© Libro N° 6094.
Metafísica. Aristóteles.
Emancipación. Junio 8 de 2019.
Título
original: © Metafísica. Aristóteles
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
METAFÍSICA
Aristóteles
Traducción de
Valentín García Yebra
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Nota
del editor.
De
acuerdo a la costumbre, los textos del corpus aristotélico son citados desde la
edición en lengua griega de Immanuel Bekker, (Academia Regia Borussica, Berlin,
1831-1870) refiriéndose al número de página, columna y línea sucesivamente. Tal
nomenclatura es mantenida para la presente edición electrónica con objeto de
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encuentra en fuente oscurecida dentro del cuerpo del texto. Conservamos, en
concordancia a la norma internacional, la designación en letra griega para cada
libro.
LIBRO
I
Capítulo
1
(985a)
Todos los hombres desean por naturaleza saber. Así lo indica el amor a los
sentidos; pues, al margen de su utilidad, son amados a causa de sí mismos, y el
que más de todos, el de la vista. En efecto, no sólo para obrar, sino también
cuando no 25 pensamos hacer nada, preferimos la vista, por decirlo así, a todos
los otros. Y la causa en que, de los sentidos, éste es el que nos hace conocer
más, y nos muestra muchas diferencias. Por naturaleza, los animales nacen
dotados de sensación; pero ésta no engendra en algunos la memoria, mientras que
en otros sí. Y por uso de éstos son más prudentes y más aptos para aprender
(980b) que los que no pueden recordar; son prudentes sin aprender los incapaces
de oír los sonidos (como la abeja y otros animales semejantes, si los
hay);aprenden, en cambio, los que, además de memoria, tienen este sentido. 25
Los
demás animales viven con imágenes y recuerdos, y participan poco de la
experiencia. Pero el género humano dispone del arte y del razonamiento. Y del
recuerdo nace para los hombres la experiencia, pues muchos recuerdos de la
misma cosa (981a) llegan a constituir una experiencia. Y la experiencia parece,
en cierto modo, semejante a la ciencia y al arte, pero la ciencia y el arte
llegan a los hombres a través de la experiencia. Pues la experiencia hizo el
arte como dice Polo, y la inexperiencia 5 el azar. Nace el arte cuando de
muchas observaciones experimentales surge una noción universal sobre los casos
semejantes. Pues tener la noción de que a Calias, afectado por tal enfermedad,
le fue bien tal remedio, y lo mismo a Sócrates y a otros muchos considerados
individualmente, ves propio de la 10 experiencia; pero saber que fue provechoso
a todos los individuos de tal constitución, agrupados en una misma clase y
afectados por tal enfermedad, por ejemplo a los flemáticos, a los biliosos o a
los calenturientos, corresponde al arte. Pues bien, para la vida práctica, la
experiencia no parece ser en nada inferior al arte, sino que incluso tienen más
éxito 15 los expertos que los que, sin experiencia, poseen el conocimiento de
las cosas singulares, y el arte, de la universales; y todas las acciones y
generaciones se refieren a lo singular. No es al hombre, efectivamente, a quien
sana el médico, a no ser accidentalmente, sino a Calias o a Sócrates, o a otro
de los así 25 llamados, que, además, es hombre. Por consiguiente, si alguien
tiene, sin la experiencia, el conocimiento teórico, y sabe lo universal pero
ignora su contenido singular, errará muchas veces en la curación, pues es lo
singular lo que puede ser curado. 25
Creemos,
sin embargo, que el saber y el entender pertenecen más al arte que a la
experiencia, y consideramos más sabios a los conocedores del arte que a los
expertos, pensando que la sabiduría
corresponde
en todos al saber. Y esto, porque unos saben la causa, y los otros no. Pues los
expertos saben el qué, pero no el porqué. Aquellos, en cambio, conocen el
porqué y la 30 causa. Por eso a los jefes de obras los consideramos en cada
caso más valiosos, y pensamos que entienden más y son más (981b) sabios que los
simples operarios, porque saben las causas de lo que se está haciendo; éstos,
en cambio, como algunos seres inanimados, hacen sí, pero hacen sin saber lo que
hacen, del mismo modo que quema el fuego. Los seres inanimados hacen estas
operaciones por cierto impulso natural, y los operarios, 5 por costumbre. Así,
pues, no consideramos a los jefes de obras más sabios por su habilidad
práctica, sino por su dominio de la teoría y su conocimiento de las causas. En
definitiva, lo que distingue al sabio del ignorante es el poder enseñar, y por
esto consideramos que el arte es más ciencia que la experiencia, pues aquellos
pueden y éstos no pueden enseñar. 10 Además, de las sensaciones, no consideramos
que ninguna sea sabiduría,
aunque éstas son
las cogniciones más
autorizadas de los
objetos singulares; pero no dicen el porqué de nada; por ejemplo, por
qué es caliente el fuego, sino tan sólo que es caliente. Es, pues, natural que
quien en los primeros tiempos inventó un arte cualquiera, separado de las
sensaciones comunes, fuese admirado por los hombres, no sólo por la utilidad de
alguno de los 15 inventos, sino como sabio y diferente de los otros, y que, al
inventarse muchas artes, orientadas unas a las necesidades de la vida y otras a
lo que la adorna, siempre fuesen considerados más sabios los inventores de
éstas que los de aquéllas, porque 20 sus ciencias no
buscaban la utilidad.
De aquí que,
constituidas ya todas
estas artes, fueran descubiertas las ciencias que no se
ordenan al placer ni a lo necesario; y lo fueron primero donde primero tuvieron
cagar los hombres. Por eso las artes matemáticas nacieron en Egipto, pues allí
disfrutaba de ocio la 25 casta sacerdotal. Hemos dicho en la Ética cual es la
diferencia entre el arte, la ciencia y los demás conocimientos del mismo
género. Lo que ahora queremos decir es esto: que la llamada Sabiduría versa, en
opinión de todos, sobre las primeras causas y sobre los principios. De suerte que,
según dijimos antes, el experto nos parece 30 más sabio que los que tienen una
sensación cualquiera, y el poseedor de un arte, más sabio que los expertos, y
el jefe de una obra, más que un simple operario, y los conocimientos (982a)
teóricos, más que los prácticos. Resulta, pues, evidente que la Sabiduría es
una ciencia sobre ciertos principios y causas.
Capítulo
2
Y
puesto que buscamos esta ciencia, lo que debiéramos 5 indagar es de qué causas
y principios es ciencia la Sabiduría. Si tenemos en cuanta el concepto que nos
formamos del sabio, es probable que el camino quede más despejado. Pensamos, en
primer lugar, que el sabio lo sabe todo en la
medida
de lo posible, sin tener la ciencia de cada cosa en particular. 10 También
consideramos sabio al que puede conocer las cosas difíciles y no de fácil
acceso para la inteligencia humana (pues el sentir es común a todos, y, por
tanto, fácil y nada sabio). Además, al que conoce con más exactitud y es más
capaz de enseñar las causas, lo consideramos más sabio en cualquier ciencia. Y,
entre las ciencias, pensamos que es más Sabiduría la 15 que se elige por sí
misma y por saber, que la que se busca a causa de sus resultados, y que la
destinada a mandar es más Sabiduría que la subordinada. Pues no debe el sabio
recibir órdenes, sino darlas, y no es él el que ha de obedecer a otro, sino que
ha de obedecerle a él el menos sabio. Tales son, por su 20 calidad y su número,
las ideas que tenemos acerca de la Sabiduría y de los sabios. Y de éstas, el
saberlo todo pertenece necesariamente al que posee en sumo grado la Ciencia
universal (pues éste conoce de algún modo todo lo sujeto a ella). Y,
generalmente, el conocimiento más difícil para los hombres es el de 25 las
cosas más universales (pues son las más alejadas de los sentidos). Por otra
parte, las ciencias son tanto más exactas cuanto más directamente se ocupan de
los primeros principios (pues las que se basan en menos principios son más
exactas que las que proceden por adición; la Aritmética, por ejemplo, es más
exacta que la Geometría). Además, la ciencia que considera las causas es
también más capaz de enseñar (pues enseñan verdaderamente 30 los que dicen las
causas acerca de cada cosa). Y el conocer y el saber buscados por sí mismos se
dan principalmente en la ciencia que versa sobre lo más escible (pues el que
elige el saber (982b) por el saber preferirá a cualquier otra la ciencia más
ciencia, y ésta es la que versa sobre lo más escible). Y lo más escible son los
primeros principios y las causas (pues mediante ellos y a partir de ellos se
conocen las demás cosas, no ellos a través de lo que les está sujeto). Y es la
más digna de mandar entre las 5 ciencias, y superior a la subordinada, ala que
conoce el fin por el que debe hacerse cada cosa. Y este fin es el bien de cada
una, y, en definitiva, el bien supremo en la naturaleza toda. Por todo lo
dicho, corresponde a la misma Ciencia el nombre que se busca. Pues es preciso
que ésta sea especulativa de los primeros principios y causas. En efec to, el
bien y el fin 10 por el que se hace algo son una de las causas. Que no se trata
de una ciencia productiva, es evidente ya por los que primero filosofaron. Pues
los hombres comienzan y comenzaros siempre a filosofar movidos por la
admiración; al principio, admirados ante los fenómenos sorprendentes más 15
comunes; luego, avanzando poco a poco y planteándose problemas mayores, como
los cambios de la luna y los relativos al sol y a las estrellas, y la
generación del universo. Pero el que se plantea un problema o se admira,
reconoce su ignorancia. (Por eso también el que ama los mitos es en cierto modo
filósofo; pues el mito se compone de elementos maravillosos). De suerte que, 20
si filosofaron para huir de la ignorancia, es claro que buscaban el saber en
vista del conocimiento, y no por alguna utilidad. Y así lo atestigua lo
ocurrido. Pues esta disciplina comenzó a buscarse cuando ya
existían
casi todas las cosas necesarias y las relativas al descanso y al ornato de la
vida. Es, pues, evidente 25 que no la buscamos por ninguna utilidad, sino que,
así como llamamos hombre libre al que es para sí mismo y no para otro, así
consideramos a ésta como la única ciencia libre, pues ésta sola es para sí
misma. Por eso también si posesión podría con justicia ser considerada impropia
del hombre. Pues la naturaleza humana es esclava en muchos aspectos; de suerte
que, según 30 Simónides, «sólo un dios puede tener este privilegio», aunque es
indigno a un varón buscar la ciencia a él proporcionada. Por consiguiente, si
tuviera algún sentido lo que dicen los (983a) poetas, y la divinidad fuese por
naturaleza envidiosa, aquí parece que se aplicaría principalmente, y serían
desdichados todos los que en esto sobresalen, pero ni es posible que la
divinidad sea envidiosa (sino que, según el refrán, mienten mucho los poetas),
ni debemos pensar que otra ciencia sea más digna de aprecio 5 que ésta. Pues la
más divina es también la más digna de aprecio. Y en dos sentidos es tal ella
sola: pues será divina entre las ciencias la que tendría a Dios principalmente,
y la que verse sobre lo divino. Y ésta sola reúne ambas condiciones; pues Dios
les parece a todos ser una de las causas y cierto principio, y 10 tal ciencia
puede tenerla o Dios solo o él principalmente. Así, pues, todas las ciencias
son más necesarias que ésta; pero mejor, ninguna. Mas es preciso, en cierto
modo, que su adquisición se convierta para nosotros en lo contrario
de las indagaciones
iniciales. Pues todos
comienzan, según hemos
dicho, admirándose de que las cosas sean así, como les sucede con los
autómatas de los ilusionistas [a los que aún no han visto la causa], o con los
15 solsticios o con la inconmensurabilidad de la diagonal (pues a todos les
parece admirable que algo no sea medido por la unidad mínima). Pero es preciso
terminar en lo contrario y mejor, según el proverbio, como sucede en los casos
mencionados, después que se ha aprendido: pues de nada se admiraría tanto un 20
geómetra como de que la diagonal llegara a ser conmensurable. Queda, pues,
dicho cuál es la naturaleza de la Ciencia que se busca, y cuál la meta que debe
alcanzar la indagación y todo el método.
Capítulo
3
Y
puesto que, evidentemente, es preciso adquirir la Ciencia de las primeras
causas(decimos, en efecto, que sabemos una 25 cosa cuando creemos conocer su
causa primera), y las causas se dividen en cuatro, una de las cuales decimos
que es la substancia y la esencia (pues el porqué se reduce al concepto último,
y el porqué primero es causa y principio); otra es la materia o el sujeto; la
tercera, aquella de donde procede el principio 30 del movimiento, y la cuarta,
la que se opone a ésta, es decir, la causa final o el bien (pues éste es el fin
de cualquier generación y movimiento). Aunque hemos tratado suficientemente de
las causas en la Física, recordemos, sin
embargo,
a los que se (983b)dedicaron antes que nosotros al estudio de los entes y
filosofaron sobre la verdad. Pues ese vidente que también ellos hablan de
ciertos principios y causas. Esta revisión será útil para nuestra 5 actual
indagación; pues, o bien descubriremos algún otro género de causa, o tendremos
más fe en las que acabamos de enunciar. Pues bien, la mayoría de los filósofos
primitivos creyeron que los únicos principios de todas las cosas eran los de
índole material; pues aquello de lo que constan todos los entes y es el primer
origen de su generación y el término de su corrupción, 10 permaneciendo la
substancia pero cambiando en las afecciones, es, según ellos, el elemento y el
principio de los entes. Y por eso creen que ni se genera ni se destruye nada,
pensando que tal naturaleza se conserva siempre, del mismo modo que no decimos
que Sócrates llegue a ser en sentido absoluto cuando llega a ser hermoso o
músico, ni que perezca si pierde estas maneras de 15 ser, puesto que permanece
el sujeto, es decir, Sócrates mismo. Así, tampoco se genera ni se corrompe,
según estos filósofos, ninguna de las demás cosas; pues dicen que siempre hay
alguna naturaleza, ya sea una o más de una, de la cual se generan las demás
cosas, conservándose ella.Pero, en cuanto al número y a la especie de tal
principio, no todos dicen lo mismo, sino que Tales, iniciador de tal filosofía,
20 afirma que es el Agua (por eso también manifestó que la Tierra estaba sobre
el Agua); y sin duda concibió esta opinión al ver que el alimento es siempre
húmedo y que hasta el calor nace de la humedad y de ella vive (y aquello de
donde las cosas nacen es el principio de todas ellas). Por esto, sin duda,
concibió esta 25 opinión, y porque las semillas tienen siempre naturaleza
húmeda, y por ser el Agua, para las cosas húmedas, principio de su naturaleza.
Según algunos, también los primeros autores de cosmogonías, antiquísimos y muy
anteriores a nosotros, opinaron así acerca 30 de la naturaleza. Hicieron, en
efecto, al Océano y a Tetis padres de la generación, y testigo del juramento de
los dioses, al Agua, la llamada por ellos [los poetas] Estigia. Pues lo que más
se respeta es lo más antiguo, y aquello por lo que se jura es lo (984a) que más
se respeta. No es seguro que ésta sea efectivamente una opinión primitiva y
antigua sobre la naturaleza; pero se dice que Tales se expresó así acerca de la
primera causa (pues a Hipón nadie pretendería incluirlo entre éstos, por el
escaso valor de su pensamiento). 5 Anaxímenes y Diógenes dicen que el Aire es
anterior al Agua y el principio primordial entre los cuerpos simples. El
metapontino Hípaso y el efesio Heráclito dicen que es el Fuego; y Empédocles,
los cuatro, añadiendo, además de los mencionados, en cuarto lugar la Tierra
(pues, según él, éstos subsisten siempre y no son objeto de generación, a no
ser por multiplicación o reducción 10 numérica, juntándose y separándose hacia
la unidad y a partir de ella). Pero Anaxágoras de Clazómenas, que es anterior a
éste por la edad y posterior por las obras, afirma que los principios son
infinitos; pues dice que casi todos los seres que tienen partes semejantes,
como el Agua o el Fuego, se generan y 15 se destruyen así, por unión y
separación
únicamente, y que de otro modo ni se generan ni se destruyen, sino que
permanecen eternos. Basándose en esto, podría uno considerar como única causa
la que llamamos de especie material. Pero, al avanzar así, la cosa misma les
abrió el camino y les obligó a investigar. Pues, si es indudable que toda
generación y corrupción proceden de uno o 20 de varios principios, ¿por qué
sucede esto y cuál es la causa? Ciertamente, el sujeto no se hace cambiar a sí
mismo. Por ejemplo, ni la madera ni el bronce son causa de que cambien una y
otro; ni la madera hace la cama, ni el bronce la estatua, sino que es otra la
causa del cambio. Investigar esto es buscar el 25 otro principio, como diríamos
nosotros, de donde procede el comienzo del movimiento. Pues bien, los que
emprendieron por vez primera este camino y sostuvieron que el sujeto era uno,
no se plantearon a sí mismos ninguna dificultad; pero algunos de los que
enseñaban tal 30 unidad, como vencidos por esta investigación, afirman que lo
Uno es inmóvil, y también la naturaleza toda, no sólo en cuanto a la generación
y corrupción (pues esto es antiguo y todos lo admitieron), sino también en
cuanto a los demás cambios; y ésta (980b) es doctrina peculiar suya. Así, pues,
entre los que sostienen que todo es uno, nadie llegó a concebir tal causa, a no
ser, quizá, Parménides, y éste, en tanto en cuanto afirma que no sólo un
elemento, sino dos, en cierto modo, son causas. En cambio, a los que dicen que
son más, les es más fácil enunciarla; por 5 ejemplo, a los que admiten como
tales lo Caliente y lo Frío o el Fuego y la Tierra; pues atribuyen al Fuego la
naturaleza motriz, y al Agua y a la Tierra y otros elementos semejantes, lo
contrario. Después de éstos, y considerando que tales principios no bastaban
para generar la naturaleza de los entes, y de nuevo obligados, como hemos
dicho, por la verdad misma, otros filósofos 10 buscaron el tercer principio.
Pues de que en unos entes haya y en otros se produzca lo bueno y lo bello sin
duda no es causa ni el Fuego ni la Tierra ni ninguna otra cosa semejante, ni
probablemente aquéllos lo creyeron. Y tampoco estaría bien confiar a la
casualidad y al azar tan gran empresa. Por eso 15 cuando alguien dijo que,
igual que en los animales, también en la naturaleza había un Entendimiento que
era la causa del mundo y del orden todo, se mostró como hombre prudente frente
a las divagaciones de los anteriores. Sabemos con seguridad que Anaxágoras
adoptó este punto de vista; pero se dice que su 20 primer iniciador fue
Hermotimo de Clazómenas. Así, pues, los que pensaban de este modo afirmaron que
la causa del bien era el principio de los entes y, al mismo tiempo, el
principio de donde reciben los entes el movimiento.
Capítulo
4
Puede
sospechar alguien que fue Hesíodo el primero en buscar tal cosa, y, con él,
otros que quizá consideraron el Amor y el Deseo como principio de los entes,
como también Parménides. 25
Éste,
en efecto, tratando de explicar la generación del universo, dice: «concibió en
su mente al Amor / mucho antes que a los demás dioses», y Hesíodo: «mucho antes
que todas las cosas fue el Caos, y después / la Tierra de ancho pecho... / y el
Amor, que brilla entre todos los inmortales», pensando que debe haber en los
entes una causa que mueva y congregue las cosas. De cómo 30 se deba juzgar a
éstos en cuanto a la prioridad, permítasenos decidir más tarde. Pero, como era
evidente que también estaba en la naturaleza lo contrario del bien, y no sólo
el orden y la belleza, sino también (985ª) el desorden y la fealdad, y que eran
más los males que los bienes, y más las cosas feas que las bellas, hubo otro
que introdujo la Amistad y el Odio; la primera, como causa de éstas, y el
segundo, de las otras. Si uno, en efecto, profundiza y se 5 atiene al
pensamiento y no a los balbuceos con que se expresa Empédocles, hallará que la
Amistad es causa de las cosas buenas, y el Odio de las malas. Así, pues, si alguien dice que, en cierto
modo, Empédocles propone, y propone el primero, el Mal y el Bien como
principios, es probable que tenga razón, si es cierto 10 que la causa de todas
las cosas buenas es el Bien en sí, y de las malas el Mal. Estos filósofos, como decimos, evidentemente
tocaron antes de ahora dos causas de las definidas por nosotros en la Física:
la materia y el principio del movimiento; pero vagamente y sin ninguna
claridad, como hacen en los combates los no adiestrados. Éstos, en efecto,
yendo de un lado a otro, asestan muchas 15 veces buenos golpes; pero ni éstos
lo hacen por ciencia, ni aquéllos parecen saber lo que dicen; pues está claro
que casi no se apoyan, o se apoyan muy poco, en los mencionados principios.
Anaxágoras, en efecto, usa el Entendimiento como recurso para la formación del
mundo, y sólo cuando desconoce la causa de algo necesario echa mano del
Entendimiento; pero, en los demás 20 casos, cualquier cosa le parece causa de
lo que deviene, antes que el Entendimiento. Empédocles usa las causas más que
éste, pero tampoco suficientemente, y, al usarlas, no es consecuente consigo
mismo. Pues, según él, en muchos casos la Amistad separa y el Odio une. En
efecto, cada vez que el todo es dividido en 25 sus elementos por el Odio, el
Fuego se junta en uno, y lo mismo cada uno de los demás elementos. Y cuando,
movidos por la Amistad, de nuevo se congregan en uno, necesariamente vuelven a
disgregarse sus partículas. Así, pues,
fue Empédocles, frente a los anteriores, el primero 30 en dividir la causa, no
haciendo uno el principio del movimiento, sino diversos y contrarios. Fue
también el primero en decir que eran cuatro los elementos llamados de especie
material (pero no utiliza los cuatro, sino como si fueran dos solos; el (985b)
Fuego en sí, por una parte, y, por otra, los opuestos, como una sola
naturaleza: la Tierra, el Aire y el Agua. Esto puede verse leyendo su poema).
Tal es, a nuestro juicio, la doctrina y el número que este pensador fijó para
los principios. Leucipo y su colega Demócrito dicen que son elementos lo 5
Pleno y lo Vacío, a uno de los cuales llaman Ente, y al otro, No-ente; y, de
éstos, piensan que lo Pleno y Sólido es el Ente, y lo
Vacío,
el No-ente (por lo cual dicen también que el Ente no es en mayor medida que el
No-ente, porque tampoco el Cuerpo es en mayor medida que lo Vacío), y que éstas
son las causas materiales de los entes. Y así como los que 10 afirman la unidad
de la substancia subyacente generan las demás cosas mediante las afecciones de
ésta, poniendo lo Raro y lo Denso como principios de las afecciones, del mismo
modo éstos dicen que las diferencias son causas de las demás cosas. Pero
enseñan que estas diferencias son tres: la Figura, el Orden y la Posición.
Afirman, en efecto, que el Ente difiere sólo por la 15 proporción, el contacto
y la colocación. Y de estas diferencias, la proporción es la figura, el
contacto es el orden y la colocación es la posición. Pues la A difiere de la N
por la figura, y AN de NA por el orden, y Z de N por la posición. Pero, en
cuanto al movimiento, de dónde y cómo lo tendrán los entes, también 20 éstos,
como los otros, lo omitieron negligentemente. Hasta este punto, según decimos,
parecen haber llegado las investigaciones de nuestros antecesores sobre las dos
causas.
Capítulo
5
En
tiempo de éstos, e incluso antes, los llamados pitagóricos, que fueron los
primeros en cultivar las Matemáticas, no sólo hicieron avanzar a éstas, sino
que, nutridos de ellas, creyeron 25 que sus principios eran los principios de
todos los entes. Y, puesto que los Números son, entre estos principios, los
primeros por naturaleza, y en ellos les parecía contemplar muchas semejanzas
con lo que es y lo que deviene, más que en el Fuego y en la Tierra y en el
Agua, puesto que tal afección de los Números era la Justicia, y tal otra, el
Alma y el Entendimiento, 30 y otra, el Tiempo oportuno, y lo mismo, por decirlo
así, cada una de las restantes; y viendo, además, en los Números las afecciones
y las proporciones de las armonías -puesto que, en efecto, las demás cosas
parecían asemejarse a los Números en su naturaleza toda, y los Números eran los
primeros de toda la (986ª) Naturaleza, pensaron que los elementos de los
Números eran los elementos de todos los entes, y que todo el cielo era armonía
y número. Y todas las correspondencias que veían en los números y en las
armonías con las afecciones y con las partes del 5 cielo y con el orden
universal, las reunían y reducían a sistema. Y, si en algún punto faltaba algo,
se apresuraban a añadirlo, para que toda su doctrina fuese coherente. Así, por
ejemplo, puesto que la Década parece ser algo perfecto y abarcar toda 10 la
naturaleza de los números, dicen que también son diez los cuerpos que se mueven
por el cielo, y, siendo nueve sólo los visibles, ponen como décimo la Antitierra.
Pero de esto hemos hablado con más detalle en otro sitio. Si volvemos a
insistir aquí, es
para que aprendamos también de estos
filósofos cuáles dicen que
son los principios y cómo caen
dentro de las causas 15 mencionadas. Pues bien, parece que también éstos
consideran que el Número es principio, no sólo como materia para los entes,
sino también como
afecciones
y hábitos, y que los elementos del número son lo Par y lo Impar, siendo uno de
éstos finito y el otro infinito, y que el Uno procede de estos dos elementos
(pues dicen que es par e impar), y que el número procede del 20 Uno, y que el
cielo entero, según queda dicho, es números. Pero otros, entre estos mismos,
dicen que hay diez principios, que enumeran paralelamente: Finito e Infinito,
Impar y Par, Uno y Pluralidad, Derecho e Izquierdo, Masculino y Femenino,
Quieto 25 y En movimiento, Recto y Curvo, Luz y Oscuridad, Bueno y Malo,
Cuadrado y Oblongo.
Así
parece haber pensado también Alcmeón de Crotona, y o bien éste tomó de aquéllos
esta doctrina, o bien aquéllos de 30 éste. Alcmeón, en efecto, floreció siendo
viejo Pitágoras, y enseñó casi lo mismo que éstos; pues dice que la mayoría de
las cosas humanas son dos, pero no enuncia, como éstos, los términos contrarios
de una manera determinada, sino al azar, como Blanco y Negro, Dulce y Amargo,
Bueno y Malo, Grande y Pequeño. Éste, pues, se expresó indeterminadamente
acerca de (986b) los demás pares de contrarios, mientras que los pitagóricos
enseñaron cuántos y cuáles eran. Esto
es, por consiguiente, lo que se puede deducir de ambas escuelas: que los
contrarios son principios de los entes. Cuántos y cuáles son estos principios,
sólo nos lo dice una. Pero cómo pueden ser reducidos a las causas mencionadas,
tampoco éstos 5 lo han explicado claramente, aunque parecen incluir los
elementos en la de especie material; pues afirman que la substancia está
constituida y plasmada a partir de los elementos, considerados como inmanentes
en ella.
Por
lo dicho puede verse suficientemente el pensamiento de 10 los antiguos que
afirmaron la pluralidad de los elementos de la naturaleza. Algunos, en cambio,
hablaron del universo como si fuera una sola naturaleza; pero no todos con
igual perfección o conformidad con la naturaleza. Para nuestra actual
investigación de las causas no interesa en absoluto tratar de ellos (pues no
hacen como algunos fisiólogos, que, después de suponer que el 15 Ente es uno,
generan, sin embargo, a partir del Uno considerado como materia, sino que
hablan de otro modo. Aquéllos, en efecto, añaden el movimiento al generar el
todo, mientras que éstos dicen que es inmóvil). Sin embargo, hay un punto que
corresponde a la presente investigación. Parménides, en efecto, parece 20 referirse
al Uno según el concepto, y Meliso, al Uno según la materia (por eso aquél
afirma que el Uno es finito, y éste, que es infinito). En cuanto a Jenófanes,
que sentó antes que éstos la doctrina del Uno (pues se dice que Parménides fue
su discípulo), no aclaró nada, ni parece haber vislumbrado ninguna de estas dos
naturalezas 30, sino que, habiendo dirigido la mirada a todo el cielo, afirma
que el Uno es Dios.
Éstos,
pues, como hemos dicho, deben ser omitidos en la 25 presente investigación; dos
de ellos, Jenófanes y Meliso, totalmente, por ser demasiado rústicos.
Parménides, en cambio, manifiesta en sus palabras una visión más profunda.
Considerando, en efecto, que, fuera del Ente, el No-ente no es nada, piensa que
necesariamente existe una sola cosa, el Ente, y ninguna otra (acerca de lo cual
hemos hablado con más detalle en la 30 Física).
Pero, viéndose obligado a tener en cuenta los fenómenos, y al opinar que
el Uno según el concepto es múltiple según los sentidos, también él afirma que
son dos las causas y dos los principios, lo Caliente y lo Frío, como si dijera
el Fuego y la (987ª) Tierra; y pone lo Caliente en el orden del Ente, y lo
otro, en el del No-ente.
Así,
pues, por lo dicho y por las doctrinas de los sabios que han estudiado el tema
vemos lo siguiente: en los más antiguos, el principio corpóreo (pues el Agua y
el Fuego y otras cosas tales
5
son cuerpos), y en unos el principio corpóreo es uno, pero en otros es
múltiple, y unos y otros lo incluyen en la especie de la materia; algunos
admiten esta causa y, además, la que es origen del movimiento, siendo también
ésta para los unos una, y, para los otros, dos.
Así,
pues, hasta llegar a los itálicos, y prescindiendo de éstos, 10 los demás
hablaron de ellas bastante oscuramente, aunque, como hemos dicho, llegaron a
utilizar dos causas, y a la segunda de éstas, la que es origen del movimiento,
unos la consideraron una, y otros, dos. Los pitagóricos, por su parte,
admitieron, en el mismo sentido, dos principios; pero añadieron algo que les es
propio: que no consideraron que lo Limitado y lo Ilimitado 15 y el Uno fuesen
otras tantas naturalezas, como el Fuego o la Tierra u otra cosa semejante, sino
que lo Ilimitado mismo y el Uno mismo eran la substancia de las cosas de que se
predican, por lo cual también el Número era la substancia de todas las cosas.
De
este modo, pues, se expresaron acerca de esto, y comenzaron 20 a hablar y a
definir acerca de la quididad, aunque pro cedieron de manera demasiado
simple. Definían, en efecto,
superficialmente, y pensaban que
lo primero en
que se diese
el término enunciado era
la substancia de la cosa, como si alguien 25 creyera que es lo mismo el
Duplo que la Díada, porque donde primero se da el Duplo es en un conjunto de
dos. Pero sin duda el Duplo y la Díada no tienen el mismo ser. De lo contrario,
el Uno sería muchas cosas, que es lo que tuvieron que admitir ellos. Esto es lo
que podemos deducir de los más antiguos y de los otros.
Capítulo
6
Después
de las filosofías mencionadas llegó la teoría de Platón, 30 que, en general,
está de acuerdo con éstos, pero tiene también cosas propias, al margen de la
filosofía de los itálicos. Pues, habiéndose familiarizado desde joven con
Cratilo y con las opiniones de Heráclito, según
las
cuales todas las cosas sensibles fluyen siempre y no hay ciencia acerca de
ellas, sostuvo esta doctrina también más tarde. Por otra parte, ocupándose
Sócrates (987b) de los problemas morales y
no de la Naturaleza en su conjunto, pero buscando en ellos lo universal,
y habiendo sido el primero que aplicó el pensamiento a las definiciones,
[Platón] aceptó sus enseñanzas, pero por aquel motivo pensó que esto se
producía en otras cosas, y no en las sensibles; pues le parecía 5 imposible que
la definición común fuese de alguna de las cosas sensibles, al menos de las
sujetas a perpetuo cambio. Éste, pues, llamó a tales entes Ideas, añadiendo que
las cosas sensibles están fuera de éstas, pero según éstas se denominan todas;
pues por participación tienen las cosas que son muchas el mismo 10 nombre que
las Especies. Y, en cuanto a la participación, no hizo más que cambiar el nombre; pues los pitagóricos dicen que los
entes son por imitación de los números,
y Platón, que son por participación, habiendo cambiado el nombre. Pero ni
aquéllos ni éste se ocuparon de indagar qué era la participación o la imitación
de las Especies. 15 Además, al lado de lo sensible y de las Especies, admite
las Cosas matemáticas como entes intermedios, diferentes, por una parte, de los
objetos sensibles por ser eternas e inmóviles, y, por otra, de las Especies,
por ser muchas semejantes, mientras que la Especie misma es sólo una en cada
caso.
Y,
puesto que las Especies son causas para las demás cosas, creyó que los
elementos de aquéllas eran elementos de todos los entes. Así, pues, como
materia, consideró que eran principios lo 20
Grande
y lo Pequeño, y como substancia, el Uno; pues a partir de aquéllos, por
participación del Uno, las Especies eran los Números. Al enseñar que el Uno es
substancia, y que no se dice Uno lo que es otra cosa, su doctrina era semejante
a la de los pitagóricos, y, al afirmar que los números eran las causas de la
substancia para las demás cosas, enseñaba lo mismo que ellos. 25 Pero el poner
una Díada en lugar del Infinito como Uno y hacer el Infinito a partir de lo
Grande y lo Pequeño, le era propio. Además, éste separa los números de las
cosas sensibles, mientras que aquéllos dicen que las cosas mismas son números,
y no atribuyen a las Cosas matemáticas una posición intermedia. 30 Así, pues,
el poner el Uno y los Números fuera de las cosas y no como los pitagóricos, y
la introducción de las Especies, tuvo su origen en la investigación de los
enunciados (pues los anteriores no conocían la Dialéctica); y el convertir en
Díada la otra naturaleza, en el hecho de que los Números, fuera de los
primeros, se generan cómodamente de ella como de una pasta (988ª) blanda.
Pero
sucede precisamente lo contrario. Pues no es razonable así. Estos filósofos, en
efecto, hacen salir de la materia muchas cosas; pero la Especie sólo genera una
vez, y, evidentemente, de una sola materia sólo sale una mesa, mientras que el
que induce la Especie, siendo uno, hace muchas. Lo mismo sucede con el 5 macho
con relación a la hembra; pues ésta es fecundada por un solo
coito,
mientras que el macho fecunda a muchas. Éstas son, sin embargo, imitaciones de
aquellos principios. Esto es lo que enseñó Platón acerca de los temas que nos
ocupan. Y es evidente por lo dicho que sólo utilizó dos causas: la de la
quididad y la relativa a la materia (pues las Especies 10 son causas de la
quididad para las demás cosas, y el Uno, para las Especies); y la materia que
constituye el sujeto, de la cual se dicen las Especies en las cosas sensibles y
el Uno en las Especies, es, según él, la Díada, lo Grande y lo Pequeño. Además,
15 asignó a ambos elementos la causa del bien y del mal, una a cada uno;
doctrina que, como decimos, habían tratado de sostener ya algunos de los
filósofos anteriores, por ejemplo Empédocles y Anaxágoras.
Capítulo
7
Hemos
expuesto brevemente y a grandes rasgos quiénes y de 20 qué modo han hablado de
los principios y de la verdad. Acerca de ellos podemos ya concluir que, de los
que han estudiado el principio y la causa, ninguno ha dicho nada que se salga
de las causas determinadas por nosotros en la Física, sino que todos, aunque
oscuramente, se acercan en cierto modo a ellas. Unos, en efecto, enuncian el
principio como materia, ya supongan uno 25 ya varios, ora lo consideren cuerpo
ora incorpóreo (como Platón al decir lo Grande y lo Pequeño, y los itálicos, lo
Infinito, y Empédocles, el Fuego, la Tierra, el Agua y el Aire, y Anaxágoras,
la infinidad de las homeomerías. Todos éstos se han referido a esta causa, y
también cuantos ponen como principio el Aire, o el Fuego, o el Agua, o algo más
denso que el Fuego pero más 30 sutil que el Aire; en efecto, tal han dicho
algunos que es el primer elemento).
Éstos,
por consiguiente, sólo tocaron esta causa y otros, aquella de donde procede el
principio del movimientos’ (por ejemplo, los que ponen como principio la
Amistad y el Odio o el Entendimiento o el Amor). Pero la esencia y la
substancia 35 nadie las ha enunciado claramente, siendo los que más se
aproximan los partidarios de las Especies (pues ni consideran las (988b)
Especies como materia para las cosas sensibles ni el Uno como materia para las
Especies, ni el principio del movimientos como procedente de ellas - pues dicen
que más bien son causas de inmovilidad y de quietud-, sino que aducen las
Especies 5 como la esencia de cada una de las demás cosas, y el Uno, como la
esencia de las Especies). Y aquello a causa de lo cual se realizan las acciones
y los cambios y los movimientos, lo llaman en cierto modo causa, pero no lo
llaman expresamente causa ni dicen que sea causa en el sentido en que por
naturaleza lo es. En efecto, los que mencionan el Entendimiento o la Amistad,
presentan como un bien estas causas, pero no dicen 10 que alguno de los entes
sea o se haga a causa de ellas, sino que de ellas proceden los movimientos. Y,
así mismo, también los que afirman que el Uno o el Ente son tal naturaleza,
aseguran
que son causa de la substancia, pero no que a causa de ellos sea o se haga; de
suerte que, en cierto modo, les ocurre que dicen y no dicen que el Bien es
causa; pues no lo dicen en sentido
15
absoluto, sino accidental.
Así,
pues, que hemos determinado con exactitud cuántas son las causas y cuál es su
naturaleza, parecen testimoniarlo también todos éstos, al no poder vislumbrar
otra causa; además, está claro que los principios deben investigarse todos así
o de algún modo semejante.
Mas,
para ver cómo se expresó y cómo piensa cada uno de 20 estos filósofos acerca de
los principios, examinemos a continuación las posibles dificultades acerca de
ellos.
Capítulo
8
Cuantos
dicen que el Universo es uno y admiten alguna naturaleza única como materia, y
que ésta es corpórea y dotada de magnitud, está claro que yerran múltiplemente.
Sólo admiten, 25 en efecto, los elementos de los cuerpos, y no de las cosas
incorpóreas, siendo así que también existen cosas incorpóreas. Y, al intentar,
acerca de la generación y corrupción, decir las causas, y al tratar de todas
las cosas físicamente, suprimen la causa del movimiento. Además la suprimen al
no considerar la substancia ni la quididad como causa de nada, y también al
poner fácilmente 30 como principio cualquiera de los cuerpos simples, excepto
la Tierra, sin mirar cómo establecen la generación recíproca de los elementos;
me refiero al Fuego, al Agua, a la Tierra y al Aire. Pues unos se originan recíprocamente por
unión, y los otros, por separación, lo cual es sumamente diferente en cuanto a
ser antes o después. En efecto, de una parte, parece que será 35 elemento por
excelencia aquel del que primero se producen las demás cosas por unión; y será
tal, de entre los cuerpos, el (989ª) de partes más pequeñas y el más sutil (por
eso los que ponen el Fuego como principio serían los que más se ajustarían a
este concepto; pero también cada uno de los otros confiesa que tal es la índole
del elemento de los cuerpos. Nadie, en efecto, de los que 5 afirman que es uno
solo, pretende que la Tierra sea el elemento, evidentemente a causa del grosor
de sus partes; pero cada uno de los otros tres elementos ha hallado algún
mantenedor; pues unos afirman que es el Fuego, otros el Agua y otros el Aire.
Mas ¿por qué, en fin, no mencionan también la Tierra, como la mayoría de los
hombres? Se dice, en efecto, que todo es 10 Tierra, y también Hesíodo afirma
que la Tierra llegó a ser antes que los demás cuerpos: ¡tan antigua y popular
resulta ser esta opinión! ).
Así,
pues, según este concepto, ni los que admiten alguno de estos elementos excepto
el Fuego, ni los que lo suponen más 15 espeso que el Aire, pero más sutil que
el Agua, están en lo cierto. Y, si
lo
posterior en la generación es anterior por naturaleza, y lo adensado y mezclado
es posterior en la generación, sucederá lo contrario de lo que hemos dicho: el
Agua será anterior al Aire, y la Tierra anterior al Agua. Acerca de los que sólo admiten una causa de
la índole que hemos dicho, baste lo expuesto. Y lo mismo habría que decir 20 de
quien las admitiera en mayor número, como Empédocles, según el cual cuatro
cuerpos son la materia. A éste se le presentan necesariamente las mismas
dificultades y, además, otras peculiares. Vemos, en efecto, que los cuerpos
nacen unos de otros, de modo que no siempre sigue siendo Fuego o Tierra el
mismo cuerpo (hemos hablado de ellos en la Física). Y, en cuanto a la causa de
las cosas que se mueven, si debe admitirse 25 una o dos, no debemos creer que
haya sido dicho ni acertadamente ni de manera totalmente razonable. En suma,
los que así dicen, necesariamente suprimen la alteración, pues lo Frío no
tendrá su origen en lo Caliente ni lo Caliente en lo Frío. Algo, en efecto,
sería afectado por los contrarios mismos, y sería una sola naturaleza la que se
haría Fuego y Agua, lo cual aquél se niega a admitir. 30 En cuanto a
Anaxágoras, si alguien supone que admite dos elementos, supondrá muy de acuerdo
con un concepto que él mismo no articuló, pero que habría aceptado
necesariamente si se le hubiera propuesto. Siendo, en efecto, absurdo decir que
todas las cosas estaban inicialmente mezcladas, entre otras razones (989b)
porque sin duda tienen que haber preexistido sin mezcla y porque no es apta por
naturaleza cualquier cosa para mezclarse con cualquier otra, y, además, porque
las afecciones y los accidentes estarían separados de las substancias
(pues de
las mismas cosas de
que hay mezcla hay
también separación); sin 5
embargo, si alguien siguiera su pensamiento articulando lo que quiere decir,
quizá se vería que dice cosas bastante nuevas. Pues, cuando nada estaba
separado, es evidente que nada verdadero se podía decir de aquella substancia;
me refiero, por ejemplo, a que no era blanca, ni negra, ni gris, ni de ningún
otro color, sino que era necesariamente incolora; de lo contrario, tendría
alguno de estos colores. Igualmente, y por esta misma 10 razón, no tendría
sabor, ni ninguna otra cosa semejante, ya que no podía tener ninguna cualidad,
ni cantidad, ni ser algo. Pues, de lo contrario, tendría alguna de las especies
que llamamos particulares, lo cual es imposible estando mezcladas todas las
cosas; pues, en tal caso, ya estarían separadas, y dice que estaban mezcladas
todas excepto el Entendimiento, y que éste 15 sólo estaba inmezclado y puro. De
esto resulta que admite como principios el Uno (que es simple y sin mezcla) y
lo Otro, equivalente a lo que entendemos por Indeterminado antes de que sea
determinado y participe de alguna especie; de suerte que no se expresa recta ni
claramente, aunque quiere decir algo que se 20 acerca a las doctrinas
posteriores y a las que ahora tienen más aceptación. Mas estos filósofos sólo estudian asiduamente
lo relativo a la generación y a la corrupción y al movimiento (pues buscan los
principios y las causas casi exclusivamente en relación con esta substancia).
Pero
cuantos extienden su especulación a todos los entes y admiten 25 que unos son
sensibles y otros no sensibles, es claro que ejercen su indagación en torno a
estos dos géneros. Por eso conviene que nos detengamos más en torno a ellos, a
ver qué dicen acertada o erróneamente en lo que se refiere a las cosas que
ahora nos ocupan. Pues bien, los
llamados pitagóricos recurren a principios y elementos más lejanos que los
fisiólogos (y esto, porque no 30 los tomaron de las cosas sensibles; pues las
Cosas matemáticas carecen de movimiento, excepto las relativas a la
Astronomía); sin embargo, todas sus discusiones y estudios se refieren a la
Naturaleza; afirman, en efecto, la generación del Cielo, y observan lo que
sucede acerca de las partes de éste, y de sus (990ª) afecciones
y actividades, y
consumen en esto
los principios y
las causas, como
si estuvieran de acuerdo con los demás fisiólogos en que el Ente es todo
lo sensible y lo que abarca el llamado Cielo. Pero, como dijimos, exponen las
causas y los principios 5 de tal modo que son suficientes para ascender también
a los entes superiores, y se adaptan a éstos mejor que a los conceptos
relativos a la Naturaleza. Pero de qué modo habrá movimiento, supuestos sólo el
Límite y lo Ilimitado y lo Impar y lo Par, no 10 lo dicen; ni cómo es posible
que, sin movimiento ni cambio, haya generación y corrupción o las actividades
de los cuerpos que se desplazan por el Cielo. Además, tanto si se les concede
como si se demuestra que de estos principios resulta la magnitud, ¿de qué
manera, sin embargo, serán leves unos cuerpos y pesados otros? Pues, a juzgar
por lo que suponen y dicen, no 15 dicen más acerca de los cuerpos matemáticos
que acerca de los sensibles. Por eso acerca del Fuego o de la Tierra o de los
demás cuerpos semejantes nada han dicho, porque nada especial dicen, creo yo,
acerca de las cosas sensibles. Además, ¿cómo se ha de admitir que las
afecciones del Número y el propio Número sean causas de las cosas que son y se
hacen en el Cielo desde el 20 principio y ahora, y que no haya ningún otro
número fuera de este número del cual consta el mundo? Pues, cuando en tal parte
sitúan la Opinión y la Oportunidad, y un poco más arriba o más abajo la
Injusticia y la Decisión o la Mezcla, y dicen como demostración que cada una de
estas cosas es un número, y que 25 por este lugar se encuentra ya una multitud
de las magnitudes constituidas, porque estas afecciones acompañan a cada lugar,
¿es este mismo número que hay en el Cielo el que debemos entender que es cada
una de estas cosas, u otro distinto de éste? 30 Platón, en efecto, afirma que
es otro; sin embargo, también él estima que son números estas cosas y sus
causas; pero considera que son causas los números inteligibles, mientras que
éstos son sensibles.
Capítulo
9
Dejemos
por ahora a los pitagóricos (pues es suficiente lo que 9 de ellos hemos dicho).
En cuanto a los que ponen las Ideas como (990b) causas, buscando en primer
lugar comprender las causas
de
los entes que nos rodean, adujeron otros iguales en número a éstos, como si
uno, al querer contar, creyera no
poder hacerlo siendo
pocas cosas, y
contara después de
hacerlas más numerosas (las
Especies son, en efecto, casi iguales en número -o no menos 5 numerosas- que
las cosas de aquí abajo, desde las cuales, al buscar sus causas, avanzaron
hasta aquéllas; pues en cada caso hay [según los platónicos] algo homónimo y
separado de las substancias, y, para las demás cosas, hay una común a muchas,
tanto para éstas de aquí abajo como para las eternas). Además, de ninguno de
los modos en
que tratamos de demostrar que
existen las Especies
resultan evidentes; de algunos, en efecto, no se produce necesariamente
un silogismo, y de otros incluso se 10 deducen Especies para cosas de las que
no creemos que las haya. En efecto, según los enunciados procedentes de las
ciencias, habrá Especies de todas aquellas cosas de las que hay ciencias; y, de
acuerdo con lo uno común a muchos, las habrá incluso de las negaciones; y, en
cuanto que se piensa algo de lo ya corrompido, las habrá también de las cosas
corruptibles, pues hay una representación mental de estas cosas. Más aún, 15
los enunciados más rigurosos tratan, unos, de establecer Ideas de los términos
relativos, de los cuales negamos que haya género en sí, y otros aducen el
«tercer hombre». En suma, los conceptos acerca de las Especies destruyen cosas
cuya existencia preferimos 20 a la existencia de las Ideas; de ellos resulta,
en efecto, que no es primero la Díada, sino el número, y que lo relativo es
primero que lo que es por sí, y todo lo que algunos, siguiendo la doctrina de
las Ideas, opusieron a sus principios.
Además,
según la hipótesis en que nos basamos para afirmar la existencia de las Ideas,
no sólo habrá Especies de las substancias, sino de muchas otras cosas (en
efecto, el pensamiento 25 es uno no sólo acerca de las substancias, sino
también de las demás cosas; y no sólo hay ciencias de la substancia, sino
también de otras cosas; y ocurren otras mil cosas semejantes). Sin embargo, de
acuerdo con la necesidad y con las opiniones acerca de ellas, si las Especies
son participables, necesariamente sólo habrá Ideas de las substancias. En efecto, no son participadas
accidentalmente, sino que es preciso participar de cada una en 30 tanto en
cuanto no se dice de un sujeto (por ejemplo, si algo participa de lo Doble en
sí, participa también de lo eterno, pero accidentalmente, por ser lo Doble
accidentalmente eterno); por consiguiente, las Especies serán substancias. Y
las mismas cosas significan substancia aquí que allí. O ¿qué sentido tendría
afirmar (991ª) que hay algo aparte de estas cosas, lo uno común a muchos? Y, si
la especie de las Ideas es la misma que la de las cosas que participan de
ellas, será algo común (¿por qué, en efecto, entre las díadas corruptibles y
las que son muchas pero eternas ha 5 de haber más unidad e identidad de la
Díada que entre ella misma y alguna en particular?). Por otra parte, si la
especie no es la misma, serán simplemente homónimas y algo así como si alguien
llamase hombre a Calias y a un madero, sin haber visto ninguna comunidad entre
ellos.
Pero
lo que con más perplejidad se preguntaría uno es qué 10 aportan las Especies a
los entes sensibles, tanto a los eternos como a los que se generan y corrompen;
pues no causan en ellos ni movimiento ni ningún cambio. Por lo demás, tampoco
sirven de nada para la ciencia de las demás cosas (pues aquéllas no son
substancia de éstas; de lo contrario, estarían en éstas), ni para su ser, pues
no son inmanentes en las cosas que participan de ellas; que, si lo fueran,
quizá parecerían ser causas 15 como lo blanco mezclado a lo blanco. Pero este
concepto, que Anaxágoras expresó el primero, y posteriormente Eudoxo y algunos
otros, es por demás refutable (pues no cuesta nada reunir contra tal opinión
muchas dificultades insolubles). Por lo demás, tampoco se puede decir que las
demás cosas procedan de las Especies en ninguno de los sentidos en que se suele
decir que 20 una cosa procede de otra. Y afirmar que las Especies son
paradigmas y que participan de ellas las demás cosas son palabras vacías y
metáforas poéticas. Pues ¿qué es lo que actúa mirando a las Ideas? Puede ocurrir, en efecto, que algo
sea o se haga semejante a otra cosa sin ser modelado según ella; de suerte que,
existiendo o no existiendo Sócrates, alguien podría llegar a
25
ser como Sócrates; y es evidente que lo mismo podría suceder si Sócrates fuera
eterno. Además, habrá varios paradigmas de una misma cosa, y, por tanto,
también varias Especies; por ejemplo, del hombre serán Especies lo Animal y lo
Bípedo, y, al mismo tiempo, también el Hombre en sí. Además, no sólo de 30 las
cosas sensibles serán paradigmas las Especies, sino también de sí mismas; por
ejemplo, el género, como género de Especies; de suerte que una misma cosa será
paradigma e imagen. Además, (991b) parece imposible que la substancia esté
separada de aquello de lo que es substancia; por consiguiente, ¿cómo podrían
las Ideas, siendo substancias de las cosas, estar separadas de ellas? Pero en
el Fedón se dice que tanto del ser como del devenir son causas 5 las Especies;
sin embargo, aunque existan las Especies, no se producen las cosas
participantes si no existe lo que será motor, y se producen muchas otras, como
una casa y un anillo, de las cuales no admitimos que haya Especies; por tanto,
cabe evidentemente que también las demás cosas sean y se produzcan por causas
semejantes a las de las mencionadas ahora.
Además,
si realmente son números las Especies, ¿cómo serán causas? ¿Acaso porque los
entes son otros números, por ejemplo 10 tal número un hombre, y tal otro
Sócrates, y tal otro Calias?
¿Por
qué, entonces, son aquéllos causa de éstos?. Pues, aunque los unos sean eternos
y los otros no, nada importará. Y, si es porque los entes de aquí son
proporciones de números, como la sinfonía, es evidente que al menos hay una de
aquellas cosas de las que son proporciones. Y si ésta es algo, es decir la
materia, 15 está claro que también los números mismos serán ciertas
proporciones de una cosa a otra. Por ejemplo, si Calias es una proporción
numérica de Fuego, Tierra, Agua y Aire, también la Idea será un número de
algunos otros elementos substantes. Y el
Hombre
en sí, tanto si es como si no es cierto número, será 20 una proporción numérica
de ciertas cosas, y no un número, y no habrá por esto ningún número.
Además,
de varios números se forma un solo número; pero ¿cómo puede formarse de
Especies una sola Especie? Y si el número no se forma de números, sino de
elementos que hay en el número, por ejemplo en la Miríada, ¿cómo son, entonces,
las mónadas?. Pues, si son todas de la
misma especie, sucederán 25 muchos absurdos, y, si no son de la misma especie,
ni lo serán ellas entre sí ni todas las otras con relación a todas. En efecto,
¿en qué se diferenciarán, siendo impasibles? Esto, ni es razonable ni está de
acuerdo con lo que pensamos acerca de las mónadas. Más aún, si no son de la
misma especie, es necesario establecer otro género de número, acerca del cual
tratará la Aritmética, y todos los que algunos llaman entes intermedios, los
cuales ¿cómo existen o de qué principios se producen? O ¿por 30 qué han de
estar entre el mundo sensible y las Especies? Además, las mónadas que hay en la
Díada, cada una procederá de alguna díada anterior, lo cual es imposible.
Además, ¿por qué (992ª) será una unidad el número compuesto [de varias
mónadas]? Y, además de lo dicho, si las mónadas son realmente diferentes entre
sí, habrá que expresarse como los que dicen que los elementos son cuatro o dos.
En efecto, ninguno de éstos dice que 5 sea elemento lo común, por ejemplo el Cuerpo,
sino el Fuego o la Tierra, tanto si el cuerpo es algo común como si no. Pero
aquí se habla como si el Uno fuese de partes iguales, como lo es el Fuego o el
Agua. Pero, si es así, no serán substancias los Números, sino que,
evidentemente, si hay un Uno en sí, y si éste es principio, el Uno se dice
múltiplemente; pues, de otro modo, es imposible.
10
Queriendo reducir las substancias a los principios, formamos longitudes
partiendo de lo Corto y lo Largo, es decir, de cierto tipo de Pequeño y Grande,
y una superficie, partiendo de lo Ancho y lo Estrecho, y un cuerpo, partiendo
de lo Profundo y lo Somero. Sin embargo, ¿cómo tendrá la superficie una línea,
o el sólido una línea y una superficie? Son, en efecto, género distinto lo
Ancho y lo Estrecho, y lo Profundo y lo Somero. Por consiguiente, 15 así como
no hay en ellos Número, porque lo Mucho y lo Poco difieren de estos principios,
es evidente que tampoco habrá en las cosas de abajo ninguna de las de arriba.
Por lo demás, lo Ancho tampoco es género de lo Profundo. Pues, en tal caso, el
cuerpo sería una clase de superficie. Además, ¿de qué constarán los
Puntos? Contra este género, en efecto,
luchaba 20 también Platón, considerando que era una noción geométrica; pero lo
llamaba principio de la línea, y hablaba con frecuencia de Líneas insecables.
Sin embargo, es necesario que éstas tengan algún límite; por consiguiente, del
mismo concepto del que procede la línea procede también el punto. 25 En suma, siendo así que la Sabiduría busca
la causa de las cosas manifiestas, hemos descuidado esta causa (pues nada
decimos
acerca de la causa de donde procede el principio del cambio); y, creyendo decir
la substancia de ellas, afirmamos que hay otras substancias; pero, al querer
explicar cómo pueden éstas ser substancias de aquéllas, decimos frases vacías.
Pues el participar, como ya dijimos, no es nada. Y la que, según 30 vemos, es
causa para las ciencias, por la cual actúa todo entendimiento y toda
naturaleza, tampoco a esta causa, de la cual decimos que es uno de los
principios, la tocan para nada las Especies. Pero las Matemáticas son la
Filosofía para los modernos, aunque digan que deben ser cultivadas en vista de
otras cosas. Además, se podría pensar que la substancia subyacente, (992b)
entendida como materia,
es demasiado matemática,
y que más
es un predicado y una diferencia
de la substancia y de la materia que materia, por ejemplo, lo Grande y lo
Pequeño, y en este sentido hablan también los fisiólogos de lo Raro y lo Denso,
5 afirmando que son éstas las primeras diferencias del sujeto; trátase, en efecto,
de cierto Exceso y Defecto. En cuanto al movimiento, si es que estas cosas son
movimiento, es evidente que se moverán las Especies. Y, si no, ¿de dónde
procede?. Queda suprimida, en efecto, toda investigación acerca de la
Naturaleza. Y lo que parece ser fácil: mostrar que todas las cosas son una, no
resulta; porque de la prueba por 10 exposición no resulta que todas las cosas
sean una, sino que hay cierto Uno en sí, en el supuesto de que se conceda todo;
y ni siquiera esto, si no se concede que el universal es un género; y esto es
en algunas cosas imposible.
Y,
en cuanto a las cosas posteriores a los Números, es decir, las Longitudes, las
Superficies y los Sólidos, tampoco hay ninguna 15 explicación ni de cómo son o
serán ni de qué potencia tienen. Estas cosas, en efecto, ni pueden ser Especies
(pues no son Números), ni los Entes intermedios (pues éstos son matemáticos),
ni los corruptibles, sino que nuevamente aparece éste como otro cuarto género.
En
suma, buscar los elementos de los entes sin haber distinguido sus varias
acepciones es hacer imposible el hallarlos, sobre todo si se trata de averiguar
de este modo de qué clase 20 de elementos constan. Pues de cuáles constan el
hacer y el padecer y lo recto, no es posible, ciertamente, averiguarlo; y, si
fuese posible, sólo lo sería de las substancias. Por consiguiente, buscar los
elementos de todos los entes o creer conocerlos es un error. ¿Y cómo, además,
podría uno aprender los elementos de todas las cosas? Es evidente, en efecto,
que sería imposible que antes 25 conociera nada. Pues, así como el que comienza
a aprender Geometría puede saber previamente otras cosas, pero ignora por
completo aquellas sobre las que versa esta ciencia y acerca de las cuales se
dispone a aprender, así también en lo demás; de suerte que, si hay una ciencia
de todas las cosas, como afirman algunos, 30 el que comience a aprenderla no
conocerá previamente nada. Sin embargo, todo aprendizaje se realiza a través de
conocimientos previos,
totales
o parciales, tanto si procede por demostración como por definiciones (es
preciso, en efecto, saber previamente y que sean conocidos los elementos de la
definición). Y lo mismo el aprendizaje que procede por inducción. Por otra
parte, (993ª) aunque nos fuese connatural, sería extraño que tuviéramos sin
saberlo la más poderosa de las ciencias. Además, ¿cómo conocerá uno cuáles son
los elementos, y cómo podrá estar seguro? Pues también esto es problemático; se
podría dudar, en efecto, 5 como acerca de algunas sílabas; pues unos dicen que
za consta de s más d más a, mientras que otros afirman que es otro sonido y que
no es ninguno de los conocidos. Y, todavía, las cosas que se perciben por algún
sentido,¿cómo podría uno conocerlas sin tener el sentido? Sin embargo, tendría
que ser así, si todas las cosas constan de unos mismos elementos, del mismo
modo que constan de sus propios elementos las voces compuestas. 10
Capítulo
10
Así,
pues, que todos parecen buscar las causas mencionadas en la Física, y que fuera
de éstas no podríamos decir ninguna, está claro también por lo anteriormente
dicho. Pero las han buscado
confusamente. Y todas, en cierto modo, fueron ya enunciadas por otros; pero, en
cierto modo, no. Pues la Filosofía primitiva parece siempre balbucir, por ser
nueva y hallarse en 15 sus comienzos (y al principio), puesto que también
Empédocles dice que el hueso existe por la proporción de sus elementos, que es
la esencia y la substancia de la cosa. Pero, entonces, también la carne y cada
una de las demás cosas serán necesariamente 20 la proporción de sus elementos,
o no lo será ninguna; pues por esta proporción serán carne y hueso y cada una
de las demás cosas, y no por la materia que aquél dice, Fuego, Tierra, Agua y
Aire. Si otro le hubiera dicho esto, se habría mostrado de acuerdo
necesariamente; pero él no lo expresó con claridad.
Sobre
estas cosas hemos tratado ya antes. Pero volvamos de nuevo sobre cuantas
dificultades pudieran quedarle a alguien 25 acerca de esto mismo; pues quizá de
aquí saquemos alguna luz para solucionar las que se presenten en adelante.
a
LIBRO
II
Capítulo
1
30
La investigación de la verdad es, en un sentido, difícil; pero, en otro, fácil.
Lo prueba el hecho de que nadie puede alcanzarla (993b) dignamente, ni yerra
por completo, sino que cada uno dice algo acerca de la Naturaleza;
individualmente, no es nada, o es poco, lo que contribuye a ella; pero de todos
reunidos se forma una magnitud apreciable.
De suerte que, si verdaderamente la situación es aquí similar a la que
solemos expresar por un proverbio, 5 ¿quién puede no dar en una puerta?. En
este sentido, la investigación de la verdad sin duda es fácil; pero el hecho de
alcanzar el todo y no poder alcanzar una parte muestra su dificultad. Quizá
también, siendo la dificultad de dos clases, su causa no está en las cosas,
sino en nosotros. Pues el estado de los ojos de los murciélagos ante la luz del
día es también el del entendimiento 10 de nuestra alma frente a las cosas más
claras por naturaleza. Y es justo que estemos agradecidos no sólo a aquellos
cuyas opiniones podemos compartir, sino también a los que se han expresado más
superficialmente. Pues también éstos contribuyeron con algo, ya que
desarrollaron nuestra facultad de pensar. 15
En
efecto, si no hubiera existido Timoteo, nos faltarían muchas melodías. Pero,
sin Frinis, tampoco habría existido Timoteo. Lo mismo sucede con los que se han
expresado acerca de la verdad; pues de algunos hemos recibido ciertas
doctrinas, pero otros fueron causa de que llegaran a existir éstos. Y también
20 es justo que la Filosofía sea llamada ciencia de la verdad; pues el fin de
la ciencia teórica es la verdad, y el de la ciencia práctica, la obra. En
efecto, si los prácticos indagan cómo está dispuesta una cosa, no consideran en
ella lo eterno, sino lo que se ordena a algo y al momento presente. Pero no
conocemos lo verdadero sin conocer la causa; y, en cada caso, tiene por
excelencia su propia naturaleza aquello en cuya virtud reciben el mismo nombre
las demás cosas (por ejemplo, el Fuego es lo 25 más caliente, pues es para las
demás cosas la causa del calor). Por consiguiente, también será lo más
verdadero lo que es para las demás cosas causa de que sean verdaderas. Por eso
los principios de los entes eternos son siempre, necesariamente, los más
verdaderos (pues no son temporalmente verdaderos, y no hay ninguna causa de su
ser, sino que ellos son causa del ser para las demás cosas); de suerte que cada
cosa tiene verdad en la 30 misma medida en que tiene ser.
Capítulo
2
(994ª)
Por lo demás, es evidente que hay un principio, y que no son infinitas las
causas de los entes, ni en línea recta no según la especie. En efecto, ni en el
sentido de la causa material es posible que tal cosa proceda de tal otra hasta
el infinito (por ejemplo, la carne de la Tierra, y la Tierra del Aire, y el
Aire del Fuego, y así incesantemente), ni en el sentido de la causa de donde
procede
el principio del movimientos (por ejemplo, que el hombre sea puesto en
movimiento por el Aire, y éste por el 5 Sol, y el Sol por el Odio, y que de
esto no haya nunca fin). Asimismo, tampoco es posible que aquello en vista de
lo cual se hace algo proceda al infinito; que el pasear sea en vista de la
salud, y ésta en vista de la felicidad, y la felicidad en vista de 10 otra
cosa, y que así siempre una cosa sea en vista de otra. Y lo mismo en cuanto a
la esencia. En efecto, para las cosas intermedias, que tienen un término último
y otro anterior, necesariamente será el anterior causa de los que le siguen.
Pues, si tuviéramos que decir cuál de los tres términos es causa, diríamos que
el primero; no, ciertamente, el último, porque el término final no es causa de
nada. Y tampoco el intermedio, pues 15 sólo es causa de uno (y nada importa que
el término intermedio sea uno o más de uno, ni que sean infinitos en número o
finitos). Pues de los infinitos de este modo y de lo infinito en general todas
las partes son igualmente intermedias hasta la presente. De suerte que, si no
hay ningún término primero, no hay en absoluto ninguna causa.
Pero
tampoco en sentido descendente es posible ir al infinito, 20 teniendo principio
lo de arriba, de suerte que del Fuego se forme Agua, y de ésta, Tierra, y así
siempre algún otro género. Pues de dos maneras procede una cosa de otra -no en
el sentido en que se dice que una viene después de otra, como después de los
juegos ístmicos vienen los olímpicos, sino, o bien como de un niño, al cambiar,
se hace un varón adulto, o como de Agua 25 se forma Aire. Por consiguiente, así
como decimos que de un niño se hace un varón adulto, así de lo que estaba
haciéndose se hace lo hecho, y de lo que estaba terminándose, lo terminado
(pues siempre existe lo intermedio, como entre el ser y el no ser existe la
generación; así también, entre lo que es y lo que no es, existe lo que está
haciéndose; pues el que aprende está haciéndose sabio, y esto es lo que
significa que del que 30 aprende se hace el sabio). Pero el «hacerse de» en el
sentido en que del Aire se hace Agua, supone la corrupción de uno de los dos
términos. Por eso en el primer sentido no hay conversión recíproca, y no se
hace de un varón adulto un niño (pues no (994b) se genera de la generación lo
que está generándose, sino [lo] que es después de la generación; así también,
en efecto, el día se genera de la aurora, porque viene después de ésta; y por
eso la aurora no se genera del día). En cambio, las otras cosas se convierten
recíprocamente. Pero en ambos casos es imposible ir al infinito; pues, siendo
unas cosas entes intermedios, tienen necesariamente un fin, y las otras se
convierten recíprocamente, 5 puesto que la corrupción de una es la generación
de la otra.
Y,
al mismo tiempo, es también imposible que lo primero, siendo eterno, se
corrompa. Puesto que, en efecto, la generación en sentido ascendente no es
infinita, necesariamente lo primero de cuya corrupción se produjo algo no será
eterno. Además, aquello en vista de lo que se hace algo es un fin; y es tal lo
10 que no se hace en vista de otra cosa, sino que las demás se hacen en vista
de
ella; por consiguiente, si existe tal término último, no habrá progresión al
infinito, y si no existe, no habrá aquello en vista de lo cual. Pero los que
suponen la progresión infinita destruyen sin darse cuenta la naturaleza del
Bien. (Sin embargo, nadie intentaría hacer nada si no hubiera de llegar a un
término); ni habría entendimiento en los entes; pues el que 15 tiene
entendimiento obra siempre en vista de algo, y esto es un término; el fin, en
efecto, es un término. Tampoco la esencia admite ser reducida a otra definición
más extensa en su enunciado; pues siempre la definición anterior es más
definición; y la posterior no lo es; y donde no existe lo primero, tampoco
existe lo siguiente. Además, los que así dicen destruyen el 20 saber; no es
posible, en efecto, saber antes de llegar a los elementos indivisibles de la
definición; y ni siquiera se puede conocer; pues ¿cómo es posible entender las
cosas que son infinitas de este modo?. No sucede lo mismo en la línea, cuyo
proceso de división es infinito, pero no es posible entenderla sin
interrumpirlo (por eso no podrá enumerar los cortes el que proceda 25 al
infinito). Pero también es necesario entender la materia en lo que se
mueve. Y ningún infinito tiene ser; o,
si no, la infinitud no es infinita. Por
lo demás, aunque fuesen infinitas en número las especies de las causas, tampoco
así sería posible conocer, pues sólo creemos 30 saber cuando hemos llegado a
conocer las causas; pero lo infinito por adición no es posible recorrerlo en
tiempo finito.
Capítulo
3
El
resultado de las lecciones depende de las costumbres de los oyentes. En efecto,
queremos que se hable como estamos (995ª) acostumbrados a oír hablar, y las
cosas dichas de otro modo no nos parecen lo mismo, sino, por falta de
costumbre, más desconocidas y extrañas. Lo acostumbrado, en efecto, es
fácilmente conocible. Y cuánta fuerza tiene lo acostumbrado, lo muestran las
leyes, en las cuales lo fabuloso y lo pueril, a causa 5 de la costumbre, pueden
más que el conocimiento acerca de ellas.
Unos,
en efecto, no escuchan a los que hablan si no se habla matemáticamente; otros,
si no es mediante ejemplos; éstos exigen que se aduzca el testimonio de algún
poeta; aquéllos todo lo quieren con exactitud, y a los de más allá les molesta
lo exacto, o por no poder seguir el razonamiento o por la enumeración 10 de
pequeñeces. El prurito de exactitud tiene, en efecto, algo de esto; de suerte
que, como en los tratos, también en los razonamientos les parece a algunos
impropio de hombres
libres. Por eso es
preciso aprender previamente
cómo podrá ser comprendida cada cosa, pues es absurdo
buscar al mismo tiempo la ciencia y el modo de la ciencia. Y ninguno de los dos
objetivos es fácil de alcanzar.
15
La exactitud matemática del lenguaje no debe ser exigida en todo, sino tan sólo
en las cosas que no tienen materia. Por eso el método matemático no es apto
para la Física; pues toda la Naturaleza tiene probablemente materia. Por
consiguiente, hay que investigar primero qué es la Naturaleza; pues así veremos
también claramente de qué cosas trata la Física [y si corresponde a
una
ciencia o a varias estudiar las causas y los principios]. 20
B
LIBRO
III
Capítulo
1
Es
necesario, en relación con la ciencia que buscamos, examinar 25 primero las
dificultades que es preciso plantearse en primer lugar. Me refiero a cuantas
opiniones diferentes de la nuestra sustentaron algunos en este punto, y a lo
que, fuera de ellas, puede haber sido omitido.
Los
que quieren investigar con éxito han de comenzar por plantear bien las
dificultades, pues el éxito posterior consiste en la solución de las dudas
anteriores, y no es posible soltar, si se 30 desconoce la atadura. Pero la
dificultad del pensamiento pone de manifiesto la atadura en relación con el
objeto; pues, en la medida en que siente la dificultad, le ocurre algo así como
a los que están atados; en ninguno de los dos casos, efectivamente, es posible
seguir adelante. Por eso es preciso considerar bien, antes, todas las
dificultades, por las razones expuestas y porque los que investigan sin haberse
planteado antes las dificultades 35 son semejantes a los que desconocen adónde
se debe ir, y, además, ni siquiera conocen si alguna vez han encontrado (995b)
o no lo buscado; pues el fin no es manifiesto para quien así procede, pero para
el que se ha planteado antes las dificultades sí es manifiesto. Además, es
evidente que está en mejores condiciones para juzgar el que ha oído, como si
fuesen partes litigantes, todos los argumentos opuestos. La primera dificultad se refiere al problema
que ya nos hemos 5 planteado en la Introducción: si corresponde a una sola o a
varias ciencias investigar las causas; y si es propio de la Ciencia contemplar
sólo los primeros principios de la substancia, o también los principios en que
todos basan sus demostraciones; por ejemplo, si es posible, o no, afirmar y
negar simultáneamente 10 una misma cosa, y los demás principios semejantes. Y, si la Ciencia trata de la substancia, ¿es
una la que trata de todas las substancias o son varias? Y, si son varias, ¿son
todas del mismo género, o a unas hay que llamarlas sabidurías y a otras otra
cosa? Y también es necesario indagar
lo
siguiente: si ha de afirmarse que sólo hay substancias sensibles, o también
otras además de éstas, y si es único o son varios los géneros de las 15
substancias, como dicen los que suponen las Especies y, entre éstas y las cosas
sensibles, las Cosas matemáticas. Es preciso, como decimos, examinar estas
dificultades, y también la de si nuestro estudio es sólo sobre las substancias
o también sobre los accidentes propios de las substancias. Y, además, sobre lo
20 Mismo y lo Otro, lo Semejante y lo Desemejante, y la Contrariedad’, sobre lo
Anterior y lo Posterior y todas las demás nociones parecidas, acerca de las
cuales tratan de indagar los dialécticos, basando su indagación en meras
opiniones, ¿a qué ciencia corresponde especular sobre todas estas cosas? Y,
todavía, 25 habrá que considerar todos los accidentes propios de estas mismas
cosas, y no sólo qué es cada una de ellas, sino también si una sola es
contraria a una sola. Y también habrá que ver si los principios y los elementos
son los géneros o las partes intrínsecas en que se divide cada cosa. Y, si son
los géneros, ¿son 30 los que en los individuos se dicen últimos, o los
primeros? Por ejemplo, ¿es el animal o el hombre el que es principio y el que
más propiamente existe fuera de lo singular? Y, sobre todo, se ha de indagar y
estudiar si hay, o no, fuera de la materia algo que sea causa por sí, y si esto
es separable, o no, y si es uno o más en número, y si hay algo fuera del todo
concreto 25 (hablo de un todo concreto cuando algo se predica de la materia), o
no hay nada, o bien de unas cosas sí y de otras no, y (996ª) cuáles son estas
cosas. Además, hay que averiguar si los prin cipios son determinados numérica o
específicamente, tanto los que hay en los enunciados como los que hay en el
sujeto. Y si los de las cosas corruptibles y los de las incorruptibles son los
mismos o diversos, y si son incorruptibles todos o corruptibles los de las
cosas corruptibles. Y, todavía, lo más difícil de todo y lo que causa mayor
perplejidad es saber si el Uno y el Ente, 5 como decían los pitagóricos y
Platón, no es otra cosa sino la substancia de los entes, o no, sino que es
alguna otra cosa el sujeto, como lo era para Empédocles la Amistad y para algún
otro el Fuego, y para otros el Agua o el Aire. Y si los principios son
universales, o bien como las cosas particulares, y si son en 10 potencia o en
acto. Y si son en otro sentido o según el movimiento. Estas cuestiones, en
efecto, pueden causar gran perplejidad. Y, además, si los números, las
longitudes, las figuras y los puntos son substancias o no, y, suponiendo que
sean
15
substancias, si están separadas de las cosas sensibles o son inmanentes en
ellas. Acerca de todas estas cosas, no sólo es difícil descubrir la verdad,
sino que tampoco es fácil plantear las dificultades razonable y
convenientemente.
Capítulo
2
Examinemos,
pues, en primer lugar, acerca de la cuestión que planteamos primero, si
corresponde a una o a varias ciencias contemplar todos los géneros de causas.
