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© Libro N° 6091. Entre Los Poetas Míos… Castillo, Otto René. Emancipación. Junio 8 de 2019.

Título original: © Entre Los Poetas Míos…Otto René Castillo

 

Versión Original: © Entre Los Poetas Míos…Otto René Castillo

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ENTRE LOS POETAS MÍOS

Otto René Castillo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CON el título genérico “Entre los poetas míos” venimos publicando, en el mundo virtual, una colección de cuadernos monográficos con los que deseamos con- tribuir a la divulgación de una poesía crítica que, con diversas denominaciones (“poesía social”, “poesía compro- metida”, “poesía de la conciencia”…) se caracteriza por centrar su temática en los seres humanos, bien sea para ensalzar sus valores genéricos, o bien para denunciar los atropellos, injusticias y abusos cometidos por quienes detentan el Poder en cualquiera de sus formas.

 

Poesía ésta que no se evade de la realidad, sino que incide en ella con intención transformadora. Se entiende por ello que tal producción y sus autores hayan sido frecuentemente acallados, desprestigiados, censurados e incluso perseguidos por dichos poderes dominantes.

 

Se  trata, en fin, de una poesía no neutral, teñida por el com- promiso ético de sus autores.

 

Los textos aquí incorporados proceden de muy diversas fuentes. Unos de nuestra biblioteca personal, otros de Internet.

 

La  edición digitalizada de estos cuadernos poéticos carece de toda finalidad económica. No obstante, si alguien se considera perjudicado en sus legítimos derechos de propiedad intelectual, rogamos nos lo haga saber para que retiremos los textos cues- tionados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre los poetas míos…

 

Otto René Castillo

 

(1936-1967)

 

 

 

Poeta  guatemalteco nacido en Quezaltenango el 25 de abril  de 1936. A los diecioscho años,  debido a su oposición al golpe de Estado que derrocó el  gobierno de  Jacobo   Arbenz,  hubo  de  exiliarse hacia   El Salvador.

En 1953 fue nombrado presidente de la Asociación de Estudiantes de Postprimaria.

Un año  más  tarde  tuvo  que  exiliarse a El Salvador por  su  oposición al golpe de estado  contra  Jacobo  ARbenz perpetrado por tropas  mer- cenarias apoyadas por la CIA. Allí continuó su activismo revoluciona- rio, mientras iba sobreviendo trabajando en variados oficios

En El Salvador colaboró con  la organización de  intelectuales progresistas.  Fue íntimo  amigo  de Roque  Dalton.

En 1958 regresó a Guatemala para  ingresar en la Universidad de  San Carlos  donde comienza a estudiar Derecho  y Ciencias Sociales. Ob- tiene  una  beca  para  estudiar en la desaparecida República Democrá- tica de Alemania, residiendo durante tres años  en Leipzig.

En 1964 regresó a Guatemala, compartiendo la actividades culturales

con la lucha  armada.

 

 

En 1965 fue detenido y enviado nuevamente al exilio. Nombrado representante de Guatemala en el Comité Organizador del Festival Mundial  de  la  Juventud en  Argelia,  recorre  dibversos países durante algunos meses.

En 1966 regresa clandestinamente a su país  para  incorporarse a la organización guerrillera, donde ocupa la responsabilidad de propa- ganda y educación.

En marzo  de 1967 fue herido  en un combate y detenido nuevamente por  las  tropas   mercenarias  de  Méndez   Montenegro  junto   con  su compañera Nora Páiz. Tras ser torturado  y mutilado brutalmente, finalmente fue quemado vivo  entre  el 19 al 23 del  mes  de  marzo  de ese  mismo  año  1966.  Sólo contaba 31 años  de edad, antes  de que  su poesía arribase a la más alta depuración estilística.

 

Premios:   Torneo   Estudiantil   Centroamericano  de   poesía  (1955   y 1956).

Premio  Autónomo  (1956),  patrocinado por la AEU.

En 1957 Premio  internacional de Poesía  en Budapest, otorgado por la Federación Mundial  de Juventudes Democráticas.

En 1958  ganó  el  premio  Filadelfio Salazar, de  la Universidad de  San Carlos  de Guatemala.

Sus poemas abordan tanto la temática amorosa como la político- ideológica.

Roque  Dalton escribió de él:

"quedará  como un espléndido testimonio de pasión, confeccionado en el lenguaje necesario para conmover a los hombres de este tiempo en que él, como los precursores y los adelantados de siempre, pasó

como una ráfaga de fuerza y de autenticidad".

 

 

 

 

´

 

 

 

 

 

 

 

 

Arte poética

 

 

 

Hermosa  encuentra la vida quien  la construye hermosa. Por eso amo en ti

lo que  tú amas  en mí:

La lucha  por la construcción hermosa de nuestro  planeta.

 

 

 

(De: Vámonos patria a caminar)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Compañero Espartaco

 

I

Hace dos mil años,

un hombre  se levantó contra  los ricos.

Buscó  a sus partidarios

entre  la gente  sencilla y buena.

Se rodeó  de esclavos y gladiadores: campesinos, pescadores, albañiles. Lo siguieron

los hambrientos de su tiempo,

los más pobres  de todos. Y como  se levantó

contra  la clase  de los ricos,

en nombre

de la clase  de los pobres, fustigando a los poderosos

con la violencia de su sangre en pie, y hablando ásperamente de lo noble y altamente hermoso de la vida

en libertad

fue sacrificado junto a los suyos,

por la clase  de los ricos, sin misericordia alguna,

él, que  era todo coraje  y dignidad!

