© Libro N° 6095.
La Poética. Aristóteles.
Emancipación. Junio 8 de 2019.
Título
original: © La Poética. Aristóteles
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
LA POÉTICA
Aristóteles
ÍNDICE
ÍNDICE..........................................................................................................
2
CAPÍTULO
I
.................................................................................................
4
CAPÍTULO
II
................................................................................................
6
CAPÍTULO
III
...............................................................................................
7
CAPÍTULO
IV
...............................................................................................
9
CAPÍTULO
V
..............................................................................................
12
CAPÍTULO
VI
.............................................................................................
14
CAPÍTULO
VII
............................................................................................
17
CAPÍTULO
VIII
...........................................................................................
19
CAPÍTULO
IX
.............................................................................................
20
CAPÍTULO
X
..............................................................................................
22
CAPÍTULO
XI
.............................................................................................
23
CAPÍTULO
XII
............................................................................................
24
CAPÍTULO
XIII
...........................................................................................
25
CAPÍTULO
XIV...........................................................................................
27
CAPÍTULO
XV............................................................................................
29
CAPÍTULO
XVI...........................................................................................
31
CAPÍTULO
XVII..........................................................................................
33
CAPÍTULO
XVIII.........................................................................................
35
CAPÍTULO
XIX...........................................................................................
37
CAPÍTULO
XX............................................................................................
38
CAPÍTULO
XXI...........................................................................................
40
CAPÍTULO
XXII..........................................................................................
43
CAPÍTULO
XXIII.........................................................................................
46
CAPÍTULO
XXIV
........................................................................................
48
CAPÍTULO
XXV
.........................................................................................
51
CAPÍTULO
XXVI
........................................................................................
55
CAPÍTULO
I
1447a
Como nuestro tema es la poética nos proponemos hablar no sólo de la poética
misma sino también de sus especies y sus respectivas características, de la
trama requerida para componer un bello poema, del número y la naturaleza de las
partes constitutivas de (10) un poema1 y también de los restantes aspectos que.
atañen a. la misma investigación. Hemos de seguir, pues el orden natural y
comenzar
con los primeros hechos. 1
La
epopeya y la poesía trágica, como asimismo la comedia, el ditirambo2 y, en su
mayor parte, el arte de tocar la flauta y la cítara, son todos (15) imitaciones
si se los considera de manera general. Pero, al mismo tiempo difieren entre sí
de tres maneras ya por la diferencia de clase en sus medios, o en los objetos,
o en la
manera
de sus imitaciones.3 Puesto que el color y la forma se usan corno medios
por
quienes (bien por el arte o la práctica constante) imitan y dibujan diversos
objetos mediante su ayuda, y la voz (20) es empleada por otros, así también en
el grupo de artes mencionado, los medios para ellos son, en general, el
lenguaje y la armonía, empleados bien simplemente o en determinadas
combinaciones. Una combinación de sólo armonía y ritmo es el medio adecuado en
el arte de tocar la flauta y la lira y otras artes que responden a la misma
descripción, por ejemplo la siringa (25) imitativa. El ritmo solo, sin la
armonía, es el recurso en las imitaciones del bailarín; pues aun éste, mediante
el ritmo de sus actitudes puede representar los caracteres de los hombres, así
corno también lo que ellos hacen y sufren. Hay, además, un arte que imita sólo
a través del lenguaje, sin armonía, en prosa o en verso, ya en uno o en
pluralidad de metros.
1
Las cifras entre paréntesis indican las líneas en que se divi-den las secciones
a y b, según la numeración asignada a las obras clásicas a partir del
restablecimiento de los textos origi-nales, y aceptada como una convención
internacional.
2 El
ditirambo era en su origen un himno cantado en honor de Dionisio. Su evolución
en Corinto dio nacimiento a la tragedia.
3 La
palabra imitación, rnírnesis en griego, se debe entender, corno representación
de la realidad.
1447b
Esta forma de imitación carece un nombre hasta hoy. No tenemos, en efecto,
nombre común para un mimo de Sofrón (10) o de Jenarco4 y para un diálogo de
Sócrates; y ciertamente tampoco tenemos un término si la imitación en ambos
ejemplos fuera en trímetros o elegíacos u otro tipo de verso. Es verdad que
la gente agrega la palabra poeta
al nombre de un
metro y habla
de poetas
elegíacos
y poetas épicos, y piensa que se los llama poetas no en razón (15) de la índole
imitativa de su trabajo, sino de manera indiscriminada a causa del metro en que
escriben. Aun si una teoría médica o de filosofía física se expresara en forma
métrica, sería común designar al autor de este modo. Homero y Empédocles, sin
embargo, no tienen entre sí ninguna afinidad, fuera del metro en que se
expresan; de modo que si a uno se le llama poeta (20), al otro se le debería
designar físico y no poeta. Estaríamos en la misma posición, por supuesto, si
la imitación en estos
ejemplos
fuera en todos los metros, tal como el Centauro de Queremón5 (una
rapsodia compuesta
de versos de
toda clase), y
habría que reconocer
a Queremón como poeta. Suficiente, pues, para estas artes. Existen, en
suma, algunas otras artes que combinan
todos los medios
enumerados (25), ritmo,
melodía
y verso, por ejemplo, la poesía ditirámbica y nómica6, la tragedia y la
comedia,
con la diferencia, empero, de que las tres clases de medios son todos empleados
juntos en algunos de ellos, y en otros aparecen separados, uno después de otro.
Tales son las diferencias que yo establezco entre las artes en cuanto a los
medios de realizar la imitación.
línea.
4 Sofrón de Siracusa, autor de mimos,
contemporáneo de Eurípides. Jenarco trabajó en la misma
5
Trágico ateniense. Floreció hacia el 380. Quedan escasos fragmentos.
6
Nomos fue en sus comienzos una especie de himno primitivo. Terpandro (675) le
dio forma artística
CAPÍTULO
II
1448a
II. Los objetos que los imitadores representan son acciones, efectuadas por
agentes que son buenos o malos (las diversidades del carácter humano, casi
siempre derivan de esta distinción, pues la línea entre la virtud y el vicio es
la que divide a toda la humanidad) y los imitan mejores o peores de lo que
nosotros
somos, o semejantes, según proceden los pintores. (5) Así Polignoto7
representaba
a sus personajes superiores a nosotros, Pausón8, peores, y los de Dionisio eran
tales como nosotros. Es claro que cada uno de los tipos de imitación a que me
he referido admitirá estas variaciones, y ellas diferirán entonces de acuerdo
con las diferencias de los objetos que representan. Aun en la danza, el arte de
tocar la flauta y la lira, tales diversidades son posibles, (10) y también
suceden en las partes sin nombre que emplea el lenguaje, la prosa o el verso
sin armonía como sus medios; los personajes de Homero, por ejemplo, son mejores
que nosotros; los de Cleofón se hallan a nuestro nivel, y los de Hegemón de
Taso, el primer autor de parodias, y Nicocares, que escribió la Diliada, se
hallan por debajo de este modelo. Lo mismo es cierto del ditirambo y del nomos;
los personajes (15) pueden representarse en ellos con la diferencia
ejemplificada en los cíclopes de Timoteo y Filoxeno. Esta diferencia es también
la que distingue a la tragedia y la comedia; ésta pinta a los hombres peores de
lo que son, aquélla, mejores que los del presente.
7 Oriundo de Tasox, llegó a Atenas en la época
de Cimón. Muy celebrado por la delicadeza de sus cuadros. Pausanias de dejado
un relato de sus obras.
8
Parece que su pintura ridiculizaba a los hombres.
CAPÍTULO
III
III.
Una tercera diferencia en estas artes reside en la manera en que es
representado cada tipo de objeto. Si se da a ambas partes (20) igual medio y la
misma clase de objetos para la imitación (uno puede narrar en forma directa en
un instante y en otro momento asumir otro personaje, como hace Homero, u otro
puede permanecer siempre el mismo sin cambio alguno), o los imitadores pueden
representar toda la historia dramáticamente, como si en realidad representasen
los hechos descritos.
Sin
embargo, como lo dijimos al comienzo, las diferencias en la imitación de estas
artes aparece en tres formas: sus medios, sus objetos y sus maneras. De modo
que como imitador Sófocles, por una parte, se asemeja, (25) a Homero, pues
ambos representan a hombres superiores, y por otra, a Aristófanes, desde que
todos exhiben a personas que actúan y realizan algo. Esto en verdad, según
algunos dicen, es la razón por la cual sus obras se llamas dramas, porque en
ellos los personajes representan
la trama. De aquí
que tanto la
tragedia como la comedia (30) sean reclamadas por los
dorios como sus descubrimientos; la comedia, por los megáricos, aquellos que
surgieron en Grecia cuando Megara se convirtió en una democracia, y por los
megáricos de Sicilia a causa de que el
poeta
Epicarmo9 procedía de su país, y mucho
antes que Quiónides y Magnes;
también
la tragedia es reivindicada por algunos dorios del Peloponeso. En apoyo de estos
reclamos ellos se
refieren a los
vocablos "comedia" y
"drama". Su palabra
(35) para los villorrios circundantes, dicen, es comae, mientras que los
atenienses los llaman demes, suponiendo así que los comediantes extrajeron su
nombre no de sus comoe10 o diversiones, sino de su trashumación aldea en aldea,
carentes de aprecio, y constreñidos a deambular fuera de la ciudad.
1448b
También su palabra, afirman, para “actuar" es dran, en tanto los
atenienses
emplean el verbo práttein.
9 Poeta siciliano o de Cos, nacido en el 540.
Diels recoge varios de sus fragmentos. Hay en él una influencia de Heráclito.
10
Comos, composición jocosa popular. Alude a la diversión del comos o aldea.
Esto
es suficiente entonces respecto al número y naturaleza de los puntos de
diferencia en la imitación de estas artes.
CAPÍTULO
IV
Es
evidente que el origen general de la poesía se debió (5) a dos causas; cada una
de ellas parte de la naturaleza humana. La imitación es natural para el hombre
desde la infancia, y esta es una de sus ventajas sobre los animales inferiores,
pues él es una de las criaturas más imitadoras del mundo, y aprende desde el
comienzo por imitación. Y es asimismo natural para todos regocijarse en tareas
de imitación. La verdad de este segundo punto se muestra por (10) la
experiencia; aunque los objetos mismos resulten penosos de ver nos deleitamos
en contemplar en el arte las representaciones más realistas de ellos, las
formas, por ejemplo, de los animales más repulsivos y los cuerpos muertos. La
explicación se encuentra en un hecho concreto: aprender algo es el mayor de los
placeres no sólo para el filósofo, sino también para el resto (15) de la
humanidad, por pequeña que sea su aptitud para ello; la razón del deleite que
produce observar un cuadro es que al mismo tiempo se aprende, se reúne el
sentido de las cosas, es decir, que el hombre es de este o aquel modo; pues si
no hubiéramos visto el objeto antes, el propio placer no radicaría en el cuadro
como una imitación de éste, sino que se debería a la ejecución o al colorido
(20) o a alguna causa semejante. La imitación, entonces, por sernos natural
(como también el sentido de la armonía y el ritmo, los metros que son por
cierto especies de ritmos) a través de su original aptitud, y mediante una
serie de mejoramientos graduales en su mayor parte sobre sus primeros esfuerzos,
crearon la poesía a partir de sus improvisaciones.
La
poesía, sin embargo, pronto se dividió en dos clases (25) según las diferencias
de carácter en los poetas individuales; pues los más elevados entre ellos
debían representar las acciones más nobles y los personajes más egregios;
mientras los de espíritu inferior representaban las acciones viles. Estos
últimos producían invectivas primero, así como otros componían himnos y
panegíricos. No conocemos ningún poema de los poetas prehoméricos, aunque sin
duda hubo muchos autores entre ellos; pueden hallarse ejemplos, por cierto,
desde Homero
en
adelante, tal su margites11 y poemas similares de otros. En esta poesía (30) de
11
Margites, canción cómica primitiva. Homero habría compuesto algunas de estas
piezas.
invectiva
su natural adecuación produjo el metro yámbico que quedó en uso; de aquí
nuestro presente término "yámbico", porque era el metro de sus yambos
o invectivas de unos contra otros. Como resultado se obtuvo que los viejos
poetas se convirtieron, algunos de ellos, en autores del verso heroico y otros
del yámbico. La posición de Homero, no obstante, es peculiar: así como fue en
el estilo serio el poeta de los poetas, elevado no sólo (35) por su excelencia
literaria, sino también mediante el carácter dramático de sus imitaciones, fue
asimismo el primero en bosquejar para nosotros las formas generales de la
comedia al producir no una invectiva dramática, sino un cuadro dramático de lo
ridículo; sus margites en verdad se hallan, respecto a nuestras comedias en la
misma relación que la Ilíada y la Odisea frente 1449a a nuestras tragedias.
