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Libro N° 6111. ¿Qué Quieres De Mí? Orvay, Mary.

Libro N° 6111. ¿Qué Quieres De Mí? Orvay, Mary.

 


© Libro N° 6111. ¿Qué Quieres De Mí? Orvay, Mary. Emancipación. Junio 15 de 2019.

Título original: © ¿Qué Quieres De Mí? Mary Orvay

 

Versión Original: © ¿Qué Quieres De Mí? Mary Orvay

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://docer.com.ar/doc/55xx

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿QUÉ QUIERES DE MÍ?

Mary Orvay

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Título: ¿Qué quieres de mí?

 

©  2016, Mary Orvay ©De los textos: Mary Orvay

Ilustración de portada:

 

Revisión de estilo:

 

1ª edición

 

Todos los derechos reservados

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A mi pequeño tesoro.

 

M.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Índice.

 

Prologo

 

1

 

2

 

3

 

4

 

5

 

6

 

7

 

8

 

9

 

10

 

11

 

12

 

13

 

14

 

15

 

16

 

17

 

18

 

19

 

20

 

21

 

22

 

23

 

24

 

25

 

26

 

27

 

Epilogo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prologo

 

A veces la oscuridad nos transmite paz y tranquilidad.

 

En cambio, otras veces el silencio de la noche, esconde seres que se ocultan en la siniestra oscuridad.

 

¿Quién sabe lo que se esconde entre las sombras? Criaturas atroces que harían que hasta la sangre del más valiente se helase en sus venas, o quizá monstruos con un disfraz tan perfecto que ni el más observador vería a través de su perfecto disfraz.

 

Ángel o demonio, quien se oculta en la noche. Nadie lo sabe.

LO SABES TU.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

 

Megan siempre había disfrutado del silencio de la noche. Después de pasar prácticamente toda la noche encerrada en ese tugurio en la que se veía obligada a trabajar era prácticamente un regalo la paz y la tranquilidad que encontraba en el camino de vuelta a su pequeño apartamento. Justo antes del amanecer cuando todo está en silencio, ella podía olvidar por un momento en la miseria que se había convertido su vida, caminando en la oscuridad con la única compañía del eco de sus pisadas podía volver a una época donde todavía existía la esperanza. Esperanza de un

 

 

futuro mejor. Esperanza de poder salir de su eterna oscuridad.

 

Pero esa noche era diferente, donde antes las sombras le proporcionaban paz y tranquilidad hoy no podía desprenderse de una sensación de desasosiego. Algo no estaba bien, era como si no estuviera sola, como si las mismas sombras hubieran cobrado vida.

 

Acelero el paso, debía llegar cuanto antes a su apartamento donde tendría una puerta que cerrar a su espalda, donde podría recuperar su tranquilidad.

 

Pero sus pasos acelerados no la llevaron lo suficiente lejos, en el silencio de la noche empezó a escuchar las pisadas de sus perseguidores, cada

 

 

vez más cerca cada vez más rápido. Empezó a correr de forma casi

 

caótica, siempre elegía ese camino para regresar a casa, era más tranquilo que la calle principal, con sus bares y sus clubes. Ahora rezaba con cruzarse con alguien, cualquiera le hubiera servido solo necesitaba una mano amiga, no sabía porque, pero estaba convencida de que si sus perseguidores la alcanzaban algo horrible iba a ocurrir.

 

—No correas pequeña, solo queremos jugar un poquito.

 

En el sonido de aquella voz se podía palpar el mal. No sabía que había hecho para atraer a aquellos locos, pero estaba convencida de que su vida corría un serio peligro si no lograba escapar.

 

 

—Venga muñequita, porque corres, ¿no quieres jugar con nosotros?

 

Sentía el rugido de la sangre en sus oídos, el miedo era tan intenso que empezaba a ver puntos negros. Estaba a punto de desmayarme por el pánico. Debía concentrarse y empezar a respirar, debía llegar a su pequeño apartamento como fuera, o al menos salir a la avenida principal y conseguir ayuda.

 

De repente uno de sus perseguidores apareció delante de ella cortándole el paso.

 

—¿Dónde vas con tanta prisa pequeña, no quieres jugar con nosotros un ratito? —le pregunto el hombre, si es que a aquel ser se le podía llamar

 

 

hombre. Tenía un aspecto espeluznante que ponía los pelos de punta solo con mirarlo a sus extraños ojos inyectados en sangre.

 

—¡Dejad me en paz! ¿Qué queréis de mí? — Megan notaba que su nivel de ansiedad iba subiendo por momentos si no lograba contralar sus nervios la situación de por sí difícil se le escaparía entre los dedos. No son más que unos drogadictos pensó, dales el dinero que llevas y huye.

 

—Solo tengo un par de dólares — dijo intentando negociar con ellos, pero son vuestros, solo dejadme en paz y os daré todo lo que llevo.

 

—Que te hace creer que queremos tu dinero, zorra estúpida—. dijo el otro a

 

 

sus espaldas.

 

Dios mío estaba rodeada no tenía escapatoria. Estúpida de mí, me he metido en un callejón oscuro donde nadie puede ayudarme.

 

—¿Qué queréis entonces, porque no me dejáis en paz? Yo no os he hecho nada.

 

—Pero ya te lo hemos dicho pequeña, queremos jugar.

 

De repente el que estaba a su espalda se abalanzó sobre ella inmovilizándola. La sujetó por detrás aprisionándole los brazos contra su cuerpo. Megan empezó a chillar y forcejear con él, pero todo era inútil. Tenía una fuerza sobre humana para lo delgado que estaba y no consiguió ni

 

 

hacerlo trastabillar.

 

—Dios, que bien hueles. Dulce con el justo toque de miedo. Vas a resultar un tentempié fantástico.

 

—Roger no se te ocurra empezar sin mi amigo, comparte la comida tío.

 

Dios de qué diablos estaban hablando aquellos locos. Qué clase de sicopatías eran, de que manicomio se habían escapado. No podían estar hablando en serio. Comida, ella no era comida. Realmente estaba metida en un lio mayor del que creía, no se libraría de esos locos ofreciéndoles dinero, tendría que pelear por su vida si quería tener alguna posibilidad de salir de allí con vida.

 

Intento concentrarse y recordar algo

 

 

de lo que había aprendido en sus clases de defensa personal, pero su mente estaba en blanco.

 

No dejaban de reírse de una manera tan siniestra que no podía recordar ni su nombre, menos lo que aprendió en unas clases años atrás.

 

De repente todo se aceleró, empezaron a pelearse por ella, tirando de ella como de si de un muñeco de trapo se tratara. Cada uno estirando de un brazo, peleando por quien sería el primero en saborear su comida.

 

Sintió un horrible dolor en su brazo izquierdo seguido de uno más terrible en el cuello. Ese monstruo le había mordido en el cuello, sentía como algo cálido y pegajoso le resbalaba hacia

 

 

abajo, hacia su clavícula. Se iba a desmayar, el dolor era insoportable no saldría de aquel callejón con vida.

 

De repente estaba tirada en el suelo, sus captores estaban gruñendo como perros rabiosos. Entre la niebla que nublaba su visión le pareció distinguir a un grupo de personas, policías pensó su cerebro un momento antes de perder el conocimiento.

 

—No podéis quitárnosla, nosotros llegamos primero —rugió una de los asaltantes.

 

—Estúpidos no estamos aquí por la chica, habéis incumplido la ley y vais a morir por ello.

 

—¿Qué ley? Somos cazadores, cazamos para sobrevivir. Las estúpidas

 

leyes del consejo van contra nuestra naturaleza.

—El consejo es la ley, no podéis cazar en la ciudad. La pena por desobedecer al consejo es la muerte. ¡Preparaos para morir!

 

—No podéis hacerlo.

 

—Yo creo que sí.

 

Todo paso con tal rapidez que ningún ojo humano habría sido capaz de seguir la escena. Todo acabo tan rápido como había empezado en un instante los agresores eran polvo suspendido en el aire.

 

—Tendríamos que limpiar esto, ¡deshacernos de la chica! A las afueras de la ciudad hay un vertedero.

 

—De que hablas Lacey no vamos a matar a esta chica seriamos como ellos.

 

—En una cosa tenían razón, nosotros somos predadores ella simplemente es comida.

 

—No vamos a matarla Lacey. Eso no es lo que dicta el consejo.

 

—El consejo se ha vuelto loco. No podemos convivir con los humanos son nuestra comida. Nada más, y nunca lo serán por mucho que el consejo se empeñe.

—Eres un guerrero estas al servicio del consejo, lo que estas sugiriendo es alta traición ¿Quieres morir Lacey?

 

—Sabes que Kiran si tanto de importa, ocúpate tú de la humana. Tú lo

 

 

has dicho soy un guerrero no una niñera. Kiran sacudió su cabeza, Lacey iba a  acabar  muy  mal,  si  el  consejo  se

 

enteraba de sus ideas subversivas. Los tiempos cambiaban ya no vivían en la edad media. Debían adaptarse a su

 

tiempo. Los humanos habían evolucionado desde la antigüedad. Diseñaban armas mortales incluso para ellos. Si no protegían el secreto de su existencia supondría su extinción.

 

Él tampoco era un fan incondicional de esos seres inferiores, pero comprendía el punto de vista del consejo.

 

Kiran se agacho y levanto a Megan entre sus brazos. El mordisco era grave pero no mortal, esos imbéciles también

 

 

le habían sacado el hombro de su sitio. Tendría que pensar que hacía con ella. Vio un bolso en el suelo, al revisarlo vio que era el de la humana.

 

—Si —pensó, eso sería perfecto, la llevaría a su casa, le curaría las heridas. Y cuando estuviera a salvo y fuera de peligro desaparecería. Así de sencillo.

 

Megan noto que estaban moviéndola, un dolor atroz le recorría el

 

brazo izquierdo. Apenas había recobrado la conciencia cuando volvió a desmayarse por culpa del dolor.

 

Cuando por fin recupero la conciencia estaba sola en su apartamento, parecía que alguien le había limpiado la herida del cuello.

 

No sabía cómo había llegado hasta

 

allí. Corrió como pudo hasta la puerta de su apartamento y echo la llave, pese a estar en casa a salvo, no lograba sentirse segura. Cogió el teléfono y llamo a un servicio de taxis, tenía que ir a un hospital, el brazo le dolía de una manera horrible y no estaba segura de que la mordedura del cuello, pese a que parecía que se la habían limpiado, estuviera mucho mejor. Pero no estaba dispuesta a esperar en la calle a que apareciera el taxista. Le dio la dirección a la compañía de taxis especificando que el taxista debía llamar a su portero automático cuando llegara.

 

Su paso por el hospital fue agotador, tenía el hombro izquierdo dislocado y la mordedura del cuello estaba bastante

 

mal. No consiguió convencer a los médicos de que la había mordido un hombre, si es que a aquel ser se le podía llamar hombre. Creían que tenía estrés, que estaba en estado de stock por culpa del miedo que había pasado después del ataque. En el parte de la policía como causa del traumatismo figuraba, ataque de un animal.

 

Cada sonido fuerte la exaltaba, estaba muerta de miedo, los médicos le recomendaron que se apuntara a un grupo de apoyo, le ayudarían a superar la ansiedad del ataque. Aceptó la tarjeta con el número de teléfono del psicólogo llamo a un taxi para que la llevará casa. En cuanto entre en su apartamento rompió la tarjeta en mil pedazos, ella no

 

estaba loca, sabía perfectamente lo que le había pasado. Lo que necesitaba era aprender a protegerse y sabía por dónde iba a empezar. Encendió su ordenador y busco una empresa experta en seguridad, necesitada con urgencia cambiar las cerraduras de su apartamento. No recortaba como había llegado a su casa, ni como había conseguido librarse de sus agresores, lo que estaba claro es que alguien la había llevado hasta allí.

 

Debía cambiar todas las cerraduras con urgencia, era lo primero que pensaba hacer. Cuando pudiera volver a sentirse segura en su propia casa podría empezar a pensar en protegerse también en la calle.

 

No volvería a dejar que el miedo la

 

 

enclaustrara en su propia casa. Otra vez no.

 

—Megan, deberías tomártelo con más tranquilidad hace seis meses que te apuntaste al gimnasio y te pasas aquí todas las horas libres que tienes al día. Entrenas tantas horas que ya podrías dar tú las clases. El Krav maga no es un deporte, es una completa arte de defensa personal basada en el ataque rápido y definitivo. No puedes obsesionarte con tu defensa, es como si tuvieras miedo a salir a la calle.

 

—No digas tonterías Mike, tú mismo lo has dicho, podría dar clases, de que tendría que tener miedo —hacía ya seis meses del ataque y todavía sentía

 

 

miedo cuando lo recordaba pensó Megan contrariada.

 

—Solo quiero asegurarme que no te obsesiones. No sé si te abras dado cuenta, pero me gustas bastante —dijo Mike casi atragantándose con las palabras.

Pese a ser un hombre fuerte y capaz de hacer frente a cualquier situación peligrosa a la hora de tratar con una mujer hermosa su convertía en un completo patán.

 

Seguramente por la dulzura que se podía intuir con solo mirarlo a los ojos Megan habría podido conseguir confiar en él, si su instinto no le aconsejara lo contrario.

—Mike, de verdad, te lo agradezco,

 

 

pero estoy bien. Y tú también me caes muy bien—. dijo Megan en un susurro. No era una mentira propiamente dicha, sí que le caía bien, solo que por alguna extraña razón no podía confiar plenamente en él.

 

—Bien, eso es fantástico ¿Te caigo lo suficientemente bien como para ir a cenar juntos? —le pregunto Mike sonriendo.

 

—Mike, veras yo, no sé cómo — empezó a decir Megan sin saber muy bien como esquivar el tema.

 

—No te preocupes Megan lo entiendo, conozco la cancioncilla, me caes bien, pero como amigos.

 

—No, Mike no lo entiendes. Me paso algo hace un tiempo y…

 

—Lo sabía ese es el motivo de que entrenes tanto ¿verdad? —dijo Mike mirándola fijamente a los ojos. Parecía que quisiera ver su alma. —Si no me lo quieres contar en este momento, da igual. Pero que sepas que estoy aquí.

 

—Gracias —fue lo único que Megan fue capaz de decir, no estaba preparada para volver a hablar de aquella noche. Y menos de su traumática infancia. No creyó que pudiera soportar que la volvieran a tachar de loca.

 

2

 

Kiran se sentía inquieto desde hacía ya un tiempo y no encontraba una razón para su inquietud.

 

—¡Kiran! —lo llamo Lacey —te esperan en la sala del consejo.

 

Kiran miro a Lacey con mala cara, su manera de ver las cosas cada vez le desagradaba más. Era su segunda al mando, pero eso no significaba que le tuviera que gustar su manera de pensar.

Como si los humanos solo fueran ganado, una vaca no tiene sentimientos, los humanos sí.

 

Si al final el consejo podía imponer

 

 

su nueva política todo sería mucho más fácil. Podía ser que la transición fuera más sencilla si el consejo desvelaba lo descubierto en los pergaminos perdidos, pero de momento querían guardar el secreto. Solo unos pocos elegidos sabían la verdad, y él se encontraba entre ellos solo porque era el jefe del escuadrón de la muerte.

 

Y quizás fuera lo mejor porque hasta

 

el momento la profecía era prácticamente imposible de descifrar.

 

—Me dirigía hacia allí en este momento. De todas maneras, gracias por avisarme—. Le respondió Kiran

 

—Kiran, ¿Cuándo te vas a decidir a emparejarte conmigo? Somos perfectos el uno para el otro—. Dijo Lacey con un

 

 

hollín en los labios.

 

—Lacey, ya te he dicho que no busco pareja. Deberías empezar a buscar en otro lado. Y ahora si no te importan, creo que me esperan—. Se despidió Kiran acelerando el paso.

 

De un tiempo a esta parte la insistencia de Lacey para que se emparejaran cada vez le resultaba más insoportable.

 

Llamo a la puerta de la gran sala siempre cerrada y espero a que le permitieran acceder a ella. Las grandes puertas se abrieron dándole paso. La sala era enorme y como siempre solo estaba ocupada por tres sillas similares a tres tronos donde se hallaban sentados

 

 

los ancianos, solo tres. En otros tiempos el consejo estaba compuesto por siete ancianos. Pero eso fue antes de que se raza empezara a perecer. De ahí la importancia de la profecía, todas sus esperanzas estaban puestas en ella, y en que fueran capaces de interpretarla correctamente. Si fracasaban seria su fin. Ya estaban muriendo, poco a poco pero así era.

 

—Acércate, hijo mío —dijo Seth, el más anciano de los miembros del consejo. Quiero que leas atentamente el pergamino perdido, quizás la sangre joven es lo que necesitamos para interpretar la profecía.

 

Sangre joven, no realmente Kiran hacía tiempo que había dejado de

 

sentirse joven. Pero no sería él, el que llevara la contraria a los ancianos.

 

—Señor, como desee— respondió con voz queda.

 

—Hijo recuerda que lo que se diga aquí no puede salir de esta sala. Bajo pena de muerte.

 

—Lo comprendo mi señor. —Entonces gran guerrero coge el

pergamino y lee. Hazlo con todos tus sentidos puesto en ello, y dinos qué significado tiene para ti.

 

Kiran se acercó al atril colocado en una esquina de la gran sala, protegido por un cristal se encontraba su salvación, o eso creían los ancianos.

 

Escuchad me hijos míos. Estáis malditos por los pecados de vuestra madre, contradije los dictados de mi padre, fui en contra de su voluntad, y vosotros mis queridos niños pagares por mis pecados. Castigados a vagar eternamente por el camino de los tiempos hasta que logréis redimir mi pecado. Debéis encontrar el camino del corazón hijos míos, ya que

 

solo comprendiendo la humanidad que habita en vosotros la maldición se revertirá. Pero si no lo conseguís vuestro destino será el olvido eterno. Este es mi legado y no sabéis como me arrepiento.

 

 

Lilith

 

 

 

—Y bien hijo mío, dimos ¿Qué piensas? —No lo comprendo, la respuesta

 

está en nuestro corazón. Eso no tiene sentido.

 

—Creemos que la clave de nuestra salvación está en los humanos—le refuto Seth el más mayor de los ancianos.

 

—Pero no habla de humanos, sino de humanidad. Quizás, y con esto no quisiera ofenderos mi señor, la profecía no tiene nada que ver con los humanos

 

—. Se atrevió a decir Kiran, pese a que sus ideas contradecían a de los ancianos.

 

—No hijo mío, piensa ¿Cuál es la diferencia principal entre nosotros y los humanos?

 

—No sé, su debilidad—. contesto Kiran dubitativo.

 

—Esa no es la diferencia principal Kiran, no nos defraudes y piensa.

 

Ellos ya tenían la respuesta y por alguna razón querían que el llegara a la misma conclusión, pero, ¿Cuál era la respuesta adecuada?

 

Los humanos eran débiles, sus vidas eran frágiles y extremadamente cortas, comparadas con las suyas. Y para más males esos insensatos se dejaban guiar por sus sentimientos ….

 

—Ellos siente —exclamo antes de recordar donde se encontraba.

 

—Eso es Kiran, ellos sienten. Se guían por lo que les dicta su corazón. Creemos que hay está la clave.

 

—¿Y que  se  supone  que  debemos

 

hacer, maestro? No lo comprendo. Nosotros somos cazadores, guerreros. En nuestra naturaleza esta la lucha, no nos guiamos por cosas tan superfluas como la compasión —pregunto Kiran. No conseguía entender donde querían llegar los ancianos.

 

—¿Sabes cuál fue el pecado por el que fue castigada nuestra madre, guerrero? —le pregunto el anciano, lo miraba tan fijamente que parecía que

 

quisiera extraer la respuesta directamente de su cerebro.

 

—Todos conocemos nuestra historia, maestro, nuestra madre fue expulsada del paraíso por querer hacer su voluntad, sin tener en cuenta los sentimientos ni deseos de su pareja —

 

 

respondió Kiran. Seguía sin entender donde querían llegar.

 

—Nosotros creemos que la profecía está clara, debemos aprender de los humanos. Debemos aprender todo de lo que carecemos. Y por eso te hemos escogido a ti, nuestro guerrero más poderoso.

 

—Sabéis que estoy a vuestro servicio. Pero perdonadme si mi pregunta os suena a insolencia ¿Qué debo hacer yo? No soy más compasivo que cualquiera de ustedes maestro—. Kiran espero no haberlos ofendido, la verdad no tenía ganas de morir.

 

—Hace unos meses nos entregaste un informe de unos altercados provocados en el centro por unos

 

rebeldes, estuvo implicada una humana. —Sí, los rebeldes recibieron su

 

castigo….

—Lo sabemos Kiran. No se trata de los rebeldes sino de la mujer. Tú la llevaste a su casa, ¿no es así?

 

—Si mi señor, así fue —Kiran tenía el presentimiento que la orden de los ancianos no le iba a gustar.

 

—Entonces sabes dónde encontrarla, y te debe estar agradecida. Debes entrar en contacto con ella y aprender de ella. Para después poder enseñarnos.

 

—Así se hará —fue lo único que fue capaz de contestar.

 

Le  estaban pidiendo un imposible,

 

pero él no se podía negar.

 

 

3

 

Hacía días que se sentía observada. Ya no sabía si realmente se estaba volviendo loca. Cuando volvía a casa, siempre por las calles mejor iluminadas, se sentía vigilada.

Y Mike seguía intentando quedar con ella de forma sutil, eso sí. Que, si se nos ha hecho tarde y esta oscuro, yo te acompaño. Quizás debería decirle que sí, si esa extraña sensación persistía se lo plantearía seriamente, lo que no quería era darle falsas esperanzas. Mike le caía muy bien, y era un gran profesor, pero nada más. Todavía persistía esa sensación que le recordaba que no debía

 

 

confiar en él.

 

 

Acelero el paso para llegar cuanto antes a casa. Cada vez si sentía más inquieta. Era como si alguien la tuviera sometida a una vigilancia constante.

 

Desde el ataque había conseguido tomar el control de su vida otra vez, pero ahora cada vez le daba más la sensación de estar perdiéndolo.

 

Cuando llego a su apartamento se aseguró de cerrar todos los cerrojos. Se había convertido en un ritual para ella, ya era como respirar. Estaba a punto de ir a la cocina a hacerse un té cuando sonó el teléfono, del susto casi se le sale el corazón por la boca.

 

Por dios Megan, tranquilízate. Solo

 

es el teléfono.

 

—Hola Megan, ¿Cómo estás? — dijo Mike desde el otro lado de la línea.

 

—Hola Mike. ¡Que ahí!

 

—Veras es que ponen una película nueva en el cine del centro y había pensado que quizás te gustaría….

