; era un oratorio hecho a honra de la diosa Cihuacóatl. En este edificio habitaban tres sátrapas que servían a esta diosa, la cual visiblemente les aparecía y resi­ día en aquel lugar, y de allí visiblemente salía para ir a donde quería. Cierto es que era el demonio en forma de aquella mujer.

 

El decimotercero edificio se llamaba México Calmécac; éste era mo­ nasterio donde moraban los sátrapas y ministros que servían al cu de Tláloc, cada día.

 

El decimocuarto edificio se llamaba Coacalco. Era una sala enrejada como cárcel; en ella tenían encerrados a todos los dioses de los pueblos que habían tomado por guerra; teníanlos allí como cautivos.

 

El decimoquinto se llamaba Quauhxicálco. Este edificio era un cu pequeño, redondo, de anchura de tres brazas o cerca, de altura de braza y media; no tenía cobertura ninguna; en éste incensaba el sátrapa de Titlacauan cada día, incensaba hacia las cuatro partes del mundo. Tam ­ bién a este edificio subía aquel mancebo que se criaba por espacio de un año para matarle en la fiesta del dios Titlacauan; allí tañía con su flauta de noche o de día, cuando quería venir, y acabando de tañer incen­ saba hacia las cuatro partes del mundo y luego se iba para su aposento.

 

El decimosexto edificio se llamaba Quauhxicalco segundo; este edificio era como el ya dicho; delante de él levantaban un árbol que se llamaba xócotl, compuesto con muchos papeles, y encima de este cu o momoztli

 

bailaba un chocarrero, vestido como el animalejo que se llama techálotl, que es ardilla.

 

El decimoséptimo edificio se llamaba Teccalco; éste era un cu donde cada año echaban vivos en un gran montón de fuego muchos cautivos, en la fiesta que se llamaba teotleco; y hacían los sátrapas aquella cere­ monia que se llamaba amatlauitzoa, como se dijo en la misma fiesta de

teotleco.

El decimoctavo edificio se llamaba Tzompcmtli. Eran unos maderos hincados, tres o cuatro, por los cuales estaban pasadas unas astas como de lanza, en las cuales estaban espetadas por las sienes las cabezas de los que mataban en el cu.

 

El decimonoveno edificio se llamaba Huitznáuac teocalli. En este cu mataban las imágenes de los dioses que llamaban Centzonhuitznaua, a honra de Huitzilopochtli, y también mataban muchos cautivos; esto se hacía cada año en la fiesta de panquetzaliztli.

 

El vigésimo edificio se llamaba Tezcacalco; era un oratorio donde esta­ ban las estatuas que se llamaban omacame. En este lugar mataban algu­ nos cautivos, aunque no cada año.

 

El vigesimoprimero edificio se llamaba Tlacochcalco acatlyiacapan. En esta casa guardaban gran cantidad de dardos para la guerra; era como casa de armas; en este lugar mataban algunos cautivos (y ) matábanlos de noche; no tenían tiempo señalado para matarlos sino cuando querían.

 

El vigesimosegundo edificio se llamaba Teccizcalco; era un oratorio donde estaban unas estatuas del dios llamado Omácatl, y de otros dioses. En este oratorio, por devoción, mataban algunos cautivos. No tenían días señalados.

 

El vigesimotercero edificio se llamaba Huitztepeualco; era un corral o cercado de cuatro paredes, donde los ministros de los ídolos arrojaban las puntas de maguey después que con ellas se habían punzado, y tam­ bién allí arrojaban unas cañas verdes después que las habían ensangren­ tado, y ofrecido a los dioses.

 

El vigesimocuarto edificio se llamaba Huitznáhua Calmécac; éste era un monasterio donde habitaban los ministros de los ídolos que ser­ vían en el cu del dios Huitznáhuac, incensando y haciendo los otros ser­ vicios que acostumbraban cada día.

 

El vigesimoquinto edificio se llamaba otro Ouauhxicalco. Era de la manera del otro que queda dicho atrás; delante de este cu estaba un tzom-pantli, que es donde espetaban las cabezas de los muertos, y encima del cu estaba una estatua del dios que llamaban Omácatl, hecha de madera, y allí mataban algunos esclavos, la sangre de los cuales daban a gustar a aquella estatua untándole la boca con ella.

 

El vigesimosexto edificio se llamaba Macuilcipactli iteopan. Este era un gran cu hecho a honra de aquel Macuilcipactli; aquí mataban cauti­ vos de noche, en su mismo signo cipactli.

 

El vigesimoséptimo edificio se llamaba Tetlanman Cálmécac. Era un monasterio que se llamaba tetlanma, en el (cual) moraban sátrapas y ministros del cu dedicado a la diosa Chantico; allí servían de noche, y de día.

 

El vigesimoctavo edificio se llamaba Iztaccintéotl iteopan. Este era un cu dedicado a la diosa llamada Cintéotl: en este cu mataban a los leprosos cautivos, y no comían su carne; matábanlos en el ayuno del sol, que arriba se dijo.

El vigesimonoveno se llamaba Tetlanman. Este era un cu dedicado a una diosa que se llamaba Quaxólotl Chantico: aquí mataban esclavos por devoción, reinante el signo que se llamaba ce xóchitl.

 

El trigésimo edificio se llamaba Chicomécatl iteopan. Este era un cu dedicado al dios Chicomécatl, en éste mataban algunos cautivos, de noche, cuando comenzaba a reinar el signo llamado ce xóchitl.

 

El trigesimoprimero edificio se llamaba Tezcaapan; era una fuente como alberca en que se bañaban los que hacían penitencia por voto: acostumbraban muchos a hacer voto de hacer penitencia ciertos meses, o un año, sirviendo a los cúes, o dioses a quien tenían devoción; éstos se lavaban de noche en esta fuente.

 

El trigesimosegundo edificio se llamaba Tezcatlachco; éste era un juego de pelota que estaba entre los cúes; en él mataban por devoción algunos cautivos cuando reinaba el signo que llamaban omácatl.

 

El trigesimotercero edificio se llamaba Tzompantli, (y ) era donde espetaban las cabezas de los muertos que allí mataban, cautivos, a honra de los dioses llamados Omacame; este sacrificio se hacía cada doscientos y dos días. El trigesimocuarto edificio se llamaba Tlamatzinco; éste era cu dedicado al dios Tlamatzíncatl, a cuya honra en él mataban esclavos cada año, al fin de la fiesta que se llamaba quechólli.

 

El trigesimoquinto edificio se llamaba Tlamatzinco Calmécac; éste era un monasterio donde moraban los sacerdotes o sátrapas que servían en el cu arriba dicho.

 

El trigesimosexto edificio se llamaba Quauhxicalco. Este era un cu pequeño y ancho, y algo cóncavo y hondo, donde se quemaban los papeles que ofrecían por algún voto que habían hecho; y también allí se quemaba la culebra de que arriba se dio relación en la fiesta de panquetzaliztli.

 

El trigesimoséptimo edificio se llamaba Mixcoateopan; éste era un cu dedicado a Mixcóatl, donde se hacían aquellas ceremonias de que se dio relación en la fiesta llamada quechólli tlami.

 

El trigesimoctavo edificio se llamaba N étlatiloyan. Era un cu al pie del cual estaba una cueva donde escondían los pellejos de los desollados, como está en la relación de tlacaxipehualiztli. El trigesimonoveno edifi­ cio se llamaba Teotlachco; éste era un juego de pelota que estaba en el mismo templo; aquí mataban unos cautivos que llamaban amapanme, en la fiesta de panquetzaliztli, allí se dio relación de estos amapanme.

 

El cuadragésimo edificio se llamaba Ilhuicatitlan. Este era una colum­ na gruesa y alta, donde estaba pintada la estrella o lucero de la mañana, y sobre el capitel de esta columna estaba un chapitel hecho de paja; delante de esta columna y de esta estrella, mataban cautivos cada año, al tiempo que parecía nuevamente esta estrella.

 

El cuadragesimoprimero edificio se llamaba Hueitzompantli; era el edi­ ficio que estaba delante del cu de Huitzilopochtli, donde espetaban las cabezas de los cautivos que allí mataban, a reverencia de este edificio, cada año en la fiesta de panquetzaliztli.

El cuadragesimosegundo (edificio) se llamaba Mecatlan; ésta era una casa en la cual se enseñaban a tañer las trompetas los ministros de los ídolos.

 

El cuadragesimotercero (edificio) se llamaba Cinteopan; éste era un cu dedicado a la diosa Chicomecóatl; en éste mataban una mujer que decían que era imagen de esta dicha diosa, y la desollaban, de esto se dio relación en la fiesta de Ochpaniztli.

 

El cuadragesimocuarto edificio se llamaba Centzontotochtin iteopan; éste era un cu dedicado a los dioses del vino; aquí mataban tres cautivos a honra de estos dioses del vino. A una llamaban Tepoztécatl y al otro Toltécatl y al otro Vapáztac. Los que aquí mataban, de día morían, no de noche; esto hacían cada año en la fiesta de tepéilhuitl.

 

El cuadragesimoquinto edificio se llamaba Cinteopan. Era un cu don­ de estaba la estatua del dios de los maizales, y allí mataban cada año a su imagen y con otros cautivos, como se dijo en su fiesta.

 

El cuadragesimosexto edificio se llamaba Netotiloyan. Era un lugar o parte del patio donde bailaban los cautivos y esclavos, un poco antes que los matasen, y con ellos también bailaba la imagen del signo chico-nahui ehécatl, y matábanlos a la media noche en la fiesta de Xilomaniztli, o en la fiesta de atlcahualo, esto se hacía cada año.

 

El cuadragesimoséptimo edificio se llamaba Chililico. Era un cu donde mataban los esclavos en el signo de chiconahui ehécatl; matábanlos a la media noche; sólo los señores daban los esclavos que aquí morían. Esto se hacía en la fiesta de atlcahualo.

 

El cuadragesimoctavo edificio se llamaba Coaapan; ésta era una fuente donde se bañaba el sátrapa que ministraba en el cu, que llamaban Coatlan, y ningún otro allí se bañaba sino sólo él.

 

El cuadragesimonono edificio se llamaba Pochtlan; era un monasterio donde estaban los ministros y sátrapas que ministraban en el cu donde estaba la estatua de Yiacatecutli, el dios de los mercaderes; ministraban allí de día y de noche.

 

El quincuagésimo edificio se llamaba Atlauhco; éste era un monasterio donde moraban los sátrapas y ministros que ministraban en el cu de Huitzilinquétec — una diosa— de día y de noche26.

 

 

26   El orden de éste y del siguiente edificio está cambiado en las dos ediciones caste­ llanas y en la francesa; seguimos el texto de la copia del señor Troncoso. (R.C.).

 

El quincuagesimoprimero edificio se llamaba Yopico; éste era un cu donde cada año mataban muchos esclavos y cautivos; matábanlos de día,

en la fiesta de tlacaxipehualiztli.

El quincuagesimosegundo edificio se llamaba Yiacatecutli iteopan. Era el cu del dios de los mercaderes; allí mataban la imagen de este dios cada año, en la fiesta de títitl.

 

El quincuagesimotercero edificio se llamaba Huitzilinquátec iteopan. Era un cu donde mataban la imagen de esta diosa, cada año, en la fiesta de títitl; era mujer, la que mataban.

El quincuagesimocuarto edificio se llamaba Yopico Calmécac. En este monasterio u oratorio mataban muchos cautivos cada año, en la fiesta

de tlacaxipehualiztli.

El quincuagesimoquinto edificio se llamaba Yopico tzompantli; en este edificio espetaban las cabezas de los que mataban en la fiesta de

tlacaxipehualiztli.

El quincuagesimosexto edificio se llamaba Tzompantli. Era donde es­ petaban las cabezas de los que mataban en la fiesta de Yiacatecutli, dios de los mercaderes, en el primer día de la fiesta de xócotl uetzi.

 

El quincuagesimoséptimo edificio se llamaba Macuilmalinalli iteopan. Era un cu donde estaban dos estatuas, una de Macuilmalinalli y otra de Topantlacaqui, y en este signo hacían fiesta en este cu cada doscientos y tres días, y también hacían fiesta a honra del signo que se llamaba

xochíhuitl.

El quincuagesimoctavo edificio se llamaba Aticpan. Era un oratorio donde hacían fiesta y ofrecían a las diosas que se llamaban Cihuapipiltin; hacían fiesta en el signo que llamaban chicomecoatonalli.

 

El quincuagesimonono edificio llamaban Netlatiloyan; ésta era una cueva donde escondían los pellejos de los muertos que desollaban cada año, en la fiesta de ochpaniztli.

Al sexagésimo edificio llamaban Atlauhco; éste era un oratorio donde honraban a la diosa que se llamaba Cihuatéotl, y cada año mataban a su honra una mujer que decían que era su imagen; matábanla en el cu que se llamaba Coatlan, que estaba cerca de este oratorio; esto hacían cada año, en la fiesta de ochpaniztli.

 

El sexagesimoprimero edificio se llamaba Tzonmolco Calmécac; éste era un monasterio donde moraban sátrapas del dios Xiuhtecutli, y aquí sacaban fuego nuevo cada año, en la fiesta huauhquiltamalqualiztli, y de aquí sacaban el fuego nuevo cuando quiera que el señor había de incen­ sar delante de los dioses.

 

El sexagesimosegundo edificio se llamaba Temalácatl. Eran una piedra como muela de molino, grande, y estaba agujerada en el medio como muela de molino; sobre esta piedra ponían los esclavos, y acuchillábanse con ellos; estaban atados por el medio del cuerpo de tal manera que po­ drían llegar hasta la circunferencia de la piedra, y dábanlos armas con que peleasen. Eran éste un espectáculo muy frecuente y donde concurría

 

gente de

todas          las comarcas a verle.  Un  sátrapa vestido     de un  pellejo

de oso, o     cuetlachtli, era allí el padrino de los cautivos que allí mataban,

que los llevaba a la piedra y los ataba allí, y        los daba las armas y los

lloraba entretanto que peleaban; y cuando caía    (el cautivo) lo entregaba

al que le había de sacar el corazón, que era otro sátrapa vestido con otro

pellejo, que se llamaba iooallauan.           Esta relación queda escrita a la larga

en la fiesta de         tlacaxipehualiztli.                                          

Al sexagesimotercero edificio llamaban Nappatecutli iteopan; éste era

un cu dedicado al dios Nappatecutli, en el cual mataban la imagen de

este dios,  que era un  cautivo vestido con los ornamentos  de este dios;

matábanle a la media noche, cada año, en la fiesta de tepéilhuitl.

Al sexagesimocuarto edificio llamaban Tzonmolco;       éste era un cu dedi­

cado al dios del fuego llamado Xiuhtecutli; éste es un    cu en que mataban

cuatro esclavos, como imágenes de este dios, adornados con los ornamen­

tos del mismo, aunque de diversos colores. Al primero llamaban Xoxouh-

qui Xiuhtecutli; al segundo llamaban Cozauhqui Xiuhtecutli; al tercero

llamaban     Iztac Xiuhtecutli; al cuarto llamaban Tlatlauhqui Xiuhtecutli.

También mataban otros muchos cautivos en este lugar y en este día,  a

los cuales llamaban ihuipaneca temimilolca. Abajo de las gradas de este

cu estaba una placeta a la cual subían también por gradas; en esta place­

ta mataban  dos mujeres,  y llamaban  a la  una   Nancotlaceuhqui; de la

otra no se pone nombre. En acabando de matar los que habían de morir,

hacían luego un areito muy solemne, según se dijo a la larga en la fiesta

de Xiuhtecutli.                                                     

El sexagesimoquinto edificio se llamaba Coatlan; éste era un cu donde

mataban cautivos a honra de aquellos dioses que llamaban         Centzonhuitz-

nahua; y también todas las veces que  sacaban fuego nuevo,  y también

cuando la fiesta de quecholli.                                          

El sexagesimosexto se llamaba Xochicalco; éste era un cu edificado a

honra del dios        Cintéotl y también      a honra del dios Tlatlauhqui Cintéotl,

y también de la diosa Atlatonan,  y cuando mataban una mujer que era

imagen de esta diosa, desollábanla y uno de los sátrapas vestía su cuero.

Esto se hacía de noche,  (y )  luego de mañana andaba bailando con el

cuero vestido,        de aquella que había muerto; esto se hacía cada año, en

la  fiesta     de  ochpaniztli.                                              

El  sexagesimoséptimo edificio se llamaba  Yopicalco,  y también  Eoa-

calco; ésta era una casa donde se aposentaban los señores y principales

que venían de lejos a visitar este templo, especialmente los de la provincia

de Anáhuac.                                                         

El sexagesimoctavo edificio se llamaba Tozpálatl; ésta era una fuente

muy preciada,        que manaba  en el mismo lugar;  de  aquí tomaban  agua

los sátrapas de       los ídolos, y cuando se hacía la          fiesta de          Huitzilopochtli

y otras fiestas,        la gente popular bebía en esta fuente con      gran devoción.

 

El sexagesimonono se llamaba T lacochcalco quauhquiyáuac; ésta era una casa (y) en esta casa estaba una estatua del dios Macuiltótec; aquí a honra de este dios mataban cautivos en la fiesta de panquetzaliztli.

 

El septuagésimo edificio se llamaba Tolnáuac; éste era una casa donde mataban cautivos cuando comenzaba a reinar el signo que se llamaba

ce miquiztli, a honra de Tezcatlipoca.

 

El septuagesimoprimero edificio era Xilocan. Era una casa donde cocían la masa para hacer imagen a Huitzilopochtli cuando se hacía la fiesta.

 

El septuagesimosegundo edificio se llamaba llepéyoc; ésta era una casa donde hacían de masa la imagen de Huitzilopochtli los sátrapas.

 

El septuagesimotercero edificio se llamaba Huitznéhuac calpulli; era la casa donde hacían la imagen de otro dios compañero de Huitzilopochtli,

que se llamaba Tlacauepan Cuexcotzin.

El septuagesimocuarto edificio se llamaba Atempan; era una casa donde juntaban los niños que habían de matar, y también los leprosos, que llamaban xixioti, que también los mataban; después de haberlos jun­ tado en este lugar los traían en procesión en unas andas (y ) hecho esto llevábanlos a los lugares donde los habían de matar.

 

El septuagesimoquinto edificio se llamaba Tezcacóac tlacochcalco. Era una casa donde se estaban muchos dardos y muchas saetas depositadas, para el tiempo de la guerra; aquí mataban esclavos por su devoción algu­ nos años.

 

El septuagesimosexto se llamaba Acalla yiacapan hueicalpulli; ésta era una casa donde juntaban los esclavos que habían de matar a honra de los Tlaloque, y después de muertos, luego los hacían pedazos y los cocían en esta misma casa; echaban en las ollas flores de calabaza; después de cocidos comíanlos los señores y principales; la gente popular no comía de ellos.

 

El septuagesimoséptimo edificio se llamaba Techielli; era un cu pe­ queño, en éste ofrecían cañas que llamaban acxóyatl.

El septuagesimoctavo edificio se llamaba Clapulli; éstas eran unas casas pequeñas de que estaba cercado todo el patio de la parte de adentro; a estas casillas llamaban calpulli, a estas casas se recogían a ayunar y hacer penitencia cuatro días todos los principales y oficiales de la repú­ blica, las vigilias de las fiestas que caían de veinte en veinte días, de manera que hacían de vigilia cuatro días. En este ayuno unos comían a la medianoche, y otros al mediodía.

 

(Lib. II, ap. vii)

 

RELACION DE LOS MEXICANOS, DE LAS COSAS

 

QUE SE OFRECIAN EN EL TEMPLO

 

Ofrecían muchas cosas en las casas que llaman calpulli; eran como igle­ sias de los barrios, donde se juntaban todos los de aquel barrio, así a ofrecer como a otras ceremonias muchas que allí se hacían. Ofrecían comida y mantas, y aves y mazorcas de maíz, y chía y frijoles y flores; esto ofrecían las mujeres o doncellas por casar; pero en los oratorios de sus casas no ofrecían sino comida, delante de las imágenes de los dioses que allí tenían. Esto hacían cada día, luego de mañanita, y la señora de la casa tenía cuidado cada mañana de despertar a todos los de su casa, para que fuesen a ofrecer delante de los dioses de su oratorio.

 

Ofrecían incienso en los cues los sátrapas, de noche y de día, a ciertas horas; incensaban con unos incensarios hechos de barro cocido, que te­ nían, a manera de cazos, de un cazo mediano con su astil de grosor de una vara de medir o poco menos, largo como un codo o poco más, hueco y de dentro tenía unas pedrezuelas por sonajas. El vaso era labrado como incensario, con unas labores que agujeraban el mismo vaso desde el medio abajo; cogían con él brasas del fogón y luego echaban copal sobre las brasas, y luego iban delante de la estatua del demonio y levantaban el incensario hacia las cuatro partes del mundo, como ofreciendo aquel incienso a las cuatro partes del mundo, y también incensaban a la esta­ tua. Hecho esto tornaban las brasas al fogón. Esto mismo hacían todos los del pueblo en sus casas, una vez a la mañana y otra a la noche, incensando a las estatuas que tenían en sus oratorios o en los patios de sus casas; y los padres y las madres compelían a sus hijos (a ) que hicie­ sen lo mismo cada mañana y cada noche.

 

En la ofrenda del incienso o copal usaban estos mexicanos, y todos los de Nueva España, de una goma blanca que llaman copalli — que tam­ bién ahora se usa mucho— para incensar a sus dioses. No usaban del incienso, aunque lo hay en esta tierra. De este incienso o copal usaban los sátrapas en el templo y toda la otra gente en sus casas, como se dijo arriba; y también lo usaban los jueces cuando habían de ejercitar algún acto de su oficio: antes que le comenzasen echaban copal en el fuego, en reverencia de sus dioses y demandándoles ayuda. También hacían esto mismo los cantores de los areitos, que cuando habían de comenzar a can­ tar primero echaban copal en el fuego a honra de sus dioses, y deman­ dándoles ayuda. Usaban una ceremonia generalmente en toda esta tierra, hombres y mujeres, niños y niñas, que cuando entraban en algún lugar donde había imágenes de los ídolos, una o muchas, luego tocaban en la tierra con el dedo y luego le llegaban a la boca, o a la lengua; a esto llamaban comer tierra, hacíanlo en reverencia de sus dioses; y todos los que salían de sus casas, aunque no saliesen del pueblo, volviendo a su casa hacían lo mismo, y por los caminos, cuando pasaban delante algún cu u oratorio, hacían lo mismo; y en lugar de juramento usaban esto

 

mismo, que para afirmar que decían verdad hacían esta ceremonia, y los que se querían satisfacer del que hablaba si decía verdad, deman­ dábanle que hiciese esta ceremonia y luego le creían como juramento. Hacían otra ceremonia comúnmente que llamaban tlatlazaliztli, que quie­ re decir arrojamiento, y era que nadie comiese sin que primeramente arrojase al fuego un bocadillo de lo que había de comer. Tenían otra ceremonia también común, que nadie había de beber pulcre sin que pri­ mero derramase un poco a la orilla del hogar; y cuando quiera que ence-taban alguna tinaja de pulcre, primero echaban en un lebrillo cantidad de ello y ponían un lebrillo cerca del fuego, y de allí tomaban con un vaso, y derramaban al canto del hogar a cuatro partes un vaso de aquel pulcre, y hecho esto bebían los convidados, y antes de esto nadie osaba beber. Esto llamaban tlatoyaualiztli, que quiere decir libatio o gusta-miento.

 

RELACION DE LA SANGRE QUE SE DERRAMABA

 

A HONRA DEL DEMONIO, EN EL TEMPLO Y FUERA

 

Derramaban sangre en los cúes de día y de noche, matando hombres y mujeres en los cúes delante de las estatuas de los demonios, como arriba queda dicho en muchos lugares. Derramaban también sangre delante de los demonios por su devoción, en días señalados, y hacían de esta m anera: si querían derramar sangre de la lengua, pasábanla con una punta de navaja, y por el agujero que hacían pasaban muchas pajas gruesas de heno, según la devoción de cada uno; algunos ataban las unas con las otras y tirábanlas, como quien tira un cordel, pasándolas por el agujero de la lengua; otros, cada uno por sí, sacaban cantidad de ellas y dejában­ las allí, ensangrentadas, delante del demonio o en los caminos o en los calpulcos. Lo mismo hacían de los brazos y de las piernas. Derramaban también sangre los sátrapas fuera de los cúes, por esas montañas o cuevas por su devoción, de noche (y ) hacíanlo de esta manera, que tomaban cañas verdes y puntas de maguey, y después de haberlas ensangrentado con la sangre que sacaban de sus piernas, de cabe las espinillas, iban de noche desnudos a los montes, donde tenían devoción, y así ensan­ grentadas las dejaban allí sobre un lechuelo de hojas de caña que les hacían, y esto hacían en cuatro o cinco partes, según la devoción de cada uno. Derramaban también sangre los hombres cinco días antes que llegase la fiesta principal, que se hacía de veinte en veinte días, por su devoción; hacían unas cortaduras en las orejas, de donde sacaban sangre, y con aquella sangre untaban los rostros, haciendo unas rayas de sangre por ellos; las mujeres hacían como un corro, y los hombres hacían una raya derecha desde la ceja hasta la quijada. Las mujeres tenían devo­ ción también de ofrecer esta sangre por espacio de ochenta días (y ) cortábanse de tres en tres días o de cuatro en cuatro días, todo este

 

tiempo. Ofrecían también sangre de aves delante de los demonios por su devoción, especialmente delante de Huitzilopochtli, y en sus fiestas compraban codornices vivas y (les) arrancaban las cabezas delante del diablo; y la sangre derramábase allí y el cuerpo arrojábanlo en tierra, y allí andaba revolando hasta que se moría; unos descabezaban una, otros dos, otros tres, según su devoción. Cuando mataban algún esclavo o cau­ tivo el dueño de él cogía la sangre en una jicara, y echaba un papel blan­ co dentro y después iba por todas las estatuas de los diablos y untábales (la) boca con el papel ensangrentado. Otros mojaban un palo en la sangre, y tocaban la boca de la estatua con la misma sangre.

 

RELACION DE OTROS SERVICIOS QUE SE HACIAN A LOS DEMONIOS EN EL TEMPLO Y FUERA

 

Los que se escapaban de alguna enfermedad, por consejo de algún astró­ logo escogían algún día bien afortunado y, en este día, dentro de sus casas quemaban en el hogar de sus casas muchos papeles en que el astró­ logo había pintado, con ulli, las imágenes de aquellos dioses que se conjeturaba que le habían ayudado para salir de aquella enfermedad. El astrólogo los daba al que florecía, diciéndole el dios que allí iba pintado, y el otro echaba el papel en el fuego; y después de quemados todos los papeles, tomaban la ceniza y enterrábanla en el patio de su casa; a esto

llamaban nextlatializtli.

 

Algunos por su devoción ofrecían sangre en los cúes, en las vigilias de las fiestas, y para que su ofrenda fuera más aceptable iban a buscar laurel silvestre, que ellos llamaban ocxóyatl, que se cría mucho por esos montes, y traído ensangrentaban con sangre de las piernas dos puntas de maguey en el calpulco, y de allí las llevaban al cu, y hacían un lechuelo de los ramillos tiernos del laurel y ponían sobre él las puntas de maguey ensangrentadas, ofreciéndolas a aquel dios a quien tenían devoción, y a esto llamaban acxoyatemáliztli. Cuando habían de ir a alguna guerra, primero todos los soldados iban por leña a las montañas, la que se gastaba en los cúes, y hacían rimeros de ellas en los monasterios de los sátrapas y de allí tomaban para gastarla, que se que­ maba mucha entre noche y día en los patios de los cúes, en unos fogo­ nes altos que para esto estaban hechos, en los mismos patios; y en los otros tiempos los ministros de los cúes y los que moraban en el Calmécac tenían cargo de traer esta leña; a esto llamaban teoquauhquetzaliztli.

 

También a honra de los dioses que tenían en sus casas, tenían gran cuidado de barrer la casa y el patio y la portada, cada día, luego de mañana; y el señor o la señora de la casa tenían cargo de compeler a todos los de su casa para que hiciesen esto cada día y después de hecho esto incensaban y ofrecían a las imágenes que tenían en sus casas, y esto cada día; a esto llamaban tlachpanaliztli.

 

Tenían gran vigilancia de noche los sátrapas y ministros de los cúes de velar, para que no faltase de arder fuego en los fogones del patio, y para despertar a los que habían de tañer a las horas que habían de incensar y ofrecer delante de los ídolos, y a esto llamaban tezoaliztli.

 

Tenían los populares por costumbres de hacer penitencia muchos días entre año, y esta penitencia era que se abstenían de jabonarse la cabeza y de los baños, y de dormir con mujer y la mujer con hombres, los días que hacían esta penitencia, y no se abstenían de comer ni ayunaban; a

esto llamaban nezaualiztli.

 

RELACION  DE CIERTAS  CEREMONIAS  QUE

 

SE HACIAN A HONRA DEL DEMONIO

Cuando hacían una fiesta que llamaban atamalqualiztli, que era de ocho

en ocho años, unos indios que se llamaban mazctteca tragaban unas cule-

bras vivas,  por valentía, y andaban          bailando y tragándolas poco a poco,

y después que las habían tragado dábanles mantas por su valentía. Tam­

bién estos mismos tragaban unas ranas vivas,  en la misma fiesta.  Otra

ceremonia  hacían  en  la  fiesta  de  etzálquáliztli:          los mancebos  tomaban

avecillas y  atábanlas en unos ramos         con hilos,         y andaban  con ellas en

la procesión de esta fiesta y las aves andaban  revolando alrededor del

ramo.          también hacer procesión         en muchas de  sus fiestas,  y traían

Usaban                  

en andar las imágenes de los ídolos,         algunas veces alrededor de los cúes

y otras veces por lugares más lejos, y acudía todo el pueblo a estas pro­

cesiones. También usaban bailar las mujeres juntamente con los hombres,

en las grandes fiestas.                  

Hacían un juego los mancebos a honra de la diosa llamada Toci, cuan­

do mataban  su imagen;  ponían  un  lebrillo con  pluma y con  greda,  y

arremetían  todos los mancebos y tomaban cada uno un  puñado de ello,

y echaban   a huir unos tras otros; y como habían tomado los mancebos

la greda y pluma, aquel mancebo que traía vestido el pellejo de la diosa

Toci, con otros mancebos que estaban con él, echaban a correr tras los

que habían tomado greda e íbanlos apedreando, y la gente que miraba

apedreaba a los unos o a los otros, y algunos de ellos caían apedreados.

Hacían una  ceremonia a los niños           y niñas,  tomándolos con  las manos

por cabe las orejas y levantándoles en alto; esto hacían para que crecie­

sen, en la    fiesta que se llamaba izcalli, que se hacía a honra del fuego.

