© Libro N° 6085.
Diecisiete (17) Horas. Bargaine, Ainsley. Emancipación. Junio 8 de 2019.
Título
original: © 17
Horas. Ainsley Bargaine
Versión Original: © 17 Horas. Ainsley Bargaine
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición
digital de Versión original de textos:
http://el-rincon-de-mis-historias.blogspot.com/search/label/Ainsley%20Bargaine
Licencia Creative Commons:
Emancipación
Obrera utiliza una licencia Creative
Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única
condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión
cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos
publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del
conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a
Versiones originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente
educativos y está prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada E.O. de Imagen original:
http://el-rincon-de-mis-historias.blogspot.com/search/label/Ainsley%20Bargaine
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
17 HORAS
Ainsley Bargaine
Agradecimientos
Traducción
Maia8
Male♥
Revisión
LadyPandora
Corrección
lavi
Diseño
KatieGee
Índice
Sinopsis 5
17
horas 6
Sobre
la autora 14
Sinopsis
Traducida
por Male♥ Corregida por lavi
Juliana
tiene dos mejores amigas: Sarah y McKenzie. Pero cuando Sarah es secuestrada
ante sus ojos, ella y McKenzie deciden ir a «salvarla». En esta novela, Juliana
tendrá que usar su cerebro, y recordar la lealtad. Si
todo
va bien, Sara estará de vuelta, los secuestradores entre rejas, y todas ellas
vivas. Si no, Juliana debería dejar a la policía «lidiar» con esto.
17 Horas
Traducido por Maia8 y Male♥
Corregido por lavi
Estoy
sentada en mi cama, presa del pánico. ¿Qué he hecho? ¡Soy una amiga horrible!,
pienso. Todo está borroso y estoy muy asustada. No sé qué hacer. Pero bueno,
permíteme dar marcha atrás y explicártelo todo.
Tal
vez me calme un poco.
Yo y
mi mejor amiga Sarah estábamos caminando por la calle principal y mirando los
platos de porcelana china en la ventana. Estábamos cantando canciones sobre
comidas y lugares. La cosa era así. Sara diría: «Me gustan las fresas». Y yo le
contestaría con un lugar. Como, «Colorado tiene fresas». Fue así durante mucho
tiempo. Era tonto, pero se pasaba el tiempo.
—¡Ooh!
—exclamó Sarah—. ¡Apuesto a que a mi madre le encantaría aquel para su
cumpleaños!
Estábamos
comprando regalos para su madre, y decidimos dar un viaje sorpresa a las
tiendas para echar un vistazo.
—Creo
que el rosa sería mejor —digo enfáticamente—. Me estoy cansando,
¿podemos
ir por un helado de al lado? —Sarah me despidió, moviendo las manos.
—Bien,
bien. Estaré allí en un minuto. Déjame pagar esto.
Me
encogí de hombros y caminé por la calle. Por supuesto, la tienda estaba llena.
Me tropecé al atravesar la puerta y ponerme en la fila. Mientras esperaba, miré
afuera, a lo largo de la calle. Vi a Sarah hablando con un chico, sujetando los
dos platos que habíamos mirado antes. A los pocos minutos, me encontraba en la
parte delantera de la fila.
—Um...
¿me puede poner dos helados uno doble de fresa y otro de vainilla con sirope de
caramelo y dulces de chocolate, por favor? —lo digo tan rápido que tengo que
repetirlo. Un chico detrás de mí resopla. Le lanzo una mirada, luego
inmediatamente me siento avergonzada. No lo miro por el resto del tiempo. Meto
el cambio en mis vaqueros y corro hacia Sarah. Ella seguía hablando con el
chico. Me di cuenta que tenía grandes músculos, sobresalían debajo de su
camiseta roja. No lo pensé dos veces, aunque me imaginé que Sarah estaba
coqueteando. Típico.
—¡Sarah!
—la llamo. Entonces, de repente, ese chico musculoso se lanza hacia Sarah. Su
sonrisa se desvanece. Ella gritó y dejó caer los platos de porcelana. La llamo
por su nombre, pero el chico la lanza por encima de su hombro y corre hacia el
coche.
Dejo
caer mi helado de vainilla y corro tras ellos.
—¡Alto!
—grito—. ¡Fuego! ¡Por aquí! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE! —grito tan fuerte como
puedo, pero, o nadie estaba mirando o algo parecido. Todavía no entiendo cómo
la gente puede estar tan ciega. Sarah está pateando y gritando con todas sus
fuerzas, pero estoy muy lejos para alcanzarla.
Sarah
me ve y grita:
—¡Fresa!
Parpadeo...
