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© Libro N° 6122. 40 Poemas. Vitale, Ida. Emancipación. Junio 15 de 2019.

Título original: © 40 Poemas. Ida Vitale

                                  

Versión Original: © 40 Poemas. Ida Vitale                                      

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

40 POEMAS

Ida Vitale

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vitale se inscribe en la tradición de las vanguardias históricas latinoamericanas, su poesía indaga en la alquimia del lenguaje y establece un encuentro entre una exacerbada percepción sensorial de raíz simbolista, siempre atenta al mundo natural, y la cristalización conceptual en su perfil más preciso. Es representante de la poesía esencialista. Su obra está caracterizada por poemas cortos, una búsqueda del sentido de las palabras y un carácter metaliterario.Presentamos aquí una selección de poemas que leyó el 6 de octubre de 2008 en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ida Vitale

 

40 poemas

 

Leidos en la Residencia de Estudiantes en 2008

 

ePub r1.0

 

Titivillus 25-11-2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ida Vitale, 2008

 

Digital editor: Titivillus

 

ePub base r2.0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SOBREVIDA

 

 

 

 

Dame noche

 

las convenidas esperanzas,

 

dame no ya tu paz,

 

dame milagro,

 

dame al fin tu parcela,

 

porción del paraíso,

 

tu azul jardín cerrado,

 

tus pájaros sin canto.

 

Dame, en cuanto cierre

 

los ojos de la cara,

 

tus dos manos de sueño

 

que encaminan y hielan,

 

dame con qué encontrarme

 

dame, como una espada,

 

el camino que pasa

 

por el filo del miedo,

 

una luna sin sombra,

 

una música apenas oída

 

y ya aprendida,

 

dame, noche, verdad

 

para mí sola

 

tiempo para mí sola,

 

sobrevida.

 

(De Palabra dada, 1953)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ESTE MUNDO

 

 

 

 

Sólo acepto este mundo iluminado

 

cierto, inconstante, mío.

 

Sólo exalto su eterno laberinto

 

y su segura luz, aunque se esconda.

 

Despierta o entre sueños,

 

su grave tierra piso

 

y es su paciencia en mí

 

la que florece.

 

Tiene un círculo sordo,

 

limbo acaso,

 

donde a ciegas aguardo

 

la lluvia, el fuego

 

desencadenados.

 

A veces su luz cambia,

 

es el infierno;

 

a veces, rara vez,

 

el paraíso.

 

Alguien podrá quizás

 

entreabrir puertas,

 

ver más allá

 

promesas, sucesiones.

 

Yo sólo en él habito,

 

de él espero,

 

y hay suficiente asombro.

 

En él estoy, me quede,

 

renaciera.

 

(De Cada uno en su noche, 1960)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FINAL DE FÉNIX

 

 

 

 

No era verdad

 

el fabuloso vuelo

 

pero fingíamos creerlo

 

por casi hermoso.

 

Le miramos llegar

 

a un cielo falso

 

subiendo su proclama

 

de oro en oro

 

en rosa sombría de teatro,

 

en inerte crepúsculo.

 

Seguíamos su vuelo

 

con ácida paciencia.

 

Pronto,

 

roído del día

 

por sus mismos vapores

 

fue cediendo

 

ante la noche limpia.

 

Aguardábamos

 

el fruto del incendio,

 

lo imprevisible

 

figurado en gloria.

 

Al cabo fue cayendo

 

hacia la tierra,

 

entre sombras

 

de vuelos de ceniza.

 

y no vimos batir

 

ala ninguna.

 

(De Cada uno en su noche, 1960)

 

 

 

 

 

 

 

CUADRO

 

 

 

 

Construimos el orden de la mesa,

 

el follaje de la ilusión,

 

un festín de luces y sombras,

 

la apariencia del viaje en la inmovilidad.

 

Tensamos un blanco campo

 

para que en él esplendan

 

las reverberaciones del pensamiento

 

en torno del icono naciente.