Pero tan pronto como la tragedia y la comedia aparecieron en el ambiente,
aquellos naturalmente atraídos por cierta línea de poesía se convirtieron en
autores de comedias en lugar de yambos, y los otros (5) inclinados por su
índole a una línea distinta, en creadores de tragedias en lugar de epopeyas,
porque estos nuevos modos del arte resultaban más majestuosos y de mayor estima
que los antiguos.
En
cuanto a cuestionar si la tragedia es ahora todo lo que debe ser en sus
elementos formativos, considerar todo ello y decidirlo teoréticamente y en
relación a las representaciones, es un problema para otra investigación.
Esta
comenzó ciertamente mediante improvisaciones, como también la comedia; (10) la
primera se originó con los autores de los ditirambos, la otra con las canciones
fálicas, que todavía perviven como instituciones en algunas de nuestras
ciudades. Y su avance desde entonces fue lento, a través de su transformación y
luego de superar etapas en cada paso. Sólo después de una larga serie de
cambios el movimiento de la tragedia se detuvo al alcanzar su forma natural
(15). 1) El número de actores fue primero aumentado a dos por Esquilo, quien
disminuyó la importancia del coro, e hizo que el diálogo, o la parte hablada,
asumiera la misión decisiva en el drama. 2) Un tercer actor y la escenografía
se debieron a Sófocles. 3) La tragedia adquirió también su magnificencia.
Descartó los (20) relatos breves y el lenguaje chabacano, que debía a su origen
satírico, alcanzó, aunque sólo en un momento tardío de su progreso, un tono de
dignidad;
su
metro cambió, pues, del trocaico al yámbico. La razón para su uso originario
del tetrámetro trocaico yacía en que su poesía era satírica y más relacionada
con la danza que lo que sucede ahora. Empero, tan pronto como se introdujo la
parte hablada, la naturaleza misma encontró el metro adecuado. El yámbico (25),
según sabemos, es el más flexible de los metros, como se muestra por el hecho
de que muy a menudo
caemos en él
en el diálogo,
mientras que resulta
raro que hablemos en hexámetros,
y esto sólo cuando nos separamos del tono hablado de la voz. 4) Otro cambio fue
la pluralidad de episodios o actos. En cuanto a los problemas restantes, los
adornos sobreagregados y el relato de su introducción, éstos deben ser
aceptados según se dijo, pues demandaría (30) una tarea muy larga revisar los
detalles.
CAPÍTULO
V
Respecto
a la comedia es (como se ha observado) una imitación de los hombres peor de lo
que son; peor, en efecto, no en cuanto a algunas y cada tipo de faltas, sino
sólo referente a una clase particular, lo ridículo, que es una especie de lo
feo. Lo ridículo puede ser definido acaso como un error (35) o deformidad que
no produce dolor ni daño a otros; la mascara, por ejemplo, que provoca risa, es
algo feo y distorsionado, que no causa dolor.
Aunque
los cambios sucesivos en la tragedia y sus autores no son desconocidos, no
podemos decir lo mismo de la comedia; sus etapas primigenias pasaron 1449b
inadvertidas, porque ella todavía no había sido tomada en serio. Esto aconteció
sólo en un momento posterior de su progreso cuando un coro de comediantes fue
oficialmente reconocido por el arconte; ellos solían ser simples voluntarios.
La comedia alcanzó ya ciertas formas definidas cuando empezó el recuerdo de
aquellos individuos llamados poetas cómicos. Quién fue el que le proporcionó
máscaras, o prólogos, o una pluralidad de actores y otros elementos es algo que
se desconoce. (5) La fábula preparada, o trama, se originó por cierto
en Sicilia,
con Epicarmo y
Formis; de los
poetas atenienses, Crates12 fue
el
primero
en eliminar la invectiva de la comedia, y creó argumentos de naturaleza general
y no personal, es decir, fábulas estudiadas o argumentos.
La
epopeya coincide, pues, con la tragedia en este contexto, la de ser una
imitación de temas serios (10) en un verso de gran vuelo. Difiere de ella, no
obstante, 1) en que se expresa en una clase dio verso y en forma narrativa; y
2) por su extensión que se debe a su acción la cual no tiene límite fijo en el
tiempo, mientras que la tragedia se empeña en mantenerse en cuanto es posible
dentro de un ciclo solar, o cerca de esta medida. Esto, insisto, es otro punto
de diferencia entre ellas, aunque al principio la práctica en este respecto fue
justamente (15) la misma tanto en las tragedias como en las epopeyas. Ellas
difieren también (3) en
sus elementos
cons titutivos, pues
algunos son comunes
a ambas y
otros
12 Crates vivió en Atenas alrededor del 470. Se
le considera el verdadero creador de la comedia griega en cuanto universalizó
sus personajes, es decir, eliminó la invectiva personal.
peculiares
a la tragedia; de aquí que un juez en una buena o mala tragedia es asimismo un
juez en la epopeya. Todas las partes de una epopeya se hallan incluidas en la
tragedia; pero aquellas de la tragedia no se encuentran todas en la épica.
CAPÍTULO
VI
En tanto
reservamos para una
consideración posterior la
poesía y la comedia en hexámetros (20), proseguiremos
ahora con la discusión de la tragedia; antes de hacerlo, sin embargo, debemos
resumir la definición resultante de lo que se ha dicho. Una tragedia, en
consecuencia, es la imitación de una acción elevada y también, por tener
magnitud, completa en sí misma; enriquecida en el lenguaje, con adornos
artísticos adecuados para las diversas partes de la obra, presentada en forma
dramática, no como narración, sino con incidentes que excitan piedad y temor,
mediante los cuales realizan la catarsis de tales emociones. Aquí, por
“lenguaje enriquecido con adornos artísticos" quiero decir con ritmo,
armonía y música sobreagregados, y por “adecuados a las diversas partes"
significo que algunos de ellos se producen, sólo por medio (30) del verso, y
otros a su vez con ayuda de las canciones.
1.
Ahora bien, puesto que los hombres representan las acciones, se deduce en
primer lugar que el espectáculo (o la aparición de los actores en la escena)
debe ser parte del todo, y en segundo término la melodía y la dicción: estas
dos son el medio de su imitación. Aquí por dicción quiero decir sólo esto: la
composición de los versos, (35) y por melodía lo que se entiende sin esfuerzo
para requerir explicación. Pero hay más: el tema representado también es una
acción, y la acción requiere actores, los que deben tener por necesidad sus
cualidades distintivas tanto en el carácter como en el pensamiento, puesto que
es a partir de estos hechos que les asignamos ciertas cualidades a sus acciones
1450a. Por consiguiente, hay en el orden general de las cosas dos causas, el
pensamiento y el carácter de sus acciones, y por tanto de su éxito o fracaso en
sus vidas. Así la acción (lo que fue hecho) se representa en el drama por la
fábula o la trama. La fábula, en nuestro presente sentido del término, es
simplemente esto: la combinación de los incidentes, o sucesos acaecidos en la
historia; (5) mientras que el carácter es lo que nos incita a adscribir ciertas
cualidades morales a los protagonistas, y el pensamiento se advierte en todo lo
que ellos dicen cuando prueban un aspecto particular, o quizás enuncian una
verdad general. Hay, pues,
en efecto, seis
partes en cada
tragedia, en conjunto,
esto es, de
tal o cual cualidad: la fábula o trama, los
caracteres, la dicción o elocución, el pensamiento, el espectáculo, (10) y la
melodía; dos de
ellas surgen del
medio, una de la
manera, y tres de los objetos de la imitación dramática. Y no hay nada más
aparte de estas seis. De éstas, elementos formativos por cierto, casi todos los
dramaturgos han hecho debido uso, ya que cada drama, se puede afirmar, admite
el espectáculo, el protagonista, la fábula, la dicción, la melodía y el
pensamiento.
II.
Lo más importante de las seis es la combinación de los incidentes de la fábula.
(15) La tragedia es en esencia una imitación no de las personas, sino de la
acción y la vida, de la felicidad y la desdicha. Toda felicidad humana o
desdicha asume la forma de acción; el fin para el cual vivimos es una especie
de actividad, no una cualidad. El protagonista nos da cualidades, pero es en
nuestras acciones lo que hacemos donde somos felices (20) o lo contrario. En un
drama, entonces, los personajes no actúan para representar los caracteres;
incluyen los caracteres en favor de la acción. De modo que es la acción en
ella, es decir, su fábula o trama la que constituye el fin o propósito de la
tragedia, y el fin es en todas partes lo principal. Aparte de esto una tragedia
es imposible sin acción, aunque puede haberla sin carácter. Las tragedias de la
mayoría (25) de los autores actuales carecen de carácter, un defecto común
entre los poetas de todas clases, y con su
contraparte
en la pintura, según el caso de Zeuxis13
comparado con Polignoto;
pues
mientras éste es fuerte en carácter, la obra de Zeuxis carece de él. Y además,
se puede concordar una serie de discursos característicos de la más fina
expresión respecto a la dicción y el pensamiento, y sin embargo es fácil que
fracasen en producir el verdadero efecto trágico; (30) no obstante se tendrá
mucho mayor éxito con una tragedia que por inferior que sea en estos aspectos,
posea en ella una trama y una combinación de incidentes. Y habría que agregar:
los más poderosos elementos de atracción en la tragedia, las peripecias y los
reconocimientos, son partes de la fábula. Una prueba más concluyente reside en
que los principiantes (35) aciertan mucho antes con la dicción y los caracteres
que con la construcción de la trama, y lo mismo puede afirmarse de casi todos
los
13
Pintor griego, de la escuela jónica, contemporáneo de Parrasio.
dramaturgos
anteriores. Sostenemos, en consecuencia, que lo primero y esencial, la vida y
el alma por así decir, de la tragedia es la fábula, y que los caracteres
aparecen en segundo término. En efecto, hágase el paralelo con la pintura,
donde los más hermosos colores colocados sin orden no nos darán el mismo 1450b
placer que el simple esbozo en blanco y negro de un retrato. Subrayarnos que la
tragedia es ante todo una imitación de la acción, y que es sobre todo por la
acción que imita a los agentes actuantes. En tercer término aparece el elemento
del pensamiento, esto es, el poder de expresar lo que debe (5) decirse, o lo
que es adecuado para la ocasión. Esto es lo que en los discursos de la tragedia
cae dentro del arte de la política y la retórica; pues los viejos poetas hacen
hablar a sus personajes como estadistas, y los modernos como retóricos. No se
debe confundir esto con el carácter.
El carácter en un
drama es lo
que revela el propósito moral de los protagonistas, es
decir, la clase de hecho que intentan evitar, donde el caso no es claro; de
aquí que no haya lugar para el carácter en un discurso sobre un tema por
completo indiferente. El pensamiento, por lo demás, (10) se prueba en todo lo
que dicen los personajes cuando aceptan o rechazan algún aspecto particular o
enuncian alguna proposición universal. Cuarto entre los elementos literarios
se halla la
dicción de los
personajes, que como
se ha explicado antes, es la
expresión de sus pensamientos en palabras, que resulta en la práctica lo mismo
en el verso que en (15) la prosa. Respecto de las dos partes restantes, la
melodía es el más elevado de los adornos de la tragedia. El espectáculo, aunque
una atracción, es lo menos artístico de todas las partes, y tiene escasa
relación con el arte de la poesía. El efecto trágico es por completo posible
sin una función pública y sin actores, y además la puesta en escena del
espectáculo es más un problema de la técnica escenográfica (20) que de los
poetas.
CAPÍTULO
VII
Después
de haber distinguido las partes, ahora vamos a considerar la construcción
adecuada de la fábula o argumento, en cuanto ésta es sin duda lo primero y lo
más importante en la tragedia. Hemos establecido que una tragedia es una
imitación de una acción que es completa en sí misma, como un todo de (25)
cierta magnitud; pues un todo puede carecer de magnitud para hablar de él.