 

II

Y desde entonces sabemos

que  existen las clases y que  las mismas luchan entre  sí,

sin cuartel  ni descanso. Y que  aquel hombre

 

 

 

 

 

fue glorificado

en las manos  de las masas, porque cayó  luchando

por las multitudes

de su tiempo, contra  los viles de su tiempo,

y por el amor, la bondad

y la humanidad

de todos  los tiempos!

Y porque habló  y luchó por todos  nosotros

yo,

marxista

del siglo  veinte,

le glorifico  y le amo. Y digo:

aprended

de aquel hombre, que  amó tanto a su clase,

hasta  morir por ella,

la tarde  de una  amarga

 

 

 

romana,

 

primavera

 

 

azul,  tranquila, pupilar,

 

pero  amarga y amarga.

 

 

III

 

 

 

Y aún cuando la clase

de los pobres  tiene, a veces,

tan sólo confusa  idea

 

de aquel hombre nombrado el Espartaco,

 

 

 

 

no lo ha olvidado jamás, ni lo olvidará

jamás  de los jamases.

Y es que  aquel rebelde

fue un abanderado de su clase y cayó  por ella,

con el nombre

del alba abriendo las alas

en sus labios.

 

 

IV

Y en estos  últimos siglos,

ha alcanzado su clase,

 

 

 

 

 

 

 

la de los pobres,

 

tan importantes victorias, que  si el compañero Espartaco

estuviera a nuestro  lado, sería  tan dulce  su alegría

como  perfume de naranjo  en fruto.

 

 

Estaría luminosamente feliz, por los triunfos  de su clase,

 

que  recorre  hoy  el mundo, con paso  universal

de multitudes

victoriosas!

 

 

 

 

la de los pobres,

 

 

 

 

(De: Vámonos, Patria a caminar)

 

 

 

 

El gran inconforme

 

I

Nunca preguntéis a un hombre

si sufre,

porque siempre se está sufriendo en alguna forma

y en algún camino.

 

 

Hoy,

por ejemplo, sufro tu dolor, patria  mía,

hasta  lo más alto

de mi alma. Y no puedo escapar, llagado como estoy

de tu tragedia.

Debo vivirte,

porque no he nacido para  darte

el contrapecho de mi vida,

sino lo más noble

y provechoso que  tengo:

la vida  de mi vida,

la dignidad y su ternura.

 

II

Si alguien

sufre tanto contigo, ese  pobre  hombre tengo  que  ser yo,

 

 

 

 

yo que  sufro tus limosneros, tus prostitutas,

tus hambrientos,

tus asperas colonias populares, donde tienen  sus nidos

los buitres  del hambre y del frío. Pero yo no te sufro

sólo con los ojos abiertos,

sino con toda la herida,

tanto del alma como  del cuerpo,

porque soy,  antes  que  nada,

el gran  inconforme que  anda

debajo de la piel

de todos, esperando su hora, porque nadie

como  los pueblos saben,

que  no se puede

renunciar jamás a la lucha,

porque tampoco,

se puede renunciar nunca  a la victoria.

 

 

 

(De: Vámonos, Patria, a caminar)

 

 

 

 

El hambre

 

 

 

Tú no la ves venir.

Ella está siempre contigo. En el lejano  fondo de ti, obrero  de mi país,

agazapada como un recuerdo. Ella parla  en gris con la mañana, por el rostro de tus hijos,

de tu pobre  y tu callada mujer, y de tu gesto  más amargo,

que  no terminó  nunca

de apartarse de ti.

 

 

Ella se despierta

todas  las madrugadas, cuando la noche

es todavía joven  para  ti.

Y cuando para  ti y los tuyos llega  la noche,

el día no ha terminado

todavía para  ella,

que  se sigue  alimentando de las pocas  fuerzas

que  te ha dejado el patrón.

 

 

Ella sólo puede pronunciar una  palabra

en todos  los idiomas:

comer.

Y cuando no tienes  con qué, entonces ella,  rabiosa que  es,

te muerde hasta  que  ya no te quedan

ni siquiera fuerzas  para  poder  llorar. Y tú, como  nadie, sufres,

porque también los tuyos

 

 

 

 

alzan  sus tristísimos  ojos

y se quedan viendo el horizonte todo el tiempo

como  si el alba

de los peores días

aún  estuviera por llegar. Ella tiene  un patrón, obrero  de mi país,

el mismo  que  tienes  tú.

Y sólo cuando te liberes de verdad se habrá  acabado ella  para  ti.

La tendrás  domesticada, en tus manos.

Y no tendrás  campanas suficientes para  repicar en grande tu alegría. Entonces  los tuyos  ya no verán

la distancia, obrero  de mi país,

como  si el alba  de los peores días aún  estuviera por venir.

 

 

 

(De: Vámonos, patria, a caminar)

 

 

 

 

Estratega a contrapecho del hombre

 

 

 

Coronel,

tú que  tienes

las armas  y el poder, puedes mandar

a bombardear

nuestras montañas, que  su tranquilo pecho

de esperanza y pájaro

jamás  huirá

despavorida hacia  el viento.

 

Coronel,

Tú que  tienes

las armas  y el poder, puedes mandar

a matar

a quien te dé la gana;

a encarcelar

a quien se atreva

al coraje  de la frente en alto,

gallarda y luminosa

como  son las frentes de los dignos.