 

Luego soltamos nuestros perros,

 

azuzamos la cacería,

 

la imagen serenísima, virtual,

 

cae desgarrada.

 

(De Oidor andante:, 1972)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ESFINGE REINA

 

 

 

 

De pie sobre la caja de la culebra,

 

la reina, subida por ángeles

 

o demonios, va tras el sortilegio.

 

Se le ha abierto un camino de alfileres

 

para que baile sobre sus puntas

 

y hacia atrás una espada la protege o la mata.

 

Este siglo le incendia bosques diarios

 

de pájaros prohibidos

 

y le cierra el escándalo de los viajes sin rumbo.

 

¿Ofrecerá morir, un alacrán

 

rodeado de oscuros enemigos,

 

o cubrirse tan sólo de espinas,

 

de aguijones?

 

Fío en que mantenga su cetro de locura,

 

la pólvora capaz de volar

 

la suficiente imagen del mundo.

 

(De Oidor andante:, 1972)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REUNIÓN

 

 

 

 

Erase un bosque de palabras,

 

una emboscada lluvia de palabras,

 

una vociferante o tácita

 

convención de palabras,

 

un musgo delicioso susurrante,

 

un estrépito tenue,

 

un oral arcoiris

 

de posibles oh leves leves disidencias leves, érase el pro y el contra, el sí y el no,

 

multiplicados árboles

 

con voz en cada una de sus hojas.

 

Ya nunca más, diríase,

 

el silencio.

 

(De Oidor andante:, 1972)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RENACENTISTA

 

 

 

 

Aún sigue siendo así: icáricos,

 

caedizos y respectivo mar uno del otro.

 

Desde las barcas y las plantaciones

 

transmiten partes de rescoldo último,

 

doblan señales de pasión y muerte

 

los exentos, y fervorosamente

 

huyen del aire altivo de la quema.

 

Los que allá siguen gravitando aducen

 

sus propias leyes, su sagrado fuego,

 

tocan intactos su certeza y ríen.

 

(De Oidor andante:, 1972)

 

 

 

 

 

 

 

 

TRASTIENDA

 

 

 

 

Cielos veloces de Montevideo,

 

estratos de oro y de laurel,

 

halados por la más alta red,

 

tibios lilas lentísimos

 

cocientes de su luz multiplicada,

 

pasan y nos envuelven

 

y nos entretenemos con su gracia,

 

como una mano juega

 

entre arenas que guardan

 

la eternidad en la que no pensamos.

 

Entretanto, el pegaso peligro

 

relincha ferozmente.

 

(De Oidor andante:, 1972)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRAMPAS

 

 

 

 

 

Las arpas de la óptica alegría…!

 

Juan Ramón Jiménez

 

El azar, ese dios extraviado

 

que libra su batalla, fuego a fuego,

 

no está sólo escondido en la catástrofe:

 

a veces un gorjeo lo delata

 

y sobornado, entonces

 

admite durar un poco en la alegría.

 

(De Oidor andante:, 1972)

 

 

 

 

 

 

 

 

EL CUADRADO DE LA DISTANCIA

 

 

 

 

No importa que estés

 

en el escenario del verano,

 

en el centro de sus desafíos.

 

Distante de sus fuegos

 

vas caminando a solas,

 

entre estatuas nevadas,

 

por las piedras

 

del puente de Carlos,

 

infinito.

 

Te miras caminar,

 

te ves mirando como el hielo

 

cuaja en islas efímeras,

 

corre río abajo,

 

se unce en un punto

 

lejos de aquí

 

—¿qué aquí?—

 

entre nuevas orillas.

 

El relámpago es indecible.

 

Regresa entonces en sentido contrario,

 

Recupera usos y costumbres,

 

el mar,

 

la arena muerta,

 

esta claridad,

 

mientras puedas.

 

Pero guarda en la sangre, como un pez,

 

El dulce fragor de lo distante.

