© Libro No.506. Los Intereses creados. Benavente, Jacinto. Colección E.O. Octubre 26 de 2013.
Título original: © Los Intereses creados. Jacinto Benavente
Versión Original: Los Intereses creados.
Jacinto Benavente
Circulación
conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza
una licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro
contenido, con la única condición de citar la fuente.
La Biblioteca
Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante
los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus respectivos
autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los Diseños y
edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de textos.
Este libro en
particular fue extraido de:
http://humanidades.uprrp.edu/smjeg/reserva/Drama/teat4101/Prof%20Isarael%20Franco%20Muller/Los%20Intereses%20Creados%20Jacinto%20benavente.pdf
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los
autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este texto.
Portada E.O. de
Imagen original
http://www.obraspoemas.com/2011/10/los-intereses-creados-de-jacinto.html
© Edición,
reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
LOS INTERESES CREADOS
Jacinto Benavente
LOS INTERESES CREADOS
PERSONAJES DOÑA SIRENA SILVIA
LA SEÑORA DE POLICHINELA COLOMBINA
LAURA RISELA LEANDRO CRISPÍN
EL DOCTOR POLICHINELA ARLEQUÍN
EL CAPITÁN PANTALEÓN
EL HOSTELERO EL SECRETARIO
Mozo 1 DE LA HOSTERÍA
Mozo 2
ALGUACILILLO 1
ALGUACILILLO 2
La acción pasa en un país imaginario, a principios del
siglo XVIII
Página 1 de 69
ACTO PRIMERO
He aquí el tinglado de la antigua
farsa, la que alivió en posadas aldeanas el cansancio de
los trajinanltes,
la que embobó en las plazas de
humildes lugares a los simples villanos, la que juntó en
ciudades populosas
a los más variados concursos,
como en París sobre el Puente
Nuevo, cuando Tabarín desde su
tablado de feria solicitaba la atención de todo transeúnte,
desde el
espetado doctor que detiene un momento
su docta cabalgadura para
desarrugar por un instante la frente, siempre cargada de
graves pensamientos, al escuchar algún donaire
de la alegre farsa, hasta el pícaro hampón, que allí
divierte sus ocios horas y horas, engañando al hambre con la risa; y el prelado
y la
dama de calidad, y el gran señor
desde sus carrozas, como la moza alegre y el soldado, y el
mercader
y el estudiante. Gente de toda condición, que en ningún
otro lugar se
hubiera reunido, comunicábase allí
su regocijo, que muchas veces, más
que de la farsa, reía el grave de ver reír al risueño, y el
sabio al bobo,
y los pobretes de ver reír a los grandes señores, ceñudos
de ordinario,
y los grandes de ver reír a los pobretes,
tranquilizada su conciencia
con pensar: ¡también los pobres
ríen! Que nada prende tan pronto de unas almas en otras
como esta
simpatía de la risa. Alguna vez, también
subió la farsa a palacios de
príncipes, altísimos señores, por humorada de sus dueños, y
no fue allí
menos libre y despreocupada. Fue de todos y para todos. Del
pueblo recogió burlas y malicias y dichos sentenciosos, de esa filosofía del
pueblo, que siempre sufre, dulcificada
Página 2 de 69
por aquella resignación de los
humildes de entonces, que no lo esperaban todo de este
mundo, y por
eso sabían reírse del mundo sin odio y sin amargura.
Ilustró después su plebeyo origen con noble ejecutoria: Lope de Rueda,
Shakespeare, Molière, como enamorados príncipes
de cuento de hadas, elevaron a Cenicienta
al más alto trono de la
Poesía y el Arte. No presume de
tan gloriosa estirpe esta farsa, que por curiosidad de su
espíritu inquieto os presenta un poeta de ahora.
Es una farsa quiñolesca, de asunto disparatado, sin
realidad alguna. Pronto veréis cómo cuanto en ella sucede no pudo suceder
nunca, que sus personajes no’ son ni semejan hombres y mujeres, sino muñecos
o fantoches de cartón y trapo, con groseros hilos, visibles
a poca luz y al más corto de vista. Son las mismas grotescas máscaras de
aquella
comedia de Arte italiano, no tan
regocijadas como solían, porque han meditado mucho en tanto
tiempo.
Bien conoce el autor que tan primitivo
espectáculo no es el más digno
de un culto auditorio de estos tiempos;
así, de vuestra cultura tanto
como de vuestra bondad se ampara. El autor sólo pide que
aniñéis
cuanto sea posible vuestro espíritu.
El mundo está ya viejo y chochea;
el Arte no se resigna a envejecer, y
por parecer niño finge balbuceos. . .
Y he aquí cómo estos viejos polichinelas pretenden hoy
divertiros
con sus niñerías.
Página 3 de 69
CUADRO PRIMERO
Plaza de una ciudad. A la derecha, en primer término,
fachada de una hostería con puerta practicable y en ella un aldabón. Encima de
la puerta un letrero que diga: “Hostería’.
ESCENA PRIMERA
LEANDRO y CRISPÍN que salen por la segunda izquierda.
LEANDRO.-Gran ciudad ha de ser
ésta, Crispín; en todo se advierte su
señorío y riqueza.
CRISPIN.-Dos ciudades hay.
¡Quisiera el Cielo que en la mejor
hayamos dado!
LEANDRO.-DOS ciudades dices,
Crispín? Ya entiendo, antigua y nueva,
una de cada parte del río. CRISPÍN.-¿Qué importa el río ni
la vejez ni la novedad? Digo dos ciudades como en toda ciudad del mundo: una
para el que llega con
dinero, y otra para el que llega como nosotros.
LEANDRO.-¡Harto es haber llegado
sin tropezar con la justicia! Y bien quisiera detenerme
aquí algún tiempo, que ya me cansa tanto correr tierras.
CRISPÍN.-A mí no, que es condición de los naturales, como
yo,
del libre reino de Picardía, no hacer asiento en parte
alguna, si no es forzado y en galeras, que es duro asiento. Pero ya que sobre
esta ciudad caímos y es plaza fuerte a lo
que se descubre, tracemos como prudentes capitanes nuestro
plan de
batalla, si hemos de conquistarla
con provecho.
LEANDRO.-¡Mal pertrechado ejército
Venimos!
CRISPÍN.-Hombres somos, y con hombres hemos de vernos.
Página 4 de 69
LEANDRO.-Por todo caudal,
nuestra persona. No quisiste que nos desprendiéramos de
estos vestidos, que, malvendiéndolos, hubiéramos podido juntar algún dinero.
CRISPÍN.-¡Antes me desprendiera
yo de la piel que de un buen
vestido! Que nada importa tanto como parecer, según va el
mundo, y
el vestido es lo que antes parece. LEANDRO.-¿Qué hemos de
hacer,
Crispín? Que el hambre y el cansancio me tienen abatido, y
mal discurro. CRISPÍN .-Aquí no hay sino valerse
del ingenio y de la desvergüenza, que sin ella nada vale el
ingenio. Lo que he pensado es que tú
has de hablar poco y desabrido, para darte aires de persona
de calidad;
de vez en cuando te permito que
descargues algún golpe sobre mis
costillas; a cuantos te pregunten, responde misterioso; y
cuanto hables
por tu cuenta, sea con gravedad;
como si sentenciaras. Eres joven, de
buena presencia; hasta ahora sólo supiste malgastar tus
cualidades; ya es hora de aprovecharte de ellas. Ponte en mis manos, que nada
conviene tanto a un hombre como llevar
a su lado quien haga notar sus
méritos, que en uno mismo la modestia es necedad y la
propia alabanza locura, y con las dos se pierde
para el mundo. Somos los hombres como mercancía, que
valemos más
o menos según la habilidad del mercader que nos presenta.
Yo te aseguro
que así fueras vidrio, a mi cargo
corre que pases por diamante. Y
ahora llamemos a esta hostería,
Que lo primero es acampar a vista de la
plaza.
Página 5 de 69
LEANDRO.-¿A la hostería dices?
¿Y cómo pagaremos?
CRISPÍN.-Si por tan poco te acobardas
busquemos un hospital o casa
de misericordia, o pidamos limosna, si a lo piadoso nos
acogemos; y si
a lo bravo, volvamos al camino y saltemos al primer
viandante; si a la verdad de nuestros recursos nos atenemos, no son otros
nuestros recursos.
LEANDRO.-Yo traigo cartas de
introducción para personas de valimiento en esta ciudad,
que podrán
socorremos.
CRISPÍN.-¡Rompe luego esas cartas
y no pienses en tal bajeza? ¡Presentarnos a nadie como
necesitados!
¡Buenas cartas de crédito son ésas!
Hoy te recibirán con grandes cortesías, te dirán que su
casa y SU persona
son tuyas, y a la segunda vez
que llames a su puerta, ya te dirá el criado que su señor
no está en
casa ni para en ella; y a otra visita, ni te abrián la
puerta Mundo
es éste de toma y daca; lonja
de contratación, casa de cambio, y antes de pedir, ha de
ofrecerse. LEANDRO.-¿Y qué podré ofrecer
yo si nada tengo?
CRISPÍN.-¡En qué poco te estimas!
Pues qué, un hombre por sí,
¿nada vale? Un hombre puede ser soldado, y con su valor
decidir una victoria; puede ser galán o marido, y con dulce medicina curar a
alguna dama de calidad o doncella de
buena linaje que se sienta morir de melancolía; puede ser
criado de algún señor poderoso que se aficione
de él y le eleve hasta su privanza, y tantas cosas más que
no he de enumerar. Para subir, cualquier escalón es bueno.
LEANDRO.-¿Y si aun ese escalón
me falta?
Página 6 de 69
CRISPÍN.-Yo te ofrezco mis espaldas para encumbrarte. Tú te
verás en alto. LEANDRO .-¿Y si los dos damos en tierra? CRISPíN.-Que ella nos
sea leve.
(Llamando a la hostería con el aldabón.)
¡Ah de la hostería! ¡Hola, digo!
¡Hostelero o demonio! ¿Nadie responde? ¿Qué casa es ésta?
LEANDRO.-¿Por qué esas voces si apenas llamasteis?
CRISPÍN.-¡Porque es ruindad hacer
esperar de ese modo! (Vuelve a
llamar más fuerte.) ¡Ah de la gente!
¡Ah de la casa! ¡Ah de todos los diablos!
HOSTELERO.-(Dentro.) ¿Quién
va? ¿Qué voces y qué modo son éstos? No hará tanto que
esperan.
CRISPÍN .-¡Ya fue mucho! Y bien
nos informaron que es ésta muy ruin posada para gente
noble.
ESCENA II
DICHOS, el HOSTELERO y dos Mozos
que salen de la hostería.
HOSTELERO.-(Saliendo.)Poco a
poco, que no es posada, sino hospedería y muy grandes
señores han
parado en ella.
CRISPÍN.-Quisiera yo ver a esos que llamáis grandes
señores. Gentecilla de poco más o menos. Bien se advierte en esos mozos, que no
saben conocer a las personas de calidad,
y se están ahí como pasmarotes sin atender a nuestro
servicio.
HOSTRLERO.-¡Por vida que sois impertinente! LEANDRO.-Este
criado mío Siempre
ha de extremar su celo. Buena
es vuestra posada para el poco tiempo que he de parar en
ella.
Disponed luego un aposento para mí y
otro para este criado, y ahorremos palabras.
Página 7 de 69
HOSTELERO.-Perdonad, señor; si
antes hubierais hablado. . . Siempre los señores han de ser
más comedidos que sus criados.
CRISPÍN.-Es que este buen señor mío a todo se acomoda; pero
yo sé lo que conviene a su servicio, y no he de pasar por
cosa mal hecha. Conducidnos ya al aposento. HOSTELERO.-¿No traéis bagaje
alguno? CRISPÍN.-¿Pensáis que nuestro
bagaje es hatillo de soldado o de estudiante para traerlo a
mano, ni que mi señor ha de traer aquí ocho carros, que tras nosotros vienen,
ni que aquí ha de parar sino el tiempo preciso que conviene al secreto
de los servicios que en esta ciudad le están encomendados?
LEANDRO.-¿No callarás? ¿Qué
secreto ha de haber contigo? ¡Pues
voto a.. ., que si alguien me descubre por tu hablar sin
medida!. . .
(Le amenaza y le pega con la espada) CRISPÍN.-¡Valedme, que
me matará! (Corriendo.)
HOSTELERO.-(Interponiéndose
entre Leandro y Crispín.) ¡Teneos,
señor!
LEANDRO.-Dejad que le castigue, que no hay falta para mí
como el hablar sin tino.
HOSTELERO.-¡NO le castiguéis,señor! LEANDRO.-¡Dejadme,
dejadme,
que no aprenderá nunca!(Al ir a pegar a Crispín, éste se
esconde detrás
del Hostelero, quien recibe los golpes.)
CRISPÍN.-(Quejándose.)¡Ay, ay,ay!
HOSTELERO .-¡Ay digo yo, que me dio de plano!
LEANDRO.-(A Crispín.) Ve a lo
que diste lugar: a que este infeliz fuera el golpeado.
¡Pídele perdón! HOSTELERO.-No es menester. Yo
le perdono gustoso.
Página 8 de 69
(A los criados.)
¿Qué hacéis ahí parados? Disponed los aposentos donde suele
parar el embajador de Mantua y preparad comida para este caballero.
CRISPíN .-Dejad que yo les advierta
de todo, que cometerán mil
torpezas y pagaré yo luego, que mi señor, como veis, no
perdona falta.. Soy con vosotros, muchachos...
y tened cuenta a quién servís,
que la mayor fortuna O la mayor desdicha os entró por las
puertas. (Entran los criados y Crispín. en la hostería.)
HOSTELERO.-(A Leandro) ¿Y podéis decirme vuestro nombre, de
dónde venís, y a qué propósito?. . . LEANDRO.-(Al ver salir
a Crispín
de la hostería) Mi criado os lo
dirá. . . Y aprended a no importunarme con preguntas. . .
(Entra en
la hostería,)
CRISPÍN.-¡ Buena la hicisteis!
¿Atreverse a preguntar a mi señor?
Si os importa tenerle una hora siquiera en vuestra casa, no
volváis a
dirigirle la palabra.
HOSTELERO.-Sabed que hay Ordenanzas muy severas que así lo
disponen. CRISPÍN.-¡Veníos con Ordenanzas
a mi señor! ¡Callad, callad, que
no sabéis a quién tenéis en vuestra
casa, y si lo supierais no diríais tantas
impertinencias!
HOSTELERO.-Pero ¿no he de saber
siquiera?. . .
CRISPÍN.-¡Voto a.. ., que llamaré a mi señor y él os dirá
lo que
conviene, si no le entendisteis! ¡Cuidad de que nada le
falte y atendedle
con vuestros cinco sentidos, que bien
puede pesaros!
¿No sabéis conocer a las personas?