 

Coronel,

tú que  tienes

las armas  y el poder, puedes

enviar  a cerrar  un instituto;

a herir el dulce  futuro

de la patria  con la tarascada gris y salvaje

de tus malditas balas

 

 

 

 

y a uniformar el orgullo civil

del quetzal postprimario.

 

Pero todo será  en vano, coronel,

porque tú no puedes,

con tu impotencia milenaria, mandar a bombardear,

a matar  y encarcelar, a uniformar

la inconformidad

de un pueble entero. Esa es la lucha, coronel,

y en esa  lucha tú llevas

la peor  parte, porque tú, coronel, piensas

del hombre  para  atrás y el pueblo piensa

del hombre hacia  adelante.

 

 

He ahí, pues, coronel, estratega

a contrapecho

del hombre, por qué  tienes de antemano

perdida la batalla

en contra  de nosotros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(De: Vámonos patria a caminar)

 

 

 

 

Frente  al balance, mañana

 

 

 

Y cuando se haga

el entusiasta recuento de nuestro  tiempo

por los que  todavía

no han nacido,

pero  que  se anuncian con un rostro

más bondadoso, saldremos gananciosos los que  más hemos sufrido  de él.

 

Y es que  adelantarse uno a su tiempo

es sufrir mucho  de él.

 

 

Pero es bello  amar  al mundo con los ojos

de los que  no han nacido

todavía.

Y espléndido

saberse ya un victorioso cuando todo en torno a uno

es aún  tan frío y tan oscuro.

 

 

 

(De: Vámonos, Patria, a caminar.)

 

 

 

 

Holocausto del amor

 

 

 

Yo, que  pregoné el amor,

la ternura  entre  los hombres, debo  gritar,  odiar,  señalar

al cobarde con un dedo

más quemante que  el fuego.

 

 

Qué terrible  mi tiempo! Cuando  quisiera leer

el color de las orquídeas;

comprender el idioma  azul de nuestros lagos;

y galopar un cerezo sonoro, tengo  que  estallar

como  un disparo oscuro y escapar, en la noche,

de los sueños más dulces.

 

 

Yo, que  amo 24 horas  al día, que  tengo  el corazón

más grande

que  el tiempo, no puedo amar ciegamente, desatando mi alma sus corceles de besos.

 

Qué terrible  mi tiempo! Cuando  quisiera inclinar mi frente  al fondo

del regazo que  amo;

localizar mi rostro

en un recodo  de tus ojos; ayudar a que  vuelen tus labios hacia  el fuego

y enseñarte una  a una

las virtudes del agua; presentarte a mi amigo,

 

 

 

 

el otoño,

cuando fuma su pipa de hojas  amarillas,

recostado como  viejo  marinero

a la orilla  del sueño;

cuando quisiera venir  y decirte: mirad  la espuma amor mío, mirad  qué  ancho  el cielo,

y tenderme contigo

junto a la raíz madura del trigo, yo, tengo  que  decirte  adiós. Desde  mi sangre que  enviuda. Desde  mis manos  que  lloran. Desde  mi alma  que  se quiebra en tu dolor,  que  llueve

desde muy  adentro de tus ojos.

 

 

 

(De: Vámonos, Patria, a caminar)

 

 

 

 

Holocausto optimista

 

 

 

¡Qué terrible  mi tiempo!

Y sin embargo, fue mi tiempo. No lo impuse yo, tan sólo

me tocó hundir  mis pasos

en su vientre

y caminar con el fango hasta  el alma,

llenarme la cara  de lodo, entubiarme la pupila

con el agua  sucia

y marchar

hacia  la orilla  futura dejando una  huella horripilante

que  hederá

para  todos  los tiempos.

Y sin embargo, fue mi tiempo. Pustolento. Perruno. Horrendo. Creado  por el lobo,  en verdad. Sufrido  por el hombre, a verdad. Destruido  con odio  y muerte

en nombre  del amor y la vida.

 

 

¡Qué terrible  mi tiempo!

 

 

Y sin embargo, fue mi tiempo. Hombres  del futuro,  cuando penséis en nuestro  tiempo,

no penséis en los hombres, pensad en las bestias

que  fuimos  mordiéndonos

a dentelladas homicidas los pedazos de alma

que  tuvimos,

 

 

 

 

pero  pensad también que en este combate entre  animales

se murieron las bestias

para  todos  los siglos y nació  el hombre,

lo único  bueno de mi tiempo.

Y que  en medio  de todo, algunos vimos,

llenos  de telarañas

y de polvo  genésico, cómo  el hombre

fue venciendo a la bestia.

Y cómo  el futuro se acercaba

con una  estrella

en los cabellos, cuando moría

la bestia

bajo el peso

del hombre.

 

 

 

(De: Vámonos, Patria, a caminar)

 

 

 

 

Informe de una  injusticia

 

 

 

Tal vez no lo imagines, pero  aquí,

delante de mis ojos, una  anciana,

Damiana Murcia,  v. de García, de 77 años  de ceniza,

debajo de la lluvia,

junto a sus muebles rotos, sucios, viejos, recibe

sobre  la curva  de su espalda toda la injusticia

maldita

del sistema  de lo mío y lo tuyo.

 

 

Por ser pobre,

los juzgados de los ricos ordenaron desahucio. Quizá  ya no conozcas más esta palabra.

