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Libro N° 8607. Lo Absoluto. De Campoamor, Ramón.

Libro N° 8607. Lo Absoluto. De Campoamor, Ramón.

 


© Libro N° 8607. Lo Absoluto. De Campoamor, Ramón. Emancipación. Mayo 15 de 2021.

Título original: ©  Lo Absoluto. Ramón De Campoamor

 

Versión Original: © Lo Absoluto. Ramón De Campoamor

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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LO ABSOLUTO

Ramón De Campoamor

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo Absoluto

Ramón De Campoamor

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cubierta

 

Portada

Preliminares

Lo absoluto

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO PRIMERO. MOTIVOS DE ESTE LIBRO.

CAPÍTULO II.

CAPÍTULO III. EL MÉTODO.

PRIMERA PARTE. LA CIENCIA

SECCIÓN PRIMERA. ONTOLOGIA. CIENCIA DEL SER EN GENERAL.

CAPÍTULO PRIMERO- GENEALOGÍA DE LA VERDAD.

CAPÍTULO II. LA IDEA SUSTANCIAL.

CAPÍTULO III. LO ABSOLUTO.

CAPÍTULO IV. PLAN DE LA CREACIÓN.

SECCIÓN SEGUNDA. PSICOLOGÍA. DE LOS SERES ESPIRITUALES EN PARTICULAR

CAPÍTULO PRIMERO. EL PSICOLOGISMO.

CAPÍTULO II. ORÍGEN DE LAS IDEAS.

CAPÍTULO III. TRÁNSITO DE LA IDEA Á LA REALIDAD. SECCIÓN TERCERA. COSMOLOGÍA. DE LOS SERES DE

 

NATURALEZA FÍSICA EN PARTICULAR

CAPÍTULO PRIMERO. ARMONÍA DEL UNIVERSO.

CAPÍTULO II. LAS CIENCIAS FÍSICAS.

SEGUNDA PARTE. LA MORAL

SECCIÓN CUARTA. FISIOLOGÍA. DE LOS SERES VITALES EN PARTICULAR

 

CAPÍTULO PRIMERO. DE LA UNION DE LO FÍSICO CON LO MORAL.

CAPÍTULO II. EL ORDEN SOCIAL.

SECCIÓN QUINTA. ÉTICA. DE LOS SERES DE NATURALEZA MORAL EN PARTICULAR

CAPÍTULO PRIMERO. EL DERECHO.

CAPÍTULO II. LA IGUALDAD.

CAPÍTULO III. LA REVELACIÓN.

SECCIÓN SEXTA. ESTÉTICA DE TODOS LOS SERES EN PARTICULAR, CONSIDERADOS

CAPÍTULO ÚNICO. DEL RITMO UNIVERSAL DE LAS COSAS.

Acerca de esta edicion

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I

 

 

 

 

 

 

He escrito esta obra en el campo, sin libros, y sin más elementos que mis recuerdos, y unos ligeros apuntes, la mayor parte copias. Por eso el lector tal vez no encuentre una sola idea original. Hallará, sí, muchas ideas buenas, de otros autores; pero encontrará pocas malas, por la razon de que debe haber en él pocas mias. Prefiero lo bueno viejo á lo malo nuevo: en esta parte no me importará que se me aplique el dicho de Lessing á Voltaire: «tiene mucho bueno y mucho nuevo; pero ni lo nuevo es bueno, ni lo bueno nuevo.»

 

Debo decir además, para dejar completamente tranquila mi conciencia, que he copiado de mis apuntes, hechos á consecuencia de mis lecturas, cuantos párrafos de otros escritores he creído convenientes para mi objeto, sin empedrar el texto con los nombres de los autores. ¿Para qué? Todas las ideas que caben en mi

 

sistema, son mias, y me pertenecen por herencia. La originalidad de un arquitecto consiste en el plan de la obra; los materiales con que levanta el edificio son de todos, y no son de nadie; son piedras que se recogen en los caminos públicos abandonados.

Hay dos ideas nuevas, sin embargo, sobre las cuales llamo la atencion de mis lectores, y son la idea de sustancia, que he procurado simplificar, y el método geométrico de exponerla, que he unilogizado sistemáticamente. Mi deseo hubiera sido poder imitar á Santo Tomás en el modo de pensar, y á Espinosa en la manera de exponer. Estos dos filósofos son la delicia de mis lecturas: el primero por lo honrado y penetrante, y el segundo por lo sintético y lo lógico.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

 

 

Además de mi deseo de hacer ver á una persona en cuyo corazon se miran con envidia los ángeles, todo lo que yo creo, y todo lo que no creo, he tenido otros varios motivos para escribir este libro.

 

Uno de ellos, que confieso casi con rubor, es más de amor propio que de deber literario. Cuando mi entrada en la Academia Española, pronuncié un discurso que algunos leyeron con escándalo, y que supongo que la mayor parte no leyeron, sin duda por no escandalizarse. Mi egregio padrino el Marqués de Molins, que se conoce que es más bueno que yo, se me lamentaba un dia de, que la prensa crítica leyese, ó no leyese, con tan soberana indiferencia las elucubraciones metafísicas de mi discurso de recepcion; pero yo que creo lo que creo, aunque el mundo crea lo que quiera, me propuse desde entónces contestar á la incredulidad sensual de nuestros analíticos del dia, haciendo una ampliacion del discurso de mi entrada en la Academia, regalándoles el credo metafísico más unificado, más lacónico y más sarcástico, que haya escandalizado jamás los expertos sentidos de los sabios del hecho, y de los

 

adoradores del fenómeno. En esta contra-réplica sólo de una cosa me alegraré, y es de que la contestacion sea digna de la ironía del desden que la ha motivado.

 

Bien presiento que mi amor propio se ha sentido acaso demasiado; y que en mi réplica tal vez hay más hipocondria de la que una una urbanidad exige; pero pido perdon al lector, y le ruego que me disimule algunas bruscas salidas, propias de mi idiosincrasia literaria. Este defecto es en mi irremediable, pues además de que por temperamento me causan repulsion todos los estilos que no son calenturientos, tengo la conviccion de que no puede haber verdaderas creencias sin un poquito de fiebre.

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

 

Y continuando en la exposicion de los motivos personales que he tenido para escribir esta obra, añadiré que en las polémicas que se suscitaron cuando la publicacion del Personalismo, algunos críticos como los señores Sauz del Rio, Canalejas, Alzugaray, Rayón, Morayta y otros, me echaron en cara, y acaso no sin razon, que he tratado muy someramente su parte ontológica; sin advertir que en aquellos apuntes he tendido principalmente á dar soluciones político-morales, en vez de escribir, como ahora, un libro de metafísica. Añádase á esto que cuando esta obra se hallaba aún casi en proyecto, mi querido amigo D. Francisco Giner y Ríos Rosas tuvo la benevolencia de anunciarla en uno de los periódicos que ilustra con su colaboracion, creándome por su aficion á mis escritos un compromiso con el público; y con esto el lector queda iniciado ya en los motivos personales que me han obligado á escribir este libro, motivos todos que á él le importarán muy poco, pero que, añadidos

 

á  los motivos científicos que iré exponiendo sumariamente, estoy seguro que hasta al más indiferente lector acabarán por importarle mucho.

 

Así pues, como empecé a decir, en mi discurso de recepcion en la Academia de la lengua me propuse probar que el pensamiento es, y es de cierta manera, y que esta cierta manera de ser hace que el pensamiento tenga una expresion tan natural, tan inevitable, tan fundamental como el pensamiento mismo. Esta verdad trivial de que los idiomas son unas eflorescencias de las razas, de que la palabra vegeta de la raíz del espíritu como la flor del árbol, hizo recaer sobre mí la risa de unos, el desden de otros, y la extrañeza de muchos. La mayor parte, para disculpar su ininteligencia en el asunto, celebraban mi originalidad, y parte de ese público, al cual ciertos manufactureros científicos no le enseñan á tener más que retazos de ideas, sin acostumbrarle á pensar que todas las ideas son infinitas, que hasta el efecto más fútil tiene una causa suprema, no del todo mal avenido con mis rarezas, leyó mi discurso de recepcion haciendo visajes de incredulidad, y escarneciéndome alegremente como á una especie de loco de la ontologia.

 

Desde entónces me propuse aceptar el martirio por completo, y por eso voy á probar á los incrédulos de la metafísica, desafiando sus oleadas de desden y sus tumultos escéptico-materialistas, que toda verdad, por insignificante que parezca, forma parte y depende de otra verdad superior; que un hecho es el último eslabon de la cadena que une lo intelectual con lo sensible; que entre la piedra que cae, y la ley de absoluta certeza á que obedece cayendo, no hay solucion de continuidad, pues lo finito siempre tiene efecto con relacion necesaria á lo infinito; que cualquiera cosa real puede ser ó dejar de ser, pero que el dechado ideal, el ejemplar, el tipo absoluto

á  que toda cosa se reitere, no puede dejar de existir, porque su existencia es de absoluta necesidad.

 

 

 

 

 

IV

 

Emprendamos por fin la batalla contra las dos entidades sociales y filosóficas más presumidas, más poderosas y más tontas que han existido jamás sobre la haz de la tierra, que son los moralizadores progresistas, y los psicólogos revolucionarios.

En metafísica y en religion no hay progreso posible, porque lo perfecto es eterno, con eternidad anterior y posterior, como el orígen de que procedo. Por mucho que pese á la turba multa de los físicos y de los estadistas, no voy á adular esa balumba de dudas sistemáticas, de descubrimientos empíricos y de racionalismos irracionales, que se suelen llamar espíritu moderno; al contrario, es le libro, entre otras vejeces, pretende resucitar las antiguallas reveladas al viejo del monte Sinai.

Quiero que algun espíritu franco interrumpa el coro de adulaciones con el cual tan bajamente se inciensa á nuestra época, época no exenta ciertamente de algunas grandezas, pero época dejada de la mano de Dios, si una regla metafísica segura no viene

 

á  poner término á tantas perturbaciones morales. Esta regla no la pueden dar los gobiernos, tan necios comunmente como los pueblos que dirigen y las épocas en que mandan. Este remedio no puede venir de la política, porque es inepta; ni de la religion, porque se la supone interesada, y á ella que es la atacada, es la que hay precision de defender. En todos los naufragios morales y políticos no hay más tabla de salvacion que la metafísica. Esclarecer las ideas es poner en órden el mundo.

¡Los moralizadores progresistas!

Confieso que entre todos los representántes del espíritu moderno, los más encopetados son los que me parecen los más despreciables. Si á la mayor parte de nuestros hombres de estado se les preguntase cuál es la base especulativa de su moral práctica, empezarian por no entender la pregunta. Casi todos creen, como Nizolio, que la filosofía no es más que una gramática bien hecha, y que la metafísica es indigna de figurar entre las artes y las ciencias. Todos estos Nizolios de quienes hablo, estoy seguro que juzgarán que mi cabeza se halla en estado patológico, cuando vean que en este libro les quiero probar que lo que más realmente existe es lo que á su parecer no existe, que son las leyes abstractas de las ideas. ¡Cuántos dengues harán, sólo al leer el título de este libro,

 

ciertos mandarines chinescos, ciegos directores del movimiento social, que gobiernan los pueblos más con el instinto que con el talento, y que eluden las dificultades de los primeros problemas de los conocimientos humanos, encerrándose en un silencio misterioso, como si fuesen unos augures mudos, ó bien contentándose con apariencias groseras de saber, que serian apenas suficientes para satisfacer la curiosidad de sus cocineros y sus lacayos!

¡Los psicólogos revolucionarios!

Todas las pasquinadas contra la autoridad, todas esas religiones protestántes que duran lo que deben, porque no duran nada, todas esas especulaciones científicas que tienen la duda por principio, la crítica como medio, y como fin la nada, son todas hijas de la infirmeza de creencias filosóficas de Descartes, que juzgándose espiritualista, decia que las verdades absolutas de todo género dependen del libre albedrío, de la voluntad divina. ¡Contradiccion! ¡Absurdo! Toda verdad absoluta es una irradiacion de la esencia de Dios, y Dios no puede contradecirse: el todo será mayor que la parte, Ja justicia siempre será un bien, lodo efecto supondrá eternamente una causa; y aunque Descartes haya concedido á Dios la facultad de que esto no seria así, si él no hubiese querido que fuese, esta concesion es una de las muchas inconsecuencias de Descartes, pues las verdades metafísicas son necesarias, eternas y consubstanciales con Dios.

 

 

 

 

 

V

 

 

 

 

 

El espíritu moderno, exceptuando lo que hay en él de tradicional y respetable, se ha convertido en el jimio de Descartes, pues le imita en todas sus dudas y saltos mortales, siendo como él escéptico en sus puntos de partida, revolucionario en sus principios, hostil á la autoridad, materialista en sus actos, y espiritualista en sus vanidades político-literarias. Tal vez será por lo limitado de mi

 

inteligencia; pero no comprendo cómo un filósofo tan superficial como Descartes ha impreso unas huellas tan profundas en la roca de granito de la opinion pública. La gimnasia intelectual creada por el genio de Aristóteles ha podido alguna vez parecer ridícula; pero la oxidacion moral que ha producido en las almas la duda metódica, las ha hecho caer desalentadas en el método de la duda. Hasta obispos tan sabios como Bossuet, del cual creo como De Maistre «que si no se arrepintió murió herético» no tuvieron inconveniente en su tiempo en apoyar en los principios Cartesianos los fundamentos de sus convicciones cristianas. Lo que prueba que esa opinion que en todas las épocas se llama espíritu moderno, es una atmósfera que arrastra á las más perspicuas inteligencias hasta á ser cómplices del espíritu de Satanás. Lo repito: este espíritu moderno es tan mono del espíritu de Descartes, que lo mismo lo imita en la inconsistencia de sus principios, que en la vaguedad de sus consecuencias. Por ejemplo: afirma Descartes que las ideas generales proceden de la contemplacion de los objetos físicos, y se desarrollan Hobbes, Gasendi, Locke, Condillac y Tracy, hasta dar fin en el naturalista revolucionario Brissot, que decia: si el lobo tiene derecho á devorar al carnero, el hombre ¿no tendria derecho á devorar á sus semejantes para sus apetitos? Asegura en otra parte Descartes que las ideas generales no existen más que en el momento de su percepcion; y se esparce por el mundo desde él hasta Kant, y desde Kant hasta hoy, una plaga de idealistas que suprimen al Dios ontológico para suplantarlo con un Dios psicológico creado por el yo, en el yo, y para el uso más cómodo del yo.

 

En Descartes se inaugura el psicologismo moderno, que acaba en Kant por un noséqueismo desolador. El primero ha planteado todas las cuestiones, empezando un inmenso litigio; y más adelante estas mismas cuestiones concluyen en las obras de Kant, por ser un gran proceso donde todo vuelve á quedar en pleito. Descartes llamó á la filosofía á juicio; y por último sus sucesores, los filósofos críticos, acabaron por escribir el juicio final de la filosofía.

Segun la educacion es la vida, y segun la vida es la muerte. Cuentan que Maquiavelo, el cual hubiera sido un cronista digno de nuestra época, se resintió hasta su última hora de la admiracion por los grandes hombres de la antigüedad, que le hicieron concebir las

 

lecciones de sus primeros maestros. Agitado por los remordimientos, exclamó: «Bien considerado todo, mejor quiero estar en el infierno con las lumbreras del mundo, Aristóteles, Platon, Alejandro y demás grandes hombres de la antigüedad, que hallarme en el paraíso con los santos, que fueron en su mayor parte unos séres despreciables.» Este pedagogo de los ilustres bribones, que para encontrarle yo á él también enteramente despreciable no le encuentro ni siquiera el talento, es la imagen del espíritu de nuestros dias, que halla despreciable la humildad de los buenos, y adorables las grandezas dignas del infierno. Nuestra época es como Maquiavelo: todo lo encuentra grande segun la materia, y todo lo halla despreciable segun el espíritu; y de esta subversion de las ideas nacen todas esas pasiones en juego, esos intereses en guerra, esas esperanzas en duda, esos problemas en cuestion, esas lágrimas y esa sangre halladas á la entrada de nuestro siglo, y que acabarán por convertirse á la salida en el cáos, la desesperacion y la muerte.

 

Y ¿qué piensan de todo esto los grandes hombres públicos? Y ¿qué han de pensar? Por regla general son unos pobres diablos, que jamás han o id o hablar de filosofía, ó, si han pensado en ella alguna vez por ociosidad, han caido en un deismo vago, en un panteísmo sensual, ó en un ateísmo cínico. Ignoran que del gabinete del filósofo á la calle, que de las ideas á los hechos, no hay más que un paso; y que la multitud está siempre en acecho de lo que puede autorizar su licencia. Cuidado con dejar pasar sin contradiccion la especie comun de que Dios es sólo una palabra, porque las muchedumbres tienen muy buena memoria para aprender lo que les conviene, y mucha imaginacion para abultar sus conveniencias; y cuando no tienen á Dios delante, se echan el alma atras, y van derechas á buscar los tesoros donde saben que los han de encontrar, entre las ruinas.

Y todo esto es lógico, porque toda mala filosofía produce una mala civilizacion. Y así como toda civilizacion que no se apoya en la metafísica, ó es iroquesa como la esparciata, ó brutal como la romana; la civilizacion que no tiene por base una buena filosofía, es la última llamarada de un sol que se extingue. Los filósofos son los apóstoles de las ideas, y las ideas son las razones de las cosas. Su

 

majestad omnisciente y todopoderosa, la metafísica, es la que manda, y los pueblos y los reyes los que obedecen.

Toda civilizacion, y hasta toda época, está llena de una idea metafísica, idea que es desarrollada por la filosofía, que se populariza por la literatura, que la vulgariza la opinion , que se encarna en las costumbres, y que acaba por estar representada en el gobierno.

El materialismo en la inteligencia trae necesariamente el jacobinismo en la política. Descartes es el padre de Voltaire, así como la duda es la madre de la negacion . La revolucion es nieta de Descartes;

pues sin Voltaire no hubiera habido revolucion francesa; y sin Rousseau la revolucion francesa no hubiera tenido por término lógico el terror.

 

 

 

 

 

VI

 

 

 

 

 

Así como Moisés declara que el decálogo, la ley escrita, no es invencion suya, sino que la ha recibido de Dios, yo declaro francamente que parte de los principios de este libro, no son fruto de mi inteligencia, sino que los he copiado de Moisés. Espero que no se blasfemará de la copia, siquiera por respeto al original.

 

La idea mas moderna que hay en metafísica es la más antigua, es la del Padre Eterno. En metafísica, segun un Santo Padre, lo más viejo es lo más nuevo. Repito esto para que no vayan mis lectores á creer que se van á encontrar en este libro con un solo pensamiento ni mio, ni nuevo; lodos son de otros, y viejos, y tan viejos, que los lectores no hallarán en la parte fundamental de mi obra una idea tan moderna que sea ni siquiera contemporánea de Adan. Yo voy á retrotraer la cuestion de la filosofía á su verdadero tiempo y lugar, que es á mucho tiempo ántes de la creacion del mundo. Un poco de paciencia: no tiene el lector por qué asustarse, pues no voy á

 

investigar, como Brucker, si hubo un cuerpo de filosofía ántes del diluvio. Semejante investigacion seria inútil, pues yo sé que lo ha habido ántes del diluvio, y que lo habrá despues de todos los diluvios que puedan venir. Y sé también que, al través de todos los diluvios y de todas las aberraciones del entendimiento humano, las primeras verdades no han podido ni podrán ser jamás enteramente borradas, pues han sobrenadado y sobrenadarán eternamente en todos los naufragios físicos é intelectuales.

 

Y, con permiso de los moralizadores progresistas, la moral sobrenadará perfecta, y por consiguiente no perfeccionable, pues desde el primer dia de la revelacion, su código es inmutable. ¡Sí, sí! aunque pese á los psicólogos revolucionarios, á esos protestántes por juro de heredad, á esos ingertadores de herejías en el santo patron del cristianismo, la moral es la mano amiga que Dios nos ha tendido de buena voluntad, y con la cual nos sostiene sobre el abismo de nuestra imperfeccion y de nuestra caida primitiva. La mano de la ciencia nos la ha retirado sabiamente, dándonos la ocasion de hacer esfuerzos para aproximarnos á ella progresivamente, de modo que podamos acercarnos siempre, sin llegar á tocarla nunca, estableciendo la ley del progreso, haciendo que lo imperfecto esté siempre en camino de la perfeccion.

Zaherir á la religion y á la metafísica por su falla de progreso es una insensatez propia de los que ignoran por completo los fundamentos de la metafísica y de la religion. Ni Dios ni el espíritu se forman parte por parte, ni dia por dia. Dios es lo perfecto; y el hombre, hecho á su imagen y semejanza, es lo perfectible. El progreso es lo perfectible que se adelanta hácia la perfeccion. De las dos partes en que se divide la filosofía, la ciencia y la moral; la ciencia, ó el hombre, es lo perfectible; y la moral ó Dios, es lo perfecto. Esta es una de las verdades triviales más desconocidas del vulgo de los sabios.

La metafísica y la religion son invariables, no tienen progreso. Si fuesen progresivas, serian movibles, y si la verdad fuese móvil, ¿hácia donde se había de progresar? ¿Podria haber ciencia sin una verdad especulativa invariable, á la cual ajustásemos, progresando, nuestras innumerables verdades de hecho? ¿Qué seria la moral sin

 

un tipo de justicia eterno á que referir todas las acciones de la vida?

 

¿Seria posible la navegacion sin la fijeza de la estrella del polo?

 

 

 

 

 

VII

 

 

 

 

 

 

¡A       !

 

 

 

 

 

 

Yo que soy incapaz de turbar el sosiego de una mosca, de buen grado, si tuviera fuerza y autoridad para ello, llamaria á juicio al espíritu moderno para residenciarlo en justicia, y mandarlo decapitar despues como á un malvado. Y no es porque yo crea que la actual civilizacion es ménos culta que las antiguas, no por cierto; creo que cualquiera vieja del dia es más instruida que los siete sabios de Grecia. Nuestro progreso es grande, pero vitando; no es que andamos poco, sino que vamos por mal camino. El que se seguia en los primeros siglos de la Iglesia era el de una fe, que produjo miles de mártires; el de la edad media fué el de un valor que saturó el mundo de heroísmo: el de los siglos posteriores hasta el XVI lo fué de una religiosidad algo fanática; el del siglo XVII, fué el psicologismo, ó la heregía; el del XVIII, la crítica, ó la nada. ¿Cuál es el camino que sigue la civilizacion del siglo XIX? Por una parte se ve el mismo fanatismo del siglo XVI; por otra el desbordamiento moral del siglo XVII, y por último el descreimiento del XVIII. Nuestra época adolece de todas las execraciones de estos últimos siglos, sin tener la fe de los primeros, ni la heroicidad de los segundos.

 

Hasta el espiritualismo, ó más bien, hasta el espiritismo moderno es incrédulo por contagio, es Theóphobo por cobardía, pues no explica nuestra alma por Dios sino que explica á Dios por nuestra alma; y agitado sin duda por el remordimiento que le causa esta

 

decepcion, no pasa jamás por el lado de Dios sin taparse los ojos, para no verle ni ser visto por él.

¡Justicia del cielo! Esta será la que al fin echará mano de los nuevos bárbaros, ménos cultos en las artes que nosotros, pero más fuertes por las creencias y por las costumbres; nuevos bárbaros á quienes Dios encargará, como en otros tiempos, la terrible mision de borrar de la superficie de la tierra el escándalo de estos pueblos corrompidos con la más incurable de las corrupciones, que es el sensualismo de la civilizacion, la infirmeza de las creencias, la confusion de las costumbres, la inseguridad de las doctrinas, y el nihilismo de la filosofía.

¡Adelante, adelante! Renovemos los lazos de la alianza antigua. Seré castigado con el desden de tantos discípulos de las ciencias

nuevas, de las sabidurías últimas. ¡Cómo ha de ser! me consolaré de este glorioso infortunio buscando lo que nunca falta, una punta del manto en que al morir se embozó César, y me refugiaré en el templo indestructible de la vieja ciencia, de la sabiduría inalterable, donde no dejará de acompañarme en mis soledades alguno de los ciudadanos de la república de Platon, pobres, pero verdaderos aristócratas de la inteligencia y de la virtud.

 

 

 

 

 

 

 

 

         

 

 

 

 

 

 

 

         

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

En varios libros encuentro muchos pensamientos; pero no les veo el pensamiento. Exceptuando una docena de escritores, en tocios los demás no hallo más que ideas; en algunos muchísimas ideas; pero inútilmente me afano en buscar la idea.

 

¿Será cierto que, segun cuenta la historia, uno de los generales sarracenos, Ornar, hizo calentar los baños públicos de Alejandría por espacio de seis meses con la preciosa librería que había en aquella ciudad? Si esto es verdad, la lástima es que el auto de fe haya recaido en una librería que era preciosa; pues si hubiera sido como muchas que yo conozco, la pérdida hubiera sido muchísimo ménos de sentir.

¡Sombra de Omar el execrado! ¿Por qué no te ha concedido la Providencia un dominio universal, para que, con algun criterio, hubieses hecho justicia de tanto fárrago literario, donde he sepultado casi inútilmente los primeros treinta años de mi vida? ¡Sombra de Omar, el más disculpable de los inquisidores de este mundo, bendigo á tus sucesores futuros, si respetando á seis

 

filósofos, tres poetas, dos historiadores, algun sabio y un novelista, barreis de sobre la haz de la tierra esas colecciones de inepcias literarias que, amontonadas unas encima de otras, podrian llegar á la luna, y sobre las cuales tantas veces he reclinado la cabeza, durmiendo tranquilamente como aletargado por el opio!

 

¡La unidad! ¡la unidad! No me pregunteis si un libro tiene tales ó cuales fines, sino si tiene algun principio. Cuando leo algun libro, me parece que el autor me pregunta en cada página: ¿es esto verdad? y que yo, sin preocuparme con la pregunta, le contesto, preguntándole á mi vez: y ¿es esto lógico? Toda consecuencia me parece respetable, cuando está bien deducida de una premisa, aunque sea errónea. Veamos primero si sois lógico, y despues examinaremos si sois verdadero. ¿Qué me importan los fenómenos, si no me mostrais la causa? ¿Qué quereis que aprenda con vuestros hechos, si no me enseñais la unidad de la ley que los determina y explica?

Así es que la mayor parte de los libros, hasta los mismos que pasan por buenos libros, son dignos de la predileccion de Omar; pues careciendo de una idea única, de la cual lodo el libro no sea más que el desarrollo, se debieran titular una porcion de ideas sobre una porcion de cosas.

Para mí, decia San Agustin, el hombre más temible no es el que ha leído muchos libros, sino el que ha leído uno solo, con tal que lo haya profundizado, que solo haya asimilado, y que este libro sea la obra del genio del hombre, ó el libro por excelencia de los oráculos de Dios. Esto que dice San Agustin del hombre de un libro, se puede decir más exactamente del hombre de una sola idea. Un libro de muchas verdades inconexas puede ser un centon indigesto; mientras que un libro con una sola verdad, siempre entraña una revolucion intelectual. Todo libro, ó es una suma, una enciclopedia, de lo que trata, ó no sirve de casi nada: ó es impagable, ó poco vale. En los libros, la unidad os primero que la verdad: el error con lógica, es más trascendental que la verdad sin ella. Lo primero que se ha de hacer para escribir buenos libros, no es confeccionarlos, sino unilogizarlos. La absolutología, hé aquí el método de Dios. Siguiendo por este camino, dentro de algun tiempo se podrá encargar á cualquier individuo de cualquier academia que nos

 

escriba el plan de la creacion . Sin la unidad, sin lo absoluto, no hay ciencia, y desde que hay verdad absoluta hay ciencia posible. Un tratado sobre lo absoluto es la ciencia de las ciencias, la primera, la filosofía fundamental, el punto central de que parten todos los rayos que forman la diversidad de las ciencias. Reunir todas las direcciones esparcidas del espíritu humano y centralizarlas en una sola idea, en un sistema que las comprenda todas, tal es el método supremo por el cual se llegará á poseer la clave, á formular el axioma por el cual se sabrá en qué consiste la esencia de la razon eterna, creadora y conservadora del universo.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

Donde falta lo absoluto, donde falta la unidad científica ó moral, no puede haber ni ciencia ni religion.

 

En una memoria acerca de la organizacion de las sociedades sabias en Europa, y particularmente en España, excitaba Condorcet

á  las autoridades españolas á no atender para la eleccion á los principios religiosos de los candidatos, haciéndoles esta pregunta: «¿Creeis que una academia compuesta del ateo Aristóteles, del brahman Pitágoras, del musulmán Alhasen, del católico Descartes, del jansenista Pascal, del ultramontano Cassini, del calvinista Huyghens, del anglicano Bacon, del arriano Newton y del deista Leibnitz, no seria tan buena como cualquiera otra?»

Prescindiendo de estas calificaciones, algunas de ellas casi calumniosas, yo le preguntaria á mi vez á Condorcet: Si una academia de estos sabios recibiese el encargo de un gobierno de redactar una memoria, no sobre un objeto religioso, porque seria imposible que se entendiesen, sino sobre una cuestion cualquiera de filosofía, sobre el orígen de las ideas, por ejemplo, ¿qué sucederia? Sucederaa que Aristóteles empezaria por sentar que no hay nada en el entendimiento, que ántes no haya pasado por los

 

sentidos; Pitágoras que las ideas son números, que se mueven por sí mismos; Descartes que las ideas unas son innatas y otras adventicias; Bacon que las ideas no son más que sensaciones; Leibnitz que no hay nada en el entendimiento que ántes no haya pasado por los sentidos, excepto el entendimiento mismo. Y así los demás. De manera que esta academia que al parecer del empírico Condorcet seria tan buena como cualquier otra, seria un batallon de trásfugas, un regimiento sin bandera, unas cantidades heterogéneas que no se podrian sumar; seria la academia más contradictoria, la más anárquica, la más inútil; en una palabra, la peor de las academias posibles.

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

 

En toda asociacion , lo mismo que en toda produccion literaria, es menester que haya la unidad que sintetice la variedad. Todo libro que no es el desarrollo de un principio metafísico, echadlo á la hoguera, porque, ó es malo, ó es tonto. Cada siglo debiera tener un Ornar que obrase con este criterio: ó la unidad, ó la hoguera..

 

Un libro es una ciencia, ó parte de una ciencia; y una ciencia es una reunion de deducciones rigurosas, que se juntan todas en un principio universal, que existe en Dios y que conoce nuestra razon. La literatura, las ciencias, la historia, todas las manifestaciones del espíritu humano, ó son laberintos sin el hilo de Ariadna, ó tienen que estar iluminadas por un rayo de luz que baje de la elevada region de la filosofía, donde la verdad es estable, donde se reconcilian la teoría y la experiencia, la novedad y duracion , la especulacion y la realidad.

Con lo absoluto no pretendo haber sorprendido á Dios el plan del mundo; pero creo enseñar el camino para que otros lo consigan: no habré fundado una ciencia; pero ayudaré á crear un método. Yo, más que las ideas, busco en los escritores la razon de sus ideas.

 

Sobre todo, nada de vaguedades.

 

Creo, como Bacon, que es más fácil que salga la verdad del error que de la confusion.

Un libro de filosofía debe ser una biblioteca compendiada, hecha con este método: la unidad en la variedad, y la variedad en la unidad.

Después de muchos años de lecturas infructuosas, ya me ocupo solamente con aquellos autores en cuyas obras encuentro un sistema vasto y completo, que llevando valerosamente sus principios hasta sus últimas consecuencias, no se pierden en los detalles, aunque sean infinitos, y me descubren á cada paso su idea fundamental y su base lógica.

La unidad filosófica es el conjunto de todas las ideas, resumidas en una sola idea, y de la cual nacen todas las demás por generacion, así como de la unidad nacen todos los números.

¿Hay unidad en un libro? Eso por lo ménos probará que, aunque no haya verdad en el sistema, habrá un sistema en el error: carecerá de verdad moral; pero tendrá lógica, que es una especie de moralidad científica.

El espíritu humano busca con el discurso lo mismo á que le impele un instinto intelectual: el modo de reducir la pluralidad á la unidad; de recoger la variedad infinita de las existencias en un punto del cual todas dimanan y se confunden.

En el órden científico no tanto importan las creencias, como la razon de por qué se cree. Y esta razon sólo puede ser poseida, cuando hay unidad en el conjunto de las cosas que se creen. Así como Cuvier, dándole una uña, componia todas las partes de que debia componerse un animal, un hombre de ciencia, que posea la razon de sus conocimientos, con un grano de arena debe reconstruir el mundo de las existencias, así como con la más insignificante de las ideas recorrer toda la escala de los seres inteligibles, creando el mundo de la razon. Al paso de la ciencia surgen los espíritus en órden, y se levantan los astros, obedeciendo á las leyes de un concierto universal.

 

IV

 

 

 

 

 

Pero lo absoluto científico ¿es posible? Yo creo que es imposible toda ciencia que no forme parte de lo absoluto. De manera que, en vez de ser una imposibilidad, sólo lo absoluto es posible.

 

Proudhon, en su extraña manía de casar contradicciones y de conciliar todo lo inconciliable, proclama las excelencias de la unidad, negando la posibilidad de lo absoluto, ó lo que es igual, negando la unidad. Siempre el mismo trabajo penelopesco: tejer y destejer. Afirmar una negacion , para negar despues la misma afirmacion .

 

Como ningún escritor, que yo sepa, se ha atrevido desde Hume hasta nuestros dias á entregar el mando á las evoluciones de una serie de fenómenos sin principio ni fin, sin causa ni objeto determinado, haciendo posibles todas las imposibilidades metafísicas, tales como la de ser, y no ser la eternidad de la variabilidad, la inmutabilidad de lo eternamente móvil, haré una breve refutacion de la Filosofía del Progreso, programa en el cual Mr. P. J. Proudhon sienta la afirmacion del Progreso sobre la negacion de lo Absoluto. Antes yo creia que progresar era ir desde lo más imperfecto á lo más perfecto, desde lo relativo á lo absoluto; pero el paradójico Mr. Proudhon ha descubierto que se puede progresar, no caminando de lo imperfecto á lo perfecto, sino andando, aunque sea desde lo imperfecto hácia lomas imperfecto: el caso es andar, y andando, andando, lo mismo llega al progreso el Judío errante, que el motor que da vueltas á una noria.

Imitando el famoso entimema de «pienso, luego soy,» dice Proudhon: «me muevo, luego ando siendo;» pues para él no hay en el universo causa primera, segunda, ni última; no hay más que una sola corriente de existencias: el movimiento es hé aquí todo. Para él el progreso es la afirmacion del movimiento universal, por consiguiente la negacion de toda forma y fórmula inmutable, de toda doctrina de eternidad, de inmovilidad y de impecabilidad; el progreso en la acepcion más pura de la palabra, es decir, la ménos empírica, es, no una idea en movimiento como la de Hegel, sino el movimiento

 

de la idea, ó mejor dicho, el movimiento sólo, processus; movimiento innato, espontáneo, esencial, incoercible é indestructible: y así es que no hay nada fijo y eterno más que las leyes mismas del movimiento, cuyo estudio forma el objeto de la lógica y de las matemáticas.

 

Afirmo, dice Proudhon, resueltamente en todo y por todo el movimiento, el progreso, y no ménos resueltamente niego en todo y por todo la inmutabilidad, lo absoluto. Y ¿qué es esta devanadera de progreso más que una idea infinita de finalidades sin termino, una clase de absoluto negativo, una especie de absoluto inverso, el movimiento eterno de una eterna marejada, la absolutividad de la fenomenalidad, la ordenacion constante del más completo desórden, la fijeza de un pasar sin saber cómo ni cuando, y la interminable vaguedad de un ver pasar sin saber por qué ni para qué?

¡Qué horror me causa este moverse en una fatiga interminable! Confieso que me espantaría ménos este correr sin parada, si al fin hubiera un lugar donde reposar un poco, aunque fuese el desierto de Sahara el último sitio de descanso.

Y ¿qué es ese incesante movimiento, que se mueve por sí mismo, ese modo de ser, sin ser, ese eterno accidente, que no tiene por base ninguna sustancia eterna? Eso no es más que una locura filosófica en su período más febril. Y no puede ser otra cosas más que una demencia ese movimiento en rotacion , que no es el movimiento de alguna cosa, sino un movimiento sin cosa alguna; un movimiento, que, moviéndose, lo mismo progresa hácia adelante que hácia atras, ó que, por mejor decir, no reconoce ni atras ni adelante; que no tiene principio ni fin; que en él todo es circular, todo es igual; y en el cual no hay vicio ni virtud, hombre ni Dios; y que en realidad ni ha sido, ni es, ni será, pues es el eterno llegar á ser de la idea hegeliana; movimiento en abstraccion en el cual todas las cosas del universo son las imágenes de las sombras de Francisca de Rimini y su amante, condenadas al tormento de vagar, perpétuamente arrastradas por el remolino de una tempestad.

 

 

 

 

 

 

 

 

          

 

 

 

 

 

 

 

        

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

 

¿Cuál es el método que he seguido en la composicion de este libro? Uno muy fácil: he estudiado una idea, la he desarrollado, y luego la he formulado de la manera siguiente: «La esencia de las cosas son las ideas, y la esencia de las ideas es la idea de cantidad.» Tal es el principio y el fin ele este libro. Podrá no ser bueno; pero es claro y sencillo: no será cierto; pero por lo ménos es lógico. Todas las cuestiones se deben resolver como Dios gobierna el universo, con una idea. Una filosofía, ó lo sabe todo, ó no sabe nada: debe ser unitaria para que sea sistemática, y debe ser tan sistemática como la unidad. Un sistema científico tiene la pasion de la generalidad, el culto de la idea única, la altanería de no dejar de explicar nada, y el honor de suicidarse, cuando no puede explicarlo todo. El método que mejor sorprenda á Dios en el porvenir el plan del mundo, ese será el mejor de los métodos.

El método no es más que un modo de andar intelectual. ¿Por qué andaba Alejandro con la cabeza inclinada hácia el lado izquierdo? Por una necesidad de su naturaleza física. ¿Por qué adopta Bacon

 

el método analítico, y Espinosa el método sintético? Por una necesidad de su naturaleza intelectual. Dicen que un método es á la inteligencia lo que las máquinas á la fuerza. No es cierto. Un mismo método da fuerza á un entendimiento, y se la quita á otro.

El método es, como el modo de andar, ingénito.

Por todas partes se va á Roma, y cada uno va á Roma como Dios le da á entender. Este como Dios le da á entender significa que los entendimientos piensan sin método, ó por mejor decir, con el único método posible, abandonándose á lo que los escolásticos llamaban la lógica natural.

Dos son los métodos principales, el analítico y el sintético, el inductivo y el deductivo. La deduccion baja del principio, y la induccion sube del hecho. Así la deduccion como la induccion pueden darnos la evidencia; porque cuando juzgamos deduciendo, podemos percibir claramente lo particular en lo general; y cuando juzgamos induciendo, podemos percibir claramente lo general en lo particular.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

Pero no nos engañemos, como la mayor parte de los filósofos, en la cuestion de los métodos, pues, en realidad, no hay más método que el sintético. Toda análisis está precedida de una síntesis confusa. ¿Cómo se podria ir á Roma sin saber ántes hácia donde cae? «Es cosa rara, dice Condillac, que pueda llegarse de un golpe

 

á  la evidencia.» Más raro me parece á mí que pudiendo llegar de un golpe á la evidencia, se den tantos rodeos para llegar, despues de muchos golpes, á donde se podia llegar de un golpe solo. Por ejemplo, ve Condillac por intuicion , por una mala intuicion , que la idea es una sensacion trasformada, y en vez de afirmarlo dogmáticamente, nos lleva á ella por el análisis, suponiendo una estatua, á la cual hace oler una rosa, y la somete á una porcion de

 

manipulaciones sensuales, para que la estatua concluya diciéndonos, ó por mejor decir, para que nos diga Condillac, escondido dentro de la estatua, que la idea que se forma de estos objetos no es más que una sensacion tras formada. Pues si Condillac tenia formada á priori esa mala síntesis, ¿á qué nos somete á la paciencia de leer su malísima análisis?

 

Vamos al método psicológico. Descartes sabia como Condillac que se puede llegar de un golpe á la evidencia, y aseguraba más, y es «que lo evidente es verdadero»; pero engañándose á sí mismo y

á  nosotros, hace como que duda de esta verdad, á la cual llegaba de un golpe, y nos dice que somos porque pensamos; y que Dios es porque pensamos en él; y que Dios es veraz, por no sabemos qué; y que las cosas son como las vemos, porque Dios es veraz, y que todo esto lo sabemos por evidencia inmediata, y que todo esto es verdad porque lo evidente es verdadero. Resultado: que pudiendo llegar á la evidencia de un solo golpe, despues de una análisis inconexa y arbitraria, despues de muchísimos golpes, nos lleva á la síntesis vestidos de incógnito por el camino del análisis. Pues si no se puede llegar á Roma más que sabiendo hácia donde está, más que por el camino de la síntesis, ¿porqué estos señores tendrán empeño en hacernos creer que llegan á Roma por el camino del análisis? Esto es lo que Descartes llama haber creado una ciencia, como es la lógica, considerada como arte de, pensar, ó sea una metodologia. Con estos dos métodos, el materialista y el psicológico, el primero de tapujo, y segundo de tanteo, dicen algunos expositores de sistemas sin sistema, que Bacon y Descartes, si no han fundado una ciencia nueva, prescribieron un método que ha hecho cambiar el aspecto de los estudios científicos. Después de rodar mucho por las cabezas de las medianías esta idea de la metodologia de Descartes, ha acabado en Hegel por ser una metodolatría: la ciencia, acaba en idolatría, el método ya es una religion.

Afortunadamente la certidumbre metafísica se apoya en nuestro sentido íntimo, y este sabe que las verdades cuya posesion siente son de necesidad absoluta. ¿Quién es tan loco que quiera probarme

 

á  mí que el todo no es mayor que su parte? Y ¿quién es tan necio que trate de probarme que es verdad? La importancia del sentido

 

íntimo no ha sido disputada jamás: todos le creen, todos lo sienten, y todos se fian plenamente en la conciencia. El tesoro de verdades en cuya posesion estamos, no es ni puede ser adquisicion del individuo; es patrimonio de la especie, y nos viene por herencia celestial. Nadie emprende seriamente, y sin hacer reir, un raciocinio para afirmar su propia existencia; ni es menester un discurso para asegurar que la creacion supone un creador, ni se plantea un problema para decir con sencillez que dos y dos son cuatro. El análisis es una operacion difícil y larga; la síntesis, la intuicion , es natural y rapidísima.

 

La experiencia ha podido enseñarme que la línea recta es el camino más corto que he encontrado para ir de un punto á otro; que todos los sucesos de que he sido testigo tenían una causa; pero no ha sabido enseñarme que cualquier otro camino más corto que la línea recta es necesaria y absolutamente imposible; ni tampoco ha podido enseñarme que todo suceso ha tenido necesaria y absolutamente una causa.

Para resumir esta cuestion, concluyamos, aunque con ligeras variántes, con el tan conocido silogismo:

El medio que no es universal, ni pronto, ni fácil, incierto, ni fiel, no es el medio natural dado al hombre para conocer la verdad:

Es así que el método analítico no es un medio ni universal, ni pronto, ni fácil, ni cierto, ni fiel:

Luego el análisis no es el medio natural dado al hombre para conocer la verdad.

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

 

En cuanto á la division de la obra, en mí no ha sido voluntaria.

 

Dado el sistema, su division era inevitable.

Además de que doy poca importancia á las divisiones de los libros, pues en ellos lo que importa es que haya unidad en el

 

conjunto, siendo indiferente que la totalidad resulte de pocas agregaciones grandes, ó de muchas chicas. Tres y dos son cinco, lo mismo que cinco veces una.

 

La metafísica, ciencia de la cantidad, ciencia de las ciencias, legislacion de las legislaciones, la he dividido en dos partes:

Primera: De las leyes de la inteligencia de Dios, Aquí van incluidos los atributos de su omnipotencia y su eternidad.

 

Segunda: De las leyes de la bondad de Dios. En esta segunda parte se sobreentienden su infinita misericordia y su justicia.

Sentado el primer principio, la division de la obra era lógicamente necesaria. Como yo opino que no hay más que una idea sustancial, que es la idea ontológica de cantidad, pensamiento arquetipo con el cual Dios crea, resulta que no pueden existir más que dos órdenes de ideas: las de cantidad extensiva, comprendidas en las matemáticas, y las de cantidad intensiva, objeto de la moral: ideas con las cuales Dios crea primero y despues gobierna el universo. De lo cual se deduce que todas nuestras ideas se refieren á la ciencia,

ó  á la virtud; á Dios creador, ó á Dios conservador. De este modo, clasificadas todas las ideas en los dos órdenes de grandor físico y de grandeza moral, la obra queda natural y forzosamente dividida en leyes de la inteligencia de Dios, y en leyes de la bondad de Dios: en las leyes de la inteligencia va sobreentendida la omnipotencia, porque el que todo lo sabe todo lo puede; y en la bondad va incluida la justicia, porque la bondad no es más que la justicia ejercida por la caridad.