Ahora bien, un todo es aquello que posee principio, medio y fin. Un principio
es aquello que necesariamente no adviene después de algo más, si bien algo más
existe o acontece después de esto. El fin, por el contrario, es lo que
naturalmente se deduce de algo más, (30) ya como una consecuencia necesaria o
usual, y no es seguido por nada más. Una trama bien construida, por consiguiente,
no puede ora empezar o terminar en el punto que se desee; el comienzo y el fin
en esto deben ser de las formas justamente descritas. Así, para ser bella una
criatura viviente (35) y cada todo compuesto de partes debe no sólo presentar
cierto ordenamiento en el arreglo de sus partes, sino también poseer cierta
definida magnitud. La belleza es un problema de tamaño y orden, y por tanto
imposible 1) en una criatura insignificante, dado que nuestra percepción
deviene indistinta cuando ella se aproxima instantáneamente; o 2) en una
criatura de gran tamaño digamos, mil estadios de largo ya que en tal caso en lugar de 1451a ver el
objeto al instante, la unidad y la totalidad de éste se pierde para el
observador. De la misma manera, entonces, así como un todo bello hecho de
partes, o una bella criatura viviente debe ser de determinado tamaño, pero de
un tamaño captable por el ojo, de igual modo una trama o argumento tiene que
poseer cierta extensión, si bien capaz de ser aprehendida por la memoria.
Respecto al límite de la extensión, en cuanto atañe a las funciones públicas y
a los espectadores, ésta no cae dentro de la teoría de la poesía. Si se
tuvieran que representar cien tragedias, éstas se medirían por la clepsidra,
según ha suce dido en algún tiempo. El límite, empero, establecido por el
actual estado de cosas es éste: cuanto más extensa es la fábula, siempre que
resulte coherente (10) y comprensible como un todo, será tanto más bella en
razón de su magnitud. Según una fórmula común general, "una
extensión
que permite al héroe pasar por una serie de probables o necesarias etapas de la
desdicha a la felicidad, o de la felicidad a la desdicha", puede bastar
como límite para la representación de la trama. (15)
CAPÍTULO
VIII
La
unidad de la fábula no consiste, según algunos suponen, en tener un hombre como
un héroe, pues la vida de un mismo hombre comprende un gran número, una
infinidad de acontecimientos que no forman una unidad, y de igual modo existen
muchas acciones de un individuo que no pueden reunirse para formar una acción.
Se advierte, entonces, el error de todos los poetas que han (20) escrito una
Heracleida, una Theseida o poemas semejantes; ellos creen que, porque Heracles
fue un hombre, la historia de Heracles debe ser una historia. Homero, sin duda,
entendió este aspecto muy bien, ya por arte o por instinto, justamente debido a
que excedió al resto en todos los detalles. Al escribir la Odisea (25) no
permitió que el poema registrara todo lo que por cierto le aconteció al héroe;
por ejemplo, le sucedió ser herido en el Parnaso y también fingirse loco en la
época del llamado a las armas, pero ambos incidentes no tenían ninguna conexión
necesaria o probable entre sí. En lugar de ello, tomó como tema de la Odisea, como
también de la Ilíada, una acción con la unidad del tipo que hemos descrito. La
verdad es que así como en las otras artes imitativas (30) una imitación es
siempre de una cosa, de igual modo en la poesía la fábula, como imitación de la
acción, debe representar una acción, un todo completo, con sus diversos
incidentes tan íntimamente relacionados que la transposición o eliminación de
cualquiera de ellos distorsiona o disloca el conjunto. Por tal causa aquello
que por su presencia o ausencia no provoca ninguna diferencia perceptible no
constituye ninguna parte real del todo. (35).
CAPÍTULO
IX
De
lo que hemos dicho se desprende que la tarea del poeta es describir no lo que
ha acontecido, sino lo que podría haber ocurrido, esto es, tanto lo que es
posible como probable o necesario. La distinción entre el historiador y el
poeta
1451b
no consiste en que uno escriba en prosa y el otro en verso; se podrá trasladar
al verso la obra de Herodoto, y ella seguiría siendo una clase de historia. La
diferencia reside en que uno relata lo que ha sucedido, y el otro lo que (5)
podría haber acontecido. De aquí que la poesía sea más filosófica y de mayor
dignidad que la historia14, puesto que sus afirmaciones son más bien del tipo
de las universales, mientras que las de la historia son particulares. Por
proposiciones universales hay que entender la clase de afirmaciones y actos que
cierto tipo de personas dirán o harán en una situación dada, y tal es el fin de
la poesía, aunque
ésta
fija nombres propios a los (10) caracteres. Los hechos particulares son,
digamos, lo que Alcibíades hizo o lo que le aconteció. En la comedia esto ya ha
quedado claro, pues los poetas cómicos construían sus fábulas a partir de
acontecimientos probables, y luego añadían algunos nombres según su capricho;
ellos no escribían, como los poetas yámbicos, sobre personas (15) particulares.
En la tragedia, sin embargo, se adherían todavía a los nombres históricos, y
por esta razón lo que convence es lo posible. Mientras no podemos estar seguros
de la posibilidad de algo que no ha sucedido, lo que ha acontecido es desde
luego posible, puesto que no habría sucedido si ello no hubiera sido así. Sin
embargo, aun en la tragedia hay algunos dramas sólo con uno o dos nombres
conocidos en ellos; el mucho en comprobar lo que escribía. Es posible que el
Estagirita considerara que Tucídides no era un historiador sino un artista y un
filósofo. resto es invención. Y existen algunos sin ningún nombre (20)
conocido, por ejemplo
Anteo de
Agatón15, en el
cual tanto los
incidentes como los
nombres son
creaciones
del poeta, y el drama no resulta por ello menos delicioso. Así pues, parece que
no debemos adherirnos con firmeza a los relatos tradicionales sobre
14
Tal vez Aristóteles piense aquí en Herodoto, una especie de corresponsal
viajero, que recorrió el mundo entonces conocido en busca de noticias de todo
tipo sin detenerse
15
Trágico ateniense, contemporáneo y amigo de Platón. Figura en el Simposio.
los
que se basan (25) las tragedias. Sería absurdo proceder de este modo, en
efecto, aun cuando las historias conocidas lo son sólo para unos pocos, si bien
ellas son un deleite para todos.
Según
lo dicho antes resulta claro que el poeta debe ser más el autor de sus fábulas
o tramas que de sus versos, sobre todo porque él es un poeta en virtud del
elemento imitativo de su trabajo, y son acciones las que imita. Y si adopta un
tema de la historia real, no por eso es menos poeta, ya que algunos
acontecimientos históricos pueden muy bien (30) estar en el orden probable y
posible de las cosas, y en ese sentido, por esos hechos él resulta su poeta.
De
las fábulas simples y de las acciones lo peor resulta lo episódico. Llamo
episódico a una cuando no existe ni probabilidad ni necesidad en la secuencia
de los episodios. Fábulas (35) de esta clase son construidas por malos poetas a
causa de su incapacidad, y por buenos poetas por culpa de los actores. Por
realizar su obra para funciones públicas, un buen poeta a menudo estruja una
fábula más allá de sus aptitudes y se ve así obligado a retorcer las secuencias
de sus accidentes.
1452a
La tragedia, por consiguiente, es una imitación no sólo de una acción completa,
sino también de incidentes que provocan piedad y temor. Tales incidentes tienen
el máximo efecto sobre la mente cuando ocurren de manera inesperada y al mismo
tiempo se suceden unos a otros; entonces resultan más maravillosos que si ellos
acontecieran por sí mismos o por simple (5) casualidad. En efecto, hasta los
hechos ocasionales parecen más asombrosos cuando tienen la semejanza de haber
sido realizados a designio; así, por ejemplo, la estatua de Mitis en Argos mató
al hombre que había causado la muerte de aquél al caer sobre éste en una
ceremonia. Hechos de tal tipo no parecen sucesos casuales. Por eso las fábulas
de esa clase resultan necesariamente mejores que las otras. (10)
CAPÍTULO
X
Las
fábulas son o simples o compuestas, puesto que las acciones que representan
obedecen naturalmente a esta doble descripción. A la acción simple, que procede
en la forma definida, como un todo continuo, (15) la llamo simple, cuando el
cambio en la
fortuna del héroe
se realiza sin
peripecia ni reconocimiento; y
compleja cuando ella encierra una u otra de estas desventuras, o ambas. Estas
acciones deben surgir de la estructura de la fábula misma, de manera que
resultan ser la consecuencia, necesaria o probable de los antecedentes. Existe
una gran diferencia entre (20) algo que acontece a causa de esto y después de
esto.
CAPÍTULO
XI
Como
se ha observado la peripecia es un cambio de un estado de cosas a su opuesto,
el cual concuerda, según ya dije, con la probabilidad o necesidad de los
acontecimientos. (25) Por ejemplo, en Edipo: aquí el cambio lo produce el
mensajero, quien al pretender alegrar a Edipo y eliminar sus temores respecto
de su madre, revela el secreto de su nacimiento. Y en Linceo, justamente cuando
éste es conducido para ser ejecutado, con Danao a su lado, que ha de hacer
cumplir la sentencia, los incidentes que preceden al hecho se modifican al
punto que el primero es salvado y Danao (30) ajusticiado. El reconocimiento es,
como la misma palabra indica un cambio de la ignorancia al conocimiento, y así
lleva al amor o al odio en los personajes signados por la buena o la mala
fortuna. La forma más refinada de reconocimiento es la que se logra mediante
las peripecias, como aquellas que se producen en Edipo. Hay, por supuesto,
otras formas; lo que hemos dicho puede
suceder en cierta
manera con referencia
a objetos inanimados, (35) aun
cosas de tipo casual, y es también posible el reconocimiento si alguien ha
hecho o no ha hecho algo. Pero la forma más directamente relacionada con la
fábula y la acción del drama es la mencionada en primer término. 1452b Esta,
junto con la peripecia, suscitará ora piedad o temor, que son las acciones que
la tragedia está preparada para representar, y que servirán asimismo para
provocar el fin feliz o desdichado. El reconocimiento, en tal caso, por
tratarse de personas, puede ser sólo la de una parte a la otra, pues la segunda
ya es conocida, (5) o bien las partes quizá tengan que descubrirse. Ifigenia,
por ejemplo, fue descubierta por Orestes mediante el envío de la carta; y otro
reconocimiento se requirió para que Ifigenia lo reconociera a él.
Dos
partes de la fábula, entonces, la peripecia y el reconocimiento (10)
representan tales incidentes como éstos. Una tercera parte es el sufrimiento,
que podemos definir como una acción de naturaleza destructiva o patética, así
los asesinatos en la escena, torturas, heridas, etc. Las otras dos ya han sido
explicadas.
CAPÍTULO
XII
Las
partes de la tragedia que han de tratarse como elementos formativos (15) en
conjunto se mencionaron en un capítulo previo. Empero, desde el punto de vista
de su cantidad, es decir, las secciones separadas dentro de las cuales se
divide, una tragedia posee las siguientes partes: prólogo, episodio, éxodo y
una canción coral, dividida en párodo16, y estásimo17; estas dos son comunes a
todas las tragedias, mientras que las canciones de la escena y los commoi sólo
se encuentran en algunas. El prólogo es todo lo que (20) precede al párodo del
coro; un episodio es todo lo que entra entre dos 17 canciones corales completas; el
éxodo,
todo lo que sigue después de la última canción coral. En las secciones corales
del párodo se halla la primera expresión total del coro, y un estásimo es
una canción coral
sin anapestos o
tróqueos. Un commos
es un pasaje
de lamentos en el que tanto el coro como los actores toman parte. Ya
hemos mencionado las partes de la tragedia (25) usadas en conjunto como
elementos formativos; las previamente citadas son sus partes desde el punto de
vista de su
cantidad,
o las secciones separadas en que se divide.
16
Término técnico que denota la aparición del coro en la or-questa o la canción
que cantaba al entrar.
17
Lo que cantaba el coro sin moverse de su lugar.
