© Libro N° 6086.
Cuestiones Epistémicas En El Análisis De La Dependencia Y Del
Capitalismo Dependiente. Osorio, Jaime.
Emancipación. Junio 8 de 2019.
Título
original: © Cuestiones
Epistémicas En El Análisis De La Dependencia Y Del Capitalismo Dependiente. Jaime
Osorio
Versión Original: © Cuestiones Epistémicas En El Análisis De La
Dependencia Y Del Capitalismo Dependiente. Jaime Osorio
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CUESTIONES EPISTÉMICAS EN EL ANÁLISIS DE LA DEPENDENCIA Y DEL
CAPITALISMO DEPENDIENTE
Jaime Osorio
Introducción
Muchas
de las discusiones en las ciencias sociales tienen como trasfondo elementos que
están más allá de los problemas aparentemente en disputa. Por ello es necesario
ir más a fondo y develar los fundamentos epistémicos que sostiene tal o cual
posición. En lo que sigue privilegiaremos esa perspectiva para intentar
esclarecer algunos puntos centrales en la polémica sobre la renovación de la
teoría marxista de la dependencia formulada por Claudio Katz y ofrecer respuestas puntuales a su último
escrito (2019). Desde esa perspectiva podremos dimensionar la consistencia de
los argumentos, los límites que el horizonte reflexivo asumido plantea, así
como su ubicación en el desarrollo de la teoría de la dependencia.
Palabras
claves: epistemología, identidad, negatividad, niveles de abstracción.
dependencia.
Una
realidad social opaca y un mundo de ficciones reales
A
diferencia de las clases dominantes que le precedieron en la historia, la
burguesía es la primera clase que debe ocultar los procesos de explotación y de
dominio que lleva a cabo. Ambos procesos destruyen desde los cimientos la
promesa civilizatoria con que esta clase se pone la cabeza de la sociedad:
construir un mundo de hombres libres e iguales. Por esta razón debe velar
aquellos procesos, propiciando la conformación de una realidad social opaca,
que es desvirtuada y que se revela ocultándose.
Son
diversos los procedimientos que operan en tal dirección, como la ruptura entre
economía y política; la conformación de saberes disciplinarios que fragmentan
los procesos de la vida en sociedad y que rechazan la perspectiva de la
totalidad; el fortalecimiento de filosofías y epistemologías que asumen lo real
como lo inmediatamente perceptible (lo
que fortalecerán las corrientes empiristas y positivistas en el conocimiento);
el estudio de cosas (pensamiento cosista)
por sobre las relaciones sociales; el reduccionismo o la búsqueda de las
últimas partes que no tienen partes (átomos),como principio de conocimiento, lo
que conduce a asumir al individuo como punto de partida para la explicación en
las ciencias sociales; devaluación de las filosofías ontológicas (que se
preguntan por la naturaleza del ser); la lógica formal y sus principios de
identidad y de no contradicción , rechazando la lógica de la negación (el ser es y su negación de manera
simultánea), etc.
Para
el capital y sus agentes sociales la particularidad no pasa sólo por lo que la
propia realidad oculta, en su inmediatez, sino porque se recrea un mundo puesto
de cabeza. De esta forma se conforman ficciones reales. Ficciones porque
encubren y desvirtúan la realidad; reales porque dichos trastocamientos
alcanzan consistencia social.
Como
ocurre cuando vemos cotidianamente “salir” el sol, hacer un recorrido por sobre
la tierra, para luego ocultarse.
Sabemos, no por lo que vemos, sino por conocimientos, que no es el sol el que
gira alrededor de la tierra, sino al revés, que es la tierra la que gira
alrededor del sol. Se crea así una ficción, porque lo que vemos (el sol
moviéndose) no es el proceso que realmente acontece. Sin embargo, opera como
real, porque es lo que han visto y vemos millones de humanos, y con ello “la
visión” gana en consistencia y en verosimilitud.
En
la vida en sociedad, establecida la ruptura entre economía y política, tenemos
una economía que gira en torno al mercado como cosa, Y allí se presentan
individuos que de manera libre y soberana compran y venden mercancías y
establecen contratos.
Los
asalariados llegan al mercado sin que policías los saquen de sus camas ni los
obliguen a subirse a transporte público ni a ir a sus centros de trabajo. Todo
lo realizan sin ninguna coacción visible.
Sólo
yendo más allá de lo inmediato perceptible sabremos que los asalariados se
presentan a vender su fuerza de trabajo porque ellos o sus generaciones previas
fueron despojados de medios de producción, por lo que no tienen más recurso
para poder sobrevivir que alcanzar un
salario, vendiendo su fuerza de trabajo.
Lo
que parecía un proceso puramente económico de libre decisión está atravesado
sin embargo por procesos de violencia y coacción política que no se hacen
visibles en el mercado. Por ello dice Marx, el mercado aparece como el reino de
la libertad.
Desde
aquí ya podemos apreciar la ingenuidad empirista que subyace en quienes se
conforman con lo que aparece, con lo dado de manera inmediata. Así algunos afirman que si los salarios son bajos o elevados ello es resultado de que el valor
de la fuerza de trabajo es bajo o elevado. (Katz, 2019). Al final asumen sin
más que lo que aparece es lo real y éste se presenta como tal, sin ninguna
mediación ni distorsión.
En
la política tenemos individuos que llegados a determinada edad se convierten en
ciudadanos. Y por principio los ciudadanos son iguales políticamente, porque
cada cabeza es un voto y sólo un voto. Por tanto, en las decisiones políticas
sobre la vida en común, son ciudadanos iguales los que deciden sobre el curso
de la vida en común.
Tenemos
que salir de las apariencias o de lo inmediatamente visible para comprender que
el voto del ciudadano dueño de un banco y el voto del ciudadano portero del
banco, siendo iguales en la apariencia, en el fondo no lo son. Porque el poder
económico logra que le sean favorables las políticas del Estado y sus leyes,
para que aseguren la propiedad y la apropiación diaria del trabajo ajeno de
muchos. La política está atravesada por la economía, por más que las dos
disciplinas se asuman como autónomas.
Por tanto la igualdad política sólo es una ficción, pero real, porque
genera consecuencias con consistencia, como la idea de que todos los ciudadanos
participan en igualdad de condiciones (sólo un voto) en las elecciones de las
autoridades y que por tanto es responsabilidad de todos lo que de allí resulte
para la vida en común.