Con esta unidad sintética en el conjunto, y este método geométrico en el desarrollo de todas las partes de la obra, estoy seguro de que si no llego á la meta que me habia propuesto, llegará otro más afortunado que yo, siguiendo el camino que he emprendido. Es menester acabar de una vez con esos sistemas de negacion , llamados filosofías críticas, que no pueden conducir más que al escepticismo en la ciencia, y al ateísmo en moral. Es necesario emprender la senda de los sistemas dogmáticos, que empezando por algun principio de evidencia inmediata, sea este principio inexorable en su unidad moral, y cierto en sus consecuencias, y que reuniendo armonía en los detalles, y razon matemática en el conjunto, venga por último algun pensador y

 

convierta la torre de Babel de la filosofía en el fuerte inexpugnable de la verdad absoluta.

 

 

 

 

 

 

 

 

           

 

 

 

 

 

 

 

         

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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TEOREMA I

 

La Super-sustancia crea las sustancias.

 

La cantidad Suprema, Dios, crea las cantidades superiores, los séres espirituales, y las cantidades inferiores, los séres materiales.

 

 

 

 

 

 

 

 

              

 

 

 

 

 

 

 

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I

 

 

 

 

 

Para llegar al tronco del árbol genealógico de la verdad no se puede seguir más que uno de los cuatro caminos que marcan las cuatro ramas del árbol de la filosofía, ó sea el del sensualismo, el del panteísmo, el del psicologismo, ó el del ontologismo.

 

Antes de inquirir cuál es el orígen de la verdad, algunos me preguntarán: la verdad ¿existe? Después probaré que sí. Pero un dogmático como yo no puede hacer una pregunta escéptica, digna de Pirron y de Hume. Sobre este punto la duda sistemática ó universal, y hasta la misma duda metódica, como recurso científico, me parece un medio poco digno de una conviccion sincera. Las cosas ¿aparecen como son? Por de pronto dejemos supuesto que las cosas son como aparecen, miéntras no se nos pruebe que no aparecen como son. En esta parte estamos en posesion de las cosas; y ni probaremos su existencia, ni nos las dejaremos arrebatar, sin una sentencia firme que nos despoje de esta propiedad, ó por lo ménos de este usufructo.

La duda voluntaria es una especie de juego de soñar despierto.

 

La doctrina escéptica establece como cierto que es imposible la certeza, no tiene duda de que se debe dudar de todo, tiene por cosa infalible la falibilidad de nuestros medios de conocer, ve con evidencia que la evidencia es ilusoria, afirma dogmáticamente que es infundado el dogmatismo, apela á la razon para condenarla racionalmente, arruina la filosofía á nombre de una prudencia y una reserva superior y filosófica. El escéptico es un dogmático inverso, un dogmático que afirma la infirmeza, ó, más bien, que afirma que niega: este creyente de la duda no es como se le ha llamado un cadáver vivo, sino que es un vivo que se cree cadáver.

 

Separémonos pronto de estos ciegos de aprension que no quieren ver, y busquemos nosotros de buena voluntad el camino que más derechamente conduzca á la verdad.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

¿Podrá ser la verdad, no solamente hija, pero ni siquiera parienta por afinidad, de la materia, de esa última degradacion de lo creado, que tiene por principio la agregacion , por término la muerte, y que cuando se le quiere suponer una larga descendencia, lo más que se le puede conceder es la grosera inmortalidad de una perpetuidad de la vida orgánica, renovada por la trasmisibilidad de un gérmen siempre innoble, porque es indigno? ¡Imposible, imposible! La verdad no puede oir sin espanto que se la suponga de la raza plebeya de esa materia, de vida tan embrionaria, que no reconoce más Dios que el placer sensual, ni más porvenir que la nada; y que al través de las oscilaciones de una trasmutacion incesante, no siente jamas el necesario calor para que germine en su corazon un ala que la remonte hasta las regiones de lo infinito.

 

La sociedad incrédula y materialista del siglo XVIII y parte del XIX, aplaudidora del sistema de la naturaleza de Holbach, por órgano de Diderot, Helvecio y otros muchos proclamó que la verdad es una

 

quimera, el placer su única ley, y el interes el único deber. Cabanis dice que los nervios son el principio del pensamiento, y que el efecto es de la misma naturaleza que la causa: Destutt de Tracy prestó al materialismo el socorro de una árida ideología. De este modo fueron Cabanis el fisiólogo de esta secta, Tracy el metafísico, y Volney el moralista. Hé aquí unas conclusiones de esta doctrina que estoy seguro que levantarían el estómago al que se llamaba á sí mismo puerco de las piaras de Epicuro: «Conservarse, y hacerlo todo por conseguirlo, es la ley de la naturaleza humana.» «El mayor bien es la vida, el mayor mal es la muerte, el bien supremo es la salud.» «El asesinato es un deber, siempre que sea útil.» «Mi cuerpo, y despues la nada; hé aquí toda la religion.» «Dios no es nada, el alma no es nada, todo es mentira.»

 

¡Estas sí que son mentiras, decepciones, herejías y blasfemias! Volvamos piés atras, y cambiemos de direccion para buscar el

camino de la verdad. Y al dejar para siempre esta senda de perdicion , reneguemos de toda la parentela del frio materialismo raza maldita que tiene por ascendiente la materia y por hija la nada: doctrina desoladora que enseña que con la muerte todo acaba para el hombre lo mismo que para la bestia más vil; pues esta filosofía brutal deja sin fin moral á nuestras más nobles facultades, á Dios sin providencia, á la religion sin objeto, á la moral y á las leyes sin sancion y sin fuerza, á la sociedad humana sin seguridad ni apoyo, al poder sin freno, al malvado sin temor y sin remordimientos, y al desgraciado sin apoyo, consuelo ni esperanza.

¡Oh! ¡no, no! la verdad no puede contar entre sus ascendientes al repulsivo sensualismo, porque jamas la luz puede ser hija de la sombra. Y si alguna vez, por excepcion, aparece alguno de sus resplandores entre el grupo de pensadores, que empezando en Demócrito y Epicuro, acaba en Locke y en Feuerbach, es porque la Caridad la arrastra á fortalecerlos en su miseria, como Santa Isabel visitaba á los leprosos. Y cuando algunas veces también, la verdad se digna descender de lo alto para honrar con alguna llamarada á semejantes cerebros, es porque sin duda baja á redimir, no su inteligencia, sino sus almas perdidas, como lo hizo Dios cuando bajó á los infiernos.

 

III

 

 

 

 

 

¿Se encontrará el orígen de la verdad en ese mareo del panteísmo, en ese ir y venir de la sustancia al modo y del modo á la sustancia, en esa rueda de fango en ebullicion que se llama sustancia en el centro, atributo á los lados, y modo en los extremos del circulo; pero que, modos, atributos ó sustancia, aunque varíen de posicion , no varían de categoría, pues todos son iguales en divinidad, ó, lo que es lo mismo, todos son idénticos en indignidad? Donde todo es igualmente divino, es decir, donde todo es igualmente indigno, todo es igual, y no hay ni justo ni injusto, y por consiguiente no hay verdad ni mentira. El panteísmo para enaltecer la virtud, la iguala al vicio; para enseñar la verdad, enseña que es idéntica al error. Si todo es Dios, todo es óptimo, todo es fatal. ¡Panteísmo! condenacion de toda religion: ¡optimismo! negacion de toda verdad: ¡fatalismo! tumba de todo amor. ¡Panteísmo y fatalismo! ¡Anulacion y vergüenza, sepulcro, y sepulcro afrentoso, de la inteligencia, de la virtud y de la libertad; principio, medio y fin de la personalidad humana! ¡Qué sonambulismo tan horrible! ¡Vivir sumergido en la sustancia, seria un tormento más repugnante que el inventado por el poeta cuando metió á ciertos condenados en un lago de sangre tibia!

 

Todo esto es un imposible de ser, porque es un imposible de concebir. ¡Dios mio, tan sabio, y tan bueno! ¿Podría ser esta creacion tan admirable nada más que una inmensa pesadilla? ¿Será este mundo un témpano monstruoso, donde la virtud y el vicio son hijos indiferentes que la nada ha fecundado sobre el hielo? ¡Horror de ser! ¡Cuando me considero como una estalactita de una petrificacion universal, siento frío en el corazon y parece como que se me congestiona el cerebro!

 

 

 

 

 

 

IV

 

Prosigamos: ¿Se podrá hallar el abolengo de la verdad absoluta en el entendimiento humano? Tampoco; su orígen es más ilustre. El entendimiento no hace las verdades, las conoce. Cuando yo aseguro que un triángulo no puede ser un cuadrado, siento un axioma que ha existido y existirá en toda la eternidad de los tiempos, exista ó no exista el entendimiento que la conoce. Cualquiera dice con exactitud mis determinaciones, mis actos; pero ¿se ha visto jamas á ningún pedante, que no confie demasiado en nuestra tontería ó en su locura, que se atreva á decir mis verdades? Lo único que es nuestro es el conocimiento de la verdad, pero no la esencia de la verdad; en nosotros está el principio de conocer lo verdadero, pero no el principio de ser de lo verdadero. La razon personal es sólo el criterio para conocer el principio de la gran razon extrapersonal. Abandonemos pues el ineficaz principio de evidencia individual, porque es un callejon sin salida, porque nos conduce necesariamente á la anarquía de la duda, de la duda á la indiferencia, de la indiferencia al olvido, y del olvido á la muerte, lo mismo exactamente que el germen trasformativo de la materia, y que la pasta evolucional del panteísmo.

 

La razon absoluta es parienta demasiado lejana de la razon psicológica para que no busquemos su entronque directo en otro orígen más alto. Dejemos pues esta cárcel donde el yo se asfixia como si fuese en una especie de baño ruso. Por los cristales ópticos de esta prision inexorable, las cosas no se ven como son, sino como el entendimiento quiere que sean. Aquí no se conoce más que la apariencia de la certeza; busquemos, por consiguiente, la realidad de la verdad. Lejos del hecho de conciencia, fuera de nosotros mismos. Siento vergüenza de que nadie crea que puedo dar las ilusiones de mi fantasía por verdades de certeza absoluta. Huyamos honradamente del horno donde hierven nuestras pasiones y nuestros deseos, y donde empezando por engañarnos á nosotros mismos, acabamos por engañar á los demas.

Pero afirmemos nuestros pasos, ántes de proseguir el camino. ¿Qué sabría yo con saber una verdad cualquiera, con que hubiese

ecuacion entre mi pensamiento y una cosa pensada . Sólo sabría una verdad subjetiva, una verdad lógica; sabría poco mas que nada. Repito que el camino de las verdades psicológicas no es la senda

 

de la gran verdad, de esa verdad que no es otra cosa que el conjunto de las creencias universales sobre las que todo el mundo debe estar acorde, bajo pena, segun las bellas palabras de Cicerón, de ver desaparecer toda ley, toda regla de la vida humana; y por consiguiente de ver desaparecer todo órden, toda religion y toda sociedad. No es, pues, la verdad que reside en nuestro entendimiento la que nosotros buscamos; es la verdad objetiva, la ontológica, la metafísica, que aunque esconocida por nosotros, reside fuera de nosotros, y que es la ecuacion entre las cosas creadas y las razones eternas del entendimiento increado.

 

Abandonemos la esfera de los teoremas, de esas verdades mediatas, discursivas, más ó ménos probables y más ó ménos probadas; y subamos á la region de los axiomas, que no necesitan de pruebas, porque son verdades inmediatas, de evidencia intuitiva. Suprimida la ontología, esta luz que viene de lo alto, sólo queda el reflejo crepuscular del alma humana, la cual entónces puede alguna vez atinar, pero nunca ver. Así, cuanto más subimos, más claro vemos, y nuestra razon se va convirtiendo en la razon, y ya se la puede definir como Bonald: «El espíritu iluminado por la verdad. Y así como cuándo al niño se le enseñan por medio del lenguaje las ideas del alma, de Dios, de la virtud, del vicio, del bien, del mal, de la conciencia y del deber, penetra en el mundo de las inteligencias; del mismo modo la inteligencia cuando empieza á ver por iluminacion interior los axiomas de «que una cosa no puede ser y dejar de ser á un mismo tiempo» «que el todo es mayor que su parle» «que dos cosas iguales á una tercera son iguales entre sí» conoce que ha penetrado en la region de las verdades absolutas.

 

 

 

 

 

V

 

 

 

 

 

 

Así como los navegántes, por el aroma de la canela conocen la direccion de la isla de Ceilan á muchas leguas de distancia, cuanto

 

más nos alejamos del mundo más presentimos que nos acercamos

 

á  la patria de la verdad, porque, como desde ciertas cumbres, ya parece que se siente el olor del cielo, porque los rayos de luz que la verdad despide se van haciendo más claros y más tendidos, más intensos y más extensos. ¡Mirad! todas esas cuestiones que se agitan tempestuosamente entre el cielo y la tierra, entre la filosofía y el dogma, entre el sacerdocio de la fe y el imperio de la duda; unas se van achicando, otras se agrandan; las pueriles se convierten en graves, y las graves en pueriles; todo se va viendo sencillo, porque todo se va viendo claro; las ideas van siendo ménos particulares, para hacerse más generales; son menores en números, pero mucho mayores en extension ; poco á poco todas las ideas se irán explicando por una sola idea; se conoce que la cosa que lo explica todo, está muy por encima de las cosas de este mundo: un poco más arriba, y ya la inteligencia va conociendo el ser, padre de la verdad, y ya vamos viendo que la verdad es la perfecta conformidad del sér y de la inteligencia; aquí ya vemos que así como hay dos especies de entendimientos, el increado y el creado, hay dos especies de verdades, la general y la particular, la objetiva y la subjetiva, la verdad de siempre y la verdad de ahora. Esta verdad subjetiva, particular, de ahora, es la ecuacion entre la cosa, y el entendimiento del hombre; pero la verdad que vamos viendo, segun subimos, es la verdad objetiva, general, la de siempre, la absoluta; y esta verdad es la ecuacion entre la cosa creada y el entendimiento increado, es la conformidad de la razon del hombre con la razon de Dios. Este punto alto del horizonte es aquel lugar superior donde, como observa Fenelon, mirando los geómetras chinos encuentran las mismas verdades que los europeos, mientras unos y otros se desconocen completamente. Aquella es la region de las verdades eternas, que son independientes de la voluntad divina. Aquel horizonte es la region de las águilas del entendimiento humano. Allí fué á buscar Platon la teoría de las ideas innatas, y Santo Tomás los fundamentos de su ídiologia, y Pascal las soluciones de sus problemas, y San Jerónimo el tipo de su virtud. En esa cuna de luz innata nació para el hombre la verdad absoluta, allí se aparecerá eternamente á todos los que busquen su genealogía por cima de los horizontes de lo finito; con ese enigma que parece inexplicable, es

 

con lo que se explica todo; esa idea absoluta es la razon de todas las ideas, y las razones de las ideas son las razones de todas las cosas.

 

Lanzándose á esta region de luz inefable nuestra razon de un salto, por medio del concepto universal de las cosas, se levanta á las concepciones universales, sin pasar por medio de ningún dato empírico, y sin necesidad de ocasion de ningún hecho de experiencia. Aquí ya las verdades son eternas, tomando el carácter esencial de que no pueden ser lo contrario de lo que son, y se formulan espontáneamente en nuestro espíritu con una evidencia inmediata «todo hecho que principia supone una causa» «todos los radios de un círculo son perfectamente iguales» «no hagas con otro, lo que no quieras que el otro haga contigo;» proposiciones todas confirmadas por la experiencia, pero que no es necesario para saberlas que la experiencia nos las enseñe. A esta altura inaccesible ya se encuentra la verdad invencible porque es inatacable; ya se siente el alma fortalecida con el auxilio de arriba, ya parece que se halla refugiada como dice un escritor: «bajo el cañon de la luz sobrenatural. «El reflejo de esta luz divina es la estela que marca el rumbo de la verdad. La luz intelectual que hay en nosotros es la imagen de esta luz increada de que se inunda el alma en estas alturas, y por eso se dice en los salmos: «la luz de tu rostro, Señor, está trazada é impresa en nosotros.»

 

 

 

 

 

 

 

 

         

 

 

 

 

 

 

 

                 

 

 

 

 

 

 

(La Sustancia)

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

 

La cuestion de la nocion de sustancia, ó lo que es lo mismo, el saber de qué y cómo se componen las cosas, es la única cuestion fundamental; todas las demas son secundarias. El que ve con claridad la nocion de sustancia lo ve todo; el que la ve turbiamente no ve nada. Libro de filosofía que no empieza por decir lo que es la idea de sustancia, no lo leáis; arrojadlo, porque de seguro no tiene importancia. Sin vencer esta dificultad, no hay victoria en filosofía. La nocion de sustancia es la cumbre que domina la creacion ;, ó se mira todo desde allí, ó es uno completamente ciego. Esta nocion, es la idea bien amada del Creador, es el eje y la clave de su sistema arquitectural, es el primero y último de sus pensamientos, pues se encuentra en su esencia y en la de la última de sus criaturas. La sustancia es la puerta del templo de la filosofía, sólo entrando por

 

ella se ve de frente el santuario; lo demas es andarse asomando por las rendijas, no como un iniciado, sino como un curioso. El que es dueño de la nocion de sustancia, posee el escudo con el cual puede llevar de frente todos los problemas. Toda la filosofía se debe reducir

 

á  este solo capítulo: teoría de la sustancia. Resuelto este problema, todas las demas cuestiones se resuelven por sí mismas. La idea de sustancia es toda la filosofía.

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

Todos los trabajos de los filósofos se reducen á estos tres órdenes de investigaciones, estudiar una esencia, una causa, ó un hecho: ó más concretamente, profundizar las cosas-causas para deducir las cosas-efectos: ó más sencillamente todavía, examinar, primero: ¿de qué se componen las cosas? y segundo: ¿cómo subsisten las cosas?

 

Pero ántes de entrar en materia, preguntemos: ¿existen la ley de causalidad y el principio de sustancia, ó son estas ideas, como creen Kant y todos los idealistas escépticos, unas simples categorías, unas simples formas ó condiciones de nuestro pensamiento?

Una cosa no puede ser y dejar de ser á un mismo tiempo. Este principio es una verdad eterna. El pensamiento concibe esta verdad; pero no la hace. Si el pensamiento faltara, esta verdad podria no ser concebida; pero no podria ser deshecha. Dos cosas iguales á una tercera son iguales entre sí. Si el pensamiento que concibe esta verdad no existiera, la verdad continuaria existiendo. De lo cual se deduce que el entendimiento no regula las leyes de las cosas, sino que las leyes de las cosas forman la regla del entendimiento. Las ideas generales sólo en Dios son, y en nosotros sólo están. La verdad es una ley divina, que aunque se suele apagar en nuestro entendimiento, ella en sí misma es inextinguible.

 

III

 

 

 

 

 

¿Qué diferencia hay entre la nocion de causa y la de sustanciad La nocion es la misma, sólo que la causa puede ser, ademas de universal y eterna, secundaria y accidental, y la sustancia es siempre durable y siempre idéntica.

 

Regla de gramática: todo adjetivo se relaciona por necesidad á un sustantivo.

 

Axioma de lógica: todo atributo supone necesariamente un sujeto.

Principio de física: todo fenómeno, toda cualidad, toda manera de ser, dimana de una cosa que es.

Este sér á que se refiere una cualidad, este sujeto supuesto por el atribulo, este sustantivo con quien se relaciona el adjetivo, es la sustancia.

 

El sujeto, el sér, es uno; las cualidades y los fenómenos que se refieren á él son múltiples: el sér, en tanto que él existe, queda siempre el mismo; los fenómenos se suceden y reemplazan.

 

En todo objeto, por una ley inmutable de nuestra naturaleza, distinguimos dos partes: fenómenos que pasan, y una sustancia que queda; cualidades variables y múltiples, y un sér idéntico. No concebimos un sér sin cualidades, ni cualidades sin sér. Esta ley de nuestro espíritu se llama el principio ó la ley de la sustancia.

 

Y ¿qué es la idea de causa, ley ó principio de causalidad? Nada hay más familiar, más constitucional en nuestro espíritu que las nociones de causa y efecto: es universal, evidente, de una aplicacion constantemente necesaria la relacion que une la causa con el efecto, y que se llama la conexion causal, ó sea el principio de causalidad.

 

En toda accion finita, llegada á su completo desarrollo, desde la causa primordial, hasta la causa definitiva, la nocion de causalidad, siendo una misma, toma diferentes nombres, como son causa eficiente., causa material, causa formal y causa final. Todo acto cumplido supone:  .º un productor,  .º un elemento;  .º un plan, y \.º un fin. Por ejemplo: en el libro de la Divina Comedia hay: .º el

 

Dante, el productor, causa eficiente; .º el libro, el elemento, causa material;  .º el plan, la idea del poema, causa formal, y .º el objeto ó resultado, el interés, la gloria ó la virtud, causa final.

 

 

 

 

 

IV

 

 

 

 

 

Y ¿en qué se distingue la idea de sér, de las de sustancia y causalidad?

 

La nocion del sér es sin contradiccion la más universal, y por consecuencia la más simple que se halla en nuestro espíritu. La idea más general que tenemos es la de alguna cosa. La nada absoluta nos es imposible concebirla, y el hablar de ella es contradecirse á sí mismo. Para concebir la nada seria menester tener de ella alguna idea, y todas nuestras ideas siempre y necesariamente se relacionan á alguna cosa, sea á cualquier cosa que es, sea á cualquier cosa que puede ser, sea á un objeto, sea á una cantidad, sea á una relacion .

 

Se llama á la ontología la reina de las ciencias, porque es la ciencia del ser, de lo que es eternamente, de lo que no puede dejar de ser, la ciencia que prueba que todos los posibles se efectúan de un modo necesario. Segun la proposicion de la escuela, «el sér es todo lo que no repugna la existencia.» Luego sér y existir es una misma cosa, porque en la idea lo mismo existe lo que es, que lo que puede ser, y la ciencia debe abrazar no sólo el sér, sino lo que puede ser, no sólo lo que es, sino todo lo que es posible que sea.

 

Antes el principio de causalidad y la nocion del sér se llamaban la idea del ente. Esta nocion se dividia en tres categorías: ente que es todo de suyo y nada de otro, lo increado, lo necesario, lo eterno, Dios; ente de otro ente, lo que subsiste mientras subsiste, la criatura; y ente por otro ente, lo que es atributo, lo accidental.

 

Algunos antiguos filósofos hacían figurar la unidad y el sér, ó lo que nosotros llamamos la sustancia, en la esencia, y llamaban

 

esencias á las ideas. La distincion entre la esencia y la sustancia no ha comenzado á establecerse hasta el reinado de la filosofía escolástica.

 

Platon hácia consistir la esencia en la sustancia.

Resumiendo:

El ente, el ser, la causa, la esencia y la sustancia; cinco nombres de una misma cosa en diferentes estados; pues ente es la idea abstracta de sér; sér es la idea más concreta de ente; causa, que es una idea general como la de ente, y más determinada que la de sér; y sustancia, que siendo la idea de ente concreto, de un sér que es de cierto modo, y de una causa que lo motiva todo, viene á representar la idea más universal y mas completa de sér.

Englobadas ya todas las cuestiones de ente, de ser, de esencia y de causa en la nocion única de sustancia, vamos ahora á examinar cuál es la idea esencial, la idea madre, el tipo ideal, la idea de las ideas.

¿De qué se componen las cosas? De una sustancia primera que existe de sí, y de otras secundarias que existen por sí.

Sustancia es lo que siempre subsiste, es lo que queda inmutable en medio de las mudanzas, es aquello que en toda diversidad permanece idéntico, como la unidad en el número; es lo que variando de estados no muda de naturaleza.

La sustancia que subsiste en sí, de sí, y por sí, es eterna por necesidad, es Dios.

La sustancia que existe por sí, es la que existe miéntras existe.

La sustancia que existe recibiendo el ser de otro, es criatura.

La sustancia que existe por otro, es atributo.

Lo que hay más abstracto en el pensamiento es lo que hay más real en las cosas, Y es indudable que para andar seguros por la tierra es menester ir mirando al cielo. Si tuviéramos bastante percepcion para conocerlo, veríamos que no hay solucion de continuidad entre el hecho y la idea, entre lo finito y lo infinito, entre el mundo y Dios.

No me parece fuera de razon la exigencia de muchos padres de la iglesia que pretenden que á lo absoluto se le llame supersustancia, más bien que sustancia, porque Dios es la única sustancia que existe en sí misma y por sí misma, de una manera absoluta; al paso

 

que todas las demas sustancias no existen en sí mismas y por sí mismas, sino de una manera contingente, miéntras que Dios es la sustancia por excelencia, la sustancia superior á todas las demás sustancias, que las ha creado á todas de la nada, que las domina y las conserva á todas. La supersustancia es, y no puede dejar de ser; cualquiera otra sustancia puede ser, ó puede dejar de ser.

 

Pero entiéndase que, cuando digo sustancia, quiero decir idea sustancial, el concepto universal y necesario con que han sido creadas todas las cosas, la idea típica. No vaya á creerse que yo doy á la palabra sustancia esa significacion material y grosera que (empezando por Tales, para quien todo era agua más ó ménos condensada, y acabando por Leibnitz, cuyas mónadas no son más que partículas de materia más ó ménos pulverizadas) le han atribuido casi todos los filósofos del mundo.

La idea de sustancia es la clave del universo concebido, y el universo material sólo es la misma idea hecha sensible. Ya dijo Raimundo Lulio: «si las leyes del entendimiento son las mismas que las del universo, conocidas aquellas, nada nos resta para conocer también estas otras.» Todo esto es cierto; sólo que aquí hay un gérmen de psicologismo que es menester extinguir hasta en su raíz. En vez de decir las leyes del entendimiento son las mismas que las del universo, debemos decir que las leyes del universo son las mismas que las que el entendimiento conoce. «Conócete á tí mismo» por el conocimiento de Dios, porque mi conocimiento no me puede dar el conocimiento de Dios, mientras que el conocimiento de Dios es el que míe puede dar el conocimiento de mí mismo.

 

Repito que en mi concepto de sustancia no hay nada que no sea puramente intelectual, y que pueda reclamar para hacer sus análisis la química más quimicológica. Escribiendo la teoría de las ideas, ya sé que expongo las reglas prácticas de las cosas, porque el universo no es otra cosa más que la encarnacion física de las leyes de la inteligencia Dios.

Hacer de la sustancia otra cosa diferente del concepto típico de la creacion , de la razon estable de las cosas, de la idea inmutable de los séres, es convertir á Dios en un alfarero, y al universo en un buen producto de alfarería. El agua condensada de Táles de Mileto, los átomos de Demócrito, de Epicuro y de Descartes, el animal

 

inmenso del universo, cuya alma es el éter, de Zenon, la sustancia universal, ó sea el fango maleable de Espinosa, las mónadas de Leibnitz; en una palabra, todos esos ázoes, oxígenos ó carbonos, masó ménos disimulados, con que se quiere establecer el principio de todas las cosas, son inepcias filosóficas de ingenios que acaban por mover lo que piensan, pensando sólo en lo que ven.

 

Son muchos y muy deplorables los errores en que, con respecto al primer principio, cayeron los mejores filósofos de la antigüedad.

Parménides no admitía más que un sér inmóvil, sin accion , sin inteligencia y sin vida.

Heráclito, casi lo mismo que Proudhon en nuestros dias, no veia en el mundo sino una especie de fuego en movimiento, una variedad indefinida, una instabilidad perpetua.

La unidad de Pitágoras no era más que una unidad estéril, y su doctrina de los números no era otra cosa más que una imágen imperfecta de, la de las ideas.

Platon, apropiándose todo lo verdadero y bueno de sus antecesores, y particularmente de los pitagóricos, si bien sólo tuvo una idea confusa de la nocion de sustancia, fundó una teoría de las ideas, prima hermana de la de sustancia, que ha sostenido á flote la dignidad humana en medio de todos los diluvios de cieno en que de época en época han anegado al mundo los sistemas materialistas.

Pero en fin, lodos estos filósofos han fundado la teoría de la sustancia en una idea más ó ménos abstracta y elevada; pero los partidarios de la escuela física se han portado como lo que son, como simples obreros de cualquier horno de vidrio. Tales de Mileto, jefe de los físicos de la primera edad científica, vio que el agua del mar, abandonada en una vasija, desaparecía poco á poco y dejaba en su lugar un residuo sólido. Observacion física bien menuda por cierto, para buscar con ella la nocion de sustancia. Notó además que todas las semillas de todas las cosas están húmedas, y que, en consecuencia, lo húmedo produce la vida, la sostiene también en las plantas bajo la forma de savia, y en los animales bajo el aspecto de sangre. No necesitaba Tales más para inferir que el agua, ó lo húmedo, es el principio de todo, ó que el caos primitivo era una masa liquida, de donde la tierra se había formado por concrecion , como aquel producto sólido que encontró en el fondo del vaso. Me

 

parece que las inducciones de los materialistas son más temerarias todavía que las de los ontólogos, pues de hechos más pequeños no se pueden deducir conclusiones más grandes.

 

Recibió esta teoría mecanista su último grado de desarrollo cuando los atomistas con Leucipo y Demócrito redujeron los elementos á una infinidad de partes homogéneas, cuyas diferencias puramente exteriores eran á sus ojos las íntimas causas de las cosas. De aquí los átomos redondos, los oblongos, y los átomos curvos que lo explican todo. Física más ó ménos progresiva, pero física vulgar: el mismo sistema de Epicuro que todo lo explica por movimientos y átomos; la misma conclusion de Descartes cuando decia: «dadme materia y movimiento, y yo os haré el mundo.»

Después de Descartes, la rama menor de sus ideas, ó sea la fraccion materialista, como Diderot, Holbach, Buffon, Maillet, Lemetrie y demás filoso-fastrería del siglo pasado, niegan la creacion , y enseñan que el mundo fué formado por sólo las fuerzas de la naturaleza; que el mundo es el gran animal y el gran todo, del cual salen todos los séres para volver á él algun dia; y que este mundo es eterno. Este modo tan grosero de edificar el universo por las solas fuerzas de la naturaleza no tiene ni siquiera el mérito de la originalidad, pues Anaximandro, Anaximenes, Tales, Epicuro y otros varios filósofos presentan la creacion del mundo de la misma manera; y este mundo, gran animal, gran todo, que todo lo produce y todo lo absorbe, y que es el gran favorito de Diderot, de Holbach y de Helvecio, es precisamente el mundo de Zenon, de Platon, de Leucipo, de Virgilio y de Séneca, y de los mejores autores que para darnos sin duda una educacion neo-pagana y semi-atea, nos hacen aprender en los colegios de primera enseñanza: enseñanza superficial, mitologesca, volteriana, que produce el racionalismo en el órden filosófico, el naturalismo en el religioso, el materialismo en el moral, y el cesariano, ó el anárquico, en el órden político-social.

 

 

 

 

 

 

VI

 

Sentado ya que las nociones de sér, de ente, de esencia y de causa son iguales á la de sustancia, y expuesto ademas que la sustancia es solamente una idea sustancial, estudiemos ahora cuál es la sustancialidad de esa idea.

Segun Platon, hay en la inteligencia una cosa universal, invariable, independiente del tiempo y del espacio, y de toda circunstancia, á saber, las ideas. Y yo añado: en las ideas hay una idea ejemplar que las resume todas, idea matriz que contiene el germen de todas las ideas, preconcepcion universal con la cual el sér concibe y crea todas las existencias, idea magna rerum mater , preconcepcion de todas las concepciones, suma de toda ciencia: lo absoluto, ó lo que es lo mismo, la sustancia.

En primer lugar. ¿Cuál es la razon de todo? La razon de todo son las ideas, son lo que está por encima de todo.

El mundo ideal existe por necesidad, es ontológico; conocido por nosotros es psicológico , y practicado por nosotros el mundo ideal se convierte en un mundo real.

El universo se compone de lo medible, de lo que mide, y de la medida de todo: lo medible son las cosas, lo que mide la razon, y Dios la medida de todo. Lo creado y lo creable no es ni puede ser más que un reflejo de lo absoluto.

Y ¿qué es lo absoluto? Lo absoluto es todas las ideas contenidas en una sola idea; es el conjunto de todas las ideas sometidas á la unidad.

Puesto que el mundo abstracto es el más verdadero porque es el eterno mundo real, busquemos la idea matriz que sintetice el conjunto de las ideas.

¿Buscaremos esta idea madre entre lo medible, entre las cosas? No; todo sér contingente sólo tiene su razon suficiente en el sér necesario. Es menester convencer á los hombres de que el carpintero que sierra una tabla lo hace obedeciendo, sin saberlo, á algun principio abstracto, á alguna ley matemática, cuyo tipo es lo absoluto, cuyo ejemplar es Dios.

¿Buscaremos, como Descartes y su escuela, la idea madre en un hecho de conciencia? Tampoco: la ciencia en nuestro espíritu está, pero no es: nuestra conciencia se va; pero el saber se queda. Fundar la ciencia en un hecho de conciencia ó de sentimiento, sin

 

tener por norte las ideas arquetípas, es entregar el mundo al desórden, es la proclamacion de la insubordinacion universal, es el «sálvese el que pueda» del género humano, es subordinar la idea al apetito, es querer suprimir la luz para ver más claro. Con el psicologismo se eleva á principio la insubordinacion; y entónces Lutero proscribe la fe, Descartes y Kant la certeza absoluta, Mallebranche la libertad, Espinosa la moral, Rousseau la autoridad, unos el libre albedrío, y todos á Dios.

 

 

 

 

 

VI

 

 

 

 

 

Dejemos, pues, lo medible y lo que mide, y subamos á la medida de lodo.

 

Empecemos por sentar, con más razon que Arquímedes, la siguiente asercion : «Dadme un punto en el espacio, y yo os daré las leyes de la creacion .»

Decía Arquímedes: «dadme un punto en el espació, y yo os moveré el mundo con mi palanca. Esto lo baria cualquier niño. Dice Descartes: «dadme materia y movimiento, y os haré el mundo físico:» también esto es fácil; seria, como era indispensable que fuese, un mundo muy mal formado; pero en fin, el mismo niño con estos dos elementos de Descartes podria jugar á hacer caos, haría un mundo físico cualquiera.

Pero yo haré más todavía. Si me dais ¿qué? la abstraccion más abstracta, la imagen de un átomo; fijaos bien en el punto de partida, sólo la imagen de un átomo, yo os haré el mundo de las ideas. Y como la razon de las ideas es la razon de las cosas, dada la razon inmutable de las ideas, estaremos en posesion de la verdad absoluta de las cosas.

Rosmini cree que para dar á la filosofía cristiana los dos caracteres de la verdadera ciencia, la unidad y la totalidad, basta admitir como innata una sola idea, á saber, que el ser es posible.

 

Rosmini pedia demasiado. Para construir la ciencia, yo me contentaré con que se me admita no una idea innata, sino una idea adquirida, no un principio verdadero , sino un principio supuesto; en una palabra, no necesito que se me conceda la existencia del sér, sino la mera concesion de que es posible la existencia de alguna cosa.

 

Supongamos la imagen ideal de un átomo fantástico, la idea del punto matemático. Con este mínimo supuesto nos basta para construir el mundo de las ideas.

Puestos en posesion de la abstraccion más mínima que es el punto matemático, despojado de toda relacion con ningún otro punto, y exento todavía de ninguna cualidad, no podemos prescindir de una cosa, y es de considerarle como una cantidad, muy mínima, eso si, pero en fin, hasta el punto matemático para ser concebible tiene que ser considerado como una cantidad. La idea de cantidad pues, es la idea sustancial de la creacion .

Y si la idea sustancial de la creacion es la cantidad, hasta de la más mínima parte de la cantidad, ó sea del punto matemático, de este punto matemático que nosotros hemos supuesto, se deben deducir por generacion necesaria todas las ideas necesarias de todas las creaciones posibles.

Veamos.

La idea de un punto me sugiere la idea de otro; éste la de un tercero; estotro la de un cuarto, y así indefinidamente. Ya tenemos la idea de una infinidad de puntos.

Si agrego estos puntos sencillamente unos en pos de otros, me dan la idea de la línea recta.

Si estos mismos puntos los voy inclinando los unos sobre los otros, ya me sugieren la idea de la línea curva.

Con estas dos líneas, la curva y la recta, sin más trabajo que el de hacer combinaciones con ellas, constituyo el espacio y todas las leyes de la geometría.

Prosigamos.

Si un punto me da la idea de unidad, este mismo punto repetido me dará la de pluralidad.

La idea de repeticion me da la de sucesion , y la de sucesion , la de tiempo.

 

Espacio, tiempo, unidad, pluralidad, agregacion y disminucion : ya tenemos todos los elementos ó ideas fundamentales de las matemáticas.

 

El pundo ideado, ¿es divisible ó infraccionable, colorado ó incoloro, movible ó inmóvil, penetrable ó impenetrable, atractivo ó repulsivo, pesado ó ligero, expansivo ó concreto? Con el examen de estas cualidades se pueden construir las ciencias físicas.

Ya tenemos cantidades y cualidades, las matemáticas y la física. Del mismo modo podriamos construir la ontologia. El punto

 

primero me da la idea de lo simple, y el segundo la de lo compuesto; aquel el principio, y el último de la serie, el fin: los dos juntos lo contiguo y lo descontiguo, lo mismo y lo diverso, la identidad y la semejanza, la unidad, el órden, la cantidad.

Y asimismo se pueden ir deduciendo en psicología la cosa que piensa sobre el punto, y el punto pensado; el sujeto y el objeto. En Teodicea y en cosmología, la relacion que existe entre las premisas y las consecuencias; el encadenamiento lógico de las causas y de los efectos; la coordinacion necesaria que hay entre el principio de las cosas y su finalidad.

Si Condillac viviera, me dirán los materialistas, ¡cuánto se reiría de vuestro punto matemático! Es posible; pero de seguro, aunque se riera mucho, nunca se reiría tanto como yo me rio de su imbecilísima estatua.

¡Con cuánto desden, me dirán los psicólogos, leería Descartes que se puede llegar al descubrimiento de todas las verdades, sin partir de un hecho de conciencia, y partiendo sólo de un punto objetivo cualquiera, de un punto matemático, de una nonada, de una imagen de una idea! También yo creo que el propagador, ya que no el inventor, del pienso, luego soy, leería con mucho desden esta semi-nada, generadora de todo, de nuestro punto matemático; pero con más lástima todavía leo yo su decantado hecho de conciencia que, á fuerza de ser inflamado como una tea por efecto de una repercusion intelectual, sólo sirve en el fondo del alma como la luz de Milton, para ver las sombras.

Lo dicho, dicho: partiendo del yo, no es posible salir del yo. La verdad es objetiva; y si me dais un objeto, un punto, una idea, fuera del hombre, yo os reharé las leyes de la creacion .

 

Dios no podria crear sin la base de la cantidad: luego la cantidad es la base de la creacion .

 

Y la creacion ¿puede estar basada más que sobre una idea madre? No; la creacion tiene que estar fundada sobre un eje comun; la ciencia ha de tener unidad; para que pueda haber armonía entre el creador y lo creado tiene que haber, no igualdad, porque eso seria imposible, sino semejanza de naturaleza entre los séres y el sér.

 

En todos los séres es forzoso que haya algo de comun, porque si todas las cosas no tuvieran una sustancia comun, la armonía del universo seria imposible. La sustancia comun es el eje que atraviesa todo lo creado actual, y lo creado venidero ó posible: el mundo real y el mundo inteligible.

¿Cuál es la sustancia? ó más claro: ¿de qué dicen los filósofos que se componen las cosas?

Se dice que habiendo buscado los filósofos la nocion de sustancia, unos en la idea de fuerza, y otros en la de extension , y no habiéndola encontrado ni en una ni en otra, se infiere que está en las dos. A mí esta inferencia me parece absurda. Una sustancia compuesta de otras dos, no seria una sustancia primaria, sino un amasijo secundario, una sustancia de tercera mano. Fuerza, y extension , por más indisolublemente que se las suponga unidas, no pueden ser sustancia, porque lo compuesto no puede ser simple.

Y ¿no seria más natural creer, como yo creo, que la fuerza y la extension no son más que dos nombres de una misma cosa, dos polos de un mismo eje, los dos extremos de la idea de cantidad, que por un lado es intensiva, y más ó ménos extensa, pero espiritual, activa, llena de vida y fuerza, y por el otro lado extensa, y más ó ménos intensiva, pero visible, y material? Esta idea de cantidad, allá en el infinito positivo, es tan vital como el pensamiento, y la misma idea, acá en el infinito negativo, es tan poco intensiva que es material como la extension .

Sentado esto, y segun nuestro modo de ver, ¿de qué se componen las cosas? De cantidad extensa, más ó ménos intensiva; ó de cantidad intensa, más ó ménos extensiva.

¿Es esto decir como el filósofo Schelling «que todo es uno, y lo mismo»'? No; esto es decir que todo es uno y diferente. Esto es querer como nuestro Fray Luis de Leon que la muchedumbre de las

 

cosas creadas se reduzca á la unidad, y que, mezclándose, no se mezcle, y que, siendo una, sea muchas, ¿Qué es el universo sino la creacion una y varia, ó sea, la variedad en la unidad?

 

No hay igualdad de sustancia, sino semejanza de idea sustancial. La idea de cantidad es el alma de todas las cosas, es la que, más ó ménos intensiva, como dice el filósofo ántes citado, gravita en la piedra, vive en el vegetal, siente en el animal, piensa en el hombre.

 

 

 

 

 

VIII

 

 

 

 

 

Casi todos los grandes filósofos, aunque Lodos ellos de una manera muy vaga, han señalado alguno de los atributos de la cantidad como la sustancia de las cosas. Para Pitágoras, el viejo del espiritualismo, todo está fundado en los números, y el alma misma es un número que se mueve á sí mismo. Plotino, con la penetracion que le era caracteristica? desarrolló más adelante este mismo pensamiento. Platon representa á Dios creando y órdenando los elementos y el alma por relaciones matemáticas. En esta brillante dinastía de reyes del espiritualismo, viene San Agustin á asegurar que la razon no es más que un número; y Descartes despues á decir que todas las relaciones que pueden existir entre los seres de un mismo género se reducen á dos, el órden y la medida; por lo cual el agudisimo Mallebranche ya dividió todo género de relaciones de las cosas en dos categorías de ideas, las de órden, que son más ó ménos perfectas, y las de medida, que son más ó ménos grandes. Segun Kircher el número no es más que la razon desarrollada; y Leibnitz asegura que el número es como cierta figura metafísica, y la aritmética como cierta estática de todo, que sirven para escudriñar los secretos de las cosas. Maistre señala el número en cada cosa. Bonald, tomando por base la proporcion matemática que la causa es al medio, como el medio es al efecto, enseña, entre otras cosas, que Dios es al Verbo, como el Verbo es al universo. Laplace y Poisson

 

van más lejos que todos aplicando el cálculo de las probabilidades á las ciencias morales, y asegurando el primero que los movimientos del pensamiento están sujetos á las leyes de la dinámica. ¿Por qué todos estos filósofos, en cuyas venas circulaba la sangre de raza pura, señalan todos, aunque indeterminadamente, cierta forma de la cantidad, como la sustancia de las cosas? Algunos filósofos modernos, entre otros Bordas y Huet en Francia, y Mateos en España, han aumentado la dificultad de la nocion de sustancia, creyendo resolverla para siempre. Lo mismo que Demócrito, Epicuro y Descartes sólo entienden por cantidad la extension material, y á la idea de extension la han añadido otra diferente, la de fuerza, y han definido la sustancia del modo siguiente: «La sustancia se compone de fuerza y extension indisolublemente unidas.» Pero, por muy indisolublemente unidos que estén, dos elementos diferentes no pueden componer una sustancia única. Y si la sustancia no es una, todos los problemas más importántes de la metafísica quedan sin solucion posible, tales como el órden del universo, la union de lo físico con lo mural y la coexistencia de lo finito con lo infinito. Ni el universo puede tener por base más que una idea sustancial única, ni la ciencia se compone más quede una sola idea. Para resolver la dificultad, en vez de concebir la cantidad como un elementopasivo, como los ilustres metafísicos que nos han precedido, y sin necesidad de ponerla en movimiento con el elemento extraño á ella llamado fuerza, como han hecho nuestros sabios contemporáneos, no se puede concebir la creacion sin despojar á la cantidad de su complexidad y pasividad, considerándola como sustancia única y activa. Los antiguos no han conocido más que la verdad á medias; pero esta media verdad la convierten hoy nuestros contemporáneos en un completo error. Siento con todo mi corazon disentir radicalmente en esta cuestion de la opinion de algun amigo querido; pero la verdad es ántes que todo, y por eso me veo obligado á decir que la nocion de la sustancia venia sencillamente iniciada por todos los grandes filósofos, los cuales la lijaban tradicionalmente en algun atributo de la idea de cantidad. Esta nocion empezó á ser estropeada por Descartes, imitando á Demócrito y Epicuro, pues convirtió la cantidad en la idea material de la extension , añadió á la sustancia de los cuerpos otra sustancia diferente para los espíritus,

 

el pensamiento, y de este modo cortó las relaciones entre lo físico y lo moral, truncando la ley armónica de la creacion , que consiste en la ley de continuidad que dice: que un ser que tiene un principio, tiene su principio en otro; destruyó la ley de causalidad rompiendo la conexion causal entre unas cosas y otras cosas; y sin tener presente la tésis de razon suficiente, que cada efecto tiene una razon suficiente., de la cual él es la continuacion , y él se vuelve a su vez la razon suficiente de otro efecto. Pero los modernos, queriendo simplificar el problema, lo han embrollado mucho más que Descartes, á pesar de la ilusion de Bordas que, á propósito de su teoría de la sustancia, decia no la cambiaría con Platon por su Parménides, que es la obra más sublime de la filosofía anterior al cristianismo. Y ¿qué ha hecho Bordas para estar tan satisfecho de su teoría? Lo siguiente. Descartes hizo de la extension material la sustancia de los cuernos, y de otra cosa, el pensamiento, la sustancia de los espíritus. Bordas constituyó el pensamiento por la fuerza, la unió, por medio de algun conjuro, indisolublemente á la extension , y de este modo creyó volver á unir la solucion de continuidad, terraplenando el abismo que había dejado Descartes entre la extension y el pensamiento, ó sea, entre la materia y el espíritu, Pero repito que Bordas ha faltado en su teoría á las más rudimentarias nociones de metafísica, queriendo hacer un simple de dos compuestos, por más que esos dos compuestos los quiera unir indisolublemente por medio de no sé qué cal hidráulica ó cimento romano. Dos cosas indisolublemente unidas, estarán indisolublemente unidas; pero son dos cosas. El medio que los una será todo lo viscoso, todo lo fundente que se quiera; pero una sustancia compuesta de ese modo, nunca será una sustancia, sino tres sustancias, las dos cosas unidas, y la viscosidad que las une.