No lo entiendo.
—¡Sarah!
—digo con desesperación. Busco mi teléfono móvil y oprimo el 911. El oficial
tarda una eternidad en atender.
—Hola,
¿cuál es su emergencia? —dice la oficial al teléfono. Yo trato de contarle lo
ocurrido, pero estoy sollozando incontrolablemente para ese momento.
—Está
bien, sólo dime lo que pasó y todo irá bien. Ella suena muy tranquilizadora...
Quiero creerla.
—¡Mi
amiga... e-e-ella acaba de ser s-se-secuestrada! —gimo al teléfono. La oficial
me presiona para obtener detalles.
—¿A
qué hora? ¿Dónde? ¿Puedes describir a la víctima, y al secuestrador? Lloro un
poco más cuando dice «la víctima», suena tan... a película de cine. Cuento todo
lo que sé y la oficial me da las gracias. Ella promete que se harán cargo de mi
amiga. Temblando, presiono FINALIZAR en mi teléfono. Lo pongo de nuevo en el
bolsillo y voy calle abajo. Mi casa está por el camino. Abro la puerta de mi
casa y corro a la oficina de mi madre.
—Cariño,
¿qué pasa? —pregunta, luciendo preocupada. Sollozando le cuento toda la
historia y ella agarra el teléfono que está colgado. Marca el número de la
madre de Sarah. Tomó un tiempo, pero estoy bastante segura de que oí gritos y
lamentos.
Mamá
cuelga luciendo devastada.
Entonces,
aquí estoy ahora, en mi habitación. Sola. Asustada por mi mejor amiga, que ha
sido secuestrada aproximadamente hace 4 horas.
Me
sentía como un bebé grande, pero empecé a llorar de nuevo. ¿Por qué Sarah? Él
debería haberme llevado a mí en su lugar. Me siento horrible.
Al
día siguiente, mi otra amiga McKenzie vino. Fue muy embarazoso. Empezamos a
hablar de Sarah, y cómo era.
—Ella
estaba SIEMPRE con su teléfono —dice McKenzie.
—Y
nunca aceptaba un «no» por respuesta —recordé. Vimos una película, pero no
llegamos a acabarla. La rubia en ella siempre estaba con su teléfono, y yo y
McKenzie simplemente nos pusimos a llorar. Ella la detuvo y yo la apagué.
Subimos a mi habitación, abrazándonos.
—¿Qué
piensas que haría Sarah en esta situación? —McKenzie sorbe por la nariz.
Sólo
niego con la cabeza.
—No
sé... habría venido tras nosotras, probablemente. Lentamente, McKenzie levanta
la cabeza.
Entonces,
lo supuse.
—No,
mala idea, MALA idea.
Pero
sé que estoy pensando, por supuesto, Sarah vendría tras de mí... es lo menos
que puedo hacer. Cambio de opinión.
—Está
bien, ¿tal vez podríamos conseguirlo? —McKenzie sonríe.
—Por
supuesto que podemos, porque somos verdaderas amigas ¿no? Hacemos planes para
salir en 30 minutos. Quiero decir, sé que esto es apresurado, pero, ¡Sarah
podría estar en problemas! Tenemos que salvarla, y rápido. Añado ropa extra,
unas botellas de agua, comida y las necesidades del baño. McKenzie camina hasta
su casa para coger bocadillos, ropa, su teléfono, y un GPS. De esta forma si
nos perdemos alguna de las dos, ¡entonces sabremos dónde está la otra!
¿Ves?
Me digo a mí misma. Hemos tomado precauciones... todo irá bien. Trato de
sentirme mejor, pero las mariposas en mi estómago no están ayudando.
Antes
de darme cuenta, estamos escondidas en el callejón.
—Entonces,
¿por dónde empezamos? —digo con incertidumbre. McKenzie simplemente se encoge
de hombros.
—Dijiste
que el auto era negro, ¿cierto? ¿Y se dirigió al oeste de la calle principal?
—me dice ella. Estamos de acuerdo en empezar por ahí. El aire se está poniendo
cada vez más oscuro y frío. Me pregunto si mis padres están preocupados.
Dejamos una nota... diciendo que íbamos a estar fuera durante unos días. Ahora
me siento culpable. ¿Qué pasa si mis padres están preocupados? ¿Y si están
llamando a la policía? ¿Qué hay de...? Una pequeña voz habla en mi cabeza.
Basta ya, dice. Vas a estar bien. Escúchame. Está bien. Tú. Estarás. Bien. Deja
de enloquecer. Tomo una respiración profunda y la dejo salir. McKenzie me mira,
y luego a la tienda de dulces que todavía está abierta. Frunzo el ceño, pero,
de todos modos, nos dirigimos dentro. Sólo estoy continuando con esto porque
los empleados podrían haber visto hacia donde se fue el auto.