¿Cómo, en efecto, 20 puede ser
propio
de una sola ciencia conocer los principios, no siendo éstos contrarios entre
sí? Además, en muchos de los entes, no se dan todos los principios. ¿Cómo, en
efecto, ha de ser posible que haya en las cosas inmóviles un principio del
movimiento o la naturaleza del bien, si todo lo que es bueno en sí y por su
propia naturaleza es un fin y, por tanto, una causa, puesto que en vista de
ello se hacen y son las demás cosas, 25 y el fin y aquello en vista de lo cual
se hace algo son fin de alguna acción, y todas las acciones se ejecutan con
movimiento? Por consiguiente, en las cosas inmóviles no puede admitirse que sea
éste el principio ni que haya algún Bien en sí. Por eso tampoco en las
Matemáticas se demuestra nada mediante esta causa, 30 ni hay ninguna demostración
porque algo sea mejor o peor, sino que nadie se acuerda para nada de ninguna de
tales cosas, por lo cual algunos sofistas, como Aristipo, despreciaban las
Matemáticas. Pues decían que en las
demás artes, incluso en las serviles, como la del carpintero o la del zapatero,
todo se razona 35 diciendo si es mejor o peor, mientras que las Matemáticas no
(996b) se ocupan para nada de lo bueno ni de lo malo. - Ahora bien, si son
varias las ciencias de las causas y cada una trata de un principio distinto,
¿cuál de éstas hay que decir que es la que buscamos, o a quién, de los que las
poseen, hay que considerar como el más conocedor del tema que nos ocupa? Pues
cabe que 5 en una misma cosa se den todos los modos de las causas; por ejemplo,
de una casa, la causa de donde procede el movimiento es el arte y el
edificador, y aquello en vista de lo cual se hace es la obra, y la materia,
tierra y piedras, y la especie, el concepto. Así, pues, a base de lo
anteriormente expuesto, en cuanto a determinar a cuál de las ciencias se debe
llamar Sabiduría, es
10
razonable proclamar como tal a cada una. Pues, en cuanto que es la más digna de
mandar y de dirigir y a la que las demás ciencias, como siervas, ni siquiera
deben contradecir, es tal la ciencia del fin y del Bien (pues en vista de éste
son las demás cosas); pero, en cuanto que ha sido definida como la ciencia de
las primeras causas y de
lo máximamente escible, sería
tal s
la de la substancia. Pues, aunque puede saberse de
muchos modos la misma cosa, decimos que sabe más de ella el que 15 conoce qué
es la cosa por su ser que el que lo conoce por su no ser, e incluso, de entre
los que lo conocen por su ser, decimos que uno sabe más que otro, y que sabe
sobre todo el que conoce qué es, no el que conoce su cantidad o cualidad o lo
que por naturaleza puede hacer o padecer. Además, también en los otros casos,
el saber cada cosa, incluso de aquellas que tienen demostración, sólo creemos
que se da cuando sabemos qué es 20 (por ejemplo, ¿qué es construir un cuadrado
igual a un rectángulo?: hallar una media; y así en las demás cosas); y acerca
de las generaciones y las acciones y acerca de todo cambio, cuando conocemos el
principio del movimiento’. Pero éste es diferente y opuesto al fin; por
consiguiente, parece ser propio 25 de distintas ciencias el contemplar cada una
de estas causas. Por otra parte, también acerca de los principios demostrativos
puede dudarse si son objeto de una sola ciencia o de varias (y llamo
demostrativas
a las opiniones comunes a base de las cuales demuestran todos; por ejemplo, que
todo tiene que ser afirmado o negado, y que es imposible ser y no ser al mismo
tiempo, y las demás proposiciones semejantes); ¿es una 30 sola la ciencia de
estos principios y la de la substancia, o son distintas?; y, si no es una sola,
¿a cuál de ellas hay que proclamar como la que ahora buscamos? Que sean objeto
de una sola no es, ciertamente, razonable. ¿Por qué, en efecto, ha de ser más
propio de la Geometría que de cualquier otra entender de estos principios?
Ahora bien, si es igualmente propio de cualquiera, pero no es posible que lo
sea de todas, así como 35 no es propio de las otras, tampoco es propio de la
que investiga (997ª) las substancias conocer acerca de ellos. Y, al mismo
tiempo, ¿en qué sentido habrá una ciencia de ellos? Pues qué es, de hecho, cada
uno de estos principios, llegamos a conocerlo sin más (al menos, como conocidos
los usan también otras artes). 5 Y, si hay una ciencia demostrativa acerca de
ellos, será preciso que algún género sea sujeto, y que, de ellos, unos sean
afecciones, y los otros, axiomas (pues es imposible que haya demostración
acerca de todos), porque la demostración tiene que partir de ciertas premisas,
referirse a algo y demostrar algunas cosas. 10 Resulta, pues, que de todas las
cosas que se demuestran hay algún género único, pues todas las ciencias
demostrativas utilizan los axiomas.
Por
otra parte, si son distintas la ciencia de la substancia y la que trata acerca
de estos principios,
¿cuál
de las dos es naturalmente superior y anterior? Pues los axiomas son
universales en grado máximo y principios
de todas las
cosas; y, si
no corresponde al
filósofo, ¿a qué
otro corresponderá considerar lo 15 verdadero y lo falso acerca de
ellos? Y, en suma, ¿es una sola la
ciencia de todas las substancias o son varias? Porque, si, en efecto, no es una
sola, ¿de qué clase de substancia hay que decir que es esta ciencia? Y que una
sola sea ciencia de todas no es razonable. En efecto, una sola sería entonces
demostrativa acerca de todos los accidentes, puesto que toda ciencia
demostrativa considera, acerca de algún sujeto, 20 los accidentes propios
partiendo de las opiniones comunes’. Es, en efecto, propio de una misma ciencia
considerar, acerca de un mismo género, los accidentes propios partiendo de las
mismas opiniones. Pues aquello acerca de lo que se trata es objeto de una sola
ciencia, y las opiniones desde las que se parte son propias de una sola, ya sea
la misma ya otra; de suerte que también los accidentes son objeto de una sola
ciencia, ya los consideren estas dos, ya una sola compuesta de éstas. 25
Además,
esta investigación ¿es sólo acerca de las substancias, o también acerca de los
accidentes de éstas? Por ejemplo, si
el sólido es una substancia y si
también lo son las líneas y las superficies, ¿es propio de la misma
ciencia investigar estas cosas y los accidentes de cada género, acerca de los
cuales hacen sus 30 demostraciones las Matemáticas, o es propio de otra? Pues,
si es propio de la misma, será también una ciencia demostrativa la ciencia de
la substancia; pero
generalmente
se admite que no hay demostración de la quididad. Y, si corresponde otra, ¿cuál
será la que considere los accidentes de la substancia? Explicar esto es, en
efecto, muy difícil. Y, todavía, ¿se ha
de admitir que sólo existen las substancias 35 sensibles, o también otras
además de éstas? ¿Y es uno solo, o (997b) son varios los géneros de las
substancias, como afirman los partidarios de las Especies y de los Entes
intermedios, acerca de los cuales dicen que versan las ciencias matemáticas?
Pues bien, en qué sentido decimos que las Especies son causas y substancias por
sí mismas, quedó expuesto en los primeros razonamientos acerca de ellas. Pero,
aunque esta doctrina tiene dificultad en 5 muchos sentidos, nada es más absurdo
que afirmar que hay ciertas naturalezas además de las que vemos en el Cielo, y
decir que éstas se identifican con las sensibles, excepto en que ellas son
eternas y las otras corruptibles. Dicen, en efecto, que existe el Hombre en sí,
el Caballo en sí y la Salud en sí, y no añaden más, haciendo algo así como los
que dicen que hay dioses, pero de 10 forma humana; pues ni éstos hacían otra
cosa que hombres eternos, ni aquéllos, al crear las Especies, más que cosas
sensibles eternas. Y, si alguien, además de las Especies y de las cosas
sensibles, pone los Entes intermedios, tendrá muchas dificultades. Pues es
evidente que también habrá líneas intermedias 15 además de las Líneas en sí y
de las sensibles, y lo mismo para cada uno de los otros géneros de cosas. De
suerte que, puesto que también la Astronomía es una de estas ciencias
matemáticas, habrá también un Cielo además del cielo sensible, y un Sol y una
Luna, y lo mismo en cuanto a los demás cuerpos celestes. Pero
¿cómo
se ha de dar fe a estas cosas? No es razonable, en efecto, que esto sea
inmóvil; pero que sea 20 movible es incluso totalmente imposible. Y lo mismo
hay que decir de aquellas cosas acerca de las cuales trata la óptica, y la
Armonía, que se estudia en las Matemáticas. Es, en efecto, imposible que estas
cosas existan aparte de las sensibles, por las mismas causas. Pues, si hay
cosas sensibles intermedias, y también sensaciones, es evidente que asimismo
habrá animales entre los Animales en sí y los corruptibles.
También
podría uno preguntarse acerca de qué entes es preciso 25 que investiguen estas
ciencias. Pues si la Geometría sólo se diferencia de la Geodesia en que una trata de
las cosas que percibimos por los sentidos, y la otra, de las no sensibles, es
evidente que también habrá, además de la Medicina, y además de cada una de las
otras ciencias, otra ciencia entre la Medicina en sí y la Medicina sensible.
Pero ¿cómo es esto posible? 30 En tal caso, habría también otras cosas sanas
además de las sensibles y de lo Sano en sí. Y, al mismo tiempo, tampoco es
verdad que la Geodesia trate de las magnitudes sensibles y corruptibles; pues
se destruiría al destruirse éstas.
Por
otra parte, tampoco la Astronomía puede tratar de las 35 magnitudes sensibles
ni del Cielo que vemos. Pues ni las líneas (998ª) sensibles son como las
describe el geómetra (ya que ninguna
de
las cosas sensibles es tan recta ni tan redonda; el círculo, en efecto, no toca
a la tangente sólo en un punto, sino como decía Protágoras refutando a los
geómetras), ni los movimientos y revoluciones 5 del Cielo son como los que
calcula la Astronomía, ni los signos tienen la misma naturaleza que los astros.
Pero hay algunos que admiten la existencia de estas cosas llamadas intermedias
entre las Especies y las cosas sensibles, no, ciertamente, fuera de las cosas
sensibles, sino en éstas. Examinar 10 todos los absurdos que esto implica
exigiría mayor espacio, y, además, basta considerar lo siguiente. No es razonable, en efecto, que sea así sólo
en lo que se refiere a estas cosas, sino que, evidentemente, también sería
posible que las Especies estuvieran en las cosas 15 sensibles (pues la misma
razón habría para unas que para otras). Y, además, dos sólidos estarían
necesariamente en el mismo lugar. Y no serían inmóviles, estando en las cosas
sensibles, que se mueven. Y, en suma, ¿qué sentido tendría afirmar que existen,
pero que existen en las cosas sensibles? Se producirían, en efecto, los mismos
absurdos ya mencionados; pues habría otro Cielo además del Cielo, sólo que no
separado de él, sino en el mismo lugar; lo cual es aún más imposible.
Capítulo
3
Así
pues, sobre todo esto, es muy difícil resolver cómo es 20 preciso proceder para
alcanzar la verdad, y, acerca de los principios, si es preciso tomar los
géneros como elementos y principios, o más bien las primeras partes
constitutivas de cada individuo, del mismo modo que los elementos y principios
de la voz parecen ser aquellas primeras partes de las que se 25 componen las
voces, pero no lo común, es decir, la voz; y, de las proposiciones geométricas,
llamamos elementos a aquellas cuyas demostraciones están en las demostraciones
de las otras, de todas o de la mayoría. Asimismo, tanto los que dicen que son
varios los elementos de los cuerpos como los que dicen que es uno, sostienen
que son principios aquellas partes de las que 30 se componen y constan;
Empédocles, por ejemplo, afirma que el Fuego, el Agua y las cosas que están con
éstos son elementos constitutivos de los entes; pero no los menciona como
géneros de los entes. Y además, si se quiere examinar la naturaleza de (998b)
las demás cosas, por ejemplo una cama, se averigua de qué partes consta y cómo
se hallan dispuestas, y entonces se llega a conocer su naturaleza.
Así,
pues, según estos razonamientos, no parecen ser los principios los géneros de
los entes. Pero si llegamos a conocer cada cosa por las definiciones, y los
géneros son principios de las 5 definiciones, también de las cosas definidas
serán necesariamente principios los géneros. Y, si adquirir la ciencia de los
entes es adquirir la de las especies según las cuales se dicen los entes, de
las especies ciertamente son principios los géneros. Y también algunos de los que dicen que son
elementos
de los entes el Uno o el Ente o lo Grande y lo Pequeño, los tratan
indudablemente 10 como géneros. Por otra parte, tampoco es posible hablar de
los principios en ambos sentidos. Pues el enunciado de la substancia es uno; y
la definición por los géneros será diferente de la que se basa en las partes
constitutivas.
Además,
aun siendo los géneros principios en grado sumo, 15 ¿a cuáles habrá que
considerar principios: a los géneros primeros o a los últimos, que se predican
de los individuos? También esto, en efecto, es discutible. Pues, si siempre las
cosas universales son principios en más alto grado, está claro que los géneros
supremos serán los principios; éstos, en efecto, se dicen de todas las cosas.
Así, pues, los principios de los entes serán 20 tantos cuantos sean los géneros
primeros; de suerte que el Ente y el Uno serán principios y substancias, pues
éstos son los que más se dicen de todos los entes. Pero no es posible que sean
un género de los entes ni el Uno ni el Ente; es necesario, en efecto, que
existan las diferencias de cada género, y que cada una sea una, y es imposible
que se prediquen de las diferencias propias ni las especies del género ni el
género sin sus especies, 25 de suerte que, si es género el Uno o el Ente,
ninguna diferencia será ni ente ni uno. Pero, si el Ente y el Uno no son
géneros, tampoco serán principios, si es que los géneros son principios.
Además, también los Entes intermedios tomados juntamente con las diferencias
serán géneros, hasta llegar a los individuos (pero ahora unos parecen serlo y
otros no). Añádase a esto que 30 las
diferencias serán principios en mayor grado que los géneros. Pero, si también éstas son principios, los
principios llegarán a ser, por decirlo así, infinitos, sobre todo si se pone
como principio el primer género. (999ª) Por otra parte, si el Uno tiene mayor carácter
de principio, y si es uno lo indivisible, y si todo lo indivisible lo es o bien
según la cantidad o bien según la especie, y si es anterior lo que es
indivisible según la especie, y si los géneros son divisibles en especies,
también será uno en mayor grado el último 5 predicado. El hombre, en efecto, no
es el género de los distintos hombres. Además, en las cosas en que hay anterior
y posterior, no es posible que lo que está en ellas exista fuera de ellas (por
ejemplo, si la Díada es el primero de los números, no habrá ningún número fuera
de las especies de los números; y, 10 asimismo, tampoco habrá ninguna figura
fuera de las especies de las figuras. Y, si no los hay de estas cosas,
difícilmente habrá géneros de las demás cosas fuera de las especies; pues de
estas cosas sobre todo parece haber géneros). Pero en los individuos no hay ni
lo anterior ni lo posterior. Además, donde hay mejor y peor, siempre lo mejor
es anterior; de suerte que tampoco de estas cosas habrá género. Así, pues,
según esto, más bien parecen ser principios los predicados de los individuos
que los 15 géneros. Pero tampoco es
fácil decir cómo hay que concebir estos principios. Es preciso, en efecto, que
el principio o la causa esté fuera de las cosas de que es principio, y que
pueda estar separado de ellas. Mas ¿por qué se podría suponer que hay algo
semejante fuera de lo
singular,
a no ser porque se predica 20 universalmente y de todos? Pero, si es por esto,
habrá que admitir que lo que es más universal es también más principio; por
consiguiente, serán principios los primeros géneros.
Capítulo
4
Hay una
dificultad próxima a éstas, la más ardua de
todas 25 y la que
más necesario es considerar, acerca de
la cual se impone tratar ahora. Pues, si no hay nada fuera de los singulares, y
si los singulares son infinitos, ¿cómo es posible entonces conseguir ciencia de
su infinidad? Todas las cosas que llegamos a conocer, las conocemos en cuanto
tienen cierta unidad e identidad y cierto carácter universal. – Pero, si esto
es necesario, 30 y si es preciso que haya algo fuera de los singulares, será
necesario que los géneros estén fuera de los singulares, o bien los últimos o
bien los primeros. Pero que esto es imposible, lo acabamos de ver al exponer
las dificultades.
Además,
si principalmente hay algo fuera del todo concreto cuando algo se predica de la
materia,
¿es
preciso que, en tal caso, haya algo fuera de todas las cosas, o que lo haya
fuera de algunas y fuera de otras no, o que no lo haya fuera de ninguna? Si, en
efecto, no hay nada fuera de los singulares, nada (999b) habrá inteligible,
sino que todas las cosas serán sensibles y no habrá ciencia de nada, a no ser
que alguien diga que la sensación es ciencia. Y además, tampoco habrá nada
eterno ni inmóvil (pues todas las cosas sensibles se corrompen y están 5 en
movimiento). Pero, si nada hay eterno, tampoco es posible que haya generación.
Es necesario, en efecto, que haya algo que es generado y algo de lo que se
genera, y que la última de estas cosas sea ingénita, si es que la serie se
detiene y es imposible que algo se genere del No-ente. Y, todavía, si hay
generación y movimiento, es necesario que haya también un término (pues no hay
ningún movimiento infinito, sino que de todo movimiento 10 hay un término, y no
puede generarse lo que es imposible que llegue a estar generado; y lo que ha
sido generado es necesario que exista desde él momento en que fue generado).
Además, si la materia existe por ser ingénita, mucho más razonable aún es que
exista la substancia, que es lo que aquélla llega a ser al 15 fin. Pues, si no
existe ni esto ni aquélla, nada existirá en absoluto, y, si esto es imposible,
necesariamente habrá algo fuera del todo concreto, y este algo será la forma y
la especie. Mas, por otra parte, si alguien admite esto, surge la duda de en
qué cosas admitirá esto y en qué cosas no. Pues es claro que en todas no es
posible admitirlo; no afirmaremos, en efecto, 20 que hay alguna casa fuera de
las casas concretas. Y, además, ¿será una la substancia de todas las cosas, por
ejemplo la de los hombres? Pero esto es absurdo. Pues son una todas las cosas
cuya substancia es una. ¿Serán, entonces, muchas y diferentes? Pero también esto es irrazonable. Y, al mismo
tiempo, ¿cómo
llega
la materia a ser cada una de estas cosas, y cómo es el todo concreto estas dos
cosas? Y, acerca de los principios,
puede plantearse todavía esta 25 dificultad: si son uno específicamente, nada
será uno numéricamente, ni el Uno en sí ni el Ente en sí. Y ¿cómo será posible
el saber, si no hay alguna unidad común a una totalidad? Por otra parte, si
cada uno de los principios es numéricamente uno, y único, y no son, como en las
cosas sensibles, distintos para cada una (por ejemplo, de esta sílaba, que es
específicamente la misma, también los principios son específicamente los 30
mismos; pero son diferentes en número); si, efectivamente, no es así, sino que
los principios de los entes son numéricamente uno, no habrá ninguna otra cosa
fuera de los elementos. Pues en nada se diferencia el decir «numéricamente uno»
o «singular». Llamamos, en efecto, «singular» a lo que es numéricamente (l000a)
uno, y «universal» a lo que se afirma de éstos. Del mismo modo que, si los
elementos de la voz fueran numéricamente determinados, sería necesario que la
totalidad de las letras fuera igual al número de los elementos, puesto que
éstos no podrían repetirse ni una ni varias veces.
5
Pero una dificultad no menor que ninguna ha sido dejada a un lado por los
filósofos contemporáneos y por los anteriores: si los principios de las cosas
corruptibles y los de las incorruptibles son los mismos o diferentes. Pues, si
son los mismos, ¿cómo unas son corruptibles y otras incorruptibles, y por qué
causa? En efecto, los contemporáneos de Hesíodo y todos los teólogos sólo se
preocuparon de lo que podía convencerles a 10 ellos, y no se cuidaron de
nosotros (pues, haciendo dioses a los principios y atribuyéndoles origen
divino, dicen que los que no han gustado el néctar ni la ambrosía son mortales,
empleando evidentemente nombres que para ellos eran familiares; pero, en cuanto
a la aplicación misma de estas causas, hablaron de manera incomprensible para
nosotros. Si, en efecto, los 15 inmortales los toman por placer, el néctar y la
ambrosía no son en absoluto causas del ser, y si los toman en vista del ser,
¿cómo han de ser eternos, si necesitan alimento?). Pero acerca de las
invenciones míticas no vale la pena reflexionar
con diligencia. En
cambio, debemos aprender
de los que
razonan por 20 demostración, preguntándoles por qué, si
proceden de los mismos principios, unos entes son eternos por naturaleza y
otros se corrompen. Y, puesto que estos filósofos ni dicen la causa ni es
razonable que sea así, es evidente que ni los principios ni las causas de unos
y otros entes pueden ser los mismos. Y aquel que uno 25 creería que habla más
de acuerdo consigo mismo, Empédocles, incurre en el mismo error. Pone, en
efecto, un principio, el Odio, como causa de la corrupción, y, sin embargo,
también éste parece generar todas las cosas excepto el Uno; pues todas las
demás proceden del Odio, excepto el Dios. Dice, en efecto: «de los cuales
[proceden] todas las cosas que eran y cuantas son y cuantas serán después, / y
germinan árboles y hombres y
30
mujeres / y fieras y aves, y peces que se nutren de agua / e incluso dioses de
larga vida». Y,
aun
sin esto, es evidente. Pues, si el Odio no estuviera en las cosas, todas serían
una, según dice (1000b) Empédocles. En efecto, cuando se congregaron, entonces
«surgió el Odio en último lugar». Por eso también ocurre que, según él, Dios,
que es el más feliz, es menos sabio que los demás seres, pues no conoce todas
las cosas, ya que no tiene en sí el Odio, 5 y el conocimiento es de lo
semejante por lo semejante. «Por la Tierra, en efecto -dice [Empédocles]-,
conocemos la Tierra, y por el Agua el Agua, / y por el Éter el divino Éter, y
por el Fuego el Fuego destructor, / y el Amor por el Amor, y el Odio por el
Odio luctuoso».
Pero,
volviendo a nuestro punto de partida, esto al menos es 10 claro, que, para él,
el Odio no es en mayor grado causa de la corrupción que del ser. Y, de modo
semejante, tampoco el Amor es causa del ser, pues al congregar hacia lo Uno,
corrompe las demás cosas. Y, al mismo tiempo, no aduce ninguna causa del cambio
mismo, sino que dice que es así por naturaleza: «Pero, cuando el Odio creció en
los miembros, se alzó a los honores, 15 cumplido el tiempo / que les ha sido
fijado alternativamente desde un ancho juramento». Dando a entender que es
necesario cambiar; pero no indica ninguna causa de la necesidad. Sin embargo,
es el único que dice todo esto sin contradicción; pues no hace a unos entes
corruptibles y a otros incorruptibles, sino a todos corruptibles, excepto a los
elementos. Pero la dificultad 20 a que ahora nos referimos es por qué unos sí y
otros no, si proceden de los mismos principios.
Así,
pues, para demostrar que no pueden ser los mismos principios, baste con lo
dicho. Pero, si son principios diferentes,
surge una dificultad:
¿serán incorruptibles también
éstos, o corruptibles? Pues, si
son corruptibles, es evidente que también éstos procederán necesariamente de
otros (pues todas las cosas 25 se corrompen disolviéndose en aquellas de las
que proceden), de donde resulta que hay otros principios anteriores a los
principios, lo cual es imposible, tanto si se llega a un término como si se
procede al infinito. Además, ¿cómo podrán existir las cosas corruptibles, si
los principios se destruyen? Y si son 30 incorruptibles, ¿por qué, saliendo de
éstos, que son incorruptibles, han de ser corruptibles, mientras que, saliendo
de los otros, serían incorruptibles? Esto, en efecto, no es razonable, sino que
o es imposible o muy oscuro. Y, además, nadie ha intentado (1001ª) probar la
existencia de principios diferentes, sino que dicen que los principios de todas
las cosas son los mismos. Se limitan a mordisquear nuestro primer problema,
como si lo tomasen por una fruslería.
Pero
la cuestión más difícil de comprender y la más 5 necesaria para conocer la
verdad consiste en saber si el Ente y el Uno son substancias de los entes, y si
el uno es Uno y el otro es Ente sin que cada uno de ellos sea otra cosa, o si
debemos indagar qué es en definitiva el Ente y el Uno, convencidos de que
subyace en ambos otra naturaleza. Pues unos creen que tienen la naturaleza
del
primer modo, y otros, del segundo. Platón, en efecto, y los pitagóricos piensan
que ni el Ente ni 10 el Uno son otra cosa, sino que la naturaleza de ambos es
ésta, puesto que su substancia es precisamente la substancia del Uno y la del
Ente. Pero los que trataron acerca de la Naturaleza, por ejemplo Empédocles,
dice qué es el Uno, como reduciéndolo a algo más conocido; parece decir, en
efecto, que éste 15 es la Amistad (pues ésta es, al menos, la causa de la
unidad para todas las cosas). Otros, en
cambio, dicen que es el Fuego, y otros afirman que es Aire este Uno y el Ente,
del cual constan y han sido engendrados los entes. Lo mismo enseñan los que
admiten la pluralidad de elementos; pues necesariamente tienen que contar
también ellos el Uno y el Ente tantas veces cuantos dicen que son los
principios. Pero, si alguien no admite que el 20 Uno y el Ente sean cierta
substancia, resulta que tampoco lo será ninguno de los otros universales (pues
éstos son los más universales de todos, y, si no hay un Uno en sí ni un Ente en
sí, difícilmente podrá existir alguna de las otras cosas fuera de los llamados
singulares). Además, si el Uno no es una 25 substancia, tampoco, evidentemente,
existirá un número como una naturaleza de los entes separada (pues el número consta
de unida des, y la unidad es precisamente una clase de Uno). Pero si hay un Uno
en sí y un Ente en sí, su substancia será necesariamente el Uno y el Ente; pues
ninguna otra cosa se predica universalmente, sino éstas mismas.
Por
otra parte, si hay un Ente en sí y un Uno en sí, será 30 muy difícil comprender
cómo podrá existir fuera de estas cosas algo distinto de ellas, es decir, cómo
serán más de uno los entes. Pues lo distinto del Ente no es; de suerte que,
según el dicho de Parménides, sucederá necesariamente que todos los entes serán
Uno y que éste será el Ente. Pero de ambos modos (1001b) es difícil. Pues tanto
si el Uno no es substancia como si existe el Uno en sí, es imposible que el
Número sea una substancia. Si, en efecto, no lo es, ya hemos dicho antes por
qué; y si lo es, hay la misma dificultad que acerca del Ente. Pues ¿de 5 dónde
procederá otro Uno, fuera del Uno en sí? Sería necesario, en efecto, que no
fuese Uno. Pero todos los entes son o uno o varios, cada uno de los cuales es
uno. Además, si el Uno en sí es indivisible, a juicio de Zenón no será nada
(pues lo que ni sumado ni restado hace que una cosa sea mayor ni menor, Zenón
niega que sea un ente, dando por supuesto, claro está, 10 que el ente es una
magnitud, y, si es una magnitud, es corpórea; pues ésta es ente por completo.
En cambio, las demás magnitudes, añadidas de cierto modo, harán mayor aquello a
lo que se añaden, pero, añadidas de otro modo, no, por ejemplo la superficie y
la línea, mientras que el punto y la unidad, de ningún modo.) Pero éste
discurre sin duda groseramente, y cabe que haya algo indivisible, de suerte
que, incluso así, también 15 se puede replicar a Zenón (pues si se añade lo
indivisible, no hará mayor, pero sí más numeroso, aquello a lo que se añade).
Pero ¿cómo de tal Uno, o de varios tales, resultará una magnitud? Sería, en
efecto, como decir que también la línea se compone de puntos. Pero, incluso si
se supone que el
Número,
según dicen algunos, se genera del Uno en sí y de algún otro elemento 20 no
uno, habrá que investigar, sin embargo, por qué y cómo lo
generado será unas veces número y
otras magnitud, siendo así que el No-uno era la Desigualdad y su misma
naturaleza. No está claro, en efecto, cómo del Uno y de ésta, o cómo de algún
25 número y de ésta, pueden formarse las magnitudes.
Capítulo
5
Es
afín a éstas la dificultad de si los números, los cuerpos, las superficies y
los puntos son o no substancias. Pues, si no lo son, no se alcanza a ver qué es
el Ente y cuáles son las substancias de los
entes. Pues las
afecciones, los movimientos,
las relaciones, las
disposiciones y las proporciones no parecen significar la
substancia de nada (pues siempre se dicen de algún sujeto, y nunca son algo
determinado). Y, en cuanto a las cosas que principalmente parecerían significar
una substancia –el Agua, la Tierra, el Fuego y el Aire, de los cuales constan
los cuerpos compuestos-, sus calores y frialdades y demás (1002ª) propiedades
semejantes son afecciones, no substancias, y sólo el cuerpo que ha sufrido
estas cosas subsiste como un ente real y una substancia. Pero el cuerpo es sin
duda menos substancia que la superficie, y ésta, menos que la línea, y ésta,
menos que la 5 unidad y el punto; pues por estas cosas se define el cuerpo, y
éstas parece que pueden existir sin el cuerpo, pero es imposible que el cuerpo
exista sin éstas. Por eso la mayoría de los filósofos, y entre ellos los más
antiguos, creían que la substancia y el Ente era el cuerpo, y que las demás
cosas eran afecciones de éste, de suerte que los principios de los cuerpos eran
10 también principios de los entes; pero los posteriores y considera dos como
más sabios que aquéllos, creyeron que eran números. Así, pues, según dijimos,
si no son substancia estas cosas, nada en absoluto es substancia, ni nada es
ente. Pues ciertamente no se debe llamar entes a los accidentes de estas cosas.
15
Mas, si se concede que son más substancia las longitudes y los puntos que los
cuerpos, pero no vemos a qué cuerpos pertenecerían estas cosas (pues en los
sensibles es imposible que existan), no habrá ninguna substancia. Además, todas
estas cosas son indudablemente divisiones del cuerpo; una, según 20 la latitud;
otra, según la profundidad, y otra, según la longitud. Además, en el sólido
está igualmente presente cualquier figura; de suerte que, si no hay en la
piedra un Hermes, tampoco habrá en el cubo la mitad del cubo, como algo
determinado; por consiguiente, tampoco habrá superficie (pues si hubiera una
cualquiera, habría también la que delimita la mitad del cubo; y lo mismo puede
decirse también de la línea, del punto y de 25 la unidad, de suerte que, si el
cuerpo es substancia en el más alto grado, y esas cosas lo son más que él, pero
no
existen
esas cosas ni son algunas substancias, no alcanzamos a ver qué es el Ente y
cuál es la substancia de los entes. Pues, además de las cosas dichas, también
lo relativo a la generación y a la corrupción resulta irracional. Se admite
generalmente, en efecto, 30 que, si la substancia que antes no existía existe
ahora, y la que existía antes deja de existir después, estos cambios los sufre
con la generación y la corrupción. Pero los puntos, las líneas y las
superficies, que unas veces son y otras no son, no pueden ni generarse ni
corromperse. Cuando, en efecto, se unen o se (1002b) dividen los cuerpos,
simultáneamente se produce unas veces, al unirse los cuerpos, una sola
superficie, y otras veces dos, al dividirse. De suerte que, después que se han
unido, ya no existe, sino que se ha corrompido, y, después de divididos,
existen las que no existían antes (pues, ciertamente, el punto, que es
indivisible, no se dividió en dos). Y, si se generan y se corrompen, 5
¿de
qué se generan? Pero sucede casi lo mismo que con el instante presente en el
tiempo. Pues tampoco éste puede generarse ni corromperse, y, sin embargo,
siempre parece ser otro, no siendo ninguna substancia. Y es claro que sucede lo
mismo con los puntos, las líneas y las superficies; pues hay la misma razón.
Todos, en efecto, son igualmente o términos o divisiones. 10
Capítulo
6
Y,
en general, puede plantearse la cuestión de por qué hay que buscar también
otras cosas fuera de las sensibles y las intermedias, por ejemplo las Especies
que afirmamos. Pues si es porque las Cosas matemáticas difieren de las de aquí
abajo 15 por alguna otra razón, mas por ser muchas de igual especie en nada
difieren, de suerte que sus principios no serán determinados en número (como
tampoco de todas las letras actuales son numéricamente determinados los
principios, pero sí específicamente, a no ser que alguien considere las de esta
sílaba particular o esta voz determinada, cuyos prin cipios serán determinados
20 también numéricamente -y lo mismo sucederá también en los seres intermedios,
pues también aquí son infinitas las cosas de la misma especie), de suerte que,
si no hay, además de los entes sensibles y de los matemáticos, otros, cuales
dicen algunos que son las Especies, no habrá substancia una en número, sino en
25 especie, ni los principios de los entes serán determinados en número, sino
en especie. Si esto se sigue
necesariamente, también será necesario, a causa de esto, admitir que hay
Especies. En efecto, aunque no lo articulan bien sus partidarios, es esto, sin
embargo, lo que quieren decir, y necesariamente han de decir esto: que cada una
de las Especies es una substancia, y ninguna es 30 accidentalmente. Pero, si
afirmamos que hay Especies y que los principios son uno en número y no en
especie, ya hemos dicho los absurdos que resultan necesariamente. – En estrecha
relación con lo anterior está la cuestión de si los elementos existen en
potencia o de alguna otra manera. Pues, si existen de algún otro modo, habrá
(1003ª) alguna otra cosa anterior a los principios (pues
la
potencia es anterior a aquella causa, y, lo que está en potencia, no todo llega
a existir necesariamente de aquel modo). Pero, si los elementos están en
potencia, cabe que ninguno de los entes exista; en efecto, está en potencia
para existir incluso lo que aún no existe; pues se genera lo que no es, pero no
se genera ninguna de las cosas que no están en potencia para ser. - Así, pues,
estas 5 dificultades se plantean necesariamente acerca de los principios, y,
además, si son universales, o como los que llamamos singulares. Pues, si son
universales, no serán substancias (ya que ninguna de las cosas comunes
significa algo determinado, sino de tal cualidad, y la substancia es algo
determinado. Pero; si se puede 10 afirmar que es algo determinado y uno lo que
se predica en común, Sócrates será varios animales: él mismo, el hombre y el
animal, si es que cada uno significa algo determinado y uno. – Así, pues, si
los principios son universales, resultan estas consecuencias; y, si no son
universales, sino como los singulares, no serán escibles (pues la ciencia es
siempre universal); de suerte 15 que serán otros principios anteriores a los
principios
los que se prediquen universalmente, si es que ha de haber ciencia de ellos.
G
LIBRO
IV
Capítulo
1
Hay
una ciencia que contempla el Ente en cuanto ente y lo que le corresponde de
suyo. Y esta ciencia no se identifica con ninguna de las que llamamos
particulares, pues ninguna de las otras especula en general acerca del Ente en
cuanto ente, 25 sino que, habiendo separado alguna parte de él, consideran los
accidentes de ésta; por ejemplo, las ciencias matemáticas. Y, puesto que
buscamos los principios y las causas más altas, es evidente que serán
necesariamente principios y causas de cierta naturaleza en cuanto tal. Por consiguiente, si también los que
buscaban los elementos de los entes buscaban estos principios, también los
elementos tenían que ser del Ente no
accidental, 30 sino en
cuanto ente. Por
eso también nosotros
debemos comprender las primeras
causas del Ente en cuanto ente.
Capítulo
2
Pero
el Ente se dice en varios sentidos, aunque en orden a una sola cosa y a cierta
naturaleza única, y no equívocamente, sino como se dice también todo lo sano en
orden a la sanidad: esto,
porque
la conserva; aquello, porque la produce; lo otro, porque es signo de sanidad, y
lo de más allá, porque es capaz de recibirla; y lo medicinal se dice en orden a
la medicina (1003b) (pues esto se dice medicinal porque tiene el arte de la
medicina; lo otro, por estar bien dispuesto por naturaleza para ella, y lo de
más allá, por ser obra de la medicina); y de manera semejante a éstas
hallaremos que se dicen también otras cosas. 5 Así también el Ente se dice de
varios modos; pero todo ente se dice en orden a un solo principio. Unos, en
efecto, se dicen entes porque son substancias; otros, porque son afecciones de
la substancia; otros, porque son camino hacia la substancia, o corrupciones o
privaciones o cualidades de la substancia, o porque producen o generan la
substancia o las cosas dichas en orden a la 10 substancia, o porque son
negaciones de alguna de estas cosas o de la substancia. Por eso también decimos
que el No-ente es No-ente. Pues bien, así como de todo lo sano hay una sola
ciencia, igualmente sucede esto también en las demás cosas. Pertenece, en
efecto, a una sola ciencia considerar no sólo lo que se dice según una sola
cosa, sino también lo que se dice en orden a una sola naturaleza; pues también
esto, en cierto modo, se dice según una sola cosa. Es, pues, evidente que
también 15 pertenece a una sola ciencia contemplar los entes en cuanto entes.
Pero siempre la ciencia trata propiamente de lo primero, y de aquello de lo que
dependen las demás cosas y por lo cual se dicen. Por consiguiente, si esto es
la substancia, de las substancias tendrá que conocer los principios y las
causas el filósofo. Y, de cualquier género, tanto la sensación como la ciencia
es una sola de uno solo; por ejemplo, la Gramática, que es una sola, 20
considera todas las voces. Por eso también contemplar todas las especies del
Ente en cuanto ente, y las especies de las especies, es propio de una ciencia
genéricamente una. Ahora bien, si el Ente y el Uno son lo mismo y una sola
naturaleza porque se corresponden como el principio y la causa, no lo son en
cambio 25 como expresados por un solo enunciado (pero nada importa que los
consideremos iguales, sino que incluso nos facilitará el trabajo); pues lo
mismo es «un hombre» que «hombre», y «hombre que es» que «hombre», y no significa
cosa distinta «un hombre» que «un hombre que es», con la dicción reforzada (y
es evidente 30 que no se separan ni en la generación ni en la corrupción), y lo
mismo sucede también en el Unos, de suerte que es claro que la adición, en
estos casos, expresa lo mismo, y que el Uno no es otra cosa al margen del Ente,
y, además, la substancia de cada cosa es una sola no accidentalmente, y de
igual modo es también algo que es. – Por consiguiente, cuantas sean las
especies del Uno, tantas serán las del Ente, acerca de las cuales corresponde a
una ciencia genéricamente una contemplar la quididad; por 35 ejemplo,
corresponde a una ciencia genéricamente una contemplar lo Idéntico y lo
Semejante y las demás cosas tales. Y casi todos los contrarios se reducen a este
principio. Pero limitémonos, (1004ª) en cuanto a éstos, al estudio que hicimos
en la Selección de los Contrarios. Y
tantas son las partes de la Filosofía cuantas son
las
substancias. Por tanto, una de ellas será necesariamente Filosofía primera, y
otra, Filosofía segunda. El ente, en efecto, (y el Uno) 5 tienen directamente
géneros. Por eso también las ciencias les acompañarán. Pues el filósofo es como
el llamado matemático. Porque también ésta tiene partes, y hay en las
matemáticas una ciencia primera, y otra segunda, y otras a continuación. Y,
puesto que es propio de una sola ciencia contemplar los 10 opuestos, y al Uno
se opone la Pluralidad –y es propio de una sola ciencia contemplar la negación
y la privación, porque en ambos casos se contempla una sola cosa, a la cual se
refiere la negación o la privación (pues o bien decimos simplemente que no
existe aquella cosa, o bien que no existe en cierto género. Aquí, en efecto, se
añade al Uno una diferencia, además de 15 lo implicado en la negación, pues la
negación de aquello es ausencia, pero en la privación se da también cierta
naturaleza subyacente, de la cual se dice la privación). [Al Uno se opone,
pues, la Pluralidad]. - De suerte que también es propio de la ciencia
mencionada conocer los opuestos de las cosas dichas: lo Otro, lo Desemejante,
lo Desigual y todos los demás opuestos que se dicen o bien según éstos o bien
según la
Pluralidad y el
Uno; entre los
cuales está también
la Contrariedad; pues
la 20
Contrariedad
es cierta diferencia, y la diferencia es alteridad. De suerte que, pues el Uno
se dice en varios sentidos, también estos términos se dirán en varios sentidos;
a pesar de lo cual, es propio de una sola ciencia conocerlos todos; pues no
será propio de otra porque se digan en varios sentidos, sino que lo será si los
enunciados no se dicen según una sola cosa ni en orden 25 a una sola cosa. Mas, puesto que todas las cosas se refieren a
lo primero, por ejemplo todo lo que se dice uno se refiere al Uno primero, del
mismo modo hay que afirmar que sucede también con lo Mismo, lo Otro y los
Contrarios. De suerte que, habiendo distinguido en cuántos sentidos se dice
cada cosa, igualmente habrá que explicar, en orden a lo primero en cada
predicado, 30 en qué sentido se dice en orden a ello; pues ésta se dirá por
tenerlo; aquélla, por hacerlo, y la de más allá, por otras razones semejantes.
Así,
pues, está claro (como hemos dicho en las Aporías) que corresponde a una sola
ciencia razonar acerca de estas nociones y de la substancia (y éste era uno de
los problemas planteados) (1004b), y es propio del filósofo poder especular
acerca de todas las cosas. En efecto, si no es propio del filósofo, ¿quién será
el que investigue si es lo mismo «Sócrates» que «Sócrates sentado», o si para
cada contrario hay sólo otro, o qué es lo contrario, o en cuántos sentidos se
dice? Y lo mismo acerca de las demás cosas semejantes. Pues bien, puesto que
éstas son de suyo afecciones 5 del Uno en cuanto uno y del Ente en cuanto ente,
pero no en cuanto números, líneas o fuego, es evidente que es propio de aquella
ciencia conocer qué son, y conocer también sus accidentes. Y los que las
estudian de manera ajena a la Filosofía no yerran por esto, sino porque es
antes la substancia, acerca de la cual nada comprenden, puesto que, así como
hay también
afecciones
10 propias del Número en cuanto número, por ejemplo la imparidad y la paridad,
la conmensurabilidad y la igualdad, el exceso y el defecto, y éstas se dan en
los números en sí y en sus relaciones mutuas (e igualmente lo sólido, lo
inmóvil y lo movido, 15 lo ingrávido y lo pesante tienen
otras afecciones propias),
así también el
Ente en cuanto
ente tiene ciertas afecciones propias, y éstas son
aquellas acerca de las cuales es propio del filósofo investigar la verdad. He
aquí una prueba: los dialécticos y los sofistas revisten la misma figura que el
filósofo; pues la Sofística es sabiduría sólo aparente, y los dialécticos
disputan 20 acerca de todas las cosas, y a todos es común el Ente; pero,
evidentemente, disputan acerca de estas cosas porque son propias de la
Filosofía; la Sofística y la Dialéctica, en efecto, giran en torno al mismo
género que la Filosofía; pero ésta difiere de una por el modo de la fuerza, y
de la otra, por la previa elección de la vida; y la Dialéctica es tentativa de
aquellas cosas de las que la Filosofía es cognoscitiva, y la Sofística es
aparente, pero no real. Además, una de
las dos series de los contrarios es privación, y todos los contrarios se
reducen al Ente y al No-ente, al Uno y a la Pluralidad; por ejemplo, la quietud
nace del Uno, y el movimiento, de la Pluralidad.
Y
casi todos convienen en que los entes y la substancia se 30 componen de
contrarios; al menos todos dicen que los principios son contrarios; pues unos
ponen como principios lo Impar y lo Par, otros lo Caliente y lo Frío, otros lo
Finito y lo Infinito, otros la Amistad y el Odio. Y también todos los demás
contrarios se reducen indudablemente al Uno y a la Pluralidad (hemos
fundamentado esta reducción suficientemente), y los principios, (1005ª) incluso
sin excepción los establecidos por los demás filósofos, caen, por decirlo así,
dentro de estos géneros. Es, pues, manifiesto también por estas consideraciones
que es propio de una sola ciencia contemplar el Ente en cuanto ente. Todos los
entes, en efecto, o son contrarios o compuestos de contrarios; y son 5 principios
de los contrarios el Uno y la Pluralidad. Y éstos son objeto de una sola
ciencia, ya se digan según una sola cosa, ya no, como probablemente es la
verdad. Sin embargo, aunque el Uno se diga en varios sentidos, las demás cosas
se dirán en orden a lo ‘primero, e igualmente los contrarios. [Y por esto]
incluso si el Ente o el Uno no es universal e idéntico en todas las cosas,
10 o
no es separable, como probablemente no lo es, sino que unas cosas tienen unidad
en orden a uno y otras porque son consecutivamente. Y por eso no es propio del
geómetra considerar qué es lo Contrario, o lo Perfecto, o el Uno, o el Ente o
lo Mismo o lo Otro, a no ser como base para su razonamiento.
Así,
pues, que es propio de una sola ciencia contemplar el Ente en cuanto ente, y
los atributos que le corresponden en cuanto ente, es manifiesto, y también es
manifiesto que es la misma la ciencia que contempla no sólo las substancias,
sino 15 también sus atributos, tanto los mencionados,
como
también acerca de lo anterior y lo posterior, del género y de la especie, del
todo y de la parte, y de los demás semejantes a éstos.
Capítulo
3
Pero
hay que decir si es propio de una sola o de diversas ciencias especular acerca
de los llamados axiomas en las Matemáticas 20 y acerca de la substancia. Pues
bien, es claro que también la especulación acerca de estas cosas es propia de
una sola ciencia, y, por cierto, de la del filósofo; los axiomas, en efecto, se
aplican a todos los entes, pero no a algún género en particular, separadamente
de los demás. Y todos se sirven de los axiomas, porque son propios del Ente en
cuanto ente, y cada género es 25 ente; pero se sirven de ellos en cuanto les es
suficiente, es decir, en la medida en que se extiende el género acerca del cual
hacen sus demostraciones. De suerte que, puesto que es evidente que los axiomas
se aplican a todas las cosas en cuanto entes (pues esto es lo que tienen todas
en común), al que conoce el Ente en cuanto ente corresponde también la
contemplación de éstos. Precisamente por
esto, ninguno de los que especulan parcialmente 30 intenta decir algo acerca de
la verdad o falsedad de tales axiomas, ni el geómetra ni el aritmético, sino
algunos de los físicos, que era natural que lo hicieran, pues creían ser los
únicos que especulaban acerca de toda la Naturaleza y acerca del Ente. Mas,
puesto que hay todavía alguien por encima del físico (pues la Naturaleza es
sólo un género determinado del Ente), al que considera lo universal y la
substancia primera corresponderá 35 también la especulación de éstos. Sin
embargo, (1005b) también la Física es una Sabiduría; pero no primera.
Y,
en cuanto a los intentos de algunos que dicen acerca de la verdad de qué manera
es preciso recibirla, se deben
a su ignorancia
de los Analíticos.
Es preciso, en
efecto, llegar a la
investigación sabiendo previamente acerca de éstos, y no aprenderlos 5 mientras
se investiga.
Así,
pues, que es propio del filósofo, es decir, del que contempla la naturaleza de
toda substancia, especular también acerca de los principios silogísticos, es
evidente. Y es natural que quien más sabe acerca de cada género pueda enunciar
los más firmes 10 principios de la cosa de que se trate. Por consiguiente,
también es natural que el que más sabe acerca de los entes en cuanto entes
pueda enunciar los más firmes principios de todas las cosas. Y éste es el
filósofo. Y el principio más firme de todos es aquel acerca del cual es
imposible engañarse; es necesario, en efecto, que tal principio sea el mejor
conocido (pues el error se produce siempre en las cosas que no se conocen) y no
hipotético. 15 Pues aquel principio que necesariamente ha de poseer el que
quiera entender cualquiera de los entes no es una hipótesis, sino algo que
necesariamente ha de conocer el que quiera conocer cualquier cosa, y cuya
posesión es previa a todo conocimiento. Así, pues,
tal
principio es evidentemente el más firme de todos. Cuál sea éste, vamos a
decirlo ahora. Es imposible, en efecto, que un mismo atributo se dé y no se dé
simultáneamente 20 en el mismo sujeto y en un mismo sentido (con todas las
demás puntualizaciones que pudiéramos hacer con miras a las dificultades
lógicas). Éste es, pues, el más firme de todos los principios, pues se atiene a
la definición enunciada. Es imposible, en efecto, que nadie crea que una misma
cosa es y no es, según, en opinión de algunos, dice Heráclito. Pues uno no cree
necesariamente 25 todas las cosas que dice. Y si no es posible que los
contrarios se den simultáneamente en el mismo sujeto (y añadamos también a esta
premisa las puntualizaciones de costumbre), y si es contraria a una opinión la
opinión de la contradicción, está claro que es imposible que uno mismo admita
simultáneamente 30 que una misma cosa es y no es. Pues simultáneamente tendría
las opiniones contrarias el que se engañase acerca de esto. Por eso todas las
demostraciones se remontan a esta última creencia; pues éste es, por
naturaleza, principio también de todos los demás axiomas.
Capítulo
4
35
Pero hay algunos que, según dijimos, pretenden, por una (1006ª) parte, que una
misma cosa es y no es, y que, por otra parte, lo conciben así. Y usan este
lenguaje muchos incluso de los que tratan acerca de la Naturaleza. Pero
nosotros acabamos de ver que es imposible ser y no ser simultáneamente, y de
este modo hemos
mostrado que éste es
el más firme
de todos los principios. 5 Exigen, ciertamente,
algunos, por ignorancia, que también esto se demuestre; es ignorancia, en
efecto, no conocer de qué cosas se debe buscar demostración y de qué cosas no.
Pues es imposible que haya demostración absolutamente de todas las cosas (ya
que se procedería al infinito, de manera que tampoco así habría demostración);
y, si de algunas cosas no se debe 10 buscar demostración, ¿acaso pueden
decirnos qué principio la necesita menos que éste?
Pero
se puede demostrar por refutación también la imposibilidad de esto, con sólo
que diga algo el adversario; y, si no dice nada, es ridículo tratar de discutir
con quien no puede decir nada, en cuanto que no puede decirlo; pues ese tal, en
15 cuanto tal, es por ello mismo semejante a una planta. Pero demostrar
refutativamente, digo que no es lo mismo que demostrar, porque, al demostrar,
parecería pedirse lo que está en el principio; pero, siendo otro el causante de
tal cosa, habría refutación y no demostración.
Y el punto de partida para todos los argumentos de esta clase no es
exigir que el adversario reconozca que algo es o que no 20 es (pues esto sin
duda podría ser considerado como una petición de principio), sino que significa
algo para él mismo y para otro, esto, en efecto, necesariamente ha de
reconocerlo si realmente quiere decir algo; pues, si no, este tal no podría
razonar ni consigo mismo ni con otro. Pero, si concede esto, será posible una
demostración, pues ya habrá algo definido. Pero el culpable 25 no será el que
demuestra, sino
el
que se somete a la demostración; pues, al destruir el razonamiento, se somete
al razonamiento. Además, el que concede esto ya ha concedido que hay algo
verdadero sin demostración [por consiguiente no se puede afirmar que todo sea
así y no así].
Primeramente,
pues, es evidente que esto al menos es verdadero en sí: que la expresión «ser»
o
«no
ser» significa algo determinado; 30 por consiguiente, no se puede afirmar que
todo sea así y no así. Además, si «hombre» significa una sola cosa, supongamos
que ésta es «animal bípedo». Y por «significar una sola cosa» entiendo lo
siguiente: si «hombre» es «tal cosa», y si algo es un hombre, «tal cosa» será
la esencia del hombre. (Y nada importa tampoco que alguien diga que significa
varias cosas, (1006b) con tal de que sean limitadas, pues a cada concepto se le
podría imponer un nombre diferente; por ejemplo, si dijera que «hombre» no
significa una sola cosa, sino varias, de una de las cuales sería un enunciado
«animal bípedo», pero habría también otros varios enunciados, aunque limitados
en cuanto al número; pues 5 se impondría un nombre particular a cada concepto;
y si no [se impusiera], sino que dijera que significaba infinitas cosas, es
claro que no podría haber razonamiento; pues el no significar una cosa es no
significar ninguna, y, si los nombres no significan nada, es imposible dialogar
unos con otros, y, en verdad, también consigo mismo; no es posible, en efecto,
que piense 10 nada el que no piensa una cosa, y, si es posible, se impondrá un
nombre a esta cosa). Quedamos, pues, en que el nombre, como se dijo al
principio, tiene un significado y un significado único. Así, pues, no es posible que la esencia de
hombre signifique lo mismo que la esencia de no-hombre, si «hombre» no sólo
significa de una cosa, sino también una cosa (pues estimamos que 15 significar
una cosa no es lo mismo que significar de una cosa, puesto que, en tal caso,
«músico», «blanco» y «hombre» significarían lo mismo, de suerte que todas las
cosas serían una, pues serían unívocas). Y no será posible que una misma cosa
sea y no sea, sino por homonimia, como si al que nosotros llamamos
«hombre»
otros [lo] llamaran «no-hombre». Pero la dificultad 20 no está en saber si es
posible que una misma cosa sea y no sea simultáneamente hombre en cuanto al
nombre, sino en realidad. Y, si no significan cosa distinta «hombre» y
«no-hombre», es evidente que tampoco significarán cosa distinta la esencia de
no-hombre y la esencia de hombre, de suerte que la esencia de 25 hombre será
esencia de no-hombre, pues serán una sola cosa. Esto es, en efecto, lo que
significa
«ser
una sola cosa», como «vestido» y «traje», si el concepto es uno. Y, si son una sola cosa la esencia de
hombre y la
esencia de no-hombre, significarán una sola
cosa. Pero habíamos mostrado que significan cosas
diferentes. Así, pues, si se puede decir con verdad que algo es un hombre, será
necesariamente un animal bípedo (pues esto era lo 30 que significaba «hombre»).
Y, si esto es necesario, no es posible que esto mismo no sea [entonces] un
animal bípedo (pues lo que significa «ser necesario» es «no poder no ser»
[hombre]). Por consiguiente, no es posible que
sea
simultáneamente verdadero decir que una misma cosa es hombre y no es hombre. Y
la misma razón vale también para el no ser hombre. Pues la (1007ª) esencia de
hombre y la esencia de no- hombre significan cosas distintas, puesto que
también «ser blanco» y «ser hombre» son cosas distintas. Aquello, en efecto,
constituye una oposición mucho mayor; por consiguiente, significa cosas
distintas. Y, si afirma que también
«blanco» significa lo mismo y una sola cosa, 5 nuevamente diremos lo mismo que
antes se dijo: que, en tal caso, todas las cosas serán una sola, y no sólo los
opuestos. Y, si esto no es posible, resulta lo dicho, si es que responde a lo
que se le pregunta. Pero si, al preguntarle sencillamente, responde añadiendo
las negaciones, no responde a lo que se le 10 pregunta. Nada impide, en efecto,
que un mismo sujeto sea hombre y blanco y muchísimas otras cosas; sin embargo,
al preguntar si es o no verdadero decir que esto es un hombre, debe dar una
respuesta que signifique una sola cosa, y no debe añadir que también es blanco
y grande. Es imposible, en efecto, enumerar 15 todos los accidentes, que son
infinitos; por consiguiente, enumérense todos o ninguno. De manera semejante,
pues, aunque el mismo ente sea infinidad de veces hombre y nohombre, al contestar
al que pregunta si es hombre, no se debe añadir que es también simultáneamente
no-hombre, a no ser que se hayan de añadir también todos los demás accidentes,
todo lo que tal 20 ente es o no es. Pero, si hace esto, no razona. Y, en suma,
los que esto dicen destruyen la substancia y la esencia. Pues necesariamente
han de afirmar que todas las cosas son accidentes, y que lo que es precisamente
la esencia de hombre o la esencia de animal no existe. Porque, si hay algo que
es precisamente la esencia de hombre, esto no será la esencia de no-hombre ni
la no-esencia de hombre (aunque éstas sean negaciones de 25 esto); pues era una
sola cosa lo que significaba, y ésta era substancia de algo. Y el significar
substancia equivale a decir que no es ninguna otra cosa su esencia. Pero si es
lo mismo la esencia de hombre que la esencia de no-hombre o que la no-esencia
de hombre, será otra cosa, de suerte que necesariamente han de decir que de
nada habrá tal concepto, sino 30 que todas las cosas serán accidentales. Pues
en esto consiste la distinción entre la substancia y el accidente; lo blanco,
en efecto, es accidental para el hombre, porque éste es blanco pero no es
precisamente lo blanco. Pero si todas las cosas se dicen como accidentes, no
habrá ningún ente primero del cual se digan,
35
si es que «accidente» significa siempre el predicado de algún sujeto. Será,
pues, necesario proceder al infinito. Pero esto es imposible, pues no se unen
entre sí más de dos; el accidente, en efecto, no es accidente de un accidente,
a no ser porque ambos son accidentes de lo mismo; por ejemplo, lo blanco es
músico y esto es blanco porque ambos son accidentes del hombre. Pero Sócrates
no es músico de este modo, es decir, porque ambos 5 sean accidentes de alguna
otra cosa. Por consiguiente, puesto que unas cosas se dicen accidentes en este
sentido y otras en aquél, las que se dicen accidentes en el sentido en que lo
blanco se dice accidente de Sócrates, no es
posible
que sean infinitas hacia arriba, por ejemplo si se atribuyera algún otro
accidente a Sócrates blanco; pues no surge de todos algo uno. Y tampoco lo 10
blanco tendrá como accidente otra cosa, por ejemplo lo músico; pues no es esto
más accidente de aquello que aquello de esto; y, al mismo tiempo, queda
determinado que unos son accidentes en este sentido y otros como lo músico lo
es de Sócrates; y no son accidentes de otro accidente los que lo son de este
último 15 modo, sino los que lo son del otro, de suerte que no todas las cosas
se dirán accidentalmente. Habrá también, por consiguiente, algo que signifique
substancia. Y, si es así, ya hemos mostrado que las contradicciones no pueden
ser predicadas simultáneamente.
Además, si las contradicciones son todas simultáneamente verdaderas
dichas de uno mismo, es evidente que todas las cosas 20 serán una sola. Pues
será lo mismo una trirreme que un muro o un hombre, si de todo se puede afirmar
o negar cualquier cosa, como necesariamente han de admitir los que hacen suyo
el razonamiento de Protágoras. Pues, si
alguien opina que no es trirreme el hombre, es evidente que no es trirreme; por
consiguiente, 25 también es trirreme, si la contradicción es verdadera. Y
resulta entonces lo que dice Anaxágoras, que todas las cosas están juntas; de
suerte que nada existe verdaderamente. Así, pues, estos filósofos parecen
hablar de lo indeterminado, y, creyendo hablar del Ente, hablan del No-ente.
Pues el Ente en potencia y no en entelequia es lo indeterminado.
Pero
tienen al menos que admitir con relación a todo la afirmación o la
negación. Sería absurdo, en efecto, que
en cada 30 cosa pudiera darse su propia negación, pero no pudiera darse la de
otra cosa que no hay en ella; por ejemplo, si es verdadero decir que el hombre
es no-hombre, evidentemente también será verdadero decir que es trirreme o
notrirreme. Así, pues, si se da la
afirmación, necesariamente ha de darse también la negación. Pero, si no se da la afirmación, al menos la
negación se 35 dará más que la de la cosa misma. Por consiguiente, si también
(1008ª) ésta se da, se dará también la de la trirreme; y si se da ésta, también
la afirmación.
Éstas
son, pues, las consecuencias de tal doctrina, y, además, que no es necesario
afirmar o negar. Pues, si es verdad que algo es hombre y no-hombre, es evidente
también que no será ni 5 hombre ni no-hombre; pues a las dos afirmaciones
corresponden dos negaciones, y si aquélla es una sola compuesta de ambas,
también ésta será una sola, opuesta a la primera. –Además, o bien es así acerca
de todas las cosas, y algo es blanco y no blanco, Ente y No-ente, y de modo
semejante en cuanto 10 a las demás afirmaciones y negaciones, o no, sino en
cuanto a unas sí, y en cuanto a otras no. Y si no es así en cuanto a todas,
éstas serán admitidas unánimemente. Pero si es así en cuanto a todas,
nuevamente o bien de aquellas de las que se puede afirmar se puede también negar,
y de aquellas de las que se puede negar se puede también afirmar, o bien de
aquellas de las
que
se puede afirmar se puede también negar, pero no de 15 todas aquellas de las
que se puede negar se puede también afirmar. Y, si es así, algo será, de modo
seguro, No-ente, y ésta será una opinión firme, y si el No-ser es algo firme y
cognoscible, más cognoscible será la afirmación contraria. Pero, si igualmente
se puede también afirmar cuantas cosas se puede negar, necesariamente o bien
será verdad que afirma” por separado, por ejemplo que algo es blanco y
nuevamente que no es 20 blanco, o no. Y, si no es verdad que afirma por
separado, no dice estas cosas, y no existe nada (¿y cómo puede hablar o andar
lo que no existe?), y todas las cosas serán una sola, como ya antes quedó
dicho, y serán lo mismo un hombre, un dios y una trirreme, y sus contradicciones
(pues si de igual modo se 25 pueden afirmar de cada uno, en nada se
diferenciará uno de otro; ya que, si se diferenciase, esto sería verdadero y
propio). Y, de modo semejante, también si cabe que el que afirma por separado
diga verdad, sucederá lo dicho, y, además de esto, que todos dirán verdad y
todos estarán errados, y él mismo 30 confesará que yerra. Y, al mismo tiempo,
está claro que, frente a éste, la discusión carece de sentido, pues no dice
nada. En efecto, no dice ni «así» ni «no así», sino «así y no así»; y
nuevamente niega ambas cosas, diciendo que ni así ni no así. Pues, si no, ya
habría algo definido. –Además, si, cuando la afirmación 35 es verdadera, la
negación es falsa, y si ésta es verdadera, la afirmación es falsa, no será
posible afirmar y negar con verdad (1008b) simultáneamente una misma cosa. Pero
quizá diga que esto es lo supuesto desde el principio.
Además,
¿acaso el que cree que algo o bien es o bien no es de cierto modo se equivoca,
y el que afirma ambas cosas dice verdad? Pues, si este último dice verdad, ¿qué
sentido tendrá decir que la naturaleza de los entes es tal? Y, si no dice
verdad, 5 pero se aproxima más a la verdad que el que piensa del primer modo-,
ya los entes serán de alguna manera, y esto será verdadero, y no
simultáneamente también no verdadero. Pero si todos igualmente yerran y dicen
verdad, para quien tal sostenga no será posible ni producir un sonido ni decir
nada. Pues simultáneamente dice estas cosas y no las dice. Y, si nada cree,
sino 10 que igualmente cree y no cree, ¿en qué se diferenciará de las
plantas? De aquí resulta también sumamente
claro que nadie está en tal disposición, ni de los demás ni de los que profesan
esta doctrina. ¿Por qué, en efecto, camina hacia Megara y no está 15 quieto,
cuando cree que es preciso caminar? ¿Y por qué, al rayar el alba, no
avanza hacia un
pozo o hacia
un precipicio, si por
azar los encuentra, sino que claramente los evita, como quien no cree
igualmente que el caer sea no bueno y bueno? Es, pues, evidente que considera
mejor lo uno y no mejor lo otro. Y, si es así, también considerará
necesariamente que tal 20 cosa es hombre y tal otra no-hombre, y que esto es
dulce y lo otro no- dulce. En efecto, no busca ni juzga por igual todas las
cosas, cuando, creyendo que es mejor beber agua y ver a un hombre, en seguida
busca estas cosas. Sin embargo, tendría que buscar y
juzgar
por igual todas las cosas, si una misma fuese igualmente hombre y nohombre.
Pero, como hemos dicho, no hay nadie que no evite manifiestamente unas cosas y
otras no; de 25 suerte que, según parece, todos piensan que las cosas son
absolutamente, si no acerca de todas, ciertamente acerca de lo mejor y lo peor.
Y, si hacen esto no sabiendo científicamente, sino opinando, mucho más habrá
que cuidar la verdad, como el que está enfermo debe cuidar más que el sano la
salud. En efecto, el
que opina, comparado
con el que
sabe científicamente, no
se 30 halla saludablemente dispuesto en orden a la
verdad. Además, aunque todas las cosas
fuesen en sumo grado así y no así, el más y el menos es inherente a la
naturaleza de los entes. No afirmaríamos, en efecto, que dos y tres son
igualmente pares, ni yerran igualmente el que cree que cuatro son cinco y 35 el
que cree que son mil. Si, pues, no yerran igualmente, es evidente que uno de
los dos yerra menos, de suerte que se acerca (1009ª) más a la verdad. Por
consiguiente, si lo que es más una cosa está más próximo a ella, habrá al menos
algo verdadero, de lo cual estará más próximo lo que es más verdadero. Y,
aunque no lo haya, hay ya al menos algo más firme y más verdadero, y estaremos
apartados de esa doctrina inmoderada y que impide 5 a la mente definir
cualquier cosa.
Capítulo
5
Procede
también de la misma opinión la doctrina de Protágoras, y ambas tienen que ser o
no ser igualmente falsas o verdaderas. Pues, si todas las opiniones e
impresiones son verdaderas, todas las cosas serán necesariamente verdaderas y
falsas 10 al mismo tiempo (pues muchos creen lo contrario que otros, y estiman
que los que no opinan lo mismo que ellos yerran; de suerte que, necesariamente,
una misma cosa será y no será), y, si es así, necesariamente serán verdaderas
todas las opiniones (pues los que yerran y los que dicen verdad opinan cosas
opuestas; por tanto, si los entes son así, todos dirán verdad). Es, 15 pues,
evidente que ambas doctrinas proceden del mismo modo de pensar. Pero la manera de enfrentarse con el
adversario no es la misma con relación a todos, pues unos necesitan persuasión
y otros constreñimiento. Cuantos, en efecto, llegaron a pensar así desde la
duda, su ignorancia es fácilmente curable (pues el enfrentamiento con ellos no
es en orden a las palabras, sino en 20 orden al pensamiento). Pero a cuantos hablan por hablar no se les
puede curar más que refutando lo expresado en la voz y en las palabras. Y esta
opinión, la de que las contradicciones y los contrarios se dan simultáneamente,
les vino de las cosas sensibles a los que dudaban al ver que los contrarios se
producen 25 de lo mismo. Por consiguiente, si no es posible que lo que no es
llegue a ser, el objeto preexistía siendo igualmente ambas cosas, en el sentido
en que Anaxágoras afirma que todo está mezclado en todo, y también Demócrito.
En efecto, éste afirma que lo Vacío y lo Lleno se dan igualmente en cualquier
parte, aunque uno de éstos es Ente, y el otro, No-ente. Así, pues, a los 30 que
forman su opinión a base
de
estas cosas les diremos que en cierto modo dicen rectamente y en cierto modo
están en el error; el Ente, en efecto, se dice en dos sentidos, de suerte que,
en un sentido, es posible que algo llegue a ser desde el No-ente, pero en otro
sentido no, y que simultáneamente una misma cosa sea Ente y No-ente, pero no
según lo mismo. Pues, en potencia, es posible que una misma cosa sea
simultánea- 35 mente los contrarios, pero en entelequia no. Y todavía les
pediremos que admitan que hay también otra substancia, entre los entes, que no
tiene en absoluto ni movimiento ni corrupción ni generación.
Igualmente,
que algunos consideren verdaderas las apariencias, (1009b) procede de las cosas
sensibles. Creen, en efecto, que la verdad no debe decidirse por la magnitud o
por la pequeñez del número, y que una misma cosa a unos, al gustarla, les
parece ser dulce y a otros amarga, de suerte que, si todos estuvieran enfermos
o todos hubieran perdido el juicio, pero dos o tres 5 estuvieran sanos y
conservaran el juicio, parecería que éstos estaban enfermos y fuera de sus
cabales y los otros no. Y creen también que muchos de los demás animales tienen
(acerca de las mismas cosas) impresiones contrarias a las nuestras, y que
incluso a cada uno sus propias sensaciones no le parecen siempre las mismas.
Así, pues, no está claro cuáles de éstas son verdaderas 10 o falsas; pues no
son más verdaderas unas que otras, sino igualmente. Por eso Demócrito afirma
que o nada es verdadero o que, al menos para nosotros, es incierto. Y, en suma,
por confundir el pensamiento con la sensación, y ésta con una alteración,
afirman que lo que parece según la sensación
es verdadero 15
de necesidad. Por
esta razón se
adhirieron a tales
opiniones Empédocles y Demócrito, y puede decirse que todos los demás.
En efecto, Empédocles afirma que los que cambian su estado físico cambian su
pensamiento. «Pues ante lo que está presente a los sentidos aumenta el
entendimiento en los hombres». Y en otro lugar dice que «en la medida en que
los hombres se tornan diferentes, en tanto les es siempre posible / pensar 20
también cosas diferentes». Y también Parménides se expresa del mismo modo:
«pues según tiene en cada momento la complexión de miembros bien flexibles, /
así asiste el entendimiento a los hombres; pues una misma cosa / es la que
piensa y la naturaleza de los miembros para los hombres, / para todos y para
todo; pues lo más abundante constituye el pensamiento». 25 Y también se
recuerda una sentencia de Anaxágoras a algunos de sus amigos: que los entes
serían para ellos tales cuales los concibieran. Y dicen que también Homero
parece tener esta opinión, pues hizo que Héctor, cuando perdió el conocimiento
30 por el golpe, yaciese con la razón alterada, dando a entender que razonan
también los que desrazonan, aunque no lo mismo. Es, pues, evidente que, si unos
y otros son razonamientos, también los entes son simultáneamente así y no así.
Y el resultado es aquí gravísimo; porque, si los que más han alcanzado a ver la
35 verdad que nos es asequible -y éstos son los que más la buscan y aman-
tienen tales opiniones y manifiestan estas cosas acerca
de
la verdad, ¿cómo no ha de ser natural que se desanimen los que se disponen a
filosofar? Realmente, buscar la verdad será perseguir volátiles. Pero la causa de tal opinión fue para estos
filósofos que, (1010ª) si bien investigaban la verdad acerca de los entes,
consideraron que sólo eran entes los sensibles; y a éstos les es inherente en
gran medida la naturaleza de lo indeterminado y la del Ente tal como dijimos.
Por eso se expresan razonablemente, pero 5 no dicen cosas verdaderas (pues esta
apreciación es más justa que la de Epicarmo contra Jenófanes). Además, estos
filósofos, viendo que toda esta naturaleza sensible se mueve, y que nada se
dice con verdad de lo que cambia, creyeron que, al menos acerca de lo que
cambia siempre totalmente, no es posible decir verdad. De esta concepción
surgió, en efecto, la opinión más 10 extremosa entre las mencionadas, la de los
que afirman que heraclitizan, y tal como la tenía Cratilo, el cual, finalmente,
creía que no se debía decir nada,
limitándose a mover el dedo, y
censuraba a Heráclito por haber dicho que no es posible 15 entrar dos
veces en el mismo río, pues él creía que ni una. Pero nosotros contestaremos
también a este argumento diciendo que es, en cierto modo, razonable que no
crean que existe lo que cambia, cuando cambia, aunque también esto es
discutible; pues lo que está perdiendo algo tiene algo de lo que está siendo
perdido, y algo de lo que deviene es ya necesariamente, y, en 20 suma, si algo
se está corrompiendo, habrá algo que es, y si algo está siendo generado, es
necesario que haya algo de lo que se genera y algo por lo que es generado, y
que esto no proceda al infinito.
Pero,
dejando estas consideraciones, digamos que no es lo mismo cambiar según la
cantidad que según la cualidad. Concedamos, pues, que no permanece según la
cantidad; pero conocemos todas las cosas según la especie. Y todavía es justo
reprochar 25 a quienes así opinan que, viendo que, incluso entre las mismas
cosas sensibles, sólo es así en las menos numerosas, extendieron por igual su
teoría a todo el universo. En efecto, sólo la región de lo sensible que nos
rodea está permanentemente en corrupción y generación; pero ésta, por decirlo
así, ni siquiera es una 30 parte del todo; de suerte que hubiera sido más justo
absolver a estas cosas a causa de aquéllas que condenar a aquéllas a causa de
éstas. Además, es evidente que también con relación a estos filósofos diremos
lo mismo que ya antes fue dicho. Debemos, en efecto, mostrarles que hay una
naturaleza inmóvil, 35 y persuadirles de ello. Aunque, ciertamente, los que
sostienen que las cosas son y no son simultáneamente, resulta que afirman que
todas están más bien en reposo que en movimiento; no hay, en efecto, nada hacia
lo que cambien; pues todas se dan en todas. (1010b) Y, acerca de la verdad,
digamos que no todo lo aparente es verdadero; en primer lugar, porque, aunque
la sensación, al menos la del objeto propio, no sea falsa, la fantasía no se
identifica con la sensación. Además, es justo extrañarse de dificultades como:
si las magnitudes son tan grandes y los colores tales 5 cuales parecen a los
que están lejos o a los que están cerca, y
si
son cuales parecen a los que están sanos o cuales parecen a los que están
enfermos, y si son más pesadas las cosas que parecen pesadas a los débiles o
las que se lo parecen a los fuertes, y si son verdaderas las que parecen
verdaderas a los que duermen o las que se lo parecen a los que están
despiertos. Pues es claro que nuestros adversarios no creen en tales
dificultades. Nadie, en efecto, si soñó de noche que estaba en Atenas, 10
estando en Libia, camina, ya despierto, hacia el Odeón. Además, acerca del
futuro, como dice también Platón, no es ciertamente de igual valor la opinión
del médico que la del ignorante, por ejemplo acerca de si el enfermo va a sanar
o no. Y todavía, entre las sensaciones mismas, no es igualmente válida 15 la
del objeto ajeno que la del propio, ni la del objeto de un sentido vecino que
la del suyo mismo, sino que el sentido que decide acerca del color es la vista,
no el gusto, y, acerca del sabor, el gusto, no la vista; cada uno de los
cuales, al mismo tiempo y acerca de lo mismo, nunca afirma que sea
simultáneamente así y no así. Ni siquiera en diferente tiempo discrepa, al 20
menos en cuanto a la afección, sino en cuanto aquello para lo que es accidente
la afección. Por ejemplo, el mismo vino puede parecer, o por haber cambiado él
o por haber cambiado el cuerpo, unas veces dulce y otras no dulce. Pero al
menos lo dulce, tal como es cuando existe, no cambia nunca, sino que siempre se
manifiesta su verdad, y necesariamente es tal lo que haya de ser dulce. Sin
embargo, esto lo destruyen todas estas teorías al decir que, así como no hay
substancia de nada, así tampoco hay nada necesario; pues lo necesario no puede
ser de distintos modos, de suerte que, si algo es por necesidad, no será así y
no así. 30 Y, en suma, si sólo existe lo sensible, no existiría nada si no
existieran los seres animados, pues no habría sensación. Que, en efecto, no
existirían lo sensible ni las sensaciones sin duda es verdad (pues esto es una
afección del que siente); pero que no existieran los sujetos que producen la
sensación, incluso sin sensación, es imposible. La sensación, en efecto, no es,
ciertamente, 35 sensación de sí misma, sino que hay también, además de la
sensación, otra cosa, que necesariamente es anterior a la sensación, pues lo
que mueve es por naturaleza anterior a lo (1011ª) que es movido, y, aunque
estas cosas se digan correlativas, no menos.