¿NO visteis ya quién es mi señor?
¿Qué replicáis? ¡Vamos ya
(Entra en la hostería empujando al Hostelero.)
Página 9 de 69
ESCENA III
ARLEQUÍN y el CAPITÁN que salen
por la segunda izquierda.
ARLEQUÍN .-Vagando por los
campos que rodean esta ciudad, lo mejor de ella sin duda
alguna, creo que sin pensarlo hemos venido a dar
frente a la hostería. ¡Animal de costumbre es el hombre! ¡Y
dura costumbre
la de alimentarse cada día! CAPITÁN.- ¡La dulce música de
vuestros versos me distrajo de mis pensamientos! ¡Amable privilegio de los
poetas!
ARLEQUÍN .-¡Que no les impide
carecer de todo! Con temor llego a la hostería.
¿Consentirán hoy en fiarnos? ¡Válgame vuestra espada! CAPITÁN.-¿Mi espada? Mi
espada
de soldado, como vuestro plectro
de poeta, nada valen en esta ciudad de mercaderes y de
negociantes..
¡Triste condición es la nuestra!
ARLEQUÍN.-Bien decís. No la sublime poesía, que sólo canta
de nobles
y elevados asuntos; ya ni sirve
poner el ingenio a las plantas de los poderosos para
elogiarlos o satirizarlos; alabanzas o diatribas no tienen
valor para ellos; ni agradecen
las unas ni temen ías otras. El propio
Aretino hubiera muerto de hambre en estos tiempos.
CAPITÁN.-¿Y nosotros, decidme?
Porque fuimos vencidos en las últimas guerras, más que por
el enemigo poderoso, por esos indignos traficantes que nos gobiernan y nos
enviaron a defender sus intereses sin fuerzas y sin
entusiasmo, porque nadie combate con fe por lo que no
estima; ellos, que no dieron uno de
Página 10 de 69
los suyos para soldado ni soltaron moneda sino a buen
interés y a mejor cuenta, y apenas temieron verla perdida amenazaron con hacer
causa con el enemigo, ahora nos culpan
a nosotros y nos maltratan y
nos menosprecian y quisieran ahorrarse la mísera soldada
con que
creen pagarnos, y de muy buena gana
nos despedirían si no temieran
que un día todos los oprimidos por
sus maldades y tiranías se levantaran contra ellos. ¡Pobres
de ellos si ese día nos acordamos de qué parte están la razón y la justicia!
ARLEQUÍN.-si así fuera. . . , ese día me tendréis a vuestro
lado. CAPITÁN.-Con los poetas no hay
que contar para nada, que es vuestro espíritu como el
ópalo, que a
cada luz hace diversos visos. Hoy
os apasionáis por lo que nace y mañana por lo que muere;
pero más
inclinados sois a enamoraros de todo lo ruinoso por
melancólico. Y
como sois por lo regular poco madrugadores, más veces
visteis morir el sol
que amanecer el día, y más
sabéis de sus ocasos que de sus auroras. ARLEQUÍN.-NO lo
diréis por mí,
que he visto amanecer muchas veces
cuando no tenía dónde acostarme.
¿Y cómo queríais que cantara a1
día, alegre como alondra, si amanecia
tan triste para mí? ¿Os decidís a probar fortuna?
CAPITÁN .-¡Qué remedio! Sentémonos y sea lo que disponga
nuestro
buen hostelero.
ARLEQUÍN.-¡HOla! ¡Eh! ¿Quién sirve? (Llamando en la
hostería.)
Página 11 de 69
ESCENA IV
DICHOS, el HOSTELERO . Después los
Mozos, LEANDRO y CRISPÍN, que salen a su tiempo de ta
hostería.
HOSTELERO.-¡ Ah, caballeros!
¿Sois vosotros? Mucho lo siento, pero
hoy no puedo servir a nadie en mi hostería.
CAPITÁN.-¿Y por qué causa, si
puede saberse?
HOSTELERO.-¡Lindo desahogo es
el vuestro en preguntarlo! ¿Pensáis
que a mí me fía nadie lo que en mi casa se gasta?
CAPITÁN.-¡ Ah! ¿Es ése el motivo?
¿Y no somos personas de crédito a quien puede fiarse?
HOSTELERO.-Para mí, no. Y como
nunca pensé cobrar, para favor
ya fue bastante; conque así, hagan
merced de no volver por mi casa. ARLEQUÍN.-¿Creéis que todo
es
dinero en este bajo mundo? ¿Contáis
por nada las ponderaciones que
de vuestra casa hicimos en todas partes? ¡Hasta un soneto
os tengo dedicado y en él celebro vuestras perdices estofadas y vuestros
pasteles de liebre!. . . Y en cuanto al señor Capitán, tened por seguro que
él solo sostendrá contra un ejército
el buen nombre de vuestra casa.
¿Nada vale esto? ¡Todo ha de ser moneda contante en el
mundo! HOSTELERO .-¡NO estoy para burlas! No he menester de vuestros sonetos ni
de la espada del señor Capitán, que mejor pudiera emplearla. CAPITÁN .-¡Voto a.
. . , que si la
emplearé escarmentando a un pícaro!
(Amenazándole y pegándole con la espada.)
Página 12 de 69
HOSTELERO.-(Gritando.) ¿Qué es esto?
¿Contra mí? ¡Favor! ¡Justicia! ARLEQUÍN.-(Conteniendo al
Capitán.)
¡No os perdáis por tan ruin sujeto!
CAPITÁN.-¡He de matarle! (Pegándole.)
HOSTELERO.-¡Favor! ¡ Justicia! Mozos.-(Saliendo de la
hostería.)
¡Que matan a nuestro amo!
HOSTELERO.- ¡Socorredme! CAPITÁN.-¡NO dejaré uno!
HOSTELERO.-¿No vendrá nadie? LEANDRO.-(Saliendo con Crispín.)
¿Qué alboroto es éste?
CRISPÍN .-¿En lugar donde mi señor se hospeda? ¿No hay
sosiego posible en vuestra casa? Yo traeré a
la Justicia, que pondrá orden en ello. HOSTELERO.-¡Esto ha
de ser mi ruina!
¡Con tan gran señor en mi casa!
ARLEQUÍN.-¿Quién es él?
HOSTELERO.-¿ No oséis preguntarlo? CAPITÁN.-Perdonad,
señor, si turbamos vuestro reposo; pero este ruin hostelero. . .
HOSTELERO.-NO fue mía la culpa,
señor, sino de estos desvergonzados... CAPITÁN.-¿A mí
desvergonzado?
¡No miraré nada!. . ,
CRISPÍN.-¿Alto, señor Capitán,
que aquí tenéis quien satisfaga vuestros
agravios, si los tenéis de este hombre.
HOSTELERO.-Figuraos que ha
más de un mes que comen a mi costa sin soltar blanca, y
porque me
negué hoy a servirles se vuelven contra mí.
ARLEQUÍN.-Yo, no, que todo lo
llevo con paciencia.
CAPITÁN.-¿Y es razón que a un soldado no se le haga
crédito? ARLEQUÍN.-¿Y es razón que en
nada se estime un soneto con estrambote que compuse a sus
perdices estofadas
y a sus pasteles de liebre?...Todo por fe,
que no los probé
nunca, sino carnero y potajes.
Página 13 de 69
CRISPÍN.-Estos dos nobles señores dicen muy bien, y es
indignidad tratar de ese modo a un poeta y a un soldado.
ARLEQÍN.- ¡Ah señor, sois un
alma grande!
CRISPÍN.-Yo no. Mi señor, aquí presente; que como tan gran
señor, nada hay para él en el mundo como un poeta y un soldado.
LEANDRO .-Cierto.
CRISPÍN.-Y estad seguros de que mientras él pare en esta
ciudad no habéis de carecer de nada, y cuanto gasto hagáis aquí corre de su
cuenta. LEANDRO.-CIERTO.
CRISPÍN .-¡Y mírese mucho el
hostelero en trataros como corresponde! HOSTELERO.-¡Señor!
CRISPÍN.-Y no seáis tan avaro
de vuestras perdices ni de vuestras empanadas de gato, que
no es razón que un poeta como el señor Arlequín
hable por sueño de cosas tan palpables. . .
ARLEQUIN.-¿Conocéis mi nombre? CRISPÍN.-Yo no; pero mi
señor,
como tan gran señor, conoce a cuan-
tos poeta existen y existieron, siempre que sean dignos de
ese nombre. LEANDRO.Cierto.
CRISPÍN.-Y ninguno tan grande como vos, señor Arlequín; y
cada vez que pienso que aquí no se os
ha guardado todo el respeto que merecéis...
HOSTELERO.-Perdonad, señor.
Yo les serviré como mandáis, y basta que seáis su fiador. .
.
CAPITÁN.-Señor, si en algo puedo
serviros.. .
CRISPÍN.-¿ES poco servicio el conoceros?
¡Glorioso Capitán, digno
de ser cantado por ese solo poeta!. . . ARLEQUIN.-¡Señor!
CAPITÁN.- ¡Señor!
ARLEQUÍN .-¿Y os son conocidos mis versos?
Página 14 de 69
CRISPÍN .-¿Cómo conocidos? ¡Olvidados los tengo! ¿No es
vuestro
aquel soneto admirable que empieza: “La dulce mano que
acaricia
y mata”?
ARLEQUIN.-¿Cómo decís? CRISPÍN.-“La dulce mano que acaricia
y mata.”
ARLEQUÍN.-¿Ése decís? No, no es mío ese soneto.
CRISPÍN.-Pues merece ser vuestro. Y de vos, Capitán, ¿quién
no
conoce las hazañas? ¿NO fuisteis el
que sólo con veinte hombres asaltó
el castillo de las Peñas Rojas en la famosa batalla de los
Campos Negros? CAPITAN.-¿Sabéis? . . .
CRISPÍN.-¿Cómo si sabemos?
¡Oh! ¿Cuánta veces se lo oí referir
a mi señor entusiasmado! ¡Veinte hombres, veinte, y vos
delante, y desde el castillo. . . ¡bum!, ¡bum!,
¡bum!, disparos y bombardas y pez hirviente, y demonios
encendidos. . . !
¡Y los veinte hombres como un solo hombre y vos delante! Y
los de
arriba.... ¡bum!¡bum!¡bum!Y los tambores..
¡ran,rataplan,.Y los clarines. . . ,
¿tararí, tararí, tararí!... Y vosotros sólo con vuestra
espada y vos sin espada. . . iris,
ris ris!, golpe aquí, golpe allí. . ., una cabeza, un
brazo. . . (Empieza
a golpes con la espada, dándoles de plano al Hostelero y a
los Mozos.) Mozo.-¡Ay, ay!
HOSTELERO.- ¡Téngase; que se apasiona como si pasara!
CRISPÍN.-¿Cómo si me apasiono?
Siempre sentí yo el animus belli. CAPITÁN.-NO parece sino
que os hallasteis presente.
CRISPÍN.-Oírselo referir a mi señor es como verlo, mejor
que verlo.
¡Y a un soldado así, al héroe de las
Peñas Rojas en los Campos Negros,
Página 15 de 69
se le trata de esa manera!. . . ¡Ah! Gran suerte fue que mi
señor se hallase presente y que negocios de importancia le hayan traído a esta
ciudad,
dónde él hará que se os trate
con respeto, como merecéis. . . ¡Un
poeta tan alto, un tan gran capitán (A los Mozos.) ¡Pronto!
¿Qué hacéis ahí como estafermos? Servidles de lo mejor que haya en vuestra
casa, y
ante todo una botella del mejor vino,
que mi señor quiere beber con estos caballeros, y lo tendrá
a gloria. . .
¿Qué hacéis ahí? ¡Pronto!
HOSTELERO.-¡Voy, VOY! ¡No he librado de mala!
(Se va con los Mozos a la hostería)
ARLEQUÍN.-¡ Ah, señor! ¿Cómo agradeceros?. . .
CAPITÁN.-¿Cómo pagaros?
CRISPÍN.-¡Nadie hable aquí de pagar, que es palabra que
ofende! Sentaos, sentaos, que para mi señor, que a tantos príncipes y grandes
ha sentado a su mesa, será éste el mayor orgullo.
LEANDRO.-Cierto.
CRISPÍN.-Mi señor no es de muchas
palabras; pero, como véis, esa
pocas son otras tantas sentencias llenas de sabiduría.
ARLEQUÍN.-En todo muestra su grandeza.
CAPITÁN.NO sabéis cómo conforta
nuestro abatido espíritu hallar
un gran señor como vos, que así nos
considera.
CRISPÍN.-Esto no es nada, que
yo sé que mi señor no se contenta
con tan poco y será capaz de llevaros consigo y colocaros
en tan alto estado. . .
LEANDRO.-(Aparte a Crispín.)
No te alargues en palabras, Crispín... CRISPÍN.-Mi señor no
gusta de
palabras, pero ya le conoceréis por las obras.
Página 16 de 69
HOSTELERO..(Saliendo con los
Mozos que traen las viandas y ponen la mesa.) Aquí está el
vino. . . ,
y la comida.
CRISPÍN.-¡Beban, beban y coman y no se priven de nada, que
mi señor corre con todo, y si algo
os falta, no dudéis en decirlo, que mi señor pondrá orden
en ello, que el hostelero es dado a descuidarse! HOSTELERO.-No, por cierto;
pero comprenderéis. . .
CRISPÍN.-No digáis palabra, que diréis una impertinencia.
CAPITÁN.-¡A vuestra salud! LEANDRO.-¿A la vuestra, señores!
¡Por el más grande poeta y el mejor soldado!
ARLEQUÍN .-¡Por el más noble señor! CAPITÁN .-¡Por el más
generoso! CRISPÍN.-Y yo también he de
beber, aunque sea atrevimiento. Por este día grande entre
todos que juntó al más alto poeta, al más valiente capitán, al más noble señor
y al
más leal criado. . . Y permitid que
mi señor se despida, que los negocios que le traen a esta
ciudad no
admiten demora.
LEANDRO.-Cierto.
CRISPÍN.-¿No faltaréis a presentarle vuestros respetos cada
día?
ARLEQUÍN.-Y a cada hora; y he
de juntar a todos los músicos y poetas
de mi amistad para festejarle con músicas y canciones.
CAPITÁN.Y yo he de traer a, toda
mi compañía con antorchas y luminarias.
LEANDRO.Ofenderéis mi modestia...
CRISPÍN.-Y ahora comed, bebed...
¡Pronto! Servid a estos señores.. (Aparte al Capitán.)
Entre
nosotros. . ., ¿estaréis sin blanca? CAPITÁN.-¿Qué hemos de
deciros?
Página 17 de 69
CRISPÍN.-¡NO digáis más! (Al Hostelero.)
¡Eh! ¡Aquí estregaréis
a estos caballeros cuarenta o cincuenta escudos por encargo
de mi
señor y de parte suya. . . ¡No dejéis de cumplir sus
órdenes!
