© Libro N° 6248.
Luz Antigua. Lightman, Alan. Emancipación. Julio 20 de 2019.
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original: © Luz Antigua. Alan Lightman
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
LUZ ANTIGUA
Alan Lightman
CONTENIDO
Interrogantes
cósmicas
Antiguas
cosmologías
El
nacimiento de la cosmología moderna
El
modelo del big bang
Otros
modelos cosmológicos
Dificultades
con el modelo del big bang
Estructuras
en gran escala y materia oscura
Instrumentos
y tecnología
Condiciones
iniciales y cosmología cuántica
Física
de partículas, la nueva cosmología y el modelo del universo inflacionario
El
principio antrópico
En
casa
Glosario
En
memoria del rabino James Wax, de Memphis, quien siempre tuvo la visión más
amplia
Capítulo
1
Interrogantes Cósmicas
Las
interrogantes cósmicas comienzan en nuestro interior. En algún momento de
nuestra infancia nos volvemos conscientes de nuestro ser como algo
independiente de lo que nos rodea; nos volvemos conscientes de nuestro cuerpo,
de nuestros propios pensamientos. Luego, preguntamos. Retrocediendo en el
tiempo, ¿cuánto podemos recordar a nuestros padres, o algo siquiera? ¿Cómo era
todo antes de que llegásemos al mundo? ¿Cómo sería estar muerto? Observamos
fotografías de nuestros tatarabuelos e intentamos imaginarlos en su diario
vivir. Como en un juego, tratamos de imaginar a sus padres, y así
sucesivamente, regresando en el tiempo, yendo de generación en generación,
hasta que llegamos a un punto en que realmente no creemos que todo esto pueda
haber ocurrido. Sin embargo, estamos aquí.
En la enseñanza primaria nos señalan que la Tierra no es plana como aparenta,
sino que gira en torno a sí misma como una enorme bola moteada. Nos explican
que el Sol -esa luz resplandeciente y pequeña que circunda el cielo- es, en realidad,
muchísimo más grande que la Tierra. Nos dicen que los diminutos puntos de luz
que vemos en el cielo también son soles. Cerramos los ojos y, mentalmente, nos
deslizamos hacia una estrella a través de la oscuridad, para entonces volvernos
y ver que la Tierra parece una pequeña mancha. En el espacio, cuando algo
sucede, lo hace muy lentamente. El Sol se ve cada día igual. Las estrellas
jamás varían. En la enorme extensión del espacio, el tiempo parece alargarse y
reducirse interminablemente, absorbiéndonos a nosotros, a nuestros
tatarabuelos, a todos los seres humanos, a la Tierra entera. O quizás exista
algún límite, alguna gigantesca frontera que sostenga al tiempo y al espacio.
¿Siempre ha existido el universo? Si no es así, ¿cuándo comenzó? ¿Y cómo? ¿Se
acabará? ¿Está cambiando el universo con el tiempo? ¿Se extiende el espacio en
forma infinita en todas direcciones? ¿Cómo llegó a formarse la materia en el
universo?
Todas las culturas se han hecho las mismas preguntas y de algún modo se han
respondido. Cada cultura ha tenido su propia cosmología, su historia de cómo
llegó a formarse el universo y hacia dónde se dirige.
Estos últimos años han sido los astrónomos y físicos quienes han intentado
responder las interrogantes cósmicas. Asombrosamente, la cosmología se ha
convertido en una ciencia. Pero se trata de una ciencia especulativa. La teoría
cosmológica más ampliamente difundida, el modelo del big bang, descansa en
cuatro hechos observacionales: el desplazamiento de las galaxias, que se alejan
unas de otras a enormes velocidades (descubierto en 1929 e interpretado como
evidencia de la expansión y el nacimiento explosivo del cosmos); la
concordancia aproximativa entre la edad del universo -calculada por la
velocidad a que las galaxias se distancian entre sí- y la edad de la Tierra,
medida por la desintegración radiactiva del uranio; el baño de ondas de radio
provenientes del espacio, pronosticado como el necesario remanente de un
universo más joven y caliente, descubierto en 1965; y la composición química
general del universo - cerca de un 25% de helio y un 75% de hidrógeno-, lo que
puede explicarse en términos de procesos atómicos en el universo recién creado.
Si dejamos de lado estas escasas observaciones críticas, lo que sostiene el
modelo del big bang es sólo teoría, suposición e inferencia. De todas las
ciencias, la cosmología es la que requiere las extrapolaciones más extremas en
el espacio y en el tiempo.
En la actualidad la cosmología atraviesa un período de trastornos. Las últimas
observaciones de la ubicación y los movimientos de las galaxias han revelado un
universo muchísimo más irregular de lo que se pensaba, con racimos de galaxias
que recorren extensas zonas en el espacio (el modelo del big bang supone, por
el contrario, un universo uniforme, cuya materia se esparce en forma pareja a
través de todo el espacio). Los cosmólogos no saben a ciencia cierta cómo
explicar la no uniformidad de la materia, ni tampoco si ello puede ajustarse al
modelo del big bang. Además, han descubierto que por lo menos el 90% de la masa
en el cosmos no emite luz alguna. Esta masa invisible, denominada materia
oscura, puede detectarse por sus efectos de gravitación, pero su identidad nos
es completamente desconocida. Por último, los científicos han desarrollado
nuevas teorías que les permiten estudiar cómo puede haber sido el universo
durante la primera billonésima de segundo de su vida, un período que antes se
consideraba imposible de calcular. Puede que estas nuevas teorías no sean
correctas, pero por primera vez se ha podido situar el nacimiento mismo del
universo sobre una base científica. Los más brillantes cerebros científicos del
mundo comienzan ahora a reflexionar acerca de interrogantes que hace sólo
veinte años se consideraban excluidas del ámbito científico.
El Capítulo 2 contiene una breve descripción de las antiguas cosmologías. A lo
largo de la historia, la visión que cada cultura se forma del mundo se refleja
en su cosmología, y veremos cómo ciertos fragmentos de esas tempranas visiones
del mundo persisten en la cosmología moderna. Aunque ésta se basa en métodos
científicos, formula preguntas fundamentales que la sitúan cerca del límite
entre ciencia, filosofía y religión. En el Capítulo 3 revisaremos la historia
de la cosmología moderna, que se inicia alrededor de 1920; después,
analizaremos las observaciones y las teorías contemporáneas, y también las
diversas crisis por las que atraviesa la cosmología.
Capítulo 2
Antiguas Cosmologías
Según
la Enuma Elish, la antigua historia de la creación según los
babilonios, el mundo comenzó en un caos líquido. No existía cielo ni tierra, ni
siquiera una ciénaga pantanosa. Lo único que había eran Apsu, las aguas dulces,
y Ti'amat, las aguas saladas. Con el tiempo, la lenta filtración del cieno
formó Lahmu y Lahamu, que se extendieron hasta formar un anillo gigante que se
convirtió en el horizonte. La parte superior de este anillo era el dios Anshar
y la parte inferior era Kishar. De Anshar nació Anu, el cielo; de Kishar,
Nudimmut, la tierra. Pero el cielo y la tierra se encontraban atrapados dentro
del cuerpo de Ti'amat, que deseaba dormir en silencio. Entonces, un inquieto
dios descendiente de Kishar y Anshar -Marduk- fue persuadido de combatir a Ti'amat.
Ti'amat abrió su boca para tragarlo, pero Marduk introdujo en su estómago el
viento del mal, lanzó una flecha directo a su corazón y acabó con ella. Luego,
valiéndose de su hacha, Marduk cortó en dos el cuerpo de Ti'amat y separó el
cielo de la tierra. De este modo se organizó el mundo.
La Enuma Elish, esculpida en piedra en lengua acadia y que se
remonta por lo menos al 2000 a. C., constituye uno de los registros más
antiguos de las cosmologías tempranas. Muestra el carácter antropomórfico de
los personajes de los antiguos mitos cosmológicos, y su imaginería corresponde
al mundo rodeado de agua que los babilonios conocían. Mesopotamia es un país
construido por el cieno, situado allí donde confluyen las aguas dulces del
Tigris y el Éufrates, las que a su vez desembocan en el salado golfo Pérsico.
La Enuma Elish trasmite el deseo humano de comprender el
mundo, de narrar una historia que precise la manera en que las cosas llegaron a
ocurrir.
Cilindro asirio, del 700 a. C., que muestra a un adorador entre dos dioses.
Se piensa que el dios que está a la izquierda sosteniendo un hacha es Marduk.
Las
leyendas budistas e hinduistas contienen muchas versiones diferentes sobre la
creación. Una de ellas comienza con el dios Visnú flotando sobre la espalda de
la serpiente Ananta en las aguas primigenias. Del ombligo de Visnú crece un
loto, en cuyo interior está el dios Brahma. En el momento de su nacimiento,
Brahma recita por sus cuatro bocas los textos sagrados, las cuatro Vedas, y
crea el Huevo de Brahma. A partir del Huevo se forma el universo, que consta de
tres capas: la tierra, un disco aplanado; la atmósfera, que se asocia con el
viento y la lluvia; y los cielos, el lugar del sol y el fuego. Las cosmologías
budista e hinduista contemplan ciclos infinitos de nacimiento, muerte y
renacimiento. Las personas nacen, viven, mueren y vuelven a nacer en un cuerpo
diferente, y lo mismo ocurre con el universo. Al final de cada 4.320.000.000 de
años, un solo día en la vida de Brahma, el espíritu universal absorbe toda la
materia del universo mientras Brahma duerme. Durante la noche de Brahma la
materia existe sólo como potencialidad. Al amanecer, Brahma se levanta del loto
y la materia reaparece. Pasados cien años de Brahma, todo se destruye, incluso
el mismo Brahma. Después de otro siglo de Brahma, éste vuelve a nacer y el
ciclo completo se repite.
En Occidente, poco a poco los dioses y mitos fueron reemplazados por los
mecanismos físicos en las especulaciones cosmológicas. El razonamiento lógico y
el físico aparecen ya en el primer pensamiento cosmológico griego conocido, el
de Anaximandro en el siglo VI a. C. Su teoría sostenía que las estrellas
constituían porciones de aire comprimido y que el Sol tenía la forma de una
rueda de carro, veintiocho veces el tamaño de la Tierra. El borde de esta rueda
solar contenía fuego, el que escapaba a través de un orificio. Cuando el
orificio se obstruía, se producía un eclipse. La Luna era un círculo diecinueve
veces el tamaño de la Tierra, y también tenía la forma de una rueda de carro.
El universo de Anaximandro contenía una substancia infinita y eterna. Los
planetas y los mundos se formaban al separarse de esta substancia; luego
perecían y ésta los volvía a absorber. Nuestro propio mundo debe su origen a
que un movimiento de remolino hizo que los materiales pesados se hundieran
hacia el centro, formando el disco aplanado que es la Tierra, mientras que
masas de fuego rodeadas de aire fueron lanzadas hacia el perímetro, dando vida
así al Sol y las estrellas. A pesar de que mundos individuales iban y venían,
el cosmos como un todo era eterno, sin comienzo ni fin. Era infinito en el
tiempo. Era infinito en el espacio.
Muchas de las ideas de Anaximandro se hallan en la teoría atomista de Demócrito
(aprox. 460-370 a. C.). En la cosmología de este último, toda la materia estaba
compuesta de cuerpos microscópicos indestructibles denominados átomos (de la
palabra griega átomos, que significa indivisible). Los átomos
tenían distintas propiedades -algunos eran duros y otros blandos, algunos eran
suaves y otros ásperos, por ejemplo-, y estas diferencias explicaban la
variedad de sustancias esparcidas en el universo. La teoría griega del atomismo
entregó una explicación para todo, desde la naturaleza del viento hasta por qué
los peces tienes escamas, por qué la luz puede atravesar un cuerno y la lluvia
no, por qué los cadáveres huelen mal y el azafrán huele bien.
Aun cuando las substancias podían cambiar alterando sus átomos, los átomos en
sí no podían crearse ni destruirse; eran eternos. Los átomos de Demócrito
correspondían a la substancia infinita de Anaximandro.
La perspectiva atomista del mundo tenía dos grandes fortalezas, las que
Lucrecio claramente expuso y alabó en su poema clásico De la naturaleza
de las cosas(cerca del 60 a. C.). En primer lugar, como "nada puede
crearse de la nada", y "nada puede destruirse para convertirse en
nada", resulta imposible que las cosas ocurran sin una causa física. Por
lo tanto, los seres humanos no debieran temer la intromisión caprichosa de los
dioses. En segundo lugar, tampoco la gente debiera temer un castigo eterno tras
su muerte, pues el alma, que al igual que todo lo demás está compuesta de
átomos, se disipa como el viento. Ya no habrá una identidad a quien atormentar.
Al aplicar la teoría atomista al cosmos en general, se obtiene un universo sin
proyecto ni propósito alguno. Los átomos se desplazan libre y ciegamente a
través del espacio. Cuando, por casualidad, las sendas aleatorias de un gran
número de átomos se entrecruzan, se crea un planeta o una estrella. Un mundo
que se forme de esta manera vivirá durante un tiempo, hasta que llegue el
momento en que se desintegre y devuelva los átomos a sus vagabundeos. Todos los
objetos, incluyendo la gente y los planetas, son simplemente islas de orden,
temporales y accidentales, en un cosmos desordenado. Con nuestro propio planeta
ocurre lo mismo, y no ocupa ningún lugar de privilegio en el universo. Al igual
que el cosmos de Anaximandro, el universo atomístico no posee límite de espacio
ni de tiempo. Es imposible crear o destruir un universo compuesto de átomos
indestructibles.
La cosmología de Aristóteles (ca. 350 a. C.) difería en varios
aspectos de la visión atomista. Aristóteles erigió el mundo a partir de cinco
elementos: tierra, agua, aire, fuego y éter. Nada era casual ni accidental.
Todo tenía su espacio natural y su propósito. El lugar natural de la Tierra es
el centro del universo, y todas las partículas semejantes a ella que flotan en
el cosmos se desplazan en esa dirección. El éter es una substancia divina e
indestructible; su espacio natural son los cielos, donde forma las estrellas y
otros cuerpos celestiales. El agua, el aire y el fuego ocupan lugares
intermedios. El Sol, los planetas y las estrellas están fijos a esferas
rígidas, las que giran en círculos perfectos en torno a la Tierra estática.
Tales rotaciones dan forma al día y la noche. La esfera exterior, la primum
mobile,gira gracias al amor de un dios, mientras que las esferas interiores
rotan armoniosamente por la misma causa. Como vemos, a diferencia de la antigua
teoría atomista, el cosmos de Aristóteles tiene propósito y está limitado en el
espacio, extendiéndose sólo hasta la esfera exterior. Ambas teorías concordaban
en un aspecto importante: el universo era eterno. El éter, componente de los
cuerpos celestiales y divinos, "es eterno, no crece ni se reduce, sino que
es infinito, inalterable y permanente". El universo de Aristóteles no era
solamente eterno; también era estático. Esta creencia de un cosmos inalterable
dominó el pensamiento occidental hasta bien entrado el siglo XX.
El astrónomo polaco Nicolás Copérnico, en 1543, acabó con la teoría de un
cosmos geocéntrico. Degradó la Tierra, calificándola como un simple planeta que
órbita alrededor del Sol. Este importante cambio introdujo una explicación
muchísimo más simple para los movimientos observados de los planetas, a costa
del rechazo de la sensación intuitiva de que la Tierra no se movía. Sin
embargo, Copérnico no pudo desentenderse de muchas de las venerables
características de la visión aristotélica. Las órbitas planetarias seguían
compuestas de círculos perfectos, como dignos cuerpos celestiales. Y, a pesar
de que la Tierra fue despojada de su ubicación central, nuestro Sol tomó su
lugar cerca del centro del universo.
El universo aún estaba hecho para seres humanos. Tal como afirmó el gran
astrónomo alemán Johannes Kepler medio siglo más tarde, nuestro propio Sol era
la estrella más luminosa en el cosmos, pues "si en el cielo existen
esferas similares a nuestra Tierra, ¿rivalizamos con ellas acerca de quién
ocupa una mejor parte del universo? Si sus esferas son más imponentes, nosotros
no somos las criaturas racionales más nobles. Entonces, ¿cómo pueden ser todas
las cosas por el bien del hombre?
Expulsión de Adán y Eva del Paraíso, de Giovanni di Paolo, representa la
visión medieval y aristotélica del mundo. La Tierra descansa en el centro del
sistema de esferas concéntricas
Sistema del universo según Copérnico, de su libro De las relaciones de las
esferas celestiales (1543). El Sol se encuentra en el centro; la Tierra
("terra") está en la tercera órbita en torno al Sol, y la esfera
exterior se denomina Stellarum fixorum sphaera inmobilis, la esfera inmóvil de
las estrellas fijas.
¿Cómo
podemos ser los dueños de la obra de Dios? El universo de Copérnico aún se
encontraba limitado en el aspecto espacial por una capa exterior de estrellas.
Al igual que Aristóteles, Copérnico también creyó que las estrellas estaban
fijas y no cambiaban. Explicó su punto de vista de la siguiente manera:
"El estado de inmovilidad es considerado como más noble y divino que el de
cambio e inestabilidad, el que por esa razón debiera pertenecer a la Tierra y
no al universo". Como Aristóteles, Copérnico pensaba que los fenómenos
terrestres correspondían a un conjunto de leyes, y que los cuerpos celestiales
"divinos" se regían por otro distinto.
Sistema del universo según Thomas Digges, de su libro Una descripción
perfecta de las orbes celestiales (1576). Las estrellas están esparcidas por el
espacio, más allá de la órbita exterior de los planetas.
El
astrónomo británico Thomas Digges, discípulo de Copérnico, logró liberar las
estrellas de sus esferas cristalinas y esparcirlas por el espacio infinito.
Esta idea, expuesta en Una descripción perfecta de las orbes
celestiales (1576), provocó un efecto inmensamente liberador en el
pensamiento cosmológico. Ahora las estrellas podrían ser objetos físicos;
estarían sujetas a las mismas leyes físicas que observamos en la Tierra.
Isaac Newton elevó la universalidad de las leyes físicas a su máxima expresión.
En sus Principia (1687), aplica por igual su nueva ley de
gravedad a los arcos descritos por las balas de cañón, a las órbitas de las
lunas y los planetas y a las trayectorias de los cometas, calculando sus
posibles rutas en forma detallada. Pero este magistral lógico era también muy
religioso. Justamente en los mismos Principia, Newton describe
el espacio como idéntico al cuerpo de Dios: "El Dios Supremo es un Ser
eterno, infinito, absolutamente perfecto... Perdura eternamente y es
omnipresente; y esta existencia eterna y omnipresencia constituyen la duración
y el espacio". Asimismo, Newton sostiene que "este bellísimo sistema
de Sol, planetas y cometas sólo podría provenir de la sabiduría y dominio de un
Ser poderoso e inteligente". Así, el universo de Newton poseía un designio
consciente. Y, considerado como un todo, era estático. En 1692, Newton
argumentó en una carta al teólogo Richard Bentley que el universo no podía
estar expandiéndose o contrayéndose globalmente, puesto que tales movimientos
requieren por necesidad de un centro, tal como una explosión tiene su centro. Y
la materia esparcida en un espacio infinito no define ningún
centro. Por lo tanto, estudiando los hechos hacia el pasado, el cosmos debía
ser estático. Da igual si a Newton lo convenció más este argumento lógico que
sus propias creencias religiosas; terminó sustentando la tradición aristotélica
de un cosmos sin alteración. Sólo a fines de la década de 1920, esa tradición,
que ni siquiera Einstein desafió, se puso en duda.
Capítulo 3
El nacimiento cosmología moderna
Las
teorías cosmológicas modernas se remontan a 1915, año en que Albert Einstein
publicó un estudio teórico pionero. Mediante su nueva ley de la gravedad,
denominada teoría de la relatividad, Einstein proponía el primer modelo
detallado para la estructura en gran escala del universo. Entre 1915, año de su
publicación, y 1917, una sola observación probaba la teoría de la relatividad:
la órbita del planeta Mercurio. La nueva teoría de gravedad de Einstein, que
aclaraba un pequeñísimo efecto en la órbita que Newton no logró explicar en su
antigua teoría, tuvo un éxito rotundo. Sin embargo, la aplicación de la teoría
de la relatividad más allá del sistema solar siguió siendo incierta. Aunque
Einstein comprendía que la gravedad era la fuerza dominante para describir el
cosmos con precisión, carecía de los necesarios conocimientos de astronomía. Ni
un solo número astronómico aparece en el artículo de Einstein sobre cosmología.
Einstein partió de dos supuestos críticos: el universo no cambia con el tiempo,
y la materia del universo está esparcida en forma pareja a través del espacio.
Gracias a estos dos supuestos y a su teoría matemática de la gravedad, pudo
derivar ecuaciones hasta describir la estructura general del universo.
No existía evidencia terminante para ninguna de las hipótesis iniciales de
Einstein. Si bien las observaciones astronómicas eran coherentes con
un universo estático, muchos astrónomos de la época estaban conscientes de que
lo que veían en sus enormes telescopios era solo una instantánea que no revelaba
nada acerca de la evolución del cosmos en el tiempo. Las observaciones no
tenían nada que decir a este respecto. Por otra parte, el concepto de un
universo estático se hallaba profundamente arraigado en el pensamiento
occidental, remontándose hasta Aristóteles, y constituía una de las pocas
creencias astronómicas que la revolución copernicana no desechó. El segundo
supuesto de Einstein, la homogeneidad, simplificaba considerablemente las
ecuaciones, pero también constituía un artículo de fe. De hecho, hasta donde
los astrónomos podían ver, parecía evidente que el universo era extremadamente
irregular, con la mayoría de las estrellas visibles reunidas en un gran disco
denominado la Vía Láctea. Hasta 1918, los astrónomos aún no lograban calcular
en forma exacta la magnitud de la Vía Láctea; hasta 1924, se cuestionaban la
existencia en el espacio de otras constelaciones, otras galaxias más allá de la
Vía Láctea. Einstein sencillamente supuso que, al promediar el espacio sobre un
volumen lo bastante grande, aparecería liso, como ocurre al observar una playa
desde una cierta distancia, pues sólo al acercarse se percibe su apariencia
granosa.
Incluso hoy, para manejar las matemáticas de la cosmología se requiere de la
hipótesis de la homogeneidad. Los teóricos han logrado resolver las ecuaciones
de la cosmología exclusivamente para modelos homogéneos, a excepción de casos
especiales e improbables. Por supuesto, las ecuaciones simples y la realidad
son dos cosas diferentes. La naturaleza no tenía por qué ser tan complaciente
como para evitar heterogeneidades sólo porque los físicos no logran dominar la
matemática del caso.
Permitámonos una breve digresión para hablar de los modelos en la ciencia.
Encontraremos varios modelos cosmológicos: el modelo del big bang, el modelo
del estado continuo y el modelo del universo inflacionario. Un modelo
científico comienza con un objeto o sistema físico verdadero, sustituye el
objeto original por uno más simple y luego representa el objeto simplificado
con ecuaciones que describen su comportamiento. Al igual que un barco de
juguete, un modelo científico es una versión a escala de un sistema físico al
que le faltan algunas partes del original. Se requiere de gran juicio y
habilidad para decidir qué partes no deben incluirse. Si se han omitido
características esenciales, el modelo no tiene ninguna validez. Por otra parte,
si nada se excluye, significa que no ha habido simplificación y el análisis
resulta a menudo demasiado complicado. Al realizar un modelo para un péndulo oscilante,
por ejemplo, al principio podríamos intentar incluir la forma detallada del
peso que está en el extremo, la densidad y la presión del aire en la
habitación, y así sucesivamente. Si consideramos tal descripción demasiado
compleja, podríamos sustituir el peso por una bola redonda e ignorar el aire
completamente. De hecho, este sistema muchísimo más simple funciona casi en
forma exacta al original. En cambio, si dejamos la gravedad fuera, el péndulo
teórico resultante no oscilaría de un lado a otro. Al resolver las ecuaciones
de un modelo se puede predecir, y luego poner a prueba, el sistema físico
original.
En 1922, Alexander Friedmann, un matemático y meteorólogo ruso, propuso modelos
cosmológicos para un universo cambiante. Friedmann aceptó la
teoría de la gravedad de Einstein y su hipótesis de la homogeneidad, pero
rechazó el supuesto de la estasis, afirmando que no estaba comprobada y que no
era esencial. Igual que Einstein, comenzó con las ecuaciones de relatividad
general, pero descubrió una solución alternativa que correspondía a un universo
que se iniciaba en un estado de densidad extremadamente alta y luego se
expandía con el tiempo, aligerándose en el proceso. El modelo de Friedmann,
redescubierto en 1927 por el sacerdote y físico belga Georges Lemaître,
acabaría por llamarse el modelo del big bang. Einstein reconoció con renuencia
la validez matemática del modelo cosmológico que Friedmann desarrollaba; sin
embargo, en un principio dudó que tuviese alguna relación con el universo real.
En todo caso, tanto el modelo de Einstein como el de Friedmann eran pura
teoría. Las observaciones no habían contribuido con datos suficientes acerca de
la estructura o evolución verdaderas del universo.
Toda la astronomía, y especialmente la cosmología, presentaba un grave
obstáculo: el problema de medir las distancias a las estrellas. Si durante la
noche observamos el cielo, podemos percibir amplitud y longitud, pero no
profundidad. Desde nuestra ventajosa posición, las estrellas se ven como
simples puntos blancos sobre un fondo negro. Ciertamente unos están más cerca
que otros, pero, ¿cuáles? Las estrellas poseen una gama de luminosidades, tal
como las bombillas eléctricas tienen diverso número de vatios, por lo que una
estrella con una cierta luminosidad observada puede estar o
muy cerca y ser intrínsecamente opaca, o muy lejos y ser intrínsecamente
brillante.
Las medidas de las distancias astronómicas pudieron cimentarse en bases más
sólidas alrededor de 1912, cuando Henrietta Leavitt, del Observatorio del
Harvard College, descubrió un resultado notable para ciertas estrellas
denominadas variables cefeidas. Se sabía que la luminosidad de dichas estrellas
es oscilante: se tornan más opacas, luego brillantes, luego opacas nuevamente,
en ciclos regulares. Leavitt analizó un grupo de cefeidas apiñadas entre sí,
por lo que se conocía que estaban a una misma distancia. En
una constelación, una estrella que parecía dos veces más
brillante que otra era en efecto dos veces más luminosa. Leavitt descubrió que
el tiempo que le tomaba a una cefeida completar un ciclo dependía de su
luminosidad. Por ejemplo, las cefeidas que son mil veces más luminosas que
nuestro Sol completan un ciclo de luz cada tres días. Las cefeidas diez mil
veces más luminosas finalizan su ciclo cada treinta días. Una vez que se ha
calibrado este comportamiento para las estrellas cefeidas cercanas, de
distancia y luminosidad conocidas, puede utilizarse para medir la distancia de
estrellas cefeidas lejanas. Midiendo la duración del ciclo de una estrella cefeida
en particular se puede deducir su luminosidad.
Luego, al comparar la luminosidad de la estrella con su brillantez observada,
se puede determinar su distancia, tal como podría inferirse la distancia de una
bombilla eléctrica a partir de su wataje y brillantez observados. Con el
descubrimiento de Leavitt, las cefeidas se convirtieron en postes indicadores
de distancia en el espacio.
En 1918 los astrónomos lograron medir el tamaño de la Vía Láctea gracias a
estrellas cefeidas encontradas en diversos puntos. En 1924, el astrónomo
norteamericano Edwin Hubble descubrió una cefeida en la tenue mancha de
estrellas conocido como nebulosa de Andrómeda, lo que le permitió medir su
distancia. Descubrió que la nebulosa de Andrómeda era una constelación situada
muchísimo más allá de la Vía Láctea.
La relación periodo-luminosidad para las estrellas variables cefeidas. La
curva superior muestra la variación en el tiempo de la luminosidad de una
cefeida típica. La luminosidad de esta estrella en especial varía de
aproximadamente mil a dos mil veces en comparación a la del Sol en un ciclo
cercano a los cinco días. La curva inferior muestra cómo la luminosidad
promedio de las cefeidas varía de acuerdo a su tiempo de ciclo, o periodo. La
estrella cefeida que aparece en la curva superior corresponde a un punto en la
curva inferior
Andrómeda
constituía otro grupo de estrellas, una galaxia aparte. De este modo Hubble se
convirtió en el padre de la astronomía extragaláctica. Durante los años
siguientes, Hubble y otros astrónomos midieron las distancias a muchas
nebulosas, a las que por siglos se había observado e intentado descifrar.
Se descubrió que muchas eran galaxias independientes compuestas por estrellas.
Gracias a tales descubrimientos, las galaxias, no las estrellas, pasaron a ser
las unidades básicas de la materia en el universo.
En cosmología, lo primero que nos abruma es la inmensidad del espacio. Para
apreciar distancias cósmicas, podríamos empezar cerca de casa. La
circunferencia de la Tierra mide alrededor de 38.400 kilómetros, la distancia a
la Luna es de unos 400.000 km. y la distancia al Sol, de casi 160 millones de
Km. La distancia a la estrella más cercana al Sol, la Alfa Centauro, es de unos
40.000.000.000.000 de km. Todas estas distancias se calcularon con exactitud ya
en el siglo XVIII. Para medir distancias mayores conviene utilizar el año luz,
que es la distancia que recorre la luz en un año, cerca de 9.600.000.000.000
km. Según estos términos, la Alfa Centauro está a una distancia aproximada de
cuatro años luz. El diámetro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, mide casi cien
mil años luz. En otras palabras, un rayo de luz tarda cien mil años en
atravesar la Vía Láctea de un extremo al otro. Andrómeda, la galaxia más
cercana a la nuestra, está a unos dos millones de años luz.
La galaxia Andrómeda, también conocida como M31.
Una
galaxia típica, como nuestra Vía Láctea, contiene cerca de 100 mil millones de
estrellas, las que se orbitan unas a otras bajo su gravedad mutua. Las galaxias
tienen diversas formas. Algunas son casi esféricas; otras, como la Vía Láctea,
son como discos aplanados con una protuberancia en el medio. Nuestro Sol tarda
aproximadamente 200 millones de años en completar una órbita alrededor del
centro de la Vía Láctea. En promedio, las galaxias están separadas entre sí por
una distancia de alrededor de 10 millones de años luz, o cien veces el diámetro
de una galaxia. En consecuencia, las galaxias son como enjambres aislados de
estrellas, rodeados principalmente por espacio vacío. La hipótesis de Einstein
de la homogeneidad debería haberse comprobado en volúmenes de espacio que
contuvieran muchas galaxias.
En 1929, Hubble realizó quizás el mayor descubrimiento de la cosmología
moderna: el universo se expande. Gracias a los datos obtenidos por un
telescopio en el Monte Wilson, California, Hubble concluyó que las otras
galaxias se están alejando de nosotros en todas direcciones.
La Galaxia Sombrero, también conocida como M104
Para
este análisis se requiere de dos tipos de mediciones: la velocidad y la
distancia de galaxias vecinas. Desde comienzos de siglo se sabía que muchas de
las nebulosas estaban en movimiento y se alejaban a grandes velocidades de la
Tierra Una técnica conocida como el efecto Doppler fue determinante para esta
conclusión. Las galaxias, al igual que todas las fuentes luminosas, emiten luz
de colores específicos (longitudes de onda), relacionados con la composición
química de la galaxia. Cuando una fuente de luz está en movimiento, sus colores
cambian, de manera similar a lo que ocurre cuando se altera el tono de una
fuente de sonido en movimiento. El tono del silbato de un tren, por ejemplo,
baja a medida que el tren se aleja y sube cuando éste se acerca. Con respecto a
la luz, el análogo del tono es el color. Si una fuente de luz se acerca, sus
colores se debilitan, la longitud de onda pasa a ser la del azul, en el extremo
del espectro; si la fuente se aleja, sus colores se tornan más fuertes, hacia
el rojo. La velocidad de la fuente de luz en movimiento se puede deducir a
partir del grado de esta alteración. A pesar de que el efecto en la luz es
generalmente mínimo, existen instrumentos delicados que pueden detectarlo.