Así de noble

es el mundo  donde vives. Poco a poco

van perdiendo ahí su crueldad

las amargas palabras. Y cada  día,

como  el amanecer,

surgen nuevos vocablos, todos  llenos  de amor

y de ternura  para  el hombre.

 

 

Desahucio.

¿Cómo aclararte?

 

 

 

 

Sabes,  aquí,

cuando no puedes pagar  el alquiler, las autoridades de los ricos

vienen y te lanzan

con todas  tus cosas a la calles.

Y te quedas sin techo

para  la altura  de tus sueños. Eso significa la palabra desahucio: soledad

abierta al cielo,  al ojo juzgor y miserable.

 

Este es el mundo  libre,  dicen.

¡Qué bien  que  tú ya no conozcas

estas  horrendas libertades!

 

 

Damiana Murcia,  v. de García, es muy  pequeña,

sabes,

y ha de tener  tantísimo  frío.

¡Qué grande ha de ser su soledad!

 

 

No te imaginas

lo que  duelen estas  injusticias. Normales  son entre  nosotros. Lo anormal es la ternura

y el odio  que  se tiene  a la pobreza. Por eso hoy  más que  siempre

amo tu mundo.

Lo entiendo, lo glorifico

atronado de cósmicos orgullos.

Y me pregunto:

¿Por qué,  entre  nosotros, sufren  tanto los ancianos,

 

 

 

 

si todos  se harán  viejos  algún  día?

 

 

Pero lo peor  de todo es la costumbre.

El hombre  pierde su humanidad

y ya no tiene  importancia para  él lo enorme del dolor  ajeno,

y come, y ríe,

y se olvida  de todo.

Yo no quiero para  ninguno estas  cosas. Yo no quiero

para  nadie en el mundo estas  cosas.

Y digo  yo,

por qué  el dolor debe  llevar

claramente establecida su aureola.

 

 

Ahora compárame en el tiempo. Y dile  a tus amigos

que  la risa mía

se me ha vuelto  una  mueca grotesca

en medio  de la cara.

Y que  digo  amen  a su mundo. Y lo construyan bello.

Y que  me alegro mucho de que  ya no conozcan injusticias

tan hondas y abundantes.

 

 

 

(De: Vámonos, Patria, a caminar.)

 

 

 

 

Intelectuales apolíticos

 

I

Un día,

los intelectuales apolíticos

de mi país

serán  interrogados por el hombre sencillo

de nuestro  pueblo.

 

 

Se les preguntará sobre  lo que  hicieron cuando

la patria  se apagaba

lentamente,

como  una  hoguera dulce, pequeña y sola.

 

No serán  interrogados sobre  sus trajes,

ni sobre  sus largas siestas

después de la merienda,

tampoco sobre  sus estériles combates con la nada,

ni sobre  su ontológica

manera

de llegar  a las monedas. No se les interrogará sobre la mitología griega, ni sobre  el asco

que  sintieron de sí,

cuando alguien, en su fondo,

se disponía a morir cobardemente.

 

 

 

 

Nada se les preguntará sobre  sus justificaciones absurdas,

crecidas a la sombra

de una  mentira  rotunda.

 

II

Ese día vendrán

los hombres sencillos. Los que  nunca  cupieron en los libros  y versos

de los intelectuales apolíticos, pero  que  llegaban todos  los días a dejarles la leche  y el pan,

los huevos y las tortillas, los que  les cosían  la ropa,

los que  le manejaban los carros, les cuidaban sus perros  y jardines, y trabajaban para  ellos,

y preguntarán,

«¿Qué hicisteis cuando los pobres sufrían,  y se quemaba en ellos,

gravemente, la ternura  y la vida?»

 

 

III

 

 

 

Intelectuales apolíticos de mi dulce  país,

no podréis responder nada.

 

 

Os devorará un buitre  de silencio las entrañas.

Os roerá  el alma vuestra propia miseria. Y callaréis,

avergonzados de vosotros.

 

 

De: Vámonos, Patria, a caminar)

 

 

 

 

La libertad, dices

 

 

 

La libertad, me dices,

es lo más bello que  existe

en nuestro  joven planeta.

Sin ella

no se puede vivir; es como  el oxígeno del alma.

Si tú la tienes,

ya no la puedes perder,

porque te morirías

de tan inmenso dolor.

 

 

Ella no se conquista. Se lleva  sencillamente, como  la tarde,

en el fondo  del corazón.

 

 

Pero yo que  vivo y sufro mi país como  ninguno,

no estoy  de acuerdo

contigo.

Los hombres de aquí

no han sido libres  jamás.

A muchos  ya ni les importa si la cadena es gruesa

y más gruesa cada  día.

No les conmueve saber que  la patria

como  una  triste y dulce

 

 

 

 

golondrina,

agoniza lentamente, rodeada por el frío

y la miserable indiferencia

de sus hijos.

Ni tú conoces, además,

la torpe  dictadura

que  sufrimos  en mi país. Ni has perdido

jamás  tu libertad.

 

 

Y tu risa,

es la más alegre de todas la risas que  conozco.

 

Tu patria

es ya un suceso

de simples madrugadas, que  canta  en alba

para  ti y los tuyos.

 

 

Pero algún  día nosotros

también seremos libres. Entonces,

tendremos

que  defender todos  los días nuestra libertad,

haciendo roncos  sacrificios de ternura  y bondad.

