© Libro No. 444. Positivismo y
antipositivismo en la ciencia geográfica. El ejemplo de la geomorfología. Capel, Horacio. Colección Emancipación Obrera. Julio 6 de 2013.
Título
original: © Positivismo y antipositivismo en la
ciencia geográfica. El ejemplo de la geomorfología. Horacio Capel. Cuadernos
Críticos de Geografía Humana. UNIVERSIDAD DE BARCELONA. ISSN: 0210-0754. Depósito Legal: B. 9.348-1976. Año
VIII. Número: 43. Febrero de 1983
Versión Original: © Positivismo
y antipositivismo en la ciencia geográfica. El ejemplo de la geomorfología.
Horacio Capel. Cuadernos Críticos de Geografía Humana. UNIVERSIDAD DE BARCELONA
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POSITIVISMO
Y
ANTIPOSITIVISMO
EN LA
CIENCIA GEOGRÁFICA
EL EJEMPLO DE
LA GEOMORFOLOGÍA
Horacio
Capel
POSITIVISMO Y ANTIPOSITIVISMO EN
El objeto de esta ponencia es
presentar y desarrollar parcialmente un esquema interpretativo de la evolución
del pensamiento geográfico durante los siglos XI X Y XX en términos de una
contraposición entre actitudes "positivistas" e "historicistas".
La exposición constará de cuatro partes. La primera planteará el problema de la
delimitación de la ciencia geográfica a partir de las definiciones que de ella
se han propuesto y de las tradiciones que, a partir de ah í, pueden
reconocerse. La segunda presentará los rasgos generales del esquema
interpretativo. La tercera intentará mostrar la validez de este esquema
aludiendo a la evolución de las ideas científicas en el campo de la
geomorfología. La última parte estará dedicada a suscitar y discutir algunos
problemas que surgen de la aplicación del esquema propuesto.
l. UNA DISCIPLINA EN BUSCA DE SU
OBJETO
Definir la geografia a un público
no especializado en la materia resulta, con frecuencia, una tarea dificil. Ello
es asi por dos tipos de razones. En primer lugar, porque el contenido semántico
de la expresión "geografia" puede haberse modificado en los más de
dos milenios y medio en que se utiliza. En segundo lugar, por las divergencias
que existen entre los mismos geógrafos en la definición de su ciencia. Aludiré
sucesivamente a cada uno de estos aspectos.
La pérdida de contenido
de la geografía
la comparación de algunas obras
recientes de geografia con otras anteriores al siglo xix puede suscitar
inmediatamente serias dudas sobre la continuidad que existe entre lo que hoy se
estudia en esta ciencia y lo que antes se entendia por geografia. Tanto en los
temas tratados, como en los enfoques, se obser\Lan diferencias importantes. En
las obras modernas de geografia ha desaparecido la parte astronómica
relacionada con el antiguo tratado de la esfera, y se centra la atención en la
superficie terrestre; aparecen temas nuevos, como el de la relación
hombre-medio, que no eran habitualmerlte tratados antes por los geógrafos y si,
en cambio, por parte de médicos(1) y naturalistas; la
construcción de mapas que era antaño una tarea esencial del geógrafo constituye
hoy el objetivo de una ciencia aparte.
El siglo XVIII parece ser un
momento decisivo en la evolución de la ciencia geográfica(2). A lo largo del mismo la
antigua ciencia descriptiva de la tierra, la geograflB, se fue
identificando de forma creciente con la descripción enciclopédica de paises, un
simple saber vulgarizador que muchos no consideraban ya cientifico. Al mismo
tiempo la geografia fue perdiendo contenido por la aparición de diferentes
ciencias especializadas, cuyo objeto era precisamente el estudio de aspectos
que antes se consideraban propios de aquélla.
la realización de estudios
especializados sobre la figura y magnitud de
Otras ramas más especializadas
surgen para estudiar aspectos mucho más concretos. la onomía se configura
en el siglo XIX como la ciencia que estudia específicamente las propiedades de
la tierra vegetal y da lugar luego a la pujante edafologfa. El estudio
de los organismos vivos es realizado por la botánica, la zoología y
la biología, mientras que el impacto del evolucionismo provoca desde
1870 la aparición de la ecologia para el estudio del medio ambiente
natural sobre el que se desarrollan los organismos vivos en intima relación con
él.
A esto debe unirse que la
descripción de la superficie fisica de la tierra empezó a ser conocida como fisiografia,
ciencia que estuvo a punto de consolidarse como rama cientifica
independiente en el siglo XIX(3)
; que una vieja rama de la geografia como era la topografia, se independizó
claramente de ella; que los pueblos primitivos, tan amplia- mente tratados en
las obras de geografia, son descritos ahora por la etnografia, y estudiados
por la etnologia; y que, por fin, se desarrollan numerosas ciencias
especializadas del hombre y de la sociedad. Comprenderemos así que a principios
del siglo XIX muchos cientificos consideraran que la vieja geografia habla
quedado sin objeto, por ser una de esas ciencias del pasado -que no daba
respuesta a las nuevas necesidades. Los testimonios que pueden reunirse sobre
la precaria situación de la geografia en las instituciones cientificas de rango
superior en la primera mitad del siglo XIX, Y la escasa atención que se prestó
a esta ciencia en muchas de las clasificaciones cientificas que se realizaron
durante el siglo XIX, puede servir de prueba de lo que decimos(4) .
La institucionalización de la
geografía y la redefinición de esta ciencia
A pesar de esta evolución, la
geografia no desapareció. Su asociación con las tareas colonizadoras y, sobre
todo, su presencia en la enseñanza primaria y secundaria, le permitieron ser
reconocida en los centros universitarios, aún con la oposición, en ocasiones
enconada, de otros cientificos(5)
. Desde 1870 se crearon en las universidades europeas gran número de cátedras
de geografia, que permitieron el desarrollo institucionalizado de esta
disciplina y la aparición de una comunidad cientifica de geógrafos(6). Después del
reconocimiento institucional, una de las tareas esenciales que abordaron los
miembros de esta comunidad fue el de la definición y delimitación de la
disciplina(7). Hay que
reconocer que el resultado de esta tarea no ha permitido, sin embargo, obtener
una definición que sea unánimemente aceptada y compartida.
Las dificultades encontradas
explican que desde hace ya bastante tiempo se hayan propuesto, medio en broma
medio en serio, definiciones que podemos denominar "sociológicas" de
la materia: "la geografía es lo que hacen los geógrafos"(8).
Personalmente tiendo a dar
bastante significado a este tipo de definición, porque estoy convencido de que
los aspectos sociológicos e institucionales, los intereses socio-profesionales
y las estrategias que en relación con ellos despliegan los científicos,
desempeñan un papel esencial en la delimitación de las disciplinas
intelectuales(9).
Otra definición muy extendida en
la geografÍa destaca las peculiaridades "metodológicas" de esta
ciencia. La geografía se caracterizaría por su "punto de vista", por
la forma particular de considerar los fenómenos, distinta a la de las ciencias
"afines". Normalmente esta definición va unida a unas afirmaciones
correlativas sobre la amplitud y la complejidad de la tarea del geógrafo. Un
buen reflejo de esta actitud pueden ser las palabras de Jean Dresch, presidente
en los años 1970 de
"El dominio geográfico
aparece también gigantesco porque la geografía no puede, en definitiva,
definirse ni por su objeto ni por sus métodos, sino más bien por su punto de
vista".
Las dificultades surgen cuando se
trata de precisar el contenido y el carácter de este punto de vista, ya que
para unos consiste en la preocupación por establecer sistemáticamente
"relaciones" y "conexiones" entre fenómenos que se dan en
la superficie terrestre, mientras que para otros consiste, más bien, en
plantear los problemas en términos de su distribución espacial(10).
La vía más frecuentemente seguida
por los geógrafos para definir su ciencia ha consistido en destacar el objeto
particular de estudio. Pero tampoco aquí los resultados han sido homogéneos. La
figura 1 recoge en forma resumida y ordenada, las principales definiciones que
se han propuesto de la geografía desde el siglo XIX"(11).
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Figura 1 |
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A pesar de la diversidad de
muchas de estas definiciones, pueden realizarse fácilmente ciertas agrupaciones
que permiten detectar lo que, usando un término acuñado por William Pattison
(1964) bien podr(an denominarse "tradiciones en geografía", es decir,
las concepciones o líneas de desarrollo de la ciencia geográfica, aceptadas y
cultivadas por grupos de geógrafos.
Los agrupamientos pueden ser
diversos, por lo que las tradiciones identificadas son distintas según los
autores. Para Carl O. Sauer y R. Hartshorne se trataría de tres grandes líneas
de desarrollo: la geografía como ciencia de la diferenciación espacial, la
geografía como ciencia de los procesos físicos que se dan en la superficie
terrestre, y la geografía como ciencia de la integración de fenómenos
heterogéneos y en particular de la vida orgánica y el medio físico(12). Para Pattison, en
cambio, (1964) existen cuatro tradiciones fundamentales añadiendo a las citadas
por los anteriores autores (ciencia de la tierra, estudios de áreas, relación
hombre-tierra) una tradición espacial, por influencia, seguramente, de la
revolución cuantitativa. Preston James (1972) eleva la cifra a seis: la
geografía como ciencia de áreas, como ciencia de la tierra, como ciencia de
relaciones, como ciencia del espacio, como ciencia de los lugares y como
ciencia de los sistemas espaciales. Por mi parte, considero como más aceptable,
en lo fundamental, la enumeración de Pattison, aunque pienso también que por el
énfasis que algunas definiciones ponen en aspectos concretos y por la
importancia del desarrollo institucional que han tenido, podría hacerse alguna
subdivisión y añadirse a las cuatro que él enumera la tradición paisajística y,
quizás también, la social o, mejor, socio-espacial. Son estas seis las que yo
retendré como esenciales para los fines de esta ponencia.
Conviene advertir que un buen
número de estas definiciones y, naturalmente, también las tradiciones, aparecen
con frecuencia fuertemente asociadas entre sí. Por ejemplo, puede aceptarse que
la diferenciación de áreas en la superficie terrestre se refleja en la
aparición de paisajes diferenciados, lo cual, a su vez, es un resultado de
carácter diverso que adquiere la combinación entre los fenómenos físicos y de
los ajustes que el hombre realiza ante ellos. En este caso se daría una
asociación clara entre las tradiciones ecológica, corológica y paisajística.
También puede sostenerse que las localizaciones y distribuciones espaciales de
los fenómenos permiten observar la covariación de algunos de ellos y, por
consiguiente, se convierte en un elemento de la diferenciación espacial; se
trataría, en este caso, de una asociación entre las tradiciones corológica y
espacial. La figura 2 expresa algunas de las más frecuentes asociaciones que se
dan entre las diferentes definiciones de la geografía.
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Figura 2 |
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En un intento de máxima
simplificación podría afirmarse que dos o tres de estas tradiciones se han
convertido desde finales del siglo XI X en auténticamente centrales
constituyendo la base fundamental para la delimitación intelectual de la
disciplina: la corológica o, quizás, corológico-espacial, y la ecológica.
Son ellas las que constituyen los problemas-clave de la disciplina, las que
aseguran desde el siglo XIX la continuidad intelectual de la misma, a pesar de
la renovación constante de los métodos y de la aparición de sucesivas
"nuevas geografías"(13).
El primero de estos
problemas-clave es el de la diferenciación del espacio en la superficie
terrestre. Puede sostenerse que este problema constituye un elemento de
continuidad a través de toda la historia de la geografía, desde la época griega
hasta hoy. No es difícil, en efecto, mostrar la relación del mismo con la
venerable tradición corográfica de la geografía. A su vez, no es imposible
encontrar elementos de, contacto entre un problema clave así definido y el que
viene expresado por la tradición "espacial" de la corgrafía. Cuando
el punto de vista propiamente corológico sea rechazado de la geografía -como
ocurre, por ejemplo, con ocasión de la revolución cuantitativa de los años
1950- será sustituido por un marcado énfasis en las distribuciones y relaciones
en el espacio terrestre, por la organización espacial, por el análisis espacial
que trata de encontrar el orden subyacente en los fenómenos que se distribuyen
en la superficie terrestre. La evolución del pensamiento de Ritter, que
he realizado en otro lugar(14),
muestra claramente cómo es posible deslizarse de una a otra problemática sin
grandes dificultades y de una manera natural.
El segundo problema clave de la
geografía es el de la relación entre el hombre y el medio, y particularmente el
de los ajustes del hombre a las condiciones cambiantes del medio natural, así
como la repercusión de las acciones humanas sobre este medio. Se convierte en
un problema clave para la geografía a partir del siglo XI X y es afirmado con
fuerza como tal por los geógrafos universitarios desde los años 1870,
coincidiendo con el impacto de la biología darwinista y de la naciente ecología
en la ciencia geográfica. Desde el primer momento la componente espacial está
igualmente explícita, ya que se considera, al mismo tiempo, que lo propio de la
geografía es la distribución de los fenómenos en la superficie terrestre. Desde
principios del siglo XX se acepta también que la morfología, el paisaje
terrestre, refleja las diferentes interacciones y ajustes ecológicos, a la vez
que expresa igualmente el carácter y la personalidad peculiar de cada región.
II.
¿Paradigmas en geografía?
A partir de los años 1965, han
sido numerosos los intentos que se han realizado en geografía para aplicar el
esquema kuhniano y discutir su validez. En un primer momento las ideas de Kuhn
se esgrimieron para apoyar con ellas la necesidad de un cambio revolu- cionario
en la ciencia geográfica, y justificar así la nueva geografía cuantitativa. Así
lo hicieron netamente R. J. Chorley y P. Hagget cuando, en el primer capítulo
de la obra Models in Geography (1967), defendieron explícitamente la
urgencia de un cambio hacia un nuevo paradigma geográfico basado en modelos. A
pesar de que en la concepción de Kuhn, el esquema era esencialmente
descriptivo, en un primer momento fue utilizado por los geógrafos con un
énfasis normativo. Se usaba para establecer las prescripciones de lo que había
de ser la ciencia normal tras el derrocamiento del paradigma tradicional
obsoleto.
Mas adelante los esfuerzos
tendieron a identificar -las difer'entes revoluciones y paradigmas que se
podr(an haber sucedido en la ciencia geográfica. Los resultados fueron
diversos, tal como se podía esperar por la misma ambigüedad del término
"paradigma". Unas veces se aplicaba esta expresión a la obra ejemplar
de un geógrado influyente (como Ratzel, Vidal de
El intento de identificar los
paradigmas iba unido al de localizar los cambios revolucionarios
correspondientes. No estaba claro cuántos podían haber existido en el pasado,
ni la cronología precisa de los mismos. Sólo en un punto se consiguió
rápidamente un acuerdo bastante general: el de que durante los años 1950-1965
la geografía había conocido uno de estos cambios revolucionarios. Pero incluso
respecto a ello podían existir diferencias notables entre los geógrafos jóvenes
y los de mayor edad.
Los primeros aceptaron más
fácilmente la nueva geografía cuantitativa, que percibían como la auténtica
"geografía científica". Tendieron también a acentuar y destacar los
aspectos más novedosos, tales como la utilización de técnicas estadísticas
refinadas, el énfasis en la formulación de leyes frente a la simple descripción
idiográfica, la nueva metodología deductiva, teorética, fuertemente formalizada
y con un marcado sesgo fisicista. También crearon una nueva ideología, la del
"científico espacial" frente al "geógrafo sintetizador" y
se lanzaron a reescribir la historia de la disciplina, para dar cabida en ella
a los "precedentes" ahora valorados y a las nuevas figuras
científicas(16).
Las razones de este énfasis en el
cambio son seguramente diversas, pero entre ellas hay que contar razones
puramente biológicas -el cambio generacional- y, sin duda también, razones
estratégicas, relacionadas con la lucha por el poder en el seno de la comunidad,
Ello explica que, en ocasiones, la oposición entre "cuantitativos" y
"cualitativos", que era también el enfrentamiento entre jóvenes y
viejos, adquiriera una gran virulencia, y que los primeros no dudaran en
utilizar -consciente o inconscientemente- tácticas terroristas para debilitar
la oposición de los mayores(17).
