© Libro N° 8608. La Estrella De Rabo. Abello Asenjo, Ricardo. Emancipación. Mayo 15 de
2021.
Título
original: © La Estrella De Rabo. Ricardo
Abello Asenjo
Versión Original: © La Estrella De Rabo. Ricardo Abello
Asenjo
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición
digital de Versión original de textos:
https://gansoypulpo.com/autor/blanco-asenjo/nb0479-la-estrella-de-rabo/
Licencia Creative Commons:
Emancipación
Obrera utiliza una licencia Creative
Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única
condición de citar la fuente.
La
Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras,
no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus
respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los
Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de
textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida
su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada E.O. de Imagen original:
https://gansoypulpo.com/wp-content/imagenes/cubiertas/576x819/Cubierta-NB0479-La-estrella-de-rabo.jpg?x91592
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
Ricardo Abello Asenjo
Sinopsis
La mesa del comedor ostenta un enorme nacimiento
navideño, con su musgo y su riachuelo de espejo, con su montaña y su castillo
de Herodes, con sus figuritas de pasta vestidas al uso castellano. Tan
magnífico belén es obra de don Aniceto, que lo contempla con gran orgullo. No
obstante, algo se echa en falta en el montaje; y don Aniceto bien lo sabe, pues
no se trata de un olvido la ausencia de la que él denomina estrella de rabo.
Las razones de su decisión son poderosas y remontan el relato hasta la infancia
del buen señor, cuando se cortó con la hoja de lata de la estrella que su padre
compró. Este es considerado como el inicio de una serie de hechos en cadena,
donde la conversión de la hija del hojalatero en su madrastra es fundamental.
Recursos, temas y motivos
Navidad • Orfandad
Menciones
Personas: Herodes • Salomón • Schopenhauer
Lugares: Arganda del Rey • Belén • Castilla • La
Alcarria • La Mancha • LilliputOrganizaciones: Congreso de los Diputados •
Ministerio de HaciendaPersonajes: Alonso Quijano
La Estrella De Rabo
Ricardo Abello Asenjo
Nota previa
Se reproduce a continuación el relato La estrella
de rabo, de Ricardo Blanco Asenjo.
Ganso y Pulpo ha realizado su edición a partir del
texto publicado en el suplemento La Ilustración ibérica del día 12 de enero de
1889 (año VII, núm. 315).
El texto se corresponde con el identificador
editorial GYP-NB0479, habiéndose podido actualizar su ortografía y gramática de
acuerdo con las reglas vigentes del idioma español. Estos cambios suponen, en
el plano ortográfico, la supresión del acento en monosílabos y la actualización
de aquel léxico técnico y/o extranjerismos que están actualmente integrados en
el idioma. En el plano gramatical ha podido variar el texto en relación a la
disposición de signos de puntuación, principalmente en relación al empleo de la
raya.
En cuanto a la licencia de esta edición debe
tenerse en cuenta que el texto reproducido es de dominio público (Ricardo
Blanco Asenjo falleció en 1897). Por otra parte, tanto la portada como la
edición aquí presentadas se distribuyen gratuitamente bajo licencia Creative
Commons por la editorial electrónica Ganso y Pulpo, que espera se comparta en
los mismos términos que los estipulados originalmente (edición íntegra, sin
ánimo de lucro y respetuosa tanto con el texto como con el trabajo desempeñado
por la editorial).
El presente ePub está libre de DRM y validado
técnicamente, como puede comprobarse mediante la aplicación web del IDPF.
Todas las posibles modificaciones realizadas hasta
la fecha en este libro están declaradas en el registro de cambios general, que
encontrará en la página web del proyecto.
Sin más, esperamos que disfrute de su lectura.
Todas sus apreciaciones, sugerencias y observaciones son bienvenidas en nuestro
formulario de contacto.
Ganso y Pulpo
Creación: Huesca, 09 de enero de 2021
La estrella de rabo
Armado estaba el pedazo de corcho pintorreado de
almagro, ocre, verde y azul, y salpicado de vidrio molido. En la cumbre, tras
la dentada muralla de cartón, veíase el palacio de Herodes, copia exacta del
Congreso de Diputados; y el templo que edificó Salomón, ostentando una torre
magnífica con cuatro auténticas y verdaderas campanas.