 

En nosotros  está la libertad, como,  en la noche

 

 

 

 

la aurora,

y de nuestra atronadora voluntad está marcada ya

la digital

de su rostro.

También  a la libertad hay  que  acostumbrarse para  amarla,

y se la debe  cuidar

cada  segundo,

porque durante mucho tiempo

se la busca

para  matarle a golpes su suave  y claro corazón de multitudes.

 

Pero ante  todo, cuando no se la tiene, cuando no se conocen los gestos  peculiares

de su rostro,

entonces se debe  luchar por encontrarla,

por liberarla

de la más honda  tiniebla. Así la libertad

es el logro  estupendo de los que  nunca

han sido libres  de verdad.

Y una  vez alcanzada, su acción

debe  repetirse

durante toda la vida.

 

 

(De: Otto René Castillo: Su vida y obra)

 

 

 

 

La tumba de Dios

 

 

 

Suceden cosas tan extrañas

en mi pequieño país,

que  si de verdad hubiera cristianos creerían,

sin duda,

en la muerte auténtica de Dios.

 

Un hombre, por ejemplo, es empujado por lo gigante de su hambre y roba,

porque tiene

que  robar.

Se le condena luego

a veinte  años

de cárcel.

 

Pensad  un momento lo que  cuesta saciarse el hambre:

¡Veinte  años encerrado

en 4 x 4 metros!

 

Pero

los accionistas principales

de los bancos

que  perpetran negocios

 

 

 

 

y cosechan apolausos andan tranquilamente por las calles.

 

Pensad

otro momento:

¿De dónde

sale  tanta riqueza?

¿La han hecho ellos,

quizá,

con el sudor de su frente y los callos

de sus manos?

 

Responded vosotros la pregunta.

 

El comerciante de la ciudad principal

que  a las ocho

llega  a misa y a las once busca  el bar, exhibe,

después de un devoto:

¡Salud!,

su boleto  para  entrar  al cielo si le toca morir

en sobresalto. Señala terco

la firma del santo  papa y agrega reciamente: “¡Me costó

quinientas tuisas!”

 

 

 

 

Yo sólo digo: ellos  tienen todavía

la mitad  del mundo

para  viajar  y emputecerse.

 

Pero el hambriento principal

de mi ciudad

se quedará si la bomba le sorprende

en su trabajo.

 

Algo es cierto  de todo. Jamás  pasarán

por el ojo de la aguja

los camellos, pero  los ricos

han comprado ya, sin negarlo,

el reino  de sus cielos.

 

En verdad, pienso, si hubiera cristianos en mi pequeño país, donde suceden

cosas  tan horrendas, creerían

en la muerte  cierta de su dios,

sin duda  alguna.

 

¡Falsos cristianos,

la tumba  de cualquier dios

está en vosotros!

 

(De: Vámonos, Patria, a caminar.)

 

 

 

 

Libertad

 

 

 

Tenemos por ti

tantos  golpes acumulados en la piel,

que  ya ni de pie cabemos en la muerte.

 

En mi país,

la libertad no es sólo

un delicado viento  del alma, sino también un coraje  de piel.

 

En cada  milímetro

de su llanura infinita está tu nombre  escrito: libertad.

 

En las manos  torturadas. En los ojos,

abiertos al asombro del luto.

En la frente,

cuando ella  aletea dignidad. En el pecho,

donde un aguante varón nos crece  en grande.

En la espalda y los pies

que  sufren  tanto. En los testículos, orgullecidos de sí.

 

Ahí tu nombre,

tu suave  y tierno  nombre,

 

 

 

 

cantando en esperanza y coraje.

 

 

Hemos  sufrido en tantas  partes

los golpes del verdugo

y escrito  en tan poca  piel tantas  veces  su nombre, que  ya no podemos morir, porque la libertad

no tiene  muerte.

 

 

Nos pueden

seguir  golpeando,

que  conste,  si pueden.

Tú siempre serás  la victoriosa, libertad.

 

Y cuando nosotros disparemos

el último  cartucho, tú serás  la primera

que  cante  en la garganta

de mis compatriotas, libertad.

 

Porque

nada  hay  más bello sobre  la anchura

de la tierra,

que  un pueblo libre, gallardo pie,

sobre  un sistema que  concluye.

 

La libertad, entonces, vigila y sueña

 

 

 

 

cuando nosotros entramos a la noche o Ilegamos al día,

suavemente enamorados

de su nombre  tan bello:

libertad.

 

 

 

Fuente:  Poesía Guatemalteca

 

 

 

 

Los fusilados

 

 

 

Los llevaron lejos de la ciudad y no volvieron a llorar  sus ojos sobre  las grises  calles  de mi país; ni volvió  más la brisa  a disolver su frente  contra  los carceleros

ni el luto dobló  más su cintura en las pupilas claras  del sol;

ni el andamio biológico del puño se trepó  de sombra.

 

Las calles, las casas, los sueños los vieron  pasar  hacia  la muerte con la ternura  flotando  alegre sobre  sus sienes de floresta,

pero  de cada  rostro nacían pájaros que  buscaban el regazo de la aurora llenándola de un no sé qué  de amor caído  desde lo alto de una  lágrima...

 

De pie  marchaban, silvestres y humanos. Amarrados, como  el cabello de las mujeres populares, salían  al encuentro de la muerte con una  canción universal en la garganta poblada de milpales soberbios. ¡Otra vez

la muerte  amenazando, subiendo otra vez

las gotas  del martirio  hasta  el aliento...!

