© Libro No. 441. Las
Habichuelas Mágicas. Andersen, Hans
Christian.
Colección Emancipación Obrera.
Junio 29 de 2013.
Título
original: © Las Habichuelas Mágicas. Hans Christian
Andersen
Versión Original: © Las Habichuelas Mágicas. Hans Christian
Andersen
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© Edición, reedición y Colección
Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
Las Habichuelas Mágicas
Hans
Christian Andersen
Las
Habichuelas Mágicas

Periquín
vivía con su madre, que era viuda, en una cabaña del bosque.
Como con
el tiempo fue empeorando la situación familiar, la madre determinó mandar a
Periquín a la ciudad, para que allí intentase vender la única vaca que poseían.
El niño
se puso en camino, llevando atado con una cuerda al animal, y se encontró con
un hombre que llevaba un saquito de habichuelas.
-Son
maravillosas -explicó aquel hombre-. Si te gustan,te las daré a cambio de la
vaca.
Así lo
hizo Periquín, y volvió muy contento a su casa. Pero la viuda, disgustada al
ver la necedad del muchacho, cogió las habichuelas y las arrojó a la calle.
Después se puso a llorar.
Cuando se
levantó Periquín al día siguiente, fue grande su sorpresa al ver que las
habichuelas habían crecido tanto durante la noche, que las ramas se perdían de
vista.
Se puso
Periquín a trepar por la planta, y sube que sube, llegó a un país desconocido.
Entró en
un castillo y vio a un malvado gigante que tenía una gallina que ponía un huevo
de oro cada vez que él se lo mandaba.

Esperó el
niño a que el gigante se durmiera, y tomando la gallina, escapó con ella. Llegó
a las ramas de las habichuelas, y descolgándose, tocó el suelo y entró en la
cabaña.
La madre
se puso muy contenta. Y así fueron vendiendo los huevos de oro, y con su
producto vivieron tranquilos mucho tiempo, hasta que la gallina se murió y
Periquín tuvo que trepar por la planta otra vez, dirigiéndose al castillo del
gigante.
Se
escondió tras una cortina y pudo observar como el dueño del castillo iba
contando monedas de oro que sacaba de un bolsón de cuero.
En cuanto
se durmió el gigante, salió Periquín y, recogiéndo el talego de oro, echó a
correr hacia la planta gigantesca y bajó a su casa. Así la viuda y su hijo
tuvieron dinero para ir viviendo mucho tiempo.
Sin
embargo, llegó un día en que el bolsón de cuero del dinero quedó completamente
vacío.
Se cogió
Periquín por tercera vez a las ramas de la planta, y fue escalándolas hasta
llegar a la cima.
Entonces
vio al ogro guardar en un cajón una cajita que, cada vez que se levantaba la
tapa, dejaba caer una moneda de oro.
Cuando el
gigante salió de la estancia, cogió el niño la cajita prodigiosa y se la
guardó.
Desde su
escondite vió Periquín que el gigante se tumbaba en un sofá, y un arpa, oh
maravilla!, tocaba sóla, sin que mano alguna pulsara sus cuerdas, una delicada
música. El gigante, mientras escuchaba aquella melodía, fue cayendo en el sueño
poco a poco.
Apenas le
vió asi Periquín, cogió el arpa y echó a correr. Pero el arpa estaba encantada
y, al ser tomada por Periquín, empezó a gritar:
-Eh,
señor amo, despierte usted, que me roban!
Despertose
sobresaltado el gigante y empezaron a llegar de nuevo desde la calle los gritos
acusadores:
-Señor
amo, que me roban!
Viendo lo
que ocurria, el gigante salió en persecusión de Periquín.
Resonaban
a espaldas del niño pasos del gigante, cuando, ya cogido a las ramas empezaba a
bajar. Se daba mucha prisa, pero, al mirar hacia la altura, vio que también el
gigante descendía hacia él.
No había
tiempo que perder, y así que gritó Periquín a su madre, que estaba en casa
preparando la comida:
-Madre,
traigame el hacha en seguida, que me persigue el gigante!
Acudió la
madre con el hacha, y Periquín, de un certero golpe, cortó el tronco de la
trágica habichuela.
Al caer,
el gigante se estrelló, pagando así sus fechorías, y Periquín y su madre
vivieron
felices con el producto de la cajita que, al abrirse, dejaba caer una moneda de
oro. .
..FIN


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