 

—Sabes que Mike, que sí que me apetece ir al cine. No tengo ganas de estar sola. Pero que quede claro que solo vamos como amigos —dios que bicho le había picado aquello no podía ser buena idea. Que pasaba con ese instinto suyo que le decía que no podía confiar en él. Bueno en ese momento le importaba mas no estar sola.

 

—Por  supuesto  Megan,  te  paso  a

 

 

recoger dentro de media hora si te parece bien.

 

—De acuerdo Mike, solo como amigos.

 

—Solo como amigos.

 

Megan cogió su bolso, volvió a ponerse su chaqueta y bajo al portal para esperar a Mike. La compañía le sentaría bien. Quizás esa extraña sensación de sentirse vigilada se debía a que pasaba demasiado tiempo sola sumergida en su mundo. Solo esperaba no haber cometido un gran error.

 

La película estuvo realmente bien, no creía que se lo podía pasar tan bien con Mike. Pero la verdad es que había sido una forma magnifica de desconectar de

 

sus problemas. Quizás era lo que siempre había necesitado, hacer amigos, un poco de vida social para dejar de pensar en sí misma. Para dejar de centrarse en sus problemas.

 

—¿No ha sido tan malo, ¿verdad? —le pregunto Mike con una sonrisa traviesa.

 

—No, la verdad es que me lo he pasado muy bien—. Y para su sorpresa estaba diciendo la verdad.

 

—Entonces, la próxima vez ¿Podrías ir a cenar primero? Un paseo, no se quizás……

 

—Mike—. Megan suspiro— habíamos quedado que solo seriamos amigos. Creía que lo tenías claro.

 

 

—Y lo tengo, pero porque cerrarnos puertas antes de hora solo salgamos y a ver qué pasa. ¿Qué te parece?

 

— No quiero que suframos ninguno de los dos. Creo que es cruel salir contigo en plan novios cuando no tengo ninguna intención de tener novio ni ahora ni en mucho tiempo— repuso Megan convencida de que su réplica era totalmente cierta.

 

—Por qué no me dejas eso a mí— le dijo Mike, sonriéndole— no pienses en novios ni en nada parecido, solo somos nosotros pasándolo bien. Y si tiene que suceder algo sucederá y si no, también estará bien. Trato hecho.

 

Megan se quedó mirando la mano extendida de Mike sin saber muy bien

 

que hacer. Era un trato arriesgado, podía ser un auténtico desastre, pero realmente se lo había pasado muy bien. Después de pensarlo un momento más le estrecho la mano. Esperaba no tenerse que arrepentir.

 

Y las cosas quedaron así, en un extraño pacto que no sabía si debía haber firmado. Era verdad que contar con alguien le hacía más llevadero el día a día. Seguía sin poderse quitar la sensación de que la estaban vigilando, pero gracias a la presencia constante de Mike no se estaba volviendo completamente loca. Si hubiera estado sola ya se abría encerrado bajo siete llaves.

 

Todavía no le había dicho nada sobre su presentimiento, no quería que pensara mal de ella, como que tenía problemas mentales o algo peor, pero sabía que debía decírselo a alguien y pronto. Porque cada vez sentía la amenaza más cerca.

 

 

4

 

No entendía nada, todo aquello era una gran pérdida de tiempo. Los ancianos estaban muy equivocados si realmente creían que de aquella humana podrían sacar la respuesta a la profecía.

La verdad es que era bastante aburrida, al principio solo iba de casa al trabajo y del trabajo a casa. Pero después apareció ese otro humano, se podía tener peor gusta, y empezaron a hacerlo prácticamente todo juntos. La verdad es que al espécimen de macho humano se le veía bastante pendiente de su humana, siempre la estaba observando cuando ella no estaba

 

 

pendiente, siempre intentando tocarla. No podía entender porque ella se dejaba manosear así.

 

Pero claro se suponía que por eso la estaba observando continuamente, para aprender, para descubrir sus secretos. Ojalá los ancianos hubieran elegido a otro para llevar a cabo esa descabellada misión.

 

Seguía sin encontrarle ningún sentido, que se podía sacar en claro de saber que a la humana le gustaba el café solo. O saber que su color favorito era el rojo y muchas más chorradas similares.

 

Pero debía dejar de divagar, ya estaban otra vez. Que sería ahora, cine otra vez, cena, paseo por el parque. La

 

 

verdad estaba ya un poco harto de seguir a la parejita.

 

Vaya parecía que al final sería otra vez el parque. Bueno por lo menos en el parque era fácil pasar desapercibido, nada de colarse en cines, solo un paseo al aire libre.

 

—Dios, ¡Como echaba de menos sus patrullas nocturnas! Una buena cacería siempre te hacia correr la sangre en las venas— pensó Kiran con un suspiro.

 

De repente un movimiento extraño llamo su atención. En las sombras que se estaban creando por el atardecer se ocultaba algo o alguien. Y parecía que el inútil del macho humano no se había

 

dado ni cuenta.

 

—Si estuviera más atento a lo que le rodea en lugar de estar babeando por ella— pensó Kiran— estúpido humano.

 

Al parecen estaban a punto de ser atracados, pero antes de que Kiran decidiera si era necesaria su intervención la escena se aceleró. Los atracadores salieron de entre las sombras dispuestos a conseguir su botín. Para gran sorpresa de Kiran los humanos se deshicieron de sus agresores sin mayor dificultad, incluso la hembra humana parecía una guerrera con

 

aquellos movimientos tan bien ejecutados, donde estaba la criatura frágil que casi muere hace unos meses, si no lo estuviera viendo con sus

 

propios ojos no lo creería ni en un millón de años.

 

Los agresores salieron corriendo con las manos vacías y el macho humano aprovecho el subidón del combate para abrazar a su hembra. Mientras los miraba sin ser visto Kiran sintió como si necesitara separarlos, como si le quemaran las manos por apartar las del macho humano de aquella hembra.

 

Sacudió la cabeza para despejársela de aquella extraña sensación, no entendía que le estaba pasando, era como si le importara lo que hiciera aquella hembra y eso no podía ser, ya que los de su especie solo sentían respeto hacia los ancianos. Los demás no importaban, ni siguiera cuando se

 

emparejaban su pareja tenía la mayor importancia para ellos.

 

Decididamente necesitaba una buena cacería llevaba demasiados días persiguiendo a la humana, un descaso no le iría mal. Por unas horas sin vigilancia no creía que se perdiera nada importante, al fin y al cabo, en dos semanas y media que llegaba siguiéndola no había pasado nada de relevancia.

 

Se pondría en contacto con su unidad, siempre había alguna cacería en marcha, las restricciones de los ancianos cada vez creaban más subversivos y la pena por la desobediencia era la muerte. Él era el ejecutor y le gustaba su trabajo.

 

Como él suponía, Lacey le informo que había una cacería en la zona norte de la ciudad, justo en el otro extremo. Si decididamente era lo que le hacía falta, un cambio de aires. Comunicaría a los ancianos el cambio de planes, para ellos era muy importante que se respetara la ley. Cuando el problema con los rebeldes estuviera resuelto volvería a aquella absurda vigilancia. Al fin y al cabo, solo serían unas horas ¿Qué podía perderse que mereciera la pena?

 

 

 

—Por Dios, Lacey, nos has metido en un nido de serpientes. ¿No habías mandado antes un escuadrón de observación? —

 

 

dijo Mike. Estaba realmente enfadado. Lacey se estaba convirtiendo en una camicace. No sería tan importante si no arrastrara con ella a todo el escuadrón.

—Claro que los mande, por quien me has tomado. La avanzadilla solo vio a tres individuos, ni uno más ni uno menos—. Le respondió Lacey con tono de superioridad.

—Pues ahora son por lo menos veinte. Abra que pensar en algo y rápido. Nos superar en número. Si se dan cuenta de que estamos aquí lo vamos a pasar mal—. No querías algo de acción Kiran, pues aquí la tienes ahora no te quejes, pensó con un suspiro.

 

—¿Qué pasa Kiran, tanto tiempo entre el ganado te ha vuelto débil? —

 

 

pregunto Lacey con una mueca de ironía. —Déjate de tonterías Lacey, esto es serio. Tenemos que desmantelarlos antes de que estén todavía más organizados o esto se convertirá en una revolución en toda regla. Te deje al mando Lacey, se supone que debías controlar la situación,

 

y se te ha ido de las manos.

— No te pongas en plan alarmista, Capitán, que nos conocemos. Si somos menos, tienes razón, pero somos guerreros, los mejores que existen, debería ser pan comido para nosotros. Y si no es así no merecemos pertenecer a este escuadrón—. Replico Lacey con superioridad.

 

—No intentes ocultar tu error con grandes frases Lacey. No hiciste tu

 

trabajo, por eso ahora estamos como estamos. Un día tu prepotencia nos constara muy cara —dijo Kiran. Estaba realmente enfadado, pero no con ella sino con el mismo. Como se le podía haber ocurrido que dejar a Lacey al mando era una buena idea—. Y ahora arreglemos esto. Tú y yo hablaremos más tarde puedes estar segura.

 

La contienda fue larga y pesada como había previsto Kiran desde el principio, pero al final gracias a su destreza superior la victoria fue suya. Sin embargo, no sin pagar un precio, en dos días de reyerta en inferioridad de condiciones, era de esperan. Menos mal que para su raza había pocas cosas

 

 

mortales. Con un poco de reposo y buena alimentación estaría como nuevo en dos días más.

No creía que a los ancianos les hiciera mucha gracia, casi una semana sin tener a su humana bajo control no iba a gustarles, debería hablar con ellos cuanto antes. Pero primero Lacey.

— Lacey, te espero en una hora en mi habitación. Que te miren esas heridas. No te retrases, tenemos que hablar—. Le dijo Kiran utilizando su mejor tono de Capitán del escuadrón.

 

— Claro, Capital, seré puntual—. Le replico Lacey. Ni mucho menos parecía arrepentida.

 

 

Kiran  fue  a  ocuparse  también  de  sus

 

heridas, no tenía ninguna de gravedad, pero había perdido bastante sangre que debería reponer.

 

De improviso alguien llamo a la puerta de su habitación.

 

—Qué extraño —pensó Kiran. Era pronto para que fuera Lacey— Adelante —dijo en voz alta donde paso así a quien fuera que estuviera esperando al otro lado.

 

—Capitán Kiran, los ancianos le esperan en la sala del consejo—le informo un guardia— ahora mismo.

 

—Por supuesto, ahora mismo voy— dijo Kiran.

 

—No  tarde  Capitán,  estaban

 

impacientes.

 

Que querrían con tanta urgencia los ancianos. No podía ser por a ver abandonado la vigilancia. Si no lo hubiera hecho esos rebeldes podrían haberse hecho fuertes y quien sabe lo que hubiera pasado.

 

Más le valía no hacerlos esperar, no sería bueno para su salud y por un día ya había perdido bastante sangre.

 

El mismo guardia que había ido a buscarle a su habitación estaba vigilando la puerta de la sala del consejo.

 

Nada más verle la abrió para él.

 

Aquello le daba muy mala espina.

 

 

Que podía ser tan urgente.

 

—Kiran, te estábamos esperando— exclamo Seth, el portavoz y más anciano de todos ellos—. Dimos hijo ¿Por qué razón has incumplido nuestras ordenes?

 

—Pero mi señor, perdonad mi atrevimiento, pero no esperaríais que no participara en aplacar la rebelión— Kiran estaba realmente sorprendido. No podía ser que le dieran más importancia a una simple humana que al cumplimiento de la ley. La ley para ellos era sagrada. Entonces que estaba pasado.

 

—No Kiran, ese era tu deber. Lo que queremos saber es porque no has cumplido con la misión que te encomendamos.

 

—Señor, estuve hasta hace unos días vigilando a esa humana prácticamente día y noche— exclamo Kiran. Se sentía realmente frustrado.

 

—Basta, Kiran. Nosotros no te pedimos que la vigilaras, sino que contactara con ella. Que aprendieras de ella ¿Cómo piensas que vas a aprender algo escondido entre las sombras? —. Exclamo Seth. Su voz iba subiendo de volumen a medida que su discurso avanzaba.

 

—Mi señor— dijo Kiran con sincero arrepentimiento en la voz—me disculpo, no entendí bien lo que esperabais de mí. No volverá a ocurrir. Tenéis mi palabra.

 

—Realmente  eso  es  lo  que

 

esperamos de ti. No vuelvas a fallarnos. El tiempo, antes nuestro amigo, corre en contra nuestra. Debes reunirte con la humana cuanto antes. Esperamos resultados pronto. Y ahora retírate.

 

—Si Señor, a su servicio mi señor

 

—. Dijo Kiran haciendo una pequeña reverencia con la cabeza antes de retirarse, como le habían ordenado.

 

Kiran empezaba a cuestionarse el buen juicio de los ancianos, quizás y

 

solo quizás estaban también equivocados.

 

Pero que podía hacer él más que cumplir órdenes.

 

 

5

 

Era extraño, pero hacia un par de días que la sensación de ser observada había desaparecido. No sabía si era porque estaba más tranquila y su mente había dejado de inventar fantasmas, o porque su acosador había perdido el interés en ella.

 

Era posible que se lo hubiera imaginado, no realmente no creía que fuera posible. Ella no estaba loca, sabía que realmente había habido alguien allí observándola, vigilándola, siguiéndola a donde quiera que fuera y de repente nada. Dios ¡era posible que realmente se estuviera volviendo loca!

 

 

Y después estaba el comportamiento de Mike. Desde el ataque en el parque estaba cada día más cariñoso por decirlo de alguna manera. Ella insistía en recordarle que solo eran amigos, pero el cada vez cambiaba de tema con mayor rapidez y cada vez se tomaba más confianzas.

 

Iba siendo hora de cortar de raíz antes de que el asusto se le fuera de las manos.

 

—Megan, ¿te encuentras bien? — oyó que le decía Mike al otro lado de la línea.

 

No debería haber cogido el teléfono, se había saltado la clase de esa tarde con toda la intención. Pretendía poner un poco de distancia entre Mike y ella.

 

 

—¿Megan? —pregunto de nuevo Mike al no obtener respuesta —Como no has venido hoy a clase he pensado que quizás no te encontraras bien—. La interrogo Mike después de una breve pausa.

 

—Estoy bien, pero gracias por preguntar—. Le contesto Megan. Intentando sonar lo más distante posible.

 

—¿Seguro que te encuentras bien? Es tan raro que faltes a clase. Tu nunca faltas—. Empezaba a sonar algo irritado —¿Qué pasa pequeña? Sabes que a mi puedes contármelo.

 

—Mike, sabes que no me gusta que me llames así. Tengo un nombre— replico Megan con paciencia —Y respecto a las clases, sabes creo que al

 

final tenías razón, puede que me estuviera obsesionando un poco —se detuvo para tomar una profunda bocanada de aire —creo que descansare una temporada.

 

—Claro, si crees que es lo mejor. De todas maneras, siempre te quedan las clases particulares —dijo con una sonrisa en la voz —por suerte el profesor te adora.

—Mike, veras creo que lo mejor sería que… —las palabras se le atascaban en la garganta. Tuvo que tomar una inspiración profunda para poder continuar—. Bueno quizás lo mejor sería que por una temporada no nos viéramos —termino Megan pudiendo pronunciar por fin sus

 

pensamientos en voz alta.

 

—La verdad Meg, pequeña no entiendo cuál es el problema—. Dijo Mike con tono autoritario, haciendo que Megan cada vez se pusiera más nerviosa —solo estas confundida, nena. No pasa nada, después me paso y lo hablamos. Hasta luego —dijo Mike y colgó sin darle opción a replicar.

 

Como era posible que se hubiera metido en un lio semejante, desde el principio había tenido la sensación de no poder confiar en él. Que bajo su sonrisa de ángel se escondía algo oscuro, ahora no le quedaba más remedio de ser fuerte para enfrentarse con él.

 

No podía dejarse dominar, no debía

 

 

permitirle mandar en su vida y sobre todo debía imponerse. Y vaya si lo iba a conseguir.

 

Estuvo paseando arriba y abajo de su apartamento esperando la aparición de Mike pensando la mejor manera de recordarle que eran y solo serían estrictamente amigos, pero cuando llamaron a su puerta no estaba más preparada que después de colgar el teléfono.

 

—Mike, tenemos que hablar —iba diciendo Megan mientras abría la puerta —¡Perdón! Creía que era otra persona —exclamo Megan al ver a su visitante. Era un hombre bastante alto, con unos extraños ojos dorados que por alguna

 

 

razón le resultaban conocidos.

 

—No te preocupes, supongo que me confundiste con tu humano —le respondió Kiran. Había que reconocer que de cerca no tenía nada que envidiarles a las mujeres más bellas de su raza —¿Puedo pasar? —pregunto, aunque ya estaba atravesando la puerta.

 

Megan se había quedado blanca como la pared y era incapaz de hacer que el aire les llegara a sus pulmones. La sensación de opresión era tal que creía que iba a desmayarse. Aquel hombre le ponía los pelos de punta y no sabía muy bien por qué.

 

—Sera mejor que entres y cierres la puerta. Y de paso no estaría mal de

 

volvieras a respirar —le dijo Kiran ya desde el interior del apartamento. Al ver que no reaccionaba la agarró del brazo y la hizo entrar de nuevo al apartamento cerrando la puerta tras ellos—. Estoy hablado en serio mujer, ya tuve que cargar una vez contigo y no quiero hacerlo otra, o sea que respira.

 

Megan estaba completamente aterrorizada. Su instinto le decía que aquel hombre era muy peligroso, sobre todo para ella.

 

Aquel hombre según indicaba su comentario parecía ser el que la había llevado a su casa después del ataque que había sufrido tantos meses atrás. Y probablemente también era, si su intuición no le fallaba, el que la había

 

 

estado observando.

 

Y ella, lo había dejado entrar en su casa sin más. Claro que tampoco hubiera podido evitar que lo hiciera. Cada célula de su cuerpo rezumaba fuerza y poder.

Megan sabia sin lugar a dudas que aquel hombre podría matarla con una sola mano si se lo propusiera y ella pese a todas sus clases de Krav maga no podría hacer más que retrasar su muerte.

 

Y sin embargo allí estaba, plantado en medio de su salón mirándola con aquellos ojos dorados tan difíciles de ignorar.

 

—¿Por qué está aquí? ¿Qué quiere de mí? —se atrevió a preguntar Megan en un susurro.

 

 

El simplemente siguió mirándola fijamente sin parpadear siguiera. Estaba tan inmóvil que daba la impresión que ni siquiera estaba respirando. Pero, eso no podía ser, claro está. Y entonces cuando ya creía que no se molestaría en contestarle, lo hizo.

 

—Aprender —dijo simplemente, como si con una simple palabra lo explicara todo.

 

—Aprender ¿Qué? No te entiendo ¡Ah! y creo que debería darte las gracias —tanteo Megan. Debía averiguar si su suposición era cierta—. Fuiste tú verdad, ¿El que me trajo a casa aquella noche?

 

—Si—. Y eso fue todo. Un simple monosílabo. Sin expresión alguna en su

 

rostro. Era como contemplar una estatua de mármol.

 

—Sí, y ya está. No hablas mucho, ¿verdad? —le dijo Megan cada vez más irritada. Ella no se daba cuenta, pero la furia que estaba empezando a sentir le había hecho olvidar su miedo inicial — te importaría decirme ¿Qué haces allí? Y no me digas aprender. Te exijo una contestación de más de una silaba — exclamo Megan ya completamente fuera de sí. Como se atrevía ese tipo a colarse en su casa de aquella manera. Dios ya tenía suficientes problemas con ocuparse de Mike.

—Sera mejor que abras la puerta. Tu humano acaba de llevar—. Dijo Kiran en ese momento. La estaba

 

mirando directamente a los ojos y pudo ver el momento exacto en el que el miedo se reflejaba en ellos—. También puedo abrir yo —le dijo Kiran y sin esperar respuesta se dirigió a abrir la puerta.

 

—¿Quién eres tú —pregunto Mike nada más verle? En sus ojos Kiran pudo ver reflejada toda su ira—. ¿Dónde está Megan? —exclamo a continuación sin darle tiempo a responder su primera pregunta.

 

Kiran se quedó allí, impasible completando a aquel insignificante insecto sin parpadear siguiera. Que habría visto ella en aquel ser. Solo con estar a su lado su estómago se revolvía, hasta su nariz llegaba la esencia de su

 

 

verdadero ser.

 

Ahora que lo pensaba era extraño, pero al estar cerca de la otra humana no pudo percibir nada de su ser.

 

—¿Qué te pasa tío, acaso eres idiota? ¿O no entiendes mi idioma? —le espeto Mike cada vez más furioso. Conque de eso se trataba, había conocido a otro, pues si se creía que se iba a deshacer de él sin más todavía no lo conocía, no, no lo conocía en absoluto —Megan, sal ahora mismo — exigió a gritos —creo que tienes que explicarme unas cuantas cosas. Empezando por quién es este tipo.

 

—Me parece que ella no quiere hablar contigo —dijo Kiran sin que se le alterará ni un solo musculo de la cara —

 

 

será mejor que te vayas. Aquí no eres bien venido.

 

—No, está bien. Hablare con él — dijo Megan asomando la cabeza por detrás del hombro de Kiran.

 

Sus anchos hombros ocupaban todo el vano de la puerta. Megan se sintió como una niña pequeña escondida detrás de su protector. Era como querer atravesar un muro de hormigón, o mover una apisonadora.

 

—De verdad, no pasa nada. Hablare con él —le dijo Megan apoyando una de sus manos en su espalda. Pudo sentir como se tensaba, era la primera reacción humana que percibía en él.

Y tenía que ser porque ella le tocaba. No sabía muy bien porque, pero

 

 

su reacción a su contacto le sentó realmente mal —al fin y al cabo, es un amigo —dijo con ironía.

 

Kiran se hizo a un lado muy despacio sus ojos se encontraron y la respiración de Megan quedo atrapada en su garganta.

 

—No me gusta —fue todo lo que dijo y después volvió a entrar en el apartamento.

 

Menos mal porque así Megan tuvo la oportunidad de que su respiración volviera a la normalidad.

 

—¿Qué está pasando aquí? —la interrogo Mike, nada más Kiran hubo desaparecido de escena —primera no vienes a clase, y ahora de repente tienes novio nuevo. Creo que merezco una

 

explicación.

 

—¿Novio? No entiendo de que estás hablando Mike. Sabes perfectamente que no quiero ese tipo de relación. Ya lo habíamos hablado —le dijo Megan mirándolo fijamente a los ojos para ver si podía descifrar que estaba pasando por su cabeza. Pero lo único que pudo ver fue furia. Una furia tan salvaje que le hizo dar un paso atrás.

