CANAL EMANCIPACIÓN, OTRA MANERA DE VER LA REALIDAD

Emancipación N° 1048: Neofacismo, resistencia y ciencia

Emancipación N° 1048: Neofacismo, resistencia y ciencia

Emancipación N° 1047: Neofacismo, resistencia y ciencia

Emancipación N° 1046: Neofacismo, resistencia y ciencia

Los Dominios del Poder 2026

Progreso, IA y Mundial 2026

Ciencia y Poder 2026

Libros Más Recientes

Libro N° 6085. Diecisiete (17) Horas. Bargaine, Ainsley.

Libro N° 6085. Diecisiete (17) Horas. Bargaine, Ainsley.

 


© Libro N° 6085. Diecisiete (17) Horas. Bargaine, Ainsley. Emancipación. Junio 8 de 2019.

Título original: © 17 Horas. Ainsley Bargaine

 

Versión Original: © 17 Horas. Ainsley Bargaine

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

http://el-rincon-de-mis-historias.blogspot.com/search/label/Ainsley%20Bargaine

 

Licencia Creative Commons:

Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la fuente.

La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida su comercialización.  

Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores

No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines comerciales

No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este texto.

Portada E.O. de Imagen original:

http://el-rincon-de-mis-historias.blogspot.com/search/label/Ainsley%20Bargaine

 

© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

17 HORAS

Ainsley Bargaine

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Agradecimientos

Traducción

Maia8 Male♥

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Revisión

LadyPandora

 

Corrección

lavi

 

 

 

Diseño

KatieGee

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Índice

Sinopsis  5

17 horas  6

Sobre la autora  14

 

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

Sinopsis

 

 

 

 

Traducida por Male♥ Corregida por lavi

 

 

Juliana tiene dos mejores amigas: Sarah y McKenzie. Pero cuando Sarah es secuestrada ante sus ojos, ella y McKenzie deciden ir a «salvarla». En esta novela, Juliana tendrá que usar su cerebro, y recordar la lealtad. Si

todo va bien, Sara estará de vuelta, los secuestradores entre rejas, y todas ellas vivas. Si no, Juliana debería dejar a la policía «lidiar» con esto.

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

17  Horas

Traducido por Maia8 y Male♥

Corregido por lavi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estoy sentada en mi cama, presa del pánico. ¿Qué he hecho? ¡Soy una amiga horrible!, pienso. Todo está borroso y estoy muy asustada. No sé qué hacer. Pero bueno, permíteme dar marcha atrás y explicártelo todo.

Tal vez me calme un poco.

Yo y mi mejor amiga Sarah estábamos caminando por la calle principal y mirando los platos de porcelana china en la ventana. Estábamos cantando canciones sobre comidas y lugares. La cosa era así. Sara diría: «Me gustan las fresas». Y yo le contestaría con un lugar. Como, «Colorado tiene fresas». Fue así durante mucho tiempo. Era tonto, pero se pasaba el tiempo.

—¡Ooh! —exclamó Sarah—. ¡Apuesto a que a mi madre le encantaría aquel para su cumpleaños!

Estábamos comprando regalos para su madre, y decidimos dar un viaje sorpresa a las tiendas para echar un vistazo.

—Creo que el rosa sería mejor —digo enfáticamente—. Me estoy cansando,

¿podemos ir por un helado de al lado? —Sarah me despidió, moviendo las manos.

—Bien, bien. Estaré allí en un minuto. Déjame pagar esto.

Me encogí de hombros y caminé por la calle. Por supuesto, la tienda estaba llena. Me tropecé al atravesar la puerta y ponerme en la fila. Mientras esperaba, miré afuera, a lo largo de la calle. Vi a Sarah hablando con un chico, sujetando los dos platos que habíamos mirado antes. A los pocos minutos, me encontraba en la parte delantera de la fila.