Delante de la montaña, en todo el espacio de la
mesa de comedor que la sostenía, emplazábase luenga pradera de musgo, que un
riachuelo, formado con pedacitos de espejo, atravesaba; y en los confines del
paisaje, las posadas y merenderos, los molinos de viento y las chozas de
pastores se perdían en conjunto vistoso, aunque no muy conforme a la propiedad
histórica, puesto que los molinos eran trasunto de aquellos que en la Mancha
parecieron gigantes a D. Quijote, y apenas había ventorro en cuyas encaladas
paredes no se leyera en castellano no muy correcto:
Bino y zerbeza. Se gisa de comer. Gallos y
caracoles.
Los liliputienses pastorcillos de barro bailaban
seguidillas con mozuelas de su misma pasta y estatura, vestidas al uso de las
serranas alcarreñas; y los reyes que la cuesta bajaban, con sus turbantes y
vistosas hopalandas, más parecían mercaderes de babuchas que auténticos
monarcas orientales.
D. Aniceto contemplaba, sin embargo, con verdadero
orgullo aquella obra que él había trazado; y los chicuelos, con infantil
alborozo, aplaudían y gritaban, y en coro discordante decían coplas que les
dictaba su madre, conmovida y regocijada, golpeando sin cesar el tambor y
arrancando estridentes vibraciones a la cuerda del rabel y a la seda encerada
de la chicharra.
Por cortesía hube de celebrar el nacimiento,
ponderando la propiedad del peñasco y la sabia disposición con que se habían
colocado las figuras; mas como me permitiese reparar que allí faltaba un
detalle interesante, me interrumpió D. Aniceto diciendo:
—Ya sé a lo que V. se refiere, pero no crea que es
por olvido por lo que prescindo de la estrella de rabo. La supresión tiene su
misterio, amigo mío, y quiero explicarle las razones en que la fundo, que para
mí son poderosas.
Y a seguida, adoptando una actitud reflexiva y
doctoral que jamás había yo sorprendido en el modesto y antiguo empleado del
ministerio de Hacienda, me dijo con acento convencido y solemne, no exento de
énfasis y presunción:
—A los hombres más experimentados se nos ha de
permitir algunas preocupaciones. Por mi parte, amigo mío, le he de confesar que
tengo una que se relaciona con esa estrella de hoja de lata o talco que los
niños colocan encima del peñasco en recuerdo de aquella que, según piadosa
tradición, guio hasta Belén a los tres Reyes Magos.
Y arrellanándose en un sillón enfrente del peñasco
colocado, se pasó dos o tres veces la mano por la cabeza como para despertar
sus recuerdos, y con la mirada absorta y distraída volvió a continuar su relato
en la forma que sigue:
—Era yo chicuelo, y, por ser hijo único, muy
mimado, y también porque mi padre, mayorazgo rico de Castilla, podía sacrificar
a mis caprichos infantiles muchas viejas y relucientes peluconas sin que por
esto se resintiera su fortuna lo más mínimo.
»Había en casa, de padres a hijos conservado,
suntuoso nacimiento, que en esta época del año se armaba y disponía; pero
también, como en este que tenemos delante, faltaba el detalle de la estrella;
bien porque se hubiese destrozado, bien porque no pensaron en él los que
primeramente lo compusieron.
»Era yo muy niño cuando reparé en el defecto. Mi
padre, por remediarlo y complacerme, encargó en la hojalatería una estrella
luciente como la plata y que tenía una cola encorvada como el acero de un
alfanje. Tampoco debiera ser menos afilada, porque al colocarla sobre el
nacimiento, tembloroso por la emoción que la alegría me causaba, me hice, con
el rabo de la estrella, profunda herida en la mano, que dio gran susto a mi
madre por los quejidos que el dolor me arrancó y por la abundosa sangre que
hube de derramar.
»El contratiempo era natural, pero mi poca
reflexión de entonces me hizo ver con cierta desconfianza y recelo el cometa de
hoja de lata.
»Lo más particular es que aquella prevención, lejos
de desaparecer con los años, se ha ido arraigando en mí, de manera que hoy la
siento más viva e indestructible que nunca; pero es bueno, para que V. no
achaque a manía esta repulsión, que le relate algunos hechos.
