© Libro N° 6097.
Aristóteles: Propiedad Y Lucha De Clases. Correas, Oscar. Emancipación. Junio 8 de 2019.
Título
original: © Aristóteles:
Propiedad Y Lucha De Clases. Oscar Correas
Versión Original: © Aristóteles: Propiedad Y Lucha De Clases. Oscar
Correas
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Aristoteles, propiedad y lucha de
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ARISTÓTELES: PROPIEDAD Y LUCHA DE CLASES *
Oscar Correas
- Omegalfa. Biblioteca
Libre -
“Era su adaptabilidad rica en exceso, su
imaginación y origi- nalidad demasiado pobres para poder brillar él como
estrella de primera magnitud entre los creadores de ideales nuevos.1
Los filósofos griegos eran todos
dialécticos innatos, espontáneos, y el talento más universal de todos ellos,
Aristóteles, había llega- do ya a
estudiar las formas
esenciales del pensar
dia -
léctico”.2
Toda
la obra de Aristóteles, y sobre todo su Política, puede ser examinada desde dos
puntos de vista distintos: puede ser abordada con criterio metafísico, o con
criterio dialécti- Con un criterio metafísico, la Política resulta una
disquisi- ción más o menos exhaustiva acerca de las tres formas de gobierno
clásicas (monarquía, aristocracia y politeia) y sus correspondientes y
simétricas formas degeneradas (tiranía, oligarquía y democracia).
Aristóteles
explica en qué consisten, y las aborda luego desde distintos
ángulos. Con este
criterio de análisis, se
_____________________________
* Procedencia del texto:
http://148.206.53.230/revistasuam/dialectica/include/getdoc.php?id=14&article=15
&mode=pdf
1
Gompers, Teodoro, Los Filósofos Griegos, Tomo I, cap. XXVI, no. 4 pag. 342.
2
Engels, Federico, Anti Duhring.
termina siempre
tratando —inútilmente— de
dilucidar cuál es la forma que prefiere Aristóteles, y cuál es su ideal
de Estado. Y se o btiene así un juicio final como el que nos proporciona Gomperz:
Aris tóteles no fue
capaz de crear ideales nuevos. Pero desde otro punto
de vista, esa es pre- cisamente su gloria.
¿Formas
de Gobierno o Estructuras Sociales?
Es
cierto que Aristóteles no propuso un estado ideal. De- finitivamente cierto.
Pero es que no es eso lo importante.
Es
un error metodológico forzar a un autor de modo que resulten de sus páginas lo
que el lector busca, en lugar de buscar lo que el autor entrega. Si en
Aristóteles buscamos su "estado ideal", perdemos la oportunidad de
advertir la sagacidad con que penetró la sociedad de su tiempo.
No
es una polis ideal la que aparece en sus páginas; sino la sociedad viva. No son
los tres famosos tipos de constitución los que aparecen allí estáticos para
siempre, sino las con- tradicciones sociales que afectaban a la sociedad
griega.
Cada
vez que se intenta sistematizar su Política, hacer un bello cuadro sinóptico,
simétrico en todas sus partes y pri- morosamente acabado, se fracasa
inevitablemente. Porque su Política está llena de proposiciones
contradictorias.
En
al guna parte dice que lo mejor es la monarquía; en otras, que lo es una mezcla
de oligarquía y democracia; o bien nos asombra descubriendo que lo mejor para
cada pueblo re- sulta ser lo que más conviene a su idiosincrasia.
Es
imposible, si se quiere obtener buenos frutos, abordar la
Política
por el lado de las formas de gobierno. Lo que se revela en Aristóteles, por
debajo de las categorías políticas, es la sociedad misma. El auténtico valer de
su Política no consiste en ser un maltratado libro de política, sino en que es
un excelente análisis de la realidad social. Para penetrar- lo desde este
ángulo es necesario hacerlo con un criterio dialéctico; es decir, considerando
que la realidad no existe encasillada sino en movimiento. De esta manera, sus
mar- chas y contramarchas, sus vacilaciones y sus contradiccio- nes, adquieren
una nueva dirección. Si dejamos de lado la pretensión de extraer definiciones
estáticas sobre las for- mas de gobierno, veremos en Aristóteles un penetrante
análisis de la sociedad.