Capítulo
6
Pero
hay algunos filósofos que plantean una dificultad, tanto entre los convencidos
de estas doctrinas como entre los que se limitan a utilizarlas como argumentos:
preguntan, en efecto, quién será el que discierna al sano y, en suma, al que ha
de 5 juzgar rectamente acerca de cada cosa. Pero tales dificultades son como
preguntarse si ahora dormimos o estamos despiertos, y todas las
dudas de este
tipo tienen el
mismo alcance; éstos,
en efecto, exigen
que haya explicación de
todas las cosas;
pues 10 buscan
un principio, y
quieren llegar a
él por demostración. Que, sin
embargo, no están convencidos de su postura, claramente lo manifiestan en sus
actos. Pero ya hemos dicho qué es lo que les pasa; buscan, en efecto, una
explicación de
aquellas
cosas de las que no hay explicación, pues el principio de la demostración no es
una demostración. Pues bien, éstos fácilmente pueden ser convencidos de esto
(pues no es difícil de
15
comprender). Pero los que en el razonamiento sólo buscan la fuerza, buscan lo
imposible; pues reclaman poder decir cosas contrarias, diciendo directamente
cosas contrarias s’. Pero, si no todas las cosas son relativas, sino que hay
también algunas que existen en sí y por sí, no puede ser verdadero todo lo
aparente; pues lo aparente es aparente para alguien; de suerte que el que dice
que todas las cosas aparentes son verdaderas, convierte 20 todos los entes en
relativos. Por eso deben observar los que en el razonamiento buscan la fuerza,
y al mismo tiempo pretenden someterse al razonamiento, que no se debe decir que
lo que parece es, sino que es lo que parece a aquel a quien parece y cuando
parece y en cuanto y como parece. Y, si se someten al razonamiento, pero no se
someten así, pronto caerán 25 en contradicción consigo mismos. Pues cabe que
una misma cosa según la vista parezca miel, mas por el gusto no, y, siendo dos
los ojos, que no parezcan las mismas cosas a una y otra visión, si son
desiguales. Puesto que, al menos a los que por las causas 30 ya dichas afirman
que lo aparente es verdadero, y que, por tanto, todas las cosas son igualmente
falsas y verdaderas, ya que ni a todos parecen las mismas cosas ni al mismo le
parecen siempre las mismas, sino que muchas veces parecen cosas contrarias al
mismo tiempo (pues el tacto dice dos cuando cruzamos los dedos, pero la vista,
uno). – Pero de ningún modo para el mismo sentido, con relación a lo mismo, de
igual modo y al 35 mismo tiempo; de suerte que esto sería verdadero. Pero, sin
(1011b) duda por esto, los que discuten no a causa de una verdadera dificultad,
sino por discutir, se verán obligados a decir que no es verdadero esto, sino
verdadero para éste. Y, como ya quedó dicho antes, tendrán que afirmar que
todas las cosas son relativas, tanto a la opinión como a la sensación, de
suerte que 5 nada ha llegado a ser ni será, si nadie ha opinado sobre ello
previamente. Pero si ha llegado a ser o será, es evidente que no pueden ser
relativas a la opinión todas las cosas.
Además, si algo es uno, lo será relativamente a uno o a un conjunto
determinado. Y, si una misma cosa es
simultáneamente mitad e igual, no será relativo a lo doble al menos lo igual.
Por consiguiente, si en relación a lo opinante es lo mismo un hombre 10 que lo
opinado, no será un hombre lo opinante, sino lo opinado. Y, si cada cosa ha de
ser relativa a lo opinante, lo opinante será relativo a cosas específicamente
infinitas. Así, pues, para mostrar que la opinión más firme de todas es que no
son verdaderas simultáneamente las afirmaciones opues15 tas, y qué les ocurre a
los que tal sostienen, y por qué lo sostienen, baste con lo dicho. Y, puesto
que es imposible que la contradicción de una misma cosa sea simultáneamente
verdadera, es claro que tampoco cabe que los contrarios se den simultáneamente
en la misma cosa; pues uno de los dos contrarios es privación no menos que
contrario, y privación de substancia; 20 y la privación es negación de algo en
cierto género
determinado.
Por consiguiente, si es imposible afirmar y negar al mismo tiempo con verdad,
también será imposible que los contrarios se den simultáneamente, y o bien
ambos se darán en algún aspecto, o uno en algún aspecto, y el otro,
absolutamente.
Capítulo
7
Pero
tampoco entre los términos de la contradicción cabe que haya nada, sino que es
necesario o bien afirmar o bien negar, de un solo sujeto, uno cualquiera. Y
esto es evidente, en primer 25 lugar, para quienes han definido qué es lo
verdadero y lo falso. Decir, en efecto,
que el Ente no es o que el No-ente es, es falso, y decir que el Ente es y que
el No-ente no es, es verdadero; de suerte que también el que dice que algo es o
que no es, dirá verdad o mentira. Pero ni se dice que el Ente no es o que es, ni
que el No-ente es o que no es.
Además,
o bien en medio de los términos de la contradicción 30 habrá algo como lo gris
en medio de lo negro y lo blanco, o como lo que no es ni uno ni otro en medio
de hombre y caballo. Si, en efecto, lo hay así, no puede haber cambio (pues se
cambia desde lo no bueno hacia lo bueno o desde esto hacia lo no bueno); pero
lo cierto es que siempre parece haber cambio 35 (pues no hay cambio sino hacia
los opuestos e intermedios). Pero, si hay algo intermedio, también entonces
puede haber (1012ª) cierta generación hacia lo blanco no desde lo no blanco;
pero el hecho es que no se ve que la haya.
Además, todo lo pensado o entendido, o lo afirma o lo niega la mente –y
esto es evidente por la definición- cuando dice verdad o mentira; cada vez que
compone de tal modo, afirmando o negando, dice verdad, y cada vez que compone
de tal 5 otro modo, dice mentira. Y todavía, es preciso que haya algo además de
todas las contradicciones, si no se habla por hablar; por consiguiente, alguien
podrá decir algo que ni es verdad ni no verdad, y habrá algo además del Ente y
del No-ente, de suerte que también habrá algún cambio además de la generación y
la corrupción.
Más
aún, en cuantos géneros la negación introduce el término contrario, incluso en
éstos habrá algo intermedio; por ejemplo, 10 en los números, un número que no
será ni impar ni no impar; pero esto es imposible, como es evidente por la
definición. Además, se procederá al
infinito, y los entes serán no sólo tres, sino en mayor número. Pues nuevamente
será posible negar este ente intermedio en orden a la afirmación y a la
negación, y este nuevo término será algo, pues su substancia es otra. 15 Y
todavía, cuando, preguntado alguien si algo es blanco, diga que no, ninguna
otra cosa niega sino el ser; y el no ser es una negación.
Pero
esta opinión les ha venido a algunos del mismo modo que otras paradójicas;
pues, cuando no pueden refutar los razonamientos erísticos, cediendo al
argumento, conceden que es verdadera 20 la conclusión. Unos, en efecto,
sostienen esta doctrina por tal causa, y otros, porque buscan
explicación
de todas las cosas. Pero el principio frente a todos éstos debe partir de una
definición. Y se produce una definición a base de que ellos necesariamente
signifiquen algo; pues el enunciado de aquello de lo que el nombre es signo
será una definición.
25
Pero el argumento de Heráclito, al decir que todas las cosas son y no son,
parece hacerlas todas verdaderas, y el de Anaxágoras, al decir que hay algo
entre los términos de la contradicción, parece hacerlas todas falsas; pues,
cuando se mezclan, la mezcla no es ni buena ni no buena; de suerte que no es
posible decir nada verdadero.
Capítulo
8
Una
vez determinadas estas cosas, es claro que también las que se dicen ora de un
solo sujeto, ora de todos, es imposible 30 que sean como algunos dicen,
afirmando unos que nada es verdadero (pues aseguran que nada impide que todas
las aserciones sean como la de que la diagonal es conmensurable), y otros, que
todas son verdaderas. Estos razonamientos, en efecto, casi se identifican con
el de Heráclito. Pues el que dice que todas las cosas son verdaderas y todas
falsas, también dice 35 separadamente (1012b) cada uno de estos enunciados, de
suerte que, si aquellas cosas son imposibles, también son imposibles éstas.
Además,
claramente hay contradicciones que no pueden ser simultáneamente verdaderas
–ni, por otra parte, tampoco falsas todas; aunque esto puede parecer que es más
posible, de acuerdo con lo dicho.
5
Pero, en orden a todas las afirmaciones de esta clase, es preciso exigir, como
se dijo ya en los razonamientos anteriores, no que algo sea o no sea, sino que
lo que dicen signifique algo, de suerte que se debe discutir partiendo de una
definición, determinando qué significa lo falso o lo verdadero. Y, si decir lo
verdadero no es ninguna otra cosa sino negar lo falso, es imposible 10 que
todas las cosas sean falsas; pues necesariamente será verdadera una de las dos
partes de la contradicción. Además, si todo tiene que ser afirmado o negado, es
imposible que ambas cosas sean falsas; pues una sola de las dos partes de la
contradicción es falsa.
Acontece
también, ciertamente, a todas estas proposiciones lo que se dice tantas veces:
que ellas mismas se destruyen. Pues el que dice que todas las cosas son
verdaderas hace verdadera 15 incluso la proposición contraria a la suya, de
suerte que hace a la suya no verdadera (pues la contraria niega que ésta sea
verdadera), y el que dice que todas las cosas son falsas, también a sí mismo se
proclama falso. Y, si exceptúan el uno la proposición contraria, diciendo que
ella sola no es verdadera, y el otro la suya propia, diciendo que no es falsa,
igualmente se verán obligados a postular
que infinitas proposiciones sean 20 verdaderas y falsas. Pues la que dice que
la
proposición
es verdadera es verdadera, será verdadera; y esto procederá al infinito. Y es
claro que ni los que dicen que todas las cosas están quietas dicen verdad, ni
los que dicen que todas se mueven. Pues, si todas están quietas, siempre serán
verdaderas o falsas 25 las mismas cosas; pero esto cambia ostensiblemente (pues
el que lo dice, en algún tiempo él mismo no existía y nuevamente dejará de
existir). Y, si todas las cosas se mueven, nada será verdadero; por
consiguiente, todas las cosas son falsas; pero ha quedado demostrado que esto
es imposible.
Además,
lo que cambia es necesariamente un ente; pues el cambio se produce desde algo a
algo. Pero tampoco es verdad que todas las cosas estén quietas o se muevan
alguna vez, y que nada esté quieto o se mueva siempre; pues hay algo que 30
siempre mueve las cosas que se mueven, y el
primer
Motor es inmóvil él mismo.
D
LIBRO
V
Capítulo
1
Se
llama principio, en primer lugar, al punto de una cosa 35 desde donde alguien
puede comenzar a moverse; por ejemplo, el principio de la longitud y del camino
será, por esta parte, (1013ª) éste, y por la contraria, el otro. En segundo
lugar, se llama también principio el punto desde donde cada cosa puede hacerse
del mejor modo; por ejemplo, la instrucción no debe a veces principiarse desde
lo primero y desde el principio de la cosa, sino desde donde con más facilidad
puede aprender el discípulo. En tercer lugar, se llama principio aquello desde
lo cual, siendo intrínseco a la cosa, ésta comienza a hacerse; por ejemplo, de
una nave, la quilla, y de una casa, los cimientos, y de los animales, 5 unos
consideran principio el corazón, otros el cerebro, y otros, cualquiera otra
parte semejante. En cuarto lugar,
aquello desde lo cual, sin ser intrínseco a la cosa, ésta comienza a hacerse y
desde donde principian naturalmente el movimiento y el cambio; por ejemplo, el
hijo, desde el padre y la madre, y la lucha, desde la injuria. En quinto lugar,
aquello según cuyo 10 designio se mueven las cosas que se mueven y cambian las
que cambian, como en los Estados los magistrados, las potestades, los reinos y
las tiranías se llaman principios, y las artes, y, de éstas, sobre todo las
arquitectónicas. Además, el punto desde donde una cosa empieza a ser
cognoscible también se llama principio de la cosa; por ejemplo, de las
demostraciones, las premisas. 15 Y de otros tantos modos se dicen también las
causas; pues todas las causas son principios.
Así,
pues, a todos los principios es común ser lo primero desde lo cual algo es o se
hace o se conoce. Y de éstos, unos 20 son intrínsecos y otros extrínsecos. Por
eso es principio la naturaleza, el elemento, la inteligencia, el designio, la
substancia y la causa final, pues el principio del conocimiento y del
movimiento de muchas cosas es lo Bueno y lo Bello.
Capítulo
2
Se
llama causa, en un primer sentido, la materia inmanente 25 de la que algo se
hace; por ejemplo, el bronce es causa de la estatua, y la plata, de la copa, y
también los géneros de estas cosas. En otro sentido, es causa la especie y el
modelo; y éste es el enunciado de la esencia y sus géneros (por ejemplo, de la
octava musical, la relación de dos a uno, y, en suma, el número) y las partes
que hay en el enunciado. Además, aquello de donde procede el principio primero
del cambio o de la quietud; por 30 ejemplo, el que aconsejó es causa de la
acción, y el padre es causa del hijo, y, en suma, el agente, de lo que es
hecho, y lo que produce el cambio, de lo que lo sufre. Además, lo que es como
el fin; y esto es aquello para lo que algo se hace, por ejemplo, del pasear es
causa la salud. ¿Por qué, en efecto, se pasea? Decimos: para estar sano. Y,
habiendo dicho así, creemos 35 haber dado la causa. Y cuantas cosas, siendo
otro el motor, se hacen entre el comienzo y el fin; por ejemplo, de la salud es
causa el adelgazamiento, o la purga, o las medicinas, o los (1013b)
instrumentos del médico. Pues todas estas cosas son por causa del fin, y se
diferencian entre sí porque unas son instrumentos, y otras, obras. Así, pues,
las causas se dicen, sin duda, en todos 5 estos sentidos; pero ocurre que,
diciéndose las causas en varios sentidos, hay también varias causas de lo
mismo, no accidentalmente (por ejemplo, de la estatua son causa el arte del
escultor y el bronce, no en algún otro aspecto, sino en cuanto estatua; pero no
son causa del mismo modo, sino lo uno como materia y lo otro como aquello de
donde procede el movimiento), y 10 causas recíprocas (por ejemplo, el trabajar
es causa de la buena salud, y ésta, del trabajar; pero no del mismo modo, sino
lo uno, como fin, y lo otro, como principio del movimiento). Y todavía, una
misma cosa es causa de
los contrarios; pues lo que,
estando presente, es causa de esto, eso mismo, estando ausente, lo consideramos
a veces causa de lo contrario; por ejemplo, consideramos causa del naufragio la
ausencia del piloto, cuya presencia era causa de la conservación, y ambas,
tanto la presencia 15 como la privación, son causas en cuanto que
mueven. Y todas
las causas ahora
mencionadas se dividen
en cuatro clases principales. Pues los elementos de las
sílabas, la materia de las cosas fabricadas, el Fuego, la Tierra y todos los
principios semejantes de los cuerpos, las partes del todo y las premisas 20 de
la conclusión, son causas como aquello de lo que proceden las cosas; y estas
causas, unas son como el sujeto, por ejemplo las partes; otras, como la
esencia, por ejemplo el todo, la composición y la especie. Pero la semilla, el
médico, el que aconsejó y, en general, el agente, todas éstas son causas
de
donde procede 25 el principio del cambio o de la estabilidad. Otras son causas
como el fin y el bien de las otras cosas; pues aquello para lo cual las demás
cosas se hacen quiere ser lo mejor y el fin de las demás cosas; y nada importa
decir que es el Bien en sí o un bien aparente.
Así,
pues, éstas son las causas, y tal es el número de sus especies; pero los modos
de las causas son muchos en número, 30 aunque, recapitulados, también éstos son
menos: las causas, en efecto, se dicen en varios sentidos, y de las que son de
la misma especie, una es anterior y otra posterior; por ejemplo, el médico es
causa de la salud, y el artesano, de su obra, y de la octava musical, el doble
y el número, y siempre las cosas que contienen lo que sea, de los singulares.
Y, además, como el accidente y sus géneros; por ejemplo, de la estatua es
causa, de un modo, 35 Policleto, y, de otro modo, un escultor, porque el
escultor es accidentalmente Policleto; y los sujetos que contienen el
accidente, (1014ª) por ejemplo un hombre es causa de la estatua, o también, en
general, un animal, porque Policleto es hombre, y el hombre es animal. Y hay
también entre los accidentes unos más remotos o más próximos que otros; por
ejemplo, si se dijera que el blanco y el músico son causa de la estatua, y no
sólo Policleto 5 o un hombre. Y, además, de todas las causas dichas tanto
propiamente como accidentalmente, unas se dicen como en potencia y otras como
en acto; por ejemplo, causa de la edificación, un edificador o un edificador
que está edificando. Y lo mismo se dirá también de aquello en que las causas
son causas para las 10 cosas dichas, por ejemplo, de esta estatua o de una
estatua o, en general, de una imagen, y de este bronce o de un bronce o, en
general, de una materia; y lo mismo en los accidentes. Y, todavía, se dirán
concatenadas tanto éstas como aquéllas; por 15 ejemplo, no Policleto ni un
escultor, sino el escultor Policleto. Sin embargo, todas éstas son en total
seis, pero dichas en dos sentidos; pues se dicen causas o bien como lo singular
o bien como el género, o bien como el accidente o como el género del accidente,
o bien como concatenadas o como dichas simplemente, 20 y todas o bien como
actuantes o bien potencialmente. Y se diferencian en que las que están en acto
y las singulares son o dejan de ser junto con las cosas de las que son causas;
por ejemplo, este que cura, simultáneamente con este que es curado, y este que
edifica, con esto que es edificado. En cambio, las que están en potencia, no
siempre; pues no se destruye la casa al mismo tiempo que el edificador.
Capítulo
3
Se
llama elemento lo primero, inmanente y específicamente indivisible en otra
especie, de lo que algo está compuesto; por ejemplo, son elementos de una voz
aquellas partes de las que se compone la voz y en las que finalmente se divide,
pero éstas ya no se dividen en otras voces específicamente diferentes de ellas,
sino que, aunque se dividan, sus partes serán de la misma 30
especie;
por ejemplo, una parte de agua es agua, pero no es sílaba una parte de la
sílaba. Y de modo semejante explican también los elementos de los cuerpos los
que dicen en qué cosas últimas se dividen los cuerpos, sin que éstas se dividan
ya en otras cosas específicamente diferentes; y ya sean una o varias 35 las
cosas tales, las llaman elementos. Y de modo parecido se llaman también
elementos los de las proposiciones geométricas, y, en general, los de las
demostraciones; pues las demostraciones (1014b) primeras e implícitas en más
demostraciones se llaman elementos de las demostraciones; y son tales los
silogismos primeros compuestos de los tres términos a través de uno medio.
Y,
metafóricamente, llaman también elemento, partiendo de aquí, a lo que, siendo
uno y pequeño, es útil para muchas cosas; 5 por eso también lo pequeño y simple
e indivisible se llama elemento. De aquí procede que las cosas más universales
son elementos, porque cada una de ellas, siendo una y simple, está en muchas o
en todas o en la mayoría; de aquí también que el Uno y el Punto sean
considerados por algunos como principios. Y, puesto que los llamados géneros
son universales e indivisibles (pues no hay enunciado de ellos), algunos llaman
elementos 10 a los géneros, más aún que a la diferencia, porque el género es
más universal; en efecto, a lo que tiene diferencia también le acompaña el
género; en cambio, a lo que tiene género, no siempre le acompaña la diferencia.
Pero es común a todos los tipos de elemento que sea elemento de cada cosa lo
primero que está en cada una. 15
Capítulo
4
Se
llama naturaleza, en un sentido, la generación de las cosas que crecen; por
ejemplo, si uno pronunciara la u alargándola; en otro sentido, aquello primero
e inmanente a partir de lo cual crece lo que crece. Además, aquello de donde
procede en cada uno de los entes naturales el primer movimiento, que 20 reside
en ellos en cuanto tales. Y se dice que crecen cuantas cosas tienen aumento a
través de otro por contacto y unión natural, o por adherencia, como los
embriones. Pero la unión natural se diferencia del contacto, pues en éste no es
necesario que haya ninguna otra cosa además del contacto, mientras que en las
cosas que están unidas naturalmente hay en ambas algo 25 idénticamente uno, que
hace que, en vez de tocarse, estén unidas naturalmente y sean una sola cosa en
cuanto a la continuidad y la cantidad, pero no en cuanto a la cualidad. Y se
llama también naturaleza el elemento primero, informe e inmutable desde su
propia potencia, del cual es o se hace alguno de los entes naturales; por
ejemplo, se dice que el bronce es la naturaleza de una estatua y de los
utensilios de bronce, y la madera, 30 de los de madera. Y lo mismo en las demás
cosas. Pues de estos elementos es cada cosa, conservándose la
materia
primera; de este modo, en efecto, dicen que son también naturaleza los
elementos de los entes naturales, mencionando unos el Fuego, otros la Tierra,
otros el Aire, otros el Agua, otros alguna otra cosa semejante; unos, algunas
de estas cosas, y otros, todas éstas. 35 Y, todavía, en otro sentido, se llama
naturaleza la substancia de los entes
naturales; así lo entienden, por ejemplo, los que dicen que la naturaleza es la
composición primera, o, como dice Empédocles:
«no
hay naturaleza de ninguno de los entes, / sino (1015ª) que sólo hay mezcla y
permutación de las cosas mezcladas, / pero se llama naturaleza entre los
hombres». Por eso también cuantas cosas son o se generan naturalmente, aunque
exista ya aquello a partir de lo cual naturalmente se generan o son, decimos 5
que aún no tienen la naturaleza si no tienen la especie y la forma. Por
consiguiente, es por naturaleza lo que consta de estas dos cosas, como los
animales y las partes de ellos.
Y es
naturaleza no sólo la materia primera (y ésta, de dos modos: o la primera para
el objeto mismo, o la primera absolutamente; por ejemplo, para los objetos
hechos de bronce, el bronce es primero para ellos; pero, absolutamente, sin
duda 10 el agua, si es que todas las cosas fusibles son agua), sino también la
especie y la substancia; y éste es el fin de la generación. Y, por extensión, a
partir de aquí y en general, toda substancia se llama naturaleza a causa de
ésta, porque también la naturaleza es cierta substancia. Así, pues, de acuerdo
con lo expuesto, la naturaleza primera y propiamente dicha es la substancia de
las cosas que tienen el principio del movimiento en sí mismas 15 en cuanto
tales; la materia, en efecto, se llama naturaleza por ser susceptible de este
principio, y las generaciones y el crecimiento, por ser movimientos a partir de
este principio. Y el principio del movimiento de los entes naturales es éste,
inmanente en ellos de algún modo, o en potencia o en entelequia.
Capítulo
5
Se
llama necesario aquello sin lo cual, como concausa, no 20 es posible vivir (por
ejemplo, la respiración y el alimento son algo necesario para el animal, pues
es imposible que sin ellos exista). También aquello sin lo cual no es posible
que exista o se genere el bien, ni desechar el mal o librarse de él (por
ejemplo, beber la medicina es necesario para no estar enfermo, y navegar hacia
Egina, para recibir el dinero). Además, lo forzoso 25 y la violencia, es decir,
lo que, contra la tendencia y el designio, estorba e impide; lo forzoso, en
efecto, se llama necesario, por lo cual es también aflictivo (como dice Eveno:
«Pues toda acción necesaria es molesta por naturaleza»), y la violencia es 30
cierta necesidad (como dice también Sófocles: «Pero la violencia me pone en la
necesidad de hacer estas cosas»), y con razón se cree que la necesidad es algo
que no se deja disuadir, pues es contraria al movimiento conforme con el
designio y con la reflexión.
Además,
lo que no puede ser de otro modo, decimos que es 35 necesario que sea así; y
según este sentido de lo necesario se dicen también necesarias en cierto modo
todas las demás cosas. (1015b) Pues lo forzoso quiere decir hacer o padecer
necesariamente, cuando no es posible seguir la propia tendencia a causa de lo
que impone su fuerza, como si dijéramos que necesidad es aquella por la cual no
es posible obrar de otro modo, y lo mismo en lo que atañe a las concausas del
vivir y del bien; pues, cuando no es posible ora el bien ora vivir y ser sin
ciertas 5 cosas, éstas son necesarias, y esta causa es cierta necesidad.
Además, la demostración es una de las cosas necesarias, porque no es posible
que la conclusión sea de otro modo, si se ha demostrado absolutamente; y de
esto son causas las premisas, si es imposible que sean de otro modo aquellas de
las cuales procede el silogismo.
Así,
pues, algunas cosas tienen en otra la causa de que sean 10 necesarias, pero
otras no, sino que a causa de éstas son necesarias otras. Por tanto, lo primero
y propiamente necesario es lo simple; esto, en efecto, no puede ser de varios
modos, de suerte que tampoco puede ser de tal modo y de tal otro; pues ya sería
de varios modos. Así, pues, si hay
algunos entes eternos 15 e inmóviles, para éstos no hay nada forzoso ni
preternatural.
Capítulo
6
Se
dice que algo es uno o bien accidentalmente o bien por sí; accidentalmente, por
ejemplo,
«Corisco
y lo músico» y «Corisco músico» (pues es lo mismo decir «Corisco y lo músico»
que
«Corisco
músico»), y «lo músico y lo justo», y «(Corisco) 20 músico y Corisco justo».
Pues todo esto se llama uno accidentalmente; «lo justo y lo músico», porque son
accidentes de una sola substancia, y «lo músico y Corisco», porque lo uno es
accidente de lo otro; e igualmente, en cierto modo, también «Corisco músico» es
uno con «Corisco», porque una de las partes del 25 enunciado es accidente para la
otra, por ejemplo «lo
músico» para «Corisco»; y «Corisco músico» es
uno con «Corisco
justo», porque una
parte de uno
y otro enunciado
es accidentalmente uno con el mismo uno. Y del mismo modo también, si el
accidente se dice del género o de los nombres de algún universal, por ejemplo
si se dice que «hombre» es lo mismo que «hombre músico»; pues o bien se dice
porque lo músico es accidente 30 del hombre, que es una sola substancia, o bien
porque ambos son accidentes de alguno de los singulares, por ejemplo de
Corisco. Pero no se dan ambos del mismo modo, sino que uno se da probablemente
como género y en la substancia, y el otro, como hábito o afección de la
substancia. Así, pues, todo lo que se dice uno accidentalmente, se dice en este
sentido. En cuanto 35 a lo que se dice uno por sí, unas veces se dice uno por
ser continuo, (1016ª) por ejemplo un haz, por la atadura, y unas maderas, por
la cola; y una línea, aunque sea quebrada, si es continua, se llama una, como
también
cada una de las partes del cuerpo, por ejemplo la pierna y el brazo. Y, entre
estas mismas cosas, es más uno lo continuo por naturaleza que lo continuo por
arte. 5 Y se llama continuo aquello cuyo movimiento es uno por sí y no puede
ser de otro modo; y el movimiento es uno cuando es indivisible, y es
indivisible según el tiempo. Y es continuo por sí todo lo que es uno no por
contacto; pues si pones maderos tocándose unos a otros, no dirás que son uno,
ni un madero ni un cuerpo ni ninguna otra cosa continua. 10 Así, pues, lo
totalmente continuo se dice uno aunque tenga flexión, y todavía más lo que no
tiene flexión, por ejemplo la tibia o el muslo más que la pierna entera, porque
es posible que el m ovimiento de la pierna entera no sea uno solo. Y la línea
recta es más una que la quebrada; y a la quebrada y que tiene ángulo la
llamamos una y no una, porque es posible que su movimiento sea no simultáneo o
simultáneo; pero el 15 movimiento de la recta siempre es simultáneo, y ninguna
parte suya que tenga magnitud está en reposo mientras otra se mueve, como
pueden hacer las de la línea quebrada.
Uno se dice todavía en otro sentido, por ser el sujeto específicamente
indiferenciado; y es indiferenciado aquello cuya especie es indivisible según
la sensación; y el sujeto es o bien el primero o bien el último en orden al
fin; en efecto, el vino 20 se dice uno y el agua una, en cuanto que son
específicamente indivisibles, y los líquidos todos se dicen uno, (por ejemplo el
aceite, el vino) y las cosas fusibles, porque todos tienen el mismo sujeto
último; pues son Agua o Aire todas estas cosas. Y se dicen uno también las
cosas cuyo género es uno, aunque 25 diferente por las diferencias opuestas - y
todas estas cosas se dicen uno porque es uno el género que subyace a las
diferencias (por ejemplo, caballo, hombre, perro son algo uno porque todos son
animales), y de un modo ciertamente afín a como la materia es una. Y estas
cosas, ora se dicen una de este modo, ora el 30 género superior se dice el
mismo –si son las especies últimas del género- el superior a éstas, por ejemplo
el isósceles y el equilátero son una y la misma figura porque ambos son
triángulos; pero no los mismos triángulos.
Y
todavía se llama uno todo aquello cuyo enunciado, el que enuncia la esencia, es
indivisible en orden a otro que manifiesta [la esencia] la cosa (ya que en sí
mismo todo enunciado es 35 divisible). Así, en efecto, lo que ha aumentado y lo
que disminuye es uno, porque el enunciado es uno, como, en las superficies, es
uno el enunciado de la especie. Y, en suma, aquellas (1016b) cosas cuya
intelección, la que entiende la esencia, es indivisible y no puede producir
separación ni temporal ni local ni conceptual, esas cosas principalmente son
uno, y, de ellas, sobre todo las que son substancias. Pues, en general, todo lo
que no tiene división, en la medida en que no la tiene, se dice uno; por
ejemplo, si algo no tiene división en cuanto hombre, 5 es un solo hombre, y, si
no la tiene en cuanto animal, es un solo animal, y, si en cuanto magnitud, una
sola magnitud. Así, pues, la mayoría de los seres se dicen uno por hacer, o
tener, o padecer, o ser relativos a
alguna
otra cosa que es una, y los que primordialmente se dicen uno son aquellos cuya
substancia es una, y es una o por su continuidad o por su especie o por 10 su
enunciado. En efecto, contamos como más de uno o los que no son continuos, o
aquellos cuya especie no es una o cuyo enunciado no es uno.
Y,
todavía, en un sentido decimos que cualquier cosa es una si es cuanta y
continua, pero en otro sentido no, si no es algo completo, y esto no lo es si
no tiene la especie una; por ejemplo, no podríamos hablar de una unidad al ver
las partes del 15 calzado dispuestas de cualquier modo, a no ser por la
continuidad, pero sí podremos si las vemos de tal modo que sean calzado y
tengan cierta especie ya una. Por eso también la línea del círculo es la más
una de las líneas, porque es completa y perfecta. Pero el ser uno es ser cierto
principio de un número. Pues la primera medida es un principio; aquello, en
efecto, con lo que primero conocemos, es la primera medida de cada género. 20
Por tanto, el Uno es principio de lo cognoscible acerca de cada cosa. Pero el
Uno no es lo mismo en todos los géneros. Aquí, en efecto, es el semitono, y
allí, la vocal o la consonante; y el Uno del peso es otro, y otro el del
movimiento. Pero en todas partes el Uno es indivisible según la cantidad o
según la especie. Así, pues, el indivisible según la cantidad, cuando lo es
totalmente y sin posición se llama unidad, y cuando lo es totalmente 25 pero
con posición, se llama punto; lo divisible en una dimensión se llama línea; lo
divisible en dos dimensiones, superficie, y lo divisible totalmente y en tres
dimensiones según la cantidad, cuerpo. Inversamente, lo divisible en dos
dimensiones se llama superficie; lo divisible en una dimensión, línea, y lo que
30 no es divisible de ningún modo según la cantidad, punto y unidad; sin posición,
unidad, y con posición, punto. Además,
lo que es uno lo es, o según el número, o según la especie, o según el género,
o según la analogía; es uno por el número aquello cuya materia es una; por la
especie, aquello cuyo enunciado es uno; por el género, lo que tiene la misma
figura de la predicación, y según la analogía, todo lo que es 35 como una cosa
en orden a otra. Y siempre los modos posteriores acompañan a los anteriores;
por ejemplo, todo lo que es uno por el número lo es también por la especie;
pero lo que es uno por la especie, no siempre lo es también por el número. Por
el género, en cambio, es uno todo lo que lo es por la (1017ª) especie; pero lo
que lo es por el género, no siempre lo es también por la especie, sino por
analogía; pero lo que es uno por analogía, no siempre lo es por el género. Y es claro también que lo múltiple se dirá en
sentido opuesto a lo uno; unas veces, por no ser continuo; otras, por tener
divisible la materia según la especie, ora la materia primera 5 ora la última;
otras, por tener pluralidad de enunciados que expresan la esencia.
Capítulo
7
Se
llama ente, uno por accidente, y otro, por sí. Por accidente decimos, por
ejemplo, que el justo es músico, o que el hombre es músico, o que el músico es
hombre, diciendo aproximadamente como si dijéramos que el músico edifica porque
10 accidentalmente el edificador es músico, o el músico, edificador (pues decir
que esto es tal cosa significa que tal cosa es accidente de esto), y así
también en las cosas dichas. En efecto, cuando decimos que el hombre es músico,
que el músico es hombre, o que el blanco es músico o que éste es blanco,
decimos 15 lo uno porque ambos atributos son accidentes del mismo sujeto, y lo
otro, porque es accidente del ente, y que lo músico es hombre, porque lo músico
es accidente de éste (y así se dice incluso que lo no blanco es, porque aquello
de lo que es accidente es). Así, pues, las cosas que se dice que son por
accidente se dicen así, o porque ambas se dan en un mismo ente, o porque lo que
20 se dice por accidente se da en algo que existe, o porque existe aquello
mismo en lo que se da aquello de lo que ello mismo se predica.
Por
sí se dice que son todas las cosas significadas por las figuras de la
predicación; pues cuantos son los modos en que se dice, tantos son los
significados del ser. Pues bien, puesto que, de los predicados, unos significan
quididad, otros 25 cualidad, otros cantidad, otros relación, otros acción o
pasión, otros lugar y otros tiempo, el ser significa lo mismo que cada uno de
éstos. Pues en nada se diferencia «un hombre es convaleciente» de «un hombre
convalece», ni «un hombre es caminante o cortante» de «un hombre camina o
corta», y lo mismo en los 30 demás casos. Además, «ser» y «es» significan que
algo es verdadero, y «no ser», no verdadero, sino falso, tanto en la afirmación
como en la negación; por ejemplo, que Sócrates es músico significa que esto es
verdadero, y que Sócrates es no blanco, que esto es verdadero; pero «la
diagonal no es 35 conmensurable» significa que esto es falso.
(1017b) Además,
«ser» y «ente»
significan unas veces
lo dicho en
potencia, y otras,
en entelequia, de estos tipos de «ser» y «ente» mencionados; decimos, en
efecto, que es vidente tanto lo que ve en potencia como lo que ve en
entelequia, y, del mismo modo, decimos que sabe tanto lo que puede usar del 5
saber como lo que usa de él, y que es reposado tanto lo que ya tiene reposo
como lo que puede reposar. Y lo mismo en el caso de las substancias. En efecto,
decimos que es un Hermes en la piedra, y que una parte de la línea es la mitad
de la línea, y que es trigo el aún no maduro. Pero cuándo algo es en potencia y
cuándo aún no, debe ser determinado en otro lugar.
Capítulo
8
Substancia
se llaman los cuerpos simples, por ejemplo la 10 Tierra, el Fuego, el Agua y
todas las cosas semejantes, y, en general, los cuerpos y los compuestos de
éstos, tanto animales como demonios, y las partes de éstos. Y todas estas cosas
se llaman substancias porque no se predican de un sujeto, sino que las demás
cosas se predican de éstas. Y, en otro
sentido, se llama substancia lo que sea
causa inmanente del ser en todas 15 aquellas cosas que no se predican de un
sujeto; por ejemplo, el alma para el animal.
Además, cuantas partes inmanentes hay en tales cosas, limitándolas y
significando algo determinado, destruidas las cuales se destruye el todo,
como destruida la superficie se
destruye el cuerpo, según
dicen algunos, y se
destruye la superficie 20 destruida la línea. Y, en general, el Número
parece a algunos ser tal (pues dicen que, destruido él, no hay nada, y que
determina todas las cosas). Además, la esencia, cuyo enunciado es una
definición, también se llama substancia de cada cosa. Así, pues, resulta que la
substancia se dice en dos sentidos: el sujeto último, que ya no se predica de
otro, y lo que, siendo algo 25 determinado, es también separable. Y es tal la
forma y la especie de cada cosa.
Capítulo
9
Se
llaman idénticas, unas cosas, por accidente; por ejemplo, lo blanco y lo músico
se dicen idénticos porque son accidentes de lo mismo, y hombre y músico, porque
lo uno es accidente de lo otro, y lo músico es hombre porque es accidente del
30 hombre; y esto se dice idéntico a uno y otro término, y cada uno de ellos,
idéntico a esto; en efecto, tanto el hombre como lo músico se dicen idénticos
al hombre músico, y esto, idéntico a aquéllos (y por eso todas estas cosas no
se dicen universalmente; pues no es verdadero decir que todo hombre es idéntico
a lo músico; pues los universales existen por sí, y los 35 accidentes no
existen por sí, sino que se dicen simplemente de (1018ª) los individuos;
idéntico, en efecto, parece ser «Sócrates» y «Sócrates músico»; pero
«Sócrates»
no se dice de muchos; por eso no se dice «todo Sócrates» como «todo hombre»).
Unas
cosas se llaman idénticas de este modo; pero otras 5 se llaman idénticas por
sí, en los mismos sentidos en que se dice por sí lo uno. En efecto, aquellas
cuya materia es una o por la especie o por el número se dicen idénticas, y
aquellas cuya substancia es una. Por
consiguiente, es claro que la identidad es cierta unidad, o bien del ser de
varios o bien cuando se toman como varios, por ejemplo cuando se dice que una
cosa es idéntica a sí misma, pues entonces se toma una cosa como 10 dos. -
Otras se llaman aquellas cosas de las cuales son más de una las especies, o la
materia, o el enunciado de la substancia; y, en general, otro se dice en
sentido opuesto a idéntico.
Se
llaman diferentes cuantas cosas son otras siendo en cierto modo idénticas, pero
no por el número, sino por la especie, o por el género, o por analogía. Además,
aquellas cuyo género es otro, y las contrarias, y cuantas tienen en la
substancia la alteridad. Se llaman
semejantes las que son, en todos los aspectos, 15 sujeto paciente de lo mismo,
y las que más veces son sujeto paciente de las mismas cosas que de otras, y
aquellas cuya cualidad es una; y lo que tiene en común con otra cosa más
numerosos o más importantes contrarios según los cuales cabe alterarse, es
semejante a ésta. Y de modo opuesto a las cosas semejantes se dicen las
desemejantes.
Capítulo
10
Opuestos
se llaman la contradicción y los contrarios, los 20 términos relativos, la
privación y el hábito, y los extremos desde los cuales y hacia los cuales van
las generaciones y las corrupciones; y las cosas que no pueden estar presentes
simultáneamente en un receptáculo común se dice que se oponen, o ellas mismas o
aquellas de las cuales constan. En efecto, lo gris y lo blanco no se dan
simultáneamente en lo mismo; es que 25 se oponen aquellas cosas de las cuales
constan. Contrarias se llaman las cosas
diferentes según el género que no pueden estar simultáneamente presentes en lo
mismo, y las más diferentes entre las que están en el mismo género, y las más
diferentes entre las que están en el mismo receptáculo, y las más diferentes
entre las que están bajo la misma potencia, 30 y aquellas cuya diferencia es
máxima, o absolutamente, o según el género,
o según la
especie. Y las
demás cosas se
llaman contrarias, unas
por tener tales contrarios, otras por ser capaces de
recibirlos, otras por ser capaces de producirlos o de ser afectadas por ellos,
o porque los producen o son afectadas por ellos, o por ser pérdidas o
adquisiciones, hábitos o privaciones de ellos.
Y, puesto que el Uno y el Ente se dicen en varios sentidos, 35
necesariamente les seguirán también las demás cosas que se dicen según éstos,
de suerte que también lo idéntico, lo otro y lo contrario, serán distintos
según cada categoría. Otras por la
especie se llaman las cosas que, siendo del (1018b) mismo género, no están
subordinadas entre sí, y las que, estando en el mismo género, tienen
diferencia, y las que tienen contrariedad en la substancia. Y los contrarios
son entre sí otros por la especie, o todos, o los que se llaman contrarios
primordialmente, y aquellas cosas cuyos enunciados son otros en la última 5
especie del género (por ejemplo, hombre y caballo son indivisibles por el
género, pero sus enunciados son otros), y las cosas que, estando en la misma
substancia, tienen diferencia. Y son idénticas por la especie las cosas que se
dicen de modo opuesto a éstas.
Capítulo
11
Anteriores
y posteriores se llaman algunas cosas, suponiendo 10 que algo es primero y
principio en cada género, por [estar] más cerca de algún principio determinado
o bien absolutamente y por
naturaleza
o bien en orden a algo o en algún lugar o por algunos; así, unas son anteriores
según el lugar por estar más cerca, o bien de algún lugar determinado por la
naturaleza (por ejemplo, del medio o del extremo), o bien en orden a cualquier
cosa; y lo que está más alejado es posterior. Otras son 15 anteriores según el
tiempo (unas, en efecto, lo son por estar más lejos del momento presente; por
ejemplo en los sucesos pasados, pues antes fueron las guerras troyanas que las
médicas, porque distan más del momento presente; y otras, por estar más cerca
del momento presente; por ejemplo en los futuros, pues antes serán los juegos
nemeos que los píticos, porque están más cerca del momento presente,
habiéndonos servido de este momento como principio y momento primero). Otras
son anteriores según el movimiento (pues es anterior lo que está más cerca del
motor 20 primero; por ejemplo, el niño es anterior al varón; y también éste es
cierto principio absolutamente). Otras son anteriores según la potencia (pues
es anterior lo que supera en potencia, y lo que es más potente; y es tal aquel
según cuyo designio necesariamente resultará lo otro, que es posterior, de
suerte que, si aquél no lo mueve, no se mueve esto, y, si lo mueve, 25 se
mueve; y el designio es un principio). Otras son anteriores según la ordenación
(y éstas son las que, en relación a algo determinado, distan según cierta
razón; por ejemplo, el parastata es anterior al tritostata, y la paraneta,
anterior a la neta; pues allí es principio el corifeo, y aquí, la mediana. 30
Estas cosas, pues, se dicen anteriores de este modo.
Y de
otro modo se dice anterior lo anterior por el conocimiento, considerado también
como anterior absolutamente. Pero, entre estos anteriores, son distintos los
que lo son según el concepto y los que lo son según la sensación. Pues, según
el concepto, son anteriores los universales, y, según la sensación, los
singulares. Además, según el concepto, el accidente es anterior al todo; por
ejemplo, lo músico es anterior al hombre músico. 35 Pues el concepto no será
todo sin la parte; sin embargo, no cabe que exista lo músico si no existe algún
músico.
Todavía,
se llaman anteriores las afecciones de los sujetos anteriores; por ejemplo, la
rectitud es anterior a la tersura; aquélla, en efecto es afección de la línea
en cuanto tal, y ésta, (1019ª) de la superficie. Así,
pues, unas cosas
se llaman anteriores
y posteriores así, y otras,
según la naturaleza y la
substancia; las últimas son las que pueden existir sin otras, mientras que
estas otras no pueden existir sin ellas; esta división la usó Platón. (Y,
puesto que «ser» se dice en varios sentidos, en primer lugar es anterior el
sujeto, por lo cual la substancia es 5 anterior; después, son anteriores de
distinto modo las cosas que son según la potencia y según la entelequia. Unas,
en efecto, son anteriores según la potencia, y las otras, según la entelequia;
por ejemplo, según la potencia, la media línea es anterior a la línea entera, y
la parte, anterior al todo, y la materia,
anterior
10 a la substancia; pero, según la entelequia, son posteriores. Pues, sólo una
vez disuelto el todo, serán según la entelequia).
Así,
pues, en cierto modo, todas las cosas que se dicen anteriores o posteriores se
dicen según éstas; unas, en efecto, pueden existir sin las otras según la
generación, por ejemplo el todo sin las partes; y otras, según la corrupción,
por ejemplo la parte sin el todo. Y de
modo semejante las demás cosas.
Capítulo
12
15
Se llama potencia el principio del movimiento o del cambio que está en otro, o
en el mismo en cuanto otro; por ejemplo, el arte de edificar es una potencia
que no está en lo que se edifica; pero el arte de curar, que es una potencia,
puede estar en el que es curado, pero no en cuanto que es curado. Así, pues, la
que es absolutamente principio del cambio o del movimiento se llama potencia en
otro, o en el mismo en cuanto otro; pero hay también una potencia para ser
cambiado o movido por otro, o por el mismo en cuanto otro (decimos, en efecto,
que el 20 paciente puede ser afectado por aquella potencia de la cual recibe
alguna afección, unas veces si recibe una afección cualquiera, pero otras no
según cualquiera afección, sino si la afección es para algo mejor).
Además,
se llama potencia la de terminar una cosa bien o según designio; pues algunas
veces decimos que los que simplemente andan o hablan, pero no bien, o no como
quieren, no 25 pueden hablar o andar. Y lo mismo en cuanto a recibir
afecciones. Además, todos aquellos hábitos según los cuales las cosas son
totalmente impasibles, o inmutables, o no fácilmente movibles hacia lo que es
peor, se llaman potencias; las cosas, en efecto, se quiebran o se desmenuzan, o
se doblan, y, en una palabra, 30 se destruyen, no por poder, sino por no poder,
y por carecer de algo; y son impasibles frente a tales alteraciones las que
apenas o ligeramente son afectadas, a causa de su potencia, por poder, y por
estar dispuestas de algún modo.
Diciéndose la potencia en todos estos sentidos, también potente se dirá,
en un sentido, lo que tiene un principio de 35 movimiento o de cambio (pues
también lo que puede detener es algo potente) en otro, o en sí mismo en cuanto
otro; en un (1019b) segundo sentido, se llama potente una cosa si algo tiene
sobre ella tal potencia; en otro, si tiene potencia para experimentar cualquier
cambio, ora hacia lo que es peor, ora hacia lo que es mejor (pues también lo
que se corrompe parece ser potente para corromperse, o que no se corrompería si
fuera impotente para ello; por consiguiente, tiene cierta disposición y causa y
5 principio de tal afección. Así, pues, unas veces parece ser tal por tener
algo, otras por estar privado de algo. Pero, si la privación es en cierto modo
un hábito, todas las cosas serán potentes por tener algo. Pero el ser se dice
equívocamente; de suerte que se es potente por tener
algún
hábito y principio, y por tener la privación de éste, si cabe tener una
privación. Y, de otro
10
modo, por no tener otro, o él mismo en cuanto otro, la potencia o principio de
su corrupción.
Y,
todavía, todas estas cosas se dicen potentes o bien simplemente, porque pueden
llegar o no llegar a ser, o porque llegan o no llegan a ser bien. Pues también
en los inanimados reside tal potencia, por ejemplo en los instrumentos; pues
dicen que una 15 lira puede tocar, y otra no, si no es de buen sonido.
Impotencia
es la privación de potencia y de un principio tal cual se ha dicho, o
absolutamente, o en el llamado por la naturaleza a tenerlo, o bien cuando está
llamado por la naturaleza a tenerlo ya; no se diría, en efecto, que un niño, un
varón adulto y un eunuco son igualmente impotentes para engendrar.
20
Y, todavía, según una y otra potencia, hay una impotencia opuesta, a la que
simplemente mueve y a la que mueve bien.
Impotentes,
por tanto, se llaman unas cosas según esta impotencia, y otras, de otro modo,
como lo posible y lo imposible; es imposible aquello cuyo contrario es
verdadero por necesidad (por ejemplo, que la diagonal sea de la misma medida
que un lado del cuadrado es imposible, porque esto es falso, y su 25 contrario
no sólo es verdadero, sino incluso necesario [que sea de distinta medida]). Por
consiguiente, que sea de la misma medida no sólo es falso, sino incluso falso
de necesidad.
Y lo
contrario a esto, lo posible, es cuando lo contrario no es necesariamente
falso, por ejemplo, es posible que un hombre esté sentado, pues no es falso de
necesidad que no esté sentado. 30 Así, pues, lo posible significa, en un
sentido, como se ha dicho, lo no falso de necesidad; en otro, el ser verdadero,
y en otro, lo que cabe que sea verdadero ya.
Y, metafóricamente, se llama potencia la que se estudia en la Geometría.
Éstas son, pues, las cosas posibles no según una 35 potencia.
Pero
las que se dicen según una potencia, todas se dicen en (1020ª) orden a una
primera; y ésta es un principio de cambio que está en otro, o en el mismo en
cuanto otro. Las demás cosas, en efecto,
se llaman posibles, unas porque algo distinto de ellas tiene tal potencia,
otras porque no la tiene, y otras porque la tiene de un modo determinado. Y de
manera semejante también 5 las imposibles. De suerte que la definición propia
de la potencia primera sería: principio mutativo que está en otro, o en el
mismo en cuanto otro.
Capítulo
13
Cuanto
se llama lo divisible en sus partes integrantes, de las cuales una y otra o
cada una es por naturaleza algo uno y algo determinado. Así, pues, una multitud
es algo cuanto si es numerable, y una magnitud, si es mensurable. Y se llama 10
multitud lo potencialmente divisible en partes discontinuas, y magnitud, lo
divisible en partes continuas. Y la magnitud continua en una dimensión se llama
longitud; la continua en dos, latitud, y la continua en tres, profundidad. Y la
multitud finita se llama número, y la longitud, línea, y la latitud,
superficie, y la profundidad, cuerpo.
Además, unas cosas se llaman cuantas por sí, y otras, 15
accidentalmente; por ejemplo, la línea es algo cuanto por sí, y lo músico,
accidentalmente. Y de las cosas que son cuantas por sí, unas lo son según la
substancia, como es algo cuanto la línea (pues en el enunciado que dice qué es
figura «algo cuanto»), y otras son afecciones y hábitos de tal substancia, como
lo mucho 20 y lo poco, lo largo y lo corto, lo ancho y lo estrecho, lo alto y
lo bajo, lo pesado y lo ligero, y las demás cosas semejantes. Y también lo
grande y lo pequeño, y lo mayor y lo menor, en sí mismos y en relación
recíproca, son de suyo afecciones de 25 lo cuanto. Pero estos nombres se
transfieren también a otras cosas. Y de
las cosas que se dicen cuantas accidentalmente, unas se dicen del mismo modo
que se dijo que era cuanto lo músico y lo blanco, por ser algo cuanto aquello
en lo que están, y otras, como se dicen cuantos el movimiento y el tiem po;
pues 30 también éstos se dicen cuantos y continuos, por ser divisibles aquellas
cosas de las que éstos son afecciones. Pero me refiero no a lo que se mueve,
sino a aquello a través de lo que fue movido; pues, por ser cuanto esto,
también el movimiento es cuanto, y el tiempo es cuanto por serlo el movimiento.
Capítulo
14
Cualidad
se llama, en un sentido, la diferencia de la substancia; por ejemplo, un hombre
es un animal de cierta cualidad porque es bípedo, y un caballo, porque es
cuadrúpedo, y un círculo es una figura de cierta cualidad porque no tiene 35
ángulos, puesto que la diferencia substancial es una cualidad. – Por (1020b)
consiguiente, en este sentido, la cualidad se llama diferencia de la
substancia.
Pero,
en otro sentido, la cualidad se dice como en las cosas inmóviles y en las Cosas
matemáticas, del modo que los números son de cierta cualidad, por ejemplo los
números compuestos y que no son sólo en una dimensión, sino aquellos de los que
es imitación el plano y el sólido (y éstos son los cuantas veces 5 cuantos o
cuantas veces cuantas veces cuantos), y, en suma, lo que hay en la substancia
además de lo cuanto. Pues la substancia de cada uno es lo que es una sola vez;
por ejemplo, la substancia de seis no es lo que son dos veces o tres veces,
sino lo que son una sola vez. Pues seis son una sola vez seis. Además, todas las afecciones de las
substancias que se 10
mueven,
como el calor y la frialdad, la blancura y la negrura, la pesadez y la
ligereza, y todas las cosas semejantes, según las cuales se dice también que se
alteran los cuerpos de las cosas que cambian. Además, según la virtud y el
vicio, y, en general, el mal y el bien.
Así,
pues, la cualidad puede decirse sin duda de dos modos, y de éstos sería uno el
más propio. La cualidad primera es, en 15 efecto, la diferencia de la
substancia (y de ésta es cierta parte también la cualidad que hay en los
números; pues es cierta diferencia de substancias, pero de substancias que o
bien no se mueven o bien no en cuanto que se mueven), y las afecciones de las
cosas que se mueven en cuanto que se mueven, y las diferencias de los
movimientos. Y la virtud y el vicio son cierta parte de las afecciones, pues
manifiestan diferencias del movimiento y de la actividad, según las cuales
actúan o reciben la 20 acción de otro, bien o mal, las cosas que están en
movimiento. Pues lo que puede ser movido o actuar de tal modo es bueno, y lo
que puede ser movido o actuar del modo contrario, malo. Pero lo bueno y lo malo
significan cualidad sobre todo en los seres animados, y, de entre éstos,
principalmente en los que tienen albedrío. 25
Capítulo
15
Relativo
se dice, de unas cosas, como lo doble en orden a la mitad y lo triple en orden
a la tercera parte, y en general el múltiplo en orden al submúltiplo, y lo que
excede en orden a lo excedido; de otras, como lo que puede calentar en orden a
lo que puede ser calentado, y lo cortante en orden a lo 30 cortable, y, en una
palabra, lo activo en orden a lo pasivo; de otras, como lo medible en orden a
la medida, y lo escible en orden a la ciencia, y lo sensible en orden a la
sensación.
Las
relaciones de la primera clase se dicen según un número, o simplemente o de un
modo determinado, en orden a ellos o en orden a uno (por ejemplo lo doble es,
en relación a uno, 35 un número determinado, y el múltiplo está en relación
numérica con uno, pero no determinada, como ésta o ésta. Y lo (1021ª)
sesquiáltero está en orden a lo subsesquiáltero en relación numérica
determinada, pero lo superparcial en orden a lo subsuperparcial está en
relación indeterminada, como el múltiplo en orden a uno. Y lo que excede en
orden a lo excedido es totalmente indeterminado según un número; el número, en
efecto, es 5 conmensurable, y de lo no conmensurable no se dice un número, y lo
que excede en orden a lo excedido es tanto como lo excedido y todavía más, pero
esto es indeterminado; pues es de cualquier modo, o igual o no igual a lo
excedido). Así, pues, todas estas relaciones se dicen según un número y son
afecciones de un número. Y también lo
igual y semejante y lo idéntico, de distinto 10 modo (todos, en efecto, se
dicen según el Uno, pues son idénticas aquellas cosas cuya substancia es una, y
semejantes, aquellas cuya cualidad es una, e iguales, aquellas cuya cantidad es
una: y el Uno es
principio
y medida del número, de suerte que todas éstas se dicen relaciones según un
número, pero no del mismo 15 modo).
Y
las relaciones activas y las pasivas se dicen relaciones según la potencia
activa y pasiva y los actos de las potencias; por ejemplo, lo que puede
calentar es relativo a lo que puede ser calentado porque puede, y a su vez lo
que calienta es relativo a lo que es calentado, y lo que corta, relativo a lo
que es cortado, como actuantes. Pero de las cosas relativas numéricamente no 20
hay actos, a no ser del modo que se ha dicho en otro lugar; y los actos según
un movimiento no se dan en ellas. Pero algunas cosas relativas según una
potencia se dicen también relativas según tiempos particulares, por ejemplo lo
que ha hecho en relación a lo que ha sido hecho, y lo que hará en relación a lo
que será hecho. Así, en efecto, el padre se dice padre del hijo; pues el uno ha
hecho algo y el otro ha recibido la acción. Además, algunas cosas son relativas
por privación de potencia, como 25 lo imposible y cuantas cosas se dicen así,
por ejemplo lo invisible. Así, pues, las
cosas que se dicen relativas según número y potencia, todas son relativas
porque lo que ellas son se expresa por lo que es de otro, y no porque otra cosa
sea relativa a ellas. Pero lo mensurable y lo escible y lo pensable se dicen
relativos 30 porque otra cosa se dice relativa a ellos. Lo pensable, en efecto,
significa que hay pensamiento de ello; pero el pensamiento no es relativo a
aquello de lo que es pensamiento (pues se habría dicho dos veces lo mismo), y,
de modo semejante, la visión es (1021b) visión de algo, no de aquello de lo que
es visión (aunque sea verdadero decir esto), sino relativa al color o relativa
a alguna otra cosa semejante. Pero de aquel modo se dirá dos veces lo mismo,
que la visión es de lo que es. Así, pues, las cosas que se dicen relativas
según ellas mismas, unas se dicen así, otras 5 si los géneros de ellas son
tales; por ejemplo, la Medicina es una de las cosas relativas porque el género
de ella, la ciencia, es considerado como relativo. Además, todas aquellas cosas según las cuales
se dicen relativas las que las tienen, como la igualdad porque se dice relativo
lo igual, y la semejanza porque se dice relativo lo semejante. Otras,
accidentalmente; por ejemplo, un hombre es relativo porque es accidental para
él ser doble, y esto es una de las cosas relativas; o lo blanco, si es
accidente 10 de uno mismo ser doble y blanco.
Capítulo
16
Perfecto
se dice, en primer lugar, aquello fuera de lo cual no es posible tomar ninguna
parte de ello (por ejemplo, tiempo perfecto de cada cosa es aquel fuera del
cual no es posible tomar algún tiempo que sea parte de este tiempo), y lo que,
según la excelencia y el bien, no puede ser superado en cuanto al 15 género;
por ejemplo, un médico es perfecto, y un flautista es perfecto, cuando, según
la especie de la propia excelencia, nada les falta (y así, por metáfora,
también en
las
cosas malas decimos «un sicofanta perfecto y un ladrón perfecto», puesto que
también los llamamos buenos, por ejemplo «un buen ladrón o un buen sicofanta».
Y la excelencia es cierta perfección; pues cada 20 cosa es perfecta y toda
substancia es perfecta cuando, según la especie de la propia excelencia, no
carece de ninguna parte de su magnitud natural.
Todavía,
se llaman perfectas aquellas cosas que han conseguido el fin, siendo éste
noble; pues se llaman perfectas por 25 tener el fin, de suerte que, puesto que
el fin es una de las cosas extremas, trasladando el sentido también a las cosas
malas, decimos que algo ha perecido perfectamente y que se ha corrompido
perfectamente, cuando nada falta de la corrupción y del mal, sino que está en
el extremo; por eso también la muerte se llama fin por metáfora, porque ambos
son cosas extremas. 30 Y también se llama fin la causa final última.
Así,
pues, las cosas llamadas perfectas según ellas mismas se llaman así de todos
estos modos; unas por no carecer de nada en el sentido del bien ni tener
superación ni tomar algo fuera; otras, en absoluto, por no tener superación en
cada género ni haber nada fuera; y las demás se llaman perfectas o bien según
(1022ª) éstas, o bien por hacer algo perfecto o por tenerlo o por adaptarse a
ello o por decirse de alguna manera en orden a las primariamente llamadas
perfectas.
Capítulo
17
Término
se llama lo último de cada cosa, y lo primero fuera de lo cual no es posible
tomar nada de ella, y lo primero dentro 5 de lo cual está todo lo de ella, y lo
que sea especie de magnitud o de lo que tiene magnitud, y el fin de cada cosa
(y es tal aquello a lo que se dirige el movimiento y la acción, y no aquello
desde lo que comienza; pero algunas veces, ambas cosas, aquello desde lo que
comienza y aquello a lo que se dirige y la causa final), y la substancia de
cada cosa y la esencia de cada 10 cosa; pues ésta es término del conocimiento;
y, si lo es del conocimiento, también de la cosa. Por consiguiente, está claro
que, de cuantos modos se dice el principio, de tantos se dice también el
término, y todavía de más; pues el principio es un término, pero no todo
término es principio.
Capítulo
18
«Por
lo que» se dice en varios sentidos; en un sentido es la 15 especie y la
substancia de cada cosa; por ejemplo, aquello por lo que uno es bueno es el
Bien en sí; en otro sentido, aquello en lo que primero puede algo llegar a ser
naturalmente, por ejemplo el color en la superficie. Así, pues, lo primeramente
llamado «por lo que» es la especie, y, en segundo lugar, es como la materia de
cada cosa y lo primero que subyace a cada cosa. 20 Y, en general, «por lo que»
tendrá las mismas acepciones que «causa»; se dice, en efecto, «¿por qué ha
venido?» o «¿a causa de qué ha
venido?»,
y «¿por qué se ha hecho un paralogismo o un silogismo?», o «¿cuál es la causa
del silogismo o del paralogismo?». Además, se llama «por lo que» lo que es por
posición: «por lo que» se ha detenido o «por lo que» anda; pues todas estas
cosas significan lugar y posición. De suerte que también «por sí mismo» tiene
que decirse en varios sentidos; un «por sí 25 mismo» es, en efecto, la esencia
de cada cosa, por ejemplo Calias es por sí mismo Calias y la esencia de Calias;
otro, todo lo que hay en la quididad, por ejemplo Calias es por sí mismo
animal; pues en el enunciado está «animal»;
Calias
es, en efecto, cierto animal. Además, si el sujeto ha recibido algo
directamente en sí mismo o en alguna de las partes de sí mismo; por 30 ejemplo,
la superficie es blanca por sí misma, y el hombre vive por sí mismo; pues el
alma, en la cual está directamente el vivir, es una parte del hombre. Todavía,
aquello de lo cual no es causa otra cosa; del hombre, en efecto, hay varias
causas: lo animal, lo bípedo; sin embargo, el hombre es hombre por sí mismo. 35
Además, cuantas cosas se dan en uno solo y en cuanto es uno solo; por eso lo
separado es por sí mismo.
Capítulo
19
(1022b) Disposición se llama la ordenación, según el
lugar o según la potencia o según la especie, de lo que tiene partes; es
preciso, en efecto, que haya alguna posición, como incluso lo manifiesta el
nombre «disposición».
Capítulo
20
Hábitoà
se llama, en un sentido, por ejemplo, cierto acto de 5 lo que tiene y de lo que
es tenido, como cierta acción o movimiento (pues cuando uno hace y otro es
hecho, está en medio el acto hacedor; así también en medio del que tiene un
vestido y del vestido tenido está el hábito). Es, pues, evidente que no cabe
que éste tenga hábito (en efecto, se procedería al infinito, si fuese propio de
lo tenido tener hábito). En otro sentido se llama hábito una disposición según
la cual está bien o mal 10 dispuesto lo que está dispuesto, y lo está o por sí
mismo o en orden a otro; por ejemplo, la salud es cierto hábito, pues es una
disposición tal. Todavía, se llama hábito si es una parte de tal disposición;
por eso también la excelencia de las partes es cierto hábito.
Capítulo
21
15
Afección se llama, en un sentido, la cualidad según la cual cabe alterarse,
como lo blanco y lo negro, lo dulce y lo amargo, la pesadez y la ligereza, y
las demás cosas tales; en otro, los actos e incluso las alteraciones de estas
cualidades. Además, entre éstas, más bien las alteraciones y movimientos
dañinos, y sobre 20 todo los daños penosos. Todavía, se llaman afecciones los
infortunios y penas grandes.
«Hábito» conserva aquí el sentido antiguo de
«haber», que ha pasado a «tener». El castellano antiguo sería aquí más
transparente: «en medio del que ha un vestido y del vestido habido está el
hábito«. Hábito es, pues, la acción o estado del que «ha» o «tiene».
Capítulo
22
Privación
se dice, en un sentido, si un sujeto no tiene alguna de las cosas destinadas
por la naturaleza a ser tenidas, aunque él no sea apto por naturaleza para
tenerla; por ejemplo, se dice que una planta está privada de ojos. En otro
sentido, si, siendo 25 apto por naturaleza, o él o su género, para tenerla, no
la tiene; por ejemplo, de diferente modo están privados de vista un hombre
ciego y un topo; éste, según el género, y aquél, según él mismo. Todavía, si,
siendo apto por naturaleza y cuando es apto por naturaleza para tener algo, no
lo tiene; la ceguera, en efecto, es cierta privación, pero ciego no se es a
cualquier edad, sino a la que uno es apto para tener vista, si no la tiene. Y
de modo semejante también en lo que, y según lo que, y en orden 30 a lo que, y
del modo que uno es apto por naturaleza para tenerlo, si no lo tiene. Todavía,
la ablación violenta de cualquier cosa se llama privación.
Y,
de cuantos modos se dicen las negaciones a base de a privativa, de otros tantos
se dicen también las privaciones; pues ©nison (desigual) se dice por no tener
igualdad siendo apto por naturaleza para tenerla, y ¦Õraton (invisible) por no
tener en absoluto color o por tenerlo mal, y
©poun
(sin pies), por no tener 35 en absoluto pies o por tenerlos malos. Además,
también por (1023ª) tener algo pequeño, por ejemplo ¦pÝrhnon (sin pepita); y
esto es tener mal en cierto modo. Todavía, por no hacerse fácilmente o por no
hacerse bien; por ejemplo, lo ©tmhton (incortable), no sólo por no cortarse,
sino también por no cortarse fácilmente o no cortarse bien. Además, por no
tener en absoluto; pues no 5 se llama ciego el tuerto, sino el que en los dos
ojos carece de vista.
Por eso todos
no son buenos
o malos, justos
o injustos, sino también lo intermedio.
Capítulo
23
Tener
se dice en varios sentidos. En un sentido, es llevar según la propia naturaleza
o según el propio impulso; por eso 10 se dice que la fiebre tiene al hombre, y
los tiranos, a las ciudades, y al vestido, los que lo tienen puesto. En otro
sentido, tener se dice de aquello en lo que algo está como en un receptáculo;
por ejemplo, el bronce tiene la especie de la estatua, y el cuerpo, la
enfermedad. En otro sentido, como el continente tiene las cosas contenidas; se
dice, en efecto, que éstas son tenidas por aquello en lo que están como en su
continente; por 15 ejemplo, decimos que la vasija tiene líquido, y la ciudad,
hombres, y la nave, marineros, y así también decimos que el todo tiene las
partes. Todavía, lo que impide que algo se mueva u obre según su propio impulso
se
dice que lo tiene; por ejemplo, las columnas tienen los pesos superpuestos, y
del modo que los poetas hacen que Atlante tenga el cielo, porque, de lo
contrario, se 20 derrumbaría sobre la tierra, como afirman también algunos de
los fisiólogos; y, en este sentido, también lo que mantiene unido se dice que
tiene las cosas que mantiene unidas, porque, de lo contrario, cada una se
separaría según su propio impulso. Y también «estar en algo» se dice de modo
semejante y 25 consecuentemente a «tener».
Capítulo
24
Proceder
de algo se dice, en un sentido, de aquello de lo que algo es como de su
materia, y esto, de dos maneras, o según el género primero o según la última
especie; por ejemplo, en cierto modo todas las cosas licuables proceden del
agua, y, en cierto modo, la estatua procede del bronce. En otro sentido, 30
proceder se dice como del primer principio motor (por ejemplo, ¿de qué procede
la lucha? Del insulto, porque éste fue el principio de la lucha). En otro
sentido, se dice del compuesto de la materia y de la forma, como proceden del
todo las partes, y de la Iliada, el canto, y de la casa, las piedras; pues el
fin es la forma, y perfecto es lo que tiene el fin. Otras cosas proceden de
algo como procede de la parte la especie; por 35 ejemplo, el hombre procede de
lo bípedo, y la sílaba, de la letra; pues esto procede de otro modo que la
estatua procede (1023b) del bronce; pues de la materia sensible procede la
substancia compuesta, pero también la especie procede de la materia de la
especie. Así, pues, unas cosas se dice que proceden así, y otras se dice que
proceden si según alguna parte se da alguno de estos modos; por ejemplo, del
padre y de la madre procede el hijo, y de la tierra, las plantas, porque
proceden de alguna 5 parte de ellos. En otro sentido, se dice que algo procede
de aquello después de lo cual viene en el tiempo; por ejemplo, del día procede
la noche, y del buen tiempo, la tempestad, porque lo uno viene después de lo
otro. Y, de estas cosas, unas se dicen así por tener cambio recíproco, como las
ahora mencionadas; otras, por darse sólo a continuación en el tiempo;
10
por ejemplo, la navegación procede del equinoccio, porque se realizó después
del equinoccio, y proceden de las fiestas dionisias las targelias, porque
vienen después de las dionisias.
Capítulo
25
Parte
se dice, en un sentido, aquello en que puede ser dividida de cualquier modo una
cantidad (pues siempre lo que se quita de una cantidad en cuanto cantidad se
llama parte de ella; por ejemplo, dos se dice en cierto modo parte de tres); y,
en otro sentido, se llaman partes sólo las que, de entre éstas, 15 miden el
todo; por eso dos se dice parte de tres en un sentido, pero en otro no. Además,
aquellas en que la especie puede ser dividida, sin la cantidad, también se
llaman partes de esta especie; por eso dicen que las especies son partes del
género. Todavía, aquellas en
que
se divide o de las que se compone el todo, o bien la especie o lo que tiene a
la especie; por ejemplo, de la 20 esfera de bronce, o del cubo de bronce, no
sólo es parte el bronce (y ésta es la materia en la que está incluida la
especie), sino que también es parte el ángulo. Además, las cosas incluidas en
el enunciado que expresa cada cosa, también éstas son partes del todo; por eso
el género se dice también parte de la especie; pero, en otro sentido, la
especie es parte del género. 25
Capítulo
26
Entero
se llama algo a lo que no falta ninguna parte de aquellas por las cuales se
llama entero por naturaleza, y lo que contiene las cosas contenidas de manera
que éstas sean algo uno; y esto puede ser de dos maneras: pues o bien son uno
individualmente, o bien se compone de ellas la unidad. Lo universal, en efecto,
y aquello de lo que se habla en general como 30 de algo entero, es universal en
el sentido de contener muchas cosas porque se predica de cada una y porque
todas son una cosa individualmente, por ejemplo hombre, caballo, dios, porque
todos son vivientes. Y lo continuo y limitado son algo entero cuando una unidad
procede de varias cosas que la constituyen, sobre todo en potencia, aunque
también en entelequia. Y, de estas mismas cosas, son algo entero en mayor grado
las que son tales por naturaleza que las que lo son por arte, como decíamos
35 también a propósito del
Uno, porque la integridad es cierta
unidad. Además, teniendo la cantidad principio, medio y fin, de (1024ª)
aquellas cosas en que la posición no establece diferencia se dice «todo», y de
aquellas en que la establece, «entero». Y de las que admiten ambas
posibilidades, se dice lo mismo «entero» que «todo»; y son éstas aquellas cuya
naturaleza permanece idéntica con la transposición de las partes, pero la forma
no, por ejemplo la cera o un manto; en efecto, se dicen lo mismo 5 «entero» que
«todo»; pues tienen ambas posibilidades. Pero del agua y de las cosas líquidas,
y del número, se dice «todo», y no se dice número entero ni agua entera, a no
ser por metáfora. «Todas» se dice de aquellas cosas de las que
«todo»
se dice como de uno; de éstas se dice «todas» como de cosas divididas: 10 «todo
este número», «todas estas unidades».
Capítulo
27
Mutilado
se dice de lo que tiene cantidad; pero no de cualquier cosa, sino que es
preciso que sea partible y que pueda ser algo entero. Un conjunto de dos no
queda mutilado al serle restado uno (pues lo que se quita en la mutilación
nunca es igual a lo que queda); tampoco, en general, puede ser mutilado 15
ningún número. En efecto, es preciso también que permanezca la substancia: para
que una copa esté mutilada, ha de seguir siendo copa; pero el número ya no es
el mismo. Además, aunque la cosa sea de partes desemejantes, tampoco podrá ser
mutilada siempre (pues el número,
en
cierto modo, tiene también partes desemejantes, por ejemplo, la díada y la
tríada); de todas aquellas cosas en que la posición de las partes no establece
diferencia, absolutamente ninguna puede
llamarse mutilada, por ejemplo
el agua o
el fuego, sino
que, para ser
tales, su 20 disposición ha de afectar a la substancia.
Además, han de ser continuas; la armonía, en efecto, consta de tonos desemejantes
y tiene posición, pero no puede ser mutilada. Tampoco todo lo que constituye
algo entero puede ser mutilado por la privación de cualquier parte, pues no
puede tratarse ni de las que son propias de la substancia ni de las que están
en cualquier punto; por ejemplo, no queda mutilada la copa al ser perforada,
pero sí al 25 perder el asa o alguna extremidad, y el hombre no queda mutilado
si le quitan carne o el bazo, sino alguna extremidad, y no cualquiera, sino
alguna que, quitada entera, no se reproduce. Por eso los calvos no son
mutilados.
Capítulo
28
Género
se dice, en un sentido, cuando es continua la 30 generación de los que tienen
la misma especie; por ejemplo, se dice: «mientras exista el género de los
hombres», que es como decir: mientras sea continua la generación de ellos. En
otro sentido, se llama género aquello de lo que algo procede y que fue el
principio de su movimiento hacia el ser; así, unos se llaman helenos y otros
jonios por su género, por proceder unos de Helén y otros de Jon, fundadores de
su estirpe; y se aplica esto más al 35 engendrador que a la materia (aunque
también se indica el género partiendo de la mujer, y así se dice «los
descendientes de Pirra»). (1024b) Y, todavía, en el sentido en que el plano es
el género de las figuras planas, y el sólido, de las sólidas; pues cada una de
tales figuras es un plano determinado o un sólido determinado; y esto es lo que
subyace a las diferencias. Además, en el sentido en que, en los enunciados, es
género el primer elemento que se enuncia en la quididad, del cual se dice que
son diferencias las 5 cualidades. El género, pues, se dice de todos estos
modos: uno según la generación continua de la misma especie, otro según el primer
motor de su misma
especie, y otro como
materia; pues aquello a lo que
pertenecen la diferencia y la cualidad es el sujeto, al cual llamamos materia.
Distintas
por el género se llaman las cosas cuyo primer sujeto 10 es distinto y no se
resuelven el uno en el otro ni ambos en el mismo; por ejemplo, la especie y la
materia son distintas por el género, y cuantas cosas se dicen según distinta
figura de la predicación del ente (pues unos de los llamados entes significan
quididad; otros, alguna cualidad, y otros, como se explicó 15 anteriormente).
Estas cosas, en efecto, no se resuelven ni unas en otras ni en algo único.