En
el capitalismo no sólo se oculta el dominio y la explotación, sino que se
reconstruye cotidianamente una nueva realidad. Sólo yendo más allá de la
inmediatez aparente podemos comprender que el mundo social se nos presenta de
cabeza (o al revés) y ponerlo sobre sus pies.
Cuál
lógica: ¿la de la identidad o la de la negatividad?
No
existe una única filosofía ni una única lógica en el quehacer de las ciencias
sociales y en sus tareas de generar conocimiento. El que prevalezcan unas u
otras genera resultados absolutamente diferenciados.
En
los saberes dominantes prevalece la lógica formal, porque privilegia la idea de
una realidad quieta, siempre la misma, sin conflictos.
Esa
lógica con su principio de identidad, nos dice que si esto es A, sólo puede ser
A. No hay nada en ese algo que lo lleve a ser otra cosa. Por ello establece de
manera inmediata el principio de no contradicción; si afirmo que esto es A, no puedo afirmar que
de manera simultánea es también su negación.
La
lógica formal con su principio de identidad deja fija y estática la realidad.
No tiene elementos para entender sus movimientos y contradicciones. Y si esa
realidad se transforma es como resultado de procesos externos, de fuerzas
exteriores que operan para mover, o bien para transformar.
Las
ciencias sociales imperantes no están sustentadas en principios lógicos (ni
filosóficos) que permitan entender la lucha de clases, las revoluciones
sociales. Estos y otros procesos históricos y reales les parecen metafísica, o
bien procesos que se generan como resultado de fuerzas externas,
Pero
el marxismo es una teoría que necesariamente debe organizarse y articularse
desde otra lógica para poder enfrentar una reflexión que sea capaz de entender
los movimientos y convulsiones de la realidad social propiciados en el seno de
ella misma, sean la lucha de clases o las revoluciones políticas.
Esa
otra lógica asume que el ser es y es simultáneamente también su negación[1].
Con esta lógica el ser no puede ser pensado sino en constante tensión y
movimiento, entre fuerzas interiores que lo llevan a ser tal y las fuerzas
interiores que los impulsan a ser otro de sí mismo.
Pero
esa tensión y movimiento no es un devenir homogéneo, sino por el contrario un
proceso heterogéneo, con cambios de cualidad, lleno de saltos, en donde se
asumen elementos de lo que perece, para en un proceso de superación,
integrarlos a lo nuevo que emerge.
Desde
esta lógica es posible apreciar la distancia que presentan señalamientos como
los que postulan una ley del valor quieta, estable, petrificada. Sólo se puede
sostener lo anterior desde una lógica que está muy lejos de la lógica de la
negación.
Sólo
porque existen procesos que llevan a que actúe y opere la ley del valor es
posible e inevitable que emerjan tendencias que apuntan a su negatividad o
violación. Por sostener lo anterior el
crítico nos atribuye la destrucción del “edificio teórico” de Marx y del
plusvalor. Así señala que “(Osorio)
habría postulado que el capitalismo tiende en forma recurrente a sub-remunerar
a los asalariados” y que “esa interpretación socava la centralidad de las
plusvalía en todo el razonamiento de El Capital” (Katz, 2019).
¿Cree
nuestro crítico que Marx se hacía el harakiri teórico cuando señala: “(…) la
reducción forzada del salario por debajo de(l valor de la fuerza de trabajo)
tiene una importancia demasiado grande”, para concluir que “gracias a esto, el
fondo necesario de consumo del obrero se convierte de hecho, dentro de ciertos
límites, en un fondo de acumulación de capital”? (Marx, 1973a: 505) (Subrayados JO)[2].
En
el párrafo citado Marx señala que la violación de la ley (“que tiene una
importancia demasiado grande”) permite al capital incrementar la plusvalía.
¿Quién
estaría socavando la centralidad de la plusvalía? Ni Marx, ni tampoco quienes
destacamos estas afirmaciones de Marx. Simplemente constatamos que la lógica en
la reflexión es otra, diferente al principio de identidad. De allí que el
crítico reafirme sus dichos: “Esa lógica (de la identidad, JO) se extiende al
salario, que expresa el valor de la fuerza de trabajo y no su negación” (Katz,
2019). Pero ya hemos visto que existen
salarios por debajo del valor de la fuerza de trabajo, y ello está negando el
valor de esa fuerza de trabajo y está negando el valor.
Creo
que existe más de una confusión. Todo parece indicar que se asume “negación”
como “no existente”, como si la plusvalía desaparecería si asumimos la negación
presente en el valor. Y no es esto, sino destacar que “el ser es y no es
simultáneamente”. Repitámoslo: porque existe una ley del valor es por lo que se
puede violentar y negar el valor.
Que
se diga que el proletariado es la negación del capital, indica primero que el
capital no puede existir sin el proletariado; segundo, que esa relación es
contradictoria, esto es, que es un conflicto real, y tercero, señala que ese
carácter contradictorio constituye el núcleo de su realidad histórica y de su
movimiento[3].
Nadie
asume que porque el proletariado es la negación del capital, el capital no
existe. Si no existiera capital no habría relación interna con el
proletariado y por tanto no habría
negación ni contradicción.
Para
mayor escándalo de los que reflexionan atrapados en la lógica de la identidad tendremos que
subrayar que los problemas no se remiten
sólo a salarios por debajo del valor de la fuerza de trabajo.. No hay tema y
problema relevante en El Capital donde la lógica de la negatividad no se
encuentre presente: el valor de cambio como negación del valor de uso; el
trabajo abstracto como negación del trabajo concreto; el capital como negación del trabajador; el trabajo muerto como negación del trabajo
vivo; la “libertad” del obrero como negación de la esclavitud encubierta al
capital; el salario como negación de la explotación; la mercancía como negación
de las relaciones sociales entre los productores; el crecimiento de la miseria
como negación del crecimiento de la acumulación de capital; la ganancia como
negación de la plusvalía; el capital y sus crisis como negación del propio
capital. Pongamos al final, aunque no es lo último: los trabajadores, el
proletariado, como negación del capital, que ya hemos comentado.
