© Libro N° 12951. Introducción A La Historia
De La Medicina II. Garrison, Fielding. Emancipación.
Septiembre 14 de 2024
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Introducción A La Historia De La Medicina II. Fielding Garrison
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A La Historia De La Medicina II. Fielding Garrison
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Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA MEDICINA II
Fielding Garrison
Introducción
a la historia de la medicina II
Fielding
Garrison
CONTENIDO
— El
siglo XIX. El comienzo del avance organizado de la Ciencia
— El
siglo XX. Los comienzos de la medicina preventiva Organizada
—
Parasitología y Quimioterapia
— Aspecto
cultural y social de la medicina moderna
— Breve
resumen de la historia de la Medicina en España
I.
Medicina antigua y primitiva
II. Época
romana
III.
Época visigoda
IV.
Medicina árabe
V. Los
benedictinos
VI. La
medicina española en el siglo XV
VII. La
edad de la medicina española (1500-1665)
VIII. La
decadencia de la medicina española
IX. La
anatomía y los anatómicos del siglo XIX
X. La
cirugía y los cirujanos españoles del siglo XIX
Apéndices:
I.
Cronología médica
II.
Apuntes sobre el estudio de la historia de la Medicina
III.
Notas bibliográficas para lecturas colaterales
Introducción a la historia de la medicina II
Fielding Garrison
El siglo XIX
El comienzo del avance organizado de la ciencia
En la evolución de la medicina moderna, como en el
desarrollo de la ciencia pura, de la cual aquélla forma parte, hay que
considerar tres factores especialmente importantes. El primero de todos, el
gran movimiento industrial o social-democrático de la humanidad civilizada,
que, habiéndose incluido en las revoluciones políticas de América y de Francia,
ha intensificado la tendencia hacia la libertad moral e intelectual y ha
sostenido la nueva idea de la dignidad y la importancia de todo género de
trabajo humano, como se exteriorizaba en la famosa divisa de Napoleón: «Las
herramientas, para aquellos que pueden manejarlas. » (La carrière ouverte aux
talents). Inmediatos corolarios de aquella proposición han sido el retirar las
opresiones de incapacidad civil que pesaban sobre los judíos y el abrir
ampliamente a los talentos del mundo femenino todas aquellas ocupaciones y
modos de pensar que hasta la fecha les habían estado cerrados en absoluto.
Segundo, la publicación de obras como la Conservación de la energía (1847), de
Helmholtz, o como el Origen de las especies (1859), de Darwin, que iban mucho
más allá del simple antropomorfismo y apelaba a la opinión humana, que había
siempre estorbado en el pasado el avance de la Medicina. Tercero, como una
inevitable consecuencia, la Física, la Química y la Biología llegaron a ser
estudiadas como ciencias objetivas de laboratorio, disociadas de las usuales
proposiciones subjetivas humanas. Difícilmente habrá alguien que dude
actualmente el teorema sustentado por Emile Littré de que el verdadero adelanto
de las ciencias biológicas médicas no tiene nada que ver con los dogmas
teológicos ni con la especulación metafísica, sino que depende sencillamente de
los adelantos colaterales en los procedimientos físicos y químicos. La Medicina
debe mucho a los grandes físicos y matemáticos de los siglos XVII y XVIII, que
desarrollaron la teoría de la visión y casi por completo la fisiología de la
respiración. En el siglo XIX, la extensión de las tres ramas fundamentales de
la ciencia pura no ha sido sobrepasada en variedad por labor de ninguna de las
edades precedentes.
De los modernos matemáticos sólo mencionaremos los
nombres de Euler, Gauss, Riemann, Jacobi, Abel. Weierstrass, Cayley, Sylvester,
de los físicos, Young, Carnot, Fourier, Kirchhoff, Clausius, Helmholtz, Ohm,
Maxwell, lord Kelvin, Boltz mann, Gibbs, J. J. Thomson, Edison, Tesla,
Arrhenius; de los químicos, Dalton, Dumas, Chevreuil, Berzelius, Liebig,
Wöhler, Berthollet, Mendeleev, Ostvald, van’t Hoff, Ramsay, Rutherford y los
Curie.
El principio físico de la conservación de la energía ha sido demostrado por Robert
Mayer (un médico de Heilbronn) y James Prescott Joule en 1842, y aplicado a
todo el campo de la Química y de la Física por Helmholtz en 1847. El principio
de la disipación de la energía ha sido establecido por Sadi Carnot en 1824,
desarrollado por Clausius, (1850) y por lord Kelvin (1852), y aplicado a todos
los fenómenos físicos y químicos por el profesor de Vale, Willard Gibbs, en
1872-78. La generalización de Gibbs puede en la actualidad completarse y
llevarse más lejos haciendo de la Mecánica, Geología, Biología, Medicina y de
todas las otras fases de la Ciencia que trabajan con estados de la materia
ramas de la Química. La consecuencia inmediata de esta generalización es el
desarrollo de una nueva ciencia, la Física química, por Ostwald, Le Chatellier,
van’t Hoff, Roozeboom y los químicos de la escuela holandesa. En la Química
física o termodinámica todos los cambios de la substancia son tratados como
rígidas consecuencias de las leyes de la dinámica.