Capítulo
29
Falso
se dice, en un sentido, como una cosa falsa, o bien porque los términos no
concuerdan, o porque es imposible que concuerden (por ejemplo, si dijéramos que
la diagonal es 20 conmensurable, o que tú estás sentado; en efecto, de estas
afirmaciones, una es falsa siempre, y la otra, a veces; pues, en este sentido,
estas cosas no son). Se llaman también falsas las cosas que, siendo entes, son
por naturaleza aptas para parecer o como no son o lo que no son (por ejemplo,
el dibujo sombreado y los sueños; pues éstos son ciertamente algo, pero no
aquello de 25 lo que producen la ilusión). Así, pues, las cosas falsas se
llaman así o porque ellas mismas no existen o porque la imagen que producen no
es real.
Enunciado
falso es, en cuanto falso, el de las cosas que no son; por eso todo enunciado
es falso si se dice de una cosa que no es aquella de la cual es verdadero; por
ejemplo, el enunciado del círculo es falso si se dice del triángulo. Y el
enunciado de cada cosa, en un sentido, es uno, el de la esencia; pero, en otro
sentido, son varios, puesto que, en cierto modo, 30 la cosa y la cosa con algún
atributo es lo mismo, por ejemplo Sócrates y Sócrates músico (y el enunciado
falso no es, sencillamente, enunciado de nada). Por eso era una simpleza la
opinión de Antístenes al pretender que nada se enunciaba a no ser con un
enunciado propio, uno para cada cosa; de donde resultaba que no era posible
contradecir, ni casi errar. En realidad, es posible enunciar cada cosa no sólo
con el enunciado 35 de ella, sino también con el de otra, de manera falsa
incluso totalmente; pero, de algún modo, también con verdad, como si (1025ª)
llamamos a ocho número doble con el enunciado de la díada. Estas cosas, pues,
se dicen falsas de este modo. Pero un hombre es falso cuando fácil e
intencionadamente elige tales enunciados, no por alguna otra cosa sino por eso
mismo, y cuando trata de infundir en otros tales conceptos, del mismo modo que
5 decimos que son falsas las cosas que infunden una imagen falsa. Por eso es
falso lo que se dice en el Hipias: que el mismo es a la vez falso y verdadero.
Considera falso, en efecto, al que puede engañar (y éste es el que sabe y el
prudente); y, además, piensa que el voluntariamente malo es mejor. Y a esta
falsedad llega por inducción -pues el que cojea voluntariamente vale más 10 que
el que lo hace contra su voluntad-, llamando cojear a imitar la cojera, puesto
que, si uno es cojo voluntariamente, sin duda es peor, como sucede en las
costumbres.
Capítulo
30
Accidente
se llama lo que ciertamente se da en algo y se le puede atribuir con verdad,
pero no necesariamente ni en la 15 mayoría de los casos; por ejemplo, si
alguien, al cavar un hoyo para una planta, encuentra un tesoro. En efecto,
encontrar un tesoro es un accidente para el que cava el hoyo; pues no se sigue
necesariamente lo uno de lo otro ni después de lo otro, ni sucede
generalmente
que el que planta encuentre un tesoro. Y un músico puede ser blanco; mas,
puesto que tal cosa no sucede ni
necesariamente ni en la
mayoría de los casos, llamamos a esto accidente. De suerte que, puesto que hay
algo que se da en algo, y algunas de estas cosas se dan en algún lugar y a
veces, lo que ciertamente se da en algo, mas no porque era precisamente esto, o
ahora o aquí, será accidente. Y, por tanto, 25 no hay ninguna causa determinada
del accidente, sino el azar; y éste es indeterminado. Fue accidental para uno
llegar a Egina, si no llegó allí intencionadamente, sino arrojado por una
tempestad o apresado por piratas. El accidente, por tanto, se ha producido o
existe, mas no en cuanto tal, sino en cuanto otro; pues la tempestad fue causa
de que llegase adonde no navegaba, y fue precisamente a Egina. Se habla también
de accidente 30 en otro sentido, entendiendo por tal todo aquello que es
inherente a algo en cuanto tal sin pertenecer a su substancia; por ejemplo, en
el triángulo, el contener dos rectos. Y estos accidentes pueden ser eternos,
mientras que ninguno de los otros puede serlo. Pero la explicación
de
esto, en otro lugar.
E
LIBRO
VI
Capítulo
1
(1025b)
Buscamos los principios y las causas de los entes, pero es claro que en cuanto
entes. Hay, en efecto, una causa de la salud y 5 del bienestar, y de las Cosas
matemáticas hay principios y elementos y causas, y, en suma, toda ciencia
basada en la razón o que participa en algo del razonamiento versa sobre causas
y principios, ora más rigurosos ora más simples. Pero todas estas ciencias,
habiendo circunscrito algún ente y algún género, tratan acerca de él, y no
acerca del Ente en general ni en cuanto ente, ni se preocupan para nada de la
quididad, sino que, partiendo 10 de ésta, unas después de ponerla de manifiesto
para la sensación y otras tomando la quididad como hipótesis, demuestran así,
con más o menos rigor, las propiedades inherentes al género de que se ocupan.
Por eso es evidente que no hay demostración de la substancia ni de la quididad
a base de tal inducción, sino 15 que es otro el modo de su manifestación. De
igual manera, tampoco dicen nada acerca de si existe o no existe el género de
que tratan, por ser propio de la misma operación del entendimiento mostrar la
quididad y su existencia. Y, puesto que
también la Física es una ciencia que versa 20 sobre cierto género del Ente
(pues trata de aquella substancia que tiene en sí misma el principio del
movimiento y del reposo), es evidente que ni es
práctica
ni factiva (las cosas factibles, en efecto, tienen en el que las hace su
principio, que es la mente, o algún arte o potencia, y las practicables lo
tienen en el que las practica, y es el propósito; pues lo practicable y lo
propuesto 25 son lo mismo); de suerte que, si toda operación del entendimiento
es práctica o factiva o especulativa, la Física será una ciencia especulativa,
pero especulativa acerca de un ente tal que sea capaz de moverse, y acerca de
la substancia, según el enunciado generalmente, pero no separable. Y es preciso
que no desconozcamos cómo es la esencia y el enunciado, pues sin esto de nada
servirá la indagación. Pues bien, de las cosas que se
30
definen y de las quididades, unas son
como lo chato, y otras, como lo cóncavo. Y
se diferencian en que lo chato se toma junto con la materia (pues lo
chato es una nariz cóncava), mientras que la concavidad es independiente de la
materia sensible. Pero, si todas las cosas naturales se enuncian como lo chato,
por (1026ª) ejemplo nariz, ojo, rostro, carne, hueso..., en una palabra,
animal; hoja, raíz, corteza..., en suma, planta (pues ninguna de estas cosas
puede prescindir del movimiento en su enunciado, sino que siempre implican
materia), está claro cómo se debe buscar y definir la quididad en las cosas
naturales, y por qué es propio del físico especular también sobre aquella clase
de alma que 5 no se da sin la materia. Así, pues, que la Física es especulativa
se ve claro por lo dicho.
También la
Matemática es especulativa.
Pero no
vamos a resolver
ahora si trata
de entes inmóviles y separados,
aunque está claro que algunas ramas de las Matemáticas los consideran 10 en
cuanto inmóviles y separados. Y, si hay algo eterno e inmóvil y separado, es
evidente que su conocimiento corresponde a una ciencia especulativa, pero no a
la Física (pues la Física trata de ciertos seres movibles) ni a la Matemática,
sino a otra anterior a ambas. Pues la Física versa sobre entes separados, pero
no inmóviles, y algunas ramas de la Matemática, sobre entes 15 inmóviles, pero
sin duda no separables, sino como implicados en la materia. En cambio, la
Ciencia primera versa sobre entes separados e inmóviles. Ahora bien: todas las
causas son necesariamente eternas, y sobre todo éstas; porque éstas son causas
de los entes divinos que nos son manifiestos.
Por consiguiente, habrá tres filosofías especulativas: la Matemática, la
Física y la Teología (pues a nadie se le oculta que, 20 si en algún lugar se
halla lo divino, se halla en tal naturaleza, y es preciso que la más valiosa se
ocupe del género más valioso. Así, pues, las especulativas son más nob les que
las otras ciencias, y ésta, más que las especulativas. Podría dudarse, en efecto, si la Filosofía
primera es universal o si trata de algún género o de alguna naturaleza en 25
particular (pues no hay un modo único ni siquiera en las Matemáticas, sino que
la Geometría y la Astronomía tratan de cierta naturaleza, mientras que la
Matemática universal es común a todas). Pues bien, si no hay ninguna otra
substancia aparte de las constituidas por la naturaleza, la Física será Ciencia
primera; pero, 30 si hay alguna substancia inmóvil, éstas será anterior y
Filosofía
primera,
y universal precisamente por ser primera; y a ésta corresponderá considerar el
Ente en cuanto ente, su quididad y las cosas que le son inherentes en cuanto
ente.
Capítulo
2
Mas,
puesto que «Ente» dicho sin más tiene varios sentidos, uno de los cuales es el
Ente por accidente, y otro el Ente como verdadero, y el No-ente como falso, y,
aparte de éstos, tenemos las figuras de la predicación (por ejemplo «qué», «de
qué cualidad», «cuán grande», «dónde»,
«cuándo»,
y si alguna otra significa de este modo), y, todavía, además de todos éstos, el
Ente (1026b) en potencia y el Ente en acto. – Puesto que, en efecto, el Ente
tiene varios sentidos, digamos en primer lugar del Ente por accidente que no es
posible ninguna especulación sobre él. Y la prueba es que ninguna ciencia, ni
práctica ni factiva ni especulativa, se ocupa de él. Pues ni el que hace una
casa hace los 5 accidentes que acompañan a la construcción de la casa (pues son
infinitos, ya que nada impide que, una vez hecha, sea para unos agradable,
nociva para otros y para otros útil, y diversa, por decirlo así, de todos los
entes; y ninguno de estos accidentes es efecto
del arte de
construir). Y, del mismo
modo, tampoco 10
el geómetra considera
los accidentes de las figuras ni
si son cosa diferente «triángulo»
y «triángulo conteniendo dos rectos». Y
es razonable que así ocurra, pues el accidente es como un simple nombre. Por
eso Platón acertó en cierto modo al decir 15 que la Sofística trataba del
No-ente. Pues las consideraciones de los sofistas, casi sin excepción, versan
sobre el accidente: si hay diferencia o identidad entre «músico» y «gramático»,
y entre «Corisco músico» y «Corisco», y si todo lo que es, pero no siempre, ha
llegado a ser, de suerte que, si, siendo músico, ha llegado 20 a ser
gramático, también siendo
gramático habrá llegado
a ser músico,
y todos los
demás razonamientos que hay de esta clase. El accidente, en efecto,
parece tener cierta afinidad con el No-ente. Y es evidente también por razones
como la siguiente: porque de las cosas que son de otro modo hay generación y
corrupción, pero, de los entes por accidente, no. Sin embargo, hemos de decir
todavía acerca del accidente, en lo posible, cuál 25 es su naturaleza y a qué
causa debe el ser. Pues quizás al mismo tiempo quedará claro también por qué no
hay ciencia de él.
Puesto
que, entre los entes, hay unos que son siempre del mismo modo y por necesidad,
no por la necesidad caracterizada por la violencia, sino por aquella a que nos
referimos cuando algo no puede ser de otro modo, y otros no son por necesidad
ni 30 siempre, pero sí generalmente, éste es el
principio y ésta
la causa de
que exista el
accidente. Pues a
lo que ni es siempre
ni generalmente, a eso llamamos accidente. Por ejemplo, si en la
canícula se produce mal tiempo y frío, decimos que es accidental, pero no si
hace bochorno y calor, porque esto se da siempre o generalmente, y aquello no.
También es accidental que un 35 hombre sea blanco (pues ni lo es
siempre
ni generalmente), pero que sea animal no es por accidente. Y que un arquitecto
(1027ª) produzca la salud es accidente, porque lo natural no es que haga esto
el arquitecto, sino el médico, y es accidental que sea médico el arquitecto. Y
un cocinero, buscando la satisfacción del gusto, puede hacer algo saludable,
pero no en virtud del arte de cocinar. Por eso decimos que esto es accidental,
y que a 5 veces lo hace, pero no siempre. Pues, para los otros entes, hay [a
veces] potencias que los producen; en cambio, para éstos no hay ningún arte ni
potencia determinada; pues la causa de lo que es o deviene por accidente es
también por accidente. De suerte que,
puesto que no todas las cosas están por necesidad y siempre en el ser o en el
devenir, sino que la mayoría están sólo generalmente, es necesario que exista
el Ente por accidente. 10 Por ejemplo, ni siempre ni generalmente es músico el
hombre blanco; mas, puesto que a veces llega a serlo, lo será por accidente (y,
si no, todas las cosas serán por necesidad); de suerte que la materia, que
admite otro modo además del que se da generalmente, será causa del accidente. Y
aquí tenemos que comenzar preguntando si no hay nada que no sea ni siempre ni
15 habitualmente. ¿O es esto imposible? Hay, por consiguiente, algo además de
estas cosas, y es lo fortuito y accidental. Pero
¿se
da quizá lo habitual, mientras que a nada le corresponde el siempre, o hay
algunas cosas eternas? De esto nos ocuparemos más tarde.
Pero
está claro que no hay ciencia del accidente. Pues toda 20 ciencia es de lo que
o se da siempre o habitualmente. De lo contrario, ¿cómo se podría aprender o
enseñar a otro? Es preciso, en efecto, que esté definido o por el «siempre» o
por el «habitualmente»; por ejemplo, que la hidromiel es habitualmente
provechosa para el calenturiento; mas no se podrá decir lo que 25 está al
margen de esto: cuándo no, por ejemplo con luna nueva; pues este «con luna
nueva» tendría que darse también siempre o habitualmente; y el accidente está
al margen de esto. Queda, pues, dicho qué es el accidente y cuál es su causa, y
que no hay ciencia de él.
Capítulo
3
Y
que hay principios y causas generables y corruptibles sin 30 que se generen ni
corrompan, es evidente. Pues, si no es así, todas las cosas serán por
necesidad, si necesariamente ha de existir alguna causa no accidental de lo que
se genera y se corrompe. En efecto, ¿sucederá tal cosa o no? Sí, si se produce
tal otra; pero, si no, no. Y ésta se producirá si se produce otra. Y así, es
evidente que, restando incesantemente tiempo a un (1027b) tiempo finito, se
llegará al presente; de suerte que este hombre morirá [de enfermedad o]
violentamente, si sale; y hará esto, si tiene sed; y la tendrá, si sucede otra
cosa; y así se llegará a lo que ahora sucede o a algo de lo ya sucedido. Por
ejemplo, saldrá si tiene sed, y la tendrá si come cosas picantes; pero esto
último sucede o no sucede; de suerte que necesariamente 5 morirá o no morirá.
Y, de modo semejante, si uno se
remonta
a lo ya sucedido, el razonamiento será el mismo; pues esto –me refiero a lo ya
sucedido- está ya presente en algo; por consiguiente, todas las cosas futuras
serán por necesidad; por ejemplo, que muera el que está vivo, pues ya se ha
producido algo, 10 por ejemplo los contrarios dentro de él. Pero, si ha de
morir de enfermedad o violentamente, aún no está decidido, a no ser que suceda
tal cosa determinada. Es, pues, evidente que se llegará a algún principio; pero
éste ya no se remontará a otra cosa. Éste será, por consiguiente, el principio
de lo que sucede por azar, y no habrá ninguna otra causa de la generación de
este principio.
Pero
hemos de indagar sobre todo a qué principio y a qué 15 causa nos lleva esta
reducción, si a la causa material o a la final o a la eficiente.
Capítulo
4
Así,
pues, dejemos ya el Ente por accidente (pues ya queda bastante
determinado). Pero el Ente como
verdadero y el No-ente como falso, puesto que se trata de composición y
división, y el conjunto total abarca la partición de la contradicción 20 (lo
verdadero, en efecto, implica la afirmación en el compuesto y la negación en lo
dividido, y lo falso, la contradicción de esta partición; pero cómo se realiza
el pensar simultánea o separadamente es otra cuestión; y digo
«simultáneamente»
y «separadamente» de tal modo que no se produzca una sucesión, sino algo uno);
pues no están lo falso y lo verdadero en las cosas, 25 como si lo bueno fuese
verdadero y lo malo falso, sino en el pensamiento; y, en relación con las cosas
simples y con las quididades, ni en el pensamiento.
Así,
pues, todo lo que conviene considerar acerca del Ente y del No-ente en este
sentido debe ser examinado posteriormente. 30 Y, puesto que la complexión y la
separación se dan en el pensamiento, pero no en las cosas, y el Ente en este
sentido es un Ente diferente de los entes en sentido propio (pues el
pensamiento añade o quita la quididad o la cualidad o la cantidad o alguna otra
cosa), debemos omitir el Ente como accidente y el Ente como verdadero –pues la
causa del primero es indeterminada, y la del segundo, alguna afección del
pensamiento, (1028ª) y ambos se refieren al otro género del Ente, y no
manifiestan que haya fuera ninguna naturaleza del Ente-. Por eso debemos
omitirlos, y considerar las causas y los principios del Ente mismo en cuanto
ente. Pero ya quedó claro, al determinar cuántos sentidos tiene cada término,
que «Ente» tiene varias acepciones. 5
Z
LIBRO
VII
Capítulo
1
10
«Ente» se dice en varios sentidos, según expusimos antes en el libro sobre los
diversos sentidos de las palabras; pues, por una parte, significa la quididad y
algo determinado, y, por otra, la cualidad o la cantidad o cualquiera de los
demás predicados de esta clase. Pero, diciéndose
«Ente»
en tantos sentidos, es evidente que el primer Ente de éstos es la quididad, que
significa la substancia (pues cuando expresamos la cualidad de algo 15
determinado decimos que es bueno o malo, pero no que es de tres codos o una
persona; en cambio, cuando decimos qué es, no decimos blanco ni caliente ni de
tres codos, sino un hombre o un dios); y los demás se llaman entes por ser
cantidades o cualidades o afecciones o alguna otra cosa del Ente en este
sentido. Por eso podría dudarse si «andar» y «estar sano» y «estar 20 sentado»
significan cada uno un ente, y lo mismo en cualquier otro caso semejante; pues
ninguno de ellos tiene naturalmente existencia propia ni puede separarse de la
substancia, sino que más bien, en todo caso, serán entes lo que anda y lo que
está 25 sentado y lo que está sano. Y éstos parecen más entes porque hay algo
que les sirve de sujeto determinado (y esto es la substancia y el individuo),
lo cual se manifiesta en tal categoría. Pues «bueno» o «sentado» no se dice sin
esto. Es, pues, evidente que a causa de ésta es también cada una de aquellas
cosas, de 30 suerte que el Ente primero, y no un Ente con alguna determinación,
sino el Ente absoluto, será la Substancia. Ahora bien, «primero» se dice en
varios sentidos; pero en todos es primero la Substancia: en cuanto al
enunciado, en cuanto al conocimiento y en cuanto al tiempo.
Pues,
de los demás categoremas, ninguno es separable, sino ella sola. Y, en cuanto al
enunciado,
35
ella es lo primero (pues en el enunciado de cada cosa entrará necesariamente el
de la Substancia); y creemos conocer cada cosa del mejor modo cuando conocemos
qué es el hombre o el fuego, más que cuando conocemos su cualidad o su cantidad
o dónde está, puesto que también conocemos cada una de estas (1028b) mismas
cosas cuando sabemos qué es la cantidad o la cualidad. Y, en efecto, lo que
antiguamente y ahora y siempre se ha buscado y siempre ha sido objeto de duda:
¿qué es el Ente?, equivale a: ¿qué es la Substancia? (pues hay quienes dicen
que ésta es una, y otros, que más de una; éstos, que su número es 5 finito, y
otros, que es infinito). Por eso también nosotros tenemos que estudiar sobre
todo y en primer lugar y, por decirlo así, exclusivamente, qué es el Ente así
entendido.
Capítulo
2
Al
parecer, donde más claramente se da la Substancia es en los cuerpos (por eso
decimos que los animales y las plantas 10 y sus partes son substancias, y
también los cuerpos naturales, como el Fuego y el Agua y la Tierra y otros
tales, y cuantos son partes de éstos o compuestos de ellos, parcial o
totalmente, como el Cielo y sus partes, los astros y la Luna y el Sol).
Tenemos, pues, que considerar si sólo son substancias éstas o 15 también otras,
o algunas de éstas o también otras, o ninguna de éstas y sí algunas otras. A algunos les parece que los límites del
cuerpo, como la superficie, la línea, el punto y la unidad, son substancias,
incluso en mayor grado que el cuerpo y el
sólido. Además, unos no
creen que, fuera
de las cosas
sensibles, haya nada semejante,
mientras que otros admiten las substancias eternas, más num erosas y más
reales; por ejemplo, Platón considera las Especies 20 y las Cosas matemáticas
como dos clases de substancias, y como otra tercera la substancia de los
cuerpos sensibles, y Espeusipo admite incluso más substancias, comenzando por
el Uno, y principios de cada substancia, uno para los números y otro para las
magnitudes, y todavía otro para el alma. Y de este modo amplía las substancias.
Algunos afirman que las Especies y los 25 Números tienen la misma naturaleza, y
que las demás cosas derivan de ellos, como las líneas y las superficies, hasta
llegar a la substancia del Cielo y a las cosas sensibles. Tenemos, pues, que
considerar cuáles de estas opiniones son acertadas o erróneas, y cuáles son las
substancias, y si hay algunas además de las sensibles o no las hay, y cómo son
éstas, y si hay alguna 30 substancia separada, y por qué y cómo, o no hay
ninguna, fuera de las sensibles. Pero antes debemos exponer sumariamente qué es
la Substancia.
Capítulo
3
De
la Substancia se habla, al menos, en cuatro sentidos principales. En efecto, la
esencia, el universal y el género parecen 35 ser substancia de cada cosa; y el
cuarto de ellos es el sujeto. Y el sujeto es aquello de lo que se dicen las
demás cosas, sin que él, por su parte, se diga de otra. Por eso tenemos que
(1029ª) determinar en primer lugar su naturaleza; porque el sujeto primero
parece ser substancia en sumo grado. Como tal se menciona, en un sentido, la
materia, y, en otro, la forma, y, en tercer lugar, el compuesto de ambas (y
llamo materia, por ejemplo, al bronce, y forma, a la figura visible, y
compuesto de ambas, a la estatua como conjunto total); de suerte que, si la
especie 5 es anterior a la materia y más ente que ella, por la misma razón será
también anterior al compuesto de ambas.
Ahora
hemos dicho ya sumariamente qué es la Substancia, a saber, aquello que no se
dice de un sujeto, sino de lo que se dicen las demás cosas. Pero no se debe
proceder sólo así; pues no basta, ya que esto mismo es oscuro, y, además, la 10
materia se convierte en substancia. Porque, si ésta
no
es substancia, no se ve qué otra cosa puede serlo, pues, suprimidas las demás
cosas, no parece quedar nada. En efecto, las demás cosas son afecciones y
acciones y potencias de los cuerpos, y la longitud y la latitud y la
profundidad son ciertas cantidades, pero no substancias (pues la cantidad no es
substancia), sino que más 15 bien es substancia aquello primero a lo que estas
cosas son inherentes. Ahora bien, suprimida la longitud, la latitud y la
profundidad, no vemos que quede nada, a no ser que haya algo delimitado por
aquéllas; de suerte que, a los que así proceden, necesariamente les parecerá
que la materia es la única 20 substancia. Y entiendo por materia la que de suyo
ni es algo ni es cantidad ni ninguna otra cosa de las que determinan al ente.
Pues es algo de lo que se predica cada una de estas cosas, y cuyo ser es
diverso del de cada una de las categorías (pues todas las demás cosas se
predican de la substancia, y ésta, de la materia); de suerte que lo último no
es, de suyo, ni algo ni 25 cuanto ni ninguna otra cosa; ni tampoco sus
negaciones, pues también éstas serán accidentales. Así, pues, quienes procedan
de este modo llegarán a la conclusión de que es substancia la materia. Pero esto es imposible. En efecto, el ser
separable y algo determinado parece corresponder sobre todo a la substancia; y
por eso la especie y el compuesto de ambas parecen ser substancias en mayor
grado que la materia. Pero omitamos la 30 substancia compuesta de ambas, es
decir, la que se compone de materia y forma, pues es posterior y clara. Y
también es manifiesta en cierto modo la materia. Debemos investigar, en cambio,
acerca de la tercera, pues ésta es la más difícil. Se está de acuerdo en que
son substancias algunas de las sensibles, de suerte que por éstas debe comenzar
nuestra indagación.
Capítulo
4
Y,
puesto que hemos comenzado distinguiendo los diversos (1029b) sentidos que
damos a la Substancia, y uno de éstos parecía ser la esencia, detengamos
nuestra consideración en él. Pues es conveniente avanzar hacia lo más fácil de
conocer, ya que el aprender se realiza, para todos, pasando por las cosas menos
5 cognoscibles por naturaleza a las que son más cognoscibles. Y así como en las
acciones, partiendo de las cosas buenas para cada uno, hay que hacer que las
cosas universalmente buenas sean buenas para cada uno, así también es
necesario, partiendo de las cosas más conocidas para uno mismo, hacer que las
cosas cognoscibles por naturaleza sean cognoscibles para uno mismo. Pero las
cosas cognoscibles para cada uno y primeras son muchas veces 10 apenas cognoscibles,
y poco o nada tienen del Ente. Sin embargo, partiendo de las cosas escasamente
cognoscibles pero cognoscibles para uno mismo, hay que tratar de conocer las
absolutamente cognoscibles, avanzando, como queda dicho, precisamente a través
de aquéllas. Y, en primer lugar, hagamos acerca de él algunas aclaraciones de carácter lógico, a
saber, que la esencia de cada cosa es lo que se dice que ésta es en cuanto tal.
Pues tu esencia no es el ser músico; pues no eres músico en cuanto eres tú
mismo. Lo es, 15 por consiguiente, lo que eres en
cuanto
tú mismo. Pero tampoco todo esto, pues no lo es lo que es en cuanto tal como lo
blanco para una superficie, porque la esencia de una superficie no es la
esencia de lo blanco. Pero tampoco el compuesto de ambos, la esencia de una
superficie blanca, porque se añade lo mismo que se define. Así, pues, el
enunciado en que no esté lo que se define, y que sin embargo lo enuncie, ése
será el 20 enunciado de la Es decir,
acerca del sentido que damos a la Substancia al considerarla como esencia. esencia de cada cosa; de suerte que, si el
ser de una superficie blanca es el ser de una superficie lisa, el ser de lo
blanco y el ser de lo liso serán una misma cosa. Y, puesto que también según las demás
categorías hay compuestos (pues hay algo que es sujeto para cada cosa, por
ejemplo para la cualidad y para la cantidad y para el cuándo y para 25 el dónde
y para el movimiento), debemos investigar si hay un enunciado de la esencia de
cada uno de ellos, y si se da también para éstos la esencia, por ejemplo para
un hombre blanco [la esencia de hombre blanco]. Sea su nombre «vestido». ¿Qué
es el ser de un vestido? Pero tampoco ésta es una de las cosas calificadas de
«en cuanto tales». O bien lo no en
cuanto tal 30 se dice de dos modos, y uno procede de adición y el otro no. Pues uno se dice porque se añade a otra cosa
lo mismo que se define, como si uno, al definir el ser de lo blanco, dijera el
enunciado de un hombre blanco; y el otro, porque se añade otra cosa a lo que se
define; por ejemplo, si «vestido» significara «hombre blanco» y uno definiera
«vestido» como «blanco». Ciertamente «hombre blanco» es «blanco», pero no la
esencia (1030ª) del ser blanco. – Pero, entonces, el ser del vestido
¿es
una esencia de algo [o] en absoluto? ¿O no? Pues la esencia es lo mismo que la
quididad; y, cuando una cosa se dice de otra, no es algo determinado; por
ejemplo, el hombre blanco no se 5 identifica con algo individual, si la
individualidad corresponde sólo a las substancias; de suerte que sólo habrá
esencia de aquellas cosas cuyo enunciado es una definición. Y no es definición
si un nombre significa lo mismo que un enunciado (pues entonces todos los
enunciados serían definiciones, pues habrá un nombre para cualquier enunciado,
de suerte que también «Iliada» será una definición), sino únicamente si es de
algo primero; y son 10 tales las cosas que se dicen no porque una se diga de
otra. No habrá, pues, esencia de ninguna de las cosas que no son especies de un
género, sino tan sólo de éstas (pues éstas parecen decirse no por participación
ni como afección ni como accidente). Pero también para cada una de las demás
cosas habrá un enunciado
15
que explique, si hay un nombre, qué significa que esto se dé en lo otro, o, en
vez de un enunciado simple, otro más exacto; pero no habrá definición ni
esencia. ¿O también la definición, como la quididad, tiene varios sentidos? En
efecto, la quididad significa, en un sentido, la substancia y el individuo, y,
en otro, 20 cualquiera de los predicamentos: cantidad, cualidad y los demás
semejantes. Pues así como «es» se aplica a todos, pero no de igual modo, sino a
uno primordialmente y a los demás secundariamente, así también la quididad se
aplica absolutamente
a la
substancia, pero, de algún modo, también a los demás. Podemos, en efecto,
preguntar qué es la cualidad; de suerte que también la cualidad se cuenta entre
las quididades, pero no en sentido absoluto, sino que, así como hablando del
No-ente dicen 25 algunos lógicamente que el No-ente es, no en sentido absoluto,
sino que es No-ente, así también la cualidad. -Así, pues, conviene tener
también en cuenta el modo en qué debemos hablar de cada cosa, pero no más que
su modo de ser. Por eso ahora, puesto que ya está claro lo que se dice, debemos
añadir que también la esencia se dará primordialmente y en sentido absoluto en
la substancia, y secundariamente en los demás 30 predicamentos, como también la
quididad; no una esencia absoluta, sino la esencia de la cualidad o de la
cantidad. Pues o bien se debe decir que estas cosas son entes por homonimia,
por adición o sustracción, del mismo modo que también decimos que lo no escible
es escible, puesto que lo exacto es decir que ni son entes por homonimia ni del
mismo modo que la substancia, sino 35 del modo que decimos que todo lo
medicinal lo es por estar (1030b) ordenado a una misma cosa, no porque sea una
misma cosa, ni tampoco por homonimia; pues no se llaman medicinales un cuerpo y
una acción y un instrumento ni por homonimia ni según una misma cosa, sino en
relación con una cosa. Pero la manera de
hablar de todo esto es lo de menos. Una 5 cosa está clara, y es que la
definición en sentido primordial y absoluto y la esencia pertenecen a las substancias.
Es cierto que
también pertenecen de
manera semejante a
los demás predicamentos, pero no
primordialmente. Pues no es necesario, si afirmamos esto, que sea definición de
esto lo que signifique lo mismo que un enunciado, sino lo mismo que cierto
enunciado; y esto sucederá cuando se trate del enunciado de algo que sea uno,
no por ser continuo, como la Iliada o cuantas cosas lo son por vinculación,
sino si lo es en cuantos sentidos se dice «Uno». 10 Y «Uno» tiene las mismas
acepciones que Ente. Y «Ente» significa, por una parte, una cosa determinada,
y, por otra, una cantidad o una cualidad. Por eso también de
«hombre
blanco» habrá un enunciado y una definición, pero de otro modo que de lo blanco
y de una substancia.
Capítulo
5
Pero,
si se niega que sea definición el enunciado formado por adición, surge una
dificultad: ¿de cuál de las cosas no simples, 15 sino unidas dos a dos, habrá
definición? Es necesario, en efecto, explicarlas por adición. Tomemos como
ejemplo «nariz» y «concavidad », y «chatez» como compuesto de ambas por estar
la una en la otra. Ni la concavidad ni la chatez son una afección de la nariz
accidentalmente, sino en cuanto tal. Y no se le aplican 20 como lo blanco a
Calias o a un hombre, porque Calias es blanco y accidentalmente también hombre,
sino como lo masculino al animal, y lo igual a la cantidad, y como todas las
cosas de las que se dice que se dan en otro en cuanto tales. Y éstas son todas
las que implican o bien el enunciado o bien el nombre de aquello a
lo
que pertenece esta afección, sin que sea posible 25 explicarla separadamente,
como puede ser explicado lo blanco sin el hombre, pero no lo femenino sin el
animal. De suerte que o no hay esencia ni definición de ninguna de estas cosas,
o, si las hay, será de otro modo, como ya hemos dicho.
Pero
hay aquí todavía otra dificultad. Pues, si es lo mismo «nariz chata» que «nariz
cóncava», también será lo mismo «chato» que «cóncavo». Y si no, por ser
imposible mencionar 30 la chatez sin la cosa de la cual es afección en cuanto
tal (pues la chatez es una concavidad de la nariz), decir «nariz chata» o no
estará permitido o se dirá dos veces lo mismo, «nariz nariz cóncava» (pues la
nariz chata será nariz nariz cóncava), por lo cual es absurdo que haya esencia
de estas cosas. De lo 35 contrario, se procederá al infinito; pues en «nariz
nariz chata» habrá todavía otra. Está claro, por consiguiente, que sólo hay
(1031ª) definición de la substancia. Pues si la hubiera también de las demás
categorías, necesariamente sería por adición; por ejemplo, la de la cualidad y
la de lo impar, pues no se explica sin el número, ni lo femenino sin el animal
(y, al decir «por adición», 5 me refiero a las cosas en que ocurre decir dos
veces lo mismo, como en éstas). Y, si esto es verdad, tampoco habrá definición
de las cosas que implican dualidad, por ejemplo del número impar; pero no nos
damos cuenta, porque los enunciados no se hacen con exactitud. Y, si también de
estas cosas hay definición, o bien es de otro modo, o bien, como hemos
indicado, habrá que decir que definición y esencia tienen varias acepciones, de
10 suerte que, en un sentido, no habrá definición de nada ni nada tendrá
esencia excepto las substancias, pero, en otro sentido, sí. Queda, pues, claro
que la definición es el enunciado de la esencia y que la esencia pertenece a
las substancias, o exclusivamente o en grado máximo, primordialmente y sin
ninguna limitación.
Capítulo
6
15
Hay que considerar también si son lo mismo o distintas la esencia y cada cosa
en particular. Pues esto preparará el camino para la investigación en torno a
la substancia. Cada cosa, en efecto, no
parece ser sino su propia substancia, y de la esencia se dice que es la
substancia de cada cosa. Es cierto que en las cosas que llamamos accidentales
parecen ser distintas; por ejemplo, «hombre blanco» es distinto de «esencia de
20 hom-bre blanco» (pues, si fueran lo mismo, también «esencia de hombre» y
«esencia de hombre blanco» serían lo mismo; pues, según dicen, es lo mismo
«hombre» que «hombre blanco», de suerte que también lo serán la esencia de
hombre blanco y la esencia de hombre. O bien no es necesario que las cosas
accidentales se identifiquen con su esencia, porque los extremos 25 no llegan a
identificarse del mismo modo .
Pero quizá pudiera
parecer que sucede
esto, es decir,
que los extremos
accidentales
se identifican, por ejemplo «ser blanco» y «ser músico». Mas todos admiten que
no es así).
Pero,
en las cosas de las que decimos que son en cuanto tales, ¿serán necesariamente
lo mismo, por ejemplo si hay algunas 30 substancias tales que no haya otras
substancias ni otras naturalezas anteriores a ellas, cuales dicen algunos que
son las Ideas? Pues si son distintos lo Bueno en sí y la esencia de lo Bueno, y
el Animal en sí y la esencia del Animal, y la esencia del Ente (1031b) y el
Ente en sí, habrá otras substancias y naturalezas e ideas además de las dichas,
y serán substancias anteriores éstas, si la esencia es una substancia. Y si
están desligadas unas de otras, de las unas no habrá ciencia y las otras no
serán entes (y entiendo 5 «estar desligadas» en el sentido de que ni lo Bueno
en sí tenga la esencia de lo Bueno ni ésta el ser Bueno). Pues hay ciencia de
una cosa cuando conocemos su esencia, y esto se aplica igualmente a lo Bueno y
a lo demás; de suerte que, si la esencia del Bien no es el Bien, tampoco la del
Ente será el Ente ni la del Uno será el Uno. Y, de igual modo, todas las cosas
son su esencia o no lo es ninguna, de suerte que, si la esencia del
10
Ente no es el Ente, tampoco lo será en ninguna de las demás cosas. Los términos extremos del silogismo no se
identifican con el término medio del mismo modo uno que otro.
Además,
lo que no tiene la esencia del Bien no es bueno. Por consiguiente, lo Bueno y
la esencia del Bien se identifican necesariamente, como también lo Bello y la
esencia de lo Bello, y lo mismo ha de decirse de todo lo que no se predica de
otro, sino en cuanto tal y primariamente. En efecto, si esto se da, es
suficiente, aunque no haya Especies, y quizá más aún si las hay 15 (y, al mismo
tiempo, es evidente también que, si las Ideas son como algunos dicen, el sujeto
no será substancia, pues las Ideas serán necesariamente substancias, pero no se
predicarán de un sujeto; pues serán por participación).-Así, pues, que cada
cosa en sí se identifica con su esencia, y no accidentalmente, se ve 20 por lo
dicho y porque saber cada cosa equivale a saber su esencia, de suerte que
también según la exposición se identificarán ambas necesariamente. Pero lo que
llamamos accidental, por ejemplo lo músico o lo blanco, por tener significación
doble, no es verdad que se identifique con su esencia. En efecto, 25 es blanco lo
que tiene este accidente, y también el accidente; de suerte que en un sentido
son lo mismo, pero en otro no son lo mismo la esencia y lo accidental; pues la
esencia de lo blanco no es lo mismo que el hombre o que el hombre blanco, pero
es lo mismo que la afección.
Y
también parecería absurdo si alguien pusiera un nombre a cada una de las
esencias; pues habría, además de ésta; otra; por ejemplo, para la esencia de
caballo, otra esencia [de caballo]. 30
¿Y
qué es lo que impide que algunas cosas sean directamente su esencia, si la
esencia es substancia? Pero no sólo se identifican, sino que su enunciado es el
mismo, como se ve también
(1032ª)
por lo dicho; pues no son accidentalmente uno la esencia del Uno y el Uno.
Además, si fuesen distintos, se procedería al infinito; pues tendríamos, de una
parte, la esencia del Uno, y, de otra, el Uno, de suerte que también en ellos
se daría el mismo razonamiento. Es, pues, evidente que, en las cosas primeras
de 5 las que decimos que son en cuanto tales, la esencia de cada cosa y cada
cosa se identifican totalmente.
Y
las objeciones sofísticas contra esta tesis está claro que se resuelven con la
misma solución que el problema de si es lo mismo Sócrates que la esencia de
Sócrates; pues en nada se diferencian ni en cuanto a los fundamentos en que
alguien podría basarse al preguntar ni en cuanto a las respuestas con que l0
podría solucionarse con acierto. Queda, pues, dicho en qué sentido la esencia
es lo mismo y en qué sentido no es lo mismo que cada cosa en particular.
Capítulo
7
De
las cosas que se generan, unas se generan por naturaleza, otras por arte y
otras espontáneamente. Y todas las que se generan llegan a ser por obra de algo
y desde algo y algo. 15
Y
este último «algo» lo refiero a cualquier categoría; pues o bien serán esto o
cuánto o cuál o dónde.
Y
las generaciones naturales son aquellas cuyo desarrollo procede de la
naturaleza; y aquello desde lo que algo se genera es lo que llamamos materia, y
aquello por obra de lo cual se genera es alguno de los entes naturales, y el
algo que se genera es un hombre o una planta o alguna otra cosa semejante, de
las que decimos que son substancias en grado sumo -y todas las cosas que se
generan por naturaleza o por arte tienen materia; 20 es posible, en efecto, que
cada una de ellas sea o no sea, y esto es la materia en cada una-; pero, en
general, aquello desde lo que y según lo que se genera es naturaleza (pues lo
que es generado tiene naturaleza, por ejemplo una planta o un animal), y
aquello por obra de lo cual se genera es la naturaleza llamada específica, que
es de la misma especie (pero ésta está en otro); pues un hombre genera a un
hombre. 25 De este modo, pues, se generan las cosas que son generadas a través
de la naturaleza. Y las demás generaciones se llaman producciones. Y todas
éstas proceden o de arte o de potencia o de pensamiento. Pero algunas de éstas
se producen también 30 espontáneamente y por casualidad, casi como en las cosas
que son generadas por naturaleza; pues algunas cosas también aquí se generan lo
mismo a partir de una semilla que sin semilla. Pero acerca de esto trataremos
más adelante.
(1032b)
A partir del arte se generan todas aquellas cosas cuya especie está en el alma
(y llamo especie a la esencia de cada una y a la substancia primera); pues
también los contrarios tienen en cierto modo la misma especie, ya que la
substancia de la privación es la substancia opuesta, como la salud lo es de la
5 enfermedad, puesto que la enfermedad es la ausencia de aquélla, y la salud
es
el concepto que está en el alma, y la ciencia. Y se produce lo sano habiendo
pensado así: puesto que la salud es esto, necesariamente, para que algo esté
sano, tendrá que haber esto, por ejemplo, equilibrio, y, para que haya esto,
calor; y así seguirá pensando hasta llegar a aquello que él puede finalmente
producir. A partir de aquí, el movimiento tendente 10 a la salud se llama
producción. Así sucede que, en cierto modo, la salud se genera de la salud, y
la casa, de una casa; la que tiene materia, de la que no la tiene; pues las
artes curativa y edificativa son la especie de la salud y de la casa. Y llamo
substancia sin materia a la esencia.
Así,
pues, de las generaciones y movimientos, uno se llama 15 pensamiento y otro
producción; el que procede del
principio y de
la especie, pensamiento,
y el que
arran ca del
final del pensamiento,
producción; y de modo semejante se genera también cada una de las demás cosas
intermedias. Por ejemplo, así: si ha de estar sano, tendrá que equilibrarse. ¿Y
qué es equilibrarse? Tal cosa. Y ésta se efectuará si se calienta. ¿Y esto qué
es? Tal cosa. Y ésta existe en potencia;
pero esto ya depende de él [del medico]. Así, pues, el principio activo y el
punto de partida del movimiento hacia la salud, si ésta procede de arte, es la
especie que hay en el alma; pero, si surge espontáneamente, procederá de
aquello que es principio de su operación para el que opera a partir de un arte,
como en el curar el principio viene sin duda del calentar (y esto lo hace [el
médico] por frotamiento). Por consiguiente, el calor que hay en el cuerpo o es
parte de la salud o va seguido de algo que es parte de la salud, o bien hay más
miembros intermedios. Y esto es lo último, lo que produce la parte de la salud,
- y de la casa (como las piedras) y de las demás cosas.
30
De suerte que, según se dice, la generación es imposible si no preexiste algo.
Así, pues, es evidente que por necesidad preexistirá alguna parte; la materia,
en efecto, es tal parte (ya que está presente en la
cosa y se
hace ésta). Pero
¿acaso también (1033ª) la de
los elementos del enunciado? De
ambos modos, en efecto, decimos qué son los círculos de bronce: diciendo que su
materia es bronce y que su especie es tal figura, y éste es el género en que
directamente son puestos. Así, pues, el círculo de bronce incluye la materia en
el enunciado. - Las cosas que proceden 5 de algo como materia no se dice,
cuando son generadas, que son «aquello», sino «de aquello» de lo que proceden;
por ejemplo, no se dice que la estatua sea una piedra, sino de piedra; y un
hombre que se cura no es llamado aquello a partir de lo cual se cura. Y la
causa es que se genera a partir de la privación 10 y del sujeto, al cual
llamamos materia (como también se torna sano el hombre y el enfermo), pero más
bien se dice que se genera a partir de la privación, por ejem plo el sano a
partir del enfermo más que a partir del hombre; por eso el sano no es llamado
enfermo, pero sí hombre, y el hombre, sano. Pero, cuando la privación es oscura
y sin nombre, por ejemplo en el 15 bronce la de alguna figura, o en los
ladrillos y en las maderas la de una casa, la generación parece desarrollarse a
partir de estas cosas como allí a partir del enfermo. Por eso,
del
mismo modo que allí lo generado no se denominaba aquello a partir de lo cual se
generaba, tampoco aquí la estatua se denomina madera, sino que se dice que es
de madera, no madera, y de bronce, pero no bronce, de piedra, pero no piedra, y
la casa, de ladrillos, pero no ladrillos, puesto que, si bien se mira, tampoco
se dirá sin más que una estatua se genera a partir de 20 madera o una casa a
partir de ladrillos, ya que es preciso que aquello a partir de lo cual se
genera cambie y no permanezca. Ésta es la razón de que se diga así.
Capítulo
8
Puesto
que lo que es generado se genera por obra de algo (que es de donde procede el
principio de la generación) y a partir 25 de algo (señalemos como tal no la
privación, sino la materia; pues ya hemos señalado en qué sentido decimos esto)
y llega a ser algo (y esto es o una esfera o un círculo o cualquier otra cosa),
del mismo modo que no producimos el sujeto, es decir el bronce, así tampoco la
esfera, a no ser accidentalmente, 30 porque es una esfera la esfera de bronce,
y a ésta sí la producimos. Pues producir algo determinado es producir algo a
partir de un sujeto en sentido pleno (quiero decir que hacer redondo el bronce
no es hacer la redondez o la esfera, sino otra cosa, por ejemplo esta especie
determinada en otro; pues, si uno la (1033b) hace, la hará a partir de otra
cosa, pues ésta subyacía; por ejemplo, uno hace una esfera de bronce, y la hace
porque, a partir de esto, que es bronce, hace esto, que es una esfera. Ahora
bien, si hiciera también esto mismo, es evidente que lo haría del mismo modo, y
las generaciones procederían hasta el infinito. Está 5 claro, por consiguiente,
que la especie, o como haya que llamar a la forma que se manifiesta en lo
sensible, no se genera, ni hay generación de ella, como tampoco la esencia
(pues esto es lo que se genera en otro o por arte o por naturaleza o por
potencia). Uno hace, en cambio, que
exista una esfera de bronce; pues la hace a partir del bronce y de la esfera;
pone esta especie en esta materia, y el resultado es una esfera de bronce.
Pero, si 10 hubiera generación del ser de la esfera en general, sería algo a
partir de algo.
Es
preciso, en efecto, que lo que se genera sea siempre divisible, y que lo uno
sea esto y lo otro esto, es decir, que lo uno sea materia y lo otro especie.
Por tanto, si una esfera es la figura igual a partir del medio, lo uno de ella
será aquello en lo que está lo que se hace, y lo otro, lo que está en aquello,
15 y el todo, lo generado, por ejemplo la esfera de bronce. Así, pues, está
claro por lo dicho que lo que se enuncia como especie o substancia no se
genera, pero sí se genera el conjunto total que recibe el nombre de aquélla, y
que en todo lo que es generado hay materia, y que lo uno es esto, y lo otro,
esto. 20 Pero ¿hay, entonces, una esfera
aparte de éstas’, o una casa aparte de los ladrillos? ¿O nunca se generaría, si
así fuera, algo determinado, sino que la imposición de la forma significa «de
tal cualidad», pero no es esto y determinado, sino que hace y genera, a partir
de
esto, algo de tal cualidad, y, una vez generado, es esto de tal cualidad? Pero
el todo individual, Calias o 25 Sócrates, es como esta determinada esfera de
bronce, y el hombre y el animal, como una esfera de bronce en general. Está
claro, por consiguiente, que la causa de las Especies, tal como suelen algunos
hablar de Especies, suponiendo que haya algunas aparte de los singulares, no
sirve de nada en orden a las generaciones y a las substancias; y no habrá, a
causa de estas cosas, substancias en sí mismas.
Es también claro que, en algunos casos, lo generante es tal 30 cual lo
generado, pero no idéntico ni numéricamente uno, sino uno en especie, por
ejemplo en las cosas naturales -pues un hombre engendra a un hombre- si no se
genera algo al margen de la naturaleza, como cuando un caballo engendra un mulo
(aunque también aquí se genera de igual modo; pues lo que sería común a caballo
y asno, el género próximo, no tiene (1034ª) nombre, pero probablemente será
ambas cosas, como el mulo). De suerte que está claro que para nada se necesita
suponer una especie como modelo (pues se requerirían sobre todo en estas cosas,
ya que éstas son substancias en grado sumo), sino que 5 basta que lo generante
actúe y sea causa de la especie en la materia. Y el todo, finalmente, tal
especie en estas carnes y estos huesos, es Calias y Sócrates. Y se distinguen
por la materia (que es distinta), pero son lo mismo por la especie (pues la
especie es indivisible).
Capítulo
9
Alguien
podría preguntarse por qué unas cosas se generan 10 tanto por arte como
automáticamente, por ejemplo la salud, y otras no, por ejemplo una casa. La
causa es que la materia de unas, que es el punto de partida de la generación al
producir y al generarse alguna de las cosas artificiales, y en la cual existe
ya una parte de la obra, una es capaz de moverse por sí misma y otra no, y, en
el primer caso, una es capaz de moverse de un modo determinado, y otra no puede
hacerlo; pues muchas cosas pueden moverse por sí mismas, pero no de un 15 modo
determinado, por ejemplo danzar. Pues bien, las cosas cuya materia es de esta
clase, por ejemplo las piedras, es imposible que se muevan de determinada
manera, a no ser a impulso de otro, pero de tal otra manera sí; y lo mismo el
fuego. Por eso unas cosas no existirán sin el que tenga el arte, pero otras sí;
pues serán movidas por algo que no tenga el arte, pero 20 que pueda ser movido
a su vez por otros que no tengan el arte o desde una parte.
Está
claro también por lo dicho que, en cierto modo, todas las cosas se generan a
partir de un homónimo, como las cosas generadas por naturaleza, o de una parte
homónima (por ejemplo la casa a partir de una casa, o por la mente; pues el
arte 25 es la especie); [o de una parte] o de lo que tiene alguna parte, -a no
ser que se generen accidentalmente-. Pues la causa de producir es parte primera
por sí. En efecto, el calor que hay en el movimiento produce calor en el
cuerpo; y
este
calor es la salud o una parte de ella, o le acompaña alguna parte de la salud o
la salud misma. Por eso también se dice que produce, 30 porque [la salud] es
producida por aquello a lo que acompaña y de lo que es accidente [el calor]. De
suerte que, como en los silogismos, la substancia es el principio de todas las
cosas (pues los silogismos proceden de la quididad), y aquí, las
generaciones. Las cosas constituidas por
la naturaleza son también semejantes a éstas. Pues la semilla produce como se
producen las cosas que proceden del arte (pues tiene en potencia la especie, y
aquello de donde procede la semilla es hasta cierto punto (1030b) homónimo de
lo producido; pues no hay que buscar todas las cosas como de un hombre un
hombre; pues también una mujer procede de un varón; a no ser que se trate de un
ser incompleto; por eso un mulo no procede de un mulo). Y las cosas que se
generan espontáneamente son, como allí, aquellas cuya materia puede también
adquirir por sí misma el movimiento 5 que recibe de la semilla; aquellas cuya
materia no tiene tal capacidad, es imposible que se generen de otro modo que a
partir de ellos.
Pero
no sólo en relación con la substancia demuestra el argumento que no se genera
la especie, sino que sirve igualmente para todas las cosas primeras, por
ejemplo para la cantidad, 10 la cualidad y las demás categorías. Pues se genera
como la esfera de bronce, pero no una esfera ni bronce, y así sucede también en
el bronce, si se genera (pues siempre tienen que preexistir la materia y la
especie), y del mismo modo también en la quididad y en la cualidad y en la
cantidad, y en las demás categorías igualmente; pues no se genera la cualidad,
15 sino la madera con tal cualidad, ni la cantidad, sino la madera o el animal
con tal cantidad. Pero es propio de la substancia, según se deduce de lo
expuesto, que necesariamente preexista en entelequia otra substancia que la
produzca, por ejemplo un animal, si se genera un animal. En cambio, la cualidad
y la cantidad no es necesario que preexistan más que en potencia.
Capítulo
10
Puesto
que la definición es un enunciado, y todo enunciado 20 tiene partes, y en la
misma relación del enunciado con su objeto está también la parte del enunciado
con la parte del objeto, surge aquí la duda de si el enunciado de las partes
debe estar contenido en el enunciado del todo, o no. Pues en algunos casos
parece estarlo, y en otros no. En efecto, el enunciado del círculo 25 no
contiene el de los segmentos, pero el de la sílaba contiene el de sus
elementos. Sin embargo, también el círculo se divide en los segmentos, como la
sílaba en los elementos. Y, todavía, si las partes son anteriores al todo, y el
ángulo agudo es parte del recto, y el dedo, parte del animal, el ángulo agudo
será anterior al recto, y el dedo, anterior al hombre. Sin embargo, parecen 30
ser anteriores éstos, pues en el enunciado aquéllos se enuncian partiendo de
éstos, y también son
anteriores
por existir con independencia de los otros. O más bien «parte» se dice en
varios sentidos, uno de los cuales
es «lo que
mide según la
cantidad». Pero dejemos
esto, y consideremos las partes
que constituyen (1035ª) la substancia. Pues bien, si una cosa es materia, y
otra, especie, y otra, el compuesto de ambas, y si es substancia la materia y
la especie y el compuesto de ambas, en algún sentido también la materia se dice
parte de algo, y en algún sentido no, sino los elementos del enunciado de la
especie. Por ejemplo, de la 5 concavidad no es parte la carne (pues ésta es la
materia en la que se produce), pero es parte de la chatez; y de la estatua en
conjunto es parte el bronce, pero no de la estatua enunciada como especie (pues
se debe enunciar la especie y en cuanto que cada cosa tiene especie, pero lo
material nunca debe ser enunciado en cuanto tal). Por eso el enunciado del
círculo no contiene el de los segmentos, pero el de la sílaba contiene el de
los elementos; pues los elementos del enunciado son partes de la especie y no
10 materia, pero los segmentos son parte en cuanto que son materia a la que se
añade la especie; sin embargo, están más cerca de la especie que el bronce
cuando la redondez se genera en el bronce.
Pero, en algún sentido, tampoco todos los elementos de la sílaba se
incluyen en el enunciado, por ejemplo éstos de cera o los que 15 suenan en el
aire; pues también éstos son ya parte de la sílaba como materia sensible. En
efecto, aunque la línea, al ser dividida, se descomponga en
mitades, o el
hombre en huesos,
tendones y carnes,
no por eso
deben considerarse estas cosas como partes 20 de su substancia, sino
como materia, y son partes del compuesto total, pero no de la especie ni de lo
que se expresa en el enunciado. Por eso tampoco figuran en los enunciados. Así,
pues, unas veces estará incluido el enunciado de tales partes, pero otras veces
no debe estarlo, si no se trata del compuesto. Por esta razón algunas cosas se
componen de los mismos principios en 25 los que se resuelven, pero otras no.
Todas aquellas que se componen de especie y materia, como la chatez y el
círculo de bronce, se resuelven en estos principios y es parte de ellas la
materia. Pero las que no incluyen en su composición la materia, sino que son
inmateriales y su enunciado sólo abarca la especie, no se resuelven en partes,
o en absoluto o, al menos, no de esta 30 manera. De suerte que éstos son principios y partes
de aquellas cosas, pero no son partes ni principios de la especie. Y por eso la
estatua de barro se resuelve en barro, y la esfera, en bronce, y Calias, en
carne y huesos, y también el círculo en los segmentos; pues hay un círculo que
incluye en su composición la materia, ya que lo mismo se llama círculo el
abstracto que el (1035b) individual, por no haber nombre peculiar para los
círculos individuales. Lo que acabamos
de decir es verdad; pero digámoslo todavía con más claridad volviendo sobre el
tema. Los componentes que son partes del enunciado, y en los cuales éste se divide,
son 5 anteriores al compuesto, todos o algunos. Pero el enunciado del ángulo
recto no se resuelve en el enunciado del agudo, sino el del agudo en el recto;
pues quien define el
agudo
se sirve del recto; el agudo, en efecto, es «menor que el recto». Y en la misma
relación están también el círculo y el semicírculo; pues 10 el semicírculo se
define por el círculo, y el dedo, por el cuerpo entero, pues el dedo es «tal
parte del hombre». Por consiguiente, todos aquellos componentes que son partes
materiales, y en los cuales se divide materialmente el todo, son posteriores
a éste; pero los que figuran como partes
del enunciado y de la
substancia expresada por el enunciado, son anteriores, al menos 15
algunos. Y, puesto que el alma de los
animales (ésta es, en efecto, la substancia de lo animado) es la substancia
expresada por el enunciado y la especie y la esencia de tal cuerpo (pues cada
parte, si se define bien, no se definirá sin su operación, la cual no existirá
sin la sensación), de suerte que las partes del alma, por lo menos algunas, son
anteriores al animal en 20 conjunto, también será lo mismo individualmente;
pero el cuerpo y sus partes son posteriores a esta substancia, y lo que se
resuelve en tales partes como en su materia no es la substancia, sino el
compuesto. Por consiguiente, tales partes son, en un sentido, anteriores al
compuesto, pero, en otro sentido, no (pues no pueden existir separadas; porque
un dedo no es dedo de un animal de cualquier modo, sino que un dedo muerto sólo
es dedo 25 de nombre). Y algunas son simultáneas, y en tal caso están las
indispensables y sin las cuales no puede darse el concepto ni la substancia;
por ejemplo, suponiendo que sea tal, el corazón o el cerebro; pues nada importa
que lo sea uno u otro. Pero «el hombre» y «el caballo» y todo lo que de este
modo se aplica a los individuos, pero universalmente, no es una substancia,
sino un compuesto de tal concepto y de tal materia 30 considerada como
universal; pero, individualmente, de la materia última surge ya Sócrates, y lo
mismo en las demás cosas. Así, pues, hay partes de la especie (y llamo especie
a la esencia) y del todo compuesto de la especie y de la materia [y de la
materia] misma. Pero partes del enunciado son sólo las de la (1036ª) especie, y
el enunciado es del universal. Pues la esencia del círculo y el círculo, y la
esencia del alma y el alma, son lo mismo. Pero de la cosa concreta, por ejemplo
de este círculo determinado y de cualquier individuo sensible o inteligible
-llamo inteligibles, por ejemplo, a los círculos matemáticos, y 5 sensibles,
por ejemplo, a los de bronce y a los de madera-, de éstos no hay definición,
sino que se conocen por intelección o por percepción sensible, y, una vez
desaparecidos de la actualización, no está claro si existen o no existen; pero
siempre se enuncian y se conocen mediante el enunciado universal. Y la materia
en cuanto tal es incognoscible. La materia, una es sensible y otra inteligible;
sensible, por ejemplo, el bronce, la madera y toda 10 materia movible;
inteligible, la que está presente en las cosas sensibles, pero no en cuanto
sensibles, por ejemplo las Cosas matemáticas.
Hemos
tratado del todo y de la parte, de lo anterior y de lo posterior. Pero hay que
afrontar la cuestión de si el ángulo recto y el círculo y el animal son
anteriores a los elementos en 15 que se
dividen
y que los constituyen, es decir, a sus partes, y hay que responder que no sin
limitaciones. Pues si también el alma es un animal o una cosa animada, o si la
de cada uno es cada uno, y si la esencia del círculo es el círculo, y la
esencia del ángulo recto y la substancia del ángulo recto son un ángulo recto,
habrá que admitir que alguno es posterior a alguna, por 20 ejemplo a las
contenidas en el enunciado y a las de algún ángulo recto (en efecto, lo es el
que implica materia: el ángulo recto de bronce y el limitado por líneas
particulares); pero el carente de materia es posterior a las partes incluidas
en el enunciado y anterior a las que integran el individuo. Pero sin
limitaciones no debe admitirse. Y, aunque el alma sea distinta y no se 25 identifique
con el animal, habrá que admitir unas cosas y otras no, según hemos dicho.
Capítulo
11
Surge
también naturalmente la cuestión de cuáles son partes de la especie y cuáles
no, sino del compuesto. Mientras esto no esté claro, no es posible definir
ninguna cosa, pues la definición es del universal y de la especie. Por
consiguiente, si no está claro cuáles son las partes materiales y cuáles no,
tampoco estará 30 claro el enunciado de la cosa. Pues bien, todas aquellas cosas que vemos
producirse en otras de distinta especie, por ejemplo un círculo en bronce o en
piedra o en madera, parece evidente que en estos casos nada tienen que ver con
la substancia del círculo el bronce ni la piedra, puesto que es separable de
ellos; en cuanto a las cosas que no vemos separadas, nada impide que sean de
igual condición que 35 éstas, como sucedería aunque todos los círculos que
viéramos (1036b) fuesen de bronce, pues no por eso el bronce pertenecería a la
especie; pero sería difícil eliminarlo con la mente. Así, la especie del hombre
aparece siempre en carne y huesos y otras partes 5 semejantes. ¿Acaso, entonces,
éstas son también partes de la especie y del enunciado? ¿O bien son materia,
aunque, por no producirse la especie del hombre también en otras cosas, seamos
incapaces de separarlas de ella? Y
porque esto parece ser así, pero no está claro cuándo lo es, dudan algunos
incluso en el caso del círculo y del triángulo, pensando que no es correcto
definirlos por líneas y por la 10 continuidad, y que todas estas cosas se dicen
como la carne y los huesos del hombre, y el bronce o la piedra, de la estatua.
Y todas las reducen a los números, y afirman que el enunciado de la línea es el
de la díada. Y, entre los partidarios de las Ideas, unos dicen que la díada es
la Línea en sí, y otros que 15 es la Especie de la línea, pues, según ellos, en
algunos casos la Especie y aquello de lo que es Especie se identifican (por
ejemplo la Díada y la Especie de la díada), pero en la línea ya no. De aquí resulta que será una la Especie de
muchas cosas cuya especie es manifiestamente diversa (que fue la conclusión a
que llegaron los pitagóricos), y será posible reducir a una Especie en sí la de
todas las cosas y negar que sean Especies 20 las otras. Pero, así, todas las
cosas serán una.
Queda,
pues, explicado que lo relativo a las definiciones tiene cierta dificultad, y
por qué causa. Por eso también es ocioso reducir así todas las cosas y
prescindir de la materia. Pues algunas cosas son probablemente esto en esto, o
están dotadas de tales propiedades de un modo determinado. Y la comparación con
el animal que solía hacer Sócrates el Joven es 25 inadmisible, pues se aleja de
la verdad, y hace suponer que es posible el hombre sin las partes, como el
círculo sin el bronce. Pero aquí no hay semejanza; el animal, en efecto, es una
cosa sensible, y no puede ser definido sin el movimiento, ni, por 30
consiguiente, sin las partes dispuestas de algún modo. Pues la mano no es de
todos modos parte del hombre, sino que sólo lo es si puede ejecutar la obra;
por consiguiente, tiene que estar viva, y, si no está viva, no es parte del
hombre. Pero, en lo relativo a las Cosas matemáticas, ¿por qué los enunciados
no son partes de los enunciados, por ejemplo los semicírculos, del círculo?
Pues estas cosas no son sensibles. 35 ¿O no se diferencian en nada? ¿Tendrán
también materia (1037ª) algu-nas cosas no sensibles? Tiene, en efecto, alguna
materia todo lo que no es esencia ni especie en sí y por sí, sino algo
determinado. Por consiguiente, estas cosas no serán partes del círculo
universal, pero sí de los círculos particulares, según quedó dicho antes. La
materia, en efecto, se divide en sensible e inteligible.
Y es
también evidente que el alma es la substancia primera, 5 y el cuerpo es
materia, y el hombre o el animal, el compuesto de ambos en sentido universal.
Pero Sócrates y Corisco, si también el alma es Sócrates, son algo doble (pues
unos los consideran como alma, y otros, como el compuesto); pero, si son
simplemente esta alma y este cuerpo determinados, el individuo será también
como el universal. 10 Más adelante tendremos que considerar si no habrá otra
materia además de la de tales substancias, y si será preciso buscar alguna otra
substancia, por ejemplo los Números o algo semejante. A causa de esto, en
efecto, intentamos discernir también acerca de las substancias sensibles, ya
que en cierto modo el 15 estudio de estas substancias es tarea de la Física o
Filosofía segunda. Pues el físico no debe conocer sólo acerca de la materia,
sino también, y todavía más, acerca de la substancia expresada en el enunciado.
Pero en qué sentido son partes, en las definiciones, las contenidas en el
enunciado, y por qué la definición es un solo enunciado (pues es evidente que
la cosa es 20 una; pero ¿qué es lo que da unidad a la cosa, teniendo como tiene
partes?), lo estudiaremos más adelante.
Hemos explicado de manera general y en cada caso qué es la esencia y
cómo es subsistente por sí, y por qué el enunciado de la esencia de algunas
cosas contiene las partes de lo definido, y el de otras, no, y que las partes
materiales no están incluidas en el enunciado de la substancia, pues no son
partes de tal 25 substancia, sino del todo concreto, del cual en cierto modo
hay y no hay enunciado; junto con la materia no lo hay (pues es algo indeterminado), pero
lo hay con
referencia a la
substancia primera; por
ejemplo, el enunciado de hombre
es el del alma; la substancia, en efecto, es la especie inmanente, de cuya
unión
con la materia procede la que llamamos substancia concreta, 30 por ejemplo la
concavidad (pues de la unión de ésta con la nariz procede una nariz chata y la
chatez [aquí se dará, en efecto, la nariz dos veces]), pero en la substancia
concreta, por ejemplo en una nariz chata o en Calias, estará también la
materia; y que la esencia y la cosa singular se identifican en algunos casos,
(1037b) como en las substancias primeras, por ejemplo la curvidad y la esencia
de la curvidad, suponiendo que sea primera (y llamo primera a la que no implica
la inmanencia de una cosa en otra ni en un sujeto que sirva de materia), pero
en las cosas 5 materiales o que implican materia no se identifican, ni en
aquellas cuya unidad es accidental, por ejemplo Sócrates y músico; pues estas
cosas se identifican accidentalmente.
Capítulo
12
Hablemos
ahora en primer lugar acerca de la definición, en la medida en que no lo
hicimos en los Analíticos, pues la 10 cuestión planteada allí es útil para el
estudio de la substancia. Me refiero a la cuestión siguiente: ¿por qué es uno
aquello cuyo enunciado afirmamos que es una definición, por ejemplo, en el caso
del hombre, «animal bípedo»?
(supongamos, en efecto, que éste es su enunciado). ¿Por qué, pues, esto
es uno y no varios: animal y bípedo? Pues, en el caso de
«hombre»
y «blanco», son 15 varios cuando lo uno no está en lo otro, pero uno cuando sí
está, y el sujeto, es decir el hombre, es afectado por algo (pues entonces se
hace uno y es un «hombre blanco»). Pero allí lo uno no participa de lo otro;
pues el género no parece participar de las diferencias (si lo hiciera,
participaría al mismo tiempo de los contrarios, ya que las diferencias por las
que se diferencia el 20 género son contrarias). E incluso si participa da lo
mismo, en el supuesto de que las diferencias sean varias, por ejemplo, «con
pies, bípedo, áptero». Pues ¿por qué estas cosas son una sola y no varias? No
será porque están en un género, pues así de todas las cosas resultaría una
sola. Pero es preciso que constituyan una unidad todas las cosas incluidas en
la definición; 25 la definición, en efecto, es un enunciado único y de una
substancia, por lo cual tiene que ser enunciado de algo único. En efecto,
«substancia» significa algo único y algo determinado, según decimos.
Debemos estudiar
primero las definiciones
que se hacen
por división. Pues
no hay en la
definición ninguna otra cosa sino el 30 llamado género primero y las
diferencias. Los demás géneros son el primero junto con las diferencias
añadidas a él; por ejemplo, el primero es
«animal»,
y el siguiente, «animal bípedo», y después, «animal bípedo áptero». Y lo mismo si se enuncian (1038ª) más
términos. En suma, es indiferente que se enuncien muchos o pocos; de manera que
también lo es que se enuncien pocos o sólo dos. De estos dos, uno será
diferencia, y el otro, género; por ejemplo, en «animal bípedo», «animal» es
género, y lo otro, diferencia. Pues
bien,
si el género no existe en absoluto fuera 5 de las especies consideradas como
pertenecientes a él, o si existe pero existe como materia (pues la «voz» es
género y materia, y las diferencias forman a partir de ella las especies y los
elementos), está claro que la definición es el enunciado basado en las
diferencias. Pero es preciso dividir
todavía por la diferencia de la diferencia; por ejemplo, una diferencia de
animal es «provisto de 10 pies»; seguidamente, es preciso que la diferencia de
«animal provisto de pies» sea en cuanto «provisto de pies», de suerte que no se
debe decir, para decir bien, que de los «provistos de pies» unos son «alados» y
otros «no alados» (quien esto diga mostrará su incapacidad), sino que unos son
cisípedos y otros 15 solípedos, pues éstas son diferencias del pie, porque
tener los pies divididos en dedos es tener pies de algún modo. Y así se
procederá incesantemente, hasta llegar a lo que ya no tiene diferencias; y
entonces habrá tantas especies de pie cuantas sean las diferencias, y los
animales provistos de pies serán tantos como las diferencias.
Si
esto es así, está claro que la última diferencia será la 20 substancia de la
cosa y su definición, puesto que no se debe decir varias veces lo mismo en los
términos de la definición, ya que es superfluo. Pero esto ocurre; pues decir
«animal provisto de pies, bípedo» es exactamente igual que decir «animal con
pies, con dos pies». Y, si se divide esto por su propia división, se dirá lo
mismo varias veces, tantas veces cuantas son 25 las diferencias. Por
consiguiente, si se produce una diferencia de otra diferencia, una sola, la
última, será la especie y la substancia.
Pero,
si se atiende a lo accidental, por ejemplo si se divide a los animales
provistos de pies en blancos y negros, las diferencias serán tantas como los
cortes de la división. Por consiguiente, está claro que la definición es el
enunciado que arranca de las diferencias, y, en rigor, de la última de ellas.
30 Y es evidente, si se cambia el orden de tales definiciones, por ejemplo, de
la del hombre, diciendo «animal
bípedo provisto de
pies»; en efecto,
«provisto de pies»
resulta superfluo después de haber dicho «bípedo». Pero en la substancia
no hay orden; pues ¿cómo se ha de pensar lo uno como posterior y lo otro como
anterior? Así, pues, acerca de las definiciones basadas en la división, baste
con lo dicho hasta aquí sobre su 35 naturaleza.
Capítulo
13
(1038b)
Puesto que nuestra investigación trata de la substancia, volvamos sobre nuestro
tema. Se dice que es substancia, como
el sujeto y la
esencia y el compuesto de ambos, también el universal. De
los dos primeros hemos hablado ya (a saber, de la esencia y 5 del sujeto, del
cual hemos dicho que subyace de dos modos: o siendo algo determinado, como el
animal para las afecciones, o como la materia para la entelequia); pero también
parece que el universal es para
algunos
causa por excelencia, y que es un principio. Por consiguiente, pasemos también
a estudiarlo.
Parece
imposible, en efecto, que sea substancia cualquiera de 10 los llamados
universales. Pues, en primer lugar, es substancia de cada cosa la que es propia
de cada cosa y no se da en otra; pero el universal es común, pues se llama
universal aquello que por su naturaleza puede darse en varios. ¿De qué,
entonces, será substancia el universal?
O bien, en efecto, lo será de todas las cosas o de ninguna, y de todas
no es posible que lo sea. Pero, si lo es de una, también las otras serán ésta;
pues aquellas cosas cuya substancia es una y cuya esencia es una, también 15
ellas son una.
Además,
se llama substancia lo que no se predica de un sujeto; pero el universal se
dice siempre de algún sujeto. ¿O es que el universal no puede ser substancia
como la esencia, pero puede estar incluido en ésta, como el Animal en el hombre
y en el caballo? Entonces es evidente
que hay cierto enunciado de él. Y nada importa que no haya enunciado de todas
las cosas 20 incluidas en la substancia; pues, a pesar de ello, el universal
será substancia de algo, como lo es el Hombre del hombre en el que está presente;
de suerte que nuevamente sucederá lo mismo; pues el Animal, por ejemplo, será
substancia de aquello en lo que está contenido como cosa propia. Y, además, es
imposible y absurdo que lo que es determinado y substancia, si está 25
compuesto, no esté compuesto de substancias ni de algo determinado, sino de
cualidades; pues la nosubstancia y la cualidad serían antes que la substancia y
lo determinado. Y esto es imposible. Pues ni en cuanto al enunciado, ni en
cuanto al tiempo ni en cuanto a la generación es posible que sean antes las
afecciones que la substancia; de lo contrario, serían también separables.
Además,
en Sócrates habría una substancia en otra 30 substancia; de suerte que sería
substancia de dos cosas. Y, en suma, si son substancia el hombre y todos los
seres que se enuncian de este modo, ocurre que ninguna de las cosas incluidas
en el enunciado es substancia de nada ni existe fuera de aquéllos ni en otro;
quiero decir que, por ejemplo, no hay ningún animal fuera de los animales
particulares, ni ninguna otra cosa de las incluidas en los enunciados. Así,
pues, de estas consideraciones resulta claro que ninguno de los universales es
substancia y que 35 nada de lo que
se predica de una
manera común significa algo
(1031ª) determinado, sino algo de
tal cualidad. Y, si no, resultan otros muchos inconvenientes y el
«tercer hombre».
Y,
además, es evidente también por lo siguiente. Es imposible que una substancia
esté compuesta de substancias presentes en ella como en entelequia; pues las
cosas que así son dos en entelequia nunca son una en entelequia; pero, si son
dos en 5 potencia, pueden ser una (por ejemplo, la línea doble consta de dos
medias líneas en potencia; pues la entelequia separa); de suerte que, si la
substancia
es una, no estará compuesta de substancias presentes en ella y de aquel modo
que expone bien Demócrito; afirma, en efecto, que es imposible que de dos cosas
10 se haga una, o de una, dos; pues convierte en substancias las magnitudes
indivisibles. Es, por tanto, evidente que lo mismo sucederá con el número, si
el número es, como dicen algunos, una composición de unidades; pues o bien la
díada no es una, o no hay en ella una unidad en entelequia. Pero el resultado implica una dificultad.
Pues si, de una parte, 15 no es posible que ninguna substancia conste de
universales porque significan una manera de ser pero no una cosa determinada,
y, de otra, tampoco puede admitirse que ninguna substancia esté compuesta de
substancias en entelequia, toda substancia será simple, de suerte que tampoco
podrá haber enunciado de ninguna substancia. Ahora bien, todos admiten, y ya lo
dijimos antes, que la substancia es el único o, al menos, el principal 20
objeto de la definición. Y ahora resulta que tampoco ella puede definirse; por
consiguiente, no habrá definición de nada; o bien la habrá en algún sentido y
en algún sentido no. Esto se verá más claro por lo que se dirá más adelante.
Capítulo
14
Pero
estas consideraciones muestran ya las consecuencias de mantener que las Ideas
son substancias separadas y afirmar al 25 mismo tiempo que la especie se
compone del género y de las diferencias. Porque, si existen las Ideas, y si el
Animal está contenido en el hombre y en el caballo, o bien es uno solo y el
mismo numéricamente en ambos, o bien es distinto; en el enunciado evidentemente
es uno solo; pues el que lo enuncia en uno y otro formula el mismo enunciado.