 

He sabido con sentimiento que Bordas ha muerto; pero agradecería á sus predilectos discípulos los señores Huet y Leomoine en Francia, Hanegraft y Stapers en Bélgica, Montanelli en Italia, y Mateos en España, que, ó me prueben lo contrario, ó me confiesen que su respetable maestro ha hecho retroceder la cuestion de la nocion de sustancia hasta mucho más allá de Pitágoras.

 

A pesar de todo, lo mejor será que, ántes de entrar en polémica, veamos si nos ponemos de acuerdo. Dice Mateos que habiendo buscado lodos los filósofos la nocion de sustancia, unos en la extension , y otros en la fuerza, esto prueba que está en las dos; y, sin más discusion ni sacramento, casa á la fuerza con la extension , uniéndolos al aire libre con el mismo lazo intelectual y moral que pudiera tener el matrimonio de Teresa con Rousseau. La deduccion me parece poco lógica. Una vez que todos los filósofos han buscado la sustancia, estos en la extension y aquellos en la fuerza, ¿no es inferencia más natural la de que todos los filósofos han dado nombres diferentes á una misma cosa? Ó más claro: ¿no es más sencillo creer que esa extension no es otra cosa más que una fuerza distendida, y que esa fuerza es solamente una extension concentrada?

 

Antes de pasar adelante, devolvamos á la idea de cantidad la significacion superior y o ontológica que le han atribuido los más grandes pensadores de la tierra. La cantidad puede ser extensa como los cuerpos é intensa como los espíritus. La extensa es medible, la intensa es valuable. De estos dos diferentes estados de la cantidad, el intensivo y el extenso nacen dos diferentes órdenes de ideas, uno de ideas de grandeza moral, y otro de ideas de grandor físico: las ideas de perfeccion, para ser valuadas, tienen su álgebra especial, que es la lógica; las ideas de magnitud, para ser medidas, tienen su lógica particular, que es el álgebra. Las cosas tienen más ó ménos grandor físico, segun se aproximan más ó ménos á lo absoluto de la extension inteligible: y poseen mayor ó menor grandeza moral segun so acercan más ó ménos al tipo de la perfeccion absoluta. Ruego á mis lectores que se fijen en este párrafo, porque él resume lodo este libro; y siendo el epílogo de toda la filosofía de lo pasado, aunque me parezca á Bordas, tengo la presuncion de creer que será el prólogo de la filosofía del porvenir.

 

 

 

 

 

 

VII

 

Pero, aun á riesgo de repetirnos, volvamos á la nocion de sustancia, á esa cosa que es lo que es,que no tiene edad, que es un rostro que no muda.

 

Pero digo mal: no volveremos á ocuparnos en la nocion de sustancia, sino en la nocion de la idea sustancial.

Y repito con afectacion idea sustancial , y no sustancia, porque así como todos los sistemas filosóficos de la antigüedad responden á esta pregunta: «¿Cuál es el principio de las cosas? » y los sistemas modernos inquieren: «¿cuál es el principio de nuestros conocimientos? »; nosotros, pareciéndonos que lo primero tiene algo de panteístico, y lo segundo de psicológico, preguntamos, formulando concretamente el principio y fin de nuestro sistema: «¿Cuál es el principio del conocimiento de todas las cosas posibles?

»  De este modo, delineando el mundo ideal, no sólo explicaremos la razon de este mundo, sino la de lodos los mundos que podrán venir.

Leyes de sustancialidad: «Todo fenómeno que varía es referido á la identidad de un sér que le sirve de base, de fondo, de sustentáculo. »

«Todo atributo, ó modo de ser, se refiere á una sustancia, á un fondo que no puede dejar de ser. »

¿Qué es sustancia? Sustancia es lo que, en toda diversidad, permanece idéntico; por ejemplo, la unidad en la muchedumbre. La sustancia, variando de estados, no varía de naturaleza: muda de modos de ser; pero no muda de ser..

Cuando, suprimiendo una cualidad de la cosa, la cosa desaparece, esa cualidad que se suprime es sustancial.

La sustancia tiene una infinidad de modos de ser; pero no tiene ninguno de dejar de ser.

La sustancia es lo que no tiene antecedente.

¿Cuál es el elemento de que se forman las cosas?—La sustancia. —Y ¿cuál es la sustancia de las cosas?—La cantidad.—Y ¿qué se entiende por cantidad?—La cantidad es todo lo que es susceptible de aumento ó diminucion, sin cambiar de naturaleza, ni perder ninguna de sus propiedades generales.

Y puesto que ya sabemos que la cantidad es la esencia de las cosas, sigamos diciendo cuál es la esencia de la cantidad.

 

La cantidad es todo aquello de lo cual, por adicion , ó por sustraccion , se puede deducir siempre una serie infinita de números

ó  grados. Por ejemplo: supongamos el tamaño, ó cantidad extensa, de este libro; deduzcamos de él la mitad; despues partamos por medio esta mitad de la mitad; luego sigamos dividiendo la mitad, de la mitad, de la mitad de este libro, y así sucesivamente, y haremos una serie interminable de sustracciones, siendo la serie inagotable, porque es infinita. Pues bien, eso que primero materialmente, é inteligiblemente despues, nos sirve de base para el cálculo, es la sustancia, es la cantidad externa de este libro. Reproduzcamos el

 

ejemplo que con otro motivo escribe Bordas:   etc. Esta serie es inagotable, porque por más mitades de mitades que se adicionen, jamas se llegará á componer la unidad; y la idea sobre la cual se repiten estas operaciones hasta lo infinito, es la sustancia del libro.

 

Esto en cuanto á la cantidad física.

Reproduzcamos la misma operacion en cuanto á la cantidad moral.

Supongamos que este libro tiene la bondad de un grado. Figurémonos otro libro de la mitad de la bondad de ese grado, adicionémosle otro libro de la mitad de la mitad de este segundo grado; y luego otro de la mitad de la mitad de este tercero; y por más adiciones que hagamos de mitades de mitades, haremos una serie infinita de mitades de mitades, y de fracciones de bondades; pero jamás la reunion de todos esos libros que son todos buenos en un cierto grado, acabarán por llegar adicionados á tener un grado de bondad como el de este libro. Pues bien: esa cantidad intensiva, esa bondad que liemos ido evaluando, es la sustancia, es la cantidad intensa de este libro.

De lo cual resulta que la cantidad es lo esencial medible ó valuable de cada cosa.

Dios hizo el mundo con cantidad, es decir con número, peso y medida; y la mejor definicion que se puede dar de la cantidad, es repetir la del texto sagrado, diciendo: «que es la propiedad de toda cosa en cuanto está sujeta á número, peso y medida.

 

Ya liemos dicho que las cosas se componen de una sustancia; que la sustancia es la cantidad; que la cantidad es el continente de todas las existencias, y ahora sólo nos falta añadir, que la existencia es un conjunto de cualidades contenidas en alguna cantidad: ó, en ménos palabras, toda existencia se compone de una sustancia y de algun accidente, de un ser y de un modo de ser, de una cantidad continente y de una ó más cualidades contenidas.

De esta manera todo el saber se encierra en la metafísica, ciencia de la idea sustancial, de lo supremo intensivo, tipo de lo inmensamente sabio, y de lo inmensamente bueno; y despues se divide en matemáticas, ciencia que se reduce á combinaciones sobre la idea de cantidad extensiva, cuyo tipo es lo inmensamente sabio, y en moral, ciencia de las combinaciones de la cantidad intensiva, y cuyo tipo es lo inmensamente bueno.

Así es como con la cantidad Dios hace el mundo, y como por la cantidad el hombre lo mide; así es como Dios lo crea, y así es como el hombre lo comprende.

 

 

 

 

 

 

 

 

          

 

 

 

 

 

 

 

          

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

 

¿Existe un sor absoluto, al cual necesariamente se refieran como tipo torios los seres relativos posibles?

 

Para responder á esta pregunta, tomemos la demostracion conocida en las escuelas bajo el nombre de «prueba por el sér necesario.» Hé aquí como procede: Es menester admitir un sér necesario, ó la nada. Ahora bien, es evidente que la nada no puede ser el principio de los seres: luego debe admitirse un sér necesario y eterno, siendo este sér, necesario y eterno, necesariamente infinito.

 

Y, como consecuencia de esto que dejamos sentado, ¿existe una verdad de la cual dimanan necesariamente todas las demas? Contestacion : en el órden de los séres, en el órden intelectual universal, en la religion de la ontologia, si; pero en el órden de los hechos fenomenales, en la esfera de las cosas sensibles, ya materiales, ya psicológicas, no.

Los principios absolutos están en Dios en acto, y en el hombre en potencia; en Dios son, yen el hombre se conocen. Estos principios que en la vida práctica se traducen en máximas de una aplicacion

 

universal, infinita, necesaria y absoluta, se nos presentan como leyes inmutables que reinan soberanamente sobre toda nuestra naturaleza pensadora, y sobre lodos los mundos actuales y posibles. Estos principios absolutos tienden todos, más ó ménos directamente, á considerar á Dios como un sér inteligente y moral. Tales son, por ejemplo, unos que se refieren á la inteligencia de Dios: «no hay fenómeno sin causa, ni serie de causas segundas, sin una causa primera;» y otros que se refieren á la bondad de Dios: «todo sér ha sido creado para un fin;» «no quieras para otro lo que no quieras para ti.»

 

Como lo absoluto es una ciencia de máximas, es el principio y fin de todas las verdades, porque es la primera y última verdad, todas sus ciencias las edifica por la sola fuerza del raciocinio, ya sobre los fundamentos de la cantidad extensa, del número, del espacio, ciencias físico-matemáticas; ya sobre la base de la cantidad intensa, vida, pensamiento, ciencias fisiológicas, políticas y morales. Estas ciencias de lo posible se aplican enseguida por lo inteligible á lo real, sin que tornen nada ni de lo real ni de la experiencia; porque en la inteligencia todo es á priori, todo lo que saca de sí lo aplica á lo real como venido del cielo. Es imposible la falibilidad humana cuando se apoya en principios tan universales, tan eternos, tan inmutables como estos, que son parte de la infalibilidad divina: «es imposible ser y no ser á un mismo tiempo;» el todo os mayor que la parte;» «una línea perfectamente circular, no tiene ninguna parte recta;» «entre dos puntos dados, la línea recta es la más corta;» «el centro de un circulo está igualmente distante de todos los puntos de la circunferencia;» «un triángulo equilátero no tiene ningún ángulo obtuso;» «un sér ilustrado no debe ofender á su semejante.» Todas estas verdades no pueden sufrir ninguna excepcion ; jamás podrá haber un sér, línea, circulo, ángulo, que no sean segun estas reglas. Estas reglas son ántes y despues de todos los tiempos, porque existen en Dios por sí, y en nosotros por Dios.

 

 

 

 

 

 

II

 

Lo absoluto, eso que por los escépticos suele llamarse el secreto de Dios, es la multiplicidad conocida en la unidad. Un hombre sin una idea absoluta á que referir todas sus ideas relativas sería un buque lanzado sin brújula en alta mar.

A una idea sintética, que explica todas las cosas, y que comprende lo mismo al Creador que á todo lo creado posible, se la llama la ciencia de lo absoluto.

Lo absoluto es la verdad necesaria de toda cosa posible.

No se suelen atribuir á lo absoluto más que dos orígenes, el uno ontológico y el otro psicológico. Lo absoluto es lo que es verdadero en sí, lo que no ha sido constituido por nosotros, y lo que era ántes, y será despues de nosotros. Por ejemplo: si faltase yo, ¿qué quedaría? Todo, ménos yo. Y todo lo que existe de modo que pudiera no existir, ó existir de otra manera, es contingente, no es necesario, no es absoluto. Es así que, si yo fallase, existiría todo, ménos yo: luego el yo es contingente, y jamás de la psicología puede salir lo necesario, Jo absoluto.

Si no examinamos más que los dos elementos variables de la vida el yo y el no yo, el espíritu humano y la materia, desentendiéndonos del sér ontológico ó lo absoluto, desde entónces toda la vida está en lo relativo, en la relacion del yo con la naturaleza; nada es verdadero, bueno y bello absolutamente; no hay nada para el hombre más que lo probable, lo útil y lo agradable, y la vida está limitada al punto de vista terrestre; y entónces el epicureismo, y hasta el vegetalismo, es lo más sublime de nuestros conocimientos y lo más santo de nuestras acciones. ¡Teorías y prácticas de gente ordinaria!

Hacer de la psicología la ciencia primera es confundir el órgano de la razon con la razon; es tomar nuestra inteligencia limitada, por la inteligencia suprema; es equivocar el discípulo con el maestro; es tomar la copia por el original. El orígen de lo absoluto no puede ser subjetivo, ó psicológico: es exterior al hombre, es objetivo.

El orígen de lo absoluto, es, pues, exclusivamente ontológico. Nuestra razon ha sido justamente llamada el órgano ó la facultad de la razon: ella, razon relativa, nos hace conocerla razon absoluta, o universal, lo necesario, lo inmutable, las relaciones que no cambian y que son las leyes y las condiciones de todos los seres. Lo

 

inteligible externo, lo verdadero y bueno absoluto, es invariable; lo inteligente interno, lo que entiende es falible. Si lo que entiende entendiese siempre cómo es lo entendido, no habría errores: la verdad ontológica es la verdad tipo; la psicológica es verdad ó es mentira, segun la exactitud con que se copia el original supremo.

 

Aunque nuestra razon, no es la razon, aquella es el órgano por medio del cual se conoce esta. Uno de los caracteres de la inteligencia es el generalizar, el percibir lo comun en lo vario, el reducir lo múltiplo á la unidad; y esta fuerza de sintetizaron es proporcional al grado de inteligencia.

El bruto está limitado á sus sensaciones y á los objetos que se las causan: nada de generalizar, nada de clasificar, nada que se eleve sobre la impresion recibida y el instinto de satisfacer sus necesidades. Los brutos verán muy bien uno, pero nunca distinguirán la unidad; percibirán los elementos del número, pero jamás entenderán la numeracion ; verán un triángulo, dos, mil triángulos juntos, ó bien uno despues de otro, pero nunca conocerán la trigonometría; percibirán lo individual, pero jamás lo general; verán los hechos, pero no la ciencia.

.Segun Santo Tomás, á proporcion que los espíritus son de un órden superior, entienden por un mi mero menor de ideas más generales, y así continúa la disminucion hasta llegar á Dios, que entiende por medio de una idea única, que es su misma esencia. Así como existe un sólo autor de todos los seres hay una idea única que las encierra todas. Quien la posea plenamente lo verá todo en ella. El adelanto de la inteligencia se cifra en reducir á la unidad la multiplicidad, en hacer que en el menor número de ideas posible se encierre el mayor número de aplicaciones posible. Cuanto más vasto es el pensamiento es más uno, y cuanto más uno es más vasto.

La unidad, la ciencia absoluta, es una gravitacion intelectual de nuestro espíritu. A pesar de la dispersion en que se nos ofrecen las cosas en las direcciones más remotas y divergentes, si las miramos desde cierta altura, advertimos que las percepciones se van unificando, van convergiendo á un centro en el cual se enlazan como las madejas de luz en el sol que las despide. Esta gravitacion de la inteligencia hácia la unidad prueba que existe en efecto la

 

ciencia trascendental de lo absoluto, que encierra todas las demas ciencias, y que ella á su vez se refunde en un solo principio, ó mejor, en una sola idea, en una sola intuicion .

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

 

¿Cuáles, en fin, ese principio en que se refunde la ciencia que encierra todas las ciencias? Lo absoluto.

 

Y ¿qué cosa es lo absoluto?

Lo absoluto es el desarrollo de una idea universal que comprende el conjunto de las reglas de todas las cosas sin excepcion .

Esta es la definicion de lo absoluto, y por eso este libro debe ser una coleccion de verdades unilogizadas, absolutas, de necesidad incondicionada, de evidencia inmediata y perfecta, y de universalidad que no admita una sola excepcion .

¿Cuál es la idea universal, la sustancia, la nocion de lo absoluto, que hemos dicho sirve de base á este libro? La idea de cantidad. La idea sustancial, subdividida en cantidad extensa, más ó ménos intensiva, ó sea grandor; y en cantidad intensa, más ó ménos extensiva, ó sea grandeza, produce las dos únicas categorías de ideas del pensamiento humano, que son las de grandor, ó magnitud física, y las ideas de grandeza ó perfeccion moral.

Lo absoluto es el desarrollo de esta idea. La única idea necesaria es la idea ontológica de cantidad. De esta idea sustancial nacen todas las demás ideas, por una generacion espontánea, se deducen todas las concepciones posibles por una necesidad lógica indeclinable.

Lo absoluto es el estudio abstracto de la idea necesaria, ó sea del alma de todas las cosas en general, y las ciencias son el examen de esta misma idea en los objetos, ó sea del alma de cada cosa en particular.

 

Lo absoluto es el estudio de la idea sustancial, y la idea sustancial es la suma de los conocimientos humanos. Es el principio universal, es decir, es el principio de todos los principios comunes á todos los séres posibles. Es la ciencia del entendimiento increado, fuente de las ideas, ó sea de las razones eternas de las cosas.

 

Siendo el órden la variedad sometida á la unidad, lo absoluto es la expresion suprema del órden.

La necesidad de la unidad es una ley del entendimiento humano. Por una instintiva ascension intelectual y moral, los entendimientos se suben á las ideas generales para ver mejor. Para la inteligencia infinita no hay más que una sola idea; el don de los genios es tener pocas ideas y muy universales; las medianías sólo ven muchas ideas particulares, sin un lazo comun que las sintetice.

Lo absoluto es la unificacion de todas las variedades, es la verdad universal que contiene todas las verdades particulares. El estudio de lo absoluto produce por la ciencia la verdad, por la moral la virtud, y, por el reflejo de ambas, la belleza; y de su contemplacion resulta, por la ciencia el amor á lo cierto, por la moral el amor á lo bueno, y por la religion la vision beatífica, que es la adoracion al autor de lo cierto, de lo santo y de lo bello.

 

 

 

 

 

IV

 

 

 

 

 

Este libro ¿contiene la verdad? Yo creo que sí. Y sobre todo, lo que yo sé es que he escrito un libro con una idea, y que, si esta idea no es el saber absoluto, por lo ménos es el método para encontrarlo. Este libro responderá á todo mal, pero responde á todo. No tengo la vanidad de la sabiduría, pero sí la pretension de ser lógico. La sabiduría es un don de Dios. La honra de un escritor es la lógica. ¿He sido lógico? Pues he cumplido con mi deber.

 

Cuando un filósofo, ó, por mejor decir, cuando un aficionado á la filosofía, como yo, se encuentra con el escepticismo de algun

 

magnate político, como Pilátos, que con una sonrisa siniestra como el relámpago que cruza una noche de tempestad, le pregunta á uno: ‘'¿Qué cosa es verdad?» está obligado á responderle con un libro, diciéndole «la verdad es esta.»

 

El pensador que se estime á sí mismo, y que respete al público, tiene la obligacion de resumir sus ideas del modo siguiente:

 

La idea de, un libro, y el libro de una idea.

Todo escritor de moralidad científica debe tener un principio, una clave que sea la base de todas sus obras; una idea única, lazo lógico de todos sus pensamientos; una sola nocion que sea su criterio universal é infalible, y por el cual no sólo se pueda apreciar el conjunto de sus publicaciones pasadas, sino que ayude á prever y señalar preliminarmente las proposiciones que pronto ó tarde ha de afirmar ó negar, las doctrinas futuras, de las cuales se ha de constituir por necesidad el defensor ó el adversario; que por la idea de su libro se puedan apreciar y juzgar sus afirmaciones y sus negaciones, sus tésis explícitas y hasta sus implícitas reservas, lo mismo las cosas que dice que las cosas que calla; y que, si se despertase, como Epiménides, despues de un sueño de cincuenta años, y se le preguntase, apenas volviese en sí: «¿qué cosa es la verdad? contestase sin vacilar, mostrándonos el libro de su idea: «La verdad es esto.»

Y ¿qué es para nosotros la verdad?

Miradla.

Para hacer más comprensible la idea de este libro, veamos en lo que conviene y en lo que no conviene, en las principales cuestiones, con las más radicales escuelas de filosofía.

ORIGEN DE LAS IDEAS.

Los sensualistas.—Todas las ideas nos vienen por los sentidos. Los cartesianos.—Todas las ideas son concebidas en el

 

entendimiento.

Este libro.—El entendimiento crea todas las ideas, deduciéndolas necesariamente de la idea de cantidad, idea necesaria con que ha sido creado.

LOS UNIVERSALES.

El realismo.—Los géneros y especies son cosas.

El nominalismo.—Los géneros y especies son nombres.

 

El conceptualismo.—Los géneros y especies son conceptos. Este libro.—'Los géneros y especies son realismos deducidos de

 

la realidad de la idea sustancial.

PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO.

Los kantianos.—La idea no garantiza nada más que á sí misma. Los cartesianos.—Dios es veraz, y no se complaceria en

engañarnos: luego es verdad lo que vemos.

Este libro.—El conocimiento se efectúa por medio de la idea sustancial, con que han sido creados así el sujeto que conoce como la cosa conocida.

¿QUÉ ES FILOSOFÍA?

Todos los dogmáticos.—La filosofía es la investigacion de los primeros principios.

Todos los escépticos.—No hay primeros principios.

Este libro.—La idea ontológica de cantidad es el principio absoluto de certeza.

¿QUÉ ES CIENCIA?

Los escoceses.—Toda ciencia viene del empirismo.

Los alemanes.—Toda ciencia tiende á librarse del empirismo.

Este libro.—Nada es científico más que lo ontológico.

NOCION DE CAUSA.

Los escépticos.—Las ideas de causa y de sustancia sobrepasan la sensacion , son quimeras.

Los críticos.—Las ideas de causa y de sustancia sobrepasan la sensacion , son necesariamente concebidas por el espíritu, y sólo á él lo prueban.

Este libro.—La idea de sustancia, que es la misma de causa, es el primer principio necesario, que lo prueba todo por necesidad.

DIVISION DE LAS IDEAS.

Los aristotélicos.—Es menester erigir una tabla de categorías.

Los eclécticos.—No hay tabla de categorías.

Este libro.—De la idea mitológica de cantidad se derivan las dos únicas categorías de ideas, las matemáticas y las morales.

Y, despues de esta sucinta exposicion , vuelvo á preguntar:

Este libro ¿responde á la verdad? Repito que yo creo que sí; y sobre todo, lo que yo so evidentemente es que este libro responde á su idea, y que su idea responde á todo.

 

V

 

 

 

 

 

¿Veis en un vasto océano cruzar los buques en mil direcciones y hasta en rumbos opuestos, (dice el Sr. Azcárate), llevando todos un objeto especial en su viaje y un punto diferente en su destino? Pues esas son las distintas ciencias á que podeis dedicaros; pero tened presente que esos buques que navegan con vientos encontrados, en tan distintos rumbos y con destinos diferentes, todos, todos tienen un punto de contacto, todos tienen su brújula, y en todos esta brújula se dirige á la estrella del norte; y ¡desgraciado del buque que pierde esta brújula! Así son las ciencias especiales: la legislacion , la medicina, las lenguas, la literatura, las bellas arles, las matemáticas, la administracion , la política, todos son buques que marchan en distintos rumbos; pero ¡desdichada la tripulacion que no vaya á buscar á la alta filosofía los primeros principios que descubren el enlace, relacion y conjunto de todos los conocimientos en el órden de la razon y de la ciencia!

 

Y lo mismo que en la ciencia sucede en la moral: esas esperanzas siempre muertas y siempre vivas, esas resignaciones que parecen inagotables, esos sacrificios hechos á la idea de una recompensa póstuma; esos cruentos fallos de la justicia, dados en desagravio de una divinidad equitativa y eterna; esas confluencias de todas las conciencias hácia un punto dado, que unas veces recaen sobre lo cierto, otras sobre lo bueno, y otras sobre lo bello, y que se llaman juicios de la opinion ; esas vagas aspiraciones de nuestros deseos, que cuando toman una direccion se llaman buenos, y, si toman la direccion contraria, se califican de malos; todos tienen un lazo comun que los unifica en cierta parte, y es el instinto moral que les sirve de brújula para tomar por punto de partida y tipo de comparacion lo absoluto bueno y lo absoluto verdadero; y sin esta estrella polar del horizonte moral la esperanza sería una decepcion, la resignacion una ignominia, el sacrificio una ilusion , la justicia una venganza, la Opinion un capricho, y los deseos contrariados unos tormentos estériles.

 

Todas las expansiones de nuestro sér humano aspiran á un infinito vivo, real y personal, que nos comunique todos los secretos de la verdad, de la cual está ávido el entendimiento, y que nos inunde de toda la dicha moral que presiente, y de la cual se halla tan ansioso nuestro corazon. Todos los instintos del hombre reclaman una providencia conservadora de un órden universal, tipo de todo saber; y una providencia, testigo incorruptible de todos los movimientos de los corazones, refugio contra los arrebatos de las pasiones y asilo seguro de los desventurados que padecen.

 

¡Sí! ¡sí   Ademas del espectáculo de las leyes lógicas de la creacion , modelo de nuestro saber y objeto de nuestra admiracion , necesita apoyarse la voluntad humana sobre la idea de un órden eterno y absoluto, sobre la nocion de una justicia inmutable. Si no fuera por este pensamiento, ¿qué podria animarnos á los combates casi siempre estériles de la ciencia, y á los sacrificios ¡ay! tan pocas veces recompensados en la tierra, de la virtud?

 

¡Sabios de este mundo! la ciencia es una decepcion, si vuestro saber no es un reflejo de las leyes del Ser Supremo. ¡Jueces de la tierra! la equidad es un sentimiento del infierno, si la conciencia humana es otra cosa más que el eco de la voz de Dios. Sacerdotes y filósofos, alzad la frente, y tomando por guia lo absoluto bueno y lo absoluto verdadero, predicad á los pueblos y á los reyes que hay una cosa que está sobre vosotros y sobre ellos, y es una verdad imperecedera que siempre es la misma, y una justicia inmutable, que serán la regla universal que eternamente servirán de tipos, y con las cuales serán medidas todas las conciencias, y todos los entendimientos pasados, presentes y futuros.

 

¡Sabios de este mundo! no desconfieis de la ley del progreso humano, y pensando siempre en lo absoluto, id deduciendo de él las verdades secundarias que han de hacer que lo imperfecto camine incesantemente y con más rapidez hácia la perfeccion.

 

¡Jueces y sacerdotes! sed justos y buenos: no os olvideis de que sois los representántes de Dios sobre la tierra, y que vuestros consejos y vuestros fallos han de estar ajustados á una equidad eterna, siempre verdadera y siempre inmutable, y que es lo absoluto de la justicia divina.

 

 

 

 

 

 

          

 

 

 

 

 

 

                  

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

 

El problema del orígen de la creacion no tuvo nunca más que tres soluciones.

 

EL ESPIRITUALISMO. «La creacion es el producto de un acto todopoderoso que llama á la existencia á seres que ántes no la tenían.»

EL DUALISMO. «El mundo es el resultado de dos principios coeternos y necesarios.» Es imposible que este sistema sea verdadero, porque es contradictorio, pues aniquila lo mismo que crea. Destruyendo la nocion del infinito, destruye la realidad del espíritu y la materia, del mundo y su causa.

EL PANTEÍSMO. «El mundo es el desarrollo de la sustancia divina; ó, en otros términos, Dios es todo, Dios es todas las cosas.» Esto no es una creacion , sino una emanacion . Los impugnadores de la creacion, y amigos de la emanacion , se apoyan en el antiguo axioma de que de nada no se hace nada. Aquí hay una confusion de palabras que es menester aclarar. Cuando se dice que Dios ha sacado el mundo de lanada, no se quiere decir que Dios haya sacado el mundo de la nada como de un objeto, de una causa material preexistente, como el alfarero saca de un pedazo de barro la materia de que forma un vaso; pues en este sentido el axioma de

 

que de nada, nada se hace es de una verdad incontestable. Pero se oye decir que Dios hizo pasar al estado de sér lo que se hallaba en el estado de nada, ó dió el sér á lo que no era; de suerte que la nada no fué Ja causa material, sino la causa accidental, transitoria, ocasional, del sér que no era.

 

La doctrina panteistica que admira por su unidad, espanta por su bajeza. No conozco nada más repugnante que esa sustancia única, que esa gran piel de zapa mágica, que se dilata ó se aminora por no sé qué necesidad instintiva que, segun los más notables filósofos de la Alemania moderna, unas veces entra en un período de ensimismamiento, otras en el de manifestacion , y otras en el de reconcentracion. Cuando me veo asfixiado dentro de este mar muerto del pensamiento, me arrojaría de buen grado aunque fuese en el pozo del materialista Demócrito, en aquel pozo profundo de donde no podia sacarse la verdad. No hay en mi corazon bastante desprecio para echarlo sobre una doctrina que despues de destruir al hombre intelectual, aniquila al hombre moral. Examinémosla ligeramente bajo estos dos puntos de vista. Destruye al hombre intelectual, porque si todos somos una misma unidad, ¿de dónde nos viene la idea de número? Si no hay más que un ser, si todo es idéntico, no hay nada distinto, y la idea de distincion es otra quimera; y si, segun los panteistas, son absolutamente idénticos el sujeto referido y el extremo de la referencia, la idea de relacion es también absurda, pues no hay verdaderas relaciones, sino apariencias de relaciones. Si no hay más que un sér solo, y es imposible todo sér que no sea el mismo, resulta que la idea de no ser es contradictoria, y que son absurdas todas las proposiciones que se apoyan en el principio de contradiccion , de que es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo, que es el sosten de todos nuestros conocimientos. La idea de contingencia es asimismo contradictoria, pues en el panteísmo todo lo que puede ser, es, y por consiguiente todo es necesario. Las ideas de finito é infinito tampoco pueden coexistir, pues una de ellas es contradictoria, porque no hay más que una sola cosa, ó finita, ó infinita. Además, semejante sistema de confusion absoluta destruye la idea de órden, porque donde falta la distincion , falta el órden. Y esta doctrina no sólo aniquila al hombre intelectual, sino al hombre moral; pues como todo

 

es necesario, todo es fatal, y el libre albedrío es un sueño, y la libertad una decepcion. Y como no existen las relaciones que se refieren á otro, pues todo es uno mismo, no hay ni puede haber los sentimientos de amor, de respeto, de gratitud, ni de nada de lo que suponga una persona distinta del yo humano, que no es más que el repliegue de otro yo, que no quiero llamar divino, pero que es un abismo que todo lo traga, un monstruo más tenebroso, más indeterminado, que todos los monstruos que ha inventado la imaginacion extravagante de los gentiles.

 

Temo que algun lector, al ver que yo me siento indignificado al considerarme como un modo de la sustancia universal, me acuse á mí también de algo panteista , echando de ver que en filosofía soy un unitarista radical. Prevengamos la objecion . La sustancia de los panteistas es una especie de pasta más ó ménos maleable de que se componen las cosas en inevitable continuacion desde Dios hasta la molécula más mínima. En el panteísmo el conjunto compuesto del creador y de lo creado es un inmenso calamar que se estira ó se encoge segun le acomete la necesidad de la expansion ó de la concentracion . Yo no hablo en mi sistema de una sustancia, sino de una idea sustancial. El panteísmo dice: Dios se desarrolla de este modo; y yo digo: Dios crea bajo esta forma. El panteísmo asegura que todas las cosas se componen de una misma cosa; yo opino que todas las cosas son creadas bajo el plan de una misma forma. En la emanacion panteistica la creacion es siempre una materia inconsciente, que se aglomera ó se espacia segun la necesidad; para mí el yeso de las creaciones, lo extenso, lo material es insignificante, es una sustancia secundaria que pasa, que cae; el armazón, lo intensivo, lo espiritual, que son las ideas, quedan. El mundo material es el mundo ideal petrificado: la piedra se desmorona; la idea subsiste: la creacion se desvanece; el molde es eterno. Las cosas existentes son los pensamientos de Dios realizados en el tiempo, las concepciones infinitas del entendimiento divino actualizadas, determinadas y encerradas en los límites de la cosa creada.

 

Hasta algunos que tienen repugnancia al panteísmo, para dar unidad á la ciencia apelan á la identidad universal; pero esto no es encontrar la unidad de la ciencia; esto es hallar la unidad del caos.

 

Las cosas segun nuestro sistema han sido creadas bajo una idea sustancial universal comun que las hace semejantes, y de un sin número de sustancias secundarias y diversas que las hace diferentes.

 

Al establecer la unidad de la sustancia, Espinosa arguye del modo siguiente: «O la sustancia productora, y la sustancia producida tienen cualidades diferentes, ó semejantes. Si diferentes, ¿cómo la causa ha de dotar al efecto de cualidades que en ella no existen? Si semejantes, ¿cómo podriamos distinguir la causa del efecto?» Aquí Espinosa confunde la semejanza con la igualdad, y de la confusion de las palabras, nace la confusion de las ideas. Las sustancias pueden ser semejantes, siendo diferentes, porque la semejanza no quiere decir la igualdad. El hombre ha sido creado á imagen y semejanza de Dios, y sin embargo no es Dios, porque la semejanza no quiere decir igualdad, ni ménos identidad. Para asegurar Espinosa que, siendo semejantes, no podriamos distinguir la causa del efecto, debia empezar por probar que lo semejante es necesariamente idéntico, y no esencialmente diferente. Además, si hay identidad entre el sujeto y el objeto, ¿cómo es que los dos se nos ofrecen cual cosas distintas? de la unidad ¿cómo sale esta dualidad? de la identidad ¿cómo podria nacer esta diversidad?

 

Supongamos que Espinosa empieza por asentarnos este principio de identidad: «una cosa es idéntica á sí misma.» Concedido. Pero, supongamos, que nos sigue diciendo: «y toda cosa semejante es idéntica. » Negado. Lo semejante se puede parecer á lo mismo, pero no puede ser lo mismo.

Lo repito: la idea ontológica de cantidad, es la única sustancia, ó, por mejor decir, es la única idea sustancial de las cosas. Con esta idea Dios las crea, por esta idea las cosas son, y con esta idea y por esta idea el entendimiento concibe á Dios y conoce las cosas.

 

 

 

 

 

 

II

 

¿Por qué crea Dios? Ó por mejor decir, ¿por qué se complace Dios en crear los seros? Porque el sér que tiene la necesidad de existir, tiene la necesidad de crear: la existencia es activa, y la actividad es expansiva: el término de la actividad en lo interior, en lo intensivo, es la inteligencia; y en lo exterior, en lo extensivo, es la produccion . Dios no necesita la creacion para conocerse á sí mismo por vía de comparacion , como dice Hegel, cual si fuese una hermosura vanidosa que gusta de juntarse con las feas; ni para tener sobre qué reinar y ejecutar su poder, como asegura Schelling. Dios crea porque es infinitamente bueno, y es una necesidad feliz de su naturaleza derramar á torrentes la dicha y la virtud.

 

Dios crea seres más ó ménos perfectos, cantidades intensivas más ó ménos extensas, y cantidades extensas más ó ménos intensivas. Y ¿por qué lo perfecto no crea más que lo perfecto relativo, ó lo imperfecto? Esto se explica por la razon de causalidad, de que el efecto siempre es ménos perfecto que la causa. Si lo perfecto produjese lo perfecto serian dos idénticos, es decir, dos imposibles. Los seres creados son seres de un mismo género, pero de diferentes especies unos de otros, y de desigual diferencia individual. Dios, el creador, el sér absolutamente necesario, siendo no sólo uno, sino también único de su naturaleza y de su género, es su género único, y el único en su género. No puede existir más que un necesario perfecto: A es A, y siempre es A. Si a necesario, produjese un a necesario, seria un solo a idéntico. Para que haya creacion es menester que A produzca á B, que lo perfecto produzca lo imperfecto. Lo que existe por otro no puede ser tan perfecto como lo que existe por sí. El A producido tiene que ser B, tiene que ser diferente, y ménos perfecto que el A productor. Un sér perfectísimo no puede producir las obras perfectísimas, así porque eso seria dar al efecto tanta perfeccion como á la causa de que depende, y por esta razon le debe ser inferior, como porque suponiendo dos perfectisimos, ninguno lo seria, el productor que existia por si porque era igual al producido que existia por otro, y este, porque era producido por otro y no existia por sí, y uno de los dos forzosamente no tendria aquella perfeccion con que se distinguía del otro; y también porque no seria libre, y no siéndolo, no seria perfectísimo.

 

III

 

 

 

 

 

Y ya que hemos indicado por qué Dios crea, digamos ahora cómo crea Dios.

 

La cantidad entra en la concepcion del plan de la creacion como una idea primitiva y de necesidad absoluta.

Prueba.

Ley de necesidad: una cosa es absolutamente necesaria, cuando lo contrario es absolutamente imposible. Que una misma cosa exista y no exista al mismo tiempo, ó que al mismo tiempo sea verdadera y falsa; que una conclusion , legítimamente deducida de un principio verdadero, sea un error; que el efecto sea más poderoso que su causa, son imposibilidades absolutas, y por consiguiente lo contrario, son verdades absolutamente necesarias. Todo lo que existe de modo que pudiera no existir, ó existir de otra manera, es contingente, y lo contingente no es necesario.

Aplicaciones.

¿Podia el mundo no existir, ó existir de otra manera? Sí, porque su existencia es contingente, porque depende de la voluntad de Dios, y como, si Dios quiere, no hay imposibilidad absoluta de que pueda aniquilarlo, de aquí se infiere que su existencia no es de necesidad absoluta. ¿Puede Dios en el órden moral hacer que lo malo sea bueno, y en el intelectual que los radios de un círculo no sean iguales? No, porque Dios no puede ser contradictorio; y como hay imposibilidad absoluta de que pueda variar estas leyes, resulta que son verdades absolutamente necesarias.

Conclusion .

La idea de creacion implica la idea de cantidad; y como existe imposibilidad absoluta de que Dios pueda crear nada sin cantidad, resulta que la cantidad es una idea absolutamente necesaria.

La creacion es una medalla en la cual el anverso es lo ideal, y el reverso lo material; aquel se mide con la lógica, y este con el álgebra. La materia es una corteza que está pegada á la idea sustancial. El universo físico es una copia visible del universo

 

ideológico. La idea de cantidad ontológica es la verdad única; lo más abstracto de la idea es lo más real de las cosas: se divide en intensiva y extensa, ó en moral y física, y de aquí los dos órdenes de ideas, bijas todas de la idea única sustancial.

 

Lo repetiremos. El plan de la creacion consiste en una sola idea. ¿Cuál es esta idea? La idea de cantidad. Esta idea invisible es intensiva, es fuerza, es actividad, es vida, es pensamiento. Esta misma idea visible es extensiva, es inactiva, es material, es la extension física.

Hagamos más perceptible esta idea con una forma geométrica. Supongamos una figura que partiendo de la idea dé cantidad se

 

divida en dos órdenes de ideas:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A, idea ontológica de cantidad.

 

A, B, representa la cantidad intensiva, espiritual y más ó ménos extensa, region del pensamiento, órden de las ideas de perfeccion, lo moral, lo valuable, lo que es más ó ménos bueno segun se acerca más ó ménos al tipo de perfeccion.

A, C, representa la cantidad extensiva, la magnitud material, aunque más ó ménos intensa, la region del mundo físico, órden de las ideas de extension , lo material, lo medible, lo que es más ó ménos grande segun se acerca más ó ménos al tipo de la infinita extension .

Continuemos aclarando estas ideas, haciéndoles afectar una forma cada vez más perceptible:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IDEAS DE GRANDEZA MORAL. IDEAS DE GRANDOR FÍSICO..

 

Pensamiento   Extension .

 

Vida      Materia.

 

Lo ideal Lo real.

 

El espíritu       La carne.

 

Lo sobre-natural       Lo natural.

 

Magnificencia Magnitud.

 

La inteligencia Los sentidos.

 

El sujeto El objeto.

 

Lo que piensa Lo que pesa.

 

Santos   Magnates.

 

Lo personal    Lo cosal.

 

Intususcepcion Yuxtaposicion .

 

Lo inmensivo Lo dimensivo.

 

Lo valuable    Lo medible.

 

Lo indeterminado     Lo determinado.

 

Lo indivisible Lo divisible.

 

Moral    Física.

 

Etc.       Etc.

 

Explicación .

 

De esto se infiere que no hay más que una idea fundamental, la idea de cantidad, y dos grandes subdivisiones, dos órdenes ó dos categorías de ideas, las de cantidad intensiva, las de grandeza moral, las de perfeccion; y las de cantidad extensa, las de grandor físico, las de magnitud.

 

Dios, cantidad infinitamente intensiva, todo lo conoce con una sola idea. A más intensidad, ménos ideas, más generales y más conocimiento; y á ménos intensidad, más ideas individuales, ménos generales, y ménos conocimiento.

Se crea como se idea.

 

 

 

 

 

IV

 

 

 

 

 

Quiero insistir un poco sobre la necesidad de discernir con claridad los dos órdenes de ideas físicas y morales, pues por falta de esta separacion fundamental se ha convertido la filosofía en una nomenclatura árida de categorías, tornando en reglas evidentes de una locura ideológica, las reglas más naturales del buen sentido. Aristóteles designaba diez categorías, ó pensamientos primordiales, de donde parten todos los demas. Kant los reduce á nueve; y la escuela escocesa, con el nombre de verdades del sentido comun, ha plagado el mundo científico de categorías tan arbitrarias, tan confusas y tan estériles, que no sé cómo los filósofos que creían en ellas no se estrellaban el cráneo contra las paredes por no llevar dentro de sí semejante jaula de grillos.

 

Este enredo de categorías, cuya madeja empezó á devanar Aristóteles, como era natural llevó á todos los demas ramos del saber humano la confusion más deplorable, desde los historiadores más cuerdos hasta los místicos más estáticos, los cuales del perfume de las flores sacan el perfume de las virtudes, de la pureza del cielo la pureza del alma, de los miedos de la noche los remordimientos de conciencia, y del brillo del sol del mediodia la

 

majestad del sol de la justicia. Estas son figuras retóricas, se me dirá; pero no lo creo, porque la mayor parle de las veces estas metáforas no son hijas del entusiasmo del corazon, sino de la confusion de las ideas. Admito las traslaciones de ideas que se hacen con conocimiento; pero rechazo los tropos que se cometen por ignorancia.

 

Confundir las ideas de extension con las de intension seria lo mismo que decir la mitad de una afirmacion , un pensamiento redondo, un metro de percepcion, la parte superior de una volicion, el lada derecho de un deseo, tomando las matemáticas por la lógica;

ó  un cuadrado más perfecto que otro cuadrado, un círculo más hermoso que otro círculo, un triángulo más bueno que otro triángulo, tomando la lógica por las matemáticas.

Segun los pitagóricos, que conocieron la mitad de la verdad, la aritmética es el más bello conocimiento humano, y quien la supiese perfectamente poseería el soberano bien. Y esto es cierto con respecto á la verdad extensa; y si á las matemáticas, que en griego significan ciencia, los pitagóricos hubiesen añadido la lógica, que es la aritmética de la verdad moral, hubieran poseído los dos órganos indispensables para conocer la ciencia y la moral, de cuyo conocimiento entónces verdaderamente resultaría el supremo bien.