En
este sentido, debemos entender que para Aristóteles — como para la ciencia
moderna—, los famosos "tipos de constitución" no existen en la
realidad, sino que solamente son categorías útiles para el análisis; lo que
existe real- mente, es la sociedad en continuo movimiento. No existen "la
democracia" y "la oligarquía", sino estados con más o menos
notas oligárquicas o democráticas. Y esto depende, a su vez, de si son los
ricos o los pobres los que gobiernan. Por otra parte, hay infinitas variantes
posibles según sea la correlación de fuerzas en la lucha de clases entre pobres
y ricos. En última instancia, en consecuencia, se trata de un problema
económico: lo que determi na la forma de la cons- titución es la estructura
socioeconómica de la sociedad. Y esto no es forzar los textos, sino cuanto más,
expresar en palabras de uso moderno lo mismo que decía Aristóteles con el
vocabulario de su época.
Conformarse
con su análisis de las formas de gobierno es
faltar
al legado de su genio; es renunciar al Aristóteles total. Es quedarse con el
Aristóteles que no creó ideales nuevos, renunciando al primer pensador que
analizó a fondo las estructuras socioeconómicas.
Estado
y Propiedad
Aristóteles,
con su proverbial sagacidad, observó que las distintas polis oscilaban entre la
oligarquía y la democracia. Las distintas constituciones tenían notas
oligárquicas y no- tas democráticas en proporciones distintas. Cláusulas oli-
gárquicas eran las que les permi tían a los ricos inclinar el Estado a su
favor, y viceversa. Como resul tado de conjunto, la forma del Estado dependía
del mayor o menor peso de cada uno de estos elementos: oligarquía y democracia.
Pero
"oligarquía" y "democracia" no son simple categorías
políticas abstractas, sino
que están conectadas
con algo muy concreto: "el
elemento real —dice— en que difieren entre sí la democracia y la oligarquía es
la pobreza y la ri- queza".3 O sea que el centro de la cuestión queda
referido a la propiedad. No tiene nada que ver que los que gobiernen sean la
mayoría o una minoría (democracia y oligarquía). Lo que sucede es que en todas
partes los pobres son mu- chos y los ricos pocos. Pero lo que da la nota no es
la canti- dad de gente sino la cantidad de propiedad: "donde quiera que
los gobernantes deben su poder a la riqueza, tanto si son una minoría como si
son una mayoría, hay allí una oli- garquía, y cuando son los pobres los que
gobiernan, tene- mos una democracia".4 Con esto parece res ponder a quie-
nes
han puesto el acento en el número, que se confunden
3
Pol. III-V, 1279.
4
Ibidem.
"debido
al hecho de que los ricos son pocos y los pobres son muchos en todas
partes".5 Por lo tanto, "el
que los pocos o los muchos detenten el poder es un aspecto accidental".6
La
cuestión de las relaciones de propiedad queda así en el centro del análisis
político.
Poder
y lucha de clases
Ricos
y pobres. He aquí la cuestión: los disturbios sociales tienen por origen la
desigualdad de propiedad.7 Esta dra- mática realidad, la lucha de clases, no
escapaba por cierto a la sagaci dad de Aristóteles. Pero además advertía que se
traducía en una contienda política por el control del estado. La clase que
obtenía el poder acomodaba la constitución a sus necesidades y utilizaba la
fuerza del Estado en su pro-
vecho:
"las
clases que se apartan de la posición media (cual- quiera de las dos, los
propietarios de tierra o el pue- blo, de tiempo en tiempo tienen el poder
supremo) ri- gen el gobierno según sus propias directrices".8
Por
lo demás, en la realidad sucede que el poder del Estado nunca está totalmente
en manos de una u otra clase. Por eso es que no existen "la
democracia" o "la oligarquía" sino que "hay tantas formas
de constitución como modos de dis-
tribuir
las magistraturas según las superioridades o las di-
5
Ibidem,- Cfr. Pol. 1290 a, 1295 b, 1317 b, 1279 b, 1291 b
6
Ibidem
7 Véase II-lv, 1266 a 11-II 1263 b, 111-vi,
1281 a, vJ-1, 1318 a y b, iv-ix, 1296 a v-
1,
1301 b; v-11, 1302 b; v-vl. 1307 a; v-vll, 1308 by y 1309 a.