Así, pues, si hay 30 un Hombre en sí, que es de suyo algo determinado y
separado, también sus elementos, por ejemplo «animal» y «bípedo», significarán
necesariamente algo determinado, estarán separados y serán substancias; por
consiguiente, también lo será «Animal». Así, pues, si el Animal que hay en el
caballo y en el hombre es uno mismo, como lo eres tú con relación a ti mismo,
¿cómo (1039b) puede este uno ser uno en las cosas que están separadas, y por
qué este Animal no ha de estar también separado de sí mismo?
Además,
si participa de lo «bípedo» y de lo «polípedo», resulta algo imposible, pues se
darán al mismo tiempo atributos contrarios en una cosa que constituye una
unidad y algo 5 determinado; y, si no, ¿cuál será el sentido cuando alguien
diga que el animal es bípedo o que tiene pies? Quizá que está compuesto, o en
contacto, o mezclado. Pero todo esto es absurdo. Será, pues, distinto en
cada caso. Por
consiguiente, serán, por
decirlo así, infinitas
las cosas cuya
substancia es
«animal»;
pues el hombre no procede del animal accidentalmente. Además, muchas cosas
serán el Animal en sí. Pues será substancia el animal que hay 10 en cada uno
(éste, en efecto, no se enuncia según otra cosa; de lo contrario, el Hombre
procedería de ésta, y ésta sería su género), y,
además,
serán Ideas todos los elementos del hombre; y, por tanto, no habrá Idea de uno
y substancia de otro (pues es imposible). Por consiguiente, cada uno de los
animales será Animal en sí. Además, ¿de
qué procede este animal, y cómo puede proceder del Animal en sí? ¿O cómo es
posible que el 15 animal, cuya substancia es la Animalidad en sí, exista aparte
del Animal en sí?
Y
también en las cosas sensibles se presentan estos inconvenientes y otros
mayores. Por tanto, si es imposible que
sean así, resulta evidente que no hay Ideas de ellas en el sentido en que
algunos dicen.
Capítulo
15
20
Y, puesto que la substancia es de dos clases: el todo concreto y el concepto
(en el primer caso la substancia comprende el concepto junto con la materia,
mientras que en el segundo es el concepto en sentido pleno), las que se toman
en el primer sentido son corruptibles (pues también son generables),
pero del concepto
no hay corrupción
posible (ya que
tampoco hay 25 generación, pues no se genera la esencia
de casa, sino la de esta casa); el concepto, en efecto, es y no es sin
generación ni corrupción; pues quedó demostrado que nadie genera ni hace estas
cosas. Por eso tampoco es posible definir ni demostrar las substancias
sensibles singulares, porque tienen materia, cuya naturaleza es tal que pueden
existir y no existir; por eso todas 30 las que entre ellas son singulares, son
corruptibles. Por consiguiente, si la demostración tiene por objeto las cosas
necesarias, y si la definición es un procedimiento científico, y si, así como
no es posible que la ciencia sea unas veces ciencia y otras ignorancia (sino
que en tal caso se tratará de una opinión), tampoco es posible que haya
demostración ni definición de lo que puede ser de otro modo (sino que se
tratará de una opinión), es (1040ª) evidente que no puede haber definición ni
demostración de las cosas singulares sensibles. Pues las cosas que se
corrompen, cuando se alejan de la percepción sensible, son oscuras para los que
tienen la ciencia, y, aunque se conserven en el alma sus 5 conceptos, ya no
será posible definirlas ni demostrarlas. Por eso, en las definiciones, cuando
alguien trate de definir alguna de las cosas singulares, es preciso no
desconocer que siempre es posible refutarlo; pues no es posible
definirlas. Según esto, tampoco se puede
definir ninguna Idea. Pues la Idea, según dicen, pertenece a las cosas
singulares y tiene 10 existencia separada. Y es necesario que el enunciado
conste de nombres; pero el nombre no lo hará el que define (pues sería
ininteligible), y los ya existentes son comunes a todas las cosas; por
consiguiente, éstos se aplicarán necesariamente también a otra. Por ejemplo, si
uno trata de definirte, dirá que eres un animal delgado o blanco o alguna otra
cosa que se aplicará también a otro.
Y si alguien dijera que
nada impide que separadamente todas estas
designaciones se apliquen a muchos, pero que simultáneamente sólo se
aplican a uno, se debe responder, en primer
lugar,
15 que también a ambos elementos; por ejemplo, «animal bípedo» se aplicará al
animal y a lo bípedo (y en las cosas eternas esto será así incluso
necesariamente, puesto que son anteriores y partes del compuesto; y, además,
son seres separados si suponemos que el Hombre es un ser separado; pues o no lo
es ninguno, o lo son ambos; ahora bien, si no lo es ninguno, no 20 existirá el
género aparte de las especies, y, si existe, también la diferencia); y, además,
porque son anteriores en el ser; y estas cosas no se destruyen a su vez.
Asimismo, si las Ideas constan de ideas (las partes integrantes son, en efecto,
menos compuestas), también tendrán que predicarse de muchos aquellos elementos
de los que consta la Idea, por ejemplo «Animal» y 25 «Bípe-do». Y, si no, ¿cómo
pueden ser conocidos? Habría, en efecto, alguna Idea que no podría predicarse
más que de uno. Y no parece posible, sino que toda idea parece ser
participable.
Así,
pues, como hemos dicho, no se dan cuenta de que es imposible la definición en
las cosas eternas, sobre todo en las que son únicas, como el Sol o la Luna.
Pues no sólo yerran al 30 añadir cosas tales que, si se suprimen, todavía
seguirá siendo Sol, por ejemplo «que va alrededor de la tierra» o «que está
oculto de noche» (como si, en caso de que se detuviera o brillara de noche, ya
no fuera Sol; lo cual es absurdo, ya que «Sol» significa cierta substancia),
sino también al añadir cosas que pueden darse en otro, con lo cual, si otro
llegase a tener esas cualidades, es evidente que sería Sol; por consiguiente,
el enunciado sería común; pero el Sol es una cosa singular, como (1040b) Cleón
o Sócrates. Y ¿por qué ninguno de ellos trata de dar la definición de una Idea?
Al intentarlo verían claramente que es verdad lo que aquí se ha dicho.
Capítulo
16
Está
claro que incluso la mayoría de las que parecen ser 5 substancias son
potencias: las partes de los animales (pues ninguna de ellas existe separada,
y, cuando se separan, sólo existen como materia), la Tierra, el Fuego y el
Aire; pues ninguna de estas cosas constituye una unidad, sino como un montón,
hasta que son transformadas y surge de ellas algo dotado de unidad. Y, sobre
todo, podría pensarse que las partes de los seres 10 animados y las del alma
fácilmente llegan a ser ambas cosas, siendo en entelequia y en potencia, por
tener principios del movimiento a partir de algo que hay en las articulaciones;
por eso algunos animales, divididos, siguen viviendo. Sin embargo, todas ellas
estarán en potencia cuando constituyan una unidad y algo continuo por naturaleza
y no por fuerza o por implantación; 15 pues en tal caso habría
malformación. Y, puesto que «Uno» tiene
los mismos significados que «Ente», y la substancia de lo que es uno es también
una, y las cosas cuya substancia es numéricamente una son también numéricamente
una, está claro que ni el Uno ni el Ente pueden ser substancia de las cosas,
como tampoco el ser del Elemento o del Principio. Pero buscamos cuál es,
entonces, el principio, a fin 20 de remontarnos
a
algo más cognoscible. Así, pues, de estos conceptos, están más cerca de ser
substancia el Ente y el Uno que el Principio y el Elemento y la Causa; pero
tampoco ellos llegan a serlo, puesto que nada común es substancia; la
substancia, en efecto, no está en nada más que en sí misma y en lo que la
tiene, de lo cual es substancia. Además, lo que es uno no puede 25 estar en
varios lugares al mismo tiempo, pero lo común sí; por tanto, es evidente que
ninguno de los universales existe fuera de los singulares separadamente. Pero
los partidarios de las Es-pecies tienen razón al separarlas, si es que son
substancias, pero no la tienen al convertir en Especie el Uno aplicado a
muchos. 30 Y la causa es que no pueden decir cuáles son estas substancias
incorruptibles existentes fuera de las singulares y sensibles. Las hacen, en
efecto, de la misma especie que las corruptibles (pues éstas las conocemos):
«Hombre en sí» y «Caballo en sí», añadiendo a las cosas sensibles la expresión
«en sí». Sin embargo, (1041ª) aunque nunca hubiéramos visto los astros, no por
eso, creo yo, dejarían de ser substancias eternas separadas de las que nosotros
conociéramos; de suerte que también ahora, aunque no sepamos cuáles son, sin
duda tiene que haber algunas. Así, pues, es evidente que ninguno de los
universales es substancia, ni 5 ninguna substancia se compone de substancias.
Capítulo
17
A
qué se debe llamar substancia y cuál es su naturaleza, digámoslo de nuevo y
tomando como un nuevo punto de partida; pues quizá de este modo podamos
explicar también aquella substancia que está separada de las substancias
sensibles. Y, puesto que la substancia es un principio y una causa, debemos
partir de aquí. 10 Se busca siempre el «por qué» en el sentido de por qué una
cosa se da en otra. Pues tratar de averiguar por qué el hombre músico es hombre
músico, o bien es buscar lo dicho: por qué el hombre es músico, o bien es otra
cosa. Ahora bien, tratar de averiguar por qué una cosa es ella misma no es
tratar de averiguar nada (es preciso, en efecto, que el «que» y el «ser» 15
estén previamente claros -por ejemplo, que la Luna se eclipsa-; pero
«porque
una cosa es ella misma» es la única respuesta y la única causa para todas las
cosas, como por qué el hombre es hombre y el músico es músico, a no ser que se
diga «porque cada cosa es indivisible en orden a sí misma», que es lo mismo que
afirmar su unidad. Pero aquello es común
20 a
todas las cosas y breve). Mas podría preguntarse por qué el hombre es un animal
de tal naturaleza. Y entonces es evidente que no se pregunta por qué el que es
hombre es hombre. Se pregunta, en efecto, por qué algo se da en algo (pero el
hecho de que se da debe estar claro; de lo contrario, no se 25 pregunta nada);
por ejemplo, ¿por qué truena?, porque se produce ruido en las nubes. Pues lo
que aquí se busca es una cosa de otra. Y ¿por qué estas cosas, por ejemplo,
ladrillos y piedras, son una casa? Es, pues, evidente que se busca la causa; y
ésta es, desde el punto de vista de los enunciados, la esencia, que en algunas
cosas es la causa final, por ejemplo,
sin
duda en una casa o en una cama, y en otras, el primer motor; pues 30 también
éste es una causa. Pero esta última causa la buscamos cuando se trata de la
generación o corrupción; en cambio, la otra, también cuando se trata del ser.
Donde
más oculto está lo que buscamos es en las cosas que no se predican unas de
otras; por ejemplo, se pregunta qué es (1041b) un hombre porque se enuncia
simplemente y no se define que estas cosas son esto. Pero se debe preguntar
articuladamente; de lo contrario, resulta igual no preguntar nada que preguntar
algo. Y, puesto que es preciso conocer que la cosa existe, es evidente que se
pregunta por qué la materia es algo 5 determinado; por ejemplo, ¿por qué estos
materiales son una casa? Porque se da en ellos la esencia de casa. Y esto, o
bien este cuerpo que tiene esto, es un hombre. Por consiguiente, se busca la
causa por la cual la materia es algo (y esta causa es la especie); y esta causa
es la substancia. Así, pues, es claro que, tratándose de cosas simples, no es
posible la pregunta ni la 10 enseñanza, sino que es otro el método de
investigarlas. Y, puesto que lo compuesto de algo de tal modo que el conjunto
total sea uno, no como un montón, sino como la sílaba -y la sílaba no es los
elementos, ni B más A es lo mismo que BA, ni la carne es Fuego más Tierra
(puesto que, después de disolverse, ya no existen los conjuntos totales, por
ejemplo la carne 15 o la sílaba, pero sí los elementos y el Fuego y la Tierra);
la sílaba, en efecto, es algo, no sólo los elementos, vocal y consonante, sino
también otra cosa, y la carne no es sólo Fuego y Tierra, es decir lo caliente y
lo frío, sino también otra cosa-; si, por consiguiente, también aquello es
necesariamente un elemento o un compuesto de elementos, si es un elemento,
nuevamente se 20 planteará la misma cuestión (pues la carne se compondrá de
este elemento y de Fuego y Tierra y todavía otra cosa, de suerte que se
procederá al infinito); pero si procede de un elemento, evidentemente no
constará de uno, sino de varios, o será la cosa misma, de suerte que nuevamente
haremos en este caso el mismo razonamiento que en el caso de la carne o de la
sílaba. Mas pudiera pensarse que esto es algo, pero no un 25 elemento, y que es
la causa de que tal cosa sea carne y tal otra una sílaba; y lo mismo en las
demás cosas. Y esto es la substancia de cada cosa (pues esto es la primera
causa del ser) -y, puesto que algunas cosas no son substancias de nada, sino
que todas las substancias están constituidas según naturaleza y por
30
naturaleza, también parecerá ser substancia esta naturaleza, que no es un
elemento, sino un principio. Elemento es el componente material de una cosa en
el que ésta se divide; por ejemplo, de la sílaba, la A y la B.
H
LIBRO
VIII
Capítulo
1
Es
preciso recapitular lo que hemos dicho, resumir lo más importante y sacar la
conclusión. Hemos dicho que el objeto 5 de nuestra investigación son las causas
y los principios y los elementos de las substancias. Pero, entre las
substancias, unas son admitidas por todos, mientras que acerca de otras se han
manifestado algunos particularmente. Son generalmente admitidas las substancias
físicas, como el Fuego, la Tierra, el Agua, el Aire y los demás cuerpos
simples, y también las plantas y sus partes, y los animales y las partes de los
animales, y, 10 finalmente, el Cielo y las partes del Cielo. Y particularmente
dicen algunos que son substancias las Especies y las Cosas matemáticas. Pero, desde el punto de vista de los
enunciados, resulta que hay también otras substancias: la esencia y el sujeto.
Por otra parte, el género es más substancia que las especies, y el universal,
más que los singulares. Y al universal y al género se 15 asocian también las
Ideas (por la misma razón, en efecto, son consideradas como substancias). Y, puesto que la esencia es una substancia y
su enunciado es la definición, por eso hemos tratado de la definición y de lo
que se predica en cuanto tal. Y, puesto que la definición es un enunciado y el enunciado
tiene partes, también era necesario 20 estudiar, acerca de la parte, cuáles son
partes de la substancia y cuáles no, y si éstas son también partes de la
definición. Por lo demás, ni el universal es substancia ni lo es el género; y
acerca de las Ideas y de las Cosas matemáticas tendremos que reflexionar más
adelante; pues algunos dicen que, aparte de las 25 substancias sensibles,
existen éstas. Pero tratemos ahora de las substancias reconocidas por todos. Y
éstas son las sensibles. Todas las substancias sensibles tienen materia. Y es substancia
el sujeto, en un sentido la materia (al decir materia me refiero a la que, no
siendo en acto algo determinado, es en potencia algo determinado), y en otro
sentido el enunciado y la forma, lo que, siendo algo determinado, es separable
por el enunciado; y, en tercer lugar, al compuesto de ambas cosas, el único del
que hay generación y corrupción y es plenamente separable; 30 pues, de las que
son substancias desde el punto de vista del enunciado, unas son separables y
otras no.
Y es
evidente que también la materia es substancia; pues en todos los cambios
opuestos hay algo que es el sujeto de los cambios; por ejemplo, en cuanto al
lugar, lo que ahora está aquí y después allí, y, en cuanto al crecimiento, lo
que ahora 35 es de tal tamaño y luego menor o mayor, y, en cuanto a la
alteración, lo que ahora está sano y después enfermo; e (1042b) igualmente, en
cuanto a la substancia, lo que ahora está en generación y luego en corrupción,
y ahora es sujeto como algo determinado y luego sujeto en el sentido de la
privación. Y acompañan a éste los otros
cambios,
pero a uno o dos de los otros 5 no acompaña éste; pues no es necesario que, si
algo tiene materia localmente mudable, la tenga también generable y
corruptible. Cuál es la diferencia entre la generación absoluta y la no
absoluta, quedó explicado en la Física.
Capítulo
2
Puesto
que la substancia como sujeto y como materia es 10 reconocida por todos, y ésta
es la que está en potencia, nos queda por decir cuál es la substancia de las
cosas sensibles considerada como acto.
Demócrito
parece admitir que hay tres diferencias (pues, según él, el sujeto corpóreo, la
materia, es una y la misma cosa, pero difiere o bien por la proporción, que es
una figura, o por el giro, que es una posición, o por el contacto, que es una
ordenación). Pero las diferencias
parecen ser muchas; así, unas 15 cosas se forman por composición de su materia,
por ejemplo las que proceden de una mezcla, como la hidromiel; otras, por
atadura, como un haz; otras, por encolamiento, como un libro; otras, por sujeción
con clavos, como un arca; otras, por varias de estas diferencias; otras, por su
posición, como el umbral y el dintel (pues éstos se diferencian por estar
puestos de cierto 20 modo); otras, por el tiempo, como la cena y el almuerzo, y
otras, por el lugar, como los vientos; otras, por la afecciones de las cosas
sensibles, como dureza o blandura, densidad o raleza, sequedad o humedad, y
unas, por algunas de estas cosas, y otras, por todas ellas, y, en suma, unas
por exceso y otras por defecto. De donde resulta evidente que también
«es»
se dice 25 de todos estos modos; pues es umbral porque está puesto de tal modo,
y «ser» significa precisamente «estar puesto de tal modo», y «ser hielo»,
«estar condensado de tal manera». Y el ser de algunas cosas se definirá incluso
por todo esto, por estar 30 en parte mezcladas, en parte fundidas, en parte
atadas, en parte condensadas, en parte por tener las demás diferencias, como
una mano o un pie.
Deben,
por consiguiente, ser tenidos en cuenta los géneros de las diferencias (pues
éstas serán principios del ser), por ejemplo los constituidos por el más o el
menos o por la densidad o la raleza y demás cualidades semejantes; pues todos
ellos son 35 exceso o defecto. Y si algo se diferencia por la figura o por la
lisura o la rugosidad, trátase en tales casos de derechura o (1043ª) curvatura.
Para otras cosas el ser será el estar mezcladas, y opuestamente el no ser.
De
lo dicho se deduce claramente que, si la substancia es causa del ser de cada
cosa, debe buscarse en estas diferencias cuál es la causa del ser de cada una
de estas realidades. Ninguna de ellas es substancia, ni siquiera asociada con
otra cosa; sin embargo, en cada una hay algo análogo a la substancia. Y así 5
como en las substancias lo que se predica de la materia es el acto mismo,
también en las demás definiciones lo es en grado sumo. Por ejemplo, si tenemos
que definir un
umbral,
diremos que es madera o piedra puestas de tal modo, y una casa, ladrillos y
maderas puestos de tal modo (o añadiendo en algunos casos la causa final), y
hielo, agua solidificada o condensada de tal 10 modo, y armonía, tal o cual
mezcla de agudo y grave. Y lo mismo en las demás cosas. Es claro, por consiguiente, que el acto y el
enunciado son diferentes para cada materia; pues para unas es la composición,
para otras la mezcla, y para otras, alguna otra cosa de las 15 mencionadas. Por
eso los que, al definir una casa, dicen que es un conjunto de piedras,
ladrillos y maderas, describen la casa en potencia, pues estas cosas son
materia; los que dicen que es un recinto protector de bienes y personas o algo
semejante, hablan del acto; y los que juntan ambas descripciones, enuncian la
tercera substancia’, compuesta de estos elementos (pues el 20 enunciado que se
apoya en las diferencias parece expresar la especie y el acto, y el que se basa
en las partes integrantes, más bien la materia); y así también las definiciones
aceptadas por Arquitas, pues abarcan ambas cosas. Por ejemplo, ¿qué es la
ausencia de viento? Quietud en gran extensión del aire; pues el aire es
materia, y la quietud, acto y substancia. ¿Qué es bonanza? Tersura del mar; el
sujeto material es el mar, y el acto y la forma, 25 la tersura.
Queda,
pues, claro por lo dicho cuál es la substancia sensible y cómo lo es; pues una
lo es como materia, otra como forma y acto, y la tercera se compone de éstas.
Capítulo
3
Hay
que tener en cuenta que a veces no se ve bien si un nombre significa la
substancia compuesta o el acto y la forma; 30 por ejemplo, si el significado de
«casa» es el compuesto, es decir «refugio hecho de ladrillos y piedras puestos
de tal modo», o el acto y la especie, es decir «refugio»; o si
«línea»
significa«díada en longitud» o «díada», y «animal», «alma en un cuerpo» 35 o
«alma», pues ésta es substancia y acto de algún cuerpo. Pero «animal» podría
tener ambos sentidos, no como expresado por un solo enunciado, sino como
referido a un solo objeto.
Pero
esto, que es importante para otras cosas, no lo es para (1043b) el estudio de
la substancia sensible; pues la esencia reside en la especie y en el acto.
«Alma» y «esencia de alma» es lo mismo; pero «esencia de hombre» y «hombre» no
son lo mismo, a no ser que el alma pueda ser llamada «hombre». Así, pues, en
unos casos sí y en otros no. 5 Si se
analiza la sílaba, no parece constar de los elementos más composición, ni la
casa parece ser ladrillos más composición. Y es natural, pues ni la composición
ni la mezcla proceden de aquello de lo que son composición o mezcla. Y tampoco
ninguna de las demás cosas; por ejemplo, si el umbral lo es por su posición, la
posición no procede del umbral, sino más bien éste de aquélla. Por
consiguiente, tampoco el hombre es «animal» 10 más «bípedo», sino que tiene que
haber algo que esté fuera de estas cosas, si
estas cosas son
materia, y que no
sea ni elemento ni
compuesto de elementos, sino la
substancia;
los que prescinden de ello, enuncian la materia. Por tanto, si ello es la causa
del ser y se identifica con la substancia, no pueden enunciar la substancia
misma. (Es, pues, necesario que ésta sea
o bien eterna o bien 15 corruptible sin corromperse, y que haya llegado a ser
sin generarse. Y ya se ha mostrado y explicado en otro sitio que nadie hace ni
genera la especie, sino que se hace esto en concreto y se genera la cosa
compuesta. Pero si las substancias de las cosas corruptibles son o no separables,
no está aún claro, aunque es evidente que las de algunas no pueden serlo,
concretamente 20 las de aquellas que no pueden existir aparte de los
singulares, por ejemplo una casa o un utensilio. Quizá, en efecto, ni siquiera
son substancias estas cosas ni ninguna otra de las no constituidas por la
naturaleza, ya que puede pensarse que sólo la naturaleza es la substancia en
las cosas corruptibles.)
Por
consiguiente, tiene algún fundamento la dificultad que ponían los seguidores de
Antístenes y otros igualmente indoctos, 25 al decir que no es posible definir
la quididad (pues, según ellos, la definición es un enunciado largo), y que se
puede incluso enseñar cómo es una cosa, por ejemplo la plata, pero no qué es,
diciendo que es como estaño; de suerte que de algunas substancias puede haber
definición y enunciado, por ejemplo de las compuestas, ya sean sensibles ya
inteligibles; pero no de sus 30 elementos, puesto que el enunciado definidor
afirma una cosa de otra, y es preciso que una esté en función de materia y la
otra en función de forma.
Y es
también claro que, si las substancias son de algún modo números, lo son así, y
no, como algunos dicen, una suma de unidades; pues la definición es en cierto
modo un número, ya que es divisible, y por cierto en partes indivisibles (pues
sus 35 enunciados no son infinitos), y el número es de esta misma condición. Y
así como, si a un número se le quita o añade alguno de los elementos de que
consta, ya no es el mismo número, sino (1044ª) otro, por poco que sea lo que se
le quite o añada, así tampoco la definición ni la esencia seguirá siendo lo que
era si se le quita o añade algo. Y es preciso que en el número haya algo por lo
cual es uno; pero ellos no saben decir en virtud de qué es uno, si ciertamente
es uno (pues o bien no lo es, sino que es como 5 un montón, o, si lo es, hay
que decir qué es lo que hace que sea uno procedente de varios). También la
definición es una, pero tampoco pueden explicarla. Y es natural que así ocurra,
pues la razón es la misma, y la substancia es una como hemos dicho, y no, según
dicen algunos, como si fuese cierta unidad o un punto, sino que cada una es una
entelequia y cierta 10 naturaleza. Y así como el número no admite el más ni el
menos, tampoco la substancia en cuanto se ajusta a la especie, y, si alguna lo
admite, será la que implica materia.
Queda,
pues, explicado con lo dicho en qué sentido es posible o imposible la
generación y la corrupción de las llamadas substancias, y hasta qué punto
pueden ser éstas reducidas al número.
Capítulo
4
Acerca
de la substancia material, es preciso no olvidar que, 15 aunque todas las cosas
procedan del mismo elemento primero o de los mismos elementos considerados como
primeros, y aunque la misma materia sirva de principio a todas las cosas que se
generan, sin embargo, hay una que es propia de cada cosa; por ejemplo, de la
flema es primera materia lo dulce o lo graso, y de la bilis, lo amargo o algo
semejante; aunque quizá estas cosas procedan de lo mismo. Y llega a haber
varias 20 materias de lo mismo cuando la una es materia de lo otro; por
ejemplo, la flema procede de lo graso y de lo dulce, si lo graso procede de lo
dulce, y de la bilis, por resolverse la bilis en la materia primera. Una cosa,
en efecto, puede proceder de otra de dos modos, o bien porque una es previa al
devenir de la otra o bien por resolución de ésta en su principio. 25 Pero cabe que, siendo una la materia, se
produzcan cosas diversas por obra de la causa eficiente; por ejemplo, de
madera, un cofre y una cama. Pero, de algunas cosas, la materia es
necesariamente diversa, por ser ellas diversas; por ejemplo, una sierra no
puede hacerse de madera, y esto no depende de la causa eficiente, pues nadie
hará una sierra de lana o de madera. 30 Por tanto, siempre que es posible hacer
la misma cosa de distintas materias, es evidente que el arte y el principio del
movimiento tiene que ser el mismo; pues si la materia es diferente, y también
el motor, también lo será el producto. Así, pues, cuando se busca la causa de
algo, puesto que las causas se dicen en varios sentidos, es preciso enunciar
todas las causas posibles. Por ejemplo, ¿cuál es, como materia, la causa del
hombre? ¿Acaso los menstruos? ¿Y cuál, como motor? 35 ¿Quizá el semen?
¿Y
cuál, como especie? La esencia. ¿Y cuál, como aquello para lo que? El fin. Pero
quizá las dos últimas son (1044b) una misma.
Y es
preciso enunciar las causas más próximas. ¿Cuál es la materia? No fuego, o
tierra, sino la propia.
Así,
pues, en cuanto a las substancias naturales y generables, es necesario proceder
de este modo para proceder rectamente, puesto que, en efecto, tal es la índole
y el número de las causas, 5 y es preciso conocerlas. En cuanto a las
substancias naturales pero eternas, el procedimiento es otro; pues quizás
algunas no tienen materia, o no la tienen tal, sino tan sólo localmente
movible. Y las cosas que son por naturaleza, pero no son substancias, tampoco
tienen materia, sino que el sujeto es su substancia. 10 Por ejemplo, ¿cuál es
la causa de un eclipse? ¿Cuál su materia? Ninguna, sino que la Luna es la que
lo padece. Y ¿cuál es la causa eficiente que destruye la luz? La Tierra. Y la
causa final sin duda no existe. Y lo que hace de especie es el enunciado; pero
el enunciado es oscuro si no lo acompaña la causa. Por ejemplo, ¿qué es un
eclipse? Privación de luz. Pero, si se añade 15 «por la interposición de la
Tierra», este enunciado implica la causa. En cuanto al sueño,
no
está claro cuál es su primer paciente. ¿Será el animal? Sí; pero ¿en cuanto a
qué, y cuál es lo primero? El corazón u otro órgano. Además, ¿cuál es la causa
eficiente? Y, todavía, ¿cuál es la afección de ese órgano y no del cuerpo
entero? ¿Una inmovilidad especial? Sí; pero ésta ¿a qué afección primera se
debe? 20
Capítulo
5
5
Puesto que algunas cosas existen y dejan de existir sin generación ni
corrupción, por ejemplo los puntos, si verdaderamente existen, y en general las
especies (pues no se genera lo blanco sino el madero blanco, si es que todo lo
que es generado se genera a partir de algo y se convierte en algo), no todos
los contrarios pueden generarse recíprocamente, pues no se genera 25 del mismo
modo un hombre blanco a partir de un hombre negro que lo blanco a partir de lo
negro; y no todo tiene materia, sino tan sólo las cosas sujetas a generación y
a cambio recíproco. Pero las cosas que sin cambiar existen o dejan de existir,
no tienen materia.
Es
difícil saber en qué relación está con los contrarios la 30 materia de cada
cosa. Por ejemplo, si el cuerpo está sano en potencia y la enfermedad es lo
contrario de la salud, ¿acaso tiene en potencia ambos estados? Y el agua ¿es en
potencia vino y vinagre? ¿O es materia del uno en virtud de la posición y de la
especie, y del otro en virtud de la privación y corrupción contraria a la
naturaleza? También ofrece dificultad la 35 cuestión de por qué el vino no es
materia del vinagre ni vinagre en potencia (aunque de él se hace vinagre) y el
viviente un (1045ª) cadáver en potencia. O no, sino que las corrupciones son
accidentales, y la materia misma del viviente por efecto de la corrupción es
potencia y materia de un cadáver, y el agua, del vinagre; pues se generan a
partir de estas cosas como la noche a partir del día. Y todas las cosas que así
se cambian recíprocamente es preciso que se conviertan en su materia; por
ejemplo, si de un cadáver ha de producirse un viviente, primero tiene que 5
convertirse en su materia, y luego se hará así viviente; y el vinagre, en agua,
y luego se hará así vino.
Capítulo
6
En
cuanto a la dificultad mencionada acerca de las definiciones y los números,
¿cuál es la causa de su unidad? Pues todo lo que tiene varias partes y no es en
conjunto como un montón, sino que constituye un todo distinto de las partes,
tiene alguna 10 causa, puesto que también los cuerpos tienen como causa de su
unidad unos el contacto, otros la viscosidad o alguna otra afección semejante.
Pero la definición es un enunciado con unidad, no por concatenación como la
Ilíada, sino por ser de un solo objeto. ¿Qué es, entonces, lo que hace uno al
hombre, y por 15 qué es una
sola
cosa y no varias, por ejemplo «animal» y «bípedo», sobre todo si existe, como
afirman algunos, un Animal en sí y un Bípedo en sí? ¿Por qué, en efecto, el
hombre no es estos En sí, con lo cual los hombres serían por participación no
del Hombre ni de una Idea, sino de dos, del Animal y de lo 20 Bípedo, y, en
suma, el hombre no sería uno, sino varios, animal y bípedo? Es, pues, evidente que los que así proceden,
de acuerdo con las definiciones y enunciados que les son habituales, no
pueden responder ni
solucionar esta dificultad.
Pero, si se
admite nuestra distinción entre
la materia y la forma, entre la potencia y 25 el acto, dejará de parecer
difícil lo que indagamos. Esta dificultad, en efecto, es la misma que si la
definición de «vestido» fuese
«bronce
redondo»; pues este nombre sería signo del enunciado, de suerte que la cuestión
se reduciría a saber cuál era la causa de que lo redondo y el bronce
constituyesen una unidad. La dificultad desaparece, porque lo uno es materia y
lo otro forma. ¿Cuál es, entonces, la causa de que lo que es en potencia 30 sea
en acto, aparte de la eficiente, en las cosas sujetas a generación? No hay, en
efecto, ninguna otra causa de que la esfera en potencia sea esfera en acto,
sino la esencia de una y otra cosa.
Pero
la materia puede ser inteligible o sensible, y el enunciado tiene siempre de
una parte materia y de otra acto; por 35 ejemplo, el círculo es una figura
plana. Y todas aquellas cosas que no tienen materia, ni inteligible ni
sensible, son directamente una unidad cada una, como también directamente
«algo», (1045b) «esto», «cual», «cuanto». Por eso no figuran en las
definiciones ni el Ente ni el Uno. Y la esencia es directamente algo uno y
también un ente. Por eso ninguna de estas cosas tiene otra 5 causa de ser algo
uno ni de ser un ente. Pues cada una es directamente un ente y algo uno, no
como si el Ente y el Uno fueran su género ni como si fueran separables de las
cosas particulares. A causa de esta
dificultad hablan algunos de «participación», sin poder decir cuál es la causa
de la participación ni qué es 10 participar. Otros hablan de «coexistencia» del
alma; Licofrón, por ejemplo, dice que la ciencia es la coexistencia del saber y
del alma. Otros piensan que la vida es
una «composición» o «conexión» de un alma con un cuerpo. Pero este enunciado valdría para todo; «estar
sano», en efecto, sería la «coexistencia» o «conexión» o
«composición»
de un alma con la salud, y el hecho de que el bronce sea un triángulo, una
«composición»
15 de bronce y de triángulo, y ser blanco, una «composición» de superficie y de
blancura. Y la causa está en que buscan un concepto unificador de potencia y de
entelequia, y una diferencia; pero, como hemos dicho, la materia última y la
forma son lo mismo, aquélla en potencia y ésta en acto, de suerte que es igual
buscar cuál es la causa de la unidad y de ser uno; cada cosa, 20 en efecto, es
una, y tanto lo potencial como lo actual son uno en cierto modo; de suerte que
no hay ninguna otra causa, a no ser alguna que haga pasar de la potencia al
acto. Y las cosas que no tienen materia, todas son absoluta y directamente algo
uno.
Q
LIBRO
IX
Capítulo
1
Hemos
tratado acerca del Ente primero, al cual se refieren todas las demás categorías
del Ente; es decir, acerca de la substancia (según el concepto de substancia se
enuncian, en efecto, 30 los demás entes: la cantidad, la cualidad y los demás
que así se enuncian; pues todos implicarán el concepto de substancia, según
dijim os al principio de nuestra exposición). Mas, puesto que el Ente se dice
no sólo en el sentido de «algo» o «cual» o «cuanto», sino también según la
potencia y la entelequia y la obra, precisemos los límites de la potencia y de
la entelequia. 35 Primero, de la potencia estrictamente dicha, aunque no es la
que más interesa para lo que ahora queremos. La potencia y (1046ª) el acto, en
efecto, se extienden más allá de las cosas que sólo se enuncian según el
movimiento. Pero, después de hablar de ésta, en las delimitaciones acerca del
acto explicaremos también las demás.
Que
«potencia» y «poder» se dicen en varios sentidos, lo 5 hemos explicado en otro
sitio . Prescindamos de todas las
potencias que se dicen por simple homonimia (algunas, en efecto, se dicen por
cierta semejanza; por ejemplo, en Geometría hablamos de cosas que son o no son
«potentes»
porque son o no son de algún modo). Pero las referidas a la misma especie, 10
todas son ciertos principios, y se dicen en orden a una primera, que es un
principio de cambio que radica en otro, o en el mismo en cuanto es otro. Una,
en efecto, es la potencia pasiva, que es, en el paciente mismo, un principio
para ser cambiado por efecto de otro o en cuanto que es otro. Otra es el hábito
de inmunidad frente al cambio a peor y frente a la destrucción por efecto de
otro o en cuanto otro como principio del cambio. 15 En todas estas definiciones
está contenido el concepto de la potencia primera. Asimismo, éstas se llaman
potencias de hacer o padecer simplemente una acción o de hacerla o padecerla
bien, de suerte que también en los enunciados de éstas están incluidos de algún
modo los conceptos de las potencias anteriores.
Está
claro, por consiguiente, que en cierto sentido es una misma la potencia de
hacer y la de padecer una acción (pues 20 una cosa es potente por tener ella
misma la potencia de recibir una acción, o bien porque la tiene otro para
recibirla de ella), pero en otro sentido son distintas. Una, en efecto, está en
el paciente (pues el paciente padece la acción, y uno padece la de uno y otro
la de otro, por tener cierto principio, y por ser también la materia cierto
principio; así, lo grasiento
es
combustible, y lo que cede de tal o cual modo, rompible, y lo 25 mismo en las
demás cosas), y la otra, en el agente; por ejemplo, el calor y el arte de
construir: el primero, en lo que calienta, y el segundo, en el constructor. Por eso, en cuanto unidad natural, ningún ser
padece la acción de sí mismo, ya que es uno solo y no otro.
30 Y
la impotencia y lo impotente es la privación contraria a esta potencia; de
suerte que toda potencia es contraria a una impotencia de lo mismo y según lo
mismo. Pero la privación tiene varios
sentidos. En efecto, decimos que una cosa «está privada de algo» si no lo
tiene, o si, estando naturalmente llamada a tenerlo, no lo tiene o
absolutamente o cuando está llamada a tenerlo, y si no lo tiene de un modo
determinado, por ejemplo completamente, o de cualquier modo. Y en algunas
cosas, si, 35 estando llamadas a tenerlo, no lo tienen a causa de violencia,
decimos que están privadas de ello.
Capítulo
2
Puesto
que en las cosas inanimadas hay tales principios, y otros en las animadas y en
el alma, y, del alma, en la parte (1046b) racional, es evidente que también de
entre las potencias unas serán irracionales y otras racionales. Por eso todas
las artes y las ciencias productivas son potencias, puesto que son principios
productores de cambio que radican en otro o en cuanto es otro.
Y
las racionales, todas pueden producir ellas mismas los 5 efectos contrarios,
pero las irracionales se limitan a uno; por ejemplo, el calor sólo puede
calentar, mientras que la Medicina puede dañar y curar.
Y
esto se debe a que la ciencia es un enunciado, y el mismo enunciado manifiesta
la cosa y su privación, aunque no del mismo modo, pues en un sentido las
enuncia a ambas, y, en otro, más bien lo positivo; de suerte que también tales
ciencias 10 abar-carán necesariamente los contrarios, pero a uno en cuanto
tales, y al otro no en cuanto tales; pues también el enunciado expresa al uno
en cuanto tal, y al otro, en cierto
modo, accidentalmente, ya que muestra lo contrario por negación y supresión; la
15 privación primera es, en efecto, lo contrario, que es, a su vez, supresión
de lo otro. Mas, puesto que los
contrarios no se generan en lo mismo, y la ciencia es potencia por tener el
concepto, y el alma tiene un principio de movimiento, lo sano sólo produce
salud, y lo que puede calentar, calor, y lo que puede enfriar, frío; pero el
que 20 tiene ciencia, ambas cosas. Pues el concepto contiene ambas cosas,
aunque no igualmente, y está en el alma, que tiene un principio de movimiento,
de suerte que moverá ambas cosas desde el mismo principio, habiéndolas unido en
orden a lo mismo. Por eso las cosas que tienen potencia fundada en un concepto
producen efectos contrarios a los de aquellas cuya potencia no se apoya en un
concepto, pues los contrarios están contenidos en el mismo principio, es decir,
en el concepto.
Y es
también claro que la potencia de hacer o padecer bien 25 va acompañada por la
de hacer o padecer solamente, pero ésta no siempre por aquélla; pues para hacer
bien es necesario hacer, mientras que para hacer solamente no es necesario
hacer bien.
Capítulo
3
Pero
hay algunos que afirman, como los megáricos, que sólo se tiene potencia
mientras se actúa, y que, cuando no se actúa, 30 no se tiene potencia; por
ejemplo, que el que no edifica no tiene potencia para edificar, sino que la
tiene el que edifica mientras edifica; y lo mismo en las demás cosas. Los
absurdos en que éstos incurren son fáciles de ver. Pues, evidentemente, un
constructor dejará de serlo cuando no edifica (el ser constructor, en 35
efecto, es ser potente para edificar), y lo mismo en las demás artes. Pues bien, si es imposible que posea estas
artes quien no las haya aprendido o recibido alguna vez, y que deje de
poseerlas (1047ª) sin haberlas perdido (o por olvido o por alguna enfermedad o
por el tiempo; no ciertamente por corrupción de la cosa, pues existe siempre),
¿no tendrá el arte cuando cese de ejercerlo? Y, cuando vuelva a edificar de
pronto, ¿de dónde lo habrá sacado?
Y lo
mismo habrá que decir de los seres inanimados. Pues nada será frío ni caliente
ni dulce ni, en general, sensible, si 5 no lo estamos sintiendo; de suerte que
los que tal afirman tendrán que dar por buena la opinión de Protágoras.
Más
aún, ningún ser tendrá potencia sensitiva si no está sintiendo actualmente.
Así, pues, si es ciego lo que no tiene vista pero está llamado a tenerla y
cuando está llamado a tenerla y mientras aún existe, los mismos serán ciegos
muchas veces al 10 día, y sordos. Además, si imposible es lo que está privado
de potencia, lo que no está generándose será imposible que llegue a generarse;
y el que diga que lo imposible para generarse tiene o tendrá ser, errará (pues
«imposible» significa precisamente esto); de suerte que estas doctrinas niegan
el movimiento y la generación. Pues, según ellas, lo que está de pie estará
siempre 15 de pie y lo que está sentado estará siempre sentado. Pues no se
levantará si está sentado, ya que será imposible que se levante lo que no puede
levantarse. Por consiguiente, si no cabe
sostener esta doctrina, está claro que la potencia y el acto son cosas
diferentes (mientras que 20 aquellas doctrinas identifican la potencia y el
acto e intentan destruir algo importante). Cabe, por tanto, que algo pueda
existir pero no exista, y que pueda no existir y exista, y lo mismo en las
demás categorías: que, pudiendo andar, no ande, y, pudiendo no andar, ande.
Una
cosa es posible si, por el hecho de que tenga el acto de 25 aquello de lo que
se dice que tiene la potencia, no surge nada imposible. Por ejemplo, si es
posible que algo esté sentado y cabe que
se
siente, no surge nada imposible si realmente se sienta; y lo mismo si puede ser
movido o mover, estar o poner de pie, ser o llegar a ser, no ser o no llegar a
ser.
La
palabra «acto», aplicada a la entelequia, ha pasado 30 también a otras cosas
principalmente desde los movimientos; pues el acto parece ser principalmente el
movimiento; por eso a las cosas que no existen no se les atribuye movimiento,
pero sí otras categorías, como ser pensables o deseables aunque no existan; 35
pero ser movidas, no, y esto porque, no existiendo en acto, (1047b) existirían
en acto. En efecto, de las cosas que no existen, algunas existen en potencia;
pero no existen, porque no existen en entelequia.
Capítulo
4
Si
lo posible es lo que hemos dicho en cuanto que es realizable, está claro que no
cabe que sea verdad decir que tal cosa 5 es posible pero no sucederá, puesto
que, admitido esto, no se vería el sentido de «ser imposible»; por ejemplo, si
uno afirma que es posible que la diagonal sea conmensurable con uno de los
lados, pero que no lo será -sin tener en cuenta el ser imposible-, porque nada
impide que, siendo posible que algo sea o llegue a ser, no sea ni llegue a ser.
Pero es necesario, según lo 10 establecido, que, incluso si suponemos que
existe o ha llegado a existir lo que no existe pero es posible, no resulte nada
imposible; y en este caso resultará, puesto que es imposible que la diagonal
sea conmensurable con uno de los lados. Así, pues, no es lo mismo
«falso»
que «imposible»: que tú estés de pie ahora es falso, pero no imposible.
Al
mismo tiempo, es también evidente que si, existiendo A, necesariamente existe
B, siendo posible que exista A, también B 15 será necesariamente posible; pues,
si no es necesariamente posible, nada impide que no sea posible que exista.
Supongamos, pues, que A es posible. Pues bien, siendo posible que A exista, si
afirmásemos la existencia de A, no resultaría nada imposible. Entonces sería
necesario que existiera B; pero era imposible.
20 Sea, pues, imposible. Pero, si es necesariamente imposible que exista
B, también lo será necesariamente que exista A. Lo primero era, efectivamente,
imposible; también lo será, entonces, lo segundo. Pero, si realmente A es
posible, también lo será B, suponiendo que estén relacionadas de tal modo que,
existiendo A, necesariamente existirá B. Por consiguiente, si, estando A y B en
esta relación, no es posible B en las condiciones dichas, 25 tampoco A y B
estarán en la relación supuesta. Y si, siendo posible A, necesariamente es
también posible B, si existe A, necesariamente existirá también B. Pues «es
necesariamente posible que exista B si A es posible» significa que, si A existe
cuando y 30 como era posible que existiera, también B existirá necesariamente
entonces y del mismo modo.
Capítulo
5
Siendo
todas las potencias o bien congénitas, como los sentidos, o adquiridas por
práctica, como la de tocar la flauta, o por estudio, como la de las artes, para
tener las que proceden de la práctica o del estudio será necesario ejercitarse
35 previamente; para las que no son de esta clase y para las pasivas, no es
necesario.
(1048ª)
Y, puesto que lo «potente» tiene potencia para algo y en algún tiempo y de
algún modo, con todas las demás determinaciones que necesariamente entran en la
definición, y unas cosas pueden mover racionalmente y sus potencias son
racionales, mientras que otras son irracionales e irracionales también sus
potencias, y aquéllas están necesariamente en un ser animado, mientras que
éstas pueden estar en uno animado o en uno 5 inanimado, estas últimas
potencias, cuando el agente y el paciente se aproximan en las condiciones
requeridas por ellas, hacen o padecen necesariamente, mientras que aquéllas no
necesariamente. Pues todas éstas limitan su actividad a un solo objeto,
mientras que aquéllas lo extienden a los contrarios, de suerte que producirán
al mismo tiempo efectos contrarios; pero esto es imposible.
Por
tanto, necesariamente habrá otra cosa que sea la que 10 decida; por ejemplo, el
deseo o la elección previa. En efecto, el que principalmente desee de los dos
contrarios, ése hará cuando se encuentre en las condiciones propicias a su
potencia y se aproxime al paciente; de suerte que todo lo racionalmente
potente, cuando desee aquello para lo que tiene potencia y en la medida en que
la tiene, necesariamente lo hará; y la tiene 15 cuando el paciente está
presente y dispuesto de un modo determinado; y, si no, no podrá obrar (no es
preciso, en efecto, determinar más aún diciendo «sin que nada externo se lo
impida»; pues tiene la potencia en cuanto que ésta es potencia activa, pero no
lo es ilimitadamente, sino en ciertas condiciones, en las cuales se excluirán
también los impedimentos externos;
20
pues a éstos los excluyen algunos de los factores presentes en la
definición). Por eso, aunque quiera o
desee hacer simultáneamente dos efectos o los efectos contrarios, no los hará;
pues no tiene la potencia para ellos del modo dicho, ni la potencia es para
hacer simultáneamente, puesto que hará aquellas cosas para las que tiene la
potencia del modo dicho.
Capítulo
6
Puesto
que ya hemos hablado de la potencia relativa al 25 movimiento, tratemos ahora
del acto y digamos qué es y cuál es su naturaleza. Al hacer nuestro análisis
veremos que no sólo decimos que es «potente» lo que tiene poder natural para
mover a otro o ser movido por otro, ora absolutamente ora de cierto modo, sino
también en otro sentido, a causa de lo cual en 30 nuestra
indagación
hemos tratado también de estas cosas. El
acto es, pues, el existir de la cosa, pero no como cuando decimos que está en
potencia; y decimos que está en potencia como está un Hermes en un madero, y la
media línea en la línea entera, porque podría ser separada, y que es sabio
incluso el que no especula, si es capaz de especular. Pero esto otro está 35 en
acto. Lo que queremos decir es evidente
en los singulares por in ducción, sin que sea preciso buscar una definición de
todo, sino que basta contemplar la analogía, pues en la misma relación (1048b)
que lo que edifica con lo que puede edificar está también lo despierto con lo
dormido y lo que ve con lo que está con los ojos cerrados pero tiene vista, y
lo segregado de la materia con la materia, y lo totalmente elaborado con lo no
elaborado. Y, de 5 esta diferencia,
quede el acto separado a una parte y, a la otra, la potencia. Pero «estar en acto» no se dice de todas las
cosas en el mismo sentido, sino analógicamente: como esto existe en esto o en orden
a esto, aquello existe en aquello o en orden a aquello; pues unas cosas están
en la relación del movimiento a la potencia, y otras, en la de la substancia a
cierta materia.
Lo
infinito, lo vacío y las demás cosas semejantes se dice que 10 están en
potencia o en acto de manera distinta que muchos de los entes, por ejemplo que
el que ve o anda o es visto. Pues estas cosas cabe que sean verdaderas alguna
vez incluso sin limitaciones (decimos, en efecto, que algo se ve, unas veces
porque es visto y otras porque puede ser visto); pero lo infinito no está en
potencia en el sentido de que haya de existir 15 sepa-rado en acto, sino en el
conocimiento. Pues el hecho de que no termine la división hace que este acto
esté en potencia, pero que tenga existencia separada no.
Puesto
que de las acciones que tienen límite ninguna es fin, sino que todas están
subordinadas al fin, por ejemplo del 20 adelgazar es fin la delgadez, y las
partes del cuerpo, mientras adelgazan, están así en movimiento, no existiendo
aquellas cosas a cuya consecución se ordena el movimiento, estos procesos no
son una acción o al menos no una acción perfecta (puesto que no son un fin).
Acción es aquella en la que se da el fin. Por ejemplo, uno ve y al mismo tiempo
ha visto, piensa y ha pensado, entiende y ha entendido, pero no aprende y ha
aprendido 25 ni se cura y está curado. Uno vive bien y al mismo tiempo ha
vivido bien, es feliz y ha sido feliz. Y si no, sería preciso que en un momento
dado cesara, como cuando adelgaza; pero ahora no, sino que vive y ha
vivido. Así, pues, de estos procesos,
unos pueden ser llamados movimientos, y otros, actos. Pues todo movimiento es imperfecto: así el
adelgazamiento, el aprender, el caminar, la edificación; éstos son, en efecto,
movimientos, y, por tanto, imperfectos, pues 30 uno no camina y al mismo tiempo
llega, ni edifica y termina de edificar, ni deviene y ha llegado a ser, o se
mueve y ha llegado al término del movimiento, sino que son cosas distintas,
como también mover y
haber
movido. En cambio, haber visto y ver al mismo tiempo es lo mismo, y pensar y
haber pensado. A esto último llamo acto, y a lo anterior, movimiento.
Qué
es estar en acto y cuál es su naturaleza, podemos verlo por estas explicaciones
y otras semejantes. 35.
Capítulo
7
Debemos
determinar cuándo una cosa está en potencia y cuándo no; pues no siempre lo
está. La tierra, por ejemplo, ¿es (1049ª) en potencia un hombre?; ¿o no, sino
más bien cuando ya se ha convertido en semen, o quizá ni siquiera entonces? Del
mismo modo, no todo puede ser sanado por la medicina o por el azar; pero hay
algo que puede serlo, y esto es lo sano en potencia. 5 Y la definición de lo
que por obra de la inteligencia llega a estar en entelequia desde su estado en
potencia es «cuando, habiéndolo querido, llega a ser, no impidiéndolo nada
externo», y allí, en lo que es sanado, cuando no lo impida nada de lo que hay
en el paciente. Y de manera semejante está en potencia también una casa; si no
hay en esto, es decir en la materia, nada que 10 impida que llegue a ser casa,
ni hay nada que deba añadirse o suprimirse o cambiar, esto es en potencia una
casa. Y lo mismo en las demás cosas que tienen fuera el principio de la
generación. Y, de las que lo tienen en sí mismas, cuantas, si no lo impide nada
externo, serán por sí mismas; por ejemplo, el semen aún no (pues debe caer en
otro y cambiar), pero cuando 15 por su propio principio sea ya tal, entonces es
esto en potencia; en su primer estado necesita de otro principio, del mismo
modo que la tierra aún no es una estatua en potencia (pues debe cambiar y
convertirse en bronce).
Mas
parece que, cuando decimos de algo que no es «tal cosa», sino «de tal cosa» -
por ejemplo, la caja no es madera, sino de madera, y la madera no es tierra,
sino de tierra, y a su vez 20 la tierra, si está en el mismo caso, no es tal
otra cosa, sino de tal otra cosa-, aquello es en potencia, siempre y sin
limitaciones, lo que sigue inmediatamente. Por ejemplo, la caja no es de tierra
ni tierra, sino de madera; pues ésta es en potencia una caja y ésta es la
materia de una caja; la madera en general, la de una caja en general, y esta
madera determinada, la de esta 25 caja determinada. Pero, si hay algo primero,
de lo que ya no se dice, con referencia a otro, que es «de tal cosa», esto será
la materia primera; por ejemplo, si la tierra es de aire, y si el aire no es
fuego, sino de fuego, el fuego será materia primera, sin ser algo determinado.
Pues en esto se diferencian lo universal y el sujeto, en ser algo determinado o
no serlo; por ejemplo, sea lo que está sujeto a las afecciones un hombre,
cuerpo 30 y alma, y sea afección lo músico y lo blanco (pero, cuando se ha
generado la música en este sujeto, no lo llamamos música, sino músico, ni
decimos que el hombre sea blancura, sino blanco, ni andadura o movimiento, sino
algo que anda o que se mueve, como
decimos
que algo es «de tal cosa»). Pues bien, siempre que es así, lo último es una
substancia. Pero, cuando no es así, sino que lo que se predica es una especie y
algo 35 determinado, lo último es materia y substancia material. Y con razón
sucede que «de tal cosa» se diga según la materia y según las (1049b)
afecciones; pues una y otras son indeterminadas.
Queda,
pues, explicado cuándo se debe decir que algo está en potencia y cuándo no.
Capítulo
8
Puesto
que hemos determinado en cuántos sentidos se dice «anterior», esta claro que el
acto es anterior a la potencia. Y me 5 refiero no sólo a la potencia
determinada que llamamos principio de cambio que está en otro o en el mismo en
cuanto otro, sino, en general, a todo principio de movimiento o de quietud. La
naturaleza, en efecto, se genera en el sujeto mismo; pues está en el mismo
género que la potencia; es, en efecto, un 10 principio de movimiento, pero no
en otro, sino en el sujeto mismo en cuanto que es el mismo. A todos estos tipos
de potencia es anterior el acto conceptualmente y substancialmente; pero,
temporalmente, en cierto sentido sí y en cierto sentido no. Que es anterior en
cuanto al concepto, es evidente (pues por ser posible que llegue a estar en
acto es por lo que está en potencia lo que primeramente está en potencia; por
ejemplo, digo que está en potencia para edificar lo que puede edificar, y en
potencia 15 para ver, lo que puede ver, y en potencia para ser visto, lo que
puede ser visto. Y esto mismo se aplica en las demás cosas, de suerte que
el concepto y
el conocimiento del
acto serán necesariamente anteriores
al conocimiento de la potencia). Pero, en cuanto al tiempo, es anterior
así: lo que, siendo en acto, es específicamente idéntico, es anterior, pero
numéricamente no. Y digo esto porque la materia, la semilla y lo que puede ver,
que en potencia son un hombre, trigo y algo que ve, pero en acto aún
20
no, son temporalmente anteriores a este hombre ya existente en acto, al trigo y
a lo que ve; pero temporalmente anteriores a aquellas potencias son otras cosas
existentes en acto, de las cuales se
generaron aquéllas; pues siempre, desde lo existente en
potencia, es generado lo
existente en acto por obra de algo 25 existente en acto, por ejemplo un hombre
por otro hombre, un músico por otro músico, habiendo siempre un primer motor, y
el motor existe ya en acto.
Quedó
dicho en las consideraciones relativas a la substancia que todo lo que se
genera llega a ser algo a partir de algo y por obra de algo que es de la misma
especie. Por eso también parece imposible ser constructor sin haber construido
nada, o 30 citarista sin haber tocado la cítara, pues el que aprende a tocarla
cítara aprende a tocarla tocándola, y lo mismo les pasa a los demás. En esto se
basaba el argumento sofístico de que, sin tener la ciencia, uno hará aquello
que es objeto de la ciencia; pues el que aprende no la tiene. Pero, porque algo
de lo que se 35 genera está ya generado y algo de lo que se mueve en general
está ya movido (esto quedó demostrado en
nuestras
(1050ª) consideraciones acerca del movimiento), también el que aprende tendrá
sin duda necesariamente algo de la ciencia.
Así, pues, también en esto se ve que el acto es, incluso en este
sentido, anterior a la potencia en cuanto a la generación y al tiempo.
Pero
también en cuanto a la substancia; en primer lugar, 5 porque lo que es
posterior en cuanto a la generación es anterior en cuanto a la especie y en
cuanto a la substancia (por ejemplo, el varón adulto es anterior al niño, y la
persona humana, anterior al semen; pues lo uno ya tiene la especie, y lo otro,
no); y porque todo lo que se genera va hacia un principio y un fin (pues es
principio aquello por cuya causa se hace algo, y la generación se hace por
causa del fin), y fin es el acto, y por causa de éste se da la potencia. Los animales, en efecto, no ven para 10 tener
vista, sino que tienen vista para ver, y de igual modo se tiene el arte de
construir para construir, y el de especular para especular; pero no se especula
para tener el arte de especular, a no ser los que se ejercitan; pero éstos no
especulan, sino en cuanto lo hacen de este modo, o porque no necesitan
especular. Además, la materia está en potencia porque puede llegar a la 15
especie; pero, cuando está en acto, entonces está en la especie. Y de modo
semejante en las demás cosas, incluso en aquellas cuyo fin es un movimiento.
Por eso, así como los que enseñan creen haber alcanzado el fin cuando han
mostrado al alumno actuando, así también la naturaleza. Pues si no es éste el
proceso,
20
tendremos el Hermes de Pausón; no se sabrá, en efecto, si la ciencia está
dentro o fuera, igual que aquél. Porque la obra es un fin, y el acto es la
obra; por eso también la palabra acto (enérgeia) está directamente relacionada
con la obra (érgon) y tiende a la entelequia.
Y
puesto que lo último de algunas potencias es el uso (por ejemplo, lo último de
la vista es la visión, y, fuera de ésta, 25 ninguna otra obra se produce a base
de la vista), pero a base de algunas potencias sí se produce algo (por ejemplo,
a base del arte de edificar, además de la edificación, se produce una casa),
sin embargo el acto es allí fin, y aquí más fin que la potencia; pues la
edificación está en lo que se edifica, y se produce y es simultánea con la
casa. Pero, cuando las potencias tienen como 30 resultado alguna otra cosa
además del uso, su acto está en lo que se hace (por ejemplo, la edificación en
lo que se edifica, y la acción de tejer, en lo que se teje, y de modo semejante
en las demás cosas, y, en general, el movimiento en lo que es movido); pero,
cuando no tienen ninguna otra obra sino el acto, el acto 35 está en el agente
mismo (por ejemplo, la visión en el que ve, la especulación en el que especula
y la vida en el alma; por eso (1050b) también está en el alma la felicidad,
pues es vida de una calidad especial).
Por
consiguiente, está claro que la substancia y la especie son acto. Y este
razonamiento pone de manifiesto que, en cuanto a la substancia, es anterior el
acto a la potencia, y, como dijimos, 5 en
cuanto
al tiempo siempre hay un acto anterior a otro, hasta llegar al del que siempre
mueve primordialmente.
Pero
también en un sentido más fundamental; pues las cosas eternas son
substancialmente anteriores a las corruptibles, y nada es eterno en potencia. Y
la razón es ésta: toda potencia es al mismo tiempo potencia de la
contradicción; pues lo que no es 10 posible que exista no puede existir en
nada, y, por otra parte, todo lo que es posible puede no estar en acto. Así,
pues, lo que es posible que exista puede existir y no existir; por tanto, una
misma cosa puede existir y no existir. Pero lo que es posible que no exista
puede no existir; y lo que puede no existir es corruptible, o absolutamente o
en el sentido en que se dice que 15 puede no existir, o bien según el lugar o
según la cantidad o la cualidad; y absolutamente, lo que se corrompe según la
substancia. Así, pues, ninguna de las cosas absolutamente incorruptibles está
en potencia absolutamente (nada impide que lo esté relativamente, por ejemplo
en cuanto a la cualidad o al lugar). Por consiguiente, todas están en acto. Ni
de las que existen por necesidad (en efecto, éstas son primeras; pues, si ellas
no existieran, no existiría nada); ni el movimiento, si hay alguno 20 eterno;
y, si hay algo que es eternamente movido, tampoco es movido potencialmente, a
no ser de algún lugar a otro (y nada impide que haya materia de esto); por eso
están siempre en acto el Sol y los astros y todo el Cielo, y no es de temer que
una vez se detengan, como temen los que tratan de la Naturaleza. Ni se fatigan
haciendo esto; pues el movimiento no implica 25 para ellos, como para las cosas
corruptibles, la potencia de la contradicción, de suerte que sea fatigosa la
continuidad del movimiento; pues la substancia que es materia y potencia, no
acto, es causa de esto.
Imitan
a las cosas incorruptibles también las que están sujetas a cambio, como la
Tierra y el Fuego. Éstas, en efecto, están 30 siempre en actividad, pues tienen
por sí y en sí el movimiento. Pero las demás potencias, según lo expuesto
anteriormente, son todas de la contradicción; pues lo que puede mover de un
modo determinado puede también mover de otro modo, al menos siempre que se
trata de potencias
racionales; y las
irracionales, siendo las
mismas, serán de la
contradicción por su presencia 35 o ausencia. Por consiguiente, si hay unas
naturalezas o substancias tales como dicen los dialécticos que son las Ideas,
habrá algo mucho más científico que la Ciencia en sí y más movido que el
Movimiento en sí; pues aquéllas son en mayor grado (1051ª) actos, y éstos son
potencias de aquéllas. Así, pues, está claro que el acto es anterior a la
potencia y a cualquier principio de cambio.
Capítulo
9
Que
el acto es también mejor y más valioso que una buena potencia, es evidente por
lo que vamos a decir. Todo lo que 5
decimos que tiene potencia para una cosa, la tiene también para lo contrario;
por ejemplo, lo que decimos que puede estar sano puede también estar enfermo, y
lo puede simultáneamente; pues la potencia de estar sano y de estar enfermo, y
la de estar quieto y moverse, y la de edificar y derruir, y la de ser edificado
y ser derruido, es la misma. Así, pues, la potencia para los contrarios 10 se
da simultáneamente; pero es imposible que se den simultáneamente los
contrarios, y también es imposible que se densimultáneamente los actos (por
ejemplo, estar sano y estar enfermo), de suerte que uno de los dos será
necesariamente el bien; en cambio, la potencia será ambas cosas o ninguna. Por
15 consiguiente, es mejor el acto. Pero, en las cosas malas, el fin y el acto
serán también necesariamente peores que la potencia; pues la potencia para
ambos contrarios es la misma. Es, pues, evidente que el mal no está fuera de
las cosas, pues el mal es por naturaleza posterior a la potencia. Por
consiguiente, ni en 20 las cosas primordiales ni en las eternas hay ningún mal
ni error ni corrupción (pues también la corrupción es un mal). También las
figuras geométricas son halladas por un acto; pues las hallan dividiendo. Si
estuvieran divididas, se verían claramente; pero antes de la división sólo
existen en potencia.
¿Por
qué el 25 triángulo tiene dos rectos? Porque los ángulos en torno a un punto
son iguales a dos rectos. En efecto, si se trazara la paralela con relación al
lado, quien la viera comprendería inmediatamente por qué. ¿Por qué en el
semicírculo hay siempre un recto? Si hay tres líneas iguales, dos en la base y
la recta perpendicular al medio, para quien las vea será evidente si conoce
aquellos. Por consiguiente, está claro que las figuras que existen en potencia
son halladas al ser llevadas al acto. Y es así porque el 30 pensamiento es
acto; de suerte que la potencia procede del acto, y por eso al hacer las
figuras las conocen (pues el acto individual es posterior en cuanto a la
generación).
Capítulo
10
Puesto
que «Ente» y «No-ente» se dicen, en un sentido, según 35 las figuras de las
categorías, en otro, según la potencia o el (1051b) acto de estas categorías o
según sus contrarios, y, en otro [que es el más propio], verdadero o falso, y
esto es en las cosas el estar juntas o separadas, de suerte que se ajusta a la
verdad el que piensa que lo separado está separado y que lo junto está 5 junto,
y yerra aquel cuyo pensamiento está en contradicción con las cosas, ¿cuándo
existe o no existe lo que llamamos verdadero o falso? Debemos, en efecto,
considerar qué es lo que decimos. Pues tú no eres blanco porque nosotros
pensemos verdaderamente que eres blanco, sino que, porque tú eres blanco,
nosotros, los que lo afirmamos, nos ajustamos a la verdad.
Si,
por consiguiente, unas cosas siempre están juntas y no 10 pueden ser separadas,
y otras siempre están separadas y no pueden ser unidas, y otras admiten lo
contrario, el ser es estar junto y ser uno, y el no ser, no estar junto, sino
ser varias cosas; en cuanto a las que admiten lo contrario, la misma opinión y
el mismo enunciado resultan unas veces falsos y otras verdaderos, y cabe
ajustarse a la verdad unas veces y errar 15 otras; pero, en cuanto a las que no
pueden ser de otro modo, no resultan unas veces verdad y otras mentira, sino
que la misma opinión es siempre verdadera o siempre falsa. Pero, en cuanto a las cosas no compuestas,
¿qué es el ser o no ser, lo verdadero y lo falso? No se trata, en efecto, de algo
compuesto, de suerte que sea cuando esté junto y no sea si está separado, como
«la madera es blanca» o «la diagonal es 20 incon- mensurable»; y lo verdadero y
lo falso no será ya aquí como en las cosas de que hablábamos antes. Y así como
lo verdadero no es lo mismo en estas cosas, así tampoco el ser; aquí esto es lo
verdadero o lo falso: alcanzarlo y decirlo es verdadero (pues no es lo mismo
afirmar una cosa de otra que decir una 25 cosa), e ignorarlo es no alcanzarlo
(pues engañarse acerca de la quididad no es posible, a no ser accidentalmente;
y lo mismo sucede con las substancias no compuestas, pues no es posible
engañarse. Y todas son en acto, no en potencia; de lo contrario, se generarían
y se corromperían; ahora bien, lo mismo no 30 se genera ni se corrompe, pues se
generaría a partir de algo. – Así, pues, acerca de las cosas que son puro ser y
actos no es posible engañarse, sino que o se piensa en ellas o no; lo que se
busca acerca de ellas es su quididad, si son de tal naturaleza o no). Y el ser,
considerado como lo verdadero, y el no ser, considerado como lo falso, uno, lo
verdadero, se da si hay unión, y lo otro, lo falso, si no hay unión. Y lo uno,
si es 35 ver-dadero ente, es de un modo determinado, y si no es de ese modo, no
existe. Y la verdad equivale a pensar estas cosas;
(1052ª)
y aquí no hay falsedad ni engaño, sino ignorancia, pero no cual la ceguera;
pues la ceguera es como si uno careciese en absoluto de la facultad de
pensar. Y es claro también que acerca de
las cosas inmóviles no hay engaño en cuanto al tiempo, si uno las considera
inmóviles. Por 5 ejemplo, si uno piensa que el triángulo no cambia, no pensará
que unas veces tiene dos rectos y otras no (pues cambiaría); pero puede pensar
que algo sí y algo no; por ejemplo, que ningún número par es primero, o que
algunos sí y algunos no; pero en cuanto a lo que es uno numéricamente, ni esto;
pues ya no 10 pensará que alguno sí y alguno no, sino que se ajustará a la
verdad o errará al pensar que siempre es de un modo determinado.
I
LIBRO
X
Capítulo
1
Que
«Uno» tiene varios sentidos quedó dicho anteriormente, en nuestras
disquisiciones sobre los distintos significados de algunas palabras. Pero,
aunque se dice en más sentidos, son cuatro los modos principales de las cosas
primeras y que se dicen uno por sí y no accidentalmente. En primer lugar, lo
continuo, o bien en general, o bien, principalmente, por naturaleza, y no 20
por contacto ni por atadura (y entre estas cosas es más uno y anterior aquello
cuyo movimiento es más indivisible y más simple). En segundo lugar, es tal y en mayor grado lo
que constituye un todo y tiene alguna forma y especie, sobre todo si algo es
tal por naturaleza y no por fuerza como lo que ha sido encolado o clavado o
atado, sino que tiene en sí mismo la causa 25 de ser continuo. Y es tal por ser
uno su movimiento e indivisible en lugar y tiempo; por consiguiente, está claro
que, si algo tiene por naturaleza un
principio de movimiento, del primero el
primero (por ejemplo, de la traslación, la traslación circular), ésta
será la primera magnitud que es una. Así, pues, Uno significa unas veces lo que
es continuo o un todo; otras, 30 aquello cuyo enunciado es uno, y lo es el de
aquello cuya intelección es una, es decir, indivisible, y es indivisible la de
lo indivisible en especie o en número; es indivisible en número lo que lo es
individualmente, y en especie, lo que lo es en cuanto al conocimiento y en
cuanto a la ciencia; de suerte que será primariamente uno lo que es para las
substancias causa de la unidad.
Así,
pues, Uno tiene todos estos sentidos: lo continuo por 35 naturaleza y lo que es
un todo, el singular y el universal; y todo esto es «uno» por ser indivisible
unas veces su movimiento, (1052b) otras su intelección o su enunciado.
Pero
hay que tener en cuenta que no es lo mismo preguntar qué clase de cosas se
dicen «uno» y qué es el ser de lo uno y cuál su enunciado. «Uno», en efecto, se
dice en todos los sentidos indicados, y será «una» toda cosa en la que se dé
alguno de tales modos; pero el «ser de lo uno» se dará a veces en 5 alguna de
estas cosas, a veces en otra que está también más próxima a la palabra,
mientras que a la potencia están más próximas aquéllas, como sucedería también
si fuese preciso hablar del elemento y de la causa definiendo a base de las
cosas y dando la definición del nombre.
Pues en un
sentido es elemento el
Fuego (y lo
es quizá también
de suyo lo 10
Indeterminado
o alguna otra cosa semejante); pero, en otro sentido, no; pues no es lo mismo
el ser del Fuego que el del Elemento, sino que el Fuego es un elemento como una
cosa determinada y como naturaleza, pero el nombre de elemento significa que se
le añade accidentalmente el hecho de que algo procede de él como 15
constituyente primario. Esto mismo se aplica a la causa y al
Uno
y a todas las cosas semejantes; por eso el ser del Uno es el ser de lo
indivisible, el ser precisamente esto y separado en particular, o en cuanto al
lugar o en cuanto a la especie o en cuanto al pensamiento, o también el ser un
todo e indivisible, y, sobre todo, el ser la medida primera de cada género y,
principalmente, de la cantidad; pues de aquí ha pasado a las demás 20 cosas. Es
medida, en efecto, aquello por lo que se conoce la cantidad; y la cantidad en
cuanto cantidad se conoce o por el Uno o por un número, y todo número se conoce
por el Uno, de suerte que toda cantidad se conoce en cuanto cantidad por el
Uno, y aquello por lo que primariamente se conocen las cosas cuantas es el Uno
en sí; por eso el Uno es principio del número en cuanto número. Y éste es el
motivo de que también en las demás cosas se llame medida aquello por lo que
primariamente 25 se conoce cada cosa, y la medida de cada cosa es una, en
longitud, en anchura, en profundidad, en gravedad, en rapidez (pues la gravedad
y la rapidez son comunes en los contrarios, ya que cada una de ellas es doble;
por ejemplo, gravedad es tener cualquier peso y tener exceso de peso, y
rapidez, tener algún movimiento y tener exceso de movimiento; pues hay también
30 cierta rapidez de lo lento y cierta gravedad de lo ligero). En todas estas cosas es medida y principio
algo uno e indivisible, puesto que también en las líneas usamos como
indivisible la de
un pie. Siempre,
en efecto, buscamos
como medida algo
que sea uno e
indivisible, y es tal lo simple en cuanto a 35 la cualidad o en cuanto a la
cantidad. Así, pues, aquello a lo que parece que no se le puede quitar ni
añadir es la medida (1053ª) exacta (por eso la del número es la más exacta;
pues la unidad es considerada como absolutamente indivisible); y en las demás
cosas imitamos esto; pues una adición o sustracción hecha a un estadio o a un
talento o a cualquier otra cosa
notablemente grande puede pasar inadvertida más fácilmente que si 5 se hace a
una cosa menor; de suerte que lo primero a lo que no es posible añadir ni
quitar sin que se note es considerado por todos como medida de líquidos, de
áridos, de peso y de magnitud. Y creemos conocer la cantidad cuando la
conocemos por esta medida. Y medimos el movimiento por el movimiento simple y
más rápido (pues es el que necesita menos tiempo); 10 por eso en Astronomía tal
unidad es principio y medida (pues se supone que el movimiento del Cielo es
uniforme y el más rápido, y por él se juzgan los demás movimientos), y en
Música, el semitono, por ser lo más pequeño, y en la voz , el elemento. Y todas estas cosas son una unidad, no en el
sentido en que el Uno es algo común, sino como queda dicho.
Pero
no siempre la medida es numéricamente una, sino que 15 a veces son varias; por
ejemplo, los semitonos son dos, no en cuanto al oído, pero sí en los
enunciados, y las voces con que medimos son varias, y la diagonal se mide por
dos, y el lado y todas las magnitudes. Así, pues, el Uno es
medida de todas
las cosas, porque
conocemos cuáles son
los componentes de la
substancia dividiéndola según la cantidad o según la especie. 20 Y por eso el
Uno es indivisible,
porque
lo primero de cada clase de cosas es indivisible. Pero no todo es indivisible
del mismo modo, por ejemplo
el pie y
la unidad numérica;
ésta, en En
el sentido de
«palabra» o
«vocablo».
En
efecto, lo es totalmente, mientras que aquél debe ser incluido entre las cosas
indivisibles en cuanto a la sensación, como ya queda dicho; pues,
probablemente, todo lo continuo es divisible.
25
La medida es siempre del mismo género; en efecto, la de magnitudes es una
magnitud, y, en particular, la de longitud una longitud, la de latitud una
latitud, la de una voz otra voz, la de peso un peso, la de unidades una unidad.
Así, en efecto, es preciso admitirlo; pero no que la de números es un número;
sin embargo, habría que admitirlo si hubiese equivalencia; pero este juicio no
sería equivalente, sino que sería como si se juzgara que la medida de unidades
son unidades pero no una unidad; 30 pues el número es una pluralidad de
unidades.
Y
también consideramos medida de las cosas la ciencia y la sensación, por el
mismo motivo, porque por ellas conocemos algo, aunque, más que medir, se miden.
Pero nos sucede como si, al medirnos otro, conociéramos de qué tamaño somos
porque nos aplica el codo tantas veces. Y Protágoras afirma que el hombre 35 es
medida de todas las cosas, como si dijera que lo es el que sabe o el que
siente, y éstos porque tienen el uno sensación y (1053b) el otro ciencia, que
decimos que son medidas de sus objetos. Y así, no diciendo nada extraordinario,
parecen decir algo.