 

RELACION DE LAS CEREMONIAS QUE TAMBIEN

 

SE  HACIAN  A HONRA  DEL  DEMONIO

 

 

Hacían una superstición, para remediar los niños enfermizos, que los ataban al cuello unas cuerdas de algodón flojo, y colgábanle una pellita

 

de copal en la cuerda que tenía al cuello. También les ponían unas cuer­ das de lo mismo atadas a las muñecas y otras a las gargantas de los pies; atábaselas algún astrólogo, en signo particular, y traíalas el número de los días que le mandaba el astrólogo, y después el mismo astrólogo se las quitaba y las quemaba en el calpulco. Esto hacían cuatro veces por la salud de los niños.

 

Usaban otra superstición, que se emplumaban el pecho y las espaldas en la parte contraria del pecho, con pluma de diversos colores, y en las muñecas ponían unas plumas como ajorcas, una blanca, otra amarilla y otra colorada, y en las gargantas de los pies hacían lo mismo. Esta pluma pegaban con resina de pino que llaman ocózotl (y ) esto hacían en la fiesta de teotleco, porque no les hiciese mal el dios Acólmiztli. Esta cere' monia o superstición que aquí se dice se hacía de cuatro en cuatro años, en la fiesta de izcalli.

 

Esta ceremonia hacían a reverencia del sol y a reverencia del fuego, cuando alguno acababa su casa nueva, o cuando reinaba el signo del sol que sacaban sangre de las orejas, y la recibían en la uña del dedo que está cabe el pulgar, o en el de enmedio, la arrojaban hacia el fuego como quien da papirote, y también hacia el sol de la misma manera; esto llamaban tlazcaltiliztli. Esto ya queda dicho atrás que es lo mismo

de acxoyatemaliztli.

Esta ceremonia hacían cuando pasaban delante de algún ídolo: arran­ caban una manada de heno y esparcíanla delante de la imagen del ídolo, haciendo reverencia o acatamiento. Esta misma ceremonia hacían otras veces por vía de voto o ceremonia.

 

Todas las noches, un poco antes de la media noche, los ministros de los ídolos que tenían cargo de esto, tocaban los caracoles y cornetas y trompetas, y luego se levantaban todos a ofrecer sangre e incienso a los ídolos, en los cues y en todas las casas particulares.

 

En llegando a la media noche, los ministros que llaman quaquacuiltin tañían con atabales para que despertasen, y los que no despertaban a aquella hora castigábanlos echando sobre ellos agua, o rescoldo del fuego. Agujerábanse las orejas para poner orejeras, y también los bezos para poner los bezotes; esto hacían a honra del demonio y llamábanlo nena-

cazxapotlaliztli y netenxapotlaliztli.

 

(Lib. II, ap. iii)

 

 

RELACION DE LAS DIFERENCIAS DE MINISTROS

 

QUE  SERVIAN  A LOS DIOSES

 

Había un ministro que se decía mexícatl teohuatzin y éste era como pa­ triarca elegido por los dos sumos pontífices, el cual tenía cargo de otros sacerdotes menores que eran como obispos, y tenía cargo de que todas

 

las cosas concernientes

al culto divino en todos los pueblos y provincias

se hiciesen con toda diligencia y perfección, según las leyes y costumbres

de los antiguos pontífices y sacerdotes, mayormente en la crianza de los

mancebos que se criaban en los monasterios que se llamaban calmécac.

Este disponía de todas las cosas que habían de hacer en todas las provin­

cias sujetas a México, tocantes a la cultura de los dioses. Tenía también

cargo de castigar a todos los sacerdotes de quien tenía cargo, si en algo

pecaban. Los ornamentos de este sátrapa eran:  Una jaqueta de tela y un

incensario de los que         ellos usaban,  y una  talega en  que llevaba copal

para incensar. Había otro coadjutor de éste, que se llamaba Huitznáuac

teohuatzin, que entendía en el mismo negocio.

Había otro coadjutor de los arriba dichos que se llamaba Tepan teo­

huatzin, el cual en particular tenía cargo de la buena crianza y del buen

regimiento  de los que  se criaban  en los monasterios,  que  se llamaban

calmécac por todas las provincias sujetas a México.

Este Orne tochtzin,            era como maestro de todos los cantores que tenían

cargo de cantar en los        cúes; tenía cuenta que todos viniesen a hacer sus

oficios  a los cúes.  Hacían  cierta  ceremonia  con  el  vino  que  llamaban

teooctli,  al tiempo que habían  de  hacer sus       oficios;  de esta  ceremonia

era el principal pachtécatl: éste tenía cuidado de los vasos en que bebían

los cantores, de traerlos y darlos y recogerlos, y de henchirlos de aquel

vino que llamaban  teooctli, o macuiloctli y ponía doscientas y tres cañas,

de las cuales sola una agujerada, y cuando las tomaban el que acertaba

con aquella bebía él solo, y no más; esto se hacía después del oficio de

haber cantado.                              

Este Epcoaquacuiltzin tenía cargo de las fiestas del calendario y de

todas las ceremonias que se habían de hacer en ellas, para que en nada

hubiese falta. Era como maestro de ceremonias.

Este Molonco teohua tenía cargo de aprestar todas las cosas necesarias,

como son papel y copal, etc., para cuando habían de sacrificar u ofrecer

delante de los dioses, en la fiesta de Chicunauécatl.

Este Cinteotzin,     tenía el mismo cargo de aprestar todas las cosas necej

sarias para cuando se hacía la fiesta de Xilonen.

Este Atempan teohuatzin tenía  cargo de proveer de plumas blandas

como algodón, que crían las aves junto a la carne, y otras cosas que eran

necesarias,  para  cuando  se  hacía  la  fiesta  de  la  madre  de  los  dioses;

y tenía cargo de juntar los mancebos que se llamaban cuecuexteca para

que ayunasen en aquel barrio de Atempan.         

Este Tlapizcatzin, era como chantre, que tenía cuidado de enseñar y

regir enmendar el   canto que se había de cantar a honra de sus dioses,

en todas las fiestas.                      

Este Tzapotlateohuatzin tenía cargo de aprestar todas las cosas nece-

sarias para la fiesta de la diosa Tzapotlatena,       como son papel, y copálli y

ulli, y una yerba olorosa con que incensaban       a los ídolos.

 

Este Tecammateohua, tenía cargo de aprestar las teas para hacer ha­ chones, y también almagre y tinta, y cotaras y unas jaquetas y caracolitos mariscos, lo cual todo era necesario para esta fiesta de la diosa del fuego.

 

Este T ezcatzóncatl tenía cargo de aprestar todo lo de arriba dicho, para cuando se hacía la fiesta del dios del vino, en el mes que se llama

tepéilhuitl.

 

Este Ometochtli tenía cargo de aprestar todo lo arriba dicho, para cuan­ do se hacía la fiesta del dios del vino que se llamaba Ometochtli, en el

mes de tepéilhuitl.

 

Este Ometochtli tomiyauh tenía también cargo de aprestar todo lo arriba dicho para cuando se hacía la fiesta del dios del vino, que se llamaba

Ometochtli tomiyauh, en el mes arriba dicho.

Este Acaloa orne tochtli tenía cargo de aprestar todo lo arriba dicho, que era menester para la fiesta del dios Acalhoa orne tochtli.

 

Este Quatlapanqui orne tochtli tenía cargo de aprestar todo lo arriba dicho para la fiesta del dios del vino llamado Quatlapanqui.

Este Tlilhoa orne tochtli tenía cargo de aprestar todo lo arriba dicho para cuando se hacía la fiesta del dios del vino que se llamaba Tlilhoa

orne tochtli, en el mes de tepéilhuitl.

 

Este Ometochtli pantécatl tenía cargo de procurar el vino que se lla­ maba macuiloctli, o teooctli, lo cual se gastaba en la fiesta de panquet-

zaliztli.

Este Ometochtli Nappatecutli tenía cargo de aprestar lo necesario para

la fiesta de tepéilhuitl.

 

Este Ometochtli papáztac tenía cargo de aprestar el vino que se llamaba tizaoctli, que se había de gastar en la casa del señor, y en la fiesta de tozoztli, donde bebían vino hombres y mujeres, niños y niñas.

 

Este Ometochtli tenía cargo de hacer lo mismo que arriba se dijo, en la fiesta de atlcaualo.

 

Esta mujer que se llamaba Cihuaquacuilli tenía cargo de proveer de todo lo que se había de ofrecer en la fiesta de la diosa Toci, como son flores y cañas de humo, y todo lo demás que ofrecían las mujeres en la fiesta de esta diosa Toci.

 

Esta mujer llamada Cihuaquacuilli iztaccíhuatl tenía cargo en el cu llamado Atenchicalcan de los que barrían y de los que ponían fuego; y también los que hacían voto de hacer algún servicio en este cu a ella acudían.

 

Este Ixcozauhqui tzonmolco teohua tenía cargo de hacer traer la leña que se había de gastar en el monasterio, que se llamaba Tzonmolco Cal-mécac, traían esta leña los mancebos y poníanla en el monasterio ya dicho.

 

Este Tlazolquacuilli guardaba el cu, que se llamaba Mecatlan; andaba vestido con las vestiduras de los sacerdotes, como arriba se dijo, que era un xicolli o jaqueta y un calabazo lleno de pícietl. Tenía gran cuidado en que ninguno entrase, ni se llegase a este cu, sino con gran reverencia,

 

y que en él no hubiese ninguna suciedad; y si alguno cerca de este cu se orinaba, luego le prendían y le castigaban.

 

Este Tecpantzinco teohua tenía cargo de guardar en el cu, que se llamaba Tecpantzinco, para que ninguna irreverencia allí se hiciese, y procuraba las ofrendas que se habían de hacer en este cu.

 

Este Epcoaquacuilli tecpictoton, tenía cargo de hacer y componer los cantares que de nuevo eran menester, así para los cúes como para las casas particulares.

 

Este Ixtlilco teohua tenía cargo del cu de Ixtlilton y de procurar las ofrendas que ofrecían cuando los niños o niñas comenzaban a hablar, que los llevaban a este cu, y hacían ciertas ceremonias cuando los niños nuevamente comenzaban a hablar.

 

Este Atícpac teohuatzin Xochipilli tenía cargo del cu que se llamaba Atícpac, y procuraba lo que era necesario para cuando mataban allí una mujer y la desollaban, a honra de una diosa que se llamaba Aticpaccalqui cíhuatl, y también se vestía el pellejo de aquella mujer, y cuando se iba por las calles con él llevaba una codorniz viva asida de los dientes.

 

Este Atlixeliuhqui teohua Opochtli, tenía cargo de aprestar todas las cosas necesarias para cuando sacrificaban matando la imagen de Opochtli, en la fiesta de tepéilhuitl.

 

Este Xípec Yopico teohua, tenía cargo de aprestar las cosas necesarias para cuando mataban la imagen de Tequitzin, en este cu Yopico.

 

Este Pochtlan teohua Yiacatecutli tenía cargo de aprestar todas las cosas necesarias para cuando sacrificaban la imagen de Yiacatecutli, en el cu

llamado Pochtlan.

 

Este Chiconquiáhuitl Pochtlan era coadjutor del arriba dicho, para el mismo efecto que arriba se dijo.

 

Este Izquitlan teohuatzin tenía cargo de proveer de jaquetas que lia-maban xicolli, que es un ornamento de los sátrapas, y caracolitos maris­ cos y cotaras, para ornamentos, y también recogía la miel de los mague­ yes, que era la primera que se cogía del maguey para hacer vino para los sátrapas.

 

Este Tzapotlan teohuatzin tenía cargo de proveer de papel y de copal e incensarios, y de todo lo demás que era menester para los que morían o mataban en la fiesta de tepéilhuitl.

Este Chalchiuhtlicue acatonalquacuilli, tenía cargo de proveer de las

ofrendas que eran necesarias para los que mataban en la fiesta de Chal­

chiuhtlicue, como era copal, ulli, etc.

 

Este Acolnauácatl acolmiztli tenía cargo de proveer de todo lo que era necesario para cuando el señor o rey había de ayunar en la fiesta de Tláloc, y en el ayuno del sol y en el ayuno de quecholli, que son ayunos muy solemnes; proveía de los vestuarios y cotaras, etc., que el señor había de usar en estos ayunos.

 

Este T ullan teohua tenía cargo de proveer de papel y copal y ulli, para cuando habían de matar a la imagen de Tultécatl, al cual mataban en

 

el fin del mes que se llamaba quecholli, o en el principio del mes que

se llamaba tepéilhuitl.

 

(Lib. II, ap. iv)

 

RELACION DEL TAÑER  Y CUANTAS VECES TAÑIAN EN EL TEMPLO ENTRE NOCHE Y DIA, QUE ERA COMO TAÑER A LAS HORAS

Todos los días  del mundo  ofrecían  sangre  e incienso al sol;  luego en

saliendo  por  la  mañana  ofrecíanle  sangre  de  las  orejas,  y  sangre  de

codornices  a las cuales,  arrancándolas  la  cabeza,  corriendo  sangre,  las

alzaban hacia el sol como ofreciéndole aquella sangre,  y haciendo esto

decían:  ya ha salido el sol, que se llama Tonámetl xiuhpiltontli quauh-

tleoánitl; no sabemos cómo cumplirá su camino este día, ni sabemos si

acontecerá algún infortunio a la gente. Y luego enderezaban     sus palabras

al  mismo  sol,  diciendo:  ¡Señor  nuestro,  haced  prósperamente  vuestro

oficio!  Esto se hacía  cada día,  a la  salida  del  sol;  ofrecíanle  incienso

cuatro veces cada día y cinco veces de noche:     una vez            a                      la         salida   del

sol, otra vez a la hora        de tercia,         otra vez a la     hora  de                      mediodía         (y )

la cuarta vez a la puesta del sol. De noche le ofrecían incienso la pri­

mera vez cuando ya era de noche; la segunda, cuando ya todos se querían

echar a       dormir; la tercera, cuando      comenzaban    a tañer para     levantarse

a maitines; la cuarta,  un poco después de media noche; la quinta,  un

poco antes que rompiese el alba;  y cuando a la prima  noche  ofrecían

incienso,  saludaban  a la noche diciendo:  ¡el señor de la noche ya ha

salido,        que  se  llama  Yoaltecutli;     no        sabemos          cómo  hará      su  oficio  o

su curso! La fiesta de este Yoaltecutli      caía y se celebraba en el signo que

se llamaba nahui ollin, a dos o tres días de la cuenta del tonalámatl. Cua­

tro días ayunaban antes de esta fiesta, y al mediodía de esta fiesta tocaban

los caracoles y pitos y trompetas, etc., y pasaban mimbres por las lenguas,

ofreciéndole aquella sangre; y hasta los niños que estaban en    las cunas

les sacaban sangre de las orejas para ofrecer, y todos chicos y grandes

ofrecían  sangre de las orejas  (en )          aquella hora.  Esto hacían      sin decir

nada, y hacíanlo delante la imagen del sol, que estaba en un      cu que se

llamaba       Quauhxicalco, pintada o esculpida como ahora se pinta el sol,

como una cara humana      y con rayos que salen de ella, como una rueda;

y en la fiesta del sol siempre, cada año mataban muchos esclavos y cau­

tivos a su honra en sus       cúes, y decían, que todos los que morían en la

guerra iban a la casa del sol a reposar.                                                                

 

 

Un sátrapa de los del templo tenía cuidado de doctrinar y enseñar a los que trabajaban y servían en el templo, los cuales doctrinados los entregaba a los sacerdotes, para que hiciesen sus oficios, que habían aprendido; también éste los disciplinaba para que viviesen bien y no fuesen tra­ viesos. Este mismo tenía cargo de hacer barrer los lugares del templo a estos muchachos que criaba; este mismo tenía cuidado de velar de que no faltase fuego en los fogones del templo.

 

Ciertos mancebos que por su voto y devoción hacían penitencia en el templo, tenían cargo de velar de noche para que ninguna cosa mala se hiciese en el templo. Los muchachos medianos que se criaban en el monasterio que se llamaba calmécac, tenían cuidado de ir al monte por la leña que se gastaba en el templo. Los muchachos novicios, en el mo­ nasterio tenían cargo de traer puntas de maguey, las que eran menester en el templo; tenían cargo de traer ramos de laurel, los que eran necesarios en el templo. Los mancebos que se llamaban tlamacazque, que vivían en el templo, tenían cargo de tañer los caracoles y pitos y trompetas; los muchachos y mancebos que se criaban en el calmécac, que era monas­ terio, tenían cargo (d e) los mozuelos pequeños que se criaban en el calmécac, que eran como sacristanejos, de hacer la tinta con que se teñían los sacerdotes del templo cada día, en amaneciendo, todo el cuerpo de negro; hacíanla en una canoa que para esto tenían, (y ) hacían de noche esta tinta y a la mañana se teñían con ella todos los sacerdotes o sátrapas.

 

RELACION DE LOS VOTOS Y JURAMENTOS

 

Usaban hacer voto a los ídolos de servirlos con algunos sacrificios y ofrendas, cuando alguno de sus hijos o de su casa caía en enfermedad, o caía de su estado y se lisiaba; esto hacía no a uno solo, pero a dos o tres de sus ídolos, para que le ayudasen en aquella necesidad. Tenían también costumbre de hacer juramento de cumplir alguna cosa a que se obligaban, y aquel a quien se obligaban les demandaba que hiciesen juramento para estar seguro de su palabra, y el juramento que hacía era en esta forma: ¡Por vida del sol, y de nuestra señora la tierra, que no haré falta en lo que tengo dicho, y para mayor seguridad como esta tierra!, y luego tocaba con los dedos en la tierra y llegábalos a la boca y lamíalos, y así comía tierra haciendo juramento. Cuando por alguna ne­ cesidad alguno demandaba a su dios ayuda, hacía voto y juramento de hacer tal cosa por su servicio y cumplirlo.

 

 

(Lib. II, ap. v)

 

 

Había también en los templos mujeres que desde pequeñuelas se criaban allí, y era la causa porque por su devoción sus madres, siendo muy chiquillas, las prometían al servicio del templo; y siendo de veinte o cuarenta días las presentaban al que tenía cargo de esto, que le llamaban quacuilli, que era como cura y llevaban escobas para barrer y un incen­ sario de barro, e incienso que se llama copalli blanco; todo esto presen­ taban al quacuilli o cura. Hecho esto el quacuilli encargaba mucho a la madre que tuviese mucho cuidado de criar a su hija, y también de que en veinte en veinte días tuviese cuidado de llevar al caípulco o parroquia de su barrio aquella misma ofrenda de escobas y copal, y leña, para quemar en los fogones de la iglesia. Aquella niña desque llegaba a edad de discreción, informada de su madre cerca del voto que había hecho, ella misma se iba al templo donde estaban las otras doncellas, y llevaba su ofrenda consigo, que era un incensario de barro y copal.

 

Desde este tiempo hasta que era casadera, siempre estaba en el templo debajo del regimiento de las matronas que criaban a las doncellas; y cuando ya siendo de edad la demandaba alguno para se casar con ella, en estando concertados los parientes y los principales del barrio para que se hiciese el casamiento, aprestaban la ofrenda que habían de llevar, que era codornices e incienso y flores, y cañas de humo, y un incensario de barro, y también aparejaban comida; luego tomaban a la moza y la llevaban delante de los sátrapas, al mismo templo, y tendían una manta grande de algodón blanco y sobre ella se ponía toda la ofrenda que lle­ vaban, y también una manta que se llamaba tlacaquachtli en la cual estaban tejidas muchas cabezas de personas; y hechos sus razonamientos de la una parte a la otra los padres de la moza llevaban a su hija.

 

(Lib. II, ap. vii)

 

 

 

 

 

 

 

 

HIMNOS

 

INTRODUCCION  A LOS  HIMNOS

 

RELACION DE LOS CANTARES QUE SE DECIAN A HONRA DE LOS DIOSES EN LOS TEMPLOS Y FUERA DE ELLOS

 

Costumbre muy antigua es de nuestro adversario el diablo buscar es­ condrijos para hacer sus negocios, conforme a lo del Santo Evangelio, que dice: Quien hace mal aborrece la luz. Conforme a esto, este nuestro enemigo en esta tierra plantó un bosque o arcabuco, lleno de muy espesas breñas, para hacer sus negocios desde él y para esconderse en él, para no ser hallado, como hacen las bestias fieras y las muy ponzoñosas serpien­ tes. Este bosque o arcabuco breñoso son los cantares que en esta tierra él urdió que se hiciesen y usasen en su servicio, y como su culto divino y salmos de su loor, así en los templos, como fuera de ellos — los cuales llevan tanto artificio, que dicen lo que quieren y pregonan lo que él man­ da, y entiéndenlos solamente aquellos a quien él los enderezaba— . Es cosa muy averiguada que la cueva, bosque y arcabuco donde el día de hoy este maldito adversario se esconde, son los cantares y salmos que tiene compuestos y se le cantan, sin poderse entender lo que en ellos se trata, más de aquellos que son naturales y acostumbrados a este lenguaje, de manera que seguramente se canta todo lo que él quiere, sea guerra o paz, loor suyo o contumelia de Jesucristo, sin que de los demás se pueda en­ tender.

 

(Lib. II, ap.  vi)

 

 

CANTO  DE TLALOC

 

Ay, en México se está pidiendo préstamo al dios.

 

En donde están las banderas de papel

y por los cuatro rumbos

están en pie los hombres.

¡Al fin es el tiempo de su lloro!

 

Ay, yo fui creado

 

y de mi dios,

festivos manojos de ensangrentadas espigas, ya llevo

al patio divino.

 

Ay, eres mi caudillo, Príncipe Mago, y aunque en verdad,

 

tú eres el que produce nuestro sustento, aunque eres el primero, sólo te causan vergüenza.

 

— Ay, pero si alguno ya me causa vergüenza,

 

es que no me conocía bien:

vosotros sois mis padres, mi sacerdocio, Serpiente-Tigre.

 

Ay, en Tlalocan, en nave de turquesa, suele salir y no es visto

 

Acatónal.

Ay, ve a todas partes, Ay, extiéndete

 

en Poyauhtlan.

Con sonajas de nieblas es llevado al Tlalocan.

 

Ay, mi hermano Tozcuecuexi Yo me iré para siempre:

 

es tiempo de  su lloro.

Ay, envíame al lugar del Misterio: bajo su mandato,

 

Y yo ya le dije

al Príncipe de funestos presagios: Yo me iré para siempre:

 

es tiempo de su lloro. Ay, a los cuatro años

 

entre nosotros es el levantamiento: sin que se sepa,

 

gente sin número

en el lugar de los descarnados: casa de plumas de quetzal, se hace la transformación:

 

es cosa propia del Acrecentador de hombres. Ay, ve a todas partes,

 

Ay, extiéndete en Poyauhtlan.

 

Con sonajas de nieblas es llevado al Tlalocan.

 

 

Amarillas flores abrieron la corola:

 

es nuestra Madre, la del rostro con máscara.

— ¡Tu punto de partida es Tamoanchanl Amarillas flores son tus flores:

 

Es nuestra Madre, la del rostro con máscara. ¡Tu punto de partida es Tamoanchanl Blancas flores abrieron la corola:

 

es nuestra Madre, la del rostro con máscaral ¡Tu punto de partida es Tamoanchanl

 

 

La Diosa está sobre el redondo cacto:

 

¡Es nuestra Madre, Mariposa de Obsidiana!

Oh, veámosla:

en las Nuevas Llanuras

 

se nutrió con corazones de ciervos.

 

¡Es nuestra Madre, la Reina de la Tierral Oh, con greda nueva, con pluma nueva está embadurnada.

¡Por los cuatro rumbos se rompieron dardos!

Oh, en Cierva estás convertida:

 

sobre tierra de pedregal vienen a verte Xiuhnelli y Mimichl

 

 

CANTO DE X0CH1P1LL1

 

Encima del campo de juego de pelota hermosamente canta el precioso faisán: está respondiendo al Dios Mazorca. Ya cantan nuestros amigos,

ya canta el precioso faisán:

en la noche lució el Dios Mazorca.

Solamente oirá mi canto

ahora la que tiene cascabeles, la que tiene rostro con máscara.

Solamente oirá mi canto,

Cipactonalli.

Yo doy orden en Tlalocan,

el Provedor orden doy.

En Tlalocan, el Provedor,

orden doy.

Oh, he llegado acá

donde el camino se reparte,

 

¡sólo soy el Dios Mazorca!

 

¿A dónde iré?

¿A dónde seguiré camino?

El provedor del Tlalocan:

llueven los dioses.

 

 

CANTO DE AYOPECHTLI

 

En algún lugar, en algún lugar, en casa de Ayopéchcatl, con adorno de collares da a luz.

 

En algún lugar, en algún lugar, en casa de Ayopéchcatl, con adorno de collares da a luz.

 

En algún lugar, en casa de Ayopéchcatl, los vientres maduros llegan a la vida.

¡Levántate, ven,

sé enviado,  levántate, ven,

Niño  Nuevo,

levántate, ven!

sé enviado,  levántate, ven,

Niño Joya,

levántate, ven.

 

 

CANTO DE X1PPE TOTEC YOHUALLAHUANA

 

La noche se embriaga aquí.

 

¿Por qué te  hacías desdeñoso?

¡Inmólate ya!

Ropaje de oro

revístete!

Mi dios  lleva a cuestas esmeraldas de  agua:

por medio del acueducto es su descenso.

Sabino de plumas de quetzal,

verde serpiente de turquesas

me ha hecho mercedes.

¡Que yo me deleite, que yo no perezca:

Yo soy la Mata tierna del Maíz:

una esmeralda es  mi corazón:

él oro del agua veré!

Mi vida se refrescará:

el hombre primerizo se robustece:

¡nació él que manda en la guerra!

 

Mi dios Mazorca con la cara en alto sin motivo se azora.

 

Yo soy la Mata tierna del Maíz:

 

desde tus montañas

te viene a ver tu dios:

Mi vida se refrescará:

el  hombre  primerizo  se robustece:

¡nació el que manda en  la guerra!

 

CANTO DE MACUIL XOCHT1L

 

De donde están las flores enhiestas he venido yo:

 

Viento que proveerá, Dueño del rojo crepúsculo.

Del mismo modo tú, Abuela mía,

la de la máscara, Dueña de la aurora

Dios de presagios funestos, Señor mío, Tezcatlipoca.

Viento que proveerá, Dueño del rojo crepúscido.

responded al dios Mazorca.

 

 

( Códices matritenses, ff. 273v-281v, traducción Angel María Garibay K., Veinte himnos sacros de los nahuas. Los recogió de los nativos Fr. Bernardino de Sahagún, franciscano. Los publica en su texto, con versión, introducción, notas de co­ mentario y apéndices de otras fuentes. . ., Fuentes Indígenas de la Cultura Náhuatl, 2, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, México, 1958, pp. 51-2, 68, 100, 129, 175 y 219)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DESPUES DE LA MUERTE

 

DE LOS QUE IBAN AL INFIERNO Y DE SUS OBSEQUIAS

 

Lo que dijeron y supieron los naturales antiguos y señores de esta tierra,

de los difuntos que se morían, es:  que las ánimas de los difuntos iban

a  una  de tres partes:  la  una  es el infierno,  donde  estaba  y vivía un

diablo que se decía Mictlantecutli, y por otro nombre Tzontémoc,          y una

diosa que se decía  Mictecacíhuatl            que era mujer de Mictlantecutli;        y las

ánimas de los difuntos que iban al infierno, son los que morían de en­

fermedad, ahora fuesen señores o principales, o gente baja, y el día que

alguno se moría, varón o mujer o muchacho, decían al difunto echado

en la  cama,  antes  que  lo enterrasen:  "¡Oh  hijo!,  ya  habéis  pasado y

padecido los trabajos de esta vida; ya ha sido servido nuestro señor de

os llevar, porque no tenemos vida permanente  en este mundo y breve­

mente,  como quien se calienta al sol, es nuestra vida; hízonos merced

nuestro señor que nos conociésemos y conversásemos los unos a los otros

en  esta  vida  y  ahora,  al  presente  ya  os  llevó  el  dios  que  se  llama

Mictlantecutli, y por otro nombre Aculnahuácatl o Tzontémoc, y la diosa

que se dice Mictecacíhuatl, ya os puso por su asiento, porque todos noso­

tros iremos allá, y aquel lugar es para todos y es muy ancho, y no habrá

más memoria de vos; y ya os fuisteis al lugar oscurísimo que no tiene

luz,  ni ventanas,  ni habéis más de volver ni  salir de allí,  ni  tampoco

más habéis de tener cuidado y solicitud de vuestra vuelta. Después de os

haber  ausentado  para  siempre  jamás,  habéis  ya  dejado  vuestros  hijos,

pobres y huérfanos y nietos, ni sabéis cómo han de acabar, ni pasar los

trabajos de esta vida presente; y nosotros allá iremos a donde vos estu-

viéredes antes (d e)  mucho tiempo".       

Después de esto hablaban y decían al pariente del difunto diciéndole: “¡Oh hijo, esforzaos y tomad ánimo, y no dejéis de comer y beber, y (a)quiétese vuestro corazón. ¿Qué podemos decir nosotros a lo que dios hace? ¿Por ventura esta muerte aconteció porque alguno nos quiere mal, o hace burla de nosotros? Es por cierto porque así lo quiso nuestro

 

señor, que éste fuese su fin. ¿Quién puede hacer que una hora o un día sea alargado a nuestra vida presente, en este mundo? Pues que esto es así, tened paciencia para sufrir los trabajos de esta vida presente y (que) la casa donde éste vivía esperando la voluntad de dios, yerma y oscura de aquí adelante, y no tengáis más esperanza de ver a vuestro difunto. No conviene que os fatiguéis mucho por la orfanidad y pobreza que os queda; esforzaos, hijo, no os mate la tristeza! Nosotros hemos venido aquí a os visitar y a consolar con estas pocas palabras, como nos conviene hacer a nosotros, que somos padres viejos, porque ya nuestro señor llevó a los otros, que eran más viejos y antiguos, los cuales sabían mejor decir palabras consolatorias a los tristes. Y con esto ponemos fin a nuestra plática, los que somos vuestros padres y madres; quedaos a dios”.

 

Y luego los viejos ancianos y oficiales de tajar papeles cortaban y aderezaban y ataban los papeles de su oficio, para el difunto y después de haber hecho y aparejado los papeles tomaban al difunto y encogíanle las piernas y vestíanle con los papeles y lo ataban; y tomaban un poco de agua y derramábanla sobre su cabeza, diciendo al difunto: Esta es la de que gozasteis viviendo en el mundo; y tomaban un jarrillo lleno de agua, y dánselo diciendo: Veis aquí con que habéis de caminar; y po-níansele entre las mortajas, y así amortajaban el difunto con sus mantas

 

y papeles, y atábanle reciamente; y más daban al difunto todos los papeles que estaban aparejados, poniéndolos ordenadamente ante él, diciendo: Veis aquí con que habéis de pasar en medio de dos sierras que están encontrándose una con otra; y más le daban al difunto otros papeles, diciéndole: Veis aquí con que habéis de pasar el camino donde está una culebra guardando el camino. Y más daban otros papeles di­ ciendo: Veis aquí con que habéis de pasar a donde está la lagartija verde, que se dice xochitonal; y más decían al difunto: Veis aquí con que habéis de pasar ocho páramos; y más daban otros papeles diciendo: Veis aquí con que habéis de pasar ocho collados; y más decían al difunto: Veis aquí con que habéis de pasar el viento de navajas, que se llama itzehecayan, porque el viento era tan recio que llevaba las piedras y pedazos de navajas.