Todas las operaciones de las matemáticas, con relacion al tipo infinito de grandor, se reducen al examen del más ó del ménos material, así como las de la ética, con relacion al tipo absoluto de grandeza moral, se reducen al estudio de lo mejor ó de lo peor.

Del mismo modo que las matemáticas son la aplicacion de nociones abstractas de cantidad extensa, y que las arles, ciencias y oficios no son más que demostraciones prácticas de nuestras verdades teóricas, así todas las nociones morales, que se deducen de la idea de causa suprema, tipo infinito de bondad, son las reglas especulativas que luego se traducen en acciones buenas ó malas en todos los actos que constituyen el culto, la sociedad y el gobierno.

No puede haber más que estas dos clases ó categorías de ideas, las de magnitud y las de magnificencia. Esos escritores que embrollan las inteligencias, confundiendo las ideas de grandor con las de grandeza, ó las morales con las físicas, salvando el candor y

 

la fe, me hacen el mismo efecto que las viejas que rezan á los santos de su devocion para que les caiga la lotería. Las ideas de magnificencia tienen sus leyes algebraicas, que es la lógica; y las ideas de magnitud sus leyes lógicas, que son el álgebra. Cuando no se unen como en Santo Tomás estas dos categorías de ideas, la sabiduría y la bondad, produciendo un hombre que se ha llamado el más sabio de los santos, y el más santo de los sabios, estos dos órdenes de ideas se reparten en el mundo entre los sabios y los santos: para unos son las apoteosis, y para otros los altares; á unos les espera la gloria del mundo, y á otros la gloria eterna. ¡Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos será el reino de los cielos! Asimismo señalará Dios celestiales recompensas

 

á  los de espíritu pobre, á los desheredados en la tierra de los dones brillántes del ingenio humano.

Si no fuera porque estos dos órdenes de ideas no admiten comparacion , yo diría que prefiero un buen carácter á cien buenas inteligencias. Al reves de Maquiavelo, me es más simpática la compañía de un carretero honrado que la amistad de Alejandro Magno.

Y para que las diferencias de estas categorías de ideas tengan un absoluto á que referirse, tengan una norma invariable á que ajustarse en esa incesante variabilidad de la vida humana, concluiremos diciendo que los absolutos, que los tipos visibles que han de seguir los sabios y los santos, son el acto de la creacion , y el sacrificio del Calvario. Los sabios tienen por modelo la creacion , tipo de la sabiduría de Dios; los santos tienen por guia el tipo de la infinita bondad, el sacrificio del Calvario.

 

 

 

 

 

V

 

 

 

 

 

 

En resumen: como para el desarrollo de esta obra he adoptado un método geométrico, condensaré mis ideas sobre el plan de la

 

creacion , insertando las claves que encierran los principios y las consecuencias de todas las secciones de este libro, formuladas en los siguientes.

 

TEOREMAS.

 

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

 

 

ONTOLOGIA.

 

La Super-sustancia crea las sustancias. La cantidad suprema, Dios, crea las cantidades superiores, los seres espirituales, y las cantidades inferiores, los seres materiales.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

 

 

PSICOLOGIA.

 

No hay más saber que la metafísica, ciencia de lo absoluto, de la cantidad suprema, que se divide en dos ramas, ó grupos de ideas, que son la moral, ciencia de las cantidades superiores, y las matemáticas, ciencia de las cantidades inferiores. Lo inferior, así como lo superior, es; pero sólo lo superior sabe que es.

 

III

 

 

 

 

 

COSMOLOGIA.

 

Todo es uno, y diferente. Las cosas tienen de comun la idea sustancial; y de diferente, el órden jerárquico de la mayor ó menor intension de la idea sustancial con que han sido creadas.

 

 

 

 

 

IV

 

 

 

 

 

FISIOLOGÍA.

 

La cantidad es la sustancia universal de las cosas: cuando está condensada, es intensa, es vida, es pensamiento; cuando está espaciada, es extension , es inercia, es materia. Aunque la cantidad intensa vive por intu-suscepcion, y la extensa por yuxtaposicion , los seres intensos pueden ser coexistentes con los extensos.

 

 

 

 

 

V

 

 

 

 

 

ÉTICA.

 

Toda idea corresponde, ó á la moral, ciencia de la grandeza, ó á las matemáticas, ciencia del grandor, ó á una y á otra juntamente.

 

Lo extenso sólo lleva en sí la razon de su sér; lo intenso lleva en sí la razon de su ser, su saber y su deber.

 

 

 

 

 

VI

 

 

 

 

 

ESTÉTICA.

 

La cantidad intensiva, ó psicológica, y la cantidad extensiva, ó material, son dos reflejos de la idea ontológica de cantidad que se unifican en lo absoluto.

 

Tal es el modo con que Dios crea las cosas, y el órden con que las gobierna, el curso de la obra, contienen el planteamiento y solucion , segun nuestro sistema, de los dos problemas más importántes de la filosofía, que son los siguientes:

 .º ¿De qué se componen las cosas?

 

 .º ¿Cómo subsisten las cosas?

 

Estos dos problemas es lo que hay que estudiar, y esto lo que se debe aspirar á saber; y, ni se debe estudiar ménos, ni se puede saber más.

 

 

 

 

 

 

 

 

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TEOREMA II

 

No hay más saber que la metafísica, ciencia de lo absoluto, de la cantidad Suprema, que se divide en dos ramas ó grupos de ideas, que son la moral, ciencia de las cantidades superiores, y las matemáticas, ciencia de las cantidades inferiores. Lo inferior, así como lo superior, es; pero sólo lo superior sabe que es.

 

 

 

 

 

 

 

 

              

 

 

 

 

 

 

 

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I

 

 

 

 

 

¿Cuál es el mejor criterio de certidumbre?—La evidencia inmediata de las ideas intuitivas.—Y ¿cuál es la mejor manera de demostrar estas ideas? Mostrarlas. La prueba de la luz seria siempre ménos clara que la luz misma. Una proposicion demostrada puede ser clara; pero un principio metafísico indemostrado es evidente. Las pruebas á veces esclarecen lo dudoso y oscurecen lo evidente. ¿Se sabe de algun loco que baya querido probar nunca, porque ofreciese dudas á nadie, que los radios de un círculo son completamente iguales? Y si lo ha hecho y lo ha probado, ¿la prueba consiguiente, será de evidencia más inmediata, más clara que la intuicion antecedente?

 

Es una ley de los principios metafísicos, de las intuiciones de evidencia inmediata, que no se demuestra lo que se muestra.

 

Así pues el principio de certidumbre de Descartes «yo pienso, luego soy» tiene de cierto, no lo demostrado, sino lo evidente. La existencia del hecho de conciencia, de la personalidad , de lo que antiguamente se llamaba el hombre, despues el sér, y últimamente

 

el yo, es verdadera por su evidencia: pero no puede serlo por su demostracion . El entimema de Descartes es un argumento sintético, fundado en la evidencia inmediata, y eso es lo único que tiene de bueno. Examinémosle.—«Yo pienso, luego soy.» Lo cual quiere decir:

 

«Yo tengo idea de la existencia.»—Verdad intuitiva. «Es así que no se puede tener idea de la existencia sin

existir...»—Segunda verdad de evidencia inmediata.

«Luego existo. »

Y despues de saber que existimos, ¿qué sabemos? Nada. Aunque no fuera, como es, una suposicion , la demostracion del hecho de conciencia es tan inútil como lo seria la existencia del perro que mordió al escéptico. La duda de Descartes, empezando por suponer muerto el espíritu para conceder luego que vive porque vive, es una verdadera puerilidad. El suicidio del espíritu es imposible, porque como el fénix renace de entre sus cenizas.

La certeza es una verdad de relacion , y sólo puede haber certeza absoluta cuando las razones contingentes de las cosas están de acuerdo con la inalterable razon eterna.

¡Cuán cierto es que despues de tantas y tan largas disputas, el gran problema de la certidumbre nadaba perdido de su incertidumbre! Y esta cuestion es la gran cuestion, porque si no hay nada cierto, nada hay verdadero; y si no hay nada verdadero, no hay bien ni mal; la vida es una fuerza sin regla, el hombre no tiene fin alguno, la ciencia carece de base, la sociedad es una reunion fortuita, y la religion divina una invencion humana. Hé aquí la razon por que los filósofos de todos los tiempos han resumido todas las cuestiones de la filosofía en la cuestion de la certidumbre, por ser la cuestion capital para introducir el órden en la vida, y para dotar de ciencia á la humanidad. Y despues de tanto hablar y escribir, ¿de dónde nace la representacion intelectual y su conformidad con los objetos? ¿Cómo sabemos que es cierto lo que vemos? ¿En qué se funda la certeza? Para los panteistas, como Dios es todas las cosas, y todas las cosas son Dios, todo es verdad ó todo es mentira, siendo indiferente que todo sea mentira ó todo sea verdad. Locke, Condillac y sus partidarios se atienen á la verdad que nos certifican los sentidos, y al criterio que producen el desarrollo y carácter peculiar

 

de no sé qué movibles sensaciones. Para los cartesianos, la conformidad de la representacion con la cosa representada es un resultado de la veracidad divina: de modo que nuestra verdad propia estriba en la voluntad ajena; las cosas son verdad porque Dios quiere que lo sean, y si Dios no quisiera, las cosas serían mentira, y podria hacer que dos y dos no fuesen cuatro, y que el causar un mal

 

á  otro, fuese un bien.;Confusion de ideas! acudir al órden moral para cimentar el órden físico. Entre todas las soluciones de la cuestion de certidumbre esta es la que me parece más insubsistente y ménos filosófica, más indigna del hombre, y ménos digna de Dios.

Para nosotros la cuestion de la certeza queda resuella de una manera definitiva y clara, sin más que atenerse á la idea ejemplar de las cosas. Siendo la sustancia un concepto absolutamente necesario con el cuál el sér crea las existencias, y formando esta idea, bajo diferentes formas, el alma arquitectural de todas las cosas, lo mismo del pensamiento que de las cosas pensadas, es claro que, apoyados nuestros conocimientos en esta idea sustancial, eje universal de la creacion , cuando vemos que hay ecuacion entre el pensamiento y lo pensado, resulta la certeza de necesidad absoluta; y entónces las cosas son lo que parecen, y parecen lo que son. Y estando la certeza en la idea ejemplar con que el sér crea, y por la cual las cosas existen y el entendimiento las concibe, resulta también que las cosas no son lo que son porque, como dicen los psicólogos críticos, las concibamos de tal manera, sino que las concebimos de tal manera por ser ellas lo que son.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

Las primeras verdades no necesitan demostracion , porque ellas son las encargadas de demostrar las demas. La medida es para medir, y lo medible para ser medido: querer demostrar las primeras verdades con las razones de segunda mano es invertir los términos,

 

midiendo la medida con lo medible. Kant acusa á la metafísica de temeraria cuando se ocupa en otra cosa más que en el conocimiento del conocimiento: lo dicho, dicho, inversion de términos, medir la medida con lo medible.

 

Es menester no olvidar que, aunque se pueda evidenciar lo probable, jamas se podrá probar lo evidente.

Cometiendo una flagrante infidelidad á su método de duda sistemática, hasta el mismo Descartes concluyó por sentar este testimonio de evidencia, ó máxima de certeza: «lo evidente es verdadero.» De esta manera el enemigo de toda autoridad, acabó por conocer la infalibilidad de la autoridad de la evidencia. Después de haberla ponderado, concluyó por detestar de la almohada de Montaigne, cuya filosofía se puede resumir en su célebre expresion : «la duda es la almohada más propia para una buena cabeza.»

Pero no descansemos nosotros ni por un momento sobre semejante almohada. Luchar contra la duda es un mérito.

Y es que Descartes acabó por adorar la luz de la evidencia porque, á pesar de ser el causante de lodos esos psicologismos filosóficos y de todos esos protestantismos religiosos, tenia el instinto de las supremas verdades, y presentía que la verdad absoluta es ontológica y no psicológica, pues sabia por experiencia que todos los principios psicológicos, sofocados entre las paredes del celebro, acaban por salir al fin por escotillón, sin respetar siquiera, corno en las comedias clásicas, la verosimilitud de tiempo y de lugar. «Pienso, luego soy.» Pues si existo y pienso ahora, hace poco que ni pensaba ni existía; dentro de un instante puedo dejar de existir y de pensar; pero la ley que me hace afirmar que A = A, ó que yo soy yo, quedará existiendo, y no podrá destruirse, aunque yo me destruya: luego esa ley no la pone el yo, como dice Fichte, sino que, como cree la conciencia universal del género humano, es otro sér quien la pone. De lo cual se deduce que, si yo soy, soy un sér contingente, pues no existo por mí: luego lo que no tiene en sí la razon de su existencia, debe tenerla en otra cosa; lo que no puede existir por sí, no puede existir sino por otro. Y hé aquí que, huyendo de la sofocacion que me causa el estudio estéril y egoísta del yo, me veo precisado á salir al exterior y respirar aires más puros en la region de la ontologia, lanzándome, por una ascension innata de mi

 

pensamiento, á la contemplacion de las verdades eternas, á las cuales llego por claravidencia y de un solo golpe, pues no puedo mirar nada relativo que no me despierte la idea de lo absoluto, porque estas dos categorías de ideas se penetran, se suponen, y así es que no concibo fenómeno sin sustancia, causa sin sér, multiplicidad sin unidad, limitado sin ilimitado, sucesos sin eternidad, objetos sin inmensidad, finito sin infinito, relativo sin absoluto. Y á todas estás nociones llego por la evidencia inmediata, que es el estado del espíritu percibiendo con (al claridad y tal distincion la ecuacion entre su manera de concebir la cosa y la cosa misma, que no puede ménos de adherirse á ella; pues la evidencia no es otra cosa que el supremo grado de certidumbre, ó sea la certidumbre en su más alta potencia, la certidumbre completa y perfecta.

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

 

Téngase presente que cuando hablo del psicologismo incluyo también al sensualismo y al idealismo, pues ambos suelen ser un mismo individuo, el psicologismo, poseído unas veces por la necedad, y otras veces dominado por la soberbia. Para el sensualismo no existe Dios, y para el idealismo es inútil. El sensualismo no cree más que en la sensacion , y el idealismo tiene que acabar en la sensacion para creer en algo. El sensualismo corta toda relacion entre el espíritu y la materia, y el idealismo entre el espíritu y Dios. Aristóteles y Kant son tan antimetafísicos como Locke y Condillac, porque despues de fantasear en su cabeza un mundo como si fuesen unos locos, acaban por cerciorarse de sí mismos agarrándose á la sensacion como unos verdaderos tontos. Al psicologismo se le puede aplicar con especialidad la imagen del borracho á caballo, que, si lo empujan por un lado, se cae por el opuesto.

 

Como ya he indicado en el capítulo de la sustancia, hace algunos años que se empezó á operar en Francia una reaccion en favor del psicologismo, por el filósofo Bordas-Demoulin, en una obra que se titula: «El cartesianismo, ó renovacion de las ciencias.» Este cartesianismo recalentado, que no es más que una mezcla de sensualismo desnaturalizado y de un idealismo echado á perder, tiene sus representántes en la mayor parte de las naciones de Europa, y el apóstol que en España se ha encargado de esta predicacion psicológica, el sabio D. Nicomedes Martín Mateos, es uno de los discípulos que más honran la memoria de su maestro, honrando al mismo tiempo á nuestro país, por su buena intencion , su talento y su virtud.

 

Mateos ha popularizado en España las teorías de Bordas en una obra que tiene por titulo El espiritualismo, revelando en esta frase la parte trascendental de las teorías de su escuela. Pero ántes de pasar adelante, quiero preguntar al lector: ¿mesera lícito á mí censurar una obra que con tan inmerecida galantería me ha sido dedicada por su autor? Y ¿por qué no? ¿Qué tienen que ver nuestras amistades con nuestras convicciones? Absolutamente nada. Y ademas que, cuanto más amigos, más claros.

En su obra del espiritualismo el Sr. Mateos presenta la doctrina psicológica, no tengo empacho en confesarlo, como una naturaleza bien inclinada, pero tan endeble y enfermiza que, más que por su nobleza, interesa porque se la ve en el ultimo grado de tisis. La palidez del sistema irradia sobre el alma una amarillez de moribundo, que recuerda más la locura y la muerte, que la vida y la razon. A mí, cuando leo en el sistema psicológico que se me quiere hacer centro de la razon, y acaso encarnacion pura de la razon misma, me parece que el autor y yo somos dos desventurados que estamos en camino de alguna casa de orates. Es cierto que el psicologismo de Bordas, aunque algo enteco, tiene claridad en los principios y no poca elevacion en las consecuencias; pero en los sistemas falsos, los filósofos ménos malos me parecen los peores.

 

En esto sistema se define la filosofía «la ciencia de nuestros medios de conocer», definicion digna del sistema crítico de Kant, en el cual se toman los medios de conocer por el objeto del conocimiento, y ya es sabido que siempre que una filosofía empieza

 

por la crítica del entendimiento, acaba en un escepticismo que seca el corazon, hiela la inteligencia, y haciendo del mundo un teatro de fantasmagoría, convierte al yo en el primero de los fantasmas. Por eso, si no se enfadase mi amigo el Sr. Mateos, le diría que el espiritualismo híbrido de su maestro es una mezcla de Mallebranchismo y de Lockismo, de panteísmo y de sensualismo; y esto consiste en que ha equivocado el pensamiento que concibe, con el estudio de la cosa concebida; ha tomado nuestra razon individual, que es sólo un criterio de la verdad, por la razon eterna, que es el único principio de ser de la verdad. Ha buscado á Dios en la razon, en vez de buscar la razon en Dios.

 

 

 

 

 

IV

 

 

 

 

 

El psicologismo, empezando por dudar de su existencia, acaba por creerse en realidad un Dios.

 

El cartesianismo franco-jermànico, deificando la personalidad humana, la ha degradado, porque la ha elevado á la cumbre del ridículo. Desde Descartes, que hace del hombre el razonador supremo, hasta Fichte que lo convierte en el Supremo Sér, la historia del psicologismo es el Calvario del buen sentido, pues comenzando en él á ser el hombre un rey de figurón, acaba por ser un Dios de carnaval. Yo por mi parte nunca me siento más pequeño, que cuando me veo tan hiperbólicamente engrandecido.

Y esta filosofía es la más popular, por ser la más absurda. Dicen que ella es la que eleva la dignidad del hombre, sin duda porque eleva á tanta gente indigna á la más suprema dignidad; y añaden que es la iniciadora del derecho, tal vez porque á la hora ménos pensada nos convierte en gran Pan al zapatero del portal de enfrente.

El psicologismo ha quitado á la filosofía toda clase de formalidad. Esta doctrina es una filosofía de capricho, una filosofía

 

idiosincrática, en la cual creer no es cuestion de razon, sino de temperamento. Se dice que el método de Descartes es el mismo método de Sócrates; nada está más lejos de la verdad. Descartes tiene el orgullo de igualarse con el Dios de Moisés cuando dice: «Yo soy el que soy.» Sócrates dijo sencillamente. «Conócete á ti mismo,» es decir, perfeccionate, estudiándote á ti mismo en la idea absoluta, en el tipo de la divinidad. Sócrates hizo de la psicología la introduccion , ó sea el aprendizaje de la ontologia; en tanto que Descartes convirtió un hecho empírico de conciencia en una base ortológica; del conocimiento interior del hombre quiso deducir el conocimiento superior de Dios; de una verdad, siendo verdad, relativa, tuvo la demencia de querer sacar lógicamente la verdad absoluta.

 

El amor al yo ha concluido en lo que debia concluir, en la adoracion al yo. El yoismo ha dado fin concluyendo en el egoteismo. La duda cartesiana, el escepticismo psicológico, pasando por la filosofía crítica, que es la lógica aplicada á la psicología, ha tenido por término la ciencia del yo absoluto. Es natural. Descartes quiso sacar lo inteligible de lo sensible, haciendo del mismo Dios una creacion de su espíritu; Fichte viene luego, y convierte al espíritu en Dios. La asercion de Descartes en la cual asegura que, porque tenemos idea de la perfeccion, el ser perfecto existe, es la misma idea en que se apoyó Fichte para acabar una leccion diciendo á sus discípulos: «mañana crearemos á Dios.»

De crear á Dios mentalmente, á ser Dios, la diferencia es corta. Del yo soy lo único que sé que existe, al yo soy lo único que existe, no hay más que un paso. Si yo soy todo, todo es yo.

El mundo exterior, dice el yoismo, existe, que yo sepa, sólo por el yo, y en mí. Proposicion sin base, que se puede contestar con la contraria: el mundo exterior existe, aunque yo lo ignore, sólo por Dios, y fuera de mí. Y añade: para el hombre no existe lo que no conoce. Pero es más cierto que, para el hombre, lo que no conoce, no sabe que existe. Para Descartes el pensamiento del hombre aún aparecía subordinado al pensamiento de Dios; para Fichte, el yo del hombre es un pensamiento, y el yo absoluto, es el pensamiento; llama yo absoluto al pensamiento, y yo relativo á un pensamiento: el

 

yo relativo es un modo del yo absoluto; el pensamiento de un hombre es una parte del pensamiento humano, que es Dios.

Y hé aquí justificada la asercion de los sansimonianos de que, gracias á Descartes, todos somos protestántes en filosofía, así como gracias á Lutero todos somos filósofos en religion. El psicologismo, suprimiendo á Dios en provecho del hombre, ha hecho del hombre un Dios sin Dios.

No conozco cosa más funesta que un metafísico cuyo sistema se compone, como en Descartes, de verdades incompletas. Dicen algunos que desde Desearles hasta Leibnitz ha habido verdad y grandeza; y que desde Leibnitz, el último filósofo, no hay más que una larga y detestable sucesion de sofismas, de mentiras y de ilusiones; de mentiras, sobre todo, y de bajezas. Y ¿quién es la causa de estas mentiras y de estas bajezas más que los principios inseguros de Descartes, que, despues de sentar una proposicion , no hay más que volverla al reves para que quede afirmada la proposicion contraria? Dice Descartes «yo pienso, luego soy» y repiten Hobbes y Locke «yo pienso, luego la materia puede pensar.» Y del mismo modo los principios interpretables de Descartes han traído esta confusion y este caos al mundo de la inteligencia, pues desde su duda metódica han ido naciendo por generacion , Mallebranche, con su vision en Dios; Espinosa, con su sustancia única; Leibnitz, con su armonía preestablecida; Locke, con su empirismo; Condillac, con su análisis; Kant, con sus formas subjetivas; Fichte, con su yo y su no yo; Schelling, con su identidad absoluta; Coussin, con su Dios todo; y Hegel, con su evolucion de la idea., ó su todo Dios.

 

Al ver esta generacion de hijos degradados, ó bastardos, del talento de Desearles, casi se baila uno tentado á ciar la razon á Ciceron cuando asegura «que no hay cosa alguna por absurda y extravagante que parezca que no haya sido enseñada por algun filósofo.»

De esta manera el psicologismo creó el yoismo, y acabó en el egoteismo. Semi-escéptico en Descartes, escéptico en Kant, positivo en Fichte, idealista en Schelling, dogmático en Hegel, acaba en sus sucesores por ser un egoteismo y despues un irracional brutoteismo. Dice Descartes si pienso, soy; y replica Kant: el

 

pensamiento pensando sólo se garantiza á si mismo; y sigue Fichte: si pensar es ser, y el pensamiento sólo se garantiza á sí mismo, el pensamiento da el sér; y dirá Schelling: si el pensamiento da el sér, el sér reproduce el pensamiento; y Hegel añadirá: el pensamiento es el sér mismo. Hé aquí como se pueden mirar las principales escuelas de Alemania como hijas de Kant, nietas de Espinosa, y biznietas de Descartes.

Descartes cree en Dios porque lo piensa; Kant no cree en más Dios que el pensamiento; Fichte cree que el pensamiento es Dios; Schelling añade que son dioses el pensamiento, y la cosa pensada; y concluye Hegel diciendo, que el conjunto de la cosa pensada y el pensamiento son un mismo y solo Dios. Pues entónces, dirá Schleiermacher, si la cosa pensada es el pensamiento, no se discierne lo que es sensible de lo que es espiritual, y se debe buscar una conciliacion entre el individuo y el todo en las delicias del amor. Es claro, (concluirá Feuerbach, que sueña con la restauracion del paganismo en Europa con todos sus ritos, con todas sus obscenidades, todas sus abominaciones y todos sus horrores) se debe sacrificar el pensamiento, la individualidad, á la cosa pensada,

á  la sustancia: prestarse, darse á la especie humana, hé aquí toda la piedad; la organizacion moral y social, el deber y el derecho, no tienen más fundamento que la inclinacion del hombre á la mujer, ó más bien, del macho á la hembra.. ¡Basta, basta!

Parece imposible que con verdadero talento se escriban semejantes brutalidades.

 

 

 

 

 

V

 

 

 

 

 

El cartesianismo, ademas de ser un materialismo vergonzante, es un escepticismo desvergonzado. Sostiene Descartes obstinadamente en su correspondencia que la verdad de los principios geométricos y de cualquiera otro axioma de certeza

 

intuitiva, depende de la voluntad de Dios. Es decir, que segun el metafísico francés, Dios podria hacer que, en las ideas de cantidad extensiva, en las ideas de magnitud, los radios de un círculo fuesen desiguales, y la parte mayor que el todo; y en las ideas de cantidad intensiva, de perfeccion, puede disponer igualmente que uno debe querer para los otros lo que no quiera para sí, y que lo malo es bueno, etc., etc.; lo que equivale á conceder á Dios el poder de anonadarse á sí mismo, ó lo que es igual, á contradecirse, haciendo posible el principio de contradiccion de que una cosa pueda ser y dejar de ser á un mismo tiempo. Esta supresion de toda regla estable de conducta intelectual y moral; esto de desterrar la verdad absoluta de los cielos y la tierra, es el vahído de la razon más vago y más incurable que ha padecido jamas cabeza humana; y yo no so si esta evocacion al caos, si este remolino de polvo que el filósofo francés acaba por formar, sin duda con aquellos átomos y aquel movimiento que pedia para hacer el mundo, me atacan más al estómago que á la cabeza ó al corazon. Cuando veo hasta la misma personalidad de Dios contagiada de este escepticismo que causa histérico, casi me reconcilio con los materialistas francos, que para vivir á sus anchas en la tierra, suprimen la ley moral del cielo. Al ménos Condillac nos puede producir bestias alegres; pero el bueno de Desearles nos crea una escuela de orgullosos lúgubres. Prefiero los tontos del materialismo, á los locos de la psicología.

 

¿Cuáles son en resumen las consecuencias del psicologismo? Muchas, muy claras, y todas malas. La soberanía popular, en la política; el derecho de insurreccion , en la ciencia civil; el interes propio, en la moral; el escepticismo, en filosofía; y el protestantismo, en religion.

Y es porque el árbol genealógico de la verdad no puede encontrarse por el camino del psicologismo, sino por el de la ontologia.

Con efecto, preferir el psicologismo á la ontologia, haciendo depender la idea de Dios de la idea del hombre, lo absoluto de lo relativo, lo inteligible de lo sensible, es ver sin luz, es hacer del hombre un presidiario nato que queda para siempre atado al más apretado y al más inexorable de los grilletes, que es el del sentido propio. La única libertad claravidente, noble y legítima, es la que

 

consiste en tributar un homenaje libre á la autoridad de una idea ontológica, extrapersonal y divina, sustrayendo al hombre de la más dura de las servidumbres que es la esclavitud del inconstante deseo, y dejándolo en libertad de que se deje guiar sólo por admiracion y por amor por ese faro luminoso de las alturas, con el cual, si el hombre cae, tiene al ménos la conciencia de ver que cae, y sujetando solamente su entendimiento creado al dulce imperio del entendimiento creador. Cuando el espíritu humano se quiere revelar contra este supremo y augusto dominio, se hace siervo de la naturaleza sensible, y galeote de lo más ignoble de su propio sér. El psicologismo de Descartes es el rompan filas del ejército de los filósofos, y desde su aparicion , siendo los cartesianos panteistas en Alemania, materialistas en Inglaterra, y sensualistas en Francia, parece que el mundo de las inteligencias se ha convertido en una inmensa orgía, donde cada uno, para disculpar sus actos, da la razon que puede, no pudiendo dar la razon que debe; y en la cual cada bebedor brinda en primer lugar por el amor que más le gusta, y en último término por el Dios que más le agrada.

 

 

 

 

 

VI

 

 

 

 

 

Y bajando á otra region más subalterna, el psicologismo en las ciencias físicas conduce al atomismo, á una ciencia mucho más atrasada que la de Heráclito. Dice Descartes con una jactancia más inconsciente que la de un apilador de yeso: «Dadme materia y movimiento, y construiré el mundo.» Y ¿bajo qué pensamiento? ¿Y el armazon de las ideas? Cuando veia construir un edificio ¿á quién atribuiría Descartes el mérito de la obra, á la mente del arquitecto que lo ideaba, ó á la materia y al movimiento de los operarios que lo ejecutaban? Esta asercion de Descartes, que á sus adeptos les parece sublime por lo atrevida, es ridícula, porque es falsa. Si al mismo Dios le diéramos lo que pedia Descartes, y si no tuviera

 

preliminarmente levantado el edificio de las ideas para vestirle despues con esa argamasa de los átomos en movimiento, no hubiera podido construir ni el tonel de Diógenes. ¡Las ideas! hé aquí las razones estables de todas las cosas, de todas las construcciones que han estado, que están, ó que estarán formadas en el curso de los tiempos; hé aquí las formas principales, eternas y siempre las mismas en la inteligencia divina, y cuya participacion da el sér á todo lo que es y será hecho. Sin estos elementos de arquitectura ideal, fundamento y alma de toda arquitectura material, el mismo Dios, con los átomos y el movimiento que pedia Descartes para construir el mundo, no hubiera podido hacer más que un remolino de polvo, un simoun del desierto, un huracán de arena.

 

Tengo que hacer sin embargo una confesion , y es que el sensualismo de Descartes es un sensualismo bastante tolerable; tiene sus aspiraciones histéricas hácia lo absoluto, y esto le hace disculpable á mis ojos. Pero la verdad es ántes que todo: y no porque Descartes baya sido un sensualista psicológico, deja de ser con su hecho de conciencia, que sus sucesores han convertido en la conciencia de un hecho, el padre natural de esa generacion de filosofastros que empieza en Locke, y acaba en la actualidad en nombres que desgarra la boca el pronunciarlos. Repito que siento decirlo; pero Descartes es sensualista en su método, y en sus principios: en su método porque procede de la psicología á la ontologia, sacando lo inteligible de lo sensible; y en sus principios, porque establece como lo absoluto del saber, como la primera verdad «el pienso, luego soy», que es un hecho sensible de la conciencia, y que despues lógicamente sus discípulos lo han convertido en la conciencia de un hecho sensible.

 

Como Descartes no era muy fuerte en ideología, compuso un amasijo de ideas innatas que nacen con el individuo, y de ideas adventicias que el individuo adquiere, y no se sabe realmente si en él predominaba más una cierta especie de espiritualismo nervioso, ó un franco materialismo que acabó por sistematizar con más seguridad, y acaso con más talento, su discípulo Condillac, en un libro que se titula no sé si el arte, ó el oficio de pensar. Para refutar este sistema, escogeremos un sensualista que formule con claridad; á nuestro compatriota el Dr. Mata que, aunque no es cartesiano, su

 

doctrina ideológica es la misma, si bien mucho mejor explicada. «Las ideas generales, dice, dimanan de las particulares. Los abstractos se forman de los concretos; de un objeto blanco se forma la idea de blancura.» Mis lectores estarán completamente en lo cierto, si sientan la proposicion contraria, diciendo: Las ideas particulares son comprendidas por las ideas generales. Los concretos se forman de los abstractos: por la idea de blancura conozco un objeto blanco.

 

Todo conocimiento de un objeto, es una idea universal particularizada, y ya se sabe que, como dicen los dialécticos, «los particulares no hacen ciencia.» Todas las sensaciones adicionadas no darían una idea universal, ni la adicion de todas las cosas finitas lo infinito, ni las contingentes lo necesario. Toda una infinidad de finitos agregados daría, á lo más, lo indefinido.

Para estos psicólogos rebajados, la sensacion es la única facultad de conocer. La base de su ideología es sentir que se siente. ¿En qué se distingue, preguntan, la sensacion de la idea? En nada, contesta Condillac, porque la sensacion es una idea tras formada. Confunden el objeto que despierta, con el objeto que se despierta. Porque no las sensaciones, sino como dicen los Padres de la Iglesia, los fantasmas que resultan de las sensaciones, pueden ser las ocasiones, ó los motivos, ó las condiciones, del desarrollo de la inteligencia; pero su causa, jamas.

Lo mismo que Descartes decia Voltaire: «yo pienso, y soy cuerpo; no sé más acerca de este punto.» Y, verdaderamente, para decir desatinos, y dar palos de ciego á Dios y al género humano, no necesitaba saber más. A pesar de que, con ese poquito que sabia, ya Voltaire tenia bastante para inferir que, con inteligencia y materia, se podria construir un alma y un cuerpo, y con este conocimiento asegurar con San Atanasio: «que así como un Dios y un hombre son un Cristo; así un alma y un cuerpo son un hombre.»

Pero Voltaire era un gracioso demasiado vulgar para querer elevar las aspiraciones de su claro entendimiento á lo que sus adeptos llaman lo supra-sensible. Lo mismo que Montaigne profesaba el principio de que «los sentidos son el principio y fin de lodos nuestros conocimientos.» De lo cual se deduce que si Platon hubiera sido un poco sordo, y San Agustin algun tanto corto de y isla, sus

 

conocimientos debian tener la misma limitacion que sus sentidos; y al contrario, la aguda urraca de la sobrina de Descartes debia tener una inteligencia correspondiente á la sagacidad de sus sentidos, en cuyo caso podria ser tan buena psicóloga como el respetable ti o de la sobrina de Descartes. Estos imitadores del más incrédulo ele los apóstoles, que sólo ven lo que tocan, á fuerza de hacerse los tontos en lo ideal, lo son en la realidad. Los sentidos hacen lo absoluto condicional. Nunca lo finito puede comprender lo infinito, y sólo con lo infinito se puede comprender lo finito. Los sentidos son los limitadores de lo infinito; son los medios por donde las ideas generales se particularizan en los objetos. El sentido es un agente intermediario entre la inteligencia y el objeto, y el sentido que conoce es muy poco ménos bestia que el hecho conocido.

 

Cuando Voltaire, uno de los más infatigables pensadores de la tierra, aseguraba que sólo sabia que pensaba y que tenia cuerpo; ó, por mejor decir, que sabia que tenia cuerpo, pero que del alma no sabia ni podia saber nada, pensaba sin duda decir una cosa graciosa; pero no podia desconocer que proclamaba á todas luces una cosa falsa; pues el alma humana, inmanente en la inteligencia, es infinitamente mejor conocida de nosotros que el cuerpo, pues este es tan oscuro para ser conocido como imbécil para conocer. Y asimismo Montaigne, al asegurar «que los sentidos son el principio y fin de nuestros conocimientos» confundia lo accesorio con lo principal, al autómata con la fuerza que lo mueve, pues como dicen exactamente los libros santos «no se ha de entender materialmente que los ojos ven, y los oidos oyen: el espíritu es quien oye y ve.»

 

 

 

 

 

VII

 

 

 

 

 

 

¿Qué dices de estas bajezas ideales, espíritu mio, inteligencia mia inteligenciada, ó, como dice San Agustin, « vida que se conoce á sí misma? »

 

Revélate mi alma, verdadero y único pensamiento mio, pues, segun afirma Santo Tomás,

por su alma vive el hombre,

y el alma es el pensamiento;

revélate contra esos filósofos de vuelo bajo que, en vez de hacerte, como el cristianismo, la forma sustancial del cuerpo, le convierten, si no en una fibra, en una simple fuerza motora de las fibras; á ti que, si no eres eterna desde el principio, serás eterna hasta el fin, ó más exactamente, hasta el sin fin; y que, como dice un gran doctor, no pudiendo Dios hacerte infinita en acto, pues tal infinito no es ni puede ser más que uno sólo, le ha hecho infinita en potencia, te ha hecho ver de una manera secundaria lo que es él de una manera absoluta, te ha hecho por participacion , lo que él es por sí, te ha hecho por gracia lo que él es por la necesidad feliz de su naturaleza; todo con el fin de que se hallasen en ti todos los rasgos de tu augusto original, y sea verdad que has sido creada á su imagen y semejanza.

Rechaza, alma mia, con el noble ardor con que has sido creada, y con la conviccion que te presta el convencimiento de la existencia de lo absoluto creador, esa invasion de barbarie psicológica, esa sabiduría de los ignorántes, que desde su aparicion en el mundo ha convertido la historia en una crónica escandalosa de disputas, de insurrecciones, de herejías, de guerras y de ruinas, sin nada que fortifique absolutamente el espíritu del hombre recto, sin una esperanza segura que aliente el alma del lector cristiano.

¡Ay! así como cuando Guillermo de Occam renovó el nominalismo, aumentando la confusion de las escuelas, el humilde autor de la Imitacion de Cristo, siguiendo las huellas de Hugo y de Ricardo de la escuela místico-filosófica de San Víctor, refugiado en el santuario de su alma donde había encontrado á Dios, echó una mirada de piedad sobre los vanos clamores de las escuelas y las estériles disputas de los géneros y las especies, del mismo modo hoy es necesario, ó que se refugie en el fondo de una tolerancia imposible esta alma humana que desde la época de Descartes anda errante de César en César, de tribuno en tribuno, de sacerdote en sacerdote y de altar en altar; ó que, llena de santa indignacion , al ver tantos protestantismos revolucionarios, antisociales y heréticos,

 

hijos todos del psicologismo moderno, se dedique con fervor a llamar sobre ellos la justiciera cólera de Dios!

 

 

 

 

 

 

 

 

         

 

 

 

 

 

 

 

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I

 

 

 

 

 

¿Qué es idea? El platónico Alcinoo, filósofo griego del principio de la era cristiana, ya dijo que «la idea es respecto ¿Dios su inteligencia; respecto á nosotros el primer objeto del entendimiento; respecto á la materia, la medida; respecto al mundo sensible, el modelo; y en cuanto á sí misma, la esencia. » No conozco una definicion de la idea que más se acerque á la verdad, que la de Alcinoo. Más quisiera yo ser el autor de esta definicion que jefe de todo el sacro imperio romano. Alcinoo hubiera hecho una definicion perfecta sin más que esclarecer un poco más su pensamiento. La idea con respecto á sí misma es la esencia, de las cosas; con respecto á las cosas, su modelo; con respecto á Dios, su inteligencia, que es la medida de todo; con respecto al hombre, el primer objeto del entendimiento, con el cual todo se mide; con respecto á la materia, lo que ella tiene de medible, que es lo que la da el ser, lo que hace que el entendimiento la pueda conocer, y la sustancia con la cual Dios no ha podido ménos de crearla.

 

En resumen: la idea es lo que hay de medible en las cosas, aquello con que el entendimiento las mide y la forma con que Dios las crea.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

El orígen de las ideas ¿es el orígen de la verdad? Sí. Quien halle el orígen cierto de las ideas, habrá recorrido por necesidad todo el camino de la verdad. Digo esto con permiso de Jouffroy, filósofo que es simpático á pesar de ser el más testarudo de los psicólogos, pues, á propósito del problema del orígen de las ideas, decia: «no puedo volver de mi asombro de que se ocupen en el orígen de las ideas con un ardor tan extraordinario que se crea que allí está concentrada toda la filosofía, y que se dejen á un lado el hombre, Dios, el mundo, y las relaciones que los unen con el enigma de lo pasado, y con los misterios del porvenir, y tantos problemas gigántescos sobre los cuales no se disimula profesar el escepticismo.»

 

Y sin embargo, pobre Jouffroy, el que resuelva la cuestion del orígen de las ideas os dará resueltos los enigmas del hombre, de Dios y del mundo, y de todas las relaciones que los unen con los misterios de lo pasado y de lo porvenir. Las ideas son las razones de las cosas, y la idea sustancial es la razon de las ideas.

 

Al entrar por la aduana de la vida traemos puesta por la mano de Dios la marca del valor de nuestra personalidad.

Pero hablemos más claro. Así lo extenso, como lo intenso, es; pero sólo lo intenso sabe que es. Más intensidad, es decir, más vida, más pensamiento, más conciencia, ó conciencia más clara de sí mismo, lleva consigo libertad más completa, y, más libertad, supone siempre más poder personal. Cuanto más imperio sobre si tiene un hombre; cuanto más briosamente sabe dominarse y regir sus diversas facultades, más hombre es, y ménos cosa. Lo

 

supremamente intensivo, Dios, es lo supremo del ser, del poder y del saber; lo más intensivo, despues de Dios, en la escala de los seres, el hombre es una personalidad, más ó ménos grande, pero siempre relativa á lo supremo: es una copia hecha á imagen y semejanza de la personalidad divina. Los principios absolutos están en Dios en esencia; en el alma humana están en conocimiento. Estudiar las leyes del pensamiento es una reminiscencia, es un repaso de las ideas con que hemos nacido, de las leyes con que hemos sido creados. Si pensar no es recordar, es despertar las ideas dormidas.

 

No hay ideas adventicias. Toda idea individual es un cabo suelto de una idea universal. Toda idea relativa es una idea universal particularizada. Los principios absolutos en Dios son, y en el hombre aparecen. En el hombre por el lado de la razon se ve lo absoluto, y por el lado de los sentidos, lo relativo; pero siempre lo fenomenal se conoce por lo absoluto. La personalidad humana es el libro de la sabiduría universal que Dios ha escrito con tinta simpática: la experiencia, que se juzga que da esas ideas llamadas adventicias, no es más que la ocasion que hace que el libro se haga legible. La experiencia no da una sola idea, las despierta; es la mano que corre el velo del sagrario. El hombre está naciendo á la vida intelectual hasta que muere; pues como dice San Pablo, enseñar es engendrar, y así como la vida física nace de la generacion , la vida intelectual resulta de la experiencia.

El principio de las ideas innatas, tomada por Descartes de Platon, ha sido por aquél groseramente materializado. De las nociones impresas en el alma por el cartesianismo, no se puede sacar lógicamente nada de objetivo, nada mitológico; miéntras que las ideas platónicas están fuera del alma, y son eminentemente objetivas y absolutas. Las ideas de Platon son innatas en sí mismas; las de Desearles no son innatas, son congénitas. El innatismo de éste es relativo; el de aquél es absoluto.

Ademas de las ideas innatos de Descartes, que para él son nacidas, admite otras ideas secundarias que se llaman adventicias. Pero lo mismo las primeras que las segundas casi son hijas de las sensaciones; aquellas nacen con nosotros, y estas las adquirimos nosotros. Todo esto con poca diferencia es la imagen de la tabla

 

rasa que desde Aristóteles basta nuestros dias ha sido y es el bello ideal de los materialistas, y que consiste en el axioma siguiente: «Nada existe en el entendimiento que no baya pasado ántes por los sentidos.» Este no es un principio metafísico; esto, á lo más, es el principio de un metafísico. Y más bien que un principio, es sólo una asercion caprichosa; y una prueba de ello es que con la misma ó mayor plausibilidad se puede asentar la máxima contraria, y es que «no existe nada en los sentidos que no haya estado ántes en el entendimiento.«

 

Como observa un gran filósofo, para conocer lo que necesitaba conocer el género humano, no le era menester esperar á que Sócrates llegase á saber algo; á que Anaxágoras encontrase la luz de la verdad en las tinieblas; á que Demócrito sacase la verdad de un pozo; á que Empédocles dilatase las sendas del espíritu del hombre; á que Descartes nos dijese que es porque pierna, para que luego Condillac concluyese diciendo que es porque siente. El hombre conoció intuitivamente la verdad desde el principio, la encontró en su cuna. Toda verdad, segun la graciosa expresion de los libros santos, salió al encuentro del hombre á la entrada del mundo, para alumbrarlo, como una madre recibe en sus brazos al hijo que le acaba de nacer para cuidarle.

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

 

¿Qué cosa es lo universal? ¿Es distinto de los individuos? ¿Existe lo universal por sí, es real, ó existe sólo por la palabra que lo representa, y es nominal? Tal es el orígen de la inmensa controversia entablada entre los realistas y los nominalistas.

 

De las doctrinas que profesaron los filósofos antiguos, como Pitágoras y Platon, se deduce que los universales tenian por término la realidad. Los universales eran objeto de la ciencia; y como no podia haber ciencia sin objeto real é inmutable, sostenían que los

 

universales tenian estos caracteres de realidad é inmutabilidad. Aristóteles vino á decir que los universales no existían aparte de los individuos; y en una larga y famosísima disputa ha venido á prevalecer contra los realistas la doctrina de los nominales que hacían consistir en puros signos y meras denominaciones la esencia de las ideas generales.