 

—Ni hablar, no se te ocurra ni intentarlo —le dijo Mike agarrándola con fuerza del brazo —si crees que te vas a reír de mi lo llevas clara —bramo, mientras Megan cada vez sentía más miedo —tú me perteneces. Eres mía y no voy a permitir que lo olvides.

 

—Mike,  me  estás  haciendo  daño.

 

Por favor suéltame —le rogo Megan al borde del llanto.

 

—No la has oído, ha dicho que la sueltes —se hizo oír la voz de Kiran por encima de las suplicas de Megan — ahora.

 

Su tono de voz era tan gélido que hasta Megan se estremeció. Mike debió de advertir el peligro que corría porque la soltó tan rápido que hubiera acabado desparramada en el suelo si no fuera porque Kiran la sujeto con fuerza contra su cuerpo.

 

—Esto no acabara así, ni lo sueñes.

 

A mí nadie me toma el pelo.

 

6

 

Megan no sabía si algún día podría recuperar la calma. Hacía ya un buen rato que Mike se había ido, pero era incapaz de conseguir que su cuerpo dejara de templar. No habían sido sus palabras, en su vida había oído amenazas peores. Habían sido sus ojos.

 

Nunca había visto una mirada así antes, tan llena de odio, tan llena de furia, tan llena de locura.

 

—¿Te falta mucho para acabar con esto? —le pregunto Kiran impertérrito. No podía entender a qué venia tanto drama. Se había ido no. Pues según su

 

punto de vista se había acabado. —¿Qué haces todavía aquí? —

 

estaba tan sumida en sus pensamientos que no se había dado cuenta que seguía en su casa—. Sera mejor que te vayas.

 

—No —dijo simplemente.

 

—Mira te agradezco mucho tu ayuda con Mike, pero ahora lo mejor sería que te fueras —le dijo Megan perdiendo ya la paciencia. Había sido un día demasiado largo para sus nervios.

 

—No voy a irme humana, tengo una misión que cumplir. Cuando la haya terminado a lo mejor te libras de mí. Mientras ni lo sueñes.

 

Aquello tenía que ser un mal sueño. No podía ser real. Pero si ni siquiera

 

sabía quién era aquel tipo. Y su forma de hablar. La llamaba humana, humana como si él no lo fuera.

 

De repente su mente dejo de divagar y recordó aquella noche con todo detalle. Los dos extraños que la atacaron. Su manera de dirigirse a ella como si fuera un simple trozo de carne. Y como aquel ser la había mordido en el cuello.

 

Megan dirigió su mirada hacia aquel extraño que había invadido su hogar y entonces lo supo. Él era como aquellos seres que la habían atacado, era uno de ellos y ella estaba completamente sola con él.

 

7

 

Todo estaba a oscuras a su alrededor. Se incorporó despacio intentando enfocar su vista. Tenía el extraño presentimiento de que ya no estaba en su casa.

 

Y en cuanto consiguió que su vista se adaptara pudo confirmarlo. No conocía nada de lo que la rodeaba, no tenía ni idea de donde estaba ni como había llegado allí.

 

Se dirigió hacia la puerta de aquella habitación y para su sorpresa descubrió que no estaba cerrada con llave. Qué extraño, quien la sacaría de su casa a la fuerza y después no la encerraría.

 

Salió despacio al corredor, lo que vio a su alrededor la dejo sin aliento. Era como estar en un castillo de cuento de hadas, con sus lámparas de cristal, sus molduras en oro y todo lo que su mente pudiera imaginar que habría en un palacio de cuentos.

 

De repente unos brazos fuertes que la agarraban sin ninguna delicadeza la sacaron de su ensoñación.

 

—¿Dónde te crees que vas humana? Aquella voz.

 

Fue como retroceder en el tiempo. De pronto estaba en un callejón y la estaban atacando y allí estaba la dueña de aquella voz.

 

—¿Qué te ocurre humana? —la grito

 

 

Lacey zarandeándola del brazo —es que encima eres retrasada.

 

—¡Tu! —exclamo Megan intentando zafarse de sus manos —tú estabas allí, con el otro. ¿Dónde estoy? ¿Dónde me habéis traído? —el tono de su voz cada vez más agudo delataba su nivel de ansiedad.

 

—Si por él otro, te refieres a mi macho, debo darte la razón. Si yo estaba allí con Kiran —le contesto Lacey en tono sarcástico.

 

Había sido una suerte encontrársela en el pasillo, sino hubiera tenido que invadir los dominios de Kiran, cosa que suponía que a él no le hubiera hecho mucha gracia.

Cuando oyó que el  capitán de los

 

guerreros de las sombras había traído una humana a su cuartel general, no se lo podía creer ¿Qué motivo podía tener Kiran para hacer algo así? Acaso ¿Se había vuelto loco? No le extrañaría la verdad.

 

La sangre almacenada se deterioraba con el tiempo y tenía extraños efectos en sus organismos. Ya lo había detectado en algunos de los más estrictos seguidores del nuevo régimen impuesto por los ancianos hacía ya casi dos años. La verdad es que lo descubrió por accidente, en una de sus patrullas. Un drogata la ataco y en la refriega ella se dejó llevar por su instinto y le mordió, cuando sintió la sangre dulce y caliente en su boca no pudo evitar

 

alimentarse de él y justo en ese momento dejo de sentir aquel zumbido extraño que venía sintiendo unos días atrás y su cuerpo sintió una potente descarga de energía como si la hubieran conectado a una potente batería.

 

—¿Contéstame? ¿Por qué estoy aquí? ¿Y dónde es aquí? —le grito Megan sacándola de golpe de sus pensamientos.

 

Aquella voz histérica la devolvió al presente. Y mirándola de arriba abajo le espeto:

 

—Ni lo sé, ni me importa. Veras no suelo darle explicaciones a la comida.

 

Otra vez aquella frase pensó Megan.

 

Esa gente debía estar mal de la cabeza.

 

Se notaba de lejos que aquella mujer no podía ni verla. Pero eso a Megan era lo que menos le importaba en aquel momento. Solo quería averiguar cómo volver a su casa y no volver a saber nada de aquellos seres.

 

—¡Lacey! Suéltala ahora mismo — se oyó el bramido de Kiran de repente.

 

Ambas mujeres se sobresaltaron, tan concentradas estaban la una en la otra que no le habían escuchado acercarse.

 

—Te lo advirtió, Lacey. No estoy de humor para juegos —le increpo Kiran —he dicho que la sueltes.

 

—Aquí la tienes —le dijo Lacey con desdén. Mientras la empujaba hacia él.

 

 

Megan de repente fue aplastada contra un pecho sólido y duro como el granito. Al levantar la vista se encontró con la dorada mirada de su captor.

 

—Kiran —dijo en un susurro. —Vaya, vaya capitán —le espeto

Lacey de repente —parece tener una relación muy estrecha con su cena. Yo particularmente prefiero no encariñarme con ellos, sabes, después es como comerte a tu mascota favorita —le escupió Lacey con toda la rabia que la corroía.

 

—Lacey —. Le advirtió Kiran — será mejor que te largues.

 

Lacey le lanzo una mirada cargada de odio, giro sobre sus talones y desapareció por el pasillo. Y la palabra

 

 

clave allí era desaparecer, ningún ser humano normal se movía a aquella velocidad.

 

—Por favor, explícame ¿Qué está pasando aquí? ¿Cómo es posible que se mueva tan rápido? —se daba cuenta de que su voz sonaba cada vez más desesperada —y sobre todo ¿Por qué se dirige a mi como si fuera un filete en su plato?

 

—Porque para nosotros es lo que eres, un gran envase de sangre dulce y caliente con la que saciarnos —le respondió Kiran sin apartan su dorada mirada de aquellos ojos atormentados.

 

Megan empezó a retórnese entre tus brazos. Debía liberarse cómo fuera. Era imprescindible que escapara de allí

 

cuando antes. En un intento desesperado le propino una fuerte patada en sus piernas.

 

Kiran tomado por sorpresa aflojo su agarre, momento que Megan aprovecho para desembarazarse de sus brazos y salir corriendo.

 

El asombro de Kiran por su logro fue tan qué tardo unos segundos en reaccionar. Tiempo que ella aprovecho para correr por el largo pasillo buscado una manera de escapar.

 

—¡No! —la oyó chillar despavorida Kiran.

 

Y echo a correr hacia esa voz aterrada a una velocidad sobrehumana.

 

—Soltadla —ordeno a los guardias

 

 

que custodiaban la sala del consejo. —Capitán Kiran, lo sentimos, pero

no podemos obedecer esa orden —le rebatió uno de los guardias mientras el otro agarraba con más fuerza a la mujer.

 

De pronto se oyó un chasquido seguido de un alarido de dolor. El rostro de Megan perdió todo su color y su cuerpo quedo inerte en los brazos de su captor.

 

—¡Te matare! —. Bramo la voz de Kiran iracundo antes de abalanzarse sobre el guardia que en ese momento contemplaba el rostro de la mujer que tenía entre sus brazos.

—¿Qué ocurre aquí? —exigió saber Seth que de repente había salido de la sala del consejo.

 

Kiran detuvo su ataca, no sin esfuerzos. Y se volvió a mirar a Seth con un brillo mortal en los ojos.

 

—Ocurre, mi señor —dijo mordiendo las palabras —que vuestro guardia a herido a la humana con la que me habíais ordenado contactar.

 

En los ojos del guardia brillo la chispa del miedo al comprender que aquella no era una humana corriente.

 

—¿Está muerta? —pregunto el anciano entonces sin ninguna emoción en su vieja voz.

 

—Mi señor, creo que le he roto un brazo. Se a desmayado, supongo que por el dolor—. Respondió el guardia sin mirar al anciano a la cara.

 

 

La furia que crecía en el pecho de Kiran era cada vez mayor.

 

Con que de eso se trataba, verdad. Llevaba dos años siguiendo ciegamente los dictados de los ancianos, creyendo sin la menor duda de estaban buscando una salida para reconciliarse con la humanidad. Y para que, para darse cuenta después de tanto tiempo de que ellos no le daban mayor valor a la vida humana que los renegados que seguían dedicándose a cazarlos. Solo querían servirse de ella para desentrañar el misterio de su amada profecía y así poder seguir igual que antaño y vivir para siempre.

 

Ese descubrimiento lo dejo tan helado que tardo un tiempo en darse

 

cuenta de que Seth le estaba hablado.

 

—Debiste tener más cuidado, Kiran. La humana es tu responsabilidad —le estaba diciendo Seth en tono duro y autoritario —cuando hablamos hace apenas un momento obtuviste el permiso para que ella —dijo señalándola con la barbilla, como quien señala un montón de basura apiñado en una esquina — permanezca aquí. Pese a que desde un principio no nos pareció buena idea. Los humanos no deben saber de nuestra existencia eso es el principio fundamental de nuestra supervivencia.

 

—Señor, yo solo me limite a cumplir vuestras ordenes —. Replico Kiran con los dientes apretados —ya os expliqué que dejarla en su casa no era

 

una opción si realmente esperáis que aprenda algo de ella —había empezado a palpitarle una vena de la frente, cosa que Kiran sabía que era muy mala señal. Debía tranquilizarse, sino acabarían ejecutándolo por insubordinado —allí no estaba segura. Pero si habéis cambiado de opinión, será un placer para mi devolverla al sitio donde pertenece.

 

—No quieras poner palabras en mi boca que yo no he pronunciado Kiran. Tus ordenes no han cambiado. A partir de ahora la humana será tu hembra y su vida dependerá de ti —y con aquella orden se dio la vuelta y volvió a entrar en la sala del consejo.

 

Kiran  se  quedó  allí  de  píe

 

contemplando la puerta cerrada por donde había desaparecido Seth. Sabía que su nueva orden era un castigo por su salida de tono frente a él.

 

De improviso la puerta se volvió a abrir y Kiran tuvo la esperanza de que hubiera cambiado de opinión. Al fin y al cabo, ellos no trataban con humanos y mucho menos se emparejaban con ellos. En cambio, las palabras de Seth lo condujeron al más oscuro de los infiernos.

 

—A partir de este momento queda relevado de su puesto, Capitán. Lacey ocupara su lugar. Así dispondrá de más tiempo para ocuparse de su pareja —le espeto Seth con sorna antes de volver a desaparecer por la puerta.

 

El guardia que sostenía a la que desde aquel momento era su supuesta pareja tuvo la desfachatez de dirigirle una mirada llena de altivez.

 

—Si te vuelvo a ver, aunque sea mirarla de lejos, te matare. Puedes darlo por echo —le advirtió Kiran, mientras tomaba en sus brazos el cuerpo inerte de Megan.

Camino con ella hacia su habitación. Debía tomar muchas decisiones referentes a su futuro, pero antes de cualquier cosa debería ocuparse de su brazo. Lo demás por el momento podía esperar.

 

 

8

 

La mujer se agitaba nerviosa en su cama, emitiendo gemidos lastimeros. Había inmovilizado su brazo lo mejor que había podido y la había acostado en aquella misma cama para que pudiera descansar. Ya hacia un par de horas, y no parecía que fuera a despertar, no por lo menos en breve. Kiran se estaba empezando a inquietar, no tenía ni idea de cómo debía cuidar de un humano. Quizás debería haberla llevado a un hospital, pero esa opción era demasiado peligrosa para ellos, la humana sabía demasiado.

 

En ese momento la mujer volvió a

 

gemir en sueños, parecía que estuviera atrapada en una pesadilla. Seguro que él, era su protagonista principal. A lo mejor debería tratar de despertarla, de todas maneras, no creía que en aquel

 

momento estuviera descansando realmente.

 

Poso su mano en el hombro de la mujer con la intención de agitarla ligeramente para sacarla de su sueño, y fue entonces cuando los vio, unos moratones horribles que dibujaban a la perfección la forma de una mano en su hombro izquierdo. Con cuidado reviso también el hombro derecho y como había sospechado allí también se podían apreciar las mismas marcas.

 

—Mujer, despierta. Ya has dormido

 

 

suficiente —la llamo Kiran apremiante. Había decidido que necesitaba llevarla a un hospital, pero antes tendría que dejarle las cosas claras, ya que la vida de ambos dependía de ello.

 

—Vamos, despierta. Tenemos que hablar —la volvió a sacudir ligeramente por el hombro para sacarla de aquel sueño en el que estaba sumida.

 

Megan sintió como aquel hombre horrible la agarraba de su hombro y empezaba a zarandearla.

 

—No por favor, suéltame. No lo hare más. A sido un accidente. No quería romper nada —gimoteo Megan.

 

Con quien estaría soñando, se preguntó Kiran. Bueno ya lo averiguaría más adelante, se dijo. Ahora tenía cosas

 

 

más apremiantes de las que ocuparse. —Vamos, mujer, despierta de una

 

vez. Estas soñando.

Megan abrió sus parpados poco a poco, sentía un dolor palpitante en su

 

brazo derecho. Cuando intento incorporarse cometió el grave error de apoyar todo el peso de su cuerpo sobre ese mismo brazo.

 

El dolor que le provoco ese movimiento casi hace que volviera a perder el conocimiento y ese mismo dolor le trajo a la memoria el recuerdo de lo ocurrido en aquel lugar, cuando había tratado de escapar.

 

—¡Con cuidado, mujer! Despacio, tienes un brazo roto —le reconvino Kiran con suavidad. No sabía porque,

 

 

pero después del encontronazo que había tenido con Seth su manera de mirar a la humana había cambiado. Ahora cuando la miraba no veía lo que podría ser su futuro cena, sino a un ser que sufría igual que lo podría hacer él.

 

Y eso tenía que reconocerlo, le inquietaba.

 

—¡Por favor, no me hagas daño! — le dijo ella con voz suplicante. Aunque estaba mirándole directamente a los ojos parecía que todavía estaba atrapada en su pesadilla.

 

—Nadie va a volver a ponerte una mano encima. Lo que ha pasado antes nunca debió pasar, lo lamento —. dijo contrito mirándola fijamente a los ojos.

 

Megan  volvió  a  perderse  en  su

 

 

mirada dorada, como le había pasado desde la primera vez que la vio, pero de repente volvió a la realidad en la que se encontraba en ese momento y recordó que aquel ser de mirada hipnótica era el mismo que la había sacado de su casa en contra de su voluntad. Por eso ahora se encontraba herida y maltrecha, era solo culpa suya.

 

—Megan —la llamo el, para que volviera a prestarle atención. No sabía dónde había ido, pero su mente por un momento no estaba allí. Y en aquel momento no tenían tiempo que perder en divagaciones —te tengo que llevar a un hospital, pero antes debemos hablar.

 

—No tengo nada que hablar contigo —. Le grito Megan —estoy harta de

 

 

todo esto, quiero volver a mi casa y olvidar que alguna vez me he cruzado en tu camino.

 

—Escúchame bien. Eso no va a pasar —dijo muy despacio recalcando cada palabra sin apartar sus ojos de ella para asegurarse de que le prestará atención —de momento vamos a pasar una larga temporada juntos y será mejor que dejemos las cosas claras desde un principio. Como te acabo de decir te tengo que llevar a un hospital, necesitas que alguien te vea ese brazo y de paso los hematomas que tienes en los hombros.

 

—Si crees que voy a ir contigo a alguna parte, es que estas más loco de lo que creía —le interrumpió ella cada vez

 

más furiosa. No sabía de donde había sacado el valor para hablarle así. Quizás es que ya estaba harta de ser siempre la victima del maltrato de los demás.

 

—No sé si es que estas sorda o vosotros los humanos sois así de obtusos. No te estoy pidiendo tu opinión, te estoy informando de lo que va a pasar a partir de ahora —exclamo Kiran iracundo. Por dios aquella humana había conseguido sacarlo de sus casillas. Y eso era realmente algo raro en él —. Te voy a llevar al maldito hospital y cuando los médicos te pregunten dirás que te caíste por las escaleras de tu casa. Nada de secuestros, nada de intentar escapar —. Kiran se detuvo para mirarla y

 

asegurarse de que le estaba entendiendo —¿Me has entendido? Tienes que hacerlo tal como te digo.

—¿De verdad piensas que voy a hacer lo que tú quieres? ¿Qué te hace pensar eso? —le grito Megan a su vez.

 

—Porque si no lo haces, estaremos muertos —le corto él.

 

9

 

No entendía porque le había acabado haciendo caso, así sin más. Solo confiando en la promesa de que después se lo terminaría de explicar todo.

 

Pero allí estaba, esperando a la enfermera para que le pusieran un yeso en su pobre brazo. Por suerte, le habían dicho, era una fractura limpia, no tardaría en soldar.

 

—Van a dejar pasar a su marido para que le haga compañía mientras le ponemos el yeso, seguro que así se sentirá mejor —le dijo la enfermera que estaba preparando las vendas —con un

 

 

marido tan guapo como el suyo a mí se me olvidaría cualquier tipo de dolor.

 

Megan se había quedado tan sorprendida que no supo ni que decir. ¿En qué momento se había decidido que en aquel plan absurdo él se haría pasar por su marido?

—Hola cariño —dijo al segundo después Kiran, depositando un ligero beso en sus labios —me tenías muy preocupado.

 

Si en ese momento hubiera pasado un cerdo volando, Megan no se habría quedado más sorprendida. Quién diablos era aquel tipo y donde había ido a parar la estatua humana que la estaba volviendo loca. Es que aparte de psicópata era bipolar.

 

 

—¿No te encuentras bien, mi vida? ¡Tienes mala cara! —le pregunto Kiran en ese momento sacándola de sus cavilaciones.

 

Su tono era tan irónico que Megan tuvo que hacer rechinar sus dientes para no soltarle lo que realmente pensaba de él.

 

—Bueno será mejor que empecemos con esto —dijo en ese momento la enfermera —seguro que ya tiene ganas de volver a casa.

 

—Sí, la verdad es que nada me gustaría más —le contesto Megan. Sin encargo mientras hablaba no aparto sus ojos de los de Kiran. Si él en algún momento capto el doble significado de sus palabras no le dio ninguna señal de

 

 

ello.

 

—Por supuesto que sí, yo también estaría deseando volver a casa con un marido así—. Replico la enfermera comiéndoselo con la mirada.

 

Megan puso los ojos en blanco. Nunca en su vida se había encontrado en una situación tan ridícula como aquella. Esa enfermera le tenía envidia a ella, que no era nada más ni nada menos que una simple prisionera. A lo mejor la solución para todos era cambiar el puesto, si tanto le gustaba aquel tipo que se quedara con él.

 

—Bueno, esto ya está listo. Recuerde que tardara un poco en secarse del todo. Si nota que se le duermen los dedos, o se le ponen blancos vuelva en

 

seguida al hospital. Si no nos vemos en dos semanas para otra radiografía. ¡Ah! Y recuerde no mojar el yeso—. Puntualizo la enfermera, con una sonrisa de oreja a oreja —siempre puede pedir ayuda a su marido a la hora de darse un baño. Seguro que no le importa echarle una mano.

 

—No se preocupe, yo me encargo de todo. Ya sabe ¿Quién la va a cuidar más bien que su marido, que la adora? —le respondió Kiran antes de que Megan pudiera decirle lo que pensaba realmente de su propuesta —vamos cariño, volvamos a casa. Así podrás tumbarte un poco mientras yo te preparo ese baño relajante— termino de añadir Kiran guiñándole un ojo.

 

 

Megan se contuvo hasta que estuvieron de nuevo en el coche, de camino, suponía, al hogar de su captor.

 

—Vaya, vaya. Ahora resulta que eres todo un parlanchín —le espeto Megan en cuanto el coche se puso en marcha. No entendía el porqué, pero su charla con la enfermera la había sacado de sus casillas —¿Me vas a contar ahora porque no puedo volver a mi casa? ¿Qué tengo yo que ver en todo esto?

 

—Cuando lleguemos —se limitó a responderle él.

 

—Y ha vuelto el enigmático hombre sin nada que decir —refunfuño Megan. Estaba empezando a pensar que lo hacía apropósito solo para molestarla.

 

—¿Cómo  te  encuentras?  —le

 

pregunto el interrumpiéndola —¿Te duele?

Al ver como lo miraba ella se apresuró a añadir:

 

—Solo te lo pregunto porque la enfermera me ha dado una receta por si sientes dolores.

 

Megan seguía mirándolo prácticamente sin parpadear, intentando lograr entender el porqué de aquel disparatado comportamiento ¿Qué tipo de secuestrador se preocupa de parar en la farmacia por si su rehén siente dolor?

 

Estaba deseando llegar a su destino, solo para ver si al final cumplía su promesa y le aclaraba aquella absurda situación.

 

10

 

Estaba sentada en un sillón bastante cómodo en la habitación de su marido, si su marido, cada vez que lo pensaba una risa histérica amenazaba por salir de su garganta.