El efecto de desplazamiento al rojo. Después de pasar la luz de una galaxia
a través de un prisma, cada color emitido aparece como una línea vertical a una
cierta longitud de onda. El movimiento de la galaxia hace que cada color
emitido altere su longitud de onda en un grado fraccionario proporcional a la
velocidad del movimiento La cuarta lincea, a la derecha que se aprecia en la
figura inferior, para la galaxia en movimiento, corresponde a un color no
emitido por la galaxia estática. Sin embargo, las primeras tres líneas y su
posición relativa pueden identificarse en forma inequívoca con las primeras
tres líneas de la galaxia estática y así utilizarse para calcular la
modificación de la longitud de onda y, por lo tanto la velocidad de la galaxia
en movimiento.
Si
se supone que en todas las galaxias están presentes los mismos elementos
químicos básicos, entonces los colores emitidos por las galaxias estáticas
deberían ser iguales. Alrededor de 1920 se descubrió que los colores
indicadores de muchas de las nebulosas habían cambiado al rojo, indicando que
se alejaban de nosotros a gran velocidad. Esta alteración del color de los
objetos cósmicos llegó a denominarse desplazamiento al rojo (redshift).
Gráfico de distancia versus velocidad para galaxias cercanas, tomado del
histórico estudio de Hubble. Relación entre distancia y velocidad radial entre
nebulosas extragalácticas (1929), publicado en Procedings of the National
Academy of Sciences. El eje vertical corresponde a la velocidad de alejamiento
en kilómetros por segundo. El eje horizontal es la distancia medida en parsecs
(alrededor de tres años luz). Cada punto negro representa una galaxia
individual; cada círculo es un grupo de galaxias. Las líneas continua y
discontinua son curvas que corresponden a los datos de los puntos y los
círculos. La relación lineal aproximada entre distancia y velocidad se denomina
ley de Hubble
Utilizando
las estrellas cefeidas para medir las distancias de unas dieciocho nebulosas,
Hubble descubrió que éstas constituían galaxias completas que descansaban más
allá de la Vía Láctea. Y, más importante aún, descubrió que la distancia de
cada galaxia era proporcional a su velocidad de alejamiento: una galaxia dos
veces más alejada de nosotros que otra galaxia se alejaba dos veces más rápido.
Este último resultado cuantitativo fue exactamente como se había predicho para
un universo homogéneo y en expansión uniforme. Y un simple ejemplo, con
equipamiento casero, puede explicar por qué.
Pinte marcas de tinta espaciadas de forma regular sobre una banda elástica; una
marca de tinta será su punto de referencia (por ejemplo, la Vía Láctea); mida
todas las distancias y movimientos que se relacionen con esa marca. Mantenga la
marca de referencia fija contra una regla, digamos en el centímetro cero, y
luego extienda ambos extremos de la banda elástica.
El universo sobre una banda elástica, que demuestra la ley de Hubble como
una consecuencia de un medio de estiramiento uniforme. Al estirar la banda
elástica y mantener la cruz en un punto fijo como referencia, cada marca de
tinta se mueve una distancia proporcional a su distancia inicial del punto de
referencia.
Al
estirarse la banda, notará que cada marca de tinta se mueve una distancia
proporcional a su distancia inicial de la marca de referencia. Por ejemplo,
cuando la marca de tinta que inicialmente está a una distancia de un centímetro
se mueve dos centímetros, la marca de tinta que en un comienzo está a dos
centímetros se mueve cuatro centímetros. Como este incremento de la distancia
se obtiene en el mismo lapso, la segunda marca de tinta se mueve dos veces más
rápido que la primera. La velocidad es proporcional a la distancia. De
hecho, cualquier material que se estire de manera uniforme
cumple con la ley de la velocidad proporcional a la distancia. Si el material
es irregular, de modo que algunas partes se estiran más rápido que otras,
entonces la velocidad ya no es proporcional a la distancia. A la inversa, la
proporcionalidad de la velocidad a la distancia significa que el material se
estira de manera uniforme. También se puede observar fácilmente que la
extensión carece de una posición central o privilegiada. Se puede elegir
cualquier marca de tinta como marco de referencia y el resultado sigue siendo
el mismo: las otras marcas de tinta se alejan de ella a velocidades
proporcionales a sus distancias. Ninguna marca de tinta es especial. El
resultado es igual para todas.
Sustituya ahora las marcas de tinta por galaxias y la banda elástica por el
espacio del universo: llegará al resultado de Hubble. Las galaxias se alejan de
nosotros porque el espacio se expande uniformemente en todas direcciones, y en
este proceso arrastra a las galaxias. El descubrimiento de Hubble de 1929
brindó un fuerte apoyo observacional a los modelos cosmológicos en los que el
universo se expande de manera uniforme. El universo estático de Einstein fue
desechado. Se respaldó el modelo del big bang de Friedmann y Lemaître.
Si las galaxias hoy se alejan unas de otras, significa que en el pasado
debieron haber estado más juntas. Antiguamente, el universo era más denso. Si
suponemos que esta extrapolación hacia el pasado puede prolongarse, entonces
alguna vez existió un momento en que toda la materia del universo se
concentraba en un estado de densidad casi infinita. A partir de la velocidad de
expansión, los astrónomos pueden calcular cuándo ocurrió este punto en el
tiempo: hace entre diez y quince mil millones de años. Se le llama el comienzo
del universo, o el big bang. Los cálculos originales de Hubble, erróneos debido
a diversos problemas técnicos, estimaban en cerca de dos mil millones de años
la edad del universo. Para simplificar, de aquí en adelante supondremos que se
trata de diez mil millones.
Para determinar la edad del universo existe un método completamente
independiente, que involucra a la Tierra. El fechado radiactivo del mineral de
uranio terrestre, desarrollado unas dos décadas antes del descubrimiento de
Hubble, sugiere que la edad de la Tierra es de cerca de cuatro mil millones de
años. ¿Qué relación podría tener esto con la edad del universo? Gran parte de
las teorías de la formación de estrellas y planetas indican que nuestro sistema
solar no podría ser mucho más joven que el universo. En astronomía, donde las
edades se expresan en muchos factores de diez, cuatro mil millones de años es
casi lo mismo que diez mil millones de años. La correspondencia es buena. Así,
con dos métodos totalmente distintos, uno relacionado con los movimientos de
las galaxias y el otro con rocas bajo nuestros pies, los científicos han
deducido edades comparables para el universo. Esta concordancia ha sido un
argumento de peso en favor del modelo del big bang.
La cosmología y la geología tienen mucho en común. Penetrar en las capas más
profundas de la Tierra es como viajar en el tiempo hacia atrás, hacia nuestro
pasado humano. Fijar la vista en las enormes distancias del espacio es también
viajar atrás en el tiempo. Cuando nuestros telescopios detectan una galaxia a
una distancia de diez millones de años luz, vemos esa galaxia como era hace
diez millones de años; vemos luz antigua, que ha estado viajando diez millones
de años hasta llegar aquí. Cuando detectamos una galaxia más lejana,
contemplamos una imagen aún más antigua, vemos luz incluso más antigua. La
observación cosmológica es una especie de excavación, una búsqueda de los
orígenes, un vistazo, no a una Tierra más antigua, sino a un universo más
antiguo.
ALBERT
EINSTEIN
Albert
Einstein (1879-1955) nació en Ulm, Alemania. Su padre dirigía una pequeña
planta electroquímica. No le gustaba la reglamentación de la escuela, pero
aprendió mucho de los libros de matemáticas y ciencias que leía por su cuenta.
Finalizó sus estudios secundarios en Aarau, Suiza, y luego se inició en la
física y las matemáticas en el Politécnico de Zurich. No logró obtener un
trabajo académico, y en 1902 lo contrataron como examinador en la Oficina de
Patentes suiza en Berna. Durante los siete años en que desempeñó este trabajo,
Einstein sentó las bases para gran parte de la física del siglo XX, publicando
artículos grandiosos de mecánica estadística, mecánica cuántica y relatividad
especial.
En
1905 recibió su doctorado de la Universidad de Zurich. Unos años después ya era
una celebridad y recibía múltiples ofrecimientos para el cargo de profesor
universitario. En 1914, y después de haber trabajado en la Universidad Alemana
de Praga y en el Politécnico de Zurich, se convirtió en director del Instituto
de Física Káiser Guillermo en Berlín. Allí publicó su obra sobre la teoría de
la relatividad y, en 1917, su artículo pionero sobre cosmología. Después de la
Primera Guerra Mundial, comenzó a ser víctima de ataques antisemitas cada vez
más graves, hasta que en 1932 se trasladó al Instituto de Estudios Avanzados de
Princeton, Estados Unidos, donde permaneció por el resto de su vida. Einstein
siempre mantuvo convicciones profundas acerca de la libertad y la humanidad,
pero se encontraba aislado de la vida mundana. En un discurso pronunciado en
1918, afirmó: "Creo, con Schopenhauer, que uno de los motivos más fuertes
que lleva a los hombres al arte y la ciencia es escapar de la vida diaria, con
su dolorosa crudeza y su melancolía irremediable, huir de lo que nos impide
realizar nuestros propios deseos en constante cambio". En su filosofía
científica, Einstein creía fervientemente en la belleza de la naturaleza y en
la capacidad de la mente humana para descubrir sus verdades. Sin embargo, este
descubrimiento no podría lograrse por medio de experimentos, sino que sería más
bien el resultado de la "libre invención de la mente humana", que
después se comprobaría mediante experimentos y se juzgaría de modo adecuado.
ALEXANDER
FRIEDMANN
Alexander
Aleksandrovich Friedmann (1888-1925), hijo de un compositor de música, nació en
San Petersburgo, Rusia. Estudió matemáticas y física en la Universidad de San
Petersburgo y se graduó en 1910 con medalla de oro por sus trabajos inéditos de
matemáticas. En 1922 recibiría su doctorado. En 1913 comenzó a trabajar en
meteorología, el principal interés científico de su vida, y desarrolló nuevos
métodos para el análisis teórico de los movimientos de masas de aire en la
atmósfera. Durante la Primera Guerra Mundial trabajó en la aviación rusa, y
posteriormente se convirtió en director de la primera industria rusa para
instrumentos de aviación. Después de 1920, Friedmann colaboró en el
observatorio de física de la Academia de Ciencias en Petrogrado. Fue director
de investigaciones en el departamento de meteorología teórica del Laboratorio
Geofísico Principal.
En
1922, publicó su histórico estudio sobre cosmología, en el que exponía la
primera base teórica para un universo en expansión. Friedmann consideraba que
la teoría de la relatividad era esencial para una educación en física. Los
cursos que impartía en universidades de Petrogrado eran famosos por su
originalidad; sus textos incluyen Experimentos en la hidrodinámica de líquidos
comprimibles y El mundo como espacio y tiempo. Friedmann falleció de fiebre
tifoidea a los 37 años.
GEORGES
LEMAÎTRE
Georges
Lemaître (1894-1966) nació en Charleroi, Bélgica. En 1920 obtuvo su doctorado
en ciencias y matemáticas en Lovaina; luego siguió estudios eclesiásticos en el
seminario de Malinas, culminando con su ordenación en 1923.
Mientras
estuvo en el seminario, milagrosamente encontró tiempo para elaborar, sin
supervisión alguna, una segunda tesis sobre la nueva teoría de la gravedad de
Einstein. Durante el año académico de 1924-1925, Lemaître trabajó en el
Observatorio del Harvard College en su posdoctorado. Ese año asistió a una
reunión en Washington en la que oyó acerca del descubrimiento de Hubble de que
la nebulosa de Andrómeda estaba fuera de nuestra galaxia. Ya se sabía que la
mayoría de las nebulosas se alejaban de nosotros a grandes velocidades, por lo
que Lemaître interpretó el resultado de Hubble como evidencia de un universo en
movimiento. Se apresuró a regresar a Bélgica, donde descubrió una nueva
solución a las ecuaciones de Einstein, que describía un universo en expansión.
En su trascendental artículo teórico de 1927, predijo que la velocidad de
alejamiento de cada galaxia debía ser proporcional a su distancia de nosotros:
una conclusión simple de la que no se hacía mención en el previo y aún
desconocido artículo de Alexander Friedmann sobre un universo en expansión. Por
este trabajo, Lemaître es en ocasiones considerado el padre del modelo del big
bang. En 1931, propuso que el universo completo comenzó como un átomo único y
gigantesco, el "átomo primigenio", cuyas desintegraciones graduales
en trozos cada vez más pequeños formaron las nebulosas, las estrellas y
finalmente los rayos cósmicos. Lemaître, siempre jovial y robusto, fue muy
querido por sus alumnos, quienes lo llamaban "el principito".
HENRIETTA
LEAVITT
Henrietta
Swan Leavitt (1868-1921) nació en Lancaster, Massachusetts, una de los siete
hijos de un prominente ministro congregacionalista. Estudió astronomía en lo
que es hoy el Radcliffe College, donde en 1892 recibió su grado de bachiller.
Unos cuantos años después ingresó al Observatorio del Harvard College, donde
trabajó por el resto de su vida. Edward Pickering, director del observatorio,
le sugirió un cierto programa gracias al cual ella se convirtió en uno de los
primeros astrónomos en comparar en forma sistemática la luminosidad de las
estrellas utilizando láminas fotográficas, las que tienen una sensibilidad
mucho mayor frente a la luz azul que la del ojo humano. El interés específico
de Leavitt eran las estrellas variables; éstas pueden variar su luminosidad en
un período de días a meses. Durante su carrera descubrió 2.400 estrellas
variables.
Su
mayor descubrimiento fue la relación entre período y luminosidad para las
variables cefeidas, la que muchos astrónomos han utilizado para medir
distancias cósmicas. Henrietta Leavitt fue una de varias mujeres, incluyendo a
Williamina Fleming y Annie Jump Cannon, que trabajaron en el Observatorio del
Harvard College durante los primeros años del siglo XX. Al igual que Cannon,
Leavitt era sorda. Su trabajo en relación a las estrellas variables, aunque de
vital importancia, carecía de toda espectacularidad; exigía un estudio
extremadamente meticuloso e incansable de cientos de láminas fotográficas para
hallar la luminosidad y oscuridad de aquellos diminutos puntos que eran las
estrellas. Leavitt fue durante toda su vida una persona disciplinada y
religiosa y se guió según los valores estrictos de sus antepasados puritanos.
EDWIN
HUBBLE
Edwin
Powell Hubble (1889-1953) nació en Marshfieid, Missouri. Su padre era abogado y
trabajaba en el negocio de los seguros. Durante sus estudios en la Universidad
de Chicago, Hubble sobresalió en matemáticas, astronomía y boxeo.
Un
promotor de boxeo se ofreció para entrenar al fuerte y robusto Hubble con el
fin de que éste se enfrentase a Jack Johnson, campeón mundial de peso pesado;
en lugar de ello, Hubble partió a la universidad de Oxford y allí decidió
estudiar derecho en Rhodes. A su regreso a Estados Unidos, en 1913, abrió un
bufete en Louisville, Kentucky, pero pronto se decidió a realizar su posgrado
en astronomía en la Universidad de Chicago. Durante la Primera Guerra, Hubble
se enlistó como soldado raso y terminó como mayor. Pasada la guerra, a los
treinta años, Hubble comenzó a trabajar en su famosa obra en el telescopio de
cien pulgadas del Monte Wilson, California. Su primer descubrimiento importante
fue una variable Cefeida en la nebulosa de Andrómeda, estableciendo aquel
objeto como la primera galaxia conocida fuera de la Vía Láctea. Asimismo, creó
un esquema de clasificación de galaxias según sus formas. En 1929, Hubble hizo
su gran descubrimiento: la relación de velocidad proporcional a la distancia
para galaxias que se alejan, lo que indicaba que el universo se expande. Este
hallazgo vino a confirmar la predicción teórica de Georges Lemaître. Después de
la Segunda Guerra Mundial, Hubble dedicó gran parte de su esfuerzo al futuro
programa del telescopio de doscientas pulgadas en el monte Palomar; éste se
concluyó en 1949 y Hubble fue el primero en utilizarlo; allí continuó sus
estudios de medición de distancias cósmicas. Otros intereses de Hubble, además
de la ciencia, eran el arte, el atletismo y la pesca con mosca, y solía ir de
pesca a las Montañas Rocosas. En lo que a ciencia se refería, creía en la
uniformidad de la naturaleza y la universalidad de los principios físicos. En
su estudio de galaxias a distancias de miles de millones de años luz, Hubble
llevó esta filosofía hasta el límite. Acerca de ella afirmó que "es la
suposición fundamental en todas las extrapolaciones más allá de los límites de
los datos conocidos y observables, y todas las especulaciones que siguen su
guía son legítimas hasta que se contradigan".
Capítulo 4
El modelo del big bang
El
modelo del big bang, que presenta una descripción matemática para la evolución
del universo, sigue la lógica de la teoría de la gravedad de Einstein y de unos
cuantos supuestos adicionales. Según este modelo, fue algo similar a una
explosión lo que hizo nacer el universo, que en un comienzo tenía una densidad
y una temperatura infinitas, y que desde entonces se ha estado expandiendo sin
cesar, volviéndose menos denso y enfriándose. Pero no fue una explosión común y
corriente, en la que los fragmentos salen disparados hacia una región
circundante de espacio estático. El big bang ocurrió en todas partes. No había
espacio circundante alguno hacia donde pudiera desplazarse el universo, ya que
cualquier espacio formaría parte del universo. Es algo muy difícil de
visualizar; se nos hace un poco más fácil si imaginamos partículas individuales
en el universo. Desde que ocurrió el big bang, todas las partículas en el
universo han estado apartándose unas de otras, siendo arrastradas por la
expansión del espacio, como sucede con las marcas de tinta que se distancian
sobre una banda elástica. (Para ser más precisos, todas las partículas suficientemente
distantes han estado alejándose unas de otras desde que ocurrió el big
bang. Las partículas que están muy cercanas o apiñadas se ven afectadas por sus
respectivas fuerzas de atracción y no intervienen en la expansión global del
universo. Por ejemplo, fuerzas eléctricas mantienen en su lugar los átomos del
cuerpo humano, que no se alejan unos de otros. De igual modo, las estrellas en
una galaxia mantienen siempre su misma posición gracias a su mutua atracción
gravitacional, que les impide distanciarse unas de otras.)
La expansión del universo en el tiempo para cosmologías cerradas, abiertas y
planas. La expansión podría medirse por la distancia entre dos galaxias
distantes cualesquiera. En un universo cerrado, el universo se expande al
principio y luego se contrate.
Aun
cuando el universo se expande, sus partes se arrastran entre sí debido a la
atracción gravitacional, lo cual ralentiza la expansión. La competencia entre
el movimiento centrífugo de expansión y la fuerza centrípeta de la gravedad da
tres posibilidades al destino final del universo. Existe la probabilidad de que
el universo siga expandiéndose eternamente, con su movimiento centrífugo
superando siempre la fuerza centrípeta de la gravedad, tal como sucedería con
una piedra que se lance hacia arriba con la velocidad suficiente como para
escapar a la gravedad de la Tierra y permanecer viajando eternamente. Un
universo de esas características se denomina universo abierto. Una segunda
posibilidad es que la fuerza de gravedad interna sea lo suficientemente fuerte
como para detener y revertir la expansión, como ocurriría al lanzar una piedra
hacia arriba pero no a una velocidad suficiente, lo que la haría alcanzar una
altura máxima para luego volver a caer a la Tierra. Un universo de este tipo,
llamado universo cerrado, alcanza un tamaño máximo y entonces comienza a
colapsar, hacia una especie de big bang invertido. Ambos universos tienen
principio y fin en el tiempo. La última posibilidad, denominada universo plano,
se encuentra justo entre un universo cerrado y uno abierto, y es análogo a la
piedra lanzada hacia arriba precisamente con la velocidad mínima necesaria para
escapar a la gravedad terrestre. Los universos planos, como los universos
abiertos, siguen expandiéndose eternamente.
El modelo del big bang acepta estas tres posibilidades. Cuál sea la verdadera
para nuestro universo depende de la forma en que se inició la expansión
cósmica, de igual modo que la trayectoria de la piedra depende de su velocidad
inicial relativa a la fuerza de la gravedad de la Tierra. Para la piedra, la
velocidad inicial crítica es de 11,2 km por segundo. Si se lanza hacia arriba
una piedra a una velocidad inferior a ésta, volverá a caer a la Tierra; las
piedras con una mayor velocidad inicial jamás volverán. Así también, el destino
del universo quedó determinado por su velocidad inicial de expansión relativa a
su gravedad. Incluso sin conocer estas condiciones iniciales podemos deducir el
destino de nuestro universo: comparando su tasa de expansión actual con
su densidad promedio actual. Si la densidad es mayor que el
valor crítico, determinado por la velocidad de expansión actual, entonces es la
gravedad la que predomina; el universo es cerrado y está predestinado a
desintegrarse en algún momento en el futuro. Si la densidad es inferior al
valor crítico, el universo es abierto. Si es exactamente igual al valor
crítico, es plano. La relación densidad real-densidad crítica se denomina
omega. Así, el universo es abierto, plano o cerrado dependiendo de si omega es
inferior a 1, igual a 1 o mayor que 1, respectivamente.
En principio, es posible medir omega. Para calcular la velocidad de expansión
del universo se debe medir la velocidad de alejamiento de una galaxia distante
(hallada por su desplazamiento al rojo) y dividirla por la distancia a la
galaxia. En un universo de expansión uniforme, como ya hemos visto, la
velocidad externa de cualquier galaxia es proporcional a su distancia;
entonces, la relación velocidad-distancia es la misma para cualquier galaxia.
La cifra resultante, denominada la constante de Hubble, mide la velocidad
actual de expansión del universo. De acuerdo a las mediciones más precisas, la
velocidad actual de expansión del universo es tal que éste duplicará su tamaño
en aproximadamente diez mil millones de años. Esto corresponde a una densidad
crítica de materia de cerca de 10-29 gramos por centímetro
cúbico, la densidad que se obtiene al esparcir la masa de una semilla de
amapola por sobre un volumen del tamaño de la Tierra. (10-29 representa
un punto decimal seguido por veintiocho ceros y un uno; 1015se
refiere a un uno seguido por quince ceros, y así.) El valor de medición más
preciso para la densidad promedio real -que se obtuvo gracias a la observación
telescópica de un gigantesco volumen de espacio que contenía muchas galaxias,
en que se estimó la cantidad de masa de aquel volumen por sus efectos
gravitacionales, y luego se la dividió por el tamaño del volumen- es de
aproximadamente 10-30 gramos por centímetro cúbico, o cerca de
un décimo del valor crítico. Este resultado, al igual que otras observaciones,
sugiere que nuestro universo es abierto.
Sin embargo, existe cierta incertidumbre con respecto a estas cifras
-relacionada principalmente con la heterogeneidad del universo- y también hay
dudas en lo que a distancias cósmicas se refiere; en la práctica, resulta
difícil medir omega. Si el universo fuese enteramente homogéneo y estuviese
expandiéndose de manera uniforme, entonces su velocidad de expansión podría
determinarse midiendo la velocidad de alejamiento y la distancia de cualquier
galaxia, cercana o lejana. Y, viceversa, la distancia a cualquier galaxia
podría determinarse a partir de su desplazamiento al rojo y la aplicación de la
ley de Hubble. (Hablando en forma aproximativa, la distancia a una galaxia es
diez mil millones de años luz multiplicado por el aumento fraccionario en la
longitud de onda de su luz detectada.) Pero sucede que el universo no es
completamente homogéneo. Debido a la presencia de heterogeneidades locales, la
velocidad de expansión del universo y la densidad promedio de la materia
debieran medirse sobre una región lo más grande posible, y entonces suponer que
dicha región es característica de cualquier volumen considerable del universo.
Ambas mediciones requieren de distancias precisas a las galaxias. La tasa de
expansión cósmica, por ejemplo, se obtiene dividiendo la velocidad de
alejamiento de una galaxia por su distancia, si se conoce esta última. Para
medir distancias que sobrepasan los 30 millones de años luz, más o menos, las
estrellas cefeidas individuales no sirven porque se tornan demasiado opacas. En
lugar de ello, se deben utilizar galaxias enteras como "medidas estándar
de luz", es decir, objetos de luminosidad conocida. Por desgracia, las
galaxias, al igual que las estrellas, son de luminosidad extremadamente
variables. No existen las "medidas estándar de luz". Lo único que se
puede hacer es buscar alguna relación empírica entre la luminosidad de una
galaxia y otra propiedad observada, como podría serlo la velocidad orbital de
sus estrellas. (Tales relaciones son análogas a la relación entre la
luminosidad y el período de luz de una cefeida.) Después de determinar y
calibrar dicha relación para galaxias cercanas, donde las distancias pueden
medirse a través de otros medios, el método puede entonces aplicarse a galaxias
mucho más lejanas.
El problema es que mirar a mayores distancias en el espacio es equivalente a
mirar hacia atrás en el tiempo. La luz que hoy vemos al observar galaxias
distantes fue emitida por éstas cuando eran mucho más jóvenes, y ha estado
viajando cientos de millones o miles de millones de años hasta alcanzarnos. Por
el contrario, la luz que emiten las galaxias más cercanas ha estado viajando
por un tiempo mucho más breve y, por lo tanto, se las puede observar en un
período más tardío de su evolución. En otras palabras, una galaxia
distante como hoy se observa puede ser totalmente diferente a
las galaxias cercanas más maduras que se han utilizado para calibrar la
relación de velocidad entre la luminosidad y la órbita, y existe la posibilidad
de que la relación no sea suficientemente válida para la galaxia distante. Es
como intentar aplicar a personas de veinte años la relación entre altura y peso
que se encontró para la gente de sesenta años. Muchos astrónomos modernos se
han dedicado a la comprensión de los cambios que las galaxias han experimentado
en el largo plazo. Sin embargo, no hemos logrado encontrar ni un solo objeto
astronómico tan bien conocido y confiable como las estrellas cefeidas para su
uso como unidades luminosas estándar.
Nuestra capacidad para determinar la densidad promedio del universo se ve
asimismo limitada por la dificultad de medir grandes distancias. La densidad
promedio de la masa en los mayores volúmenes del espacio que hemos medido, cuyo
tamaño alcanza unos cuantos cientos de millones de años luz, se calcula según
el grado en que los movimientos de las galaxias se vean afectados por
concentraciones locales de masa. Si la masa del universo estuviese esparcida en
forma pareja, cada galaxia se desplazaría directamente en dirección inversa a
nosotros, a una velocidad exactamente proporcional a la distancia. En cierto
modo, esto es lo que vemos. No obstante, en regiones "locales", de
diez o cien millones de años luz, la masa cósmica se condensa en galaxias y
racimos de galaxias. La gravedad "irregular" de dichos grupos de masa
tuerce y altera el curso de galaxias cercanas, tal como ocurre, por ejemplo,
cuando la bola en una máquina pinball se desvía en distintas
direcciones al chocar con los resortes, aun cuando en promedio siga cayendo.
Una comparación entre los movimientos "peculiares" de las galaxias y
los movimientos "normales" esperados para un universo completamente
uniforme, además de un conocimiento de los "resortes" que provocan
los movimientos irregulares, determina la densidad promedio de la materia en la
región.
Allan Sandage nació en lowa City en 1926, estudió en la Universidad de
Illinois y en el Instituto de Tecnología de California; hoy forma parte del
equipo que trabaja en los observatorios de Monte Wilson y Campanas. Sandage se
ha encargado de una serie de extensos programas para medir las distancias a las
galaxias, la velocidad de expansión del universo y la desaceleración de la
expansión. A comienzos de la década de 1950, en su calidad de joven graduado,
Sandage fue ayudante de Edwin Hubble.
El
problema reside en que solamente se puede medir el movimiento total de
dichas galaxias; para saber cuánto es propio y cuánto es normal, se debe
conocer la velocidad de expansión del universo y la distancia a las galaxias.
(Hay que recordar que la velocidad exterior normal corresponde a la proporción
de expansión multiplicada por la distancia.) Si no se conoce la distancia con
exactitud, la velocidad normal de expansión tampoco será precisa.
Existe un método diferente para determinar omega, que implica calcular cómo ha
ido disminuyendo la velocidad de expansión del universo en el tiempo. Se
vincula estrechamente a la medición tanto de la velocidad de expansión como de
la densidad promedio de la materia, pues la gravedad de esta última es la
supuesta causa de dicha disminución. En la práctica, la velocidad de expansión
se mide a distancias cada vez mayores, lo cual sondea el universo en épocas
cada vez más antiguas. Fue Edwin Hubble quien en la década de 1930 inició estas
mediciones; en los años 50 le siguió Allan Sandage, de los observatorios del
Monte Wilson; desafortunadamente, las mediciones requieren determinar
distancias precisas para objetos muy distantes, o bien encontrar una serie de
unidades estándar de una luminosidad conocida. Así, ellos también sufrieron las
dificultades de medir grandes distancias en el cosmos sin contar con unidades
luminosas estándar.
A pesar de estas incertidumbres, los cosmólogos están bastante seguros de que
el valor de omega oscila entre 0,1 y 2,0. Se ha identificado suficiente materia
como para que omega no sea inferior a 0,1. En el extremo superior, un omega
mayor que 2, unido a la velocidad actual de expansión, se traduciría en una
edad del universo inferior a la edad de la Tierra según determina el fechado
radiactivo.
La teoría de la gravedad de Einstein, que sustenta el modelo del big bang,
presenta una conexión teórica entre la evolución del universo y su tamaño.
Según esta teoría, si el universo es cerrado, entonces posee un tamaño
limitado. Uno podría preguntarse qué hay más allá de los límites de un universo
que tiene una extensión limitada. La respuesta es que un universo cerrado no
posee límite alguno. Se pliega sobre sí mismo, tal como la superficie de una
esfera se pliega sobre sí misma. Si comenzamos a caminar en línea recta,
volveremos al punto de partida. Viajamos alrededor de todo el mundo, cubriendo
una distancia finita, pero jamás caemos de un borde ni tropezamos con un
límite. En tres dimensiones, esta imagen se resiste a la imaginación, pero
puede expresarse en forma matemática. Los universos abiertos y planos, por el
contrario, poseen un tamaño ilimitado y se extienden de manera infinita en
todas direcciones. Existe una diferencia más entre los universos cerrados,
planos y abiertos. Los universos planos cumplen con la geometría euclidiana.
Por ejemplo, los tres ángulos de un triángulo que se forma al conectar tres
galaxias por medio de líneas rectas suman 180 grados. En los universos
cerrados, los ángulos del mismo triángulo suman más de 180 grados; en los universos
abiertos, la suma es inferior a 180 grados. La geometría de los universos
cerrados y abiertos, que los matemáticos investigaron por primera vez en el
siglo XIX, no es euclidiana.
A menudo la gente se confunde acerca de lo que significa hablar de la expansión
de universos abiertos o planos, los que ya se extienden infinitamente en el
espacio. Expansión significa que la distancia entre dos galaxias cualesquiera
está aumentando. Al afirmar que el universo hoy se expande a una velocidad tal
que en 10 mil millones de años duplicará su tamaño, queremos decir que la
distancia entre dos galaxias extremadamente separadas se duplicará en 10 mil
millones de años. Esta definición es aplicable a universos abiertos, planos, o
cerrados.
La geometría o tamaño general del universo no se ha medido en forma directa.
Las cantidades calculadas corresponden a la velocidad de expansión y la
densidad promedio. Sólo después de haber combinado estas cantidades con la
teoría del modelo del big bang y sus matemáticas, podemos deducir la geometría
y el destino del universo. Así pues, no es poco lo que depende de la teoría y
de sus supuestos básicos.