 

Por razón de estos vientos y frialdad quemaban todas las petacas y armas y todos los despojos de los cautivos, que habían tomado en la guerra, y todos sus vestidos que usaban; decían que estas cosas iban con aquel difunto y en aquel paso le abrigaban para que no recibiese gran pena. Lo mismo hacían con las mujeres que morían, que quemaban todas las alhajas con que tejían e hilaban, y toda la ropa que usaban para que en aquel paso las abrigasen de frío y viento grande que allí había, al cual llamaban itzehecayan, y el que ningún hato tenía sentía gran trabajo con el viento de este paso. Y más, hacían al difunto llevar con­ sigo un perrito de pelo bermejo, y al pescuezo le ponían hilo flojo de algodón; decían que los difuntos nadaban encima del perrillo cuando pasaban un río del infierno que se nombra Chiconahuapan; y en llegando

 

los difuntos ante el diablo que se dice Mictlantecutli ofrecíanle y presen­

 

tábanle los papeles que llevaban, y manojos de teas y cañas de perfumes,

e hilo flojo de algodón y otro hilo colorado, y una manta y un maxtli y

las  naguas y camisas y todo hato de mujer difunta  que  dejaba  en  el

mundo        todo lo tenían envuelto desde que se moría. A los ochenta  días

lo quemaban, y lo mismo hacían al cabo del año, y a los dos años,        y a

los tres años, y a los cuatro años; entonces se acababan y cumplían las

obsequias, según tenían costumbre, porque decían que todas las ofrendas

que hacían por los difuntos en este mundo, iban delante el diablo         que

se decía      Mictlantecutli; y después de pasados cuatro años el difunto se

sale y se va a los nueve infiernos, donde está      y pasa un río muy ancho

y allí viven y andan perros en la ribera del río por donde pasan los di­

funtos nadando, encima de los perritos. Dicen     que el difunto que      llega

a la ribera del río arriba dicho, luego mira el       perro  (y )  si conoce   a su

amo luego se echa nadando al río, hacia la otra parte donde está su amo,

y le pasa a cuestas. Por esta causa los naturales solían tener y criar los

perritos,      para este efecto; y más decían,  que  los perros de pelo blanco

y negro no podían nadar y pasar el río, porque dizque decía el perro de

pelo blanco: yo me lavé; y el perro de pelo negro decía: yo me he man­

chado de color prieto, y por eso no puedo pasaros.  Solamente el perro

de pelo bermejo podía bien pasar a cuestas a los difuntos, y así en este

lugar del infierno que se llama Chiconaumictlan, se acababan y fenecían

los difuntos. Y más dicen que después de haber amortajado al difunto con

los dichos aparejos de papeles y otras cosas, luego mataban al perro del

difunto, y entrambos los llevaban a un  lugar donde había de  ser que­

mado con el perro juntamente.                

Y    dos de  los  viejos  tenían  especial  cuidado  y cargo  de  quemar  al

difunto,  y otros viejos cantaban;  y estándose quemando  el difunto  los

dichos dos viejos, con palos estaban alanceando al difunto; y después de

haber quemado al difunto cogían la ceniza y carbón y huesos del difunto

y tomaban agua diciendo:  Lávese el difunto; y derramaban el agua en­

cima del carbón y huesos del difunto, y hacían un  hoyo redondo y lo

enterraban; y esto hacían así en el enterramiento de los nobles como de

la gente baja; y ponían los huesos dentro de un jarro u olla con una      pie­

dra verde que se llama chalchíhuitl, y lo enterraban en una cámara de

su casa, y cada día daban y ponían ofrendas en el lugar donde estaban

enterrados los huesos del  difunto.  Y más dicen  que  al  tiempo  que  se

morían los señores y nobles les metían en la boca una piedra verde que

se dice chalchíhuitl; y en la boca de la gente baja, metían una piedra que

no era tan preciosa, y de poco valor, que se dice texoxoctli o piedra de

navaja, porque dicen que la ponían por corazón del difunto. Y para los

señores que  se morían  hacían muchas  y diversas cosas de  aparejos  de

papeles,  que  eran  un  pendón  de  cuatro  brazas  de  largura,  hecho  de

papeles y compuesto con diversos plumajes; y así también mataban veinte

esclavos y otras veinte esclavas, porque decían   que como en este mundo

 

habían servido a su amo así mismo han de servir en el infierno; y el día que quemaban al señor luego mataban a los esclavos y esclavas con saetas, metiéndoselas por la olla de la garganta, y no los quemaban jun­ tamente con el señor sino en otra parte los enterraban.

 

(Lib. III, ap. i)

 

DE LOS QUE IBAN AL PARAISO TERRENAL

 

La otra parte donde decían que se iban las ánimas de los difuntos es el paraíso terrenal, que se nombra Tlalocan, en el cual hay muchos regocijos y refrigerios, sin pena ninguna; nunca jamás faltan las mazorcas de maíz verdes, y calabazas y ramitas de bledos, y ají verde y jitomates, y frijoles verdes en vaina, y flores; y allí viven unos dioses que se llaman Tláloque, los cuales se parecen a los ministros de los ídolos que traen cabellos largos. Y los que van allá son los que matan los rayos o se ahogan en el agua, y los leprosos, bubosos y sarnosos, gotosos e hidró­ picos; y el día que se morían de las enfermedades contagiosas e incurables, no los quemaban sino enterraban los cuerpos de los dichos enfermos, y les ponían semillas de bledos en las quijadas, sobre el rostro; y más, poníanles color de azul en la frente, con papeles cortados, y más, en el colodrillo poníanlos otros papeles, y los vestían con papeles, y en la mano una vara. Y así decían que en el paraíso terrenal que se llamaba Tlalocan había siempre jamás verdura y verano.

 

(Lib. III, ap. ii)

 

DE LOS QUE IBAN AL CIELO

 

La otra parte a donde se iban las ánimas de los difuntos es el cielo, donde vive el sol. Los que se van al cielo son los que mataban en las guerras y los cautivos que habían muerto en poder de sus enemigos: unos morían acuchillados, otros quemados vivos, otros acañavereados, otros aporreados con palos de pino, otros peleando con ellos, otros atábanles teas por todo el cuerpo y poníanlos fuego, y así se quemaban. Todos estos dizque están en un llano y que a la hora que sale el sol, alzaban voces y daban grito golpeando las rodelas, y el que tiene rodela horadada de saetas por los agujeros de la rodela mira al sol, y el que no tiene rodela horadada de saetas no puede mirar al sol. Y en el cielo hay arboleda y bosque de diversos árboles; y las ofrendas que les daban en este mundo los vivos, iban a su presencia y allí las recibían; y después de cuatro años pasados las ánimas de estos difuntos, se tornaban en diversos géneros de aves de pluma rica, y color, y andaban chupando todas las flores así en el cielo como en este mundo, como los zinzones lo hacen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NUEVOS Y VIEJOS CULTOS

 

EL CULTO A NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE-TONANTZIN

 

Cerca de los montes hay tres o cuatro lugares donde solían hacer muy solemnes sacrificios, y que venían a ellos de muy lejas tierras. El uno de éstos es aquí un montecillo que se llama Tepeácac, y los españoles llaman Tepeaquilla, y ahora se llama Nuestra Señora de Guadalupe; en este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los dioses que llamaban Tonantzin, que quiere decir Nuestra Madre; allí hacían muchos sacri­ ficios a honra de esta diosa, y venían a ellos de muy lejas tierras, de más de veinte leguas, de todas estas comarcas de México, y traían muchas ofrendas; venían hombres y mujeres, y mozos y mozas a estas fiestas; era grande el concurso de gente en estos días, y todos decían vamos a la fiesta de Tonantzin; y ahora que está allí edificada la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe también la llaman Tonantzin, tomada ocasión de los Predicadores que a Nuestra Señora la Madre de Dios la llaman

Tonantzin.

De dónde haya nacido esta fundación de esta Tonantzin no se sabe de cierto, pero esto sabemos de cierto que el vocablo significa de su pri­ mera imposición a aquella Tonantzin antigua, y es cosa que se debía remediar porque el propio nombre de la Madre de Dios Señora Nuestra no es Tonantzin, sino Dios y Nantzin; parece ésta invención satánica, para paliar la idolatría debajo la equivocación de este nombre Tonantzin, y vienen ahora a visitar a esta Tonantzin de muy lejos, tan lejos como de antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no van a ellas, y vienen de lejas tierras a esta Tonantzin, como antiguamente.

 

(Lib. XI, nota o apéndice, fragmento)

 

 

EL FIN DEL MEXICO ANTIGUO

 

 

 

 

 

 

 

 

LA CONQUISTA

 

AL LECTOR

 

Aunque muchos han escrito en romance la conquista de esta Nueva Es­ paña según la relación de los que la conquistaron, quísela yo escribir en lengua mexicana, no tanto por sacar algunas verdades de la relación de los mismos indios que se hallaron en la conquista, cuanto por poner el lenguaje de las cosas de la guerra y de las armas que en ella usan los naturales, para que de allí se puedan sacar vocablos y maneras de decir, propias para hablar en la lengua mexicana acerca de esta materia. Allé­ gase también a esto que los que fueron conquistados supieron y dieron relación de muchas cosas que pasaron entre ellos durante la guerra, las cuales ignoraron los que los conquistaron, por las cuales razones me parece que no ha sido trabajo superfluo el haber escrito esta historia, la cual se escribió en tiempo que eran vivos los que se hallaron en la misma conquista, y ellos dieron esta relación, y personas principales y de buen juicio, y que se tiene por cierto que dijeron toda verdad.

 

Cuando escribí en este pueblo del Tlatilulco los doce libros de la historia de esta Nueva España (por los cuales envió nuestro señor D. Felipe, que los tiene allá), el nono libro fue de la conquista desta tierra. Cuando esta escritura se escribió (que ha ya más de treinta años) toda se escribió en lengua mexicana, y después se romanció toda. Los que me ayudaron en esta escritura fueron viejos principales, y muy enten­ didos en todas las cosas así de la idolatría como de la república, y oficios della, y también que se hallaron presentes en la guerra cuando se conquistó esta ciudad.

 

En el libro nono donde se trata de esta conquista, se hicieron varios defectos, y fue que algunas cosas se pusieron en la narración de esta conquista que fueron mal puestas, y otras se callaron, que fueron mal calladas. Por esta causa, este año de mil quinientos ochenta y cinco en­ mendé este libro, y por eso va escrito en tres columnas. La primera es el lenguaje indiano ansí tosco como ellos lo pronunciaron, y se escribió

 

entre los otros libros. La segunda columna es enmienda de la primera ansí en vocablos como en sentencias. La tercera columna está en ro­ mance, sacado según las enmiendas de la segunda columna. Los que tienen este tractado en la lengua mexicana tan solamente sepan que están enmendadas muchas cosas en éste que va en tres columnas en cada plana. También me moví a enmendar este tractado porque tengo propósito que en acabando el arte y vocabulario de la lengua mexicana (en que ahora voy entendiendo) leer a nuestros religiosos el arte de esta lengua mexicana, y también el vocabulario, y esta conquista, leyendo la lengua propia mexicana como allí está escrita, y las faltas que lleva aumentadas en la segunda columna.

 

(Lib. XII)

 

 

DE LAS SEÑALES Y PRONOSTICOS QUE APARECIERON ANTES QUE LOS ESPAÑOLES VINIESEN A ESTA TIERRA, NI HUBIESE NOTICIA DE ELLOS

 

Diez años antes que viniesen los españoles a esta tierra pareció en el cielo una cosa maravillosa y espantosa, y es, que pareció una llama de fuego muy grande, y muy resplandeciente: parecía que estaba tendida en el mismo cielo, era ancha de la parte de abajo, y de la parte de arriba aguda, como cuando el fuego arde; parecía que la punta de ella llegaba hasta el medio del cielo, levantábase por la parte del oriente luego después de la media noche, y salía con tanto resplandor que parecía de día; llegaba hasta la mañana, entonces se perdía de vista; cuando salía el sol estaba la llama en el lugar que está el sol a medio día, esto duró por espacio de un año cada noche: comenzaba en el año de las doce casas, y cuando aparecía a la media noche toda la gente gritaba y se espantaba: todos sospechaban que era señal de algún gran mal.

 

La segunda señal que aconteció fue, que el chapitel de un cu de Vitzilopuchtli, que se llamaba Totleco, se encendió milagrosamente y se quemó: parecía que las llamas de fuego salían de dentro de los maderos de las columnas, y muy de presto se hizo ceniza: cuando ardía comen­ zaron los sátrapas a dar voces diciendo: ¡Oh mexicanos!, venid presto a apagar el fuego con cántaros de agua, y venida el agua echábanla sobre el fuego y no se apagaba, sino antes más se encendía, y así se hizo todo brasa.

 

La tercera señal fue que cayó un rayo sobre el cu de Xiuhtecutli, dios del fuego, el cual estaba techado con paja, llamábase Tzumulco: espantá­ ronse de esto porque no llovió sino agua menuda, que no suelen caer rayos cuando así llueve, ni hubo tronido, sino que no saben cómo se encendió.

 

La cuarta señal, o pronóstico, fue que de día haciendo sol cayó una

 

cometa, parecían tres estrellas juntas  que corrían a la par muy encen­

didas y llevaban muy grandes colas:  partieron de hacia el occidente, y

corrieron hacia el oriente, iban echando centellas de sí: de que la gente

las  vio  comenzaron  a  dar  grita,  y  sonó  grandísimo  ruido  en  toda  la

comarca.    

La quinta señal fue que se levantó la mar, o laguna de México con

grandes olas:  parecía que hervía, sin hacer aire ninguno, la cual nunca

se suele levantar sin  gran viento:  llegaron las    olas muy lejos y entra­

ron entre las casas, sacudían en los cimientos de las casas,  algunas de

éstas cayeron: fue grande espanto de todos por ver que sin aire se había

embravecido de tal manera el agua.        

La sexta señal, o pronóstico, fue que se oyó de noche en el aire una

voz de una mujer que decía:  ¡Oh hijos míos, ya nos perdimos!; algunas

veces decía:  ¡Oh hijos míos, a dónde os llevaré!

La séptima señal fue que los cazadores de las aves del agua cazaron

una ave parda del tamaño de una grulla, y luego la fueron  a mostrar

a  Mocthecuzoma,  que  estaba  en  una  sala  que           llamaban  Tlitlancalmé-

catl,  era  después  de medio día;  tenía  esta ave en medio de la  cabeza

un espejo redondo, donde se parecía el cielo, y las estrellas, y especial­

mente los mastelejos que andan cerca de las cabrillas: como la vio Mocthe­

cuzoma  espantóse,  y la  segunda vez que miró  en  el  espejo que  tenía

el ave: de ahí un poco vio muchedumbre de gente junta que venían todos armados encima de caballos, y luego Mocthecuzoma mandó llamar a los agoreros y adivinos y preguntólos, ¿no sabéis qué es esto que he visto?, que viene mucha gente junta, y antes que respondiesen los adivi­ nos desapareció el ave, y no respondieron nada.

 

La octava señal, o pronóstico, fue, que aparecieron muchas veces monstruos en cuerpos monstruosos, llevábanlos a Mocthecuzoma, y en viéndolos luego desaparecían.

 

(Lib. XII, cap. i)

 

DE LO QUE  PROVEYO MOCTHECUZOMA CUANDO SUPO LA SEGUNDA VEZ QUE LOS ESPAÑOLES HABIAN VUELTO, ESTE FUE D. HERNANDO CORTES

 

A los sobredichos habló Mocthecuzoma y les dijo: mirad que han dicho que ha llegado nuestro señor Quetzalcóatl, id y recibidle, y oíd lo que os dijere con mucha diligencia: mirad que no se os olvide nada de lo que os dijere, veis aquí estas joyas que le presentéis de mi parte, que son todos los atavíos sacerdotales que a él convienen: primeramente una máscara labrada de musaico de turquesas, tenía esta máscara labrada de las mismas piedras una culebra doblada y retorcida cuyo doblez

 

era el pico de la nariz, luego se dividía la cola de la cabeza, y la cabeza con parte del cuerpo iba por sobre el un ojo de manera que hacía ceja, y la cola con parte del cuerpo iba por sobre otro ojo, y hacía otra ceja. Estaba esta máscara engerida en una corona alta y grande, llena de plumas ricas, largas y muy hermosas, de manera que poniéndose la coro­ na sobre la cabeza se ponía la máscara en la cara: llevaba por joyel una medalla de oro redonda y ancha: estaba asida con nueve sartales de piedras preciosas, que echadas al cuello cubrían los hombros y todo el pecho; llevaban también una rodela grande bordada de piedras preciosas con unas bandas de oro, que llegaban de arriba abajo por toda ella, y otras bandas de perlas atravesadas sobre las de oro de arriba abajo por toda ella, y los espacios que hacían estas bandas los cuales eran como mallas de red, iban puestos unos sapitos de oro. Tenía esta rodela unos rapacejos en lo bajo, iba asida en la misma rodela una bandera que salía desde la manija de la rodela, hecha de plumas ricas: llevaba tam­ bién una medalla grande hecha de obra de musaico que la llevaba atada y ceñida sobre los lomos; llevaban también unos sartales de piedras pre­ ciosas con unos cascabeles de oro entrepuestos a las piedras para atar a la garganta de los pies: llevaban también un cetro de obispo todo labrado de obra de musaico de turquesas, y la vuelta de arriba era una cabeza de una culebra revuelta o enroscada.

 

También llevaban unas cotaras como los grandes señores se las suelen poner: 29 llevaron también los ornamentos o atavíos con que se ataviaba Tezcatlipoca que era una cabellera hecha de pluma rica, que colgaba por la parte de atrás hasta cerca de la cintura y estaba sembrada toda de estre­ llas de oro: llevaban también unas orejeras de oro: llevaban colgados unos cascabelitos de oro, y sartales de caracolitos marinos blancos y her­ mosos. De estos sartales colgaba un cuero que era como peto, y llevábale ceñido de manera que cubría todo el pecho hasta la cintura: llevaba este peto, muchos caracolitos sembrados y colgados por todo él; llevaban también un coselete de tela blanca pintado, la orilla de abajo de este coselete iba bordada con plumas blancas en tres listas por todo el rededor: llevaban una manta rica, la tela de ella era un azul claro y toda labrada encima de muchas labores de un azul muy fino; esta manta se ponía por la cintura atada por las esquinas al cuerpo, sobre esta manta iba una medalla de musaico atada al cuerpo sobre los lomos; también llevaban unos sartales de cascabeles de oro para atar a las gargantas de los pies, y también unas cotaras blancas como los señores las solían traer. Lleva­ ron también los ornamentos y atavíos del dios que llamaban T lalocate-cutli, que era una máscara con su plumaje, y una bandera como la que se dijo arriba: también unas orejeras de Chalchívitl anchas que tenía dentro unas culebras de Chalchivites, y también un coselete pintado de labores verdes y unos sartales o collar de piedras preciosas, y también una medalla con que se ceñía los lomos, como la que arriba se dijo con una manta rica con que se ceñía como también arriba se dijo, y casca­

 

beles de oro para poner a los pies, y su báculo como el de arriba. Otros ornamentos también que llevaban eran del mismo Quetzalcóatl: una mi­ tra de cuero de tigre, y colgaba de la mitra una capilla grande hecha de plumas de cuervo: llevaba la mitra un chálchívitl grande y redondo en la punta, y también unas orejeras redondas de musaico de turquesas con un garabato de oro que llamaban Ecacózcatl, y una manta rica con que se ceñía, y unos cascabeles de oro para los pies, y una rodela que tenía en el medio una plancha de oro redonda, la cual rodela estaba bordada con plumas ricas. En lo bajo de la rodela salían una banda de plumas ricas en la forma que se dijo arriba: llevaba un báculo labrado de musaico de turquesas, y en la vuelta de arriba puestas unas piedras ricas o perlas eminentes. En lo alto de arriba también llevaban unas cotaras como los señores solían traer: todas estas cosas llevaban los men­ sajeros y las presentaron según dicen a D. Hernando Cortés. Otras mu­ chas cosas le presentaron que no se escriben, como fue una mitra de oro hecha a manera de caracol marisco con unos rapacejos de plumas ricas que colgaban hacia las espaldas, y otra mitra llana también de oro y otras joyas de oro que no se escriben. Todas estas cosas metieron en sus petacas y tomada la licencia de Mocthecuzoma díjoles: Td con prisa y

no os detengáis; id y adorad en mi nombre al dios que viene, y decidle, acá

 

nos envía vuestro siervo Mocthecuzoma, estas cosas que aquí traemos os envía, pues habéis venido a vuestra casa que es México”. Tomaron luego

 

el camino los mensajeros y llegaron a la orilla de la mar y allí entraron en canoas, y llegaron a un lugar que se llama Xicalanco: de allí tomaron otra vez a entrar en otras canoas con todo su hato, y llegaron a los navios,

luego les preguntaron de los navios: ¿Quién sois vosotros, de dónde habéis

venido?, dijeron los de la canoa: Venimos de México, y dijeron los de la

nao:  ¿Por ventura no sois de México, sino que decís con falsedad que

 

sois de México, y nos engañáis? y sobre esto tomaron y dieron, y de que se satisficieron los unos a los otros, juntaron la canoa con el navio y echáronles una escalera con que subieron al navio donde estaba D. Her­ nando Cortés.

 

(Lib. XII, cap. iv)

 

 

DE LO QUE  PASO CUANDO LOS MENSAJEROS DE MOCTHECUZOMA  ENTRARON  EN  EL  NAVIO DE D. HERNANDO CORTES

 

Comenzaron a subir al navio por las escaleras, y llevaban el presente que Mocthecuzoma les mandó llevar. Como estuvieron delante del capitán D. Hernando Cortés besaron todos la tierra en su presencia, y habláronle de esta manera: “Sepa el dios a quien venimos a adorar en persona de su siervo Mocthecuzoma, el cual rige y gobierna la ciudad de México,

 

y dice ha llegado con trabajo el dios”, y luego sacaron los ornamentos que llevaban, y se los pusieron al capitán D. Hernando Cortés atavián­ dole con ellos: pusiéronle primeramente la corona y máscara que arriba se dijo, y todo lo demás: echáronle al cuello los collares de piedras que llevaban con los joyeles de oro, y pusiéronle en el brazo izquierdo la rodela que se dijo arriba y todas las demás cosas se las pusieron delante ordenadas como suelen poner sus presentes. El capitán dijo: ¿hay otra cosa más que esto?; dijéronle, señor nuestro, no hemos traído más cosas que estas que aquí están. El capitán mandólos luego atar, y mandó soltar tiros de artillería, y los mensajeros que estaban atados de pies y manos como oyeron los truenos de las bombardas cayeron en el suelo como muertos, y los españoles levantáronlos del suelo, y diéronlos a beber vino con que los esforzaron y tornaron en sí. Después de esto el capitán D. Hernando Cortés les dijo por su intérprete: oíd lo que os digo: hanme dicho que los mexicanos son valientes hombres, que son grandes con­ quistadores y grandes luchadores, y son muy diestros en las armas; dícenme que un solo mexicano es bastante para vencer a diez y a veinte de sus enemigos, quiero probaros si es esto verdadero, y si sois tan fuer­ tes como me han dicho; luego les mandó dar espadas y rodelas para que peleasen con otros tantos españoles, para ver quién vencería a los otros, y los mexicanos dijeron luego al capitán Cortés: óiganos vuestra merced nuestra excusa, porque no podemos hacer lo que nos manda, y es porque Mocthecuzoma nuestro señor no nos envió a otra cosa sino a saludaros, y daros este presente; no podemos hacer otra cosa, ni podemos hacer lo que nos mandáis, y si lo hiciésemos enojarse ha nuestro señor Mocthecu­ zoma, y mandarnos ha matar, y el capitán respondióles: hase de hacer en todo caso lo que os digo, tengo de ver qué hombres sois, que allá en nuestra tierra hemos oído que sois valientes hombres, aparejaos con esas armas, y disponeos para que mañana nos veamos en el campo.

 

(Lib. XII, cap. v)

 

ADICIONES

ALLI SE DICE EL RELATO CON QUE DIERON CUENTA A MOCTHECUZOMA  LOS ENVIADOS QUE FUERON  A VER LA  BARCA

 

Hecho esto, luego dan cuenta a Mocthecuzoma. Le dijeron en qué forma se habían ido a admirar y lo que estuvieron viendo, y cómo es la comida de aquéllos. Y cuando él hubo oído lo que le comunicaron los enviados, mucho se espantó, mucho se admiró. Y se llamó a asombro en gran manera su alimento.

 

También mucho espanto le causó el oír cómo estalla el cañón, cómo retumba su estrépito, y cuando cae, se desmaya uno; se le aturden a uno

 

los oídos. Y cuando cae el tiro, una como bola de piedra sale de sus entrañas: va lloviendo fuego, va destilando chispas, y el humo que de él sale es muy pestilente, huele a lodo podrido, penetra hasta el cerebro causando molestia.

 

Pues si va a dar contra un cerro, como lo hiende, lo resquebraja, y si da contra un árbol, lo destroza hecho astillas, como si fuera algo admirable, cual si alguien le hubiera soplado desde el interior.

 

Sus aderezos de guerra son todos de hierro: hierro se visten, hierro ponen como capacete a sus cabezas, hierro son sus espadas, hierro sus arcos, hierro sus escudos, hierro sus lanzas.

 

Los soportan en sus lomos sus “venados”. Tan altos están como los techos.

 

Por todas partes vienen envueltos sus cuerpos, solamente aparecen sus caras. Son blancas, son como si fueran de cal. Tienen el cabello amarillo, aunque algunos lo tienen negro. Larga su barba es, también amarilla; el bigote también tienen amarillo. Son de pelo crespo y fino, un poco encarrujado.

 

En cuanto a sus alimentos, son como alimentos humanos: grandes, blancos, no pesados, cual si fueran paja. Cual madera de caña de maíz, y como de medula de caña de maíz en su sabor. Un poco dulces, un poco como enmelados: se comen como miel, son comida dulce.

 

Pues sus perros son enormes, de orejas ondulantes y aplastadas, de grandes lenguas colgantes; tienen ojos que derraman fuego, están echan­ do chispas: sus ojos son amarillos, de color intensamente amarillo.

Sus panzas, ahuecadas, alargadas como angarilla, acanaladas.

 

Son muy fuertes y robustos, no están quietos, andan jadeando, andan con la lengua colgando. Manchados de color como tigres, con muchas manchas de colores.

 

Cuando hubo oído todo esto Mocthecuzoma se llenó de grande temor y como que se le amorteció el corazón, se le encogió el corazón, se le abatió con la angustia.

(Texto náhuatl, lib. XII, cap. vii.

Trad.  Angel  María  Garibay  K.)

 

ENCUENTRO  EN  EL NAVIO

 

El principal de aquellos embajadores comenzó a hablar. . . y dijo de esta manera: “Señor nuestro: como hubimos llegado yo y estos señores que aquí estamos, a la orilla del mar, vimos dentro en la mar unas casas grandísimas de madera todas, con grandes edificios dentro y fuera, las cuales andan por la mar como las canoas que acá nosotros usamos para andar por él agua: dijéronnos que estas casas se llamaban navios: son unos edificios admirables y muy grandes hechos para andar por la mar, que

 

nadie de nosotros tendrá habilidad para contar en particular los diversos edificios que contienen estos navios, o casas de agua. Procuramos luego de llegar con las canoas que llevamos, al principal navio o casa de agua, donde vimos el estandarte que traían. Como hubimos llegado cerca, vimos más de veinte navios y en cada uno de ellos venía mucha gente, y todos

 

nos estaban mirando hasta que entramos en el navio principal. Entrados que fuimos, procuramos de ver al señor Quetzalcóatl, que buscamos para darle el presente que llevábamos. Allá dentro del navio en una pieza mos­

 

tráronnos un señor sentado en su trono, del cual nos dijeron. .. Ese es el que buscáis: luego nos postramos delante dél adorándolo como a dios, y luego le dijimos lo que nos mandaste, le compusimos con las joyas que nos diste. Diéronnos a entender que era poco aquello que llevábamos. Aquel día nos trataron bien, y nos dieron de comer y beber de lo que ellos comen y beben, que es preciosa comida y bebida. Aquella noche dormi­ mos en el navio, y a la mañana comenzáronnos a hablar en que querían ver nuestras fuerzas y manera de pelear, y que peleásemos con ellos de uno a uno, o de dos a dos. Escusámonos de este negocio, y sobre él nos echaron hierros y soltaron tiros de artillería, que nos espantaron mucho, y nos hicieron caer como muertos. Después que volvimos en no­ sotros y nos dieron de comer, vimos sus armas y sus caballos y sus perros, y sería cosa prolija de contar cada cosa de por sí, de las que vimos. Dicen que viene acá a conquistarnos y a robarnos, acá se verá todo: grandemente venimos espantados

 

(Versión corregida de 1585, lib. XII, cap. vii, pasaje complementario)

 

DEL LLANTO QUE HIZO MOCTHECUZOMA Y TODOS

 

LOS MEXICANOS DE  QUE  SUPIERON  QUE  LOS

ESPAÑOLES ERAN TAN ESFORZADOS

 

Oídas las cosas de arriba dichas por Mocthecuzoma, concibió en sí un sentimiento de que venían grandes males sobre él y sobre su reino, y comenzó a temer grandemente no solamente él, pero todos aquellos que supieron aquestas nuevas ya dichas. Todos lloraban y se angustiaban, y andaban tristes y cabizbajos, hacían corrillos, y hablaban con espanto de las nuevas que habían venido; las madres llorando tomaban en brazos a sus hijos y trayéndoles la mano sobre la cabeza decían: ¡Oh hijo mío!, ¡en mal tiempo has nacido, qué grandes cosas has de ver, en grandes tra­ bajos te has de hallar! Fue dicho a Mocthecuzoma cómo los españoles traían una india mexicana que se llamaba María27 vecina del pueblo de Tetícpac que está a la orilla de la mar del Norte, y que traían ésta por intérprete, que decía en la lengua mexicana todo lo que el capitán

 

 

27 Más adelante se le llama Marina o Malinche, sus nombres habituales. M.

 

D. Hernando Cortés le mandaba. Luego Mocthecuzoma comenzó a enviar mensajeros y principales a donde estaban los españoles para que mirasen lo que se hacía, y procurasen lo que fuese menester al servicio de los españoles. Cada día iban unos y volvían otros, no paraban mensajeros que iban y volvían, y los españoles no cesaban de preguntar por Mocthe­ cuzoma, queriendo saber qué persona era, si era viejo, o si era mozo, o si era de media edad, o si tenía canas. Respondían los indios mexicanos a los españoles, hombre es de media edad, no es viejo ni es gordo, es delgado y enjuto. Cuando oía Mocthecuzoma la relación de los mensa­ jeros, cómo los españoles preguntaban mucho por él, y que deseaban mucho de verle, angustiábase en gran manera, pensó de huir o de escon­ derse para que no le viesen los españoles ni le hallasen: pensaba escon­ derse en alguna cueva, o de salirse de este mundo y irse al infierno o al paraíso terrenal, o a cualquiera otra parte secreta, y esto trataba con sus amigos, aquellos de quien se confiaba, y ellos le decían: hay quien sepa el camino para ir al infierno y también al paraíso terrenal, y a la casa del sol, y a la cueva que se llama Cincalco, que está cabe a Tlacu-yoacan, detrás de Chapultépec que hay grandes secretos, en uno de estos lugares se podrá V. M. remediar: escoja V. M. el lugar que quisiere que allí le llevaremos, y allí se consolará sin recibir ningún daño. Mocthecu­ zoma se inclinó a irse a la cueva de Cincalco, y así se publicó por toda la tierra; pero no tuvo efecto este negocio, ninguna cosa de lo que dijeron los nigrománticos se pudo verificar, y así Mocthecuzoma procuró de es­ forzarse, y de esperar a todo lo que viniese, y de ponerse a todo peligro.