Él había cumplido su palabra, nada más llegar le había pedido que tomara asiento y se lo había contado todo. Y allí seguía ella, en el mismo sillón en el que se había sentado para escucharlo.

 

Era una historia tan absurda que resultaba increíble que alguien se hubiera inventado algo así.

 

Profecías, seres que solo deberían

 

 

existir en las películas, y para colmo esa absurda orden que según él le habían dado esos que se hacían llamar ancianos.

 

Su hembra había dicho, a partir de ahora es lo que eres. Y todo absolutamente todo lo que te pase dependerá de mí.

 

Su no fuera un asunto tan serio haría tiempo que se hubiera caído de aquel estúpido sillón por culpa del ataque de risa.

 

Hacia un buen rato que se había quedado sola y la verdad es que le estaba muy agradecida. Kiran, si al fin se había presentado, aunque gracias a la mujer del pasillo, que ahora sabía que era una guerrera, ya sabía su nombre, le

 

había dicho que le dejaría unas cuantas horas para que pudiera asimilar toda la información. Cosa que era de agradecer, aunque suponía que, aunque dispusiera de todo el tiempo del mundo no sería capaz de asimilar todo aquello.

Que se suponía que debía hacer ahora, aceptar sin más su destino. No creía poder estar de acuerdo con ese destino, no, debía luchar se dijo. Y hacer lo que fuera necesario para escapar de allí.

 

No supo en qué momento se había quedado dormida, supuso que todo aquello había sido demasiado. El caso es que cuando despertó el aquel maldito sillón alguien se había molestado en cubrirla con una manta. Sentía todo el

 

cuerpo dolorido, y cuando al fin se levantó y se acercó a la ventana pudo comprobar que era noche cerrada. Así que hizo lo que a su parecer era la decisión más lógica. Se tumbó en aquella enorme cama y se quedó dormida. Al fin y al cabo, pensó todavía no disponía de un plan de huida.

 

Cuando volvió a despertarse algo más descansada, enseguida tuvo la sensación de que no se encontraba sola en aquella habitación. Le basto con echar una ojeada a su alrededor para descubrir de dónde provenía aquella sensación.

 

En el mismo sillón que apenas unas horas antes había ocupado ella se encontraba otra vez aquella extraña

 

 

mujer. Permanecía muy quieta con los ojos cerrados.

 

De repente como si ella también hubiera notado algo, abrió sus ojos y la miro directamente con algo muy parecido al odio reflejado en ellos.

 

—Vaya por lo que puedo ver te has adaptado muy rápido a tu nueva situación ¿Dime eres solo tú o todos los humanos sois así de complacientes? — en su tono, la rabia, casi se podía mascar.

 

Megan se incorporó del todo en la cama y se apegó todo lo que pudo al cabecero de esta. Todos sus instintos de supervivencia si habían activado de golpe y le estaba gritando alta y claro que debía ponerse a salvo cuanto antes.

 

—¿Qué ocurre sigues sin hablar? — le increpo la mujer ladeando su cabeza —si crees que esa táctica te va a

 

funcionar conmigo, estas muy equivocada. No me gusta que me roben lo que por derecho me pertenece y tu insolente humana has tenido la desfachatez de intentarlo —le dijo muy despacio —solo por eso vas a morir —. Sentencio en un tono tan gélido que todos los pelos del cuerpo se le pusieron de punta.

 

Megan estaba segura que aquella sentencia de muerte pronunciada con tanta calma era peor que tener un arma apuntándole directamente a la cabeza. Y tratado de sonar lo más calmada posible le contesto:

 

—Yo no te he robado nada, me retienen aquí en contra de mi voluntad.

 

—Pues yo no he visto ningún guardia en la puerta que te impida largarte cuando quieras —la interrumpió la otra —. Si de verdad quieres salir de aquí, yo te ayudare.

No podía ser tan sencillo, pensó Megan. Pero como podía dejar escapar aquella oportunidad. Sabia por el largo camino que habían recorrido en coche para llegar al hospital, que se encontraban a las afueras de una gran ciudad, pero no tenía ni idea de cuál se podía tratar. Después de sopesar los pros y los contras de confiar en aquella mujer que se veía a la legua que su mayor deseo seria verla muerta y

 

 

enterrada, decidió que no tenía más opción que aceptar su oferta. Si es que alguna vez quería salir de allí. Cuando estaba dispuesta a preguntarle cual era el plan la puerta de la habitación se abrió.

 

Kiran se quedó muy quieto observando la escena que se desarrolla a su alrededor. No sabía porque de repente había sentido la apremiante necesidad de volver a su habitación. Menos mal que el siempre hacia caso a su instituto.

 

—¿Qué haces aquí Lacey? — pregunto posando su mirada de una a otra mujer.

 

—Venía a hablar contigo, Kiran — dijo la mujer con una voz mucho más

 

 

dulce que antes —ella me dijo que podía pasar —añadió dirigiéndole una mirada del más absoluto desprecio a Megan.

 

—¡Eso es mentira! —exclamo Megan de repente. Como se atrevía aquella perra a mentir así, y encima en su presencia.

 

—¡Cállate, mujer! Nadie te ha preguntado. Y no tienes permiso para hablar —le espeto Kiran de golpe.

 

Megan se quedó tan sorprendida por aquella contestación que no le quedó más remedio que morderse la lengua para no decirle por donde se podía meter sus órdenes. Como se atrevía a ponerse de parte de esa sin ni siguiera dejarla hablar.

 

—Bueno Lacey, aquí estoy. Si tan importante era lo que querías decirme nos vemos en un momento en la sala de entrenamiento —le dijo Kiran ya con un tono más tranquilo.

 

—De acuerdo, te espero allí en cinco minutos —le respondió Lacey y salió de la habitación, no sin antes dirigirle una última mirada a Megan cargada de triunfo.

—¡Nunca, me has oído, nunca, vuelvas a hablar si no se te pregunta! — le espeto Kiran en cuanto Lacey hubo abandonado la habitación —¡Y mucho menos poner en duda la palabra de uno de los míos! —Kiran estaba prácticamente temblando. Por un momento había creído que Lacey se

 

abalanzaría sobre ella y le partiría el cuello. Necesitaba hacerle entender lo peligroso que era enfrentarse a ellos. Y después de echarle una última mirada y con esas palabras flotando entre ellos se dio la vuelta y salió de la habitación.

 

Megan contemplo la puerta que se había cerrado tras él, por un instante más sin reacción alguna. Para a continuación aferrase a la almohada y llorar. Llorar con toda la desesperación que sentía dentro.

 

11

 

—Cabrón, mentiroso —le espeto Lacey, mientras se abalanzaba sobre él.

 

—Ni se te ocurra volver a hablarme así, soy tu superior —le grito a su vez Kiran intentando retenerla.

 

—Ya no, capitán —le espeto con los dientes apretados, mientras forcejeaba con él —serás estúpido, has elegido a una humana por encima de las hembras de tu especie, por encima de mí. Y lo has perdido todo por su culpa.

 

—¿De qué coño estás hablando Lacey? Yo no he elegido a nadie, me estas escuchando—. Le grito furioso—

 

 

Y estate quieta de una vez.

 

—Por favor, Kiran acaso crees que soy tonta, o quizás ciega. Maldita sea esa humana ahora mismo está en tu cama —le dijo mientras le golpeaba el pecho con ambos puños —¡en tu cama Kiran!

 

—Si yo estuviera con la humana, te recuerdo, que no sería asunto tuyo —le aclaro él. Su tono había adquirido un matiz helado —pero solo porque me pillas de buen humor, te diré que estoy cumpliendo órdenes.

 

—¿Y de verdad crees que me voy a creer esa explicación, así sin más? —le pregunto Lacey, mirándole directamente a los ojos.

 

Por fin había dejado de intentar sacarle los ojos.

 

 

—Sinceramente, me da igual lo que creas. Seth me ha mandado que me empareje con esa humana y es lo que voy a hacer.

 

—Si claro, el gran guerrero solo está siguiendo órdenes—. Se burló de él Lacey —que sepas que esto no va a quedar así, nadie se ríe de mi como lo has hecho tú.

—No me amenaces, Lacey. Y piensa un poco ¿Desde cuándo se admiten humanos aquí?

 

Kiran pudo ver el momento exacto en el que la verdad se abría paso a través de su rabia ciega. Sintió un gran alivio al haber conseguido que Lacey entrara en razón. Un pensamiento rápido como un fogonazo atravesó su cerebro

 

 

“ahora Megan estará a salvo, por lo menos por ese lado” ¿De dónde había salido aquel pensamiento? La verdad era que no tenía ni tiempo ni ganas de autoanalizarse.

 

—No lo entiendo, ¿porque? ¿Qué pretende conseguir Seth con esto? —le pregunto Lacey ya más tranquila.

 

—Solo te puedo decir que tiene algo que ver con la profecía—. Fue lo único que le contesto Kiran.

 

Lacey cambio su expresión por completo y empezó a dirigirse a él despacio, como un cazador acechando a su presa, con un sugerente movimiento de cadera llego hasta él, lo agarro por la nuca y ni corta ni perezosa le devoro la boca con una mezcla de furia y pasión a

 

 

partes iguales.

 

Kiran respondió instintivamente a esa invasión de su boca tan provocativa. Lacey era una hembra muy atractiva, ese nunca había sido su problema para decidirse a emparejarse con ella. El problema era su carácter, y por supuesto su manera de pensar. Era tan insensible como fría y la única persona por la que se preocupaba era ella misma.

 

De repente sintió un dolor lacerante en el labio inferior. De un fuerte empujón la aparto de él.

 

—Serás perra —le espeto Kiran furioso, mientras con una mano retiraba la sangre de su labio inferior.

 

—Tenía que intentarlo —le sonrío Lacey con malicia, mientras se dirigía

 

hacia la puerta de la sala de entrenamiento —así podrás pensar en mi con más claridad mientras soportas la compañía de esa humana —le dijo Lacey antes de salir por la puerta, no sin antes dirigirle una mirada cargada de promesas.

 

Si ella supiera que razón tenía. Realmente necesitaba pensar, pero no en ella, sino en que estaba pasando dentro de su cabeza. Ese instituto primario de proteger a la humana en primer lugar y por encima de todo iba en contra de su naturaleza. Claro que si pensaba seriamente en las palabras de Lacey ella tenía razón, él siempre había sido un buen guerrero y ahora mismo solo estaba cumpliendo órdenes, verdad.

 

Miro a su alrededor percatándose de donde se encontraba y decidió que ya que estaba aquí no le vendría mal algo de ejercicio, quizás así lograra despejar su mente.

 

Un largo rato después, sudoroso y con todos los músculos de su cuerpo tenso y sin haber llegado a ninguna conclusión valida, decidió que ya era el momento de darse una nueva ducha.

Su mano vacilo en el pomo de la puerta de la sala de entrenamiento, y sacudiendo la cabeza se deshizo de aquella extraña sensación que lo había invadido por un momento. No, se dijo, no iba a permitir que una humana lo echara de su propia habitación.

 

Y con renovada  decisión abrió  la

 

puerta y se dirigió a su habitación con la decisión de quien se dirige a una batalla.

 

12

 

Megan tenía un horrible dolor de cabeza, después de haber liberado todo su dolor llorando.

 

No sabía exactamente porque le había afectado tanto la actitud de Kiran hacia ella, quizás porque después de su visita al hospital lo había empezado a mirar con otros ojos. Pero eso se acabó, no dejaría que volviera a engañarla con su palabrería. Su palabrería ¡ja! si hasta le entraba la risa de solo pensarlo.

 

El caso es que por fin había abierto los ojos, a ese tipo solo le importaba cumplir su estúpida misión. Y ella a

 

 

partir de ese momento iba a hacer todo lo que fuera necesario para ponérselo lo más difícil posible.

 

Justo en ese momento el culpable de su dolor de cabeza entro por la puerta de la habitación.

 

Debió de pensar que estaba dormida porque se dirigió directamente al baño y se encerró allí dentro.

 

El agua caliente consiguió por fin soltar sus músculos agarrotado. Llevaba ya un buen rato dándole vueltas a la situación en la que se encontrada sin llegar a una solución fácil.

Al entrar en su habitación había evitado a propósito mirar hacia la cama. Si le hubiera dado oportunidad ella

 

habría querido hablar sobre lo sucedido, que estaba pensando ella siempre quiera hablar, y le hubiera exigido explicaciones que no estaba preparado para dar, que no estaba listo para dar.

 

Llevaba tanto tiempo en la maldita ducha que el agua ya comenzaba a perder temperatura, iba siendo hora de salir. Empezaba a sentirse un poco ridículo, él, todo un guerrero experimentado estaba evitando un enfrentamiento nada más y nada menos que con una simple humana.

 

Enfurecido consigo mismo por su extraño comportamiento, salió de la ducha y con movimientos enérgicos se secó antes de salir del cuarto de baño, solo con una toalla enrollada en sus

 

caderas.

 

 

Megan se posó rígida en la cama nada más oír que la puerta del baño se volvía a abrir. Llevaba tanto tiempo allí dentro que había empezado a pensar si no habría salido por la ventana del baño para no enfrentarse a ella. Debía estar más mal de lo que había pensado en un principio si en su mente se abría aquella ridícula probabilidad.

 

Su mente dejo de divagar en el mismo momento en el que sintió que el colchón se hundía a la altura de sus caderas. Intento relajarse lo máximo posible, lo último que quería era que ese mal nacido pensara que la ponía nerviosa, nada más lejos.

 

—Megan, sé que estas despierta — Kiran había notado la rigidez de su cuerpo y como intentaba relajarse para que él la creyera dormida—. Veras siento que Lacey te haya molestado antes. Si se me hubiera ocurrido que se podía pasar por aquí, hubiera aclarado las cosas con ella antes—. La voz de Kiran sonaba cada vez más irritada, desde que había empezado a hablar ella no se había molestado en dar ni la más mínima señal de que le estuviera escuchando—¿No tienes nada que decir?

 

Ante el mutismo de Megan, Kiran empezó a perder la poca paciencia que le quedaba. Cosa que parecía estar convirtiéndose en una costumbre

 

últimamente.

 

—Venga, ¿dime que estás pensando? sé que lo estas deseando. Y haz el favor de mirarme cuando te hablo.

 

Megan se dio la vuelta muy lentamente y en ese momento fijo la mirada primero en sus ojos, después en su cuerpo, ahora solo cubierto por una toalla y por último en sus labios magullados.

 

—Espero  que  lo  hayas  disfrutado

 

—. Le dijo Megan con el mejor tono irónico que pudo reunir

 

Kiran rozo con sus dedos su magullado labio en un intento de ganar tiempo.

 

—Veras no es que te deba ninguna

 

 

explicación. Pero, no es lo que crees — le contesto Kiran. No sabía por qué razón realmente le importaba tanto su opinión, pero le importaba —¿No vas a decir nada?

 

—Tienes razón, no me importa. Solo era curiosidad —dijo mirándolo directamente —espero que lo pasaras bien. Y espero que me perdones por olvidar de nuevo que yo no soy nadie.

Y una vez dicho esto y ante la atónita mirada que Kiran se volvió a dar la vuelta en la cama, dándole así la espalda y se volvió a tumbar para seguir durmiendo.

 

—Muy bien, lo he entendido. Estas enfadada por lo que ha pasado antes, pero ya te he dicho que no volverá a

 

pasar —le dijo Kiran dándole la vuelta para que lo mirara sin mucha delicadeza.

 

Megan se limitó a mirarlo impasible. Por ella se podía ir al mismísimo infierno. Primero la hacía callar delante de aquella bruja y después tenia a desfachatez de presentarse ante ella solo un segundo después de haber estado, ¡dios! solo él sabía lo que realmente había estado haciendo.

 

—Mira, no estoy de humor para esto, ha sido un día demasiado largo — le dijo él con voz de cansancio — ¿Cuándo quieras hablar ya me avisaras? —y diciendo esto Kiran volvió a salir de la habitación.

 

Y  Megan  de  nuevo  se  volvió  a

 

quedar sola con sus pensamientos.

 

 

13

 

No entendía que le estaba pasando, perdía el control con demasiada facilidad. Y la sed, la sed cada vez era mayor. Desde su juventud no se encontraba tan descontrolado. Y no tenía ni idea a que se podía deber. Era verdad que cuando los herían venían consumir más sangre de lo habitual, pero por regla general podía alimentarse una vez a la semana sin notar ningún tipo de debilidad. Excepto ahora que debía alimentarse varias veces al día y seguía hambriento.

Que sería lo siguiente no poder salir a la luz del sol como esas estúpidas

 

películas de terror. Ellos no eran monstruos, simplemente eran otra fase de la evolución del género humano. También era cierto que alguno de los suyos había degenerado y se había dejaba llevar por el instinto más de lo conveniente.

 

Termino un vaso de sangre agradablemente templada en el microondas y lo miro con desazón. La sensación de vacío que recorría su cuerpo no había desaparecido. De mal humor estrello el vaso contra el fregadero y allí se quedó, mirando el estropicio de cristales que había provocado pensando si realmente se estaría convirtiendo en un monstruo. En aquel momento lo único en lo que podía

 

pensar era en volver a su habitación y meter a la fuerza algo de sentido común en la cabecita de su mujer. Si su mujer ya que Seth así lo había querido. Y después de eso probar un poco de esa sangre tan dulce que sabía con certeza de tendría.

 

Cuando se percató de a donde le habían llevado sus pensamientos sintió un estremecimiento recorrerle todo el cuerpo. Pero qué diablos le estaba pasando, enfurecido salió de la cocina con paso firme en dirección al gimnasio decidido a hacer ejercicio hasta caer agotado, quizás así consiguiera aclararse las ideas.

 

 

No  sabía  cuándo  se  había  quedado

 

 

dormida suponía que hacia un buen rato. Ese  orangután cabeza  hueca  había conseguido  sacarla  de  sus  casillas  de nuevo. Primero le prohibía hablar si no se le preguntaba y encima había tenido la desfachatez de presentarse ante ella

 

después de haber estado con esta otra. La había despertado la sensación de

 

sentirse encerrada, lo primero que pensó es que estaba soñando de nuevo. Ultimadamente soñaba mucho con su antigua vida ya tanto tiempo olvidada, estaba convencida de que esa parte de su vida ya estaba más que superada, pero parecía ser que su subconsciente se empeñaba en quitarle la razón.

 

Cuando intento levantarse un peso muerto sobre su cintura se lo impidió,

 

 

muy despacio se fue dando la vuelta en la cama para encontrarse de frente con Kiran durmiendo tal plácidamente que parecía un maldito santo.

 

—¿Se puede saber qué diablos crees estar haciendo? —. No podía creerse que después de haber abandono la habitación como lo había hecho se hubiera atrevido a colarse en su cama.

—Y yo que creía que estaba claro —le dijo sin abrir siguiera los ojos—. Estoy intentando dormir, si no te importa, claro está.

 

—Mira pues sí que me importa, preferiría que te buscaras una cama que no fuera la mía —como podía tener tanta cara.

 

—Bueno, pero es que ahí es donde

 

te equivocas. Esta cama es mía no tuya, aquí solo eres una invitada, por así decirlo. O sea que, si no te importa, ¡Déjame en paz! —nada más ver la expresión en sus ojos se arrepintió de su salida de tono.

 

—Lo lamento, se me olvido que para ti solo soy un simple aperitivo. Y claro los aperitivos no tienen sentimientos y mucho menos opinión — dijo dándose la vuelta para que no pudiera ver el dolor que le causaban sus palabras —espero no volver a olvidarlo —. Termino en un susurro.

 

Kiran cerro con fuerza sus ojos y suspiro ruidosamente. Lo había vuelto a hacer, no sabía el porqué, pero siempre acababa atacándola.

 

 

—Megan, lo siento. No sé porque sacas todo lo malo que ahí en mí.

 

—No, no te disculpes. Solo contéstame ¿Qué quieres de mí? —le pregunto sin volverse a mirarle —¿Por qué no me dejas volver a casa? Si te todas maneras tú mismo lo has dicho, no soportas estar a mi lado.

 

—No pongas palabras en mi boca que yo no he dicho. Si es verdad que sacas lo peor de mi —empezó casi en un susurro —. Lo que ocurre es que nunca antes nadie me había hecho sentir así.

 

—¿Así como? —le pregunto Megan volviéndose hacia él para poder mirarle a eses ojos que siempre lograban hipnotizarla —por una vez, y si no te importa te podrías explicar con más

 

claridad.

 

—No quiero asustarte, no soportaría que me tuvieras miedo.

 

—Si puedo elegir prefiero saber la verdad —le dijo Megan con un tono de desesperación en la voz que no le pasó inadvertido —dime lo que quieres de mi exactamente y acabemos con esto.

 

—Quiero tu sangre, maldita sea. Últimamente solo puedo pensar en eso, en probar tu sangre.

 

14

 

Hacía casi dos días que no veía a Kiran. Desde su confesión parecía que había desaparecido del planeta. Y ella no conseguía sacarse de su mente esa última mirada, tan torturada, tan llena de pesar, tan llena de deseo.

 

Alguien le traía algo de comer cada día. Simplemente lo dejaban delante de la puerta de la habitación, golpeaban la puerta un par de veces y desaparecían.

 

La verdad es que ya estaba más que harta de permanecer encerrada en aquella habitación. Había tenido mucho

 

tiempo para pensar y por fin se había decidido. En cuando callera la noche volvería a casa y toda esa locura se habría acabado. Solo un par de horas más y volvería a ser libre.

 

No podía creerse que hubiera resultado tan fácil. No se había cruzado absolutamente con nadie, era como si

 

aquella enorme casa estuviera abandonada.

 

Encontrar la puerta principal no fue tarea fácil, pero cuando por fin la encontró descubrió que estaba abierta. Con cautela salió al exterior y después de asegurarse de que nadie la viera huyo.

 

—Por fin en casa —se dijo. Había

 

sido un camino más largo de lo que había provisto. Le había llevado dos largos días de viaje llegar hasta su casa y eso que en el último tramo se apiadaron de ella y por suerte lo hizo en coche.

Era extraño, pero ahora que estaba en su casa se seguía encontrando fuera de lugar. Quizás una buena ducha caliente conseguiría que se relajara.

 

El agua estaba estupenda y poco a poco fue soltándole los músculos agarrotados por culpa de los nervios acumulados por la fuga. Una vez acabada la ducha ya más relajada, se puso uno de sus viejos pijamas y se tiró en su destartalado sofá. Si, de acuerdo, no vivía en un palacio de cuento de

 

hadas, pero era su hogar y por fin estaba en él.

 

Estaba realmente agotada. Quien iba a pensar que la habían llevaba hasta Escocia, un viaje que habitualmente le llevaría cuatro horas en coche, le había costado dos días de viaje. Y eso gracias a los buenos samaritanos que se había encontrado en el camino. Poco a poco se le fueron cerrando los ojos y se quedó plácidamente dormida.