Horizontes de un universo en expansión. El círculo que rodea cada punto
representa el horizonte para ese punto, la región más distante con la que éste
puede haberse comunicado desde el big bang. Apenas el horizonte de un punto
cubre un punto, ambos puntos se comunican y pueden verse entre sí. A medida que
el universo se expande, diversos puntos, como los representados por las letras
A, B y C, se separan unos de otros, pero el horizonte de cada punto se expande
aun más rápido, de modo que los puntos que en un comienzo estaban localizados
fuera del horizonte del otro finalmente llegan a comunicarse. El horizonte de
cada punto (ubicación) marca en cualquier momento el borde del universo
observable desde dicha ubicación
También
es importante considerar que, aun si el universo es infinito, sólo un
determinado volumen -denominado el universo observable- es visible ante
nosotros en algún momento. Alcanzamos a ver solamente hasta donde la luz puede
haber viajado desde el big bang. Si nos adentramos en el espacio con la mirada,
vemos luz que ha estado viajando más tiempo para alcanzarnos y que por lo tanto
fue emitida mucho antes. Si observamos la galaxia de Andrómeda, por ejemplo,
vemos una luz que se emitió hace 2 millones de años; si observamos el grupo de
galaxias de Virgo, vemos una luz que se emitió hace 50 millones de años.
Finalmente, a cierta distancia, la luz que recién ahora nos llega se emitió al
momento del big bang. La distancia marca el borde del universo observable en la
actualidad. No podemos ver más allá, porque la luz no ha tenido tiempo de
viajar hasta aquí tras el big bang. Hoy, el universo observable alcanza a unos
10 mil millones de años luz, es decir, la distancia que la luz puede recorrer
en 10 mil millones de años. En mil millones más, cuando el universo tenga 11
mil millones de años, el universo observable se ampliará a 11 mil millones de
años luz; si los seres humanos aún siguen existiendo, podrán ver a una
distancia de 11 mil millones de años luz. Regiones del universo que hoy están
más allá de nuestro horizonte aparecerán frente a nosotros. Jamás podremos
regresar en el tiempo y ver más atrás del big bang; sin embargo, a medida que
pasan los años logramos ver más y más aspectos del universo tal como era en el
momento del big bang. Cada día el universo observable crece un poco más. Cada
día, la luz que emiten objetos un poco más distantes tiene más tiempo para
alcanzar nuestros telescopios.
El modelo del big bang no sólo relaciona la evolución del universo con su
geometría y densidad de masa; también describe la larga historia del universo.
Imaginemos una película de la evolución cósmica proyectada hacia atrás a partir
de hoy. El universo se contrae. Las galaxias se desplazan acercándose cada vez
más, hasta que se convierten en informes burbujas de gas; a medida que el
universo se vuelve más y más denso, estas masas se absorben unas a otras. Las
galaxias individuales e incluso las estrellas individuales pierden su
identidad, y la materia del universo comienza a adquirir la apariencia de un
gas. Como ocurre al condensarse cualquier tipo de gas, el gas cósmico se
calienta cada vez más. Finalmente, a una temperatura de cerca de diez mil (104)
grados centígrados, el calor es tan intenso que los átomos no logran retener
sus electrones y se desintegran en núcleos atómicos y electrones que vagan
libremente. En una etapa más temprana aún, a medida que el big bang se acerca,
los mismos núcleos atómicos se desintegran en protones y neutrones bajo el
intenso calor. Más atrás todavía, cuando la temperatura llega a cerca de 1013 grados
centígrados, cada protón y neutrón se desintegra en tres partículas elementales
denominadas cuarks. El universo se transforma en una cascada de partículas
subatómicas.
El modelo del big bang es cuantitativo; especifica la densidad promedio, la
velocidad de expansión y la temperatura del universo en cada punto en el
tiempo, dados los valores calculados hoy de dichas cantidades. Según la teoría,
un segundo después del big bang la temperatura del universo era de cerca de
diez mil millones (1010) de grados centígrados, y su densidad, de
unos cien mil (105) gramos por centímetro cúbico. En ese momento, el
universo se componía de un gas extremadamente caliente, compuesto por
partículas subatómicas que llenaban el espacio de manera uniforme. Para cuando
el universo tenía unos 30 millones de años -la edad que algunos científicos
consideraban más o menos la del inicio de la formación de las primeras
galaxias-, su temperatura y densidad habían descendido a cerca de 0 grado
centígrado y 10-25 gr/cc, respectivamente. (El cero absoluto es
-273 grados centígrados. En la actualidad, la temperatura cósmica calculada es
de unos -270 grados centígrados, o tres grados sobre el cero absoluto, y aún
sigue descendiendo.)
El modelo del big bang, junto con presentar una explicación para la expansión y
edad observadas del universo, ha superado exitosamente otras dos importantes
pruebas verificadas por observaciones. Puede explicar por qué el universo está
compuesto más o menos por un 75% de hidrógeno y un 25% de helio (los elementos
químicos más pesados, como el oxígeno y el carbono, constituyen una cantidad
ínfima de la masa total en el universo). El modelo del big bang también predijo
que un tipo especial de ondas radioeléctricas, creadas en una etapa del
universo muchísimo más antigua, debían llenar el espacio. El descubrimiento de
estas ondas cósmicas radioeléctricas, denominadas radiación cósmica de fondo,
tuvo lugar en 1965, después de que se las predijera. El éxito del modelo con el
helio y las ondas cósmicas radioeléctricas -el primero, una buena explicación
de un fenómeno previamente conocido; el segundo, una predicción de un
descubrimiento futuro- resultó decisivo no sólo para la ciencia, sino para la
actitud de los científicos. La concordancia entre la teoría y la observación en
estos dos fenómenos convenció a muchos científicos, por primera vez, de que la
cosmología tenía algún contacto con la realidad, de que era una ciencia
legítima.
El modelo del big bang sostiene que en alguna época el universo fue tan
caliente que, a excepción del hidrógeno, el elemento más liviano, ninguno de
los elementos químicos podía existir. El hidrógeno sólo es una partícula
subatómica, un protón. Todos los demás elementos resultan de una fusión de dos
o más partículas subatómicas, que no hubieran podido mantenerse unidas bajo el
intenso calor del universo recién creado. A la expansión del universo la
acompañó su enfriamiento. Cuando la edad del universo alcanzaba sólo unos
cuantos minutos, su temperatura había descendido a mil millones de grados, la
temperatura crítica en que las partículas subatómicas pueden comenzar a
mantenerse unidas mediante las fuerzas de atracción nuclear que existen entre
ellas. Según los cálculos teóricos de Fred Hoyle y Roger Tayler, de la
Universidad de Cambridge, en 1964, y los de Yakov Zel'dovich, del Instituto
para la Investigación Cósmica de Moscú, durante la misma época (y
posteriormente perfeccionados por James Peebles en la Universidad de Princeton
en 1966, y por Robert Wagoner, William Fowler y Fred Hoyle en el Instituto de
Tecnología de California en 1967), la fusión nuclear de unos pocos minutos
posteriores al big bang debería haber convertido cerca del 25% de la masa del
universo en helio, el segundo elemento más liviano después del hidrógeno. En la
década de 1980, David Schramm y algunos colaboradores en la Universidad de
Chicago -dedicados a revisar el trabajo previo de Wagoner, Fowler y Hoyle-
calcularon meticulosamente la cantidad esperada de litio que se habría
producido en el big bang.
La temperatura del universo durante el primer año después del big bang,
según se calculó en su modelo correspondiente. (No se indica la temperatura
antes del primer segundo.)
El
litio es el siguiente elemento químico más liviano, y constituye sólo un
0,0000001% de la masa observada del universo. Se piensa que todos los elementos
más pesados que el litio se crearon mucho más tarde, en las reacciones
nucleares del centro de las estrellas.
Determinación de la proporción del helio a hidrógeno en el universo recién
creado, Los círculos negros son los protones; los neutrones son los círculos
con la letra n. Un núcleo de hidrógeno posee 1 protón; un núcleo de helio posee
2 protones y 2 neutrones. En épocas antiguas existía igual número de neutrones
y protones. Cuando estas panículas colisionaban no lograban fusionarse ni
mantenerse unidas porque la temperatura era demasiado alta. Con el tiempo
ocurrieron dos cosas, los neutrones comenzaron a convertirse en protones,
reduciendo gradualmente la proporción de neutrón a protón, y la temperatura
siguió descendiendo en forma ininterrumpida. En un momento crítico, cuando la
edad del universo era de alrededor de un minuto y cuando la temperatura cósmica
había descendido a unos mil millones de grados, los neutrones y los protones
lograron mantenerse unidos al colisionar, creando el helio. Entonces, todos los
neutrones disponibles quedaron encerrados en núcleos de helio, con dos protones
emparejados con dos neutrones. Los protones restantes se convirtieron en
hidrógeno. La fracción resultante de hidrógeno a helio se determinaría por la
proporción de neutrones a protones justo en el momento previo al inicio de la
fusión.
Resulta
impresionante que la contabilidad teórica de hidrógeno, helio y litio concuerde
tan claramente con la enorme abundancia observada de dichos elementos en el
espacio. La otra confirmación experimental importante de la teoría del big
bang, la radiación cósmica de fondo, fue predicha por Ralph Alpher, George
Gamow y Robert Herman en la Universidad de George Washington en 1948;
posteriormente, en 1965, lo hicieron en forma independiente Robert Dicke, James
Peebles, P. G. Roll y David Wilkinson, de la Universidad de Princeton. Ambos
grupos sostuvieron que un tipo especial de radiación - denominada radiación
antirradiante- se habría producido en todo el espacio cuando el universo tenía
unos pocos segundos y era más joven. Esta radiación surge en cualquier sistema
de partículas subatómicas que choquen entre sí a grandes velocidades, como
habría sido el caso en el intenso calor del universo recién creado. En la
actualidad también se producen pequeñas cantidades de radiación antirradiante,
tanto en regiones aisladas como en estrellas; sin embargo, el universo está
ahora demasiado frío como para producir una radiación antirradiante que llene
todo el espacio. Dicha radiación puede identificarse fácilmente por su espectro
universal de colores, es decir, por la cantidad de energía en cada longitud de
onda. Existe un solo parámetro que puede caracterizar de manera singular la
radiación antirradiante: la temperatura de la radiación. De acuerdo a cálculos
teóricos, la radiación antirradiante debió haberse creado de manera uniforme a
través del espacio en el universo temprano y habría continuado rebotando en
partículas subatómicas hasta que el universo alcanzó una edad de
aproximadamente 300 mil años, cuando los electrones y los núcleos atómicos se
combinaron para formar átomos. Después, la radiación habría viajado libremente
por el espacio, apareciendo hoy con una longitud de onda dominante, que
corresponde a las ondas radioeléctricas y con una temperatura de alrededor de
tres grados sobre el cero absoluto. En 1965, Roll y Wilkinson, los
colaboradores de Dicke, acababan de construir un aparato para rastrear sus
pronosticadas ondas cósmicas radioeléctricas cuando, por casualidad, Arno
Penzias y Robert Wilson descubrieron la radiación en el Laboratorio Bell de
Nueva Jersey. Por su descubrimiento, Penzias y Wilson recibieron el Premio
Nobel en 1978. Hasta la fecha, las mediciones más precisas de la radiación
cósmica de fondo provienen del Explorador de Fondo Cósmico, un satélite lanzado
a fines de 1989 y que ha confirmado que el espectro de la radiación cósmica de
fondo es extraordinariamente cercano al que predijo el modelo del big bang.
James Peebles nació en Winnipeg- Canadá, en 1985. Realizó sus estudios en la
Universidad de Manitoba y en Princeton, donde actualmente se desempeña como
profesor de física. Peebles ha hecho diversas contribuciones a la cosmología
entre ellas sus cálculos- pioneros de acumulación gravitacional de materia. Se
ha convertido en un importante teórico del modelo de "jerarquía
gravitacional" de la formación de estructuras. Peebles fue discípulo de
Robert Dicke.
Robert Dicke nació en St. Louis. Missouri, en 1916. Realizó sus estudios en
la Universidad de Rochester y en Princeton, donde hoy es profesor emérito. Las
diversas contribuciones de Dicke a la cosmología incluyen la predicción de la
radiación cósmica de fondo, la primera utilización del principio antrópico y el
primer planteamiento del problema de la cosmología plana. Dicke forma parte del
escaso grupo de físicos que sobresalen tanto en el trabajo teórico como en la
observación.
Fred Hoyle nació en Bingley, Yorkshire, Inglaterra, en 1915. Estudió en
Cambridge y actualmente vive en Bournemouth, Inglaterra. Fue un pionero en el
cálculo teórico de la producción de helio en el universo temprano, y también el
autor del modelo de estado continuo, que rivalizó con el modelo del big bang.
Defensor del modelo de estado continuo durante gran parte de su carrera. Hoyle
creó la expresión big bang durante una serie de conversaciones radiales que
sostuvo en Inglaterra a fines de la década de 1940.
El Explorador del Ruido de Fondo cósmico (COBE), satélite lanzado en 1989
para estudiar la radiación del ruido de fondo cósmico
Arno Penzias (en primer plano) y Robert Wilson, cerca d la antena de radio
que fue la primera en detectar la radiación cósmica de fondo en 1965
El
descubrimiento de la radiación cósmica del ruido de fondo en 1965 brindó un
fuerte apoyo a la idea de que el universo fue muchísimo más caliente en el
pasado. Igualmente importante es la radiación cósmica observada, que parece
confirmar la hipótesis de una homogeneidad en gran escala del universo. La
radiación posee la misma intensidad desde todas las direcciones en el espacio,
es decir, es isotrópica. Si suponemos que no ocupamos un lugar inusual en el
universo, entonces podemos deducir que la radiación cósmica de fondo es
isotrópica en cualquier punto del universo. Esto significa que
el universo era muy homogéneo la última vez que la radiación chocó con la
materia, unos 300 mil años después del big bang. Si en el universo hubiera
habido irregularidades o una temperatura no uniforme en dicha época, la
radiación cósmica se habría dispersado de estas acumulaciones en intensidades y
direcciones irregulares y hoy no parecería tan uniforme. Como ha estado
viajando desde que el universo tenía sólo 300 mil años, la radiación cósmica
que hoy detectamos ha viajado mucho más allá de la distancia a las galaxias
visibles, lo que revela mucho acerca de la uniformidad del universo en una
escala mayor.
La confirmación práctica de la homogeneidad en gran escala del universo es
vital para el modelo estándar del big bang, y quizás para todos los modelos
cosmológicos tratables. Ya en 1933 el cosmólogo británico Edward Arthur Milne
sugirió que el supuesto de una homogeneidad en gran escala podría ser
lógicamente necesario para cualquier modelo cosmológico. Milne dio a esta
suposición el nombre de principio cosmológico, el que desde entonces se
convirtió en el punto de partida de gran parte del trabajo teórico en
cosmología, y hasta ahora ha demostrado ser una simplificación necesaria para
resolver las difíciles ecuaciones de este tópico. Si las observaciones futuras
ponen en duda la suposición de una homogeneidad en gran escala, las
características generales del modelo del big bang todavía podrían ser
correctas, pero sin duda los detalles no lo serían.
¿Por qué los científicos no asumieron inmediatamente las predicciones
originales de Alpher, Gamow y Herman? (De hecho, Dicke no conocía tales
predicciones y llegó a sus conclusiones en forma por completo independiente.)
Pueden existir varias razones. Se pensaba que las ondas cósmicas
radioeléctricas pronosticadas no podían detectarse con los instrumentos de que
se disponía en la década de 1950. Además, como recuerdan Alpher y Herman,
"algunos científicos tenían una predilección filosófica por un universo de
estado continuo". En dicho universo, la temperatura siempre sería la
misma, jamás lo bastante alta como para producir una radiación antirradiante.
Finalmente, en las décadas de 1940 y 1950, la mayoría de los científicos consideraba
que la cosmología era un asunto demasiado especulativo como para considerarlo
con seriedad. En la práctica no existía contacto alguno entre la teoría y el
experimento.
Capítulo 5
Otros modelos cosmológicos
Richard
Tolman, del Instituto de Tecnología de California, fue el primero que analizó a
fondo una variación del modelo del big bang, el modelo del universo oscilante,
a comienzos de la década de 1930. Un universo oscilante es cerrado, pero no se
pierde después de colapsar, sino que inicia una nueva dilatación; el proceso de
expansión y contracción se repite y pasa por numerosos ciclos. Si nuestro
universo fuese oscilante, podría ser muchísimo más antiguo que su edad
calculada en 10 mil millones de años, cálculo que sólo mide el tiempo
transcurrido desde el inicio del último ciclo de expansión.
Este modelo presenta una dificultad evidente de acuerdo a la segunda ley de la
termodinámica, una ley fundamental de la física que obliga a cualquier sistema
aislado a adquirir un grado de desorganización cada vez mayor, hasta alcanzar
un estado de máximo desorden. Después de numerosos ciclos, se esperaría que un
universo oscilante fuese mucho más caótico que el universo que observamos.
Tolman conocía este problema, pero sostenía que una definición de "estado
de máximo desorden" sería casi imposible de aplicar al universo como un
todo; la objeción quedó en la incertidumbre. Tolman llegó a la conclusión de
que "sería sensato no volver a afirmar que los principios de la
termodinámica exigen necesariamente un universo creado en un tiempo finito en
el pasado y cuyo destino es la inactividad y la muerte". Aun hoy los
físicos siguen dudando si la segunda ley de la termodinámica podría descartar
teóricamente un universo oscilante, o si se aplica al universo como un todo.
El auge del modelo del universo oscilante ocurrió entre fines de los años 50 y
comienzos de los 60. De hecho, su preferencia por un universo oscilante llevó a
Robert Dicke a predecir la existencia de la radiación cósmica de fondo. Dicke y
sus colaboradores comenzaban su clásico artículo en el Astrophysical
Journal en 1965 afirmando que un universo oscilante, con su existencia
eterna, "nos libera de la necesidad de comprender el origen de la materia
en cualquier punto finito en el pasado". Tomando este modelo como
hipótesis de trabajo, Dicke argumentó que si nuestro universo realmente ha
atravesado numerosos ciclos de expansión y contracción, su temperatura tendría
que llegar por lo menos a 10 mil millones de grados al alcanzar cada punto de
contracción máxima, con el fin de desintegrar todos los elementos pesados
creados en las estrellas durante el ciclo previo y reconvertir la materia del
universo a hidrógeno puro. De lo contrario, las reacciones nucleares en las estrellas
ya habrían transformado gran parte de la materia del universo en elementos
pesados, lo que contradice las observaciones. Dicke afirmó entonces que, a una
temperatura de 10 mil millones de grados, las reacciones de las partículas
subatómicas serían lo bastante rápidas como para producir una radiación
antirradiante. (En realidad, la producción de esta radiación no exige la
oscilación del universo; simplemente precisa que la temperatura cósmica alguna
vez haya sido suficientemente alta.)
En la década de 1960, más allá de su posible violación de la segunda ley de la
termodinámica, el modelo del universo oscilante cayó en desgracia cuando el
trabajo teórico de Roger Penrose y Stephen Hawking, ambos en la Universidad de
Cambridge en ese momento, probó que no existía ningún mecanismo plausible capaz
de producir oscilaciones. En términos específicos, Penrose y Hawking
demostraron que el universo debía haberse originado a una densidad muchísimo
mayor de la que se había contemplado y propuesto para el "rebote" de
cada ciclo de un universo oscilante. En realidad, el trabajo de Penrose y
Hawking no eliminó los universos oscilantes; simplemente suprimió todos los
modelos existentes de universos oscilantes, anulando de este modo la
justificación científica para creer en ellos.
En 1948, un grupo de inquietos y jóvenes astrofísicos teóricos de la
Universidad de Cambridge, insatisfechos con el modelo del big bang en
cualquiera de sus formas y en busca de otras posibilidades, elaboraron el
modelo del estado continuo. Este modelo cosmológico, concebido por Hermann
Bondi, Thomas Gold y Fred Hoyle, no era precisamente una variación del modelo
del big bang. Proponía que el universo en realidad no cambia con el paso del
tiempo; por ejemplo, la densidad promedio de la materia no se altera con el
tiempo, y la temperatura tampoco. Filosóficamente, el modelo del estado
continuo de Bondi, Gold y Hoyle significó un redescubrimiento del universo
estático de Aristóteles, al que se le añadía una rigurosa formulación
matemática y el conocimiento de la física del siglo XX.
Martin Rees nació en Inglaterra en 1942. Estudió en Cambridge y hoy es
profesor de astronomía en esa institución. El trabajo de Rees se ha relacionado
con la formación y aglomeración de las galaxias y con el origen de la radiación
del ruido de fondo cósmico, entre otros temas. Se distingue por su rapidez,
ingenio y capacidad de retener al mismo tiempo en su cabeza diversas teorías
contradictorias entre sí.
El
modelo del estado continuo se reconcilia con las observaciones de Hubble sobre
el movimiento centrífugo de las galaxias, postulando que, constantemente, se
crean en todo el espacio materia y galaxias nuevas, que compensan la separación
de las galaxias individuales y permiten que el promedio de galaxias por unidad
de volumen de espacio permanezca constante. De este modo el universo mantiene
un estado continuo.
Maarten Schmidt nació en 1929 en Gröningen, Holanda. Estudió en la
Universidad de Gröningen y en Leiden; actualmente es profesor de astronomía en
el Instituto de Tecnología de California. Schmidt saltó a la fama gracias a su
descubrimiento de los cuásares. Le agrada concentrarse en pocos temas y
comprenderlos a cabalidad
Bondi,
Gold y Hoyle mencionan en sus documentos de 1948 varias razones que los
llevaron a proponer este modelo. Por una parte, expresan su insatisfacción, por
cuanto el modelo del big bang obliga a los físicos a aplicar a un lejano punto
en el pasado las leyes de la física tal como hoy se las observa, cuando las
condiciones del universo pueden haber sido totalmente distintas. En el modelo
del big bang no existe forma de saber con certeza si las leyes de aquel
entonces eran las mismas que consideramos hoy, pero todos los cálculos así lo
suponen. Por otra parte, señalan estos científicos, un universo de estado
continuo resulta "forzoso, pues sólo en un universo de esas
características existe alguna base para suponer que las leyes de la física son
constantes". En el modelo del estado continuo, el universo de ayer era
igual al universo de hoy. Una segunda motivación para el modelo del estado
continuo era más cuantitativa: la velocidad de expansión del universo,
calculada mediante las técnicas relativamente dudosas de que se disponía en la
década de 1940, tradujo su edad estimada en sólo 2 mil millones de años, lo que
era inferior a la edad geológica de la Tierra. Algunos lo consideraron un
problema para el modelo del big bang. El modelo del estado continuo también
resultó atractivo para muchos científicos, puesto que, al igual que el modelo
del universo oscilante, eliminaba la necesidad de confrontar el nacimiento del
universo y todas las incertidumbres y aspectos incalculables de dicho comienzo.
En el modelo del estado continuo el universo no tiene principio ni fin. No es
necesario especificar ni aceptar las condiciones iniciales. Asimismo, algunos
físicos y astrónomos pensaban que el rango de posibilidades en un universo de
esas características sería muchísimo más limitado que en el modelo del big bang
y, por ende, más fácil de calcular. Esta era otra de las ventajas del modelo
del estado continuo. La mayoría de los físicos prefieren las teorías que
permiten una consideración y un cálculo completos. El modelo del estado
continuo fue muy popular en los años 50 y a principios de los 60; se consideró
el principal competidor del modelo del big bang y de su variación, el modelo
del universo oscilante.
Hoy, la mayoría de los cosmólogos ha descartado el modelo del estado continuo.
Además de la falta de pruebas que demuestren la creación continua de masa a
partir de la nada, y de la carencia de una explicación de cómo puede ocurrir
dicho proceso, el descubrimiento de la radiación cósmica de fondo y otras
observaciones que sugieren que el universo fue muy distinto en el pasado, han
refutado el modelo. Por ejemplo, la ubicación de ciertos objetos astronómicos
denominados cuásares (de quasars, quasi- stellar radio sources: "fuentes
de radio cuasiestelares") sugiere enfáticamente que el universo ha
cambiado con el paso del tiempo. Maarten Schmidt, del Instituto de Tecnología
de California, descubrió en 1963 estas diminutas fuentes de energía
tremendamente luminosas y distantes. Un cuásar típico se encuentra a una
distancia de 2 a 10 mil millones de años luz y posee la luminosidad de cien
galaxias. En 1965, Martin Rees y Dennis Sciama, de la Universidad de Cambridge,
analizaron los datos de los cuásares conocidos hasta ese momento, y
descubrieron que su número por volumen de espacio aumentaba proporcionalmente a
su distancia de la Vía Láctea. Puesto que mirar a lo lejos grandes distancias
es lo mismo que mirar hacia atrás en el tiempo, aquello significaba que hubo
más cuásares en el pasado. Rees, Sciama y otros interpretaron sus resultados
como contradictorios con la teoría del estado continuo, que exige que el
universo no cambie de una época en otra y, por ende, que no pueda alterar su
número de cuásares ni de galaxias ni de ninguna otra cosa.
Huelga decir que tanto el modelo del universo oscilante como el modelo del
estado continuo involucran perspectivas acerca del mundo que son radicalmente
diferentes a las del modelo "único" del big bang. En los dos modelos
anteriores el universo no tiene principio. Como veremos en el Capítulo 10,
algunos modelos cosmológicos muy recientes han incorporado la misma idea.
Capítulo 6
Dificultades con el modelo del big bang
A
pesar de sus éxitos, el modelo del big bang ha enfrentado una serie de
dificultades. Irónicamente, uno de los aspectos más desconcertantes es por qué
el universo se ve tan uniforme en gran escala. En particular, la radiación
cósmica de fondo que captamos es notablemente uniforme en todas direcciones,
con una variación de intensidad de menos de una parte en diez mil en distintas
regiones del cielo. La homogeneidad que se observa en esta radiación indica que
la última vez que chocó con el gas material del universo, unos 300 mil años
después del big bang, el gas tenía una densidad y una temperatura casi parejas.
Aunque el modelo del big bang supone dicha uniformidad,
todavía falta explicarla, o por lo menos hacerla plausible.
Existen dos explicaciones posibles. O el universo comenzó con
un alto grado de homogeneidad, o bien cualquier heterogeneidad inicial acabó
por diluirse, tal como ocurre en una bañera cuando el agua fría y el agua
caliente alcanzan una misma temperatura por intercambio térmico. No obstante,
el intercambio de calor toma tiempo. Las regiones del espacio que produjeron la
radiación cósmica, cuando el universo tenía 300 mil años, se encontraban
entonces separadas por unos 50 millones de años luz, esto es, demasiado lejos
para haber alcanzado a intercambiar calor y homogeneizarse desde el big bang.
Por consiguiente, esta segunda explicación no sirve para el modelo del big
bang. En cuanto a la primera, algunos científicos la hallan poco satisfactoria
porque parece evadir el problema, relegándolo a procesos desconocidos y
actualmente incalculables, cualquiera sea su naturaleza, que habrían
determinado las condiciones iniciales del universo. Más aún, para muchos
científicos resulta poco probable que el universo se haya creado en forma tan
homogénea. Como mínimo, las fluctuaciones en la materia y la energía que se
producen a partir de los procesos cuánticos (los veremos más adelante) con toda
seguridad habrían producido desigualdad e irregularidad en la primera etapa del
universo.
Charles Misner nació en 1933 en Jackson, Michigan. Estudió en la Universidad
de Notre Dame y en Princeton, y actualmente física en la Universidad Maryland,
College Park. Misner fue el primero en plantear el problema del horizonte y en
promover una serie de estudios cuyo objetivo era explicar las propiedades del
universo en términos de procesos físicos conocidos y no a través de supuestos y
condiciones iniciales ad hoc.
La
compleja explicación de la uniformidad en gran escala del universo se ha
denominado el problema del horizonte. Podemos imaginar cada
punto en el espacio rodeado por un volumen esférico que podría haberse
homogenizado con el punto central desde el big bang. El borde exterior de
aquella esfera se denomina horizonte del punto central. Cada punto posee su
propia esfera de homogenización y su propio horizonte.
Como el intercambio de calor, o cualquier otro proceso homogeneizador, no puede
desplazarse a una velocidad mayor que la de la luz, en ningún momento el
horizonte de un punto puede extenderse más allá de la distancia que la luz
podría haber recorrido desde el big bang. Por ejemplo, el tamaño del horizonte
300 mil años después del big bang era de aproximadamente 300 mil años luz. Así,
300 mil años después de la gran explosión, cada punto en el espacio podría
haberse homogenizado con una región esférica a su alrededor de una extensión de
sólo 300 mil años luz. Si hubiese existido una distancia superior a los 300 mil
años luz desde cualquier punto dado, ni la luz ni el calor, ni cualquier otra
señal, habrían tenido el tiempo suficiente para cubrir dicha distancia desde el
principio del universo. El horizonte abarca un volumen de espacio que en
ocasiones se denomina el universo observable, ya que corresponde a la región de
espacio que el punto central puede ver en cualquier momento dado. Hoy, el
universo observable es una esfera de un radio de 10 mil millones de años luz.
El horizonte de cualquier punto aumenta con el paso del tiempo, y lo mismo
ocurre con el tamaño del universo observable. El "problema del
horizonte" surgió porque la uniformidad de la radiación cósmica de fondo
sugiere que distintas regiones del universo separadas por algo más que
su propio horizonte (alrededor de 150 veces más) deben haber intercambiado
calor.
Charles Misner, de la Universidad de Maryland, fue al parecer el primero en
exponer claramente y por escrito el problema del horizonte, en 1969. Aunque
Einstein partía suponiendo una homogeneidad en gran escala, no habría tenido
problemas en explicar cómo se produjo. Como también suponía que el universo
existe desde y para siempre, dos regiones cualesquiera, arbitrariamente muy
distanciadas, habrían tenido muchísimo tiempo para intercambiar calor y
homogeneizarse. Pero esta explicación no puede aplicarse al modelo del big
bang.
Otro tema estrechamente relacionado, y más polémico, es el problema de
la cosmología plana: ¿por qué debería estar hoy el universo tan cerca
del límite entre abierto y cerrado, es decir, ser casi plano? En otras
palabras, ¿por qué el valor calculado de omega -la proporción entre la densidad
de masa cósmica y la densidad crítica que se requiere para cerrar el universo-
se acerca hoy tanto al 1? Del modelo del big bang se seguía que con el tiempo
omega debía diferir cada vez más de 1, a menos que comenzara exactamente en 1,
en cuyo caso seguiría siendo 1. En un universo abierto, omega comienza siendo
inferior a 1 y va disminuyendo con el tiempo; en un universo cerrado, omega
empieza siendo mayor a 1 y aumenta cada vez más.
Omega es análogo a la proporción entre la energía gravitacional y la energía
cinética del movimiento de una piedra que se lanza hacia arriba desde la
Tierra. Si se lanza la piedra con la velocidad crítica exacta, la proporción
comenzará en 1 y se quedará en 1. Si se lanza la piedra con una velocidad
inferior a la crítica, la proporción comenzará en una cifra mayor a 1 y
continuará aumentando, convirtiéndose en infinita justo en el momento en que la
piedra alcance la altura máxima y esté a punto de volver a caer a la Tierra. En
este punto, la velocidad de la piedra es cero, su energía cinética de
movimiento es cero y, por lo tanto, la proporción entre la energía
gravitacional y la energía cinética es infinita. Por el contrario, si se lanza
la piedra a una velocidad mayor a la crítica, la proporción comenzará en una
cifra inferior a 1 y disminuirá continuamente, acercándose al cero a medida que
la piedra escapa por completo a la gravedad de la Tierra y comienza a viajar
por el espacio exterior. El que el omega cósmico se encuentre hoy tan cerca del
1, cuando ya ha transcurrido tanto tiempo desde el big bang, es análogo a
divisar la piedra mucho tiempo después de su lanzamiento, a una enorme
distancia de la Tierra, y descubrir que su energía gravitacional y su energía
cinética de movimiento son casi iguales. Es muy poco probable que algo así
ocurra, pues requeriría haber equilibrado ambas energías con una precisión
extraordinaria en el momento del lanzamiento. Por ejemplo, si se lanza hacia
arriba una piedra con una proporción inicial de energía de 0,75, dicha
proporción habrá descendido a 0,1 para cuando la piedra alcance una distancia
de 27 radios terrestres; para una proporción inicial de 0,9, la proporción
habrá descendido a 0,1 a una distancia de 81 radios de la Tierra. Para que la
piedra alcance mil veces (106) su distancia inicial antes que la
proporción baje a 0,1, la proporción inicial tendría que ser 0,999991. Los
números tienen un comportamiento similar para las proporciones mayores a 1.
