© Libro N° 14192. La Nueva
Economía. Preobrazhenski,
Evgeni. Emancipación. Agosto 23 de 2025
Título Original: © La Nueva Economía. Evgeni
Preobrazhenski
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LA NUEVA ECONOMÍA
Evgeni Preobrazhenski
La Nueva
Economía
Evgeni Preobrazhenski
2
LA NUEVA ECONOMÍA
Evgeni
Preobrazhenski
Colección
SOCIALISMO y
LIBERTAD
La red mundial de
los hijos de la revolución social
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LA NUEVA ECONOMÍA
Evgeni
Preobrazhenski1
Nota editorial
Introducción a la
edición cubana
Prefacio a la
primera edición
Prefacio del autor
a la segunda edición
I. SOBRE EL MÉTODO
DE ANÁLISIS TEÓRICO DE LA ECONOMÍA SOVIÉTICA El método de la economía política
de Marx
Economía política y
tecnología social
Método de estudio
del sistema de economía socialista-mercantil
II. LA LEY DE LA
ACUMULACIÓN SOCIALISTA ORIGINARIA
La acumulación
capitalista originaria y la acumulación socialista originaria La lucha entre
las dos leyes
III. LA LEY DEL VALOR EN LA ECONOMÍA SOVIÉTICA
Observaciones generales
La ley del valor y
el capitalismo monopolista
La ley del valor y
la socialización de la industria en un país agrícola La mercancía, el mercado y
los precios
La plusvalía, el
plusproducto y el salario
La categoría de la
ganancia en la economía estatal La categoría de la renta
El interés. El
sistema de crédito La cooperación
APÉNDICE
Respuesta al
camarada Bujarin. Retorno a la acumulación socialista Las colonias infantiles
del camarada Bujarin
La «absorción» de
la empresa pequeñoburguesa
El bloque
obrero-campesino
La política
económica
Las fuerzas
motrices del desarrollo de nuestra economía La ley de la acumulación socialista
Respuesta al
camarada Motilev Respuesta al camarada Thalheimer Respuesta a los camaradas
Ksenofontov Kviring y Bogolepov
Respuesta a los
camaradas Astrov, Goldenberg y Naguiev
1 La traducción corresponde con la edición
cubana. La Habana, 1968
NOTA EDITORIAL
Corría el año 1926 y se discutía entonces la posibilidad del desarrollo
de una economía planificada, en el marco de una enorme tensión, en gran medida
expresión de una pugna frontal de intereses de clase, muchos de ellos
preexistentes a la revolución de octubre. Esas disputas –nunca resueltas al
interior del grupo dirigente bolchevique–, y en el contexto de un bloqueo
económico absoluto con amenazas permanentes de guerra y ocupación militar, se
tornó en batalla de “figuras” y “prestigios” de manera abierta desde 1922 y en
especial luego de la muerte de Lenin.
Partiendo de la presunción de una “nueva fase imperialista-monopolista”
del capitalismo, y en el marco de la política oficial stalinista de “socialismo
en un solo país”, aquellos debates y disputas conllevaron una crisis del
pensamiento revolucionario que aún hoy tiene repercusiones y es motivo de
enorme confusión.
“Dictadura del proletariado”, socialismo y comunismo, conceptos asumidos
apenas superficialmente, en muchos casos como sinónimos de “gobierno
soviético”, ocultaban el desarrollo de formas brutales de explotación de la
fuerza de trabajo, –sin soviets–, en pos del desarrollo acelerado de una forma
autoritaria de capitalismo de Estado. “Soviets y electrificación” se convirtió
demasiado pronto en colectivización forzada, stajanovismo y burocracia del
terror.
Ni “comunismo de guerra”; ni “estado obrero”; ni “estado comunista”;
todas definiciones las cuales constituyen de por sí un contrasentido. Todas
ellas, en el caso de la U.R.S.S y de los bolcheviques “leninistas”, (J. Stalin,
“Los fundamentos del Leninismo”, 1924) definiciones que deben considerarse a la
luz de la historia contradictios in terminis, dieron paso a un régimen
especialísimo de acumulación y de explotación del trabajo humano
Este libro es el testimonio de un debate profundo, de consecuencias
dramáticas. Y también por eso, un ejercicio de memoria, necesario y fecundo.
Septiembre, 2020
LA NUEVA ECONOMÍA
INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN CUBANA
La Nueva Economía apareció en 1926, a los nueve años del triunfo de la
Revolución de Octubre. La discusión que engendró esta obra forma parte de lo
que se ha dado en llamar «el gran debate sobre la industrialización»,
comprendido entre los años 1924 (muerte de Lenin) y 1928 (inicio de la
colectivización agrícola y del Primer Plan Quinquenal). Se discutía entonces
sobre las características del período de transición que vivía la URSS, sobre
las leyes que regían el proceso, sobre la estrategia y la táctica para
construir el socialismo, etc. Nada menos parecido a la imagen de un proceso
revolucionario avanzando a pasos seguros a la luz de una teoría sistematizada.
Por el contrario, los reflejos que nos han llegado de aquella época de intensa
discusión indican más bien que la práctica revolucionaria marchaba por delante
de la teoría revolucionaria.
Esta obra aparece en Cuba en el noveno año posterior al triunfo de la
Revolución. Pese a las sustanciales diferencias entre la Revolución Bolchevique
y la Revolución Cubana, la comparación de los problemas afrontados y del
pensamiento económico correspondiente a dos momentos similares en el orden
cronológico de dos revoluciones distintas, es ya de por sí emotivo de interés
para el lector cubano y, por tanto, justifica la publicación del libro.
Al leer esta obra, llama de inmediato la atención el calibre intelectual
y la clara definición ideológica del autor. No es exagerado decir que el rigor
teórico de Preobrazhenski, su habilidad en la argumentación al mismo tiempo que
rechaza la afirmación o la cita dogmática la riqueza en ideas profundas sobre
diversos aspectos de la economía de transición y sobre la economía capitalista,
son características poco comunes en la literatura de economía contemporánea.
En esta obra, Preobrazhenski lleva a cabo lo que podría considerarse el
primer intento serio de sistematizar una teoría económica del período de
transición inmediato a la consolidación de la toma del poder por las fuerzas
revolucionarias en su país. Para ello, el autor detecta y describe las leyes
económicas que a su juicio rigen en ese período histórico que vivió la URSS.
Por este motivo, puede considerársele también como el primer intento serio de
describir las leyes económicas que rigen en el período de transición, después
de la muerte de Lenin.
Según Preobrazhenski, la economía soviética de los años de la NEP se
caracterizaba por contar con un pequeño sector socialista integrado
principalmente por la industria, el transporte, la banca y el comercio
exterior, que asemejaba una isla en medio de un océano de pequeños campesinos y
comerciantes. En efecto, el autor señala cómo en aquella época, mientras
existían apenas tres millones de obreros industriales, había 22 millones de
pequeñas economías campesinas familiares. En estas condiciones, para lograr los
objetivos estratégicos de la Revolución, el sector socialista debía,
desarrollarse a pie forzado (especialmente la industria pesada) si se pretendía
reforzar y hacer dominantes las relaciones de producción socialistas, e
inclusive si se quería simplemente que sobrevivieran estas relaciones de nuevo
tipo ante los embates combinados de la pequeña producción mercantil en el
mercado interior y de la producción mercantil capitalista en el mercado
internacional. Este imperativo categórico impuesto por la coyuntura histórica,
exigía un proceso intenso de acumulación en el sector socialista. Pero,
precisamente el sector productivo socialista se caracterizaba por su relativa
pequeñez y por su debilidad técnico-organizativa. Por lo tanto, para cumplir
con los requisitos de la acumulación socialista a los ritmos exigidos para que
estas relaciones se hicieran dominantes en la economía de la URSS, resultaba
necesario extraer los recursos destinados a este fin del sector no socialista
de la economía, es decir, principalmente de la economía campesina.
La similitud del problema que confrontaba la URSS para establecer un
nuevo régimen social de producción con el proceso de acumulación originaria del
capital en los albores del capitalismo, llevó a que Preobrazhenski denominara a
la ley económica que la situación de la URSS determinaba, ley de la acumulación
socialista originaria.
En virtud de la enorme proporción alcanzada por la pequeña producción
mercantil, principalmente de origen agrícola, en la economía de la URSS a raíz
de la distribución de las tierras entre los campesinos y, además, de las
relaciones mercantiles con el exterior a través del comercio internacional,
Preobrazhenski reconocía la vigencia de la ley del valor en la economía
soviética de aquella época. En efecto, el volumen de la producción mercantil
superaba con creces al volumen de la producción socialista.
El problema estaba planteado: qué ley económica presidía en esas
condiciones el desenvolvimiento de la economía de transición de la URSS.
Para Preobrazhenski era la ley de la acumulación socialista originaria
lo que caracterizaba y presidía el desarrollo de la economía soviética durante
el período inmediatamente anterior a la planificación general. En efecto, para
implantar la planificación era requisito sine qua non el triunfo de las
relaciones de producción socialistas, y para lograrlo era a su vez necesario
cumplir con los requisitos de la acumulación intensiva en el sector socialista
de la economía. Entonces, bajo estas nuevas condiciones, o esta nueva
coyuntura, la planificación económica sustituiría a la ley del valor como
mecanismo social para la asignación de los recursos de la sociedad en su
conjunto. Mientras tanto, el conflicto permanente entre la ley de la
acumulación socialista originaria y la ley del valor reflejaría la lucha entre
el nacimiento y el desarrollo de la economía socialista planificada y la
pequeña economía mercantil.
«...Mientras que la primera ley expresa las tendencias hacia el futuro
de nuestra economía, nuestro pasado pesa sobre nosotros a través de la segunda
ley, tratando porfiadamente de mantenerse en existencia y de hacer girar hacia
atrás la rueda de la historia...»
En su análisis, Preobrazhenski aclara con mucha lucidez la diferencia
entre la actuación de la ley del valor y la necesidad de calcular el trabajo
incorporado en los productos. Mientras que la ley del valor va extinguiéndose
en la medida en que las relaciones socialistas de producción invaden toda la
economía, abriendo de esta manera paso a la planificación, subsiste y se
desarrolla cada vez más la necesidad del cálculo del trabajo. Llega incluso a
plantear la extinción de la economía política en el socialismo y su remplazo
por lo que denomina «Tecnología Social», para la cual el cálculo del trabajo es
imprescindible.
Merece señalarse que las opiniones y proyecciones teóricas de
Preobrazhenski en los años veinte del siglo se contradicen rotunda-mente con el
pensamiento de la generalidad de los economistas marxistas actuales sobre estas
materias. Algunos de éstos llegan incluso a afirmar que el ámbito de la ley del
valor se amplía con el desarrollo de la economía socialista.
En la argumentación de Preobrazhenski ocupa un lugar destacado el
concepto de intercambio desigual. Arrancando del análisis de Marx sobre los
«precios capitalistas de producción», modalidad a través de la cual se expresa
la ley del valor en el capitalismo competitivo o «puro», precios que se apartan
de los valores en virtud de la desigualdad existente entre la composición
orgánica del capital en las diversas ramas de la economía, generaliza este
fenómeno como característico para el intercambio mercantil en el interior de un
país y entre países de diferentes niveles de desarrollo tecnológico. No es
exagerado decir que en sus planteamientos se encuentra la base de una rigurosa
teoría marxista del monopolio (que está por hacer) al relacionar el intercambio
desigual con la diferenciación en el nivel tecnológico, y por tanto, en los
niveles de capitalización en los procesos productivos y de distribución.
Pero por encima de estas consideraciones más bien académicas, sobresale
la tesis de Preobrazhenski sobre la explotación económica capitalista en el
interior de un país, particularmente la explotación de los trabajadores del
campo y de los pequeños campesinos por la industria, a través de las relaciones
de intercambio mercantil entre la agricultura y la industria. Considerando que
la diferenciación en el nivel tecnológico entre estos dos sectores subsiste con
posterioridad a la toma del poder por parte de las fuerzas revolucionarias, y
que en virtud de este acto el Estado está en condiciones de actuar
consciente-mente sobre los precios, Preobrazhenski hace descansar en la
relación de precios de intercambio agrícola-industríales la fuente más
importante de recursos para la acumulación en el sector socialista de la
economía. Puesto que la estructura particular de la economía soviética en los
años veinte, la pequeña dimensión relativa de la industria socialista con
respecto a la economía campesina, hacía necesario captar a favor de la primera
una parte del excedente generado en la segunda, la misma coyuntura exigía y
posibilitaba que el Estado determinara una política de precios consecuente con
dicho objetivo estratégico.
Preobrazhenski también llama la atención sobre la explotación de las
colonias por parte de las metrópolis a través del intercambio desigual, y
considera que la toma del poder político por las fuerzas revolucionarias
inspiradas en una teoría y en una ideología marxistas, debe llevar a la
eliminación de esta forma de explotación de clase, a través del comercio
internacional, en la medida en que la ex metrópoli colonial
pueda hacer descansar en sus propios recursos la acumulación necesaria
para su desarrollo socialista.
No hay duda de que los planteamientos de Preobrazhenski sobre el
intercambio desigual están llamados a despertar considerable interés en los
países que integran el mundo subdesarrollado, toda vez que esta forma de
explotación internacional juega un papel preponderante en el sistema
neocolonial. No es que constituyan una novedad a esta altura, puesto que el
fenómeno ha sido tratado, entre tanto, por otros economistas. Su importancia
deriva de que fueron expuestos en los albores de la historia de la URSS y, por
tanto, mucho antes del surgimiento económico de los países socialistas en una
etapa en que presentan niveles de desarrollo económico sustancialmente
superiores a los niveles correspondientes a los países subdesarrollados con los
cuales comercian.
A pesar de haber sido publicada por primera vez en 1926, la obra de
Preobrazhenski se caracterizaba por exponer un conjunto de apreciaciones
novedosas y de indudable valor teórico sobre los problemas de la economía en el
período de transición hacia el socialismo y el comunismo. Se explica, pues, que
haya despertado tanto interés entre los economistas marxistas como entre los
economistas burgueses y que haya sido el objeto de una intensa discusión. En
particular, se destaca la polémica que suscitó entre el propio Preobrazhenski y
Bujarin y de la cual la presente edición contiene dos respuestas del primero a
las críticas del segundo sobre esta obra.
ALGUNAS PALABRAS SOBRE EL AUTOR
Intelectual bolchevique en su juventud, Preobrazhenski ingresa al
Partido en 1903 y es ya un líder bolchevique en Siberia y en los Urales en las
inmediaciones posteriores a la Revolución de Febrero de 1917. Después de la
toma del poder por los bolcheviques, actúa en Moscú y en diversos frentes de la
guerra. En la primavera de 1918, cuando el Partido se dividió con relación a la
cuestión de firmar o no firmar el “Tratado de Brest-Litovsk”, Preobrazhenski se
alineó junto a su futuro oponente Bujarin y los llamados «comunistas de
izquierda», que abogaban por una guerra revolucionaria. Lenin tuvo las mayores
dificultades en derrotar las opiniones contrarias a la firma del Tratado.
En 1919 Preobrazhenski fue coautor, junto con Bujarin, del conocido
folleto El ABC del Comunismo, traducido a muchos idiomas y que fue muy popular
en el movimiento comunista internacional.
En 1920 Preobrazhenski trabajaba en los órganos centrales del Partido y
devino uno de sus tres secretarios, siendo los otros dos Krestinski y
Serebriakov. Fueron remplazados en 1921 y Preobrazhenski no volvió nunca más a
ocupar un cargo importante en el Partido.
Desde 1920 su nombre empezó a ser vinculado con el de Trotsky. En
noviembre de 1920 Preobrazhenski lo apoyó en una discusión sobre la
militarización de los sindicatos para las obras de reconstrucción.
Preobrazhenski se transformó en el líder teórico de la oposición trotskista,
mientras que su antiguo compañero Bujarin se desplazó desde la extrema
izquierda hacia la extrema prudencia y devino el principal ideólogo de la
«derecha» durante los años veinte.
En 1924, Preobrazhenski publicó un artículo que contenía los argumentos
centrales de su obra La nueva economía en la revista “Viestnik
Kommunisticheskoi Akademii”2 El libro apareció en 1926. De inmediato sus ideas
despertaron una intensa discusión.
En 1927, Preobrazhenski publicó en la misma revista un artículo
denominado «Equilibrio económico en el sistema de la URSS» donde amplió y
profundizó sus análisis sobre la contradicción implícita en la tarea de
construir el socialismo en la URSS en condiciones de aisla-miento. Ese mismo
año, junto con otros trotskistas, Preobrazhenski fue expulsado del Partido. Fue
readmitido en 1929 pero vuelto a expulsar en 1931 y nuevamente readmitido.
Hizo su última aparición pública en el XVII° Congreso del Partido en
1934, autocriticándose y reconociendo sus errores teóricos ante las
realizaciones económicas y políticas llevadas a cabo (colectivización,
cumplimiento del Primero y Segundo Plan Quinquenal con énfasis especial en la
industria pesada, aumento de la producción industrial y de la productividad del
trabajo). Fue ejecutado en 1937.
2 “El Mensajero de la Academia
Comunista”.
Llama la atención que la política económica de la URSS durante el
período 1928-1934 de hecho refleje en su fundamentación teórica, los resultados
de análisis de Preobrazhenski. Aunque éste no hizo especial énfasis en la
necesidad deja colectivización de los pequeños campesinos, no hay duda de que
la reorganización de las relaciones de producción en el campo, permitió mejorar
la captación de recursos de la agricultura para financiar el desarrollo a
marcha forzada de la industria socialista
PREFACIO A LA PRIMERA EDICIÓN
La obra emprendida por el autor sobre el estudio teórico del sistema
soviético de economía, cuyo comienzo sometemos aquí a la atención de los
lectores, debe comprender dos tomos. El presente volumen constituye la primera
parte, teórica, del primer tomo. La segunda parte, histórica, de ese tomo será
consagrada a un breve recuento de las ideas socialistas y comunistas sobre el
socialismo. Dos capítulos del presente libro, el segundo y el tercero, tan sido
ya publicados en “Viestnik Kommunisticheskoi Akademii”. Es la misma revista que
ha publicado mi respuesta al camarada Bujarin, dada aquí en anexo. Por primera
vez aparecen el primer capítulo, metodológico, así como las respuestas a
algunos de mis otros contradictores.
El primer capítulo y la mitad del segundo de la segunda parte,
histórica, del primer tomo ya han sido publicados. La segunda parte, entera,
será puesta en prensa hacia el otoño del presente año de 1926 si las
circunstancias lo permiten.
El segundo tomo estará consagrado al análisis concreto de la economía
soviética, es decir, a la industria y la agricultura soviéticas, al sistema de
cambio y crédito, a la política económica del Gobierno soviético, así como al
estudio de los gérmenes de cultura socialista. Próximamente publicaremos el
importantísimo capítulo del segundo tomo, que examina el problema del
equilibrio económico en el régimen del capitalismo concreto y en la economía de
la URSS.
El capítulo que trata de la acumulación socialista es reproducido aquí
con pequeñas modificaciones, en las cuales he tenido en cuenta aquellas
objeciones, de importancia secundaria, que estimo justificadas. Además, he
excluido de la exposición el término explotación, cuando éste se refiere al
proceso de enajenación de una parte del plusproducto de la economía privada en
provecho del fondo de acumulación socialista. Después he procedido a trasladar
ciertos materiales del segundo capítulo al tercero en beneficio de una mejor
coherencia en la exposición.
En lo que concierne a las objeciones sobre el fondo, que estimo
injustificadas, igual que los ataques políticos encarnizados a que ha sido
sometido el segundo capítulo del libro, consagrado a la ley de la acumulación
socialista originaria, debo decir lo siguiente, sacando ciertas conclusiones de
la polémica.
Las objeciones de carácter metodológico se reducen en primer lugar al
hecho de que sería imposible, en un estudio de la economía soviética, hacer
abstracción de la política económica del Gobierno soviético, aun cuando se
tratara de hacer abstracción de la misma en una fase determinada del estudio.
Esta primera objeción, si es menester insistir en ella, amenaza, con una lógica
ineluctable e inflexible, con arrojar a los contradictores a las posiciones de
Stammler y su escueta, así como hacia el punto de vista de la sociología
subjetiva de Mijailovski, Karielev, etc. Por otra parte, esa posición no
permite, en el campo de la teoría económica, salir del pantano de la economía
política vulgar, aun cuando se tratara de publicaciones soviéticas, y por ello
mismo impide dar un solo paso en el estudio científico de la economía
soviética.
La segunda objeción metodológica estaba dirigida contra la tesis
desarrollada en el presente libro, según la cual el equilibrio económico se
establece en la economía soviética sobre la base de la lucha entre dos leyes
antagónicas: la ley del valor y la ley de la acumulación socialista originaria,
lo que implica la negación de un regulador único del conjunto del sistema.3
Los que han hecho objeciones en contra de ta cuestión así planteada han
debido, en primer lugar, desenmascarar su concepción naturalista y no histórica
de la ley del valor, cuando confunden la forma de la regulación de los procesos
económicos en un régimen de producción mercantil con el papel regulador que
desempeñan en la economía social los gastos de fuerza de trabajo en general,
papel que esos gastos han desempeñado y desempeñarán en todo sistema de
producción social. En segundo lugar, los contradictores han debido, al
reconocer la ley del valor como regulador único del sistema económico de la
URSS, entrar en una contradicción fundamental tanto con la tesis tocante al
tipo socialista de nuestra economía estatal (por primitivo que sea ese tipo),
como con el hecho evidente para todos de la lucha, en nuestra economía, entre
el principio de la economía mercantil y las tendencias socialistas del
desarrollo. Por eso mismo los contradictores están obligados a acercarse a la
concepción menchevique de nuestra economía, considerada como retoño
históricamente tardío de la economía capitalista.
3 Ver a ese respecto la
relación de los debates de las tres sesiones de la Academia Comunista
consagrados el examen de mi informe sobre el tema: «La ley del valor en la
economía soviética».
La objeción fundamental a la ley de la acumulación socialista originaria
que he formulado y que sólo en este libro se encuentra más completa-mente
expuesta, se reduce a la argumentación siguiente:
«Sí, dicen los contradictores, la acumulación socialista existe entre
nosotros; pero no existe ninguna ley de la acumulación socialista originaria o,
al menos, su existencia no está probada».
En una palabra: la lucha de un principio socialista de planificación con
el mercado existe, pero no hay lucha de la ley del valor contra una ley de la
acumulación socialista originaria. Toda la profundidad irrefutable de esta
objeción puede comprenderse perfectamente, sin palabras superfluas, si se la
expone como lo hizo uno de mis lectores en una conversación particular conmigo.
Mi interlocutor la expresaba así:
«¿A qué hablar de una ley de la acumulación socialista? Lo que el
Gobierno soviético decida acumular, en los límites de lo posible, será
acumulado».
En tal interpretación, la ley de la acumulación socialista se reduce a
la ley del Consejo de Comisarios del Pueblo sobre la acumulación socialista.
Estoy persuadido de que no existe ninguna diferencia de principio entre la
primera y la segunda argumentación. Admitir una subordinación objetiva a leyes
para todos los procesos y tendencias de la economía mercantil que se concentren
en la ley del valor y negar esta subordinación objetiva a leyes para el proceso
de la reproducción socialista ampliada –que se desarrolla de manera antagónica,
enfrentándose a la ley del valor y en lucha con ella y dicta al Gobierno
soviético, por una presión exterior, proporciones determinadas de acumulación
para cada año económico–, equivale a excluir este último proceso de la esfera
de acción de la ley de la causalidad y a abandonar el terreno del determinismo,
es decir, el terreno de toda ciencia en general. Y si las cosas no adoptan un
aspecto tan trágico, entonces mis contradictores deben decir con toda franqueza
y honestidad: «Hay aquí una ley, pero no sabemos cuál es esa ley.» Tal
respuesta, es cierto, sería una pobre recomendación para mis críticos en
materia de comprensión de las leyes del desarrollo de la economía soviética;
pero al menos, en ese caso, no impedirían a los otros trabajar sobre el terreno
de la investigación teórica de esas leyes. Es posible erigir en teoría una suma
dada de conocimientos, pero no se puede crear una teoría del no conocimiento;
no se puede, con una suficiencia limitada o, si se prefiere, con una
suficiencia sin límites, decir frases generales sobre la NEP, sobre la lucha
entre dos principios, etc., fuera de los límites de lo accesible en materia de
análisis de nuestra economía; el tipo de economista soviético vulgar que se
presenta hasta ahora, con ciertas excepciones, como el héroe del día en nuestra
prensa económica, periódica y no periódica, no puede ser considerado como el
tipo normal del economista soviético, marxista y en general bolchevique.
La objeción siguiente concierne a la disparidad de los intercambios con
ta economía privada. Debo reconocer abiertamente ante el lector que hasta ahora
no sé con precisión dónde terminan, en esta objeción, las consideraciones de
orden político, las consideraciones de propaganda y, en fin, simplemente los
malentendidos, y dónde comienza la ignorancia teórica más ordinaria. En el
régimen capitalista, los inter-cambios no equivalentes entre la grande y la
pequeña producción, principalmente entre la industria capitalista y la
agricultura campesina, obligada en cierta medida a adaptarse en el campo de los
precios a las relaciones de valor de la gran agricultura capitalista, aparecen,
para no hablar sino de la esfera de las relaciones y de las causas puramente económicas,
como la expresión pura y simple de una productividad del trabajo más elevada en
la gran producción que en la pequeña. Entre nosotros, los intercambios no
equivalentes están actualmente vinculados, ante todo, al retraso técnico de
nuestra industria, a su más baja productividad del trabajo comparada con la de
los países capitalistas avanzados, al costo más elevado de los productos y, en
fin, a la enajenación, histórica y económicamente inevitable y fundada en la
política de precios, de una parte del plusproducto de la economía privada en
provecho del fondo de acumulación socialista. Por consiguiente, en tanto no
hayamos alcanzado técnicamente al capitalismo y terminado el período de
acumulación socialista originaria, existirá inevitablemente entre nosotros una
disparidad en los intercambios con el campo, tanto por las razones que
condicionan los intercambios no equivalentes en la economía mundial, la cual
determina precios límites a nuestros productos agrícolas, como por causas
específicamente ligadas a las condiciones de existencia del sistema soviético
de economía. Cuando estas últimas causas desaparezcan, las primeras
subsistirán. Esto en primer lugar. Y, en segundo lugar, es precisamente el
desarrollo de la grande y la mediana
agricultura cooperativa y socialista, así como la proporción de los
intercambios entre ésta y la industria estatal, los que impondrán intercambios
no equivalentes a la agricultura no organizada en cooperativas, es decir, por
largo tiempo, a la mayoría del campo; no como consecuencia, precisamente, de la
insuficiencia del desarrollo y el retraso en la industria socialista, sino, al
contrario, a causa del desarrollo del sector cooperativo y socialista de la
agricultura y el aumento de la productividad del trabajo en aquél. En tal
situación, la disparidad de los intercambios no será sino la expresión pura y
simple de la posición desventajosa de la pequeña producción con relación a la
gran producción. Y, a la inversa, la paridad de los intercambios denotaría solamente,
en esas condiciones, un gravamen a la máquina en beneficio del barbecho, el
arado primitivo y el asiatismo agrícola. ¿Es eso lo que proponen mis
contradictores? ¿Y qué proponen de una manera general, fuera de frases
estériles en el espíritu de un populismo rejuvenecido?
En conclusión, quisiera decir dos palabras acerca de la importancia
práctica de un estudio teórico serio de la economía soviética. Los dirigentes
de las empresas capitalistas, lo mismo que los gobiernos capitalistas, pueden
permitirse el lujo de la ignorancia en materia de teoría económica. La ley del
valor, con mayor seguridad que ellos mismos, que sus directores, profesores y
parlamentos, cumple la función de regulador de la economía y corrige todos sus
errores. Entre nosotros, donde existe la economía estatal centralizada del
proletariado y donde la ley del valor es limitada o parcialmente remplazada por
el principio de planificación, la previsión desempeña un papel absoluta-mente
excepcional en comparación con la economía capitalista, y los errores de previsión
pueden tener, por el hecho de la centralización de la dirección, consecuencias
más graves que los errores de los dirigentes de la economía privada, donde las
tendencias en una dirección dada son contrabalanceadas, a menudo, por razón del
juego de la ley de los grandes números, por influencias opuestas. Pero si
gobernar y dirigir correctamente es prever, prever es iluminar con los
proyectores del análisis teórico el campo de los fenómenos en que nacen,
precisamente, las causas cuyas consecuencias deseamos conocer de antemano.
Allí donde la intuición de un genio y de un economista talentoso como
Lenin ya no puede ayudamos con su influencia personal, la teoría aparece como
el único medio seguro, y el más democrático, que asegura a todos los
trabajadores una previsión científica en el campo de la dirección planificada.
De ahí el papel propiamente productivo de una justa teoría científica de la
economía soviética; de ahí también el hecho, todavía insuficientemente
reconocido entre nosotros, de que la socialización de la industria, por su
esencia misma, implique una transferencia de responsabilidad en materia de
dirección económica en provecho de la ciencia, en una medida absolutamente
desconocida hasta el presente en la economía capitalista. El papel creciente
del Gosplan es una prueba directa de ese proceso.
Pero una teoría de la economía soviética no puede ser creada sino como
resultado de un trabajo colectivo. Así, pues, el objetivo de esta obra será ya
ampliamente alcanzado si el presente ensayo incita a otros economistas a
ocuparse del mismo asunto y si, por medio de comunes esfuerzos, hacemos
progresar ese trabajo cuya realización exige imperiosamente el desarrollo de la
economía socialista
PREFACIO DEL AUTOR A LA SEGUNDA EDICIÓN
La primera edición de la primera parte de La Nueva Economía se ha
agotado en unas semanas. El autor no puede, pues, quejarse de una insuficiente
atención por parte del público que lee. Puede todavía menos quejarse del
silencio por parte de sus numerosos adversarios. El libro ha sufrido, durante
dos o tres meses, ataques incesantes por parte de toda una serie de críticos.
Nos ocuparemos en un apéndice de los argumentos más débiles, pero me propongo
responder en este prefacio al más sabio de ellos, el camarada Bujarin.
El camarada Bujarin ha ensayado, en sus artículos publicados en los
números 148, 150 y 153 de “Pravda”, titulados «Una contribución a la cuestión
de la regulación económica en el período de transición», una crítica
sistemática de las proposiciones fundamentales de este libro; al hacerlo,
ofrece aquí o allá de manera positiva su propio punto de vista sobre ciertas
materias, que ha elucidado por su propia cuenta. De una manera general, habría
preferido otra división del trabajo entre nosotros, a saber, que el camarada
Bujarin hubiera ofrecido primero su punto de vista sobre las leyes de
desarrollo de la economía soviética y me hubiera dejado solamente la crítica de
lo que yo considero como incorrecto en su elaboración. Esto habría convenido
mejor a su «estatura» teórica. Pero si no hay otro camino, si el camarada
Bujarin no puede hoy exponer su punto de vista sino polemizando con otros,
dejándoles el riesgo de plantear y resolver nuevos problemas, no hay nada que
hacer ante eso y es necesario conformarse con lo que se nos propone.
La serie de artículos del camarada Bujarin no ha terminado aún. Pero
como no se sabe cuándo terminará y las ideas que expresa allí –acusaciones
polémicas y simples interpretaciones falsas de mi trabajo– han sido ampliamente
divulgadas entre el público, estimo que tengo el derecho de responder a su
crítica, aún incompleta. Mi réplica no es definitiva: será continuada si
Bujarin continúa su crítica.
El camarada Bujarin comienza su crítica con observaciones irónicas sobre
«el porte profesoral» que ha notado en mi trabajo, y recuerda que hemos «sido
advertidos propiamente por Lenin» contra ese género «de erudición» No tengo
ninguna inclinación a la petulancia, pero debo decir que he combatido y
continuaré combatiendo, como todo marxista, en favor del triunfo marxista de la
ciencia económica, contra el punto de vista coyuntural sobre nuestra economía,
sin preocuparme por saber si esta lucha contra la economía vulgar es
considerada por otros como modesta o no. La acusación de arrogancia intelectual
contra Marx y los marxistas es muy vieja. A nosotros ello nos ha sido siempre
completamente indiferente.
En cuanto al desprecio de Lenin por «la erudición», la cita del camarada
Bujarin muestra claramente de qué se trata. A Lenin no le gustaba la
pseudoerudición. Concedía la mayor atención a todo ensayo de investigación
nuevo y serio, sin detenerse en su forma. La modestia de Lenin como teórico,
que todos debemos imitar, no tiene nada que ver con nuestra lucha contra la
economía vulgar. Además, como él era un gran demócrata en sus conocimientos, no
le gustaba la erudición superflua en la terminología; esto era para él oropel
vanidoso que impide a los obreros comprender lo que escribimos, si es posible
decir en el fondo lo mismo de una manera más sencilla. Sin embargo, habría
perdonado de buena gana al autor de La teoría económica del rentista, de El
imperialismo y la economía mundial y de La economía del período de transición
todo lo que le desagradaba en esas obras y aun sus discrepancias sobre puntos
serios, si hubiere podido prever que el camarada Bujarin interpretaría sus
observaciones críticas como una invitación a pasar de esos brillantes trabajos
a las asperezas casuísticas de sus artículos contra el «trotskismo», al vacío
gris y la sequedad de su libro sobre Kautsky. Después de esas observaciones
necesarias, apresurémonos a pasar a las cuestiones en discusión.
El aspecto más característico de toda la crítica del camarada Bujarin es
que no tiene posición propia sobre numerosas e importantes cuestiones
planteadas en mi libro, es decir, posición en el sentido de concepciones
positivas. Si la esterilidad de sus críticas salta de tal manera a la vista es
justamente porque se ha visto obligado a adoptar, a todo lo largo de su
polémica, una apariencia de superioridad respecto a mí para convencer al lector
de que simplifico problemas muy complejos que él, Bujarin, ha examinado
completamente en toda su dificultad. En consecuencia, después de la crítica de
mis teorías, el lector espera con impaciencia que el camarada Bujarin exponga
su propio punto de vista de manera positiva para encontrar allí el reposo de su
conciencia teórica. Por desgracia, no encuentra en la obra del camarada Bujarin
más que una conclusión allí donde la exposición debía comenzar, o bien, toda
suerte de lugares comunes que le son familiares bajo otras formas en los
manuales elementales de marxismo. El camarada Bujarin oculta entre el humo de
su pólvora polémica una quiebra completa cuando trata de comprender las leyes
del desarrollo de la economía soviética. En su trabajo, subestima de manera
lastimosa al lector calificado, tal como el que se ha desarrollado en estos
últimos años, y al que no se puede engañar con frases enredadas sobre la
«revisión del leninismo», si el crítico mismo no tiene nada que proponer.
Lo que acaba de decirse se aplica perfectamente a la cuestión con la
cual el camarada Bujarin comienza su ataque, la del método de investigación de
la regulación de la economía soviética. Como el lector recordará, he declarado
en mi libro que para hacer un análisis científico de la economía soviética, es
necesario, en una cierta etapa de la investigación, abstraerse de la política
del Estado soviético y de su política económica práctica y concentrarse en el
análisis, en su forma pura, de las tendencias del desarrollo de la economía
estatal, de un lado, y de la economía privada, de otro. Explicar la política
económica del Estado por la política económica es un procedimiento desprovisto
de todo sentido, que en lógica se llama ídem per idem (explicar una cosa por sí
misma). Semejante «investigación» no conduce sino a la descripción de hechos
evidentes. Pero en la Unión Soviética los órganos del Estado como organización
política están fusionados a los órganos que orientan la economía estatal; por
consiguiente, además de la necesidad económica que resulta del desarrollo de la
economía estatal de una parte y de la economía privada de otra, la política del
Estado está también influida por factores de carácter puramente político. Por
consiguiente, si se quiere distinguir el papel que desempeña cada uno de esos
factores, hay que comenzar por el más importante, es decir, por la ciencia
económica de la economía estatal y de la economía privada, considerada desde el
punto de vista de sus tendencias fundamentales de desarrollo; después, en una
etapa ulterior de la investigación, analizar la acción de los factores
coyunturales (en particular la resistencia coyuntural de la economía privada al
desarrollo de la economía estatal) a la vez que los factores puramente
políticos.
¿Qué es lo que el camarada Bujarin opone a ese género de actitud
metodológica?
Primero, pretende injustamente que yo propongo hacer abstracción de la
política económica del Estado o de la política general. Yo propongo hacer
abstracción provisionalmente de las dos. En lo que concierne a la política, el
camarada Bujarin parece admitir que es posible, pero no en lo que concierne a
la política económica. Esto muestra solamente que no ha reflexionado
suficientemente sobre el conjunto del problema y que me contradice de manera
ecléctica. Supongamos lector, que firmamos un acuerdo comercial, por ejemplo,
por razones políticas, que no sea provechoso para nuestra economía, acuerdo que
no habríamos firmado sin esas razones, o bien supongamos que por razones
políticas reducimos el impuesto sobre la pequeña producción, aunque
consideraciones económicas no nos impondrían una reducción, sino un aumento del
impuesto. En semejante caso, los actos del Gobierno soviético, dictados por la
situación política, son actos de política económica y tienen consecuencias
económicas a largo plazo. ¿Cómo es posible, en tales casos, hacer abstracción
de la política sin hacer abstracción de la parte de la economía política que se
introduce en la política pura? Las normas de la política «pura» se transforman
en normas de la política económica. Si el camarada Bujarin admite que es
posible hacer abstracción de la política, está obligado entonces a reconocer
que es posible también hacer abstracción de la economía política y sus
elementos constituyentes. Pero... si un pájaro es atrapado por una pata, todo
el pájaro está perdido.
Esta inconsistencia lógica del camarada Bujarin aparece a plena luz si
se examinan sus primeros argumentos contra mi actitud metodológica.
Por una parte escribe:
«Planteemos la cuestión siguiente: ¿en qué se expresa el crecimiento del
principio racional a expensas de lo irracional? La respuesta será sin ninguna
ambigüedad: se expresa en el crecimiento de la planificación ¿Cuál es el
fundamento de esta planificación? La respuesta es también evidente: el
crecimiento de los elementos socialistas-estatales de la economía, el
crecimiento de su influencia y el crecimiento de su peso relativo. ¿En qué,
finalmente, ese proceso halla su expresión desde el punto de vista de las
características especiales de la regulación en el período de transición? En el
hecho de que los reguladores espontáneos son remplazados por reguladores
conscientes, es decir, por la política económica del Estado proletario (que
pierde, a partir de cierto período ulterior, su carácter de clase, es decir, se
niega a sí mismo, dicho de otro modo, deja de ser un Estado).
Hacer abstracción de la política económica del Estado proletario
significa extraer las leyes del período de transición fuera de sus
características históricas, fuera del tránsito de lo “espontáneo” a lo
“consciente”, es decir, haciendo precisamente aquello contra lo cual el
camarada Preobrazhenski protesta con razón».4
Pero, por otra parte, al fin de la discusión de toda esta cuestión el
camarada Bujarin dice:
«De nuestro análisis se desprende que es absurdo hacer abstracción de la
política económica del poder del Estado proletario, pues eso significaría hacer
abstracción del principio de planificación. Pero es completamente admisible, en
un cierto nivel de análisis, hacer abstracción de la influencia
específica-mente política de las fluctuaciones coyunturales de política pura».
De esto resulta que es imposible hacer abstracción de la economía
política, porque ello equivaldría a decir «extraer las leyes del período de
transición... fuera del tránsito de lo espontáneo a lo consciente»; pero que se
puede hacer abstracción de la política, que desborda las normas de la economía
política, aunque el Estado adopte tal o cual decisión según consideraciones
políticas conscientemente. En ese caso la conciencia no nos impide, según
Bujarin, hacer una abstracción. Esta lamentable confusión, en un solo y mismo
artículo, respecto de una cuestión metodológica fundamental, muestra claramente
que mi crítico no atribuye ninguna significación seria a su primer argumento o
que ha tenido miedo de las conclusiones lógicas que se pueden sacar de él, conclusiones
que conducen inevitablemente, como vamos a verlo, a la retirada, después de la
revolución socialista, de todo un campo de fenómenos sociales del dominio de la
investigación materialista-histórica.
4 “Pravda”, n.° 148
Pero veamos esta argumentación desde otro punto de vista. Admitamos que
el Estado soviético proyecta de manera completa-mente consciente un conjunto de
medidas en el campo de la política económica. Nosotros preguntamos: ¿Las
decisiones de aplicar esas medidas y su ejecución práctica están causalmente
condicionadas? Mi crítico responde, a esta pregunta afirmativamente, considera
la opinión opuesta como un «pobre idealismo» y estima que esta cuestión
completamente clara no merece detenerse en ella lo más mínimo.
Pero si la política económica del Estado conscientemente adoptada es
causalmente condicionada, una pregunta se plantea: ¿qué es lo que la condiciona
y cómo ese condicionamiento puede ser descubierto más fácil y correctamente?
¿No nos es posible aquí, para no abandonar las bases del marxismo, distinguir
en esta política económica la influencia de los factores puramente políticos de
la de los factores económicos y después, entre estos últimos, la influencia de
la economía estatal de la de las otras formas económicas?
Mi adversario concede que se puede distinguir la política de la economía
en cierta etapa de la investigación. El carácter consciente de la política
económica adoptada por el Estado soviético no nos impide hacer abstracción de
las influencias puramente políticas que afectan a la actividad económica.
Nosotros preguntamos por qué ese carácter «consciente» de la política no nos
permite apreciar la influencia de las formas no socialistas de la producción
sobre el desarrollo de la economía estatal del proletariado. El camarada
Bujarin no ha dicho nada que pruebe que eso sea imposible, y nosotros podemos
decirle con seguridad que no podrá jamás alegar nada a ese efecto, pues toda su
argumentación ha salido de la nada. No ha ofrecido, por otra parte, ni podrá
ofrecer ningún ejemplo concreto de la imposibilidad de hacer el género de
abstracción que discutimos. En cuanto a nosotros, podemos ofrecer tantos
ejemplos concretos como se quiera para mostrar que el método de análisis de la
regulación de la economía soviética que proponemos es, a la vez, perfectamente
practicable y muy fecundo. Analicemos, por ejemplo, la política económica del
Estado soviético sobre el problema central de la construcción y ejecución de un
plan económico general para un año dado. Supongamos que un cierto nivel de los
salarios, ciertas cantidades de intercambio con la economía privada, ciertas
cantidades de acumulación y la necesidad de respetar ciertas proporciones en la
distribución de las fuerzas productivas entre las ramas, todo tomado en conjunto,
hace posible el desarrollo de la producción estatal a un máximo del 25 %. Es lo
óptimo de la reproducción socialista ampliada y el objetivo normativo de la
actividad económica estatal en el año en cuestión. Pero el Estado está
obligado, por razones políticas, a reducir el gravamen a la pequeña producción
en el país, por ejemplo, en 150 millones de rublos, lo que reduce el nivel de
la acumulación. Esta reducción en la acumulación reduce la posibilidad de
desarrollar la industria, por ejemplo, en un 3 %. Admitamos que tal sea la
reducción total que provoque la política sobre el desarrollo óptimo de la
economía estatal. Pero en la economía también se producen reducciones debidas a
la economía privada. Se advierte, por ejemplo, que los campesinos, prefiriendo
esperar una mejoría de los precios, colocan 200 millones de «puds» menos en el
mercado, es decir, del grano con el cuál se contaba como fondo de exportación.
Resulta de ello que nuestras exportaciones serán inferiores a las que habrían
podido ser y que las importaciones caen por debajo del nivel esperado, en un
monto correspondiente a 250 millones de rublos, de donde resulta una reducción
en nuestras compras de máquinas, algodón, lana, caucho, etc. A consecuencia de
esta oposición de los campesinos al «plan», la economía estatal se ve reducida,
por ejemplo, en un 5 % suplementario. Como resultado, en lugar de un desarrollo
de la industria del 25 % respecto al año precedente, desarrollo que habría sido
perfectamente posible en condiciones favorables, no se obtendrá, primero por
razones políticas y luego gracias a la presión de la economía privada sobre
nosotros, sino un aumento de producción del 17 %. Se puede tener en cuenta todo
esto desde el comienzo, en el momento de la elaboración del plan, o bien, puede
surgir en el momento de la ejecución del plan de desarrollo máximo. Esto no
afecta en nada la esencia de la cuestión, tanto en un caso como en el otro. En
la práctica se producen dos cosas: se encuentra primero una tolerancia
preliminar hacia la resistencia de la economía privada, y una influencia de la
economía privada, sobre la estatal, tolerancia que se expresa en una reducción
de las cifras óptimas del plan de desarrollo de la economía estatal, y
encontramos correcciones, necesitadas por la economía privada, en la
realización práctica del plan dado, y luego, que los resultados de la
resistencia de la economía privada y sus tendencias de desarrollo hayan sido
previstos o que esas resistencias hayan sido descubiertas post factum,
sobreviniendo de manera inesperada. En los dos casos esos resultados actúan
como fuerzas objetivas, cuya influencia puede ser tomada en cuenta más
fácilmente si se comienza el análisis con un estudio del óptimo desarrollo de
la economía estatal.
Por sí mismo este análisis de la tendencia óptima afecta
fundamental-mente, en su base, todos los elementos principales de la economía
soviética. Atribuirme la estupidez de hacer abstracción de la clase obrera como
sujeto de la política económica del. Estado, del carácter campesino del campo,
del aparato económico estatal, y así sucesiva-mente, no es posible sino gracias
a una bancarrota completa de argumentos serios o merced a una bancarrota
ligada, como en mis adversarios, a la ausencia de todo punto de vista razonado
que les sea propio sobre las leyes de desarrollo de la economía soviética y
sobre todos los problemas de que trato positivamente en mi libro. El método de
análisis de la economía soviética que he propuesto y he aplicado en
investigaciones concretas ofrece sus propias dificultades bien reales. Pero
ninguno de mis oponentes, incluido el camarada Bujarin, tiene la menor idea de
esas dificultades reales o no dice una palabra a ese respecto, porque ninguno
de mis críticos ha pensado aparentemente en todas las cuestiones que se
plantean cuando se intenta un estudio concreto de la regulación de nuestro
desarrollo.5
Debo mencionar ahora cierto número de deformaciones completa-mente
inadmisibles de mi punto de vista, por parte de mi crítico. Mi trabajo no está
consagrado al análisis del sistema socialista-mercantil en general (aunque
contiene también algunos elementos de una teoría general) ni a la teoría de la
economía soviética en general, sino a la teoría de la economía de la URSS
durante el período en que opera la ley de la acumulación socialista originaria.
Y esto significa que la investigación no puede hacer jamás abstracción, por
abstracta que sea en su forma general, de la existencia del Poder soviético y
sus órganos, ni del papel del proletariado como sujeto de la economía, ni de la
existencia de la pequeña producción y las tendencias de su desarrollo, ni de la
sustitución, en ciertos límites, de la política de planificación por el método
espontáneo de regulación, con todas las características que se derivan de ese
hecho. Hablo solamente de la necesidad de hacer abstracción, en cierta etapa de
la investigación, de la política económica
5 Trataremos concretamente de
esta cuestión en el segundo volumen.
concreta del Estado soviético, en la medida en que esa política no puede
ser jamás adecuada a las tendencias del desarrollo de la economía estatal,
tomada en su forma pura, que empuja al Estado soviético hacia el nivel óptimo
de la reproducción socialista ampliada. Y esta abstracción de lo que es la
resultante de diversos factores, operada a fin de explicar esta resultante, el
camarada Bujarin la caricaturiza como si se tratara de abstraer las
características estructurales y las formas organizativas del sistema entero.
Escribe él:
«Los órganos económicos de la maquinaria estatal son la cima esencial de
nuestra base específica. Hacer abstracción de ellos significa hacer abstracción
de una característica fundamental de la nueva ciencia económica».
El lector se dará cuenta del malabarismo que ensaya aquí mi crítico
teóricamente indigente. Hablo de la política económica concreta del Estado
soviético, de la cual es necesario hacer abstracción en cierta etapa de la
investigación a fin de explicarla, y el camarada Bujarin me acusa de hacer
abstracción de los fundamentos del sistema mismo. Cualquiera comprende que la
política económica realizada por el sistema y el sistema mismo son dos cosas
completamente diferentes. El sistema permanente con todas sus características
estructurales y todas las líneas fundamentales de desarrollo de sus tendencias
distintivas, mientras que la política puede cambiar, y cambia de hecho, en lo
que concierne a las magnitudes aritméticas y cambia todos los años en ciertos
aspectos. El camarada Bujarin me ha imputado, pues, un absurdo y emprende la
refutación de este absurdo con el sudor de su frente. Es bien evidente que se
entregan a ese género de operaciones no lo hacen porque tienen demasiadas ideas
en la cabeza.
La suma de las objeciones del camarada Bujarin está constituida por tres
elementos: 1. Repetir algunas verdades generales sobre «la muda por las leyes
sociales fuera de su piel histórica», etc., es decir, verdades generales que en
el caso presente no tienen nada que ver con las cuestiones en discusión y que,
junto a objeciones completamente estériles, están allí, sin duda, para dar una
apariencia de solidez a dichas objeciones. (¡En el mismo tiesto que un clavel
se ha encontrado una flor silvestre!) 2. Juicios del género mencionado. El
lector atento, al confrontar el texto de mi libro con la crítica del camarada
Bujarin, podrá rebuscar él mismo todos esos juicios y permitir así que me ocupe
en este prefacio de algo un poco más interesante que un triste trabajo de
detective. 3. Declaraciones según las cuales, al analizar la economía burguesa,
tenemos que ver con una superestructura estatal que no es:
«una parte componente de las relaciones de producción, cuyo estudio es
tarea de la teoría económica: bajo el capitalismo los procesos económicos se
desarrollan espontáneamente, mientras que en la Unión Soviética la base está
fundida con la super-estructura en la economía estatal, y en el campo de la
actividad económica el principio de planificación comienza a eliminar
gradualmente la espontaneidad».
Es éste estrictamente el único argumento del camarada Bujarin, y lo
repite hasta la saciedad en diversas formas; nosotros nos hemos ocupado ya de
ello parcialmente más arriba.
Planteamos la cuestión siguiente a nuestro crítico:
«Si el Estado, como organización política está fundado con los órganos
de orientación de la economía estatal, ¿aplicamos nosotros el método del
materialismo histórico cuando analizamos la sociedad que de él resulta o no?»
Si el camarada Bujarin responde no, esto significa que la teoría,
sociológica de Stammler no es falsa sino con relación a la sociedad burguesa,
pero verdadera cuando se la aplica al Estado socialista y a su economía. En ese
caso, sugiero también al camarada Bujarin que compare su posición con el punto
de vista de Luckács sobre la teoría del materialismo histórico como concepción
que no tiene significación sino para las sociedades de clase, comenzando, por
consiguiente, a perder su significación en el período de transición y para él.
Si la teoría del materialismo histórico puede aplicarse también a la sociedad
socialista y su economía y si la fusión de la organización política con la
organización económica no necesita sino algunas variantes en la forma con que
se aplica el método, de lo cual he hablado un poco en mi libro, entonces el
camarada Bujarin no tiene ninguna diferencia de opinión conmigo.
Entre paréntesis, quisiera observar una vez más aquí que la fusión de la
organización política de la sociedad con una parte de su organización económica
no nos impide en nada analizar separadamente las funciones de una y otra,
distinguiendo los factores políticos de los
factores económicos y tomando la actividad económica como base. No hay
que olvidar, sin embargo, que en nuestro caso la organización económica total
del proletariado no coincide del todo con la base económica de la sociedad
soviética, en la cual más de la mitad de los valores materiales son creados
fuera de la esfera económica del Estado.
El camarada Bujarin elude sin discutir la cuestión que planteo cuando
indico que mis oponentes subestiman la importancia del método del materialismo
histórico en lo que concierne a nuestro sistema, Me reprocha no ver «la
originalidad de la relación entre base y super-estructura que existe bajo el
régimen de la dictadura del proletariado», pero no dice una palabra sobre la
cuestión de saber si esta originalidad permite con razón remplazar el método
sociológico de Marx por algún otro. Y bien... ¿sí o no? Y, de paso, propone mi
crítico, estrangular también el materialismo histórico en todos los casos en
que el Estado juega un papel económico mayor que en la época del dominio del
manchesterismo burgués, por ejemplo, durante ciertos períodos de la historia
feudal de la sociedad, en el capitalismo de Estado del período de la guerra
mundial, en la comuna jesuita del Paraguay, bajo el fascismo, etc.
En cuanto al argumento concerniente al papel del principio social en
nuestra economía, hemos visto ya cuán poco nos impide el carácter consciente de
la política económica estatal distinguir en cierta etapa del análisis lo que es
dictado por las necesidades de la reproducción socialista ampliada de lo que es
impuesto a la política económica estatal por la resistencia de la economía
privada, independientemente del hecho de que esta resistencia haya sido tenida
en cuenta o que el Estado no la advierta sino después de que se ha manifestado
sobre su espalda. Toda esta argumentación del camarada Bujarin no es sino
inconsecuencia o socarronería. Mi crítico reconoce que una política consciente
es una política condicionada. Pero no dice cómo el condicionamiento de esta
política debe ser prácticamente buscado y encontrado. Trata al mismo tiempo de
arrojar la duda sobre mi método al referirse al rechazo del principio de
espontaneidad por el principio consciente, es decir, trata de extraer algunos
argumentos de las fuentes de ese mismo «idealismo barato» contra el cual
considera un lujo superfluo polemizar. Advierto ahora que mi polémica a este
respecto no era del todo superflua.
El camarada Bujarin considera mi postura sobre la cuestión de los
reguladores en la economía soviética como mi «error fundamental y central».
Podemos, pues, esperar que sus argumentos sobre ese punto sean particularmente
concisos y convincentes, Desgraciadamente, la decepción es aquí todavía mayor
que respecto de lo que nuestro crítico tenía que ofrecernos sobre la cuestión
de mi método de estudio.
El camarada Bujarin comienza por aprobar mi crítica de la interpretación
naturalista de la ley del valor de Marx. Esto no es sorprendente si se recuerda
que el camarada Bujarin tiene grandes méritos en ese campo, como economista e
intérprete de Marx. Parece que el acuerdo entre nosotros sobre ese punto tan
importante hubiera debido eliminar una multitud de malentendidos y descartar
todas las objeciones que me han sido hechas por defensores consistentes o
inconsistentes de la concepción naturalista de esta ley. Para asombro mío, el
camarada Bujarin, mientras rechaza la postura de los «naturalistas», no ha
resistido a la tentación de servirse contra mí de ciertos argumentos sacados de
su arsenal, como en el caso del «idealismo barato» antes citado.
¡Es verdad! Mi crítico consagra muchas columnas de su serie para
establecer la idea, devastadora en su novedad, de que es necesario distinguir
entre dos aspectos de la ley del valor: primero, la ley de la proporcionalidad
del gasto de trabajo como fundamento sociológico general, y después, la forma
históricamente transitoria en que esta ley se manifiesta en la producción
mercantil, como valor, forma fetichizada de regulación. Mi crítico recurre a
esta aserción para demostrar la proposición siguiente: al oponerse la ley del
valor, como regulador de la producción mercantil, a la ley de la acumulación
socialista originaria, yo rechazaría no solamente la forma histórica-mente
transitoria de la ley del valor, sino también su base sociológica, a saber, la
ley de la distribución proporcional del trabajo. En mi obra, «el principio de
planificación proletario» sería un principio de lucha no contra el aspecto del
valor de la ley de gasto proporcional del trabajo, sino contra esta ley «en su
esencia material» de alguna manera. Mostraré más adelante qué revoltillo hay en
la objeción de Bujarin sobre «la esencia material» y cómo él mismo da vueltas
en torno a esa esencia material sin decir jamás algo positivo que le sea
propio. Debo rechazar aquí categóricamente la objeción que se me hace, pues el texto
de mi libro no deja lugar a dudas sobre mi verdadero punto de vista relativo a
la naturaleza del conflicto entre las dos leyes; como conocía bien a mis
oponentes y preveía precisamente la objeción que me han hecho, había introducido
una reserva especial en mi libro para indicar que, al colocar la ley de la
acumulación socialista originaria frente a la ley del valor, tenía en mente el
aspecto histórico transitorio de ésta y no la ley del gasto de trabajo. Así,
digo en una nota especialmente escrita en vista de las objeciones de Bujarin:
«Habla aquí, como en la siguiente exposición, de la ley del valor como
regulador espontáneo en el sistema de producción mercantil y
capitalista-mercantil, es decir, como forma histórica-transitoria adoptada en
una sociedad de intercambio por la regulación de la economía gracias al gasto
de trabajo. No hablo de esta regulación en sí misma. Esta regulación existirá
en una sociedad planificada, pero será realizada de otro modo, a saber, sobre
la base de un cálculo directo del tiempo de trabajo».6
Además, el lector puede leer en el capítulo metodológico de mi libro:
«El segundo punto que ha de tenerse en cuenta es, evidente-mente, la
confusión que hay entre la proporcionalidad en la economía, objetivamente
necesaria a todo sistema de producción social que conlleve una división del
trabajo, y el método históricamente transitorio de realización de tal
proporcionalidad sobre la base de la ley del valor. Una correcta distribución
proporcional del trabajo es también necesaria en él capitalismo, en el
socialismo y en nuestro sistema socialista-mercantil actual de economía. ¿Por
qué razón las proporciones que nos son necesarias serían dictadas por la ley
del valor como regulador y no podrían ser obtenidas sino por su intermedio,
dado que la ley del valor está ligada históricamente y, si se quiere, material
y físicamente a la producción mercantil, y es inseparable de ésta como tal,
allí donde domina la propiedad privada de los medios de producción? ¿Por qué la
tesis según la cual encontramos en lo esencial las proporciones necesarias por
nuestros métodos... sería imposible? Y si esto es posible, aunque sólo fuera a
medias, decir que no existe entre nosotros más que un solo regulador equivale a
confundir de la manera
6 La Nueva Economía, 1.a
edición, p. 70.
más grosera la forma de manifestación de esta ley bajo el capitalismo
con esta necesidad económica objetiva de la proporcionalidad, que no existe
solamente para la economía mercantil y socialista-mercantil y no se establece
solamente por los métodos capitalistas».
El camarada Bujarin no ha observado el primero de esos pasajes en mi
libro. Pero más adelante cita el segundo, y está obligado a reconocer que
constituye «una especie de contraobjeción» (¡qué modestia en este
reconocimiento!). Sin embargo, en lugar de aceptar mi advertencia como
destinada a él y poner fin a su oleada de palabras vacías, continúa echando
abajo puertas abiertas a todo lo largo de las ocho columnas de su artículo. Yo
pregunto a quienquiera que esté familiarizado con la economía política marxista
si los dos pasajes citados no bastan para hacer comprender mi punto de vista a
todo economista instruido o aun si uno de ellos no bastaría para las
necesidades de una polémica honesta. Así, cuando hablo del conflicto entre la
ley de la acumulación socialista originaria y la ley del valor, tengo presente
el conflicto entre dos reguladores considerados desde el punto de vista de su
forma histórica (es decir, de los elementos específicos que distinguen a uno de
otro y de las consecuencias económicas de su manifestación en la vida
económica), y en modo alguno desde el punto de vista de la ley del gasto de
trabajo, que constituye el fundamento de esos dos reguladores a la vez y está
en la base de toda regulación económica en general. La cuestión de saber si es
correcto hablar a este respecto de dos reguladores o de dos formas diferentes
bajo las cuales se manifiesta un solo y mismo regulador, es una cuestión
importante para los partidarios de la concepción naturalista de la ley del
valor, pero no para los partidarios de la idea de que la ley del valor es el
regulador de la producción mercantil y desaparece con ésta. Después de todo, la
ley de la proporcionalidad del gasto de trabajo no puede manifestarse en la
producción mercantil sino como la ley del valor, es decir, como ley cuya forma
histórica de manifestación está fundida con su base sociológica, es decir, con
la regulación sobre la base del gasto de trabajo. Solamente a consecuencia de
esta fusión, la ley del valor reproduce precisamente las relaciones de la
economía mercantil, y solamente merced a la existencia y el desarrollo de esas
relaciones puede funcionar como regulador. A la inversa, la desaparición y
disolución de las relaciones de producción de la economía mercantil disuelve la
base misma de la existencia y manifestación de la ley de la proporcionalidad.
Pero eso no deroga el papel regulador de la ley de, la proporcionalidad
en el gasto del trabajo. La ley adopta solamente otra forma, lo mismo que las
relaciones de producción del pueblo adoptan también otra forma.
Cuando el principio de planificación ha triunfado plenamente en las
relaciones de producción comunistas, la regulación sobre la base del gasto de
trabajo adoptará la forma de un cálculo del tiempo de trabajo gastado con un
nivel dado de la técnica en la producción de bienes de las diferentes ramas de
la economía. La distribución de la fuerza de trabajo se efectuará según un plan
racional, cuyo objetivo será satisfacer una cierta cantidad de necesidades
humanas con el gasto de energía más bajo posible, dada una cierta cantidad
disponible de fuerzas productivas. Nuestra posición es, sin embargo, que al
colocar la regulación planificada de la sociedad frente a la ley del valor,
tenemos en la mente la antítesis completa y cumplida del capitalismo, es decir,
la sociedad comunista.
La cuestión que se plantea, entonces es la siguiente: ¿durante el largo
período de transición del capitalismo al comunismo, qué forma debe adoptar la
ley de regulación sobre la base del gasto de trabajo? ¿Prevalecerá alguna otra
ley: un regulador fundado en la misma ley sociológica de proporcionalidad del
gasto de trabajo, asumiendo desde entonces una forma renovada y reproduciendo,
contrariamente a la ley del valor, relaciones de producción socialistas, y no
capitalistas, en una escala ampliada? ¿O no habrá ninguna ley específica para
el período de transición, habiendo perdido la ley del valor su base económica
siendo remplazada por una «ley del gasto de trabajo simple», o dicho de otro
modo, el rechazo de los elementos históricos específicos de la ley del valor
dejará subsistir sus fundamentos sociológicos bajo una forma pura y racional?
El camarada Bujarin adopta el segundo punto de vista. Según él,
«resulta también del análisis de Marx, tan seguramente como 2 y 2 son 4,
que la ley del valor no puede superarse por otra cosa que no sea la ley del
gasto de trabajo, y que toda otra “superación” es puro absurdo».
Examinemos ese problema, tan importante para la comprensión del
desarrollo de la economía política.
Pero ante todo acabemos con la referencia a Marx, de que mi crítico se
sirve no solamente como testimonio de su ignorancia de las leyes de la economía
soviética, sino también para hacer de Marx su sostén cuando dice ignorabimus,
es decir, no podemos saber. En el primer capítulo de la segunda parte de mi
libro, publicado con el título de «Las ideas socialistas y comunistas sobre el
socialismo»,7 he citado los más importantes pasajes de los escritos de Marx y
Engels, donde nuestros maestros hablan de la producción socialista en oposición
al capitalismo. Dicho está que, al establecer esta oposición, establecen
también una oposición entre la ley del valor y la regulación sobre la base del
gasto de trabajo, pero no podían ni querían decir más acerca de ello, por temor
a no ser ya científicos. Marx no ha estudiado las leyes de la economía de
transición bajo su forma concreta; dejó solamente algunas notas generales a ese
respecto, sobre todo en la Crítica del Programa de Gotha, y algunas
observaciones en los proyectos del Manifiesto Comunista, Marx y Engels decían
que la ley del valor es superada, en último análisis, pero no entraban en la
cuestión de la transformación de esta ley en el curso de la época de
transición. La oposición general que hacen entre capitalismo y comunismo no
responde directamente a esta cuestión concreta que nosotros planteamos, porque
partimos de la experiencia de la economía soviética existente en realidad, y
ningún tabú nos prohíbe estudiar sus regulaciones. Después de todo, Marx y
Engels no han hablado concretamente en parte alguna de la lucha entre el plan y
el mercado, del «lazo», en nuestro sentido de la palabra, de la
industrialización o de muchos otros problemas que el desarrollo de la economía
soviética hace surgir. ¿Significa esto que al plantear esos problemas se
contradice al marxismo y que es un «absurdo estridente»?
En cuanto a la esencia de la cuestión, diré esto. La ley de la
proporcionalidad del gasto de trabajo no puede dominar bajo su forma pura sino
en una sociedad en que la lucha de clases es completa y enteramente abolida, en
que la distribución de la fuerza de trabajo de una sociedad sin clases se
efectúa como tarea directa del control por medio y donde la lucha del hombre
contra la naturaleza no es complicada ni mediatizada por ninguna supervivencia
de luchas entre
7 “Viestnik Kommunisticheskoi
Akademii”, n.° 12.
grupos de personas ligados a las supervivencias de la empresa privada.
Es completamente evidente que, durante la época de transición, la ley de
regulación por el tiempo de trabajo no puede manifestarse bajo su forma
clásica, pues el período de transición será llenado por la lucha entre la
producción socialista y la producción mercantil o sus supervivencias, y esto
significa que la distribución de las personas y de los instrumentos de
producción no puede ser plenamente racionalizada ni estar subordinada a la
única tarea de satisfacer las necesidades de la sociedad. La tarea todavía
inconclusa de reconstruir la estructura social misma para colocarla sobre un
fundamento sin clases se mezcla a esta tarea.
¿Qué forma puede adoptar en la economía de transición la ley de la
distribución de las fuerzas productivas sobre la base del gasto de trabajo?
Si la cuestión concierne a una economía de estructura mixta, en la cual
el sector socialista ha logrado desarrollar todas sus ventajas económicas que
le son inherentes sobre la empresa privada y hacer retroceder a ésta automática
y regularmente, como la fábrica capitalista había hecho retroceder al
artesanado en su tiempo, entonces no tengo nada serio que decir, sobre una base
científica, respecto de las regulaciones de este período, pues el objeto del
estudio no existe. No se pueden emitir más que hipótesis. Quizás ta ley de la
distribución proporcional del trabajo revista aquí la forma de una ley de la
acumulación socialista en una expresión mucho más concreta de la que puede
caracterizar ese término en general.
Pero la situación es muy diferente en el sistema económico soviético en
la etapa actual de su desarrollo.
Nosotros conocemos la economía soviética; es un hecho histórico, y
podemos en cierta medida discernir sus leyes de desarrollo en su particularidad
específica. Esto se refiere ante todo al hecho de que el sector socialista de
nuestra economía no ha desarrollado hasta el presente todas sus ventajas sobre
el capitalismo, sino que descansa todavía en una base técnica atrasada,
completamente inadaptada al nivel de su estructura social, históricamente más
progresiva que el capitalismo contemporáneo más avanzado. Ese sector debe
todavía dominar los primeros pasos del socialismo: necesita reunir, en muy
difíciles condiciones y en una situación internacional muy peligrosa, los elementos
básicos de la producción, que permitan batir al capitalismo desde el punto de
vista económico, es decir, gracias a un desarrollo más rápido de sus fuerzas
productivas. Durante ese período, siendo nuestra economía estatal lo que es, la
ley del gasto de trabajo debe adoptar inevitablemente la forma de la ley de la
acumulación socialista originaria; un choque y un conflicto ininterrumpido con
la ley del valor son inherentes a esa forma. Desde ese punto de vista la ley de
la acumulación socialista originaria es la ley de la superación de nuestro
atraso socialista, y no es válida sino para el período de desarrollo en que
nuestra economía estatal no ha logrado un predominio técnico y económico sobre
el capitalismo.
Se puede mostrar por toda la historia de nuestra industria, de la
economía estatal en general y de nuestro comercio exterior en particular, que
la ley de la acumulación socialista originaria es un regulador de la vida
económica, que actúa simultáneamente y en conflicto con la ley del valor (como
regulador de otro sistema de producción social). Como no deseo anticipar aquí,
a ese respecto, la serie de conclusiones del segundo volumen, concreto, de mi
libro, observaré simplemente que podemos, con razón, considerar la ley de la
acumulación socialista originaria como la forma específica bajo la cual la ley
del gasto de trabajo se manifiesta en nuestra economía.
¿Qué es lo que subtiende la distribución de las fuerzas productivas bajo
el capitalismo, es decir, sobre la base de la ley del valor?
Esta distribución del trabajo según la ley del valor asegura, de una
parte, la satisfacción (sobre la base de una economía de producción mercantil)
de un nivel definido de la demanda en una sociedad dada, y de otra parte,
reproduce las relaciones de producción de tipo capitalista, cuyo regulador es
la ley del valor.
La distribución del trabajo en nuestra economía estatal tiene también un
fin objetivo: de una parte, la satisfacción de la demanda social sobre la base
de relaciones de producción de tipo colectivo, y de otra parte la reproducción
en una escala ampliada de ese tipo de relaciones de producción. La reproducción
ampliada de esas relaciones necesita ante todo la acumulación de recursos
materiales con miras a esa reproducción. Es una cuestión de autopreservación
del sistema. Es esta segunda tarea la que condiciona una distribución del
trabajo, diferente de la que se establece por el libre juego de la ley del
valor.
Como resultado, la distribución del trabajo en nuestro sistema de
economía estatal no puede en manera alguna compararse con la que habría tomado
forma si el sistema no hubiera sido construido sino para la satisfacción de la
demanda de los obreros en la producción colectiva, es decir, si el ciclo de
transformación de la economía entera estuviese acabado. Por otra parte, no se
puede comparar dicha distribución con la impuesta por la ley del valor en la
economía mundial. De esa independencia con relación a ambas, de esa falta de
correspondencia, depende la existencia misma de la ley de la acumulación
socialista originaria como regulador de nuestro sistema de economía estatal, en
oposición a la ley del valor.
Pongamos un ejemplo concreto entre un número infinito de ejemplos
posibles, y mostremos cómo actúa ese regulador. En un año dado nuestras
exportaciones totales incluyen, por ejemplo, productos agrícolas por un valor
de 400 millones, e importamos máquinas y materias primas para la industria por
el mismo valor, lo que, con algunas correcciones en cuanto a las importaciones
de herramientas agrícolas, semillas, etc., corresponde a lo que realmente
ocurre. Nuestras importaciones planificadas y la naturaleza de nuestro lugar en
la división mundial del trabajo están sometidos a la ley de la acumulación
socialista originaria. Esto salta a la vista si imaginamos por un instante que
estamos incluidos en la división mundial del trabajo sobre la base de la ley
del valor. En ese caso, por 400 millones de exportaciones, después de la
deducción de pagos y compras en el país, el campesinado podría comprar los
bienes extranjeros mucho más baratos, con un mayor margen de elección, y
nuestra industria no tendría divisas extranjeras para comprar materias primas y
máquinas, ni mercado rural para sus propios productos. Cuando importamos,
digamos, por 100 millones en exportaciones agrícolas 100 millones en máquinas,
cuya producción doméstica nos costaría 200 millones, acumulamos capital básico
para la economía, sobre la base de la acumulación socialista originaria, en
parte a expensas de la pequeña producción. Si importamos materias primas, cuya
producción adicional entre nosotros costaría dos veces más o que no producimos,
remplazamos una parte de nuestro capital circulante simplemente gracias al
juego de esta ley. En conclusión, esta ley, obligándonos a proteger nuestro
mercado interior por nosotros mismos sobre la base de la lucha contra la ley
del valor, nos permite depreciar el antiguo capital básico, caducado
técnicamente, y remplazarlo poco a poco por un capital técnicamente mejor; es
decir, que podemos dar a nuestra economía una nueva base técnica o, en otros
términos, progresar por la vía de la superación de nuestro retraso en relación
con el capitalismo.
Al examinar la distribución del trabajo en la economía estatal de todas
las otras esferas y también hasta un cierto punto la distribución del trabajo
entre el Estado y la economía privada, he aquí lo que se observa en todas
partes: la ley de la proporcionalidad de los gastos de trabajo se aplica
también en nuestro país, pero la existencia de la producción colectiva en el
sector de la economía estatal la obliga a reproducir relaciones de producción
colectivistas en una escala ampliada, a consecuencia de lo cual aparece en
forma de ley de la acumulación socialista originaria. Gracias al funcionamiento
de esta ley, la economía estatal sostiene y desarrolla hoy empresas que de otra
forma estaría obligada a cerrar bajo el imperio de la ley del valor. Esta ley nos
permite obtener, en el intercambio con la economía privada, proporciones que no
podrían existir si fuese la ley del valor la que funcionara (dado el nivel más
elevado de la técnica capitalista). Todo esto resulta de nuestro retraso
económico en relación con el capitalismo y de nuestro aislamiento socialista.
La ley que concentra en sí todas las tendencias a la superación de ese retraso
es la ley de la acumulación socialista originaria. Su regulación nos permite
distribuir nuestras fuerzas productivas de otro modo que bajo el capitalismo
(el camarada Bujarin está obligado a reconocer la justeza de esta afirmación).
Pero no admite que esta diferencia provenga de la ley que he formulado.
¿De qué otra ley proviene, pues? El camarada Bujarin tiene una
respuesta: no existe nada semejante a vuestra ley de la acumulación socialista
originaria; no hay más que un rejuvenecimiento, una sustitución de la ley del
valor por el principio de planificación. Dicho de otro modo, allí donde yo
respondía a una pregunta completamente concreta, formulando una ley
completamente concreta que explica los hechos básicos de nuestra economía, el
camarada Bujarin deja a un lado el problema con una frase general sobre la
superación de la ley del valor por la ley del gasto de trabajo. Pero después de
todo, ese proceso de superación durará decenios en todos los países en que se
opere una transición hacia la organización socialista de la producción, tanto
en los países agrarios como en los altamente industrializados. Y, muy respetado
crítico, vuestro público espera que respondáis a esta pregunta de otro modo que
con una frase general, pues esta respuesta la conoce antes de haber leído
vuestras series de artículos. Desea una respuesta concreta: las tendencias
fundamentales del desarrollo de la economía estatal en nuestra economía
soviética, en el primer decenio de su existencia, ¿están concentradas en una
ley específica o no? Si no, ¿qué otra concepción proponéis?
El camarada Bujarin siente la presión de esta pregunta muda, por parte
de la porción más calificada de su público y no puede esquivarla sin arriesgar
su reputación de teórico. Pero su tentativa de formular una respuesta concreta
le conduce a ta peor bancarrota. La primera parte de su segundo artículo estaba
consagrada a presentar las verdades archiconocidas sobre la ley del valor, y en
la segunda, trata de salir de ello y da vueltas en torno a la respuesta de la
cuestión.
Mi oponente no puede evitar esta pregunta: ¿por qué un solo y mismo
regulador, a saber, la ley de la distribución proporcional del trabajo, debe
dar resultados tan diferentes según diferentes formaciones socioeconómicas?
Escribe en el número 153 de “Pravda”:
«Nosotros nos preguntamos, sin embargo: ¿cómo es posible que un
regulador idéntico en su esencia material acarree fenómenos tan variados en el
campo de las relaciones económicas? ¿Tenemos, de hecho, en diferentes
estructuras sociales, proporciones idénticas entre las diferentes ramas de
producción? ¿La dinámica de estas relaciones y proporciones es la misma?
Finalmente, ¿cuál es el sentido de la enorme diferencia en la tasa del
desarrollo? Observad el desarrollo de la sociedad feudal y la carrera desenfrenada
del capitalismo. O comparad la tasa de desarrollo de la comuna primitiva con el
ritmo de desarrollo en el socialismo. ¿Cuál es la relación de todo esto con el
regulador idéntico en su esencia, la ley del gasto de trabajo?
Parece que preguntas de ese género se plantean también vagamente al
camarada Preobrazhenski. Desea él que nuestro desarrollo sea más rápido que el
del capitalismo. Es un “deseo” completamente legítimo.
Y como nos es necesario, le
parece al camarada Preobrazhenski, una tasa de industrialización más rápida que
antes, una tasa de acumulación más rápida, nos hace falta entonces otra ley».
Esas cuestiones se «plantean vagamente al camarada Preobrazhenski»,
engendrando el «deseo legítimo» de una «industrialización más rápida».
Pero qué cuestiones se plantean vagamente, y a quién, mientras que las
otras no se plantean siquiera, es eso lo que nosotros veremos al analizar la
crítica del camarada Bujarin. En cuanto a su estímulo protector a propósito de
la legitimidad de nuestro deseo de una industrialización más rápida, el método
polémico de mi crítico es vano, pues no resulta en modo alguno del contenido
material del hecho de que ambos estamos ante el tribunal de la opinión pública
para responder a una cuestión relativa a las leyes de desarrollo de la economía
soviética.
A la cuestión mencionada el camarada Bujarin responde: el mecanismo de
regulación transa la cuestión. Como prueba expone, entre otras cosas, la idea
de que la ley del valor misma, aunque sigue siendo la forma de expresión de un
solo y mismo regulador, a saber, la ley del gasto de trabajo, sufre cambios en
el curso de la transición de la producción mercantil simple a la producción
capitalista. Y por ello:
«es absurdo decir que hay dos leyes bajo el capitalismo: la ley del
valor y la ley de los precios de producción; es absurdo decir que una ley
contradice a la otra; pues la ley de los precios de producción es el mecanismo
gracias al cual actúa la ley del valor».8
Primero, por regla general, una analogía no es una prueba. No se trata
aquí aún de una verdadera analogía, pues es imposible sacar, de la comparación
de dos mecanismos diferentes que regulan un solo y mismo sistema económico,
conclusiones respecto a los reguladores de dos sistemas diferentes (o de los
mecanismos de regulación de dos sistemas diferentes, si el camarada Bujarin
prefiere esta terminología). Pues la producción mercantil simple y la
producción mercantil capitalista pertenecen ambas, aunque tengan formas
diferentes, a una sola y misma familia de estructura económica, es decir, a la
producción mercantil, mientras que el sistema mercantil-socialista y la pura
8 “Pravda”, n.° 148.
producción mercantil pertenecen a dos tipos diferentes de estructuras
económicas. Intentar comparar el mecanismo de dos sistemas económicos para
explicar la diferencia de las consecuencias en el campo de la distribución del
trabajo revela, primero, que es imposible separar el mecanismo regulador de la
estructura económica en la cual se presenta. Basta imaginar que la ley del
valor regula la producción socialista o que el principio de planificación
regula la producción socialista o que el principio de planificación regula la
producción mercantil, para comprender que no se puede separar el mecanismo
regulador de la estructura total de una economía dada. Resulta claro al mismo
tiempo que las diferencias en la distribución del trabajo son determinadas por
el hecho de que la satisfacción de la demanda social está subordinada a las
condiciones de existencia del sistema dado, de tal suerte que se tiene una
distribución de las fuerzas productivas que reproduce el sistema dado en toda
su particularidad histórica, además de su función, común a todas las
estructuras económicas, de satisfacer dicha demanda. La empresa capitalista no
puede existir, por regla general, por socialmente necesaria que sea, sin tener
utilidades. Y esto es completamente normal desde el punto de vista de la
reproducción capitalista, pues en ausencia de utilidad media no hay renovación
de la posibilidad de producir con miras a crear plusvalía, de suerte que la
propiedad privada de los instrumentos de producción no tendría ya objeto. Los
capitalistas no instalan máquinas que no aumenten la utilidad, aun si
economizan el trabajo de los obreros y aun si la situación es completamente
irracional desde el punto de vista de la producción que debiera satisfacer la
demanda. En nuestra economía estatal, la distribución del trabajo no podría ser
mantenida si fuera regulada por la ley del valor y no habría ventaja si la ley
del gasto de trabajo actuara en su forma pura, es decir, si la producción para
la demanda prevaleciera. Ello es así porque la distribución del trabajo
existente debe responder también a su función de reproducir el sistema dado (el
de la economía estatal colectiva) en una escala ampliada, a pesar del hecho de
que técnica y económicamente la economía estatal sea hasta el presente más
débil que el capitalismo y que la reproducción ampliada de relaciones de cierto
tipo , ligadas al nivel atrasado de la técnica, es completamente irracional
desde el punto de vista de la ley del valor mundial y no puede tener lugar sino
sobre la base de una lucha contra esta ley.
Luego reducir todo el problema del conflicto de dos reguladores
diferentes, vinculados a sistemas diferentes de reproducción social, y toda la
diferencia en las consecuencias materiales de la regulación, a una diferencia
entre mecanismos de regulación en el sentido estrecho, es decir, en particular,
oponer a la ley del valor un aumento del papel del cálculo planificado como
método de resolución de las tareas que se ofrecen a la economía estatal, es
sustituir un aspecto del problema por el problema en su conjunto. Nosotros
establecemos intercambios no equivalentes con el campo, nos fijamos un plan de
importaciones estricto para reproducir el sistema dado y hacemos mucho más como
consecuencia de las relaciones que existen entre nuestro sistema y el mercado mundial,
y toda la economía privada en general, y no a consecuencia del crecimiento de
los principios de planificación. Sin todas esas medidas nos habríamos hundido
como sistema, hagámoslo funcionar de manera planificada o no planificada, pues
la política que nos llevaría al naufragio sería contraria a la que nos dicta la
ley de la acumulación socialista originaria.
El camarada Bujarin trata de responder a la cuestión concreta referente
a las leyes del desarrollo de la economía estatal con una frase general
respecto a «la ley del valor superándose en una ley del gasto de trabajo», pero
esto muestra claramente que es incapaz de dar una respuesta. Él mismo reconoce
que se ha limitado a «nociones muy generales» y promete hablar un poco más
concretamente después. Esperamos ese día. Vero después de todo lo que he oído
de mi crítico, soy muy escéptico respecto del valor teórico de esas
«bendiciones próximas» que nos promete Bujarin.
Las ideas del camarada Bujarin acerca de que incluso la acumulación
socialista no puede ser opuesta a la ley del valor (sin hablar, supone él, de
la ley de la acumulación socialista originaria) porque nuestra economía se
desarrolla «sobre la base de relaciones de mercado», constituyen un error
teórico flagrante que permitiría construir un verdadero programa del
oportunismo teórico y práctico. Después de todo, si nuestra economía estatal se
desarrolla en condiciones de existencia de relaciones de mercado sin disolverse
en la economía mercantil, ello no es debido más que a una lucha encarnizada por
su supervivencia. Si somos capaces de «acumular», de vender nuestros productos
dos veces más caros que en el extranjero, es porque hemos levantado entre
nosotros y el mercado mundial una barrera que
defendemos por la fuerza, apoyándonos en la capacidad defensiva de
nuestro sistema en su conjunto. Nosotros luchamos por la super-vivencia en el
marco de las relaciones de mercado, pero cambiamos su contenido sobre la base
de esa lucha. No ver las condiciones absoluta-mente excepcionales de nuestra
existencia, representarse la lucha librada bajo diferentes formas contra la
economía privada, incluida la forma de una colaboración forzada con el
capitalismo, como una «leyenda dorada» pacífica, significa chacharear
superficialmente de los fenómenos y sustituir por el filisteísmo el marxismo
revolucionario en el campo de la investigación científica.
Para terminar con este asunto, citaré un pasaje del segundo artículo del
camarada Bujarin, que muestra con cuán poco cuidado ha escrito toda su
refutación de mi libro y que no se ha cuidado de leer hasta el fin lo que
estaba escrito al comienzo. He aquí el pasaje:
«El proceso de superación de la ley del valor por la ley del gasto de
trabajo se expresa en el hecho de que, según el procedimiento del plan, los
“precios” son formados en su función semificticia (es decir, sin ser
determinados desde el punto de vista de las “fluctuaciones barométricas del
mercado”) de manera completamente diferente de cómo se formarían
espontáneamente».9
Yo pregunto: ¿de qué regulación espontánea se trata? Si quiere hablar de
regulación espontánea sobre la base de la ley del valor y en las condiciones de
relaciones capitalistas restauradas, el camarada Bujarin ha reconocido ya
anteriormente que en ese caso las proporciones de la distribución del trabajo
serían diferentes de lo que son en nuestra economía estatal presente. Si quiere
solamente decir que se puede imaginar teóricamente una regulación espontánea en
las condiciones de existencia de la economía estatal, las conclusiones que se
han de sacar deshacen toda la madeja que el camarada Bujarin se ha ingeniado en
tejer en torno a la cuestión esencial. Si la distribución del trabajo debiera
ser la misma bajo la regulación espontánea que bajo la regulación consciente,
ello mostraría solamente que la naturaleza del mecanismo regulatorio en
cuestión, no está en sí misma y que ninguna superación de la ley del valor en
una ley del gasto de trabajo puede explicar por sí misma los aspectos
específicos de la distribución de las fuerzas productivas en nuestro país, con
relación al capitalismo.
9 “Pravda”, n.° 150.
El lector observará que no es ésa la primera contradicción de la crítica
de Bujarin. Y esta contradicción tiene un solo y mismo origen, como la
contradicción ya mencionada. Es el destino de todos los que esperan, aunque no
tengan ninguna concepción propia seriamente meditada, elaborar una en el curso
de su incursión polémica. Sin embargo, las exigencias de la polémica obligan a
la barca crítica de mi oponente a cargarse de toda suerte de argumentos de tipo
ocasional, de los cuales algunos son contradictorios, de manera que el batelero
no sabe ya él mismo, al comienzo de la expedición, con qué carga y a qué orilla
arribará al fin.
El camarada Bujarin, al seguir de cerca la moda, ha dado a su tercer
artículo, consagrado a una crítica más detallada de la ley de la acumulación
socialista originaria, el título de “La ley de la acumulación originaria o ¿por
qué habría que remplazar a Lenin por Preobrazhenski?”
Yo mismo recomiendo calurosamente al lector no remplazar a Lenin por
Preobrazhenski, pero le invito también a no remplazar a Lenin por el Bujarin de
hoy ni por ninguno de los que encubren sus errores con el gran nombre de Lenin.
Como ejemplo típico de la manera con que el camarada Bujarin se sirve de la
herencia de Lenin para sus propios fines, podemos citar su publicación de una
de las numerosas notas escritas por Lenin en los márgenes del libro del
camarada Bujarin, La economía del período de transición. A Lenin no le gustaba
la expresión «acumulación socialista originaria», que calificaba de
«completamente desafortunada», de «fruslería pueril» y «copia de los términos
utilizados por los aprendices». Según la opinión del camarada Bujarin, «esos
rigurosos juicios del líder del proletariado y gran teórico reducen al camarada
Preobrazhenski a la nada».
¿El Preobrazhenski «reducido a nada» estará autorizado a hacer una
observación? La expresión en discusión ha sido utilizada en el libro de Bujarin
escrito durante el período del comunismo de guerra, en que intenta una
interpretación teórica de la economía de este período particular.
La economía del comunismo de guerra fue la de una economía estatal del
tipo consumo de guerra, cuando no acumulábamos, sino que estábamos forzados a
gastar nuestros recursos, tan parsimoniosamente como fuera posible, cuando la
producción no era una reproducción, sino un medio de transformar materias
primas y capital básico en objetos de consumo y medios de defensa. Con relación
a una economía de ese género, el camarada Lenin consideraba la expresión como
completamente fuera de lugar, y tenía razón. Pero, en cuanto a mí, me sirvo de
esa expresión –o de una expresión próxima, «acumulación socialista originaria»–
con relación a nuestra economía de otro período y de una naturaleza diferente,
cuando la acumulación se realiza y constituye el problema central de nuestra
política económica. En consecuencia, la nota de Lenin no se aplica a mí, sino a
Bujarin, que se ha servido de la expresión del camarada Smirnov
«desgraciadamente», puerilmente, según la opinión de Lenin. ¿Cómo el error de
Bujarin ha podido convertirse bruscamente en un error de Preobrazhenski? y
¿cómo la nota de Lenin reduciría a la nada, no la «razón del placer», sino al
autor de un libro que Lenin no podía leer y notas que no ha escrito a su
respecto?
Segunda pregunta: ¿Por qué el camarada Bujarin ha ocultado durante seis
años la nota de Lenin y no la revela sino a los fines de la polémica, y ello
tan torpemente que los fustazos de Lenin caen evidentemente sobre la espalda de
Bujarin y no sobre la mía? Además, ¿por qué el camarada Bujarin no publica
todas las notas redactadas por Lenin sobre La economía del período de
transición? Yo las he leído y las he hallado de gran interés para el público en
general. Y finalmente, ¿por qué no dice al público lo que Lenin pensaba del
libro de Bujarin sobre el materialismo histórico? Conocer la opinión de Lenin
sobre libros a los cuales se ha dado, el papel de manuales sería muy útil a la
vez a los maestros y los alumnos.
Veamos ahora la crítica que hace Bujarin de la ley de la acumulación
socialista originaria. Como de costumbre, comienza por citas familiares de
Marx, en parte también mencionadas por mí, pero no dice claramente lo que
presuntamente prueban. Es característico, sin embargo, que al recordar la
concepción de la ley de la acumulación capitalista originaria según Marx, el
camarada Bujarin haya omitido una cita muy importante para aclarar la cuestión
que se discute. En ese pasaje, el autor de El Capital habla del hecho de que la
acumulación capitalista originaria no implica solamente la separación de los
productores y los medios de producción (es decir, la formación de una clase de
trabajadores asalariados), sino también la acumulación, en manos de
capitalistas particulares, de medios suficientes para poner en pie empresas más
importantes que las del tipo artesanal.10 No por azar el camarada Bujarin
olvida ese pasaje, sino porque subraya fuertemente la pertinencia de mi
analogía.
El camarada Bujarin me ha preguntado por dos veces a qué período se
aplica la ley de la acumulación socialista originaria: a su juicio, la forma en
que defino esa ley permitiría concluir que ésta debe operar en el socialismo
completamente terminado. Está completamente claro, según el texto de mi libro,
que la ley se refiere al período en que el sector socialista no ha alcanzado
todavía el predominio técnico y económico sobre el capitalismo, y, desde luego,
hasta el momento en que el último artesano o el último pequeño productor hayan
desaparecido. Bujarin estima que aun en ese caso «el proceso se extiende sobre
un período muy largo». A este respecto hago observar que el período de
operación de la ley, es decir, el período durante el cual nuestra economía estatal
se halla todavía en la fase de la lucha por una base técnica renovada, en que
la posibilidad de extender sus ventajas sobre el capitalismo depende primero de
la situación internacional, dado que una revolución socialista en Occidente
podría reducir este período al mínimo (lo mismo que un ataque del capitalismo
podría arruinar ese proceso al liquidar todo nuestro sistema); en segundo
lugar, eso depende también en cierta medida de nuestra propia política
económica, es decir, de nuestra mayor o menor determinación para realizar la
industrialización del país.
El camarada Bujarin considera evidentemente como el argumento más fuerte
en mí contra la afirmación de la imposibilidad metodológica de una
determinación óptima para el desarrollo de la economía estatal. Vuelve a ello
constantemente y en ello ejercita a menudo su mente, Pero todas las objeciones
del camarada Bujarin sobre ese punto, como vamos a verlo, están entera y
completamente basadas en su negativa a comprender mi punto de vista.
He aquí la esencia de sus objeciones:
10 El Capital, Tomo I, p. 569,
Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963. Todas las citas de dicha obra
corresponden a esta edición.
«Es imposible determinar el nivel óptimo del desarrollo de la economía
estatal sin analizar la economía privada. Esta ley (la ley de la acumulación
socialista originaria, E. P.), aun si existiera y fuera correctamente
formulada, es una ley de interrelación entre la economía estatal y la economía
privada... Pero una ley de interrelación supone los dos lados de esta
interrelación... si emprendemos la tarea de estudiar la economía de transición
en su particularidad histórica, necesitamos entonces necesaria-mente como
abstracción máxima la sociedad de dos clases, es decir, la combinación de la
industria estatal proletaria y la economía campesina. En el curso de las
primeras etapas del análisis, podemos y aun debemos abstraemos del comercio
exterior (por importante que sea empíricamente), pero es inadmisible abstraemos
de las “terceras partes” al analizar el período de transición; esto
significaría rechazar todos los problemas teóricos específicos. El camarada
Preobrazhenski ve la contradicción, pero no ve la unidad de la economía
nacional; ve la lucha, pero no ve la colaboración».11
Primero, la ley de la acumulación socialista originaria, tal como yo la
formulo, es, en efecto, la ley de la relación entre la economía estatal y la
economía privada (incluida la economía mundial) durante el período dado del
desarrollo de esta economía, y, por consiguiente, también la ley de la
distribución específica de las fuerzas productivas en el interior de la
economía estatal. Es completamente absurdo incriminar mi idea ignorando él
segundo miembro de la interrelación, pues sin ese miembro la ley misma no
existiría. El camarada Bujarin cae en una contradicción consigo mismo cuando
halla, de una parte, que hablo demasiado de la enajenación del plusproducto
sacado de la economía privada y, de otra parte, que he olvidado el segundo
miembro. La segunda ley de nuestra economía, la ley del valor, de la que hablo
no menos que de la ley de la acumulación socialista originaria, es una ley
basada en el segundo miembro de la interrelación, es decir, en la economía
privada, en el interior y él exterior de la URSS. Después de todo, hablo del
análisis de tendencias bajo su forma pura no solamente en la economía estatal,
sino también en la economía privada.
11 “Pravda”, n.° 153
Desde luego, no se puede dar una definición completa de las tendencias
óptimas sin un análisis concreto de las dos, pero el estudio concreto es una
tarea que será cumplida más tarde. En la primera parte de mi trabajo no podía
presentar sino las líneas metodológicas generales de un acceso a este análisis.
Una actitud tan general facilita mucho el análisis concreto. En particular,
solamente gracias a esa aproximación he dado una explicación de la escasez de
bienes como consecuencia de un cambio en la estructura del presupuesto
campesino postrevolucionario12 explicación generalmente aceptada hoy. Pero ello
no es más que un pequeño extracto de la parte de mi libro, que será publicado
como volumen II de La Nueva Economía. Si el camarada Bujarin encuentra que digo
demasiado poco sobre la economía privada, es una objeción a la presentación del
material y no al principio de mi método de investigación.