—Um... ¿me puede poner dos helados uno doble de fresa y otro de vainilla con sirope de caramelo y dulces de chocolate, por favor? —lo digo tan rápido que tengo que repetirlo. Un chico detrás de mí resopla. Le lanzo una mirada, luego inmediatamente me siento avergonzada. No lo miro por el resto del tiempo. Meto el cambio en mis vaqueros y corro hacia Sarah. Ella seguía hablando con el chico. Me di cuenta que tenía grandes músculos, sobresalían debajo de su camiseta roja. No lo pensé dos veces, aunque me imaginé que Sarah estaba coqueteando. Típico.

—¡Sarah! —la llamo. Entonces, de repente, ese chico musculoso se lanza hacia Sarah. Su sonrisa se desvanece. Ella gritó y dejó caer los platos de porcelana. La llamo por su nombre, pero el chico la lanza por encima de su hombro y corre hacia el coche.

Dejo caer mi helado de vainilla y corro tras ellos.

 

 

 

 

—¡Alto! —grito—. ¡Fuego! ¡Por aquí! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE! —grito tan fuerte como puedo, pero, o nadie estaba mirando o algo parecido. Todavía no entiendo cómo la gente puede estar tan ciega. Sarah está pateando y gritando con todas sus fuerzas, pero estoy muy lejos para alcanzarla.

Sarah me ve y grita:

—¡Fresa!

Parpadeo... No lo entiendo.

—¡Sarah! —digo con desesperación. Busco mi teléfono móvil y oprimo el 911. El oficial tarda una eternidad en atender.

—Hola, ¿cuál es su emergencia? —dice la oficial al teléfono. Yo trato de contarle lo ocurrido, pero estoy sollozando incontrolablemente para ese momento.

—Está bien, sólo dime lo que pasó y todo irá bien. Ella suena muy tranquilizadora... Quiero creerla.

—¡Mi amiga... e-e-ella acaba de ser s-se-secuestrada! —gimo al teléfono. La oficial me presiona para obtener detalles.

—¿A qué hora? ¿Dónde? ¿Puedes describir a la víctima, y al secuestrador? Lloro un poco más cuando dice «la víctima», suena tan... a película de cine. Cuento todo lo que sé y la oficial me da las gracias. Ella promete que se harán cargo de mi amiga. Temblando, presiono FINALIZAR en mi teléfono. Lo pongo de nuevo en el bolsillo y voy calle abajo. Mi casa está por el camino. Abro la puerta de mi casa y corro a la oficina de mi madre.

—Cariño, ¿qué pasa? —pregunta, luciendo preocupada. Sollozando le cuento toda la historia y ella agarra el teléfono que está colgado. Marca el número de la madre de Sarah. Tomó un tiempo, pero estoy bastante segura de que oí gritos y lamentos.

Mamá cuelga luciendo devastada.

Entonces, aquí estoy ahora, en mi habitación. Sola. Asustada por mi mejor amiga, que ha sido secuestrada aproximadamente hace 4 horas.

Me sentía como un bebé grande, pero empecé a llorar de nuevo. ¿Por qué Sarah? Él debería haberme llevado a mí en su lugar. Me siento horrible.

 

Al día siguiente, mi otra amiga McKenzie vino. Fue muy embarazoso. Empezamos a hablar de Sarah, y cómo era.

—Ella estaba SIEMPRE con su teléfono —dice McKenzie.

—Y nunca aceptaba un «no» por respuesta —recordé. Vimos una película, pero no llegamos a acabarla. La rubia en ella siempre estaba con su teléfono, y yo y McKenzie simplemente nos pusimos a llorar. Ella la detuvo y yo la apagué. Subimos a mi habitación, abrazándonos.

—¿Qué piensas que haría Sarah en esta situación? —McKenzie sorbe por la nariz.

Sólo niego con la cabeza.

—No sé... habría venido tras nosotras, probablemente. Lentamente, McKenzie levanta la cabeza.

 

 

 

 

Entonces, lo supuse.

—No, mala idea, MALA idea.