McKenzie
se acerca a la caja, dando un golpe ligero al mostrador. Un joven se escabulle
fuera de la habitación trasera.
—¿Qué
les sirvo? —Él se esfuerza por lograr las palabras. Puedo ver que a él le gusta
McKenzie. Fracasa al ocultarlo.
—¿Me
puedes poner algunos caramelos de menta y, um, regaliz rojo? —le pregunta mi
amiga con dulzura. El dependiente se sonroja y se apresura a agarrar una bolsa
de dulces. ¡Incluso añadió algunas golosinas amargas!
—Um,
teníamos muchas. La casa invita —tartamudea él. McKenzie echa un vistazo a la
etiqueta con su nombre.
—¿Por
qué? Gracias, David —se ríe. Decido que esto está tomando mucho TIEMPO. Sarah
ha sido secuestrada... y mi amiga estaba coqueteando.
—Uh, ¿llegaste
a ver un
Sudán Negro por aquí esta
tarde? —digo, esperanzada.
—Sí,
¿por qué? —responde David.
—Por
nada, nuestros familiares estaban asombradísimos.
Me
siento mal por haber mentido, pero, ¿qué otra cosa podía decir? David señala.
—Conducían
por las vías del tren antes. —Todavía parece desconfiar, pero creo que no nos
ha descubierto.
—Bueno,
adiós —se apresura McKenzie, y tira de mí hacia la puerta.
—¡Dios,
estaba buenísimo! —chilla ella justo en mi oído. No respondo, sólo sigo
caminando.
Al
instante llegamos a las vías del tren. Por el rabillo del ojo veo un Sudán
Negro estacionado bajo un árbol. McKenzie y yo nos acercamos para investigar.
Las puertas están abiertas por lo que entramos y empezamos a buscar.
—¡McKenzie!
¡He encontrado un brazalete de color rosa! ¿Lo reconoces? Lo sostengo. McKenzie
frunce el ceño, mirándolo fijamente.
—¡Oh!
Se lo regalé por su duodécimo cumpleaños —dice ella de repente. Asiento con la
cabeza.
—Entonces
vamos por buen camino —digo esto con confianza, aunque estoy asustada. Nunca he
hecho nada como esto antes. Caminamos por las vías, pero pronto estamos muy
cansadas. McKenzie mira su teléfono para comprobar la hora.
—22:02
—informa ella. Bien, pienso discretamente, eso significa que han pasado
alrededor de 4 horas desde el secuestro.
Ambas
caemos dormidas profundamente. Yo estaba parpadeando ante la luz nocturna de la
luna cuando el teléfono de McKenzie empieza a sonar. Lo descuelgo y respondo.
—¿Hola?
Me
responde una voz aguda.
—¿Hola?
¿McKenzie eres tú? ¡Necesito tu ayuda! Los secuestradores, ellos...
¡AYUDA!
Oigo
gritos en el fondo y a una voz diciendo:
—Descubre
a quién llamó, y lo que saben. —Cuelgo, respirando con dificultad. Le hago
rodar a McKenzie y tomamos un desayuno rápido de manzanas y agua. Mientras
comemos le explico lo que había sucedido. Pronto estamos en la carretera otra
vez.
—¿Puedes
rastrear la llamada? —pregunta McKenzie preocupada. Puedo notar que está
nerviosa por la forma en que continúa temblando. Coloco mi chaqueta sobre sus
hombros y me da una débil sonrisa—. Gracias —susurra. Durante 2 horas,
caminamos por las vías del tren, sin nada más que el campo por delante y por
detrás de nosotras. Finalmente, respondo a su pregunta.
—Creo
que podríamos ser capaces de rastrearlo. Pero no estoy muy segura. Podemos
darle un empujoncito.
Ella
asiente y saca su móvil.
—Entonces,
inténtalo tú primero.
Me
lo entrega. Voy a la lista de llamadas recibidas, e, indudablemente, dice
«Eddie
Traunton. Larkspur, CO». Frunzo el ceño. Está bien, Larkspur está en Colorado,
y el secuestrador es Eddie Traunton. Sólo que no hay nada bueno en TODA la
información que estamos recibiendo.
—¿Cómo
es que el malo, Eddie, prestó su móvil a Sarah? —McKenzie se encoge de hombros.
—Vamos
a entregarlo a la policía.
No
quiero hacerlo, pero supongo que es lo mejor.
Caminamos
un par de kilómetros, y para entonces , ya es tarde. Tan pronto como llegamos a
la comisaría más cercana, nos adentramos en ella.