He dicho ya que no es solamente posible, sino también necesario hacer
abstracción de los accidentes coyunturales que provienen de la economía privada
y estorban el desarrollo óptimo de la economía estatal y cómo al analizar las
tendencias del desarrollo de la economía privada se hace necesario, en cierta
etapa de la investigación, hacer abstracción de los accidentes concretos y
coyunturales que frenan la tendencia de la economía privada a derribar todo el
sistema soviético. Solamente después se puede comprender la economía política
estatal que de ello resulta. Es ridículo pensar o atribuirme el pensamiento de
que yo recomiendo hacer abstracción, en el primer caso, del hecho de que la
economía privada existe (no solamente en el interior) o, en el segundo caso,
del hecho de que la economía estatal existe. Cuando Marx, en cierto momento de
su exposición de la ley del valor, hace abstracción de la influencia de la
oferta y la demanda sobre los precios, suponiendo un equilibrio entre ellos, o
cuando no comienza por examinar la ley de los precios de producción en el
primer volumen de El Capital, sólo los economistas vulgares pueden reprocharle
haber hecho abstracción de la existencia de productores privados
indepen-dientes del mercado y de los fundamentos de la producción capitalista
mercantil en general.
El camarada Bujarin dice que si se adoptara mi método no se podría
elaborar jamás un plan industrial, pues esto significaría no tener en cuenta la
amplitud del mercado campesino, de la cosecha y muchas
12 Véase mi artículo «Notas
económicas» en “Pravda” del 15 de diciembre de 1925.
otras cosas. Este argumento muestra claramente que el camarada Bujarin
no quiere comprender lo que critica. Todo plan industrial específico es un
programa de actividad económica en el cual la resistencia de la economía
privada ha sido ya descontada, en los límites de lo previsible. Pero para tener
en cuenta esta resistencia hay que saber primero cuál es el nivel óptimo del
desarrollo industrial. Antes de hacer una retirada hay que saber de qué
posiciones se retira. En general, analizar la economía, sus tendencias de
desarrollo y sus leyes, y explicar los fenómenos de la vida económica en un
período de tiempo definido, no basta como receta para poner en pie, por
ejemplo, un plan económico para un año dado. Pero ello puede ser muy útil para
realizar esa tarea práctica. Si, por ejemplo, se elabora el plan económico
para, el año siguiente en medio del año, es decir, en la época en que no se
conoce todavía el volumen de la próxima cosecha ni otras muchas cifras
indispensables, se confía en cifras promedio y se preparan dos variantes, una
basada en una cosecha mediana y la otra en una mala cosecha. Y hay muchas otras
magnitudes variables que no se pueden calcular de antemano. Pero, para remediar
esto, conociendo las tendencias del desarrollo de la economía estatal, se puede
calcular lo que sería su producción en las condiciones de interrelación más
favorables entre la economía estatal y la economía privada. De la misma manera,
el conocimiento de la dirección que la economía privada seguiría
espontáneamente sobre la base de sus tendencias internas nos permite prever
dónde están los puntos de resistencia importantes de la economía privada. En
último análisis, no es posible oponer en principio el álgebra del análisis
económico de las tendencias fundamentales de los dos sectores de nuestra
economía a la aritmética de las cifras concretas de un plan particular o de las
cifras de un año particular una vez terminado éste. Pero el argumento del
camarada Bujarin, aun si descartamos los elementos de malentendido o el rechazo
intencional a comprender, oscila en todo caso, en principio, en el interior de
esta oposición.
La afirmación de Bujarin de que yo propongo hacer abstracción de la
economía privada, incluida la economía campesina en general, es, pues,
absolutamente falsa. Todo eso lo que trata es de hacer abstracción, en cierta
etapa del estudio, de la resistencia ocasional de la economía privada; dicho de
otro modo, se trata de analizar las tendencias fundamentales y no de estudiar
un año económico particular cualquiera. No puedo tampoco admitir la proposición
de Bujarin de hacer abstracción del comercio exterior. Y no solamente porque
hacer abstracción de ello en el curso de una investigación específica equivale
a hacer abstracción de la industria textil, del caucho, de la lana y el cuero,
que trabajan en gran medida con materias primas extranjeras, y del problema del
remplazo del capital básico de la industria gracias a la importación de equipo.
(Debo indicar a mi crítico que, si me reprende a propósito del papel de la
cosecha en la compilación del plan industrial, es imposible, desde su propio
punto de vista, hacer esa abstracción, pues sin un plan de importación y
exportación, no es tampoco posible trazar un plan industrial. Sin embargo, no
tengo ningún deseo de mezclarme en esa confusión,13 y rechazo su proposición
por otras razones.) Hacer abstracción del mercado exterior significa hacer
abstracción de nuestras relaciones recíprocas con la economía mundial,
significa hacer abstracción de nuestras relaciones de valor completamente
excepcionales con dicho mercado, del intercambio no equivalente con el mismo,
del monopolio del comercio exterior, de nuestras tasas aduaneras completamente
prohibitivas, de cuya compulsión depende literalmente todo nuestro desarrollo
industrial durante el período de la acumulación socialista originaria. Esto
significaría también hacer abstracción de las condiciones fundamentales de
nuestra existencia, lo que me niego a hacer por mi parte, a despecho de las
acusaciones lanzadas contra mí, y no recomiendo hacerlo a los otros
investigadores.
Mi crítico me reprocha, además, de no hablar sino de lucha entre los dos
sectores de la economía e ignorar su colaboración y la unidad de nuestro
sistema económico en su conjunto. Es un punto muy importante de mi desacuerdo
con el camarada Bujarin y sus numerosos partidarios. Yo me uno a la
declaración, ya examinada en parte, del camarada Bujarin según la cual sería
erróneo oponer la acumulación socialista a la ley del valor.
Comencemos por este último punto. Subyacente a esa afirmación de Bujarin
está el hecho elemental de que nuestra industria, vendiendo sus productos en un
mercado de intercambio de donde proviene también lo esencial de sus materias
primas, se halla en posición de
13 La confusión consiste en la
mezcla que hace el camarada Bujarin del método de cálculo de un plan económico
específico y el método de estudio de los fundamentos de un sistema económico
particular. Se llega así a confundir contradicciones estructurales y su
dinámica con conflictos de carácter coyuntural.
acumular, con un cierto nivel de precios dados. Muy bien. Pero
subyacente a ese hecho elemental hay otro, también elemental y mucho más
inquietante para nosotros, a saber, que los precios corrientes de nuestros
productos son por promedio dos veces más elevados que los precios de los mismos
bienes en el exterior. No acumulamos con tales precios sino porque luchamos
contra la ley del valor mundial, al ligar por la fuerza nuestro mercado
interior a nuestra industria técnicamente atrasada, vendiendo los productos
exportados de nuestra economía campesina a los precios que reinan en el mercado
mundial y subordinando nuestro programa de importaciones a la tarea de acumular
un capital básico y a reconstituir nuestra reserva de capital circulante.
Resulta de ello que no acumulamos sobre la base de la acción de la ley del
valor, o paralelamente a ella, sino sobre la base de una lucha desesperada
contra ella, lo que significa en el campo social el crecimiento de las
contradicciones de clase con los grupos exportadores del campo, es decir, sobre
todo con sus capas acomodadas. Esta contradicción aumentará en tanto la
industria arrastre a la agricultura, y no se atenuará sino en la medida en que
logremos realizar la renovación del equipo técnico de nuestra industria y nuestros
transportes. No ver detrás de nuestro pobre intercambio mercantil doméstico la
sombra enorme y amenazadora del mercado mundial; no ver la delgadez del muro
que separa a éste de la masa de nuestros cien millones de campesinos; no ver la
tensión de toda la situación y la lucha incesante de un sistema contra el otro,
es, en la práctica, adormecer la vigilancia de uno de los protagonistas, a
saber, la clase obrera, oscurecerle los peligros que la amenazan, debilitar su
voluntad con las aldeas a lo Potiomkin, de un optimismo pueril en un momento en
que hay que proseguir la lucha heroica de octubre, pero hoy contra el conjunto
de la economía mundial, en el frente económico, bajo la consigna de la
industrialización del país. Pero todo esto denota también –perdóneseme la
verdad amarga de estas palabras– un pensamiento tan filisteo, una tal estupidez
teórica, que cuando leo las líneas del artículo de Bujarin sobre la armonía
entre la ley del valor y la acumulación socialista, pienso involuntariamente:
«el camarada Bujarin lleva, al mismo tiempo que sus escritos oficiales
corrientes, un diario especial para la posteridad y no ha escrito en particular
esta “idea” que acaba de exponer; todo esto no es evidentemente sino desecho,
¿pero era inevitable por razones de coyuntura?
Hay, desde luego, en nuestra economía una cierta unidad, una cierta
cooperación entre los dos sectores.
Pero no se puede comprender correctamente esta unidad ni esta
cooperación si no se toma como eje del estudio la lucha del sector socialista
contra la economía privada, especialmente en escala mundial, especialmente con
los cuadros capitalistas y kulaks de esta economía en el interior del país con
los cuadros que se desarrollan en kulaks. Si no se contempla más que nuestras
relaciones internas con la economía privada, entonces tenemos a la vez lucha y
colaboración, particularmente si se hace una distinción entre el capital
privado y la economía kulak de una parte y los campesinos medios y pobres de la
otra. Pero, en primer lugar, incluso nuestra colaboración con el campesinado
pobre y medio no es más que una forma especial de la lucha por la socialización
de la agricultura. La parte agraria de nuestro programa es suficientemente
explícita a ese respecto. En segundo lugar, no hay que olvidar el carácter
forzado de nuestra cooperación con la economía privada. También en prisión hay
cooperación. ¿No estamos en una especie de campo de concentración con los
elementos capitalistas de nuestra economía? Somos al mismo tiempo guardianes y
prisioneros. Somos prisioneros, porque estamos separados por el muro
penitenciario del tiempo de la revolución socialista mundial con la cual el
sector socialista de nuestra economía teje cada fibra de su ser. Somos
guardianes, porque la muralla de nuestro monopolio del comercio exterior,
nuestro sistema aduanero, nuestras importaciones planificadas y el nivel
interior de los precios que de ello resultan han disociado nuestra economía
privada de la economía privada mundial hacia la cual tiende aquélla,
especialmente sus formas capitalistas. Es verdad que el campesinado medio es
neutral en esta lucha, con ciertas excepciones, pero esto significa solamente
que no es tanto un protagonista de la lucha como una arena en que los dos
sistemas hostiles se enfrentan. No hablamos siquiera del hecho de que la
orientación de una parte de los campesinos medios hacia la economía de tipo
kulak lleva a éstos a luchar contra el socialismo, mientras que la cooperación
con el campesino medio no es sino una de las formas de la lucha del socialismo
contra la economía privada en general.
Dos palabras más, a propósito de mi abominable felonía, que el camarada
Bujarin ha vituperado tan ruidosamente; yo mismo quedé espantado de ello hasta
que comprendí la importancia de esa bulla.
Advertí que mi delito consistía en no haber advertido al público que yo
había cambiado tres líneas en él segundo capítulo de mi obra en el momento que
preparaba la publicación en forma de libro. De una manera general, un autor
tiene el derecho de mejorar sus obras todas las veces que puede y no está
obligado a informar a sus lectores de cada una de las modificaciones. El autor
no tendría razón si, replicando a una polémica fundada en el texto original de
su obra, se refiriera sin advertencia a un texto corregido. Pero en este caso
no se ha producido nada de eso. En el pasaje de mi trabajo, que ha sido citado,
he hecho lo siguiente. He sustituido el pequeño volumen del mercado campesino
como ejemplo de obstáculo a la acumulación, por la necesidad de reducir los
precios como tarea de nuestro programa, lo que subraya nuestro lazo con la
economía mundial. La diferencia entre nuestros precios y los precios mundiales
es tan grande, que todo un período de la acumulación socialista originaria será
consagrado a alinearlos gracias a una renovación del equipo técnico de nuestra
industria; estaremos obligados a ese alineamiento durante algunos años,
principalmente por el volumen insuficiente del mercado campesino, y durante
todo el período por ta relación de conjunto de nuestros precios con los
mundiales. Si el camarada Bujarin gusta de comparar mis textos y piensa que es
una tarea útil, le recomiendo comparar el texto de la segunda edición con el de
la primera. Hay también cambios, pero considero superfluo hacer la lista de
ellos.
La práctica es la corte suprema de apelación para decidir la verdad o
falsedad de una teoría particular o de un argumento teórico particular. El tema
práctico central del presente libro es el problema de la acumulación en la
economía estatal. La amplitud de miras de mis oponentes se revela sobre todo en
el hecho de que consideran como un ataque contra el bloque obrero-campesino
plantear simplemente ese problema. Pero la Comisión de Planificación Estatal,
elaborando sus programas independientemente de nuestras querellas, sobre la
base de hechos objetivos (que, entre paréntesis, han sido también influidos por
nuestra política económica concreta en los últimos años) ha propuesto un
aumento del 13 % de la producción industrial en 1926-1927, y mucho menor en 1927-1928.
Y esto en una situación de superpoblación agraria creciente y de aumento
de la necesidad de bienes, cuyo déficit llegó a 380 millones en 1925-1926 y se
estima que llegará a elevarse a 500 millones en 1926-1927. El obstáculo a un
crecimiento más rápido de la industria no es la insuficiencia de fuerza de
trabajo y de demanda efectiva, sino sobre todo la insuficiencia del capital
básico y circulante, que implica un potencial de importación insuficiente.
Esas cifras de subproducción industrial, establecidas por la Comisión de
Planificación Estatal, tienen una cierta relación con los resultados de nuestra
discusión, como una nota horriblemente mala que la historia discierne de la
sagacidad teórica de mis oponentes.
Capítulo Primero
SOBRE EL MÉTODO DE ANÁLISIS TEÓRICO
DE LA ECONOMÍA SOVIÉTICA
¿Por qué planteamos la cuestión del método de estudio de la economía
soviética? ¿No es evidente que debemos estudiar nuestra economía dejándonos
guiar por el método marxista?
He aquí por qué conviene plantear esta cuestión. Desde luego, no puede
haber la menor duda de que, para el estudio de nuestra economía, podemos y
debemos atenernos, y nos atendremos, a los principios generales del método
marxista, por lo mismo que se trata del método del materialismo dialéctico en
general y del método sociológico universal de Marx en particular. A la inversa,
por lo mismo que se trata del método empleado por Marx en su economía política,
es decir, del método de estudio de las relaciones de producción del capitalismo
puro, hemos tenido que plantearnos un problema metodológico, porque la materia
misma del estudio cambia de manera esencial. Esta materia cambia cuando se
trata del estudio no solamente de las leyes del desarrollo capitalista, sino
también de las leyes de la degeneración capitalista y de la desaparición de las
relaciones capitalistas de producción, cuando se trata, en fin, del análisis de
las leyes de la nueva economía que remplaza al capitalismo y lleva todos los
estigmas de un tipo de economía mezclado y transitorio. Marx ha estudiado en El
Capital el capitalismo clásico; nosotros tenemos que estudiar una tentativa,
sin duda no muy clásica y quizás aún no clásica en lo absoluto, pero viva, real
e históricamente la primera, de un sistema concreto de economía
socialista-mercantil. No hay más que un solo caso en que ningún problema de
método se plantearía, a saber, si partimos de la hipótesis de que el método de
estudio empleado por Marx en El Capital no es otra cosa que el método sociológico
universal del materialismo histórico y si se encontrara en El Capital un empleo
del método del materialismo histórico que fuera aplicable en su conjunto y su
integridad, sin la menor modificación y sin la menor variante, al estudio de un
sistema cualquiera de economía, tanto del que ha precedido a la economía
mercantil como del que la ha remplazado. Pero tal punto de vista supone a su
vez, como premisa lógica implícita, que la economía
66
LA NUEVA ECONOMÍA
política teórica sea no solamente una ciencia que estudia un sistema
históricamente determinado de relaciones de producción, a saber, el sistema
mercantil y capitalista-mercantil de relaciones de producción, sino también una
ciencia de las relaciones de producción de los hombres en general. Sabemos que
existe entre los marxistas un grupo poco numeroso de partidarios de tal punto
de vista, lo que demuestra principalmente el informe de I. I. Skvortsov a la
Academia Comunista «Del objeto y el método de la economía política». Hay que
considerar, sin embargo, como un hecho absolutamente indiscutible y demostrado
una vez más por los debates sobre el informe del camarada Skvortsov, que tal
opinión sobre la economía política contradice íntegramente todo lo que el mismo
Marx ha escrito sobre el objeto y el método de la economía política; esa
opinión contradice toda su teoría de la economía capitalista expuesta en El
Capital y en sus otras obras, y no se apoya, si se trata de los fundadores del
comunismo científico, sino en dos o tres formulaciones imprecisas de Federico
Engels.
Pero si se considera como establecido que la economía política de Marx
es la ciencia de los sistemas mercantil y capitalista-mercantil de economía,
llegamos entonces a estrechar más de cerca el problema siguiente, el de saber
precisamente si existen o no en el método utilizado por Marx en El Capital
ciertos elementos específicos ligados a las particularidades de la materia
misma del estudio científico. Si se prueba que esos elementos existen, se
plantea entonces la cuestión de saber cuáles son los que se conservan y los que
desaparecen o necesitan modificaciones en el momento del tránsito al análisis
del sistema de economía que remplaza históricamente al capitalismo, sin hablar
de la necesidad de variaciones en el análisis del capitalismo mismo en la fase monopolista
y durante el período de su desintegración.
Es completamente evidente que no podemos responder a todas las
cuestiones que acaban de ser planteadas sin detenernos brevemente en el método
de la economía política de Marx, precisamente bajo el aspecto que nos interesa.
Después de esta incursión metodológica nos será más fácil desenredar igualmente
el problema del método de análisis teórico de la economía soviética.
67
Evgeni Preobrazhenski
EL MÉTODO DE LA ECONOMÍA POLÍTICA DE MARX
Para comprender el método empleado por Marx en El Capital disponemos,
por un lado, de una serie de formulaciones metodológicas directas de Marx,
dispersas en la serie de sus obras, y por otro, de estudios concretos en que la
aplicación de ese método es expuesta en la práctica.
Al abordar el problema del método, Marx ha tratado varias veces de
elucidar las diferencias de aplicación del método dialéctico materialista
debidas a la materia concreta del estudio. Ha indicado, por ejemplo, que el
estudio de los fenómenos de la naturaleza, cuando es imposible observar el
fenómeno en su pureza, puede hacerse gracias a la organización de experimentos
que aseguran tal observación. Por el contrario:
«En el análisis de las formas económicas de nada sirven el microscopio
ni los reactivos químicos. El único medio de que disponemos, en este terreno,
es la capacidad de abstracción».14
Marx formula aquí una primera gran subdivisión de la materia del estudio
que nosotros abordamos por el método dialéctico, es decir, la distinción entre
la naturaleza y la sociedad humana. En lo que concierne a los procesos
sociales, que son imposibles de repetir o reproducir artificialmente, juzgaba
necesario sustituir la fuerza de la abstracción por los resultados posibles de
la experimentación. Hablando con propiedad, el método del materialismo
histórico es un método de investigación altamente abstracto, puesto que, en el
complejo indivisible del organismo social, en que las relaciones directas del
proceso de producción se mezclan muy estrechamente a lo que se ha convenido en
llamar en terminología marxista la «superestructura», el marxista comienza el análisis
a partir del centro evolutivo de toda modificación y de todo movimiento, es
decir, a partir de la economía, separándola de todo lo demás en una fase
deter-minada del estudio, por la fuerza de la abstracción.
Pero las diferencias de aplicación del método no se limitan solamente a
esto. Cuando la base es separada abstractamente de la super-estructura, cuando
llegamos al estudio de esa base, en el caso particular del estudio de la
economía capitalista-mercantil, la materia misma del estudio, las
particularidades específicas de las leyes del
14 Prólogo de El Capital, p. XXI,
Tomo I
68
LA NUEVA ECONOMÍA
sistema propiamente capitalista, exigen un nuevo esfuerzo de
abstracción. El hecho es que las leyes del modo capitalista de producción
poseen sus particularidades. A fin de comprender la ley dialéctica fundamental
del desarrollo de la economía capitalista y su equilibrio en general, hay que
situarse, en primer lugar, por encima de todos los fenómenos del capitalismo
concreto, que impiden comprender esta forma y su movimiento en su aspecto más
puro. Marx escribe a ese respecto:
«Teóricamente se parte del supuesto de que las leyes de la producción
capitalista se desarrollan en estado de pureza. En la realidad, las cosas
ocurren siempre aproximadamente; pero la aproximación es tanto mayor cuanto más
desarrollada se halla la producción capitalista y más se elimina su mezcla y su
entrelazamiento con los vestigios de sistemas económicos anteriores.»15
Por consiguiente, para comprender las leyes del capitalismo es necesario
construir un concepto del capitalismo puro, y esto es precisamente lo que hace
Marx en El Capital. Pero hay más. No se trata aquí todavía, en la utilización
de la abstracción, de la diferencia más característica entre el método
sociológico universal de Marx y el método de su economía política. Las
diferencias se manifiestan después, precisamente cuando aparecen, en el
análisis de ese capitalismo puro, particularidades de esa estructura económica
tales, que exigen un método analítico-abstracto adaptado a las
particula-ridades de la materia del estudio. El capitalismo es un sistema
económico que se presenta, de un lado, como un organismo indivisible, entero,
con lazos mutuos y una dependencia mutua de todas sus partes, y, de otro, como
un sistema no organizado de economía, en el cual el equilibrio se logra de
manera puramente espontánea y en que, al mismo tiempo y gracias también a todo
esto, las relaciones entre los hombres se tornan materiales, son
materializadas. La esencia de las cosas y la forma de su manifestación no
coinciden. Las leyes inmanentes del desarrollo y el equilibrio del sistema se
abren camino a través de una masa de cosas fortuitas, de tendencias,
contrarias, y no pueden ser comprendidas sino sobre la base de un profundo
análisis crítico, y por añadidura abstracto, de la ley fundamental del sistema
y de las formas de su manifestación, es
15 El Capital, Tomo III, p. 183.
Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963.
69
Evgeni Preobrazhenski
decir, por el establecimiento de la ley del valor, de la ley de
autorregulación del mecanismo capitalista. Cuanto más pura es nuestra
representación del capitalismo, más claramente aparecen todas las leyes
inmanentes de su desarrollo y su equilibrio, y tanto más claramente aparecen,
por otra parte, la particularidad del tipo mismo de las regulaciones de la
economía capitalista y el sentido concreto del término «ley» en su aplicación a
esta forma.
«En toda la producción capitalista ocurre lo mismo: la ley general sólo
se impone como una tendencia predominante de un modo muy complicado y
aproximativo, como una media jamás susceptible de ser fijada entre perpetuas
fluctuaciones.»16
Es muy importante observar que Marx no habla aquí del carácter confuso y
aproximativo de la manifestación de una ley cualquiera en su aplicación al
capitalismo concreto, en que todo esto puede ser suscitado por las influencias
alterantes de otras formas económicas, por ejemplo, por las supervivencias del
feudalismo. No; Marx habla precisamente del capitalismo puro, del capitalismo
en general, para cuyo análisis es necesario un segundo grado de abstracción. Se
puede representar al capitalismo en la fase en que ha ganado toda la economía
mundial y en que no existen más que dos clases, los capitalistas y los obreros,
en el campo de la producción, y comprender simultáneamente las leyes del
capitalismo en el espíritu de la economía vulgar, es decir, haciendo pasar por
ciencia los clichés fotográficos de la conciencia pequeñoburguesa, sacados de
las relaciones materializadas de la producción mercantil. Es precisamente el
análisis del capitalismo puro el que revela también bajo su forma más pura ese
rasgo específico de la ley en la economía mercantil, que no es propio sino de
un complejo económico no organizado y al mismo tiempo indivisible y coherente.
De ahí también el método particular de aproximación aplicado al estudio de una
economía de ese tipo. Sólo por el método de la dialéctica analítico-abstracta,
y solamente partiendo de la concepción de la ley del valor, se puede seguir
todo este conjunto complicado y archiconfuso para el investigador. En lo que
concierne a las formas económicas en que la ley del valor no actúa aún y
aquella en que no actuará más, ese segundo grado de abstracción y esa
complicación de los procedimientos metodológicos, característicos de la
economía política de Marx y de El Capital, no son
16 El Capital, Tomo III, p. 183.
Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963.
70
LA NUEVA ECONOMÍA
necesarios. Para esclarecer esta idea, citaré un ejemplo. La ley de la
diferencia entre el precio y el valor, que no es sino una forma bajo la cual se
manifiesta la ley del valor, es inherente de manera constante al sistema
capitalista como tal; deriva de toda la estructura del capitalismo y del método
propio de este último, por el cual se establece el equilibrio en todo el
sistema de la producción, los intercambios y la distribución.
«...Es eso precisamente (es decir, la no coincidencia cuantitativa del
precio y la magnitud del valor, E. P.) lo que la capacita (es decir, a la forma
del precio, E. P.) para ser la forma adecuada de un régimen de producción, en
que la norma sólo puede imponerse como un ciego promedio en medio de toda
ausencia de normas.»17
En presencia de tales condiciones, solamente gracias al descubrimiento
de la ley del valor, como ley central del sistema capitalista-mercantil, se
logra discernir, a través de «toda ausencia de normas», la ley de todo el
sistema y su movimiento, y luego deducir lógicamente de la acción de la ley del
valor todas las categorías de la economía política, como descripciones
científicas de esas relaciones de producción reales del capitalismo que se
forman espontáneamente, en la vida real, en el terreno de acción de esta ley.
Gracias a ese hecho se comprende también plenamente por qué toda esta
construcción tiene el aire, en su exposición, de una construcción a priori,
aunque el mismo Marx haya llegado a ello por el estudio crítico profundo de un
enorme conjunto de hechos. Solamente debido al estudio de los hechos concretos,
combinado con el trabajo de análisis y abstracción del pensamiento, ha
construido su teoría del capitalismo abstracto en que el capitalismo real,
liberado de todo lo que es accidental y no característico de esa forma
económica, vive y se mueve, iluminado por todos los colores del arco iris, y a
su vez toda esta construcción devuelve un haz de luz asombrosamente viva sobre
las relaciones capitalistas del mundo real.
17 El Capital, Tomo I, p. 68.
71
Evgeni Preobrazhenski
ECONOMÍA POLÍTICA Y TECNOLOGÍA SOCIAL
La economía política es la ciencia que saca a la luz las leyes del
desarrollo, el equilibrio y, en parte, la decadencia de los modos de producción
mercantil y capitalista-mercantil como modos de producción no organizados, no
planificados. La antípoda de la producción mercantil es la economía socialista
planificada, que la remplaza históricamente. Pero si, en el campo de la
realidad económica, el producto se opone en la economía planificada a la
mercancía del modo capitalista de producción, si la medida por el tiempo de
trabajo se opone al valor, si la contabilidad de la economía planificada se
opone al mercado en calidad de esfera de manifestación de la ley del valor, si
el plus-producto se opone a la plusvalía, por lo mismo, en el campo de la
ciencia, la economía política cede el puesto a la tecnología social, es decir,
a la ciencia de la producción socialmente garantizada.
«La economía política no es una tecnología», ha dicho Marx en el
prefacio de Contribución a la Crítica de la Economía Política, subrayando con
ello que la economía política tiene como misión directa e inmediata el análisis
de las relaciones no del hombre con la naturaleza, sino de los hombres entre sí
en el proceso de producción (tal como esas relaciones se establecen en la
economía mercantil y capitalista-mercantil). Por eso la economía política no es
una tecnología social. No estudia sino las relaciones de producción de una
forma espontánea y no organizada de economía con los tipos de regulación
propios solamente de esa forma, con los tipos de regulación tal como se
manifiestan sobre la base de la acción de la ley del valor. Y esas regulaciones
se manifiestan aquí de tal manera, que el resultado de la acción de la ley del
valor no coincide en lo absoluto con los objetivos, los planes, los deseos y
las esperanzas de los agentes de la producción en la medida en que sus cálculos
se limitan a un campo económico muy restringido y en que, por razón de la
esencia misma de todo el sistema, esos agentes no pueden prever jamás, a qué
conducirán, por sus consecuencias objetivas finales en el conjunto de la
economía, sus acciones separadas, sus esfuerzos aislados y sus planes
desprovistos de coordinación. Aun el conocimiento de las leyes de la producción
y de los intercambios capitalistas, leyes muy importantes para la comprensión
de lo que ocurrirá en la producción en tales o cuales condiciones, no puede
eliminar el dominio de las cosas sobre los hombres, allí donde existen y actúan
en el campo de la realidad las
72
LA NUEVA ECONOMÍA
relaciones de producción de la economía propiamente capitalista. Si
todos los capitalistas y comerciantes de la economía mundial contemporánea
conocieran a la perfección El Capital de Marx, harían sin duda mejores cálculos
en su campo y quizá menos tonterías, pero no podrían superar en la economía las
consecuencias que resultan de su falta de organización, de su carácter
espontáneo, de la ausencia de previsión de los resultados posibles, de la
ausencia de distribución planificada de las fuerzas productivas. La realidad se
revela más fuerte que el conocimiento. En el Anti-Dühring, Engels, burlándose
de la tentativa de Dühring de conservar la ley del valor en la esfera de la
distribución «en la sociedad futura», escribe:
«El cambio del trabajo por trabajo con arreglo al principio de igualdad
en la tasación, en cuanto tiene algún sentido, o sea, la intercambiabilidad de
productos de igual trabajo social, o lo que es lo mismo, la ley del valor, es
precisamente la ley fundamental por la que se rige la producción de mercancías
y, por lo tanto, la forma suprema de ésta: la producción capitalista. Y esa ley
se impone en la sociedad actual del mismo modo en que sólo pueden imponerse las
leyes económicas en una sociedad de productores privados: se impone como una
ley natural inherente a las cosas mismas y a las condiciones, y que actúa de un
modo ciego, independientemente de la voluntad o los anhelos de los
productores».18
La cuestión que se plantea ahora es saber qué es lo que cambia bajo esa
relación en el momento del tránsito de la sociedad a la producción socialista
plenamente organizada y planificada. ¿Está la actividad de los hombres sometida
a la necesidad y existe también una subordi-nación a leyes en el campo de las
relaciones sociales? Evidentemente, sí. Pensar de otro modo equivaldría a
invertir toda la teoría del materialismo dialéctico y remplazaría por una
concepción del mundo fundada en una recidiva de la filosofía del libre
arbitrio, si no individual al menos colectiva. Si se estima que la libertad es
una necesidad comprendida, la subordinación a leyes en el campo de la actividad
económica y social de los hombre continúa imponéndose también aquí; cambia
solamente la forma. La ley «se abre camino» en economía planificada de modo
distinto que en economía mercantil no organizada. Pero allí también existe una
subordinación a leyes, aunque,
18 F. Engels, Anti-Dühring, p.
380. Editora Política, La Habana, 1963.
73
Evgeni Preobrazhenski
por el hecho de esa diferencia de forma, se ha juzgado necesario
remplazar también el término de ley por otro. Pero del mismo modo que la
subordinación a leyes se abre camino por medios diferentes, cambia también el
método utilizado para comprender esta subordi-nación. El método varía a
consecuencia del cambio de la materia del estudio, y una ciencia social se
sustituye por otra en el momento del tránsito al estudio de esa materia
modificada.
Examinamos de manera más concreta en qué se modifica la materia del
estudio y por qué la economía política debe ceder el puesto a otra ciencia.
Sobre ese asunto encontramos en el Anti-Dühring de Engels la formulación
clásica siguiente, que él mismo y Marx han repetido más de una vez en otros
lugares y que es frecuentemente comprendida, en buena parte, de manera
simplista, por no decir vulgar. Me refiero a la frase célebre concerniente «al
salto al reino de la libertad».
«Al posesionarse la sociedad de los medios de producción cesa la
producción de mercancías, y con ella el imperio del producto sobre los
productores. La anarquía remante en el seno de la producción social deja el
puesto a una organización planificada y consciente. Cesa la lucha por la
existencia individual... Las condiciones de vida que rodean al hombre, y que
hasta ahora la dominaban, pasan, a partir de este instante, bajo su dominio y
su mando, y el hombre, al convertirse en dueño y señor de sus propias reacciones
sociales, se convierte por primera vez en señor consciente y efectivo de la
naturaleza. Las leyes de su propia actividad social, que hasta ahora se alzaban
frente al hombre como leyes naturales extrañas, que lo sometían a su imperio,
son aplicadas ahora por él con pleno conocimiento de causa y, por tanto,
dominadas por él, sometidas a su poderío. La propia organización social de los
hombres, que hasta aquí se le enfrentaba impuesta por la naturaleza y la
historia, es, a partir de ahora, obra libre suya. Los poderes objetivos y
extraños que hasta ahora venían imperando en la historia, se colocan bajo el
dominio del hombre mismo. Sólo desde entonces, éste comienza a trazarse su
historia con plena conciencia de lo que hace. Y, sólo desde entonces, las
causas sociales, puestas en movimiento por él, comienzan a producir
predominantemente y cada vez en mayor medida los efectos apetecidos. Es el
salto de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad.»19
19 Antí-Dühring, pp. 344-345,
edición citada.
74
LA NUEVA ECONOMÍA
En relación con esta cuestión es útil recordar igualmente lo que Marx
decía de la libertad y la necesidad en el campo de la economía:
«el reino de la libertad sólo empieza donde termina el trabajo impuesto
por la necesidad y por la coacción de los fines externos; queda, pues, conforme
a la naturaleza de la cosa, más allá de la órbita de la verdadera producción
material. Así como el salvaje tiene que luchar con la naturaleza para
satisfacer sus necesidades, para encontrar el sustento de su vida y
reproducirla, el hombre civilizado tiene que hacer lo mismo, bajo todas las
formas sociales y bajo todos los posibles sistemas de producción. A medida que
se desarrolla, desarrollándose con él sus necesidades, se extiende este reino
de la necesidad natural, pero al mismo tiempo se extienden también las fuerzas
productivas que satisfacen aquellas necesidades. La libertad en este terreno
sólo puede consistir en que el hombre socializado, los productores asociados,
regulen racionalmente este su intercambio de materias con la naturaleza, lo
pongan bajo su control y lo lleven a cabo con el menor gasto posible de fuerzas
y en las condiciones más adecuadas y más dignas de su naturaleza humana. Pero,
con todo ello, siempre seguirá siendo éste un reino de la necesidad. Al otro
lado de sus fronteras comienza el despliegue de las fuerzas humanas que se
considera como fin en sí, el verdadero reino de la libertad, que sin embargo
sólo puede florecer tomando como base aquel reino de la necesidad. La condición
fundamental para ello es la reducción de la jornada de trabajo.»20
A partir de esas formulaciones de Engels y Marx, el lector puede ver que
ni uno ni otro hablan de la supresión de las «leyes de la actividad social» de
los hombres, aunque la ley histórica concreta del valor, es decir, la ley que
determina la actividad de los agentes de producción en la sociedad mercantil no
organizada, termina su existencia al mismo tiempo que todo ese tipo de
producción. Y Marx hace, además, una observación importante referente al hecho
de que bajo el régimen socialista es justamente el crecimiento de las
necesidades el que debe acrecentar el papel de la necesidad económica de su
satisfacción. Bajo el socialismo y luego bajo el comunismo, las leyes son
adaptadas y utilizadas por los hombres, y desde ese punto de vista los hombres
las dominan. Pero no se puede dominar sino lo que existe; dominar la
20 El Capital, Tomo III, pp.
826-827.
75
Evgeni Preobrazhenski
fuerza del vapor, dominar la acción espontánea de las leyes de la
naturaleza en general, no significa hacer desaparecer esas leyes. Equivale
solamente a dirigir su acción siguiendo un curso deseado. Dicho está que
dominar «las leyes de su actividad social propia» significa al mismo tiempo
modificar de la manera más seria la forma de manifestación de esas leyes. En
eso consiste la diferencia entre las leyes de la producción capitalista y las
regulaciones económico-sociales de la economía socialista planificada. El
determinismo domina allí también, pero las formas de la dependencia, las formas
de la causalidad, son otras. Aclaremos esto con un ejemplo de los más simples y
típicos, en que aparece de la manera más evidente la diferencia de estructura
entre el capitalismo y socialismo, así como la diferencia que de allí se
desprende en las formas de subordinación a leyes.
Admitamos que haya en un país capitalista cualquiera subproducción de
calzado de cuero con relación a la demanda solvente existente en el mercado
para esta mercancía. En primer lugar, la desproporción se revela post factum,
después de la creación de una demanda aumentada. Y no puede ser de otro modo en
ausencia de una organización común de la producción, a falta de cálculo de su
volumen y de la importancia de la demanda solvente. La sociedad capitalista
elabora, es cierto, sus medios paliativos de cálculo de la demanda futura, pero
éstos no hacen sino atenuar las inevitables fluctuaciones de las crisis y no
pueden eliminarlas desde el momento en que el sistema de distribución de las
fuerzas productivas sigue siendo el de la economía mercantil.21 La demanda
acrecentada acarrea un aumento de precio del calzado, y se opera, por
consiguiente, una nueva distribución de la renta nacional, imprevista, que trae
sorpresas agradables para unos y desagradables para otros, con relación a lo
que esta distribución sería en un régimen de equilibrio de la oferta y la
demanda. De ello se desprende una extensión de la producción en las empresas
existentes de la industria del calzado, un aflujo de nuevos capitales y,
llegado el caso, nuevas construcciones. Por el hecho de que la demanda
adicional es tan desconocida como lo era anterior-mente, antes de la
advertencia hecha por el mercado, la producción
21 Bajo el capitalismo
monopolista, que presenta una elevación del grado de organización de la
producción y los intercambios, pero sobre una base que sigue siendo
capitalista, el cálculo de la producción y en parte el de la demanda solvente,
hallan naturalmente mejor su lugar que en el régimen de plena libertad de la
competencia.
76
LA NUEVA ECONOMÍA
suplementaria puede superar y a menudo supera, en efecto, los límites de
la demanda adicional; el período de subproducción cede el puesto a un período
de superproducción, con la caída consiguiente de los precios, nueva
redistribución espontánea de la renta nacional y de los capitales entre las
diferentes ramas de la industria, y así sucesivamente hasta que se produzca una
nueva desproporción, La concordancia de la oferta y la demanda es cosa
fortuita, y la regla es la desproporción en un sentido o en otro. De esta
suerte la ley del valor abre la vía a la necesidad de realizar el equilibrio
entre la producción y la demanda solvente. Las leyes de la actividad social de
los hombres en el campo de la producción se oponen a los agentes de producción
como fuerzas de la naturaleza extrañas, ciegas e incontroladas. Lo mismo que en
un sistema tal es necesario, para obtener el equilibrio en el campo de la
realidad, un regulador propio del sistema considerado, igualmente, para
comprender todo ese mecanismo y las formas de manifestación de la subordinación
a leyes –formas que le son propias a ese sistema–, hacen falta procedimientos
metodológicos particulares.
Examinemos ahora cómo la subordinación a leyes se abrirá un camino en un
caso análogo en la economía, planificada. Admitamos que hay aumento de
necesidades de calzado en la sociedad socialista. En lo esencial, la
estadística de producción socialista tiene en cuenta el caso de antemano sobre
la base de los métodos de cálculo del consumo en masa que serán elaborados bajo
el régimen de esta forma de producción. Aquí el crecimiento de las necesidades,
acarreado por el crecimiento de la población y por otras causas sujetas al
cálculo, será tomado en consideración en el momento de la elaboración del
programa de producción de la industria del calzado con todas las consecuencias
que de ello resulten para las otras ramas. Pero el hecho mismo del crecimiento
de las necesidades de calzado de cuero (por lo mismo que no está sometido a
variación a causa de la influencia consciente de la sociedad misma con miras a
la sustitución de un tipo de calzado por otro o que la producción misma no
acarrea consciente-mente nuevas necesidades) es un hecho objetivo. Los centros
reguladores de la vida económica pueden adaptarse a ese hecho objetivo, pero
sin poder eliminarlo, suprimirlo. Y la adaptación de la producción a las
necesidades en tal rama traerá consigo una serie de medidas necesarias en la
distribución de las fuerzas de trabajo en las
77
Evgeni Preobrazhenski
ramas vecinas, principalmente de ramas tales como la producción de
cuero, que, desde el momento en que se trata de una materia prima proveniente
de la ganadería, depende más que otras ramas de las condiciones naturales. La
dificultad puede ser en parte vencida gracias a la utilización de reservas de
seguridad en la distribución, que jugarán siempre un papel enorme en la
economía planificada. Pero en ese caso como en otro, la subordinación a leyes,
en calidad de hecho exteriormente contingente, subsiste, pero se abre camino de
muy otra manera que en economía mercantil. Se abre camino no por intermedio del
mercado y no informa de su presencia post factum, sino que se manifiesta
previamente, ante factum, con conocimiento de los organismos económicos
reguladores de la sociedad. No son los precios en el mercado después de
producción, sino las columnas de cifras de la contabilidad socialista antes de
producción las que dan la alarma y son llevadas al conocimiento de los centros
planificadores; éstos avisan a los centros económicos dirigentes del
crecimiento de las nuevas necesidades y con ello de esa necesidad económica a
la cual hay que adaptarse. Esta anticipación del proceso regido por leyes
constituye precisamente el primer rasgo característico de la producción
socialista, de la producción nueva, que la distingue de la antigua. Ese rasgo
distintivo se manifiesta también en que la dependencia mutua de las diferentes
partes del mecanismo de producción tampoco se dan a conocer de manera
espontánea, sino en ecuaciones de propor-cionalidad previamente determinadas
por el Gosplan de la economía socialista. El dominio de la sociedad sobre las
fuerzas productivas se realiza como resultado de la previsión de las medidas
tomadas, de sus consecuencias y de las hipótesis necesarias. En presencia de
esta adaptación a la necesidad económica, el número de los métodos y de las
posibilidades de alcanzar ese nuevo objetivo aumenta extra-ordinariamente. Con
las mismas fuerzas de trabajo y los mismos recursos materiales que bajo el régimen
capitalista, se logra aquí un aumento enorme de las posibilidades de maniobra
económica, y esta modificación cualitativa de la estructura económica da ya por
sí sola la posibilidad de elevar cuantitativamente el resultado obtenido.
Pero en la misma medida en que cambia la forma de manifestación de la
necesidad económica y la de la reacción ante ésta de la sociedad organizada en
la esfera de la realidad, se modifican también el método de estudio de esa
necesidad y la adaptación a ésta tanto en el campo
78
LA NUEVA ECONOMÍA
del conocimiento como en el de la ciencia. Con la desaparición de la ley
del valor en el dominio de la realidad económica desaparece igualmente la vieja
economía política. Una nueva ciencia ocupa ahora su lugar, la ciencia de la
previsión de la necesidad económica en economía organizada, la ciencia que
apunta –en materia de producción u otra– a obtener lo que es necesario de la
manera más racional. Es una ciencia muy otra, es la tecnología social, la
ciencia de la producción organizada, del trabajo organizado; la ciencia de un
sistema de relaciones de producción en que las regulaciones de la vida
económica se manifiestan bajo nuevas formas, en que no hay ya «objetivación» de
las relaciones humanas, en que el fetichismo de la mercancía desaparece con la
mercancía, en que la previsión de los resultados de las medidas económicas y el
estudio de lo que será ocupan un lugar no menor sino más bien más importante
que el cálculo de sus consecuencias objetivas, que el análisis de lo que fue y
de las causas de ese estado, pasado. En cierto sentido, esta ciencia se
distingue tanto de la economía política como el mercado de economía mercantil
difiere de los gabinetes de trabajo de los organismos socialistas reguladores,
con su sistema nervioso extremadamente complejo y ramificado de previsión
social y de dirección planificada.
MÉTODO DE ESTUDIO DEL SISTEMA
DE ECONOMÍA SOCIALISTA-MERCANTIL
El asunto se complica para el análisis de un sistema de economía en el
cual actúa un principio de planificación, en los límites que resultan del grado
de organización alcanzado por la economía y en el cual existe al mismo tiempo
la ley del valor con su fuerza de acción exteriormente coercitiva. El estudio
de una economía de ese tipo es sobre todo difícil porque ni una ni otra de las
formas de producción se presentan en su aspecto puro. Si, en la medida en que
se manifiesta en tal sistema, la ley del valor es un viejo conocido,
suficientemente estudiado tanto en el ejemplo del capitalismo clásico como en
sus relaciones con el sistema de producción mercantil simple, en cambio el
principio de planificación es un desconocido que entra por primera vez en la
arena histórica de nuestra economía y no nos descubre sino en parte su rostro.
Pero hay más. La ley del valor y el principio de planificación, cuyas
tendencias fundamentales toman la forma de la ley de la acumulación socialista
originaria, actúan en el interior de un organismo
79
Evgeni Preobrazhenski
económico único, opuesto uno al otro como consecuencia de la victoria de
la Revolución de Octubre. En total, ni una ni otra de esas leyes se manifiestan
bajo su aspecto puro. El Gobierno proletario dirige simultáneamente la economía
estatal y la política interior y exterior, esforzándose en conservar un sistema
dado, reforzarlo y asegurar en su seno la victoria de los principios
socialistas. Al hacerlo, encuentra en el exterior la oposición del capitalismo
mundial y en el interior la de la economía privada. En esas condiciones, la
línea de su política económica y los resultados reales alcanzados en el campo
económico no siguen la línea óptima de la ley de la acumulación socialista
originaria, sino la de una cierta resultante que se establece como consecuencia
de una relación de fuerzas dada entre las tendencias socialistas y las
influencias opuestas que encuentran en su camino.
Es perfectamente evidente que en esas condiciones la simple descripción
de lo que es y de lo que fue no será una ciencia en el verdadero sentido de la
palabra. Marx decía que si la esencia de las cosas y la forma de su
manifestación coincidieran, ninguna ciencia sería necesaria. Esto no se refiere
solamente a los economistas vulgares, que no describen sino superficialmente
los fenómenos de la economía capitalista, sino que constituye también una
advertencia en dirección a toda recidiva futura de la economía vulgar, en
particular en dirección al estudio vulgar de la economía soviética. La
descripción de lo que aparece como resultado de la lucha entre dos principios
en nuestra economía es incapaz de explicar por qué se obtiene éste y no tal
otro resultado, y es incapaz de hacer pronósticos sobre el futuro. Por
consiguiente, es necesario recurrir aquí también al método de estudio
analítico-abstracto y tratar primero de poner en evidencia el aspecto puro de
las tendencias que se enfrentan. Al hacerlo, la dificultad principal no reside
en el análisis de la ley del valor ni siquiera en las alteraciones y
limitaciones de la ley del valor que observamos constantemente en nuestra
economía. En primer lugar, sabemos lo que está sometido entre nosotros a
alteración y limitación. Podemos comparar en el original la fotografía de la
ley del valor con sus alteraciones. Por otro lado, tenemos ya una cierta
experiencia, que ha sido estudiada, de las alteraciones de la ley del valor
bajo el régimen del capitalismo monopolista y, por consiguiente, las
alteraciones posibles de la ley del valor no son todas novedades o sorpresas
para
80
LA NUEVA ECONOMÍA
nosotros. La dificultad principal proviene precisamente de la ley de la
acumulación socialista originaria. Lo más difícil es poner en evidencia bajo
una forma pura las tendencias de esta ley y explicar después todas las
restricciones a que están sometidas las tendencias que le son propias a
consecuencia de la acción de la ley del valor.
Desde que intentamos analizar esta ley en su forma pura y observar sus
desviaciones, se encuentran las dificultades siguientes y, en parte, las
objeciones que expresan esas dificultades. En primer lugar: ¿se puede, de una
manera general, hablar de ley en la aplicación al proceso de acumulación
socialista originaria y no sería más justo hablar simplemente del principio de
planificación y de su acción? En segundo lugar: ¿es posible y correcto analizar
de manera metodológica los efectos de la ley en su forma pura, si se decide
hacer abstracción, en una fase dada del estudio, de la política económica real
del Gobierno soviético, política que le es dictada por el conjunto total de la
coyuntura política? En tercer lugar: ¿se puede, de manera general, partir de la
hipótesis de que dos leyes fundamentales están en lucha en nuestra economía? ¿Y
cuál de ellas es entonces el regulador único de la economía?
Estamos ya, en parte, preparados por la exposición que precede para
responder a la primera pregunta. He aquí en qué sentido podemos hablar de ley
de la acumulación socialista originaria. Llamamos ley, en el sentido
sociológico general, a la permanencia de las consecuencias en el momento de la
reproducción de causas relativamente idénticas y de una coyuntura social que es
relativamente la misma (no hay en la naturaleza ni, con mayor razón, en la
sociedad repeticiones absolutas). La ley en el sentido económico es la
permanencia de consecuencias que resultan de la reproducción de un tipo
determinado de relaciones de producción. Ejemplo: la ley del valor se
manifiesta dondequiera que aparezcan las relaciones de producción de la
economía mercantil y capitalista-mercantil. Admitamos ahora que un principio de
planificación se manifiesta en la sociedad. ¿La ley de causalidad deja entonces
de actuar? ¿La subordinación a leyes es eliminada de la esfera de las
relaciones de producción? Más arriba hemos respondido ya negativa-mente a esta
pregunta. La subordinación a leyes se establece solamente de manera diferente,
se abre primero un camino hacia nuestro conocimiento: lo que es económicamente
necesario es concebido de antemano, tomado en cuenta previamente y llevado
81
Evgeni Preobrazhenski
después a una acción organizada en una dirección dada. Toda la
diferencia está ahí.22 Pero una vez que un nuevo tipo de relaciones de
producción comienza a abrirse camino, debe ante todo y sobre todo luchar por su
existencia y su consolidación, lo que, en nuestra economía, en las condiciones
del desarrollo de las relaciones capitalistas en el interior y en presencia del
cerco capitalista en el exterior, implica la lucha por la existencia por la vía
de la reproducción de las relaciones socialistas, cada vez en una escala
ampliada. Pero luchar por la reproducción de relaciones de un tipo dado, es
decir, de tipo socialista, significa luchar, en primer lugar polla extensión de
los medios de producción que pertenecen al Gobierno proletario; en segundo
lugar, por la unión de un número cada vez mayor de obreros en torno de esos
medios, y en tercer lugar, por la elevación de la productividad del trabajo en
todo el sistema. Y esto significa también luchar por la reproducción ampliada
del sistema dado, luchar por el máximo de acumulación socialista originaria.
Todo el conjunto de las tendencias, conscientes y semiconscientes, dirigidas
hacia el desarrollo máximo de la acumulación socialista originaria constituye
justamente esa necesidad económica, esa ley coercitiva de existencia y
crecimiento de todo el sistema, que reproduce incesantemente su
22 En su Programa de Economía
Política, el camarada A. Kohn escribe respecto al método de estudio de la
economía soviética: «Estimamos necesario, sin embargo, subrayar categóricamente
que, al introducir en el curso de teoría del capitalismo la cuestión de la
refracción de las leyes capitalistas en la economía soviética, no vamos, de
paso, a estudiar, con la economía política, la teoría de la economía soviética
en transición o, con mayor razón, la política económica de las autoridades
soviéticas. Nos damos cuenta claramente de que en nuestra economía se
encuentran reunidos principios de causalidad y principios de finalidad y que
así el estudio de la economía soviética centrado en ta causalidad, es
imposible. Comprendemos muy bien que en el momento del estudio teórico de
nuestra economía los problemas fundamentales de economía política (problemas
del valor, de la moneda, de la plusvalía, de la renta, etc.) son modificados en
un grado importante y relegados por el problema fundamental y nuevo de los
principios de espontaneidad y planificación en nuestra economía. No olvidamos
un instante que nuestra economía es una economía de transición por su
naturaleza misma y que así se modifican al mismo tiempo los procedimientos
metodológicos del estudio» (pp. 19-20).
El autor tiene absoluta razón para decir que el análisis teórico de
nuestra economía, como economía de un tipo particular, comparado con el
capitalismo, exige aún una modificación de los procedimientos metodológicos del
estudio, y esto es precisamente lo que este libro tiende a demostrar. Pero se.
equivoca ora en la formulación sola, ora incluso sobre el fondo, cuando habla
de la imposibilidad «de un estudio de la economía soviética centrado en la
causalidad». En tanto la ley de la causalidad esté en vigor para la economía
planificada –sólo cambian la forma de su manifestación y la forma de
determinación de la voluntad en calidad de voluntad colectiva consciente–, el
estudio de las regulaciones de nuestra economía, lo mismo que todo estudio
científico en general, será un estudio centrado en la causalidad, siendo
modificados solamente los procedimientos metodológicos del estudio. Observaré a
ese respecto que el autor habría debido cambiar en su «programa» su formulación
relativa a la renta del suelo en el régimen soviético sustituyendo una
proposición interrogativa por una proposición afirmativa.
82
LA NUEVA ECONOMÍA
presión sobre la conciencia colectiva de los productores de la economía
estatal y los conduce a repetir acciones propias para realizar la acumulación
óptima en una coyuntura dada. La necesidad de esas acciones, aunque sea
conscientemente advertida, no lo es siempre con la claridad deseada,23 pero
esto cambia la forma de manifestación de la ley sin suprimirla. Si reconocemos
mal la necesidad de actuar y por añadidura actuar con una rapidez y una energía
crecientes en el espíritu de la acumulación, seremos estimulados por hechos
tales como el desarrollo de la escasez de mercancías y de la acumulación
privada y por la amenaza que constituye para la existencia de todo el sistema
la debilidad de nuestra base industrial y militar, etc. En esas condiciones,
las objeciones al término de «ley», fundadas solamente en el hecho de que la
forma de su manifestación cambia y se modifica el carácter por el cual
determina la voluntad de los hombres, se reduciría a un doctrinarismo
filológico sin más.
Podemos, pues, hablar de ley de la acumulación socialista originaria. Y
no solamente podemos, sino que debemos si queremos hacer avanzar el estudio
científico de nuestra economía y sus particularidades.
Se invoca a menudo el argumento siguiente. ¿Por qué hablar de una ley
cualquiera cuando se trata simplemente de lucha del principio planificado,
socialista, con el elemento natural de la economía mercantil? Es la objeción
del que se niega obstinadamente a bañarse creyendo que todo está bien como
está. Reconozco que, para los que no desean ocuparse del análisis científico de
nuestra economía y de la fase actual de desarrollo del principio socialista en
nuestra economía, es posible mantenerse ahí. Pero todos los que quieran marchar
adelante convendrán en que la frase referente a la lucha del principio
planificado y socialista con el elemento natural de la producción mercantil no
enseña nada sobre la originalidad, las particularidades y los rasgos
específicos del período propiamente actual de esta lucha. Esta frase,
cualesquiera que sean las formas bajo las cuales se nos presente, es una
fórmula vacía y sin contenido si no introducimos en ella un contenido concreto
ligado al período actual y a la presente
23 El tránsito a una regulación
conscientemente planificada está ligado a la vez históricamente y de manera
inmanente a la socialización de los medios de producción, y esta regulación,
después de la revolución socialista, es inevitable. Sin embargo, una muy otra
cuestión es saber en qué grado es «consciente». Aun si fuera cierto que la
noción de «ley» desaparece allí donde se manifiesta la dirección consciente de
la producción, entonces podríamos hablar de ley por el solo hecho de que
conciencia y previsión aparecen todavía entre nosotros como bastante modestas.
83
Evgeni Preobrazhenski
coyuntura económico-social de existencia de la economía estatal. La
lucha contra la economía mercantil la hemos librado bajo el comunismo de
guerra, la libramos actualmente y la libraremos durante diez o veinte años y
aun, puede admitirse, treinta años; la libraremos aun cuando nuestra industria
haya echado sus bases técnicas nuevas y constituya quizás uno de los sectores
del sistema de producción socialista de Europa, etc. ¿Sería, pues, posible que
con respecto a coyunturas tan diversas, relaciones técnicas de producción tan
variadas y sistemas tan diferentes de relaciones de la economía organizada y la
economía privada, nos contentáramos con una frase general, siempre la misma,
que con toda evidencia seguirá siendo válida durante veinte ó cuarenta años, pero
que, precisamente por ese hecho, estará siempre bastante vacía de contenido?
A la inversa, desde que tratamos de pasar de esta frase general a un
análisis más concreto de las leyes de un período dado de nuestra economía,
desde que nos planteamos concretamente la cuestión de saber lo que significa la
lucha del principio de planificación contra la economía mercantil en el curso
de un período histórico dado, caemos inmediatamente en el problema de la
acumulación socialista originaria, en todas las regulaciones de ese proceso; el
contenido de nuestro análisis se enriquece con una serie de generalizaciones
que permiten discernir también los contornos fundamentales de la ley inmanente
propia de una fase dada de la lucha del principio de planificación con la ley
del valor, y separar lo particular de lo general, lo secundario de lo esencial,
la forma de manifestación de la esencia de las cosas.
La segunda objeción de carácter metodológico, ya emitida por algunos
oponentes después de la aparición en la prensa del segundo capítulo del
presente libro, consiste en indicar que es incorrecto separar, en el análisis,
la economía y la política del Estado soviético. Esta objeción no se justifica
en lo absoluto y va contra el método sociológico universal de Marx y la teoría
del materialismo histórico. No es en modo alguno un azar que Marx haya hecho
preceder su primera obra económica importante, es decir, Contribución a la
Crítica de la Economía Política, de un prefacio en el cual ha expuesto su
método sociológico universal. Con su teoría de «la base y la superestructura»
ha fundado su derecho a hacer comenzar el análisis de la sociedad capitalista
por la «base», aunque una superestructura determinada se suponga deba existir
siempre, además, como hecho social objetivo. En teoría económica la
84
LA NUEVA ECONOMÍA
abstracción comienza desde el principio del estudio, desde el momento en
que esta ciencia comienza precisamente a partir de la base. Esto no aminora el
papel de la superestructura ni la importancia del estudio de este aspecto de
las relaciones humanas en economía mercantil; pero sólo por ahí comienza el
estudio. En el esbozo inicial del plan de El Capital, Marx había hecho figurar
una sección concerniente al Estado, pero se proponía tratar esta cuestión
ulteriormente, después del análisis de la economía capitalista en el sentido
propio de la palabra.
¿Por qué sería imposible, en el análisis teórico de la economía
soviética, comenzar igualmente por la base? Sobre ese punto mis oponentes
abandonan, sin reconocerlo, el método marxista para pasar al campo del bien
conocido sociólogo alemán Stammler y su escuela, y tienden también la mano a
todos los otros críticos del marxismo que atacaban la teoría del materialismo
histórico justamente por su postura metodológica de principio, que consiste en
plantear la cuestión de la base y la superestructura. He aquí lo que escribe
Stammler sobre el asunto que nos interesa. En su obra Economía y Derecho,
escribe que en economía política un punto de vista puramente económico es
imposible en sí, independientemente de una ley social perfectamente definida
que lógicamente le condiciona. Levantándose contra el hecho de separar, en el
estudio, la política y el derecho de la economía, y pronunciándose en
particular contra el prefacio de Marx a la obra Contribución a la Crítica de la
Economía Política, Stammler escribe:
«Será, pues, correcto oponer no la vida económica, la producción
económica o la estructura, etc., de una parte, al orden legal y la
superestructura política, de otra, sino la materia de la vida social y su
forma, como dos elementos de un solo y mismo producto de la realidad social del
hombre».24
Y añade:
«El que quiera tomar como objeto inmediato de su estudio científico la
economía social en su carácter de cooperación sometida a ciertos lazos, no
podrá exponer ni fundar ninguna tesis científica y social que no suponga
previamente una regulación determinada de la vida social. Todo estudio sobre la
24 Rudolf Stammler, Wirtschaft
und Recht, Leipzig, 1906, p. 324.
85
Evgeni Preobrazhenski
renta del suelo, el salario, el interés del capital o la ganancia
patronal depende igualmente de la existencia de un orden legal concreto, lo
mismo que todo estudio sobre la moneda, el crédito, la formación de los precios
o cualquier otro capítulo de la economía política».25
Se podrían hacer sin duda otras citas igualmente características. Es
perfectamente evidente que mis oponentes se hallarían en compañía, muy
desagradable para ellos, de ese crítico notorio del marxismo y de su escuela,
de Birman, Dill, A. Hesse, P. Stoltsman, y de los sociólogos subjetivistas
rusos, a los cuales corren el riesgo de acercarse incluso en otros puntos.
En apoyo de la justeza de sus objeciones, mis oponentes mencionan una
fórmula que Lenin gustaba de repetir y según la cual la política es economía
concentrada. Solamente que no muestran cómo, para comprender esta
concentración, se puede evitar el análisis previo de lo que se concentra, en la
política.26 Por lo demás, si les place comenzar el análisis allí donde
habitualmente los marxistas lo terminan, que traten de hacerlo. Les escuchamos.
En cuanto a mí, permanezco en el terreno del marxismo y estimo que hay que
comenzar el análisis a partir de la base, a partir de la acción de las leyes de
la vida económica, y explicar después la necesidad de una política determinada.
Así procedía Marx, tanto para el análisis de la producción capitalista, como
para el de todo el sistema de la sociedad capitalista. Respondiendo a las
objeciones que le habían sido hechas realmente y a las objeciones posibles
respecto a El Capital, escribía en una carta de 11 de julio de 1868 a Kugelman:
«La tarea de la ciencia consiste concretamente en explicar cómo se
manifiesta la ley del valor. Por tanto, si se quisiera “explicar” de golpe
todos los fenómenos que aparentemente se contradicen con la ley, habría que
hacer que la ciencia antecediese a la ciencia».
Mis oponentes se estiman visiblemente más fuertes que Marx y creen
posible «hacer que la ciencia antecediese a la ciencia».
25 Wirtschaft und Recht, Leipzig,
1906, 2.a ed., p. 192.
26 El hecho de indicar que entre
nosotros el Gobierno dirige el sector socialista de la economía y es
inseparable de éste, prueba solamente que hay aquí más dificultades para la
abstracción que bajo el capitalismo, pero no va en lo más mínimo en contra de la
necesidad de separar la economía de la política en una fase determinado del
estudio.
86
LA NUEVA ECONOMÍA
Esta tarea no está manifiestamente a la medida de mis fuerzas. Esperaré
que comiencen su estudio según su método. La historia les quedará reconocida si
dan, «anteriormente a la ciencia», otra cosa que la economía vulgar en un campo
nuevo, de la cual tenemos suficientes muestras en nuestras revistas y
periódicos económicos. En cuanto a mí, me fijaré como modesta tarea primero
hacer abstracción de la política económica real del Gobierno, que es la
resultante de la lucha de dos sistemas de economía y de las clases
correspondientes, estudiar bajo su aspecto puro el movimiento de la acumulación
socialista originaria hacia su nivel óptimo, poner en evidencia, si es posible
bajo su aspecto puro, la acción de las tendencias en lucha y, en fin, intentar
comprender por qué la resultante de la vida real sigue precisamente tal línea y
no tal otra.
Con toda evidencia, un análisis de este género es difícil en la medida
en que la política económica conscientemente practicada por el Gobierno se
presenta muy frecuentemente, no como una reacción contra las dificultades que
se han presentado en la práctica en el curso del desarrollo de la reproducción
socialista, sino como el producto de una toma en cuenta previa de esas
dificultades, de su anticipación. Lo que aparece como una política
exteriormente forzada (a consecuencia de la oposición de la economía privada)
tiene el aire de decisiones adoptadas con toda libertad. La necesidad económica
se abre camino bajo la apariencia de elección exteriormente libre de una línea
política determinada. Las decisiones dictadas por el nivel óptimo de la
acumulación socialista originaria, como las que son dictadas por la necesidad
de recortar ese nivel óptimo a consecuencia de la oposición de la economía
privada y las clases que la representan, aparecen con igual título como
decisiones conscientes de los órganos reguladores del Gobierno. Distinguir el
nivel óptimo bajo su aspecto puro, de la política real, obligada a separarse de
ese nivel óptimo, constituye un problema muy difícil. Para resolverlo es
necesario un análisis concreto de toda la coyuntura económica y política, en
cada instante, o al menos durante un período determinado del desarrollo
económico. Esta dificultad resulta, por consiguiente, del tipo mismo de
nuestras relaciones de producción, de la interferencia en ellas de los
principios socialistas con el principio de la economía mercantil.
87
Evgeni Preobrazhenski
Aquí llegamos al punto en que, mientras se aplican los principios
generales del método marxista, conviene modificar los procedimientos
metodológicos que empleaba Marx para analizar las relaciones de producción del
capitalismo puro. Precisamente aquí (pero no solamente aquí) encontramos ese
cambio de la materia misma del estudio que nos obliga en cierto sentido a pasar
del terreno de la economía política al de otra ciencia que se presenta como una
transición de la economía política a la tecnología social. Esta ciencia
transitoria está todavía por crear. Esta ciencia deberá someter a estudio la
cuestión de saber cómo se manifiestan las regulaciones de la vida económica en
el sistema mixto socialista-mercantil de economía, cómo se determina la
voluntad de los participantes de la producción colectiva, ligada por miles de
relaciones con la economía privada, y cómo se establecerán las relaciones en la
economía privada, que se desarrolla como tal o se adapta a la economía estatal
en una coyuntura de limitación creciente de la ley del valor por el principio
de planificación. Surgen aquí fenómenos nuevos, no solamente en la economía
estatal misma, sino en parte también en la economía privada que subsiste en la
coyuntura, cuando lo que se llama palancas de mando están en poder de la
economía colectiva del proletariado. Ese procedimiento metodológico que yo
empleo en la presente obra y que consiste en intentar separar primero, bajo una
forma pura, las tendencias de los dos principios en lucha, de los dos métodos
de distribución de las fuerzas de trabajo y de los métodos de producción, para
explicar la resultante económica de la vida real, no estoy en modo alguno
inclinado a considerarlo como el único procedimiento posible. Si un
investigador (y se trata sin duda de investigadores y no de representantes de
la economía vulgar) propone otro procedimiento metodológico que revele más
utilidad y afinidad respecto a la esencia misma de nuestra economía, habrá que
saludar esa iniciativa.
De lo que resulta, en parte, que el éxito del estudio científico y
teórico de nuestra economía exige, de un lado, un análisis más circunstanciado
de la noción misma de ley, de regulación y de necesidad en las condiciones, de
la economía colectiva en desarrollo, y de otro lado, la continuación del
análisis, comenzando por la obra genial de Lenin, de todo el sistema de la
sociedad soviética en calidad de formación social absolutamente nueva y
original.
88
LA NUEVA ECONOMÍA
Esto exige de todos nosotros, los teóricos, un enorme trabajo colectivo
de pensamiento, constantemente renovado y verificado en la práctica.
Paso, en fin, a la tercera dificultad y la tercera objeción surgida
sobre la base de esa dificultad. ¿No resulta de lo que precede que existe
también en nuestra economía, con su lucha entre dos principios, un terreno de
acción para dos reguladores diferentes de todo el sistema en su conjunto?
¿Puede existir esto, de una manera general, y a qué se reduce entonces la
unidad bien conocida de todo el sistema económico como organismo económico
coherente?
Que dos principios estén en lucha en nuestro sistema es un hecho que
nadie discute, salvo, desde luego, los que consideran que toda nuestra economía
no es más. que una de las variantes de la economía capitalista-burguesa. Pero
si existe en nuestro organismo económico único una lucha entre dos principios
como forma antagónica del movimiento hacia delante de todo el sistema, como
forma propia del proceso dialéctico del desarrollo en general, entonces no es
necesario plantear la cuestión de saber si pueden existir dos reguladores en
una situación tal, sino plantear si no podrían existir dos. No puede haber allí
unicidad, en cada instante dado, sino para la resultante de las dos fuerzas en
lucha, por la distribución del trabajo y los medios de producción que se
establece realmente en cada instante dado entre los sistemas y por la forma de
los nexos del mercado entre ellos, que más que todo cambia de contenido
precisamente en los dos polos opuestos del conjunto económico. Si cada
principio lucha a causa de ello mismo, por la preponderancia en el conjunto del
sistema, lucha por el tipo de regulación que es orgánicamente propio de un
sistema dado de relaciones de producción tomado en su forma pura. Aclaremos la
cuestión con el ejemplo siguiente. Admitamos que las relaciones predominantes
de nuestra economía sean las del capitalismo mercantil, lo que significaría, en
el campo político, la liquidación inevitable de la dictadura del proletariado
y, en el campo económico, el libre desarrollo del regulador capitalista-mercantíl
de la economía, es decir, de la ley del valor. La distribución del trabajo
social y de los medios de producción se establecería como se establece siempre
bajo la acción de la ley del valor, es decir, se operaría un desplazamiento de
las fuerzas de trabajo y de los medios de producción tal, que reproduciría ante
todo. espontáneamente las relaciones capitalistas-mercantiles. Con la
liquidación del monopolio
89
Evgeni Preobrazhenski
del comercio exterior se operaría la liquidación de ciertas empresas y
el desarrollo de otras mediante una reducción de la industrialización del país
en su conjunto, y todo ese proceso estaría subordinado anárquicamente a los
objetivos de la reproducción de las relaciones capitalistas en el interior del
país y en aquellos países capitalistas que se hubieran adherido a todo ese
proceso de reconstrucción burguesa de nuestra economía. La industria actual de
la URSS y las proporciones que existen en la economía, en particular la
distribución de las fuerzas productivas entre la industria pesada y la
industria ligera, entre las ciudades y el campo, cambiarían su fisonomía de
manera fundamental. La cuestión que se plantea entonces es: ¿la tendencia y la
presión en esta dirección son propias, por un lado, de nuestra economía privada
y, por otro, de los países capitalistas que tratan insistentemente de obtener,
como programa mínimo, la liquidación del monopolio del comercio exterior y el
proteccionismo socialistas? Evidentemente, sí. Y si es así, les corresponde
entonces como propia una aspiración hacia su propio tipo de regulación, que se
abre camino dondequiera que no encuentra reacción proveniente del otro sector
de la economía.
Hablemos ahora de ese sector, es decir, de la economía estatal. Si
tuviera el máximo de posibilidades para reorganizar todo el sistema, primero
gracias a la victoria de la revolución proletaria en Europa, entonces, con toda
evidencia, con la legalización de las relaciones socialistas como tipo
dominante de manera plena e incondicional en toda la economía, no solamente el
principio de planificación triunfaría como método de organización y dirección
de la economía, sino que las proporciones de la distribución del trabajo y los
medios de producción serían esencialmente diferentes, tanto en comparación con
la situación actual, como, a fortiori, con la que resultaría de la victoria de
la forma capitalista y que sería obtenida bajo la acción de la ley del valor como
regulador único de la economía.
Pero si ello es así, se plantea la cuestión siguiente: ¿actualmente,
cuando el sector socialista lucha por su existencia y su desarrollo, se ve
aparecer de ese lado la acción de otro regulador que se esfuerza por someter,
si no todo el sistema, al menos su reconstrucción y reunir a ese efecto cada
vez más recursos para la organización del trabajo sobre un modo nuevo y en
torno a medios de producción en perpetuo crecimiento cuantitativo y en perpetua
elevación cualitativa?
90
LA NUEVA ECONOMÍA
Ciertamente, sí. Y ahora sólo hay que explicar más claramente en qué
consiste la acción de esta ley, acción en la cual todo ese proceso se concentra
y halla su expresión.
Admitamos un instante que a partir de cierto momento tenemos en nuestro
sistema de economía, tomado en su conjunto, un proceso de reproducción simple y
no de reproducción ampliada. En tal situación, está fuera de duda que la
distribución de las fuerzas productivas fotografiada, pongamos en 1926, y
muchas otras cosas de la economía del país tendrían otra fisonomía que en la
situación actual, en que el sistema se halla en movimiento, en que tenemos que
ver con la reproducción ampliada tanto en la economía estatal como en la
economía privada. Pero ¿en qué consistiría esa diferencia? Podemos responder
parcialmente a esta pregunta por analogía con la distribución de las fuerzas
productivas en la reproducción simple y en la reproducción ampliada en la
economía capitalista. Los que han leído el segundo tomo de El Capital saben que
Marx da allí un esquema de la distribución de las fuerzas productivas primero
en la reproducción simple y después en la reproducción ampliada. Para la misma
suma global de capital en toda la economía, las proporciones de la distribución
en el interior de cada sección en c + v + p27 y entre las dos secciones, son
entonces completamente diferentes. Están como alineadas en formación de
combate; en ellas se encuentra fotografiada la proporcionalidad de la dinámica
de la reproducción ampliada. En nuestra economía, en el régimen de reproducción
de la economía estatal y en la economía privada, la distribución de las fuerzas
productivas, los proporciones entre el sector socialista y el privado, así como
entre las ramas del sector socialista, deben no solamente diferir de las de la
reproducción simple, sino que difieren de las proporciones de la reproducción
capitalista en un nivel dado de industrialización y difieren inevitablemente
cada año con relación al precedente. Cada nuevo año implica para la economía
estatal, si ésta se encuentra en desarrollo: 1) un crecimiento absoluto de la
producción comparada con la del año precedente, 2) su progresión relativa
comparada con el crecimiento de la economía privada, y 3) cada año una nueva
distribución de las fuerzas en el interior de sí misma, acarreada por la
proporción de la reproducción socialista ampliada del año en cuestión. Pero la
ley que rige todo ese proceso (reagrupamiento, crecimiento de
27 Incluida también la división
de p entre fondo de consumo y fondo de acumulación.
91
Evgeni Preobrazhenski
las relaciones socialistas de producción, transferencia de valores
procedentes de la economía privada) es precisamente la ley de la acumulación
socialista originaria. Cada año nos dicta de manera coercitiva una distribución
de las fuerzas productivas en el interior de toda la economía estatal que
anticipa también su distribución para el año siguiente y en parte para varios
años futuros. El grado de organización ya alcanzado por la economía estatal,
por modesto que sea en general, e inferior a las posibilidades objetivas ya
existentes para tal organización, de un lado, y el carácter mismo de nuestros
grandes trabajos, principalmente nuevas construcciones, de otro, exigen cada
año reagrupamientos de fuerzas productivas tales, que se anticipan parcialmente
a las proporciones en la economía de los años futuros. Sin ello, en 1926
crearemos inevitablemente para 1930 la escasez de mercancías, la ruptura del
equilibrio entre nuestra economía y la economía mundial y el hundimiento, en
provecho de la economía privada, de nuestros planes de importación, que están
subordinados a los objetivos de la industrialización del país, etc. El hecho de
que el Gosplan ha pasado ya a la elaboración de un plan quinquenal no es debido
al azar. Tal profundización de la planificación no es solamente nuestra
conquista, sino también una necesidad de las más apremiantes, dictada
directamente a la economía colectiva como una ley exteriormente coercitiva. La
Revolución de Octubre posee su lógica en ese frente de lucha. Pero si el
tránsito a tal planificación es inevitable –y no está en nuestro poder
rechazarlo o eludirlo– una vez que hayamos socializado la industria y los
transportes (de otro modo no hubiera hecho falta tomar las armas en octubre),
resulta de ello entonces inevitablemente, desde 1926, un agrupamiento tal de
fuerzas productivas en el interior de la economía estatal, que debe no
solamente responder a los intereses de toda la economía en su conjunto para ese
año, sino también prever la coyuntura futura para varios años, lo que la economía
capitalista no puede hacer, por su estructura misma, en una escala tal y en tal
forma. Si eliminamos parcialmente la acción, saludable para la economía no
organizada, de la ley del valor con sus menos y sus más, debemos remplazar de
manera correspondiente la actividad reguladora de esa ley por otra ley propia,
en forma permanente, de la economía planificada, en una etapa dada de su
desarrollo, por la ley de la acumulación socialista originaria.
92
LA NUEVA ECONOMÍA
Pero si esta ley nos dicta proporciones determinadas en el interior de
la economía estatal, proporciones que difieren de las que son dictadas por la
situación del mercado del año considerado, una importancia también determinada
de todo el proceso de reproducción ampliada bajo el ángulo cuantitativo y, por
consiguiente, el mínimo objetiva-mente necesario de acumulación de recursos
materiales (a expensas tanto de los recursos propios de la economía estatal,
como de la transferencia de una parte del plusproducto de la economía privada
al sector socialista), nos son dictadas de manera igualmente coercitiva por el
hecho de las proporciones definidas. Más allá de ese mínimo podemos tener una
cierta libertad de maniobra, pero el hecho de no alcanzar ese mínimo asestará
un golpe a nuestro sistema en forma de una crisis de subproducción, de lo cual
somos testigos en 1925 y 1926. Y esta crisis, al suscitar un crecimiento de la
acumulación privada a consecuencia del aumento de los precios al detalle,
debilita nuestras posiciones en la lucha con los elementos burgueses de nuestra
economía y se revela peligrosa para la moneda, para el nivel real de los
salarios, y peligrosa también políticamente. Y todo esto, desde el punto de
vista del problema examinado aquí, muestra que la ley de la acumulación
socialista originaria aparece como un regulador igual-mente bajo este aspecto.
No comprender que tal ley existe, que tiene un carácter coercitivo para la
economía estatal e influye sobre la economía privada, no constituye solamente
un error teórico, una obstinación del pensamiento, no es solamente
conservadurismo, sino que es una cosa peligrosa en la práctica, peligrosa desde
el punto de vista de la lucha por la existencia de todo nuestro sistema de
economía colectiva.
Debo subrayar con una insistencia particular el peligro de una postura
teórica retardataria sobre ese punto, puesto que, con la centralización de toda
la economía estatal y su dirección, la previsión desempeña, para el desarrollo
de nuestro sistema y para su conservación, un papel absolutamente excepcional,
sin comparación con el de la previsión bajo el régimen de un tipo espontáneo de
regulación. De ahí el papel enorme, no solamente científico, sino directamente
productivo de una justa teoría de la economía soviética. Cuando en un país
capitalista las charlas e intrigas se suceden sin tregua en el parlamento, y en
el campo de la ciencia cada economista o financiero burgués presentable estima
su deber, perdiendo el tiempo mientras huronea en la
93
Evgeni Preobrazhenski
superficie de la vida económica, hacer exhibición de las paradojas de su
propia invención para distinguirse de los demás en alguna cosa a fe mía, la
sociedad burguesa puede darse semejante lujo en materia de gobierno, lo mismo
que en materia de ciencia, porque la ley del valor cumple la función de
regulación de la economía con más inteligencia y seguridad que todos sus
políticos y todos sus profesores juntos. No solamente los codiciosos intereses
de clase de la burguesía (como Marx lo ha mostrado con tanta claridad), sino
también la estructura misma de la producción capitalista rebajan, en el mejor
de los casos, la ciencia económica al papel de cámara fotográfica de la
coyuntura del día o bien la soportan como espiritual futilidad. Las faltas de
los economistas burgueses no pueden tener sino una débil repercusión sobre los
éxitos de la acumulación capitalista. En cambio, en nuestra economía, en que la
previsión ocupa un lugar tan ancho y en rápido crecimiento, en que las faltas
de la política económica son tan dolorosamente soportadas por todo el organismo
económico y desvían tanto el movimiento hacia delante, la ciencia económica, la
previsión teórica, el análisis correcto del sistema de economía deben tener
entre nosotros una importancia excepcional. Y a la inversa, las faltas en el
campo de la teoría económica se hacen para nosotros práctica, económica y
políticamente peligrosas. En particular es dañino y aun peligroso seguir
ignorando en el campo de la teoría la presencia en nuestro sistema no «simplemente»
de la acumulación socialista (aun la economía vulgar no es necesaria para
comprobar ese hecho) sino de la ley de la acumulación socialista originaria
como factor objetivo con todas las consecuencias que de ello se derivan.
Algunos de nuestros economistas no pueden admitir por principio que haya
en nuestra economía no uno solo, sino dos reguladores en acción. No es el fruto
de una profunda asimilación de la ciencia de la economía teórica, sino el
producto más indiscutible de un prejuicio científico, la incapacidad de aplicar
el método de la dialéctica marxista a condiciones nuevas. Es dogmatismo y
pedantería sin más. Esos economistas se han acostumbrado al análisis del
capitalismo evolucionado y a la concepción de un regulador único, dado que bajo
el capitalismo es efectivamente único. Y no solamente descubren su
conservadurismo y la timidez de su pensamiento, sino que entran en
contradicción con el espíritu del marxismo, con el método sociológico y
filosófico universal de Marx, cuando temen distanciar la economía
94
LA NUEVA ECONOMÍA
teórica, aunque sólo sea un poco, con relación a la distancia que
nuestro sistema económico se ha alejado del capitalismo en el campo de la
realidad. Temen mostrar en los hechos que la economía política no estudia sino
un tipo históricamente transitorio de relaciones de producción y que su
transformación en otra ciencia es absolutamente inevitable después de la
Revolución si, de una manera general, el progreso es inevitable en el campo de
la teoría. Esta timidez de pensamiento, cuyas raíces sociales no intento buscar
por el momento, limitándome a las raíces lógicas, es tanto más incomprensible
cuanto que la ley del valor tampoco ha caído del cielo de un solo golpe, ya que
su acción se ha desarrollado con la maduración de la economía mercantil y que,
si no desempeña el papel de un regulador único en nuestra economía, ha sido así
también en el pasado. Durante el período en que la economía mercantil roía y
absorbía el sistema de las corporaciones, ¿no tropezaba la ley del valor con el
sistema corporativo de reglamentación del trabajo, que no había sido eliminado
todavía? Pues esta dualidad en el pasado, en el alba del desarrollo del
capitalismo, es un hecho. ¿Por qué este hecho es imposible al comienzo de la
desaparición de las relaciones capitalistas?
Los que no tienen nada que objetar a ese argumento no tienen
manifiestamente más que abandonar la discusión metodológica y referirse al
asunto en otro terreno para declarar precisamente lo que sigue:
«Todo reside en la apreciación del papel del principio de planificación:
usted lo sobrestima y nosotros permanecemos en el terreno de la realidad».
Admitamos que así sea. Es poco probable, sin embargo, que sea posible
superar en fineza, en el dominio de la lógica, las consecuencias económicas y
sociales de la Revolución de Octubre. Aquí, como dice una anécdota divertida,
«existen dos posibilidades», y ambas las examinaremos. O bien una sola ley, la
ley del valor, actúa en lo esencial en nuestra economía actual en calidad de
regulador, pero entonces, sobre la base de esta ley, que debe, si se la
comprende como lo hacía Marx, reproducir espontáneamente las relaciones
capitalistas, ¿de qué manera la reproducción ampliada de las relaciones
socialistas puede operarse, en presencia además de un progreso de la calidad
socialista de esas relaciones?
95
Evgeni Preobrazhenski
Si esta suposición es exacta, ¿no tenían razón los mencheviques en su
análisis de nuestro sistema, no tenía razón el difunto Parvus, quien estimaba
que entre nosotros la economía es enteramente burguesa, que ella encierra
inmensas posibilidades de desarrollo de tipo americano, pero que el poder
obrero, con sus injerencias en el proceso de producción, aparece como el
principal obstáculo al progreso de las fuerzas productivas de una economía de
ese tipo, que existe entre nosotros de hecho, es decir, de una economía de tipo
burgués, luego regulada por la ley del valor? Si nuestra planificación se
reduce simplemente al hecho de que percibimos la inevitable acción de la ley
del valor y que escribimos bajo su dictado lo que ella hubiera ordenado en
forma de puñetazo espontáneo en la espalda o en la nuca (en caso de
«percepción» infortunada), no tenemos entonces derecho a preguntar: ¿toda
nuestra planificación, toda nuestra regulación «socialista» no son en ese caso
una simple función de la ley del valor? ¿Cómo podemos, pues, entonces, no
reproducir, en una escala ampliada, relaciones propiamente capitalistas y la
distribución de las fuerzas productivas que responde a los objetivos de la
reproducción propiamente capitalista, tanto en las proporciones de la economía
como en las relaciones de producción? Es todo uno. O bien esas relaciones no
pueden hallarse largo tiempo en contradicción interna con su «regulador», o
bien el regulador entre nosotros no es aquél, o bien, más probablemente, no es
solamente aquél. Pienso que nuestros economistas, con quienes polemizo en el
caso presente, rehusarán resueltamente mostrarse como los sostenedores del
punto de vista expuesto más arriba y que vacilarán en sacar semejantes
conclusiones.
Pero resta entonces la otra forma posible de plantear el problema, a
saber: entre nosotros, en nuestra economía, existe una lucha entre dos
principios, aunque el principio socialista sea extremadamente débil, más débil
de lo que lo aprecio en la presente obra. Ese hecho de la lucha de dos
principios todos lo reconocen formalmente. Pero para que haya lucha, como se
sabe, son necesarios como mínimo dos combatientes. La dualidad está ya
presente. La lucha, si es efectiva-mente librada, no puede dejar de ser una
lucha por dos tipos diferentes de organización del trabajo, por una
distribución diferente de las fuerzas productivas, por dos métodos de
regulación. ¿Cómo puede faltar entonces el otro regulador, antagónico a la ley
del valor?
96
LA NUEVA ECONOMÍA
No es en modo alguno posible, ni lógicamente ni de hecho. Y aconsejaría
en ese caso a los economistas de que hablo introducir el mínimo de «principio
de planificación» en sus ideas e indicar cómo equilibran, en el campo teórico,
la tesis del «tipo consecuentemente socialista» de nuestra industria estatal,
que se encuentra en la fase de la reproducción socialista ampliada (y no en la
fase del aprovecha-miento ampliado por parte de la economía mercantil) y sus
propias afirmaciones obstinadas respecto al regulador único. Es tiempo de
encontrar aquí un equilibrio. Es absolutamente imposible salir del paso con una
frase sobre la lucha del principio socialista de planificación contra el
mercado. Como hemos mostrado precedentemente, durante el período del comunismo
de guerra, había también lucha del principio de planificación con los elementos
naturales de la economía mercantil, y esta lucha continuará igualmente en
cierta medida durante veinte o treinta años. Se pregunta por qué se caracteriza
entonces al tipo propiamente actual de esta lucha con relación a lo que existía
hace siete años y a lo que será dentro de veinticinco. ¿En qué consiste, cómo
se expresa la subordinación a leyes de esta lucha, precisamente por parte del
sector socialista de nuestra economía? Si discutís la ley de la acumulación
socialista originaria, ¿qué concepción proponéis?
El motor de la producción capitalista es la carrera tras la ganancia, y
su regulador, la ley del valor. El capitalismo satisface las necesidades de
consumo de la sociedad justamente gracias a ese mecanismo. En particular, el
obrero recibe su parte del fondo de los medios de consumo por la venta de su
fuerza de trabajo. ¿En qué se distingue la economía estatal del capitalismo
sobre ese punto? De una parte, no es ya una producción para la ganancia, para
la plusvalía. De otra parte, no es todavía una producción en nombre del consumo
de los trabajadores de la economía estatal, ni con miras a ese consumo, y menos
aún de todos los individuos de la economía privada. Nuestra economía estatal
implica aquí una contradicción. Ella está ligada tanto a la naturaleza de esa
economía, como a las condiciones de su lucha por la existencia y el
crecimiento. De una parte, la economía estatal puede ser derribada si no cumple
la función de todo sistema histórico de producción, si no satisface las
exigencias sociales de la época; a este respecto, su aguijón, el látigo que la
hostiga, es la presión de los consumidores, obreros y campesinos, que actúan a
la vez directa-mente, es decir, sin la mediación del mecanismo de la carrera
tras la
97
Evgeni Preobrazhenski
ganancia máxima, como bajo el capitalismo, y por múltiples vías
indirectas (imposibilidad de asegurar en las proporciones necesarias los
intercambios con la economía privada, etc.). La economía estatal no hace
todavía sino rozar aquí, particularmente en el interior de su propio sistema,
los factores de estímulo que no son propios sino de ella, así como dar forma a
su organización. De otro lado, puede hundirse, en su equilibrio dinámico, si la
proporción necesaria de reproducción ampliada, dictada por el conjunto de la
situación económica, no es garantizada por un volumen suficiente y
constante-mente creciente de acumulación del plusproducto en forma material, lo
que implica siempre una restricción del consumo individual. Entre una tendencia
y otra en el interior de la economía estatal no hay contradicción que tome la
forma de un antagonismo de clases, pero de una manera general la contradicción
existe. Esta contradicción caracteriza enteramente la ley misma de la
acumulación socialista originaria cuando se trata de distribución. De una
parte, la reproducción ampliada en el sector socialista implica una
reproducción cuantitativamente creciente y automática de las relaciones
socialistas de producción, con la proporción de distribución de las fuerzas
productivas correspondientes a cada año, Y de otra parte, esta extensión
cuantitativa de las relaciones socialistas, que exige la enajenación de una
masa determinada de plusproducto procedente igualmente de la economía estatal,
con subordinación del aumento de los salarios a la función de acumulación,
conduce a la limitación de la elevación de la calidad de las relaciones
socialistas y mantiene la disparidad entre el nivel de los salarios y el valor
de la fuerza de trabajo. En esto se expresa no solamente la contradicción de la
ley misma, sino también su carácter históricamente transitorio. Es muy
importante tener presente esto en la mente desde el punto de vista del análisis
metodológico de toda la economía y, en particular, de la forma de manifestación
de las regulaciones que le son propias.
Y cuando los economistas que se han mencionado más arriba hablan de
percepción de la acción de la ley del valor por nuestra regulación planificada,
cometen los errores analizados antes, y no solamente porque estiman que las
proporciones que se establecen en la economía sobre la base de la acción de la
ley del valor son proporciones naturales y válidas igualmente para una economía
que se desarrolla en un sentido no capitalista. No solamente no se dan
98
LA NUEVA ECONOMÍA
cuenta de la importancia de las modificaciones que aporta a toda
economía el cambio de estructura del presupuesto campesino a consecuencia de la
revolución, no solamente no quieren comprender que el regulador del valor es
descartado de manera coercitiva y no puede objetivamente no ser descartado y
remplazado por el regulador del sector colectivo en expansión, sino que, con
toda evidencia, confunden la proporcionalidad objetivamente necesaria en la
economía con los métodos de obtención de esta proporcionalidad; confunden, por
consiguiente, la industrialización del país bajo la dictadura del proletariado
con el desarrollo de la gran producción en general. Sin embargo, lo que
nosotros llamamos relaciones de valor bajo el aspecto de gastos de fuerza de
trabajo, se modifica no solamente a consecuencia de la elevación de la técnica
y la productividad del trabajo, sino también a consecuencia de la
transformación de toda la economía estatal en un trust único, lo que, con el
desarrollo de la organización científica del trabajo en toda la economía
estatal crea un factor nuevo, engendrado por la cooperación de inmensos cuerpos
económicos ligados entre sí. Esta particularidad de nuestra economía estatal,
que resulta de su naturaleza socialista, no puede hacerse sentir de manera tan
marcada en presencia de una técnica poco evolucionada, pero aparecerá como un
factor de enorme importancia cuando el nivel de la técnica de nuestra industria
se aproxime a la técnica de los países capitalistas avanzados. ¿Puede decirse
que los cambios que así se operan están ligados a la acción de la ley del valor
y no a su eliminación o a su limitación, a la lucha de nuestra economía
estatal, como tipo de economía colectiva, por su existencia y desarrollo? Es
imposible comprender esto, ni nuestras tendencias tan obstinadas a expulsar el
capital privado del comercio para remplazado por el comercio estatal y
cooperativo, si se considera la ley del valor como el regulador fundamental de
toda nuestra economía. Desde el punto de vista preciso de los gastos de
funcionamiento del aparato, el capital privado es «más rentable» para toda la
economía y la productividad del trabajo en el comercio privado es más elevada,
y sin embargo, nosotros no vamos al encuentro de la ley del valor, sino que
seguimos la línea de otra ley y nos sometemos a la acción de otro regulador.
99
Evgeni Preobrazhenski
El segundo punto que se ha de observar, es evidentemente la confusión
entre la proporcionalidad en la economía, objetivamente necesaria a todo
sistema de producción social, así como la distribución del trabajo, y el método
históricamente transitorio de realización de tal proporcionalidad sobre la base
de la ley del valor. Una distribución correcta, proporcional, del trabajo es
igualmente necesaria al capitalismo, al socialismo y a nuestro sistema
socialista-mercantil actual de economía. Pero aun si se demostrara –y yo he
mostrado la imposibilidad de tal demostración– que la distribución de las
fuerzas productivas, que se establece de hecho entre nosotros sobre la base de
la lucha, corresponde por algún milagro a la que se establecería entre nosotros
sobre la base de la acción de la ley del valor en un régimen de supremacía de
las relaciones capitalistas, es decir, que las proporciones de la producción
colectiva en una fase dada de industrialización del país corresponden a las
proporciones capitalistas, aun entonces la teoría del regulador único no
quedaría probada. ¿Cómo las proporciones que nos son necesarias serían dictadas
por la ley del valor como regulador y no podrían ser obtenidas sino por su
intermedio, dado que la ley del valor está ligada históricamente y, si se
quiere material y físicamente, a la producción mercantil, y es inseparable de
ésta como tal, allí donde domina la propiedad privada de los medios de
producción? ¿No es el remplazo de la propiedad privada por la propiedad social
otra cosa que un acto jurídico y formal, sin cambio de la esencia del sistema,
con relación a todas las palancas de mando? ¿Por qué sería imposible la tesis
según la cual hallamos en lo esencial las proporciones necesarias por nuestros
propios métodos, que, a despecho de la extrema indigencia de nuestra
experiencia en materia de regulación planificada, son mejores y más perfectos
que los métodos de obtención del equilibrio por vía espontánea? ¿Por qué desde
ahora una teoría tal sería objetivamente imposible cuando trazamos las líneas
generales de proporcionalidad gracias a nuestros métodos de cálculo estadístico
de las necesidades y la demanda solvente, métodos que comprenden también el
cálculo de nuestras posibilidades de influencia sobre la economía privada, así
como de nuestra independencia frente a ésta, mientras la ley del valor no
aporta sino correctivos de manera espontánea? Y si esto es posible, aunque no
fuera más que a medias, decir que no existe esencialmente entre nosotros sino
un solo regulador equivale a confundir de la manera más grosera la forma de
manifestación de esta ley bajo el
100
LA NUEVA ECONOMÍA
capitalismo con esa necesidad económica objetiva de la
proporcio-nalidad, que no existe solamente para la economía mercantil y
socialista-mercantil y no se establece solamente por los métodos capitalistas.