8
Pol. lv-Ix, 1296 a. Cfr. lv-111, 1296 b y ss.; vl-lv, 1320 b.
ferencia
de las clases". 9
Es
la relación de fuerzas de las clases en lucha, la que en última instancia
determina la forma concreta de la consti- tución, "oligarquía" y
"democracia" no son más que puntos de referencia, categorías
abstractas que nos permiten ra- cionalizar una realidad mucho más rica que
nuestro pen- samiento; que la constitución sea más o menos oli gárquica o
democrática, depende de cómo se distribuyan las magis- traturas —esto es, de
quién sea el que posee más y más im- portantes resortes del aparato estatal—,
lo cual a su vez depende de cual sea la clase más fuerte para imponer su
presencia en el poder.
Estructura
económica y clases sociales
Si
bien ya con menor precisión, Aristóteles también nos brinda una teoría para
explicar la existencia de tales o cua- les clases sociales y su poderío.
Con
sólo haber descubierto la lucha de clases, su origen y el papel que cumple el
Estado, Aristóteles tiene título suficien- te para ser el "talento más
universal" de todos los filósofos griegos, como dice Engels. Pero hay algo
más aún. Su genio no se detuvo en detectar la existencia de clases en lucha;
más allá de eso, se preguntó por qué razón las clases eran distintas y con
poderío diverso en las distintas polis. Y en- contró que la estructura
económica era la que engendraba las clases sociales. Es decir, que la
existencia de ciertas cla-
ses
sociales dependía de ciertas formas de producción.
9
Pol. lv-III, 1296 b. Cfr. Pol. lv-l, 1289 a
Ciertamente
que es demasiado atribuir a Aristóteles la comprensión de que la estructura de
clases depende del modo en que los hombres producen su vida material. Pero aquí
está el texto en que podemos ver cómo Aristóteles ad- vierte que una sociedad
de cara al mar (Atenas por ejem- plo) tendrá una poderosa turba marinera que
impulsará una democracia, mientras que una polis de grandes fundos
rurales tenderá a una oligarq uía:
En
los lugares en que el país es apto para la cría de caballos, las condiciones
naturales favorecen así el es- tablecimiento de una oligarquía que será
poderosa... y donde el suelo es propicio para la infantería pesada, las
condiciones favorecen la siguiente forma de oli- garquía... en cambio la
infantería ligera y las fuerzas navales son un elemento to talmente
democrático.10
Lucha
de clases y economía monetaria
Por
último, corresponde destacar la justeza con que Aris- tóteles ubicó el origen
histórico de la lucha de clases. No sólo comprendió que la diferencia de
propiedad era la res- ponsable de esta lacra social, sino que se ocupó también
de encontrar su comienzo. No siempre había sido así la so- ciedad, "porque
los miembros de la primitiva familia solían compartir o participar de
comodidades que eran todas pro- pias suyas".11
Es
decir, al principio se trataba de una economía de tipo familiar, que
Aristóteles llamó "natural", Más adelante apa-
10
Pol. vl-lv, 1320 b, véase todo el Cap. lv del libro vi
11
Pol. 1-111, 1257 a
rece
el trueque ("como hacen aún hoy algunas tribus bárba- ras", ibídem),
pero sin destruir la economía natural, pues "no van más allá de
intercambiar sus comodidades actuales por
comodidades actuales; por ejemplo
dando y tomando vino por grano”(Ibídem). "El intercambio de esta clase, por
tanto, no es contrario a la naturaleza. . . ya que existió para la satisfacción
de la autosuficiencia natural" (Ibidem).
Como
se ve, Aristóteles caracterizó admirablemente la eco- nomía natural e incluso
el tipo de sociedad (cuyos miem- bros comparten o participan) que corresponde a
la misma.
En
la página que sigue,12 Aristóteles analiza la aparición del dinero con tanta
exactitud, que ningú n tratado moderno de economía se resentiría con la
inclusión de este texto. Con la aparición del dinero hace su entrada la
cremática (o arte comercial de enriquecerse), que a diferencia del inter-
cambio "natural", no tiene límites.