En 1859 Kirchhoff y Bunsen imaginaron el análisis espectral. Faraday (1821-54)
y Maxwell (1805) elaboraron la completa teoría de la electricidad y del
electromagnetismo, sobre la cual se implantaron consecuencias prácticas, tales
como la luz eléctrica, el poder motor y calorífico, la comunicación telefónica
y la realización de la telegrafía sin hilos por Hertz, 1887, y Marconi (1895) y
les rayos Röntgen eran descubiertos en 1895, y los Curie aislaban el radio
(cloruro de radio) en 1898. En tre los médicos, Thomas Young describió el
astigmatismo en 1801, estableció la teoría ondulatoria de la luz en 1802 y la
teoría de la tensión superficial de la capi laridad en 1805; John Dalton
establece la ley química de las proporciones múltiples en 1802; y la teoría
atómica (1803), William Hyde Wollaston investiga la química patológica de los
cálculos (1797-1809), sugiere la estereoquímica (1808), demuestra que las
explosiones gaseosas no pasan a través de delgados tubos, lo que da motivo a
sir Humphry Davy para inventar su lámpara de seguridad (1815), e inventa la cámara
clara (1807). Helmholtz inventa el oftalmoscopio y el oftalmómetro, en 1850; el
teleostereoscopio y elabora las teorías de la visión (1855-07) y la de
percepción tonal, 1856-63. Otro médico. William Charles Wells (1757-1817),
natural de Charleston, S. C., desarrolla la teoría del rocío y del punto del
rocío en 1814. La fotografía también ha sido por Niepce (1814) , Daguèrre
(1839), Draper (1840)), Fox-Talbot (1840), Amici (1812), C hevalier (1820) y
Joseph Jackson Lister(1830) invent an y perfeccionan las lentes acromáticas del
microscopio compuesto, en el cual Amici ha dado la idea de la inmersión al
agua, y Chevalier, el objetivo compuesto; Purkije, los efectos y reactivos
estereópticos, y E. Abbé, el moderno aparato iluminador, el objetivo apocromático
de inmersión al aceite y el compensador ocular 1886)
De todos estos datos de descubrimientos se deduce
que el movimiento científico moderno no ha alcanzado toda su intensidad hasta
bien entrada la mitad de la centuria. La medicina de la primera mitad era, con
muy pocas nobles excepciones, sólo una pequeña parte de la teorización
estacionada de la edad anterior. Hasta el año 1850, y bastante más allá, la
mayoría de los adelantos en la Medicina han sido realizados en Francia. Desde
la publicación de la Patología celular, de Virchow (1858), la medicina alemana
empezó a ir ganando rápidamente en importancia. Las descripciones de las nuevas
formas de enfermedades, el descubrimiento de la anestesia (1847) y de la
cirugía antiséptica (1867) son méritos especiales de la raza anglo-sajona.
En el continente europeo, Immanuel Kant, que expone
las limitaciones del conocimiento y el carácter subjetivo de la observación
humana, ha ejercido poco influjo en las teorías médicas; pero la denominada
Filosofía natural, de Schelling, que trataba de establecer la identidad
subjetiva y objetiva de todas las cosas, y el sistema de Hegel, que, como la
evolución actualmente, consideraba todas las cosas como en un estado de cambio
y de transformación perpetuas (Werden), ejercieron un efecto verdaderamente deplorable
en la medicina alemana, separando la actividad mental de la investigación de
los hechos concretos para llevarla al terreno fantástico de la especulación. El
«nihilismo terapéutico», de Skoda, estableció una decidida limitación en la
medicina austríaca, y en Francia y en Italia, una gran pérdida de energías, y
hasta de vidas humanas, fue la consecuencia de las doctrinas de Broussais y de
Rasori. Se necesitó largo tiempo para demostrar que el adelanto de la medicina
interna, como ciencia, no puede nunca realizarse por la adaptación de alguna
teoría determinada por consideración a la personalidad de su autor, sino
únicamente por la realización de una gran serie de investigaciones químicas,
físicas y biológicas, llevadas a cabo por millares de investigadores. El primer
paso en este sentido fue llevado a cabo por Broussais, quien echó abajo todas
las concepciones metafísicas de la enfermedad para reemplazarlas por algo peor.
François-Joseph-Víctor Broussais (1772-1838), hijo
de un médico bretón, fue sargento en el ejército de la República en 1792, ha
navegado como corsario en 1798 y, habiéndose graduado en Medicina en 1803, ha
servido durante tres años como cirujano militar en los ejércitos de Napoleón.
Llevó su ruda cultura a la enseñanza de la Medicina, en la que sus métodos eran
napoleónicos, y sus tratamientos, sanguinarios. Broussais modificó la teoría
brunoniana diciendo que la vida depende de la irritación, pero particularmente
del calor, que excita los procesos químicos en el cuerpo. Las enfermedades, no
obstante, dependen de las irritaciones localizadas de alguna víscera u órgano,
por ejemplo, del corazón, o, sobre todo, del estómago y de los intestinos. Los
venenos morbosos específicos, tales como el virus sifilítico, no eran
existentes para Broussais. El único mérito de sus razonamientos es que
sustituía el órgano enfermo al concepto nebuloso «fiebre», como el factor más
importante, el foco morboso (foyer de maladie). Describir un grupo de síntomas
como una «entidad clínica» y roturarlo con un nombre era para Broussais un
procedimiento ficticio (ontología). La gastroenteritis era para él la «base de
toda la patología»[1], como
para Cullen era casi todo una neurosis, y para Cruveilhier, una flebitis. La
naturaleza no tenía ningún poder curativo, y era necesario hacer abortar la
enfermedad por medio de medidas activas. Con este fin, ha adoptado un poderoso
régimen antiflogístico o debilitante, cuyos principales rasgos consistían en
privar al enfermo de su propio alimento y en aplicarle sanguijuelas.