Es
claro, por consiguiente, que, para el que define atendiendo al nombre, la
unidad es en sumo grado una medida, principalmente de la cantidad, y en segundo
lugar de la cualidad. Y será 5 tal, en el primer caso, si es indivisible
cuantitativamente, y en el segundo, si lo es cualitativamente. Justamente por
eso, el Uno es indivisible, o absolutamente o en cuanto uno.
Capítulo
2
Del
mismo modo que en las Aporías hemos discutido qué es 10 el Uno y qué se debe
admitir acerca de él, debemos investigar cuál es su condición en cuanto a la
substancia y a la naturaleza: si debemos considerar que el Uno mismo es una
substancia, como afirmaron primero los pitagóricos y más tarde Platón, o más
bien subyace cierta naturaleza; y cómo debe ser expresado de un modo más
comprensible y más de acuerdo con los que tratan 15 de la Naturaleza. De éstos,
en efecto, hay quien dice que el Uno es Amistad, otros que es Aire, y otros, el
Infinito. Pero, si ninguno de los universales puede ser substancia, según quedó
dicho en nuestra exposición acerca de la Substancia y acerca del Ente, y éste
mismo no puede ser substancia como algo singular independiente de los muchos
singulares (pues es común), a no ser tan sólo como predicado, es
evidente
que tampoco el Uno. Pues 20 el Ente y el Uno son los que más universalmente se
predican. Por consiguiente, ni los géneros son ciertas naturalezas y
substancias separadas de las demás cosas, ni es posible que el Uno sea un
género, por las mismas causas por las cuales no pueden serlo el Ente ni la
Substancia.
Además,
necesariamente será igual en todas las categorías. El Ente y el Uno tienen el
mismo número de significados. Por 25 consiguiente, puesto que el Uno es algo y
cierta naturaleza en el ámbito de las cualidades, e igualmente también en el de
las cantidades, es evidente que también en general se debe investigar qué es el
Uno, como también qué es el Ente, en el convencimiento de que no basta decir
que esto mismo es su naturaleza. Pero en los colores el Uno es un color, por
ejemplo el 30 blanco; después, los otros parecen derivados de éste y del negro,
y el negro es privación del blanco, como de la luz lo es la oscuridad (pues
ésta es privación de luz). Por consiguiente, si los entes fuesen colores, los
entes serían cierto número, pero ¿de qué? Es evidente que de colores, y el Uno
sería cierto uno, por 35 ejemplo el blanco. E igualmente, si los entes fuesen
sonidos musicales, serían un número, ciertamente de semitonos; pero su
substancia no sería un número; y el Uno sería algo cuya substancia no sería (1054ª)
el Uno, sino un semitono. E igualmente también, en el caso de los sonidos
articulados, los entes serían un número de elementos, y el Uno, un elemento
vocal, y, si fuesen figuras rectilíneas, serían un número de figuras, y el Uno
sería el triángulo. Y lo mismo puede decirse también de los demás géneros; de
suerte que, si en las afecciones, en las cualidades, en las cantidades y 5 en
el movimiento hay números y un uno determinado, en todos ellos el número será
de ciertas cosas y el Uno será cierto uno, pero no será esto mismo la
substancia, y en las substancias necesariamente será lo mismo; pues es igual en
todas las cosas. Así, pues, es evidente que el Uno es cierta naturaleza en
todos los géneros, y que el Uno en sí no es la naturaleza de ninguno, 10 sino
que, así como en los colores el Uno en sí debe ser buscado como un color, así
también en la substancia el Uno en sí debe ser buscado como una
substancia. Que el Uno significa en
cierto modo lo mismo que el Ente es obvio, porque acompaña igualmente a todas las
categorías y 15 no está en ninguna (por ejemplo, ni en la quididad, ni en la
cualidad, sino que se halla en las mismas condiciones que el Ente) y porque «un
hombre» no añade nada a la predicación de «hombre» (como tampoco «ente» a la de
«quididad» o a la de «cualidad» o a la de «cantidad»), y porque «ser uno» es lo
mismo que
«ser
individuo».
Capítulo
3
20
Pero «Uno» y «Múltiple» se oponen de varios modos, uno de los cuales enfrenta
al Uno y a la pluralidad como indivisible
y divisible. En
efecto, lo dividido
o divisible se
llama una
«pluralidad»,
y lo indivisible o indiviso, «uno».
Puesto
que hay cuatro clases de oposición, y uno de cada dos términos implica
privación, se tratará de una oposición de contrarios y no a manera de
contradicción ni de relación. El 25 Uno se dice y se explica desde su
contrario, y lo indivisible, desde lo divisible, por ser más perceptible
sensorialmente la pluralidad y lo divisible que lo indivisible, de suerte que
la pluralidad tiene prioridad conceptual sobre lo indivisible, a causa de la
percepción sensible.
Son
propias del Uno, como ya expliqué en la división de los 30 contrarios, la
identidad, la semejanza y la igualdad, y de la pluralidad, la alteridad, la
desemejanza y la desigualdad.
Teniendo la
identidad varios sentidos,
en uno de
ellos decimos a
veces que algo
es numéricamente idéntico, y otro se aplica cuando algo es uno por su
enunciado y numéricamente; por 35 ejemplo, tú con relación a ti mismo eres uno
por la especie y por (1054b) la materia. Y también si el enunciado de la
substancia primera es uno; por ejemplo, las líneas rectas iguales son
idénticas, y los cuadriláteros iguales y equiángulos, aunque sean varios. Pero
en estas cosas la igualdad es unidad.
Son
semejantes las cosas que, no siendo absolutamente idénticas ni sin diferencia
en cuanto a su substancia concreta, son 5 idénticas en cuanto a la especie; así
el cuadrilátero mayor es semejante al pequeño, y lo son entre sí las rectas
desiguales. Éstas, en efecto, son semejantes, pero no absolutamente idénticas.
Son también semejantes las cosas que, teniendo la misma especie y produciéndose
en ellas el más y el menos, no son ni más ni menos. Y otras, si su afección es
idéntica y específica mente una, como la blancura, mayor o menor, dicen que son
10 semejantes porque su especie es una. Otras, si tienen más atributos
idénticos que diversos, o absolutamente o en lo que se refiere a los más
perceptibles; por ejemplo, el estaño es semejante a la plata en lo blanco, y el
oro al fuego en lo amarillo o rojizo.
Por
tanto, es evidente que también «otro» y «desemejante» se dice en varios
sentidos. En primer lugar, «otro» tiene sentido 15 opuesto a «idéntico»; por
eso todo es con relación a todo o idéntico u otro. En segundo lugar, «otro» se
aplica también a aquello cuya materia y cuyo enunciado no es uno; por eso tú
eres «otro» que tu prójimo; y, en tercer lugar, como en las Cosas matemáticas.
Así, pues, «otro» o «idéntico» se aplica, por lo dicho, a todo frente a todo,
siempre que se trate de algo que 20 sea uno y ente; pues «otro» no es la
contradicción de «idéntico»; por eso no se aplica
a
los no entes (se les aplica, en cambio, «no idéntico»), pero sí a todos los
entes. Pues todo lo que es ente y uno es por naturaleza uno o no uno. Así,
pues, «otro» e «idéntico» se oponen del modo dicho. Pero una cosa es la diferencia y otra la
alteridad. En efecto, lo «otro» y aquello con relación a lo cual es «otro» no
son 25 necesariamente «otros» por algo; pues todo lo que es ente, o es «otro» o
«idéntico». Pero lo «diferente» de algo es diferente por algo, de suerte que
necesariamente habrá algo «idéntico» por lo
que difieren. Y esto «idéntico»
será género o especie; pues todo lo que es diferente difiere o por el género o
por la especie; por el género, las cosas que no tienen materia común ni
generación en sentido recíproco, por ejemplo las que tienen distinta 30 figura
de predicación; por la especie, las que tienen el mismo género (se llama género
aquello en que se dice que dos cosas diferentes son idénticas en cuanto a la
substancia). Los contrarios son diferentes, y la contrariedad es una diferencia.
Que
hacemos bien al suponer esto, se demuestra por inducción; pues todas las cosas
que difieren parecen también idénticas; no sólo son «otras», sino que unas son
«otras» en cuanto 35 al género, y otras están en la misma serie de la
predicación, de (1055ª) suerte que pertenecen al mismo género y son idénticas
por el género. Pero en otro sitio quedó determinado cuáles son las cosas
idénticas u otras por el género.
Capítulo
4
Y,
puesto que es posible que las cosas diferentes difieran entre sí más o menos,
hay también una diferencia máxima, a la 5 cual llamo contrariedad. Que es la
diferencia máxima, se demuestra por inducción. En efecto, las cosas que
difieren en género no pueden convertirse recíprocamente unas en otras, sino que
distan demasiado y son incombinables. Pero las cosas que difieren
específicamente se generan desde los contrarios como puntos extremos, y la
distancia entre los puntos extremos es 10 máxima; por consiguiente, también la
de los contrarios. Ahora bien, lo máximo en cada género es perfecto. Máximo, en
efecto, es aquello que no puede ser superado, y perfecto, aquello más allá de
lo cual no es posible concebir nada. En efecto, la diferencia perfecta señala un
fin (del mismo modo que también las demás cosas se dicen perfectas por señalar
un fin), y más allá del fin no hay nada, pues el fin es lo último en todo y
contiene lo demás; por eso no hay nada más allá del fin, y lo perfecto no 15
necesita de nada. Así, pues, por lo dicho se ve que la contrariedad es una
diferencia perfecta, y, siendo varios los sentidos en que se habla de los
contrarios, les acompañará la perfección en la misma medida en que tengan la
contrariedad. Si esto es así, está claro que no puede una cosa tener varios
contrarios (pues no puede haber algo más extremo que el extremo, ni, de 20 una
distancia, más de dos extremos), y, en suma, si la contrariedad es una
diferencia, y la diferencia es entre dos, de suerte que también la perfecta.
Pero
también las demás determinaciones de los contrarios serán necesariamente
verdaderas. En efecto, la diferencia perfecta es la que más difiere (pues no es
posible hallar nada más 25 allá de las cosas que difieren en cuanto al género
ni de las que difieren en cuanto a la especie; pues ya ha quedado demostrado
que no hay diferencia con relación a las cosas que están fuera del género, y
que, entre las que están dentro de él, esta diferencia es la más grande), y las
que en el mismo género difieren en grado máximo son contrarias (pues la
diferencia máxima entre estas cosas es la perfecta), y las que en el mismo 30
receptáculo difieren en grado máximo son contrarias (pues los contrarios tienen
la misma materia), y también las sometidas a la misma potencia que difieren en
grado máximo (pues también la ciencia que trata de un solo género es una); en
estas cosas, la diferencia perfecta es la más grande.
La
contrariedad primera es la posesión y la privación; pero no toda privación
(pues la privación tiene varios sentidos), sino 35 la perfecta. Y los demás
contrarios se llamarán así por referencia a éstos, unos por tener, otros por
producir o poder producir, otros por recibir y otros por rechazar estos u otros
contrarios. Por consiguiente, si se oponen contradicción, y privación, y
contrariedad, y relación, y si la primera entre éstas (1055b) es la
contradicción, y si la contradicción no admite nada intermedio,
pero los contrarios
sí lo admiten,
es evidente que no es
lo mismo la contradicción que los contrarios. Y la
privación es una clase de contradicción; en efecto, lo que es totalmente
incapaz de tener algo, o lo que, siendo por naturaleza apto para 5 tenerlo, no
lo tiene, sufre privación totalmente o de algún modo determinado (pues este
término tiene ciertamente varios sentidos, como hemos dejado expuesto en otro
lugar), de suerte que la privación es una clase de contradicción, o bien una impotencia
determinada, o comprendida en el sujeto receptivo. Por eso la contradicción no
admite nada intermedio, pero alguna clase 10 de privación sí lo admite. Todo,
en efecto, es igual o no igual; pero no todo es igual o desigual, sino que, si
se da la desigualdad, sólo se dará en lo que es capaz de igualdad. Por
consiguiente, si las generaciones, para la materia, proceden de los contrarios,
y se producen, o bien desde la especie y la posesión de la especie, o desde
alguna privación de la especie y de la forma, es evidente que toda contrariedad
es privación; pero quizá 15 no toda privación es contrariedad (y la causa es
que lo que sufre privación puede sufrirla de varios modos); pues los extremos
desde los cuales proceden los cambios son los contrarios. Y esto se ve también
por la inducción. Pues toda contrariedad tiene privación de uno de los dos
contrarios, pero no siempre del mismo modo; la desigualdad, en efecto, tiene
privación de 20 igualdad; la desemejanza, de semejanza, y la maldad, de virtud.
Y la diferencia está en lo que hemos dicho; pues unas cosas tienen privación
simplemente por estar privadas de algo; otras, si lo están en algún tiempo o en
alguna parte, por ejemplo en cierta edad o en lo principal, o totalmente. Por
eso en algunos casos hay algo intermedio, y una persona puede
no
ser buena ni mala; pero en otros casos no lo hay, y así un número tiene que ser
impar o par. Además, unos contrarios tienen el sujeto 25 determinado, y otros
no. Por consiguiente, está claro que siempre uno de los dos contrarios se dice
por privación. Y basta que sean así los primeros y los géneros de los
contrarios, por ejemplo el Uno y la Pluralidad, pues los demás se reducen a
éstos.
Capítulo
5
Mas,
puesto que un contrario sólo se opone a otro, puede 30 uno preguntarse cómo se
opone
«uno»
a «muchos», e «igual» a «grande» y a «pequeño». Pues si la interrogación
disyuntiva la usamos siempre en contraposición, por ejemplo cuando preguntamos:
«¿es blanco o negro?» y
«¿es
blanco o no blanco?» (pero no decimos: «¿es hombre o blanco?», a no ser
preguntando 35 a partir de una suposición, por ejemplo: «¿cuál de los dos vino,
Cleón o Sóc rates?». Pero esto no es necesario en ningún género; y también esto
procede de lo mismo; pues sólo los contrarios es imposible que coexistan, y en
esto se basa la pregunta «¿cuál (1056ª) de los dos vino?» Pues, si
pudieran coexistir, sería
ridícula la pregunta.
Pero, aunque pudieran,
también caerían en oposición, en la de «uno» o «muchos»; por
ejemplo, «¿vinieron ambos o uno de los dos?»). Por consiguiente, si en los
opuestos siempre se busca cuál de los dos, y se pregunta si algo es mayor o
5
menor o igual, ¿cuál es la oposición de «igual» a los otros dos términos?, pues
ni es contrario a uno solo de ellos ni a ambos. ¿Por qué, en efecto, había de
ser más contrario a «mayor» que a
«menor»?
Además, «igual» es contrario a «desigual», de suerte que tendría más de un
contrario. Y si «desigual» significa lo mismo que ambos, será opuesto a ambos
(y esta dificultad 10 apoya a los que afirman que la desigualdad es una díada);
pero entonces ocurre que una sola cosa será contraria a dos, lo cual es
imposible.
Además,
lo igual parece intermedio entre lo grande y lo pequeño; pero no parece, ni es
posible según la definición, que ninguna contrariedad sea intermedia; pues no
sería perfecta si fuese intermedia de algo, sino que más bien tiene siempre
algo intermedio de sí misma. Por consiguiente, sólo queda la 15 posibilidad de
entender esta oposición como negación o como privación. Pero no como negación o
privación de uno de los dos opuestos (¿por qué, en efecto, había de serlo más
de lo grande que de lo pequeño?); será, por tanto, negación privativa de ambos;
por eso también la interrogación disyuntiva se refiere a los dos términos, y no
a uno de los dos (por ejemplo, «¿es mayor o 20 igual?», o «¿es igual o
menor?»), sino que hay siempre tres términos. Pero no hay necesariamente una
privación; pues no todo lo que no es mayor o menor es igual, sino aquellas
cosas en que se dan por naturaleza estos atributos. Así, pues, «igual» es lo
que no es grande ni pequeño, pero es apto por naturaleza para ser grande o
pequeño; y se opone a
ambos
como negación privativa, por lo cual también es intermedio. Y lo que no es ni
bueno ni malo se opone a ambos, pero no tiene nombre, pues 25 uno y otro se
dicen en varios sentidos y no es uno solo el sujeto receptivo, sino más bien lo
que no es blanco ni negro. Y tampoco hay una designación única para esto, sino
que son limitados de algún modo los colores de los que se dice privativamente
esta negación; pues necesariamente será castaño o amarillo o algún otro. Por
consiguiente, no está justificada la objeción de los que opinan que todo se
dice aproximadamente
30
lo mismo, de suerte que será intermedio entre calzado y mano lo que no es ni
calzado ni mano, si lo que no es bueno ni malo es intermedio entre lo bueno y
lo malo, como si siempre tuviera que haber entre dos términos algo intermedio.
Pero esto 35 no se sigue necesariamente; pues una es negación conjunta de
opuestos entre los cuales hay algo intermedio y cierta distancia (1056b)
natural, mientras que los otros términos no tienen diferencia, ya que están en
género distinto aquellos a los que se refiere la negación conjunta, de suerte
que el sujeto no es uno mismo.
Capítulo
6
El
mismo problema podría plantearse acerca de «uno» y «muchos». Pues, si «muchos»
se opone absolutamente a «uno», 5 resultan algunas conclusiones absurdas. «Uno», en efecto, será «poco» o «pocos»,
puesto que «muchos» se opone también a «pocos». Además, «dos» serán «muchos»,
puesto que «el doble» es múltiplo y se dice según «dos». Por consiguiente,
«uno» es «poco»; pues ¿en orden a qué se podrá decir que «dos» son «muchos» si
no es en orden a «uno» y a
«poco»?
No hay nada, en efecto, que sea menos.
Además,
si «mucho» y «poco» son en cuanto a la pluralidad 10 como «largo» y «corto» en
cuanto a la longitud, y si lo que es «mucho» es también «muchos», y «muchos»
son también
«mucho» (a
no ser que
algo difiera en
un continuo bien
delimitable), «poco» será
cierta pluralidad. Por consiguiente, «uno» será cierta pluralidad,
puesto que es también «poco». Y tiene que ser así, si «dos» son «muchos».
Pero sin
duda «muchos» se dice
también en algún sentido 15
«mucho», aunque de modo
diferente; por ejemplo, del agua se dice que es «mucha», pero no «muchas». Pero
«mucho» se dice de las cosas que son divisibles; en primer lugar, cuando se
trata de una pluralidad que tiene superioridad absoluta o relativa (y «poco»,
igualmente, cuando se trata de una pluralidad que tiene inferioridad); de otro
modo, como un número, y así sólo se 20 opone a «uno». Pues, en este sentido,
decimos «uno» o «muchos» como si dijéramos «uno» y «unos» o «blanco» y
«blancos», y las cosas medidas frente a la medida, [y lo mensurable]. Así
también se dicen los múltiplos; pues cada número es «muchos» porque consta de
«unos» y porque todo número es medible por
«uno»,
y como lo opuesto a «uno»; no a «poco». En este sentido, 25 por consiguiente,
también
dos
son «muchos», pero no lo son como pluralidad que tiene superioridad relativa o
absoluta, sino como la pluralidad primera. En sentido absoluto, «dos» son
«pocos»; pues son la primera pluralidad que tiene inferioridad. (Por eso no
concluyó rectamente Anaxágoras cuando dijo que todas las cosas estaban
juntamente, infinitas en multitud y en pequeñez, pues, en vez de «y en
pequeñez», debía haber dicho 30 «y en poquedad»; pues no son infinitas), puesto
que «poco» no se constituye por «uno», como algunos afirman, sino por
«dos». Así, pues, en los números,
«uno»
y «muchos» se oponen como la medida y lo medible, los cuales, a su vez, se
oponen como las relaciones que no son relaciones por sí. Hemos explicado en otro lugar que las cosas
se dicen relativas en dos sentidos; unas, 35 como los contrarios, y otras, como
la ciencia en orden a lo escible, porque alguna otra cosa se dice relativa a
ellas. Y que «uno» sea menos que algo, por ejemplo que «dos», nada lo (1057ª)
impide. Pues no por ser menos tiene que ser también poco. Y la pluralidad es
como el género del número; pues el número es una pluralidad medible por «uno».
Y «uno» y «número» se oponen en cierto modo, no como contrarios, sino, según
dijimos, 5 como algunas de las cosas relativas; pues se oponen como la medida y
lo mensurable. Por eso, no todo lo que sea «uno» es un número; por ejemplo, si
algo es indivisible. Pero, aunque se dice que la ciencia está en parecida
relación con lo escible, la realidad es otra; puede parecer, en efecto, que la
ciencia es la 10 que mide, y lo escible, lo medido; pero sucede que toda
ciencia es escible, mientras que no todo lo escible es ciencia, porque en
cierto modo la ciencia se mide por lo escible. Y «pluralidad» ni es lo
contrario de «poco» -sino que lo contrario de poco es «mucho», como una
pluralidad superior es contraria a otra inferior- ni tampoco de «uno»
absolutamente, sino, como hemos 15 dicho, en parte porque es divisible,
mientras que «uno» es indivisible, y en parte como algo relativo, del mismo
modo que la ciencia es relativa a lo escible, si la pluralidad es un número, y
«uno», su medida.
Capítulo
7
Puesto
que los contrarios admiten algo intermedio, y algunos lo tienen, las cosas
intermedias necesariamente procederán de los contrarios. En efecto, todas las
cosas intermedias 20 pertenecen al mismo género que aquellas de las que son
intermedias. Llamamos «intermedio» a
aquello hacia lo cual tiene que cambiar previamente lo que cambia (por ejemplo,
si se pasa gradualmente de la cuerda más grave a la más aguda, se llegará
primero a los sonidos intermedios, y, en los colores, si se pasa del blanco al
negro, primero se llegará al púrpura y al castaño 25 que al negro. Y lo mismo
sucede en las demás cosas). Pero no se puede cambiar de un género a otro, a no
ser accidentalmente, por ejemplo de un color a una figura. Así, pues, las cosas
intermedias tienen que pertenecer al mismo género ellas mismas y aquellas de
las que son intermedias. 30 Pero todas las cosas intermedias están entre
opuestos de alguna clase; pues sólo a partir de éstos en cuanto tales
es
posible cambiar (por eso es imposible que haya cosas intermedias de otras que
no sean opuestas; pues, en tal caso, habría cambio también a partir de cosas no
opuestas).
De
entre los opuestos, los contradictorios no admiten intermedios (pues la
contradicción es una oposición de cuyos dos 35 términos uno está presente en
cualquier sujeto, y en la cual no hay ningún intermedio); de los restantes,
unos son relaciones, otros privación y otros contrarios. Los términos relativos
no contrarios no tienen intermedios; la causa es que no están en el mismo
género. ¿Cuál, en efecto, sería el intermedio entre la ciencia y lo escible? En
cambio, sí hay intermedio entre lo (1057b) grande y lo pequeño. Y si, como se
ha demostrado, los intermedios pertenecen al mismo género y son intermedios de
contrarios, necesariamente estarán compuestos de estos contrarios. Pues o bien
tendrán algún género, o ninguno. Y, si tienen un género de tal manera que sea
algo anterior a los contrarios, las 5 diferencias que harán las especies
contrarias como pertenecientes al género serán contrarios anteriores; pues las
especies constan del género y de las diferencias. Por ejemplo, si el blanco y
el negro son contrarios y el uno es color disgregativo, y el otro, color
congregativo, estas diferencias, lo disgregativo y lo 10 congregativo, serán
anteriores; de suerte que éstos serán contrarios anteriores el uno al otro.
Pero las cosas que se diferencian contrariamente son contrarias en mayor grado.
Las demás y los intermedios constarán del género y de las diferencias (por
ejemplo, todos los colores intermedios entre el blanco y el negro 15 tienen que
decirse compuestos del género -que es aquí el color- y de ciertas diferencias;
pero éstas no serán los primeros contrarios; pues, si no, todo color sería
blanco o negro. Serán, por consiguiente, otras; y éstas ocuparán, por tanto, un
lugar intermedio entre los primeros contrarios, y las primeras diferencias
serán lo disgregativo y lo congregativo).
Por
consiguiente, lo primero que debemos averiguar es de 20 qué constan los
intermedios de los contrarios que no pertenecen al mismo género (pues los que
están en el mismo género necesariamente constarán de elementos en cuya
composición no entra el género, o serán incompuestos). Los
contrarios, en efecto,
no se componen
el uno del
otro, y son,
por consiguiente, principios; pero los intermedios, o todos o ninguno.
Ahora bien, de los contrarios se genera algo, de suerte que habrá cambio hasta
esto antes que hasta ellos; pues será menos que el uno y más 25 que el otro.
Por consiguiente, también esto será intermedio entre los contrarios. Así, pues,
todos los demás intermedios serán también compuestos; pues lo que es más que
uno y menos que otro, en cierto modo es compuesto de aquellos contrarios con
relación a los cuales se dice que es más que uno y menos que otro. Y, puesto
que no hay nada que, siendo del mismo género que los contrarios, sea anterior a
ellos, todos los intermedios 30 tendrán su origen en los contrarios, de suerte
que todos los inferiores, tanto contrarios como intermedios, procederán de
los
primeros contrarios. Es, pues, evidente que los intermedios pertenec en todos
al mismo género de sus contrarios y están en medio de ellos, y que todos
constan de sus contrarios.
Capítulo
8
35
Lo específicamente otro es otro frente a algo y en cuanto a algo, y esto tiene
que darse en ambos; por ejemplo, si es un animal específicamente otro, ambos
son animales. Por tanto, las cosas
específicamente otras estarán necesariamente en el mismo género; llamo género,
en efecto, a aquello en relación con lo cual ambos se dicen una misma cosa, que
tiene diferencia no (1058ª) accidentalmente, ya sea como materia ya de otro
modo. Pues no sólo es preciso que se dé
lo común, por ejemplo que ambos sean animales, sino que, además, esta misma
animalidad debe ser otra para cada uno de los dos, de modo que uno sea, por
ejemplo, caballo, y el otro, hombre, por lo cual este elemento común es
recíprocamente otro en cuanto a la especie. Así, pues, 5 serán de suyo, el
primero, tal animal determinado, y el segundo, tal otro; por ejemplo, el uno
caballo, y el otro hombre. Por tanto,
esta diferencia será necesariamente alteridad del género. Pues llamo diferencia
del género a la alteridad que hace otro al género mismo.
Ésta
será, por tanto, una contrariedad (y es evidente también por la inducción);
pues todas las cosas se dividen por los 10 opuestos, y que los contrarios
pertenecen al mismo género quedó ya demostrado. La contrariedad es, en efecto,
según hemos dicho, una diferencia perfecta, y la diferencia específica es
siempre de algo y en cuanto a algo, y esto es, por consiguiente, lo mismo en
ambos y constituye su género (por eso también están en la misma serie de
predicación todos los contrarios que son diferentes en cuanto a la especie y no
en cuanto al género, y son 15 los más diversos entre sí -pues su diferencia es
perfecta- y se excluyen recíprocamente). La diferencia es, por tanto, una
contrariedad. Así, pues, la alteridad
específica consiste en que entes del mismo género e indivisibles tengan
contrariedad (y son específicamente idénticos los entes indivisibles que no
tienen contrariedad); porque, en la división, incluso en los intermedios se 20
producen contrariedades antes de llegar a los individuos.
Por
consiguiente, está claro que, de las especies consideradas como pertenecientes
a lo que llamamos género, ninguna es específicamente idéntica ni otra con
relación a él. (Y es natural; pues la materia se muestra por negación, y el
género es la materia de aquello de lo que se dice género -no en el sentido del
género o estirpe de los Heraclidas, sino en el sentido del que se da en la
Naturaleza-.) Y tampoco con relación a lo que no está en el 25 mismo género,
sino que de esto diferirá en cuanto al género, y en cuanto a la especie, de lo
que está en el mismo género. Pues necesariamente será contrariedad la
diferencia de los entes que difieren específicamente; y ésta se da sólo en los
del mismo género.
Capítulo
9
Pudiera
alguien preguntar por qué la mujer no difiere del varón específicamente, siendo
lo femenino y lo masculino 30 contrarios, y su diferencia, una contrariedad, y
por qué tampoco el animal hembra y el macho tienen alteridad específica, aunque
esta diferencia es propia del animal en cuanto tal, y no como la blancura o la
negrura, sino que, en cuanto animal, es también hembra o macho. Esta cuestión
es casi la misma que la que pregunta por qué una contrariedad produce entes con
alteridad 35 específica y otra no; por ejemplo, el tener pies o alas sí, pero
la blancura o la negrura no. ¿No será porque unas son afecciones propias del
género, y las otras, menos? Y, puesto que (1058b) lo uno es concepto, y lo
otro, materia, las contrariedades que están en el concepto producen diferencia
específica, pero las que están en el compuesto con la materia no la producen.
Por eso, del hombre, no la produce la blancura ni la negrura, y no hay
diferencia específica entre un hombre blanco y un hombre negro, 5 ni aunque se
les imponga un nombre a cada uno. Pues el hombre se considera aquí como
materia, y la materia no produce diferencia; los hombres, en efecto, no son
especies del hombre, aunque son diversas las carnes y los huesos de que están
formados éste y
el de más
allá. El conjunto
es ciertamente otro,
pero no específicamente otro,
porque no hay contrariedad en el 10 concepto. Y esto es lo último indivisible;
pero Calias es el concepto junto con la materia; y, por consiguiente, el blanco
es hombre porque Calias es blanco; por tanto, el hombre es blanco
accidentalmente. Así, pues, tampoco son específicamente diversos un círculo de
bronce y otro de madera; y, si un triángulo de bronce y un círculo de madera
difieren específicamente no es a causa de la materia, sino porque hay
contrariedad en su concepto. Pero la materia, cuando es en cierto modo otra,
¿no 15 es causa de alteridad específica, o lo es algunas veces? ¿Por qué, en
efecto, este caballo concreto es específicamente diverso de este hombre
concreto? Sin embargo, sus , conceptos están juntos con la materia. ¿No será
porque hay contrariedad en el concepto? También la hay, en efecto, entre hombre
blanco y caballo negro, y es una contrariedad específica, pero no en 20 cuanto
que uno es blanco y el otro negro, puesto que, aunque ambos fuesen blancos,
también serían específicamente diversos. Pero el ser macho o hembra son
ciertamente afecciones propias del animal, pero no en cuanto a su substancia,
sino en la materia y en el cuerpo; por eso el mismo esperma se hace hembra o
macho después de sufrir cierta afección.
Así,
pues, queda explicado qué es la alteridad específica, y 25 por qué unas cosas
difieren específicamente y otras no.
Capítulo
10
Puesto
que los contrarios tienen alteridad específica, y lo corruptible y lo
incorruptible son contrarios (pues la privación es una impotencia determinada),
necesariamente serán diferentes en cuanto al género lo corruptible y lo
incorruptible. Pero hasta ahora hemos
hablado de los nombres universales 30 mismos, de suerte que puede parecer que
no hay necesariamente alteridad específica entre cualquier ente corruptible y
otro incorruptible, como no la hay entre cualquier ente blanco y otro negro
(pues cabe que lo sea el mismo, y simultáneamente, si es uno de los
universales, como el hombre puede ser blanco o negro, y también uno de los
particulares; pues el mismo individuo, aunque no simultáneamente, puede ser
blanco y negro, y, sin 35 embargo, blanco es lo contrario de negro). Pero, de
los contrarios, unos se dan en algunos entes accidentalmente, como los que
acabamos de decir y otros muchos; otros, en cambio, no pueden darse así, entre
ellos lo corruptible y lo incorruptible, (1059ª) pues nada es corruptible
accidentalmente; lo accidental, en efecto, puede no estar presente, mientras
que la corruptibilidad es uno de los atributos que, en las cosas en que se dan,
se dan necesariamente; de lo contrario, una misma cosa sería corruptible e
incorruptible, si puede no darse en ella la 5 corruptibilidad. Por
consiguiente, la corruptibilidad será necesariamente la substancia de cada una
de las cosas corruptibles o estará necesariamente en su substancia. Y lo mismo
puede decirse también acerca de la incorruptibilidad; pues ambas son atributos
necesarios. Así, pues, en cuanto que una cosa es corruptible y otra
incorruptible, y en aquello según lo cual cada una lo es primariamente, tienen
oposición; de suerte que necesariamente 10 serán diversas en género.
Es
claro, por consiguiente, que no puede haber Especies tales como dicen algunos;
pues habría también un hombre corruptible y otro incorruptible. Sin embargo, se
dice que las Especies son específicamente idénticas a los individuos, y no sólo
homónimas; pero las cosas que tienen
alteridad
genérica distan entre sí más que las que tienen alteridad específica.
K
LIBRO
XI
Capítulo
1
Que
la Sabiduría es una ciencia acerca de principios resulta claro de nuestra
primera parte, en la cual hemos planteado 20 problemas frente a lo dicho por
los demás sobre los principios. Pero
alguien
podría preguntar si se debe concebir la Sabiduría como una sola ciencia o como
varias; pues, si se ha de concebir como una sola, es cierto que una sola trata
siempre de los contrarios; pero los principios no son contrarios. Y, si no es
una sola, ¿cuáles deben ser admitidas como tales? Además, el estudiar los
principios demostrativos ¿es propio de una sola o de varias? Pues, si es propio
de una sola, ¿por qué ha de serlo 25 más de ésta que de cualquier otra? Y, si
es propio de varias, ¿cuáles se habrá de pensar que son éstas? Además, ¿tratará
de todas las substancias, o no? Pues, si no trata de todas, será difícil
indicar de cuáles. Pero, si trata de todas una sola, no se ve cómo es posible
que tenga varios objetos la misma ciencia. Además, ¿[es una demostración] sólo
acerca de las substancias, 30 o también acerca de los accidentes? Pues, si hay
una demostración al menos acerca de los accidentes, no la hay acerca de las
substancias. Y, si la que trata de éstas es distinta de la que trata de aquéllos,
¿cuál es una y cuál la otra, y cuál de las dos es Sabiduría? Pues, en cuanto
demostrativa, será Sabiduría la de los accidentes; pero, en cuanto que estudia
las cosas primeras, lo será la de las substancias.
Pero
no ha de pensarse que la ciencia que buscamos trata 35 de las causas
mencionadas en la Física; pues ni puede tratar de la causa final (pues ésta es
el Bien, y éste se da en el dominio de la acción y en los entes en movimiento;
y esto es lo primero que mueve -pues es tal la índole del fin-
;
pero el primer Motor no existe en las cosas inmóviles). Y, en suma, se puede
plantear la cuestión de si la ciencia que ahora buscamos trata de las
substancias sensibles, o no, sino de otras. Pues, si (1059b) trata de otras,
tratará de las Especies, o bien de las Cosas matemáticas. Ahora bien, que las
Especies no existen es evidente (pero, incluso si uno supone que existen,
resulta difícil explicar por qué no sucede con las demás cosas de las que hay
Especies 5 lo mismo que con las Cosas matemáticas; me refiero a que ponen las
Cosas matemáticas como intermedias entre las Especies y los entes sensibles,
como terceras al lado de las Especies y de las cosas de aquí; pero no hay un
tercer hombre ni un tercer caballo al lado del Hombre y del Caballo en sí y de
los individuales. Y si, en cambio, no es como dicen, ¿de qué hemos de suponer
que trata el matemático? Ciertamente, no de 10 las cosas de aquí; pues ninguna
de éstas es como lo que estudian las ciencias matemáticas). Pero tampoco de las
Cosas matemáticas trata la ciencia que buscamos ahora (pues ninguna de ellas
tiene existencia separada). Y tampoco de las substancias sensibles; pues son
corruptibles.
15
Y, en general, puede uno preguntarse cuál es la ciencia a la que corresponde
estudiar los problemas relativos a la materia de las Cosas matemáticas. Pues ni
le corresponde a la Física, ya que toda la actividad del físico se desarrolla
en torno a las cosas que tienen en sí mismas un principio del movimiento y de
la quietud, ni tampoco a la que estudia la demostración y la 20
ciencia,
pues realiza su investigación en torno a este mismo género. Queda, pues, que
sea la
Filosofía
propuesta la que realiza la indagación acerca de ellas.
Puede
también uno preguntarse si se ha de pensar que la ciencia que buscamos trata de
los principios que algunos llaman elementos; pero todos admiten que éstos son
inmanentes en las cosas compuestas. Y más bien parecería que la ciencia que
buscamos tendría que tratar de los universales; pues todo 25 enunciado y toda
ciencia es de los universales y no de los entes últimos; de suerte que trataría
así de los primeros géneros. Y éstos resultarían ser el Ente y el Uno; pues
éstos principalmente pueden ser considerados como abarcadores de todos los
entes y como los más semejantes a principios, por ser primeros por naturaleza;
pues, si se corrompen ellos, se destruyen 30 también al mismo tiempo los demás;
todo, en efecto, es ente y uno. Y, puesto que, si alguien los pone como
géneros, las diferencias participarán necesariamente de ellos, siendo así que
ninguna diferencia participa del género, parece, por este motivo, que no deben
ser puestos como géneros ni como principios. Además, si lo que es más simple es
más principio que lo que es menos 35 simple, y las especies últimas son más
simples que los géneros (pues son indivisibles, mientras que los géneros se
dividen en varias especies diferentes), parece que las especies serán más
principios que los géneros. Pero, en cuanto que la destrucción de los géneros
implica la de las especies, los géneros se parecen (1060ª) más a los
principios; pues es principio aquello cuya destrucción implica la de otro.
Así,
pues, éstas y otras semejantes son las cuestiones que encierran dificultad.
Capítulo
2
Además,
¿debe admitirse algo fuera de las cosas singulares, o no, sino que constituyen
éstas el objeto de la ciencia que se busca? Pero estas cosas son infinitas. Por
otra parte, fuera de 5 las cosas singulares sólo hay géneros o especies, y la
ciencia que ahora se busca no trata ni de unos ni de otras. Por qué es esto
imposible, ya lo hemos explicado. Se plantea, en efecto, de una manera general,
la duda de si se ha de suponer que existe alguna substancia separada fuera de
las substancias sensibles de este mundo, o no, sino que éstas son las únicas
reales y acerca de éstas versa la Sabiduría. Parece, en efecto, que buscamos
alguna 10 otra, y esto es lo que nos hemos propuesto: ver si hay algo separado
en sí mismo y no incluido en ninguna de las cosas sensibles. Además, si hay
alguna otra substancia fuera de las substancias sensibles, ¿cuáles son las
substancias sensibles fuera de las cuales se ha de pensar que existe ésta? ¿Por
qué, en efecto, se la ha de suponer más bien fuera de los hombres o 15 de los
caballos que fuera de los demás animales o incluso de los seres inanimados en
general? Por otra parte, el establecer otras substancias eternas en número
igual al de las sensibles y corruptibles caería sin duda fuera de lo
razonable.
Pero, si el principio que ahora se busca no está separado de los cuerpos, 20
¿qué otro podría ser reconocido con más razón que la materia? Ésta,
ciertamente, no existe en acto, pero sí en potencia. Y puede parecer que la
especie y la forma son un principio más importante que ésta; pero son
corruptibles; por consiguiente, no hay, en absoluto, una substancia eterna,
separada y en sí. Pero esto es absurdo; pues ciertamente la hay, y es buscada
sin duda por 25 los mejor dotados, que piensan que hay semejante principio y
substancia. Pues ¿cómo habrá orden si no existe algo eterno, separado y
permanente? Además, si verdaderamente hay una substancia y un principio tal por
naturaleza como el que ahora buscamos, y si es uno solo para todas las cosas, y
el mismo para las eternas y las corruptibles, resulta difícil explicar por qué,
siendo el mismo su principio, entre las cosas que dependen de este principio
unas 30 son eternas y otras no eternas (esto, en efecto, es incomprensible). Y,
en caso de que sea uno el principio de las cosas corruptibles y otro el de las
eternas, si es eterno también el de las corruptibles, la dificultad será la
misma (¿por qué, en efecto, si es eterno el principio, no son también eternas
las cosas que dependen de él?); y, si es corruptible, tiene que haber otro 35
prin-cipio de éste, y otro del nuevo principio, y así hasta el infinito. Y, si
uno pone como principios los que parecen ser los más inmóviles: el Ente y el
Uno, en primer lugar, si cada uno de ellos no significa algo concreto ni una
substancia, ¿cómo estarán (1060b) se-parados y serán independientes? Tal es,
sin embargo, la índole de los principios eternos y primeros que buscamos. Y,
por otra parte, si cada uno de ellos significa algo concreto y una substancia,
todos los entes serán substancias; pues de todos se 5 predica el Ente (y de
algunos también el Uno). Pero que todos los entes sean substancias es falso.
Además,
¿cómo es posible que digan verdad los que dicen que el Uno es el primer
principio y también una substancia, y del Uno y de la materia generan el número
primero y afirman que éste es una substancia? Pues ¿cómo se va a pensar que es
10 Uno la díada y cada uno de los demás números compuestos? De esto, en efecto,
ni dicen nada ni es fácil decirlo. Pero, si alguien pone como principios las
líneas o las figuras próximas a ellas (me refiero a las superficies primeras),
éstas ciertamente no son substancias separadas, sino cortes y divisiones, unas,
de superficies, y otras, de cuerpos (y los puntos, de líneas), y, 15 además,
límites de estas mismas figuras. Y todas estas cosas están en otras, y ninguna
tiene existencia separada.
Además,
¿cómo se va a pensar que hay una substancia del Uno y del punto? De toda
substancia, en efecto, hay generación, pero del punto no la hay, pues el punto
es una división.
Ofrece
también dificultad el hecho de que toda ciencia trate 20 de los universales y
de lo que tiene determinada cualidad,
y que la
substancia no sea
un universal, sino
más bien algo
determinado
y separado; de suerte que, si hay ciencia acerca de los principios, ¿cómo se ha
de pensar que el principio sea una substancia?
Además,
¿hay algo fuera del todo concreto (me refiero a la materia y a lo que la
acompaña), o no? Pues, si no lo hay, todo 25 lo contenido en la materia es
corruptible; pero, si lo hay, será sin duda la especie y la forma. Ahora bien,
determinar en qué cosas hay esto y en qué cosas no, es difícil. En algunas es
evidente que la especie no es separable, por ejemplo en una casa.
Además,
los principios ¿son idénticos específicamente, o numéricamente? Pues, si tienen
unidad numérica, todas las cosas 30 serán idénticas.
Capítulo
3
Mas,
puesto que la ciencia del filósofo versa sobre el Ente en cuanto ente, versará
de una manera universal y no parcial. Pero «ente» se dice en varios sentidos, y
no de un solo modo. Por tanto, si se dice sólo homónimamente y no según algo
común, no cae bajo una sola ciencia (pues no es uno el género de tales
significados); pero, si se dice según algo común, cae 35 bajo una sola ciencia.
Pues bien, parece decirse del modo indicado, igual que «medicinal» y «sano»;
pues también cada uno de estos dos términos lo usamos en varios sentidos. Y se
dice (1061ª) cada uno de este modo por referirse de alguna manera o bien a la
ciencia médica, o bien a la salud, o bien a otra cosa, pero cada uno a algo
idéntico. Se llama, en efecto, medicinal
al razonamiento y al bisturí; al primero, porque procede de la ciencia médica,
y al segundo, por ser útil a ésta. Y de manera 5 semejante se aplica también la
designación de sano: a esto, porque indica salud, y a lo de más allá, porque la
produce. Y lo mismo puede decirse también en los demás casos. Del mismo modo,
por tanto, también todo se dice ente; pues cada uno de ellos se llama ente por
ser afección, o hábito, o disposición, o 10 movimiento, o alguna otra cosa
semejante, del Ente en cuanto ente. Y, puesto que la reducción de todo ente
tiene por meta algo único y común, también cada una de las contrariedades se
reducirá a las primeras diferencias y contrariedades del Ente, tanto si las
primeras diferencias del Ente son la pluralidad y la unidad como si 15 son la
semejanza y la desemejanza, o cualesquiera otras. Cuestión que podemos dar ya
por estudiada. Pero lo mismo da que la reducción del ente tenga como meta el
Ente o el Uno. En efecto, si no son una
misma cosa, sino distintos, al menos se convierten; pues el Uno es también de
algún modo ente, y el Ente, uno. Y, puesto que el estudio de los contrarios
corresponde 20 siempre a una misma ciencia, y cada uno de ellos implica siempre
la privación del otro -aunque pudiera uno preguntarse cómo implican privación
algunos entre los que hay algo intermedio, por ejemplo lo justo y lo injusto-,
en todos estos casos debe afirmarse la privación no de todo el enunciado, sino
de la última especie; por ejemplo, si el justo es obediente a las leyes en 25
virtud de cierto hábito,
el
injusto no estará totalmente privado de todo el enunciado, sino que de algún
modo será deficiente en la obediencia a las leyes, y en este sentido tendrá la
privación; y del mismo modo también en los demás casos.
Y
así como el matemático realiza su investigación en torno a los productos de la
abstracción (investiga, en efecto, eliminando previamente todas las cualidades
sensibles, como el peso 30 y la levedad, la dureza y su contrario, y también el
calor y la frialdad y las demás contrariedades sensibles, y sólo deja la
cantidad y la continuidad, de unas cosas en una dimensión, de otras en dos y de
otras en tres, y considera las afecciones de 35 estas cosas en su calidad de
cuantas y continuas, y no en ningún otro sentido, y de unas cosas considera las
posiciones recíprocas (1061b) y lo que corresponde a éstas, de otras la
conmensurabilidad o la inconmensurabilidad, de otras las relaciones
proporcionales, y, sin embargo, decimos que hay una sola ciencia de todas estas
cosas, la Geometría), del mismo modo sucede también en lo relativo al Ente.
Pues los accidentes de éste en cuanto ente, y 5 sus contrariedades en cuanto
ente, no son objeto de consideración para otra ciencia, sino para la Filosofía.
A la Física, en efecto, podría asignársele su estudio, pero no en cuanto entes,
sino en cuanto participan del movimiento; por su parte, la Dialéctica y la
Sofística tratan de los accidentes del Ente, pero no en cuanto ente, ni acerca
del Ente mismo en cuanto ente. Por tanto, sólo queda que sea el filósofo el que
investigue acerca 10 de las cosas dichas, en cuanto son entes.
Y,
puesto que todo ente, diciéndose en varios sentidos, se dice según algo uno y
común, y del mismo modo los contrarios (pues se reducen a las primeras
contrariedades y diferencias del Ente), y las cosas que son tales pueden estar
bajo una misma ciencia, 15 puede resolverse la dificultad mencionada al
principio, aquella en que se preguntaba cómo una sola ciencia puede abarcar
varios objetos diferentes en género.
Capítulo
4
Y,
puesto que también el matemático usa los conceptos comunes de un modo propio,
también el considerar los principios de éstos parece corresponder a la
Filosofía primera. En efecto, 20 que, quitando a cosas iguales partes iguales,
las que quedan son iguales, es común a todo lo que tiene cantidad; pero la
Matemática se lo apropia para estudiar alguna parte de su peculiar materia; por
ejemplo, líneas, ángulos, números o alguna otra de las cosas cuantas, pero no
en cuanto entes, sino en cuanto 25 cada una de ellas es continua en una, dos o
tres dimensiones. La Filosofía, en cambio, no se ocupa de las cosas
particulares en cuanto cada una de ellas tiene algún accidente, sino del Ente,
en cuanto cada una de estas cosas es ente.
Y
con la Física sucede lo mismo que con la Matemática. La Física, en efecto,
considera los accidentes y los principios de los entes en cuanto móviles, no en
cuanto entes (pero ya hemos 30 dicho que la Ciencia primera trata de éstos en
la medida en que los sujetos son entes, y no en cuanto que son alguna otra
cosa). Por eso hay que afirmar que la Física y la Matemática son partes de la
Sabiduría.
Capítulo
5
Hay
en los entes cierto principio acerca del cual no es posible engañarse, sino que
necesariamente se hará siempre lo 35 contrario, es decir, descubrir la verdad;
a saber: que no cabe que la misma cosa sea y no sea simultáneamente, y las
demás (1062ª) afirmaciones que encierran en sí mismas una oposición semejante.
Y acerca de tales principios no hay demostración absoluta, pero sí la hay
contra éste; pues no es posible sacar esto mismo como conclusión de un
principio más fidedigno, lo cual sería 5 preciso para una demostración
absoluta. Pero, frente al que sostiene afirmaciones contradictorias, quien
trate de mostrar que su postura es falsa debe tomar como base alguna afirmación
que sea lo mismo que el principio según el cual no es posible que la misma cosa
sea y no sea simultáneamente, pero que no parezca ser lo mismo; pues sólo así
puede hacerse la 10 demostración contra el que afirma que es posible que las
afirmaciones contradictorias sean verdaderas a propósito de una misma cosa.
Así, pues, los que van a participar en una discusión recíproca deben entenderse
en cierta medida; pues, si no se da esta condición,
¿cómo
va a haber entre ellos comunidad de razonamiento? Es preciso, por consiguiente,
que cada una de sus palabras sea conocida y signifique algo, y no varias cosas,
sino tan sólo 15 una; y, si significa varias, habrá que explicar a cuál de
ellas se refiere. Según esto, el que dice que una cosa determinada es y no es,
niega lo que afirma, de suerte que niega que la palabra signifique lo que
significa. Pero esto es imposible. De manera que, si «esto es» significa algo,
es imposible que la contradictoria sea verdadera. Además, si la palabra significa algo y esto
es verdadero, esto 20 tiene que ser así por necesidad; pero lo que es por
necesidad no puede dejar de ser alguna vez; por consiguiente, no es posible que
las afirmaciones y negaciones opuestas sean verdaderas con relación a una misma
cosa.
Además,
si la afirmación y la negación son igualmente 25 verdaderas, no será más
verdadero decir «hambre» que «no hombre»; y el que afirme que el hombre es «no
caballo» dirá probablemente más o, en todo caso, no menos verdad que quien diga
que es «no hombre»; de suerte que también afirmando qué ese mismo es caballo
dirá verdad (pues se afirmaba que las contradictorias pueden ser igualmente
verdaderas). Resulta, pues, 30 que el mismo es hombre y caballo o alguno de los
demás animales. Así, pues, no hay ninguna
demostración absoluta de
estos
principios, pero sí una demostración contra el que afirma estas cosas. Y quizá
incluso al propio Heráclito, interrogándole de este modo, se le habría obligado
fácilmente a confesar que nunca es posible que las afirmaciones contradictorias
sean verdaderas con relación a las mismas cosas. Pero el hecho es que, sin
haber comprendido lo que él mismo decía, adoptó esta opinión. Mas, 35 en
definitiva, si lo dicho por él es verdadero, tampoco esto mismo sería
verdadero, a saber: que sea posible que una misma (1062b) cosa simultáneamente
sea y no sea; pues, así como, separadas una de otra, no es más verdadera la
afirmación que la negación, del mismo modo, siendo el conjunto y complejo de
ambas como una sola afirmación, no será más verdadera la negación 5 que el todo
considerado como una afirmación. Y, todavía, si no se puede afirmar nada con
verdad, también será falso decir que no hay ninguna afirmación verdadera. Pero,
si se puede, resulta inconsistente lo que dicen quienes levantan tales
objeciones y 10 tratan de destruir completamente el diálogo.
Capítulo
6
Semejante
a lo expuesto es también lo dicho por Protágoras. Éste, en efecto, afirmó que
el hombre es medida de todas las cosas, que es como decir que lo que opina cada
uno es la pura 15 verdad; pues, si es así, resulta que la misma cosa es y no
es, y es mala y es buena, y así lo demás que se dice en los juicios
contradictorios, ya que muchas veces a unos les parece que una cosa determinada
es hermosa y a otros lo contrario, y la medida es lo que parece a cada uno.
20
Pero esta dificultad se resuelve si se considera de dónde tomó principio esta
suposición. Algunos, en efecto, creen que procede de la opinión de los
fisiólogos, y otros, del hecho de que no todos juzgan lo mismo acerca de lo
mismo, sino que a unos les parece dulce una cosa determinada, y a otros, lo
contrario. Pues que nada se hace de un no-ente, sino que todo procede de un 25
ente, es opinión común de casi todos los que estudian la Naturaleza. Por
consiguiente, puesto que nada se hace blanco siendo ya perfectamente blanco y
de ningún modo no blanco [pero habiendo llegado a ser ahora no blanco], puede
hacerse de una cosa que no es blanca lo que llega a ser [no] blanco; de suerte
que, según aquéllos, se haría de un no-ente, a no ser que se identifiquen lo
blanco y lo no blanco. Pero no es difícil resolver 30 esta dificultad; pues ya
hemos dicho en la Física en qué sentido proceden del No-ente las cosas que
llegan a ser, y en qué sentido del Ente. Por lo demás, prestar igual atención a
las opiniones y a las fantasías de los que se contradicen mutuamente es
necedad; pues necesariamente estará equivocada una de las partes. 35
Y
esto es claro por lo que sucede con la percepción sensible; (1063ª)pues nunca
la misma cosa parece a unos dulce y a otros lo contrario, a no ser que unos
tengan corrompido o dañado el órgano que siente y juzga dichos sabores. Y, si
es así, habrá que admitir que los unos son medida,
pero
no que lo sean los 5 otros. Y esto lo aplico igualmente a lo bueno y a lo malo,
a lo hermoso y a lo feo y a las demás cosas semejantes. Pues la mencionada
opinión es igual que si lo que les parece a los que oprimen con el dedo la
parte inferior del ojo y hacen que una cosa parezca dos, tuviera que ser dos,
puesto que así lo parece, 10 y nuevamente una, pues, a los que no mueven el
ojo, una les parece una. Y, en suma, es
absurdo juzgar acerca de la verdad partiendo de que las cosas de aquí abajo
parecen cambiar y no permanecer nunca en el mismo estado; pues debemos indagar
la verdad a base de las cosas que siempre se conservan del mismo modo y no
tienen ningún cambio. Y tales son los cuerpos 15 celestes. Estas cosas, en
efecto, no se muestran unas veces de un modo y otras de otro, sino que siempre
son las mismas y no participan de ningún cambio.
Asimismo,
si hay movimiento, también hay algo que se mueve, y se mueve todo desde algo y
hacia algo. Es preciso, por tanto, que el móvil esté en aquello desde lo cual
va a moverse y que deje de estar en ello, y que se mueva hacia esto otro y
llegue a 20 estar en esto, y que lo contradictorio no sea verdad al mismo
tiempo, como ellos dicen. Y si en
sentido cuantitativo las cosas de aquí abajo fluyen y se mueven continuamente,
y se admite esto aunque no es verdad,
¿por
qué no han de ser permanentes en sentido cualitativo? Parece, en efecto, que,
al sostener como verdaderas las 25 proposiciones contradictorias referidas a lo
mismo, se apoyan no poco en la opinión de que la cantidad no persiste en los
cuerpos, por lo cual dicen que una misma cosa es y no es de cuatro codos. Pero
la substancia depende de la cualidad, que pertenece a la naturaleza
determinada, mientras que la cantidad pertenece a la indeterminada. Además, ¿por qué, al prescribirles el médico
que tomen un 30 alimento determinado, lo toman? ¿Por qué, en efecto, esto ha de
ser pan más bien que no serlo? De manera que en nada se diferenciaría comer o
no comer. Pero lo cierto es que, reconociendo la verdad y sabiendo que éste es
el alimento prescrito, lo toman. Sin embargo, no debiera ser así, si ninguna
naturaleza permanece fija en las cosas sensibles, sino que todas se mueven y
fluyen incesantemente. 35 Además, si cambiamos continuamente y nunca
permanecemos los mismos, ¿qué tiene de extraño que nunca nos parezcan las
mismas cosas, igual que a los enfermos? (A éstos, en efecto, por no hallarse en
la misma disposición que cuando estaban (1063b) sanos, no les parecen iguales
las impresiones de los sentidos, sin que las cosas sensibles participen, al
menos por esto, de ningún cambio, aunque producen a los enfermos otras
sensaciones y no las mismas. De igual modo sucede sin duda 5 necesariamente
también al producirse el citado cambio.) Pero, si no cambiamos, sino que
continuamos siendo los mismos, habrá algo que permanece.
Frente
a los que basan en un razonamiento dialéctico las mencionadas dificultades, no
es fácil resolverlas si no admiten 10 algo sin pedir ya la razón de ello; pues
así se hace todo razonamiento y toda demostración; en efecto, no admitiendo
nada, destruyen el diálogo y, en suma, el razonamiento. De suerte que, frente a
estos tales, no es posible razonar; en cambio, frente a los que dudan a causa
de las dificultades tradicionales, es fácil contestar y destruir en ellos las
causas de la duda, como se ve por lo que hemos dicho. 15 Por consiguiente, está claro que las
proposiciones contradictorias no pueden ser simultáneamente verdaderas acerca
de lo mismo; ni los contrarios, puesto que toda contrariedad implica privación;
y esto es evidente para quien analice hasta el principio los enunciados de los
contrarios. De igual modo, tampoco puede predicarse de una misma cosa ninguno
de los intermedios; 20 pues, si el sujeto es blanco, al decir que no es ni
negro ni blanco, faltaremos a la verdad; pues resulta que es blanco y no lo es;
en efecto, uno de los dos términos enlazados se dirá de él con verdad, y éste
es un contradictorio de blanco. Así,
pues, ni aceptando la opinión de Heráclito ni la de Anaxágoras se puede estar
en la verdad; y, si no, resultará que los 25 contrarios se predicarán de una
misma cosa. Pues, cuando Anaxágoras
afirma que en todo hay parte de todo, quiere decir que nada es más bien dulce
que amargo, y lo mismo otra cualquiera de las contrariedades, si es que todo
está en todo no sólo en potencia, sino también en acto y delimitado. Asimismo, tampoco es posible que todas las
proposiciones 30 sean falsas ni verdaderas, por otros muchos inconvenientes que
se seguirían de esta afirmación y porque, si todas son falsas, quien diga esto
mismo tampoco dirá la verdad, y, si son 35 verdaderas, no mentirá quien diga
que todas son falsas.
Capítulo
7
Toda
ciencia busca algunos principios y causas para cada uno de los objetos que
constituyen su dominio; así, por ejemplo, (1064ª) la Medicina y la Gimnástica,
y cada una de las otras, tanto productivas como matemáticas. Cada una de ellas,
en efecto, después de circunscribir para sí algún género, lo estudia como real
y como ente, pero no en cuanto ente, sino que ésta es otra ciencia 5 distinta
de estas ciencias. Cada una de las ciencias dichas toma de algún modo la
quididad en cada género e intenta mostrar lo demás con mayor o menor rigor. Y
llegan a la quididad unas por la sensación y otras suponiéndola. Por eso resulta también evidente, por una
inducción como ésta, que no hay demostración de la substancia ni de la quididad.
Y,
puesto que hay una ciencia que trata de la Naturaleza, es 10 evidente que será
distinta de la ciencia práctica y de la productiva. Pues, en una ciencia
productiva, el principio del movimiento está en el que produce, no en lo que es
producido, y tal principio es o un arte o alguna otra potencia; y, de igual
modo, tampoco en una ciencia práctica está el movimiento en lo que se hace,
sino
más bien en quienes lo hacen. En cambio, la Física 15 versa sobre las cosas que
tienen en sí mismas un principio de movimiento. Así, pues, que la Física no es
ni práctica ni productiva, sino necesariamente especulativa, resulta evidente
por lo dicho (pues necesariamente caerá dentro de uno de estos géneros). Y puesto que, en cierto modo, toda ciencia
necesita conocer 20 la quididad y usarla como principio, es preciso no
desconocer cómo debe definir el físico y cómo debe tomar el enunciado de la
substancia, si como lo chato o, más bien, como lo cóncavo. En efecto, el
concepto de lo chato implica la materia del objeto, mientras que el de lo
cóncavo prescinde de la materia; pues la 25 chatez se produce en la nariz, y
por eso su concepto es considerado junto con ésta; lo chato, en efecto, es una
nariz cóncava. Es claro, por consiguiente, que también de la carne y del ojo y
de las demás partes habrá que dar el enunciado siempre con la materia.
Mas,
puesto que hay una ciencia del Ente en cuanto ente y separado, debemos
considerar si, en definitiva, ha de afirmarse que ésta se identifica con la
Física o, más bien, se distingue de 30 ella. Así, pues, la Física trata de las
cosas que tienen en sí mismas un principio de movimiento, y la Matemática es
ciencia especulativa y versa sobre entes permanentes, pero no separados. Por
tanto, acerca del ente separado e inmóvil trata otra distinta de estas dos
ciencias, si es que existe alguna substancia 35 tal, es decir separada e
inmóvil, lo cual intentaremos mostrar. Y, si es que hay entre los entes alguna
naturaleza tal, allí estará también sin duda lo divino, y éste será el
principio primero y (1064b) más importante. Es, pues, evidente que hay tres
géneros de ciencias especulativas: la Física, la Matemática y la Teología.
Así,
pues, el género de las especulativas es el mejor, y, de estas mismas, la última
mencionada. Versa, en efecto, sobre el 5 más excelso de los entes, y cada una
recibe el calificativo de mejor o peor según el objeto que le es propio.
Puede
alguien preguntarse si la ciencia del Ente en cuanto ente debe ser considerada
como universal o no. Cada una de las ciencias matemáticas, en efecto, trata
sólo de algún género determinado; en cambio la universal se ocupa por igual de
todos. Así, pues, si las substancias
físicas son las primeras entre los 10 entes, también la Física será la primera
de las ciencias. Pero, si hay otra naturaleza y substancia separada e inmóvil,
otra será también necesariamente la ciencia que la estudie, y anterior a la Física,
y universal por ser anterior.
Capítulo
8
Puesto
que «ente» sin más se dice de varios modos, uno de 15 los cuales es el que se
dice que es accidentalmente, debemos considerar en primer lugar el ente en este
sentido. Que ninguna de las ciencias
tradicionales se ocupa de lo accidental, es evidente (pues ni la Arquitectura
considera lo
que
accidentalmente les ocurrirá a los que han de habitar la casa, por ejemplo si
han de estar en ella tristes o lo contrario; ni el 20 arte del tejedor, ni el
del zapatero ni el del cocinero, sino que cada una de estas ciencias considera
sólo su peculiar objeto, y éste es su propio fin. Y ninguna de las ciencias
reconocidas como tales, excepto la Sofística, estudia al músico y gramático, ni
al que es músico lo estudia en cuanto que, habiendo llegado a ser gramático,
será juntamente las dos cosas, no siéndolo 25 anteriormente, y lo que, no
siendo siempre, es, ha llegado a ser lo que es, de suerte que ha llegado a ser
al mismo tiempo músico y gramático. Del accidente, en efecto, sólo trata la
Sofística; por eso no anduvo descaminado Platón al decir que el sofista se
ocupa del Noente). 30 Que ni siquiera
es posible que haya una ciencia del accidente, será claro para quienes hayan
intentado ver qué es en realidad el accidente. Decimos que todo es o bien
siempre y por necesidad (pero esta necesidad no es la que procede de la
violencia, sino aquella a la que nos referimos en las demostraciones), o bien
generalmente, o bien ni generalmente ni siempre y por 35 necesidad, sino
casualmente; por ejemplo, puede llegar a hacer frío en la canícula, pero esto
no sucede siempre y por necesidad ni generalmente, sino que puede ocurrir
alguna vez. El accidente (1065ª) es, pues, lo que sucede, pero no siempre y por
necesidad ni generalmente. Queda, pues, dicho qué es el accidente, y que no hay
ciencia de él es indudable. Toda ciencia, en efecto, versa sobre lo que es
siempre o generalmente, y el accidente no está 5 en ninguno de estos dos
casos. Que del Ente accidental no hay
causas y principios tales como los del Ente por sí, es evidente; de lo
contrario, todas las cosas serían por necesidad. Pues, si esto existe al
existir aquello, y aquello al existir lo de más allá, y si lo de más allá
existe no 10 casualmente, sino por necesidad, por necesidad existirá también
aquello de que es causa lo de más allá, y así hasta el llamado último efecto
(el cual suponíamos que era accidental); de suerte que todas las cosas serán
por necesidad, y la casualidad y la posibilidad de que algo suceda o no, se
suprimen totalmente de las cosas que se generan. Y, aunque supongamos que la
causa 15 aún no es, sino que se está generando, sucederá lo mismo; pues todo se
generará por necesidad. En efecto, el eclipse de mañana se producirá si se
produce tal cosa; y ésta, si se produce otra, y esta otra, si se produce otra
más; y, de este modo, si del tiempo limitado que hay entre ahora y mañana
quitamos tiempo, llegaremos al fin a lo que existe; de manera que, puesto que
20 esto existe, todas las cosas que le siguen se producirán por necesidad, y,
por tanto, todas se producirán por necesidad.
Por
lo que se refiere al ente en cuanto verdadero y al ente accidental, el primero
consiste en una combinación del pensamiento, y es una afección de éste (por eso
no se buscan los principios de este ente, sino del ente exterior y separado); y
el otro, es decir, el accidental, no es necesario, sino indeterminado, y sus 25
causas son desordenadas e infinitas.
La
finalidad se da en las cosas que se generan por naturaleza o por pensamiento;
es, en cambio, suerte cuando alguna de estas cosas se produce accidentalmente.
Pues, así como el Ente puede ser o bien por sí o bien por accidente, así
también la causa. Y la suerte es causa accidental en las cosas que se 30
producen según previa elección de los fines; por eso la suerte y el pensamiento
se refieren a lo mismo; pues la elección previa no se da sin pensamiento. Pero
las causas de las que pueden resultar efectos de suerte son indeterminadas; por
eso la suerte es inaccesible al razonamiento humano, y es causa accidental,
pero 35 propiamente no es causa de nada. Es buena o mala suerte (1065b) cuando
resulta un bien o un mal; fortuna o infortunio, cuando el bien o el mal son
grandes. Puesto que nada accidental es
anterior a lo que es por sí, tampoco puede ser anterior la causa accidental.
Por consiguiente, aunque la suerte o el azar sean la causa del Cielo, serán
antes como causa el Entendimiento y la Naturaleza.
Capítulo
9
5
Hay cosas que son sólo en acto, otras en potencia, otras en potencia y en acto;
unas, en el ámbito del Ente; otras, en el de la cantidad; otras, en el de
alguna de las demás categorías. Pero no hay ningún movimiento fuera de las
cosas; el cambio, en efecto, se produce siempre según las categorías del Ente,
y no hay nada común a estas cosas que no esté también en alguna categoría. Y
todo se da en todas las cosas de dos maneras (por 10 ejemplo, el ser esto, pues
de una parte está su forma y de otra su privación, y, en cuanto a la cualidad,
de una parte lo blanco y de otra lo negro, y, en cuanto a la cantidad, lo
completo y lo incompleto, y, en cuanto a la traslación, hacia arriba y hacia
abajo, o leve y pesado); de suerte que hay tantas especies de movimiento y de
cambio como del Ente. Y, existiendo en
cada género la distinción de lo que está en 15 potencia y lo que está en
entelequia, a la actualización de lo que está en potencia en cuanto tal la
llamo movimiento. Y que decimos verdad, se ve por lo siguiente. En efecto,
cuando lo edificable, en el sentido en que decimos que es tal, está en acto, es
edificado, y ésta es la acción de edificar; y lo mismo la acción 20 de
aprender, curar, andar, saltar, envejecer, madurar. Y tiene lugar el movimiento
cuando existe la entelequia misma, y no antes ni después. Así, pues, la del
ente en potencia, cuando, existiendo en entelequia, actúa no en cuanto él
mismo, sino en cuanto móvil, es movimiento.
Doy
a «en cuanto» el sentido siguiente. El bronce es, en efecto, una estatua en
potencia; sin embargo, la entelequia del 25 bronce, en cuanto bronce, no es
movimiento. Pues no es lo mismo ser bronce que ser tal
o cual potencia, ya que, si
fuese absolutamente lo mismo
según el enunciado, la entelequia del bronce sería un movimiento. Pero no es lo
mismo (y esto se ve bien en los contrarios; pues poder estar sano y poder estar
enfermo no es lo mismo -de lo contrario,
estar
sano y estar enfermo serían lo mismo-; pero el sujeto, ora sano ora 30 enfermo,
ya sea la humedad ya la sangre, es uno y el mismo). Y, puesto que no es lo
mismo, como tampoco es lo mismo el color que lo visible, la entelequia de lo
posible, y en cuanto posible, es movimiento. Así, pues, que esto es movimiento,
y que el moverse tiene lugar cuando existe la entelequia misma, y no antes 35
ni después, es evidente (pues cada cosa puede a veces estar en acto y a veces
no, por ejemplo lo edificable en cuanto edificable, y la actualización de lo
edificable en cuanto edificable es la ac ción de edificar; pues o bien la
actualización es la acción de edificar, o bien es la casa; pero, cuando la casa
existe, ya no es edificable, y se edifica lo edificable; la actualización, por
consiguiente, tiene que ser la acción de edificar, y la acción de 5 edificar es
un movimiento. Y lo mismo se aplica también a los demás movimientos).
Que
lo dicho es correcto, se ve bien por lo que los demás dicen acerca del
movimiento, y por no ser fácil definirlo de 10 otro modo. No podría, en efecto,
ser incluido en otro género; y es evidente por las cosas que dicen, pues unos
lo llaman «alteridad» o «desigualdad» o «no-ente», conceptos que no implican
necesariamente el movimiento, y tampoco el cambio se dirige hacia ellos, ni
procede de ellos más que de sus opuestos. Y la causa de que lo pongan en dichos
conceptos es que el movimiento parece ser cosa indeterminada, y los principios
de la otra 15 serie, por ser privativos, son indeterminados; pues ninguno de
ellos es esto, ni tal, ni ninguna de las demás categorías. Y la causa de que el movimiento parezca ser
cosa indeterminada es que no puede ser incluido ni en la potencia de los entes
ni en su actualización; pues ni lo que puede ser cuanto, ni lo que es cuanto en
acto, se mueve necesariamente, y el 20 movimiento parece ser cierta actualización, aunque
incompleta; y la
causa es que
lo potencial, de
lo cual es actualización, es incompleto. Y por eso es
difícil comprender qué es el movimiento; pues necesariamente habrá que
incluirlo o bien en la privación, o bien en la potencia, o bien en la
actualización pura; pero ninguna de estas cosas parece posible. Por
consiguiente, tiene que ser lo dicho, actualización y [no] actualización en el
25 sentido indicado, difícil de ver, pero capaz de existir.
Y es
evidente que el movimiento está en el móvil, pues es la entelequia de éste por
lo capaz de mover. Y el acto de lo capaz de mover no es otro. Debe, en efecto,
ser entelequia de 30 ambos; pues es capaz de mover porque tiene potencia para
ello, y mueve porque ejerce su actividad; pero es actualizador del móvil, de
suerte que el acto de ambos es uno solo, igual que la distancia de uno a dos y
la de dos a uno es la misma, o la cuesta arriba y la cuesta abajo; pero su ser
no es uno. De modo semejante sucede también con lo que mueve y lo que es
movido.
Capítulo
10
35
Infinito es o bien lo que no puede ser recorrido porque su naturaleza no lo
permite, del mismo modo que la voz es invisible, o bien lo que sólo puede ser
recorrido de manera incompleta, o que apenas puede serlo, o lo que no puede ser
recorrido ni limitado aunque por su naturaleza pudiera serlo.
(1066b)
Además, puede ser infinito por adición o por sustracción, o de ambos modos.
Así,
pues, no es posible que sea un ente separado; pues si el infinito no es ni una
magnitud ni una multitud, y si el infinito mismo es substancia y no accidente,
será indivisible (lo divisible, en efecto, es una magnitud o una multitud), y,
si es indivisible, no es infinito, a no ser del mismo modo que la voz es
invisible; 5 pero no es éste el sentido en que hablan de él y en que nosotros
lo investigamos, sino en cuanto que no puede ser recorrido.
Además,
¿cómo es posible que exista el infinito por sí, sin que existan también por sí
el número y la magnitud, de los cuales es afección el infinito? Por otra parte, si existe accidentalmente, no
puede ser elemento de los entes en cuanto infinito, como tampoco lo invisible
10 puede serlo del habla, aunque la voz es invisible. Y que el infinito no
puede existir en acto, es evidente. Pues cualquier parte de él que tomemos será
infinita (ya que «ser infinito» e «infinito» es lo mismo, si el infinito es
substancia y no se predica de un sujeto), de suerte que o es indivisible o, si
es divisible, 15 lo será en infinitas partes. Pero una misma cosa no puede ser
varios infinitos (pues, del mismo modo que una parte de aire es aire, una parte
de infinito será infinita, si el infinito es substancia y principio). Por
consiguiente, es impartible e indivisible. Pero es imposible que lo que es en
entelequia sea infinito
(pues necesariamente será
cuanto). Por tanto,
existirá como accidente. 20 Pero,
si existe de este modo, ya hemos dicho que no es posible que sea principio,
sino que lo será aquello de lo que es accidente, el Aire o el número par. La investigación que venimos realizando es de
carácter general. Que el infinito no se da en las cosas sensibles, resulta
evidente por lo que vamos a decir. Si, en efecto, el enunciado de cuerpo es «lo
limitado por superficies», no puede ser infinito ni un cuerpo sensible ni uno
inteligible; ni un número, tomado por separado, puede ser infinito; pues el
número o lo que tiene 25 número es numerable.
Desde
el punto de vista físico, es evidente por lo que vamos a dec ir. El infinito no
puede ser ni compuesto ni simple. Efectivamente, no será un cuerpo compuesto,
si los elementos son finitos en número (pues los contrarios tienen que ser
iguales, y uno de ellos no puede ser infinito; ya que, si uno no tiene la
potencia del otro cuerpo, el finito será destruido por el infinito. 30 Pero que
todos sean infinitos es imposible, pues cuerpo es lo que tiene extensión en
todas direcciones, e
infinito,
lo infinitamente extenso; de suerte que, si lo infinito es un cuerpo, será
infinito en todas direcciones).
Tampoco
puede el infinito ser un cuerpo único y simple, ni, 35 como dicen algunos, está
fuera de los elementos, que serían generados a partir de él (no existe, en
efecto, semejante cuerpo fuera de los elementos; pues todo se resuelve en
aquello de que se compone, pero no vemos que esto se realice más allá (1067ª)
de los cuerpos simples); ni puede ser Fuego ni ningún otro elemento; pues,
además de que sería infinito alguno de ellos, el Universo, aunque sea finito,
no puede ser o llegar a ser uno cualquiera de ellos, como dice Heráclito que
llegarán a ser 5 Fuego todas las cosas. Y lo mismo puede decirse de aquel Uno
que los físicos ponen fuera de los elementos; pues todo cambia desde su
contrario, por ejemplo de caliente a frío.