CAPÍTULO
XIII
Los
próximos puntos, después de lo que hemos dicho antes, son éstos: ¿A qué debe
apuntar el poeta y qué debe evitar al construir sus fábulas? ¿Y cuáles son las
condiciones de que depende el efecto trágico?
Comprendemos
que para la forma más bella de tragedia la fábula (30) no debe ser simple sino
compleja, y que además debe imitar acciones que provoquen temor y piedad,
puesto que ésta es la función distintiva de esta clase de imitación. Se deduce,
en consecuencia, que existen tres formas de fábulas que deben evitarse: 1) Un
hombre excelente no debe aparecer pasando de la felicidad a la desdicha, o 2)
un hombre malo, de la desdicha a la felicidad. La primera situación no es
piadosa ni inspiradora de temor, sino simplemente (35) nos es odiosa. La
segunda es la menos trágica que puede presentarse; no tiene ninguno de los
requisitos de la tragedia. No apela ni a los sentimientos humanos en nosotros
ni a nuestra piedad ni a nuestro temor. Por otra parte, tampoco debe 3) un
1453a hombre malo en extremo deslizarse de la felicidad a la miseria. Tal
historia puede suscitar el sentimiento humano en nosotros, aunque no nos
conducirá ni a la piedad ni al temor; la piedad (5) es ocasionada por una
desgracia inmerecida, y el temor por algo acaecido a hombres semejantes a
nosotros mismos, de modo que no habría en la situación nada piadoso ni
inspirador de temor. Queda, pues, una clase intermedia de personaje, un hombre
no virtuoso en extremo, ni justo cuya desdicha se ha abatido sobre él no por el
vicio ni la depravación sino por algún (10) error de juicio, como es el caso de
quienes gozan de gran reputación y prosperidad, por ejemplo, Edipo, Tiestes, y
los hombres de prestigio en familias ilustres. La fábula perfecta, por tanto,
debe poseer un interés simple no doble (como algunos nos dicen); el cambio en
la fortuna del héroe no ha de ser de la miseria a la felicidad, sino, al
contrario, de la felicidad a la desdicha; (15) y la causa de esta
transformación no ha de residir en ninguna depravación, sino en algún gran
error de su parte, mas el hombre mismo ha de ser tal como lo hemos descrito, o
mejor, no peor que tal ejemplo. También el hecho confirma nuestra teoría.
Aunque los poetas empezaron por aceptar cualquier historia trágica que les
vino
a la mente, en estos días las tragedias más bellas son siempre (20) aquellas
sobre reducidas casas ilustres, como las de Alcrneón, Edipo, Orestes, Meleagro,
Tiestes, Telefo, o algunos otros que pueden haberse involucrado, ya como
personajes o víctimas en determinados sucesos de horror. Teoréticamente
entonces, la mejor tragedia posee una trama de esta descripción. Sin embargo,
los críticos se equivocan cuando acusan a Eurípides por aceptar esta línea (25)
en sus tragedias, y dar a muchas de ellas un fin desdichado. Esta es, según
hemos afirmado, la tendencia correcta que ha de seguirse. La mejor prueba es
ésta: en la escena y en las competencias públicas tales dramas, trabajados con
esmero, se ven como los más verdaderamente trágicos; y Eurípides, aunque su
ejecución fracase en otros aspectos, es considerado no obstante como el mejor
de los dramaturgos (30) trágicos. Después de estas consideraciones debemos
hablar de la construcción de la fábula, que algunos colocan en primer término,
la que puede tener una doble historia (como la Odisea) y un resultado opuesto
para los personajes buenos o malos. Se la considera la mejor sólo en razón del
escaso gusto del auditorio; los poetas simplemente siguen (35) a su público y
escriben según su dictado. Pero aquí el placer no es el que provoca la
tragedia. Pertenece más bien a la comedia, donde los enemigos más enconados en
la pieza (por ejemplo Orestes y Egisto) se convierten al fin en buenos amigos,
y nadie mata a nadie.
CAPÍTULO
XIV
1453b
El temor trágico y la piedad pueden ser provocados por el espectáculo; pero
también pueden surgir de la misma estructura y los incidentes del drama, que es
el mejor camino y muestra al mejor poeta. La fábula debe ser pues tan bien
ordenada, que aún sin ver lo que acontece, quien sólo oye el relato ha de
sentirse (5) lleno de horror y piedad ante los incidentes, que es por cierto el
efecto que el
simple recitado de
la historia de
Edipo produce en
el oyente. Provocar este mismo
efecto por medio del espectáculo es menos artístico y requiere la ayuda
escenográfica. Sin embargo, aquellos que utilizan el espectáculo para colocar
delante de nosotros lo que es simplemente monstruoso y que no produce temor,
desconocen por completo el sentido de la tragedia; no se debe (10) exigir de la
tragedia cualquier clase de placer, sino sólo su propio placer.
El
placer trágico es el de la piedad y el temor, y el poeta debe producirlo
mediante una tarea de imitación; es claro, en consecuencia, que las causas
deben ser incluidas en los incidentes de la historia. Veamos entonces qué clase
de incidentes nos conmueven como horribles, más que como piadosos. En un
acontecimiento de este tipo (15) las partes deben por necesidad ser o amigos o
enemigos, o bien indiferentes entre sí. Ahora bien, cuando un enemigo ataca a
su enemigo nada hay en ellos que nos lleve a la piedad en el hecho o en su
meditación, excepto en la medida que concierne al dolor real del que sufre, y
lo mismo es verdadero cuando las partes son indiferentes. No obstante, cuando
el hecho trágico se produce dentro de la familia, es decir, cuando el asesinato
o el daño es premeditado (20) por el hermano contra el hermano, por el hijo
contra el padre, por la madre contra el hijo, o el hijo contra la madre, tales
son las situaciones que el poeta debe buscar. Las historias tradicionales deben
conservarse como son, por ejemplo, el asesinato de Clitemnestra por Orestes y
de Erifila por Alcmeón. Al mismo tiempo aún dentro de estos acontecimientos,
algo le queda al poeta mismo; él debe idear (25) la manera correcta de tratar
los hechos. Expliquemos más claramente lo que significamos por “la manera
correcta". El hecho horroroso puede
ser realizado por
el agente con
conocimiento y con
conciencia,
como en los viejos poetas y el asesinato de los hijos por Medea en Eurípides. O
puede hacerlo, pero con ignorancia de su relación, y descubrirlo después, (30)
como le sucede a Edipo en Sófocles. Aquí el hecho está fuera del drama, pero
puede quedar dentro de él, como el acto de Alcmeón en Astidamas o el de
Telégono en Ulises herido. Una tercera posibilidad es la del que medita (35)
una injuria mortal contra otro en ignorancia de su relación, pero que logra
hacer el reconocimiento para detenerse a tiempo. Lo dicho agota las
posibilidades, puesto que el hecho necesariamente debe ser realizado o evitado
a sabiendas o por ignorancia.
La
peor situación se presenta cuando el personaje está a punto de cometer el hecho
con todo conocimiento
y desiste de
él. Resulta desconcertante y asimismo nada trágico (por la ausencia de
sufrimiento); de aquí que nadie actúa de tal manera, excepto en pocos casos,
por ejemplo Hemón y 1454a Creón en Antígona. Después de esto se produce la real
perpetración del suceso meditado. Una situación mejor que ésta, sin embargo, es
que el hecho se cometa con ignorancia y la relación sea descubierta después, ya
que no hay nada desagradable en ello, y el reconocimiento ha de servir para
asombrarnos. (5) Pero lo mejor de todo es lo último; es lo que tenemos en
Cresfontes, por ejemplo, cuando Meropea, a punto de matar a su hijo lo reconoce
a tiempo; en Ifigenia, cuando la hermana y el hermano se hallan en una
situación parecida, y en Hella, en el instante en que el hijo reconoce a su
madre cuando está a punto de entregarla al enemigo.
Esto
explicará por qué nuestras tragedias están restringidas (según acabamos (10) de
decir) a tan escaso número de familias. Fue lo accidental más que el arte lo
que llevó a los poetas a la búsqueda de temas para encuadrar esta clase de
incidentes en sus
fábulas. Ellos se
encuentran todavía obligados
a recurrir, pues, a las familias en las que ocurrieron estas desgracias.
Sobre
la construcción de la fábula y la clase de fábula (15) requerida ya se ha dicho
demasiado.
CAPÍTULO
XV
En
cuanto a los caracteres existen cuatro puntos que hay que mencionar. Primero, y
sobre todo, que deben ser buenos. Habrá carácter en un drama si (como se ha
observado) lo que el personaje dice o realiza revela cierto designio moral, y
un buen carácter si el propósito así revelado es bueno. Puede haber bondad en
toda clase de personajes, hasta en una mujer o un esclavo, (20) aunque la
primera es quizás inferior y el otro un ser totalmente sin valor. El segundo
punto es la adecuación. El carácter ante nosotros debe ser, digamos, viril;
pero no es apropiado en el carácter de una mujer ser viril o inteligente. El
tercer punto es que sea semejante a la realidad, que no es lo mismo que ser
bueno o apropiado, según nuestro sentido (25) del término. En cuarto lugar, el
carácter debe ser coherente y el mismo siempre; aun si la inconsistencia fuera
parte del hombre ante nosotros para la imitación y presentara esa forma de
carácter, debe ser
pintado como coherentemente incoherente.
Tenemos un ejemplo de innecesaria
bajeza de carácter en el Menelao de Orestes; de incongruencia e inadecuación en
la lamentación de Ulises en Escilla, y (30) en el inteligente discurso de
Melanipa; y de incoherencia en Ifigenia en Aulide, pues Ifigenia como
suplicante es por completo diferente de lo que será más tarde. Lo correcto, por
tanto, en los caracteres así como en los incidentes del drama es buscar siempre
lo necesario o lo probable; de modo (35) que cuando tal personaje diga o haga
tal cosa, sea la necesaria o probable consecuencia de su carácter. A partir de
esto se advierte (para formular una digresión) que el desenlace también debe
surgir 1454b de la fábula misma, y no depender de un artificio de la escena,
como en Medea, o en el episodio del embarque (detenido) de los griegos en la
Ilíada. El artificio [deus ex machina] debe reservarse para problemas fuera del
drama para acontecimientos pasados más allá del conocimiento humano, o sucesos
aún por producirse, que requieren ser intuidos o anunciados, puesto (5) que es
privilegio de los dioses conocer de antemano. Entre los incidentes reales nada
debe ser inexplicable, y si lo fuera debe quedar excluido de la tragedia, como
en Edipo de Sófocles. Pero retornemos a los caracteres. Como la tragedia es una
imitación
de personajes mejores que el término medio de los hombres, nosotros debemos
seguir el ejemplo de los buenos pintores de retratos (10) que reproducen los
rasgos distintivos de un hombre, y al mismo tiempo, sin perder la semejanza,
pintarlos mejores que lo que son. De igual modo el poeta, al representar a los
hombres rápidos o lentos en su ira, o con similar debilidad de carácter, deben
saber cómo dibujarlos como tales, y a la vez como hombres excelentes, según
Agatón y Homero han representado a Aquiles.
Todas
estas normas (15) deben conservarse siempre en la mente, como asimismo aquellas
destinadas a los efectos en la escena, las que dependen directamente del arte
del poeta, desde que también en éstas se pueden a menudo cometer errores. Sin
embargo, ya hemos dicho demasiado sobre el tema en nuestros escritos
publicados.
CAPÍTULO
XVI
El
reconocimiento en general ya ha sido explicado. En cuanto (20) a las clases de
reconocimiento, el primero se advierte por ser el menos artístico, del cual los
poetas hacen mucho uso por falta de invención; es el descubrimiento por signos
o señales. De estos signos algunos son congénitos, “como la lanza que llevan
sobre ellos los hijos de la tierra", o la "estrella", tal la que
Carcino exhibe en su Tiestes; otros signos son adquiridos después del
nacimiento, estos últimos son bien, marcas en el cuerpo, por ejemplo,
cicatrices, o señales externas, como collares, o (para citar otro (25) ejemplo)
el arca en el reconocimiento según el drama Tiro. Estos signos, empero, admiten
dos usos, uno mejor y otro peor; la cicatriz de Ulises es un ejemplo; el
reconocimiento de él a través del signo se realiza en una forma por la nodriza,
y en otra por los porquerizos. Un reconocimiento que emplea signos como medio
de seguridad es menos artístico, pues en verdad lo son todos los que apelan a
la reflexión; mientras que aquel que produce un reconocimiento repentino, (30)
como la escena del baño, resultan mejores. Aparte de éstos tenemos los
descubrimientos realizados directamen te por el poeta, que son inartísticos por
esa misma causa. Así, en Ifigenia el reconocimiento de Orestes por sí mismo, en
tanto que su hermana revela quién es por una carta; Orestes dice por sí lo que
el poeta quiere, más bien que lo que la fábula demanda. (35) Esto, en
consecuencia, no se aleja de la falta antes mencionada, pues Orestes pudo haber
presentado también cierta seña.