 

Corrió escaleras arriba, le estaba pisando los talones, debía darse prisa si la volvía a alcanzar con aquel cinturón que parecía que llevara soltado a su mano, esta vez era probable que acabara muerta. Por fin llego a la habitación que compartía con las demás niñas ya sin

 

 

aire en los pulmones cogió una silla y la utilizo para atrancar la puerta.

 

—Abre, maldita niña. Te avise de lo que pasaría si volvías a causar problemas —le grito furioso aporreando la puerta con saña.

 

Megan se removió incomoda en el sofá donde se había quedado dormida, con aquel sonido de golpes colándose a través de su sueño.

 

—Abre de una vez. Sé que estás ahí —alguien le gritaba desde el otro lado de la puerta —llevo días aquí esperando a que aparezcas. Abre de una puta vez.

 

Podía estar equivocada, pero si no era así, suponía que el que estaba aporreando la puerta de su casa con intención de tirarla abajo no era otro que

 

 

Mike. Y ella que creía que aquella altura ya se abría olvidado de ella, de todas maneras, cuanto tiempo había estado fuera.

 

—Un momento, ahora voy —le dijo incorporándose con dificultad del sofá y dirigiéndose a la puerta. No entendía a qué venia tanta insistencia.

 

Nada más abrir la puerta Mike se abalanzó sobre ella agarrándola del cuello.

 

—¿Dónde te habías metido? ¿Te has marchado con ese tipo verdad? —le iba gritando Mike mientras apretaba cada vez más las manos alrededor de su cuello.

—Suéltame —le dijo boqueando como pez fuera del agua, intentando

 

 

sacarse sus manos de encima. No puedes morir así se repetía una y otra vez. No puedes.

 

—Suéltala ahora mismo maldito mal nacido —grito de repente alguien. Al levantar la mirada se encontró con unos ojos dorados. No tuvo tiempo de procesar mucho más antes de salir volando y estrellarse contra la pared junto a Mike.

 

Al parecer Kiran lo había empujado contra la pared y él en su afán de no soltar su presa la había arrastrado con él.

 

—¡Te voy a matar! Cabrón, ni se te ocurra volver a tocarla —le grito Kiran fuera de sí. Cuando había entrado por esa puerta y había visto a aquel ser

 

 

inmundo agarrándola del cuello, todo absolutamente todo a su alrededor se había vuelto rojo.

 

—Ella es mía. Estúpido iluso. Sino mira como al final ha vuelto conmigo — le grito Mike a su vez, levantándose del suelo y yendo hacia él con paso vacilante —lo que ocurre es que yo no quiero saber nada de fulanas.

 

Todo se desarrolló a cámara lenta delante de sus ojos. Vio como Kiran fuera de si se abalanzaba sobre Mike y ladeando su cabeza le clavaba los colmillos en el cuello.

 

No supo que estaba gritando hasta que empezó a dolerle la garganta. Kiran soltó a Mike después de un rato y el cuerpo de este cayo inerte al suelo como

 

un muñeco roto produciendo un sonido sordo. Y fue aquel sonido precisamente el que saco a Kiran del extraño trance en el que se había sumido y en ese momento por fin vio a Megan y al mirar, en sus ojos encontró precisamente lo que nunca había querido ver. Terror, un terror absoluto dirigido hacia él.

 

15

 

Megan se encontraba en un extraño estado de shock. Sabía que debía salir de allí y huir lo más lejos posible antes de que regresara.

 

Su cerebro no era capaz de procesar lo que acababa de ver, eso no podía haber pasado realmente se decía una y otra vez. Pese a saber sin lugar a dudas que efectivamente acababa de ver como Kiran mataba a Mike clavándole los dientes en la yugular y bebiendo hasta dejarlo completamente seco.

 

Desde un principio la habían tratado como si fuera un simple aperitivo, cosa

 

que ella se negaba a afectar hasta ese preciso instante en que la muerte fue lo único que pudo distinguir en las pupilas de Mike.

 

La cuestión ahora era donde ir.

 

No sabía cuánto tiempo llevaba sentada en el suelo del salón cuando oyó que la puerta de la entrada volvía a abrirse.

 

—Sigues aquí —afirmo Kiran desde la entrada del salón sin atreverse a acercarse a ella. Ni, aunque pasaran mil años más lograría olvidar el terror de vio reflejado en sus ojos.

—¿Vas a matarme? —pregunto de repente Megan sin mirarlo siguiera.

 

El  silencio  que  se  extendió  entre

 

ellos fue como un manto gélido, antes de que Kiran se decidiera a contestar.

 

—Mírame, Megan —ordeno. Su tono sonó mucho más agresivo de lo que le hubiera gustado. Pero no podía evitarlo ¿Qué derecho tenia ella a hacerle aquella pregunta? Al fin y al cabo, él le acababa de salvar la vida. Si no hubiera llegado cuando lo hizo ahora sería ella la que estaría muerta y no él mal nacido de su novio. Solo con pensar en aquella simple palabra su sangre volvía a hervir y sentía la urgente necesidad de hacerle daño a alguien.

 

Megan levantó la vista muy despacio y lo miro sin parpadear con los ojos tan abiertos que era imposible no percibir el miedo reflejado en ellos.

 

—Dime, ¿te he dado algún motivo para pensar algo así? ¿en algún momento te he hecho algún daño? —el volumen de su voz iba subiendo de tono con cada pregunta. Pero al percatarse de que el cuerpo de la mujer empezaba a temblar algo muy parecido a la tristeza se adueñó de él —te iba a matarte —dijo derrotado—. Que querías que hiciera ¿Qué me quedara mirando?

Megan pudo sentir toda la angustia que se escondía detrás de aquella pregunta. Realmente era cierto, él le había salvado la vida. Pero debía existir otra forma de hacerlo no era posible que no se diera cuenta. Matar, y encima de esa manera, como si fuera una bestia sin sentimientos resultaba atroz. Ella

 

comprendía bien el instinto de supervivencia. Lo que realmente le aterraba de la situación es que parecía como si al haber arrebatado la vida a un ser humano no le afectara ¿Es que acaso con tenia conciencia?

 

—Dime algo. Insúltame si eso hace que te sientas mejor. Pero deja de mirarme así.

 

—Lo mataste, y disfrutaste haciéndolo —le dijo Megan. Unas lágrimas calientes habían empezado a correr por sus mejillas, al darse cuenta trato de limpiarlas con el dorso de su mano con movimientos furiosos —¿Y ahora qué? No me has contestado — insistió ella. Ahora fue el cuerpo de Kiran el que sufrió un estremecimiento.

 

Quizás estaba siento en estreno cruel, pensó Megan. Él tenía razón le había salvado la vida y hay estaba ella, echándoselo en cara.

 

—Ahora volveremos a Escocia. De donde no deberías haber salido. Si no lo hubieras echo, tu preciado novio, seguiría con vida —contraataco él —. Pero no te preocupes la próxima vez que te encuentres en una situación de vida o muerte quejare que te las apañes sola.

 

El viaje de vuelta al castillo se hizo interminable. Ninguno de los dos dijo nada en todo el trayecto. La atmosfera dentro del coche se volvía cada vez más asfixiante. Tanto fue así que en cuanto el coche empezó a perder velocidad

 

 

mientras se acercaba a la entrada del castillo, Megan salto de él, desesperada por alejarse de aquel ambiente opresivo que no la dejaba respirar.

 

—Vaya ¡Pero mira quien ha vuelto! —le dijo Lacey con sorna —parece que no le ha costado mucho hacerte volver

 

— replico y soltó una sonora carcajada. Había visto acercarse el  coche de Kiran por una de las ventanas. Y había decidido  bajar  a  recibirlo.  Lo  último que    esperaba    es    que    volviera

 

acompañado de aquella humana. Cuando advirtió que por fin se había

 

decidido a salir de la habitación había puesto en marcha su plan, retirando a los guardias de la puerta con la excusa de establecer las nuevas normas ahora que

 

 

era ella la que estaba al mando. Kiran se había puesto furioso al darse cuenta de su fuga y la reacción de los ancianos no había sido mucho más suave y todo para qué. Para que hubiera vuelto dócil, como un corderito al matadero.

—Debiste aprovechar la oportunidad —le dijo acercándose mucho a ella para que nadie más fuera capaz de oírla —la próxima vez no me será tan fácil hacer desaparecer a los guardias.

 

Megan se la quedó mirando con una depresión tal asombrada que ella rompió en carcajadas una vez más.

 

—¿Qué te hace tanta gracia Lacey? —espeto de repente Kiran que se había acercado hasta ellas y en aquel momento

 

 

sujetaba con fuerza el codo de Megan. —Nada en concreto, mi querido

 

Kiran —le respondió ella con una sonrisa cargada de intención —solo le daba la bienvenida a nuestra pequeña mascota. Más tarde estaré en el gimnasio si te apetece entrenar conmigo. Sé que el otro día te gusto.

 

Y con esas palabras los dejo a los dos allí y volvió a entrar en el castillo.

 

Kiran la arrastro tras él y a grandes zancadas entro también en el interior. A Megan le constaba seguirle el paso, pero no protesto en ningún momento, y él no se detuvo hasta haber llegado a su habitación.

 

—¿Qué te ha dicho? —le pregunto nada más cerrar la puerta tras de si—

 

 

Contéstame mujer esto no es un maldito juego —dijo desesperado cuando advirtió que ella no tenía la menor intención de abrir la boca.

 

—Porque debería hacerlo. Para que me puedas tachar otra vez de mentirosa —le grito Megan a la cara. No sabía porque, pero en ese momento ya no le tenía miedo. Solo sentía una tremenda rabia al saber que habían estado jugando con ella.

 

—He dicho que me contestes —la sacudió él tomándola por los hombros.

 

—¿Por qué no se lo preguntas a ella? Seguro que en este momento te está esperando impaciente en el dichoso gimnasio para jugar un ratito contigo — le respondió Megan cada vez más

 

 

cabreada.

 

—Se acabó mujer, estoy harto de que me arrojes mis intentos por protegerte a la cara —le dijo Kiran mientras la sujetaba con fuerza por los hombros —esto no es un juego me vas a contestar de una puta vez o seré yo el que te parte el cuello.

 

Megan se quedó mirándolo estupefacta. No podía creer que le estuviera hablando así.

 

—No sé de qué estas hablado. Y si tanto te interesa tu amiguita solo me estaba informando de que gracias a ella había conseguido escapar y que la próxima vez no sería tan fácil.

Megan completo como el semblante de Kiran cambiaba a medida que ella

 

 

continuaba hablando. Su expresión paso de la furia más absoluta a la incredulidad y a continuación su rostro adopto esa mascara impasible a la que tanto la tenía acostumbrada.

 

—Que te ha dicho exactamente — dijo mientras la soltaba.

 

—Que ella se había encargado de que los guardias no estuvieran en sus puestos para que pudiera escapar con facilidad —le contesto esta vez con presteza.

 

—¡Maldita esa! Debería habérmelo imaginado —exclamo Kiran indignado —escúchame bien quiero que a partir de ahora te mantengas alejada de ella.

 

—¡Me crees —exclamo Megan incrédula!

 

—La verdad, mujer no te entiendo ¿Por qué no habría de hacerlo? —dijo Kiran mirándola muy fijamente —a veces pienso que no hablamos el mismo idioma.

 

—Y yo creo que lo que quieres es volverme loca. Hace apenas unos días me trataste de mentirosa, cuando tu amiguita dijo que yo le había dado permiso para entrar. Pero si incluso me prohibiste hablar si antes no me preguntaban. Y ahora me acusas de no saber lo que oigo —la voz de Megan sonaba cada vez más indignada. Cosa que le pasaba cada vez más a menudo últimamente. Ahora que lo pensaba detenidamente le pasaba desde que lo conocía a él. Antes ni es sus mejores

 

sueños se hubiera atrevido a levantarle la voz a nadie y menos a alguien con su aspecto.

—Ciertamente no entiendes nada, mujer. Yo no te acuse de mentirosa, solo intentaba que no te metieras en otro lio tu solita. Nunca debes llevarle la contraria a uno de los míos, a no ser que tengas ganas de morir. Que era exactamente lo que pretendía Lacey, tener una excusa para ir a por ti. Y ya que estamos, deja de referirte a ella como mi amiguita.

 

—A no amiguito, no me dejaste ni hablar. Simplemente me ordenaste que me callara ¿y ahora debo creerte cuando me dices que era por mi bien? Perdona que lo dude.

 

 

Amiguito, aquella descarada se había atrevido a llamarlo amiguito. Tuvo que hacer un esfuerzo enorme para que no se le escapara una carcajada. Por lo menos había salido algo bueno de toda aquella discusión absurda, en su mirada ya no había miedo cuando lo miraba. Ahora solo podía ver rabia, incredulidad. Si le preguntaban a él, prefería eso mil veces antes de volver a ver como lo miraba con miedo.

—¿Y ahora, porque me miras así? Si no te molesta explicármelo claro. Lo último que me gustaría seria llevarte la contraria, y mucho menos hablar cuando no debo.

—Tengo que reconocerte una cosa, mujer —le dijo sin poder evitar que una

 

 

sonrisa asomara a sus labios —eres valiente. Tengo una propuesta que acerté.

 

—¿Tú dirás? —le pregunto Megan impaciente cuando se limitó a permanecer callado mirándola.

 

—¿Qué te parece si empezamos de nuevo? —y sin darle tiempo a contestar le tendió la mano —hola me llamo Kiran. Y necesito tu ayuda. Si te parece bien —termino ya sin poder ocultar su sonrisa.

 

—¿Me  estas  tomando  el  pelo,

 

¿verdad? —dijo Megan mirando incrédula la mano que seguía tendida ante ella. Después elevo su mirada para poder ver su expresión y al encontrase con aquella sonrisa sincera la primera

 

que le había visto no le quedó más remedio que estrecharle la mano—. Bueno y dime ahora que parece que somos amigos ¿Qué quieres de mí?

 

 

16

 

Y vaya si habían empezado desde el principio. Esta vez se lo había contado todo con pelos y señales. Empezando por la famosa profecía, de la cual había incluso prometido conseguir una copia para que pudieran examinarla juntos, hasta llegar a lo de que ella ahora era su mujer. Eso es lo más parecido a nuestro emparejamiento le había dicho. Nosotros nos emparejamos con una especie de contratos prorrogables y mientras permanecemos juntos nos debemos lealtad mutua. La verdad es que no sonaba muy romántico, ¿no? Lealtad y que había del amor y de la

 

pasión.

 

Después de soltarle toda aquella información la dejo solo otra vez. Aunque realmente no estaba obligada a permanecer allí encerrada. Según le había explicado era libre de moverse por el interior del castillo. Siempre que respetara ciertas normas, como no discutir con nadie, y ya que era su pareja, estaba relativamente segura dentro del castillo. La verdad es que no le apetecía mucho poner a prueba esa teoría.

 

Por otra parte, no ponía dejar de pensar donde estaría él y si se habría ido a reunir con la tan Lacey. Cosa que realmente no debería importarle, pero por más que lo pensara, no podía evitar

 

el extraño nudo que se le formaba en al estómago al imaginarlos juntos.

 

Miro a su alrededor en un intento por encontrar algo que la ayudara a pasar el tiempo. En aquella habitación no había nada, ni un libro, ni una triste revista, y ya no habláramos de un televisor. Ahora que la idea de que estuvieran juntos se había instalado en su cerebro necesitaba algo con lo que distraerse.

 

Asomo la cabeza por una ranura de la puerta de la habitación y comprobó que no se veía a nadie. En un lugar como aquel debía haber por lo menos una biblioteca, pensó. La idea de permanecer encerrada en la seguridad de aquella habitación ya no le parecía

 

tan atractiva, no quizás debería aventurarse a salir. Al fin y al cabo, no sabía exactamente cuánto tiempo iba a permanecer allí.

 

Tomada la decisión abrió la puerta y salió de la habitación. Bueno y ahora que, pensó contrariada. Aquello era enorme y no tenía ni idea de por dónde empezar a buscar. Que más daba, se dijo, si te todas maneras, no sabía dónde se dirigía cualquier camino era bueno. Y con esa idea en mente empezó a andar sin un destino.

 

Después de pasear por aquellos largos pasillos dio con una puerta con aspecto prometedor. Después de dudarlo un momento la empujo para poder entrar.

 

Al otro lado no encontró lo que ella esperaba, sino un amplio gimnasio completamente equipado y en el centro como ella había temido se encontraba Kiran acompañado de Lacey.

 

Estaban tan concentrados en su conversación que no se habían percatado de que ella había entrado en la sala. En cambio, Megan no podía apartar los ojos de ellos, la verdad es que no podía negarse que hacían muy buena pareja. Era como mirar una colisión, quieres apartar la vista, pero no puedes evitar mirar. Ojalá lo hubiera conseguido, o mejor en cuanto se dio cuenta de donde estaba debía haber salido de allí, pero no ella se quedó allí mirándolos, mirando como aquella,

 

 

aquella…mujer se podía de puntillas y juntaba su boca con la de Kiran. No pudo seguir mirando, el nudo que se le había formado en la garganta le impedía respirar con normalidad. Cuando fue capaz de hacer que su cuerpo le obedeciera se dio la vuelta para salir por aquella puerta por la que nunca debió entrar.

 

—Megan, ¿Necesitabas algo? —le pregunto Kiran alcanzándola en mitad del pasillo. Su primera intención había sido pedirle disculpas, pero al pensarlo mejor se dijo que él no tenía nada por lo que disculparse. En realidad, no había hecho nada malo.

 

—No, solo estaba buscando una biblioteca —le contesto sin poder

 

 

mirarle a los ojos.

 

—Sí, claro. Si hubiera pensado que te podía interesas visitarla yo mismo te hubiera llevado. Esta justo aquí a la vuelta de la esquina. Si quieres te acompaño —no entendía porque, pero seguía teniendo esa extraña sensación que le decía que le debía una disculpa.

 

—No de verdad, no hace falta. Tu sigue entrenando —le dijo para a continuación darse la vuelta y seguir tu camino. No podía enfrentarse a él en aquel momento o le diría algo de lo que después con toda seguridad se arrepentiría.

 

—Lacey, debes dejar de hacer eso. Creía que por fin habíamos aclarado las

 

cosas —le dijo Kiran nada más volver al gimnasio. Estaba siendo un maldito dolor de muelas ponerle buena cara a Lacey para que se olvidara de Megan. Pero había una cosa por la que no estaba dispuesto a pasar, no le iba a permitir pasar la línea de lo personal —no quiero problemas Lacey, ya tengo suficiente con tener a los ancianos pendientes de mí.

 

—Ya te lo he dicho, Kiran puedes contar conmigo. Para cualquier cosa que necesites, ya sabes, me tienes aquí.

 

No se podía decir que la sutileza fuera su fuerte. Más bien su falta de ella. Empezaba a estar muy cansado de su insistencia. Todo fuera porque se olvidará de la existencia de Megan. La

 

había catalogado como una rival, y eso era muy peligroso para ella.

 

Bueno ahora mismo tenia cosas más importantes en las que ocupar su tiempo. Se dirigió hacia la biblioteca con paso firme, antes de reunirse con Lacey en el gimnasio, había ido a la sala del consejo, y aprovechando un momento en el que el guardia no miraba le saco una foto a la profecía. Que mejor sitio que la

 

biblioteca para empezar su investigación.

 

Encontró a Megan sentada en una enorme butaca con un libro en el regazo. Estaba muy concentrada en su lectura y de vez en cuando algo que estaba leyendo le arrancaba una sonrisa.

 

—Siento  interrumpir    lectura,  se

 

 

nota incluso desde aquí lo mucho que lo estas disfrutando, pero había pensado que ya que he conseguido fotografiar la profecía podríamos échele un vistazo.

 

—La tienes —exclamo Megan emocionada —déjame verla.

 

—Un segundo, mujer impaciente, déjame que me conecte al ordenador y sacare una copia impresa. Sera más cómodo para leerla.

 

—¿El ordenador? Cualquiera se cree así que eres un ser de película de terror —le dijo Megan haciendo una mueca. Un ser que no debería existir era un experto en tecnología moderna. Quien lo hubiera dicho.

 

—Que creías que todavía escribía en papiro. Siento desilusionarte, pero a

 

 

nosotros también nos gusta la tecnología —dijo Kiran mientras se hacía con la copia de la profecía que acababa de imprimir —bueno, aquí la tienes —le dijo tendiéndole un folio —léela todas las veces que quieras y después me cuentas que piensas.

 

Megan cogió aquel simple folio en sus manos, he aquí el culpable de todos mis problemas pensó y suspirando empezó a leer:

 

 

 

Escuchad me hijos míos. Estáis malditos por los pecados de vuestra madre, contradije los dictados de mi

 

padre, fui en contra de su voluntad, y vosotros mis queridos niños pagares por mis pecados. Castigados a vagar eternamente por el camino de los tiempos hasta que logréis redimir mi pecado. Debéis encontrar el camino del corazón hijos míos, ya que

 

solo comprendiendo la humanidad que habita en vosotros la maldición se revertirá. Pero si no lo

 

conseguís vuestro destino será el olvido eterno. Este es mi legado y no sabéis como me arrepiento.

 

 

Lilith

 

Lo primero que Megan pensó era que para haber causado tantos problemas no era muy larga. Lo segundo que tenía más dudas que respuestas y lo tercero, y que no tenía ninguna relación con el tema, que seguía sin poder quitarse de la cabeza la imagen de Kiran besando Lacey.

 

—¿Qué opinas? —le pregunto Kiran

 

 

—has podido sacar algo en claro. —Buena primero me gustaría que

 

me aclararas unas cuantas cosas —le pregunto Megan dubitativa. No se podía decir que obtuviera muy buenos resultados cuando se trataba de conseguir respuestas.

 

—¿Cómo, por ejemplo —la azuzo Kiran cuando noto su renuencia a preguntar?

 

—¿Cómo, por ejemplo, quien es Lilith y que hizo exactamente?

 

—Veras, es una historia bastante complicado, pero intentare explicártela lo mejor que pueda. Como dice la profecía Lilith es la primera, la madre de todos nosotros. Según cuentan fue la primera compañera de Adam en el

 

paraíso. Pero ella no estaba de acuerdo con las creencias de este, que pensaba, que debía someterse a él. Opinaba que si eran iguales pues habían sido creados de la misma arcilla porque razón debía Adam ser su superior. Cuentan que cuando Dios no le dio la razón ella abandono el paraíso por voluntad propia. Y al cabo que un tiempo empezó a relacionarse con demonios y hasta tuvo hijos con ellos. Pero el creador no estuvo de acuerdo y mando a buscarla ya que él la había creado porque pensaba que el hombre necesitaba una compañera. La encontraron viviendo en una cueva.

