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Libro N° 8609. Lluvia De Estrellas. De Siles, José.

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© Libro N° 8609. Lluvia De Estrellas. De Siles, José. Emancipación. Mayo 15 de 2021.

Título original: ©  Lluvia De Estrellas. José De Siles

 

Versión Original: © Lluvia De Estrellas. José De Siles

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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LLUVIA DE ESTRELLAS

José De Siles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lluvia De Estrellas

José De Siles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Table of Contents

Nota previa

Lluvia de estrellas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sinopsis

Leocadio es un muchacho de la calle, uno más en el numeroso grupo de los golfos que pululan, sin oficio ni beneficio, por las calles de Madrid. A diferencia del común de esta especie social, conserva a sus padres, que viven honrada y cumplidamente. Pero para el muchacho es mucho más fuerte que el amor del hogar la embriaguez de la libertad callejera. Perdulario pulcro y digno, no se perdía evento alguno de la vida madrileña. Por otra parte, era completamente contrario al robo, si bien esperaba que la riqueza le llegara llovida del cielo. Mirando a las estrellas, soñaba y soñaba con ello sin lograr, claro está, éxito alguno. Sin embargo, una Nochebuena, tras libar invitado de todos los vasos de una taberna, ve cómo las estrellas comienzan a caer del cielo, convirtiéndose en monedas de oro al hacer contacto con el suelo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota previa

Se reproduce a continuación el relato Lluvia de estrellas, de José de Siles.

Ganso y Pulpo ha realizado su edición a partir del texto publicado en la revista Iris el día 13 de enero de 1900 (año II, núm. 36).

El texto se corresponde con el identificador editorial GYP-NB0478, habiéndose podido actualizar su ortografía y gramática de acuerdo con las reglas vigentes del idioma español. Estos cambios suponen, en el plano ortográfico, la supresión del acento en monosílabos y la actualización de aquel léxico técnico y/o extranjerismos que están actualmente integrados en el idioma. En el plano gramatical ha podido variar el texto en relación a la disposición de signos de puntuación, principalmente en relación al empleo de la raya.

En cuanto a la licencia de esta edición debe tenerse en cuenta que el texto reproducido es de dominio público (José de Siles falleció en 1911). Por otra parte, tanto la portada como la edición aquí presentadas se distribuyen gratuitamente bajo licencia Creative Commons por la editorial electrónica Ganso y Pulpo, que espera se comparta en los mismos términos que los estipulados originalmente (edición íntegra, sin ánimo de lucro y respetuosa tanto con el texto como con el trabajo desempeñado por la editorial).

El presente ePub está libre de DRM y validado técnicamente, como puede comprobarse mediante la aplicación web del IDPF.

Todas las posibles modificaciones realizadas hasta la fecha en este libro están declaradas en el registro de cambios general, que encontrará en la página web del proyecto.

Sin más, esperamos que disfrute de su lectura. Todas sus apreciaciones, sugerencias y observaciones son bienvenidas en nuestro formulario de contacto.

Ganso y Pulpo

Creación: Huesca, 23 de diciembre de 2020

 

 

Lluvia de estrellas

Era Leocadio un muchacho vagabundo, uno de esos pilluelos errantes, que duermen donde quiera, y comen lo que hallan a mano.

Nada de extraño tiene esto. Lo mismo sucede con todos los de su especie. Mas los tales desamparados casi siempre suelen carecer de padres, porque se les han muerto, o porque nunca los conocieron. A Leocadio le vivían, y muy sanos y honrados. Y era, sin embargo, Leocadio, un perfecto perdido.

Amaba la libertad de la calle, y detestaba la prisión del hogar. Bien es verdad que el hogar paterno de Leocadio era el hueco de una escalera. Sus padres eran porteros. Leocadio hubiera querido ser hijo de águilas, para volar por los espacios. Gustábanle hasta el delirio la luz y el aire. Y sabido es que estas cosas se pagan muy caras. La independencia se obtiene a trueque del hambre.