—¡Traemos
nuevas noticias sobre el secuestro de Smith! –gritamos sobre la gran mesa. Es
de mármol, y está llena de pilas de papeles. Un diseño hermoso surca el fondo
del escritorio, por lo que parece como si estuviera flotando en el aire.
Aunque
tan pronto como la oficial habla, dejo de buscar en el escritorio.
—Nuestra
amiga, Sarah Smith fue secuestrada ayer, hace menos de 7 horas. Ella nos llamó,
desde el teléfono de los secuestradores, que nos dio la ubicación de donde está
siendo recluida.
Hago
una pausa, luego añado:
—O
eso creemos.
La policía nos estudia, luego habla por su walkie-talkie. Esperamos pacientemente, y luego se gira de
nuevo hacia nosotras.
—Les
damos las gracias por su tiempo, pero esto es un asunto policial. Enviaremos a
un policía para que las lleve a casa.
Miro
las mejillas de McKenzie enrojecer y ella da un paso hacia delante.
—No
lo creo, señora. Hemos traído la información, así que tenemos que IR — dice
ella tan rotundamente que doy un paso atrás. La policía se recupera primero.
—¡Por
supuesto que no! Eso es absurdo, me niego a dejarlas ir —farfulló.
—¿Y qué
hay si tenemos MÁS
información? —le pregunta mi amiga astutamente. La tenía comiendo de su mano.
—Bueno
—murmura la oficial—. Es tu responsabilidad cuidar a todos los ciudadanos, y su
responsabilidad ayudar de todas las maneras que puedas –- suelta ella.
—Estaríamos
ayudando a nuestra amiga cuando salga. Ella necesitará alguien en quien
apoyarse, ¿no? —digo razonablemente.
—No
sé, tal vez debería llamar a sus padres.
Para
alguien con un papel tan grande, ¡no estaba segura en absoluto!
—Eso
no será necesario, ya los he llamado para hacerles saber que íbamos a salvar a
nuestra amiga —la engaña Kenzie. Finalmente, la oficial suspira.
—Está
bien. Pueden venir, pero si causan el menor problema, entonces se irán directo
a casa.
Las
dos asentimos, y prometemos portarnos bien.
De
pronto, estamos montando en la parte trasera de un coche patrulla. En la parte
delantera, un oficial recibe una llamada por su walkie-talkie.
—¿Qué?
Sí, señor, de acuerdo. Él cuelga y dice:
—Apareció
un artículo que comenta que si los Smith no pagan $ 10.000.000 para mañana,
entonces, ella estará acabada. Chicas, tenemos 10 horas.
McKenzie
y yo nos sentamos en silencio en el asiento de atrás, procesando las malas
noticias.
—¿Así
que cuando empezamos, realmente teníamos 17 horas? —supone Kenzie. No me
molesto en contestar, simplemente miro por la ventana el paisaje cambiante. Un
sueño a la deriva, flotante, borroso.
Lo
siguiente que sé es que estamos parados frente a un almacén. El oficial Conner
está recogiendo algunos esparadrapos, cigarrillos, cecina, y paquetes de zumo
de manzana.
—¿Para
quién es el zumo de manzana? —digo con curiosidad.
—Para
ustedes, chicas, y para la señorita Sarah. Estuve a punto de reír
—¿La
señorita Sarah?
McKenzie
me sonríe. Tan trágica como era la situación, no podríamos conseguir suficiente
aventura.
El
camino parece que nunca termina y me aburro rápido. McKenzie y yo nos quedamos
dormidas nuevamente, y cuando nos despertamos nos encontramos en la ciudad de
Larkspur.
—Esto
es realmente anticuado —remarcó McKenzie. El oficial Conner nos sonríe.
—Sí,
me encanta esta vieja ciudad. Tan tranquila y silenciosa. No hay nada como el
aire del campo —digo. Le sonrío de vuelta—. El paisaje es mucho más agradable
que en nuestra ciudad.
Entonces,
todos nos quedamos en silencio para admirar la naturaleza. Después, el oficial
Conner está dirigiéndose a la estación de policía. Habla durante un rato, y
esperamos.
Vuelve
al auto y lo pone en marcha. Nos vamos.
—¿Oficial
Conner? ¿Por qué se detuvo? —llamo al asiento delantero.
—Oh,
¿eso? Estaba preguntando la dirección de la casa de Eddie Traunton. Nos lleva
otros buenos 20 minutos llegar a la casa. Ahora, son las 03:20. Eso nos deja 8
horas para salvar a Sarah.
El
oficial Conner nos ordena agacharnos en nuestros asientos a medida que nos
acercamos a la casa.