 

Cuando se negó a regresar al paraíso Dios ordeno que mataran a los

 

 

hijos que había tenido con esos demonios y creo a Eva a partir de una de las costillas de Adam para asegurarse así su obediencia. Lilith furiosa por la muerte de sus hijos dijo que se vengaría matando a los descendientes de Adam y Eva dando de beber su sangre a sus propios hijos. Y por lo que parece cumplió su promesa —le dijo Kiran — No es un cuento de hadas ¿verdad?

 

—No, es una historia bastante triste ¿Qué culpa tenían los hijos de Lilith de la decisión de su madre? ¿Y esos otros niños? ¿Por qué al final los más perjudicados son los inocentes? —dijo Megan sumida en sus pensamientos.

 

—Nadie ha dicho que la vida deba ser justa —le respondió Kiran en un

 

susurro —por lo que hizo nuestra madre todos nosotros estamos malditos ¿Qué es lo que debemos aprender de los humanos? —le pregunto Kiran —La historia demuestra que sois tanto o más vengativos que nosotros. Entonces ¿Qué nos podéis enseñar?

 

La verdad es que tenía razón. La historia estaba plagada de atrocidades cometidas por los hombres pensó Megan. Entontes ¿Cuál era la respuesta a su pregunta? Para ser honesta con ella debía reconocer que no tenía ni idea.

 

Se sumieron en un silencio compartido, cada uno de ellos absorto en sus propios pensamientos. Ninguno dispuesto a alteran la paz que parecía haberse instaurado entre ellos.

 

Cuando uno conseguía ponerse en el lugar de la otra persona era mucho más fácil comprender su manera de actuar.

 

17

 

—Megan, despierta. Esta soñando —la sacudió Kiran intentando sacarla de su pesadilla —. Megan, despierta.

 

Megan se sacudió en sueños intentando sacarse de encima las manos de su agresor. La había alcanzado, ahora utilizaría su cinturón como tantas veces. Se volvió a remover en la cama soltando un lastimero gemido.

 

—Megan, despierta. Es solo una pesadilla —le dijo Kiran agitándola con más fuerza.

 

Megan empezó a salir de su sueño con dificultad. Miro a su alrededor

 

 

desorientada, sin saber muy bien donde se encontrará. En su mente todavía se encontraba atrapada en la casa de su infancia. Le constaba respirar, poco a poco su vista se fue adaptando a la oscuridad que reinaba en la habitación y consiguió por fin salir de las brumas en las que su pesadilla la habían atrapado.

 

—Megan, ¿Te encuentras bien? —le pregunto Kiran preocupado. Estaba tan pálida que temía que se desmayara en cualquier momento —Megan dime algo, ¿qué puedo hacer por ti?

—Estoy bien, ha sido solo un sueño.

 

Siento haberte despertado.

 

—No digas tonterías y cuéntame que estabas soñando para que te alterara tanto. Tienes muy mala cara, y da la

 

 

impresión que te puedes desmayar en cualquier momento.

 

—Vaya, gracias por eso de la mala cara —dijo para intentar cambiar de tema —y ya que quieres aprender, te diré que en una situación como esta cualquier humano me hubiera consolado con un buen abrazo.

 

Kiran se acercó más a ella mirándola directamente a los ojos y muy despacio la rodeo con sus brazos y la atrajo hacia él.

 

—¿Te referías a algo así, profesora? Megan   se   sentía   incapaz   de contestar. No estaba preparada para el aluvión   de    sensaciones    que    la traspasaron,  oprimiéndole   el   pecho. Dejándola  sin  respiración.  No  quería

 

que la soltara nunca y a la vez le aterraba sentir lo que estaba sintiendo. Como podía ser, cuando le había pasado esto. Claro que todas las señales siempre estuvieron allí, aunque no hubiera querido verlas.

 

—¿Qué pasa profesora, tan mal lo hago que te has quedado muda? —se rio Kiran de ella. No le había pasado desapercibido el temblor que recorría su cuerpo. Ese sueño le había afectado mucho —, bueno profe, ya que no me vas a dar tu opinión, me dirás al menos con que soñabas.

 

—No ha sido nada, una estúpida pesadilla, nada más —le contesto ella por fin deshaciendo el abrazo —es tarde y estoy cansada. Sera mejor que

 

 

volvamos a dormir.

 

—Buenas noches, entonces. Si me necesitas no tienes más que llamar —le respondió Kiran sin querer presionarla. Entre ellos se había instaurado una paz efímera y no le gustaría romperla por ningún motivo —estaré junto aquí al lado.

 

Desde que había vuelto al castillo disponía de su propia habitación, cosa que agradecía tremendamente. Pero en aquel preciso momento hubiera preferido que se quedara allí con ella, en lugar de estar en la habitación de al lado.

 

Se había pasado casi toda la noche dando vueltas en la cama sin poder

 

dormir. La revelación de la noche anterior no dejaba de darle vueltas en la cabeza. Como era posible que sintiera algo por aquel ser. Le había visto matar a sangre fría a un ser humano, si hasta había admitido que deseaba beber su sangre. Debería estar planeando como huir de allí y en vez de eso estaba pensado en cuando seria la próxima vez que él la abrazaría.

 

Lo mejor sería que se diera una buena ducha y después hiciera un poco de ejercicio. El ejercicio siempre iba bien para despejar la mente. Con la decisión tomada se dirigió hacia el baño para darse la deseada ducha.

 

 

Llevaba  más  de  dos  horas  en  el

 

 

gimnasio practicado, el yeso no le ponía las cosas muy fáciles, pero daba igual había merecido la pena. Se sentía mucho más despejada y activa que lo que se había sentido días atrás. Quizás debiera renovar las costumbres adquiridas.

 

Estaba cogiendo la toalla para secarse el sudor cuando se abrió la puerta del gimnasio.

 

—Vaya, vaya, vaya ¿Pero que tenemos aquí? —le dijo el desconocido con una sonrisa burlona en el rostro.

 

—Esto, ¿Hola? Yo ya me iba —le dijo Megan recogiendo la sudadera que se había quitado hacia un rato. Nada más verlo entrar había percibido el peligro. Mejor sería que se quitara de en medio.

 

—Pero por qué tanta prisa. Quédate

 

 

un rato y entrenamos juntos.

 

—Veras no creo que estemos en el mismo nivel, será mejor que me marche —dijo dirigiéndose hacia la puerta.

 

—Venga, no seas así. Quédate a jugar un poco conmigo —le dijo él cortándole el paso.

 

—Tendrá que ser en otro momento. Kiran me está esperando en la biblioteca. Si llego tarde se va a preocupar —no le quedaba más remedio que probar la baza del emparejamiento. Con un poco de suerte la velada amenaza daría resultado y la dejaría marchar.

 

—Muy listo el viejo Kiran. Buscarse un cachorrito que le caliente la cama y le sirva de aperitivo de media

 

 

noche. Creo que tendré que hablar con él para ver si nos repartimos la custodia.

—No soy ningún cachorrito, y mucho menos le caliento la cama a nadie. Soy una persona, tengo sentimientos y merezco un respeto —le espeto furiosa. Al diablo las recomendaciones de Kiran para tratar con ellos.

 

—El respeto hay que ganárselo. Nosotros somos cazadores, guerreros. Si quieres respeto gánatelo —de su rostro había desaparecido cualquier expresión risueña, adquiriendo la apariencia de una estatua de mármol.

 

—Ganármelo, ¿Cómo según tú me puedo ganar tu respeto? —le pregunto Megan mirándolo fijamente.

 

 

—Pelea conmigo. A ver que eres capaz de hacer. Venga cachorrito —le dijo retándola, agitando una mano hacia ella animándola a acercarse a él.

 

—Supongo que no me vendría mal un poco más entrenamiento —le dijo para a continuación conectarle un golpe en la mandíbula —no, no me vendrá mal soltar un poco más de adrenalina.

—No está mal, cachorro, no está nada mal —le dijo el frotándose la barbilla. En su voz se podía apreciar un tono de admiración — después con un movimiento experto la derribo en el suelo inmovilizándola allí con su propio cuerpo.

 

—¿Se puede saber que está pasando aquí? —Kiran estaba furioso. No podía

 

creerse lo que estaba viendo con sus propios ojos. Había quedado con ella ya hacia un rato y al ver que no aparecía había decidido ir a buscarla. Y como la encontraba, haciendo manitas con ese guerrero. No iba a permitir que le faltaran al respeto. Ella era su pareja, si, por orden de los ancianos, pero su pareja. Ese guerrero no tenía ningún derecho a tocarla. Y ella, ella debería estar resistiéndose con todas sus fuerzas.

 

—¡Ah! Hola capitán, perdón, es la costumbre. Hola Kiran. Nos pillas un poquito liados —le dijo el guerrero riendo irónicamente —aquí la cachorrita quería entrenar un poco ¿No te importa, ¿verdad?

 

—Sera  mejor  que  la  sueltes  —le

 

dijo acercándose a ellos —y tú la próxima vez que quieras entrenar me lo dices a mí —le dijo a Megan tendiéndole una mano para ayudarla a incorporarse —al fin y al cabo, es mi obligación suministrarte todo lo que desees —su tono no dejaba lugar a dudas de lo enfadado que estaba.

 

—Bueno, yo me largo. Os dejo que resolváis vuestros problemas. Pero si quieres mi opinión, Kiran —le dijo apoyando una mano en su hombro —es muy pronto para tener problemas en el paraíso, quizás es una señal. A lo mejor deberíais rescindir el contrato. Quizás otro macho sabría cómo controlar a la cachorrita mejor que tu —le dijo mientras miraba de forma provocativa a

 

 

Megan.

 

—Lárgate de aquí, y guárdate tus consejos. No los necesito—. Le espeto Kiran.

—¡Hey! Yo solo quería ayudar — dijo haciéndose el ofendido —y tú ya sabes dónde encontrarme —le dijo volviéndose para mirar a Megan directamente a los ojos, para a continuación giñarle un ojo.

 

—¿Ha que estás jugando? —le pregunto Kiran. Estaba tan enfadado. ¿Cómo podía jugar así con su vida? — ¿Creía que después de la charla del otro día las cosas habían quedado claras? Pero por lo que he visto hoy aquí no te importa nada de lo que yo te digo.

 

—¿De qué estás hablando Kiran? ¿No sé

 

qué te pasa ahora, porque estás cabreado conmigo? — Le pregunto a su vez Megan cada vez más enfadada.

 

—¿Qué no lo sabes, y tienes el valor de decírmelo así, a la cara? ¿Qué se supone que estabas haciendo con ese tipo? ¿Qué pasa contigo te gusta jugar con fuego? ¿O es que acaso no le das ninguna importancia a tu vida? — Kiran tuvo que reunir toda la fuerza de voluntad que le quedaba para no agarrarla por el cuello y estrangularla allí mismo. ¿Cómo era posible que no se diera cuenta del peligro que estaba corriendo? ¿Cómo había podido permitir que ese la tocara? —Mira no creo que tengo que darte ninguna explicación, Pero ese tipo me reto, dijo que era la única manera de

 

ganarme su respeto. ¿Qué pretendías que hiciera que agachara la cabeza y saliera corriendo? Te recuerdo que si me encuentro en esta situación es por tu culpa. Yo no te pedí esto en ningún momento, y no voy a permitir que un matón del tres al cuarto me acobarde ahora que empezaba a disfrutar de la poca libertad que tengo — Megan noto como los ojos se le llenaban de lágrimas. No lloraría pensó, no delante de él. Inspiro profundamente para calmarse y le dio la espalda dispuesta a salir del gimnasio y regresar a su habitación.

 

—¡Ni se te ocurra! —le gruño Kiran — Está conversación no ha acabado. Y no lo hará hasta que yo lo decida. Estoy

 

harto de que me pongas a prueba. A partir de ahora solo saldrás de tu habitación cuando yo te dé permiso.

—¿Y también me dirás cuándo debo comer? — Le pregunto Megan dándose la vuelta de golpe.

 

—Ya que parece que no sabes lo que te conviene, si lo hare.

 

 

18

 

Hacía tres días que no salía de su habitación, el mismo tiempo que hacía que no veía a Kiran. Todavía no comprendía por qué se había enfadado tanto con ella. Aunque ahora mismo tampoco era que le importara mucho. Quién se había creído que era. Solo otro machito más que se creía con derecho de dominar a las mujeres. La verdad no le extrañaba que estuvieran malditos. ¿En todo este tiempo no habían aprendido nada? Kiran parecía que no, solo le había faltado agarrarla por el pelo y llevarla a rastras hasta su habitación. Y después le hablaban a ella de respeto.

 

¿Seguro que no sabían ni lo que significaba esa palabra?

 

Dios, estaba tan harta de estar ahí encerrada. Si no hacía algo rápido, acabaría volviéndose loca.

 

La puerta de su habitación se abrió sin previo aviso. Y allí estaba él. El causante de todos sus males mirándola con su cara de perdonavidas.

 

—Será mejor que te prepares vamos a salir — le dijo Kiran a modo de saludo. —¡Vaya! Hola, ¿cómo estás, yo bien? Por cierto, me alegro de verte —le contesto Megan con una voz cargada de ironía.

—Te espero en la puerta de la entrada en cinco minutos. No tardes. —Y con

 

 

esas palabras salió de la habitación igual que había entrado.

 

—¿Me vas a decir por lo menos dónde vamos? —le pregunto Megan sentada a su lado. No se había molestado en dirigirle la palabra desde que había subido al coche. Simplemente la había mirado como quien mira a través de algo significante, y había puesto el coche en marcha sin pronunciar palabra.

 

—Tienes hora para tu revisión —se limitó a decirle sin apartar los ojos de la carretera.

 

Cómo podía ser, ya habían pasado dos semanas. Dos semanas sin hacer ningún avance en desvelar la profecía. Dos semanas conviviendo con aquellos seres. Si es que aquello se le podía

 

 

llamar convivir. Había estado tan sumida en sus miserias que no se había percatado del paso del tiempo. Debía hacer algo. Tenía que recupera su vida.

 

El trayecto hasta el hospital se le hizo interminable. En cuanto Kiran aparco el coche bajo de el a la velocidad del rayo. Sin darle tiempo a reaccionar, la agarro del codo, incluso antes de que bajara del coche y la arrastro hasta el interior del hospital.

 

—La señorita Megan Latimer tiene hora para una revisión —le dijo a la chica del mostrador en cuanto se detuvieron frente a ella.

 

La chica, una jovencita bastante guapa levanto la vista del ordenador y en cuanto poso su mirada en el rostro de

 

Kiran se quedó prendada de él.

 

Megan no puedo evitar el resoplido que salió de su garganta. Por ella se lo podía comer con patatas.

 

—Señorita, disculpe, pero tenemos algo de prisa —le dijo Kiran a la chica que lo miraba embobada.

 

—Sí por supuesto, discúlpeme ¿Podría repetirme el nombre? — le respondió la chica avergonzada.

 

—Megan, Megan Latimer — le respondió Kiran. En el tono de su voz se notaba que estaba perdiendo la paciencia.

 

—¡A sí! aquí está. Los están esperando en la sala tres al fondo del pasillo —le respondió la muchacha con una sonrisa

 

de oreja a oreja.

 

Kiran no se molestó ni en darle las gracias. Volvió a sujetarla por el codo y se dirigió hacia el pasillo.

 

—Sé caminar yo sola. Sin que nadie me guie —le espeto Megan intentando zafarse de su mano.

 

—Yo no estaría muy seguro de eso —le dijo él simplemente sin siquiera mirarla a la cara. Y la sujeto con más fuerza.

 

Cuando llegaron frente a la consulta, Kiran llamo un par de veces y sin detenerse apenas un instante mi esperar a que le dieran permiso entro.

 

—¿La señorita Latimer supongo? —le pregunto el hombre que estaba sentado detrás del escritorio.

 

La verdad es que era un hombre muy atractivo se dijo Megan antes de responder con un movimiento afirmativo de su cabeza.

 

—¿Bueno, dígame señorita cómo se encuentra? ¿Ha sentido alguna molestia? —le pregunto al doctor solicito.

 

—La verdad es que me encuentro bien —le respondió Megan con una sonrisa —un poco harta de llevar esto —añadió levantando su brazo escayolado.

 

—¿Bueno vamos a ver qué podemos hacer referente a eso? Sí me acompañan haremos unas radiografías — le dijo el buen doctor —usted señor...

 

—Latimer, mi nombre es Latimer — respondió Kiran de mal humor.

 

—Usted señor Latimer puede esperar aquí. No tardaremos mucho. Y no se preocupe le ha seguro que su hermana está en buenas manos — Dijo el doctor abriendo la puerta y guiando a Megan fuera.

 

¿Hermano, es que acaso tenía pinta de ser el hermano de alguien? Ese hombrecillo insignificante debería andarse con ojo y no pasarse de listo si no quería que le separara la cabeza del resto del cuerpo.

 

¿Cuánto se podía tarda en hacer una simple radiografía? Pensó Kiran por enésima vez. Estaba a punto de salir al pasillo para ir a buscarla cuando oyó su risa. No estaba seguro de cómo lo sabía, pero lo sabía. Era ella.

 

Kiran abrió la puerta del despacho de un tirón. Y se los encontró allí en medio del pasillo. Megan sujetaba al doctor por un brazo y se reía con ganas de algo que le estaba contando.

 

—¿Qué es eso tan gracioso, a lo mejor, si me lo cuenta yo también me rio? —le dijo Kiran de malos modos. Ni siquiera se habían dado cuenta de que estaba allí. —A señor Latimer, espero que no le haya sido muy larga la espera —le respondió el doctor sin ni siquiera

 

mirarle. Estaba muy ocupado contemplando a Megan —le estaba diciendo a su hermana que todo está bien, pero tendrá que llevar el yeso por lo menos una semana más —y tuvo la desfachatez de volverse otra vez hacia

 

Megan para dedicarle una sonrisa radiante.

 

—Entonces, doctor, en qué fecha exacta tiene que volver mi mujer. Vera es que tiene bastante mala memoria y si yo no me ocupo de recordarle las cosas nunca estaría donde debe —le informo Kiran muy solicito. Decididamente si no salía de allí de inmediato le arrancaría la cabeza.

 

Ha Megan no se le escapo el doble sentido de su advertencia. Y a partir de aquel comento se acabaron las risas. Había sido divertido ver su cara cuando el doctor lo había tomado por su hermano. Pero más valía no jugar con fuego.

 

—¿Era necesario que fueras tan borde

 

 

con el pobre doctor? —le pregunto Megan nada más llegar al coche.

 

—Puedes dar gracias que todavía conserve la cabeza sobre los hombros —y no se podía imaginar cuando le había constado no hacer precisamente eso.

La salida de tono de Kiran la dejo tan descolocada que no supo que contestar. Era posible que estuviera celoso.

 

Transcurrido un rato y después de mucho pensar, decidió que las cosas no podían seguir así. Ella estaba atrapada en esa situación supuestamente para ayudarle a interpretar la profecía. Habían pasado dos semanas y no habían avanzado nada. Y no lo conseguirían si no podían estar juntos sin sacarse los ojos.

 

—Kiran, creo que deberíamos firmar una tregua. No podemos seguir así. No nos lleva a ningún lado. No hemos avanzado nada con la profecía y el tiempo pasa. Puede que tu tengas todo el tiempo del mundo, pero yo no —le dijo Megan sin apartar la mirada de su rostro con la esperanza de captar cualquier reacción que le diera una pista de lo que estaba pensando.

—Ya empezamos una vez de cero y no funciono —se limitó a decir él. —Entonces, ¿Qué propones, que sigamos igual que estos últimos días? — le dijo Megan desesperada —que sepas que estoy muy cansada de esperar a ver qué pasa. O sea que piénsalo bien Kiran. Porque si la situación no cambia no me

 

necesitas para nada. Volveré a mi casa. No sabes cómo lo estoy deseando. —¿Me estas amenazando? Porque te aseguro que no te conviene. Y menos después del numerito con el doctor. —No Kiran y no me amenaces tu a mí. Como podía ser tan intratable se dijo Kiran. Y aun así cuando le dijo que volvería a su casa se le retorció el estómago. No tenía ni idea de cómo afrontar todo lo que le hacía sentir. Si por primera vez en su vida podía decir que sentía algo por otra persona.

 

19

 

¿Qué hacia los espiaba desde las ventanas? Era como vivir la misma historia dos veces. Solo que esta vez ella estaba preparada.

 

Espero a que Kiran bajara del coche y le dio tiempo a que se adelantara antes de salir. Gracias a Dios parecía haber olvidado la molesta costumbre que tenía últimamente y no la arrastro con él.

 

—Kiran, los ancianos te esperan. Sera mejor que te des prisa —le informa Lacey prácticamente sin dejarle llegar a su altura.

 

—Ahora  iré,  Lacey.  Primero  voy  a

 

 

acompañar a Megan hasta su habitación —que habría pasado ahora. No tenía tiempo para eso. Debía aclarar las cosas con Megan cuanto antes.

 

—Yo la acompaño. Tu date prisa. No se puede decir que estén de muy buen humor —le dijo Lacey cuando se dio cuenta de que se disponía a discutir con ella.

Kiran miro a Megan indeciso, estaba claro que Lacey se la tenía jurada. Por alguna extraña razón pensaba que él debía ser su pareja. Ella lo miro a su vez trasmitiéndole un mensaje alto y claro. Sus ojos decían “ves estaré bien” —De acuerdo, —dijo al fin —la dejo en tus manos —y con esas palabras se fue para reunirse con los ancianos.

 

 

—Maestros, Lacey me ha dicho que me habéis mandado llamar —les dijo Kiran a los ancianos nada más entrar.

 

—Así es, Kiran. Estamos impacientes por que nos cuentes lo que has averiguado.

 

—Me temo que no mucho. Lo que si os puedo decir es que los humanos son los seres más irritantes que he conocido — les respondió Kiran a la vez que a su mente acudían cada una de las peleas que había tenido con Megan.

 

—Lamentamos oír eso. Realmente es una mala noticia. Nuestro tiempo es más corto de lo que creíamos —le informaron los ancianos—. Nos hemos dado cuenta que la falta de sangre

 

 

humana fresca hace que poco a poco enfermemos.

 

—¿Enfermar? ¿De qué manera enférmanos?

 

—Nos está invadiendo una extraña enfermedad mental que nos vuelve más agresivos. Uno de los casos más graves que se ha detectado intento alimentarse de su propia pareja. El pueblo exige que se revoque la orden de protección le los humanos. Pero, aunque la revoquemos no nos asegura que los aceptados vuelvan a la normalidad —le dijo Seth muy serio.

