© Libro N° 6111.
¿Qué Quieres De Mí? Orvay, Mary. Emancipación. Junio 15 de 2019.
Título
original: © ¿Qué Quieres De Mí? Mary Orvay
Versión Original: © ¿Qué Quieres De Mí? Mary Orvay
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¿QUÉ QUIERES DE MÍ?
Mary Orvay
Título: ¿Qué quieres de mí?
© 2016, Mary Orvay ©De los
textos: Mary Orvay
Ilustración de portada:
Revisión de estilo:
1ª edición
Todos los derechos reservados
A mi
pequeño tesoro.
M.
Índice.
Prologo
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
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27
Epilogo
Prologo
A
veces la oscuridad nos transmite paz y tranquilidad.
En
cambio, otras veces el silencio de la noche, esconde seres que se ocultan en la
siniestra oscuridad.
¿Quién
sabe lo que se esconde entre las sombras? Criaturas atroces que harían que
hasta la sangre del más valiente se helase en sus venas, o quizá monstruos con
un disfraz tan perfecto que ni el más observador vería a través de su perfecto
disfraz.
Ángel
o demonio, quien se oculta en la noche. Nadie lo sabe.
LO
SABES TU.
1
Megan
siempre había disfrutado del silencio de la noche. Después de pasar
prácticamente toda la noche encerrada en ese tugurio en la que se veía obligada
a trabajar era prácticamente un regalo la paz y la tranquilidad que encontraba
en el camino de vuelta a su pequeño apartamento. Justo antes del amanecer
cuando todo está en silencio, ella podía olvidar por un momento en la miseria
que se había convertido su vida, caminando en la oscuridad con la única
compañía del eco de sus pisadas podía volver a una época donde todavía existía
la esperanza. Esperanza de un
futuro
mejor. Esperanza de poder salir de su eterna oscuridad.
Pero
esa noche era diferente, donde antes las sombras le proporcionaban paz y
tranquilidad hoy no podía desprenderse de una sensación de desasosiego. Algo no
estaba bien, era como si no estuviera sola, como si las mismas sombras hubieran
cobrado vida.
Acelero
el paso, debía llegar cuanto antes a su apartamento donde tendría una puerta
que cerrar a su espalda, donde podría recuperar su tranquilidad.
Pero
sus pasos acelerados no la llevaron lo suficiente lejos, en el silencio de la
noche empezó a escuchar las pisadas de sus perseguidores, cada
vez
más cerca cada vez más rápido. Empezó a correr de forma casi
caótica,
siempre elegía ese camino para regresar a casa, era más tranquilo que la calle
principal, con sus bares y sus clubes. Ahora rezaba con cruzarse con alguien,
cualquiera le hubiera servido solo necesitaba una mano amiga, no sabía porque,
pero estaba convencida de que si sus perseguidores la alcanzaban algo horrible
iba a ocurrir.
—No
correas pequeña, solo queremos jugar un poquito.
En
el sonido de aquella voz se podía palpar el mal. No sabía que había hecho para
atraer a aquellos locos, pero estaba convencida de que su vida corría un serio
peligro si no lograba escapar.
—Venga
muñequita, porque corres, ¿no quieres jugar con nosotros?
Sentía
el rugido de la sangre en sus oídos, el miedo era tan intenso que empezaba a
ver puntos negros. Estaba a punto de desmayarme por el pánico. Debía
concentrarse y empezar a respirar, debía llegar a su pequeño apartamento como
fuera, o al menos salir a la avenida principal y conseguir ayuda.
De
repente uno de sus perseguidores apareció delante de ella cortándole el paso.
—¿Dónde
vas con tanta prisa pequeña, no quieres jugar con nosotros un ratito? —le
pregunto el hombre, si es que a aquel ser se le podía llamar
hombre.
Tenía un aspecto espeluznante que ponía los pelos de punta solo con mirarlo a
sus extraños ojos inyectados en sangre.
—¡Dejad
me en paz! ¿Qué queréis de mí? — Megan notaba que su nivel de ansiedad iba
subiendo por momentos si no lograba contralar sus nervios la situación de por
sí difícil se le escaparía entre los dedos. No son más que unos drogadictos
pensó, dales el dinero que llevas y huye.
—Solo
tengo un par de dólares — dijo intentando negociar con ellos, pero son
vuestros, solo dejadme en paz y os daré todo lo que llevo.
—Que
te hace creer que queremos tu dinero, zorra estúpida—. dijo el otro a
sus
espaldas.
Dios
mío estaba rodeada no tenía escapatoria. Estúpida de mí, me he metido en un
callejón oscuro donde nadie puede ayudarme.
—¿Qué
queréis entonces, porque no me dejáis en paz? Yo no os he hecho nada.
—Pero
ya te lo hemos dicho pequeña, queremos jugar.
De
repente el que estaba a su espalda se abalanzó sobre ella inmovilizándola. La
sujetó por detrás aprisionándole los brazos contra su cuerpo. Megan empezó a
chillar y forcejear con él, pero todo era inútil. Tenía una fuerza sobre humana
para lo delgado que estaba y no consiguió ni
hacerlo
trastabillar.
—Dios,
que bien hueles. Dulce con el justo toque de miedo. Vas a resultar un tentempié
fantástico.
—Roger
no se te ocurra empezar sin mi amigo, comparte la comida tío.
Dios
de qué diablos estaban hablando aquellos locos. Qué clase de sicopatías eran,
de que manicomio se habían escapado. No podían estar hablando en serio. Comida,
ella no era comida. Realmente estaba metida en un lio mayor del que creía, no
se libraría de esos locos ofreciéndoles dinero, tendría que pelear por su vida
si quería tener alguna posibilidad de salir de allí con vida.
Intento
concentrarse y recordar algo
de
lo que había aprendido en sus clases de defensa personal, pero su mente estaba
en blanco.
No
dejaban de reírse de una manera tan siniestra que no podía recordar ni su
nombre, menos lo que aprendió en unas clases años atrás.
De
repente todo se aceleró, empezaron a pelearse por ella, tirando de ella como de
si de un muñeco de trapo se tratara. Cada uno estirando de un brazo, peleando
por quien sería el primero en saborear su comida.
Sintió
un horrible dolor en su brazo izquierdo seguido de uno más terrible en el
cuello. Ese monstruo le había mordido en el cuello, sentía como algo cálido y
pegajoso le resbalaba hacia
abajo,
hacia su clavícula. Se iba a desmayar, el dolor era insoportable no saldría de
aquel callejón con vida.
De
repente estaba tirada en el suelo, sus captores estaban gruñendo como perros
rabiosos. Entre la niebla que nublaba su visión le pareció distinguir a un
grupo de personas, policías pensó su cerebro un momento antes de perder el
conocimiento.
—No
podéis quitárnosla, nosotros llegamos primero —rugió una de los asaltantes.
—Estúpidos
no estamos aquí por la chica, habéis incumplido la ley y vais a morir por ello.
—¿Qué
ley? Somos cazadores, cazamos para sobrevivir. Las estúpidas
leyes
del consejo van contra nuestra naturaleza.
—El
consejo es la ley, no podéis cazar en la ciudad. La pena por desobedecer al
consejo es la muerte. ¡Preparaos para morir!
—No
podéis hacerlo.
—Yo
creo que sí.
Todo
paso con tal rapidez que ningún ojo humano habría sido capaz de seguir la
escena. Todo acabo tan rápido como había empezado en un instante los agresores
eran polvo suspendido en el aire.
—Tendríamos
que limpiar esto, ¡deshacernos de la chica! A las afueras de la ciudad hay un
vertedero.
—De
que hablas Lacey no vamos a matar a esta chica seriamos como ellos.
—En
una cosa tenían razón, nosotros somos predadores ella simplemente es comida.
—No
vamos a matarla Lacey. Eso no es lo que dicta el consejo.
—El
consejo se ha vuelto loco. No podemos convivir con los humanos son nuestra
comida. Nada más, y nunca lo serán por mucho que el consejo se empeñe.
—Eres
un guerrero estas al servicio del consejo, lo que estas sugiriendo es alta
traición ¿Quieres morir Lacey?
—Sabes
que Kiran si tanto de importa, ocúpate tú de la humana. Tú lo
has
dicho soy un guerrero no una niñera. Kiran sacudió su cabeza, Lacey iba a acabar
muy mal, si
el consejo se
enteraba
de sus ideas subversivas. Los tiempos cambiaban ya no vivían en la edad media.
Debían adaptarse a su
tiempo.
Los humanos habían evolucionado desde la antigüedad. Diseñaban armas mortales
incluso para ellos. Si no protegían el secreto de su existencia supondría su
extinción.
Él
tampoco era un fan incondicional de esos seres inferiores, pero comprendía el
punto de vista del consejo.
Kiran
se agacho y levanto a Megan entre sus brazos. El mordisco era grave pero no
mortal, esos imbéciles también
le
habían sacado el hombro de su sitio. Tendría que pensar que hacía con ella. Vio
un bolso en el suelo, al revisarlo vio que era el de la humana.
—Si
—pensó, eso sería perfecto, la llevaría a su casa, le curaría las heridas. Y
cuando estuviera a salvo y fuera de peligro desaparecería. Así de sencillo.
Megan
noto que estaban moviéndola, un dolor atroz le recorría el
brazo
izquierdo. Apenas había recobrado la conciencia cuando volvió a desmayarse por
culpa del dolor.
Cuando
por fin recupero la conciencia estaba sola en su apartamento, parecía que
alguien le había limpiado la herida del cuello.
No
sabía cómo había llegado hasta
allí.
Corrió como pudo hasta la puerta de su apartamento y echo la llave, pese a
estar en casa a salvo, no lograba sentirse segura. Cogió el teléfono y llamo a
un servicio de taxis, tenía que ir a un hospital, el brazo le dolía de una
manera horrible y no estaba segura de que la mordedura del cuello, pese a que
parecía que se la habían limpiado, estuviera mucho mejor. Pero no estaba
dispuesta a esperar en la calle a que apareciera el taxista. Le dio la
dirección a la compañía de taxis especificando que el taxista debía llamar a su
portero automático cuando llegara.
Su
paso por el hospital fue agotador, tenía el hombro izquierdo dislocado y la
mordedura del cuello estaba bastante
mal.
No consiguió convencer a los médicos de que la había mordido un hombre, si es
que a aquel ser se le podía llamar hombre. Creían que tenía estrés, que estaba
en estado de stock por culpa del miedo que había pasado después del ataque. En
el parte de la policía como causa del traumatismo figuraba, ataque de un
animal.
Cada
sonido fuerte la exaltaba, estaba muerta de miedo, los médicos le recomendaron
que se apuntara a un grupo de apoyo, le ayudarían a superar la ansiedad del
ataque. Aceptó la tarjeta con el número de teléfono del psicólogo llamo a un
taxi para que la llevará casa. En cuanto entre en su apartamento rompió la
tarjeta en mil pedazos, ella no
estaba
loca, sabía perfectamente lo que le había pasado. Lo que necesitaba era
aprender a protegerse y sabía por dónde iba a empezar. Encendió su ordenador y
busco una empresa experta en seguridad, necesitada con urgencia cambiar las
cerraduras de su apartamento. No recortaba como había llegado a su casa, ni
como había conseguido librarse de sus agresores, lo que estaba claro es que
alguien la había llevado hasta allí.
Debía
cambiar todas las cerraduras con urgencia, era lo primero que pensaba hacer.
Cuando pudiera volver a sentirse segura en su propia casa podría empezar a
pensar en protegerse también en la calle.
No
volvería a dejar que el miedo la
enclaustrara
en su propia casa. Otra vez no.
—Megan,
deberías tomártelo con más tranquilidad hace seis meses que te apuntaste al
gimnasio y te pasas aquí todas las horas libres que tienes al día. Entrenas
tantas horas que ya podrías dar tú las clases. El Krav maga no es un deporte,
es una completa arte de defensa personal basada en el ataque rápido y
definitivo. No puedes obsesionarte con tu defensa, es como si tuvieras miedo a
salir a la calle.
—No
digas tonterías Mike, tú mismo lo has dicho, podría dar clases, de que tendría
que tener miedo —hacía ya seis meses del ataque y todavía sentía
miedo
cuando lo recordaba pensó Megan contrariada.
—Solo
quiero asegurarme que no te obsesiones. No sé si te abras dado cuenta, pero me
gustas bastante —dijo Mike casi atragantándose con las palabras.
Pese
a ser un hombre fuerte y capaz de hacer frente a cualquier situación peligrosa
a la hora de tratar con una mujer hermosa su convertía en un completo patán.
Seguramente
por la dulzura que se podía intuir con solo mirarlo a los ojos Megan habría
podido conseguir confiar en él, si su instinto no le aconsejara lo contrario.
—Mike,
de verdad, te lo agradezco,
pero
estoy bien. Y tú también me caes muy bien—. dijo Megan en un susurro. No era
una mentira propiamente dicha, sí que le caía bien, solo que por alguna extraña
razón no podía confiar plenamente en él.
—Bien,
eso es fantástico ¿Te caigo lo suficientemente bien como para ir a cenar
juntos? —le pregunto Mike sonriendo.
—Mike,
veras yo, no sé cómo — empezó a decir Megan sin saber muy bien como esquivar el
tema.
—No
te preocupes Megan lo entiendo, conozco la cancioncilla, me caes bien, pero
como amigos.
—No,
Mike no lo entiendes. Me paso algo hace un tiempo y…
—Lo
sabía ese es el motivo de que entrenes tanto ¿verdad? —dijo Mike mirándola
fijamente a los ojos. Parecía que quisiera ver su alma. —Si no me lo quieres
contar en este momento, da igual. Pero que sepas que estoy aquí.
—Gracias
—fue lo único que Megan fue capaz de decir, no estaba preparada para volver a
hablar de aquella noche. Y menos de su traumática infancia. No creyó que
pudiera soportar que la volvieran a tachar de loca.
2
Kiran
se sentía inquieto desde hacía ya un tiempo y no encontraba una razón para su
inquietud.
—¡Kiran!
—lo llamo Lacey —te esperan en la sala del consejo.
Kiran
miro a Lacey con mala cara, su manera de ver las cosas cada vez le desagradaba
más. Era su segunda al mando, pero eso no significaba que le tuviera que gustar
su manera de pensar.
Como
si los humanos solo fueran ganado, una vaca no tiene sentimientos, los humanos
sí.
Si
al final el consejo podía imponer
su
nueva política todo sería mucho más fácil. Podía ser que la transición fuera
más sencilla si el consejo desvelaba lo descubierto en los pergaminos perdidos,
pero de momento querían guardar el secreto. Solo unos pocos elegidos sabían la
verdad, y él se encontraba entre ellos solo porque era el jefe del escuadrón de
la muerte.
Y
quizás fuera lo mejor porque hasta
el
momento la profecía era prácticamente imposible de descifrar.
—Me
dirigía hacia allí en este momento. De todas maneras, gracias por avisarme—. Le
respondió Kiran
—Kiran,
¿Cuándo te vas a decidir a emparejarte conmigo? Somos perfectos el uno para el
otro—. Dijo Lacey con un
hollín
en los labios.
—Lacey,
ya te he dicho que no busco pareja. Deberías empezar a buscar en otro lado. Y
ahora si no te importan, creo que me esperan—. Se despidió Kiran acelerando el
paso.
De
un tiempo a esta parte la insistencia de Lacey para que se emparejaran cada vez
le resultaba más insoportable.
Llamo
a la puerta de la gran sala siempre cerrada y espero a que le permitieran
acceder a ella. Las grandes puertas se abrieron dándole paso. La sala era
enorme y como siempre solo estaba ocupada por tres sillas similares a tres
tronos donde se hallaban sentados
los
ancianos, solo tres. En otros tiempos el consejo estaba compuesto por siete
ancianos. Pero eso fue antes de que se raza empezara a perecer. De ahí la
importancia de la profecía, todas sus esperanzas estaban puestas en ella, y en
que fueran capaces de interpretarla correctamente. Si fracasaban seria su fin.
Ya estaban muriendo, poco a poco pero así era.
—Acércate,
hijo mío —dijo Seth, el más anciano de los miembros del consejo. Quiero que
leas atentamente el pergamino perdido, quizás la sangre joven es lo que
necesitamos para interpretar la profecía.
Sangre
joven, no realmente Kiran hacía tiempo que había dejado de
sentirse
joven. Pero no sería él, el que llevara la contraria a los ancianos.
—Señor,
como desee— respondió con voz queda.
—Hijo
recuerda que lo que se diga aquí no puede salir de esta sala. Bajo pena de
muerte.
—Lo
comprendo mi señor. —Entonces gran guerrero coge el
pergamino
y lee. Hazlo con todos tus sentidos puesto en ello, y dinos qué significado
tiene para ti.
Kiran
se acercó al atril colocado en una esquina de la gran sala, protegido por un
cristal se encontraba su salvación, o eso creían los ancianos.
Escuchad
me hijos míos. Estáis malditos por los pecados de vuestra madre, contradije los
dictados de mi padre, fui en contra de su voluntad, y vosotros mis queridos
niños pagares por mis pecados. Castigados a vagar eternamente por el camino de
los tiempos hasta que logréis redimir mi pecado. Debéis encontrar el camino del
corazón hijos míos, ya que
solo
comprendiendo la humanidad que habita en vosotros la maldición se revertirá.
Pero si no lo conseguís vuestro destino será el olvido eterno. Este es mi
legado y no sabéis como me arrepiento.
Lilith
—Y
bien hijo mío, dimos ¿Qué piensas? —No lo comprendo, la respuesta
está
en nuestro corazón. Eso no tiene sentido.
—Creemos
que la clave de nuestra salvación está en los humanos—le refuto Seth el más
mayor de los ancianos.
—Pero
no habla de humanos, sino de humanidad. Quizás, y con esto no quisiera
ofenderos mi señor, la profecía no tiene nada que ver con los humanos
—.
Se atrevió a decir Kiran, pese a que sus ideas contradecían a de los ancianos.
—No
hijo mío, piensa ¿Cuál es la diferencia principal entre nosotros y los humanos?
—No
sé, su debilidad—. contesto Kiran dubitativo.
—Esa
no es la diferencia principal Kiran, no nos defraudes y piensa.
Ellos
ya tenían la respuesta y por alguna razón querían que el llegara a la misma
conclusión, pero, ¿Cuál era la respuesta adecuada?
Los
humanos eran débiles, sus vidas eran frágiles y extremadamente cortas,
comparadas con las suyas. Y para más males esos insensatos se dejaban guiar por
sus sentimientos ….
—Ellos
siente —exclamo antes de recordar donde se encontraba.
—Eso
es Kiran, ellos sienten. Se guían por lo que les dicta su corazón. Creemos que
hay está la clave.
—¿Y
que se
supone que debemos
hacer,
maestro? No lo comprendo. Nosotros somos cazadores, guerreros. En nuestra
naturaleza esta la lucha, no nos guiamos por cosas tan superfluas como la
compasión —pregunto Kiran. No conseguía entender donde querían llegar los
ancianos.
—¿Sabes
cuál fue el pecado por el que fue castigada nuestra madre, guerrero? —le
pregunto el anciano, lo miraba tan fijamente que parecía que
quisiera
extraer la respuesta directamente de su cerebro.
—Todos
conocemos nuestra historia, maestro, nuestra madre fue expulsada del paraíso
por querer hacer su voluntad, sin tener en cuenta los sentimientos ni deseos de
su pareja —
respondió
Kiran. Seguía sin entender donde querían llegar.
—Nosotros
creemos que la profecía está clara, debemos aprender de los humanos. Debemos
aprender todo de lo que carecemos. Y por eso te hemos escogido a ti, nuestro
guerrero más poderoso.
—Sabéis
que estoy a vuestro servicio. Pero perdonadme si mi pregunta os suena a
insolencia ¿Qué debo hacer yo? No soy más compasivo que cualquiera de ustedes
maestro—. Kiran espero no haberlos ofendido, la verdad no tenía ganas de morir.
—Hace
unos meses nos entregaste un informe de unos altercados provocados en el centro
por unos
rebeldes,
estuvo implicada una humana. —Sí, los rebeldes recibieron su
castigo….
—Lo
sabemos Kiran. No se trata de los rebeldes sino de la mujer. Tú la llevaste a
su casa, ¿no es así?
—Si
mi señor, así fue —Kiran tenía el presentimiento que la orden de los ancianos
no le iba a gustar.
—Entonces
sabes dónde encontrarla, y te debe estar agradecida. Debes entrar en contacto
con ella y aprender de ella. Para después poder enseñarnos.
—Así
se hará —fue lo único que fue capaz de contestar.
Le estaban pidiendo un imposible,
pero
él no se podía negar.
3
Hacía
días que se sentía observada. Ya no sabía si realmente se estaba volviendo
loca. Cuando volvía a casa, siempre por las calles mejor iluminadas, se sentía
vigilada.
Y
Mike seguía intentando quedar con ella de forma sutil, eso sí. Que, si se nos
ha hecho tarde y esta oscuro, yo te acompaño. Quizás debería decirle que sí, si
esa extraña sensación persistía se lo plantearía seriamente, lo que no quería
era darle falsas esperanzas. Mike le caía muy bien, y era un gran profesor,
pero nada más. Todavía persistía esa sensación que le recordaba que no debía
confiar
en él.
Acelero
el paso para llegar cuanto antes a casa. Cada vez si sentía más inquieta. Era
como si alguien la tuviera sometida a una vigilancia constante.
Desde
el ataque había conseguido tomar el control de su vida otra vez, pero ahora
cada vez le daba más la sensación de estar perdiéndolo.
Cuando
llego a su apartamento se aseguró de cerrar todos los cerrojos. Se había
convertido en un ritual para ella, ya era como respirar. Estaba a punto de ir a
la cocina a hacerse un té cuando sonó el teléfono, del susto casi se le sale el
corazón por la boca.
Por
dios Megan, tranquilízate. Solo
es
el teléfono.
—Hola
Megan, ¿Cómo estás? — dijo Mike desde el otro lado de la línea.
—Hola
Mike. ¡Que ahí!
—Veras
es que ponen una película nueva en el cine del centro y había pensado que
quizás te gustaría….
—Sabes
que Mike, que sí que me apetece ir al cine. No tengo ganas de estar sola. Pero
que quede claro que solo vamos como amigos —dios que bicho le había picado
aquello no podía ser buena idea. Que pasaba con ese instinto suyo que le decía
que no podía confiar en él. Bueno en ese momento le importaba mas no estar
sola.
—Por supuesto
Megan, te paso a
recoger
dentro de media hora si te parece bien.
—De
acuerdo Mike, solo como amigos.
—Solo
como amigos.