 

(De Jardín de sílice, 1980)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VERANO

 

 

 

 

Todo es azul,

 

lo que no es verde

 

y arde,

 

I. N. R. I.

 

—igne natura renovatur integra—

 

en este aceite grave del verano,

 

cae el que pesa el vuelo de los pájaros

 

y blasfema del pájaro sin vuelo,

 

cae la excrecencia verbal =

 

la agorería = el trofeo,

 

la joya sobre la vieja piel de siempre.

 

Quien se sienta a la orilla de las cosas

 

Resplandece de cosas sin orillas.

 

(De Jardín de sílice, 1980)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EN QUEVEDO

 

 

 

 

Un día

 

se sube del polo al ecuador

 

se baja

 

de los plumones de paraíso

 

a la artesa de sangre donde cae

 

la cuenta más certera

 

por quedarse excavando en Quevedo

 

querube de odios nítidos

 

luciferinos bríos

 

cómodo en las cuatro postrimerías del hombre muerte juicio infierno gloria.

 

(De Jardín de sílice, 1980)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SALMO

 

 

 

 

Alaba lo que no conoces

 

por tu esperanza

 

y aun por tu mirada de hoy,

 

creyente

 

de la hermosura que muchos desdeñan;

 

alábalo por inconcebible,

 

por la constancia de sus absurdas disposiciones.

 

El itinerario de tu viaje

 

brevemente infinito

 

traza un dibujo que sólo tú no entiendes,

 

pero no te amotines.

 

En el ruidoso vacío de su centro

 

caerás,

 

trasmutable semilla,

 

cuando la hermosura y la esperanza

 

ensimismadas

 

finen.

 

(De Jardín de sílice, 1980)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PASAJE DE LA ESTRELLA FUGAZ

 

 

 

 

Si el pasado

 

volando desde distintos puntos de partida

 

llegase a serenísimo vals

 

si pudieran

 

acordarse la fascinación del fragmento

 

el golpe de la montaña mágica

 

las fulminantes azoteas

 

en el triunfo de las tribulaciones

 

la gota de laúd

 

y luego

 

noches descubrimientos fines

 

todo el torrente de las desposadas metamorfosis cuando juntos recogiéramos el azoro

 

que numera los años uncidas las felices ocasiones acaso el miedo

 

el duelo

 

hasta un eterno crepúsculo flores finales.

 

(De Jardín de sílice, 1980)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ZOON POLITIKON

 

 

 

 

 

Il n’y a de paix qu’au-dessus des

 

serpents de la terre.

 

Max Jacob

 

Quisieras escribir al margen de combustiones y escalofríos, malezas que ametrallan

 

y testimonios del fracaso de toda magia,

 

remediando azogues roídos para que del otro lado del espejo se llegue a los jardines sin tormenta ni astucia,

donde el té circular y los amigos íntimos lejanos.

 

Quisieras convertir los pantanos en manantiales de limpio berro, izar la historia,

 

red reptante donde tropiezas

 

y te cubres de presagios amoratados.

 

Pero sigues por arenales de sofocación hasta ningún fin, a vararte en el horror prometido.

 

La espalda, triste signo,

 

acata tablas dictadas entre

 

truenos y violencia.

 

Quisieras estar naciendo en edad de razón.

 

(De Jardín de sílice, 1980)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BOTÁNICA

 

 

 

 

Aquí no hay ruda, nada de maticas.

 

Si acaso ciclamores empinados al rosa,

 

raptados por el sol en las aceras solas,

 

y encinas:

 

situación de silencio vegetal

 

porque nada me dicen o,

 

en su lengua muerta para mí,

 

estos ariscos rangos

 

no sé qué de nosocomio afirman,

 

reiterados y prúsicos.

 

Pero ni una ramita de ruda, repito.

 

Tampoco aromos.