François-Joseph-Victor Broussais (1772-1838)
Más de 30 a 50 eran aplicadas algunas veces, y ocho
o cinco en los casos de extraordinaria debilidad. Acerca de la escasez de las
sanguijuelas en la época de Broussais, recuerda Baas que sólo en el año 1833 se
importaron en Francia 41.500.000 sanguijuelas, y sólo se exportaron 9 ó 10
millones. En cambio, en 1824-25 dos a tres millones eran suficiente para
atender a todas las demandas.
Pierre-Charles-Alexandre Louis (1787-1872)
Cuando se aproximaba a la senectud, como el doctor
Holmes lo ha descrito tan humorísticamente, Broussais, un vieux
militaire por la instrucción, regañón, bravucón y disputador con el
vigor de un Paracelso, y aunque su continuador, Bouillaud era impelido a
derramar los mismos torrentes de sangre, los estudiantes comenzaron
gradualmente a separarse de este modo de pensar, hasta que estas teorías
fueron, por último, condenadas por el buen sentido y el equilibrado juicio del
clínico Chomel y por las deducciones estadísticas de su discípulo Louis.
La doctrina de la irritación, de Broussais, fue
llevada a Alemania por Roeschlaub, y ocasionó un pálido reflejo pasajero en las
obras de Benjamín Travers, Pridgin Teale y otros médicos ingleses de este
período, que atribuyeron muchas enfermedades a la «irritación espinal». En
Italia, hacia 1807, Giovanni Rasori, en su clínica de Milán, comenzó a
resucitar las doctrinas de Asclepíades de las condiciones de constricción y
relajación (que Brown ha denominado esténicas y asténicas, y Hoffmann, tónicas
y atónicas), considerando las enfermedades como estados de estímulo y
contra-estímulo. El diagnóstico de estas condiciones se hacía por medio de la
sangría, que se suponía obraba beneficiosamente en los casos de
sobre-estimulación, y viceversa. El super-estímulo era combatido por medio de
los sedantes, del opio y de copiosas sangrías; el contraestímulo, por medio de
enormes dosis de gutagamba, acónito, ipecacuana, nuez vómica y otras supuestas
análogas substancias. Este método, que era tan perjudicial como el de Broussais,
tuvo, sin embargo, su boga como éste y murió lo mismo que él.
Las arbitrarias doctrinas de Broussais fueron,
finalmente, destrozadas por Pierre-Charles-Alexandre Louis (1787-1872), el
fundador de las estadísticas médicas, que él diferenciaba de las vitales.
Después de haber pasado seis años en Rusia, donde se desesperó al considerar la
impotencia de la Medicina respecto de una epidemia de difteria, convencido de
la necesidad de profundizar en los estudios, volvió a París a completar su
educación médica, y, entrando en la clínica de Chomel, pasó el resto de su vida
enseñando, combinando la enseñanza con la práctica incesante de la disección y
con la práctica hospitalaria. Sus principales obras son sus investigaciones
acerca de la tisis (1825)[2], basadas
en 358 autopsias y 1.960 casos clínicos, y llamando la atención acerca de la
frecuencia del tubérculo en el vértice del pulmón. Su tratado sobre la fiebre
tifoidea (1829)[3], que dio
a la enfermedad su nombre actual (fierre typhoide), y sus polémicas contra
Broussais (1835)[4], que
concluyeron por echar abajo todo el «sistema» de éste, y por una demostración
estadística del poco valor de la sangría en la pulmonía, terminó con el abuso
de aquélla en esta afección. Louis pensaba que las argucias de una teoría a
priori, como la de Broussais, puedan fácilmente demostrarse y ponerse de
relieve por medio de buenas estadísticas[5], y que
estas últimas pueden algunas veces emplearse como un instrumento de precisión
en casos en que los propios métodos experimentales han fracasado. Aunque
Gavarret ha escrito un tratado de estadísticas en el cual los problemas
terapéuticos eran especialmente considerados (1840)[6], la idea
no adquirió todo su relieve todavía en la época de Louis; pero las estadísticas
han demostrado desde entonces su propia importancia, atestiguando los datos
etiológicos y hereditarios, el valor comparativo de los diferentes métodos
terapéuticos, especialmente por el gran incremento de los periódicos médicos,
con su correspondiente perfeccionamiento en bibliografía y en los modos de
llevar a cabo los censos, que, naturalmente, proporcionan los fundamentos de
toda buena estadística. Su importancia ha sido bien puesta de manifiesto por
Fournier y Erb, demostrando la relación causal entre la tabes dorsal, la
demencia paralítica y la sífilis, y por otros autores, atestiguando la
importancia de la hidroterapia en el tratamiento de la fiebre tifoidea, de la
antitoxina en la difteria, de la intervención operatoria en la apendicitis y en
otras enfermedades abdominales y pélvicas, o respecto de los efectos de los
medicamentos nuevos, como el «606», etc. Louis ha sido el primero, después de
Floyer, que ha usado el reloj para apreciar el pulso, en lo que ha sido seguido
por los médicos de las escuelas irlandesa, inglesa y americana. Por medio de
sus discípulos americanos, Holmes, Gerhard, los Jackson, los Shattuck y otros,
ha ejercido una poderosa influencia en el adelanto de la ciencia médica en los
Estados Unidos. La fuerte posición que tomaba Louis en favor de los hechos y de
las cosas positivas, en contra de la estéril teorización de los tiempos
pasados, tenía necesariamente que atraerse en su favor el agudo sentido común
práctico de los médicos americanos.