Comportamiento de Omega versus el tiempo para tres valores iniciales
representativos: mayor a 1, 1 y menor a 1.
Los
físicos consideran que las condiciones iniciales del universo quedaron
establecidas cuando éste tenía aproximadamente 10-43 segundos.
Para que el valor de omega siga oscilando entre 0,1 y 10,0 hoy, después de 10
mil millones de años y tras haber expandido el universo a 1030 veces
su tamaño inicial en el momento del "lanzamiento", el valor inicial
de omega tuvo que fluctuar entre 1 - 10-59 y 1 + 10-59.
De manera equivalente, la energía cinética y la energía gravitacional del
universo debieron ser inicialmente iguales a una parte en 1059.
¿Qué procesos físicos pudieron haber establecido un equilibrio tan exquisito? Y
hay otro enigma. Si la energía gravitacional y la cinética no son hoy día
exactamente iguales, ¿por qué se están desequilibrando en este preciso momento
del tiempo cósmico, justamente cuando sucede que surge el Homo sapiens?
Robert Dicke parece haber sido el primero en plantear claramente y poner por
escrito el problema de la cosmología plana, en 1969.3 A pesar
de que poco después varios cosmólogos británicos, entre ellos Brandon Carter y
Stephen Hawking, lo abordaron en forma independiente, el problema sólo
experimentó una vasta difusión y comprensión cuando Dicke y Peebles volvieron a
exponerlo en un artículo publicado en 1979.
Existe un amplio rango de actitudes con respecto al problema de la cosmología
plana. Algunos científicos consideran que el valor inicial de omega es una
propiedad accidental de nuestro universo, un valor que debiera aceptarse como
un hecho dado; para este grupo de cosmólogos el problema de la cosmología plana
no es un problema, sino un asunto que sobrepasa el dominio de la ciencia. Otros
concuerdan con Dicke y Peebles en cuanto a que las condiciones iniciales
requeridas parecen demasiado especiales para ser accidentales, por lo que se
precisa de una explicación física más profunda. Entre los integrantes de este
último grupo se cuentan los científicos que afirman que, por alguna razón, la
energía gravitacional y la energía cinética deben haberse equilibrado en forma exacta. Omega
fue y es exactamente 1. Esta perspectiva requiere de la existencia de una
enorme cantidad de masa no detectada. Debido a que hemos observado sólo una
masa suficiente por volumen de espacio para que omega tenga un valor cercano a
0,1, creer que omega es en verdad exactamente igual a 1 exige que en promedio
exista una masa unas diez veces igual a la que se ha observado en cada año luz
cúbico de espacio.
Antes de 1980, la mayoría de los cosmólogos dejaba de lado o no prestaba mucha
atención al problema de la cosmología plana. Después que una importante
modificación del modelo del big bang (que adoptó el nombre de modelo del
universo inflacionario; lo veremos en el capítulo 10) diera una solución
natural al problema, muchos científicos ahora lo consideraron relevante. Un
artículo de Alan Guth sobre este nuevo modelo destina un apéndice a convencer a
los escépticos de no descartar el tópico, lo que demuestra el controvertido
status del problema de la cosmología plana. Aun hoy persiste el desacuerdo sobre
el significado o la profundidad de dicho problema.
Otro antiguo problema cosmológico ha sido la carencia de una buena explicación
para el número medio de partículas de radiación, denominadas fotones, en
relación al número de bariones (ejemplos de bariones son los protones y los
neutrones, que constituyen los núcleos de los átomos). No conocemos el número
total de fotones o bariones en el universo, pero se puede calcular la
proporción de las cantidades si se cuentan los fotones y bariones que hay en un
gran volumen de espacio y después se supone que dicho volumen es típico del
universo en su totalidad. La proporción calculada es de aproximadamente mil
millones de fotones por cada barión. Lo que hace de esta proporción algo
fundamental es que, según la teoría, debiera ser constante en el tiempo. Es una
propiedad fija del universo. Pero, ¿qué determinó su valor? Como en el problema
de la cosmología plana, algunos científicos invocan el accidente de las
condiciones iniciales para explicar por qué la proporción entre fotones y
bariones tiene el valor que tiene, afirmando que, en efecto, el número
corresponde a mil millones hoy porque correspondía a mil millones entonces.
Otros científicos consideran que esta cifra debería poder calcularse a partir
de principios básicos. El mismo modelo del big bang no requiere que la
proporción entre fotones y bariones tenga algún valor en especial, como tampoco
requiere que el valor inicial de omega haya sido alguno en particular.
Finalmente, el modelo del big bang enfrenta una dificultad que hasta hace poco
se consideró secundaria; se trata de un problema relacionado con la entropía
del universo. En el siglo XIX, los científicos descubrieron la segunda ley de
la termodinámica, que establece que cualquier sistema físico aislado sujeto a
alteraciones aleatorias se tornará naturalmente más desordenado con el tiempo,
es decir, que aumentará naturalmente su entropía. La entropía es una medida
cuantitativa del desorden de un sistema físico. Por ejemplo, un mazo de naipes
con todas las cartas dispuestas según su palo es algo muy organizado; se dice
que un mazo tan bien ordenado tiene una baja entropía. Por el contrario, un
mazo que se ha barajado varias veces, con sus naipes ocupando posiciones
aleatorias, posee una alta entropía. Intuitivamente, la segunda ley de la
termodinámica tiene sentido. Si comenzamos con un mazo de naipes ordenados
según su palo y número y los dejamos caer al suelo, existe una mayor
probabilidad de que al reunir nuevamente los naipes el orden resulte alterado.
Por otra parte, si comenzamos con un mazo ordenado al azar y lo barajamos diez
veces, existen muy pocas posibilidades de que en el mazo los naipes queden
dispuestos en orden ascendente. De manera similar, los huevos suelen romperse,
pero jamás retoman su forma, las estelas formadas por un barco en el mar se
desvanecen y jamás regresan, las habitaciones desocupadas acumulan polvo y
nunca se limpian solas. Cualquier sistema aislado evoluciona en una sola
dirección, del orden al desorden.
En una serie de trabajos que inició en 1974, Roger Penrose, de la Universidad
de Oxford, aplicó la segunda ley de la termodinámica al universo como un todo.
Más específicamente, Penrose evaluó la entropía o nivel de desorden del
universo observable y descubrió que era increíblemente pequeña en comparación
con el valor que teóricamente podría tener (por ejemplo, si gran parte de la
masa cósmica tuviese la forma de un enorme agujero negro y no de galaxias). Al
analizar la evolución cósmica hacia atrás en el tiempo, la segunda ley de la termodinámica
determina que el universo comenzó con un grado de orden aún mayor, esto es, una
entropía todavía menor. Penrose y otros consideran misterioso que el universo
haya sido creado bajo una condición de orden tan extremo -como sujeto a una
escala real-, y piensan que cualquier teoría cosmológica exitosa debería en
último término explicar este problema de la entropía. El modelo del big bang,
en su forma actual, no lo hace; en realidad, no dice nada acerca de las
condiciones iniciales del universo.
Capítulo 7
Estructuras en gran escala y materia oscura
El
supuesto básico de la homogeneidad que subyace al modelo del big bang es
evidentemente falso para nuestro universo cercano. Este no presenta un fluido
uniforme e indiferenciado que lo colme de modo regular. Por el contrario, es
bastante desigual. La materia se aglomera en galaxias y las galaxias forman
racimos de galaxias, y así sucesivamente. Los astrónomos denominaron
"estructuras" a estas acumulaciones de galaxias. Existen muchísimas
estructuras de muy diversos tamaños, y los astrónomos desean comprender la
naturaleza de estas estructuras y cómo se formaron. Hasta que no se conozcan
las respuestas, será muy difícil decidir si las inhomogeneidades que se han
observado son simplemente detalles de un panorama estándar o, por el contrario,
pistas que conducen a un cuadro radicalmente diferente.
Uno de los primeros científicos del siglo XX que sugirieron una distribución no
uniforme de la masa en el universo fue C. V. L. Charlier, quien consideró la
posibilidad de un cosmos jerárquico donde que la estructura y la densidad
promedio cambian a medida que se pasa a escalas cada vez mayores. En 1933,
Harlow Shapley, del Observatorio del Harvard College, manifestó que las
irregularidades observadas en las posiciones de las galaxias eran demasiado
pronunciadas como para constituir aglomeraciones accidentales en un fondo
básicamente uniforme, y sugirió una cierta "tendencia evolutiva en el
sistema metagaláctico". En 1938, Fritz Zwicky, del Instituto de Tecnología
de California, sugirió que las aglomeraciones de galaxias, de un tamaño
aproximado de 10 mil millones de años luz, se consideraran las unidades básicas
de materia del universo.
Robert Penrose nació en 1931 en Colchester, Inglaterra. Estudió en el
University College de Londres y en Cambridge, y actualmente es profesor de
matemática en la Universidad de Oxford. Entre sus contribuciones a la
cosmología se cuentan el trabajo con Hawking sobre los teoremas de singularidad
cosmológica y su planteamiento del problema de la entropía en la cosmología.
Penrose es una de las personas; matemáticamente más refinada que jamás hayan
trabajado en relatividad general y cosmología, y es famoso por su
descubrimiento de las baldosas Penrose, que son dos formas geométricas que
pueden calar entre sí una y otra vez, hasta cubrir completamente un plano
bidimensional, sin repetir ningún patrón.
En
1953, Gérard de Vaucouleurs, quien entonces trabajaba en el Observatorio
Nacional Australiano, descubrió que las galaxias que se encuentran a una
distancia aproximada de 200 millones de años luz de la aglomeración de galaxias
de Virgo -que incluye a la Vía Láctea- no eran mucho más que un disco gigante.
A esta gran congregación de galaxias él lo llamó "superaglomerado de
galaxias". Con este descubrimiento y su trabajo posterior, De Vaucouleurs
desafió el supuesto de la homogeneidad del universo; de hecho, propuso un
universo jerárquico, donde pequeñas estructuras forman parte de estructuras
mayores, que a su vez forman parte de estructuras más grandes, y así
indefinidamente.
Gérard de Vaucouleurs nació en 1938 en París. Estudió en la Universidad de
París y hoy es profesor de astronomía en la Universidad de Texas, en Austin.
Sus contribuciones a la cosmología incluyen la identificación de la
superaglomeración local, una compilación de catálogos de referencias de
galaxias, la defensa de una distribución jerárquica de la materia cósmica y
nuevas medidas de la velocidad de expansión de universo. Adquirió fama por sus
controvertidas posturas que al final resultaban ser verdaderas.
En
este cuadro, no sólo el universo es inhomogéneo, sino que tampoco puede
definirse una densidad promedio de la materia. Mientras mayor es el volumen que
se considera para medir la densidad, menor resulta esta última. Si un modelo de
este tipo fuese correcto, de las mediciones de nuestros alrededores sólo
podríamos extraer escasas conclusiones acerca del comportamiento general del
universo.
En estos últimos años se han encontrado nuevas evidencias de inhomogeneidades.
En 1975, en el contexto del estudio de grandes aglomeraciones de galaxias, G.
Chincarini y H. J. Rood descubrieron irregularidades en la distribución de la
materia sobre distancias de aproximadamente 20 millones de años luz. En un
simposio realizado por la Unión Astronómica Internacional en 1977, W. G. Tifft
y S. A. Gregory -y, en forma independiente, los estonios M. Joeveer y J.
Einasto- informaron de sus observaciones de aglomeraciones y cadenas de
galaxias, así como de "vacíos" sin ninguna galaxia, que se extendían
sobre distancias de varios cientos de millones de años luz. En 1978, Gregory y
L. A. Thompson hallaron pruebas de una gran aglomeración de galaxias, a la que
llamaron la superconglomerado Coma, con un espacio relativamente vacío a su
alrededor. En 1981, Robert Kirshner, August Oemler Jr., Paul Schechter y
Stephen Shectman descubrieron un gigantesco vacío en el espacio en dirección a
la constelación del Boyero, con un diámetro de aproximadamente 100 millones de
años luz. Pareciera que pocas galaxias habitan este enorme espacio vacío. (Por
comparación, en nuestro propio vecindario cósmico podemos encontrar una galaxia
cada pocos millones de años luz.) Por la misma época, Gregory, Thompson y Tifft
documentaron un gran número de galaxias aparentemente dispuestas en una larga
cadena que se extendía unos 100 millones de años luz: la cadena de Perseo-
Piscis, previamente identificada por Joeveer y Einasto. En 1985, H. P. Haynes y
R. Giovanelli, de la Universidad de Cornell, estudiaron e interpretaron esta
cadena de galaxias con mayor detenimiento.
Una de las primeras perspectivas del desplazamiento al rojo, del Centro de
Astrofísica conjunto de Harvard y el Instituto Smithsonian (1986), que muestra
las posiciones de 1074 galaxias en un sector del espacio. Cada círculo
corresponde a una galaxia. Nuestra posición esta en el vértice de la figura en
forma de trozo de pastel. La dirección radial mide forma directa la velocidad
de alejamiento, que corresponde a la distancia radial en un universo homogéneo.
La galaxia más lejana que aquí se incluye está a una distancia aproximada de
500 millones de años luz.
En
1986, observaciones realizadas por Margaret Geller, John Huchra y Valerie de
Lapparent, del Centro Astrofísico conjunto de Harvard y el Instituto
Smithsonian, revelaron que en determinada región del espacio las galaxias
parecían descansar sobre la superficie de estructuras en forma de burbuja de un
tamaño aproximado de 100 millones de años luz, con vacíos al interior de las
burbujas.
Estas nuevas observaciones se contaron entre las primeras en registrar -en tres
dimensiones- la localización una gran muestra relacionada de galaxias (1.100
galaxias en la investigación de 1986).
Habiendo ampliado su estudio a varios miles de galaxias, en 1989 Geller y
Huchra dieron a conocer pruebas de una "muralla" de galaxias de una
longitud de por lo menos 500 millones de años luz.
Una perspectiva más amplia del desplazamiento al rojo, del Centro de
Astrofísica Conjunto de Harvard y el Instituto Smithsonian (1989) catalogada
por Margaret Geller y John Huchra, que muestra las posiciones de 3.962 galaxias
en varios cortes adyacentes del espacio. La galaxia más lejana está a una
distancia aproximada de 500 millones de años luz. A la aglomeración horizontal
casi continua de galaxias que se extiende a través del diagrama se le ha
denominado la “Gran Muralla", y constituye la mayor estructura coherente
de galaxias observada hasta ahora.
Estos
novedosos mapas tridimensionales de grandes modelos de galaxias, denominados
perspectivas del desplazamiento al rojo, se han obtenido gracias a los
adelantos tecnológicos que permiten calcular desplazamientos de galaxias
mediante procedimientos rápidos y automatizados. Como ya dijimos, si se supone
que el universo se está expandiendo de un modo relativamente homogéneo y
uniforme, el desplazamiento al rojo de una galaxia se traduce en una distancia
aproximada, lo que nos proporciona la evasiva tercera dimensión para la
posición de una galaxia. En la próxima década, y utilizando telescopios
diseñados específicamente para ello, los astrónomos esperan iniciar estudios
del desplazamiento al rojo de un millón de galaxias.
Un trabajo muy reciente -fruto de la colaboración entre el Queen Mary y el
Westfield College, las universidades de Durham y Oxford, todos de Inglaterra, y
la Universidad de Toronto, Canadá; lo veremos más adelante- sugiere que las
estructuras cósmicas halladas en unas cuantas regiones seleccionadas del
espacio podrían ser típicas. También parece claro que en cada catastro de
galaxias usualmente se encuentran estructuras de algún tipo a
la mayor escala posible; es decir, un catastro que comprende una región de 100
millones de años luz por lo general encuentra alguna cadena o disco o ausencia de
galaxias que en tamaño se extienden a unos 100 millones de años luz; el
catastro de una región de 200 millones de años luz halla estructuras de 200
millones de años luz, y así sucesivamente. En este momento se están realizando
perspectivas de galaxias que se extienden a mil millones de años luz. Queda por
ver si estos estudios también mostrarán modelos y estructuras reconocibles en
tan gigantescas regiones.
A algunos cosmólogos les preocupa que las inhomogeneidades observadas en
regiones de varios cientos de millones de años luz pudieran extenderse en
forma indefinida hasta dimensiones aún mayores, lo que
amenazaría las bases del modelo del big bang, especialmente el supuesto de una
homogeneidad en gran escala. Perspectivas recientes de desplazamiento al rojo
-obra de T. J. Broadhurst y R. S. Ellis, de la Universidad de Durham; David C.
Koo, del Observatorio Lick; Richard Kron, de la Universidad de Chicago, y Alex
S. Szalay, de la Universidad Johns Hopkins y la Universidad Eotvos Lorand de
Budapest- están desafiando esta consideración de una jerarquía de estructuras
en todas las escalas. Estas perspectivas son básicamente unidimensionales;
calculan los desplazamientos al rojo de galaxias sólo a lo largo de una línea
centrífuga a través del espacio y determinan las posiciones de las galaxias a
lo largo de dicha línea, como cuentas en un hilo. Para compensar su falta de
amplitud, estas perspectivas en "haz" llegan a enormes profundidades,
hasta varios miles de millones de años luz.
Margaret Geller nació en 1917 en Ithaca, Nueva York. Estudió en la
Universidad de California y en Princeton, y hoy enseña astronomía en Harvard y
trabaja en el Observatorio Astrofísico del Instituto Smithsonian. Junto con
John Huchra ha dirigido los estudios de perspectivas de desplazamiento al rojo
del Centro de Astrofísica y ha encontrado evidencia de algunas galaxias que
parecen situadas sobre la superficie de estructuras en forma de burbuja, de un
diámetro aproximado de 100 millones de años luz. Atribuye su gran capacidad de
visualizar planos tridimensionales a la preparación que recibió de su padre
durante su infancia. Margaret Geller fue alumna de James Peebles
Las
perspectivas en haz sugieren una estructura cósmica extremadamente regular y
organizada, de apariencia reticular, con galaxias agrupadas cada 400 millones
de años luz. Aunque esta regularidad probablemente no sea general, según este
cuadro el universo aparecería como homogéneo al hacer mediciones sobre regiones
mucho más extensas que 400 millones de años luz. Urgen nuevos estudios, más
amplios y más completos, que confirmen o rechacen estos importantes y
misteriosos resultados.
John Huchra nació en 1918 en Jersey City, Nueva Jersey. Estudió en el
Instituto de Tecnología de Massachusetts y en el Instituto de Tecnología de
California y hoy es profesor de astronomía en Harvard; además trabaja en el
observatorio astrofísico del Instituto Smithsonian. Junto con Margaret Geller,
Huchra ha dirigido los estudios de perspectivas de desplazamiento al rojo del
Centro de Astrofísica y ha encontrado pruebas de que algunas galaxias descansan
sobre la superficie de estructuras con forma de burbujas de un diámetro
aproximado de 100 millones de años luz. Huchra es un observador activo y posee
más experiencia práctica con los telescopios que cualquier otra persona de su
edad en el mundo.
Muchos
científicos, encabezados por James Peebles de la Universidad de Princeton, se
han convencido -gracias a mediciones de objetos que emiten ondas de radio muy
débiles y a la emisión cósmica casi uniforme de rayos X- de que la materia del
universo se torna uniforme al promediarla sobre varios miles de millones de
años luz o más. Aquello podría corresponder a la distancia a la que ya no se
logra distinguir cada grano de arena en la playa. La mayoría de los cosmólogos
confía en que el universo debe ser homogéneo al observarlo en escalas de 10 mil
millones de años luz, puesto que la radiación cósmica de fondo es uniforme y
proviene de dichas distancias. Si, en el futuro, encontramos filamentos,
burbujas y vacíos con proporciones de unos cuantos miles de millones de años
luz -varias veces más grandes que los catalogados hasta hoy-, entonces se
presentaría una contradicción directa con la uniformidad de la materia que la
radiación cósmica de fondo implica. El modelo del big bang podría hacer crisis.
En la actualidad, muchos cosmólogos piensan que las inhomogeneidades observadas
en la distribución de las galaxias sin duda tienen implicaciones en la
formación y aglomeración de galaxias, pero aún no entran en conflicto con el
modelo del big bang y su correspondiente supuesto de homogeneidad a escalas muy
grandes. En cualquier caso, hay que considerar las estructuras en gran escala.
En relación con las observaciones de la estructura cósmica encontramos la
velocidad peculiar de las galaxias, esto es, velocidades que se desvían de la
velocidad de alejamiento esperada en un universo en expansión uniforme e
invariable. Como ya dijimos, cuando el material del universo es irregular, la
velocidad centrífuga de una galaxia deja de ser estrictamente proporcional a su
distancia. Los movimientos de las galaxias se ven alterados por la
irregularidad de la gravedad que sienten. De este modo, las velocidades propias
de las galaxias constituyen un signo indirecto de inhomogeneidades en la
distribución de masa cósmica. Para medir la velocidad propia de una galaxia, un
científico debe conocer su distancia y su desplazamiento al rojo. Este
desplazamiento al rojo de la galaxia sólo informa de su velocidad total. Como
vimos, para saber qué proporción de esta velocidad es "normal" y
cuánta es "peculiar", debe conocerse la velocidad normal a esa
distancia (es decir, la distancia multiplicada por la velocidad de expansión
del universo: la constante de Hubble). Suponiendo que ya se conoce la constante
de Hubble, ahora hay que saber la distancia a la galaxia. Las medidas de
distancia son entonces fundamentales en todos los estudios de velocidades
peculiares. No se puede suponer que la distancia es proporcional al
desplazamiento al rojo, puesto que este supuesto es equivalente al de la
homogeneidad, que es justamente lo que se está poniendo a prueba.
Ya en 1951 Vera Rubin, de la Carnegie Institution de Washington, fue la
precursora de los estudios relacionados con las velocidades peculiares de las
galaxias; a mediados de la década de 1970 los retomó junto a N. Thonnard, W. K.
Ford Jr. y M. S. Roberts.
En 1987, utilizando métodos perfeccionados para medir distancias cósmicas, los
llamados "Siete Samurais" (David Burstein, de la Universidad del
Estado de Arizona; Roger Davies, de los Observatorios Nacionales de Astronomía
Óptica; Alan Dressler, de la Carnegie Institution de Washington; Sandra Faber,
de la Universidad de California en Santa Cruz; Donald Lynden-Bell, de la
Universidad de Cambridge; Robert J. Terlevich, del Observatorio Real de
Greenwich, y Gary Wegner, del Dartmouth College) hallaron pruebas de que una
gran aglomeración de galaxias, a una distancia aproximada de 200 millones de
años luz de nosotros, se ha desviado considerablemente de sus movimientos, como
si fuese atraída por alguna gran masa.
La velocidad de este movimiento propio corresponde a cerca del 10% de la
velocidad de expansión a esa distancia, y el gran cúmulo de masa que se
considera responsable de la desviación ha sido denominado el Gran Atractor.
Este, que es claramente una importante inhomogeneidad en la distribución de
masa cósmica, parece ser una concentración de masa que se extiende sobre varios
cientos de millones de años luz.
Los movimientos peculiares importantes, como los que descubrieron los
"Siete Samuráis", además de complicar una medición rigurosa de la
velocidad general de expansión del universo, también podrían ser difíciles de
comprender en sí mismos.
Sandra Faber nació en 1944 en Boston, Massachusetts. Estudió en el
Swarthmore College y en la Universidad de Harvard, y hoy es profesora de
astronomía en la Universidad de California, en Santa Cruz. Ella descubrió un
nuevo método para determinar las distancias a las galaxias, y fue uno de los
“Siete Samurais" que descubrieron el movimiento en gran escala de las
galaxias hacia el Gran Atractor. Sandra Faber fue alumna de Vera Rubin.
Por
otra parte, las velocidades peculiares proporcionan una herramienta única para
cartografiar las inhomogeneidades de la masa en el universo. En 1989, Edmund
Bertschinger, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, y Avishai Dekel, de
la Universidad Hebrea de Jerusalén, junto a sus colaboradores comenzaron a
desarrollar un nuevo método teórico para deducir la distribución de la masa
cósmica en una región del espacio, dadas las velocidades peculiares observadas
de las galaxias en dicha región.
Alan Dressler nació en 1948 en Cincinnati, Ohio. Estudió en la Universidad
de California en Berkeley y en la de Santa Cruz, y hoy integra el equipo de los
observatorios de Monte Wilson y Las Campanas, de la Carnagie Institution de
Washington. Sus investigaciones incluyen trabajos sobre la formación y
evolución de las galaxias, la estructura en gran escala del universos y los
movimientos de las galaxias. Dressler es uno de los "Siete Samurais".
El
método Bertschinger-Dekel supone que la causa de estas velocidades observadas
es la gravedad irregular de las inhomogeneidades de la masa. Sería muy
interesante saber si la distribución de masa así deducida coincide con la masa
que vemos en las mismas galaxias. Las inhomogeneidades observadas de la materia
-racimos de galaxias, cadenas, murallas y vacíos-, más la gravedad, pueden
explicar por lo menos algunas de las velocidades peculiares de las galaxias.
Cualquier gran cúmulo de galaxias atraerá gravitacionalmente a otras galaxias a
su alrededor, y los movimientos resultantes aparecerán como velocidades
peculiares. La pregunta es si las inhomogeneidades observadas de la materia
pueden explicar del todo las velocidades peculiares
observadas. Si no es así, entonces deben existir algunas inhomogeneidades
previas, no observadas, como el Gran Atractor, o bien alguna forma de materia
que es invisible, o quizás se trate de otras fuerzas que actúan junto a la
gravedad. Cualquiera de estas posibilidades enviaría a los teóricos de regreso
a la pizarra.
Además del nuevo trabajo teórico, también se hallan en curso nuevos estudios
observacionales sobre las velocidades peculiares. Tal como las perspectivas de
desplazamiento al rojo, estas nuevas investigaciones necesitan cubrir regiones
más amplias del cielo y penetrar a mayor distancia. El objetivo para el futuro
próximo es cartografiar las velocidades peculiares de unas 15 mil galaxias,
hasta una distancia de cerca de 300 millones de años luz. Como ya dijimos, las
mediciones independientes de distancias cósmicas son fundamentales para estos
estudios, y para todos los estudios de estructuras en gran escala.
Existe un obstáculo para comprender la distribución de la masa en el universo y
los movimientos de las galaxias: cerca del 90% de la masa detectada en el
universo es invisible. No emite ninguna radiación -no hay luz óptica ni ondas
de radio, tampoco radiación infrarroja ni ultravioleta ni rayos X-; es
verdaderamente invisible. Esta materia detectada, pero oculta, se denomina
materia oscura. Sabemos que existe, pues hemos detectado sus efectos
gravitacionales sobre las estrellas y galaxias que observamos; sin embargo, no
tenemos idea de qué es. El astrónomo suizo-norteamericano Fritz Zwicky
descubrió el problema en 1933. Logró precisar la masa de una aglomeración de
galaxias que orbitaban unas alrededor de otras calculando la cantidad de
gravedad necesaria para mantener unido al grupo. La masa total que se deducía
de este proceso era unas veinte veces mayor que la masa justificada por las
estrellas visibles en el cúmulo.
Jeremiah Ostriker nació en 1937 en la ciudad de Nueva York. Estudió en
Harvard y en la Universidad de Chicago y hoy es profesor de Ciencia Astrofísica
en Princeton. Las contribuciones de Ostriker a la cosmología incluyen la
predicción de la existencia de materia oscura y la proposición de que enormes
explosiones y la posterior compresión de gas podrían tener un papel en la
formación de galaxias. Ostriker es ingenioso rápido y capaz de saltar de una
teoría a otra sin perderse
El
asombroso descubrimiento de Zwicky no se apreció durante muchos años. En 1973,
Jeremiah Ostriker y James Peebles, de Princeton, llevaron a cabo algunos
análisis teóricos en los que sugerían que la cantidad de materia visible en los
discos de típicas galaxias en rotación no era suficiente para evitar que dichas
galaxias se separasen o cambiasen drásticamente su forma. La observación de
estas galaxias en silenciosa rotación sugirió, por lo tanto, que sus regiones
externas contenían un halo de masa que no se ha visto y que es comparable con
la masa visible del disco, lo que mantiene la forma de la galaxia gracias a su
gravedad.
Vera Rubin nació en 1928 y se crió en el área de Washington D. C. Estudió en
Vaasar y en las universidades de Cornell y Georgetown, y hoy integra el
Departamento de Magnetismo Terrestre de la Carnegie Institution de Washington.
Fue una de las primeras en informar acerca de los movimientos peculiares de las
galaxias. Así mismo realizó uno de los primeros estudios observacionales que
indicaban claramente la presencia de materia oscura. En 1965 se convirtió en la
primera mujer a la que se le permitió realizar observaciones desde el
observatorio de Palomar.
Al
año siguiente, Ostriker, Peebles y Amos Yahil recopilaron observaciones de masa
deducida y masa visible de diversos sistemas astronómicos, desde galaxias
individuales hasta grandes cúmulos de galaxias, y afirmaron que entre un 90 y
un 95% de la masa del universo es invisible. J. Einasto, A. Kaasik y E. Saar
llegaron en forma independiente a la misma conclusión.
Cuatro años más tarde, Vera Rubin y sus colegas de la Carnegie Institution de
Washington, y Albert Bosma, de la Universidad de Gröningen, calcularon la masa
de varias galaxias midiendo la velocidad a la que el gas órbita alrededor del
centro de cada galaxia. Los investigadores descubrieron una evidencia directa y
contundente de la existencia de por lo menos cinco veces más masa en las
galaxias espirales que aquella que se explica por las estrellas visibles. Se ha
repetido mediciones similares para grupos de galaxias que orbitan una alrededor
de la otra, y se ha encontrado diez veces más materia oscura que materia
visible.
Es importante distinguir esta materia oscura, que no se ha visto pero se
ha detectado gracias a estudios gravitacionales, de la masa
que tampoco se ha visto pero que han planteado como hipótesis los
científicos que piensan que omega es igual a 1. A esta última la llamaremos
"masa faltante".
Para
resumir, digamos que la masa visible que emite luz proporciona una densidad de
materia que sólo es suficiente para igualar omega a 0,01. Si incluimos la masa
invisible pero detectada por sus efectos gravitacionales -la materia oscura-,
se alcanza un omega de aproximadamente 0,1. Para que omega sea igual a 1 se
requiere diez veces más masa, y ésta no sólo no se ha visto sino que no se ha
detectado: la masa faltante. Sabemos que la materia oscura existe. De la
existencia de la masa faltante no hay certeza alguna.
¿Cuál es la naturaleza de la materia oscura? ¿Consta de numerosos planetas, de
estrellas colapsadas -los agujeros negros-, de partículas subatómicas que sólo
interactúan con otra materia a través de la gravedad, o quizás de algún tipo
nuevo y desconocido de partícula subatómica? La materia oscura, según lo que
sea, podría modificar nuestras teorías sobre las partículas subatómicas o sobre
la formación de galaxias; para comprender a cabalidad el cosmos resulta
imprescindible identificarla. En estos últimos años, los astrónomos no dejan de
inquietarse porque han comprendido que la materia luminosa que han observado y
examinado durante siglos constituye un simple décimo de la totalidad.
El desconcierto no sólo se relaciona con la desconocida identidad de la materia
oscura; tampoco se conocen su cantidad y su disposición en el espacio, lo que
frustra cualquier intento por comprender por qué la masa luminosa está
dispuesta del modo como lo está. Un cuidadoso ajuste de las velocidades
peculiares de las galaxias con las inhomogeneidades observadas en
la materia luminosa debería revelar la presencia de materia oscura, la que
interviene en las velocidades peculiares a través de sus efectos
gravitacionales. Los resultados preliminares de Bertschinger, Dekel, Faber y
otros, quienes utilizaron los métodos ya mencionados, sugieren que la materia
oscura podría estar distribuida de la misma forma que la materia visible. Mapas
detallados de las posiciones y los movimientos de las galaxias, sobre grandes
escalas, permitirán confeccionar mejores mapas de la localización de la materia
oscura.