 

Acaso a duras penas

 

el romero, paramento fragante,

 

resiste en los jardines,

 

me asiste con su olor

 

a pan de Venecia, a tren rápido

 

pero rueda detenida

 

en la memoria para siempre,

 

como dicha que no es filosa arista.

 

Pero ni una matica de ruda.

 

(De Procura de lo imposible, 1998)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

APENAS CONCIERTO

 

 

 

 

Tantas argucias del oboe,

 

tantos giros en espiral hacia la cúpula

 

de un cielo que nadie le discute

 

—ostentaciones de hiedra

 

al último sol de la tarde—

 

y caídas hacia la arena dócil del violoncelo, no obstruyen la inatacable realidad: el bajo continuo persevera.

 

Aquí un concierto

 

y nada más.

 

(De Procura de lo imposible, 1998)

 

 

 

 

 

 

 

 

EXILIOS

 

 

 

 

 

… tras tanto acá y allá yendo y viniendo.

 

Francisco de Aldana

 

Están aquí y allá: de paso,

 

en ningún lado.

 

Cada horizonte: donde un ascua atrae.

 

Podrían ir hacia cualquier fisura.

 

No hay brújula ni voces.

 

Cruzan desiertos que el bravo sol

 

o que la helada queman

 

y campos infinitos sin el límite

 

que los vuelve reales,

 

que los haría de solidez y pasto.

 

La mirada se acuesta como un perro,

 

sin siquiera el recurso de mover una cola.

 

La mirada se acuesta o retrocede,

 

se pulveriza por el aire

 

si nadie la devuelve.

 

No regresa a la sangre ni alcanza a quien debiera.

 

Se disuelve, tan solo.

 

(De Procura de lo imposible, 1998)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ABUELA

 

 

 

 

En una luz verdosa, entre olores verdosos, en un vestido negro como papel quemado, la abuela se refleja desde la mecedora, al fondo del espejo.

 

Allí sentada no se hamaca. Cruje.

 

Se le evaporan casamiento y casas,

 

ocasiones de cuita, los narrados,

 

secos jirones que de a poco dieron

 

gusto a sangre en la boca a la familia:

 

las guerras y los muertos pequeñitos,

 

y los que luego luto le vistieron.

 

Y también el amor del que no hablaba,

 

la aridez de los años, la gota de molicie

 

que murió inútil en su piel reseca.

 

Todo tal la merienda sorbida tarde a tarde, de inmediato olvidada. Fue inmune a la viruela.

 

Ignoró la codicia.

 

No vio la conyugal Sicilia

 

ni muchas calles de Montevideo.

 

Durante décadas le bastó una amiga

 

y los recuerdos de su pueblo mínimo.

 

Sólo insistía en recordar el nombre

 

en italiano del durazno.

 

Como el sabor, se le olvidaba.

 

Sé que sobre sus faldas tibias,

 

tibia dormía otra Verdad secreta

 

que acunó su quietud.

 

La luz bajo cortinas de filé melancólico,

 

por años la enfrenté desde otra mecedora,

 

sin lograr alcanzarla.

 

(De Procura de lo imposible, 1998)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RESIDUA

 

 

 

 

Corta la vida o larga,

 

todo lo que vivimos se reduce

 

a un gris residuo en la memoria.

 

De los antiguos viajes quedan

 

las enigmáticas monedas

 

que pretenden valores falsos.

 

De la memoria sólo sube un vago polvo y un perfume.

 

¿Acaso sea la poesía?

 

(De Procura de lo imposible, 1998)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NIEVE

 

 

 

 

Mínimos puntos - aguanieve,

 

cristales - blancos bajan.

 

Este harapiento mundo

 

pone por un momento

 

suave decoro de algodones

 

en su fábula fea.

 

Deslumbra una escama de liquen

 

verdegris en lo blanco.

 

Deslumbra una rama sin hojas,

 

una hoja sin rama.

 

Hacer bello lo otro

 

es gloria de la nieve.