En el sistema socialista-mercantil esta proporcionalidad no puede establecerse
justamente sino sobre la base de la lucha, aun cuando las direcciones de la ley
del valor y de la ley de la acumulación socialista originaria coincidieran en
ciertos casos particulares de la coyuntura real.
Se podrá decir: la forma comercial y monetaria de las relaciones aparece
predominante; ¿no hace inevitable eso la existencia de un solo regulador, a
saber, la ley del valor? Esta objeción es esencial, pero parece más bien formal
y, en una parte importante, resbala sobre la superficie de los fenómenos.
Si echamos una ojeada rápida a la historia del hombre en general, a la
historia de la lucha de clases y a la historia de las formas económicas para
ver si el movimiento hacia delante se opera de manera antagónica, de manera
pacíficamente evolutiva o alternándose ora de una manera, ora de otra, es
regla, en todas partes y siempre, que los cambios del contenido preceden al
cambio de la forma de las relaciones entre los hombres. Es lo mismo en el
sistema de economía creado por la Revolución de Octubre. La forma de los nexos
con la economía privada es impuesta a nuestra economía estatal por la economía
privada y penetra también automáticamente en el interior de las relaciones de
la economía estatal misma. La economía privada, en su carácter de economía
individual, no puede desarrollarse sin la forma de relaciones basadas en los
intercambios (basta recordar la experiencia del sistema de entregas
obligatorias de artículos agrícolas), y la economía estatal en cambio, en
presencia de la forma antigua de los intercambios, puede avanzar muy lejos al
cambiar el contenido de las relaciones sociales de producción. Confundir aquí
la forma, el contenido y el lugar respectivo de una y otra en un instante dado
es todavía en parte perdonable para el jurista. Pero para economistas marxistas
tal confusión es absolutamente inexcusable, como es imperdonable que disciernan
más bien en su aspecto formal que en el fondo las consecuencias objetivamente
necesarias de la socialización de la industria y los transportes para todo el
sistema de regulación de la economía.
101
Evgeni Preobrazhenski
Es necesario después descartar aquí un malentendido que puede surgir en
la lectura de los capítulos siguientes. A menudo entre nosotros se dan pruebas
de la estrechez de las posibilidades de regulación planificada de la economía
con alusiones a las innumerables faltas y errores de cálculo del Gosplan y de
los otros órganos dirigentes de la economía. Señalo que en el análisis teórico
de nuestra economía no juzgamos necesario establecer ni evaluar sino las
posibilidades de regulación que existen objetivamente y dependen de la relación
real de fuerzas entre la economía estatal y la economía privada, del grado
óptimo posible de organización de la economía estatal en una fase dada, así
como de la influencia sobre nuestra economía estatal de las relaciones del mercado
en el interior y de la presión del mercado mundial en el exterior. No podemos
disminuir las posibilidades objetivas de planificación con toda la suma de
nuestros errores y nuestra incapacidad para planificar. Esto equivaldría a
arrojar sobre la necesidad histórica cada error de cálculo y, en particular, la
distribución defectuosa de los hombres entre las diversas funciones.
Exactamente de la misma manera, es también incorrecto atribuir igualmente a la
necesidad económica nuestra comprensión insuficiente del sistema económico que
dirigimos y de sus leyes, así como los errores que de ello resultan, por serias
que sean las consecuencias objetivas, al disminuir del porcentaje
correspondiente en análisis teórico las posibilidades de regulación claramente
motivadas que están objetivamente implicadas en nuestro sistema
102
LA NUEVA ECONOMÍA
Capítulo II
LA LEY DE LA ACUMULACIÓN SOCIALISTA ORIGINARIA
No es exagerado decir que la cuestión más interesante, actual y
apasionante después del vuelco de octubre de 1917 y la victoria militar de la
Revolución es, para todos nosotros, los prácticos y teóricos, la de saber lo
que representa el sistema soviético, en qué dirección se desarrolla, cuáles son
las leyes de desarrollo fundamentales de ese sistema y cómo se ubica esta
primera tentativa de un sistema económico cuyos elementos de vanguardia
franquean los límites del capitalismo, con relación a nuestras concepciones
antiguas y consuetudinarias del socialismo. Es, por otra parte, más correcto
plantear esta última cuestión en la forma siguiente: ¿cómo debe manifestarse en
la hora actual, después de ocho años de dictadura del proletariado en un
inmenso país, nuestra concepción primera del socialismo?
Ninguna formación económica puede desarrollarse en forma pura, sobre la
base de las solas leyes inmanentes propias de la formación considerada. Esto
contradiría la idea misma de desarrollo. La extensión de una forma económica
cualquiera implica evidentemente la eliminación por ella de las otras formas
económicas, su sumisión a la forma nueva y su desaparición progresiva. En esas
condiciones, la diagonal del paralelogramo de fuerzas que actúan en el campo de
la economía no puede seguir jamás la línea de las leyes internas de la forma
dominante, sino que se desviará siempre, apartándose de esa línea bajo la
influencia de fuerzas opuestas. Y esas fuerzas opuestas, es decir, las fuerzas
de las otras formas económicas incluidas en el sistema de economía considerado,
se establecen siguiendo la línea de las leyes de desarrollo que le son propias.
Esas leyes de desarrollo de las formas antiguas se reducen simplemente en la
hora actual a leyes de resistencia a la forma nueva.
Pero el análisis de un sistema de economía en que actúan dos leyes
fundamentales se complica hasta el extremo en el caso en que la forma
históricamente progresiva no es la que ya posee el predominio en la economía,
sino la que se transforma solamente en forma dominante. Y es esto precisamente
lo que ocurre en nuestro sistema soviético de economía. La dificultad, como
mostraremos con más
103
Evgeni Preobrazhenski
detalle a continuación, surge aquí en el momento del análisis del papel
de una tercera fuerza económica. En el caso considerado se trata de la pequeña
producción. En la época de la guerra civil, los cuadros del socialismo, es
decir, la clase obrera y el campesinado pobre, han librado la lucha por las
masas del campesinado medio contra los cuadros del capitalismo, es decir,
contra los elementos de la burguesía y los propietarios de la tierra, kulaks y
funcionarios. En esa lucha, el campesinado medio, perpetuamente vacilante, se
situó en su conjunto del lado de la clase obrera. Ahora esa lucha se ha
trasladado al campo económico. La pequeña producción sirve paralelamente de
base nutritiva tanto a la acumulación capitalista como a la acumulación
socialista. La cuestión de saber si la pequeña producción en curso de
desintegración evolucionará principalmente en una dirección capitalista,
escindiéndose de un lado en asalariados y de otro en sistema económico del tipo
kulak, o si se transformará cada vez más en un elemento periférico de la
economía estatal, es una cuestión de enorme importancia para los destinos del
socialismo en un país agrícola. En el primer caso, no solamente las cadencias
de desarrollo serán más lentas, sino también los métodos de lucha de la forma
socialista contra la forma capitalista serán otros; en fin, toda la estructura
de la economía tendrá un aspecto radicalmente diferente. No hablo de las
consecuencias políticas, muy importantes, que estarán inevitablemente ligadas
al movimiento hacia delante según esta variante.
Esta dificultad en el campo del análisis teórico de las tendencias del
desarrollo de la economía soviética no es la única. Algunos escépticos
consideran de una manera general sin resultado posible las tentativas de
análisis teórico de la economía soviética por el hecho de que ésta no tiene más
que ocho años de existencia y no puede, por consiguiente, ofrecer materiales
concretos suficientes para generalizaciones teóricas. Entre las pruebas figuran
también frecuentemente alusiones a la Economía del período de transición del
camarada Bujarin, que no era ni es presuntamente sino una teoría del período de
los guardias rojos de la revolución social y no podía ser objetivamente otra
cosa. Se adelanta por otro lado el ejemplo de El Capital de Marx, que no pudo
ver la luz sino después de un período de existencia de numerosos decenios para
el capitalismo contemporáneo y de un siglo para la economía mercantil.
104
LA NUEVA ECONOMÍA
Considero un ejercicio completamente estéril distraer una parte de las
páginas de este capítulo en dar una prueba formal de que el análisis teórico de
la economía soviética es posible después de todo lo que se ha dicho en el
primer capítulo relativo al método. Esto equivale a distraer esas páginas de la
prueba auténtica que debe constituir el análisis mismo del sistema soviético de
economía. Por ello, paso directamente al fondo del tema.
LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA ORIGINARIA
Y LA ACUMULACIÓN SOCIALISTA ORIGINARIA
Para comprender la fase actual del desarrollo de la economía soviética
es extraordinariamente útil comparar sistemáticamente los comienzos del
socialismo con los primeros pasos del modo de producción capitalista. Esta
comparación es en extremo instructiva y facilita mucho todo nuestro análisis.
Semejanzas y diferencias –éstas incomparablemente numerosas– subrayan
igualmente bien las particularidades del sistema soviético de economía.
Comencemos por la diferencia más importante que condiciona una serie de
otras distinciones. La producción capitalista nace y se desarrolla decenas de
años antes de las revoluciones burguesas, en el seno de una sociedad feudal, o
de una sociedad feudal a medias, desintegrada por la producción mercantil. Esto
se refiere enteramente al desarrollo del capital comercial como etapa previa
necesaria de la producción capitalista. Esto se refiere a los primeros pasos de
la manufactura en Inglaterra y de la industria capitalista que utiliza las
máquinas en el continente. El capitalismo podía atravesar su período de
acumulación primitiva en una época que era todavía la del predominio del
absolutismo en política, de la producción mercantil simple y de las relaciones
feudales y de servidumbre en el campo de la economía.
Las revoluciones burguesas comienzan después que el capitalismo ha
realizado un trabajo importante de elaboración de su sistema en el campo de la
economía. La revolución burguesa no es más que un episodio en el proceso del
desarrollo burgués, que comienza mucho antes de ella y continúa con una gran
rapidez después de ella. El sistema socialista, por el contrario, hace comenzar
su cronología con la toma del poder por el proletariado. Esto resulta de la
esencia misma de la economía socialista como complejo único, que no puede
105
Evgeni Preobrazhenski
construirse por parcelas en el seno del capitalismo. Si el capital
comercial podía desarrollarse en los tiempos de la sociedad feudal, si las
primeras empresas capitalistas podían funcionar sin entrar en contradicción
irremediable con el régimen político existente ni con las formas de propiedad y
se alimentaba, al contrario, de su savia, como veremos más adelante, en cambio
el complejo de la producción socialista estatal no puede aparecer sino a
consecuencia de la ruptura del antiguo sistema en todos los frentes, a
consecuencia de la revolución social. Este hecho adquiere una importancia
colosal para la comprensión no solamente de la génesis del socialismo, sino
también de toda la edificación socialista subsiguiente. A la inversa, una
comprensión insuficiente o el olvido de la esencia misma de lo que constituye
el socialismo, más de una vez conduce y conducirá a una serie de camaradas, a
concepciones netamente pequeño-burguesas y, a veces, directamente reformistas
de la economía soviética y de sus vías de desarrollo.
Para que la acumulación capitalista pudiera comenzar, eran necesarias
las premisas siguientes: 1) una acumulación previa de capital en manos de
algunos, suficiente para la aplicación de una técnica más evolucionada o de un
más alto nivel de división del trabajo con una técnica igual; 2) la presencia
de un personal de obreros asalariados; 3) un desarrollo suficiente del sistema
de economía mercantil en general, como base de la producción y la acumulación
capitalistas-mercantiles. Marx escribe respecto de la primera de esas
condiciones:
«Sobre el cimiento de la producción de mercancías, sólo bajo forma
capitalista puede levantarse una producción en gran escala. Por eso, el régimen
específicamente capitalista de producción presupone una cierta acumulación del
capital en manos de los productores individuales de mercancías. Teniendo esto
en cuenta, dábamos por supuesta esta premisa al estudiar el tránsito del
artesanado a la industria capitalista. Podemos dar a esta acumulación el nombre
de acumulación originaria, ya que no es resultado histórico, sino, por el
contrario, base histórica o punto de arranque de la producción específicamente
capitalista. No hemos de investigar aquí, pues no nos interesa, cómo se produce
esta acumulación. Bástenos saber que constituye el punto de partida».28
28 El Capital, Tomo I, p. 569.
106
LA NUEVA ECONOMÍA
¿Qué es a este respecto la acumulación socialista originaria? ¿Tiene el
socialismo su prehistoria? Y si la tiene, ¿cuándo comienza?
Como lo hemos visto ya, la acumulación capitalista originaria podía
realizarse sobre la base del feudalismo, mientras que la acumulación socialista
originaria no puede tener lugar sobre la base del capitalismo. Por
consiguiente, si el socialismo posee su prehistoria, ésta no puede comenzar
sino después de la conquista del poder por el proletariado. La nacionalización
de la gran industria constituye el primer acto de la acumulación socialista, es
decir, un acto que concentra en manos del Estado los recursos mínimos
necesarios para la organización de la dirección socialista de la industria.
Pero aquí tocamos inmediatamente otro aspecto del problema. Al socializar la
gran producción, el Estado proletario, por el solo hecho de esta socialización,
transforma de golpe el sistema de la propiedad de los medios de producción:
adapta el sistema de la propiedad a su gestión futura en materia de
reedificación socialista del conjunto de la economía. Dicho de otro modo, la
clase obrera obtiene solamente por vía revolucionaria lo que el capitalismo
detenta ya en el marco del feudalismo sin ninguna revolución.29 En cambio, la
acumulación socialista originaria, como período de creación de las premisas
materiales de la producción socialista en el sentido propio de la palabra, no
comenzará sino con la toma del poder y la nacionalización. Es un hecho. La
acumulación capitalista es una acumulación sobre la base de una producción
económica y técnica-mente distinta del artesanado. La manufactura capitalista
no pudo probar sus ventajas sobre el artesanado sino en la medida en que se
reveló económicamente superior, en que el sistema de división del trabajo que
aplicaba y las otras ventajas de la gran producción sobre la pequeña, daban la
posibilidad de fabricar una unidad de producto con gastos menores en la
manufactura que en el artesanado. Pero la organización de la manufactura, la
construcción de edificios, la reserva de materias primas y el gasto de capital
circulante en el curso del proceso de circulación, en ausencia del sistema actual
de crédito a la industria, exigían la presencia de recursos importantes,
creados no en la manufactura, sino antes de la manufactura, en la pequeña
producción, y saqueados por el capital comercial en detrimento de la pequeña
producción. Un capital previamente acumulado es necesario en un grado todavía
superior para los comienzos del funcionamiento
29 No hablo aquí de las
limitaciones de la institución de la propiedad privada durante el período del
feudalismo. En sus fundamentos, la propiedad privada existía ya, pese a esas
limitaciones.
107
Evgeni Preobrazhenski
de la gran industria maquinizada. Era preciso, por consiguiente, un
largo período de saqueo de la pequeña producción para que la producción
capitalista pudiera manifestar sus ventajas sobre la producción artesanal en el
sentido técnico y económico.
Exactamente de la misma manera, la acumulación socialista en el
verdadero sentido de la palabra, es decir, la acumulación sobre la base
técnico-económica de la economía socialista, que desarrolla ya todos los rasgos
que le son propios y todas las ventajas que sólo son propias de ella, no puede
comenzar tampoco sino después que la economía soviética ha superado la etapa de
la acumulación originaria. Lo mismo que un mínimo determinado de medios
previamente acumulados en forma de elementos materiales de la producción es
necesario al funcionamiento de las manufacturas y a fortiori de las fábricas
que utilizan una técnica fundada en el maquinismo, igualmente es necesario un
cierto mínimo para que el complejo de la economía estatal pueda desarrollar
todas sus ventajas económicas y sentar sus nuevos fundamentos técnicos.
Aquí tocamos también al mismo tiempo una distinción constructiva de
principio en extremo importante entre capitalismo y socialismo, a la cual
volveremos cuando analicemos las condiciones de la competencia entre las formas
socialista y capitalista de economía. Para que la manufactura pueda probar sus
ventajas sobre el artesanado, no es en modo alguno, necesaria la organización
de un número enorme de manufacturas. Una, dos o cinco manufacturas pueden
manifestar ya sus ventajas sobre el artesanado y batirle en la competencia. El
volumen del capital primitivamente acumulado podía, por consiguiente, ser muy
reducido en la escala de toda la economía nacional tomada en su conjunto.
Algunas empresas, constituyendo un grupo de choque de vanguardia en el frente
económico y representando la economía nueva, podían comenzar un movimiento de
progresión sin esperar a que toda la transición fuera masiva y simultánea. Y
aunque, concreta e históricamente, en el curso del período de desarrollo del
capital comercial, la acumulación originaria hubiera progresado hasta tal punto
que en el momento de la organización de las manufacturas no hubiese habido
fuerte escasez de capitales disponibles, todo ese movimiento tenía, sin
embargo, un carácter no organizado, espontáneo. Tal método de progresión de la
nueva forma hacía también posible la exportación de capital. Empresas
capitalistas podían ver la luz en
108
LA NUEVA ECONOMÍA
países de pequeña burguesía, donde no existían las premisas técnicas ni
las premisas económicas del nuevo modo de producción o en los cuales todo esto
estaba en potencia y no exigía sino un impulso exterior por parte del capital
extranjero progresista.30
Al contrario, ninguna acumulación socialista parcial y de importancia
reducida es capaz de resolver el problema fundamental de la organización
socialista de la economía. En particular, en la medida en que se trata de la
economía de la Unión Soviética, son necesarias: 1) una acumulación que permita
a la economía estatal alcanzar la técnica capitalista contemporánea allí donde
el tránsito progresivo sobre las bases de la técnica nueva es imposible; 2) una
acumulación que haga posibles el cambio de la base técnica de la economía
estatal, la organización científica del trabajo y la dirección planificada de
todo el complejo de la economía estatal, imposibles sin importantes reservas de
seguridad; 3) una acumulación que garantice la progresión de todo el complejo y
no de partes aisladas de éste, pues la dependencia de los precios en el
movimiento de todo el complejo hace absolutamente imposible una progresión
dispar según el método del «partidismo» capitalista, la iniciativa individual y
la competencia. Establecemos así que el período de acumulación socialista
originaria no solamente no termina con la nacionalización de lo que ha sido
acumulado por el capital, sino que es lo contrario lo que se produce. Este
período de acumulación no puede desarrollarse sino posteriormente a la
conquista del poder por el proletariado y al primer acto de acumulación la
socialización de las ramas más importantes de la economía. Pero si ello es así,
¿es entonces, en general posible y justo hablar de acumulación socialista
originaria,31 por analogía con la acumulación capitalista originaria? ¿No ha
comenzado esta última antes de la producción capitalista, que se inicia el
tránsito a la producción socialista, al mismo tiempo que la acumulación en el
complejo socialista mismo? Pensamos que se puede conservar ese término en un
sentido convencional, aunque la acumulación socialista originaria interfiere
cronológicamente con la producción socialista y en parte con la acumulación
socialista, pues la esencia económica de ese
30 Veremos más adelante que, si
la estructura misma del capitalismo y el método que le permite dominar la
pequeña producción hacen posible la exportación de capital, la forma socialista
no puede, en cambio, extenderse sino exportando las revoluciones proletarias.
31 El término «acumulación
socialista originaria» pertenece a uno de los más eminentes de nuestros
economistas, el camarada V. M. Smirnov.
109
Evgeni Preobrazhenski
proceso en sus relaciones con la producción socialista es la misma, sin
embargo, que la de la acumulación capitalista en sus relaciones con la
producción capitalista.32 Y aun si ese término mostrara ser desafor-tunado,
habría que remplazarle inmediatamente por otro, porque la realidad material de
lo que designa no deja de existir. Al contrario, la distinción entre la
acumulación socialista originaria y la acumulación propiamente socialista tiene
una importancia de principio considerable. Veremos más adelante que esta
distinción tiene una enorme importancia para nuestra política económica, lo
mismo que la confusión de esos dos procesos acarrea los errores más groseros en
el campo de la dirección práctica de la economía.
Por acumulación socialista entendemos la sujeción a los medios de
producción en función del plusproducto que se crea en el interior de la
economía socialista una vez formada y que no servirá para una distribución
suplementaria entre los agentes de la producción socialista y el Estado
socialista, sino que es empleado en la reproducción ampliada. Por el contrario,
calificamos de acumulación socialista originaria la acumulación en manos del
Estado de recursos materiales sacados principal o simultáneamente de fuentes
situadas fuera del complejo de la economía estatal. Esta acumulación debe
desempeñar, en un país agrícola atrasado, un papel de importancia colosal,
acelerando en un grado inmenso la llegada del momento en que comenzará la
reedificación de la economía estatal y en que esa economía tendrá, al fin, la
supremacía puramente económica sobre el capitalismo. Se produce también durante
este período, es cierto, una acumulación sobre la base productiva de la
economía estatal. Pero, en primer lugar, esa acumulación tiene igualmente el
carácter de acumulación previa de medios con miras a una economía
auténtica-mente socialista y está sometida a ese objetivo. Y en segundo lugar,
la acumulación por el primer medio, es decir, a expensas del área no
estatizada, predomina manifiestamente en el curso de este período. Así, pues,
debemos calificar toda esta etapa de período de acumulación socialista
originaria o previa. Este período posee sus rasgos particulares y sus leyes
propias. La ley de la acumulación socialista originaria o previa aparece
precisamente como la ley fundamental de nuestra economía soviética, que
atraviesa actualmente
32 Aunque la acumulación
capitalista originaria sobre la base del capital comercial precede a la
producción capitalista, no hay que olvidar tampoco que el período entero de
acumulación originaria abraza, sin embargo, también el primer período de
desarrollo de la industria capitalista.
110
LA NUEVA ECONOMÍA
esa etapa. Todos los procesos fundamentales de la vida económica en el
campo de la economía estatal están subordinados a esta ley. La misma modifica y
hace desaparecer parcialmente la ley del valor y todas las leyes de la economía
mercantil y capitalista-mercantil en la medida en que éstas se manifiestan y
pueden aparecer en nuestro sistema de economía. Por consiguiente, no solamente
podemos hablar de acumulación socialista originaria, sino que no podríamos
comprender nada de la esencia de la economía soviética si no comprendemos el
papel central que desempeña en esta economía la ley de la acumulación
socialista originaria, que determina, en su lucha con la ley del valor, la
distribución de los medios de producción en ta economía, la distribución de las
fuerzas de trabajo y la importancia de la enajenación del plusproducto del país
en beneficio de la reproducción socialista ampliada.
Examinemos ahora de manera sistemática los métodos fundamentales de la
acumulación capitalista originaria y comparémoslos, en la medida en que esto es
posible, con los métodos y los procesos análogos o próximos a la acumulación
socialista originaria. Podemos tomar para esta comparación no solamente el
período que ha precedido a la producción capitalista, sino también la época de
los primeros pasos de la producción capitalista, porque la acumulación
originaria en su carácter de acumulación fuera del círculo de producción
capitalista continúa también después del nacimiento de las empresas
capitalistas, adoptando las formas más diversas.
Comencemos por el saqueo de las formas de economía no capitalistas.
En realidad, se puede considerar todo el período de existencia del
capital comercial, a partir del momento en que el trabajo del artesano para el
cliente y el mercado local ha sido remplazado por el trabajo para mercados
alejados, y en que el acaparador se ha convertido en agente necesario de la
producción, como un período de acumulación originaria, como un período de
saqueo sistemático de la pequeña producción.
Otra forma de saqueo que ha tenido una importancia enorme, fue la
política colonial de los países del comercio mundial, Por el momento no nos
referimos al saqueo ligado a los intercambios de una menor cantidad de trabajo
contra una cantidad superior sobre la base del comercio «normal», sino al
saqueo en forma de impuesto sobre los
111
Evgeni Preobrazhenski
indígenas, de la desposesión de sus bienes, su ganado, sus tierras, sus
reservas de metales preciosos, de la reducción de los vencidos a esclavitud y
de los sistemas variados hasta el infinito del más grosero engaño, etc. Es aquí
también donde se encuentran todos los métodos de compulsión y saqueo respecto a
la población campesina de las metrópolis. El saqueo de la pequeña producción
campesina en beneficio de la acumulación originaria ha adoptado las formas más
variadas. Las famosas enclosures (cercamientos) a las cuales ha consagrado Marx
páginas tan brillantes en el primer libro de El Capital, no eran un método
típico de acumulación originaria en todos i los países. Los métodos más típicos
son, en cambio: el saqueo de los siervos por los señores y el reparto del botín
con el capital comercial por un lado, y por el otro la imposición fiscal al
campesinado por el Estado, transfiriendo una parte de esos medios al capital.
Cuando la economía señorial comenzó a transformarse de una economía puramente
natural en una economía basada en el dinero o semi-natural, cuando los
propietarios del suelo, a consecuencia de la extensión del comercio y al
desarrollo de sus necesidades se sintieron empujados a reforzar sus exacciones
sobre los campesinos, entraron inconscientemente en una cooperación; de un
género determinado con el capital comercial. Todo lo que era saqueado al campo,
con excepción de lo que era consumido en el lugar, era vendido a los
comerciantes. Éstos suministraban a su vez a los propietarios de la tierra los
productos de las ciudades o del extranjero que servían para satisfacer sus
necesidades crecientes y más refinadas. El capital comercial vendía esos
productos con una utilidad del 100 % y más. Prestaba después con interés
usurario a los nobles que se arruinaban. En cierto sentido los feudales se
presentaban, pues, en esta época como agentes del capital comercial, como una
bomba de succión en materia de saqueo de la pequeña producción del campo en
provecho de la acumulación capitalista originaria. Aun siendo «la clase
superior» desde el ángulo jurídico, con relación al tercer estado, cooperaban
económicamente con los comerciantes, estando situados en el nivel no más
elevado, sino, al contrario, en el más bajo en materia de extorsión de medios
al campesinado.
Otra forma de saqueo de la pequeña producción son los impuestos
estatales. A partir de sus recursos fiscales, los estados absolutistas
estimulaban el desarrollo de las manufacturas, concedían subvenciones
112
LA NUEVA ECONOMÍA
a los comerciantes convertidos en industriales o a los nobles
transformados en fabricantes. Ese sostén era sobre todo concedida a las
manufacturas que aseguraban de una manera u otra el equipo del ejército: las
fábricas de tejidos, las de armamentos, las empresas metalúrgicas, etc. Pero
tal transferencia de medios de los canales de la pequeña producción a la gran
industria y particularmente a la industria pesada, por intermedio del aparato
estatal, se opera también en un período mucho más tardío.
Respecto al papel del Estado y en particular al papel de la compulsión
estatal durante el período de acumulación originaría, Marx escribía:
«Esos métodos se basan, como ocurre con el sistema colonial, en la más
avasalladora de las fuerzas. Pero todos ellos se valen del poder del Estado, de
la fuerza concentrada y organizada de la sociedad, para acelerar a pasos
agigantados el proceso de transformación del régimen feudal de producción en el
régimen capitalista y acortar los intervalos. La violencia es la comadrona de
toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva. Es, por sí misma, una
potencia económica».33
Esta compulsión ha desempeñado también un papel considerable en el
momento de la formación de los Estados nacionales en calidad de campos de
actividad del capital comercial. Recuerden solamente el análisis de clase,
profundo y pleno de verdad histórica, al que M. N. Pokrovski somete la política
de los zares moscovitas, a fin de hacer revivir en la memoria de ustedes esas
páginas sacadas del período estudiado. Igualmente la conquista del territorio
necesario, de las vías comerciales, etc., no es otra cosa que un eslabón en la
cadena de la acumulación capitalista originaria, pues sin acumulación de las
premisas territoriales necesarias, la extensión del capital comercial y su
tránsito al capital industrial no pueden realizarse con éxito. Desde ese punto
de vista, el campesino pagaba su tributo al dios Moloch de la acumulación
originaria no solamente cuando remitía, por intermedio del señor, una parte de
su censo al comerciante, y, por intermedio del Estado, una parte del impuesto
al manufacturero, sino igualmente cuando daba los huesos de sus hijos a la
construcción de nuevas vías comerciales y a la conquista de países nuevos.
33 El Capital, Tomo I, p. 689.
113
Evgeni Preobrazhenski
Un papel importante en el proceso de acumulación originaria es
desempeñado por los empréstitos estatales, gracias a los cuales se opera la
transferencia, en forma de intereses, de una parte de la renta anual de los
pequeños productores a manos de los acreedores capitalistas del Estado que ha
hecho el empréstito. Marx dice a ese respecto::
«La deuda pública se convierte en una de las más poderosas palancas de
la acumulación originaria. Es como una varita mágica que infunde virtud
procreadora al dinero improductivo y lo convierte en capital sin exponerlo a
los riesgos ni al esfuerzo que siempre lleva consigo la inversión industrial e
incluso la usuraria. En realidad, los acreedores del Estado no entregan nada,
pues la suma prestada se convierte en títulos de la deuda pública, fácilmente
negociables, que siguen desempeñando en sus manos el mismísimo papel del
dinero. Pero, aun prescindiendo de la clase dé rentistas ociosos que así se
crea y de la riqueza improvisada que va a parar al regazo de los financieros
que actúan de mediadores entre el Gobierno y el país –así como de la riqueza
regalada a los rematantes de impuestos, comerciantes y fabricantes
particulares, a cuyos bolsillos afluye una buena parte de los empréstitos del
Estado como un capital llovido del cielo–, la deuda pública ha venido a dar
impulso tanto a las sociedades anónimas, al tráfico de efectos negociables de
todo género, como al agio; en una palabra; a la lotería de la bolsa y a la
moderna bancocracia».34
Detengámonos por el momento en los métodos de acumulación originaria que
acabamos de enumerar, fundados principalmente en el saqueo de la pequeña
producción y en la presión extraeconómica que ésta sufre, y examinemos lo que
ocurre aquí durante el período de acumulación socialista originaria.
En lo que concierne al saqueo colonial, el Estado socialista, que
realiza una política de igualdad de derechos de las nacionalidades y de libre
entrada de éstas en tal o cual unión nacional, rechaza por principio todos los
métodos de compulsión del capitalismo en ese campo. Esta fuente de acumulación
originaria está cerrada para él desde el comienzo.
34 El Capital, Tomo I, p. 692.
114
LA NUEVA ECONOMÍA
Es muy distinto en cuanto a la enajenación en provecho del socialismo de
una parte del plusproducto de todas las formas económicas presocialistas. La
imposición sobre las formas no socialistas debe no sólo producirse
inevitablemente durante el período de acumulación socialista originaria, sino
que debe inevitablemente tener un papel inmenso, directamente decisivo en los
países agrícolas como la Unión Soviética. Debemos detenernos en ese punto de
manera bastante detallada.
Hemos visto precedentemente que la producción capitalista podía comenzar
a funcionar y luego desarrollarse apoyándose solamente en los recursos sacados
de la pequeña producción. El tránsito de la sociedad del sistema pequeñoburgués
al sistema capitalista de producción no habría podido realizarse sin
acumulación previa a expensas de la pequeña producción, y se habría operado
ulterior-mente a pasos contados si una acumulación complementaria a expensas de
la pequeña producción no hubiera marchado a la par de la acumulación
capitalista a expensas de la explotación de la fuerza del trabajo proletario.
Ese tránsito supone incluso en calidad de sistema, un intercambio de valores
entre la grande y la pequeña producción, en el curso del cual ésta da más a
aquélla de lo que recibe. Durante el período de acumulación socialista
originaria, la economía estatal no puede prescindir de la enajenación de una
parte del plusproducto del campo y del artesanado, y, en fin, de la extracción
de la acumulación capitalista en provecho de la acumulación socialista. No
sabemos en qué grado de ruina saldrán de la guerra civil los otros países en
los cuales triunfará la dictadura del proletariado. Pero un país como la URSS,
con su economía arruinada y bastante retardataria en general, deberá atravesar
su período de acumulación originaria explotando ampliamente las fuentes de las
formas presocialistas de economía. No hay que olvidar que el período de
acumulación socialista originaria es el período más crítico de la vida de un
Estado socialista una vez terminada la guerra civil. Durante j ese período, el
sistema socialista no es todavía capaz de desarrollar todas las ventajas que le
son orgánicamente propias, pero al mismo tiempo hace desaparecer
inevitablemente una serie de ventajas económicas propias del sistema
capitalista evolucionado. Recorrer rápidamente este período, alcanzar más
pronto el momento en que el sistema socialista desarrollará todas sus ventajas
naturales sobre el capitalismo, es una cuestión de vida o
115
Evgeni Preobrazhenski
muerte para el Estado socialista. Al menos, así se plantea actualmente
el problema para la URSS y así se planteará quizá durante cierto tiempo para
una serie de países europeos en los cuales el proletariado obtendrá la
victoria. En esas condiciones, no contar sino con la acumulación en el interior
del dominio socialista equivale a arriesgar la existencia misma de la economía
socialista o prolongar hasta el infinito el período de acumulación previa, lo
que no depende, por otra parte, de la buena voluntad del proletariado. En la
parte concreta de la presente obra, que será consagrada a la industria y la
agricultura de la URSS, ofreceremos cálculos numéricos referentes al tiempo
importante durante el cual deberemos esperar la recuperación de nuestra
industria, aún en su nivel de preguerra, si no nos apoyamos más que en el
plusproducto de la industria misma. En todo caso, la idea de que la economía
socialista puede desarrollarse sola, sin tocar los recursos de la economía
pequeñoburguesa y en particular de la economía campesina, aparece con toda
seguridad como una utopía, pequeño-burguesa reaccionaria. El problema del
Estado socialista no consiste aquí en sacar de los productores pequeñoburgueses
menos que el capitalismo, sino en sacar más, de un ingreso aún más elevado que
será asegurado a la pequeña producción por la racionalización de todas las
cosas y en particular de la pequeña explotación del país.
Otra fuente de acumulación socialista puede ser el impuesto sobre la
ganancia capitalista privada, es decir, una extracción sistemática sobre la
acumulación capitalista. La naturaleza de ese género de recursos puede ser
diversa, pero, evidentemente, se trata también a fin de cuentas de una
acumulación a expensas del trabajo de los obreros, de una parte, y de los
campesinos, de otra. Cuando el Estado impone fuertes impuestos a las empresas
capitalistas privadas hace; regresar al fondo de acumulación socialista una
parte de la plusvalía que habría sido recibida por el Estado en forma de
plusproducto si él mismo hubiera dirigido, con igualdad de todas las
circunstancias por otra parte, las empresas consideradas. Los capitalistas
desempeñan aquí, frente al Estado socialista, el papel que desempeñaban los
propietarios feudales de la tierra; con los caballeros de la acumulación
originaria. Exactamente de la misma manera, el gravamen a la clase de los
kulaks, que sacan provecho del trabajo asalariado, implica a fin de cuentas una
acumulación a expensas del trabajo de los asalariados agrícolas. A la inversa,
en la medida en que el Estado socialista grave a los
116
LA NUEVA ECONOMÍA
comerciantes, acaparadores, capitalistas y kulaks, que obtienen también,
en parte, sus ingresos del campesinado que administra una explotación
independiente, nosotros tendremos acumulación a expensas de la empresa
campesina, en presencia de la cual, como antes, los personajes indicados
representarán, de una parte, acumuladores de acumulación capitalista y, de
otra, una instancia de transferencia a uno de los polos de la acumulación
socialista.35
En lo que concierne a los empréstitos estatales, que han servido de
canal en extremo importante de acumulación capitalista originaria, su papel es
diferente en el período de acumulación socialista. Hay que distinguir aquí dos
sistemas de empréstitos diferentes en su principio. Hay que alinear más bien
nuestros empréstitos semiforzados, del género del primero y segundo empréstitos
por cuotas en el sistema de acumulación procedente de fuentes fiscales, es
decir, de acumulación por métodos de presión extraeconómica. Es muy distinto en
cuanto a las operaciones de crédito del tipo de los empréstitos normales que se
practican en el régimen burgués. Tales empréstitos –pongamos el empréstito por
30 años y al 7 % hecho con los capitalistas ingleses– no pueden ser contados
directamente entre las fuentes de acumulación socialista, porque el Estado
soviético pagará los intereses del préstamo con sus ingresos y aparecerá él
mismo de ese modo con la instancia de transferencia de la acumulación y la
explotación capitalistas de las masas laboriosas de la Unión por la burguesía
extranjera. Pero, de otro lado, esos préstamos pueden servir de estímulo muy
enérgico a la acumulación socialista al aportar finalmente al fondo de
acumulación socialista un interés más fuerte que el que aportan al fondo de
acumulación capitalista. Hablaremos de ese tipo de préstamo, bajo otro aspecto,
en el momento del análisis de la significación económica de los préstamos y las
concesiones exteriores en el sistema de economía socialista-mercantil.
Antes de pasar a las formas de acumulación originaria sobre la base de
la economía, debemos mencionar aún una fuente de ingresos del Estado y, con
ello, en el sistema soviético, una fuente de acumulación originaría, la cual es
más correcto situar con los impuestos, pero que en apariencia y formalmente no
se cuenta entre los mismos en la
35 Más adelante, cuando esto esté
claro según el contexto, hablaré para más concisión de acumulación socialista
en lugar de acumulación socialista originaria.
117
Evgeni Preobrazhenski
literatura económica teórica. Me refiero a la emisión de papel moneda.
En mis folletos titulados El papel moneda en la época de la dictadura del
proletariado y Las causas de la caída de la cotización de nuestro rublo, he
mostrado que la emisión constituye una de las formas del impuesto en un sistema
de moneda en depreciación. Basta hacer constar aquí que la emisión aparece
igualmente como uno de los métodos de acumulación originaria. En lo que
concierne al período correspondiente a la historia del sistema económico
burgués, la emisión no jugaba el papel de factor auxiliar de acumulación
capitalista. El deterioro de la moneda que practicaban los príncipes feudales y
nuestros zares, la circulación del papel moneda durante el período siguiente,
representaban impuestos del Estado a toda la población, incluidos en parte los
capitales monetarios de la burguesía. Pero cuando el Estado es simultáneamente
el órgano de dirección del país y el dueño de un complejo económico de los más
vastos, la emisión sirve directamente de canal para la acumulación socialista.
Esta acumulación se opera, ora a expensas de los ingresos de los elementos
pequeño-burgueses y capitalistas, ora por la reducción del salario de los
obreros y empleados del Estado. Se ve hasta qué punto esta fuente es importante
por el hecho de que, desde la organización del Poder soviético hasta la
introducción definitiva de una moneda estable, el ingreso de emisión, incluidas
las pérdidas del Estado mismo, ha alcanzado la suma aproximada de 1.800
millones de rublos-oro. La emisión desempeñó también para el Poder soviético de
Hungría el papel de un recurso financiero de los más importantes en el curso de
sus cuatro meses de existencia.
Pasemos ahora a los métodos de acumulación originaria que conducen a la
acumulación de capital por vías económicas. Hay que distinguir aquí la
acumulación realizada en la producción misma, a expensas de la plusvalía del
proletariado ocupado en las empresas, y, de otro lado, el intercambio de una
menor cantidad de trabajo de un sistema económico o de un país por una cantidad
superior de trabajo de otro sistema u otro país.
Examinemos primero, como precedentemente, los métodos de acumulación
primitiva sobre la base de la economía en el período del modo capitalista de
producción.
118
LA NUEVA ECONOMÍA
Comencemos por nuestra segunda subdivisión, es decir, por lo que
llamamos actualmente, en nuestra economía, la política de precios. Hallamos
sobre ese asunto, en el tercer libro de El Capital, un pasaje en extremo
importante que ha sido insuficientemente utilizado en la literatura económica
marxista para el análisis teórico, tanto de la explotación colonial como de la
explotación por el capitalismo de las formas precapitalistas de producción en
general.
«El país favorecido obtiene en el intercambio una cantidad mayor de
trabajo que la que entrega, aunque la diferencia, el superávit, se lo embolse
una determinada clase, como ocurre con el intercambio entre capital y trabajo
en general. Por tanto, cuando la cuota de ganancia sea más alta, puede
perfectamente coincidir, si en los países coloniales se dan las condiciones
naturales propicias para ello, con precios bajos de las mercancías.»36
Si tomamos un país capitalista cualquiera, Inglaterra por ejemplo, y,
por otra parte, la serie de sus colonias o de los países semicoloniales ligados
a Inglaterra por relaciones comerciales, se puede establecer siempre, al
analizar el valor de lo que Inglaterra exporta hacia sus colonias y lo que
importa de éstas, la desigualdad de los gastos de trabajo en las masas de
mercancías intercambiadas, en tanto que aparecen como equivalentes. El ejemplo
más evidente y más grosero de ese fenómeno nos lo da el cambio de los adornos
de oro de un salvaje por una pieza de tela roja llevada de Europa por un
mercader. Pero aun en el caso del comercio «normal» con las colonias, el
fenómeno notado por Marx continúa existiendo, pues un país técnicamente poco,
evolucionado gasta en promedio por unidad de mercancía más trabajo que un país
de nivel técnico más elevado. A esto está ligado un nivel de vida más bajo de
la población laboriosa y, en particular, un nivel de vida y un nivel de
salarios más bajo de los obreros de las colonias o de los países económicamente
atrasados. Con técnica igual, una empresa de la misma rama en las colonias
percibirá una utilidad adicional en comparación con una empresa análoga en la
metrópoli. Esto se observa constantemente, con igualdad de las demás
circunstancias por otra parte, y esto no es posible sino porque, sobre la base
de la ley del valor, que asegura la regulación de los precios en un país dado,
el valor y el precio de la
36 El Capital, Tomo III, p. 260.
119
Evgeni Preobrazhenski
fuerza de trabajo son menos elevados que en la metrópoli a lo largo de
todo el frente del trabajo, a consecuencia de lo cual el país de técnica más
evolucionada, de salarios más elevados y al mismo tiempo de precios más bajos
se halla en condiciones de intercambio más favorables que los países de bajo
nivel técnico, bajos salarios y precios más elevados. La ganancia más elevada
del capital invertido en las colonias se funda en el aprovechamiento de esta
diferencia funda-mental en la situación de las colonias y las metrópolis. Desde
ese punto de vista, la ganancia adicional del capital invertido en las colonias
es en realidad una ganancia que nace en el momento del tránsito de un sistema
técnico a otro, de un sistema económico a otro de más alto nivel. En principio,
esa utilidad no se distingue en nada de la ganancia adicional que recibe el
capitalista que introduce por primera vez en una producción determinada una
máquina nueva, la cual reduce de golpe los gastos de producción. Pero por el
hecho de que el capital es de una manera general un movimiento, por el hecho de
que el tránsito de un sistema técnico a otro, de ciertas formaciones económicas
a otras (por ejemplo, de las formas precapitalistas a las formas capitalistas),
no cesa jamás; la explotación de ese tránsito «por una clase dada» no es una
cosa fortuita, sino un fenómeno permanente en el curso de todo el período de
desarrollo capitalista. Ese impuesto con que la clase capitalista grava el
desarrollo económico de la sociedad es pagado tanto por los productores
pequeñoburgueses de la metrópoli como por los países coloniales y
semicoloniales considerados en el conjunto de su economía. En el caso presente
sólo nos interesa el período del comienzo del desarrollo capitalista. Ese
período tiene particularidades que lo acercan un poco al período del
capitalismo monopolista. Hay que distinguir tres períodos en la historia de la
explotación por el capitalismo de las formas precapitalistas sobre la base de
la economía. Un período de libre competencia, pero de monopolio de hecho, del
joven capitalismo, que no se sitúa en modo alguno en una coyuntura de libre
competencia, en la medida en que las primeras empresas creadas por el capital
sacaban ventaja del nivel de los precios creado sobre la base de la producción artesanal.
Los grandes capitales –y a fortiori las empresas capitalistas– eran por su
naturaleza un monopolio en manos de algunos. Lo mismo sucede en cuanto al
capital comercial en la medida en que la falta de capitales, la importancia de
los riesgos y, por consiguiente, de las primas de seguro y, en fin, la
existencia de
120
LA NUEVA ECONOMÍA
organizaciones monopolizadas del comercio exterior, que habían surgido
en esas condiciones, como la Compañía de las Indias Orientales, hacían
igualmente de la explotación colonial sobre la base de los intercambios un
monopolio de grupos de capitalistas muy poco numerosos. Este período es seguido
de un período de libre competencia. El mismo no suprime esa forma de
explotación de la pequeña producción, ni los métodos de acumulación de que
hablamos, sino que les fija determinados límites en las condiciones de un
equilibrio dado. El tercer período, en fin, es el del capitalismo monopolista.
Durante este período, gracias a la creación de un sistema de organismos
capitalistas nacionales, separados por una barrera aduanal de la competencia
extranjera, la explotación de los pequeños productores en el interior del país
sobre la base de los precios de monopolio de los trusts, se amplía de nuevo y
vuelve a ser, como en el período de acumulación originaria, el privilegio de un
grupo reducido de tiburones capitalistas. En lo que concierne a la explotación
correspondiente de las colonias, se observa aquí, de un lado, una tendencia,
por parte de cada gran potencia capitalista colonial, a extender a las colonias
la monopolización del mercado interior y a defender ese derecho con las armas.
Por otra parte, gracias a la exportación de capitales a las colonias, la
ganancia adicional procedente de esas colonias, adopta cada vez más la forma de
la superganancia obtenida de una empresa que tiene el mismo nivel técnico, pero
donde el nivel de los salarios es más bajo. Esto conduce a la sustitución
progresiva de una forma de explotación por otra, y lleva al mismo tiempo a una
nivelación determinada de las condiciones de la economía colonial con relación
a la de las metrópolis, lo que refuerza precisamente la tendencia de los
diferentes capitalismos a reservarse su mercado interior, que debe suministrar
a una acumu-lación reforzada lo que se pierde por el hecho del desarrollo de la
industria en las colonias. Volveremos más adelante a la cuestión; del papel
enorme que desempeña, para la comprensión de la ley de la acumulación
socialista, el hecho de que el socialismo nace histórica-mente sobre la base
del capitalismo monopolista y no sobre la del capitalismo de libre competencia.
Nos basta observar aquí que la acumulación capitalista no solamente estaba
fundada en la explotación de la pequeña producción por vía de los impuestos, no
solamente en su explotación feudal, que no era sino un grado de la acumulación
capitalista, sino también que se hallaba enmascarada por un sistema
121
Evgeni Preobrazhenski
de intercambio en el mercado de cuasi-equivalentes, detrás del cual se
ocultaba el cambio de una menor cantidad de trabajo por una cantidad más
importante. En ese caso, el campesino y el artesano son en parte explotados por
el capital como los obreros, que no reciben en forma de salario, de precio de
mercado de su fuerza de trabajo, sino una parte del nuevo producto creado por
su trabajo.
Después de esta incursión histórica en el campo de la acumulación
capitalista originaria, pasemos al análisis de los momentos correspon-dientes
del período de acumulación socialista originaria.
La diferencia en cuanto al período de acumulación capitalista
originaria, reside aquí, en primer lugar, en el hecho de que la acumulación
socialista debe operarse no solamente a expensas de plusproducto de la pequeña
producción, sino también a expensas de la plusvalía de las formas capitalistas
de economía. En segundo lugar, la diferencia está determinada aquí por el hecho
de que la economía estatal del proletariado nace históricamente con
posterioridad al capitalismo monopolista y dispone, por consiguiente, de medios
de regulación de toda la economía y de métodos de redistribución del ingreso
nacional que eran inaccesibles al capitalismo en el alba de su desarrollo.
Comencemos por las tarifas de los ferrocarriles. Esa poderosa palanca de
regulación de la economía, que se halla enteramente en manos del Estado
soviético, es en extremo poco utilizada en interés de esa regulación y no
utilizada absolutamente como instrumento de acumulación-socialista originaria.
El sistema de las tarifas privilegiadas para ciertos transportes (carbón,
petróleo, sal) aparece hasta aquí más como un medio de Redistribución de los
recursos estatales que como un gravamen indirecto sobre el sector no socialista
de la economía. Muy mínima es también hasta el presente la importancia de esos
privilegios poco numerosos de que gozan los envíos del Estado y de las
cooperativas, comparados con los de los remitentes privados. La utilización de
esa palanca de la acumulación originaria es todavía enteramente algo que
pertenece al futuro. Sólo cuando los transportes lleguen a ser rentables en
lugar de ser deficitarios, será posible, al establecer tarifas ferroviarias
apropiadas, basadas en la diferenciación de las mercancías estatales y
privadas, realizar la imposición sistemática a los productores privados y los
negociantes, y amputar así una parte de las ganancias del capital privado. Es
inútil
122
LA NUEVA ECONOMÍA
demostrar, además, que todo esto constituirá uno de esos golpes
asestados a la ley del valor que hacen de la economía del período de
acumulación socialista una época de modificación y limitación progresivas y, en
parte, de liquidación de esta ley.37
Una segunda y poderosa palanca de la acumulación originaria es el
monopolio del sistema bancario. Durante el período de acumulación capitalista
originaria, el crédito usurario aparecía como un medio de redistribución del
ingreso nacional de manos de los feudales a las de la burguesía que nace y se
fortalece. En cambio, en lo que concierne al crédito como instrumento de
movilización de los recursos disponibles de la sociedad y distribución de los
mismos por el canal de la reproducción ampliada, se trata en este caso de una
forma que faltaba entonces o no era sino embrionaria. Al contrario, durante el
período de acumulación socialista previa que atraviesa la economía de la URSS,
es decir, en el curso de las primeras etapas de este período, el sistema de
crédito de Estado actúa más en el campo de la redistribución de los recursos
disponibles del país que en el de la redistribución del ingreso nacional. Esto
puede parecer inexacto en la medida en que el interés percibido por la banca
sobre los préstamos (salvo durante el período en que la moneda estaba en rápida
depreciación) aparece enorme con relación a las condiciones capitalistas
normales, mientras que las operaciones de depósito son bastante mínimas. Pero
no debemos olvidar un instante esta fuente económica real que hace posibles la
emisión de billetes de banco y las operaciones de préstamo de la banca a partir
de las fuentes de esta emisión. Si la banca pone en circulación 60 millones de
billetes sin ocasionar fluctuaciones de la cotización de la moneda, esto
significa económicamente que se pusieron valores comerciales, por ciertas vías,
a la disposición del Gosbank por esta suma y a diferentes plazos. Si se observa
que este «empréstito a la circulación» se reparte entre la economía estatal y
la economía privada proporcionalmente –admitámoslo entre la una y la otra en el
volumen de los intercambios monetarios– y que los recursos de ese empréstito
van al financiamiento casi exclusivo de la industria y el comercio estatal y
cooperativo, estaremos en presencia de un
37 Hablo aquí, como en toda la
exposición, de la ley del valor en calidad de regulador espontáneo en el
sistema mercantil y capitalista-mercantil de producción y no de la regulación
de la economía a partir de los gastos de trabajo independientemente de la forma
históricamente transitoria de esta regulación en una sociedad fundada en los
intercambios. Tal regulación existirá también en economía planificada, pero se
realizará por otras vías, es decir, sobre la base de cálculos directos del
tiempo de trabajo.
123
Evgeni Preobrazhenski
proceso de acumulación socialista que evoluciona con gran rapidez. Un
análisis teórico y numérico detallado de ese proceso, así como la acción sobre
la economía del país de todo el sistema de crédito en su conjunto, será
examinado por nosotros en un capítulo especial del segundo tomo.
En lo que respecta al problema de la redistribución del ingreso nacional
por intermedio del sistema de crédito, lo esencial está todavía por venir. Si
el Gosbank percibe un interés elevado de las empresas estatales que reciben
préstamos a largo y corto plazo, no tenemos un proceso de acumulación en el
sector estatal, sino sobre todo un proceso de distribución de recursos en el
interior de dicho sector. La redistribución en el sector socialista a partir de
la economía privada no podrá operarse directamente sino cuando los recursos de
la economía privada, acumulados por el sistema bancario en forma de depósitos,
se repartan en la economía privada sobre la base de un mayor interés sobre los
préstamos; y la diferencia entre la suma global de lo que paga la banca por los
depósitos y lo que recibe en forma de intereses por los préstamos y otras
formas de remuneración de sus servicios entrará en los fondos de acumulación
socialista. Será lo mismo que si los recursos estatales son prestados con
interés por el otorgamiento de créditos a la economía privada. Sin embargo,
esta última operación, en presencia de una falta general de capitales en el
país y ante todo en el sector estatal, aun siendo formalmente una fuente de
acumulación, es manifiestamente desventajosa por el momento, porque se
convierte, en la etapa considerada, en un instrumento evidente de acumulación
capitalista a expensas del crédito estatal. Esta operación no puede tener lugar
sino en detrimento de la operación más ventajosa de una concesión de crédito a
las empresas estatales, porque la concesión de crédito a éstas asegura no
solamente el interés pagado al banco, sino también la acumulación de capital en
las empresas estatales sobre la base de la producción. En esas condiciones, la
concesión de crédito al comercio y la industria privados, que puede reportar,
por ejemplo, un interés anual del 10 % al banco, es menos ventajosa que la
concesión a la industria estatal, que puede pagar, por ejemplo, al banco el 8 %
sobre el capital prestado, pero ella misma recibe, sobre la base de la
producción, el 15 % del capital prestado. En ese caso es más ventajoso para el
Gosbank, como banco, conceder crédito a la industria y al
124
LA NUEVA ECONOMÍA
comercio privados, mientras que desde el punto de vista de la
acumulación socialista en todo ese complejo y no en el solo sector del Gosbank,
esta operación aparece como manifiestamente deficitaria. Así se explica el
hecho de que, en el presente, el Gosbank no conceda crédito al comercio y a la
industria privados, aunque éstos estén prestos a pagar más que las empresas de
Estado, y lo reserva casi exclusivamente a estas últimas. Desde el punto de
vista de los problemas de la acumulación socialista, tal política aparece como
la única justa.
Pero en el futuro la situación en ese campo debe modificarse, y puede
llegar un momento en que la concesión de crédito a la economía privada llegue a
ser uno de los instrumentos más importantes de la redistribución del ingreso
nacional en interés de la economía estatal y uno de los más importantes medios
de someter la economía privada a los centros reguladores de la economía
estatal. El sistema de crédito de la URSS puede desempeñar a este respecto un
papel particular-mente importante en el momento del desarrollo del crédito
agrícola a largo plazo, principalmente si logramos hacer empréstitos
importantes en el extranjero y si el Gosbank aparece como el distribuidor de
esos empréstitos por transferencia de recursos extranjeros al organismo
económico de la URSS.
Vemos así, después de lo que se ha dicho, que toda nuestra política de
crédito está actualmente sujeta y no puede dejar de estarlo a la ley de la
acumulación socialista originaria.
Pasemos ahora al comercio interior y exterior. Durante el período de
acumulación capitalista originaria el comercio aparece a doble título como un
instrumento de esta acumulación. Históricamente, es la explotación de la
pequeña producción artesanal por el capital comercial la que constituye la
forma primera. Ese tipo de explotación por intermedio del comercio y la
ejecución de ciertas funciones productivas (entrega a los artesanos de materias
primas a crédito, etc.), no tienen nada en común con el comercio de productos
fabricados por obreros en empresas capitalistas. En efecto, en el primer caso,
el negociante y el acaparador, que desembolsan cien unidades para la compra de
mercancías producidas por vía artesanal y retiran 150 para cubrir los gastos de
transporte, etc., reciben 50 unidades procedentes del ingreso del productor. Es
de manera muy diferente cuando el capital comercial opera sobre mercancías de
la
125
Evgeni Preobrazhenski
producción capitalista. La ganancia comercial media no es entonces sino
una extracción sobre la plusvalía creada en el proceso de producción
capitalista. En ese caso, una ganancia suplementaria del negociante, que no
tiene su origen en la producción capitalista, no puede ser obtenida sino en el
momento de los intercambios del sistema capitalista con un medio no capitalista
y a expensas de este último. En ausencia de una competencia suficiente, esa
ganancia suplementaria puede aparecer, principalmente en las condiciones de una
situación particularmente favorable de grupos determinados del capital
comercial, cuando el comercio mismo (en presencia, por ejemplo, de una extrema
pobreza del país en capitales en general) constituye casi una especie de
monopolio de esos grupos. Cuando el desarrollo de la circulación de las
mercancías de un país, en la cual el papel principal pertenece a los productos
de la producción pequeño-burguesa, se efectúa más rápidamente que el desarrollo
de la red comercial y que el proceso de atesoramiento del capital comercial,
éste puede intensificar la explotación de los productores no capitalistas en un
grado superior al que sería alcanzado en presencia de un excedente del capital
comercial y de una competencia suficiente. Para el período de acumulación
originaria con su monopolio de hecho, tanto del capital comercial como del
joven capital industrial, no tiene objeto plantear la cuestión teórica de saber
si conviene considerar esa utilidad suplementaria que va a los bolsillos del
capital comercial en esas condiciones de monopolio como una utilidad del
capital productivo, que no se realiza más que en el comercio, o como una
ganancia del capital comercial en el sentido propio, en la medida en que se
trata en este caso del saqueo de pequeños productores y no de obreros.
Solamente hay que distinguir estrictamente la ganancia de ese tipo de la
ganancia normal del capital comercial en una sociedad capitalista evolucionada,
tanto más cuanto que, en una empresa real, esa ganancia suplementaria se halla
fundida con toda otra ganancia y ninguna contabilidad la delimita. Por lo
demás, la distinción de ambas tiene una importancia enorme, puesto que se trata
de dos fuentes completamente distintas de esa ganancia y, por consiguiente, de
intercambios entre dos sistemas económicos distintos, lo que reviste una gran
importancia de principio durante el análisis de las fuentes de la acumulación
socialista originaria.
126
LA NUEVA ECONOMÍA
Pasemos ahora a los intercambios en el sistema de la URSS y ante todo en
el comercio interior. Debemos distinguir aquí: 1) los intercambios en el
interior mismo del sector de economía estatal; 2) los inter-cambios en el
interior de la economía privada; 3) los intercambios entre el sector de la
economía estatal y la economía privada.
En lo que concierne a la primera subdivisión, no puede manifiestamente
tener para la acumulación socialista ningún objetivo positivo. La economía de
los intercambios se reduce al ahorro durante los intercambios, a la reducción
de los gastos del proceso de circulación. Esos gastos representan una deducción
directa sobre el plusproducto de la economía estatal, y, en el caso en que
participan intermediarios privados en los intercambios, entre empresas
estatales, constituyen no solamente una deducción sobre el fondo de acumulación
socialista, sino también un aumento aportado al fondo de acumulación
capitalista «secundaria». Tal como los dioses de Epicuro moraban en los poros
del Universo, también en el primer período de aparición de los trusts estatales
en el mercado libre, los intermediarios privados han procurado instalarse no
solamente en los canales del comercio privado, sino también en los poros y
fisuras que separan entre sí a las empresas estatales, y acumulaban allí
«gastos de circulación». La racionalización del comercio estatal implica la
erradicación sistemática del sector estatal de esas sanguijuelas de la
acumulación capitalista, y conduce no solamente a la reducción de los gastos de
la economía estatal, sino también a la organización por sus propios medios de
la circulación misma.
En lo que concierne a la segunda subdivisión, es decir, los intercambios
en el interior de la economía privada, aquí, por el contrario, la acumulación
socialista es posible. Hemos hablado ya del método extra-económico de
acumulación a partir de esta fuente, es decir, de los impuestos sobre el
comercio de los productos de la economía privada. Una acumulación de otro tipo,
es decir, sobre la base de intercambios comerciales, es no solamente posible,
sino que se produce ya en parte actualmente y aumentará sin ninguna duda.38 Un
ejemplo de ese género de acumulación es la compra de trigo y productos
alimenticios en general a los campesinos por el Jlieboprodukt
38 El aumento de las tarifas
ferroviarias que grava las mercancías del capital privado, las cuales son
realizadas en el interior de la economía privada, se cuenta en esta misma
fuente de acumulación.
127
Evgeni Preobrazhenski
para su venta a los consumidores privados en los mercados urbanos. La
ganancia comercial así obtenida es en realidad una deducción sobre los ingresos
de los productores que venden sus mercancías al organismo estatal para que éste
a su vez las revenda. Cuando los organismos de comercio estatal y cooperativo
vendan a los consu-midores privados la producción no solamente de los
campesinos sino también de los artesanos, trabajadores a domicilio y
empresarios privados y obtengan así utilidades, esta parte del comercio estatal
y cooperativo constituye la fuente de acumulación socialista que acabamos de
considerar. La lucha del comercio estatal y cooperativo con el comercio privado
en ese campo de los intercambios no tiene objetivos negativos, sino positivos,
desde el punto de vista de la acumulación socialista. Se produce en ese campo
(en pequeñas proporciones hasta ahora, por desgracia) una acumulación
procedente del fondo de uno de los sistemas en provecho del otro. Lo que se
quite al comercio privado será dado, en igualdad de las demás condiciones, por
otra parte, al fondo de la economía estatal. En igualdad de condiciones digo,
pues se puede aplicar en ese caso una política comercial no en interés de la
acumulación socialista, sino en interés de los productores pequeñoburgueses,
una política que tendría como objetivo la reducción de las deducciones sobre
sus rentas. ¿Es racional tal política? Esto depende de qué es lo más importante
en el momento dado para la economía estatal: la reducción de los precios de las
mercancías en la venta y la erradicación del capital privado o la acumulación
en la esfera de la circulación. Económicamente, en cambio, esta política
implica indiscutiblemente una reducción del fondo de acumulación socialista,
implica una gratificación a la producción privada, gratificación tanto más
pesada para la economía estatal cuanto que esta es más pobre en capitales, y es
más ventajoso para ella ocupar en el comercio una parte de los capitales que le
faltan en la producción misma que intensificar la movilización de los recursos
de los productores más pequeños con miras al desarrollo de la circulación
cooperativa. Por otra parte, en una etapa dada de su desarrollo, el comercio
estatal dirige sus negocios peor que el comercio privado, y el problema más
actual para él mismo es hasta ahora reducir sus gastos, aunque sólo sea al
nivel del comercio privado. Pero nos importa aquí plantear teóricamente de
manera correcta todo el problema, porque no se trata de la política del momento
presente, sino de la comprensión de los procesos
128
LA NUEVA ECONOMÍA
fundamentales de desarrollo de todo el período del crecimiento
socialista. Veremos más adelante las enormes dificultades que se levantan en el
camino de la competencia del comercio estatal con el capital privado y cómo
esas dificultades se refieren a los problemas fundamentales de la construcción
socialista en general. Debemos sólo observar aquí que a consecuencia de la
extrema pobreza en capitales del país y en una coyuntura de desarrollo bastante
rápido de la circulación de las mercancías, la ganancia comercial alcanza
proporciones enormes que recuerdan la situación del período de la acumulación
capitalista. En esas condiciones, este campo de la acumulación adquiere una
importancia extrema: los éxitos del capital privado retardan considerablemente
el flujo de recursos procedentes del medio pequeñoburgués al fondo de
acumulación socialista y devoran una parte del plusproducto de la misma
economía estatal.
La tercera subdivisión, es decir, los intercambios entre economía
estatal y economía privada, constituye un punto en que la acumulación
socialista tiene ante sí, tanto objetivos puramente negativos, al igual que en
el momento de los intercambios en el interior de su propio sector, como
objetivos positivos, es decir, la alimentación de la economía estatal a
expensas del medio extra-socialista. A este respecto debemos examinar
separadamente la venta de la producción de la industria estatal fuera del sector
socialista y la venta de la producción de la economía privada en el seno del
sector estatal.
Comencemos por el primer proceso, es decir, por el movimiento de las
masas de mercancías de la industria estatal hacia el medio extrasocialista. Los
objetivos que aquí existen desde el punto de vista de la acumulación socialista
son negativos, tanto en el caso en que la economía estatal se esfuerza por
reducir los gastos de circulación de sus órganos, es decir, simplemente, por
comerciar con los menores gastos de funcionamiento del aparato comercial, como
en aquel en que se trata de la erradicación del comercio privado de todo el
recorrido seguido por la mercancía de los trusts desde la fábrica hasta el
eslabón terminal, es decir, hasta el consumidor.
En lo que respecta al primero de esos objetivos, se trata de mejorar la
organización en el interior mismo del sistema de la economía estatal. A la
inversa, el segundo objetivo tiene una significación mucho más importante,
porque está ligado a la lucha de los dos sistemas hostiles
129
Evgeni Preobrazhenski
por el plusproducto de la economía estatal. Aquí el enemigo se encuentra
casi en nuestra casa. Hay que señalar a ese respecto la diferencia de principio
que existe en las relaciones mutuas, de un lado, entre el capital comercial y
el capital industrial en la época de la acumulación capitalista originaría y,
de otro, entre el capital comercial privado y la industria estatal en la época
de la acumulación socialista originaria. Si, durante el período de la
acumulación capitalista originaria, el capital comercial extrae del capital
productivo una parte mayor de la plusvalía creada en la industria, no se trata
sino de una distribución diferente de la plusvalía en el interior de un solo y
mismo sistema de economía. Lo que ha sido acumulado hoy en demasía por el capital
comercial a partir de la plusvalía del capital industrial volverá mañana a la
industria; el paso de capital excedente del comercio a la industria constituye
un proceso ininterrumpido, que se opera desde el comienzo de la aparición de la
producción capitalista. Es de manera muy diferente cuando la industria se
integra en lo esencial a uno de los sistemas y el aparato comercial pertenece
al otro sistema, al sistema hostil, como en el caso considerado. La acumulación
del capital comercial privado constituye entonces una extracción directa e
irreversible del plusproducto creado por los obreros de la industria estatal.
Si el valor global anual de los nuevos valores mercantiles creados en la
industria estatal que pasan a la circulación equivale, por ejemplo, a 1.000
millones en las ventas al por mayor de los trusts y si, al por menor, esta masa
de mercancías se vende por 1.500 millones, 500 millones constituyen una
deducción directa sobre el plusproducto de la industria en provecho del aparato
comercial. Si el aparato comercial privado se apropia de los 4/5, o sea, 400
millones, este aparato se convierte en una fuga de las más peligrosas en la
fuente misma de la acumulación socialista y no solamente de la acumulación,
sino también de la reproducción simple en el sistema de la economía estatal.
Aquí no se opera la expropiación por el capital! privado del plusproducto de la
pequeña producción, sobre la base de la cual el capitalismo se desarrolla
históricamente y al que no cesa jamás de explotar después, sino la expropiación
del plusproducto de la industria socialista, fenómeno desconocido de la
historia económica. La lucha contra el capital privado en ese campo es para la
economía estatal una lucha contra el saqueo de los valores que ella misma ha
creado. Trasladar precisamente a este terreno la lucha contra el capital
privado parece enteramente justo, lo mismo que resulta enteramente
130
LA NUEVA ECONOMÍA
justa la tentativa de pasar de la resolución de los problemas más
fáciles a los problemas más arduos, es decir, comenzar por la conquista del
comercio medio y ante todo del gran comercio al por mayor de los productos de
la industria estatal.
Así, al dominar el proceso de intercambio de su propia producción, la
economía estatal resuelve por sí misma un problema de carácter negativo: no
conceder al capital privado lo que pertenece por esencia al sector socialista
mismo, lo que se presenta como su propio fondo, creado sobre su propia base
productiva.
Resulta de manera muy diferente en cuanto al movimiento de los valores
de la economía privada hacia el sector de la economía estatal. Aquí la lucha de
los órganos del comercio estatal con el capital privado es, en su mayor parte,
una lucha por el plusproducto de la economía privada. Cuando, por ejemplo, el
aprovisionamiento de la industria en materias primas en el mercado campesino es
efectuado por el capital privado y cuando todo el camino desde la producción de
la materia prima hasta el trust está cortado por intermediarios privados, la
diferencia entre el precio de venta al trust y el precio de compra al campesino
constituye esencialmente una deducción sobre los ingresos de la economía
campesina. Al contrario, si se supone que los órganos estatales realizan ellos
mismos todo el aprovisionamiento de materias primas, todo lo que es extraído
del ingreso del campesinado entrará en el sector de la economía estatal. En una
etapa dada de la acumulación socialista originaria, la lucha con el capital
privado es a la vez técnicamente más difícil y reviste una importancia menor
que la lucha contra el saqueo del plusproducto propio de la economía estatal
por el capital privado. Por otro lado, el éxito de esta última lucha, es decir,
la erradicación del capital privado de la comercialización de la producción de
la industria estatal, intensificaría sin ninguna duda el proceso de
transferencia del capital privado a la industria privada, proceso
económicamente ventajoso en general y sin peligro en presencia de un desarrollo
rápido de la economía estatal.
Pasemos ahora al comercio exterior y al sistema del proteccionismo
socialista (según la expresión del camarada Trotsky). La institución del
monopolio del comercio exterior tiene una importancia absoluta-mente
excepcional en todo el sistema de la economía socialista. Aparece, en primer
lugar, como uno de los órganos de la acumulación socialista. Constituye, en
segundo lugar, uno de los órganos más
131
Evgeni Preobrazhenski
importantes de salvaguardia del proceso mismo de esta acumulación bajo
todos sus aspectos y todas sus formas, y, por lo mismo, es una de las palancas
más importantes de la lucha contra la ley del valor de la economía capitalista
mundial. Y en tercer lugar, esta institución es uno de los instrumentos más
importantes de la regulación de toda la economía de la Unión.
No nos detendremos, por el momento, en el monopolio del comercio
exterior considerado solamente como instrumento de la acumulación socialista.
A medida que aumentan el desarrollo del carácter mercantil de la
economía campesina y el crecimiento de las relaciones comerciales de la
economía de la URSS con la economía mundial, aumenta el volumen de las
exportaciones. Por el hecho de que la producción de nuestra industria dentro de
la suma global de las exportaciones desempeñaba antes de la guerra un papel
menor que la exportación de los productos de la agricultura, por el hecho de
que con la recuperación de ésta hay que esperar el restablecimiento de las
proporciones antiguas en el volumen de las mercancías exportadas, hay que
esperar también un aumento de las posibilidades de acumulación socialista a
partir del ingreso de la economía campesina. Cuanto más importante es la
exportación de los productos del campo, más fuerte es la dependencia económica
de esta última respecto de la instancia que une la economía campesina al
mercado exterior. El monopolio del comercio exterior sitúa a la pequeña
producción no sólo bajo la dependencia estatal en materia de venta de los
excedentes, no sólo inicia la absorción de su ingreso por la acumulación
socialista, sino que aparece también como una herramienta importante para
obtener una ganancia adicional en el mercado exterior. Existen ramas del
comercio mundial en las cuales la economía estatal de la URSS tiene casi una
posición de monopolio, Basta indicar el comercio del platino, en parte el del
lino, etc. El monopolio estatal del comercio de las mercancías exportadas no
implica todavía, en modo alguno, es verdad, que la diferencia entre los precios
del mercado exterior y los del mercado interior se encuentra enteramente en
manos del Vniechtorg. Si, por ejemplo, al vender sin intermediario la
producción de la industria de la madera, el Seevieroíies es dueño de todo su
plusproducto, el Estado está lejos todavía de encaminar las mercancías
exportadas en todas las etapas de su movimiento hasta los mercados extranjeros.
Si el trigo,
132
LA NUEVA ECONOMÍA
por ejemplo, es comprado directamente a los campesinos por el
Jlieboprodukt y vendido al extranjero por el Vniechtorg, la diferencia entre el
precio de venta y el precio de compra pasa entera en ese caso a manos del
Estado. Al contrario, allí donde los aprovisionamientos son hechos por
intermedio de representantes del capital privado y, en particular, allí donde
los órganos del comercio estatal compran a los mayoristas privados las
mercancías de exportación, la utilidad comercial estatal se ve seriamente amputada
en beneficio del capital privado. Por otra parte, incluso cuando los productos
de exportación son aprovisionados y encaminados por los mismos órganos del
comercio estatal, esto no significa en modo alguno que, en el caso considerado,
el Vniechtorg reciba la utilidad máxima. Con nuestro mecanismo de intercambio
en extremo imperfecto y oneroso, la diferencia entre los precios de venta en el
mercado exterior y los precios de compra (diferencia a menudo enorme en
porcentaje), constituye muy a menudo en su totalidad los pretendidos gastos
generales, mediante lo cual la utilidad neta es nula. Pero la acumulación
socialista, particularmente en su etapa originaria, está lejos de implicar
siempre un aumento del capital productivo en la industria. La creación de una
red de órganos de ese mismo comercio, así como la creación del mínimo que es
necesario construir para asegurar el servicio de la economía estatal y la
expulsión del capital privado de las posiciones decisivas en la lucha
económica, son también acumulación socialista, pero en otra forma. Como veremos
más adelante, opiniones estrechamente mercantiles e inspiradas en observaciones
sobre el capital privado respecto a todos los procesos interiores de la
economía estatal, perjudican muy seriamente la comprensión de la esencia misma
de la forma socialista de economía en el curso de sus primeras etapas y hacen a
menudo equivocar el camino en la práctica. A causa de la imperfección de tal o
cual aparato, no se ve a menudo la importancia enorme de ese mismo aparato en
el conjunto del sistema de la economía estatal. Y, en el caso considerado, la
extrema desventaja, desde el punto de vista comercial, de una serie de nuestros
órganos mercantiles estatales habla en favor de la necesidad de una
racionalización de ese trabajo y no de una sustitución de esos órganos por
órganos privados «más ventajosos». Son más ventajosos si se consideran, desde
un punto de vista capitalista, las desventajas del socialismo en su primera
etapa, en lugar de apreciar, desde un punto de vista socialista, las «ventajas»
del
133
Evgeni Preobrazhenski
capitalismo (al cual deben vincularse inevitablemente las crisis, las
guerras, etc.), aun cuando, en un sector aislado, la fuerza capitalista tiene
la ventaja.39
En el análisis precedente hemos partido de la hipótesis según la cual
los precios de los productos de la industria estatal absorbidos por la economía
privada, representaban una magnitud determinada. Tenemos que examinar ahora la
cuestión en extremo importante del papel desempeñado por la política de precios
en materia de acumulación socialista. Examinaremos aquí, en primer lugar, la
política de precios de las mercancías exportadas, es decir, los principios de
nuestra política arancelaria y sus resultados, y, en segundo lugar, la política
de precios de nuestros trusts y órganos estatales en general.
Comencemos por la política arancelaria. Se trata de los derechos de
aduana sobre las mercancías importadas, pues el gravamen de las mercancías
exportadas por los órganos estatales y por el Vniechtorg no constituye en sí
una fuente nueva de acumulación, sino solamente una distribución diferente
entre diversos órganos estatales (por ejemplo, entre el Narkomfin y el VSNH con
sus trusts) de una sola y misma suma de la ganancia comercial o de ingreso de
la circulación mercantil.40 La política arancelaria de la URSS, con sus
impuestos casi prohibitivos sobre los productos de la industria ligera
extranjera y sus importantes gravámenes a los productos de construcción
mecánica, constituye una poderosa barrera que protege los intercambios
interiores del país contra la acción de la ley mundial del valor, y preserva a
nuestra industria socialista, pobre en capitales y técnicamente retrasada, de
la destrucción bajo los golpes de la competencia extranjera. Examinaremos ese
papel del proteccionismo socialista, así como el del monopolio del comercio
exterior durante el análisis del conflicto de la ley de la acumulación
socialista con la ley del valor. No hablamos en el caso presente de política
arancelaria más que como fuente de acumulación socialista.
39 No digo nada aquí de otro
aspecto muy importante de la cuestión, a saber, que exportaciones no
provechosas comercialmente pueden ser muy ventajosas a los intereses de la
economía estatal en su conjunto, si nos servimos del cambio extranjero así
obtenido para importar equipo industrial que costaría más fabricar aquí que en
otra parte.
40 Como se ha indicado
anteriormente, el ingreso de un aparato comercial y su ganancia son cosas
absolutamente distintas. El ingreso se calcula desde el punto de vista de toda
la economía nacional, siendo la ganancia en cambio el ingreso bruto menos los
gastos del aparato comercial. El aparato debe tener un ingreso, es decir,
efectuar deducciones sobre renta nacional, independientemente del hecho de que
tenga ganancia o pérdida.
134
LA NUEVA ECONOMÍA
El ingreso aduanero de la URSS se distribuye en dos categorías distintas
de desigual importancia desde el punto de vista de la acumulación. El ingreso
aduanero procedente del impuesto a los medios e instrumentos de producción
importados para equipar o reequipar la industria estatal no es en modo alguno
un instrumento de acumulación. En efecto, si la central textil, por ejemplo,
compra en Inglaterra nuevas máquinas destinadas a las fábricas textiles por 30
millones de rublos y si paga 10 millones a título de derechos, solamente
estamos en presencia de una simple redistribución del fondo estatal entre la
industria textil y el Narkomfin. La suma total de los fondos del Estado no
cambiaría en un kopeck si no hubiera habido absolutamente derecho alguno sobre
las máquinas textiles o si el mismo se hubiese devuelto a la central textil. Se
puede decir, es cierto, que el aumento del costo del equipo de la industria
textil obligará a los trusts a aumentar sus tasas de amortización y
correlativamente el precio de sus artículos. Pero esta objeción es ilusoria,
porque la central textil no desempeña en el presente caso más que el papel de
bomba de succión que transfiere al Narkomfin una suma de 10 millones procedente
de los consumidores, y es completamente indiferente, para la esencia de la
operación, que retire esa suma elevando su precio de venta pará cubrir gastos
suplementarios de amortización o que eleve simplemente ese precio, remita la
suma al Narkomfin a título de cesión de utilidad procedente de las empresas estatales
e importe su equipo con franquicia por 30 millones. Otra cuestión es saber lo
que es técnicamente más oportuno. La cuestión se reduce precisamente a esto:
para precios dados y en igualdad de circunstancias, el fondo de acumulación de
la industria textil es, como otro cualquiera, una magnitud constante. Si los
derechos de aduana recaen sobre una parte del fondo de esa industria y no son
cargados a los consumidores, se trata de una redistribución en el interior del
sector estatal de ese soto y mismo fondo. Si se produce, en cambio, un aumento
de los precios, se opera también un crecimiento del fondo, pero se opera como
consecuencia del aumento de los precios y no a causa de la política aduanera.
El volumen posible de este aumento es determinado por una serie de condiciones
económicas concomitantes y no por la importancia de las tasas del gravamen
aduanero. Pero ¿es racional, de una manera general, operar una imposición a los
consumidores de una rama dada de la industria bajo la presión del impuesto al
equipo importado por esa industria, o es más racional edificar correctamente
135
Evgeni Preobrazhenski
una política de precios y fijar condiciones de afectación a la caja del
Narkomfin de las empresas estatales? Éste es un problema de técnica de la
acumulación que no toca la procedencia del ingreso mismo.
Así, el gravamen a los instrumentos de producción importados para la
industria estatal es una transferencia de valores de un bolsillo estatal a
otro: del fondo del capital fijo de la industria estatal a la caja del
Narkomfin. El gravamen a las materias primas para la industria reviste también
exactamente el mismo carácter. Aquí también, para un nivel de precios dado, el
problema se reduce a una redistribución de los recursos estatales en el
interior mismo del sector estatal, aunque este gravamen sea racional por otras
razones.
Resulta de manera muy diferente el gravamen a los instrumentos de
producción importados por la industria privada y a la importación de productos
de consumo. La imposición aparece aquí en su totalidad como una deducción sobre
los ingresos de la masa de consumidores o sobre el fondo del capital fijo de la
industria privada. En efecto, si Vniechtorg importa del extranjero azúcar,
calzado, etc., en la medida en que los productos de nuestra propia producción
faltan, la diferencia entre los precios del mercado interior y los precios de
compra en el extranjero, será pagada por el consumidor y embolsada por los
órganos comerciales estatales.
Aun si es el obrero el que paga esa diferencia, tendremos también un
aumento de los ingresos y de la acumulación estatal, aunque esto tenga lugar a
expensas del presupuesto de consumo real de la clase obrera.
Así sucede si los productos de consumo importados colman solamente el
déficit de la producción interior propia y son vendidos a los precios del
mercado interior. Esta operación de importación no detiene en lo más mínimo el
proceso de acumulación y reproducción en los otros sectores de la economía
estatal. Otra cosa ocurre cuando se importan más mercancías de las que el
mercado es capaz de absorber, habida cuenta de los productos de la producción
interior y cuando aquéllas son vendidas más baratas que estos últimos. En ese
caso, la acumulación en el dominio del comercio por medio del gravamen aduanero
se paga al precio de una reducción parcial de la producción interior, es decir,
al precio de la interrupción, en uno de los sectores, no solamente de la acumulación
sobre la base de la producción, sino
136
LA NUEVA ECONOMÍA
también de la reproducción simple. Si, en cambio, no sé importan más
productos de los que exige el mercado, pero si éstos se venden menos caro, la
ganancia en uno de los polos irá acompañada de una pérdida en el otro polo. Una
política de ese género puede ser ventajosa si las pérdidas son compensadas por
la ganancia y si la baja de los precios conduce a un ensanchamiento de la
demanda y es, en última instancia, ventajoso para la industria. La decisión
práctica en un sentido o en otro será determinada en ese caso por los
resultados de un simple cálculo.
Pasemos ahora a la política de precios de los productos de la industria.
Esta política tiene una enorme importancia no solamente para la acumulación
socialista, sino también por la marcha normal de la producción en general, aun
sin la extensión de ésta; tiene una enorme importancia para la economía
campesina; afecta, en fin, las relaciones políticas del proletariado y el
campesinado. No abordaremos por el momento esta política más que desde el
ángulo de la acumulación socialista originaria.
La cuestión teórica fundamental que hay que resolver aquí desde el
principio se reduce a esto: ¿son posibles intercambios equivalentes, de una
manera general, entre la economía estatal y el sector no socialista? Tres casos
pueden presentarse aquí:
Primer caso: aquel en que el Estado recibe menos valores procedentes del
sector extrasocialista. Tenemos que ver en este caso con una disgregación
constante de la gran producción socialista y una venta progresiva de sus
productos por debajo de su costo. Esta disgregación puede adoptar, ora la forma
de venta por debajo del costo del capital fijo de la industria que no es
reconstituido en su plena extensión, en salarios constantes, ora la forma de la
venta a bajo precio de la fuerza de trabajo del proletariado industrial, ora,
en fin, ambas a la vez. Durante el período inicial de la NEP, hemos tenido una
serie de ejemplos de una tarifa dejos productos industriales tal, que implicaba
la venta a bajo precio tanto del capital fijo como de la fuerza de trabajo del
proletariado.41 La transformación de esa política de precios en sistema
implicaría, sin duda alguna, el desmenuzamiento gradual de la gran industria y
la victoria de la pequeña sobre la gran
41 Un ejemplo evidente del mismo
fenómeno, pero tomado de la práctica capitalista, nos lo da la política de
precios de la industria alemana en la época de la depreciación de la moneda
después de la Guerra Mundial.
137
Evgeni Preobrazhenski
producción. El lector hallará ejemplos concretos en el capítulo que
trata de la economía industrial. No hay que confundir este caso con aquel en
que, en presencia de la competencia de precios, se aumentan las amortizaciones
del capital fijo, pero en que, de hecho, no se produce reconstitución de aquél,
porque las sumas recibidas corres-pondientes van, ora al aumento de los
salarios, ora a la constitución de depósitos de reservas de materias primas, es
decir, al aumento del capital circulante. Este préstamo temporal al fondo del
capital fijo en favor de otras necesidades más apremiantes ha desempeñado un
gran papel en la vida de la industria soviética. Ese proceso era inevitable a
causa de la extrema pobreza de la industria estatal en capitales circulantes, y
se producía frecuentemente, incluso con precios bastante elevados, no
inferiores a los precios de reconstitución.
Segundo caso: los precios de los productos de la industria estatal son
calculados de tal manera que, en el momento del intercambio de los productos de
esta industria por los de la economía privada, hay intercambio de equivalentes,
es decir, que ninguno de los sistemas de economía explota al otro. Tal
situación no es posible en general sino como episodio de duración
extremadamente corta. Juzgar normal tal situación equivale a estimar que el
sistema socialista y el sistema de producción mercantil privada, incluidos en
un solo sistema de economía nacional, pueden existir el uno al lado del otro
sobre la base de un completo equilibrio económico. Tal sistema no puede existir
de manera duradera, pues uno de los sistemas debe desplazar al otro.
Degradación o desarrollo son posibles aquí, pero la detención en la misma fase
es imposible. Hablando a este respecto del capital como proceso de movimiento,
Marx escribía:
«El capital, como valor que se valoriza, no encierra solamente
relaciones de clase, un determinado carácter social, basado en la existencia
del trabajo como trabajo asalariado. Es un movimiento, un proceso cíclico a
través de diferentes fases que a su vez se haya formado por tres diferentes
etapas. Sólo se le puede concebir, pues, como movimiento, y no en estado
yacente».42
42 El Capital, Tomo II, p. 100
138
LA NUEVA ECONOMÍA
Si el capital, tanto en su circulación individual en una empresa
cualquiera como en la medida en que tomamos el sistema capitalista entero en
sus relaciones con el medio precapitalista, representa un movimiento, ¿cómo la
forma socialista, en sus relaciones con el medio presocialista, puede ser
entonces una cosa «en estado yacente»? Y ¿qué significa movimiento en el caso
presente? Una cosa o la otra: o bien la forma capitalista corroe rápidamente
ese lingote monolítico de la economía estatal, que se ha formado en la lava de
la Revolución de Octubre y la guerra civil, o bien la forma socialista se
desarrolla a expensas de su propia acumulación tanto como del medio
extrasocialista, alimen-tándose igualmente de su savia. Si el capitalismo es
movimiento, el socialismo es movimiento más rápido aún. Y lo que pierde en
rapidez en el período de la acumulación originaria desde el ángulo del
desarrollo de su base técnica y económica, a causa de su extrema pobreza en
capitales, está obligado a compensarlo con una intensificación de la
acumulación a expensas del medio no socialista. Uno de los medios más
importantes de tal acumulación, fuera de los descritos anteriormente, y del
método de que se hablará más adelante, es el intercambio no equivalente de
valores con el medio extrasocialista. Este intercambio, con un balance
favorable a la forma socialista, no es posible sino gracias a una política
apropiada de precios de los productos de la industria estatal.
Llegamos así al tercer caso, que es no solamente posible sino inevitable
en nuestra situación, es decir, a la política de precios calculada a sabiendas
con miras a la enajenación de una parte determinada del plusproducto de la
economía privada en todas sus formas. Tal política es posible, porque la
economía estatal del proletariado ve la luz históricamente sobre la base del
capitalismo monopolista. Y este último, como consecuencia de la supresión de la
libre competencia, acarrea la creación de precios de monopolio en el mercado
interior para los productos de su propia industria, obtiene una ganancia
suplementaria por el hecho de la explotación de la pequeña producción y prepara
con ello el terreno de la política de precios en el curso del período de la acumulación
socialista originaria. Pero la concentración de toda la gran industria del país
en manos de un trust único, a saber, el Estado obrero, aumenta en un grado
inmenso las posibilidades de aplicar, sobre la base del monopolio, una política
de precios que no sea sino otra forma de la imposición fiscal a
139
Evgeni Preobrazhenski
la economía privada. Los obstáculos que la economía estatal encuentra en
este camino no consisten en su falta de fuerza económica para aplicar esa
política, sino ante todo en la necesidad de unir esta política a una política
de baja de precios, lo que no es realizable más que si la baja de los costos se
opera todavía más rápidamente. Y esto supone a su vez la necesidad de reequipar
la industria desde que se alcance el límite de racionalización de la producción
en el marco de la técnica antigua. Otra dificultad proviene, de que el Estado
no detenta el monopolio en todas las ramas de la industria. La política de
precios debe, por consiguiente, ser calculada de tal manera que la acumulación
estatal no acarree automáticamente una acumulación capitalista privada. En fin,
no hablo aquí de las dificultades de naturaleza política que resultan de las
relaciones mutuas entre la clase obrera y el campesinado y que a menudo obligan
a hablar de intercambios equivalentes, cuando con la socialización de la gran
industria esos intercambios equivalentes son una utopía aún mayor que bajo el
predominio del capitalismo monopolista.
La acumulación por vía de una política de precios apropiada tiene sus
ventajas sobre las otras formas de imposición directa o indirecta de la pequeña
explotación. La más importante de ellas consiste en la extrema comodidad de
percepción, que no exige un solo kopeck para mecanismos fiscales particulares.
La objeción que se refiere a que la imposición sobre la base de una
política de precios determinada (evito deliberadamente decir «sobre la base de
la elevación de los precios», porque la imposición es no solamente posible con
precios en baja, sino que se opera entre nosotros justamente con precios en
baja o, por períodos, con precios inalterados, lo que es posible porque con la
disminución de los costos de los productos, la reducción no interviene sobre la
suma total de esta disminución, sino sobre una suma menor, yendo el resto al
fondo de acumulación socialista y aumento de los salarios) ataca el salario de
los obreros y los campesinos pobres, es una objeción absolutamente
insignificante.
No son los campesinos pobres los principales compradores de los
productos de nuestra industria. Lo que pierden en esta ocasión pueden obtenerlo
del Estado en forma de crédito, en forma de acumulación forzada del capital
fijo de su explotación, etc. Y en lo que
140
LA NUEVA ECONOMÍA
concierne a los obreros, esta objeción es tan poco fundada como la hecha
en contra de los impuestos indirectos cuya reversión puede ser completa a
partir del salario. Ejemplo con cifras: si, gracias a una política apropiada de
precios, la clase obrera paga una suma de 50 millones, por ejemplo, a la
industria estatal, junto con toda la población, el Estado puede fácilmente
devolverle esta suma con el aumento de los salarios, mientras que la suma
recibida de los consumidores burgueses y pequeñoburgueses no es devuelta a
estos últimos y aumenta otro tanto el fondo de acumulación socialista.
Volveremos a este problema con más detalles y con cifras en la mano en el
capítulo que trata de la economía industrial.
Pasemos ahora a la acumulación sobre la base de la producción, es decir,
al acrecentamiento de los valores creados en la reproducción ampliada en el
interior del sistema mismo y por sus propias fuerzas.
Comencemos primero, como anteriormente, por recordar los momentos
correspondientes de la acumulación capitalista originaria. Dando la definición
de lo que se llama período de acumulación capitalista originaría, Marx
escribía:
«La llamada acumulación originaria no es, pues, más que el proceso
histórico de disociación entre el productor y los medios de producción. Se la
llama «originaría», porque forma la prehistoria del capital y del régimen
capitalista de producción».43
En otros términos, el período de acumulación capitalista originaria no
termina en lo absoluto con la organización de la primera manufactura
capitalista, sino que se encuentra todavía en el calor mismo de su desarrollo.
Para que el modo capitalista de producción pueda llegar a ser la forma
dominante de producción, para que el período de acumulación capitalista
originaria deje el puesto al período de acumulación capitalista «normal», para
que la disociación del productor de los medios de producción, es decir, la
creación de una clase de obreros asalariados, esté suficientemente avanzada,
para todo eso y al mismo tiempo para que se opere la desposesión de los
campesinos de sus tierras y el tránsito de los artesanos independientes a las
filas de los proletarios, debe operarse un proceso de explotación productiva de
esos cuadros con una rapidez suficiente. Para realizar en sus grandes líneas la
tarea fundamental de la acumulación originaria,
43 El Capital, Tomo I, p. 655
141
Evgeni Preobrazhenski
la «disociación entre el productor y los medios de producción», el
capitalismo debe, justamente para la realización de esta tarea y en el proceso
de su realización, comenzar y desarrollar cada vez más la acumulación sobre la
base de la producción. Ese proceso se opera desarrollándose incesantemente;
paralelamente continúa la acumu-lación por los métodos económicos y
extraeconómicos antes descritos. Pero el papel de la acumulación sobre la base
de la producción crece sin cesar, según la transformación de toda la
producción, en sus ramas esenciales, en una producción capitalista. Marx ha
expresado en estos términos el desarrollo dialéctico de ese proceso, en que la
consecuencia se convierte en causa:
«Por tanto, con la acumulación de capital se desarrolla el régimen
específicamente capitalista de producción y el régimen específicamente de
producción impulsa la acumulación de capital».44
La fuente de la acumulación capitalista sobre la base de la producción
es la explotación de la fuerza de trabajo. Las formas de esta explotación son
más primitivas, más groseras en las primeras etapas, cuando la plusvalía
absoluta ocupa el primer lugar comparativamente con la plusvalía relativa.
Ulteriormente, las relaciones entre una y otra se invierten.
En el período inicial de desarrollo del capitalismo, la jornada de
trabajo en las primeras empresas capitalistas es más larga que en la producción
artesanal de la edad media, hay menos días feriados y la intensidad del trabajo
es forzosamente más elevada. Por consiguiente, la masa global del trabajo
suministrado diariamente por trabajador es más elevada que en la producción
artesanal de la edad media. Por otra parte, el salario es más bajo en las
primeras empresas capitalistas que el del «compañero» artesano. Así, un salario
más bajo, una jornada de trabajo más larga que en el sistema económico
precedente, y todo eso sobre la base de una técnica más evolucionada, con una
productividad del trabajo más elevada, he ahí las fuentes de la acumulación
originaria intensificada sobre la base de la producción, en el curso del
período inicial de desarrollo del capitalismo. Durante este período, el Estado
interviene en el proceso de producción, no para disminuir o atenuar la
explotación, como se produce durante el período siguiente,
44 El Capital, Tomo I, p. 569
142
LA NUEVA ECONOMÍA
sino para aminorar la fuerza de resistencia de la clase obrera a esta
explotación. El Estado monta la guardia de la acumulación originaria cuando
apoya el proceso de desposesión de los campesinos de las tierras, cuando
promulga leyes sobre la vagancia y cuelga despiadada-mente a los «vagabundos
sin alojamiento», que se niegan a someterse al yugo del capital, cuando
promulga leyes que fijan el máximo de salarios y el mínimo de la jornada de
trabajo. Los enemigos del socialismo, en particular los adversarios del sistema
soviético de economía, comprueban con alegría maligna que, durante los primeros
años de la acumulación socialista originaria, los salarios entre nosotros son
más bajos que antes de la guerra y la Revolución. Conviene recordar a esos
señores que, durante el período de acumulación capitalista originaria, las
condiciones de vida de los obreros asalariados de las fábricas capitalistas
eran mucho, peores que las de los artesanos y a fortiori que las de los
maestros artesanos de la edad media, como ha sido probado por Marx en El
Capital y por una serie de otros investigadores. Y ello a despecho de la enorme
superioridad técnica de la producción capitalista sobre la producción
artesanal. En otros términos, la agravación aparente de las condiciones de vida
de las masas laboriosas durante el período de acumulación socialista
originaria, con relación a la situación de los obreros en el sistema
capitalista evolucionado, habla tan poco en favor de la superioridad económica
del capitalismo sobre el socialismo como la agravación de la situación de los
obreros en las primeras manufacturas y fábricas capitalistas, con relación al
artesanado, podía hablar en favor de las ventajas económicas de la pequeña
producción independiente sobre la producción capitalista.
