© Libro N° 6122.
40 Poemas. Vitale, Ida.
Emancipación. Junio 15 de 2019.
Título
original: © 40 Poemas. Ida Vitale
Versión Original: © 40 Poemas. Ida Vitale
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición
digital de Versión original de textos:
www.lectulandia.com
Licencia Creative Commons:
Emancipación
Obrera utiliza una licencia Creative
Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única
condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión
cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos
publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del
conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a
Versiones originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente
educativos y está prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada E.O. de Imagen original:
https://i1.wp.com/www.epubgratis.org/wp-content/uploads/2019/01/40-poemas-ida-vitale-epg.jpg?resize=200%2C296&ssl=1
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
40 POEMAS
Ida Vitale
Vitale
se inscribe en la tradición de las vanguardias históricas latinoamericanas, su
poesía indaga en la alquimia del lenguaje y establece un encuentro entre una
exacerbada percepción sensorial de raíz simbolista, siempre atenta al mundo
natural, y la cristalización conceptual en su perfil más preciso. Es
representante de la poesía esencialista. Su obra está caracterizada por poemas
cortos, una búsqueda del sentido de las palabras y un carácter
metaliterario.Presentamos aquí una selección de poemas que leyó el 6 de octubre
de 2008 en la Residencia de Estudiantes de Madrid.
Ida Vitale
40 poemas
Leidos en la Residencia de Estudiantes en 2008
ePub r1.0
Titivillus 25-11-2018
Ida Vitale, 2008
Digital editor: Titivillus
ePub base r2.0
SOBREVIDA
Dame
noche
las
convenidas esperanzas,
dame
no ya tu paz,
dame
milagro,
dame
al fin tu parcela,
porción
del paraíso,
tu
azul jardín cerrado,
tus
pájaros sin canto.
Dame,
en cuanto cierre
los
ojos de la cara,
tus
dos manos de sueño
que
encaminan y hielan,
dame
con qué encontrarme
dame,
como una espada,
el
camino que pasa
por
el filo del miedo,
una
luna sin sombra,
una
música apenas oída
y ya
aprendida,
dame,
noche, verdad
para
mí sola
tiempo
para mí sola,
sobrevida.
(De
Palabra dada, 1953)
ESTE
MUNDO
Sólo
acepto este mundo iluminado
cierto,
inconstante, mío.
Sólo
exalto su eterno laberinto
y su
segura luz, aunque se esconda.
Despierta
o entre sueños,
su
grave tierra piso
y es
su paciencia en mí
la
que florece.
Tiene
un círculo sordo,
limbo
acaso,
donde
a ciegas aguardo
la
lluvia, el fuego
desencadenados.
A
veces su luz cambia,
es
el infierno;
a
veces, rara vez,
el
paraíso.
Alguien
podrá quizás
entreabrir
puertas,
ver
más allá
promesas,
sucesiones.
Yo
sólo en él habito,
de
él espero,
y
hay suficiente asombro.
En
él estoy, me quede,
renaciera.
(De
Cada uno en su noche, 1960)
FINAL
DE FÉNIX
No
era verdad
el
fabuloso vuelo
pero
fingíamos creerlo
por
casi hermoso.
Le
miramos llegar
a un
cielo falso
subiendo
su proclama
de
oro en oro
en
rosa sombría de teatro,
en
inerte crepúsculo.
Seguíamos
su vuelo
con
ácida paciencia.
Pronto,
roído
del día
por
sus mismos vapores
fue
cediendo
ante
la noche limpia.
Aguardábamos
el
fruto del incendio,
lo
imprevisible
figurado
en gloria.
Al
cabo fue cayendo
hacia
la tierra,
entre
sombras
de
vuelos de ceniza.
y no
vimos batir
ala
ninguna.
(De
Cada uno en su noche, 1960)
CUADRO
Construimos
el orden de la mesa,
el
follaje de la ilusión,
un
festín de luces y sombras,
la
apariencia del viaje en la inmovilidad.
Tensamos
un blanco campo
para
que en él esplendan
las
reverberaciones del pensamiento
en
torno del icono naciente.