Pero sé que estoy pensando, por supuesto, Sarah vendría tras de mí... es lo menos que puedo hacer. Cambio de opinión.

—Está bien, ¿tal vez podríamos conseguirlo? —McKenzie sonríe.

—Por supuesto que podemos, porque somos verdaderas amigas ¿no? Hacemos planes para salir en 30 minutos. Quiero decir, sé que esto es apresurado, pero, ¡Sarah podría estar en problemas! Tenemos que salvarla, y rápido. Añado ropa extra, unas botellas de agua, comida y las necesidades del baño. McKenzie camina hasta su casa para coger bocadillos, ropa, su teléfono, y un GPS. De esta forma si nos perdemos alguna de las dos, ¡entonces sabremos dónde está la otra!

¿Ves? Me digo a mí misma. Hemos tomado precauciones... todo irá bien. Trato de sentirme mejor, pero las mariposas en mi estómago no están ayudando.

 

Antes de darme cuenta, estamos escondidas en el callejón.

—Entonces, ¿por dónde empezamos? —digo con incertidumbre. McKenzie simplemente se encoge de hombros.

—Dijiste que el auto era negro, ¿cierto? ¿Y se dirigió al oeste de la calle principal? —me dice ella. Estamos de acuerdo en empezar por ahí. El aire se está poniendo cada vez más oscuro y frío. Me pregunto si mis padres están preocupados. Dejamos una nota... diciendo que íbamos a estar fuera durante unos días. Ahora me siento culpable. ¿Qué pasa si mis padres están preocupados? ¿Y si están llamando a la policía? ¿Qué hay de...? Una pequeña voz habla en mi cabeza. Basta ya, dice. Vas a estar bien. Escúchame. Está bien. Tú. Estarás. Bien. Deja de enloquecer. Tomo una respiración profunda y la dejo salir. McKenzie me mira, y luego a la tienda de dulces que todavía está abierta. Frunzo el ceño, pero, de todos modos, nos dirigimos dentro. Sólo estoy continuando con esto porque los empleados podrían haber visto hacia donde se fue el auto.

McKenzie se acerca a la caja, dando un golpe ligero al mostrador. Un joven se escabulle fuera de la habitación trasera.

—¿Qué les sirvo? —Él se esfuerza por lograr las palabras. Puedo ver que a él le gusta McKenzie. Fracasa al ocultarlo.

—¿Me puedes poner algunos caramelos de menta y, um, regaliz rojo? —le pregunta mi amiga con dulzura. El dependiente se sonroja y se apresura a agarrar una bolsa de dulces. ¡Incluso añadió algunas golosinas amargas!

—Um, teníamos muchas. La casa invita —tartamudea él. McKenzie echa un vistazo a la etiqueta con su nombre.

—¿Por qué? Gracias, David —se ríe. Decido que esto está tomando mucho TIEMPO. Sarah ha sido secuestrada... y mi amiga estaba coqueteando.

—Uh,   ¿llegaste   a   ver   un   Sudán  Negro  por  aquí   esta  tarde?  —digo, esperanzada.

—Sí, ¿por qué? —responde David.

 

 

 

 

—Por nada, nuestros familiares estaban asombradísimos.

Me siento mal por haber mentido, pero, ¿qué otra cosa podía decir? David señala.

—Conducían por las vías del tren antes. —Todavía parece desconfiar, pero creo que no nos ha descubierto.

—Bueno, adiós —se apresura McKenzie, y tira de mí hacia la puerta.

—¡Dios, estaba buenísimo! —chilla ella justo en mi oído. No respondo, sólo sigo caminando.

Al instante llegamos a las vías del tren. Por el rabillo del ojo veo un Sudán Negro estacionado bajo un árbol. McKenzie y yo nos acercamos para investigar. Las puertas están abiertas por lo que entramos y empezamos a buscar.

—¡McKenzie! ¡He encontrado un brazalete de color rosa! ¿Lo reconoces? Lo sostengo. McKenzie frunce el ceño, mirándolo fijamente.