Todos los métodos esenciales de explotación de la fuerza de trabajo por
el capital han sido descritos de manera suficientemente impresionante en El
Capital y son universalmente conocidos. Quiero detenerme aquí todavía en uno de
los aspectos de esa explotación, que tiene una gran importancia para una
comparación apropiada con el período de la acumulación socialista originaria.
Se trata del despilfarro bárbaro de la fuerza de trabajo del proletariado en
nombre de la más grande economía posible de medios de producción, en interés,
por consiguiente, de la reducción del costo de las mercancías. He aquí lo que
dice Marx a ese respecto:
143
Evgeni Preobrazhenski
«Esta economía se traduce en el hacinamiento de los obreros en locales
estrechos y malsanos, lo que en términos capitalistas se conoce con el nombre
de ahorro de edificios; en la concentración de maquinaria peligrosa en los
mismos locales, sin preocuparse de instalar los necesarios medios de seguridad
contra los peligros; en la omisión de todas las medidas de precaución obligadas
en los procesos de producción que por su carácter son atentatorios para la
salud o que, como en las minas, llevan aparejados peligros, etc. Esto, sin
hablar de la ausencia de toda medida encaminada a humanizar, hacer agradable o
simplemente soportable para el obrero el proceso de producción. Desde el punto
de vista capitalista, esto sería un despilfarro absolutamente absurdo y carente
de todo fin. La producción capitalista es siempre, pese a su tacañería, una
dilapidadora en lo que se refiere al material humano, del mismo modo que en
otro terreno, gracias al método de la distribución de sus productos por medio
del comercio y a su régimen de concurrencia, derrocha los recursos materiales y
pierde de un lado para la sociedad lo que por otro lado gana para el
capitalista individual».45
Esta actitud bárbara respecto de la fuerza de trabajo, actitud de las
más características de todas las etapas del capitalismo, alcanza formas
monstruosas justamente durante el período de acumulación originaria, cuando la
lucha económica de los obreros no ha comenzado casi todavía y las relaciones de
fuerza son en extremo desventajosas para la clase obrera.
De este período hay que retener también la circunstancia de que el
capitalismo no soportaba entonces gastos para el ejército industrial de
reserva, que se hizo económicamente necesario en la época siguiente. Además,
los capitalistas mismos reducían en la medida de lo posible su fondo de consumo
personal en nombre de la ampliación de la reproducción. He aquí una pequeña
ilustración en ese campo.
«En el primer período, los fabricantes se veían obligados a trabajar
ahincadamente para ganarse la vida.»
45 El Capital, Tomo III, p. 110
144
LA NUEVA ECONOMÍA
Se enriquecían principalmente robando a los padres que les entregaban a
sus chicos como aprendices, pagando por ello buenas sumas de dinero y dejando
que matasen de hambre a sus hijos. Además, en esta época, las ganancias
corrientes eran exiguas y la acumulación exigía un gran ahorro. Estos
fabricantes vivían como atesoradores y no gastaban, ni con mucho, los intereses
de su capital.
«En el segundo período, comenzaban ya a reunir pequeñas fortunas, pero
seguían trabajando tan duramente como antes»
Pues la explotación directa de todo trabajo cuesta también trabajo, como
todo capataz de esclavos sabe muy bien:
«y seguían viviendo con la misma frugalidad... En el tercer período,
comenzó el lujo, y el negocio se extendió mediante el envío de jinetes
(viajantes de comercio a caballo), que se ocupaban de recoger los encargos en
todos los mercados del reino. Casi puede asegurarse que antes de 1690 existían
pocos o ningún capital de 3.000 a 4.000 libras esterlinas adquiridos en la
industria. Pero, por ese tiempo o algo después, los industriales habían
acumulado ya dinero y comenzaron a construir casas de piedra, en sustitución de
las de madera y cal... Todavía en los primeros decenios del siglo XVIII, el
fabricante de Manchester que obsequiase a sus huéspedes con una pinta de vino
extranjero se exponía a las murmuraciones y a los reproches de todos sus
vecinos.»
Antes de la aparición de la maquinaria, el consumo diario de los
fabricantes, en las tabernas en que se reunían por las noches, no excedía nunca
de 6 peniques por un vaso de punch y 1 penique por un rollo de tabaco. Hasta
1758, año que hace época, no arrastra «coche propio ni una sola persona
realmente dedicada a la industria».
«El cuarto período –último tercio del siglo XVIII– es un período de gran
lujo y derroche, fomentados por el auge de los negocios.» «¡Qué diría el buen
doctor Aikin, si resucitase en el Manchester de nuestros días!»46
46 El Capital, Tomo I, pp.
539-540.
145
Evgeni Preobrazhenski
Abordemos ahora el problema de la acumulación sobre la base de la
economía estatal. La fuente de esta acumulación es la misma que bajo el
capitalismo, es decir, el trabajo de la clase obrera, cuyo salario debe ser más
bajo que el valor global de los productos creados por esa clase obrera. Pero
existe aquí una serie de diferencias mayores, tanto en las condiciones
generales de la acumulación socialista originaria como en las formas de
utilización de la fuerza obrera y su remuneración.
Ante todo, hay que recordar aquí el hecho, ya observado, de que la
acumulación socialista no puede comenzar, de una manera general, sino después
de la revolución proletaria, mientras que el proceso de acumulación capitalista
originaria comienza y continúa antes de las revoluciones burguesas. En ciertos
países llega a su auge en la época de esas revoluciones (Inglaterra, Francia);
en otros ha atravesado ya en ese momento sus principales etapas (Alemania). Por
la sola posibilidad de ponerse a reedificar todo el sistema económico, la
burguesía no tuvo que pagar, en forma de destrucción de fuerzas productivas y
reservas antiguas, ese tributo que exigen las revoluciones proletarias y la
guerra civil del siglo XX. No sabemos lo que costará en otros países la conquista
del poder por el proletariado, pero entre nosotros esa conquista ha costado tan
cara, que la acumulación sobre la base de la producción no ha podido comenzar
instantáneamente. Ha sido precedida por un período en el que la suma global de
los valores creados dentro del sector estatal y que entraban en la distribución
en el interior y el exterior de ese sector no era superior, sino inferior, a la
que representa la suma de los costos de la producción. El período del comunismo
de guerra no planteaba al Estado un problema de acumulación y reproducción
ampliada en las condiciones de un sistema nuevo de propiedad, sino el problema
de la victoria militar, de un lado, y, de otro, el de la alimentación de
aquella comuna de pobres que luchaba con el mundo capitalista entero, la que
entonces constituía el proletariado y la parte más pobre del campesinado con su
ejército. La economía de este período era el comunismo de guerra y de consumo.
Su tarea consistía en resistir, en subsistir bien que mal y vencer. El carácter
deficitario de la economía estatal no podía ser en ningún caso un motivo para
reducirla y mucho menos suprimirla. La reducción de la producción no aparecía
sino cuando faltaban materias primas y combustible. La producción, deficitaria
desde el punto de vista capitalista y desde el punto de vista
146
LA NUEVA ECONOMÍA
de la acumulación, era necesaria y útil desde el punto de vista de las
tareas específicas de este período. Citaré un pequeño ejemplo numérico
arbitrario: si hiciéramos el cálculo del costo de la producción para empresas
típicas de este período, obtendríamos el cuadro siguiente (cifras tomadas
arbitrariamente). Valor de las materias primas y los instrumentos de producción
en curso de amortización, es decir, capital constante, 1.000; «salarios, es
decir, capital variable, 500; costo del producto 1.500, valor comercial del
producto a los precios de preguerra, 600. En tal situación, no solamente no hay
plusproducto, sino que existe un déficit colosal: 1.500 - 600 = 900. Sin
embargo, con el sistema del comunismo de guerra, en presencia de sus tareas,
semejante efecto no era en absoluto negativo. Los obreros producían por su
salario y algo más, a saber, 100 unidades, iban a alimentar la marmita de la
comuna del Estado. Esas 100 unidades no representaban un plusproducto, sino un
préstamo al capital fijo o bien una dilapidación del capital fijo. Pero ese
préstamo o esa dilapidación constituían algo positivo en este período, pues el
capital fijo y las reservas de materias primas habrían permanecido en estado de
capital muerto si la fuerza de trabajo no las hubiera transformado en productos
de consumo. Podía haber casos, y los hubo de hecho, en que el valor comercial
de la producción era incluso inferior al salario, en el caso presente: 400
contra 500. Pero en ese caso era racional continuar una parte de la producción
desde el momento en que hacía falta alimentar a los obreros y sufragar los
gastos de mantenimiento de las fábricas. Era más ventajoso para el Estado tener
un déficit de 100 unidades en los productos fabricados (pero no en precio)
haciendo funcionar las fábricas que un déficit de 200 o 500 con las fábricas
cerradas. Era un sistema económico profundamente original, radicalmente opuesto
por sus tareas y métodos de cálculos a la producción capitalista.
Respecto al estímulo esencial de la producción capitalista, es decir, de
la ganancia, Marx dice:
«La cuota de ganancia es el resorte propulsor de la producción
capitalista que sólo produce lo que puede producirse con ganancia y en la
medida en que esta pueda obtenerse.» 47
47 El Capital, Tomo III, p. 281.
147
Evgeni Preobrazhenski
Incluso durante el período de acumulación capitalista originaria, el
capital que pasaba del comercio a la producción reportaba general-mente una
ganancia. Por regla general, el capitalismo no ha conocido y, por su estructura
misma, no podía conocer un período durante el cual habría «trabajado durante
largo tiempo, desde el punto de vista capitalista «en el vacío», es decir, sin
pérdida o ganancia, cubriendo las pérdidas a partir de otras fuentes de
acumulación originaria situadas más allá de los límites de las empresas
capitalistas. Por el contrario, lo que no puede existir para el capital privado
sino como excepción, como episodio –la producción sin ganancia, es decir, la
producción sin plusvalía–, fue la regla durante el período del comunismo de
guerra. Parafraseando la frase de Marx que acaba de ser citada, podríamos decir
del período del comunismo de guerra: se produce, y por todos los medios, todo
lo que puede aumentar el fondo de consumo del día presente, aunque por la vía
de la disipación del capital fijo y el capital circulante y sin esperanza de
rápida reconstitución.48
Pero una economía tal no puede sostenerse mucho tiempo. Con la
terminación de la guerra civil, esta prehistoria de la acumulación socialista
originaria ha terminado y su historia ha comenzado. Pero esta acumulación no ha
empezado por el acrecentamiento del fondo anual del plusproducto de la economía
estatal, sino por la reducción del déficit anual de esa economía. En esto
reside el primer rasgo característico de nuestra acumulación socialista
comparada con la acumulación capitalista.
La acumulación socialista no comienza a partir de cero para elevarse y
subir más alto; comienza en un nivel inferior a cero. El punto cero del
plusproducto del conjunto de la economía estatal y al mismo tiempo el punto
cero del déficit, esa línea de puntos cero aparecía como el ideal en el momento
del tránsito del período del comunismo de guerra al de la acumulación
socialista previa.49 Mientras la carrera tras la ganancia máxima aparece como
el motor estimulante de la producción capitalista, existía, durante el período
del comunismo de guerra, una carrera por la cantidad máxima de productos
fabricados, incluso a
48 La economía alemana del
período de la depreciación rápida del marco representaba alguna analogía con
esto en el mundo capitalista, en la medida en que esta economía en su conjunto
era sin duda deficitaria.
49 Es deliberadamente que no digo
“en el período de la Nueva Política Económica”, pues ese término ha llegado a
ser ahora completamente absurdo, y propondré más adelante su sustitución por
otro.
148
LA NUEVA ECONOMÍA
costa del déficit máximo, mientras que, desde el comienzo de la
acumulación socialista, el principal fin es la obtención del déficit mínimo en
el conjunto de la economía estatal (y en tanto fuera posible, en las diversas
empresas separadamente). En el momento actual, es decir, en 1925-1926, la
industria y los transportes estatales de la URSS obtienen, en su conjunto, una
ganancia. Si el valor de la producción bruta de la industria es igual a 2.500
millones de rublos y la producción neta igual a 1.000 millones, no habrá
acumulación si esos 1.000 millones es decir, si la producción neta es igual a
la totalidad de los salarios y si p, es decir, en el caso considerado no la
plusvalía, sino el plusproducto,50 es igual a 0. Por el contrario, si la suma
de todos los salarios es menos elevada que la de los valores nuevos creados en
el curso del año por los obreros de la industria estatal, habrá entonces un
plusproducto, incluso si el conjunto de la industria no solamente no ha dado
nada de ese producto al Estado, sino que ha exigido para ella numerosos
millones en subsidios para la reconstitución del capital fijo y del capital
circulante. En la época de la guerra mundial, la Revolución y la guerra civil,
no solamente no había reproducción normal, sino que se operaba un inmenso
empobrecimiento de los elementos fijos de la producción. Ahora se asiste a su
reconstitución. Si, además, los recursos esenciales destinados a esta
reconstitución no fueran extraídos de la acumulación realizada en la
producción, sino del medio extrasocialista por los métodos antes descritos,
esto no significaría en modo alguno que no existe acumulación del primer tipo.
Si la producción neta anual es igual, por ejemplo, a 3.000 millones de rublos
en la industria estatal, si la suma de todos los salarios pagados durante el
año es de 700 millones y no solamente esos 1.000 - 700 = 300 millones,
invisibles para el presupuesto estatal, sino también 200 millones, visibles y
muy pesados para el Narkomfin, han ido a la reconstitución del capital fijo y el
capital circulante, esto no significa en modo alguno que no haya ningún
plusproducto. Éste está presente en el caso considerado y hay que añadir,
además, a la suma de 300 millones, la suma de todos los impuestos estatales y
locales pagados durante el año por la industria, los gastos de padrinazgo; etc.
Supongo evidentemente, en el caso presente, que el valor del capital c
transferido al producto, es decir, el capital constante, igual, en el ejemplo
dado, a 1.500 millones, es calculado de manera correcta y que
50 Sobre el punto de saber que
término es el más correcto –plusvalía o plusproducto–, ver el capítulo
siguiente del libro.
149
Evgeni Preobrazhenski
el déficit de la industria resultante de una amortización incorrecta y
del bajo precio no absorbe el plusproducto creado por los obreros. Y que, por
otra parte, el cálculo es correcto igualmente en el aspecto inverso, es decir,
que el resultado del precio de monopolio recargado no es atribuido a la
productividad del trabajo de los obreros, sino llevado a la cuenta del impuesto
sobre la economía privada, que, en el caso particular, es extraído de manera
imperceptible, gracias a una política de precios apropiada.
Así, desde el comienzo de la acumulación socialista, el Estado dirige la
producción a despecho de su carácter deficitario y se esfuerza solamente en
minimizar el déficit en el conjunto de la economía, y no siempre –y de lejos–
en minimizar el déficit en el momento de la elección de las empresas que hay
que poner en marcha (si no, para comenzar, habría que detener los transportes).
De esta distinción fundamental con la acumulación capitalista se desprende una
serie de distinciones de carácter derivado. Aun cuando la línea de puntos cero
en el campo de la acumulación sea franqueada, cuando la economía estatal, en su
conjunto, aplica la misma política de acumulación que una empresa capitalista
individual, se registra una diferencia enorme entre la acumulación capitalista
originaria y la acumulación socialista originaria. Esta diferencia no reside
solamente en el hecho de que el principio de acumulación en una empresa estatal
aislada y los principios de acumulación en el complejo entero son dos cosas
distintas, lo que es en extremo importante para la política económica de los
distintos trusts. Esa diferencia está ligada a la circunstancia siguiente:
mientras que las empresas capitalistas eran desde el comienzo de un más alto
nivel técnico y económicamente más fuertes que las empresas aisladas del modo
de producción que debían desplazar y someter, es decir, la pequeña producción,
la producción socialista está obligada a atravesar un período bastante largo de
acumulación de recursos materiales, en el curso del cual una empresa aislada de
la economía estatal será inevitablemente de un nivel técnico no más elevado,
sino más bajo, y económicamente no más fuerte, sino más débil, que una empresa
capitalista moderna de un Estado burgués evolucionado. Todo el sistema de la
economía estatal durante ese período está inevitablemente sometido, de un lado,
al objetivo de una acumulación) si es posible rápida, de recursos suficientes
para la reedificación de los fundamentos técnicos de la
150
LA NUEVA ECONOMÍA
industria, sobre la base de la electrificación y su distribución
económica racional en el territorio y, de otro, al objetivo de la salvaguarda
de ese sistema económico nuevo contra el sistema económico capitalista todavía
poderoso en la hora actual. En ese sentido, el período de acumulación
socialista originaria con sus leyes propias, será inevitable no solamente en
países agrícolas atrasados, como la URSS, sino en parte también,
verosímilmente, en la economía socialista de Europa, en la medida en que la economía
europea actual (aun sin hablar de las destrucciones que le esperan como
consecuencia de la guerra civil) es económica y técnicamente más débil que la
economía de la América del Norte capitalista. Solamente en los países
industriales más avanzados la acumulación socialista originaria se basará en
una medida mucho más amplia en el plusproducto de los obreros que en los
recursos sacados de las formas presocialistas de producción en Europa y en las
colonias. Pero el capitalismo no tenía que alcanzar esos dos objetivos en la
época de la acumulación originaria. Algunas medidas fueron tomadas contra el
artesanado, pero ello era efecto del exceso y el ímpetu capitalistas más que de
una necesidad económica para el capitalismo en la medida en que éste, aun en
las condiciones de una completa igualdad, aplastaba de manera decisiva la
pequeña producción. Por otra parte, en los países en que la industria está
débilmente desarrollada, una política arancelaria protectora, orientada hacia
la defensa de una industria dada contra la competencia de un país capitalista
más evolucionado, no tiene nada de común, salvo la apariencia exterior, con el
proteccionismo socialista. Se trataba allí de la protección de una industria
contra otra industria, ambas pertenecientes a un solo y mismo sistema
económico. Estamos aquí, en cambio, en presencia de la protección de un modo de
producción que se halla en una situación de debilidad infantil contra otro
sistema económico que le es mortalmente hostil y que, incluso en el período de su
decrepitud senil, seguirá siendo económica y técnicamente, durante algún
tiempo, más fuerte que el nuevo sistema económico. Sólo por una completa
despreocupación respecto de la teoría puede verse en el proteccionismo
socialista una completa analogía con el proteccionismo capitalista. La
comparación no tendría sentido más que en el caso en que un país socialista con
una industria propia débilmente desarrollada impusiera gravámenes para proteger
esta industria contra la industria socialista de un país más avanzado, en lugar
de entrar como coparticipante en el organismo económico único
151
Evgeni Preobrazhenski
del sistema económico socialista de todos los países en que el
proletariado ha obtenido la victoria. Tendríamos entonces, como bajo el
capitalismo, derechos aduaneros en el interior de un solo sistema de economía.
Pero es poco probable que una situación tan absurda se presente jamás.
Observemos a ese respecto que incluso este ejemplo, como todos los ejemplos
tomados del campo de la comparación de los sistemas económicos capitalista y
socialista, revela una diferencia de principio entre uno y otro en el sentido
de que el capitalismo se desarrolla sobre la base de la competencia y la
repulsión mutua de sus constituyentes, mientras que la atracción mutua de los
constituyentes, la asistencia mutua y la tendencia a un complejo económico
único constituyen el método de la expansión socialista en el campo de la
economía (y también de la política). Ese hecho está ligado no solamente a las
necesidades militares, sino también a la necesidad económica.
Hemos dicho antes que una característica del capitalismo,
particular-mente durante el período de acumulación originaria, es su actitud
despiadada y bárbara, su actitud de prodigalidad respecto a la fuerza de
trabajo, de la cual el capitalismo trata de disponer como de toda mercancía
comprada que se cuenta en el número de los elementos de la producción. Los
límites de la explotación y la opresión son a este respecto límites puramente
fisiológicos (el obrero debe comer y dormir) o bien la oposición de la clase
obrera. Por consiguiente, las relaciones de fuerza entre obreros y capitalistas
en la lucha económica aparecen como el factor primordial que limita el ritmo y
las dimensiones de la acumulación capitalista sobre la base de la producción.
Al contrario, desde su victoria, la clase obrera, de objeto de explotación, se
transforma igualmente en sujeto de explotación. No puede tener, ante su propia
fuerza de trabajo, su salud, su trabajo y las condiciones de éste, la misma
actitud que el capitalista. Y esto constituye una determinada limitación del
ritmo de la acumulación socialista, limitación que no tenía la industria
capitalista en el primer período de su desarrollo. Conocemos, es cierto, el
entusiasmo de la clase obrera, las restricciones heroicas a que está sometida
en los primeros años de la organización de la industria estatal, en particular
en el curso de la guerra civil. Pero esas circunstancias no son características
de todo el período de la acumulación socialista.
152
LA NUEVA ECONOMÍA
La primera distinción, completamente evidente, entre la economía estatal
del proletariado y la economía capitalista típica reside en el hecho de que,
aunque la economía estatal trabaja para el mercado y aparece, en la esfera de
los intercambios, como una producción mercantil, ella comienza (pero comienza
solamente hasta el presente) a desempeñar ante el obrero el papel de sistema de
producción para el consumo de los productores. Las leyes que gobiernan el
movimiento de los salarios durante el período de acumulación socialista son
completamente diferentes de las leyes de los salarios bajo el capitalismo del
período de acumulación originaria. La prueba más evidente la da el hecho de que
en 1920, por ejemplo, cuando la desocupación era menor y la falta de fuerza de
trabajo calificada se hacía sentir parcialmente en cierto momento (lo que
exigió ciertas medidas del Narkomtrud, el salario era mucho más bajo que en
1924, con 1.300.000 desocupados en el país. En un sistema capitalista, donde
las diferencias entre el nivel de los salarios y el valor de la fuerza de
trabajo son determinadas por la oferta y la demanda de fuerza de trabajo, por
el grado de organización y la fuerza de resistencia de la clase obrera,
hubieran debido existir relaciones precisamente inversas. Así, durante este
período, la ley de los salarios está subordinada a la ley de la acumulación
socialista, que halla su expresión en las restricciones a que se somete
conscientemente la clase obrera. Esas restricciones reemplazan la resultante de
la lucha espontánea del trabajo y el capital, que, en igualdad de las demás
circunstancias, es decir, ante todo para un nivel dado del valor de la fuerza
de trabajo, determina el nivel de los salarios y el de la plusvalía en el
sistema de producción capitalista. La acumulación socialista es una necesidad
para la clase obrera, pero se manifiesta aquí como una necesidad
conscientemente comprendida.
El hecho de que, en la economía estatal de la URSS y pese a su pobreza,
la jornada de trabajo de ocho horas se haya mantenido sólidamente y que cada
año sean tomadas medidas de protección del trabajo en gran escala, no es
igualmente posible sino en la medida en que la clase obrera es dueña de la
producción. Con el volumen actual de la producción, algo semejante sería
absolutamente imposible para el sistema capitalista.
153
Evgeni Preobrazhenski
Entre las particularidades características del período de acumulación
socialista originaria, comparado con el período correspondiente del
capitalismo, hay que anotar la enorme desocupación, que exige importantes
gastos en recursos sacados del fondo de acumulación, gastos que no soportaban
los caballeros de la acumulación originaria que abrían sus primeras fábricas y
absorbían las reservas de fuerza de trabajo de la agricultura y el artesanado.
También hay que señalar aquí que la espantosa pobreza del período de la
guerra y la Revolución, la enorme reducción de las necesidades habituales de la
clase obrera, han desempeñado y desempeñan el papel de uno de los factores de
acumulación socialista; en ese sentido será más fácil a la clase obrera, al
término de ese pasado reciente, reducir sus necesidades en los años en que los
objetivos de la acumulación socialista se sitúan en primer plano.
La ley fundamental de la acumulación socialista originaria aparece como
el resorte motor central de toda la economía estatal soviética. Pero esta ley
tiene verosímilmente una significación universal, con la excepción, quizá, de
los últimos países que pasen a la forma socialista de economía. A partir de lo
arriba expuesto, podemos formular de la manera siguiente esta ley, en cuanto a
la parte que concierne a la redistribución de los recursos materiales de la
producción. Cuanto más atrasado económicamente, pequeñoburgués y agrícola sea
tal o cual país que pase a la organización socialista de producción, menor es
la herencia que recibe en su fondo de acumulación socialista el proletariado
del país considerado en el momento de la revolución social y más, relativamente,
estará obligada la acumulación socialista a apoyarse en la enajenación de una
parte del plusproducto de las formas presocialistas de economía, y menor será
la parte específica de la acumulación sobre su propia base de producción, es
decir, menos se alimentará del plusproducto de los trabajadores de la industria
socialista. Al contrario, cuanto más desarrollado, económica e industrialmente
sea tal o cual país en que la revolución social haya vencido, más importante es
la herencia material que recibe de la burguesía el proletariado de ese país
después de la nacionalización en forma de industria altamente desarrollada y
agricultura organizada de manera capitalista, menor es la parte específica, en
el país considerado, de las formas precapitalistas de producción, más necesario
es para el proletariado del país en cuestión reducir la no
154
LA NUEVA ECONOMÍA
equivalencia de los intercambios de sus productos con los de las
antiguas colonias y más se desplazará el centro de gravedad de la acumulación
socialista hacia la base de producción de las formas socialistas, es decir, se
apoyará en el plusproducto de su propia industria y su propia agricultura.51
El período de acumulación socialista previa es no solamente un período
de reunión de los recursos materiales de la nueva economía con miras a su
victoria definitiva sobre la forma capitalista, sino que al mismo tiempo es un
período de lucha directa de la economía estatal con la economía privada, que
sigue igualmente la línea de distribución de las fuerzas de trabajo. Una de las
cuestiones más interesantes de la teoría de la economía soviética es la de
saber cómo, en qué formas concretas se producirá la erradicación de todas las
formas pre-socialistas por el sistema, históricamente superior, de la economía
socialista. El problema se ramifica más aún, además, de la manera siguiente:
¿en qué se distinguirán los métodos de lucha de la forma socialista con la economía
privada, durante el período de acumulación socialista previa, de los métodos de
lucha en la época de la industria auténticamente socialista y, en segundo
lugar, qué diferencia hay en las relaciones mutuas de la forma socialista
respecto de la forma capitalista, de un lado, y con la pequeña producción
mercantil, de otro?
¿Qué sucedió durante la victoria del modo capitalista de producción
sobre las formas precapitalistas? He aquí lo que dice Marx a ese respecto:
«A medida que progresa la producción capitalista, se desarrollan también
sus condiciones y va sometiendo el conjunto de las premisas sociales dentro de
las cuales se desenvuelve el proceso de producción a su carácter específico y a
sus leyes inmanentes.»52
«La tendencia del régimen capitalista es la de ir convirtiendo toda la
producción, dentro de lo posible, en producción de mercancías; el medio
principal de que se vale para ello consiste, precisamente, en incorporarlas de
este modo a su proceso circulatorio. La producción de mercancías, al llegar su
fase de desarrollo, es la producción capitalista de mercancías. La intervención
del capital
51 Esta ley debe, desde luego,
sufrir ciertas modificaciones en caso de transferencia de medios de producción
de un país socialista de vanguardia a un país socialista atrasado.
52 El Capital, Tomo III, p. 217.
155
Evgeni Preobrazhenski
industrial estimula en todas partes esta transformación, que lleva
aparejada la de todos los productores directos en obreros asalariados.»53
«...las mismas circunstancias que determinan la condición fundamental de la
producción capitalista –la existencia de una clase obrera asalariada– exigen
que toda la producción de mercancías adquiera forma capitalista. A medida que
ésta se desarrolla, descompone y disuelve todas las formas anteriores de
producción, que, encaminadas preferentemente al consumo directo del productor,
sólo convierten en mercancía el sobrante de lo producido. La producción
capitalista de mercancías hace de la venta del producto el interés primordial,
sin que, al principio, afecte esto aparentemente al mismo modo de producción,
que es, por ejemplo, el primer efecto que el comercio capitalista mundial
ejerce en pueblos como China, India, Arabia, etc. Pero allí donde echa raíces,
destruye todas las formas de la producción de mercancías basadas en el trabajo
del propio productor o concebidas simplemente a base de vender como mercancías
los productos sobrantes. Empieza generalizando la producción de mercancías en
producción capitalista.»54
La producción capitalista no es de temer para la economía natural cuando
ésta no tiene ningún punto de contacto con aquélla, cuando los dos sistemas
constituyen dos vasos sin comunicación alguna entre sí. La economía natural
rehúsa simplemente el combate, en la medida en que no es arrastrada a los
intercambios monetarios de mercancías. El capitalismo desempeña entonces el
papel del atleta que, vanamente, provoca el combate y llama a escena a su débil
adversario, que se mantiene quieto sin replicar. Y solamente cuando ese
adversario más débil es arrastrado a la arena capitalista por el desarrollo de
los intercambios mercantiles, se le pone de espaldas contra la lona en la lucha
provocada por la libre competencia. Es en extremo importante para nosotros
subrayar aquí que las ventajas económicas que cada empresa capitalista poseía
sobre las formas de economía más primitivas eran ampliamente suficientes,
incluso en la etapa de desarrollo manufacturero del capitalismo, para asegurar
la victoria del modo capitalista de producción sobre los modos de producción
naturales primitivos y pequeñoburgueses. La compulsión desempeñaba, sobre todo,
un papel auxiliar. Ella aceleraba el proceso
53 El Capital, Tomo II, pp.
105-106.
54 El Capital, Tomo II, p. 38.
156
LA NUEVA ECONOMÍA
del desarrollo capitalista, principalmente en lo que contribuía a
arrastrar a la economía natural a la arena de la lucha. Las teorías
«manchesterianas» de la burguesía no eran solamente el producto de una defensa
contra el absolutismo y sus injerencias en el proceso económico en detrimento
del tercer estado, sino también el producto de una toma de conciencia por el
capitalismo de su supremacía puramente económica sobre las formas
precapitalistas, supremacía que se apoyaba en la vieja experiencia de una lucha
competitiva coronada por el éxito. Cada empresa capitalista tomada aisladamente
era a la vez técnica y económicamente más fuerte que una empresa artesanal
cualquiera o que un grupo de éstas. El metro de tela, fabricado al precio de x
unidades de tiempo en la empresa capitalista, fue el arma, mortal del
capitalismo en su lucha contra el tejedor a mano, que producía esta misma
cantidad de tela con un gasto de 2 o 3 x unidades de tiempo de trabajo. El
consumidor fue el que decidió el resultado del combate; al comprar el producto
menos caro, votaba con ello por el modo de producción capitalista y lo sostenía
contra el artesanado al convertirse en comprador de la producción capitalista.
En una situación muy distinta se encuentra la industria estatal del
período de acumulación socialista frente a la industria capitalista. Y lo mismo
sucede en cuanto a la empresa aislada de la industria estatal frente a la
empresa típicamente capitalista del mismo género. No hay que perder esto de
vista un solo instante cuando nos planteamos la cuestión candente de saber
cómo, de una manera general, puede y debe evolucionar la erradicación de la
forma capitalista por la forma socialista. La noción vulgar, según la cual la
forma socialista lleva las de ganar sobre la forma capitalista en la lucha
competitiva desde el primer período de su existencia, de la misma manera que la
fábrica capitalista venció al artesanado, constituye una analogía grosera,
superficial y desprovista de espíritu crítico con el pasado. Esta analogía no
aclara la cuestión, sino que oscurece todo el problema. Es mucho más fácil,
evidentemente, concebir tales analogías, superficiales y desprovistas de
espíritu crítico, que comprender la particularidad original del período de
acumulación socialista originaria. Tales analogías se han empleado bastante
entre nosotros en la literatura económica, con un éxito de los más mediocres.
La política económica del Estado proletario, en la medida en que era justa y no
se extraviaba por el camino de semejante «manchesterismo» socialista, ha
realizado,
157
Evgeni Preobrazhenski
a tientas, espontáneamente, algo precisamente opuesto a lo que se
desprendía, lógica y prácticamente, de analogías de ese género, que han
remplazado algún tiempo el análisis marxista científico de nuestra economía.
En la hora actual, nuestra economía estatal es más débil, a la vez
técnica y económicamente, que la economía capitalista de Europa y América. La
economía soviética de Europa será más débil, después de la victoria de la
dictadura del proletariado, que la economía de la América del Norte
capitalista. En el período inicial de su desarrollo, la forma socialista, como
consecuencia de la ausencia tanto de las premisas materiales necesarias a la
reedificación de su base técnica como de las premisas necesarias a la cultura y
la educación socialistas del proletariado trabajador, no puede desarrollar
todas las ventajas orgánicamente inherentes del socialismo y cuya presencia
hace a la forma socialista históricamente más progresista que el capitalismo.
En el curso del período de acumulación previa, como hemos dicho más arriba, la
forma socialista no manifiesta todavía todas sus ventajas, sino que pierde
algunas de las de la economía capitalista. Al contrario, ésta continúa armada
de pies a cabeza de todas sus ventajas esenciales, lo que, incluso durante el
período de decadencia del capitalismo, hace en general imposible para la forma
socialista la lucha competitiva con el capitalismo sobre la base de la
igualdad. Sería para la economía estatal del proletariado un suicidio completo
(y de los más estúpidos) intentar batir al capitalismo en la arena de la lucha
de libre competencia desde la etapa actual de desarrollo de la economía
socialista. Ésta sería disgregada y, a fin de cuentas, batida, en el curso de
esa lucha. No hay que olvidar que si toda nuestra economía estatal en su
conjunto es, con la igualdad de las demás circunstancias, más débil que la
economía capitalista (para precisar la comparación yo diría que nuestra
industria estatal, de 1918 a 1925, era más débil incluso que nuestra industria
capitalista de preguerra), una empresa estatal aislada es igualmente más débil,
en igualdad de condiciones, que una empresa capitalista. Con relación a la
industria capitalista extranjera, esto se traduce en el hecho de que los productos
de nuestra industria son en su inmensa mayoría más caros y malos que los
productos extranjeros y que ello no puede ser de otro modo.55 Y en el interior
del país la industria privada no es más débil, sino que no. se encuentra en
55 La técnica de nuestra
industria textil, por ejemplo, estaba, después de la Revolución, retrasada en
15 años respecto de la técnica inglesa.
158
LA NUEVA ECONOMÍA
condiciones iguales para la lucha. Las empresas importantes y las
mejores técnicamente se hallan desde el comienzo en manos del Estado. Y en
segundo lugar, lo que es de la mayor importancia, la industria privada se halla
situada, para todo lo demás, en condiciones menos ventajosas que la industria
estatal. Gracias a una política socialista completamente justa, la economía
estatal y, por consiguiente, las empresas estatales aisladas –pero solamente
como parte de ese todo– se hallan más fuertes que las empresas privadas, es
decir, más fuertes en condiciones de desigualdad de una parte y otra. Pero si
ello es así siempre –y es precisamente el caso–, se sigue que la victoria de la
forma socialista sobre la forma capitalista en el período de debilidad
económica y técnica de la economía estatal, es decir, en el período de
acumulación socialista originaria, no puede sobrevenir en ningún caso como
consecuencia de la lucha competitiva de empresas estatales aisladas o de grupos
de esas empresas con empresas aisladas análogas de carácter capitalista. Para
obtener la victoria por esta vía les falta a las empresas estatales esa cosa
importante que poseían las empresas capitalistas en lucha con el artesanado: no
tienen superioridad económica y técnica individual sobre las empresas de la
forma históricamente inferior. Pero si la forma socialista debe obtener esa
victoria, y la obtiene ya progresivamente en la etapa de la acumulación
socialista previa (la acumulación misma, es decir, la reproducción socialista
ampliada es ya un producto de la lucha, uno de sus trofeos), debe haber para
esto otras causas que salen del marco de la lucha competitiva de empresas
individuales de dos sistemas económicos diferentes. ¿En qué consisten esas
causas, dónde reside esa particularidad que distingue la expansión socialista
de la expansión capitalista y que hace a la forma socialista más firme en la
lucha con la forma capitalista?
La primera particularidad más importante consiste en que la economía
estatal no entabla la lucha y no puede entablarla sino como un todo único. Una
empresa estatal aislada, separada del todo y abandonada en la etapa de la lucha
competitiva, no se sostendría probablemente y sería batida. Pero esta misma
empresa, implicada en el complejo único de la economía estatal, tiene detrás de
sí toda la fuerza de ese complejo y, por ese hecho, no aparece ya en modo
alguno como una empresa o un trust aislado de tipo capitalista antiguo, aun
cuando ha sido «puesta en el régimen de autogestión financiera» y es exterior-
159
Evgeni Preobrazhenski
mente semejante a una empresa individual de la economía mercantil o a un
trust capitalista. Lo mismo que el trabajo basado en la cooperación representa
algo más que la suma de las fuerzas de trabajo individuales unidas por ese
trabajo cooperativo, igualmente el complejo integral de la economía estatal es
también algo más que la suma aritmética de todas las empresas y de todos los
trusts que la constituyen. Una fuerza suplementaria resulta aquí de una inmensa
cooperación de un tipo nuevo, consecuencia del efecto de una gran masa
económica organizada. Cuando nuestros trusts se han creado y han sido sometidos
al régimen de autogestión financiera, la apariencia exterior de esos trusts, su
aspecto capitalista y sus métodos capitalistas de cálculo han dado a una serie
de economistas vulgares pretexto para crear algo en el género de una «teoría»
de la lucha competitiva de las empresas estatales aisladas y las empresas
capitalistas, teoría que ha reunido de manera sospechosa a gentes de formación
marxista o al menos cultas y a espíritus superficiales y filisteos de la
«ciencia» burguesa.
Pero las necesidades prácticas de la enorme máquina de la economía
estatal y sus diferentes eslabones, la política efectiva dictada a esa máquina
por la necesidad económica, son cosas mucho más serias que esos prejuicios
pequeñoburgueses de dos por centavo, que constituyen una tentativa de hacer
pasar como tipo normal de las relaciones mutuas entre los trusts y con el
mercado privado las manifestaciones superficiales que aparecen temporalmente en
el momento del tránsito de la economía estatal del comunismo de guerra al
período de acumulación socialista (o, como se ha convenido en decir entre
nosotros, a la NEP),56 es decir, las manifestaciones de una cierta
desorganización, de una cierta dispersión de los trusts, de una cierta carencia
de su dirección, etc. Sin embargo, desde que el período de reorganización, de
distribución de las fuerzas económicas de la economía estatal en conformidad
con las condiciones de los intercambios mercantiles, fue terminado, desde que
fueron dados los primeros pasos en la nueva coyuntura, se ha iniciado un
procesa de
56 La Nueva Política Económica era «nueva» en tanto el recuerdo de la
«antigua» política económica del comunismo de guerra, a la cual se oponía,
permanecía vivo. Hay que hacer desaparecer ese término. El comienzo ha sido
señalado por la palabra NEP, que se emplea simultáneamente con tres sentidos
diferentes al designar: 1) la nueva política económica, 2) todo nuestro sistema
mixto de economía socialista mercantil, 3) el principio burgués en nuestra
economía. En lugar de «nueva política económica» es más justo y más racional
decir ahora: política de acumulación socialista, período de acumulación
socialista.
160
LA NUEVA ECONOMÍA
«reunión» de la economía estatal como un todo único, de búsqueda a
tientas y de utilización práctica de las ventajas que confiere la cooperación
de grandes masas económicas y, en fin, de reducción progresiva del campo de
«libre» competencia de la economía estatal con la economía privada.57
Otra causa que consolida la forma socialista en su lucha con la forma
capitalista y que no tiene igualmente nada en común con la lucha de la libre
competencia (muy al contrario), es la fusión del poder del Estado y la economía
estatal. En el período de acumulación capitalista originaria, el Estado
favorece ese proceso, incluso con medidas compulsivas; pero ese concurso
aportado por el Estado al desarrollo capitalista, igual que la oposición de ese
Estado, como Estado feudal, a ese desarrollo, no tiene nada comparable con el
papel que desempeña el Estado proletario en el proceso económico. Sólo el
período del capitalismo militar de Estado de la época de la guerra imperialista
puede dar alguna idea de esto en el pasado. La experiencia capitalista militar
de Estado en Alemania durante los años de 1914-1918 ha mostrado en qué muy
elevado grado la fusión del Estado capitalista con la economía capitalista
puede acrecentar la fuerza y la estabilidad de un mecanismo político-económico.
Bajo la dictadura del proletariado ese proceso de fusión va mucho más lejos. El
Estado proletario y la economía proletaria constituyen un todo único en el
pleno sentido de la palabra. Esta unión del poder político y económico
acrecienta en un grado muy importante tanto la fuerza política del Estado como
la fuerza económica de la economía estatal. Hemos mostrado ya más arriba el
enorme papel que desempeñan los métodos extra-económicos de acumulación
socialista. El poder del Estado proletario, que se extiende sobre el
plusproducto de la economía privada (en los límites, desde luego, de lo que es
económicamente posible, racional y técnicamente accesible), no es solamente él
mismo un instrumento de la acumulación originaria, sino también una reserva
permanente de esta acumulación, un fondo potencial, por así decirlo, de la
economía estatal. Por otro lado, el monopolio del comercio exterior y nuestra
barrera defensiva de derechos aduaneros, contra la cual se estrellan
57 Lo que ha obligado udurante
cierto tiempo, a todos los contrarrevolucionarios a lanzar gritos histpericos a
propósito de un retorno a los métodos del comunismo de guerra no era en
relaidad sino el proceso de consolidación de la economía estatal y el comienzo
del tránsito a los métodos de lucha de esta por su existencia y su desarrrollo,
que serán característicos de todo el período de acumulación socialsita
originaria.
161
Evgeni Preobrazhenski
las olas de la ley del valor de la economía mundial, son una realización
de la fuerza política interna del Estado proletario y del sostén que le da
desde el exterior el proletariado mundial. El alcance económico del
aprovechamiento de esas fuerzas en ese campo tiene una importancia directa y
decisiva para toda la existencia de la forma socialista en el período infantil
de su desarrollo.
Llegamos así a la conclusión de que, si existe entre la expansión
capitalista y la expansión socialista una semejanza formal, a saber, que una y
otra tienen una tendencia inmanente y específica a desarrollarse no solamente a
expensas de la erradicación de los modos de producción históricamente superados
y su explotación constante, en cambio los métodos de lucha con las formas
antiguas difieren completamente en el capitalismo y en el socialismo. El
capitalismo obtiene la victoria en orden disperso, en las condiciones de libre
competencia con las formas de economía precapitalistas. El socialismo obtiene
la victoria gracias a las filas cerradas de la economía estatal, que interviene
como un todo único y está amalgamada con el poder político en las condiciones
de una limitación sistemática y una cuasi supresión de la libre competencia. La
apariencia de una libre competencia después de la supresión de la política del
comunismo de guerra no era sino una medida pedagógica destinada a estimular y
racionalizar el trabajo de las empresas estatales; no era un retorno a la forma
de las relaciones mutuas con el antiguo modo de producción, que era inherente,
históricamente, del capitalismo en la primera y segunda etapas de su
desarrollo. El socialismo tiene como forma inherente su propia forma de
relaciones mutuas con las formas presocialistas, que no puede, en ninguna
medida, ser un renacimiento de la coyuntura de la acumulación capitalista
originaria ni tampoco un renacimiento de esa misma libre competencia de donde
el capitalismo mismo ha pasado a la etapa de las uniones monopolistas. No
podemos decir nada de las formas en que se operará la erradicación por el
socialismo de los otros sistemas económicos de producción en el curso del
período en que la economía socialista habrá puesto en pie sus nuevos
fundamentos técnicos. Pero, para el período de la acumulación socialista
originaria que examinamos, tales son los métodos para obtener un estímulo de la
reproducción socialista ampliada: limitación o incluso supresión de la libre
competencia, utilización plena de las ventajas del monopolio estatal, lucha
librada por el complejo único de
162
LA NUEVA ECONOMÍA
la economía estatal y combinación de los medios económicos y políticos.
En lo que concierne, por otra parte, a las relaciones mutuas directas de
la economía estatal y el modo de producción pequeñoburgués, deben introducir en
la historia económica de la sociedad humana algo tan nuevo como el conjunto de
la nueva economía socialista en general. Al someterse al neocapitalismo, la
economía estatal domina igualmente los sujetos de éste, es decir, los elementos
de la producción mercantil simple en que nace el capitalismo de segunda
hornada. Pero, al lado de esto, todo un sistema de relaciones mutuas directas
entre pequeña producción y economía estatal es inevitable. La naturaleza de
esas relaciones mutuas debe definirse de la manera siguiente. La pequeña
producción se escinde en tres fracciones. Una queda en estado de pequeña producción
durante un largo período; la segunda se organiza en cooperativas58 por vía
capitalista; la tercera, evitando este último proceso, se asocia sobre la base
de un género nuevo de cooperación que constituye un tipo particular de
transición de la pequeña producción al socialismo, sin la mediación del
capitalismo y sin absorción de la pequeña producción por la economía estatal.59
Bajo la dictadura del proletariado, esa forma nueva de cooperación, una
de cuyas fuentes está manifiestamente constituida por las comunas y arteles
campesinos, debe desarrollarse todavía. Así, pues, no podemos hacer un análisis
teórico de lo que no existe aún, sino que está todavía por nacer. Anotemos aquí
a ese respecto que no se han encontrado todavía entre nosotros métodos de
utilización del monopolio estatal en interés de la cooperación, que darían los
resultados máximos en las condiciones de limitación de la libertad de
competencia para la forma capitalista.60
Para terminar con el problema en cuestión, hay que añadir todavía lo
siguiente: En el período de acumulación socialista originaria, la economía
estatal, aunque no ha reedificado su propia técnica, está ya en condiciones de
aprovechar las ventajas de un complejo organizado
58 No hablo aquí de cooperación
de consumo u otra, en el sentido habitual, sino de cooperación con carácter de
trabajo asociado, es decir, en el sentido en que Marx habla de cooperación en
los capítulos del primer libro de El Capital consagrados a la manufactura y a
la máquina.
59 Después que estas líneas han
sido escritas ese proceso ha hecho grandes progresos.
60 La tarea histórica del
capitalismo consiste, entre otras cosas, en hacer, sobre la base de los
intercambios, de todas las formas de economía que participan en dichos
intercambios partes de un organismo económico único. Por ello mismo la pequeña
producción tiene también, desde el comienzo, la posibilidad de entrar en
relación directa con la producción estatal.
163
Evgeni Preobrazhenski
único, inaccesibles al capitalismo, que gasta muchas fuerzas en pura
pérdida a consecuencia del carácter anárquico de su estructura. Las tentativas
de aprovechar esas ventajas bajo el sistema del comunismo de guerra no dejaron
de tener éxito, pero sus frutos se perdieron, tragados por ese abismo del
déficit económico de conjunto que caracterizó a ese sistema de economía.
Actualmente, esas ventajas serían mucho más acentuadas si realizáramos al fin
la tarea de organización primordial e importante al mismo tiempo, desde un
punto de vista económico general, de dirección de la economía estatal como un
todo único.
Hay que mencionar al mismo tiempo también una ventaja qué tiene el
capitalismo sobre la economía estatal, a saber, que forma de antemano, en una
etapa anterior, el material humano que le es necesario, un tipo de agentes de
producción y distribución educados por los estímulos capitalistas al trabajo y
adaptados a la disciplina capitalista. Al contrario, el tipo de los
«trabajadores de la economía estatal», como tipo social particular, no está
todavía sino en germen, lo que obliga al nuevo sistema de economía a apoyarse
en los viejos, sufriendo así un perjuicio enorme como consecuencia de la
incompetencia, los abusos, etc. Como veremos en un capítulo especial del
segundo volumen, la acumulación de los hábitos socialistas y la acumulación de
la cultura socialista tienen un alcance muy importante en la lucha de la
producción socialista con la producción capitalista. Durante el primer decenio,
por lo menos, el capitalismo posee en ese campo una superioridad manifiesta
sobre el socialismo, porque detenta los frutos de una acumulación cultural
secular.
Otra causa de firmeza de la forma capitalista en su lucha con la forma
socialista, que aparece de manera particularmente clara en el comercio pequeño
y medio, consiste en que las empresas privadas explotan el trabajo de sus
obreros y empleados, y aun el de los patronos, transgrediendo todos los límites
de lo que autoriza la legislación soviética relativa a la protección del
trabajo. El sistema socialista no puede disminuir sus gastos por ese medio de
producción y circulación. Y durante el período en que esta forma no puede batir
la economía privada aun en el plano económico, esa ventaja de la economía
privada tiene una enorme importancia, especialmente en el comercio. Con el
sistema de autoexplotación de los comerciantes, en ausencia de gastos de
contabilidad entre ellos, con la confianza
164
LA NUEVA ECONOMÍA
personal del patrono en sus empleados (producto de la adaptación del
trabajador a las exigencias de las relaciones capitalistas), es poco probable
que el comercio estatal tenga algún día gastos menores por unidad de
circulación. Una ventaja del socialismo (la protección severa del trabajo) se
transforma aquí en ventaja del capitalismo, en la medida en que se trata de
competencia en materia de reducción de los gastos de circulación.
Después de todo lo que se ha dicho, el problema de los empréstitos
exteriores y las concesiones en el período de acumulación socialista será
también más claro para nosotros. El empréstito exterior a largo plazo aparece,
de un lado, como una de las formas de explotación de la joven economía nueva
por el capital extranjero. Pero puede, por otro lado, acelerar hasta el más
alto grado el proceso de acumulación socialista. Implica un acrecentamiento
aislado, por saltos, del fondo de acumulación socialista; acelera el proceso de
reequipo técnico de la economía estatal y reduce, por consiguiente, el período
que la industria estatal debe pasar en la clase preparatoria del socialismo.
Brinda la posibilidad de ocupar a decenas y decenas de miles de desocupados
actualmente separados de la producción como consecuencia de la falta de
elementos materiales de producción en manos del Estado, y transforma, por ello
mismo, a esos desocupados en agentes activos de la acumulación socialista.
Teóricamente hablando, los empréstitos extranjeros constituyen una síntesis de
las acumulaciones capitalista y socialista. Pero pueden llegar a ser mucho más
un factor de acumulación socialista que de acumulación capitalista en el curso
del período de decadencia del capitalismo. El interés del crédito que será
pagado por la economía estatal será, sin ninguna duda, mucho menor que los
valores nuevos que entrarán en el fondo de acumulación socialista.
Evidentemente se sobrentiende, además, que el Estado tiene plena libertad de
empleo de los créditos y que la obligación de pagar los intereses es la única
forma de lazo entre el acreedor y el deudor. Es interesante recordar que la
inversión de capitales por países en estado de envejecimiento económico en
organismos capitalistas más jóvenes y en desarrollo en el extranjero ha
desempeñado un papel muy grande durante el período de acumulación originaria.
Así, cuando Venecia perdió su hegemonía sobre el comercio mediterráneo, los
recursos acumulados por el capital comercial veneciano comenzaron a invertirse
en el comercio y la industria de los
165
Evgeni Preobrazhenski
Países Bajos. Al cabo de cierto tiempo, sin embargo, los capitales
comenzaron a emigrar de los Países Bajos a Inglaterra y luego de Inglaterra a
América.
«Ya a comienzos del siglo XVIII, las manufacturas holandesas se habían
quedado muy atrás y este país había perdido la supremacía comercial e
industrial. Desde 1701 hasta 1776, uno de sus negocios principales consiste en
prestar capitales gigantescos, sobre todo a su poderoso competidor: a
Inglaterra. Es lo mismo que hoy ocurre entre Inglaterra y los Estados Unidos.
Muchos de los capitales que hoy comparecen en Norteamérica sin cédula de origen
son sangre infantil capitalizada en Inglaterra.» 61
En todo caso, si, por ejemplo, los recursos del capitalismo declinante
de Europa pudieran emigrar en gran escala a la joven economía soviética, no
sería una ventaja para el capitalismo, sino para el socialismo, durante el
período que separa el momento presente de la revolución proletaria en Europa.
Si, en ese proceso, la malignidad del espíritu hegeliano universal debe
manifestarse en el hecho de que los capitales son atraídos por el interés, no
valdría la pena quejarse de un interés más elevado que el interés medio
habitual.62
Resulta de manera muy diferente en cuanto a las concesiones. Las
relaciones entre acumulación socialista y acumulación capitalista son aquí más
bien a la inversa. Es el capital privado el organizador de la acumulación,
recibiendo el Estado, en cambio, intereses en forma de deducciones sobre la
producción, de alquiler, de impuestos, de privilegio de compra, etc. Pero el
aspecto negativo de las concesiones no reside en que el Estado recibe menos
plusvalía que el capitalista. Por una concesión ventajosamente arrendada, el
Estado recibe algo en su fondo de acumulación allí donde no habría recibido
nada sin el concesionario, mientras alimenta en una suma también más elevada la
renta nacional, que se compone de v+p. El aspecto negativo esencial de las
concesiones reside en que la economía estatal del período de acumulación
socialista originaria, es decir, de su período de mayor debilidad, entra aquí
en contacto con el capital extranjero, armado con su técnica y sus excedentes
de capital fijo y circulante y en posesión de
61 El Capital, Tomo I, p. 693.
62 Desgraciadamente, no hay menos
razones para esperar que el capital mundial busque la solución del problema de
los nuevos mercados y la exportación de capital, no en tal forma, sino en la de
una nueva intervención contra la Unión Soviética.
166
LA NUEVA ECONOMÍA
vastas reservas de capitales frescos en su retaguardia burguesa.
Importantes concesiones en las ramas esenciales de la industria estatal, que
sufre de una falta de capitales, mostrarán de golpe que esas empresas se hallan
en pie de desigualdad con las empresas estatales. Éstas descubren
inmediatamente las ventajas que poseen sobre la nuestra: la industria
capitalista extranjera evolucionada. Aquí nuestro cordón aduanero será eludido
y habrá competencia entre los dos sistemas de economía con una relación de fuerzas
desfavorable para la economía estatal. El resultado final puede ser aquí tal,
que una dosis demasiado fuerte de concesiones absorbida por el organismo de la
economía estatal comenzará a descomponer a ésta, tal como el capitalismo
descomponía en su tiempo la economía natural más débil. Esta descomposición se
expresará también, entre otras cosas, por el hecho de que los obreros de las
empresas capitalistas se hallarán en mejores condiciones materiales que los de
la industria estatal, lo que tendrá sin duda alguna sus consecuencias
políticas. Todo esto no se refiere, desde luego, sino al primer período de
existencia de la economía estatal, al período de acumulación originaria. En
cambio, cuando la forma socialista se refuerce económica y técnicamente, las
concesiones no serán ya peligrosas. Pero entonces serán menos necesarias, pues
es solamente la extrema pobreza en capitales frescos lo que obliga a seguir la
vía de las concesiones. Lo que acaba de decirse no se refiere, evidentemente, a
las concesiones hechas en dosis moderadas, ni en los centros económicos de la
URSS ni en las ramas de producción de importancia decisiva. Las concesiones
forestales pueden ser ejemplo de concesiones más ventajosas y menos peligrosas.
En todo caso, la prudencia en materia de política de concesiones aparece
como el reflejo de la misma necesidad económica que obliga a la economía de la
URSS a sostener por todos los medios el monopolio del comercio exterior y el
sistema de proteccionismo más estricto. Aquí también se trata de asegurar las
premisas necesarias a la acumulación socialista. Aquí también, por
consiguiente, estamos en presencia de la lucha entre la ley. de la acumulación
socialista y la ley del valor de la economía capitalista mundial.
167
Evgeni Preobrazhenski
LA LUCHA ENTRE LAS DOS LEYES
Pasemos ahora al último problema, el más interesante desde el punto de
vista teórico, el problema de la lucha entre las dos leyes –la ley del valor y
la ley de la acumulación socialista originaria– en el seno de la economía de la
URSS.
Se ha visto por la exposición precedente que toda la política económica
del Estado soviético y todo el sistema de la economía estatal están sometidos a
la ley de la acumulación socialista. No se puede hablar de ninguna ley de
movimiento de los salarios en la economía estatal de la URSS ni de ninguna
teoría del salario sin un análisis de la ley de la acumulación socialista y su
manifestación en ese sector del campo económico. A esa misma ley están
sometidos –y en la medida en que no están aún sometidos deberán someterse como
una necesidad implacable– la política de precios en la producción de la
industria estatal y el sistema de tarifas de los ferrocarriles y las tarifas
fluviales. A la ley de la acumulación socialista está sometida la estructura de
la parte del presupuesto constituida por los ingresos, así como el sistema de
gravámenes a la economía privada en beneficio de la economía socialista (con
correcciones, evidentemente, que tengan en cuenta lo que es económicamente
posible y políticamente racional). A la ley de esta acumulación está sometida
la estructura de la parte del presupuesto consagrada a los egresos. El
monopolio del comercio exterior y el sistema de proteccionismo socialista
constituyen la defensa de la economía socialista en una etapa dada de ésta, es
decir, la protección de un cierto dominio asegurado a la acumulación socialista
contra la intrusión de los representantes de la acumulación capitalista dentro
de esos límites. A la ley de la acumulación socialista está sometido todo
nuestro sistema de crédito, tanto por sus métodos de organización como por los
principios de su política y, ante todo, por los principios de distribución de
los recursos crediticios del país. A esa misma ley está sometida nuestra
política comercial en el interior del país con sus tentativas incesantes de
erradicación de la economía privada de la circulación y aplicación de una serie
de medidas orientadas hacia la regulación del mercado interior. Esta
regulación63 es una lucha
63 De una manera general, los
principios reguladores de nuestra economía son los gérmenes de la organización
del sistema económico nuevo, del sistema de la economía estatal organizada .
Pero en una etapa dada esos gérmenes echan raíces y adquieren fuerza al cumplir
ante todo las funciones de la acumulación socialista originaria, al comprender
igualmente bajo ese término la lucha por la existencia de todo el complejo en
una situación dada. Desarrollándose Históricamente
168
LA NUEVA ECONOMÍA
por otra forma de organización del trabajo, y desde el punto de vista de
la distribución de los recursos materiales constituye también, ora una
limitación del ritmo y las dimensiones de la acumulación capitalista en el
proceso de circulación, ora un aumento de la acumulación socialista en ese
campo, ora la realización de una y otra a la vez. Nuestra política de
protección del trabajo es, de un lado, una política de salvaguardia y
mejoramiento cualitativo de la fuerza productiva más importante, del elemento más
importante de la acumulación socialista, a saber, la fuerza de trabajo del
proletariado, y, de otro lado, en su extensión a la economía privada, esa
política implica una reducción del ritmo y las dimensiones de la acumulación
capitalista.
En una palabra, todos los procesos esenciales en el interior de la
economía estatal, todos los principios universales de la política económica del
Estado proletario están ante todo y más que todo sometidos, en la etapa actual
de desarrollo, a la necesidad económica de la acumulación más amplia posible,
de la economía y el ahorro mayores posibles. Esta política no es aplicada en
todos los campos de manera suficientemente completa y con un espíritu
suficientemente consecuente; no ha sido aplicada, por ejemplo, a la lucha
contra el consumo improductivo, etc., pero esto es sólo una cuestión de tiempo.
Sin embargo, la economía estatal de la URSS no es más que una parte del
conjunto económico del país. Una gran parte de los valores se crea en la
economía privada, más exactamente en la esfera de la producción mercantil
simple, como lo veremos en el volumen siguiente a partir de un análisis
numérico de nuestro presupuesto económico. Nuestro sistema económico en su
conjunto es un sistema socialista-mercantil de economía. La ley de la
acumulación socialista tiene sus raíces, ante todo, en los eslabones socialistas
principales de la economía, es decir, en la economía estatal, y no extiende en
cierta medida su acción a la economía privada, sino como medio extranjero. Es,
al contrario, la ley del valor la que extiende también su acción a la economía
estatal que aparece como la ley inmanente de la economía simple y la economía
capitalista. Por el hecho de que la economía de la URSS constituye un ejemplo
sin precedente en la historia económica de la coexistencia de dos sistemas de
economía distintos y antagónicos por naturaleza, con tipos de regulación
diferentes, esta economía
sobre todo en esa función, desempeñarán ulteriormente otro papel.
169
Evgeni Preobrazhenski
debe ser también la arena no solamente de una lucha, sino también de un
cierto equilibrio y, por consiguiente, de una coexistencia objetiva-mente
determinada de dos leyes económicas distintas.
La ley de la acumulación socialista está limitada por la «democracia» de
la economía mercantil, con sus tendencias de desarrollo y sus métodos de
regulación propios. La economía mercantil está limitada, englobada y, si
queréis, comprimida por la ley de la acumulación socialista, por las leyes de
desarrollo del cuerpo socialista que le es ajeno. Así, pues, nuestra economía,
sin ser todavía socialista, no es ya puramente mercantil.
La cuestión de la calificación económica y científica de nuestro sistema
de economía ha suscitado, y suscitará aún más de una vez, numerosas discusiones
durante cierto tiempo (de corta duración, esperémoslo). En una época se
consideró entre nosotros como el summum del realismo en asuntos económicos y de
valentía comunista tratar nuestra economía como una variedad de economía
mercantil, apenas alterada por la existencia de la propiedad estatal sobre la
gran industria. Ese punto de vista suponía, tácitamente, la existencia en
nuestra economía de la única ley fundamental que actúa en la economía
mercantil, la ley del valor. Si así fuera, bajo la influencia de. esta ley, que
ejerce su presión desde el interior y desde el exterior, la industria estatal
debiera reabsorberse en la NEP; si no, disolverse allí desde el presente y
completamente; el monopolio estatal debiera llegar a ser cada vez más ficticio;
las empresas deficitarias debieran cerrar y sólo las empresas rentables
debieran subsistir, etc. En particular, los transportes y la metalurgia
debieran parar o pasar a manos del capital extranjero, etc. No observamos nada
de todo eso; observamos, por el contrario, cómo se desarrolla y fortalece
progre-sivamente un proceso precisamente inverso, que marcha a la par con el
desarrollo del carácter mercantil de la economía campesina. ¿Por qué las cosas
ocurren así? Si ese proceso se desarrolla, no siguiendo la línea del regulador
de la economía mercantil, sino contra ella, si la industria estatal se
desarrolla y fortalece de espaldas y contra la acción de la ley del valor, ello
no es posible sino porque otra ley se opone a la ley del valor, la modifica, la
hace desviarse o la suprime parcialmente. Ya hemos visto, en parte, cuál es
esta ley.
170
LA NUEVA ECONOMÍA
Esta deducción tiene una enorme importancia de principio para la
comprensión correcta de nuestro sistema de economía, y de las tendencias
fundamentales de su desarrollo. Pero al comprobar la presencia en esta economía
de dos leyes fundamentales, no damos todavía ninguna respuesta a la cuestión de
saber cuáles son la importancia económica propia y la dinámica de cada una de
ellas. Esto debe ser objeto de un análisis particular. Hay que observar
solamente que, sólo a partir del reconocimiento de esas dos leyes como premisa
de todo estudio concreto de las tendencias generales de nuestra economía,
estamos en condiciones de comprobar correctamente una masa de rasgos nuevos y
originales de esta economía. Esos rasgos y esos fenómenos nuevos es
absolutamente imposible deducirlos del desarrollo de la economía mercantil como
tal. Por ello, los que no consideran nuestra economía más que como una economía
mercantil deben dejar esos fenómenos sin explicación, o acumular una montaña de
«excepciones» que reclaman a gritos una ley general, o (lo que se produce más a
menudo) inscribirlos muy juiciosamente en la cuenta de las particularidades de
«la economía bajo la dictadura del proletariado». Pienso que hemos superado la
etapa de un «análisis teórico» de ese género y que la repetición, desde hace
varios años, de las mismas frases sobre la NEP nos ha hastiado por su falta de
contenido y por su esterilidad.
Examinemos, pues, hasta dónde se extiende en nuestra economía la acción
de las leyes de la producción mercantil, en particular su influencia sobre
nuestra economía estatal y, por otra parte, hasta qué punto las leyes de la
producción mercantil son modificadas o en parte suprimidas por la ley de la
acumulación socialista.
Comencemos por las leyes de la producción mercantil.
La producción mercantil (tanto la producción mercantil simple, como la
producción mercantil capitalista) es una producción para el mercado. Entre
nosotros, después de la liquidación del comunismo de guerra, son los
intercambios de mercancías por vía monetaria los que dominan en la esfera de la
circulación. Dominan no solamente en el interior de toda la economía privada
(menos la economía natural, desde luego), no solamente en los intercambios
entre la economía estatal y la economía privada, sino también, en una parte
enorme, en los intercambios en el interior del sector de la economía estatal. Y
esta forma casi universal de los intercambios monetarios de mercancías y
171
Evgeni Preobrazhenski
de los cálculos en dinero es considerada por muchos como un indicio de
la importancia del campo de aplicación y del poder de la ley del valor como
regulador de todos los procesos económicos. Esta circunstancia es, sin ninguna
duda, la base de toda esta super-valoración del papel y el alcance de las leyes
de la economía mercantil y lo que ha impedido e impide a muchas gentes
comprender la naturaleza real de nuestro sistema económico. Sin embargo, entre
el campo en que se extienden los intercambios monetarios de mercancías y el
alcance de la ley del valor, no es posible en ningún caso trazar un signo de
igualdad. Es imposible hacerlo incluso en lo que concierne al capitalismo puro
en la medida en que, desde el período monopolista del capitalismo, la ley del valor
es en parte suprimida, lo mismo que todas las otras leyes de la producción
mercantil que con ella se relacionan. Cambios esenciales se producen en los
fundamentos mismos de la producción mercantil. Citando al economista burgués
Kestner, que describe los cambios que aporta al sistema de comercio el
capitalismo del período de monopolio, el camarada Lenin escribía en su folleto
“El imperialismo, fase superior del capitalismo”:
«Traducido al lenguaje común, esto significa: el desarrollo del
capitalismo ha llegado a un punto tal, que, aunque la producción mercantil
sigue “reinando” como antes y es considerada la base de toda la economía, en
realidad se halla ya quebrantada.»64
Y en ese mismo folleto el camarada Lenin escribe en otro lugar:
«El viejo capitalismo, el capitalismo de la libre competencia, con su
regulador absolutamente indispensable en figura de la Bolsa, pasa a la
historia. En su lugar ha aparecido el nuevo capitalismo, que tiene los rasgos
evidentes de un fenómeno transitorio, que representa una mezcolanza de la libre
competencia y el monopolio. Se desprende la pregunta: ¿a qué conduce la
“transición” del capitalismo moderno? Pero los sabios burgueses tienen miedo a
hacérsela.»65
Sabemos ahora por experiencia, después de la Revolución de Octubre, «a
qué conduce» el capitalismo del período de monopolio. No conduce, en todo caso,
a la libertad de la competencia, sino a un monopolio considerablemente mucho
más vasto y universal que el
64 V. I. Lenin, Obras Escogidas
en tres tomos, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, p. 742. (Subrayado por
mí, E. P.)
65 Ibíd., p. 754.
172
LA NUEVA ECONOMÍA
monopolio de los trusts norteamericanos. Conduce al monopolio del Estado
sobre toda la grande y mediana industria, sobre los transportes, el sistema de
crédito, el comercio al por mayor y, en parte, al por menor, y se rodea de una
poderosa red cooperativa. En ese sentido nuestra economía estatal se presenta
históricamente como la continuación y profundización de las tendencias
monopolistas del capitalismo y, por consiguiente, como la continuación de las
tendencias a la degeneración ulterior de la economía mercantil y la liquidación
ulterior de la ley del valor. Si, ya en el período del capitalismo monopolista,
la economía mercantil estaba «minada», según la expresión del camarada Lenin,
¿hasta qué punto esta economía, sus leyes y, por consiguiente, su ley fundamental
del valor están minadas en el sistema económico de la URSS?
Entre el océano de nuestra producción mercantil simple y nuestra
economía estatal existen eslabones intermedios muy débiles de la producción
capitalista, y sólo en el campo de los intercambios existe un eslabón
importante en la forma de capital mercantil privado. En esta situación, es
decir, en tanto el capital privado industrial es todavía muy débil, el
monopolio de la industria estatal aparece aplastante y no está limitado,
principalmente en el interior del país, sino por la competencia del artesanado
y la industria artesanal. Pero esta competencia es limitada, frente al conjunto
de la industria estatal, por la superioridad técnica de esta última y, en lo
que concierne a la industria pesada, es absolutamente imposible.
Pero si no se puede juzgar el poder y el alcance de las leyes
específicas de la producción mercantil según el volumen de los intercambios
monetarios de mercancías, porque esta manera de abordar el problema sería
puramente formal y superficial, sería igualmente formal y superficial sacar
conclusiones relativas a la influencia de las leyes de la producción mercantil
sobre la economía estatal, teniendo en cuenta como patrón de esta influencia la
importancia del movimiento de las masas de mercancías de la economía privada
hacia la economía estatal, y viceversa. El granjero norteamericano participa en
los intercambios de mercancías con la industria norteamericana en un grado
mucho más elevado que nuestro campesino; sus cereales y sus materias primas son
también en extremo necesarios a esa industria; le es él mismo necesario como
comprador, y, sin embargo, esto no impide que al someterse a la relación de
fuerzas económicas el
173
Evgeni Preobrazhenski
granjero se encuentre bajo el yugo del capital comercial, de los trusts
y los bancos, y que no haya ningún intercambio equivalente entre él y la
ciudad. No se puede decir: cuanto más se desarrolla la circulación de las
mercancías entre la ciudad y el campo en la URSS, más cae la industria estatal
bajo la dependencia de la economía mercantil y se somete a la acción de sus
leyes. En ciertos aspectos, es todo lo contrario. Nuestra industria se hallaría
en una situación tanto más grave cuanto que la economía campesina se
transformaría más en una economía natural. La época del comunismo de guerra es
una prueba de ello. Al contrario, cuanto más se desarrollen los intercambios de
mercancías entre las ciudades y los campos, más determinada es la relación de
fuerzas por el grado de organización de las partes. Y, por consiguiente, en el
caso considerado, más cae la economía campesina bajo la dependencia de la
economía estatal.
Para apreciar la influencia de las leyes de la producción mercantil
sobre la economía estatal, es necesario un análisis más detallado y profundo.
Haremos este análisis en el capítulo siguiente, y cuando hablemos de la
economía agraria y el sistema de los intercambios en la URSS.
Indicaremos aquí previamente, y de paso, lo esencial. Sin ninguna duda,
el carácter espontáneo de las relaciones de mercado y, por consiguiente,
también la ley del valor, ejercen su influencia en el momento de la compra por
el sector estatal a la pequeña producción de las mercancías que tienen,
simultáneamente, otros compradores competidores en el interior del país. La ley
del valor ejerce su acción incluso cuando el privilegio de las compras está en
manos del Estado, pero al mismo tiempo el campesinado está en condiciones de
pasar de ciertos cultivos a otros si ese comprador monopolista ofrece al
productor precios inaceptables. En ese caso, la presión de la ley del valor no
se expresará solamente en los precios, es decir, en una expresión monetaria, en
la periferia de los intercambios con la economía privada, sino que se
transmitirá profundamente al interior del sector estatal, repercutiendo su
influencia sobre los cálculos no solamente de la rama de producción afectada,
sino también de todas las ramas limítrofes, en particular por intermedio del
nivel general de los salarios.
174
LA NUEVA ECONOMÍA
Pero ¿hay muchos valores de ese género en los intercambios de la
economía privada con la economía estatal, y cuál es su importancia específica?
La influencia de la ley del valor es muy grande en los intercambios de
productos alimenticios procedentes de la ganadería y la avicultura (carne,
mantequilla, huevos). Es muy grande en los intercambios de materias primas como
los cueros, las pieles de carnero, la lana, etc., donde hay muchos compradores
competidores y donde el producto mismo, frente a una coyuntura desfavorable en
el mercado, intensifica la manipulación artesanal de su propia materia prima,
boicoteando a la ciudad. La influencia es menor en las relaciones de mercado
durante los intercambios de otras materias primas, como el cáñamo, el lino y,
en particular, el algodón. Aquí, es verdad, la regulación de los precios-límite
procede del mercado exterior, es decir, de la ley del valor de la economía
mundial, pero sobre el margen muy grande que separa los precios medios
interiores de los precios del mercado exterior, el dominio sobre los precios se
halla, en una parte inmensa, en manos del exportador monopolista o del cuasi
monopolista del tratamiento industrial, es decir, el Estado. Finalmente, en el
comercio de los cereales el Estado es en una gran medida el dueño de la
situación en el campo de los precios. ¡Dónde si no aquí, al parecer, el
carácter espontáneo del mercado podría desencadenarse! Sin embargo, en
realidad, es justamente lo contrario lo que se produce. En el momento de una
mala cosecha, el carácter espontáneo de la oferta y la demanda vuelve al primer
plano en el campo del comercio de cereales, pero en el momento de una cosecha
mediana o cuando hay excedentes que deben ser vendidos en el extranjero, el
Estado es el dueño de la situación en el mercado. En el curso de los malos años
de 1920 y 1921, con siembras insuficientes por añadidura, el Estado amarró
corto la acción del elemento espontáneo del mercado interior con la
distribución, el impuesto en especie y la importación de cereales del extranjero.
Actualmente, en cambio, en presencia de excedentes, alcanza su fin de manera
mucho más feliz gracias al monopolio de la exportación de cereales. Teniendo el
dominio sobre centenares de millones de puds de excedentes, es dueño igualmente
de los precios interiores. La experiencia del otoño de 1923 lo ha mostrado
suficientemente cuando, en presencia de excedentes, el desenvolvimiento tardío
de las operaciones con los cereales, equivalente al boicot temporal por el
Estado del cereal mercantil de los campesinos, junto a la recaudación del
impuesto, hizo
175
Evgeni Preobrazhenski
caer en ciertos lugares los precios hasta 20-30 kopecks por pud de
centeno, es decir, de 6 a 7 veces con relación a los precios del año 1920-1921.
Lo mismo sucede en tiempos normales, es decir, en el momento de una cosecha
mediana. En el futuro, es decir, con el desarrollo del comercio de granos y, lo
que equivale a lo mismo, con el desarrollo del carácter mercantil de la
economía campesina, el papel regulador del Estado en ese campo (en los límites
trazados por la ley mundial del valor) no disminuirá, sino crecerá.
Pero las leyes de la producción mercantil ejercen también su acción
sobre la economía estatal en otro sentido. Quiero hablar de la venta de la
producción de la industria estatal en el mercado privado. Nuestra industria
trabaja para la demanda del mercado. Esto tanto en el caso en que esta demanda
viene del interior del sector estatal como en aquel en que viene de afuera.
Pero las relaciones de mercado en el interior del sector estatal no resultan
del todo orgánicamente de las leyes inmanentes de desarrollo ni de la
estructura de la economía estatal misma. Las relaciones de mercado son, en ese
caso, formales; están ligadas a la economía estatal por lo exterior, por la
forma de sus relaciones con la economía privada. La regulación de la demanda de
la industria estatal en productos de esta misma industria puede ir muy lejos.
Aun conservando la forma del mercado y los ajustes monetarios, se puede llegar
aquí a una planificación muy alta en la distribución de los pedidos, a despecho
de todas las oscilaciones que proceden de las ramas directamente ligadas a la
economía privada. En cuanto a los intercambios con ésta, ello es otro asunto.
En ese punto la proporcionalidad del desarrollo de la industria estatal depende
de la proporcionalidad del desarrollo de la economía privada. Esta última
proporcionalidad se establece de manera espontánea. La industria estatal está
aquí estrechamente ligada al carro de la economía privada. Y es justamente su
acción sobre la demanda del mercado lo que constituye una premisa necesaria a
la acumulación socialista misma. Si la acumulación a expensas de la economía
privada implica un balance positivo de los valores intercambiados en beneficio
de la economía estatal, este balance será tanto más favorable cuanto más
importantes sean, en igualdad de condiciones, los volúmenes numéricos que
representan los intercambios. Pero por esa puerta, que materializa la
dependencia de la economía estatal frente a la demanda solvente de la economía
privada, las oscilaciones del elemento
176
LA NUEVA ECONOMÍA
espontáneo de ésta se abren camino hacia la economía estatal. Esas
oscilaciones pueden ser limitadas por una política planificada de precios y por
el desarrollo planificado de la economía estatal, ésta misma fundada en la
consideración previa de la economía privada, pero dichas oscilaciones no pueden
ser enteramente suprimidas.
Además, el poder de la influencia de la economía privada sobre la
economía estatal se expresa en ese punto en que la economía estatal, en la
etapa de la acumulación socialista originaria y en presencia de una extrema
pobreza de capitales, está sujeta, en su desarrollo, al volumen de la demanda
solvente y no puede escapar a las leyes de la producción mercantil, ni
intensificar progresivamente el ritmo de su tránsito al tipo socialista de
producción, para satisfacer la demanda de bienes de consumo que emana de los
trabajadores del sector socialista; pues el crecimiento progresivo del fondo de
reproducción, a expensas de los intercambios con la economía privada, no es
posible sino sobre la base de la demanda del mercado, con todas las
consecuencias que de ello resultan. En ausencia de otras formas fundamentales
de vinculación entre la economía privada y la economía estatal fuera de los
intercambios de mercancías en el mercado, estos últimos se convierten ellos
mismos en una premisa necesaria de la acumulación socialista.
La acción de la ley del valor en la economía mercantil, en presencia de
la libertad de competencia, es decir, en su elemento social natural, se
distingue, por consiguiente, de la manera más esencial del poder de la acción
de esta ley en la economía soviética y, a fortiori, en el campo económico de la
economía estatal. La diferencia es aquí poco menos que la que existe entre la
fuerza de choque de una piedra que cae desde una gran altura, de una parte, a
la superficie del agua y, de otra, al fondo de un estanque. Cuanto más
organizada sea la economía estatal y más estrechamente ligados estén sus
eslabones aislados por el plan económico operativo, cuanto más constituya un
todo económico compacto y más poderosa sea su oposición a la ley del valor,
mayor será su influencia activa sobre las leyes de la producción mercantil y
más se transformará ella misma, con su ley de hierro de la acumulación
socialista, en el elemento más importante de las leyes de la economía, incluida
también la economía privada.
177
Evgeni Preobrazhenski
Al trazar ese balance previo de la acción de la ley del valor y de la
ley de la acumulación socialista en nuestra economía, llegamos a la conclusión
de que ningún análisis científico de nuestra economía es posible si no se
reconoce la presencia de esas dos leyes y si no se estudia lo que constituye el
producto de su acción mutua.
Ahora podemos dar una formulación mucho más completa de la ley de la
acumulación socialista originaria que la precedente, en la medida en que esta
ley no solamente nos dicta, con una ineluctable objetividad, un volumen
determinado de acumulación de recursos materiales de la economía estatal y la
economía privada, con miras a la reproducción ampliada, sino que también se
opone a la ley del valor en todo el frente de lucha, lo mismo que se opone a la
producción mercantil como regulador de un tipo de economía diferente,
antagónica. Esta definición, cuyos diferentes aspectos serán más claramente
subrayados más adelante, cuando analicemos la ley del valor en nuestra
economía, debe reducirse en conjunto a lo que sigue.
Llamamos ley de la acumulación socialista originaria a la suma de todas
las tendencias conscientes y semi-espontáneas de la economía estatal que están
orientadas hacia la ampliación y fortalecimiento de la organización colectiva
del trabajo en la economía soviética y que dictan al Estado soviético, sobre la
base de la necesidad:
1) proporciones determinadas en
la distribución de las fuerzas productivas, proporciones que se establecen
sobre la base de la lucha con la ley del valor en el interior y fuera de los
límites del país, y que tienen como tarea objetiva alcanzar el nivel óptimo de
la reproducción socialista ampliada en condiciones dadas, y el máximo del
potencial defensivo de todo el sistema en la lucha con la producción
capitalista-mercantil;
2) proporciones determinadas de
acumulación de recursos materiales con miras a la reproducción ampliada,
principalmente a expensas de la economía privada, en la medida en que un
volumen determinado de esta acumulación es dictado con una fuerza coercitiva al
Estado soviético, bajo la amenaza:
178
LA NUEVA ECONOMÍA
a) de la desproporción
económica,
b) del crecimiento del capital
privado,
c) del debilitamiento de los
lazos de la economía estatal con la producción campesina,
d) de la ruptura, en el curso de
los años futuros, de las proporciones necesarias de la reproducción socialista
ampliada, y del debilitamiento de todo el sistema en su lucha con la producción
capitalista-mercantil en el interior y fuera de los límites del país.
A la ley de la acumulación socialista originaria están inevitablemente
sujetos: el volumen de la enajenación del plusproducto de la economía privada,
el nivel de los salarios de la economía estatal, la política de precios, la
regulación del comercio exterior e interior, el sistema aduanero, la política
de crédito, la elaboración del presupuesto y de los planes de importación,
etcétera.
Examinemos ahora cuál es el lugar específico de la ley del valor en
nuestra economía y en qué medida son aplicables a nuestro sistema
socialista-mercantil de economía las categorías de la economía política de Marx
179
Evgeni Preobrazhenski
Capítulo III
LA LEY DEL VALOR EN LA ECONOMÍA SOVIÉTICA
OBSERVACIONES GENERALES
En el momento del análisis de las premisas de la acumulación socialista
originaria hemos mostrado ya que la ley de la acumulación socialista no es la
única ley fundamental de la economía soviética. Una particularidad del sistema
socialista-mercantil de economía que existe entre nosotros consiste en que dos
leyes de tendencias diametralmente opuestas actúan simultáneamente dentro de
sus fronteras. La segunda de esas leyes es la ley del valor. Si las tendencias
de nuestra estructura económica futura hallan su expresión en la primera ley,
en cambio, con la segunda, nuestro pasado hace presión sobre nosotros y se
esfuerza obstinadamente en mantenerse en el presente y hacer girar hacia atrás
la rueda de la historia. En la ley del valor se concentra la suma de todas las
tendencias de los elementos mercantiles y capitalista-mercantiles de nuestra
economía y la suma de todas las influencias del mercado capitalista mundial
sobre nuestra estructura económica. Tenemos que examinar ahora más
detalladamente en qué se manifiesta la ley del valor en nuestra economía, cuál
es su lugar específico, cómo evoluciona la lucha de las dos leyes y cuáles son
los productos sociales engendrados por la lucha, la acción y la coexistencia
forzada de las dos tendencias fundamentales en el organismo económico del país.
En el capítulo que trata de la ley de la acumulación socialista, hemos
abordado esta cuestión sólo de paso. Tenemos que analizar ahora de manera
consecuente y sistemática la acción de la ley del valor en nuestra economía. Lo
mejor será, después de algunas observaciones generales, analizar las categorías
fundamentales de la economía política y establecer uno u otro grado de su
dependencia en nuestra economía.
La ley del valor es la ley del equilibrio espontáneo de la sociedad
capitalista-mercantil. En una sociedad privada de centros directores de
regulación planificada se llega, gracias a la acción directa o indirecta de
esta ley, a todo lo que es necesario para un funcionamiento relativa-mente
normal de todo el sistema de producción del tipo considerado: la distribución
de las fuerzas productivas entre las diferentes ramas de la economía, que
comprende la distribución de los hombres y los
180
LA NUEVA ECONOMÍA
medios de producción, la distribución del producto de la producción
anual de la sociedad entre obreros y capitalistas, la distribución de la
plusvalía entre las diferentes ramas o países con miras a la producción
ampliada, la distribución de esta plusvalía entre las diversas clases
explotadoras, el progreso técnico, la victoria de las formas económica-mente
evolucionadas sobre las formas superadas y la subordinación de éstas a
aquéllas. Lo que llamamos categorías de la economía política son las descripciones
lógicamente puras, ideales, de las relaciones reales de producción, intercambio
y distribución que se establecen sobre la base de la producción mercantil y
capitalista-mercantil. En ese sistema de economía tenemos, si se puede expresar
así, agrupaciones de hombres cristalizadas en el curso del proceso de
producción y distribución, tales como las que se establecen en el terreno de la
autorregulación espontánea de la economía gracias a la ley del valor; con toda
la fluidez del personal humano, esas agrupaciones se reproducen incesantemente
en cada nueva etapa del desarrollo capitalista, formando tipos determinados de
relaciones de producción y distribución.
Es la descripción científica de esos tipos de relaciones de los hombres
entre sí (y no de las cosas entre sí o de los hombres con las cosas), sobre la
base de la producción mercantil y capitalista-mercantil, lo que Marx llama
categorías de la economía política, categorías que están, por consiguiente,
conformes con las relaciones reales en la esfera de la realidad capitalista,
pero que, en la ciencia, reproducen esas relaciones de manera abstracta, en su
forma pura.66 La renta, en calidad de categoría del sistema económico
capitalista, no está constituida por los valores reales que el granjero
capitalista paga al propietario de la tierra, sino por la relación de
distribución entre granjero y capitalista, que garantiza la transferencia
sistemática de una parte de la plusvalía de uno a otro. El salario y la
plusvalía constituyen una relación de producción y distribución entre obreros y
capitalistas. La categoría de la ganancia, como otra forma de la plusvalía,
constituye una relación de distribución entre capitalistas, que se transforma,
gracias al mecanismo de la nivelación de la cuota de ganancia y a todo el
mecanismo de la sociedad capitalista, en una relación de distribución del
trabajo y los medios de producción. En ese caso, es una relación de
66 No es necesario,
evidentemente, explicar aquí que entre las categorías de la realidad y las del
pensamiento, en economía política, se comprende de la misma manera que en toda
la concepción filosófica general del materialismo dialéctico.
181
Evgeni Preobrazhenski
producción de capitalistas respecto a capitalistas, tomados no en
calidad de consumidores (como más arriba), sino como organizadores de la
producción. La categoría del precio es, de un lado, una relación de producción
que resume tanto el nivel de la productividad del trabajo en las diferentes
ramas y la distribución de las fuerzas de trabajo entre las diferentes ramas de
producción, como, de otro lado, una relación de distribución en la medida en
que el nivel de los precios determina el del aflujo de valores, que pasa de las
manos de ciertos grupos de hombres a las de otros grupos. En tercer lugar, es
también una relación de producción, porque, gracias al mecanismo de la
separación entre precio y valor, se opera una redistribución de las fuerzas
productivas entre las diferentes ramas de la economía. En fin, la mercancía es
la categoría más general de la economía política, categoría que caracteriza en
su conjunto las relaciones de producción entre los hombres del tipo examinado,
como relaciones entre productores de mercancías independientes y aislados,
ligados en un solo todo económico por el sistema de las relaciones del mercado.
Lógicamente, las categorías pueden ser deducidas de la ley del valor.
He aquí por qué hacemos estas observaciones generales. El ochenta por
ciento de todos los errores, de la incomprensión y las torturas mentales a que
da lugar el estudio de Marx proceden, en los jóvenes, de una manera naturalista
de comprender la ley del valor. Habiendo asimilado formalmente el hecho de que
las categorías son relaciones de los hombres entre sí, muchos vuelven
obstinadamente a compren-derlas como categorías de cosas, sobre todo cuando no
se explican en la lengua de las citas de Marx, sino en la suya propia. Tras la
oleada de cosas que van, por ejemplo, de los obreros explotados a los
capitalistas, de los capitalistas a los banqueros o a los propietarios de la
tierra, de una rama de la producción a otra rama, que son compradas o vendidas
en el mercado y luego consumidas, etc., no ven muy a menudo la permanencia de
la agrupación de hombres a partir de los cuales o hacia los cuales se opera ese
movimiento, la permanencia de las relaciones de producción entre los hombres en
el sistema de economía mercantil, relaciones que estudia justamente la economía
política. Esta materialización en la mente de las relaciones entre los hombres,
que son también materializadas exteriormente en la vida real, lleva igualmente
a una comprensión incorrecta de numerosas relaciones de nuestra economía.
También aquí, tras el
182
LA NUEVA ECONOMÍA
movimiento de los valores materiales, que son, in natura, los mismos que
bajo el capitalismo y que se desplazan a menudo, en apariencia, según las
mismas líneas (salario, acumulación, renta), tras la identidad de las
relaciones de los hombres con la naturaleza (igual técnica, los «mismos»
obreros), no se ven los cambios ocurridos en las relaciones de producción.
Por ello es tan particularmente importante que el lector aborde el
análisis que se le propone con una representación completamente justa de la
necesidad de comprender de manera marxista las categorías de la sociedad
capitalista, a fin de atenerse a esta comprensión igualmente en el momento del
análisis de las relaciones de producción en la economía soviética. Por el
camino, en el curso de nuestro análisis, la cuestión de saber si es justo
designar toda nuestra economía o, al menos, el tipo de las relaciones que
dominan en ella con el término de «capitalismo de estado» se resolverá por sí
misma.
LA LEY DEL VALOR Y EL CAPITALISMO MONOPOLISTA
¿Qué es lo que condiciona la posibilidad de acción de la ley del valor?
No basta responder a esta pregunta con la frase general siguiente: es la
existencia de la sociedad en cuyo terreno actúa esta ley, es decir, la
existencia de la producción mercantil. La estructura económica de la sociedad
de los productores independientes y libres de toda sujeción, que trabajan para
el mercado, es también producción mercantil. El capitalismo clásico del período
de libre competencia es también una producción mercantil. El capitalismo
monopolista, organizado en trusts en escala nacional y a menudo incluso
internacional, es igual-mente una producción mercantil. En fin, el capitalismo
de estado de la Alemania de los años 1914-1918 y las tendencias muy fuertes de
igual orientación en la economía de los países de la Entente durante esa guerra
eran todas también, formalmente, una producción mercantil. Pero ¿habrá alguien
que afirme que, en cada uno de esos cuatro tipos de producción mercantil, la
ley del valor podía, en igual medida, desarrollar su acción y manifestar todos
sus rasgos más característicos? No hablo siquiera del capitalismo de los
orígenes, que sufría aún las secuelas de la reglamentación artesanal de la
producción y la injerencia del Estado feudal en el proceso de producción.
183
Evgeni Preobrazhenski
En la medida en que la ley del valor es el regulador espontáneo del
proceso de producción en la sociedad mercantil, la acción más completa, la más
característica de ese mecanismo de regulación exige el tipo más espontáneo de
las relaciones de producción con el mínimo de alteraciones de esa espontaneidad
por la intervención de principios organizadores en la producción y los
intercambios. Es en alta mar donde es preferible fotografiar la tempestad. Y
del mismo modo es mejor fotografiar teóricamente la ley del valor, en forma
pura, en su elemento natural, es decir, en el período de libre competencia
capitalista, lo que ha hecho Marx justamente en El Capital.
Para que la ley del valor se manifieste de la manera más total, es
necesario que exista una plena libertad de circulación de las mercancías, tanto
en el interior del país como entre países en el mercado mundial. Es necesario,
además, que el obrero sea Ubre vendedor y el capitalista libre comprador de la
fuerza de trabajo como mercancía. Es necesario que la injerencia del Estado en
el proceso de producción y en el número de empresas propias del Estado se
reduzca al mínimo y también que no haya reglamentación de los precios por parte
de los organismos monopolistas de los empresarios mismos, etc. Esas condiciones
ideales de la libre competencia no han existido jamás en la escala de la
economía mundial, porque las barreras aduaneras entre las economías nacionales,
la injerencia del Estado en el proceso de producción y la imposibilidad de un
libre aporte de capital a la agricultura sin sacrificar la propiedad privada de
la tierra, implicaban ciertas limitaciones a la libre competencia. Sin embargo,
el período relativamente más perfecto para la libre competencia en la escala de
la economía capitalista mundial y, por consiguiente, el más favorable a la
acción de la ley del valor, fue el de la época del capitalismo clásico, que ha
precedido el tránsito de éste a la etapa del imperialismo.
«La aparición del monopolio al concentrarse la producción es una ley
general y fundamental de la presente fase de desarrollo del capitalismo.»67
Con el desarrollo de las tendencias monopolistas del capitalismo termina
el período ideal de la libre competencia burguesa. La serie de ramas de
producción más importantes de los más grandes países capitalistas es invadida
por poderosas asociaciones de trusts, o bien,
67 Lenin, El imperialismo... en
Obras Completas, Tomo XXII, p. 210, Editora Política, La Habana, 1963.
184
LA NUEVA ECONOMÍA
en el peor de los casos, se crean asociaciones no puramente productivas,
sino asociaciones de venta de la producción, es decir, sindicatos y cárteles.