Luego
soltamos nuestros perros,
azuzamos
la cacería,
la
imagen serenísima, virtual,
cae
desgarrada.
(De
Oidor andante:, 1972)
ESFINGE
REINA
De
pie sobre la caja de la culebra,
la
reina, subida por ángeles
o
demonios, va tras el sortilegio.
Se
le ha abierto un camino de alfileres
para
que baile sobre sus puntas
y
hacia atrás una espada la protege o la mata.
Este
siglo le incendia bosques diarios
de
pájaros prohibidos
y le
cierra el escándalo de los viajes sin rumbo.
¿Ofrecerá
morir, un alacrán
rodeado
de oscuros enemigos,
o
cubrirse tan sólo de espinas,
de
aguijones?
Fío
en que mantenga su cetro de locura,
la
pólvora capaz de volar
la
suficiente imagen del mundo.
(De
Oidor andante:, 1972)
REUNIÓN
Erase
un bosque de palabras,
una
emboscada lluvia de palabras,
una
vociferante o tácita
convención
de palabras,
un
musgo delicioso susurrante,
un
estrépito tenue,
un
oral arcoiris
de
posibles oh leves leves disidencias leves, érase el pro y el contra, el sí y el
no,
multiplicados
árboles
con
voz en cada una de sus hojas.
Ya
nunca más, diríase,
el
silencio.
(De
Oidor andante:, 1972)
RENACENTISTA
Aún
sigue siendo así: icáricos,
caedizos
y respectivo mar uno del otro.
Desde
las barcas y las plantaciones
transmiten
partes de rescoldo último,
doblan
señales de pasión y muerte
los
exentos, y fervorosamente
huyen
del aire altivo de la quema.
Los
que allá siguen gravitando aducen
sus
propias leyes, su sagrado fuego,
tocan
intactos su certeza y ríen.
(De
Oidor andante:, 1972)
TRASTIENDA
Cielos
veloces de Montevideo,
estratos
de oro y de laurel,
halados
por la más alta red,
tibios
lilas lentísimos
cocientes
de su luz multiplicada,
pasan
y nos envuelven
y
nos entretenemos con su gracia,
como
una mano juega
entre
arenas que guardan
la
eternidad en la que no pensamos.
Entretanto,
el pegaso peligro
relincha
ferozmente.
(De
Oidor andante:, 1972)
TRAMPAS
Las
arpas de la óptica alegría…!
Juan
Ramón Jiménez
El
azar, ese dios extraviado
que
libra su batalla, fuego a fuego,
no
está sólo escondido en la catástrofe:
a
veces un gorjeo lo delata
y
sobornado, entonces
admite
durar un poco en la alegría.
(De
Oidor andante:, 1972)
EL
CUADRADO DE LA DISTANCIA
No
importa que estés
en
el escenario del verano,
en
el centro de sus desafíos.
Distante
de sus fuegos
vas
caminando a solas,
entre
estatuas nevadas,
por
las piedras
del
puente de Carlos,
infinito.
Te
miras caminar,
te
ves mirando como el hielo
cuaja
en islas efímeras,
corre
río abajo,
se
unce en un punto
lejos
de aquí
—¿qué
aquí?—
entre
nuevas orillas.
El
relámpago es indecible.
Regresa
entonces en sentido contrario,
Recupera
usos y costumbres,
el
mar,
la
arena muerta,
esta
claridad,
mientras
puedas.
Pero
guarda en la sangre, como un pez,
El
dulce fragor de lo distante.
(De
Jardín de sílice, 1980)
VERANO
Todo
es azul,
lo
que no es verde
y
arde,
I.
N. R. I.
—igne
natura renovatur integra—
en
este aceite grave del verano,
cae
el que pesa el vuelo de los pájaros
y
blasfema del pájaro sin vuelo,
cae
la excrecencia verbal =
la
agorería = el trofeo,
la
joya sobre la vieja piel de siempre.
Quien
se sienta a la orilla de las cosas
Resplandece
de cosas sin orillas.
(De
Jardín de sílice, 1980)
EN
QUEVEDO
Un
día
se
sube del polo al ecuador
se
baja
de
los plumones de paraíso
a la
artesa de sangre donde cae
la
cuenta más certera
por
quedarse excavando en Quevedo
querube
de odios nítidos
luciferinos
bríos
cómodo
en las cuatro postrimerías del hombre muerte juicio infierno gloria.