—¡Oh! Se lo regalé por su duodécimo cumpleaños —dice ella de repente. Asiento con la cabeza.

—Entonces vamos por buen camino —digo esto con confianza, aunque estoy asustada. Nunca he hecho nada como esto antes. Caminamos por las vías, pero pronto estamos muy cansadas. McKenzie mira su teléfono para comprobar la hora.

—22:02 —informa ella. Bien, pienso discretamente, eso significa que han pasado alrededor de 4 horas desde el secuestro.

 

Ambas caemos dormidas profundamente. Yo estaba parpadeando ante la luz nocturna de la luna cuando el teléfono de McKenzie empieza a sonar. Lo descuelgo y respondo.

—¿Hola?

Me responde una voz aguda.

—¿Hola? ¿McKenzie eres tú? ¡Necesito tu ayuda! Los secuestradores, ellos...

¡AYUDA!

Oigo gritos en el fondo y a una voz diciendo:

—Descubre a quién llamó, y lo que saben. —Cuelgo, respirando con dificultad. Le hago rodar a McKenzie y tomamos un desayuno rápido de manzanas y agua. Mientras comemos le explico lo que había sucedido. Pronto estamos en la carretera otra vez.

 

—¿Puedes rastrear la llamada? —pregunta McKenzie preocupada. Puedo notar que está nerviosa por la forma en que continúa temblando. Coloco mi chaqueta sobre sus hombros y me da una débil sonrisa—. Gracias —susurra. Durante 2 horas, caminamos por las vías del tren, sin nada más que el campo por delante y por detrás de nosotras. Finalmente, respondo a su pregunta.

—Creo que podríamos ser capaces de rastrearlo. Pero no estoy muy segura. Podemos darle un empujoncito.

Ella asiente y saca su móvil.

 

 

 

 

—Entonces, inténtalo tú primero.

Me lo entrega. Voy a la lista de llamadas recibidas, e, indudablemente, dice

«Eddie Traunton. Larkspur, CO». Frunzo el ceño. Está bien, Larkspur está en Colorado, y el secuestrador es Eddie Traunton. Sólo que no hay nada bueno en TODA la información que estamos recibiendo.

—¿Cómo es que el malo, Eddie, prestó su móvil a Sarah? —McKenzie se encoge de hombros.

—Vamos a entregarlo a la policía.

No quiero hacerlo, pero supongo que es lo mejor.

Caminamos un par de kilómetros, y para entonces , ya es tarde. Tan pronto como llegamos a la comisaría más cercana, nos adentramos en ella.

—¡Traemos nuevas noticias sobre el secuestro de Smith! –gritamos sobre la gran mesa. Es de mármol, y está llena de pilas de papeles. Un diseño hermoso surca el fondo del escritorio, por lo que parece como si estuviera flotando en el aire.

Aunque tan pronto como la oficial habla, dejo de buscar en el escritorio.

—Nuestra amiga, Sarah Smith fue secuestrada ayer, hace menos de 7 horas. Ella nos llamó, desde el teléfono de los secuestradores, que nos dio la ubicación de donde está siendo recluida.

Hago una pausa, luego añado:

—O eso creemos.

La  policía  nos  estudia,  luego  habla  por  su  walkie-talkie.  Esperamos pacientemente, y luego se gira de nuevo hacia nosotras.

—Les damos las gracias por su tiempo, pero esto es un asunto policial. Enviaremos a un policía para que las lleve a casa.

Miro las mejillas de McKenzie enrojecer y ella da un paso hacia delante.

—No lo creo, señora. Hemos traído la información, así que tenemos que IR — dice ella tan rotundamente que doy un paso atrás. La policía se recupera primero.

—¡Por supuesto que no! Eso es absurdo, me niego a dejarlas ir —farfulló.

—¿Y   qué   hay  si  tenemos  MÁS información? —le pregunta mi amiga astutamente. La tenía comiendo de su mano.