Se opera una fusión de los trusts más importantes con el capital financiero o
bien los centros bancarios se convierten en el punto de partida de un control
sobre la producción que llega muy lejos. La libre competencia es completamente
suprimida en el interior de un país dado, en los dominios íntegramente
organizados en trusts o sindicatos, o es muy seriamente aminorada gracias al
control del capital bancario, que no está interesado en una lucha encarnizada
entre empresas a las cuales otorga créditos y que él mismo controla. Las
tendencias monopolistas se extienden más allá de las fronteras nacionales y
tentativas de creación en trusts capitalistas internacionales únicos ven la luz
en ciertas ramas, en parte coronadas por el éxito, o bien toda la libre
competencia se reduce a la rivalidad en el mercado mundial de dos o tres,
trusts gigantes de una rama dada de la producción. La limitación de la libre
competencia conduce igualmente a la limitación de la acción de la ley del
valor, por el hecho de que esta ley encuentra una serie de obstáculos a su
manifestación y es, en parte, remplazada por la forma de organización de la
producción y la distribución a que el capitalismo puede, de modo general,
elevarse sin dejar de ser capitalismo. En la esfera de la regulación de los
precios por la ley del valor se produce el cambio siguiente. En el momento de
la organización en trusts o sindicatos de las ramas más importantes en el
interior de un país dado, los precios se apartan sistemáticamente del valor en
el sentido de un aumento (aunque no necesariamente siempre). Con el dumping,
los precios se alejan sistemáticamente del valor en el sentido de una
disminución en el mercado exterior y un aumento, en cambio; en el interior del
país. La posibilidad de nivelación de la cuota de ganancia se hace
extra-ordinariamente difícil entre las ramas de la producción organizadas en
trusts, que se transforman en mundos cerrados, en un reino feudal de las
diferentes asociaciones capitalistas. Es muy importante señalar aquí que la
necesidad económica se abre también camino en gran parte de otro modo que bajo
el régimen de la ley del valor y que, por consiguiente, la economía política
abre así un nuevo capítulo cuando analiza esas formas, en la medida en que
comienza la transformación de la noción misma de «ley» con la que se tiene que
tratar bajo el régimen de la libre competencia.
185
Evgeni Preobrazhenski
Durante la Guerra Mundial, bajo la influencia de los cambios que ésta
había introducido en la economía de los Estados en lucha y en particular en la
de Alemania, que se hallaba casi cortada del mercado mundial, las tendencias
monopolistas del capitalismo recibieron un impulso poderoso hacia un desarrollo
ulterior que condujo, por ejemplo, a la economía de un país como Alemania hasta
el sistema del capitalismo de Estado. Las necesidades de la defensa obligaron
al Estado a hacer el inventario de todas las posibilidades de producción del
país y a distribuir, siguiendo un plan determinado, los pedidos militares entre
los trusts, suscitando la fusión forzada de empresas hasta entonces no
asociadas. Fue el inicio del desarrollo forzado de ciertas ramas, la comprensión
de otras y la redistribución de las fuerzas productivas del país según un plan
determinado. Los precios eran fijados por el Estado, y con ello mismo éste
reglamentaba el nivel de la plusvalía, es decir, la repartía de hecho entre las
clases capitalistas. La falta de materias primas llevó a centralizar los
aprovi-sionamientos e hizo nacer el famoso Comité de Aprovisionamiento de la
Industria en cuanto a materias primas, dirigido por Rathenau. La regulación de
toda la producción capitalista por el Estado burgués alcanzó una profundidad
sin precedente en la historia del capitalismo. Formalmente, la producción
mercantil se había transformado, de hecho, en las ramas más importantes, en una
producción planificada. La libre competencia era suprimida, y la acción de la
ley del valor casi completamente remplazada, en muchos aspectos, por el
principio planificado del capitalismo de estado.
En los países de la Entente, el sistema económico del período de guerra
no fue un sistema de capitalismo de estado sino en un grado menor, pero también
aquí las tendencias en ese sentido fueron muy fuertes.
En particular, en Inglaterra, el Ministerio de Aprovisionamientos,
dirigido por Lloyd George, llegó a una regulación –que iba muy lejos– de casi
toda la gran industria y no solamente de la industria militar.
En conjunto, el período de guerra puso en plena evidencia la dirección
en la cual se desarrolla el sistema del capitalismo monopolista; ha mostrado
con toda evidencia que la economía contemporánea está objetivamente por
completo madura para la producción planificada socialista y que todo no es más
que una cuestión de llegada del amo, es decir, la clase obrera.
186
LA NUEVA ECONOMÍA
Cuando la guerra terminó, cuando se acabó para la burguesía «la
pesadilla de la economía de restricción» y sus economistas saludaron el
renacimiento de la era de la libre competencia, se vio que no solamente las
tendencias monopolistas del capitalismo mundial no cesaron, sino que no
hicieron más que entrar en una nueva fase más decisiva.
Cuando, durante la guerra, se produjo la dislocación parcial de la
economía mundial como conjunto económico relativamente vinculado, cuando se dio
un gran paso hacia atrás a partir de la distribución mundial del trabajo
alcanzado antes de 1914, la autarquía de las diferentes unidades económicas se
manifestó abiertamente. Esta autarquía fue reforzada aún más por la supresión
de la circulación del oro y el paso de todos los países, salvo los Estados
Unidos, al sistema de papel moneda. Las relaciones de valor de la producción de
la economía mundial se abrían difícilmente camino hacia las economías de los
diferentes países, no solamente como consecuencia de la reducción de la
importancia absoluta del comercio mundial y por el hecho del fortalecimiento de
las barreras aduaneras en una serie de estados, sino también por el hecho de
que se habían reducido los contactos de las masas de mercancías de los
diferentes países con el dinero mundial, con el oro como patrón de valor en el
mercado mundial. El restablecimiento progresivo de las relaciones mundiales, el
impulso de la producción a partir del nivel de preguerra, el aumento de la
circulación del comercio mundial, el restablecimiento parcial de las antiguas
proporciones en la distribución mundial del trabajo y, en fin, la necesidad de
créditos norteamericanos a la economía de Europa, agotada por la guerra,
llevaron a una reducción de la autarquía. El regreso a las divisas-oro comenzó
incluso en Suecia e Inglaterra.
Sin embargo, el restablecimiento casi alcanzado de la situación de
preguerra por la importancia de la producción y los intercambios mundiales no
constituyen en modo alguno, al mismo tiempo, un restablecimiento de todas las
leyes de la economía de preguerra y de las antiguas proporciones en la
distribución de las fuerzas productivas entre los diferentes países. La
limitación de la ley del valor, comenzada bajo el capitalismo monopolista, no
solamente no ha conocido pausas a causa de la guerra, sino que ha adquirido
después de ésta una fuerza mayor aún y una forma completamente original.
187
Evgeni Preobrazhenski
Antes de esa guerra, los Estados Unidos eran el país cuya industria
estaba mejor organizada en trusts, y Alemania, el que ofrecía la
interpenetración más estrecha del capital financiero e industrial. La
transformación de los cuadros nacionales por las tendencias mono-polistas, es
decir, por las tendencias a la formación de trusts mundiales, se abrió camino,
sobre todo, a partir de esos países. La guerra terminó con el hundimiento de
Alemania y la economía de ese país no juega actualmente su antiguo papel en la
economía mundial. Al contrario, la llegada de los Estados Unidos al primer
plano de la economía mundial, que había comenzado desde antes de la guerra, ha
continuado con una gran rapidez durante y después de la guerra. Pero si los
Estados Unidos obtienen el papel dominante en la economía mundial, las
tendencias monopolistas del capital norteamericano, que en esa etapa escapan
impetuosamente a los límites de la economía nacional de los Estados Unidos,
arriban así al papel dominante en esa economía mundial. La posibilidad de ese
estado de cosas había sido prevista por Lenin en su libro El imperialismo..., y
de manera particularmente clara en un lugar de su artículo “Sobre la caricatura
del marxismo y el economismo imperialista”. Lenin escribe allí:
«El imperialismo es, desde el punto de vista económico, el capitalismo
monopolista. Para que el monopolio sea completo hay que eliminar a los
competidores, no sólo del mercado interno (del mercado de dicho país), sino
también del mercado exterior, de todo el mundo.
¿Existe la posibilidad económica en la “era del capital financiero” de
eliminar la competencia inclusive en un país extranjero? Por supuesto que sí:
el medio es la dependencia financiera y el acaparamiento de las fuentes de
materias primas, y, luego, de todas las empresas del competidor.»68
Si al hablar de dependencia financiera se entiende igualmente el dominio
del sistema de crédito por el intermediario, se tendrá aquí, en lo esencial y
en sus rasgos más generales, un cuadro de lo que vemos en la hora actual en las
relaciones mutuas del capitalismo monopolista norteamericano con Europa y con
el mundo entero.
68 V. I, Lenin, Obras Completas,
Tomo XXIII, p. 40, Ed. Política.
188
LA NUEVA ECONOMÍA
En primer lugar, la subordinación de toda la economía mundial a las
relaciones de valor de los Estados Unidos se ha expresado en que sólo los
Estados Unidos han seguido siendo un país de divisas-oro y, por consiguiente,
en que sólo en su territorio el oro entra como antes en contacto directo con el
mundo de las mercancías. El dólar norte-americano ha desempeñado y desempeña,
desde luego, su papel dominante como patrón de valor porque está ligado a su
base oro, pues si no ha roto con esa base es a consecuencia del poder económico
absolutamente excepcional de los Estados Unidos, que no han sufrido la guerra,
pero han sacado provecho de ella. La dictadura de las divisas es un reflejo de
la supremacía económica universal de los Estados Unidos sobre los otros países.69
En segundo lugar, la subordinación corre pareja con el crédito. Es éste
dondequiera la palanca de subordinación más poderosa. La negativa de créditos
constituye el medio de presión más poderoso en manos del capital
norteamericano, tanto frente a los Gobiernos como frente a los círculos
capitalistas de los otros países. Si un país entra con ese título en la órbita
de la presión norteamericana, la presión se hace sentir simultáneamente sobre
ramas determinadas de la industria del país considerado por parte de los trusts
correspondientes. Tal o cual trust norteamericano que ha monopolizado la
producción y venta en el interior de su propio país, arrastra a su órbita de
influencia a la industria, organizada o no en trusts, de los otros países. A la
presión general del capitalismo norteamericano en su conjunto se añade la
presión de los trusts aislados en los campos de la política general y las
finanzas.
En tercer lugar, la expulsión directa de los competidores del mercado
mundial por la superioridad de la calidad, por el bajo precio de los productos
y, sobre todo, por las ventajas del crédito concedido a los compradores, se
opera al mismo tiempo por la vía más directa y sin
69 Es interesante recordar que en
el curso de la historia la dictadura de las divisas pertenece habitualmente al
país que desempeña el papel dominante, y en cada una de las épocas
consideradas, en el comercio mundial y la economía mundial. Durante el periodo
de la supremacía del comercio fenicio y griego en el Mediterráneo, el talento
fenicio y griego desempeña un papel enorme. El florín domina en el período de
la hegemonía del capital comercial italiano en el Mediterráneo. El papel
comercial de España lleva el ducado al primer plano de las relaciones
monetarias internacionales; Holanda domina no solamente por su flota, su
bandera y su comercio en general, sino también por el gulden. Y con el
desplazamiento del centro de gravedad de la economía y el comercio mundiales
hacia el «dominio de los mares», el papel de la libra inglesa pasa al primer
plano. En fin, la supremacía económica de los Estados Unidos en la. economía
mundial conduce, en el campo de las divisas, a la dictadura del dólar.
189
Evgeni Preobrazhenski
ninguna lucha, en la medida en que una parte creciente de la producción
mundial, in natura, y, por consiguiente, de la masa de sus mercancías, se
concentra en el territorio de los Estados Unidos.
La tendencia siempre creciente de los Estados Unidos a la hegemonía en
la economía mundial, dada la supremacía ya adquirida por los monopolios
capitalistas en las zonas de la industria norteamericana organizadas en trusts,
acarrea automáticamente la expansión en el mundo entero de las tendencias
monopolistas salidas del centro norteamericano.
Pero el desarrollo de esas tendencias acarrea inevitablemente, pese a la
existencia formal de la libre competencia, la limitación y transfor-mación
ulteriores de la acción de la ley del valor, no ya en el interior de economías
nacionales aisladas, que poseen un alto nivel de desarrollo de los monopolios,
sino en la arena de la economía mundial entera. En esto reside la
particularidad de la economía de posguerra. No me detendré en el conjunto del
problema, al cual volveré, quizás, en una obra especial consagrada a la
economía mundial. Me detendré solamente en las conclusiones que interesan a
este respecto.
No es mero azar que, en el período de florecimiento de la libre
competencia, el país que dominaba la economía mundial, a saber, Inglaterra,
fuera este mismo el país de la libertad de comercio. Y, a la inversa, no es
mero azar que, en el período del capitalismo monopolista, es el país clásico
del capitalismo monopolista el que se convierte en país preponderante de la
economía mundial. Pero si, durante el período de predominio de la libre
competencia, los países retardatarios luchaban contra la expansión inglesa
levantando barreras aduaneras y desarrollando su industria, la lucha con los
Estados Unidos y sus tendencias monopolistas no tiene lugar en forma de una
lucha por la libre competencia contra los monopolios. El capitalismo
norteamericano supera a los otros capitalismos no solamente por su poder
económico universal y por sus inmensos recursos crediticios en forma mercantil
y monetaria, sino también por su técnica, por su productividad del trabajo más
elevada. Luchar contra la competencia norteamericana apelando a la libre
competencia resulta completamente por encima de las fuerzas de los otros países
capitalistas. Todo lo contrario. No es Europa la que lucha contra el
monopolismo norteamericano sobre la base de la libre competencia; es el
monopolismo norteamericano el que apela frecuentemente a la
190
LA NUEVA ECONOMÍA
libre competencia para asegurar la victoria de los monopolios. Los
países europeos luchan contra la ofensiva de los Estados Unidos de una manera
totalmente lastimosa: ora mediante la protección aduanera de industrias que no
están en expansión (como en el siglo XIX), sino en decadencia o inmovilizadas
en su movimiento, es decir, con alteraciones monopolistas de la libre
competencia destinadas de hecho a asegurar para su país el monopolio, protegido
del atraso por el Estado, ora implorando créditos para la renovación de su
economía; Europa lucha así contra la explotación y la presión monopolistas de
los Estados Unidos como el pobre lucha contra la explotación usuraria, tomando
prestada una nueva suma aún más fuerte. En realidad, los Estados Unidos someten
al mundo entero, por lo menos a su mayor parte, igualmente, sobre la base de la
ley del valor. Pero todo este entrelazamiento histórico es más interesante. La
ley del valor pasa a la etapa de su propia transformación y de su desaparición
gradual, igualmente, sobre la base de esa misma ley.
La expansión norteamericana no puede encontrar resistencia insupe-rable
en país alguno del mundo capitalista en tanto los países sometidos a sus
ataques y a su presión sean capitalistas. Es muy importante anotarlo. La
estructura económica de los países capitalistas contemporáneos excluye la
posibilidad de una resistencia seria al dominio norteamericano, porque el nivel
ya alcanzado por la distribución mundial del trabajo y los intercambios
mundiales, en presencia de la superioridad económica, técnica y financiera de
los Estados Unidos sobre todo el resto del mundo, superioridad inmensa y
siempre creciente, somete inevitablemente a éstos a las relaciones de valor de
los Estados Unidos. Ni un solo país capitalista puede, sin dejar de ser
capitalista, escapar a la acción de la ley del valor, incluso transformada. Y
es aquí donde se abate precisamente sobre él la avalancha del monopolismo
norteamericano. La resistencia no es posible sino en el terreno político,
principalmente militar, pero, justamente a causa de la supremacía económica de
los Estados Unidos, esa resistencia no promete ser victoriosa.
En período de guerra, de la guerra contemporánea en particular, la
economía de un país, incluso capitalista, está obligada a una cierta unión en
el interior y a seguir una vía común no solamente en la esfera de las
relaciones políticas con los otros países, sino también en el terreno de los
contactos económicos con las economías nacionales de
191
Evgeni Preobrazhenski
los otros países. En tiempo de paz, en cambio, realizar una política
común de los diferentes trusts o bancos capitalistas y de todas las otras
asociaciones capitalistas representa para el sistema burgués una tarea de
excesiva dificultad, porque la realización de esa tarea exige el acuerdo de
todos los intereses esenciales de las organizaciones capitalistas más
importantes y de las empresas aisladas, cuyos intereses no coinciden jamás, o
la preponderancia en el interior del país de una agrupación única de trusts y
bancos que domine toda la economía y toda la política económica, principalmente
aduanera del Estado. Pero esta última variante es irrealizable para la Europa
contemporánea. El desarrollo de las tendencias monopolistas en la Alemania de
preguerra, el desarrollo en un grado todavía más elevado de esas tendencias en
los Estados Unidos se apoyaban y fundaban en la enorme concentración natural de
la producción, que se apoyaba a su vez en el rápido desarrollo de las fuerzas
productivas, Pero en la Europa de hoy, con su pobreza de capitales y el
estancamiento de su producción, exceptuadas solamente Francia y Bélgica
–verosímilmente por poco tiempo–, una concentración de la producción de tipo y
ritmo norteamericanos está excluida. Por consiguiente, el organismo económico
de los capitalismos europeos es incapaz de oponer una fuerte resistencia a la
presión del monopolismo norteamericano y cede, ora en un sector, ora en otro.
En realidad, el capital norte-americano podría desde ahora obtener en Europa
más victorias que las que ha obtenido hasta ahora, si puede decirse, contra la
Europa mendicante de créditos. No hay que olvidar tampoco que los Estados
Unidos no han realizado plenamente aún todas sus posibilidades de presión en
otro aspecto, a saber, sus posibilidades de presión sobre la política
arancelaria de los países europeos. Los Estados Unidos están por la política de
puertas abiertas allí donde pueden batir a sus competidores sobre la base de la
libre competencia económica. Pero pueden igualmente llegar por sí mismos al
sistema de ruptura a viva fuerza de las puertas que protegen de la competencia
a la industria empobrecida de los diferentes países retardatarios. Allí donde
el sistema de introducción del crédito en la economía europea, con todas sus
consecuencias para la expansión del monopolismo norteamericano en el mundo
entero, se revela insuficiente, el monopolismo puede también extenderse por
dicho medio. La lucha contra el monopolismo norteamericano no es posible sino
con un cambio de toda la estructura de tal o cual país, es decir, con el
tránsito a la economía
192
LA NUEVA ECONOMÍA
socialista, que hace del país un organismo monolítico e impide al
capitalismo norteamericano arrebatar, pedazo a pedazo, una rama tras otra al
subordinarlas a los trusts o a los bancos norteamericanos, como se produce por
contacto «natural» del capitalismo norte-americano actual con la economía de
los otros países capitalistas. La presión del monopolismo capitalista no puede
encontrar obstáculo más que en el monopolismo socialista. El país que pase al
socialismo, aun siendo a la vez técnica y económicamente más débil que el
capitalismo norteamericano, luchará con éste, durante el período en que la
reedificación de su economía sobre una base nueva no esté terminado, no por la
superioridad económica de sus ramas de economía mismas organizadas en trusts,
sino por una estructura de organización de toda su economía de un nivel más
elevado. Esto significa que la supresión ulterior de la ley del valor, es
decir, su supresión más allá de los límites históricos del monopolismo
norte-americano, seguirá la vía de la organización socialista planificada de la
economía en los países que acabarán con el régimen capitalista. Para la Europa
de hoy, la vieja libertad de competencia no es posible desde ningún punto de
vista. Tiene que escoger, bien sea el monopolio capitalista, que está ligado
exteriormente al monopolio de los Estados Unidos, o el monopolio socialista
interior.
Finalmente, como indicación de la degeneración de la ley del valor como
regulador de la vida económica, hay que llamar la atención hacia las
consecuencias, desde el punto de vista económico, de la degeneración del tipo,
de Estado capitalista burgués-parlamentario en Estado de dictadura fascista.
Esta degeneración afecta uno de los puntos más importantes –o incluso el más
importante– de las relaciones de mercado, la relación entre vendedores de la
fuerza de trabajo-mercancía y sus compradores. En el período en que la libre
competencia reinaba en el campo de las relaciones económicas, en que el
capitalismo describía una curva ascendente, podía permitirse comprar la fuerza
de trabajo organizada sobre la base de la ley del valor de esta fuerza de
trabajo. En el período de decadencia del capitalismo, con una reproducción
reducida y el crecimiento de la demanda improductiva, está obligado a
introducir otro tipo de disciplina del trabajo, organizado obligatoriamente y
sometido al Estado fascista por los sindicatos fascistas. Esto equivale a
restringir el funcionamiento de la ley del valor en el mercado del trabajo en
193
Evgeni Preobrazhenski
provecho de la clase explotadora. Esta orientación entraña un gran
cambio y una distorsión en la ley del valor con relación a la época del
capitalismo clásico. Desgraciadamente, no puedo ofrecer una exposición más
detallada de ese problema, para el análisis del cual la dictadura fascista en
Italia ha suministrado datos de hecho suficientes.
Todo lo que acaba de decirse muestra al lector que tenemos que ver con
la ley del valor, en nuestra propia economía, en una época histórica en que
esta ley está un tanto minada en la sociedad burguesa misma gracias al poderoso
desarrollo de las tendencias monopolistas del capitalismo contemporáneo, que se
transforman en un monopolio original de la conquista del monopolio por parte de
los Estados Unidos. Esto deriva también para nosotros su importancia del hecho
de que nuestra economía está obligada a fortalecer sus lazos económicos y ante
todo comerciales con el capitalismo mundial, con el mercado mundial. Debemos
saber que ese mercado mundial no es ya el que observaba Marx al escribir El
Capital. Su espontaneidad reviste un carácter muy diferente del de antes, la
libre competencia está allí mucho más limitada que antes. Y cuanto más vayan
las cosas en ese sentido, más claramente se dibujará en el horizonte de ese
mercado la silueta enorme y gigantesca del capitalismo norteamericano, que ha
lanzado ya sus tentáculos a casi todos los grandes países capitalistas y es el
árbitro de los precios en el mercado mundial.
LA LEY DEL VALOR Y LA SOCIALIZACIÓN DE LA INDUSTRIA EN UN PAÍS AGRÍCOLA
Si la economía mercantil está «minada», según la expresión de Lenin,
desde el período del capitalismo monopolista, ese proceso debe acentuarse aún
allí donde toda la gran industria se halla en manos del Estado proletarío. Pero
en la medida en que se trata de nacionalización de la industria, no en un país
típicamente industrial, sino en un país donde la mayor parte de los valores se
crea en la pequeña producción y sobre todo en la pequeña explotación campesina,
las tendencias de carácter premonopolista, al lado de un movimiento ulterior en
la vía del monopolismo, son aquí más fuertes, por ejemplo, que en los Estados
Unidos contemporáneos. Es ésta una particularidad de la economía soviética.
Así, pues, en nuestro análisis de esta economía debemos no solamente observar
la transformación histórica del monopolismo capitalista en monopolismo
socialista, sino también
194
LA NUEVA ECONOMÍA
considerar todas las consecuencias de la existencia de un campo muy
considerable de la producción mercantil simple. La particularidad de nuestra
economía soviética consiste precisamente en que las formas poscapitalistas de
producción se oponen a 22 millones de explota-ciones campesinas, más el
artesanado y la industria artesanal, y esto en presencia de una debilidad
relativa de las formas puramente capitalistas o capitalistas de estado. En
tales condiciones, la ley del valor y el principio de planificación entran en
conflicto en una coyuntura extremadamente original, en una coyuntura de
deslinde muy neto, en el campo de la producción y en la esfera de los
intercambios, entre el puño cerrado de la economía estatal y el océano
inorganizado de la producción mercantil simple. La originalidad de la situación
se acentúa más aún por el hecho de que la gran producción socialista se opone a
la pequeña producción como la industria a la agricultura, es decir, que las
formas socialistas se oponen a la producción mercantil simple como dos esferas
distintas de aplicación del trabajo.
El monopolismo norteamericano de preguerra y de hoy, así como el
monopolismo alemán de preguerra, ha crecido sobre la base de una poderosa
concentración de la producción y un enorme predominio de la industria sobre la
agricultura. El capitalismo norteamericano y el capitalismo alemán han
alcanzado, tanto en la industria como en la agricultura, un muy alto grado de
subordinación de la pequeña y mediana producción del país a un pequeño número
de organizaciones poderosas del capital comercial, los trusts y los bancos más
poderosos. En particular, en los Estados Unidos, las explotaciones de los
granjeros se han visto, pese a su fragmentación relativa en comparación, por
ejemplo, con la gran producción agrícola de Inglaterra y Alemania, plenamente
sometidas, por el crédito, los aprovisionamientos y la venta, a muy grandes
firmas comerciales, a los bancos, las compañías de navegación, las compañías de
elevadores de granos y los frigoríficos, etc. Aunque el granjero
norteamericano, productor de cereales, esté en competencia en el mercado
mundial con el granjero del Canadá o la Argentina, con el campesino de Rumania,
Ucrania, etc., aunque la producción agrícola de los Estados Unidos no sea la de
un trust agrícola único, está, sin embargo, bastante inclinada y orientada, en
su organización, hacia el capital comercial, industrial y bancario del país,
que la rige más allá de la barrera que separa la industria de la
195
Evgeni Preobrazhenski
agricultura y que realiza una cierta cohesión de ambas ramas (en los
límites capitalistas), ante todo en la esfera del intercambio y el crédito.
Al contrario, en la economía soviética, los lazos de la industria
estatal organizada en trusts y de la economía campesina independiente son
infinitamente más débiles, por los intercambios y el crédito a la vez, mientras
que la estructura de organización de la industria es históricamente de un tipo
más evolucionado que en cualquier otro país capitalista. Dada esta situación
original, debemos observar inevitablemente una atrofia profunda de la acción de
la ley del valor en el interior del sector de la economía estatal, junto a un
importante desarrollo de la acción de esta ley más allá de los límites de la
economía estatal y los ataques incesantes del elemento espontáneo del mercado
contra toda la economía estatal en su conjunto. Esta circunstancia, como se verá
más adelante, explica el tipo dominante de todas las sacudidas y depresiones a
las cuales hemos tenido y tendremos todavía que hacer frente en nuestra
economía, con las complicaciones que, además, deben surgir a causa de los
vínculos de nuestra economía con el mercado mundial.
Por otra parte, a consecuencia de la debilidad económica y técnica
general de la economía estatal, el carácter socialista de las relaciones de
producción no puede manifestarse en ella con más brillo que a partir de un
nivel determinado de desarrollo de las fuerzas productivas. Al mismo tiempo, la
dirección planificada de la economía escapa muy a menudo, a causa de la falta
de reservas destinadas a permitir maniobras económicas70 y a despecho de la
estructura suficientemente evolucionada de la economía estatal como economía
colectiva. De ahí el gran peligro, en el momento del análisis teórico dé la
economía soviética, de descender desde el análisis de las relaciones de
producción hasta la medida del nivel de nuestra riqueza, es decir, descender al
punto de vista naturalista vulgar. Ha habido muchos ejemplos de esto.
70 En su folleto Las dificultades
del otoño y los problemas del desarrollo económico (Ediciones del Comisario del
Pueblo para las Finanzas), el camarada Sokolnikov, con quien estoy en
desacuerdo sobre una serie de cuestiones fundamentales de política económica y
apreciación teórica de nuestra economía, ha señalado ese hecho de manera
completamente justa y oportuna. En sí, ese hecho no es más que un nuevo
argumento de peso en favor de mis opiniones tocantes al hecho de que la ley de
la acumulación socialista originaria constituye, al lado de la ley del valor,
la ley fundamental de nuestra economía.
196
LA NUEVA ECONOMÍA
Después de estas observaciones previas, paso ahora al análisis concreto
de lo que sigue: ¿cuáles son las categorías de la economía capitalista que son
aplicables –y en qué medida– a nuestra economía?
LA MERCANCÍA, EL MERCADO Y LOS PRECIOS
Comienzo de inmediato el análisis por esas tres categorías más
generales, porque es imposible disociarlas en el estudio. Nosotros oponemos la
producción mercantil a la economía socialista planificada, el mercado a la
contabilidad de la sociedad socialista, el valor y el precio a los gastos de
trabajo de la producción, la mercancía al producto. En la misma medida en que
es posible oponer claramente esas nociones entre sí, es difícil analizarlas
cuando se trata de las formas de transición del capitalismo al socialismo. ¿A
partir de qué momento se efectúa aquí la transformación de la cantidad en
calidad? ¿En qué etapa del desarrollo de la economía socialista se opera la
reabsorción de las relaciones de producción a las que corresponden en la
ciencia las categorías de la economía política?
Recurramos a la observación de los diferentes sectores de nuestro campo
económico. Tenemos ante la vista los transportes ferroviarios, que se hallan
enteramente en manos del Estado proletario. El Comisariado del Pueblo para Vías
de Comunicación pide locomotoras, vagones, rieles, etc., al Glavmetall, ¿Los
precios de los pedidos son determinados por las relaciones del mercado? No lo
son en el interior del país, a causa de que no existe construcción privada
capitalista de locomotoras y vagones ni metalurgia privada.71 Esos precios no
son determinados tampoco por las relaciones del mercado de la economía mundial
a causa de que los pedidos son hechos para su ejecución en el interior, de
manera completamente independiente de los precios correspondientes del mercado
mundial. No es la ley del valor de la economía mundial la base de la
distribución de pedidos en el interior del país. Los precios son fijados a
partir de un cálculo determinado del plan y ajustados al nivel de costo de
producción en las fábricas del Glavmetall, habida cuenta de un cierto
beneficio, sin ningún beneficio o aun con una previsión de pérdida, en la
medida en que el Estado acepta deliberadamente precios inferiores al costo y
concede a las
71 Pero esto no significa que los
precios no sean determinados del todo por relaciones de mercado. Si el costo de
la depreciación llegara a ser excesivo e imposible para los remitentes de
bienes y los pasajeros a la vez, las gentes comenzarían en muchos casos a
volver a los transportes en carreta.
197
Evgeni Preobrazhenski
fábricas una dotación sobre su presupuesto. Todo esto no es decidido por
los métodos espontáneos de la competencia, sino por el acuerdo del plan
financiero de las diferentes ramas con el presupuesto de toda la industria, de
un lado, y con el presupuesto estatal, del otro. En esas condiciones la
influencia del mercado mundial no se hace sentir sino en la medida en que
comparamos constantemente nuestros precios interiores con los precios
extranjeros y en que recibimos de ello un estímulo que nos empuja a insistir en
la reducción del costo allí donde éste es más elevado comparado con el costo
extranjero. Hay aquí, sin duda, una influencia de la ley del valor del mercado
mundial, pero ésta se manifiesta de manera original, haciendo aquí el mercado
mundial presión sobre todo el organismo de nuestra economía estatal en calidad
de organización única. Haría también presión sobre nosotros de la misma manera
en el caso en que fuéramos obligados, en tal o cual momento, a importar una
parte del equipo ferroviario, dada la insuficiencia de nuestra propia
producción.
Si vamos más lejos al relacionar el caso de los pedidos del transporte
al Glavmetall con la masa de todos los casos en que el Estado mismo es a la vez
productor monopolista y único comprador monopolista de una producción de sus
trusts, estaremos entonces en presencia de un sector de la economía estatal en
que la acción de la ley del valor sobre los precios es mínima. En el caso en
que el Estado actúa a la vez como productor monopolista y único comprador de su
producción mono-polizada, las relaciones entre los trusts estatales se asemejan
a las relaciones internas de un trust combinado único. La categoría del precio
reviste aquí un carácter puramente formal: no es más que un título que permite
obtener, de los fondos comunes de la economía estatal, una suma determinada de
medios para asegurar la producción ulterior y un nivel determinado de
reproducción ampliada. Hasta dónde esta esfera de la economía estatal es
cuantitativamente importante y cómo la misma varía de año en año, es lo que
veremos en la parte de esta obra consagrada a nuestra industria.
Sólo bajo un único y solo aspecto se puede hablar aquí de influencia
importante de la ley del valor: bajo el aspecto de la fuerza de trabajo y su
remuneración. Volveremos pronto a esta cuestión en lo que concierne a toda
nuestra economía estatal en su conjunto.
198
LA NUEVA ECONOMÍA
En el ejemplo que hemos citado, el papel del mercado es reducido al
mínimo en los límites de la economía estatal y la noción de mercancía referida
a la locomotora de la fábrica de Sormovo retrocede hasta el último plano ante
la noción de producto estatal ejecutado por el Estado.
Prosigamos por grados crecientes de influencia de la ley del valor.
Tomemos la construcción de máquinas textiles. Fabricamos nosotros mismos una
parte de las máquinas y del resto del equipo e importamos una parte del
extranjero. La influencia del mercado mundial se hace sentir a causa de que
podemos obtener máquinas más o menos caras, según la coyuntura de la
construcción capitalista de máquinas. Si las obtenemos menos caras, podemos
comprar más o liberar medios para otras necesidades de la economía estatal. La
ley del valor se encuentra aquí con la de la acumulación socialista originaria,
pero no influye en el nivel de los precios de las máquinas de nuestra
producción, porque los precios de la producción interior no son determinados
por los del mercado mundial. Defendidos por el proteccionismo socialista,
conservamos, desarrollamos o creamos para la economía estatal entera. También
aquí la acción de la ley del valor es extremadamente limitada y, además de lo
que se ha dicho, puede influir, ante todo, a diferentes ramas de producción, de
medios de producción, a partir de consideraciones de utilidad económica causa
de las amortizaciones, sobre el precio de los artículos textiles en el mercado
interior. Exactamente de la misma manera el mercado mundial influye en nuestras
relaciones económicas interiores cuando importamos equipo que no es producido
en absoluto en el interior del país. Aquí el mercado mundial puede influir
sobre el volumen de nuestra acumulación, o sobre los recargos por amortización
sobre los precios de los objetos de consumo producidos con la ayuda de equipo
importado. La ley del valor de la economía mundial puede manifestar su acción,
no solamente como factor de distribución de recursos materiales, sino también
como factor de distribución del trabajo en el interior de nuestra economía en
el caso en que, a largo plazo y no de manera esporádica, hubiera que frenar,
reducir o suprimir sistemática y totalmente la producción de ciertos medios de
producción en los diferentes campos donde, con precios dados en el mercado
mundial y un nivel dado de desarrollo de nuestra construcción de máquinas, no
sería racional sostener o desarrollar nuestras propias fabricaciones.
199
Evgeni Preobrazhenski
Pero, aun en ese caso, la cuestión se resolvería ante todo sobre la base
de un cálculo del balance de toda la producción de medios de producción, de los
recursos necesarios para lograrla y de las perspectivas de mejoramiento y
reducción de los precios de nuestra propia producción. Hablando en general, los
dominios de la importación de medios de producción pueden cambiar, no solamente
bajo la dependencia del movimiento de los precios de los productos
corres-pondientes en el extranjero y entre nosotros, sino también bajo el
efecto de factores que derivan del nivel óptimo, de la formación extremadamente
compleja del plan económico general. Pondré el ejemplo siguiente: Según la
situación de las posibilidades de exportación, podemos importar equipo, por
ejemplo, por 300 millones al año. Según ciertas consideraciones sobre el nivel
óptimo del conjunto del proceso de reequipo, puede revelarse ventajoso para
nosotros, en el curso de un año determinado, importar solamente por 100
millones determinadas máquinas, en lugar de los 150 millones que podrían ser
destinados a la importación de medios de producción que presentan una
diferencia de precio máxima entre el interior y el extranjero, y ampliar en 50
millones la producción interior, pagando por ésta considerablemente más en
billetes de banco y ampliando la importación de máquinas más costosas de otro
tipo. En ese caso, la influencia de la ley del valor sufrirá una distorsión
completa a causa de los intereses del plan económico en su conjunto, es decir,
a causa de los intereses de la reproducción ampliada en una economía de tipo
socialista: caso completamente imposible, por regla general, en las condiciones
de la reproducción capitalista. Y, de una manera general, cuanto más lejos vaya
esto, más obligados estaremos a racionalizar al máximo la importación, buscando
la utilización máxima de las ventajas de la distribución mundial del trabajo,
es decir, importando en mayor cantidad las máquinas cuya construcción en el
interior es la menos ventajosa en condiciones económicas dadas.72
72 El camarada Trotsky ha llamado
muy oportunamente nuestra atención acerca del problema de nuestras relaciones
con la economía mundial en su obra ¿Hacia el capitalismo o hacia el socialismo?
Para cada año, considerado en todas sus particularidades, nos es en extremo
necesario un plan de importación, científicamente elaborado y no una suma y una
deducción mecánica de las «demandas» de los diferentes trusts. Tal suma no es
un plan de importación de la industria socialista, sino una grosera adaptación
de las importaciones a las posibilidades en divisas, sin fijación de un nivel
óptimo de las importaciones correctamente preestablecido.
200
LA NUEVA ECONOMÍA
Para la economía estatal, en lo que concierne a la importación de medios
de producción que no son fabricados en el país, la ley del valor del mercado
mundial no influye, por consiguiente, a causa de las fluctuaciones de los
precios, más que sobre la acumulación y las amortizaciones, sin aportar
modificaciones a la distribución de las fuerzas de trabajo.
Pasemos ahora a la producción de los medios de producción en el caso en
que el Estado tenga el monopolio de la producción, pero no el de las compras.
Se trata tanto de los medios de producción que, por su naturaleza, pueden
figurar solamente como medios de producción, como de los que, según su
utilización, pueden figurar simultánea-mente como medios de producción y como
medios de consumo. Ejemplo del primer tipo: equipo y metales para la economía
privada. Ejemplo del segundo tipo: petróleo para lámparas, alcohol y
combustibles, que están destinados, a la vez, al consumo técnico y al consumo
individual. Encontramos, en la fracción de la producción de ese tipo que va a
la economía estatal, un caso ya examinado. El Estado produce para sí mismo, y
los precios fijados por él, por ejemplo, el precio del metal para el Gomza, los
precios del petróleo para los ferrocarriles, etc., no tienen más que una
semejanza exterior formal con los precios del mercado capitalista. En realidad,
se opera aquí, bajo la forma de los precios, una distribución planificada de
los recursos en el interior del organismo único de la economía estatal. Sabemos
que muy a menudo el Estado ha fijado un precio para la venta del petróleo a los
ferrocarriles y del petróleo de lámparas para las fábricas y los transportes;
otro precio para el mercado privado y un tercero para la exportación. Es
imposible, sin embargo, referir íntegramente esta fracción de la producción al
caso examinado más arriba, en el cual el Estado actuaba a la vez como productor
y como comprador monopolista. En los casos en que la gran masa de la producción
no está destinada al sector estatal, las organizaciones productoras se hallan
ya bajo la influencia poderosa de los principales consumidores. Tomemos, por
ejemplo, la producción de máquinas agrícolas, que no van a los sovjoses, sino
en una pequeña parte, y en su mayoría abrumadora son vendidas al campesinado.
En la medida en que el Estado tiene el monopolio de la producción, en que
ninguna competencia la amenaza, puede ciertamente fijar aquí también los
precios dejándose guiar por su plan económico, que puede ser
201
Evgeni Preobrazhenski
elaborado a partir de consideraciones no solamente acerca de la
reproducción ampliada, sino también acerca del relevo del equipo de la economía
campesina (como sucede en la práctica en cuanto a nuestras entregas de máquinas
agrícolas, con sus precios extra-ordinariamente ventajosos para el campesinado
y a veces deficitarios para el Estado). La planificación, sin embargo, tiene
aquí límites determinados, a saber, el volumen de la demanda solvente, para una
producción dada, de los compradores del sector privado y también, cuando se
trata de exportación, la capacidad y los precios del mercado exterior. La
huelga de compradores: he aquí la barrera colocada ante la planificación
estatal en el caso en que sus precios superen un nivel dado, aceptable para el
mercado privado. En ese caso, no solamente el proceso de la reproducción
ampliada, sino también el de la reproducción simple en las ramas
correspondientes del sector estatal, pueden marcar el paso. La ley del valor
actúa, en ese caso, no solamente sobre el volumen de la acumulación en el
sector estatal, sino también sobre la distribución de las fuerzas productivas
en éste, es decir, ante todo sobre la distribución de las fuerzas de trabajo.
En ausencia de toda posibilidad de llegar a una reducción de los precios
mediante la organización de empresas competidoras con un costo de producción
inferior al del Estado o que tienen ritmos de acumulación más lentos, la
presión sobre la producción estatal corre pareja con la reducción de la demanda
y con la negativa pura y simple de las compras en general. Hemos tenido, como
se sabe, un ejemplo semejante en nuestra economía en el otoño de 1923. Cuando,
por el contrario, la demanda solvente del mercado privado excede el volumen de
la producción estatal, los márgenes de maniobra económica del Estado se
ensanchan, lo mismo que las posibilidades de acumulación, a expensas de la
economía privada, siendo el Estado dueño de la fijación de los precios en el
límite del costo de producción y hasta el agotamiento de toda la demanda
solvente (habida cuenta, desde luego, de la influencia de los precios sobre el
volumen de la, demanda).
A partir de los ejemplos dados, el lector puede ver que cuando el Estado
posee el monopolio de la producción, pero no el de las compras de medios de
producción, la categoría del precio adquiere un doble carácter: es, de una
parte, como antes un método de cálculo, un seudónimo de la distribución
planificada de los recursos en el interior
202
LA NUEVA ECONOMÍA
del sector estatal, y es, por otra parte, cuando se trata de
intercambios entre la economía estatal y la economía privada, una función de la
acumulación socialista originaria, limitada por la acción de la ley del valor.
En esto reside la segunda dualidad del papel del precio en el caso que hemos
examinado. Si la economía privada recibe menos medios de producción, esto
influye sobre el volumen de su capital fijo y en la distribución y aplicación
de la fuerza de trabajo. Es lo mismo en la economía estatal. En otros términos,
tal o cual resultado del conflicto entre la ley de la acumulación socialista
originaria y la ley del valor acarrea una distribución diferente de las fuerzas
productivas, en particular de la fuerza de trabajo. Si, en el régimen de libre
competencia, el precio en el mercado capitalista es una función del valor, en
cambio el precio del Estado monopolista en el mercado privado es una función de
la acumulación socialista originaria limitada por la ley del valor. Pero se
hallarán más adelante otros detalles sobre ese punto. Examinaremos allí también
cómo la ley del valor se abre camino igualmente mediante el incremento de las
alzas de precios en el comercio al por menor, actuando, en período de escasez
de mercancías, como factor de acumulación capitalista.
Continuemos. Examinemos el caso en que el Estado no tiene el monopolio
de la producción de medios de producción ni de las compras. Ejemplo: las
aventadoras, los productos de forja, como hachas, clavos, etc., y las
reparaciones de material son producidas tanto en la economía estatal como en la
economía privada y comprados tanto por una como por la otra. Cito a propósito
medios de producción que, en su forma natural, son herramientas de trabajo y no
materias primas para una producción ulterior, de lo que se tratará más
adelante. De una manera general, esta parte de la producción es reducida, desde
el ángulo cuantitativo, pues el artesanado y la industria arrendada no pueden
desempeñar aquí, con excepción de las reparaciones, un papel de alguna
importancia. Si la fracción predo-minante de los productos corresponde aquí a
la producción estatal, los precios del mercado serán naturalmente, en general y
en su conjunto, los que el Estado fije para su producción y que él determina a
partir de sus costos y de su propio nivel de acumulación. En tales condiciones,
las empresas competidoras o los productores independientes podrán, si su costo
es más bajo, acumular más comerciando a los precios estatales, o vender su
producción más rápidamente haciéndolo a un
203
Evgeni Preobrazhenski
precio más bajo que el del Estado. Si sus costos aumentan relativa-mente
con relación a los del Estado, los competidores desaparecerán. No son ellos los
que mandan entonces en el mercado, y los precios del Estado desempeñarán en
este caso rigurosamente el mismo papel que en el que acaba de ser examinado, y
solamente en las producciones, poco numerosas e insignificantes por su
importancia propia, en las cuales los competidores producirán más barato que el
Estado (pequeñas reparaciones de diversos tipos, por ejemplo), será posible
reducir las empresas estatales, con la transferencia de fuerza de trabajo a
otras producciones. La ley del valor actúa aquí, por azar, en la misma
dirección que la ley de la acumulación socialista. Pero las ramas consideradas
son tan poco numerosas y su papel en la producción de medios de producción tan
reducido, que no nos hemos detenido en ello sino para establecer una
clasificación completa.
Pasemos ahora a ramas incomparablemente más importantes, principalmente
a la producción y a la venta de medios de producción que sirven de materias
primas para la industria estatal y son elaborados, en su gran mayoría, por la
economía privada, particularmente por la economía campesina. Se trata aquí de
todos los cultivos técnicos, como el algodón, el lino, el cáñamo, los granos
oleaginosos de todas clases, la remolacha azucarera, la patata para las
destilerías, etc., y, por otra parte, las materias primas sacadas de la
ganadería: cueros, lana, pieles de carnero, etc. ¿Cuál es aquí la acción de la
ley del valor?
Es completamente evidente que su influencia debe ser aquí
incompa-rablemente más fuerte que en el caso en que, por ejemplo, el Estado
produce máquinas a partir de metales fundidos en sus propios altos hornos, con
utilización de minerales y hulla extraídos igualmente de sus propias minas. Los
cultivos técnicos y las materias primas de la ganadería no son producidos sino
en cantidad mínima en los sovjoses estatales, siendo producida la mayor parte
en el campo de la economía campesina, es decir, de la economía mercantil
simple. De otro lado, el Estado no tiene siempre tampoco el monopolio de las
compras. Si el algodón y el lino son en una mayoría aplastante comprados por el
Estado, en cambio los cueros, por ejemplo, son en gran parte tratados y
transformados en calzado, arneses, etc., por vía artesanal y semiartesanal.
Esto significa que los acopladores del Estado sufren aquí una viva competencia
por parte de la economía privada. Sería completamente erróneo, sin embargo,
pensar que la rama de
204
LA NUEVA ECONOMÍA
medios de producción considerada constituye una arena de plena
supremacía del mercado libre y del elemento espontáneo de la ley del valor.
Tenemos a ese efecto la experiencia suficientemente rica de los últimos años,
que indica todo lo contrario. Examinemos más de cerca cómo ocurren las cosas en
ese caso.
Comencemos por los cultivos técnicos y sus materias primas en que el
Estado es comprador monopolista o, al menos, el principal comprador. Tales son
el algodón, el lino, el cáñamo, los granos oleaginosos, la remolacha azucarera,
etc. La actividad del comité del algodón, de un lado, y las organizaciones de
acopio de lino, de otro, constituyen una prueba experimental interesante de la
poderosa influencia que puede tener la industria estatal sobre el mercado
privado y luego sobre toda la pequeña producción, allí donde esta industria es
el principal comprador y donde ella se manifiesta de manera organizada, como un
solo y único organismo económico. No es tanto el mercado el que dicta sus
precios al Estado como éste al mercado. Se sabe que los precios del algodón han
sido fijados hasta el presente y son fijados no en el mercado libre de
Tashkent, sino en Moscú, por los órganos económicos planificadores del Estado.
Y hasta ahora no ha habido sobresaltos en los precios fijados por el Estado,
aunque éstos hayan sido siempre inferiores, y con mucho, a los del mercado
mundial. El precio de compra del Estado para las materias primas enumeradas
constituye un caso en extremo interesante de una cierta resultante entre la ley
del valor y la ley de la acumulación socialista originaria.
¿En qué se manifiesta la ley del valor, sobre todo en este caso?
En que la planificación estatal en el campo de los precios de compra
tropieza con dos límites fijados por la ley del valor: el uno máximo y el otro
mínimo. El límite máximo es el precio medio del mercado mundial en la medida en
que se trata de cultivos de exportación, como el lino y el cáñamo, y de
importación, como el algodón, la lana fina, etc.
No tendría ningún sentido para el Estado comprar en el interior del país
algodón, por ejemplo, a precios superiores a los del mercado mundial desde el
momento en que no está constreñido por la limitación de sus posibilidades de
importación debida a la falta de divisas extranjeras.
205
Evgeni Preobrazhenski
Exactamente de la misma manera el Estado evitará comprar lino para su
propia industria del lino y para la exportación a precios que, habida cuenta de
los gastos de transporte y otros gastos generales, excedan el precio de venta
en el mercado europeo. La ley del valor fija así un límite máximo.
¿Pero de qué manera esta misma ley define un mínimo?
El mínimo es evidentemente determinado por los gastos de mano de obra,
por el grado de interés que ofrece el cultivo considerado comparado con los
otros cultivos de la empresa campesina. Si el Estado fija precios tan bajos
sobre el lino, que los campesinos de las provincias productoras de lino tengan
interés en remplazar éste por cultivos de cereales, y si el bajo precio de la
remolacha de los plantadores y el algodón de los campesinos del Asia central
ocasiona a expensas de esos cultivos un aumento de los sembrados de trigo,
etcétera, estaremos en presencia del límite mínimo fijado por la ley del valor
en la producción mercantil simple. Todos aquellos que conocen la actividad de
nuestro comité general del algodón saben cuántos esfuerzos ha habido que hacer,
gracias a una política apropiada de precios de acopio, de un lado, y a los
envíos de trigo a Turkestán, de otro, para obligar a los agricultores que
durante la guerra habían abandonado el cultivo del algodón por el del trigo, a
volver a aquél y elevar casi hasta el nivel de preguerra la superficie de las
plantaciones de algodón. Por otro lado, la caída catastrófica de las siembras
de lino en las provincias del noroeste durante los años de escasez y el
remplazo del lino por cultivos de cereales han cesado y los campesinos han
vuelto progresivamente al cultivo del lino por la sencilla razón de que la
política de precios de acopio del Estado estimulaba por todos los medios ese
proceso. Si esto no hubiera tenido lugar, se sembraría todavía centeno allí
donde el lino ha hecho su reaparición.
Esos ejemplos muestran cómo se manifiesta la acción de la ley del valor
en un sector dado de la economía de la URSS. Veamos ahora cómo se manifiesta
aquí, simultáneamente, la acción de la ley de la acumulación socialista, que
limita la ley del valor o, si queréis, que es limitada por ella.
206
LA NUEVA ECONOMÍA
Como ya se ha dicho, los límites de la supremacía del principio de
planificación estatal en la política de precios están comprendidos entre el
precio del mercado mundial, de un lado, y los precios que están en el límite de
la reducción de un cultivo dado, de otro. El margen de maniobra es aquí en
extremo extenso, probablemente no menos del 30 al 40 % del precio mundial. El
Estado mantiene los precios de acopio en un nivel suficiente para la expansión
de los cultivos considerados, pero inferior a los precios que se establecerían
bajo el régimen de libre competencia entre compradores extranjeros e
interiores, si la industria no fuera entre nosotros una industria estatal, sino
una industria privada, y si, por consiguiente, no interviniera de manera
organizada en el mercado de las materias primas. Todo lo que separa los precios
de acopio de los que se establecerían sobre la base de la libre competencia de
los compradores burgueses debe ser íntegramente llevado a la cuenta de la
acción de la ley de la acumulación socialista originaria. Cuando, sobre la base
de un sistema de acopios organizado, el Estado mantiene los precios a un nivel
determinado y los reduce aún a despecho del aumento de la demanda, que supera a
la oferta, como sucedió con el lino y el algodón en 1925 (sus precios han
bajado un poco con relación a 1924), tenemos ante los ojos un ejemplo evidente
de limitación de la ley del valor por el principio de planificación, que
adopta, en este caso, la forma de la ley de la acumulación socialista originaria.
Al mismo tiempo, se ve según este ejemplo en qué sentido se puede hablar
precisamente aquí de ley. Si la ley del valor no se abre camino en la sociedad
burguesa sino como resultante media de procesos que se encuentran y chocan de
manera espontánea, como resultante de atracciones y repulsiones, en cambio, en
el caso considerado, el Estado parte de la previsión de la acción de repulsión,
no empuja hasta esa repulsión, sino que limita simultánea y deliberadamente su
ritmo de acumulación al limitar a un nivel determinado tanto el aumento de los
precios como la reducción forzada. Si se puede oponer la ley espontánea de la
producción mercantil, la ley del valor, a la contabilidad de una economía
planificada enteramente constituida, donde la acción de esta ley es remplazada
por la determinación deliberadamente calculada de la estadística socialista de
la producción y distribución de productos (y no de mercancías), ocurre de otro
modo en el período de lucha por la producción planificada, el período en que la
ley del valor se ve limitada, estorbada.
207
Evgeni Preobrazhenski
La lucha por el principio de planificación es, ante todo, una lucha por
la acumulación de recursos materiales de la economía estatal que aseguren el
desarrollo de ciertas relaciones de producción a expensas de otras relaciones
de producción. Esta acumulación es limitada por la acción de la ley del valor,
que existe todavía y está sometida, por consiguiente, a la influencia del
elemento espontáneo. Desde ese punto de vista, la ley de la acumulación
socialista originaria constituye la forma en que se opera la rencarnación
dialéctica de las leyes espontáneas de la economía desorganizada, en un modo
nuevo de realización del equilibrio en el sistema económico, equilibrio que se
logra gracias al papel esencial de la previsión consciente y el cálculo
práctico de la necesidad económica. ¿Es una ley en el sentido generalmente
admitido del término? Sí, aunque más bien no, si se toma toda la economía del
país en su conjunto y no solamente su parte más organizada. Por otra parte, la
misma dualidad, las mismas contradicciones del desarrollo se encuentran también
en casi todas las categorías de la economía capitalista que analizamos sobre el
terreno de nuestro sistema económico.
Para terminar con las materias primas industriales producidas en la
economía campesina, mencionemos aún el hecho siguiente: Un papel enorme en
materia de dominio del mercado de las materias primas técnicas comienza ya a
ser desempeñado por el sistema del crédito estatal, por el sistema del
otorgamiento de anticipos a los compradores. Ese sistema, conocido también en
las relaciones capitalistas, limitará muy fuertemente entre nosotros la acción
de la ley del valor, en la medida en que los anticipos sólo son otorgados por
la economía estatal organizada y no por los acopiadores de materias primas
competidores. Por otro lado, es completamente evidente que la política de
precios del Estado como principal comprador puede ejercer la influencia más
profunda sobre la distribución de las fuerzas productivas en la economía
campesina, al estimular ciertos cultivos en detrimento de otros y al introducir
elementos de plan en la distribución territorial de los cultivos en la economía
campesina.73
73 Ver a ese respecto, de manera
más pormenorizada, mi folleto “De la NEP al socialismo”, pp. 99-
103. Quiero a ese respecto anotar
aquí, a título de curiosidad, el hecho siguiente: S. V. Chlenov, que ha escrito
sobre esa obra un informe en extremo desaprobatorio en el tercer fascículo de
“La Prensa y la Revolución” de 1923, ha observado, en el número de los
defectos, la predicción, absolutamente desprovista de fundamento a su juicio,
de que cinco años después de la terminación de la guerra civil (luego en 1926)
el Donbass alcanzaría su nivel de producción de carbón de la preguerra. Por
desgracia para el crítico, precisamente en 1926 el Donbass debe acercarse a la
extracción de preguerra.
208
LA NUEVA ECONOMÍA
El sistema de precios planificados se transforma aquí en una poderosa
palanca de acción de la industria sobre la economía campesina; cuanto más
rápido sea el desarrollo de nuestra industria, más fuertemente atraerá hacia
ella, económicamente, la producción campesina de materias primas, sometiéndola
al plan socialista. El precio mismo se transforma aquí, de una categoría de la
economía mercantil de una función de la ley del valor, en algo transitorio, que
tiende hacia el cálculo socialista durante los intercambios entre la ciudad y
el campo, aunque la mercancía de la economía campesina, pagada al precio firme
del Estado, no haya entrado aún en la esfera de la producción por la vía de su
transformación en producto, Aquí, en fin, también el dinero, como en el
interior del sector estatal, ve sus funciones un poco modificadas. Es
particularmente interesante observarlo en los cálculos del comité general del
algodón relativos a los precios del algodón referidos a los del trigo.
En lo que concierne a los acopios de materias primas compradas en gran
cantidad igualmente por los productores privados o que son trabajadas en la
misma economía campesina, el papel regulador del Estado es mucho menor y la
acción de la ley del valor considerable-mente más fuerte. Muy a menudo, los
precios-límites del Estado son rebasados aquí por la acción de los compradores
privados, lo que obliga al Estado a modificar sus precios-límites o a
interrumpir las compras, además del peligro de dejar a sus empresas sin
materias primas. A su vez, las fluctuaciones del precio de compra se reflejan
inevitablemente en los cálculos de los productos terminados, limitando las
posibilidades de planificación estatal. Si, además, los precios de la lana en
bruto, por ejemplo, parecen poco ventajosos para los campesinos, éstos
intensifican su fabricación propia de botas de fieltro, tejido de fabricación
casera, etcétera. A este respecto, también la ley del valor hace presión sobre
las ramas correspondientes de la economía estatal. El debilitamiento de la
acción de la ley del valor no se obtendrá aquí, tal vez, sino por la reducción
de los precios de la producción estatal y su expansión, lo que reforzará la
influencia del Estado como principal comprador y hará poco ventajoso para los
campesinos el trabajo doméstico de su propia materia prima. Pero esta evolución
depende integramente, desde luego, de los éxitos obtenidos en todo el frente de
la acumulación socialista originaria.
209
Evgeni Preobrazhenski
Pasemos ahora de la producción y la compra de medios de producción a la
producción de bienes de consumo. Es completamente evidente que la influencia de
la ley del valor es aquí, en su conjunto, mucho mayor que en el campo de la
producción de medios de producción. Haciendo abstracción por el momento, como
antes, de los métodos de remuneración de la fuerza de trabajo, es decir, del
mercado del trabajo (sí está permitido emplear ese término), observemos desde
otro ángulo la influencia de la ley del valor. Desde el punto de vista que
consideramos, las particularidades características de la producción de bienes
de consumo comparada con la de los medios de producción, son:
1) mayor papel de la competencia
de la economía privada en la producción y la venta;
2) mayor influencia de la ley
del valor a causa de las fluctuaciones de los precios de las materias primas;
3) mayor dependencia y más
directa ante la demanda solvente de la economía privada en productos del
Estado;
4) mayor influencia de la
relación de la oferta y la demanda sobre los precios minoristas.
En lo que concierne a la competencia de la economía privada en la
producción y la venta, esta competencia se hace particularmente evidente con la
simple enumeración de las diferentes ramas. La industria alimenticia, con el
papel enorme de la fabricación privada de pan, la producción de embutidos, la
pesca y la transformación de los productos de la pesca, la confitería, la
cervecería privada y aun el matarratas del campo, son ramas que no exigen
equipo ni medios circulantes importantes, que tienen una rotación rápida de
capital y son las más accesibles a la pequeña producción y al pequeño capital.
Existen aquí gigantes del monopolismo estatal, como la industria azucarera y, a
su lado, la industria molinera, donde predomina, al contrario, la producción
privada. La pequeña producción desempeña exactamente el mismo papel enorme en
el trabajo del cuero, la lana, la madera, el cáñamo y en la confección de ropa.
La rama más importante de la economía estatal, la industria textil, tropieza
igualmente con la competencia considerable de la pequeña producción, que no se
hace inofensiva sino en una etapa determinada de la productividad del trabajo,
unida a la técnica elaborada de la gran producción.
210
LA NUEVA ECONOMÍA
La producción estatal de bienes de consumo está sometida después a la
influencia de la ley del valor en la medida en que el Estado recibe sus
materias primas de la producción privada en el interior del país o bien las
importa en grandes cantidades del extranjero. Hemos dicho ya cómo ocurren las
cosas en cuanto a los acopios en el interior. La acción de la ley del valor
está allí fuertemente limitada gracias al carácter organizado de la economía
estatal. En lo que respecta, en cambio, a las materias primas de importación,
la industria estatal es batida por las oleadas de la ley del valor mundial, que
franquean la brecha de las importaciones y modifican en ciertos límites los
cálculos de la producción según los precios mundiales del algodón, de la lana
fina, el caucho, etc. El debilitamiento de la influencia del mercado mundial no
puede ser logrado en ese campo sino por el desarrollo de la producción interior
de materias primas, para lo cual nuestro país, como se sabe, tiene ricas
perspectivas en el sector del algodón y la lana fina.
El tercer tipo de dependencia frente a la economía privada concierne a
la demanda solvente en el exterior del sector estatal. Tenemos casi
exclusivamente en cuenta la demanda solvente de la economía privada, en la
medida en que la regulación del volumen de la demanda solvente de los obreros y
empleados del Estado, para no hablar de la competencia en la venta por parte de
la industria artesanal y la pequeña industria, depende del Estado obrero mismo,
de su política de salarios. Si los precios de los productos estatales son
demasiado elevados, ello puede conducir a los compradores a evitar las compras,
reforzando la fabricación doméstica de una serie de artículos –aquellos de que
hemos hablado–, o a la huelga de compradores. El primer método ofrece más posibilidades
justamente en las ramas de producción de bienes de consumo. Si los campesinos
no están en condiciones de hacer arados ellos mismos y si, ante su carestía,
intensifican su utilización hasta hacerlos inservibles, así como la reparación
del viejo material, en cambio, en la producción de bienes de consumo, como la
ropa, el calzado y los productos alimenticios, tienen posibilidades mucho más
amplias de atacar la retaguardia de la industria estatal. Sin embargo, como ya
se ha dicho, tal movimiento no puede operarse sino en presencia de precios de
venta muy elevados de los productos industriales.74
74 La enorme desocupación latente
en los campos, producto de la superpoblación agraria, ejerce una gran
influencia sobre ese proceso, pero aquí el remedio está en una
industrialización más
211
Evgeni Preobrazhenski
Es tanto más difícil de operar cuanto que la productividad del trabajo
en la gran industria se aleja cada vez más de la producción doméstica. Y esto
significa que con el desarrollo de la productividad del trabajo en la industria
urbana se desarrollan igualmente de manera automática las posibilidades de
maniobra planificada del Estado, lo mismo que las de la acumulación socialista
originaria a expensas de la producción privada.
La acción de la ley del valor se manifiesta de otro modo en el período
de escasez de mercancías. Hablando generalmente, la escasez de mercancías de
que hablamos, es decir, la escasez de mercancías industriales, es una
consecuencia de la desproporción entre la producción industrial y la demanda
solvente del país. En el régimen de libre competencia esta desproporción sería
superada por la vía normal, es decir, al principio, por el aumento de los
precios en las ramas en que la producción es insuficiente y, por consiguiente,
con el aumento de las ganancias del capital invertido en esas ramas, lo que
acarrearía sin tardar un flujo de capitales nuevos y construcciones nuevas y, a
fin de cuentas, una expansión de la producción hasta el volumen correspondiente
a la demanda solvente y quizá más allá. La escasez de mercancías sería
suprimida así, y el aumento de los precios, habiendo desempeñado su papel en
materia de redistribución de las fuerzas productivas, debería cesar. El
problema podría ser resuelto también por otro medio que corre parejo con el que
acabamos de describir, es decir, con el crecimiento de la importación de
productos extranjeros, si las tarifas aduaneras lo permiten. Así podrían ser
liquidadas, sobre la base de la ley del valor, la desproporción en la
distribución de las fuerzas productivas y la escasez de mercancías.
Cuando, al contrario, la industria pertenece en un 80 % al Estado, la
liquidación de la desproporción sólo es posible, si se excluye el aumento de
las importaciones, sobre la base de la extensión planificada de la industria
estatal hasta el nivel de la demanda aumentada. Sólo parcialmente, y en
modestas proporciones, puede conducir el aumento de los precios a la ampliación
de la pequeña producción de los kustari75 y los artesanos en las ramas
afectadas por la escasez de mercancías. Ésta constituye una advertencia para el
rápida del país.
75 Kustari: artesanos que
trabajan para el mercado, a diferencia de los que trabajan por pedidos de los
clientes.
212
LA NUEVA ECONOMÍA
Estado que dirige la industria: es la exigencia del establecimiento de
la proporcionalidad, que llama a grandes gritos a todo el organismo económico
del país. Pero supongamos que, como consecuencia de una política errónea del
Estado durante el año considerado o a causa de la política errónea del año
precedente, cuyas consecuencias se hacen sentir un año más tarde, o a causa de
la falta de capitales frescos y la estrechez de las posibilidades de
importación, el Estado no extiende la producción de una manera que corresponda
al desarrollo de la demanda solvente. ¿Qué ocurrirá entonces? Tendremos, de una
parte, en las ramas en que la escasez de mercancías se manifiesta con fuerza,
un brusco aumento de los precios al detalle en toda la línea del comercio
privado, es decir, de hecho un aumento del 40 % de toda la circulación al por
menor, si se trata del año de 1925. Por otra parte, bajo la presión del
elemento espontáneo, las cooperativas ceden, inevitablemente, siguiendo la
línea de menor resistencia, es decir, harán estallar los límites de los
márgenes al por menor aportados a los precios al por mayor del Estado. La ley
del valor quebrará, en ese sector también, la política de precios firmes
planificados del Estado. En cuanto a la reducción de los precios de venta de
los trusts en las ramas en que la escasez es aguda, la misma no tendría ningún
efecto positivo en la forma de una rebaja de los precios al por menor y sería
completamente absurda en la práctica e incorrecta desde el punto de vista de la
teoría económica.76
En general, por consiguiente, y en conjunto, tendríamos, como lo hemos
tenido de hecho en 1925, una acción de la ley del valor que no es llevada hasta
su término y, por ese hecho, completamente monstruosa y desnaturalizada, pues
esta ley puede suscitar un aumento de los precios al por menor, pero es
impotente para conducir, gracias a ese instrumento de los precios en alza, a
una redistribución de las fuerzas productivas del país en el sentido de una
industrialización más rápida de éste. Para emplear una comparación fisiológica,
estamos en presencia de un reflejo abolido de la ley del valor, que no se
trasmite de la esfera de la distribución a la de la producción. El capital
comercial privado amasa centenares de millones,
76 Recuerdo al lector la
granizada de objeciones, incomprensiones y falsificaciones a que debió hacer
frente el autor por esta idea, expresada en el capítulo de este libro
consagrado a la acumulación socialista. No hay ya objeciones en la hora actual,
después que el Estado ha pagado por el experimento inverso decenas de millones,
si no más. Pero no habrá tampoco recono-cimiento público de sus errores por
parte de los críticos. Todavía no hemos llegado a ello.
213
Evgeni Preobrazhenski
pero esto no influye casi en la producción. Se puede decir que la
acumulación reforzada del capital privado es directamente proporcional al poder
de acción reducida de la ley del valor.
El hecho que acaba de ser referido es también un ejemplo clásico –que
hay que estudiar en todos los cursos de teoría de la economía soviética– de las
consecuencias económicas que puede provocar una situación en la cual la acción
de una ley fundamental, en este caso la ley del valor, es paralizada o, dicho
con más precisión, liquidada a medias y en que la acción de otra ley, que la
remplaza históricamente, no puede por tal o cual razón desarrollarse y, por
añadidura, desarrollarse proporcionalmente al nivel y al ritmo de la
liquidación de la ley del valor. Es completamente evidente que, si la
acumulación socialista originaria, incluida ante todo la acumulación a expensas
de la economía privada, sobre la base de los impuestos y la política de
precios, correspondiera al nivel de las nuevas relaciones de producción ya
alcanzadas, es decir, al nivel de la colectivización de la industria y de las
exigencias manifestadas respecto de ésta por toda la economía –exigencias que,
por la estructura misma de la economía estatal, no pueden ser satisfechas por
vía espontánea– no habría escasez de mercancías y el reflejo abolido de la ley
del valor no depositaría decenas, si no centenas de millones en las alforjas de
la acumulación capitalista.
Dejando de lado por el momento la cuestión general de saber en qué
medida el hecho mismo de la socialización de la industria exige cada año, con
una necesidad de hierro, una proporción dada de acumulación socialista, haré
mientras tanto un balance de lo que se ha dicho en todo este apartado. Hemos
visto, haciendo abstracción del problema de la fuerza de trabajo, que la ley
del valor ejerce un mínimo de influencia en la esfera de la producción de
medios de producción cuando el Estado es a la vez productor y comprador
monopolista de los medios de producción. Y esto significa que la industria
pesada constituye el eslabón más socialista del sistema de nuestra economía
estatal, el eslabón en que más lejos ha ido el proceso de remplazo de las
relaciones de mercado por el sistema de los pedidos planificados aprobados y
los precios firmes en el interior del organismo único de la economía estatal.
Es ahí donde el proceso de transformación del precio en una distribución
planificada de los recursos en el interior del sector estatal ha ido más lejos
y se ha operado primero la transformación
214
LA NUEVA ECONOMÍA
de la mercancía en producto. En el campo de la producción estatal de
bienes de consumo la influencia de la ley del valor es mucho mayor. Es tanto
mayor cuanto menos monopolista es la industria estatal y las materias primas
elaboradas en las ramas de la pequeña producción, que son las más sometidas a
la acción del elemento espontáneo de las relaciones de mercado, desempeñan un
papel mayor en el cálculo de los costos en la producción. En la medida, en fin,
en que pasamos a la economía privada, es decir, a la economía campesina ante
todo, la ley del valor es limitada al máximo por la ley de la acumulación
socialista en las ramas de la producción campesina de medios de producción
destinados a la gran industria, es decir, en la esfera de producción de
materias primas técnicas, acopiadas, en cantidad abrumadora, por el Estado.
Continuando ahora por grados crecientes del aumento de la acción de la
ley del valor, abordemos primero la producción, en la economía campesina, de
bienes de consumo comprados por el sector estatal, y luego las ramas de los
intercambios entre campesinos.
Veamos primero cuál es la importancia propia de esta fracción de la
producción campesina en la producción global del país y en la fracción
mercantil de la producción total campesina. Según las cifras de control del
Gosplan para el año económico de 1924-1925, de la masa global de productos
puesta en el mercado por el campesinado, es decir, 2.857 millones de rublos a
los precios de preguerra, la parte de los cultivos técnicos era de 631,4
millones de rublos, o sea, el 22,6 %.77 Se ve según estas cifras que esa parte,
con acción limitada de la ley del valor, es muy importante. Sin embargo, la
parte de los bienes de consumo es mucho mayor. Hay que tener presente en la
mente que el Estado no compra sino una parte de los bienes de consumo puestos
en el mercado y vendidos por la economía campesina, y no toda su masa. En
1924-1925, por ejemplo, de 833,7 millones de puds de cereales comerciales, el
mercado urbano y la exportación no han absorbido sino 305,7 millones de puds, o
sea, el 36,8 %. Ahora se plantea la cuestión de saber lo que llega a ser la
acción de la ley del valor en ese sector de nuestra economía.
77 Según las cifras de control
para 1925-26, la producción de cosechas técnicas como parte de la producción
agrícola de conjunto debía elevarse a 715,3 millones de rublos, incluidas las
pieles, por valor de 260,3 millones de rublos (producción bruta). De ese total,
han sido puestos en el mercado bienes por valor de 538,3 millones de rublos.
215
Evgeni Preobrazhenski
Es completamente evidente que, dada la importancia mínima de su
producción propia en el campo de los cultivos de cereales y la ganadería, es
decir, el papel insignificante de la producción de los sovjoses, el Estado no
es capaz de ejercer en el mercado de bienes de consumo una influencia
procedente de la producción, es decir, de ese fundamento de toda regulación que
desempeña un gran papel en la esfera de la industria soviética. En esas
condiciones, la regulación no es en general posible más que en el campo de los
intercambios y el crédito. La influencia del Estado sobre la economía campesina
por intermedio del sistema del crédito es tan débil todavía por el momento, que
no hay casi razón para hablar de esa palanca de regulación. No queda sino el
campo de los intercambios. El Estado aparece aquí como el proveedor organizado
del consumo urbano interior y como monopolista en la esfera del comercio
exterior de cereales, materias grasas y otros productos alimenticios. En esto
reside su privilegio. Pero, al mismo tiempo, su libertad de maniobra en el
campo de la política de precios es más limitada aquí que en cualquier otro
campo de los intercambios masivos. Un primer límite es impuesto por el mercado
mundial de cereales. Los precios mundiales de éstos no dependen sino en una
medida insignificante de nuestro Vniechtorg, por el hecho de que de la enorme
cantidad de cereales vendidos en el mercado mundial nosotros no entregamos sino
un porcentaje muy pequeño. Las fluctuaciones de los precios mundiales de los
cereales caen con todo su peso sobre nuestra política como una fuerza exterior,
objetiva y casi independiente de nosotros. Por otra parte, el mercado interior
se halla en una medida muy limitada bajo nuestra influencia por el hecho de que
la mayor parte de los cereales mercantiles va a cubrir la demanda campesina y a
aprovisionar la fracción no organizada del mercado urbano, escapando a los
acopiadores estatales. Finalmente, hay que tener en cuenta el hecho muy
importante de que nuestro campesinado, a causa de una neta reducción de los
impuestos con relación a la preguerra y a causa igualmente de la supresión de
los arriendos de tierras de los propietarios del suelo, se ve en la necesidad
de hacer ventas forzadas de importancia mucho menor que antes de la guerra.78
Esto da a los campesinos mayores posibilidades para maniobrar con la ayuda de
sus excedentes de cereales, para almacenar grandes reservas de éstos, aumentar
su consumo y, esencialmente,
78 Ver a ese respecto mi artículo
sobre la escasez de mercancías en “Pravda” del 15 de diciembre de 1925.
216
LA NUEVA ECONOMÍA
para dar cada vez más al ganado y a las aves. Las posibilidades de
extender la ganadería, en particular la mercantil, hace a los campesinos menos
dependientes de los precios estables de los acopios del Estado. Sin embargo, no
hay que exagerar ni generalizar aquí fenómenos estacionales que caracterizan
ciertos años aislados del período de reconstrucción; hay que tener en cuenta
también las tendencias del desarrollo a largo plazo. No se pueden almacenar
reservas de seguridad sino en ciertos límites. La utilización de los excedentes
de cereales para la extensión de la ganadería tiene también límites, en la
medida en que el mercado interior, el de la carne por ejemplo, se extiende de
manera relativamente lenta y en que el mercado exterior está todavía por conquistar,
con gran trabajo y grandes gastos de capital (frigoríficos, fábricas de grasas,
etc.). Pero la tendencia fundamental en el campo considerado no va del lado de
una reducción, sino de un aumento del papel regulador del Estado, si la
economía campesina va desarrollándose. En efecto, cuanto más aumenten los
excedentes mercantiles de productos de consumo y con mayor rapidez en la
economía campesina, más importante papel desempeñará su exportación, y el
intermediario monopolista de la producción campesina en el mercado exterior –el
Estado– desempeñará un papel más importante en el campo de las compras.
Limitado por los precios del mercado mundial por el lado del nivel máximo, el
Estado tiene más posibilidades de maniobra por el lado del nivel mínimo y con
ello mismo aumenta la dependencia global de la economía campesina respecto del
Estado. La influencia de éste no podrá alcanzar aquí en seguida un papel
regulador, que es el suyo en materia de compras de cultivos industriales;
aumentará sin ninguna duda a medida que se desarrolle el carácter mercantil y
las posibilidades de exportación de nuestra agricultura. Si, en los años de
mala cosecha, el elemento espontáneo del mercado se desencadena mucho más
poderosamente y puede enfrentar una limitación reguladora a causa de las
importaciones de cereales del extranjero por el Estado, a la inversa, la ola de
la caída de los precios de los cereales en los períodos de abundancia puede ser
contenida con mucho más éxito gracias al desenvolvimiento oportuno de los
aprovisionamientos estatales y a la extensión de las exportaciones de cereales.
El papel regulador del Estado en la esfera de los intercambios crecerá en la
medida del desarrollo de los recursos que el Estado sea capaz de separar para
la constitución de sus reservas de planificación, naturales y en especie.
217
Evgeni Preobrazhenski
Por otra parte, un gran papel le será asignado en materia de regulación
a nuestra cooperación, gracias a los intercambios, en particular a medida que
el crédito abarque los intercambios agrícolas, sin hablar de la influencia de
la cooperación en la esfera de la producción.
En fin, el campo en que la regulación planificada es menos importante es
el de los intercambios entre campesinos e igualmente el de los intercambios de
la producción campesina con esa fracción del artesanado y la industria de los
kustari, que no es absorbida o lo es apenas por la gran producción colectiva.
La capacidad del mercado rural es, como se sabe, muy grande en cuanto a la
producción campesina de bienes de consumo y ante todo de cereales. El número de
las empresas campesinas que compran cereales es enorme. En 1924-1925, las
compras de cereales de campesino a campesino alcanzaron a 528 millones de puds,
o sea, el 63,6 % de todos los cereales mercantiles.79 Parecería que la
influencia del Estado sobre los precios de los cereales debiera ejercerse también
automáticamente sobre los precios del mercado de cereales entre campesinos.
Esta influencia existe indiscutiblemente, pero es limitada por la circunstancia
siguiente: Son, sobre todo, los campesinos más pobres los que compran grano. Lo
compran tanto para la alimentación como para la siembra. No lo pagan siempre en
dinero ni tampoco a los precios del mercado, a causa de la dependencia leonina
en que están respecto del campesinado acomodado y los kulaks. El trato se
efectúa muy a menudo por vía de prestaciones en trabajo, es decir, en forma de
intercambio de cereales por el trabajo de los campesinos pobres, lo que
implica, dada la enorme cantidad de mano de obra excedente en los campos
soviéticos, tarifas muy elevadas de los cereales vendidos a los pobres. La
regulación de los precios de los cereales por el Estado no toca esas relaciones
de explotación. El mercado de la fuerza de trabajo y las relaciones de
explotación latentes jaquean la influencia reguladora del Estado sobre los
precios de los cereales en un campo importante de los intercambios entre
campesinos.
79 En 1924-25 los intercambios
intercampesinados totales se elevaron a 1.497 millones de rublos de preguerra,
y en 1925-26, a 1.781 millones de rublos (cifras de control de la Comisión de
Planificación Estatal para 1926-27).
218
LA NUEVA ECONOMÍA
En lo que concierne a las esferas de intercambio entrecampesinos, como
el comercio del ganado de labor y el de los artículos de los artesanos y los
kustari, que no son producidos en las fábricas del Estado, las relaciones de la
producción mercantil simple dominan aquí plena y exclusivamente; es el campo en
que la ley del valor predomina sin reserva.80 Estamos aquí en presencia de esa
parte de nuestro sistema económico que es el antípoda extremo del dominio de la
producción de medios de producción en la economía estatal. El período del siglo
XVI al XVIII coexiste con la más alta conquista del siglo XX, con la industria
de dirección planificada del Estado socialista.
LA PLUSVALÍA, EL PLUSPRODUCTO Y EL SALARIO
La cuestión de saber si la plusvalía o el plusproducto existen en la
industria estatal ha suscitado y suscita numerosas discusiones entre nuestros
economistas y entre la juventud universitaria. Lo que se ha dicho más arriba
permite ya al lector ver en parte que desde el punto de vista de la teoría
económica es un nudo bastante difícil de deshacer. No es posible en ningún caso
resolver correctamente esta cuestión de manera aislada, fuera de la apreciación
general de todo nuestro sistema económico, fuera del análisis sistemático de
todas las categorías de la economía política en su aplicación al sistema
económico soviético.
Si, en un sistema acabado de producción socialista planificada, el
producto se opone a la mercancía, el cálculo del tiempo de trabajo al valor y
la ración de consumo del trabajador colectivo al salario, entonces el
plusproducto se opone a la plusvalía. Así, pues, tenemos que examinar,
siguiendo el método que hemos adoptado, hasta qué punto hemos progresado, en
nuestra economía estatal, por la vía histórica que conduce de la plusvalía al
plusproducto y cuál es la denominación que aparece aquí como la más correcta.
Debo observar también que hay en la cuestión que ahora analizamos divergencias
de dos clases: divergencias terminológicas y, por tanto, de carácter
secundario, y divergencias de principio, ligadas a apreciaciones históricas y
teóricas diferentes de nuestro sistema de economía estatal
80 Hablamos aquí de predominio
sin reserva en el campo de la producción mercantil simple, porque, como ha
dicho Marx más de una vez, la ley del valor «alcanza su libre desarrollo
precisamente sobre la base de la producción capitalista», es decir, cuando la fuerza
de trabajo aparece como una mercancía entre otras.
219
Evgeni Preobrazhenski
en general. Las divergencias del segundo tipo no pueden limitarse, por
ese hecho al solo dominio del problema considerado y penetran inevitablemente
todos los otros problemas de análisis teóricos de nuestra economía.
Comencemos por la definición de la noción de plusvalía, como la
encontramos en Marx. La categoría de la plusvalía es indisociable de las
premisas fundamentales siguientes. Para que exista la plusvalía es necesario,
de una manera general, que exista el valor, es decir, que el producto del
trabajo humano sea una mercancía. Y esto quiere decir que se trata de una
categoría histórica, específica de la producción mercantil solamente. Pero hay
más. El producto del trabajo humano adquiere la forma de mercancía no solamente
en la producción capitalista, sino también en la producción mercantil simple.
Hace falta, por consiguiente, una segunda condición esencial, a saber, que la
fuerza de trabajo haya adquirido la forma de mercancía, es decir, que exista un
mercado libre de una mercancía particular, la fuerza de trabajo. Pero la
existencia de la fuerza de trabajo como mercancía supone la existencia del
proletariado, separado de los instrumentos de producción, en uno de los polos,
y una clase de compradores de fuerza de trabajo que disponga del monopolio del
derecho de propiedad sobre los instrumentos de producción, en el otro polo. Por
consiguiente, la noción de plusvalía supone, no simplemente una relación de
explotación, sino una relación de explotación entre empleadores y obreros
asalariados. En fin, una última premisa está ligada al primer término de la
palabra «plusvalía», es decir, que es necesario un grado de desarrollo de la
productividad del trabajo en general tal, que los trabajadores ocupados en la
producción produzcan más que el mínimo necesario para la reconstitución de su
fuerza de trabajo. Esto quiere decir que la noción de plusvalía supone la
existencia en la sociedad de un plusproducto que no adopta la forma de
plusvalía más que en una etapa determinada de desarrollo de la economía
mercantil.
Antes de pasar al análisis de las categorías de la plusvalía en nuestra
economía, juzgamos útil echar una mirada a la historia del desarrollo de esta
categoría. En la medida en que se transforman las relaciones de producción del
sistema de economía capitalista en una forma, históricamente superior, de
relaciones de producción del socialismo, se opera en nuestra economía, en la
medida en que debemos estudiar;
220
LA NUEVA ECONOMÍA
la transformación dialéctica de ciertas relaciones en otras relaciones;
lo inverso es igualmente interesante, es decir, en el caso particular, el mismo
paso dialéctico del plusproducto a la plusvalía en el período inicial de
desarrollo del capitalismo.
Marx ha puesto en guardia más de una vez contra la confusión de la
noción del plusproducto y la de plusvalía. El plusproducto es una noción
incomparablemente más amplia que la de plusvalía. El plusproducto existía mucho
antes que el desarrollo de la producción capitalista y continuará existiendo
después del aniquilamiento del sistema de sociedad burgués, pero no ya como
relación de explotación. Sólo en el curso de un cierto período histórico el
plusproducto adopta la forma de plusvalía. En la economía natural esclavista no
hay plusvalía en el sentido de Marx, aunque la explotación y el plusproducto
existen allí en la medida en que, en esa economía natural, los esclavos crean
solamente objetos de consumo para sus amos y en que el fin de la explotación es
usurpar esos objetos de consumo. No hay tampoco plusvalía en la economía
natural de la servidumbre, en la cual, por ejemplo, la prestación de trabajo
predomina como medio de creación de bienes de consumo para los grandes
propietarios feudales de la tierra. Las cosas no cambian sino cuando el
producto creado por el trabajo de las clases explotadas adopta la forma de
mercancía, se transforma en valor y el plus-producto se transforma por ello
mismo en plusvalía. La extorsión sistemática de la plusvalía se convierte
entonces en el fin mismo de la explotación. Marx pasa en ese caso de un término
a otro. Así, por ejemplo, en el tercer libro de El Capital, Marx habla de la
transfor-mación:
«de un sistema esclavista patriarcal encaminado a la producción de
medios directos de subsistencia en un sistema orientado hacia la producción de
plusvalía».81
En el primer libro de El Capital, Marx habla no solamente de la
explotación de los negros, sino también de la conversión del plus-producto del
siervo en plusvalía. Escribe:
81 El Capital, Tomo III, p. 353.
221
Evgeni Preobrazhenski
«En los estados norteamericanos del Sur el trabajo de los negros
conservó cierto suave carácter patriarcal mientras la producción se
circunscribía sustancialmente a las propias necesidades. Pero, tan pronto como
la explotación del algodón pasó a ser un resorte vital para aquellos estados,
la explotación intensiva del negro se convirtió en factor de un sistema
calculado y calculador, llegando a darse casos de agotarse en siete años de
trabajo la vida del trabajador. Ahora, ya no se trataba de arrancarle una cierta
cantidad de productos útiles. Ahora, todo giraba en torno a la producción de
plusvalía por la plusvalía misma. Y otro tanto aconteció con las prestaciones
de vasallaje, v. gr., en los principados del Danubio».82
Sin embargo, no tenemos aquí sino formas poco desarrolladas,
transitorias, de la plusvalía, que no son plenamente características del modo
capitalista evolucionado de producción. El hecho es que estamos aquí en
presencia de todas las premisas de la plusvalía, salvo la última, que
caracteriza justamente el desarrollo del capitalismo, es decir, la
transformación de la fuerza de trabajo en mercancía «libremente» vendida por su
poseedor en el mercado del trabajo. El esclavo está encadenado al amo sobre la
base del derecho de propiedad de éste sobre su persona; el consumo de su fuerza
de trabajo en la producción no se opera según las leyes específicas de la
producción capitalista-mercantil desarrollada, sino que escapa
funda-mentalmente al dominio de las leyes de la economía mercantil de la
compra, la venta y la reproducción de su fuerza de trabajo. La misma cosa vale
también para el siervo, para el cual la posibilidad de explotación no surge
«libremente» y de modo espontáneo del monopolio de una clase sobre los medios
de producción, sino que existe sobre la base de la dependencia jurídica de los
campesinos respecto a los propietarios de la tierra.
Se puede citar, en fin, como última etapa en el camino hacia la
plusvalía auténticamente capitalista, el trabajo de los artesanos a domicilio
para el revendedor, cuando éstos tratan la materia prima de su cliente, la
trabajan con sus instrumentos y son ya en realidad obreros asalariados de
hecho, a pesar de sus atributos exteriores de productores independientes. Un
paso más y tenemos ante nosotros al proletario separado de los medios de
producción, al capitalismo que
82 El Capital, Tomo I, pp.
702-703. (El subrayado es mío. E. P.)
222
LA NUEVA ECONOMÍA
usurpa la plusvalía precisamente sobre la base de la acción desarrollada
de la ley del valor en general y, en el caso particular, sobre la base del
intercambio de capital por la fuerza de trabajo considerada como mercancía.
Pasemos ahora al análisis de la categoría de la plusvalía en su
aplicación a nuestra economía y, ante todo, a la economía estatal del
proletariado. Si, durante el período precapitalista de la historia económica,
había de alguna manera crecimiento de los elementos de esta categoría a medida
del desarrollo de la producción mercantil y de su transformación en producción
capitalista-mercantil se observa entre nosotros un proceso exactamente inverso,
un proceso de atrofia de los elementos de la categoría de la plusvalía a medida
del desarrollo de las fuerzas productivas en las formas socialistas. Tenemos
aquí un proceso de atrofia y allá una dialéctica de crecimiento. Examinemos más
concretamente ese proceso, analizando las diferentes premisas de la categoría de
la plusvalía.
Como hemos dicho, la condición primera de la transformación del
plusproducto en plusvalía es la transformación del producto en mercancía. En
nuestra economía estatal, en cambio, como hemos visto más arriba, se desarrolla
una tendencia opuesta –la transformación de la mercancía en producto– que
progresa más de prisa y más lejos en la esfera de la producción estatal de
medios de producción. El lector puede ver la importancia de ese hecho por las
circunstancias siguientes. Como se sabe –y Marx se ha detenido muy largamente
en esto– el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad capitalista
conduce, por regla general, a la elevación de la composición orgánica del
capital, lo que implica, desde el punto de vista de la distribución del trabajo
en toda la sociedad, una importancia creciente de la producción de medios de
producción. La posibilidad de expansión de la producción de bienes de consumo y
la reducción de sus precios se obtiene por una expansión todavía más
importante, relativamente, de la producción de medios de producción. Esta ley
no depende de los rasgos específicos de las relaciones capitalistas de
producción; debe actuar también en la sociedad socialista, en la medida en que
las fuerzas productivas de la sociedad se desarrollan. Pero siendo así, el
desarrollo de las fuerzas productivas debe inevitablemente implicar un
acrecentamiento de la importancia específica de la producción de medios de
producción; este acrecentamiento descarta de manera
223
Evgeni Preobrazhenski
completamente automática la tendencia a la desaparición de la producción
mercantil en la economía estatal y, desde este ángulo, mina la categoría de la
plusvalía. Si se toma toda la producción de nuestra industria estatal en un año
dado, planteando la cuestión de saber si esto constituye una masa de mercancías
en el sentido habitual de este término en Marx, hay que responder a esta
cuestión a la vez sí y no. Sí, en la medida en que tenemos el monopolio de la
producción para el sector estatal mismo, conservando solamente la forma de las
relaciones de mercado en el interior del sector estatal; en parte no, en la
medida en que las tendencias del monopolismo socialista atenían contra la
economía mercantil y conducen en muchos casos a la liquidación de la competencia
y la transformación de la esencia misma del mercado de mercancías. Si en la
economía campesina el carácter mercantil de la producción aumenta a medida que
se desarrollan las fuerzas productivas del campo, aun chocando con las
limitaciones de las relaciones de mercado descritas en el párrafo precedente,
en cambio en la economía estatal el carácter mercantil de la producción se
reduce justamente a medida que aumenta la suma absoluta de la producción y a
medida que se acentúa el carácter planificado y organizado de su organismo
económico entero. El balance es, por lo tanto, el siguiente: La categoría de la
plusvalía en la economía estatal se debilita desde el punto de vista de aquella
de sus premisas que consideramos y está ya eliminada hasta cierto punto por el
desarrollo de las relaciones socialistas de producción.83
Analicemos ahora la segunda condición de la noción de plusvalía: la
relación de explotación entre dos clases, el sistema de apropiación del
plusproducto de los trabajadores por los poseedores de los medios de
producción. Aquí hemos progresado sin duda incomparablemente más que bajo la
relación que acabamos de examinar, y hemos progresado no por vía evolutiva,
sino a saltos, gracias a la revolución socialista, a la supresión de la
propiedad capitalista de los medios de producción y a la entrega de éstos al proletariado
organizado en Estado, A este respecto, más que a ningún otro, podemos hablar de
transformación de la plusvalía en plusproducto. De una manera general, ese
punto es
83 Se ha reprochado a menudo al
autor el sobrestimar el principio de planificación en nuestra economía y
subestimar la acción de la ley del valor. Hay que decir de una vez por todas, a
propósito de esos reproches, que no hago en ninguna parte un cálculo aritmético
de la fuerza de acción de uno u otro principio; estudio solamente sus
tendencias de desarrollo. Se puede estimar diferentemente la relación de
fuerzas entre la ley del valor y las tendencias socialistas en cualquier
momento particular, pero esto no rebaja la rectitud de mi análisis, si nuestro
sistema económico debe desarrollarse.
224
LA NUEVA ECONOMÍA
esencial. La clase obrera no puede explotarse a sí misma.84 La división
del proletariado en obreros que ocupan funciones de organizadores, los cuales
son mejor pagados, y en la masa de los obreros es una división en el interior
de una sola clase, que no se distingue en nada, en cuanto al principio, de la
división de esta misma clase en trabajadores calificados y no calificados. Tal
situación está ligada a la heterogeneidad de la clase obrera en materia de
dirección de la industria, a su heterogeneidad de formación técnica, de
capacidad de organización, etc. Esta heterogeneidad la recibe el nuevo sistema
en herencia del capitalismo y puede hacerla desaparecer progresivamente, a
medida que aumente la productividad del trabajo, se eleve la formación cultural
y técnica de toda la masa sobre la base del nuevo sistema educativo, sobre la
base del desarrollo del sistema de la democracia obrera en todos los campos de
la dirección de la gestión, sobre la base, en fin, de una lucha completamente
consciente con las tendencias del conservadurismo y el estancamiento. La
desigualdad material existente y la lentitud relativa del ascenso de toda la
masa obrera hasta el nivel de los cuadros organizadores no resultan de la
estructura actual de las relaciones de producción; se mantiene pese a esta
estructura y desaparecerán al paso y a la medida de la atrofia de la división
esclerótica en profesiones, de la supresión de la separación entre ciencia y
trabajo y la desaparición de esa «jerarquía servil de los individuos» heredada
de la sociedad burguesa de que habla Marx en la Crítica del Programa de Gotha.
El desarrollo de las fuerzas productivas de la economía estatal, la elevación
sistemática de los salarios, el predominio del sistema socialista sobre la
instrucción general y técnica de toda la juventud proletaria y semiproletaria,
al mismo tiempo que el reaprendizaje de los adultos, conducirán a un rápido
aumento de los obreros calificados a expensas de los obreros no calificados y
prepararán para las funciones de organizadores a una masa de trabajadores que
excederá con mucho el número de los puestos de organización y dirección. Y es
esto lo que denotará la reabsorción de las distinciones profesionales
escleróticas y el paso gradual a una
84 Será útil recordar aquí la
observación siguiente de Marx, que se refiere directamente al asunto
considerado. En el primer libro (de El Capital) Marx dice: «Si los medios de
producción son propiedad del productor directo, del obrero mismo, esos medios
no constituyen un capital. No se convierten en capital sino en las condiciones
en que sirven al mismo tiempo de medios de explotación y sumisión del obrero.
Pero su alma capitalista está unida, en la mente del economista, por los lazos
de un matrimonio tan estrecho en su sustancia material, que los llama capital
en todas circunstancias, aun en aquellas en que aparecen como todo lo contrario
del capital». El Capital, Tomo I, pp. 702-703.