Otro
ejemplo es la "voz de la lanzadera" en el Tereo de Sófocles. Una
tercera clase es el reconocimiento a través de la memoria, que despierta la
conciencia de un hombre por algo visto.
Así
en el drama Los Ciprios de Diciógenes 1455a la visión del cuadro lleva al
hombre a estallar en lágrimas, y en el Apólogo de Alcino, Ulises al oír la
cítara recuerda el pasado
y también llora.
Una cuarta clase
de reconocimiento se produce a través del razonamiento, por
ejemplo en Las coéforas: "Alguien que se me parece está aquí; no existe
otro (5) como yo, excepto Orestes; por tanto, él debe estar aquí". Otro
ejemplo es el que el sofista Poleidos sugiere para Ifigenia,
pues
es probable que si su hermana fue sacrificada, su destino debe ser el mismo. O
el episodio del Tideo de Teodectes: "Yo vine a buscar un hijo, y yo mismo
he de morir." O también en Las Finidas: al ver el lugar (10) la mujer
infirió su destino, es decir, que morirían allí, desde que se trataba del lugar
en que habían sido expuestas18 al nacer. Existe, asimismo un reconocimiento
incorrecto que surge de un razonamiento erróneo de parte del público. Un
ejemplo de ello se advierte en Ulises, el falso mensajero: él asegura que
reconocería el arco, que no ha visto. El mejor
de los reconocimientos, empero,
es aquel que
surge de los
incidentes
mismos,
cuando la gran sorpresa aparece a través de un hecho probable, como es el caso
en Edipo de Sófocles, y también en Ifigenia, pues es muy probable que ella
quisiera enviar una carta a su hogar. Estos últimos son los únicos
reconocimientos independientes del artificio de los signos y collares. Los
mejores
después
de éstos (20) son los reconocimientos que dependen del raciocinio.
18
El verbo exponer alude al hábito, practicado en Atenas de exponer a los recién
nacidos, especialmente a las niñas, a la intemperie para que muriesen. En el
fondo la costumbre se funda en una razón económica. Se trataba de una boca más
para mantener. La criatura podía ser adoptada por una familia pudiente.
CAPÍTULO
XVII
En
el momento de construir sus fábulas y determinar la elocución en que han de
quedar enmarcadas, el poeta debe recordar tener ante sus ojos, en cuanto sea
posible, las verdaderas escenas. De este modo, al observar cada cosa con tal
vivacidad como si fuera un testigo ocular, podrá crear (25) lo que es adecuado
y estará menos expuesto a subestimar las incoherencias. Esto muestra por qué
fue censurado en Carcino que hiciese salir del templo a Amfiarao; el hecho
habría pasado inadvertido si no hubiera sido observado por el auditorio. En la
escena el drama fracasó, pues la incongruencia del incidente ofendió a los
espectadores. Hasta donde es posible también el poeta debe representar (30) su
historia con los mismos gestos de sus personajes. Dadas las mismas condiciones
naturales quien siente las emociones que deben ser descritas, será el más
convincente; el dolor y el temor, por ejemplo, se pintan con mayor fuerza por
quien las experimenta en ese momento. De aquí que tal poesía demanda un hombre
con especial aptitud para ello, o bien alguien que se sienta tocado por la
locura; el primero puede fácilmente asumir el estado de ánimo adecuado, y el
último es posible que se halle realmente poseído por el delirio poético. Su
fábula, pues, bien ya preparada o de su propia invención, debe ser primero
simplificada 1455b y reducida a una forma universal, antes de proceder a
ampliarla mediante la inserción de los episodios. Lo siguiente mostrará cómo el
elemento universal en Ifigenia, por ejemplo, puede ser considerado: Cierta
doncella, ofrecida en sacrificio, y misteriosamente desaparecida de la vista de
los sacrificantes, es trasladada (5) a otra tierra, donde la costumbre
era inmolar a
todos los extranjeros
ante la divinidad,
es allí convertida en
la sacerdotisa de
este rito. Mucho
después de este
hecho el hermano de
la sacerdotisa logra
llegar al lugar;
sucede, sin embargo
que el oráculo, por determinadas
razones, le ha rogado ir hasta allí y la finalidad de su traslado queda fuera
de la fábula del drama. Al llegar, él fue arrestado y estuvo a punto de ser
sacrificado, hasta que revela su identidad, ya como lo dice Eurípides o (según
lo sugiere Poleido) (10) por la natural exclamación: "Así yo también estoy
condenado a ser sacrificado como lo fue mi hermana", y esta confesión lo
salva.
Cumplida
esta etapa, luego de haber fijado los nombres propios como base de la fábula,
es necesario intercalar los episodios o incidentes accesorios. Se debe pensar,
por supuesto, que los episodios han de ser adecuados, como el ataque de locura
de Orestes, que provocó su arresto, y la (15) purificación que determinó su
salvación. En los dramas, pues, los episodios son cortos; en la épica sirven
para extender el poema. El argumento de la Odisea no es largo. Un hombre se ve
alejado de su hogar durante muchos años. Poseidón lo cuida con ojo vigilante,
pero él está por completo solo. En el hogar las cosas han llegado al extremo de
que su riqueza ha sido despilfarrada y la muerte de su hijo (20) es tramada por
los pretendientes de su mujer. Después de muchas aventuras y sufrimientos
consigue regresar; se revela y cae sobre sus enemigos, y el fin es su salvación
y la destrucción de aquéllos. Esto es lo adecuado en la Odisea; todo lo demás
en ella es episódico.
CAPÍTULO
XVIII
Hay,
además, otro punto que debe tenerse presente. Cada tragedia es, en parte,
complicación y, en parte, desenlace; los incidentes antes de la escena inicial,
y a menudo también algunos de aquellos dentro del drama, forman la
complicación, y el resto es el desenlace. Por complicación significo (25) todo
desde el comienzo de la fábula hasta el instante justamente antes de] cambio en
la fortuna de] héroe; por desenlace, todo desde el comienzo de¡ cambio hasta el
fin.
En Linceo de Teodectes19 por ejemplo, la complicación incluye, junto (30) con
los
supuestos incidentes, el rapto del niño y a su vez el de los padres, y el
desenlace, todo desde el proceso del asesino hasta el fin. Ahora bien, si se
habla con propiedad, las
tragedias deben clasificarse
1456a7 como similares
o diferentes, según sus fábulas, es decir, de acuerdo con su semejanza
en la complicación y en el desenlace. Sin embargo, hay dramaturgos que después
de una buena complicación fracasan en el desenlace. Lo que se requiere es una
completa maestría en ambas técnicas. Existen cuatro clases 1455b32 distintas de
tragedia, que es el número de las partes constitutivas que ya he mencionado.
Primera, la tragedia compleja, donde todo es peripecia y reconocimiento;
segunda, la tragedia patética por ejemplo, los diversos dramas sobre Ajax e
Ixión; tercera, la tragedia de carácter, como Ftiótides 1456a y Peleo, y
cuarta, la tragedia espectacular, ejemplificada por las Fórcides, Prometeo, y
todos los dramas ubicados en el Hades. El designio del poeta debe ser en
consecuencia combinar todo elemento de interés, si es posible, o bien los más
importantes y la mayor parte de ellos. Esto es ahora necesario en especial
debido a la injusta crítica a que el poeta se ve sometido en nuestros días. (5)
Justamente porque ha habido antes que él poetas de gran estro en diversas
especies de tragedias, los críticos esperan ahora que un hombre supere lo que
fue el punto fuerte de cada uno de sus predecesores. (10) Se debería recordar
también lo que se ha dicho más de una vez, y no escribir una tragedia con una
estructura épica (es decir, con una pluralidad de fábulas en ella) e intentando
dramatizar, por ejemplo, toda la historia
19
Poeta y retórico griego. Quedan escasos fragmentos de sus obras.
de
la Ilíada. En la épica, debido a su extensión, cada parte se trata según su
propia longitud. En el drama,
sin embargo, (15)
sobre la misma
historia el resultado es muy
decepcionante. Esto se comprende por el hecho de que todo el que ha dramatizado
la caída de Troya en su totalidad, y no parte por parte, como Eurípides, o toda
la historia de Niobe20, en vez de un fragmento, como Esquilo, o fracasó por
completo o ha logrado un éxito muy pobre en la escena, y sólo por esto y nada
más que por esto un drama de Agatón fue condenado a la ruina. Sin embargo en
sus peripecias, como también en sus (20) simples fábulas estos
poetas
muestran un magnífico talento al apuntar a la clase de efecto que ellos desean,
es decir, algo que es trágico y suscita el sentimiento humano en nosotros, como
el villano inteligente (Sísifo, por ejemplo) engañado, y el malvado valiente,
vencido. Esto es probable, empero, en el sentido de Agatón cuando habla de la
probabilidad de las improbabilidades que suelen ocurrir. (25) El coro también
ha de ser considerado como uno de los actores; debe ser una parte integral del
todo, y participar en la acción, lo que acontece más en Sófocles que en
Eurípides. Con los poetas tardíos, en efecto, las canciones en sus dramas no
tienen más relación con la fábula que cualquier otra tragedia. De aquí que
tales canciones no sean más que interludios corales, una práctica que introdujo
(30) Agatón por primera vez. Pero, ¿qué diferencia real hay entre el canto de
tales canciones interpoladas
e
intentar adaptar un discurso, o aun un acto completo, de un drama a otro?
20 Personaje
mitológico que cayó en desgracia ante los dioses por su arrogancia.
CAPÍTULO
XIX
Después
de haber discutido la fábula y los caracteres, queda por considerar la dicción
y el pensamiento. Respecto al pensamiento podemos asumir lo que se ha dicho de
él en nuestro tratado de la Retórica, pues aquél pertenece más bien a este
sector (35) de la investigación. El pensamiento incluye todos los efectos que
deben ser producidos por medio del lenguaje; entre éstos están la prueba o la
refutación, la exaltación de la emoción (piedad, temor, ira, etc.) o 1456b
aumentar o disminuir los hechos. Es claro también que en la acción del drama
deben ser observados los mismos principios, ya sea necesario producir efectos
de piedad o terror, o de grandeza o probabilidad. La única diferencia (5) es
que con el acto la impresión debe ser
provocada sin explicación;
mientras que con
la palabra hablada tiene que ser
producida por el hablante, y resulta de su lenguaje. ¿Cuál sería, en
consecuencia, la ventaja del hablante si todo apareciera a la debida luz fuera
de su intervención? Respecto a la dicción, un tema de estudio lo constituyen
las diversas formas de expresión, cuyo entendimiento corresponde al arte de la
elocución y es necesario a los estudiosos de este arte, es decir, la diferencia
entre orden y ruego, simple (10) afirmación y amenaza, pregunta y respuesta,
etc. Si el poeta conoce estas cosas o no las conoce, su arte como poeta no es
nunca seriamente criticado por ese motivo. ¿Qué falta puede observarse en el
verso de Homero, "¡Canta, oh diosa, la cólera!"?, que Protágoras ha
censurado como una orden, donde se impone un ruego, pues rogar a alguien que
haga algo o no lo haga, según nos dice, es una orden. Dejemos esto de lado,
entonces, como perteneciente a otro arte, y no al de la poesía.
CAPÍTULO
XX
La
dicción, considerada como un todo, se forma de las siguientes partes: las
letras (o últimos elementos), la sílaba, la conjunción, el artículo, el nombre,
el verbo, el caso
y el discurso.
La letra es
un sonido indivisible
de una clase particular, que puede convertirse en
factor en un sonido inteligible. Los sonidos indivisibles son emitidos también
por los animales, pero ninguno de éstos es una letra en nuestro sentido (25)
del término. Estos sonidos elementales son ora vocales, semivocales o mudos.