 

La alegría del perro sabe

 

juegos que el hombre olvida

 

y natural usa la fiesta

 

nueva que se le da.

 

Callan altos los pájaros

 

como el hombre suspensos.

 

(De Procura de lo imposible, 1998)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ACLIMATACIÓN

 

 

 

 

Primero te retraes,

 

te agostas,

 

pierdes alma en lo seco,

 

en lo que no comprendes,

 

intentas llegar al agua de la vida,

 

alumbrar una membrana mínima,

 

una hoja pequeña.

 

No soñar flores.

 

El aire te sofoca.

 

Sientes la arena

 

reinar en la mañana,

 

morir lo verde,

 

subir árido oro.

 

Pero, aún sin ella saberlo,

 

desde algún borde

 

una voz compadece, te moja

 

breve, dichosamente,

 

como cuando rozas

 

una rama de pino baja

 

ya concluida la lluvia.

 

Entonces,

 

contra lo sordo

 

te levantas en música,

 

contra lo árido, manas.

 

(De Procura de lo imposible, 1998)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COLIBRÍ

 

 

 

 

La resolana que vibra,

 

un breve sol en el seto,

 

un ts ts que al aire libra

 

su peligro secreto

 

y ya la flor disminuye ante el prodigio de pluma que surge y deslumbra y huye y sólo alcanzo por suma

 

terca de años, en que presa

 

del hechizo, sigo en vano

 

la milagrosa destreza

 

que lo suspenda en mi mano

 

y entonces por un segundo

 

sentir cómo late el mundo.

 

(De Reducción del infinito, 2002)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA GLORIA DE FILITIS

 

 

 

 

Nada labró Filitis, pastor egipcio.

 

Fue pobre.

 

No intuyó nueva barca

 

de líneas más seguras y bellas.

 

No imaginó jardines

 

ni un trazo ni una música,

 

no dejó nada escrito,

 

no movió una figura del sagrado perfil.

 

Sólo llevó sus bestias a pacer

 

al pie de las colinas

 

donde Quefrén y Queops,

 

los execrables reyes,

 

durante medio siglo

 

levantaron sus tumbas

 

sobre hombros de pueblos agotados.

 

Estos, abominándolos,

 

no quisieron nombrarlos.

 

Justicieros decían

 

para hablar de esos sitios:

 

—Allí,

 

donde las pirámides de Filitis.

 

(De Reducción del infinito, 2002)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ANUNCIACIÓN

 

 

 

 

Viene el ángel de raso, replegadas las alas, hacia el rincón de la terraza donde, al pie de la columna,

 

leía la virgen el libro que ahora olvida.

 

Un gozque, junto a ella,

 

alza una pata inquieta, mientras,

 

contra el crepúsculo,

 

del dedo admonitorio del ángel

 

diríase que un hilo parte

 

y doblega una mano dócil

 

sobre el pecho asustado.

 

Los colores

 

son los que acostumbra el Veronese:

 

borra de vino el talar de María,

 

oscuro azul su manto.

 

El cielo en el crepúsculo progresa

 

del intenso celeste a los jirones rosa

 

que anuncian para mañana,

 

acaso, la tormenta.

 

Pero ya cuaja un leve

 

velo gris sobre las cosas

 

que ignoran

 

cómo se leerá su destino.

 

Todo sucede a una distancia abismal

 

de este mundo,

 

que aún se imagina libre

 

de la Bestia y del Límite.

 

(De Reducción del infinito, 2002)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OTOÑO

 

 

 

 

Otoño, perro

 

de cariñosa pata impertinente,

 

mueve las hojas de los libros.

 

Reclama que se atienda

 

las fascinantes suyas,

 

que en vano pasan del verde

 

al oro al rojo al púrpura.

 

Como en la distracción,

 

la palabra precisa

 

que pierdes para siempre.