Megan
cogió su bolso, volvió a ponerse su chaqueta y bajo al portal para esperar a
Mike. La compañía le sentaría bien. Quizás esa extraña sensación de sentirse
vigilada se debía a que pasaba demasiado tiempo sola sumergida en su mundo.
Solo esperaba no haber cometido un gran error.
La
película estuvo realmente bien, no creía que se lo podía pasar tan bien con
Mike. Pero la verdad es que había sido una forma magnifica de desconectar de
sus
problemas. Quizás era lo que siempre había necesitado, hacer amigos, un poco de
vida social para dejar de pensar en sí misma. Para dejar de centrarse en sus
problemas.
—¿No
ha sido tan malo, ¿verdad? —le pregunto Mike con una sonrisa traviesa.
—No,
la verdad es que me lo he pasado muy bien—. Y para su sorpresa estaba diciendo
la verdad.
—Entonces,
la próxima vez ¿Podrías ir a cenar primero? Un paseo, no se quizás……
—Mike—.
Megan suspiro— habíamos quedado que solo seriamos amigos. Creía que lo tenías
claro.
—Y
lo tengo, pero porque cerrarnos puertas antes de hora solo salgamos y a ver qué
pasa. ¿Qué te parece?
— No
quiero que suframos ninguno de los dos. Creo que es cruel salir contigo en plan
novios cuando no tengo ninguna intención de tener novio ni ahora ni en mucho
tiempo— repuso Megan convencida de que su réplica era totalmente cierta.
—Por
qué no me dejas eso a mí— le dijo Mike, sonriéndole— no pienses en novios ni en
nada parecido, solo somos nosotros pasándolo bien. Y si tiene que suceder algo
sucederá y si no, también estará bien. Trato hecho.
Megan
se quedó mirando la mano extendida de Mike sin saber muy bien
que
hacer. Era un trato arriesgado, podía ser un auténtico desastre, pero realmente
se lo había pasado muy bien. Después de pensarlo un momento más le estrecho la
mano. Esperaba no tenerse que arrepentir.
Y
las cosas quedaron así, en un extraño pacto que no sabía si debía haber
firmado. Era verdad que contar con alguien le hacía más llevadero el día a día.
Seguía sin poderse quitar la sensación de que la estaban vigilando, pero
gracias a la presencia constante de Mike no se estaba volviendo completamente
loca. Si hubiera estado sola ya se abría encerrado bajo siete llaves.
Todavía
no le había dicho nada sobre su presentimiento, no quería que pensara mal de
ella, como que tenía problemas mentales o algo peor, pero sabía que debía
decírselo a alguien y pronto. Porque cada vez sentía la amenaza más cerca.
4
No
entendía nada, todo aquello era una gran pérdida de tiempo. Los ancianos
estaban muy equivocados si realmente creían que de aquella humana podrían sacar
la respuesta a la profecía.
La
verdad es que era bastante aburrida, al principio solo iba de casa al trabajo y
del trabajo a casa. Pero después apareció ese otro humano, se podía tener peor
gusta, y empezaron a hacerlo prácticamente todo juntos. La verdad es que al
espécimen de macho humano se le veía bastante pendiente de su humana, siempre
la estaba observando cuando ella no estaba
pendiente,
siempre intentando tocarla. No podía entender porque ella se dejaba manosear
así.
Pero
claro se suponía que por eso la estaba observando continuamente, para aprender,
para descubrir sus secretos. Ojalá los ancianos hubieran elegido a otro para
llevar a cabo esa descabellada misión.
Seguía
sin encontrarle ningún sentido, que se podía sacar en claro de saber que a la
humana le gustaba el café solo. O saber que su color favorito era el rojo y
muchas más chorradas similares.
Pero
debía dejar de divagar, ya estaban otra vez. Que sería ahora, cine otra vez,
cena, paseo por el parque. La
verdad
estaba ya un poco harto de seguir a la parejita.
Vaya
parecía que al final sería otra vez el parque. Bueno por lo menos en el parque
era fácil pasar desapercibido, nada de colarse en cines, solo un paseo al aire
libre.
—Dios,
¡Como echaba de menos sus patrullas nocturnas! Una buena cacería siempre te
hacia correr la sangre en las venas— pensó Kiran con un suspiro.
De
repente un movimiento extraño llamo su atención. En las sombras que se estaban
creando por el atardecer se ocultaba algo o alguien. Y parecía que el inútil
del macho humano no se había
dado
ni cuenta.
—Si
estuviera más atento a lo que le rodea en lugar de estar babeando por ella—
pensó Kiran— estúpido humano.
Al
parecen estaban a punto de ser atracados, pero antes de que Kiran decidiera si
era necesaria su intervención la escena se aceleró. Los atracadores salieron de
entre las sombras dispuestos a conseguir su botín. Para gran sorpresa de Kiran
los humanos se deshicieron de sus agresores sin mayor dificultad, incluso la
hembra humana parecía una guerrera con
aquellos
movimientos tan bien ejecutados, donde estaba la criatura frágil que casi muere
hace unos meses, si no lo estuviera viendo con sus
propios
ojos no lo creería ni en un millón de años.
Los
agresores salieron corriendo con las manos vacías y el macho humano aprovecho
el subidón del combate para abrazar a su hembra. Mientras los miraba sin ser
visto Kiran sintió como si necesitara separarlos, como si le quemaran las manos
por apartar las del macho humano de aquella hembra.
Sacudió
la cabeza para despejársela de aquella extraña sensación, no entendía que le
estaba pasando, era como si le importara lo que hiciera aquella hembra y eso no
podía ser, ya que los de su especie solo sentían respeto hacia los ancianos.
Los demás no importaban, ni siguiera cuando se
emparejaban
su pareja tenía la mayor importancia para ellos.
Decididamente
necesitaba una buena cacería llevaba demasiados días persiguiendo a la humana,
un descaso no le iría mal. Por unas horas sin vigilancia no creía que se
perdiera nada importante, al fin y al cabo, en dos semanas y media que llegaba
siguiéndola no había pasado nada de relevancia.
Se
pondría en contacto con su unidad, siempre había alguna cacería en marcha, las
restricciones de los ancianos cada vez creaban más subversivos y la pena por la
desobediencia era la muerte. Él era el ejecutor y le gustaba su trabajo.
Como
él suponía, Lacey le informo que había una cacería en la zona norte de la
ciudad, justo en el otro extremo. Si decididamente era lo que le hacía falta,
un cambio de aires. Comunicaría a los ancianos el cambio de planes, para ellos
era muy importante que se respetara la ley. Cuando el problema con los rebeldes
estuviera resuelto volvería a aquella absurda vigilancia. Al fin y al cabo,
solo serían unas horas ¿Qué podía perderse que mereciera la pena?
—Por
Dios, Lacey, nos has metido en un nido de serpientes. ¿No habías mandado antes
un escuadrón de observación? —
dijo
Mike. Estaba realmente enfadado. Lacey se estaba convirtiendo en una camicace.
No sería tan importante si no arrastrara con ella a todo el escuadrón.
—Claro
que los mande, por quien me has tomado. La avanzadilla solo vio a tres
individuos, ni uno más ni uno menos—. Le respondió Lacey con tono de
superioridad.
—Pues
ahora son por lo menos veinte. Abra que pensar en algo y rápido. Nos superar en
número. Si se dan cuenta de que estamos aquí lo vamos a pasar mal—. No querías
algo de acción Kiran, pues aquí la tienes ahora no te quejes, pensó con un
suspiro.
—¿Qué
pasa Kiran, tanto tiempo entre el ganado te ha vuelto débil? —
pregunto
Lacey con una mueca de ironía. —Déjate de tonterías Lacey, esto es serio.
Tenemos que desmantelarlos antes de que estén todavía más organizados o esto se
convertirá en una revolución en toda regla. Te deje al mando Lacey, se supone
que debías controlar la situación,
y se
te ha ido de las manos.
— No
te pongas en plan alarmista, Capitán, que nos conocemos. Si somos menos, tienes
razón, pero somos guerreros, los mejores que existen, debería ser pan comido
para nosotros. Y si no es así no merecemos pertenecer a este escuadrón—.
Replico Lacey con superioridad.
—No
intentes ocultar tu error con grandes frases Lacey. No hiciste tu
trabajo,
por eso ahora estamos como estamos. Un día tu prepotencia nos constara muy cara
—dijo Kiran. Estaba realmente enfadado, pero no con ella sino con el mismo.
Como se le podía haber ocurrido que dejar a Lacey al mando era una buena idea—.
Y ahora arreglemos esto. Tú y yo hablaremos más tarde puedes estar segura.
La
contienda fue larga y pesada como había previsto Kiran desde el principio, pero
al final gracias a su destreza superior la victoria fue suya. Sin embargo, no
sin pagar un precio, en dos días de reyerta en inferioridad de condiciones, era
de esperan. Menos mal que para su raza había pocas cosas
mortales.
Con un poco de reposo y buena alimentación estaría como nuevo en dos días más.
No
creía que a los ancianos les hiciera mucha gracia, casi una semana sin tener a
su humana bajo control no iba a gustarles, debería hablar con ellos cuanto
antes. Pero primero Lacey.
—
Lacey, te espero en una hora en mi habitación. Que te miren esas heridas. No te
retrases, tenemos que hablar—. Le dijo Kiran utilizando su mejor tono de
Capitán del escuadrón.
—
Claro, Capital, seré puntual—. Le replico Lacey. Ni mucho menos parecía
arrepentida.
Kiran fue
a ocuparse también
de sus
heridas,
no tenía ninguna de gravedad, pero había perdido bastante sangre que debería
reponer.
De
improviso alguien llamo a la puerta de su habitación.
—Qué
extraño —pensó Kiran. Era pronto para que fuera Lacey— Adelante —dijo en voz
alta donde paso así a quien fuera que estuviera esperando al otro lado.
—Capitán
Kiran, los ancianos le esperan en la sala del consejo—le informo un guardia—
ahora mismo.
—Por
supuesto, ahora mismo voy— dijo Kiran.
—No tarde Capitán, estaban
impacientes.
Que
querrían con tanta urgencia los ancianos. No podía ser por a ver abandonado la
vigilancia. Si no lo hubiera hecho esos rebeldes podrían haberse hecho fuertes
y quien sabe lo que hubiera pasado.
Más
le valía no hacerlos esperar, no sería bueno para su salud y por un día ya
había perdido bastante sangre.
El
mismo guardia que había ido a buscarle a su habitación estaba vigilando la
puerta de la sala del consejo.
Nada
más verle la abrió para él.
Aquello
le daba muy mala espina.
Que
podía ser tan urgente.
—Kiran,
te estábamos esperando— exclamo Seth, el portavoz y más anciano de todos
ellos—. Dimos hijo ¿Por qué razón has incumplido nuestras ordenes?
—Pero
mi señor, perdonad mi atrevimiento, pero no esperaríais que no participara en
aplacar la rebelión— Kiran estaba realmente sorprendido. No podía ser que le
dieran más importancia a una simple humana que al cumplimiento de la ley. La
ley para ellos era sagrada. Entonces que estaba pasado.
—No
Kiran, ese era tu deber. Lo que queremos saber es porque no has cumplido con la
misión que te encomendamos.
—Señor,
estuve hasta hace unos días vigilando a esa humana prácticamente día y noche—
exclamo Kiran. Se sentía realmente frustrado.
—Basta,
Kiran. Nosotros no te pedimos que la vigilaras, sino que contactara con ella.
Que aprendieras de ella ¿Cómo piensas que vas a aprender algo escondido entre
las sombras? —. Exclamo Seth. Su voz iba subiendo de volumen a medida que su
discurso avanzaba.
—Mi
señor— dijo Kiran con sincero arrepentimiento en la voz—me disculpo, no entendí
bien lo que esperabais de mí. No volverá a ocurrir. Tenéis mi palabra.
—Realmente eso es lo que
esperamos
de ti. No vuelvas a fallarnos. El tiempo, antes nuestro amigo, corre en contra
nuestra. Debes reunirte con la humana cuanto antes. Esperamos resultados
pronto. Y ahora retírate.
—Si
Señor, a su servicio mi señor
—.
Dijo Kiran haciendo una pequeña reverencia con la cabeza antes de retirarse,
como le habían ordenado.
Kiran
empezaba a cuestionarse el buen juicio de los ancianos, quizás y
solo
quizás estaban también equivocados.
Pero
que podía hacer él más que cumplir órdenes.
5
Era
extraño, pero hacia un par de días que la sensación de ser observada había
desaparecido. No sabía si era porque estaba más tranquila y su mente había
dejado de inventar fantasmas, o porque su acosador había perdido el interés en
ella.
Era
posible que se lo hubiera imaginado, no realmente no creía que fuera posible.
Ella no estaba loca, sabía que realmente había habido alguien allí
observándola, vigilándola, siguiéndola a donde quiera que fuera y de repente
nada. Dios ¡era posible que realmente se estuviera volviendo loca!
Y
después estaba el comportamiento de Mike. Desde el ataque en el parque estaba
cada día más cariñoso por decirlo de alguna manera. Ella insistía en recordarle
que solo eran amigos, pero el cada vez cambiaba de tema con mayor rapidez y
cada vez se tomaba más confianzas.
Iba
siendo hora de cortar de raíz antes de que el asusto se le fuera de las manos.
—Megan,
¿te encuentras bien? — oyó que le decía Mike al otro lado de la línea.
No
debería haber cogido el teléfono, se había saltado la clase de esa tarde con
toda la intención. Pretendía poner un poco de distancia entre Mike y ella.
—¿Megan?
—pregunto de nuevo Mike al no obtener respuesta —Como no has venido hoy a clase
he pensado que quizás no te encontraras bien—. La interrogo Mike después de una
breve pausa.
—Estoy
bien, pero gracias por preguntar—. Le contesto Megan. Intentando sonar lo más
distante posible.
—¿Seguro
que te encuentras bien? Es tan raro que faltes a clase. Tu nunca faltas—.
Empezaba a sonar algo irritado —¿Qué pasa pequeña? Sabes que a mi puedes
contármelo.
—Mike,
sabes que no me gusta que me llames así. Tengo un nombre— replico Megan con
paciencia —Y respecto a las clases, sabes creo que al
final
tenías razón, puede que me estuviera obsesionando un poco —se detuvo para tomar
una profunda bocanada de aire —creo que descansare una temporada.
—Claro,
si crees que es lo mejor. De todas maneras, siempre te quedan las clases
particulares —dijo con una sonrisa en la voz —por suerte el profesor te adora.
—Mike,
veras creo que lo mejor sería que… —las palabras se le atascaban en la
garganta. Tuvo que tomar una inspiración profunda para poder continuar—. Bueno
quizás lo mejor sería que por una temporada no nos viéramos —termino Megan
pudiendo pronunciar por fin sus
pensamientos
en voz alta.
—La
verdad Meg, pequeña no entiendo cuál es el problema—. Dijo Mike con tono
autoritario, haciendo que Megan cada vez se pusiera más nerviosa —solo estas
confundida, nena. No pasa nada, después me paso y lo hablamos. Hasta luego
—dijo Mike y colgó sin darle opción a replicar.
Como
era posible que se hubiera metido en un lio semejante, desde el principio había
tenido la sensación de no poder confiar en él. Que bajo su sonrisa de ángel se
escondía algo oscuro, ahora no le quedaba más remedio de ser fuerte para
enfrentarse con él.
No
podía dejarse dominar, no debía
permitirle
mandar en su vida y sobre todo debía imponerse. Y vaya si lo iba a conseguir.
Estuvo
paseando arriba y abajo de su apartamento esperando la aparición de Mike
pensando la mejor manera de recordarle que eran y solo serían estrictamente
amigos, pero cuando llamaron a su puerta no estaba más preparada que después de
colgar el teléfono.
—Mike,
tenemos que hablar —iba diciendo Megan mientras abría la puerta —¡Perdón! Creía
que era otra persona —exclamo Megan al ver a su visitante. Era un hombre
bastante alto, con unos extraños ojos dorados que por alguna
razón
le resultaban conocidos.
—No
te preocupes, supongo que me confundiste con tu humano —le respondió Kiran.
Había que reconocer que de cerca no tenía nada que envidiarles a las mujeres
más bellas de su raza —¿Puedo pasar? —pregunto, aunque ya estaba atravesando la
puerta.
Megan
se había quedado blanca como la pared y era incapaz de hacer que el aire les
llegara a sus pulmones. La sensación de opresión era tal que creía que iba a
desmayarse. Aquel hombre le ponía los pelos de punta y no sabía muy bien por
qué.
—Sera
mejor que entres y cierres la puerta. Y de paso no estaría mal de
volvieras
a respirar —le dijo Kiran ya desde el interior del apartamento. Al ver que no
reaccionaba la agarró del brazo y la hizo entrar de nuevo al apartamento
cerrando la puerta tras ellos—. Estoy hablado en serio mujer, ya tuve que
cargar una vez contigo y no quiero hacerlo otra, o sea que respira.
Megan
estaba completamente aterrorizada. Su instinto le decía que aquel hombre era
muy peligroso, sobre todo para ella.
Aquel
hombre según indicaba su comentario parecía ser el que la había llevado a su
casa después del ataque que había sufrido tantos meses atrás. Y probablemente
también era, si su intuición no le fallaba, el que la había
estado
observando.
Y
ella, lo había dejado entrar en su casa sin más. Claro que tampoco hubiera
podido evitar que lo hiciera. Cada célula de su cuerpo rezumaba fuerza y poder.
Megan
sabia sin lugar a dudas que aquel hombre podría matarla con una sola mano si se
lo propusiera y ella pese a todas sus clases de Krav maga no podría hacer más
que retrasar su muerte.
Y
sin embargo allí estaba, plantado en medio de su salón mirándola con aquellos
ojos dorados tan difíciles de ignorar.
—¿Por
qué está aquí? ¿Qué quiere de mí? —se atrevió a preguntar Megan en un susurro.
El
simplemente siguió mirándola fijamente sin parpadear siguiera. Estaba tan
inmóvil que daba la impresión que ni siquiera estaba respirando. Pero, eso no
podía ser, claro está. Y entonces cuando ya creía que no se molestaría en
contestarle, lo hizo.
—Aprender
—dijo simplemente, como si con una simple palabra lo explicara todo.
—Aprender
¿Qué? No te entiendo ¡Ah! y creo que debería darte las gracias —tanteo Megan.
Debía averiguar si su suposición era cierta—. Fuiste tú verdad, ¿El que me
trajo a casa aquella noche?
—Si—.
Y eso fue todo. Un simple monosílabo. Sin expresión alguna en su
rostro.
Era como contemplar una estatua de mármol.
—Sí,
y ya está. No hablas mucho, ¿verdad? —le dijo Megan cada vez más irritada. Ella
no se daba cuenta, pero la furia que estaba empezando a sentir le había hecho
olvidar su miedo inicial — te importaría decirme ¿Qué haces allí? Y no me digas
aprender. Te exijo una contestación de más de una silaba — exclamo Megan ya
completamente fuera de sí. Como se atrevía ese tipo a colarse en su casa de
aquella manera. Dios ya tenía suficientes problemas con ocuparse de Mike.
—Sera
mejor que abras la puerta. Tu humano acaba de llevar—. Dijo Kiran en ese
momento. La estaba
mirando
directamente a los ojos y pudo ver el momento exacto en el que el miedo se
reflejaba en ellos—. También puedo abrir yo —le dijo Kiran y sin esperar
respuesta se dirigió a abrir la puerta.
—¿Quién
eres tú —pregunto Mike nada más verle? En sus ojos Kiran pudo ver reflejada
toda su ira—. ¿Dónde está Megan? —exclamo a continuación sin darle tiempo a
responder su primera pregunta.
Kiran
se quedó allí, impasible completando a aquel insignificante insecto sin
parpadear siguiera. Que habría visto ella en aquel ser. Solo con estar a su
lado su estómago se revolvía, hasta su nariz llegaba la esencia de su
verdadero
ser.
Ahora
que lo pensaba era extraño, pero al estar cerca de la otra humana no pudo
percibir nada de su ser.
—¿Qué
te pasa tío, acaso eres idiota? ¿O no entiendes mi idioma? —le espeto Mike cada
vez más furioso. Conque de eso se trataba, había conocido a otro, pues si se
creía que se iba a deshacer de él sin más todavía no lo conocía, no, no lo
conocía en absoluto —Megan, sal ahora mismo — exigió a gritos —creo que tienes
que explicarme unas cuantas cosas. Empezando por quién es este tipo.
—Me
parece que ella no quiere hablar contigo —dijo Kiran sin que se le alterará ni
un solo musculo de la cara —
será
mejor que te vayas. Aquí no eres bien venido.
—No,
está bien. Hablare con él — dijo Megan asomando la cabeza por detrás del hombro
de Kiran.
Sus
anchos hombros ocupaban todo el vano de la puerta. Megan se sintió como una
niña pequeña escondida detrás de su protector. Era como querer atravesar un
muro de hormigón, o mover una apisonadora.
—De
verdad, no pasa nada. Hablare con él —le dijo Megan apoyando una de sus manos
en su espalda. Pudo sentir como se tensaba, era la primera reacción humana que
percibía en él.
Y
tenía que ser porque ella le tocaba. No sabía muy bien porque, pero
su
reacción a su contacto le sentó realmente mal —al fin y al cabo, es un amigo
—dijo con ironía.
Kiran
se hizo a un lado muy despacio sus ojos se encontraron y la respiración de
Megan quedo atrapada en su garganta.
—No
me gusta —fue todo lo que dijo y después volvió a entrar en el apartamento.
Menos
mal porque así Megan tuvo la oportunidad de que su respiración volviera a la
normalidad.
—¿Qué
está pasando aquí? —la interrogo Mike, nada más Kiran hubo desaparecido de
escena —primera no vienes a clase, y ahora de repente tienes novio nuevo. Creo
que merezco una
explicación.
—¿Novio?
No entiendo de que estás hablando Mike. Sabes perfectamente que no quiero ese
tipo de relación. Ya lo habíamos hablado —le dijo Megan mirándolo fijamente a
los ojos para ver si podía descifrar que estaba pasando por su cabeza. Pero lo
único que pudo ver fue furia. Una furia tan salvaje que le hizo dar un paso
atrás.
—Ni
hablar, no se te ocurra ni intentarlo —le dijo Mike agarrándola con fuerza del
brazo —si crees que te vas a reír de mi lo llevas clara —bramo, mientras Megan
cada vez sentía más miedo —tú me perteneces. Eres mía y no voy a permitir que
lo olvides.
—Mike, me estás haciendo
daño.
Por
favor suéltame —le rogo Megan al borde del llanto.
—No
la has oído, ha dicho que la sueltes —se hizo oír la voz de Kiran por encima de
las suplicas de Megan — ahora.