225
Evgeni Preobrazhenski
solución socialista verdadera del problema de los cuadros y la masa por
la vía del acercamiento de ésta a aquéllos, con la transformación de las
profesiones y agrupaciones escleróticas de las mismas personas en funciones
dadas, en funciones realizadas por turno por toda la masa. Las funciones
necesarias subsisten, los hombres que las realizan cambian. En el caso
considerado, como en muchos otros, el desarrollo socialista futuro no depende
más –desde el presente, con la socialización de los instrumentos de producción–
que del crecimiento puramente cuantitativo de las fuerzas productivas en el
interior de la economía estatal y del ritmo de este crecimiento. Y, a la
inversa, la esclerosis de la división de los cuadros y la división profesional
puede ser la consecuencia de una detención o de la lentitud del desarrollo de
las fuerzas productivas.
Así, la desigualdad que hemos indicado en el campo de la distribución de
los recursos materiales, así como la conservación de las divisiones
profesionales y la desigualdad de hecho en materia de asimilación de la
ciencia, de los conocimientos técnicos y la experiencia de organización, no
resultan en modo alguno del monopolio de una pequeña fracción del proletariado
sobre los instrumentos de producción. Los directores rojos, por ejemplo, los
ingenieros y administradores proletarios, no tienen ningún monopolio de los
medios de producción. Son todos empleados del Estado obrero y, lo mismo que
todos los demás trabajadores, administran la producción utilizando los medios
colectivos de la producción estatal. Hay aquí una diferencia de principio en la
estructura misma de las relaciones de producción en la industria estatal,
comparadas con las relaciones correspondientes del capitalismo y es ahí donde
las condiciones de la victoria sobre los rasgos burgueses del sistema de
distribución de la remuneración y de la responsabilidad que subsisten aún en el
curso de los primeros pasos de la construcción socialista, hallan también sus
fundamentos.
No podemos, sin embargo, durante el examen del problema de la
explotación en la economía estatal, limitarnos sólo a las relaciones mutuas en
el interior del proletariado. Éste puede, en efecto, estar sometido en cierta
medida a la explotación por parte de las otras clases, aunque él mismo
predomine en la esfera de la gran producción. Según las relaciones de fuerza de
las clases, según la debilidad y la falta de madurez de la nueva forma de
producción y la fuerza de la
226
LA NUEVA ECONOMÍA
economía mercantil y capitalista-mercantil, se puede obtener una
relación de explotación que no entra en el marco habitual de las relaciones de
producción y distribución entre el capitalista y el obrero de la sociedad
burguesa. En ese caso y en la medida en que ese nuevo tipo de explotación
existe, la plusvalía existirá también.
Examinemos los aspectos de tal explotación, que existen realmente y que
son teóricamente posibles.
En primer lugar, una fracción del plustrabajo, relativamente muy
reducida, es cierto, va a la parte de remuneración de los especialistas, que
excede el pago del trabajo altamente calificado. Esta forma de explotación de
los obreros de la industria estatal resulta de la falta de madurez de las
relaciones socialistas en el dominio del nuevo sistema de instrucción, sistema
propio, de manera inmanente, a la producción colectiva como parte inseparable
de ésta.
En segundo lugar, hay la fracción del plusproducto tomada por el capital
privado en forma de ganancia mercantil. La explotación resulta aquí de la falta
de madurez del sistema de distribución, resultado él mismo de la socialización
de los medios de producción. Es, sin duda alguna, la parte cuantitativamente
más importante del plusproducto de la industria estatal que se apropia la clase
hostil.
En tercer lugar, están los intereses de los empréstitos interiores
cubiertos por el campesinado, los Nepmen, la pequeña burguesía de las ciudades,
etc., así como el pago eventual de los intereses y la amortización de los
antiguos empréstitos exteriores y los intereses de los nuevos. Hay que situar
aquí el caso teórico posible en que, como consecuencia de una política errónea
en materia de acumulación socialista originaria, el plusproducto que el Estado
saca de la economía privada para necesidades de interés nacional excede de la
parte del plusproducto de la economía estatal que va a la economía privada en
una forma u otra.
Pasemos ahora al último punto, es decir, a la cuestión de saber en qué
medida la fuerza de trabajo de los trabajadores de la economía estatal figura
como mercancía vendida en el mercado del trabajo. ¿Entre nosotros, en el
conjunto de la economía, existe la venta de la fuerza de trabajo como
mercancía? En conjunto, conviene responder afirmativa-mente a esta pregunta.
227
Evgeni Preobrazhenski
En cambio, en lo que concierne a la economía estatal, tenemos, como en
toda una serie de otras relaciones de producción, una relación de tipo
transitorio, y conviene responder a la vez con un sí y un ño a la cuestión
planteada.
Responderemos a ella afirmativamente en la medida en que se trata de
toda la economía en su conjunto, primero porque no hay ya obreros y empleados
ocupados por el Estado, por los soviets y en las cooperativas como en la
industria privada, el comercio privado y la agricultura, sobre todo si se
tienen en cuenta no solamente los jornaleros agrícolas, sino también todas las
formas abiertas o disimuladas de explotación de la fuerza de trabajo en los
campos. Segundo, la reproducción de toda la fuerza de trabajo en general se
opera de tal suerte, que la mitad o más del presupuesto obrero medio cubre la
compra de bienes de consumo de la producción privada y, ante todo, de la
producción campesina, de manera que el proceso mismo de reproducción de la
fuerza de trabajo está ligado de la manera más estrecha a la economía
mercantil. En lo que concierne, en cambio, a los obreros y empleados de la
economía estatal, la particularidad de la situación que aquí se crea reside en
el proceso de liquidación de la fuerza de trabajo como mercancía, proceso que
ha comenzado y progresa a medida del desarrollo de las fuerzas productivas.
Esto está ligado ante todo al método mismo del cálculo del fondo de salarios.
En la sociedad capitalista, el precio de la fuerza de trabajo tiende hacia su
valor, que se establece en condiciones dadas e históricamente determinadas, y
las diferencias dependen de la coyuntura del mercado laboral, es decir, están
ligadas a la relación de la oferta y la demanda de fuerza de trabajo. En la
economía estatal del proletariado, el nivel total del fondo de salarios es
regulado por la ley de la acumulación socialista originaria y sólo los niveles
de la jerarquía de las tasas de salarios, están aún determinados en una amplia
medida, sino principalmente, por la oferta y la demanda de trabajo calificado y
no calificado. Si, en conjunto, con una producción global que se acerca al
nivel de preguerra, el fondo de salarios es igualmente próximo a su nivel de
preguerra, esta coincidencia cuantitativa aparece más bien como fortuita y se
define por las exigencias de la acumulación y no por la acción de la ley de los
salarios que existía antes de la guerra. Es en extremo característico de
nuestra situación que, en primer lugar, el crecimiento de los salarios de los
obreros no
228
LA NUEVA ECONOMÍA
calificados ha perdido, en una medida importante, contacto entre
nosotros con la situación del mercado laboral. La elevación de los salarios de
los jornaleros, que data del paso a la NEP, se ha operado en presencia de un
aumento de la desocupación, mucho más a causa de la elevación de la
productividad del trabajo y los ritmos de acumulación en la economía estatal
entera y, por consiguiente, ha perdido contacto con la acción de la oferta y la
demanda de la fuerza de trabajo no calificada. En segundo lugar, es muy
importante notar aquí y apreciar en su justo valor el hecho de que las
proporciones de los salarios en las diferentes ramas se han alejado fuertemente
de las de preguerra (trabajadores de la alimentación, del cuero y textiles, de
una parte, metalúrgicos, mineros, trabajadores del transporte, etc., de otra) y
se ha modificado sobre todo en función de los ritmos de reconstrucción y
acumulación en las diferentes ramas, de un lado, y en la economía estatal en su
conjunto, del otro. Aquí también la acción del mercado laboral ha sido sometida
a cambios muy grandes bajo la influencia de la modificación del sistema de
relaciones de producción. Así, en la industria ligera los salarios han
aumentado más de prisa no porque, o más exactamente, no tanto porque había allí
menos desocupación, y los salarios de los jornaleros han aumentado no porque la
desocupación hubiera disminuido entre los obreros no calificados, sino a causa
de todo el conjunto de condiciones en que la ley de la acumulación socialista
originaria desarrollaba su acción. Y también en el futuro el aumento de los
salarios de todos los obreros en general y los obreros no calificados en
particular progresará cada vez menos bajo la influencia del mercado del trabajo
y cada vez más en función del desarrollo de las fuerzas productivas de la
economía estatal. No se aborda aún en modo alguno el sistema de distribución
intrínsecamente propio de las relaciones socialistas de producción. No es sino
el comienzo de la preparación de las condiciones previas a una tal
distribución, una de cuyas premisas es la ruptura del fondo global de salarios
con la acción de la ley del valor. Esta ruptura ha comenzado ya y progresará.
Tenemos de nuevo aquí un ejemplo en extremo interesante del hecho de que, con
la socialización de los instrumentos de producción, ciertos cambios puramente
cuantitativos, en este caso el desarrollo de las fuerzas productivas y la
riqueza material en la economía estatal, intensifican automáticamente el
proceso de reabsorción de las categorías de la sociedad capitalista.
229
Evgeni Preobrazhenski
En cuanto a la clasificación en el interior del fondo general de
salarios, ésta es aún casi enteramente burguesa, lo mismo que la forma misma
del salario sigue siendo capitalista. Nuestra escala jerárquica de salarios no
tiene ni puede tener nada en común con el socialismo.85 En tanto la formación
de trabajadores calificados no sea adaptada a las relaciones de producción
socialistas de la economía estatal, la escala de los salarios denotará una
adaptación a la herencia burguesa que recibe el Poder soviético, tanto en el
campo de la división profesional de los obreros como en el de la conservación
de los elementos burgueses, numerosos si no mayoritarios, y no de los estímulos
socialistas al trabajo. Estos últimos no caen del cielo; es necesario
desarrollar, gracias a una reeducación prolongada del carácter humano formado
en la economía mercantil, de una reeducación en el espíritu de las relaciones
de producción colectivas. No quiero decir con esto, por otra parte, que nuestra
escala de salarios actual esté plenamente adaptada a las condiciones de trabajo
en la economía estatal ni que sea imposible comenzar desde ahora a reformarla
en la medida de la. ofensiva general en el frente de la construcción
socialista. Sin duda alguna, copiamos frecuentemente las relaciones
capitalistas, aun allí donde no solamente esto no es necesario para el aumento
de la productividad del trabajo, sino donde semejante imitación es directamente
dañina desde el punto de vista económico y cultural.
En cuanto a la forma del salario, no es inútil recordar, en relación con
el crecimiento desmesurado del trabajo a destajo, lo que decía Marx a ese
respecto. «El salario por piezas –escribía– es la forma de salario que mejor
cuadra al régimen capitalista de producción».86 Si ello es así, se plantea
naturalmente la cuestión de saber cuál es la forma de salario que corresponde
mejor a las condiciones de trabajo en la economía estatal del proletariado en
vías de desarrollo. Como se sabe, hemos comenzado por el sistema de
racionamiento durante el período del comunismo de guerra, y nos hemos
convencido pronto de que este método de distribución, que había roto
bruscamente con los estímulos individuales y pequeñoburgueses al trabajo, había
terminado en un fracaso completo, prescindiendo del carácter ineluctable de ese
85 No hay que perder de vista que
el trabajo a destajo y la jerarquía de las tasas de salarios están ligados a la
acción de la ley de la acumulación socialista originaria, acumulación con
ritmos impuestos.
86 K. Marx, El Capital, Tomo I,
p. 502.
230
LA NUEVA ECONOMÍA
sistema en las condiciones de hambre y de guerra civil. Lo que se ha
llamado aprovisionamiento colectivo y otorgamiento de primas colectivas, a lo
cual se pasó después, resultó un poco mejor, puesto que esto constituía una
medida transitoria hacia el actual sistema de salarios. El salario a destajo
predomina ampliamente entre nosotros en la hora actual y, allí donde no es
posible a causa de las condiciones técnicas, existe el salario por día o por
mes. El sistema del salario a destajo permite sacar todo lo que es posible de
los estímulos burgueses, individuales, al trabajo, que denotan de una manera
general, en presencia de la socialización de los medios de producción un
retraso de toda una época con relación a la nueva forma de propiedad. El
desarrollo mismo de la técnica, la extensión del papel de los transportes, la
electrificación, etc., reducen el campo del trabajo donde el salario a destajo
es posible. Por otra parte, éste puede comenzar, a partir de cierto momento, a
frenar el nuevo sistema de organización del trabajo y la formación de nuevos
estímulos al trabajo, aun allí donde es técnicamente aplicable. A medida que se
fortalecen los elementos socialistas en nuestra economía, tropezaremos sin duda
con la necesidad de volver a un método combinado de remuneración individual y
colectiva y, ulteriormente, se puede considerar como asegurado el paso a la
remuneración del «obrero colectivo» en lugar de la remuneración del obrero
individual. Sin embargo, el movimiento en ese sentido apenas comienza actualmente.
En ese dominio, por consiguiente, hemos progresado en apariencia mucho menos
que en otros, si no se tiene en cuenta el desarrollo de una serie de
instituciones sociales, como los clubs obreros, las guarderías, hogares
infantiles, los comedores de fábrica, etc., cuyo desarrollo constituye en
realidad una transformación parcial del antiguo sistema de salarios en una de
las formas del aprovisionamiento colectivo.
En cuanto a la última premisa de la posibilidad de existencia de la
plusvalía, a saber, que pueda existir el plusproducto mismo, in natura, que
adopta bajo el capitalismo la forma de plusvalía, no se ha podido dudar de la
existencia de tal producto más que en lo que concierne a ciertas ramas, durante
el período del comunismo de guerra.
Hagamos ahora el balance según el total de los «pro» y los «contra», y
resolvamos la cuestión de saber qué término es el más correcto emplear para ese
fondo excedente que retorna a la economía estatal después de la satisfacción de
las necesidades del consumo de los
231
Evgeni Preobrazhenski
obreros de la industria estatal: ¿plusvalía o plusproducto? Juzgo
personalmente más correcto el término de plusproducto en la medida en que se
trata de caracterizar no solamente lo que existe, sino también las tendencias
de desarrollo. Como hemos visto, Marx empleaba el término «plusvalía» respecto
a relaciones de explotación que no incluían aún todos los elementos de esta
noción en su forma clásica, pura. Utilizaba esta denominación por anticipación
respecto a relaciones de producción en vías de desarrollo, que se orientaban
solamente hacia las formas capitalistas de explotación de la fuerza de trabajo.
Fundados en el mismo derecho, empleamos nosotros también el término
«plusproducto» respecto a las relaciones de producción ampliada colectiva, con
un predominio creciente de estos últimos.
Tal es la situación en la economía estatal, que ofrece el máximo de
interés teórico para el estudio, justamente porque allí se comprueba la atrofia
de las antiguas relaciones de producción, su expulsión por nuevas relaciones, y
por esa razón conviene estudiar el entrelazamiento de unos y otros en una etapa
dada de la construcción del socialismo. En lo que concierne, en cambio, a la
industria privada y todos los otros puntos de aplicación del trabajo asalariado
en sus diversas formas, todo lo que Marx ha escrito del trabajo asalariado, la
plusvalía, etc., sigue en vigor en esos campos de nuestro sistema económico,
habida cuenta, evidentemente, de los cambios de carácter exteriormente
coercitivos que acarrea la existencia en el país de la dictadura del proletariado.
Para terminar con la categoría de la plusvalía, quiero subrayar todavía
una circunstancia en extremo importante. La ley de la acumulación socialista
originaria, en la medida en que regula el nivel de los salarios en la economía
estatal, oculta una contradicción interna. Como ley en la cual se expresan
todas las tendencias conscientes y espontáneas hacia la intensificación del
ritmo de reproducción ampliada en la economía estatal colectiva, esa ley
aparece por ello mismo como la ley del desarrollo de las relaciones de
reproducción socialistas en general. Pero, por otra parte, como ley de
limitación de los salarios en interés de la acumulación, limita, por su
tendencia propia, el ritmo de la transformación del salario en ración de
consumo del trabajador de la economía socialista, porque a partir del momento
en que los instrumentos de trabajo son socializados, es justamente la elevación
rápida del salario la que conduce a la ruptura de éste con el valor de la
232
LA NUEVA ECONOMÍA
fuerza de trabajo y con las premisas materiales del desarrollo de la
cultura proletaria, socialista. Esta contradicción interna de la ley se
desprende íntegramente de su carácter históricamente transitorio. La tendencia
al predominio de la categoría del salario, es decir, la tendencia al
fortalecimiento de la calidad socialista de las relaciones de producción, entra
en contradicción con la tendencia a la extensión cuantitativa del campo de la
economía estatal y sus relaciones de producción en su forma actual, es decir,
relaciones de producción cuya calidad socialista es muy baja. La expresión
«acumulación socialista originaria» refleja por sí misma esta dualidad de
naturaleza de la ley: el adjetivo «socialista» entra en contradicción con el
sustantivo «acumulación», al cual no solamente está ligado gramaticalmente,
sino también en el curso de un proceso histórico real.
Pasemos ahora a las otras categorías cuyo análisis nos tomará mucho
menos tiempo.
LA CATEGORÍA DE LA GANANCIA EN LA ECONOMÍA ESTATAL
Para esta categoría el problema en muchos aspectos es mucho más sencillo
y más claro que para las otras, con excepción de la termino-logía, que es
también inadecuada. Ni el término de capital, ni el de acumulación, ni el
término de ganancia, ni, como hemos visto, el de plusvalía convienen,
rigurosamente hablando, sin reserva, para caracterizar las relaciones
interiores de la economía estatal. Hay que emplearlos en un sentido
convencional o añadirles calificativos: capital de estado, acumulación socialista,
o bien anticiparse a la tendencia del desarrollo, como hemos hecho en cuanto al
término de plusvalía al remplazarlo por el de plusproducto.
Con el predominio de las relaciones de producción capitalistas, la
nivelación de la cuota de ganancia para capitales de igual importancia
desempeña un papel inmenso en materia de distribución de las fuerzas
productivas entre las diferentes ramas de producción. Se plantea la cuestión de
saber cuál es el instrumento que cumple esta misma función en la economía
estatal. En primer lugar, ¿qué determina la cuota de ganancia para los trusts
estatales y, en segundo lugar, cuál es el sistema que actúa en el momento de la
distribución de nuevos capitales entre las diferentes ramas de la economía
estatal? ¿Qué es lo que remplaza la acción de la ley del valor en el sistema de
la economía estatal?
233
Evgeni Preobrazhenski
Se advierte hasta qué punto la noción de «cuota de ganancia» se
transforma, en la economía estatal, en una nueva relación de producción y
distribución, si se compara uno cualquiera de nuestros trusts con el grupo
correspondiente de empresas capitalistas en las condiciones de libre
competencia, total o limitada. Admitamos que algunas sociedades capitalistas,
como la sociedad de las fábricas de Briansk, la sociedad de las fábricas de
Sormovo, etc., actúan en el lugar de nuestro Gomza, y que las firmas manufactureras
de Morozovie, Korzinkinie, etc., funcionan en lugar de los trusts textiles que
son dirigidos, en el campo de los intercambios, por el sindicato de textiles.
Las empresas capitalistas de construcción mecánica y textiles no pueden saber
ni aproximadamente, al comienzo de su año económico, cuánto producirán además
de los pedidos firmes que tienen, ni los precios de las materias primas, ni las
sorpresas que les esperan en el mercado del trabajo, ni los precios de venta de
sus propios productos, y, por consiguiente, no pueden conocer la cuota de
ganancia que pueden esperar. Una parte enorme de los elementos del «plan
capitalista» es desconocida. Nuevos competidores pueden hacer inflar los
precios de las materias primas y provocar la caída de los precios de venta; los
obreros pueden ir a la huelga un mes, etc. Así, pues, el balance de la empresa
puede aportar grandes imprevistos al término del año operativo. La columna de
las ganancias puede mostrar que en una rama y en un año dados, se ha invertido
más capital del que era necesario, y esta información tendrá su expresión en la
baja de la cuota de ganancia o pondrá en evidencia de manera estridente un
déficit; o, a la inversa, gracias a la elevación de los precios de los
productos de la empresa en el mercado y a otras causas, un brusco salto de la
cuota de ganancia advertirá una insuficiencia de la inversión de capital en la
rama considerada. La espontaneidad del mercado, de que nuestro Morozovie, las
fábricas de Sormovo, etc., son los elementos constitutivos, contribuirá,
gracias a la acción de la ley del valor y, en el caso particular, gracias al
instrumento de la distribución espontánea de la ganancia, al establecimiento
del equilibrio en la distribución de las fuerzas productivas, al notar
magnitudes diferentes en la columna de las ganancias de las diferentes ramas y
empresas. Pese a las proporciones diferentes de capital constante y capital
variable en las diversas ramas de la producción capitalista, el equilibrio se
establecerá sobre la base de la ley de los precios de producción; gracias a su
acción, las empresas cuya composición orgánica del capital
234
LA NUEVA ECONOMÍA
es más elevada y, correlativamente, cuya cuota de ganancia es más baja,
recibirán, a fin de cuentas, a causa de la igualación de la cuota de ganancia,
una ganancia media, tal como las empresas de baja composición orgánica del
capital.
En la economía estatal ocurre de otro modo. El Gomza conoce de antemano
su programa de producción y lo conoce precisamente porque todos sus clientes
conocen también su propio programa. Los trusts textiles conocen igualmente su
programa, aunque puede haber más fluctuaciones en el momento de su ejecución,
pues la venta de tejidos no se opera solamente en el interior del sector
estatal y entre sus obreros y empleados. Pero con una estadística, si bien poco
segura, de la demanda solvente de las ciudades y los campos, ese programa no
puede apartarse mucho de las hipótesis del plan; en presencia de la escasez de
mercancías, en cambio, ese problema desaparece en la medida en que desaparece
el temor a no poder vender toda la producción. Todo el asunto se reducirá entonces
a la importancia del capital fijo y el capital circulante, magnitudes
plenamente accesibles a los cálculos de planificación. Además, el Gomza no
tendrá que temer sorpresas acerca de los precios de los metales, puesto que el
Estado mismo fija esos precios. Los trusts textiles no tienen que temer
sorpresas acerca de los precios del equipo, fabricado en el sector estatal, ni
acerca de los 2/3 de la cantidad de algodón de la producción interior, ni
acerca del lino y el cáñamo, cuyos precios son dictados no tanto por el mercado
como por los órganos planificadores del Estado, ni en cuanto a los salarios,
cuyo nivel es determinado de manera planificada sobre la base de los recursos
de la economía estatal para el año considerado y fijado por contratos colectivos.
Como resultado de tal fortalecimiento del principio de planificación en toda la
economía estatal, lo mismo que en el mercado interior de las materias primas
industriales, la naturaleza misma de la ganancia y del instrumento de
nivelación de la cuota de ganancia se modifica. Si los empresarios privados no
pueden hacer más que conjeturas basadas en diversos indicios indirectos para
saber cuál será su balance, el de los trusts soviéticos está ya constituido en
los 4/5 antes del comienzo del año económico, en forma de programas de
producción en que son igualmente normados los precios de venta de su
producción. Esta normación conduce al hecho de que los precios y,
correlativamente, la cuota de ganancia,
235
Evgeni Preobrazhenski
pierden su carácter regulador en la distribución de las fuerzas
productivas, en la medida en que ésta no es realizada por vía de un rodeo,
indirecto y espontáneo, sino que es directamente prevista por el plan económico
general del año considerado. No hay ya cuota de ganancia en el sentido
capitalista de la palabra, que se escinde ulteriormente, además, en parte
capitalizada y en parte utilizada por los capitalistas, lo que complica
igualmente el logro de un equilibrio en el sistema de la reproducción, sino tasa
de acumulación socialista para cada rama dada de la producción. La tasa
correspondiente está dada ya por los elementos del programa de producción y,
ante todo, por el nivel de los precios de venta. A causa de la socialización de
la industria y el desarrollo del principio de planificación en la economía
estatal, y ante todo en el campo de la acumulación socialista, la categoría de
la ganancia no solamente desaparece como relación de distribución de la
sociedad burguesa, junto con la liquidación de la clase capitalista, sino que
desaparece también casi completamente la ley del valor como regulador,
desarrollado sobre la base de la acción de la ley del valor de la distribución
de las fuerzas productivas entre las diferentes ramas de la economía estatal colectiva.
Examinemos ahora otro aspecto del problema: el método de distribución,
en la producción, de capitales nuevos o, mejor, en la medida en que se trata de
la economía estatal, de medios nuevos, de nuevos elementos de producción.
En la sociedad capitalista la parte de la plusvalía destinada a la
producción, que no puede ser pura y simplemente unida al capital de las
empresas en funcionamiento, se distribuye entre las diferentes esferas de
producción en forma de acciones. Para las construcciones nuevas se crea, con la
cooperación de los bancos o por éstos solos, sociedades por acciones que emiten
acciones entre las empresas comerciales, industriales u otras que poseen
capitales disponibles, o entre los diferentes individuos. La forma de la
emisión de acciones aparece como una forma puramente espontánea de reunión y
distribución productiva de capitales nuevos, y a ese respecto responde a la
estructura global de la sociedad capitalista. No examinaremos aquí las
modificaciones que aportan en la práctica de la emisión de acciones las
relaciones de producción del capitalismo monopolista. ¿Cómo se resuelve ese
mismo problema en la economía soviética?
236
LA NUEVA ECONOMÍA
Como se sabe, tenemos ya numerosas sociedades por acciones, puramente
estatales, en primer lugar, y un pequeño número de sociedades mixtas y
privadas. Parecería que en materia de distribución e inversión de nuevos medios
de producción seguimos las huellas del capitalismo.
Pero semejante aserción sería una percepción de la forma exterior y no
de la esencia de las cosas. Sin hablar siquiera del hecho de que, entre
nosotros, una parte muy pequeña del nuevo capital pasa por el intermediario del
sistema de emisión de acciones, la estructura misma y el método de trabajo de
las sociedades por acciones de capital estatal no se distinguen casi en nada de
la actividad de un trust cualquiera, y el método de reunión de capitales es un
método de suscripción de los establecimientos estatales por una empresa o un
grupo de empresas estatales o comunales (lo que es todo uno). Algo nuevo no
aparece más que allí donde el capital estatal y el capital privado son ambos
objeto de emisión de acciones.
La forma fundamental de distribución de capitales nuevos que no están
unidos al capital de empresas en funcionamiento está constituida, con excepción
de una sola y única, verosímilmente efímera, sociedad por acciones de
construcciones industriales nuevas, por nuestro sistema bancario: Banco
Estatal, Banco Industrial y otras instituciones bancarias, y en parte por la
distribución, gracias al presupuesto estatal, de medios destinados a la
industria. Esta distribución no puede dejar de ser planificada, porque es
completamente insensato pensar que el proceso de la reproducción ampliada de la
industria y el transporte estatal, todas las construcciones nuevas, etc.,
progresen de manera planificada en el campo de la realización de los programas
de producción y puedan quedar fuera de la planificación, apoyándose en un
proceso que tiene cierta independencia y cierta espontaneidad en el interior de
la economía estatal, por lo mismo que se trata de reunir recursos con miras a
la reproducción ampliada. Pero, de paso, hay que señalar de todos modos que
nuestra economía estatal no ha encontrado todavía formas de organización
plenamente satisfactorias, desde el punto de vista examinado, para la dirección
del proceso de la reproducción ampliada, formas que le sean propias de manera
inmanente y que correspondan al mismo tiempo a una etapa dada de la acumulación
socialista originaria.
237
Evgeni Preobrazhenski
En fin, hay que anotar todavía el hecho en extremo importante de que
nuestra economía estatal sigue hasta el presente de manera bastante espontánea
la línea de acción de la ley de la acumulación socialista originaria, en el
sentido de que el balance global de la acumulación de cada año, resultante de
un nivel de desarrollo dado de las fuerzas productivas en la economía estatal y
en toda la economía en su conjunto, de la importancia de la demanda solvente de
la economía privada y de la importancia necesaria de las nuevas construcciones,
no es determinado de antemano y trazado deliberadamente y de manera planificada
gracias al conjunto del sistema de precios planificados, y que el nivel
general, si se puede decir, de los precios de producción de la economía estatal
en calidad de trust único, es establecido por tanteos, de manera más bien
espontánea, más por vía de adición aritmética que por vía de división de la
cifra global de acumulación necesaria entre las esferas de producción
correspondientes. La estructura existente de nuestra economía estatal se revela
a menudo más progresista que su sistema de dirección económica.
LA CATEGORÍA DE LA RENTA
Hay muchas confusiones a propósito de la categoría de la renta en el
sistema soviético, dada la nacionalización de las tierras realizada entre
nosotros y el muy débil desarrollo del arriendo puramente capitalista. Se ha
debatido y se debate a menudo con la mayor seriedad la cuestión de saber si los
campesinos pagan al Estado la renta absoluta o la renta diferencial (según la
acepción marxista de esas categorías) en forma de impuesto en especie o,
actualmente, en forma de impuesto único, y la de saber qué renta paga la
empresa estatal al soviet local en cuyo territorio se encuentra, etcétera. Todo
ese embrollo proviene de que las categorías de la sociedad capitalista
evolucionada son traspuestas sin espíritu crítico, como lo harían novatos, en
las relaciones donde dominan, de un lado, la economía estatal con sus
relaciones de producción específicas de un período transitorio que conduce al
socialismo y, de otro, la producción mercantil simple, con una capa intermedia
muy débil de capitalismo precisamente en la esfera de la producción. Sin
embargo, la renta, en el sentido marxista del término, es una categoría del
modo de producción capitalista evolucionado, cuando éste ha englobado la esfera
de la agricultura. En otros términos, Marx analiza, en su teoría de la renta,
las relaciones de producción y de distribución del capitalismo puro, admitiendo
que
238
LA NUEVA ECONOMÍA
toda la tierra es trabajada por granjeros capitalistas y que al mismo
tiempo el derecho de propiedad de la tierra pertenece a otra clase, la de los
propietarios. Previniendo la confusión que puede producirse con su concepción
de la renta capitalista y luchando contra esa confusión que diferentes
economistas habían tenido antes que él, Marx subrayó más de una vez la
diferencia entre la renta del suelo capitalista y las diversas formas de renta
existentes en él período precapitalista, que poseen un carácter muy diferente y
no tienen nada en común con la renta del suelo del capitalismo, salvo el
derecho de propiedad privada sobre la tierra como fuente de apropiación de una
parte dada de la renta nacional. Insertamos aquí dos citas de Marx que nos son
necesarias para continuar la exposición. En el tercer libro de El Capital, Marx
escribía sobre el asunto que nos preocupa:
«Cualquiera que sea su forma específica, todos los tipos de renta
coinciden en que la apropiación de la renta es la forma económica en que se
realiza la propiedad territorial y en que, a su vez, la renta del suelo
presupone la propiedad territorial, la propiedad de determinados individuos
sobre determinadas porciones del planeta, lo mismo si el propietario es la
persona que representa a la comunidad, como ocurría en Asia, Egipto, etc., que
si esta propiedad territorial es simplemente un atributo de la propiedad de
determinadas personas sobre las personas de los productores directos, como
ocurre en el régimen de la esclavitud o de la servidumbre, que si se trata de
la simple propiedad privada de los no productores sobre la naturaleza, un mero
título de propiedad sobre el suelo o, finalmente, de una relación con la tierra
que, como en el caso de los colonos y de los pequeños campesinos propietarios
de la tierra que trabajan, es decir, tratándose de un trabajo aislado y no
desarrollado socialmente, parece ir implícita en la apropiación y en la
producción de los frutos de determinadas porciones de tierra por los
productores directos.
Este carácter común de las distintas formas de la renta –el de ser
realización económica de la propiedad territorial y la ficción jurídica por
virtud de la cual diversos individuos poseen de un modo exclusivo determinadas
porciones del planeta– hace que pasen inadvertidas sus diferencias.»87
87 El Capital, Tomo III, pp.
645-646
239
Evgeni Preobrazhenski
Continuando el desarrollo de esta idea relativa a la confusión de las
diferentes formas de renta, Marx escribía en otro capítulo del mismo libro de
El Capital;
«Toda la dificultad del análisis de la renta consistía, por
consiguiente, en explicar el remanente de la ganancia agrícola sobre la
ganancia media, no la plusvalía, sino la plusvalía remanente característica de
esta rama de producción; por tanto, no el “producto neto”, sino el remanente de
este producto neto sobre el producto neto de las demás ramas industriales. La
ganancia media de por sí constituye un producto, una creación del proceso de
vida social que se desarrolla bajo relaciones históricas de producción muy
determinadas y concretas; un producto que, como hemos visto, presupone premisas
muy amplias. Para poder hablar de un remanente sobre la ganancia media, es
necesario que esta ganancia media exista como pauta y, además, según acontece
en el régimen de producción capitalista, como regulador de la producción en
general. Por tanto, en tipos de sociedad en que no es todavía el capital el que
desempeña la función de arrancar todo el trabajo sobrante y apropiarse de
primera mano toda la plusvalía; en que, por consiguiente, el capital no se ha
sometido todavía al trabajo social o sólo se ha sometido de un modo esporádico,
no puede hablarse de renta en el sentido moderno de la palabra, de la renta
como un remanente sobre la ganancia media, es decir, sobre la parte
proporcional que corresponde a cada capital concreto en la plusvalía producida
por el capital global de la sociedad.»88
Resulta con toda evidencia de estas citas de Marx, como de toda su
exposición de la teoría de la renta, que la categoría de la renta del suelo
capitalista es muy poco utilizable para la comprensión de las relaciones
soviéticas. Explicaremos más abajo lo que tenemos presente cuando decimos «muy
poco», pero examinemos un momento por qué es incorrecto hablar de renta en el
sentido de Marx con relación a nuestra agricultura y también, en la mayoría de
los casos, con relación al impuesto sobre los bienes raíces en las ciudades.
88 El Capital, Tomo III, p. 791
240
LA NUEVA ECONOMÍA
Comencemos por la noción de renta absoluta. La fuente de la renta
absoluta es la parte de la plusvalía creada por los obreros asalariados en la
agricultura capitalista, que está ligada por su origen a una composición
orgánica menos elevada del capital agrícola y no participa en el proceso de
nivelación de la cuota de ganancia en toda la producción capitalista. Esta
parte de la plusvalía es «secuestrada», según la expresión de Marx, por los
poseedores de terrenos, mediante lo cual no resta a los granjeros capitalistas
sino la ganancia media habitual del capital invertido en el trabajo de la
tierra. Es completamente evidente que, incluso independientemente de la
nacionalización de la tierra, no puede existir renta absoluta allí donde no hay
agricultura capitalista, porque en ese caso faltan las relaciones de producción
y distribución, en presencia de las cuales la renta absoluta del suelo puede,
en general, existir. Desde ese punto de vista, lo mismo que para la comprensión
correcta de la categoría de la renta diferencial, el pasaje siguiente sacado de
las observaciones preliminares de Marx en el análisis de la renta del suelo es
muy importante:
«Partimos, pues, del supuesto de que la agricultura, lo mismo que la
industria, se halla dominada por el régimen capitalista de producción, es
decir, que la agricultura es explotada por capitalistas que por el momento sólo
se distinguen de los demás capitalistas por el elemento en que invierten su
capital y sobre el que recae el trabajo asalariado que este capital pone en
acción. Para nosotros, el arrendatario de la tierra produce trigo, etc., como
el fabricante produce hilado o máquinas. La premisa de que la agricultura ha
caído bajo el imperio del régimen capitalista de producción implica que domina
todas las esferas de la producción y de la sociedad burguesa y que se dan
también, en su plenitud, las condiciones que la caracterizan, tales como la
libre concurrencia de los capitales, la posibilidad de que éstos se transfieran
de una rama de producción a otra, nivel igual de la ganancia media, etc.»89
Es evidente que entre nosotros apenas se encuentran esas premisas de que
habla Marx y, en particular, aquella según la cual el modo capitalista de
producción domina «todas las esferas de la producción». Ese pasaje de Marx es
también enteramente aplicable a la categoría de
89 El Capital, Tomo III, p. 626
241
Evgeni Preobrazhenski
la renta diferencial, que Marx comprende siempre como una renta del
suelo capitalista. Si el origen de la renta absoluta es la plusvalía
suplementaria de la agricultura capitalista, la fuente de la renta diferencial,
como de toda ganancia suplementaria en la industria, es el fondo general de
plusvalía de toda la sociedad capitalista en su conjunto; pero la distribución
de esta renta, los títulos que dan derecho a ésta, dependen de la propiedad de
tierras de fertilidad diferente. Esto significa que la renta diferencial no
tiene su origen en la tierra, lo que Marx repite constantemente, sino en la
fuente general de toda plusvalía. No tiene su origen en la tierra sino en el
derecho del poseedor de tal o cual terreno de fertilidad diferente a una parte
dada de esta plusvalía.
Es tentador aplicar la noción de renta diferencial a la forma dominante
de la producción agrícola en el sistema soviético por el hecho de la fertilidad
diferente de las tierras cultivadas y el distinto alejamiento de los mercados
de venta de los productos de la agricultura. Pero esas diferencias, en la
medida en que están ligadas a diferencias en las condiciones naturales o
geográficas, no dependen del sistema de producción y distribución, mientras que
la noción de renta del suelo capitalista está precisamente ligada a un sistema
históricamente determinado y específico de producción. Olvidarlo es cometer ese
mismo error que consiste en atribuir un carácter natural y material a las
relaciones de producción del sistema soviético de economía, ese error de vulgarización
del marxismo de que he hablado al comienzo del presente capítulo. Si los
agentes financieros del Narkomfin toman en consideración la diferencia en el
rendimiento de las diversas empresas campesinas, diferencia vinculada con la
distinta fertilidad del suelo, la diferenciación de la imposición a dos
explotaciones de campesinos supuestas, idénticas en todas las relaciones salvo
el rendimiento, no aparece en modo alguno como un medio de «secuestrar» la
renta diferencial en la acepción marxista de esta categoría. Si motivamos
precisamente de esta manera la necesidad de una imposición fiscal a los campos
y la de tasas de impuestos diferentes para los diversos grupos del campesinado,
cualquier campesino que fuera competente en economía y conociera a Marx podría
reducirnos a polvo, y tendría razón. Para motivar la necesidad de la imposición
en el campo y una diferenciación de esa imposición, no tenemos ninguna
necesidad de apelar a la enseñanza de Marx
242
LA NUEVA ECONOMÍA
sobre la renta del suelo capitalista, con excepción del campo de la
agricultura capitalista o semicapitalista. Es más provechoso releer su
advertencia tocante a la eventualidad de una mala comprensión y una mala
interpretación de su teoría. Y en cuanto a la cuestión del gravamen en forma de
un impuesto agrícola único, volveré a ello pronto.
Así, no podemos hablar de renta del suelo capitalista en el sentido de
Marx, sino en la medida del desarrollo de los métodos capitalistas de trabajo
de la tierra y del arriendo capitalista de terrenos para otros fines, es decir,
en modo alguno en lo que concierne al sistema preponderante de relaciones de
producción en la agricultura de la URSS.
Examinemos más de cerca nuestra situación en ese campo. El tipo
capitalista de arrendamiento de tierras está constituido entre nosotros por las
concesiones puras de terrenos como, por ejemplo, la conocida concesión de Krupp
en Ucrania. Los obreros del concesionario crean la plusvalía y éste puede
incautarse, tanto de la parte de plusvalía que podemos considerar
convencionalmente como fuente de la renta absoluta, como de la que se puede
considerar convencionalmente como renta diferencial. De ahí resultan para el
Estado el derecho inmediato y la posibilidad económica de secuestrar a su vez,
en forma de impuestos y descuentos, el producto de lo que ha sido secuestrado
por el concesionario. Es lo mismo en cuanto a las concesiones forestales
simples. En el caso de concesiones mixtas de tierras y forestales tendremos un
tipo de renta del capitalismo de estado.90 Se puede, igualmente, hablar de
renta capitalista en el caso de imposición a tierras que se hallan bajo la
dependencia de fábricas privadas, tierras arrendadas por propietarios de
tierras privados, etcétera. Hay que alinear aquí también la renta procedente de
las tierras estatales, arrendadas para su cultivo a las explotaciones del
campesinado rico que utiliza trabajo asalariado. En fin, hay que poner aquí (y
estamos muy retrasados a ese respecto) la imposición sobre la tierra a todas
las explotaciones de kulaks que utilizan trabajo asalariado en su lote de
tierra. No son, es cierto, los granjeros capitalistas de que habla Marx, pero,
por su naturaleza y pese al muy bajo nivel económico de la explotación del
kulak desde el punto de vista de la forma capitalista .del trabajo de la
tierra, tenemos que ver aquí, en lo esencial y según
90 En el sentido convencional del
término, tal como Lenin lo empleaba.
243
Evgeni Preobrazhenski
las tendencias de su desarrollo, con un grupo que puede y debe ser
sometido a un impuesto del suelo especial, sea independientemente del impuesto
general sobre los ingresos o simultáneamente, que eso importa poco. Si el
Estado no grava el derecho de cultivar la tierra de la sociedad por los
campesinos que no explotan el trabajo de otro, una regla tal no puede ser
aplicada a los que explotan ese trabajo.
En todos los casos que hemos enumerado, nos hemos fundado para hablar de
renta del suelo capitalista desde el punto de vista de su origen, que proviene
del trabajo no pagado a los obreros. Pero la originalidad de nuestras
relaciones de distribución en el campo examinado consiste en que la persona que
percibe la renta no es un propietario privado de la tierra, ni el Estado
capitalista, sino el Estado socialista. Los recursos procedentes del impuesto
sobre la tierra entran en su presupuesto estatal e indirectamente en el fondo
de acumulación socialista. En el caso considerado, la renta aparece como
capitalista por su origen y como socialista por su destinatario. Y esto
significa que tenemos que ver con una relación de distribución completamente
particular, que no nace sino después de la Revolución socialista y no ha sido
estudiada en lo absoluto bajo tal aspecto por Marx, que nos ha dado solamente
un análisis de las relaciones clásicas del capitalismo abstracto, puro.
En cuanto al impuesto sobre la tierra, al cual están sometidas las
empresas estatales por parte del Estado o de sus órganos locales, sería cómico
hablar de renta capitalista de los terrenos edificados en el sentido de Marx.
Igualmente es imposible hablar de la «ganancia» del Gomza en el sentido
marxista del término, y lo mismo es aún menos posible hablar de renta en el
caso particular, aunque no se haya juzgado necesario, en el uso corriente,
proscribir ese término a falta de otro. No tenemos aquí una renta, sino
solamente una de las formas de distribución de los recursos estatales en el
interior del sector estatal que no tiene sino la apariencia exterior de las
relaciones de la sociedad capitalista, que no copia sino la forma y el término,
y aparece en realidad como una de las formas de alteración de la distribución
general planificada.
244
LA NUEVA ECONOMÍA
Si se mueven las columnas correspondientes del presupuesto local y del
presupuesto estatal, así como los balances de las empresas estatales gravadas,
toda la renta, sin el menor cambio en la esfera de la producción ni en la de la
distribución entre las clases (pero no entre departamentos de una sola y misma
clase), se desvanecerá como humo.
En conclusión, nos resta detenernos solamente en el gravamen por vía de
impuesto a la agricultura no capitalista. Después de todo lo que se ha dicho
más arriba, es evidente que la imposición directa a los campesinos que no
explotan el trabajo asalariado y la imposición sobre la renta de los kulaks,
para la fracción de esos ingresos que es creada por el trabajo personal de los
kulaks, no son renta del suelo en el sentido marxista de la palabra, sino una
enajenación, en provecho del Estado, de una parte del plusproducto de la
pequeña producción. Esta imposición no se distingue en nada, en cuanto al
principio, de la imposición, por ejemplo, al artesanado y la industria
artesanal que trabaja para el mercado. Esta imposición es económicamente
posible en la medida en que tal plusproducto existe. Y ese plusproducto crece
en la medida del desarrollo de las fuerzas productivas en la economía
campesina. Las explotaciones de los campesinos pobres y las de bajo
rendimiento, que no crean plusproducto, por regla general están liberadas de
esta imposición, lo que es completamente justo y conforme con nuestra práctica
comercial. Esta imposición es económica-mente no sólo posible, sino necesaria y
racional, en la medida en que los gastos del presupuesto público del Estado deben
ser cubiertos a la vez por los campesinos y los obreros. Es necesaria también
porque la reproducción ampliada en la industria, su ritmo suficientemente
rápido, el desarrollo de la red ferroviaria, los canales y la electrificación
son extraordinariamente necesarios a la economía campesina misma; ésta, sin el
sostén de una industria en rápida progresión, no puede desarrollar sus fuerzas
productivas y permanecería en el nivel de la pequeña producción, sin poder, a
fortiori, elevarse al grado más alto de organización de la producción en
cooperativas. La Revolución de Octubre, la socialización de la industria y los
transportes tienen su lógica. Si seguimos la vía de la limitación y la
liquidación de la acción de la ley del valor, y si esta ley no es remplazada con
la rapidez necesaria por la ley de la acumulación socialista, con un nivel
determinado y al mismo tiempo inevitable de la enajenación del
245
Evgeni Preobrazhenski
plusproducto rural, el desarrollo económico normal del país y la
obtención de la proporcionalidad necesaria en la estructura económica del país
serán imposibles.
Las relaciones de producción en la agricultura soviética son en extremo
complejas. Basta indicar las relaciones extremadamente originales de
explotación, de carácter primitivo y ligadas al insuficiente desarrollo de las
relaciones puramente capitalistas, a cuya descripción está consagrado el libro
recientemente publicado del camarada Kritzman. Lo que hemos dicho de la renta
no agota en modo alguno el análisis de todos los aspectos de las relaciones
capitalistas en los campos soviéticos. No hemos dicho nada tampoco de la
«renta» que recibe el campesino que no siembra, por la tierra que arrienda al
kulak vendiendo así su derecho a la tierra, que le es garantizado por la
Constitución soviética. No hemos examinado tampoco las formas originales de
«alquiler» en que se detiene el camarada Kritzman en su libro, cuando el que,
formalmente, da en alquiler es explotado y el que alquila es el explotador.
Esas relaciones de explotación y otras, explotación usuraria, por ejemplo,
numerosos aspectos de las relaciones de producción ligados a la superpoblación
agraria en las condiciones de falta de instrumentos de producción, que
resucitan los oficios ocasionales de temporada de los campesinos en las
ciudades, el entrelazamiento de la producción industrial doméstica con la agricultura,
todo ello estamos decididos a examinarlo en parte, en relación con el problema
de la renta, no en la parte teórica de la obra, sino en un volumen especial
consagrado al análisis concreto de nuestra industria y nuestra agricultura.
Igualmente, no saldremos, en el último apartado del presente capítulo,
consagrado al interés y el sistema crediticio, de los límites del análisis
teórico más general, dejando de lado, para el volumen siguiente, el estudio más
concreto de los materiales reales.
246
LA NUEVA ECONOMÍA
EL INTERÉS. EL SISTEMA DE CRÉDITO
El análisis teórico de la categoría del interés en la economía soviética
no ofrece gran dificultad, pues las relaciones correspondientes, por parte de
aquellas en que se trata de interés en el sentido propio, no hacen sino
reproducir fenómenos antiguos, conocidos desde hace tiempo y estudiados a la
perfección por la economía política, trátese del comercio y del dinero, como en
el elemento más avanzado del capital productivo y comercial, o del interés
usurario en el campo de la economía campesina. En lo que concierne, en cambio,
al interés, que no tiene de ello más que el nombre, el interés como una de esas
imitaciones de la forma capitalista de que nos hemos ocupado ya en otras
categorías, queda aquí muy poco lugar para el análisis, pues el carácter ficticio
de la categoría en cuestión salta demasiado a la vista. Detrás del lastimoso
velo de la forma capitalista, de la terminología y la fraseología burguesas (a
las cuales, por lo demás, ciertos «especialistas» dan el aire más serio y más
importante del mundo), el fondo aparece en toda su desnudez. Las cosas se hacen
más complejas con el sistema crediticio y las tendencias de su desarrollo y
transformación.
El papel del interés usurario en nuestra pequeña producción, sobre todo
en la economía campesina, era inmenso antes de la guerra y la revolución; aún
en la hora actual es muy importante y crece cada vez más. La usura como
excrecencia parasitaria de la pequeña producción posee una historia
multisecular y ha sido suficientemente estudiada. Ha desempeñado históricamente
un doble papel: ora preparando los elementos materiales de la socialización del
trabajo de los pequeños productores, de quienes absorbía a la vez el
plusproducto y una parte del mínimo de los medios de existencia, ora chupando
la sangre, agotando y arruinando la pequeña producción sin influir en su paso a
un tipo más elevado de organización del trabajo. En nuestros campos la usura ha
desempeñado y desempeña, precisamente, ese segundo papel en la hora actual en
la inmensa mayoría de los casos. No nos detendremos aquí en ciertas
particularidades específicas de nuestra usura y aplazaremos el estudio de esta
cuestión hasta el análisis concreto de todo el sistema económico de la
agricultura soviética.
En cuanto al interés capitalista, Marx lo ha definido, como se sabe, de
la manera siguiente:
247
Evgeni Preobrazhenski
«El interés... aparece primitivamente, es primitivamente y sigue siendo
en realidad, simplemente, una parte de la ganancia, es decir, de la plusvalía,
que el capitalista en activo, industrial o comerciante que no invierte capital
propio, sino capital prestado, tiene que abonar al propietario y prestamista de
ese capital. Si emplea capital propio, no se efectúa semejante reparto de la
ganancia, pues ésta le pertenece íntegramente a él.»91
Se plantea la cuestión de saber cuál es el campo de la economía
soviética al que se aplica esta definición de Marx.
El campo del interés en el sentido capitalista son las relaciones de
compra y venta de capital-dinero en el mercado privado del dinero, legal o
ilegal, de la Unión. Son, en primer lugar, los establecimientos de crédito
privado, como las sociedades de crédito mutuo y, principalmente y ante todo, el
mercado ilegal del capital de préstamo, con su derecho propio, su interés muy
elevado, el carácter a menudo inasible jurídicamente de las transacciones
efectuadas, etc. Las particularidades del mercado privado del dinero en la URSS
no están ligadas a una naturaleza diferente del interés, en la medida en que se
trata de un campo en que las relaciones de la economía estatal no interfieren
en la economía privada, sino al hecho de que el capital privado en la URSS es,
en una parte muy pequeña, capital industrial. Figura principalmente en forma de
capital comercial y capital de préstamo, y, además, el papel relativo del
capital de préstamos crece en la medida en que se estrecha el campo de
aplicación del capital privado en el comercio, paralelamente al desarrollo de
la red comercial y la rotación del capital estatal y cooperativo. Evita, en
cambio, comprometerse en la industria a causa de una serie de motivos ligados a
la socialización de la grande y la mediana industrias, a la política fiscal, a
la legislación sobre la protección del trabajo, a las limitaciones del derecho
de sucesión, que existían aun recientemente, al ritmo menos rápido de la
rotación y acumulación del capital en la industria y, en fin, a la repugnancia
del capital privado a convertir un capital-dinero móvil en el molde rígido de
los medios de producción industriales, forma en la cual el capital privado se
expone a un control mucho más estricto y mejor por parte del Estado de clase
que le es hostil. Ese estrechamiento natural del campo de aplicación del
capital
91 El Capital, Tomo III, p. 391
248
LA NUEVA ECONOMÍA
privado mantiene las relaciones del crédito privado en una forma
capitalista poco evolucionada, lo que se refleja en particular sobre el nivel
usurariamente elevado del interés.
Se debe registrar una situación un poco diferente desde el punto de
vista teórico en el campo de las relaciones de crédito en que el capital
privado se beneficia del crédito de la banca estatal y de otros
establecimientos estatales análogos. La categoría del interés refleja aquí a
nuestros ojos la particularidad específica de nuestra economía como campo en
que coexisten y se entrelazan las relaciones capitalistas, capitalistas de
estado y socialistas de tipo transitorio. La importancia de la utilización legal92
del crédito estatal en numerario por el capital privado es completamente
mínima; la utilización ilegal de los recursos del Estado es verosímilmente más
importante. Pero este aspecto del crédito, pese a su alcance en extremo modesto
en la práctica, ofrece un cierto interés teórico. La esencia y originalidad de
ese crédito residen en que aquí la plusvalía es transferida del sector privado
capitalista al fondo de acumulación socialista originaria. Desde el punto de
vista de la organización, tenemos que ver con un entrelazamiento de dos tipos
de relaciones de producción a los cuales se aplica bastante bien el término
leninista convencional de capitalismo de estado. Desde el punto de vista de la
distribución, el Estado participa aquí en el reparto de la plusvalía, que
representa a menudo, desde el punto de vista material, la parte del
plusproducto de la economía estatal misma que, bajo formas y por vías diversas
y ante todo por intermedio del aparato comercial privado, es «secuestrado» por
el capital privado del fondo de acumulación socialista.
Es un carácter inverso el que reviste el interés que el Estado paga por
sus empréstitos interiores (y exteriores), en la medida en que sus suscriptores
son los negociantes e industriales privados y la pequeña burguesía, es decir,
sobre todo el campesinado. En el caso considerado, el interés representa la
deducción del plusproducto de la economía estatal que ésta realiza para obtener
de la economía privada, sobre la base del crédito, recursos suplementarios con
miras a la reproducción ampliada.
92 Por explotación ilegal del
crédito estatal entiendo la utilización por intermediarios y para los fines del
capital privado de recursos asignados a los aprovisionamientos de estado, así
como diversas maquinaciones sobre las mercancías afectadas a la cooperación,
etc.
249
Evgeni Preobrazhenski
El Estado desempeña el papel del prestatario y la economía privada el de
acreedor que explota en su beneficio una parte del plusproducto creado por los
obreros de la economía estatal. Cuando el empréstito es realizado para
completar los recursos del tesoro y se destina a las necesidades nacionales, el
interés es pagado, no solamente por los obreros, del plusproducto de la
economía estatal sino también por los campesinos en calidad de contribuyentes.
Si el empréstito es en su totalidad o en parte cubierto por el campesinado y
si, correlativamente, se destina en su totalidad o en parte a la restauración
de la economía campesina, estaremos en presencia de un caso de redistribución,
por intermedio del Estado, de los recursos de la economía privada en esta misma
economía privada, es decir, de un caso de crédito neutro, si puede decirse,
desde el punto de vista de su influencia directa sobre la acumulación
socialista. Esta forma de crédito puede tener, en el futuro, una gran extensión
en la URSS, país sobre todo agrario hasta el presente.
En lo que concierne, en cambio, a la parte de los empréstitos interiores
cubierta por los obreros y empleados de la economía estatal y en lo que
respecta también a la parte correspondiente de los intereses que paga el
Estado, esa relación de distribución no tiene nada en común con la precedente
desde el punto de vista de los principios teóricos. Los obreros y empleados
separan una parte de su salario, la restituyen al fondo de acumulación
socialista y reciben a cambio, no un interés, sino algo como una prima por la
reducción de su consumo personal, reducción que implica al mismo tiempo un
crecimiento de las posibilidades de reproducción ampliada en el interior del
sector de la economía estatal y entre sus trabajadores. Tenemos aquí en
realidad una redistribución interna de los recursos, una redistribución entre
fondo de consumo y fondo de reproducción en el interior del sector estatal
solamente. Lo mismo que la redistribución en el interior del campesinado por
intermedio del aparato estatal, esta redistribución interna en el sector
socialista puede desempeñar en el futuro un gran papel, a medida que los
salarios se eleven. Es absolutamente imposible, sin embargo, hacer entrar sin
reserva ese sistema de crédito interno, con su prima a la economía, en la categoría
del interés en el sentido habitual de esa palabra.
250
LA NUEVA ECONOMÍA
En fin, las empresas estatales toman también parte en la suscripción de
los empréstitos estatales interiores y particularmente en el empréstito de
restauración económica. Hablar aquí de interés en el sentido de la economía
política es tan absurdo como hablar de renta en la acepción de Marx respecto
del arrendamiento que las empresas estatales pagan a los soviets locales.
Tenemos aquí simplemente una redistribución en el interior del sector estatal
de los nuevos recursos disponibles del Estado. No es más que una imitación de
la forma de las relaciones capitalistas, imitación que tendrá fin cuando la
economía estatal haya encontrado por experiencia, y dado forma, gracias a la
organización, nuevos métodos de distribución planificada de los nuevos
recursos, métodos que corresponden mejor a toda su estructura interna.
Es absurdo también hablar de interés en el sentido capitalista en el
campo de aplicación que es justamente el más extenso de esta «categoría» en el
sistema soviético, es decir, en el campo del otorgamiento de crédito a la
industria, al transporte y al comercio estatales por los establecimientos de
crédito del Estado mismo. Es el campo más extenso del disfraz de las relaciones
de producción y distribución de la economía estatal bajo los hábitos de la
categoría capitalista del interés.
Admitamos que el Estado tiene una cantidad determinada de recursos que
puede emplear en el acrecentamiento del capital fijo y el capital circulante de
sus trusts. Admitamos que un trust que tiene necesidad de esos medios recibe el
crédito correspondiente del Banco Estatal o del Banco de la Industria, y paga
un «interés» sobre el capital que le es prestado. ¿Cuál es el origen de ese
interés? Su propio plusproducto. ¿A quién pertenece ese plusproducto? A ese
mismo Estado socialista. ¿Adónde van todas las sumas procedentes del pago por
los trusts estatales de los intereses por el capital adelantado? A ese mismo
Estado. Es bien, evidente que tenemos aquí una relación muy diferente,
comparada con el capitalismo, en que una sola capa de la clase capitalista, a saber,
los empresarios, que no trabajan con su capital, sino con un capital prestado,
ceden una parte de su plusvalía a los poseedores de capitales de préstamos. Si,
al contrario, se hacen en el campo examinado las comparaciones apropiadas con
las relaciones capitalistas, nuestro Estado socialista se halla en la situación
del empresario que trabaja con su propio capital y no se paga interés a sí
251
Evgeni Preobrazhenski
mismo, aunque puede, en sus libros, por conciencia de contable,
deducirse a sí mismo un interés. Supongamos que se introduce en nuestra
práctica una regla formalmente diferente de otorgamiento de crédito a la
industria estatal, es decir, si repartiéramos, según un plan determinado, los
recursos crediticios a partir de un centro único y sus sucursales y si
concentráramos en él y ellas todo nuestro fondo actual de crédito y todo el
nuevo plusproducto creado anualmente por todas las empresas estatales sin excepción,
entonces el interés desaparecería sin molestias, sin modificación de la
sustancia de las relaciones de producción en el interior del sector estatal. Y
en realidad, aun en la hora actual, con una distribución de los créditos
bastante poco organizada, se toman en consideración las necesidades de todas
las ramas, su plusproducto propio, que se añade al capital ya en
funcionamiento, las nuevas construcciones necesarias, etcétera. No sé hasta qué
punto el sistema actual de concesión de crédito, que refleja a menudo las
relaciones de fuerza entre departamentos, es racional. Pero, aun en su forma
imperfecta, con una imitación quizás inútil de las formas bancarias
capitalistas, representa en el fondo, en todo lo que toca a las relaciones en
el interior del Estado, una variedad de la distribución planificada de los
recursos de la economía estatal.
Después de todo lo que se ha expuesto, no resta ya sino muy poco que
decir en nuestra organización de crédito desde el punto de vista de su papel en
todo el sistema de las relaciones socialistas mercantiles de producción y
distribución, tanto más cuanto que se ha hablado ya suficientemente, en el
capítulo sobre la acumulación socialista, del papel de la organización del
crédito estatal en el campo de la acumulación socialista originaria.
Como se sabe, Marx ha mostrado, de un lado, el papel importante que
puede desempeñar el sistema de crédito de la sociedad burguesa en materia de
paso a un modo nuevo de producción, pero, de otro, ha puesto en guardia contra
la sobrestimación del alcance de ese sistema de cálculo y control a que llega
la sociedad capitalista gracias a la organización del crédito, desde que se
trata de producción socialista.93
93 «No cabe la menor duda de que
el sistema de crédito actuará como un poderoso resorte en la época de
transición del régimen capitalista de producción al régimen de producción del
trabajo asociado, pero solamente como un elemento en relación con otras grandes
conmociones orgánicas del mismo régimen de producción. En cambio, las ilusiones
que algunos se hacen acerca del poder milagroso del sistema de crédito y del
sistema bancario en un sentido socialista nacen de la ignorancia total de lo
que es el régimen capitalista de producción y el régimen de crédito como una de
sus formas. Tan pronto como los medios de producción dejen de convertirse en
capital (lo que implica también la abolición de la propiedad privada sobre el
suelo), el crédito
252
LA NUEVA ECONOMÍA
No es en absoluto un azar, evidentemente, que nos hayamos apropiado, en
nuestro sistema, no solamente en el campo en que la economía estatal se mezcla
con la economía privada, sino también en el de la distribución de los recursos
en el interior del sector estatal, de los métodos y las formas de la
organización capitalista de crédito. Pero es bien evidente que, si en el
interior del sector de las relaciones estatales las formas del otorgamiento de
crédito están llenas de un nuevo contenido, esto resulta precisamente del tipo
históricamente más elevado de la economía estatal como economía a la vez
colectiva y de planificación. El carácter planificado, el cálculo y el control
que resultan orgánicamente de la socialización de los instrumentos de
producción en los campos más importantes de la economía soviética aparecen por
su esencia misma como un tipo más elevado de planificación y cálculo comparado
con aquellos hasta los cuales puede elevarse el sistema capitalista de crédito
más acabado y más centralizado. Así se explica ese hecho ahora completamente
evidente de que el incremento de los elementos de planificación y organización
en nuestra economía, estos últimos años, ha «disuelto» completa-mente, si puede
decirse, todo el contenido progresista que puede encerrar el sistema bancario
del capitalismo, y que la economía estatal ha debido superar las posibilidades
comparativamente limitadas que esta institución ofrece en general al sector de
vanguardia de nuestra economía colectiva del proletariado.
Ocurre de manera muy diferente en el campo de las relaciones mutuas de
la economía estatal y la economía privada. Si, en la época del comunismo de
guerra, estábamos condenados a hacer desaparecer el sistema de la distribución
y el aprovisionamiento «planificado» del campo en productos de la industria
(según el principio: el que más da de sus excedentes al Estado recibe menos o
no recibe nada de él), era porque estábamos obligados, en una coyuntura de
guerra, a imponer una apariencia de distribución socialista a la economía
campesina, que continuaba siendo pequeñoburguesa en la esfera de la producción;
en cambio, con el sistema socialista mercantil actual de economía, la economía
estatal está, al contrario, forzada a adoptar ella misma su sistema de intercambios
(de manera formal en el interior y de manera real en el exterior) al de la
economía privada, que no puede ser sino un sistema mercantil y monetario de
distribución. Y, en ese campo, el
como tal no tendrá ya ningún sentido, cosa que, por lo demás, han visto
incluso los sansimonianos.» (El Capital, Tomo III, pp. 620-621.)
253
Evgeni Preobrazhenski
sistema de crédito debe desempeñar un papel progresista enorme, pues el
sistema bancario del capitalismo representa históricamente un tipo mucho más
elevado de organización del control, el cálculo y la distribución de las
fuerzas productivas que el mercado casi medieval y no organizado de la
producción mercantil simple, hasta el cual puede solamente elevarse «sin ayuda
extranjera» la producción mercantil simple en el dominio de la regulación
espontánea de la economía. Cuando en muchas ocasiones Lenin subraya
insistentemente el carácter progresista de las relaciones de producción e
intercambio del capitalismo de Estado, comparado con las relaciones de
producción mercantil simple que predominan en la economía campesina, ha tenido
siempre presente ese aspecto de las relaciones mutuas de la economía estatal
con la economía privada y, al mismo tiempo, las relaciones mutuas
correspondientes del crédito. Ese papel «estimulante» de nuestro sistema de
crédito se hace sentir y debe hacerse sentir más en el campo del otorgamiento
de crédito a la cooperación campesina de diversos tipos, principalmente a la
cooperación en materia de crédito, en el crédito en forma de mercancías, en el
crédito destinado al mejoramiento de las tierras, en el sistema de los
empréstitos interiores colocados en los campos, y en el otorgamiento de
anticipos a los productores (actualmente limitado solamente a los productores
de lino, algodón, tabaco, oleaginosos y ulteriormente, sin duda, a los
productores de cereales mercantiles, etcétera).
Hay que decir en conclusión que si el dinero aparece como una categoría
de la economía mercantil, en la cual la materialización de las relaciones de
producción entre los hombres llega a su apogeo, se puede, en cambio, en la
economía soviética, comprobar también un cierto progreso, ante todo porque en
ella se reducen los elementos de materialización y se llega a una mayor
claridad en las relaciones de producción. Esto se observa sobre todo en las
relaciones mutuas en el interior del sector estatal, donde las relaciones
monetarias adquieren principalmente el carácter de cálculos contables sobre los
medios de producción y los bienes de consumo, gracias a la atrofia del papel
que desempeñan como instrumentos para alcanzar el equilibrio espontáneo de la
producción.
254
LA NUEVA ECONOMÍA
El fetichismo del dinero, un poco desterrado de la esfera de la economía
estatal, continúa dominando, sin embargo, en la economía privada y en las
fronteras de una y otra. Esto conduce, en el campo de la ideología, al hecho de
que los trabajadores del Narkomfin, comisariado situado, como sus servicios, en
el punto de empalme de la economía privada y la economía estatal, están
inclinados a resucitar ese fetichismo en forma más bien original, por no decir
degenerada. En un país que no tiene moneda-oro y que está obligado a remplazar,
en el campo de la dirección económica, la inteligencia espontánea del oro como
instrumento de regulación bajo el régimen de la ley del valor, por una política
planificada de distribución de los medios de producción y bienes de consumo por
intermedio del papel moneda, apelan, sin embargo, sistemáticamente a la
inteligencia de la bolsa negra y, en caso de depreciación del chervonetz de
diez rublos con relación a la pieza de oro de diez rublos, caen en el pánico y
realizan intervenciones sobre el oro inútiles y perjudiciales para el Estado,
al permitir a los Nepmen cambiar por oro sus chervonetzi. Este error, de los
más groseros en materia de política financiera, resulta de una burda
incomprensión del papel del oro en nuestro sistema económico, error que se
deriva a su vez de la incomprensión del papel del oro en general. Si en un
período de crisis industrial, que se transforma en crisis financiera y en
crisis de crédito o va acompañado de estas dos últimas, un país burgués con
circulación de moneda-oro sacrifica al valor del oro el de decenas de millones
de mercancías, si todas las transacciones comienzan a hacerse en dinero y el
oro desempeña así el papel de ultima ratio, de última instancia de apelación
para establecer hasta qué punto son correctas las proporciones de la
distribución de las fuerzas productivas entre las ramas y el volumen de
producción global con relación a la demanda solvente, es por esas vías
espontáneas por las que la circulación del oro se salva en una sociedad que no
tiene otras vías de regulación de las relaciones económicas. Al contrario,
salvar en la bolsa negra la paridad del chervonetz papel y la pieza de oro de
diez rublos en un país en que no existe circulación de oro, pero donde existen
otros métodos de regulación de las relaciones económicas y, en particular, las
relaciones monetarias, equivale a imitar sin espíritu crítico los aspectos más
irracionales y más nefastos de la regulación capitalista en general. Dado el
carácter relativamente organizado de la economía estatal, la concentración de
casi todo el sistema de crédito en manos del Estado y, sobre todo, el manteni-
255
Evgeni Preobrazhenski
miento del monopolio del comercio exterior, el oro no nos es necesario
sino para la balanza de pagos con el extranjero, en caso de excedente de las
importaciones sobre las exportaciones y no para obtener de la bolsa negra un
testimonio de confianza en favor del chervonetz. Apelo en esta causa al apoyo
de Marx y citaré un pasaje del tercer libro de El Capital, notable por sí
mismo, que parece verdaderamente escrito especialmente para nosotros. He aquí
ese pasaje:
«Una desvalorización del dinero-crédito (para no hablar de privarla, lo
que sería puramente imaginario, de sus propiedades monetarias) haría
estremecerse todas las relaciones existentes. Se sacrifica, por tanto, el valor
de las mercancías para asegurar la existencia mítica y autónoma de este valor
en dinero. Como valor-dinero sólo se asegura de un modo general mientras se
asegura el dinero. Para asegurar un par de millones en dinero, hay que
sacrificar, por tanto, muchos millones en mercancía. Esto es inevitable en la
producción capitalista y constituye una de sus bellezas. En los sistemas
anteriores de producción no existe esto, pues la estrecha base sobre la que se
mueven no permite que se desarrollen en ellos ni el crédito ni el
dinero-crédito. Mientras el carácter social del trabajo aparezca como la
existencia en dinero de la mercancía y, por tanto, como un objeto situado al
margen de la verdadera producción, serán inevitables las crisis de dinero, como
crisis independientes o como agudización de las crisis reales. Es evidente, por
otra parte, que mientras no se halle quebrantado el crédito de un banco, éste
puede, en tales casos, mitigar el pánico mediante el aumento del dinero-crédito
y acentuarlo con su retirada. Toda la historia de la moderna industria enseña
que si la producción interior se hallase organizada, los metales sólo serían
necesarios, en realidad, para saldar el comercio internacional cuando su
equilibrio se rompiese momentáneamente. Y la suspensión de los pagos en
metálico de los llamados bancos nacionales, medio al que se recurre como única
medida salvadora, demuestra que dentro del país ya hoy no se necesita dinero
metálico.»94
94 El Capital, Tomo III, pp.
532-533
256
LA NUEVA ECONOMÍA
Recomiendo encarecidamente esta cita a la atención de nuestros
financieros. La falta de lugar me impide desgraciadamente desarrollar aquí
todas mis opiniones sobre el papel del papel moneda y del oro en el sistema de
la economía soviética; tendré que volver a ello, no en la parte teórica
general, sino en la parte concreta de la presente obra.
LA COOPERACIÓN
Sobre el problema de la cooperación en el sistema soviético de economía,
lo esencial ha sido dicho ya por Lenin, tanto en sus últimos artículos como en
los anteriores a ese respecto. En la presente sección no diré sino algunas
palabras en torno a la cooperación en relación con toda la exposición anterior.
Las relaciones que se establecen en la cooperación no constituyen una
categoría particular en el sistema capitalista de producción e inter-cambio. La
cooperación de producción son pequeñas islas de propiedad, no social, sino
colectiva, de los instrumentos de producción, islas que están sometidas, en la
esfera de la producción, a las leyes fundamentales de la economía capitalista y
no existen más que en esta medida en el océano de las relaciones capitalistas.
Allí donde la cooperación de producción no puede adaptarse a la ley del valor,
perece. Lo mismo debe decirse de la cooperación de consumo, cuya extensión y
alcance son mucho mayores. Esta forma de cooperación, esté basada en los
principios de Rochdale o en otros principios, se somete exactamente de la misma
manera a todas las leyes de intercambio capitalista y no puede apoderarse,
paralelamente a cierta racionalización de la distribución, más que de una parte
solamente de la ganancia comercial en beneficio de sus miembros.
La cooperación no adquiere una importancia particular sino después de la
revolución socialista y especialmente en un país como la URSS, donde el inmenso
océano de la pequeña producción rural diseminada, el artesanado y la industria
de los kustari se oponen a la economía estatal organizada o, más exactamente,
en vías de organización cada vez más avanzada sobre la base del plan de
producción. El papel particular de nuestra cooperación resulta justamente de la
coexis-tencia de esos dos sistemas de producción, ligados por los inter-cambios
y por el crédito en un solo organismo económico.
257
Evgeni Preobrazhenski
La cuestión fundamental que hay que examinar aquí es la de saber qué
papel desempeña la cooperación en la lucha que opone el principio de
planificación a la ley del valor y en qué medida es ella misma un campo de
batalla pasivo en el curso de esta lucha en un sector dado de los intercambios
y la producción, o bien el vehículo de uno u otro principio.
Bajo el capitalismo, como hemos dicho, la cooperación no puede existir
más que adaptándose a la ley del valor. Convirtiéndose inevitablemente, en
nuestro sistema, en arena de lucha de las dos leyes fundamentales de nuestra
economía, debe adaptarse a la que obtenga la victoria y solamente de manera
secundaria a aquella a la cual se acerca más por el tipo de organización social
del trabajo que la defiende.
Hablemos primero del primer punto. Dado que la cooperación podría
existir también en el sistema capitalista, sin amenazar en nada su existencia,
es completamente claro que la cooperación no contiene en sí misma ningún
principio activo que transforme las relaciones de producción en el sentido de
la socialización. Los utopistas de la cooperación sostienen lo contrario, pero
fueron abatidos por toda la experiencia del capitalismo y de la cooperación
misma. La cooperación no puede desempeñar un papel socialista sino en la medida
en que constituye un eslabón del sistema que evoluciona hacia el socialismo
sobre la base de sus propias fuerzas y de sus propias tendencias internas. Ese
sistema es la economía estatal del proletariado, que se apoya en su desarrollo
en el crecimiento de la gran producción socializada. Por lo tanto, según las
leyes inmanentes de su desarrollo y según la situación exterior, la economía
colectiva del proletariado debe desarrollarse rápidamente o perecer. No tiene
otra salida.
Cuanto más rápidamente se desarrolla, más constituye la cooperación, si
no se incorpora al sistema de la economía estatal, su prolongación, la más
móvil, la menos ligada y menos organizada (como la cola de un cometa), pero,
pese a todo, una prolongación que lanza sus tentáculos hacia los poros de los
intercambios entre la pequeña producción y la economía estatal, y en esos
lugares comienza a organizar las pequeñas explotaciones en cooperativas de
producción.
258
LA NUEVA ECONOMÍA
En cuanto al segundo punto, hay que hacer las observaciones siguientes;
el desarrollo de la acción de la ley de la acumulación socialista originaria en
la cual se concentran, en una etapa dada, las tendencias de la evolución hacia
el socialismo, implica el fortaleci-miento de un tipo determinado, del tipo
colectivo de organización del trabajo humano. El fortalecimiento de la acción
de la ley del valor refleja y al mismo tiempo favorece las tendencias a otra
organización del trabajo, a la organización privada capitalista. Por su tipo
social de organización, la cooperación está más cerca del tipo colectivo de
organización del trabajo. En ese sentido, el hecho de que en las condiciones
soviéticas ella se une a la economía estatal constituye un proceso más natural
que su orientación hacia el capital privado. Este aspecto, sin embargo, no es
el dominante, como hemos dicho más arriba. Si en nuestra economía, el
desarrollo de las relaciones socialistas, que tienen su base en la industria,
se detuviera o aminorara su marcha demasiado y si las relaciones capitalistas
comenzaran a crecer más rápidamente, entonces, a despecho de su estructura
social, la cooperación se escindiría en el acto o desertaría en su mayor parte
de su posición de retaguardia de la economía estatal para pasarse al
capitalismo. Pues no hay que olvidar que con excepción de la cooperación
obrera, que no hace en realidad sino racionalizar el sistema de distribución en
el interior del sector estatal y representar así una relación de distribución
diferente, todo el resto de la cooperación se apoya en la pequeña producción
mercantil. Esta pequeña producción, en una sociedad burguesa, es neutra, en el
mejor de los casos, respecto al socialismo, mientras escoge orgánicamente las
relaciones capitalistas y continúa haciéndolo en una seria medida, incluso bajo
la dictadura del proletariado.
La experiencia ha probado que la cooperación de producción puede
desempeñar y desempeña un papel importante en materia de establecimiento de
lazos directos entre los pequeños productores y la industria estatal. En la
medida en que el Estado aplica una política de precios planificados de sus
mercancías y de precios fijos de los productos de la pequeña producción que ese
Estado compra, asigna ciertos límites a la ley del valor, y la cooperación de
producción, por intermedio de su red, participa en esta limitación. Pero, por
otro lado, como ha probado la experiencia, soporta mucho peor que los órganos
del Estado la presión de la ley del valor. No tiene en cuenta, en el
259
Evgeni Preobrazhenski
mercado al por menor, los recargos límites sobre los precios al por
mayor, a despecho de sus acuerdos con los órganos del Estado. Revende al
capital privado mercancías recibidas de los trusts estatales en «mejores
condiciones» y muy a menudo, además, a crédito. No es raro que se sustraiga a
las operaciones de compra a precios fijos, etcétera. En todos esos casos y en
muchos otros, la ley del valor lleva las de ganar sobre las tendencias de la
economía estatal hacía la planificación. La organización de los pequeños
productores en cooperativas, en las esferas de los intercambios, no encuentra
serios obstáculos bajo la dictadura del proletariado. Es, incluso, al revés, si
se recuerdan las ventajas que el Estado soviético concede a la coope-ración y
que ningún otro régimen puede procurarle. La asociación se efectúa aquí sin
estorbo y no solamente por el hecho de esas ventajas, sino también porque no
toca hasta el presente la esfera de la producción, que sigue siendo una
economía mercantil dispersa y de poca importancia. El pequeño productor tiene
todas las razones para sostener el aparato comercial que vende menos caro. Y
cuando la cooperación y el comercio privado venden a los mismos precios, tiene
la posibilidad de escoger desde el ángulo de la calidad, el crédito, etcétera.
No hay que olvidar jamás que la cooperación de consumo, por ejemplo, que no es
una organización estatal, es todavía apenas una organización social, tanto por
la importancia del capital por acciones aportado por sus miembros como desde el
ángulo del control organizado y sistemático de éstos sobre la actividad de la
dirección. La sociedad de consumo es todavía, en su mayoría, más una tienda sin
propietario titular, que una organización estable de personas que disponen de
la tienda. Es más fácil construir una red de tiendas, que una red de
organizaciones sociales.95
Pero aún la cooperación ideal de la pequeña empresa en el campo de los
intercambios no resuelve el problema de su cooperación en la esfera de la
producción. La cooperación en el campo de los inter-cambios no hace sino
aproximarse a ese problema esencial.
95 En su artículo «Sobre la cooperación» Lenin escribía que como apoyo
al intercambio cooperativo «hay que entender el prestado a un intercambio
cooperativo en el que participen efectivamente verdaderas masas de la
población... Cuando un cooperador llega a una aldea y organiza allí una tienda
cooperativa, la población, hablando estrictamente, no participa en ello para
nada». (V. I. Lenin, Obras Escogidas, Tomo III, p. 810.)
260
LA NUEVA ECONOMÍA
Hemos dicho ya varias veces que la lucha de la ley de la acumulación
socialista originaria con la ley del valor implica la lucha, con miras a la
supremacía, de dos tipos diferentes de organización del trabajo humano: el tipo
colectivo y el tipo capitalista privado. Si hacemos el balance de la lucha de
esos dos tipos de organización del trabajo y si situamos a nuestras comunas
(aunque sean formas muy primitivas del trabajo colectivo) y nuestros sovjoses
en uno de los platillos de la balanza y las explotaciones de los kulaks en el
otro, comprobaremos esto. Hasta estos últimos tiempos los sovjoses han reducido
su superficie en provecho de la pequeña producción y las comunas y arteles la
han aumentado lentamente, mientras que la superficie de las explotaciones de
los kulaks o los semikulaks ha aumentado más rápidamente.96 La causa de ello es
que la explotación de los kulaks, que se ha desarrollado orgánicamente a partir
de la pequeña producción mercantil fragmentada, ha dado hasta ahora más
posibilidades a la organización del trabajo en la agricultura, según el tipo
capitalista o semicapitalista, que lo que la economía estatal ha dado según su
propio tipo. Esta proporción puede cambiar, no por razón de unos milagros
socialistas en el campo de la pequeña producción de los campos tomada
aisladamente, sino solamente gracias a la acción más profunda de la gran
industria urbana sobre la agricultura campesina. Tomemos, por ejemplo, la
generalización del empleo de tractores: allí donde el tractor es adquirido por
la sociedad entera, favorecerá el paso al trabajo social de la tierra de la
aldea entera. La cesión en gran escala de tractores del Estado a los pobres de
las aldeas, sobre la base del alquiler o por otro medio, el trabajo de las
tierras de los productores independientes por los tractoristas pobres puede
significar el comienzo de la separación de la agricultura y la mecanización de
las funciones de roturación y trillado, es decir, la separación de la pequeña
producción de las operaciones que mejor se someten a la socialización. La
electrificación significará la separación de la fuerza motriz y una parte de
los trabajos agrícolas, gracias a la concentración de la producción de esta
fuerza motriz en las grandes centrales eléctricas del Estado.
96 No hablo aquí, desde luego, de
balance del volumen de la economía entera. La victoria es aquí para la economía
estatal, que agrupa cada año en cooperativas en torno a la máquina muchos más
campesinos pobres arruinados que en el terreno de la agricultura propiamente
dicho, y que puede pensarse que «cooperativizará» por esta sola vía más que las
explotaciones de los kulaks.
261
Evgeni Preobrazhenski
Ciertas funciones de la agricultura se organizan en cooperativas bajo la
presión de la «cooperativización» ya alcanzada anteriormente en el campo de los
intercambios y, en particular, en la venta, como ha tenido lugar en la
cooperación de producción de mantequilla.
Cuando, en su artículo «Sobre la cooperación», Lenin decía que, en
nuestro sistema, las empresas cooperativas no se distinguen de las empresas
socialistas, no tenía presente la cooperación en los intercambios, que se apoya
en la pequeña economía mercantil en la producción, sino la cooperación de
producción, que aparece como la prolongación de la economía estatal
planificada. Escribía, en efecto:
«Bajo nuestro régimen actual, las empresas cooperativas se diferencian
de las empresas capitalistas privadas por ser empresas colectivas, pero no se
diferencian de las empresas socialistas, siempre y cuando que se basen en una
tierra y empleen unos medios de producción pertenecientes al Estado, es decir,
a la clase obrera».97
El pensamiento de Lenin es aquí perfectamente claro. La cooperación en
torno a medios de producción que pertenecen al Estado es una organización del
trabajo propia del socialismo y opuesta, en el plano histórico y en el plano de
las clases, a la cooperación de los obreros en torno a la máquina perteneciente
a la clase capitalista. Pero esto significa que el paso al socialismo se da en
la esfera de la organización de cooperativas de producción, a la cual la
cooperación en los inter-cambios no hace sino abrir el camino. Pero muy
precisamente es en la esfera de tal cooperación donde nuestros éxitos son hasta
ahora todavía menores y las formas concretas (y no la línea general) de ese
proceso son todavía muy imprecisas en el momento actual. Una sola cosa es clara:
todo está en el desarrollo más rápido posible de la industria que aparece como
el centro de transformación de toda la economía y como el único principio
activo de la «cooperativización» socialista.
97 Obras Escogidas. Tomo III, p.
813.
262
LA NUEVA ECONOMÍA
En cuanto a la esfera de acción de las ciudades sobre el campo por
intermedio del crédito, hay que hacer las observaciones siguientes. En
presencia de una escasez sistemática de mercancías, que denota una escasez de
nuevos capitales en la industria en desarrollo, el crédito no puede alcanzar
proporciones importantes. No adquirirá una gran importancia sino con la
acumulación de reservas de mercancías en la industria y, ante todo, desde
luego, en la industria pesada, pues la «cooperativización» de la producción de
los campos no puede recibir gran impulso sino de la esfera de producción de
medios de producción para la economía campesina
263
Evgeni Preobrazhenski
Apéndice
RESPUESTA AL CAMARADA BUJARIN.
RETORNO A LA ACUMULACIÓN SOCIALISTA
“Pravda”, del 12 de diciembre de 1924, publica un largo artículo del
camarada Bujarin, en el cual éste la emprende con el capítulo de mi obra La
Nueva Economía aparecido en el número 8 del “Viestnik Kommunisticheskoi
Akademii”, con el título de «La ley fundamental de la acumulación socialista».
Las cuestiones planteadas en mi artículo son cuestiones teóricas
fundamentales de la economía soviética y en el artículo del camarada Bujarin
son cuestiones fundamentales de nuestra política económica; éstas exigen un
examen atento. Mi presente artículo es una respuesta apresurada e incompleta al
camarada Bujarin. Mi libro será el que constituya una respuesta más
circunstanciada.
Debo, ante todo, prevenir al lector de que no se puede comprender
enteramente y hasta el fin el artículo del camarada Bujarin ni mi presente
respuesta sin haber leído mi artículo del “Viestnik”. Al menos, no siempre he
podido reconocer en la exposición del camarada Bujarin las ideas que yo
desarrollaba en el artículo de esa revista. Así, pues, tengo que recurrir aquí,
lo más brevemente posible, a la exposición de mi punto de vista, a la vez con
mis propios argumentos y, en ciertos lugares, con citas de mi artículo.
El error esencial absolutamente inadmisible (si es un error) del
camarada Bujarin, error que comete a lo largo de todo su artículo y que le
conduce a errar con mucho el blanco en cuanto al problema fundamental del
debate, consiste en esto: mi artículo es un ensayo de análisis teórico de la
economía soviética o, para hablar más modesta-mente, una tentativa de abordar
tal análisis. Nuestra economía soviética se divide en economía estatal y
economía privada. La economía estatal tiene sus propias leyes de desarrollo y
la economía privada posee las suyas. Pero unas y otras entran en el organismo
único de toda la economía de la Unión en su conjunto. Para el análisis teórico
es metodológicamente necesario examinar separadamente unas y otras y explicar
después cómo se obtiene la resultante de la vida real. Pero hay que examinar
las tendencias del desarrollo de la economía estatal bajo su aspecto puro, es
decir, analizarlas como si el
264
LA NUEVA ECONOMÍA
desarrollo de la economía estatal se operara sin encontrar resistencia
por parte de la economía privada, hay que examinar la ley del nivel óptimo. Es
el único método correcto, que hemos heredado de Marx. Sólo ese método nos da la
posibilidad de orientarnos entre los hechos dispares de la vida real y
comprender el sentido intrínseco de todo lo que ocurre.
¿Pero qué hace el camarada Bujarin?
Mezcla el análisis de la ley del desarrollo de la economía estatal
(análisis en el curso del cual conviene momentáneamente hacer abstracción de la
resistencia económica y política de la economía privada) y las conclusiones
extraídas de ese análisis a la política económica real del Estado proletario y,
naturalmente, «descubre» aquí, sin esfuerzo particular, la contradicción. No sé
cómo calificar semejante confusión, semejante error. El camarada Bujarin
comprende perfectamente dónde está la diferencia. Él mismo ha empleado muchas
veces, con éxito, ese mismo método de investigación en sus trabajos económicos;
toda nuestra juventud se sirve de ese método en sus estudios. Una de dos: o se
niega a comprender ahora la esencia de ese método de análisis, lo que es poco
probable, o ha sacrificado la honestidad de la investigación teórica a los
objetivos de la polémica cotidiana. En ese caso debe ser fotografiado en el
lugar del crimen.
¿Dónde reside la esencia de mi método, de lo que he edificado?
La Revolución de Octubre ha señalado la penetración de la humanidad en
una nueva economía en cierto campo del globo. Esta economía nueva se forma,
lucha por su existencia y se afirma al desarrollar una serie de leyes que no
son propias sino de ella sola. Es la economía estatal del proletariado la base
de esa economía nueva, que se inserta en las leyes de la producción mercantil y
las modifica. Una vez que esta economía existe, no puede dejar de luchar por su
existencia. Y para la economía estatal, rodeada por el océano del capitalismo
mundial, luchar por la existencia significa luchar por su expansión, por la
sumisión de las formas presocialistas en ciertos casos, por su adaptación en
otros y su absorción en algunos otros. Para Ja economía estatal, la lucha por
la existencia, en una etapa dada, quiere decir recorrer tan rápidamente como
sea posible ese período peligroso de su vida en que es a la vez económica y
técnicamente más débil que la economía capitalista. Ese proceso de expansión y
fortalecimiento de la
265
Evgeni Preobrazhenski
economía estatal puede operarse tanto a expensas de sus propias fuerzas
y sus propios medios, es decir, a expensas del plusproducto de los obreros de
la industria estatal, como a expensas de la economía privada, principalmente de
la explotación campesina y, en particular, de la explotación del campesinado
medio. ¿Puede ser de otro modo? Me expreso en los términos más claros: ¿puede
hacerse recaer el desarrollo de la industria estatal y la reedificación de su
base técnica entera y exclusivamente sobre los hombros de nuestros tres
millones de obreros, o nuestros 22 millones de explotaciones campesinas deben
también poner su parte? La experiencia de nuestra existencia, siete años
después de la revolución, ha respondido y responde positivamente a esta primera
pregunta. En el futuro tampoco podrá ser de otro modo. Pero, en la medida en
que la expansión de la economía estatal debe inevitablemente operarse al mismo
tiempo a expensas de la economía privada, es necesario saber justamente por qué
canales se opera ese aflujo de medios hacia ella y cuáles son las tendencias
del desarrollo de la economía estatal en esa dirección, siendo esas tendencias
examinadas bajo su aspecto puro, es decir, haciendo abstracción de la
resistencia del sector de la economía privada y, por lo mismo, de la política
real que el Estado obrero debe aplicar por razones económicas y políticas. ¿Las
tendencias espontáneas de la economía estatal van más lejos de lo que es en
realidad accesible a la política económica del Estado? Evidentemente, sí. ¿Pero
esto significa que el análisis científico de esas tendencias, la formulación
del nivel óptimo de esas tendencias, implican una crítica de la política
económica del Estado y el Partido? ¿Una crítica de una política que se apartará
siempre, cualquiera que sea, de ese nivel óptimo? Pregunta pasablemente
desprovista de sentido. Pero esta pregunta absurda nos obliga a plantearla al
camarada Bujarin, que no dice una sola palabra para advertir al lector de que
mi artículo está consagrado al análisis teórico de las leyes fundamentales de
nuestra economía y no a la política económica del Estado. Esas leyes tienen su
origen histórico en la Revolución de Octubre, por el hecho mismo de la
existencia y el desarrollo de la economía estatal del proletariado. Se las
puede anotar y describir. Esto ayuda a orientarse en la coyuntura económica y
permite cometer menos errores en la política práctica. Se las puede percibir
solamente de manera confusa y actuar a tientas en política, pasando de un caso
a otro y sacando del acontecimiento post factum, las «informaciones»
necesarias. Pero una vez que el análisis de esas
266
LA NUEVA ECONOMÍA
leyes se ha hecho, hay que demostrar que ese análisis es incorrecto y no
mezclar las tendencias del desarrollo con la política económica, discutiendo
bagatelas en torno a la terminología si no hay nada que oponer sobre el fondo.
Pero esto no quiere decir en modo alguno que de mi obra no se derivan
conclusiones determinadas para la política económica del Estado. Tales
conclusiones se desprenden de la misma. Éstas se encontrarán en el capítulo del
libro en que se examina las relaciones de los sistemas de economía desde el
punto de vista de las relaciones de clases mutuas entre obreros y campesinos y
en que se ofrece también un análisis de nuestra política económica; el camarada
Bujarin habría debido esperar a la publicación de mi libro. Habría visto
entonces, probablemente, que las conclusiones políticas que él saca de mi
artículo no son en absoluto las del autor. No habría estado obligado tampoco,
para justificar la envergadura de su arranque polémico, a criticar, en lugar de
mis opiniones, sus propias concepciones, que él no hace sino atribuirme.
LAS COLONIAS INFANTILES DEL CAMARADA BUJARIN
Mi enunciado de la ley de acumulación socialista, que él cita en su
artículo y en el cual se emplean, en primer lugar, el término «explotación» y,
en segundo, la palabra «colonia», constituye el primer punto del ataque del
camarada Bujarin. No habiéndose tomado el trabajo de comprender de qué se trata
y habiendo reconocido él mismo que aquello de que se trata es «oscuro», el
camarada Bujarin declara súbita y categóricamente:
«No hay duda de que el camarada Preobrazhenski ve colonias en el Estado
obrero».
El total absurdo de esta afirmación debe ser claro para todos los que
lean, aunque sólo sea lo que cita el camarada Bujarin a propósito de las
colonias. En la segunda parte del enunciado de la ley decía yo que, después de
la revolución socialista en los países capitalistas, el proletariado victorioso
debería reducir la no equivalencia de los intercambios con los países que
hubieran sido colonias de los estados capitalistas y con los cuales deben
mantenerse ahora relaciones sobre nuevas bases. Es decir, que la esclavitud
colonial, la desigualdad nacional y todo el sistema del pillaje capitalista
colonial serían abolidos
267
Evgeni Preobrazhenski
y que la no equivalencia de los intercambios sería suprimida en la
medida en que ella está ligada al sistema de explotación específica-mente
capitalista de las colonias, pero que subsistiría una no equivalencia de los
intercambios en la medida en que dicha no equivalencia está vinculada con las
relaciones mutuas generales entre el socialismo y las formas pre-socialistas de
economía. En otros términos, no es la empresa agrícola la que se encuentra en
la situación de una colonia, sino que son todas las colonias las que se hallan
en la situación de la empresa agrícola y, de una manera general, de la empresa
pequeñoburguesa, por lo mismo que la estructura de la economía de las colonias
le es idéntica, es decir, económicamente retardataria. El camarada Bujarin intuye
que se trata, para mí, de las antiguas colonias que, como tales, acaban su
existencia pero subsisten como miembros de la Unión, que gozan de plenos
derechos en el sistema de países industriales pasados a la organización
socialista de la producción. Pero en lugar de indicar simplemente que hay que
poner en el texto la palabra «antiguas», el camarada Bujarin deja escapar su
indignación moral y embrolla lo más seriamente del mundo una cuestión
completamente clara.