Una vocal es una letra que tiene un sonido audible sin adición de otra letra.
Una semivocal posee un sonido audible mediante la adición de otra letra; por
ejemplo, S y R. Muda es la que no tiene sonido por sí misma, pero se torna
audible cuando se combina con letras que poseen (30) sonido; ejemplos son G y
D. Las letras difieren en sonido de acuerdo con la forma de la boca y los
lugares donde se producen, según sean aspiradas o no aspiradas, o largas,
breves o de variable cantidad, y además según tengan acento agudo, grave y
circunflejo. Los detalles
de estos problemas
debemos dejarlos a la
métrica. La sílaba es un sonido compuesto no significativo (35), formado por
una muda y una letra que tiene sonido (vocal o semivocal); así GR, sin A, es
tanto una sílaba como GRA, con A. Las diversas formas de la sílaba pertenecen
también a la teoría métrica. Una conjunción es un sonido no significante que
cuando forma con 1457a otro un sonido significante, ni impide, ni lleva a la
producción de una sola emisión significante a partir de la combinación de los
diversos sonidos, y que si el discurso así integrado permanece separado (aparte
de otros discursos), no
debe
insertarse al comienzo de éste; por ejemplo mén, deé, toi, dé.21 O bien es un
sonido
no significante capaz de combinar (5) dos o más sonidos significantes en uno;
por ejemplo, anphí, perí, etc. El artículo es un sonido no significante que
marca el comienzo, el fin o el punto de división de un discurso, y su lugar
(10) natural es ora en las extremidades ora en el medio. El nombre es un sonido
compuesto, significante, que no encierra la idea de tiempo, con partes que no
21
21 Estas partículas griegas sirven a los
efectos de la pausa y el ritmo, pero casi no tienen sentido por sí mismas.
tienen
ningún significado por sí mismas en él. Debe recordarse que en un compuesto no
pensamos, en las partes como si tuvieran un significado por sí mismas en él; en
el nombre "teodoro", por ejemplo, doron no significa nada para
nosotros. El verbo es un sonido compuesto significante que involucra la idea de
tiempo, con partes (15) que (como en el nombre) no tienen significado por sí
mismas en él.
Mientras la palabra
"hombre" o "blanco" no
implica cuándo,
"camina" y "ha caminado" encierran además de la idea de
caminar, la de tiempo presente o pasado. El caso de un nombre o un verbo indica
la relación "de" o "a" ante una cosa, etc., o si se refiere
a uno o a muchos (por ejemplo "hombre" (20) u "hombres"); o
puede consistir simplemente en el modo de expresión, esto es, pregunta, orden,
etc. "¿Caminaba?" y “¡Camine!" son casos del verbo según esta
distinción. El discurso es un sonido compuesto, significante, algunas de cuyas
partes tienen cierto significado por sí mismas. Observemos que un discurso no siempre
se constituye mediante un nombre y un verbo; puede existir sin verbo,
como
la definición (25) de hombre22; pero siempre tendrá alguna fracción con
significado
propio. En la frase "Cleón camina", "Cleón" es un ejemplo
de tal parte. Se dice que un discurso es uno en dos formas, ora como
significando una cosa, o bien como unión de diversos discursos convertidos en
uno mediante un nexo apropiado. Así la unidad de la Ilíada es una por la
vinculación de sus partes, y la definición de hombre lo es por designar una
sola cosa. (30)
22
Aristóteles, Top. 130b.
CAPÍTULO
XXI
Los nombres
pueden clasificarse como
simples, por lo
que significo aquellos
constituidos de elementos que individualmente no tienen sentido, como tierra, o
como dobles o compuestos. En este último caso la palabra puede estar compuesta
bien de una parte significativa o no significativa (distinción que desaparece
en el compuesto); o de dos partes significantes. Puede haber también
nombres triples, cuádruples
y aun mayores
(35), como sucede
entre los
masaliotas;
tal la palabra "hermocaicoxanthus" 23 y otras.
1457b
Cualquiera sea su estructura un nombre debe siempre ser: la palabra común para
una cosa, una palabra extraña, una metáfora, una palabra de ornato, acunada,
alargada, abreviada o alterada en su forma. Por palabra común significo que es
de uso general en una región, y por la palabra extraña, la que se emplea en
otro pueblo. De este modo la misma palabra puede obviamente ser a la vez común
y extraña, aunque no con referencia al mismo pueblo; (5) por ejemplo, sígunon
(lanza) es una palabra común en Chipre y extraña para nosotros. La metáfora
consiste en dar a un objeto un nombre que pertenece a algún otro; la
transferencia puede ser del género a la especie, de la especie al género, o de
una especie a otra, o puede ser un problema de analogía. Como ejemplo de
transferencia del género a la especie digo: (10) "Aquí yace mi
barco", pues yacer en el ancla es la permanencia de una clase de cosa.
Transferencia de la especie al género la
tenemos en: "Ulises
ha realizado ciertamente
diez mil nobles hazañas", pues "diez
mil", que es un número muy grande, se usa aquí en lugar de la palabra
"muchas". La transferencia de una especie a otra se ve en:
“Tronchando la vida con el bronce" o "Separando con el inflexible
bronce"; aquí se usa (15) “quitar"
en el sentido
de "separar" y
"separar" en lugar
de "quitar" y
ambas palabras significan “arrebatar" o "eliminar" algo.
Explico
la metáfora por analogía como lo que puede acontecer cuando de cuatro cosas la
segunda permanece en la misma relación respecto a la primera como la cuarta a
la tercera; entonces se puede hablar de la cuarta en lugar de la
segunda,
y de la segunda en vez de la cuarta. Y a veces es posible agregar a la metáfora
(20) una calificación adecuada al término que ha sido reemplazado. Así, por
ejemplo, una copa se halla en relación a Dionisio como un escudo respecto a
Ares, y se puede, en consecuencia, llamar a la copa escudo de Dionisio y al
escudo copa de Ares. 0 también, la vejez es a la vida como la tarde al día, y
así
designar
a la tarde como la vejez del día, según el equivalente de Empédocles24,
es
decir, la vejez es la "tarde" o "la puesta del sol de la
vida". (25) En algunos casos
no hay nombre
para algunos de
los términos de
la analogía, pero
la metáfora puede usarse de igual modo. Por ejemplo, arrojar la semilla
se llama sembrar, pero no hay palabra para el despliegue solar de sus rayos;
sin embargo, este acto permanece en la misma relación ante la luz del sol que
la siembra frente al cereal, y de aquí la expresión del poeta "sembrando
alrededor la llama creada por dios". (30) Existe también otra forma de
emplear metáforas. Si se ha dado a la cosa un nombre extraño, se puede mediante
una adición negativa negarle uno de los atributos naturalmente asociados con su
nuevo nombre. Un ejemplo de esto sería llamar al escudo no la “copa de
Ares", como en el caso anterior, sino una "copa que no contiene
vino...”. Una palabra acuñada es un nombre que, desconocido por el pueblo, es
inventada por el poeta mismo. Hay palabras de esta clase, como érnuges para
cuernos, y aretér para sacerdote. Se dice que una palabra (35) se alarga cuando
ella tiene una 1458a vocal corta que se modifica o se le inserta una sílaba
extra; por ejemplo, póleeos, por poléoos y Peleniádeoo por Peleídou. Se dice
que la palabra se abrevia cuando pierde una parte, como kri, doo, y ops en mía
ginetai amphotéroon ops (una mirada es producida por ambos ojos). (5) Una
palabra es alterada cuando una parte es dejada tal cual era y otra parte es
invención del poeta: dexiterón usada por dexión, en dexiterón katá maxón (sobre
el pecho derecho).
Los
nombres mismos, a cualquier clase que pertenezcan, son masculinos, femeninos o
neutros. Todos los que terminan en ni (n), rho (r), sigma (s), o en las dos
compuestas de ésta, psi y xi son masculinos. Todos los que terminan en las
(10)
vocales invariablemente largas, eta y omega y en alfa son femeninos. Así hay
24
Empédocles, frag. que debieron pertenecer a las Purificaciones. -
un
número igual de terminaciones masculinas y femeninas, porque psi y xi son
equivalentes a sigma (s). No hay en cambio ningún nombre en muda o en una
cualquiera de las dos vocales breves, epsilón (e larga) y omicrón (o). Sólo
tres (méli, kómmi, péperi, miel, goma, pimienta) (15) terminan en iota (i), y
cinco terminan en upsilón (u). Los nombres neutros terminan en las vocales
variables o en ni (n), rho (r) y sigma (s).
CAPÍTULO
XXII
La
perfección de la dicción consiste a la vez en ser clara sin ser prosaica. Lo
más claro sin embargo, es lo que está constituido por palabras corrientes, pero
esto resulta un lugar común, como se observa en la (20) poesía de Cleofón y
Esténelo. Por otra parte la dicción deviene distinguida y fuera del nivel
cotidiano mediante el uso de términos dignos, esto es, palabras extrañas,
metáforas, formas alargadas y todo lo que desvía de los modos vulgares del
discurso. No obstante, el empleo
exclusivo de tales
términos resultará ora
un enigma ora
un (25) barbarismo: un enigma, si
se abusa de las metáforas, un barbarismo, si se apela a palabras extrañas. La
esencia misma del enigma es expresar hechos en una combinación imposible del
lenguaje. Este resultado no puede lograrse mediante una simple sucesión de
términos comunes, pero sí es posible por el empleo de metáforas, como en el
enigma, "Vi a un hombre que con fuego soldaba bronce
sobre
otro (30) hombre"25, y otros semejantes. De igual modo el uso de palabras
exóticas
lleva al barbarismo. Lo que se necesita entonces es cierta mezcla de estos
diversos elementos. En efecto, las palabras extrañas, las metáforas, los
términos ornamentales, impedirán al lenguaje tornarse vulgar y prosaico,
mientras que los vocablos corrientes le asegurarán la requerida claridad.
1458b
Lo que más ayuda, empero, a tornar la dicción clara y no prosaica es el uso de
formas de palabras alargadas, breves y alteradas. Su desviación de los vocablos
comunes, al darle al lenguaje un acento distinto del uso general, le otorga una
apariencia no prosaica y en tanto tiene mucho en común con las palabras de
empleo corriente le concede la condición de la claridad. (5) No es correcto,
pues, condenar estos modos del discurso y ridiculizar al poeta por utilizarlos,
como han hecho algunos; por ejemplo, Euclides el Viejo, quien afirmó que sería
fácil hacer poesía si fuera permitido alargar las palabras en la narración
misma
según su deseo, un procedimiento que él caricaturizó al decir (10) (en
25
25 Se trataría, según Dorsch, de un recipiente de bronce, el que calentado se
colocaba sobre una pequeña herida. Una vez enfriado extraía la sangre. Por su
parte, Bywater sugiere que este enigma podría provenir de Cleobulina, autora de
tales acertijos e hija de Cleóbulo, personaje de su tiempo (580 de la era
antigua).
griego
vulgar) "yo vi a Epícares en su camino a Maratón"... (original muy
corrompido).26 Un uso demasiado manifiesto de estas licencias tiene, por
cierto, un efecto ridículo, pero no son únicas en el caso; la norma de la
moderación se aplica a todos los elementos del vocabulario poético. Aun con las
metáforas, palabras extrañas y lo demás, el resultado será el mismo si todo
ello se emplea impropiamente y con el propósito de provocar la risa. (15) El
uso correcto de estos elementos es algo muy distinto. Para advertir la
diferencia se debe tomar un verso épico y observar cómo suena cuando se
introducen las palabras normales. Lo
mismo
debe hacerse también con las palabras extrañas, la metáfora y lo restante; pues
sólo se deben colocar las palabras comunes en su lugar para comprobar la verdad
de lo que decimos. El mismo yambo se encuentra, por ejemplo, en Esquilo y en
Eurípides, y como aparece en el primero es un verso pobre, mientras Eurípides,
con el cambio de una sola palabra, (20) el reemplazo de un vocablo extraño, por
lo que en el uso es la palabra corriente, lo hace aparecer como bello. Esquilo
dijo en su Filoctetes: "La úlcera que come la carne de mi pie".