Existen otras maneras de sondear la materia oscura. Una de las técnicas más
recientes, y posiblemente muy importante, utiliza el fenómeno de la "lente
gravitacional". Einstein, en su teoría de la gravedad, señaló que la luz
debería verse afectada por la gravedad del mismo modo que la materia. Así, la
luz de un objeto astronómico distante - como un cuásar- que viaje hacia la
Tierra debería experimentar desviaciones debidas a cualquier tipo de masa que
encuentre en su trayecto. Esta masa interpuesta puede actuar como una lente,
distorsionando y dividiendo la imagen del cuásar. Aunque la masa interpuesta
sea totalmente invisible, sus efectos gravitacionales no lo son. Por medio de
un acucioso análisis de las distorsiones de las imágenes del cuásar, los
astrónomos teóricos pueden restituir muchas de las propiedades de la lente
gravitacional interpuesta, incluyendo su distribución en el espacio y su masa
total. Las lentes gravitacionales se descubrieron el año 1979; desde entonces
se ha encontrado cerca de una docena. Hace muy poco, Anthony Tyson, de AT&T
Bell Laboratories, y sus colaboradores, utilizaron el fenómeno de las lentes
gravitacionales para trazar la distribución de la materia oscura en cúmulos de
galaxias. Métodos similares constituirán una poderosa herramienta en la próxima
década.
La materia oscura podría ser algo mundano, como los grandes planetas, y habría
que descartar esta posibilidad antes de analizar opciones más exóticas. Algunos
astrónomos han propuesto que la materia oscura está compuesta de grandes
planetas con masas de entre una milésima y una décima de la masa de nuestro
Sol. La lenta contracción de estos objetos debería generar un calor suficiente
para emitir una radiación infrarroja -la radiación con longitudes de onda
mayores que las de la luz visible- de baja intensidad. Un telescopio infrarrojo
altamente sensible podría detectar estos planetas masivos; su instalación es
inminente.
Dejando
de lado por un momento la incertidumbre de la materia oscura, se han propuesto
diversas teorías para la formación de galaxias y su distribución en el espacio.
Cualquiera de estas teorías debe especificar dos aspectos: las posiciones
iniciales y los movimientos de cúmulos irregulares en la distribución de una
masa cósmica que de otro modo sería uniforme, y las fuerzas que actúan
posteriormente sobre estos cúmulos. Los científicos siempre han supuesto que es
principalmente la fuerza de gravedad la que actúa sobre los cúmulos irregulares
iniciales.
En 1902, el astrónomo británico James Jeans esbozó tempranamente un escenario,
el modelo de la jerarquía gravitacional, para un universo estático; en 1933,
Georges Lemaître lo modificó para un universo en expansión. Jeans y Lemaître
suponían que primero la masa era casi uniforme, excepto en ciertos puntos en
que se amontonaba muy levemente, como sucede con pequeñas ondas sobre la
superficie de una laguna; no obstante, dejaron el origen de estas ondas para
una teoría posterior. En un lugar donde la masa estuviese amontonada, habría
una gravedad levemente mayor, con lo cual la masa cercana se juntaría aún más,
atrayendo mayor cantidad de gas circundante. La gravedad aumentaría y el
proceso seguiría su curso hasta la formación de una fuerte concentración de
masa. Las ondas y cúmulos irregulares iniciales de pequeña magnitud producirían
galaxias individuales, las más grandes producirían aglomeraciones y cúmulos de
galaxias y así, con una jerarquía de estructuras. Las localizaciones y
magnitudes de las ondas iniciales, junto con la acción posterior de la
gravedad, explicarían entonces la situación de las galaxias en el espacio. En
estos últimos años, comenzando con la obra de James Peebles a mediados de la
década de 1960, esta teoría se ha tornado cuantitativa, pero requiere de una
especificación de los tamaños y las fuerzas de las ondas iniciales.
Las investigaciones teóricas modernas sobre el modelo de jerarquía
gravitacional han realizado simulaciones computacionales del desarrollo de
cúmulos irregulares en un universo en expansión. En estas simulaciones
denominadas simulaciones de cuerpo N, se dispone en posiciones iniciales 10 mil
a 10 millones de puntos de masa, cada uno en representación de una galaxia o
porción de una galaxia, se programa una velocidad centrífuga inicial
correspondiente a la expansión del universo, y se les deja interactuar mediante
su gravedad mutua. También puede agregarse materia oscura y materia faltante,
conformando alguna fracción supuesta de la masa total y distribuida de alguna
forma también supuesta. Las galaxias hipotéticas se desplazan por la pantalla
del computador, gravitan una hacia la otra y forman aglomeraciones, cúmulos y
vacíos. No hace mucho, R. Y. Gen y Jeremiah Ostriker, de Princeton, más sus
colaboradores, añadieron los efectos de la presión del gas a estas simulaciones
computacionales. Tales efectos -que surgen, en parte, de que las galaxias
individuales no constituyen puntos de masa sino que tienen una extensión finita
en el espacio- son relevantes sobre distancias de 100 millones de años luz, y
menores.
Simulaciones computacionales de un cúmulo irregular de masa cósmica
realizadas por James M. Gelb y Edmund Bertschinger del MIT (Instituto
Tecnológico de Massachusetts). Los cálculos suponen el modelo de la materia
oscura fría que a su vez supone el valor de uno para Omega. La figura es una
instantánea de un momento en que ha ocurrido una evolución y un agrupamiento
importantes, y se piensa que corresponde a la época actual. Hay cerca de 17
millones de partículas cada una con una masa galáctica aproximada de 0,001.
Cada pequeño punto visible es una galaxia; cada mancha grande representa varios
cientos de galaxias. La región aquí en cuadrada cubre una distancia máxima de
unos 150 millones de años luz. Los cálculos se realizaron en un supercomputador
IBM 3090 en el Cornell National Supercomputer Facility
Joseph
Silk, entonces en Harvard, estimó en 1967 que los cúmulos irregulares de
materia inicialmente inferiores a unas mil veces la masa visible de una galaxia
podrían no ser capaces de mantenerse unidas bajo los efectos de la radiación.
Este resultado se incorporó al modelo panqueque, desarrollado
en Moscú a comienzos de la década de 1970 por Y. B. Zel'dovich, A. G.
Doroshkevich y otros. En este modelo, los primeros cúmulos irregulares de masa
que comenzaban a formarse eran muy grandes y, por supuesto, había muchos. A
medida que se enfriaban iban colapsando bajo su propio peso, y la
desintegración tendía a ser más rápida en una dirección. El resultado sería un
delgado panqueque de gas, que luego se dividiría en múltiples
fragmentos, cada uno de los cuales constituiría una galaxia individual. En esta
imagen, las galaxias tenderían a estar distribuidas en capas, siguiendo la
forma de su nube de gas materna.
La proposición de la jerarquía gravitacional es un modelo de abajo hacia arriba
para la formación de estructuras cósmicas, en que primero se forman pequeños
cúmulos irregulares de materia que van creciendo cada vez más. En el modelo
del panqueque, por el contrario, primero se forman grandes
agregados de materia que luego se dividen en estructuras más pequeñas.
En todo caso, cualquier teoría convincente sobre la formación de estructuras
debe explicar la distribución observada de las galaxias. En especial, los
cosmólogos deben explicar por qué muchas galaxias están situadas en capas
relativamente delgadas (aquí, "delgadas" significa que el ancho es
muy inferior a la altura o la profundidad, a pesar de que ese ancho pueda ser
de un millón de años luz). El modelo del big bang supone que la gravedad es la
fuerza principal para determinar la evolución y la estructura del universo. Y
la opinión convencional sostiene que la gravedad produce por sí misma rasgos
que varían con fluidez en las localizaciones de las masas, con anchos, alturas
y profundidades comparables para cualquier agrupamiento de galaxias. Según esta
perspectiva, se necesitan otros fenómenos físicos o condiciones iniciales
especiales para obtener características definidas en la distribución de la
masa, como las cuerdas o las capas delgadas de galaxias.
Las simulaciones computacionales han puesto en tela de juicio la opinión
convencional, puesto que demuestran que las características definidas pueden en
efecto presentarse si las inhomogeneidades iniciales son suficientemente
pronunciadas en fragmentos pequeños y distancias breves. Estos nuevos cálculos,
efectuados por Changbom Park y Richard Gott en Princeton, Edmund Bertschinger y
James Gelb en el MIT, y Jens Villumsen en la Universidad del Estado de Ohio,
utilizan varios millones de puntos de masa en una versión del modelo de
jerarquía gravitacional denominado "modelo de la materia oscura
fría". (La mayor simulación realizada hasta ahora, obra de Gelb y
Bertschinger, emplea 17 millones de partículas y fue realizada en un
supercomputador IBM 3090.)
El modelo de la materia oscura fría ha sido durante la última década el
principal candidato para explicar la formación de galaxias y otras estructuras
de gran escala. Se basa en el modelo del universo inflacionario (lo veremos en
el Capítulo 10), que exige que omega sea igual a 1 y que especifica las
inhomogeneidades iniciales en el universo recién creado. El nombre del modelo
proviene del supuesto que las partículas de materia oscura -cualquiera sea su
naturaleza- se desplazan lentamente, es decir están frías, y por ello son
fácilmente desviadas por la gravedad. Muchos teóricos que trabajan en el
problema de la estructura en gran escala del universo han adoptado el modelo de
la materia oscura fría como punto de partida. Sin embargo, recientemente las
observaciones han puesto en duda severa y quizás fatalmente este modelo. En
1990, S. J. Maddox, G. Efstathiou, W. Sutherland y J. Loveday, de la
Universidad de Oxford, catalogaron la posición bidimensional (sin datos de
profundidad ni desplazamiento al rojo) de 2,5 millones de galaxias en el cielo
austral -el mayor catastro de galaxias jamás realizado-, y sostienen haber
visto demasiados cúmulos irregulares de galaxias en gran escala como para ser
explicados por el modelo de la materia oscura fría. En enero de 1991, un grupo
de científicos del Queen Mary and Westfield College y las universidades de
Durham, Oxford y Toronto analizaron la posición tridimensional de unas dos mil
galaxias distribuidas en todo el firmamento. Este catastro galáctico, único en
su género pues combina la información del desplazamiento al rojo con una
amplísima cobertura del cielo, sugiere con gran fuerza la existencia de más
aglomeraciones de galaxias en escalas que superan por 30 millones de años luz
lo que puede explicar el modelo de la materia oscura fría. Estas nuevas
observaciones de inhomogeneidades sustanciales en gran escala confirman el
trabajo realizado en 1983 por Neta Bahcall, de Princeton, y Raymond Soneira, de
los AT&T Bell Laboratories. Bahcall y Soneira descubrieron cúmulos de
galaxias a escalas de varios cientos de millones de años luz, que muestran
mayor acumulación que la que podría explicar el modelo de la materia oscura
fría. El Gran Atractor, descubierto varios años más tarde, también comprende
inhomogeneidades de masa en escalas para las que el modelo de la materia oscura
fría ya no es válido. Considerando todas estas observaciones, la mayoría de los
astrónomos piensa que este modelo está hoy en serias dificultades.
Como ya dijimos, algunos científicos consideran que las inhomogeneidades
observadas, y en especial su forma, requieren de una explicación que comprenda
otras fuerzas físicas además de la gravedad, o bien condiciones iniciales
especiales. En 1981, por ejemplo, Jeremiah Ostriker, de Princeton, y Lennox
Cowie, de la Universidad de Hawaii, propusieron que la presión de gas, generada
por las explosiones de las estrellas, puede haber sido la fuerza principal en
la formación y la aglomeración de galaxias.
Mucho antes, los soviéticos Doroshkevich, Zel'dovich y Novikov habían propuesto
una idea similar. Estas ondas de presión podrían desplazarse hacia afuera a
partir de diversos centros de explosiones, expulsando todo el gas desde una
cavidad esférica y depositándolo en el borde, donde podrían formarse entonces
las galaxias.
La distribución de dos millones de galaxias en un área que cubre el 10% del
cielo en el hemisferio sur, catastro reciente realizado por Steve Maddox y sus
colaboradores en la Universidad de Oxford. Las posiciones, bidimensionales de
las galaxias fueron registradas por una máquina automatizada de exploración
controlada por computador (no se incluyen datos del desplazamiento al rojo ni
tampoco las distancias). Cada punto blanco indica más de 20 galaxias; cada
punto gris indica entre 1 y 19 galaxias. Los cuadrados negros son obra del
procedimiento de registro; otras áreas negras son ausencias reales de galaxias.
Los pequeños fragmentos brillan son cúmulos los de galaxias individuales. Las
áreas luminosas más grandes y alargadas son superconglomerados y filamentos. El
aspecto moteado del modelo general se debe a la aglomeración de galaxias a
pequeña escala.
Pero,
por lo visto, ni siquiera esta explicación no gravitacional de la distribución
observada de las galaxias puede aclarar las inhomogeneidades en escalas de
hasta 30 millones de años luz y mayores.
Finalmente, está la radiación cósmica de fondo. No importa que la materia del
universo esté o no esparcida en forma uniforme se la considera en escalas de
miles de millones de años luz; ciertamente es irregular y está estructurada en
escalas más pequeñas. Si las estructuras observadas han crecido a partir de pequeños
cúmulos irregulares en el pasado ya lejano, como lo exige tanto el modelo del
panqueque como el modelo de jerarquía gravitacional, entonces aquellos cúmulos
iniciales deben haber producido una cierta irregularidad en la radiación
cósmica de fondo. De hecho, todas las teorías actuales acerca de la formación
de estructuras cósmicas exigen dicha irregularidad.
No obstante, hasta el momento no se ha observado irregularidad alguna. A partir
de las mediciones del satélite COBE y de otras mediciones nuevas efectuadas por
varios grupos en Estados Unidos, los astrónomos han determinado que cualquier
variación en la intensidad de la radiación cósmica de fondo debe ser menor de
varias partes en 100 mil.
Las antiguas teorías de la formación de las galaxias han quedado obsoletas.
Afortunadamente para los teóricos, las nuevas teorías, que requieren de grandes
cantidades de masa faltante, predicen una irregularidad notablemente inferior
en la radiación cósmica de fondo. Estas teorías nuevas todavía resultan
sustentables. En la próxima década, los detectores que en este momento se están
desarrollando poseerán la sensibilidad necesaria para desafiarlas: variaciones
de una parte de un millón. Si al aumentar estas sensibilidades no se encuentra
ninguna irregularidad en la radiación cósmica de fondo, también estas nuevas
teorías enfrentarán un grave problema. (Las observaciones más recientes revelan
una cierta irregularidad en el nivel de una parte en 100 mil -todo un alivio
para los teóricos-, pero aún no se han sometido a un análisis completo.) En
estos últimos años, los astrónomos se han estado ocupando cada vez más de
conciliar la uniformidad de la radiación cósmica de fondo con la acumulación de
la materia circundante.
Actualmente, el campo más activo dentro de la investigación cosmológica es la
estructura en gran escala del universo. Con todas las dificultades mencionadas,
la mayoría de los cosmólogos considera que ningún modelo
actual es satisfactorio. El mismo modelo del big bang podría correr peligro. Se
comprueben o no que los modelos actuales son adecuados, por primera vez la
teoría y la observación de estructuras en gran escala se han acercado lo
suficiente como para confrontarse. Para la mayoría de la gente, el primer lugar
de la lista de los problemas pendientes en cosmología lo ocupa la comprensión,
tanto teórica como observacional, de la estructura en gran escala del universo.
Admitidas las burbujas, las murallas y las cuerdas de galaxias, no debemos
olvidar que el universo todavía es notablemente regular, comparado con lo que
podría ser. La densidad de las galaxias y la velocidad de expansión del
universo son más bien similares en toda dirección. Y la intensidad de la
radiación cósmica de fondo que nos llega varia menos de una parte en diez mil a
medida que nuestros radiotelescopios recorren la esfera celestial. Por supuesto
que los cosmólogos deben explicar por qué las galaxias se acumulan como lo
hacen, pero también deben explicar por qué el panorama global es tan uniforme.
Capítulo 8
Instrumentos y tecnología
Casi
no nos hemos referido a la importancia de los instrumentos y los aparatos en
astronomía; sin embargo, la tecnología impulsó gran parte del notable progreso
de la década de 1980 en cartografía de las localizaciones y los movimientos de
galaxias. Nuevos computadores y equipos electrónicos de grabación y captación
de luz permiten ahora grabar imágenes y colores de galaxias de forma más ágil,
y digitalizarlos y procesarlos según procedimientos automatizados. En efecto,
gran parte de los avances en todos los campos de la astronomía han contado con
la inestimable ayuda de los instrumentos y la tecnología.
Para ilustrar la revolución tecnológica en astronomía, consideremos en primer
lugar la astronomía óptica. La mayoría de los objetos astronómicos emite luz en
diferentes longitudes de onda que son menores o mayores que las que el ojo
humano puede detectar. La luz óptica es la luz que podemos ver.
Detectar una fuente de luz supone dos pasos fundamentales: captar la luz y
registrarla. En nuestro propio ojo, la pupila capta la luz y la retina la
registra. Los telescopios se inventaron para captar más luz que el ojo humano.
Uno de los primeros grandes telescopios de Estados Unidos, el telescopio de
cien pulgadas de Monte Wilson, California, se construyó alrededor de 1920 y en
él trabajaron Edwin Hubble y otros. Las cien pulgadas se refieren al diámetro
de su abertura. Con una pupila tan grande, un telescopio puede reunir muchísima
más luz y, por lo tanto, observar objetos mucho más tenues que lo que el ojo
humano es capaz de ver. Específicamente, al duplicar el diámetro de la abertura
de un telescopio se cuadruplica la cantidad de luz que éste recibe, lo que le
permite distinguir objetos cuatro veces más tenues. En Monte Palomar,
California, se asienta un telescopio de doscientas pulgadas que por lo menos
hasta 1991 fue el mayor telescopio de Estados Unidos. Su construcción se
completó en 1949. Para comienzos de la década de 1990 los astrónomos tenían
planificado poner a punto unos cuantos telescopios nuevos, con diámetros que
oscilan entre trescientas y cuatrocientas pulgadas. El primero de estos nuevos
y gigantescos telescopios, el Keck, de 396 pulgadas (diez metros), se asentará
en Hawaii. Durante la primavera [boreal] de 1990, el telescopio espacial Hubble
fue puesto en órbita alrededor de la Tierra, donde resulta inmune a los efectos
distorsionadores y difusores de la atmósfera. Desafortunadamente, existe un
defecto en los espejos de este telescopio; cuando se repare, el Hubble podrá
captar detalles de un ángulo de apenas 0,00003 grado, equivalente al ancho de
un centavo a una distancia de 40 kilómetros.
El telescopio Hale, de 200 pulgadas, en Monte Palomar, iluminado por la Luna
El telescopio espacial Hubble, lanzado en la primavera boreal de 1990
Hasta
hace poco, la luz proveniente de los objetos astronómicos se registraba en una
placa fotográfica situada en la parte posterior del telescopio. Pero los granos
de una emulsión fotográfica sólo responden a cerca de un 1% de la luz que nos
llega. Para registrar la débil luminosidad de una galaxia distante se
necesitaban largos tiempos de exposición, lo que hacía difícil la tarea de
realizar grandes catastros de galaxias. A comienzos de la década de 1960, a los
telescopios se les equipó con el primer dispositivo electrónico generador de
imágenes, el tubo de imagen, que se sitúa sobre la placa fotográfica y amplía
enormemente la luz que ingresa. La placa fotográfica continúa limitándose a
registrar la luz, pero ésta entra en tales cantidades que el tiempo de
exposición se reduce unas diez veces. El tubo de imagen fue el primer adelanto
realmente grande en el campo de la tecnología.
Dibujo en perspectiva del telescopio Keck, de diez metros, situado en Mauna
Kea, Hawaii.
El
siguiente avance tuvo lugar entre 1970 y 1972, cuando se reemplazó la placa
fotográfica por un detector digital dirigido por un computador. Estos
dispositivos fueron desarrollados en forma independiente por John B. Oke, del
Instituto de Tecnología de California; Alexander Boksenberg, del Observatorio
Real de Greenwich, y Joseph Wampler y Lloyd Robinson, del Observatorio Lick de
la Universidad de California en Santa Cruz. Un detector digital traduce la luz
a señales eléctricas, y no a granos oscurecidos sobre una placa fotográfica.
Las señales eléctricas pueden digitalizarse y almacenarse en un computador, y
estos datos almacenados permiten una fácil manipulación.
Por ejemplo, si se sabe que la imagen de una galaxia distante fue parcialmente
oscurecida por la luz de una estrella situada delante, el computador puede
eliminar electrónicamente la luz no deseada y reconstruir una imagen clara de
aquella galaxia. Los detectores digitales nacieron, en parte, gracias a la
revolución en la tecnología computacional que significó la aparición del
microchip a fines de la década de 1960.
La “máquina-z" un detector digital diseñado por Stephen Shectman y
utilizado para registrar los desplazamientos al rojo de galaxias mediante un
proceso automatizado.
En
la segunda mitad de la década de 1970, Stephen Shectman, de los observatorios
de Monte Wilson y Las Campanas, diseñó un detector digital económico y simple,
que fue reproducido en varios otros observatorios. Se le llama "máquina
z" o shectógrafo, y se ha utilizado, por ejemplo, en el estudio de
desplazamiento al rojo del Centro de Astrofísica.
Un dispositivo reciente de alta tecnología, que transformará la astronomía
óptica, es el dispositivo de carga acoplada (CCD). El CCD es un detector
digital tan eficaz y sensible que no requiere de ningún tubo de imagen. En
efecto, los dispositivos de carga acoplada representan un mejoramiento
adicional, de un factor de cinco o diez, sobre los tubos de imagen en el tiempo
de exposición necesario. Los CCD reemplazan tanto a las antiguas placas
fotográficas como al tubo de imagen; se descubrieron en 1969 en los
Laboratorios Bell, y el trabajo conjunto de James Gunn, de Princeton, y James
Westphal, del Instituto de Tecnología de California, permitió en gran parte introducirlos
en la astronomía.
Otro dispositivo de alta tecnología es la fibra óptica, que se utilizó por
primera vez en 1985. En ella, la luz del telescopio se canaliza en numerosas
fibras de vidrio y cada una transporta la luz detectada desde un objeto
individual, como una galaxia, y la conduce a un dispositivo aparte para
someterla a análisis. De este modo se puede registrar en forma simultánea los
colores y los desplazamientos al rojo de gran cantidad de galaxias. Cada fibra
de vidrio es un tubo largo y delgado, cuyo diámetro mide aproximadamente una
centésima de pulgada. Por lo general, un telescopio cuenta con unas cien fibras
de vidrio, lo que le permite analizar al mismo tiempo unas cien galaxias
diferentes.
Varios dispositivos de carga acoplada (CCD) que reemplazaron tanto a la
placa fotográfica como al tubo de imagen.
La
última innovación electrónica, aún en desarrollo, es la "óptica
adaptativa". Se trata de un mecanismo electrónico de retroalimentación,
capaz de corregir los efectos distorsionadores de la atmósfera terrestre, y que
por lo tanto permite la obtención de imágenes mucho más nítidas de objetos
astronómicos.
James Gunn nació en 1938 en Livingston, Texas. Estudió en la Universidad de
Rice y en el Instituto de Tecnología de California; Actualmente es profesor de
astrofísica en Princeton. Al igual que Dicke, Gunn, es excepcional como
observador y como teórico. Ha diseñado y fabricado dispositivos altamente
sensibles para registrar la luz, y con otros, ha pronosticado una relación
entre los tipos de partículas subatómicas posibles y la abundancia de helio
cósmico
La
atmósfera de la Tierra parece estar constantemente titilando -a causa de
bolsones móviles de aire y cambios de temperatura- y este brillo tenue hace que
los rayos de luz que atraviesan la atmósfera se inclinen en una dirección y
luego en otra. En efecto, la atmósfera actúa como una lente que cambiase muy
rápidamente, distorsionando y desenfocando las imágenes. En la óptica
adaptativa, unas almohadillas motorizadas situadas detrás del espejo secundario
del telescopio readecuan constantemente la superficie del espejo para
contrarrestar el efecto de desenfoque de la atmósfera. Un computador, que
analiza la imagen de una "estrella guía" en el mismo campo visual al
que esté apuntando el telescopio, trasmite las instrucciones a las
almohadillas. Si no existiera distorsión atmosférica, la imagen de una estrella
debería verse como un solo punto de luz. Al analizar en cuánto la imagen real
de la estrella guía se diferencia de un punto, el computador puede deducir la
distorsión de la atmósfera e indicar a las almohadillas cuánto alterar el
espejo para recuperar una imagen nítida de la estrella guía y de todos los
objetos cercanos a ella. Las correcciones deben realizarse a gran velocidad,
puesto que la atmósfera cambia rápidamente. En la práctica, el computador vuelve
a analizar la imagen de la estrella guía y trasmite nuevas instrucciones entre
0,01 y 0,1 segundo.
Una consecuencia importante de la incorporación de estos nuevos instrumentos de
alta tecnología es que los vastos programas observacionales, que alguna vez
requirieron de grandes telescopios, hoy pueden efectuarse con telescopios de
tamaño moderado. Dada la gran demanda por los grandes telescopios, la
posibilidad de realizar un proyecto de largo aliento en un telescopio más
pequeño y asequible puede marcar la diferencia entre realizarlo o no.
Hasta aquí sólo hemos considerado instrumentos que registran la luz óptica, que
es la única luz que los astrónomos pudieron detectar durante miles de años. Sin
embargo, existen nuevos tipos de telescopios e instrumentos capaces de detectar
radiación invisible al ojo humano. En efecto, la luz óptica es sólo una pequeña
fracción del espectro electromagnético. La radiación infrarroja posee
longitudes de onda más largas que la luz óptica, y las ondas de radio
longitudes de onda más largas todavía. En el otro extremo del espectro, con
longitudes de onda más cortas que la luz visible (óptica), están la radiación
ultravioleta, los rayos X y los rayos gamma, en una serie de longitudes de onda
cada vez más cortas. Aun cuando estas radiaciones tienen distinta denominación,
todas constituyen una misma forma de energía y se diferencian sólo por sus
longitudes de onda. En la región visible del espectro electromagnético, las
distintas longitudes de onda corresponden a los colores. La luz azul posee la
longitud de onda más corta de luz visible; la luz roja, la más larga.
En la década de 1930, la aparición de nuevos dispositivos de comunicación
permitió la recepción de ondas de radio desde el espacio. Estas ondas fueron la
primera forma de radiación invisible que los instrumentos humanos detectaron.
Las antenas parabólicas de radio son muy comunes en la actualidad. El
radiotelescopio más grande del mundo de una sola unidad está en el Observatorio
de Arecibo, en Puerto Rico. Se trata de un gigantesco plato de 305 metros de
diámetro, fabricado con paneles de aluminio perforados, que atrae las ondas de
radio que llegan a la Tierra. Desafortunadamente, las ondas de radio y la luz
óptica constituyen las únicas radiaciones que atraviesan libremente la
atmósfera terrestre, sin sufrir absorción alguna (también lo hacen algunas
longitudes de onda de otras radiaciones). Para detectar otras formas de
radiación electromagnética, los instrumentos deben situarse por sobre la
atmósfera de la Tierra.
Desde la década de 1940, una serie de cohetes y satélites han registrado la
radiación infrarroja, la radiación ultravioleta y los rayos X del espacio.
Estas radiaciones, todas invisibles para el ojo humano, han revelado
características completamente nuevas de numerosos objetos astronómicos y han
anunciado algunos objetos hasta entonces desconocidos. Además del problema
logístico que supone traspasar la atmósfera, cada radiación requiere de un tipo
diferente de instrumento para detectarla.
Fotografía infrarroja de la Vía Láctea, obtenida gracias al
"experimento de fondo infrarrojo difuso" del satélite COBE. La Tierra
se encuentra en el plano del disco y forma parte de él.
El
Observatorio espacial Einstein de Rayos X, que orbitó alrededor de la Tierra
desde 1978 hasta 1981, es un ejemplo de los nuevos instrumentos astronómicos
situados en el espacio. Esta instalación disponía de espejos especialmente
diseñados para enfocar los rayos X entrantes y formar imágenes de objetos
astronómicos en "luz de rayos X". Para la última década del siglo se
planifica un sucesor del Observatorio Einstein, la Instalación Avanzada de
Astrofísica de Rayos X, o AXAF. Este satélite también sería capaz de enfocar
rayos X, y tendría un poder de resolución angular diez veces mayor y una
sensibilidad cien veces mayor que su predecesor. Otro instrumento reciente
lanzado al espacio es el Satélite Astronómico Infrarrojo, puesto en órbita
terrestre a mediados de la década de 1980. Diversos tipos de moléculas en el
espacio revelan su identidad mediante su emisión infrarroja. Para la década de
1990, los astrónomos esperan lanzar un satélite infrarrojo más avanzado, la
Instalación Telescópica Espacial Infrarroja (SIRTF), que tendrá una resolución
angular diez veces superior y una sensibilidad de varios miles a un
millón de veces mayor que la de su predecesor.
Dibujo de la Instalación Avanzada de Astrofísica de Rayos X (AXAF), en
proyecto
Dibujo de la Instalación Telescópica Espacial infrarroja (SIRTF), en
proyecto.
Los
computadores miniaturizados situados a bordo de estos satélites orbitales
controlan el programa de observaciones de los detectores, enfocándolos en
distintas direcciones en diferentes momentos. Una vez que un telescopio orbital
ha captado imágenes, los computadores y otros dispositivos de alta tecnología
trasmiten esas imágenes a la Tierra. Ya no se dejan caer carretes de película a
la Tierra. Las imágenes y los datos captados por el telescopio se registran en
forma de impulsos eléctricos, se digitalizan y, posteriormente, se les trasmite
por radio a la Tierra.
Capítulo 9
Condiciones iniciales y cosmología cuántica
Las
condiciones iniciales juegan un papel singular en cosmología. En general, las
condiciones iniciales y las leyes de la naturaleza constituyen las dos partes
esenciales de cualquier cálculo físico. Las condiciones iniciales muestran la
disposición de las fuerzas y las partículas al iniciarse un experimento. Las
leyes indican lo que sucede. Por ejemplo, los movimientos de las bolas sobre
una mesa de billar dependen tanto de las leyes de la mecánica como de sus
posiciones y velocidades iniciales. Aun cuando estas condiciones iniciales
deben especificarse al principio de un experimento, también pueden calcularse a
partir de sucesos previos. En el caso de las bolas de billar, su disposición
inicial es el resultado de una disposición previa, que en último término es el
resultado de cómo el taco golpeó la primera bola. De este modo, las condiciones
iniciales de un experimento son las condiciones finales de uno previo. Este
concepto no sirve para las condiciones iniciales del universo. Por definición,
nada existió antes del principio del universo, si es que el universo tuvo en
realidad algún principio, de modo que sus condiciones iniciales deben aceptarse
como un punto de partida -la disposición específica de las bolas dentro del
triángulo antes del primer golpe- que es incalculable. Un punto de partida como
este aflige a los físicos, que desean saber por qué.
Stephen Hawking nació en 1942 en Oxford, Inglaterra. Estudió en Oxford y
Cambridge. Actualmente es profesor de matemáticas en Cambridge. Sus
contribuciones a la cosmología incluyen el trabajo con Roger Penrose sobre los
teoremas de la singularidad cosmológica la exposición de la probabilidad del
principio del universo según el Big Bang y un trabajo más reciente que intenta
conseguir las condiciones iniciales del universo. Desde la década de 1960
Hawkins sufre una enfermedad neuromuscular incurable y degenerativa.
Los
problemas del horizonte y de la cosmología plana resultan especialmente
apremiantes si consideramos las numerosas posibilidades de condiciones
iniciales y procesos físicos con que el universo podría haber comenzado, de los
cuales sólo una pequeña fracción habría generado un universo tan homogéneo y
casi plano como el nuestro. Por supuesto que es posible postular que el
universo comenzó con una densidad y una temperatura uniformes, y que existía un
equilibrio casi perfecto entre la energía gravitacional y la energía cinética
de expansión. La pregunta es si estas condiciones iniciales son plausibles.
