© Libro N° 14970. El Doctor Sabelotodo. Hermanos Grimm. Emancipación. Marzo 28 de 2026
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EL
DOCTOR SABELOTODO
Hermanos
Grimm
El Doctor Sabelotodo
Hermanos Grimm
Érase una vez un pobre campesino, llamado Cangrejo que se fue a la
ciudad guiando un carro tirado por dos bueyes a venderle a un doctor una
carretada de leña por dos ducados. Mientras se le pagaban sus dineros el doctor
se encontraba precisamente comiendo; cuando vio el campesino lo bien que comía
y bebía le entró envidia y pensó que también él quisiera ser doctor. Así que se
quedó unos momentos sin saber qué hacer y, al fin, le preguntó si no podría
hacerse él doctor.
-¡Ya lo creo! -respondió el doctor-; eso se logra fácilmente.
-¿Qué debo hacer? -preguntó el campesino.
-En primer lugar te compras un abecedario, de esos que tienen un gallito
pintado en las primeras páginas; en segundo lugar vendes tu carreta y los
bueyes y, con lo que saques, te compras trajes y todo lo que es propio del
menester doctoral; y, en tercer lugar, mandas hacer un rótulo donde se lea
"Soy el doctor Sabelotodo" y lo clavas bien alto sobre la puerta de
tu casa.
El campesino siguió las instrucciones al pie de la letra. Y he aquí que
cuando ya había doctorado un poquillo, pero no mucho, robaron a un gran señor
una cierta cantidad de dinero. Entonces alguien le habló del doctor Sabelotodo,
que vivía en tal pueblo y que tendría que saber también dónde estaba el dinero.
Así que el señor mandó enganchar el coche, se fue a aquel pueblo, se presentó
en su casa y le preguntó si era el doctor Sabelotodo. Pues sí, lo era. Entonces
tendría que ir con él a recuperar el dinero robado. ¡Oh, sí!; pero Grete, su
mujer, tendría que acompañarle.
El señor se mostró conforme, invitó a la pareja a subir al coche y
partieron todos. Cuando llegaron al palacete señorial la mesa ya estaba puesta,
y el señor le rogó que comiese antes que nada. ¡Encantado!, dijo, pero con su
mujer, la Grete; y se sentó con ella en la mesa. Cuando entró el primer criado
llevando una fuente llena de suculentos manjares, el campesino dio un codazo a
su mujer y le dijo:
-Grete, éste es el primero.
Y sólo quiso dar a entender que éste era quien había servido el primer
plato; pero el criado creyó que había querido decir "Este es el primer
ladrón"; y como realmente lo era le entró miedo, y cuando salió dijo a sus
camaradas:
-El doctor lo sabe todo; vamos a salir mal parados; ha dicho que yo soy
el primero.
El segundo no quería entrar pero no tuvo otro remedio y, cuando lo hizo
llevando su fuente, el campesino, dando otro codazo a su mujer, dijo:
-Grete, éste es el segundo.
El segundo criado también se asustó y salió precipitadamente. Al tercero
no le fue mejor, pues el campesino dijo de nuevo:
-Grete, éste es el tercero.
El cuarto sirvió una fuente tapada, y entonces el señor le pidió que
mostrase sus artes adivinando lo que contenía. En la fuente había cangrejos. El
campesino contempló la fuente y, no sabiendo qué responder, exclamó:
-¡Ay de ti, pobre Cangrejo!
Al oírlo exclamó el señor:
-¡Ahí lo tenéis: lo sabe!; y también sabrá quién tiene el dinero.
Al criado le entró un pánico cerval y guiñó un ojo al doctor, dándole a
entender que saliera un momento. Cuando lo hizo, los cuatro confesaron haber
robado el dinero, asegurándole estar dispuestos a restituirlo y a darle,
además, una cuantiosa suma si se comprometía a no descubrirlos, pues les iba en
ello la cabeza. Le mostraron también dónde habían escondido el dinero. El
doctor se dejó convencer, volvió a entrar, se sentó a la mesa y dijo:
-Señor, ahora miraré en mi libro a ver dónde está escondido el dinero.
Y en estas el quinto criado se escondió en la chimenea para ver si el
doctor sabía aún más cosas; pero éste abrió su cartilla y empezó a hojearla de
arriba a abajo, buscando el gallo. Y como tardase en encontrarlo, dijo:
-Sé que estás ahí dentro, y tendrás que salir.
Creyó el de la chimenea que iba con él y salió aterrorizado de su
escondite diciendo:
-¡Ese hombre lo sabe todo!
A continuación el doctor Sabelotodo mostró al señor donde se encontraba
el dinero, pero sin decirle quién se lo había robado; recibió una buena
remuneración por ambas partes y se hizo un hombre famoso.
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* * *
*
FIN


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