 

(De Reducción del infinito, 2002)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SUMAS

 

 

 

 

 

Caballo y caballero son ya dos animales

 

Uno más uno, decimos. Y pensamos:

 

una manzana más una manzana,

 

un vaso más un vaso,

 

siempre cosas iguales.

 

Qué cambio cuando

 

uno más uno sea un puritano

 

más un gamelán,

 

un jazmín más un árabe,

 

una monja y un acantilado,

 

un canto y una máscara,

 

otra vez una guarnición y una doncella,

 

la esperanza de alguien

 

más el sueño de otro.

 

(De Reducción del infinito, 2002)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LLAMADA VIDA

 

 

 

 

Ponerse al margen

 

asistir a un pan

 

cantar un himno

 

menoscabarse en vano

 

abrogar voluntades

 

refrendar cataclismos

 

acompañar la soledad

 

no negarse a las quimeras

 

remansarse en el tornado

 

ir de lo ceñido a lo vasto

 

desde lo opaco a la centella

 

de comisión al sueño libre

 

ofrecerse a lo parco del día

 

si morir una hora tras otra

 

volver a comenzar cada noche

 

volar de lo distinto a lo idéntico

 

admirar miradores y sótanos

 

infligirse penarse concernirse

 

estar en busca de alma diferida

 

preparar un milagro entre la sombra

 

y llamar vida a lo que sabe a muerte.

 

(De Reducción del infinito, 2002)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TAREA

 

 

 

 

Abrir palabra por palabra el páramo,

 

abrirnos y mirar hacia la significante abertura, sufrir para labrar el sitio de la brasa,

luego extinguirla y mitigar la queja del quemado.

 

(De Trema, 2005)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EN EL DORSO DEL CIELO

 

 

 

 

No es casual

 

lo que ocurre por azar:

 

un fragmento de nada se protege

 

del no ser, se entrecruza

 

de signos, impulsos,

 

síes y noes, atrasos y adelantos,

 

trazos de geometría celeste,

 

coordenadas veloces en el tiempo

 

y algo ocurre.

 

Lazos para nosotros pálidos,

 

son obvios para lo que no vemos,

 

y nosotros la ventana abierta

 

desde donde la tela blanca vuela

 

cubierta de diseños.

 

Pero uno llama azar a su imaginación insuficiente.

 

(De Trema, 2005)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FORTUNA

 

 

 

 

Por años, disfrutar del error

 

y de su enmienda,

 

haber podido hablar, caminar libre,

 

no existir mutilada,

 

no entrar o sí en iglesias,

 

leer, oír la música querida,

 

ser en la noche un ser como en el día.

 

No ser casada en un negocio,

 

medida en cabras,

 

sufrir gobierno de parientes

 

o legal lapidación.

 

No desfilar ya nunca

 

y no admitir palabras

 

que pongan en la sangre

 

limaduras de hierro.

 

Descubrir por ti misma

 

otro ser no previsto

 

en el puente de la mirada.

 

Ser humano y mujer, ni más ni menos.

 

(De Trema, 2005)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DESPUÉS DE UNA NOCHE ESTRELLADA

 

 

 

 

No sabía la curruca de Maryland

 

que la muerte compraría aquí su largo viaje, su vuelo demasiado veloz hacia el calor. Macho —lo dice el negro collarín—, tuvo un corazón débil. Hoy descansa

 

el afilado pico sobre la mano que lo alzó.

 

Pesa apenas. El ojo diminuto,

 

que midió las distancias, los riesgos,

 

aún brilla negro mientras

 

lo más oscuro que enfrentó lo envuelve, después de las estrellas de su última altura, en la astrosa mañana que le brinda la tierra.

 

Lo que en ella cae, dicen,

 

pertenece a los muertos.

 

Debe esperar entonces en justicia

 

donde la tarde no lo asure,

 

bajo algún verde, el paso

 

de la misma especie que lo nutrió,

 

la hormiga enterradora,

 

cada astil de sus plumas sutiles,

 

ofrecido quizás a un alma astricta, sola,

 

que otros soles buscó y ya no espera.