Yo lamento que los padres de mi protagonista no fueran unos malvados. Resultaría más simpático el chico. Frases de almíbar y lágrimas de piedad derramaría yo en torno suyo. ¿Qué he de hacerle? Mi instantánea sorprendió este tipo maniobrando en la realidad. Y no era, a semejanza de los de su clase, un pillete sucio, astroso y deslenguado. Mostraba educación, cara limpia y ropa cosida. Se lavaba, al amanecer, en la fuente primera que encontraba. Se cepillaba, sacudiéndose con la mano el vestuario. Jamás se arrastraba por el suelo. Era un perdulario digno. Y aunque a veces el pelo caíale en guedejas desiguales por la frente y el cuello, como era negrísimo y lustroso, antes le agraciaba que le desfavorecía.

Poseía el muchacho vivo magín. Se le veía en todas partes donde «había algo». Recreábase en los espectáculos hermosos. Si se celebraba función en un templo, allí estaba; si se pasaba revista militar, allí se le descubría; si se verificaba un entierro fastuoso, allí se le volvía a encontrar. A la salida de la gente en los teatros; a la entrada de una boda en una fonda; entre el correcto desfile de coches y personas por la Castellana; entre los bulliciosos grupos en la Puerta del Sol; donde quiera que hubiera algo grande, alegre o entretenido, no faltaba Leocadio. Dijérase que sin él no podía hacerse la vida madrileña. ¿Pensamientos de robo? ¡Jamás! No es que él concediera mucha importancia a la propiedad. No eran para él los ricos de mejor calidad que los pobres. Las personas opulentas disponían de más fáciles medios para comprar ciertas dichas; pero nada más. Dábale miedo el robo, porque lo conceptuaba como una humillación seguida de un castigo.

Mas adoraba la riqueza porque era cosa grande, poderosa, espléndida. ¿Cómo la adquiriría? Se la prometía llovida del cielo. Leocadio era un soñador. Ya veis como Leocadio no se parecía en nada a los pillos de su género. Soñaba, sí, soñaba mucho. Y (¡rara circunstancia!) soñaba, más que en la tierra, en las estrellas. De noche, cuando se tendía boca arriba, para dormirse sobre cualquier banco de piedra, y clavaba los ojos en la silenciosa inmensidad celeste, concluía por sentir un terror infinito. Cerraba los párpados, y pensaba, pensaba, enlazaba sueños con recuerdos, y, al fin, tras largo cavilar, se volvía y escupía con desdén al suelo. Ahora bien, llegó una Nochebuena.

Leocadio quiso celebrarla aquel año al aire libre, lejos de la portería. Ya era entrado Leocadio en los once años. Las aventuras nocturnas, más que arredrarle, le seducían.

Mal día de limosna fue aquel. Nadie se acordaba de nadie, atentos todos a las compras para la tradicional cena. Echose encima la noche, sin que Leocadio probase bocado. Vagaba el muchacho a la ventura, deteniéndose con envidiosa fruición ante los repletos escaparates, y pasaba adelante, murmurando de trecho en trecho:

—¡Un centimito! ¡No he comido en todo el día!

Abriose la puerta de una taberna, y un torrente de alegre algazara llegó a oídos de Leocadio, inundándole el alma de regocijo.

Se acercó el vagabundo a aquel lugar hirviente de fiesta, y alguien le llamó.

Obedeció Leocadio. Apenas tuvo tiempo de poner su encogimiento a la altura del bullicio circundante, cuando ya en su boca sintió vasos henchidos de vino.

Era llamado de todas partes, convidado en todas las mesas.

¿Caridad? No, nada eso. Era que su pergenio había caído en gracia a aquella legión de beodos, frenéticos festejantes de la buena suerte del tabernero, agraciado el día anterior con uno de los premios mayores de la lotería. Y tan frecuentes y copiosas fueron las libaciones, que, cuando ya cerrada la taberna, Leocadio volvió a encontrarse solo en la calle, pesándole los pies como plomo, se dejó caer al pie de un árbol. No era noche de nieve. La nieve, en esta Nochebuena había faltado a la cita tradicional, para cubrir los techos de blancura, y para sepultar en su sudario a los niños abandonados por los caminos. Leocadio no tuvo el consuelo de acostarse en este lecho conmovedor esa noche. Pues era la tal serena y despejada, con luna llena y millares de luceros.