 

Decían los nominalistas que las ideas no eran sino un nombre. Y replicaban los realistas que las ideas eran las solas realidades.

Consecuencias que resultan de estas dos escuelas:

Negar un valor real á las ideas generales, es negar la generalidad del sér, el sér mismo, es caer en el naturalismo.

Y, por otro lado, no admitir nada real sino las ideas generales, y no ver en los seres particulares sino las formas de las ideas generales, fenómenos del sér, ¿no es evidentemente caer en el panteísmo?

El conceptualismo de Abelardo, antiguo Kantismo, especie de conciliacion entre el nominalismo y el realismo, entre lo aparente y lo positivo, tenia el inconveniente de los dos sistemas sin tener ninguna de sus ventajas.

Desgraciadamente en esta estéril é interminable disputa se tomaba por metafísica una ideología embrollada y litigiosa, y ciertas reglas del arte de raciocinar ocupaban el lugar de la razon, lo mismo que en la filosofía crítica, y se creía encontrar en los universales y en las categorías la universalidad de los conocimientos humanos.

 

Pero entremos de lleno en esta cuestion.

Las ideas ¿no son más que las formas intencionales de las cosas?

Las ideas son las formas de las cosas, vistas en las cosas, y vistas fuera de las cosas mismas.

Las ideas existen formal y prácticamente en las cosas, formal y teóricamente en el pensamiento, y formal y ejemplarmente en Dios. Las ideas tienen en las cosas la razon temporal de la existencia, en el entendimiento humano la razon de su inteligencia, y en el entendimiento divino la razon eterna de su ser: idea en acto, idea en inteligencia, é idea en esencia y en potencia. Toda idea vista en la cosa es particular, en el entendimiento general, y universal en la inteligencia divina. Cualquier objeto exterior puede ser conocido de

 

tres diferentes maneras, ó en su individualidad, forma particular, ó en su especie, forma general, ó en su tipo ideal, forma universa!. Por los sentidos sólo conozco este hombre; por mi entendimiento conozco, en general, el hombre; y, vuelto hácia el entendimiento divino, conozco el ejemplar universal que ha servido de tipo á la creacion del hombre.

 

El sentido particulariza lo general, el entendimiento generaliza lo particular, y la razon induce el tipo universal donde se unilogiza todo lo general. Sin lo universal no habría lo general, ni lo particular sin lo general.

Por el concepto universal se explica el mundo lógico, así como por la lógica se explica el mundo real.

Las ideas están en las cosas, son en el entendimiento humano, y son y están en el divino.

La universalidad empieza por la naturaleza, sigue por el hombre, y acaba en Dios, ó mejor dicho, lo universal tiene en Dios su orígen de sér, en el hombre su principio de conocer, y en las cosas su fin de existir.

Los nominalistas no miraron las ideas más que en los objetos, los realistas no las vieron más que en la especie, y los conceptualistas las contemplaron á medias, unas veces en los objetos, y otras veces en la especie. Hé aquí á lo que se ha venido á reducir la guerra intelectual más formidable que durante siglos se ha dado entre los más ilustres pensadores de la tierra. Todos tenían razon, y no la tenia ninguno: la tenían en lo que afirmaban; pero no en lo que negaban. Todos aseguraban que veían una cosa diferente, cuando en realidad lo que veian era una cosa misma, sólo que la miraban por distintos lados. Parecía diferente el espectáculo, porque era diferente la posicion del espectador.

 

 

 

 

 

 

IV

 

Nos hemos ocupado ya en este capítulo de lo que es idea, de lo que son ideas innatas, y de lo que son ideas generales. Ocupémonos ahora en el orígen de las ideas.

 

Una idea, de la cual no nos damos razon, es innata aunque no nos es conocida; toda la aritmética, toda la geometría, todas las matemáticas, son innatas al entendimiento, y sin embargo, hay muchos que ignoran sus reglas y que no las conocerán jamas. Por tanto es aprender de nuevo el descubrir en si una idea innata. Estudiar es aprender que se sabe. Sócrates decia: «sólo sé que no sé nada.» Falsa modestia, ó crasa ignorancia. El que sabe, y lo duda, puede ser modesto; pero el que afirma resueltamente que sabe que no sabe nada, y sin embargo no estudia, es un ignorante. Se tiene el saber innato; aunque se tenga desconocido.

La tabla rasa y el empirismo por una parte, las ideas innatas y el racionalismo por otra, son las dos principales soluciones del problema del orígen y de la formacion de las ideas. Entre estas dos soluciones ¿dónde se halla la verdad? En ninguna.

Examinemos esto con alguna detencion .

Hay tres escuelas sobre el problema del orígen de las ideas, que son el sensualismo, el visionarismo y el innatismo.

El sensualismo tiene por apóstoles á todos los creyentes del ver y creer, desde la escuela física de la antigüedad, pasando por los nominalistas de la edad media, hasta los últimos enciclopedistas que profesan el principio de Locke y Condillac que sólo ve en el entendimiento humano sensaciones tras formadas que tienen la propiedad de convertirse en facultades, facultades todas que, segun Voltaire, van incluidas en la sensacion . La escuela escocesa y la ecléctica francesa, inventando como orígen de ideas no sé qué sentimiento inferior al entendimiento y superior á la sensacion , son pura y simplemente unos pobres sensualistas avergonzados de serlo.

La escuela visionaria cuenta tres autores de grande importancia filosófica, que son Platon, San Agustin y Mallebranche, los cuales ven las ideas del mundo y de todas sus partes en la esencia misma de la divinidad. Este sistema se llama el de la vision en Dios. En la generacion de esta idea, San Agustin ha imitado á Platon, Avicena á San Agustin, y Mallebranche á Avicena, el cual ya había sido padre

 

de los panteistas de la edad media con su teoría del alma volviéndose incesantemente á Dios, contemplando á Dios, y tomando en esta mirada las ideas de las cosas en Dios.

 

El tercer partido ó sea el psicologismo, huyendo tanto de los visionarios como de los sensualistas., dice: hacer venirlas ideas de los sentidos es un materialismo, es el producto de una filosofía grosera; y verlas en el seno de la divinidad es el delirio de una imaginacion calenturienta, es el panteísmo; luego las ideas son innatas.

Estos son los tres sistemas que sobre el orígen de las ideas se han debatido desde que hay historia de la filosofía.

Vamos nosotros á exponer el cuarto.

Lo más raro del caso es que los tres sistemas tienen algo de cierto, siendo todos falsos. Expliquemos esto.

La cantidad, idea sustancial, única y necesaria, con la cual Dios creo las cosas son, y el entendimiento conoce, los sensualistas la ven sólo en las cosas, los visionarios en Dios, y los psicólogos en el entendimiento. Todos creen que esta idea sustancial, orígen de todas las ideas, no se halla más que en un punto, y está en los tres. Y si esta idea sustancial faltase en alguno de estos tres puntos, no habría creacion posible, pues ni Dios podria ser ni crear, nosotros ser ni pensar, ni las cosas ser ni estar.

Dicen los sensualistas: las ideas nacen de la sensacion . Cierto.

Responden los visionarios: las ideas las vemos en Dios. Cierto.

Y replican los psicólogos: las ideas son innatas en el entendimiento. Cierto.

Todo esto es cierto en parte, y todo sin embargo es falso.

Con la idea sustancial con la cual Dios crea, el hombre conoce, y las cosas son, veo un objeto cualquiera, lo mido por la idea sustancial por la cual es, y despues de ver si es más ó ménos grande, y más ó ménos perfecto, apreciándolo en su sustancialidad y en sus cualidades, deduzco de ese objeto todas las ideas posibles. Bajo este punto de vista los sensualistas tienen razon, pues todas las ideas las saco, si no del objeto, de la idea sustancial de que se compone el objeto.

Pues prescindamos del objeto y subamos al sujeto y propongámonos hacer una crítica del entendimiento como

 

Descartes primero, y despues Kant, y empecemos diciendo: «pienso, luego soy»; y resultará que de la idea sustancial con que mi pensamiento conoce , deduciré todas las ideas físicas y morales, y vendremos á parar en que los psicólogos tienen razon, que las ideas son innatas, pues las saco todas, si no de mi pensamiento, de la idea sustancial de mi mismo pensamiento.

 

Volvamos á prescindir del objeto y del sujeto, y lancémonos de un golpe en el seno de la Divinidad; y estudiando el tipo absoluto, la idea sustancial con que Dios crea, deduciremos por ella las leyes con que gobierna el mundo el Criador y con las cuales se rigen las criaturas; y veremos que los visionarios, ó panteistas, tienen razon, y que todas las ideas del mundo, y de cada una de sus partes, se ven en Dios, y solamente en Dios.

De lo cual se deduce que los tres sistemas tienen razon en lo que afirman, y no la tienen en lo que niegan.

O, por mejor decir, y hablando francamente, los tres sistemas no tienen razon ninguna, pues las ideas no salen ni de los objetos, ni del entendimiento , ni de la divinidad, sino que se deducen todas de la idea sustancial con que Dios crea, las cosas son y el entendimiento conoce; y que, bajo diferentes formas, esta idea sustancial está al mismo tiempo en la divinidad, en el entendimiento humano, y en los objetos materiales; y por eso es posible el tránsito de la idea á la realidad, ó sea el problema del conocimiento; y por eso es cierto lo que vemos; y, por lo mismo, la verdad puede salir á la vez del objeto, del sujeto y de la contemplacion de Dios, pues toda la universalidad de las ideas nace y se origina de una sola idea necesaria, objetiva y subjetiva, madre de todas las cosas, cantera inagotable de todas las ideas, que es la idea sustancial de cantidad.

 

 

 

 

 

V

 

La cuestion del orígen de las ideas es el gran caballo de batalla de la filosofía.

Para nosotros este gran caballo de batalla, ni siquiera es una cuestion.

No hay más que una idea necesaria. Todas las demas ideas nacen de esta idea matriz, por generacion espontánea.

La idea de cantidad es la idea necesaria, á Dios para crear, á las cosas para existir, y al hombre para existir y entender.

El concepto universal con que todo ha sido creado, es la idea constituyente: este concepto necesario y único, es la base de todos los demas códigos de ideas constituidas.

La idea necesaria de cantidad, no sólo es innata, sino que es preconcebida: todas las demas concepciones son innatas, porque vienen en el entendimiento larvadas en la preconcepcion.

El concepto único, la idea necesaria de todo, con la que Dios crea, por la que la cosa existe y el hombre existe y piensa, está en la cosa enpresencia, en el hombre en esencia y en presencia, y en Dios en esencia, en presencia y en potencia.

Si una piedra, ademas de cantidad extensiva, fuese creada con bastante intension para tener vida; y, ademas de vida, sensibilidad; y, ademas de sensibilidad, pensamiento; y este pensamiento fuese tan intenso que se reflejase sobre sí mismo, creando la conciencia; en una palabra, si una piedra tuviese alma, esta piedra, sin más idea que el concepto necesario con que había sido creada, podria deducir de ella una teoría del orígen de las ideas más concreta y ménos embrollada que la de Platon.

Siendo el concepto necesario y único la idea universal, todas sus hijas, las demas ideas, se dividen en generales y particulares. Habiendo seres de razon y seres de naturaleza, y siendo la verdad la ecuacion entre el entendimiento y la cosa entendida, las ecuaciones entre el entendimiento y la idea constitutiva ó materia con que este concibe y conoce los seres de razon ó las ideas universales, se llaman verdades universales; y las igualaciones entre el entendimiento y la materia de concebir éste los seres de naturaleza y las propiedades de los seres particulares, se llaman verdades particulares.

 

Así, pues, en nuestro sistema la cuestion del orígen de las ideas debiera llamarse la cuestion del orígen de la idea.

Para nosotros no hay más que una idea necesaria de toda necesidad para crear, para ser, y para pensar: la idea inmutable de los seres, la razon estable de las cosas; el concepto típico de la creacion .

La idea sustancial, es la materia de lo inteligible, y lo inteligible de lo material. La unidad es la materia de todo lo inteligible del número; la unidad ideal con que ha sido hecho un edificio, es lo inteligible de lo material.

La sustancia de las cosas es lo que hay de conoscible en las cosas.

Es la idea sustancial el sol de las intuiciones. Los axiomas, las verdades de evidencia inmediata, son rayos de luz que se desprenden del sol de la sustancia.

Definida la sustancia queda definida la idea, y, definida la idea, ademas de quedar abierta la mina de todas las ideas, queda planteado un sistema completo de filosofía.

Dadme la definicion de vuestra sustancia, y yo os diré cuál es vuestra metafísica; así como, si me dais vuestra metafísica, yo os diré cuál es vuestro Dios, y lo que son vuestros pueblos.

La idea de sustancia es el credo de la filosofía; todas las verdades surgen y emanan de él.

La idea ontológica de cantidad es lo absoluto, es la síntesis de las leyes de la creacion . Esta idea es la materia de las intuiciones; quien penetra más en ella es el más inspirado, quien en ella cava más hondo, es el que piensa con más profundidad.

 

 

 

 

 

VI

 

 

 

 

 

 

Si hay ignorántes que cuando son bien interrogados, responden con acierto sobre ciencias que no han aprendido, no es, como cree

 

Malí obran che, porque participan igualmente de la luz de la razon eterna en donde únicamente se ve la inmutable verdad; si no porque, con poco trabajo intelectual, del ejemplar tipo, de la idea matriz con que su entendimiento ha sido creado, deducen ciertas ideas que, como llovidas del cielo, se desprenden de su orígen como los rayos de luz de los cuerpos luminosos.

 

Platon, que en su tiempo fué un genio, aunque hoy sólo nos parezca un boceto de sabio, suponía que la materia de que Dios había sacado el mundo existia de toda eternidad independientemente de él, y que las ideas que Dios ha realizado en la fabricacion de su obra subsistían fuera de él. Pero San Agustin, que era un Platon purificado, así como Santo Tomás fué un Aristóteles divino, replica sabiamente que Dios, al crear el mundo, no tomó consejo de las ideas de las cosas que subsistían fuera de él, sino de las ideas de las cosas de que él tenia el tipo en sí mismo, y cuyas cosas son también creaciones intencionales de su razon eterna.

Los materialistas son unos ciegos creyendo que las sensaciones pueden ser orígen de ideas, ó, más bien, pensando que las ideas no son más que sensaciones trasformadas; y los idealistas son tan ciegos, y mucho más ilusos que los materialistas, suponiendo que existen en el espíritu á un mismo tiempo y en una misma categoría tantas ó más ideas generales que arenas tiene la mar.

No me cansaré de recordar á mis lectores que la cuestion del orígen de las ideas y la del tránsito de la idea á la realidad son dos cuestiones fundamentales en filosofía; y que, una filosofía no es en el fondo otra cosa más que el desarrollo, la aplicacion de la doctrina que se haya adoptado relativamente al orígen de las ideas y á su realizacion en el mundo.

Nuestras opiniones sobre estos dos puntos son claras, concretas y decisivas. Para evidenciarlas más las resumiremos de nuevo aquí: la idea arquetipo con que Dios ha creado las cosas, idea por la cual las cosas son, y con la cual y por la cual el hombre conoce.

La idea con la cual Dios crea, las cosas son, y el hombre es y piensa, es la cantera universal de donde salen todas las ideas universales posibles: hé aquí el orígen de las ideas.

 

La idea con la cual Dios crea, las cosas son, y el hombre es y piensa, es el eje universal que pone en relacion lo que comprende con lo comprensible. Hé aquí, segun vamos á ver en el capítulo siguiente, cómo se efectúa el tramito de la idea á la realidad .

 

 

 

 

 

 

 

 

          

 

 

 

 

 

 

 

                                

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

 

Ya hemos indicado que en nuestro sistema de la idea sustancial absoluta, los dos problemas capitales de la filosofía que son el orígen de las ideas, y el tránsito de la idea á la realidad, son dos cosas resueltas, son dos asuntos concluidos.

 

Hemos tratado de probar lo primero.

Tratemos ahora de probar lo segundo.

Seria imposible poner en relacion la idea con su objeto con ninguno de los sistemas que han querido explicar el problema del conocimiento.

Dicen los materialistas; nada hay en el entendimiento que ántes no haya pasado por los sentidos. Si los sentidos dieran las ideas, ¿cómo se formarían en nuestro espíritu las ideas universales y absolutas?

Dicen los psicólogos: el mundo real existe, que yo sepa , sólo por el yo y en mí. Si todo existe en el yo, y sólo por el yo, ¿es otra cosa más que una ilusion la realidad del mundo?

 

Máxima antigua: lo mismo no puede ser conocido sino por lo mismo.

Para que haya conocimiento es menester que exista algo de comun entre el sujeto que conoce y el objeto conocido; es forzoso que lo mismo se relacione de algun modo con algo de lo que es lo mismo.

¿Cómo resuelven los filósofos materialistas y panteistas el dificilisimo problema del tránsito de la idea á la realidad? De ninguna manera; pues para estos no hay tránsito, siendo la idea y la realidad una misma cosa; para los primeros la idea es una sensacion , y para los segundos lo mismo es una sensacion que una idea; y así es que, en ninguno de los dos hay tránsito, pues el sér pensante es de la misma madera que el sér pensado.

Para los psicólogos la solucion del problema es totalmente imposible. Descartes dice que la sustancia de los objetos materiales es la extension , y la de los seres espirituales el pensamiento. Pero estas dos sustancias ¿no tienen alguna cosa de comun? Si no la tienen, entónces el conocimiento es imposible, porque lo mismo no puede ser conocido más que por lo mismo. Demos á estas dos sustancias de extension y pensamiento un punto de union en la idea ontológica de cantidad, y se verá como el problema se simplifica, se aclara, y casi se resuelve por sí mismo; pues si el pensamiento posee necesariamente la idea de cantidad tiene que conocer la cosa pensada, sin más que aplicar su idea á la otra idea necesaria de cantidad que, para que la cosa exista, tiene que existir también en la cosa.

La variedad de las cosas conocida en la unidad de la idea sustancial: hé aquí el único lazo de union entre las ideas absolutas y las relativas, entre el mundo anímico y el mundo corporal. Es inútil pretender explicar que lo no semejante pueda ser jamas conocido por lo desemejante. Este gran problema de la metafísica de buscar el paso del pensamiento á la cosa pensada, de la idea á la realidad, no tendria solucion posible si no hubiera una idea comun que unificara en cierto modo las variedades de las cosas.

Para los materialistas y los panteistas, como ya hemos visto, esta cuestion es de una explicacion muy fácil, porque suprimen todo lo supra-sensible, y no queda más que el pensamiento, que es una

 

materia que piensa, así como la piedra es una materia que pesa. Para Descartes y los psicólogos todos el problema ya es de una imposible solucion ; pues siendo la esencia de la materia la extension , y la del alma el pensamiento, no pueden ser conocidos, porque no hay nada de comun entre el pensamiento y la extension , entre el yo y el no-yo.

 

La idea de cantidad es la idea madre, es la sustancia genérica; las ideas secundarias de cantidad extensa y de cantidad intensa, ó de materia y vida, ó sea de grandor y de grandeza, son las diferencias especificas en el género comun. Así pues, uniendo todas las infinitas descontigüidades en una no interrumpida continuidad, pondremos en relacion los contiguos y los descontiguos por lo continuo; lo ínfimo de lo supremo vendrá á ser lo supremo de lo ínfimo, y entónces la palabra sólo será un eco del pensamiento; el no-yo un sér semejante en su inferioridad al yo, lo conocido una sombra de lo que conoce, el hombre una imágen imperfecta de Dios; y podremos establecer las relaciones de todo en todo por medio de la siguiente ley: «Todas las cosas son semejantes por su sustancia genérica, y desemejantes por su diferencia específica.» El género es la cantidad; las especies son la extension y el pensamiento, ó sean la materia y el espíritu.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

En la escuela cartesiana era un dogma la oposicion de la extension y el pensamiento. En esta parte no habia transaccion

 

posible. El abismo era cuestion  de principios, y por consiguiente era insondable. No habia manera posible de pasar del pensamiento á la palabra, de la idea á la realidad. Si el espíritu no puede conocer lo que es extraño á su modo de ser, ¿cómo el pensamiento habia de conocer la extension, habiendo entre ambos oposicion de naturaleza? El resultado de esta oposicion fué el que no podia

 

ménos de ser, la consumacion de un crimen intelectual, pues Descartes al querer hacer el tránsito de la idea á la realidad, al sacar

 

á  luz al yo, tuvo que estrellarle sobre las losas del pavimento de su escuela arrojándole al mundo de cabeza desde la cumbre de la veracidad divina.

¡Qué gran número de maravillas encierra el fenómeno del conocimiento! Santo Tomás, el ideólogo que mejor lo explica, dice que el sentido es, en cierto modo, el entendimiento de las cosas sensibles, así como el entendimiento es el sentido de las cosas inteligibles. El sentido espiritualiza lo material, recibe en si los objetos materiales sin la materia; el entendimiento, potencia individual, recibe en sí al individuo sin la individualidad. Conociendo los objetos exteriores, el alma se hace semejante á ellos, sin perder nada de su simplicidad; siendo conocidos por el alma, los objetos materiales pasan á ella, sin perder nada de su materialidad. Principian á ser en el alma, sin cesar de ser en sí mismos. Son, y permanecen en un sér nuevo, en un sér espiritual, sin cambiar su sér natural. Pues bien, si nonos engañamos, la materia dista más del espíritu que la nada del ser. Todo esto que el gran ideólogo ha escrito tan confusamente para explicar el fenómeno del conocimiento, se puede aclarar en dos palabras. Estando el entendimiento en posesion del concepto ejemplar universal con que todo ha sido creado, con ese concepto y por ese concepto el alma conoce al Creador y á las criaturas; por ese concepto conoce lo particular, y con ese concepto se eleva á lo universal.

Los universales son concepciones inmensas, infinitas, son las formas inmutables, son las ideas. Como dice San Agustin, los pensamientos, que Platon;

ántes que nadie llamó ideas, son las razones eternas de las cosas, que existen de toda eternidad en el entendimiento divino, como causas ejemplares y formas inmutables de todas las cosas, y por las cuales se ha hecho todo cuanto existe. Pero San Agustin ignoraba que la causa de esas ideas que existe en Dios en potencia, existe en el hombre en esencia y en presencia, y en las cosas solamente en presencia. El niño que ha visto una sola vez un árbol, por el concepto sustancial que existe en comun en el entendimiento y en el árbol, sabe tan bien como el mejor filósofo lo que es el árbol;

 

por el concepto percibe lo particular, y con el concepto deduce lo general, y al ver en lo sucesivo otros individuos de esa misma especie, se dice á sí mismo y á los demas: « esos son árboles.»

 

«Pero eso es absurdo y pueril» oigo que nos replica Mallebranche; «nuestra inteligencia no tiene las ideas en sí misma de manera alguna. Ella cree que las posee realmente; pero esto no es más que una ilusion , Ella no las ve más que en Dios, como en un espejo , y nada más. Las ideas se encuentran en el entendimiento divino; no se mueven de allí para pasar á nosotros; y allí, advertido por los objetos exteriores, va á buscarlas nuestro espíritu, y las encuentra y participa de ellas.» Devolviéndole la frase, no conozco nada más absurdo y pueril que ese embobamiento perpétuo en que Mallebranche quiere poner al hombre en la contemplacion de lo que es en Dios, para estar despues casi siempre con el diablo. Si esta curatela fuese posible, seria forzoso confesar que el curador dirige mal, y que el pupilo se deja guiar peor.

 

El bueno de Mallebranche, al ver que Descartes, con una deplorable confusion de ideas, fundó el conocimiento de lo físico en la base moral de que Dios no nos puede engañar, se agarró á Dios como un niño medroso al cuello de su nodriza, sin duda para no engañarse nunca. De creer en las cosas por la veracidad de Dios, á ver las cosas en Dios, hay bien poca diferencia.

La idea sustancial, el sello de la verdad eterna, es el eje comun de la creacion , y por él existen las cosas y se pueden conocer; por él se ve lo particular, y se deduce lo universal. No, no, nuestro amable y extático Mallebranche; no es Dios quien imprime en el alma humana ó le comunica inmediatamente las ideas, ni el alma tampoco las toma en Dios, mirando á Dios; sino que el mismo entendimiento humano, por efecto de la idea sustancial con que han sido creados lo que conoce y lo conocido, en virtud de la luz del Verbo que se refleja en él, se forma esos universales por vía de abstraccion , elevándose con motivo de las cosas particulares á la concepcion universal, á la quididad de las cosas.

 

III

 

 

 

 

 

Examinemos lo anterior un poco más despacio. Después que Desearles nos introduce en esa torre del hambre del «pienso, luego soy,» en esa fórmula que él cree la certeza absoluta, ¿cómo nos saca de allí? De la manera más incierta y más peligrosa del mundo. Por no dejarnos morir encerrados en la torre como Ugolino, nos descuelga de mala manera por la ventana, apoyados en los peldaños de una escalera de suposiciones. Su argumentacion es la siguiente: yo soy porque pienso; primera verdad dudosa, porque supone, sin probarlo, que pensar es sér., Prosigamos. Dios existe porque tengo idea de él: segunda suposicion , pues afirma que existe lo que se piensa, en cuyo caso existen con la misma certeza que el Dios de Descartes, sin más razon que porque nosotros tenemos idea de ellas, todas las monstruosidades del gentilismo. Adelante. Dios es veraz: verdad intuitiva, verdad ontológica; pero no es una verdad psicológica, no es una verdad probada por él: tercera suposicion . Y como Dioses veraz, todo lo que vemos es cierto, porque, de lo contrario, Dios nos engañaría, y se complaceria en hacernos juguete de una ilusion : cuarta suposicion . Tal es la serie de saltos mortales que nos hace dar Descartes para hacer pasar al yo desde sí mismo á Dios, y desde éste á la naturaleza exterior, poniendo en relacion la idea con el objeto, el mundo ideal con el mundo real. De esta manera salva la psicología el tránsito que media entre el pensamiento y la cosa pensada, pues poniéndose humildemente Descartes inclinado sobre el borde del abismo, y dejando á la orilla su sistema, pasa ontológicamente á la ribera opuesta apoyándose en el puente de la veracidad divina. Pero esto no es pasar por el puente, esto es saltar el vado.

 

Así es que, por tener una idea embrollada de la nocion de sustancia, para buscar el tránsito de lo ideal á lo real, tuvo que dar un rodeo tan largo como peligroso.

El argumento de Descartes, reducido á una forma concreta, es el siguiente:

 

Pienso, luego soy..

 

Pienso en Dios, luego existe.

Dios existe, luego es veraz.

Dios es veraz, luego no nos engaña.

Dios no nos engaña, luego es verdad lo que vemos.

De manera que Descartes deduce la legitimidad de la idea de Dios del sentimiento de nosotros mismos, y el valor del sentimiento de nosotros mismos vuelve á deducirlo despues de la ya deducida idea de Dios.

No he visto en ningún pensador un circulo más vicioso.

 

 

 

 

 

IV

 

 

 

 

 

Kant, el implacable disector del entendimiento humano, sin conocer que las matemáticas eran la mitad de la metafísica, quiso rehacer esta, al ver que la filosofía no tenia á su parecer la seguridad del método, el rigor y la extension de los resultados, como sucede en las matemáticas. Pero con una inconsecuencia digna de un principiante de lógica, para conseguir en filosofía lo mismo que en matemáticas, siguió el camino inverso que las matemáticas le trazaban: estas son completamente sintéticas, y él emprendió el camino del análisis: todas las verdades matemáticas son de evidencia inmediata, y él no quiso admitir más verdades que las que saliesen de su crítica, imitando la famosa duda metódica de Descartes, como si jamas de la negacion pudiese salir una afirmacion . Kant llama á su procedimiento critico por el método, y trascendental por el objeto. Y despues de un análisis del entendimiento tan complicada, tan prolija y tan caprichosa, que hubiera dado envidia á Aristóteles y á Hume, dice que el espacio y el tiempo son dos formas necesarias de la sensibilidad que imponemos á la materia de la sensacion para poder conocerla; pero que estas formas de tiempo y espacio no están en los objetos, pues

 

son formas que residen en nosotros como condiciones prévias de nuestra aptitud para adquirir la intuicion de los objetos. De esta invencion de las dos ideas necesarias que imponemos á los objetos para poder conocerlos ¿qué resultó? Resultó la rotacion de la idea más fatigosa y más monótona que ha podido ser causa y efecto de la demencia humana en su más alto grado de exaltacion .

 

Para saber cómo llegamos al conocimiento de las cosas por el intermediario de nuestras facultades pasivas y activas, pensó Kant que debíamos estudiar en primer lugar estas mismas facultades; de cuyo estudio nació su célebre Critica del juicio y de la razon. Después del análisis ideológico más paciente y más profundo que se ha hecho jamas desde la aparicion de Aristóteles, llegó al triste resultado de que no existe un lazo necesario entre nuestras facultades y su objeto, entre nuestro entendimiento y el mundo exterior, entre nuestra razon y el mundo metafísico, entre la idea y la realidad. No fueron nuestras facultades á los ojos de Kant más que formas subjetivas, instrumentos de nuestro propio espíritu, órganos del entendimiento, capaces sólo de probar la existencia del entendimiento mismo, pero incapaces de conocer nada fuera de sí, de ponernos en posesion de la realidad del mundo. De este modo llegó á un escepticismo, tanto más desolador cuanto que parecía más científico, y abrió un abismo insondable entre las facultades humanas y la realidad de las cosas.

 

Decían ciertos orientales: darás vueltas sobre ti mismo con un movimiento circular y rápido; continuarás este movimiento hasta que te veas poseído del santo vértigo, y te elevarás por la contemplacion sobre todas las cosas de la tierra; te separarás de tus sentidos, cerrarás tus ojos y tus oidos á los objetos exteriores, sujetarás tu imaginacion , y harás cuanto puedas por enajenarte y unirle al ente necesario. Hé aquí la imagen de Kant haciendo la crítica del entendimiento humano, y llegando por ella á la ciencia trascendental. Las vueltas sobre sí mismo son la crítica, la ciencia trascendental es la posesion del santo vértigo.

Y esto es exactísimo, pues partiendo de estas ideas subjetivas y necesarias de Kant, que son los principios generales ó sea las bases de lo que suele llamarse filosofía alemana, resulta un sistema diferente segun es diferente el punto de vista en que el espectador

 

se coloca. Los puntos de vista son en número de tres, y han dado orígen á los tres grandes sistemas de la moderna filosofía germánica. Puede uno colocarse en el punto de vista del yo, concentrarse en el yo, establecerle como lo absoluto mismo, y tratar de deducir de él la universalidad de las cosas: se llega entónces al idealismo subjetivo de Fichte. Ó ya, colocarse en el seno de la realidad, abrazar á la vez el yo y el mundo, y considerarlos como los desarrollos de la identidad absoluta: se obtiene por este procedimiento el idealismo objetivo de Schelling. En fin, puede salirse de toda realidad, colocarse en el seno de las leyes puramente lógicas, en un mundo abstracto; y se llega entónces á la evolucion de la idea, á la teoría puramente lógica de Hegel.

 

Expliquemos esto de otra manera más concreta y más clara.

Kant.—La idea no garantiza nada más que á sí misma.

Fichte.—La idea produce el sér.

Schelling.—El sér reproduce la idea.

Hegel.—La idea es el ser.

O, de otro modo:

¿Qué es lo que existe?

Kant.—La duda, y, si algo existe, es algo del yo.

Fichte.—No existe más que el yo.

Schelling.—El yo es una evolucion del no yo.

Hegel.—El no yo es una evolucion del yo.

Después de la filosofía crítica sucedió lo que era indispensable que sucediese, pues una vez abierto un abismo entre la idea y la realidad, los sucesores de Kant para explicar la posibilidad del conocimiento se vieron en la necesidad de ó suprimir una de las dos orillas del abismo, como hizo Fichte, absorbiendo la realidad en la idea, el no yo en el yo, ó tuvieron que terraplenar el abismo, juntando las dos orillas, como hicieron Schelling y Hegel, suprimiendo el pozo de Demócrito que había excavado Kant entre el conocimiento y el sér, entre el sujeto y el objeto, y afirmando que el sér está en el conocimiento, que ser y conocer son idénticos; por consiguiente que nuestro conocimiento de las cosas nos pone en posesion de la esencia de las cosas mismas, ¿No es cierto que á todos y á cada uno de estos filósofos se les puede aplicar esta descripcion que hace un autor de ciertos monjes asiáticos? Cuando

 

se ve á un Dervich dar vueltas sobre sí mismo hasta caerse en tierra sin conocimiento y sin sentido, borracho, embrutecido y aturdido, casi en el estado de un muerto, ¿quién creerá que ha sido conducido á esta práctica extravagante por un encadenamiento increíble de consecuencias delicadas y de verdades muy sublimes? ¿Quién podrá persuadirse que aquel que está sentado inmóvil en el fondo de una caverna, apoyados los codos sobre sus rodillas, reclinada la cabeza sobre sus manos, y la vista fijamente puesta en la punta de su nariz esperando dias enteros la aparicion beatífica de la llama azul, es un gran filósofo?

 

Pero recordemos el punto de partida. Decía Kant que era imposible saber cómo se conoce, porque conocer y ser son cosas diferentes. Vinieron sus sucesores, y afirmaron que lo más fácil de todo es saber cómo se conoce, porque conocer y ser son idénticos.

 

Kant, volvemos á decir, abrió un abismo entreoí conocer y ser, y creó el escepticismo.

Sus discípulos volvieron á terraplenar el abismo, é identificando el conocer y el ser, crearon el panteísmo.

Porque, es claro, si ser y conocer son idénticos, si conocerse á sí mismo es conocer la esencia de las cosas, es necesario, de absoluta necesidad, que esta esencia esté en nosotros, y que no haya en realidad más que una sola sustancia en el mundo. Esta única sustancia es la identidad, que se desarrolla necesariamente, y de una manera infinita, en la naturaleza y en el entendimiento humano, y que llega en la inteligencia humana al conocimiento de sí mismo.

Si se desarrolla la identidad en la naturaleza y en el entendimiento humano, no hay un Dios perfecto, un Dios personal, anterior al mundo, distinto del mundo y causa del mundo. Si desarrolla la identidad su esencia en la produccion del mundo, no hay verdadera creacion . Hé aquí el panteísmo en su expresion más clara, y el panteísmo más antipático y más contrario á las puras nociones de la doctrina cristiana.

 

V

 

 

 

 

 

Vamos, en fin, á tomar posesion del mundo real, de ese Proteo que hasta ahora se ha escapado á toda prueba científica, de esa materia cuya existencia es más difícil de patentizar que el mismo espíritu.

 

Nosotros no conocemos nada más que lo que es por su naturaleza análogo á la naturaleza de nuestra facultad de conocer. De aquí el lazo estrecho que une el mundo de los hechos y el de las ideas; de aquí esta perpetua analogía que reina entre lo subjetivo y lo objetivo, entre la idea y la realidad.

El pensamiento arremolinado de la filosofía alemana, este vértigo de medio siglo, repetiremos que ha sido producido por la invencion de las dos ideas necesarias de Kant, que imponemos á la materia de la sensacion para conocerla. Y ¿quién dirá que esto que Kant llamaba una ilusion trascendental, y que no ha sido más que una fuente de errores trascendentales, era en rigor casi casi una verdad trascendentalísima? Ese tiempo y ese espacio que el entendimiento supone á priori para poder conocer, para que el pensamiento se ponga en relacion con la cosa pensada, es la cantidad, es la idea sustancial considerada bajo uno de sus dos aspectos, el de la extension . Añadid á ese tiempo y á ese espacio, á esa cantidad extensiva, á ese más y ménos, la vida y el espíritu, lo intensivo, lo mejor y lo peor, y tendreis completa la idea de cantidad, la sustancia, idea necesaria del pensamiento y de la cosa pensada, con lo que se piensa y por lo que se piensa; idea necesaria para conocer, é indispensable para poder ser conocido; elemento genesíaco que lo mismo está en el espectador, que en el espectáculo.

 

Lo repito: así como á Descartes para tener una idea clara de la sustancia, le faltó dar algun enlace á la extension y al pensamiento , uniéndolos en la idea ontológica de cantidad; á Kant le faltó añadir á las dos ideas necesarias de tiempo y espacio, ó sea, la idea abstracta de extension , la idea correspondiente de vida y

 

pensamiento, ósea, la abstraccion de la cantidad intensiva. De este modo ya podia inferir que el pensamiento conoce la cosa pensada, porque aplica la idea de cantidad sustancial de que están en posesion las cosas que se piensan. Lo que tiene el entendimiento para poder conocer, eso mismo tienen las cosas para poder ser conocidas.

 

 

 

 

 

VI

 

 

 

 

 

La idea sustancial universal de las cosas, la cantidad, que en los seres morales es más ó ménos intensa, y en los materiales, más ó ménos extensa, es el hilo eléctrico por donde están en comunicacion directa todos los extremos de la creacion ; por donde lo que conoce se pone en comunicacion con lo conocido. Suprimid la idea de cantidad, y suprimireis la posibilidad de la existencia de ninguna cosa. Volved á recobrar la idea de cantidad, y ya no sólo volveis á reconquistar la posibilidad de la existencia de alguna cosa, sino que echais un puente que une y da paso á todas las cosas posibles. Suponed ahora un sujeto que conoce, y un objeto que conocer. ¿Cómo lo conocerá? Si el sujeto que ha de conocer, tuviese, lo que no es posible, todas las ideas, ménos una, la idea sustancial, ó de cantidad, el sujeto no podria jamas ponerse en relacion 'con el objeto. Pero teniendo el sujeto la idea de cantidad, corriendo el pensamiento por la sustancia que le es comun con la cosa pensada, si es un objeto material, lo calcula, lo imagina en sus infinitas divisiones y subdivisiones; y, si es espiritual, lo compara, lo mide y lo piensa, en los infinitos grados y sub-grados de sil perfeccion moral. El pensamiento tiene un punto de union con la cosa pensada en la idea ontológica de cantidad; por medio de esta idea la mide, y la calcula, la aplica el más y el ménos, el mejor y peor, y conoce el grado de su grandor físico y el de su grandeza moral.

 

Para mejor inteligencia de esta idea hagamos una aplicacion . ¿Cómo conozco este libro? Del modo siguiente. Mi pensamiento ha sido creado bajo el plan de la idea de cantidad intensiva, más ó ménos extensa, idea necesaria para que fuese creado mi pensamiento, é idea única y necesaria con la cual mi pensamiento conoce. De esta idea necesaria y única mi pensamiento deduce todas las ideas de-más y ménos, matemáticas; y de mejor y peor, moral. Con la idea de cantidad se saca por generacion todo el saber posible. Tal es el sujeto que conoce. Vamos ahora al objeto conocido. Este libro ha sido creado con una cantidad extensa, más ó ménos intensiva; y, al verlo, mi pensamiento, con la idea de cantidad, que es su sustancia, conoce la idea sustancial del libro, que también es cantidad, y juzga si el libro es más grande ó más pequeño, más bueno ó más malo; le puede aplicar todas las ideas matemáticas y morales; lo juzga con todas las reglas del saber humano, lo conoce.

 

Hé aquí, segun nuestro parecer, á lo que quedan reducidas las dos cuestiones batallonas en filosofía del orígen de las ideas, y de la posibilidad del conocimiento humano.

El fenómeno del conocimiento, esta aproximacion tan íntima entre el espíritu y el cuerpo, le parece al ideólogo á quien he aludido hace poco, un prodigio más asombroso aún que el de su salida de la nada. En ninguna parte, dice, ha desplegado el Dios creador más sabiduría, más potencia, más autoridad, que atribuyendo á los sentidos la facultad de trasformar lo material en especie espiritual, permaneciendo materiales ellos mismos, y atribuyendo al alma la facultad de apoderarse de lo material, copiar en sí su perfecta imagen y permanecer ella misma simple y espiritual. En ninguna parte, añade, la potencia creadora se mostró más señora absoluta que ligando y armonizando con semejantes relaciones naturalezas tan opuestas. El fenómeno del conocimiento es el más grande, el más maravilloso de los prodigios de la creacion .

 

Y, sin embargo, dado el prodigio de la creacion , y supuesta la idea necesaria sustancial de todas las cosas, ¿no es verdad, lectores mios, que las dos grandes cuestiones del orígen de las ideas, y de su realizacion en el mundo, quedan reducidas á los dos

 

fenómenos más sencillos, más claros y más rudimentarios de la filosofía?

 

 

 

 

 

 

 

 

            

 

 

 

 

 

 

 

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TEOREMA III

 

Todo es uno, y diferente. Las cosas tienen de comun la idea sustancial, y de diferente el órden jerárquico de la mayor ó menor intension de la idea sustancial con que han sido creadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

              

 

 

 

 

 

 

 

                   

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

 

Toda la doctrina de este capítulo no es otra cosa más que el desarrollo de los tres tan conocidos principios de cosmología racional:

 

 .º «Todo ser creado tiene un fin», y se puede añadir y «una constitucion apropiada á este fin.» Este es el principio de las causas finales, principio de un uso perpetuo y de una fecundidad maravillosa en la ciencia de los seres organizados.

 .º El universo está construido segun un plan regulador y sencillo á la vez.

 .º Las leyes de la naturaleza son estables y generales, simples y fecundas.

A estos principios de una aplicacion universal, añadiremos estos otros peculiares á la mejor inteligencia y desarrollo de nuestro sistema.

 .º Toda cosa ocupa en el universo el lugar correspondiente al grado de su actividad.

 

 .º bascosas, aunque creadas por otro, obran todas por sí mismas con la energía propia de la fuerza con que han sido concebidas.

 .º No hay nada inerte, todo piensa ó todo pesa.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

¡El espectáculo de la naturaleza es la gran prueba artística de Dios!

De todas las pruebas de la existencia de Dios, clasificadas en metafísicas, físicas y morales, no extraño que sólo las pruebas físicas, las más antiguas, más sencillas y más claras, fuesen las que al entendimiento árido de Kant le pareciesen las más decisivas y más fascinadoras. ¡Es tan difícil negar la evidencia de lo que se ve! ¡Es tan imposible, como indicaba el escéptico, prescindir enteramente de la naturaleza humana!

Las pruebas físicas de la existencia de Dios, que con sencillez más seductora se han escrito desde el principio del mundo, para hacerlas todavía más palpables, las reduciremos al siguiente silogismo.

Sólo un ser infinitamente sabio puede órdenar infinidad de cosas por infinidad de medios, y con un fin determinado y único;

Es así que en la creacion por todas partes se hallan señales visibles de un órden ejecutado con la mayor sabiduría, con un designio determinado, y con una admirable variedad de medios:

Luego el autor de ese órden universal es único, é infinitamente sabio.

 

 

 

 

 

 

III

 

La creacion es la manifestacion exterior de Dios.

 

Dios obra con los dos caracteres, tipos de todas nuestras ideas, la inteligencia y la bondad. Crea mucho, porque es bueno; y crea bien, porque es sabio.

Dios crea como el hombre piensa, y el hombre piensa del mismo modo que Dios crea. Ni Dios podria crear sin cantidad, ni el hombre concebir nada sin la misma idea.

Tiene alguna razon Kant: el tiempo y el espacio son dos ideas necesarias, sin las cuales el entendimiento nada podria concebir. Sólo que Kant, que acertó inconscientemente que estas ideas son constitucionales en el espíritu, se equivocó en creer que estas mismas ideas á priori no están en los objetos lo mismo que en el espíritu, pues él creyó que eran dos invenciones necesarias del entendimiento para poder conocer. Aquí está el error de Kant, error que ha traido las más trascendentales y las más funestas consecuencias.

 

Así como la vida es un antecedente lógicamente necesario de la idea de espíritu, el espacio es un antecedente lógico de la idea de cuerpo.

La cuestion del espacio es uno de esos problemas de la metafísica que más han atormentado las cabezas de los filósofos. No parece sino que todas las cuestiones en que intervienen los sentidos para esclarecerlas se quedan siempre más embrolladas y más insolubles.

 

Cuatro son las principales opiniones que á propósito del espacio han sido debatidas en todo el curso de los siglos. El espacio ¿es una idea? ¿Es un sér? La idea de ser ¿está en la idea de espacio? El espacio ¿es una concepcion necesaria?

 .º Opinion . El espacio ¿es una idea? A esta pregunta responden unos: El espacio no es nada, es el vacío, la ausencia ó la negacion de todo cuerpo; es una suposicion del espíritu, un nombre abstracto, la designacion de un punto de vista de los objetos: en lugar de decir que están los unos á continuacion de los otros, se dice que están en el espacio. Es un puro modo de hablar.

 

.º Opinion . El espacio ¿es un sér? A esto responden otros: El espacio es una cualidad de los objetos, no una cualidad que el espíritu les atribuye, no una expresion de su manera de ser. Es una

 

cualidad real de los cuerpos, pues que no hay cuerpos sin espacio, y sin embargo, sin los cuerpos el espacio se reduce á nada. La presencia de los cuerpos que sólo lo manifiesta, sólo también lo realiza.