Pasemos ahora al término «explotación». El mismo camarada Bujarin
reconoce que la industria socialista recibe y debe recibir «en el fondo de
acumulación los valores suplementarios procedentes de los pequeños
productores». Habiendo reconocido esto, es decir, el hecho y la ineluctabilidad
de los intercambios no equivalentes con la economía privada y, en todo caso, de
un saldo positivo en favor de la economía estatal en el curso de los
intercambios, ha admitido mi manera de plantear el problema en lo esencial y se
ha privado así de la posibilidad de entablar una discusión de principio sobre
el fondo de todas las conclusiones sacadas de esta tesis. No le restaba por
hacer sino una cosa: elevar al nivel de los principios una querella de
términos, hacer pasar por problemas esenciales, particularidades aisladas, y
confundir, además, las relaciones entre clases con las relaciones entre formas
de economía. Yo hablaba en mi artículo de explotación de las formas
presocialistas por el sistema socialista de economía. Si el camarada Bujarin
imagina un término cualquiera –en lo cual ha sido siempre un gran maestro– no
objetaré nada a condición de que ese término refleje la esencia de la cosa, es
decir, a condición de que el saldo de la balanza de los intercambios materiales
(lo que no
268
LA NUEVA ECONOMÍA
tiene el mismo sentido que la balanza de los intercambios comerciales de
los sistemas) entre la economía privada y la economía socialista sea en favor
de ésta y no a la inversa. Observaré solamente que, si se traspone el término
«explotación» de las relaciones entre clases a las relaciones entre sistemas de
economía, es poco probable que ese término sea tan incorrecto como le parece al
camarada Bujarin. Pues la forma socialista al transformarse en una forma
comunista en una etapa de desarrollo dada, se esfuerza precisamente por
perpetuarse y no solamente por vía de la expansión, sino también por vía de la
reducción del campo de las formas presocialistas de economía. Comprendo muy
bien las razones políticas del camarada Bujarin cuando la emprende tan vigorosamente
con el término «explotación». Pero, desde el punto de vista científico, esas
objeciones no tienen importancia. Recuerdan más bien la indignación de los
populistas contra el término marxista científico de «pequeña burguesía» en su
aplicación al campesinado. La trasposición de un término de un campo de
fenómenos a otro no supone en lo absoluto la identidad de los fenómenos
descritos, sino solamente una cierta analogía en el punto de comparación.
Pero la terminología no es sino poca cosa. Lo peor es que, encubierto
bajo el escándalo de su indignación moral, Bujarin procede al remplazo de uno
de mis conceptos por otro. Hablaba yo en mi artículo de la explotación de las
formas presocialistas por la forma socialista de economía, pero no he hablado
en parte alguna una sola vez de explotación del campesinado por el
proletariado. Deliberadamente no he hablado de eso, pues la explotación de la
pequeña producción por el socialismo no supone en modo alguno de manera
obligatoria la explotación de los pequeños productores por el proletariado.
Pongamos el ejemplo numérico siguiente. Admitamos que, en un año determinado,
los obreros hayan producido nuevos valores por 1.500 millones de rublos, de los
cuales corresponden al plusproducto 700 millones que, añadidos a 800 millones
de rublos, por ejemplo, tomados al campesinado, se destinan al mantenimiento
del aparato estatal, en primer lugar, y a la reproducción ampliada, en segundo.
El año siguiente, gracias a la expansión de la producción y al ascenso de la
productividad del trabajo, los obreros producen valores por 1.800 millones, de
ellos 800 millones de plusproducto; de esta última suma, 750 millones se
destinan al mantenimiento del aparato estatal y 50
269
Evgeni Preobrazhenski
millones al aumento de los salarios. Admitamos que ese año se han
recibido del campesinado 50 millones más, o sea, 850 millones. Resulta de ello
que el salario crece por razón del crecimiento de la productividad del trabajo
de los obreros mismos y que la parte que los obreros dan al aparato estatal y
al fondo de acumulación crece también simultáneamente. Pero al mismo tiempo,
como hemos visto según este ejemplo, la parte de los pequeños productores
enajenada con los mismos fines aumenta también. El hecho de la explotación
creciente de la pequeña producción por la forma socialista de economía está
presente, pero no hay explotación de los campesinos por los obreros, no existe
esa explotación ni aun en caso de aumento de los salarios. Ese caso es típico
de nuestra época y lo será durante numerosos años futuros. En tal situación la
explotación campesina no es una colonia de la industria estatal, sino un
participante en la reproducción socialista ampliada. El obrero no es un
explotador del campesinado, sino un coparticipante en las deducciones
realizadas con miras a la ampliación de la reproducción necesaria a toda la
sociedad soviética en su conjunto, a todas las clases laboriosas y no solamente
al obrero. Y, sin embargo, la explotación de uno de los sistemas por el otro
existe. No obstante, el camarada Bujarin no está contra un balance con saldo a
favor de la economía estatal, incluso está de acuerdo en que afluyen valores
suplementarios a la clase obrera como clase, es decir, con toda evidencia, no
solamente al sistema de la economía estatal, sino también a su presupuesto de
con sumo, lo que, desde mi punto de vista, no es en modo alguno obligatorio. Y
habiendo tenido un gesto tan radical, no demanda sino una cosa: que se suprima
la palabra «explotación».98
Acepto de buena gana descartar esa palabra. Pero al descartarla estimo
que no es superfluo recordar al lector lo que Lenin escribía sobre la cuestión
de la lucha entre los dos sistemas:
«La dictadura del proletariado no implica solamente la violencia, aunque
sea imposible sin la misma, implica igualmente una organización del trabajo más
avanzada que la que la precede».
98 Cito sus propios términos:
«¿Recibe la industria socialista en ese fondo de acumulación valores
suplementarios procedentes de los pequeños productores? Sí, esto está fuera de
duda. Así, hay aquí paso de valores de manos de una clase a las de otra clase, de
la clase dominante. Sí, esto también está fuera de duda. ¿Pero se puede,
utilizando de la manera más burda la analogía con la sociedad capitalista,
calificar esa relación original de relación de explotación? ¿Hay fundamento
para calificar al proletariado de clase explotadora (lo que deriva
inevitablemente de la exposición precedente)? No y mil veces no».
270
LA NUEVA ECONOMÍA
«Se puede emplear la violencia sin haber raíces económicas, pero
entonces se encuentra condenada a la ruina por la historia. Pero se puede
emplear la violencia apoyándose sobre la clase de vanguardia, en los principios
más elevados del régimen socialista, régimen de la organización. Incluso en ese
caso puede sufrir fracasos temporales, pero ella es invencible.»99
Esas líneas fueron escritas a fines de octubre de 1920, es decir, al
final del período del comunismo de guerra.
Pero el enunciado de Lenin reviste un carácter general y defiende contra
todo reproche de divergencia con el leninismo, con una energía mayor de lo que
es necesario, mi manera de plantear, en lo esencial, el problema de la lucha
entre los dos sistemas. Subrayo una vez más que no se trata en lo absoluto,
para mí, de decir aquí hasta qué concesiones reales debe ir el Estado
proletario respecto del campesinado. Es una cuestión muy distinta que no se ha
examinado en el artículo. He aquí también por qué es útil recordar las palabras
precedentes tomadas del camarada Lenin. Sólo con una concepción vulgar de las
relaciones leninistas con el campesinado en el período de la NEP, se puede
estimar que el leninismo implica en ese campo concesiones máximas al campesinado,
y solamente eso. Lenin ha propuesto y defendido las concesiones al agro como
comunista, es decir, las ha propuesto en nombre de la consolidación de los
cimientos de cemento armado de la dictadura del proletariado; esas concesiones
tenían presente, ante todo, la realización de ese fin esencial y jamás ha sido
a sus ojos un fin en sí mismo. El camarada Bujarin sabe todo eso y sabe mucho
más que lo que está escrito en las obras de Vladimir Ilich. Pero sus ataques
contra mí en ese punto revisten un carácter tal, que no le ha parecido
necesario desentenderse de la concepción vulgar del leninismo. Pues, al repetir
simplemente las palabras «bloque obrero-campesino» sin analizar cuáles son las
relaciones recíprocas reales de los dos sistemas de economía representados por
esas clases, no hace sino reforzar una concepción vulgar, limitada y
pequeñoburgesa del leninismo sobre el problema campesino, concepción a la cual
tienden espontáneamente los grupos de la sociedad soviética que reflejan la
presión de la masa de 100 millones de campesinos del país.
99 V.I. Lenin, «Contribución a la
historia del problema de la dictadura del proletariado», “ La Internacional
Comunista”, n.° 14.
271
Evgeni Preobrazhenski
LA «ABSORCIÓN» DE LA EMPRESA PEQUEÑOBURGUESA
Sobre esta cuestión, como sobre la de las colonias y en otros pasajes de
su artículo, el camarada Bujarin construye primero un molino de viento y luego
se dedica a atacarlo con aire de profunda convicción interior de su derecho a
ello.
En un pasaje del artículo escribía yo que la forma socialista de
economía no puede existir en el cerco de la producción mercantil privada sobre
la base de la coexistencia pacífica. Decía que la existencia misma de esos dos
sistemas, aunque estén comprendidos en el sistema económico único del país,
conduce inevitablemente, bien a que la producción socialista se someta a la
economía pequeñoburguesa por una parte, la adapte por otra y la absorba por una
tercera, o bien a que sea ella misma absorbida por el elemento espontáneo de la
economía mercantil. La palabra «absorción» es sinónimo, en el contexto
considerado, de victoria de uno de los dos sistemas sobre el otro. Esa palabra
permite al camarada Bujarin afirmar que me aparto del leninismo en la
comprensión de la evolución ulterior de la explotación campesina.
En primer lugar, estimo que mi afirmación es hasta tal punto una verdad
primaria, expresada en numerosas ocasiones por el mismo Lenin, que resulta
simplemente ridículo defenderla. No es posible levantarse contra esa idea,
salvo si se parte de la hipótesis de que la lucha entre los dos sistemas
terminará entre nosotros con el establecimiento de un equilibrio tal entre
ellos, que se opera entre el socialismo y la economía mercantil una
delimitación pacífica de «esferas de influencias» en el campo económico y que
los dos sistemas se desarrollen sin que uno usurpe terreno al otro. La menor
tentativa de examen de las relaciones mutuas de la economía estatal en la URSS
y el capitalismo mundial mostrará claramente hasta qué punto es absurda esta
opinión. Nuestro capitalismo interior, nuestra producción mercantil simple, que
alimenta a ese capitalismo interior, y nuestro capital comercial están
separados de la economía capitalista mundial, es decir, de las fuerzas
principales de nuestro enemigo, por nuestro monopolio del comercio exterior y
por nuestra barrera aduanera. Nuestro capitalismo interior, con su base, la
producción mercantil simple, como destacamento aislado de la economía
capitalista mundial, está aislado de ésta por nosotros, cercado y sometido por
la economía estatal a la presión apropiada en ese medio
272
LA NUEVA ECONOMÍA
artificial en que el Estado entero y su fuerza armada montan guardia.
Pero imaginaos un instante que ese dique fuera roto por el capital mundial.
¿Qué resultaría de ello? La absorción de nuestra economía estatal por el
sistema capitalista, absorción en el curso de la cual las fuerzas internas
desempeñarían un papel muy activo en el enterra-miento de la primera tentativa
de una industria socialista. Esta eventualidad llama tanto más fuertemente a
nuestra puerta cuanto que la presión de los países capitalistas contra nosotros
en el frente económico es mayor y comenzamos a ocupar un lugar más real en los
cálculos de esos países en calidad de mercado de venta, de fuentes de materias
primas y esferas de aplicación del capital exportado.
Pero, de otro lado, cuanto mayor es el éxito con que se desarrolla
nuestra economía, más fuertemente atrae hacia sí toda la economía del país y
con más éxito se operan el proceso de subordinación de las formas
presocialistas de economía a las formas socialistas y el proceso de su
adaptación a estas últimas y, finalmente, de su absorción por ellas.
Evidentemente, para Rusia, todo ese proceso será increíblemente largo,
increíblemente lento; tendrá lugar en cadencias diversas durante los diferentes
períodos, con interrupciones, pausas y nuevos movimientos hacia adelante. Pero
por lento que sea, en particular hasta que la revolución proletaria en
occidente venga en nuestra ayuda, ese proceso se opera, sin embargo, y. debe
operarse si nuestra economía estatal está de una manera general destinada a
vivir. El equilibrio no se logrará sino cuando la economía privada se acerque
al nivel de la economía socialista, es decir, cuando desaparezca precisa-mente
como economía privada.
Pero el camarada Bujarin se ha aferrado a la palabra «absorción» no con
miras a un debate sobre el fondo –¿pues qué debate puede haber ahí, de una
manera general?–, pero para atribuirme un plan concreto de esta absorción, a
saber, el desarrollo de la agricultura «propia» del proletariado, es decir, de
las explotaciones soviéticas que deben «absorber» la explotación campesina en
las condiciones de una presión general del proletariado sobre los campos.
Haciendo eso, el proletariado actúa «por analogía con los caballeros de la
acumulación originaria». Habiendo inventado para mí semejante esquema, que no
tiene ninguna relación con lo que yo he escrito de hecho, el camarada Bujarin
declara con decisión que «todo esto es radicalmente falso».
273
Evgeni Preobrazhenski
Lo que es radicalmente falso, para comenzar, es lo que el camarada
Bujarin me atribuye aquí. En mi artículo no he dicho en ninguna parte una sola
palabra de la agricultura proletaria en nuestro país. No hago mención de ello
una sola vez cuando abordo la cuestión de las vías de la socialización de la
explotación campesina. No he hablado de «agricultura propia» del proletariado,
sino respecto de los países industriales de vanguardia cuando el proletariado
alcance en ellos la victoria y la gran agricultura capitalista actual se
transforme en agricultura socialista. El camarada Bujarin no puede encontrar en
mí nada sobre ese asunto, mientras que ello constituía un accesorio necesario a
ese esquema que me ha atribuido y que ha sometido a sus ataques. No ha retrocedido
ante una operación, conocida de larga data entre los procedimientos de cierta
polémica, que consiste en una «sustitución». Evidentemente, de todo corazón,
siento lástima por el camarada Bujarin, porque él no hubiera recurrido a ese
procedimiento sin una necesidad extrema. Pienso que en otros tiempos un debate
a fondo hubiera tenido más interés para él, si no estuviera atado por
obligaciones políticas determinadas al emprender una polémica conmigo. Yo no he
hablado de la agricultura proletaria entre nosotros porque es muy poco probable
que esa agricultura desempeñe un gran papel en el lapso de tiempo considerado.
Sólo en el caso de revolución proletaria en Europa se puede esperar que el
proletariado occidental manifieste un gran interés por nuestras tierras libres,
lo que puede modificar mucho el conjunto del cuadro. Pero no hablaba, en
general, y no hay que hablar actualmente, en general, sino de la forma esencial
de socialización de la agricultura, es decir, de la cooperación agrícola de
producción de los campesinos.
¿De qué se trata entonces? En mi artículo escribo a ese respecto lo que
sigue:
«La pequeña producción se divide en tres fracciones. Una sigue siendo
pequeña producción, la otra se agrupa en cooperativas por vía capitalista y la
tercera, escapando a este último proceso, se une sobre la base de una
cooperación nueva que representa un tipo particular de transición de la pequeña
producción al socialismo, sin pasar por el capitalismo ni por la absorción pura
y simple de la pequeña producción por la economía estatal.
274
LA NUEVA ECONOMÍA
Esta forma nueva de cooperación bajo el régimen de la dictadura del
proletariado, una de cuyas formas está evidente-mente constituida por las
comunas y arteles campesinos, debe, pese a todo, desarrollarse todavía. Así,
pues, no podemos dar un análisis teórico de lo que no existe y solamente está
al nacer.»
El camarada Bujarin cita también ese pasaje. Según la conclusión que
saca de las palabras citadas más arriba, se ve hasta qué punto me ha
comprendido fielmente o, más exactamente, hasta qué punto expone correctamente
mis opiniones. El camarada Bujarin escribe:
«El camarada Preobrazhenski piensa que las leyes de la evolución de la
agricultura bajo el poder proletario han seguido siendo las mismas que bajo el
capitalismo».
En otros términos, el camarada Bujarin afirma que en mi artículo yo veo
la ruta principal de la socialización de la empresa campesina en la absorción
de esta empresa por la economía estatal. Todo esto es completamente inexacto y
contradice completamente lo que he escrito en el artículo. En ninguna parte he
dicho qué vía es la principal ni en qué plazos se desarrollarán todos los
procesos ligados a la socialización de la empresa campesina. La esencia de mis
opiniones en este asunto reside, por el contrario, en esto: actualmente nadie
sabe ni puede saber cómo se operará concretamente la transformación de la
explotación campesina en un tipo de cooperación agrícola de producción tal, que
constituya una etapa transitoria hacia la socialización de la agricultura. Esta
repugnancia a describir en una obra científica lo que no existe todavía en la
vida es comprensible para todos los que, en primer lugar, han estudiado en
Lenin (recordad cómo en el VIII° Congreso del Partido, Lenin defendía nuestro
programa) y que, en segundo lugar, comprenden en qué se distingue la ciencia de
la literatura. En mi obra De la NEP al socialismo he analizado esta cuestión
con algún detalle, pero no la he analizado en forma de hipótesis, porque no se
puede satisfacer aquí el deseo del camarada Bujarin, sino en forma de hipótesis
y utopía. En el folleto mencionado, no hay solamente, respecto de la evolución
de la agricultura, aquello de que el camarada Bujarin se hace hoy una carta de
triunfo contra mí, con dos años de retraso, sino que hay algo más.
Todo esto, sin embargo, parece poco convincente al camarada Bujarin. ¿Y
cómo es así?
275
Evgeni Preobrazhenski
«Preobrazhenski encuentra posible dar un análisis de la ley de la
acumulación en el octavo año de la revolución proletaria entre nosotros y antes
de la revolución en occidente, pero he aquí que se niega absolutamente a hablar
de la agrupación de las empresas campesinas en cooperativas. «No polemiza» con
Lenin, qué había propuesto un plan gigantesco y determinado, el cual era al
mismo tiempo una previsión teórica: «declara» simplemente que es imposible dar
un análisis teórico de lo que no existe todavía y está solamente al nacer. A
nuestro juicio es una fuga».
En primer lugar, siete años son, generalmente hablando, un corto lapso
de tiempo, pero de todos modos suficiente para abordar el análisis teórico de
lo que ha sucedido durante ese período y sucede actualmente ante nuestros ojos.
Recordaré al camarada Bujarin que él mismo ha emprendido, antes de la
revolución en occidente, y no siete años, sino dos años después de la
Revolución, la descripción de «la teoría del proceso de transformación» (La
Economía del Período de Transición).
En segundo lugar, si yo no hubiera estado de acuerdo con Lenin sobre el
papel de la cooperación, lo habría escrito francamente: la obra de Lenin no es
el Talmud y los leninistas no deben ser talmudistas.
En tercer lugar, no hay en el artículo de Lenin «Sobre la Cooperación»
lo que el camarada Bujarin exige de mí, es decir, no hay nada sobre la forma y
las vías de la organización de los campos en cooperativas de producción; hay
solamente una posición de principio sobre el papel de la cooperación en un país
agrícola. Y no podía haber nada a ese respecto en Lenin, pues no le gustaban
las utopías y jamás se ha ocupado él mismo de fabricarlas.
En cuarto lugar, no solamente estoy completamente de acuerdo con el
artículo de Lenin «Sobre la Cooperación», sino que, en mis inter-venciones, en
la época de la discusión de 1923, he subrayado el valor programático de ese
artículo, he indicado que el alcance de ese artículo era insuficientemente
comprendido por el Partido, y en casi todas las resoluciones que he presentado
he incluido un punto en que se hacía mención de ese artículo. El hecho de que
el camarada Bujarin se haya visto obligado a replantear, inventándole nuevas
bases, la cuestión de mi pretendido desacuerdo con Lenin sobre ese punto no
276
LA NUEVA ECONOMÍA
hace sino probar cuán difícil le ha sido realizar su tarea política y
polémica sin alterar el sentido de mis palabras.
Paso ahora al fondo de toda esta cuestión. Vamos a ver al instante que
mi concepción de la acumulación no solamente no contradice el último artículo
de Lenin, «Sobre la Cooperación», sino que se encuentra, al contrario, en una
vinculación interna directa con él. En efecto, ¿qué dice Lenin en ese artículo?
«Todo régimen social surge exclusivamente con el apoyo financiero de una
clase determinada. Huelga recordar los centenares y centenares de millones de
rublos que costó el nacimiento del libre capitalismo. Ahora debemos comprender,
para obrar en consecuencia, que el régimen social al que en el presente debemos
prestar un apoyo extraordinario es el régimen cooperativo».100
En el mismo artículo, Lenin dice que debemos sostener materialmente la
cooperación. El camarada Bujarin cita igualmente el pasaje mencionado para
probar mis divergencias con Lenin, pero ha suprimido prudentemente de la cita
la frase en que se habla de lo que ha costado el nacimiento del capitalismo de
librecambio. Y, en cambio, la idea expresada en esa fase conduce directamente
al problema de la acumulación. En efecto, si la organización del agro en
cooperativas no puede marchar rápidamente hacia adelante sino con «el apoyo
financiero de una clase determinada» –en el caso particular, con el apoyo de la
clase dirigente–, la primera cuestión que se plantea es la de saber de dónde
tomar los medios. Existen en la Unión 22 millones de haciendas campesinas. Con un
crédito de 100 rublos por empresa, ello representa dos mil millones de rublos,
y con un crédito de 50 rublos, mil millones. Para que el crédito destinado a la
economía campesina tenga un efecto serio, se necesitan miles de millones; para
que tenga un efecto por lo menos un poco sensible, se requieren centenares y
centenares de millones. ¿De dónde los tomaría si la reconstitución del capital
fijo de la industria y el crecimiento del capital circulante sólo en su valor
de preguerra exigen un mínimo de mil millones en los más próximos años futuros?
Y esos últimos recursos son, en efecto, necesarios para el primer capítulo...
No digo que la concesión de crédito al agro y la ayuda en materia de
organización de
100 V.I. Lenin, «Sobre la
Cooperación». Obras escogidas, tomo III, p. 810.
277
Evgeni Preobrazhenski
las explotaciones campesinas en cooperativas sean cosas sin esperanza.
Estimo, al contrario, que el crédito a largo plazo desempeñará en particular
entre nosotros un papel enorme en materia de organización del agro en
cooperativas y que representará al mismo tiempo un elemento muy importante de
enlace entre la industria y la agricultura. Pero el plan de desarrollo del
crédito a largo plazo sólo ofrece esperanza en la medida en que los éxitos de
la acumulación socialista originaria tengan a su vez esperanza. En realidad
hasta que termine el período de acumulación socialista originaría el crédito a
largo plazo, como cualquier otro crédito concedido al agro, no podrá ser
particularmente amplio, aunque deba ir creciendo. Sólo cuando termine el
período de acumulación socialista originaria y la industria esté establecida
sobre una base técnica nueva, afluirán los valores de las ciudades hacia el
agro, por los canales del crédito a largo plazo, como un ancho río. El ejemplo
siguiente muestra lo que actualmente hay de ello, efectivamente, en ese
dominio. El semestre último la industria no ha invertido más que 100 millones
de rublos de créditos a la cooperación en el proceso del comercio. Pero incluso
esta suma se ha revelado actualmente por encima de sus fuerzas; ha habido que
batirse en retirada y aumentar las ventas al contado al capital privado. Ese
hecho proclama de manera bastante elocuente hasta qué punto nuestra economía
estatal es pobre y los enormes esfuerzos que tendrá que hacer en materia de
acumulación.
Así, esa ayuda a la cooperación de que hablaba Lenin y las otras formas
de financiamiento del agro por las ciudades de que no ha hablado, sólo son
posibles sobre la base de inmensos éxitos de la acumulación en la industria.
Hasta que se logren esos éxitos, nuestra ayuda será mínima y a menudo irritará
a los campesinos por su carácter irrisorio, en comparación con los gastos
inevitablemente elevados del aparato estatal, más que suscitar un sentimiento
de reconocimiento hacia la clase que concede el crédito. Y pienso que no será
difícil explicar todas esas ideas a las masas más amplias del campesinado, a
las cuales no son en modo alguno extrañas las nociones económicas elementales
sobre nuestra economía en su conjunto.101
101 Por ello precisamente no
debemos dispersarnos en el momento de la concesión de crédito a los campos,
sino concentrar nuestros modestos recursos a fin de otorgar crédito al
campesino como productor y no como consumidor. En primer lugar, por
consiguiente, un máximo de crédito para arados, tractores y otros instrumentos
de producción, con ventajas a las colectividades.
278
LA NUEVA ECONOMÍA
Esto en primer lugar. Pero, en segundo lugar, en el pasaje de mi
artículo que ha sido citado, hablaba de cooperación agrícola de producción,
mientras Lenin habla, en su artículo, de cooperación en general, y de
cooperación de consumo en particular. En ninguna parte dice que la mayor parte
del campesinado no se organiza en cooperativas en el dominio de la producción
más que por intermedio de los intercambios, es decir, principalmente, por
intermedio de la cooperación de consumo. Podemos acercarnos a la organización
en cooperativas de producción a la vez por los intercambios, en particular por
el crédito a largo plazo, por la electrificación y por intermedio del
desarrollo del cultivo de las tierras por medio de tractores. A qué se parecerá
esta cooperación agrícola de producción que por el momento nos es desconocida,
por qué vía nos acercamos principalmente o por la combinación de qué medios la
realizaremos, esto nadie lo sabe en la hora actual, y de hecho Lenin no ha
dicho de ello una palabra en su artículo. Pero habla del apoyo financiero de la
clase dominante a la cooperación y nos hace con ello estrechar más de cerca el
problema de la acumulación en la economía estatal. Si el camarada Bujarin está
convencido de que la organización del agro en cooperativas se operará exclusiva
o principalmente por medio de los intercambios, lo que, generalmente hablando,
no está excluido y es incluso bastante verosímil, debe, en primer lugar,
demostrarlo, y debe hacerlo, precisamente, si afirma que hay en torno a este
punto una brecha en mi artículo. Que demuestra precisamente cómo la
organización en cooperativas englobará la producción a partir de la esfera de
los intercambios. Si escribe sobre este tema más de lo que yo he escrito en mi
folleto «De la NEP al socialismo» y en mis artículos sobre el crédito a largo
plazo, si escribe más que lo que otros han escrito a ese respecto, se lo
agradeceremos. Pero que escriba y no se atrinchere detrás del artículo de
Lenin, que en lo absoluto ha planteado esta cuestión en forma tan concreta.
Pero si en el artículo considerado Lenin no dice nada de la manera en
que él concibe la transformación de la economía rural; si no dice nada en ese
artículo del papel de la gran industria en esa transformación, en cambio en
otros pasajes de sus discursos y artículos se ha detenido más de una vez en esa
cuestión. Citemos algunos de esos pasajes a fin de no alargar nuestra
exposición. En su discurso al VIII° Congreso de los Soviets de Rusia, Lenin
dice:
279
Evgeni Preobrazhenski
«Quien haya podido observar atentamente la vida del campo y compararla
con la de la ciudad, sabe que no hemos arrancado las raíces del capitalismo, ni
destruido el fundamento, la base del enemigo interno. Éste se sostiene gracias
a la pequeña economía, y para destruirlo hay un medio: trasladar la economía
del país, inclusive la agricultura, a una base técnica nueva, a la de la gran
producción moderna. Esta base no puede ser otra que la electrificación».102
En el informe sobre el impuesto en especie, que presentó el 26 de mayo
de 1921 en la Conferencia del PC(b)R, Lenin dijo:
«La única base efectiva para consolidar los recursos, para crear la
sociedad socialista, es la gran industria... podemos y debemos asentar nuestra
economía sobre la base de la gran industria. Sin esto no es concebible ningún
fundamento socialista efectivo de nuestra vida económica».103
En su discurso en la sesión del 5 de julio de 1921 en el III° Congreso
de la Internacional Comunista, Lenin declaró entre otras cosas:
«Decimos: la gran industria es el único medio de salvar al campesino de
la miseria y del hambre. Con esto están todos de acuerdo. Pero ¿cómo hacerlo?
Para restablecer la industria sobre la vieja base hace falta demasiado trabajo
y tiempo. Debemos dar a la industria formas, más modernas, es decir, pasar a la
electrificación».104
Pienso que el camarada Bujarin no acusará a Lenin de subestimar el papel
del campesinado y de sobres timar el de la industria estatal. No tomará, creo,
el partido .de acusarlo de abrir, en la primera de las citas mencionadas, la
perspectiva de la «absorción» de la economía campesina, cuando habla de
electrificación no solamente industrial, sino también agrícola. Pero el
camarada Bujarin debe pensar un poco en una cosa, cuya idea se impone por sí
misma a la mente. ¿Cómo se propone hacer el balance entre sus objeciones
respecto a mí y las palabras de Lenin que han sido citadas? Nos acercamos aquí
al centro de nuestro debate. La cuestión esencial es la siguiente: o bien el
camarada Bujarin debe probar que el artículo de Lenin «Sobre la
102 Obras Completas, Tomo XXXI, p.
493.
103 Obras Completas, Tomo XXXII, p.
405.
104 Obras Completas, Tomo XXXII, p.
486.
280
LA NUEVA ECONOMÍA
cooperación» contradice las citas de Lenin mencionadas más arriba y en
caso de éxito de su empresa estaría fundado para hablar no de mis divergencias
con el leninismo, sino de sus propias divergencias con todo lo que Lenin ha
dicho y escrito hasta ese artículo sobre la cooperación, o bien debe demostrar
que ese artículo de Lenin no contradice, sino solamente desarrolla en un campo
determinado las opiniones de Lenin expuestas anteriormente sobre las
perspectivas de nuestro desarrollo económico, opiniones que ha expuesto en
general, no solamente en relación con el problema de la organización de los
campesinos en cooperativas, sino con la perspectiva general de avance de
nuestro movimiento socialista. En este último caso, sin embargo, el camarada
Bujarin debería retirar toda la argumentación que ha levantado contra mi
artículo. Allí él debe mantener el equilibrio en su comprensión del leninismo,
pero aquí no debe vacilar. La cuestión se plantea netamente: es lo uno o lo
otro.
Estoy personalmente convencido de que el artículo de Lenin sobre la
cooperación no contradice todas las opiniones que Lenin ha desarrollado sobre
el futuro del socialismo en nuestro país. La organización de los campesinos en
cooperativas, cualesquiera que sean las formas que adopte, no es sino una parte
del problema general de nuestro movimiento socialista progresivo. Sin un
desarrollo rápido de la economía estatal no puede haber organización
suficientemente rápida del campesinado en cooperativas, suponiendo solamente
que esta organización en cooperativas no esté dirigida contra nosotros. Y un
desarrollo, aunque sea sólo un poco rápido de la industria estatal, es
imposible sin una acumulación suficientemente rápida en nuestra industria
estatal. Estudiar las condiciones de esta acumulación, los éxitos que obtenga,
los obstáculos que enfrente, equivale a estudiar una de las cuestiones más
fundamentales del desarrollo socialista de nuestro país. Las objeciones del
camarada Bujarin respecto a mí no tendrían sentido sino en un solo caso: si se
atreviera a someter a revisión tanto las opiniones de nuestro Partido sobre las
perspectivas de nuestro desarrollo económico, como esa concepción de la
dictadura del proletariado y esa línea fundamental de nuestras relaciones
mutuas con el campesinado a que nos atenemos, a partir del momento en que hemos
puesto la proa hacia la revolución socialista y hacia la reedificación
socialista de la sociedad, liberada del poder del capital. Pero esta revisión
sería una revisión del leninismo,
281
Evgeni Preobrazhenski
no en el sentido polémico, sino en el sentido verdadero de la palabra,
mediante lo cual los argumentos del camarada Bujarin apuntarían entonces mucho
más lejos que a ese modesto blanco que constituye mi artículo en el caso
particular.
Como hemos visto, en parte, más arriba y como vamos a verlo en seguida,
el camarada Bujarin ha dado pruebas también de demasiado celo en la polémica y
ha ponderado demasiado poco sus argumentos, como leninista, en otra cuestión de
enorme importancia, la del bloque obrero-campesino en las condiciones de la
dictadura del proletariado.
EL BLOQUE OBRERO-CAMPESINO
A todo lo largo de su artículo, el camarada Bujarin habla mucho acerca
del bloque obrero-campesino. Pero en todo lo que dice yerra totalmente el
blanco, pues esas formulaciones generales, por mucho que expongan fielmente las
opiniones de Lenin, constituyen una verdad completamente irrefutable e
indiscutible para cualquiera en nuestro Partido. Y en la medida en que, además,
el camarada Bujarin analiza mi artículo de manera imprecisa e inexacta, no me
incumben y no tengo ninguna necesidad de hacer mención de ellas. Todos sus
esfuerzos por probar que mi construcción teórica contradice la posición de
Lenin sobre el bloque obrero-campesino se han revelado completamente
infructuosos. No puede citar una sola línea del artículo en apoyo de sus
afirmaciones; no puede hacerlo porque hasta el presente no he abordado ese
problema, que debe ser abordado después del análisis de la economía industrial
y agrícola.
He dicho ya que me resta por elucidar, si es posible en su forma pura,
las tendencias del desarrollo de nuestra economía mercantil y, con ello, los
fundamentos económicos de las fuerzas (los pequeños productores) con las cuales
hay que constituir un bloque. El argumento más fuerte del camarada Bujarin en
mi contra es que elucido el problema de la acumulación socialista originaria
comparando ese proceso con hechos extraídos de la época de la acumulación
capitalista originaria. Esta analogía la juzga el camarada Bujarin
«monstruosa», pues no puede haber bloque entre los caballeros de la acumulación
originaria y sus víctimas.
282
LA NUEVA ECONOMÍA
En primer lugar, si desarrollo mis opiniones comparando dos sistemas de
economía y dos épocas, ello se refiere ante todo al método de exposición y no a
la esencia de las cosas. El método de exposición puede también ser diferente
sin apelar a la comparación de las semejanzas y las distinciones; nada será
modificado en la concepción, pero ésta puede, a mi juicio, sufrir un poco desde
el punto de vista del relieve que pone en evidencia sus diversos aspectos.
En segundo lugar, ¿desde cuándo una comparación científica, por ejemplo,
del hombre con el perro, puede parecer humillante para el homo sapiens? No
comprendo por qué no podríamos, por ejemplo, comparar científicamente el Estado
proletario con el Estado burgués, o nuestra historia con la historia
capitalista, etc. ¿Esta comparación hace al Estado proletario menos proletario?
¿No vemos mejor y más claramente las particularidades del Estado proletario
cuando las comparamos con el Estado burgués? Todo esto es tan evidente que es
fastidioso repetirlo, en lugar de ocuparse del estudio de los nuevos problemas.
Pero sobre ese punto el camarada Bujarin no ha tenido suerte en absoluto, por
otro lado. Por una ironía de la fortuna, justamente en el artículo de Lenin sobre
la cooperación y precisa-mente en esa frase que Bujarin, prudentemente, ha
dejado caer en su cita, Lenin, sin tratar de romper en lo más mínimo el bloque
obrero-campesino, habla de lo que ha costado el nacimiento del «libre
capitalismo», es decir, compara a los constructores del socialismo –¡horror!–
con los caballeros de la acumulación originaria. Pero si hay que apoyar el
«derecho de la comparación» con pruebas lógicas y, en particular, con citas de
Lenin, esto muestra en qué callejón sin salida teórico podemos caer si, más
lejos aún también, tenemos, en materia de estudio científico de nuestra
economía, que salvar a cada paso barricadas como el artículo del camarada
Bujarin que hemos examinado.
En mi comparación, he permanecido dentro de los límites del análisis de
los sistemas de economía desde el solo punto de vista de los intercambios de
sustancia entre esos sistemas. No he abordado las relaciones entre clases en
nuestra economía, precisamente porque la política es economía concentrada y hay
que hacer primero el análisis de la economía con todas sus tendencias tomadas
en su forma pura. Quizás –lo ignoro– emprendiendo un estudio análogo, el
camarada Bujarin escogería otra vía, es decir, comenzaría por la política para
283
Evgeni Preobrazhenski
pasar después a la economía y volver a la política. Esta vía me ha
parecido más larga, exigiendo inevitables repeticiones, e incómoda también
porque las causas se mezclan allí frecuentemente con las consecuencias. Ya que
la ley de la acumulación socialista originaria tiene sus raíces en el sistema
de la economía estatal. Para volver a la política, a la concentración del
conjunto, hay que analizar, como he dicho más arriba, en nuestras condiciones
las leyes de la economía mercantil que tienen ante todo como base la
explotación privada, así como la influencia sobre nosotros del capitalismo
mundial. Cuando el camarada Bujarin me reprocha mi eclecticismo y el hecho de
que hable poco de política, esto muestra solamente que en interés mismo de la
política y la polémica política no se ha esforzado en comprender mi método de
estudio ni mi método de exposición.
Pero al empujarme el camarada Bujarin a decir más y habiéndome yo mismo
dejado seducir por el método de las analogías, debo decir unas palabras de las
relaciones recíprocas del proletariado y el campesinado desde un punto de vista
histórico-sociológico. Comencemos por la analogía del camarada Bujarin. Citaré
sus propias palabras:
«Hoy en día, la clase obrera tiene el poder y la industria; el
campesinado tiene de hecho la tierra y la agricultura; el campesino es vendedor
de productos agrícolas y comprador de productos industriales; para el obrero
es, en general, a la inversa. Inmediatamente los intereses chocan siguiendo esa
línea. Además, el campesino es un residuo de los tiempos antiguos, aunque sea
un “residuo” enorme por su importancia propia».
He aquí algo que no se parece en modo alguno a las relaciones entre
caballeros de la industria y campesinos. Esto se parece a las relaciones entre
burguesía industrial y propietarios de la tierra durante un período determinado
del desarrollo de esas relaciones, aunque, incluso aquí, naturalmente, la
analogía sea en extremo convencional y no vaya lejos en todas las direcciones.
La burguesía tiene el poder y las fábricas. Los propietarios del suelo
tienen la tierra. La contradicción de los intereses sigue la línea de los
precios. De ahí viene su lucha, a veces bastante áspera en condiciones
determinadas. Pero al mismo tiempo (hablamos del período del poder de la
burguesía) es un bloque, la alianza del capitalista y el terrateniente contra
la clase obrera. La burguesía dirige ese bloque; la burguesía se apoya en los
propietarios terratenientes y éstos la sostienen.
284
LA NUEVA ECONOMÍA
¿Pero cuál fue en estos últimos tiempos la evolución de dichas clases?
Consiste en que unos y otros (es decir, los capitalistas industriales y los
propietarios terratenientes) se han transformado en gran medida, gracias al
proceso de circulación, gracias a los bancos y a las formas de las sociedades
por acciones, en algo único, en receptores de dividendos. El dividendo se ha
convertido en cierto modo en la síntesis de formas de rentas anteriormente
dispares, y tal fue por lo menos y sigue siendo la tendencia fundamental del
desarrollo en la esfera de relaciones considerada.
Sucederá algo formalmente semejante si se toman las cosas
histórica-mente en gran escala, en cuanto al bloque obrero-campesino. A medida
que la economía campesina se vea cada vez más atraída, por intermedio del
proceso de circulación, hacia la órbita socialista, las fronteras se borrarán
entre las clases y desaparecerán en la sociedad sin clases.
Desde luego, todo esto es música del futuro. Desde luego, otros
problemas están en el orden del día actualmente, pero tenemos que contemplar la
perspectiva, a fin de saber en qué dirección queremos «dirigir» nuestra línea.
«Y la perspectiva de la cual parte el camarada Preobrazhenski es radicalmente
falsa».
No tengo nada contra el hecho de tantear ese problema en el plano de la
analogía que sigue aquí el camarada Bujarin. Me levanto solamente una vez más
de manera categórica contra el hecho de oponer esta analogía a la mía. He dicho
que el sistema socialista debe alimentarse no solamente de sus propias fuentes,
sino también de las fuentes de las formas presocialistas, lo mismo que el joven
capitalismo se ha alimentado durante su crecimiento a partir de los recursos de
modos de producción precapitalistas. Como hemos visto, el camarada Bujarin ha
estado de acuerdo conmigo en ese punto esencial, discutiendo solamente la
terminología. Sin embargo, mi analogía no va más lejos que el análisis de los
intercambios de sustancia entre los sistemas y el equilibrio de esos
intercambios. Pero el camarada Bujarin suscita una nueva cuestión y prosigue la
analogía en un plano muy diferente.
¿En qué reside la debilidad de la analogía del camarada Bujarin?
En que, habiendo tomado las «cosas históricamente en gran escala», ha
saltado a pie juntillas por encima de la particularidad del período actual; y
si lo ha hecho no ha sido por azar, sino precisamente porque
285
Evgeni Preobrazhenski
algo cojea en su analogía, por oposición a la mía, si no se comparan
períodos arbitrariamente escogidos en la esfera de las relaciones que se
comparan, sino períodos históricamente análogos del desarrollo de las clases
que se comparan. Nos encontramos en la etapa de los primeros años del
socialismo. Para esos primeros años, para esos primeros decenios, hay que tomar
el período correspondiente de la historia del capitalismo, es decir,
aproximadamente, el período que precede a las revoluciones burguesas o, por
rigor, la época de esas revoluciones. Y este período se distingue de la manera
más funda-mental de la época en que el terrateniente del tiempo de la
servidumbre se ha transformado en propietario del suelo capitalista y en que se
ha producido la unión no solamente de la industria capitalista, sino también de
la agricultura capitalista con los bancos. Esta época ha ido precedida por una
lucha de clases muy violenta entre la burguesía de las ciudades y la gran
propiedad terrateniente en el curso de la cual ésta hizo bloque con el clero
contra el tercer estado. En esa época la burguesía «no se apoya en los
propietarios de la tierra», sino que se hace a menudo arrojar del poder por
éstos, en el curso de una serie de contrarrevoluciones, o bien se ve obligada a
compromisos muy serios que retardan el desarrollo de la burguesía y la arrojan
al camino de Prusia más que al camino de los Estados Unidos (para emplear la
terminología de Lenin). Esto en primer lugar. En segundo lugar, el bloque de
esas clases se constituye, a fin de cuentas, sobre la base del modo capitalista
de la gran producción, precisa-mente, que transforma la propiedad de la tierra
basada en la servidumbre en una fábrica agrícola capitalista, rodeada de
centrales azucareras, destilerías, cervecerías y otras fábricas. Por el
contrario, la economía estatal del proletariado y la economía campesina
contemporánea representan históricamente dos tipos de economía diferentes para
cuya unificación es necesario un período histórico muy largo de lucha de esas
formas y una adaptación de las menos elevadas de ellas a las más elevadas.
El camarada Bujarin se ve obligado, para ensanchar su comparación «en
extremo convencional», a saltar por encima de ese período, cuando todo el
problema consiste justamente en mostrar cómo atravesaremos ese período y, en
primer lugar, cómo atravesaremos, aunque sólo sean los dos primeros decenios de
existencia del poder soviético, mientras la lucha de clases no haya cesado de
manera
286
LA NUEVA ECONOMÍA
general, sino solamente cambiado de forma. Cuando el camarada Bujarin
dice que lo que él edifica no es más que música del futuro y que «otros
problemas están en el orden del día», desprecia completa-mente con ello mismo y
justamente para el período actual todo lo que edifica. Reconoce así él mismo
que no nos dice nada de los problemas del día y de las relaciones reales del
día.
¿En qué consiste la esencia del bloque obrero-campesino? En que el
proletariado, como clase dominante y, por consiguiente, como clase que responde
por toda la sociedad soviética en su conjunto, cumple, además, al guiar al
campesinado en su lucha por la existencia del sistema soviético, su alta misión
histórica de desarrollo y fortaleci-miento del nuevo tipo de economía y combate
todas las vacilaciones, las decepciones, los trastornos y los retrocesos de su
aliado.
¿Contra quién ha sido creada esa alianza? Contra las fuerzas interiores
–terratenientes y capitalistas–, y después de su aplastamiento, ante todo,
contra el capitalismo mundial. El campesinado vacila entonces inevitablemente,
pues la ruptura de nuestro sistema, la ruptura del monopolio del comercio
exterior y la barrera aduanera prometen al campesinado mercancías extranjeras a
mejor precio y, en parte, un aumento de los precios de los productos agrícolas,
es decir, un mejoramiento en lo inmediato. Pero esta ruptura implica al mismo
tiempo la victoria del capital mundial sobre nuestro sistema soviético y, con
ello, el pago a ese capital de 18 mil millones de rublos-oro de preguerra,
según ciertos cálculos, y de 16 mil millones, según otros, por deudas de guerra
y de preguerra y reclamaciones de toda clase. Una suma que sería suficiente
para el completo restablecimiento de nuestra industria y nuestra agricultura
mucho más allá del nivel de preguerra. Un vuelco tal de las cosas sería mucho
peor que las ventajas temporales que obtendría el campesinado cuando hubiera
sustituido el bloque con el proletariado contra el capital mundial, por el
bloque con el capital contra el proletariado, sin hablar siquiera del hecho de
que esta eventualidad implicaría la transformación de nuestro país en colonia.
Si las cosas llegaran hasta la guerra con los países capitalistas, las buenas
disposiciones del campesinado tendrían, evidentemente, una importancia de
primer plano para el éxito de esa guerra.
287
Evgeni Preobrazhenski
Pero no menos grande es la importancia de los éxitos de la industria,
siendo los éxitos en el frente militar imposibles sin el desarrollo de esta
industria y sin el éxito de ésta.
No se puede considerar el bloque obrero-campesino desde el solo ángulo
de un compromiso con el agro. Ese compromiso nos es necesario, no en sí, sino
para que el campesinado no trabe, durante una de sus oscilaciones del lado del
capital, esta construcción de un alcance histórico universal que edifica el
proletariado bajo la forma de la economía estatal con todas sus posibilidades
y, en particular, sus posibilidades para el mismo campesinado. Desde ese punto
de vista, el pasaje precedentemente citado de nuestro programa y todo lo que ha
dicho Lenin del bloque de los obreros y los campesinos no contradicen en modo
alguno el punto de vista que he expuesto en el artículo, pues esta exposición
constituye el análisis de las condiciones de existencia y desarrollo del
sistema en nombre del cual hacemos y haremos en el futuro los compromisos
indispensables, en la medida en que sean necesarios al mantenimiento de la
dictadura del proletariado y para prevenir la ruina de la economía estatal en
vías de desarrollo. He aquí lo que leemos sobre ese punto en nuestro programa:
«Respecto al campesinado medio, la política del PC(b)R consiste en
incorporarlo de manera progresiva y metódica al trabajo de construcción
socialista. El Partido se ha fijado como tarea alejar a ese campesinado de los
kulaks atrayéndolo al lado de la clase obrera con una actitud atenta hacia sus
necesidades, luchando contra su retraso con medidas de acción ideológica y en
modo alguno con medidas de presión, esforzándose, en todos los casos, en que
sus intereses vitales en cuestión estén por llegar a acuerdos prácticos,
haciéndole concesiones en la determinación de los modos de realización de las
transformaciones socialistas».
Todo esto ha sido firmemente asimilado por nuestro Partido; todo esto no
ha exigido ni exige ninguna revisión y, por lo que yo sé, no ha suscitado
ninguna hasta el presente. Nadie es lo bastante loco en nuestro Partido para no
comprender que si todo el edificio de la dictadura del proletariado es sacudido
hasta sus cimientos como consecuencia de una ruptura entre el campesinado y el
proletariado, éste no realizará tampoco su tarea histórica en materia de
desarrollo de la economía estatal.
288
LA NUEVA ECONOMÍA
Pero, por otro lado, sería una vulgarización del leninismo si,
exponiendo la concepción leninista del problema del bloque obrero-campesino,
eludiéramos aclarar otro aspecto de la cuestión: el objetivo de nuestras
concesiones y sus límites, aunque sólo fuera en su expresión algebraica
general. No en vano Lenin ha hablado muchas veces de ese asunto. Basta citar el
texto siguiente de su discurso en la Conferencia del PC(b)R el 26 de mayo de
1921:
«Los enemigos del Poder soviético se detienen muy a menudo en el acuerdo
entre la clase obrera y el campesinado volviéndolo con no menor frecuencia
contra nosotros, debido a que la fórmula es de por sí completamente imprecisa.
Por acuerdo entre la clase obrera y el campesinado puede entenderse lo que se
desee. Si no se tiene presente que desde el punto de vista de la clase obrera
el acuerdo sólo es en principio tolerable, acertado y posible cuando apoya a la
dictadura del proletariado y constituye una de las medidas encaminadas a
suprimir las clases, dicha fórmula es, por supuesto, la que sustentan en sus
concepciones todos los enemigos del Poder soviético y la dictadura.».105
Pero la dictadura del proletariado puede ser puesta en peligro no
solamente en la medida en que no logremos «vivir en buena inteligencia» con el
campesinado a causa de errores en la política de las relaciones con el agro,
sino también por el hecho de que nuestra base económica se desarrolle menos
aprisa de lo que crecen los retoños capitalistas de nuestra economía sobre la
base de la economía mercantil. En ese caso también, precisamente como
consecuencia del lento desarrollo de la industria, será difícil «vivir en buena
inteligencia». Así, pues, es preciso, en interés de ese bloque y para verificar
su solidez, estudiar todo lo que se produce en nuestra economía estatal.
Tenemos que estudiar de la manera más atenta las condiciones esenciales del
desarrollo de nuestra economía. Sólo después de haber asegurado su estudio
estaremos en condiciones de saber cuál es en cada instante nuestra base, cómo
se presenta la base de producción de la parte que dirige el bloque, cuáles son
sus recursos en materia de concesiones frente a su aliado y cuáles son los
límites naturales de esas concesiones.
105 Lenin, Obras Completas. Tomo
XXXII, p. 403. Ver también 414-415
289
Evgeni Preobrazhenski
La originalidad de la situación del campesinado bajo la dictadura del
proletariado se debe al hecho de que esta clase no es una clase dominante en el
sentido habitual de la palabra, pero no es tampoco una clase oprimida, aunque
representa una forma de producción inferior que debe ser vencida y transformada
bajo la acción de una forma históricamente más elevada. A la inversa, se
observa en nuestros sistemas el interesante fenómeno siguiente: Una parte de la
clase dirigente, es decir, de los obreros, está ligada de la manera más
estrecha al campesinado en el campo económico, y el campesinado tiene de este
modo su representación natural en el seno de la clase dirigente misma. El
crecimiento de la industria estatal, los nuevos aportes de fuerza de trabajo
procedentes de los campos, que afluirán a esa industria, garantizarán para los
largos años futuros ese sistema de representación que no es quizá menos
importante que los derechos concedidos al campesinado por nuestra constitución
soviética. El proletariado y el campesinado son en nuestra sociedad soviética
vasos comunicantes. En caso de marejada en el océano campesino se producen
también remolinos en el interior del proletariado. El análisis de la dictadura
del proletariado en un país agrícola sería, justamente desde ese punto de
vista, mucho más fructuoso que una comparación convencional del campesinado con
los terratenientes y de los obreros con los capitalistas, comparación que
deforma todas las perspectivas históricas.
En fin, el análisis hecho bajo este ángulo es todavía más importante a
este respecto. Nuestra economía campesina actual se distingue muy poco por su
tipo de la economía campesina de preguerra; desgraciada-mente los cambios
internos son allí todavía hasta el presente muy poco importantes. Sin embargo,
nuestra economía y la orientación de su desarrollo, así como las relaciones
recíprocas del campesinado y la clase dominante han cambiado radicalmente en
relación con el período de preguerra. Por consiguiente, la ciudad, la economía
estatal, es la que aparece como el centro de transformación; así, pues, debemos
estudiar, a partir de ese centro de transformación, el nuevo tipo de relaciones
entre clases, las nuevas bases de la sociedad soviética como formación social
todavía sin precedentes en la historia: es lo que hago en mi obra
290
LA NUEVA ECONOMÍA
LA POLÍTICA ECONÓMICA
Conviene aquí, primero, liberarse, por fastidioso que esto sea, de las
«sustituciones» del camarada Bujarin en su interpretación de mi texto. En mi
artículo escribo:
«...la idea de que la economía socialista puede desarrollarse sola, sin
apelar a los recursos de la economía pequeño-burguesa y campesina en
particular, es indiscutiblemente una utopía reaccionaria, pequeñoburguesa. El
objetivo del Estado socialista no es tomar menos que el capitalismo de los
productores pequeño-burgueses, sino tomarles más sobre un ingreso aún más alto
que será asegurado a la pequeña producción por la nacionalización de todas las
cosas, principalmente de la pequeña empresa en el país».
Hemos visto más arriba que el camarada Bujarin ha convenido en que la
economía estatal no puede dejar de utilizar los recursos comple-mentarios
sacados de la pequeña producción. Hemos tomado hasta ahora esos recursos, los
tomamos y los tomaremos de manera inevitable. ¡Cuál no será entonces nuestro
asombro cuando el camarada Bujarin considera esa idea, completamente
indiscutible, como un dardo lanzado a la «política de nuestro Partido respecto
a la pequeña burguesía»! Es sorprendente que el camarada Bujarin no haya
observado esta contradicción en su propio artículo. De una manera general, no
hago más que describir lo que ha sucedido entre nosotros hasta el presente. Si
el camarada Bujarin examina nuestros presupuestos estatales de estos últimos
años y si presta atención a la columna de las entregas de fondos del
presupuesto a la industria, verá que nuestra política real ha sido precisamente
tal como yo la describo y tal como deberá ser en el futuro también nuestra
política durante el período de acumulación socialista originaria. Esa política
se ha aplicado a despecho de la presión de la masa pequeñoburguesa del país.
Ulteriormente también, como ha convenido en ello el camarada Bujarin, estaremos
obligados a extraer de la economía privada recursos con miras a la recuperación
y desarrollo de la industria, para reequiparla técnicamente. Pues, si hablo de
utopías pequeño-burguesas es, en primer lugar, porque no hay países agrícolas
sin utopías pequeñoburguesas, y, en segundo lugar, porque podemos tropezar en
el futuro con una tentativa de revisión de la política económica sobre ese
punto. Esto hay que preverlo y combatirlo. Y el
291
Evgeni Preobrazhenski
mejor medio de prever y combatir las tentativas de revisión de nuestra
política económica en esa dirección es estudiar las condiciones de existencia y
las premisas del desarrollo de la economía estatal.
El camarada Bujarin ha formulado en tres palabras mi punto de vista en
el campo de la política de precios: «cobra más caro». Para hablar en términos
moderados, esto es una evidente infidelidad. En ninguna parte de mi obra hablo
una sola vez de encarecimiento de los precios. Especifico expresamente que la
política de acumulación es entre nosotros no solamente posible, sino que se
operará de hecho en presencia de precios en baja o de precios estables. La
afirmación del camarada Bujarin es una falsificación a la vez de la letra y el
sentido de mis palabras. Mi verdadero punto de vista a este respecto se reduce
a lo siguiente. Una justa política de precios en la producción de la industria
estatal debe apuntar a los tres objetivos siguientes: la acumulación con miras
a la reproducción ampliada y a reequipar técnicamente la industria, la
elevación de los salarios y la reducción de los precios. ¿Esos tres objetivos
son accesibles simultáneamente? ¿No hay aquí una contradicción? Lo son. No
habría contradicción sino en el caso en que toda la economía se hallara en una
situación estable, si el volumen de los ingresos, tanto en la economía estatal
como en la economía campesina, se hallara en una situación estable. Sólo sería
posible entonces realizar la acumulación a expensas de una reducción de los
salarios o de un aumento de los precios; la reducción de los precios no sería
posible sino a expensas de la acumulación y la reducción de los salarios, etc.
Pero con un aumento de la productividad del trabajo ese problema triangular
puede ser simultáneamente resuelto. El camarada Bujarin me alecciona sobre ese
mismo asunto, es decir, sobre lo que yo sabía y expresaba antes que él. Con su
precisión habitual, en el artículo en cuestión dice que no me ocupo más que del
reparto de un ingreso estable. No sé qué hacer con ese sermón. Pero el mismo es
útil para el camarada Bujarin porque, si comprende ese punto, puede también
asimilar lo que sigue de mi exposición.
Así, con el aumento de la productividad del trabajo, el problema
triangular es soluble. Y es, en sustancia, la fórmula del bloque de los obreros
y los campesinos sobre un punto muy importante en el dominio económico. Citaré
un ejemplo numérico. Si, por ejemplo, gracias a un coeficiente de actividad de
empresa más elevado, gracias
292
LA NUEVA ECONOMÍA
al mejoramiento de la técnica, gracias al trabajo más productivo de los
obreros y a una vasta planificación de toda la economía estatal, nuestra
industria produce, en un año cualquiera, la unidad de producción un 10 % menos
cara y si, después de su conversión en dinero, da, por ejemplo, 150 millones
más en toda la producción, una justa política de precios consistirá en repartir
esa «economía» en tres direcciones: acumulación, reducción de los precios y
aumento de los salarios. Tal distribución es ella misma no solamente función
del aumento de la producción y la productividad del trabajo, sino que aparece
también como la condición indispensable de ese aumento. Sólo con tal sistema de
distribución es posible no solamente estimular la venta de una masa creciente
de productos y satisfacer progresiva-mente las necesidades del agro (lo que no
es más que una de las condiciones del problema y no todo el problema), sino
satisfacer las otras dos condiciones sin las cuales el movimiento hacia
adelante es imposible. El financiamiento de una productividad del trabajo
creciente, es decir, la elevación de los salarios, es una condición
indispensable para que no se produzca estabilización en ese dominio.
Finalmente, sólo asegurando la acumulación, es posible un aumento ulterior de
la producción. Pues ese desarrollo supone la presencia de capital nuevo en
diversas proporciones, in natura, que difieren en todas las ramas, como
condiciones indispensables de la reproducción ampliada en la etapa siguiente.
Lo mismo que, sin una plusvalía que exceda por su voluntad el consumo de la
clase capitalista y de los grupos que ella mantiene, es imposible la ampliación
de la reproducción capitalista, igualmente, sin un volumen determinado de
plusproducto en la industria estatal, es inconcebible su desarrollo ulterior.
La política de precios ideal es para nosotros aquella en que el nivel de los
precios, a despecho de su baja, fundada en los éxitos de la producción, prevé
no simplemente la reproducción, sino la reproducción ampliada más la electrificación,
y todo ello asegurado automáticamente de un ciclo a otro. Si tal política es
imposible para ciertas ramas, hay que apoyarse en ese proceso a fortiori en el
flujo de recursos de las esferas situadas más allá de los límites de la
economía estatal. Otra cuestión es saber en qué proporciones es posible
acercarse actualmente a ese ideal. Debemos tener en cuenta inevitablemente
todas las condiciones de resolución de los problemas: el crecimiento
relativamente lento de la acumulación en la economía campesina y el del poder
adquisitivo de ésta, el problema de la
293
Evgeni Preobrazhenski
proporcionalidad en el desarrollo de la industria y la agricultura, la
importancia de la cosecha del año considerado, la de la exportación posible,
los precios en el mercado mundial de cereales, los precios de todos los
artículos de exportación, etcétera.
Al aplicar esta política de precios en baja tropezaremos con una
dificultad importante. En la medida en que el comercio al detalle se halla en
su mayor parte en manos del capital privado, nuestra política de reducción de
precios tropieza, en las ramas en que la producción está en retraso con
respectó a la demanda, con una dificultad de las más serias, que paraliza la
política de reducción de los precios para el consumidor. A causa de que la
mayor parte del comercio al detalle se halla en manos del capital privado,
tenemos inevitablemente, en el momento de una reducción de los precios en caso
de escasez de mercancías, una acumulación precisamente en la esfera del capital
privado.106 La mayor parte resultante de la baja de los precios cae en sus
manos y no logramos mejorar la situación del consumidor sino en parte,
particularmente del consumidor rural. Si la baja de los precios quiebra el
proceso de acumulación, es decir, la posibilidad de la reproducción ampliada en
una rama dada, la vía que permite alcanzar una baja real en la etapa siguiente
se cierra ante nosotros. Pues la ampliación exige un capital adicional. Si no
lo hemos obtenido en el curso del ciclo precedente, no obtendremos el año
siguiente sino el volumen de producción del año transcurrido. El corte entre
precios al por mayor y precios al detalle se mantendrá y, como en el pasado, el
consumidor no podrá aprovechar la ventaja de la nueva política de baja.
Resultará de ello un estancamiento en la producción y precios ele: vados en el
comerció al detalle. Evidentemente, en ese caso, nos
106 No citaré más que un solo
ejemplo muy significativo de reducción de los precios cuando la demanda excede
a la oferta. La producción total de la industria textil para 1923-1924 era
evaluada en 570 millones de rublos. Para la última reducción de los precios
solamente, esta industria ha tenido que sacrificar más de 40 millones de
rublos. Se ve por las cifras siguientes lo que el campesinado medio y pobre ha
obtenido de esta reducción. Del conjunto de la producción de la industria
textil en el curso del año último, el 35 % de los tejidos de algodón, el 27 %
de los tejidos de lana y el 9,7 % de los tejidos de lino han ido a los campos.
Y los campesinos pobres y medios compran alrededor del 60 % de todo el consumo
de tejidos del campo, Al mismo tiempo, el año último, el aumento de los precios
al por menor, comparado con los precios al por mayor de los tejidos ha sido de
un 31 % el l.° de abril de 1924, un 38 % el 1.° de agosto y un 44,7 % el 1.° de
diciembre, es decir, han subido pese a la disminución de los precios al por
mayor. Por consiguiente, el capital privado del pequeño comercio se ha
apropiado de una parte enorme de La reducción de los precios. He aquí a lo que
lleva una política de reducción de precios a cualquier costo, en presencia de
una producción interior insuficiente, es decir, de una acumulación insuficiente
para la reproducción ampliada.
294
LA NUEVA ECONOMÍA
beneficiaríamos en no reducir los precios en tanto no hayamos alcanzado
una ampliación de la producción, o recurriendo a la intervención mercantil si,
por un lado, ésta está en condiciones de suprimir la escasez temporal de
mercancías y, si, por otro, nos da recursos suplementarios con miras a la
reproducción ampliada en una rama dada en la estación siguiente. Así, pues,
está claro que la palabra de orden pura y simple de baja de los precios, no
controlada y confrontada con los otros objetivos, puede en ciertos casos
detener el desarrollo de tales o cuales ramas de nuestra industria sin aportar
ninguna ventaja a las grandes masas de consumidores, particular-mente los del
agro. No debemos atenernos al punto de vista del consumidor, sino al punto de
vista de la producción y partir de la producción. Pues no vivimos aún en una
sociedad socialista, con su producción destinada al consumidor; vivimos el
período de la acumulación socialista originaria, bajo el talón de hierro de la
ley de esta acumulación. Evidentemente, la posición del productor,
principal-mente del productor obrero consciente, no es tan popular como la
política de simple baja de precios a toda costa; no es tan popular como el
punto de vista del consumidor ante nuestra economía. Pero hay que recordar una
cosa: solamente en la medida en que aparece como consecuencia de la
acumulación, de la reproducción ampliada en la etapa precedente, no se
transforma la política de baja de los precios en una frase destinada al
consumidor de base. No debemos ir de la baja de los precios a la acumulación,
sino de la acumulación a la baja de los precios. Si para salir de la crisis de
fines del año 1923, nos fue fácil reducir bruscamente los precios y si esta
baja tuvo un efecto positivo para la producción misma, fue solamente porque en
el curso del ciclo precedente habíamos acumulado suficientemente para esta
operación y acumulado tal vez más de lo que era necesario. En las condiciones
más o menos normales de desarrollo de nuestra industria en el futuro, tales
saltos serán a la vez materialmente imposibles y poco racionales para la
economía entera.
Hay que decir aquí que uno de nuestros problemas más graves –el de la
desocupación–, con todas las tentativas hechas para resolverlo de modo radical,
descansa enteramente en el de la acumulación. Centenares de millones de valores
en forma de trabajo no utilizado de los obreros desocupados, fábricas paradas
con un equipo inactivo, utilización poco económica del capital de las fábricas
en servicio, se
295
Evgeni Preobrazhenski
pierden y las gentes tienen hambre, por el solo hecho de que apenas si
abordamos la acumulación y no hemos obtenido hasta ahora, en ese campo, sino
éxitos por ahora mínimos.107
Sin embargo, el problema de la desocupación no es solamente un problema
obrero, sino también un problema campesino. Un estudio especial podría mostrar
cuánto recibirían actualmente los campos con su inmenso depósito de fuerza de
trabajo no utilizada si lográramos restablecer las relaciones de preguerra
entre la industria y la agricultura y ocupar, con ello mismo, a centenares de
miles de nuevos obreros en la producción y a masas todavía más importantes de
fuerzas campesinas en diferentes trabajos estacionales.
El segundo problema en el que hay que detenerse ahora es el de la
importancia de la imposición a la economía privada en beneficio del desarrollo
de la industrIa. He citado más arriba un pasaje de mi artículo en que se dice
que nuestra tarea en ese campo no consiste en tomar menos que el capitalismo,
sino en tomar más, de un ingreso aún más alto. El camarada Bujarin califica
esta idea de «juiciosa» (pensad un poco, ¡qué honor!), pero no comprende cómo
esa idea se ha insertado en ese cementerio de errores que ha fabricado a partir
de mis opiniones para facilitar su propia polémica. No hay en mí, sin embargo,
nada que contradiga esa idea. Admitamos que nuestra economía campesina, gracias
a la intensificación y al cabo de un intervalo de tiempo bastante prolongado,
brinda tres veces más ingresos que, por ejemplo, los que daba antes de la
guerra, lo que no parece en modo alguno utópico (nuestros agrónomos estiman
posible un progreso aún más rápido de los rendimientos); ¿por qué no podríamos
entonces tomarle una vez y media más de lo que tomaba el capitalismo? O bien,
para citar un ejemplo numérico arbitrario: si el capitalismo tomaba, por
ejemplo, 20 rublos de cada 100 rublos de
107 Incluso en la esfera de la
teoría, se ve cuán difícil nos será conducir el proceso de esta acumulación.
Apenas la interpretación teórica de ese proceso ha comenzado, ya se le grita;
Cuidado!» Y, sin embargo, sin una acumulación coronada por el éxito en la
industria, el problema de la baja de los precios es insoluble. Es una vía
difícil, pero es la única posible para nosotros. Si nos negamos a emprender
esta vía o si frenamos el movimiento hacia adelante siguiéndola, no nos quedará
objetivamente más que una salida para reducir los precios a toda costa:
suprimir el monopolio del comercio exterior y realizar la unión de la economía
campesina y la industria extranjera, es decir, la vía de la liquidación de la
industria estatal. Si esta vía está excluida para nosotros, no resta más que la
que pasa por la acumulación. Luego, en nombre de la reducción de los precios,
en nombre de la liquidación de la desocupación y el aumento de los salarios, en
nombre del fortalecimiento del bloque obrero-campesino y de nuestra dictadura,
es indispensable una acumulación coronada por los más grandes éxitos posibles.
296
LA NUEVA ECONOMÍA
ingreso campesino, ¿por qué el Estado socialista no puede tomar 30
rublos de cada 100 rublos de ingreso? Tanto más cuanto que, por el canal del
crédito anticipado, que es tan ventajoso para la industria como para la
agricultura con el éxito de la acumulación, haremos volver una parte de esos
recursos al capital de la economía campesina. Todo esto no suscita ninguna
objeción del camarada Bujarin. Pero hay más: habiéndose dejado arrastrar por
esa perspectiva, elabora una fórmula que se distingue poco de la mía y declara:
«Dado el lugar específico importante de las empresas campesinas, la
acumulación en la industria socialista es una función de la acumulación en la
economía campesina».
Solamente que el camarada Bujarin no comprende cómo mi tesis concuerda
con la perspectiva de «absorción» de la economía campesina por el Estado, cómo
concuerda con el programa de despojo colonial del agro, por ignorancia de la
capacidad del mercado campesino, etc. Pero si se toma en consideración el hecho
de que la «absorción», la política colonial, etc., no son sino el producto de
la «reproducción ampliada negativa» de mi oponente en el campo de la polémica,
la contradicción es retirada de golpe; es retirada de manera mucho más simple
de lo que es necesario según Hegel. Exactamente de la misma manera, la
reflexión del camarada Bujarin tocante al hecho de que yo propongo, digamos
así, matar la gallina de los huevos de oro de nuestra industria estatal, es decir,
frenar el desarrollo de la explotación campesina, está en contradicción
evidente con el texto de mi obra. Y hay que decir otra vez que mi artículo no
ofrece un análisis numérico de la economía ni una estimación del papel de sus
diferentes partes en forma numérica. También aquí el camarada Bujarin se ha
apresurado demasiado a entrar en lucha sin haber esperado la exposición de mis
opiniones sobre la estructura económica de la explotación campesina actual de
la Unión. Y cuando el camarada Bujarin me alecciona, al decir que la
acumulación en la economía campesina es una función de la acumulación
socialista, me presenta, en primer lugar, mi propia tesis, solamente que
expresada en otros términos, y en segundo lugar, no me la presenta de ningún
modo en forma mejorada. En efecto, hablando de la dependencia de la economía
estatal respecto a la importancia de sus intercambios con la economía privada,
escribo:
297
Evgeni Preobrazhenski
«Sobre ese punto (es decir, sobre el de las relaciones de intercambio
con la economía privada, E.P.), la proporcionalidad en el desarrollo de la
industria estatal depende de la proporcio-nalidad en el desarrollo de la
economía privada. Y esto último se opera de manera espontánea. La industria
estatal está aquí sólidamente ligada al carro de la economía privada. Y es
justamente su acción sobre la demanda del mercado la que aparece como la
condición indispensable de la acumulación socialista misma. Si la acumulación a
expensas de la economía privada implica una balanza positiva de los valores
inter-cambiados en beneficio de la economía estatal, esta balanza será tanto
más elevada cuanto más elevadas sean las magnitudes numéricas de los
intercambios, en igualdad de las demás circunstancias».
En otros términos, el volumen de la acumulación está ligado al de los
intercambios. Y el crecimiento de los intercambios por parte del agro sólo es
posible sobre la base del aumento del carácter mercantil de la economía
campesina, siendo esta acentuación sinónimo del impulso de la economía y de su
rendimiento; de ahí la dependencia entre el volumen de los intercambios y el de
la acumulación. ¡Cómo se parece todo esto a lo que el camarada Bujarin escribe
a cuenta mía!
Pero la exposición del camarada Bujarin no aparece mejorada con relación
a la mía, pues no refleja la enorme importancia de la contradicción dialéctica
ligada a los procesos descritos. Esta contra-dicción se reduce a esto: cuanto
más rápidamente se levanta la economía campesina, más de prisa aumenta su
carácter mercantil y más se ensancha la base de la acumulación socialista en
ese dominio. Esto por un lado. Pero cuanto más rápido es su crecimiento y más
se ensancha la base de desarrollo de las leyes fundamentales de la economía
mercantil, más se profundizan y ensanchan las oscilaciones del elemento
espontáneo del mercado, más se ensancha la base de la formación –fundándose en
el mismo– de relaciones capitalistas, con todas las consecuencias que de ello
se desprenden, económica y políticamente, para el sistema socialista. Las
condiciones del crecimiento en los dos polos, son al mismo tiempo condiciones
del crecimiento de las contradicciones entre los dos sistemas, porque crecen
simultáneamente tanto las posibilidades de una regulación más profunda de la
economía por parte del Estado, como las fuerzas que se
298
LA NUEVA ECONOMÍA
oponen a esa regulación y la jaquean. De una manera general, esta idea
no es nueva. Ha sido expresada también por el camarada Lenin en otra forma.
Pero en todo caso es importante para nosotros observar a cada instante el
desarrollo de esta contradicción y estar siempre al corriente de las cosas a
fin de saber cuáles son las expresiones aritméticas de esas contradicciones,
crecientes de una parte y decrecientes de la otra. Habiéndose dejado arrastrar
por la tarea de «batir a Preobrazhenski» a toda costa, el camarada Bujarin se
ha ocupado profundamente de un aspecto del problema, mientras que el segundo
escapa a su vista.
En lo que concierne a la capacidad del mercado campesino interior y la
apreciación de su papel en favor de nuestra industria, ahí menos que en otra
parte tengo yo que recibir lecciones del camarada Bujarin. Ese problema lo he
planteado hace un año y medio en un informe y en mi folleto «De las Crisis
Económicas Bajo la NEP», por lo cual me he atraído, por ironía de la suerte, el
reproche de “populismo” por parte del camarada Larin. Se consagrará igualmente
mucho lugar a ese problema en esta obra, uno de cuyos capítulos critica el
camarada Bujarin. El camarada Bujarin dice que no he hecho más que una
observación a ese respecto. Es verdad que digo de ello poca cosa por una razón
muy comprensible. Si pudiera, en efecto, escribir de golpe en un solo capítulo
sobre todas las cosas no tendría necesidad de un libro. ¡Hay muchas cosas que
no se tratan en ese artículo! Nada se dice tampoco, por ejemplo, de la
capacidad del mercado urbano para la economía campesina, lo que reviste
igualmente una enorme impor-tancia para nuestra economía y aumenta,
precisamente para el campesinado, toda la importancia de una rápida
acumulación, es decir, de la reproducción ampliada en la industria. La crisis
de la ganadería de este año constituye una ilustración muy significativa.
El camarada Bujarin no está de acuerdo con mi afirmación tocante a la
necesidad de precios en baja o de precios estables en el curso de los próximos
años; no estima justa más que la consigna de precios en baja. Debo señalar a
ese respecto lo que sigue. Primero, existen entre nosotros algunas ramas
industriales en las que no tendría ningún sentido preocuparnos particularmente
por la reducción de los precios: tales son, por ejemplo, todas las producciones
ligadas a la demanda burguesa, como la producción de artículos de lujo o
producción de bebidas alcohólicas, etc. Hay que esforzarse aquí también por
alcanzar
299
Evgeni Preobrazhenski
una reducción de los costos, pero hay que transferir la ganancia de esas
ramas a otras producciones que sufren una falta de capitales en la medida en
que ese problema no es resuelto por el aumento de los impuestos indirectos
sobre los artículos de consumo. En segundo término, yo no hablaba solamente, en
mi artículo, del año en curso y del año siguiente. Cuando se plantea entre
nosotros, con un carácter más agudo aún que actualmente, el problema de la
restauración del capital fijo de la industria y cuando la diferencia entre los
precios de las mercancías industriales y agrícolas alcance las relaciones
mundiales o nuestras proporciones de preguerra, la política de precios deberá
alternar con períodos prolongados de precios estables y, en caso de
encarecimiento de las materias primas, extranjeras principalmente (algodón,
caucho, lana fina, cueros crudos, etc. –lo que no depende de nosotros–), las
fluctuaciones de precios en alza no están excluidas. A causa de ello, por
prudencia, no he hablado solamente de precios en baja.
El camarada Bujarin la emprende vigorosamente con una de mis
observaciones en lo que concierne al carácter desventajoso para nosotros de un
comercio «filantrópico». ¿De qué se trata?
Yo hablaba, en cierto pasaje de ese artículo, de la inoportunidad, desde
el punto de vista de la acumulación, de ocupar una fracción del capital del
Estado en un comercio que no nos reporta ningún beneficio y no resuelve otros
problemas más importantes, es decir, en primer lugar los problemas de la
ampliación ulterior de la producción. Dada nuestra extrema pobreza en
capitales, el Estado debe resolver en todo instante la cuestión de saber dónde
es particularmente necesario y ventajoso dirigir en lo inmediato sus recursos.
Actualmente, esta cuestión se plantea para nosotros en toda su gravedad. ¿Es
ventajoso ocupar nuestros recursos en el comercio mientras éstos faltan
gravemente en la industria? Desde luego, no podemos evitar situar una parte del
capital estatal en el comercio estatal y la cooperación. Nuestros recursos,
colocados en esos ámbitos, es decir, en la esfera de los intercambios,
aumentarán sin ninguna duda. Pero para nosotros es completamente inoportuno
situar esos recursos, precisamente en el momento considerado, en un comercio
que no aporta nada en materia de acumulación y sólo resuelve el problema de la
disminución de la explotación del pequeño productor por el capital privado.
Generalmente hablando, este último problema es también importante, pero aquí
300
LA NUEVA ECONOMÍA
tenemos que trasladar el centro de gravedad de nuestra política a la
incorporación del capital de los pequeños productores mismos en el comercio de
ese tipo, desarrollar, a partir de los recursos propios de los campesinos, la
cooperación en la venta, y no afectar en ese comercio una parte de nuestro
capital estatal, quitándoselo a la producción. No somos todavía suficientemente
ricos para pasar también, en proporciones masivas, a la conquista de esa parte
de los intercambios. He aquí todo lo que tengo que decir acerca de esto. Sobre
la base de la experiencia de que ya se dispone, ha sido plenamente confirmada
la justeza de esa idea por la experiencia del año último
LAS FUERZAS MOTRICES DEL DESARROLLO DE NUESTRA ECONOMÍA
En un párrafo de su artículo titulado «Parasitismo monopolista o
movimiento socialista hacia adelante», el camarada Bujarin desarrolla una serie
de ideas completamente justas sobre lo que debe impulsar hacia adelante nuestra
industria en las condiciones del monopolio estatal en la gran producción y los
transportes. Pero no comprendo por qué esas ideas, que expresaba yo mismo antes
de la aparición del artículo del camarada Bujarin (lo que él no ignora), tienen
que aparecer como objeciones a mi punto de vista. Si la competencia era y es
actualmente en parte la fuerza motriz del desarrollo capitalista, si las
empresas capitalistas debían, bajo la amenaza de la bancarrota, reducir sus
precios y luchar por su existencia elevando la técnica, aumentando la productividad
del trabajo y bajando los precios; si, al mismo tiempo, la carrera tras las
ganancias era un estímulo para los capitalistas, la economía estatal del
proletariado desarrolla otros estímulos y otros reguladores que son justamente
propios de ese sistema de economía. La palanca esencial está constituida por la
presión de la clase obrera como consumidor sobre su Estado y sobre su aparato.
Desde ese punto de vista, no solamente la presión de los obreros sin partido
sobre los sindicatos y la de los sindicatos sobre los órganos económicos y
sobre el Estado constituyen una parte indis-pensable de ese mecanismo de la
nueva economía, sino la presión espontánea de los obreros y aun las
«remolonerías» desempeñan también un papel análogo. A este respecto, nuestro sistema
está, por un lado, conscientemente organizado y, por el otro, experimenta
301
Evgeni Preobrazhenski
espontáneamente, en el interior de sí mismo, el juego de los reguladores
que deben remplazar los estímulos de la lucha competitiva capitalista y llenar
las mismas funciones aunque con otros medios. Estos dependen directamente del
hecho que el Estado es entre nosotros un Estado obrero, la industria una
industria estatal y que esta industria estatal está soldada al Estado
proletario.
En cuanto a la presión de los campesinos como consumidores, la misma no
constituye una presión interior a la forma socialista: se ejerce desde el
exterior, pero, por sus consecuencias objetivas, está próxima a la presión de
la clase obrera. Su diferencia con la presión obrera se reduce a esto. Del
mismo modo que la competencia entre empresas capitalistas no toca los
fundamentos de la existencia del sistema considerado y no conduce, en el peor
de los casos, más que a las quiebras y la ruina de algunas empresas aisladas,
así la presión de la clase obrera sobre su Estado no puede conmover las bases
de este Estado y no hace sino acelerar el ritmo de desarrollo de la industria y
mejorar los métodos de trabajo y la calidad del trabajo de sus órganos. Al
contrario, la presión de los campesinos, por su contenido social, su contenido
de clase, es una presión que se ejerce desde el exterior; puede franquear los
límites de la presión de uno de los aliados sobre el otro; y a este respecto se
distingue por principio de la presión de los obreros. Pero como estímulo de la
elevación de la producción y de su racionalización, esa presión puede tener, en
la medida en que no perturba el sistema soviético, las mismas consecuencias que
la presión del proletariado como consumidor.
Es justamente la presencia de esas palancas en nuestro sistema económico
lo que garantiza que la economía estatal, en presencia de la presión ejercida
desde el exterior por el capital extranjero, no se dormirá sobre los laureles
del monopolio, y cuanto más lejos vaya esa presión, más vigorosamente
arrastrará a todo el sistema en una carrera más rápida hacia adelante. No he
abordado tampoco esta cuestión en mi artículo, pues la misma será examinada en
otro capítulo del libro en el que se tratará de la estructura de la
organización de nuestra economía, de la acumulación de la cultura socialista y
de la elaboración de un tipo nuevo de trabajadores de la economía estatal.
302
LA NUEVA ECONOMÍA
A causa de que todo lo escrito por el camarada Bujarin en ese párrafo no
constituye en modo alguno una objeción contra mí, el camarada Bujarin me
atribuye, para descubrir una divergencia conmigo, la defensa de una política de
aumento de los precios tal, que debe ser, según él, «otra forma de imposición
fiscal». Sí, soy partidario de reducir al mínimo los impuestos directos al
agro. De reducirlos, digamos, a un solo impuesto sobre el ingreso y tomar todo
lo demás por vía de impuestos indirectos sobre los artículos de consumo y por
una política de precios apropiados.108 (A propósito, ésta era la idea de
Vladimir Ilich, idea que más de una vez he oído en su boca durante el período
de la NEP.) Pero si emprendemos esa vía –y estamos ya en ella en parte–, ello no
significa en modo alguno que no podamos alcanzar nuestro fin sino con el
aumento de los precios. He dicho ya más arriba que no solamente no estamos
obligados a ello en las condiciones presentes, sino que podremos, al contrario,
aplicar esa política con precios en baja o precios estables.
LA LEY DE LA ACUMULACIÓN SOCIALISTA
El camarada Bujarin tiene una actitud escéptica respecto a la ley
fundamental de la acumulación socialista originaria que he formulado, y esto no
solamente desde un punto de vista político, sino también desde un punto de
vista científico y teórico. ¿Pero qué ha dicho contra esa ley? Debo reconocer
que he estudiado justamente, con el mayor interés y la mayor atención, la parte
del artículo del camarada Bujarin que me concierne afectivamente. Sobre la base
de la experiencia pasada, esperaba, no sin alguna razón, que precisamente sobre
ese punto, el camarada Bujarin nos aportara materiales nuevos que permitieran
plantear diferentemente el problema u opusiera a mi construcción la suya
propia, como lo ha hecho habitualmente en casos semejantes. Pero he sufrido un
desencanto. El centro de gravedad de su artículo está situado enteramente en la
esfera de la política, es decir, en un campo que yo no he abordado directamente
y donde mi oponente, como se sabe, no figura como gran especialista.
108 He hablado de esto en enero de
1924, en la Conferencia del Partido, por lo que fui acusado por el camarada
Larin, con la desenvoltura que le es propia, de desviación pequeñoburguesa.
303
Evgeni Preobrazhenski
Sólo al final de su artículo el camarada Bujarin ha recordado por dónde
debía comenzar y a qué debía consagrar lo esencial de su respuesta. ¿Pero qué
ha dicho contra mí?
A juicio del camarada Bujarin, la base de mi ley es una perogrullada
pura y simple. En un país de dictadura del proletariado en que la industria
está más desarrollada, será la industria misma la que suministre más
plusproducto que los pequeños productores. Pero allí donde la industria es más
débil y donde la pequeña producción es muy fuerte ocurre al revés. No discuto
que esto sea una perogrullada, lo mismo que el camarada Bujarin no discutirá
probablemente que el punto de partida lógico de toda ley sea alguna
perogrullada o algún axioma. Todo está en la cadena de las deducciones
ulteriores. El camarada Bujarin no juzga obligatorio ligar lógicamente esa
pero-grullada a la afirmación según la cual cuanto más importante es la parte
específica de la pequeña producción en el Estado socialista con relación a la
de la economía estatal, menos equivalentes serán los intercambios de mercancías
entre los dos sistemas. En primer lugar, yo hablaba, en el enunciado de la ley,
de la balanza general de los intercambios de materiales entre las dos formas
económicas y no sólo de la balanza de los intercambios de mercancías entre las
mismas. La objeción del camarada Bujarin sobre ese punto no tiene nada que ver
con este asunto. Pues si se admite que entre nosotros, en Rusia, la no
equivalencia de los intercambios en las condiciones de la libre competencia con
los países capitalistas será menor que en el interior de los países
capitalistas avanzados, ello no quiere decir en modo alguno que con técnica
igual, pero en ausencia de libre competencia y en presencia del monopolio
socialista, todo esto no cambiará en el curso del período de acumulación
socialista propiamente originaria. Pues habiendo partido de una perogrullada,
llegamos inmediatamente al hecho de que, durante el período de acumulación
socialista originaria y mientras dure la existencia de la acumulación
socialista propiamente originaria, los precios de la industria deben incluir no
sólo todos los elementos de la reproducción, sino también asegurar (si esto no
es logrado por vía fiscal) el paso de la industria a una base técnica nueva. Es
una cuestión muy distinta saber cuánto tiempo durará todo ese proceso y en qué
grado de mayor o menor rapidez se efectuará esa acumulación. Desde luego, dada
nuestra pobreza general y el bajo nivel de nuestra agricultura, todo ese
proceso se
304
LA NUEVA ECONOMÍA
operará muy lentamente si no somos sostenidos por la revolución europea.
Pero ese proceso es un proceso inevitable, es una cuestión de vida o muerte
para el sistema soviético de economía. La ley de la acumulación socialista
originaria es la ley de la lucha por la existencia de la economía estatal. La
no equivalencia de los intercambios, que esta ley impone también en la esfera
de los intercambios de mercancías, reproduce no solamente la proporción en la
cual esta no equivalencia existe en los países capitalistas, sino que está
también vinculada a algo más. En cuanto a la cuestión de saber si en Alemania
socialista, por ejemplo, los intercambios entre ciudades y campos serán más
equivalentes que en la Unión Soviética, la misma es por el momento una cuestión
académica, porque, de un lado, nadie puede calcular con precisión sobre cuál
porcentaje de los precios de nuestra producción industrial interior se
descansará para reequipar técnica-mente la economía, y de otro, nadie puede
tampoco calcular cuál será la parte específica de los cultivos que requerirán
mucha mano de obra en la agricultura de la Alemania socialista. Y si, al
formular la ley, he mencionado la reducción de la no equivalencia de los
intercambios con las antiguas colonias, yo tenía presente el aspecto de la no
equivalencia de los intercambios que está específicamente vinculado a la
explotación y la política capitalista e imperialista. El camarada Bujarin
escribe que la cuestión de la no equivalencia de los intercambios no es tan
simple como yo la represento. No pienso en modo alguno que esta cuestión sea
simple y que no exija el estudio teórico más detallado. Comprendo muy bien la
diferencia en ese punto entre los países que poseen, al lado de la pequeña
propiedad campesina, una gran propiedad capitalista (que se convertirá en
socialista con la dictadura del proletariado) y los que tienen una gran
producción industrial y no tienen en la agricultura más que la pequeña
producción o punto menos, y donde la lucha entre la gran producción y la
pequeña adopta la forma de una lucha entre industria y agricultura, entre
ciudades y campos.
Pero, partiendo de la objeción del camarada Bujarin, no veo que él haya
complicado aquí el problema en lo más mínimo, con relación a lo que he dicho
sobre ese asunto en mi artículo. A despecho de toda mi buena voluntad, no
puedo, desgraciadamente, extraer gran provecho sobre ese punto de las
objeciones del camarada Bujarin.
305
Evgeni Preobrazhenski
Es lo mismo a propósito del tema central de mi artículo, que se refiere
a la lucha entre la ley del valor y la ley de la acumulación socialista, en que
el camarada Bujarin se limita a una sola observación, con la cual intenta
también probar que «las cosas son mucho más complejas que a juicio del camarada
Preobrazhenski». Citaré aquí íntegramente esa observación del camarada Bujarin:
«No podemos entrar en un análisis detallado de una tesis teórica general
del camarada Preobrazhenski en la cual él (Preobrazhenski) representa el
proceso de acumulación socialista como una lucha entre dos leyes: la de la
acumulación socialista y la del valor. A juicio del camarada Preobrazhenski, la
ley de la acumulación socialista paraliza en parte y “deroga” en parte la ley
del valor, que en una época dada pasa completamente a un segundo plano.
No haremos aquí sino la observación siguiente: la “ganancia”
suplementaria de los complejos económicos importantes se obtiene; 1) por el
hecho de que el costo individual es en ese caso inferior al costo social, sobre
la base de la ley del valor, evidentemente; 2) por el hecho del monopolio. Si
se examina un largo intervalo de tiempo, no es difícil ver que la primera ley
expresa el desarrollo de las fuerzas productivas y se apoya en éste, mientras
que la segunda está más o menos ligada a las tendencias conservadoras, en el
sentido en que hemos hablado en el texto. Por otra parte, la ley del valor,
que, en una sociedad no organizada, es una ley de distribución del trabajo
social, aparece como un límite determinado por el monopolio. Ya que existe un
límite objetivo a la distribución de las fuerzas productivas, más allá de ese
límite una crisis aguda se hace inevitable. Finalmente, el “monopolio”
universal, es decir, la organización universal de la sociedad, transforma la
ley espontánea del valor en una “ley” conscientemente planificada de la
política económica, una ley de distribución racional de las fuerzas
productivas. Así, las cosas son mucho más complejas que como las ve el camarada
Preobrazhenski.»
Estimo que no soy yo, sino el camarada Bujarin, quien comprende de
manera simplista la ley de la acumulación socialista originaria. La lucha se
desarrolla aquí entre la ley del valor y el principio de planificación. Pero,
en una etapa dada, es decir, en la etapa inicial de la lucha del
306
LA NUEVA ECONOMÍA
principio de planificación con el mercado, dada la pobreza de capitales
y la debilidad técnica y económica de la economía estatal, esta lucha adopta
inevitablemente la forma de una lucha de la ley de la acumulación socialista
originaria con la ley del valor. La ley de esa acumulación no es más que la
primera etapa, la edad infantil del principio de planificación. La regulación
no se desarrolla por sí misma; está sometida a los objetivos de la acumulación
originaria, lo mismo que en el curso del período del comunismo de guerra las
tentativas de construcción de una economía planificada no estaban sometidas al
objetivo abstracto del plan socialista, sino a las tareas de la defensa del
país en la guerra civil. Si nos apartamos de la dialéctica de todo ese proceso,
si se divide todo el campo de estudio en pequeños cuadrados regulares de
abstracción y si se retarda en esa ocasión la marcha de la historia, nos
debatiremos ciertamente en el torniquete de insolubles contradicciones: de una
parte, entre el monopolio y la ley del valor y, de otra, entre el capital en el
sentido antiguo de la palabra y el capital estatal en el nuevo sentido del
término. Pero hay aquí una salida. Reside en que la vida real se desarrolla,
según Hegel, Marx y Lenin, de manera dialéctica, y zanja con ello las
contradicciones nacidas del esquematismo de nuestro pensamiento y de la
inmovilidad de la terminología elaborada en el momento del estudio de un
sistema, que rehúsa frecuentemente todo servicio durante el tránsito histórico
de un sistema a otro.
Desde ese punto de vista, las observaciones del camarada Bujarin
tocantes al hecho de que es imposible asociar producto y capital son
completamente justas desde el punto de vista de la estadística termi-nológica,
pero incorrectas desde el punto de vista de la descripción del proceso
dialéctico. No he cometido aquí un desliz terminológico; he partido
deliberadamente del hecho de que la transformación de la mercancía en producto
y la sustitución del capital privado en el sentido antiguo por el capital estatal,
se operan después de la Revolución sobre la base del crecimiento progresivo de
uno de los sistemas a expensas del otro. Si el camarada Bujarin propone en esta
ocasión una feliz solución a esta dificultad terminológica, seré el primero en
saludarla. Pero por el momento no lo ha hecho. Al contrario, sacrifica una
columna entera para rectificar mi falta en el empleo en dos o tres lugares, en
aras de la concisión, del término «acumulación socialista» en lugar de
«acumulación socialista originaria». Reconozco mi falta y la
307
Evgeni Preobrazhenski
repararé en la primera ocasión. Esperaré, sin embargo, que el camarada
Bujarin no se limite, en el futuro, a matar gorriones a cañonazos, es decir, a
deslices terminológicos, y diga algo también sobre el fondo del tema.109
Debo protestar de la manera más enérgica contra las últimas líneas del
artículo del camarada Bujarin, cuando éste escribe:
«El lector, habituado al análisis de los diferentes matices ideológicos,
discierne aquí de buenas a primeras una ideología corporativa que “no tiene que
ver” con las otras clases y a la que no preocupa el problema fundamental de la
política proletaria, el problema del bloque obrero-campesino y la hegemonía
proletaria sobre ese bloque. Un paso más en ese sentido y tendremos
íntegramente la ideología semimenchevique de los tradeunionistas acabados del
tipo ruso: burlarse del ruralismo, hacer más concesiones al capital extranjero,
ni un centavo para las quimeras de la cooperación y el agrarismo, presión
reforzada sobre el campesinado para gloria del “proletariado”, etc. A esto
tiende esta ideología».
Hasta qué punto esas acusaciones son inexactas, artificiales y
deshilvanadas, para expresarse moderadamente, se ve por el único punto concreto
de esa acusación, a saber: «hacer más concesiones al capital extranjero».
Respecto a esas concesiones escribo yo, en mi artículo, lo siguiente:
«El aspecto negativo esencial de las concesiones reside en que aquí la
economía estatal, durante el período de acumulación socialista originaria, es
decir, durante el período en que esa economía es más débil, entra en contacto
directo con el capital extranjero armado de pies a cabeza con su técnica y sus
excedentes de capital fijo y circulante y que posee grandes reservas de nuevos
capitales en su retaguardia burguesa... Así, la situación puede ser tal, que
una dosis demasiado fuerte de concesiones absorbida por el organismo de la
economía estatal comenzará a descomponer ésta, como en su tiempo el capitalismo
descomponía la economía natural más débil…
109 Reconozco haber empleado de
manera incorrecta el término «capital fijo» allí donde había que decir «capital
en funcionamiento».
308
LA NUEVA ECONOMÍA
En todo caso, la prudencia en el campo de la política de concesiones
aparece como el reflejo de esa misma necesidad económica que obliga a la
economía de la URSS a sostener por todos los medios el monopolio del comercio
exterior y el sistema de proteccionismo más estricto.»