 

(De Trema, 2005)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DE LA POCA MEMORIA

 

 

 

 

¿Cómo perdí el desmenuzado caballo

 

en las provincias sueltas?

 

La palpitante vaca, ciudadana escanciada, cola festiva y moscas, toda su espuma blanca febril y con perfume, resistiéndome ingrata, ¿se fue por los caminos?

 

La moneda de bronce del breve rey de Italia, ¿volvió a la tierra en años de luces discontinuas?

 

¿Cuándo el mar, el primero, acumuló color

 

y me lo trajo, llagado del clamor de las gaviotas, al pie del tren de paja y viento y oro y palidez de invierno derrotada?

 

Pasaban cerca flechas de lo asombroso, al blanco.

 

¿Quién me tensaba el arco?

 

¿Aquél turquesa azul, dónde dejó

 

su caja rústica, su mariposa abierta? Sin color, sin dulzura, sin viento, un derrotado gris adelanta banderas de estado de tiniebla.

 

Cuentas al tiempo, cuántas, tan inútiles

 

y qué inservibles ábacos manejo.

 

(De Trema, 2005)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CALESITA

 

 

 

 

El carrusel, el tiovivo, el cómo

 

se llamaba, la calesita, llama

 

que me ofrecía un ciervo, una calesa

 

un cisne y un caballo encabritado,

 

el prodigio que giraba tan quieto,

 

que tan quieto trotaba por un aire

 

con organillo y campanillas, aire

 

que no movía la cola del caballo

 

dorado y blanco, pero de peligro,

 

peligro de caerme en pleno vuelo,

 

de caerme y quedar así olvidada

 

del padre, de bajar en otro punto

 

del punto de subida y verme sola,

 

sin nubes, sin ya viento en el pelo,

 

perdida sin el miedo delicioso

 

de volar con las manos aferradas

 

a crines que me sueltan y yo arcilla

 

que en el horno del aire recupera

 

su forma quieta, forma del principio,

 

de ser sola y sin alas.

 

(De Trema, 2005)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NUEVAS OBLIGACIONES

 

 

 

 

Tendré que hacer una nevada montaña

 

de este montón de harina,

 

un bosque de estas tres enfiladas encinas

 

que miro y están solas,

 

una cascada del chorro de agua fría

 

que mi mano intercepta

 

y de la concesión, un géiser.

 

Desconectada, como erizo sin su cueva entre el pasto, tendré que prevenirme de tanta ímproba realidad,

 

alta en el árbol del malestar,

 

como mono que va perdiendo su selva.

 

(De Trema, 2005)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EN EL AIRE

 

 

 

 

Un jardín de geranios y su aire.

 

Junto a su cerca dejo a que paste

 

el buey que pesa sobre mi lengua

 

y digo: Aquí te quedas, come

 

en verde dehesa, pero terrena,

 

y canta, luego, si puedes,

 

si nadie escucha,

 

lo que te queda por no decir.

 

(De Trema, 2005)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MILAGROS NATURALES

 

 

 

 

En la Noche Holland Park,

 

un fantasma blanquísimo

 

—arterías de las últimas artes—

 

danza sin huesos

 

contra un fondo violento,

 

acorde con sonidos que no escucho.

 

Y nada extraña

 

si abres ojos de aceptación

 

a lo que venga.

 

¿Acaso no es milagro

 

que en el día, en este mismo sitio,

 

vengan los petirrojos

 

a comer en las manos?

 

¿Qué éstas mismas existan,

 

bien dispuestas?

 

¿O la cola con que se pavonea

 

el pavo real narciso

 

ante nosotros que, al estarlo mirando,

 

milagreamos?

 

(De Trema, 2005)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CENZONTLE Y MARGARITAS

 

 

 

 

De nuevo aquí el cenzontle,

 

el ruiseñor del día,

 

acróbata por los aires de plata.