En cualquier caso, por todos
ellos el decenio de 1950 fue percibido como auténticamente revolucionario.
Desde 1963, en que jan Burton publicó un famoso artículo en el que sostenía que
la revolución ya había triunfado, todos los jóvenes aceptaron plenamente esta
idea. Burton no había usado para nada en su artículo las ideas de Kuhn -o al
menos no alude a ellas- pero cuando éstas se popularizaron no fue difícil
identificar el cambio revolucionario que había experimentado la disciplina
geográfica con la revolución científica que inauguraba un nuevo paradigma.
Entre los geógrafos partidarios
de las ideas tradicionales las opiniones estuvieron divididas. La mayor parte
sintieron, sin duda, que los cambios que se estaban produciendo ponían en
peligro la unidad y la continuidad de la geografía. Roger Minshull expresó
claramente un sentimiento bastante generalizado cuando, con referencia a los
cambios producidos desde 1950, consideró que algunos de ellos "son tan
extremos y tan diversos en enfoque y objetivo, que podría sugerirse que es ya
llegado el tiempo de que se separen de la geografía nuevas disciplinas, antes
de que el trabajo realizado por los "geógrafos" bajo el nombre de
"geografía" llegue a ser tan diverso que desafíe toda
definición"(18).
Los cambios hacia la nueva
geografía amenazaban también el prestigio intelectual y el poder de los mayores
en el seno de la comunidad. El dilema con el que se enfrentaban ha sido
considerado como un caso de esquizofrenia: rechazar las viejas ideas y adoptar
las nuevas les ponía en inferioridad de condiciones respecto a los jóvenes, más
preparados en matemáticas; no aceptar el naciente paradigma, que era presentado
como un paso progresivo en el desarrollo de la disciplina les hacia aparecer
como retrógrados. En esta situación la estrategia que espontáneamente adoptaron
alguno de ellos consistió en tratar de expulsar a los innovadores afirmando el
carácter no geográfico de los nuevos desarrollos(19). Paralelamente, o ante el
fracaso de estos intentos, procuraron destacar los elementos de continuidad
frente a las pretensiones de cambio revolucionario. Se rechazó así la oposición
fundamental entre idiográfico-vieja geografía / nomotético-nueva geografía.
Frente al ataque de Schaefer
(1953), R. Hartshorne había defendido(20) que tanto Hettner como él
mismo hablan reconocido en la geografía una parte idiográfica (la geografía
regional) y otra nomotética (la sistemática). Retomando esta idea, Preston
James defendió que los ataques contra Hettner y Hartshorne habían oscurecido
"la continuidad subyacente del pensamiento geográfico"(21). Se afirmó asimismo que
las nuevas técnicas cuantitativas o los métodos hipotético - deductivos habían
sido usados también en el pasado, y significaban simplemente un enriquecimiento
de la disciplina, ya que era posible tratar los viejos temas con los nuevos
enfoques.
Las posibilidades de acuerdo
entre lo que todavia se consideraba como el viejo y el nuevo paradigmas se
hicieron mayores en los años 1970. Por un lado, los entusiasmos innovadores
había llevado a una proliferación de "revoluciones". Un autor
fue capaz de identificar la existencia de siete pretendidas revoluciones, lo
que, seguramente, convertia a la geografia en "
Al mismo tiempo, llegaban también
a la geografia los ecos de la critica que se hacia al esquema kuhniano desde
diversas perspectivas, y la idea de un paradigma dominante y aceptado por toda
la comunidad cientifica se consideró criticamente como "muy cercana a la
idea de un dogma que debe ser seguido para que se le considere a uno
ortodoxo"(24). Se
rechazó también firmemente la identificación entre periodos de ciencia y
monopolio de un paradigma, y se empezó a insistir, en cambio, en la
coexistencia de paradigmas. En 1978, James Bird se atrevia a exclamar: "El
paradigma uno y único ha muerto: ¡viva el espectro metodológico!"(25).
Desde los años 1975 se tiende a
destacar más la continuidad que el cambio. En 1977 R.J. Johnston se declaraba
insatisfecho con el enfoque kuhniano tal y como habla sido aplicado en
geografia por Chorley, Haggett y D. Harvey (1972) y, apoyándose en Mulkay
(1975), consideraba más probable que "los nuevos enfoques que
ocasionalmente pueden desarrollarse no conducen al derrocamiento del
paradigma existente. Más bien aparece una nueva rama de la disclplina la cual
se concentra, bien en nuevos enfoques a los temas tradicionales, o bien en
nuevos temas en el contexto de las filosofías adoptadas". Consideraba
asimismo Que "con el tiempo el fervor radical de tales ramas se agota, y
sus rasgos destacados se incorporan al cuerpo principal del tema"(26). Algunos de estos
desarrollos podían convertirse en marcos paradigmáticos, que en níngún caso hay
que entender como excluyentes, sino más bien como coexistentes(27).
Frente a la idea de revolución
que separa períodos de ciencia normal monoparadigmáticos, se insiste ahora en
que la geografía no ha conocido revoluciones completas, sino más bien
"paradigmas ampliados"(28)
que extienden la perspectiva, "continuidad con evolución"(29); "coexistencia en
paralelo" de paradigmas que van absorbiendo lentamente los temas y los
enfoques de las viejas tendencias(30).
Los cambios de la disciplina existen, sin duda, pero no afectan al conjunto de
la comunidad científica, ya que "las viejas ideas permanecen durante mucho
tiempo y los nuevos descubrimientos pueden tener a veces el carácter de
mutaciones"(31).
La geografía, al igual que otras
ciencias sociales, cambiaría así "por extensión y reorientación, más que
por mutación"(32). En
algún esquema del desarrollo histórico de la geografía se reinterpreta éste
como el paso paulatino desde una situación inicial monoparadigmática o
dual-paradigmática (por ejemplo, "posibilismo"
-"determinismo", "Sauer"- "Hartshorne") hacia una
ciencia de carácter multiparadigrnático a partir de los años 1960. Según eso,
los paradigmas anteriores no habrían desaparecido, al tiempo que habrían
emergido nuevas ortodoxias basadas en objetivos y filosofías diferentes; dicha
tesis permite concluir a sus autores que en los años 1980 "estas
filosóficas divisioes constituirán los temas principales del pensamiento
geográfico"(33).
Por este camino se llega,
naturalmente, a una desvalorización total del esquema kuhniano, aunque en
ocasiones persista su terminología. R. J. Johnston considera que el concepto de
paradigma de Kuhn no presta atención a la naturaleza de los conf1ictos en las
ciencias sociales: "Hay poca evidencia -escribe- tanto de un consenso
disciptinario a gran escala en un amplio período de tiempo (...) como de
revoluciones que.hayan sido enteramente consumadas". Lo normal sería la
supervivencia de viejas concepciones.. La imposibilidad de adoptar el modelo de
Kuhn para explicar la evolución reciente de la geografía humana "lleva a
la conclusión de que el modelo es poco significativo para esta ciencia social
y, quizás, para la ciencia en general"(34). En la búsqueda de
esquemas menos rígidos y constructivos, algunos se declaran por las tesis
popperianas(35); otros
prefieren volver al viejo término de "escuelas de pensamiento"(36); y otros, en fin, adoptan
la tesis de Lakatos de los programas de investigación científica, y proponen
reinterpretar a partir de ellos toda la evolución de la disciplina(37).
Así frente a lo que se ha
considerado la "actitud mesiánica"(38) con que se presentaban
los paradigmas enfrentados en los años 1970, se admite hoy la coexistencia de
puntos de vista divergentes y no excluyentes y la diversidad de
"filosofías geográficas". Se pone énfasis también en que precisamente
esta pluralidad de posiciones, o de "paradigmas", es enriquecedora y
permite un más rápido desarrollo científico, al destacar problemas diferentes y
dirigir la atención hacia direcciones distintas(39).
Existe, de todas formas, un
peligro imprevisto: el de la desintegración de la disciplina. La visión
monoparadigmática permitía asegurar la unidad de la geografía, aunque fuera a
costa de una feroz guerra civil en el seno de la comunidad. La situación actual
permite desde luego la coexistencia pacífica pero al acentuar y valorar el
pluralismo amenaza con provocar la disgregación de una disciplina cuya
definición plantea, como hemos visto, algunos problemas y divergencias(40).
La contraposición
positivismo-historicismo
Las interpretaciones actuales
sobre la evolución del pensamiento geográfico tienden a destacar los marcos
filosóficos subyacentes dentro de los cuales se han planteado los problemas y
de los que proceden enfoques y métodos de aproximación a la realidad. En
particular, dos grandes tradiciones(41) de! pensamiento
occidental han atraído la atención: el positivismo" y el
"historicismo"(42)
que se perciben como dos concepciones enfrentadas e irreconciliables.
Tal como ha sido caracterizado
por Wright el positivismo se significaría por tres rasgos esenciales: el
monismo metodológico; la consideración de que las ciencias naturales exactas
establecen el canon ideal o metodológico de todas las ciencias, inclusive las
humanas o sociales; y la explicación causal, que consiste en "la
subsunción de casos individuales bajo leyes generales hipotéticas de la
naturaleza". Frente a él el antipositivismo, o historicismo, supondría
un rechazo de monismo; una afirmación del contraste entre las ciencias que
aspiran a generalizaciones sobre fenómenos reproducibles y predecibles y las
que buscan comprender las peculiaridades individuales y únicas de sus objetos;
y la distinción entre explicación y comprensión(43). Puede darse, sin duda,
mayor complejidad a esta contraposición y presentarse -con todos los riesgos
que supone- de forma esquemática como una oposición dicotómica entre pares de
características enfrentadas, tal como se hace en el cuadro l.
|
Cuadro I RASGOS ESENCIALES DE |
|
|
Positivismo |
Historicismo |
|
Monismo metodológico |
Contraposición entre Naturaleza e Historia |
|
Reduccionismo científico o naturalismo |
Afirmación de la especificidad de las ciencias humanas |
|
Nomotético |
Idiográfico |
|
Explicación |
Comprensión |
|
Conocimiento científico untiliza sólo la razón |
Se valora el conocimiento empatético y |
|
Predicción |
Imposibilidad de realizar predicciones en las ciencias humanas |
|
Ahistórico |
Énfasis en el desarrollo histórico |
|
Indiferencia axiológica |
Valoración |
|
Importancia de la teoría |
Métodos inductivos sin teorías previas |
|
Empirismo |
Idealismo (?) |
En la ciencia geográfica la
contraposición entre "positivismo" e "historicismo" fue, de
hecho, apuntada ya, desde una posición positivista directamente ligada al
círculo de Viena, por Fred K. Schaefer(44). Más recientemente está
adquiriendo una gran difusión en la disciplina. Yo mismo he realizado un
intento de interpretación de la evolución del pensamiento geográfico desde el
siglo XIX utilizando como idea directriz la contraposición entre estas dos tradiciones(45). Pero al mismo tiempo
otros autores han realizado igualmente propuestas semejantes(46).
Desde principios del siglo XIX la
historia de la geografía podría interpretarse, en lo que se refiere a la
evolución del pensamiento geográfico, como un movimiento pendular entre
posiciones "positivistas" e "historicistas". Las primeras
tendrían su origen en el período central de
Tradiciones geográficas y
movimiento pendular
Tal como creo haber mostrado en
mi libro Filosofia y ciencia en la geografla contemporánea, este esquema
interpretativo que destaca la oposición entre las actitudes positivistas e
historicistas permite entender ciertos rasgos de la historia del pensamiento
geográfico, que no resultan inteligibles desde otras perspectivas. En aquella
obra apliqué el esquema a toda la evolución de la geografía durante los siglos
XIX y XX, sin realizar ninguna distinción entre las diferentes tradiciones que
pueden reconocerse en la definición de la disciplina. Trataré ahora de mostrar
la validez del mismo para interpretar también la evolución de las ideas en cada
una de las grandes tradiciones que anteriormente hemos identificado.
La figura 3 representa un intento
de presentar de forma resumida los hitos fundamentales en el desarrollo de cada
una de las tradiciones antes indicadas (física, corológica, paisajística,
ecológica, espacial, y social o socio-espacial). Se han señalado en ella
algunas influencias importantes (con línea discontínua) así como algunos
movimientos de reacción frente a las ideas de ciertos geógrafos (línea
contínua). También se ha situado cronológicamente, de forma aproximada, la
línea de separación entre las fases de predominio de las concepciones
positivistas e historicistas.
|
Figura 3 |
|
|
(Línea discontinua: influencias importantes de unos autores sobre otros;
línea continua: oposición al pensamiento de un autor)
Sin duda en la difusión de una y
otra posición pueden haberse experimentado desfases cronológicos entre las
distintas tradiciones geográficas. En la figura se ha intentado destacar este
hecho resaltando la pervivencia de la posición positivista en la tradición
física -y concretamente en la geomorfología- donde, gracias al prestigio de la
figura de William Morris Davis, los planteamientos de este carácter se
mantuvieron todavía con cierta fuerza cuando ya dominaban en la geografía
humana actitudes decididamente historicistas. Seguramente en un análisis más
matizado habría que introducir otras ondulaciones semejantes en las líneas de
separación, pero para nuestro intento puede bastar ahora con el esquema gráfico
que presentamos.
En general, creo que puede
aceptarse que en cada una de las tradiciones geográficas antes identificadas ha
existido un movimiento pendular que conduce al predominio alternativo de las
actitudes positivistas e historicistas. Haré unos comentarios a título
ilustrativo.
Dentro de la tradición
corológica la obra de Ritter es bien representativa de la filosofía del
romanticismo, mientras que
La tradición palsajística tiene
precedentes en las preocupaciones humboldtianas por el paisaje(49) y por la fisonomía
de la naturaleza. Pero se desarrolló, sobre todo, a principios del siglo XX en
Alemania con la obra de O. Schluter y de S, Passarge, claramente historicistas;
y en Francia con la de autores que estaban ligados a la concepción regional
vidaliana. En Estados Unidos Carl O. Sauer y la escuela de Berkeley constituyen
un buen ejemplo de esta tendencia. Fuertemente influido por Schluter y
Passarge, Sauer puso énfasis en el estudio de los paisajes culturales y destacó
la dimensión temporal, lo que él llamaba la "cuarta dimensión de la
geografía"; el estudio del desarrollo histórico de los paisajes pasa en él
a un primer término(50). En
su valoración de la historia llegó a criticar fuertemente a Hartshorne, por
considerar que éste no insistía suficientemente en esta dimensión(51). Durante los años 1950 y
60 los geógrafos cuantitativos abandonaron el estudio del paisaje. De hecho,
sólo siguió recibiendo atención por parte de algunos geógrafos físicos que a
partir de una formación regional-historicista, intentaron modernizar el análisis
planteándolo en términos pretendidamente "sistémicos"(52). Más recientemente los
trabajos de Lowenthal y los estudios de topofilia han hecho pasar a primer
término los aspectos subjetivos que influyen en la "composición" y
valoración de los paisajes(53).
La tradición ecológica se
confira en geografía de manera clara como resultado del impacto del
evolucionismo darwiniano -y, en buena parte también, del transformismo
lamarckiano-. Ratzel, que tenía buena formación de naturalista y que había
estudiado con Haeckel, dio a su obra una dimensión decididamente ecológica
apoyada en su teoría biogeográfica. La escuela de ecología humana de Chicago
desarrolló en los años 1920 esta misma línea de investigación, con un marcado
énfasis evolucionista y positivista. Las obras de Barrows, de Max Sorre o de
Carl Troll están ligadas, en cambio, a la concepción regional-paisajística, y
presenta rasgos decididamente historicistas. Durante la revolución cuantitativa
esta tradición fue defendida abiertamente por E. Ackerman(54), que propuso, sin
embargo, que se replanteara a partir de la teoría general de los sistemas.