Su
tono de voz era tan gélido que hasta Megan se estremeció. Mike debió de
advertir el peligro que corría porque la soltó tan rápido que hubiera acabado
desparramada en el suelo si no fuera porque Kiran la sujeto con fuerza contra
su cuerpo.
—Esto
no acabara así, ni lo sueñes.
A mí
nadie me toma el pelo.
6
Megan
no sabía si algún día podría recuperar la calma. Hacía ya un buen rato que Mike
se había ido, pero era incapaz de conseguir que su cuerpo dejara de templar. No
habían sido sus palabras, en su vida había oído amenazas peores. Habían sido
sus ojos.
Nunca
había visto una mirada así antes, tan llena de odio, tan llena de furia, tan
llena de locura.
—¿Te
falta mucho para acabar con esto? —le pregunto Kiran impertérrito. No podía
entender a qué venia tanto drama. Se había ido no. Pues según su
punto
de vista se había acabado. —¿Qué haces todavía aquí? —
estaba
tan sumida en sus pensamientos que no se había dado cuenta que seguía en su
casa—. Sera mejor que te vayas.
—No
—dijo simplemente.
—Mira
te agradezco mucho tu ayuda con Mike, pero ahora lo mejor sería que te fueras
—le dijo Megan perdiendo ya la paciencia. Había sido un día demasiado largo
para sus nervios.
—No
voy a irme humana, tengo una misión que cumplir. Cuando la haya terminado a lo
mejor te libras de mí. Mientras ni lo sueñes.
Aquello
tenía que ser un mal sueño. No podía ser real. Pero si ni siquiera
sabía
quién era aquel tipo. Y su forma de hablar. La llamaba humana, humana como si
él no lo fuera.
De
repente su mente dejo de divagar y recordó aquella noche con todo detalle. Los
dos extraños que la atacaron. Su manera de dirigirse a ella como si fuera un
simple trozo de carne. Y como aquel ser la había mordido en el cuello.
Megan
dirigió su mirada hacia aquel extraño que había invadido su hogar y entonces lo
supo. Él era como aquellos seres que la habían atacado, era uno de ellos y ella
estaba completamente sola con él.
7
Todo
estaba a oscuras a su alrededor. Se incorporó despacio intentando enfocar su
vista. Tenía el extraño presentimiento de que ya no estaba en su casa.
Y en
cuanto consiguió que su vista se adaptara pudo confirmarlo. No conocía nada de
lo que la rodeaba, no tenía ni idea de donde estaba ni como había llegado allí.
Se
dirigió hacia la puerta de aquella habitación y para su sorpresa descubrió que
no estaba cerrada con llave. Qué extraño, quien la sacaría de su casa a la
fuerza y después no la encerraría.
Salió
despacio al corredor, lo que vio a su alrededor la dejo sin aliento. Era como
estar en un castillo de cuento de hadas, con sus lámparas de cristal, sus
molduras en oro y todo lo que su mente pudiera imaginar que habría en un
palacio de cuentos.
De
repente unos brazos fuertes que la agarraban sin ninguna delicadeza la sacaron
de su ensoñación.
—¿Dónde
te crees que vas humana? Aquella voz.
Fue
como retroceder en el tiempo. De pronto estaba en un callejón y la estaban
atacando y allí estaba la dueña de aquella voz.
—¿Qué
te ocurre humana? —la grito
Lacey
zarandeándola del brazo —es que encima eres retrasada.
—¡Tu!
—exclamo Megan intentando zafarse de sus manos —tú estabas allí, con el otro.
¿Dónde estoy? ¿Dónde me habéis traído? —el tono de su voz cada vez más agudo
delataba su nivel de ansiedad.
—Si
por él otro, te refieres a mi macho, debo darte la razón. Si yo estaba allí con
Kiran —le contesto Lacey en tono sarcástico.
Había
sido una suerte encontrársela en el pasillo, sino hubiera tenido que invadir
los dominios de Kiran, cosa que suponía que a él no le hubiera hecho mucha
gracia.
Cuando
oyó que el capitán de los
guerreros
de las sombras había traído una humana a su cuartel general, no se lo podía
creer ¿Qué motivo podía tener Kiran para hacer algo así? Acaso ¿Se había vuelto
loco? No le extrañaría la verdad.
La
sangre almacenada se deterioraba con el tiempo y tenía extraños efectos en sus
organismos. Ya lo había detectado en algunos de los más estrictos seguidores
del nuevo régimen impuesto por los ancianos hacía ya casi dos años. La verdad
es que lo descubrió por accidente, en una de sus patrullas. Un drogata la ataco
y en la refriega ella se dejó llevar por su instinto y le mordió, cuando sintió
la sangre dulce y caliente en su boca no pudo evitar
alimentarse
de él y justo en ese momento dejo de sentir aquel zumbido extraño que venía
sintiendo unos días atrás y su cuerpo sintió una potente descarga de energía
como si la hubieran conectado a una potente batería.
—¿Contéstame?
¿Por qué estoy aquí? ¿Y dónde es aquí? —le grito Megan sacándola de golpe de
sus pensamientos.
Aquella
voz histérica la devolvió al presente. Y mirándola de arriba abajo le espeto:
—Ni
lo sé, ni me importa. Veras no suelo darle explicaciones a la comida.
Otra
vez aquella frase pensó Megan.
Esa
gente debía estar mal de la cabeza.
Se
notaba de lejos que aquella mujer no podía ni verla. Pero eso a Megan era lo
que menos le importaba en aquel momento. Solo quería averiguar cómo volver a su
casa y no volver a saber nada de aquellos seres.
—¡Lacey!
Suéltala ahora mismo — se oyó el bramido de Kiran de repente.
Ambas
mujeres se sobresaltaron, tan concentradas estaban la una en la otra que no le
habían escuchado acercarse.
—Te
lo advirtió, Lacey. No estoy de humor para juegos —le increpo Kiran —he dicho
que la sueltes.
—Aquí
la tienes —le dijo Lacey con desdén. Mientras la empujaba hacia él.
Megan
de repente fue aplastada contra un pecho sólido y duro como el granito. Al
levantar la vista se encontró con la dorada mirada de su captor.
—Kiran
—dijo en un susurro. —Vaya, vaya capitán —le espeto
Lacey
de repente —parece tener una relación muy estrecha con su cena. Yo
particularmente prefiero no encariñarme con ellos, sabes, después es como
comerte a tu mascota favorita —le escupió Lacey con toda la rabia que la
corroía.
—Lacey
—. Le advirtió Kiran — será mejor que te largues.
Lacey
le lanzo una mirada cargada de odio, giro sobre sus talones y desapareció por
el pasillo. Y la palabra
clave
allí era desaparecer, ningún ser humano normal se movía a aquella velocidad.
—Por
favor, explícame ¿Qué está pasando aquí? ¿Cómo es posible que se mueva tan
rápido? —se daba cuenta de que su voz sonaba cada vez más desesperada —y sobre
todo ¿Por qué se dirige a mi como si fuera un filete en su plato?
—Porque
para nosotros es lo que eres, un gran envase de sangre dulce y caliente con la
que saciarnos —le respondió Kiran sin apartan su dorada mirada de aquellos ojos
atormentados.
Megan
empezó a retórnese entre tus brazos. Debía liberarse cómo fuera. Era
imprescindible que escapara de allí
cuando
antes. En un intento desesperado le propino una fuerte patada en sus piernas.
Kiran
tomado por sorpresa aflojo su agarre, momento que Megan aprovecho para
desembarazarse de sus brazos y salir corriendo.
El
asombro de Kiran por su logro fue tan qué tardo unos segundos en reaccionar.
Tiempo que ella aprovecho para correr por el largo pasillo buscado una manera
de escapar.
—¡No!
—la oyó chillar despavorida Kiran.
Y
echo a correr hacia esa voz aterrada a una velocidad sobrehumana.
—Soltadla
—ordeno a los guardias
que
custodiaban la sala del consejo. —Capitán Kiran, lo sentimos, pero
no
podemos obedecer esa orden —le rebatió uno de los guardias mientras el otro
agarraba con más fuerza a la mujer.
De
pronto se oyó un chasquido seguido de un alarido de dolor. El rostro de Megan
perdió todo su color y su cuerpo quedo inerte en los brazos de su captor.
—¡Te
matare! —. Bramo la voz de Kiran iracundo antes de abalanzarse sobre el guardia
que en ese momento contemplaba el rostro de la mujer que tenía entre sus
brazos.
—¿Qué
ocurre aquí? —exigió saber Seth que de repente había salido de la sala del
consejo.
Kiran
detuvo su ataca, no sin esfuerzos. Y se volvió a mirar a Seth con un brillo
mortal en los ojos.
—Ocurre,
mi señor —dijo mordiendo las palabras —que vuestro guardia a herido a la humana
con la que me habíais ordenado contactar.
En
los ojos del guardia brillo la chispa del miedo al comprender que aquella no
era una humana corriente.
—¿Está
muerta? —pregunto el anciano entonces sin ninguna emoción en su vieja voz.
—Mi
señor, creo que le he roto un brazo. Se a desmayado, supongo que por el dolor—.
Respondió el guardia sin mirar al anciano a la cara.
La
furia que crecía en el pecho de Kiran era cada vez mayor.
Con
que de eso se trataba, verdad. Llevaba dos años siguiendo ciegamente los
dictados de los ancianos, creyendo sin la menor duda de estaban buscando una
salida para reconciliarse con la humanidad. Y para que, para darse cuenta
después de tanto tiempo de que ellos no le daban mayor valor a la vida humana
que los renegados que seguían dedicándose a cazarlos. Solo querían servirse de
ella para desentrañar el misterio de su amada profecía y así poder seguir igual
que antaño y vivir para siempre.
Ese
descubrimiento lo dejo tan helado que tardo un tiempo en darse
cuenta
de que Seth le estaba hablado.
—Debiste
tener más cuidado, Kiran. La humana es tu responsabilidad —le estaba diciendo
Seth en tono duro y autoritario —cuando hablamos hace apenas un momento
obtuviste el permiso para que ella —dijo señalándola con la barbilla, como
quien señala un montón de basura apiñado en una esquina — permanezca aquí. Pese
a que desde un principio no nos pareció buena idea. Los humanos no deben saber
de nuestra existencia eso es el principio fundamental de nuestra supervivencia.
—Señor,
yo solo me limite a cumplir vuestras ordenes —. Replico Kiran con los dientes
apretados —ya os expliqué que dejarla en su casa no era
una
opción si realmente esperáis que aprenda algo de ella —había empezado a
palpitarle una vena de la frente, cosa que Kiran sabía que era muy mala señal.
Debía tranquilizarse, sino acabarían ejecutándolo por insubordinado —allí no
estaba segura. Pero si habéis cambiado de opinión, será un placer para mi
devolverla al sitio donde pertenece.
—No
quieras poner palabras en mi boca que yo no he pronunciado Kiran. Tus ordenes
no han cambiado. A partir de ahora la humana será tu hembra y su vida dependerá
de ti —y con aquella orden se dio la vuelta y volvió a entrar en la sala del
consejo.
Kiran se quedó allí de píe
contemplando
la puerta cerrada por donde había desaparecido Seth. Sabía que su nueva orden
era un castigo por su salida de tono frente a él.
De
improviso la puerta se volvió a abrir y Kiran tuvo la esperanza de que hubiera
cambiado de opinión. Al fin y al cabo, ellos no trataban con humanos y mucho
menos se emparejaban con ellos. En cambio, las palabras de Seth lo condujeron
al más oscuro de los infiernos.
—A
partir de este momento queda relevado de su puesto, Capitán. Lacey ocupara su
lugar. Así dispondrá de más tiempo para ocuparse de su pareja —le espeto Seth
con sorna antes de volver a desaparecer por la puerta.
El
guardia que sostenía a la que desde aquel momento era su supuesta pareja tuvo
la desfachatez de dirigirle una mirada llena de altivez.
—Si
te vuelvo a ver, aunque sea mirarla de lejos, te matare. Puedes darlo por echo
—le advirtió Kiran, mientras tomaba en sus brazos el cuerpo inerte de Megan.
Camino
con ella hacia su habitación. Debía tomar muchas decisiones referentes a su
futuro, pero antes de cualquier cosa debería ocuparse de su brazo. Lo demás por
el momento podía esperar.
8
La
mujer se agitaba nerviosa en su cama, emitiendo gemidos lastimeros. Había
inmovilizado su brazo lo mejor que había podido y la había acostado en aquella
misma cama para que pudiera descansar. Ya hacia un par de horas, y no parecía
que fuera a despertar, no por lo menos en breve. Kiran se estaba empezando a
inquietar, no tenía ni idea de cómo debía cuidar de un humano. Quizás debería
haberla llevado a un hospital, pero esa opción era demasiado peligrosa para
ellos, la humana sabía demasiado.
En
ese momento la mujer volvió a
gemir
en sueños, parecía que estuviera atrapada en una pesadilla. Seguro que él, era
su protagonista principal. A lo mejor debería tratar de despertarla, de todas
maneras, no creía que en aquel
momento
estuviera descansando realmente.
Poso
su mano en el hombro de la mujer con la intención de agitarla ligeramente para
sacarla de su sueño, y fue entonces cuando los vio, unos moratones horribles
que dibujaban a la perfección la forma de una mano en su hombro izquierdo. Con
cuidado reviso también el hombro derecho y como había sospechado allí también
se podían apreciar las mismas marcas.
—Mujer,
despierta. Ya has dormido
suficiente
—la llamo Kiran apremiante. Había decidido que necesitaba llevarla a un
hospital, pero antes tendría que dejarle las cosas claras, ya que la vida de
ambos dependía de ello.
—Vamos,
despierta. Tenemos que hablar —la volvió a sacudir ligeramente por el hombro
para sacarla de aquel sueño en el que estaba sumida.
Megan
sintió como aquel hombre horrible la agarraba de su hombro y empezaba a
zarandearla.
—No
por favor, suéltame. No lo hare más. A sido un accidente. No quería romper nada
—gimoteo Megan.
Con
quien estaría soñando, se preguntó Kiran. Bueno ya lo averiguaría más adelante,
se dijo. Ahora tenía cosas
más
apremiantes de las que ocuparse. —Vamos, mujer, despierta de una
vez.
Estas soñando.
Megan
abrió sus parpados poco a poco, sentía un dolor palpitante en su
brazo
derecho. Cuando intento incorporarse cometió el grave error de apoyar todo el
peso de su cuerpo sobre ese mismo brazo.
El
dolor que le provoco ese movimiento casi hace que volviera a perder el
conocimiento y ese mismo dolor le trajo a la memoria el recuerdo de lo ocurrido
en aquel lugar, cuando había tratado de escapar.
—¡Con
cuidado, mujer! Despacio, tienes un brazo roto —le reconvino Kiran con
suavidad. No sabía porque,
pero
después del encontronazo que había tenido con Seth su manera de mirar a la
humana había cambiado. Ahora cuando la miraba no veía lo que podría ser su
futuro cena, sino a un ser que sufría igual que lo podría hacer él.
Y
eso tenía que reconocerlo, le inquietaba.
—¡Por
favor, no me hagas daño! — le dijo ella con voz suplicante. Aunque estaba
mirándole directamente a los ojos parecía que todavía estaba atrapada en su
pesadilla.
—Nadie
va a volver a ponerte una mano encima. Lo que ha pasado antes nunca debió
pasar, lo lamento —. dijo contrito mirándola fijamente a los ojos.
Megan volvió a perderse en su
mirada
dorada, como le había pasado desde la primera vez que la vio, pero de repente
volvió a la realidad en la que se encontraba en ese momento y recordó que aquel
ser de mirada hipnótica era el mismo que la había sacado de su casa en contra
de su voluntad. Por eso ahora se encontraba herida y maltrecha, era solo culpa
suya.
—Megan
—la llamo el, para que volviera a prestarle atención. No sabía dónde había ido,
pero su mente por un momento no estaba allí. Y en aquel momento no tenían
tiempo que perder en divagaciones —te tengo que llevar a un hospital, pero
antes debemos hablar.
—No
tengo nada que hablar contigo —. Le grito Megan —estoy harta de
todo
esto, quiero volver a mi casa y olvidar que alguna vez me he cruzado en tu
camino.
—Escúchame
bien. Eso no va a pasar —dijo muy despacio recalcando cada palabra sin apartar
sus ojos de ella para asegurarse de que le prestará atención —de momento vamos
a pasar una larga temporada juntos y será mejor que dejemos las cosas claras
desde un principio. Como te acabo de decir te tengo que llevar a un hospital,
necesitas que alguien te vea ese brazo y de paso los hematomas que tienes en
los hombros.
—Si
crees que voy a ir contigo a alguna parte, es que estas más loco de lo que
creía —le interrumpió ella cada vez
más
furiosa. No sabía de donde había sacado el valor para hablarle así. Quizás es
que ya estaba harta de ser siempre la victima del maltrato de los demás.
—No
sé si es que estas sorda o vosotros los humanos sois así de obtusos. No te
estoy pidiendo tu opinión, te estoy informando de lo que va a pasar a partir de
ahora —exclamo Kiran iracundo. Por dios aquella humana había conseguido sacarlo
de sus casillas. Y eso era realmente algo raro en él —. Te voy a llevar al
maldito hospital y cuando los médicos te pregunten dirás que te caíste por las
escaleras de tu casa. Nada de secuestros, nada de intentar escapar —. Kiran se
detuvo para mirarla y
asegurarse
de que le estaba entendiendo —¿Me has entendido? Tienes que hacerlo tal como te
digo.
—¿De
verdad piensas que voy a hacer lo que tú quieres? ¿Qué te hace pensar eso? —le
grito Megan a su vez.
—Porque
si no lo haces, estaremos muertos —le corto él.
9
No
entendía porque le había acabado haciendo caso, así sin más. Solo confiando en
la promesa de que después se lo terminaría de explicar todo.
Pero
allí estaba, esperando a la enfermera para que le pusieran un yeso en su pobre
brazo. Por suerte, le habían dicho, era una fractura limpia, no tardaría en
soldar.
—Van
a dejar pasar a su marido para que le haga compañía mientras le ponemos el
yeso, seguro que así se sentirá mejor —le dijo la enfermera que estaba
preparando las vendas —con un
marido
tan guapo como el suyo a mí se me olvidaría cualquier tipo de dolor.
Megan
se había quedado tan sorprendida que no supo ni que decir. ¿En qué momento se
había decidido que en aquel plan absurdo él se haría pasar por su marido?
—Hola
cariño —dijo al segundo después Kiran, depositando un ligero beso en sus labios
—me tenías muy preocupado.
Si
en ese momento hubiera pasado un cerdo volando, Megan no se habría quedado más
sorprendida. Quién diablos era aquel tipo y donde había ido a parar la estatua
humana que la estaba volviendo loca. Es que aparte de psicópata era bipolar.
—¿No
te encuentras bien, mi vida? ¡Tienes mala cara! —le pregunto Kiran en ese
momento sacándola de sus cavilaciones.
Su
tono era tan irónico que Megan tuvo que hacer rechinar sus dientes para no
soltarle lo que realmente pensaba de él.
—Bueno
será mejor que empecemos con esto —dijo en ese momento la enfermera —seguro que
ya tiene ganas de volver a casa.
—Sí,
la verdad es que nada me gustaría más —le contesto Megan. Sin encargo mientras
hablaba no aparto sus ojos de los de Kiran. Si él en algún momento capto el
doble significado de sus palabras no le dio ninguna señal de
ello.
—Por
supuesto que sí, yo también estaría deseando volver a casa con un marido así—.
Replico la enfermera comiéndoselo con la mirada.
Megan
puso los ojos en blanco. Nunca en su vida se había encontrado en una situación
tan ridícula como aquella. Esa enfermera le tenía envidia a ella, que no era
nada más ni nada menos que una simple prisionera. A lo mejor la solución para
todos era cambiar el puesto, si tanto le gustaba aquel tipo que se quedara con
él.
—Bueno,
esto ya está listo. Recuerde que tardara un poco en secarse del todo. Si nota
que se le duermen los dedos, o se le ponen blancos vuelva en
seguida
al hospital. Si no nos vemos en dos semanas para otra radiografía. ¡Ah! Y
recuerde no mojar el yeso—. Puntualizo la enfermera, con una sonrisa de oreja a
oreja —siempre puede pedir ayuda a su marido a la hora de darse un baño. Seguro
que no le importa echarle una mano.
—No
se preocupe, yo me encargo de todo. Ya sabe ¿Quién la va a cuidar más bien que
su marido, que la adora? —le respondió Kiran antes de que Megan pudiera decirle
lo que pensaba realmente de su propuesta —vamos cariño, volvamos a casa. Así
podrás tumbarte un poco mientras yo te preparo ese baño relajante— termino de
añadir Kiran guiñándole un ojo.
Megan
se contuvo hasta que estuvieron de nuevo en el coche, de camino, suponía, al
hogar de su captor.
—Vaya,
vaya. Ahora resulta que eres todo un parlanchín —le espeto Megan en cuanto el
coche se puso en marcha. No entendía el porqué, pero su charla con la enfermera
la había sacado de sus casillas —¿Me vas a contar ahora porque no puedo volver
a mi casa? ¿Qué tengo yo que ver en todo esto?
—Cuando
lleguemos —se limitó a responderle él.
—Y
ha vuelto el enigmático hombre sin nada que decir —refunfuño Megan. Estaba
empezando a pensar que lo hacía apropósito solo para molestarla.
—¿Cómo te encuentras? —le
pregunto
el interrumpiéndola —¿Te duele?
Al
ver como lo miraba ella se apresuró a añadir:
—Solo
te lo pregunto porque la enfermera me ha dado una receta por si sientes
dolores.
Megan
seguía mirándolo prácticamente sin parpadear, intentando lograr entender el
porqué de aquel disparatado comportamiento ¿Qué tipo de secuestrador se
preocupa de parar en la farmacia por si su rehén siente dolor?
Estaba
deseando llegar a su destino, solo para ver si al final cumplía su promesa y le
aclaraba aquella absurda situación.
10
Estaba
sentada en un sillón bastante cómodo en la habitación de su marido, si su
marido, cada vez que lo pensaba una risa histérica amenazaba por salir de su
garganta.
Él
había cumplido su palabra, nada más llegar le había pedido que tomara asiento y
se lo había contado todo. Y allí seguía ella, en el mismo sillón en el que se
había sentado para escucharlo.
Era
una historia tan absurda que resultaba increíble que alguien se hubiera
inventado algo así.
Profecías,
seres que solo deberían
existir
en las películas, y para colmo esa absurda orden que según él le habían dado
esos que se hacían llamar ancianos.
Su
hembra había dicho, a partir de ahora es lo que eres. Y todo absolutamente todo
lo que te pase dependerá de mí.