HOSTELERO.-¡Descuidad! ¿Cuarenta
o cincuenta, decís?
CRISPÍN.-Poned sesenta. . . ¡Caballeros,
salud!
CAPITÁN.-¡Viva el más grande caballero!
ARLEQUÍN.- ¡Viva!
CRISPÍN-¡Decid ¡viva! también vosotros, gente incivil!
HOSTELERO Y MOZOS.-¡viva! CRÍSPÍN.-¡Viva el más alto poeta y el mayor soldado!
TODOS.-¡Viva!
LEANDRO.-(Aparte a Crispín.)
¿Qué locuras son éstas, Crispín, y
cómo saldremos de ellas? CRISPÍN.-Como entramos. Ya lo
ves; la poesía y las armas son nuestras...
¡Adelante! ¡sigamos la conquista del mundo! (Todos se hacen
saludos y reverencias, y Leandro y Crispín se van por la
segunda izquierda. El Capitán y Arlequín
se disponen a comer los asados que les han preparado el
Hostelero y los Mozos que los sirven.)
Página 18 de 69
SEGUNDO CUADRO
Jardín con fachada de un pabellón
con puerta practicable en primer término izquierda. Es de
noche.
ESCENA PRIMERA
DOÑA SIRENA y COLOMBINA saliendo
del pabellón.
SIRENA.-¿No hay para perder el
juicio, Colombina? ¡Que una dama se vea en trance tan
afrentoso
por gente baja y descomedida! ¿Cómo
te atreviste a volver a mi presencia con tales razones?
COLOMBINA.-¿Y no habíais de
saberlo?
SIRENA.-¡Morir me estaría mejor!
¿Y todos te dijeron lo mismo?
COLOMBINA.-Uno por uno, Como
lo oísteis. . . El sastre, que no
os enviará el vestido mientras no le
paguéis todo lo adeudado.
SIRENA.-¡El insolente! ¡El salteador
de caminos! ¡Cuando es él
quien me debe todo su crédito en esta ciudad, que hasta
emplearlo yo en el atavío de mi persona no supo lo que era vestir damas!
COLOMBINA.-Y los cocineros y
los músicos y los criados todos dijeron lo mismo: que no
servirían esta
noche en la fiesta si no les pagáis
por adelantado.
SIRENA.-¡Los sayones! ¡Los forajidos!
¡Cuándo se vio tanta insolencia en gente nacida para
servirnos!
¿Es que ya no se paga más que con
dinero? ¿Es que ya sólo se estima
el dinero en el mundo? ¡Triste de la que se ve como yo, sin
el amparo
de un marido, ni de parientes, ni de allegados masculinos!.
. . Que una mujer sola nada vale en el mundo,
por noble y virtuosa que sea.
Página 19 de 69
¡Oh,tiempos de perdición! ¡Tiempos del Apocalipsis! ¡El
Anticristo debe ser llegado! COLOMBINA.-Nunca os vi tan
apocada. Os desconozco. De mayores apuros supisteis salir
adelante. SIRENA.-Eran otros tiempos, Colombina. Contaba yo entonces con
mi juventud y con mi belleza como poderosos aliados.
Príncipes y grandes señores rendíanse a mis plantas. COLOMBINA.-En cambio, no
sería
tanta vuestra experiencia y conocimiento del mundo como
ahora.
Y en cuanto a vuestra belleza, nunca
estuvo tan en su punto, podéis creerlo.
SIRENA.-¡Deja lisonjas! ¡Cuándo
me vería yo de este modo si fuera la doña Sirena de mis
veinte! COLOMBINA.-¿Años queréis decir? SIRENA.-PueS ¿qué pensaste? ¡Y
qué diré de ti, que aún no los cumpliste y no sabes
aprovecharlo!
¡Nunca lo creyera cuando al verme tan sola de criada te
adopté por sobrina! ¡Si en vez de malograr tu juventud enamorándote de ese
Arlequín, ese poeta que nada puede
ofrecer sino versos y músicas, supieras emplearte mejor, no
nos veríamos
en tan triste caso!
COLOMBINA.-¿Qué queréis? Aún
soy demasiado joven para resignarme a ser amada y no
corresponder.
Y si he de adiestrarme en hacer padecer por mi amor,
necesito saber
antes cómo se padece cuando se ama. Yo sabré desquitarme.
Aún no cumplí los veinte años. No me créais con tan poco juicio que piense en
casarme con Arlequín.
SIRENA.-No me fío de ti, que
eres muy caprichosa y siempre te dejaste llevar de la
fantasía. Pero pensemos en lo que ahora importa.
¿Qué haremos en tan gran apuro?
No tardarán en acudir mis convidados,
Página 20 de 69
todos personas de calidad y de importancia, y entre ellas
el señor Polichinela con su esposa y su hija, que por muchas razones me
importan más que todos. Ya sabe a cómo frecuentan esta casa algunos Meros
nobilísimos, pero, como yo, harto deslucidos en su nobleza, por falta de
dinero. Para cualquiera de
ellos, la hija del señor Polichinela, con su riquísima
dote, y el gran caudal que ha de heredar a la muerte
de su padre, puede ser un partido muy ventajoso.
Muchos son los que la pretenden. En favor de todos ellos
interpongo yo mi buena amistad con
el señor Polichinela y su esposa. Cualquiera que sea el
favorecido, yo
sé que ha de corresponder con largueza
a mis buenos oficios, que de
todos me hice firmar una obligación para asegurarme. Ya no
me quedan otros medios que estas mediaciones para reponer en algo mi
patrimonio; si de camino algún rico comerciante o mercader se prendara de
ti...,
¿quién sabe?. . . , aún podía ser esta
casa lo que fue en otro tiempo. Pero si esta noche la
insolencia de esa gente trasciende, si no puedo ofrecer la fiesta. . . ¡No
quiero pensarlo
. . ., que será mi ruina! COLOMBINA.-NO paséis cuidado
Con qué agasajarlos no ha de faltar. Y en cuanto a músicos
y a criados,
el señor Arlequín, que por algo
es poeta y para algo está enamorado de mi, sabrá
improvisarlo todo.
Él conoce a muchos truhanes de buen humor que han de
prestarse a todo. Ya veréis, no faltará nada,
y vuestros convidados dirán que no asistieron en su vida a
tan maravillosa fiesta.
Página 21 de 69
SIRENA.-¡ Ay, Colombina! Si eso
fuera, ¡cuánto ganarías en mi afecto! Corre en busca de tu
poeta. . .
No hay que perder tiempo.
COLOMBINA .-¿Mi poeta? Del
otro lado de estos jardines pasea, de seguro, aguardando
una seña mía. . . SIRENA.-NO será bien que asista
a vuestra entrevista, que yo no debo
rebajarme en solicitar tales favores tu cargo lo dejo. ¡Que
nada
falte para la fiesta, y yo sabré re-compensar
a todos; que esta estre-chez angustiosa de ahora no puede
durar siempre.. ., o no sería yo doña
sirena!
COLOMBINA.-Todo se compondrá.
Id descuidada. (Vase doña Sirena
por el pabellón.)
ESCENA II
COLOMBINA. Después CRISPÍN, que sale por la segunda
derecha.
COLOMBINA.-(Dirigiéndose a la Segunda,derecha y
llamando)¡Ar- lequín!¡Arlequín!(Al ver salir a Crispín). ¡No es el!
CRISPÍN.-No temáis, hermosa
Colombina,amada del más soberano ingenio,que por ser raro
poeta en todo,no quiso extremar en sus versos las ponderaciones de vuestra
belleza. Si de lo vivo a lo pintado fue
Siempre diderencia,es toda en esta Ocasión ventaja de lo
vivo,¡con ser Tal la pintura!
COLOMBINA.-Y vos ¿sois también
poeta, o sólo cortesano y lisonjero? CRISPÍN.-Soy el mejor
amigo de vuestro enamorado Arlequín, aunque sólo de hoy le conozco, pero
tales pruebas tuvo de mi amistad en
tan corto tiempo. Mi mayor deseo
fue el de saludaros, y el señor Arlequín
Página 22 de 69
no anduviera tan discreto en complacerme a no fiar tanto de
mi amistad, que sin ella fuera ponerme a riesgo de amaros sólo con haberme
puesto en ocasión de veros. COLOMBINA.-El señor Arlequín
fiaba tanto en el amor que le tengo como en la amistad que
le tenéis.
No pongáis todo el mérito de vuestra
parte, que es tan necia presunción perdonar la vida a los
hombres
como el corazón a las mujeres. CRISPÍN.-Ahora advierto que
no
sois tan peligrosa al que os ve como
al que llega a escucharos. COLOMBINA.-Permitid; pero antes
de la fiesta preparada para esta noche he de hablar con el
señor Arlequín y...
CRISPÍN.-No es preciso. A eso
vine, enviado de su parte y de parte de mi señor, que os
besa las manos. COLOMBINA .-¿Y quién es vuestro señor, si puede saberse?
CRISPÍN.-El más noble caballero,
el más poderoso. . . Permitid que por ahora calle su
nombre; pronto habréis de conocerle. Mi señor desea saludar a doña Sirena y
asistir a su fiesta esta noche
COLOMBINA.-¡La fiesta! ¿No sabéis..?
CRISPÍN.-Lo sé. Mi deber es averiguarlo todo. Sé que hubo
inconvenientes
que pudieron estorbarla; pero no habrá
ninguno, todo está prevenido. COLOMBINA .-¿Cómo sabéis.. .?
CRISPÍN.-Yo os aseguro que no
faltará nada. Suntuoso agasajo, luminarias y fuegos de
artificio, músicos
y cantores. Será la más lucida fiesta del mundo. . .
COLOMBINA .-¿Sois algún encantador, por ventura?
CRISPÍN.-Ya me iréis conociendo. Sólo os diré que por algo
juntó
hoy el destino a gente de tan buen
entendimiento, incapaz de malograrlo con vanos escrúpulos.
Página 23 de 69
Mi señor sabe que esta noche asistirá a la fiesta
el señor Polichinela, con su hija
única, la hermosa Silvia, el mejor partido de esta ciudad.
Mi señor ha
de enamorarla, mi señor ha de casarse
con ella y mi señor sabrá pagar como corresponde los buenos
oficios de doña Sirena y los vuestros
también si os prestáis a favorecerle, COLOMBINA.-No andáis
con rodeos
Debiera ofenderme vuestro atrevimiento, CRlSPÍN.-El tiempo
apremia y
no me dio lugar a ser comedido,
COLOMBINA.-Si ha de juzgarse del amo por el criado. . .
CRISPÍN.-No temáis. A mi ama
le hallaréis el más cortés y atento caballero, Mi
desvergüenza le permite a él mostrarse vergonzoso. Duras necesidades de la vida
pueden obligar al más noble caballero a empleos
de rufián, como a la más noble
dama a bajos oficios, y esta mezcla de ruindad y nobleza
en un mismo sujeto desluce con el mundo. Habilidad es
mostrar separado en dos sujetos lo que suele
andar junto en uno solo. Mi señor y yo, con ser uno mismo,
somos
cada uno una parte del otro. ¡Si así
fuera siempre! Todos llevamos en nosotros un gran señor de
altivos pensamientos, capaz de todo lo grande y de todo lo bello. . . Y a su
lado, el servidor humilde, el de las
ruines obras, el que ha de emplearse en las bajas acciones
a que obliga
la vida... Todo el arte está en separarlos
de tal modo que cuando
caemos en alguna bajeza podamos decir siempre; no fue mía,
no fui
yo, fue mi criado. En la mayor miseria de nuestra vida
siempre hay
algo en nosotros que quiere sentirse
superior a nosotros mismos.
Página 24 de 69
Nos despreciaríamos demasiado si no creyésemos valer más
que nuestra
vida. . . Ya sabéis quién es mi señor:
el de los altivos pensamientos,
el de los bellos sueños. Ya sabéis
quién soy yo: el de los ruines empleos,
el que siempre muy bajo,
rastrea y socava entre toda mentira y toda indignidad y
toda miseria Sólo hay algo en mí que me redime
y me eleva a mis propios ojos. Esta
lealtad de mi servidumbre esta lealtad que se humìlla y se
arrastra para
que otro pueda volar y pueda ser
siempre el señor de los altivos pensamientos,el de los
bellos sueños. (Se oye música dentro.)
COLOMBINA.-¿Qué música es esa? CRISPÍN-La que mi señor trae
a la fiesta, con todos sus pajes y todos
sus criados y toda una corte de poetas y cantores
presididos por el señor Arlequín, y toda una legión de soldados,con el Capitán
al frente, escoltándole con antorchas.. COLOMBINA .--¿Quién es vuestro
señor, que tanto puede? Corro a prevenir a mi señora. . .
CRISPÍN.-No es preciso. Ella acude.
ESCENA III
DICHOS y DOÑA SIRENA, que sale por el pabellón.
SIRENA.-¿Qué es esto? ¿Quién previno esa música? ¿Qué
tropel de gente llega a nuestra puerta? COLOMBINA .-NO preguntéis nada. Sabed
que hoy llegó a esta ciudad un gran señor, y es él quien
os ofrece la fiesta esta noche. Su
criado os informará de todo. Yo aún no sabré deciros si
hablé con un gran loco o con un gran bribón.
Página 25 de 69
De cualquier modo, os aseguro que él es un hombre
extraordinario. . . SIRENA.-¿Luego no fue Arlequín?
C OLOMBINA.-NO preguntéis... Todo es como cosa de magia. .
. CRISPÍN. Doña Sirena, mi señor
os pide licencia para besaros las manos. Tan alta señora y
tan noble señor
no han de entender en intrigas
impropias de su condición. Por eso, antes que él llegue a
saludaros, yo he de decirlo todo. Yo sé de vuestra
historia mil notables sucesos que, referidos, me
asegurarían toda vuestra
confianza. . . Pero fuera impertinencia puntualizarlos. Mi
amo os asegura
aquí (entregándole un papel)
con su firma la obligación que ha
de cumpliros ni de vuestra parte sabéis cumplir lo que aquí
os propone.
SIRENA .-¿Qué papel y qué obligación es ésta?. . . (Leyendo
el papel
para sí.) ¿Cómo? ¡Cien mil escudos
de presente y otros tantos a la muerte del señor
Polichinela si llega a casarse con su hija? ¿Qué insolencia
es ésta? ¿A una dama? ¿Sabéis con quién habláis? ¿Sabeís
qué casa es ésta?
CRISPÍN.-Doña Sirena. . . , ¡excusad la indignación! No hay
nadie
presente que pueda importaros. Guardad ese papel junto con
otros.. ., y no se hable más del
asunto. Mi señor no os propone nada indecoroso, ni vos
consentiríais en ello. . . Cuanto aquí sucede será obra de la casualidad y del
amor.