(De
Jardín de sílice, 1980)
SALMO
Alaba
lo que no conoces
por
tu esperanza
y
aun por tu mirada de hoy,
creyente
de
la hermosura que muchos desdeñan;
alábalo
por inconcebible,
por
la constancia de sus absurdas disposiciones.
El
itinerario de tu viaje
brevemente
infinito
traza
un dibujo que sólo tú no entiendes,
pero
no te amotines.
En
el ruidoso vacío de su centro
caerás,
trasmutable
semilla,
cuando
la hermosura y la esperanza
ensimismadas
finen.
(De
Jardín de sílice, 1980)
PASAJE
DE LA ESTRELLA FUGAZ
Si
el pasado
volando
desde distintos puntos de partida
llegase
a serenísimo vals
si
pudieran
acordarse
la fascinación del fragmento
el
golpe de la montaña mágica
las
fulminantes azoteas
en
el triunfo de las tribulaciones
la
gota de laúd
y luego
noches
descubrimientos fines
todo
el torrente de las desposadas metamorfosis cuando juntos recogiéramos el azoro
que
numera los años uncidas las felices ocasiones acaso el miedo
el
duelo
hasta
un eterno crepúsculo flores finales.
(De
Jardín de sílice, 1980)
ZOON
POLITIKON
Il
n’y a de paix qu’au-dessus des
serpents
de la terre.
Max
Jacob
Quisieras
escribir al margen de combustiones y escalofríos, malezas que ametrallan
y
testimonios del fracaso de toda magia,
remediando
azogues roídos para que del otro lado del espejo se llegue a los jardines sin
tormenta ni astucia,
donde
el té circular y los amigos íntimos lejanos.
Quisieras
convertir los pantanos en manantiales de limpio berro, izar la historia,
red
reptante donde tropiezas
y te
cubres de presagios amoratados.
Pero
sigues por arenales de sofocación hasta ningún fin, a vararte en el horror
prometido.
La
espalda, triste signo,
acata
tablas dictadas entre
truenos
y violencia.
Quisieras
estar naciendo en edad de razón.
(De
Jardín de sílice, 1980)
BOTÁNICA
Aquí
no hay ruda, nada de maticas.
Si
acaso ciclamores empinados al rosa,
raptados
por el sol en las aceras solas,
y
encinas:
situación
de silencio vegetal
porque
nada me dicen o,
en
su lengua muerta para mí,
estos
ariscos rangos
no
sé qué de nosocomio afirman,
reiterados
y prúsicos.
Pero
ni una ramita de ruda, repito.
Tampoco
aromos.
Acaso
a duras penas
el
romero, paramento fragante,
resiste
en los jardines,
me
asiste con su olor
a
pan de Venecia, a tren rápido
pero
rueda detenida
en
la memoria para siempre,
como
dicha que no es filosa arista.
Pero
ni una matica de ruda.
(De
Procura de lo imposible, 1998)
APENAS
CONCIERTO
Tantas
argucias del oboe,
tantos
giros en espiral hacia la cúpula
de
un cielo que nadie le discute
—ostentaciones
de hiedra
al
último sol de la tarde—
y
caídas hacia la arena dócil del violoncelo, no obstruyen la inatacable
realidad: el bajo continuo persevera.
Aquí
un concierto
y
nada más.
(De
Procura de lo imposible, 1998)
EXILIOS
…
tras tanto acá y allá yendo y viniendo.
Francisco
de Aldana
Están
aquí y allá: de paso,
en
ningún lado.
Cada
horizonte: donde un ascua atrae.
Podrían
ir hacia cualquier fisura.
No
hay brújula ni voces.
Cruzan
desiertos que el bravo sol
o
que la helada queman
y
campos infinitos sin el límite
que
los vuelve reales,
que
los haría de solidez y pasto.
La
mirada se acuesta como un perro,
sin
siquiera el recurso de mover una cola.
La
mirada se acuesta o retrocede,
se
pulveriza por el aire
si
nadie la devuelve.