 

(Lib. XII, cap. ix)

 

DE COMO LOS ESPAÑOLES COMENZARON A ENTRAR LA TIERRA ADENTRO, Y DE COMO MOCTHECUZOMA DEJO LA CASA REAL Y SE FUE A SU CASA PROPIA

 

Mocthecuzoma teniendo ya por averiguado, así por las cosas que había oído de los españoles como por los pronósticos que habían pasado, y pro­ fecías antiguas y modernas que tenían, que los españoles habían de reinar en esta tierra, salióse de las casas reales y fuese a las casas que él tenía antes que fuese rey o emperador. De que los españoles partieron de la ribera de la mar para entrar la tierra adentro, tomaron un indio princi­ pal que llamaban Tlacochcálcatl para que los mostrase el camino, al cual indio habían tomado de allí de aquella provincia los primeros navios que vinieron a descubrir esta tierra, el cual indio el capitán D. Hernando Cortés trajo consigo, y sabía ya de la lengua española algo. Este junta­ mente con María eran intérpretes del capitán. A éste tomaron por guía de su camino para venir a México, en llegando a la provincia de Tecóac que es tierra de Tlaxcala: allí estaban poblados los otomíes y gente de

 

guerra que guardaba la frontera o términos de los tlaxcaltecas. Estos sa­

 

lieron de guerra contra los españoles, quienes comenzaron a pelear con

ellos, y los de a caballo alancearon muchos,  y los arcabuceros y balles­

teros mataron también a muchos, de manera que desbarataron a todo aquel

ejército que venía, y huyeron los que quedaron. Los españoles tomaron

el pueblo y robaron lo que hallaron, y así destruyeron aquellos pueblos.

Como los de Tlaxcala oyeron lo que había acontecido a sus soldados y

otomíes, espantáronse y comenzaron a temer:  luego se juntaron  a con­

sejo, y confirieron todos sobre el negocio para ver si saldrían de guerra

contra los españoles o si se darían de paz, y dijeron:  sabemos que los

otomíes son muy valientes y pelean reciamente y todos son destruidos,

ninguna resistencia hubo en ellos, que en un abrir y cerrar de ojos los

destruyeron:  ¿qué podemos hacer nosotros?,  ¿será bien  que los reciba­

mos de paz y los tomemos por amigos?, esto es mejor que no perder toda

nuestra gente, y así acordaron los señores            de Tlaxcala de recibirlos de

paz y tomarlos por amigos.  Salieron luego los señores y principales con

gran multitud de tamemes cargados de comida de todas maneras. Llegan­

do a ellos saludaron  de paz a D.  Hernando  Cortés,  y él los preguntó

diciendo, ¿de dónde sois vosotros?; ellos dijeron, somos de la ciudad de

Tlaxcala y venimos a recibiros porque nos holgamos de vuestra venida;

habéis llegado a nuestra tierra, seáis muy bien venidos,  es vuestra casa

y vuestra tierra donde estáis, que se llama            Quauhtexcalla. La ciudad que

ahora  se llama  Tlaxcala,  antes  que  viniesen  los  españoles  se  llamaba

T excalla.

 

(Lib. XII, cap. x)

 

DE  COMO LOS  ESPAÑOLES  LLEGARON  A TLAXCALA, QUE ENTONCES SE LLAMABA TEXCALLA

 

Los señores y principales de Tlaxcala metieron en su ciudad a los espa­ ñoles recibiéndolos de paz: lleváronlos luego derecho a las casas reales: allí los aposentaron y los hicieron muy buen tratamiento administrándoles las cosas necesarias con gran diligencia, y también les dieron a sus hijas doncellas muchas, y ellos los recibieron, y usaron de ellas como de sus mujeres: luego el capitán comenzó a preguntar por México diciendo, ¿dónde está México?, ¿está lejos de aquí?; dijéronle, no está lejos, está andadura de tres días, es una ciudad muy populosa, y los habitantes de ella son valientes y grandes conquistadores, en todas partes hacen con­ quista. Los tlaxcaltecas y cholultecas no eran amigos, tenían entre sí discordia, y como los querían mal dijeron mal de ellos a los españoles para que los maltratasen; dijéronlos que eran sus enemigos y amigos de los mexicanos, y valientes como ellos. Los españoles oídas estas nuevas de Cholulla propusieron de tratarlos mal como lo hicieron; partieron de

 

Tlaxcala todos ellos y con muchos zempoaltecas y tlaxcaltecas que los acompañaron todos con sus armas de guerra: llegando todos a Cholulla, los cholultecas no hicieron cuenta de nada, ni los recibieron de guerra ni de paz, estuviéronse quedos en sus casas. De esto tomaron mala opinión de ellos los españoles, y conjeturaron alguna traición, y comenzaron lue­ go a dar voces a los principales y señores, y toda la otra gente para que viniesen donde estaban los españoles, y ellos todos se juntaron en el patio del gran cu de Quetzalcóatl. Estando allí juntos los españoles afrentados de la poca cuenta que habían hecho de ellos entraron a caballo, habiendo tomado todas las entradas del patio, y comenzaron a lancearlos y mataron todos cuantos pudieron, y los amigos indios de creer es que mataron muchos más. Los cholultecas ni llevaron armas ofensivas ni defensivas, sino fuéronse desarmados pensando que no se haría lo que se hizo: de esta manera murieron mala muerte. Todas estas cosas que acontecieron, luego que ocurrieron los mensajeros de Mocthe-cuzoma se las venía a decir: todo el camino andaba lleno de mensajeros de acá para allá, y de allá para acá, y toda la gente acá en México y donde venían los españoles, y en todas las comarcas, andaba muy albo­ rotada y desasosegada, parecía que la tierra se movía, todos andaban espantados y atónitos; y como hubiesen hecho en Cholulla aquel estrago los españoles con todos los indios sus amigos, venían gran multitud de escuadrones con gran ruido y con gran polvareda, y de lejos resplandecían las armas, y causaban gran miedo en los que las miraban: asimismo ponían grande miedo los lebreles que traían consigo, que eran grandes, traían las bocas abiertas, las lenguas sacadas, y venían carleando, y así ponían gran temor en todos los que lo veían.

 

(Lib. XII, cap. xi)

 

 

DE COMO MOCTHECUZOMA ENVIO OTROS HECHICEROS CON LOS ESPAÑOLES, Y DE LO QUE ACONTECIO EN EL CAMINO

 

Como supo Mocthecuzoma que ya venían los españoles camino de Mé­ xico, enviólos al encuentro muchos sátrapas de los ídolos, agoreros y encantadores, y ningrománticos, para que con sus encantamientos y hechicerías los empeciesen y maleficiesen, y no pudieron hacer nada, ni sus encantamientos los pudieron empecer, ni aun llegaron a ellos; porque antes que llegasen a ellos toparon con un borracho en el camino y no pasaron adelante: parecióles que era un indio de Chalco, y también parecíales que estaba borracho. Traía ceñido a los pechos ochos cabestros, o sogas hechas de heno como de esparto, y venía de hacia donde estaban los españoles, y llegando cerca de ellos comenzó con grande enojo a reñirlos y díjoles: ¿Para qué porfiáis vosotros otra vez de venir acá? ¿Qué

 

es lo que queréis? ¿Qué piensa Mocthecuzoma de hacer? ¿Ahora acuerda a despertar? ¿Ahora comienza a temer?, ya ha errado, ya no tiene remedio porque ha hecho muchas muertes injustas, ha destruido a muchos, ha hecho muchos agravios y engaños, y burlas. Como vieron este hombre los encantadores temieron mucho, y postráronse delante de él, y comen­ zaron a rogarle e hicieron un montón de tierra como altar, y echaron heno verde encima para que se sentase, y él como hombre enojado no quiso sentarse ni hacer lo que le rogaban, ni aun mirarlos, por demás hicieron el altar o asiento; mas antes se enojó y más brava y más recia­ mente los reñía con grandes voces, y con gran denuedo les dijo: por de­ más habéis venido, nunca más haré cuenta de México, para siempre os dejo, no tendré más cargo de vosotros, ni os ampararé, apartaos de mí, lo que queréis no se puede hacer, volveos y mirad hacia México. Como vieron aquello los encantadores desmayaron grandemente, y no pudieron hablar, palabra hízoseles un nudo en la garganta; esto aconteció en la cuesta que sube hacia Tlalmanalco; hecho esto desapareció aquel que les hablaba, y volviendo en sí dijeron, esto que hemos visto convenía que lo viera Mochtecuzoma y no nosotros: este que nos ha hablado no es persona humana, es el dios Tezcatlipoca. Estos mensajeros no curaron de ir más adelante, sino volvieron a dar relación a Mocthecuzoma de lo que había pasado. Venidos los mensajeros a la presencia de Mocthecuzoma, y oído lo que dijeron entristecióse mucho, estaba cabizbajo, no hablaba, estaba enmudecido, casi fuera de sí; a cabo de rato díjoles: ¿Pues qué hemos de

 

hacer varones nobles? Ya estamos para perdernos, ya tenemos tragada la muerte, no hemos de subirnos a alguna sierra, ni hemos de huir, mexica­ nos somos, ponernos hemos a lo que viniese por la honra de la generación mexicana; pésame de los viejos y viejas, y de los niños y niñas que no tienen posibilidad ni discreción para valerse; ¿dónde los escaparán sus padres? ¿Pues qué hemos de hacer? Nacidos somos, venga lo que viniere.

 

(Lib. XII, cap. xiii)

 

ADICION

 

DE COMO LOS ESPAÑOLES PARTIERON  DE IZTAPALAPA PARA ENTRAR EN MEXICO

 

Como la confederación de los dichos en el capítulo pasado se concluyó en Iztapalapa, el capitán D. Hernando Cortés con sus españoles conclu­ yeron y determinaron de entrar en la ciudad de México a punto de guerra, y con banderas desplegadas, y dieron de esto noticia a todo el ejército, para que todos se pusiesen a punto de guerra, y a este propósito un día luego de mañana comenzaron los maestres de campo y capitanes a ordenar su ejército, poniendo a los de a caballo en su orden, y a los

 

de a pie en la suya, poniendo en su lugar a los arcabuceros, y en el suyo a los ballesteros, y ansí todos los demás, conforme al arte y uso del ejer­ cicio militar; de manera que la vanguardia guiaba al ejército, y el bagaje iba en el medio de la batalla, y la retaguardia iba en el postrero de la batalla, todos ordenados como quien había de dar batalla a los mexicanos si saliesen de guerra contra ellos. Habiendo puesto el ejército en todo su concierto, comenzaron a mover de Iztapalapa camino de México ex­ tendidas las banderas y tocando los atambores con gran sorna y aparato para poner miedo a todos los que los vían. Apenas se había movido la retaguardia de Iztapalapa cuando la vanguardia entraba ya por México. Luego enderezaron su camino hacia las casas reales, y llegando a ellas toda su artillería hizo su salva. En todo este trecho no pareció señal de cosa de guerra, antes estaba México como despoblado, que ni por los caminos parecía persona, y esto era señal no de paz, sino de indignación, y que se guardaba para su tiempo, y significaba la violencia que se los hacía en entrar en su ciudad contra su voluntad. No dejaron empero de hacerles obras de humanidad en dejarlos aposentar en su ciudad, y proveerlos de bastimentos, y salir el rey Mocthecuzoma a recibirlos como a gente forastera, y que no podía por entonces resistirlos; empero siempre tuvieron esta entrada por violenta y tiránica.

 

(Versión corregida de  1585, lib. XII, cap.  xv)

 

 

DE COMO MOCTHECUZOMA SALIO DE PAZ A RECIBIR A LOS ESPAÑOLES A DONDE LLAMAN XOLUCO, QUE ES EN EL ACEQUIA QUE ESTA CABE LAS CASAS DE ALVARADO UN POCO MAS ACA QUE  LLAMAN ELLOS V1TZILLAN

 

En llegando los españoles a aquel río que está cabe las casas de Alvarado que se llama Xoluco, luego Mocthecuzoma se aparejó para irlos a recibir con muchos señores y principales, y nobles para recibir con paz y con honra a D. Hernando Cortés, y a los otros capitanes; tomaron muchas flores hermosas y olorosas hechas sartales, y en guirnaldas, y compuestas para las manos, y pusiéronlas en platos muy pintados y muy grandes hechos de calabazas, y también llevaron collares de oro y de piedras. Llegando Mocthecuzoma a los españoles al lugar que llaman Vitzillan que es cabe el hospital de la Concepción, luego allí el mismo Mocthecu­ zoma puso un collar de oro y de piedras al capitán D. Hernando Cortés, y dio flores y guirnaldas a todos los demás capitanes; habiendo dado el mismo Mocthecuzoma este presente como ellos lo usaban hacer; luego D. Hernando Cortés preguntó al mismo Mocthecuzoma, y Mocthecuzoma respondió: “yo soy Mocthecuzoma", y entonces enhiestóse delante del capitán haciéndole gran reverencia, y enhiestóse luego de cara a cara del

 

capitán cerca de él, y comenzóle a hablar de esta manera. . . ¡Oh señor nuestro!, seáis muy bien venido, habéis llegado a vuestra tierra y a vuestro pueblo, y a vuestra casa, México: habéis venido a sentaros en vuestro trono y en vuestra silla, el cual yo en vuestro nombre he poseído algunos días. Otros señores (que ya son muertos) le tuvieron antes que yo, el uno que se llama Itzcóatl, el otro Mocthecuzoma el viejo, y el otro Axayácatl, y el otro Tízoc, y el otro Ahuítzotl. Yo el postrero de todos he venido a tener cargo y regir este vuestro pueblo de México, todos hemos traído a cuestas a vuestra república, y a vuestros vasallos, los difuntos ya no pueden ver ni saber lo que ahora pasa; ¡plugiera aquel por quien vivimos que alguno de ellos fuera vivo, y en su presencia acon­ teciera lo que acontece en la mía! Ellos están ausentes señor nuestro, ni estoy dormido, ni soñando, con mis ojos veo vuestra cara y vuestra persona: días ha que yo esperaba esto: días ha que mi corazón estaba mi­ rando aquellas partes por donde habéis venido; habéis salido de entre las nubes, y de entre las nieblas, lugar a todos escondido. Esto es por cierto lo que nos dejaron dicho los reyes que pasaron, que habíais de volver a reinar en estos reinos y que habíades de asentaros en vuestro trono, y en vuestra silla; ahora veo que es verdad lo que nos dejaron dicho. Seáis muy bien venido, trabajos habréis pasado viniendo tan largos caminos, descansad ahora, aquí está vuestra casa y vuestros palacios, tomadlos y descansad en ellos con todos vuestros capitanes y compañeros que han venido con vos”. Acabó Mocthecuzoma de decir su plática, y Marina declaróla a D. Hernando Cortés; como éste hubo entendido lo que había dicho Mocthecuzoma, dijo a Marina: “Decidle a Mocthecuzo­ ma que se consuele y huelgue y no haya temor, que yo le quiero mucho y todos los que conmigo vienen, y de nadie recibirá daño: hemos recibido gran contento en verle y conocerle, lo cual hemos deseado muchos días ha y se ha cumplido nuestro deseo: hemos venido a su casa, México, de espacio nos veremos, y hablaremos”. Luego D. Hernando Cortés tomó por la mano a Mocthecuzoma, y se fueron ambos juntos a la par para las casas reales. Los señores que se hallaron presentes con Mocthecuzoma fueron los siguientes: el señor de Tezcoco, que se llamaba Cacamatzin; el 2? el señor de Tlacupan que se llamaba Tetlepanquetzatzin; el 3*? el que gobernaba en el Tlatilulco que se llamaba Itzquauhtzin; el 4° el mayordomo de Mocthecuzoma que tenía puesto en el Tlatilulco que se llamaba Topantemoctzin. Estos fueron más principales, sin otros muchos menos principales mexicanos que allí se hallaron, el uno de los cuales

 

se llamaba Atlixcatzin tlacatéccatl, el otro T epeoatzin tlacochcálcatl, el otro Quetzalaztatzin ticociaoácatl, otro Totomochizin hecatempatiltzin, el

 

otro Quappiatzin; todos éstos cuando fue preso Mocthecuzoma le desam­ pararon y se escondieron.

 

DE COMO LOS ESPAÑOLES CON MOCTHECUZOMA LLEGARON A LAS CASAS REALES Y DE TODO LO QUE ALLI PASO

 

De que los españoles llegaron a las casas reales con Mocthecuzoma, luego le detuvieron consigo, nunca más le dejaron apartar de sí, y también detuvieron consigo a Itcuauhtzin gobernador del Tlatilulco: a estos dos detuvieron consigo, y a los demás dejaron ir, y luego soltaron todos los tiros de pólvora que traían, y con el ruido y humo de los tiros todos los indios que allí estaban se pararon como aturdidos y andaban como bo­ rrachos: comenzaron a irse por diversas partes muy espantados, y así los presentes como los ausentes cobraron un espanto mortal.

 

Durmieron aquella noche, y otro día luego muy de mañana comenzóse a pregonar de parte del capitán y de parte de Mocthecuzoma que se tra­ jesen todas las cosas necesarias para los españoles y para los caballos, y Mocthecuzoma ponía mucha diligencia en que trajesen todas las cosas necesarias, y los Piles y Achcauhtles, y otros oficiales a quien concernía esta provisión, no querían obedecer a Mocthecuzoma, ni llegarse a él; pero con todo esto proveían de todo lo necesario. De que se hubieron aposentado los españoles y concertado todo su repuesto y reposado, co­ menzaron a preguntar a Mocthecuzoma por él tesoro real para que dijese dónde estaba, y él los llevó a una sala que se llamaba Teuhcalco, donde tenían los plumajes ricos, y otras muchas joyas ricas de pluma y de oro V de piedras, y luego lo sacaron delante de ellos. Comenzaron los espa­ ñoles a quitar el oro de las plumas y de las rodelas y de los otros atavíos del areito que allí estaban, y por quitar el oro destruyeron todos los plu­ majes y joyas ricas, y el oro fundiéronlo e hiciéronlo barretas, y las piedras que les parecieron bien tomáronlas, y las piedras bajas y plu­ majes, todo lo tomaron los indios de Tlaxcala, y escudriñaron los espa­ ñoles toda la casa real y tomaron todo lo que les pareció bien.

 

(Lib. XII, cap. xvii)

 

DE COMO LOS ESPAÑOLES MANDARON A LOS INDIOS HACER LA FIESTA DE VITZILOPUCHTLI, ESTO FUE EN AUSENCIA DEL CAPITAN CUANDO FUE AL PUERTO POR LA VENIDA DE PANFILO DE NARVAEZ

 

Habiéndose partido el capitán D. Hernando Cortés para el puerto a recibir a Pánfilo de Narváez, dejó en su lugar a D. Pedro de Alvarado con los españoles que quedaron aquí en México, el cual en ausencia del capitán persuadió a Mocthecuzoma para hacer la fiesta de Vitzilopuchtli porque querían ver cómo hacían aquella solemnidad. Como Mocthecuzo­ ma mandó que se hiciese esta fiesta para dar contento a los españoles, aparejáronse así los sátrapas, como los principales para hacer la fiesta.

 

En toda esta letra que se sigue no se dice otra cosa sino la manera como hacían la estatua de Vitzilopuchtli de masa de diversas legumbres y cómo la pintaban, y cómo la componían, y cómo después ofrecían delante de ella muchas cosas; y estando en esta solemnidad haciendo un gran areito muy ricamente aderezados todos los principales en el patio grande del cu de Vitzilopuchtli donde estaba la imagen hecha de masa de bledos, y muy ricamente ataviada con muchos ornamentos los cuales están en la letra explicados, y otras ceremonias que se ponen en todo este capítulo.

 

(Lib. XII, cap. xix)

 

DE COMO LOS ESPAÑOLES HICIERON GRAN MATANZA EN LOS INDIOS ESTANDO HACIENDO LA FIESTA DE VITZILOPUCHTLI EN EL PATIO MISMO DE VITZILOPUCHTLI

 

Los españoles al tiempo que les pareció convenible salieron de donde estaban, y tomaron todas las puertas del patio para que no saliese nadie, y otros entraron con sus armas y comenzaron a matar a los que estaban en el areito, y a los que tañían les cortaban las manos y las cabezas, y daban de estocadas y de lanzadas a todos cuantos topaban, y hicieron una matanza muy grande, y los que acudían a las puertas huyendo de allí los mataban; algunos saltaban por las paredes, algunos se metían en las capillas de los cúes, allí se echaban y se fingían muertos, corría la sangre por el patio como el agua cuando llueve, y todo el patio estaba sembrado de cabezas y brazos, y tripas, y cuerpos de hombres muertos: por todos los rincones buscaban los españoles a los que estaban vivos para matarlos. Como salió a fama de este hecho por la ciudad, comenzaron a dar voces diciendo ¡a la arma!, ¡a la arma! y luego a estas voces se juntó gran copia de gente todos con sus armas, y comenzaron a pelear contra los españoles.

 

(Lib. XII, cap. xx)

 

DE COMO COMENZO LA GUERRA ENTRE LOS MEXICANOS Y LOS ESPAÑOLES EN MEXICO

 

Como comenzó la guerra entre los indios y los españoles, éstos se forta­ lecieron en las casas reales con el mismo Mocthecuzoma y con Ytzquauht-zin, el gobernador de Tlatilulco: los indios los cercaron y los combatieron reciamente, y los españoles se defendían con los tiros de pólvora y ba­ llestas y escopetas, y hacían gran daño en los indios, y luego echaron grillos a Mocthecuzoma, y también los indios comenzaron a enterrar a los que habían sido muertos en el patio por los españoles, por cuya

 

muerte se hizo gran llanto en toda la ciudad porque eran gente muy prin­ cipal los que habían muerto. Enterráronlos en diversas partes según sus ritos; el mismo día y a la puesta del sol Itzquauhtzin gobernador de Tlatilulco subióse sobre los tlapancos de la casa real y comenzó a dar voces diciendo: ¡Ah mexicanos! ¡Ah tlatilulcas!, mirad que el señor Mocthecuzoma vuestro rey os ruega que ceséis de pelear, y dejéis las armas porque estos hombres son muy fuertes más que nosotros, y si no dejáis de darles guerra, recibirá gran daño todo el pueblo porque ya han atado con hierro a vuestro rey. Oídas estas voces por los mexicanos y tlatilulcas, comenzaron entre sí a bravear, y maldecir a Mocthecuzoma

diciendo:  ¿qué dice el puto de Mocthecuzoma y tú bellaco con él? No

 

cesaremos de la guerra; luego comenzaron a dar alaridos y a tirar saetas y dardos hacia donde estaba el que hablaba junto con Mocthecuzoma, y los españoles arrodeláronlos, y así no recibieron daño. Tenían gran rabia contra los españoles porque mataron a los principales y valientes hombres a traición, y por tanto tenían cercadas las casas reales que a nadie dejaban entrar, ni salir, ni meter ningún bastimento porque muriesen de hambre, y si alguno metía secretamente comida a alguno de los de dentro, los de afuera en sabiéndolo luego los mataban. Supieron los de fuera que algunos mexicanos entraban allá, y metían saetas secretamente, y luego pusieron gran diligencia en guardar que nadie entrase ni por tierra, ni por agua, y a los que hallaron culpados de haber metido algo matáronlos; y luego se levantó gran revuelta entre los mexicanos, unos se acusaban a otros de haber entrado, y así mataron muchos, en especial de los ser­ viciales o pajes de Mocthecuzoma que traían bezotes de cristal que era particular librea o señal de los de la familia de Mocthecuzoma, y también a los que traían mantas delgadas que llaman áyatl que era librea de los pajes de Mocthecuzoma: a todos los acusaban y decían que habían en­ trado a dar comida a su señor y a decir lo que pasaba fuera, y a todos los mataban, y de allí adelante hubo gran vigilancia que nadie entrase, y así todos los de la casa de Mocthecuzoma se huyeron y escondieron por­ que no los matasen. Dieron batería los mexicanos a los españoles siete días y los tuvieron cercados veinte y tres días, y en este tiempo ensan­ charon y ahondaron las acequias y atajaron los caminos con paredes, y hicieron grandes baluartes para que no pudiesen salir los españoles por ninguna parte.

 

(Lib. XII, cap. xxi)

 

DE COMO MOCTHECUZOMA Y EL GOBERNADOR DEL TLATILULCO  FUERON  ECHADOS  MUERTOS  FUERA DE LA CASA DONDE LOS ESPAÑOLES ESTABAN

 

Después de lo arriba dicho cuatro días andados después de la matanza que se hizo en el cu, hallaron los mexicanos muertos a Mocthecuzoma y

 

al gobernador del Tlatilulco echados fuera de las casas reales, cerca del muro donde estaba una piedra labrada como galápago que llamaban Teoaíoc, y después que conocieron los que los hallaron que eran ellos, dieron mandado y alzáronlos de allí, y lleváronlos a un oratorio que llamaban Calpulco, y hiciéronlos allí las ceremonias que solían hacer a los difuntos de gran valor, y después los quemaron como acostumbraban hacer a todos los señores, y hicieron todas las solemnidades que solían hacer en este caso; al uno de ellos que era Mocthecuzoma lo enterraron en México y al otro en el Tlatilulco; algunos decían mal de Mocthecu­ zoma porque había sido muy cruel; los del Tlatilulco lloraban mucho su gobernador porque era muy bien quisto. Después de algunos días que estaban cercados los españoles y que cada día les daban guerra, un día salieron de su fuerte algunos de ellos y cogieron de los maizales mazorcas de maíz y cañas de maíz, y tornáronse a su fuerte.

 

(Lib. XII, cap. xxiii)

 

DE COMO LOS ESPAÑOLES Y TLAXCALTECAS  SALIERON HUYENDO DE MEXICO DE NOCHE

 

LA NOCHE TRISTE

 

Después que los españoles y los amigos que con ellos estaban se hallaron muy apretados, así de hambre como de guerra, una noche salieron todos de su fuerte, los españoles delante y los indios tlaxcaltecas detrás, y lle­ vaban unas puentes hechas con que se pasaban las acequias. Cuando esto aconteció llovía mansamente, pasaron cuatro acequias, y antes que pasasen las demás salió una mujer a tomar agua y violos como se iban, y salió dando voces diciendo: ¡Ah Mexicanos, ya vuestros enemigos se van!; esto dijo tres o cuatro veces, luego uno de los que velaban comenzó a dar voces desde el cu de Vitzilopuchtli en manera que todos le oyeron, y dijo: ¡Ah valientes hombres, ya han salido vuestros enemigos, comen­ zad a pelear que se van! Como oyeron todos estas voces comenzaron a dar alaridos, y luego comenzaron a arremeter así por tierra como por agua. Acudieron a un lugar que se llama Mictlantoncomacuilcuitlapilco, y allí atajaron a los españoles, los mexicanos de una parte y los del Tlatilulco de otra, y allí comenzaron a pelear contra los españoles y éstos contra ellos, y así fueron muertos y heridos de ambas partes muchos; y llegando los españoles a una acequia que se llama Tlantecayocan como no pudieron pasar todos y les daban guerra por todas partes, los indios tlaxcaltecas cayeron en la acequia y muchos de los españoles, y las mu­ jeres con ellos, tantos cayeron que la acequia se hinchió, y los que iban detrás pudieron pasar la acequia sobre los muertos. Llegaron a otra acequia que se llama Petlacalco, y pasáronla con harta dificultad: ha­

 

biéndola pasado allí se rehicieron todos y se recogieron a otro lugar que se llama P uputla ya cuando amanecía, y los mexicanos seguíanlos con gran grita. Los españoles con algunos tlaxcaltecas iban juntos por su camino adelante, y peleando los unos con los otros siguiéronlos hasta cerca de Tlacupan hasta un lugar que se llama T ilihucan, y allí mataron al Señor de Tlacupan, que era hijo de Mocthecuzoma: también aquí murió un principal que se llamaba T laltecatzin, y otro que se llamaba Tepanecatltecutli; todos iban guiando a los españoles y los enemigos los mataron. Llegaron los españoles a un lugar que llamaban Otonteocalco, allí se recogieron en el patio y se refocilaron porque los indios mexicanos ya se habían vuelto a recoger al campo: allí los llegaron a recibir de paz los otomíes del pueblo de Teucalhuican, y los dieron comida.

 

(Lib. XII, cap. xxiv)

 

DE  LA  PESTILENCIA  QUE  VINO  SOBRE  LOS  INDIOS  DE VIRUELAS, DESPUES QUE LOS ESPAÑOLES SALIERON DE  MEXICO

Antes         que los españoles que estaban en Tlaxcala viniesen  a conquistar

a México, dio una grande pestilencia de viruelas a todos los indios en el

mes que llamaban Tepéilhuitl que es al fin de septiembre.

De esta pestilencia murieron muy muchos indios: tenían todo el cuer­

po y toda la cara, y todos los miembros tan llenos y lastimados de viruelas

que no se podían bullir y menear de un lugar, ni volverse de un lado

a otro, y si alguno los meneaba daban voces. Esta pestilencia mató gentes

sin número, muchas murieron porque no había quien pudiese hacer co­

mida; los que escaparon de esta pestilencia quedaron con las caras aho­

yadas, y algunos los ojos quebrados;  duró la fuerza de esta pestilencia

sesenta días, y después que fue aflojando en México, fue hacia Chalco.