Fui yo, el criado, el único que tramó
estas cosas indignas. Vos sois siempre la noble dama, mi
amo el noble
señor, que al encontraros esta noche
en la fiesta, hablaréis de mil cosas galantes y delicadas,
mientras
vuestros convidados pasean y conversan
a vuestro alrededor, con admiraciones a la hermosura de las
damas,
Página 26 de 69
al arte de sus galas, a la esplendidez del agasajo, a la
dulzura de la música y a la gracia de los bailarines...
¿Y quién se atreverá a decir
que no es esto todo? ¿No es así la vida, una fiesta en que
la música sirve para disimular palabras y las palabras para disimular
pensamientos? Que la música suene incesante,
que la conversación se anime con alegres risas, que la cena
esté bien servida. . . , es todo lo que importa a los convidados. Y ved aquí a
mi señor, que llega a saludaros con toda gentileza.
ESCENA IV
DICHOS, LEANDRO, ARLEQUÍN y el
CAPITÁN, que salen por la segunda
derecha. LEANDRO.-Doña Sirena, bésoos las manos.
SlRENA.-Caballero . . . LEANDRO.-Mi criado os habrá
dicho en mi nombre cuanto yo pudiera deciros.
CRISPÍN.-Mi señor, como persona
grave, es de pocas palabras. Su admiración es muda.
ARLEQUÍN .-Pero sabe admirar
sabiamente.
CAPITÁN.-El verdadero mérito. ARLEQUÍN.-El verdadero valor.
CAPITÁN.-El arte incomparable de la poesía.
ARLEQUÍN.-La noble ciencia militar. CAPITÁN.-En todo
muestra su grandeza.
ARLEQUÍN.-ES el más noble caballero del mundo.
CAPITÁN.-Mi espada siempre estará
a su servicio.
ARLEQUÍN.-He de consagrar a su gloria mi mejor poema.
CRISPÍN.-Basta, basta, que ofenderéis su natural modestia.
Página 27 de 69
Vedle,cómo quisiera ocultarse y desaparecer.Es una violeta.
SIRENA.-NO necesita hablar quien de este modo hace hablar a todos en su
alabanza.
(Después de un saludo y reverencia se van todos por
la primera derecha. A Colombina.)
¿Qué piensas de todo esto, Colombina? COLOMBINA.-Que el
caballero
tiene muy gentil figura y el criado muy gentil
desvergüenza.
SIRENA .-Todo puede aprovecharse. O yo no sé nada del mundo
ni
de los hombres, o la fortuna se entró
hoy por mis puertas.
COLOMBINA .-Pues segura es entonces la fortuna; porque del
mundo
sabéis algo, y de los hombres,
¡no se diga!
SIRENA.-Rise1a y Laura, que son
las primeras en llegar. . . COLOMBINA.-¿Cuándo fueron
ellas las últimas en llegar a una fies-ta?
Os dejo en su compañía, que
yo no quiero perder de vista a nuestro
caballero. . . (Vase por la primera derecha.)
ESCENA V
DOÑA SIRENA, LAURA y RISELA, que salen por la segunda
derecha.
SIRENA.-¡Amigas! Ya comenzaba
a dolerme de Vuestra ausencia. LAURA.-pues ¿es tan tarde?
SIRENA.-Siempre lo es para veros.
RISELA.Otras dos fiestas dejamos por no faltar a Vuestra
casa. LAURA.-Por más que alguien nos
dijo que no sería ,esta noche por hallaros algo
indispuesta.
SIRENA.-Sólo por dejar mal a los
maldicientes, aun muriendo la hubiera tenido.
Página 28 de 69
RISELA.-Y nosotras nos hubiéramos muerto y no hubiéramos
dejado
de asistir a ella.
LAURA.-¿No sabéis la novedad? RISELA.-NO se habla de otra
cosa. LAURA .-Dicen que ha llegado un personaje misterioso. Unos dicen que es
embajador secreto de Venecia o
de Francia.
RISELA.-Otros dicen que viene a buscar esposa para el Gran
Turco. LAURA.-Aseguran que es lindo
como un Adonis.
RISELA.-Si nos fuera posible conocerle...
Debisteis invitarle a vuestra fiesta.
SIRENA.-NO fue preciso, amigas,
que él mismo envió un embajador
a pedir licencia para ser recibido. Y en mi casa está y le
veréis muy pronto.
LAURA .-¿Qué decís? Ved si anduvimos acertadas en dejarlo
todo
por asistir a vuestra casa. RISELA.-¡cuántas nos envidiarán
esta noche!
LAURA.-TodOS rabian por cono-cerle. SIRENA.-PUes yo nada
hice por lograrlo. Bastó que él supiera que yo tenía fiesta en mi casa.
RISELA.-Siempre fue lo mismo
con vos. No llega persona importante a la ciudad que luego
no OS ofrezca sus respetos.
LAURA.-Ya se me tarda en verle... Llevadnos a su presencia
por vuestra vida.
RISELA.-Sí, si, llevadnos. SIRENA.-Permitid, que llega el
señor Polichinela con su familia. . . Pero id sin mí; no os
será difícil hallarle.
RISELA.-Sí, Sí; vamos Laura. LAURA.-Vamos, Risela. Antes de
que aumente la confusión y no nos
sea posible acercarnos. (Vanse por la primera derecha.)
Página 29 de 69
ESCENA VI
DOÑA SIRENA, POLICHINELA , LA SEÑORA DE POLICHINELA y
SILVA, que
salen por la segunda derecha.
SIRENA.-¡Oh, señor Polichinela! Ya temí que no vendríais.
Hasta ahora no comenzó para mí la fiesta. POLICHINELA .-NO fue culpa mía
la tardanza. Fue de mi mujer, que entre cuarenta vestidos
no supo nunca cuál ponerse.
SEÑORA DE POLICHINELA.~i por
él fuera, me presentaría de cualquier modo... Ved cómo
vengo de sofocada
por apresurarme.
SIRENA.-venís hermosa como nullca. POLICHINELA.-Pues aún no
trae
la mitad de sus joyas. No podría con tanto peso.
SIRENA.-¿Y quién mejor puede
ufanarse con que su esposa ostente el fruto de una riqueza
adquirida
con vuestro trabajo?
SEÑORA DE POLICHINELA.-Pero
¿no es hora ya de disfrutar de ella,
como yo le digo, y de tener más nobles aspiraciones?
Figuraus que aho
ra quiere casar a nuestra hija con un
negociante.
SIRENA.-¡Oh, señor Polichinela! Vuestra hija merece mucho
más que un negociante. No hay que pensar
en eso. No debéis sacrificar su corazón
por ningún interes. ¿Qué dices tú, Silvia?
POLICHINELA.-Ella prefeririá algún barbilindo que., muy a pesar mío,
es muy dada a novelas y poesías. SILVIA.-Yo haré siempre lo
que
mi padre ordene si a mi madre no
le contraría y a mí no me disgusta. SIRENA.-ESO es hablar
con juicio. SEÑORA DE POLICHINELA .-TU padre piensa que sólo cl dinero vale
y se estima en el mundo.
Página 30 de 69
POLICHINELA.-YO pienso que sin dinero no hay cosa que valga
ni se estime en el mundo; que es el pre cio de todo.
SIRENA.-¡NO habléis así! ¿Y las virtudes, y el saber, y la
nobleza? POLICHINELA.-TodO tiene su precio,
¿quién lo duda? Nadie mejor
que yo lo sabe, que compré mucho
de todo eso, y no muy caro. SIRENA .-¡Oh, señor
Polichinela! Es humorada vuestra. Bien sabéis
que el dinero no es todo, y que si vuestra hija se enamora
de algún
noble caballero, no sería bien contrariarla. Yo sé que
tenéis un sensible
corazón de padre.
POLICHINELA.-Eso sí. Por mi hija sería capaz de todo.
SIRENA.-¿Hasta de arruinaros?
POLICHINELA.-Eso no seria una
prueba de cariño. Antes sería capaz de robar, de asesinar.
. ., de todo. SIRENA.-Ya sé que siempre sabríais rehacer vuestra fortuna, Pero
la fiesta se anima. Ven conmigo, Silvia. Para danzar
téngote destinado un caballero, que habéis de ser la
más lucida Pareja. . . (Se dirigen fodos a ta primera
derecha. At ir a salir
et señor Polichinela, Crispín, que
entra por la segunda derecha, le detiene.) ESCENA VII
CRISPÍN Y POLICHINELA.
CRISPÍN.-¡Señor Polichinela! Con licencia.
POLICHINELA.-¿Quién me llama?
¿Qué me queréis?
CRISPÍN.-¿No recordáis de mí?
No es extraño El tiempo todo lo hurra, y cuando es algo
enojoso lo borrado, no deja ni siquiera el bOrrón como recuerdo, sino que se
apresura a pintar sobre él con alegres colores, esos
alegres colores con
que ocultáis al mundo vuestras jorobas. Señor Polichinela,
cuando yo
Página 31 de 69
os conocí apenas las cubrían unos descoloridos andrajos.
POLICHINELA.-¿Y quién eres tú
y dónde pudiste conocerme? CRISPÍN.-Yo era un mozuelo, tú
eras ya todo un hombre. Pero ¿has
olvidado ya tantas gloriosas hazañas
por esos mares, tantas victorias ganadas al turco, a que no
poco contribuimos
con nuestro heroico esfuerzo, unidos los dos al mismo noble
remo en la misma gloriosa nave?
POLICHINELA.- ¡Imprudente! ¡Calla o.. .! CRISPÍN.-O harás
conmigo como
con tu primer amo en Nápoles,
y con tu primera mujer en Bolonia,
y con aquel mercader judío en Venecia...
POLICHINELA.-¡Calla! ¿Quién
eres tú, que tanto sabes y tanto hablas? CRISPíN.-Soy. . .,
lo que fuiste.
Y quien llegará a ser lo que eres..., como tú llegaste. No
con tanta violencia como tú, porque los tiempos
son otros y ya sólo asesinan los locos y los enamorados y
cuatro pobretes
que aún asaltan a mano armada al transeúnte por calles
oscuras o caminos solitarios.
¡Carne de horca,desperdiciable! POLICHINELA-¿Y qué quieres
de
mí? Dinero, ¿no es eso? Ya nos ve-remos
más despacio. No es éste el lugar. . . CRISPÍN.-No tiembles
por tu dinero
Sólo deseo ser tu amigo, tu
aliado, como en aquellos tiempos” POLICHINELA.-¿Qué puedo
hacer por ti? CRISPÍN.-No; ahora soy yo quien
va a servirte quien quiere obligarte con una advertencia ..
(Haciéndole que mire a la primera derecha.)¿
Ves a tu hija cómo danza
con un joven caballero y cómo sonríe
ruborosa al oír sus galanterías? Ese caballero es mi amo.
POLICHINELA .-¿Tu amo? Será entonces un aventurero, un hombre de fortuna, un
bandido como. . .
Página 32 de 69
CRISPÍN.-¿Como nosotros. . . ,
vas a decir? No; es más peligroso que nosotros, porque,
como ves, su figura es bella, y hay en su mirada un misterio de encanto, y en
su voz una dulzura que llega al corazón y le conmueve como si contara una
historia triste. ¿No es esto bastante para enamorar a
cualquier mujer?
No dirás que no te he advertido. Corre y separa a tu hija
de ese hombre, y no le permitas que baile con él ni que vuelva a escucharle en
su vida.
POLICHINELA.-¿Y dices que es tu amo y así le sirves?
CRISPÍN.-¿Lo extrañas? ¿Te olvidas
ya de cuando fuiste criado? Yo aún no pienso asesinarle.
POLICHINELA .-Dices bien; un amo
es siempre odioso. Y en servirme
a mí, ¿qué interés es el tuyo? Crispín.-Llegar a buen
puerto,
cano llegamos tantas veces remando juntos. Entonces, tú me
decías alguna vez: "‘Tú, que eres fuerte, rema
por mí. . .” Eh esta galera de ahora eres tú más fuerte que
yo; rema
por mí, por el fiel amigo de entonces, que la vida es muy
pesada galera
y yo llevo remado mucho. (Vase
por la segunda derecha.)
Página 33 de 69
ESCENA VIII
El SEÑOR POLICHINELA, DOÑA SIRENA, LA SEÑORA POLICHINELA,
RISELA
y LAURA, que salen por la primera derecha.
LAURA.-Sólo doña Sirena sabe ofrecer fiestas semejantes.
RISELA.-Y la de esta noche excedió
a todas.
SIRENA.-La presencia de tan singilar
caballero fue un nuevo atractivo. POLICHINELA .-¿Y Silvia?
¿Dónde quedó Silvia? ¿Cómo dejaste a nuestra hija?
SIRENA.-Callad, señor Polichinela,
que vuestra hija se halla en excelente
compañía, y en mi casa siempre está segura.
RISELA.NO hubo atenciones más
que para ella.
LAURA.-Para ella es todo el agrado. RISELA .-Y todos los
suspiros. POLICHINELA .¿De quien? ¿De
ese caballero misterioso? Pues no
me contenta. Y ahora mismo. . . SIRENA.-¡Pero, señor
Polichinela!. POLICHINELA.-¡ Dejadme, dejadme!
Yo sé lo que me hago. (Vase por la primera derecha.) SIRENA
.-¿Qué le ocurre? ¿Qué destemplanza es ésta?
SEÑORA DE POLICHINELA.-¿Veis qué hombre? ¡Capaz será de una
grosería con el caballero! ¡Que ha
de casar a su hija con algún mercader
u hombre de baja estofa! ¡Qué
ha de hacerla desgraciada para toda la vida!
SIRENA .-¡Eso no!. . ., que sois su madre y algo ha de
valer vuestra autoridad. . .
SEÑORA DE POLICHINELA .-¡Ved!
Sin duda dijo alguna impertinencia, y el caballero ya deja
la mano de Silvia y se retira cabizbajo.
Página 34 de 69
LAURA.-Y el señor Polichinela
parece reprender a vuestra hija. . . SIRENA .-¡Vamos,
Vamos! Que no
puede consentirse tanta tiranía. RISELA.-Ahora vemos,
señora Polichinela, que con todas vuestras riquezas no sois menos desgraciada.
SEÑORA DE POLICHINELA.-NO lo
sabéis, que algunas veces llegó hasta
golpearme.
LAURA .¿Qué decís? ¿Y fuisteis
mujer para consentirlo? SEÑORA DE POLICHINELA.-Luego
cree componerlo con traerme algún
regalo.
SIRENA.-¡Menos mal! Que hay
maridos que no lo componen con nada.
(Vanse todas por ta primera derecha.)
ESCENA IX
LEANDRO y CRISPÍN, que salen por la segunda derecha.
CRISPÍN.-Qué tristeza, qué abatimiento es ése? ¡Con mayor
alegría
pensé hallarte!
LEANDRO.-Hasta ahora no me vi perdido; hasta ahora no me
importó menos perderme. Huyamos, Crispín; huyamos de esta ciudad antes de
que nadie pueda descubrirnos y vengan
a saber lo que somos.