 

 

Custodiándolos, los verdugos reían.

Y bebían la silenciosa integridad de sus jilgueros con el mismo  rostro de raíces  castigadas,

con la misma  estatura corta de la brisa,

con el mismo  color de río sin afluentes pero con diferente emoción y pensamiento sobre  el puño  oloroso  de los jardines...

 

 

 

 

 

 

Salieron de la ciudad a las doce

de la noche. Atrás, las luces  decían adiós  con sus pupilas espigadas. Atrás, la ciudad, sin alas,  se quedaba

con los enamorados, su lecho  y su sonrisa... No volvieron más hacia  las cárceles

porque hundieron sus raíces  biológicas en el mismísimo corazón del pueblo.

 

“¡Han matado!  ¡Han matado muchos  obreros  esta mañana!

lo dice  el pueblo llorando por boca  de sus paredes—.

“Fuera de la ciudad capital esbirros del gobierno han matado prisioneros políticos y apolíticos:

albañiles de una  primavera que  comienza.” “¡Han matado!  ¡Han matado  hombres

que  solían  amar  la salida  del sol,

besar  la semilla de la brisa, acunar la caída  del crepúsculo, besar  la frente  de los hijos, morir por la vida  de una rosa,

pelear con la hoz por el pueblo, levantar el martillo  por la vida,

amar  al pobre  sobre  todas  las cosas

y pelear por su futuro con los dientes.”

 

 

Los llevaron lejos de la ciudad

y dejaron sus sienes floreciendo orgullosos maizales, eternizados estarán ahora  debajo de la tierra

soportando con sus hombros  inmensos todo el futuro del mundo...

 

 

 

(De: Otto René Castillo: Su vida y obra)

 

 

 

 

Mañana triunfante

 

 

 

Estoy seguro.

Mañana, otros poetas  buscarán el amor y las palabras dormidas en la lluvia.

Puede  ser que  vengan

con las cuencas vacías  a llenarse de mar y paisaje.

Hoy, la amargura y la miseria rondan  mis bolsillos

abiertos en la noche

a las estrellas.

Mañana, para  mi júbilo  repicando en las paredes,

la novia  tendrá  a su más bella campana hecha  de mar y arena de lluvia  y panorama.

Mañana  me amarán los ríos

por haber  pegado propaganda en la noche  de la patria:

ellos  se encargarán de recordar mi nombre.

Y con su rostro de sonrisa

la más humilde campesina escribirá la poesía de amor que  no salió  de mi garganta.

El rostro de un niño  alimentando escribirá lo que  detuvo

un grito de combate en mis arterias.

Las palomas volando entre  la espuma serán lágrimas de amor que  no temblaron en mis párpados.

Mañana, cuando no intervengan en Corea para  rodear  de sombras  la sonrisa

y no quieran detener la roja estrella

 

 

 

 

que  llevan  los quetzales en el pecho, entonces los poetas

firmarán  su canto  con rosales.

 

 

 

(De: Otto René Castillo: Su vida y obra)

 

 

 

 

Nunca estoy solo

 

 

 

De veras,  nunca  estoy  solo. Tan solo estoy  triste

cuando tus ojos huyen

del sitio

en que  debimos encontrarnos

por la tarde. Ahora

se pudre  la espera

debajo del tiempo, del tiempo  que  se ríe de mí, gran  amador, desprovisto de amada

en búsqueda siempre

 

 

 

(De: Vámonos, Patria, a caminar)

 

 

 

 

Permanece conmigo

 

 

 

Quédate conmigo esta tarde

para  siempre, amor mío. Luego  podrás

marcharte.

Hacia  donde te empujen las olas

de la vida;

hacia  donde quieran volar las alondras fluviales

de tu dulce  cabello.

 

 

Pero antes,

quédate en el fondo de mis ojos,

en la pupila del alma!

 

 

 

Fuente:  Cuadernos de Guatemala, nº.3: Homenaje a Otto René Castillo

 

 

 

 

Respuesta

 

 

 

Si me preguntaras

qué  es lo que  más quiero sobre  la anchura de la tierra, yo te contestaría:

a tí, amor mío, y a la gente sencilla de mi pueblo.

 

Dulce  eres,  como  la tierra. como  ella  frutal y hermosa. Pero a tí te quiero.

No por bella  que  eres.

Ni por lo fluvial  de tus ojos, cuando ven que  voy y vengo, buscando, como un ciego, el color que  se me ha perdido en la memoria.

Ni por lo salvaje de tu cuerpo indomable.

Ni por la rosa de fuego,  que  se entrega cuando la levanto del fondo de la sangre con las manos  jardineras de mis besos.

A tí te quiero, porque eres  la mía. La compañera que  la vida  me dió, para  ir luchando por el mundo.

Amo a la gente  sencilla de mi pueblo, porque son sangre que  necesito, cuando sufro y me desangro;

hombres que  me necesitan cuando sufren. Porque  nosotros  somos  los más fuertes,

pero  también los más debiles. Somos  la lágrima.

La sonrisa. Lo dolorosamente humano. La unidad de lo mejor y de lo más deplorable. Lo que  canta sobre  la tierra  y lo que  llora  sobre  ella.