¿Son probables o improbables? Tradicionalmente, los argumentos probabilísticos
requieren que un experimento se realice en un gran número de sistemas idénticos,
o bien que se repita muchas veces en un solo sistema. Por ejemplo, podemos
hablar razonablemente de la probabilidad de que un auto pase frente a nuestro
hogar un martes por la mañana entre las 8:00 a.m. y las 8:01 a.m. si durante
miles de martes por la mañana nos hemos sentado a mirar por la ventana, y hemos
llevado una estadística. Pero no contamos con mil universos.
¿Cómo podrían haberse determinado las condiciones iniciales del universo?
¿Apareció repentinamente el universo en t = 0? El modelo estándar del big bang,
basado en la teoría de la gravedad de Einstein, precisa que el estado del
universo antes del estallido de la existencia fuera de una densidad infinita.
Sin embargo, los científicos concuerdan en que este modelo no resulta completo
a densidades de materia extremadamente altas. A diferencia de todas las otras
teorías modernas en el campo de la física, la teoría de la gravedad de Einstein
no incorpora las propiedades físicas de la mecánica cuántica. En la década de
1920, los físicos descubrieron que todos los fenómenos naturales tienen un
comportamiento dual: a la vez similar a las partículas y similar a las ondas.
En ciertos casos, un electrón actúa como una partícula, ocupando sólo una
posición a la vez en el espacio, y en otras circunstancias actúa como una onda,
ocupando varias posiciones al mismo tiempo. La teoría de este extraño
comportamiento se denomina mecánica cuántica. La dualidad onda-partícula de la
materia conduce a una incertidumbre intrínseca con respecto a la naturaleza, es
decir, una incertidumbre que no surge de nuestra ignorancia o incapacidad de
medir, sino que es una ignorancia absoluta. Tenemos que describir la naturaleza
mediante probabilidades, no certezas.
Los físicos han intentado con denuedo elaborar una teoría completa de la
gravedad que incluya la mecánica cuántica, hasta ahora en vano. Los cálculos de
cualquier teoría propuesta de la "gravedad cuántica" arrojan números
infinitos. Los físicos no están seguros si el problema es técnico o conceptual.
No obstante, incluso prescindiendo de una teoría completa de gravedad cuántica,
se puede deducir que los efectos de la mecánica cuántica, habrían sido
cruciales durante los primeros 10-43 segundos del inicio del
universo, cuando éste tenía una densidad de 1093 gramos por
centímetro cúbico y mayor. (El plomo sólido tiene una densidad de
aproximadamente diez gramos por centímetro cúbico.) Este período se denomina la
era cuántica o era de Planck, y a su estudio se le llama cosmología cuántica.
Como el universo en su totalidad habría estado sujeto a grandes incertidumbres
y fluctuaciones durante la era cuántica, con la materia y la energía
apareciendo y desapareciendo de un vacío en grandes cantidades, el concepto de
un principio del universo podría no tener un significado bien definido. En todo
caso, la densidad del universo durante este período es de tal magnitud que
escapa a nuestra comprensión. Para propósitos prácticos, la era cuántica podría
considerarse el estado inicial, o principio, del universo. En consecuencia, los
procesos cuánticos ocurridos durante este período, cualquiera sea su
naturaleza, determinaron las condiciones iniciales del universo.
Utilizando las ideas generales de la mecánica cuántica, pero sin disponer de
una teoría detallada de la gravedad cuántica, Stephen Hawking, de la
Universidad de Cambridge, James Hartle, de la Universidad de California en
Santa Bárbara, junto a otros especialistas, han intentado recientemente calcular las
condiciones iniciales esperables de nuestro universo. Estos cálculos no
implican en absoluto la observación del universo actual ni su análisis
retrospectivo. Hawking y Hartle se proponen calcular cómo debió crearse el
universo -de acuerdo con los conceptos generales de la teoría cuántica y la
teoría de la relatividad- y luego seguir trabajando a partir de allí. Los
detalles de un cálculo de este tipo deben esperar que se formule una teoría de
la gravedad cuántica; incluso entonces, puede que el cálculo resulte demasiado
complicado para llevarlo a la práctica. No obstante, incluso si dicho cálculo
pudiese realizarse de manera confiable, las condiciones iniciales quizá no
deberían asumirse como un dato; estarían en la misma situación que las leyes de
la naturaleza. En principio, todos los aspectos del universo podrían calcularse
y explicarse.
Durante un tiempo, muchos científicos pensaron que la noción de un principio
del universo de extremadamente alta densidad era un artilugio hipotético, fruto
de las idealizaciones del modelo del big bang, como el postulado de la
homogeneidad. No obstante, a mediados de la década de 1960, Roger Penrose y
Stephen Hawking probaron matemáticamente que, incluso si el universo no es a
fin de cuentas homogéneo su actual comportamiento expansivo, unido a la teoría
de la relatividad general, implican que el universo debe haber tenido una
formidable densidad en el pasado, retrocediendo en el tiempo por lo menos hasta
la era de Planck, que es hasta donde se aplica la relatividad general clásica.
Para comprender el estado inicial del universo, entonces, parece imprescindible
abordar el tema de la cosmología cuántica.
Algunos cosmólogos, en especial los teóricos, piensan que jamás lograremos
entender por qué el universo es como es hasta que no comprendamos sus
condiciones iniciales y dispongamos de una teoría confiable de la gravedad
cuántica, lo cual podría estar a muchos años de nosotros.
Capítulo 10
Física de partículas, la nueva cosmología y el modelo del universo
inflacionario
En
la década de 1970, la cosmología teórica experimentó un cambio importante. Un
grupo de físicos expertos en la teoría de partículas subatómicas se unió a los
astrónomos para trabajar en cosmología. Introdujeron una serie de ideas
novedosas y un nuevo conjunto de herramientas intelectuales para investigar el
por qué de las propiedades del universo, no sólo cuáles son
esas propiedades.
En la "antigua cosmología", previa a la década de 1970, la mayoría de
los cosmólogos se ocupaba de medir las distancias y los movimientos de las
galaxias, su formación y composición, la velocidad de expansión del universo y
la densidad promedio de la materia. En la "nueva cosmología", los
científicos han comenzado seriamente a formular preguntas como: ¿por qué debería
existir la materia?, ¿de dónde provino?, ¿por qué la energía gravitacional del
universo es casi igual a su energía cinética de expansión (el problema de la
cosmología plana)?, ¿por qué la radiación cósmica de fondo, que llega desde una
distancia de miles de millones de años luz, tiene el mismo valor sin importar
la dirección en que apunte el telescopio (el problema del horizonte)?, ¿por qué
la proporción de fotones a bariones en el universo es de mil millones a uno, y
no alguna cifra superior o inferior?, ¿por qué comenzó el universo en un grado
tan alto de orden (el problema de la entropía)? Además del "qué" y
"cómo", ahora se agregaba el "por qué". Unos cuantos
científicos habían planteado algunas de estas preguntas tiempo atrás, pero por
lo general se las descartó o abandonó, puesto que nadie propuso buenas
respuestas. Muchos científicos consideraron que estas interrogantes
sobrepasaban los límites de la ciencia. La física de partículas amplió la
ciencia de la cosmología.
En
la década de 1960 pudo oírse un preludio a esta colaboración futura entre la
física de partículas y la cosmología. Se relacionaba con la cantidad de tipos
diferentes de partículas elementales. Las teorías de las partículas y fuerzas
elementales dependen absolutamente de cuántos tipos de partículas elementales
existan, tal como la teoría del universo de Aristóteles dependía de sus cinco
elementos: fuego, agua, aire, tierra y éter. Según cálculos teóricos realizados
por primera vez en los años 60, la cantidad de helio producida en las
reacciones nucleares del universo antiguo debió haber dependido de la cantidad
de tipos de ciertas partículas subatómicas denominadas leptones. (El electrón,
por ejemplo, es un tipo de leptón.) Mientras más tipos de partículas hayan
existido, más helio debería haberse producido. Así, a partir de la abundancia
comprobada de helio, que según los cálculos llega a un 25% de la materia,
podemos determinar la cantidad de tipos de leptones.
En 1964, Hoyle y Tayler fueron los primeros en sugerir la relación esperada
entre abundancia de helio y tipos de leptones; el año 1967 lo hizo en forma
independiente Robert Wagoner, de la Universidad de Stanford. V. F. Shvartsman,
de la Universidad del Estado de Moscú, realizó en 1969 el primer cálculo
cuantitativo del efecto. En 1977, Gary Steigman, de la Fundación de
Investigación Bartol; David Schramm, de la Universidad de Chicago, James Gunn,
de la Universidad de Princeton, sin conocer dichos trabajos previos,
redescubrieron el efecto y realizaron un cálculo más detallado. Hoy se conocen
tres tipos de leptones -electrones, muones y tauones, y sus antipartículas y
neutrinos asociados-, pero ciertas teorías de física de partículas predicen que
podrían existir muchos más. Los cálculos teóricos de Schramm y sus
colaboradores indican que sólo podría existir un tipo más de
leptón, para llegar a un máximo total de cuatro. De otro modo, la fracción de
helio producida en el universo antiguo, como fuera calculado por la teoría del
big bang, discreparía con la fracción observada. Con el fin de averiguar la
cantidad de tipos de leptones existentes, en 1989 se llevó a cabo experimentos
en el gigantesco Acelerador de Partículas (CERN) situado en Génova, y en el
Acelerador Lineal de Stanford, en California (SLAC), los que indicaron
que no existen nuevos tipos de leptones. Los tres que se ha
observado hasta ahora son todo lo que hay. Esta confirmación de un resultado -
pronosticado por la cosmología utilizando la tecnología de la física de
partículas- ha complacido por igual a físicos y astrónomos.
La mayoría de los físicos involucrados en los cálculos mencionados tenía una
formación en astronomía y cosmología. En cambio, los físicos de partículas que
comenzaron a aventurarse en cosmología a mediados de los 70 prácticamente
carecían de cualquier conocimiento en este campo. Una de sus principales
motivaciones era poner a prueba las nuevas grandes teorías unificadas de la
física (GUT, Granó Unified Theories) Estas proponen que tres
de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza son en realidad distintas
versiones de una sola fuerza. (De un modo similar, la electricidad y el
magnetismo no son realmente dos fuerzas separadas, ya que pueden generarse
entre sí. Un magneto que se mueve dentro de una bobina de alambre produce
corriente eléctrica, y la corriente eléctrica que fluye a través de un alambre
produce un campo magnético que rodea al alambre.) Las tres fuerzas
fundamentales combinadas en las grandes teorías unificadas son la fuerza
electromagnética, la fuerza nuclear fuerte -que mantiene unidas a las
partículas subatómicas en el núcleo atómico- y la fuerza nuclear débil,
responsable de ciertos tipos de radiactividad. La cuarta fuerza, la gravedad,
no ha podido unificarse con éxito, debido a las dificultades deintentar
combinarla con la mecánica cuántica.
Hace mucho tiempo que los físicos consideran una gran teoría unificada como su
Santo Grial. Desde tiempos inmemoriales han buscado explicaciones minimalistas
de la naturaleza. Las teorías con cuatro partículas básicas son mejor
consideradas que las que contienen diez. Una sola fuerza que explique la caída
de una manzana y la órbita lunar es mejor que dos. Aún no existen las
suficientes pruebas experimentales de la veracidad de las grandes teorías
unificadas. Una de las dificultades prácticas para ponerlas a prueba es que sus
efectos alcanzan grados significativos sólo a temperaturas extremadamente
altas, mucho mayores que las que se pueden crear en la Tierra o incluso en el
centro de las estrellas. Estas temperaturas extremas pudieron alcanzarse sólo
en un lugar, o más bien, sólo una vez: en el universo recién creado, cuando
toda la materia tenía la forma de un gas de partículas subatómicas de una
temperatura ultra alta. Por esta razón los físicos de partículas comenzaron a
interesarse en la cosmología.
Las grandes teorías unificadas representan un intrépido salto hacia terreno
desconocido. Las energías más altas conseguidas en los aceleradores de
partículas terrestres corresponden a una temperatura de aproximadamente 1014grados
centígrados. Las grandes teorías unificadas se refieren a temperaturas de unos
1028 grados, o alrededor de cien billones de veces más altas.
En otras palabras, la edad del universo era de unos 10-8 segundos
cuando su materia estaba a una temperatura de 1014 grados.
Cualquier otra extrapolación retrospectiva hacia el big bang, hacia
temperaturas más altas, entra en el campo de la especulación. Y los cosmólogos
se han visto obligados a especular: muchas de las propiedades del universo
pueden haberse determinado durante los primeros 10-8 segundos y
aun antes.
Steven Weinberg nació en 1933 en la ciudad de Nueva York. Estudió en Cornell
y en Princeton, y hoy es profesor de ciencias de la Universidad de Texas, en
Austin. Weinberg ver fue uno de los primeros físicos que aplicaron a la
cosmología las nuevas teorías de las partículas elementales. Él y otros
señalaron que los efectos de las grandes teorías unificadas apreciados en el
universo antiguo, podrían explicar la proporción de fotones y bariones. Su
libro más popular, Los primeros tres minutos, introdujo a muchas personas y
científicos en el tema de la cosmología. En 1979 obtuvo el premio Nobel de
física por su trabajo teórico sobre la unificación de la fuerza
electromagnética y la fuerza nuclear débil
Si
las grandes teorías unificadas son correctas, entonces sus efectos más
interesantes se habrían observado cuando el universo tenía aproximadamente 10-35 segundos.
Ese es el momento en que la temperatura cósmica alcanzó los 1028grados,
y cuando las diversas fuerzas combinadas habrían comenzado a separarse. Una de
las especulaciones más espectaculares de las GUT para esta época es la
formación de líneas de energía extremadamente delgadas, denominadas cuerdas
cósmicas. Según la teoría, una cuerda cósmica tiene un diámetro aproximado de
10-30 centímetros y la energía equivalente a 1026toneladas de TNT
por pulgada de su longitud. Si es que existen, las cuerdas cósmicas podrían
haber sido la fuente de la formación y las aglomeraciones de galaxias, en
virtud de su intensa concentración de energía y los efectos gravitacionales
resultantes. Hoy, el universo podría estar habitado por cuerdas cósmicas de
diversas longitudes, oscilando entre fracciones de pulgadas a miles de millones
de años luz. Sin embargo, aún no se dispone de cálculos teóricos confiables de
cuántas de estas cuerdas debieran existir, ni tampoco hay pruebas basadas en la
observación de que realmente existan.
La expansión del universo en el modelo estándar del big bang y en el modelo
del universo inflacionario.
En
1978 y 1979, diversos grupos de físicos de partículas, incluyendo Steven
Weinberg, señalaron que los procesos resultantes de las grandes teorías
unificadas, que habían actuado unos 10-35 segundos después del
big bang (mucho después de la extremadamente incierta era cuántica de los
primeros 10-43 segundos), podrían explicar la razón del valor
asignado a la proporción entre fotones y bariones.
Alan Guth nació en 1947 en New Brunswick, Nueva Jersey. Estudió en el
Instituto Tecnológico de Massachusetts donde hoy enseña física. Guth, un
físico experimental en partículas elementales, fue uno de los principales
arquitectos del influyente modelo del universo inflacionario, una
modificación del modelo del Big Bang.
Aun
cuando estos cálculos eran bastante ambiguos, en parte porque no se sabía a
ciencia cierta cuál de las grandes teorías unificadas podría ser la más
correcta, el solo hecho de poder calcular una magnitud cosmológica que hasta
entonces era un misterio conmocionó a los cosmólogos. Weinberg era un físico
teórico muy respetado, que trabajaba en el campo de las partículas subatómicas;
pronto recibiría el Premio Nobel por su trabajo en la física de partículas.
Alentada por el ejemplo de Weinberg, una nueva generación de jóvenes físicos de
partículas decidió trabajar en el campo de la cosmología.
Uno de estos jóvenes físicos inspirados por Weinberg fue Alan Guth. A fines de
1978, Guth se enteró del problema de la cosmología plana en una conferencia de
Robert Dicke, en Cornell. Cerca de un año después, mientras trabajaba en su
posdoctorado en el Acelerador Lineal de Stanford, Guth propuso una modificación
del modelo del big bang que proporcionaba una explicación natural al problema
del horizonte y al de la cosmología plana. Este nuevo modelo cosmológico -el
modelo del universo inflacionario- ha provocado un cambio de gran envergadura
en el pensamiento cosmológico. Algunos de los elementos que componen el modelo
del universo inflacionario ya los habían discutido otros expertos (entre ellos,
los belgas R. Brout, F. Englert y P. Spindel; Demóstenes Razanas, del Centro de
Vuelos Espaciales Goddard de la NASA en Maryland; Martin Einhorn, de la
Universidad de Michigan, y el japonés Katsuhiko Sato; y A. A. Starobinsky, del
Instituto Landau de Moscú), pero la nítida exposición del modelo y de sus
ventajas por parte de Guth tuvo el efecto de reactivar el tópico en la
comunidad científica.
Fundamentalmente, el modelo del universo inflacionario sostiene que, poco
después del big bang, el universo recién creado experimentó una expansión breve
y extremadamente rápida, después de la cual regresó a la velocidad de expansión
más moderada del modelo estándar del big bang. En el momento en que el universo
tenía apenas una pequeña fracción de segundo de edad (quizá 10-32),
este período de expansión rápida, o inflación, ya había terminado. Bajo ciertas
condiciones, el comportamiento inflacionario del universo recién creado
constituye una consecuencia natural de las grandes teorías unificadas. Estas
teorías sostienen que, en el momento en que la fuerza unificada individual
comenzó a actuar como varias fuerzas separadas, la energía y la masa del
universo existían en un estado peculiar denominado falso vacío, el que se
comporta como si tuviese gravedad negativa. La gravedad negativa repele, de
modo que, en vez de retardar la velocidad de expansión, la aceleró. El período
inflacionario habría finalizado cuando la energía y la masa del universo
volvieron de ese estado peculiar al estado normal, con una gravedad de
atracción.
La época de expansión rápida pudo haber ocupado un fragmento de espacio tan
pequeño que ya estaba homogenizado, y rápidamente lo extendió a un tamaño más
grande del que hoy tiene el universo observable en su totalidad. Se puede
realizar cálculos cuantitativos, pero resultan inciertos a causa de la
ignorancia de los detalles de la gran teoría unificada subyacente, por lo tanto
del momento exacto en que comenzó y finalizó la época inflacionaria. Con un fin
ilustrativo, supondremos que dicha época se inició cuando el universo tenía 10-35 segundos
de edad, y terminó a los 10-32 segundos de edad. En los
comienzos de la época inflacionaria, la región de espacio más extensa que
podría haberse homogenizado habría tenido el tamaño de unos 10-35 segundos-luz
(cerca de 10-25centímetros), mucho más pequeña que el núcleo de un
átomo. Al finalizar la época inflacionaria, esta diminuta región homogenizada
se habría extendido a unos casi 10400 años luz. Haciendo una
comparación, al término del período inflacionario la región del espacio desde
la que hoy detectamos radiación cósmica de fondo tenía un tamaño de sólo unos
mil centímetros (10 m), igual a la dimensión que tenía todo el actual universo
observable. La expansión inflacionaria habría homogenizado entonces el universo
sobre una región extremadamente grande, mucho más extensa que cualquier región
de la que tengamos conocimiento. El problema del horizonte está resuelto. Las
regiones de espacio que al parecer jamás estuvieron suficientemente cerca como
para intercambiar calor, según extrapolaciones en el pasado basadas en el
modelo estándar del big bang, según el modelo del universo inflacionario en
realidad estaban mucho más cerca.
El modelo del universo inflacionario también resuelve el problema de la
cosmología plana. Dejando de lado la curvatura inicial del universo -ya sea en
la forma de un universo abierto o de uno cerrado-, cualquier fragmento
observable del universo será casi plano una vez finalizado el período de
expansión rápida, tal como una pequeñísima área de la superficie de una pelota
de playa parecería casi plana después de haberla inflado hasta alcanzar un
diámetro de un kilómetro. El modelo del universo inflacionario predice de
manera tajante que actualmente el universo debería ser casi plano.
Andrei Linde nació en 1948 en Moscú. Estudió en la Universidad del Estado de
Moscú y en el Instituto de Física Lebedev, donde hoy es profesor de física.
Junto con Guth, Linde fue uno de los creadores del modelo del universo
inflacionario. Ha propuesto una nueva versión de este modelo, denominado de
inflación caótica, en el que el universo genera nuevos universos en forma
continua y aleatoria. Aunque su trabajo es muy matemático, Linde se describe a
sí mismo como más intuitivo que técnico
De
forma equivalente, la densidad promedio de la materia debería estar muy cerca
de su valor crítico, mucho más cerca que el décimo del valor crítico que las
observaciones actuales han calculado. Según este fundamento, la encargada de
respaldar o liquidar el modelo es la evidencia observacional: si se descubre
que la masa faltante existe, el modelo es válido; si se logra demostrar que la
masa faltante no existe, el modelo no sirve.
El modelo del universo inflacionario explica algunos de los problemas pendientes
de la cosmología sin recurrir al argumento de la explicación según las
condiciones iniciales. De hecho, proporciona un mecanismo físico según el cual
las condiciones iniciales del universo pueden haber sido irrelevantes: un
concepto que complace y alivia a muchos físicos. Y, combinando la física
subatómica y la física astronómica como lo hace, la teoría resulta elegante.
Además, el modelo del universo inflacionario proporciona un nuevo panorama del
cosmos. Puesto que el universo experimentó tan enorme extensión durante la
época inflacionaria, puede ser muchísimo más grande de lo que pensamos. Por
consiguiente, es probable que lo que vemos a través de nuestros mayores
telescopios -la pequeña fracción de espacio que denominamos el universo
observable- nos diga muy poco del universo como un todo. En este sentido, el
modelo del universo inflacionario nos ha empequeñecido aún más.
Andrei Linde, del Instituto de Física Lebedev de Moscú, ha ido más allá en esta
idea, hacia lo que él llama "modelos caóticos del universo
inflacionario". La teoría de Linde es que, bajo ciertas condiciones, un
universo henchido puede dividirse en distintas partes, absolutamente separadas
unas de otras, en realidad universos diferentes. Cada uno de los nuevos
fragmentos puede repetir el proceso de una manera aleatoria, de modo que cada
universo genera muchos universos nuevos. Como en los mundos de Anaximandro,
aparecerían y desaparecerían universos individuales, pero el conjunto de
universos sería eterno. Algunos de los universos nuevos podrían tener
propiedades muy distintas a las del nuestro: fuerzas disímiles, distintos tipos
de partículas, hasta diferentes dimensionalidades de espacio. En un escenario
como éste, nunca llegaríamos a conocer más que una ínfima fracción de las posibilidades
y realidades de la naturaleza.
El modelo original del universo inflacionario, tal como fuera propuesto por
Guth a comienzos de 1980, tuvo sus dificultades. En el modelo de Guth, las
peculiares materia y energía con gravedad negativa no llenaban el universo en
forma pareja, sino que se esparcían en ciertos puntos. Como resultado, algunas
partes del universo se expandían rápidamente mientras otras lo hacían
lentamente. Los fragmentos en expansión rápida se iban homogenizando cada vez
más, pero el universo en general quedaría con una estructura llena de vacíos,
algo que las observaciones contradicen. Esta dificultad se resolvió en 1982,
cuando Paul Steinhardt y Andreas Albrecht en la Universidad de Pensilvania, más
Andrei Linde en forma independiente, desarrollaron una nueva versión del modelo
del universo inflacionario. En este modelo corregido, todas las partes del
universo comenzaban a henchirse y dejaban de hacerlo al mismo tiempo. Así se
obtenía una cierta homogeneidad.
Desafortunadamente,
también el nuevo modelo de universo inflacionario de Linde, Albrecht y
Steinhardt presentaba problemas serios. Los cálculos teóricos sugieren que este
modelo, aunque mucho más homogéneo que el modelo inflacionario original,
predice inhomogeneidades en el universo temprano que son suficientemente
grandes como para estropear la uniformidad observada de la radiación cósmica de
fondo. Además, se requiere de un cierto tipo especial de gran teoría unificada
para alcanzar una fase adecuada de expansión rápida.
Por otra parte, no existen pruebas directas basadas en la observación que
confirmen el modelo del universo inflacionario. De hecho, una de las
predicciones críticas del modelo resulta inconsistente con las observaciones
actuales. Casi cualquier versión del modelo del universo inflacionario predice
que el valor actual de omega, incluso diez mil millones de años después del big
bang, debiera estar muy cerca de 1. No obstante, el valor calculado de omega se
acerca en realidad a 0,1, aunque no se tiene certeza absoluta de ello. En otras
palabras, hemos detectado cerca de un décimo de la masa cósmica que requiere el
modelo del universo inflacionario. Por lo tanto, los científicos que, según
bases teóricas, consideran que el modelo es correcto deben confiar en que una
enorme cantidad de masa se esconde de nosotros, escapa a la detección, quizás
en la forma de un oscuro gas de partículas tenue y uniforme que existiría entre
las galaxias. Más aún, la masa faltante que exige el modelo del universo inflacionario
no puede estar constituida de la materia ordinaria que compone los átomos. Para
hacer coincidir la abundancia observada de helio con los cálculos teóricos de
su producción en el universo temprano es necesario que el omega derivado de la
materia ordinaria -por ejemplo, protones y neutrones- no sea mayor que 0,1. Por
consiguiente, la masa faltante debe constar de ciertas especies exóticas de
materia.
A pesar de todas estas dificultades, las características generales y los
resultados del modelo del universo inflacionario son tan atrayentes que la
mayoría de los cosmólogos considera que la idea es correcta en alguna forma,
aun cuando difiera en detalles y mecanismos de las proposiciones originales de
Guth, Linde, Albrecht y Steinhardt. Con todo, el modelo inflacionario puede no
ofrecer una buena solución al problema de la entropía planteado por Penrose. En
consecuencia, algunos físicos piensan que una comprensión más fundamental del
origen del universo reemplazará este modelo
Ilustración del modelo caótico del universo inflacionario. Cada burbuja
constituye esencialmente un universo separado que, con el tiempo, genera
nuevos universos.
Capítulo 11
El principio antrópico
Durante
las últimas dos décadas, un pequeño pero eminente grupo de físicos ha abordado
el problema de las condiciones iniciales en cosmología en términos de las
condiciones necesarias para crear la vida. Parece plausible que no cualquier
condición física que pueda concebirse permita que se forme vida; por lo tanto,
el hecho de nuestra existencia puede limitar las posibilidades que deben
considerarse. Este concepto se denomina principio antrópico.
Existen dos formas de principio antrópico, la débil y la fuerte. La forma débil
sostiene que la vida puede surgir y existir sólo durante una cierta época de
nuestro universo. La forma fuerte establece que la vida podría surgir, en
cualquier época, sólo en un tipo especial de universo. El principio antrópico
débil se limita al universo en que vivimos; el fuerte se refiere de manera
implícita a muchos universos posibles. Algunos cosmólogos no sólo han aceptado
la validez del principio antrópico, sino que lo utilizan para explicar diversos
aspectos del universo.
Con la publicación en 1961 de un breve artículo en la revista británica Nature, Robert
Dicke fue el primero en adoptar argumentos antrópicos modernos en el campo de
la física y la cosmología. Para comprender su argumentación, debemos
remontarnos a 1938, año en que Paul Dirac, físico ganador del Nobel, afirmó que
una cierta combinación de constantes fundamentales de la naturaleza,
multiplicada y dividida de una determinada forma, arrojaba como resultado
justamente la edad actual del universo, cerca de 10 mil millones de años. (Las
constantes fundamentales de la naturaleza son, por ejemplo, la velocidad de la
luz -300.000 kilómetros por segundo- y la masa de un electrón, 9,108 x 10-28gramos;
se supone que estos valores son los mismos en todo lugar y tiempo. En efecto,
cada rayo de luz alguna vez cronometrado en el espacio vacío viaja a la misma
velocidad; cada electrón que haya sido alguna vez pesado tiene la misma masa.)
A Dirac, la coincidencia entre los dos tipos de números -uno, basado en
cantidades microscópicas; el otro, en el universo como un todo- le parecía
escasamente fruto de la casualidad, y sugirió la posible existencia de una
ligazón entre las constantes fundamentales y la evolución del universo. Pero,
como la edad del universo evidentemente aumenta con el tiempo, también las
constantes fundamentales de la naturaleza tendrían que ir cambiando para
mantener la relación que Dirac proponía.
Dicke explicó la coincidencia de Dirac de una manera totalmente diferente. Los
físicos, argumentó, sólo pueden existir durante una estrecha ventana de tiempo
en la evolución del universo. El carbono del cuerpo de los físicos requirió de
una estrella para forjarlo, de modo que un universo habitado por físicos y
otros seres vivientes debe ser suficientemente antiguo como para haber formado
estrellas. Por otra parte, si el universo fuese demasiado antiguo las estrellas
se habrían consumido y, por lo tanto, habrían eliminado la fuente principal de
calor y luz que hace habitables los planetas que giran en su órbita. Yuxtaponiendo
estos límites, resulta que los físicos sólo pueden existir durante una época en
que la edad del universo sea aproximadamente el tiempo de vida de una estrella
promedio. Dicke calculó esta cantidad en términos de principios básicos de
física, y descubrió que era igual a la combinación de las constantes
fundamentales de la naturaleza que Dirac había mencionado, lo que en números
igualaba la cifra aproximada de 10 mil millones de años. Así pues, la igualdad
en los dos números de Dirac no era una coincidencia, sino una necesidad para
nuestra existencia. Dicke estableció que las constantes eran efectivamente
constantes, como se suponía. Muchísimo antes o muchísimo después de la época
actual, la combinación de constantes fundamentales de Dirac no igualaría la edad
del universo, pero los físicos no estarían allí para discutir la situación.
El argumento de Dicke ejemplifica el principio antrópico débil. Como una
interesante nota a pie de página, Dirac publicó una breve respuesta al
documento de Dicke, señalando que el análisis de este último le parecía
acertado, pero que él mismo "prefería" su propio argumento, pues éste
permitía la posibilidad de que los planetas "pudiesen existir en forma
indefinida en el futuro y que la vida jamás tuviera que extinguirse".
Dejando de lado la objeción de Dirac, la mayoría de los cosmólogos acepta el
principio antrópico débil de Dicke. Su formulación y aplicación se refieren
sólo a nuestro universo real.
En 1968, Brandon Carter, entonces en la Universidad de Cambridge, estableció el
más polémico principio antrópico fuerte: los valores de muchas de las
constantes fundamentales de la naturaleza deben permanecer dentro de un rango
limitado con el fin de permitir que la vida surja, incluso durante la ventana
de tiempo de Dicke. Por ejemplo, sostiene Carter, el surgimiento de la vida
requiere de la formación de planetas, la que a su vez requiere de la existencia
de estrellas de las que se puedan desprender fragmentos. Al analizar las
condiciones necesarias para la formación de estas estrellas
"convectivas", Carter halla que los valores de algunas de las
constantes fundamentales están limitados a un cierto rango. Este rango, por
supuesto, incluye los valores de nuestro universo. La suposición de que las
galaxias, las estrellas y otras condiciones especiales son necesarias para la
vida está implícita en este argumento y en todas las formulaciones del
principio antrópico; sin embargo, como nuestra experiencia con la vida se
limita a la biología terrestre, dicha suposición resulta muy difícil de comprobar.