CRISPÍN.-Si huyéramos, es cuando todos lo sabrían y cuando
muchos correrían hasta detenemos y
hacernos volver a nuestro pesar, que
no parece bien ausentarnos con tanta descortesía, sin
despedirnos de
gente tan atenta.
LEANDRO.-NO te burles, Crispín, que estoy desesperado.
CRISPÍN.-¡Así eres! Cuando
nuestras esperanzas llevan mejor camino. LEANDRO.-¿Qué
puedo esperar?
Quisiste que fingiera un amor, y mal
sabré fingirlo. CRISPÍN .-¿Por qué?
Página 35 de 69
LEANDRO.-porque amo, amo con toda verdad y con toda mi
alma. CRISPÍN.-¿A Silvia? ¿Y de eso
te lamentas?
LEANDRO .-¡Nunca pensé que pudiera amarse de este modo!
¡Nunca
pensé que yo pudiera amar! En
mi vida errante por todos los caminos, no fui siquiera el
que siempre
pasa, sino el que siempre huye, enemiga la tierra, enemigos
los hombres,
enemiga la luz del sol. La fruta del camino, hurtada, no
ofrecida, dejó acaso en mis labios algún
sabor de amores, y alguna vez, después de muchos días
azarosos, en
el descanso de una noche, la serenidad
del cielo me hizo soñar con algo que fuera en mi Vida como
aquel cielo de la noche que traía
a mi alma el reposo de su serenidad. Y así esta noche, en
el encanto
de la fiesta. . . , me pareció
que era un descanso en mi vida. . . , y soñaba. . . ¡He
soñado! Pero mañana será otra vez la huida azarosa,
será la justicia que nos persigue. . ., y no quiero que me
halle aquí, donde
está ella, donde ella puede avergonzarse de haberme visto.
CRISPÍN.-YO creí ver que eras
acogido con agrado. . . Y no fui yo solo en advertirlo.
Doña Sirena y nuestros buenos amigos el Capitán
y el Poeta le hicieron de ti los mayores elogios. A su
excelente madre,
la señora Polichinela, que sólo sueña emparentar con un
noble, le pareciste el yerno de sus ilusiones. En
cuanto al señor Polichinela. . . LEANDRO.-sospecha de
nosotros.., Nos conoce.
Página 36 de 69
CRISPÍN.-Sí al señor Polichinela no es fácil engañarle como
a un hombre Vulgar. A un zorro viejo
como él hay que engañarle con lealtad. Por eso me pareció
mejor medio prevenirle de todo.
LEANDRO.-¿Cómo?
CRISPÍN.-!Sí; él me conoce de antiguo.
. . Al decirle que tú eres mi amo, supuso, con razón, que
el amo
sería digno del criado. Y yo, por corresponder a su
confianza, le advertí que de ningún modo consintiera
que hablaras con su hija. LEANDRO.-¿EsO hiciste? ¿Y qué
puedo esperar?
CRISPÍN.-¡Necio eres! Que el señor
Polichinela ponga todo su empeño en que no vuelvas a ver a
su hija.
LEANDRO.-¡No lo entiendo! CRISPÍN.-Y que de este modo
sea nuestro mejor aliado, porque bastará que él se oponga,
para que su mujer le lleve la contraria y su
hija se enamore de ti más locamente. Tú no sabes lo que es
una joven,
hija de un padre rico, criada
en el mayor regalo, cuando ve por primera vez en su vida
que algo
se opone a su voluntad. Estoy seguro de que esta misma
noche, antes
de terminar la fiesta, consigue
burlar la vigilancia de su padre para hablar todavía
contigo.
LEANDRO.-Pero ¿no ves que nada me importa del señor
Polichinela
ni del mundo entero? Que es
a ella, sólo a ella, a quien yo no
quiero parecer indigno y despreciable... a quien yo no
quiero mentir...
CRISPÍN.-¡Bah! ¡Deja locuras! No es posible retroceder.
Página 37 de 69
Piensa en la suerte que nos espera si vacilamos en seguir
adelante. ¿Que te has
enamorado? Ese amor verdadero
nos servirá mejor que si fuera fingido. Tal vez de otro
modo hubieras
querido ir demasiado de prisa y
si la Osadía y la insolencia convienen para todo, sólo en
amor sienta
bien a los hombres algo de timidez.
La timidez del hombre hace ser
más atrevidas a las mujeres. Y si
lo dudas, aquí tienes a la inocente Silvia, que llega con
el mayor sigilo y sólo espera para acercarse
a ti que yo me retire o me esconda. LEANDRO.-¿Silvia dices?
CRISPÍN .-¡Chito! ¡Que pudiera
espantarse! Y cuando esté a tu
lado, mucha discreción. . . , pocas palabras, pocas. . .
Adora, contempla, admira, y deja que hable por
ti el encanto de esta noche azul, propicia a los amores, y
esa música
que apaga sus sones entre la arboleda y llega como triste
eco de la alegría de la fiesta.
L EAN D RO .-¡No te burles, Crispín;
ni te burles de este amor que
será mi muerte.
CRISPÍN.¿Por qué he de burlarme? Yo sé bien que no conviene
siempre rastrear. Alguna Vez hay
que volar por el cielo para mejor dominar la tierra. Vuela
tú ahora; yo sigo arrastrándome. ¡El mundo será nuestro! (Vase por la segunda
izquierda.)
Página 38 de 69
ESCENA ÚLTIMA
LEANDRO y SILVIA, que salen por la primera derecha. Al
final, CRISPÍN
LEANDRO.-¡Silvia!
SILVIA.-¿Sois vos? Perdonad; no
creí hallaros aquí.
LEANDRO.-Huí de la fiesta. Su alegría me entristece,
SILVIA.-¿También a vos? LEANDRO. -¿También, decís?
¡También os entristece la alegría!... SILVIA.-Mi padre se
ha enojado conmigo. ¡Nunca me habló de este
modo! Y con vos tambien estuvo desatento. ¿Le perdonáis?
LEANDRO.-Sí lo perdono todo.
Pero no le enojéis por mi causa.
Volved a La fiesta que han de buscaros y si os hallaran
aqui a mi lado,.. SILVIA.-Tenéis razón. Pero volved
vos también. por qué habéis de estar triste?
LEANDRO.-No; yo saldré sin que
nadie lo advierta... Debo ir muy lejos
SILVIA.-¿Qué decís? ¿No os trajeron asuntos de importancia
a esta ciudad? ¿No debíais permanecer
aquí mucho tiempo
LEANDRO.-¡NO, no! ¡Ni un día más! ¿Ni un día más!
SILVIA-Entonces... ¿Me habéis mentido? LEANDRO.-¡Mentir!. .
. No. . . No digáis he mentido No ésta es
la unica verdad de mi vida...¡Este sueño que no debe tener
despertar! (Se oye a lo lejos la música de una canción hasta que cae el telón.)
SILVIA.-Es Arlequín que canta...
¿Qué os sucede? ¿Lloráis? ¿Es
la música la que os hace llorar?
¿Por qué no decirme vuestra tristeza.?
LEANDRO.-¿Mi tristeza?Ya la dice esa canción. Escuchadla.
Página 39 de 69
SILVIA.-Desde aquí sólo la música
Se percibe;las palabras se pierden.
¿NO la sabéis? Es una canción
al silencio de la noche, y se llama
El reino de las almas. ¿No la sabéis? LEANDRO.-Decidla
SILVIA.-
La noche amorosa, sobre
[los amantes
tiende de su cielo el dosel
[nupcial.
La noche ha prendido sus
[claros diamantes
En el terciopelo de un cielo
[estival.
El jardín en sombra no
[tiene colores,
y es en el misterio de su
[oscuridad
susurro el follaje, aroma
[las flores
y amor.. un deseo dulce
[de llorar.
La voz que suspira, y fa
[voz que canta
y la voz que dice palabras
[de amor,
impiedad parecen en la
[noche santa,
como una blasfemia entre
[una oración.
¡Alma del silencio, que yo
[reverencio,
tiene tu silencio la inefable
[voz
de los que murieron
[amando en silencio, de los que callaron [muriendo de amor,
de los que en la vida, por
[amamos mucho,
tal vez no supieron su amor
[expresar!
¿No es la voz acaso que en
[la noche escucho
y cuando amor dice, dice
[eternidad?
Página 40 de 69
¡Madre de mi alma! ¿No
[ea luz de tus ojos
la luz de esa estrella
que como una lágrima de
[amor infinito
en la noche tiembla?
¡Dile a la que hoy amo que
[yo no amé nunca
más que a ti en la tierra,
y desde que has muerto
[sólo me ha besado
la luz de esa estrella!
LEANDRO.-¡Madre de mi alma! Yo no
[he amé nunca
más que a ti en la tierra, y desde que has muerto [sólo me
ha besado
la luz de esa estrella.
(Quedan en silencio, abrazados mirándose.)
CRISPÍN-(Que aparece por la segunda izquierda. Aparte.)
¡Noche, poesía, locuras de [amante!. . .
¡Todo ha de servirnos en esta
[ocasión!
¡El triunfo es seguro! ¡Valor y
[adelante!
¿Quién podrá vencernos si es
[nuestro el amor?
(Silvia y Leandro, abrazados, se dirigen muy despacio a la
primera derecha. Crispín los sigue sin ser visto
y por ellos. El telón va bajando muy despacio.)
TELÓN
Página 41 de 69
ACTO SEGUNDO
CUADRO TERCERO
Sala en casa de LEANDRO.
ESCENA PRIMERA
CRISPÍN, el CAPITÁN, ARLEQUÍN. Salen por la segunda
derecha, o sea
el pasillo.
CRISPÍN.-Entrad caballeros, y sentaos con toda comodidad.
Diré
que os sirvan algo. . . ¡Hola! ¡Eh!
¡ Hola!
CAPITÁN.-De ningún modo, No aceptamos nada.
ARLEQUÍN.-Sólo venimos a ofrecernos
a tu señor, después de lo que hemos sabido.
CAPITÁN.-¡Increíble traición, que
no quedará sin castigar! ¡Yo te aseguro que si el señor
;Polichinela se
pone al alcance de mi mano!. . .
ARLEQUÍN.-¡ventaja de los poetas! Yo siempre le tendré al
alcance
de mis versos. . . ¡Oh! La tremenda sátira que pienso
dedicarle. . . ¡Viejo dañino, viejo malvado!
CAPITÁN.-¿Y dices que tu amo no fue siquiera herido?
CRIPÍN.-Pero pudo ser muerto.
¡ Figuraos! ¡Una docena de espadachines asaltándolo de
improviso!
Gracias a su valor, a su destreza, a
mis voces..,
ARLEQUÍN.-¿Y ello sucedió anoche,
cuando tu señor hablaba con
Silvia por la tapia de su jardín?
CRISPÍN.+Ya mi señor había te nido aviso.. .; Pero ya le
conocéis: no es hombre para intimidarse por nada.
CAPITÁN.-Pero debió advertirnos...
ARLEQUÍN.-Debió advertir al señor Capitán. Él le hubiera
acompañado gustoso.
CRISPÍN.-Ya conocéis a mi señor. Él solo se basta.
Página 42 de 69
CAPITÁN.-¿Y dices que por fin conseguiste atrapar por el
cuello a uno de los malandrines, que confesó que todo estaba preparado por el
señor Polichinela para deshacerse de tu amo? . . CRISPÍN
.-¿Y quién sino él podía
tener interés en ello? Su hija ama
a mi señor; él trata de casarla a su gusto; mi señor
estorba sus planes,
y el señor Polichinela supo toda su vida cómo suprimir
estorbos. ¿No enviudó dos veces en poco tiempo?
No heredó en menos a todos sus parientes, viejos y jóvenes?
Todos lo
saben, nadie dirá que le calumnio...
¡Ah! La riqueza del señor
Polichinela es un insulto a la humanidad
y a la justicia. Sólo entre
gente sin honor puede triunfar impune un hombre como el
señor Polichinela. ARLEQUÍN.-Dices bien. Y yo en
mi sátira he de decir todo eso. . . Claro que sin
nombrarle, porque la
poesía no debe permitirse tanta licencia.
CRISPÍN.-¡Bastante le importará
a él de vuestra sátira! CAPITÁN.-Dejadme, dejadme a
mí, que como él se ponga al alcance
de mi mano. . . Pero bien sé que él no vendrá a buscarme.
CRISPÍN.-Ni mi señor consentiría
que se ofendiera al señor Polichinela.
A pesar de todo, es el padre
de Silvia. Lo que importa es que todos sepan en la ciudad
como mi amo estuvo a punto de ser asesina- do; como no puede consentirse que
ese viejo zorro contraríe la voluntad y el corazón de su
hija.
Página 43 de 69
ARLEQÍN.-NO puede consentirse; el amor está. sobre todo.
CRISPÍN.-Y si mi amo fuera algún ruin sujeto. . . Pero, decidme:
¿no es el señor Polichinela el que debía enorgullecerse de
que mi señor se haya dignado enamorarse de
su hija y aceptarle por suegro? ¡Mi señor, que a tantas
doncellas de linaje excelso ha despreciado, y por
quien más de cuatro princesas hicieron
cuatro mil locuras!. . . Pero,
¿quién llega? (Mirando hacia ta segunda derecha.) ¡Ah,
Colombina!
¡ Adelante, graciosa Colombina, no hayas temor! (Sale
Colombina.) Todos somos amigos, y nuestra mutua
amistad te defiende de nuestra unánime admiración.
ESCENA II
DICHOS y COLOMBINA, que sale por
la segunda derecha, o sea el pasillo.
COLOMBINA .-Doña Sirena me
envía a saber de tu señor. Apenas rayaba el día, vino
Silvia a nuestra casa, y refirió a mi señora todo lo sucedido. Dice que no
volverá a
casa de su padre, ni saldrá de casa
de mi señora más que para ser la esposa del señor Leandro.
CRISPÍN .-¿Eso dice? ¡Oh, noble
joven! ¡Oh, corazón amante! ARLEQUÍN .-¡Qué epitalamio
pienso componer a sus bodas! COLOMBLNA.-Silvia Cree que
Leandro está malherido. . . Desde
su balcón oyó ruido de espadas, tus voces en demanda de
auxilio. Después cayó sin sentido, y así la hallaron al amanecer. Decidme lo
que
sea del señor Leandro, pues muere
de angustia hasta saberlo, y mi señora
también quedó en cuidado.
Página 44 de 69
CRISPÍN.-Dile que mi señor pudo salvarse, porque amor le
guardaba; dile que sólo de amor muere con incurable herida. . . Dile... (Viendo
venir a Leandro.) ¡Ah! Pero aquí llega él mismo, que te dirá cuanto yo pudiera
decirte.
ESCENA III
DICHOS y LEANDRO, que sale por la
primera derecha.