De ellos  recibí  esta voz, este  corazón inquieto que me apoya y me fortalece y me lleva  consigo. Por eso los amo como  son

 

 

 

 

y también como  serán. Porque  ellos  son buenos y serán  mejores.

Y juntos  nos jugamos

el destino, con nuestras

manos  que  todo lo construyen. Así amo yo la vida

y amo a la humanidad, amor mío,

cuando te amo y amo

a los hombres sencillos

de mi bello  y horrendo país.

 

 

 

(De: Otto René Castillo: Su vida y obra)

 

 

 

 

Retorno al dolor de todos

 

 

 

He vuelto

después de cinco  años. Y sola  estaba  la calle para  mí.

Este viejo  viento

que  conozco desde niño,

caracoleó un poco  en mis cabellos y se quedó ahí de pie,  y alegre

tal vez por mi regreso.

 

 

De los amigos,

ninguno estaba para  verse. Casi todos  siguen lo mismo, me dijeron  vagamente,

pero  su piel

se ha vuelto  grave  ya. Casi todos  también laborando en la sombra, dejando

con su vejez

una dura  y amarga constancia de su lucha.

 

Algunos, sin embargo,

se han cansado ya y le dieron

las espaldas al pueblo y a su frente. Para poder  comer  y dormir

mejor

se despojaron de sí,

se convirtieron tristemente en el gusano que  odiaban y ahora  reptan,

hondo,

en la inmundicia,

 

 

 

 

donde se hartan junto a las bestias.

 

A pesar  de todo,

han sido muy  pocos  los traidores, los que  un día

temblarán

ante  la furia múltiple

del pueblo

y pedirán perdón y serán  dura, cierta,

justamente castigados, porque ellos siempre supieron

lo que  estaban haciendo.

 

 

He vuelto

después de cinco  años. Y nadie

pudo  acudir  a saludarme. Ni aun  aquellos

para  quienes he vivido

luchando, gritando: “¡Vosotros sois grandes, poderosos, y unidos  podéis hacer  más llevadera la vida. Sublevaos!”.

 

Ni aún  ellos  me recuerdan. Mis compatriotas

siguen y siguen sufriendo

diariamente. Tal vez ahora

un poco  más que  siempre.

 

 

 

 

 

 

He vuelto,  digo. Y estoy  aquí,

para  seguir  luchando.

Y aunque, a veces,

me ardan  otras lunas

muy  lejanas y muy  bellas en la piel,

me quedaré con todos,

a sufrir con todos,

a luchar  con todos,

a envejecer con todos.

 

 

A su regreso,

dirán  después los hombres,

no hubo  nadie, no hubo  nada, a no ser la calle  sola

y este  viejo  viento

que  conoció de niño, hace  ya tanta estrella y tanta,  tanta lluvia.

 

 

 

(De: Otto René Castillo: Su vida y obra)

 

 

 

 

Revolución

 

 

 

Los que  no ven nos dicen  ciegos,

pero  tú nos has enseñado a ver el color

del tiempo  que  viene. Los que  no oyen

nos dicen  sordos,

pero  tú nos has enseñado a escuchar en todas  partes el ágil  sonido

de la ternura  humana.

Los cobardes nos dicen  cobardes, pero  contigo  nos enfrentamos

a las sombras

y les cambiamos el rostro.

Los criminales nos dicen  criminales, pero  contigo  revivimos la esperanza, le marcamos el alto al crimen,

a la prostitución,

al hambre.

Y le ponemos ojos, Voz,

oídos, alma,

al corazón del hombre.

Los racistas  nos dicen  antihumanos, pero  contigo  le damos  al odio

su tumba  mundial

en la ciudad de los abrazos. Nos dicen  tantas  cosas.

Y los que  las pronuncian

olvidan,

estúpidos que  son,

que  sus nietos  amarán mañana jubilosamente

 

 

 

 

la palabra estrellada

de tu nombre: revolución

 

 

 

(De: Otto René Castillo: Su vida y obra)

 

 

 

 

 

 

Tu hombre se despide, amor mío

 

 

 

Me voy

pero  no te preocupes si antes  del otoño

no he vuelto  todavía.

 

 

Es lejos  mi país y sufre tanto,

que  uno es incapaz

de ser feliz,

lejos  de sus torres.

 

 

Aquí lo tengo  todo. Nada me falta,

ni siquiera mi soledad.

De todos  los guatemaltecos pobres, yo soy quizá

una  excepción ahora.

Y como  mi vida  entera

luché  contra  toda excepción, porque quiero siempre

que  la misma  sea  la regla,

tengo  que  irme,  así de común, barato  de egoísmos.

 

Me voy,

pero  no te preocupes

si tardo un poco  en el regreso. Un día en otoño  me verás  llegar.

De lejos,  con polvo  aún  en los cabellos.

Y muchos  golpes recibidos, mucha  hambre. Por ese  simple día,  amor mío,

habré  luchado muchos  años.

 

 

 

 

Por ese  simple día,  amor mío, habré  esperado muchos  días. En lo alto de mis ojos

verás  que  aún  persigo

una  estrella lejana

y que  no he podido volver sobre  mis pasos,

porque la luz del alba me sigue  seduciendo.

 

Amor mío,

tu hombre  se va de nuevo

a los combates por la dicha.

 

 

 

De: Vámonos patria a caminar)

 

 

 

 

Vámonos, patria, a caminar

 

 

 

Vámonos  patria  a caminar, yo te acompaño. Yo bajaré  los abismos que  me digas.