 

—Si revocáis la orden, la humana estará en peligro dentro del castillo —les dijo Kiran, estaba empezando a preocuparse —. No creo que el que sepan que es mi

 

pareja los detenga.

 

—¿Te preocupa el bienestar de una humana? —le pregunto Seth con tono indignado—. Nosotros no tenemos tiempo de pensar en insignificancias. Nuestro pueblo se muere. Tu principal preocupación debería ser descifrar la profecía no proteger a la humana —iba diciéndole Seth elevando el tono con cada afirmación.

 

—Y eso pretendo mi señor, pero necesito a la humana para ello. —Entonces, date prisa. En cinco días levantaremos la prohibición. Danos una respuesta a la profecía —le exigieron—. Y ahora retírate.

 

20

 

Megan había conseguido llegar a su habitación sin incidentes pese a su escolta. Hacía ya un rato que esperaba oír algún sonido en la habitación de al lado, pero todo se mantenía en silencio. Kiran estaba tardando mucho en volver y por la urgencia que había detectado en la voz de Lacey debía estar pasando algo bastante grave.

 

Estaba deseando que Kiran volviera ¿Qué sería lo que estaba pasando?

 

Estaba concentrada barajando posibilidades cuando se abrió la puerta de su habitación.

 

 

—¡Ya era hora! ¿Me vas a contar que ha pasado? Y no me vengas con tus evasivas. Sé que está pasando algo —le exigió saber Megan.

 

—Tranquilízate, quieres —le dijo Kiran mientras cerraba la puerta. Después muy despacio se llevó dos dedos a los labios indicándole silencio. Se acercó a ella y la insto a sentarse en la cama para después tomar asiento junto a ella —te lo contare todo, pero sin levantar la voz. De acuerdo.

 

Megan se limitó a asentir con la cabeza. —Veras, estamos metidos en un buen lio —le empezó a explicar Kiran muy cerca de su oído —los ancianos han descubierto que la sangre envasada nos deteriora poco a poco, hasta llevarnos a

 

 

un estado parecido a la locura. En cinco días levantaran la orden que protege a los humanos. Ese es el tiempo que nos han concedido para resolver la profecía —le explico Kiran.

 

—¿Qué pasara si no lo conseguimos? — le pregunto Megan en un susurro.

 

—Que no estarás segura aquí. Es más ahora mismo ya corres peligro estando aquí —Kiran estaba tan cerca que pudo sentir con un escalofrío le recorría el cuerpo—. A partir de ahora mantendrás la puerta de la habitación cerrada y no saldrás a no ser que yo te acompañe.

 

—¡Ah! ¿Pero tengo permiso para volver a salir de la habitación? ¿Eso quiere decir que me has levantado el castigo? —le pregunto Megan. En su interior el

 

 

miedo y la rabia estaba librando una pelea y todavía no sabía quién iba a ganar.

 

—¡Megan esto va en serio! Sí antes era peligroso que estuvieras aquí. Ahora qué vivas o que mueras depende de que me hagas caso — Le dijo Kiran muy serio intentando no levantar la voz— Hace un rato en el coche querías que empezáramos de nuevo—le recordó—. Esta es tu oportunidad, sin trucos, con toda la verdad por delante. Esa es mi condición. ¿Qué vas a hacer, lo coges? ¿O lo dejas pasar?

 

—¿Tan grave es la situación? —le pregunto Megan preocupada.

 

—Te lo acabo de explicar, tenemos cinco días para resolver el misterio de

 

la profecía. Si en ese tiempo no conseguimos nada, tendré que buscar un lugar seguro dónde puedo esconderte — volvió a decirle intentando no perder la paciencia.

 

—¿Esconderme? —pregunto Megan confundida —¿Por qué tendría que esconderme? —debía hacer un gran esfuerzo para mantener su voz en un susurro, cuando lo que le apetecía era gritar.

 

—Esa pregunta me hace comprender que no has entendido nada— le dijo Kiran ya perdiendo la paciencia—. Estás aquí como invitada de los ancianos. Siempre y cuando tu presencia les sirva para algo —le empezó a explicar Kiran con toda la paciencia que puede reunir —si no

 

 

conseguimos resolver el enigma de la profecía, Tu presencia aquí será inútil. Y lo primero que eran los ancianos cuándo pasen los cinco días qué nos han dado de plazo será firmar tu sentencia de muerte.

 

Megan se había quedado tan impresionada que no supo que decir. Ese había sido siempre su destino. Ahora lo entendía. Todavía había sido una trampa desde principio. Ahora estaba segura de que no habría ninguna diferencia, tanto sí resolvía el acertijo como si no.

 

—No vas a decir nada.

 

—Y ¿que quieras que diga? —le pregunto empezando a subir el tono sin siguiera darse cuenta—. ¡Que me has engañado todo este tiempo! Que desde

 

un principio todo ha sido un juego. Lo que no entiendo es porque no me matas ya y dejamos de jugar al ratón y al gato —acabo lanzándole una mirada de odio. Le dolía tanto saber que a él nunca le había importado.

Todo sucedió muy rápido. Megan no tuvo tiempo ni de parpadear cuando se encontró aprisionada contra el colchón y con Kiran pegado a su cuerpo devorando su boca. Si seguía besándola así perdería la cabeza por completo. Ya le constaba bastante concentrarse, y no habláramos de pensar.

 

Tan rápido como se había abalanzado sobre ella interrumpió el beso. Y se retiró al otro lado de la habitación.

 

—Kiran…— empezó a decirle Megan.

 

 

Pero él no la dejó continuar.

 

—¿Por qué te gusta tanto provocarme? Maldita sea yo solo quiero protegerte — en su tono se podía apreciar claramente su desesperación—. Incluso aunque también deba protegerte de mí. No permitiré que nadie te haga daño, aunque tenga que esconderte en el fin del mundo —proclamo con una vehemencia que ponía los pelos de punta.

 

—No comprendo nada, ¿Si tanto te importo, porque me atacas siempre? Cuando lo del gimnasio, hoy con el doctor.

 

—Harías bien en no recordármelo. Cada vez que lo pienso siento ganas de volver allí y arrancarle la cabeza.

 

—¡Estas  celoso  ¡—exclamo  Megan

 

 

incrédula.

 

—Si con eso quieres decir que te encerraría para siempre y tiraría la llave. Entonces si estoy celoso —le confirmo Kiran.

 

—Entonces ¿Por qué ahora? —le pregunto Megan señalado la cama. No sabía muy bien como expresarse.

 

—¿Qué porque no he seguido besándote? ¿Es eso lo que quieres saber? —le pregunto Kiran hundiendo las manos en su pelo —. Porque no solo deseo besarte, también deseo con un ansia cada vez más acuciante beber tu sangre.

 

Megan se quedó allí mirándolo y pensando que después de semejante confesión debería estar muerta de

 

miedo, en cambió solo podía pensar en cuando volvería él a besarla.

—No vas a decir nada. Te digo que solo puedo pensar en probarte y te quedas hay mirándome —le dijo Kiran con desesperación. La angustia que sufría era evidente.

—Pero no lo has hecho verdad. Eso tiene que significar algo. Lo mejor sería que cambiáramos de tema —le dijo al ver su desesperación reflejada en su rostro. Cosa que por sí sola delataba lo alterado que estaba realmente —creo que nos convendría concentrar nuestros esfuerzos en encontrar una solución a la profecía. Tú mismo lo has dicho, solo tenemos cinco días.

 

—Supongo que tienes razón —se limitó

 

a decirle él.

 

 

21

 

Trascurrieron dos días, sin encontrar respuesta alguna. Dos días de una sincronía perfecta, como una coreografía bien ensayada. Levantarse temprano, ir a la biblioteca hasta casi media tarde para estudiar todos los libros donde creyeran que podían encontrar alguna pista. Ir a comer algo, ella claro estaba, porque Kiran se limitaba a acompañarla hasta su habitación y desaparecer durante un buen rato. Después al gimnasio a estirar los músculos agarrotados de tantas horas de biblioteca, Kiran había insistido en entrenar con ella. Después de vuelta a su habitación, una ducha algo de picar y a

 

dormir. Y a la mañana siguiente a las seis en punto, Kiran llamaba a su puerta y vuelta a empezar.

La verdad es que ya estaba harta. Prácticamente no la miraba de frente y no hablemos de tocarla, ni un simple roce por casualidad. La conversación de hacia tan solo dos días parecía no haber existido y había comenzado a pensar que el beso había sido imaginación suya.

 

Había tomado una decisión, hablaría con él y aclararía las cosas. La situación ya era bastante difícil como para que ellos la complicaran con algo tan sencillo, a ella le gustaba él, a él le gustaba ella, punto y final. Quizás dentro de un par de días más estaría muerta. No decididamente no estaba dispuesta a

 

perder el tiempo, a complicar algo tan sencillo. Si hablaría con él, y cuanto antes mejor.

 

Decidió que la mejor manera de afrontar el tema era sorprendiéndolo. Y que mejor manera que cambiando la rutina que él había impuesto. Puso el despertado quince minutos antes de su hora habitual y se fue a dormir con una sonrisa en los labios.

 

Se despertó desorientada y confusa. Y entonces lo oyó, un golpe que parecía venir de la habitación de Kiran. Eso debía ser lo que la había despertado. Bueno ya que la había despertado, sería mejor que fuera a ver qué pasaba. Se puso una sudadera encima y se dirigió a la habitación de Kiran. Después de

 

llamar a la puerta y no obtener repuesta, opto por entrar, después de oír otro golpe procedente del interior.

 

—Kiran, ¿Te encuentras bien? —le pregunto Megan mientras abría la puerta. Pero no solo no obtuvo respuesta, sino que lo que vio la dejó clavada en el sitio.

Kiran estaba en su cama, pero no estaba solo, Lacey estaba con él. No podía creérselo después de todo lo que le había dicho. Estaba visto que todos los hombres eran iguales fueran de la raza que fueran. Se dio la vuelta decidida a salir de allí cuando escucho en golpe enorme. Cuando volvió a mirar se encontró con una escena surrealista, ya no estaban en la cama sino en el suelo. Y

 

ahora que se fijaba mejor se dio cuenta que estaban peleando.

 

En un momento dado, Kiran, después de unos cuantos forcejeos, acabo derivando a Lacey, y la mantuvo sujeta contra el suelo agarrándola del cuello con fuerza. —Basta, Lacey. No quiero acerté daño. Pero esto se tiene que acabar.

 

—Maldito seas Kiran, es solo una humana. Cómetela ya de una vez y sigue a delante. Es para lo único que sirve.

 

—Te lo advierto Lacey, olvídalo. Ella es mi pareja. Puedes entender eso. Yo la elegí —le dijo Kiran reteniéndola con fuerza.

 

—Tu no la elegiste Kiran. No seas estúpido. Los ancianos te dieron una

 

 

orden y simplemente la cumpliste —le replico Lacey con una sonrisa irónica — siempre el buen soldadito.

 

Megan estaba paralizada viendo la escena que se desarrollaba ante ella. Era verdad que los ancianos se lo habían ordenado. Como podía haber olvidado eso. El mismo Kiran se lo había explicado.

 

—No Lacey, no lo entiendes. Si es cierto, los ancianos me lo ordenaron, — le estaba diciendo Kiran — Pero dime una cosa Lacey ¿Si los ancianos te hubieran ordenado que te emparejaras con alguien que tú no quisieras, lo conseguirían? ¿Obedecerías esa orden?

 

—Tú estás loco, yo haría lo imposible para librarme. Aunque el afortunado

 

 

tuviera que sufrir un trágico accidente. —¿Y qué te hace creer que yo no haría lo mismo? —Kiran la miraba fijamente esperando a que la comprensión se reflejara en sus ojos —ella es mi pareja —le volvió a decir—. Y allí estaba, lo que había estado esperando reflejado en sus ojos. Kiran supo el momento exacto en que se dio cuenta de que no tenía nada que hacer.

 

—Entonces la matare —le espeto Lacey de repente —cuando ella haya desaparecido todo será como antes.

 

—Nunca hubo un antes. Y te lo advierto, no te acerques a ella o seré yo quien te mate a ti —le advirtió Kiran antes de soltarla.

 

Lacey  lo  miro  asqueada,  antes  de

 

 

levantarse para salir. Fue en ese momento cuando ambos se dieron cuenta de que no estaban solos.

 

—Mira tú por donde, aquí tienes a tu amorcito —dijo Lacey empujando a Megan a los brazos de Kiran cuando paso junto a ella —intenta no matarla en un arrebato de pasión.

Los dos se quedaron inmóviles cada uno en brazos del otro sin apenas respirar. Con un suspiro Megan enterró la cara en su cuello e inspiro su aroma.

 

—Megan, yo —empezó a decir Kiran. —No digas nada, por favor, ahora no. Solo abrázame y no pensemos en nada —le rogo Megan —solo por un momento pensemos solo en el aquí y ahora.

 

 

Kiran la abrazo con más fuerza, estrechándola contra su cuerpo. —Como quieras —le respondió con un nudo en la garganta.

 

—¿Debes estar cansada? —le dijo Kiran, al notar como temblaba entre sus brazos—. Deberías intentar descansar un poco. Apenas son las tres de la mañana. Siento haberte despertado.

 

—La verdad es que si —le respondió ella acurrucándose más entre sus brazos —¿Puedo quedarme aquí contigo? —le pregunto apretándose contra él. En su voz se podía apreciar un deje de súplica.

 

Kiran la miro fijamente sin saber muy bien que contestarle. Era increíble que confiara lo suficiente en él, para estar

 

 

así, entre sus brazos. Pero no creía tener la suficiente fuerza de voluntad para dormir con ella.

 

—Megan —empezó a decir para explicarle sus dudas. Pero ella no se lo permitió.

 

—Confío en ti Kiran. Sé que nunca me harías daño —le dijo Megan, con la súplica gravada en sin ojos.

 

Kiran no dijo nada, soltándola se dirigió a la cama. Cogió el edredón revuelto por la pelea y lo retiro. Para después tenderle una mano a Megan para que se acercara a él. Cuando la tuvo otra vez entre sus brazos, muy despacio, agarro el bajo de su sudadera y tiro de ella hasta sacársela por la cabeza. Era tan bella, pensó, y a la vez tan frágil. La

 

ayudo a tumbarse en la cama y siguió el mismo proceso con su propia sudadera.

 

La mira fijamente, parecía estar pidiéndole permiso, antes de meterse también él en la cama. Ella se limitó a realizar un pequeño asentimiento de cabeza.

Megan se acurrucó contra él al instante y empezó a darle pequeños besos por el cuello y en hombro. Allí donde había enterrado su cabeza.

 

—Megan —empezó a decir Kiran con un suspiro —no creo que sea capaz de dormirme si sigues haciendo eso.

 

—¿Te molesta? —le pregunto Megan sin molestarse en detenerse.

 

Kiran la  agarro  con suavidad  por  los

 

 

hombros e hizo que le mirara.

 

—Tienes que estar muy segura de esto. Sera como firmar un contrato —la intensidad de su voz era tan seria, que hasta él se sorprendió—. Y te puedo asegurar que después de esto serás mía para siempre, no te dejare marchar.

 

Megan muy despacio, le apoyo una mano en la mejilla y se la acaricio. Para a continuación acerca su boca a la de él y besarle. Un beso lleno de todos los sentimientos que ella no se atrevía a decir en voz alta.

 

Kiran la estrecho con más fuerza entre sus brazos y respondió al beso con algo muy parecido a la desesperación. Sus manos parecían haber cobrado vida propia y recorrían su cuerpo,

 

 

acariciando cada rincón, memorizando cada pedazo nuevo de piel que descubría. Las manos de Megan se mostraban tan habidas como las suyas por descubrir el tacto de su piel. Era como si una extraña desesperación se hubiera adueñado de ellos.

 

Kiran muy a su pesar separo sus labios de los de ella para poder mirarla. Ya no podía dominarse, lo quería todo, su cuerpo, su alma, su sangre. Esperaba que cuando ella viera su deseo reflejado en sus ojos, detuviera aquella locura, porque él no tenía fuerzas suficientes para hacerlo, había deseado ese momento demasiado tiempo.

 

Megan en cambio se limitó a volver a apretarlo contra su cuerpo ofreciéndole

 

su cuello. Kiran exhalo un suspiro trémulo para a continuación clavar sus dientes en su cuello a la vez que la hacía suya con su cuerpo.

 

Suya para siempre, ese fue el último pensamiento que paso por su mente antes de quedarse dormido.

 

22

 

Megan se despertó con una sensación de extraño bienestar arropando su cuerpo. Y entonces un segundo después de que el sueño la abandonara definitivamente, recordó la noche anterior y no pudo evitar que una sonrisa acudiera a sus labios.

 

Había pensado que darle su sangre habría sido doloroso, en cambio fue una sensación maravillosa que acompañada de la de entregarle su cuerpo había sido la experiencia más extraordinaria de su vida. Por lo menos para ella, pensó, para a continuación extender su mano

 

sobre la cama para no encontrar nada. Se incorporó de golpe en la cama y miro a su alrededor. Nada, estaba sola en aquella habitación, y si al final se había arrepentido. No creía poder soportarlo. En ese momento se dio cuenta de que del baño salían sonidos de agua, como si alguien se estuviera duchando. Sintió tal alivio que pensó que iba a desmayarse. Espero y al cabo de un momento el sonido se detuvo. Estaba impaciente por volver a verle, pero también algo asustada.

 

Cuando la puerta del baño se abrió y lo vio allí recién duchado con una simple toalla alrededor de sus caderas, sintió que el aire se quedaba atrapado en sus pulmones y un calor ardiente cubría sus

 

mejillas. Agacho la cabeza avergonzada de su reacción.

 

—¿Megan? —empezó a decirle Kiran sentándose a su lado —¿Te arrepientes de lo de anoche? —le pregunto yendo directo al grano, era tanta la angustia en su voz que se podía palpar.

Megan no pudo evitar que una sonrisa asomara a sus labios. Se sentía tan feliz. A él realmente le importaba. Puedo ser que no estuviera enamorado de ella, como era su caso, pero por lo menos se preocupaba por ella. Era un principio. Con el tiempo quizás. Pero no, no debía pensar en esas cosas, su tiempo era infinito y cuando ella envejeciera ya no querría tenerla a su lado. No, tenía que vivir el presente y cuando llegara el

 

 

momento de separarse intentar olvidarlo para poder seguir adelante con su vida. —¡Megan! —la volvió a llamar Kiran. Parecía no haber oído nada de lo que le estaba diciendo.

 

—Perdona, claro que no me arrepiento.

 

A sido muy bonito.

 

Bonito, pensó Kiran. Él le abría su corazón y ella en cambio le decía que había sido muy bonito. Trato de relajarse para no terminar cogiéndola por los hombros y sacudiéndola hasta que entrara en razón. Esta que le dijera que lo amaba. No mejor dejarlo de momento. Cuanto todo ese lio en el que estaban metidos acabara aclararía las cosas. Aunque tuviera que mantenerla encerrada durante un mes.

 

 

—Esto, si no te importa. Me gustaría ducharme —le pidió Megan. Se sentía tímida de repente, aunque no tenía motivos para ello. Y aunque en el fondo lo sabía no podía evitarlo.

 

—Sí, claro ya sabes donde esta—. Se limitó a contestarle, para después salir de la habitación.

 

Nunca en su vida se había sentido así, se decía Kiran mientras abandonaba su propia habitación. Sentía un profundo vacío en su pecho, como si alguien le hubiera arrancado una parte del él. Si eso era lo que sentían los humanos, no sabía cómo podían soportarlo.

 

Megan se estaba arrepintiendo de su comportamiento, quizás debería haber sido sincera con él y decirle como se

 

 

sentía. La verdad es que le daba pánico confesarle la verdad. Y si él no sentía lo mismo. No había hecho bien, mejor protegerse.

 

Se volvió a poner su ropa y se dirigió a su habitación. Mejor ducharse allí, había pensado. Podría relajarse, sin estar pendiente de cada pequeño sonido que escuchara, pensando que era él que regresaba.

 

Se había vuelto a quedar dormida. No había sido su intención. Después de la ducha se había tumbado un momento con la intención de aclarar sus ideas. Debía pensar cómo comportarse a partir de ahora.

 

La habían despertado unos golpes en su puerta. Miro su reloj, si seguro que era

 

Kiran que venía a buscarla para empezar el día, como siempre. Bueno ya era demasiado tarde, debería afrontarlo e intentar comportase con la mayor naturalidad posible.

 

23

 

—Hola, solo he venido a traerte un mensaje de Kiran—le dijo Lacey, componiendo una sonrisa irónica en su cara—. No podrá reunirse contigo hasta dentro de un buen rato. Los ancianos lo han vuelto a convocar —termino de explicarle Lacey.

 

Lo último que esperaba al abrir su puerta, era encontrarse con Lacey. No entendía muy bien como se le podía haber ocurrido a Kiran mandarla precisamente a ella. Después de haberle repetido una y mil veces que se mantuviera alejada de ella, era él quien

 

 

la mandaba a su encuentro. A lo mejor no se preocupaba tanto por ella como había creído en un principio.

 

—¿Me estas escuchando, humana? —le dijo Lacey sacándola de sus cavilaciones—. Se encontrará contigo en la biblioteca en cuanto pueda —le dijo Lacey. Por su expresión parecía que en cualquier momento le arrancaría la cabeza.

 

—Perdona, Lacey. Por supuesto que te estoy escuchando. Y gracias por molestarte en venir hasta aquí para darme el mensaje. Ha sido muy amable por tu parte.

 

—Puedes estar segura que no lo he hecho por ti —le escupió Lacey a la cara. Para darse la vuelta sin esperar

 

 

respuesta y desaparecer por el pasillo.

 

No se lo podía creer, Kiran lo había hecho. La había convertido en su pareja. Lo supo nada más esa humana abrió su puerta, apestaba a él, la había marcado para que todos supieran a quien pertenecía. Aquello no iba a quedar así. Nadie se reía de ella. Se las haría pagar todas juntas. Y ya sabía exactamente como. No la deseaba tanto, pues iba a robarle su juguete. Y cuando se hubiera olvidado de su nuevo capricho, sería su turno. Y esta vez sería suyo o no sería de nadie más.

 

—Di nos, hijo ¿Has conseguido algún avance? Solo quedan dos días. No

 

 

pretendemos meterte prisa, pero el tiempo se acaba.

 

Había recibido el aviso de que lo esperaban en la sala del consejo junto cuando se disponía a ir a buscar a Megan para empezar con su rutina diaria. No le había quedado más remedio que enviar a Lacey con un mensaje para ella. Su único consuelo era que le había parecido que estaba mucho más tranquila.

 

—Hemos revisado casi todos los libros que hay en la biblioteca y no hemos conseguido sacar nada en claro maestros —les contesto Kiran. Tenían que haber elegido aquel momento para convocarlo. —Quizás no fue tan buena idea como pensábamos emparejarte con la humana.