Este
tipo es un poco tonto, pienso. Va a una parte que la policía ya conoce. Me
agacho tras la protección de los asientos. Nos acercamos a la casa y nos
tiramos
detrás de un arbusto. Otros policías están allí hablando por teléfono, dando
órdenes, y comiendo galletitas saladas.
—Esto
es genial —le susurro a McKenzie. Ella asiente, con los ojos agrandados. Antes
de que supiésemos lo que estábamos haciendo, salimos del coche con rapidez y en
silencio. Seguimos al oficial Conner hacia el lado de la casa. Nadie está
mirando, así que abrimos una ventana. Oímos ruidos sordos en una habitación, y
veo al chico de grandes músculos reclinado en una silla. Profundamente dormido.
Perfecto.
Abro
la puerta que está haciendo todo el ruido.
—¿Hola?
¿Sarah? —llamo en la oscuridad.
—¿Mph?
¡Aquí! —Llega como respuesta. McKenzie enciende la luz y nos quedamos sin
aliento. Allí, Sarah se sienta en una silla, atada con cuerdas. Con los pies
cruzados y la cabeza atada hacia atrás en dirección al techo. Corremos hacia
delante y la desatamos tan rápido como podemos. Ella respira con dificultad, y
empieza a llorar.
—¡Fue
HORRIBLE! —solloza. Nos abrazamos y lloramos juntas antes de notar que la
puerta se abría de un portazo.
—¿QUÉ
ESTÁIS HACIENDO AQUÍ? —aúlla una voz sobre nuestras cabezas. Miro hacia arriba
y veo al chico corpulento, Eddie, de pie. Resoplo, tratando de no parecer
asustada, a pesar de estarlo.
—¿Qué
piensas? ¡ABRAZARNOS! —grito, tan fuerte como él. Frunce el ceño y me coge en
brazos.
—Tienes
una mala actitud, ¿De qué manera te gustaría sentarte en la silla de honor?
McKenzie me mira con los ojos muy abiertos antes de actuar.
—¡DÉJALA
EN EL SUELO, MONSTRUO! —grita muy fuerte. Eddie se agacha y la golpea con
fuerza.
McKenzie
sale volando, y golpea una pared. Se desploma. Grito, y Sarah se arrastra hacia
adelante, desesperada. Entonces, la puerta sale volando, golpeando a Eddie
Traunton justo en la cabeza. Me suelta, y Sarah y yo alcanzamos a McKenzie. Nos
abrazamos, llorando de alegría o de dolor, no estoy segura de la verdadera
razón. Los policías llegan y nos regañan, pero luego nos dicen «maravilloso».
Incluso, conseguimos un «IMPRESIONANTE» del oficial Conner.
Pronto,
estamos de camino a casa, con todo el mundo comentando que McKenzie y yo somos
unas heroínas.
—No
fue nada, en serio —digo modestamente para el periódico a la mañana siguiente.
—¿Nos
hemos perdido algo de la historia? —pregunta un reportero. McKenzie salta a la
directa, torciendo la historia.
—Bueno,
Sarah fue secuestrada. Decidí que los amigos leales debían ir tras ella,
Juliana (esa soy yo) decidió acompañarme. Luego, caminamos por las vías del
tren para seguir al Sudán Negro, e informamos a la policía. Les di la
dirección
de mi teléfono, y luego encontramos la casa. Desaté a Sarah, y Juliana tuvo una
pelea con el malo. Traté de salvarla, pero él me dio un puñetazo tirándome
contra la pared. Iba a levantarme, pero luego la policía entró y aquí estamos.
—Termina la historia con aspecto satisfecho—. ¿Tiene todo eso? —le pregunta al
reportero, que todavía está tomando notas.
Cojo
el teléfono y decido llamar a Sarah.
—¿Alguna
vez conseguiste un regalo para tu madre? —pregunto.
—No,
¿quieres ir a mirar mañana con McKenzie? —inquiere.
—Um,
yo... —Sarah me interrumpe.
—Mi
papá va a venir con nosotras, y podemos tomar un helado de vainilla y fresa.
Ahora
estoy tentada.
—Bien,
iré.
Me
río, y ella también lo hace. Cuelgo, y me voy a casa.
FIN
Sobre la autora
insley
Bargaine vive en Islandia y para el voleibol. Es una total amante de los
deportes, entre ellos el fútbol, el esquí y las caminatas.
Le
gustan las historias de aventuras y de humor y no puede vivir sin música.
Addition Book
Traducido,
corregido y diseñado en el foro The Dark Side
http://thedarkside.forogratuito.net


Publicar un comentario