Largo rato estuvo mirando para arriba. ¡Qué hermoso era el cielo! ¡Era más hermoso que la tierra! Y Leocadio escupió al suelo en señal de desprecio, según costumbre suya. Mirando, mirando hacia arriba, observó Leocadio un fenómeno extraño. Las estrellas se desprendían de las alturas, y caían, caían como gotas de agua, pero de un agua brillante, luminosa, sonora. No cabía duda. Aquello era una lluvia de estrellas. Pero las estrellas, al chocar en las aceras, se convertían en algo metálico, algo parecido a monedas. En efecto, las estrellas se trocaban en monedas de oro. Lanzose Leocadio sobre aquel inesperado tesoro, y a puñados se llenó los bolsillos. Se hizo rico en un instante. Habíase realizado uno de sus sueños. Su alma se inundó de alegría, y quiso festejar su contento. Se dirigió a varias tiendas para mercar golosinas. Pero en ninguna parte eran aceptadas las estrellitas del cielo. Eran unas monedas que no tenían curso en el comercio mundano. Leocadio recorrió con su tesoro, durante tres días, todas las tahonas, todas las tiendas de carne, y en ninguna parte pudo comprar su sustento. Rico, riquísimo, a la noche siguiente se tumbó en el suelo, y, extenuado, muerto de hambre y transido de frío, desengañado de esta miserable vida, el vagabundo pidió al sueño eterno el pasaporte a otro mundo donde pudiera adquirirse un mendrugo de pan a cambio de un puñado de estrellas, esto es, de ilusiones enviadas por Dios al oscuro cerebro del pobre. Al otro día, Leocadio amaneció muerto, como un perro, en medio del arroyo. En sus manos había un ademán que amenazaba, en su boca una mueca que lloraba, en sus ojos una luz que sonreía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JOSÉ DE SILES

Biografía

Siles, José de. ?, 1855 – Madrid, 24.VI.1911. Escritor y periodista.

Prolífico escritor que abordó todos los géneros literarios.

Autor de poemarios como los intimistas y becquerianos Lamentaciones (1879) y El diario de un poeta. Poema (1885) o los festivos Sonetos populares (1891), Siles destacó por su prosa en novelas como La seductora (1887), Juana Placer. Historia de un temperamento (1889) y La hija del fango. Estudio del natural (1893); en esta última se concilia la tendencia psicologicista con cierta hechura zolesca, y se manifiesta la búsqueda de trascendencia que caracteriza a buena parte de la obra del escritor.

José de Siles dirigió El Mundo Artístico y colaboró en numerosas publicaciones periódicas como El Pueblo, La Época, Revista de España, La Edad Dichosa, Madrid, Cómico, Barcelona Cómica, La Gran Vía, La Lidia, El Gato Negro, Pluma y Lápiz, Álbum Salón y Alma Española; fruto de esta constante labor son sus volúmenes compilatorios Acuarelas del redondel: narraciones taurinas y chulescas y El cincel y la paleta.

Notas de arte. La crítica destacó sus cualidades como cuentista, presentes en Boda buena y boda mala, La casa de la alegría y La novia de Luzbel, o en la suma antológica titulada Los mil y un cuentos, en cinco volúmenes (1896-1897). En 1889 la prensa alabó su traducción de El galán de la gobernadora de Theuriet.