Réné-Théophile-Hyacinthe Laënnec (1781-1826)
El más distinguido y más importante de todos los
médicos internistas de la antigua escuela francesa ha sido
René-Théophile-Hyacinthe Laennec (1781-1826), natural de Quimper (Bretaña),
que, como Bicha!, había sido un cirujano de regimiento durante la Revolución y
que, como aquél, murió en edad temprana, víctima de la tisis, fue médico del
Hospital Beaujon en 1806 y del Hospital Necker en 1816. Laënnec ha hecho
inmortal su nombre por la invención del estetoscopio en 1819 (en primer
término, un simple rollo de papel que tenía en la mano) y por la publicación de
las dos sucesivas ediciones de su Traité de l’auscultation mediate, en 1819 y
1823. Pasta obra ha colocado a su autor entre los más distinguidos clínicos de
todas las edades, y, a diferencia de la de Auenbrugger, fue inmediatamente
llevada a todas partes y traducida a todos los idiomas. Ha sido la piedra
fundamental del conocimiento moderno de las enfermedades del tórax y de su
diagnóstico por medio de la exploración mediata. En la primera edición (1819) Laënnec
perseguía el método analítico, dando los diferentes signos puestos de
manifiesto por la percusión y la auscultación, en correspondencia con las
lesiones anatómicas (él era un experto anatomo patólogo). En la segunda edición
(1820) el procedimiento se vuelve hacia el método sintético, siendo cada
enfermedad especial descrita en detalle respecto de su diagnóstico, su
patología y su tratamiento (más inteligente), de tal modo, que esta edición
resulta, efectivamente, el más importante tratado que se había escrito nunca de
las enfermedades de los órganos torácicos. Laënnec no solamente puso el valor
diagnóstico de los sonidos en las enfermedades cardíacas y pulmonares[7] sobre
una base segura, sino que fue el primero que describió y diferenció la
bronquiectasia (notada primeramente por su ayudante Cayol en 1808), el
neumotorax, la pleuresía hemorrágica, la gangrena y el enfisema del pulmón, la
esofagitis y aquella forma de cirrosis que lleva en la actualidad el nombre de
«hepatitis crónica intersticial difusa». Ha dejado una descripción magistral de
la bronquitis y de la neumonía, con un completo estudio de las lesiones
anatomo-patológicas de las mismas, y sus trabajos acerca de la gangrena
pulmonar y del enfisema no han tenido necesidad más que los retoques del
microscopio de Rokitansky para convertirse en cuadros clásicos. Laënnec ha
sido, además, el primero que ha descubierto y descrito el «tubérculo
anatómico», o verruga post- mortem[8], que
McCall Anderson ha demostrado, en 1879, ser idéntica al lupus verrucosus; y ha
sido también el inventor de aquellos términos como "egofonía",
"pectoriloquia", los «estertores» sibilantes y sonoros y otros signos
perfectamente reconocibles en el momento de la exploración del tórax.
Personalmente, era una figura desdeñosa, nerviosa, aguileña, de naturaleza
generosa, tolerante, natural y de gustos finos y delicados. Lo mismo que
Auenbrugger, era modesto respecto de su propia obra, cuidando más de que ella
fuese provechosa para la posteridad que de que sirviese para su propia fama.
Entre los más notables médicos internistas
franceses contemporáneos de Louis y de Laënnec figuran Bayle, Bretonneau,
Bouillaud, Corvisart, Pinel, Audral, Piorry, Rayer y Ricord.
Gaspar Laurent Bayle (1774-1816), de Vernet, en
Provenza, graduado en París en 1801, ha dejado su huella en la patología por su
descripción de los caracteres macroscópicos del tubérculo, estableciendo la
identidad del mismo con la granulia y con otras variedades de tuberculosis
(1803) que exponía en sus Recherches sur la phtisie pulmonaire (1810), la base
de la obra de Laënnec y de las subsiguientes.
Pierre Bretonneau (1771-1862). (Del retrato de Moreau de Tours.)
Pierre Bretonneau (1771-1862) de Tours, ha escrito
importantes monografías acerca del contagio de la dothienenteritis o fiebre
tifoidea (lela-29)[9], dela
difteria (1826)[10], dando a
esta enfermedad su nombre actual, y en I de julio de 1825 realizaba la primer
traqueotomía, con éxito, en el crup[11]. Ha
localizado y comprendido las lesiones tifoideas en las placas de Peyer, ya en
1820, prediciendo que la fiebre tifoidea se llegaría a diferenciar
perfectamente del tifus exantemático (1828), y en 1855 instituyó claramente la
doctrina de la especifidad (teoría de los gérmenes) en las enfermedades[12]. Su
correspondencia con sus discípulos Velpeau y Trousseau es la colección de
cartas médicas más interesante desde los tiempos de Guy Patín.
Jean-Baptiste Bouillaud (1796-1881), de Angulema,
aunque furioso sangrador, era uno de los más hábiles diagnosticadores de su
época. Pía sido el primero que ha establecido que la afasia se relaciona con
una lesión del lóbulo anterior del cerebro (1825)[13] y
ha establecido una «ley de coincidencia» entre la frecuencia de las
enfermedades del corazón y la del reumatismo articular agudo (1830)[14]. Estas
relaciones fueron, después, más ampliamente desarrolladas en su importante
tratado clínico del reumatismo articular agudo de 1840[15].