CAPITÁN.-(Abrazándole.)¡Amigo mío!
ARLEQUÍN.-(Abrazandole)¡Amigo y señor COLOMBINA.-Ah, señor Leandro!
¡Qué estáis salvo! ¡Que alegría!
LEANDRO.-¿Cómo supisteis? COLOMBINA.-En toda la ciudad
no se habla de otra cosa; por las
calles se reúne la gente en corrillos, y todos murmuran y
claman contra
el señor Polichinela.
LEANDRO.-¿Qué decís?
CAPITÁN.-¡Y si algo volviera a
intentar contra vos!. . . ARLEQUÍN.-¿Y si aún quisiera
oponerse a vuestros amores? COLOMBINA.-Todo sería inútil. Silvia está en casa
de mi señora,
y sólo saldrá de allí para ser vuestra
esposa...
LEANDRO.-Silvia en vuestra casa? Y su padre. . .
COLOMBINA.-El señor Polichine la hará muy bien en
ocultarse. CAPITÁN.-¡Creyó que a tanto
podría atreverse con su riqueza insolente! ARLEQUÍN.-Pudo
atreverse a todo,
pero no al amor. . .
COLOMBINA .-¡Pretender asesinaros tan villanamente!
CRISPÍN.-¡Doce espadachines, doce.. ., yo los conté!
LEANDRO.-Yo sólo pude distinguir
a tres o cuatro.
Página 45 de 69
CRISPÍN.-Mi señor concluirá por deciros que no fue tanto el
riesgo, por no hacer mérito de su sernidad
y de su valor. . . Pero ¡yo lo vi! Doce eran, doce, armados
hasta los dientes, decididos a todo. ¡Imposible me parece que escapara con
vida! COLOMBINA.-Corro a tranquilizar
a Silvia y a mi señora.
CRISPÍN.-Escucha, Colombina.
A Silvia,no
fuera mejor no tranquilizarla?...
COLOMBINA.-Déjalo a cargo de
mi señora. Silvia cree a estas horas que tu señor está
moribundo, y
aunque doña Sirena finge contenerla... no tardará en venir
aquí sin
reparar en nada.
CRISPÍN.-Mucho fuera que tu señora no hubiera pensado en
todo. CAPITÁN.-Vamos también, pues
ya en nada podemos aquí serviros. Lo que ahora conviene es
sostener
la indignación de las gentes contra
el señor Polichinela.
ARLEQUÍN.-Apedrearemos su casa...
Levantaremos a toda la ciudad
en contra suya. . . Sepa que si hasta hoy nadie se atrevió
contra
él, hoy todos juntos nos atreveremos;
sepa que hay un espíritu y
una conciencia en la multitud.
COLOMBINA .-Él mismo tendrá que venir a rogaros que toméis
a su
hija por esposa.
CRISPÍN.-Sí, sí; corred amigos.
Ved que la vida de mi señor no está
segura. . . El que una vez quiso asesinarle,no se detendrá
por nada. CAPITÁN.No temáis. . . ¡Amigo mío! ARLEQUÍN.-¡Amigo y señor!
COLOMBINA.-¡señor Leandro! LEANDRO.-Gracias a todos, amigos
míos, amigos leales, (Se van todos, menos Leandro y Crispín, por
la segunda derecha.)
Página 46 de 69
ESCENA IV LEANDRO y CRISPÍN.
LEANDRO .-¿Qué es esto, Crispín?
¿Qué pretendes? ¿Hasta dónde has de llevarme con tus
enredos? ¿Pien
sas que lo creí? Tú pagaste a los espadachines; todo fue
invención tuya.
¡Mal hubiera podido valerme
contra todos si ellos no vinieran de burla!
CRISPÍN.-¿Y serás capaz de reñirme, cuando así anticipo el
logro
de tus esperanzas?
LEANDRO.-NO, Crispín, no. ¡Bien
sabes que no! Amo a Silvia y no lograré
su amor con engaños, suceda lo que suceda.
CRISPÍN.-Bien sabes lo que ha
de sucederte. . . ¡Si amar es resignarse a perder lo que se
ama por
sutilezas de conciencia. . . , que Silvia misma no ha de
agradecerte!. . .
LEANDRO.-¿Qué dices? ¡Si ella supiera quién soy!
CRISPÍN.-Y cuando lo sepa, ya
no serás el que fuiste: serás su esposo,
su enamorado esposo, todo lo enamorado y lo fiel y lo noble
que tú quieras y ella puede desear. . . Una vez dueño de su amor. . . , y
de su dote, ¿no serás el más perfecto caballero? Tú no eres
como el
señor Polichinela, que con todo su dinero, que tantos lujos
le permite, aún no se ha permitido el lujo de
ser honrado. . . En él es naturaleza la truhanería; pero en
ti, en ti fue sólo necesidad. . . Y aun si no me
hubieras tenido a tu lado, ya te hubieras dejado morir de
hambre de
puro escrupuloso. ¡Ah! ¿Crees que si yo hubiera hallado en
ti otro hombre me hubiera contentado con dedicarte a enamorar?. . . No; te
hubiera dedicado a la política, y no al dinero del señor Polichinela, el mundo
hubiera sido nuestro. . . Pero
no eres ambicioso, te contentas con ser feliz. . .
Página 47 de 69
LEANDRO.-Pero no viste que
mal podía serlo? Si hubiera mentido para ser amado y ser
rico de este modo hubiera sido porque yo no amaba, y mal podía ser feliz. Y si
amo, ¿cómo puedo mentir?
CRISPÍN.-Pues no mientas. Ama,
ama con todo tu corazón, inmensamente. Pero defiende tu
amor sobre
todo. En amor no es mentir callar
lo que puede hacernos perder la estimación
del ser amado.
LEANDRO.-Ésas sí que son sutilezas, Crispín.
CRISPÍN.-¿Que tú debiste hallar antes si tu amor fuera como
dices. Amor es todo sutilezas, y la mayor de todas no es engañar a los demás,
sino engañarse a sí mismo.
LEANDRO.-YO no puedo engañarme,
Crispín. No soy de esos hombres que cuando venden su
conciencia se creen en el caso de vender también su entendimiento. CRISPÍN.-Por
eso dije que no
servías para la política. Y bien dices. Que el
entendimiento es la conciencia
de la verdad, y el que llega
a perderla entre las mentiras de su vida, es como si se
perdiera a sí propio, porque ya nunca volverá a encontrarse ni a conocerse, y
él mismo vendrá a ser otra mentira.
LEANDRO .-¿Dónde aprendiste
tanto, Crispín?
CRISPÍN.-Medité algún tiempo en
galeras, donde esta conciencia de mi entendimiento me acusó
más de torpe que de pícaro. Con más picardía
y menos torpeza, en vez de remar en ellas pude haber
llegado a mandarlas. Por eso juré no volver en mi vida. Piensa de qué no seré
capaz ahora que por tu causa me
veo a punto de quebrantar mi juramento.
Página 48 de 69
LEANDRO.-¿Qué dices?
CRISPÍN.-¿Que nuestra situación
es ya insostenible, que hemos apurado
nuestro crédito, las gentes ya empiezan a pedir algo
efectivo. El hostelero, que nos albergó con toda esplendidez por muchos días,
esperando que recibieras tus libranzas.
El señor Pantalón, que, fiado del
crédito del hostelero, nos proporcionó cuanto fue preciso
para instalarnos
con suntuosidad en esta casa. . . Mercaderes de todo
género, que no
dudaron en proveernos de todo, deslumbrados
por tanta grandeza. Doña
Sirena misma, que tan buenos oficios nos ha prestado en tus
amores..
Todos han esperado lo razonable, y sería injusto pretender
más
de ellos, ni quejarse de tan amable
gente. . . ¡Con letras de oro quedará grabado en mi corazón
el nombre
de esta insigne ciudad que desde
ahora declaro por mi madre
adoptiva! A más de éstos. . . ¿olvidas
que de otras partes habrán salido y andarán en busca
nuestra?
¿Piensas que las hazañas de Mantua
y de Florencia son para olvidarlas?
¿Recuerdas el famoso proceso
de Bolonia?. . . ¡Tres mil doscientos
folios sumaba cuando nos ausentamos alarmados de verle
crecer tan
sin tino! ¿Qué no habrá aumentado
bajo la pluma de aquel gran doctor jurista que le había
tomado por su cuenta? ¡Qué de considerandos y de resultandos de que no
resultará co sa buena! ¿Y aún dudas? ¿Y aún me reprendes porque di la batalla
que puede decidir en un día de nuestra suerte?
LEANDRO.-¡Huyamos !
CRISPÍN.- ¡No! ¡Basta de huir a
la desesperada! Hoy ha de fijarse
nuestra fortuna. . . Te di el amor, dame tú la vida.
Página 49 de 69
LEANDRO .-Pero ¿cómo salvarnos?
¿Qué puedo yo hacer? Dime.
CRISPÍN.-Nada ya. Basta con aceptar lo que los demás han de
ofrecernos. Piensa que hemos creado muchos intereses y es interés de todos el
salvarnos.
ESCENA V
DICHOS y DOÑA SIRENA, que sale por
la segunda derecha, o sea el pasillo.
SIRENA.-¿Dais licencia, señor
Leandro?
LEANDRO.- ¡Doña Sirena.! ¿vos
en mi casa?
SIRENA.-Ya veis a lo que me
expongo. A tantas lenguas maldicientes.
¡YO en casa de un caballero,joven, apuesto! CRISPÍN.-Mi
señor sabría hacer
callar a los maldicientes si alguno
se atreviera a poner sospechas en vuestra fama.
SIRENA .-¿Tu señor? No me fío.
¡Los hombres son tan jactanciosos! Pero en nada reparo por
serviros.
¿Qué me decís, señor, que anoche quisieron daros muerte? No
se habla de otra cosa. . . ¡Y Silvia! ¡Pobre
niña! ¡Cuánto os ama! ¡Quisiera saber qué hicisteis para
enamorarla de
ese modo!
CRISPÍN.-Mi señor sabe que to-do lo debe a vuestra amistad.
SIRENA.-NO diré yo que no me
deba mucho. . . , que siempre hablé de él como yo no debía,
sin cono cerle lo bastante. . . A mucho me atreví por amor vuestro. Si ahora
faltáis a vuestras promesas. . . CRISPÍN.-¿Dudáis de mi señor?
¿NO tenéis cédula firmada de su mano?...
Página 50 de 69
SIRENA.-¡Buena mano y buen
nombre! ¿Pensáis que todos no nos conocemos? Yo sé confiar
y sé que el señor Leandro cumplirá como
debe. Pero si vierais que hoy es un día aciago para mí, y
por lograr hoy una mitad de lo que se me ha ofrecido, perdería gustosa la otra
mitad.. CRISPÍN.-¿Hoy decís?
SIRENA.- ¡Día de tribulaciones!
Para que nada falte, veinte años hace
hoy también que perdí a mi segundo marido, que fue el
primero,
el único amor de mi vida.
CRISPÍN.-Dicho sea en elogio del primero.
S IRENA .-El primero me fue impuesto
por mi padre. Yo no le amaba,
y a pesar de ello supe serle fiel. CRISPÍN .-¿Qué no
sabréis vos,
doña Sirena?
SIRENA.-Pero dejemos los recuerdos, que todo lo
entristecen. Hablemos
de esperanzas. ,¿Sabéis que Silvia quiso venir conmigo?
LEANDRO.-¿Aquí, a esta casa? SIRENA.-¿Qué os parece? ¿Qué
diría el señor Polichinela? ¡Con toda
la ciudad soliviantada contra él, fuerza le sería casaros!
LEANDRO.-NO, no; impedidla que
venga.
CRISPÍN.-¡Chito! Comprenderéis
que mi señor no dice lo que siente.
SIRENA.-Lo comprendo. . . ¿Qué
no daría él por ver a Silvia a su
lado, para no separarse nunca de ella?
CRISPÍN.-¿Qué daría? ¡No lo sabéis?
SIRENA.-Por eso lo pregunto. CRISPÍN.-¡Ah, doña Sirena!...
Si mi señor es hoy esposo de Silvia,
hoy mismo cumplirá lo que os pro metió.
SIRENA .-¿Y si no lo fuera?
CRISPÍN.-Entonces.., lo habréis perdido todo. Ved lo que os
conviene.
Página 51 de 69
LEANDRO.-¡Calla,Crispín! ¡Basta! No puedo consentir que mi
amor
se trate como mercancía. Salid, doña Sirena, decir a Silvia
que vuelva a casa de su padre, que no venga
aquí en modo alguno, que me olvide para siempre, que yo he
de huir
donde no vuelva a saber de mi nombre...
¡Mi nombre! ¿Tengo yo nombre acaso?
CRISPÍN.-¿No callarás? SIRENA.-¿Qué le dio? ¡Qué lo
cura es ésta! ¡Volved en vos! ¡Renunciar
de ese modo a tan gran ventura!.. Y no se trata sólo de
vos.
Pensad que hay quien todo lo fió
en vuestra suerte, y no puede burlarse así de una dama de
calidad
que a tanto se expuso por serviros.
Vos no haréis tal locura; vos os casaréis con Silvia, o
habrá quien
sepa pediros cuenta de vuestros engaños,
que no estoy tan sola en el
mundo como pudisteis creer, señor Leandro.
CRISPÍN.-Doña Sirena dice muy
bien. Pero creed que mi señor sólo
habla así ofendido por vuestra desconfianza.
SIRENA.-No es desconfianza en
él. . . Es, todo he de decirlo. . . , es que el señor
Polichinela no es hombre
de dejarse burlar. . . , y ante el clamor que habéis
levantado contra
él con vuestra estratagema de anoche...
CRISPÍN .-¿Estratagema decís?
SIRENA .-¡Bah! Todos nos conocemos.
Sabed que uno de los espadachines es pariente mío, y los
otros
me son también muy allegados. . .
Pues bien: el señor Polichinela no se ha descuidado, y ya
se murmura
por la ciudad que ha dado aviso a la
justicia de quién sois y cómo puede perderos; dícese
también que hoy llegó de Bolonia un proceso. , . CRISPÍN.- ¡Y un endiablado
doctor
con él! Tres mil novecientos folios...
Página 52 de 69
SIRENA.-Todo esto se dice, se asegura. Ved si importa no
perder tiempo.
CRISPÍN.-¿Y quién lo malgasta y
lo pierde sino vos? Volved a vuestra casa. . . Decid a
Silvia. . .
SIRENA.-Silvia está aquí. Vino
junto con Colombina, como otra doncella de mi
acompañamiento. En vuestra antecámara espera. Le dije que estabais muy
malherido. . . LEANDRO.-¡oh, Silvia mía!
SIRENA.-Sólo pensó en que podíais morir. . . , nada pensó
en lo
que arriesgaba con venir a veros.
¿Soy vuestra amiga?