No
regresa a la sangre ni alcanza a quien debiera.
Se
disuelve, tan solo.
(De
Procura de lo imposible, 1998)
ABUELA
En
una luz verdosa, entre olores verdosos, en un vestido negro como papel quemado,
la abuela se refleja desde la mecedora, al fondo del espejo.
Allí
sentada no se hamaca. Cruje.
Se
le evaporan casamiento y casas,
ocasiones
de cuita, los narrados,
secos
jirones que de a poco dieron
gusto
a sangre en la boca a la familia:
las
guerras y los muertos pequeñitos,
y
los que luego luto le vistieron.
Y
también el amor del que no hablaba,
la
aridez de los años, la gota de molicie
que
murió inútil en su piel reseca.
Todo
tal la merienda sorbida tarde a tarde, de inmediato olvidada. Fue inmune a la
viruela.
Ignoró
la codicia.
No
vio la conyugal Sicilia
ni
muchas calles de Montevideo.
Durante
décadas le bastó una amiga
y
los recuerdos de su pueblo mínimo.
Sólo
insistía en recordar el nombre
en
italiano del durazno.
Como
el sabor, se le olvidaba.
Sé
que sobre sus faldas tibias,
tibia
dormía otra Verdad secreta
que
acunó su quietud.
La
luz bajo cortinas de filé melancólico,
por
años la enfrenté desde otra mecedora,
sin
lograr alcanzarla.
(De
Procura de lo imposible, 1998)
RESIDUA
Corta
la vida o larga,
todo
lo que vivimos se reduce
a un
gris residuo en la memoria.
De
los antiguos viajes quedan
las
enigmáticas monedas
que
pretenden valores falsos.
De
la memoria sólo sube un vago polvo y un perfume.
¿Acaso
sea la poesía?
(De
Procura de lo imposible, 1998)
NIEVE
Mínimos
puntos - aguanieve,
cristales
- blancos bajan.
Este
harapiento mundo
pone
por un momento
suave
decoro de algodones
en
su fábula fea.
Deslumbra
una escama de liquen
verdegris
en lo blanco.
Deslumbra
una rama sin hojas,
una
hoja sin rama.
Hacer
bello lo otro
es
gloria de la nieve.
La
alegría del perro sabe
juegos
que el hombre olvida
y
natural usa la fiesta
nueva
que se le da.
Callan
altos los pájaros
como
el hombre suspensos.
(De
Procura de lo imposible, 1998)
ACLIMATACIÓN
Primero
te retraes,
te
agostas,
pierdes
alma en lo seco,
en
lo que no comprendes,
intentas
llegar al agua de la vida,
alumbrar
una membrana mínima,
una
hoja pequeña.
No
soñar flores.
El
aire te sofoca.
Sientes
la arena
reinar
en la mañana,
morir
lo verde,
subir
árido oro.
Pero,
aún sin ella saberlo,
desde
algún borde
una
voz compadece, te moja
breve,
dichosamente,
como
cuando rozas
una
rama de pino baja
ya
concluida la lluvia.
Entonces,
contra
lo sordo
te
levantas en música,
contra
lo árido, manas.
(De
Procura de lo imposible, 1998)
COLIBRÍ
La
resolana que vibra,
un
breve sol en el seto,
un
ts ts que al aire libra
su
peligro secreto
y ya
la flor disminuye ante el prodigio de pluma que surge y deslumbra y huye y sólo
alcanzo por suma
terca
de años, en que presa
del
hechizo, sigo en vano
la
milagrosa destreza
que
lo suspenda en mi mano
y
entonces por un segundo
sentir
cómo late el mundo.
(De
Reducción del infinito, 2002)
LA
GLORIA DE FILITIS
Nada
labró Filitis, pastor egipcio.
Fue
pobre.
No
intuyó nueva barca
de
líneas más seguras y bellas.
No
imaginó jardines
ni
un trazo ni una música,
no
dejó nada escrito,
no
movió una figura del sagrado perfil.
Sólo
llevó sus bestias a pacer
al
pie de las colinas
donde
Quefrén y Queops,
los
execrables reyes,
durante
medio siglo
levantaron
sus tumbas
sobre
hombros de pueblos agotados.