Su
no fuera un asunto tan serio haría tiempo que se hubiera caído de aquel
estúpido sillón por culpa del ataque de risa.
Hacia
un buen rato que se había quedado sola y la verdad es que le estaba muy
agradecida. Kiran, si al fin se había presentado, aunque gracias a la mujer del
pasillo, que ahora sabía que era una guerrera, ya sabía su nombre, le
había
dicho que le dejaría unas cuantas horas para que pudiera asimilar toda la
información. Cosa que era de agradecer, aunque suponía que, aunque dispusiera
de todo el tiempo del mundo no sería capaz de asimilar todo aquello.
Que
se suponía que debía hacer ahora, aceptar sin más su destino. No creía poder
estar de acuerdo con ese destino, no, debía luchar se dijo. Y hacer lo que
fuera necesario para escapar de allí.
No
supo en qué momento se había quedado dormida, supuso que todo aquello había
sido demasiado. El caso es que cuando despertó el aquel maldito sillón alguien
se había molestado en cubrirla con una manta. Sentía todo el
cuerpo
dolorido, y cuando al fin se levantó y se acercó a la ventana pudo comprobar
que era noche cerrada. Así que hizo lo que a su parecer era la decisión más
lógica. Se tumbó en aquella enorme cama y se quedó dormida. Al fin y al cabo,
pensó todavía no disponía de un plan de huida.
Cuando
volvió a despertarse algo más descansada, enseguida tuvo la sensación de que no
se encontraba sola en aquella habitación. Le basto con echar una ojeada a su
alrededor para descubrir de dónde provenía aquella sensación.
En
el mismo sillón que apenas unas horas antes había ocupado ella se encontraba
otra vez aquella extraña
mujer.
Permanecía muy quieta con los ojos cerrados.
De
repente como si ella también hubiera notado algo, abrió sus ojos y la miro
directamente con algo muy parecido al odio reflejado en ellos.
—Vaya
por lo que puedo ver te has adaptado muy rápido a tu nueva situación ¿Dime eres
solo tú o todos los humanos sois así de complacientes? — en su tono, la rabia,
casi se podía mascar.
Megan
se incorporó del todo en la cama y se apegó todo lo que pudo al cabecero de
esta. Todos sus instintos de supervivencia si habían activado de golpe y le
estaba gritando alta y claro que debía ponerse a salvo cuanto antes.
—¿Qué
ocurre sigues sin hablar? — le increpo la mujer ladeando su cabeza —si crees
que esa táctica te va a
funcionar
conmigo, estas muy equivocada. No me gusta que me roben lo que por derecho me
pertenece y tu insolente humana has tenido la desfachatez de intentarlo —le
dijo muy despacio —solo por eso vas a morir —. Sentencio en un tono tan gélido
que todos los pelos del cuerpo se le pusieron de punta.
Megan
estaba segura que aquella sentencia de muerte pronunciada con tanta calma era
peor que tener un arma apuntándole directamente a la cabeza. Y tratado de sonar
lo más calmada posible le contesto:
—Yo
no te he robado nada, me retienen aquí en contra de mi voluntad.
—Pues
yo no he visto ningún guardia en la puerta que te impida largarte cuando
quieras —la interrumpió la otra —. Si de verdad quieres salir de aquí, yo te
ayudare.
No
podía ser tan sencillo, pensó Megan. Pero como podía dejar escapar aquella
oportunidad. Sabia por el largo camino que habían recorrido en coche para
llegar al hospital, que se encontraban a las afueras de una gran ciudad, pero
no tenía ni idea de cuál se podía tratar. Después de sopesar los pros y los
contras de confiar en aquella mujer que se veía a la legua que su mayor deseo
seria verla muerta y
enterrada,
decidió que no tenía más opción que aceptar su oferta. Si es que alguna vez
quería salir de allí. Cuando estaba dispuesta a preguntarle cual era el plan la
puerta de la habitación se abrió.
Kiran
se quedó muy quieto observando la escena que se desarrolla a su alrededor. No
sabía porque de repente había sentido la apremiante necesidad de volver a su
habitación. Menos mal que el siempre hacia caso a su instituto.
—¿Qué
haces aquí Lacey? — pregunto posando su mirada de una a otra mujer.
—Venía
a hablar contigo, Kiran — dijo la mujer con una voz mucho más
dulce
que antes —ella me dijo que podía pasar —añadió dirigiéndole una mirada del más
absoluto desprecio a Megan.
—¡Eso
es mentira! —exclamo Megan de repente. Como se atrevía aquella perra a mentir
así, y encima en su presencia.
—¡Cállate,
mujer! Nadie te ha preguntado. Y no tienes permiso para hablar —le espeto Kiran
de golpe.
Megan
se quedó tan sorprendida por aquella contestación que no le quedó más remedio
que morderse la lengua para no decirle por donde se podía meter sus órdenes.
Como se atrevía a ponerse de parte de esa sin ni siguiera dejarla hablar.
—Bueno
Lacey, aquí estoy. Si tan importante era lo que querías decirme nos vemos en un
momento en la sala de entrenamiento —le dijo Kiran ya con un tono más
tranquilo.
—De
acuerdo, te espero allí en cinco minutos —le respondió Lacey y salió de la
habitación, no sin antes dirigirle una última mirada a Megan cargada de
triunfo.
—¡Nunca,
me has oído, nunca, vuelvas a hablar si no se te pregunta! — le espeto Kiran en
cuanto Lacey hubo abandonado la habitación —¡Y mucho menos poner en duda la
palabra de uno de los míos! —Kiran estaba prácticamente temblando. Por un
momento había creído que Lacey se
abalanzaría
sobre ella y le partiría el cuello. Necesitaba hacerle entender lo peligroso
que era enfrentarse a ellos. Y después de echarle una última mirada y con esas
palabras flotando entre ellos se dio la vuelta y salió de la habitación.
Megan
contemplo la puerta que se había cerrado tras él, por un instante más sin
reacción alguna. Para a continuación aferrase a la almohada y llorar. Llorar
con toda la desesperación que sentía dentro.
11
—Cabrón,
mentiroso —le espeto Lacey, mientras se abalanzaba sobre él.
—Ni
se te ocurra volver a hablarme así, soy tu superior —le grito a su vez Kiran
intentando retenerla.
—Ya
no, capitán —le espeto con los dientes apretados, mientras forcejeaba con él
—serás estúpido, has elegido a una humana por encima de las hembras de tu
especie, por encima de mí. Y lo has perdido todo por su culpa.
—¿De
qué coño estás hablando Lacey? Yo no he elegido a nadie, me estas escuchando—.
Le grito furioso—
Y
estate quieta de una vez.
—Por
favor, Kiran acaso crees que soy tonta, o quizás ciega. Maldita sea esa humana
ahora mismo está en tu cama —le dijo mientras le golpeaba el pecho con ambos
puños —¡en tu cama Kiran!
—Si
yo estuviera con la humana, te recuerdo, que no sería asunto tuyo —le aclaro
él. Su tono había adquirido un matiz helado —pero solo porque me pillas de buen
humor, te diré que estoy cumpliendo órdenes.
—¿Y
de verdad crees que me voy a creer esa explicación, así sin más? —le pregunto
Lacey, mirándole directamente a los ojos.
Por
fin había dejado de intentar sacarle los ojos.
—Sinceramente,
me da igual lo que creas. Seth me ha mandado que me empareje con esa humana y
es lo que voy a hacer.
—Si
claro, el gran guerrero solo está siguiendo órdenes—. Se burló de él Lacey —que
sepas que esto no va a quedar así, nadie se ríe de mi como lo has hecho tú.
—No
me amenaces, Lacey. Y piensa un poco ¿Desde cuándo se admiten humanos aquí?
Kiran
pudo ver el momento exacto en el que la verdad se abría paso a través de su
rabia ciega. Sintió un gran alivio al haber conseguido que Lacey entrara en
razón. Un pensamiento rápido como un fogonazo atravesó su cerebro
“ahora
Megan estará a salvo, por lo menos por ese lado” ¿De dónde había salido aquel
pensamiento? La verdad era que no tenía ni tiempo ni ganas de autoanalizarse.
—No
lo entiendo, ¿porque? ¿Qué pretende conseguir Seth con esto? —le pregunto Lacey
ya más tranquila.
—Solo
te puedo decir que tiene algo que ver con la profecía—. Fue lo único que le
contesto Kiran.
Lacey
cambio su expresión por completo y empezó a dirigirse a él despacio, como un
cazador acechando a su presa, con un sugerente movimiento de cadera llego hasta
él, lo agarro por la nuca y ni corta ni perezosa le devoro la boca con una
mezcla de furia y pasión a
partes
iguales.
Kiran
respondió instintivamente a esa invasión de su boca tan provocativa. Lacey era
una hembra muy atractiva, ese nunca había sido su problema para decidirse a
emparejarse con ella. El problema era su carácter, y por supuesto su manera de
pensar. Era tan insensible como fría y la única persona por la que se
preocupaba era ella misma.
De
repente sintió un dolor lacerante en el labio inferior. De un fuerte empujón la
aparto de él.
—Serás
perra —le espeto Kiran furioso, mientras con una mano retiraba la sangre de su
labio inferior.
—Tenía
que intentarlo —le sonrío Lacey con malicia, mientras se dirigía
hacia
la puerta de la sala de entrenamiento —así podrás pensar en mi con más claridad
mientras soportas la compañía de esa humana —le dijo Lacey antes de salir por
la puerta, no sin antes dirigirle una mirada cargada de promesas.
Si
ella supiera que razón tenía. Realmente necesitaba pensar, pero no en ella,
sino en que estaba pasando dentro de su cabeza. Ese instituto primario de
proteger a la humana en primer lugar y por encima de todo iba en contra de su
naturaleza. Claro que si pensaba seriamente en las palabras de Lacey ella tenía
razón, él siempre había sido un buen guerrero y ahora mismo solo estaba
cumpliendo órdenes, verdad.
Miro
a su alrededor percatándose de donde se encontraba y decidió que ya que estaba
aquí no le vendría mal algo de ejercicio, quizás así lograra despejar su mente.
Un
largo rato después, sudoroso y con todos los músculos de su cuerpo tenso y sin
haber llegado a ninguna conclusión valida, decidió que ya era el momento de
darse una nueva ducha.
Su
mano vacilo en el pomo de la puerta de la sala de entrenamiento, y sacudiendo
la cabeza se deshizo de aquella extraña sensación que lo había invadido por un
momento. No, se dijo, no iba a permitir que una humana lo echara de su propia
habitación.
Y
con renovada decisión abrió la
puerta
y se dirigió a su habitación con la decisión de quien se dirige a una batalla.
12
Megan
tenía un horrible dolor de cabeza, después de haber liberado todo su dolor
llorando.
No
sabía exactamente porque le había afectado tanto la actitud de Kiran hacia
ella, quizás porque después de su visita al hospital lo había empezado a mirar
con otros ojos. Pero eso se acabó, no dejaría que volviera a engañarla con su
palabrería. Su palabrería ¡ja! si hasta le entraba la risa de solo pensarlo.
El
caso es que por fin había abierto los ojos, a ese tipo solo le importaba
cumplir su estúpida misión. Y ella a
partir
de ese momento iba a hacer todo lo que fuera necesario para ponérselo lo más
difícil posible.
Justo
en ese momento el culpable de su dolor de cabeza entro por la puerta de la
habitación.
Debió
de pensar que estaba dormida porque se dirigió directamente al baño y se
encerró allí dentro.
El
agua caliente consiguió por fin soltar sus músculos agarrotado. Llevaba ya un
buen rato dándole vueltas a la situación en la que se encontrada sin llegar a
una solución fácil.
Al
entrar en su habitación había evitado a propósito mirar hacia la cama. Si le
hubiera dado oportunidad ella
habría
querido hablar sobre lo sucedido, que estaba pensando ella siempre quiera
hablar, y le hubiera exigido explicaciones que no estaba preparado para dar,
que no estaba listo para dar.
Llevaba
tanto tiempo en la maldita ducha que el agua ya comenzaba a perder temperatura,
iba siendo hora de salir. Empezaba a sentirse un poco ridículo, él, todo un
guerrero experimentado estaba evitando un enfrentamiento nada más y nada menos
que con una simple humana.
Enfurecido
consigo mismo por su extraño comportamiento, salió de la ducha y con
movimientos enérgicos se secó antes de salir del cuarto de baño, solo con una
toalla enrollada en sus
caderas.
Megan
se posó rígida en la cama nada más oír que la puerta del baño se volvía a
abrir. Llevaba tanto tiempo allí dentro que había empezado a pensar si no
habría salido por la ventana del baño para no enfrentarse a ella. Debía estar
más mal de lo que había pensado en un principio si en su mente se abría aquella
ridícula probabilidad.
Su
mente dejo de divagar en el mismo momento en el que sintió que el colchón se
hundía a la altura de sus caderas. Intento relajarse lo máximo posible, lo
último que quería era que ese mal nacido pensara que la ponía nerviosa, nada
más lejos.
—Megan,
sé que estas despierta — Kiran había notado la rigidez de su cuerpo y como
intentaba relajarse para que él la creyera dormida—. Veras siento que Lacey te
haya molestado antes. Si se me hubiera ocurrido que se podía pasar por aquí,
hubiera aclarado las cosas con ella antes—. La voz de Kiran sonaba cada vez más
irritada, desde que había empezado a hablar ella no se había molestado en dar
ni la más mínima señal de que le estuviera escuchando—¿No tienes nada que
decir?
Ante
el mutismo de Megan, Kiran empezó a perder la poca paciencia que le quedaba.
Cosa que parecía estar convirtiéndose en una costumbre
últimamente.
—Venga,
¿dime que estás pensando? sé que lo estas deseando. Y haz el favor de mirarme
cuando te hablo.
Megan
se dio la vuelta muy lentamente y en ese momento fijo la mirada primero en sus
ojos, después en su cuerpo, ahora solo cubierto por una toalla y por último en
sus labios magullados.
—Espero que
lo hayas disfrutado
—.
Le dijo Megan con el mejor tono irónico que pudo reunir
Kiran
rozo con sus dedos su magullado labio en un intento de ganar tiempo.
—Veras
no es que te deba ninguna
explicación.
Pero, no es lo que crees — le contesto Kiran. No sabía por qué razón realmente
le importaba tanto su opinión, pero le importaba —¿No vas a decir nada?
—Tienes
razón, no me importa. Solo era curiosidad —dijo mirándolo directamente —espero
que lo pasaras bien. Y espero que me perdones por olvidar de nuevo que yo no
soy nadie.
Y
una vez dicho esto y ante la atónita mirada que Kiran se volvió a dar la vuelta
en la cama, dándole así la espalda y se volvió a tumbar para seguir durmiendo.
—Muy
bien, lo he entendido. Estas enfadada por lo que ha pasado antes, pero ya te he
dicho que no volverá a
pasar
—le dijo Kiran dándole la vuelta para que lo mirara sin mucha delicadeza.
Megan
se limitó a mirarlo impasible. Por ella se podía ir al mismísimo infierno.
Primero la hacía callar delante de aquella bruja y después tenia a desfachatez
de presentarse ante ella solo un segundo después de haber estado, ¡dios! solo
él sabía lo que realmente había estado haciendo.
—Mira,
no estoy de humor para esto, ha sido un día demasiado largo — le dijo él con
voz de cansancio — ¿Cuándo quieras hablar ya me avisaras? —y diciendo esto
Kiran volvió a salir de la habitación.
Y Megan de nuevo se volvió a
quedar
sola con sus pensamientos.
13
No
entendía que le estaba pasando, perdía el control con demasiada facilidad. Y la
sed, la sed cada vez era mayor. Desde su juventud no se encontraba tan
descontrolado. Y no tenía ni idea a que se podía deber. Era verdad que cuando
los herían venían consumir más sangre de lo habitual, pero por regla general
podía alimentarse una vez a la semana sin notar ningún tipo de debilidad.
Excepto ahora que debía alimentarse varias veces al día y seguía hambriento.
Que
sería lo siguiente no poder salir a la luz del sol como esas estúpidas
películas
de terror. Ellos no eran monstruos, simplemente eran otra fase de la evolución
del género humano. También era cierto que alguno de los suyos había degenerado
y se había dejaba llevar por el instinto más de lo conveniente.
Termino
un vaso de sangre agradablemente templada en el microondas y lo miro con
desazón. La sensación de vacío que recorría su cuerpo no había desaparecido. De
mal humor estrello el vaso contra el fregadero y allí se quedó, mirando el
estropicio de cristales que había provocado pensando si realmente se estaría
convirtiendo en un monstruo. En aquel momento lo único en lo que podía
pensar
era en volver a su habitación y meter a la fuerza algo de sentido común en la
cabecita de su mujer. Si su mujer ya que Seth así lo había querido. Y después
de eso probar un poco de esa sangre tan dulce que sabía con certeza de tendría.
Cuando
se percató de a donde le habían llevado sus pensamientos sintió un
estremecimiento recorrerle todo el cuerpo. Pero qué diablos le estaba pasando,
enfurecido salió de la cocina con paso firme en dirección al gimnasio decidido
a hacer ejercicio hasta caer agotado, quizás así consiguiera aclararse las
ideas.
No sabía cuándo se había quedado
dormida
suponía que hacia un buen rato. Ese
orangután cabeza hueca había conseguido sacarla
de sus casillas
de nuevo. Primero le prohibía hablar si no se le preguntaba y encima
había tenido la desfachatez de presentarse ante ella
después
de haber estado con esta otra. La había despertado la sensación de
sentirse
encerrada, lo primero que pensó es que estaba soñando de nuevo. Ultimadamente
soñaba mucho con su antigua vida ya tanto tiempo olvidada, estaba convencida de
que esa parte de su vida ya estaba más que superada, pero parecía ser que su
subconsciente se empeñaba en quitarle la razón.
Cuando
intento levantarse un peso muerto sobre su cintura se lo impidió,
muy
despacio se fue dando la vuelta en la cama para encontrarse de frente con Kiran
durmiendo tal plácidamente que parecía un maldito santo.
—¿Se
puede saber qué diablos crees estar haciendo? —. No podía creerse que después
de haber abandono la habitación como lo había hecho se hubiera atrevido a
colarse en su cama.
—Y
yo que creía que estaba claro —le dijo sin abrir siguiera los ojos—. Estoy
intentando dormir, si no te importa, claro está.
—Mira
pues sí que me importa, preferiría que te buscaras una cama que no fuera la mía
—como podía tener tanta cara.
—Bueno,
pero es que ahí es donde
te
equivocas. Esta cama es mía no tuya, aquí solo eres una invitada, por así
decirlo. O sea que, si no te importa, ¡Déjame en paz! —nada más ver la
expresión en sus ojos se arrepintió de su salida de tono.
—Lo
lamento, se me olvido que para ti solo soy un simple aperitivo. Y claro los
aperitivos no tienen sentimientos y mucho menos opinión — dijo dándose la
vuelta para que no pudiera ver el dolor que le causaban sus palabras —espero no
volver a olvidarlo —. Termino en un susurro.
Kiran
cerro con fuerza sus ojos y suspiro ruidosamente. Lo había vuelto a hacer, no
sabía el porqué, pero siempre acababa atacándola.
—Megan,
lo siento. No sé porque sacas todo lo malo que ahí en mí.
—No,
no te disculpes. Solo contéstame ¿Qué quieres de mí? —le pregunto sin volverse
a mirarle —¿Por qué no me dejas volver a casa? Si te todas maneras tú mismo lo
has dicho, no soportas estar a mi lado.
—No
pongas palabras en mi boca que yo no he dicho. Si es verdad que sacas lo peor
de mi —empezó casi en un susurro —. Lo que ocurre es que nunca antes nadie me
había hecho sentir así.
—¿Así
como? —le pregunto Megan volviéndose hacia él para poder mirarle a eses ojos
que siempre lograban hipnotizarla —por una vez, y si no te importa te podrías
explicar con más
claridad.
—No
quiero asustarte, no soportaría que me tuvieras miedo.
—Si
puedo elegir prefiero saber la verdad —le dijo Megan con un tono de
desesperación en la voz que no le pasó inadvertido —dime lo que quieres de mi
exactamente y acabemos con esto.
—Quiero
tu sangre, maldita sea. Últimamente solo puedo pensar en eso, en probar tu
sangre.
14
Hacía
casi dos días que no veía a Kiran. Desde su confesión parecía que había
desaparecido del planeta. Y ella no conseguía sacarse de su mente esa última
mirada, tan torturada, tan llena de pesar, tan llena de deseo.
Alguien
le traía algo de comer cada día. Simplemente lo dejaban delante de la puerta de
la habitación, golpeaban la puerta un par de veces y desaparecían.
La
verdad es que ya estaba más que harta de permanecer encerrada en aquella
habitación. Había tenido mucho
tiempo
para pensar y por fin se había decidido. En cuando callera la noche volvería a
casa y toda esa locura se habría acabado. Solo un par de horas más y volvería a
ser libre.
No
podía creerse que hubiera resultado tan fácil. No se había cruzado
absolutamente con nadie, era como si
aquella
enorme casa estuviera abandonada.
Encontrar
la puerta principal no fue tarea fácil, pero cuando por fin la encontró
descubrió que estaba abierta. Con cautela salió al exterior y después de
asegurarse de que nadie la viera huyo.
—Por
fin en casa —se dijo. Había
sido
un camino más largo de lo que había provisto. Le había llevado dos largos días
de viaje llegar hasta su casa y eso que en el último tramo se apiadaron de ella
y por suerte lo hizo en coche.
Era
extraño, pero ahora que estaba en su casa se seguía encontrando fuera de lugar.
Quizás una buena ducha caliente conseguiría que se relajara.
El
agua estaba estupenda y poco a poco fue soltándole los músculos agarrotados por
culpa de los nervios acumulados por la fuga. Una vez acabada la ducha ya más
relajada, se puso uno de sus viejos pijamas y se tiró en su destartalado sofá.
Si, de acuerdo, no vivía en un palacio de cuento de
hadas,
pero era su hogar y por fin estaba en él.
Estaba
realmente agotada. Quien iba a pensar que la habían llevaba hasta Escocia, un
viaje que habitualmente le llevaría cuatro horas en coche, le había costado dos
días de viaje. Y eso gracias a los buenos samaritanos que se había encontrado
en el camino. Poco a poco se le fueron cerrando los ojos y se quedó
plácidamente dormida.
Corrió
escaleras arriba, le estaba pisando los talones, debía darse prisa si la volvía
a alcanzar con aquel cinturón que parecía que llevara soltado a su mano, esta
vez era probable que acabara muerta. Por fin llego a la habitación que
compartía con las demás niñas ya sin
aire
en los pulmones cogió una silla y la utilizo para atrancar la puerta.