En acabándose esta pestilencia en México, vinieron los españoles que ya

estaban  en Tezcuco, y dejaron la  laguna,  y vinieron  por Cuauhtitlan,

hasta  Tlacupan,  y allí  se  repartieron  en  capitanías,  y se pusieron  en

diversas estancias. A D.  Pedro Al varado le cupo el camino que va de­

recho de Tlacupa al Tlatilulco. El capitán D. Hernando Cortés se puso

en Coyoacan y guardaba el camino que va de Coyoacan a México. De hacia

la parte de Tlatilulco se comenzó primero la guerra en un lugar que se

llama          Nextlatilco, y llegaron peleando hasta el lugar que se llama Nono-

aleo,           donde está ahora una iglesia que se llama San Miguel, y los espa­

ñoles se retrujeron; no ganaron nada en esta escaramuza. También el capitán D. Hernando Cortés acometió por su parte a los mexicanos por el camino que se llama Acachinanco, y los mexicanos resistíanlos gran­ demente.

 

DE COMO LOS BERGANTINES QUE HICIERON LOS ESPAÑOLES EN TE1CUCO VINIERON  SOBRE MEXICO

 

Estando los españoles en Tlaxcala labraron doce bergantines, y antes que los armasen trujáronlos en piezas los indios hasta Tezcuco, y allí los armaron, enclavaron y carenaron, los cuales hechos, y puesta en ellos la artillería entraron en ellos los españoles que para esto estaban asig­ nados, y vinieron por la laguna hasta un desembarcadero que se llama Acachinanco que es cerca de México, en derecho de San Antón, iglesia que está cerca de las casas de Alvarado; y el capitán D. Hernando Cortés luego se metió en los bergantines, y comenzaron a sondar el agua para descubrir el alto que había por donde habían de andar los bergantines. Como hubieron descubierto los caminos por donde podían andar los bergantines, pusiéronse a gesto de guerra en los mismos bergantines con determinación de destruir a los mexicanos, y luego puestos en orden con su bandera delante, y tocando su tambor y pífano, comenzaron a pelear contra los mexicanos, y muchos de éstos que tenían las casas dentro en el agua, como comenzó la guerra por el agua, comenzaron a huir con sus hijos y con sus mujeres, algunos llevaban a cuestas a aquéllos y otros en canoas: todas sus haciendas dejaban en sus casas, y los indios que ayudaban a los españoles entraban en las que dejaban, y robaban cuanto hallaban. También los indios de Tlatilulco andaban allí peleando con sus canoas. Como llegaron los españoles a donde estaba atajada una acequia con albarrada y pared, desbarataron la acequia los castellanos que iban en los bergantines, y comenzaron a pelear con los que estaban defendiéndola: los españoles que iban en los bergantines tornaban la artillería hacia donde estaban más espesas las canoas, y hacían gran daño en los indios con la artillería y escopetas. Visto esto los mexicanos comenzaron a apartarse y a guardarse de la artillería, yendo culebreando con las canoas, y también cuando veían algún tiro que soltaban agaza­ pábanse en las canoas, y comenzaron a retraerse hacia las casas, y así quedó desocupado el campo. Llegaron los españoles a un lugar que se llama Vitzillan, que es cerca de la iglesia de San Pablo, allí estaba otro paredón hecho, y a las espaldas de él estaban muchas gentes de los mexicanos; detuviéronse allí algo los bergantines entre tanto que ade­ rezaban la artillería para destrozar el paredón.

 

(Lib. XII, cap. xxx)

 

DE COMO LOS DE LOS BERGANTINES HABIENDO OJEADO LAS CANOAS QUE LES SALIERON POR LA AGUA, LLEGARON A TIERRA  JUNTO  A LAS CASAS

 

Después que los españoles aderezaron sus piezas tiraron al paredón con ellas, y de los primeros tiros arruináronle todo, y de los segundos tiros

 

dieron con él en el suelo, y los soldados indios que estaban detrás del paredón luego echaron a huir, y los indios amigos luego cegaron la acequia para pasar adelante con piedras y adobes y tierra y maderos. De que tuvieron llana la acequia luego vinieron los de a caballo y entraron en la ciudad y alancearon los que pudieron de los indios, y tornáronse a salir, y luego entraron otros de a caballo, e hicieron lo mismo, y los indios acogíanse a las casas reales: también alancearon a algunos indios, entre los cuales fue alanceado un indio del Tlatilulco, y éste asió de la lanza con que estaba atravesado y otros sus compañeros asieron también de ella, y quitáronsela al de a caballo, y con ella le mataron y le derro­ caron del caballo, y luego se juntaron los españoles y entraron dentro de un patio que se llamaba quauhquiáoac , y llevaban consigo un tiro grueso y asentáronle. En este lugar estaba una águila de piedra grande y alta como un estado de hombre, y por eso llamaban a aquel patio quauhquiáoac: de la una parte del águila estaba un tigre de piedra, y de la otra un oso también de piedra, y los capitanes de los indios escondíanse detrás de ocho columnas de piedra que allí estaban, y mucha otra gente estaba encima de la casa que estaba armada sobre las columnas; y los españoles tiraron con el tiro grueso que llevaban consigo aquel edificio que estaba allí, y con el trueno y con el humo los que estaban abajo se espantaron y echaron a huir, y los de arriba se echaron de allí abajo y todos huyeron. Llevaron el tiro más adelante hacia el patio de Vitzilo­ puchtli donde estaba una grande piedra redonda como rueda de molino, y sobre el cu de Vitzilopuchtli estaban unos sátrapas sentados tañendo un teponaztli y cantando; y aunque veían lo que pasaba, no cesaban de tañer y cantar, y subieron dos españoles, y matáronlos, y echáronlos por las gradas abajo del cu. Como los españoles entraban por la ciudad, vinieron los indios diestros que andaban en las canoas, y saltaron en tierra, y comenzaron a llamar a otra gente para impedir la entrada a los españoles. Luego vieron éstos a los indios que venían sobre ellos con gran ímpetu y que los desbarataban, recogiéronse y comenzaron a re­ traerse, y los indios peleaban reciamente: los españoles se recogieron a su estancia que llamaban Acachinanco y dejaron el tiro en el patio de Vitzilopuchtli, y de allí lo tomaron los indios y lo echaron a una agua profunda que llamaban Tetamaculco que está cabe el monte que se llama Tepetzinco, donde están los baños.

 

(Lib. XII, cap. xxxi)

 

DE COMO LOS MEXICANOS SE RINDIERON Y COMENZARON A SALIRSE DE LA CIUDAD POR MIEDO A LOS ESPAÑOLES

 

 

Después de las cosas arriba dichas, los indios mexicanos huyeron para Tlatilulco dejando la ciudad de México en poder de los españoles, y los

 

indios de Tlatilulco acudieron a México a hacer guerra a los españoles, y D. Pedro Alvarado que estaba todos aquellos días peleando contra los del Tlatilulco en aquella estancia que llaman lliácac, cabe Nonoalco, no hizo ninguna cosa, porque los del Tlatilulco se defendieron muy bien por tierra y por el agua. Como vio Alvarado que no aprovechaba con ellos nada, desconfiado volvióse a Tlacuba, y dende a dos días los es­ pañoles vinieron con todos los bergantines junto a las casas del Tlatilulco, y dos de los bergantines fueron hacia el barrio que se llama Nonoalco: ojearon de por allí todas las canoas de guerra y saltaron en tierra, y comenzaron a entrar por entre las casas en concierto de guerra. Todos los indios se apartaron, ninguno salió contra ellos. Como nadie osaba ir contra los españoles, un valiente hombre que se llamaba Tzilacatzin salió contra los castellanos, y a pedradas mató algunos de ellos porque tenía gran fuerza en el brazo, y salieron otros tras él, e hicieron retraer a los españoles, y volvieron el agua hacia donde tenían los bergantines; y aquel Tzilacatzin tenía sus armas y sus divisas como Otómitl, y con su ferocidad espantaba no solamente a los indios amigos de los españoles, pero también a los mismos españoles, y éstos ponían gran diligencia para matarle, pero él disfrazábase cada día porque no le conociesen; a las veces iba la cabeza descubierta como otomí, y otras veces armábase con armas de algodón, y otras se ponía la cabellera de manera que no le viesen ni le conociesen. Otro día los españoles hicieron lo mismo: vi­ nieron en los bergantines con muchos amigos indios al mismo barrio de Nonoalco, y comenzaron a pelear con los de Tlatilulco, trabóse recia­ mente la batalla, y pelearon todo el día hasta la noche, y murieron mu­ chos indios de ambas partes: señaláronse allí entonces tres indios de Tlatilulco muy valientes, el uno llamaban Tzjoyectzin, el otro llamaban Temoctzin, y el tercero Tzilacatzin, que ya se dijo. Como vieron los españoles que ya venía la noche y no ganaban nada, volviéronse a su estancia con los indios sus amigos.

 

(Lib. XII, cap. xxxii)

 

 

DE COMO LOS INDIOS MEXICANOS  PRENDIERON QUINCE ESPAÑOLES

 

Decían los capitanes: ¡Ea pues mexicanos!; ¡ea mexicanos!; luego comen­ zaron todos a tocar sus trompetas y a pelear con los españoles, y llevaban de vencida a los españoles, y prendieron quince de ellos, y los demás españoles huyeron con los bergantines a lo alto de la agua, y a los presos quitaron las armas y despojáronlos, y lleváronlos a un cu que se llama Tlacochcalco, allí les sacaron los corazones delante del ídolo que se llamaba Macuiltótec, y los otros españoles estaban mirando desde los bergantines cómo los mataban. Otra vez vinieron dos bergantines al

 

barrio que se llama Xocotitlan, y como llegaron saltaron en tierra por el barrio adelante peleando; y como vio aquel capitán indio que se llamaba Tzílacatzin que estaban peleando, acudió a ellos con otra gente que le siguió, y peleando los echaron de aquel barrio y les hicieron acoger a los bergantines. Otra vez vinieron dos bergantines al barrio que se llama Coyonacazco, y saltaron en tierra los españoles y comenzaron a pelear. Venía allí por capitán Rodrigo de Castañeda, y comenzaron a echar saetas, y Castañeda mató a uno con una saeta, y saltaron contra él ciertos soldados indios y dieron con él en el agua, y estuvieron a punto de matarle sino que se escapó asido de un bergantín. Estaba otro bergantín de los españoles en el barrio que se llama Tetenanteputzco, cerca de aquella iglesia que se llama Santa Lucía; otro bergantín estaba en el barrio que se llama Totecco, que es cabe la iglesia de la Concepción; estos bergantines estaban en el agua aguardando tiempo, estaban todo el día y a la noche se iban, y dende a tres o cuatro días determinaron los españoles de darles guerra por allí. Entraron por el camino que se llama Quavecatitlan que va derecho hacia donde venden la sal; iban tantos indios y españoles que no cabían por el camino, porque por una parte y por otra había agua, y echaron tierra y adobes y maderos, para poder mejor pasar, y como hubieron ensanchado el camino, luego comen­ zaron a entrar por él en orden de guerra con su bandera delante, y to­ cando el tambor y pífano, y venían tras ellos todos los indios de Tlaxcala y de otros pueblos que eran amigos. Entraron los españoles con mucha fantasía que no tenían en nada a los mexicanos, y los tlaxcaltecas y otros indios amigos iban cantando, y también los mexicanos cantaban de la misma manera según que solían hacer en las guerras; y como llegaron a un barrio que se llama Tlioacan, que es ahora San Martín, los soldados tlatilulcancs estaban escondidos y agazapados por temor de la artillería, esperando la pelea y la grita de sus capitanes que mandasen pelear; y como oyeron el mandato, luego arremetió a los españoles aquel capitán

tlatilulcano que se llamaba Tlapanécatl hecatzin, y comenzó a dar voces

 

esforzando a los suyos, y aferró con un español y dio con él en tierra y tomáronle los otros soldados que iban con este T lapanécatl hecatzin.

 

(Lib. XII, cap. xxxiv)

 

DE COMO LOS MEXICANOS PRENDIERON OTROS ESPAÑOLES, MAS DE CINCUENTA  Y TRES, Y MUCHOS TLAXCALTECAS, TEZCUCANOS, CHALCAS, XUCHIMILCAS, Y A TODOS LOS MATARON DELANTE DE LOS IDOLOS

 

Trabóse una batalla muy recia en este día, de manera que los mexicanos como borrachos se arrojaron contra los enemigos, y cautivaron muchos de los tlaxcaltecas y chalcas, y tezcucanos, y mataron muchos de ellos,

 

y peleando hicieron saltar a los españoles en las acequias y a todos los

 

indios sus amigos. Púsose con esto el camino todo lodoso que no podían

andar por él; aquí prendieron  a muchos  españoles,  y lleváronlos arras­

trando.  En  este lugar tomaron     a los españoles una     bandera donde está

la iglesia de San Martín, y los       españoles huyeren,     y siguiéronlos hasta

el barrio que se llama Coloacatonco, allí se recogieron y los indios vol­

vieron a coger el campo, y tomaron sus cautivos,  y pusieron  en proce­

sión todos maniatados;  pusieren  delante  a los españoles,  y luego  a los

tlaxcaltecas, y luego a los demás indios cautivos, y lleváronlos al         cu que

llamaban Mumuzco,  allí los mataron uno  a uno sacándolos los corazo­

nes: primeramente mataron a los españoles y después a todos los indios

sus amigos. Habiéndolos muerto pusieron las cabezas en unos palos de­

lante de los ídolos, todas espetadas por las sienes;           las de los españoles

más altas, las de los otros indios más bajas,  y las de los caballos más

bajas. Murieron en esta batalla cincuenta y tres españoles y cuatro caba­

llos. En todo esto no cesaba la guerra por el agua:  matábanse unos a

otros por las canoas, y había gran hambre entre los mexicanos y grande

enfermedad, porque bebían del agua de la laguna y comían sabandijas,

lagartijas y ratones,  porque          no        les entraba       ningún bastimento,     y poco

a poco fueron acorralando a          los mexicanos cercándolos de todas  partes.

(Lib. XII, cap. xxxv)

 

 

DE COMO DE NOCHE ABRIAN LOS CAMINOS DEL AGUA QUE DE DIA LOS ESPAÑOLES CERRABAN

 

Los españoles y sus amigos cegaban de día las acequias para pasar a donde estaban los enemigos, y todo lo que cegaban de día, los enemigos mexicanos lo tornaban de noche a abrir: en esto entendieron algunos días, y por esto se dilató la victoria mucho. Los españoles y los tlaxcalte­ cas combatían por tierra, unos por la parte que se dice lacalco, y otros por la parte que se dice Atezcapan: y de la parte del agua peleaban los de Xuchimilco y todos los chinampanecas, y los tlatilulcanos del barrio de Atliceuhian: y los del barrio de Ayácac resistían por el agua, y no descansaban en la pelea: eran tan espesas las saetas y los dardos que todo el aire parecía amarillo, y los capitanes de los mexicanos que eran del barrio de Yacacolco todos defendían las entradas porque no entrasen donde estaba recogida la gente, mujeres y niños, y peleando con gran per­ severancia hicieron retraer a los dichos capitanes de la parte de la otra acequia que se llama Amáxac. Otra vez acometieron los españoles, y lle­ garon a un lugar que se llamaba Ayácac donde estaba una casa grande que se llamaba Telpuchcalli, pusieron fuego a la casa, y un bergantín de los españoles iba por el barrio que se llama Atliceuhian, con muchas canoas que les siguieron de los amigos, y un capitán que se llamaba Coiovevetzin,

 

mexicano que traía las armas vestidas, la mitad de ellas era una águila y la otra mitad de un tigre, vino en una canoa de hacia la parte que se llama Tolmayecan, y seguíanle muchas canoas con gente armada. Luego comenzó a dar voces a los suyos, que comenzasen a pelear, y luego co­ menzaron la pelea, y los españoles se retrujeron, y este capitán con los suyos los seguían, y retrujéronse hacia un lugar que se llama Atliceuya; también los bergantines se retrujeron hacia la laguna. De este alcance murieron muchos xochimilcanos. Otra vez tornaron los españoles a ence­ rrarse en un cu que se llama Mumuztli, y otra vez volvieron tras ellos hasta donde estaba el telpuchcalli que llaman Atliceuhian: volvieron otra vez los españoles tras los indios con Coiovevetzin en la acequia; revolvió un capitán mexicano que se llamaba Itzpapalotzin, otomí, y hizo retraer a los españoles a los bergantines: entonces cesó la batalla y los del pueblo de Cuitláoac pensando que su señor que se llamaba Maieoaztzin quedaba muerto con los demás enojáronse mucho con los mexicanos, entre los cuales estaba su señor, y dijeron: ¿Por qué habéis muerto a nuestro señor?, y su señor como estaba vivo supo que sus vasallos estaban eno­ jados, habló al capitán Coiovevetzin y díjole: señor hermano, busque a uno de sus soldados que tenga recia voz, y Coiovevetzin llamó a un ca­ pitán que se llamaba Tlamaiócatl, y el señor de Cuitláoac díjole: ve, y

di a mis vasallos que yo te envío para que les digas que estoy vivo, y

 

que miren acá y verme han. Como aquel capitán habló a los de Cuitláoac y les dijo lo que le había mandado el señor Maieoatlzin, ellos no qui­ sieron creerle, mas dijeron que le habían muerto y que no era verdad lo que les decía, y el otro respondió, no es muerto como pensáis, mirad y verle heis a donde está vivo, que allí se puso para que le veáis, y habló el señor de Cuitláoac y dijo: mirad que no me perdáis nada de mis atavíos y joyas y armas, que vivo estoy. Como dijo estas palabras el señor de Cuitláoac, luego los indios amigos de los españoles, comenza­ ron a dar grita, y a pelear contra los mexicanos, y metiéronlos hasta dentro de tianquiztli a donde se vende el copal, y allí pelearon gran rato. Otra vez entraron en consejo nuestros enemigos para acometernos y destruirnos, en especial los otomíes de Tlaxcala, y otros capitanes mu­ chos, y determinaron de entrar por una calle que estaba junto donde es ahora San Martín, y la calle iba derecha a una casa de un pilli tlati-lulcano que se llamaba Tlacatzin, y luego los salieron al encuentro los del Tlatilulco, un capitán que se llamaba Tlappanécatl que iba delante; pero los que iban con él arrojáronse sobre los enemigos con gran furia, y tomáronles el capitán que llevaban preso que se llamaba Tlappanécatl; pero escapó con una herida en una pierna, y cesó por entonces la guerra.

 

(Lib. XII, cap. xxxvii)

 

DEL  TRABUCO  QUE  HICIERON  LOS  ESPAÑOLES PARA CONQUISTAR A LOS DEL TLATILULCO

 

Como los indios mexicanos todos estaban recogidos en un barrio que se llama Amáxac y no los podían entrar, ordenaron de hacer un trabuco, y armáronle encima de un cu que estaba en el tianquiztli que llamaban Mumuztli, y como soltaron la piedra no llegó a donde estaba la gente, cayó mucho más atrás junto a la orilla del tianquiztli, y como salió el tiro en vacío comenzaron los españoles a reñir entre sí. Como vieron que por vía del trabuco no pudieron hacer nada, determinaron de aco­ meter al fuerte donde estaban los mexicanos, y pusiéronse todos en orde­ nanza: dispusieron los escuadrones y comenzaron a ir contra el fuerte, y los mexicanos como los vieron ir escondíanse por miedo de la artillería, y los españoles iban poco a poco llegándose al fuerte muy ordenados y muy juntos. Y uno de los mexicanos del Tlatilulco que se llamaba Chal-chiuhtepeoa púsose en celada con otros soldados que llevaba consigo con propósito de herir a los caballos, y como llegaron los españoles a donde estaba la celada, hirieron a un caballo, y luego el español cayó en tierra y los mexicanos le tomaron, y luego salieron todos porque salieron todos los mexicanos valientes que estaban en el fuerte, e hicieron gran daño en ellos los amigos de los españoles, y así se retrujeron otra vez al tian­ quiztli al lugar donde llaman Copalnamacoyan a donde estaba un ba­ luarte. Después de esto, todos los indios amigos, y enemigos de los mexi­ canos que tenían cercados a éstos, concertaron de cegar una laguna que les hacía mucho embarazo para entrar al fuerte de los mexicanos, que estaba cerca de donde está ahora la iglesia de Santa Lucía, y así otro día muy de mañana cargáronse de piedras, y de tierra y de adobes, y de la madera de las casas que derrocaban, y robaban todas las casas que esta­ ban por allí cerca. Visto por los mexicanos lo que hacían los enemigos, sacaron escondidamente cuatro canoas con gente de guerra y cuatro capi­ tanes con ellos, y como estuvieron a punto comenzaron a remar recia­ mente, y fueron contra los que cegaban la laguna dos canoas por la una parte, y otras dos por la otra; luego comenzaron a pelear y muchos mu­ rieron, unos en la laguna y otros en la tierra; otros echaban a huir y caían entre los maderos que habían puesto, y de allí los sacaban arras­ trando los mexicanos llenos de lodo. Murieron muchos en este reencuen­ tro aquel día. Otro día luego los españoles acometieron al fuerte que era donde llaman Amáxac, donde está la iglesia de la Concepción, y pelea­ ron gran rato, y finalmente llegaron donde estaba el bagaje de los mexi­ canos; y como llegaron a una casa grande que se llamaba Telpuchcalli a donde estaba mucha gente, subiéronse a las azoteas de aquella casa; die­ ron consigo en el agua por huir, y un capitán que se llamaba Vitziloatzin con muchos soldados que estaban sobre los tlapancos, comenzaron a resistir a los españoles poniéndose por muro para que no pasasen a donde estaba el bagaje, y los españoles arrojáronse contra ellos, y comenzaron a matar

 

en ellos y a destrozarlos y salieron otros soldados en favor de aquéllos, de

 

manera que no pudieron los españoles pasar a donde querían y retrujéron-

se. A otro día los españoles pegaron fuego a aquella casa, en la cual había

muchas estatuas de los ídolos. Los españoles peleaban contra los mexica­

nos ya dentro de su fuerte, y a las mujeres y niños no los hacían mal,

sino a los hombres que peleaban. Aquel día despartió la noche la          pelea,

y al otro los españoles y todos los amigos comenzaron  a caminar hacia

donde  estaban  los  mexicanos  en  su  fuerte,  y los  mexicanos  quisieron

hacer una celada para resistir a los españoles la entrada, y no pudieron:

viéronlos,  y así  los españoles  comenzaron  a pelear.  Casi       un  día duró

la pelea; a la noche retrujéronse a sus estancias, y a la mañana deter­

minaron romper, y cercáronlos de todas partes de manera que por nin­

guna parte podían salir, y estando en esta estrechura murieron muchos

(ningunas  mujeres)  pisados  y  acoceados,  y estando  en  esta  pelea  las

mujeres también peleaban cegando  a los contrarios con el agua  de las

acequias, arrojándosela con los remos. Estando ya los mexicanos acosados

de todas partes de los enemigos, acordaron de tomar pronóstico o agüero

si era ya acabada su ventura, o si les quedaba lugar de escapar de aquel

gran peligro en que estaban, y habló el señor de México que se llamaba

Cuauhtemoctzín, y dijo a los principales que con él estaban:  “Hagamos

experiencia  a ver si podemos escapar  de  este peligro  en  que  estamos:

venga uno de los más valientes     que  hay  entre nosotros,        y vístase las

armas y divisas que eran  de mi    padre Avitzotzin”, y luego llamaron  a

un mancebo valiente que se llamaba Tlapaltécatl opuchtzin que era del

barrio de Coatlan, donde es ahora la parroquia de Santa Catalina en el

Tlatilulco,  a aquél le habló  el  señor  Quauhtemoctzín y           le  dijo:           “Veis

aquí estas armas  que se llaman     Quetzaltecúlotl que  eran  armas de mi

padre Avitzotzin, vístetelas y pelea con  ellas,  y matarás algunos,  vean

estas armas nuestros enemigos, podrá ser que se espanten en verlas”; y

como se las vistieron pareció una cosa espantable, y mandaron a cuatro

capitanes  que  fuesen  delante  de           él,  de  cada  parte  dos           de  aquel  que

iba armado con las armas de Avitzotzin, en las cuales tenían gran agüero

que  saliendo luego  los  enemigos           habían  de  huir.  Diéronle  también  el

arco y la saeta de Vitzilopuchtli    que tenían también guardado por reli­

quias,  y tenían  fe en aquel arco   y saeta que cuando saliese no podían

ser vencidos, aquella saeta tenía un casquillo de pedernal. Estando estos

cinco puestos a punto, un principal mexicano que se llamaba Cioacoatla-

cotzin dio voces diciendo a los cinco que estaban a punto:  ¡Oh mexicanos,

oh tlatilulcanos!,  el fundamento y fortaleza de los mexicanos en          Vitzi­

lopuchtli     es puesta, el cual arrojaba entre los enemigos su saeta que se

llamaba       Xiuhcóatl y Mamaloaztli, la misma saeta lleváis      ahora vosotros

que es agüero de todos nosotros; mirad que la enderecéis contra vuestros enemigos para que haga tiro y no se pierda en balde, y si por ventura con ella matáredes o cautiváredes a alguno, tenemos certidumbre y pro­ nóstico que no nos perderemos de esta vez, sino que quiere nuestro señor

 

ayudarnos": y dichas estas palabras, aquel que estaba armado con los otros cuatro comenzaron a ir contra los enemigos. Como los vieron los españoles así como los indios, cayóles grande espanto, no les pareció cosa humana, y aquel que iba armado con Quetzáltecúlotl subióse a una azo­ tea, y los enemigos paráronse a mirarle qué cosa era aquélla, y como conocieron que era hombre y no demonio acometiéronle peleando, y hi­ riéronle huir. El Quetzáltecúlotl tornó tras ellos con los que con él iban, y hízolos huir, y subió otra vez en el tlapanco donde los tlaxcaltecas tenían quetzales y cosas de oro robadas, y tomóselas, y volvió a saltar del tlapanco abajo, y no se hizo mal ninguno, ni le pudieron cautivar los enemigos, mas antes los que iban con él cautivaron tres de los enemigos, y por entonces cesó la pelea: volviéronse todos a sus ranchos, y el día siguiente tampoco pelearon.

 

DE  COMO LOS  DEL  TLATILULCO  CUANDO  ESTABAN CERCADOS VIERON VENIR FUEGO DEL CIELO SOBRE SI DE COLOR DE SANGRE

 

El día siguiente cerca de medianoche llovía menudo, y a deshora vieron los mexicanos un fuego así como torbellino que echaba de sí brasas grandes, y menores, y centellas muchas, remolineando y respendando y estallando: anduvo alrededor del cercado o corral de los mexicanos donde estaban todos cercados que se llamaba Coionacazco, y como hubo cer­ cado el corral tiró derecho hacia el medio de la laguna, y allí desapareció, y los mexicanos no dieron grita como suelen hacer en tales visiones: todos callaron por miedo de los enemigos. Otro día después de esto no pelearon, todos estuvieron en sus ranchos, y D. Hernando Cortés subióse encima de una azotea de una casa del barrio de Amáxac; esta casa era de un principal tlatilulcano que se llamaba Aztooatzin. Desde aquel tla­ panco estaba mirando hacia el cercado de los enemigos: allí encima de aquel tlapanco le tenían hecho un pabellón colorado, desde donde estaba mirando, y muchos españoles estaban alrededor de él hablando los unos con los otros; es muy verosímil que D. Hernando Cortés había enviado muchos mensajeros al señor de México Cuauhtemoctzín para que se rin­ diesen antes que los matasen a todos, pues ya no tenían ningún remedio, y en este punto en que estaba ahora el negocio de la guerra es cosa muy cierta que ya el señor de México había dado la palabra a los men­ sajeros del capitán D. Hernando Cortés que se quería rendir, y a este propósito se puso en el pabellón en el tlapanco el capitán D. Hernando Cortés, esperando a que viniese a su presencia el señor de México Cuauh­ temoctzín con todos los principales que con él estaban. Viniéronse a donde estaba el marqués en canoas, Cuauhtemoctzín iba en una canoa y iban dos pajes con él que llevaban sus armas, y uno solo iba remando en la canoa que se llamaba Cenyáutl, y cuando llegaron a la presencia de

 

D. Hernando Cortés estaba en el corral. . .

los dioses españoles.

 

comenzaron a decir toda la gente mexicana que ya va nuestro señor rey a ponerse en las manos de

 

 

(Lib. XII, cap. xxxix)

 

 

AUTOR

 

De las cosas arriba dichas, parece claramente cuánto temporizó y disimuló el capitán D. Hernando Cortés con estos mexicanos por no los destruir del todo ni acabarlos de matar: porque según lo de arriba dicho, muchas veces pudieron acabarlos de destruir, y no lo hizo, esperando siempre a que se rindiesen, para que no fuesen destruidos del todo.

 

 

DE LA PLATICA QUE HIZO D.  HERNANDO CORTES A LOS

SEÑORES DE MEXICO, TEZCUCO Y TLACUPAN, DESPUES

DE  LA  VICTORIA,  PROCURANDO  POR  EL  ORO

QUE SE HABIA PERDIDO CUANDO SALIERON

HUYENDO DE MEXICO

 

Como estuvieron juntos los tres señores de México, Tezcuco y Tlacupan con sus principales delante de D. Hernando Cortés, mandó a Marina que les dijese dónde estaba el oro que había dejado en México; y luego los mexicanos le sacaron todas las joyas que tenían escondidas en una canoa llena, y todo lo pusieron delante del capitán y de los españoles que con él estaban, y como lo vio dijo, ¿no hay más oro que éste en México? Sacadlo todo que es menester todo, y luego un principal que llaman Tlacutzin habló a Marina respondiendo: di a nuestro señor capi­ tán que cuando llegó a las casas reales la primera vez, todo lo que había, y todas las salas cerramos con adobes, no sabemos qué se hizo el oro que había, tenemos que todo lo llevaron ellos, y no tenemos más de esto ahora: y el capitán respondió diciendo que es verdad que todo lo toma­ mos, pero todo nos le tomaron en aquel paso de acequia que se llama Tóltecaacáloco, es menester que luego parezca: y luego respondió un principal mexicano que se llamaba Cioacoatlacutzin, y dijo a M arina: dile al señor capitán que nosotros los mexicanos no peleamos por el agua con canoas, ni sabemos esta manera de pelear, que sólo los de Tlatilulco que peleaban por el agua, atajaron a nuestros señores los españoles, y creemos que solos ellos lo tomaron; luego respondió Quauhtemoctzín, y dijo al principal Cioacóatl, ¿qué es lo que dices?, aunque es así que los del Tlatilulco lo tomaron fueron presos y todo lo tornaron: en el lugar de Texopan se juntó todo, y esto que está aquí y no hay más. Dijo luego Marina: el nuestro capitán dice que no está aquí todo, y respondió el

 

principal Cioacóatl, ¿por ventura alguno Maceoal ha tomado alguno? Buscarse ha, y traerse ha a la presencia del capitán. Otra vez dijo M arina: el señor capitán dice que busquéis 200 tejuelos de oro, tan grandes como así y señalóles con las manos el grandor de una patena de cáliz. Otra vez habló el principal Cioacóatl, y dijo: por ventura algunas de las mujeres lo llevaron escondido debajo de las enaguas, buscarse ha, y traerse a la presencia del señor capitán. Luego allí habló otro principal que se llamaba Mixcoatlaytotlaca welitoczin: dile al señor capitán, que cuando vivía Mocthecuzoma el estilo que se tenía en conquistar, era éste, que iban los mexicanos, y los Tezcucanos, y los de Tlacupan, y los de las Chinam­ pas, todos juntos iban sobre el pueblo o provincia que querían conquistar, y después que lo habían conquistado, luego se volvían a sus casas, y a sus pueblos, y después venían los señores de los pueblos que habían sido conquistados, y traían su tributo de oro y de piedras preciosas, y de plu­ majes ricos, y todo lo daban a Mocthecuzoma, y así todo el oro venía a su poder.