La tradición espacial conoció,
sobre todo, un fuerte desarrollo durante la revolución cuantitativa. El estudio
de las distribuciones y de la organización espacial se prestaba a los análisis
geométricos y deductivos. Tal como consta en declaraciones explícitas, en los
años 1950 y 1960 estos geógrafos pretendieron estudiar la geometría espacial y
las formas resultantes en la superficie de la tierra por la acción de procesos
que poseen una dimensión espacial, independientemente de su carácter físico o
humano(55). Dentro de la
geografía humana los aspectos sociales y culturales se destacaron antes y
después del período de dominio de la revolución cuantitativa, durante el
dominio de posiciones historicistas. La conversión desde la geografía
cuantitativa hacia la "crítica" o "radical" ha ido unido
normalmente -como en el caso de Bunge y Harvey- a la acentuación de los rasgos
más propiamente sociales de la dimensión socio-espacial. Lo social domina ahora
sobre lo propiamente espacial que, sin embargo, nunca está ausente de la
geografía. Ese es el sentido de separación en la figura 3 de una tradición
"social", a pesar de las dudas que puedan existir para hacerlo.
Queda por último la tradición
física. Pero a ella dedicaremos el capítulo siguiente.
III. POSITIVISMO E HISTORICISMO
EN
El análisis de la tradición
física en geografía es, sin duda, un test particularmente interesante
para comprobar la validez de la interpretación pendular que aquí se propone.
En principio, podría quizá
sospecharse que la contraposición "positivlsmo-historicismo" es
específica de las ciencias sociales- Las ciencias naturales parecen, de
entrada, más "objetivas" que las sociales y más apropiadas para que
dominen en ellas enfoques de carácter "positivista", que se dirigen a
la explicación y descubrimiento de leyes generales. El ejemplo más acabado de
ese tipo de ciencia sería, seguramente, el de la física.
Sin embargo, no todas las
disciplinas, científicas naturales se encuentran en la misma posición. Se ha
podido defender, incluso, que la geología y la botánica son disciplinas con un
fuerte componente idiográfico, ya que describen y anal izan fenómenos concretos
y, además, necesitan tener siempre en cuenta una dimensión cronológica y
temporal(56). En este
sentido, serían ciencias muy próximas a la geografía y a la historia. Pienso,
sin embargo, que tanto la botánica como la geología admiten a la vez un enfoque
particularizador e idiográfico y otro generalizador y nomotético. El ejemplo de
la controversia entre Buffon y Linneo, que no podemos tratar aquí, podría
servir como demostración de esta afirmación. Muy probablemente no sean estas
las únicas ciencias en las que puedan detectarse esta contraposición de
actitudes y de enfoques que pueden considerarse, al menos parcialmente,
"positivistas" e "historicistas". Quizás habría que añadir
también la medicina. Cuando algunos médicos afirman que "no existen
enfermedades sino enfermos", están seguramente expresando un punto de
vista decididamente "historicista", frente al enfoque más
especificamente "positivista" que destacaría, en cambio, la
enfermedad y trataría de reconocer los rasgos previamente definidos en cada
enfermo concreto.
En el caso de la geografía, la
idea fuertemente arraigada de la unidad de la disciplina ha contribuido, sin
duda, a impedir su disgregación definitiva, y ha tendido a evitar la separación
entre geografía física y geografía humana. Puede esperarse, por ello que
existirá una relación íntima entre el desarrollo general de las dos ramas de
dicha ciencia, la física y la humana. Hay que tener en cuenta, además, que
debido a esta concepción unitaria los geográfos físicos han recibido también,
generalmente, una formoción en geografía humana, por lo que el eco de la
problemática que afecta a las ciencias humanas ha podido llegar fácilmente a
climatólogos, geomofólogos y geobotánicos.
Cabe suponer por todo ello, que
dentro de la tradición física de la geografía podrá percibirse también esa
dualidad de enfoque y ese movimiento pendular que se detecta de forma
inequívoca en otras tradiciones geográficas. Y así ocurre, sin lugar a dudas.
La geomorfología positivista
Dejando a un lado la posible
existencia de ula geografía física romántica e idealista, de la que A. de
Humboldt sería seguramente el más caracterizado representante(57), parece claro que en la
segunda mitad el siglo XIX se desarrolló una geomorfología positivista que
partiendo de la observación trataba de llegar a la formulación de teorías
explicativas generales. Teniendo en cuenta el momento en que realizaron sus
investigaciones científicas hay que esperar que figuras como A. de Lapparent,
Emmanuel de Margerie, Albrecht Penck o G. C. Gilbert hayan realizado una obra
de carácter claramente positivista, en la que se experimenta, además, con toda
su fuerza el impacto del evolucionismo darvinista(58). Pero quizás el ejemplo
más claro que puede citarse de teoría geomorfológica positivista sea el de
Willian Morris Davis (1850-1934).
En los tres lustros finales del
siglo XIX Davis intentó formular una teoría explicativa global de la evolución
del relieve terrestre, la teoría del "ciclo de erosión". En su
formulación más acabada, la de la época central de su vida, constituye un
modelo teórico que trata de explicar las formas superficiales como resultado de
un proceso erosivo de carácter progresivo y secuencial. Davis habla de un
"ciclo geográfico ideal" y considera que en el esquema del mismo
"puede trazarse una completa secuencia de formas terrestres de un tipo a
otro". El ciclo comienza con movimientos de la corteza terrestre que
elevan la tierra a una cierta altura por encima del nivel de base. A partir de
ahí se desencadena un proceso destructivo que avanza progresivamente durante un
largo período de estabilidad tectónica y que acaba con la penillanura final(59). En el desarrollo del
proceso erosivo se reconocen diversas fases (inicial, o de juventud; de madurez;
y final, o de vejez), cada una de las cuales da lugar a formas
superficiales bien diferenciadas.
Se trata de una teoría evolutiva
del relieve terrestre que ha sufrido el impacto del evolucionismo dominante en
la segunda mitad del siglo. El mismo Davis llamó al ciclo en sus primeras
formulaciones "ciclo vital", y defendió que "las formas
terrestres, como las orgánicas, deberían estudiarse considerando su
evolución"(60)
Según Davis a partir de la teoría
del ciclo de erosión podrían explicarse fácilmente el carácter variable de las
formas superficiales y reemplazar "los métodos arbitrarios y empíricos de
descripción anteriormente usados de forma universal, por un método racional,
explicativo, de acuerdo con la filosofía evolucionista de la era moderna"(61).
Davis insistió siempre en el
carácter explicativo de su teoría(62),
y trató de desarrollar un sistema deductivo general, dentro del cual fuera
posible interpretar las distintas formas superficiales. Según él, "todas
las variadas formas terrestres dependen de -o como un matemático diría, son
funciones de- tres cantidades variables que pueden ser denominadas estructura,
proceso y tiempo"(63).
El mismo Oavis insistió una y otra vez en el carácter deductivo de su enfoque,
que consideraba el único válido en geomorfología y en geología(64). Hoy se considera que el
concepto de ciclo de erosión "presenta muchos de los rasgos de un modelo
teorético"(65). Frente
a la simple clasificación, este modelo sería de naturaleza teorética, como los
de las ciencias naturales, y destacaría aspectos significativos de la realidad,
descartando la información no significativa. Por otro lado, al igual que ocurre
en todos los modelos, ninguna parte de la realidad encaja perfectamente en
éste, que intenta alcanzar el más alto grado de generalidad con el fin de que
sea válido para el mayor número posible de situaciones(66). A ello podría añadirse
el carácter predictivo que posee, quizás no tanto en términos de predicción
hacia el futuro -lo que también estaba seguramente en el ánimo de Davis- sino,
sobre todo, en términos de retrodicción desde el pasado(67). La caracterización que
ha hecho recientemente Richard J. Chorley del método científico de Davis
-"una conclusión inicial derivada sobre todo del estudio de mapas y
justificada luego con argumentos y con un mínimo de observaciones de campo muy
cuidadosamente seleccionadas"(68)- podría tomarse como una
descripción del enfoque teorético positivista, que insiste en la producción de
teorías y en la explicación y no en la simple acumulación de informaciones.
Davis insistió una y otra vez en la debilidad de los métodos empíricos e inductivos
y en la necesidad de usar lo que él llamaba un "método explicativo" (explanatory
method) o "racional"(69). Pero su pensamiento fue
matizado, y reconocía que ni el método empírico ni el explicativo se usan nunca
puros, y de forma exclusiva: incluso él mismo había usado inferencias
inductivas en su razonamiento. Por otra parte, siempre contraatacó a los empiristas
que acusaban a su método explicativo de ser especulativo y simplificador,
demostrando que ellos también introducían razonamientos explicativos, aunque no
fueran conscientes de esto; y frente a las críticas de los empiristas, insistió
también en que los errores de interpretación se debían, con frecuencia, más que
al uso excesivo del método deductivo, al uso limitado del mismo(70).
La geomorfología
"historicista"
La teoría del ciclo de erosión de
Davis gozó inmediatamente de una gran difusión y fue ampliamente aceptada en
los años iniciales de nuestro siglo. Los viajes que realizó por Europa le
permitieron defenderla personalmente con gran vigor, y la reedición de sus
artículos dispersos en el libro Geographical Essays (Boston, 1909) dio
una gran difusión a sus ideas. La geografía francesa, en particular, se vio
grandemente influida por su pensamiento(71), y el Traité de
Géographie Physique de Emmanuel de Martonne (1909) supone el triunfo de sus
ideas en el mundo académico francés. El prestigio de la teoría era tal que
todas las formas de relieve se interpretaron en términos del ciclo de erosión,
incluso en aquellos casos en que la secuencia cíclica era realmente difícil de
establecer: un geomorfólogo yugoslavo muy ligado a la geografía francesa llegó
a descubrir incluso un "ciclo kárstico" (Cvijic, en 1918). Puede
afirmarse que, en general, la geomorfología francesa de los años 1910 y 1920
fue decididamente davisiana y que, siguiendo a Martonne, aceptó el esquema
cíclico y trató de confirmarlo mediante el estudio detallado del territorio.
La geomorfología regional
francesa.- No tardaron sin embargo, en aparecer numerosos problemas. Los mismos
geomorfólogos franceses que tan entusiásticamente aceptaron la teoría de los
ciclos de erosión fueron de los primeros en reunir abundantes observaciones
empíricas que podían difícilmente explicarse con la teoría davisiana. Los
estudios geomorfológicos de regiones concretas en Francia y otros países (Norte
de Africa, Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania) facilitaron la acumulación
de estas observaciones que no encajaban con los estadios de desarrollo
supuestos por la teoría. Puede decirse que la puesta en cuestión del esquema
davisiano, la crítica de su simplicidad y de su esquematismo, se hizo a partir
del análisis de casos particulares que no encajen en él. La erosión
"normal" pasó a ser considerada sólo un caso particular
correspondiente al clima templado, y se descubrieron sistemas diferentes
correspondientes a otras zonas climáticas.
Desde los años 1920 estas
investigaciones empíricas se realizaron, de forma cada vez más neta, a partir
de posiciones regional-historicistas. La tesis de geomorfología
"regional" se convirtió pronto en el prototipo de la investigación
para los geógrafos de la tendencia física dentro de la escuela de Vidal de
Los fuertes desajustes entre los
datos empíricos regionales y la teoría del ciclo de erosión obligaron a
introducir progresivamente nuevos matices en la secuencia erosiva. Los
geomorfólogos descubrieron que la complejidad de las situaciones concretas no se
explicaba por la teoría general davisiana. Se hizo intervenir las variaciones
alternativas del nivel de base como resultado de las variaciones eustáticas del
nivel del mar. Se introdujo también la idea de variabilidad del clima -que los
estudios climatológicos confirma- ron- todo lo cual reforzaba la idea de la
complejidad de la evolución. Se dasarrolló asimismo una geomorfología
climática, que destacaba la importancia de las variaciones del clima frente a
los datos de la estructura del relieve(74).
El tiempo, que era homogéneo y
secuencialen Davis, se ve ahora como heterogéneo y complejo, una especie de
tiempo histórico en el que se producen cambios repentinos y variados. Parece
como si los geomorfólogos franceses -que por ser geógrafos tenían también una
buena formación histórica-aceptaran el carácter único e irrepetible de cada
momento histórico en lugar de destacar, como antes, el carácter general de la
evolución(75).
La idea de la complejidad de la
evolución geomorfológica aparece una y otra vez. El ciclo de erosión
"normal" davisiano se fue considerando, cada vez más, como un
concepto hipersimplificado que no tenía en cuenta la riqueza y variedad de las
condiciones realmente existentes. Las formas superficiales deberían ser, en
cambio, interpretadas "como el producto de una compleja evolución, como
una mezcla de agentes recientemente desarrollados, y de supervivencia en curso
de modificación a ritmos variados"(76). Esta evolución compleja
es resultado de la combinación en un medio concreto de factores diferentes en
interacción, por lo que en todo análisis geomorfológico "debe tenerse en
cuenta el carácter sintético de esta realidad que es el paisaje"(77). Las palabras de Max
Derruau aluden claramente a estos hechos:
"Aún cuando sea necesario
colocar el origen de una forma en un esquema general abstracto, sin embargo, la
morfogénesis se desarrolla en un medio concreto, donde todas las causas se
interfieren. El clima provoca la alteración de las rocas; esta alteración
permite la implantación de una vegetación que, a su vez, frena o acelera, los
procesos erosivos. Todo cambio climático influye en la erosión y, por lo tanto,
en la forma de depositarse los derrubios acarreados. La morfología se integra
también en un complejo biofísicoquímico, y aún las sociedades humanas, avivando
la erosión, debido a la destrucción de la corteza vegetal, o limitándola con
medidas protectoras, se comportan como agentes morfológicos. En todo
análisis debe tenerse en cuenta el carácter sintético de esta realidad que es
el paisaje "(78).
De ahí que los geomorfólogos
franceses insistieran con fuerza en la importancia de los datos, de los hechos,
y que llegaran a reprochar a Davis el que no los tuviera suficientemente en
cuenta en sus abstracciones teóricas(79). Frente a las
abstracciones teóricas que obscurecían la realidad, se proponía ahora el
contacto vivo con ella y el re- conocimiento exacto de los datos que estaban
ahí. Lo que el geomorfólogo debía hacer era situarse ante el paisaje, sin ideas
previas, "sin prejuicios y sin ideas a priorí"(80), y
observarlo y analizarlo con cuidado, para inferir la compleja evolución y los
múltiples factores que lo habían modelado. El punto de partida debia ser
siempre la observación; como escribe Derruau: "El primer trabajo del
geomorfólogo es, pues, la observación directa de las formas del terreno, observación
que naturalmente debe evitar las ilusiones ópticas y que intentará ver el
relieve desde distintos ángulos" (81).
Se trata realmente de describir
el paisaje geomorfológico, para luego entender a partir de ahí su formación
y las etapas que había atravesado. Si había que elegir entre explicación y
descripción del énfasis se ponía en lo primero. Así lo afirma explícitamente
Max Derruau en su Precis de Géomorphologie (1965);
"Como toda ciencia de la
naturaleza.
Será pues, más difícil desviar el sentido de
No se necesitaban teorías sino
hechos. La actitud podría quedar bien expresada por este texto de J. Pouquet:
"Lo esencial del método seguido es fácil de definir, porque re- posa sobre
una actitud: escapar a toda idea preconcebida a la explicación ya hecha (...).
Puesto frente a un terreno casi virgen, he intentado olvidar momentáneamente la
ortodoxia geográfica para no considerar más que los hechos mismos y, sobre
todo, evitar hacerlos encajar, cueste lo que cueste, en las grandes teorías(82). O por este otro de J.
Masseport: "Nuestra actitud morfológica debe, pues, estar determinada por
estos hechos: no será nunca influida por las teorías generales, no será una
cuestión de escuela, sino que intentará estar dirigida únicamente por esta realidad
geológica"(83).
La teoría existía, sin duda, pero
muchas veces estaba implícita y se la negaba en favor de la observación
directa, que pretendía ser minuciosa y, a ser posible, exhaustiva.