—Abre,
maldita niña. Te avise de lo que pasaría si volvías a causar problemas —le
grito furioso aporreando la puerta con saña.
Megan
se removió incomoda en el sofá donde se había quedado dormida, con aquel sonido
de golpes colándose a través de su sueño.
—Abre
de una vez. Sé que estás ahí —alguien le gritaba desde el otro lado de la
puerta —llevo días aquí esperando a que aparezcas. Abre de una puta vez.
Podía
estar equivocada, pero si no era así, suponía que el que estaba aporreando la
puerta de su casa con intención de tirarla abajo no era otro que
Mike.
Y ella que creía que aquella altura ya se abría olvidado de ella, de todas
maneras, cuanto tiempo había estado fuera.
—Un
momento, ahora voy —le dijo incorporándose con dificultad del sofá y
dirigiéndose a la puerta. No entendía a qué venia tanta insistencia.
Nada
más abrir la puerta Mike se abalanzó sobre ella agarrándola del cuello.
—¿Dónde
te habías metido? ¿Te has marchado con ese tipo verdad? —le iba gritando Mike
mientras apretaba cada vez más las manos alrededor de su cuello.
—Suéltame
—le dijo boqueando como pez fuera del agua, intentando
sacarse
sus manos de encima. No puedes morir así se repetía una y otra vez. No puedes.
—Suéltala
ahora mismo maldito mal nacido —grito de repente alguien. Al levantar la mirada
se encontró con unos ojos dorados. No tuvo tiempo de procesar mucho más antes
de salir volando y estrellarse contra la pared junto a Mike.
Al
parecer Kiran lo había empujado contra la pared y él en su afán de no soltar su
presa la había arrastrado con él.
—¡Te
voy a matar! Cabrón, ni se te ocurra volver a tocarla —le grito Kiran fuera de
sí. Cuando había entrado por esa puerta y había visto a aquel ser
inmundo
agarrándola del cuello, todo absolutamente todo a su alrededor se había vuelto
rojo.
—Ella
es mía. Estúpido iluso. Sino mira como al final ha vuelto conmigo — le grito
Mike a su vez, levantándose del suelo y yendo hacia él con paso vacilante —lo
que ocurre es que yo no quiero saber nada de fulanas.
Todo
se desarrolló a cámara lenta delante de sus ojos. Vio como Kiran fuera de si se
abalanzaba sobre Mike y ladeando su cabeza le clavaba los colmillos en el
cuello.
No
supo que estaba gritando hasta que empezó a dolerle la garganta. Kiran soltó a
Mike después de un rato y el cuerpo de este cayo inerte al suelo como
un
muñeco roto produciendo un sonido sordo. Y fue aquel sonido precisamente el que
saco a Kiran del extraño trance en el que se había sumido y en ese momento por
fin vio a Megan y al mirar, en sus ojos encontró precisamente lo que nunca
había querido ver. Terror, un terror absoluto dirigido hacia él.
15
Megan
se encontraba en un extraño estado de shock. Sabía que debía salir de allí y
huir lo más lejos posible antes de que regresara.
Su
cerebro no era capaz de procesar lo que acababa de ver, eso no podía haber
pasado realmente se decía una y otra vez. Pese a saber sin lugar a dudas que
efectivamente acababa de ver como Kiran mataba a Mike clavándole los dientes en
la yugular y bebiendo hasta dejarlo completamente seco.
Desde
un principio la habían tratado como si fuera un simple aperitivo, cosa
que
ella se negaba a afectar hasta ese preciso instante en que la muerte fue lo
único que pudo distinguir en las pupilas de Mike.
La
cuestión ahora era donde ir.
No
sabía cuánto tiempo llevaba sentada en el suelo del salón cuando oyó que la
puerta de la entrada volvía a abrirse.
—Sigues
aquí —afirmo Kiran desde la entrada del salón sin atreverse a acercarse a ella.
Ni, aunque pasaran mil años más lograría olvidar el terror de vio reflejado en
sus ojos.
—¿Vas
a matarme? —pregunto de repente Megan sin mirarlo siguiera.
El silencio
que se extendió
entre
ellos
fue como un manto gélido, antes de que Kiran se decidiera a contestar.
—Mírame,
Megan —ordeno. Su tono sonó mucho más agresivo de lo que le hubiera gustado.
Pero no podía evitarlo ¿Qué derecho tenia ella a hacerle aquella pregunta? Al
fin y al cabo, él le acababa de salvar la vida. Si no hubiera llegado cuando lo
hizo ahora sería ella la que estaría muerta y no él mal nacido de su novio.
Solo con pensar en aquella simple palabra su sangre volvía a hervir y sentía la
urgente necesidad de hacerle daño a alguien.
Megan
levantó la vista muy despacio y lo miro sin parpadear con los ojos tan abiertos
que era imposible no percibir el miedo reflejado en ellos.
—Dime,
¿te he dado algún motivo para pensar algo así? ¿en algún momento te he hecho
algún daño? —el volumen de su voz iba subiendo de tono con cada pregunta. Pero
al percatarse de que el cuerpo de la mujer empezaba a temblar algo muy parecido
a la tristeza se adueñó de él —te iba a matarte —dijo derrotado—. Que querías
que hiciera ¿Qué me quedara mirando?
Megan
pudo sentir toda la angustia que se escondía detrás de aquella pregunta.
Realmente era cierto, él le había salvado la vida. Pero debía existir otra
forma de hacerlo no era posible que no se diera cuenta. Matar, y encima de esa
manera, como si fuera una bestia sin sentimientos resultaba atroz. Ella
comprendía
bien el instinto de supervivencia. Lo que realmente le aterraba de la situación
es que parecía como si al haber arrebatado la vida a un ser humano no le
afectara ¿Es que acaso con tenia conciencia?
—Dime
algo. Insúltame si eso hace que te sientas mejor. Pero deja de mirarme así.
—Lo
mataste, y disfrutaste haciéndolo —le dijo Megan. Unas lágrimas calientes
habían empezado a correr por sus mejillas, al darse cuenta trato de limpiarlas
con el dorso de su mano con movimientos furiosos —¿Y ahora qué? No me has
contestado — insistió ella. Ahora fue el cuerpo de Kiran el que sufrió un
estremecimiento.
Quizás
estaba siento en estreno cruel, pensó Megan. Él tenía razón le había salvado la
vida y hay estaba ella, echándoselo en cara.
—Ahora
volveremos a Escocia. De donde no deberías haber salido. Si no lo hubieras
echo, tu preciado novio, seguiría con vida —contraataco él —. Pero no te
preocupes la próxima vez que te encuentres en una situación de vida o muerte
quejare que te las apañes sola.
El
viaje de vuelta al castillo se hizo interminable. Ninguno de los dos dijo nada
en todo el trayecto. La atmosfera dentro del coche se volvía cada vez más
asfixiante. Tanto fue así que en cuanto el coche empezó a perder velocidad
mientras
se acercaba a la entrada del castillo, Megan salto de él, desesperada por
alejarse de aquel ambiente opresivo que no la dejaba respirar.
—Vaya
¡Pero mira quien ha vuelto! —le dijo Lacey con sorna —parece que no le ha
costado mucho hacerte volver
—
replico y soltó una sonora carcajada. Había visto acercarse el coche de Kiran por una de las ventanas. Y
había decidido bajar a
recibirlo. Lo último que
esperaba es que
volviera
acompañado
de aquella humana. Cuando advirtió que por fin se había
decidido
a salir de la habitación había puesto en marcha su plan, retirando a los
guardias de la puerta con la excusa de establecer las nuevas normas ahora que
era
ella la que estaba al mando. Kiran se había puesto furioso al darse cuenta de
su fuga y la reacción de los ancianos no había sido mucho más suave y todo para
qué. Para que hubiera vuelto dócil, como un corderito al matadero.
—Debiste
aprovechar la oportunidad —le dijo acercándose mucho a ella para que nadie más
fuera capaz de oírla —la próxima vez no me será tan fácil hacer desaparecer a
los guardias.
Megan
se la quedó mirando con una depresión tal asombrada que ella rompió en
carcajadas una vez más.
—¿Qué
te hace tanta gracia Lacey? —espeto de repente Kiran que se había acercado
hasta ellas y en aquel momento
sujetaba
con fuerza el codo de Megan. —Nada en concreto, mi querido
Kiran
—le respondió ella con una sonrisa cargada de intención —solo le daba la
bienvenida a nuestra pequeña mascota. Más tarde estaré en el gimnasio si te
apetece entrenar conmigo. Sé que el otro día te gusto.
Y
con esas palabras los dejo a los dos allí y volvió a entrar en el castillo.
Kiran
la arrastro tras él y a grandes zancadas entro también en el interior. A Megan
le constaba seguirle el paso, pero no protesto en ningún momento, y él no se
detuvo hasta haber llegado a su habitación.
—¿Qué
te ha dicho? —le pregunto nada más cerrar la puerta tras de si—
Contéstame
mujer esto no es un maldito juego —dijo desesperado cuando advirtió que ella no
tenía la menor intención de abrir la boca.
—Porque
debería hacerlo. Para que me puedas tachar otra vez de mentirosa —le grito
Megan a la cara. No sabía porque, pero en ese momento ya no le tenía miedo.
Solo sentía una tremenda rabia al saber que habían estado jugando con ella.
—He
dicho que me contestes —la sacudió él tomándola por los hombros.
—¿Por
qué no se lo preguntas a ella? Seguro que en este momento te está esperando
impaciente en el dichoso gimnasio para jugar un ratito contigo — le respondió
Megan cada vez más
cabreada.
—Se
acabó mujer, estoy harto de que me arrojes mis intentos por protegerte a la
cara —le dijo Kiran mientras la sujetaba con fuerza por los hombros —esto no es
un juego me vas a contestar de una puta vez o seré yo el que te parte el
cuello.
Megan
se quedó mirándolo estupefacta. No podía creer que le estuviera hablando así.
—No
sé de qué estas hablado. Y si tanto te interesa tu amiguita solo me estaba
informando de que gracias a ella había conseguido escapar y que la próxima vez
no sería tan fácil.
Megan
completo como el semblante de Kiran cambiaba a medida que ella
continuaba
hablando. Su expresión paso de la furia más absoluta a la incredulidad y a
continuación su rostro adopto esa mascara impasible a la que tanto la tenía
acostumbrada.
—Que
te ha dicho exactamente — dijo mientras la soltaba.
—Que
ella se había encargado de que los guardias no estuvieran en sus puestos para
que pudiera escapar con facilidad —le contesto esta vez con presteza.
—¡Maldita
esa! Debería habérmelo imaginado —exclamo Kiran indignado —escúchame bien
quiero que a partir de ahora te mantengas alejada de ella.
—¡Me
crees —exclamo Megan incrédula!
—La
verdad, mujer no te entiendo ¿Por qué no habría de hacerlo? —dijo Kiran
mirándola muy fijamente —a veces pienso que no hablamos el mismo idioma.
—Y
yo creo que lo que quieres es volverme loca. Hace apenas unos días me trataste
de mentirosa, cuando tu amiguita dijo que yo le había dado permiso para entrar.
Pero si incluso me prohibiste hablar si antes no me preguntaban. Y ahora me
acusas de no saber lo que oigo —la voz de Megan sonaba cada vez más indignada.
Cosa que le pasaba cada vez más a menudo últimamente. Ahora que lo pensaba
detenidamente le pasaba desde que lo conocía a él. Antes ni es sus mejores
sueños
se hubiera atrevido a levantarle la voz a nadie y menos a alguien con su
aspecto.
—Ciertamente
no entiendes nada, mujer. Yo no te acuse de mentirosa, solo intentaba que no te
metieras en otro lio tu solita. Nunca debes llevarle la contraria a uno de los
míos, a no ser que tengas ganas de morir. Que era exactamente lo que pretendía
Lacey, tener una excusa para ir a por ti. Y ya que estamos, deja de referirte a
ella como mi amiguita.
—A
no amiguito, no me dejaste ni hablar. Simplemente me ordenaste que me callara
¿y ahora debo creerte cuando me dices que era por mi bien? Perdona que lo dude.
Amiguito,
aquella descarada se había atrevido a llamarlo amiguito. Tuvo que hacer un
esfuerzo enorme para que no se le escapara una carcajada. Por lo menos había
salido algo bueno de toda aquella discusión absurda, en su mirada ya no había
miedo cuando lo miraba. Ahora solo podía ver rabia, incredulidad. Si le
preguntaban a él, prefería eso mil veces antes de volver a ver como lo miraba
con miedo.
—¿Y
ahora, porque me miras así? Si no te molesta explicármelo claro. Lo último que
me gustaría seria llevarte la contraria, y mucho menos hablar cuando no debo.
—Tengo
que reconocerte una cosa, mujer —le dijo sin poder evitar que una
sonrisa
asomara a sus labios —eres valiente. Tengo una propuesta que acerté.
—¿Tú
dirás? —le pregunto Megan impaciente cuando se limitó a permanecer callado
mirándola.
—¿Qué
te parece si empezamos de nuevo? —y sin darle tiempo a contestar le tendió la
mano —hola me llamo Kiran. Y necesito tu ayuda. Si te parece bien —termino ya
sin poder ocultar su sonrisa.
—¿Me estas tomando el pelo,
¿verdad?
—dijo Megan mirando incrédula la mano que seguía tendida ante ella. Después
elevo su mirada para poder ver su expresión y al encontrase con aquella sonrisa
sincera la primera
que
le había visto no le quedó más remedio que estrecharle la mano—. Bueno y dime
ahora que parece que somos amigos ¿Qué quieres de mí?
16
Y
vaya si habían empezado desde el principio. Esta vez se lo había contado todo
con pelos y señales. Empezando por la famosa profecía, de la cual había incluso
prometido conseguir una copia para que pudieran examinarla juntos, hasta llegar
a lo de que ella ahora era su mujer. Eso es lo más parecido a nuestro
emparejamiento le había dicho. Nosotros nos emparejamos con una especie de
contratos prorrogables y mientras permanecemos juntos nos debemos lealtad
mutua. La verdad es que no sonaba muy romántico, ¿no? Lealtad y que había del
amor y de la
pasión.
Después
de soltarle toda aquella información la dejo solo otra vez. Aunque realmente no
estaba obligada a permanecer allí encerrada. Según le había explicado era libre
de moverse por el interior del castillo. Siempre que respetara ciertas normas,
como no discutir con nadie, y ya que era su pareja, estaba relativamente segura
dentro del castillo. La verdad es que no le apetecía mucho poner a prueba esa
teoría.
Por
otra parte, no ponía dejar de pensar donde estaría él y si se habría ido a
reunir con la tan Lacey. Cosa que realmente no debería importarle, pero por más
que lo pensara, no podía evitar
el
extraño nudo que se le formaba en al estómago al imaginarlos juntos.
Miro
a su alrededor en un intento por encontrar algo que la ayudara a pasar el
tiempo. En aquella habitación no había nada, ni un libro, ni una triste
revista, y ya no habláramos de un televisor. Ahora que la idea de que
estuvieran juntos se había instalado en su cerebro necesitaba algo con lo que
distraerse.
Asomo
la cabeza por una ranura de la puerta de la habitación y comprobó que no se
veía a nadie. En un lugar como aquel debía haber por lo menos una biblioteca,
pensó. La idea de permanecer encerrada en la seguridad de aquella habitación ya
no le parecía
tan
atractiva, no quizás debería aventurarse a salir. Al fin y al cabo, no sabía
exactamente cuánto tiempo iba a permanecer allí.
Tomada
la decisión abrió la puerta y salió de la habitación. Bueno y ahora que, pensó
contrariada. Aquello era enorme y no tenía ni idea de por dónde empezar a
buscar. Que más daba, se dijo, si te todas maneras, no sabía dónde se dirigía
cualquier camino era bueno. Y con esa idea en mente empezó a andar sin un
destino.
Después
de pasear por aquellos largos pasillos dio con una puerta con aspecto
prometedor. Después de dudarlo un momento la empujo para poder entrar.
Al
otro lado no encontró lo que ella esperaba, sino un amplio gimnasio
completamente equipado y en el centro como ella había temido se encontraba
Kiran acompañado de Lacey.
Estaban
tan concentrados en su conversación que no se habían percatado de que ella
había entrado en la sala. En cambio, Megan no podía apartar los ojos de ellos,
la verdad es que no podía negarse que hacían muy buena pareja. Era como mirar
una colisión, quieres apartar la vista, pero no puedes evitar mirar. Ojalá lo
hubiera conseguido, o mejor en cuanto se dio cuenta de donde estaba debía haber
salido de allí, pero no ella se quedó allí mirándolos, mirando como aquella,
aquella…mujer
se podía de puntillas y juntaba su boca con la de Kiran. No pudo seguir
mirando, el nudo que se le había formado en la garganta le impedía respirar con
normalidad. Cuando fue capaz de hacer que su cuerpo le obedeciera se dio la
vuelta para salir por aquella puerta por la que nunca debió entrar.
—Megan,
¿Necesitabas algo? —le pregunto Kiran alcanzándola en mitad del pasillo. Su
primera intención había sido pedirle disculpas, pero al pensarlo mejor se dijo
que él no tenía nada por lo que disculparse. En realidad, no había hecho nada
malo.
—No,
solo estaba buscando una biblioteca —le contesto sin poder
mirarle
a los ojos.
—Sí,
claro. Si hubiera pensado que te podía interesas visitarla yo mismo te hubiera
llevado. Esta justo aquí a la vuelta de la esquina. Si quieres te acompaño —no
entendía porque, pero seguía teniendo esa extraña sensación que le decía que le
debía una disculpa.
—No
de verdad, no hace falta. Tu sigue entrenando —le dijo para a continuación
darse la vuelta y seguir tu camino. No podía enfrentarse a él en aquel momento
o le diría algo de lo que después con toda seguridad se arrepentiría.
—Lacey,
debes dejar de hacer eso. Creía que por fin habíamos aclarado las
cosas
—le dijo Kiran nada más volver al gimnasio. Estaba siendo un maldito dolor de
muelas ponerle buena cara a Lacey para que se olvidara de Megan. Pero había una
cosa por la que no estaba dispuesto a pasar, no le iba a permitir pasar la
línea de lo personal —no quiero problemas Lacey, ya tengo suficiente con tener
a los ancianos pendientes de mí.
—Ya
te lo he dicho, Kiran puedes contar conmigo. Para cualquier cosa que necesites,
ya sabes, me tienes aquí.
No
se podía decir que la sutileza fuera su fuerte. Más bien su falta de ella.
Empezaba a estar muy cansado de su insistencia. Todo fuera porque se olvidará
de la existencia de Megan. La
había
catalogado como una rival, y eso era muy peligroso para ella.
Bueno
ahora mismo tenia cosas más importantes en las que ocupar su tiempo. Se dirigió
hacia la biblioteca con paso firme, antes de reunirse con Lacey en el gimnasio,
había ido a la sala del consejo, y aprovechando un momento en el que el guardia
no miraba le saco una foto a la profecía. Que mejor sitio que la
biblioteca
para empezar su investigación.
Encontró
a Megan sentada en una enorme butaca con un libro en el regazo. Estaba muy
concentrada en su lectura y de vez en cuando algo que estaba leyendo le
arrancaba una sonrisa.
—Siento interrumpir
tú lectura, se
nota
incluso desde aquí lo mucho que lo estas disfrutando, pero había pensado que ya
que he conseguido fotografiar la profecía podríamos échele un vistazo.
—La
tienes —exclamo Megan emocionada —déjame verla.
—Un
segundo, mujer impaciente, déjame que me conecte al ordenador y sacare una
copia impresa. Sera más cómodo para leerla.
—¿El
ordenador? Cualquiera se cree así que eres un ser de película de terror —le
dijo Megan haciendo una mueca. Un ser que no debería existir era un experto en
tecnología moderna. Quien lo hubiera dicho.
—Que
creías que todavía escribía en papiro. Siento desilusionarte, pero a
nosotros
también nos gusta la tecnología —dijo Kiran mientras se hacía con la copia de
la profecía que acababa de imprimir —bueno, aquí la tienes —le dijo tendiéndole
un folio —léela todas las veces que quieras y después me cuentas que piensas.
Megan
cogió aquel simple folio en sus manos, he aquí el culpable de todos mis
problemas pensó y suspirando empezó a leer:
Escuchad
me hijos míos. Estáis malditos por los pecados de vuestra madre, contradije los
dictados de mi
padre,
fui en contra de su voluntad, y vosotros mis queridos niños pagares por mis
pecados. Castigados a vagar eternamente por el camino de los tiempos hasta que
logréis redimir mi pecado. Debéis encontrar el camino del corazón hijos míos,
ya que
solo
comprendiendo la humanidad que habita en vosotros la maldición se revertirá.
Pero si no lo
conseguís
vuestro destino será el olvido eterno. Este es mi legado y no sabéis como me
arrepiento.
Lilith
Lo
primero que Megan pensó era que para haber causado tantos problemas no era muy
larga. Lo segundo que tenía más dudas que respuestas y lo tercero, y que no
tenía ninguna relación con el tema, que seguía sin poder quitarse de la cabeza
la imagen de Kiran besando Lacey.
—¿Qué
opinas? —le pregunto Kiran
—has
podido sacar algo en claro. —Buena primero me gustaría que
me
aclararas unas cuantas cosas —le pregunto Megan dubitativa. No se podía decir
que obtuviera muy buenos resultados cuando se trataba de conseguir respuestas.
—¿Cómo,
por ejemplo —la azuzo Kiran cuando noto su renuencia a preguntar?
—¿Cómo,
por ejemplo, quien es Lilith y que hizo exactamente?
—Veras,
es una historia bastante complicado, pero intentare explicártela lo mejor que
pueda. Como dice la profecía Lilith es la primera, la madre de todos nosotros.
Según cuentan fue la primera compañera de Adam en el
paraíso.
Pero ella no estaba de acuerdo con las creencias de este, que pensaba, que
debía someterse a él. Opinaba que si eran iguales pues habían sido creados de
la misma arcilla porque razón debía Adam ser su superior. Cuentan que cuando
Dios no le dio la razón ella abandono el paraíso por voluntad propia. Y al cabo
que un tiempo empezó a relacionarse con demonios y hasta tuvo hijos con ellos.
Pero el creador no estuvo de acuerdo y mando a buscarla ya que él la había
creado porque pensaba que el hombre necesitaba una compañera. La encontraron
viviendo en una cueva.