 

 .º Opinion .La idea de sér ¿está en la idea de espacio? Contestacion de otros: El espacio es alguna cosa por sí mismo, porque no se puede concebir cuerpo sin espacio, y el espacio vacío de cuerpo se concibe muy bien. Suprimid el cuerpo, y no suprimireis el espacio. El continente es tan real como el contenido.

 

 .º Opinion . El espacio ¿es una concepcion necesaria? Respuesta de Kant: El espacio es una representacion pura, primitiva, uno de los principios de la ciencia de la sensibilidad á priori, ó de la estética trascendental. El tiempo y el espacio son maneras de concebir las cosas, ó más bien, medios de percepcion.

 

De estas cuatro opiniones, prescindiendo de esa estética trascendental, de esa ciencia de la sensibilidad, y de todas sus visiones críticas, esta de Kant es la que más se aproxima á la verdad.

 

Y digo que sólo se aproxima á la verdad, porque las ideas de tiempo y espacio no son invenciones necesarias, como Kant supone, para poder entender, sino que están sustancialmente en el espíritu y al mismo tiempo son parte de sustancia de los cuerpos, y por eso aquel conoce, y estos se dejan conocer. La cantidad, idea sustancial universal, lleva incluidas en sí, no sólo las ideas de tiempo y espacio, sino las de mejor y peor; las de más y ménos, y las de bueno y malo; la idea del es, y la idea del cómo se es; la idea de existir, y la idea de existir de cierto modo. Y esta sustancia, esta idea madre de todas las ideas, no la supone el espíritu para poder entender, sino que está realmente en el espíritu que entiende, lo mismo que en (odas las cosas que pueden ser entendidas.

Hé aquí á lo que quedan reducidas las dos cuestiones del tiempo y del espacio, esos abismos sin fondo de la filosofía que han ocupado más etras que se pueden leer en el tiempo de la más larga vida, y que han hecho escribir más obras que las que cabrian apiladas en el espacio que media entre Saturno y la Tierra.

 

IV

 

 

 

 

 

Como la diferencia de cantidad en las cosas produce la diferencia de categorías, su órden gradual, ó sea la desigualdad, es una ley de Dios. Esta es la ley jerárquica. Despees de esta ley jerárquica, viene la ley de continuidad, que dice: «que en el órden de los seres no hay solucion de continuidad.» Y despues de este órden de lo continuo, llega la ley de contigüidad, afirmando: «que lo ínfimo de lo supremo, toca á lo supremo de lo ínfimo.»

 

Sentadas estas leyes de cosmología racional, se ve que cada partícula del universo tiene sus relaciones naturales, su huésped, su ruido, su movimiento, su palpitacion , su período en el tiempo, que es el órden de las existencias, y su lugar en el espacio, que es el órden de las coexistencias.

Estas tres leyes de diferencia de cantidad jerárquica, de lo continuo y de lo contiguo están conformes con la gran armonía de la cual resulta el órden del universo, ley de sucesion de las relaciones, por las cuales, segun ya hemos dicho, lo ínfimo de lo supremo participa de lo supremo de lo ínfimo; lo ínfimo de lo inteligible se refiere á lo supremo de lo sensible, y lo ínfimo de lo sensible tiende la mano á lo supremo de lo material; la ley de la existencia simultánea en cada sér, de cualidades diferentes que hacen de ella un sér medio, que toca en dos extremos, ligándolos entre sí con el todo; la ley de las gradaciones, de las transiciones, por las cuales nada se hace bruscamente, sino que todo procede por grados, en la formacion de las cosas y en su modo de ser y de obrar.

 

Esta alma gradual de todas las cosas, esta cantidad masó ménos intensiva, esta actividad, se aumenta de cosa en cosa, progresa ele reino en reino: la vegetacion está sobre la afinidad, la vida orgánica sobre la vegetacion , el instinto sobre la vida, la inteligencia sobre el instinto; y todo esto en un órden y en una division tal que, despues de la atraccion , nace la sensacion , y despues de la sensacion el instinto, y despues del instinto la inteligencia; sin que se puedan confundir jamas ni la inteligencia con el instinto, ni éste con la

 

sensacion , ni la sensacion con la materia. Y en esta infinidad de grados de vida entre lo que pesa y entre lo que piensa, el alma, inteligencia inteligenciada, reina sobre todas las cosas, y Dios sobre todas las cosas y el alma humana; los cuales están, el alma en su cuerpo como Dios en el mundo, y Dios en el mundo, como la idea que presidió á la ereccion de un edificio está en todas y en cada una de las partes del edificio.

 

 

 

 

 

V

 

 

 

 

 

Dios, creador, da á las cosas cierta fuerza; y Dios, conservador, las deja marchar segun cierta ley.

 

La perfeccion y armonía del universo exige la variedad de las cosas, la diversidad de las naturalezas, la desigualdad de las cantidades, de las cualidades y de las fuerzas, uniéndolas unas á otras, sirviendo estas al fin de aquellas, y aquellas al de las demas, formando un todo compuesto de armonía en los pormenores y de perfeccion en el conjunto. La super-sustancia, única en su género y género exclusivamente único, crea la sustancia, género también único, pero que se divide en infinitas especies; y que así como la super-sustancia existe eternamente, las sustancias secundarias subsisten miéntras subsisten, tienen el grado de vida segun la intension con que han sido creadas; pero todas, por más ó ménos tiempo, obedecen á una fuerza comun, fuerza de un número infinito de condensaciones, y que es extension en la piedra, vida en la vegetacion , sensibilidad en la parle baja, é instinto en la parte alta del animal; que es inteligencia en el hombre, pero inteligencia todavía sin reflejar: todas fuerzas sin alma, ó como dice Leibnitz, todas almas sin eco; hasta que la inteligencia se piensa, y nace la conciencia humana, espejo del creador y de las criaturas, microcosmo, ó mundo abreviado, que es la condensacion del macrocosmo ó gran mundo: por lo cual se ha dicho que, si la

 

creacion es la imaginacion de Dios hecha sensible, el hombre es un pensamiento manifestado.

 

Pero lodo eso sensible que es el pensamiento manifestado de Dios, no tiene de durable más que las leyes con que ha sido creado.

 

Excepto el sér de los seres, todos los seres caminan al borde del abismo de la nada, pues como dice San Agustin, el universo en su duracion es semejante á un discurso; y así como las palabras de este es necesario que se extingan apenas pronunciadas para dar lugar á que resuenen las siguientes, así también cada uno de los seres debe cesar de existir luego que se ha llenado el objeto para que fué creado, y ocupar su lugar otro que también tenga que formar parte de la universalidad de la creacion .

Y como lo limitado no puede confundirse con lo infinito, despees que nuestro espíritu siente invenciblemente la atraccion de arriba, el alma gravita hácia Dios, y lo desheredado del cielo, lo que no es cantidad supremamente intensiva, lo que no es sustancia perfecta, lo que no es espíritu, lo que no es idea, se desvanece como un espectro, y vuelve á formar parte de ese recipiente comun llamado nuestra madre la tierra, de ese tronco de flores ideales, de esa fábrica de mártires, de ese magnífico pedestal del espíritu humano.

Después de esta vasta metempsícosis en que la vida pasa de forma en forma, de potencia en potencia; de la agregacion informe,

á  la vegetacion formada; de la vegetacion aún inerte, á la sensibilidad contráctil; de la sensibilidad ciega, al instinto; del instinto mecánico, á la inteligencia claravidente, último tipo de la perfeccion de la vida; la creacion , amándose en el hombre como en su unidad, ve la personalidad humana hacer su entrada triunfante en los misterios de la eternidad.

Si despues de salir todo del caos, volviese al caos, ¿qué objeto tendria la creacion ? ¿para qué nos hubiera servido tan largo viaje por este valle de lágrimas, donde nos sometemos voluntariamente á una peregrinacion que no es mas que una purificacion por medio del dolor, de la virtud y de la muerte?

 

VI

 

 

 

 

 

¡Cuán agoviados nos sentimos bajo el peso de Jo finito! ¡Cómo nos entristece lo estrecho de su horizonte moral y lo mezquino de sus límites externos! ¿Qué es lo que puede en el mundo satisfacer los deseos del corazon y el ansia moral del alma humana? Nada.

 

Echad en el abismo del corazon y del alma las riquezas, el placer, la gloria, la amistad, el amor, todos los bienes y todos los deleites de la vida, y no llegareis á ocupar ni siquiera un rincon de ese inmenso vacío que sólo se puede llenar con las delectaciones de la sabiduría, y con los deliquios de la virtud!

El mundo entero es una cárcel demasiado estrecha para el alma. Por eso nuestro espíritu, por entre los intersticios de todas las cosas finitas, inquiere y halla lo infinito, y en vez de satisfacerse con la contemplacion de lo real, no descansa hasta lanzarse y reposar en las regiones de lo ideal.

 

 

 

 

 

VII

 

 

 

 

 

Y como toda cosa se compone de cierta cantidad, y como toda cantidad, si es física es divisible por partes, y si es moral es calculable por grados; las infinidades de infinidades de grados y partes de la cantidad forman infinidades de infinidades de órdenes en las sustancias. Un medio, más un cuarto, más un octavo, etc., ele., etc., en esta progresion , nunca llegarían á componer la unidad material de un objeto extenso, ni un grado de vida de un objeto intenso. En esta serie infinita puede haber infinidad de seres, todos creados con diferente vida, y con desigual magnitud, sin que dejen de acercarse siempre á la unidad, pero sin que lleguen á tocarla

 

nunca. Estas infinidades de infinidades de órdenes en las sustancias, son lo que constituye la jerarquía universal de los seres. Y al ver lo que estos seres tienen de comun y de diferente, lo que los unifica y lo que los distingue, su unidad y su número, su vida y su magnitud, sus esencias y sus cualidades, sus sustancias y sus accidentes su union con lo general y sus relaciones particulares, todas estas nociones hacen que forme el entendimiento las ideas ó las concepciones generales del género, de la especie, del todo, de la parte, del tamaño, de la fuerza, de la causa, del efecto, de lo útil, de lo nocivo; y con el auxilio de estas concepciones se ve que lo material es sólo la corporificacion de lo ideal, y que este mundo no es otra cosa más que la grande y misteriosa expansion del mundo espiritual; y por eso no hay ciencia, ni la más material de las ciencias físicas, de la cual la metafísica, la ciencia primogénita de Dios, no sea el apoyo que la sirve de base, el principio que constituye su solidez, el aroma que la hace incorruptible, la luz que evita su extravío, la verdad que asegura su progreso, la regla que la encamina, acaso de una manera tardía, pero siempre de un modo constante, al foco de todos los sentimientos, al centro de todas las atracciones, al conocimiento de lo absoluto; pues la inmensidad es la leccion visible de la inmortalidad, y todo el universo la encarnacion física de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

         

 

 

 

 

 

 

 

                   

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

 

¿Cómo y cuánto subsisten las cosas? Las cosas viven el tiempo y bajo la forma que corresponde al grado de intensidad de la cantidad de que se componen.

 

La diferente intension de los seres, no variando su naturaleza, varía su categoría. No varía su naturaleza, porque la intension no es más que la extension condensada ó en sí, y la extension es la intension fuera de sí. Y varía su categoría, porque la condensacion de la cantidad es la vida. De lo cual resulta que, para clasificar el grado de importancia de 'as ciencias, podemos consignar el principio siguiente:

Más cantidad, en ménos extension , es más vida.

Menos cantidad, en más extension , es ménos vida.

Como cada cosa ha sido creada por una necesidad de órden con diferentes grados de cantidad extensiva ó intensiva, de aquí resultan los diferentes grados ó categorías de las ciencias, desde el macrocosmo ó mundo, hasta el microcosmo ú hombre, que no es otra cosa más que el mundo daguerreotipado .

 

Empezando por la cantidad apreciable ó visible, ó sea por la extension casi inintensiva, por esos rudos alfabetos de vida mineral, limbos oscuros de existencia que las más veces se disipan y que otras son una serie indefinida de iniciaciones á una vida superior, elementos irregulares de ciencia; pesando, midiendo la extension , se inician las artes y los oficios, hasta tocar en las primeras leyes generales de convergencia y de divergencia, de atraccion y de repulsion , que ha establecido ese silencioso alquimista que, por medio de fluidos imponderables, va •á buscar para componerlo ó descomponerlo al mineral por debajo de la tierra, y que segun la expresion repetida de un filósofo ya citado, es una naturaleza que duerme en la piedra, sueña en el vegetal, siente en el animal, piensa en el hombre.

 

La misma cantidad apreciable y apreciada, ó sea la extension con relacion á la sensibilidad humana, empezando por las reglas generales que rigen al universo corpóreo, pero universo que ya empieza á ser un océano de simpatía, ya las artes y oficios de medir, contar y pesar, se van convirtiendo en cuerpos de doctrina con sus principios fijos, con sus reglas casi generales y por consiguiente casi científicas, y ya parece que en este elemento sobre que se obra hay algo de espíritu, aunque aún parece un espíritu detenido en el progreso de la existencia.

Y como las diferentes intensidades de los cuerpos producen diferentes cristalizaciones y combinaciones químicas, por el órden de sucesion sigue la cantidad en que la intension sobrepuja á la extension , en que la vida predomina sobre la materia; al principio profecías equivocas de vida vegetal, bocetos rudimentarios de existencia, flora incorrecta y bárbara todavía, y entónces empiezan las ciencias físico-químicas, esa inmensa ebullicion de cosas que parece que viven las unas del aliento de las otras; esas vegetaciones proféticas, esas anexiones y repulsiones casi instintivas que hacen pensar si trabajan ya para llegar á un porvenir misterioso, pero más alto, en la escala de la existencia;

y acaban en la fisiología, primer fulgor de la aurora de la personalidad, donde ya vibra completo el sentimiento de la existencia, ciencia de la vida, pero una vida que no sólo siente, sino

 

que ya es un instinto, es un pensamiento informe, una idea simple, sin conciencia, un elemento de reflexion .

Y por último, cuando la intension ya empieza á ser inextensa, cuando la inteligencia es el elemento predominante en la vida, empiezan los hechos de conciencia, y se fundan las ciencias político-sociales, comenzando por las psicológico-ideológicas, y acabando por el conocimiento de la moral más pura, ó sea por las reglas del bien y de la verdad.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

Ya hemos dicho que la cantidad se divide en intensiva y extensiva.

 

La extension es el campo de operaciones de los matemáticos; la intension es el elemento de las experimentaciones y raciocinios de los naturalistas y de los filósofos, desde lo material más ínfimo hasta lo intelectual más supremo. El edificio de las ideas de grandor físico está ocupado exclusivamente por los matemáticos, el edificio de las ideas de grandeza moral está ocupado del modo siguiente: el piso bajo, la fuerza, por los naturalistas; el entresuelo, la vida, por los fisiólogos; y la parte superior, el espíritu, por los filósofos.

Toda cosa tiene su fuerza, su vida ó su inteligencia, todo está creado, bajo la forma de una misma idea sustancial, con diferente intension .

La sustancia ó la cantidad, es lo que hay de fijo en una cosa, y que, mudando de estados, no muda de naturaleza. Las sustancias secundarias, ó sean las cualidades, son modos de ser, que son al ser lo que el efecto es á la causa.

En toda cosa, la cantidad más ó ménos extensa, y más ó ménos intensa, es lo necesario; lo demás es contingente.

Las que se llaman ciencias físicas pueden ser tan infinitas como infinitos pueden ser los grados de intension de los cuerpos

 

extensos. Cuando se aplican las ideas de extension á las de intension , se llaman ciencias físico-matemáticas.

 

Las cosas físicas se componen de unas cualidades extensas contenidas en una cantidad, así como las morales se forman de una cantidad que contiene unas cualidades intensivas.

Las cosas no son más que sombras de las ideas, y los naturalistas harían mejor en adoptar en sus elucubraciones el método sintético que el analítico, en estudiarlas en sus fulgores más bien que en sus sombras. Algunos escritores se maravillan de los descubrimientos que se van haciendo en las ciencias físicas. Yo me asombro de lo contrario. Yo atribuyo la cojera con que andan las ciencias naturales á ese sistema Baconiano, que podremos llamar método de tanteo: todos los físicos parecen ciegos sin lazarillos, y que no tienen más guia en el mundo que los palos con que procuran no caer en los abismos.

Si yo resucitase dentro de algunos años, y no viese que de cien incomodidades que constituyen el mal físico, no se habían evitado noventa y nueve, echaría toda la culpa á la torpeza de nuestros naturalistas, por estudiar física menuda en vez de alta física, por proceder como naturalistas, y no como metafísicos de historia natural, por reducirse á analizar las propiedades de algunos cuerpos, en vez de empezar sus observaciones sintetizando las leyes generales que pertenecen á todos los cuerpos. Es necesario hacer notar que, las ciencias físicas, al contrario de lo que creen la mayoria de los físicos, adelantan más cuanto más se desmaterializan, toman un vuelo tanto más alto cuanto es más ideal, se asientan sobre bases más fijas, más inmutables, cuanto más tienden á construirse sobre nociones puramente psicológico-matemáticas. Las ciencias físicas explican lo que la metafísica implica. El modo mejor de hacer progresar las ciencias, será el de adoptar el principio de nuestro método de lo absoluto: resumir todas las ideas contingentes en una sola idea necesaria.

 

Y no habrá ciencias físicas, hasta que no se escriba la metafísica de las ciencias físicas, hasta que no se expliquen todas las variedades de las existencias por la unidad del sér. Un materialista ni ve, ni quiere ver tampoco, más elemento sustancial de los cuerpos que la extension ; para un dinámico la extension no es

 

nada, y lodo lo constituye la fuerza; físicos tan sabios como Aristóteles condenan á la naturaleza á la inercia, é inventan un alma para que la anime; y por último, fisiólogos muy profundos idean un espíritu vital, no tan bajo como la fuerza, ni tan alto como el alma. Y unos con su extension , otros con su fuerza, otros con su vida, y otros con su alma, todo lo quieren explicar, y todo lo explican mal. Cada físico ni ve ni quiere ver el mundo más que por su agujero. Así es que, más bien que unos sabios, me parecen unos curiosos. Un mecánico daría la masa intrínseca de un diamante por estudiar la forma de su volúmen. Un dinámico regalaría el volúmen de todos los diamántes habidos y por haber, por examinar la fuerza con que cristalizan las moléculas de su masa. Un fisiólogo cambiaría el mundo por un insecto, y un anímico cedería el mundo físico por nada. Cada loco con su tema.

 

A fuerza de no contemplar más que fenómenos que pasan, acaba por irseles la cabeza; y los materialistas viven en la infecunda tarea de medir volúmenes, los dinámicos en calcular fuerzas, los fisiólogos en buscar elementos rudimentarios de vida, y los anímicos en electrizar el inmenso cadáver del mundo con un alma fantástica, para que luego venga lógicamente Berkeley y diga que, si sólo el alma es activa, y la materia pasiva, entónces sólo el alma existe, y los cuerpos no son otra cosa más que unas ilusiones de la fantasía.

No me cansaré de repetirlo: para estudiar las ciencias físicas, es menester empezar por estudiar la metafísica. Al estudio de las cosas, debe preceder necesariamente el estudio de la idea sustancial de que se componen las cosas. Los mecánicos deben saber que la sustancia de las cosas no debe consistir sólo en su extension material, cuando la atraccion se ejerce, no con arreglo al volúmen, sino en proporcion á la masa; y los dinámicos pudieran conocer al mismo tiempo, que la sustancia no consiste sólo en la fuerza, cuando muchas veces las cristalizaciones se efectúan con arreglo á ciertas formas de los volúmenes; los fisiólogos , buscando la unidad de composicion orgánica, y ligándola despues con el principio de las desigualdades de desarrollo, encontrarán al fin la unidad fundamental del reino animal; y los anímicos, viendo que la tierra es un gran laboratorio químico, un taller inmenso en el cual los cuerpos brutos toman figuras regulares, facetas planas tan brillántes

 

como si hubiesen sido trabajadas por el más hábil lapidario, dispuestas, no casual, sino simétricamente, con mutuas afinidades é inclinaciones, acomodadas todas á leyes simples ¿invariables, acabarán por hacer desaparecer con algun conjuro esa alma que galvaniza al universo, y que no tiene nada que ver con el universo, que es una llama que, en vez de animarlo, parece que sólo alumbra la putrefaccion de un muerto, y que en su conjunto representa uno de esos monstruos nocturnos que inventa la imaginacion de los niños mimados y cobardes, y que consisten en un cadáver que anda entre sombras animado por un espíritu del otro mundo.’

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

 

Dios es el sér, las cosas son las existencias: y el hombre, sér existente, es el criterio del sér y de las existencias. Mientras los hechos de las existencias no estén ligados en un pensamiento comun en el alma del hombre, criterio de las cosas; y miéntras la verdad de este criterio no esté de acuerdo con el sér, ó lo que es lo mismo, miéntras nuestra verdad psicológica no forme ecuacion con la verdad absoluta, los descubrimientos se perderán siempre en el aislamiento, y las ciencias físicas no adquirirán jamás el carácter de verdaderas ciencias. La metafísica es el camino real de las ciencias físicas. Antes de estudiar las diferentes fuerzas de la naturaleza, es indispensable saber lo que es esa idea sustancial comun, que es la palanca universal que todo lo mueve, especie de amor que á los seres inanimados los atrae, y á los animados los aproxima, convidándolos á gozar de la misma vida y á comunicarse mutuamente sus afinidades y sus afecciones unos á otros; pero, principio de animacion , ó sustancia, que al mismo tiempo lleva en si un principio de individualizacion que todo lo circunscribe, para que un ser no pueda invadir á otro, ni una sustancia absorber otra

 

sustancia, ni una persona otra persona, engendrando con la promiscuidad el caos en el seno de la vida.

 

Resumamos toda la doctrina de este capítulo en unos cuantos principios generales. La cantidad, esencia de toda existencia, es la sustancia prima única, continente y molde de todas las demas sustancias secundarias. La cantidad se divide en intensiva y extensa, en vida y materia, pero siempre la materia está animada por la vida, así como la vida siempre se halla circunscrita por un límite.

La cantidad increada subsiste eternamente, las creadas subsisten mientras subsisten.

Un cuerpo de dos grados de intension , es doblemente activo que otro cuerpo igualmente extenso y de un solo grado de intension .

En cada volumen puede haber diferentes masas con diferentes fuerzas.

Así como la extension tiene sus volúmenes, la fuerza tiene sus grados.

En un gran volúmen suele haber una pequeña masa, y en un volúmen pequeño una masa muy grande.

Más intension en ménos extension es como si dijéramos más masa en ménos volumen, ó más fuerza en ménos límite, ó más vida ménos espaciada.

Todo lo extenso necesita algo intenso para vivir, y todo lo intenso necesita algo extenso para manifestarse ó aparecer.

La limitacion de volumen de extension es la individualizacion física, y la limitacion de grados de intension es lo que constituye la individualizacion moral.

No hay nada completamente inerte, todo piensa, ó todo pesa. Las cosas creadas están comprendidas entre el mínimum, de lo

 

intenso en el máximum de lo extenso, y el máximum de lo intenso en el mínimum de la extension .

 

 

 

 

 

 

IV

 

Y como la ciencia es fijacion de ser , lo que inexactamente se llaman ciencias cosmológicas no son ciencias; por grande que sea la generalidad de sus leyes, nunca llegan á la universalidad; su necesidad no es absoluta, sino condicional.

En realidad no hay más ciencia que la metafísica, que es la ciencia de la idea sustancial de cantidad, y que se divide en dos ramas principales, que son las ideas de cantidad extensiva, las matemáticas, y las de cantidad intensiva, la moral; las ideas de magnitud y las de perfeccion, lo medible y lo valuable. Es forzoso caer en la monotonía de repetir esto en cada capítulo aun á riesgo de fastidiar al lector, pues para probar que el plan de la obra tiene verdad en los pormenores y unidad en el conjunto, hay que recordar

 

á  cada paso las ideas fundamentales que forman la clave del sistema.

No existe, pues, más que una ciencia que es la metafísica, ó sean sus dos grandes divisiones que son las matemáticas y la moral, con una serie de verdades que se conciben como simples, absolutas é independientes. Las verdades de las ciencias empíricas, como son las cosmológicas y las antropológicas, dependen de los objetos á que se refieren, y son tan contingentes como ellos. Estas muestran lo que es de una manera contingente, aquella demuestra lo que es y lo que ha de ser de una manera necesaria. Las verdades de lo que se llaman ciencias cosmológicas y antropológicas son y serán mientras Dios quiera que sean. Las verdades de la metafísica son y serán mientras Dios exista.

Hay tres clases de verdades: una metafísica, que es un principio universal, fundamento de la induccion , y que es absolutamente necesario.

Después de la verdad metafísica, siguen las verdades generales de la cosmología racional, que sólo son necesarias hipotéticamente.

Y por último, hay las verdades particulares, que estudian los físicos, y que se distinguen por su contingencia.

Ya hemos dicho que los particulares no hacen ciencia, y los particulares y los generales sólo son ciencia cuando se relacionan en lo universal.

Lo extenso, las ideas de magnitud, siempre son hechos particulares; se conocen por los sentidos experimentalmente. Lo

 

intenso, las ideas de perfeccion, siempre son principios generales, y se conocen, más que por la deduccion , por la induccion . Lo extensivo se conoce por la demostracion , y lo intensivo por la intuicion .

El sentido, órgano de las ciencias experimentales, se diferencia del entendimiento en que este conoce los universales que existen y existirán en todas partes y siempre, al paso que el sentido sólo conoce las cosas singulares que existen aquí y ahora. El sentido y la razon se diferencian entre sí, tanto como lo universal se diferencia de lo particular.

 

 

 

 

 

V

 

 

 

 

 

Las dos grandes subdivisiones de la metafísica, de la ciencia, de la idea madre, de la idea sustancial de cantidad, que son las ideas de magnitud y las ideas de perfeccion, se realizan en la vida muchas veces inconscientemente; y no por no haber sospechado siquiera lo que hoy se sabe respecto de lo que se llaman ciencias naturales, dejó de tener el antiguo mundo en gran número, en ciertas épocas y en ciertos lugares, sus hombres honestos, sabios, grandes y perfectos. No por no haber sabido construir caminos de hierro, buques de vapor, telégrafos eléctricos muchas sociedades antiguas dejaron de ser virtuosas, grandes y felices, y conocieron y supieron deslindar perfectamente estos dos órdenes de ideas, ósea estas dos grandes divisiones de la ciencia.

 

Ya hemos delineado la forma geométrica de las ideas, y por una necesidad lógica tiene que representar exactamente la misma forma la division de las ciencias. No nos cansaremos de repetirlo: el hombre idea de la misma manera que Dios crea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hé aquí la division y forma que puede afectar el templo de la ciencia. En la portada casi se deberia estampar la inscripcion que puso Platon á la puerta de su escuela: « no entre aquí el que ignore la geometría.» ¡Qué magnífica inscripcion ! Con una palabra más que el buen instinto, ya que no el rigor científico de Platon, le hubiera añadido, por ejemplo, «no entre aquí el que ignore la geometría y la moral, ya hace más de veinte siglos que tendriamos la verdadera definicion y division de las ciencias.

 

No hay más que estos dos órdenes ó categorías de ideas; todas las demas categorías que, á imitacion de Aristóteles, inventan los críticos del entendimiento, entre los cuales figura el abstrusísimo Kant, no sirven para otra cosa más que para poner el cerebro en ese estado febril en el cual se le rueda todo. De la idea ontológica de cantidad salen por generacion todas las ideas generales con que Dios crea, y el hombre concibe, todos los posibles. La dificultad, para pensar con rectitud, y no embrollar los entendimientos, consiste en no confundir las ideas morales con las matemáticas, las ideas de vida con las de extension ; pues cuando tratamos las ideas de grandeza, como si fueran ideas de grandor, armamos una confusion tal que, ni nadie nos entiende, ni nosotros nos podemos entender. Por no distinguir las ideas de magnificencia de las ideas de magnitud, los más grandes entendimientos quieren deducir las consecuencias más raras de los principios más contradictorios; así como Pitágoras que, absorbiendo todas las ciencias en las matemáticas, unas veces hace derivar lo bueno y malo de lo grande y de lo pequeño, y otras veces las ideas matemáticas de las ideas morales. Luego, para no hacer estériles los esfuerzos de entendimientos muy perspicuos, es forzoso repetir hasta la saciedad que las ideas generales, que eso que antiguamente se llamaba los universales, son las monedas de las inteligencias, y que es imposible discurrir sobre un hecho cualquiera sin el auxilio de las

 

verdades ideales; y que no sólo en las ciencias, sino hasta en las artes liberales y mecánicas, el adelanto de la inteligencia se cifra en reducir á la unidad la multiplicidad, en que en el menor número de ideas posible, se encierre el mayor número de aplicaciones posible. Y así como es indispensable saber la distincion que hay entre las ideas físicas y las morales, es forzoso también estudiarlas en la direccion del foco comun de donde irradian, para ir unilogizando sus conexiones; porque, así como hay un intimo enlace entre las ciencias matemáticas y las naturales, las ciencias físicas se enlazan en algun punto con las morales, estas y las físicas con la psicología, y la psicología y todas las demas con un principio ontológico.

 

Con la idea sustancial de cantidad, el sér lo crea todo; por esta idea, todo cociste; y con esta idea y por esta idea el hombre lo concibe todo.

Hé aquí las ciencias físicas, las morales y las psicológicas, relacionadas con la ontologia, unidas en lo absoluto.

 

 

 

 

 

 

SEGUNDA PARTE

 

 

 

 

 

 

       

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                         

 

 

 

 

 

 

SECCION CUARTA

 

 

 

 

 

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TEOREMA IV

 

La cantidad es la sustancia universal de las cosas: cuando está condensada, es intensa, es vida, es pensamiento; cuando está espaciada, es extension , es materia. Aunque la cantidad intensa vive por intu-suscepcion, y la extensa por yuxtaposicion , los seres intensos pueden ser coexistentes con los extensos.

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO PRIMERO

 

 

 

 

 

 

                                    

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

 

Si la filosofía en general estudia el espíritu humano en sí mismo y en sus relaciones con lo absoluto, la fisiología lo estudia en su organismo, en el seno de la naturaleza y en el de la sociedad.

 

En primer lugar abordemos la cuestion de la posibilidad de la coexistencia, ó de la relacion de lo infinito con lo finito, de lo físico con lo moral.

Si toda causa secundaria es un límite á la omnipotencia de Dios, ¿cómo toda sustancia extraña á Dios no seria un límite á la plenitud de su sér? Para poder contestar á esta pregunta, Mallebranche empieza á convertir lo finito en infinito y se hace casi panteista, diciendo: «Dios es quien piensa y obra en nosotros.» Y entónces Espinosa, espíritu más poderoso y más lógico que Mallebranche, no tuvo que añadir más que una sola palabra para formular su desenfrenado panteísmo: «Dios es quien existe, quien piensa, y quien obra en nosotros.» Mallebranche tomó por principio la doctrina de Descartes de que el espíritu es una sustancia pensante, y el cuerpo una sustancia extensa, y siendo dos sustancias completamente desemejantes, ¿qué relacion puede haber entre la extension y el pensamiento? ¿Cómo podrá establecerse la accion del uno sobre el otro, ya por la locomocion , ya por el conocimiento?

 

Ea errónea idea de la nocion de sustancia debia traer necesariamente la imposibilidad absoluta de la coexistencia de lo infinito con lo finito, y así es que para resolver la cuestion hubo que convertir lo finito en infinito.

Y cuando hablo de lo infinito, entiéndase que hablo sólo en el órden intelectual, pero no en el mundo real. Todo lo que es en acto es siempre finito; sólo existe lo infinito en esencia en la idea sustancial, fuente de las ideas universales, ó infinitas; y en potenciaba el entendimiento de Dios, en la razon eterna, tipo ejemplar, como también causa eficiente de todas las cosas. Así todo lo real es finito en presencia, infinito en esencia ó en su sustancia, é infinito también en potencia, en el concepto con que la super-sustancia crea primero, y despues conserva.

Dice Mr. Renan: «en la naturaleza y en la historia se ve mejor lo divino que en las fórmulas abstractas de una Teodicea y de una ontologia sin relaciones con los hechos. Lo absoluto de la justicia y de la razon sólo se manifiestan en la humanidad; considerado fuera de la humanidad, lo absoluto es una abstraccion ; considerado en la humanidad, es una realidad.»

La verdad de esto es precisamente lo contrario de lo que afirma el materialista Renan.

Quisiera yo saber debajo de cuál feliz meridiano había encontrado Mr. Renan lo absoluto de la justicia y de la razon manifestado en la humanidad y en la historia, pues no concibo que pueda existir, ni haya existido en acto más que en la encarnacion de la divinidad del hombre Dios, único absoluto que Mr. Renan ha negado.

 

Repitamos que, excepto Dios, ningún infinito en acto existe, ni podria existir. Pero, como observa un sabio, si el infinito no existiese de ninguna manera fuera de Dios, resultaría que la magnitud, ó sea la idea de cantidad extensa, no podria ser dividida en partes siempre divisibles, ó seria formada de partes indivisibles, lo cual es absurdo; y no se podria añadir siempre un nuevo grado de perfeccion á las ideas de cantidad intensiva, ó magnificencia, hasta aproximarla al tipo de la bondad infinita, lo cual todo el mundo sabe que es falso. Por consiguiente es necesario que el infinito exista, al ménos de cierto modo, fuera de Dios; esto es, es necesario admitir un infinito que, siendo siempre tal en esencia por ser siempre susceptible de

 

aumento ó de division , no lo sea jamas en acto, que no sea ni lo infinito de la inmensidad ni lo infinito de la bondad, que no sea perfecto, que sea más ó ménos semejante á Dios, pero que no sea Dios.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

Ya hemos dicho que hay una ley de relacion de las cosas que dice: «lo ínfimo de lo supremo toca á lo supremo de lo ínfimo.» Y ahora añadiremos que existe otra ley de sucesion que afirma lo siguiente: «en el órden de los seres no hay solucion de continuidad.

 

»  En esta escala de la creacion ¿qué puesto ocupa el hombre? Como alma intelectiva el hombre está en el último rango entre las sustancias intelectuales; y como cuerpo sensitivo ocupa el primer puesto entre los seres sensibles.

La naturaleza es al espíritu lo que la palabra á la idea. Lo intenso puede ser coexistente con lo extenso. Lo infinito se compenetra con lo finito por identidad de idea sustancial. Lo conocido sólo puede conocerse por el que conoce igual. La cantidad extensiva es la esencia de las cosas, y la cantidad intensiva la de las personas, son una misma sustancia en diferentes jerarquías, pero son una misma sustancia que se compenetra, y no se confunde, que sin existir juntas, juntas coexisten. La intension y la extension son una misma cantidad en diferente número, son una misma sustancia en dos diferentes grados: el espíritu es al cuerpo lo que la espuma al agua, lo que el aroma á la flor; son dos cosas en una misma cosa, que coexisten por identidad de naturaleza de forma, y que se diferencian por desigualdad de categoría de sér. La cantidad en los cuerpos es extension , es materia; en los espíritus es intension , es vida. La vida en la extension se relaciona, vive, se compenetra, como el alma se compenetra con el cuerpo. La cantidad intensiva es la extension condensada. El espíritu se vuelve palabra, porque lo intensivo se

 

extensiviza; y la palabra se relaciona y fecundiza el espíritu, porque todo lo vital tiende á descorporizarse: lo espiritual se une á la materia por su cantidad extensiva, y lo material se relaciona con lo moral por su cantidad intensiva: lo finito va embebido en lo infinito, sin limitarlo; y lo infinito se compenetra en lo finito, sin absorberlo. Dios está en todas las cosas; mas ninguna cosa es Dios.

 

La idea de cantidad es la forma sustancial con que han sido y serán creadas todas las cosas posibles: por consiguiente, la relacion de lo finito con lo infinito es indispensable, la union de lo físico con lo moral es necesaria. Esta idea universal une todas las cosas, y relaciona todos los seres.

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

 

Examinemos, siguiendo este órden de ideas, la cuestion de la relacion de lo físico con lo moral, ó sea la union del alma con el cuerpo.

 

Seis sistemas pretenden explicar esta union íntima.

 

 .º Union simpática entre el cuerpo y el alma.

Esto es querer decir algo, y no saber lo que se dice El animismo que absorbe al cuerpo con el alma.

Segunda vaguedad, que nos deja tan á oscuras como la primera.  .º El influjo físico que supone estrechas relaciones entre las

potencias superiores é inferiores del alma.

 

Tercera inepcia fisiológica, hija legítima de las anteriores.

 

 .º Las causas ocasionales de Mallebranche, segun cuyo sistema, no pudiendo obrar el pensamiento sobre la masa extensa, ni esta sobre aquella, por ser segun Descartes las dos de diferente naturaleza, Dios sólo puede relacionar á las dos sustancias.

Milagro, y milagro que se está efectuando continuamente desde el nacimiento hasta la muerte.

 

 .º La armonía preestablecida de Leibnitz, que supone que, no teniendo las dos sustancias accion entre sí, guardan siempre perfecta correspondencia. De modo que segun esta armonía preestablecida de Leibnitz, el mundo espiritual y el corporal son como dos relojes movidos cada uno por diferentes resortes, pero que siempre van acordes sin discrepar un ápice.

Otro milagro, si no continuo como el de las causas ocasionales, milagro en el orígen ó en la creacion .

 .º El mediador plástico de Cudworth, que es una sustancia intermedia entre el alma y el cuerpo, participando á la vez de una y otro. Esta hipótesis, en vez de simplificar la dificultad, la duplica..

 

Resultado: que sin tener una idea sencilla y clara de la sustancia, es imposible explicar ni la coexistencia de lo infinito y de lo finito, ni la union del alma con el cuerpo.

El alma y el cuerpo, el espíritu, y la materia, se compenetran y conocen por identidad de idea sustancial. Sólo lo semejante puede ser compenetrado por lo semejante, máxima que ya habian entrevisto ciertos filósofos de la más alta antigüedad, cuando dijeron: lo mismo no puede ser conocido sino por lo mismo; ó, no hay accion del desemejante sobre el desemejante.

Establecida la unificacion universal de la idea sustancial, el preguntar de qué manera coexisten lo infinito y lo finito, y cómo están unidos el alma y el cuerpo, la vida y la materia, el espíritu y la vida, seria lo mismo que si nos preguntasen ¿cómo está la espuma en el agua, el árbol en la tierra, la flor en el árbol, y el perfume en la flor?

 

Lo repetiremos: no hay más categorías de ideas que la idea de cantidad: esta se subdivide en dos grupos de ideas, que son las nociones matemáticas, ciencia reducida á hacer medidas y combinaciones sobre la idea de cantidad extensiva; y las ciencias morales, reducidas todas á hacer apreciaciones sobre la idea de cantidad intensiva, segun las diferentes categorías de lo que vive, siente y piensa, y declararlas más ó ménos perfectas al compararlas con el tipo absoluto de bondad, que es Dios.

 

IV

 

 

 

 

 

Es necesario que volvamos á repetir que lo que conoce y lo conocido tienen una idea sustancial comun, por medio de la cual lo uno conoce, y lo otro se deja conocer: esta idea es la cantidad, ya intensiva, ya extensiva. SÍ se suprime esta idea, las cosas dejan de existir; ella es, pues, la sustancia, ó sea el sér de las cosas. En esta idea sustancial, en este objeto necesario, es en el que se ha de fundar todo juicio que aspire á ser científico.

 

No hay más saber fundamental que la metafísica, ciencia de la cantidad ontológica; y sus dos ramas secundarias, las matemáticas, ciencia de lo extensivo, y la moral, ciencia de lo intensivo. Todas las demas ciencias de aplicacion son mezclas, en mayor ó menor proporcion , de estos dos órdenes de ideas: estudian las cosas en su mayor ó menor proporcion física, y en su mayor ó menor proporcion moral; pero todos sus juicios, ya en órden al grandor material, ya en órden á la grandeza espiritual, van á relacionarse en último término, pasando por las matemáticas ó por la moral, al estudio de lo absoluto, de la idea ontológica de cantidad.

Así la metafísica es todo lo que es física, y todo lo que no lo es. Se ha dicho que el geómetra es en cierto modo como Dios que combina, compara y mide las extensiones posibles. Y ahora añadiré que el moralista mide y compara, como Dios, todas las posibles perfecciones. El moralista y el geómetra son los dos ojos, con que todo lo ve, lo mide, lo compara y lo admira, el alma del metafísico.

 

 

 

 

 

V

 

En el capítulo de las ciencias físicas hemos dicho que todo ha sido creado con más ó ménos volumen, y con más ó ménos fuerza. Estas cantidades de volúmenes ó fuerzas son los objetos de estudio de las ciencias físicas.

 

Dijimos que los naturalistas se han dividido el imperio de la naturaleza con las denominaciones de mecánicos, dinámicos, vitálicos y anímicos. Los mecánicos creen que la idea sustancial que ha de servir de fundamento para el estudio de las cosas, es la extension ; los dinámicos, la actividad; los vitálicos, la vida; y los anímicos, el alma. Los tres primeros todos tienen un poco de razon; los últimos, entre los cuales se cuenta á los mayores filósofos del mundo como son Aristóteles, Platon, San Agustin y Santo Tomás, no tienen ninguna. Los mecánicos dicen, como Mallebranche, aniquilad la extension , y aniquilais el cuerpo: luego los cuerpos no son más que la extension . El dinamismo es un sistema contrario, que consiste en prescindir de la extension , y explicarlo todo por la fuerza. Los mecánicos crean un límite sin alma, un caos; los dinámicos crean un alma sin límite, otro caos. Para conciliar estas dos opuestas opiniones viene en la actualidad el neo-cartesianismo de Bordas, representado en España por Mateos, y dice: «la sustancia no puede consistir sólo en la extension como pretende el mecanismo, ni sólo en la actividad como quiere el dinamismo, sino en la union íntima de las dos, porque sin una y otra no hay sustancia.» Esto es lo que se llama de dos medios y pequeños errores, componer un solo y grande error; de dos simples diferentes, hacer un compuesto simple; ó, lo que es igual, hacer una posibilidad de una contradiccion , porque de lo compuesto jamas puede resultar lo simple. La extension y la fuerza no son más que una misma sustancia en dos estados; y aquí está el medio error de los mecánicos en creer que la sustancia consiste sólo en la extension : el otro medio error de los dinámicos está en que aseguran que la sustancia consiste sólo en la fuerza: y el error entero de los neo-cartesianos consiste en que creen que la extension y la fuerza son dos principios diferentes, y pretenden por no sé qué union simpática hacer de las dos sustancias una sustancia simple.

 

Dicen los dinámicos contra los' mecánicos , y con mucha razon, que si la extension fuese la sustancia de las cosas, Ja atraccion de

 

las cosas, por ejemplo, se ejercería en proporcion á su volumen y no

 

á  su masa; y sucede lo contrario, pues las cosas se atraen en razon

á  su masa, y no á su volumen. Y dicen los mecánicos contra los dinámicos, y también con mucha razon: la prueba de que la fuerza no es la sustancia de las cosas, es que muchas veces estas cristalizan, no con arreglo á sus fuerzas, sino á sus figuras, no conforme á su intensidad, sino á la extension ó forma de sus moléculas. Y dice el flamante psicologismo de Bordas contra los dinámicos y los mecánicos: ninguno de los dos tienen razon, teniéndola entrambos; pues la sustancia no consiste en la sola fuerza, ni en la sola extension , porque consiste en estos dos principios unidos entre sí por secretos vínculos, por cierta especie de amor, que es causa de un casamiento químico-genesiaco que puede tomar los nombres de atraccion , afinidad, simpatía y sacrificio. Y ahora diremos nosotros contra los mecánicos, los dinámicos y los psicólogos: los tres teneis un poco de razon; pero la razon ninguno de vosotros la tiene; esa extension que no es más que una fuerza distendida, y esa fuerza que es sólo una extension concentrada, no es necesario unirlas, porque no son dos sustancias diferentes, sino una sola y única sustancia, que más abajo se llama extension , despues fuerza, luego sensacion , más arriba vida, subiendo más instinto, y, cuando ya no se puede subir más, inteligencia.

 

 

 

 

 

VI

 

 

 

 

 

Más arriba de lo material, de lo sensible y de lo inteligible, está lo increado, la super-sustancia. Esta es lo que es; aquello, es lo que existe. La super-sustancia es el sér; las sustancias son las existencias. Aquella sólo se manifiesta invisiblemente; estas están visiblemente manifestadas.

 

Pero volvamos á las varias ideas de los físicos sobre la sustancia.

 

La doctrina comun á casi tocios los más ilustres filósofos es la de que la materia es completamente pasiva, y que el alma con su actividad es la que desempeña todos sus más altos y bajos menesteres. Esta es la doctrina del animismo. Pero, con perdon sea dicho de Platon y de Santo Tomás en particular, el sistema del animismo es mucho más repugnante que el de el materialismo; pues me parece ménos ignominioso ver á un cuerpo que se maneja sin alma, que un alma que vegeta, digiere ó siente, por un cuerpo. Los animistas son los que, como Aristóteles, Plotino y San Agustin, cuentan entre las potencias del alma la sensacion y la nutricion .