Este ambiente explica que los
geomorfólogos franceses no dedicaran su esfuerzo a reflexionar sobre los
principios teóricos generales -los cuales por otra parte ya existían, pues
siempre se tenía presente, de una manera u otra, la teoría de Davis- en función
de los cuales pudieran elegirse los ejemplos empíricos a estudiar. En lugar de
ello, siguieron la vía de la realización de monografías geomorfológicas
regionales. Y sin duda a partir de ella lograron invalidar el esquema davisiano
y consiguieron resultados valiosos(84). Era cada espacio
regional con su originalidad específica lo que interesaba. De estas monografías
regionales geomorfológicas se ha podido escribir que estaban "yuxtapuestas
sin idea directriz de conjunto, repitiendo incansablemente lo que ya habia sido
dicho, pero dándose la ilusión de decirlo por primera vez, porque la teoría era
aplicada en cada caso a un ejemplo diferente, no estudiado todavía"(85).
Naturalmente, tal como cabía
esperar, se exaltaron los métodos que el mismo Baulig no dudaba en 1948 en
calificar de "cualitativos", y se expresaron formalmente reticencias
ante los intentos de análisis cuantitativos que llegaban a la geomorfología
desde la geología o la mineralogía. Se trata de una actitud que se mantuvo con
gran fuerza duran- te todo el período de dominio de la geomorfología
antipositivista. Todavía en 1965 Max Derruau insistía en la dificultad de
definir con claridad las relaciones entre geomorfología y matemáticas: "el
número ocupa -escribía- un lugar en la descripción, que para ser exacta debe
comportar una evaluación. Pero es difícil determinar si las leyes morfológicas
son susceptibles de expresarse en fórmulas matemáticas". En todo caso,
añadía, "corresponde al morfólogo discernir por sí mismo cuando una cifra
es verdaderamente expresiva (...) o cuando no es más que la expresión
inútilmente complicada de una realidad mucho más simple". Y concluía
afirmando que fuera del dominio de la hidráulica y de la hidrodinámica
"parece difícil llegar a leyes morfológicas de expresión matemática, ya
que las formas son debidas a varios factores simultáneos y a menudo
discontinuos: así parece difícil expresar matemáticamente la evolución de la
curva de una pendiente(86).
En el estudio de las formas del
relieve el geomorfólogo hacia intervenir la intuición y la imaginación como
facultades válidas en el trabajo científico(87). H. Baulig, que dedicó
tantas páginas a ensalzar la necesidad de hacer descripciones regionales
evocadoras e imaginativas que invitaran "al lector a una participación
activa despertando su memoria y su imaginación", y que no dudó en escribir
que en ellas "la distinción entre arte o ciencia, ciencia o arte, se
desvanece"(88), fue
uno de los más destacados líderes de la geomorfología francesa, y habría sido
muy difícil que estas ideas dejaran de afectar también a su actitud respecto a
la investigación geomorfológica.
La polémica entre Davis y los
geomorfólogos alemanes.- Una evolución semejante a la
francesa se dió en la geografía alemana, donde se desarrolló un importante
movimiento de impugnación de las tesis davisianas que es paralelo, en lo
esencial, al enfrentamiento entre las posiciones idiográficas y nomotéticas(89). No es, desde luego, un
azar que los dos mayores críticos de Davis fueran precisamente Siegfried
Passarge y Alfred Hettner, dos geógrafos decididamente comprometidos con la
defensa de la concepción historicista de la geografía. En todos los casos la
teoría del ciclo de erosión fue impugnada por tratarse de una teoría deductiva
y racional, demasiado esquemática y simplificadora, que no tenía en cuenta las
características concretas y específicas de cada medio local y fue precisamente
a través de estudios empíricos de carácter "regional" que se
detectaron la existencia de numerosos rasgos que no encajaban en la teoría
davisiana.
Desde 1904, en su trabajo sobre
el desierto del Kalahari, Passarge consideró que la teoría del ciclo de erosión
era válida para las regiones de clima "ordinario o normal", pero no
para las de clima árido. También defendió la superioridad del método inductivo
frente al deductivo o explicativo, y la necesidad de "estudiar
cuidadosamente los hechos del paisaje visible antes de intentar
explicarlo", insistiendo en que e! estudio del paisaje "debería
comenzar con una descripción empírica de los hechos de observación, no influida
por preconcepciones teoréticas o explicativas"(90).
Alfred Hettner, el geógrafo que
había realizado una refundamentación de la geografía a partir de los principios
neokantianos de Windelband, atacó también duramente la teoría de Davis desde
los años 1910, Y luego con más fuerza en el decenio siguiente. Hettner
arremetió de manera directa contra el ciclo de erosión de Davis por la forma
teorética en que estaba expuesto, por su "inconsistencia y naturaleza
esquemática", por su superficialidad. Consideraba que esta teoría
"usualmente no está apoyada por los hechos", ya que "la mayor
parte de las penillanuras se postu lan a partir de una escasa evidencia: y las
planaciones que realrnente existen hoy pueden explicarse de forma
diferente". Era necesario introducir gran número de precisiones y matices
en la teoría, pero con ello "la idea de ciclo pierde su significado
real". Para Hettner, "el enfoque puramente geométrico de Davis es
inseparable de su fundamentación en los métodos deductivos". Por su parte,
pensaba que media(lte la deducción se puede "determinar cuantitativamente
el período durante el cual los procesos han operado, pero sólo la observación
nos enseñará los diferentes tipos de procesos". Y en medio de sus
consideraciones críticas no dejaba de deslizar esta interesante nota:
"aunque Davis habla mucho de "vida", su enfoque carece de
vitalidad"(91).
El distanciamiento respecto a las
teorías de Davis alcanzó, incluso, a geógrafos físicos que habían acogido al
principio favorablemente esas ideas. Es el caso de Albrecht Penck, que había
aceptado la teoría del ciclo de erosión hacia 1905 y que, más tarde, se
distanció crecientemente de ella, influido por las críticas de Passarge y de
Hettner así como por las investigaciones de su propio hijo Walter en los Alpes
y los Andes. Desde 1908 Penck situó lúcidamente lo que luego serían importantes
diferencias entre él y Davis, afirmando que se trataba en realidad de un
enfrentamiento entre los enfoques inductivo y deductivo(92).
Las oposiciones teóricas suponían
también diferencias importantes en la interpretación de la evolución
geomorfológica y de los procesos implicados. Frente a la teoría en cierta
manera catastrofista de Davis, que iniciaba el comienzo del ciclo de erosión por
un cambio repentino que daba lugar a la elevación de terreno y a ra
modificación del nivel de base, Hettner pensaba que "los valles se forman
y desarrollan progresiva y continuamente a través de diferentes estados de vida
hasta que alcanzan un estadio final(93). Es la misma idea que
también defendió Walter Penck, y con él su padre. Sus trabajos pusieron de
manifiesto que levantamiento y erosión no estaban rígidamente separados, sino
que eran procesos que se realizaban simultáneamente y en profunda interacción.
Por otra parte, esos y otros estudios contribuyeron a demostrar asimismo que
gran número de formas superficiales se desarrollaban de manera totalmente
distinta a lo posturado por la teoría del ciclo de erosión. Fue a partir de
todo ello que se fue definiendo el concepto de sistema de erosión o sistema
morfogenético, que permitió la consideración simultánea de los complejos o
combinaciones de factores climáticos y estructurales que dan lugar a la
aparición de unas formas de relieve determinadas(94). Por último se planteó
también el grave problema de la cronología. Alemanes y franceses reprocharon a
Davis el carácter impreciso de la escala temporal que usaba. En lugar de ello,
era necesario fijar con precisión la cronología real de las formas superficiales,
y no simplemente interpretarlas sólo en términos de la fase de desarrollo en
que se encontraban (juventud, madurez y vejez)(95).
Frente a las críticas que
suscitaba su teoría. Davis reaccionó siempre de la misma forma: reafirmando los
principios positivistas. Aunque en el ardor de la batalla, y ante la presión
constante de los antiteoréticos, quizás suavizara algunas de sus posiciones
iniciales, en el sentido de que ahora insistió repetidamente en que él nunca
había rechazado el uso del método inductivo y de la observación(96).
Davis se defendió de las críticas
afirmando que había real izado abundantes verificaciones de su teoría y que, de
hecho "casi todas las deducciones del esquema cíclico han sido
inductivamente comprobadas(97).
También recordó que, tal como había escrito en alguna ocasión, concretamente en
la edición alemana de sus trabajos (1912), "si las deducciones son
correctas sólo pueden conocerse cuando sean confrontadas con los hechos".
Pero el ambiente intelectual en
el campo de la geografía le era cada vez más hostil. Por ello se veía afectado
inconscientemente por los ataques lo cual puede detectarse en la actitud
defensiva que adoptaba en ocasiones. Así puede interpretarse la repetida
observación que hizo por los años 1920 de que había diferencias entre la
investigación y la presentación de la misma, y que en ocasiones él había usado
el método inductivo, pero empleaba el deductivo "sólo como un recurso
expositivo"(98), que
en realidad, en último término, el razonamiento que le condujo a formular la
teoría del ciclo de erosión se había iniciado de forma inductiva, después de
haber observado una "penillanura" en Montana en 1883(99).
Davis insistió también en que su
esquema del ciclo de erosión no era rígido, sino más bien "elástico",
y que debía ser "continuamente modificado y adecuado a los hechos(100).
De todas formas, a pesar de estas
concesiones --bastante atinadas, por cierto- nunca renegó de su método
deductivo y explicativo. En 1923 reafirmaba que "a pesar de las muchas
modificaciones, mejoras y extensiones que el esquema pueda recibir ahora o más
tarde, hay que recordar que todas ellas están basadas sobre los principios
básicos del esquema ya establecido"(101). También criticó el
punto de vista de Passarge de que había que observar sobre todo, porque ello
llevado al extremo significaría que habría que "esperar hasta que todo sea
conocido antes de que algo pueda ser explicado"(102), y acusó a Hettner y
Passarge de que, a pesar de sus ataques a los métodos deductivos, habían usa-
do ampliamente de ellos, aunque generalmente de forma implícita e incorrecta(103). Y en una larga e
interesante carta escrita a Albrecht Penck en 1921 defendió la validez de su
método en términos casi popperianos. Ante la postura de Penck de que "la
observación es el fundamento de la geografía", él considera que habría que
añadir "y la inferencia es la superestructura", y pregunta:
"¿Vamos realmente a decir sólo lo que vemos?". Escribe:
"Observar, sin duda, pero
¿por qué no pensar también?. Usted puede decir que la observación es segura y
la inferencia peligrosa. Mi respuesta es que la observación sin inferencia es
tosca (stupíd) (...) Según mi experiencia, el pensar es una inmensa
ayuda a la investigación. Una cámara Kodak puede observar. Usted dice: lo que
necesitamos no son tanto atrevidas generalizaciones y fecundas especulaciones,
sino más bien una rica acumulación de observaciones. La verdadera forma que yo
he encontrado para promover la observación, -aguda, fina y precisa observación-
es precisamente pensando intensamente mientras se está observando intensament.
Ninguno de estos dos procesos mentales debe ser suprimido, sino, por el
contrario excitados; y ambos deben ser entrena- dos cuidadosamente. A todo lo
ancho del Pacífico se han tratado de realizar observaciones sin pensamiento; y
el resultado es una gran cantidad de datos defectuosos. Y gran cantidad de
hechos no relacionados porque no han sido vistos. No me refiero aquí solamente
a las narraciones de los marinos exploradores; sino a los informes de los
viajeros científicos. Es un triste ejemplo de pobre observación. Y la pobreza
de la observación se relaciona ampliamente con la pobreza de reflexión y
especulación"(104).
Una geografía física
historicista.- A pesar de la tenaz defensa davisiana y de los
apoyos que recibió de sus más fervorosos partidarios(105), puede decirse que, de
manera general, los enfoques explicativos y deductivos desaparecieron del campo
de la geomorfología a partir de los años 1920 en Europa y de 1930 en Estados
Unidos, dando paso a un enfoque historicista y empírico basado en
estudios concretos. El esquema del ciclo de erosión podía mantenerse en algunos
casos como marco teórico de referencia -como ocurrió, por ejemplo en la
geografía francesa, donde H. Baulig, que había pasado varios años en Estados
Unidos fue siempre más o menos davisiano-, pero desde los años 1930-40 estaba
ya totalmente desacreditado por su generalidad y simplicidad, y empezaba a ser
sustituido por otras interpretaciones que daban cuenta de la complejidad de la
evolución geomorfológica.
Dentro de la geografía física las
posiciones hisroricistas no fueron exclusivas de la geomorfología. Muy
probablemente todo el ancho campo de esta rama geográfica se vió influido por
ellas. En climatología es posible que sea un reflejo de esta tendencia historicista
que insiste en las situaciones concretas la actitud de los geógrafos que
resaltan la importancia esencial del tiempo de un lugar y momento
preciso, y que real izan lo que A. Meynier ha denominado "una climatología
cada vez menos aritmética"(106).
En ocasiones, parece como si los geógrafos que estudian el clima fueran
incoscientemente influidos por los puntos de vista historicistas que destacan
la necesidad del conocimiento empatético. Así hay que interpretar, seguramente,
las palabras de A. Meynier en las que describiendo las tendencias dominantes
entre los años 1905-1939 -en lo que acertadamente denomina "el tiempo de
la intuición"- señala que el geógrafo en aquellos años:
"no puede aprehender
plenamente el clima más que si se mete verdaderamente en la piel del campesino,
si siente con él el papel útil o nefasto de un golpe de viento, de una sucesión
demasiado rápida de tormentas, de un calor prematuro. Tiene que recurrir, pues,
a la encuesta cualitativa, que es la única que puede sugerir la vida. El
comentario de las cifras se completa con la descripción de las estaciones y de
todo lo que aportan. Por ello se ven aparecer en la mayor parte de las tesis
listas de proverbios locales, con frecuencia ingenuos y encantadores, pero sin
que se haya realizado en cada caso la distinción entre los que son un resultado
de observaciones reales y las aproximaciones exigidas por la rima"(107).
Muy posiblemente este enfoque
historicista deja sentir también su influencia igualmente en fecha aún más
tardía, en los años 1940 y 1950, cuando ya se intentaba una climatologla más
exacta basada en las leyes de la mecánica de los fluidos y en la circulación
general de la atmósfera. La insistencia en el carácter particular de cada
región y de cada clima, derivada de la topografía, la situación, la exposición
y otros factores; el interés por el clima local o regional y por la sucesión de
situaciones dinámicas en las distintas situaciones; así como el interés por los
complejos de situaciones, quizás sea algo a poner en la cuenta de ese ambiente
historicista dominante en la geografía francesa hasta los años 1960. Y quizás
haya que interpretar también de la misma manera el enfoque de los estudios de
hidrología, con la aparición de "una hidrología erudita" (la
expresión es otra vez de Meynier)(108), en la que se pone el
énfasis en el estudio de ríos concretos con el presupuesto de que cada
sistema fluvial representa una combinación, un complejo de factores físicos y
humanos, y que da lugar a estudios "minuciosos y casi fraternales"
(de nuevo Meynier) que culminan en los trabujos de Maurice Parné y de sus
discípulos*.
La geomorfología teorética y la
aparición de corrientes críticas
Cuantificación, teorias y
sistemas.- El dominio de la geomorfología empirista y antipositivista, fue más o menos
prolongado, segúrt los países. En la geomorfología francesa es posible que se
haya prolongado hasta la década de 1960, tal como también ocurrió con las
concepciones geográficas generales de carácter regional-historicista, que se
mantuvieron incólumes en ese país hasta una fecha bastante tardía. En el mundo
anglosajón desde los años 1940 empezaron a aparecer voces de descontento y se
acusa una rápida evolución que dio lugar a la aparición de una "nueva
geomorfología", coincidiendo con el desarrollo de la "nuevo
geografía". Al igual que ésta, se trata de una tendencia que se define
esencialmente por sus caracteres cuantitativos y teoréticos, y que se considera
a sí misma como una auténtica "geomorfología científica", frente a la
más cualitativa de la etapa anterior.
El cambio hacia esta nueva
tendencia viene anunciado por los trabajos pioneros de ingenieros como E.W.