En
efecto, en una economía natural, el cambio tiene por objeto satisfacer
determinadas necesidades y ese es su lími- te. Por el contrario en una economía
monetaria, el cambio tiene por objeto obtener más dinero, lo cual no tiene
límite a la vista puesto que siempre es posible agregar una mone- da más al
capital.
Aristóteles
había comprendido esto perfectamente; pero además, advirtió que la lucha de
clases tenía su inicio jun- tamente con la aparición de este nuevo tipo de
economía, a la cual correspondía otro tipo de sociedad:
"esta
última especie (se refiere a la economía natu- ral) es necesaria y goza de gran
estima, mientras que
12
Véase Pol. Mil, 1257 b.
la
otra especie, relacionada con el intercambio, está justamente desacreditada,
porque no está de acuerdo con la naturaleza, sino que implica que los hombres
toman las cosas los unos de los otros".13
Tomar
los hombres las cosas unos de los otros, significa la lucha de clases, que está
implicada en la economía mo- netaria. Aristóteles lo comprendió perfectamente y
enfiló todas sus baterías contra la expresión más alta de esta nue- va
sociedad, "la usura". Para ella todo su anatema:
"esta
forma de adquirir riqueza — dice de la usura—
es, entre todas las formas, la más contraria a la naturaleza"
(ibidem).
Aristóteles
como se ve, había calado muy hondo en la so- ciedad de su tiempo. Por eso su
Política es mucho más que un recuento de las formas de gobierno.
La
limitación aristotélica
Pero
hay un punto en que sí se detiene la ciencia aristo- télica. Ha descubierto que
las relaciones de propiedad y la lucha de clases, están en la base de la
inestabilidad política de los estados; que el poder político es el instrumento
idó- neo para imponer la voluntad de la clase dominante; que las condiciones de
producción determinan la estructura de clase y por ende la relación de fuerzas
entre ellas. Y por último, que todo ello ha sucedido a partir de la aparición
del dinero, es decir, de la economía monetaria.
Pero
con esto —que por cierto no es poco—, termina el
13
Pol. 1-111, 1258 b.
aporte
de Aristóteles a la ciencia social. Ha visto el proble- ma en toda su magnitud.
Pero no ofrecerá ninguna solución que tenga los mismos méritos que su
observación empírica. De aquí en adelante Aristóteles dejará el campo de la
cien- cia para internarse en la ideología; su ideología; sus ilu- siones, sus
ideales, sus anhelos, y también sus vacilaciones.
Por
eso, la parte en que estudia las formas de gobierno es la menos precisa; la más
llena de incongruencias y vacilacio- nes. Y mucho más, cada vez que se trata de
indicar cuál es la mejor constitución. Esto es completamente lógico: ninguna
forma conocida de Estado, es capaz de terminar con la lu- cha de clases. Por lo
tanto señalar un estado como “ideal” era sencillamente imposible. Aristóteles
probaba una y otra vez, abordaba el tema desde distintos ángulos y siempre el
mismo fracaso; esto aparece plenamente en su Política.
Quedaba
un camino: la construcción de una utopía. Es cier- to que lo intentó, esfuerzo
éste del que quedan buenos ras- tros en el libro. Pero sólo un fracaso fue el
resultado. Aris- tóteles, como dice Gomperz, no fue capaz de "crear
ideales nuevos"; esto es, no fue capaz de construir una utopía.
Pero
¿cómo pensar que un científico como él, que había calado con tanta justeza la
sociedad griega, que había pe- netrado la esencia misma de los problemas
sociales con tanta precisión; cómo pensar que Aristóteles pueda con- formarse
con una utopía? Todo lo contrario de lo que dice Gomperz: “no es que
Aristóteles no creara "ideales nuevos" por falta de imaginación, sino
que debemos decir que era un científico demasiado serio para ofrecer utopías
que de antemano sabía inútiles”.
El
punto en que Aristóteles se detiene es el lugar que le
marca
su situación histórica. No tenía ninguna posibilidad de advertir lo que hoy nos
parece tan evidente: la lucha de clases sólo puede detenerse con la supresión
de su causa que es la propiedad privada. Ciertamente que Aristóteles vio cuál
era la causa de los conflictos sociales. Y sin em- bargo, ese sencillo paso
lógico —supresión de la causa para eliminar el efecto—, Aristóteles no lo dio,
aún cuando os- tenta el título de creador de la lógica. Lo cual demuestra, por
lo demás, que el conocimiento no avanza siempre de acuerdo con la lógica
formal.