Considerando la fiebre como efecto de la endocarditis y de la inflamación de la
túnica interna de los vasos sanguíneos, él era partidario de combatirla
sangrando implacablemente coup sur coup.
Jean-Baptiste Bouillaud (1796-1881)
Jean Nicolás Corvisart (1755-1821), médico favorito
de Napoleón y maestro de Bayle, Bretonneau, Dupuytrin, Laënnec y Cuvier, es en
la actualidad principalmente recordado por haber hecho resucitar la obra de
Auenbrugger sobre la percusión (1808), una traducción de la cual había sido
previamente hecha por Rosière de la Chassagne (1770), pero olvidada.
El ensayo de enfermedades y lesiones orgánicas del
corazón y de los grandes vasos (1806),
de Corvisart, la más importante obra francesa de enfermedades del corazón, más
importante desde los tiempos de Senac, fue reimpresa en 1818, con algunas
simplificaciones y perfeccionamientos del método de Auenbrugger.
Philippe Pinel (1745-1826), un noble espíritu de
Saint-Paul (Tarn), quedará siempre en uno de los puestos más elevados de la
Historia por haber sido el primero que empezó a tratar a los locos de un modo
humanitario.
Jean-Nicolas Corvisart (1755-1821)
Arriesgando su propia vida y su libertad, inició
las reformas de suprimirles las cadenas, colocarles en hospitales bajo médicos
de buen carácter y eliminando en su tratamiento todo el abuso de medicamentos y
de sangrías a que antes estaban sujetos. En este sentido es el verdadero
fundador del moderno régimen de la «puerta abierta» de la psiquiatría, a pesar
de que sus clasificaciones de la locura y de las enfermedades mentales han sido
ya olvidadas. Su Traité médico-philosophique sur l'aliénation mentale (1801)
es uno de los más importantes de los clásicos, y ha sido seguido de otras
piedras miliares de la psiquiatría, como las Rapsodias del tratamiento
psiquiátrico de la locura (1803), de Reil; los libros de Heinroth
sobre la locura (1818), la jurisprudencia de la locura (1825) y la psicología
de la mentira (1834)[16], la de
Calmeil, sobre la parálisis general de los locos (1826)[17]; el
tratado de la locura, de Prichard, que contiene la primera descripción de la
locura moral (1835); la gran obra de Esquirol (1838)[18]; la
original descripción de Falret de la locura circular (1853)[19], y
el Ir atamiento de la locura sin restricciones mecánicas (1856).
Gabriel Andral (1797-1876), de París, era un
espíritu claro, metódico, analítico, que se oponía a todas las excentricidades
y fanatismos escolásticos; editó las obras de Laënnec, se unió a Louis en su
propaganda contra la sangría, favoreció el uso de los baños fríos en la fiebre
tifoidea y en otras fiebres, y se le recuerda por haber sido el primero que ha
recomendado el examen químico de la sangre en los estados morbosos (1843)[20].
Philippe Pinel (1745-1826)
Su Cliniquc médicale (1829-33) ha sido la primera
obra del género que han hecho famoso Trousseau, Dieulafoy y otros, en el cual
una serie de casos médicos es utilizada como medio de establecer los datos de
la medicina interna. En la obra de Andral las pinturas clínicas del desarrollo
de los procesos morbosos son magistrales. Su estudio químico de la sangre (con
Gavarret), el único de este género después de Hunter y Hewson, deja como
conclusión la de que existen enfermedades primitivas de la sangre, una fase de
la patología humoral que volverá a renacer de nuevo con Ehrlich.
Pierre-Adolphe Piorry (1794-1879), de Poitiers, ha
sido el inventor del plexímetro (1826) y un defensor de la percusión mediata
(1828). Ha escrito mucho, incluso un tratado de pleximetría (1866), y, aunque
«poeta», afectaba una nomenclatura exagerada y pedante, empleando términos
altisonantes, como «cardiodisneuria», «hiperesplenotrofia» y otros análogos.
Philippe Ricord (1799-1889)
Pierre-François Olive Rayer (1793-1867), de
Calvados, ha sido autor de una serie de obras de capital importancia, incluso
su tratado de enfermedades de la piel, con atlas (1826-27); su clásico tratado
del muermo y de los lamparones en la especie humana (1837) su tratado de
enfermedades del riñón, en tres tomos, con un atlas (1837-41), que marca una
época en el estudio de estas afecciones, y su Memoria de la hematuria endémica
(1839).
Philippe Ricord (1799-1889), nacido, de padres
franceses, en Baltimore, Md., y graduado en la Facultad de París, ha sido la
más alta autoridad en las enfermedades venéreas después de John Hunter. Su
tratado sobre esta materia (1838) es memorable en la historia de la Medicina
por haber echado abajo las erróneas ideas de Hunter sobre la identidad de la
gonorrea y de la sífilis (2.500 inoculaciones), estableciendo la autonomía de
las dos afecciones (1831-37).
Él ha dividido la lúes en su período primario,
secundario y terciario, describiendo los chancros vaginal, uterino y uretral,
haciendo notar la rareza de la reinfección y escribiendo sobre otros asuntos,
como el uso del espéculo (1833), la gonorrea en la mujer (1834), epidimitis
(1839) y conjuntivitis blenorrágica (1842).