Lane y R.E. Horton en los años 1930. En los años 40 el trabajo póstumo de
Horton sobre Erosional development of streams and their drainage basins, (1945),
y el de J.E. Mackin sobre Concept of the gradedriver (1948), así como,
algo más tarde, el de A.N. Strahler sobre Equilibrium theory of slopes
(1960) supusieron el inicio de una corriente cuantitativa que ponía énfasis
en los procesos generales y en la medida sistemática de las formas
superficiales simples y complejas. La búsqueda de una teoría de los sistemas
geomorfológicos en equilibrio dinámico se convierte en una preocupación
dominante. Es cierto que se reacciona también contra los esquemas davisianos,
considerados como excesivamente cualitativos, pero se valoran de nuevo, en
cambio, figuras de carácter claramente positivistas como G.C. Gilbert.
Siguiéndolo a él se insiste ahora en los estudios a microescala(109), al mismo tiempo que en
la sociología norteamericana aparecía también un énfasis en la microsociología.
Pero las relaciones con otros desarrollos no terminan aquí, y se detectan en
cuanto se leen textos teóricos o históricos sobre la geomorfología contemporánea.
Así para R.J. Chorley, lo que emergió en los años 1950 en geomorfología fue
"una ciencia funcional clásica, con sus formas superficiales a mesoescala
como objeto de estudio(110).
Es entonces cuando se desarrolló lo que Chorley ha denominado una
"geomorfología funcional ", cuya base descansa en la tesis del
positivismo lógico de que los fenómenos del mundo real pueden ser \explicados
presentándolos como ejemplos de regularidades repetidas y predecibles, en las
que se puede aceptar la interrelación entre forma y función. Una teoría de este
tipo deriva del punto de vista de que la ciencia está empíricamente basada,
racional, objetiva y dirigida a facilitar explicaciones y predicciones sobre la
base de las relaciones regulares observadas"(111).
También entonces adquieren
importancia las técnicas de correlación estadística, "derivadas -señala
significativamente Chorley- como necesidad lógica, contrariamente a las
creencias generalizadas, de las bases 'teóricas del funcionalismo, y no viceversa"(112). Todo ello va
unido, lógicamente, a una exaltación y magnificación de la estadística, del uso
del ordenador, y a la búsqueda de nuevas técnicas de análisis matemático y
geométrico. Al igual que ocurrió en los estudios de geografía humana cuantitativa.
aparece ahora un marcado interés por las geometrías superficiales, el cual
llega a ser, incluso, más intenso que el interés por los procesos que las
generan: "el énfasis se pone en la geometría misma -escribió Strahler- más
que en los procesos dinámicos de erosión y transporte que modelan las
formas"(113). Las
investigaciones de stream networks adquirieron gran importancia,
paralelamente al desarrollo también en geografía humana, hacia mediados de
1960, de los análisis de mallas basados en la topología. A través de las
correlaciones y del uso de técnicas cada vez más complejas y refinadas se intentaban
descubrir las regularidades de las formas y de los procesos.
La preocupación por el desarrollo
de una teoría formalizada aparece en esta nueva geomorfología casi al mismo
tiempo que en la "nueva geografía". Prácticamente a la vez se
publicaron dos libros bien significativos de la nueva actitud, y de título casi
idéntico:
Se intenta también, al mismo
tiempo, tanto en la rama física como en la humana, desarrollar teorías
deductivas y altamente formalizadas. Esto se observa claramente en los estudios
sobre vertientes. Los procesos y los tipos de evolución de vertientes habían
dado lugar a una gran controversia, en la que se enfrentaban, en esencia, dos
posiciones contrapuestas: la teoría uniformista del retroceso de las pendientes
por desgaste regresivo (backwearing), sostenida desde 1924 por W. Penck
y luego por K. Bryan (en 1940), L.C. Iing (en 1953) y W. F. Tanner (en 1956); y
la teoría del retroceso de las vertientes por desgaste de arriba hacia abajo (downwearing)
sostenida por W.M. Davis (en 1909r y, más recientemente, por R.E.
Horton (en 1945) y A.N. Strahler (en 1950) y Max Derruau. Existen también
posiciones intermedias, en el sentido de que las pendientes' se desarrollarían
"hacia atrás" hasta una cierta fase y luego "hacia abajo";
y algunos por último, sostuvieron que no existía una regla general(114). Ante un problema como
este había dos caminos. Uno, el de la realización de nuevos trabajos empíricos(115), Otro, el de la
reflexión teórica y la elaboración de un modelo abstracto, típico de la
geomorfología teorética y cuantitativa. Es el camino seguido por Frank Ahnert,
por ejemplo. Aceptando el carácter poligénico de la mayor parte de las
vertientes, considera que debido a esa complejidad resulta muy difícil de
determinar el efecto de los procesos individuales mediante las solas
investigaciones empíricas. Frente a esas limitaciones, piensa que "el
aislamiento de un proceso específico y de sus efectos moforlógicos particulares
es posible a través de una abstracción teorética por medio de modelos
cuantitativos", y tras discutir las relaciones entre los procesos de
denudación y la configuración de los perfiles se atreve a proponer un modelo de
simulación del desarrollo poligénico de las vertientes(116).
Esta actitud es muy
característica de la geomorfología cuantitativa, que, en general, ha tendido a
plantear los problemas del desarrollo de las vertientes de forma teórica y
poniendo el énfasis en la geometría de las formas. La investigación de redes
topológicas aleatorias para analizar los cursos fluviales y la producción
teórica de jerarquías hexagonales de cuencas sería un ejemplo de ello(117). Aunque en ocasiones el
enfoque deductivo no sea posible, no por ello se deja de poner énfasis en la
aspiración a formalizar, siempre presente. Se realiza asimismo un esfuerzo por
relacionar más intimamente la geomorfología con otras ciencias que se consideran
básicas o más desarrolladas, como la física y la química, y se hace amplio uso
de teorías basadas en leyes de estas ciencias y en particular en las leyes de
la mecánica de los fluidos(118).
Se tratan de establecer las leyes de los procesos geomorfológicos, y se centra
la atención en los procesos glaciológicos, el modelado de vertientes y los
procesos fluviales.
La utilización de modelos se hace
ahora general. Naturalmente, se llega también a la elaboración de modelos
predictivos, a pesar de que se reconocen las dificultades que derivan de la
complejidad de las interrelaciones entre los factores que intervienen en los
procesos(119). La actitud
más característica ahora queda reflejada en las palabras escritas por Charles
F. Rosenfeld, en un trabajo en el que presenta un modelo de simulación para la
predicción de los deslizamientos del terreno:
"Es común en las ciencias
geofísicas el describir la naturaleza mediante modelos matemáticos y físicos
idealizados. Los factores importantes de una situación particular son aislados
para su estudio, y se excluyen del análisis los fenómenos asociados que hacen
imposible describir las relaciones matemáticamente, Los modelos de simulación
sirven a tres objetivos fundamentales: 1) desarrollan una comprensión
cualitativa y una apreciación de los mecanismos físicos; 2) pueden probados
experimentalmente, de manera que la consistencia de sus resultados con los
datos del "mundo real" de mayor confianza en el modelo y en las
técnicas de medida; y 3) pueden usarse para predecir el comportamiento de las
variables"(120).
Al igual que se hacía también
contemporáneamente en la geografía humana cuantitativa, los resultados de la
discusión teórica que están en la base de la simulación realizada se contrastan
luego con la realidad, para determinar su grado de correspondencia, lo que
permite realizar refinamientos y ajustes a la teoría. Lógicamente, se insiste
también en que el modelo no debe ser aplicado fuera del contexto preciso con
referencia al cual se ha realizado, ya que "un modelo físico no es una ley
de la naturaleza"(121).
Desde los años 1960 hay un
esfuerzo decidido por situar las investigaciones geomorfológicas en el marco de
la teoría general de los sistemas. Las cuencas de avenamiento fluvial se
consideraron como sistemas abiertos que tienen a alcanzar un estado de equilibrio,
que importan y exportan materia y energía a través de los límites del sistema,
y que sólo mantiene su actividad mediante la utilización de energía(122). En esta dirección -y
aparte de otros precedentes que podrían citarse a partir de Mackin (1948),
Strahler (1950) o Melton (1958)- son importantes los trabajos de R.J. Chorley y
de B.A. Kennedy (1971). Los intentos para simular el funcionamiento de los sistemas
de erosión se relacionan con su interés más o menos explícito por la predicción
y por el cambio dinámico de los sistemas(123).
Las vacilaciones teóricas.- Una fase más
avanzada del desarrollo de la nueva geomorfología podría venir representada por
lo que Richard J. Chorley ha denominado la fase "realista", que
considera como "una extensión filosófica del enfoque funcional, aceptando
muchos de los principios de este último". Según Chorley la geomorfología
realista, se basa en el punto de vista de que la explicación supone algo más
que la predicción basada en regularidades observadas. Intenta penetrar
"detrás" de las apariencias externas de los fenómenos hasta la
esencia de los mecanismos que requieren aquellos como resultado de cadenas de
conexión causal. El realista se interesa en la identificación e investigación
de mecanismos causales detallados y de las estructuras subyacentes de las
cuales las formas externas son artefactos"(124).
Para Chorley se trataría de una
vieja tendencia más o menos apuntada en la geomorfología de los últimos 200
años, aunque solo recientemente ha adquirido importancia y puede provocar
profundos efectos en la disciplina. Para P.M. Mather la aparición de este nuevo
enfoque significa que las dificultades experimentadas por los geomorfólogos de
la tendencia funcional y estadística, "ha alejado las orientaciones
filosóficas de los investigadores desde los métodos empíricos hacia un enfoque
más deductivo que supone especificar las relaciones derivadas en la teoría
física y luego deducir las consecuencias observables de esas relaciones(125).
La identificación de esta nueva
tendencia, que no deja de suscitar desacuerdos y problemas de interpretación,
representa, en cualquier caso, la aparición de una actitud crítica ante los
enfoques "funcionales" que insistían, sobre todo, en la regularidad
de las formas, aceptando implícitamente que éstas eran un resultado de la
regularidad de los procesos. El reconocimiento de que formas similares pueden
ser producidas por procesos diferentes ha obligado a dirigir la atención hacia
éstos, y ha generado una tendencia a plantear los problemas cada vez con mayor
detalle y profundidad, incluyendo las investigaciones bioquímicas y
químico-físicas(126).
Aunque Chorley habla de una "parálisis de la teoría", algunas de las
técnicas asociadas con esta tendencia -lo que P.M. Mather ha llamado
"métodos analíticos"(127)-
parece que tienden más bien a facilitar precisamente la aparición de nuevas
teorías; en este sentido hay que interpretar, seguramente, el interés por la
elaboración de modelos abstractos y puramente deductivos en los que se valora
esencialmente la coherencia interna, dejándose para más adelante la
comprobación empírica de su validez(128).
El sentido exacto de la evolución
más reciente de la geomorfología está dando lugar a encontradas
interpretaciones. Para algunos, el paso desde una geomorfología
"funcional" a otra "realista" significa simplemente el
tránsito desde posiciones ligadas al positivismo lógico a otras ligadas al
realismo crítico popperiano. Las primeras supondrían la utilización de métodos
inductivos y las segundas, en cambio, serían decididamente deductivas(129). Otros, sin embargo,
piensan que pese a las declaraciones explícitas sobre el empleo de una
metodología inductiva, muchos autores cuantitativos han sido en realidad
deductivos(130). En
general, se insiste hoy en criticar la escasa atención dedicada
tradicionalmente a la teoría en geomorfología y el excesivo énfasis que se ha
puesto hasta ahora en el análisis de los datos; a veces esta crítica se hace
desde posiciones que se declaran próximas al racionalismo crítico de Popper(131). Pero, en ocasiones. se
tiene la impresión de que las apelaciones a esta filosofía del realismo crítico
suponen, esencialmente, un intento de distanciarse del positivismo lógico como
filosofía pretendidamente objetiva y libre de valores(132) desde una
posición en la que se valora sobre .todo el que sea "crítica"(133). En cualquier caso, las
confusiones y contradicciones deben de ser muy grandes, Eso explica que un par
de geomorfólogos acaben de dedicar un artículo a señalar el contrasentido que
supone invocar como fundamento de la investigación geomorfológica la filosofía
del racionalismo crítico de Popper y usar al mismo tiempo métodos inductivos(134).
Resulta tentador poner en
relación la aparición de este movimiento "crítico" que parece apuntar
hoy en geomorfología, con el desarrollo de una corriente crítica y radical en
el campo de la geografía humana. Sin duda la propuesta es arriesgada, aunque no
dejan de existir algunos puntos de coincidencia.
En primer lugar se observa una
actitud muy crítica ante investigaciones que hace pocos años eran valoradas
como muy innovadoras, y valiosas, como por ejemplo las investigaciooes de
carácter geométrio sobre redes de avenamiento(135), También parece existir
una tendencia a señalar que los modelos cuantitativos, en particular de
carácter "funcionalista", simplifican excesivamente la realidad y no
tienen en cuenta todas las fuerzas realmente en acción en los procesos geomorfológicos;
la inclinación hacia las investigaciones bioquímicas sería un reflejo de esta
preocupación por "penetrar más" en la complejidad de la realidad.
Se difunde también una clara
conciencia de la necesidad de incorporar consideraciones éticas y sociales en
el trabajo del geomorfólogo. Chorley ha escrito que la geomorfología está cada
vez más afectada por el problema de "sus relaciones con las aspiraciones y
el bienestar humano"(136),
Las declaraciones en este sentido se multiplican. El mismo Chorley ha destacado
el creciente abismo que existe entre las bases teóricas de los métodos del
positivismo lógico y "las exigidas por las teorías doctrinarias
utilitarias y sociales"(137).
Se insiste en plantear el tema de la significación social de las
investigaciones(138). Se
pone énfasis en la necesidad del trabajo interdisciplinario, en el que se
tengan ampliamente en cuenta la relación entre los procesos geomorfológicos y
las actividades humanas(139).
El descubrimiento que muchos geomorfólogos están haciendo de los temas de
percepción del medio natural por los grupos humanos y de los comportamientos en
relación con dichas imágenes subjetivas es otra significativa tendencia.
Todo ello va unido a una actitud
abierta que rechaza las vías exclusivas de aproximación a la problemática
geomorfológica y valora en cambio la diversidad y el pluralismo del enfoque(140) y a una inquietud or
los problemas teóricos y de fundamentación epistemológica. Seguramente no por
casualicad se o en ahora voces Ge plantean la necesidad de reexaminar los
principios básicos de la misma geomorfología(141). Por si fuera poco, a
todo ello se unen repentinas inquietudes por el futuro institucional de esta
rama de la geografía. Parece haber acabado el período en que los geomorfólogos
daban muestras de una arrogante seguridad en su trabajo y empiezan a ver con
inquietud el futuro(142).
Todo ello es, sin duda, todavía insuficiente para hablar de una
"geomorfología crítica", pero convierte en sumamente sugestivo el
análisis de la evolución más reciente y de las tendencias futuras de esa rama
de la geografía. En cualquier caso, los paralelismos con el desarrollo de la
geografía humana resultan sorprendentes. Esperemos que el desarrollo de la
reflexión epistemológica entre los geomorfólogos -un campo hasta ahora poco
cultivado por ellos- nos proporcione en el futuro interpretaciones convincentes
sobre dicha evolución.
IV. lOS PROBLEMAS DEL ENFOQUE
PENDULAR
La evolución del pensamiento
geográfico a partir de siglo XVIII puede entenderse en términos de una
oposición recurrente entre actitudes, "positivistas" e
"historicistas", que -aunque seguramente han estado siempre
presentes- han ido predominando de forma sucesiva. Se trata muy probablemente
de dos enfoques irreductibles pero, a la vez, complementarios. Tal como ha
escrito Ernst Cassirer, con referencia a lo que él llama los dos ideales del
conocimiento, "si bien las dos posiciones se excluyen entre sí en cuanto dogmas,
consideradas como principios y orientaciones del conocimiento no sólo
pueden coexistir, sino que se complementan mutuamente"(143). la historia de la
geografía podría mostrar la validez de la tesis cassireriana. Da la impresión,
efectivamente, de que cuando, después de un período de predominio de uno de los
enfoques, se han agotado todas las posibilidades que ofrecen su aplicación, se
vuelve hacia el enfoque contrario y complementario, que permite aproximarse de
una forma distinta a la realidad descubriendo facetas que quedaban veladas con
aquel.