 

(Lib. XII, cap. xli)

 

ARCAISMOS Y EXPRESIONES COLOQUIALES EN SAHAGUN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AB A R R A JA R :           atropellar.

ABARRISCO :     en junto, sin distinción.

ABOHETADO :    abotagado,  hinchado.

AL M A N T A S : surcos  para     dirigir  las       siembras;         semillero         o          almácigo

(arabismo).

ALQ UER Q UE : juego de origen árabe, “tres en raya”.

APOSTA : adrede.

AR C ABU CO :    monte espeso y cerrado.

AR R EO : sucesivamente, sin interrupción (catalanismo).

ATR A M O JA D O :       arcaísmo coloquial quizá por atrabancado; subsiste como

mexicanismo y americanismo con la acepción de atraillado  (como

los perros).

ATR A N C A B A N :      daban trancos a pasos largos.

A v an era s:           nombre  de  un  molusco  de  los  ríos  llamado  a tzcá lli  en

náhuatl. Garibay dice que es lo mismo que veneras o conchas.

 

AZCADILLANDO O AZACADILLANDO : andar ocupado en cosas de poco provecho.

BATEO :    bautizo.

BROTÓN : renuevo.

 

BR U XA C A : cierta especie de red para llevar vasijas con alimentos. No se registra en los diccionarios.

 

BURÓ (color buró): buró equivale en Aragón a greda. Aquí probable­ mente de color blancuzco.

CÁMARAS :         evacuaciones, diarrea.

CARLEANDO :    jadeando.

CA R N IC O LE S:          juego que se jugaba con una taba de camero.

 

Co LIC AP ASIO :

       có lico .          

COLOCUCIÓN :              conversación. 

CORRENCIA :     diarrea.           

CO TAR A :  especie de sandalia.           

EM BAIDORES :   embaucadores.          quizá por emberrenchinado según

EMBERRECADO:           arcaísmo coloquial,   

Santamaría.                       

EM PE C E R :  dañar, ofender.  

ESCALIENTA:     calienta.         

ESCOGOLLARSE:          tomar ufanía, lozanía.

ESCOLARSE ;      escabullirse.   

E SPADARTE :  pez espada.        I,  5 ):   no se registra en los dic­

E SPAGAÑADA  ( “cola espagañada”, XI,       

cionarios. Quizá variante o corrupción de espadañar: dividir. En este caso, cola dividida, partida.

 

FONDIBULARIOS :        que tiran con honda, honderos.

FREZA :    hueva de los peces, desove.

FU SLERA :          fruslera, latón.

HOMICIANO :     homicida.

INGERIDAS :       intercaladas.

LE J A S :  lejanas.

LE Z N E : que se deshace o disgrega fácilmente.

 

L O N G IN C U A S :       leja n a s.

LORO:       de color moreno oscuro.

MA ST EL EJO S :           nombre de unas estrellas.

narios.

MOLLIR : ablandar.

 

MONCIÑOS  ( “ánsares monciños”, XI, 2, 3 ): narios. Quizá salvajes, no domésticos.

 

 

 

No se registra en los diccio­

 

no se registra en los diccio­

 

N ECE GRA :        quizá variante coloquial de negruzca.

N E GRESTINO :  que tira a negro.

OPILADO :           obstruido.

PESUÑOS :           pezuñas.

PLUVIAS :            lluvias.

PRÍM AM ENTE : primorosamente.

RE N C L E :         fila o hilera.

 

RE SPENDAR : por el contexto, crepitar. No se registra en los diccio­ narios.

 

RESPE N D E R ( “a la leña, o maderos que respenden en el fuego”, XI, vi, 3 ): No se registra en los diccionarios. Quizá como respendar, que crepitan o que se queman bien.

SO M ET IC O :    sodomita.

 

TR ISTE L ( “para remedio de esta corrupción que causan las setas es bueno el ungüento amarillo que se llama axin, echado por tristel”, XI, vn, 3. “No se bebe, sino dase por tristel”, XI, vii, 5, 153): no se registra en los diccionarios, ni encuentro su posible significado. ¿Disuelto? ¿A gotas?

VIRGULTO :        árbol pequeño.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CRONOLOGIA*

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

*     Esta Cronología ha sido revisada y ampliada por el Departamento Técnico de la Biblioteca Ayacucho.

 

 

1499

 

 

 

1500

 

 

 

 

1501

 

 

 

1502

 

 

 

 

 

 

 

1503

 

 

 

 

1504

 

1505

 

 

 

1506

 

 

Nace Bernardino de Sahagún, cuyo apellido original ignora­ mos, en la villa de Sahagún, en Campos, en la provincia de León.

 

 

 

Ahuizótl  es  señor  de  México -Tenochti-

tlán (desde 1486).  Viaje  de Vespucio

a  las           costas  orientales  de  la  América

del Sur.     

 

C. Colón es engrilletado y llevado a Cas­ tilla. Vicente Yáñez Pinzón descubre la desembocadura del Amazonas, que hace retroceder el mar varias decenas de ki­ lómetros formando los “Mares Dulces”.

 

Se promulga un decreto autorizando los matrimonios mixtos. Alvarez Cabral lle­ ga al Brasil y toma posesión de sus cos­ tas en nombre de la corona de Portugal.

 

Motecuhzoma Xocoyotzin es entroniza­ do como gobernante supremo de los azte­ cas. C. Colón, en su último viaje, llega a una isla situada frente a Honduras y explora hasta lo que hoy es Panamá. Los indígenas expulsan a los españoles, que huyen, encallando en las costas de Ja­ maica.

 

Por Cédula Real se autoriza a los con­ quistadores a esclavizar a los indios Ca­ ribe, con el pretexto de su canibalismo.

 

 

Los reyes    católicos          gobiernan        España.

 

Fernando de Rojas:  La  celestina.

 

 

Leonardo da Vinci comienza La Gio­ conda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los musulmanes son expulsados de Es­ paña. Cristóbal Colón emprende su cuarto y último viaje.

 

 

 

 

 

Se establece, en Sevilla, la Casa de Con­ tratación. Se realiza un acuerdo entre los banqueros alemanes Welser y la Co­ rona portuguesa para participar en el comercio con la India.

 

Muere Isabel de Castilla.

 

Martín Lutero ingresa a la Orden Agus­ tina. Bramante proyecta la iglesia de San Pedro en Roma. Leonardo da Vinci termina La Gioconda.

 

 

Se establecen  en  el  oriente  venezolano Muere Felipe I, El Hermoso.

los primeros religiosos.

 

 

1507

 

 

 

 

 

 

1508

 

 

 

1509

 

1510

 

 

 

 

 

 

 

 

1511

 

 

 

 

 

 

 

1512           Inicia sus estudios en la Universidad de Salamanca.

 

 

El mundo nahua celebra en libertad la última Fiesta del Fuego (cada 52 años).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alonso de Ojeda levanta, pese a la hos­ tilidad de los indígenas, una pequeña fortaleza en Panamá. El hambre, y los ataques de los autóctonos deciden su partida a La Española, en busca de au­ xilios. Francisco Pizarro queda en su lugar. Ojeda no regresa y Pizarro aban­ dona el lugar. Ojeda había encallado en las playas de Cuba.

 

Se constituye la primera Audiencia ame­ ricana en Santo Domingo. Diego de Velázquez conquista Cuba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se crea el Obispado de Santo Domingo y comienza la construcción de la ca­ tedral.

 

 

Los portugueses penetran en Madagas­ car. Segunda regencia de Fernando de Aragón. Aparece el nombre de América, por primera vez, en la Cosmografía de Waldseermüller. El Cardenal Jiménez de Cisneros mantiene un absoluto predo­ minio en España.

 

 

Miguel Angel comienza a pintar los fres­ cos de la Capilla Sixtina. Se funda la Universidad de Alcalá. Erasmo prepara: Elogio de la locura.

 

Enrique VIII es coronado Rey de Ingla­ terra.

 

Se inician las sesiones del Concilio de Letrán. Es fundado el Consulado de Bil­ bao para el control del comercio de la lana.

 

 

 

 

 

Fernando el Católico entra en la Liga Santa con el Papa Julio II, Enrique VIII de Inglaterra y el Emperador Ma­ ximiliano para expulsar a Francia de Italia. Se reúne el Conciliábulo de Pisa convocado por Francia para deponer a Julio II. Moldavia queda sometida al pago de tributo a los turcos. Alburquer-que conquista para Portugal la penín­ sula de Malaca.

Grünewald:            Altar    Isenheim.        A.        Dure-

ro:   Adoración       de        la  Trinidad.

 

Es creado el Consejo de Indias. Navarra es anexada a Castilla. Aparece el primer código colonial europeo: las Leyes de Burgos, que establecen que los indios

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1513

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1514

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1515

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Ponce de León desembarca en La Florida. Vasco Núñez de Balboa atravie­ sa el istmo de Panamá y descubre el otro océano, hoy Océano Pacífico, que él llama “Mar del Sur”. En Santa María de Darién (Panamá) se crea la primera sede episcopal en tierra firme.

 

 

 

 

Diego de Velázquez funda Santiago de Cuba. Pedrarias Dávila parte a la con­ quista de Darién.

 

 

son hombres libres y deben ser sometidos a la cristiandad. Los franceses derrotan a la Liga Santa en Ravena. Reposición de los Médicis en Florencia. Maximilia­ no Sforza nuevo Duque de Milán. Los portugueses conquistan las Molucas.

 

Rafael:  Madonna  de  Foligno.

 

Los turcos dominan Armenia. Hegemo­ nía española en la península Itálica. Jacobo IV de Escocia, aliado de Fran­ cia, invade Inglaterra, es derrotado y muerto en Flodden Field, le sucede su hijo Jacobo V. Maximiliano I y Enrique VIII derrotan a los franceses en Guiñe-Gatte. León X es electo Papa.

Maquiavelo: El príncipe. Miguel Angel:

Moisés.

 

En Alcalá de Henares se inicia la redac­ ción de la Biblia Políglota Compluten­ se (Latín, Hebreo, Caldeo y Griego). Muere Luis XII de Francia y le sucede Francisco I. En Alemania Ulrico Wur-temberg aplasta el levantamiento cam­ pesino del Pobre Conrado. León X pro­ mulga la bula de la indulgencia para la construcción de San Pedro de Roma lo que provoca protestas de Lutero. Los portugueses inician la exploración de China.

A. Durero:  Melancolía.

 

 

México -Tenochtitlán es una gran me­ trópoli. La más rica y poderosa de toda América Central y lo que es hoy el territorio de México; centro del poder y del comercio. Es fundada La Habana. Juan Díaz de Solís explora el Río de la Plata. Muere en Santo Domingo, Alon­ so de Ojeda.

 

 

Ismail I da principio al nuevo imperio persa. Francisco I es coronado Rey de Francia y recupera el Milanesado. Bar­ tolomé de las Casas expone frente al Rey y por primera vez sus quejas res­ pecto del maltrato dado a los indios. Thomas Wolsey es canciller de Ingla­ terra. Los turcos conquistan la Anatolia oriental y el Kurdistán. El pirata osmá-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1516

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1517

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1518

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Profesa en la Orden de San Francisco, en el convento de Sa lamanca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Díaz de Solís muere en el Río de la Plata.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Francisco Hernández de Córdoba y An­ tón Alaminos desembarcan en Yucatán. Mocthecuzoma (Moctezuma) recibe no­ ticia de su llegada.

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan de Grijalva llega a la isla de Sacri­ ficios, en Veracruz. Mocthecuzoma se en­ tera.

 

 

nida Chaireddin Barbarroja conquista Argelia.

 

Correggio: Virgen de San Francisco. Ti-

ziano: Flora. Forment: Retablo del Pi­ lar de Zaragoza. Nace Santa Teresa de Jesús.

 

Paz de Noyon; Francia consolida sus posiciones en Italia; Concordato de Bo­ lonia entre Francia y la Santa Sede por el cual la iglesia francesa queda some­ tida al Estado. Selim I derrota a los egipcios en Alepo y conquista Siria. Los portugueses llegan a Cantón y fundan bases comerciales. Muere Fernando el Católico, le sucede su nieto Carlos de Habsburgo (Carlos I de España y V de Alemania); regencia de Cisneros y Adria­ no de Ultrech.

Erasmo: Nuevo Testamento (en griego).

 

T. Moro: Utopía. Ariosto: Orlando Fu­ rioso.

 

Conjuración de la Liga de Zapateros en el Rin superior al mando de Jos Fritz. Selim I derrota a los egipcios en El Cai­ ro y conquista Egipto. M. Lutero clava las 95 tesis contra la bula de las indul­ gencias en la catedral de Wittenberg. Carlos I llega a España y asume el poder.

T.  Folengo:           Baldus.           Bartolomé  de To­

rres Naharro: Propalliada. Se termina la catedral de Sevilla.

 

F. de Magallanes se compromete con Carlos I a probar que las Molucas son españolas dirigiéndose a ellas por el oes­ te. Francisco I de Francia obliga al Parlamento a aceptar el Concordato de Bolonia. Se establece la Inquisición en Sicilia. Cristian II de Dinamarca con­ quista Suecia. Carlos I reúne las Cortes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1519

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1520

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hernán Cortés desembarca en Veracruz el 21 de abril. Se adentra en territorio mexicano y, guiado por indígenas, llega a México -Tenochtitlán el 8 de noviem­ bre; es recibido por Mocthecuzoma. Cortés envía a Carlos V dos Códices pre-hispánicos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

H. Cortés sale de la metrópoli azteca para combatir a Pánfilo de Narváez, que, enviado por el gobernador de Cuba, viene a desposeerlo del mando. Entre tanto, Pedro de Alvarado ataca a trai­ ción a los aztecas durante la fiesta de Tóxcatl en fecha cercana a la de Pas­ cua de Resurrección de 1520. Cuando Cortés regresa tras vencer a Narváez, hace frente a la indignación azteca. Mo-tecuhzoma es asesinado. Los españoles deben huir de Tenochtitlán el 30 de junio, en lo que se conoce como “la Noche Triste”. F. de Magallanes descu­ bre, después de bordear las costas de América del Sur, el estrecho que llevará su nombre, que cruzará a 20 días del descubrimiento.

 

 

en Valladolid, los representantes se nie­ gan a jurar al nuevo rey si éste no jura las libertades y privilegios castellanos.

 

Melanchton:           Gramática  griega.  Alberto

Altdorfe: Altar de San Vlorián. Rafael:

Retrato de León X.

 

F. de Magallanes sale de Sevilla. Al mo­ rir Maximiliano I, el Rey Carlos I de España es proclamado Emperador de Alemania con el nombre de Carlos V, apoyado por la Banca alemana y los con­ tribuyentes españoles. V. Swinglio da a conocer sus ideas reformistas, prohíbe en Zurich la predicación de la bula de las indulgencias. Controversia de Leip­ zig: Lutero rompe con la Iglesia Católica. Maquiavelo: Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Martín Fernán­ dez de Enciso: Summa de Geografía. Correggio: Matrimonio místico de San­ ta Catalina. Muere Leonardo da Vinci.

 

Rebelión de las comunidades de Casti­ lla. Carlos I marcha a Alemania y es coronado Emperador. En Germanías de Valencia se produce una revuelta de la clase media. Se introduce en España el primer cacao de México. Los suecos man­ dados por Gustavo Vasa se sublevan con­ tra Cristián II de Dinamarca. Solimán II el Magnífico sucede a Selim I como sultán de los osmánidas. Lutero quema la bula papal que lo amenaza con la ex­ comunión; es declarado hereje.

 

Se publican en Portugal las anónimas Crónicas de los siete primeros reyes. Erasmo: Antibarbari. Ariosto: Negro­ mante. Mueren Rafael Sanzio y Barto­ lomé Ordóñez.

 

 

1521

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1522

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1523

 

 

H. Cortés y sus hombres regresan con miles de aliados indígenas. El 30 de mayo comienza el asedio final de Te-nochtitlán. El 13 de agosto, tras largo sitio, la ciudad, defendida por el joven Cuauhtémoc, cae en manos de los espa­ ñoles y es arrasada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Andagoya reconoce el litoral de Colom­ bia. González Avila inicia la conquista de Nicaragua. Huayna Cápac es Inca supremo en el momento de mayor ex­ tensión del imperio (su reinado comen­ zó en 1493).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pedro de Gante funda la primera escue­ la para indios en México. Pedro de Al-varado emprende la conquista de Amé­ rica Central.

 

 

Guerra entre Carlos V y Francisco I. F. de Magallanes toca las Filipinas, donde muere en combate; Juan Sebastián El-cano asume el mando de la expedición. Ignacio de Loyola se incorpora a la vida religiosa. Son derrotados los comuneros castellanos y ejecutados sus cabecillas. Se firman los tratados de Brujas (Car­ los V y Enrique VIII) y de Worms (Carlos V y el Papa, León X ), ambos antifranceses. Muere Manuel I de Por­ tugal y le sucede Juan III. Solimán II conquista Belgrado.

 

Maquiavelo:  Del arte  de  la guerra.  Lo­

renzo Lotto:  Virgen  con  santos.

 

Comienza el proceso sucesorio de los Borbones. Juan Sebastián Elcano toca Sevilla completando, así, la primera vuel­ ta al mundo. Carlos V pone en manos de su hermano Fernando el gobierno de Austria. Los turcos toman Rodas. La Inquisición se organiza en los Países Ba­ jos. Basilio III firma un tratado con Li-tuania. Muere León X, Adriano de Ul-trech es elegido Papa con el nombre de Adriano VI. Carlos I regresa a España. Barcelona presenta petición al rey para comerciar con América. Los portugueses establecen una línea regular entre Co-chín y China.

M. Lutero:  Traducción  del Nuevo Tes­

 

tamento. Hans Holbein, el joven: Vir­ gen de Solothurn.

 

Se crea el Consejo de la Hacienda, en España. Comienzan los problemas reli­ giosos y sociales en Alemania. Federico I destrona a Cristián II en Dinamarca. Se produce una alianza entre Carlos V, Enrique VIII, el Archiduque Fernando de Austria, y Venecia, Milán, Florencia, Siena y Luca contra Francisco I de Francia. Gustavo Vasa es Rey de Sue-

 

 

 

 

1524           Se ordena sacerdote.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1525

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1526

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El 13 de mayo llega el grupo de los doce franciscanos que encabeza fray Martín de Valencia. El 12 de octubre sale Cortés de las Hibueras. Francisco Pizarro inicia su primer viaje a las tie­ rras del imperio incaico en el Perú.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Empiezan a explorarse las minas de pla­ ta de México. El 28 de febrero H. Cor­ tés sacrifica a Cuauhtémoc en Izancá-nac. Antes de morir, el inca Huayna Cápac recibe noticia de la presencia de extranjeros nunca antes vistos.

 

 

 

 

 

 

Llegan los primeros dominicos a Méxi­ co. Pizarro prepara una nueva expedi­ ción al Perú.

 

 

cía. Muere Adriano VI, le sucede Julio de Médicis con el nombre de Clemen­ te VIL

 

M.  Lutero: De       la  autoridad  temporal.

Hans Sachs: El ruiseñor de Willemberg.

 

Los herejes son expulsados de Lyon. Se da forma definitiva al Consejo de Indias, en España, con jurisdicción sobre los nuevos territorios descubiertos. Los príncipes alemanes reunidos en Nürem-berg prometen respetar el Edicto de Worms. Francisco I de Francia ocupa de nuevo Milán. Gustavo I de Suecia prohíbe el pago de anatas (tributo anual) a Roma. Verrazzana, al servicio de Fran­ cia, explora la costa oriental de Norte­ américa.

Erasmo:  Sobre el libre albedrío.  M. Lu­

tero:  Cartas  a  los  príncipes  de  Sajonia

 

y De servo arbitrio. Luis Vives: Intro­ ducción a la sabiduría.

 

Muere Federico el Sabio. Se seculariza el ducado de Prusia. Se lleva a cabo la reforma franciscana de Mateo de Bassi. Empiezan a notarse influencias erasmis-tas en la cultura española. Francisco I de Francia es derrotado en Pavia, hecho prisionero y llevado a España. Se suble­ van los campesinos en Alemania, son derrotados y su jefe es ejecutado. M. Lutero contrae matrimonio.

Pedro Bembo: Prosas de la lengua vulgar.

 

Se produce, en Gotha, la definitiva alian­ za de los luteranos. Se firma el tratado de Madrid. Fernando de Hasburgo y Juan Zapolya se hacen elegir reyes de Hungría. Fernando es elegido rey de Bohemia. Paz de Madrid, Francisco I de Francia es liberado; desconoce el tra-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1527

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1528

 

 

 

 

 

 

 

 

1529           Viaja a Nueva España con fray Antonio de Ciudad Rodrigo

       y otros diecinueve franciscanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fray Juan de Zumárraga es el primer Arzobispo de México; Francisco de Mon-tejo inicia la conquista de Yucatán; cor­ sarios franceses realizan varias incur­ siones sobre las costas de este territorio. Sebastián Caboto intenta colonizar el río Paraná y su territorio colindante.

 

 

 

 

 

Expedición fallida de Pánfilo de Nar-váez a La Florida. Saavedra descubre las Carolinas.

 

 

 

 

 

 

 

Hernán Cortés es Marqués del Valle de Oaxaca y Gobernador de Nueva España. Ñuño Beltrán de Guzmán inicia la con­ quista de Nueva Galicia.

 

 

tado de paz y hace alianza con Cle­ mente VII, Francisco II Sforza de Milán y las ciudades de Venecia y Florencia (Santa Liga de Cognac) . Solimán II de­ rrota a los húngaros en Mohacz.

 

A. Durero: Los cuatro apóstoles. Boscán renueva la métrica española introducien­ do metros italianos. Machuca comienza la Alhambra.

 

Enrique VIII y Francisco I entran en guerra con Carlos V. El luteranismo es proclamado religión de Estado en Sue­ cia y Dinamarca. Nace en Valladolid el futuro rey Felipe II. Las tropas impe­ riales saquean Roma. Clemente VII es hecho prisionero, los Médicis son expul­ sados de Florencia.

Francisco de Osuna:  Abecedario  Espiri­

tual. Hans    Holbein,          el  joven:         Tomás

Moro y su familia.

 

Francisco I de Francia firma tratado comercial con Turquía. Andrea Doria, al servicio de Carlos V, libera Génova del dominio francés. Montenegro cae bajo dominio turco.

Erasmo:  Ciceroniamus.  Alfonso de Val-

 

dés: Diálogo de Mercurio y Carón. Em­ pieza en París la construcción del cas­ tillo de Fontainebleau.

 

Tomás Moro ocupa el puesto de Canci­ ller. Carlos V negocia con los persas. El anabaptismo se desarrolla en los Paí­ ses Bajos. Los turcos sitian Viena. To­ más Moro escribe su Diálogo sobre las herejías. Se establece la línea de demar­ cación de Zaragoza entre las posesiones españolas y portuguesas en el Pacífico. Se inicia la construcción del Canal Im­ perial de Aragón. Victoria del ejército imperial sobre los franceses. Paz de

 

 

 

1530           Es guardián en el convento de Tlalmanalco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1531

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1532

 

 

 

 

 

 

 

 

1533

 

 

 

 

 

 

 

 

Significativa carta envía H. Cortés: “cer­ tifico a vuestras majestades ( . .. ) que ( . . . ) ya falta la mitad de la gente de los naturales a causa de las vejaciones y malos tratos que han recibido. . . Co­ mienza la colonización portuguesa del Brasil.

 

 

 

 

Aparición de la Virgen en la colina de Tepeyac. Pizarro inicia la definitiva con­ quista del imperio incaico por el Perú. Nicolás Federmann finaliza sus expe­ diciones por los llanos del Orinoco. El portugués Martín Alonso de Sousa llega al Brasil.

 

 

 

 

 

Atahualpa es hecho prisionero por Pi­ zarro, en el Perú. Huáscar, su hermano, era para entonces su enemigo, dividido el imperio por una guerra intestina. Se funda la ciudad de Puebla (México). Fernández de Oviedo es nombrado Cro­ nista General de Las Indias.

 

 

Llegan a México los primeros agustinos. Fray Andrés de Olmos inicia sus obras. Huáscar es asesinado por soldados de Atahualpa. Pizarro y Almagro se apo­ deran del Cuzco, centro neurálgico del

 

 

Cambrai: Francia retiene el ducado de Borgoña.

 

Juan de Valdés: Diálogo de la doctrina cristiana.

 

Se produce la ruptura definitiva entre católicos y luteranos. Francisco I crea el Collège de France. Carlos I cede Mal­ ta, Gozzo y Trípoli a los Caballeros de San Juan de Rodas. Carlos V es corona­ do Emperador de Bolonia por Clemente VII. Dieta de Augsburgo. Los Médicis recuperan Florencia.

 

Melanchton: Apología. Tiziano: Retrato del cardenal Hipólito de Médicis.

 

Los cantones católicos aplastan a Zu­ rich. Liga de Esmalcalda, coalición pro­ testante contra Carlos V y la Iglesia Católica. La Iglesia inglesa se separa de Roma y Enrique VIII se erige en cabeza de la misma con aprobación del Parla­ mento. Inquisición en Portugal.

Servet: Sobre los errores de la Trinidad.

Lucas van Layden:  Curación  del ciego.

Miguel Angel:  El  Crepúsculo  y  la Au­

rora.  Tiziano:  San Jerónimo.

 

Se produce la unión administrativa de Bretaña y Francia. Se firma la paz de Nüremberg. El clero inglés se somete a su nuevo jefe. Tomás Moro renuncia. Los turcos ocupan Hungría.

 

F. Rabelais: Grandes e inestimables cró­ nicas de Gargantua y Hechos y proezas de Pantagruel.

 

Enrique VIII desposa a Ana Bolena. Francisco I se entrevista, en Marsella, con el Papa. Se inicia en Dinamarca una guerra civil que durará hasta 1537. Cristián III vence a Cristián II. Calvino

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1534

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1535           Abandona  el  convento  de  Tlalmanalco.  Muy probablemente

       entra  a  cumplir  funciones  de  guardián  en  el  convento  de

       Xochimilco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1536           Sahagún          participa en la fundación del Colegio de Tlatelolco

       y enseña          latín a los escolares indios.

 

 

imperio Inca; Atahualpa es ejecutado el 29 de agosto en Cajamarca, cobrado ya el rescate que por él pidieron los es­ pañoles. Pedro de Heredia funda Car­ tagena de Indias.

 

 

 

 

Empiezan a explotarse sistemáticamente las minas de plata de Taxco (México). Los portugueses crean la Capitanía del Espíritu Santo de Brasil. Resistencia mi­ litar indígena en Perú.

 

 

 

 

 

 

 

Se crea el Virreinato de Nueva España (México). Se introduce la imprenta. Antonio de Mendoza es el primer Virrey de Nueva España (1535- 1550). Se rea­ liza la primera división geográfica de la Nueva España en cuatro provincias: México, Michoacán, Coatzacoalcos y las Mixtecas, más Yucatán y Tabasco. Pi-zarro funda Lima el 18 de enero. Alma­ gro realiza su primera expedición a Chi­ le. Pedro de Mendoza explora el Río de la Plata. Se crea la Casa de la Moneda de México y la Casa de la Moneda de Lima.

 

G. Fernández de Oviedo: General y na­ tural historia de las indias (primera parte).

 

Inauguración del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco en México. Llega a Nueva España fray Alonso de la Veracruz. Se produce la primera fundación de Bue-

 

 

se adhiere a la reforma. Francisco I se alia a los turcos. Muere Basilio III, en Rusia, y le sucede su hijo Iván, de tres años (el Terrible); su madre ejerce la regencia. Barbarroja se apodera de Tú­ nez.

 

Erasmo: De amabilis concordia. Tiziano:

Retrato de Carlos V.

 

Francia intenta formar un ejército na­ cional. Bagdad es tomada por los tur­ cos. Francia y Turquía hacen alianza con Barbarroja. Muere Clemente VII, le sucede el cardenal Alejandro Farnesio con el nombre de Pablo III. Ignacio de Loyola crea la Compañía de Jesús, en París.

 

F. Rabelais: Vida del gran Gargantúa. Empieza la construcción del Palacio Farnesio, en Roma.

 

Es tomada la ciudad de Munster por católicos y protestantes: los anabaptis­ tas son masacrados. En Inglaterra, es ejecutado Tomás Moro. Tomás Cromwell es Vicario General (canciller). Se rea­ nuda la guerra entre Francisco I y Car­ los V. Carlos V libera Túnez del domi­ nio berberisco. El explorador Cartier se interna en el río San Lorenzo.

Holbein:  Retrato  de Enrique  VIH.

 

 

 

 

 

 

 

1537

 

 

 

1538

 

 

 

 

 

 

1539

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1540

 

 

 

 

 

 

 

Siempre en el Colegio de Tlatelolco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Interviene como intérprete en procesos contra idolatría.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Viaja por el valle de Puebla, Huexotzingo y Cholula. Ascien­ de los cerros Popocatepetl e Iztaccíhuatl. Escribe su primera obra en náhuatl: Sermonarios de dominicas y santos.

 

 

nos Aires, por Pedro de Mendoza. Ji­ ménez de Quesada conquista la meseta de Bogotá. Sublevación de Manco Inca en el Cuzco.

 

Alvar Núñez Cabeza de Vaca inicia su expedición a Texas y La Florida. Es fundada Asunción de Paraguay. Alma­ gro quita el Cuzco a Pizarro.

 

Ayala recorre el interior de Argentina y el curso medio del río Paraná. Gon­ zalo Jiménez de Quesada funda Santa Fe de Bogotá. Se funda la Universidad de Santo Domingo, primera de América. Hernando Pizarro derrota y ejecuta a Diego de Almagro.

 

Juan Cromberger, por conducto de Juan Pablo, pone en funcionamiento la prime­ ra imprenta de Nueva España. Hernan­ do de Soto explora La Florida y el río Mississipi.