—Bueno —murmura la oficial—. Es tu responsabilidad cuidar a todos los ciudadanos, y su responsabilidad ayudar de todas las maneras que puedas –- suelta ella.

—Estaríamos ayudando a nuestra amiga cuando salga. Ella necesitará alguien en quien apoyarse, ¿no? —digo razonablemente.

—No sé, tal vez debería llamar a sus padres.

Para alguien con un papel tan grande, ¡no estaba segura en absoluto!

—Eso no será necesario, ya los he llamado para hacerles saber que íbamos a salvar a nuestra amiga —la engaña Kenzie. Finalmente, la oficial suspira.

—Está bien. Pueden venir, pero si causan el menor problema, entonces se irán directo a casa.

Las dos asentimos, y prometemos portarnos bien.

 

   

 

De pronto, estamos montando en la parte trasera de un coche patrulla. En la parte delantera, un oficial recibe una llamada por su walkie-talkie.

—¿Qué? Sí, señor, de acuerdo. Él cuelga y dice:

—Apareció un artículo que comenta que si los Smith no pagan $ 10.000.000 para mañana, entonces, ella estará acabada. Chicas, tenemos 10 horas.

McKenzie y yo nos sentamos en silencio en el asiento de atrás, procesando las malas noticias.

—¿Así que cuando empezamos, realmente teníamos 17 horas? —supone Kenzie. No me molesto en contestar, simplemente miro por la ventana el paisaje cambiante. Un sueño a la deriva, flotante, borroso.

 

Lo siguiente que sé es que estamos parados frente a un almacén. El oficial Conner está recogiendo algunos esparadrapos, cigarrillos, cecina, y paquetes de zumo de manzana.

—¿Para quién es el zumo de manzana? —digo con curiosidad.

—Para ustedes, chicas, y para la señorita Sarah. Estuve a punto de reír

—¿La señorita Sarah?

McKenzie me sonríe. Tan trágica como era la situación, no podríamos conseguir suficiente aventura.

 

El camino parece que nunca termina y me aburro rápido. McKenzie y yo nos quedamos dormidas nuevamente, y cuando nos despertamos nos encontramos en la ciudad de Larkspur.

—Esto es realmente anticuado —remarcó McKenzie. El oficial Conner nos sonríe.

—Sí, me encanta esta vieja ciudad. Tan tranquila y silenciosa. No hay nada como el aire del campo —digo. Le sonrío de vuelta—. El paisaje es mucho más agradable que en nuestra ciudad.

Entonces, todos nos quedamos en silencio para admirar la naturaleza. Después, el oficial Conner está dirigiéndose a la estación de policía. Habla durante un rato, y esperamos.

Vuelve al auto y lo pone en marcha. Nos vamos.

—¿Oficial Conner? ¿Por qué se detuvo? —llamo al asiento delantero.

—Oh, ¿eso? Estaba preguntando la dirección de la casa de Eddie Traunton. Nos lleva otros buenos 20 minutos llegar a la casa. Ahora, son las 03:20. Eso nos deja 8 horas para salvar a Sarah.

El oficial Conner nos ordena agacharnos en nuestros asientos a medida que nos acercamos a la casa.

Este tipo es un poco tonto, pienso. Va a una parte que la policía ya conoce. Me agacho tras la protección de los asientos. Nos acercamos a la casa y nos

 

 

 

 

tiramos detrás de un arbusto. Otros policías están allí hablando por teléfono, dando órdenes, y comiendo galletitas saladas.

—Esto es genial —le susurro a McKenzie. Ella asiente, con los ojos agrandados. Antes de que supiésemos lo que estábamos haciendo, salimos del coche con rapidez y en silencio. Seguimos al oficial Conner hacia el lado de la casa. Nadie está mirando, así que abrimos una ventana. Oímos ruidos sordos en una habitación, y veo al chico de grandes músculos reclinado en una silla. Profundamente dormido. Perfecto.