 

 

Pensamos que si estabais unidos por algún tipo de lazo te sería más fácil entenderles. Quedas liberado de ese emparejamiento, a partir de ahora eres libre —sentenciador los ancianos.

 

Aquello no podía estar pasando realmente, no ahora. Ellos no podían romper su vínculo. Ella era suya.

 

—Siento tener que llevaros la contraria en esto. Pero ella es mía y no voy a permitir que nadie se interponga entre nosotros —les dijo Kiran muy serio. Aquello no admitía discusión.

 

—Tu lealtad hacia la humana es loable, pero ya no hace falta. Cuando el plazo acabe deberá ser ejecutada. Sabe demasiado.

 

—No —estallo Kiran—. Tendréis  que

 

 

condenarme a mí también. Es mi pareja, forma parte de mí. Ni voy a permitir que nadie le haga daño —les dijo Kiran. Mientras iba hablando su tono iba subiendo de volumen.

 

—No entendemos que ocurre ¿Cuál es el problema? Es una simple humana. Además, los emparejamientos se deshacen a diario sin mayores consecuencias.

—Por supuesto que no entienden nada. Ella es parte de mí. Hacerle daño a ella es hacérmelo a mí —explico Kiran, con la esperanza de salvar así a Megan.

 

—¿Quieres decir que te sacrificarías por una humana? —pregunto Seth en nombre de todos—. ¿Qué hace que sea tan especial? Ninguno de los nuestros se

 

 

sacrificaría por su pareja, mucho menos por un humano.

 

—No lo podéis entender —replico Kiran —vuestros corazones siguen siendo de piedra, no sois capaces de sentir nada. El mío late —siguió Kiran, apoyando una mano en su pecho, a la altura de su corazón —ella me ha curado. Me ha devuelto mi alma.

 

—¡Eso es! —exclamo Seth eufórico —. Ese es el secreto que esconde la profecía ¿Cómo lo has hecho? ¿Cómo has conseguido que ella te ayude? —le pregunto Seth ansioso.

 

—¿Cómo decís…? —pregunto Kiran confundido.

 

—Ni siquiera te has dado cuenta ¿Verdad? Tú mismo lo has dicho ella te

 

ha curado. Tu corazón late ¿Qué otros cambios has notado?

Kiran se estremeció de pies a cabeza. Era cierto ni si quiera se había dado cuenta. Estaba tan concentrado en dominarse para no obligarla a que reconociera que ella también lo amaba que no había notado el cambio. Pero ahora debajo de su mano podía sentir los latidos de su propio corazón. No era humano, eso lo sabía, pero algo importante había cambiado dentro de él. —No sé muy bien como ha pasado, pero puedo asegurar que ha sido ella — proclamo Kiran —y si me permitís un consejo —les dijo—. Yo si fuera de vosotros la protegería por encima de todo.

 

 

La una respuesta de los ancianos fue un movimiento de su mano apremiándolo a continuar.

 

—No debéis revocar la orden, sino cambiarla. Si permitís que los nuestros se alimenten de humanos, pero sin matarlos resolveréis dos problemas, acabareis con la enfermedad y se relacionaran con humanos, así tendrán más oportunidades de encontrar a su pareja.

 

—Pero, ¿Qué debemos hacer para que se produzca el cambio? ¿Con alimentarnos de ellos sin matarlos bastara?

 

—No, claro que no. Se trata creo, de saber perdonar, de poner a la otra persona por encima de ti y todos esos

 

 

otros sentimientos que practican los humanos. Nuestra madre se fue del paraíso porque no quería tener que obedecer a nadie y después mato por vengar la muerte de sus hijos, pero no los lloro, por lo menos no al principio. Solo pensaba en lo que quería ella y le daba igual en como afectara a los demás. Al final fue su egoísmo lo que nos llevó a esto.

 

—Eso tiene mucho sentido —dijo Seth —ya que esa es nuestra característica principal. Parece que al final si has resuelto la profecía —dijo satisfecho.

 

—Y entonces ¿Qué va a pasar ahora? — le pregunto Kiran.

 

—Si lo que te preocupa es la seguridad de tu pareja. Puedes estar tranquilo. Es

 

tu pareja, respetaremos la ley. Mientras sea tu pareja su seguridad está garantizada. Y ahora vete tenemos mucho en lo que pensar.

 

24

 

Se dirigió con paso rápido hacia la biblioteca. Parecía que el problema por fin había terminado. Ahora sin la amenaza sobre sus cabezas, podría dejarle las cosas claras a Megan. Ella debía de sentir algo por él, era imposible que no fuera así. Nadie se entregaba a otra persona como lo había hecho ella si no había sentimientos de por medio.

 

Al llegar a la puerta de la biblioteca se detuvo un momento para tomar aire, y si tenía que reconocer la verdad también para reunir valor. Parecía mentira, el

 

todo un guerrero muerto de miedo por tener que hablar con una humana. Pero es que esa humana era lo más importante de su vida.

 

Abrió la puerta y recorrió la habitación con la mirada. A primera vista parecía vacía. Dio unos pasos para entrar y poder ver mejor el interior, quizás estuviera sentada en una de aquellas grandes butacas que tanto le gustaban. Pero no también estaban vacías. A lo mejor, pensó, ni si quiera se había molestado en acudir a su cita. Pero cuando se disponía a ir a buscarla a su habitación, percibió algo extraño en el aire. Camino por la habitación para ver si podía distinguir de que se trataba. Y de repente lo vio, tirados en el suelo

 

entre la butaca y a pared estaba la copia de la profecía con unos cuantos volúmenes de consulta. Aquello no le gustaba nada, que habría pasado. Era como si alguien hubiera abandono la habitación con mucha prisa. Y ese olor, el conocía ese olor. Se arrodillo junto a los libros desperdigados y entonces lo vio. Solo era una pequeña gota de sangre. Él sabía perfectamente a quien pertenecía aquella sangre, hacía apenas unas horas la había saboreado. Se incorporó en un solo y rápido movimiento y se dirigió con pasos rápidos a la habitación de Megan. Ella tenía que estar bien, se repetía con desesperación, solo se abrió cortado con el filo de una hoja. Aunque en el

 

fondo y muy a su pesar sabía que aquella opción no explicaba el desorden de la biblioteca. Cuándo llegue a la habitación y abrió la puerta, todos sus miedos se hicieron realidad. La habitación estaba completamente vacía no había ni rastro de Megan por ningún lado. No podía creer que se hubiera vuelto a escapar, estaba seguro que algo grave había pasado. Decidió ir en busca de Lacey, sabia con seguridad que era una de las últimas personas que había hablado con ella. El mismo le había pedido el favor de que fuera a decirle que no podría pasar a buscarla porque lo habían citado en la sala del consejo. Debía averiguar si había notado algo extraño en su comportamiento. Quizás

 

era que la simple idea de enfrentarse a él le resultaba tan repulsiva que había vuelto a huir. No, se repitió, no podía tratarse se eso, si tan repulsivo lo encontraba nunca se hubiera entregado a él como lo había hecho.

 

—¿Habéis visto a Lacey? —le pregunto a un macho con el que se había cruzado en el pasillo, mientras se dirigía a la habitación de Lacey —¿Necesito hablar con ella?

—Pues lo vas a tener difícil —se limitó a responderle antes de seguir su camino. —¿Qué quieres decir con eso? —le pregunto Kiran, agarrándolo por el brazo para detenerlo.

 

—Es muy simple, la capitana no esta

 

 

—¿Cómo que no está? —le pregunto. Estaba perdiendo la paciencia. Ahora comprendía cuando Megan se enfadaba con él cuando intentaba sacarle alguna información —. Sera mejor que te expliques.

 

—Mira tío, suéltame. No es que sea mi problema, pero se fueron hace un rato si quieres saber más pregúntale al guardia de la entrada —le espeto a la cara sentándose de un tirón.

—¿Se fueron? —le pregunto Kiran sin poder evitar que le temblara la voz. —Si ya sabes la capitana y esa humana tuya.

 

Se la había llevado, no se lo podía creer. Tenía que hablar con el guardia de la puerta cuanto antes. A ver si sabía que

 

dirección habían tomado. También debía hablar con los ancianos, tenían que devolverle su puesto de capitán. Iba a necesitar ayuda para encontrarla.

 

25

 

—¿Por qué me estás haciendo esto Lacey? —le pregunto Megan. Sabía perfectamente que si no conseguía llegar a ella la iba a matar.

 

—Y tienes el valor de preguntármelo, cuando me lo has quitado todo. Tu una simple mortal, ¿que ha visto en ti? ¿O es que le resulta fácil llevar la comida a cuestas?

 

—Si te refieres a Kiran, estas equivocada. Él no me considera comida, soy su compañera. Y si crees que por hacerme daño a mi lo vas a recuperar, estas muy equivocada.

 

—¿Tú crees? Veras yo creo que en un primer momento le dolerá un poquito — le dijo juntando los dedos delante de su cara —ya sabes al fin y al cabo es un guerrero y a ninguno les gusta perder. Y cuando su orgullo se recupere, allí estaré yo esperando. Esta vez nada ni nadie podrá evitar que sea mío.

 

—Siento ser yo la que te diga esto, pero ¿de verdad te vas a conformar con ser plato de segunda mano? ¿Con alguien que está contigo porque no le queda otra opción? —sabía perfectamente que se estaba saliendo de su plan inicial, pero no podía evitarlo. Esa chica tenía una manera muy extraña de ver las cosas—. Yo sería incapaz de estar con alguien que no me quiere que no me pone por

 

encima de todo. Y tu deberías querer lo mismo.

 

—Pobrecita ingenua, de verdad crees que Kiran te quiere. No seas estúpida, nosotros no somos capaces de sentir esos sentimientos inútiles. Si es caso te ve como una obligación, ya que los ancianos le ordenaron cargar contigo.

 

—Si puede que tengas razón, al principio las cosas eran así. Pero después cambio —le dijo mirando a su alrededor, por primera vez desde que había recuperado el conocimiento. La había llevado a una especie de motel de mala muerte, vete tú a saber dónde. Sería muy difícil que Kiran diera con ella. Porque estaba convencida de que la estaría buscando—. Eso es lo que suele

 

 

pasar cuando dos personas se conocen y empiezan a gustarse.

 

—Si es lo que quieres creer allá tú. La verdad es que solo sois el envase de nuestro alimento, vamos una simple botella. Y si no te mato yo, en algún momento Kiran perderá el control y acabara él con tu vida —le dijo Lacey con una sonrisa irónica en los labios — al final que te mate yo en este momento es solo adelantar un poco tu final, aparte de hacerle un favor a Kiran, claro, si te quiere tanto como tú piensas, seria horrible que te matara él —le dijo con la voz cargada de sarcasmo.

A lo mejor, en algo si tenía razón, pensó Megan. Kiran tenía miedo de hacerle daño, lo había notado la primera vez que

 

le confeso que deseaba probar su sangre y lo volvió a notar la noche pasada cuando ella se entregó a él.

 

Pero aquel no era el momento ni el lugar de ocuparse de ese problema. Ya tendría tiempo más adelante si es que conseguía salir con viva de allí. Debía pensar en una manera de escapar y rápido. Le daba la impresión que lo que le ocurría a Lacey no se debía solo a unos celos irracionales. Era más bien como si hubiera perdido la cabeza. No tenía ni idea de cómo iba a conseguir escapar, estaba claro que Lacey era mucho más fuerte que ella. Quizás si le prometía desaparecer la soltara. Al fin y al cabo, ella ya había llegado a la conclusión de que lo suyo con Kiran tenía una fecha de

 

 

caducidad muy corta.

 

—Solo puedo decirte, que en eso quizás tengas razón. Kiran podría matarme en un descuido —empezó a decirle —tú ya me ayudaste a escapar una vez ¿Por qué no otra? Esa sería una solución perfecta. Yo desaparezco y tú haces lo que quieras con Kiran —dios como le había constado decir aquellas palabras.

 

—No tendrás tanta suerte esta vez. Eso ya lo probamos y te falto tiempo para volver con él. Además, si ve tu cadáver no perderá tiempo buscándote. No debes

 

morir —sentencio mientras se abalanzaba sobre ella.

 

En un momento la tenía enfrente lanzándole amenazas y al siguiente estaba sobre ella intentando clavarle los

 

dientes en el cuello. Megan se retorció con todas sus fuerzas, clavando los talones en el suelo para intentar quitársela de encima. Todo era inútil. Cuando Lacey clavo sus colmillos en su cuello no pudo evitar un grito de dolor. Aquello no se parecía en nada a cuando la había mordido Kiran. Había albergado la esperanza que sería una muerte rápida y sin dolor. Pero parece que Lacey tenía otros planes. Le estaba desgarrando el cuello y ella no podía hacer absolutamente nada. Hacia un rato que había incluso dejado de luchar. Ya

 

bastante tenía con mantenerse consciente.

 

De repente se encontró libre, Lacey había desaparecido. No tuvo tiempo de

 

saber que estaba pasando exactamente ya que una negrura espesa se la trago.

 

 

26

 

—Sujetadla, no permitáis que escape — silencio.

 

—Maldita sea tiene que aguantar — silencio

 

—A perdido mucha sangre —silencio. —No, me niego, no va a morir — silencio.

 

—Está estable, la transfusión ha funcionado —silencio.

 

—Sigue inconsciente, ¿por qué no se despierta? —silencio.

 

Le dolía todo el cuerpo, se sentía como si le hubieran dado una paliza. Despacio miro a su alrededor. Parpadeo varias

 

 

veces para convencerse que lo que estaba viendo era real. Estaba en su habitación, en su casa ¿Cómo había llegado hasta allí? Recordaba a Lacey intentando matarla, y luego nada. Intento incorporarse, pero su cuerpo no colabora con ella. Se sentía como un bebe indefenso.

 

—¡Con cuidado! Todavía tiene que recuperar fuerzas —le dijo de repente una desconocida que había entrado en su habitación sin siquiera pedir permiso.

 

—¿Quién es usted? ¿Cómo ha entrado en mi casa? —le pregunto Megan. No conseguía entender nada.

 

—¡Ay, señorita! Ya sabe, ese amigo suyo tan guapo me contrato para cuidarla. Le dieron el alta en el hospital ayer y su

 

amigo tenía un viaje urgente programado que no podía cancelar —le estaba explicando aquella desconocida.

 

—¿Mi amigo? ¿Hospital? —repitió Megan llevándose una mano a la frente. Le estaba empezando un dolor de cabeza horrible.

 

—¡Ay, pobre! Es normal que este algo desorientada. Lleva muchos días inconsciente.

 

—¿Cuántos exactamente? —pregunto Megan desesperada.

 

—Casi dos semanas. Pero ya vera con mis cuidados estará como nueva en un periquete. No se preocupe por nada, señorita. Ahora solo debe pesar en recuperarse.

 

Hacia dos días que había despertado y aunque gracias a los cuidados de su enfermera recuperaba fuerzas con rapidez, todavía no se había levantado de su cama más que para ir al baño. Y eso porque no le quedaba más remedio. Sabía que cuando tuviera que despedirse de Kiran iba a ser duro, pero nunca pensó que dolería tanto. Era como si su vida hubiera llegado a su fin. No tenía hambre, no podía pensar, se pasaba las horas tumbada en la cama mirando al vacío. Como podía haberla dejado así, sin tan siquiera una nota para despedirse. Había desaparecido de su vida sin más. Tan poco le había importado, tan equivocada, tan ciega, había estado. Lacey había tenido razón

 

 

desde el principio, solo había sido su juguete nuevo. Y cuando se había cansado de la novedad la había hecho a un lado. Sin remordimientos, sin preocupaciones. Como quien se deshace de un juguete roto.

 

Sentía una gran opresión en el peso. No podía seguir así mucho tiempo más y lo sabía. Pero por más que intentaba sobreponerse no lo conseguía. La pena y la autocompasión era sus compañeras ahora.

 

—Señorita, va siendo hora que se levante y haga algo de ejercicio —le dijo su enfermera con su sonrisa perpetua en los labios.

 

—Ahora no me apetece, Agnes. Quizás más tarde —le respondí ella apática.

 

—A no, señorita —le replico Agnes — cuando el señor vuelva a llamar quiero poder decirle que está usted en plena forma.

 

—¿A llamar? ¿Cuándo ha llamado Kiran? ¿Por qué no me ha dicho nada antes?

 

—Ha llamado esta mañana, cuando usted dormía. Lo tiene usted muy preocupado. O sea que pórtese bien y levántese de una vez de esa cama. Y de paso deje de comportarse como un alma en pena —le dijo retirando el edredón de la cama con un tirón enérgico —y no me mire así chiquilla. Si se ha peleado con su hombre por algo, el tiempo lo arreglara. Se nota a la legua se ese hombre moriría por usted.

 

—Su tanto me quiere, ¿Por qué se ha marchado, Agnes? —dijo Megan rompiendo a llorar por fin. Llevaba tanto tiempo reteniendo la pena en su interior.

 

—Venga, venga, ya está, señorita. No llore más. No sé qué ha pasado entre ustedes. Pero le puedo asegurar que ese hombre la quiere con locura. Uno no se molesta en contratar enfermas privadas y en llamar para preguntar por sus avances si la persona no le importa de verdad.

 

Megan intento retener su llanto con todas sus fuerzas. Agnes no entendía nada, Kiran simplemente se sentía culpable porque ella casi había muerto por su culpa.

 

Liberar  las  lágrimas  también la  había

 

vaciado por dentro. Un vacío que agradeció con toda su alma. Mejor eso que el dolor sordo que le oprimía el corazón días atrás.

 

27

 

—Señor, siento tener que molestarle, pero no sé qué hacer.

 

—¿Qué ocurre Agnes? ¿Le ha pasado algo a Megan? —Kiran había sentido una punzada de pánico cuando vio quien llamaba. Siempre era él quien llamaba para preguntar por los progresos de Megan.

 

—Vera señor, la señorita salió esta mañana. Por más que le he dicho que era demasiado pronto no me ha hecho caso.

 

—¿Qué quieres decir con que salió esta mañana? ¿Dónde diablos ha ido?

 

—La señorita ha dicho que iba a buscar

 

trabajo. Que no podía permitir que la mantuvieran, que ella no era ninguna mendiga ni necesitaba la caridad de nadie —le explico Agnes, si de acuerdo estaba siendo un poco colorida en su explicación, la niña no había dicho esas palabras, pero si las había podido leer en sus ojos. A veces un empujoncito a tiempo arreglaba muchas cosas.

 

—Pero que le pasa a esa humana, quiere acabar en el hospital otra vez —estaba renegando Kiran al otro lado de la línea —en cuanto vuelva no la deje salir de nuevo, aunque tenga que atarla a la cama. En unas horas estaré allí —le dijo Kiran y colgó el teléfono sin esperar respuesta.

 

Vaya, pensó Agnes mirando el auricular,

 

 

eso sí es un hombre enamorado.

 

 

Maltita mujer, había pasado unas semanas horribles. Primero temiendo por su vida, y cuando estuvo claro que se iba a recuperar, con la decisión que tuvo que tomar para asegurar su seguridad. Era lo más difícil que había tenido que hacer en su vida. Y que, hacia ella, poner en peligro su salud por cabezota. Cuando le pusiera las manos encima le iba a dejar las cosas bien claritas.

 

Maldita fuera, donde se había metido. Había llegado a su apartamento hacia horas y había tenido que mandar a Agnes a su casa porque estaba cansado de oírla decir que sería mejor que se sentase,

 

 

que iba a desgastar la alfombra. Como iba a sentarse, ya había atardecido y todavía no había dado señales de vida. Iba a estrangular solo por el mal rato que le estaba haciendo pasar.

 

—¿Qué haces tú aquí? ¡Sal de mi casa! —le grito Megan.

 

Por un momento le había parecido estar soñando. Había deseado tantas veces que estuviera allí, con ella.

 

Estaba tan concentro en sus pensamientos que no la había oído entrar. Y encima le estaba gritando a él, a él que llevaba horas esperándola.

 

—¿Qué que hago yo aquí? —le grito él a su vez —¿Qué crees que estás haciendo tú? Hace apenas dos días ni le levantabas de la cama y ahora sales a

 

 

buscar trabajo —le dijo apretando los puños a los costados —mírate tienes un aspecto horrible. Se puede saber que pretendes ¿Caer enferma? ¿Es eso lo que quieres?

 

Como se atrevía, no tenía ningún derecho a meterse en su vida y si alguna vez lo tuvo lo perdió al dejarla como lo había hecho. Y esta vez se lo iba a dejar bien claro.

—Sera mejor que te vayas que aquí, no te debo ninguna explicación ni te la voy a dar. O sea que desaparece, eso se te da bien.

 

Aquella afirmación fue como recibir una puñalada, es que aquella humana nunca entendía nada.

 

—Maldita  ciega,  cabezota  ¿Qué  se

 

 

suponía que tenía que hacer? Dejarte allí rodeada de peligro por todas partes, para que cualquiera pudiera volver a hacerte daño —mientras hablaba todo el miedo pasado se fue reflejando en su voz —¡Casi te pierdo! —le grito — estuviste a punto de morir — su voz se quebró en ese momento. Solo quería abrazarla y no soltarla nunca.

 

A Megan le pareció ver el amor que sentía por ella reflejado en sus ojos, pero ya no se fiaba de sus sentidos. Ya se había equivocado demasiadas veces.

 

—¿Qué quieres de mi Kiran? —le pregunto apoyando la mano en su mejilla.

 

—Me conformo con que me quieras la mitad de lo que te quiero yo a ti —le

 

contesto Kiran mirándola a los ojos. —Entonces, nunca más vuelvas a alejarme de ti —le dijo. Y entonces le beso. Y le beso hasta quedarse sin aliento.

 

Kiran la levanto entre sus brazos y la hizo girar hasta arrancarle carcajadas de felicidad.

 

—¿Y ahora qué? —le pregunto una vez pudo volver a hablar.

 

—Ahora, —le contesto Kiran, mirándola directamente a los ojos — afrontaremos el futuro juntos.

 

Epilogo

 

Los ancianos había decidido que la idea que les había sugerido Kiran era la mejor opción.

 

En cuanto dictaron la nueva ley, los efectos de la enfermedad parecieron remitir poco a poco.

 

Por supuesto Lacey fue condenada a muerte, su falta había sido demasiado grave para otra sentencia.

 

La vida de Megan y Kiran no fue un camino de rosas, pero si algo les había enseñado la experiencia es que debían luchar por lo que querían. Su amor era fuerte y sabrían capear el temporal.

 

Aunque qué vez en cuando Kiran siguiera comportándose como un neandertal. Hombre, que se le va a hacer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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