Se ve por todo mi artículo y en particular por esta cita, que una
actitud prudente respecto de las concesiones se halla muy íntimamente vinculada
a todas mis concepciones en general. Y si el camarada Bujarin sostiene lo
contrario, sin ninguna prueba y a despecho de la letra y el sentido del
artículo, es también a causa de una lógica propia interna, la de la polémica
política. Cuando con otros camaradas fui perseguido en uno de los procesos por
pertenecer al Partido, en 1910, e indiqué a nuestro defensor (Kerenski, que no
deja de ser conocido) que su plan de defensa constituía una versión tal que se
apartaba de la realidad incluso allí donde hubiera sido más ventajoso para la
defensa decir simplemente la verdad, Kerenski respondió:
«Necesitamos una versión tal de la defensa que ella sea más fácil de
asimilar y que los jueces crean mejor y no complicar lo que edificamos con
consideraciones sobre lo que fueron los hechos en los casos particulares».
Tales son las reglas de la defensa en el tribunal. Pero tales son
también las reglas del ataque político. En este ataque no es siempre necesario
e incluso no lo es en absoluto decir lo que es en realidad. Es importante crear
una versión de las acusaciones, la más ventajosa, y al mismo tiempo la más
manida, la que entre más fácilmente en la cabeza del lector. El camarada
Bujarin comienza manifiestamente a asimilar esta regla de estética, tanto
jurídica como política. Solamente de esta manera se puede explicar que haya
decidido acusarme de terneza respecto de las concesiones allí donde escribo
precisamente lo inverso.
La acusación de corporativismo, de tradeunionismo, etcétera, se parece
otro tanto a la verdad. Fue Lenin quien lanzó ese término aplicado a nuestros
asuntos en el seno del Partido. Entendía él de manera completamente justa por
corporativismo el sacrificio de los intereses del mantenimiento de la
dictadura, del desarrollo de la economía socialista entera, del futuro de la
clase obrera y de todos los trabajadores, a los intereses de consumo de los
obreros. La línea de la
309
Evgeni Preobrazhenski
acumulación es, al contrario, la de la defensa de los intereses de la
economía en su conjunto y de su fracción de vanguardia, estatizada, que es el
centro motor de todo movimiento de progresión hacia el socialismo; es la línea
del fortalecimiento de los cimientos económicos de la dictadura del
proletariado en su lucha contra la presión del elemento espontáneo de los
consumidores.
Con su artículo, el camarada Bujarin va a la guerra contra una de las
tentativas de examen de las leyes de desarrollo de la economía estatal, de las
condiciones de su conservación y sus contradicciones con la economía privada en
la época en que vivimos. ¿Qué hay que decir? ¿Tal actitud es necesaria al éxito
del bloque obrero-campesino sobre la base de la conservación de la dictadura
del proletariado? No. Para esto es necesario justamente lo inverso, es
necesario un frío análisis de lo que nosotros defendemos, de aquello por lo
cual contraemos compromisos y de los límites de nuestras concesiones. Y cuanto
más importantes son esas concesiones, más necesario es ese análisis. El
campesino espera de nosotros mercancías baratas y menos impuestos; no exige en
modo alguno de nosotros una capitulación teórica, una negativa a analizar las
condiciones de desarrollo de nuestra economía. Y si sus exigencias llegaran
hasta ahí, deberían encontrar la resistencia más resuelta. Sin embargo, el
camarada Bujarin opone resistencia en la dirección precisamente opuesta, y
desde ese punto de vista conviene reflexionar bien sobre su artículo. ¿No es
ésa la primera tentativa de ceder a la presión pequeñoburguesa sobre nuestro
Partido, en un punto en que nosotros jamás hemos cedido, trabajando bajo la
dirección de Lenin y en que no debemos ceder jamás en el futuro?
Mi artículo sobre la acumulación socialista está consagrado a una
cuestión que debe concentrar nuestra atención durante dos decenios por lo
menos. Tendremos que discutir mucho todavía, tanto de los problemas generales
de la acumulación, como de las dimensiones aritméticas de esa acumulación. Ese
problema es absolutamente nuevo. Justamente por ello he querido entregarlo
primero al debate previo de lectores preparados y por ello he publicado ese
artículo en una revista clásica.
310
LA NUEVA ECONOMÍA
En lugar de tomar parte en ese debate académico previo de la cuestión,
el camarada Bujarin, al llevar ese debate a un periódico, ha tenido que
escamotear la sustancia misma de la cuestión y callar lo que él mismo no quería
divulgar; con fines polémicos, ha dado una interpretación absolutamente
inexacta de todo el artículo en su conjunto y de pasajes aislados; en total, en
lugar de plantear gradual-mente ante el pensamiento del Partido el problema
entero, en toda su complejidad, ha embrollado definitivamente toda la cuestión.
Juzgo pernicioso este método de discusión, lo rechazo y concedo al
camarada Bujarin todos los laureles de su fácil «victoria»
311
Evgeni Preobrazhenski
RESPUESTA AL CAMARADA MOTILEV
El camarada Motilev se ha levantado contra el capítulo del presente
libro consagrado a la acumulación socialista, en un breve folleto titulado
«Plusvalía y acumulación socialista en la URSS» (“Burevestnik”, 1925),
Tengo que abordar aquí no sólo la parte de este folleto estrictamente
dirigida contra mí, sino también otros trabajos del camarada Motilev que tocan
problemas de teoría de la economía soviética. Convendrá mostrar de paso que la
presunción y el aplomo de este fecundo economista son inversamente
proporcionales no solamente a sus «descubrimientos», sino simplemente a sus
conocimientos sobre el tema.
Las objeciones que me hace el camarada Motilev son, en las cuatro
quintas partes, una simple repetición, una simple exposición en términos
personales, de todo lo que el camarada Bujarin ha escrito contra mí en su
artículo examinado más arriba. El camarada Motilev no ha añadido casi nada de
su cosecha. Me detendré solamente en las cuestiones que he rozado en mi
respuesta al camarada Bujarin.
Siguiendo al camarada Bujarin, el camarada Motilev se ve obligado a
admitir que la acumulación socialista no puede prescindir de la enajenación de
una parte del plusproducto del agro en provecho del fondo de esa acumulación.
Escribe:
«Es ciertamente indiscutible por completo que cuanto más extensas son
las formas pequeñoburguesas de economía en un país dado, más importante es su
papel en la acumulación socialista originaria. Nosotros hemos establecido, en
la primera parte del artículo, que todas las fracciones de la economía nacional
participan en la acumulación socialista originaria.
Es totalmente evidente que el papel de cada fracción es, ante todo,
determinado por su lugar específico en la economía nacional.
Si la esencia de la ley del camarada Preobrazhenski no consistiera más
que en establecer ese hecho, la misma podría ser considerada como indiscutible,
pero al mismo tiempo no constituiría un descubrimiento científico.»
312
LA NUEVA ECONOMÍA
Desde luego, la esencia de la ley de la acumulación socialista
originaria no reside sólo en la comprobación de ese hecho ni reside tanto en
ella. Mis oponentes más serios han edificado casi todas sus objeciones, no
contra la necesidad de una transferencia de una parte del plus-producto de la
economía privada a la economía estatal, sino contra mi exposición de los
motivos de esa transferencia. Y al mismo tiempo se les ha escapado que sólo con
el establecimiento de la ley de la acumulación socialista originaria ese
proceso es sometido al estudio científico como proceso necesario, y que la
importancia de esa transferencia, en su aspecto mínimo, nos es dictada por una
necesidad objetiva. Al contrario, sobre la cuestión de la balanza de los
inter-cambios de valor entre la economía estatal y la economía privada, mi
oponente se ve obligado a salir del paso con frases generales de las cuales
resalta que no comprende siquiera en qué consiste el fondo del problema.
Así, el camarada Motilev está decidido a hacer extracciones, pero
proporcionalmente al «peso específico» de cada sector de la economía nacional.
Hay que decir, en primer lugar, que la economía estatal y la economía privada
no constituyen una sociedad por acciones y, desde el punto de vista teórico y
científico, esta manera de plantear el problema no soporta la crítica. No hablo
siquiera del hecho que la acumulación en función del «peso específico», y no,
por ejemplo, en función del peso específico del plusproducto, espantaría al
camarada Motilev por la importancia del gravamen a los campos si calculara su
fórmula sobre la base de una proporción aritmética.
Pero nuestro autor expone una formulación aún más «profunda» y más
«irrefutable». Escribe:
«Así, hemos establecido que no puede haber ahí apropiación excesiva de
productos de la economía campesina por el Estado» (pp. 17-18), y luego: «su
error [es decir, el mío, E.P.] es que, según él, esta apropiación puede y debe
ser amplia, importante».
¡Verdaderamente, todo esto es científicamente convincente! La cuestión
más importante de nuestra economía y nuestra existencia se resuelve sobre la
base de una proporción entre los adjetivos «no excesivo», de un lado, y «amplio
e importante», de otro. ¡Esto, como ven, es economía teórica aplicada a nuestra
economía!
313
Evgeni Preobrazhenski
En primer lugar, en mi artículo sobre la acumulación no planteo el
problema en el plano del cálculo aritmético del volumen de la enajenación de
plusproducto de la economía privada. Elucido solamente el carácter inevitable
de esta enajenación y la necesidad objetiva de tales proporciones de dicha
enajenación como las que nos son dictadas por la ley de la acumulación
socialista. Por una ley, por consiguiente, según proporciones que tienen un
carácter exteriormente coercitivo para nuestra política económica en la medida
en que una acumulación insuficiente se paga con la escasez de mercancías, con
la posibilidad de una ruptura del monopolio del comercio exterior, con el
crecimiento del capital privado y con otras consecuencias económicas y
políticas.
En segundo lugar, enumero las vías y los métodos por los cuales puede
realizarse la acumulación, en la parte que proviene de una enajenación del
plusproducto de la economía privada, mientras que, dicho sea de paso, yo hablo
en todo momento de la economía privada entera y no solamente del campesinado.
¿Qué puede, entonces, objetar el camarada Motilev contra métodos de
transferencia, en la medida en que él reconoce también la necesidad de la misma
transferencia? Nada. Al contrario, escribe que para la acumulación socialista
«habrá que aprovechar tanto la política de precios como los medios de carácter
fiscal» (p. 15), Bien, ¿de qué se trata entonces?
Se trata, Vean ustedes, del hecho de que yo estimo inevitables los
intercambios no equivalentes con la producción privada, en particular con la
producción campesina. A juicio de mi oponente, esto significa que la producción
pequeñoburguesa «se transforma en colonia» de la industria socialista. Pero
entonces una cuestión se plantea natural-mente.
Si el camarada Motilev está de acuerdo en enajenar una fracción del
plusproducto de los campos en provecho del fondo de acumulación socialista, no
solamente por vía de impuesto, sino también gracias a la política de precios,
¿de qué manera, en el momento de esta operación, pueden los intercambios ser
equivalentes para el campesinado desde el punto de vista de la ley del valor?
Que la economía campesina se transforma en colonia de la industria socialista
resulta ya del hecho mismo de la enajenación de una fracción de su plusproducto
por la política de precios.
314
LA NUEVA ECONOMÍA
Si, en cambio, se extrae todo mediante el impuesto, no habrá
manifiestamente «colonias». Y, al contrario, el «carácter colonial» de las
relaciones se acentuará cuando el Estado extraiga la misma suma por intermedio
de la política de precios y suprima completamente la imposición fiscal.
¿Y eso se llama economía teórica? ¿Por qué nuestra economía soviética ha
merecido semejante economía teórica?
En tercer lugar, sobre la equivalencia de los intercambios, he aquí lo
que hay que decir. Los precios de ios productos de nuestra industria son mucho
más elevados que los precios extranjeros, mientras que los precios de los
cereales deben tender, en su conjunto, hacia los precios mundiales, que se
establecen en la economía mundial sobre la base de la competencia entre la
grande y la mediana agriculturas capitalistas y entre éstas y la pequeña. Así,
pues, admitiendo incluso que los intercambios entre la agricultura y la
industria en la economía mundial sean equivalentes –lo que no está probado ni
puede serlo–, aun en ese caso, y en las condiciones precedentemente descritas,
los inter-cambios entre la agricultura y la industria soviéticas no pueden, en
ningún caso, ser equivalentes. Es un hecho. Si intentamos acercarnos a la
equivalencia de los intercambios acercándonos a las proporciones del
intercambio que se establecen en la economía mundial y si admitiéramos para
esto la libertad del comercio exterior, nuestra industria dejaría de existir en
los 2/3 o los 3/4. Ella se mantiene en la hora actual y se desarrolla sobre la
base de intercambios no equivalentes, sustraídos a la ley del valor de la
economía mundial por el proteccionismo socialista y por el monopolio del
comercio exterior, por esa aleación original de fuerzas políticas y económicas
que caracteriza a todo nuestro sistema de economía estatal bajo la dictadura
del proletariado. La no equivalencia descansa, sobre todo y por el momento, en
nuestro retraso técnico; se aminorará, natural-mente, a medida que se reduzcan
los costos en la producción y bajen los precios de las mercancías industriales.
Pero si la gran agricultura colectiva se desarrolla entre nosotros con éxito,
más importante será el papel de ésta, y las proporciones, en valor, de los
intercambios entre la pequeña economía campesina y la economía estatal
dependerán más de las proporciones de la distribución del trabajo entre la
agricultura socialista cooperativa y la pequeña producción agrícola privada y
más aumentará de nuevo, por consiguiente, la no equivalencia
315
Evgeni Preobrazhenski
de los intercambios de la agricultura privada con la industria
socialista, gracias al aumento de la productividad del trabajo en la
agricultura socialista y la cooperativa, Por consiguiente, no puede existir,
una vez más, equivalencia de intercambios. Es lo que se hace evidente en el
ejemplo numérico siguiente. Admitamos que en la hora actual la situación se
caracteriza por la siguiente proporción de los intercambios de tejidos por
trigo:
Industria Agricultura
100 horas 150 horas
100 archinas 100 puds
100 rublos 100 rublos
Con el aumento de la productividad del trabajo en Ja industria y con la
misma productividad del trabajo en la agricultura, tendremos:
Industria Agricultura
100 horas 150 horas
120 archinas 100 puds
100 rublos 100 rublos
O lo que equivale a lo mismo;
Industria Agricultura
80 rublos 80 rublos
100 archinas 80 puds
80 horas 120 horas.
Si entonces la agricultura pagaba anteriormente una hora y media de su
trabajo o un pud de trigo por una archina de tejido, no paga actualmente sino 1
hora y 1/5 o 4/5 de puds de trigo. Pero cuando la productividad del trabajo
comience a crecer en la agricultura cooperativa, lo que conducirá, por ejemplo,
al intercambio de una hora de trabajo industrial, no ya por un pud de trigo,
sino por 1 pud y 1/5 de trigo, esto implicará un aumento de la no equivalencia
de los
316
LA NUEVA ECONOMÍA
intercambios para la agricultura privada, no equivalencia que le es
impuesta por el desarrollo de la gran agricultura cooperativa. La tendencia
seguirá siendo la misma en el momento del crecimiento de la productividad del
trabajo tanto en la industria socialista como en la agricultura socialista,
aunque se manifestará menos claramente. Es completamente evidente que el
problema subsistirá solamente para la pequeña agricultura privada, pues sólo en
las relaciones de esta fracción de la agricultura con la industria subsistirán
los intercambios. Las relaciones entre la gran agricultura socialista y
cooperativa y la industria estatal se establecerán como relaciones interiores
de un solo y mismo complejo, con la supresión gradual del carácter de
relaciones de mercado, más en el fondo para comenzar, y después tanto en la
forma como en el fondo. La no equivalencia de los intercambios entre la
agricultura privada y el conjunto del complejo de la industria estatal y la
agricultura estatal y la cooperativa no es, en el caso considerado, sino el
reflejo de la posición desventajosa de la pequeña producción privada frente a
la gran producción socialista y la cooperativa.110 Buscar aquí la equivalencia
equivale a sostener la pequeña producción a expensas del socialismo, el
«medievalismo» a expensas del siglo XX. Tal política no tendría nada en común
no solamente con el marasmo y el leninismo, sino simplemente con el buen
sentido. Sin hablar de los obreros, incluso la fracción progresista del
campesinado se opondrá resueltamente a que se mantenga «el asiatismo» y la
barbarie a expensas de la máquina y el socialismo.
En cuanto a las consideraciones continuamente repetidas por el camarada
Motilev y mis otros oponentes respecto a mi silencio sobre la organización de
la agricultura en cooperativas de producción, declaro, como en mi respuesta al
camarada Bujarin: que estimo tal organización a la vez teóricamente posible y
prácticamente inevitable, si la base principal del socialismo, la economía
estatal, se desarrolla y fortalece con suficiente rapidez. Pero no veo aquí un
objeto de estudio teórico, en la medida en que ese proceso se halla solamente
en estado embrionario y en que el pronóstico científico es aquí extremadamente
difícil.
110 Mis oponentes me acosan
preguntándome si creo en la agricultura cooperativa. Se declaran con ello
monopolizadores de tal fe. Es sorprendente que no hayan comprendido hasta ahora
que el éxito de la organización de los campos en cooperativas de producción implica,
en condiciones iguales, un aumento de la no equivalencia de los intercambios
con la agricultura no cooperativa, es decir, con la mayoría del campo.
317
Evgeni Preobrazhenski
Mis oponentes no han suministrado nada tampoco que pueda servir de
pronóstico, aunque nadie les haya impedido ocuparse de esa cuestión y la
posición que ocupan les obliga aún a hacer lo que estimen posible. Que escriban
y nosotros les leeremos, puesto que fuera de frases generales, fuera de la «fe»
y los ataques contra mí desde el punto de vista de su fideísmo corporativo, no
hemos oído nada de su parte que sea científicamente expuesto de cualquier
forma.
Para terminar con el camarada Motilev, debo citar aquí, por lo menos,
dos ejemplos de la manera con que nuestro economista efectúa «el análisis
teórico de la economía soviética» en su curso de economía política.111 En ese
curso, asiduamente recomendado a nuestros establecimientos de enseñanza
superior en virtud de no se sabe qué méritos, el camarada Motilev emplea el
siguiente método de estudio de nuestra economía.
Después de la exposición de un problema de economía teórica, el autor se
engolfa automáticamente en nuestro sistema económico sin cambiar de caballos ni
de coche, y comienza a manejar allí la analogía. Todo esto sería posible si el
autor se atuviera firmemente a la idea de que nuestro sistema es una variante
de la economía capitalista-mercantil, como piensan los mencheviques, por
ejemplo, ya que tal método sería entonces natural. Hay, en lo esencial, un solo
sistema, un solo regulador –la ley del valor– allí actúa, y el método de
estudio es el mismo. Hay que estudiar solamente la modificación de las formas.
Pero el autor no tiene ninguna posición firme sobre esa cuestión. En la página
4 de su obra, escribe:
«La economía de la URSS puede ser objeto de estudio teórico. El choque
de una regulación espontánea y una regulación planificada engendra una multitud
de problemas teóricos. En un curso de economía política, la economía de la URSS
es examinada desde un punto de vista diferente, teleológico... Sin embargo, la
economía de la URSS, en su forma y en cierta medida en su fondo, aparece como
una economía mercantil, basada en el intercambio. Más aún: ciertos elementos de
la economía capitalista existen en ella. Numerosas leyes y categorías de la
economía política parecen referirse a ella
111 V. E. Motilev, Curso de
Economía Política. Tomo I, Ed. del Estado, 1925.
318
LA NUEVA ECONOMÍA
directamente. En realidad, no hay nada de eso. Todas las leyes y
categorías de la economía capitalista sufren modificaciones fundamentales en la
economía de la URSS; muchas no le son en lo absoluto aplicables.»
En la página 137 de la misma obra, leemos:
«El valor del trabajo sigue siendo, por el momento, parcial-mente [el
subrayado es mío, E. P.] el regulador de la economía nacional, el regulador
interno de la distribución de las fuerzas productivas, incluso en la economía
de la URSS.»
Y al mismo tiempo, en otra obra, «El precio y el valor en la economía
capitalista y en la economía de la URSS» (p. 80), dice nuestro autor:
«El valor del trabajo sigue siendo, por el momento, el regulador de la
distribución de las fuerzas productivas en la economía de la URSS», sin la
palabra «parcialmente».
La diferencia reside en una sola palabra, poco más o menos como en las
expresiones «yo sé» y «yo no sé», donde la diferencia está sólo en el adverbio
«no». Se plantea entonces la siguiente pregunta: ¿a qué formulación se atiene
el autor y qué debe pensar a ese respecto el lector perplejo? Pues si la ley
del valor actúa «parcialmente», es necesario entonces que difieran también los
procedimientos metodo-lógicos del estudio de la economía como economía de tipo
antagónico, donde el equilibrio se establece sobre la base de la lucha entre
dos principios, con orientaciones diferentes de su acción. Si, en cambio, la
ley del valor es en lo esencial el único regulador y si el principio de
planificación no es sino una función, entonces ninguna teoría particular de la
economía soviética es en modo alguno necesaria, y las incursiones, de paso, a
la economía de la URSS, en el momento del estudio de la economía teórica (lo
que ha hecho hasta ahora el camarada Motilev) no pueden hallar objeción desde
el punto de vista metodológico. Pero se plantea entonces una pregunta de otro
orden. ¿De qué manera el camarada Motilev reúne ese regulador único, sobre la
base del cual opera de modo espontáneo la reproducción de las relaciones de
producción capitalistas y no la reproducción ampliada de las relaciones
socialistas, con una industria «de un tipo conse-cuentemente socialista»?
319
Evgeni Preobrazhenski
Si el camarada Motilev subestima el principio de planificación en
nuestra economía, es por otro lado muy difícil, después de todo lo que se ha
dicho, sobrestimar el papel y el alcance del principio de planificación en el
sistema de sus propias ideas.
En conclusión, digamos dos palabras sobre ese Curso de Economía
Política. En las páginas 339-340 de esa obra «clásica», el autor habla de
«plusvalía socialista» en las empresas estatales de la URSS. Y unas líneas más
abajo leemos con estupefacción lo siguiente sobre la «sociedad comunista
desarrollada»:
«Pero en una sociedad comunista desarrollada las fuerzas productivas
alcanzarán un nivel de desarrollo tan elevado, que, a despecho de la existencia
de la plusvalía [el subrayado es mío, E. P.], las necesidades de los
trabajadores podrán ser satisfechas en una escala sin precedentes» (p. 340).
Por consiguiente, si en las empresas de la URSS la plusvalía resulta ser
«socialista», en cambio, «en una sociedad comunista desarrollada habrá
simplemente «plusvalía». ¡Como producto del capital comunista, desde luego!
Hay más. En la misma página, a propósito de la renta, leemos:
«En cuanto a la renta del suelo, en virtud de la nacionalización de la
tierra, la renta absoluta capitalista no debe existir en la URSS. Y en cuanto a
la renta diferencial que resulta de una diferencia de fertilidad y situación de
los terrenos, debe ser puesta, mediante una imposición fiscal hábil, a
disposición del Poder soviético.»
Así, la renta diferencial, para cuya existencia es necesario, según
Marx, que, en presencia de la propiedad privada de la tierra, el modo de
producción capitalista haya englobado la agricultura, surge de la tierra y
crece lo más felizmente del mundo en casa del camarada Motilev.
Todo esto se llama Curso de Economía Política, a la cabeza del cual está
pegada una etiqueta amarilla con esta inscripción:
«Curso verdadero admitido en calidad de manual en los establecimientos
de enseñanza superior.»
320
LA NUEVA ECONOMÍA
RESPUESTA AL CAMARADA THALHEIMER
En un artículo publicado en “Bolchevik”, «De la relación formal y
material de la economía socialista, en su etapa inicial, con las formas
económicas precapitalistas»,112 el camarada Thalheimer menciona dos veces al
autor de estas líneas. Al comienzo del artículo, el camarada Thalheimer
escribe: «Las cuestiones planteadas por el camarada Bujarin, tanto en su
artículo “El desarrollo económico y el bloque obrero-campesino” (“Bolchevik”,
n.° 14) como en su polémica con Preobrazhenski, tienen un alcance general.
»En su discusión con Preobrazhenski, Bujarin tiene razón en cuanto a los
principios» (p. 15).
Después de esta declaración categórica, habría que esperar una
argumentación fulminante contra el que está equivocado. Sin embargo, para
nuestro asombro, no hay absolutamente nada en el artículo contra el autor de
estas líneas, con excepción de una sola observación, de la cual se hará mención
más adelante. No parece, tampoco, que el autor haya leído en general o al menos
comprendido mi artículo. Ha esbozado el magro esqueleto de algo así como el
plan de un artículo, que no tiene ninguna relación directa con el capítulo del
presente libro que ha suscitado la polémica y que hace pensar en un obús,
lanzado hacia el cielo al azar. Así, pues, no abordaré aquí más que dos pasajes
del artículo del camarada Thalheimer, de los cuales sólo uno tiene una relación
directa con las objeciones que se me han hecho.
Desde el comienzo, el camarada Thalheimer demuestra, no se sabe muy bien
por qué con ayuda de la aritmética, la idea completamente indiscutible de que,
si la revolución socialista tiene lugar en Alemania, ello conducirá a una unión
orgánica de la economía de la URSS con la economía socialista de Alemania y
que, por consiguiente, el «problema del campesinado ruso» no desaparecerá.
Existirá entonces tanto para la economía socialista de la URSS, como para la
economía socialista de Alemania en la medida en que ellas constituirán juntas
un complejo único.
112 “Bolchevik” del 30 de abril de
1925, pp. 15-24.
321
Evgeni Preobrazhenski
Completamente de acuerdo. Pienso de la misma manera. Pero esto significa
solamente que el camarada Thalheimer, quizás en parte como consecuencia de un
conocimiento insuficiente de mi capítulo sobre la acumulación socialista, ha
aportado un argumento suplementario en apoyo de mi propia tesis, según la cual
la ley de la acumulación socialista originaria debe, en cierta medida y por
cierto período, actuar después de la revolución socialista también en otros
países, incluidos los países industriales. De completo acuerdo con esta
conclusión y en parte por los motivos que he citado en el capítulo sobre la
acumulación socialista, el camarada Thalheimer ha apoyado mi manera de plantear
el problema en un artículo aparecido anterior-mente en “Bolchevik” y consagrado
al Programa de la Internacional Comunista. En ese artículo, el camarada
Thalheimer observa de manera completamente justa:
«La economía capitalista de diferentes países no pasará a manos de la
clase obrera, evidentemente, en su forma más desarrollada, sino en un estado
más o menos decadente. El desarrollo ulterior de las formas económicas
comenzará solamente después de la recuperación de las formas superiores de la
vieja sociedad» (p. 16).
Aquí también estoy de acuerdo. Y es éste un argumento en favor de mi
punto de vista sobre el hecho de que aun los países industrializados de Europa,
tendrán que atravesar quizá, después de la revolución, una etapa de acumulación
socialista previa.
Debo decir que no tengo rigurosamente nada que objetar contra una
polémica que me es tan favorable y solamente puedo pedir que continúe.
Pasemos ahora al otro pasaje del artículo del camarada Thalheimer; es al
mismo tiempo el único en que intenta argumentar directamente contra mis
«conclusiones erróneas». Habiendo indicado que las relaciones entre el
campesinado y el proletariado, entre la economía campesina y la industria
socialista, se establecerán de otro modo que las relaciones entre el
campesinado y la industria en la época del capitalismo, que no serán ya
relaciones de explotación, y habiendo subrayado al mismo tiempo la posibilidad
e ineluctibilidad de razona-mientos y conflictos aun «en el marco de esas
nuevas relaciones», el camarada Thalheimer escribe:
322
LA NUEVA ECONOMÍA
«De una manera general, no hay que pensar que, si la economía socialista
constituye un sistema armónico, la misma esté liberada de toda contradicción,
de oposiciones reales. Si fuera así, no sería un sistema en curso de
desarrollo. Pero mientras que las contradicciones del régimen capitalista
tienen tendencia a destruir ese régimen mismo, en el régimen socialista tienen
la tendencia opuesta: tienden a desarrollarlo, a fortalecerlo, a extenderlo y a
perfeccionarlo en lo interior.
Conclusiones erróneas (por ejemplo, en Preobrazhenski, pero también en
los teóricos de la socialdemocracia y de la burguesía) se derivan de que, por
su forma exterior, las relaciones entre la producción mercantil simple y la
economía capitalista son, a primera vista, las mismas que entre esta producción
y la economía socialista (forma monetaria, relaciones de mercado). Pero la
forma monetaria encubre, en el segundo caso, un contenido socialista;
actualmente, mientras en el otro polo se halla la economía socialista, el
dinero sirve a un fin diametralmente opuesto.»113
Hemos insertado esta larga cita para presentar, primero, al lector una
muestra de una polémica muy extraña. ¿De qué conclusiones erróneas se trata en
cuanto a mí, dónde han sido hechas, en qué página del artículo? ¿Por qué se
refiere a mí todo lo que aquí se ha escrito?
El artículo mismo no da ninguna respuesta, quizá porque el camarada
Thalheimer –como hemos supuesto antes– simplemente no ha leído mi artículo y lo
conoce, cuando más, «de oídas». No lo afirmo, pero tal sospecha, después de lo
que se ha dicho, es muy natural.
Pasando ahora, en cuanto al fondo, al extracto citado, debo expresar mi
pleno acuerdo con la afirmación de que el sistema socialista, justamente como
sistema en vías de desarrollo, tendrá su propio tipo de contradicciones
internas (Widerspruch ist fortleitende), tipo que, precisamente, le es
específico; lo mismo que estoy de acuerdo con el hecho de que tales
contradicciones «no tendrán tendencia a destruir el régimen mismo». La
desgracia consiste solamente en que esa afirmación, justa en sí misma, no tiene
ninguna relación con el tema en discusión. Pues no se trata de las
contradicciones internas del sistema socialista mismo, que en lo esencial ha
obtenido ya la victoria, sino de las contradicciones que se desprenden de la
lucha entre el sistema
113 “Bolchevik”, n.° 8, p. 22. 1925
323
Evgeni Preobrazhenski
socialista, por su existencia y su desarrollo, y otro sistema, él
sistema capitalista-mercantil. Las contradicciones que resultan de esta lucha
no «tienden» a desarrollar el sistema socialista, a «mejorarlo en lo interior»,
sino a destruirlo. Esta liquidación de nuestro sistema es necesaria para
«mejorar» el mapa capitalista del mundo, que fue desfigurado de manera evidente
por la Revolución de Octubre. En mi artículo sobre la acumulación socialista me
he ocupado de las leyes que se establecen a causa de la lucha encarnizada por
la existencia de nuestro sistema y no soñaba de manera académica con las
contradicciones armónicas de la sociedad futura.
En cuanto a la incomprensión que se me atribuye de la forma exterior de
las relaciones actuales de la economía estatal con la economía campesina, forma
detrás de la cual se oculta un contenido muy distinto al de las relaciones de
la economía campesina con el capitalismo, esa acusación no tiene ningún
fundamento. Otros la han apuntalado con la palabra explotación, pero he
indicado ya que retiraba ese término, aunque la explotación de uno de los
sistemas por el otro subsiste, si existe una enajenación del plusproducto de
una de las formas de producción en provecho de la otra. Finalmente, no niego en
modo alguno la originalidad de las relaciones de la pequeña producción con el
sector socialista de la economía después de la revolución proletaria, aunque el
sector socialista puede realizar la enajenación de una parte del plusproducto
de la pequeña empresa con miras a la reproducción ampliada. La originalidad, la
novedad y la especificidad de esas relaciones se crean sobre la base de la
organización del agro en cooperativas y la fusión de las cooperativas
campesinas rurales, y en primer lugar de las cooperativas de producción, con la
economía estatal. Cómo se operará ese proceso, he aquí algo de lo que no se
puede hablar sino en términos generales. No existen casi materiales para un
análisis teórico, aunque los haya ya para prevenirse contra el populismo
comunista y haya que ocuparse seriamente un día u otro de este asunto.
A grandes rasgos, el artículo del camarada Thalheimer me lleva a la
comparación siguiente. Un hombre había prometido, de manera rimbombante,
aporrear a otro. Pero cuando llegó el momento de hacerlo, levantó los ojos al
cielo y se puso a demostrar que es imposible confundir el Sol con la Luna, a la
Luna con Marte y a Marte con El Capital de Marx.
324
LA NUEVA ECONOMÍA
RESPUESTA A LOS CAMARADAS KSENOFONTOV, KVIRING Y BOGOLEPOV
El camarada Ksenofontov ha insertado en el “Pravda del Este”, periódico
que se publica en Tashkent (16 de diciembre de 1924), un artículo muy largo,
escrito en un tono en extremo mordaz, contra mi capítulo sobre la acumulación
socialista. Se hallan en ese artículo las perlas habituales de la desenvoltura
y la irresponsabilidad polémicas que nuestros «mayores» han puesto de moda,
como trotskismo, menchevismo y otras. No conozco la duración de la pertenencia
del camarada Ksenofontov al Partido. De la causticidad del tono concluyo que no
es muy larga. Pero si el autor resulta ser ese mismo Ksenofontov que tomaba
parte activa, del lado de la oposición, en la discusión de 1923 e intervenía,
en particular de manera cortante, contra el autor de estas líneas dirigidas
contra el camarada Bujarin, la causticidad no exige ya ninguna explicación
particular.
El camarada Ksenofontov comienza con la exposición de las opiniones
leninistas sobre las relaciones mutuas del proletariado y el campesinado,
opiniones que siempre he compartido, contra las cuales jamás he intervenido en
ninguna parte y comparto actualmente de manera plena y total. Me rebelo
simplemente contra su simplificación, su vulgarización, su interpretación
populista, particularmente peligrosa para nuestra juventud, que no ha librado
con los viejos bolcheviques una lucha de veinte años contra los populistas, los
socialistas revolucionarios y los revisionistas del género de David, Volmar,
etc. En un país que comprende 100 millones de campesinos y una capa
relativamente delgada de proletarios, con un flujo constante, procedente de los
campos, de nuevos obreros que no tienen temple revolucionario, con la presión
sin cesar reforzada de la economía mercantil del agro sobre la industria
estatal y el poder estatal, el peligro, para nuestra juventud, de ceder a las
influencias pequeño-burguesas del agro y a las utopías pequeñoburguesas, no es
menor que el peligro de subestimar la importancia de la colaboración de la
clase obrera con el campesinado medio.
En la ley de la acumulación socialista, el camarada Ksenofontov no ha
visto otra cosa que el «término» de explotación de uno de los sistemas por el
otro. Esto caracteriza los procedimientos polémicos de mis oponentes y no a mi
artículo.
325
Evgeni Preobrazhenski
La ley de la acumulación socialista originaria es la ley de la
reproducción socialista ampliada, vinculada a regularidades específicas, las de
un período dado. ¿En qué sería contraria la reproducción ampliada en nuestra
industria a los intereses del campesinado, aunque tomáramos, para esa
reproducción, no solamente el plusproducto de los obreros, sino también el de
los campesinos? He aquí lo absolutamente incom-prensible. Los que son culpables
de subestimar al campesinado y debilitar la alianza con el campo no son los
que, en el momento útil, es decir, antes de la aparición brutal de la escasez
de mercancías, hablaban de la importancia del problema de la acumulación y del
peligro de una subacumulación, que denotaban una crisis de sub-producción
sistemática, en extremo peligrosa en el plano político; son los que se negaban
a comprender el carácter obligatorio y coercitivo de determinadas proporciones
de acumulación y, por consecuencia, de proporciones objetivamente determinadas
de enajenación del plusproducto de la economía privada.
Todas sus acusaciones concernientes a las posibilidades de una ruptura
del bloque obrero-campesino, mi oponente puede darlas por recibidas, de
regreso, en el mismo paquete; la historia le devuelve ese paquete porque el
verdadero destinatario es, después de verificados los hechos, el remitente y
los que tienen las mismas ideas. El XIV Congreso del Partido ha tomado la
decisión de industrializar el país. Pero ni la industrialización ni la lucha
contra la escasez de mercancías basadas en el desarrollo de nuestra propia
industria son posibles sin una acumulación rápida en cada una de las fases
anteriores de la reproducción.
Sepan, pues, ser leninistas a fondo en esta coyuntura nueva y no en el
campo de la fraseología.
El mismo autor se hace eco de mi respuesta al camarada Bujarin en un
informe del n.° 11 del “Viestnik Kommunisticheskoi Akademii”.114 Estima que mi
respuesta es una capitulación. Yo esperaba que ese género de capitulaciones
fuera esgrimido algún día por mis oponentes, y no me he equivocado. Para mí,
sin embargo, lo que importa es el fondo del asunto, que las opiniones
desarrolladas por mí sean reconocidas como justas, independientemente de la
forma literaria bajo la cual mis oponentes se consolarán a sí mismos una vez
que
114 "Pravda del Este", 5
de agosto de 1925.
326
LA NUEVA ECONOMÍA
todos los malentendidos suscitados por mi primer artículo a las
alteraciones polémicas de mi punto de vista hayan sido descartados.
Fuera de los «argumentos» políticos que se reducen a la habitual
declinación de la palabra «trotskismo» y de los cuales todo el mundo está
asqueado desde hace tiempo, el camarada Ksenofontov115 adelanta dos
consideraciones: una metodológica y otra sacada del campo de la política
económica. En lo que concierne a esta última consideración, el crítico se
rebela contra mi afirmación tocante a la necesidad de ir de la acumulación a la
reducción de los precios y no a la inversa. Escribe:
«Antes de acumular hay que dar libre curso al mercado campesino, al
poder adquisitivo de los campesinos, “abrir nuestro mercado”, y no orientarse
sino sobre esa base hacia la acumulación. Lo que se hizo: de una política de
reducción de los precios a la acumulación, y no de la acumulación a la
reducción de los precios.»
En cuanto a mí, afirmo que se hizo precisamente lo inverso y que eso
será siempre precisamente lo inverso. La crisis de ventas del otoño, que
apareció como un episodio, no se vinculaba solamente con el hecho de que los
precios de producción de nuestros trusts eran elevados, sino también a que los
de los cereales eran desmesurada-mente bajos; no ha sido liquidada fácilmente,
tanto por la baja de los precios industriales y el alza de los precios de los
cereales gracias a las compras del Estado, como debido a que la industria
estatal ha podido reducir sus precios gracias a la acumulación anterior, y no
hizo frente a la reducción siguiente sino gracias al aumento de la producción,
a cargas más importantes, las fábricas, etc., es decir, una vez más gracias a
la reproducción ampliada, esto es, a la acumulación. Sólo la reproducción es
capaz de crear, en condiciones iguales, las condiciones de la reducción de los
costos y solamente sobre esta base es posible la reducción de los precios como
función de la reproducción ampliada, es decir, de la acumulación de recursos
materiales durante el ciclo precedente (por el término de acumulación en el
sentido amplio entendemos la reproducción ampliada que incluye,
inevitablemente, la acumulación de recursos materiales durante el ciclo
precedente). Fue así y no podrá ser sino así, particularmente durante el
período en
115 El autor ha firmado con las
iniciales F. K., pero establece él mismo su paternidad en cuanto al primer
artículo.
327
Evgeni Preobrazhenski
que se tendrá que hacer frente cada año a gastos enormes y siempre
crecientes para el restablecimiento del capital fijo y para las nuevas
construcciones. El que propone reducir los precios del metal o del tejido antes
que se haya obtenido previamente una reducción de los costos, propone no
solamente un alto de la reproducción ampliada, sino también de la reproducción
simple. Sólo después de la construcción de nuevas fábricas y una normalización
de la producción de tipo americano podremos realizar una reducción de precios
más señalada y más sensible. Pero para poder hacer esas construcciones nuevas
hay que disponer previamente de los recursos, lo que implica, en esta situación
nueva también: acumulación y después reducción de los precios.
En la medida en que mis oponentes han transferido la discusión de mi
capítulo sobre la acumulación socialista a la esfera de la política económica,
han sido batidos, no en la prensa, sino batidos por la historia, batidos
completamente, batidos a causa de una escasez prolongada de mercancías,
mientras que mi artículo sobre la acumulación socialista ha sido la previsión
científica de dicha escasez.
Ahora, unas palabras todavía sobre las observaciones metodológicas del
camarada Ksenofontov. Mi contradictor, oponiendo mi método de estudio al método
analítico-abstracto de Marx, escribe que «el método de Marx parte de lo
“concreto primero”... Marx dividía después ese “concreto primero” en sus
categorías abstractas y reconstituía, partiendo de éstas, “lo concreto segundo”
–la realidad capitalista conocida...
«Pero el camarada Preobrazhenski ha construido “su capital” de otro
modo. Ha tomado las relaciones concretas de la sociedad soviética efectuando un
corte de antemano incorrecto; ha hecho abstracción de todas las características
distintivas de las leyes de la economía de un Estado obrero en un país agrario,
y ha obtenido la realidad formalmente lógica de un Estado obrero abstracto y no
de un Estado obrero real en un país agrario.»
No examinaré la cuestión de saber si el autor expone bien el método de
Marx. Lo que aquí importa es que no comprende la diferencia en la forma de
abordar metodológicamente el análisis de un sistema en que actúa una sola ley
fundamental, un solo regulador fundamental –bajo el capitalismo, por
consiguiente, la ley del valor, de donde pueden ser
328
LA NUEVA ECONOMÍA
deducidas todas las categorías (independientemente del modo de
exposición)–, y en un sistema donde actúan dos leyes. Ante todo, la «mercancía»
que Marx analiza en el libro primero de El Capital es, en esencia, no menos
sino más abstracta que la ley del valor y que la ley de la acumulación
socialista en un país concreto cuya economía yo estudio. En segundo lugar, el
autor no comprende que todo lo que he construido tocante a la ley de la
acumulación socialista originaria resulta ante todo y sobre todo del carácter
campesino del país (lo que se ve en particular sólo por los clamores populistas
que ha suscitado ese capítulo). Cuanto más campesino y menos proletario aparece
un país en que el sistema socialista de economía comienza a luchar por su
existencia y desarrollo, más debe apartarse la política económica real del
Estado obrero de la línea recta teóricamente imaginable de la ley de la
acumulación socialista originaria o, lo que equivale a lo mismo, de la ley de
la reproducción ampliada socialista. Cuanto más agrario es un país, más
abstracto debe ser el método de estudio, porque será tanto más importante
deslindar en la política del Estado lo que es dictado por la ley de la
acumulación socialista y lo que es impuesto por el carácter agrario del país.
Cuanto más industrial, proletario, es un país, menos se apartará –durante el
análisis de su economía socialista y de la dinámica de la reproducción
socialista ampliada–, la línea de acción de esta ley en su aspecto puro de la
política económica real del Estado obrero, y habrá que recurrir menos a la
abstracción. Es, por consiguiente, a la inversa precisamente de lo que afirma
el camarada Ksenofontov.
Entre los otros oponentes mencionaré a los camaradas Kviring y D.
Bogolepov. Por diversas razones, el camarada Kviring me persigue desde hace ya
tiempo con su polémica; no he creído necesario contestarle a causa de su falta
de contenido. Sobre el problema considerado, no añade ningún argumento nuevo a
lo que han dicho mis otros oponentes, y no opera sino con un argumento único;
subestimación del campesinado. Hemos visto ya quién ha subestimado realmente al
campesinado y su poder adquisitivo. No tengo que detenerme mucho tiempo en el
camarada Kviring, Cuando se leen sus obras literarias, viene siempre
obstinadamente a la mente, no se sabe por qué, la frase de Bismarck sobre los
periodistas de su tiempo. Bismarck decía de ellos que se habían equivocado
manifiestamente de vocación.
329
Evgeni Preobrazhenski
El camarada Bogolepov me persigue también obstinadamente con sus
críticas en la “Vida Económica”, pero no estima necesario demostrar lo que
anuncia. En cuanto al capítulo de la acumulación socialista, en su tiempo
escribía: 116
«De ninguna manera, sin embargo, el artículo puede, ser reconocido como
la obra de un pensamiento marxista científico serio.»
Yo no sé cómo el «pensamiento marxista científico serio», representado
por el camarada Bogolepov, acogerá la presente obra. Debo confesar, sin
embargo, que no tiemblo ante el fallo de esta Temis que los escolares han
superado ya desde hace tiempo tanto en la comprensión del marxismo como en la
de nuestra economía. Cuento mucho más con una apreciación imparcial por parte
de nuestra juventud universitaria y sobre todo obrera y también con el juicio
de todos aquellos a quienes las frases generales sobre la NEP han hastiado
desde hace tiempo por su falta de contenido, y que para orientarse en una
situación cuya complejidad crece constantemente, buscan una salida por el
camino de un estudio más profundo de nuestra economía.
En conclusión, quisiera explicar al lector por qué observo, en la
polémica con mis críticos, una moderación de tono completamente fuera de
proporción con su injusticia y la energía de sus expresiones. Si se tiene algo
que decir acerca del fondo, es fácil renunciar, en interés de la causa, a las
palabras acerbas y polémicas que encubren a menudo en mis oponentes la ausencia
de un punto de vista propio sobre una serie de problemas nuevos. Tengo, sin
embargo, mucho que decir en defensa de mis tesis y, por añadidura, con cifras
en la mano. He aprovechado en la presente obra esta ventaja natural de mi
posición.
116 “Vida Económica”, 3 de
diciembre de 1924.
330
LA NUEVA ECONOMÍA
RESPUESTA A LOS CAMARADAS ASTROV, GOLDENBERG Y NAGUIEV117
El número de mis oponentes está en proporción inversa a la calidad
teórica de su crítica. El bajo nivel de esta crítica se expresa, sobre todo, en
la tentativa de probar demasiado. Mis críticos recogen argumentos como los
traperos recogen trapos, no importa dónde los encuentren, y, como siempre,
queriendo probar demasiado, no prueban nada. Dada la coherencia lógica de mis
ideas, que ninguno de mis oponentes niega, los críticos habrían debido
concentrarse sobre el ataque y destrucción de algunos puntos de partida
fundamentales, de suerte que todas las deducciones se habrían desplomado por sí
mismas. Así procede la verdadera crítica, la que golpea al adversario y no cae
en pedazos ante el objeto de su ataque. Pero una crítica de ese género exige
una mecánica fuera del alcance de mis oponentes: una contra-concepción
original, meditada hasta el fin, concerniente a la economía soviética, y una
ruptura formal con el marxismo. Pero no pueden apropiarse tal contraconcepción,
y he aquí por qué. Todos mis críticos, sin excepción, son eclécticos. Han
empezado a alejarse del marxismo revolucionario y del leninismo, es decir, han
comenzado a apartarse en la teoría de las posiciones de clase del proletariado,
pero no saben todavía dónde acabarán. Algunos volverán seguramente a las
antiguas posiciones del leninismo, otros perseverarán en la misma dirección. La
frontera ideológica de ese viaje es el populismo en una versión soviética. Pero
muchos de ellos se quedarán posiblemente a medio camino (lo que es bien
característico de los intelectuales), entre dos estaciones nombradas
«proletariado» y «pequeña burguesía». Si terminan oscilando entre las dos
clases, mis críticos no producirán la menor contraconcepción coherente y
armónica. En cuanto a las posiciones del populismo consecuente, pensar en ello
hoy en día a fondo, anticipándose al tiempo, y a un período de la historia que
no ha terminado todavía y tomar su defensa, es algo que ninguno de mis críticos
es capaz de emprender fácilmente; siendo lo que son, atados a la coyuntura
pasajera en política y en teoría, son igualmente incapaces de adoptar un punto
de vista proletario consistente o un punto de vista pequeñoburgués consistente.
117 Incluido en la segunda edición.
331
Evgeni Preobrazhenski
Por ello no me amenaza ningún peligro de crítica seria. Por ello estoy
obligado a ocuparme de la colección entreverada de los argumentos de mis
oponentes y no de un sistema de argumentos.
Comencemos por la objeción más sustancial que me ha hecho, bastante
tardíamente, el camarada Astrov y que el camarada Goldenberg y otros han
repetido más tarde. Me reprochan un error metodológico básico, que consiste en
oponer el sector socialista al conjunto de la economía privada, sin diferenciar
ésta en elementos capitalistas, pequeña producción rural, campesinado pobre,
etc. El camarada Astrov escribe:
«La ley “fundamental” del desarrollo del sector socialista de economía,
que desborda la economía privada, se revela una y la misma, háblese de las
relaciones de los elementos socialistas con las pequeñas propiedades campesinas
o con los capitalistas, los concesionarios, etc.»118
«Desde luego, todas las formas de la economía privada se distinguen por
el hecho de que no son socialistas. Se puede, evidentemente, encontrar ciertos
principios generales con los cuales el socialismo aborda el conjunto de la
economía privada en general. Pero quienquiera que se sienta tentado a construir
sobre la base de esos dos principios demasiado generales un sistema muy simple
y aparentemente armónico de los dos campos –de un lado el socialismo y del otro
todo lo demás– y encontrar allí una ley “general” única de la acumulación
socialista a expensas de la economía privada durante el período de transición,
corre el riesgo de caer en una “simplicidad” inútil, y su diagrama será una
vulgarización simplista y políticamente peligrosa.»119
«La teoría del período de transición debe ser fundamen-talmente la
teoría de una sociedad de dos clases (obrera y campesina). Debe partir de aquí.
Socialismo más pequeña producción debe servir aquí de punto de partida de una
abstracción, después de lo cual la cuestión del capitalismo debe ser llevada a
la esfera del análisis por vía de concreción.»120
118 “Bolchevik”, n.° 13, p. 9.
119 Ibíd., p. 10.
120 Ibíd., pp. 11-12.
332
LA NUEVA ECONOMÍA
Tal es, pues, la objeción. Eliminemos primero, desde el comienzo, todo
malentendido posible. Cuando yo opongo las tendencias del desarrollo de la
economía estatal, de una parte, y la economía privada, de la otra, lo que está
en cuestión es la investigación de relaciones objetivamente formadas y no la
política económica del Estado soviético frente a los diferentes grupos del
campesinado, el capital privado, etc. Y cuando el camarada Astrov habla del
«principio general con el cual el socialismo aborda el conjunto de la economía
privada en general», parece apuntar no solamente a una aproximación científica,
no solamente al estudio de lo que existe, sino también a la política económica.
Confundir esas dos cosas sería perder el tiempo,
En la parte teórica general de mi análisis de la economía soviética no
me he propuesto estudiar concretamente las relaciones mutuas de los diferentes
grupos del campesinado y el sector socialista, pues ése es el tema de mi
segundo volumen. Me he limitado en la primera parte de mi libro a subrayar la
contradicción fundamental entre el sector socialista en desarrollo de la
economía y el conjunto de la economía privada, porque esta contradicción en el
campo de la regulación trae consigo un conflicto entre la ley de la acumulación
socialista originaria y la ley del valor, es decir, en el sentido de una lucha
entre dos sistemas, uno de los cuales remplaza al otro históricamente: el
sistema de la producción mercantil y el sistema de la producción socialista
planificada. Entre la producción mercantil simple representada en nuestra
economía por los campesinos y los artesanos que no explotan el trabajo ajeno,
de una parte, y la producción capitalista, de otra, hay una diferencia de
especie, para hablar como los zoólogos, pero son economías de un solo y mismo
género; ambas son formas de producción mercantil. Al oponer toda producción
mercantil a las tendencias socialistas de desarrollo, el investigador está
obligado a hacer abstracción de la diferencia de especie entre la producción
mercantil simple y la producción capitalista. Negarse a estudiar las leyes del
desarrollo de nuestra economía en ese plano es capitular ante la pequeña
burguesía en el campo de la teoría.
He ahí el primer punto. La segunda prueba, y la más importante de la
justeza de mi método de análisis, es la siguiente. ¿Quién es nuestro enemigo
fundamental? ¿De dónde viene la amenaza fundamental para el sistema soviético?
Del capitalismo mundial, evidentemente. Cuando yo opongo el sector socialista
de nuestra economía a la economía
333
Evgeni Preobrazhenski
privada, hay que contemplar esta economía como un campo donde actúa la
ley del valor, en el cual la economía mundial y el mercado mundial entran como
elementos fundamentales. Cuanto más tiempo exista nuestro sistema y más aumente
su conexión con la división mundial del trabajo, más se hará claro para todos,
aun para las gentes de horizonte provinciano, que la línea fundamental de la
lucha entre el sector socialista de nuestra economía y el sistema burgués
corresponde a la línea de la lucha contra la economía capitalista mundial y que
ésta debe reflejarse a la vez en la totalidad de nuestras relaciones con el
capitalismo interno y en nuestras relaciones con la pequeña producción interna.
La ley del valor es la ley de la economía mundial; esa ley funciona de manera
distorsionada en nuestro sistema o es parcial-mente abolida, no porque tengamos
cien millones de campesinos, sino pese a ese número considerable y gracias a la
existencia del sector socialista de nuestra economía.
El camarada Astrov piensa que podrá evitar reconocer la presencia de la
ley de la acumulación socialista originaria en nuestra economía al transformar
la teoría del período de transición en una teoría de la sociedad de dos clases.
Yo le aseguro que si se comienza el estudio por ahí y si se prosigue
conscientemente en el espíritu del marxismo revolucionario y del leninismo sin
caer en la estrechez nacional y campesina, la ley de la acumulación socialista
originaria sorprenderá inevitablemente al investigador, incluso como ley
alcanzada por el método inductivo. En efecto, el investigador no se ocupará de
las relaciones entre obreros y campesinos bajo la dictadura del proletariado en
general, sino de las relaciones de esas clases en la economía soviética real
del período actual. Tratad de evitar, en el curso de tal estudio, el hecho de
la diferenciación del campesinado, que conduce al desarrollo de las fuerzas
productivas por el sólido establecimiento del kulak y las propiedades ricas, o
sea, por la vía de una organización del trabajo no socialista, sino
antisocialista, más rápidamente que el establecimiento de cooperativas de
producción campesinas (sobre todo las granjas colectivas). Tratad de evitar el
problema de la exportación, la importación y los grupos de exportadores del
campesinado; olvidad la interrelación entre nuestros precios y los precios
extranjeros, ignorad los problemas de la escasez de bienes, de la acumulación y
la industrialización en las condiciones actuales, es decir, en las relaciones
presentes entre la economía de la
334
LA NUEVA ECONOMÍA
URSS y la economía mundial. La ley de la acumulación socialista
originaria es la ley de la relación entre el sector socialista de nuestra
economía y no solamente la economía privada interior en nuestro país, sino
también el conjunto de la economía mundial. Hacer de ello una teoría de la
relación entre la economía en total y la economía campesina es sustituir el
problema de conjunto, lo que no es más que una parte. Hacer abstracción del
mercado mundial y de nuestro antagonista fundamental, y fabricar la teoría de
una sociedad obrera y campesina cerrada y de su economía, es remplazar la
investigación marxista de la cuestión por una teoría a lo Gotha121 y filis tea
de la economía soviética. Recomiendo firmemente al camarada Astrov y a mis
otros oponentes que comparten su punto de vista que se apresuren a completar
una investigación en ese sentido. Se obtendrá de ello, probablemente, un
resultado tan cómico, que las tres cuartas partes de nuestras querellas serán
liquidadas por la intervención de un nuevo factor, el ridículo que mata, como
dicen los franceses.
El conjunto de la segunda parte del artículo del camarada Astrov,
titulado «La teoría del camarada Preobrazhenski como fundamento de una política
de expropiación del campesinado», consiste en «funda-mentos» para una calumnia
política. No tengo la intención de responder a la polémica política en este
libro, y hago caso omiso de ese golpe particular. Aconsejo solamente al
camarada Astrov que se vuelva hacia la historia del movimiento obrero y vea qué
nombre tienen los que incitan a los pequeños propietarios a adoptar el
socialismo y cómo ese género de ejercicios ha terminado general-mente.122
Amontonar los argumentos esgrimidos contra mi libro, enumerarlos y
analizarlos sería una tarea fastidiosa y sin provecho (en una discusión de ese
género se pueden fabricar argumentos semejantes en cantidad, y ello no
serviría, por otra parte, sino para animar a mi adversario a proseguir esa
actividad). Me limitaré a dos de ellos. A juicio del camarada Astrov, al
destacar el conflicto entre dos principios, los del socialismo y la economía
privada, 1) he olvidado la recomendación de
121 Se trata del Programa de Gotha
de la socialdemocracia alemana.
122 La relación entre la economía
estatal y la economía campesina, desde ese punto de vista, se hace cada vez más
una función de nuestras relaciones con el capitalismo mundial, lo que, desde
luego, no excluye sino que, al contrario, hace necesario un análisis concreto
de la relación entre obreros y campesinos en el sistema soviético, con todos
sus elementos distintivos y su dinámica particular.
335
Evgeni Preobrazhenski
Lenin: «tener en cuenta las cinco formaciones socioeconómicas» de que
habla Lenin en su folleto sobre el impuesto en especie, y 2) no está claro,
según mi libro, qué forma predomina en nuestro país. Me ocuparé de este
argumento «traído por los pelos» no porque coloca a mi oponente y sus
compañeros estúpidamente en evidencia, sino porque es una cuestión importante
saber cómo caracterizar nuestro sistema en su conjunto.
Cuando el camarada Bujarin me respondió en sus artículos de “Pravda”, me
reprochó no ver sino el conflicto y no la unidad en nuestro sistema económico
de conjunto, como si la unidad de nuestra economía no fuera el resultado de un
conflicto, la resultante de la lucha del proletariado organizado en Estado,
armado de la economía estatal y sostenido por los campesinos más pobres, contra
la economía mundial.123 Pero el camarada Astrov, sin duda para confirmar al
camarada Bujarin y subrayar la «unidad» del sistema, me recomienda que recuerde
las cinco formas sociales.
En primer lugar, Lenin no ha cesado jamás de repetir la idea de la lucha
entre dos principios en nuestro sistema, y lo hizo algunas veces de una manera
tan abrupta, que todavía hoy puede impresionar a nuestros «populistas
comunistas». En segundo lugar, la mención de las cinco formaciones
socioeconómicas que existen actualmente en nuestra economía no impide en modo
alguno analizar éstas desde el punto de vista de la lucha entre dos principios,
es decir, clasificándolas con relación a las formas históricas fundamentales de
las relaciones de producción. Tenemos en esta cadena dos vínculos,
fundamentales: primero, la forma socialista con una periferia sobre todo o en
parte cooperativa (una periferia de cooperativas obreras en todo caso) y,
después, la producción mercantil simple y capitalista. Son los dos eslabones
esenciales, y hay que tener presente ese hecho en la mente al caracterizar el
conjunto del sistema, pues las relaciones de tipo capitalista de Estado y, en
cierta medida, las del tipo cooperativo, son relaciones intermedias,
intersticiales, entre esos dos eslabones funda-mentales. Son el tejido
conjuntivo de las dos formas económicas. No se puede definir el sistema por su
tejido conjuntivo, que existe solamente porque los dos primeros vínculos
coexisten en un sistema
123 Todas las acusaciones lanzadas contra mí a propósito de «colonias»,
del pillaje del campesinado, etc., son ejercicios del mismo tipo que aquél y no
sirven sino para levantar a los campesinos contra la construcción del
socialismo.
336
LA NUEVA ECONOMÍA
único como principios en disputa. No se puede definir simplemente el
sistema en términos de uno de los vínculos fundamentales. El principio
socialista y el principio de la producción mercantil se niegan mutua-mente en
nuestro país y cooperan también sobre la base de esa negación. Por esto, he
propuesto hace ya mucho tiempo que se llame
a nuestro sistema de conjunto
sistema socialista-mercantil de transición. No he oído un solo argumento
convincente contra esa manera de describirlo, salvo que el efecto de una
expresión «doble» es bastante tosco. Pero esta «tosquedad» en la expresión
refleja la «tosquedad» de nuestra economía en bloque. Si el socialismo vence en
Europa, el principio socialista triunfará en toda la línea desde el comienzo, y
la expresión de «economía socialista-mercantil» no será, probablemente,
necesaria para describir la economía europea. En todo caso, desde que Lenin ha
rechazado su término de «capitalismo de Estado» para describir nuestra economía
en su conjunto, nuestro sistema ha «viajado de incógnito». Es tiempo de decidir
la manera de llamarlo. No espero, sin embargo, gran auxilio de mis oponentes a
este respectó: el sustrato social de su crítica no es de esos que hacen brotar
las flores de la teoría.
En cuanto a la cuestión del principio que prevalece en nuestra economía
y la tentativa del camarada Astrov de atribuirme la confesión de que el
capitalismo es el principio dominante, debo poner fin a ella inmediatamente,
dada la brillante perspectiva de continuar una discusión sobre la base de la
moral que «prevalece» en nuestras polémicas, por una vía bien conocida.
El camarada Astrov sabe bien que todas sus trampas artificiales no son
más que detritus, porque contradicen la hipótesis fundamental y la conclusión
esencial de mi libro, así como de numerosos pasajes en el texto. Pero como el
eclecticismo sin esperanza de sus propias opiniones y su ausencia completa de
todo punto de vista meditado hasta sus últimas consecuencias sobre nuestra
economía, le prohíben emprender una polémica sobre los puntos fundamentales de
nuestras divergencias reales, trata de añadir un argumento a su amasijo,
acusándome de pesimismo, ignorando que sus propios compañeros de ideas me
reprochan, en cambio, un optimismo excesivo respecto del papel potencial del
principio de planificación socialista en nuestra economía. Hoy, en nuestro
país, hay una lucha entre dos sistemas, y el que prevalezca será el que salga
victorioso de esa lucha. Los
337
Evgeni Preobrazhenski
argumentos de mis críticos presentan, en general, contradicciones
evidentes. Cada uno de ellos quiere «distinguirse» en la polémica y recoge
«piezas y retazos» donde puede. Y como ninguno de ellos tiene una concepción
unificada y sólida, y se contenta con tender en general hacia el «populismo
comunista», esgrime en todo momento los argumentos más contradictorios. Se
podría escribir todo un artículo respecto a las contradicciones de mis
oponentes, si el estudio de nuevos problemas no nos hiciera aplazar ese trabajo
poco productivo para más tarde. A los que. han subrayado, en el curso de su
polémica contra mí, sin que yo les haya dado ocasión, la consecuencia enfadosa
de la «decadencia monopolística» en nuestra industria estatal, quisiera
recordar el mal hecho por la decadencia monopolística en cierta parte de
nuestra Prensa y el peligro extraordinario que constituye el monopolio crítico
«de escritores» tales como mi adversario.
Vayamos al camarada Goldenberg. He respondido ya a uno de sus artículos
en el número 15-16 de “Bolchevik” (31 de agosto), y no repetiré lo que ya he
dicho. Me ocuparé del artículo del camarada Goldenberg en el número 11 de
Bolchevik, titulado «Cuestiones de Política Económica», y de su respuesta a mí
publicada en el número 15-16 de “Bolchevik”.
Por contraste con los «oradores» precedentes, las objeciones del
camarada Goldenberg no pertenecen a la categoría de las calumnias políticas mal
hilvanadas. Pero en él se encuentra también la acumulación mecánica de
argumentos. Así, se encuentra en el primer artículo mencionado la idea
siguiente tocante a las contradicciones de toda mi construcción teórica.
Después de haber expuesto mi opinión en cuanto a que el desarrollo de la
economía estatal en su extensión óptima es en el presente imposible dada la resistencia
de la economía privada, y después de haber afirmado que el desarrollo hacia el
socialismo significará el fortalecimiento de las tendencias socialistas, el
crecimiento de su peso relativo y una aproximación al funcionamiento óptimo de
la ley de la acumulación socialista originaria, mi crítico concluye:
«... dicho de otro modo, cuanto más se desarrolle la industria y más
próximos estemos del socialismo, menos equivalentes serán nuestros intercambios
con la agricultura, más pesados serán los impuestos al agro, más elevados serán
los precios de los productos industriales: ¿qué otra cosa puede significar el
338
LA NUEVA ECONOMÍA
funcionamiento óptimo de la acumulación socialista originaria que debe
acarrear un cambio en nuestro favor en el “equilibrio de las fuerzas”?»
«¡Cuanto más cerca del socialismo, más enajenación, más extorsión! Es
evidentemente absurdo, es una insensatez ridícula, pero ¿cómo puede el camarada
Preobrazhenski sacar otra conclusión de sus propias palabras?»
Me he detenido en este «argumento» del camarada Goldenberg para mostrar
al lector honesto cómo se fabrican hoy «objeciones». Es una de las
consecuencias de la polémica contra el camarada Trotsky, que ha envenenado la
atmósfera y creado una irresponsabilidad sin precedente en la polémica, la
polémica teórica en particular. En su esencia, la objeción del camarada
Goldenberg es un malentendido completamente pueril, una incapacidad para
manejar no solamente la lógica dialéctica, sino incluso la lógica elemental.
¿Por qué hablo de acumulación socialista originaria?
Porque ésta precede a la acumulación socialista verdadera y prepara los
elementos de esta última.
¿En qué difiere la acumulación socialista de la acumulación socialista
originaria?
En el hecho de que ella tendrá lugar en condiciones en que el sector
socialista de la economía se levantará sobre una nueva base técnica al
desarrollar todas las ventajas económicas sobre el capitalismo que le son
inherentes. La acumulación socialista originaria, al contrario, tiene lugar
sobre la base de una técnica más atrasada que bajo el capitalismo, con un nivel
cultural de los obreros inferior en la economía estatal.
En ese contexto, ¿qué es la ley de la acumulación socialista originaria?
Es la ley que permite superar ese retraso económico y técnico de la
economía estatal con relación al capitalismo avanzado. Para superar ese retraso
se necesitan, primero, una acumulación de recursos materiales para la
reproducción ampliada cada año, procedentes de la economía estatal misma y de
la economía privada, incluida la economía campesina, y en segundo lugar,
proporciones en la distribución del trabajo de la economía estatal que pueden
reproducir cada año en una escala ampliada un sector socialista fundado en
igualdades definidas de proporcionalidad con la economía privada.
339
Evgeni Preobrazhenski
¿Cuál es la significación, para cada año aparte, del crecimiento en el
nivel óptimo de acumulación y en el desarrollo de la producción del sector
socialista?
El aceleramiento de todo el proceso, y por consecuencia, el
acorta-miento del período de funcionamiento de la ley de la acumulación
socialista originaria, que es el producto de nuestro atraso socialista.
¿No significa esto que cuanto más éxito opera la ley de la acumulación
socialista, más socavará ella las condiciones de su propia existencia?
¡Completamente justo, camarada Goldenberg! Cuanto más nos acerquemos al
socialismo, no será mayor, sino menor, a partir de cierto momento, la
enajenación, pues la acumulación por la economía estatal a partir de sus
propios recursos será más grande y el intercambio será más equivalente que en
este momento. La no equivalencia del intercambio con la pequeña producción
individual en la agricultura no aparecerá ni se intensificará después sino
sobre la base del crecimiento de una agricultura socialista cooperativa y en
gran escala: no ya como consecuencia del funcionamiento de la ley de la
acumulación socialista originaria, sino como efecto de la superioridad
económica general de la producción en gran escala sobre la pequeña producción.
Todo el sentido del argumento de mi oponente podría ser resumido en el
ejemplo siguiente. El camarada Goldenberg está presente, por ejemplo, en un
congreso de las comisiones que combaten el analfabetismo y dice: «Camaradas,
hay algo “evidentemente absurdo” en la base de nuestro trabajo. Si aumentáis el
analfabetismo, actuaréis en contra de nuestra tarea fundamental. Pero si lo
reducís, destruiréis, con cada paso en ese sentido, la razón misma de la
existencia de vuestras comisiones.» Después de semejante discurso, el orador
sería sometido, probablemente, a un examen médico para inspeccionar su estado
mental. Pero en una discusión teórica se imprimen semejantes «insensateces
ridículas» en una revista seria sin suscitar las menores dudas y se divierten a
expensas de los lectores como si fueran niños chiquitos.
En su respuesta del número 15-16 de “Bolchevik”, el camarada. Goldenberg
vuelve en un pasaje al «argumento» que acabamos de analizar, y adelanta algunas
ideas que vamos a discutir muy brevemente.
340
LA NUEVA ECONOMÍA
El camarada Goldenberg continúa acusándome de hacer frías abstracciones
al oponer socialismo y capitalismo y también a causa de mi supuesta opinión de
que «el estudio del período de transición debe estar fundado en el análisis de
un período de transición abstracto». De hecho, jamás he hablado de un «período
de transición abstracto»; al contrario, examino la economía soviética, es
decir, una economía específica, y la examino en el momento de un período
específico de su desarrollo, es decir, un período en que la economía estatal
supera su retraso técnico y económico con relación al capitalismo avanzado. Y
la ley de este período (de concierto con la ley del valor enraizada en la
producción mercantil) es también precisamente la ley completamente concreta de
la acumulación socialista originaria, que es la generalización de una masa de
hechos concretos en la vida de nuestra economía.
Mi principal adversario, el camarada Bujarin, es, sin embargo,
plena-mente culpable del crimen que me imputa el camarada Goldenberg. Su
tentativa de oponer mis ideas a las suyas desemboca en una serie de
disertaciones vagas sobre la transformación de la ley del valor en una ley de
proporcionalidad de los gastos de trabajo, mientras que los elementos
distintivos del período actual de nuestra economía escapan a su análisis. El
camarada Goldenberg ha notado ciertamente, con pesar, ese hecho, leyendo los artículos
del camarada Bujarin.
Después, apenaré al camarada Goldenberg recordándole que el primer
volumen de mi libro sería seguido de un segundo, en el cual examinaré, sobre la
base de un abundante material de hechos, cómo se manifiesta la ley de la
acumulación socialista originaria en la economía estatal, cómo actúa en las
fronteras de la economía estatal y la economía privada y cómo ese equilibrio
general se establece en nuestro sistema y se expresa en la balanza numérica de
nuestra economía en el año transcurrido. Será entonces más difícil para mis
oponentes combatir mi punto de vista que ahora en que pueden permitirse
inventar argumentos «de carácter general». Lo que he presentado hasta ahora no
es más que una introducción teórica general a un análisis concreto de nuestra
economía y en modo alguno la teoría de un «período de transición abstracto»,
pues el material de esa teoría no está todavía disponible en nuestro país,
siendo éste el único en que se elabora una construcción socialista, país que no
es, por otra parte, típico en su estructura económica.
341
Evgeni Preobrazhenski
El camarada Goldenberg afirma que no he dado en mi introducción teórica
un análisis concreto de las relaciones de clase en nuestro país: tiene razón
formalmente. Pero ya he señalado en mi respuesta al camarada Astrov que la ley
de la acumulación socialista originaria, en su forma general, es la ley de la
relación entre el sector socialista de nuestra economía y toda la economía de
la producción mercantil, a la vez en el interior y el exterior del país, tal
como la ley del valor, abstraída de sus transformaciones –como, por ejemplo, la
ley de los precios de producción bajo el capitalismo–, es la ley de toda
producción mercantil en general y se manifiesta en la esfera de la producción
mercantil simple sin preocuparse de saber si se trata de la producción y el
intercambio de una empresa campesina media o de la más pobre de las empresas
campesinas pobres. Es completamente evidente que la ley de la acumulación
socialista originaria, convertida en norma consciente de la política económica
del Estado y vista desde el ángulo de la distribución del ingreso nacional,
debe manifestarse diferentemente en las relaciones de la economía estatal con
la economía kulak primero, con la economía campesina media después y, en tercer
lugar, con los campesinos pobres. Pero en la primera parte de mi trabajo me
abstengo deliberadamente de examinar concreta-mente las relaciones de
producción entre la clase obrera y las diversas capas del campesinado (salvo
algunas observaciones aisladas) o de analizar la política económica del Estado
soviético. Sería risible elevar al nivel de una objeción de principio la
disposición de los capítulos de un libro particular.
El traslado de la polémica contra mí a ese plano tiene, sin embargo, una
cierta significación. Mis oponentes me apremian sin descanso a pronunciarme
sobre la cuestión de las vías hacia la cooperación de los productores en la
economía campesina, y de la regulación de ese programa. Aprecio el deseo
ardiente de mis oponentes de aprender algo, incluso de un adversario, sobre una
cuestión cuya elucidación se ha mostrado fuera de sus alcances. ¿Pero no sería
justo que fueran ellos los que dijeran la primera palabra? Desde la época en
que he invitado a mis críticos a presentar siquiera un poquito de
«conocimiento» a ese respecto, en lugar de expresar su «fe» en el proceso, no
ha sido puesta en el mercado librero ninguna obra teórica que a ello se
refiera. Y no es sorprendente, Marx ha observado muy sarcásticamente que nadie
ha encontrado aún un método para pescar
342
LA NUEVA ECONOMÍA
peces en aguas en que no hay nada, lo que significa, en lo que nos
concierne, que es imposible dar la teoría de un proceso que no ha comenzado a
manifestarse.
No deseo iniciar aquí una controversia con el camarada Goldenberg sobre
cuestiones de política económica, pero quisiera indicar dos puntos que muestran
su capitulación completa en cuestiones ligadas a nuestra discusión teórica.
Como de costumbre en casos semejantes, la capitulación está enmascarada por la
superchería y se le da la apariencia de ofensiva.
He sorprendido al camarada Goldenberg en su incapacidad para comprender
la ley que he formulado,124 que afirma que nuestra economía estatal no puede
acumular de 4.000 a 5.000 millones, según la perspectiva del plan económico
quinquenal, sino por la acción de la ley de la acumulación socialista
originaria, pues nuestros precios de venta son mucho más elevados que los del
exterior, y, por consiguiente, el intercambio con la agricultura es mucho menos
equivalente que en los países extranjeros. A esto mi crítico responde: pero los
precios serán pese a todo reducidos, y los precios de los artículos
industriales reducidos en un 20 %. ¡Qué lastimosa manera de argumentar! ¿Dónde
he dicho yo que deben ser aumentados? He dicho que durante todo el período de
esta acumulación serán más elevados que los precios extranjeros, y ésa es la
esencia de la cuestión. No acumulamos sino sobre la base de una lucha contra la
ley mundial del valor, aunque las dimensiones de la no equivalencia disminuyan
poco a poco, cosa que es el objetivo de nuestra política, el cual se puede
alcanzar precisamente gracias a la acumulación.
Ahora una segunda cuestión. ¿Por qué estamos obligados, aun según el
plan más bien mínimo elaborado por la Comisión de Planificación del Estado, a
aumentar el capital fijo de la industria durante el período quinquenal en un
10,5 %, es decir, dado nuestro pobre capital fijo, en una tasa más rápida que
el crecimiento de ese capital en los países capitalistas?
Precisamente porque esa tasa, o incluso una tasa más elevada, es dictada
a nuestra economía por la ley de la acumulación socialista originaria,
reguladora de la vida económica, y es dictada por la lucha contra la ley
mundial del valor. Pues si esta última ley actuara
124 Ver “Bolchevik”, n.° 15-16,
«Notas económicas», p. 74.
343
Evgeni Preobrazhenski
libremente, tal acumulación sería un absurdo económico, dado que Europa
está ya superindustrializada. Desde el punto de vista de la reproducción
ampliada de nuestro sector socialista, semejante crecimiento es, pues, la
exigencia previa a la autopreservación del conjunto de nuestro sistema.
¿Cómo es posible esta acumulación? He indicado al camarada Goldenberg la
transformación de la estructura del presupuesto de los consumidores en el país,
como consecuencia de la Revolución de Octubre, que conlleva la abolición de la
clase de los propietarios terratenientes y la gran burguesía. El problema de la
adaptación de la demanda social a la producción sobre la base de nuevas
proporciones en la acumulación y la distribución del trabajo no es, pues,
zanjado en la práctica sino por una política económica dictada por la ley de la
acumulación socialista originaria, como ley de autopreservación del sistema,
dadas nuestras actuales relaciones con el capitalismo mundial. Si nuestro país
debiera volverse burgués ahora, esas proporciones en la acumulación no serían
una necesidad económica y la expansión del comercio exterior resolvería muchos
problemas que no podemos resolver sino con una acumulación intensiva y una
industrialización rápida.
Finalmente, la afirmación del camarada Goldenberg de que no hay nada de
específico en la ley de la acumulación socialista originaria que sea
desconocido en la economía burguesa, y en particular que el proteccionismo es
bien conocido de todos los países capitalistas, es una verdadera maravilla.
Primero, el carácter específico de nuestra economía cambia la esencia social
del papel desempeñado por instituciones análogas a las que existen bajo el
régimen burgués, los métodos de la economía política, etcétera. Segundo, en lo
que concierne en particular a nuestro proteccionismo, sin hablar del monopolio
del comercio exterior, sería muy ciego el que no viera ni comprendiera los
hechos siguientes. Cuando un país capitalista joven introduce tarifas
protectoras, 1) la ley del valor continúa actuando y no reproduce en ella otra
cosa que relaciones capitalistas, en las que sólo difiere la proporción entre
capital nacional y extranjero; 2) el proteccionismo no impide, sino que
favorece más bien la importación de capital en el país en cuestión, gracias a
la cuota de ganancia elevada que allí existe comparada con la de los países de
desarrollo capitalista más antiguo; 3) el proteccionismo no pone fin a los
empréstitos
344
LA NUEVA ECONOMÍA
extranjeros por los países interesados; en la medida en que son
asignados a tareas productivas, esos empréstitos son un medio de aumentar el
capital industrial nacional a expensas de los recursos extranjeros. En nuestro
país, al contrario, el proteccionismo y el monopolio del comercio exterior
salvaguardan el proceso de la reproducción ampliada de relaciones socialistas,
es decir, de una economía en estado latente de guerra con la economía del mundo
capitalista, economía que forma parte de la división mundial del trabajo de una
manera completamente excepcional y sin precedentes en la historia de la
economía mercantil, sobre la base del monopolio del comercio exterior, de
exportaciones planificadas y, lo que es aún más importante, de importaciones
planificadas. En esas condiciones el proteccionismo no es compensado por la
importación de capital extranjero, que no desea invertirse ampliamente en un
sistema económico de un tipo que le es extraño, de suerte que el problema de la
acumulación se presenta ante nosotros de una manera totalmente diferente que en
un país capitalista joven de ayer u hoy. No ver las diferencias entre
proteccionismo socialista y capitalista, entre el papel del intercambio no
equivalente aquí y allá, etc., significa más o menos no ver la diferencia entre
el sistema de Estado soviético y el de Estado burgués, so pretexto de que
tenemos una justicia de clase, una milicia, un Ejército, etcétera.
Lo que me interesa en el análisis de D. Naguiev, publicado en
“Ekonomicheskaya zhizn” del 6 de junio, no es el tono violentamente hostil,
pues no esperaba otra cosa de las páginas de análisis de nuestra prensa, fuera
de un analfabetismo sustancial que los editores de esa revista han autorizado
en el informe de Naguiev. Ese analfabetismo concierne a una cuestión de
principio muy importante, a saber, si el socialismo desarrollado diferirá del
comunismo completo, y puede inducir a error a nuestra juventud estudiosa, a
quien la ignorancia del cronista puede imponer como punto de vista oficial del
marxismo y el leninismo sobre esta cuestión. En mi conferencia en la
organización «Cultura Proletaria» sobre «la base material de la cultura en la
sociedad socialista», se puede encontrar el pasaje siguiente:
«Por sociedad socialista entiendo una sociedad en que las clases existen
todavía –en todo caso dos clases fundamentales–: la clase de los obreros de la
economía estatal, de un lado, y del otro las secciones pequeñoburguesas de la
población, ya
345
Evgeni Preobrazhenski
completamente sometidas económicamente a la economía planificada, pero
superviviendo, no obstante, como clase independiente».
Citando ese pasaje, el cronista escribe:
«Nos parece que ningún estudiante en un curso de la facultad obrera
habría cometido un error tan pueril. Hemos verificado en casi todos los
escritos de Marx y Engels, y no hay ninguno donde no se diga que bajo el
socialismo y el comunismo no habrá clases».
D. Naguiev ha derrochado todo ese trabajo en verificar textos porque hay
cosas que no hace falta buscarlas tanto en los textos como en la propia cabeza.
Si alguien no comprende: 1) lo que es en general la dialéctica (se le comprende
a menudo tanto menos cuanto más a menudo se la cita), y 2) qué papel desempeña
la terminología al designar uno y otro estado de un proceso dialéctico, no le
servirá de nada leer decenas de veces a Marx, Engels y Lenin para resolver
cualquier problema que necesite el conocimiento de esas dos cosas.
En un sistema de sociedad comunista desarrollada no habrá clases ni
Estado. Esto no puede suscitar ninguna discusión ni malentendido. Pero en la
primera fase o fase inferior de la sociedad comunista, aunque no haya ya
clases, aunque todos los medios de producción estén socializados, el derecho
burgués, sin embargo, quedará en vigor en el sistema de la distribución, y la
institución del Estado no será todavía completamente liquidada. Sobre ese
término, Lenin escribe de completo acuerdo con Marx (Crítica del Programa de
Gotha):
«El Estado se extingue por cuanto ya no hay capitalistas, ya no hay
clases, y, por lo mismo, no cabe reprimir a ninguna clase. Pero el Estado no se
ha extinguido todavía del todo, pues persiste aún la protección del “derecho
burgués”, que sanciona la desigualdad de hecho. Para que el Estado se extinga
por completo hace falta el comunismo completo».125
«Resulta, pues, que bajo el comunismo no sólo subsiste durante cierto
tiempo el derecho burgués, sino que subsiste incluso el Estado burgués ¡sin
burguesía!
125 El Estado y la Revolución,
Obras Escogidas, Tomo II, p. 379.
346
LA NUEVA ECONOMÍA
Esto podrá parecer una paradoja o un simple juego discursivo, que es de
lo que suelen acusar al marxismo gentes que no han hecho el menor esfuerzo para
estudiar su contenido, extra-ordinariamente profundo.
En realidad, la vida nos muestra a cada paso los vestigios de lo viejo
en lo nuevo, tanto en la naturaleza como en la sociedad.»126
Continuemos. ¿Qué es lo que distingue el socialismo del comunismo?
Lenin responde a esta pregunta:
«A lo que se acostumbra denominar socialismo, Marx lo llamaba “primera”
fase o fase inferior de la sociedad comunista».127
Esto quiere decir que bajo el socialismo desarrollado la socialización
de los medios de producción ha sido completamente realizada y que las clases
han sido abolidas, pero que quedan supervivencias del derecho burgués y del
Estado burgués. El socialismo desarrollado es, pues, el comunismo
subdesarrollado. ¿Cuál es nuestra posición frente a la «primera fase o fase
inferior» del socialismo? ¿Existirá, o la humanidad, después del «control» por
D. Naguiev de textos en que nada ha encontrado al respecto, saltará
directamente del capitalismo al socialismo desarrollado?
Permaneciendo fiel al marxismo y, si se quiere, al sentido común,
aplicando a la sociedad socialista la división histórica en dos fases que Marx
y Lenin han hecho con relación a la sociedad socialista y reconociendo que
todos los días encontramos «residuos de lo antiguo superviviendo en lo nuevo,
en la vida, en la naturaleza como en la sociedad», considero que el socialismo
desarrollado será precedido de un socialismo subdesarrollado que contendrá
«residuos de lo antiguo», de los cuales el primero y más importante será la
socialización no completa de los medios de producción, lo que significará la
existencia de supervivencias del modo pequeñoburgués de producción, y por
consiguiente, la presencia de dos clases, los obreros y los campesinos, aunque
los primeros predominan enormemente.
Nadie negará la inevitabilidad de tal fase de desarrollo del capitalismo
al comunismo.
126 Ibíd., p. 382.
127 Ibíd., p. 382.
347
Evgeni Preobrazhenski
¿Pero cómo hay que llamarla? ¿Se la puede llamar socialismo?
Sí podemos, sin ninguna duda, pues el socialismo es el modo de
producción predominante en tal sistema. De otro modo no tendríamos derecho a
llamar «capitalistas» a la Inglaterra de hoy, ni a Alemania, ni a los Estados
Unidos, etc., pues se encuentran en todas partes, en esos países,
supervivencias muy significativas del modo de producción pequeñoburgués, y el
capitalismo puro no existe más que en El Capital de Marx.128
Al comienzo de mi conferencia, tratando de definir exactamente la
significación que hay que atribuir al término «socialismo», declaraba:
«Todas las cuestiones ligadas a la sociedad socialista son muy difíciles
de examinar concretamente si no nos entendemos primero sobre el período y el
estado de desarrollo de la sociedad socialista analizada».129
Por eso he advertido a mis oyentes, desde el comienzo de la conferencia,
que:
«entendería por sociedad socialista... una sociedad en la cual...
existen... secciones pequeñoburguesas de la producción ya completamente
sometidas económicamente a la economía planificada»...
Pero D. Naguiev, viéndome hablar de una clase pequeñoburguesa en la
sociedad socialista, anota esto contra mí, no simplemente como «una paradoja o
un simple juego dialéctico», como un «error pueril», y por falta de dialéctica
en su propia mente busca, como un estudiante, referencias en los escritos de
nuestros maestros. Aparentemente, éstos han debido dejar sin duda en sus obras
huellas relativas a todas las verdades, incluso de verdades tan claras como
«dos y dos son cuatro», especialmente en provecho de lectores como D. Naguiev.
Además, sale mal del paso al buscar sus referencias. Hubiera podido
encontrar las palabras siguientes, que se refieren a lo que le interesa, en una
carta de Engels a K. Schmidt:
128 Otra cuestión es saber si el
socialismo, en esa etapa, puede ser considerado como «la primera fase de la
sociedad comunista» o si esta fase comenzará solamente después de la
terminación total de la socialización de todos los medios de producción. Dicho
de otro modo: ¿en qué momento esas dos expresiones comienzan a significar la
misma cosa? Es éste un punto discutible, pero puramente terminológico.
129 E. Preobrazhenski, «Sobre la
Base Material de la Cultura en la Sociedad Socialista», p. 14. Ediciones
Proletkult.
348
LA NUEVA ECONOMÍA
«Sin embargo, para todos los que han participado en la discusión, la
“sociedad socialista” no es algo que cambia y progresa continuamente, sino algo
estable, algo fijo de una vez para siempre».130
Pero si la socialización completa y la ausencia de clases es el límite
último de la evolución de la sociedad socialista y si el término mismo de
«socialismo» debe desvanecerse en el curso de las etapas ulteriores, entonces a
la inversa, ciertas supervivencias de lo antiguo deben existir en la sociedad
socialista del período precedente, de suerte que ésta evoluciona más allá.
Entre esas supervivencias figuran la socialización incompleta de los medios de
producción, la super-vivencia de secciones pequeñoburguesas de la población y
el papel más importante desempeñado por el Estado que bajo el socialismo
desarrollado.
Lo que D. Naguiev llama mi «error pueril» que «no cometería ni aun un
estudiante de un curso de la facultad obrera», es, pues, un producto de la
aplicación marxista del término «socialismo», mientras que su informe,
desprovisto totalmente de valor, revela, sí no la ignorancia, al menos un
conocimiento flojo, estudiantil, del marxismo.
La mayor parte de las secciones de análisis de nuestros periódicos están
en manos de expertos de esta calidad o de cronistas que no buscan sino
complacerlos. Esas gentes redactan crónicas elogiosas de folletos y libros a
menudo vacíos y lamentables a condición de que sus autores ocupen posiciones
responsables; se elogian mutuamente en sus informes, y ante obras como la mía
la deshonestidad científica de su crítica se cuenta como una virtud política.
Este estado de cosas constituye un grave peligro para la vida
intelectual de nuestra clase y nuestro Partido, y para nuestro progreso en el
campo de la teoría.
Unas palabras más todavía sobre el bloque obrero-campesino, respecto del
cual todos mis adversarios sin excepción me acusan de tener ciertos proyectos.
Me he atenido siempre, me atengo y me atendré a la concepción de Lenin, la
concepción bolchevique, del bloque como «vínculo», como se indica en nuestro
programa y en los propios artículos y discursos de Lenin.
130 Engels a K, Schmidt, Londres, 5
de agosto de 1890, K. Marx y F. Engels, Obras Escogidas en dos tomos, Tomo II,
p. 518, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú.
349
Evgeni Preobrazhenski
Releyendo hoy nuestro programa y todos los artículos de Lenin relativos
a esta cuestión, no he podido encontrar la menor diferencia de principio entre
mis opiniones y esos documentos, incluso en los detalles. Lenin nos ha enseñado
a saber discernir en cada momento el elemento más característico en una
situación cambiante y a apoderarnos del eslabón decisivo de la cadena. En el
período de la Nueva Política Económica, consideraba el intercambio de
mercancías con el campo como vínculo decisivo. El Partido se apoderó de ese
eslabón e hizo mucho por poner en marcha un aparato comercial estatal y
cooperativo; y ahora afronta los problemas de la subproducción industrial y la
subida de los precios al detalle. La lucha contra ese mal, contra la amenaza de
un «nudo» en ese lazo, significa la lucha por una acumulación más rápida en la
industria. Una conclusión resulta de ello: los que primero han indicado el
peligro de la subacumulación industrial son los que han puesto en evidencia,
primero, la cuestión del destino del bloque obrero-campesino en el curso de la
nueva etapa de nuestra construcción socialista. La revisión del leninismo en el
sentido de un «populismo comunista» no aumentará la oferta de bienes al campo,
no hará disminuir los precios al detalle, sino que hará prolongar, por lo mismo
que ello se expresará en la política económica, el período presente de
subproducción. A la inversa, llamar a tiempo a discernir ese vínculo, el de una
acumulación socialista más rápida, significa ejecutar las directivas de Lenin a
la vez en el campo teórico y en el terreno de la práctica. La vida mostrará muy
pronto quién tiene razón en esta discusión. Estoy profundamente convencido de
que los mejores de mis oponentes, entre los cuales coloco al camarada Bujarin
en primera fila, tendrán mil veces ocasión de avergonzarse de lo que han
escrito contra mi libro.
¿Cuál es el error fundamental o, para decirlo mejor, el pecado original
de mis críticos de la joven generación y cuál es el error de los viejos
bolcheviques que los estimulan en lo que concierne a la comprensión de Lenin
respecto a las relaciones entre proletariado y campesinado? Es que los jóvenes
consideran muy seriamente el aspecto táctico de las opiniones de Lenin como un
programa leninista sobre la cuestión campesina, mientras que toman
formulaciones programáticas y generales por consignas coyunturales y tácticas
ligadas a las condiciones del comunismo de guerra.
350
LA NUEVA ECONOMÍA
El error de los viejos, que saben muy bien cuál era la posición de Lenin
según toda su actividad, comenzando por su lucha contra los populistas en los
años de 1890 y terminando por su lucha contra los socialistas-revolucionarios y
los mencheviques durante y después de las revoluciones de febrero y octubre,
consiste en que descuidan el gran peligro de hacer surgir en el país agrario
una generación de jóvenes que harán una mezcla ideológica entre bolcheviques y
socialistas-revolucionarios.
Vuelvan a leer todo lo que Lenin ha escrito sobre la cuestión,
Encontraréis a un revolucionario que trabaja en guiar el navío de la dictadura
del proletariado entre los arrecifes y las rocas ocultas del océano tempestuoso
del capitalismo mundial y en el rudo mar interior de las formas
pequeñoburguesas elementales. Él no teme hacer grandes concesiones al
campesinado para evitar la ruptura del bloque obrero-campesino, pero sabe
cuáles son los límites de esas concesiones. Esos límites son impuestos por su objetivo,
que es preservar la dictadura del proletariado. Pero mis críticos de la joven
generación toman muy ingenuamente las concesiones por el objetivo e interpretan
el aspecto principal, programático, del leninismo como fundado en la actual
correlación de fuerza de clase en un país y no en la dinámica de la lucha de
clases en toda la época de la lucha entre comunismo y capitalismo a escala
mundial. Es eso lo que los compromete con lo que hay que llamar una
interpretación eslavófila, nacionalmente limitada, del leninismo, en oposición
a su esencia internacional y de clase. Hay que combatir severamente esta
desviación, esta revisión del leninismo, que refleja la presión de los 22
millones de hogares campesinos del país sobre el proletariado. Las concesiones
necesarias al campesinado medio en el campo de la política económica y en la
práctica de la construcción socialista, como aquellas de que habla el programa
de nuestro Partido, son una cosa, y las concesiones que invaden nuestro propio
e inalienable territorio de clase, las concesiones en el campo de la teoría
leninista, que solamente pueden facilitar y justificar abandonos y maniobras en
el campo de la política económica, que el mismo Lenin consideraba como
incompatibles con el objetivo esencial de nuestra lucha, son otra cosa muy
diferente,
351
Evgeni Preobrazhenski
Para concluir, dos palabras de respuesta a aquellos que estiman que mi
análisis de la economía soviética es de un optimismo sin fundamento. Mientras
el camarada Astrov, como hemos visto, construye una variante fustigándome «bajo
el signo del pesimismo», mis críticos han hecho a menudo contra mí la acusación
inversa, y lo han hecho sinceramente, sin intentar desacreditarme
políticamente. Puedo responder brevemente a esas objeciones con la observación
siguiente. Yo intento en este trabajo hacer un análisis teórico del desarrollo
del sistema soviético de economía. Ese desarrollo sólo es posible si el sector
estatal, en el interior del país, marcha más de prisa que el de la economía
privada, y desde luego, si no somos ahogados por el capitalismo mundial. Desde
el punto de vista de la actualidad mi análisis puede parecer demasiado
optimista, pero resulta de manera muy diferente si se tiene en cuenta la línea
del desarrollo para todo un período. Si nuestra economía estatal se desarrolla
con bastante rapidez sobre la base de sus tendencias inherentes, las cosas
pueden marchar en el sentido de la transformación fundamental de la economía
soviética como he indicado en mi libro. Trato de presentar una teoría de
nuestro desarrollo hacia el socialismo. Me niego, pues, a dar una teoría de la
variante alternativa, es decir, una teoría de nuestra disolución en una
economía mercantil, una teoría del hundimiento de nuestro sistema.
No hay ciencia social que «se despache indiferentemente del bien y del
mal». El marxismo y el leninismo son menos que tales ciencias pues son, sobre
todo, en último análisis, guías para la acción del proletariado revolucionario.
FIN
FIN

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