En años recientes célebres cosmólogos han utilizado el principio antrópico
fuerte para explicar ciertas propiedades del universo. Según esta línea de
pensamiento, sólo un universo con las propiedades específicas del nuestro
-incluyendo los valores de ciertas constantes fundamentales y condiciones
iniciales- permitiría nuestra existencia. Por ejemplo, la proporción de masa
del protón y el electrón, que en el laboratorio se calcula en 2.000, no podría
ser de 2 ni de 2.000.000 en nuestro universo, ya que dichos
valores producirían una física, una química y una biología incompatibles con la
substancia viviente. Los valores de 2 ó 2.000.000 podrían existir en otros
universos, y serían perfectamente satisfactorios de cualquier modo, excepto en
la capacidad de permitir nuestra existencia. De todos estos otros universos
posibles, sólo una pequeña fracción poseería una proporción de masa
protón-electrón adecuada para la vida. Otro ejemplo del principio antrópico
fuerte lo proporcionan C. B. Collins y Hawking en 1973, quienes lo utilizaron
para discutir el problema de la cosmología plana. Partiendo del supuesto de que
las galaxias y las estrellas son necesarias para la vida, ambos plantearon que
un universo que comience con demasiada energía gravitacional sufriría un
colapso antes de haber podido formar estrellas, y un universo que comienza con
muy poca energía jamás permitiría la condensación gravitacional de galaxias y
estrellas. Por lo tanto, de muchos universos posibles, con valores iniciales de
omega muy distintos, solamente podríamos haber existido en uno en el que el
valor inicial de omega fuese casi igual a 1. Sólo algunos científicos aceptan
esta solución antrópica al problema de la cosmología plana.
Lo que sustenta el argumento del principio antrópico fuerte es la noción de que
algunas propiedades de nuestro universo no son fundamentales, y por lo tanto no
requieren de explicaciones fundamentales en términos de las leyes de la física;
por el contrario, tales propiedades son simplemente resultado del azar. Los
valores de nuestro universo en particular son lo que son porque cualquier cosa
muy diferente nos excluiría, y nuestra existencia es un hecho. Otros valores
son característicos de otros universos, en la mayoría de los cuales nosotros no
podríamos existir. La lógica es similar a la que se emplea para explicar por
qué llueve los días en que el padre lleva a su hijo a la escuela en automóvil,
y no los días en que el chico se va caminando.
Los científicos discuten entre sí acerca de la validez del principio antrópico
como explicación de la naturaleza. Por una parte, el argumento tiene peso sólo
si invocamos un gran número de universos posibles, con propiedades muy
variables. De otro modo, volvemos a la explicación de por qué la naturaleza
única es la que es. Pero, como ya dijimos, a algunos científicos les resulta
incómodo postular universos diferentes. Habitamos un único universo, el
nuestro, y los argumentos para explicarlo, puesto que deben salir de este
universo, también pueden haberse salido del marco de la ciencia. Por otra
parte, la mayoría de los científicos preferiría explicar la naturaleza en
términos de leyes básicas que puedan derivar y comprobar, más que hacer
conjeturas acerca de posibilidades que podrían ser correctas pero que jamás
podrían comprobarse. En lugar de una explicación antrópica, muchos científicos
preferirían una teoría fundamental que demostrara que, sin importar si la vida
existe o no, la proporción de la masa del protón y el electrón debe ser
1.836 y no otra cifra, tal como la proporción entre la circunferencia de un
círculo y su radio debe ser 3,1416 en la geometría euclidiana. Algunos
científicos consideran que a los enigmas cósmicos se les proponen explicaciones
antrópicas sólo cuando no se puede encontrar una mejor interpretación.
Finalmente, hay quienes matizan el principio antrópico con sugestiones
teleológicas y religiosas: si la vida es tan rara en todos estos universos
posibles, ¿acaso nuestro universo en particular fue diseñado con algún
propósito? Es evidente que este tipo de cuestionamiento no acepta la idea de
que nuestro universo es simplemente un accidente.
Los argumentos antrópicos, al menos superficialmente, parece que involucraran
la vida de una forma primordial. Sin embargo, una pregunta relacionada con
ellos la evade. ¿Podría existir un universo con muy distintas leyes físicas,
con valores muy diferentes para la velocidad de la luz y la masa del electrón y
el valor inicial de omega? ¿O es acaso nuestro universo el único posible, el
único conjunto de leyes y parámetros intrínsecamente coherente? Para algunos
físicos, la búsqueda de las leyes en nuestro único universo se ha convertido en
una búsqueda de la respuesta a esta pregunta, mucho más amplia.
Es
un día claro y frío de diciembre. Nevó durante toda la noche. Esta mañana, mi
hija de diez años y yo nos levantamos temprano; estamos en su cuarto mirando la
nieve por la ventana y conversando tranquilamente. Ella aún tiene puesto su
pijama de franela; abraza a nuestro gato de angora y se inclina en el alféizar
de la ventana. Yo sostengo una taza de café. "¿Crees que existan seres
vivientes en otros planetas?", me pregunta. "Probablemente",
respondo.
Del otro lado de la ventana el aire brilla gracias a dos luces: una viene del
sol que está en lo alto, y la otra del sol aquí abajo, reflejado en la nieve.
Mucho más arriba, el aire adquiere lentamente una tonalidad azul brillante, que
se eleva cada vez más hasta donde alcanza la vista. Estamos en una competencia
de quién ve más.
"El espacio es extraño", dice mi hija. "Es absolutamente
imposible imaginar algo que continúa siempre. Y si no continúa siempre, ¿qué
hay fuera de él?" Yo inclino la cabeza en señal de aprobación, y bajamos
las escaleras en puntillas para tomar nuestro desayuno y prepararnos para el
día que comienza.
·
Abundancia: cantidades
relativas de elementos químicos. Por ejemplo, el hidrógeno constituye cerca del
75% de la masa del universo, de modo que su "abundancia cósmica" es
de un 75%.
·
Aglomeración: en
cosmología, un grupo de galaxias más unidas de lo que se esperaría si las
galaxias estuviesen esparcidas aleatoriamente en el espacio. Una aglomeración
típica tiene un tamaño aproximado de 15 millones de años luz. También pueden
agruparse para formar un "superconglomerado" de galaxias, cuyo tamaño
suele ser de unos 150 millones de años luz.
·
Aglomeración Coma: la
aglomeración masiva de galaxias más cercana a la nuestra, que se conoce como el
grupo local. La aglomeración Coma, a una distancia aproximada de nosotros de
300 millones de años luz, contiene cerca de mil galaxias en una región de un
diámetro cercano a los 10 millones de años luz. (Ver aglomeración; galaxia.)
·
Aglomeración globular: acumulación
esférica de estrellas dentro de una galaxia, que giran en órbita entre sí
debido a su gravedad mutua. Una aglomeración globular típica consta de cerca de
un millón de estrellas; por lo tanto, las aglomeraciones globulares son mucho
más pequeñas que las galaxias. En nuestra galaxia, la Vía Láctea, existen
aproximadamente cien aglomeraciones globulares.
·
Aglomerarse: en
cosmología, la tendencia observada de galaxias a arracimarse, a agruparse entre
sí en vez de distribuirse de manera uniforme e independiente
unas de otras. (Ver galaxia.)
·
Agujero negro: una
masa tan enormemente compacta que ni siquiera la luz puede escapar a su intensa
gravedad. Por esta razón parece negra desde el exterior. Si el Sol se
comprimiese a una esfera de un diámetro aproximado de seis kilómetros, se
convertiría en un agujero negro. Se piensa que algunas estrellas masivas
colapsan bajo su propio peso después que se ha agotado su combustible nuclear,
y entonces se transforman en agujeros negros.
·
Anisotropía: condición
en que el universo aparece diferente en distintas direcciones.
·
Bariones: partículas
subatómicas que interactúan mediante la fuerza nuclear fuerte. El protón y el
neutrón son ejemplos de bariones. Hasta hace poco se pensaba que los bariones
se conservaban, es decir, que el número neto de bariones antes y después de
cualquier proceso físico no se alteraba. Las Grandes Teorías Unificadas de la
física (GUT), propuestas por primera vez a mediados de la década de 1970,
sugieren la posibilidad de que los bariones no se conserven.
·
Burbujas (en la distribución en gran
escala de las galaxias): las estructuras
formadas por la distribución observada de las galaxias en el espacio. Algunos
catastros de galaxias cercanas muestran su ubicación sobre capas más bien
esféricas -burbujas- de un diámetro aproximado de 100 millones de años luz
(casi mil veces el diámetro de una sola galaxia). Existen muy pocas galaxias en
el interior de una "burbuja".
·
Cadena de Perseo-Piscis: región
del espacio que contiene una enorme agrupación de galaxias, un
superconglomerado. Las galaxias de esta superaglomeración parecen estar
distribuidas en una larga cadena.
·
Cálculo de orden de magnitud: cálculo
aproximativo de la magnitud dealgo, con una precisión que fluctúa
en un rango entre diez veces demasiado grande y diez veces demasiado pequeño.
Por ejemplo, teniendo en cuenta que la población de Estados Unidos alcanza los
250 millones de habitantes, cualquier cálculo estimativo de la población que se
encuentre entre los 25 millones y los 2.500 millones sería un cálculo aceptable
de orden de magnitud. Los astrónomos acostumbran trabajar con cálculos de orden
de magnitud.
·
Campo cuántico: una
distribución de energía que está constantemente creando y destruyendo
partículas según las probabilidades de la mecánica cuántica, y trasmitiendo las
fuerzas de la naturaleza. (Ver teoría de campo; mecánica cuántica.)
·
Campo de velocidad: las
velocidades de un grupo de objetos con distintas velocidades en diferentes
posiciones del espacio.
·
CCD: sigla
de Dispositivos de Carga Acoplada, dispositivos fotoeléctricos altamente
sensibles capaces de registrar en forma electrónica la intensidad y el punto de
llegada de pequeñísimas cantidades de luz. Los CCD se colocan en el extremo
receptor de los telescopios, para "tomar fotografías" de objetos
astronómicos muy desvanecidos; han llegado a reemplazar casi por completo las
placas fotográficas.
·
Cefeida: un
tipo de estrella de luminosidad oscilante; primero es opaca, luego brillante,
luego se torna opaca de nuevo, cíclicamente. La duración del ciclo está
estrechamente relacionada con la luminosidad de la estrella. De este modo, al
medir el tiempo del ciclo de luz de una estrella cefeida se puede calcular su
luminosidad intrínseca. Al comparar la luminosidad de una estrella con su
brillantez aparente, por lo tanto, se obtiene la distancia de
la estrella. Las cefeidas se cuentan entre los pocos objetos astronómicos cuyas
distancias pueden determinarse con exactitud. (Ver luminosidad.)
·
Condiciones iniciales: ver
condiciones límite.
·
Condiciones límite: las
condiciones necesarias para determinar la evolución de un sistema físico, dadas
las leyes de la naturaleza. Por ejemplo, la oscilación de un péndulo se
determina tanto por las leyes de la mecánica y la gravedad como por la altura
inicial desde la que se deja caer el péndulo. Esta última se denomina condición
límite, o condición inicial.
·
Conjunto (de universos): grupo
hipotético de muchos universos con diferentes propiedades. Algunos físicos
intentan calcular cuan "probables" son las propiedades de nuestro
universo imaginándolo como una muestra de un conjunto de universos.
·
Constante cosmológica: una
contribución a la gravedad que resulta de la densidad de la masa efectiva, o
densidad de la energía, en el vacío. Una constante cosmológica positiva actúa
como si fuese gravedad negativa en vez de provocar la atracción mutua de dos
masas, las hace repelerse. El primer modelo cosmológico de Einstein incluía una
constante cosmológica, que aparecía como un término adicional en las ecuaciones
de la relatividad general. (Ver falso vacío; vacío.)
·
Constante de Hubble: velocidad
de expansión del universo. Aunque se le llame "constante", en
realidad cambia con el tiempo, puesto que la gravedad está disminuyendo la
velocidad de expansión del universo. La constante de Hubble es igual a la
velocidad de alejamiento de una galaxia distante, dividida por su distancia de
nosotros. Si presumimos un universo homogéneo e isotrópico, la velocidad de
alejamiento de una galaxia distante es proporcional a su distancia; así, la
constante de Hubble, determinada por cualquier galaxia que se aleja, debería
ser la misma para todas, estableciendo una velocidad universal de expansión del
universo. Según los cálculos, el valor actual de la constante de Hubble es
aproximadamente 1 x 10.000 millones de años, lo que significa que la distancia
entre dos galaxias distantes cualquiera se duplicará en unos 10 mil millones de
años a la velocidad actual de expansión. Los astrónomos miden la constante de
Hubble en unidades de kilómetros por segundo por megaparsec. Por ejemplo, una
constante de Hubble de cien kilómetros por segundo por megaparsec -la que los
astrónomos simplemente llamarían constante de Hubble de 100- corresponde a 1
por 10 mil millones de años. El símbolo para la constante de Hubble es Ho. (Ver
ley de Hubble.)
·
Constante de Planck: constante
fundamental de la naturaleza que mide la magnitud de los efectos de la mecánica
cuántica. La luz visible, por ejemplo, consta de partículas discretas de luz, o
fotones, y cada una transporta una cantidad de energía igual a la constante de
Planck multiplicada por la frecuencia de luz visible. (La energía de un fotón
de luz visible es de aproximadamente 10-18, o una milmillonésima de
una milmillonésima, la energía de un centavo que cae al suelo desde la altura
de la cintura.) Al combinar la constante de Planck con otras dos constantes
fundamentales de la naturaleza -la constante gravitacional de Newton y la
velocidad de la luz- se obtienen otras unidades de Planck que marcan densidades
críticas y tiempos en que la mecánica cuántica y la gravedad eran
extremadamente importantes. Por ejemplo, la densidad de Planck, o escala de
Planck, es la densidad de materia sobre la cual la estructura, y quizás hasta
el significado, del tiempo y del espacio se rompen debido a los efectos de la
mecánica cuántica. Expresándolo en cifras, la densidad de Planck es de unos 1093gramos
por centímetro cúbico. El universo recién creado tuvo esta enorme densidad a la
edad aproximada de 10-43 segundos, lo que se denomina la era de
Planck, y cuando su temperatura alcanzaba los 1022 centígrados.
A esta temperatura, la energía media por partícula era equivalente a la masa de
Planck, unos 10-5 gramos. (Ver mecánica cuántica.)
·
Constante gravitacional: constante
fundamental de la naturaleza que mide la energía de la fuerza gravitacional.
También se le denomina constante gravitacional de Newton, y su símbolo es G.
·
Constantes fundamentales de la
naturaleza: cantidades físicas, como la velocidad de la luz o la masa
de un electrón, que son parte fundamental de las leyes de la física y que se
considera son las mismas siempre y en cualquier lugar del universo. La mayoría
de los físicos trabaja con las constantes fundamentales como si fueran
propiedades dadas del universo.
·
Cosmología cuántica: subcampo
de la cosmología que se relaciona con el universo durante sus primeros 10-43 segundos,
cuando los efectos de la mecánica cuántica y la gravedad eran ambos
extremadamente importantes. (Ver constante de Planck; mecánica cuántica.)
·
Cuark: una
de las partículas fundamentales e indestructibles de la naturaleza, a partir de
las cuales se forman muchas otras partículas subatómicas. El neutrón, por
ejemplo, está compuesto por tres cuarks. Se han descubierto cinco tipos de
cuarks, y se piensa que existe un sexto. Los cuarks interactúan principalmente
a través de la fuerza nuclear fuerte y de la fuerza electromagnética.
·
Cuásares: objetos
astronómicos extremadamente distantes y luminosos, mucho más pequeños que una
galaxia y mucho más luminosos. Los cuásares pueden ser las regiones centrales
de ciertas galaxias muy energéticas, en una primera etapa de su evolución. Se
cree que la energía de un cuásar proviene de un agujero negro en su centro.
·
Curvatura: separación
de la geometría del universo con respecto a la geometría euclidiana (plana). En
términos cualitativos, la curvatura la indica el parámetro de curvatura,
simbolizado por k. Los valores k = 0,1, -1 se
refieren a la geometría plana (no curva), la geometría cerrada y la geometría
abierta, respectivamente. En una geometría plana, por ejemplo, la
circunferencia de un círculo es igual a dos veces n multiplicado por su radio.
En una geometría cerrada, la circunferencia es menor que dos veces n multiplicado
por el radio; en una geometría abierta, es mayor. (Ver universo cerrado;
universo plano; universo abierto.)
·
Densidad de masa crítica: el
valor de la densidad promedio de masa cósmica sobre la cual el universo es
cerrado. La densidad promedio de masa del universo se obtiene midiendo la masa
en un volumen de espacio muy amplio, que incluya muchas galaxias, y dividiendo
esa cifra por el tamaño del volumen. La velocidad actual de expansión del
universo es la que determina la densidad de masa crítica. Según cálculos de la
velocidad actual de expansión del universo, la densidad actual de masa crítica
corresponde a aproximadamente 10-29 gramos por centímetro
cúbico. Basándonos en las mejores mediciones, la densidad promedio de masa de
nuestro universo parece estar cerca de un décimo de la densidad de masa
crítica. (Ver universo cerrado; omega; universo abierto.)
·
Desplazamiento al rojo: cambio
de color hacia el extremo rojo del espectro, que ocurre cuando una fuente de
luz (y color) se aleja del observador. La magnitud del desplazamiento al rojo
está directamente relacionada con la magnitud de la velocidad de alejamiento;
así, la medición del desplazamiento al rojo de un objeto mide su velocidad de
alejamiento. En un universo en expansión, los colores de las galaxias se
desplazan hacia el rojo, y en un universo que se expande en forma uniforme, el
desplazamiento es directamente proporcional a la distancia de un objeto de la
Tierra (a excepción de objetos extremadamente distantes). La medición del
desplazamiento al rojo de un objeto astronómico proporciona la distancia al
objeto.
·
Deuterio: un
núcleo atómico que consta de un protón y un neutrón. Se piensa que el deuterio
fue el primer núcleo compuesto formado en el universo recién creado.
·
Distribución estadística: rango
de variación de una cierta cantidad en una población, que se obtiene tomando
una muestra muy grande de la población. Por ejemplo, la distribución
estadística de la altura de varones norteamericanos podría obtenerse tomando
una muestra de diez mil individuos elegidos al azar y contabilizando el número
de ellos dentro de cada rango de alturas. En cosmología, la distancia entre
pares de galaxias, promediadas sobre un gran número de galaxias, constituiría
una distribución estadística.
·
Ecuación de Friedmann: una
ecuación para la evolución del universo. La ecuación de Friedmann puede
derivarse de la teoría de gravedad de Einstein y del supuesto de que el
universo es homogéneo (se ve igual en cada punto) e isotrópico (se ve igual en
toda dirección). La solución de la ecuación de Friedmann explica, entre otras
cosas, cómo la distancia entre las galaxias cambia con el tiempo. (Ver
homogeneidad; isotropía.)
·
Ecuación de Schrödinger: ecuación
fundamental en la mecánica cuántica para el desarrollo de la función de onda de
un sistema. (Ver mecánica cuántica; función de onda.)
·
Ecuación diferencial: una
ecuación que describe la evolución de un sistema en el tiempo,
dadas las condiciones límite para dicho sistema. Casi todas las leyes de la
física se expresan en las matemáticas de las ecuaciones diferenciales. (Ver
condiciones límite.)
·
Ecuaciones de Einstein: las
ecuaciones de la teoría de la gravedad de Einstein, denominada de la
relatividad general. Las ecuaciones de Einstein especifican en forma
cuantitativa la gravedad producida por la materia y la energía. Puesto que se
piensa que la gravedad es la principal fuerza que actúa sobre distancias muy
largas, las ecuaciones de Einstein se utilizan en las teorías cosmológicas
modernas.
·
Electrón-voltio: unidad
de energía o de masa. El electrón pesa cerca de 10-27 gramos,
lo que equivale a unos 500 millones (5 x 108) de electrón-voltios de
energía. El electrón-voltio es entonces, según los estándares corrientes, muy
pequeño. La energía que se libera al dejar caer un centavo (tres gramos) al
suelo es de unos 4 x 1017 electrón- voltios.
·
Entropía: medida
cuantitativa del grado de desorden de un sistema físico. Los sistemas muy
desordenados poseen una entropía alta; los sistemas sumamente ordenados tienen
una entropía baja. Una de las leyes de la física, la segunda ley de la
termodinámica, enuncia que la entropía de cualquier sistema físico aislado sólo
puede aumentar con el tiempo.
·
Equilibrio térmico: la
condición de un sistema en el que todas sus partes han intercambiado calor y
han llegado a la misma temperatura. Un sistema aislado en equilibrio térmico no
cambia con el tiempo. Este es también un estado de máximo desorden. (Ver
radiación antirradiante; entropía.)
·
Era de Planck: ver
constante de Planck.
·
Escala de distancia extragaláctica: la
serie de distancias a objetos astronómicos fuera de nuestra galaxia. Es difícil
obtener distancias a objetos más allá de los 10 millones de años luz con una
precisión mayor del 25%.
·
Espectro: la
cantidad de luz en cada rango de la longitud de onda, es decir, en cada rango
de color. El término espectro también puede aplicarse de manera más general a
la intensidad de algo en cada escala de longitud. Se dice que un objeto que
emite radiación en un rango continuo de colores posee un espectro continuo; que
un objeto que emite radiación sólo a ciertas longitudes de onda tiene líneas de
emisión; y que un objeto que absorbe la radiación sólo a
ciertas longitudes de onda posee líneas de absorción.
·
Espectrógrafo: instrumento
que registra la cantidad de luz en cada rango de la longitud de onda, es decir,
en cada rango de color. Por lo general, cada tipo de objeto astronómico, como
una estrella o una galaxia, emite un espectro de luz característico. (Ver espectro.)
·
Espectroscopia: estudio
de qué longitudes de onda de luz emitirá un objeto o substancia bajo diversas
condiciones.
·
Estrellas de la población I, II y III: las
estrellas más jóvenes observadas se conocen como estrellas de la población I;
las estrellas un poco más antiguas observadas se denominan población II; se
postula que una generación aún más antigua de estrellas - población III-
existió todavía antes. Las estrellas de la población II se formaron en su mayor
parte a partir del hidrógeno y el helio. Las estrellas de la población I, como
nuestro Sol, se formaron del hidrógeno, el helio y un vasto número de elementos
más pesados (como el carbono y el oxígeno) que se piensa se crearon en el
interior de estrellas más antiguas de las poblaciones II y III, y que
posteriormente fueron arrojados al espacio.
·
Estructura en gran escala: la
distribución de galaxias y otras formas de masa en escalas de grandes
distancias, que cubren cientos de millones de años luz y más. Un universo
perfectamente homogéneo e isotrópico no tendría una estructura en gran escala;
un universo con todas las galaxias alineadas en fila india tendría una enorme
estructura en gran escala.
·
Expansión exponencial: expansión
extremadamente rápida. Por ejemplo, un globo que duplica su tamaño cada segundo
-de modo que mide una pulgada después de un segundo, dos pulgadas a los dos
segundos, cuatro pulgadas a los tres segundos y ocho pulgadas a los cuatro
segundos- se está expandiendo en forma exponencial. En cambio, un globo cuyo
radio es de una pulgada después de un segundo, dos pulgadas a los dos segundos,
tres pulgadas a los tres segundos y cuatro pulgadas a los cuatro segundos, se
está expandiendo en forma lineal con el tiempo, no exponencial. Según el modelo
del universo inflacionario, el universo antiguo atravesó un breve período de
expansión exponencial, durante el cual su tamaño aumentó en forma considerable.
·
Factor de escala: una
medida de distancia en cosmología. La distancia entre dos galaxias
cualesquiera, por ejemplo, es proporcional al factor de escala, que siempre
está aumentando en un universo en expansión. Si el factor de escala duplica su
tamaño, entonces la distancia entre dos galaxias cualesquiera también se
duplica.
·
Falso vacío: una
región en el espacio que parece estar vacía, pero que en realidad contiene
energía almacenada. Al liberar esta energía almacenada, se dice que el falso
vacío se desintegra. (Ver vacío.)
·
Física de partículas: la
rama de la física que intenta comprender las partículas fundamentales y las
fuerzas de la naturaleza.
·
Fluctuaciones: desviación
de condiciones uniformes. Por ejemplo, una masa de gas que se agrupa a una
densidad mayor que el gas circundante se calificaría como una fluctuación. A la
cantidad de agrupamientos para cada escala de masa se le denomina espectro de
fluctuación. La mayoría de los cosmólogos intenta explicar las estructuras
observadas en el universo (como los grupos de galaxias), según la condensación
gravitacional y el crecimiento de pequeñas fluctuaciones de masa en el pasado.
·
Fluctuaciones cuánticas: variaciones
continuas en las propiedades de un sistema físico, producidas por el carácter
probabilista de la naturaleza supuesto por la mecánica cuántica. Por ejemplo,
el número de fotones en una caja con paredes perfectamente reflectantes varía
constantemente debido a las fluctuaciones cuánticas. Estas fluctuaciones pueden
hacer que las partículas aparezcan y desaparezcan. Algunas teorías sostienen
que el universo completo fue creado a partir de la nada, en una fluctuación
cuántica.
·
Fluctuaciones en la densidad: inhomogeneidades
aleatorias en una distribución de materia que de otro modo sería uniforme.
·
Formación explosiva de galaxias: una
teoría de la formación galáctica en la que la explosión de una gran cantidad de
estrellas crea una gigantesca onda de choque que se desplaza hacia afuera y
comprime el gas circundante. Las galaxias se forman en las regiones donde
existe un gas de alta densidad.
·
Fotón: la
partícula subatómica que transmite la fuerza electromagnética. La luz consta de
una corriente de fotones.
·
Fuerza de gravedad: la
más débil de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza; la fuerza
gravitacional entre dos masas cualesquiera es proporcional al producto de las
masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia entre ellas. Las
otras tres fuerzas fundamentales son la fuerza electromagnética y dos tipos de
fuerza nuclear. (Ver fuerza electromagnética; fuerza nuclear.)
·
Fuerza electromagnética: una
de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza. La electricidad y el
magnetismo surgen de la fuerza electromagnética. Las otras tres fuerzas
fundamentales son la fuerza de gravedad, la fuerza nuclear débil y la fuerza
nuclear fuerte. (Ver fuerza gravitacional; fuerza nuclear.)
·
Fuerzas nucleares: existen
dos tipos, la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil. Ambas, más la
fuerza de gravedad y la electromagnética, constituyen las cuatro fuerzas
fundamentales de la naturaleza. La fuerza nuclear fuerte, que es la más
poderosa de todas, es la que mantiene unidos protones y neutrones en el núcleo
atómico. La fuerza nuclear débil es responsable de ciertos tipos de
radiactividad; por ejemplo, la desintegración de un neutrón en un protón, un
electrón y un antineutrino.
·
Función de onda: la
descripción matemática de un sistema físico de acuerdo a las leyes de la
mecánica cuántica. La función de onda indica los estados posibles de un sistema
físico, y cuál es la probabilidad de estar en un estado particular en un
momento dado.
·
Galaxia: conjunto
aislado de estrellas y gas, que se mantienen unidas por su gravedad mutua. Una
galaxia típica posee cerca de 100 mil millones de estrellas, tiene una masa
total cercana a un billón de veces la masa del Sol, su diámetro mide
aproximadamente 100 mil años luz, y está separada de la galaxia más cercana por
una distancia de unas cien veces su propio diámetro, o bien 10 millones de años
luz. De este modo, las galaxias constituyen islas de estrellas en el espacio.
Nuestra galaxia se llama la Vía Láctea. Las galaxias se presentan esencialmente
en dos formas como discos aplanados con una protuberancia en el centro
(galaxias espirales) y como manchas amorfas semiesféricas (galaxias elípticas).
Si se encuentran galaxias agrupadas unas cerca de otras, se dice que se hallan
en grupos o cúmulos. Los cúmulos que comprenden un número especialmente grande
de galaxias se denominan cúmulos ricos. Las galaxias que no se hallan en dichos
grupos, sino que parecen más bien estar esparcidas de manera uniforme y aleatoria
por el espacio, se denominan galaxias de campo. Algunas galaxias se
caracterizan por el tipo dominante de radiación que emiten. Por ejemplo, las
galaxias de radio son emisoras inusualmente poderosas de ondas de radio.
·
Geometría euclidiana: la
geometría desarrollada por el matemático griego Euclides cerca del 300 a. C. La
geometría euclidiana, al igual que todas las geometrías, deduce ciertos
resultados a partir de una serie de presunciones iniciales. Uno de los
supuestos críticos de la geometría euclidiana es que, dados una línea recta
cualquiera y un punto no ubicado en dicha línea, se puede trazar exactamente
una línea, paralela a la primera línea, hasta ese punto. Uno de los resultados
de la geometría euclidiana es que los ángulos interiores de cualquier triángulo
suman 180 grados. La geometría euclidiana es la que se enseña en la secundaria.
·
Geometría no euclidiana: la
geometría que no sigue los postulados y resultados de la geometría de Euclides.
Por ejemplo, en una geometría no euclidiana la suma de los ángulos interiores
de un triángulo no es 180 grados. Según la teoría de la relatividad general de
Einstein, la gravedad distorsiona el espacio en una geometría no euclidiana.
·
Geometría riemanniana: una
vasta clase de geometrías no euclidianas. Las matemáticas de la relatividad
general utilizan la geometría riemanniana. (Ver relatividad general.)
·
Gran Atractor: una
gran masa hipotética, a unos 100 millones de años luz de la Tierra, que parece
estar afectando los movimientos de muchas galaxias cercanas en virtud de su
gravedad.
·
Grandes Teorías Unificadas (GUT): las
teorías en la física que intentan explicar las fuerzas de la naturaleza como
manifestaciones de una sola fuerza fundamental.
·
Gravedad cuántica: una
teoría de la gravedad que incluiría adecuadamente la mecánica cuántica. Hasta
la fecha no existe una teoría completa e internamente coherente de gravedad
cuántica, aun cuando se han descubierto exitosas teorías cuánticas para todas
las fuerzas de la naturaleza a excepción de la gravedad. (Ver mecánica
cuántica.)
·
Hidrodinámica: el
estudio de cómo fluyen los gases y los fluidos bajo fuerzas aplicadas.
·
Hipótesis de números grandes de Dirac: la
edad actual del universo, dividida por el tiempo que tarda la luz en atravesar
el radio de un protón, es una cifra cercana a 1040, casi igual a la
proporción de las energías de la fuerza electromagnética y la fuerza
gravitacional. Dirac consideró que era muy poco probable que la igualdad
aproximada de estos dos números grandes fuese accidental, y dedujo que algún
proceso físico debía estar funcionando para mantenerla. Como la primera cifra
(la edad del universo) evidentemente cambia con el tiempo, Dirac propuso que
también las "constantes fundamentales de la naturaleza" incluidas en
la segunda cifra debían cambiar con el tiempo, para mantener la igualdad.
·
Homogeneidad: en
cosmología, la propiedad de que un volumen grande del universo se ve igual que
cualquier otro. La mayoría de los modelos cosmológicos la suponen.
·
Horizonte: la
distancia máxima que un observador puede ver. En cosmología, el horizonte es
igual a la distancia que la luz ha recorrido desde el principio del universo.
Los objetos que están más allá de nuestro horizonte son invisibles a nuestros
ojos, porque no ha transcurrido el tiempo suficiente para que la luz llegue
desde ese punto hasta aquí.
·
Inflación antigua: el
modelo original (1981) del universo inflacionario. (Ver modelo del universo
inflacionario; inflación nueva.)
·
Inflación caótica: una
variación del modelo del universo inflacionario, en la que las fluctuaciones
cuánticas aleatorias están continuamente formando nuevos universos. (Ver modelo
del universo inflacionario; inflación nueva; inflación antigua; fluctuaciones
cuánticas; mecánica cuántica.)
·
Inflación nueva: modificación
del modelo original del universo inflacionario, realizada en 1982. Aunque el
modelo original solucionó unos cuantos problemas cosmológicos, llevaba a la
conclusión de que el universo era muy inhomogéneo durante la época
inflacionaria y contenía burbujas de espacio vacío rodeadas por un medio lleno
de energía. En la inflación nueva también se mantiene que el universo
experimentó una breve época de expansión extremadamente rápida, pero no
aparecen estas burbujas. (Ver modelo del universo inflacionario.)
·
Interacciones débiles: las
interacciones entre ciertas partículas causadas por la fuerza nuclear débil.
(Ver fuerza nuclear.)