Cuando
se negó a regresar al paraíso Dios ordeno que mataran a los
hijos
que había tenido con esos demonios y creo a Eva a partir de una de las
costillas de Adam para asegurarse así su obediencia. Lilith furiosa por la
muerte de sus hijos dijo que se vengaría matando a los descendientes de Adam y
Eva dando de beber su sangre a sus propios hijos. Y por lo que parece cumplió
su promesa —le dijo Kiran — No es un cuento de hadas ¿verdad?
—No,
es una historia bastante triste ¿Qué culpa tenían los hijos de Lilith de la
decisión de su madre? ¿Y esos otros niños? ¿Por qué al final los más
perjudicados son los inocentes? —dijo Megan sumida en sus pensamientos.
—Nadie
ha dicho que la vida deba ser justa —le respondió Kiran en un
susurro
—por lo que hizo nuestra madre todos nosotros estamos malditos ¿Qué es lo que
debemos aprender de los humanos? —le pregunto Kiran —La historia demuestra que
sois tanto o más vengativos que nosotros. Entonces ¿Qué nos podéis enseñar?
La
verdad es que tenía razón. La historia estaba plagada de atrocidades cometidas
por los hombres pensó Megan. Entontes ¿Cuál era la respuesta a su pregunta?
Para ser honesta con ella debía reconocer que no tenía ni idea.
Se
sumieron en un silencio compartido, cada uno de ellos absorto en sus propios
pensamientos. Ninguno dispuesto a alteran la paz que parecía haberse instaurado
entre ellos.
Cuando
uno conseguía ponerse en el lugar de la otra persona era mucho más fácil
comprender su manera de actuar.
17
—Megan,
despierta. Esta soñando —la sacudió Kiran intentando sacarla de su pesadilla —.
Megan, despierta.
Megan
se sacudió en sueños intentando sacarse de encima las manos de su agresor. La
había alcanzado, ahora utilizaría su cinturón como tantas veces. Se volvió a
remover en la cama soltando un lastimero gemido.
—Megan,
despierta. Es solo una pesadilla —le dijo Kiran agitándola con más fuerza.
Megan
empezó a salir de su sueño con dificultad. Miro a su alrededor
desorientada,
sin saber muy bien donde se encontrará. En su mente todavía se encontraba
atrapada en la casa de su infancia. Le constaba respirar, poco a poco su vista
se fue adaptando a la oscuridad que reinaba en la habitación y consiguió por
fin salir de las brumas en las que su pesadilla la habían atrapado.
—Megan,
¿Te encuentras bien? —le pregunto Kiran preocupado. Estaba tan pálida que temía
que se desmayara en cualquier momento —Megan dime algo, ¿qué puedo hacer por
ti?
—Estoy
bien, ha sido solo un sueño.
Siento
haberte despertado.
—No
digas tonterías y cuéntame que estabas soñando para que te alterara tanto.
Tienes muy mala cara, y da la
impresión
que te puedes desmayar en cualquier momento.
—Vaya,
gracias por eso de la mala cara —dijo para intentar cambiar de tema —y ya que
quieres aprender, te diré que en una situación como esta cualquier humano me
hubiera consolado con un buen abrazo.
Kiran
se acercó más a ella mirándola directamente a los ojos y muy despacio la rodeo
con sus brazos y la atrajo hacia él.
—¿Te
referías a algo así, profesora? Megan
se sentía incapaz
de contestar. No estaba preparada para el aluvión de
sensaciones que la traspasaron, oprimiéndole
el pecho. Dejándola sin
respiración. No quería
que
la soltara nunca y a la vez le aterraba sentir lo que estaba sintiendo. Como
podía ser, cuando le había pasado esto. Claro que todas las señales siempre
estuvieron allí, aunque no hubiera querido verlas.
—¿Qué
pasa profesora, tan mal lo hago que te has quedado muda? —se rio Kiran de ella.
No le había pasado desapercibido el temblor que recorría su cuerpo. Ese sueño
le había afectado mucho —, bueno profe, ya que no me vas a dar tu opinión, me
dirás al menos con que soñabas.
—No
ha sido nada, una estúpida pesadilla, nada más —le contesto ella por fin
deshaciendo el abrazo —es tarde y estoy cansada. Sera mejor que
volvamos
a dormir.
—Buenas
noches, entonces. Si me necesitas no tienes más que llamar —le respondió Kiran
sin querer presionarla. Entre ellos se había instaurado una paz efímera y no le
gustaría romperla por ningún motivo —estaré junto aquí al lado.
Desde
que había vuelto al castillo disponía de su propia habitación, cosa que
agradecía tremendamente. Pero en aquel preciso momento hubiera preferido que se
quedara allí con ella, en lugar de estar en la habitación de al lado.
Se
había pasado casi toda la noche dando vueltas en la cama sin poder
dormir.
La revelación de la noche anterior no dejaba de darle vueltas en la cabeza.
Como era posible que sintiera algo por aquel ser. Le había visto matar a sangre
fría a un ser humano, si hasta había admitido que deseaba beber su sangre.
Debería estar planeando como huir de allí y en vez de eso estaba pensado en
cuando seria la próxima vez que él la abrazaría.
Lo
mejor sería que se diera una buena ducha y después hiciera un poco de
ejercicio. El ejercicio siempre iba bien para despejar la mente. Con la
decisión tomada se dirigió hacia el baño para darse la deseada ducha.
Llevaba más de dos horas en el
gimnasio
practicado, el yeso no le ponía las cosas muy fáciles, pero daba igual había
merecido la pena. Se sentía mucho más despejada y activa que lo que se había
sentido días atrás. Quizás debiera renovar las costumbres adquiridas.
Estaba
cogiendo la toalla para secarse el sudor cuando se abrió la puerta del
gimnasio.
—Vaya,
vaya, vaya ¿Pero que tenemos aquí? —le dijo el desconocido con una sonrisa
burlona en el rostro.
—Esto,
¿Hola? Yo ya me iba —le dijo Megan recogiendo la sudadera que se había quitado
hacia un rato. Nada más verlo entrar había percibido el peligro. Mejor sería
que se quitara de en medio.
—Pero
por qué tanta prisa. Quédate
un
rato y entrenamos juntos.
—Veras
no creo que estemos en el mismo nivel, será mejor que me marche —dijo
dirigiéndose hacia la puerta.
—Venga,
no seas así. Quédate a jugar un poco conmigo —le dijo él cortándole el paso.
—Tendrá
que ser en otro momento. Kiran me está esperando en la biblioteca. Si llego
tarde se va a preocupar —no le quedaba más remedio que probar la baza del
emparejamiento. Con un poco de suerte la velada amenaza daría resultado y la
dejaría marchar.
—Muy
listo el viejo Kiran. Buscarse un cachorrito que le caliente la cama y le sirva
de aperitivo de media
noche.
Creo que tendré que hablar con él para ver si nos repartimos la custodia.
—No
soy ningún cachorrito, y mucho menos le caliento la cama a nadie. Soy una
persona, tengo sentimientos y merezco un respeto —le espeto furiosa. Al diablo
las recomendaciones de Kiran para tratar con ellos.
—El
respeto hay que ganárselo. Nosotros somos cazadores, guerreros. Si quieres
respeto gánatelo —de su rostro había desaparecido cualquier expresión risueña,
adquiriendo la apariencia de una estatua de mármol.
—Ganármelo,
¿Cómo según tú me puedo ganar tu respeto? —le pregunto Megan mirándolo
fijamente.
—Pelea
conmigo. A ver que eres capaz de hacer. Venga cachorrito —le dijo retándola,
agitando una mano hacia ella animándola a acercarse a él.
—Supongo
que no me vendría mal un poco más entrenamiento —le dijo para a continuación
conectarle un golpe en la mandíbula —no, no me vendrá mal soltar un poco más de
adrenalina.
—No
está mal, cachorro, no está nada mal —le dijo el frotándose la barbilla. En su
voz se podía apreciar un tono de admiración — después con un movimiento experto
la derribo en el suelo inmovilizándola allí con su propio cuerpo.
—¿Se
puede saber que está pasando aquí? —Kiran estaba furioso. No podía
creerse
lo que estaba viendo con sus propios ojos. Había quedado con ella ya hacia un
rato y al ver que no aparecía había decidido ir a buscarla. Y como la
encontraba, haciendo manitas con ese guerrero. No iba a permitir que le
faltaran al respeto. Ella era su pareja, si, por orden de los ancianos, pero su
pareja. Ese guerrero no tenía ningún derecho a tocarla. Y ella, ella debería
estar resistiéndose con todas sus fuerzas.
—¡Ah!
Hola capitán, perdón, es la costumbre. Hola Kiran. Nos pillas un poquito liados
—le dijo el guerrero riendo irónicamente —aquí la cachorrita quería entrenar un
poco ¿No te importa, ¿verdad?
—Sera mejor
que la sueltes
—le
dijo
acercándose a ellos —y tú la próxima vez que quieras entrenar me lo dices a mí
—le dijo a Megan tendiéndole una mano para ayudarla a incorporarse —al fin y al
cabo, es mi obligación suministrarte todo lo que desees —su tono no dejaba
lugar a dudas de lo enfadado que estaba.
—Bueno,
yo me largo. Os dejo que resolváis vuestros problemas. Pero si quieres mi
opinión, Kiran —le dijo apoyando una mano en su hombro —es muy pronto para
tener problemas en el paraíso, quizás es una señal. A lo mejor deberíais
rescindir el contrato. Quizás otro macho sabría cómo controlar a la cachorrita
mejor que tu —le dijo mientras miraba de forma provocativa a
Megan.
—Lárgate
de aquí, y guárdate tus consejos. No los necesito—. Le espeto Kiran.
—¡Hey!
Yo solo quería ayudar — dijo haciéndose el ofendido —y tú ya sabes dónde
encontrarme —le dijo volviéndose para mirar a Megan directamente a los ojos,
para a continuación giñarle un ojo.
—¿Ha
que estás jugando? —le pregunto Kiran. Estaba tan enfadado. ¿Cómo podía jugar
así con su vida? — ¿Creía que después de la charla del otro día las cosas
habían quedado claras? Pero por lo que he visto hoy aquí no te importa nada de
lo que yo te digo.
—¿De
qué estás hablando Kiran? ¿No sé
qué
te pasa ahora, porque estás cabreado conmigo? — Le pregunto a su vez Megan cada
vez más enfadada.
—¿Qué
no lo sabes, y tienes el valor de decírmelo así, a la cara? ¿Qué se supone que
estabas haciendo con ese tipo? ¿Qué pasa contigo te gusta jugar con fuego? ¿O
es que acaso no le das ninguna importancia a tu vida? — Kiran tuvo que reunir
toda la fuerza de voluntad que le quedaba para no agarrarla por el cuello y
estrangularla allí mismo. ¿Cómo era posible que no se diera cuenta del peligro
que estaba corriendo? ¿Cómo había podido permitir que ese la tocara? —Mira no
creo que tengo que darte ninguna explicación, Pero ese tipo me reto, dijo que
era la única manera de
ganarme
su respeto. ¿Qué pretendías que hiciera que agachara la cabeza y saliera
corriendo? Te recuerdo que si me encuentro en esta situación es por tu culpa.
Yo no te pedí esto en ningún momento, y no voy a permitir que un matón del tres
al cuarto me acobarde ahora que empezaba a disfrutar de la poca libertad que
tengo — Megan noto como los ojos se le llenaban de lágrimas. No lloraría pensó,
no delante de él. Inspiro profundamente para calmarse y le dio la espalda
dispuesta a salir del gimnasio y regresar a su habitación.
—¡Ni
se te ocurra! —le gruño Kiran — Está conversación no ha acabado. Y no lo hará
hasta que yo lo decida. Estoy
harto
de que me pongas a prueba. A partir de ahora solo saldrás de tu habitación
cuando yo te dé permiso.
—¿Y
también me dirás cuándo debo comer? — Le pregunto Megan dándose la vuelta de
golpe.
—Ya
que parece que no sabes lo que te conviene, si lo hare.
18
Hacía
tres días que no salía de su habitación, el mismo tiempo que hacía que no veía
a Kiran. Todavía no comprendía por qué se había enfadado tanto con ella. Aunque
ahora mismo tampoco era que le importara mucho. Quién se había creído que era.
Solo otro machito más que se creía con derecho de dominar a las mujeres. La
verdad no le extrañaba que estuvieran malditos. ¿En todo este tiempo no habían
aprendido nada? Kiran parecía que no, solo le había faltado agarrarla por el
pelo y llevarla a rastras hasta su habitación. Y después le hablaban a ella de
respeto.
¿Seguro
que no sabían ni lo que significaba esa palabra?
Dios,
estaba tan harta de estar ahí encerrada. Si no hacía algo rápido, acabaría
volviéndose loca.
La
puerta de su habitación se abrió sin previo aviso. Y allí estaba él. El
causante de todos sus males mirándola con su cara de perdonavidas.
—Será
mejor que te prepares vamos a salir — le dijo Kiran a modo de saludo. —¡Vaya!
Hola, ¿cómo estás, yo bien? Por cierto, me alegro de verte —le contesto Megan
con una voz cargada de ironía.
—Te
espero en la puerta de la entrada en cinco minutos. No tardes. —Y con
esas
palabras salió de la habitación igual que había entrado.
—¿Me
vas a decir por lo menos dónde vamos? —le pregunto Megan sentada a su lado. No
se había molestado en dirigirle la palabra desde que había subido al coche.
Simplemente la había mirado como quien mira a través de algo significante, y
había puesto el coche en marcha sin pronunciar palabra.
—Tienes
hora para tu revisión —se limitó a decirle sin apartar los ojos de la
carretera.
Cómo
podía ser, ya habían pasado dos semanas. Dos semanas sin hacer ningún avance en
desvelar la profecía. Dos semanas conviviendo con aquellos seres. Si es que
aquello se le podía
llamar
convivir. Había estado tan sumida en sus miserias que no se había percatado del
paso del tiempo. Debía hacer algo. Tenía que recupera su vida.
El
trayecto hasta el hospital se le hizo interminable. En cuanto Kiran aparco el
coche bajo de el a la velocidad del rayo. Sin darle tiempo a reaccionar, la
agarro del codo, incluso antes de que bajara del coche y la arrastro hasta el
interior del hospital.
—La
señorita Megan Latimer tiene hora para una revisión —le dijo a la chica del
mostrador en cuanto se detuvieron frente a ella.
La
chica, una jovencita bastante guapa levanto la vista del ordenador y en cuanto
poso su mirada en el rostro de
Kiran
se quedó prendada de él.
Megan
no puedo evitar el resoplido que salió de su garganta. Por ella se lo podía
comer con patatas.
—Señorita,
disculpe, pero tenemos algo de prisa —le dijo Kiran a la chica que lo miraba
embobada.
—Sí
por supuesto, discúlpeme ¿Podría repetirme el nombre? — le respondió la chica
avergonzada.
—Megan,
Megan Latimer — le respondió Kiran. En el tono de su voz se notaba que estaba
perdiendo la paciencia.
—¡A
sí! aquí está. Los están esperando en la sala tres al fondo del pasillo —le
respondió la muchacha con una sonrisa
de
oreja a oreja.
Kiran
no se molestó ni en darle las gracias. Volvió a sujetarla por el codo y se
dirigió hacia el pasillo.
—Sé
caminar yo sola. Sin que nadie me guie —le espeto Megan intentando zafarse de
su mano.
—Yo
no estaría muy seguro de eso —le dijo él simplemente sin siquiera mirarla a la
cara. Y la sujeto con más fuerza.
Cuando
llegaron frente a la consulta, Kiran llamo un par de veces y sin detenerse
apenas un instante mi esperar a que le dieran permiso entro.
—¿La
señorita Latimer supongo? —le pregunto el hombre que estaba sentado detrás del
escritorio.
La
verdad es que era un hombre muy atractivo se dijo Megan antes de responder con
un movimiento afirmativo de su cabeza.
—¿Bueno,
dígame señorita cómo se encuentra? ¿Ha sentido alguna molestia? —le pregunto al
doctor solicito.
—La
verdad es que me encuentro bien —le respondió Megan con una sonrisa —un poco
harta de llevar esto —añadió levantando su brazo escayolado.
—¿Bueno
vamos a ver qué podemos hacer referente a eso? Sí me acompañan haremos unas
radiografías — le dijo el buen doctor —usted señor...
—Latimer,
mi nombre es Latimer — respondió Kiran de mal humor.
—Usted
señor Latimer puede esperar aquí. No tardaremos mucho. Y no se preocupe le ha
seguro que su hermana está en buenas manos — Dijo el doctor abriendo la puerta
y guiando a Megan fuera.
¿Hermano,
es que acaso tenía pinta de ser el hermano de alguien? Ese hombrecillo
insignificante debería andarse con ojo y no pasarse de listo si no quería que
le separara la cabeza del resto del cuerpo.
¿Cuánto
se podía tarda en hacer una simple radiografía? Pensó Kiran por enésima vez.
Estaba a punto de salir al pasillo para ir a buscarla cuando oyó su risa. No
estaba seguro de cómo lo sabía, pero lo sabía. Era ella.
Kiran
abrió la puerta del despacho de un tirón. Y se los encontró allí en medio del
pasillo. Megan sujetaba al doctor por un brazo y se reía con ganas de algo que
le estaba contando.
—¿Qué
es eso tan gracioso, a lo mejor, si me lo cuenta yo también me rio? —le dijo
Kiran de malos modos. Ni siquiera se habían dado cuenta de que estaba allí. —A
señor Latimer, espero que no le haya sido muy larga la espera —le respondió el
doctor sin ni siquiera
mirarle.
Estaba muy ocupado contemplando a Megan —le estaba diciendo a su hermana que
todo está bien, pero tendrá que llevar el yeso por lo menos una semana más —y
tuvo la desfachatez de volverse otra vez hacia
Megan
para dedicarle una sonrisa radiante.
—Entonces,
doctor, en qué fecha exacta tiene que volver mi mujer. Vera es que tiene
bastante mala memoria y si yo no me ocupo de recordarle las cosas nunca estaría
donde debe —le informo Kiran muy solicito. Decididamente si no salía de allí de
inmediato le arrancaría la cabeza.
Ha
Megan no se le escapo el doble sentido de su advertencia. Y a partir de aquel
comento se acabaron las risas. Había sido divertido ver su cara cuando el
doctor lo había tomado por su hermano. Pero más valía no jugar con fuego.
—¿Era
necesario que fueras tan borde
con
el pobre doctor? —le pregunto Megan nada más llegar al coche.
—Puedes
dar gracias que todavía conserve la cabeza sobre los hombros —y no se podía
imaginar cuando le había constado no hacer precisamente eso.
La
salida de tono de Kiran la dejo tan descolocada que no supo que contestar. Era
posible que estuviera celoso.
Transcurrido
un rato y después de mucho pensar, decidió que las cosas no podían seguir así.
Ella estaba atrapada en esa situación supuestamente para ayudarle a interpretar
la profecía. Habían pasado dos semanas y no habían avanzado nada. Y no lo
conseguirían si no podían estar juntos sin sacarse los ojos.
—Kiran,
creo que deberíamos firmar una tregua. No podemos seguir así. No nos lleva a
ningún lado. No hemos avanzado nada con la profecía y el tiempo pasa. Puede que
tu tengas todo el tiempo del mundo, pero yo no —le dijo Megan sin apartar la
mirada de su rostro con la esperanza de captar cualquier reacción que le diera
una pista de lo que estaba pensando.
—Ya
empezamos una vez de cero y no funciono —se limitó a decir él. —Entonces, ¿Qué
propones, que sigamos igual que estos últimos días? — le dijo Megan desesperada
—que sepas que estoy muy cansada de esperar a ver qué pasa. O sea que piénsalo
bien Kiran. Porque si la situación no cambia no me
necesitas
para nada. Volveré a mi casa. No sabes cómo lo estoy deseando. —¿Me estas
amenazando? Porque te aseguro que no te conviene. Y menos después del numerito
con el doctor. —No Kiran y no me amenaces tu a mí. Como podía ser tan
intratable se dijo Kiran. Y aun así cuando le dijo que volvería a su casa se le
retorció el estómago. No tenía ni idea de cómo afrontar todo lo que le hacía
sentir. Si por primera vez en su vida podía decir que sentía algo por otra
persona.
19
¿Qué
hacia los espiaba desde las ventanas? Era como vivir la misma historia dos
veces. Solo que esta vez ella estaba preparada.
Espero
a que Kiran bajara del coche y le dio tiempo a que se adelantara antes de
salir. Gracias a Dios parecía haber olvidado la molesta costumbre que tenía
últimamente y no la arrastro con él.
—Kiran,
los ancianos te esperan. Sera mejor que te des prisa —le informa Lacey
prácticamente sin dejarle llegar a su altura.
—Ahora iré, Lacey. Primero voy a
acompañar
a Megan hasta su habitación —que habría pasado ahora. No tenía tiempo para eso.
Debía aclarar las cosas con Megan cuanto antes.
—Yo
la acompaño. Tu date prisa. No se puede decir que estén de muy buen humor —le
dijo Lacey cuando se dio cuenta de que se disponía a discutir con ella.
Kiran
miro a Megan indeciso, estaba claro que Lacey se la tenía jurada. Por alguna
extraña razón pensaba que él debía ser su pareja. Ella lo miro a su vez
trasmitiéndole un mensaje alto y claro. Sus ojos decían “ves estaré bien” —De
acuerdo, —dijo al fin —la dejo en tus manos —y con esas palabras se fue para
reunirse con los ancianos.
—Maestros,
Lacey me ha dicho que me habéis mandado llamar —les dijo Kiran a los ancianos
nada más entrar.
—Así
es, Kiran. Estamos impacientes por que nos cuentes lo que has averiguado.
—Me
temo que no mucho. Lo que si os puedo decir es que los humanos son los seres
más irritantes que he conocido — les respondió Kiran a la vez que a su mente
acudían cada una de las peleas que había tenido con Megan.
—Lamentamos
oír eso. Realmente es una mala noticia. Nuestro tiempo es más corto de lo que
creíamos —le informaron los ancianos—. Nos hemos dado cuenta que la falta de
sangre
humana
fresca hace que poco a poco enfermemos.
—¿Enfermar?
¿De qué manera enférmanos?
—Nos
está invadiendo una extraña enfermedad mental que nos vuelve más agresivos. Uno
de los casos más graves que se ha detectado intento alimentarse de su propia
pareja. El pueblo exige que se revoque la orden de protección le los humanos.
Pero, aunque la revoquemos no nos asegura que los aceptados vuelvan a la
normalidad —le dijo Seth muy serio.
—Si
revocáis la orden, la humana estará en peligro dentro del castillo —les dijo
Kiran, estaba empezando a preocuparse —. No creo que el que sepan que es mi
pareja
los detenga.
—¿Te
preocupa el bienestar de una humana? —le pregunto Seth con tono indignado—.