»Del susto que mi madre recibió al ver la sangre
que manaba de mi herida, peligroso en su estado, pues según cuenta a principios
del año próximo dejaría yo de ser el único vástago de mi noble y bien acomodada
familia, adelantose el trance con tan mala suerte que a las alegrías de la
Pascua se siguieron los lutos de la viudez para mi padre, y para mí la tristeza
de la orfandad, que tan fatal influencia había de tener sobre mi vida.
»Mi padre se consoló de la pérdida, contribuyendo a
ello las gracias de una mozuela vivaracha, hija del hojalatero que construyó la
estrella de cola, que no fue mala la que trajo para mí, porque sin mi pueril
capricho no habría mi padre ido a la tienda del menestral ni acaso hubiera
conocido a la chiquilla.
»En fin, que sucedió lo que V. puede imaginar. El
mayorazgo pasaba de los cincuenta, y la linda artesana apenas frisaba en los
quince. Ya sabe usted lo del refrán: a burro viejo, la alfalfa fresca.
»La niña tenía unos ojillos negros con mucho
garabato, y una madre con el alma llena de malicias. Entre una y otra tendieron
la caña y pescaron lo que quería. Como la carnada era buena, el pez tragó todo
el anzuelo, que se lo clavó hasta agallas.
»A la Nochebuena siguiente, mi padre, reventando de
orgullo por la conquista, se casó con la garrida muchacha, y yo, ¡cándido
miserable!, me alegré mucho al ver que por intercesión de mi madrastra lucía en
aquel año, sobre el nacimiento de corcho, la estrella esplendorosa, un rabo,
mucho más largo, adornado por la industria del hojalatero, que quiso festejarme
con el regalo y celebrar así la honra de contarse entre mi familia.
»¡Ay, amigo mío! Desde entonces la estrella de mi
vida comenzó a parecerse a la que en mala hora hubo de antojárseme. Fue una
estrella rabona que se volvió contra mí, azotándome con toda suerte de
desventuras. Cuenta que mi madrastra inauguró con sus propias manos los
primeros compases de la tunda.
»Aquellos dedos delicados y blancos, que a mi padre
parecerían manojitos de claveles, para mí se convirtieron en haces de
disciplinas por lo pronto, y, a la larga, en garras de ave de rapiña; porque,
después de dejarme bien vapuleado, concluyeron con el mayorazgo que había yo de
heredar, y del que ni blanca recogí al fallecer el autor de mis desventurados
días.
»Por irrisión de la suerte, entre los pocos trastos
que me tocaron en las particiones, hubiéronme de adjudicar, con el nacimiento
de corcho, la estrella de rabo, semblanza de mi estrella desventurada y origen
de todas mis penalidades y desdichas.
»Pues aún hay que añadir que desde aquella época
todos los acontecimientos de mi vida, aun los más venturosos, vienen con cola,
como el astro de Belén, causante de mi ruina. Y no tengo un ascenso sin que
nazca un chico a los pocos meses; y un año en que me cayeron a la lotería diez
mil reales, a mi mujer se le incendió un majuelo que tenía en Arganda, única
dote que me aportó al matrimonio y que valía algo más de quinientos duros.
»Vea V. por qué estoy convencido de que, así como
algunos nacen bajo la influencia de Júpiter o Mercurio, yo he venido a la
Tierra supeditado a la adversa preponderancia de la estrella de cola, y, apenas
por cualquiera parte vislumbro alguna ventura, me echo a temblar como azogado,
seguro del latigazo que a continuación me espera.
»Yo no he leído a Schopenhauer, ni a esos filósofos
que se llaman pesimistas; pero las desventuras de mi existencia me han
proporcionado la enseñanza dolorosa del refrán que dice que «unos nacen con
estrella, y otros estrellados».
»Yo nací con un astro reluciente y hermoso, pero un
astro de cola, y esta cola para mí se parece a la de los pescados, según tiene
de espinas que me punzan.
Terminó aquí su singular relato el bueno de D.
Aniceto; y yo, sin dejarme de reír de preocupación tan pueril e inocente,
comprendí que en el fondo de ella había, sin embargo, una verdad filosófica.
La de que, en esta vida, las venturas mayores y los
más grandes triunfos son como la estrella que obstinadamente se oponía a
colocar sobre el nacimiento de corcho dedicado a sus hijos.
Traen cola.


Publicar un comentario