Visto desde esta dimensión, parece que los
problemas de las lógicas con las que se lleva a cabo la reflexión nos enfrentan
a problemas muchos más amplios, que discutir simplemente si Marx consideró o no
la negatividad en la ley del valor.
La
lógica que predomina en una u otra reflexión da origen a realidades no sólo
diferentes, sino inconmensurables entre sí.
Niveles
de análisis o niveles de abstracción
Una
particularidad del marxismo frente a otros cuerpos teóricos es que presenta en
su corpus diversos niveles de análisis o niveles de abstracción. Esto refiere a
la presencia de niveles con menores determinaciones, pero que apuntan a
destacar y explicar las particularidades que definen los fundamentos de alguna
forma de organización de la vida en común, como ocurre con la articulación
conceptual para explicar un modo de producción,
hasta niveles de mayor concreción y por tanto con mayores
determinaciones.
Así,
para el estudio del capitalismo, tenemos
análisis a nivel del modo de producción, del sistema mundial, de las formas de
capitalismo, de formaciones económico-sociales y de coyuntura.
Las
categorías y nociones de los niveles más abstractos van siendo asimiladas
redefinidas y recreadas en los niveles menos abstractos o más concretos, y a su
vez en estos últimos niveles se deben crear categorías y conceptos que den
cuenta de las particularidades que en esos niveles se presentan, creándose al
final un entramado conceptual variado y rico en capacidad explicativa.
En
los distintos niveles son diversos los problemas centrales que deben ser
resueltos, contando para ello con las categorías apropiadas. A la luz de lo
anterior señalar que Lenin o Rosa de
Luxemburg “desconocían” la categoría
superexplotación no es ningún argumento ni para sugerir que es innecesaria y
menos para desecharla (Katz, 2019). Primero, porque los autores anteriores están discutiendo
problemas de un nivel de análisis particular, el sistema mundial, que
desembocarán en la formulación de teorías sobre la expansión imperialista.
Segundo, porque esas teorías –si bien hacen referencias a las colonias y otras
“periferias”- no tienen como objetivo
explicar éstas y mucho menos el capitalismo dependiente, un asunto teórico de
mayor concreción que el que les ocupa. Y tercero, porque existiendo
planteamientos en la época en donde se habla de salarios por debajo del valor,
como lo señala Marx cuando enumera causas que contrarrestan la caída de la tasa
de ganancia (Marx, 1973,t. III), la categoría superexplotación no había sido
aún desarrollada teóricamente.
No
fue por casualidad que a la luz de lo anterior se señalara que la teoría de la
dependencia podía ser considerada como un complemento de la teoría del
imperialismo, vista las consecuencias de la expansión imperialista hacia las
regiones dependientes.(Cardoso, 1972).
Incomprensiones
en ese mismo sentido son los que están presentes cuando se señala que hemos
querido convertir a Marx en un teórico de la superexplotación (Katz, 2019),
porque en un escrito (Osorio, 2018a) hemos traído a colación algunas de las
múltiples referencias de Marx en El Capital a las violaciones del valor diario
o del valor total de la fuerza de trabajo.
Hemos
indicado que Marx en esa obra tiene como una de sus preocupaciones centrales
establecer los procesos que permiten la generación de plusvalor en el
capitalismo y desde ese piso explicar las bases en las que se desenvuelve la
lucha de clases en el modo de producción capitalista. En esa tenor, y para esos
fines señala el supuesto de que partirá asumiendo que las mercancías, entre
ellas la fuerza de trabajo, se intercambian por todo su valor.
Y en
esa lógica dedica espacio para explicar los determinantes que operan en el
valor de la fuerza de trabajo.
Establecidas
las condiciones que hacen posible la generación de plusvalor y la explotación
en el modo de producción capitalista, Marx va poniendo de manifiesto
procedimientos que lleva a cabo el capital para la vigencia del valor, pero
también para violentarlo [4], y pone de manifiesto con ejemplos del
funcionamiento concreto del capitalismo inglés, que los procesos en su mayor
concreción operan en la dialéctica de la negación.
¿O
es que alguien cree que el capitalismo inglés a lo menos hasta mediados del siglo XIX efectivamente
respetaba el valor de la fuerza de trabajo?
Marx a lo menos no. Y allí están todas las múltiples referencias
históricas en El Capital para confirmarlo[5].
Pero
más allá de señalar tendencias que caminan en esa dirección, Marx no buscaba
explicar teóricamente el proceso de superexplotación, ni otorgarle un concepto,
a lo sumo lo señala bajo el término de “explotación redoblada” (Marx, 1973b;
511). A nivel del modo de producción en que se mueve le era suficiente explicar
que aun respetando el valor de la fuerza de trabajo, la explotación en el
capitalismo es posible.
No
deja de ser curioso que a la fecha el crítico no problematice el caudal de
páginas y ejemplos en que en el primer tomo de El Capital Marx pone de
manifiesto cómo el capital puede violentar el valor diario y el valor total de
la fuerza de trabajo. Y aquí no podemos echarle la culpa a Engels o a algún
otro editor del libro por esas páginas, al fin que ese tomo es el único que
Marx directamente supervisó sus publicaciones y realizó cambios para ediciones
en lenguas diversas. Y curiosamente esas páginas no fueron en lo sustancial
alteradas y mucho menos eliminadas.
El
problema no se resuelve con la fórmula genérica de señalar que la obra de Marx
no es un “inconsistente armado de conceptos auto-desmentidos”, o que “la obra
de Marx está asentada en la coherencia y no en la autorefutación”[6]. (Katz,
2019). Pero ¿qué significan o cómo se interpretan aquellas páginas y párrafos
en donde, bajo otros términos, Marx está poniendo de manifiesto que el capital
superexplota? Silencio.
A lo
menos Katz reconoce que esas páginas existen. Por ello indica que a las varias
referencias que hemos incluido en aquel escrito “se podría responder con toda
la biblioteca de referencias opuestas que domina a El Capital” (Katz, 2019).
Pero añade: “en última instancia, el propio Marx podría estar equivocado o
desactualizado” (sic), para concluir que “lo importante es la coherencia y la
consistencia empírica (sic) de un razonamiento”[7].(Katz, 2019).
Por
lo dicho anteriormente Katz pareciera
inclinarse por la idea que Marx dejó esas páginas y párrafos por “equivocación
o desactualización”, ya que a su juicio impera el inmutable intercambio de
mercancías por su valor[8].