Estos,
abominándolos,
no
quisieron nombrarlos.
Justicieros
decían
para
hablar de esos sitios:
—Allí,
donde
las pirámides de Filitis.
(De
Reducción del infinito, 2002)
ANUNCIACIÓN
Viene
el ángel de raso, replegadas las alas, hacia el rincón de la terraza donde, al
pie de la columna,
leía
la virgen el libro que ahora olvida.
Un
gozque, junto a ella,
alza
una pata inquieta, mientras,
contra
el crepúsculo,
del
dedo admonitorio del ángel
diríase
que un hilo parte
y
doblega una mano dócil
sobre
el pecho asustado.
Los
colores
son
los que acostumbra el Veronese:
borra
de vino el talar de María,
oscuro
azul su manto.
El
cielo en el crepúsculo progresa
del
intenso celeste a los jirones rosa
que
anuncian para mañana,
acaso,
la tormenta.
Pero
ya cuaja un leve
velo
gris sobre las cosas
que
ignoran
cómo
se leerá su destino.
Todo
sucede a una distancia abismal
de
este mundo,
que
aún se imagina libre
de
la Bestia y del Límite.
(De
Reducción del infinito, 2002)
OTOÑO
Otoño,
perro
de
cariñosa pata impertinente,
mueve
las hojas de los libros.
Reclama
que se atienda
las
fascinantes suyas,
que
en vano pasan del verde
al
oro al rojo al púrpura.
Como
en la distracción,
la
palabra precisa
que
pierdes para siempre.
(De
Reducción del infinito, 2002)
SUMAS
Caballo
y caballero son ya dos animales
Uno
más uno, decimos. Y pensamos:
una
manzana más una manzana,
un
vaso más un vaso,
siempre
cosas iguales.
Qué
cambio cuando
uno
más uno sea un puritano
más
un gamelán,
un
jazmín más un árabe,
una
monja y un acantilado,
un
canto y una máscara,
otra
vez una guarnición y una doncella,
la
esperanza de alguien
más
el sueño de otro.
(De
Reducción del infinito, 2002)
LLAMADA
VIDA
Ponerse
al margen
asistir
a un pan
cantar
un himno
menoscabarse
en vano
abrogar
voluntades
refrendar
cataclismos
acompañar
la soledad
no
negarse a las quimeras
remansarse
en el tornado
ir
de lo ceñido a lo vasto
desde
lo opaco a la centella
de
comisión al sueño libre
ofrecerse
a lo parco del día
si
morir una hora tras otra
volver
a comenzar cada noche
volar
de lo distinto a lo idéntico
admirar
miradores y sótanos
infligirse
penarse concernirse
estar
en busca de alma diferida
preparar
un milagro entre la sombra
y
llamar vida a lo que sabe a muerte.
(De
Reducción del infinito, 2002)
TAREA
Abrir
palabra por palabra el páramo,
abrirnos
y mirar hacia la significante abertura, sufrir para labrar el sitio de la
brasa,
luego
extinguirla y mitigar la queja del quemado.
(De
Trema, 2005)
EN
EL DORSO DEL CIELO
No
es casual
lo
que ocurre por azar:
un
fragmento de nada se protege
del
no ser, se entrecruza
de
signos, impulsos,
síes
y noes, atrasos y adelantos,
trazos
de geometría celeste,
coordenadas
veloces en el tiempo
y
algo ocurre.
Lazos
para nosotros pálidos,
son
obvios para lo que no vemos,
y
nosotros la ventana abierta
desde
donde la tela blanca vuela
cubierta
de diseños.
Pero
uno llama azar a su imaginación insuficiente.
(De
Trema, 2005)
FORTUNA
Por
años, disfrutar del error
y de
su enmienda,
haber
podido hablar, caminar libre,
no
existir mutilada,
no
entrar o sí en iglesias,
leer,
oír la música querida,
ser
en la noche un ser como en el día.
No
ser casada en un negocio,
medida
en cabras,
sufrir
gobierno de parientes
o
legal lapidación.
No
desfilar ya nunca
y no
admitir palabras
que
pongan en la sangre
limaduras
de hierro.