La
limitación de Aristóteles consiste en lo siguiente: quien como él no hacía
concesiones a la imaginación y avanzaba úni camente sobre sólidas observaciones
empíricas, no tenía ningún elemento real que le sugiriera esa solución. En
otros términos, la sociedad
esclavista no tenía
dentro de sí ningún elemento cuyo desarrollo pudiera
conducir a la su- presión de la propiedad privada. Para que en la historia
fuera posible que el pensamiento —en forma científica y no utópica— arribara a
conclusiones socialistas, era necesario que la sociedad misma tuviera la
posibilidad real de avan- zar hacia la supresión de la propiedad privada. Y
sólo la sociedad surgida de la Revolución Industrial tiene dentro de sí los
elementos que conducen a ello.
Desde
luego que podían construirse utopías (y se hicieron muchas como se sabe); pero
Aristóteles era un cientí fico y no un imaginativo. Aristóteles no dio el
sencillo paso lógico, porque era un genio y no un adivino. Todo lo contrario de
lo que dice Gomperz.
La
estabilidad constitucional
Pero
por otra parte, su ciencia estaba al servicio de la so- lución de los problemas
políticos de su tiempo. El objetivo de toda su reflexión es, en último término,
procurar solu- ciones para la inestabilidad de las ciudades, inmersas en la
vorágine de la lucha de clases. Hay que tener en cuenta que Grecia se debatía
en una intensa conmoción social, provoca- da por los intereses contradictorios
de las distintas clases sociales. Esto, además, sucedía con particular
intensidad en Atenas.
Aristóteles
intentaba responder a los problemas que plan- teaba este fenómeno —la lucha de
clases— cuya causa ha- bía penetrado con tanta precisión. Procuraba introducir
ra- cionalidad en este caos y conseguir estabilidad a las Polis.
En
este camino Aristóteles nos muestra otra faceta de su genio: La habilidad
política. Tiene páginas verdaderamente maquiavélicas, donde prodiga amplias
listas de cínicos pro- cedimientos y consejos que deben seguir los tiranos para
mantenerse en el poder. Esto no le impide expresar repeti- damente su odio a
los tiranos. Tal parece que el Sumo Bien no es otro que la estabili dad
política a cualquier precio.
Y
por otra parte, intenta aportar a la estabilidad política a través de la
legislación: la mejor constitución, Politeia, re- sultará de una sabia mezcla
de elementos democráticos y aristocráticos. Todo esto no es más que puro
idealismo, puesto que él mismo ha comprobado cert eramente cuál es el fondo de
la cuestión.
La
Alquimia constitucional: La Educación
La
única salida, por lo demás puramente ideológica, que
avizora
Aristóteles, es una práctica política que podríamos llamar alquimia
constitucional. ¿Qué otro nombre le cua- drará mejor a una intensa reflexión
destinada a enseñar "mezclas" de princi pios contradictorios
—oligarquía y de- mocracia— a veces con fórmulas verdaderamente alambi-
cadas?14
En
su infructuosa búsqueda de soluciones legales, no dejará tampoco de recurrir a
la tradición platónica: la educación de los ciudadanos ingresa así por la
puerta grande de las soluciones inútiles. El dilema es de hierro; e insoluble:
exis- tiendo la lucha de clases no existirá estabilidad eterna del Estado. El
párrafo destinado a esta explicación es altamente ilustrativo:
El
mayor de todos los medios dichos para garantizar la estabilidad de las
constituciones es uno que ac- tualmente desprecian todos los pueblos: es un
siste- ma de educación consecuente con las constituciones. Porque aún las leyes
más valiosas carecen de toda utilidad, incluso una vez ratificadas por el
juicio unánime del cuerpo total de los ciudadanos, si éstos no son formados y
educados en la constitución.15
La
observación es acertada: una ley aprobada por la ma- yoría o por la clase
dominante, ¿para qué sirve si la lucha de clases continúa? Sólo adquirirá plena
vigencia si des- aparece la contienda. Bueno, pero ¿cómo terminarla? Edu-
cando
a los ciudadanos, dice Aristóteles ya en un último es-
14 Véase para no abundar en citas tan conocidas,
Iv-x, 1296 b y ss.; v-vi, 1301 a y ss.; v-vl, 1301 a y ss.; v-v], 1306 b.;
v-vll, 1307 b y ss.; vl-1, 1317 b y ss.; vl-lv,
1320
b y ss.