El
Capital : necesario, pero insuficiente
No
entender el tema de niveles de análisis es lo que lleva a otros autores a
señalar que Marx se equivocó en su análisis de las clases, al hablar en El
Capital sólo de tres clases (burguesía,
terratenientes, obreros), en tanto que en sus estudios sobre la formación
económico-social francesa a mediados del siglo XIX refiere a cinco clases,
añadiendo a las tres anteriores el campesinado y la pequeña burguesía, además
de fracciones y sectores (Marx, 2005).
En
el modo de producción las tres clases mencionadas son las determinantes para
entender la dinámica del capitalismo a ese nivel. Pero son insuficientes para
analizar la Francia de mediados del siglo XIX, esto es a una formación
económico-social específica y en un tiempo específico.
Señalar
a su vez que para explicar el capitalismo dependiente no es necesario dar
cuenta de nuevas leyes y tendencias o
generación de nuevas categorías y que sólo debemos remitirnos a las que
aparecen en El Capital, (Katz, 2019), no deja de ser también un error garrafal,
porque esa postura no asume los distintos niveles de análisis, y la necesidad
de señalar leyes, tendencias y categorías específicas para cada nivel, más allá
de la concreción de las presentes en los niveles más abstractos.
Si
hablamos del capitalismo, las categorías y nociones a nivel del modo de
producción no pueden ser las mismas que a niveles más concretos. Por tanto es
un despropósito señalar, por ejemplo, que si queremos hablar de las
particularidades del capitalismo dependiente, las tendencias y procesos que lo
caracterizan, sintetizado en categorías como ruptura del ciclo del capital o
superexplotación, habría que “dirimir si (…) constituyen leyes equivalentes al
valor, la acumulación o la pusvalía” , además de preguntarse si “detentan el mismo estatuto legal que las
reglas generales del sistema capitalista”, lo que no ocurre, ya que “carecen de
la universalidad requerida para integrar el paquete de leyes del capitalismo”.
(Katz, 2019) (Subrayados JO).
Pero
las categorías como ruptura del ciclo del capital o superexplotación de ninguna
manera pueden tener la misma equivalencia ni el estatuto legal que las reglas
generales del capitalismo, porque no están hechas para explicar problemas a ese
nivel, sino para uno mucho más aterrizado y concreto, que se ubica en las
formas de capitalismo, llamado capitalismo dependiente.
Ahora,
sobre la universalidad de dichas categorías, tendríamos que señalar que
consideradas todas las categorías, de todos los niveles de análisis señalados,
unas son necesariamente más universales, las de los niveles más abstractos,
frente a las de los niveles más concretos. Valor y plusvalía son más universales que imperialismo y ésta
es más universal, a su vez, que imperialismo alemán, imperialismo
estadounidense o imperialismo inglés.
Los
universales no son entidades quietas ni fijas, como tampoco los particulares.
Que sean uno u otro depende del nivel del análisis. Así, la categoría
capitalismo dependiente constituye un universal si hacemos referencia al
conjunto de particulares que lo conforman, como el capitalismo dependiente
brasileño, argentino, boliviano, etc., con lo cual hemos alcanzado un estadio
de concreción mayor.
Nuevamente
habrá que señalar que para el estudio de los nuevos particulares, las
formulaciones de El Capital son necesarias, pero insuficientes. No constituyen
cualquier capitalismo, sino formaciones económico-sociales capitalistas
dependientes. Todo lo que se elabore para la cabal comprensión de ese
capitalismo enriquece la teoría marxista en general, y su capacidad de dar
cuenta de lo concreto.
Esto
no invalida que en el estudio del capitalismo brasileño o boliviano no sólo
consideremos el universal capitalismo dependiente, sino también los de los
niveles más abstractos como valor, plusvalía, sistema mundial o imperialismo.
Los
niveles de análisis no son compartimentos estancos, sino niveles que como vasos
comunicantes permiten que nos movamos en una u otra dirección, de acuerdo a las
necesidades de la reflexión.
El
privilegio de las partes, olvidando el todo
Una
condición del análisis que asume la totalidad, como el marxismo, es que no es
posible analizar algún elemento o relación de manera aislada, fuera del proceso
en donde se constituye y del cual forma parte.
Lo
anterior tiene sentido cuando se presentan argumentos contrarios a algunas
categorías, como en este caso a la superexplotación, desligada de los procesos
en los cuales alcanza sentido y además un papel fundamental para explicar la
reproducción del capital en el capitalismo dependiente.
En
defensa de su posición Katz afirma que “en la actualidad, la noción de
superexplotación no mantiene ninguna
conexión con algún problema
significativo de la estrategia anticapitalista” (Katz, 2019).
¿Y
esto se afirma porque en las múltiples movilizaciones y procesos llevados a
cabo en las diversas sociedades dependientes latinoamericanas en las últimas
décadas no aparecieron ni parecen mantas y carteles que reclamaran ¡fin a la
superexplotación!?
Tampoco
creo haber visto mantas ni carteles que dijeran ¡fin a la plusvalía! ¿Entonces la noción de plusvalía también
adolece de conexión con algún problema significativo de la estrategia
anticapitalista de nuestros días en la región?
La
simple formulación del problema en los
términos señalados por nuestro crítico pone de manifiesto lo absurdo del
planteamiento.
Si
algo subyace en los múltiples procesos políticos y movilizaciones sociales
ocurridos en las últimas décadas en la región es el rechazo a la aguda
explotación que han sufridos los pueblos, en un periodo de incremento de la
voracidad de capitales locales y extranjeros, y redoblada tendencia a la
apropiación de tierras, bosques y aguas, amén del repudio al autoritarismo, la
corrupción, y de un sistema político cada vez más alejado de expresar los
intereses mayoritarios de la población.
La
superexplotación hace referencia a una modalidad particular de explotación
que atenta contra el valor diario y el
valor total de la fuerza de trabajo, en el contexto de economías dependientes
en donde el aguijón productivista que caracteriza al capitalismo industrial
desarrollado no alcanza consistencia, porque el capital puede hacer de la
apropiación del fondo de consumo y del fondo de vida de los trabajadores,
elementos que incrementen la acumulación, lo que es posible porque los grandes
capitales sostienen su vocación exportadora, la que privilegia el consumo
generado por demandas exteriores, con lo que puede dar las espaldas a las
necesidades del grueso de la población local.