Obras de ~: Kristian. Poema dramático, Madrid, Imprenta de A. Flórez, 1879; Lamentaciones, Madrid, Imprenta de A. Flórez, 1879; Noches de insomnio. Imágenes. Fantasías. Poesía, Madrid, 1880; La quimera. Poesías, Madrid, 1880; El diario de un poeta, Madrid, Tipografía de A. Alonso, 1885 (Madrid [Antonio Marzo], 1905); Bellas Artes. Casto Plasencia. Jerónimo Suñol. Manuel Ramos, Madrid, Imprenta Popular a cargo de Tomás Rey, 1887; La seductora, Madrid, 1887; Un joven sensible, Madrid, Iniesta y Lorenzo, 1888; Gran espectáculo. Cuadros de costumbres, Madrid, Rubiños, 1889; Juana Placer. Historia de un temperamento, Madrid, 1889; La pícara Cornelia, Madrid, 1890; Sonetos populares, Madrid, F. Fe, 1891; La hija del fango. Estudio del natural, Madrid, Gil y Navarro, 1893; Los mil y un cuentos, s. l., 1896-1897; La lira nueva. Poesías de Zola, Goethe [...], trad. en verso de ~, Madrid, Tipografía Costanilla de los Capuchinos, 1896; Lamentaciones. Quimeras (1871-1879), Madrid, M. Romero Impresor, 1898; Noches de insomnio. Imágenes. Fantasías (1880), Madrid, M. Romero, 1898; El asesino de Lázara, Barcelona, Biblioteca del siglo xix, 189?; Certamen de flores. Alegoría dramática, Madrid, R. Velasco, 1902; El demonio moderno. Comedia en un acto y en verso, Madrid, Imprenta de A. Alonso, 1902; La niña del fraile. Novela cómica, Madrid, R. López del Arco, 1904; La casa de la alegría. Cuentos, Madrid, Felipe Marqués, 1904; Memorias de un patriota. Relatos de guerra, Madrid, Felipe Marqués, 1904 (Madrid [Felipe Marqués], 1905); La novia de Luzbel. Cuentos, Madrid, Felipe Marqués, 1904 (Madrid [Felipe Marqués], 1905); Los fantasmas del mundo. Poesías, Madrid, Felipe Marqués, 1905, (reed., Madrid, Imprenta de A. Marzo, 1905); Acuarelas del redondel: narraciones taurinas y chulescas, Madrid [Antonio Marzo], 1905; Boda buena y boda mala. Cuentos, Madrid [Felipe Marqués], 1905; El carnaval eterno. Sátiras, Madrid [Antonio Marzo], 1905; Cielos y abismos. Cuadros de la naturaleza, Madrid [Felipe Marqués], 1905; El cincel y la paleta. Notas de arte, Madrid [Felipe Marqués], 1905; La copa de veneno. Cuentos, Madrid [Felipe Marqués], 1905; El drama del Calvario. Leyendas místicas, Madrid [Felipe Marqués], 1905; La estatua de nieve. Novela, Madrid [Felipe Marqués], 1905; La hija del fango, Madrid [Felipe Marqués], 1905; Historias de amor. Cuentos, Madrid [Felipe Marqués], 1905; El lobo y la oveja. Cuentos, Madrid [Felipe Marqués], 1905; El paraíso de los pobres. Cuentos, Madrid [Felipe Marqués], 1905; La corista y otros, s. l., Imprenta A. Marzo, s. f.; Las primeras flores, Madrid [Felipe Marqués], 1905; El calavera. Comedia en un acto y en verso, Madrid, Imprenta de A. Marzo, 1909; La chusma jeremíada, Madrid, Hijos de F. Marqués, 1910; La vida pobre, Madrid, Imprenta de J. Cruzado, s. f.

Bibl.: J. Cejador y Frauca, Historia de la lengua y literatura castellanas. (Época regional y modernista: 1888-1907), vol. IX, s. l., 1918 (ed. facs., Madrid, Gredos, 1972), págs. 288-289; A. Palau, Manual del librero hispanoamericano, vol. XXI, Palau, The Dolphin Book, 1969; A. López de Zuazo, Catálogo de periodistas españoles del siglo xx, Madrid, Facultad de Ciencias de la Información, 1981; P. Fernández, Eduardo López Bago y el naturalismo radical. La novela y el mercado literario en el siglo xix, Ámsterdam-Atlanta, Editions Rodopi, 1995, págs. 104-105.

 

 

 

Pura Fernández

http://dbe.rah.es/biografias/38718/jose-de-siles

 

 

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