Yo beberé tus cálices amargos.

Yo me quedaré ciego  para  que  tengas  ojos. Yo me quedaré sin voz para  que  tú cantes. Yo he de morir para  que  tú no mueras,

para  que  emerja  tu rostro flameando al horizonte

de cada  flor que  nazca  de mis huesos. Tiene  que  ser así,  indiscutiblemente.

Ya me cansé  de llevar  tus lágrimas conmigo.

Ahora quiero caminar contigo, relampagueante. Acompañarte en tu jornada, porque soy un hombre del pueblo, nacido en octubre  para  la faz del mundo. Ay, patria,

a los coroneles que  orinan  tus muros tenemos que  arrancarlos de raíces, colgarlos de un árbol  de rocío  agudo, violento de cóleras de pueblo.

Por ello  pido  que  caminemos juntos.  Siempre

con los campesinos agrarios y los obreros  sindicales,

con el que  tenga  un corazón para  quererte.

Vámonos  patria  a caminar, yo te acompaño.

 

 

 

(De; Vámonos, Patria, a caminar)

 

 

 

 

Viudo  del mundo

 

 

 

Compañeros míos

yo cumplo mi papel luchando

con lo mejor que  tengo.

Qué lástima  que  tuviera vida  tan pequeña,

para  tragedia tan grande

y para  tanto trabajo.

 

 

No me apena dejaros.

Con vosotros  queda mi esperanza.

 

 

Sabéis,

me hubiera gustado llegar  hasta  el final

de todos  estos  ajetreos

con vosotros,

en medio  de júbilo tan alto.  Lo imagino

y no quisiera marcharme. Pero lo sé, oscuramente me lo dice  la sangre

con su tímida  voz, que  muy  pronto

quedaré viudo  de mundo.

 

 

 

(De; Vámonos, Patria, a caminar)

 

 

 

 

Bibliografía

 

 

 

Vámonos patria, a caminar, yo te acompaño

 

Arte Poética: Otto  René Castillo: Poemas

 

Homenaje a Otto  René Castillo

 

Otto  René, biografía y antología

 

Otto  René Castillo: Poemas selectos

 

Otto  René Castillo: Biografía y Selección poética

 

Rebelión: Otto  René: las lanzas y las letras

 

A media voz: Poemas de Otto  René Castillo

 

Otto  René Castillo en Wikipedia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Í n d i c e

 

 

3         Semblanza

 

5         Arte poética

 

6         Compañero Espartaco

 

9         El gran  inconforme

 

11        El hambre

 

13        Estrategia  a contrapecho del hombre

 

15        Frente al balance, mañana

 

16        Holocausto del amor

 

18        Holocausto optimista

 

20        Informe de una  injusticia

 

23        Intelectuales apolíticos

 

25        La libertad, dices

 

28        La tumba  de Dios

 

31        Libertad

 

34        Los fusilados

 

36        Mañana  triunfante

 

38        Nunca estoy  solo

 

39        Permanece conmigo

 

40        Respuesta

 

42        Retorno  al dolor  de todos

 

45        Revolución

 

47        Tu hombre  se despide, amor mío

 

49        Vámonos, patria,  a caminar

 

50        Viudo del mundo

 

51        Bibliografía

 

 

 

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Colección de Poesía Crítica

“Entre los poetas míos…”

 

 

 

 

1   Ángela  Figuera  Aymerich

2   León Felipe

3   Pablo  Neruda

4   Bertolt Brecht

5   Gloria Fuertes

6   Blas de Otero

7   Mario Benedetti

8   Erich Fried

9   Gabriel  Celaya

10   Adrienne  Rich

11   Miguel  Hernández

12   Roque  Dalton

13   Allen Ginsberg

14   Antonio Orihuela

15   Isabel  Pérez  Montalbán

16   Jorge Riechmann

17   Ernesto Cardenal

18   Eduardo  Galeano

19   Marcos Ana

20   Nazim Hikmet

21   Rafael  Alberti

22   Nicolás Guillén

23   Jesús  López Pacheco

24   Hans Magnus  Enzensberg

25   Denise  Levertov

26   Salustiano Martín

27   César Vallejo

28   Óscar Alfaro

29   Abdellatif  Laâbi

30   Elena Cabrejas

31   Enrique  Falcón

 

32   Raúl González  Tuñón

33   Heberto  Padilla

34   Wole Soyinka

35    Fadwa  Tuqan

36    Juan Gelman

37    Manuel  Scorza

38    David Eloy Rodríguez

39    Lawrence Ferlinghetti

40    Francisca  Aguirre

41    Fayad  Jamís

42    Luis Cernuda

43    Elvio Romero

44    Agostinho  Neto

45    Dunya  Mikhail

46    David González

47    Jesús  Munárriz

48   Álvaro Yunque

49        Elías Letelier

50        María Ángeles  Maeso

51        Pedro Mir

52        Jorge  Debravo

53        Roberto Sosa

54        Mahmud  Darwish

55        Gioconda  Belli

56        Yevgueni Yevtushenko

57        Otto René Castillo

58        Kenneth  Rexroth

59        Vladimir  Maiakovski

60        María Beneyto

 

Continuará

 

 

 

 

 

 

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Cuaderno nº. 57 de Poesía Social Entre los poetas míos… Otto René Castillo Biblioteca Virtual

OMEGALFA

Novbre., 2013

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