En
México, para 2018, alrededor del 80 por ciento de la producción y ensamble de
automóviles fue volcada al mercado estadounidense principalmente, y a otros
mercados externos.
Con
ello, la superexplotación se constituye en un proceso que no sólo sostiene la
reproducción local de capitales, sino que incide en fortalecer la acumulación
mundial de capitales, en tanto permite sostener a su vez el intercambio
desigual desfavorable a las economías dependientes, así como otras formas de
transferencias de valor.
Sostener
que la superexplotación es el fundamento de la reproducción de capitales en las
economías dependientes es poner de manifiesto que esa reproducción
necesariamente presenta diferencias con la reproducción del capital en las
economías industriales desarrolladas. De ello intentan dar cuenta nociones como
ruptura del ciclo del capital, la propia superexplotación, o desarrollo del
subdesarrollo.
Pero
economías sustentadas sobre estos cimientos necesariamente presentan
particularidades a su vez en el conjunto de la reproducción societal, como
modalidades autoritarias de dominio que prevalecen sobre las modalidades
democráticas, estados subsoberanos, y agudización de la lucha de clases, todo
lo cual convierte a las economías dependientes en eslabones débiles del dominio
mundial del capital.
No
es casualidad entonces que sea en
regiones dependientes en donde han irrumpido los procesos revolucionarios en el
sistema mundial, y no en las economías de mayor desenvolvimiento como
inicialmente se planteó por el marxismo, y que América Latina sea un reservorio
de la revolución, una región en donde de manera regular emergen procesos
políticos, bajo muy diversas modalidades, que ponen de manifiesto la actualidad
de la revolución. (Osorio, 2009).
Los
gobiernos populares que se forjaron a inicios del siglo XXI en Venezuela,
Bolivia y Ecuador han sido la última gran expresión de dicha tendencia, más
allá de los logros alcanzados y de los
límites que presentaron o presentan.
Todo
esto alcanza mejores explicaciones en la medida que se asume que la violencia
del capital en el capitalismo dependiente está instalada de una manera
particular en la propia dinámica de la reproducción, lo que hace posible que
predominen los signos de barbarie por sobre los civilizatorios. La agudización
de la lucha de clases en la región no es resultado entonces de factores
culturales o genéticos, sino que está marcada por la dinámica de la particular
forma de capitalismo y de explotación que impera, en el marco de la inserción
de este capitalismo en el mercado mundial, y de la historia de lucha de clases
que el capital propicia,
Desde
esta perspectiva y vista la superexplotación en la totalidad de la dinámica del
capitalismo dependiente y de su papel en la acumulación y en la lucha de clases
local y a nivel mundial, constituye una
desmesura señalar que “la defensa del
concepto (de superexplotación JO) ” se lleva a cabo “sin ninguna preocupación
por su relevancia política práctica”, y añadir que “esa actitud (la de los otros, claro está) retrata una
afinidad puramente académica hacia esa noción” (Katz, 2019).
¿Y
qué afinidad retrata la forma de reflexión que el crítico postula en general y
sus desvaríos sobre la supexplotación?
Política pura. Sólo cabe preguntarse la adecuada para quiénes.
Quizá
nuestro crítico dé por sentado que como se ha pronunciado en contra que Donald
Trump meta las narices en Venezuela y otros posicionamientos políticos que sería absurdo desconocer, ello
supondría que ha quedado inmune a toda crítica. Pero esta es ineludible en el
debate teórico-político propiciado. Y aquí no tiene sentido hacerse la víctima
(se “pretende excluir nuestro enfoque de ese privilegiado círculo” del
dependentismo), como sería postular que alguien expulsó a Cardoso y que no fue
su propio quehacer teórico y político el que lo excluyó del “dependentismo”.
Ni
tampoco tiene sentido jugar a la ingenuidad, convocando al pluralismo
(“reconocer la existencia de distintas corrientes al interior de una misma
escuela de pensamiento” “¿el dependentismo?”) , como si fuese posible conciliar
en el seno de la teoría marxista de la dependencia posiciones que sostienen el
peso de la superxplotación para explicar el capitalismo dependiente, por
razones como las arriba señaladas, con otra que llama a abandonarla y quedarnos
con la sencilla solución de salarios bajos porque el valor de la fuerza de
trabajo es bajo.
La
persistente confusión entre superexplotación y pauperismo absoluto
Nuestro
crítico señala que él no asume la confusión de Cueva de asimilar superexplotación a pauperización absoluta. En
un escrito anterior (2018a) señalamos que pagos por debajo del valor de la
fuerza de trabajo no implican necesariamente pauperización absoluta, porque la
canasta de consumo de los asalariados se incrementa al paso del tiempo como
resultado de la transformación de nuevos valores de uso en bienes salarios,
como resultado de su abaratamiento y por la propia sociabilidad reinante.
De
esta forma la masa de valores de uso que consume un trabajador en el siglo XXI
y que definen el valor de su fuerza de trabajo es muy superior a la masa de
valores de uso de un trabajador en el siglo XX, al incluir refrigeradores,
televisores, celulares, etc.
Estos
últimos bienes ganan enorme peso en el consumo en tanto resuelven nuevas
necesidades sociales impostergables, como poder hacer compras de leche o
víveres una vez a la semana y mantenerlos refrigerados, cuando ya la mujer
también se ha incorporado al mercado de trabajo, por ejemplo. El problema es
que en una economía en donde reina la superexplotación, la adquisición de estos
bienes se hace a costa de otros bienes indispensables, como podría ser gastos
en medicinas en consultas médicas, dentistas, para no hablar de disminuir el
consumo de carne, huevo, frutas y verduras o vestimenta.
Para
el crítico este tipo de procesos son “simples retrato de la explotación” y de la “irracionalidad del consumo” que
incentiva el capitalismo. Katz razona acá como el liberal que considera que los
trabajadores en el siglo XXI no deben consumir refrigeradores, televisores o
celulares, bienes “superfluos”, y que deben limitarse a adquirir “los bienes
esenciales”.