Reconocer la validez de la
oposición "positivismo", "historicismo" no significa, sin
embargo, desconocer los problemas que plantea. A algunos de ellos dedicaremos
ahora atención, esperando que la discusión interdisciplinaria permita avanzar
en su comprensión.
Unas dicotomías simplificadoras
Los problemas surgen con la misma
caracterización de los dos miembros de la oposición. Revisando la bibliografía
existente se pueden comprobar que no es fácil conseguir un acuerdo unánime en
cuanto a los rasgos retenidos como fundamentales para cada uno de los enfoques.
Es evidente que ni el positivismo del siglo XIX es idéntico al neopositivismo
del Círculo de Viena o al racionalismo crítico popperiano -que a los efectos
que aquí nos interesan, pueden considerarse ligados-, ni el historicismo
romántico es igual al diltheiano o a
Para empezar, no está clara la
forma como se relaciona la oposición "positivismo"-
"historicismo" con otra gran contraposición que aparece también
recurrentemente en la historia de la filosofía, la del empirismo-idealismo. Si
el "positivismo" es generalmente empirista, la posible relación entre
"historicismo" e idealismo suscita muchas más dudas.
El problema tiene interés en
relación con otra oposición que puede realizarse, la de métodos inductivos y
deductivos. Son muchas las declaraciones que existen en el Positivismo del
siglo XIX sobre la utilización del método que hoy llamamos inductivo, que par-
te de la observación y procede por comparación y clasificación hacia
generalizaciones sucesivas. Pero, al mismo tiempo, en la obra de los
positivistas decimonónicos hay siempre una valoración de la teoría, y un
rechazo de lo que consideran el empirismo burdo. Parece claro que tanto en
Auguste Comte como en Claude Bernard existe una valoración de la teoría previa,(144) lo que podría
considerarse, al menos desde la perspectiva actual, como una negación del
inductivismo estricto. En este sentido, el positivismo del siglo XIX enlazaría
fácilmente con las pretensiones deductivistas del racionalismocrítico popperia-
no. Eso expl ica que en alguna caracterización de las posiciones
"positivistas" se considere como un rasgo esencial en ellas la
utilización de métodos hipotético-deductivos(145). Por su parte, en los
autores historicistas hay, normalmente, un rechazo de las teorías previas y una
valoración del método inductivo(146).
A partir de aquí, sería tentador realizar una identificación entre tradiciones
"positivistas", racionalistas y métodos deductivos, por un lado; y
tradiciones historicistas-métodos inductivos, por otro. Sin embargo, la
asociación habitual entre el Positivismo del siglo XIX y los métodos inductivos
lo impide. Esta es la razón de que en el cuadro I se haya preferido reflejar la
oposición dicotómica entre "importancia de la teoría" y "métodos
inductivos sin teorías previas" para caracterizar respectivamente a las
tradiciones "positivistas" e "historicistas".
Otro problema es el de la
continuidad, a través de la historia reciente de la geografía, de ciertas ideas
que pueden aparecer ligadas, a la vez, a posiciones positivistas e
historicistas. Una de ellas es la de totalidad. Se trata de una idea que
es citada, según los autores, como característica de las posiciones
"positivistas" o "historicistas", pero que, en realidad,
aparece destacada en todas ellas. Desde posiciones naturalistas la idea de' total
i, dad orgánica o de totalidad sistémica está asociada respectivamente al
Positivismo decimonónico y al Neopositivismo de los años 1950. Por otra parte,
desde posiciones historicistas el Todo romántico y la totalidad
idiográfica de cada estructura individual son también exaltados como algo
esencial en la obra de Ritter y Humboldt y en las tendencias regionales
francesas y alemanas del primer tercio del siglo XX. En todos los casos se pone
al acento en la interrelación, en la existencia de partes asociadas e
interdependientes, en el Todo como unidad situada por encima de las
partes. A veces se utiliza como una idea unificadora, como una especie de
metateoría general totalizadora. Sería interesante ver si existen realmente
diferencias en la forma de usar este concepto desde unas y otras posiciones.
"Positivismo"-"historicismo"
como tipos ideales
Puede pensarse que con la
contraposición positivismo-historicismo se está exagerando la oposición
dicotómica y cayendo en un reduccionismo clasificatorio(147). Seguramente hay
razones que apoyan esta crítica. Aún así, pienso que la contraposición es muy
útil como marco de referencia para entender la evolución del pensamiento
científico en las ciencias sociales y -como he intentado mostrar- también en
algunas de las naturales.
Seguramente sería útil considerar
la oposición de estos dos enfoques en su forma esquemática y simplificada, como
especie de tipos ideales weberianos(148). Se trata, en efecto,
de simplificaciones que caricaturizan y exageran deliberadamente los rasgos
básicos, con el fin de obtener un punto de referencia que permita el análisis
de la realidad concreta, en este caso el pensamiento geográfico en su evolución.
Partiendo de la caracterización del positivista-tipo(149) y del
historicista-tipo, podría intentarse detectar las desviaciones que en cada
momento concreto se van produciendo respecto a estos tipos ideales.
La consideración de estas
posiciones como tipos ideales permite, seguramente, resolver ciertos problemas.
Desde luego, si el positivismo y el historicismo se excluyen, también deben
hacerlo cada una de sus características. Lo cual, como ha señalado J.R. Alvarez,
no siempre ocurre, ya que "el monismo excluye el dualismo (...) pero no la
autonomía gnoseológica de una ciencia respecto a la otra"; es decir, que
"se puede ser monista en ontología y antireduccionista en
gnoseología", y asimismo "es posible ser pluralista en ontología y
metodológicamente defensor de una ciencia nomotética"(150). Sin duda podrían
añadirse otros muchos ejemplos de estas contradicciones, las cuales, por
cierto, convendría situar históricamente. Pero el análisis de ellas con
referencia a estos tipos ideales previamente definidos creo que permite
entender de una forma matizada la historia del pensamiento científico, en una
aproximación que parte de simplificaciones ideales y avanza luego hacia el
conocimiento de cada realidad histórica concreta. Teniendo desde el principio
bien claro que la oscilación pendular entre estas dos posiciones no supone
nunca una vuelta al punto de partida, y que quizás constituye más bien un
movimiento en espiral en el que los sucesivos movimientos van dando lugar a un
enrique- cimiento progresivo de la reflexión intelectual(151).
Los desfases en la cronología
Las actitudes
"historicistas" y "positivistas" han predominado
alternativamente en geografía desde el siglo XIX. Su triunfo, sin embargo, no
se ha realizado al mismo tiempo de una forma general, sino que, por el
contrario, han podido existir desfases cronológicos importantes en las diversas
tradiciones geográficas y en los distintos países.
Páginas atrás he aludido a
algunos de estos desfases en la generalización de las posiciones historicistas
a principios del siglo XX. Así, por ejemplo, mientras todavía triunfaba la
geomorfología davisiana, de carácter positivista, la geografía humana se había
orientado ya de forma decidida por la vía del historicismo. De manera semejante
hay que interpretar, quizás, la pervivencia de planteamientos positivistas en
la ciencia socia! norteamericana a través de la escuela de ecología humana de
Chicago: esta rama de la sociología trató, precisamente, de diferenciarse de la
geografía humana reforzando los aspectos nomotéticos, a la vez que desarrollaba
un cuerpo teórico de raíz claramente organicista y evolucionista(152). Un estudio más
detallado permitiría añadir otros muchos ejemplos.
Existen desfases importantes en
la difusión y triunfo de las dos corrientes. La figura 4 intenta reflejar este
hecho resaltando, en una primera aproximación, el mayor desarrollo de la
geografía historicista en Alemania y Francia que en Estados Unidos. En el
pensamiento geográfico de este país parece haber existido una potente tradición
positivista, que se apoyaría, en parte, en la obra de Davis, y que explica la
pervivencia de planteamientos tardíamente deterministas en la obra de Semple o
de Huntington -este último, por cierto, discípulo de Davis-. Podría formularse
la hipótesis de que esta influyente tradición positivista facilitó la llegada y
el desarrollo de la geografía cuantitativa neopositivista en Estados Unidos,
más tempranamente que en otros países.
El mismo ejemplo de Estados
Unidos muestra, sin embargo, que la evolución es, en realidad, mucho más
compleja. Al mismo tiempo que se mantenía una poderosa corriente positivista se
desarrollaba en ese país otra de carácter marcadamente historicista. Me refiero
al pragmatismo de William James, tan influyente en la vida intelectual
norteamericana.
Durante sus estudios en Europa
James fue influido decisivamente por Ch. Renouvier, uno de los neocriticistas
franceses que más temprana y decididamente propugnaron el retorno a Kant en la
segunda mitad del siglo XIX. En la filosofía francesa. Renouvier está en el
origen de una línea de reflexión que fue seguida por Ravaisson y por Emile
Boutroux, y que influyó, a su vez, en Vidal de
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Figura 4 |
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Algunas ideas de William James
pudieron influir directamente en la geografía norteamericana. Por ejemplo, la
importancia que concede al libre albedr(o que procede, al parecer, directamente
de Renouvier(153) y
su oposición al determinismo. También su empirismo radical, que destaca las
"relaciones" y la articulación y las eleva al mismo rango que las
entidades. Conviene recordar que tanto el libre albedrío como la idea de
"relación" eran elevados, al mismo tiempo, por los geógrafos
regionales franceses que defendían, por ejemplo, la unidad de la región en base
a estas articulaciones entre fenómenos físicos y humanos, En W. James el hombre
está siempre presente y es el punto de partida: "nuestros pensamientos
determinan nuestros actos y nuestros actos determinan la naturaleza previa del
mundo"(154).
Pues bien, sin duda, la visión de
William James de universo pluralista en el que es posible la indeterminación,
el acaso y la libertad servía muy bien a los geógrafos norteamericanos que
trataban de establecer las bases de una geografía posibilista frente al crudo
determinismo positivista de Semple o Huntington. Ello explica su utilización
por R. Hartshorne (1939) y por Robert S. Platt(155). Seguramente tiene que
ver también con la influencia de la corriente filosófica del pragmatismo la
gran difusión de los estudios de "casos" en la geografía
norteamericana(156). En
cualquier caso, esta reacción antipositivista -que a través de James y Peirce
se difundía desde la prestigiosa Universidad de Harvard- facilitó el triunfo en
Estados Unidos, ya desde los años 1920, de una geografía historicista que tan
brillantemente se desarrolló, y de forma bien neta y explícita, en la obra de
Carl O. Sauer y de todos sus discípulos californianos(157).
El ejemplo de Estados Unidos
muestra la necesidad de analizar en detalle el marco filosófico en que se
realiza el trabajo de los geógrafos y de tener en cuenta, a la vez, la
complejidad y riqueza de la evolución. Por ello, el esquema de la figura 4
debería ser modificado para dar una idea de esa evolución más compleja que se
produjo en la realidad, y de la coexistencia en Estados Unidos a partir de los
años 1925 de una geografía historicista en franco desarrollo, junto a una
geografía determinista y positivista en retroceso.
Puede suponerse que la evolución
a escala nacional se ha producido, más o menos, de la forma que intenta
reflejar la figura 5. En ella se presenta la difusión del positivismo e
historicismo en tres países diferentes, representando en el eje vertical la cronología
yen horizontal el número de miembros de la comunidad científica de geógrafos
que han adoptado una u otra posición en cada momento dado.
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Figura 5 |
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1, historicismo; 2, positivismo
En la ciencia geográfica del país
A ha podido iniciar el cambio desde posiciones románticas hacia otras de
carácter positivista, que ya se extienden ampliamente. Podría suponerse que los
miembros más jóvenes de la comunidad han adoptado estas posiciones mientras que
los mayores mantienen todavía las viejas ideas. En el mismo momento, en el país
B el proceso de cambio no ha hecho más que iniciarse, y en el país C las
posiciones románticas dominan -y dominarán todavía durante bastante tiempo- de
forma amplia.
En t1 es, en cambio, el país B el
que toma la iniciativa en la evolución desde posiciones predominantemente
historicistas a otras de carácter positivistas, mientras que en el país A esas
mismas posiciones son mantenidas sólo de forma excepcional, y en el C no han
llegado todavía ni siquiera los ecos del cambio.
En t4 se está produciendo un
nuevo desplazamiento hacia posiciones historicistas, que es ya bastante amplio
en el país A y en el B. En uno y otro la comunidad científica está escindica, y
mientras una mitad adopta nuevamente actitudes historicistas, la otra continúa
realizando una ciencia positivista. En el país C, sin embargo, los dos cambios
de carácter pendular que en A y en B se han producido distanciadamente, se
producen ahora de forma simultánea. Las actitudes positivistas son minoritarias
y, por el contrario, el movimiento historicista tradicionalmente dominante se
ve reforzado ahora por la aparición de corriente neohistoricista de carácter
crítico y radical. La situación es aquí particularmente compleja, y por ello
mismo especialmente interesante y digna de estudio. Los tres esquemas son
puramente ideales y no corresponden a la situación concreta de ningún país. Se
usan únicamente a título de ilustración. Pero es posible que la evolución del
pensamiento geográfico en un país como Alemania se aproxime a la del país A. la
de Estados Unidos a la del país B, y la de España a la del país C. Sólo una
investigación de carácter sociológico y bibliométrico permitirá realizar
esquemas más detallados y aproximados a lo que ha sido la evolución histórica
real.
La complejidad de la evolución
personal
La aplicación del esquema que
proponemos presenta todavía otra dificultad, la de encajar en él la evolución
personal de los científicos concretos, y en particular de aquellos más
brillantes e intelectualmente productivos.
En efecto, es posible, sin duda,
citar obras singulares que poseen plenamento todos o la mayor parte de los
caracteres típicos retenidos como esenciales en cada una de las dos posiciones
contrapuesta, "positivismo" e "historicismo". Los trabajos
en los que Ratzel desarrolla su concepción orgánica o biogeográfica y los
dedicados al espacio vital, pueden ser representativos de una actitud
positivista, de la misma forma que las ,esis regionales de la escuela francesa
o los trabajos de Sauer lo son de la historicista. En lo que se refiere a la
evolución más reciente, trabajos como el de Fred K. Schaefer, el libro de
William Bunge Thearetical Geography (1962) o el de Davis Harvey Explanatian
in Geograpy (1969), son bien representativos de la geografía cuantitativa
neopositivista, de la misma manera que los artículos recientemente publicados
por los geógrafos humanistas lo son de la neohistoricista.
También es posible, seguramente,
citar autores que realizan toda o la mayor parte de su producción dentro de
planteamientos historicistas o positivistas. Es posible que el caso de Ritter,
el de Le Play, el de Demangeon, el de Sauer o el de Shaeffer, puedan ser
citados como ejemplos de autores que mantienen durante toda su vida un mismo
planteamiento.
Pero no cabe duda que a lo largo
de su vida muchos científicos reciben influencias diversas y pueden
experimentar una evolución intelectual más o menos marcada. En relació a
problemas científicos concretos, se definen estrategias apropiadas y cambiantes
de investigación, y ello puede suponer la adopción consciente e inconsciente de
aproximaciones eclécticas, que tratan de situarse a medio camino entre los
planteamientos positivistas e h istoricistas.
La existencia de una evolución
intelectual es indiscutible en las grandes figuras de la ciencia, sobre todo si
-como ocurre con frecuencia en el caso de los geógrafos- han gozado de una
larga y fecunda vida intelectual. Con mucha frecuencia estos científicos han
estimulado el cambio y la innovación científica e intelectual, y ellos mismos
han adoptado personalmente la misma actitud que favorecían en sus discípulos.