Eurípides simplemente cambió come (esthiei) por thoinâtai (se sacia con, o se
solaza en).
O
supongamos para este otro verso: (20) ahora un pícaro despreciable, repulsivo e
insignificante (me ha cegado), otro cambio: "Y ahora un débil, repulsivo e
insignificante pícaro..." O la línea: "Colocó para mí un viejo
asiento y una destartalada mesa", que podría ser: "Me colocó un viejo
banco y una pequeña mesa". (30) O (en Homero) convertir "la ribera
estalla" en "la ribera grita".27
Agreguemos a
esto que Arifrades
solía ridiculizar a
los trágicos por
introducir
expresiones desconocidas en el lenguaje de la vida diaria, como "de las
casas lejos" por “lejos de las casas"” sethen (tuyo, de ti), egoó dé
nin (me casé con ella) y Axilléoos perí en vez de perí Axilléoos (sobre
Aquiles) y otras expresiones. El simple hecho de no hallarse usadas esas
palabras según 1459a el sentido corriente concede a la dicción un carácter no
prosaico, pero Arifrades no
26
¿Referencia a Euclides de Megara?
27 27 Todos los ejemplos de este capítulo
aparecen en griego en las ediciones conocidas, salvo, en parte, la de Dorsch.
Se trata de ejercicios retóricos y lingüísticos sobre el uso de palabras
vulgares que
desmerecen
la dignidad del verso, según Aristóteles. Hemos vertido los ejemplos con la
ayuda del citado
traductor. Estos
pasajes tienen un valor relativo
y no van al fondo del problema
que trata el filósofo. Cuestiones
semejantes se plantean también en castellano, y el buen gusto debe decidir en
última instancia.
comprendió
esta situación. Tiene, en efecto, un alto mérito emplear con rectitud estas
formas poéticas, así como también los compuestos y las palabras extrañas. Sin
embargo, la máxima destreza consiste en ser un maestro de la metáfora. (5) Esto
es lo único que no puede aprenderse de otros, y es, asimismo un signo de genio,
puesto que una excelente metáfora implica una percepción intuitiva de lo
semejante y lo desemejante.
De
las clases de palabras que hemos enumerado puede observarse que las formas
compuestas son más adecuadas para el ditirambo, las palabras extrañas se
ajustan mejor al verso heroico, y las metáforas a la poesía yámbica. Todas
ellas, empero,
81
pueden
utilizarse también adecuadamente en el verso heroico. (10) Pero en el verso
yámbico, que en lo posible se modela sobre el lenguaje hablado, los únicos
términos adecuados son aquellos empleados en el discurso, y estas son palabras
del uso corriente, metáforas y vocablos ornamentales.
No
necesito decir más sobre la tragedia y el arte de la representación por medio
de la acción. (15).
82
CAPÍTULO
XXIII
Respecto
de la poesía que sólo narra o imita por medio del lenguaje versificado (sin
acción) es evidente que tiene diversos puntos en común con la tragedia.
I.
La construcción de sus fábulas debe ser tan clara como la de un drama; ellas
han de basarse en una acción única, que debe ser un todo completo en sí mismo,
con un principio, (20) medio y fin, de manera que la obra esté capacitada para
producir su propio placer con toda la unidad orgánica de una criatura viviente.
Tampoco debe suponerse que la épica debe construirse según la manera usual en
nuestras historias. Una historia tiene que tratar no con una acción, sino con
un período y todo lo que aconteció en él a una o más personas, por
desconcertantes que hayan sido los diversos sucesos. De igual modo que dos
acontecimientos (25) pueden suceder al mismo tiempo, por ejemplo, la batalla
naval en Salamina y el enfrentamiento con los cartagineses en Sicilia, sin
concordar en el mismo fin, así también en determinada secuencia de tiempo dos
hechos pueden seguirse uno al otro sin producir un resultado único. No
obstante, se puede decir que la mayoría de nuestros poetas épicos ignoran esta
distinción.
(30)
En consecuencia, entonces, para repetir lo que dijimos antes, tenemos una
prueba más del maravilloso talento de Homero respecto de los restantes. Él no
intentó tratar sobre la guerra de Troya en su totalidad, aunque ésta fue un
todo con un definido comienzo y un fin, pues advirtió, sin duda, que era un
relato demasiado extenso para ser abarcado en su conjunto, o bien (35) en
exceso complicado por la variedad de sus incidentes. Así, seleccionó una parte
del todo; muchos de los otros incidentes, empero, los introdujo como episodios,
tales como el catálogo de los barcos y otros para variar la uniformidad de su
narración. En cuanto a los demás poetas épicos, ellos tratan de un hombre o un
período, o también de una acción, la cual aunque única, posee una multiplicidad
de partes en ella. Esto último es lo que han realizado los 1459b autores de la
Cipriada y la Pequeña Ilíada. Y el resultado es que mientras la Ilíada o la
Odisea proporcionan materiales para una sola tragedia, o a lo sumo dos, la
Cipriada ha servido para
varias,
y la Pequeña Ilíada para más de ocho: Adjudicación de las armas, (5)
Filoctetes, Neoptolemo, Euripilo, Ulises mendicante, las Lacedemonias, la Caída
de Troya, Partida de la flota, Sinón y las Troyanas.
CAPÍTULO
XXIV
Además,
la poesía épica debe dividirse en los mismos tipos que la tragedia; debe ser
simple o compleja, historia de carácter o de sufrimiento. Sus partes, también,
con la excepción de la canción y el espectáculo, tienen que ser las mismas,
(10) pues requiere peripecias, reconocimientos y escenas de sufrimiento, como
la tragedia. Por último, el pensamiento y la dicción deben ser del nivel
requerido. Todos estos elementos aparecen primeramente en Homero, y ha hecho
correcto uso de ellos. Sus dos poemas son cada uno ejemplos de construcción: la
Ilíada, simple, y una historia patética la Odisea, compleja (hay reconocimiento
a través de ella) y una historia de carácter. Y son más que esto, puesto que en
la dicción y el pensamiento también superan a todos los otros poemas.
Existe,
por supuesto, una diferencia en la épica comparada con la tragedia, en su
extensión y en su metro. En cuanto a la extensión, el límite ya sugerido ha de
bastar: debe ser posible para el comienzo y el fin de la obra ser abarcados en
un conjunto, condición que se cumplirá si (20) el poema es más breve que la
vieja épica, pero limitado a la extensión del grupo de tragedias ofrecidas para
una sola representación. En cuanto a su extensión la épica tiene una ventaja
especial. En la tragedia no es
posible representar diversos
pasajes de la
historia simultáneamente; el espectador está limitado a la parte que los
actores desarrollan en la escena. (25) Mientras que en la épica la forma
narrativa torna posible describir un número de incidentes simultáneos, y éstos,
si están relacionados con el tema, acrecen el interés del poema. Esta es por
cierto una ventaja para la épica, pues tiende a darle grandeza y también
variedad de atracción y ámbito para los episodios de distintas clases. La
monotonía (30) de los incidentes, por el tedio que crea, provoca la ruina de
las tragedias en la escena. En cuanto al metro la experiencia ha mostrado que
el hexámetro heroico es el más apto. Si alguien se atreviera a escribir un
poema narrativo en otros metros, o en una variedad de ellos la incoherencia
sería manifiesta, pues de todos los metros el hexámetro heroico es el más grave
y elevado, (35) ya que posibilita mejor que otros la admisión de palabras
extrañas y metáforas, que es también un aspecto en el que la forma
narrativa
de la 1460a poesía va más allá que todas las otras. El yámbico y el trocaico,
por otra parte, son metros de movimiento, el primero representa la vida o la
acción, el otro la danza. No obstante, sería menos natural aún si se intentara
escribir una épica mediante una mezcla de metros, según lo hizo Queremón. De
aquí que hasta ahora nadie haya escrito un poema en gran escala sino en verso
heroico; la naturaleza misma, como hemos dicho, nos enseña a seleccionar el
metro adecuado para tal historia.
(5) Admirable
como es Homero
en muchos otros
aspectos, lo es en
particular en éste, pues sólo él entre los poetas épicos sabe la parte que debe
desempeñar el poeta mismo en el poema. El poeta tiene que hablar muy poco de su
propia persona, ya que no es imitador en este caso. Otros poetas siempre
aparecen en primer plano y dicen poco como imitadores, y esto sólo de manera
esporádica. Homero (10) luego de un breve prefacio introduce un hombre, una
mujer o algún carácter nadie carece de carácter
en él pero cada uno con los matices
distintivos.
Lo
maravilloso es ciertamente exigido en la tragedia. La épica, sin embargo,
proporciona más ámbito para lo improbable, el factor principal en lo
maravilloso, porque en ella los personajes no son visibles. La escena de la
persecución de Héctor (15) sería ridícula en la escena: los griegos se
hallarían quietos en lugar de perseguirlo y Aquiles sacudiría la cabeza para
contenerlos; pero en el poema lo absurdo está ausente. Lo maravilloso es, por
cierto, causa de placer, como se deduce por el hecho de que todos relatamos una
historia con agregados, en la creencia de que ofrecemos un deleite a muchos
oyentes.
Homero,
más que ningún otro, nos ha enseñado a todos el arte de forjar mentiras de
manera adecuada. Me refiero al uso (20) del paralogismo. Así pues, si una cosa
existe porque otra existe, o acontece porque esta otra acontece, se piensa que
si el consecuente existe también el antecedente existiría, pero este no es el
caso. Justamente porque conocemos la verdad del consecuente somos llevados en
nuestra mente a la errónea inferencia de la verdad del antecedente. Hay un
ejemplo al respecto sobre la historia del baño en la Odisea. (25) Una
imposibilidad probable es preferible a una posibilidad improbable. Las fábulas
no
deben
constituirse de incidentes irracionales; todo lo irracional tiene que ser
excluido en cuanto es posible, o si no mantenido fuera del relato, por lo
menos; tal la ignorancia del héroe en Edipo sobre cómo murió Layo; no debe
admitírselo dentro del drama, (30) como el informe de los juegos píticos en
Electra, o el personaje venido a Misia desde Tegea, quien no musita una palabra
en los Misios. De modo que sería ridículo decir, empero, que una fábula
quedaría destruida sin estos
incidentes, puesto que es
fundamentalmente erróneo componer
tales fábulas. Si el poeta ha adoptado una fábula, en consecuencia, y se
advierte que pudo componerla de
modo más racional,
es culpable de
absurdidad, como también de falta
de arte. Aun en la Odisea (35) los elementos irracionales en el episodio del
desembarco de Ulises en Itaca no habrían sido aceptados desde luego si hubieran
sido tratados por un poeta inferior. Sin embargo, el poeta los disimuló y sus
otras excelencias velaron tal 1460b absurdo. La dicción elaborada, por lo
demás, se requiere sólo en los lugares donde no hay acción ni carácter ni
pensamiento para ser revelados. Donde, además, hay carácter o pensamiento una
dicción ornada con exceso tiende a oscurecerlos. (5)
CAPÍTULO
XXV
Respecto
de los problemas y sus soluciones hay que observar el número y la naturaleza
de los supuestos
de que proceden
mediante el examen
de la cuestión en la siguiente
forma. El poeta, por ser un imitador, justamente como el pintor u otro artífice
de apariencias, debe en todas las instancias por necesidad representar (10) las
cosas en uno u otro de estos tres aspectos: bien como eran o son, como se dice
o se piensa que son o parecen haber sido, o como ellas deben ser. Todo esto lo
hace el poeta mediante el lenguaje, con una mezcla, quizá de palabras extrañas
y metáforas, como también de diversas formas modificadas de vocablos, ya que su
uso se acepta en poesía. Debe recordarse, asimismo, que no existe la misma
clase de exactitud en poesía como en política, o aún en otro arte cualquiera.
(15) Hay, sin embargo, dentro de los límites de la poesía misma, la posibilidad
de dos tipos de errores: uno directamente relacionado con el arte, el otro sólo
de manera accidental. Si el poeta quiere describir la cosa con justeza, y
fracasa por falta de poder de expresión, su arte mismo es defectuoso. Pero si
su error reside en que intenta describir algo de modo incorrecto (hacer, por
ejemplo, que el caballo adelante a la vez las dos patas del lado derecho) tal falla
técnica (digamos, (20) en medicina o alguna otra ciencia especial), o ha dejado
deslizar incoherencias de cualquier género en su descripción, su error, en tal
caso, no radica en la esencia del arte poético. Por consiguiente, estas deben
ser las premisas de las soluciones en respuesta a las críticas involucradas en
los problemas.