CRISPÍN.-Sois adorable. Pronto, Acostaos aquí, haceos el
doliente y el desmayado. Ved que si es preciso yo sabré que lo estéis de veras.
(Amenazándole y haciéndole sentar
en un sillón.)
LEANDRO.-Sí, soy vuestro; lo sé,
lo veo... Pero Silvia no lo será.
Sí, quiero verla; decirle que llegue, que he de salvarla a
pesar vuestro,
a pesar de todos, a pesar de ella misma.
CRISPÍN.-Comprender&s que mi
señor no siente lo que dice. SIRENA.-NO lo creo tan necio
ni tan loco. Ven conmigo. (Se va con Crispín por la segunda derecha, o sea el
pasillo.)
ESCENA VI
LEANDRO y SILVIA, que sale por la segunda derecha.
LEANDRO.- ¡ Silvia! ¡ Silvia mía! SILVIA .-¿NO estás
herido? LEANDRO.-NO; ya lo ves. . . Fue
un engaño, un engaño más para traerte aquí. Pero no temas;
pronto vendrá tu padre; pronto saldrás con
él sin que nada tengas tú que reprocharme.
. . ¡Oh! Sólo el haber
Página 53 de 69
empañado la serenidad de tu ahna con una ilusión de amor,
que para
ti sólo será el recuerdo de un mal sueño.
SILVIA .-¿Qué dices, Leandro?
¿TU amor no era verdad?
LEANDRO.-¡Mi amor, sí. . . ; por
eso no he de engañarte! Sal de aquí pronto, antes de que
nadie, fuera
de los que aquí te trajeron, pueda
saber que viniste.
Silvia.-¿Qué temes? ¿NO estoy
segura en tu casa? Yo no dudé en
venir a ella. . . ¿Qué peligros pueden amenazarme a tu
lado?
LEANDRO.-Ninguno; dices bien.
Mi amor te defiende de tu misma inocencia.
SILVIA.-No he de volver a casa
de mi padre después de su acción horrible.
LEANDRO.-No, Silvia, no culpes
a tu padre. No fue él; fue otro engaño más, otra mentira. .
. Huye de
mí, olvida a este miserable aventurero, sin nombre,
perseguido por la
justicia.
SILVIA.¡No, no es cierto! Es que la conducta de mi padre me
hizo indigna de vuestro cariño. Eso es. Lo comprendo. . .
¡Pobre de mí! LEANDRO.-¡Silvia! ¡ Silvia mía!
¡Qué crueles tus dulces pala
bras! ;Qué cruel esa noble confianza de corazón, ignorante
del mal y de
la vida!
Página 54 de 69
ESCENA VII
DICHOS y CRISPÍN, que sale corriendo por la segunda
derecha.
CRISPÍN.-¡Señor! ¡SeñOr! El señor
Polichinela llega. SILVIA.-¡Mi padre!
LEANDRO.-¡Nada importa! Yo os entregaré a él por mi mano.
CRISPÍN .-Ved que no viene solo,
sino con mucha gente y justicia con él. LEANDRO.-¡Ah! ¡Si
te hallan
aquí! ¡En mi poder! Sin duda tú les diste aviso. . . Pero
no lograréis vuestro propósito.
CRISPÍN.-¿Yo? No por cierto. . . Que esto va de veras, y ya
temo que nadie pueda salvamos. LEANDRO.-¡ A nosotros no; ni he
de intentarlo!. . . Pero a ella sí. Conviene ocultarte;
queda aquí. SILVIA.-¿Y tú?
LEANDRO.-Nada temas. ¡Pronto,
que llegan! (Esconde a Silvia en la habitación del foro,
diciéndole a Crispín:) Tú verás lo que trae a esa gente. Sólo cuida de que
nadie entre ahí hasta mi regreso. . . No hay
otra huida. (Se dirige a la ventana.)
CRISPÍN.-(Deteniéndole.) ¡Señor!
¡Tente!¡No te mates así! LEANDRO.-NO pretendo matarme
ni pretendo escapar; pretendo salvarla. (Trepa hacia arriba
por la escalera
y desaparece.)
CRISPÍN .-Señor, señor! ¡ Menos
mal! Creí que intentaba arrojarse al
suelo, pero trepo hacia arriba. . Esperemos todavía. . .
Aún quiere volar.. . Es su región, las alturas. Yo, a la mía: la tierra. . .
Ahora más que nunca conviene afirmarse
en ella. (Se sienta en un sillón con
mucha calma.)
Página 55 de 69
ESCENA VIII
CRISPÍN, el SEÑOR POLICHINELA, el HOSTELERO, el SEÑOR
[PANTALÓN, el CAPITÁN, ARLEQUÍN,el DOCTOR, el SECRETARIO y Dos ALGUACILES con
enormes protocolos de curia
Todos salen por la segunda
derecha o sea el pasillo.
POLICHINELA.-(Dentro, a gente
que se supone fuera.) ¡Guardad bien las puertas, que nadie
salga,
hombre ni mujer, ni perro ni gato! HOSTELERO.-¿Dónde están,
donde
están esos bandoleros, esos asesinos?
PANTALÓN.-¡Justicia! ¡Justicia!
¡Mi dinero!¡Mi dinero! (Van saliendo todos por el orden que
se indica.
El Doctor y et Secretario se dirigen a la mesa y se
disponen a escribir. Los dos Alguaciles, de pie, teniendo en las manos los
enormes protocolos del proceso.)
CAPITÁN.-Pero, ¿es posible lo que vemos, Crispín?
ARLEQUÍN .-¿Es posible lo que sucede?
PANTALÓN .-¡Justicia!¡Justicia!
¡Mi dinero! ¡Mi dinero! HOSTELERO.-¡Que los prendan... que
se aseguren de ellos!
PANTALÓN.-no escaparán...,¡No escaparán! CRISPÍN.-Pero ¿qué
es esto? ¿Cómo
se atropella así la mansión de
un noble caballero? Agradezcan la
ausencia de mi señor.
PANTALÓN .-¡Calla, calla, que tú eres su cómplice y has de
pagar con él!
HOSTELERO.-¿Cómo cómplice?
Tan delincuente como su pretendido
señor...que él fue quien me engañó
CAPITÁN.-¿Qué significa esto,Crispín?
Página 56 de 69
ARLEQUÍN.-iTiene razón esta gente? POLICHINELA .-¿Qué dices
ahora,
Crispín? ¿Pensaste que habían de valerte
tus enredos conmigo? ¿Conque yo pretendí asesinar a tu
señor?
¿Conque yo soy un viejo avaro que sacrifica a su hija?
¿Conque toda la ciudad se levanta contra mí llenándome de insuItos? Ahora
veremos.
PANTALON.-Dejadle, señor Polichinela,
que éste es asunto nuestro,
que al fin vos no habéis perdido
nada. Pero yo. . . , ¡todo mi caudal, que lo presté sin
garantía! ¡Perdido me veré para toda la vida! ¿Qué
será de mí?
HOSTELERO .-¿Y yo, decidme,
que gasté lo que no tenía y aun hube
de empeñarme por servirle como
creí correspondía a su calidad? ¡Esto es mi destrucción, mi
ruina!
CAPITÁN.-¡Y nosotros también fuimos ruinmente engañados!
¿Qué se dirá de mí, que puse mi espada
y mi valor al servicio de un aventurero? ARLEQUÍN.-¿Y de
mí, que le dediqué
soneto tras soneto como al más noble señor?
POLICHINELA.-¡Ja, ja, ja!
PANTALÓN -¡Sí, reíd, reíd! . . .
Como nada perdisteis. . . HOSTELERO.-Como nada os
robaron... PANTALÓN. - ¡ProntO, pronto!
¿Dónde está el otro pícaro?
HOSTELERO.-Registradlo todo hasta dar con él. CRISPÍN.-Poco
a poco.Si dais un
solo paso...(Amenazando con la espada) PANTALÓN.-¿Amenazas
todavía?
¿Y esto ha de sufrirse? ¡Justicia, justicia! HOSTELERO.-Eso
es, justicia!
DOCTOR.-Señores. . . Si no me
atendéis, nada conseguiremos. Nadie puede tomarse justicia
por su
mano, que la justicia no es atropello
ni venganza y summum jus, summa injuria. La justicia es
todo orden, y el orden es todo razón, y la
razón es todo procedimiento, y el procedimiento es todo
lógica.
Página 57 de 69
Bárbara,Celarent, Darii, Ferioque, Baralipton, depositad en
mí vuestros
agravios y querellas, que todo
ha de unirse a este proceso que conmigo traigo.
CRISPÍN .-¡Horror! ¡Aún ha crecido!
DOCTOR.-Constan aquí otros muchos delitos de estos hombres
y a
ellos han de sumarse estos de que
ahora les acusáis. Y yo seré parte en todos ellos; sólo así
obtendréis
la debida satisfacción y justicia. Escribid, señor
Secretario, y vayan deponiendo
los querellantes.
PANTALÓN.-Dejadnos de embrollos,
que bien conocemos vuestra historia. HOSTELERO.-No se
escriba nada,
que todo será poner lo blanco negro... Y quedaremos
nosotros sin
nuestro dinero y ellos sin castigar.
PANTALÓN.-Eso,eso... ¡Mi dinero, mi dinero¡Y después
justicia! DOCTOR.-¡Gente indocta, gente ignorante, gente incivil! ¿Qué idea
tenéis de la justicia? No basta que
os digáis perjudicados si no pareciese bien claramente que
hubo intención
de causaros perjuicio, esto ea,
fraude o dolo; que no es lo mismo aunque la vulgar acepción
los confunda. Pero sabed. . . , que en
el un caso...
PANTALÓN.-¡Basta! ¡Basta! Que
acabaréis por decir que fuimos nosotros
los culpables.
DOCTOR.-¡Y como pudiera ser
si os obstináis en negar la verdad de, los hechos!. . .
HOSTELERO.-¡Ésta es buena! Que
fuimos robados. ¿Qué más verdad ni más claro delito?
Página 58 de 69
DOCTOR.-Cabed que robo no es
lo mismo que hurto; y mucho menos que fraude o dolo, como
dije primero. Desde las Doce Tablas
hasta Justiniano, Triboniano, Emiliano y Tiberiano . . .
PANTALÓN.Todo fue quedarnos
sin nuestro dinero. . . Y de ahí no habrá quien nos saque.
POLICHINELA.-El señor Doctor
habla muy en razón. Confiad en ÉL,
y que todo conste en proceso. DOCTOR.-Escribid, escribid
luego, señor Secretario.
CRISPÍN .-¡Quieren oírme?
PANTALÓN .-¿No, no! Calle el ,pícaro.
. ., calle el desvergonzado.
HOSTELERO.-Ya hablaréis donde os pesará.
DOCTOR.-Ya hablará cuando le
corresponda, que a todos ha de oírse
en justicia. . . Escribid, escribid. En la ciudad de.. ., a
tantos.. . No sería malo proceder primeramente al
inventario de cuanto hay en la casa.
CRISPÍN.-No dará tregua a la pluma. . . DOCTOR.-Y proceder
al deposito
fianza por parte de los querellantes,
porque no pueda haber sospecha en su buena fe. Bastará con
dos mil escudos de presente y caución
de todos sus bienes. . .
PANTALÓN .-¿Qué decís? ¡Nosotros dos mil escudos!
DOCTOR.-Ocho debieran ser; pero
basta que seáis personas de algún crédito para que todo se
tenga en cuenta, que nunca fui desconsiderado... HOSTELERO.-¡Alto, y no se
escriba
más, que no hemos de pasar por eso!
DOCTOR.-¿Cómo? ¿Así se atropella
a la Justicia? Abrase proceso separado por violencia y mano
airada
contra un ministro de Justicia en funciones de su
ministerio.
PANTALÓN.-¡Este hombre ha de perdernos!
HOSTELERO.-¡Está loco!
Página 59 de 69
DOCTOR .-¿Hombre y loco, decís?
Hablen con respeto. Escribid, escribid que hubo también
ofensas de palabra. . . CRISPÍN.-Bien os está por no escucharme.
PANTALÓN.-Habla, habla, que todo
será mejor según vamos.
CRISPÍN.-Pues atajen a ese hombre, que levantará un monte
con
sus papelotes.
PANTALÓN.-¡Basta, basta ya, decimos! HOSTELERO.-Deje la
pluma. . .
DOCTOR.--Nadie sea osado a poner mano en nada.
CRISPÍN.-Señor Capitán, sírvanos
vuestra espada, que es también atributo de justicia.
CAPITÁN.-(va a la mesa y da un
fuerte golpe con la espada en los papeles que está
escribiendo el Doctor.)
Háganos la merced de no escribir
mas.
DOCTOR.-Ved lo que es pedir las
cosas en razón. Suspended las actuaciones,
que hay cuestión previa a
dilucidar. . . , Hablen las partes entre
si....Bueno fuera no obstante proceder en el ínterin al
inventar rio. . .
PANTALÓN .-¡No, no!
DOCTOR.-Es formalidad que no puede evitarse.
CRISPÍN.-Ya escribiréis cuando
sea preciso. Dejadme ahora hablar aparte con estos honrados
señores. DOCTOR.-Si os conviene sacar
testimonio de cuanto aquí les digáis... CRISPÍN .-Por
ningún modo. No
se escriba una letra, o no hablaré palabra.
CAPITÁN.-Deje hablar al mozo.
CRISPÍN.-¿Y qué he de deciros?
¿De qué os quejáis? ¿De haber ,perdido vuestro dinero? ¿Qué
pretendéis?
¿Recobrarlo?
Página 60 de 69
PANTALÓN.-¡Eso, eso! ¡Mi dinero! HOSTELEROS...-¡Nuestro
dinero! CRISPÍN.-Pues escuchadme...
¿De dónde habéis de cobrarlo
si así quitáis crédito a mi señor y así hacéis imposible su
,boda
con la hija del señor Polichinela?
¡Voto a. . ., que siempre pedí tratar con pícaros mejor que
con necios!
Ved lo que hicisteis y cómo
se compondrá ahora con la Justicia
de por medio. ¡Qué lograréis ahora si dan con nosotros en
galeras o en sitio peor? ¿Será buena moneda para
cobraros las túrdigas de nuestro pellejo?
¡Seréis más ricos, más nobles
o más grandes cuando nosotros estemos
perdidos? En cambio, si no
nos hubierais estorbado a tan mal tiempo, hoy, hoy mismo
tendríais vuestro
dinero, con todos sus intereses..., que ellos solos
bastarían a
llevaros a la horca, si la Justicia
no estuviera en esas manos y en esas plumas. . . Ahora
haced lo que os
plazca, que ya os dije lo que os convenía...
DOCTOR.-QuedarOn suspensos...