Ello obliga a plantear el problema de la evolución de cada científico y de los
posibles desplazamientos que se han podido dar desde una o otra posición a
nivel individual.
Hay casos en los que esta
evolución es basante clara. Por ejemplo en Vidal de
Un caso semejante es seguramente
el de Elisee Reclus. Su vida fue muy laa y su formión estuvo influida por la
geografía ritteriana. No es extraño por ello encontrar en él planteamientos
claramente románticos, y que su obra haya sido interpretada como tal(159). Pero la obra de
madurez de Reclus se realizó en pleno ambiente positivista, está claramente
influida por el evolucionismo y el positivismo(160).
En esta misma ponencia he aludido
al hecho de que posiblemente Davis, aún manteniendo durante toda su vida
planteamientos positivistas, quizás se viera afectado por las críticas que se
le hacían desde la perspectiva de una geomorfología historicista. Pero podría
plantearse, también, el problema de cual ha sido la evolución de figuras como
Ratzel. Parece difícil aceptar que un gran científico como Ratzel no se haya
visto afectado al final de su vida por el ambiente claramente historicista que
iba dominando en la filosofía alemana. La historia del pensamiento geográfico
necesita disponer del análisis de estas posibles evoluciones o cambios de
inflexión del pensamiento de los grandes maestros, para poder comprender su
pensamiento en toda su riqueza y complejidad.
En algunos casos la evolución es
evidente y visible. Se trata de científicos que han asistido durante su vida a
dos cambios sucesivos y próximos de la concepción dominante. Pueden haberse
producido entonces conversiones espectaculares y públicas desde unas a otras
posiciones. La geografía contemporánea conoce varios casos de estos con
desplazamientos rápidos desde posiciones positivistas a otras historicistas y
decididamente anti-positivistas. Los más conocidos son, sin duda, los de
William Bunge y David Harvey (véase la figura 3), que en el plazo de muy pocos
años han escrito obras que pueden insertarse netamente en las dos posiciones
opuestas.
Quizás no sería difícil elaborar,
a partir del análisis de unos casos concretos particularmente significativos,
un modelo de la evolución personal de científicos situados en momentos
diferentes. En especial las influencias recibidas en el momento de su socialización
como científicos son particularmente dignas de ser estudiadas, ya que pueden
proporcionar el talante básico que perdurará durante toda la evolución
posterior. Las formas de incorporación de actitudes opuestas y en principio
irreductibles merecen ser estudiadas en detalle(161). La reconstrucción de
las biografías intelectuales de los científicos presentan así, en el marco de
la problemática que aquí exponemos, un indudable interés(162).
Notas
* Este trabajo
constituye la ponencia del autor al I Congreso de Teoría y Metodologia de las
Ciencias, celebrado en Oviedo entre el 12 y el 16 de abril de 1982. Las Actas
de dicho Congreso han sido publicadas por'
1 Véase
URTEAGA, 1980. 2 CAPEL,1982.
4 Véase sobre
ello CAPEL, 1977 y 1981.
5 Véase como
ejemplo de estas oposiciones STTODDART, 1981.
6 Véase sobre
ello CAPEL, 1977 y 1981.
7 Todavía en
1925 el geógrafo norteamericano C.O. Sauer reconocía que las opiniones sobre la
definición de esta ciencia eran diversas y que "la etiqueta geografía no
es una indicación segura de la materia contenida en ella". Y anad ía:
"En tanto que los geógrafos estén en desacuerdo sobre su materia, será
necesario buscar, mediante una repetida definición, unos fundamentos comunes
sobre los cuales se pueda establecer una posición general" (SAUER, 1925;
ed. 1965, pág. 315).
8 Sea.quien sea
el primero que lanzó esta frase, lo cierto es que por los años 1950 era ya
ampliamente conocida, como demuestran las alusiones críticas que se hacían a
esta definición. Véase por ejemplo, BOESCH y CAROL, 1956.
10 No es raro,
por otra parte, que se incluyan los dos aspectos antes citados en el
"punto de vista geográfico". Así para Max Sorre, la geograf ía
"es esencialmente (...) un e$tado del espíritu, una cierta disposición
para considerar las cosas desde el punto de vista de su repartición y de su
concesión en el espacio". Para L. Pivetau (1967) la geografía
"es" y "tiene": Es un punto de vista, una manera de
consider¡jr todo fenómeno del espacio terrestre bajo el ángulo de la
distribución: tie~e un dominio propio, que es precisamente este espacio
terrestre. Para Paul Claval, esta definición doble tiene un gran mérito, ya que
por un lado describe lo que es, y delimita un dominio adquirido, un cuerpo de
conocimiento constituido; por otro, indica la tensión, el proyecto, la
aspiración del investigador. (CLAVAL, 1967, pág. 39). Alain REYNAUD (1970) ha
reunido un cierto número de definiciones de este tipo.
11 Las
definiciones han sido sistematizadas a partir de las siguientes fuentes:
HARTSHORNE, 1939 y 1959; PATTISON, 1964; DICKINSON, 1964; MINSHULL, 1970;
REYNAUD, 1970 y 1974; VILA VALENTI, 1971; BEAUJEU - GARNIER, 1971; JAMES, 1972;
y CAPEL, 1981.
12 SAUER,
1925, ed. 1965, pág. 316; HASTSHORNE, 1959, págs.12-35.
13 Véase sobre
ello CAPEL, 1981, págs. 257 ss.
15 Véase
referencias bibliográficas en CAPEL, .1981, págs. 253-257.
16 Sobre todo
ello véase TAYLOR, 1977,
17 En este
sentido de terrorismo intelectual puede interpretarse el uso de conceptos
matemáticos que a veces no aportaban grandes mejoras a las posiciones
tradicionales, lo que TAYLOR (1976) ha llamado el "uso de las matemáticas
como camuflaje para impresionar".
22 TAYLOR,
1976. Se trata de las revoluciones cuantitativa, metodológica, conceptual.
estadística y de modelos, conductista y radical, ed. 1977, nota 4, pág. 15. El
autor exagera evidentemente, ya que algunas de estas expresiones se utilizan
como sinónimos para la revolución cuantitativa.
23 HARVEY,
1972, ed. 1976. 24 BIRD, 1977, pág. 105. 25 BIRD, 1978, pág. 134.
27 JOHNSTON,
por ejemplo, creyó poder identificar en el artículo citado de 1978
tres~amasprinci- pales en la geografía urbana: 1) el enfoque cuantitativo y
nomotético, con r:t:Iade~s expricativos basados en la economía neoclásica: 2)
el enfoque behaviorista que desde1~65.de:sta~.lá~ activi- dades individuales
realizadas dentro un mundo percibido: 3) el enfoque "radical o
estructuralista" (sic), que insiste en las coacciones de la sociedad como
un todo, y en particular ,de ciertos grupos dentro de ella, sobre el
comportamiento de los individuos. Consideraba que los dos: primeros desarrollos
"tenían ya la característica de lo que Kuhn llamaba ciencia normal, por
haber sido aceptados por la comunidad, mientras que el tercero estaba todavía
poco aceptado por ésta (pág. 119).
30 HARVEY y
HOLLY, 1981,pág. 74.
32 HARVEY y
HOLLY, 1981, pág, 33.
33 HARVEY y
HOLLY, 1981, págs. 31, 32, 33 Y 37.
34 JOHNSTON,
1978, págs. 199-201.
36 HOLT y
JENSEN, 1980, págs. 52 y 74.
38 La expresión
es de HARVEY y HOLLY, 1981, pág. 37.
39
HARVEY-HOLLY,.1981, pág. 14, apoyándose para ello en RITZER,.1975, y en MERTON,
1976.
40 No cabe duda
de que los intereses corporativos pueden afectar profundamente a la discusión
científica que se realiza. Así cuando Bartels después de proclamar la necesidad
de impulsar "formas democráticas de coexistencia pluralista en la ciencia,
aceptando sencillamente estas situaciones de conflicto entre diferentes
expresiones de la verdad", alude al peligro de subdivisión de la geografía
y destaca la necesidad de lograr que ese pluralismo no impida dar una imagen
pública coherente de la disciplina. BARTELS, 1973, Ed. 1975, págs. 42-43.
41 La
denominación de estas dos tradiciones es, desde luego, discutible. Se han usado
otras como galileana-aristotélica (Wright, 1971; naturalismo-historicismo
(López y Grau, 1981).Cualquiera de ellas -y por supuesto la que aquí
usamos- plantea problemas por el significado histórico preciso que estas
denominaciones poseen.
42 Aunque,
desde otra perspectiva, puedan considerarse también como complementarios.
Véase, más adelante, nota 143.
43 WRIGHT,
1971, Ed.1979,págs. 20-25.
44 SHAEFER,
1953. Shaefer. nacido en Berlín en 1904, se habla formado en aquella
Universidad y tuvo una militancia socialista. Con la llegada de los nazis al
poder tuvo que exiliarse a Inglaterra y Estados Unidos. Fue profesor de
geografía en
45 En el libro Filosofía
y ciencia en
46 HOLT-JENSEN,
1980, GRAU y LOPEZ, 1981 (en publicación); HARVEY-HOLLY, 1981, Y de manera
menos explícita y extensa también en otros trabajos recientes.
47 MOULINES,
1979. Por cierto, deseo corregir una lamentable errata que a este respecto se
deslizó en mi libro sobre Filosofía y Ciencia..., 1981, pág. 267. En la
línea 9 donde dice "estaban haciendo gala de ese espíritu
proto-positivista al que se ha referido César-Ulises Moulines", debe
decir: "estaban haciendo gala de ese espíritu empírico y positivista, que
no coincide con el protopositivista al que se ha referido César-Ulises
Moulines".
48 Véase, más
adelante, nota 159.
49 Tal como se
refleja por ejemplo en los Cuadros de la naturaleza, 1808.
50 Véase SAUER,
1925 Y 1944. Ed. 1965. Para él el paisaje designa "la asociación
geográfica peculiar de los fenómenos" y añade que "términos
equivalentes en cierto sentido".
51 SAUER, 1941
;Ed.1965, pág. 352.
52 Véase sobre
las raíces historicistas del estudio del paisaje LUIS, 1980.
53 Para una
visión reciente véase PENNING-ROWSELL, 1981.
56 G- G.
SIMPSON: Historica/Science, en C. C. AlBRITTON: The Fabric of
Geology, Reading Mass, 1963, pág. 46. Cit. por HOLT y
JENSEN, 1981, pág. 92.
57 Véase CAPEL:
Filosofía y ciencia... 1981,cap. l. RichardChorley ha aludido a una
corriente teleológica en geomorfologia, la cual "relaciona las
observaciones geomorfológicas con los puntos de vista dominantes sobre el
diseño global de la naturaleza y con conceptos que implican causas fina-
les" (CHORLEY, 1978, pág. 2). Y considera que ésta fue la concepción
dominante desde la aparición de la geomorfología hasta mediados del siglo XIX.
Aunque pienso que la evolución de la geomorfologia hasta el XIX es más compleja
de lo que Chorley en ese articulo da a entender, podria aceptarse ahora que
esas teorlas teleológicas de comienzos del siglo XIX corresponden a la
geomorfología romántica e idealista anterior al impacto del positivismo. A
condición de no olvidar, sin embargo, que la concepción teleológica era, de
hecho, dominante en la ciencia natural hasta el siglo XVIII.
58 Véase BROC,
1955, para una valoración de las ideas de Lapparent y Margarie. Chorley (1978,
pág. 4), por su parte, no ha dudado en considerar a Gilbert como positivista.
Gilbert siempre afirmó que lo importante para el cientlfico era cultivar la
"facultad de adivinar" (guessing faculty) y la necesidad de
ampliar la parte lógica de su tema, asl como basarse en la filosofia de la
ciencia más que en sus materiales" Cit. por Davis, en CHORLEY, BECKINSALE
y DUNN, 1973, pág. 509; ver también vol. l.
59 Véase
FAIBRIDGE, 1968, pág. 412;y CHORLEY, BECKINSALE, y DUNN, 1973, cap. 10,en
partic. págs. 166 ss.
60 Davis: Complications
of the geographical cycle, 1905. Cit. por CHORLEY, BECKINSALE y DUNN, 1973,
pág. 193. Las tres fases que él considera pueden ponerse en relación con otras
interpretaciones semejantes en diferentes ciencias naturales y sociales que
recibieron el impacto del evolucionismo positivista en el siglo XI X; sobre
ello STODDART, 1966.
61 Davis: Peneplains
and the geographical cycle, 1922. Cit. por CHORLEY, BECKINSALE y
DUNN, 1973, pág. 193. Una frase semejante en 1919, idem pág. 503.
63 DAVIS: The
geographical cycle, 1899, págs. 481-482. Cit. por CHORLEY, BECKINSALE y
DUNN, 1973, pág. 168.
64 En 1913, por
ejemplo. Davis escribió que la geología "es principalmente una ciencia
explicativa en la que el gran cuerpo de sus proposiciones rebasa ampliamente el
campo de los hechos observables en el terreno, que pueda ser alcanzado sólo por
medio, de un proceso mental especulativo"; proponía, por ello, que en la
preparación de los geólogos se diera una más sistemática y completa instrucción
"en la parte no observacional de la geologia". Davis: Speculative
nature o, Geology, 1913. Cit, en CHORLEY, BECKINSALE y DUNN, 1973,
pág. 198.
65 CHORLEY,
BECKINSALE y DUNN, 1973, pág. 194.
66 CHORLEY,
BECKINSALE y DUNN,1973, págs. 195-196.
67 CHORLEY,
pág. 4. En este articulo este autor incluye la obra de Davis dentro de lo que
llama "teorias históricas" de la geomorfologia, y piensa que es un
ejemplo de geomorfólogo metafísico, y que su teoría es "metafísica,
orgánica y alegórica" (pág. 4). Personalmente pienso que este grupo de
Chorley debería subdividirse en un subgrupo positivista 1en el que se incluiría
Davis), y otro claramente historicista, que incluiría a los geomorfólogos que
reaccionaron contra las teorías davisianas en los años 1920-19'50. Conviene
tener en cuenta que, en realidad, Davis no consideraba la historia como algo
único e irrepetible, sino que trató de alguna manera de encontrar las leyes de
la sucesión histórica, como muestra la misma afirmación de Chorley en el
sentido de que Davis hizo en ocasiones deducciones que procedían "de un
acto de fe basado en la asunción de patrones recurrentes de desarrollo
histórico". En cierta manera, podría afirmarse que Davis tenía una
concepción hegeliana del tiempo enla naturaleza: en esta no existe historia,
sino simplemente procesos cíclicos.
69 Véanse
referencias en la obra de CHORLEY, BECKINDALE y DUNN, 1973, pág 405.
70 DAVIS: Levelling
without baseleveling, 1905; en CHOR LEY, BECKINSALE Y DUNN,1973, pág. 502. Véase también
más adelante lo que decimos sobre su polémica con los geomorfólogos alemanes.
72 Las fechas y
los autores de estas tesis son los siguientes: Baulig, 1928; P. Marrés, 1935;
R. Clozier, 1940; A. Perpillou, 1940; J. Tricart, 1949-52; P. Fenelon, 1951; F.
Taillefer, 1951; J. Pouquet, 1952; H. Enjalbert, 1960; J. Masseport, 1960; J.
Pelletier, 1960; G. Viers, 1960; R. Raynal, 1961; R. Coque, 1962; F. Joly,
1962; A. Rondeau, 1962; H. Elhai, 1963; G. Galibert, 1965;y L. Masu- rel,1965.
73 Sobre las
ideas geográficas de Wooldrige véase DICKINSON, 1976, pág. 152-167.
74 TRICART y
CAILLEUX, 1955, 2a ed., 1965.
75 Véanse
referencias concretas en REYNAUD, 1971, cap. 3, y en particular, págs.
71-74,83-84 y 110. Compárese con lo que desde una perspectiva cuantitativa dice
CHORLEY (1978) sobre las caracter Isticas de la morfologla en lOs añOs de la
segunda guerra mundial, cuando las investigaciones se hablan convertido en
"el campo de juego de especulaciones desenfrenadas e incontrolables"
y el campo estaba "dominado por los tejedores de ingeniosassagas"
(CHOR LEY, 1978, pág. 6).