Ricord ha sido famoso por un gran número de
atrevidas bous mots y anécdotas (ricordianas) relativas a su especialidad. El
doctor Oliver Wendell Holmes le caracteriza como «el Voltaire de la literatura
pelviana: un escéptico acerca de la moralidad de la raza en general, que
hubiera sometido a la propia Diana al tratamiento con sus específicos minerales
y ordenado una receta de píldoras azules para las vírgenes vestales».
La moderna dermatología deriva de la obra de Willan
y de su discípulo Bateman, continuada y llevada más adelante por la escuela
francesa y la nueva de Viena. Robert Willan (1757 1812), un cuáquero de
Yorkshire que ha estudiado con ventaja la obra patológica de Matthew Baillie,
ha hecho por poner en claro la naturaleza del eczema y del lupus y ha dividido
las enfermedades cutáneas, de acuerdo con su aspecto objetivo, en ocho clases:
papulosas, escamosas, exantemáticas, ampollosas, vesiculosas, pustulosas, tuberculosas
y maculosas. Por confrontación de los términos griegos, latinos y árabes ha
establecido una definitiva nomenclatura clásica. Su clasificación, por lo que
le fue concedida la medalla de oro de Fothergill, en 1790, ha sido el punto de
partida de la dermatología moderna, y todavía sigue más o menos en uso. La gran
obra de Willan On Cutaneous Diseases (1796-1808) fue publicándose en partes, y
quedó sin concluir a la muerte de su autor, siendo completada por su discípulo
Bateman. Contiene originales descripciones y representaciones del prurigo,
pitiriasis e ictiosis, al paso que la psoriasis (la lepra bíblica de Gehasi y
Naaman), la sycosis, la tinea versicolor, el lupus y el impétigo aparecen más
claramente definidas y diferenciadas. Osler dice que en esta obra se encuentra
relatado el primer caso de púrpura de Henoch (con síntomas viscerales). Willan
ha descrito también el eritema iris como una especie de su género «iris»
(herpes iris) y separándole de las otras formas de eczema debidos a las irritaciones
externas (eczema solar, impetiginoso, rubrum, mercurial). Ha dado una
descripción más clara y más precisa de la «urticaria tuberosa», descrita por
Frank en 1792. Esta parte de su obra aparece incluida en las Delineations of
Cutaneous Diseases, un atlas de 72 láminas coloreadas, publicado en 1817 por
Thomas Bateman (1788-1831), de Whitby (Yorkshire). Bateman ha sido el primero
que ha descrito el liquen urticatus, el molusco contagioso y el ectima, que
Willan había señalado como phlyzacia. El ectima terebans, o «pénfigo
gangrenoso», ha sido relatado primeramente por Whitley Stokes, de Dublín
(1807), y el xantoma, por Addison y Gull (1851).
El fundador de la moderna escuela francesa de
Dermatología ha sido Jean-Louis Alibert (1766-1837), de Villefranche l’Aveyron.
El doctor Holmes dice: «El alegre viejo barón Alibert, que yo recuerdo tan
perfectamente con su gran sombrero de copa alta, un poco gentilmente gastado en
algunos lados, y llamando en voz alta a sus discípulos en el patio principal
del Hospital de St. Louis: Enfants de la méthode naturelle, étes vous
ici?» Este «método natural» de clasificar las enfermedades era
positivamente la pasión de Alibert. Un grabado de «árbol genealógico» de las
dermatosis colgaba feo y solitario en el primer término de un estéril y no
atractivo paisaje, formando la lámina inicial de su obra más importante.
Alibert ha sido el primero en describir la micosis fungoide (pian fungoide) en
1806, y el queloide (cancroide) en 1810 (más tarde como «keloide» o «kelis»)
[1835]- Ha descrito también la «pústula de Alepo» (1829), la úlcera endémica
que más tarde había de tener tanta importancia en relación con las leishmaniosis
(cuerpos de Leishman-Donovan), y ha introducido muchos términos nuevos, como
«sifílides», «dermatosis», «dermatolosis», etc. Un visual y un artista, como le
ha definido Sabouraud, Alibert estaba orgulloso de haber sido el primero que
había empleado el lápiz y la paleta de pintor en la representación de las
enfermedades de la piel. En sus lecciones clínicas se tomaba grandes trabajos
para hacer representaciones visuales de todo a sus discípulos: lo personal, lo
circunstancial de sus casos clínicos; todo, como hacía John Bell. En sus
esfuerzos para realizar estas representaciones, llegaba algunas veces a
extremos retóricos y falsos y exagerados en extremo. El árbol genealógico de
Alibert fue sustituido por su discípulo Biett por el sistema de Willan, y las
ideas de Biett fueron más extendidas aún por Rayer (1826) y por Cazenave y
Schedel (1828), que hicieron la primera clasificación de las enfermedades de la
piel sobre una base anatómica, a saber: inflamaciones, hipertrofias, desórdenes
de las secreciones y de las sensaciones, manifestaciones hemorrágicas, etc.
Estas clasificaciones son las precursoras de la segunda fase de la moderna
dermatología, el período patológico o histológico inaugurado por Hebra y sus
discípulos, que debe considerarse en íntima relación con la nueva escuela de
Viena.