 

Fray Juan de Zumárraga: Breve y más compendiosa doctrina christiana en len­ gua mexicana y castellana. Nace en el Cuzco, el 12 de abril, el Inca Garcilaso de la Vega.

 

Fray Alonso de la Veracruz funda el colegio de Tiripetío, en Michoacán. Pe­ dro de Valdivia inicia la conquista defi­ nitiva de Chile. F. Vásquez Coronado explora Kansas, Sonora, Arizona y Nue­ vo México, y descubre el Gran Cañón de Colorado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Calvino vuelve a Ginebra; se expide la bula Regimini militante ecclesiae. El papa aprueba la fundación de la Com­ pañía de Jesús y sus constituciones. Sur­ ge un núcleo protestante en Sevilla. El emperador cede a su hijo Felipe el Du­ cado de Milán. Enrique VIII hace eje­ cutar a Tomás Cromwell. Francisco I ordena persecución sistemática de los protestantes en Francia.

 

Biringuccio: De la pirotecnia (tratado sobre metalurgia). Nace el músico To­ más Luis de Vitoria.

 

 

1541

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1542

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1543

 

 

Orellana recorre por primera vez el Ama­ zonas, desde las fuentes hasta la desem­ bocadura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se crea la Audiencia de Lima. Por Cé­ dula Real, Guatemala es convertida en Capitanía General. Hernando de Soto explora la costa sudeste de Norteaméri­ ca. Francisco Javier llega a Goa con una misión jesuíta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El padre Las Casas es Obispo de Chia­ pas (Nueva España) . Se crea el Virrei­ nato del Perú, con capital en Lima. Llegan a América las Leyes Nuevas, ex­ pedidas el 20 de noviembre de 1542.

 

Fray Toribio de Motolinía: Memoriales e Historia de los Indios de Nueva Es­ paña.

 

 

Felipe de España toma el gobierno de las Españas. Ignacio de Loyola es el primer general de los jesuítas. Fernando es aplastado por los turcos en Pesto. Los españoles deben renunciar a invadir Argelia. Cuarta guerra entre Francia y Carlos V. Muere Juan Zapoyla, rey de Hungría; Solimán II acude en apoyo de los nacionalistas húngaros contra el do­ minio de los Hasburgo y somete todo el territorio a su poder a excepción de Transilvania.

 

Miguel Angel termina El Juicio Final, en la Capilla Sixtina. Nace Domingo Theotocopulli (El Greco).

 

Aparece María Estuardo en la escena política escocesa, una vez muerto Sol-way Moss y sofocada la rebelión. Car­ los V y Enrique VIII se alian contra Francisco I. Carlos I dicta las Nuevas Leyes de Indias. Enrique VIII de In­ glaterra asume el título de Rey de Ir­ landa. Francisco I ataca a los Países Bajos y al Condado de Rosellón. Pablo III extiende la Inquisición a toda la Iglesia Católica. Los portugueses llegan al Japón.

 

Miguel Angel: Crucifixión de San Pedro, en la Capilla Paulina del Vaticano. Na­ ce San Juan de la Cruz.

 

Primeras ordenanzas sobre las flotas de Indias. Fundación del Consulado de la Universidad de Mercaderes de Sevilla. Sitio de Niza por fuerzas franco-turcas. Matrimonio de Enrique VIII con Cata­ lina Parr. Solimán I conquista territorios húngaros. Iván IV, El Terrible, masacra a los Chuiski.

 

N.   Copérnico: De Revolutionibus Or-bium caelestium. Libri sex. Vesalius: De Corporeis Humani Fabrica. Fernán

 

 

 

 

 

 

 

 

1544

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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En Tlatelolco, entierra más de diez mil cuerpos de víctimas de la peste. Se contagia y es llevado al convento de San Francisco de México.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Blasco Núñez Vela asume como primer virrey del Perú. Manco Inca es asesina­ do en Víteos.

 

 

 

 

 

 

 

Gran peste en Nueva España. Son revo­ cadas para Nueva España las Leyes Nue­ vas. Descubrimiento de las minas del Potosí. Juan de Villarroel funda la ciu­ dad de Potosí. Diego Centeno se rebela contra Gonzalo Pizarro.

 

 

 

 

 

 

 

Se crean los arzobispados de México y Lima. Erección de la Arquidiócesis de México. Llega al Perú Pedro de la Gasea. Termina en Venezuela el gobierno de los Welser.

 

 

Pérez de Oliva: Crónica general de Es­ paña. Publicación de obras de Boscán y de Garcilaso. Nace Juan de la Cueva. Mueren Nicolás Copérnico, Holbein el joven y Felipe de Vigarny.

 

 

Francisco I libera a los siervos del do­ minio real. Los ingleses queman Edim­ burgo. Paz de Crepy entre España y Francia. Federico II autoriza la doctri­ na evangélica en el Palatinado. El Rey de los ordos, Dayan, incendia Pekín.

 

Sebastián Caboto: Mapa mundi. Pri­ mera construcción eclesiástica protestan­ te en Torgau. Nace Tasso.

 

Se inaugura el XIX Concilio Ecuménico de Trento ( - 6 3 ). Se firma el tratado de Adrianópolis entre Carlos V, Fernando de Austria y Solimán I.

Juan  Calvino:        Contra la         secta    de        los

libertinos y Catecismo. M. Lutero: Con­

tra el papado. K. Gesner: Biblioteca Uni­

versal  (-6 3 ).  P. Mexía:  Historia impe­

rial y cesárea. B. Cellini: Ninfa de Fon-tainebleau y Verseo. Nace Pérez de Hita. Primer Jardín Botánico europeo en Padua.

 

Se rebelan nuevamente los escoceses ba­ jo la dirección de Juan Knox. La Inqui­ sición se asienta en Nápoles (Carafa). Se genera un conflicto entre el Concilio y el Papa. Carlos I entra en guerra con los protestantes. Batalla de Añaquito. Enzinas es ejecutado en Roma por la Inquisición. Se funda la Flota Naval inglesa. Los turcos ocupan Moldavia. Mueren Francisco I y Martín Lutero.

 

Girolamo Francastoro: De contagioni et contagiosis morbis. Pedro Aretino: L’Orazia. Pierre Lescot comienza la construcción del Louvre, en París.

 

 

1547

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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1549

 

 

Recoge en náhuatl, de informantes indígenas, la recopilación de huehuetlatolli, que luego formará el libro VI de la Historia general.

 

 

 

Ultimo y definitivo regreso de fray Bar­ tolomé de Las Casas a España. G. Pi-zarro marcha hacia Arequipa. Muere Hernán Cortés en Castilleja de la Cues­ ta. Se libra la batalla de Huarina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es establecida una Audiencia en Gua­ dalajara. Pedro de la Gasea logra, con la derrota y muerte de Gonzalo Pizarro, la pacificación del Perú. Son descubier­ tas las minas de Zacatecas. Alonso de Mendoza funda La Paz.

 

 

 

 

 

 

En Bahía de los Santos se establece el gobierno general del Brasil, a cargo de Tomás de Souza. Llega al Perú la Real Cédula aboliendo el servicio personal de los indios. Se establece una Audien­ cia en Santa Fe de Bogotá. Gonzalo Pé­ rez de Angulo traslada la capital de la ciudad de Santiago a la ciudad de La Habana.

 

 

Se crean las secretarías de Estado en Francia. Se produce una ruptura entre Carlos V y Pablo III. Enrique II resta­ blece la “Capilla Ardiente”. Batalla de Muhlberg; Carlos I derrota a Juan Fe­ derico de Sajonia. La Corona de Bohe­ mia pasa a ser patrimonio hereditario de la Casa de Hasburgo. Muere Enrique VIII de Inglaterra, Eduardo VI —su­ cesor— es menor de edad; asume como Lord Protector, Somerset. Gran parte de Hungría es cedida a los otomanos. Pablo III suspende el Concilio de Tren-to. Iván el Terrible inicia su autocracia. Incendio de Moscú.

 

Tintoretto: Eucaristía. Miguel Angel re­ cibe el encargo de dirigir la construc­ ción de la Basílica de San Pedro en Roma. Nacen M. de Cervantes Saavedra y Mateo Alemán.

 

María Estuardo desposa al delfín del reino. Carlos V separa del Imperio a los Países Bajos. Segismundo II asume como Rey de Polonia. Guerra entre Francia e Inglaterra. Los jesuítas llegan a Marrue­ cos y el Congo.

Ignacio de Loyola:  Ejercicios  espiritua­

les. J. Bayle: Kynse Johan. Tiziano: Es­ tatua ecuestre de Carlos V. Berruguete: Retablo de la catedral de Toledo. Pri­ mer teatro público en París. Nacen Francisco Suárez y Giordano Bruno.

 

Muere Pablo III; Carafa, antiguo jefe de la Inquisición, es Arzobispo de Ná-poles. Se producen varios levantamientos religiosos en Cornualles. Se publica el primer Libro de rezos, confirmación del anglicanismo. Francisco Javier introduce el cristianismo en el Japón.

 

Common Prayer book (en Inglaterra). Du Bellay: Défense et illustration de la langue française. Andrea Paladio co­ mienza la Basílica de Vicenza.

 

 

1550

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1551

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1552           Firma   como definidor, junto con otros dignatarios de su pro­

       vincia, una carta dirigida al emperador.

 

 

Antonio de Mendoza es Virrey del Perú; Luis de Velasco sucede a aquél como Virrey de Nueva España. Se introduce en Cuba el cultivo de la caña de azúcar. Los hermanos Contreras toman la ciudad de Panamá pero son sitiados y derrotados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se editan las Cédulas de Fundación de las Universidades de México y Lima.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ginés Vázquez de Mercado descubre las minas de hierro de Cerro Mercado, en Nueva España. Muere, en Lima, el Vi­ rrey Mendoza. Son fundadas en Chile las ciudades de Valdivia y Villarrica.

 

Martín de la Cruz: Libellus de medi-cinalibus indorum herbis. Fray Bartolo­ mé de Las Casas: Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Francisco López de Gomara: Historia General de las Indias y Conquista de México.

 

 

El gobierno inglés trata de forzar a Ma­ ría Tudor a convertirse al protestantis­ mo. Por tratado de paz franco-inglés Boloña es devuelta a los franceses. Julio III es elegido Papa. Se funda el Cole­ gio de Jesuítas en Roma. Alberto V es intitulado Duque de Baviera. Se desata una polémica sobre las Indias, en Sa­ lamanca. Se decreta el Impuesto de Avería. Iván el Terrible publica el Sudiebnik.

Martín Bucer:  De  regno Christi.  P. de

Ronsard: Odas (- 5 2 ) . Cancionero de Romances (anónimo). Ginés de Sepúl-veda: Apología pro libro de Justis belli causis. Jorge Vasari: La Villa Giulia, en Roma.

 

El Parlamento francés se niega a dejar entrar a los jesuítas en Francia. Enrique II entra nuevamente en guerra, en Ita­ lia, contra el Papa. Enrique II descono­ ce oficialmente la reapertura del Conci­ lio de Trento. Los españoles toman Trípoli. Oposición de los príncipes ale­ manes, encabezados por Mauricio de Sajonia, al Emperador Carlos V.

 

Conrado Gesner: Historia animalum (-58). Palestrina es director musical de San Pedro de Roma.

 

Se abre una tregua entre Enrique II y el Papa. Se suspende el Concilio de Tren­ to. Se firma el Tratado de Chambord entre Enrique II de Francia y Mauricio de Sajonia. El Duque de Nothumber-land hace ejecutar a su antecesor So­ merset. Eduardo VI de Inglaterra elimi­ na los privilegios de Hansa. Ammistía a la Liga Esmalcalda por el Tratado de Passau. Iván El Terrible toma Kazán.

 

P. de Ronsard: Amor. E. Jodelle: Cleo­ patra cautiva.

 

 

1553

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1554

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1555           En Tlatelolco de nuevo, recoge de informantes indígenas una

       relación de la conquista, en náhuatl, que traduce al español.

 

 

La Real y Pontificia Universidad de México inicia sus cursos. Se rebelan Vas­ co Godínez y Sebastián de Castilla en Charcas. Francisco Hernández Girón si­ gue su ejemplo en El Cuzco. Gran rebe­ lión de los indios araucanos. José de Anchieta en el Brasil. Es creado el Cole­ gio de San Andrés en Quito, donde se enseña arte y arquitectura; uno de los primeros en su género.

 

 

 

 

Es introducido el procedimiento de Pa­ tio en la minería americana. El capitán Garcilaso de la Vega es nombrado Corre­ gidor y Justicia del Cuzco. Valdivia es hecho prisionero por los araucanos y ajusticiado. Girón es muerto en Lima.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primer Concilio Mexicano. Andrés Hur­ tado de Mendoza, Marqués de Cañete, es Virrey del Perú. Expedición de Vi-llegaignon al Brasil. Descubrimiento de los yacimientos de esmeraldas de Mugo, al sur de Bogotá.

 

Agustín de Zárate: Historia del descubri­ miento y conquista del Perú. Fray Alon­ so de Molina: Vocabulario de la lengua

 

 

Muere Eduardo VI de Inglaterra, María Tudor ocupa el trono; negocia con el Papa la vuelta de Inglaterra al catoli­ cismo. Los franceses conquistan Córcega. Servet es ejecutado en Ginebra. R. Chan-cell descubre el paso septentrional a Rusia en el Mar Blanco.

J.  Calvino:  Defensa  de  la  fe  ortodoxa.

A.  Usque:  traducción  de La  Biblia  al

castellano.  Hans  Sachs:  Tristán  e  Isol­

 

da. N. Udall: Ralph Roister Doister. Mueren Lucas Cranach el viejo y Fran­ çois Rabelais.

 

María Tudor y Felipe de España con­ traen matrimonio. Inglaterra se recon­ cilia con el Papado. Los franceses pier­ den Toscana. Una sublevación campe­ sina comandada por Tomás Wyatt es aplastada en Kent. María de Guisa, viu­ da de Jacobo V es regente de Escocia en nombre de María Estuardo. Iván el Terrible y Gustavo Vasa se enfrentan por la posesión de Finlandia.

 

Lazarillo de T ormes (anónimo). Monte-mayor: Cancionero. G. Mercator: Mapa de Europa, escala 1:4 .360 .000 . Bande-11o: Nouvelle. Tiziano: Venus y Adonis. Primer tomo de misas de Giovanni Pa-lestrina. Antonio Moro es pintor de la Corte de Felipe II y María Tudor. Uni­ versidad Episcopal de Dillingen.

 

María Tudor deroga todas las leyes reli­ giosas de Enrique VIII y de Eduardo VI. Muere Julio III, le sucede Marcelo II e inmediatamente después Carafa, con el nombre de Pablo IV. Juan Calvino reprime a sangre y fuego un intento de rebelión en Ginebra. Los persas y los turcos firman el tratado de Amasia. Car­ los I abdica Flandes y Borgoña en favor de su hijo Felipe II. Es introducido a

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1556

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1557

 

 

castellana y mexicana. A. Núñez Cabeza de Vaca: Relación de los naufragios.

 

 

 

 

 

 

 

 

Bernal Díaz del Castillo inicia la redac­ ción de su Historia verdadera de la con­ quista de Nueva España.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

García Hurtado de Mendoza encabeza la avanzada de la guerra contra los arau­ canos. Es capturado y ajusticiado el cacique Caupolicán.

 

 

España el tabaco de América. Enrique II establece una alianza con el Papa Pablo IV. Paz de Ausburgo. El ducado de Florencia se incorpora a la República de Siena. Es fundada en Londres la Mos-covy C.O. Se realiza un tratado comer­ cial franco -turco.

P. de Ronsard: Los Himnos. Miguel An­

gel:  La  Piedad.

 

Los españoles sitos en Nápoles reinician la guerra contra el Papado que había, hasta entonces, sostenido Francia. Iván el Terrible toma Àstrakàn. Carlos I ab­ dica en favor de Felipe II. Muere Igna­ cio de Loyola; Láinez es el nuevo gene­ ral de la Compañía de Jesús. Se abre la Tregua de Vaucelles, propuesta por Enrique II. María Tudor condena a la hoguera a Tomás Cramer.

 

Valverde de Amusco: Historia de la com­ posición del cuerpo humano. J. Agrícola: De re metallica. Tartaglia: Tratato di numeri e misure. M. Flacius Illirycus: Catálogos estium veritatis. Orlando de Lasso publica su primer libro de mo­ tetes.

 

El Duque de Guisa emprende su campa­ ña en Italia. España e Inglaterra, alia­ dos, declaran la guerra a Francia. Enri­ que II y Pablo IV rompen la Tregua de Vaucelles. Se produce la primera ban­ carrota de Felipe II. Los portugueses se apropian de Macao. Una epidemia de influenza se abate sobre toda Europa. Es creado un arzobispado en China.

Juan de Avila:  Filia  et  vide.  Cristóbal

 

de Villalón: El Crotalón. Wickram: Canciones y Sonetos. Se funda la Uni­ versidad de Jena. Se crea la Academia de San Luca en Roma. Nacen Giovanni Gabrielli y Tomás Morley.

 

 

1558

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1559

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1560

 

 

Visita la Custodia de Michoacán. El provincial fray Francisco Toral le ordena iniciar una investigación de la cultura indí­ gena. Comienza el trabajo en Tepepulco con la ayuda de infor­ mantes y pintores indios.

 

 

 

Son descubiertas las minas de Guana­ juato.

 

Leyenda de los soles  (en náhuatl).

 

 

 

 

 

 

Francisco Fajardo vuelve a la tierra de los Caracas y funda el hato de San Francisco; lo destruyen las tribus al mando de Guaicaipuro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Muere en Lima el Virrey Marqués de Cañete. Una Real Cédula concede a los Cabildos de Venezuela el privilegio de nombrar gobernadores interinamente.

 

Francisco Cervantes de Salazar: Túm u­ lo imperial.

 

 

Muere Carlos V, Fernando I es Empe­ rador. Muere María Tudor, le sucede Isabel. Iván el Terrible toma Narva: nueva guerra ruso-sueca por la posesión de Letonia. Inglaterra pierde, con Ca­ lais, su última posesión continental. Es restaurada la Iglesia Estatal Anglicana. Luis Ortiz: Memorial. B. Amannati co­ mienza la construcción del Palacio Pitti.

 

 

La Inquisición acaba definitivamente con el protestantismo en España. Muere Pa­ blo IV, le sucede en el trono pontificio Pío IV. Primer Index Vaticanus. Se rea­ liza el primer sínodo calvinista en Pa­ rís. Paz de Chateau-Cambresis; fin de la guerra franco-española. Entrevista de la Espina entre Felipe II y Juan de Aus­ tria. Muere Enrique II de Francia, le sucede Francisco IV. Juan Calvino fun­ da la escuela superior en Ginebra. Fede­ rico III del Palatinado se convierte al calvinismo. Se desarrolla, en Escocia, un movimiento iconoclasta-calvinista en el primer sínodo general de París.

Tomás Sackville: Inducción. Matías Fla-

cius  Illirycus:        Centurias        Magdeburgue-

 

sas. Pedro Brueghel, el viejo: Proverbios neerlandeses.

 

Muere Francisco I, le sucede Carlos IX. Juan Knox, jefe de los rebeldes escoceses, organiza la Iglesia Presbiteriana. Isabel se alia a ellos. Eric XIV sucede a Gus­ tavo Vasa. Conspiración de Ambroise. Gobierno de Catalina de Médicis a la muerte de Francisco II. Isabel I intro­ duce en Irlanda la Iglesia Estatal Angli­ cana. Andrea Doria fracasa rotundamen­ te en Túnez. Los jesuítas penetran en el Japón y en Polonia.

 

Domingo de Santo Tomás: Vocabulario. Se inicia en Amberes la publicación de

 

 

 

 

 

1561           Concluye sus Primeros memoriales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1562           Comienza la segunda etapa de su obra, en Tlatelolco.

 

 

 

 

 

Se promulgan las Ordenanzas Mineras en el Perú. Orsúa es asesinado, se produce la rebelión de Lope de Aguirre, quien es, poco después, ajusticiado en Barquisi-meto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Expedición de John Hawkins a América; trata de esclavos. Guaicaipuro derrota a Luis de Narváez.

 

 

la Biblia políglota. Vasari comienza los Uffizi, en Florencia.

 

 

Se congregan los Estados Generales de Orleáns, en Francia. Se inicia la Guerra de los Siete Años entre Dinamarca y Sue­ cia. María Estuardo es reina de Esco­ cia. Iván El Terrible destroza a la horda teutónica definitivamente. Eric XIV de Suecia se apodera de Reval y del norte de Estonia. Segismundo II de Polonia obtiene Livonia y conserva Curlandia. Felipe II traslada la capital del reino, de Toledo a Madrid. Se constituye el Triunvirato Católico. Ruy López desa­ rrolla el ajedrez en España. Se promul­ gan las Ordenanzas Mineras para el Vi-rreynato del Perú. Bárbara Uttman in­ troduce el encaje de bolillo en el Erz-gebirge.

Juan  Knox:  Libro  de  disciplina.  Santa

Teresa de Jesús: Libro de m i vida. Luis

de Granada:  Memorial  de  la vida  coti­

diana.         Julio  César  Escalígero:         Poetisa.

F.  Guicciardi:        Historia           de        Italia.   Tin-

 

toretto: Bodas de Cana. Nacen Luis de Góngora y Argote y Francisco Bacon. Muere Alonso de Berruguete.

 

Los ingleses ocupan El Havre. Catalina de Médicis firma con los savoyardos el tratado de Fossans. Se reabre el Conci­ lio de Trento. Se abre la tregua de Praga, entre Fernando I y los turcos. Maximiliano es ungido Rey de Roma. Comienzan las guerras de religión en Francia; baño de sangre de Vassy, con­ tra los hugonotes. Guerra comercial en­ tre España e Inglaterra. Akbar el Gran­ de conquista Malva. Santa Teresa de Jesús inicia la fundación de los conven­ tos de la orden de las Carmelitas. Se funda la Universidad contrarreformista de Donai (España).

 

 

 

 

 

1563           Memoriales  de Tlatelolco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1564           Evangelios y Epístolas; Coloquios y Doctrina cristiana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se funda la Audiencia de Quito. Son descubiertas las minas de Huencavélica. El Inca Garcilaso de la Vega se halla en Montilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En México, muere el Virrey Luis de Ve-lasco. Llega a Venezuela como Gober­ nador y Capitán General Pedro Ponce de León. Francisco Fajardo es ahorcado por Alonso Cobo.

 

Francisco Cervantes de Salazar: Crónica de la Nueva España.

 

Zurita: Anales de la Corona de Aragón.

Gil  Vicente:          Obras  (portugués).  Juan

Mathesius:  Prédicas          luteranas.        Tomás

Sackville:  Gordobuc  or Terrex  and  Po-

 

rrex. Vignola: Regla de los cinco órde­ nes de la arquitectura. Nace Lope de Vega y Carpió.

 

Los Países Bajos hostilizan a España. Se clausura el Concilio de Trento. Comien­ za la contrarreforma en Baviera. Fran­ cisco de Guisa es asesinado. Aparece el Edicto de Paz de Amboise, en favor de los hugonotes. Federico II de Dinamarca inicia la guerra contra Suecia. Iván el Terrible conquista Polock a los polacos. Aparece en Inglatera el Statute of Artí­ fices, que reglamenta la situación de aprendiz.

Ambroise Paré: Cinco libros de Cirugía.

Se comienza a construir El Escorial.

 

Los turcos sitian Malta. La bula Bene-dictus Deus ratifica las actas del Con­ cilio de Trento. Los españoles conquis­ tan las islas Filipinas. Entrevista de Ba­ yona entre Catalina de Médicis y el Duque de Alba. Primeros colegios jesuí­ tas en España; se desata una epidemia. Muere el Emperador Fernando I; Ma­ ximiliano II hereda el imperio. Tratado de Lausana. Se desata el conflicto de Iván IV con los boyardos. Se inicia la contrarreforma en Polonia. Pío IV pu­ blica por primera vez un Index librorum prohibitorum .

 

G. Gil Polo: Cinco libros de Diana ena­ morada, Nacen Gregorio Fernández, Wi-lliam Shakespeare y Galileo Galilei. Mue­ ren Miguel Angel y Juan Calvino.

 

 

1565

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1566

 

 

Empieza la tercera etapa de su obra, en San Francisco de México. Depura y organiza la obra, redacta los prólogos y apéndices, copia en limpio los XII libros; trabajos éstos que le ocuparán durante tres años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Siempre en San Francisco, desarrolla las tareas antes men­ cionadas.

 

 

Comienza a funcionar el Galeón de Ma­ nila, que monopoliza el comercio entre Nueva España y Filipinas. Se realiza el segundo Concilio Mexicano. Muere el Obispo Vasco de Quiroga en Michoacán. Andrés de Urdaneta realiza el torna­ viaje: ruta para navegar de Filipinas a Acapulco. Estasio da Sá funda San Se­ bastián de Río de Janeiro. Méndez de Avilés funda San Agustín, en la Florida. En Lima, Gobierno de Lope García de Castro. Comienza la extirpación del mo­ vimiento del Toqui de Oncoy, que rea­ lizará Cristóbal de Albornoz y que lle­ vará 10 años. El doctor Andrés Vénero de Leiva es gobernante del Nuevo Rei­ no de Granada.

 

Fray Diego de Landa: Relación de las cosas de Yucatán.

 

Asume el cargo de Virrey de Nueva Es­ paña don Gastón Peralta, Marqués de Falces. Se realiza una nueva recopilación de las Leyes de Indias. Don Pedro Pon-ce de León es Gobernador de Venezue­ la. En México se trama la conspiración de Martín Cortés; los hermanos Avila son ajusticiados, acusados en la susodi­ cha conspiración. En capítulo celebrado por la Orden de Santo Domingo de Cobán (Guatemala) se impone a los religiosos redactar gramáticas y vocabu­ larios de las lenguas autóctonas. En Co­ lombia se rebelan contra los españoles los indios catíos y otras tribus aliadas, par­ tiendo de la provincia de Antioquia, en­ cabezados por el cacique Tone.

 

Fray Bartolomé de Ledesma: De sep-tem novae legis sacramentis summarium (México).

 

 

Los moros se sublevan en Andalucía. Muere Pío IV. Los Países Bajos presen­ tan una fuerte resistencia político-reli-giosa. Iván el Terrible establece la Opritchina; coloca bienes del Estado bajo administración particular. El Car­ denal Carlos Borromeo introduce en Milán la reforma tridentina.

Bernardino Telesio:  De  Natura  rerium

 

inxta propia principia. Tiziano: Marti­ rio de San Lorenzo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El monto de los impuestos se multiplica por dos en Castilla. Los turcos toman Chio de manos de los genoveses. Es ele­ gido San Pío V. Los turcos invaden Hun­ gría, muere Solimán el Magnífico, lo sucede Selim II. La rebelión de los mo­ riscos alcanza máxima violencia; así tam­ bién su persecución. Es fundada la Bol­ sa de Londres.

 

Juan Bodino: Método para más fácil conocimiento de la historia. Estienne: Apología para Herodoto. M. Lutero: Di­ chos de sobremesa (postumo).

 

 

1567

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1568           Concluye las labores iniciadas en  1565.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escribe el Arte de la lengua mexicana con su vocabulario apéndiz.

 

 

Francis Drake y John Hawkins asolan las costas de Centro América, tocan Riohacha, una tormenta los arrastra ha­ cia el Golfo de México al acercarse a Cartagena de Indias. Diego de Losada funda la ciudad de Santiago de León de Caracas. Se restablece en Guatemala el gobierno de la Audiencia, que com­ prende a Guatemala, Nicaragua, Chia-pas, Honduras, Higueras, Verapaz y So­ conusco. La Real Audiencia de Chile asume el gobierno.

 

Fray Pedro de Feria: Doctrina cristiana en lengua zapoteca.

 

 

 

 

 

 

Es ajusticiado en México don Martín Cortés. Martín Enríquez es designado Virrey de Nueva España. Francisco de Toledo es Virrey del Perú. Don Gabriel Montalvo es Gobernador de Cuba y el doctor Melcho Bravo de Saravia se po­ sesiona de la gobernación de Chile, cu­ yo mando ejercerá hasta 1575. Gaspar de Rodas inicia la expedición represiva contra los indios sublevados en Antio-quia (Nueva Granada). El cacique Guaicaipuro encabeza la feroz resisten­ cia que los indios oponen al invasor en Venezuela; es finalmente derrotado. Los jesuítas llegan a América.

 

Gaspar de Rodas somete la insurrección de los indios catíos en Nueva Granada; fallece el Arzobispo de Bogotá; los in­ dios pijaos arrasan las poblaciones de Neiva, La Plata y Timaná. Felipe II, mediante Cédula Real, confirma el es­ tablecimiento de la Inquisición en Nue-

 

 

Los protestantes franceses vuelven a to­ mar las armas. El Duque de Alba entra en los Países Bajos. Guerra civil en Es­ cocia : María Estuardo renuncia a la corona en favor de su hijo Jacobo VI. Busca amparo en la corte inglesa, donde es hecha prisionera. Factoría inglesa en Hamburgo y, con ello, quebrantamiento del monopolio comercial de la Hansa. Iván el Terrible acuerda con la Moscovy C.O., una total libertad de comercio dentro de sus estados. Son descubiertas las islas Hawai. Se restablece la indepen­ dencia de Siam.

 

San Carlos  Borromeo:       Catecismo       del

 

Concilio de Trento. Matías Flacius: Cla-vis scripturae. Ferreira de Vasconcelos:

 

Memorial de las proezas de la segunda Tabla Redonda. Juan de Timoneda: El Patrañuelo. Lope de Rueda: Teatro.

 

El Duque de Alba establece en Anvers un Tribunal de Turbas. Jacobo VI ocu­ pa el trono de Escocia. Maximiliano II protesta por los excesos del Duque de Alba a Felipe II. Juan III destrona a Eric XIV de Suecia.

Juan de Mal Lara:  Philosophia vulgar.

 

Marnix: W ilhelm us. Hektorovich: La Pesca. Nace en Alcalá la Real (Jaén) el escultor Juan Martínez Montañés.

 

 

 

 

 

Se produce la unión de Polonia y Litua-nia. Cosme de Médicis es investido Gran Duque de Toscana. Miguel de Cervan­ tes ingresa en el tercio de don Miguel Moneada y recorre Italia. Batalla de Jarnac, en Francia, en la que perece

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1570

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1571

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1572

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pide que el Capítulo Provincial Mexicano, celebrado ese mismo año, examine sus obras. El Capítulo las aprueba pero quita sus escribientes a Sahagún. Este, mayor de 70 años, no puede escribir. El provincial fray Alonso de Escalona, para impedir que Sahagún prosiga su obra, recoge sus ma­ nuscritos y los dispersa en los conventos de la provincia de México. Fray Bernardino de Sahagún envía a Juan de Ovan­ do, en España, un Sumario de su obra, y al Papa Pío V un Breve compendio de los ritos idolátricos, buscando que prote­ jan su obra.