Descubrir
por ti misma
otro
ser no previsto
en
el puente de la mirada.
Ser
humano y mujer, ni más ni menos.
(De
Trema, 2005)
DESPUÉS
DE UNA NOCHE ESTRELLADA
No
sabía la curruca de Maryland
que
la muerte compraría aquí su largo viaje, su vuelo demasiado veloz hacia el
calor. Macho —lo dice el negro collarín—, tuvo un corazón débil. Hoy descansa
el
afilado pico sobre la mano que lo alzó.
Pesa
apenas. El ojo diminuto,
que
midió las distancias, los riesgos,
aún
brilla negro mientras
lo
más oscuro que enfrentó lo envuelve, después de las estrellas de su última
altura, en la astrosa mañana que le brinda la tierra.
Lo
que en ella cae, dicen,
pertenece
a los muertos.
Debe
esperar entonces en justicia
donde
la tarde no lo asure,
bajo
algún verde, el paso
de
la misma especie que lo nutrió,
la
hormiga enterradora,
cada
astil de sus plumas sutiles,
ofrecido
quizás a un alma astricta, sola,
que
otros soles buscó y ya no espera.
(De
Trema, 2005)
DE
LA POCA MEMORIA
¿Cómo
perdí el desmenuzado caballo
en
las provincias sueltas?
La
palpitante vaca, ciudadana escanciada, cola festiva y moscas, toda su espuma
blanca febril y con perfume, resistiéndome ingrata, ¿se fue por los caminos?
La
moneda de bronce del breve rey de Italia, ¿volvió a la tierra en años de luces
discontinuas?
¿Cuándo
el mar, el primero, acumuló color
y me
lo trajo, llagado del clamor de las gaviotas, al pie del tren de paja y viento
y oro y palidez de invierno derrotada?
Pasaban
cerca flechas de lo asombroso, al blanco.
¿Quién
me tensaba el arco?
¿Aquél
turquesa azul, dónde dejó
su
caja rústica, su mariposa abierta? Sin color, sin dulzura, sin viento, un
derrotado gris adelanta banderas de estado de tiniebla.
Cuentas
al tiempo, cuántas, tan inútiles
y
qué inservibles ábacos manejo.
(De
Trema, 2005)
CALESITA
El
carrusel, el tiovivo, el cómo
se
llamaba, la calesita, llama
que
me ofrecía un ciervo, una calesa
un
cisne y un caballo encabritado,
el
prodigio que giraba tan quieto,
que
tan quieto trotaba por un aire
con
organillo y campanillas, aire
que
no movía la cola del caballo
dorado
y blanco, pero de peligro,
peligro
de caerme en pleno vuelo,
de
caerme y quedar así olvidada
del
padre, de bajar en otro punto
del
punto de subida y verme sola,
sin
nubes, sin ya viento en el pelo,
perdida
sin el miedo delicioso
de
volar con las manos aferradas
a
crines que me sueltan y yo arcilla
que
en el horno del aire recupera
su
forma quieta, forma del principio,
de
ser sola y sin alas.
(De
Trema, 2005)
NUEVAS
OBLIGACIONES
Tendré
que hacer una nevada montaña
de
este montón de harina,
un
bosque de estas tres enfiladas encinas
que
miro y están solas,
una
cascada del chorro de agua fría
que
mi mano intercepta
y de
la concesión, un géiser.
Desconectada,
como erizo sin su cueva entre el pasto, tendré que prevenirme de tanta ímproba
realidad,
alta
en el árbol del malestar,
como
mono que va perdiendo su selva.
(De
Trema, 2005)
EN
EL AIRE
Un
jardín de geranios y su aire.
Junto
a su cerca dejo a que paste
el
buey que pesa sobre mi lengua
y
digo: Aquí te quedas, come
en
verde dehesa, pero terrena,
y
canta, luego, si puedes,
si
nadie escucha,
lo
que te queda por no decir.
(De
Trema, 2005)
MILAGROS
NATURALES
En
la Noche Holland Park,
un
fantasma blanquísimo
—arterías
de las últimas artes—
danza
sin huesos
contra
un fondo violento,
acorde
con sonidos que no escucho.
Y
nada extraña
si
abres ojos de aceptación
a lo
que venga.