Además,
el cuerpo sensible está en algún lugar, y el lugar del todo es el mismo que el
de la parte, por ejemplo el de la Tierra, de suerte que, si es de la misma
especie, será inmóvil o se moverá siempre. Pero esto es imposible. (¿Por qué,
en efecto, 10 preferentemente hacia abajo o hacia arriba o en cualquier otro
sentido? Por ejemplo, si fuese un terrón, ¿dónde se movería éste o permanecería
en reposo? Pues el lugar del cuerpo de su mismo género es infinito. ¿Ocupará,
entonces, todo el lugar? Pero ¿cómo? ¿Cuál será, pues, el reposo y el
movimiento? O bien en todas partes permanecerá en reposo, y, por consiguiente,
no se moverá, o bien se moverá en todas partes, y, por consiguiente, no se
detendrá). 15 Pero, si el Universo es desemejante, también serán desemejantes
los lugares, y, primeramente, el cuerpo del Universo no será uno, a no ser por
contacto; en segundo término, sus partes serán finitas o específicamente
infinitas. Finitas no pueden serlo (pues unas serán infinitas y otras no, si el
Universo es infinito, por 20 ejemplo Fuego o Agua; y lo que sea tal será la
destrucción para sus contrarios). Pero, si son infinitas y simples, también los
lugares serán infinitos y habrá infinitos elementos. Y, si esto es imposible y
los lugares son finitos, también el Universo tiene que ser finito.
En
suma, es imposible que haya un cuerpo infinito y un lugar para los cuerpos, si
todo cuerpo sensible tiene peso o levedad; 25 pues o se moverá hacia el centro
o hacia arriba; pero es imposible que el infinito, ya en su totalidad ya en su
mitad, esté sujeto a cualquiera de estas dos afecciones. Pues ¿cómo lo
dividiremos? O ¿cómo puede una parte del infinito estar abajo y otra arriba, o
ser extrema o media? Además, todo cuerpo sensible está en un lugar, y las
especies de lugar son seis; pero es imposible que éstas se den en un cuerpo
infinito. En suma, 30 si no puede haber un lugar infinito, tampoco un cuerpo
infinito; pues lo que está en un lugar, está en algún sitio, y esto significa
arriba o abajo o alguna de las otras localizaciones, y cada una de éstas es un
límite. Y el
infinito no es
lo mismo en
magnitud, en movimiento y en
tiempo que una
determinada
naturaleza, sino que lo posterior se dice teniendo en cuenta lo anterior; por
ejemplo, el 35 movimiento, teniendo en cuenta la magnitud sobre la cual se
realiza el movimiento o la alteración o el crecimiento, y el tiempo, teniendo
en cuenta el movimiento.
Capítulo
11
(1067b)
Lo que cambia, cambia en unos casos accidentalmente, como cuando se dice que un
músico anda; en otros casos, porque algo del sujeto cambia, se dice en general
que cambia, por ejemplo cuando el cambio afecta a una parte (así decimos que se
cura el cuerpo porque se cura el ojo); y hay algo que se mueve 5 directamente
por sí, y es lo móvil por sí. Y lo mismo sucede también con lo que mueve; pues
mueve o bien accidentalmente o bien parcialmente o bien por sí. Y hay algo que
mueve primariamente y algo que es movido, y todavía un tiempo en que, y algo
desde lo que, y algo hacia lo que es movido. Pero las especies y las 10
afecciones y el lugar hacia los que se mueven las cosas movidas son inmóviles,
por ejemplo la ciencia y el calor; no es movimiento el calor, sino el
calentamiento.
El
cambio no accidental no se da en todas las cosas, sino en los contrarios, en
los intermedios y en la contradicción. Y esto se prueba por inducción. Lo que
cambia, cambia o de un sujeto 15 a un sujeto, o de un no-sujeto a un no-sujeto,
o de un sujeto a un nosujeto, o de un no-sujeto a un sujeto (y llamo sujeto a
lo que es expresado afirmativamente); de suerte que necesariamente habrá tres
clases de cambio; porque el que va de un no-sujeto a un no-sujeto no es cambio;
pues ni hay contrarios ni 20 contradicción, porque no hay oposición. Así, pues,
el que va de un no- sujeto a un sujeto es generación contradictoria, absoluta
la que se produce absolutamente, y determinada la de algo determinado; y el que
va de un sujeto a un no-sujeto es corrupción, absoluta la que se produce
absolutamente, y determinada la de algo determinado. 25 Por consiguiente, si el No-ente se dice
en varios sentidos, y no es posible que se mueva ni el que significa
composición o división ni el que significa potencia y se opone al simple Ente
(pues lo no-blanco o no-bueno puede, a pesar de todo, moverse accidentalmente,
puesto que lo no-blanco puede ser un hombre; pero lo que carece absolutamente
de existencia determinada no 30 puede moverse de ningún modo), es imposible que
lo que no es se mueva (y, si es así, también es imposible que la generación sea
movimiento, pues se genera lo que no es; pues, aunque se genere accidentalmente
en sumo grado, sin embargo se puede decir con verdad de lo que se genera
absolutamente, que no es). Y es igualmente imposible que esté en reposo. Éstas
son, pues, 35 las dificultades que se presentan, además de que todo lo que se
mueve está en un lugar, pero lo que no es no está en un lugar; pues estaría en
algún sitio. Así, pues, tampoco la corrupción es movimiento. Pues lo contrario
de un movimiento es otro movimiento o quietud, pero corrupción
es
lo contrario de generación. (1068ª) Mas, puesto que todo movimiento es un
cambio, y los cambios son tres, como hemos dicho, y de éstos los que se
producen por generación y corrupción no son movimiento (éstos son los que se
producen por contradicción), es evidente que sólo es movimiento el que va de un
sujeto a otro sujeto. Y los sujetos o son contrarios o intermedios (la
privación, en efecto, podemos 5 considerarla como un contrario), y se expresan
mediante la afirmación, por ejemplo «desnudo», «desdentado», «negro».
Capítulo
12
Por
consiguiente, si las categorías se dividen en substancia, cualidad, lugar,
acción o pasión, relación y cantidad, tiene que 1º haber tres clases de
movimiento: de cualidad, de cantidad y de lugar; pero de substancia no, porque
no hay nada contrario a la substancia; ni de relación (es posible, en efecto,
que si cambia uno de los dos términos, deje de ser verdadero el otro sin
cambiar en nada, de suerte que el movimiento de ellos es accidental), ni de
agente y paciente, o de motor y movido, 15 porque no hay movimiento de
movimiento ni generación de generación, ni, en suma, cambio de cambio. De dos
maneras, en efecto, podría haber movimiento de movimiento: o bien como de un
sujeto (por ejemplo el hombre se mueve porque cambia de blanco a negro, de
suerte que, en este sentido, el movimiento también se calienta o se enfría,
cambia de lugar o aumenta; pero esto es imposible, pues el cambio no es uno de
los sujetos), 20 o bien porque algún otro sujeto cambia desde un cambio a otra
especie; por ejemplo, un hombre, de la enfermedad a la salud. Pero tampoco esto
es posible, a no ser accidentalmente. Pues todo movimiento es un cambio desde
una cosa a otra, y la generación y la corrupción, lo mismo; sólo que éstas
tienden a cosas 25 opuestas de cierta manera, y aquél, el movimiento, a cosas
opuestas de otra manera. Así, pues, se cambia simultáneamente de la salud a la
enfermedad, y de este mismo cambio a otro. Es, por tanto, evidente que, si uno
enferma, habrá cambiado a cualquier otro cambio (pues cabe que esté en reposo),
y además, no a cualquier otro siempre al azar; y éste será desde algo 30 a
alguna otra cosa; de suerte que será el cambio opuesto, la curación; pero
accidentalmente, como se cambia, por ejemplo, desde el recuerdo al olvido,
porque cambia el sujeto en que se da esto, pasando unas veces al conocimiento y
otras a la ignorancia.
Además,
se procedería al infinito si hubiera cambio de cambio y generación de
generación. Necesariamente, en efecto, sería 35 cambio de cambio el anterior,
si lo fuese el posterior; por (1068b) ejemplo, si la generación absoluta se
generase alguna vez, también se generaría lo que se genera; de suerte que aún
no existiría lo que se genera absolutamente, sino que sería algo que se genera
[o] ya generado. Y esto se generaría alguna vez, de suerte que aún no estaría
entonces siendo generado. Y, puesto que de las cosas infinitas no hay una
primera, no habrá la primera, de
suerte
que tampoco la siguiente. Por tanto, no es posible que 5 se genere ni se mueva
ni cambie ninguna.
Además,
corresponden al mismo sujeto el movimiento contrario y el reposo, y la
generación y la corrupción, de suerte que lo que se genera, en el mismo momento
en que llega a ser lo que se genera, se corrompe; pues no se corrompe ni
directamente al ser generado, ni después; es preciso, en efecto, que lo que se
corrompe exista. Además, es preciso que
lo que se genera y cambia esté
10
sustentado por la materia. ¿Cuál será, entonces, como el cuerpo o el alma
sujetos a alteración, lo que llega a ser movimiento o generación? Y todavía,
¿qué será aquello hacia lo cual se mueven? Es preciso, en efecto, que sea un
movimiento o una generación de algo desde algo hacia algo. Y ¿cómo podrá ser así? No habrá, en efecto,
aprendizaje del aprendizaje ni, por consiguiente, generación de la generación.
15 Y, puesto que tampoco hay movimiento de la substancia ni de la relación ni
del hacer y padecer, sólo queda que el movimiento exista en cuanto a la
cualidad y a la cantidad y al lugar (pues cada una de estas cosas tiene su
contrario); pero, al hablar aquí de cualidad, no me refiero a la incluida en la
substancia (pues también la diferencia es una cualidad), sino a la cualidad
pasiva, en relación con la cual se dice que un sujeto 20 puede o no puede ser
afectado.
Y
llamo inmóvil a lo que no puede en absoluto moverse, y a lo que apenas se mueve
en mucho tiempo, o tarda en comenzar a moverse, y a lo que, siendo movible por
naturaleza y pudiendo moverse, no se mueve cuando, donde y como podría moverse;
y éste es, de los casos de inmovilidad, el único al que llamo quietud; pues la
quietud es lo contrario del movimiento 25 y, por consiguiente, implica una
privación en el sujeto capaz de movimiento.
Están
localmente juntas las cosas que se hallan en un solo lugar inmediato, y
separadas, las que se hallan en lugares distintos. Se tocan aquellas cuyos
extremos están juntos. Intermedio es aquello a lo que, por naturaleza, lo que
cambia llega antes que a lo que constituye el término natural de su cambio ininterrumpido. Es contrario
en cuanto al
lugar lo más
distante en 30
línea recta. Siguiente se dice de
aquello que, hallándose después del principio y determinado por la posición o
la especie o de algún otro modo, no está separado, por ninguna de las cosas
comprendidas en su mismo género, de aquello a lo que sigue; por ejemplo, una
línea que no está separada de otra por líneas, o una unidad por otras unidades,
o una casa por otra casa (pero no importa que haya en medio otra cosa). En
efecto, lo siguiente sigue a algo y es una cosa posterior; pues no sigue el uno
al 35 dos, ni el primer día lunar al segundo. Contiguo es lo que, siguiendo
(1069ª) a algo, lo toca. Y, puesto que todo cambio se realiza entre los
opuestos, y éstos son los contrarios y la contradicción, y la contradicción no
admite nada intermedio, es evidente que lo intermedio se
dará entre
los contrarios. Continuo
es lo 5
mismo que contiguo.
Pero empleo el
término
«continuo»
cuando el límite de dos cosas que se tocan y se continúan resulta el mismo; de
suerte que, evidentemente, lo continuo se dará en aquellas cosas de las cuales
se produce por contacto una unidad natural. Que lo siguiente es primero,
resulta evidente (pues lo siguiente no toca, pero lo que toca es siguiente; y,
si es continuo, toca, pero, aunque toque, puede no ser continuo; sin 10
em-bargo, las cosas que no tienen contacto no pueden formar una unidad
natural). Por tanto, el punto no es lo mismo que la unidad; pues los puntos
pueden tocarse, pero las unidades no, aunque sí seguirse; y entre aquéllos
puede haber algo intermedio, pero entre éstas no.
NOTA
DEL EDITOR: Es popular la historia que relata la suerte “editorial” corrida por
la Metafísica posteriormente a la muerte de Teofastro. Creemos que ninguna
lectura de Aristóteles puede prescindir del hecho. En cualquier caso, lo que
ahora nos interesa es que según la versión del Anónimo el texto original
constaba de sólo 10 libros, a los cuales Andrónico de Rodas –el primer editor
de la obra en el siglo I de C.- habría agregado los libros a, D, K, y L
resultando así la Metafísica que conocemos. En
este contexto de
permanente debate sobre
la composición del corpus, se ha venido a considerar con
creciente acuerdo, al libro K como de autenticidad dudosa. La primera impugnación
a su legitimidad comienza en el siglo xix con Spengel y Christ desde algunos
reparos estilísticos, –el uso de la partícula ge m¿n- continuando con estudios
más recientes por parte de Natorp. El más contemporáneo Aubenque hace constar
la anormal identificación terminológica entre «filosofía primera» y «ciencia
del ser en cuanto a ser», cuestión claramente fundamental. Por nuestra parte
hacemos notar que en el libro K, los capítulos del 1 al 8 tornan, de manera
muchísimo menos elaborada, sobre los libros B, G y E. En tanto que los
capítulos 9 al 12 resumen apresuradamente tópicos de la Física. La observación
de Aubenque (El problema del ser en Aristóteles, Taurus, Madrid, 1974) sobre la
confusión respecto de la «filosofía primera» y la
«ciencia
del ser en cuanto ser» acarrea pesadas consecuencias para la decisión entre una
lectura ontológica o teológica de la obra. En efecto, Aristóteles asigna a la
«ciencia del ser en cuanto ser» la misión de establecer los primeros principios
de las ciencias –cf. A y G- y la justificación del establecimiento de
existencia de su propio objeto. Confundir esto con la misión de la «filosofía
primera» llevará a la tradición a efectuar una lectura teologizante del texto;
error motivado en la insistencia del carácter unitario del corpus. Todo ha
llevado a considerar seriamente la posibilidad de que el libro K, pertenezca en
realidad a un estudiante del Liceo que intentaba comprender, por escrito, al
maestro. Para más detalles cf. Aubenque, Ibid y Natorp, Über Aristoteles’ K,
1-8 1065ª 26, Das Gutemberg Projekt-De.
L
LIBRO
XII
Libro
1
Nuestra
especulación versa sobre la substancia, pues buscamos los principios y las
causas de las substancias. En efecto, si el Universo es como un todo, la
substancia es su primera 20 parte; y si su cohesión consiste sólo en ser
seguido, también entonces es primero la substancia, y después la cualidad, y
después la cantidad. Y, al mismo tiempo, estas cosas ni siquiera son entes, por
decirlo así, en sentido absoluto, sino cualidades y movimientos; de lo
contrario, también lo serían lo no- blanco y lo no-recto; pues también de éstos
decimos que son, por ejemplo cuando decimos «es no-blanco». Por otra parte, ninguna de las demás
categorías es separable. Así lo atestiguan también, en la práctica, los
antiguos, pues los 25 principios y elementos y causas que buscaban eran los de
la substancia. Nuestros contemporáneos consideran más bien como substancias los
universales (universales son, en efecto, los géneros, a los que atribuyen en
mayor grado la condición de principios y substancias porque su indagación es de
carácter lógico). Pero los antiguos consideraban substancias las cosas
singulares, como el Fuego o la Tierra, pero no lo común, el Cuerpo.
Hay
tres clases de substancias. Una es la sensible, que se 30 divide en eterna y
corruptible. Ésta es admitida por todos; por ejemplo, las plantas y los
animales. La otra es la eterna, cuyos elementos es necesario inquirir, ya sea
uno ya varios. La tercera es inmóvil, y de ella dicen algunos que es separable;
y unos la 35 dividen en dos, mientras que otros incluyen en una misma
naturaleza las Especies y las Cosas matemáticas, y otros sólo admiten las Cosas
matemáticas. Las dos primeras pertenecen al (1069b) dominio de la Física (pues
implican movimiento); pero la tercera corresponde a otra ciencia, si no hay
ningún principio común a todas ellas.
La substancia
sensible es mudable.
Y, si el
cambio se realiza
desde los opuestos
o los intermedios, pero no desde
toda clase 5 de opuestos (pues la voz es algo no-blanco), sino desde lo
contrario, es necesario que haya un sujeto que cambie de un contrario a otro,
pues lo que cambia no son los contrarios.
Capítulo
2
Además,
esto permanece, mientras que los contrarios no permanecen. Por consiguiente,
hay, además de los contrarios, una tercera cosa: la materia. Si, por consiguiente, las clases de cambio
son cuatro: o bien en el sentido de la quididad, o de la cualidad, o de la
cantidad, o del lugar, y la generación absoluta y la corrupción 10 constituyen
el cambio en cuanto a la quididad, y el
aumento
y la disminución, en cuanto a la cantidad, y la alteración, en cuanto a la
cualidad, y la traslación, en cuanto al lugar, los cambios se producirán hacia
los contrarios en cada uno de estos sentidos. Por consiguiente, tiene que ser
la materia la que cambie, siendo en potencia ambos contrarios. Y, puesto que el
Ente es doble, todo cambia desde el Ente en potencia hasta el Ente en
15
acto (por ejemplo, desde lo blanco en potencia hasta lo blanco en acto, y lo
mismo en el caso del aumento y la disminución); de suerte que no sólo
accidentalmente es posible llegar a ser desde un no-ente, y, por otra parte,
todas las cosas llegan a ser 20 desde un ente: desde un ente en potencia, y
desde un no-ente en acto. Y éste es el «Uno» de Anaxágoras; pues es mejor que
«juntamente
todas las cosas»; y la «Mezcla» de Empédocles y de Anaximandro, y lo que dice
Demócrito: «Estaban juntamente todas las cosas en potencia, pero no en acto».
Tuvieron, por consiguiente, cierto conocimiento de la materia.
25
Todas las cosas que cambian tienen materia, pero diferente; y, de las cosas
eternas, las que, no siendo generables, son movibles por traslación; pero
materia no generable, sino trasladable.
Puede
uno preguntarse desde qué clase de No-ente se produce la generación, pues
«No-ente» se dice en tres sentidos. Y si, como sabemos, tiene que ser algo en
potencia, no, sin embargo, de cualquier cosa, puesto que cada cosa procede de
otra distinta. Y no basta decir que todas las cosas estaban juntamente; pues se
diferencian por la materia; ¿por qué, si no, llegaron a ser 30 infinitas y no
una? El Entendimiento, en efecto, es uno; de suerte que, si también la materia
fuese una, sólo se habría producido en acto aquello de lo que la materia fuese
en potencia.
Tres
son, pues, las causas y tres los principios: dos constituyen la contrariedad,
de la cual es un miembro el enunciado y la especie, y el otro, la privación. El
tercer principio es la materia.
Capítulo
3
A
continuación diremos que no se generan ni la materia ni 35 la especie; me
refiero a la materia y a la especie
últimas. Pues todo lo que cambia es algo y es cambiado por algo y hacia algo.
Aquello por lo que cambia es el primer motor; lo que (1070ª) cambia es la
materia, y aquello hacia lo que cambia, la especie. Pues bien, se procederá al
infinito si no sólo se hace redondo el bronce,
sino que también se
hace la redondez o
el bronce; por
consiguiente, es necesario
detenerse.
Digamos
a continuación que cada substancia se genera desde 5 otra del mismo nombre
(tanto las cosas que son substancias por naturaleza como las otras). Pues las
cosas se producen o por arte, o por naturaleza, o por suerte, o por casualidad.
El arte es un principio que está en otro; la naturaleza, un principio que está
en la cosa misma (el hombre, en efecto, engendra un hombre), y
las
demás causas, privaciones de éstas. Las
substancias son de tres clases: la materia, que es algo
10
determinado en apariencia (pues las cosas unidas por contacto y no por unión
natural son materia y sujeto); la naturaleza, que es algo determinado y cierta
manera de ser hacia la cual tiende la materia; y la tercera, compuesta de estas
dos, es la individual, por ejemplo Sócrates o Calias. Pues bien, en algunos
casos el algo determinado no existe fuera de la substancia compuesta, por
ejemplo la especie de una casa, a no ser el arte (ni hay 15 generación y
corrupción de estas cosas, sino que de otro modo existen y no existen la casa
inmaterial y la salud y todo lo perteneciente al arte); pero, si existe aparte,
es en las cosas que se producen por naturaleza. Por eso no dijo mal Platón que
son Especies todas las cosas naturales, si es que hay Especies distintas de
estas cosas, por ejemplo fuego, carne, cabeza; pues todas son materia, y la
última lo es de la substancia en grado 20 sumo.
Las causas motrices son anteriores a sus efectos; las que son como el
concepto son simultáneas. En efecto, cuando el hombre está sano, entonces
existe también la salud, y la figura de la esfera broncínea se da
simultáneamente con la esfera broncínea (pero si, además, subsiste o no algo
posteriormente, habrá 25 que investigarlo; pues, en algunas cosas, nada lo
impide, por ejemplo si el alma es tal; pero no toda entera, sino el
entendimiento, pues que subsista entera sin duda es imposible).
Es
claro, por consiguiente, que, al menos por esto, no hay ninguna necesidad de
que existan las Ideas. Un hombre, en efecto, engendra a un hombre, uno
individual a uno determinado. Y de modo semejante sucede también en las artes,
pues 30 el arte medicinal es el concepto de la salud.
Capítulo
4
Las
causas y principios de cosas diferentes son, en un sentido, diferentes; pero,
en otro sentido, si se habla universal y analógicamente, son los mismos para
todas las cosas. Podría dudarse, en
efecto, si son diferentes o idénticos los principios y elementos de las
substancias y de las relaciones, e igualmente para cada una de las categorías.
35 Pero sería absurdo que fuesen los mismos para todas; pues en tal caso
tendrían el mismo origen las relaciones que las substancias. Pero ¿qué sería
esto?. Porque fuera de la (1070b) substancia y de los demás predicamentos no
hay nada común, y el elemento es anterior a aquello de lo que es elemento. Pero
ni la substancia es elemento de las relaciones, ni ninguna de éstas lo es de la
substancia.
Además,
¿cómo es posible que todas las cosas tengan los mismos elementos? No es
posible, en efecto, que ninguno de los 5 elementos se identifique con la cosa
compuesta de elementos, por ejemplo que la B o la A se identifiquen con BA (ni
hay, por tanto, elemento común de las cosas inteligibles, por
ejemplo el Ente
o el Uno,
pues éstos están
también en cada
uno de los
compuestos).
Por consiguiente, ninguno de ellos será substancia ni relación. Pero tendrían
que serlo. Por lo tanto, no son 10 idénticos los elementos de todas las cosas.
Sin
embargo, como hemos dicho, en un sentido sí y en otro no; por ejemplo, quizá
puede considerarse como especie de los cuerpos sensibles el calor y, por otra
parte, el frío, que es su privación, y, como materia, lo que primariamente y
por sí es en potencia estas cosas; y son substancias estas cosas y las
procedentes de ellas, de las cuales ellas son principios, o si algo 15 que sea
uno se genera del calor y del frío, por ejemplo carne o hueso; pues lo generado
será necesariamente distinto de aquéllos. Así, pues, los elementos y principios
de estas cosas son los mismos (pero diferentes los de cosas diferentes); pero
de todas las cosas no se puede decir así, sino analógicamente, como si uno
dijera que los principios son tres: la especie, la privación y la materia. Pero
cada uno de estos principios es diferente para cada género; por ejemplo, en el
color, blanco, 20 negro y superficie; luz, oscuridad y aire son los principios
del día y de la noche.
Mas,
puesto que no sólo son causas las inmanentes en el efecto, sino también otras
externas, por ejemplo la causa motriz, es evidente que difieren entre sí
principio y elemento, pero uno y otro son causas, y los principios se dividen
en éstos, y lo que mueve o detiene es un principio y una substancia, de suerte
25 que, analógicamente, los elementos son tres, y las causas y principios,
cuatro. Pero son diferentes en cosas diferentes, y la primera causa motriz es
diferente para cosas diferentes. Salud, enfermedad, cuerpo: la causa motriz es
la Medicina. Especie, desorden de tal clase, ladrillos: la causa motriz es la
Arquitectura [y en éstos se dividen los principios]. 30 Mas, puesto que la causa motriz, en las
cosas naturales, para un hombre es otro hombre, pero, en las que proceden del
pensamiento, es la especie o lo contrario, en cierto sentido habrá tres causas,
y, en un
sentido determinado, cuatro.
Pues, en cierto
modo, la Medicina
es la salud,
y la Arquitectura es la especie
de una casa, y un hombre engendra a otro hombre. Además, aparte de estas
causas, la que, como primera de todas, 35 lo mueve todo.
Capítulo
5
Y,
puesto que unas cosas existen separadas y otras no (1071ª) separadas, serán
substancias las primeras. Y por eso las causas de todas las cosas son las
mismas, porque, sin las substancias, no hay afecciones ni movimientos.
Además,
estas causas serán probablemente alma y cuerpo, o entendimiento, deseo y
cuerpo.
Y
todavía en otro sentido los principios son analógicamente idénticos, por
ejemplo acto y potencia; pero también éstos son 5 no sólo diferentes para cosas
diferentes, sino también de modo diferente. En algunos casos, en efecto, una
misma cosa está una vez en acto y otra vez en
potencia,
por ejemplo el vino, la carne, un hombre (también éstas están comprendidas en
las causas mencionadas; pues la especie, si es separable, está en acto, y
también el compuesto de ambas, y la privación, por ejemplo la oscuridad o la
enfermedad; pero está en potencia la 10 mate ría, pues ésta es la que puede
llegar a ser ambas cosas). De otro modo difieren en acto y en potencia las
cosas cuya materia no es la misma, y aquellas cuya especie no es la misma, sino
otra, a la manera en que son causa de un hombre los elementos, Fuego y Tierra
como materia, y la propia especie, y 15 todavía otra causa exterior, por
ejemplo el padre, y, además de estas causas, el Sol y la Eclíptica, que no son
materia, ni especie, ni privación, ni de la misma especie, sino causas
motrices. Además, es preciso ver que
unas causas pueden ser dichas universalmente, y otras no. Ahora bien, los
primeros principios de todas las cosas son: lo que es primariamente esto en
acto, y otra cosa que lo es en potencia. Por consiguiente, los 20 universales
de que hablábamos no existen; pues lo individual es principio de las cosas
individuales; un hombre universal, en efecto, lo sería de un hombre universal,
pero no existe ninguno, sino que Peleo lo es de Aquiles, y de ti, tu padre, y
esta B determinada de esta sílaba BA determinada, y la B en general de BA en
general. Después, si es cierto que son causas de todo las de las substancias,
sin embargo las causas y los elementos de cosas diferentes son diferentes, como
hemos dicho, cuando 25 no pertenecen al mismo género, por ejemplo colores,
sonidos, substancias y cantidad, a no ser analógicamente. También para las
cosas que están dentro de la misma especie son diferentes, no específicamente,
sino porque son diferentes las causas de los individuos: tu materia y tu
especie y tu causa motriz y la mía, aunque en su concepto universal sean las
mismas.
En
cuanto a investigar cuáles son los principios o elementos de las substancias y
relaciones y cualidades, si son los mismos o diferentes, es evidente que, si se
dicen en varios sentidos, son los mismos
para cada cosa;
pero, si se
distinguen sus acepciones, no serán
los mismos, sino diferentes, a no ser en un sentido
determinado y aplicados a todas las cosas; en este sentido son los mismos, o lo
son analógicamente, porque son materia, especie, privación, causa motriz, y en
este sentido las causas de las 35 substancias pueden ser consideradas como
causas de todas las cosas, porque, destruidas las substancias, se destruyen
todas las cosas. Además, lo primero en entelequia. Pero, en otro sentido, son
primordialmente diferentes todos los contrarios, que no se (1071b) dicen como
géneros ni se dicen en varios sentidos. Y todavía las materias.
Así,
pues, queda dicho cuáles y cuántos son los principios de las cosas sensibles, y
en qué sentido son los mismos y en qué sentido diferentes.
Capítulo
6
Puesto
que hemos distinguido tres clases de substancias, dos naturales y una inmóvil,
hay que decir acerca de esta última que tiene que haber una substancia eterna
inmóvil. Las 5 substancias, en efecto, son
los entes primeros,
y si todas
fuesen corruptibles, todas
las cosas serían corruptibles. Pero es imposible que el
movimiento se genere o se corrompa (pues, como hemos dicho, ha existido
siempre), ni el tiempo. Pues no podría haber antes ni después si no hubiera
tiempo. Y el movimiento, por consiguiente, es continuo en el mismo sentido que
el tiempo; éste, en efecto, o bien es lo mismo que el movimiento o es 10 una
afección suya. Pero el movimiento no es continuo, excepto el movimiento local,
y de éste, el circular.
Mas,
si hay algo que puede mover o hacer, pero no opera nada, no habrá movimiento;
es posible, en efecto, que lo que tiene potencia no actúe. De nada sirve
tampoco, por 15 consiguiente, que supongamos substancias eternas, como los
partidarios de las Especies, si no hay algún principio que pueda producir
cambios. Pero tampoco éste es suficiente, ni otra substancia aparte de las
Especies; porque, si no actúa, no habrá movimiento. Y, aunque actúe, tampoco,
si su substancia es potencia; pues no será un movimiento eterno; es posible, en
efecto, que lo que existe en potencia deje
de existir. Por consiguiente, es preciso 20
que haya un principio tal
que su substancia sea acto. Además, es preciso que estas substancias
sean inmateriales; pues, si hay alguna cosa eterna, deben ser eternas
precisamente ellas. Son, por consiguiente, acto. Hay, sin embargo, una dificultad. Parece, en
efecto, que todo lo que actúa puede actuar, mientras que no todo lo que puede
actuar actúa; de suerte que parece anterior la potencia. Pero, si fuese así, no
habría ningún ente; cabe, en efecto, que algo 25 pueda ser pero todavía no sea.
Y, si es como dicen los teólogos, que todo lo generan de la Noche, o, como
dicen los físicos que todas las cosas estaban juntas, se produce el mismo
absurdo. Pues ¿cómo podrá haber
movimiento si no hay ninguna causa en acto? La madera, en efecto, no se moverá
a sí misma, sino 30 que la moverá el arte del carpintero; ni los menstruos, ni
la tierra, sino las semillas y el acto generador.
Por
eso algunos suponen un acto eterno, como Leucipo y Platón; pues afirman que
siempre hay movimiento. Pero por qué lo hay, y qué clase de movimiento, no lo
dicen, ni la causa de que sea de tal modo o de tal otro. Nada, en efecto, se
mueve 35 al azar, sino que siempre tiene que haber algún motivo; por ejemplo,
ahora se mueve así por naturaleza, pero por violencia o por entendimiento o por
otra causa se mueve de otro modo. (Además, ¿cuál es el primer movimiento? Esto,
en efecto, tiene una importancia enorme.) Pero Platón no puede recurrir aquí al
(1072ª) que algunas veces considera como principio, que se mueve él mismo a sí
mismo; pues el Alma es una cosa posterior, y simultánea con el Cielo, según
dice. Por consiguiente, considerar la potencia
como
anterior al acto es correcto en un sentido, pero en otro no (ya hemos dicho
cómo). Que el acto es anterior, 5 lo atestigua Anaxágoras (pues el Entendim
iento es acto), y Empédocles con su doctrina de la Amistad y el Odio, y los que
dicen, como Leucipo, que el movimiento es eterno.
Por
consiguiente, el Caos y la Noche no duraron tiempo infinito, sino que siempre
han existido las mismas cosas, o cíclicamente o de otro modo, si efectivamente
el acto es anterior a la potencia. Por tanto, si siempre se repite cíclicamente
lo mismo, tiene que subsistir siempre algo que actúe del mismo modo. 10 Y, si
ha de haber generación y corrupción, tiene que haber otra cosa que actúe
siempre, unas veces de un modo y otras de otro. Tendrá que actuar, por tanto,
en cierto modo por sí misma, y en cierto modo, en virtud de otra cosa; por
consiguiente, o bien en virtud de un tercero o bien en virtud de la primera
causa. Así, pues, actuará necesariamente en virtud de ésta; pues, a su vez,
ésta será causa para lo segundo y para lo tercero. Por consiguiente, es
preferible admitir la primera causa. Ésta es, en 15 efecto, según hemos dicho,
causa de lo que siempre es lo mismo; pero de lo que es de otro modo es causa la
otra, y de lo que siempre es de modo diferente son causas ambas evidentemente.
Por tanto, así son también los movimientos.
¿Qué
necesidad hay, entonces, de buscar otros principios?
Capítulo
7
Puesto
que cabe que sea así, y, si no es así, todo procederá 20 de la Noche, de la
Mezcla de todas las cosas, y del No-ente, podemos dar esto por resuelto, y hay
algo que se mueve siempre con un movimiento incesante, que es el movimiento
circular (y esto no sólo es evidente por el razonamiento, sino también en la
práctica). Por consiguiente, el primer Cielo será eterno. Por tanto, hay
también algo que mueve. Y, puesto que lo que se 25 mueve y mueve es intermedio,
tiene que haber algo que sin moverse mueva, que sea eterno, substancia y acto.
Y
mueven así lo deseable y lo inteligible. Mueven sin ser movidos. Las primeras
manifestaciones de éstos son idénticas. Es apetecible, en efecto, lo que parece
bueno, y es objeto primario de la voluntad lo que es bueno. Y más influye en el
deseo la apariencia que en la apariencia el deseo; porque la intelección es un
principio. El entendimiento es movido por lo 30 inteligible, y es inteligible
por sí una de las dos series; y de ésta es la primera la substancia, y de las
substancias, la que es simple y está en acto (pero «uno» y «simple» no es lo
mismo, pues «uno» indica medida, y «simple», que la cosa misma es de cierto
modo). Pero lo bueno y lo por sí mismo elegible están 35 en la misma serie; y
lo primero es siempre lo mejor, o análogo a lo mejor.
(1072b)
Que la causa final es una de las cosas inmóviles lo demuestra la distinción de
sus acepciones. Pues la causa final es para algo y de algo, de los cuales lo
uno es inmóvil, y lo otro, no.
Y
mueve en cuanto que es amada, mientras que todas las demás cosas mueven al ser
movidas. Ahora bien, si algo es 5 movido, cabe también que sea de otro modo, de
suerte que, si el acto es la traslación primaria, al menos en cuanto es movido
en este sentido, cabe que sea de otro modo, en cuanto al lugar, si no en cuanto
a la substancia. Y, puesto que hay algo que mueve siendo inmóvil, y siendo en
acto, no cabe en absoluto que esto sea de otro modo. La traslación, en efecto,
es el primero de los cambios, y de las traslaciones, la circular. Y ésta es la
originada por esto. Es, por tanto, ente por necesidad; y, en cuanto que es por
necesidad, es 10 un bien, y, de este modo, principio. «Necesario», en efecto,
tiene las acepciones siguientes: primero, lo que se hace a la fuerza, por ser
contra el impulso natural; segundo, aquello sin lo cual algo no se puede hacer
bien; tercero, lo que no puede ser de otro modo, sino que es absolutamente.
Así,
pues, de tal principio penden el Cielo y la Naturaleza. Y es una existencia
como la mejor para nosotros durante corto 15 tiempo (pues aquel ente siempre es
así; para nosotros, en cambio, esto es imposible), puesto que su acto es
también placer (y por eso el estado de vigilia, la percepción sensible y la
intelección son lo más agradable, y las esperanzas y los recuerdos lo son a
causa de estas actividades). Y la intelección que es por sí tiene por objeto lo
que es más noble por sí, y la que es en más alto grado, lo que es en más alto
grado.
20 Y
el entendimiento se entiende a sí mismo por captación de lo inteligible; pues
se hace inteligible estableciendo contacto y entendiendo, de suerte que
entendimiento e inteligible se identifican. Pues el receptáculo de lo
inteligible y de la substancia es entendimiento, y está en acto teniéndolos, de
suerte que esto más que aquello es lo divino que el entendimiento parece tener,
y la contemplación es lo más agradable y lo más noble. Si, por 25 consiguiente, Dios se halla
siempre tan bien como nosotros algunas veces, es cosa admirable; y, si se halla
mejor, todavía más admirable. Y así es como se halla. Y tiene vida, pues el
acto del entendimiento es vida, y Él es el acto. Y el acto por sí de Él es vida
nobilísima y eterna. Afirmamos, por tanto, que Dios es un viviente eterno
nobilísimo, de suerte que Dios tiene vida y duración continua y eterna; pues
Dios es esto. 30 Y cuantos opinan, como los pitagóricos y Espeusipo, que lo más
bello y lo más bueno no está en el principio, porque también los principios de
las plantas y de los animales son causas, pero lo bello y perfecto está en sus
efectos, no piensan rectamente. Pues el
esperma procede de otros seres anteriores 35 perfectos, y lo primero no es el
esperma, sino lo perfecto; por
1073ª
ejemplo, puede decirse que un hombre es anterior al esperma, no el hombre
nacido de este esperma, sino otro del cual procede este esperma. Así, pues, que hay una substancia eterna e
inmóvil y separada de las cosas sensibles, resulta claro por lo dicho. Queda 5
también demostrado que no cabe
que esta substancia tenga ninguna
magnitud, sino que carece
de partes y es
indivisible
(pues mueve durante tiempo infinito, y nada finito tiene potencia infinita; y,
puesto que toda magnitud es infinita o finita, no puede, por la razón
mencionada, tener magnitud finita; pero tampoco infinita, 10 porque no hay
absolutamente ninguna magnitud infinita). Y también queda demostrado que es
impasible e inalterable; pues todos los demás movimientos son posteriores al
movimiento local. Es, pues, evidente que estas cosas son de este modo.
Capítulo
8
La
cuestión de si se debe admitir que tal substancia es una 15 o son varias, y
cuántas, no debe ser olvidada, sino que conviene recordar que las declaraciones
de los otros no dicen acerca de la pluralidad nada claro. Pues la teoría sobre
las Ideas no contiene ninguna observación propia (en efecto, los que sostienen
la existencia de Ideas dicen que las Ideas son números, y unas veces consideran
infinitos los números, y, otras veces, limitados 20 a la década; pero sobre la
causa de que la pluralidad de los números tenga ese límite, nada se dice con
rigor demostrativo). Nosotros, por nuestra parte, debemos basar nuestra
exposición en los supuestos y definiciones anteriores. En efecto, el Principio
y el primero de los entes es inmóvil tanto en sí mismo como accidentalmente,
pero produce el movimiento primero 25 eterno y único. Y, puesto que todo lo
movido es movido necesariamente por algo, y el primer Motor es necesariamente
inmóvil en sí, y el movimiento eterno tiene que ser producido por algo que sea
eterno, y el movimiento único, por algo que sea uno, pero vemos que, además de
la simple traslación del Universo, 30 que decimos producida por la substancia
primera e inmóvil, hay otras traslaciones eternas, que son las de los planetas
(pues el cuerpo que se mueve circularmente es eterno e incesante en su
movimiento; esto ya quedó explicado en la Física), es necesario también que
cada una de estas traslaciones sea producida por una substancia inmóvil en sí y
eterna. Siendo, en efecto, la naturaleza de los astros cierta substancia
eterna, también el motor 35 será eterno y anterior a lo movido, y lo anterior a
una substancia será necesariamente una substancia. Está claro, por
consiguiente, que tiene que haber otras tantas substancias eternas por
naturaleza e inmóviles en sí, y sin magnitud, por la causa (1073b)
anteriormente dicha.-Así, pues, está claro que son substancias, y que una de
ellas es primera, y otra, segunda, según el mismo orden de las traslaciones de
los astros. Para averiguar cuántas son
las traslaciones hay que acudir a la más afín a la Filosofía entre las ciencias
matemáticas, es 5 decir, a la Astronomía; ésta, en efecto, estudia una
substancia sensible, pero eterna, mientras que las otras no estudian ninguna
substancia; por ejemplo, la Aritmética y la Geometría. Pues bien, que las
traslaciones son más numerosas que los trasladados, es claro incluso para
quienes sólo se detengan a pensar un poco (pues cada uno de los planetas está
sometido a más de una). Pero, 10 en cuanto al número de éstas, vamos a exponer
ahora, para fundamentar nuestra consideración, las doctrinas de algunos
matemáticos, a fin de que pueda
nuestro
pensamiento concebir alguna pluralidad determinada. Por lo demás, es preciso
que, en parte investigando nosotros mismos y en parte informándonos por los que
investigan, si algo parece no estar conforme con 15 las actuales doctrinas de
los cultivadores de este campo, respetemos a unos y a otros, pero sigamos a los
más exactos. Pues bien, Eudoxo puso la
traslación del Sol y de la Luna cada una en tres esferas, la primera de las
cuales era la de los astros fijos; la segunda, la que sigue el círculo que pasa
por 20 medio del Zodíaco, y la tercera, la que sigue un círculo oblicuo a lo
ancho del Zodíaco (y la oblicuidad del círculo en que gira la Luna alcanza una
latitud mayor que la del que sigue el Sol); y puso la de los planetas en cuatro
esferas la de cada uno, y dijo que la primera y segunda de éstas es la misma
que aquéllas (pues la de los astros fijos es la que las mueve a todas, y 25 la
que está situada bajo ella y tiene su traslación por medio del Zodíaco es común
a todos), mientras que los polos de todos los de la tercera están en el círculo
que pasa por medio del Zodíaco, y la traslación de la cuarta sigue el círculo
oblicuo en relación con el medio de la tercera; y que los polos de la tercera
30 esfera son distintos para cada uno de los demás, pero los de Venus y
Mercurio son los mismos. Calipo, por su
parte, coincide con Eudoxo en cuanto a la posición de las esferas, es decir, en
cuanto al orden de sus distancias; en cuanto a su número, señaló para Júpiter y
Saturno el mismo que aquél, pero creía que para el Sol y la Luna 35 había que
añadir aún dos esferas, a fin de poder explicar los fenómenos, y, para los
restantes planetas, una para cada uno. (1074ª) Pero es necesario, para que
todas juntas puedan explicar los fenómenos, que por cada uno de los planetas
haya otras esferas, en igual número menos una, que giren en sentido inverso, y
restablezcan siempre en su posición la primera esfera del astro 5 colocado
debajo; pues sólo así es posible que la totalidad produzca la traslación de los
planetas. Así, pues, teniendo en cuenta que las esferas en que éstos se mueven
son, por una parte, ocho, y, por otra, veinticinco, y que las únicas de éstas
que no es preciso que giren en sentido inverso son aquellas en que se mueve el
planeta situado en el punto más bajo, las que hacen que giren en sentido
inverso las de los dos primeros serán seis, y las que causan ese movimiento a
las de los cuatro siguientes, dieciséis. 10 Y el número de todas, de las que
mueven y de las que hacen girar a éstas en sentido inverso, cincuenta y cinco.
Pero, si no se añaden al Sol y a la Luna los movimientos que hemos dicho, el
número total de las esferas será cuarenta y siete. Así, pues, sea éste el
número de las esferas. Por consiguiente, suponer también el mismo número para
las substancias y principios 15 inmóviles [y sensibles] es razonable (lo de
necesario quédese para otros más hábiles en la demostración).
Y si
no es posible que haya ninguna traslación que no esté ordenada a la traslación
de un astro, y si, además, hay que pensar que toda naturaleza y toda substancia
impasible y que ha alcanzado por sí misma lo mejor es un fin, no habrá 20
ninguna otra naturaleza además de las que hemos
dicho,
sino que éste será necesariamente el número de las substancias. Pues si hubiera
otras, moverían, ya que serían fin de la traslación. Pero es imposible que haya
otras traslaciones además de las mencionadas.
Y es razonable
deducir esto de
la consideración de
los 25 cuerpos trasladados. Pues, si todo lo que
traslada existe naturalmente por causa de lo trasladado, y si toda traslación
es traslación de algo trasladado, ninguna traslación existirá por causa de sí
misma ni de otra traslación, sino por causa de los astros. Pues si existiera
una traslación por causa de otra traslación, ésta tendría que existir también
por causa de otra cosa. Por consiguiente, como no es posible ir al infinito,
será fin de toda traslación alguno de los cuerpos divinos que se trasladan 30
por el Cielo.
Que
no hay más que un Cielo, es manifiesto. Pues si hubiera más de uno, como sucede
con los hombres, el principio relacionado con cada uno sería específicamente
uno, pero numéricamente muchos. Ahora bien, las cosas que son muchas en número
tienen materia (pues el enunciado de muchos es uno y el mismo, por ejemplo el
del hombre, pero Sócrates es uno); en cambio, 35 la esencia primera no tiene
materia, pues es una entelequia. Por
consiguiente, el primer Motor, que es inmóvil, es uno en enunciado y en número.
Y también es uno lo movido siempre y continuamente. Por tanto, uno solo es el
Cielo. Ha sido transmitida por los
antiguos y muy remotos, en (1074b) forma de mito, una tradición para los
posteriores, según la cual estos seres son dioses y lo divino abarca la
Naturaleza entera. Lo demás ha sido añadido ya míticamente para persuadir a la
5 multitud, y en provecho de las leyes y del bien común. Dicen, en efecto, que
éstos son de forma humana o semejantes a algunos de los otros animales, y otras
cosas afines a éstas y parecidas a las ya dichas, de las cuales si uno separa y
acepta sólo lo verdaderamente primitivo, es decir, que creían que las
substancias primeras eran dioses, pensará que está dicho 10 divinamente, y que,
sin duda, habiendo sido desarrolladas muchas veces en la medida de lo posible
las distintas artes y la Filosofía, y nuevamente perdidas, se han salvado hasta
ahora, como reliquias suyas, estas opiniones. Así, pues, sólo hasta este punto
nos es manifiesta la opinión de nuestros mayores y la tradición primitiva.
Capítulo
9
15
Pero lo relativo al Entendimiento plantea algunos problemas. Parece, en efecto,
ser el más divino de los fenómenos; pero explicar cómo puede ser tal, presenta
algunas dificultades. Pues, si nada entiende, ¿cuál será su dignidad? Más bien
será, entonces, como uno que durmiera. Y, si entiende, pero depende en esto de
otra cosa, pues su substancia no es esto, es decir, intelección, sino potencia,
entonces no será la substancia más noble; 20 su nobleza, en efecto, la debe a
la intelección. Además, tanto si
su substancia es
entendimiento como si es
intelección, ¿qué
entiende?
O bien, en efecto, se entiende a sí mismo, o bien alguna otra cosa. Y, si
entiende alguna otra cosa, o bien es siempre la. misma, o no. Ahora bien, ¿hay alguna
diferencia o ninguna entre entender lo hermoso o lo vulgar? ¿No es incluso
absurdo pensar sobre algunas cosas? Es, pues, evidente que entiende lo 25 más
divino y lo más noble, y no cambia; pues el cambio sería a peor, y esto sería
ya cierto movimiento.
Así,
pues, en primer lugar, si no es intelección, sino potencia, es natural que sea
fatigosa para él la continuidad de la 30 intelección. Además, es evidente que
habría otra cosa más honorable que el Entendimiento, a saber, lo entendido. En
efecto, el entender y la intelección se dará también en el que entiende lo más
indigno; de suerte que, si esto debe ser evitado (efectivamente, no ver algunas
cosas es mejor que verlas), la intelección no puede ser lo más noble. Por
consiguiente, se entiende a sí mismo, puesto que es lo más excelso, y su
intelección es intelección de intelección.
35
Pero la ciencia, la sensación, la opinión y el pensamiento parecen ser siempre
de otra cosa, y sólo secundariamente de sí mismos. Además, si una cosa es
entender y otra ser entendido, ¿en cuál de las dos reside su nobleza? Pues no
es lo mismo el ser de la intelección que el ser de lo entendido. ¿O, en algunos
casos, la ciencia es el objeto: en las productivas sin materia, la (1075ª)
substancia y la esencia, y en las especulativas, el enunciado y la intelección
son el objeto? No siendo, pues, distinto lo entendido y el Entendimiento, en
las cosas inmateriales, será lo mismo, y el Entendimiento se identificará con
lo entendido. 5 Queda todavía una dificultad, si lo entendido es compuesto;
pues el Entendimiento cambiaría en las partes del todo. O bien ¿es indivisible
todo lo que no tiene materia -como el entendimiento humano, o el de los seres
compuestos, se halla en algunos momentos (pues no tiene su bien en esto o en lo
otro, sino el Sumo Bien en cierto todo, que es distinto de él)-, y así se 10
halla durante la eternidad la Intelección misma de sí misma?
Capítulo
10
Se
debe investigar también de cuál de estas dos maneras está el Bien o el Sumo
Bien en la naturaleza del Universo: ¿como algo separado e independiente, o como
el orden? ¿O de ambas maneras, como en un ejército? Aquí, en efecto, el bien es
el orden y el general, y más éste; pues no
existe éste gracias al 15
orden, sino el orden gracias a éste.
Y todas las
cosas están coordinadas de algún
modo, pero no igualmente, los peces, las aves y las plantas; y no es como si
las unas no tuvieran ninguna relación con las otras, sino que tienen alguna.
Pues todas las cosas están coordinadas hacia una; pero del mismo modo que, en
una casa, los libres son los que menos pueden hacer cualquier cosa, sino que
todas o la 20 mayoría están ordenadas, mientras que los esclavos y los animales
contribuyen poco al bien común, y generalmente obran al azar. Tal es, en
efecto, el principio que constituye la naturaleza de cada cosa. Digo, por
ejemplo, que todas tienen
que
llegar, al menos, a ser disueltas, y son así otras cosas de las que participan
todas para el todo.
25
Conviene tener presentes los imposibles o absurdos en que incurren los que
sostienen otras opiniones, y cuáles son los puntos de vista de los que mejor
han enseñado, y en cuáles se presentan menos dificultades. Todos, en efecto,
afirman que todas las cosas proceden de contrarios. Pero ni «todas las cosas»
ni «de contrarios» son expresiones correctas, y, en los casos en que 30 se dan
los contrarios, no nos dicen cómo pueden las cosas proceder de ellos; pues los
contrarios son impasibles
recíprocamente. Nosotros, en
cambio, solucionamos esto razonablemente, introduciendo un tercer
factor. Otros enseñan que uno de los
contrarios es materia, como los que dicen que lo Desigual es materia para lo
Igual, y lo Múltiple, para el Uno. Pero también esto se resuelve del mismo
modo; pues la materia que es una no es contrario para nada. 35 Además, todas
las cosas, fuera del Uno, se formarían por participación del Mal; pues el Mal
mismo es uno de los dos elementos. Y los otros ni siquiera ponen como principios
el Bien y el Mal; sin embargo, el Bien es en todas las cosas el principio por
excelencia. Tienen razón los que dicen que el Bien es (1075b) principio; pero
no explican cómo lo es, si como fin o como motor o como especie.
También
es absurdo el parecer de Empédocles; pues, según él, el Bien es la Amistad, y
ésta es principio como causa motriz (puesto que congrega) y como materia, pues
es parte de la mezcla. Pero, aunque una misma cosa sea accidentalmente
principio como materia y como motor, su ser no es el mismo. 5 Por consiguiente,
¿en cuál de los dos sentidos es principio la Amistad? Y también es absurdo que
lo incorruptible sea el Odio; pero éste es para él la naturaleza del Mal.
Anaxágoras,
por su parte, considera el Bien principio como motor; pues el Entendimiento
mueve. Pero mueve por causa de algo, de suerte que el principio es otra cosa, a
no ser como nosotros decimos; la Medicina, en efecto, es en cierto modo la 10
salud. Y también es absurdo no poner
ningún contrario para el Bien y para el Entendimiento. Pero ninguno de los que hablan de los
contrarios se sirve de ellos, a no ser que alguien los interprete
convenientemente. Y nadie dice por qué unas cosas son corruptibles y otras
incorruptibles; pues, según ellos, todos los entes proceden de los 15 mismos
principios. Además, unos afirman que los entes proceden del No-ente; y otros,
para no verse obligados a esto, dicen que todas las cosas son una.
Además,
nadie explica por qué ha de haber siempre generación, y cuál es la causa de la
generación. Y los que ponen dos principios, tienen que admitir otro principio
más importante, y los partidarios de las Especies, todavía otro principio más
importante. ¿Por qué, en efecto, hubo o hay participación?
20 Y
los demás tienen que reconocer la existencia de un contrario a la Sabiduría y a
la Ciencia más valiosa, pero nosotros no; pues no hay nada contrario a lo
Primero. En efecto, todos los contrarios tienen materia, y estas cosas son en
potencia. Y la ignorancia contraria está frente a lo contrario; en cambio, lo
Primero no tiene ningún contrario.
Además, si no hay otras cosas fuera de las sensibles, no habrá 25
principio, ni orden, ni generación, ni las cosas celestes, sino que habrá
siempre un principio del principio, como tienen que admitir los teólogos y
todos los físicos. Y, si existen las Especies o los Números, no serán causas de
nada. Y, si son causas de algo, ciertamente
no del movimiento.
Además, ¿cómo de
cosas sin magnitud
puede surgir una magnitud y un continuo? El Número, en
efecto, no puede hacer un continuo, ni como motor ni como 30 especie. Por otra
parte, ninguno de los contrarios puede ser precisamente causa eficiente o motriz,
pues es capaz
de no ser.
Ahora bien, el hacer es
posterior a la
potencia. Por consiguiente, los
entes no serían eternos. Sin embargo, lo son. Luego alguna de estas cosas tiene
que ser declarada falsa. Y ya quedó dicho cómo.
Además,
nadie dice qué es lo que da unidad a los números, 35 o al alma y al cuerpo, o
en general a la especie y a la cosa; ni es posible que lo diga, a no ser que
diga, como nosotros, que lo hace la causa motriz.
Y
los que presentan como primero el número matemático, y así siempre otra
substancia inmediatamente siguiente y
otros principios de cada una, tornan inconexa la substancia del (1076ª)
Universo (pues una substancia no aporta nada a otra con su existencia o
inexistencia), y multiplican los principios. Pero los entes no quieren ser mal
gobernados. «No es cosa buena el
mando
de muchos: uno solo debe ejercer el mando».
M
LIBRO
XIII
Capítulo
1
Acerca
de la substancia de las cosas sensibles, ya quedó dicho cuál es, en el estudio
de la Física sobre la materia, y 10 posteriormente cuando hemos tratado de la
substancia en acto.
Y,
puesto que ahora investigamos si, además de las substancias sensibles, hay
alguna inmóvil y eterna, o no la hay, y, si la hay, cuál es, debemos considerar
primero lo que los demás han dicho, a fin de que, si en algo se han equivocado,
no caigamos en los mismos errores, y, si algún punto
de
doctrina nos es común con ellos, no quedemos disgustados en cuanto a esto. Uno
puede, en efecto, estar satisfecho si dice mejor unas cosas 15 y no peor las
otras.
Pues
bien, dos son las opiniones sobre esto. Unos dicen que son substancias las
Cosas matemáticas, por ejemplo los números y las líneas y demás cosas afines,
y, por otra parte, las Ideas.
Mas,
puesto que unos sostienen que estas cosas constituyen dos géneros, las Ideas y
los Números matemáticos, mientras que otros consideran una sola la naturaleza
de aquéllas y éstos, y 20 otros afirman que sólo existen las substancias
matemáticas, conviene tratar primero de las Cosas matemáticas, sin añadirles
ninguna otra naturaleza, por ejemplo si son o no Ideas, y si 25 son o no
principios y substancias de los entes, sino que debemos considerarlas
simplemente como Cosas matemáticas y preguntarnos si existen o no existen, y,
si existen, cómo son. A continuación trataremos separadamente de las Ideas
mismas, simplemente y sólo en cuanto nuestro plan lo requiera; pues la 30 mayor
parte de lo que se puede decir se ha dicho ya innumerables veces, incluso en las
exposiciones exotéricas. Además, debe arrostrarse principalmente tal indagación
al investigar si las substancias y. los principios de los entes son Números e
Ideas; pues, después de las Ideas, nos queda esta tercera investigación.
Necesariamente,
si existen las Cosas matemáticas, estarán o bien en las cosas sensibles, según
dicen algunos, o separadas de las cosas sensibles (pues también esto lo dicen
algunos). Y, si no están en ninguna de las dos situaciones, o no existen en 35
absoluto o existen de otra manera; de suerte que nuestra duda no se referirá a
su existencia, sino a su modo de existir.
Capítulo
2
Pues
bien, que no pueden estar en las cosas sensibles y que semejante doctrina
carece de fundamento, quedó ya dicho en nuestra Exposición de problemas, porque
es imposible que dos (1076b) sólidos ocupen el mismo lugar simultáneamente, y
además porque, por la misma razón, estarían también en las cosas sensibles las
demás potencias y naturalezas, y no habría ninguna separada. Esto quedó
explicado anteriormente; pero, además, está claro que sería imposible que
cualquier cuerpo fuese dividido; pues 5 tendría que dividirse según una
superficie, y ésta, según una línea, y ésta, según un punto; de suerte que, si
es imposible dividir el punto, también la línea, y si es imposible
dividir ésta, también
lo demás. ¿Pues
qué más da
que éstas sean
tales naturalezas, o que ellas no lo sean, pero estén en ellas tales 10
naturalezas? El resultado, en efecto, será el mismo; pues si se dividen las
cosas sensibles, también ellas serán divididas, o tampoco serán divididas las
cosas sensibles.
Pero
tampoco es posible que tales naturalezas estén separadas. Porque, si además de
los sensibles hay otros sólidos separados de éstos y anteriores a los
sensibles, es evidente que 15 también tendrá que haber, además de las
superficies, otras superficies separadas y otros puntos y otras líneas (por la
misma razón). Y, si es así, también habrá, además de las superficies y líneas y
puntos del sólido matemático, otras superficies, líneas y puntos separados
(pues lo simple es anterior a lo compuesto; y, si los cuerpos no sensibles son
anteriores a los sensibles, por 20 la misma razón también serán anteriores a
las superficies que hay en los sólidos inmóviles las que existen
independientemente; de suerte que estas superficies y líneas serán distintas de
las que existen simultáneamente con los sólidos separados; pues éstas se dan
simultáneamente con los sólidos matemáticos, mientras que aquéllas son
anteriores a ellos).
Y,
nuevamente, estas superficies tendrán líneas, anteriores a 25 las cuales tendrá
que haber otras líneas y otros puntos, por la misma razón; y otros puntos
anteriores a éstos procedentes de las líneas anteriores, anteriores a los
cuales ya no habrá otros. Pero esta acumulación resulta absurda (pues sucede
entonces que 30 sólo hay una clase de sólidos, además de los sensibles,
mientras que hay tres clases de superficies, además de las sensibles -las que
existen además de los sensibles, las que hay en los sólidos matemáticos y las
que se dan además de las que hay en éstos y cuatro clases de líneas, y cinco
clases de puntos. Según esto, ¿sobre cuáles versarán las ciencias matemáticas?
No, ciertamente, 35 sobre las superficies, líneas y puntos que hay en el sólido
inmóvil; porque la ciencia trata siempre de las cosas anteriores).
Y lo
mismo puede decirse también acerca de los números; pues, además de cada clase
de puntos, habrá otras unidades, y además de cada clase de entes, tanto
sensibles como inteligibles; de suerte que habrá géneros de los números
matemáticos. (1077ª) Además, ¿cómo podrá
resolverse lo que ya dijimos en la Exposición de problemas? Pues los objetos
que estudia la Astronomía existirán aparte de las cosas sensibles, igual que
los que estudia la Geometría; y ¿cómo es posible que existan así un Cielo y sus
partes, o cualquier otra cosa dotada de movimiento? Y lo mismo las cosas
visibles y las armónicas; pues 5 habrá también sonido y visión aparte de las
cosas sensibles e individuales; por consiguiente, igual sucederá también,
evidentemente, con los demás sentidos y con las demás cosas sensibles. Pues
¿por qué más bien con unos que con otros?
Y, si existen estas cosas, también existirán animales, puesto que
existen sentidos. Además, algunos
axiomas universales son formulados
por los
10 matemáticos aparte de estas substancias. Así, pues, también ésta será otra substancia
intermedia separada de las Ideas y de las cosas intermedias, la cual no será ni
número, ni puntos, ni magnitud, ni tiempo. Y, si esto es imposible, es evidente
que también es imposible que existan aquellas cosas separadas de las cosas
sensibles.
15
En suma, se pondrá en contra de la verdad y del común sentir quien diga que las
Cosas matemáticas existen como naturalezas separadas. Pues, si existieran así,
serían necesariamente anteriores a las magnitudes sensibles; pero en realidad
son posteriores. En efecto, la magnitud imperfecta es anterior en cuanto a la
generación, pero posterior en cuanto a la substancia, como
20
lo inanimado frente a lo animado.
Además, ¿en virtud de qué y cuándo serán una unidad las magnitudes
matemáticas? Las cosas de aquí abajo lo son por el alma o por una parte del
alma o por alguna otra cosa razonable (y, si no, son una pluralidad y se
separan); pero para aquéllas, que son divisibles y cuantas, ¿cuál es la causa
de que sean una unidad y permanezcan juntas? Además, los modos de generación lo
demuestran. Pues se generan primero en longitud, 25 después en latitud y, por
último, en profundidad, con lo que alcanzan su término. Pues bien, si lo
posterior en cuanto a la generación es anterior en cuanto a la substancia, el
cuerpo será anterior a la superficie y a la longitud; y, en este sentido, es
también más perfecto y en mayor grado un todo, porque llega a ser animado; una
línea, en cambio, o una superficie, ¿cómo podrían serlo? Tal pretensión
estaría, en efecto, por encima de 30 nuestros sentidos. Además, el cuerpo es
una substancia (pues ya tiene en cierto modo la perfección); pero las líneas ¿cómo
han de ser substancias? No pueden serlo, en efecto, como una especie o forma,
como lo es sin duda el alma, ni como materia, como lo es el cuerpo; pues no
parece que haya nada que pueda 35 componerse de líneas ni de superficies ni de
puntos, y, si fueran una substancia material, veríamos cosas capaces de tal
composición.
(1077b)
Sean, pues, anteriores en cuanto al enunciado; pero no todas las cosas que son
anteriores en cuanto al enunciado son
también anteriores en cuanto a la substancia.
Son, en efecto, anteriores en cuanto a la substancia las cosas que,
estando separadas, son superiores en cuanto al ser, y anteriores en cuanto al
enunciado, aquellas de cuyos enunciados se componen los enunciados 5 de otras.
Pero estas dos anterioridades no se dan simultáneamente. Pues, si no existen
las afecciones aparte de las substancias, por ejemplo «movido» o «blanco»,
«blanco» será anterior a «hombre blanco» en cuanto al enunciado, pero no en
cuanto a la substancia; pues no puede existir separado, sino que existe siempre
junto con el todo concreto (y llamo todo concreto al «hombre blanco»). Por
consiguiente, está claro que ni el producto de la abstracción es anterior ni el
de la adición es 10 posterior; pues por adición de «hombre» a «blanco» es como
se forma el enunciado «hombre blanco».
Así,
pues, queda suficientemente explicado que las Cosas matemáticas ni son
substancias en mayor grado que los cuerpos ni son anteriores a las cosas
sensibles en cuanto al ser, sino tan sólo en cuanto al enunciado, ni es posible
que existan separadas. 15 Y, puesto que, como hemos visto,
tampoco
pueden existir en las cosas sensibles, está claro que o no existen en absoluto
o existen de cierta manera, y, por consiguiente, no se les puede atribuir el
ser absolutamente. «Ser», en efecto, lo decimos en varios sentidos.
Capítulo
3
Pues
así como las proposiciones universales, en las Matemáticas, no tratan de cosas
separadas aparte de las magnitudes y de los números, sino que tratan de éstos,
pero no en cuanto son 20 capaces de tener magnitud o de ser divisibles, es
evidente que también acerca de las magnitudes sensibles puede haber enunciados
y demostraciones, pero no en cuanto sensibles, sino en cuanto dotadas de
determinadas cualidades. Pues así como hay muchos enunciados que consideran las
cosas exclusivamente en cuanto se mueven, sin preocuparse de qué es cada una de
tales 25 cosas ni de sus accidentes, y de aquí no se sigue necesariamente que o
bien haya algo que se mueve separado de las cosas sensibles o que haya en éstas
cierta naturaleza determinada y aparte, así también acerca de las cosas que se
mueven habrá enunciados y ciencias, pero no en cuanto se mueven, sino tan sólo
en cuanto cuerpos, y, nuevamente, o bien sólo en cuanto superficies o sólo en
cuanto longitudes, y en cuanto divisibles, o en cuanto indivisibles dotadas de
posición, o sólo en cuanto 30 indivisibles.
Por
consiguiente, puesto que se puede decir absolutamente y con verdad que tienen
ser no sólo las cosas separadas, sino también las no separadas (por ejemplo,
que existen cosas movidas), también será verdad decir que las Cosas matemáticas
son absolutamente, y que son tales como dicen. Y así como es 35 absolutamente
verdadero decir que las demás ciencias tratan de un objeto determinado, pero no
del accidente (por ejemplo, de lo blanco, si lo sano es blanco, pero la ciencia
trata de lo sano), (1078ª) sino de aquello que constituye el objeto de cada una
(si trata de su objeto en cuanto sano, de lo sano, y, si en cuanto hombre, del
hombre), así también la Geometría: si las cosas de que trata son
accidentalmente sensibles, pero no las trata en cuanto sensibles, las ciencias
matemáticas no tendrán como objeto las cosas sensibles, pero tampoco, fuera de
éstas, otras cosas separadas.
5
Muchos atributos son, para las cosas, accidentes propios, en cuanto que cada
una es de tal condición; así, el animal, en cuanto hembra y en cuanto macho,
tiene afecciones propias (pero no hay «hembra» ni «macho» separados de los
animales). Por consiguiente, también sólo en cuanto longitudes y en cuanto
superficies. Y, cuanto más anteriores en cuanto al enunciado sean las cosas de
que se trata y cuanto más simples, tanto 10 mayor es la exactitud (la exactitud
es la simplicidad); de suerte que sin magnitud es mayor la exactitud que con
magnitud, y sobre todo sin movimiento, y, si tiene movimiento, sobre todo si
tiene el primero, pues éste es el más simple,
y,
de éste, el que es uniforme. Y lo mismo
puede decirse de la ciencia que estudia la armonía, y de la óptica; pues ni una
ni otra considera su objeto en 15 cuanto visión o en cuanto sonido, sino en
cuanto líneas y números (éstos, sin embargo, son afecciones propias de
aquéllos). Y la Mecánica,
igualmente; de suerte
que, si uno,
suponiendo estos objetos
separados de los accidentes, los estudia en cuanto tales,
no incurre por ello en ningún error, como tampoco si traza una línea 20 en el suelo
y le atribuye la longitud de un pie sin que la tenga. El error, en efecto, no
está en las premisas. Y ésta es la mejor manera de estudiar cada objeto,
considerándolo como separado aunque no lo sea, que es precisamente lo que hacen
el aritmético y el geómetra. El hombre en cuanto hombre es, en efecto, uno e
indiviso; y el primero lo considera como una cosa
25
indivisa, y luego se pregunta si el hombre tiene algún accidente en cuanto
indiviso. Pero el geómetra no lo estudia en cuanto hombre ni en cuanto
indiviso, sino en cuanto sólido. Pues las propiedades que podrían darse en él
incluso si no fuera indiviso, es evidente que pueden darse en él incluso sin
éstas; de suerte que dicen bien los geómetras, y tratan de entes, y entes son
los objetos de su estudio; pues el Ente es doble: uno, 30 el ente en
entelequia; el otro, el ente material.
Y, puesto que el Bien y la Belleza son cosas diversas (pues el primero
está siempre unido a la acción, mientras que la Belleza se da también en las
cosas inmóviles), los que afirman que las ciencias matem áticas no dicen nada
acerca de la Belleza o del Bien se equivocan. Dicen, en efecto, y enseñan
muchísimo; pues, aunque no los nombren, si enseñan sus efectos y sus 35
proporciones, no omiten el hablar de ellos. Y las principales especies de lo
Bello son el orden, la simetría y la delimitación, que (1078b) se enseñan sobre
todo en las ciencias matemáticas. Y, puesto que estas cosas (me refiero, por
ejemplo, al orden y a la delimitación) son causa de otras muchas, es evidente
que las Matemáticas llamarán también en cierto modo causa a esta causa que
5
consideramos como la Belleza. Pero de esto hablaré en otro lugar con más
detalle.
Capítulo
4
Así,
pues, baste con lo dicho acerca de las Cosas matemáticas para mostrar que son
entes y cómo lo son, y en qué sentido son anteriores y en qué sentido no. En
cuanto a las Ideas, en primer lugar debemos examinar la opinión misma relativa
a la 10 Idea, separándola totalmente de la naturaleza de los Números, tal como
la concibieron desde el principio los primeros en afirmar la existencia de las
Ideas.
Se
les ocurrió la opinión sobre las Especies a sus defensores por haber aceptado
acerca de la verdad los argumentos de Heráclito, según los cuales todas las
cosas sensibles fluyen 15 perpetuamente; de suerte que, si ha de haber ciencia
y conocimiento de algo, es preciso que haya, aparte de las sensibles, otras
naturalezas estables; pues de las cosas que fluyen no hay ciencia.
Sócrates,
que se dio al estudio de las virtudes éticas, fue también el primero que buscó
acerca de ellas definiciones universales (pues, de entre los físicos, Demócrito
se limitó a tocar 20 el problema, y definió en cierto modo lo caliente y lo
frío. Por su parte, los pitagóricos habían intentado anteriormente la
definición de unas cuantas cosas, cuyos conceptos reducían a los números; por
ejemplo, qué es la oportunidad o lo justo o el casamiento. Sócrates, en cambio,
buscaba, con razón, la quididad; pues trataba de razonar silogísticamente, y el
principio de los silogismos es la quididad; entonces, en efecto, la habilidad
25 dialéctica no era aún tanta como para poder investigar los con-trarios,
incluso prescindiendo de la quididad, y si es una misma la ciencia de los
contrarios. Dos cosas, en efecto, se le pueden reconocer a Sócrates con
justicia: la argumentación inductiva y la definición universal; estas dos cosas
atañen efectivamente al principio de la ciencia). 30 Pero Sócrates no atribuía
existencia separada a los universales ni a las definiciones. Sus sucesores, en
cambio, los separaron, y proclamaron Ideas a tales entes, de suerte que les
aconteció que hubieron de admitir, por la misma razón, que había Ideas de todo
lo que se enuncia universalmente; algo parecido a lo que le sucedería a uno
que, queriendo hacer una cuenta, creyera 35 que, siendo pocas las cosas, no
podría, y las multiplicara para contarlas. Las Especies, en efecto, son, por
decirlo así, más (1079ª) numerosas que los singulares sensibles, cuyas causas
buscaban cuando avanzaron desde éstos hasta aquéllas; pues a cada singular le
corresponde algo homónimo y separado de las substancias, y, en cuanto a las
demás cosas, hay una común a muchas, tanto para las de aquí abajo como para las
eternas.
Además,
de los argumentos con que se intenta demostrar que 5 hay Especies, ninguno es
convincente. De algunos, en efecto, no nace ningún silogismo concluyente, y de
otros resulta que hay Especies incluso de cosas de las que ellos opinan que no
las hay. Pues, según los argumentos procedentes de las ciencias, habrá Especies
de todas las cosas de las que hay ciencias, y, según lo uno común a muchos,
también de las negaciones, y, según la intelección de algo cuando ya se ha
corrompido, 10 también de las cosas corruptibles, pues queda la imagen mental
de estas cosas. Y, todavía, los razonamientos más rigurosos, unos establecen
Ideas de las relaciones, de las cuales niegan que haya género por sí, y otros
introducen el tercer hombre. En suma, los argumentos relativos a las Especies
destruyen cosas cuya 15 existencia interesa a los partidarios de las Especies
más que la existencia de las Ideas. Pues ocurre entonces que no es primero la
díada, sino el número, y, primero que éste, la relación, que también será anterior
a lo que es por sí; y todas aquellas contradicciones con sus propios principios
en que algunos incurrieron al seguir las opiniones acerca de las Especies.
Además,
según la hipótesis en que se apoyan para afirmar 20 la existencia de las Ideas,
no sólo habrá Especies de las substancias, sino también de otras muchas cosas
(pues el concepto es uno no sólo en relación con las substancias, sino también
cuando se trata de no-substancias, y el objeto de las ciencias no es sólo la
substancia. Y ocurren otros mil inconvenientes semejantes). Pero, en rigor y
según las opiniones que las sostienen, si las Especies son participables, sólo
puede haber Ideas 25 de las substancias; pues no son participadas
accidentalmente, sino que es preciso que la participación de cada una se
realice en tanto en cuanto no se dicen de un sujeto (por ejemplo, si algo
participa de lo Doble en sí, participa también de lo Eterno, pero accidentalmente,
porque es accidental para lo Doble ser 30 eterno); por consiguiente, las
Especies serán substancias. Y substancia significa aquí lo mismo que allí. De
lo contrario, ¿qué se pretende al afirmar que hay algo aparte de estas cosas,
lo uno común a muchos? Y, si la especie de las Ideas y de las cosas que
participan de ellas es la misma, habrá algo común (¿por qué, en efecto, en el
caso de las díadas corruptibles y en 35 el de las que, siendo muchas, son
eternas, la especie
«Díada»
ha de ser una y la misma con más razón que en el caso de la Díada en sí y de
una díada cualquiera?). Y, si la especie no es (1079b) la misma, no tendrán en
común más que el nombre, y será como si uno llamara «hombre» a Calias y a un
leño, sin haber visto ninguna correspondencia entre ellos.
Y
si, en cuanto a las demás cosas, pretendemos que los enunciados comunes se
ajustan a las Especies, por ejemplo que 5 «figura plana» con las demás partes
del enunciado se ajusta al Círculo en sí, pero añadiendo «de lo que es», es
preciso mirar que esto no sea completamente vano. Pues ¿a qué se añadirá? ¿A
«centro» o a «plano» o a todos los términos? Porque todas las cosas incluidas
en la substancia serán Ideas, por ejemplo Animal y Bípedo. Además, es evidente
que tendrá que ser algo «en sí», como lo Plano, cierta naturaleza que se dará
en todas las Especies como 10 género.