Con
este planteamiento, que denota qué poco entiende de lo que determina el valor
de la fuerza de trabajo, pareciera indicarnos que en las protestas de los
trabajadores argentinos frente a los agudos encarecimientos de servicios y
bienes básicos que lleva a cabo en los últimos años el gobierno de Macri, que
los tiende a marginar no sólo de consumos “superfluos”, como los señalados por
Katz, sino también de “bienes
esenciales”, lo que tenemos es un ajuste en donde los salarios bajan…. quizá
porque debe haber bajado el valor de la fuerza de trabajo. ¿Quién “socava la
centralidad de la plusvalía”? Porque hay
que diferenciar las formas cómo esta se genera de manera predominante. No es lo
mismo que sea por plusvalía relativa o por apropiaciones al fondo de consumo o
al fondo de vida.
Nuestro
crítico pide que identifiquemos en qué escrito señala la asimilación de
superexplotación y pauperización absoluta que hemos indicado. No hay que ir a
otros escritos. En el propio texto que comentamos señala: “justamente porque a
nuestro entender la vigencia de la superexplotación en el grueso de la
población laboral (del centro o la periferia) implicaría su empobrecimiento
absoluto, restringimos su alcance a una minoría de los desposeídos” (sic). A
ello agrega que “Osorio (…) acepta la vigencia de ingresos por debajo del valor
de la fuerza de trabajo para el grueso de los asalariados de la periferia.
(Pero Osorio) no registra que esa situación amenazaría la subsistencia de los
asalariados”. (resic). Y señala para menor duda: “La superexplotación como norma en la
periferia sólo regiría en las circunstancias de pauperización total”. (Katz, 2019). (Todos los subrayados, JO).
¡Tres
modalidades de superexplotación!
En
un vivo retrato de la confusión en que se posiciona, el crítico indica que
intento “amalgamar tres diagnósticos incompatibles” sobre la superexplotación:
uno, “que la superexplotación continúa operando como la gran divisoria de las
economías desarrolladas y periféricas”; dos, “que con la globalización” la
superexplotación “se ha extendido a las metrópolis”, y tres, que la
superexplotación “se remonta a la época de Marx”.
Y
concluye: “Los tres señalamientos son obviamente contradictorios. Si la
superexplotación persiste como especificidad de la periferia, no puede
generalizarse al centro”. Además, “si en
las últimas décadas (la superexplotación ) se introdujo en los países
desarrollados, no se remonta a los años de Marx”. Por último, “si (la
superexplotación) ya estaba presente en el (siglo) XIX carece de especificidad
contemporánea” (Katz, 2019).
El
hecho que el capitalismo desarrollado repose desde el siglo XIX de manera
creciente en la plusvalía relativa, ¿ello significa que dejó de tener presencia
la plusvalía absoluta en ese capitalismo?
No es difícil señalar que no. Sólo que ahora se articula con el conjunto
del proceso de reproducción de otra manera, sin tener la relevancia que alcanzó
en los inicios del capitalismo, pero sigue siendo necesaria en esa
reproducción, en términos históricos, por lo que mantiene a su vez relevancia
teórica[9].
Ya
lo he señalado antes: Marx sí remite a procesos que con el lenguaje actual
caracterizamos como superexplotación. ¿Quién sostiene que ésta no operaba en
los orígenes del capitalismo? Ya hemos
comentado que Marx refiere extensamente a esa modalidad de explotación en El
Capital. La particularidad que la
superxplotación presenta en nuestro
tiempo en el capitalismo desarrollado reside en que hoy no juega el papel que
cumplía anteriormente en ese capitalismo, y no se la nombraba como hoy lo
hacemos. Y esta es una “especificidad” histórica y “contemporánea”. Por el papel que cumple entendemos el peso en
la reproducción del capital, su incidencia en la conformación de mercado
interno, en incentivar o desalentar el desarrollo tecnológico, en las
posibilidades de acuerdos entre clases, en las posibilidades de formas más
democráticas o más autoritarias de gobiernos, etc.
Y es
en dinámicas diferenciadas como las anteriores lo que propicia que la
superexplotación tenga un peso fundamental en el capitalismo dependiente y no
lo tenga, aunque se haga presente, en el capitalismo desarrollado, antes o
ahora. En el primero la superxplotación (que no pauperismo absoluto) afecta al
grueso de la población asalariada y es estructural a la reproducción
capitalista, es decir no aparece en algún tiempo y luego desaparece, porque
además también está condicionada por los procesos estructurales de intercambio
desigual. En tanto en el capitalismo desarrollado emerge particularmente en
momentos de crisis y sólo por más largo tiempo en franjas muy reducidas de la
población obrera, como migrantes, o en sectores subempleados crónicos.
El
error de establecer dicotomías: ¿ superxplotación o transferencias de valor?
Frente
a la insistencia de plantear la dicotomía superxplotación o transferencias de
valor repitamos lo ya señalado: “sin intercambio desigual no hay dependencia,
sin superexplotación no hay capitalismo dependiente, sin capitalismo
dependiente no hay intercambio desigual. Y así se genera una espiral en donde
las causas se convierten en consecuencias y las consecuencias se convierten en
causas” (Osorio, 2018b).
En
su afán de deshacerse de la superexplotación, de su significación en el
capitalismo dependiente y de convertir
las transferencias de valor en la explicación del subdesarrollo y todo lo referido a las determinaciones de la
dependencia, al fin que “la dinámica de las transferencias aporta las
respuestas que la tesis de la superexplotación no logra encontrar”, Katz intenta relativizar el énfasis
unilateral en que cae señalando que
“todos los marxistas postulamos que los fondos drenados al exterior se basan en
una apropiación del esfuerzo laboral de los trabajadores”, “se nutren del sudor
de millones de oprimidos”. (Katz, 2019). Faltaba menos. Y con esto para el
crítico los problemas han quedado en orden.
Pero
no basta decir que en las transferencias de valor…. hay transferencias de
valor. (¡Vaya descubrimiento!). Falta
responder cómo se generó ese valor. ¿Las formas de explotación no tienen
sentido? ¿Da lo mismo plusvalía absoluta que relativa?¿ es igual salarios que
respetan el valor de la fuerza de trabajo de salarios que violentan ese valor?
¿importa sólo de donde salen esos fondos y a dónde van a parar, sin
preguntarnos qué consecuencias propician al interior de donde salen, más allá
de la vaguedad que generan subdesarrollo? ¿Y cómo generan subdesarrollo?¿Qué
mecanismos, en esas condiciones, hacen factible la acumulación y la
reproducción de capitales?