Nosotros no tenemos tiempo de pensar en insignificancias. Nuestro pueblo se
muere. Tu principal preocupación debería ser descifrar la profecía no proteger
a la humana —iba diciéndole Seth elevando el tono con cada afirmación.
—Y
eso pretendo mi señor, pero necesito a la humana para ello. —Entonces, date
prisa. En cinco días levantaremos la prohibición. Danos una respuesta a la
profecía —le exigieron—. Y ahora retírate.
20
Megan
había conseguido llegar a su habitación sin incidentes pese a su escolta. Hacía
ya un rato que esperaba oír algún sonido en la habitación de al lado, pero todo
se mantenía en silencio. Kiran estaba tardando mucho en volver y por la
urgencia que había detectado en la voz de Lacey debía estar pasando algo
bastante grave.
Estaba
deseando que Kiran volviera ¿Qué sería lo que estaba pasando?
Estaba
concentrada barajando posibilidades cuando se abrió la puerta de su habitación.
—¡Ya
era hora! ¿Me vas a contar que ha pasado? Y no me vengas con tus evasivas. Sé
que está pasando algo —le exigió saber Megan.
—Tranquilízate,
quieres —le dijo Kiran mientras cerraba la puerta. Después muy despacio se
llevó dos dedos a los labios indicándole silencio. Se acercó a ella y la insto
a sentarse en la cama para después tomar asiento junto a ella —te lo contare
todo, pero sin levantar la voz. De acuerdo.
Megan
se limitó a asentir con la cabeza. —Veras, estamos metidos en un buen lio —le
empezó a explicar Kiran muy cerca de su oído —los ancianos han descubierto que
la sangre envasada nos deteriora poco a poco, hasta llevarnos a
un
estado parecido a la locura. En cinco días levantaran la orden que protege a
los humanos. Ese es el tiempo que nos han concedido para resolver la profecía
—le explico Kiran.
—¿Qué
pasara si no lo conseguimos? — le pregunto Megan en un susurro.
—Que
no estarás segura aquí. Es más ahora mismo ya corres peligro estando aquí
—Kiran estaba tan cerca que pudo sentir con un escalofrío le recorría el
cuerpo—. A partir de ahora mantendrás la puerta de la habitación cerrada y no
saldrás a no ser que yo te acompañe.
—¡Ah!
¿Pero tengo permiso para volver a salir de la habitación? ¿Eso quiere decir que
me has levantado el castigo? —le pregunto Megan. En su interior el
miedo
y la rabia estaba librando una pelea y todavía no sabía quién iba a ganar.
—¡Megan
esto va en serio! Sí antes era peligroso que estuvieras aquí. Ahora qué vivas o
que mueras depende de que me hagas caso — Le dijo Kiran muy serio intentando no
levantar la voz— Hace un rato en el coche querías que empezáramos de nuevo—le
recordó—. Esta es tu oportunidad, sin trucos, con toda la verdad por delante.
Esa es mi condición. ¿Qué vas a hacer, lo coges? ¿O lo dejas pasar?
—¿Tan
grave es la situación? —le pregunto Megan preocupada.
—Te
lo acabo de explicar, tenemos cinco días para resolver el misterio de
la
profecía. Si en ese tiempo no conseguimos nada, tendré que buscar un lugar
seguro dónde puedo esconderte — volvió a decirle intentando no perder la
paciencia.
—¿Esconderme?
—pregunto Megan confundida —¿Por qué tendría que esconderme? —debía hacer un
gran esfuerzo para mantener su voz en un susurro, cuando lo que le apetecía era
gritar.
—Esa
pregunta me hace comprender que no has entendido nada— le dijo Kiran ya
perdiendo la paciencia—. Estás aquí como invitada de los ancianos. Siempre y
cuando tu presencia les sirva para algo —le empezó a explicar Kiran con toda la
paciencia que puede reunir —si no
conseguimos
resolver el enigma de la profecía, Tu presencia aquí será inútil. Y lo primero
que eran los ancianos cuándo pasen los cinco días qué nos han dado de plazo
será firmar tu sentencia de muerte.
Megan
se había quedado tan impresionada que no supo que decir. Ese había sido siempre
su destino. Ahora lo entendía. Todavía había sido una trampa desde principio.
Ahora estaba segura de que no habría ninguna diferencia, tanto sí resolvía el
acertijo como si no.
—No
vas a decir nada.
—Y
¿que quieras que diga? —le pregunto empezando a subir el tono sin siguiera
darse cuenta—. ¡Que me has engañado todo este tiempo! Que desde
un
principio todo ha sido un juego. Lo que no entiendo es porque no me matas ya y
dejamos de jugar al ratón y al gato —acabo lanzándole una mirada de odio. Le
dolía tanto saber que a él nunca le había importado.
Todo
sucedió muy rápido. Megan no tuvo tiempo ni de parpadear cuando se encontró
aprisionada contra el colchón y con Kiran pegado a su cuerpo devorando su boca.
Si seguía besándola así perdería la cabeza por completo. Ya le constaba
bastante concentrarse, y no habláramos de pensar.
Tan
rápido como se había abalanzado sobre ella interrumpió el beso. Y se retiró al
otro lado de la habitación.
—Kiran…—
empezó a decirle Megan.
Pero
él no la dejó continuar.
—¿Por
qué te gusta tanto provocarme? Maldita sea yo solo quiero protegerte — en su
tono se podía apreciar claramente su desesperación—. Incluso aunque también
deba protegerte de mí. No permitiré que nadie te haga daño, aunque tenga que
esconderte en el fin del mundo —proclamo con una vehemencia que ponía los pelos
de punta.
—No
comprendo nada, ¿Si tanto te importo, porque me atacas siempre? Cuando lo del
gimnasio, hoy con el doctor.
—Harías
bien en no recordármelo. Cada vez que lo pienso siento ganas de volver allí y
arrancarle la cabeza.
—¡Estas celoso ¡—exclamo Megan
incrédula.
—Si
con eso quieres decir que te encerraría para siempre y tiraría la llave.
Entonces si estoy celoso —le confirmo Kiran.
—Entonces
¿Por qué ahora? —le pregunto Megan señalado la cama. No sabía muy bien como
expresarse.
—¿Qué
porque no he seguido besándote? ¿Es eso lo que quieres saber? —le pregunto
Kiran hundiendo las manos en su pelo —. Porque no solo deseo besarte, también
deseo con un ansia cada vez más acuciante beber tu sangre.
Megan
se quedó allí mirándolo y pensando que después de semejante confesión debería
estar muerta de
miedo,
en cambió solo podía pensar en cuando volvería él a besarla.
—No
vas a decir nada. Te digo que solo puedo pensar en probarte y te quedas hay
mirándome —le dijo Kiran con desesperación. La angustia que sufría era
evidente.
—Pero
no lo has hecho verdad. Eso tiene que significar algo. Lo mejor sería que
cambiáramos de tema —le dijo al ver su desesperación reflejada en su rostro.
Cosa que por sí sola delataba lo alterado que estaba realmente —creo que nos
convendría concentrar nuestros esfuerzos en encontrar una solución a la
profecía. Tú mismo lo has dicho, solo tenemos cinco días.
—Supongo
que tienes razón —se limitó
a
decirle él.
21
Trascurrieron
dos días, sin encontrar respuesta alguna. Dos días de una sincronía perfecta,
como una coreografía bien ensayada. Levantarse temprano, ir a la biblioteca
hasta casi media tarde para estudiar todos los libros donde creyeran que podían
encontrar alguna pista. Ir a comer algo, ella claro estaba, porque Kiran se
limitaba a acompañarla hasta su habitación y desaparecer durante un buen rato.
Después al gimnasio a estirar los músculos agarrotados de tantas horas de
biblioteca, Kiran había insistido en entrenar con ella. Después de vuelta a su
habitación, una ducha algo de picar y a
dormir.
Y a la mañana siguiente a las seis en punto, Kiran llamaba a su puerta y vuelta
a empezar.
La
verdad es que ya estaba harta. Prácticamente no la miraba de frente y no
hablemos de tocarla, ni un simple roce por casualidad. La conversación de hacia
tan solo dos días parecía no haber existido y había comenzado a pensar que el
beso había sido imaginación suya.
Había
tomado una decisión, hablaría con él y aclararía las cosas. La situación ya era
bastante difícil como para que ellos la complicaran con algo tan sencillo, a
ella le gustaba él, a él le gustaba ella, punto y final. Quizás dentro de un
par de días más estaría muerta. No decididamente no estaba dispuesta a
perder
el tiempo, a complicar algo tan sencillo. Si hablaría con él, y cuanto antes
mejor.
Decidió
que la mejor manera de afrontar el tema era sorprendiéndolo. Y que mejor manera
que cambiando la rutina que él había impuesto. Puso el despertado quince
minutos antes de su hora habitual y se fue a dormir con una sonrisa en los
labios.
Se
despertó desorientada y confusa. Y entonces lo oyó, un golpe que parecía venir
de la habitación de Kiran. Eso debía ser lo que la había despertado. Bueno ya
que la había despertado, sería mejor que fuera a ver qué pasaba. Se puso una
sudadera encima y se dirigió a la habitación de Kiran. Después de
llamar
a la puerta y no obtener repuesta, opto por entrar, después de oír otro golpe
procedente del interior.
—Kiran,
¿Te encuentras bien? —le pregunto Megan mientras abría la puerta. Pero no solo
no obtuvo respuesta, sino que lo que vio la dejó clavada en el sitio.
Kiran
estaba en su cama, pero no estaba solo, Lacey estaba con él. No podía creérselo
después de todo lo que le había dicho. Estaba visto que todos los hombres eran
iguales fueran de la raza que fueran. Se dio la vuelta decidida a salir de allí
cuando escucho en golpe enorme. Cuando volvió a mirar se encontró con una
escena surrealista, ya no estaban en la cama sino en el suelo. Y
ahora
que se fijaba mejor se dio cuenta que estaban peleando.
En
un momento dado, Kiran, después de unos cuantos forcejeos, acabo derivando a
Lacey, y la mantuvo sujeta contra el suelo agarrándola del cuello con fuerza.
—Basta, Lacey. No quiero acerté daño. Pero esto se tiene que acabar.
—Maldito
seas Kiran, es solo una humana. Cómetela ya de una vez y sigue a delante. Es
para lo único que sirve.
—Te
lo advierto Lacey, olvídalo. Ella es mi pareja. Puedes entender eso. Yo la
elegí —le dijo Kiran reteniéndola con fuerza.
—Tu
no la elegiste Kiran. No seas estúpido. Los ancianos te dieron una
orden
y simplemente la cumpliste —le replico Lacey con una sonrisa irónica — siempre
el buen soldadito.
Megan
estaba paralizada viendo la escena que se desarrollaba ante ella. Era verdad
que los ancianos se lo habían ordenado. Como podía haber olvidado eso. El mismo
Kiran se lo había explicado.
—No
Lacey, no lo entiendes. Si es cierto, los ancianos me lo ordenaron, — le estaba
diciendo Kiran — Pero dime una cosa Lacey ¿Si los ancianos te hubieran ordenado
que te emparejaras con alguien que tú no quisieras, lo conseguirían?
¿Obedecerías esa orden?
—Tú
estás loco, yo haría lo imposible para librarme. Aunque el afortunado
tuviera
que sufrir un trágico accidente. —¿Y qué te hace creer que yo no haría lo
mismo? —Kiran la miraba fijamente esperando a que la comprensión se reflejara
en sus ojos —ella es mi pareja —le volvió a decir—. Y allí estaba, lo que había
estado esperando reflejado en sus ojos. Kiran supo el momento exacto en que se
dio cuenta de que no tenía nada que hacer.
—Entonces
la matare —le espeto Lacey de repente —cuando ella haya desaparecido todo será
como antes.
—Nunca
hubo un antes. Y te lo advierto, no te acerques a ella o seré yo quien te mate
a ti —le advirtió Kiran antes de soltarla.
Lacey lo miro asqueada, antes de
levantarse
para salir. Fue en ese momento cuando ambos se dieron cuenta de que no estaban
solos.
—Mira
tú por donde, aquí tienes a tu amorcito —dijo Lacey empujando a Megan a los
brazos de Kiran cuando paso junto a ella —intenta no matarla en un arrebato de
pasión.
Los
dos se quedaron inmóviles cada uno en brazos del otro sin apenas respirar. Con
un suspiro Megan enterró la cara en su cuello e inspiro su aroma.
—Megan,
yo —empezó a decir Kiran. —No digas nada, por favor, ahora no. Solo abrázame y
no pensemos en nada —le rogo Megan —solo por un momento pensemos solo en el
aquí y ahora.
Kiran
la abrazo con más fuerza, estrechándola contra su cuerpo. —Como quieras —le
respondió con un nudo en la garganta.
—¿Debes
estar cansada? —le dijo Kiran, al notar como temblaba entre sus brazos—.
Deberías intentar descansar un poco. Apenas son las tres de la mañana. Siento
haberte despertado.
—La
verdad es que si —le respondió ella acurrucándose más entre sus brazos —¿Puedo
quedarme aquí contigo? —le pregunto apretándose contra él. En su voz se podía
apreciar un deje de súplica.
Kiran
la miro fijamente sin saber muy bien que contestarle. Era increíble que
confiara lo suficiente en él, para estar
así,
entre sus brazos. Pero no creía tener la suficiente fuerza de voluntad para
dormir con ella.
—Megan
—empezó a decir para explicarle sus dudas. Pero ella no se lo permitió.
—Confío
en ti Kiran. Sé que nunca me harías daño —le dijo Megan, con la súplica gravada
en sin ojos.
Kiran
no dijo nada, soltándola se dirigió a la cama. Cogió el edredón revuelto por la
pelea y lo retiro. Para después tenderle una mano a Megan para que se acercara
a él. Cuando la tuvo otra vez entre sus brazos, muy despacio, agarro el bajo de
su sudadera y tiro de ella hasta sacársela por la cabeza. Era tan bella, pensó,
y a la vez tan frágil. La
ayudo
a tumbarse en la cama y siguió el mismo proceso con su propia sudadera.
La
mira fijamente, parecía estar pidiéndole permiso, antes de meterse también él
en la cama. Ella se limitó a realizar un pequeño asentimiento de cabeza.
Megan
se acurrucó contra él al instante y empezó a darle pequeños besos por el cuello
y en hombro. Allí donde había enterrado su cabeza.
—Megan
—empezó a decir Kiran con un suspiro —no creo que sea capaz de dormirme si
sigues haciendo eso.
—¿Te
molesta? —le pregunto Megan sin molestarse en detenerse.
Kiran
la agarro con suavidad
por los
hombros
e hizo que le mirara.
—Tienes
que estar muy segura de esto. Sera como firmar un contrato —la intensidad de su
voz era tan seria, que hasta él se sorprendió—. Y te puedo asegurar que después
de esto serás mía para siempre, no te dejare marchar.
Megan
muy despacio, le apoyo una mano en la mejilla y se la acaricio. Para a
continuación acerca su boca a la de él y besarle. Un beso lleno de todos los
sentimientos que ella no se atrevía a decir en voz alta.
Kiran
la estrecho con más fuerza entre sus brazos y respondió al beso con algo muy
parecido a la desesperación. Sus manos parecían haber cobrado vida propia y
recorrían su cuerpo,
acariciando
cada rincón, memorizando cada pedazo nuevo de piel que descubría. Las manos de
Megan se mostraban tan habidas como las suyas por descubrir el tacto de su
piel. Era como si una extraña desesperación se hubiera adueñado de ellos.
Kiran
muy a su pesar separo sus labios de los de ella para poder mirarla. Ya no podía
dominarse, lo quería todo, su cuerpo, su alma, su sangre. Esperaba que cuando
ella viera su deseo reflejado en sus ojos, detuviera aquella locura, porque él
no tenía fuerzas suficientes para hacerlo, había deseado ese momento demasiado
tiempo.
Megan
en cambio se limitó a volver a apretarlo contra su cuerpo ofreciéndole
su
cuello. Kiran exhalo un suspiro trémulo para a continuación clavar sus dientes
en su cuello a la vez que la hacía suya con su cuerpo.
Suya
para siempre, ese fue el último pensamiento que paso por su mente antes de
quedarse dormido.
22
Megan
se despertó con una sensación de extraño bienestar arropando su cuerpo. Y
entonces un segundo después de que el sueño la abandonara definitivamente,
recordó la noche anterior y no pudo evitar que una sonrisa acudiera a sus
labios.
Había
pensado que darle su sangre habría sido doloroso, en cambio fue una sensación
maravillosa que acompañada de la de entregarle su cuerpo había sido la
experiencia más extraordinaria de su vida. Por lo menos para ella, pensó, para
a continuación extender su mano
sobre
la cama para no encontrar nada. Se incorporó de golpe en la cama y miro a su
alrededor. Nada, estaba sola en aquella habitación, y si al final se había
arrepentido. No creía poder soportarlo. En ese momento se dio cuenta de que del
baño salían sonidos de agua, como si alguien se estuviera duchando. Sintió tal
alivio que pensó que iba a desmayarse. Espero y al cabo de un momento el sonido
se detuvo. Estaba impaciente por volver a verle, pero también algo asustada.
Cuando
la puerta del baño se abrió y lo vio allí recién duchado con una simple toalla
alrededor de sus caderas, sintió que el aire se quedaba atrapado en sus
pulmones y un calor ardiente cubría sus
mejillas.
Agacho la cabeza avergonzada de su reacción.
—¿Megan?
—empezó a decirle Kiran sentándose a su lado —¿Te arrepientes de lo de anoche?
—le pregunto yendo directo al grano, era tanta la angustia en su voz que se
podía palpar.
Megan
no pudo evitar que una sonrisa asomara a sus labios. Se sentía tan feliz. A él
realmente le importaba. Puedo ser que no estuviera enamorado de ella, como era
su caso, pero por lo menos se preocupaba por ella. Era un principio. Con el
tiempo quizás. Pero no, no debía pensar en esas cosas, su tiempo era infinito y
cuando ella envejeciera ya no querría tenerla a su lado. No, tenía que vivir el
presente y cuando llegara el
momento
de separarse intentar olvidarlo para poder seguir adelante con su vida.
—¡Megan! —la volvió a llamar Kiran. Parecía no haber oído nada de lo que le
estaba diciendo.
—Perdona,
claro que no me arrepiento.
A
sido muy bonito.
Bonito,
pensó Kiran. Él le abría su corazón y ella en cambio le decía que había sido
muy bonito. Trato de relajarse para no terminar cogiéndola por los hombros y
sacudiéndola hasta que entrara en razón. Esta que le dijera que lo amaba. No
mejor dejarlo de momento. Cuanto todo ese lio en el que estaban metidos acabara
aclararía las cosas. Aunque tuviera que mantenerla encerrada durante un mes.
—Esto,
si no te importa. Me gustaría ducharme —le pidió Megan. Se sentía tímida de
repente, aunque no tenía motivos para ello. Y aunque en el fondo lo sabía no
podía evitarlo.
—Sí,
claro ya sabes donde esta—. Se limitó a contestarle, para después salir de la
habitación.
Nunca
en su vida se había sentido así, se decía Kiran mientras abandonaba su propia
habitación. Sentía un profundo vacío en su pecho, como si alguien le hubiera
arrancado una parte del él. Si eso era lo que sentían los humanos, no sabía
cómo podían soportarlo.
Megan
se estaba arrepintiendo de su comportamiento, quizás debería haber sido sincera
con él y decirle como se
sentía.
La verdad es que le daba pánico confesarle la verdad. Y si él no sentía lo
mismo. No había hecho bien, mejor protegerse.
Se
volvió a poner su ropa y se dirigió a su habitación. Mejor ducharse allí, había
pensado. Podría relajarse, sin estar pendiente de cada pequeño sonido que
escuchara, pensando que era él que regresaba.
Se
había vuelto a quedar dormida. No había sido su intención. Después de la ducha
se había tumbado un momento con la intención de aclarar sus ideas. Debía pensar
cómo comportarse a partir de ahora.
La
habían despertado unos golpes en su puerta. Miro su reloj, si seguro que era
Kiran
que venía a buscarla para empezar el día, como siempre. Bueno ya era demasiado
tarde, debería afrontarlo e intentar comportase con la mayor naturalidad
posible.
23
—Hola,
solo he venido a traerte un mensaje de Kiran—le dijo Lacey, componiendo una
sonrisa irónica en su cara—. No podrá reunirse contigo hasta dentro de un buen
rato. Los ancianos lo han vuelto a convocar —termino de explicarle Lacey.
Lo
último que esperaba al abrir su puerta, era encontrarse con Lacey. No entendía
muy bien como se le podía haber ocurrido a Kiran mandarla precisamente a ella.
Después de haberle repetido una y mil veces que se mantuviera alejada de ella,
era él quien
la
mandaba a su encuentro. A lo mejor no se preocupaba tanto por ella como había
creído en un principio.
—¿Me
estas escuchando, humana? —le dijo Lacey sacándola de sus cavilaciones—. Se
encontrará contigo en la biblioteca en cuanto pueda —le dijo Lacey. Por su
expresión parecía que en cualquier momento le arrancaría la cabeza.
—Perdona,
Lacey. Por supuesto que te estoy escuchando. Y gracias por molestarte en venir
hasta aquí para darme el mensaje. Ha sido muy amable por tu parte.
—Puedes
estar segura que no lo he hecho por ti —le escupió Lacey a la cara. Para darse
la vuelta sin esperar
respuesta
y desaparecer por el pasillo.
No
se lo podía creer, Kiran lo había hecho. La había convertido en su pareja. Lo
supo nada más esa humana abrió su puerta, apestaba a él, la había marcado para
que todos supieran a quien pertenecía. Aquello no iba a quedar así. Nadie se
reía de ella. Se las haría pagar todas juntas. Y ya sabía exactamente como. No
la deseaba tanto, pues iba a robarle su juguete. Y cuando se hubiera olvidado
de su nuevo capricho, sería su turno. Y esta vez sería suyo o no sería de nadie
más.
—Di
nos, hijo ¿Has conseguido algún avance? Solo quedan dos días. No
pretendemos
meterte prisa, pero el tiempo se acaba.
Había
recibido el aviso de que lo esperaban en la sala del consejo junto cuando se
disponía a ir a buscar a Megan para empezar con su rutina diaria. No le había
quedado más remedio que enviar a Lacey con un mensaje para ella. Su único
consuelo era que le había parecido que estaba mucho más tranquila.
—Hemos
revisado casi todos los libros que hay en la biblioteca y no hemos conseguido
sacar nada en claro maestros —les contesto Kiran. Tenían que haber elegido
aquel momento para convocarlo. —Quizás no fue tan buena idea como pensábamos
emparejarte con la humana.