Capítulo
5
Pero
la dificultad más grande sería ésta: ¿qué es lo que aportan las Especies a los
entes sensibles, tanto a los eternos como a los sujetos a generación y
corrupción? No son para ellos, en efecto, ni causas del movimiento ni de ningún
cambio. Por otra 15 parte, tampoco ayudan nada a la ciencia de las demás cosas
(pues las Especies no son substancia de éstas; si lo fueran, estarían en
ellas), ni a su existencia, ya que no están en los entes que participan de
ellas. Pues, si estuvieran, quizá podría opinarse que eran causas como lo
blanco mezclado a lo blanco; 20 pero este argumento, expuesto en primer lugar
por Anaxágoras y posteriormente por Eudoxo en su discusión de las dificultades,
y por algunos otros, es por demás refutable (pues fácilmente se pueden reunir
muchos
inconvenientes y absurdos contra esta opinión). Y tampoco proceden de las
Especies las demás cosas en ninguno de los sentidos en que solemos decir que
una cosa 25 procede de otra. Y decir que son paradigmas y que las demás cosas
participan de ellas es decir vaciedades y hacer metáforas poéticas. Pues ¿cuál
es el agente que actúa mirando a las Ideas? Además, cabe que algo sea o llegue
a ser cualquier cosa sin haber sido copiado de un modelo, de suerte que, tanto
existiendo como no existiendo Sócrates, uno podría llegar a ser 30 como
Sócrates. Y lo mismo, evidentemente, si Sócrates fuera eterno. Por otra parte,
habrá varios paradigmas de una misma cosa; por consiguiente, también varias
Especies; por ejemplo, del hombre, lo Animal y lo Bípedo, y, al mismo tiempo,
también el Hombre en sí. Además, las Especies serán paradigmas no sólo de las
cosas sensibles, sino también de sí mismas; por ejemplo, el género será
paradigma de las especies incluidas en el género; de suerte que una misma cosa
será paradigma e 35 imagen. Además, parece imposible que la substancia esté
separada de aquello de lo que es substancia. Por consiguiente, ¿cómo podrían
las Ideas, siendo substancias de las cosas, estar (1080ª) separadas de
ellas? En el Fedón se dice que las
Especies son causas tanto del ser como del devenir. Sin embargo, aunque existan
las Especies, nada llega a ser si no hay una causa eficiente, y, por otra
parte, llegan a ser muchas cosas, como una casa o un anillo, de las 5 que,
según su doctrina, no hay Especies; de suerte que, evidentemente, cabe también
que aquellas de las que afirman que hay Ideas sean o lleguen a ser por las
mismas causas que las que acabamos de mencionar, y no gracias a las Especies.
Por lo demás, acerca de las Ideas pueden reunirse, de este modo y 10 mediante
argumentos más razonados y rigurosos, muchas objeciones semejantes a las que
hemos considerado.
Capítulo
6
Puestos
ya en claro estos puntos, conviene considerar ahora las consecuencias que, en
relación con los Números, se derivan de sostener que son substancias separadas
y causas primeras de los entes. Si, como dicen algunos, el Número es cierta
naturaleza y no tiene ninguna otra substancia sino esto mismo, 15
necesariamente o bien habrá en él primero y segundo, siendo cada uno de
distinta especie -y esto o bien se dará directamente en las unidades, y
cualquier unidad será incombinable con cualquier unidad, o serán directamente
consecutivas todas y combinables cualesquiera con cualesquiera, como dicen que
es el 20 número matemático (pues en éste ninguna unidad se diferencia en nada
de otra); o bien unas serán combinables y otras no (por ejemplo, si al Uno
sigue inmediatamente la Díada, y después la Tríada, y así los demás números, y
son combinables las 25 unidades de cada número, por ejemplo combinables entre
sí las de la Díada primera y entre sí las de la Tríada primera, y así en los
demás números, pero las de la Díada en sí son incombinables con las de la
Tríada en sí, y lo mismo en los 30 demás números sucesivos. Por
eso
también el número matemático se cuenta, después del uno, dos, añadiendo al uno
anterior otro uno, y tres, añadiendo a estos dos otro uno, y así sucesivamente;
en cambio, éste, después del Uno, un Dos distinto e independiente del Uno
primero, y la Tríada, independiente de 35 la Díada, y así también los demás
Números). O bien unos números serán como
se dijo del primero, otros como dicen los matemáticos, y los demás como el
mencionado en último lugar. Además,
estos números o bien estarán separados de las cosas (1080b) o no estarán
separados, sino que estarán en las cosas sensibles (pero no como considerábamos
al principio, sino como si los números fueran partes integrantes de las cosas
sensibles), o unos estarán y otros no, o estarán todos.
Éstos
son, pues, necesariamente los únicos modos según los cuales pueden existir los
números, y casi todos los que dicen 5 que el Uno es principio, substancia y
elemento de todas las cosas, y que el Número se compone del Uno y de alguna
otra cosa, se han ajustado a alguno de estos modos, excepto a aquel según el
cual todas las unidades son incombinables. Y es natural que así haya sucedido,
pues no cabe que haya todavía otro modo 10 además de los mencionados.
Unos,
en efecto, afirman que los números son de ambos tipos: el que tiene
anterioridad y posterioridad, es decir, las Ideas, y el número matemático,
fuera de las Ideas y de las cosas sensibles, y que ambos tipos están separados
de las cosas sensibles; 15 otros sólo admiten el número matemático, primero de
los entes, separado de las cosas sensibles. Los pitagóricos, por su parte,
tampoco admiten más que uno, el matemático, pero no separado, sino que de éste
se componen, según ellos, las substancias sensibles. Afirman, en efecto, que
todo el Cielo consta de números, pero no formados por unidades abstractas, sino
que suponen 20 que las unidades tienen magnitud; pero no saben decir cómo se
constituyó el primer uno con magnitud. No falta quien afirme que
el primer número
es el Uno
de las Especies,
y algunos dicen
que el número matemático se identifica con éste.
Parecida
es la variedad de opiniones acerca de las longitudes, las superficies y los
sólidos. Unos, en efecto, distinguen 25 estos conceptos en matemáticos y en
posteriores a las Ideas; y, entre los que sostienen opiniones diferentes, unos
hablan de las Cosas matemáticas y al estilo matemático, y son los que no
admiten las Ideas como Números, e incluso niegan la existencia de las Ideas;
los otros hablan de las Cosas matemáticas, pero no al estilo matemático;
sostienen, en efecto, que no toda magnitud es divisible en magnitudes, y que
una díada no se forma de cualesquiera unidades. Pero que los números constan de
30 unidades lo sostienen, excepto los pitagóricos, todos los que afirman que el
Uno es elemento y principio de los entes; aquéllos, por su parte, los
consideran dotados de magnitud, como dijimos antes.
Por
lo dicho resulta claro en cuántos sentidos cabe hablar de los números, y que
todas las opiniones han sido mencionadas. 35 Todas son, ciertamente, absurdas;
pero sin duda unas más que otras.
Capítulo
7
Así,
pues, ante todo debemos averiguar si las unidades son (1081ª) combinables o
incombinables, y, si son incombinables, en cuál de los dos sentidos que hemos
distinguido. Es posible, en efecto, que cualquier unidad sea incombinable con
cualquier otra, o que lo sean las de la Díada en sí con relación a las de la
Tríada en sí, y que, de este modo, sean incombinables entre sí las de 5 cada
número primero. Si todas las unidades son combinables y no hay diferencia entre
ellas, se produce el número matemático y uno solo, y no cabe que las Ideas sean
los Números (pues ¿qué número será el Hombre en sí o el Animal en sí u otra
cualquiera de las Especies? Idea, en efecto, sólo hay una de cada cosa; por
ejemplo, una del Hombre en sí y otra del Animal en sí. En cambio, son infinitos
los números semejantes 10 e indiferenciados, de suerte que esta tríada
determinada no tendrá mayor título que cualquier otra para ser el Hombre en
sí). Y, si las Ideas no son Números, no podrá haber Ideas en absoluto (pues ¿de
qué principios procederán las Ideas? El Número, en efecto, se compone del Uno y
de la Díada indefinida, y los principios y los elementos se dice que son
principios y 15 elementos del Número, y, por tanto, no cabe poner las Ideas ni
como anteriores ni como posteriores a los Números). Pero si las unidades son incombinables, y lo
son de tal modo que cualquiera sea incombinable con cualquiera, no cabe que
este número sea el matemático (pues el número matemático se 20 compone de unidades
indiferenciadas, y lo que se demuestra acerca de él se ajusta a esta
composición) ni el de las Especies. La Díada, en efecto, no será el primer
producto del Uno y de la Díada indefinida, y luego los números siguientes, en
el orden en que decimos díada, tríada, tétrada -pues las unidades de la Díada
primera se generan simultáneamente, ya sea, como enseñó el fundador de esta
teoría, a base de elementos desiguales
25
(llegaron a ser, en efecto, una vez igualados éstos), ya de otro modo-, puesto
que, si una unidad fuese anterior a la otra, también sería anterior a la díada
compuesta de estas unidades, pues cuando, de dos cosas, una es anterior a la
otra, también el compuesto de ambas es anterior a una y posterior a la otra.
Además,
puesto que es primero el Uno en sí, hay después 30 otro Uno que es el primero
de los demás números, pero el segundo después del Uno en sí, y nuevamente habrá
un tercer Uno que será segundo con relación al segundo, pero tercero con
relación al Uno primero, de suerte que las unidades serán antes que los números
de los que reciben el nombre; por ejemplo, en la Díada habrá una tercera unidad
antes de que exista el tres, y en la Tríada, una cuarta, y luego una quinta,
35
antes de que existan estos números. Es cierto que ninguno de estos filósofos ha
sostenido que las unidades sean incombinables de este modo; pero también esta
postura estaría de acuerdo con sus principios, aunque sea inconciliable con la
verdad. Es, (1081b) en efecto, razonable que las unidades sean anteriores y
posteriores, si se admite que hay una Unidad primera y un Uno primero, y lo
mismo las díadas, si se admite una Díada primera; pues, después de lo primero,
es razonable y hasta necesario que 5 haya algo segundo, y, si hay segundo,
tercero, y así sucesivamente (pero afirmar simultáneamente ambas cosas: que
después del Uno hay unidad primera y segunda, y Díada primera, es absurdo). Mas
éstos afirman que hay Unidad y Uno primeros, pero no que haya segundos ni
terceros, y Díada primera, pero 10 no segunda ni tercera.
Por
otra parte, es claro que, si todas las unidades son incombinables, no cabe que
haya Díada en sí ni Tríada en sí, y lo mismo en cuanto a los demás números.
Pues, tanto si las unidades son indiferenciadas como si cada una difiere de las
demás, el número se formará necesariamente por adición; por 15 ejemplo, la
Díada, sumando al Uno otro Uno, y la Tríada, sumando otro Uno al Dos, y la
Tétrada, del mismo modo. Siendo esto así, es imposible que la generación de los
números sea como los generan ellos, a partir de la Díada y del Uno. La Díada,
en efecto, llega a ser parte de la Tríada, y ésta de la Tétrada, y del mismo
modo sucede con los números siguientes.
20
Pero de la Díada primera y de la Díada indefinida se hacía la Tétrada, dos
díadas aparte de la Díada en sí; y, si no, será parte la Díada en sí, y se
añadirá otra Díada. Y la Díada constará del Uno en sí y de otro Uno; y, si es
así, no es posible que el otro elemento sea una Díada indefinida; ésta genera,
25 en efecto, una unidad, pero no una Díada definida. Además, ¿cómo puede
haber, aparte de la Tríada en sí y de la Díada en sí, otras tríadas y díadas?
¿Y cómo pueden estar compuestas de unidades anteriores y posteriores? Todo
esto, en efecto, es 30 [absurdo] y ficticio, y es imposible que haya una Díada
primera y luego una Tríada en sí. Pero tendría que haberlas, si el Uno y la
Díada indefinida fueran elementos. Y, si son absurdas las consecuencias, también
es absurdo que los principios sean éstos.
Pues bien, si todas las unidades son diferentes entre sí, 35
necesariamente se producen los mismos o parecidos inconvenientes. Y, si son
diferentes las de números distintos y sólo son indiferenciadas entre sí las
incluidas en el mismo número, tampoco así los inconvenientes son menores. Por
ejemplo, en la Década (1082ª) en sí habrá diez unidades, y la Década estará
compuesta al mismo tiempo de estas unidades y de dos péntadas. Y puesto que la
Década en sí no es un número cualquiera ni está compuesta de cualesquiera
péntadas, como tampoco de cualesquiera unidades, las unidades incluidas en esta
Década tienen que ser 5 diferentes. Pues, si no lo fuesen, tampoco lo serían
las péntadas de que consta la Década; mas, puesto que éstas son diferentes,
también lo serán las unidades. Y, si son diferentes, ¿no habrá en la Década
otras péntadas, sino tan sólo estas dos, o las habrá? Sería absurdo que no las
hubiera.
Y,
si las hay, ¿qué 10 clase de Década será la compuesta por ellas? Pues en la
Década no hay otra década aparte de ella.
Por otra parte, tampoco la Tétrada puede componerse de cualesquiera
díadas. Según su doctrina, en efecto, la Díada indefinida, habiendo recibido la
Díada definida, hizo dos díadas, pues era duplicativa de lo recibido.
15
Además, ¿cómo es posible que la Díada sea, aparte de las dos unidades, una
naturaleza especial, y la Tríada, aparte de las tres unidades? O bien, en
efecto, participará lo uno de lo otro, como «hombre blanco» es aparte de
«blanco» y de «hombre» (pues participa de uno y otro), o bien cuando lo uno sea
cierta diferencia de lo otro, como «hombre» es aparte de «animal» y 20
«bípedo».
Además, unas cosas constituyen algo uno por contacto, otras por mezcla y otras
por posición; pero ninguno de estos modos puede darse en las unidades de que se
componen la Díada y la Tríada, sino que, así como dos hombres no constituyen
algo uno aparte de uno y otro, así, necesariamente, tampoco las unidades. Y no
porque sean indivisibles se diferenciarán 25 en esto; pues también los puntos
son indivisibles, y, sin embargo, la díada de puntos no es ninguna otra cosa
aparte de los dos.
Por otra
parte, tampoco debe
ocultársenos que, de
hecho, hay díadas
anteriores y otras posteriores, y lo mismo los demás
números. Admitamos, en efecto, que las díadas de la Tétrada sean simultáneas
entre sí; pero éstas son anteriores a las de la óctada, y engendran las
tétradas de la bctada en sí, del mismo 30 modo que la Díada las engendró a
ellas; de suerte que, si la Díada primera es una Idea, también éstas serán
Ideas. Y lo mismo puede decirse de las unidades, pues las unidades de la Díada primera
engendran las cuatro que hay en la Tétrada, de suerte que todas las unidades se
tornan Ideas, y una Idea se 35 compondrá de Ideas. Por tanto, es evidente que
también serán compuestas aquellas cosas de las
cuales son Ideas estas Ideas, como si
uno afirmara que los animales están compuestos de (1082b) animales, si
hay Ideas de éstos.
En
suma, sostener que las unidades son diferentes de cualquier modo es absurdo y
ficticio (llamo ficticio a lo que con violencia se ajusta a una hipótesis);
pues ni en sentido 5 cuantitativo ni cualitativo vemos que una unidad se
diferencie de otra, y un número es necesariamente igual o desigual; todo
número, pero sobre todo el que consta de unidades; de suerte que, si no es ni
mayor ni menor, es igual. Ahora bien, las cosas iguales y totalmente
indiferenciadas las consideramos idénticas en el reino de los números. De lo
contrario, tampoco las díadas de 10 la Década en sí serán indiferenciadas,
siendo iguales; pues ¿qué causa podrá aducir quien afirme que son
indiferenciadas? Además, si una unidad y
otra unidad son siempre dos, la unidad procedente de la Díada en sí y la
procedente de la Tríada en sí serán una díada compuesta de unidades diferentes.
Y esta díada ¿será anterior o posterior a la Tríada? Más bien parece que tiene
que
ser anterior, pues una de las unidades es 15 simultánea con la Tríada, y la
otra, simultánea con la Díada. Y nosotros consideramos que uno y uno, sean
iguales o desiguales, son siempre dos, por ejemplo el Bien y el Mal, o un
hombre y un caballo; pero los partidarios de la doctrina en cuestión ni
siquiera de las unidades admiten esto. Y que no fuese número mayor el de la
Tríada en sí que el de la Díada 20 sería sorprendente. Pero, si es mayor, está
claro que también hay en ella un número igual a la Díada, de suerte que éste
será indiferenciado con relación a la Díada en sí. Pero esto no es posible, si
hay un número primero y otro segundo.
Y
las Ideas no serán números. Esto mismo, en efecto, dicen 25 bien los que
pretenden que las unidades son diferentes, si han de ser Ideas, como se ha
dicho antes; pues la Especie es única, y, si las unidades son indiferenciadas,
también las díadas y las tríadas serán indiferenciadas. Por eso el contar así:
«uno, dos», tienen que explicarlo sin que se añada a lo existente (pues ni 30
la generación será a partir de la Díada indefinida, ni cabe que sea una Idea;
habrá, en efecto, otra Idea en cada Idea, y todas las Especies serán parte de
una sola). Por eso lo que dicen está de acuerdo con su hipótesis; pero, en
definitiva, no es correcto, pues destruye muchas verdades, ya que incluso
afirmarán que constituye un problema saber si, cada vez que contamos y 35 decimos
«uno,
dos, tres», contamos por adiciones sucesivas o por números independientes. La
verdad es que hacemos ambas cosas; por eso es ridículo convertir esta
diferencia en una tan grande y substancial.
Capítulo
8
Ante
todo, conviene determinar cuál es la diferencia de un (1083ª) número, y la de
una unidad, si la hay. Necesariamente diferirá no por la cantidad o por la
cualidad; pero ninguna de estas dos maneras parece posible. Sin embargo, el
Número, en cuanto tal, difiere por la cantidad. Por tanto, si también las
unidades difiriesen por la cantidad, un número diferiría de otro aunque fuese 5
igual por la suma de sus unidades. Además, las primeras unidades ¿son más
grandes, o más pequeñas? Y las posteriores ¿van creciendo, o al contrario?
Todas estas cosas son, en efecto, absurdas.
Por
otra parte, tampoco cabe que difieran por la cualidad. 10 No es posible, en
efecto, que tengan ninguna afección, pues afirman que también para los Números
es posterior la cualidad a la cantidad. Además, esto no podría venirles ni del
Uno ni de la Díada, pues el Uno no tiene cualidad, y la
Díada es productora de
cantidad; esta naturaleza
es, en
efecto, causa de la
pluralidad de los entes. Pero, si es de algún otro modo, esto 15 principalmente
debe decirse al principio, y debe explicarse lo relativo a la diferencia de la
unidad, y, sobre todo, por qué es necesario que exista; y si no, ¿a cuál se
refieren?
Así,
pues, está claro que, si las Ideas son Números, ni cabe que todas las unidades
sean combinables ni incombinables entre sí de ninguno de los dos modos. Pero
tampoco es aceptable lo 20 que dicen acerca de los Números algunos otros. Me
refiero a los que no admiten la existencia de Ideas, ni en sí mismas ni como
ciertos números, pero sostienen la existencia de las Cosas matemáticas, y que
los Números son los entes primeros, y que el principio de los Números es el Uno
en sí. Es absurdo, en efecto, que haya un Uno que sea el primero de los unos,
según 25 éstos afirman, y que no haya una Díada primera de las díadas, ni una
Tríada de las tríadas; pues en todos estos casos tendría que ser lo mismo. Así, pues, si tal es la situación en lo
relativo al Número y alguien sostiene que sólo existe el matemático, no es
principio el Uno (pues necesariamente diferirá tal Uno de las demás 30
unidades; y, si difiere, también habrá una Díada primera de las díadas, y lo
mismo en cuanto a los demás números consecutivos). Pero, si el Uno es
principio, lo relativo a los Números tiene que ser más bien como decía Platón,
y tendrá que haber una Díada primera, y una Tríada, y los Números no serán 35
combinables entre sí. Pero, nuevamente, si alguien sostiene esto, ya hemos
dicho que resultan muchos absurdos. Ahora bien, necesariamente tiene que ser de
este o de aquel modo. De manera que, si no es ni de uno ni de otro, no es
posible que el Número (1083b) exista separado. De lo dicho resulta claro
también que la peor es la opinión tercera, según la cual es un mismo Número el
de las Especies y el matemático. Pues en esta sola opinión concurren
necesariamente los dos errores; en efecto, ni cabe que haya un número
matemático de este modo, sino que será necesario alargar la 5 exposición con
hipótesis particulares, ni se puede evitar ninguno de los inconvenientes con
que tropiezan los que consideran el Número como Especies.
La
teoría de los pitagóricos tiene, por una parte, menos inconvenientes que las
mencionadas antes; mas, por otra, algunos que le son propios. En efecto, el
considerar el Número como no 10 separado suprime muchos de los absurdos; pero
suponer que los cuerpos están compuestos de números, y
que este número
es el matemático,
es absurdo. Pues
ni es verdad
que haya magnitudes indivisibles,
ni, por más que las haya, tienen magnitud las unidades. Y ¿cómo podría una
magnitud componerse de 15 indivisibles?
Pero el número aritmético consta de unidades. Y estos filósofos
identifican el número con los entes; al menos aplican los teoremas a los
cuerpos como si constaran de aquellos números.
Pues
bien, si, en caso de ser el Número un ente por sí, 20 tiene que serlo de alguno
de los modos dichos, pero no cabe que lo sea de ninguno de ellos, está claro
que el Número no tiene una naturaleza tal como se la atribuyen los que lo
consideran separado. Además, ¿procede
cada unidad de la igualación de lo Grande y lo Pequeño, o una procede de lo
Pequeño y otra de lo
Grande?
25 Si es de este último modo, ni cada cosa consta de todos los elementos ni las
unidades son indiferenciadas (pues en una se da lo Grande y en otra lo Pequeño,
que son contrarios por naturaleza). Además, ¿cómo serían las de la Tríada en
sí? Una, en efecto, sería impar. Pero quizá por eso sostienen que el Uno en sí
es intermedio en lo Impar. Pero si cada una de las dos 30 unidades procede de
la igualación de ambos elementos, ¿cómo procederá la Díada, siendo una única
naturaleza, de lo Grande y lo Pequeño? O ¿en qué se diferenciará de la unidad?
Además, la unidad es anterior a la Díada (pues, destruida ella, se destruye la
Díada). Tendrá que ser, por tanto, Idea de una Idea, ya que es anterior a una
Idea, y tendrá que haber sido 35 engendrada antes. ¿De qué, entonces? La Díada
indefinida, en efecto, era duplicativa.
Además, el Número será, necesariamente, o bien infinito o bien finito.
Sostienen, en efecto, que el Número existe separado; (1084ª) de suerte que es
imposible que no se dé uno de los términos de la disyuntiva. Ahora bien, es
evidente que no puede ser infinito (pues un número infinito no sería ni impar
ni par, y la generación de los números es siempre o de un número impar o de uno
par; de una manera, al aplicarse el Uno a un número par, se 5 produce el impar;
de otra, al aplicarse la Díada, el duplicado a partir del Uno, y de otra, al
aplicarse los impares, los demás pares. Además, si toda Idea es Idea de algo, y
si los números son Ideas, también el número infinito será Idea de algo, ya sea
de una cosa sensible ya de alguna otra cosa; pero esto no puede conciliarse ni
con la tesis ni con la razón, al menos para quienes 10 ordenan así las Ideas).
Y, si es finito, ¿hasta dónde llega? Aquí, en efecto, es preciso que se diga no
sólo que, sino también por qué. Ahora bien, si el Número termina en la Década,
como sostienen algunos, en primer lugar se acabarán muy pronto las Especies
-por ejemplo, si la Tríada es el Hombre en sí, ¿qué número será el Caballo en
sí? Pues es En sí cada número hasta 15 la Década; por consiguiente, tiene que
serlo alguno de los números contenidos en ella (éstos, en efecto, son
substancias e Ideas). Sin embargo,
faltarán (pues las Especies de animal serán más numerosas. Y, al mismo tiempo,
es evidente que, si la Tríada en sí es el Hombre en sí, también las demás
tríadas serán hombres (pues son semejantes las contenidas en los mismos
números), de suerte que habrá infinitos hombres; si cada tríada 20 es Idea,
todos serán Hombres en sí, y, si no, al menos ciertamente hombres. Y, si el
número menor es parte del mayor cuando está formado por las unidades
combinables incluidas en el mismo número, suponiendo que la Tétrada en sí sea
Idea de algo, por ejemplo de caballo o de blanco, el hombre será parte 25 del
caballo, si es díada el hombre. Y también es absurdo que haya Idea de la Década
pero no de la Hendécada ni de los números siguientes. Además, existen y se
generan algunas cosas de las que no hay Especies. Entonces, ¿por qué no admitir
que tampoco de aquéllas hay Especies? Por consiguiente, las Especies no son
causas. Además, es absurdo que la serie de números 30 hasta la Década sea en
mayor grado ente y Especie que la Década misma, a
pesar
de que aquélla no es generada como unidad, y ésta sí. Pero tratan la serie de
números hasta la Década como un número perfecto. Al menos generan las nociones
derivadas, por ejemplo el Vacío, la Proporción, lo Impar, y otras semejantes,
dentro de la Década. Unas, en efecto, se las atribuyen a los principios, por
ejemplo el Movimiento y la Quietud, el Bien y 35 el Mal, y las demás, a los
Números. Por eso el Uno es lo Impar; pues, si lo Impar consistiera en la
Tríada,
¿cómo
sería impar la Péntada? Además, las magnitudes y demás cosas tales tienen sólo
cierta extensión; por ejemplo, en primer lugar, la línea (1084b) indivisible,
luego la Díada, y después los demás conjuntos hasta la Década. Además, si el número existiese separado,
surgiría la duda de cuál era anterior, el Uno o la Tríada y la Díada. Pues, en
la medida en que el Número es compuesto, es anterior el Uno; pero en cuanto que
el universal y la Especie son anteriores, es 5 anterior el Número. Cada una de
las unidades, en efecto, es parte del Número como materia, pero el Número hace
de Especie. Y, en cierto sentido, el ángulo recto es anterior al agudo, porque
el ángulo recto es determinado, y también en cuanto al enunciado; pero, en otro
sentido, es anterior el agudo, porque es parte del recto, que se divide en
agudos. Así, pues, como materia, son 10 anteriores el ángulo agudo y el
elemento y la unidad; pero, en el sentido de la Especie y de la substancia
expresada en el enunciado, son anteriores el ángulo recto y el todo compuesto
de la materia y de la Especie, pues ambas juntas están más próximas a la
Especie y a lo expresado por el enunciado; pero en cuanto a la generación son
posteriores. ¿Cómo, entonces, es
principio el Uno? Porque no es divisible, contestan. Pero 15 también es
indivisible el universal, el particular y el elemento, aunque de distinto modo:
aquél, en cuanto al enunciado; éstos, en cuanto al tiempo.
¿De
cuál de las dos maneras, entonces, es principio el Uno? Pues, como hemos dicho,
el ángulo recto parece ser anterior al agudo, pero, en otro sentido, éste
parece anterior a aquél, y cada uno de ellos es uno. Así, pues, consideran
principio el Uno en ambos sentidos. Pero esto es absurdo; pues lo uno es como
Especie y esencia, y lo otro, como parte y 20 como materia. De algún modo, en
efecto, ambas unidades son Uno -a la verdad, una y otra son unidad en potencia
(al menos si el Número constituye algo uno y no es como un montón, sino una
entidad distinta y compuesta de unidades distintas, según dicen), pero en
entelequia no-. Y la
causa de este error fue
que adoptaban al mismo tiempo el punto de vista de las Matemáticas y el
de los enunciados universales, de suerte que, apoyándose en 25 aquéllas,
consideraban el Uno y el Principio como un punto (pues la unidad es un punto
sin posición; y, así como otros sostuvieron que los entes se componen de lo más
pequeño, lo mismo hicieron éstos, de suerte que la unidad se convierte en
materia de los números, y es al mismo tiempo anterior a la Díada y 30 también
posterior a ella, en cuanto la Díada es un todo, un uno y una Especie). Y, por
investigar universalmente el Uno que
se
predica, también en este sentido lo enunciaban como parte. Pero es imposible
que estas características se den simultáneamente en una misma cosa.
Y,
si el Uno en sí debe ser el único que no tenga posición (pues en nada se
diferencia sino porque es principio), y si la 35 Díada es divisible, pero la
unidad no, la unidad será más semejante al Uno en sí. Y, entonces, también el
Uno en sí es más semejante a la unidad que a la Díada; de suerte que una y otra
unidad serán anteriores a la Díada. Pero ellos lo niegan; al menos generan
primero la Díada. Además, si la Díada en sí es (1085ª) algo uno, y también la
Tríada en sí, ambas constituirán una Díada. ¿De qué consta, entonces, esta
Díada?
Capítulo
9
Puesto
que en los números no hay contacto, sino sucesión, puede uno también plantearse
el problema de si las unidades entre las que no hay intermedio (por ejemplo las
de la Díada o la Tríada) suceden, o no, al Uno en sí, y si la primera en 5
sucederle es la Díada, o bien cualquiera de
sus dos unidades.
Los mismos inconvenientes surgen
también acerca de
los géneros posteriores al
Número: la línea, la superficie y el cuerpo. Hay, en efecto, quienes los
derivan de las Especies de lo Grande y de lo Pequeño; por ejemplo, de lo Largo
y de lo Corto, 10 las longitudes; de lo Ancho y de lo Estrecho, las
superficies; de lo Profundo y de lo Somero, los volúmenes. Todas éstas son
Especies de lo Grande y de lo Pequeño. Pero, en cuanto al principio de tales cosas
correspondiente al Uno, discrepan sus opiniones. Y también en estas cosas se
manifiestan innumerables 15 absurdos, ficciones y contrastes con todo lo
razonable. Resultan, en efecto, desligadas unas de otras, si no se implican
mutuamente los principios de suerte que lo Ancho y lo Estrecho sean también
Largo y Corto (pero, si es así, la superficie será línea, y el sólido,
superficie. Y, además, ¿cómo se explicarán los 20 ángulos y las figuras y otras
cosas semejantes?); y sucede lo mismo que a propósito del Número. Éstas son, en
efecto, afecciones de la magnitud; pero la magnitud no se compone de ellas,
como no se compone de lo Recto y de lo Curvo la longitud, ni de lo Liso y lo
Rugoso los sólidos. Y a todas estas cosas es común la dificultad que se presenta
en el caso de las Especies consideradas como pertenecientes a un género, a
saber, si, cuando uno afirma la existencia de los universales, se da el Animal
en 25 sí en el animal, o bien otra cosa distinta del Animal en sí. Éste, en
efecto, si no existe separado, no causará ninguna dificultad; pero si, como
afirman los que sostienen estas teorías, el Uno y los números tienen existencia
separada, no es fácil resolver el problema, si es que se puede llamar
«no
fácil» a lo imposible. En efecto, cuando alguien concibe el Uno en la Díada, o
en 30 general en el Número, ¿concibe Algo en sí u otra cosa?
Así,
pues, unos generan las magnitudes a partir de tal materia; otros, a partir del
Punto (el Punto no les parece ser Uno, pero sí semejante al Uno) y de otra
materia semejante a la Pluralidad, pero no de la Pluralidad. Con lo cual no
dejan 35 de presentarse las mismas dificultades. Pues, si la materia es una,
línea, superficie y sólido serán una misma cosa (porque de los mismos
componentes resulta un mismo compuesto); pero, (1085b) si son varias las
materias, y es una la de la línea, y otra la de la superficie, y otra la del
sólido, o bien se implican unas a otras, o no, de suerte que también así
ocurrirá lo mismo; pues o bien la superficie no incluirá la línea, o será una
línea. Además, ni siquiera se intenta
explicar cómo es posible que 5 el Número conste del Uno y de la Pluralidad, y,
de cualquier modo que se expresen, tropiezan con los mismos inconvenientes que
quienes derivan el Número del Uno y de la Díada indefinida. Éste, en efecto,
genera el Número a partir de la Pluralidad universalmente predicada, y no de
una pluralidad determinada; aquél, de una pluralidad determinada, precisamente
de la primera (considerando la Díada como la Pluralidad primera), de 10 suerte
que apenas se diferencia del anterior, y se presentarán las mismas
dificultades, mezcla o posición o fusión, o generación y demás procesos
semejantes. Y lo que más interesaría saber es, si cada unidad es una, de qué
procede. Pues ciertamente no será cada una el Uno en sí. Por consiguiente,
tendrá que proceder del Uno en sí y de una pluralidad o de una parte 15 de una
pluralidad. Así, pues, es absurdo afirmar que la Unidad es cierta pluralidad,
al menos si es indivisible; y que proceda de una parte presenta otros muchos
inconvenientes; pues cada una de las partes tiene que ser indivisible (o ser
una pluralidad, y que la unidad sea divisible), y no podrán ser elementos el
Uno 20 y la Pluralidad (pues cada unidad no se compone de una Pluralidad y del
Uno).
Además,
lo único que hace el que esto dice es otro número; pues una pluralidad de
indivisibles es un número. Y, todavía, habría que preguntar a los que sostienen
esto si este número es infinito o finito. Pues había también, al parecer, una
pluralidad 25 finita, de la cual y del Uno procederían las unidades finitas. Y
hay otra Pluralidad en sí, que es una pluralidad infinita. ¿Cuál, pues, de
estas pluralidades es elemento junto con el Uno? Y lo mismo se podría preguntar
también acerca del Punto y del elemento del que generan las magnitudes. Pues
ciertamente no es éste un punto sólo; pues ¿de dónde procedería cada uno de los
demás puntos? Sin duda no de cierta distancia 30 y del Punto en sí. Por lo
demás, tampoco cabe que las partes de la distancia sean indivisibles, como las
partes de la pluralidad, de las cuales proceden las unidades; pues el número se
compone de indivisibles, pero las magnitudes no.
Todos
estos inconvenientes y otros semejantes demuestran que ni el Número ni las
magnitudes pueden tener existencia 35 separada. Y la disonancia de las
opiniones en lo relativo a los números
indica
que es la falsedad de su contenido mismo lo (1086ª) que desconcierta a quienes
las profesan. Pues los que sólo admiten las Cosas matemáticas fuera de las
cosas sensibles, al ver la dificultad y la ficción relativas a las Especies,
renunciaron al Número ideal y lo sustituyeron por el matemático. En 5 cambio,
los que pretenden que las Especies son también Números, pero no ven, si se
sientan estos principios, cómo puede existir el número matemático al lado del
ideal, identifican ambos números sólo en cuanto al enunciado, puesto que, de
hecho, queda 10 destruido el matemático (ya que emplean hipótesis particulares
y no matemáticas). Y el primero que sostuvo que había Especies, y que eran
Números las Especies y las Cosas matemáticas, con razón distinguió entre unas y
otras. El resultado es que todos tienen razón en algo, pero en lo demás andan
errados. Y ellos mismos lo confiesan, al no decir lo mismo, sino lo 15
contrario. La causa es que sus hipótesis
y principios son falsos. Y es difícil sacar de malos supuestos buenas teorías,
según Epicarmo, pues «apenas dicho, inmediatamente se manifiesta el error».
Pero,
acerca de los Números, basten las dificultades planteadas y las precisiones
establecidas (pues con más razonamientos quizá se persuadiría más el ya
convencido, pero no se 20 convencería el que no lo está).
Lo
que dicen acerca de los primeros principios y de las primeras causas y
elementos los que sólo tratan de definir la substancia sensible, en parte lo
hemos consignado en los escritos sobre la Naturaleza, y en parte no interesa a
nuestras actuales consideraciones. Estudiaremos, pues, a continuación las doctrinas de
los que afirman que hay otras substancias además de las 25
sensibles. Y, puesto que algunos dicen que tales substancias son las Ideas y
los Números, y que sus elementos son elementos y principios de los entes,
examinemos qué es lo que éstos dicen y cómo lo dicen. 30 A los que sólo admiten los números, y
éstos matemáticos, dejémoslos para un examen posterior. En cuanto a los
partidarios de las Ideas, podemos considerar al mismo tiempo su manera de
exponer esta doctrina y las dificultades que implica. De una parte, en efecto,
afirman que las Ideas son substancias universales y, de otra, que tienen
existencia separada y son sin gulares. Pero ya hemos indicado que esto es
imposible. Y la 35 causa de que juntaran estos atributos los que sostienen las
substancias universales fue que no identificaban estas substancias con las
cosas sensibles; y así pensaban que, entre las cosas (1086b) sensibles, las
singulares fluían sin que nada de ellas permaneciera, y que lo universal
existía fuera de ellas y era otra cosa. Y esto, como ya hemos dicho, lo inició
Sócrates con sus definiciones, aunque ciertamente no separó los universales de
los singulares. Y estuvo acertado al no separarlos, como se ve por los resultados;
pues, sin lo universal, no es posible adquirir 5 ciencia; pero la separación es
causa de los inconvenientes que surgen acerca de las Ideas. En cambio, sus
seguidores, convencidos de
que,
si hay algunas substancias además de las sensibles y fluyentes, tienen que
estar separadas, como no disponían de otras, sacaron éstas llamadas
universales, y el resultado fue que 10 casi llegaron a confundirse las
naturalezas universales y las singulares. Éste es, en efecto, por sí mismo, un
inconveniente de tales teorías.
Capítulo
10
Pasemos
ahora a lo que encierra una dificultad tanto para lo 15 los partidarios de las
Ideas como para sus contradictores, y a lo cual ya nos referimos al principio,
en nuestra exposición de los problemas. Si uno, en efecto, no admite que las
substancias tengan existencia separada del mismo modo que se dice que la tienen
los entes singulares, destruye la substancia en el sentido que queremos darle;
y, si admite que las substancias tienen 20 existencia separada, ¿cómo dirá que
son sus elementos y principios? Porque, si son singulares y no universales, los
entes serán iguales en número a los elementos, y los elementos serán
incognoscibles. (Supongamos, en efecto, que las sílabas son substancias, y sus
elementos, elementos de las substancias. Entonces BA tendrá que ser única, y lo
mismo cada una de las sílabas, si no son universales y específicamente
idénticas, sino que cada 25 una es numéricamente una y algo determinado y no
homónimo. Además, sostienen que cada ente en sí es único. Y, si las sílabas son
únicas, también lo serán sus elementos. No habrá, por consiguiente, más que una
Alfa, y lo mismo sucederá con los demás elementos, por la misma razón que
impide, en el caso de las [demás] sílabas, que la misma sea unas veces una y
otras veces 30 otra. Ahora bien, si es así, no habrá, aparte de los elementos,
otros entes, sino tan sólo los elementos. Y, por otra parte, tampoco los
elementos serán objeto de ciencia, pues no son universales, y la ciencia versa
sobre los universales. Esto es evidente por las demostraciones y las
definiciones, pues no se demuestra silogísticamente que este triángulo equivale
a dos rectos, si no 35 todo triángulo vale dos rectos, ni que este hombre es
animal, si no todo hombre es animal).
Por
otra parte, si los principios son universales, o bien las (1087ª) substancias
procedentes de ellos son también universales, o bien lo que no es substancia
será anterior a la substancia; pues lo universal no es substancia, pero el
elemento y el principio son universales, y el elemento y el principio son
anteriores a aquello de lo que son principio y elemento.
Todo
esto resulta inevitable tan pronto como derivan de 5 elementos las Ideas y
pretenden que, aparte de las substancias [e Ideas] que tienen la misma Especie,
hay algo uno y separado. Pero, si nada impide que, como en el caso de los
elementos de la palabra, sean muchas las alfas y las betas, sin que haya además
de ellas una Alfa en sí y una Beta en sí, por esto mismo serán innumerables las
sílabas semejantes. Y, en cuanto a la 10 afirmación de que toda ciencia versa
sobre
lo universal, de suerte que también los principios de los entes tienen que ser
universales y no substancias separadas, es sin duda la que mayor dificultad
ofrece de todas las mencionadas. Sin embargo, es verdadera en un sentido,
aunque en otro sentido es falsa. Pues la ciencia, como también el saber, puede
ser de dos modos: en 15 potencia y en acto. Pues bien, siendo la potencia, como
materia, universal e indefinida, es de lo universal e indefinido, mientras que
el acto es definido y tiene por objeto lo definido, y, siendo algo determinado,
tiene por objeto lo determinado. Pero la
vista ve accidentalmente el color universal porque este color que ve 20 es
color, y esta alfa que considera el gramático es alfa. Si, en efecto, los
principios tienen que ser universales, también lo que procede de ellos tiene
que ser universal, como en las demostraciones.
Y,
si es así, no habrá nada separado ni substancia. Pero es evidente que, en un
sentido,
la ciencia es universal, mientras que, en otro, no. 25
N
LIBRO
XIV
Capítulo
1
En
lo que se refiere a esta substancia, baste con lo dicho. 30 Todos consideran
los principios como contrarios, lo mismo para las substancias inmóviles que
para las cosas naturales. Y, si no cabe que haya nada anterior al principio de
todas las cosas, es imposible que el principio sea principio siendo otra cosa,
por ejemplo si alguien dijera que lo blanco es principio, no en cuanto otra
cosa, sino en cuanto blanco, pero que es inherente a un 35 sujeto y es blanco
siendo otra cosa; ésta, en efecto, sería anterior. Ahora bien, todo se genera a
partir de contrarios como inherentes a un sujeto. Por tanto, los contrarios
necesitan en grado sumo tener un sujeto. Por consiguiente, siempre son (1087b)
predicados de un sujeto y ninguno es separable. Pero, según parece, y la razón
lo confirma, no hay nada contrario a la substancia. Por consiguiente, ninguno
de los contrarios es, propiamente hablando, principio de todas las cosas; este
principio será otro. Pero éstos ponen como materia uno de los contrarios. Los
unos oponen al Uno, es decir a lo Igual, lo Desigual, viendo en 5 ello la
naturaleza de la Pluralidad; los otros oponen al Uno la Pluralidad (para los
unos, en efecto, los números se generan a partir de la díada de lo Desigual, es
decir de lo Grande y de lo Pequeño, mientras que para el otro se generan a
partir de la Pluralidad, aunque, para unos y otro, por influjo de la substancia
del Uno). En efecto, el que identifica los elementos
con
lo 10 Desigual y el Uno, y lo Desigual con la Díada procedente de lo Grande y
de lo Pequeño, supone la unidad de lo Desigual con lo Grande y lo Pequeño, sin
precisar que se trata de una unidad de enunciado pero no numérica. Por otra
parte, tampoco exponen bien los principios que llaman elementos. Unos, enunciando lo Grande y lo Pequeño junto
con el Uno, consideran a éstos 15 como los tres elementos de los Números, los
dos primeros como materia y el Uno como la forma; otros, lo Mucho y lo Poco,
porque lo Grande y lo Pequeño les parecen por su naturaleza más propios de la
Magnitud; otros, lo que es más universal que estos elementos, lo Excedente y lo
Excedido. Entre estas opiniones no hay, por decirlo así, ninguna diferencia en
cuanto a algunas de sus consecuencias, sino tan sólo en cuanto a las 20
dificultades de carácter lógico, las cuales quieren eludir poniendo también
ellos sus demostraciones en el terreno lógico. Pero la misma razón hay para que
sean principios lo Excedente y lo Excedido, y no lo Grande y lo Pequeño, que
para que el Número salga de los elementos antes que la Díada, pues unos y otro
son más universales. Sin embargo, admiten lo primero, pero no 25 lo segundo.
Otros oponen al Uno lo Otro y lo Diverso, y otros, la Multitud y el Uno. Pero
si, como ellos quieren, los entes proceden de contrarios, y el Uno o no tiene
ningún contrario, o, si es preciso que lo tenga, es la Multitud, y lo Desigual
es contrario a lo Igual, y lo Otro a lo Idéntico, y lo Diverso a lo 30 Mismo,
los que oponen el Uno a la Multitud son los que parecen acercarse más a la
verdad, pero tampoco éstos la alcanzan. El Uno, en efecto, será Poco, pues la
Multitud se opone a la Poquedad, y lo Mucho, a lo Poco.
Pero
el Uno significa, evidentemente, medida. Y en todo hay otra cosa subyacente;
por ejemplo, en la armonía, el semitono, 35 y en la magnitud, el dedo, el pie o
algo semejante, y en los ritmos, la cadencia o la sílaba; y, asimismo, también
en la gravedad hay un peso determinado. Y siempre es del mismo modo, en las
cualidades una cualidad, y en las cantidades una cantidad, (1088ª) y la medida
es indivisible, unas veces según la especie y otras según la sensación, puesto
que no hay una substancia del Uno en sí mismo. Y esto es razonable, pues «Uno»
significa «medida de alguna pluralidad», y «Número», «pluralidad medida» y 5
«pluralidad de medidas» (y por eso es razonable que el Uno no sea número, pues
tampoco la medida es medidas, sino que son principio tanto la medida como el
Uno). Y es preciso que la medida sea siempre común a todo lo que ha de medirse;
por ejemplo, si son caballos, la medida debe ser un caballo, y, si son hombres,
un hombre. Y, si son hombre, caballo y dios, sin duda un viviente, 10 y el número
formado por ellos será de vivientes. Pero, si es hombre, blanco y andante, de
ningún modo resultará un número, porque todos son atributos de un mismo sujeto
numéricamente uno; sin embargo, el número de estos atributos será número de
géneros, o de alguna otra denominación semejante.
15
Pero los que consideran lo Desigual como cierto Uno, y la Díada indefinida como
compuesta de lo Grande y lo Pequeño, se alejan excesivamente de lo probable y
aun de lo posible. Pues estas cosas son más bien afecciones y accidentes que
sujetos de los números y de las magnitudes; lo Mucho y lo Poco, del Número, y
lo Grande y lo Pequeño, de la Magnitud, como lo Par 20 y lo Impar, lo Liso y lo
Rugoso, lo Recto y lo Curvo. Añádase a
este error que lo Grande y lo Pequeño, y demás atributos semejantes, son necesariamente
relaciones; y la relación es, de todas las categorías, la que menos es una
naturaleza o substancia, y es posterior a la cualidad y a la cantidad. La
relación es, como hemos dicho, una afección de la cantidad, pero no materia, 25
si tanto la relación en general como sus partes y especies implican siempre
otra cosa. Nada, en efecto, es ni grande ni pequeño, ni mucho ni poco, ni, en
general, relativo, que, al ser mucho o poco, grande o pequeño, o relativo, no
sea, además, otra cosa. Y que la relación no es de ningún modo una substancia
ni un ente, lo pone de manifiesto el hecho de que sólo 30 ella carece de
generación y corrupción y movimiento, en el sentido en que para la cantidad hay
aumento y disminución, y para la cualidad, alteración, y para el lugar,
traslación, y para la substancia, generación y corrupción absolutas; mas no
para la relación; pues, sin que uno de los términos sufra ningún 35 cambio,
será unas veces mayor y otras menor, o igual, si se altera la cantidad del
otro. Además, necesariamente será materia (1088b) de cada cosa lo que es en
potencia tal cosa; por consiguiente, también de una substancia. Pero la
relación ni en potencia ni en acto es una substancia. Es, pues, absurdo, o más
bien imposible, hacer elemento de una substancia, y anterior a ella, lo que no
es substancia; pues todas las demás categorías son 5 posteriores. Por otra
parte, los elementos no se predican de aquello de lo que son elementos; pero lo
Mucho y lo Poco, separados o juntos, se predican del número, y lo Largo y lo
Corto, de la línea, y la superficie es unas veces ancha y otras estrecha. Y, si
hay una pluralidad de la que uno de los dos términos, lo Poco, se da siempre,
por ejemplo la Díada (pues si fuese Mucho, el 10 Uno sería Poco), también habrá
una que sea absolutamente Mucho; por ejemplo, la Década es Mucho, si no hay
número mayor que ella, o la Decena de mil. ¿Cómo podrá, entonces, el número
formarse así de Poco y Mucho? Sería
preciso, en efecto, que o se predicaran ambos o ninguno; pero resulta que sólo se
predica uno.
Capítulo
2
Es
preciso examinar ahora de una manera general si es posible que las cosas
eternas consten de elementos; pues, en tal caso, 15 tendrán materia, ya que
todo lo que consta de elementos es compuesto. Ahora bien, si todo procede
necesariamente de los elementos que lo constituyen, incluso lo eterno si
hubiera de generarse, y si todo se genera a partir de lo que en potencia es
aquello que se genera (pues no se habría generado ni constaría de aquello que
no tuviera tal
potencia),
y si lo que está en potencia puede pasar o no pasar al acto, el Número o
cualquier 20 otra cosa que tenga materia, por muy eternos que sean, podrían no
existir, exactamente igual que lo que tiene un día y lo que tiene cualquier
número de años. Y, si es así, también podría no existir aquello cuya duración
es ilimitada. Por consiguiente, tales cosas no serían eternas, puesto que no es
eterno lo que puede 25 no ser, como tuvimos ocasión de explicar en otro sitio.
Y, si es universalmente verdadero lo que decimos ahora, a saber, que ninguna
substancia es eterna si no es en acto, y si los elementos son materia de la
substancia, ninguna substancia eterna puede incluir en sí elementos que la
constituyan. Hay quienes hacen del elemento que acompaña al Uno una Díada
indefinida, pero 30 se niegan, con razón, a admitir lo Desigual, a causa de los
absurdos que resultan. Éstos sólo evitan las dificultades que necesariamente se
presentan a quienes toman como elemento lo Desigual y lo Relativo; pero las que
son independientes de esta opinión se les plantean también a ellos
necesariamente, tanto si el número que forman de tales elementos es el Número
ideal como si es el matemático. 35 Así, pues, muchos son los motivos de la
desviación hacia estas causas, y el principal es haber dudado a la manera
antigua. Les (1089ª) pareció, en efecto, que todos los entes serían uno, el
Ente en sí, si no se resolvía y refutaba el argumento de Parménides:
«Pues
nunca se demostrará que son las cosas que no son», y que era necesario probar
que el No- ente es; pues así los entes, si 5 son muchos, procederán del Ente y
de alguna otra cosa. Pero, en primer lugar, si el Ente tiene varios sentidos
(uno, en efecto, significa substancia, otro cualidad, otro cantidad, y así las
demás categorías), ¿en qué sentido son uno todos los entes, si no se 10 concede
el ser al No-ente? ¿Serán las substancias, o las afecciones o cualquiera de las
demás categorías, o todas juntas, y será uno lo que es esto, y la cualidad y la
cantidad y todas las demás cosas que significan algún uno? Pero es absurdo, o
más bien imposible, que la producción de cierta naturaleza única sea causa de
que una parte del Ente sea esto, y otra sea cualidad, 15 y otra, cantidad, y
otra, lugar. Además, ¿de qué clase de No-ente y de Ente procederán los entes?
Pues también el No-ente tendrá varios sentidos, puesto que los tiene el Ente. Y
no-hombre significa no ser esto precisamente, y no-recto, no ser de esta cualidad,
y no-de-tres-codos, no ser de esta cantidad. ¿De qué clase de Ente y de No-ente
procede, entonces, la multiplicidad de entes?
Sin duda quiere llamar a lo falso y a su naturaleza 20 No-ente, del cual
y del Ente procederá la multiplicidad de entes; por eso se decía también que es
preciso suponer algo falso, como suponen los geómetras que es de un pie la
línea que no es de un pie. Pero es imposible que esto sea así, pues ni los
geómetras suponen nada falso (ya que la prótasis no está incluida en el silogismo),
ni los entes se generan ni se corrompen a partir del 25 Noente así entendido.
Mas, puesto que el No- ente tiene, según los casos, los mismos sentidos que las
categorías, y además hay el No-ente en el
sentido
de falso, y el No-ente en cuanto potencia, de éste procede la generación; es
decir, del no- hombre, pero hombre en potencia, se genera el hombre, y de lo
no-blanco, 30 pero blanco en potencia, lo blanco, y lo mismo si se genera uno
que si se generan muchos.
Pero
lo que se busca es, manifiestamente, cómo puede ser muchos el Ente entendido
como substancia, pues las cosas que se generan son números, longitudes y
cuerpos. Pero es absurdo preguntar cómo hay muchos entes que son substancias, y
no cómo 35 hay muchas cualidades o cantidades. Pues, ciertamente, ni la Díada
indefinida ni lo Grande y lo Pequeño son causa de que (1089b) haya dos clases
de blanco o muchos colores o sabores o figuras; pues también estas cosas serían
números y unidades. Pero, ciertamente, si hubieran estudiado este problema,
habrían visto la causa, incluso la de aquéllas, pues la causa es la misma, al
menos analógicamente. Esta desviación es también, en efecto, 5 causa de que,
buscando lo opuesto al Ente y al Uno, de lo cual y de éstos procederían los
entes, consideraran como tal lo Relativo y lo Desigual, que ni son contrarios
ni negación de aquéllos, sino una naturaleza de los entes, lo mismo que la
quididad y la cualidad. Y era preciso inquirir también cómo son muchas las
relaciones, y no una. Pero lo cierto es que se trata de averiguar cómo hay
muchas unidades aparte del Uno primero, pero no 10 cómo hay muchas
desigualdades aparte de lo Desigual. Y, sin embargo, utilizan y mencionan lo
Grande y lo Pequeño, lo Mucho y lo Poco, de los cuales proceden los Números; lo
Largo y lo Corto, de los cuales surge la longitud; lo Ancho y lo Estrecho, de.
los cuales nace la superficie; lo Profundo y lo Somero, de los cuales se
originan los volúmenes; y todavía enumeran varias 15 especies de relación. ¿Cuál
es, entonces, la causa de la pluralidad de estas cosas?
Es,
pues, necesario suponer para cada cosa el Ente en potencia (pero el autor de
esta teoría trató de mostrar además qué es lo que es en potencia una substancia
determinada, siendo de suyo un no-ente, y dijo que era la relación, igual que
si hubiera dicho la cualidad, que ni es en potencia el Uno o el 20 Ente, ni
negación del Uno ni del Ente, sino una de las clases del Ente); y mucho más
necesario aún, como hemos dicho, si trataba de averiguar cómo son muchos los
entes, no limitar su indagación a los de la misma categoría, preguntándose cómo
son muchas las substancias o las cualidades, sino cómo son muchos los entes;
pues unos son substancias, otros afecciones, otros relaciones. Pues bien, en el caso de las demás categorías,
plantea 25 aún otro problema el saber cómo son muchos (pues, por el hecho de no
ser separables, al hacerse o ser el sujeto muchos, resultan muchas también las
cualidades y cantidades. Pero es preciso que cada género tenga alguna materia,
sólo que ésta no puede ser separable de las substancias). Pero, en el caso de
las cosas que son algo determinado, es razonable preguntar cómo puede ser
muchos lo que es algo determinado, si no hay algo que sea al 30 mismo tiempo
algo determinado y una naturaleza de tal
clase.
Y esta dificultad procede más bien de aquella otra: cómo puede haber muchas
substancias en acto y no una sola. Por otra parte, si lo que es algo
determinado no se identifica también con la cantidad, no se dice cómo y por qué
son muchos los entes, sino cómo son muchas las cantidades. Todo número, en
efecto, significa una cantidad, y también la unidad, si no es una medida y 35
lo indivisible en el orden de la cantidad. Por consiguiente, si una cosa es la
cantidad y otra la quididad, no se dice en virtud (1090ª) de qué ni cómo son
muchas las quididades. Y, si se identifican, se seguirán muchas
contradicciones.
Puede
plantearse también, acerca de los Números, la cuestión de cuál es el motivo de
creer que existen. A quien afirma la existencia de las Ideas le proporcionan,
en efecto, cierta causa 5 para los entes, puesto que cada Número es una Idea, y
la Idea, de una manera u otra, es causa del ser para las demás cosas (pues
debemos admitir que parten de este supuesto). Pero al que no comparte esta
opinión porque ve las dificultades que hay en la teoría de las Ideas, de suerte
que no admite Números a causa 10 de ellas, pero sí admite el número matemático,
¿qué razón habrá para creerle que existe tal número, y de qué serviría para las
demás cosas? Pues ni el que afirma su
existencia dice que
sea número de
nada, sino que
lo admite como
una naturaleza independiente, ni
parece ser causa. Todos los teoremas de los aritméticos, en efecto, deben
verificarse también en las cosas sensibles, según hemos dicho. 15
Capítulo
3
Pues
bien, los que sostienen que existen las Ideas y que son Números, por
considerar, en virtud de la éctesis de cada cosa, que, aparte de la
multiplicidad de sus reproducciones, cada cosa es una, intentan al menos decir
de algún modo por qué lo es. Pero, como
sus razones no son ni necesarias ni posibles, tampoco a causa de ellas es
preciso admitir la existencia del 20 Número. Por su parte, los pitagóricos,
viendo que muchas afecciones de los números se dan en los cuerpos sensibles,
afirmaron que los entes eran números, pero no Números separados, sino que los
entes se componían de números. Y ¿por
qué? Porque las afecciones de los números se dan en la armonía, en el Cielo 25
y en muchas otras cosas. En cambio, los que sólo admiten la existencia del
número matemático no pueden, de acuerdo con sus propios supuestos, decir nada
semejante, sino que se limitan a decir que las ciencias no tratan de las cosas
sensibles. Pero nosotros sostenemos que sí, como dijimos anteriormente. Y es
manifiesto que las Cosas matemáticas no están separadas; pues, 30 si lo
estuvieran, sus afecciones no se darían en los cuerpos. Así, pues, los
pitagóricos, en cuanto a esto, están libres de censura; pero, al decir que se
componen de Números los cuerpos naturales, es decir, de lo que no tiene peso ni
ligereza lo que tiene ligereza y
peso,
parecen hablar de otro Cielo y de otros cuerpos, y no de los sensibles. Mas los
que admiten el Número separado 35 piensan que existe, y que existe separado
porque los axiomas no se aplican a las cosas sensibles, pero lo que dicen es
verdadero y halaga al alma. Y lo mismo en cuanto a las magnitudes (1090b)
matemáticas. Es, pues, evidente que la teoría opuesta dirá lo contrario, y que
los defensores de ésta deben resolver la dificultad a que nos referíamos
recientemente, a saber, por qué, si los números no están de ningún modo en las
cosas sensibles, sí están en ellas sus afecciones.
Hay
quienes, porque el punto es límite y extremo de la línea, 5 y la línea, de la
superficie, y ésta, del sólido, piensan que necesariamente han de existir tales
naturalezas. Pero es preciso examinar
también este argumento y ver si no es demasiado flojo. Los extremos, en efecto,
no son substancias, sino que todas estas cosas son más bien límites (puesto que
también la acción de 10 caminar y, en general, el movimiento tiene un límite,
que, según ellos, sería algo determinado y una substancia, lo cual es absurdo).
Pero, aunque lo fueran, todos pertenecerían a estas cosas sensibles (pues a
base de éstas se argumenta). ¿Por qué, entonces, han de existir separados?
Y,
todavía, si no se procede con demasiada ligereza, se puede 15 observar, acerca
de todo número y de las Cosas matemáticas, que los anteriores no aportan nada a
los posteriores (pues, aunque no existiera el Número, no dejarían de existir
las magnitudes para los que afirman que sólo existen las Cosas matemáticas, y,
aunque no existieran las magnitudes, existirían el alma y los cuerpos
sensibles. Y la naturaleza, a juzgar por lo que puede verse, no parece ser
inconexa como una mala tragedia). Pero 20 a los que afirman la existencia de
las Ideas no les afecta esto, pues construyen las magnitudes a partir de la
materia y del Número: las longitudes, a partir de la Díada; las superficies,
probablemente a partir de la Tríada, y los sólidos, a partir de la Tétrada o
también de otros números, pues no hay ninguna diferencia. Pero al menos estas
magnitudes ¿serán Ideas?
¿Cuál
25 será su modo de ser? ¿Qué aportan a los entes? Absolutamente nada, como
tampoco las Cosas matemáticas. Por otra parte, no se les aplica ningún teorema,
a no ser que alguien quiera alterar las Matemáticas y forjar opiniones
exclusivamente suyas. No es 30 difícil, en efecto, tomar cualesquiera hipótesis
y zurcir una larga serie de conclusiones. Así es cómo éstos se extravían,
queriendo asociar a las Ideas las Cosas matemáticas. En cuanto a los primeros en establecer dos
clases de números, el de las Especies y el matemático, ni han dicho ni podían
decir cómo y a partir de qué se produce el número matemático. Lo 35 ponen, en
efecto, como intermedio entre el de las Especies y el sensible. Si lo derivan de lo Grande y lo Pequeño, se
identificará con el de las Especies (pero de otro Pequeño y otro Grande, pues
(1091ª) forma las magnitudes). Pero si se le atribuye otro origen, se hará
mayor el número de los elementos. Y si el principio de uno y otro
es
algo uno, el Uno será común a ambos, y habrá que investigar cómo puede el Uno
tener esta pluralidad, y, al mismo tiempo, ser imposible, según aquél, que el
Número se produzca sin salir del Uno y de la Díada indefinida. 5 Todas estas
teorías son absurdas, se contradicen a sí mismas y se oponen
al sentido común,
y parece darse
en ellas el
relato interminable de
que habla Simónides; pues se
produce un relato interminable, como el de los esclavos cuando no dicen nada
sano. Y hasta los mismos elementos, lo Grande y lo Pequeño, parecen gritar como
si los llevaran a rastras, pues no pueden, de ningún 10 modo, engendrar el
Número, a no ser el duplicado a partir del Uno.
Y
también es absurdo afirmar la generación de entes eternos, o, más bien, es una
cosa imposible. La cuestión de si los pitagóricos rechazan o admiten esta
generación no debe ser 15 discutida, pues claramente dicen que, una vez
constituido el Uno, ya sea a partir de planos, ya de la superficie, ya del
semen, ya de elementos que no pueden precisar, inmediatamente lo más próximo a lo Ilimitado comienza a ser
arrastrado y limitado por el Límite. Mas, puesto que tratan de explicar la
construcción del mundo y quieren hablar el lenguaje de la Ciencia de la
Naturaleza, es justo interrogarles acerca de la Naturaleza, pero 20 prescindir
de ellos en nuestra actual investigación. Buscamos, en efecto, los principios
de las cosas inmóviles; por consiguiente, también debemos estudiar la
generación de esta clase de números.
Capítulo
4
Pues
bien, niegan la generación de lo Impar, considerando evidente que hay
generación de lo Par. Y algunos construyen el primer número par a base de
elementos desiguales, lo Grande y lo Pequeño, previamente igualados.
Necesariamente, pues, será 25 antes en ellos la desigualdad que el ser
igualados. Y, si
siempre hubieran estado
igualados, no habrían
sido desiguales anteriormente
(pues no hay nada anterior a siempre). Está claro, por consiguiente, que no
afirman la generación de los números con un fin especulativo.
Es
una cuestión difícil -y merece ser censurado quien 30 pretenda resolverla
fácilmente- la de saber en qué relación están con lo Bueno y lo Bello los
elementos y los principios; la dificultad está en saber si alguno de aquéllos
es tal como lo queremos expresar al decir «lo Bueno en sí» y
«lo
óptimo», o- no, sino que son posteriores en la generación. Los teólogos, en
efecto, parecen estar de acuerdo con algunos de nuestros 35 contemporáneos, que
responden negativamente y dicen que lo Bueno y lo Bello se manifiestan después
de haberse desarrollado la naturaleza de los entes (y hacen esto tratando de
evitar una verdadera dificultad con que tropiezan los que dicen, como algunos,
(1091b) que el Uno es principio. Y la dificultad se produce no por considerar
la bondad como inherente al principio, sino por considerar principio al Uno, y
principio como
elemento,
y al Número como procedente del Uno). Y lo mismo opinan los poetas 5 antiguos,
al decir que no reinan y mandan los primeros, como la Noche y el Cielo, o el
Caos, o el Océano, sino Zeus. Pero éstos llegan a expresarse así por creer que
cambian los que gobiernan los entes, ya que, al menos los que de entre ellos
tienen mezcla por no decirlo todo en forma de mito, como Ferecides y algunos
otros, consideran óptimo al primer generador, y también los 10 Magos, y algunos
de los sabios posteriores, como Empédocles y Anaxágoras, el primero de los
cuales hizo de la Amistad un elemento, y el segundo, del Entendimiento un
principio. Entre los que admiten la existencia de las substancias inmóviles,
algunos afirman que el Uno en sí es lo Bueno en sí; pero creen que es el Uno
ante todo su substancia. Así, pues, la dificultad está en 15 saber por cuál de
las dos doctrinas es preciso decidirse.
Pero
sería sorprendente que lo primero y eterno y que más se basta a sí mismo no
poseyera primariamente como un bien este carácter mismo, su propia suficiencia
y su conservación. Verdaderamente, no es incorruptible ni se basta a sí mismo
por otra razón sino porque su estado es bueno. Por consiguiente, decir 20 que
es razonable que el principio tenga este carácter es verdadero; pero, que sea
el Uno este principio, o, si no es el Uno, al menos un elemento, y elemento de
los números, es imposible. Surge, en efecto, una dificultad grave -para evitar
la cual han abandonado algunos esta teoría, a saber, los que admiten que el Uno
es principio primero y elemento, pero del número 25 matemático-, pues cada
unidad llega a ser esencialmente un bien y se produce una excesiva abundancia
de bienes. Además, si las Especies son Números, cada Especie será esencialmente
un bien. Pero supongamos que hay Ideas
de lo que se quiera. Si sólo las hay de las cosas buenas, las Ideas no serán substancias;
pero si las hay también de las substancias, todos los animales y plantas 30
serán buenos, y todo lo que participe de las Ideas.
Y no
sólo resultan estos absurdos, sino que el elemento contrario, ora sea la
Pluralidad ora lo Desigual, es decir, lo Grande y lo Pequeño, será el Mal en sí
(por eso un filósofo evitaba asociar el Bien al Uno, pensando que, pues la
generación se hace a partir de contrarios, el Mal sería necesariamente la
naturaleza de la Pluralidad. Otros ven en lo Desigual la naturaleza 35 del
Mal). Resulta, entonces, que todos los entes participarán del Mal, excepto uno,
que es el Uno en sí, y participarán de él en forma más pura los Números que las
Magnitudes, y el Mal será (1092ª) el lugar del bien, y participará y tendrá
ansia de lo que tiende a destruirlo; pues un contrario tiende a destruir al
otro. Y si, como decíamos, la materia es cada cosa en potencia, por ejemplo, la
del fuego en acto, el fuego en potencia, el Mal será el 5 Bien mismo en
potencia. Todas estas consecuencias se producen, de una parte, porque hacen de
todo principio un elemento; de otra,
porque
hacen de los contrarios principios; de otra, porque convierten el Uno en
principio, y de otra, porque ven en los Números las substancias primeras, entes
separados y Especies.
Capítulo
5
Si,
por consiguiente, tan imposible es no poner el Bien entre 10 los principios
como ponerlo, es evidente que no se interpretan rectamente los principios ni
las substancias primeras. Y tampoco está en lo cierto quien asimile los
principios del Universo al de los animales y plantas porque siempre lo que es
más perfecto procede de algo indeterminado e imperfecto, y diga por eso que
también es así en las cosas primeras, de suerte que ni el Uno en sí sería un
ente. Pues también aquí son perfectos los 15 principios de los que proceden
estas cosas; un hombre, en efecto, engendra a un hombre, y no es el semen lo
primero.
También
es absurdo hacer que el lugar se dé simultáneamente con los sólidos matemáticos
(pues el lugar es propio de las cosas singulares, que por eso están separadas
en cuanto al lugar; pero las Cosas matemáticas no están en ningún lugar) 20 y
decir que en algún lugar estarán, sin decir qué es el lugar. Los que dicen que
los entes proceden de elementos y que los primeros entre los entes son los
Números, debieran distinguir cómo procede una cosa de otra y explicar de qué
manera el Número procede de los principios.
¿Será por mezcla? Pero no todo es mezclable, y el producto de la mezcla
es otra cosa, y el 25 Uno no existirá separado ni será otra naturaleza, contra
lo que éstos pretenden. ¿Será, entonces, por composición, como una sílaba? Pero
la composición implica necesariamente posición, y el entendimiento entenderá
separadamente el Uno y la Pluralidad; por consiguiente, el Número será Unidad y
Pluralidad, o el Uno y lo Desigual. Y, puesto que los elementos de una cosa 30
pueden ser inmanentes en ella o no, ¿cómo son los del Número? Porque los
elementos inmanentes sólo se dan en las cosas sujetas a generación. ¿Se generará, entonces, como a partir de
semen? Pero no es posible que de lo indivisible se desprenda algo. ¿Procederá
entonces de su contrario, que dejaría de existir? Pero todo lo que es de este
modo procede también de alguna 35 otra cosa que subsiste. Así, puesto que un
filósofo pone el Uno como contrario a la Pluralidad, y otro, como contrario a
lo (1092b) Desigual, concibiendo el Uno como lo Igual, el Número procederá de
contrarios. Por tanto, habrá otra cosa subsistente, de la cual y de uno de los
dos contrarios consta o ha sido engendrado. Además, ¿por qué, entonces, todas
las otras cosas que proceden de contrarios o tienen contrarios se corrompen
aunque procedan de todo el contrario, pero el Número no? Acerca de esto, en 5
efecto, no se dice nada. Sin embargo, tanto si es inmanente como si no lo es,
el contrario destruye; por ejemplo, el Odio destruye la Mezcla (aunque no
debía, pues no es contrario a ésta).
Tampoco
se ha explicado de cuál de las dos maneras son los Números causas de las
substancias y del ser, si como límites (como los puntos son límites de las
magnitudes, y de la manera 10 en que Éurito señalaba el número de cada cosa;
tal número, por ejemplo, era el del hombre, y tal otro, el del caballo,
imitando con las piedrecillas las formas de los seres vivos, del mismo modo que
imitan el triángulo y el cuadrilátero los que reducen los números a las
figuras) o porque el acorde musical es una relación numérica, y lo mismo
también el hombre y cada una 15 de las demás cosas. Pero ¿cómo son números las
afecciones, por ejemplo lo blanco, lo dulce y lo caliente? Y que los Números no
son substancia ni causas de la forma, es evidente; pues la proporción es la substancia,
y el número, materia. Por ejemplo, de carne o de hueso, la substancia es número
de este modo: tres partes de Fuego y dos de Tierra. Y siempre el número,
cualquiera que sea, es número de algunas cosas, ya de partes 20 de Fuego, ya de
Tierra, ya de unidades; pero la substancia es ser tal cantidad mezclada con tal
otra cantidad, y esto ya no es un número, sino la proporción de una mezcla de
números corpóreos o de cualesquiera otros. Así, pues, el Número, ya sea el
número en general ya el compuesto de unidades, no es ni causa eficiente, ni
materia ni concepto y especie de las cosas. Y tampoco puede ser considerado
como causa final. 25
Capítulo
6
También
podría uno preguntarse cuál es el bien que se deriva de los Números por el
hecho de que la mezcla se ajuste a un número, ya sea a uno fácilmente
calculable ya a uno impar. Pues, verdaderamente, no es más sana la hidromiel si
está mezclada al tres por tres, sino que más aprovechará bien diluida en agua,
aunque no esté en ninguna proporción, que pura, 30 aunque se ajuste a un
número. Además, las relaciones de las mezclas consisten en una adición de
números, no en números; por ejemplo, tres más dos, no tres por dos. En las
multiplicaciones, en efecto, el género tiene que ser el mismo, de suerte que la
serie 1 X 2 X 3 tiene que medirse por 1, y la serie
4 X
5 X 7, por 4; 35 es decir, siempre por la misma medida. Por consiguiente, no
(1093ª) puede ser el número del fuego 2 X 5 X 3 X 7, y el del agua, 2 X 3.
Y,
si todo participa necesariamente del Número, muchas cosas resultarán
necesariamente idénticas, v el mismo número será ésta y la de más allá. ¿Es
ésta, entonces, la causa, y existe por ella la cosa, o resulta oscuro? Por
ejemplo, supongamos 5 que alguna de las traslaciones del Sol es un número, y lo
mismo alguna de las de la Luna, y la vida y la edad de cada animal. ¿Qué es lo
que impide que algunos de éstos sean números cuadrados, y otros, cúbicos; unos,
iguales, y otros, dobles? Nada, en efecto, lo impide, sino que es preciso
moverse dentro de estos límites, si todo participa del número. Y es posible que
10 las cosas diferentes caigan bajo el mismo número; de
suerte
que, si a algunas cosas les ha correspondido el mismo número, serán idénticas
entre sí por tener la misma especie de número; por ejemplo, serán idénticos el
Sol y la Luna. Mas ¿por qué han de ser éstas las causas? Siete son las vocales,
siete las notas de la escala, siete las pléyades, a los siete años pierden los
dientes los animales (al menos algunos, otros no), y siete 15 fueron los jefes
que atacaron a Tebas. ¿Acaso la naturaleza de este número es causa de que éstos
fueran siete o de que la Pléyade conste de siete estrellas? ¿No sería, en el
caso de aquéllos, a causa de las puertas o por alguna otra razón, y no seremos
nosotros los que contamos siete en la Pléyade y doce en la Osa, mientras que
otros cuentan más? Afirman también que la X, la Y y la Z son acordes musicales,
y que, porque éstos 20 son tres, también son tres aquéllas. Y no les importa
que pudiera haber innumerables letras de esta clase (pues U más R podrían tener
un solo signo). Y, si dicen que cada una de aquéllas, y ninguna más, es doble
que las otras, y lo es porque, siendo tres las regiones de la boca, en cada una
se añade una 25 letra, la sigma, por eso efectivamente son sólo tres, y no
porque sean tres los acordes, puesto que los acordes son en realidad más de
tres, pero las consonantes dobles no pueden serlo. Así, pues, también éstos se parecen a los
antiguos comentaristas de Homero, que ven pequeñas semejanzas y omiten las
grandes. Algunos dicen que hay muchas cosas de esta clase; por ejemplo, las
cuerdas intermedias, una vale nueve y la otra ocho, y el verso épico,
diecisiete, número igual a la suma de aquellos 30 dos valores, pues se cuentan
en la mitad derecha nueve sílabas (1093b) y en la izquierda ocho. Señalan
también que, en las letras, desde la A hasta la W, hay la misma distancia que,
en la flauta, desde la nota más grave hasta la más aguda, cuyo número es igual
a la armonía total del Cielo. Pero se debe observar que nadie tendría
dificultad en formular ni en descubrir tales 5 analogías en los seres eternos,
puesto que también puede hacerlo en los corruptibles. Pero las tan alabadas naturalezas incluidas
en los Números y los contrarios de éstos, y, en general, las realidades
matemáticas, tal como las entienden algunos que las hacen causas de la
Naturaleza, parecen desvanecerse ante un examen de este tipo 10 (pues ninguna
de estas cosas es causa en ninguno de los sentidos determinados a propósito de
los principios). En cierto modo, sin embargo, demuestran que se da el Bien, y
que a la serie de lo Bello pertenecen lo Impar, lo Recto, lo Igual y las
potencias de algunos números. Las estaciones, en efecto, coinciden con un
número de un tipo determinado; y las demás 15 correspondencias que sacan de las
proposiciones matemáticas, todas tienen este valor. Por eso tienen el aspecto
de simples coincidencias; son, en efecto, accidentes, pero todas tienen entre
sí cierto parentesco, y constituyen una unidad analógica. En cada categoría del
Ente se da, en efecto, lo análogo: como lo recto 20 en la longitud, así es lo
plano en la latitud, y quizá lo impar en el número, y, en el color, lo blanco.
Además, los números contenidos en las Especies no son
causa de los
armónicos y otros
semejantes (aquéllos, en
efecto, difieren entre
sí específicamente, aun siendo iguales; pues también difieren las
unidades). De suerte que, al menos por este motivo, no son necesarias las
Especies. Éstas serían las consecuencias, y todavía podrían reunirse 25 más. Y
el hecho de que hallen tantas dificultades en su generación, y que de ningún
modo puedan reducirlas a un sistema coherente, parece demostrar que las Cosas
matemáticas no existen, contra lo que algunos dicen, separadas de las
sensibles, ni son éstos los principios.


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