 

 

 

 

Vuelve al convento de Tlatelolco, donde intenta reorganizar el antiguo colegio y aumentar su biblioteca.

 

 

va España y en Perú. Juan de Chaves es Gobernador de Venezuela. Se prohíbe el desarrollo de la industria textil en las colonias.

A. de Ercilla:  La  Araucana  (parte  I).

Fray Toribio Benavente  ( “Motolinía”):

Historia de los Indios en Nueva España.

Muere Motolinía.

 

Toma en sus manos la gobernación de Venezuela Don Diego Mazariego (- 7 6 ). El pirata Juan de Buen Tiempo des­ truye Borburata.

 

Francisco Bravo: Opera medicinalia (México) . Anales de Cuauhtitlán (en náhuatl). Cantares Mexicanos (en ná­ huatl).

 

 

Condé. Enrique III de Valois se halla en el trono francés.

Muere Pedro Brueghel, el viejo.

 

 

 

 

 

Los turcos ocupan Chipre. España, Ve-necia y el Papado se unen para enfren­ tarlos. El Papa excomulga a Isabel de Inglaterra. Paz de Stettin entre Dina­ marca y Suecia. Iván el Terrible destru­ ye Novgorod. Se firma la Paz de Saint Germain, que pone fin a las dos guerras contra los hugonotes. Consenso de Son-domir: Se unen luteranos, calvinistas, y otras comunidades de hermanos en Po­ lonia.

Aschman: El maestro.

 

 

Las minas de Huancavélica son incor­ poradas a la Corona. El joven Inca Túpac Amaru es capturado con sus je­ fes y conducido al Cuzco. El Virrey To­ ledo ordena las reducciones de pueblos en el Perú. Muere en México Andrés de Olmos.

 

Diego Fernández: Primera y segunda parte de la historia del Perú. López de Velasco es el primer Cronista Mayor de Indias.

 

En Nueva Granada, Diego de Bocanegra emprende la tarea de someter a los pi-jao; F. Drake asalta Nombre de Dios; es creada la Universidad de Bogotá. Campaña contra los Incas de Vilcabam-ba: Titu Cusi y Túpac Amaru. Muere en México fray Pedro de Gante. Inicia

 

 

Victoria de la Armada española en Le-panto, señalando el término de la domi­ nación musulmana en el mar. Bloqueo comercial de España en los Países Bajos contra Inglaterra. Los moros son defini­ tivamente vencidos y se dispersan por toda España. Huelga de imprenteros franceses en Lyon. Los tártaros incen­ dian Moscú.

 

Juan Fischart: Vida de Santo Domingo y de San Francisco. Fallece en Florencia Benvenuto Cellini. Nace Tirso de Molina.

 

Los ingleses y los franceses se alian para la mutua defensa. Muere San Pío V; lo sucede Gregorio XIII. Jacobo VI restablece los arzobispados en Escocia. Se inicia la sublevación de los Países Bajos; Guillermo de Orange es su Gober­ nador General. Noche de San Bartolo-

 

 

 

 

 

1573           Recupera sus manuscritos pero no tiene ayuda para escribir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1574

 

 

su gobierno en Caracas don Diego Ma-zariego.

 

 

 

 

 

Claudio de Arciniega inicia la construc­ ción de la actual Catedral de México (-1667). Francis Drake roba, en el istmo de Panamá, el tesoro del Perú. Se establece la Real Audiencia del Cuzco. Por orden del Virrey es ajusticiado, en el Perú, Túpac Amaru. En el Río de la Plata Juan de Garay funda la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz y Jerónimo Luis de Cabrera la ciudad de Córdoba de los Comechingones. Juan Ortiz de Zárate es nombrado gobernador de Bue­ nos Aires. Llega a Bogotá el nuevo arzobispo, fray Luis Zapata de Cárdenas. Primer Auto de Fe en Lima y Junta de Chuquisaca.

Cristóbal de Castillejos:  Obras. Juan de

Ovando: Ordenanzas de nuevos descu­ brimientos y poblaciones. Fray Pedro de Agurto: Tratado de que se deben su­ ministrar los sacramentos y la extrema­ unción a los indios (México).

 

Primer Auto de Fe en México; Pedro Moya de Contreras es arzobispo de Mé­ xico. Toledo organiza en Potosí el ser­ vicio de “mitas” para explotar los yaci­ mientos de plata. El licenciado Francisco Briceño llega a Bogotá como Presidente del reino de Nueva Granada. Santiago Barba de Padilla funda la ciudad de Oropesa (luego Cochabamba). Juan de Garay es nombrado Teniente Gobernador y Capitán General de las provincias del Río de la Plata; Jerónimo Luis de Ca­ brera es ejecutado en Santiago del Es-

 

 

mé y matanza de hugonotes en París, muere en ella Coligny. Muere Juan Knox.

 

Camoens: Os Lusíadas. Ronsard: La Franeiade (inconclusa). Tycho Brahe:

Introducción  a la nueva astronomía.

 

Catalina de Médicis hace las paces con los protestantes. Los españoles toman Haarlem. Se firma la paz entre Venecia y los turcos. Enrique de Anjou, prome­ tido de Isabel de Inglaterra es ungido Rey de Polonia. Firma la Pacta Con-venta.

F.    Hotman:          Francogallia.   Ph.       Despor-

tes:  Primeras          Obras. Tasso:  Aminta.

Timoneda: Rosa de Romances; Enredo de amor; Guisadillo de amor; Truha­ nesco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Duque de Alba abandona los Países Bajos y se retira a sus tierras en Uceda. Muere Carlos IX; lo sucede Enrique III. Las guerras religiosas se intensifican. Enrique de Anjou abandona Polonia. Los tártaros devastan Ucrania. Los turcos re­ cuperan Túnez y Bizerta de manos de los españoles, a los que expulsan del territorio.

Duplessis-Mornay:  Vindictae  contra  ty'

 

rannos. Tiziano: Adoración de los Reyes Magos (Escorial).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1575

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1576

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan de Ovando, presidente del Consejo de Indias, encarga a fray Rodrigo de Sequera, nuevo comisario franciscano en México (-1580), que dé a Sahagún la ayuda necesaria para terminar la Historia general, pidiendo que ésta sea traducida al español y le sea remitida. Es así como se forma el llamado Manuscrito Sequera o Códice florentino. La peste asóla México.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sahagún auxilia a los enfermos de peste. Los indios mueren por millares. Sahagún manifiesta su aflicción por no haber formado médicos en el Colegio de Tlatelolco.

 

Felipe II ordena al arzobispo Moya de Contreras que envíe los manuscritos de Sahagún al Cronista de Indias.

 

 

tero. Francisco Infante pacifica los va­ lles del Tuy.

 

Juan López de Velasco: Geografía de las Indias. Juan Bautista de Laguna:

 

Arte y Diccionario: con otras obras en lengua Michuaca. Nace fray Pedro Si­ món, autor de Noticias Historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales.

 

México es azotado por el terrible coco-litzle, que el doctor Francisco Hernández se dedica a estudiar. El adelantado Ro­ drigo de Noguera se encarga de la gober­ nación de Chile. Se establece la “mita” en América. Muere el Presidente de Nueva Granada, licenciado Francisco Briceño. Antonio de Cetina es designado oidor de Santafé de Bogotá.

 

Fray Maturino Gilberti: Tesoro espiri­ tual de pobres en lengua de Michuacan (México). Fray Juan de la Anuncia­ ción: Doctrina cristiana muy cumplida, donde se considera la exposición de todo lo necesario para doctrinar a los indios. Compuesta en lengua castellana y mexi­ cana (México).

 

En Nueva España, es fundada la ciu­ dad de León, Guanajuato. Son prohibi­ das por el Consejo de Indias las obras religiosas en lengua nativa. El capitán Francisco de Carreño es Gobernador de Cuba. Don Juan Pimentel es Gobernador de Venezuela y es el primero en estable­ cerse en Santiago de León de Caracas. Oxenham desembarca en Darién y hace alianza con los negros cimarrones.

 

R. P. fray Melchor de Vargas: Doctrina cristiana, muy útil y necesaria en Cas­ tellano, Mexicano y Otomi: traducida en lengua Otomi (México).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Segunda bancarrota del Estado español (graves pérdidas de los Fúcares). Se prohíbe hacer trabajar a los niños en las minas húngaras. Confesio Bohemia común a todos los estamentos no católi­ cos de Bohemia. Etián Barthory, Prínci­ pe de Transilvania, es elegido, con el apoyo de los turcos, Rey de Polonia.

 

Timoneda:  Temario           sacramental.    Fis-

chart: Escrito histórico simiesco e impo­

sible. Tiziano: Boceto de la Piedad para su tumba. Se funda la Universidad de Leiden.

 

 

 

 

Don Juan gobierna los Países Bajos. Pacificación de Gante. Los Países Ba­ jos del Sur y del Norte se alian para expulsar a los españoles. Disturbios por la sucesión al trono de Persia, después de la muerte de Themasp. Primer esta­ blecimiento portugués en Angola (co­ mercio de esclavos). Vanos intentos del inglés Martín Frobisher por encontrar el paso del Norte.

Magallanes:  Historia de la Provincia de

Santa          Cruz.   Bodin: De       la         República.

 

Fischart: El afortunado barco de Zu­ rich. Se abre en Londres el primer tea­ tro permanente.

 

 

1577

 

 

 

 

 

 

 

 

1578

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1579

 

 

Nueva cédula de Felipe II ordenando se envíen a España todos los manuscritos de Sahagún. Este dedica su obra al comisario Sequera.

 

 

 

 

 

 

 

Se reitera dos veces más la orden real para que se envíen a España todos los manuscritos de fray Bernardino de Sa­ hagún, cuya impresión no conviene. Sahagún escribe al rey pensando que pide sus libros para mandarlos imprimir. Cen­ sura favorable a la Psalmodia Christiana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Apéndice  a  la Postilla o Doctrina  Christiana.

 

 

F. Drake saquea Panamá, El Callao, Li­ ma y Las Molucas. Por mandato del gobernador Juan Pimentel termina en Venezuela la guerra de Conquista y se inicia el régimen civil colonial.

 

R. P. Juan Medina: Doctrinalis fidei in Mechuacanensium indorum lingua (Mé­ xico).

 

Se funda en la Universidad de México la cátedra de medicina. El licenciado Gaspar de Toro es designado goberna­ dor de Cuba. Se reconoce por Real Cé­ dula a Don Diego Gualipa como descu­ bridor del Potosí. El licenciado Juan Rodríguez de Mora pasa a ser oidor de la Real Audiencia de Santafé de Bogotá.

 

Francisco Toledo: lntroductio in dialec-ticam Aristotelis (México). Alonso Ló­ pez de Hinojosa: Summa y recopilación de chirugía con un Arte para sangrar muy útil y provechosa (México). Fray Alonso de Molina: Doctrina christiana en lengua mexicana. Alonso de Ercilla: La Araucana (parte II).

 

Muere en Mariquita Gonzalo Jiménez de Quesada, descubridor y conquistador del reino de Nueva Granada.

Fray Diego Veledés:  Rhetorica  christia­

 

na. Fray Agustín Farfán: Tratado breve de anathomía y chirugía y de algunas enfermedades, que más comúnmente sue­ le haber en esta Nueva España (Mé­ xico).

 

 

“Edicto perpetuo” en los Países Bajos. Fórmula de concordia en el luteranismo que toma por base la más estricta orto­ doxia luterana. F. Drake realiza un nue­ vo viaje de circunnavegación y pillaje.

 

 

 

 

Muere Don Juan, quien es sucedido por Alejandro Famesio. Guerra turco- persa. Los turcos toman territorios en el Cáu-caso y Azerbaijhan. Alejandro Farnesio recobra los Países Bajos del sur para Es­ paña. Los predicadores protestantes son expulsados de Viena. Los rusos atravie­ san los Urales y entran en Asia. Los portugueses intentan la conquista de Ma­ rruecos. Son aplastados en Ksar-el-Kebir. Ahmed-el-Manud es sultán de Marrue­ cos.

Corte Real: La Austriada. Ronsard: So­

netos para Helena. Du Bartas: La Se­ mana o Creación del Mundo. Hocha-novsqui: El despido de los embajadores griegos.

 

Unión de Utrecht, donde se reúnen las provincias septentrionales de los Países Bajos (23/1). Fausto Socino (1604) tiene que huir por causa de su doctrina antitriniaria y reúne en Polonia a los unitarios en una comunidad eclesiás­ tica (socinianos). Sublevación de Irlan­ da. Prosigue guerra turco-persa.

John           Lyly:    Euphues.         Cueva: Los      In­

fantes  de  Lara.  Spenser: El  calendario

del  pastor. Balassa:           Cantos de        amor.

Montaigne: Traduce la “Theología Na-turalis”, de Raimundo de Sabunde. El Greco: UEspolio.

 

 

1580

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1581

 

 

El padre Sequera, decidido protector de la obra de Sahagún, cuando vuelve a España lleva consigo el manuscrito de la última redacción, que parará en la Biblioteca Laurentina de Florencia ( Códice florentino ).

 

 

 

Don Lorenzo Suárez de Mendoza asu­ me el cargo de Virrey de Nueva España. Don Juan de Garay funda por segunda vez la ciudad arrasada de Nuestra Seño­ ra Santa María del Buen Aire (Buenos Aires). Gabriel de Luján es designado Gobernador de Cuba. Holanda comienza la conquista de Guayana.

 

Bernal Díaz del Castillo termina su Ver­ dadera historia de los sucesos de la con­ quista de la Nueva España (17/11). Fray Bartolomé Roldán: Castilla y doc­ trina, traducida y romanzada en la len­ gua chuchona del pueblo de Tepexic de la Seda (México) .

 

 

 

 

Es degollado por asesinato, en Santafé de Bogotá, el oidor Andrés Cortés de Mesa. Don Martín Henríquez de Al-mansa es designado Virrey del Perú.

 

Nace en México don Juan Ruiz de Alar-cón y Mendoza.

 

 

Felipe II se hace reconocer Rey de Por­ tugal. Las colonias portuguesas pasan a España (XII). Libro de la concordia, colección oficial de todas las obras con­ fesionales del luteranismo como base para la unión de los estamentos lutera­ nos. Los venecianos introducen el café en Italia.

 

Juan Bodin: Demonomanies (teoría de los demonios y de la sola manera de combatirlos). Andrade (portugués): El primer cerco de Dios. Fernando de He­ rrera: Anotaciones a Garcilaso. Montaig­ ne: Essais (libro I y II). Tasso: Geru­ salemme liberata. Sidney: Arcadia (1 ? versión). Defensa de la poesia. Fischar:

 

El bonete de cuatro picos de los jesuítas. Kochanovski: Lamentos. Nace en Ma­ drid Francisco de Quevedo y Villegas.

 

Los estados de La Haya proclaman la caída de Felipe II. Se abre una tregua entre éste y los turcos. Se produce la separación de los Países Bajos septen­ trionales, gobernados por Guillermo de Orange. Los rusos inician la conquista de Siberia. Se funda la sociedad anglo-levantina. Aparece el Compendius or brief examination of certain ordinary complaits of divers of our countrymen in these our days (W . Starford?-?), que constituye las bases de la política mer­ cantil inglesa. Es renovado el tratado comercial franco-turco (protectorado so­ bre todos los cristianos de Oriente). Se produce la declaración de la independen­ cia de las siete provincias neerlandesas del norte.

Juan  de la  Cueva: El  Informador.  M.

 

de Cervantes: Numancia. A. Caro tra­ duce al italiano La Eneida, la obra se publica en forma postuma.

 

 

1582

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pedro Ocharte imprime en México la Psalmodia Christiana, único libro de Sahagún impreso durante su vida. Hacia estos años el padre Sequera encarga una nueva copia, sólo en español, de la Historia general, probablemente el Manuscrito de Tolosa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1584

 

 

Se funda el Colegio de San Martín en Lima. El III Concilio Provincial limeño es convocado por el Arzobispo Mogro-nejo. Es fundada la ciudad de San Fe­ lipe de Lerma, en el valle de Salta (Ar­ gentina). Fray Juan Manzanillo es Obis­ po de Caracas.

 

Fray Gaspar González: Vocabulario de la lengua Yucatán. Fray Juan de Gaona:

 

Coloquios de la paz y tranquilidad cris­ tiana compuestos en lengua mexicana.

 

 

Muere el Virrey de México y lo susti­ tuye interinamente el Arzobispo Moya de Contreras. Se inicia el III Concilio Provincial límense. Muere el Virrey del Perú, la Real Audiencia se hace cargo del gobierno. Se introduce la imprenta en Perú. La sede episcopal de Coro se traslada a Caracas; Don Luis de Rojas es Gobernador de Venezuela. Martín Ruiz de Gamboa es Gobernador interi­ no de Chile ( —1592). El Concilio de Lima aconseja el uso del idioma quechua para fines de misión evangélica y pre­ dicación. Primera colonia inglesa en Terranova.

 

Diego García Palacio: Diálogos milita­ res (México). Fray Francisco Gonzaga: Cartas de avisos y apuntamientos (Mé­ xico).

 

Se cierra el Concilio Límense. En Nueva Granada, el capitán Diego de Bocane-gra prosigue su jornada pacificadora por territorio de los pijao. Se construye en La Habana el castillo de El Morro.

 

Juan Fernández Salvador: Utrum mino-ri juris perito doctori, competat in inte-grum restituitionis beneficium (Méxi­ co). Pragmática sobre los diez días del

 

 

Gregorio XIII dispone la reforma del ca­ lendario. Los españoles, en aplastante victoria contra los franceses, ocupan las Azores. Se acuerda la paz ruso-polaca de Yam-Zapolsky. Muere el Duque de Alba en Lisboa.

Juan de la Cueva: Poesías. Fernando de

Herrera: Rimas. Caporali: Viaje al Par­

naso. Giordano Bruno:  De umbris idea-

rum.  A.  Caro:  Los  harapientos  (postu­

 

ma). Palestrina: Eripe m e de enimicis; Lauda Sion; Missa Prima y Missa Quar­ ta. Muere Santa Teresa de Jesús.

 

Anvers se rebela contra los franceses. Se declara la guerra en el Obispado de Co­ lonia: triunfa el partido católico. Felipe II regresa a España dejando al Cardenal Alberto como regente en Portugal.

 

Fray Luis de León: Los nombres de Cris­ to (parte I) y La perfecta casada. Mon­ teverdi: Madrigali spirituali a cuatro voci. Comienza la edificación de la igle­ sia de San Miguel, primer edificio barro-co alemán, en Munich.

 

 

 

 

 

 

 

 

Muere Iván el Terrible, comienzan los “tiempos de las revueltas”. Es asesinado Guillermo de Orange. Alejandro Farne-sio es victorioso en la guerra sostenida con los Países Bajos del norte. Se rom­ pen las relaciones comerciales entre Es­ paña e Inglaterra.

Justo Lipsio: De constantia  (renovación

del  estoicismo).  Giordano  Bruno:          Spa-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1585

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1586

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El capítulo franciscano designa a Sahagún primer definidor.

 

Calendario mexicano, Arte adivinatoria, Vocabulario trilin ­ güe y corrección y nueva versión del libro XII de la Con­ quista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El capítulo franciscano designa a Sahagún provincial susti­ tuto, cargo al que renuncia a un mes de haberlo asumido.

 

 

año (Lima). Anhieta: Historia brasile­ ña de la Compañía de Jesús. Muere Ber-nal Díaz del Castillo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alvaro Manrique de Zúñiga es desig­ nado Virrey de Nueva España; se reali­ za el Tercer Concilio Mexicano; el Pro­ vincial franciscano Pedro de San Sebas­ tián se opone a la designación de fray Alonso Ponce como comisario de la Orden en México, le impide visitar la Provincia de México y lo destierra a Guatemala; fray Bernardino de Sahagún se ve envuelto en el conflicto. Alonso de Vera y Aragón funda la ciudad de Concepción de la Buena Esperanza (lue­ go Concepción) para facilitar el paso de Paraguay a Salta. Don Fernando de Torres y Portugal, Conde de Villar do-pardo es Gobernador del Perú.

 

Alonso de Zorita: Los señores de la Nueva España y Relación de la Nueva España. Cardim (brasileño): Narración epistolar de un viaje y de una misión jesuítica.

 

F. Drake toma la ciudad de Cartagena, donde permanece por dos meses, para dejarla tras haber recibido un rescate de 107.000 ducados; se dirige luego a Santo Domingo, ciudad que saquea e incendia. Llega al Río de la Plata la pri­ mera misión jesuítica; Juan de Baños descubre casualmente la provincia del reino del Perú, llamada “el Gran Chaco”.

 

 

ccio della bestia trionfante; della causa, principio et uno; degli heroici furori (publicado en Inglaterra). Luis de Mo­ lina: Concordia liberi arbitrii cum gra-tiae donis, divina praescientia, providen-tia, praedestinatione et reprobatione. Ru­ fo: La Austriada. Giordano Bruno: Del infinito universo y mundo. Lily: Ale­ jandro y Campaspes. Monteverdi: Can­ zonette a 3 voci (libro primo). Nace el escritor español Diego Saavedra Fa­ jardo.

 

Sixto V sucede a Gregorio XIII en el trono pontificio y declara a Enrique de Navarra desposeído de todo derecho a la corona. El Parlamento protesta. Ale­ jandro Farnesio toma Anvers. Es creada la Inquisición anglicana. Florecimiento económico de Amsterdam. Felipe II se alia con la liga francesa. Flandes y Brabante son recobradas por España. John Davis descubre el estrecho entre Groenlandia y la Tierra Firme (estrecho de Davis). Nace en París A. Richelieu. M. de Cervantes: La Galatea. Nace Es­ teban Manuel de Villegas.

 

 

 

 

 

 

Se produce la alianza entre Isabel de Inglaterra y Jacobo VI de Escocia. Abbas el Grande es Shah de Persia. Florece la dominación sefévida.

Stevin: Teoría de  los planos inclinados;

vasos comunicantes. C. Barón: Anuales ecclesiastici (base de la historiografía ca­ tólica). L. Barahona de Soto: Las lágri­ mas de Angélica. Tasso: Rey Turis-mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1587           Sahagún ha abandonado sus actividades.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1588

 

 

El Conde de Villardopardo pasa a ser Virrey del Perú. Se establece en Quito la Universidad Agustiniana de San Ful­ gencio.

Juan de Tovar: Relación del origen de los indios y Códice Ramírez. Barahona de Soto: Las lágrimas de Angélica. Arte y vocabulario en la lengua general del Perú llamada quichua (atribuido a Juan Martínez). Miguel Cabello de Balboa:

Miscelánea Antàrtica.

 

F. Drake ataca Cádiz (Colombia). To­ más Cavendish cruza el estrecho de Ma­ gallanes y saquea las costas del Pacífico. W. Raleigh funda una colonia en Vir­ ginia. Don Diego de Osorio es designado (y asume) Gobernador de Venezuela.

 

Soarez de Souza (brasileño): Tratado descriptivo del Brasil en 1587. Diego García de Palacio: Instrucción nauthica para el buen uso y regimiento de las naos, su traza y gobierno conforme a la altura de México (México).

 

El Adelantado del Río de la Plata, Juan Torres de Vera, funda la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, hoy Corrientes, puerto de intensa acti­ vidad sobre el río Paraná. Diego de Cár­ denas es el último Presidente del reino de Tierra Firme, que será luego Coman­ dancia General de Tierra Firme.

 

Muere el cronista mexicano fray Diego de Durán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Francis Drake arrasa las costas espa­ ñolas. Se instala una imprenta en el Vaticano. Los rusos fundan Tobolsk. Hi-deyoschi es designado Emperador del Japón. Se promulgan una serie de leyes contra los jesuitas. El Imperio se unifi­ ca. María Estuardo es decapitada. Segis­ mundo Wasa se convierte al catolicismo y ocupa el trono de Polonia, donde in­ tenta restituir esta religión.

 

Marlowe:  Tamerlán  el  Grande.  Monte-

verdi: II primo libro de madrigali a 5 voci.

 

Alejandro Farnesio, Duque de Parma, se apodera de Bonn y ocupa Warthendonck y Gertruidenberg. Se alzan barricadas en París; Enrique II se ve obligado a con­ vocar a los Estados en Blois. La “Arma­ da Invencible” es destrozada al atacar Inglaterra. Son asesinados Enrique y Luis de Guisa.

Marlowe:    Life     and      death   of        doctor

Faustus.  M. de Montaigne:  Essais  (lib.

III). Pereira Brandao:  La elegiada. Pe­

 

dro Malón de Chaide: La conversión de la Magdalena. Santa Teresa de Jesús: Las moradas, o Castillo interior. Giorda-no Bruno: Acrotismus, W ittenberg y Ad-versus hujus temporis mathematicos et philosophos (Praga). L. de Góngora: Flor de varios romances (Moncayo en Huesca) . Muere V. Weigel.

 

 

1589

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1590

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El 23 de octubre, según el cronista Vetancurt, o el 5 de febrero según relaciones indígenas, muere fray Bernardino de Sahagún a consecuencias de un “catarro”, en el convento de San Francisco el Grande de la Ciudad de México, donde es sepultado.

 

 

 

Gonzalo Peña Lidueña es nombrado Gobernador de Venezuela. Diego de Oso-rio funda La Guaira. Don Juan Maldo-nado Barrionuevo es electo Gobernador de Cuba.

 

Juan de Castellanos: Elegías de varones ilustres de Indias. Juan Suárez de Peralta: Tratado del descubrimiento de las Indias. Alonso de Ercilla: La Arau­ cana (parte III).

 

 

 

 

 

 

Don Luis de Velasco hijo asume el vi-rreynato de Nueva España; reduce las Filipinas a su gobierno. Muere el Arzo­ bispo de Santafé de Bogotá. Llegan los primeros jesuitas al reino de Nueva Gra­ nada, pero deben regresar casi en segui­ da. Antonio González es recibido como Gobernador, Presidente y Capitán Gene­ ral del reino de Nueva Granada. Don García Hurtado de Mendoza se hace cargo de sus funciones como Virrey del Perú.

 

P. José Acosta: Historia natural y moral de las Indias. Juan Suárez de Peralta:

 

Tratado de la caballería, de la jineta y brida (México). Garcilaso Inca de la Vega traduce los Diálogos del Amor, de León Hebreo.

 

 

Enrique de Navarra y Enrique III se re­ concilian. Sitio de París y denuncia de Enrique III por parte del Papa. La Liga entroniza al Cardenal de Bourbon (Car­ los X). Enrique IV toma Diepe. Enri­ que III de Francia asesinado, la casa de Valois se pierde. Mauricio de Orange go­ bierna en los Países Bajos Septentriona­ les. El metropolitano de Moscú recibe la dignidad de Patriarca y la indepen­ dencia con respecto a Constantinopla. El ministro Sully funda el poder naval y colonial de Francia. Muere Catalina de Médicis.

 

Botero: Razón de Estado. Marlowe: El judío de Malta.

 

Los ingleses intentan un desembarco en Lisboa. Muere Sixto V. Urbano VII lo sucede, muere y es reemplazado por Gre­ gorio XIV. Se realiza el tratado turco-persa de Constantinopla. Enrique IV sitia París; Alejandro Farnesio conduce al ejército español contra Francia y en­ tra a París. Se comienza a emplear el carbón del Rhur.

Felipe Sidney: Arcadia. Guarino: El pas­

tor Fido. W. Shakespeare: Enrique VI y Las penas de amor perdidas. León He­ breo: El vaso de amor. W. Shichen: La ciruela del vaso de oro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INDICE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

P R O L O G O ,    p or  José Luis Martínez

 

CRITERIO  DE  ESTA     EDICION

 

TABLA  DE  CORRESPONDENCIAS

 

Prólogo. Proyecto General, contenido y propósito de la obra Al sincero lector

 

Prólogo. Método y etapas de la investigación Prólogo. El orden que sigue la “Historia General”

 

I.     TIERRA  Y CIELO

 

El Mundo Natural

Las propiedades de los animales

Algunos  árboles

Las piedras preciosas

Los colores de todas maneras

Astros y fenómenos celestes

 

II.   EL  HOMBRE  Y SUS  RECURSOS

 

El ciclo vital

 

La manera que hacían los casamientos estos naturales Enhorabuena a la preñada

 

El bautismo de la criatura, y todas las ceremonias que en él se hacían, y el poner el nombre de la criatura y el con­ vite de los niños, etc.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CIII

 

CIV

 

3

8

9

13

 

 

14

14

28

31

34

37

 

 

42

42

47

 

55

 

 

Pueblos y señores

 

62

 

Prólogo. Los primeros pobladores                       62

Que trata de todas las generaciones que a esta tierra       han ve­

nido a poblar                      63

Los señores y gobernadores que reinaron en México desde el    77

principio del reino hasta el año de  1560             

La manera de las casas reales                   85

Las cosas en que se ejercitaban los señores para regir bien el     90

reino                      

La gente y sus oficios                    9 5

Los oficios, condiciones y dignidades de las personas     nobles y

generosas               9 5

Otros oficiales como son carpinteros y canteros              97

Sabios y médicos               98

Personas viciosas, como rufianes y alcahuetes                99

Labradores y mercaderes              101

Condiciones y oficios de las mujeres bajas                      102

Muchas maneras de malas mujeres                      105

Los que venden colores, tochomid y jicaras                     106

Los que venden frutas y otras cosas de comer                 108

Los que venden gallinas, huevos, medicinas, etc.                       109

Adiciones               115

Comercio               124

El principio que tuvieron los mercaderes en México y en Tla-   124

tilulco                    

Adiciones               129

III.   LA CULTURA                     133

Filosofía moral                 

Educación              163

Calendario y fuego nuevo             185

Las tres cuentas del tiempo                       185

Arte de adivinar                 193

Agüeros y abusiones                     215

Las abusiones que usaban estos naturales            220

Adiciones. Sueños y otros agüeros y abusiones               224

Medicina                228

De las enfermedades y medicinas contrarias de los         pechos,

costados y espaldas                       228

 

De las hierbas medicinales            231

Otras medicinas     239

 

IV.  RELIGION  Y MITOS

 

 

Origen de los dioses

 

Mitos cosmogónicos

 

Los Dioses

 

Fiestas, ritos, templos y sacerdotes

De las fiestas movibles

Relación de los edificios del gran templo

 

Himnos

 

Después de la muerte

 

Nuevos y viejos cultos

 

V.   EL  FIN  DEL MEXICO ANTIGUO

 

La Conquista

Al lector

Adiciones

Adición

 

ARCAISMOS Y EXPRESIONES COLOQUIALES EN CRONOLOGIA

 

 

       240

       253

       257

       278

de México  280

       300

       320

       325

       329

       330

       330

       335

       341

SAHAGUN           363

       367

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