Las doctrinas de Laënnec han tenido una inmediata
repercusión en la Gran Bretaña con la brillante obra de dos médicos de la
escuela irlandesa. Los fundadores de la escuela de Dublín son John Cheyne
(1777-1836), que ha descrito el hidrocéfalo agudo (1808) y la respiración de
Cheyne-Stokes (1818) ; Abraham Colles (1773-1843), que estableció la ley de
Colles, y Robert Adams (1791-1875), que ha dejado su clásico estudio del
bloqueo esencial del corazón (1826) y del reumatismo gotoso (1857), Otros
importantes miembros de esta escuela son Corrigan (el del pulso de Corrigan);
William Wallace (1791-1837), que ha introducido el uso del yoduro potásico en
la sífilis (1836), y Francis Rynd (1801 a 1861), que ha sido el primero que ha
empleado las inyecciones hipodérmicas por medio de la gravedad (con un aparato
de su invención) para aliviar el dolor (1845-61). Los verdaderos maestros de la
escuela de Dublín han sido, sin embargo, Graves y Stokes.
Robert James Graves (1796-1853), el hijo de un
pastor de Dublín, hizo su grado de médico en 1818, y al realizar el
acostumbrado viaje por el continente experimentó diferentes aventuras, como,
por ejemplo, ser arrestado en Austria tomándole por espía alemán, a
consecuencia de su facilidad lingüística, y el hecho de reprimir con éxito un
motín sobrevenido en un barco durante una tempestad en el Mediterráneo, después
de haber asumido el mando y haber salvado el barco con su valor. Vuelto a
Dublín en 1821, llegó a ser médico-director del Meath Hospital y uno de los
fundadores de la Escuela de Medicina de la Park Street. Inmediatamente aplicó
las más radicales reformas, introduciendo los métodos continentales de
enseñanza clínica, tales como hacer que los alumnos más adelantados tratasen y
refiriesen los casos clínicos, y suprimiendo, además, los malos tratos y los
abusos que los enfermos de los hospitales tenían que aguantar de los
malhablados doctores irlandeses de aquellos días. Grande, sombrío y distinguido,
Graves tenía un gran corazón, a pesar de su sarcástico lenguaje, y hasta alguna
vez fue a parar a manos de algún estudiante pobre el importe de alguna obra
literaria. Sus Clinical lectures (1848), que Trousseau leía y
releía con gran admiración, introducía muchas novedades, como el «pin-hole
pupil», el tomar el pulso con el reloj y el abandono del antiguo tratamiento
debilitante o antiflogístico de las fiebres. Suplicaba que la frase «él ha
alimentado a los febricitantes» le sirviese de epitafio. Graves ha dejado
también los estudios más antiguos del edema angioneurótico y del escleroderma,
y en 1835 ha publicado una descripción del bocio exoftálmico, tan admirable,
que ha hecho que la enfermedad lleve desde entonces su nombre.
William Stokes (1804-78), compañero de Graves en el
Meath Hospital, era el hijo de Whitley Stokes, profesor regio de Medicina en
Dublín, y sucedió a su padre en este cargo en 1845.
Robert James Graves (1793-1853
Ya en 1825 se hizo notar como discípulo de Laënnec
con la publicación de su Introduction to the Use Stethoscope. Durante la
epidemia de tifus exantemático de Dublín, en 1826, trabajó duramente en favor
de los pobres, viéndose atacado por la enfermedad en 1827. Ha referido el
primer caso de cólera de la epidemia de Dublín de 1832, y en 1846 ha publicado
su notable estudio sobre la enfermedad de Stokes-Adams. Sus tratados sobre las
enfermedades del tórax (1837) y las del corazón y de la aorta (1854) le han dado
imperecedera fama. Era uno de los pocos médicos que habían recibido la orden
prusiana pour le mérite.
Sir Dominic John Corrigan (1802-80), que describió
la «fiebre del hambre» de 1847, ha escrito también sobre enfermedades del
corazón, y en 1832 ha publicado una original descripción de la insuficiencia de
las válvulas aórticas (con una lámina soberbia), que se considera como el
estudio clásico de esta enfermedad, a pesar de que ya había sido estudiada por
Cowper (1705). Vieussens (1715) y Hodgkin (1829).
William Stokes (1804-78)
Corrigan ha sido el primero en poner bien de
manifiesto el carácter rebotante o de «martillo de agua» del pulso en la
insuficiencia aórtica (pulso de Corrigan), y ha sugerido la idea de que un
corazón que flaquea puede ser estimulado percutiendo la región precordial con
una cuchara caliente (martillo de Corrigan). Ha notado también la «onubilación
cerebral» del tifus y las expansivas pulsaciones del aneurisma (signo de
Corrigan) y ha descrito la cirrosis del pulmón o tisis fibrosa, que, como la
insuficiencia aórtica, lleva algunas veces su nombre.
Los clínicos ingleses de la primera mitad del siglo
XIX asimilaron las ideas de Laënnec y de Bichat en su práctica, y, lo mismo que
Heberden, Parry, Fothergill y Huxham, demostraron ser fieles continuadores de
Sydenham en las descripciones de la enfermedad. De especial importancia es la
obra patológica y clínica que realizó una larga serie de brillantes
trabajadores del Guy’s Hospital; ¡os grandes hombres del Guy. De ellos, Richard
Bright (1789-1858), de Bristol, había estudiado con Astley Cooper y James Currie
y fue médico del Guy’s Hospital durante veintitrés años (1820-43) donde
trabajaba por espacio de seis horas diarias en las guardias del hospital y en
la sala de autopsias, además de dar lecciones de materia y de clínica médicas.