 

De este modo, por no ennoblecer el cuerpo, han degradado el alma.

Algunos fisiólogos inventaron el vitalismo, viendo que con el animismo y el mecanismo habia contradiccion entre los actos espirituales y los actos orgánicos; y, para poder explicar los fenómenos fisiológicos, inventaron el principio vital, espíritu inferior colocado entre el espíritu de los anímicos, y la fuerza de los dinámicos, de diferente sustancia, pero encargado de un mismo empleo. El vitalismo, lejos de resolver nada, lo complica más lodo: es una fuerza algo más ennoblecida que la de los dinámicos, y un alma un poco más rebajada que la de los anímicos.

 

Y es que, repito, lodos tienen razon, y no la tiene ninguno: se empeñan en ver una idea particular en lo que es una idea general; llaman á una misma cosa de diferentes maneras. Los mecánicos sólo ven en los cuerpos extension sin actividad; los dinámicos fuerza sin extension ; los anímicos un alma que es completamente activa, en un cuerpo que es completamente inerte; los vitalistas, un espíritu que, siendo muy superior á la fuerza, es muy inferior al alma; y los neo-cartesianos una fuerza muy unida á la extension , y una extension muy unida á la fuerza. Y es que esa extension , esa fuerza, ese espíritu, y esa alma, son una misma idea vista desde diferentes puntos; son una misma idea sustancial que sirve de base

á  diferentes creaciones; es la misma naturaleza en diferentes estados; son unas extensiones creadas con más ó ménos fuerzas; y unas fuerzas creadas con límites más ó ménos extensos. No hay alma sin cuerpo, ni cuerpo sin vida, que, siendo vida, hasta la más inferior es una especie de alma. Lo extenso individualiza el espíritu,

 

y la vida individualiza la extension . Quitad toda vida á un cuerpo, y se desvanece; suprimid toda actividad al espíritu, y se indetermina, desaparece también. La vida es el sér, y la determinacion de esta vida es la manera de ser; ser, y ser de cierta manera, es lo que se llama existir. La vida anima lo extenso por necesidad, para darle el sér; y lo extenso por necesidad determina la vida, para imprimirle el modo de ser. Luego la vida y la extension coexisten necesariamente. Luego lo físico y lo moral, en vez de ser de una coexistencia incomprensible, la simultaneidad de la existencia de ambos es de una necesidad absoluta.

 

Entre lo físico y lo moral, no sólo hay compenetrabilidad sino que existe consustancialidad.

De esta idea sustancial, eje de la creacion , que liga lo finito con lo infinito, que une lo físico con lo moral, nace la sucesion de las cosas, el órden universal, la jerarquía de los seres, la union de la extension con la fuerza, de la fuerza con la vida, de la vida con la inteligencia, del cuerpo con el alma. Por eso se dice que unas cosas viven del aliento de otras. Cada sér tiene su atmósfera, y cada atmósfera sus seres. La fuerza se implanta en la extension , la actividad en la fuerza, la vida en la actividad, la inteligencia en la vida, y la inteligencia, desplegando sus alas, y elevándose sobre sí misma hasta remontarse á lo infinito, se hace objeto de su contemplacion , y nace la conciencia de sí misma, se convierte en alma; y uniendo la memoria de los actos pasados con los presentimientos de lo futuro, adquiere la evidencia de su identidad personal conservada despues de la muerte, y que, á vueltas de la mortalidad de las cosas físicas, es lo que constituye la inmortalidad moral del hombre. Unidad é identidad de sí mismo, ó lo que es lo mismo espiritualidad del alma, que el hombre, dichoso heredero de la feliz esperanza, presiente y conoce, pues sabe que, si no fuese cierta y rigurosamente idéntico á sí mismo, el hecho de la memoria seria imposible, el del remordimiento absurdo, el castigo de los crímenes pasados bárbaro. El espíritu humano, el yo, sabe que es siempre idéntico á sí mismo, que ha sido ayer lo que es hoy, y que es hoy lo que será mañana; que tiene una superioridad incontestable sobre todos los demas seres; que manda al cuerpo como á un esclavo, y al cual, por boca de Turena, le dice cierto dia

 

en un campo de batalla: «Tú tiemblas, osamenta; pero si supieras á donde yo te debo conducir mañana, temblarías mucho más.»

 

 

 

 

 

 

CAPITULO II

 

 

 

 

 

 

              

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

 

Algunos resumen toda la filosofía en ética y fisiología, en la ciencia del hombre como alma y cuerpo, ó del hombre con relacion

 

á  la unidad sustancial de su inteligencia con la materia: así la ciencia del hombre con relacion á las leyes de su sér moral es la ÉTICA, y la ciencia del hombre con relacion á las leyes de su organizacion corporal es la FISIOLOGÍA.

¿Qué es fisiología? Es la ciencia de la vida. Y ¿qué es vida? Es una cantidad intensa, más ó ménos extensa. Ya he indicado que lo extenso, más que intenso, es materia; lo intenso, más que extenso, es vida; y lo intenso, casi inextenso, es pensamiento.

Segun Santo Tomás, Dios ha creado tres especies diferentes de seres capaces de conocer los objetos exteriores; el ángel, el hombre y el bruto: el ángel es una forma SIN materia, una cantidad intensiva sin extension ; el hombre una forma EN la materia, una cantidad intensiva en una cantidad extensa; el bruto una forma CON la materia, ó sea una extension más ó ménos intensa. El bruto siente los objetos materiales; pero no los entiende, porque no tiene entendimiento: el ángel los entiende pero no los siente, porque no tiene cuerpo: el hombre los siente y los entiende al mismo tiempo,

 

porque es una inteligencia unida aun cuerpo; porque, como dice Bonald, es una inteligencia servida por órganos.

El objeto de este capítulo de nuestro libro es pues esta inteligencia servida por órganos y obrando libre y naturalmente en el seno de la sociedad.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

El gobierno de la providencia es la reunion de la inteligencia, de la bondad y del poder divino, obrando en el seno del universo. Por eso la ley de la vida es que la direccion de la sociedad pertenece en cada nacion á la clase que reuniendo en su seno los elementos de la civilizacion, participa por esto mismo de las funciones de la Providencia.

 

El órden social nace, no se hace. La ley no crea la justicia; lo que debe hacer es evitar la injusticia. Las leyes que rigen el órden social son tan preexistentes como los atributos de Dios. Por eso lodos los inventores de utopias sociales, en vez de ser leídos en serio, debiéramos empezar por ponerlos en observacion en un manicomio. El hombre, como ya le llamó Aristóteles, «es un animal eminentemente social.» La libertad engendra la sociedad, la sociedad produce la familia, y la familia crea la propiedad. El hombre libre busca la sociedad por una inevitable gravitacion física y moral, porque como ningún individuo posee todas las perfecciones de su especie, necesita buscarlas en la sociedad. Porque tal es la ley fisiológica: «El individuo, por una gravitacion natural, busca en la sociedad las perfecciones de que carece.» A la brutal paradoja de que la sociedad es un estado contrario á la naturaleza, correspondia exactamente la no ménos brutal consecuencia «de que el hombre que piensa es un animal depravado.»

 

La sociedad, la familia y la propiedad, son hijas de la libertad. Sin esta no habría ni sociedad, ni familia; y sin la propiedad, no habría ni

 

sociedad, ni familia, ni libertad. El hombre, porque es racional, pierna, y porque piensa habla; y como la inteligencia no puede alcanzar su cabal desarrollo sin el auxilio de la palabra, la palabra supone necesariamente relaciones humanas, y la necesidad de buscar la asociacion , la sociedad: la familia es una ampliacion de nuestro mismo sér aplicado á las personas; y la propiedad es la ampliacion de la personalidad, de la familia, aplicada á las cosas.

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

 

Los fabricadores de sistemas sociales, comunistas mayores ó menores, armados de la ley de solidaridad, radicalmente absurda, de que «todos tienen derecho á todo» en la cual confunden la virtud con el vicio, la inteligencia con el idiotismo, y el trabajo con la holgazanería, hacen tabla rasa de la sociedad, así como los filósofos materialistas, sus dignos progenitores, la hacen del entendimiento; y, suponiendo que el cuerpo del hombre acaba de llegar de un bosque virgen, y que nunca tendrá más necesidades físicas que las que ellos les inventen; y que estos cuerpos no poseen más corazon ni más inteligencia que el que ellos le coloquen, ó le vayan inspirando, amoldan y trasfiguran, amasan y cuecen á la pobre humanidad como se podria hacer con muñecos de barro en un horno de fundicion . Estos hipócritas de la filantropía, que en sus predicaciones en favor de los desheredados de la tierra, deslizan á torrentes la envidia y la desesperacion , convirtiendo una sociedad de Abeles en una hermandad de Caines, se han dividido el trabajo de ir carcomiendo las instituciones sociales como podrian talar un jardín una coleccion de reptiles. ¡Los sofistas! «¡Todos tienen derecho á todo!» Lo cual bien traducido por un célebre economista, quiere decir: «Tú has producido; yo no he producido; somos solidarios: partamos. Tú tienes algo; yo no tengo nada; somos hermanos; partamos.» Y más claro todavía: yo no tengo

 

valor para coger un trabuco; pues declaremos á la ley un bandolero público, para que este robe por mi, en nombre de la ley de solidaridad, librándome de este modo de la ley de responsabilidad. Más ó ménos claramente, todos los socialismos dicen á los que sufren: Tal vez sufrimos justamente en virtud de la ley de responsabilidad: pero callemos eso. Hay felices en el mundo, y prescindiendo de la ley de responsabilidad «que nos castiga por nuestras faltas,» apelemos ala ley de solidaridad, en que «todos tienen derecho á todo, y así les robaremos parte de su felicidad.» Con tan falaces argumentos se pervierten primero los espíritus para corromper despues los corazones.

 

Dejad á cada uno con su capacidad, y á cada capacidad que recoja el fruto de sus obras. Permitid que se mueva libremente el grande é inevitable motor del género humano, que es el interés personal, bajo su exclusiva é inmediata responsabilidad, y no os empeñeis en fantasear utopias colectivas, deberes abstractos, que vendrán al suelo cuando no estén apoyados en el derecho individual. Formar un todo sin partes, no es un imposible cualquiera, sino que es un imposible metafísico; y á este genero pertenecen esos optimismos sociales en los cuales se crean ciudades aéreas, que no se fundan en el interés de los ciudadanos, y humanidades imaginarias que no tienen por base la existencia, el modo de ser, de hombres de carne y hueso.

Lo que estos caballeros de industria social quieren regalar, no es su industria, sino la ajena. No aspiran á repartir entre la comunidad lo comun, sino lo particular de otros; no quieren hacer lotes de los gratuitos dones de Dios, sino de los onerosos esfuerzos del hombre. El santo precepto de «vivirás con el sudor de tu frente», lo quieren convertir en este otro, «vivirás con el sudor de la frente del prójimo.» En lo que todos están más ó ménos convenidos, es en que la sociedad es una negrada que la ha reunido un convenio, y que se puede dispersar por una ley; y que el producto del trabajo de esos negros, más ó ménos rubios, es menester repartirlo, quitando á los unos, á los que trabajan, para regalar á los otros, que son los que no trabajan. Por ejemplo: los economistas dicen que es menester despojar de un poco á los muchos, para dar un mucho á los pocos. Los socialistas quieren quitar un mucho á los pocos, para dar un

 

poco á los muchos. Los igualitarios quitan á todos un poco, para dar luego ese poco á los mismos; y los comunistas declaran que nada es de nadie, y que, por consiguiente, todo es de todos. Los economistas atacan la propiedad; los socialistas la propiedad, y la familia; los igualitarios la propiedad, la familia y la libertad; y los comunistas la propiedad, la familia, la libertad, y hasta los últimos restos de la conciencia y de la dignidad humanas.

Las asociaciones, los socialismos y los falansterios, son paráfrasis más ó ménos extensas de la doctrina de Epicuro; asociaciones en las cuales, despues de un inmundo caos moral, se llega al fin á la inmundicia física de que «cada hombre ha tenido todas las mujeres, y cada mujer todos los hombres.» Todas estas asociaciones de hombres ovidiescos y de mujeres safianas, de tigres y de lobas, de borrachos y perdidas, son lo que se llama en matemáticas la prueba por el absurdo de la verdad de la santidad de la familia, de la libertad civil, de Indignidad de la mujer, de la elevacion moral del hombre, y de todas las virtudes sublimes que constituyen el dogma del cristianismo.

 

 

 

 

 

IV

 

 

 

 

 

¡Economistas! ¡Socialistas! ¡Igualitarios! ¡Comunistas! hijos de la ignorancia, y hermanos todos del crimen, dejadnos gozar, si gozamos, tranquilamente; y, si sufrimos, dejadnos sufrir el dolor en paz y en gracia de Dios. Hay leyes sociales naturales, como hay leyes naturales para las demas obras de la creacion . No os rompais inútilmente la cabeza para desgobernar lo que tan bien gobierna una sabia providencia. Vuestras leyes suelen ser muy generosas; pero son extremadamente tontas. El mundo es así; y, aunque vosotros no lo creáis, tal como es, en lo humano es el mejor de los mundos posibles. Creedme: algunos de vosotros sois buenos, y por eso os quiero advertir, para que retrocedais á tiempo, que por esas sendas

 

caminais á un bien que no existe, por entre las ruinas del derecho. Dejadnos amar, sufrir ó gozar, en libertad, y que los hombres obremos bajo nuestra responsabilidad y por nuestra cuenta y riesgo. No hagais caso de Rousseau, de ese apologizador del hombre bestia, que sin duda en venganza de que Dios se dignó hacerle á él un poco insociable, quiso destruir la sociedad suponiendo que su orígen era de invencion , y su armonía de convencion . Este capitán de los expoliadores del órden moral hablaba con elocuencia en favor de la virtud, y con acritud contra todas las tiranías; y su doctrina es el catecismo de la rapiña, y el fundamento del más implacable despotismo. Suspended, suspended el fuego de los infelices contra los felices de la tierra, hasta que sepamos de cierto si hay algun dichoso en este mundo; pues es muy posible que al fin de la batalla lleguemos á saber que los sitiados eran mucho ménos felices que los sitiadores. Dejad en libertad el órden social con sus leyes providenciales, y no turbeis las armonías del mundo humano con el ruido babilónico de esas ciudades del sol de Campan ella; ó de lo contrario, los gobiernos cultos tendrán que pensar seriamente en crear hospitales de locos incurables, aunque esta locura sea hija de la más filantrópica generosidad. ¿Tan difícil os es dejar cumplirla voluntad de Dios?...

 

 

 

 

 

 

SECCION QUINTA

 

 

 

 

 

 

                                        

 

                                       

 

 

 

 

 

TEOREMA V

 

Toda idea corresponde, ó á la moral, ciencia de la grandeza; ó á las matemáticas, ciencia del grandor; ó á una y á otra juntamente. Lo extenso sólo lleva en sí la razon de su sér; lo intenso lleva en sí la razon de su sér, su saber y su deber.

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO PRIMERO

 

 

 

 

 

 

         

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

 

Dios no ha hecho al hombre perfecto por dejarle el libre albedrío: si fuese perfecto, no aspiraría al bien, lo poseería como una máquina.

 

La libertad moral está en razon directa de la inteligencia, é inversa de la pasion . Es libre todo lo que puede elegir el bien moral, y puede elegir el bien moral el que lo puede conocer. Sólo el conocimiento infinito tiene libertad infinita: por eso Dios hace todo lo que quiere, y quiere lo que debe; el hombre puede hacer todo lo que debe, cuando hace todo lo que puede.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

 

 

Y ¿qué es bien moral? Habiendo Dios hecho todas las cosas, dice Santo Tomás, con número, peso y medida, que es el órden, que es el bien físico, las ha hecho buenas todas, reuniendo en ellas todas

 

las condiciones esenciales del bien, dándoles un modo, una especie, un órden.

Y ¿cuál es la razon del bien moral? Así como la razon de lo verdadero estriba en la conformidad de la cosa con la idea, la razon del bien consiste en la conformidad de la cosa con su fin. La bondad humana estriba pues en la conformidad de la cosa con las reglas de las costumbres, ó sea con la recta razon, cuando es la expresion sincera de la ley metafísica, de la ley moral eterna. La moral fundada en el sentimiento, como la que se funda en el interés, son dos inepcias del psicologismo y del materialismo. El bien es ontológico, es absoluto como el saber; la moral humana es el trasunto del supremo bien divino. La virtud es la sabiduría andando. Cuando falta la razon que liga lo temporal con lo eterno; cuando se rompe la cadena que une al cielo con la tierra, entónces la unidad de espíritu que anima á los santos, á los héroes, á los políticos, á los doctores, á los reyes y á los pueblos, es reemplazada por la moral del interés, ó del sentimiento; entónces el psicologismo y el materialismo establecen el reinado de la anarquía, y el mundo se queda sin alma. Dividido en mil sectas, entregado á los sofistas, á los tiranos, á los eunucos, llega á convertirse en un lago de Tango, en el que quedan enterradas para siempre la civilizacion, la dicha y la libertad.

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

 

Quien sabe bien, quiere el bien. La sabiduría teórica es ciencia, y la práctica virtud.

 

La moral es la ciencia de los santos.

La moral absoluta cristiana ha venido á probar que la virtud, que es la moral en acto, es una reverberacion de la virtud increada, que es la bondad en potencia, ó sea una suprema facultad moral. Cuando no se tiene por tipo de las acciones humanas la idea

 

ontológica de la moral cristiana, la virtud puede ser posible; pero es enteramente casual.

Dice el inglés Macaulay que si los monasterios no hubiesen aparecido sobre la tierra, la sociedad europea no se hubiera compuesto más que de bestias de carga y de animales feroces. Y ¿qué otra cosa son las sociedades que no conocen la absoluta verdad de la moral cristiana? Yo por mi parte aseguro que al pronunciar los nombres de todos esos héroes gentiles, que tanto enaltece hoy esa palabrería insustancial llamada el renacimiento de las letras, se me traba la lengua como si fuese á proferir una blasfemia. A eso se me dirá «y ¿qué responsabilidad pueden tener unos grandes hombres que carecian completamente de la conciencia de las faltas ó crímenes que cometían?» Pero aunque esto los haga más disculpables, ¿dejarán por eso de ser ménos despreciables? Alguno de nuestros presidiarios cristianos (pido perdon á la historia por la hipérbole! es más honrado que Tito, la delicia del antiguo género humano. No se alarmen los pedagogos que nos hacen mamar con la leche de nuestras madres las enormes brutalidades llamadas grandes acciones de la antigüedad clásica; pero no conozco una sola grandeza griega ni romana que bajo algun aspecto no sea un escándalo de la virtud.

 

 

 

 

 

IV

 

 

 

 

 

Así como la ciencia es la copia de los atributos intelectuales del Dios creador, como son los de infinitamente sabio y poderoso, la ética es la copia de los atributos morales del Dios conservador, como son los de infinitamente bueno y justo.

 

Las matemáticas son la ciencia de las ideas de grandor. Esta es la ciencia, ó la moral de los sabios.

La ética es la ciencia de las ideas de grandeza. Esta es la moral, ó la ciencia de los santos.

 

De ninguna parte de la filosofía se han dado tantas definiciones como de la ética; y si bien casi todas son buenas por lo que dicen, adolecen de inexactitud por lo que dejan de decir. Los politicos: «es la ciencia de las costumbres.»

 

Los moralistas: «ciencia del bien y del mal.»

Los abogados: «ciencia de los derechos y de los deberes.»

Los hombres de bien: «ciencia de la virtud.»

Los teólogos: «ciencia de nuestro fin, y de los medios que á él conducen.»

Todos la definen bien por lo que hablan, y mal por lo que callan: por tener presente cada uno la parte que le interesa á él, ha dejado por definir la parte que interesa á los de mas. No hay uno que no la haya comprendido bien bajo su punto de vista particular; pero son incompletas todas bajo el punto de vista de la especulacion general.

La ética es la ciencia de las ideas de perfeccion, Al hablar de moral, es menester primero examinar dos cosas, el fundamento, y el criterio; el orígen de ser, y el órgano de conocer.

 

 

 

 

 

V

 

 

 

 

 

Así como la verdad brilla sobre todas las inteligencias, domina la obligacion sobre todas las voluntades.

 

La idea moral de que no debes querer para otro lo que no quieras para ti es una verdad de evidencia inmediata; es una nocion intuitiva que tiene el carácter necesario, absoluto, y de la cual dimanan inflexiblemente todas las ideas secundarias de lo bueno, de lo justo, de lo honesto, de lo órdenado y de lo obligatorio. Tan fundamental es esta base de la moral, que sin ella quedaría desorientado y á oscuras el entendimiento, y sin significacion el lenguaje humano en todo lo concerniente á la calificacion de las acciones libres del hombre.

 

Piensan algunos escritores, y algunos muy reputados entre el tropel de nuestros sabios, que las leyes é instituciones humanas son la única base de calificacion moral, porque todo es de suyo indiferente, hasta que la ley, el pacto ó la opinion , dan el nombre de buenos ó de malos á los actos, sin más razon que las conveniencias sociales. No conozco una opinion más fundamentalmente degradante de la dignidad humana que la de estos fabricadores de moral a gusto del consumidor. Ignoran estos miopes que no puede haber armonías estables en este mundo, si no son unas reminiscencias de las armonías del otro. ¡Pobres grandes hombres de la tierra, que no saben que esas leyes de los tontos de los Licurgos y de los Solones no son más que elucubraciones sin talento, sin mérito y sin gracia, cuando no están escritas de acuerdo con las leyes de la moral, que son unas leyes bajadas del cielo! ¿Quién, al contemplar los desórdenes de la tierra, no vuelve los ojos hácia arriba buscando las reglas inmutables del Dios órdenador?

 

Sin la idea de lo absoluto bueno, no hay moralidad posible. De allí viene toda obligacion , como viene todo órden. Si del mundo moral se destierra la Divinidad, á nada estamos obligados, porque falla la razon última, falta el fundamento supremo de que debamos hacer unas cosas y evitar otras: en el mundo moral se hace entónces el vacío, y en ese caos de la inteligencia y del corazon, sólo se ve cruzar como un relámpago siniestro el látigo de la ley. Pero es inútil que todos los tiranuelos, y legisladores pedestres de este mundo, nos prediquen que el látigo de su ley es el fundamento, es el principio de ser, de toda moralidad humana; pues al través de la noche de su ignorancia, se ve brillar en el cielo la idea de la obligacion moral, inmóvil y firme, sin doblegarse al impulso de la pasion ó del interés, sin contemporizar, sin transigir, siempre mandando, siempre representando el órden eterno é inmutable, previsto por la inteligencia infinita y querido y decretado por su voluntad omnipotente, y diciéndonos que el fundamento de la moralidad, que su último principio de ser, está en la ciencia de Dios.

 

VI

 

 

 

 

 

Y ya que hemos hablado del fundamento de ser de la moral, digamos algo del criterio, ó del órgano de conocerla.

 

Como ya hemos indicado, cree el titulado filósofo Hobbes que la moralidad de los actos depende de las instituciones humanas, y que la voluntad del príncipe que rige la sociedad es la única regía del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto. Estas mismas ideas las ha amplificado, dándoles una forma regular y sistemática, el famoso jurisconsulto Jeremías Bentham, filósofo de ménos mérito que Hobbes, convirtiendo en criterio de la moralidad, la utilidad, y asegurando que el cálculo sirve para apreciar el mérito y bien de las acciones. Esta doctrina utilitaria es un retroceso con respecto á la teoría de Hobbes; pues si el príncipe de éste puede ser un hombre recto, el cálculo sustituido por Bentham de seguro que es un príncipe egoista, y por consiguiente malo. Bentham, genio superficial, sin duda, porque vió que la utilidad dependia del bien, creyó que el bien dependia de la utilidad. Repito que me son intolerables estas bajezas ele pensamiento. Asegurar que no hubo acciones buenas ni malas hasta que se dieron leyes, seria lo mismo que decir que hasta que se trazó el primer círculo no eran iguales todos los radios de todos los círculos imaginables.

 

La filosofía moral fué practicada por el instinto ántes que fuese enseñada por la razon. En casi todos los libros de educacion clásica se dice que Sócrates inventó la moral. Sócrates era efectivamente todo lo virtuoso que podia ser un pagano; pero de ser un hombre de instintos honrados á inventar las reglas universales de la honradez, media un abismo. La moral fué practicada desde el principio del mundo, y por eso Arístides fue justo ántes que Sócrates hubiese definido la justicia; Leónidas murió por su patria ántes que Sócrates hubiese hecho el elogio de la severidad; y Grecia floreció en hombres virtuosos ántes que Sócrates hubiese dicho en qué consistía la virtud. Pero la moral típica, perfecta, sólo fué enseñada,

 

sólo fué completa, cuando el decálogo se hizo evangelio, cuando la teoría se unió á la práctica.

 

Si la calificacion de justo é injusto no tuviese otra base que la ley, ¿cuál seria entónces el fundamento de la justicia de esa misma ley? No son buenas las cosas porque están mandadas, ni malas porque es tan prohibidas; ántes bien se mandan porque son en sí buenas, ó se prohíben porque por esencia son malas. Pufendorf, en vez del príncipe, que podia ser un simple, de Hobbes, y del cálculo, príncipe de seguro malo de Bentham, echó mano del más supremo de los príncipes, pues hizo depender la moralidad de los actos humanos de la voluntad de Dios. Error igual á los otros. No concebimos las cosas como buenas porque Dios las quiera y las mande, ni como malas porque las repruebe y prohíba; sino que Dios las quiere y las aprueba porque son buenas de suyo, y las prohíbe porque son malas por esencia. El ser Dios lo que es no depende de su voluntad; la moral no es más que la realizacion de sus atributos, y sus atributos se realizan en un órden primario y eterno. Tan alta idea tenemos de la inmutabilidad de los atributos divinos, que, por suponerlos como representados en la esencia de las cosas, afirmamos que esta esencia es también inmutable, y que Dios no puede hacer que una cosa sea y no sea al mismo tiempo; que el círculo sea cuadrado, ó el cuadrado círculo, pues todo esto lo vemos como contradictorio, como absurdo, y corno metafísicamente imposible. Por la misma razon decimos que Dios no puede hacer que lo bueno sea malo, y lo malo bueno, pues dependiendo de sus atributos morales la justicia y la bondad, si pudiese hacer que lo malo fuese bueno y lo bueno malo, Dios seria contradictorio consigo mismo > y vendría á ser otro imposible metafísico, ¿Qué serian la bondad y la justicia en Dios, si las cosas no fuesen buenas y justas más que por su libre voluntad? Nada: la justicia y la bondad serian unas relaciones tan resbaladizas como las leyes de Bentham, y Dios un príncipe tan poco digno como el indigno príncipe de Hobbes.

 

Y prescindiendo de otros criterios de moralidad tan insubsistentes como los que acabamos de exponer, concluiremos diciendo que sólo nuestra razon puede ser el criterio de la razon; que sólo puede conocer ú principio de ser de la moralidad, el órgano que halla intuitivamente las relaciones fundamentales de las cosas, como son

 

las del efecto á la causa, la de la hechura al hacedor, la del ser finito y subordinado al ser supremo infinito é independiente. Sólo nuestra razon, facultad superior, órgano de las intuiciones, es capaz de concebir lo infinito con ocasion de lo finito, lo absoluto por lo relativo, la sustancia por los accidentes, y la causa por los efectos. Esa razon, que pensando en lo absoluto, halla el fundamento de la moral, y pensando en sí misma, crea la conciencia, ese guia seguro de la vida, ese juez imparcial é incorruptible que como un tribunal inexorable, aunque no hace la ley, la aplica porque la conoce, es el criterio, es el órgano por' medio del cual Dios hace participe al hombre del órden inmutable de la justicia y del bien, esculpiendo sus preceptos, no en tablas de mármol, sino en las tablas vivas de su corazon, para que lleve dentro de sí el código de sus deberes siempre abierto ante los ojos de su razon, y siempre interpretado y aplicado por el tribunal de su conciencia.

 

 

 

 

 

VII

 

 

 

 

 

Sentado ya que lo absoluto es el fundamento de ser de la moralidad, y que la razon humana sólo es el órgano, criterio, ó principio de conocer, seguiremos diciendo que la autoridad social es de derecho divino, que todo poder humano que no se apoya en este derecho natural, que es el poder de Dios, es criminal é imbécil. En derecho hay tres escuelas principales como en filosofía, la materialista, la panteista y la espiritualista. Los primeros creen que todo derecho consiste en la habilidad, la astucia, la mala fe, y por último el crimen: hé aquí el materialismo; hé aquí los hombres del puñal. Los segundos son los hijos de Julio César, el mejor tal vez de los romanos, que decia: la especie humana es una presa que pertenece al más fuerte;» estos son los panteistas y los politeistas, para quienes Dios es todas las cosas, ó todas las cosas son Dios; los cuales creen que la verdad es simplemente el decreto de la

 

fuerza humana; es decir que no hay verdad, que no hay más (pie fuerza, y que esa fuerza tiene una presa legítima que es el mundo: hé aquí los hombres del sable. Los terceros, los espiritualistas, son aquellos que no dudan que existe una verdad moral absoluta, independiente de todas las circunstancias prósperas ó adversas, que es la regla eterna de las acciones humanas, y que vive y vivirá hasta la consumacion de los siglos, á pesar de los necios que la desconocen, y de los malvados que la niegan: hé aquí los hombres de la espada.

 

 

 

 

 

VIII

 

 

 

 

 

Así como no hay más que una ciencia, la metafísica, no hay más que una religion verdadera, una moral infalible, y un derecho cierto. Del monte Sinai de donde bajó la ley absoluta moral, descendió al mismo tiempo la ley del derecho absoluto, ó, lo que es lo mismo, del absoluto deber. Lo mismo que las ideas de ser y no ser, el derecho y el deber son dos ideas correlativas: la misma inteligencia que piensa el derecho, pensando en sí misma, da nacimiento al deber: el deber es un derecho inverso, es un derecho de rebote: la inteligencia concibe el derecho, se refleja instantáneamente en la conciencia, y el derecho se convierte en deber. La misma nocion que es derecho cuando se piensa á sí mismo el yo, se convierte en deber, cuando ese yo concibe el tú. El derecho y el deber son hermanos gemelos,

 

é  hijos legítimos de la obligacion moral; son el anverso y el reverso de una medalla; un mismo objeto mirado bajo dos puntos de vista; lo que es un derecho para nosotros, es un deber para los demás, y vice-versa: hablar del uno es hablar del otro.

 

IX

 

 

 

 

 

Lo bueno, el deber, el derecho, la virtud, consisten en la ecuacion de la razon creada con la razon increada, en la ecuacion de la cosa con su fin: el hombre que usa de su libertad para hacer cosas que le alejan de su fin moral y que son contrarias á su fin, ejecuta el mal y se llama malo; así como el hombre que coordina las cosas de que dispone de manera que pueda alcanzar su fin moral, hace el bien y recibe el nombre de bueno.

 

El derecho natural, el gran derecho, no se escribe aquí abajo, se copia de lo alto; no nace de la sociedad; la sociedad es la que nace de él. Vosotros, codificadores oficiales, raza materialista, hija legítima de Montesquieu el empírico, podeis saber tantas legislaciones como él, y no saber una palabra de derecho; podeis disponer en vuestras leyes que los ciudadanos sean rebaños de pedáneo, y sus bolsillos repliegues de la gran bolsa del fisco; podeis indicar en vuestros preámbulos, sin más extrañeza que la de quien no los ha comido nunca, que en las salchicherías de Canton se venden corazones humanos ahumados; podeis decretar cuantos cambios querais en la moral y en el derecho; pero, á pesar de vuestras leyes, el bien siempre será bien, y el mal será mal constantemente.

Porque, como ya dijimos, en moral, aunque hay revoluciones, la dinastía es eterna; y esta dinastía gobierna sus estados con leyes claras, sencillas é inmutables. Hé aquí el resúmen de todo derecho, y de todo deber: amar á Dios, amarse á sí, y amar al prójimo como á sí mismo. El derecho natural es invariable en lo sustancial de estos tres oficios: amar y temer á su criador, conservar su cuerpo é ilustrar su espíritu, guardar la buena fe y la probidad con todos, como quisiéramos que la guardasen con nosotros. Tal es el resúmen de la moral privada, de la política, del derecho de gentes; la regla invariable, la ley eterna, la virtud en accion , la luz y la armonía de este mundo, copiadas de la luz y de las armonías del otro.

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO II

 

 

 

 

 

         

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

Se puede apocar plausiblemente á la política la tésis filosófica de la no-discernibilidad: «no se pueden hallar dos cosas perfectamente iguales en cantidad y en calidad.» Es decir, no puede haber dos cosas con la misma cantidad intensiva y extensiva, con el mismo grado de vida, y con igual grado de magnitud, con idénticas condiciones físicas y morales; porque estas dos cosas, ocuparían el mismo lugar en el tiempo y en el espacio, interrumpiendo la ley de sucesion y la ley de continuidad; serian dos cosas idénticas, serian lo que dos líneas rectas que tuviesen (los puntos comunes, serían dos indiscernibles, serian un imposible metafísico; y Leibnitz tenia, por consiguiente, razon, cuando negaba á la divinidad el poder de crear dos cosas enteramente iguales.

 

 

 

 

 

 

II

 

La desigualdad individual es, una produccion orgánica. Un hombre se distingue de otro, ó por la mayor ó menor delicadeza de su constitucion física, ó por la distinta perfeccion de sus órganos, ó por la diferente capacidad de su inteligencia, ó por las dotes diversas de su sensibilidad, etc, etc. Los diferentes grados de sensibilidad, de inteligencia, de virtud y de poder, constituyen las desigualdades individuales, estas las domésticas, y las desigualdades ya individuales ya domésticas producen en sus relaciones con la sociedad las desigualdades políticas.

 

Pongamos el mundo en órden. Y el modo de poner nosotros el mundo en órden es que no le desórdenemos con números, pesos y medidas arbitrarias; respetando la voluntad de Dios, que formó el universo con peso, número y medidas naturales.

La desigualdad nace, y la igualdad se hace. A los linajudos que quieren perpetuar la desigualdad con el látigo, y á los niveladores que aspiran á establecer la igualdad con la guillotina, seria menester cortarles las manos para que no tocasen las obras maestras cuyos cimientos ha echado el mismo Dios. Ya que la desigualdad de capacidades supone la desigualdad de destinos, rogad á la ley que no se meta en contrariar al derecho, que respete esos altos y bajos del mundo social providencial, y perseguid como á las fieras á esos niveladores y desniveladores que quieren alterar los fundamentos de ese órden social que Dios ha establecido desde el primer dia de la creacion .

Así como en los tiempos antiguos la desigualdad era una manía, en los modernos la igualdad es una preocupacion .

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

 

 

La desigualdad de naturalezas es un principio fundamental, porque toda sustancia es más ó ménos extensa, y más ó ménos intensa, y aun en igualdad de intension y de extension , la existencia

 

en diferentes momentos del tiempo y del espacio, haría quedos naturalezas que fuesen iguales pareciesen diferentes. Al famoso principio de los indiscernibles, de que no pueden dos cosas ser exactamente semejantes en cantidad y cualidad, porque tal semejanza no seria otra cosa más que la identidad misma, objeta Kant que dos objetos pueden bien ser perfectamente semejantes, porque si ellos no existen ni en el mismo sitio ni en el mismo instante, no pueden confundirse. Kant era un maniático que tenia la pretension de lanzar en el torbellino de lo contingente los invariables principios de la metafísica. La diferencia de los lugares y de los tiempos, de otro modo llamada la diferencia numérica, ¿no basta á crear la distincion , ó sea la individualidad de las cosas? El diferente tiempo y el diferente espacio, ¿no son dos modos de ser de las cosas que alteran su semejanza y su igualdad y que alteran por consiguiente su identidad?

 

 

 

 

 

IV

 

 

 

 

 

Los revolucionarios se empeñan en hacer lo que no puede hacer Dios: dos cosas iguales. Ya hemos visto que dos cosas enteramente iguales son un imposible metafísico; ahora probaré que es por consiguiente también un imposible político-moral.

 

Empecemos por sentar esta frase que se debe precisamente á una de las más famosas sectas de los igualadistas: «á cada uno segun su capacidad, y á cada capacidad segun sus obras.» Esto es profundamente jerárquico y profundamente justo. La diferencia de aptitudes produce la multiplicidad de ocupaciones; estas, la proporcionalidad de las recompensas; estas, la diversidad de consideraciones; estas, la multiplicidad de jerarquías; estas, la variedad de clases; y todas juntas, la desigualdad de condiciones, de estados y derechos.

 

Para poner el mundo en órden, es menester desterrar de él para siempre la igualdad. ¿Por qué? Porque para igualarlo todo, seria menester desquiciarlo todo, elevando lo bajo, y rebajando lo alto; quitando á cada cosa su nivel natural, para darle una situacion artificial y forzada. La verdadera igualdad consiste en la libertad de las cosas; y la libertad de las cosas se efectúa buenamente, cuando la ley no se mete inoportunamente ni á igualarlas ni á desigualarlas. La fuerza natural de las cosas las coloca perfectamente en su lugar, cuando la ley no tiene la pretension de descolocarlas para ponerlas mal.

 

 

 

 

 

V

 

 

 

 

 

Sólo la iglesia católica es la única sociedad jerárquica por esencia, y por esta misma razon es la única también esencialmente igualitaria. Ella fué la primera en el mundo que, abriendo su seno á todas las capacidades indistintamente, ofrecía sus cargos y sus honores al solo ascendiente del saber y de la virtud. El cristianismo, hasta socialmente hablando, reconoce y remunera el mérito personal, sin atenerse al órden de las categorías sociales. Y tiene sobre las demas instituciones humanas, la singular ventaja de no considerar la inteligencia, por sí sola, como una fuerza arbitraria, sin más direccion que la voluntad del hombre y el interes del individuo, sino dirigida por la virtud, que es el íntimo sentimiento y la profunda conviccion de los propios deberes, esto es, la razon y la justicia, en el más alto grado de moralidad posible. Miéntras las sociedades políticas deifican á los Augustos, á las Catalinas y á los Pombales, ilustres malvados, llenos de inteligencia, pero sin ninguna probidad, la iglesia santifica solamente á los que son grandes, así en el órden de las ideas de magnitud como en el grupo de las ideas de perfeccion, reuniendo las altas nociones de la inteligencia á las nobles cualidades de la virtud. Si la iglesia considera alguna vez á

 

los hombres imperfectos, es más bien á los pobres de espíritu y de limpio corazon, que á esas naturalezas híbridas, que suele celebrar el mundo, de levantada inteligencia y de bajo corazon. Sólo la inteligencia regulada por la virtud se hace digna de gobernar á los pueblos.

 

 

 

 

 

VI

 

 

 

 

 

Las escuelas filosóficas resuelven la cuestion de la igualdad, cada una con arreglo á la clave respectiva de su sistema. El espíritu del materialismo sólo reconoce en los hombres meras individualidades organizadas y vivientes, sin ninguna referencia más que a su existencia exterior y sensible. El panteísmo ennoblece hasta lo más vil, para envilecer hasta lo más noble. El espiritualismo, por medio de la doctrina cristiana, realza el sentimiento de la dignidad humana diciendo á los hombres «todos sois unos para Jesucristo», sancionando la igualdad ante la justicia de Dios, sin desatender la desigualdad ante la política, que es la ley de los hombres; y al paso que proclama por hermanos á todos los hombres, no por eso destruye la organizacion jerárquica de las sociedades políticas.

 

Para el materialismo todos los hombres son iguales, porque todos son unos brutos.

Para el panteísmo todo es igual, porque todo es divino, y en él son tan dioses los brutos, como brutos son los dioses.

Para el espiritualismo todos los seres son desiguales, todos son más ó ménos grandes, más ó ménos pequeños, segun se acercan más ó ménos ú Dios, ó más ó ménos al bruto.

Las escuelas políticas, que guardan relacion con las filosóficas, ponen en práctica las teorías á que corresponden. Ejemplo:

Los revolucionarismos cesarianos, los despotismos, para desnivelar, hacen brutos de la mayoría de los hombres.

 

Los despotismos democráticos, los revolucionarios, para nivelar, hacen hombres de la mayoría de los brutos.

Sólo las monarquías, sólo la libertad, sólo la desigualdad natural hace hombres á los hombres, y deja siendo brutos á los brutos.

 

 

 

 

 

VII

 

 

 

 

 

Con unos cuantos legisladores ménos, ganarla mucho la libertad, y, como su inmediata consecuencia, la igualdad. Todo legislador oficial suele caer en la tentacion de querer inventar una especie de física social, que considere la sociedad como una inmensa máquina material compuesta de móviles y resortes ciegos y puramente mecánicos. Estos filósofos de curia, ignoran que la ley no es la que hace la justicia, sino que es la llamada á evitar la injusticia. A imitacion de la tabla rasa inventada por los materialistas para suponer al entendimiento despojado de todo germen de ideas preexistentes, ellos hacen tabla rasa de la sociedad para reorganizarla, ya sobre una desigualdad irritante, cual ya la historia la ha visto con escándalo, ya sobre una igualdad política bochornosa, cual espero que nunca se verá. Aún quedan dos clases de estos manipulántes de amasijos sociales: unos que, sin saberlo, son herederos de las ideas del antiguo paganismo, y otros que, impregnados de lo que ellos llaman progreso del siglo, son sencillamente unos revolucionarios. Los primeros, así como su padre el paganismo, exageran el principio de la desigualdad que acaba en la esclavitud, y casi llegan á creer en la existencia de dos razas humanas, destinadas, la una para mandar, y la otra para obedecer; y si no de dos razas, por lo ménos de dos clases de hombres, una la de los señores, y otra la de los esclavos, poseedora aquella, y esta poseída. Los segundos, es decir, los revolucionarios, facedores de las leyes igualitarias, han exagerado el sentimiento de la dignidad humana, fascinando á sus prosélitos con el vivo

 

resplandor con que ha mostrado el cristianismo la igualdad de la naturaleza ante la ley moral, pero sólo han sido lógicos á medias, pues no han querido deducir, al mismo tiempo, las consecuencias de la desigualdad de su naturaleza ante la ley política. El cristianismo, detestando el principio de dos razas, opresora y oprimida, sostiene que donde quiera que exista una minoría civilizada y una mayoría ignorante, esta diferencia determina con la mayor legitimidad y para el interes de todos las desigualdades políticas.

 

La desigualdad de civilizacion, así como la desigualdad de los individuos, es una produccion orgánica.

La diferencia de aptitudes da la diferencia de.

El hombre es hombre por su inteligencia y por su carácter, y sólo los que tienen más inteligencia y más carácter, sólo las clases ilustradas, son las que tienen derecho á gobernar, porque son las únicas que pueden gobernar con ilustracion . Sólo lo civilizado es lo civilizador. Lo que no es gobernado por las luces, lo es por las pasiones. Aquellos que se revelan contra las clases civilizadas, tienden al estado de naturaleza y corren á la servidumbre, y á la peor de todas las servidumbres, porque sujetan la inteligencia á la ignorancia, lo que es superior á lo que es inferior. Y cuando se separa el poder de la inteligencia, el poder obra con una fuerza ciega y brutal.

Para deducir una absoluta igualdad de derechos, seria menester partir de una completa igualdad de inteligencia; y partiendo, como la escuela revolucionarla, del supuesto principio de una igualdad absoluta en la aptitud, capacidad é inteligencia de los hombres, sólo iríamos á encontrarla en el estado de naturaleza, porque sólo las hordas de los iroqueses poseen la igualdad de la ignorancia.

Tenia razon Séneca: la muchedumbre es argumento de falsedad. Siendo por lo general la clase instruida la ménos numerosa, el resultado claro é inmediato de la igualdad absoluta en los derechos, del sufragio universal, seria el de colocar la sociedad bajo el gobierno de la ignorancia. ¡Maldicion en tal principio de tinieblas! No, no; sólo en pueblos de perdidos podrá reinar por excepcion , y durante un período de fiebre, la soberanía de la ignorancia. Este principio siniestro sólo puede brillar como un relámpago en los dias

 

negros de la historia, porque es inconcebible para el entendimiento, porque es contradictorio en sí mismo, que la razon humana pueda transigir con la pretension absurda de una igualdad absoluta en los derechos políticos, fundándola, como no puede ménos de fundarse, en una desigualdad perenne y evidente para ejercerlos; esto es imposible, y no de una imposibilidad pasajera, sino de una imposibilidad incondicional, absoluta, metafísica.

Nada hay más absurdo que arrancar de la inteligencia la direccion de los negocios del mundo, no ver en el fondo de la sociedad sino una coleccion de unidades, aplicar á la sociedad la pura ley material del número, no reconociendo sino las adiciones de individuos, y desconociendo enteramente las proporciones intelectuales y morales. Lo digo con sentimiento: no hallo palabras bastante acerbas con que anonadar á los filósofos visionarios del optimismo social, pues sé que lo que empieza en las alturas de una metafísica deforme, acaba en los abismos de una lógica salvaje. Si la igualdad no fuese un imposible metafísico, los filósofos de la democracia vendrían en seguida á decirnos que el sufragio universal era el más sagrado de los derechos; y despues los demócratas prácticos sostendrian que el derecho de insurreccion era entónces el más santo de los deberes. Pero afortunadamente seria menester que la humanidad entera viniese á ser una grande horda indisciplinada, errante entre ruinas, y en sociedad con los tigres, para que sobre el aniquilamiento universal de todas las nociones de verdad y de virtud, de un pasado glorioso, y de una tradicion moral divina, los enmendadores de los planes de Dios pudiesen colocar la piedra angular de su igualdad absoluta.