¿Acaso
no es milagro
que
en el día, en este mismo sitio,
vengan
los petirrojos
a
comer en las manos?
¿Qué
éstas mismas existan,
bien
dispuestas?
¿O
la cola con que se pavonea
el
pavo real narciso
ante
nosotros que, al estarlo mirando,
milagreamos?
(De
Trema, 2005)
CENZONTLE
Y MARGARITAS
De
nuevo aquí el cenzontle,
el
ruiseñor del día,
acróbata
por los aires de plata.
De
nuevo es marzo,
para
él feliz, y danza
y en
ese impulso vuelan sus trinos
desde
el mástil muy alto
al
más cercano borde del azul,
vacila,
lo borda por segundos,
recompone
una malla,
tensa
un vacío, mira con ojo exacto
las
quietas margaritas
y
vuelve, en un vuelo gracioso,
vigía
sin paz,
a la
misma, persistente atalaya
donde
lo descubrí.
No
le importa, sensato,
lo
pasajero, lo que abajo pasa,
gente
sin ton ni son,
atontada
sin música en urgencias.
El
canta por su especie
como
no lo hace el hombre.
(Inédito)
PROGRAMA
I
Recuerda,
clara y lentamente, el agua.
Escucha
al pájaro:
¿canta
apenas su miedo o demuestra esperanza?
Llega
a la rosa y piensa en ella.
No
te preocupe el hombre.
El
se basta:
a solas
prepara
su cuchillo.
II
Mira,
sin olvidar fatalidades,
la
creciente, mas disminuida, especie.
Anclate
en lo que tantos desdeñan,
discreta
ignora lo que mundo busca,
para
así transitar, ya sin enfado,
tu
bandera sin viento que desciende.
III
Abre
los ojos
a
cada parcela de mundo,
brotes
de encino o rostro apático.
Una
vez más quedarás deslumbrada
o
buscarás tus culpas en el aire:
todavía
eres presa de la vida.
(Inédito)
LUNA
LLENA, TIERRA VACIADA
Blanco
talón nunca alcanzado,
riza
las dóciles mareas,
sosiega
pájaros inquietos,
mientras
desnudo viene y va.
¿Qué
espera en nosotros, de ese
grumo
de luz que nos vigila?
Quizá
un secreto mar de sangre,
en
cárcel provisoria preso,
empieza
ahora a aglutinarse
y
concluya una paz de pluma
ahogada
en bruma de luz blanca,
sin
arrostrar lo que atrás queda.
En
la alta alcándara, un misterio,
abajo,
agujas en el agua.
Luna
llena, tierra vaciada
y
una mentida calma. Huyen,
último
acorde de un redoble,
los
derrotados pasos solos.
(Inédito)
Ida
Vítale (Montevideo, Uruguay, 1924). Estudió Humanidades en la universidad de su
ciudad natal, donde tuvo como profesor a José Bergamín. Juan Ramón Jiménez la
incluyó en una selección de jóvenes poetas presentada en Buenos Aires. Hasta
1973 fue profesora de Literatura. Tras el golpe militar de ese año se exilió,
primero a México, donde vivió desde 1974 a 1984, y posteriormente, en 1989, a
Austin (Texas), donde reside en la actualidad. Traductora, profesora de
Literatura, ha colaborado en páginas y revistas culturales e integrado consejos
literarios y jurados en varios países. Es autora de los libros de poemas La luz
de esta memoria (1949), Palabra dada (1953), Cada uno en su noche (1960), Oidor
andante: (1972), Jardín de sílice (1980), Parvo reino (1984), Sueños de la
constancia (1988), Jardines imaginarios (1996), De varia empresa (1998),
Procura de lo imposible (1998) y Reducción del infinito (2002); y también, en
prosa, de Léxico de afinidades (1994), Un invierno equivocado
(1999),
Donde vuela el camaleón (2000), De plantas y animales. Acercamientos literarios
(2003) y El Abc de Byobu (2005).
Sus
obras han sido publicadas, además de en su país, en Venezuela, México, Estados
Unidos y España.
Le
ha sido otorgado el premio Cervantes del 2018.


Publicar un comentario