76 TRICART y
CAILLEUX: 1955, pág. 171. Cit., en FAIRBRIDGE, 1968, pág. 414.
77 DERRUAU,
1965; ed. 1966, pág. 32
78 DERRUAU
,1965; ed. 1966, pág. 32, cursivas añadidas.
79 Véase un
texto significativo de Tricart en este sentido en REYNAUD, 1971, pág. 95.
80 Como escribe
MEVNIER (1969, pág. 133) que A. Guilcher se situaba frente a las formas de
erosión litoral. Compárese esta actitud con la que propugna C.C. Sauer frente
al paisaje (en SAUER, 1925y 1941,ed.1965).
81 DERRUAU,
1965, ed. 1966, pág. 17, cursivas en el original.
82 J. Pouquet, Les
monu du Tessala, 1952, pág. 5 Cit. por Alain REYNAUD, 1971, pág. 97.
83 J.
Masseport: Le Oiois et le Baronnies, 1960 I ntrod. Cit. por
REYNAUD, 1971, pág. 97. Existían, sin duda, contradicciones internas, que
quizás convendria interpretar de acuerdo con la cronologia. Así una figura tan
representativa de la geomorfologia francesa como H. Baulig -un regionalista
injertado de davisiano- polemizando con otro geomorfólogo escribió que
"sin teoría no se sabria ni siquiera qué observar" Cit. por REYNAUD
id. pág. 97.
84 Como cuando
H. Baulig estudiando Le Plateau central de
86 DERRUAU,
1965, Ed. 1966, citas en págs. 21 Y 23.
87 Véanse
algunas citas sobre ello en REYNAUD,1971 págs. 96.
88 Cit. por
REYNAUD, 1971, pág. 109. Véase también REYNAUD, 1971 y 1974, as! como MEY-
NIER,1969.
89 As! lo han
interpretado correctamente CHORLEY, BECKINSALE y DUNN, 1973, pág. 514. Véase
también sobre esta polémica DICKINSON,1969;y BECK, 1973, págs. 335 ss.
90 Passarge, Die
Kalahari, 1904; V Davis: Passarge's Principies of Landscape
Description, 1919. Cit. en CHORLEY, BECKINSALE, DUNN, 1973, págs. 501-509,
dedicadas a la polémica Davis- Passarge.
91 Hettner: Die
Dberflái:henformen des Festlandes, 1921.Cit. según la trad. in!Jlesa de
1972 por CHORLEY, BECKINSALE V DUNN, 1973, págs. 509-512.
92 Carta de
Pencka Davis, 1908, en CHORLE'(, BECKINSALE y DUNN, 1973, pág. 515.
93 Henner,
1921. Cit. por CHORLEY, BECKINSALE V DUNN, 1973, pág. 510.
94 Véase sobre
el concepto de sistema mofogenético CHOLLE Y, Morphologiestructurale et morphologie
climatique, 1950; y TRICART -CAl LLEUX, 1965. Sobre las ideas de Walter
Penck y su relación con Davis, véase CHORLEY, BECKINSALE, DUNN, 1973,cap. 23.
95 Frente a
estas criticas Davis concedió que, efectivamente, su teorla "no realiza
ningún intento de determinar la edad real" y advirtió que en su esquema
(estructura, proceso y tiempo) la tercera ~ palabra-clave no es edad, sino stadium,
o fase. Davis en cartas a Penck, 1921; cit. por CHOR LEY. ~'. BECKINSALE y
DUNN, 1973, pág. 527.
96 Véase, por
ejemplo, en este sentido la carta que escribió a W. Penck en 1921 en CHORLEV,
BECKINSALE y DUNN, 1973, pág. 549.
97
Davis,1923,en CHORLEY, BECKINSALE y DUNN,1973, pág. 513.
98 Davis, 1923.
Cit. en CHORLEY, BECKINSALE y DUNN, 1973, pág. 513. Una frase semejante se
encuentra en una carta a W. Penck escrita en 1921 en que expresa: "he
usado frecuentemente la deducción más bien como un método de presentación que
como un método de investigación" Cit. en idem. pág. 549.
99 Davis.
Comentario al libro de Hettner Die Oberflá'chenformen..., en 1923. Cit.
en CHORLEY, BECKINSALE y DUNN, 1923, pág. 514. Asimismo reconoció la
importancia de la descripción del paisaje y admitió que para esa tarea
"hay que empezar por la observación de sus rasgos y la descripción".
Davis, 1919, cit. en CHORLEY, BECKINSALE y DUNN,1973, pág. 504, aunque, añadla
que eso era una fase preparatoria y que también en ella los aspectos racionales
y no observacionales tenían gran importancia.
100 Carta de
Davis a Penck, 1921. Cit. en CHOR LEY, BECKINSALE y DUNN, 1973, pág.
520-527. Otros textos equivalentes de 1923 en ídem, pág. 533. Para él su
esquema no era inmutable, sino que resultaba de un desarrollo, y este no estaba
en absoluto acabado.
101 Davis,1923
en CHORLEY, BECKINSALEy DUNN, pág. 533, 1973.
102 Carta de
Davis a Penck, 1921, CHORLEY, BECKINSALE y DUNN, pág. 526.
103 Ver
referencias a este contraataque davisiano en CHORLEY, BECKINSALE y DUNN,1973,
pág. 505-507 y 527.
104 Carta de
Davis a Penck, abril 1923. Cit. en CHORLEY, BECKINSALE y
DUNN, 1973, pág. 523.
105 Por los
años 1910 eran muy frecuentes las defensas del enfoque explicativo y deductivo
de Davis. Véase, por ejemplo, los alegatos de A.P. Bringham en este sentido en
CHORLEY, BECKINSALE y DUNN, 1973, pág. 443. En la geomorfologla norteamericana
el influjo de Davis fue casi incontetado hasta los años 1930. Su principal
discípulo fue D.W. Johnson (1878-1944). Algunos de los disclpulos de Davis,
aunque se dist,anciaron de él y evolucionaron luego hacia la geografla humana,
mantuvieron en ella posiciones "deterministas", como es el caso de D.
Huntington (1876-1947), que aplicó también las ideas de ciclo a los cambios
climáticos de periodos frlos y cálidos que habrlan determinado la evolución de
las civilizaciones. Otros, en cambio, se distancia- ron claramente de los
planteamientos positivistas y realizaron una geografla humana netarnente
historicista.
106 MEYNIER,
1969, pág. 48 ss. Véase un punto de vista equivalente sobre el clima en SAUER,
1925, ed. 1965, pág. 336.
107 MEYNIER,
1969, pág. 49-50.
108
MEYNIER.1969.DáQ.51. * Nota complementaria para esta edición. Una confirmación
del punto de vista que aquí exponemos sobre una geografía física
"historicista", puede obtenerse, en lo que se refiere a la
climatología francesa, en el artículo de Daniel LO!: Méthadalagie de I'étude
du climat dans les Theses réginales classiques: le cas des Alpes fran9aises (1925-1956),
"L'Espace Géographique", XI, n.o 1, enero-marzo 19~2, págs. 45-55.
114 Véase ICHI
KAWA, 1972, con la bibliografla básica.
115 Seguido,
por ejemplo, por ICHI KAWA, 1972.
117 Sobre
ello STRAHLER, 1968; THORNES, 1978.
118 Véase
THORNES, 1978, pág. 16.
119 Véase, por
ejempro, lo que se dice sobre la elaboración de un modelo predictivo de los
deslizamien!os del terreno en CROZIER, 1972, y'compárese con.el. articulo
citado en nota siguiente,
121
ROSENFELD, 1972, pág. 100.
123 Véase sobre
todo ello FAIRBRIDGE, 1968; CHORLEY,1978,THORNES,1978, aunque la interpretación
que aquí hacemos de los datos que ellos aportan no siempre coinciden con la que
estos autores realizan.
126 CHORLEY
,1978, págs. 8-10.
127 MATHER,
1979, págs. 476480.
128 Véase un
ejemplo en MATHER, 1979, pág. 477.
129 Véase
THORNES, 1978, que considera que en los años 1960 la geomorfologia cuantitativa
fue de carácter claramente "inductivo"; y CHORLEY, 1978.
130 Así
HAINES-YUNG y PETCH, 1980 han interpretado que,a pesar de las declaraciones de
Strahler sobre el uso del método inductivo en su trabajo, sin embargo éstas no
corresponden a la realidad, ya que "aunque descansa en observaciones
empíricas, la naturaleza de dichas observaciones está controlada por
consideraciones teoréticas", y parte de supuestos previamente aceptados.
Sospechan que Strahler quiere decir "empírico" en lugar de inductivo
y "no empírico" en lugar de deductivo (págs. 67 y 68).
131 HAINES-YUNG
y PETCH, 1980.
132 Por ejemplo
en MATHER, 1979.
133 AsI puede
interpretarse, pienso, el art(culo de MA TH ER, 1979, pág. 473, en donde se
alude explícitamente a los nuevos desarrollos fenomenológicos y
existencialistas de la geografla humana para distanciarse de la metodologla
"pretendidamente objetiva y libre de valores" del positivismo lógico.
134 HAINES-YUNG
y PETCH, 1980,
135 As(, por
ejemplo THORNES (1978, pág. 16) haaludido de forma muy cr(tica a los trabajos
de R.L. Shreve (1966) y M.I. Woldenburg (1972). En 1976, J,L. Onesti, y T.K,
Miller, realizaron ya duras crIticas a los análisis topológicos de las mallas
fluviales, mostrando su escasa relación con las pro- piedades geomórficas e
hidrológicas de las cuencas y señalando que era dificil aplicar dichos análisis
"a las cuestiones hidrológicas y geomorfológicas que preocupan
crecientemente en un mundo cambiante" (ONESTI y MILLER, 1976).
136 CHORLEY,
1978, pág. 10. Véase también MATHER, 1979, pág. 473.
137 CHORLEY,
1978, pág. 11. Cita en apoyo de su opinión al trabajo de R. Keat y J, Urry
sobre Social Theory as science, 1975.
138 THORNES, en
EMBLETON, 1978. Introducción, pág. XII.
139 THORNES, en
EMBLETON, 1978. Introducción pág. XII. En la misma obra l. Douglas llama la
atención sobre la necesidad de que los trabajos geomorfológicos no sean
abstractos y simplemente "cientificos ", sino que deben esforzarse en
prestar atención a los problemas de mayor importancia para los habitantes de
los paises tropicales.
141 THORNES en
EMBLETON. 1978. Introducción, pág. XII. Si no permitieramos forzar mucho las
cosas también podría, intentar ponerse en relación el renovado interés por la
evolución histórica. los paleoclimas y las paleoformas, con la nueva valoración
de la historia que hacen geógrafos radicales antipositivistas.
142 Véase en
EMBLETON. 1978,
143 CASSIRER
(1906), ed.1974,vol. IV- pág..214.
144 Véase sobre
ello CAPEL, 1981 , págs. 268-272; y pág. 306, nota 9.
145 Por
ejemplo, en lo que se refiere a la geograf(a esta caracterización del
positivismo ha sido realizada por Arild HOL T-JENSEN, 1980, cap. 4, págs, 75 y
ss.
146
Afirmaciones explícitas, en este sentido, en SAUER (1925 y 1941), así como en
Vida! de
147 Asl puede
interpretarse, la critica que ha hecho J.R. Al VAREZ (1981) a mi ponencia sobre
clasificaciones, paradigmas y cambio conceptual en geografla. CAPEl, 1980.
148 WEBER,
1904; ed. 1974, págs. 59 y 53.
149 Un intento
de caracterización de éste se ha realizado por Michael R. H Ill, 1981.
151 Esto
explica las criticas que he dirigido (CAPEL, 1980) a los geógrafos españoles
que, ante el renacimiento de las posiciones historicistas, pretenden ahora
justificar el dogmatismo e inmovilismo que han mantenido en años anteriores
defendiendo empecinadamente la concepción regional -para lo que estaban en su
derecho- y oponiéndose cerradamente a la llegada de las ideas geográficas
neopositivistas.
152 Véase sobre
los orlgenes del proyecto intelectual de Park el articulo de ENTR I KIN, 1977.
153 Artículo de
William D. Phelam, Jr. en STILLS, 1958, ed. 1975, vol. 6, pág. 305.
154 James: A
pluralistic universe, 1932, Cit. por FAAZI EA ,1981, pág. 69.
155 R.S. Platt
poseia una buena formación filosófica de base (DI KINSON, 1976, pág. 243), Y
estaba preocupado desde 1923 por las bases teóricas del método geográfico.
Atacó duramente el "environmentalism" dominante todavia hacia los
años 1925-1930,y trató de mostrar en sus estudios cómo el hombre podrla dar
lugar a organizaciones diferentes en áreas que poseian las mismas condiciones
fisicas. Para su trabajo sobre Environmentalism and Oeterminism (1948)
encontró en las ideas de William James una buena base filosófica de apoyo.
Valoró siempre la voluntad humana como factor esencial de organización del
espacio (PLATT, 1947). También es un rasgo pragmático, que comparte con otros
geógrafos norteamericanos de su generación, el decidido interés por la aplicación,
que fue un legado permanente a la geografia norteamericana. Véase sobre
ello FAAZIEA, op. cit.1981.
156 Véase
FRAZIER (1981, pág. 62) que afirma que "el pragmático cree que la
situación "concreta" o "particular" es importante para
obtener conocimiento científico o para comprender el mundo". Es curioso
señalar que un filósofo como W. James y toda la corriente pragmática, situada
clara- mente en
157 Cuando en
1925 Sauer quiere proponer a los geógrafos la nueva concepción paisajista,
inspirada en lo que desde hacía pocos años se realizaba en Europa, no deja de
reconocer que estas concepciones estaban "en alguna medida influidas por
corrientes antiintelectuales" (SAUEA, 1925,ed. 1965, pág. 315). Con ello
aludía, sin duda, a la reacción frente a las posiciones antipositivistas. Por
si hubiera dudas sobre el carácter de su propia posición, Sauer inicia la
discusión del campo científico de la geografía afirmando que "toda ciencia
puede ser considerada como fenomenología (y cita los Prolegómena zur
Naturphilosophie de Keyserling, Munich, 1910) usándose el término
"ciencia" en el sentido de procesos organizados de adquisición del
conocimiento, más bien que en el sentido restringido común de un cuerpo
unificado de leyes físicas" (SAUEA, 1925; ed. 1965, pág. 316. Este trabajo
de SAU EA, así como el de 1941, constituyen ejemplos muy claros y coherentes
del enfoque historicista en geografía)..
158 Sobre la
evolución intelectual de Paul Vidal de
159 As! lo
hace, por ejemplo D.R. STODDART, 1981 siguiendo a DUNBAR, 1978, en el
comentario que realiza a la obra de este autor. Podemos preguntarnos hasta qué
punto el actual ambiente radical neo historicista ha contribuido a sesgar la
interpretación que Dunbar ha hecho de Reclus.
160 En este
sentido la he interpretado yo mismo en mi libro Filosofia y Ciencia..., (CAPEL,
1981, págs. 301 ss.).
161 Por
ejemplo, una figura como E. Ackermann puede ser interesante. Ackermann fue un
propagandista de la teoria de sistemas y favoreció el desarrollo de la nueva
geografia. Sin embargo siempre enfatizó el "punto de vista
geográfico", lo que supone una visión tradicional, y expresó sus reservas
hacia la utilización de teorias procedentes de otros campos como la fisica,
y que consideraba que el sustrato mental de utilización difierede un
campo a otro (ACKERMANN, 1963, pág. 433). Seguramente la biografía intelectual
de este autor, y la formación esencialmente h istoricista que recibió como
geógrafo, pueden explicar estas contradicciones.
162 Existe ya
un proyecto en este sentido en el campo de la geografia, ha sido propuesto por
A. BUTTIMER, 1978. Véase también FREEMAN, OUGHTON y PINCHEMEL, 1977 y ss.
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