Lo
que para nuestro crítico es haber llegado al final del camino es sólo el
comienzo de una ruta llena de problemas, en donde tarde o temprano se topará
con las determinaciones del capitalismo dependiente.
Nadie
que quiera explicar el “subdesarrollo” y el capitalismo dependiente puede
ahorrarse la tarea de formular conceptos y categorías que permitan dar cuenta
de los procesos económicos, políticos y sociales que hacen posible que el
“subdesarrollo” y el capitalismo dependiente se reproduzcan. Y en ese tenor es
que tienen relevancia los valores de uso cómo la región se insertó y se inserta
al mercado mundial; el que predominen en nuestra historia patrones de
reproducción exportadores, que propician rupturas del ciclo del capital, que
alientan la superexplotación, que no alientan el aguijón productivista y el
desarrollo de ciencia y tecnología; que reclama Estados subsoberanos, con
clases dominantes locales subordinadas a proyectos imperialistas, sin proyectos
nacionales, que el subdesarrollo sea lo que se desarrolla, etc.
Se
puede estar en desacuerdo con las nociones y categorías que actualmente se
emplean. Lo que parece absurdo es lanzar esas nociones (el agua sucia) junto
con la bañera (capitalismo dependiente).
Y levantar banderas para indicar que ahora con las trasnferencias de
valor tenemos la panacea explicativa. Y claro, y con la renta, por supuesto. Lo
más serio es que no se vea la desnudez teórica en que se instala una tal
propuesta.
No
es por acaso que Marx señala: “La verdadera economía política comienza allí
donde el estudio teórico se desplaza del proceso de circulación al proceso de
producción” (Marx, 1973, tomo III: 325).
Parece
que no se puede esquivar el análisis de cómo opera la explotación. Y en el
capitalismo dependiente opera superexplotando. Por ello es factible señalar que
el intercambio desigual y otras formas de transferencias de valor de América
Latina al mundo desarrollado, a lo menos desde mediados del siglo XIX en
adelante, no son sino otra cara de los procesos de superexplotación, modalidad de explotación
que violenta el valor de la fuerza de trabajo, y que hace posible que parte del fondo de consumo y del fondo de
vida de los trabajadores se conviertan en fondo de acumulación, sea para hacer
factible el intercambio desigual y otras transferencias de valor, sea para
compensar sus vigencias.
Las
dicotomías son propias del pensamiento que se plantea optar entre esto y
aquello, cada uno fijo, quieto, inmutable: el autoritarismo o la democracia; la
libertad o la esclavitud; sujeto u objeto, sociedad o naturaleza, excluidos o
incluidos; valor de uso o valor.
Se
puede señalar que la exclusión (del empleo y del consumo, por ejemplos) en el capitalismo no es sino una forma de
inclusión en la lógica del capital. (Osorio, 2012).
Plantear
como dicotomías procesos que están relacionados es caminar directo a establecer
una exterioridad, que cierra el paso a lo que los propicia y relaciona, que es
siempre un proceso al interior.
Teoría
de la dependencia y teoría del capitalismo dependiente
La
historia que hizo posible que los problemas abiertos con la noción de
dependencia cristalizaran en una teoría fue relativamente breve[10], pero en un
tiempo social tremendamente condensado, cargado de disputas políticas y
teóricas, por la agudización de la lucha de clases, acelerados por triunfos
como la revolución cubana en 1959, y aletargados por derrotas como el golpe
militar de Pinochet en Chile en 1973 y demás golpes en la parte sur del
continente.
En
ese condensado proceso hubo una primera etapa en donde declararse “dependentista” fue un asunto relativamente
factible y para muchos una moda intelectual, como tantas, al fin que la
dependencia era asumido como un problema generado por elementos externos, como
el deterioro en los términos de intercambio, ajenos a la responsabilidad de las
clases dominantes locales.
En
este periodo muchos autores de la CEPAL o del ILPES escribieron sobre la
dependencia. Fue en las oficinas de esta última institución en donde Cardoso y
Faletto escribieron su libro Dependencia y desarrollo en América Latina (1969).
Pero
este escenario comienza a modificarse cuando Marini publica o da a conocer en
congresos los primeros escritos, en 1972, que darían forma a su libro
Dialéctica de la dependencia (1973). Su quiebre con las esperanzas del
desarrollo removiendo “obstáculos” que impedirían avanzar, como las rémoras
semifeudales en el agro, o la desmistificación de la industrialización y su
papel que confirmaba las tesis de Frank que la región solo puede esperar el
desarrollo del subdesarrollo de proseguir bajo relaciones capitalistas, así
como llenar de significación teórica y política a las formulaciones sobre la
superexplotación y el intercambio desigual, hicieron que el escenario comenzara
a decantarse. Y reconocerse como
dependentista ya no será lo mismo. La impronta anticapitalista del problema no
era un asunto menor.
Es
en este contexto, en donde las tareas prioritarias pasarán por develar las
tendencias y procesos que definen el capitalismo dependiente, que comenzará a
hablarse cada vez más de una teoría marxista de la dependencia[11], y ya no
simplemente de teoría de la dependencia,
lo que propicia que posiciones antes convergentes comiencen a mostrar sus
claras diferencias.
No
fue una casualidad entonces que las críticas anteriormente dirigidas a Frank
pasaran a concentrarse en Marini y particularmente en las nociones de
superexplotación, de intercambio desigual y también en la propia idea de un
capitalismo dependiente.
Es
en este cuadro que Cardoso inicia su toma de distancias con Marini desde 1972,
con su artículo “Notas sobe el estado actual de la estudios de la dependencia”,
y más tarde la profundice, en 1978, publicando junto a José Serra “Las desventuras de la dialéctica de la
dependencia”.
Cabe
destacar que Marini no se encontró sólo en la defensa de las tesis del
capitalismo dependiente. Vania Bambirra
salió al paso de las principales críticas publicando su libro Teoría de
la dependencia: una anticrítica (1978), siendo Agustín Cueva, Octavio Rodríguez
y Enrique Semo, en ese orden en el índice, los destinatarios de las críticas
principales.