 

Abro la puerta que está haciendo todo el ruido.

—¿Hola? ¿Sarah? —llamo en la oscuridad.

—¿Mph? ¡Aquí! —Llega como respuesta. McKenzie enciende la luz y nos quedamos sin aliento. Allí, Sarah se sienta en una silla, atada con cuerdas. Con los pies cruzados y la cabeza atada hacia atrás en dirección al techo. Corremos hacia delante y la desatamos tan rápido como podemos. Ella respira con dificultad, y empieza a llorar.

—¡Fue HORRIBLE! —solloza. Nos abrazamos y lloramos juntas antes de notar que la puerta se abría de un portazo.

—¿QUÉ ESTÁIS HACIENDO AQUÍ? —aúlla una voz sobre nuestras cabezas. Miro hacia arriba y veo al chico corpulento, Eddie, de pie. Resoplo, tratando de no parecer asustada, a pesar de estarlo.

—¿Qué piensas? ¡ABRAZARNOS! —grito, tan fuerte como él. Frunce el ceño y me coge en brazos.

—Tienes una mala actitud, ¿De qué manera te gustaría sentarte en la silla de honor? McKenzie me mira con los ojos muy abiertos antes de actuar.

—¡DÉJALA EN EL SUELO, MONSTRUO! —grita muy fuerte. Eddie se agacha y la golpea con fuerza.

McKenzie sale volando, y golpea una pared. Se desploma. Grito, y Sarah se arrastra hacia adelante, desesperada. Entonces, la puerta sale volando, golpeando a Eddie Traunton justo en la cabeza. Me suelta, y Sarah y yo alcanzamos a McKenzie. Nos abrazamos, llorando de alegría o de dolor, no estoy segura de la verdadera razón. Los policías llegan y nos regañan, pero luego nos dicen «maravilloso». Incluso, conseguimos un «IMPRESIONANTE» del oficial Conner.

 

Pronto, estamos de camino a casa, con todo el mundo comentando que McKenzie y yo somos unas heroínas.

—No fue nada, en serio —digo modestamente para el periódico a la mañana siguiente.

—¿Nos hemos perdido algo de la historia? —pregunta un reportero. McKenzie salta a la directa, torciendo la historia.

—Bueno, Sarah fue secuestrada. Decidí que los amigos leales debían ir tras ella, Juliana (esa soy yo) decidió acompañarme. Luego, caminamos por las vías del tren para seguir al Sudán Negro, e informamos a la policía. Les di la

 

 

 

 

dirección de mi teléfono, y luego encontramos la casa. Desaté a Sarah, y Juliana tuvo una pelea con el malo. Traté de salvarla, pero él me dio un puñetazo tirándome contra la pared. Iba a levantarme, pero luego la policía entró y aquí estamos. —Termina la historia con aspecto satisfecho—. ¿Tiene todo eso? —le pregunta al reportero, que todavía está tomando notas.

 

Cojo el teléfono y decido llamar a Sarah.

—¿Alguna vez conseguiste un regalo para tu madre? —pregunto.

—No, ¿quieres ir a mirar mañana con McKenzie? —inquiere.

—Um, yo... —Sarah me interrumpe.

—Mi papá va a venir con nosotras, y podemos tomar un helado de vainilla y fresa.

Ahora estoy tentada.

—Bien, iré.

Me río, y ella también lo hace. Cuelgo, y me voy a casa.

 

FIN

 

 

 

 

 

 

Sobre  la autora

insley Bargaine vive en Islandia y para el voleibol. Es una total amante de los deportes, entre ellos el fútbol, el esquí y las caminatas.

Le gustan las historias de aventuras y de humor y no puede vivir sin música.

 

 

 

 

Addition  Book

 

 

 

 

Traducido, corregido y diseñado en el foro The Dark Side

 

 

 

 

 

http://thedarkside.forogratuito.net

Publicar un comentario

Copyright © BIBLIOTECA EMANCIPACIÓN . Designed by OddThemes