15
Pol. v-vlll, 1310 a.
fuerzo.
Bien; pero ¿cómo educar? ¿Quién educará? ¿De qué manera se procederá?
"De
manera popular si las leyes son populares, de manera oligárquica si las leyes
son oligárquicas" (ibidem).16
Pero
aquí reaparece el problema que líneas antes parecía solucionado. ¿Qué pasará
con los que no están de acuerdo con la educación que impartirá el Estado?
Puesto que clases sigue habiendo...
Por
si fuera poco, añade:
Pero
haber sido educado según la constitución no significa hacer las cosas que les
agrada a los adictos a la oligarquía o a los mantenedores de la democra- cia,
sino aquellas cosas que hacen capaces a los pri- meros de gobernar
oligárquicamente y a los últimos de gobernarse a sí mismos
democráticamente (ibí- dem).
Como
se comprende fácilmente, el problema subsiste en toda su desesperante magnitud.
Sin embargo, no debemos por eso mirar a Aristóteles desdeñosamente: si él no
pudo solucionar el dilema científicamente, aún menos suerte tu- vieron otros
pensadores que han recorrido la historia ofre- ciendo sus utopí as sin
encontrar comprador.
La
clase media
16
Pol. lv-lx, 1295 b.
En
su búsqueda de estabilidad constitucional, Aristóteles traza un panegírico de
lo que llama la "clase media", que estaría a mitad de camino entre
los ricos y los pobres, entre los que tienen más y los que tienen menos. Como
se ve, un problema de propiedad... Pero no realiza ningún otro es- fuerzo por
precisar diferencias esenciales con las otras dos clases. A lo más, podemos
concluir que la identifica —en algunos textos— con el campesinado que trabaja
la tierra por sí mismo: los pequeños propietarios rurales.
Aristóteles
supone que la clase media cumplirá el papel de amortiguar el choque de clases
antagónicas. Esto es puro idealismo. Pura ideología. No nos arrima argumentos
cien- tíficos —por lo demás inexistentes— que nos muestren cómo esos sectores
cumplirán ese rol. Por el contrario, la historia nos ha enseñado que las
famosas clases medias, supuesto que podamos distinguirlas simplemente como
"medias", terminan siempre cavando las trincheras de la clase más
fuerte o con mayores posibilidades de éxito.
Por
otra parte, el concepto de Aristóteles sobre las clases medias es bastante
difuso. Solón, por ejemplo, es para él un representante de la clase media y le
adjudica enorme sabi- duría.17 Pero el verdadero canto a la clase media, en el
pa- saje que si gue, suena como elegía pastoril, y no es en el fon- do, mas la
ilusión del retorno a la economía premonetaria:
El
pueblo común mejor es la población agrícola, de manera que es posible
establecer una democracia, así como las demás formas de constitución, allí
donde la
multitud
vive de la agricultura y el pastoreo del ga-
17
Véase Constitución de Atenas, 5
nado.
Pues debido a que no tienen muchas propieda- des, están ocupados, de manera que
con frecuencia no pueden acudir a la Asamblea, mientras que, debido a que deben
atender a las necesidades de la vida, em- plean su tiempo atendiendo al trabajo
de su finca y no codician los bienes de sus vecinos, sino que encuen- tran
mayor placer en trabajar que en tomar parte en la política.18
Aristóteles
dice, con razón, que ésta fue la primera forma de democracia que conoció
Grecia. En efecto, la democracia pastoril y militar existió en Grecia antes de
la aparición del Estado. Pero para el tiempo de Aristóteles ya era una reali-
dad que gritaba desde el fondo de la historia griega: era un canto sugestivo y
embelesador; añoranzas de tiempos idos y que no volverían; pero que a él, que
no era tampoco ex- traño al mito del retorno, le parecía un ideal, si no al-
canzable, al menos deseable.