1.
En cuanto a las críticas que se refieren al arte mismo del poeta agregaremos lo
siguiente. Todas las imposibilidades que existan en su descripción de las cosas
son faltas. Pero, desde otro punto de vista resultan justificables, si ellas
sirven al fin de la poesía misma, es decir, (25) si (para confirmar lo que
hemos dicho de ese fin) tales imposibilidades hacen que va la misma parte de la
obra u otra cualquiera resulte más cautivante. La persecución de Héctor es un
ejemplo oportuno. Si ciertamente, el fin poético pudo haber sido alcanzado tan
bien o mejor sin sacrificar los requerimientos técnicos en tales cuestiones, la
imposibilidad
no se justifica, puesto que la descripción debe ser, si es posible, por
completo libre de error. (30) Se puede preguntar también si el error se
presenta en un problema directa
o sólo accidentalmente relacionado
con el arte
poético, porque es una transgresión menor en un artista no saber, por
ejemplo, que la cierva no tiene cuernos, que producir una imitación
irreconocible.
II.
Si la descripción del poeta es criticada por no corresponder al objeto, se
puede responder que ese objeto debería ser quizá como se lo ha descrito,
respuesta igual a la de Sófocles, quien dijo que él pintaba a los hombres como
deberían ser, y Eurípides como eran. Si la descripción, empero, no fuera ni
verdadera (35) ni de la cosa según ésta debería ser, la respuesta debe ser
entonces que está de acuerdo con la opinión. Los relatos sobre los dioses, por
ejemplo,
pueden ser tan erróneos como piensa Jenófanes28, ni verdaderos ni algo
mejor;
son por cierto de acuerdo con la opinión aceptada. De otras afirmaciones
1461a
sobre poesía se puede tal vez afirmar, no que ellas son mejores que la verdad,
sino de acuerdo con la costumbre. Así la descripción de las armas: "Sus
lanzas estaban colocadas rectamente, apoyadas sobre su base", pues este
era el hábito de ubicarlas entre los ilirios. Respecto a la cuestión de si algo
dicho o hecho en un poema es o no moralmente correcto, al tratarla hay que
considerar no sólo (5) la cualidad intrínseca de la palabra real o el suceso,
sino también la persona que lo dijo o lo hizo, la persona a quien se lo dijo o
se lo hizo, el momento, el medio y el motivo del autor, además, si lo hizo para
alcanzar un bien mayor o para evitar un grave mal.
III.
Otras críticas pueden considerarse si se examina el lenguaje del poeta: por la
apropiación de una palabra extraña (10) en [Ilíada, 1, 50]donde Homero con
oureas quiere tal vez decir centinelas y no mulas. Y al expresar que Dolón
"era de mala forma" [Ilíada, X, 316] su sentido puede referirse a que
su cara era fea, pero no deforme su cuerpo, ya que eueid s (bien formado) es
una palabra cretense que para nosotros significa euprósopon (rostro hermoso).
Así también "más enérgicamente mezclan el vino" [Ilíada, IX, 202],
como para los borrachos, puede
significar "más
rápidamente (15) mezclan
(o tal vez
sirven) el vino".
Otras
28
Jenófanes. frag. 14, 15 y 16.
expresiones
de Homero se explican acaso metafóricamente; por ejemplo en, "Entonces
todos los otros dioses y hombres durmieron a través de la noche" [Ilíada,
X, 1, 11, l], si la comparamos con "y por cierto cuando observaba la
llanura troyana [y oía] el sonido de las flautas y las siringas y el ruido de
los hombres", la voz "apantes", todos, se emplea de manera
metafórica por muchos (pollú), puesto
que
todos es una especie de muchos. (20) Así también "sola sin una
parte"29
[Ilíada,
XVIII,489] tiene sentido metafórico, pues lo que es bien conocido permanece
solo. Un cambio en el modo de leer una palabra, como sugería Hipias de Taso,
puede resolver una dificultad, como en “nosotros le concedemos", (Soph El.
166b1) y “parte de lo cual se pudre en la lluvia" (en lugar de "no se
pudre en la lluvia”). Otras dificultades pueden resolverse mediante la
puntuación, como en Empédocles30: "Y rápidamente devenían mortales (25)
aquellas cosas que antes habían experimentado la inmortalidad, y las que
previamente habían sido puras resultaban ahora mezcladas". 0 bien por
ambigüedad, como en Homero: "Y la noche ha avanzado más de dos tercios,
pero queda un tercio". A veces se trata de hábitos del
lenguaje, como "vino
mezclado con agua”,
al que se
llama simplemente vino; y según el mismo principio, Homero habla de una
“canillera de estaño recién forjada". Un trabajador en hierro es llamado
"broncero", y también se dice, según este hábito, que Ganimedes
escancia vino a Zeus, (30) aunque los dioses no beben vino. Este puede ser
también un ejemplo metafórico. Por tanto, siempre que
una palabra parece
implicar una contradicción
es necesario reflexionar cuántas
formas de entenderla puede haber en el pasaje de que se trata; así, en Homero,
la frase "allá se detuvo la lanza de bronce", hay que considerarla
según los posibles significados de "allá se detuvo"; bien
interpretándola en uno u otro matiz (35) se evitará mejor la falta de que 1461b
habla Glaucón: "Ellos [los críticos] comienzan mediante un supuesto
improbable y luego de aceptarlo proceden a extraer inferencias y censuran al
poeta como si éste hubiera dicho en verdad lo que ellos le adjudican, cuando su
afirmación contradice las conclusiones de sus oponentes. De este modo ha sido
tratado el
29
29 Dorsch sostiene que esta es una
referencia a la Osa Mayor.
30
30 Empédocles, frag. 35.
silencio
de Homero sobre Icario. Algunos críticos sostienen que éste era espartano y por
tanto creen que es extraño (5) que Telémaco no lo hubiera visitado en
ocasión de su
llegada a Esparta.
Quizá el hecho
sea como lo
relatan los cefalonios, según el
cual la esposa de Ulises pertenecía a una familia cefalónica, y que el padre de
la mujer se llamaba Icadio, no Icario. Es probable así que un error de los
críticos haya dado lugar al problema." Si hablamos en general, entonces,
lo imposible tiene que justificarse por causa de una exigencia poética, o un
intento de embellecer (10) la realidad , o bien de aceptar la opinión
tradicional. En cuanto al efecto poético es preferible una imposibilidad
convincente a una posibilidad inaceptable. Aunque resulte imposible que existan
hombres como los que Zeuxis solía pintar, sin embargo, sería admirable que los
hubiera, pues el artista debe mejorar el modelo. Lo improbable tiene que ser
justificado mostrando o bien que está de acuerdo con la tradición o aceptando
que a veces es improbable pues existe una probabilidad de que algunas cosas
acontezcan también contra la probabilidad. Las contradicciones halladas en el
lenguaje del poeta (15) se deben examinar ante todo como se hace con las
refutaciones del oponente en un argumento dialéctico para comprobar si él
significa lo mismo, en la misma relación y en el mismo sentido, antes de
admitir que ha contradicho algo que ha afirmado él mismo, o lo que un hombre de
sano juicio aceptaría como verdadero. Sin embargo, no hay disculpa posible para
la improbabilidad de la fábula o la depravación del carácter, cuando estos
elementos no son necesarios y no son usados con propiedad, como (20) sucede con
la improbabilidad de la aparición de Egeo en Medea, o la ruindad de Menelao en
Orestes.
Las
objeciones de los críticos, por consiguiente, comienzan con faltas de cinco
clases: la causa es siempre que algo es, imposible, improbable, inmoral,
contradictorio, o contra la exactitud técnica. Las respuestas a estas
objeciones deben buscarse en uno u otro de los criterios antes mencionados, que
son doce.
CAPÍTULO
XXVI
Puede
plantearse la cuestión si la épica o la tragedia es la forma más elevada de
imitación. Es posible argüir que si la forma menos vulgar es la más digna, y la
menos vulgar es siempre la que se dirige al público más exigente, un arte
destinado a todos y cada uno es de orden muy inferior. Es una creencia
arraigada que su público no puede entender el sentido si no se agrega algo que
provoque el movimiento constante (30) de los actores; los malos flautistas, por
ejemplo, ruedan por el suelo si se representa el lanzamiento del disco, y
arrastran tras de sí al corifeo si representan A Escilla. La tragedia,
entonces, según se afirma, es un arte de esta clase; corresponde a lo que los
viejos actores pensaban de sus sucesores.
Así Minisco llamaba
a Calípides "el
mono" (35) porque
sobreactuaba
en sus partes, e igual reputación 1462a se asignó a Píndaro.31 Toda
la
tragedia, en consecuencia, se encuentra frente a la épica en la misma relación
que los actores más recientes ante los anteriores. La épica, se asegura, se
dirige a una audiencia cultivada, que no necesita el acompañamiento de gestos;
la otra, a un público carente de gusto. (5) Si, por tanto, la tragedia es un
arte vulgar, está claro que debe ser inferior a la epopeya.
La respuesta
a esta cuestión
es doble. En
primer término, se
puede aseverar que el reproche no afecta al arte del poeta dramático,
sino sólo al de los actores. Pues es sin duda posible también exagerar los
gestos en el recitado épico, como hacía Sosístrato, en el canto, Mnesiteo de
Opunte. Sin embargo, no se debe censurar toda clase de gesticulación, a menos
que de paso se condene a la danza, sino sólo a la de la gente inferior, que es
la crítica realizada contra Calípides, y en el presente (10) a otros que imitan
a las mujeres de baja condición. Por otra parte, la tragedia puede cumplir sus
efectos aun sin movimiento ni acción, de la misma manera que la poesía épica,
pues su cualidad puede juzgarse por la simple lectura. De modo que si la tragedia
es en otros aspectos la más elevada de
las
artes, esta desventaja no es necesariamente inherente a ella.
demás.
31 Algunos eruditos expresan que el mencionado
es otro Píndaro, en apariencia desconocido por lo
En
segundo lugar, hay que recordar que la tragedia tiene todo lo que posee la
épica, ya que admite (15) el mismo metro, y lo que no es un agregado menor,
puede emplear la música y los efectos escénicos, que son fuente de un real
sentimiento de placer.
Y este elemento
representativo se experimenta
en un drama tanto cuando se lo
lee como cuando se lo representa. Además, la imitación
1462b
trágica requiere menos espacio para el logro de su fin, lo que es una gran
ventaja, ya que lo más concentrado produce mayor placer que lo que se extiende
sobre un largo período de tiempo. Consideremos, por ejemplo, el Edipo de
Sófocles, y el resultado que produciría si se lo alargara en tantos versos como
tiene la Ilíada. Asimismo, hay menos unidad en la imitación de los poetas
épicos, lo que se
prueba por el
hecho de que
cualquiera de sus
obras proporciona material para
varias tragedias, de manera (5) que si estos poetas tratan con una sola fábula,
ésta aparecería trunca si se la representara brevemente, o daría la
impresión de haber
sido diluida si
se observara la
extensión usual de
tales poemas. Al afirmar que hay menor unidad en la épica, me refiero a
una épica compuesta de una pluralidad de acciones, como la Ilíada y la Odisea,
que tienen muchas partes y cada una de cierta amplitud, y no obstante, estos
poemas están construidos de modo tan perfecto (10) como podían serlo, y cada
uno, en la medida en que ha sido posible, es la representación de una sola
acción. Si, por consiguiente, la tragedia es superior en estos aspectos, y
también, además de éstos, en su efecto poético, desde que ambas formas de
poesía deben darnos no uno o cualquier clase de placer, sino esa clase especial
de placer que hemos mencionado, es evidente que al alcanzar el efecto poético
mejor que la épica, la tragedia ha de ser la forma más elevada del arte. (15)
Esto es todo lo que tenía que decir de la tragedia y la poesía épica, ya en
términos generales o en relación con sus diversas formas y partes
constitutivas; sobre el número y características de estas partes, respecto al
éxito o fracaso de las dos artes, y los distintos problemas críticos y sus
soluciones.
BIBLIOGRAFÍA
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