 

De nuevo es marzo,

 

para él feliz, y danza

 

y en ese impulso vuelan sus trinos

 

desde el mástil muy alto

 

al más cercano borde del azul,

 

vacila, lo borda por segundos,

 

recompone una malla,

 

tensa un vacío, mira con ojo exacto

 

las quietas margaritas

 

y vuelve, en un vuelo gracioso,

 

vigía sin paz,

 

a la misma, persistente atalaya

 

donde lo descubrí.

 

No le importa, sensato,

 

lo pasajero, lo que abajo pasa,

 

gente sin ton ni son,

 

atontada sin música en urgencias.

 

El canta por su especie

 

como no lo hace el hombre.

 

(Inédito)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PROGRAMA

 

 

 

 

I

 

Recuerda, clara y lentamente, el agua.

 

Escucha al pájaro:

 

¿canta apenas su miedo o demuestra esperanza?

 

Llega a la rosa y piensa en ella.

 

No te preocupe el hombre.

 

El se basta:

 

a solas

 

prepara su cuchillo.

 

II

 

Mira, sin olvidar fatalidades,

 

la creciente, mas disminuida, especie.

 

Anclate en lo que tantos desdeñan,

 

discreta ignora lo que mundo busca,

 

para así transitar, ya sin enfado,

 

tu bandera sin viento que desciende.

 

III

 

Abre los ojos

 

a cada parcela de mundo,

 

brotes de encino o rostro apático.

 

Una vez más quedarás deslumbrada

 

o buscarás tus culpas en el aire:

 

todavía eres presa de la vida.

 

(Inédito)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LUNA LLENA, TIERRA VACIADA

 

 

 

 

Blanco talón nunca alcanzado,

 

riza las dóciles mareas,

 

sosiega pájaros inquietos,

 

mientras desnudo viene y va.

 

¿Qué espera en nosotros, de ese

 

grumo de luz que nos vigila?

 

Quizá un secreto mar de sangre,

 

en cárcel provisoria preso,

 

empieza ahora a aglutinarse

 

y concluya una paz de pluma

 

ahogada en bruma de luz blanca,

 

sin arrostrar lo que atrás queda.

 

En la alta alcándara, un misterio,

 

abajo, agujas en el agua.

 

Luna llena, tierra vaciada

 

y una mentida calma. Huyen,

 

último acorde de un redoble,

 

los derrotados pasos solos.

 

(Inédito)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ida Vítale (Montevideo, Uruguay, 1924). Estudió Humanidades en la universidad de su ciudad natal, donde tuvo como profesor a José Bergamín. Juan Ramón Jiménez la incluyó en una selección de jóvenes poetas presentada en Buenos Aires. Hasta 1973 fue profesora de Literatura. Tras el golpe militar de ese año se exilió, primero a México, donde vivió desde 1974 a 1984, y posteriormente, en 1989, a Austin (Texas), donde reside en la actualidad. Traductora, profesora de Literatura, ha colaborado en páginas y revistas culturales e integrado consejos literarios y jurados en varios países. Es autora de los libros de poemas La luz de esta memoria (1949), Palabra dada (1953), Cada uno en su noche (1960), Oidor andante: (1972), Jardín de sílice (1980), Parvo reino (1984), Sueños de la constancia (1988), Jardines imaginarios (1996), De varia empresa (1998), Procura de lo imposible (1998) y Reducción del infinito (2002); y también, en prosa, de Léxico de afinidades (1994), Un invierno equivocado

 

(1999), Donde vuela el camaleón (2000), De plantas y animales. Acercamientos literarios (2003) y El Abc de Byobu (2005).

 

Sus obras han sido publicadas, además de en su país, en Venezuela, México, Estados Unidos y España.

 

Le ha sido otorgado el premio Cervantes del 2018.

 

 

 

 

 

 

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