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO III

 

 

 

 

 

 

            

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

 

Toda sustancia con tiene necesariamente un principio de desenvolvimiento, un medio de conservacion , y una finalidad. El principio, la causa, es Dios; el modo de ser, la dicha, el propio bien; y el fin, proporcionar el bien ajeno, la virtud, la moral.

 

Todo ente espiritual lleva en sí la razon de su sér, su saber y su deber. Primero es el sér de los seres; despues el sér propio; y luego el sér ajeno igual. O lo que es lo mismo, la razon de su sér, la Religion , deberes con respecto á Dios; la razon de su saber, la Libertad, deberes con respecto á sí mismo; la razon de su deber, la Justicia, deberes con respecto; los demas. La religion, la libertad y la justicia, irradiaciones de lo absoluto, son las leyes necesarias que constituyen parte del plan providencial.

 

 

 

 

 

 

II

 

Como las verdades humanas no son más que los reflejos de la verdad absoluta, y como la verdad no es más que una, resulta que no hay más que una religion, una libertad, una justicia y una moral verdaderas, así como no puede haber más que una sola aritmética y una sola geometría. El mundo pagano acertaba con alguna máxima de moral, como acierta hoy el protestantismo con alguna verdad del dogma, por instinto, por casualidad. La sofistería del siglo pasado, con una filantropía puramente sensual, ha pretendido elevar á dogma metafísico un cierto libre cultismo, que no era más que la negacion de toda religion. Lo repito, no puede haber más que una religion, una moral, un derecho. Puesta la ley en armonía con la idea absoluta de la justicia, el estado hace cumplir la ley, porque es la única verdad, y como única verdad debe ser obligatoria para todos.

 

La opinion pública juzga de la moralidad de las acciones refiriéndose á un tipo superior de virtud, y, dado este criterio ontológico de moral, pocas veces se engaña acerca de lo bueno y de lo malo. Decía á Jesús San Pedro: «teneis las palabras de la vida eterna.» Es decir, vuestra moral es la verdad absoluta. Aceptada esta verdad, para el estado, no puede haber más que una religion, como no puede haber más que una justicia. Los psicólogos del siglo XVII, convirtiendo la conciencia individual, no en el criterio, sino en el principio de ser de la verdad absoluta, han minado por su base el edificio del mundo moral; y despues los materialistas del siglo XVIII, no han tenido más que derribar lo que sus antecesores habían denunciado por ruinoso. Suprimida la autoridad de la idea ontológica de verdad, quedan declarados en completa anarquía los cielos y la tierra. Cuando se permite que cada uno crea lo que quiera, nadie sabe lo que debe creer. El estado, que no conoce la verdad, ni en derecho ni en religion, se declara en incapacidad legal de gobernar

 

á  nadie, y entónces es cuando, no sabiendo él lo que se debe creer, proclama el libre-cultismo para que cada uno crea lo que más le convenga. Cuando el estado idiota no conoce la verdad, declara legal la anarquía, en fas creencias; y pensando que concede la libertad política, lo que concede es la libertad del idiotismo. Es necesario tener la conciencia de su deber; y en esta parte Mahoma me parece un hombre más digno en su intolerancia, que muchos príncipes cristianos que profesan una tolerancia más funesta que el

 

hierro y que la hoguera. Mahoma, despues de creer que el Koran era la verdad suprema, empuñó la espada para hacerla triunfar en el mundo. La premisa era falsa, el medio inicuo, pero la consecuencia legítima; no era verdadero, y ademas era bárbaro; pero á lo ménos fué lógico. En cambio los príncipes que empiezan por proclamar que el cristianismo es la verdad, y luego permiten el culto del error, son verdaderos en la premisa, tontos en los medios, é ilógicos en la consecuencia. ¿Cómo se concibe que la verdad pueda jamas transigir con la falsedad? ¡Gloria para siempre á la iglesia católica que, con una absoluta adhesion á la verdad absoluta, ha visto separarse de su dominio unas veces provincias, y otras veces reinos enteros, ya por defender los derechos de una esposa legítima, ya por censurar en un mal rey sus desmanes contra la inocencia ultrajada, conservando incólume el depósito de sus tradiciones sagradas, tradiciones que constituyen esa moral divina, tipo de las bellas acciones humanas, y que segun el mismo Dios hombre predijo: «Pasarán el cielo y la tierra; pero no pasarán mis palabras!»

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

 

Las relaciones morales respecto de Dios, de sí mismo, y de los otros, constituyen lo decente, lo justo y lo honesto: siendo decente que honremos y respetemos al autor único de nuestro sér; justo que nos conservemos; y honesto que tengamos una perfecta amistad con nuestros semejantes, los cuales recibieron la existencia del mismo autor que nosotros. Ni la voluntad divina puede mudar las leyes de lo honesto, justo y decente, como puede mudar las leyes físicas del mundo, porque, en este caso, Dios seria contradictorio consigo mismo, pues dejará de ser esencialmente bueno y perfecto; ni estas nociones dependen de la voluntad del legislador supremo, porque nacen de las criaturas entre sí, y en órden á su criador. El hurto, el adulterio, la procacidad, la prostitucion , el aborto, el

 

homicidio, la mala fe en general, nunca pueden pasar por cosas justas, sino entre aquellas naciones, cuya degradacion y barbarie ofuscan y adormecen el derecho natural, que es copia del derecho divino, del conjunto de las ideas de perfeccion que constituyen el órden moral.

 

En materias de religion, progresar es ir hácia atras. Si una religion fuese perfectible; si en materias de moral progresar fuese ir hácia adelante, la moral no seria verdadera por lo mismo que era perfectible. Regla infalible: en religion toda novedad es un error. Rara buscar la verdad en toda su pureza, en vez de seguir la corriente del agua, es necesario retroceder, remontándose al orígen de donde nace. En moral, lo más nuevo y lo más cierto es lo más antiguo. Lo que ha nacido en el mundo despues del hombre, obra es del hombre, y por lo tanto puede ser falso; lo que el hombre encontró en su cuna, no nació de él, no es ni puede ser obra más que de Dios, y por lo tanto es verdadero. Así no es extraño que la humanidad entera proteste siempre contra toda novedad religiosa, filosófica y política, elevando casi á dogma la opinion siguiente: «lo nuevo en religion, es la herejía; en filosofía, el absurdo, y en política la revolucion .»

 

 

 

 

 

IV

 

 

 

 

 

Después que Moisés fundó la ontologia cristiana con la revelacion de la verdad moral absoluta, nada más lógico que la iglesia haya establecido como dogma la infalibilidad de su cabeza visible. La infalibilidad es una consecuencia de la verdad, y la fe es la consecuencia de la infalibilidad. Siendo depositaría de la verdad suprema, la iglesia no puede engañarse, y la fe, esa creencia intuitiva, ese presentimiento de lo absoluto, ese sexto sentido, no puede ménos de creer en quien no se puede engañar.

 

La fe y la razon son dos órganos de lo absoluto, porque, segun Nicolás, la razon «es como el ojo del espíritu y la mirada del alma; la revelacion es la luz que, reflejando en los objetos, los hace visibles. El ojo por sí no ve: es menester que la luz le advierta la presencia de los objetos. La luz por si sola tampoco hace ver, si el ojo no se abre, no se fija y no penetra con sus miradas los objetos. Esta es la imagen de la razon y de la fe.»

Así como en la física las verdades sólo son de necesidad hipotética, en la moral existe una certidumbre metafísica, una confianza del alma en el testimonio de Dios, en las verdades de necesidad absoluta. Las leyes del mundo físico son constántes en sí mismas, pero no necesarias, y en su consecuencia, es posible el milagro que las deroga. Las leyes del órden moral, no solamente son constántes, sino necesarias y absolutas, y por consiguiente, no es posible la menor excepcion respecto de ellas. Los milagros en el mundo físico no implican contradiccion con el poder del Dios que lo ha creado: una excepcion á las leyes morales seria una imposibilidad para Dios, porque lo malo no puede ser bueno, y la bondad constituye parte de la esencia de Dios, y Dios no puede contradecirse.

Los protestántes dicen que el hombre tiene la razon porque tiene su razon. Error de lógica: jamas de lo particular se puede deducir lo general. El hombre tendria razon, si tuviera la razon; pero la gran razon del hombre es eterna, es objetiva, es ontológica, está fuera del hombre, es la razon de Dios..

Lo natural sólo es natural cuando está de acuerdo con lo sobrenatural.

Sólo hay verdad moral, sólo existe lo bueno, cuando hay ecuacion entre el entendimiento creador y el entendimiento creado.

La religion es el lazo vivo entre lo finito y lo infinito, entre las verdades del órden natural y la verdad absoluta, que constituye lo sobrenatural.

Toda inspiracion es una revelacion. Ya Hipócrates pensaba que «aun las mismas artes indispensables á la vida humana fueron una revelacion y una gracia de los Dioses.» Platon afirma «que en punto

á  moral nadie puede ensenar cosa alguna á otros, á ménos que no haya tenido á Dios por maestro.» Pero ¿basta la inspiracion humana

 

para haberse posesionado de golpe y por completo de todo ese admirable conjunto de verdades que constituyen la religion cristiana? Imposible. Seria más milagroso que Moisés se convirtiese en Prometeo, y subiendo al cielo robase el luego del sol de la verdad, que no que el Eterno, hermanando la le con la razon, le comunicase los destellos de su sabiduría divina. Este sistema de moral perfecto no ha podido ser inventado ni conocido por un hombre, sino enseñado y revelado por Dios. Si la revelacion de este sistema es un milagro, su conocimiento por adivinacion seria un imposible: lo primero es sobre-natural; pero lo segundo hubiera sido contra-natural.

 

Dada la premisa de una moral perfecta, la unidad y la infalibilidad son sus consecuencias. Revelada la verdad absoluta, era indispensable una iglesia que la conservase, y una cabeza visible que la dirigiese, á imitacion del modo con que Dios gobierna el universo, lo vario en lo uno. Está en mí tan arraigada esta creencia, que si en cuanto he dicho y pueda decir en adelante, se halla algo que no esté completamente de acuerdo con la doctrina católica, quiero que se condene como error y que se considere como no hablado ni escrito. La fe es una consecuencia del establecimiento de una iglesia, depositaría de la verdad; y la infalibilidad es una rigorosa deduccion de la unidad, de la representacion única de la inmutable verdad. Hé aquí el resúmen de la religion del hombre cristiano, del hombre de las tres virtudes teologales, Fe, Esperanza y Caridad: esta religion, es decir, la religion, no es otra cosa que dogma, culto y moral;, el dogma, objeto de la fe; el culto, medio por el cual cultivamos á Dios adorándole; esperando en cambio sus misericordias; moral, ejercicio de la Caridad.

 

Los libre-pensadores, ó más bien, los suelti-pensadores necesitan de la religion, lo saben, lo confiesan; saben también que no puede haber religion sin iglesia; y sin embargo, toda la soltura de su pensamiento se dedica á zaherir implacable é incesantemente á la iglesia. Y es que es mucho más fácil pensar con soltura que con lógica.

En moral, si hay revoluciones, serán inútiles, porque reinará eternamente el jefe indestronable de una dinastía de principios inmortales. La verdad absoluta es una antorcha que los Pontífices,

 

desde Jesucristo, se trasmiten de mano en mano, y que nunca podrán apagarla las tempestades del mundo. Esa iglesia tan perseguida, no sólo es la depositaría de la verdad moral, sino que es la clave maestra del órden social. Y ese Papa tan calumniado, ese imprescindible juez de la fe, que no puede equivocarse, aunque quiera, pues la consecuencia de la posesion de la primera verdad es la infalibilidad, es una imágen de Dios sobre la tierra, pues siendo padre de los reyes y los mendigos, por él somos hermanos los mendigos y los reyes.

 

 

 

 

 

V

 

 

 

 

 

El conocimiento de una verdad absoluta es una revelacion. En esta parte todo gran entendimiento está lleno de algo que se parece á la gracia del Espíritu Santo.

 

La moral cristiana es la verdad absoluta, tan absoluta y tan perfecta, que es imposible de toda imposibilidad que no haya sido revelada por Dios.

Repito que la organizacion de nuestra iglesia es, á imitacion del órden del universo, varia y una, la variedad en la unidad, y es depositaría del único dogma de absoluta verdad hija del padre que está en los cielos; dogma del cual Dios es el autor, San Pablo el predicador, San Agustin el comentarista, y Santo Tomás el sabio; pues Dios lo inspiró, San Pablo lo precisó, San Agustin lo desarrolló, y Santo Tomás lo demostró.

Hay tres clases de sofistas enemigos de esta iglesia; unos que quieren quitar á Jesucristo su humanidad, concediéndole su existencia y su divinidad; otros que pretenden quitarle su divinidad, concediéndole su humanidad y su existencia; y, por último, otros que, diciendo que es un producto de la imaginacion popular, le niegan la humanidad, la divinidad y hasta la existencia. Seria un excelente asunto para que algun buen ingenio escribiese un libro

 

contraponiendo las ideas de estas tres clases de sofistas, y cuyo libro se podria titular: la verdad sobre las ruinas de la mentira, ó la sofistería destruida por los sofistas.

 

El dilema de San Agustin, que se puede aplicar á todos estos enemigos de la iglesia, no tiene réplica: «Si Jesucristo ha hecho milagros y ha establecido una doctrina divina, en ese caso es Dios; si Jesucristo no ha hecho milagros, la fundacion de su doctrina es el más grande y el más portentoso de todos los milagros, y prueba que la voluntad divina quiere que Jesucristo sea reverenciado como el único y verdadero hijo de Dios.»

Los exegetas que atacan la divinidad de la persona de Cristo, y no se atreven á dudar de la santidad de su moral, cometen una accion impía, para venir luego, en último resultado, á hacer una cosa necia. ¿Puede dejar de ser divina una moral que presenta sabias soluciones para todos los problemas de la vida, que ha convertido el mundo á la verdad, y que ha creado esta civilizacion europea, más religiosa que la oriental, más sabia que la griega, y más universal que la romana? Todos están de acuerdo en la divinidad de la doctrina; sólidos exegetas dudan de la santidad de la persona. Pues aquí vuelvo á mi argumento: el que Dios se haya hecho hombre para publicar una moral divina, por ser sobrenatural, eso es un milagro creíble; pero el que esa doctrina fuese publicada por un hombre, que no fuese Dios, por ser contra-natural, eso seria un milagro increíble. Un Dios hecho hombre es sobrenatural; pero un hombre que hiciese lo que Dios seria contra-natural. Sacar lo humano de lo divino es cosa fácil; pero inferir de lo humano lo divino es una cosa imposible.

 

El género humano ha nacido para el sobrenaturalismo, para tener con el autor de los seres relaciones de una grandeza y de una delicadeza infinitas. El hombre, á un en este mundo, vive más en el cielo que en la tierra. No puede dar un paso sin implorar la luz de lo alto. No hay gloria humana cuando no participa de la gloria de Dios. El libro es un sueño, los mármoles polvo, y las grandezas de la vida no pueden asegurar al hombre ese tibio resplandor que constituye la gloria del hombre, cuando esa gloria no es en sí misma un reflejo de la gloria de Dios. ¡Bien haya ese religioso instinto del hombre, que principiando en el entusiasmo, acaba en la oracion , que nos pone

 

en comunicacion con la Majestad suprema; y que por medio de ella le pedimos sentimientos más altos, y nos muestre á plena luz esa ley moral que nos ennoblece y eleva y que conociéndola y practicándola nos hace ser semejantes á la divinidad!

 

 

 

 

 

VI

 

 

 

 

 

El ilustre Marqués de Valdegamas que quiso reproducir en favor del catolicismo la secta llamada de los fideistas, que ya Varron habia predicado en beneficio del paganismo romano, secta que creia que nada se puede probar de una manera cierta por la razon, y de nada se puede tener certeza más que por la fe, sostenía la imposibilidad de llegar á la fe por el camino de la razon. Cuestion de método: supuesto el conocimiento de lo relativo y de lo absoluto, lo mismo se puede llegar á la fe por la razon, que á la razon por la fe.

 

Dada la verdad de la doctrina de Jesucristo, que ninguno de los exegetas antiguos ni modernos se ha atrevido á negar ni en el periodo más turbulento de la herejía y de la cólera contra las esperanzas celestes, el dogma y el culto, el alma y el cuerpo, del catolicismo, forman el sistema moral, social y religioso, más unificado y más lógico que ninguna inteligencia humana podria ni siquiera comprender á no haber sido revelado por el mismo Dios.

Veamos la serie de sus deducciones. Del conocimiento de la verdad creadora, nace la organizacion de una iglesia sabia, conservadora de esa verdad; la iglesia depositaría de esa creencia lleva implícito el dogma de la fe en los creyentes; la cabeza visible de esa iglesia poseedora de la verdad, supone la infalibilidad; y la infalibilidad moral supone la independencia de todo poder humano, y, por consiguiente, falible.

Todo esto es lógico, todo esto es supremo, todo es admirable. Aquí están las excelencias de la verdad, aquí los triunfos del porvenir. Esta organizacion es la copia de las leyes de Dios en el

 

universo, lo vario en lo uno, la variedad de la iglesia, unificada en ese Papa-Rey, representante de la verdad moral absoluta, de ese sucesor de Pedro que con su sabiduría y su caridad tradicionales y reveladas, tantas veces le dice al paralitico de la humanidad, en nombre de la doctrina de Jesucristo: «levántate y anda.»

 

Este edificio de absoluta perfeccion es el que, acaso inconscientemente, está minando por su base un psicologismo rebelde, que acaba en un yoismo desesperado y ateo. Por supuesto que hablo del psicologismo, como doctrina filosófica, y no me digno hablar del protestantismo, porque este como hecho es un desórden escandaloso, y como teoría una cosa que desprecio. ¡El psicologismo, el psicologismo! esa es la doctrina en que han venido larvados todos los protestantismos pasados y presentes, y ese es el camino por donde llegarán también todas las barbaries futuras. Tenían razon los sansimonianos: «gracias á Descartes, todos somos protestántes en filosofía, así como gracias á Lutero, todos somos filósofos en religion.» Y ¡qué filósofos, Dios mío! Los escritores más encopetados del protestantismo no saben que el razonar las creencias es creer sólo en la razon, y que, sea cualquiera la verdad, la razon es siempre de su parecer. Confunden lo que verdaderamente es, con lo que sólo conoce. Ignoran que, lo que es en mí, lo es sin mí; que mi razon no es la razon; y que, por consiguiente, la verdad no está en el hombre, sino que es exterior al hombre; que hay dos clases de verdades, la una, la relativa, la psicológica, la de ellos, que es la igualacion del pensamiento con la cosa que se piensa; y la otra, la absoluta, la ontológica, la nuestra, que es la ecuacion del pensamiento creador con todas las cosas creadas.

 

Pero, es natural; para corromper los corazones, no hay como falsear los entendimientos; y todos los Césares tienden á combatir al Papa-Rey, para convertir en Papas a los Reyes: no se asustan de la libertad de cultos, ese ateísmo oficial del Estado, porque, suprimido el gran Dios, es mucho más fácil ser un rey grande entre muchos dioses pequeños; y, faltando la verdad absoluta moral, se la reemplaza por la verdad oficial, y entónces se obliga á creer en el Estado, que no cree en nada; y de esté modo, encima de las

 

dispersas fuerzas morales se pone la fuerza material, y sobre la libertad religiosa se establece permanentemente el despotismo civil.

Pero ya recibirán el pago de su ignorancia y de su orgullo esos protestantismos, frutos de la ambicion de los reyes y de la corrupcion de los pueblos, pero frutos de perdicion que llevan entrañados en sí la maldicion de la posteridad; pues los hijos de los reyes ambiciosos acabarán por no tener un rincon de tierra donde reclinar su cabeza; y los pueblos desenfrenados, que, sacudiendo la autoridad moral, creen haber conquistado la libertad civil, concluirán por destrozarse en la anarquía, y al fin se dispersarán por efecto de la confusion de las lenguas, como el antiguo pueblo de la Torre de Babel.

 

 

 

 

 

 

SECCION SEXTA

 

 

 

 

 

 

                                         ,                                            

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TEOREMA VI

 

La cantidad intensiva ó psicológica, y la cantidad extensiva ó material, son dos reflejos de la idea ontológica de cantidad, que se unifican en lo absoluto.

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO ÚNICO

 

 

 

 

 

 

                               

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

 

 

 

.   El arte en su acepcion más especulativa, más general, es la representacion de un cierto grado de grandeza en un límite de grandor.

 

Platon, más por instinto que por sistema, ensanchó el dominio de la moral, trayendo á él la política, la legislacion , la educacion , la elocuencia y las bellas artes. Nosotros incluimos la estética en la moral, no por un capricho como Platon, sino por una necesidad científica, por una exigencia lógica del sistema; pues no reconociendo más que dos categorías de ideas, las de magnitud y las de magnificencia, era indispensable incluir en este segundo grupo la teoría de la belleza.

Además de la belleza que nace de la proporcion y de la armonía, que nos encanta en la naturaleza y nos arrebata en las artes, existe la belleza moral de la virtud, que es sin duda la más sublime de todas las bellezas.

Este tratado es el fin y complemento armónico del desarrollo cabal de todas nuestras facultades: despues de la ciencia, ó sea la verdad absoluta, que sacia nuestro ardiente amor á entender; de la moral, ó sea el bien absoluto, que llena nuestra infinita capacidad dé querer; era necesario concluir con una teoría de la absoluta belleza, que

 

fuese el reflejo de las ideas de ciencia y de moral, como una esplendorosa resultante de estos dos focos de eterna luz, que excitando en' nosotros los placeres de la inteligencia y de la virtud, elevase nuestro pensamiento á la contemplacion del Creador, y arrastrase nuestro corazon á actos de bondad con sus criaturas, calmando temporalmente nuestro inmenso afan de amar, sentir, gozar y admirar.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

 

 

La belleza no es una idea, sino la imagen de una idea; es, dice Platon, el resplandor de lo verdadero; y nada, añade Boileau, es más hermoso que lo verdadero. Lo verdadero es el original, y la belleza una copia. Existe lo absoluto bueno y lo absoluto verdadero; y lo bello no es una idea típica, sino el resplandor de aquellas dos ideas ejemplares. No habiendo más categorías de ideas que las físicas y las morales, la belleza es el resplandor de entrambas, es la plastificacion de las ideas de virtud y de verdad.

 

Siendo lo verdadero la conformidad entre la idea y su objeto; lo bueno la conformidad entre el objeto y su destino; lo bello es la conformidad entre el objeto artístico y su tipo esencial.

Todo artista es Prometeo que atrae á la tierra un rayo de la belleza infinita, siendo la viva revelacion de la divinidad entre los hombres. Decía Rafael: «como me faltan modelos, me sirvo de cierta idea que brota en mi mente.» Se servia, como todo artista Ubre, no de una ley prescrita por otro artista, sino de la idea divina que le inspiraba y movía interiormente. Así las obras del arte son un espejo donde la humanidad ve la expresion del espíritu en la naturaleza; el reflejo de una segunda vida muy superior á la ley de la vida humana; el trasunto de esa plenitud ideal que se realiza sólo en lo que Platon llamaba el gran geómetra, otros el gran músico, y que es el universal y eterno artista.

 

El arte no es, como suele decirse, una imitacion de la naturaleza; pues como ha dicho un gran artista, no es un estudio de la realidad positiva, sino una indagacion de la verdad ideal. Por eso decia Aristóteles «que en la poesía hay más realidad que en la historia,» lo cual es cierto; porque los hechos que forman la historia, pasan; y la poesía que convierte en ciencia de las imágenes los tipos metafísicos que se llaman ciencia de las concepciones, es el trasunto de lo absoluto, de las dos ideas ejemplares, que son la ciencia y la moral.

 

El mundo ideal es el esqueleto del universo, y sin el armazon de las ideas la creacion seria un imposible, seria un edificio sin cimiento, seria un caos. Todas las cosas tienen un alma: ¿cuál es? la idea sustancial en virtud de la cual han sido, primero concebidas, y despues creadas. Por eso dicen unos que las ideas son las almas de las cosas, y otros que las cosas son los cuerpos de las ideas. Si fijamos bien nuestra atencion , veremos que no hay ininteligencias exclusivamente materialistas ni espiritualistas; pues lo mismo estas que aquellas, pasan sucesivamente de la parte esencial del fondo ideal de las cosas, á su forma material, ó vice-versa; son viajeros que para dar la vuelta al mundo siguen distintos itinerarios, y así cuando el materialista acude con predileccion á la forma externa, es porque esta le lleva á la idea; lo mismo que cuando el hombre espiritual se apodera de una idea, es porque sabe que esta le ha de conducir necesariamente á la forma.

 

 

 

 

 

III

 

 

 

 

 

El arte es la extensivizacion de lo intensivo, es corporizar una idea, es hacer brillar un rayo de lo absoluto en un objeto fenomenal.

 

¡Glorifiquemos las artes en este mundo, como unos ecos de las armonías del otro!

 

El arte aspira á representar en la piedra lo que que vive; en lo que vive, el sentimiento; y en lo que siente, la inteligencia; es la manifestacion de lo intensivo en lo extenso, de lo infinito en lo finito; es la encarnacion de las ideas de magnificencia en las ideas de magnitud.

 

Lo bello es lo absoluto ideal, trasunto de las ideas de lo verdadero y de lo bueno, tipos de lo absoluto sustancial.

De la misma manera que hemos distinguido las ideas absolutas y las relativas, así distinguiremos un bello ideal y un bello real, éste relativo, y aquél absoluto.

¿Cuál es el órden de sucesion entre lo bello ideal y lo bello natural? Comenzamos por comprender lo bello natural elevándonos de grado en grado y de perfeccion en perfeccion por una especie de epuracion sucesiva hasta llegar á la concepcion del bello ideal.

Hay dos grandes principios en el arte; uno individual y de imitacion , y otro general, abstracto, absoluto y de creacion .

 

Al ver la Venus de Can ova digo que es una figura bella, y estoy convencido de que al decir esto, no hablo de una impresion personal sino del juicio de lodo el mundo.

Dadme una verdad, y me encargo de encontrar en ella una más elevada y más vasta; concededme una buena accion , y también encontraré en ella una más buena todavía. Presentadme un objeto bello, y os hallaré en lo ideal un objeto muchísimo más bello.

 

Lo bello absoluto es ontológico, como imagen de lo absoluto sustancial. Para el materialismo no hay más que bellezas fugitivas como las impresiones que las producen. El psicologismo, así como su expresion más elevada, la escuela de Kant, piensa que no hay en la naturaleza nada de verdadero, de bueno y de bello, sino lo que el hombre halla en su alma, y que realiza ilegítimamente fuera de él; y así como el materialismo produce lo interior por lo exterior, el hombre por la naturaleza, y el yo por el no yo, el kantismo ha hecho salir lo exterior de lo interior, el universo del alma, el no yo del yo; ha creado una belleza tan grosera como la sensualidad, y tan insubsistente como la sensibilidad. Si la idea de lo bello no fuese absoluta, como la de lo verdadero y la de lo bueno; si sólo fuese la expresion de un sentimiento individual, de una variable sensacion , ó el fruto del capricho de cada uno, las discusiones sobre las bellas

 

artes fluctuarían sin apoyo y no tendrian término; no habría bueno ni malo, feo ni hermoso; pues lo bello y lo bueno lo son tanto más ó ménos cuanto se alejan ó acercan más al tipo absoluto de virtud ó de verdad.

 

 

 

 

 

IV

 

 

 

 

 

Ya hemos dicho que no hay más que una sustancia, la idea de cantidad, la cual es, ó intensiva, ó extensa; ó espíritu ó materia. De esta idea fundamental se derivan los dos únicos órdenes de ideas, las de perfeccion (ciencia, ó verdad de los santos), y las de magnitud, (ciencia, ó verdad de los sabios). La idea de belleza es una idea secundaria, y nace de la realizacion de cualquiera de estas dos ideas primitivas, ó sea de la representacion de la verdad, que es la perfecta conformidad de la idea y de su objeto. Donde existe la imitacion de la verdad de perfeccion ó de la verdad de magnitud, hay belleza.

 

Porque ¿qué es belleza?

Falla la razon especulativamente sobre lo verdadero y sobre lo falso con arreglo á la idea creatriz, madre de todas las ideas invariables del pensamiento; y en la práctica discierne lo que conviene de lo que no conviene por la nocion innata en nosotros, tipo de lo grande y de lo bueno absolutos, de los cuales es una reverberacion lo absolutamente bello. Tal es el orígen de la verdad, de la virtud y de la belleza.

Así como el órden en las cosas es verdad, y en los espíritus virtud, el órden en las cosas espiritualizadas es belleza. Por eso dice un autor que el órden conocido es verdad, el cumplido bien, y el sentido belleza.

Del mismo modo que lo verdadero y lo bueno son el esplendor de la idea sustancial; lo bello es el esplendor del bien y de la virtud, copia perfecta de lo absoluto cierto y de lo absoluto bueno.

 

Para tener en las artes ese paladar intelectual que se llama gusto, no basta lo que cree una mujer espiritual, que dice, que para distinguir la luz de las tinieblas no es menester masque la misma luz que se hace sentir, y que del mismo modo, para conocer la verdad, basta la misma claridad que la rodea, pues el buen gusto es hijo del ejercicio científico, porque lo bello en todos los géneros imaginables es lo que está de acuerdo con la moral y la ciencia, es lo que, como dice Maistre, place á la virtud ilustrada.

 

El alma humana tiende al infinito por tres direcciones, por la ciencia, por la virtud y por la belleza. El matemático conoce la verdad, el moralista la ama, y el artista la siente. El primero es todo razon, el segundo conciencia y el tercero entusiasmo.

En el arte las tres principales categorías de ideas son lo bello, lo grande y lo sublime. Lo que es bello puede ser más ó ménos agradable, lo que es grande admite más ó ménos grandeza, pero lo sublime es el último término posible de la belleza; pues el alma en lo sublime no concibe nada más allá en el órden humano. Lo bello agrada al talento, lo grande encanta al corazon, y lo sublime arrebata al sentimiento y á la imaginacion . El Apolo de Belvedere es bello; el ¡morir! de Corneille es grande; la exclamacion de aquella mujer á quien hablaba un sacerdote del sacrificio de Isaac órdenado

á  su padre Abraham, «Dios no hubiera jamas órdenado tal sacrificio

á  una madre,» es sublime.

 

 

 

 

 

V

 

 

 

 

 

En órden á la magnitud hay hermosura en todas las artes plásticas que representan lo intensivo en lo extenso, la vida en la materia; ya recreando en ilusion lo ántes creado, como la pintura; ya como la arquitectura haciendo, á imitacion de Dios, mundos en miniatura con número, peso y medida; ya cual la escultura dando alegrías y pesares á las piedras; ora como la música haciendo sentir

 

á  la inteligencia, y casi entender á los sentidos; ora cual la poesía, creando nuevos mundos en idea, á los cuales para ser tan reales como los de Dios sólo les falta el barro.

 

Y con respecto al órden de las ideas de perfeccion, hay verdad moral, existe la hermosura en el hombre libre, cuando se pone en relacion con Dios, en la religion; con relacion al estado, en el patriotismo; con los demas hombres, en la amistad; con la mujer, en el amor; consigo mismo, en la virtud.

 

 

 

 

 

VI

 

 

 

 

 

Es un error el creer que las artes son las iniciadoras de las civilizaciones, pues sólo son sus resultados, y, por regla general, resultados tardíos y precursores de la muerte. Toda civilizacion demasiado artística se halla en la pendiente de la degradacion : el arte, por sublime que sea, tiende siempre á desontologizarse, concluye por enamorarse del cuerpo, y olvidarse del alma. No hay duda: la demasiada adoracion á las artes, paganiza demasiado al mundo. La manía de convertir en grandes hombres á tantos medianos artistas, es una señal espantosa de la insustancializacion de la inteligencia, y del alejamiento del sentido moral. El arte, ó es perfecto, ó no es nada; ó sentimos con él la presencia de Dios en nuestro espíritu, y contemplamos la encarnacion de lo infinito en lo finito, ó es una sirena que nos encanta para sumergirnos en el fondo de un sentimentalismo puramente magnético, tibio, agradable y relajador, como un baño de maría. El arte es apreciado por el vulgo en razon inversa de su belleza, es tanto más buscado cuanto ménos hace pensar y más hace sentir. Las artes más un ¡versal mente aplaudidas son las ménos intelectuales: la poesía, la pintura, la arquitectura y la escultura sólo son admiradas por la aristocracia de la inteligencia; mientras que las muchedumbres siempre miran embelesadas las contorsiones de un baile; y se encantan con los

 

acordes de la música, porque es de todas las artes la que envuelve ménos idea, y porque la pequeña dosis de idea que contiene, está sumergida y como anegada en un gran vehículo de sensibilidad nerviosa.

Esta injusticia con que la universal ignorancia de todos los públicos, de las bellas artes, da la preferencia á las artes ménos bellas, haciendo la apoteosis de un sin número de medianías, ha sido la causa de que grandes pensadores, si no de las artes, se hayan fastidiado de los artistas, y los hayan rebajado en la opinion , tanto como la opinion ha querido encumbrarlos sin justicia. A todas estas consideraciones, añadiré la de que en manos de estos genios sin ingenio á quienes tanto suelen admirar las gentes histericosas, de estas medianías, muchas veces con inspiracion y casi nunca con ciencia, las artes han sido unas constántes amigas de la buena fortuna, unas hermosas prostitutas de todos los éxitos, y por eso el brillo que suelen despedir estas ilustres desgraciadas nos causa una tristeza moral como la gloria de los héroes puestos al servicio de las malas causas.

Y además de todo esto, cuando despues de contemplar la Vénus de Canova, el cuadro de las lanzas de Velazquez, la música del Trovador, el templo del Escorial, ó la mejor oda de Horacio, se presenta el demonio de la curiosidad preguntándonos ¿qué somos? ¿de dónde venimos? ¿á dónde vamos? Ante la importancia de tan pavorosos problemas, ¿no es verdad que las más sublimes manifestaciones de las artes, que al fin sólo son reflejos de ideas típicas, parecen puerilidades agradables, buenas sólo para entretener la voluptuosidad de las mujeres de ingenio, pero indignas de preocupar ni por un momento la razon varonil de ningún hombre de estudio?

Líbreme el ciclo de querer desencantar los productos de la inspiracion artística, ese estado del sentimiento en gracia de Dios, ni que se me pueda atribuir jamas la idea de que yo trato de proscribir el entusiasmo, esa situacion divina de la naturaleza humana, ni de rebajar la sublime y casta sensualidad del amor artístico en todos los grados de ese diapason infinito, llamado la creacion ; en todo ese admirable concierto, que no es más que el incesante hosanna de la naturaleza; en toda la extension de ese jeroglífico universal de

 

la lengua imaginativa, lengua de tantos alfabetos como puntos de contacto tiene el espíritu con la materia. Todos los hombres somos adoradores de la verdad, cuando creemos no ser más que admiradores de la belleza. En las artes se ejecuta lo que en las ciencias se conoce. Y los que se dedican á producir la belleza, que es la semejanza de Dios en lo finito, son hijos legítimos de los filósofos que buscan lo absolutamente bueno y lo absolutamente verdadero, para mayor gloria de Dios y para dicha de los hombres.

 

 

 

 

 

VII

 

 

 

 

 

Al reves de la filosofía, el arte siempre es efecto, y nunca causa de las civilizaciones. Por más que Cervántes valga y se le considere más que á todos los sabios del mundo habidos y por haber, lo cierto es que estos son las bases del edificio, y los artistas la cúpula. ¿Es verdad que las obras maestras de arte no son más que accidentes felices de poca importancia en cuanto á lo esencial de la fuerza de las naciones y de la dicha de los individuos? Yo así lo creo. Y lo digo con perdon de las letras y las artes, frecuentemente injustas y tontas; pues por ejemplo, á Cario Magno que era un grande hombre lleno de candor y de delicadezas sin fin, lo tratan como á un grosero, mientras que se rebajan hasta á divinizar a Augusto que era un grandísimo malvado. El arte es á la civilizacion lo que la flor al árbol. Así, la civilizacion oriental, esencialmente panteistica divinizaba la naturaleza; la griega, más psicológica, santificaba al hombre; y la cristiana, profundamente ontológica, humaniza la divinidad de Dios.

 

El arte, que parece esencialmente personal y libre, es esencialmente social y dependiente: nunca sirve de base á ninguna filosofía ni á ninguna religion, pues siempre se desarrolla injertado en las religiones y en las filosofías predominántes. Con respecto á la filosofía, si esta es panteista, el arte idealiza la materia; si

 

materialista, llena el mundo de bellezas descocadas; si espiritualista, entónces tiende á representar lo divino en lo humano.

Para el panteísmo lo bello está en el conjunto, en el todo; para el sensualismo en lo particular; el espiritualismo ontológico busca la belleza en la armonía de las partes con el todo, y del todo con cada parte. Para el primero todo vegeta; para el segundo vegeta ó siente; y para el último, segun la categoría del objeto, vegeta, vive, siente, ó piensa. El panteismo cree que la Eneida, el San Pedro de Roma, y la música de Bellini, son eflorescencias mecánicas; el materialismo que son tres vibraciones de otras tantas sensaciones; y el espiritualismo que son las concepciones de tres espíritus iluminados por la eterna verdad.

La idea de lo bello, como imágen de todas las ideas generales y primitivas, tiene su orígen en Dios, de Dios que segun San Agustin es la belleza antigua y siempre nueva. Por eso el arte aspira siempre á la perfeccion absoluta, por más que lo bello en el órden humano tenga sólo una perfeccion relativa, sea siempre una belleza con viruelas.

El protestantismo, fundando la razon universal en la frágil razon individual, no admitiendo fuera del hombre una verdad absoluta, tiene que repudiar todo tipo general de belleza: en esto es necio;

pero es lógico. Para los paganos y los fetiquistas de todas clases, como todos los objetos son dioses, todo es bello. Para los protestantismos, como no conocen la verdad ontológica absoluta, no hay más tipo de belleza que la extravagancia individual. Para los católicos, la belleza consiste en la representacion de lo absoluto en lo relativo, en la humanizacion de la divinidad.

Guando predomina el materialismo en las creencias de un individuo, entónces se desarrolla el espíritu de Anacreonte; si el panteísmo, Goethe; si el escepticismo, Byron; y, si el ontologismo, Calderón. Cuando reina el materialismo en el mundo, la poesía es sensual, la estatuaria impúdica, la música alegre; y la positiva línea recta sirve de modelo á la arquitectura. El panteísmo es el autor de las eufonizaciones lúgubres, de las estatuas egipcias y soñolientas, de las poesías caoísticas, y de las moles arquitectónicas con mucho grandor físico, y sin ninguna grandeza moral. El ontologismo produce el canto-llano, épico en su sencillez; la poesía es un eco de

 

la caridad, iluminado por un rayo de la esperanza; la arquitectura se desenvuelve en líneas ondulántes que parecen dar idea de lo infinito; y la estatua siempre tiene el pudor de la virgen, la resignacion del mártir y la beatitud del santo.

Artistas, decidme lo que pensais en filosofía, y yo os diré lo que sois en el arte.

Dado un sistema, dada una estética. Como para Hegel el universo no es más que el desenvolvimiento sucesivo del espíritu, resulta que, para él, la belleza es como la define: «la manifestacion sensible de la idea.» Schelling afirma que la naturaleza es sólo el organismo visible de la razon, y, segun su sistema, asegura «que la belleza es la revelacion de lo infinito por medio de lo finito.» Todo esto es lógico.

Y lo repito: dime lo que piensas, te diré lo que eres.

Tal filosofía, tal arte.

 

 

 

 

 

VIII

 

 

 

 

 

Como crear es manifestar, la idea de arte implica la de creacion . La pintura haciendo hablar á los muertos; la escultura que hace palpitar á los mármoles; la complaciente música que despierta en el alma las sensaciones que los deseos quieren; la arquitectura, pensamiento de la creacion una y múltiple, que en cada monumento escribe un tratado científico de piedra, pues es belleza como arte, sociabilidad como industria y sabiduría como ciencia; la poesía, hija primogénita del cielo de las artes, y que, así como la música parte de la sensacion para llegar á la idea, su lenguaje articulado parte de la idea para llegar á la sensacion ; todas estas manifestaciones del pensamiento son una creacion con relacion á lo porvenir, y con respecto á lo pasado una resurreccion .

 

El arte consiste en dar forma al pensamiento, en convertir lo intelectual en sensible. Como, segun Platon, es todo lo bello

 

expresion de una idea de la divinidad, y la más elevada belleza está en Dios, el arte, exteriorizacion de un pensamiento, no es más que dar existencia á una idea preexistente.

 

La belleza es una irradiacion de las ideas absolutas de bien y de verdad. Por eso el sentimiento individual no puede ser base de belleza, y por eso no se puede llamar crítica á que cada uno lo mida todo con el compás de su talento, su necedad ó su capricho.

Un objeto bello para mí, puede no ser un objeto bello. La belleza tiene que ser una esencia absoluta, inmutable, eterna, reverberacion de lo absoluto bueno, y de lo absoluto verdadero. El arle nunca es bello por su verdad positiva, más que cuando es trasunto fiel del tipo de la verdad ideal.

Es necesario insistir, porque así lo exige el honor del sistema, en que no hay ni puede haber más que dos categorías, sea dos órdenes de ideas, que son las morales y las científicas, las de perfeccion y las de magnitud, las intensivas y las extensas, las de virtud y las de verdad. La belleza no es una idea, sino que es la imagen de una de estas dos ideas típicas, la ciencia y la bondad.

Cuanto Dios ha creado se llama universo, porque al mismo tiempo es uno y vario. Todas las cosas existentes no son más que la realizacion sensible de los dos tipos inmateriales de las ideas que subsisten y subsistirán eternamente en Dios como en su unidad. La brisa que al pasar modula un sonido que hace callar á los ruiseñores ele envidia; los sauces que inclinan sus ramas con una gracia perfecta; esas nubes que, matizadas por el sol, nos causan más admiracion que los cielos de Murillo, ó que, haciendo parecer medio simple á Miguel Angel, nos representan unos infiernos que es una delicia el verlos; las fantásticas esculturas de algunas rocas primitivas que parecen modeladas por genios invisibles; todas esas formas de un instante, todas esas flores de un dia, son aspectos fugaces en los cuales el espíritu de Dios se materializa por un momento; son la expresion instantánea de un modelo eterno: música, arquitectura, pintura y escultura, ejecutadas con un gusto inimitable por el gran artista, el mismo que entreveía Platon llamándole el eterno geómetra, que ha hecho del universo su santuario, y en el cual él está visible y perpetuamente velado, á cuya luz misteriosa, oculta y concebible, se ve reproducir de una manera

 

temporal pero sucesiva é indefinida, el espíritu en la materia, lo inmutable en lo pasajero, lo intelectual en lo sensible, en las siempre mortales pero siempre reverdecidas primicias de la vieja naturaleza. De esa naturaleza que como música es un perpetuo hosanna, como escultura una infinita reproduccion de la imagen de Dios; como pintura un espejo donde se reflejan las bellezas del cielo; como arquitectura un templo á la divinidad; y como poesía un libro inimitable, donde se leen las leyes lógicas con que Dios ha creado el mundo, y las reglas inmutables con que lo gobierna.

 

 

 

 

 

IX

 

 

 

 

 

¡Oh! ¡Qué gran artista es Dios!

 

Ese universo tan artísticamente edificado, tan bien esculpido, tan seductoramente pintado, de una armonía tan encantadora, tan poético, tan universalmente rítmico, ¿es una gran escultura, un magnífico templo, un bello cuadro, un himno á Dios, ó un poema de Dios? En este ritmo universal de las cosas, ¿qué es lo que se ve, y qué es lo que se oye? ¿no parece que se oye lo que se ve, y que se ve lo que se oye; y que el ritmo es rítmico hasta lo infinito, pues las cosas no sólo son armónicas por el rumor que hacen sino que lo son por la combinacion de colores que producen, por las formas que afectan, por los sitios que ocupan, por la gracia con que se mueven, por la gravedad con que están quietas, por lo que hacen, y por lo que dejan de hacer; y que toda la creacion , en su infinita escala, desde el grano de arena hasta el mayor de los soles, obedece á una cierta nota tónica, formando en conjunto un concierto universal, que no se sabe si se oye ó si se ve, si se siente ó si se sueña, y que lo mismo puede ser himno, que poema, que estatua de Dios, que templo dedicado á Dios?

 

FIN

 

 

 

 

 

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