No
obstante esas preferencias ideológicas, Aristóteles com- prendía que ese
regreso era imposible. No en vano había calado hondo en los estragos
irreversibles que sobre aque- lla
sociedad había producido la economía monetaria. Tal vez por eso, siempre
práctico, encuentra reiteradas ocasio- nes de aconsejar medidas legislativas
favorables a la pe- queña propiedad rural. Pero en ningún caso se trata más que
de eso: formas correctivas que impiden el desarrollo de
la
gran propiedad. Nunca un "modelo" de ciudad que sabía
18
Pol. vl-11, 1318 b
imposible.19
Los
Pisistratidas
No
hay nada más anatematizado por Aristóteles —excepto tal vez la usura— que el
típico tirano griego, esencialmente bonapartista. Sin embargo, en la cita vista
anteriormente,20
Aristóteles
no hace sino elogiar una sociedad en la que, al
favor
de una comunidad que no tiene tiempo para dedicar a la política, florecerá
inevitablemente la tiranía; el tirano bonapartista se presentará más tarde o
más temprano a fin de asumir el manejo de la cosa pública, con motivo de que
alguien, lógicamente, debe ocuparse de los asuntos de to- dos. La incongruencia
parece evidente: se alaba a la demo- cracia pastoril y se anatematiza al tirano
que no es sino su contracara. El mismo Aristóteles reconoce que el tirano
Pisístrato "gobernó los intereses comunes de una manera constitucional más
que tiránica".21 Y comprueba que "los hombres soportaron las tiranías
de los primeros tiempos y soportan la oligarquía, si el gobernante no les
impide traba- jar ni les roba",22
Estas cosas nos llenan de asombro. Por una parte, las loas cantadas a la
clase media; por la otra, el odio a los tiranos; | en alguna otra parte, el
reconocimiento a la obra y el gobierno de signo positivo de estos persona- jes,
como en el caso expreso de Pisístrato; más allá los cíni-
cos
consejos prodigados generosamente para que los tira-
19
Véase por ejemplo: II-I v, 1266 b; Iv-lx, 1296 a; v -vll, 1309 a; vl-1, 1317 b;
vl-11, 1319 a; vl- lll, 1320 a.
20
Pol v-11, 1318 b.
21
Constitución, cap. 14.
22
Pol. vll-11, 1318 b
nos
conserven el poder. Lo cierto de todo esto, es que a nuestros ojos surge con
toda evidencia el estado de la so- ciedad esclavista; las marchas y las
contramarchas: las afirmaciones y las dudas, las certidumbres y las vacilacio-
nes que la lucha de clases transmitía a la conciencia de Aristóteles. El genio
mayor de la antigüedad, el creador de la lógica, se debatía en las más crueles
incertidumbres.
La
gloria y el drama
En
el fondo de todo esto, bulle la conciencia de la esterili- dad. Aristóteles
prodiga consejos a los odiados tiranos, porque comprende que es lo único que
tiene para ofrecer en definiti va. Descubrió los fenómenos básicos de la
ciencia social: la propiedad y la lucha de clases. Observó que allí es- taba el
problema de la estabilidad política. Pero no tenía so- luciones que ofrecer.
La
razón última de su fracaso, es su limitación histórica; es decir, no por falta
de genio, sino por la imposibilidad ma- terial de adelantarse a su época. De
todos modos el pensa- miento social lo reconoce como uno de sus más grandes ta-
lentos. Aristóteles nos proporciona algo mucho más rico y profundo que un
inventario de estáticas formas de gobier- no; nos ha legado la concepción de la
historia como proce- so; y no es su culpa, ciertamente, si quienes vinieron
des- pués lo inmovilizaron hasta convertirlo en un simple expo- sitor de la
inocua teoría de las formas de gobierno. Por el contrario, sólo la actitud
dialéctica en su lectura, nos da la auténtica dimensión de su genio.
Descubrir
los fenómenos sociales y penetrarlos; he aquí su gloria. No encontrar su
solución y debatirse en tremendas
vacilaciones,
he aquí el drama aristotélico. •
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