En
esta línea de razonamiento creo que el trabajo de Claudio Katz se ubica en el
amplio campo de lo que se conoce como teoría de la dependencia, que se plantea
el tema de la dependencia de manera prioritaria, en una posición que rechaza el
planteamiento de particularidades y tendencias de algo referido al capitalismo
dependiente , siguiendo la línea en donde destacan Cardoso, desde fuera del
marxismo ,y Cueva, desde el marxismo ortodoxo de los partidos comunista.
La
publicación de un sinnúmero de antologías sobre la dependencia ha ayudado a
alimentar la confusión señalada, como resultado de no establecer las
diferencias teóricas y políticas entre autores, en donde Cardoso, Sunkel, Frank
y Marini quedan todos en el mismo paquete. En rigor no todos los autores que
hablan o hablaron de dependencia se incluyen en la teoría marxista de la
dependencia, para los cuales la explicación del capitalismo dependiente, desde
los procesos y formas como este capitalismo se inserta al mercado mundial, se
constituye en el centro de su reflexión.
20
de marzo de 2019
Bibliografía
Bambirra,
Vania (1978), Teoría de la dependencia: una anticrítica, Serie Popular Era,
México.
Cardoso,
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Cardoso,
F.H. y José Serra (1978), “Las desventuras de la dialéctica de la dependencia”,
Revista Mexicana de Sociología, número extraordinario, Instituto de
Investigaciones Sociales, UNAM, México.
Cueva,
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Buenos Aires.
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G. W. F. (2011), Ciencia de la lógica, vol. I, traducción de Félix Duque, Abada
Editores /Universidad Autónoma de Madrid. Madrid.
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Claudio (2019), Actualización o veneración de la teoría de la dependencia. En
http://lahaine.org/katz/ 07 de marzo.
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Marini,
Ruy Mauro (1978), “Las razones del neodesarrollismo (o por qué me ufano de mi
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Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM, México.
Marx,
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Marx,
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Osorio;
Jaime (1984), “El marxismo latinoamericano y la dependencia”, Cuadernos
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Jaime (2012), Estado, biopoder,
exclusión. Análisis desde la lógica del capital. Anthropos-UAM, Barcelona.
Osorio,
Jaime (2018a), “Acerca de la superexplotación y el capitalismo dependiente”,
Cuadernos de Economía Crítica n. 8, La Plata, Argentina.
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Jaime (2018b), Los avatares de una nueva interpretación sobre el subdesarrollo
y la dependencia. Herramienta Web n. 24, Buenos Aires.
Pérez
Soto, Carlos (2008), Desde Hegel. Para una crítica radical de las ciencias
sociales, Editorial Itaca, México.
Pozzi,
Sandro (2019), “EEUU acusa de fraude a Volkswagen y a su expresidente”, El
País, 16 de marzo.
[1]
G. F. Hegel es el que desarrolla esta lógica. Véase su Ciencia de la lógica
(2011). Para versiones más accesibles, consúltese de Carlos Pérez Soto (2008).
Y de Jorge Grespan (2012).
[2]
No postulo que la superexplotación es el fundamento de todo capitalismo, como
pudiera desprenderse de lo señalado, sino sólo del capitalismo dependiente. El
hecho de asumir la extensión de la superexplotación al capitalismo desarrollado
de manera acotada, sea a franjas de la población y/o en tiempos particulares,
no se lleva a cabo ni genera las mismas consecuencias que en el capitalismo
dependiente, como veremos más adelante.
[3]
:- Esta último ejemplo lo tomo de un correo que el profesor Carlos Pérez Soto
me envío, a consulta expresa sobre el tema. Se puede consultar su libro Desde
Hegel. Para una crítica radical de las ciencias sociales (2008), en particular
la categoría Nada.
[4]
Esta dinámica es la que destaca Marini cuando indica:“El desarrollo de las
relaciones mercantiles sienta las bases para que una mejor aplicación de la ley
del valor tenga lugar, pero simultáneamente crea todas las condiciones para que
jueguen los distintos resortes mediante los cuales el capital trata de burlarla”.
Marini, 1973: 32-33).(Subrayados JO).
[5]
Muchas de esas referencias son las que se recogen en Osorio 2018a.
[6]
Desde la lógica de la identidad, quieta e inmutable, tiene sentido que cuando
se manifiesta la negación, se señalen términos como “conceptos
auto-desmentidos” o “autorefutación”. Porque existe ley del valor es que se la
puede violentar.
[7]
Ni Marx hace referencias empíricas para establecer el valor de la fuerza de
trabajo, y Katz, en los escritos que comentamos, asume sin más que salarios
bajos es igual a valores bajos de la fuerza de trabajo. Por tanto creo que nuestro crítico
confunde “consistencia empírica” por
“consistencia lógica”.
[8]
No importa que la prensa señale un sinnúmero de ejemplos semanales, sino
diarios, donde se violenta el valor. Veamos una píldora, en donde los actores
no son pequeños capitales actuando en México, Honduras o Filipinas. En Estados
Unidos, “el regulador del mercado de valores (SEC, por su siglas en inglés)
acusa a Volkswagen que “instaló un dispositivo electrónico en los coches para
burlas los controles” de contaminación. “La
SEC (…) considera que la compañía realizó ¨una serie de comunicaciones
engañosas¨”, lo que le permitió “acudir al mercado de bonos y recaudar 13 mil
millones de dólares entre abril de 2014 y mayo de 2015”, y que “los ejecutivos
de la compañía conocían que más de medio millón de vehículos en Estados Unidos
excedían los límites legales” de gases contaminantes. El País, 16 de marzo de
2019, p. 38.
[9] En su respuesta a Cardoso, Marini señala lo anterior, ante la afirmación
de aquel que la plusvalía absoluta podía seguir teniendo relevancia histórica,
pero ya no relevancia teórica, ya que el capitalismo (así, en general) en la
actualidad se rige por la plusvalía relativa, con lo cual sólo debíamos
ocuparnos de ésta forma de plusvalía. (Marini, 1973).
[10]
En el artículo “El marxismo latinoamericano y la dependencia” (1985) realizamos
un primer balance de este proceso.
[11] “La tarea fundamental de la teoría marxista
de la dependencia consiste en determinar la legalidad específica por la que se
rige la economía dependiente”. (Marini, 1973: 99).


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