CAPITÁN.-Yo aún no puedo creer
que ellos sean tales bellacos. POLICHINELA.-Este Crispín...
capaz será de convencerlos. PANTALÓN.-(Al Hostelero.) ¿Qué decís a esto? Bien
mirado. . . HOSTELERO.-¿Qué decís vos? PANTALÓN.-Dices que hoy mismo se hubiera
casado tu amo con
la hija del señor Polichinela. ¿Y si él no da su
consentimiento?. . . CRISPÍN.-De nada ha de servirle.
Que su hija huyó con mi se
ñor.. . y lo sabrá todo el mundo. . . y a él más que a
nadie importa que nadie sepa cómo su hija se perdió
por un hombre sin condición, perseguido por la Justicia.
PANTALÓN.-Si así fuera... ¿Qué decís vos?
Página 61 de 69
HOSTELERO.-No nos ablandemos.
Ved que el bellaco es maestro en embustes.
PANTALÓN.-Decís bien. No sé
cómo pude creerlo. ¡ Justicia! ¡Justicia! CRISPÍN.-¡Ved que
lo perdéis todo! PANTALÓN.-Veamos todavía...
Señor Polichinela, dos palabras. POLICHINELA.-¿Qué me
queréis? PANTALÓN.-Suponed que nosotros
no hubiéramos tenido razón para
quejarnos. Suponed que el señor
Leandro fuera, en efecto, el más noble caballero. . . ,
incapaz de una
baja acción. . . POLICHINELA .-¿Qué decís?
PANTALÓN.-Suponed que vuestra
hija le amara con locura, hasta el punto de haber huido con
él
de vuestra casa.
POLICHINELA.-¿Que mi hija huyó
de mi casa con ese hombre? ¿Quién
lo dijo? ¿Quién fue el desvergonzado?...
PANTALÓN.-No os alteréis. Todo es suposición. POLICHINELA.-
Pues aún así no he de tolerarlo. PANTALÓN.-Escuchad con Paciencia.
Suponed que todo eso hubiera
Sucedido. ¿No os sería forzoso casarla?
POLICHINELA .-¿Casaria? ¡Antes
la mataría! Pero es locura pensarlo. Y bien veo que eso
quisierais para cobraros a costa mía, que sois otros
tales bribones. Pero no será, no será. . . PANTALÓN.-Ved lo
que decís, y
no se hable aquí de bribones cuando estáis presente.
HOSTELERO .-¡Eso,eso!
POLICHINELA.-¡Bribones, bribones, combinados para robarme!
Pero
no será, no será.
DOCTOR.-No hayáis cuidado, señor Polichinela, que aunque
ellos renunciaran a perseguirle, no es nada
este proceso? ¿Creéis que puede borrarse nada de cuanto en
él consta,
que son cincuenta y dos delitos probados
y otros tantos que no necesitan probarse?. . .
Página 62 de 69
PANTALÓN .-¿Qué decís ahora,Crispín? CRISPÍN.-Que todos
esos delitos,
si fueran tantos, son como estos
otros. . . Dinero perdido que nunca se pagará si nunca le
tenemos. DOCTOR .-¡Eso no! Que yo he de cobrar lo que me corresponda de
cualquier modo que sea.
CRISPÍN .-Pues será de los que
se quejaron, que nosotros harto haremos en pagar con
nuestras personas.
DOCTOR.-Los derechos de Justicia son sagrados, y lo primero
será embargar para ellos cuanto hay en esta casa.
PANTALÓN.-¿Cómo es eso? Esto será para cobrarnos algo.
HOSTELERO.-Claro es; y de otro modo. . .
DOCTOR.-Escribid, escribid, que
si hablan todos nunca nos entenderemos. PANTALÓN y
HOSTELERO.-¡No ,no!
CIRISPÍN.-Oídme aquí, señor Doctor.
Y si se os pagara de una vez
y sin escribir tanto vuestros. . .,
¿cómo los llamáis? ¿Estipendios? DOCTOR.-Derechos de
Justicia. CRISPÍN.Como queráis. ¿Qué os parece? DOCTOR.-En ese caso. . .
CRISPÍN.-Pues ved que mi amo
puede ser hoy rico, poderoso, si el
señor Polichinela consiente en casarle con su hija. Pensad
que la joven
es hija única del señor Polichinela;
pensad en que mi señor ha de ser dueño de todo; pensad. . .
DOCTOR.-Puede, puede estudiarse. PANTALÓN.-¿Qué os dijo?
HOSTELERO .-¿Qué resolvéis?
DOCTOR.-Dejadme reflexionar.
El mozo no es lerdo y se ve que no ignora los
procedimientos legales. Porque si consideramos que la ofensa
que recibisteis fue puramente pecuniaria y que todo delito
que puede
ser reparado en la misma forma
lleva en la reparación el más justo
Página 63 de 69
castigo; si consideramos que así en la ley bárbara y
primitiva del ta lión se dijo: ojo por ojo,
diente por diente, mas no diente por ojo ni ojo por diente.
. . Bien puede decirse que en este caso escudo por
escudo. Porque al fin, él no os quitó la vida para que
podáis exigirle la suya en pago. No os ofendió en
vuestra persona, honor ni buena fama, para que podáis
exigir otro tanto.
La equidad es la suprema justicia. Equitas justitia magna
est.
Y desde las Pandectas hasta Triboniano,
con Emiliano, Tiberiano. . .
PANTALÓN.NO digáis más. Si él nos pagara. . .
HOSTELERO.-Como él nos pagara..
POLICHINELA .-¡Qué disparates
son éstos, y cómo ha de pagar, ni qué tratar ahora!
CRISPÍN.-Se trata de que todos
estáis interesados en salvar a mi señor, en salvamos por
interés de
todos vosotros,por no perder vuestro dinero; el señor
Doctor, por no perder toda esa suma de admirable
doctrina que fuisteis depositando en esa balumba de
sabiduría; el señor Capitán, porque todos le vieron amigo de mi amo, y a su
valor importa
que no se murmure de su amistad
con un aventurero; vos, señor Arlequín, porque vuestros
ditirambos de
poeta perderían todo su mérito al saber
que tan mal los empleasteis; vos,
señor Polichinela. . . , antiguo amigo
mío, porque vuestra hija es ya ante
el Cielo y ante los hombres la esposa del señor Leandro.
POLICHINELA .-¡Mientes, mientes!
¡Insolente, desvergonzado!
CRISPÍN.-Pues procédase al inventario
de cuanto hay en la casa.
Página 64 de 69
Escribid, escribid, y sean todos estos señores testigos y
empiécese por
este aposento. (Descorre el tapiz de
la puerta del foro y aparecen formando grupo Silvia,
Leandro, Doña
Sirena, Colombina y la señora de
Polichinela.)
ULTIMA ESCENA
DICHOS, SILVIA, LEANDRO, DOÑA SIRENA,
COLOMBINA, y la SEÑORA DE POLICHINELA, que aparece por el
foro.
PANTALÓN y HOSTELERO.-¡Silvia! CAPITÁN y ARLEQUÍN.-¡Juntos
los dos! POLICHINELA .-¿Conque era cierto?
¡Todos contra mí! ¡Y mi mujer
y mi hija con ellos! ¡Todos conjurados
para robarme! ¡Prended a ese
hombre, a esas mujeres, a ese impostor, o yo mismo. . . !
PANTALÓN.-¿Estáis loco, Señor
Polichinela?
LEANDRO.--(Bajando al proscenio
en compañia de los demás.) Vuestra hija vino aquí
creyéndome malherido acompañada de doña Siena, y
yo mismo corrí al punto en busca vuestra esposa para que
también la acompañara. Silvia sabe quién soy, sabe toda mi vida de miserias, de
engaños, de bajezas, y estoy seguro que de nuestro sueño de amor nada queda en
su corazón. . . Llevadla
de aquí, llevadla; yo os lo pido antes de entregarme a la
Justicia. POLICHINELA.-El castigo de mi
hija es cuenta mía; pero a ti...; Prendedle digo!
SILVIA.-Padre! Si no le salváis,
será mi muerte. Le amo, le amo siempre, ahora más que
nunca. Porque su corazón es noble y fue muy desdichado, y pudo hacerme suya
con mentir, y no ha mentido.
Página 65 de 69
POLICHINELA .-¿Calla, calla, loca, desvergonzada! Éstas son
las enseñanzas de tu madre. . ., sus vanidades
y fantasias. Éstas son las lecturas romancescas, las
músicas a la
luz de la luna.
SEÑORA DE POLICHINELA.-Todo
es preferible a que mi hija se case con un hombre como tú,
para ser desdichada como su madre. ¿De qué
me sirvió nunca la riqueza?
SIRENA.-DecíS bien, señora Poli-chinela.
¿De qué sirven las riquezas sin amor? COLOMBINA .-De lo
mismo que el
amor sin riquezas.
DOCTOR.-Señor Polichinela, nada os estará mejor que
casarlos. PANTALÓN.-Ved que esto ha de saberse en la ciudad.
HOSTELERO.-Ved que todo el
mundo estará de su parte. CAPITÁN.-Y no hemos de consentir
que hagáis violencia a vuestra hija.
DOCTOR.-Y ha de constar en el proceso que fue hallada aquí,
junto con él.
CRISPÍN.-Y en mi señor no hubo
más falta que carecer de dinero, pero
a él nadie le aventajará en nobleza..
y vuestros nietos serán caballeros..., si no dan en salir
al abuelo. . . TODOS.- ¡Casadlos! ¡Casadlos!
PANTALÓN.-O todos caeremos sobre vos. HOSTELERO.-Y saldrá a
relucir
vuestra historia. . .
ARLEQUÍN.-Y nada iréis ganando...
SIRENA.- lo pide una dama, conmovida por este amor tan
fuera de estos tiempos.
COLOMBINA.-Que más parece de novela. TODOS .-¡Casadlos!
¡Casadlos! POLICHIMELA.-Cásense enhoramala.
Pero mi hija quedará sin dote
y desheredada. . . Y arruinaré toda
mi hacienda antes que ese bergante...
DOCTOR.-Eso sí que no haréis, señor Polichinela.
Página 66 de 69
PANTALÓN.-¿Qué disparates son éstos? HOSTELERO .-¡No lo
penséis siquiera! ARLEQUÍN.-¿Qué se diría?
CAPITÁN.-No lo consentimos. SILVIA.-No, padre mío; soy yo
la que nada acepto, soy yo la que
ha de compartir su suerte. Así le amo. LEANDRO.-Y sólo así
puedo aceptar
tu amor. . . (Todos corren hacia
Silvia y Leandro.)
DOCTOR .-¿Qué dicen? ¿Están locos?
PANTALÓN.-¡Eso no puede ser! HOSTELERO.-¡Lo aceptaréis
todo!
ARLEQUÍN.-Seréis felices y seréis ricos.
SEÑORA DE POLICHINELA.-¿Mi hija en la miseria!
¡Ese hombre es un verdugo! SIRENA.-Ved que el amor es niño
delicado y resiste pocas privaciones. DOCTOR.- ¡No ha de ser! Que el
señor .Polichinela firmará aquí mismo
espléndida donación, como corresponde a una persona de su
calidad
y a un padre amantísimo. Escribid,
escribid, señor Secretario, que a esto no ha de oponerse
nadie.
TODOS.-(Menos Polichinela.) ¡Escribid!
¡Escribid!
DOCTOR.-Y vosotros, jóvenes
enamorados. . . , resignaos con las riquezas, que no
conviene extremar
escrúpulos que nadie agradece.
PANTALÓN.-(A Crispín.) ¿Seremos pagados? CRISPÍN.-Quién lo
duda? Pero
habéis de proclamar que el señor
Leandro nunca os engañó. . . Ved cómo se sacrifica por
satisfaceros aceptando esa riqueza que ha de repugnar a sus sentimientos.
PANTALÓN.-Simpre le Creímos un noble caballero.
HOSTELERO.-Siempre.
ARLEQUÍN.--Todos lo creímos. CAPITÁN.-Y lo sostendremos
siempre. CRISPÍN.-Y ahora, Doctor, ese
proceso, ¿habrá tierra bastante en la tierra para echarle
encima?
Página 67 de 69
DOCTOR.-Mi previsión se anticipa
a todo. Bastará con puntuar debidamente algún concepto. . .
Ved aquí:
donde dice. . . “Y resultando que si no declaró. . . “,
basta una coma, y dice: “Y resultando
que si, no declaró. . . ” Y aquí: “Y resultando que no debe
condenársele”, fuera la coma, y dice: ‘“Y resultando que no debe
condenársele...”
CRISPÍN .-¡Oh, admirable coma!
¡Maravillosa coma! ¡Genio de la Justicia! ¡Oráculo de la
Ley! ¡Monstruo de la Jurisprudencia!
DOCTOR.-Ahora confío en la grandeza de tu señor.
CRISPÍN.-Descuidad. Nadie mejor
que vos sabe cómo el dinero puede cambiar a un hombre.
SECRETARIO -YO fui el que puso
y quitó esas comas. . .
CRISPÍN .-En espera
de algo mejor.. Tomad esta cadena. Es de oro. SECRETARIO.-¿De ley?
CRISPÍN.-Vos lo sabréis, que entendéis
de leyes.
POLICHINELA.-Sólo impondré
una condición: que este pícaro deje
para siempre de estar a tu servicio. CRISPÍN.NO necesitáis
pedirlo,
señor Polichinela. ¡Pensáis que soy
tan pobre de ambiciones como mi señor?
LEANDRO.-¿Quieres dejarme
Crispín? No será sin tristeza de mi parte. CRISPÍN.-No la
tengáis, que ya
de nada puedo serviros y conmigo dejáis la piel del hombre
viejo. . .
¿Qué os dije, señor? Que entre todos
habían de salvarnos. . . Creedlo. Para salir adelante con
todo, mejor
que crear afectos es crear intereses...
LEANDRO.-Te engañas, que sin el amor de Sihia nunca me
hubiera salvado.
Página 68 de 69
CRISPÍN.-¿Y es poco interés ese
amor? Yo di siempre su parte al ideal y conté con él
siempre. Y ahora
acabó la farsa.
SILVIA.-(Al público.)Y en ella visteis, como en las farsas
de la vida,que
a estos muñecos,como a los humanos, muévenlos cordelillos
groseros,
que son los intereses,las pasioncillas,
los engaños y todas las miserias de su condición:tiran unos
de sus pies y los llevan a tristes andanzas;tiran otros de sus manos,que
trabajan con pena, luchan con rabia,hurtan con astucia,
matan con vilencia.Pero entre todos ellos, desciense a
veces del cielo al corazón
un hilo sutil,como tejido con luz del sol
y con luz de luna:el hilo del amor,que a los humanos,como a
esos muñecos que semejan humanos,les hace parecer divinos, y trae a nuestra
frente resplandores de aurora,y pone alas en nuestro corazón
y nos dice que no todo es farsa en la farsa,
que hay algo divino en nuestra vida que es verdad y es
eterno,y no puede acabar
cuando la farsa acaba.(Telón)
FIN DE LA COMEDIA


Publicar un comentario