·
Interpretación de Copenhague de la
mecánica cuántica: interpretación de la mecánica
cuántica que sostiene que un sistema físico existe en uno y sólo uno de sus
estados posibles después de realizar una medición. Antes de la medición, el
sistema no posee existencia física y sólo puede describirse en términos de la
probabilidad de cada posible resultado de una medición. (Ver interpretación de
múltiples mundos de la mecánica cuántica.)
·
Interpretación de múltiples mundos
(Everett-Wheeler) de la mecánica cuántica: la
tesis que sostiene que un sistema físico existe en forma simultánea en todos
sus posibles estados, antes y después de haberse sometido a mediciones
(comparar con la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica). En la
interpretación de múltiples mundos, cada una de estas existencias simultáneas
forma parte de un universo separado. Cada vez que medimos un sistema físico y
descubrimos que está en un estado particular de todos los posibles, nuestro
universo se bifurca hacia uno de los universos donde el sistema esté en ese
estado particular en ese preciso momento. No obstante, el sistema continúa
existiendo en sus otros posibles estados, en universos paralelos. (Ver
interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica; mecánica cuántica.)
·
Isotropía: en
cosmología, la propiedad del universo de aparecer igual en todas direcciones.
La uniformidad de la radiación del ruido de fondo cósmico, que proviene de
todas las direcciones del espacio, sugiere que, visto en gran escala, el
universo es isotrópico con respecto a nuestra posición. Si suponemos que
nuestra posición no es única, podemos concluir que el universo parece
isotrópico con respecto a todos los puntos. Este último resultado requiere que
el universo sea homogéneo. (Ver radiación del ruido de fondo cósmico;
homogeneidad.)
·
Kiloparsec: medida
de distancia igual a 1.000 parsecs, o cerca de 3.000 años luz.
·
Leptones: partículas
fundamentales de la naturaleza que pueden interactuar a través de todas las
fuerzas fundamentales a excepción de la fuerza nuclear fuerte. El electrón es
un ejemplo de un leptón.
·
Ley de Hubble: la
ley que dice que la velocidad de alejamiento es proporcional a la distancia en
un universo homogéneo e isotrópico. Se dice que las galaxias que se alejan de
nosotros a una velocidad que justamente corresponde a esta ley están siguiendo
el flujo de Hubble. Como el universo real no es precisamente homogéneo
-presenta irregularidades producidas por la aglomeración de galaxias y los
huecos de espacio vacío-, los movimientos de las galaxias reales experimentan
una cierta desviación del flujo de Hubble.
·
Longitud de escala: una
medida del tamaño de un sistema físico o región del espacio.
·
Luminosidad: la
energía por segundo emitida por un objeto astronómico, similar al wataje de una
bombilla o ampolleta.
·
Masa de Planck: ver
constante de Planck.
·
Masa faltante: masa
cósmica hipotética que algunos científicos citan como necesaria para que el
universo tenga la densidad crítica de materia, con un equilibrio exacto entre
energía gravitacional y energía cinética de expansión, que da un resultado de
omega = 1. Se le llama masa faltante porque representa unas diez veces la
cantidad de masa que en realidad se ha detectado mediante cualquier método,
incluyendo los estudios de efectos gravitacionales. (Ver universo cerrado;
densidad de masa crítica; materia oscura.)
·
Materia oscura: la
materia del universo que detectamos por sus influencias gravitacionales, pero
que no podemos ver. La materia oscura con una menor velocidad aleatoria y que
se concentra fácilmente por la gravedad se denomina materia oscura fría. La
materia oscura caliente posee una mayor velocidad aleatoria y, por lo tanto, es
capaz de resistir las irregularidades gravitacionales. Los modelos recientes
que explican el diseño observado de la aglomeración galáctica pueden, en parte,
caracterizarse por si invocan la materia oscura fría o la materia oscura
caliente. En todo caso, como no sabemos lo que es la materia oscura, no
disponemos de evidencia directa de si es fría o caliente.
·
Materia oscura fría: ver
materia oscura.
·
Mecánica cuántica: la
teoría que explica el comportamiento dual de la materia, similar a las
partículas y similar a las ondas, y el carácter probabilista de la naturaleza.
Según la mecánica cuántica, es imposible disponer de información completa y
precisa acerca del estado de un sistema físico, tal como no puede localizarse
una onda en un solo punto en el espacio, puesto que se extiende a muchos
puntos. Esta incertidumbre constituye un aspecto intrínseco del sistema o
partícula, no un reflejo de nuestra incapacidad para medir con exactitud. Por
consiguiente, los sistemas físicos deben describirse en términos de
probabilidades. Por ejemplo, en un amplio conjunto de átomos de uranio, es
posible predecir en forma exacta qué fracción de estos átomos
se desintegrará en forma radiactiva durante los siguientes sesenta minutos,
pero es imposible predecir cuáles de ellos lo harán. Otro
ejemplo no se puede localizar a un electrón con una velocidad bien conocida en
una pequeña región del espacio, pues aquél se comporta como si ocupase muchos
lugares diferentes al mismo tiempo. Se podría ver la existencia de cualquier
sistema físico -por ejemplo, un átomo- como la combinación de todos sus estados
posibles, cada uno de los cuales posee una cierta probabilidad. La teoría
cuántica ha logrado explicar en forma extremadamente satisfactoria el
comportamiento de la naturaleza en el nivel subatómico, aun cuando muchos de
sus resultados atenían contra nuestra intuición basada en el sentido común.
(Ver interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica; interpretación de
múltiples mundos de la mecánica cuántica; principio de la incertidumbre;
función de onda.)
·
Megaparsec: medida
de distancia igual a un millón de parsecs, o bien tres millones de años luz.
·
Metales: en
astronomía, todos los elementos más pesados que el hidrógeno y el helio, que
son los dos más livianos.
·
Métrica de Robertson-Walker: descripción
matemática de las propiedades geométricas de un universo homogéneo e
isotrópico. Todas las cosmologías de Friedmann utilizan la métrica de
Robertson-Walker. (Ver modelos de Friedmann; homogeneidad; isotropía.)
·
Minuto de arco: unidad
de ángulo igual a 1/60 de grado.
·
Modelo de aglomeración jerárquica: modelo
de aglomeración galáctica en el que aparecen distintos patrones a distintas
escalas de distancia, indefinidamente a escalas cada vez mayores, y donde la
densidad "promedio" de materia depende del tamaño del volumen sobre
el que se realiza el promedio. En un modelo homogéneo la densidad promedio es
independiente de dicho tamaño. (Ver modelo pancake.)
·
Modelo de De Sitter: una
solución específica a las ecuaciones cosmológicas de Einstein, descubierta por
Wilhelm de Sitter en 1917, en la cual el espacio se expande a una velocidad
exponencial, rápida. Esta solución es muy distinta a las soluciones propuestas
por Friedmann y por Lemaître, en las cuales el universo se expande a una
velocidad mucho más lenta (una velocidad a la que la distancia entre dos puntos
cualesquiera aumenta como algo entre la raíz cuadrada del tiempo y linealmente
con el tiempo). Las soluciones tipo de Friedmann y Lemaître se incorporaron al
modelo estándar del big bang. Modificaciones recientes de este modelo -como el
modelo del universo inflacionario- proponen que en sus comienzos el universo
atravesó un período de desarrollo exponencial, llamado fase de De Sitter.
·
Modelo de Weinberg-Salam: teoría
física desarrollada por Steven Weinberg, Abdus Salam y Sheldon Glashow, que
unifica dos fuerzas fundamentales de la naturaleza, la fuerza electromagnética
y la fuerza nuclear débil. Es la misma que la teoría electrodébil.
·
Modelo de la materia oscura fría: un
importante modelo teórico para explicar la aglomeración de galaxias y otras
grandes distribuciones de masa cósmica. Se basa en el modelo del universo
inflacionario, supone que el universo es plano y presume que la "masa
faltante" se compone de partículas de movimiento lento que se aglomeran
fácilmente. (Ver modelo del universo inflacionario; masa faltante.)
·
Modelo del big bang: un
modelo de la evolución del cosmos que sugiere que el universo se creó hace diez
mil millones de años, en un estado de densidad y temperatura extremadamente
altas. Según este modelo, el universo se ha estado expandiendo, tornándose
menos denso y enfriándose desde su inicio. La observación ha comprobado que
todas las galaxias distantes se están alejando de nuestra propia galaxia, como
lo pronosticó el modelo del big bang. (Ver universo cerrado; modelos de
Friedmann; universo abierto.)
·
Modelo del estado continuo: un
modelo del universo en el que éste no cambia con el tiempo. A fines de la
década de 1940 se propuso un modelo moderno del estado continuo. El modelo del
big bang no es un modelo de estado continuo.
·
Modelo del universo inflacionario: una
reciente modificación del modelo estándar del big bang, en la que el universo
recién creado atraviesa un breve período de expansión extremadamente rápida
(exponencial), después del cual vuelve a la velocidad de expansión más pausada
del modelo estándar. El período de expansión rápida comenzó y terminó cuando la
edad del universo era aún mucho menor que un segundo, pero proporciona una
explicación física a los problemas del horizonte y de la cosmología plana.
Asimismo, el modelo del universo inflacionario sugiere que el universo es
muchísimo más grande que la fracción que nosotros podemos ver. (Ver expansión
exponencial.)
·
Modelo del universo oscilante: un
universo que se expande y se contrae sucesivamente, atravesando diversos
ciclos.
·
Modelo mixmaster: modelo
cosmológico no friedmanniano que comienza con un universo altamente
anisotrópico y muestra cómo las anisotropías se reducen con el tiempo. (Ver
modelos de Friedmann.)
·
Modelo pancake: modelo
de formación de galaxias en que las primeras estructuras que se condensaron,
diferenciándose del fondo uniforme de gas primordial, tenían un tamaño muy
grande. Posteriormente, estas grandes masas colapsaron y se transformaron en
delgadas capas (pancakes),dividiéndose en diversos fragmentos más
pequeños (las galaxias). Una teoría contrapuesta, en ocasiones denominada
modelo de aglomeración jerárquica, propone que las primeras estructuras que se
formaron eran del tamaño de las galaxias y, a medida que éstas se aglomeraban
entre sí por la gravedad, se formaron estructuras cada vez mayores. (Ver modelo
de aglomeración jerárquica.)
·
Modelos de Friedmann: una
clase general de modelos cosmológicos que suponen que el universo es homogéneo
e isotrópico en grandes escalas y que permiten la evolución del universo con el
tiempo. La mayoría de los cálculos en el modelo estándar del big bang suponen
una cosmología de Friedmann. (Ver ecuación de Friedmann; homogeneidad;
isotropía.)
·
Movimientos en gran escala: voluminosos
movimientos de galaxias distantes que se desvían del flujo de Hubble. (Ver ley
de Hubble.)
·
Neutrino: partícula
subatómica que no posee carga eléctrica, casi no tiene masa e interactúa con
otras partículas sólo a través de la fuerza nuclear débil y la fuerza
gravitacional. (Ver fuerzas nucleares.)
·
Neutrón: un
tipo de partícula subatómica que, junto con el protón, forma el núcleo atómico.
El neutrón no posee carga eléctrica y está compuesto por tres cuarks. (Ver
protón; cuark.)
·
Nucleón: un
protón o neutrón. (Ver neutrón; protón.)
·
Nucleosíntesis: la
producción de núcleos pesados a partir de la fusión de núcleos livianos. Según
la teoría del big bang, el universo recién creado solamente contenía hidrógeno,
el más liviano de todos los núcleos atómicos, puesto que cualquier núcleo más
pesado se habría desintegrado en el intenso calor. Todo el resto de los
elementos tendría que haberse formado más tarde, en procesos de nucleosíntesis.
Se piensa que la mayor parte del helio, el segundo elemento más liviano después
del hidrógeno, se formó cuando el universo tenía unos cuantos minutos, y que la
mayor parte de los otros elementos se creó mucho después, en reacciones
nucleares en los centros de las estrellas.
·
Omega: la
proporción de la densidad promedio de la masa del universo a la densidad de
masa crítica (la densidad de masa requerida para detener la expansión
centrífuga del universo). En un universo abierto, omega siempre es inferior a
1; en un universo cerrado, siempre es mayor que 1; en un universo plano,
siempre es exactamente igual a 1. A menos que omega sea exactamente igual a 1,
cambia con el tiempo, disminuyendo sin cesar en un universo abierto o
aumentando ininterrumpidamente en un universo cerrado. Según mediciones, omega
tiene un valor cercano a 0,1; sin embargo, estas mediciones son difíciles e
inciertas. (Ver universo cerrado; densidad de masa crítica; universo plano;
universo abierto.)
·
Parámetro de densidad: otro
nombre para omega. (Ver omega.)
·
Parámetro de desaceleración: parámetro
que mide la tasa de disminución de la expansión del universo. La gravedad
provoca esta disminución. El parámetro de desaceleración es igual a omega (otro
parámetro cosmológico) cuando el universo está dominado por la radiación,
aproximadamente los primeros 100 mil años luego del big bang, y a 1/2 omega
cuando el universo está dominado por la materia. Como el parámetro de
desaceleración es equivalente a omega (suponiendo una constante cosmológica de
cero, como a menudo se hace), determina el destino final y la geometría
espacial del universo. El símbolo para el parámetro de desaceleración suele
ser qo. (Ver omega.)
·
Estudios del desplazamiento al rojo: la
tabulación metódica de los desplazamientos hacia el rojo de un gran número de
galaxias en una región específica del firmamento. Los desplazamientos al rojo
miden directamente la velocidad de alejamiento de las galaxias. Si se adopta la
ley de Hubble, estas velocidades pueden traducirse a distancias. Bajo este
supuesto, una perspectiva del desplazamiento al rojo entrega la tercera
dimensión, la profundidad, para las galaxias en un catastro. Las otras dos
dimensiones para cada galaxia las entregan sus posiciones percibidas en el
firmamento. El desplazamiento al rojo de una galaxia se obtiene midiendo su
espectro de luz; de este modo es posible ver cuál es el grado de desplazamiento
de sus colores. (Ver espectro.)
·
Principio antrópico: la
forma débil del principio sostiene que la vida puede existir solamente durante
un breve período de la historia de nuestro universo. La forma fuerte del
principio antrópico establece que, de todos los valores posibles para las
constantes fundamentales de la naturaleza y las condiciones iniciales del
universo, sólo una pequeña fracción de ellos permitiría la formación de vida,
en cualquier época. (Ver condiciones límite; constantes fundamentales de la
naturaleza.)
·
Principio cosmológico: el
que sostiene que el universo es homogéneo e isotrópico en gran escala, es
decir, que parece igual en todas partes y, desde cualquier punto específico, se
ve igual en todas las direcciones.
·
Principio de equivalencia: la
afirmación de que una fuerza gravitacional es absolutamente equivalente en
todos sus efectos físicos a una aceleración general en la dirección contraria.
Por ejemplo, una persona dentro de un ascensor en el espacio con una
aceleración ascendente de treinta y dos pies por segundo sentiría que el suelo
ejerce una presión ascendente sobre sus pies exactamente de la misma forma que
si el ascensor estuviese detenido sobre la Tierra, donde la gravedad ejerce una
presión descendente con una aceleración de treinta y dos pies por segundo. El
"principio de equivalencia débil" sostiene que todos los objetos,
independientemente de su masa o composición, caen con la misma aceleración en
presencia de gravedad. El experimento de Eotvos, y otros posteriores y
perfeccionados, demuestran el principio de equivalencia débil.
·
Principio de incertidumbre: también
llamado principio de incertidumbre de Heisenberg, es un resultado fundamental
de la mecánica cuántica que sostiene que la posición y velocidad de una
partícula no pueden conocerse simultáneamente con una certeza absoluta. Si se
tiene gran certeza de una de ellas, la otra se torna muy incierta. El producto
de la incertidumbre en la posición y en el impulso (masa multiplicada por
velocidad) es igual a una constante, la constante de Planck. Como para predecir
la posición futura de una partícula es necesario conocer tanto la posición
inicial como la velocidad inicial, el principio de incertidumbre impide
predecir de manera precisa el futuro desde el pasado, aun cuando se conozcan
los valores de todas las leyes de la física. (Ver constante de Planck; mecánica
cuántica.)
·
Principio de Mach: la
hipótesis de que la inercia de los cuerpos, es decir, su resistencia a la
aceleración provocada por fuerzas aplicadas, no está determinada por ninguna
propiedad absoluta del espacio, sino por los efectos de la materia distante en
el universo. De modo equivalente, el principio de Mach propone que la
distinción entre marcos de referencia acelerados y no acelerados sea
determinada por los efectos de la materia distante.
·
Problema de la cosmología plana: el
enigma de por qué el universo está hoy tan cerca del límite entre abierto y
cerrado, es decir, por qué es casi plano. De manera similar, ¿por qué debe la
densidad de masa promedio estar hoy tan cerca de la densidad de masa crítica,
pero no ser exactamente igual a ella? Si omega comienza siendo superior a 1,
debiera aumentar cada vez más con el tiempo; si comienza siendo inferior a 1,
debiera reducirse cada vez más. Para que omega esté cerca del 0,1 hoy, unos 10
mil millones de años después del big bang, debió haber estado extremadamente
cerca de 1 cuando el universo tenía un segundo. Algunos consideran que este
equilibrio exquisito es muy poco probable según el modelo estándar del big
bang, por lo que los desconcierta el que el universo "actual sea casi
plano. (Ver universo cerrado; densidad de masa crítica; universo plano; omega;
universo abierto.)
·
Problema del horizonte: el
enigma planteado por la observación de que regiones del universo muy distantes
entre sí comparten las mismas propiedades físicas, como la temperatura, aun
cuando estas regiones estaban demasiado alejadas cuando emitieron su radiación
como para haber intercambiado calor y haberse homogeneizado en el tiempo que ha
pasado desde el principio del universo. Específicamente, detectamos la misma
intensidad de ondas de radio cósmicas (radiación del ruido de fondo cósmico)
desde todas las direcciones del espacio, lo que sugiere que las regiones que
emitieron dicha radiación tenían la misma temperatura en el momento de la
emisión. Sin embargo, en ese momento, cuando el universo tenía unos 300 mil
años, aquellas regiones estaban separadas por aproximadamente 50 millones de
años luz, lo que sobrepasa con mucho la distancia que la luz o el calor podrían
haber recorrido desde el big bang. (Ver horizonte.)
·
Proporción de fotones a bariones: la
proporción del número de fotones al número de bariones en cualquier gran
volumen típico de espacio. (Ver bariones; fotón.)
·
Proporción de masa a luz (M/L): la
relación de la masa total de un sistema físico a la cantidad de radiación
producida por ese sistema. La masa que no produce radiación de ningún tipo a
menudo puede detectarse por medio de sus efectos gravitacionales. Los sistemas
con una gran cantidad de esta materia oscura tendrían una alta proporción de
masa a luz.
·
Proporción de materia a antimateria: la
relación de la masa en partículas a la masa en antipartículas. Para cada tipo
de partícula existe una antipartícula. El positrón, por ejemplo, es la
antipartícula del electrón y es idéntico a él, excepto por su carga eléctrica,
que es la opuesta. Las abundancias de partículas y antipartículas no deben ser
necesariamente equivalentes. Pareciera que nuestro universo se constituye casi
totalmente de partículas, y no de antipartículas, aunque no existe una
diferencia fundamental entre los dos tipos de materia.
·
Proporción de partícula a antipartícula: lo
mismo que proporción de materia a antimateria.
·
Proposición "sin bordes”: una
condición inicial (o condición límite) para el universo propuesta por Stephen
Hawking y James Hartle. Estos reformularon las matemáticas de la relatividad
general reemplazando el tiempo por una coordenada semejante al espacio, con lo
que el universo aparece como si tuviese cuatro dimensiones de espacio en lugar
de tres dimensiones de espacio y una de tiempo. (En una formulación de este
tipo, el "tiempo" pierde su significado usual.) Hawking y Hartle
sugieren que la geometría de esta representación del universo debería ser
análoga a la geometría de la superficie de una esfera, es decir, una forma sin
bordes. Al traducirla al tiempo y el espacio ordinarios, esta condición límite
sugerida toma la forma de una condición inicial específica para el universo. La
proposición sin bordes se formula mediante un cálculo de la mecánica cuántica
del comportamiento del universo primitivo, aunque dichos cálculos están
incompletos por la carencia de una teoría intrínsecamente coherente de gravedad
cuántica.
·
Protón: un
tipo de partícula subatómica que, junto con el neutrón, constituye el núcleo
atómico. El protón posee una carga eléctrica positiva y está compuesto por tres
cuarks. (Ver neutrón; cuark.)
·
q0 es el parámetro de desaceleración. (Ver
parámetro de desaceleración.)
·
Radiación antirradiante: un
tipo único de radiación cuyo espectro y otras propiedades se caracterizan en su
totalidad en términos de una sola cantidad, la temperatura. La radiación
antirradiante se produce después de que un grupo de partículas y fotones llega
a un estado de equilibrio térmico entre sí, en el cual cada reacción entre las
partículas se compensa por la reacción contraria, de modo que el sistema como
un todo ya no sigue cambiando. En esta situación, todas las partes del sistema,
incluyendo la radiación, han llegado a la misma temperatura. La radiación
antirradiante se produciría, por ejemplo, dentro de un horno que se mantuviera
a temperatura constante y cuya puerta permaneciera cerrada durante largo
tiempo. (Ver fotón; espectro; equilibrio térmico.)
·
Radiación cósmica de fondo: a
menudo denominada simplemente radiación de fondo, o radiación cósmica de
microondas, es un penetrante baño de ondas de radio que provienen de todas las
direcciones del espacio. Según la teoría del big bang, esta radiación se
produjo por las colisiones de las partículas cuando el universo era mucho más
joven y caliente, y llenó el espacio de manera uniforme. Las colisiones entre
la radiación y la materia cesaron cuando el universo tenía una edad aproximada
de 300 mil años; desde entonces, la radiación cósmica de fondo se ha estado
dispersando libremente por el espacio. Hoy tiene la forma de ondas de radio.
·
Radio o límite de Schwarzschild: la
"superficie" de un agujero negro, dentro de la cual la fuerza de
gravedad es tan fuerte que la luz no logra escapar. El radio de Schwarzschild
es proporcional a la masa del agujero negro, y mediría unos tres kilómetros
para un agujero negro con una masa similar a la de nuestro sol. Karl
Schwarzschild "descubrió teóricamente" los agujeros negros, en 1917.
(Ver agujero negro.)
·
Relación de Faber-Jackson: correlación
observada en forma empírica entre las velocidades de estrellas en el centro de
una galaxia y la luminosidad de la galaxia a mayores las velocidades
aleatorias, más luminosa será la galaxia. Debido a que las velocidades de las
estrellas pueden medirse directamente por medio del efecto Doppler en sus
colores, la relación Faber-Jackson permite calcular la luminosidad de una
galaxia. Al compararla con la brillantez observada, podemos deducir la
distancia que existe hasta esa galaxia.
·
Relación de Tully-Fisher: una
relación observada entre la luminosidad de una galaxia espiral y la velocidad
de rotación de sus estrellas. Las galaxias más luminosas poseen estrellas que
se desplazan más rápidamente. (Ver galaxia.)
·
Relatividad: la
teoría de cómo el movimiento y la gravedad afectan las propiedades del tiempo y
el espacio. La teoría especial de la relatividad establece, entre otras cosas,
la naturaleza no absoluta del tiempo. El tiempo que transcurre entre dos
sucesos no será el mismo para dos observadores o relojes en movimiento relativo
entre sí. La teoría general de la relatividad describe cómo la gravedad afecta
la geometría del espacio y la velocidad a la que transcurre el tiempo. (Ver
relatividad general; relatividad especial.)
·
Relatividad especial: teoría
del tiempo y el espacio de Einstein. Formulada en 1905, muestra cómo difieren
las mediciones de longitud y tiempo para los observadores en movimiento
relativo.
·
Relatividad general: La
teoría de la gravedad de Einstein, formulada en 1915. La teoría de la
relatividad general prescribe la gravedad producida por cualquier disposición
de materia y energía.
·
Segunda ley de la termodinámica: una
ley física formulada en el siglo XIX, que sostiene que cualquier sistema
aislado se torna más desordenado con el tiempo. (Ver entropía.)
·
Segundo de arco: unidad
de ángulo en astronomía. Un segundo de arco es 1/3600 de grado.
·
Simulaciones: en
la ciencia, los modelos del comportamiento de sistemas físicos realizados
computacionalmente. (Ver simulaciones de cuerpo N.)
·
Simulaciones de cuerpo N: simulaciones
computacionales del comportamiento de un gran número de cuerpos bajo sus
interacciones mutuas. En las simulaciones cosmológicas de cuerpo N, por lo
general los cuerpos son galaxias y las interacciones son gravitacionales. El
computador simula cómo un grupo de galaxias debiera comportarse bajo su
atracción gravitacional mutua. La ley de gravedad y las posiciones y
velocidades iniciales de las galaxias hipotéticas y otras masas se ingresan al
computador, el que posteriormente calcula la evolución del sistema.
·
Singularidad: un
lugar ubicado en el espacio o en el tiempo, donde cierta magnitud, como la
densidad, se torna infinita. Las leyes de la física no pueden describir
cantidades infinitas y, de hecho, los físicos piensan que las cifras infinitas
no existen en la naturaleza. Por lo tanto, todas las singularidades, como la de
Schwarzschild, probablemente son artefactos creados por teorías inadecuadas y
no propiedades verdaderas de la naturaleza. Según la teoría de la relatividad
general de Einstein, el universo comenzó en una singularidad de densidad
infinita, el big bang. Hoy, los físicos piensan que una modificación aún no
descubierta de la relatividad general, que incorpore la mecánica cuántica,
demostrará que el universo no comenzó como una singularidad. (Ver singularidad
de Schwarzschild.)
·
Singularidad de Schwarzschild: el
centro de un agujero negro. De acuerdo con la teoría de la relatividad general
de Einstein, toda la masa de un agujero negro se concentra en un punto en su
centro, la "singularidad". Hoy, los físicos creen que los efectos de
la mecánica cuántica, no incluidos en la teoría, harían que la masa se
esparciese sobre una región pequeñísima pero no igual a cero, evitando con ello
una densidad de materia infinita y eliminando la singularidad.
·
Superconglomerado: un
conjunto de aglomeraciones galácticas que se extiende a unos 100 millones de
años luz.
·
Teorema (o método) virial: en
la física gravitacional, una relación cuantitativa entre la cantidad de energía
gravitacional y la cantidad de energía cinética de un sistema físico aislado en
equilibrio. Así, para un sistema de estas características, se debe medir
directamente sólo uno de los dos tipos de energía; el otro se puede deducir
mediante el teorema virial. El universo como un todo no está en un estado de
equilibrio, por lo que no es necesario que su energía gravitacional y su
energía cinética de expansión obedezcan al teorema virial.
·
Teoremas de singularidad: en
astronomía y cosmología, pruebas matemáticas que muestran las condiciones bajo
las cuales una masa colapsará gravitacionalmente para formar una singularidad.
Los teoremas de singularidad de la cosmología, probados en la década de 1960,
indican que el comportamiento actual del universo, junto con las leyes de
relatividad general pero sin las correcciones de la mecánica cuántica, requiere
que en algún tiempo definido en el pasado el universo estuvo comprimido en un
estado de tamaño cero y densidad infinita, llamado singularidad. Las leyes de
la física no sirven frente a una singularidad y no pueden utilizarse para
predecir nada antes o durante la singularidad. (Ver singularidad.)
·
Teoría de campo: teoría
donde las fuerzas entre dos partículas se comunican a través de un
"campo" de energía, el que llena el espacio entre dos partículas. En
una teoría de campo, cualquier partícula -por ejemplo, un electrón- está
rodeada por un campo. Este campo crea y destruye continuamente partículas
intermediarias, que trasmiten la fuerza de un electrón a otras partículas. De
hecho, se considera que las partículas en sí son concentraciones de energía en
el campo.
·
Teoría Einstein -De Sitter: una
solución particular a las ecuaciones cosmológicas de Einstein en la que el
universo es plano. (Ver universo plano.)
·
Teoría electrodébil: la
teoría que unifica la fuerza electromagnética y la fuerza nuclear débil en una
sola fuerza. Fue desarrollada en la década de 1960 por Sheldon Glashow, Steven
Weinberg y Abdus Salam, y se ha visto confirmada posteriormente en el
laboratorio.
·
Termodinámica: el
estudio de cómo los cuerpos cambian a medida que emplean fuerzas e intercambian
calor con otros cuerpos.
·
Tiempo de Hubble: recíproco
a la constante de Hubble. El tiempo (o época) de Hubble proporciona un cálculo
para la edad del universo. Para obtener un valor preciso para la edad del
universo también hay que conocer omega, ya que la velocidad de expansión ha
cambiado con el tiempo. (Ver parámetro de desaceleración; constante de Hubble;
omega.)
·
Tubos de imagen: dispositivos
electrónicos que amplifican la luz que reciben, al tiempo que preservan su
dirección.
·
Unidad luminosa estándar: en
astronomía, cualquier clase de objetos con la misma luminosidad, o con alguna
propiedad que permita una determinación confiable de las luminosidades. (Ver
cefeida; luminosidad.)
·
Universo abierto: un
universo cuyo destino es expandirse siempre. En un universo abierto, la energía
cinética de expansión siempre es mayor que la energía gravitacional, y el valor
de omega siempre es inferior a 1. Los universos abiertos tienen la geometría de
una superficie curva infinita con el mismo grado de curvatura en cada punto.
(Ver universo cerrado; omega.)
·
Universo cerrado: universo
finito. Los universos cerrados se expanden por un tiempo finito, alcanzan un
tamaño máximo y después colapsan. En los universos cerrados domina la fuerza
centrípeta de gravedad, la que finalmente invierte la propagación centrífuga de
la materia; es decir, la energía gravitacional domina la energía cinética de
expansión. El valor de omega es mayor a 1 para un universo cerrado. Si un
universo comienza cerrado, permanece cerrado; si comienza abierto, sigue
abierto; si comienza siendo plano, mantendrá asimismo su condición. En el
modelo del big bang, el que el universo sea cerrado, abierto o plano lo
determinan las condiciones iniciales, tal como el destino de un cohete lanzado
desde la Tierra está determinado por su velocidad ascendente inicial, relativa
a la fuerza de la energía gravitacional de la Tierra. Si la velocidad inicial
de expansión del universo fue inferior a un valor crítico, determinado por la
densidad de masa, el universo se expandirá sólo durante un cierto tiempo y
luego colapsará, como lo haría un cohete lanzado con una velocidad inferior al
valor crítico dependiente de la fuerza de la gravedad de nuestro planeta, que
alcanzaría una altura máxima y luego caería a la Tierra. Así se comporta un
universo cerrado. Si la velocidad inicial de expansión del universo fue mayor
que el valor crítico, el universo es abierto y no cesará de expandirse. Si la
velocidad inicial de expansión fue exactamente igual al valor crítico, entonces
el universo es plano, y continuará expandiéndose siempre, aunque con una
velocidad de expansión que se aproxima al cero. (Ver universo plano; omega;
universo abierto.)
·
Universo plano: un
universo que está en el límite entre un universo abierto y uno cerrado. En un
universo plano, la densidad de masa promedio tiene siempre justamente el valor
crítico necesario para mantener la energía gravitacional igual a la energía de
expansión. En consecuencia, el valor de omega es 1 para ese universo. Los
universos planos tienen un tamaño infinito y la geometría de una superficie
plana infinita, es decir, la geometría euclidiana. (Ver universo cerrado;
densidad de masa crítica; geometría de Euclides; omega; universo abierto.)
·
Universos en reproducción: el
proceso, en algunos modelos de universo inflacionario, mediante el cual el
universo está constantemente produciendo nuevos universos, separados
causalmente unos de otros y también del universo madre. (Ver inflación
caótica.)
·
Vacío: un
estado de energía mínima. Debido al principio de incertidumbre, incluso el
espacio vacío posee un contenido mínimo de energía.
·
Vacíos: grandes
regiones de espacio sin galaxias.
·
Velocidad peculiar: la
velocidad de una galaxia que se desvía de la velocidad esperada suponiendo una
expansión uniforme del universo. (Ver ley de Hubble.)


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