Pensamos
que si estabais unidos por algún tipo de lazo te sería más fácil entenderles.
Quedas liberado de ese emparejamiento, a partir de ahora eres libre
—sentenciador los ancianos.
Aquello
no podía estar pasando realmente, no ahora. Ellos no podían romper su vínculo.
Ella era suya.
—Siento
tener que llevaros la contraria en esto. Pero ella es mía y no voy a permitir
que nadie se interponga entre nosotros —les dijo Kiran muy serio. Aquello no
admitía discusión.
—Tu
lealtad hacia la humana es loable, pero ya no hace falta. Cuando el plazo acabe
deberá ser ejecutada. Sabe demasiado.
—No
—estallo Kiran—. Tendréis que
condenarme
a mí también. Es mi pareja, forma parte de mí. Ni voy a permitir que nadie le
haga daño —les dijo Kiran. Mientras iba hablando su tono iba subiendo de
volumen.
—No
entendemos que ocurre ¿Cuál es el problema? Es una simple humana. Además, los
emparejamientos se deshacen a diario sin mayores consecuencias.
—Por
supuesto que no entienden nada. Ella es parte de mí. Hacerle daño a ella es
hacérmelo a mí —explico Kiran, con la esperanza de salvar así a Megan.
—¿Quieres
decir que te sacrificarías por una humana? —pregunto Seth en nombre de todos—.
¿Qué hace que sea tan especial? Ninguno de los nuestros se
sacrificaría
por su pareja, mucho menos por un humano.
—No
lo podéis entender —replico Kiran —vuestros corazones siguen siendo de piedra,
no sois capaces de sentir nada. El mío late —siguió Kiran, apoyando una mano en
su pecho, a la altura de su corazón —ella me ha curado. Me ha devuelto mi alma.
—¡Eso
es! —exclamo Seth eufórico —. Ese es el secreto que esconde la profecía ¿Cómo
lo has hecho? ¿Cómo has conseguido que ella te ayude? —le pregunto Seth
ansioso.
—¿Cómo
decís…? —pregunto Kiran confundido.
—Ni
siquiera te has dado cuenta ¿Verdad? Tú mismo lo has dicho ella te
ha
curado. Tu corazón late ¿Qué otros cambios has notado?
Kiran
se estremeció de pies a cabeza. Era cierto ni si quiera se había dado cuenta.
Estaba tan concentrado en dominarse para no obligarla a que reconociera que
ella también lo amaba que no había notado el cambio. Pero ahora debajo de su
mano podía sentir los latidos de su propio corazón. No era humano, eso lo
sabía, pero algo importante había cambiado dentro de él. —No sé muy bien como
ha pasado, pero puedo asegurar que ha sido ella — proclamo Kiran —y si me
permitís un consejo —les dijo—. Yo si fuera de vosotros la protegería por
encima de todo.
La
una respuesta de los ancianos fue un movimiento de su mano apremiándolo a
continuar.
—No
debéis revocar la orden, sino cambiarla. Si permitís que los nuestros se
alimenten de humanos, pero sin matarlos resolveréis dos problemas, acabareis
con la enfermedad y se relacionaran con humanos, así tendrán más oportunidades
de encontrar a su pareja.
—Pero,
¿Qué debemos hacer para que se produzca el cambio? ¿Con alimentarnos de ellos
sin matarlos bastara?
—No,
claro que no. Se trata creo, de saber perdonar, de poner a la otra persona por
encima de ti y todos esos
otros
sentimientos que practican los humanos. Nuestra madre se fue del paraíso porque
no quería tener que obedecer a nadie y después mato por vengar la muerte de sus
hijos, pero no los lloro, por lo menos no al principio. Solo pensaba en lo que
quería ella y le daba igual en como afectara a los demás. Al final fue su
egoísmo lo que nos llevó a esto.
—Eso
tiene mucho sentido —dijo Seth —ya que esa es nuestra característica principal.
Parece que al final si has resuelto la profecía —dijo satisfecho.
—Y
entonces ¿Qué va a pasar ahora? — le pregunto Kiran.
—Si
lo que te preocupa es la seguridad de tu pareja. Puedes estar tranquilo. Es
tu
pareja, respetaremos la ley. Mientras sea tu pareja su seguridad está
garantizada. Y ahora vete tenemos mucho en lo que pensar.
24
Se
dirigió con paso rápido hacia la biblioteca. Parecía que el problema por fin
había terminado. Ahora sin la amenaza sobre sus cabezas, podría dejarle las
cosas claras a Megan. Ella debía de sentir algo por él, era imposible que no
fuera así. Nadie se entregaba a otra persona como lo había hecho ella si no
había sentimientos de por medio.
Al
llegar a la puerta de la biblioteca se detuvo un momento para tomar aire, y si
tenía que reconocer la verdad también para reunir valor. Parecía mentira, el
todo
un guerrero muerto de miedo por tener que hablar con una humana. Pero es que
esa humana era lo más importante de su vida.
Abrió
la puerta y recorrió la habitación con la mirada. A primera vista parecía
vacía. Dio unos pasos para entrar y poder ver mejor el interior, quizás
estuviera sentada en una de aquellas grandes butacas que tanto le gustaban.
Pero no también estaban vacías. A lo mejor, pensó, ni si quiera se había
molestado en acudir a su cita. Pero cuando se disponía a ir a buscarla a su
habitación, percibió algo extraño en el aire. Camino por la habitación para ver
si podía distinguir de que se trataba. Y de repente lo vio, tirados en el suelo
entre
la butaca y a pared estaba la copia de la profecía con unos cuantos volúmenes
de consulta. Aquello no le gustaba nada, que habría pasado. Era como si alguien
hubiera abandono la habitación con mucha prisa. Y ese olor, el conocía ese
olor. Se arrodillo junto a los libros desperdigados y entonces lo vio. Solo era
una pequeña gota de sangre. Él sabía perfectamente a quien pertenecía aquella
sangre, hacía apenas unas horas la había saboreado. Se incorporó en un solo y
rápido movimiento y se dirigió con pasos rápidos a la habitación de Megan. Ella
tenía que estar bien, se repetía con desesperación, solo se abrió cortado con
el filo de una hoja. Aunque en el
fondo
y muy a su pesar sabía que aquella opción no explicaba el desorden de la
biblioteca. Cuándo llegue a la habitación y abrió la puerta, todos sus miedos
se hicieron realidad. La habitación estaba completamente vacía no había ni
rastro de Megan por ningún lado. No podía creer que se hubiera vuelto a
escapar, estaba seguro que algo grave había pasado. Decidió ir en busca de
Lacey, sabia con seguridad que era una de las últimas personas que había
hablado con ella. El mismo le había pedido el favor de que fuera a decirle que
no podría pasar a buscarla porque lo habían citado en la sala del consejo.
Debía averiguar si había notado algo extraño en su comportamiento. Quizás
era
que la simple idea de enfrentarse a él le resultaba tan repulsiva que había
vuelto a huir. No, se repitió, no podía tratarse se eso, si tan repulsivo lo
encontraba nunca se hubiera entregado a él como lo había hecho.
—¿Habéis
visto a Lacey? —le pregunto a un macho con el que se había cruzado en el
pasillo, mientras se dirigía a la habitación de Lacey —¿Necesito hablar con
ella?
—Pues
lo vas a tener difícil —se limitó a responderle antes de seguir su camino.
—¿Qué quieres decir con eso? —le pregunto Kiran, agarrándolo por el brazo para
detenerlo.
—Es
muy simple, la capitana no esta
—¿Cómo
que no está? —le pregunto. Estaba perdiendo la paciencia. Ahora comprendía
cuando Megan se enfadaba con él cuando intentaba sacarle alguna información —.
Sera mejor que te expliques.
—Mira
tío, suéltame. No es que sea mi problema, pero se fueron hace un rato si
quieres saber más pregúntale al guardia de la entrada —le espeto a la cara
sentándose de un tirón.
—¿Se
fueron? —le pregunto Kiran sin poder evitar que le temblara la voz. —Si ya
sabes la capitana y esa humana tuya.
Se
la había llevado, no se lo podía creer. Tenía que hablar con el guardia de la
puerta cuanto antes. A ver si sabía que
dirección
habían tomado. También debía hablar con los ancianos, tenían que devolverle su
puesto de capitán. Iba a necesitar ayuda para encontrarla.
25
—¿Por
qué me estás haciendo esto Lacey? —le pregunto Megan. Sabía perfectamente que
si no conseguía llegar a ella la iba a matar.
—Y
tienes el valor de preguntármelo, cuando me lo has quitado todo. Tu una simple
mortal, ¿que ha visto en ti? ¿O es que le resulta fácil llevar la comida a
cuestas?
—Si
te refieres a Kiran, estas equivocada. Él no me considera comida, soy su
compañera. Y si crees que por hacerme daño a mi lo vas a recuperar, estas muy
equivocada.
—¿Tú
crees? Veras yo creo que en un primer momento le dolerá un poquito — le dijo
juntando los dedos delante de su cara —ya sabes al fin y al cabo es un guerrero
y a ninguno les gusta perder. Y cuando su orgullo se recupere, allí estaré yo
esperando. Esta vez nada ni nadie podrá evitar que sea mío.
—Siento
ser yo la que te diga esto, pero ¿de verdad te vas a conformar con ser plato de
segunda mano? ¿Con alguien que está contigo porque no le queda otra opción?
—sabía perfectamente que se estaba saliendo de su plan inicial, pero no podía
evitarlo. Esa chica tenía una manera muy extraña de ver las cosas—. Yo sería
incapaz de estar con alguien que no me quiere que no me pone por
encima
de todo. Y tu deberías querer lo mismo.
—Pobrecita
ingenua, de verdad crees que Kiran te quiere. No seas estúpida, nosotros no
somos capaces de sentir esos sentimientos inútiles. Si es caso te ve como una
obligación, ya que los ancianos le ordenaron cargar contigo.
—Si
puede que tengas razón, al principio las cosas eran así. Pero después cambio
—le dijo mirando a su alrededor, por primera vez desde que había recuperado el
conocimiento. La había llevado a una especie de motel de mala muerte, vete tú a
saber dónde. Sería muy difícil que Kiran diera con ella. Porque estaba
convencida de que la estaría buscando—. Eso es lo que suele
pasar
cuando dos personas se conocen y empiezan a gustarse.
—Si
es lo que quieres creer allá tú. La verdad es que solo sois el envase de
nuestro alimento, vamos una simple botella. Y si no te mato yo, en algún
momento Kiran perderá el control y acabara él con tu vida —le dijo Lacey con
una sonrisa irónica en los labios — al final que te mate yo en este momento es
solo adelantar un poco tu final, aparte de hacerle un favor a Kiran, claro, si
te quiere tanto como tú piensas, seria horrible que te matara él —le dijo con
la voz cargada de sarcasmo.
A lo
mejor, en algo si tenía razón, pensó Megan. Kiran tenía miedo de hacerle daño,
lo había notado la primera vez que
le
confeso que deseaba probar su sangre y lo volvió a notar la noche pasada cuando
ella se entregó a él.
Pero
aquel no era el momento ni el lugar de ocuparse de ese problema. Ya tendría
tiempo más adelante si es que conseguía salir con viva de allí. Debía pensar en
una manera de escapar y rápido. Le daba la impresión que lo que le ocurría a
Lacey no se debía solo a unos celos irracionales. Era más bien como si hubiera
perdido la cabeza. No tenía ni idea de cómo iba a conseguir escapar, estaba
claro que Lacey era mucho más fuerte que ella. Quizás si le prometía
desaparecer la soltara. Al fin y al cabo, ella ya había llegado a la conclusión
de que lo suyo con Kiran tenía una fecha de
caducidad
muy corta.
—Solo
puedo decirte, que en eso quizás tengas razón. Kiran podría matarme en un
descuido —empezó a decirle —tú ya me ayudaste a escapar una vez ¿Por qué no
otra? Esa sería una solución perfecta. Yo desaparezco y tú haces lo que quieras
con Kiran —dios como le había constado decir aquellas palabras.
—No
tendrás tanta suerte esta vez. Eso ya lo probamos y te falto tiempo para volver
con él. Además, si ve tu cadáver no perderá tiempo buscándote. No debes
morir
—sentencio mientras se abalanzaba sobre ella.
En
un momento la tenía enfrente lanzándole amenazas y al siguiente estaba sobre
ella intentando clavarle los
dientes
en el cuello. Megan se retorció con todas sus fuerzas, clavando los talones en
el suelo para intentar quitársela de encima. Todo era inútil. Cuando Lacey
clavo sus colmillos en su cuello no pudo evitar un grito de dolor. Aquello no
se parecía en nada a cuando la había mordido Kiran. Había albergado la
esperanza que sería una muerte rápida y sin dolor. Pero parece que Lacey tenía
otros planes. Le estaba desgarrando el cuello y ella no podía hacer
absolutamente nada. Hacia un rato que había incluso dejado de luchar. Ya
bastante
tenía con mantenerse consciente.
De
repente se encontró libre, Lacey había desaparecido. No tuvo tiempo de
saber
que estaba pasando exactamente ya que una negrura espesa se la trago.
26
—Sujetadla,
no permitáis que escape — silencio.
—Maldita
sea tiene que aguantar — silencio
—A
perdido mucha sangre —silencio. —No, me niego, no va a morir — silencio.
—Está
estable, la transfusión ha funcionado —silencio.
—Sigue
inconsciente, ¿por qué no se despierta? —silencio.
Le
dolía todo el cuerpo, se sentía como si le hubieran dado una paliza. Despacio
miro a su alrededor. Parpadeo varias
veces
para convencerse que lo que estaba viendo era real. Estaba en su habitación, en
su casa ¿Cómo había llegado hasta allí? Recordaba a Lacey intentando matarla, y
luego nada. Intento incorporarse, pero su cuerpo no colabora con ella. Se
sentía como un bebe indefenso.
—¡Con
cuidado! Todavía tiene que recuperar fuerzas —le dijo de repente una
desconocida que había entrado en su habitación sin siquiera pedir permiso.
—¿Quién
es usted? ¿Cómo ha entrado en mi casa? —le pregunto Megan. No conseguía
entender nada.
—¡Ay,
señorita! Ya sabe, ese amigo suyo tan guapo me contrato para cuidarla. Le
dieron el alta en el hospital ayer y su
amigo
tenía un viaje urgente programado que no podía cancelar —le estaba explicando
aquella desconocida.
—¿Mi
amigo? ¿Hospital? —repitió Megan llevándose una mano a la frente. Le estaba
empezando un dolor de cabeza horrible.
—¡Ay,
pobre! Es normal que este algo desorientada. Lleva muchos días inconsciente.
—¿Cuántos
exactamente? —pregunto Megan desesperada.
—Casi
dos semanas. Pero ya vera con mis cuidados estará como nueva en un periquete.
No se preocupe por nada, señorita. Ahora solo debe pesar en recuperarse.
Hacia
dos días que había despertado y aunque gracias a los cuidados de su enfermera
recuperaba fuerzas con rapidez, todavía no se había levantado de su cama más
que para ir al baño. Y eso porque no le quedaba más remedio. Sabía que cuando
tuviera que despedirse de Kiran iba a ser duro, pero nunca pensó que dolería
tanto. Era como si su vida hubiera llegado a su fin. No tenía hambre, no podía
pensar, se pasaba las horas tumbada en la cama mirando al vacío. Como podía
haberla dejado así, sin tan siquiera una nota para despedirse. Había
desaparecido de su vida sin más. Tan poco le había importado, tan equivocada,
tan ciega, había estado. Lacey había tenido razón
desde
el principio, solo había sido su juguete nuevo. Y cuando se había cansado de la
novedad la había hecho a un lado. Sin remordimientos, sin preocupaciones. Como
quien se deshace de un juguete roto.
Sentía
una gran opresión en el peso. No podía seguir así mucho tiempo más y lo sabía.
Pero por más que intentaba sobreponerse no lo conseguía. La pena y la
autocompasión era sus compañeras ahora.
—Señorita,
va siendo hora que se levante y haga algo de ejercicio —le dijo su enfermera
con su sonrisa perpetua en los labios.
—Ahora
no me apetece, Agnes. Quizás más tarde —le respondí ella apática.
—A
no, señorita —le replico Agnes — cuando el señor vuelva a llamar quiero poder
decirle que está usted en plena forma.
—¿A
llamar? ¿Cuándo ha llamado Kiran? ¿Por qué no me ha dicho nada antes?
—Ha
llamado esta mañana, cuando usted dormía. Lo tiene usted muy preocupado. O sea
que pórtese bien y levántese de una vez de esa cama. Y de paso deje de
comportarse como un alma en pena —le dijo retirando el edredón de la cama con
un tirón enérgico —y no me mire así chiquilla. Si se ha peleado con su hombre
por algo, el tiempo lo arreglara. Se nota a la legua se ese hombre moriría por
usted.
—Su
tanto me quiere, ¿Por qué se ha marchado, Agnes? —dijo Megan rompiendo a llorar
por fin. Llevaba tanto tiempo reteniendo la pena en su interior.
—Venga,
venga, ya está, señorita. No llore más. No sé qué ha pasado entre ustedes. Pero
le puedo asegurar que ese hombre la quiere con locura. Uno no se molesta en
contratar enfermas privadas y en llamar para preguntar por sus avances si la
persona no le importa de verdad.
Megan
intento retener su llanto con todas sus fuerzas. Agnes no entendía nada, Kiran
simplemente se sentía culpable porque ella casi había muerto por su culpa.
Liberar las
lágrimas también la había
vaciado
por dentro. Un vacío que agradeció con toda su alma. Mejor eso que el dolor
sordo que le oprimía el corazón días atrás.
27
—Señor,
siento tener que molestarle, pero no sé qué hacer.
—¿Qué
ocurre Agnes? ¿Le ha pasado algo a Megan? —Kiran había sentido una punzada de
pánico cuando vio quien llamaba. Siempre era él quien llamaba para preguntar
por los progresos de Megan.
—Vera
señor, la señorita salió esta mañana. Por más que le he dicho que era demasiado
pronto no me ha hecho caso.
—¿Qué
quieres decir con que salió esta mañana? ¿Dónde diablos ha ido?
—La
señorita ha dicho que iba a buscar
trabajo.
Que no podía permitir que la mantuvieran, que ella no era ninguna mendiga ni
necesitaba la caridad de nadie —le explico Agnes, si de acuerdo estaba siendo
un poco colorida en su explicación, la niña no había dicho esas palabras, pero
si las había podido leer en sus ojos. A veces un empujoncito a tiempo arreglaba
muchas cosas.
—Pero
que le pasa a esa humana, quiere acabar en el hospital otra vez —estaba
renegando Kiran al otro lado de la línea —en cuanto vuelva no la deje salir de
nuevo, aunque tenga que atarla a la cama. En unas horas estaré allí —le dijo
Kiran y colgó el teléfono sin esperar respuesta.
Vaya,
pensó Agnes mirando el auricular,
eso
sí es un hombre enamorado.
Maltita
mujer, había pasado unas semanas horribles. Primero temiendo por su vida, y
cuando estuvo claro que se iba a recuperar, con la decisión que tuvo que tomar
para asegurar su seguridad. Era lo más difícil que había tenido que hacer en su
vida. Y que, hacia ella, poner en peligro su salud por cabezota. Cuando le
pusiera las manos encima le iba a dejar las cosas bien claritas.
Maldita
fuera, donde se había metido. Había llegado a su apartamento hacia horas y
había tenido que mandar a Agnes a su casa porque estaba cansado de oírla decir
que sería mejor que se sentase,
que
iba a desgastar la alfombra. Como iba a sentarse, ya había atardecido y todavía
no había dado señales de vida. Iba a estrangular solo por el mal rato que le
estaba haciendo pasar.
—¿Qué
haces tú aquí? ¡Sal de mi casa! —le grito Megan.
Por
un momento le había parecido estar soñando. Había deseado tantas veces que
estuviera allí, con ella.
Estaba
tan concentro en sus pensamientos que no la había oído entrar. Y encima le
estaba gritando a él, a él que llevaba horas esperándola.
—¿Qué
que hago yo aquí? —le grito él a su vez —¿Qué crees que estás haciendo tú? Hace
apenas dos días ni le levantabas de la cama y ahora sales a
buscar
trabajo —le dijo apretando los puños a los costados —mírate tienes un aspecto
horrible. Se puede saber que pretendes ¿Caer enferma? ¿Es eso lo que quieres?
Como
se atrevía, no tenía ningún derecho a meterse en su vida y si alguna vez lo
tuvo lo perdió al dejarla como lo había hecho. Y esta vez se lo iba a dejar
bien claro.
—Sera
mejor que te vayas que aquí, no te debo ninguna explicación ni te la voy a dar.
O sea que desaparece, eso se te da bien.
Aquella
afirmación fue como recibir una puñalada, es que aquella humana nunca entendía
nada.
—Maldita ciega, cabezota ¿Qué se
suponía
que tenía que hacer? Dejarte allí rodeada de peligro por todas partes, para que
cualquiera pudiera volver a hacerte daño —mientras hablaba todo el miedo pasado
se fue reflejando en su voz —¡Casi te pierdo! —le grito — estuviste a punto de
morir — su voz se quebró en ese momento. Solo quería abrazarla y no soltarla
nunca.
A
Megan le pareció ver el amor que sentía por ella reflejado en sus ojos, pero ya
no se fiaba de sus sentidos. Ya se había equivocado demasiadas veces.
—¿Qué
quieres de mi Kiran? —le pregunto apoyando la mano en su mejilla.
—Me
conformo con que me quieras la mitad de lo que te quiero yo a ti —le
contesto
Kiran mirándola a los ojos. —Entonces, nunca más vuelvas a alejarme de ti —le
dijo. Y entonces le beso. Y le beso hasta quedarse sin aliento.
Kiran
la levanto entre sus brazos y la hizo girar hasta arrancarle carcajadas de
felicidad.
—¿Y
ahora qué? —le pregunto una vez pudo volver a hablar.
—Ahora,
—le contesto Kiran, mirándola directamente a los ojos — afrontaremos el futuro
juntos.
Epilogo
Los
ancianos había decidido que la idea que les había sugerido Kiran era la mejor
opción.
En
cuanto dictaron la nueva ley, los efectos de la enfermedad parecieron remitir
poco a poco.
Por
supuesto Lacey fue condenada a muerte, su falta había sido demasiado grave para
otra sentencia.
La
vida de Megan y Kiran no fue un camino de rosas, pero si algo les había
enseñado la experiencia es que debían luchar por lo que querían. Su amor era
fuerte y sabrían capear el temporal.
Aunque
qué vez en cuando Kiran siguiera comportándose como un neandertal. Hombre, que
se le va a hacer.


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