Su experiencia fue notablemente ampliada por un largo viaje a través del
continente, durante el cual tuvo ocasión de conocer y admirar a Johann Peter
Frank. Fue el médico de consulta más distinguido de Londres en su época. Sus
Reports of Medical Cases (1827) contienen su original descripción de la
nefritis esencial, con su distinción, que hizo época, entre la hidropesía
cardíaca y renal, y desde entonces quedó establecida su reputación en toda
Europa.
Richard Bright (1789-1858)
Blancas nubes en la orina han sido notadas ya hasta
por Hipócrates. Saliceto, el cirujano italiano, ha puntualizado bien la
relación existente entre la hidropesía, la escasez de la orina y el
endurecimiento del riñón (durities in renibus) en 1476, y la relación entre la
hidropesía y la orina albuminosa ha sido establecida por William Charles Wells
(1811) y John Blackall (1813) ; pero Bright ha sido el primero en relacionar
estos síntomas con la peculiar inflamación de los riñones que ha encontrado en
las numerosas autopsias que ha llevado a cabo, y sus síntesis, tan decisivas,
hicieron pronto su camino por todas partes, reconociéndose en todas su inmensa
trascendencia en la práctica médica. Como obra de este género, es una de las
más grandes de la patología médica, y como original expositor de enfermedades
puede colocarse próximo a Laënnec. «Bright, dice su biógrafo Wilks, no sabe
teorizar, pero sabe ver, y nos deja asombrados de su poder de observación
cuando deja cuadros fotográficos de las enfermedades para el estudio de la
posterioridad. » El no ha proporcionado puntos especiales de vista en
Patología, ni ha fijado rótulos especiales en sus múltiples descripciones de
estados morbosos; pero ha coleccionado un número extraordinario de hechos y ha
sabido cómo se aprovechaba el conocimiento de los mismos. Así, ha dado estudios
originales de la diabetes pancreática y de la esteatorrea pancreática (1832),
de la atrofia aguda amarilla del hígado (1836), de las convulsiones
unilaterales de la epilepsia jacksoniana (1836) y del «estado linfático»
(1838), que han sido señalados con sus nombres apropiados, siendo mejor
conocidos antes de nuestra época. Sus Medical Reports contienen descripciones
seguras de algunas novedades, como la otitis escarlatinosa, los abscesos óticos
del cerebro, la tisis de la laringe, las parálisis repentinas, las hemiplejías
cerebrales, los equivalentes histéricos de la enfermedad, y sorprendentes
cuadros de los aspectos patológicos de la fiebre tifoidea, de la nefritis, de
la atrofia amarilla aguda del hígado y de las afecciones cerebrales. Sir Samuel
Wilks recuerda, además, que ha sido uno de los primeros, si no el primero, en
describir la pigmentación del cerebro en la melanemia, la condensación del
pulmón en la tos ferina, los pequeños equinococos en el interior de los quistes
hidatídicos y los ruidos del corazón en la corea. Bright era un artista capaz y
hábil, un coleccionista inteligente de grabados, y el primer volumen de sus
viajes por Hungría aparece ilustrado con encantadores cuadros dibujados por él
mismo. Este gran médico era, además, un buen botánico y geólogo, y,
personalmente, un hombre sencillo, sin prejuicios y amante de la verdad.
Thomas Addison (1793-1860), de Longbenton
(Cumberland), colega de Bright en el Guy’s Hospital, era más bien un brillante
profesor de Patología que un afortunado práctico. Se le recuerda como un hombre
altanero, poco atractivo, que, en su propia demostración, ocultaba sus
exageradas timidez y sensibilidad; que nunca ha tenido una gran clientela, y
que se ha dedicado por completo a sus discípulos y a su labor de hospital.
Concedía tan poca importancia a la medicación, que (según se dice) algunas
veces se olvidaba de recetar; además, las píldoras de Addison, de calomelanos,
digital y escila, para la hidropesía hepática en la sífilis, se estaban usando
siempre. Ha sido también el primero en usar la electricidad estática en el
tratamiento de las enfermedades espasmódicas y convulsivas (1837), Y» en
colaboración con John Morgan, ha escrito el primer libro inglés acerca de la
acción de los venenos en el organismo vivo.
Thomas Addison (1703-1860). (Cortesía del Dr. Herbert L. Eason, del Guy’s
Hospital, Londres.)
En 1849, Addison presentó una comunicación a la
South London Medical Society en la que describía la anemia perniciosa (20 años
antes que Biermer) y la enfermedad de las cápsulas suprarrenales (melasma
suprarrenal). Estas observaciones clínicas fueron después mucho más ampliamente
desarrolladas y expuestas en su gran monografía On the Constitucional and Local
Effects of Disease of the Suprarenal Capsules (Londres, 1855). Este libro fue
considerado como una mera curiosidad científica en la época de Addison; pero en
la actualidad se le reconoce como una obra de importancia decisiva, que, en
conexión con la obra fisiológica de Claudio Bernard, inauguró el estudio de las
enfermedades de las glándulas de secreción interna y el de aquellos disturbios
del equilibrio químico que se conocen con el nombre de «síndromes
pluriglandulares». Ha sido Trousseau el primero que ha propuesto designar el
síndrome suprarrenal con el nombre de «enfermedad de Addison». En 1851, Addison
y sir William Gull describieron la enfermedad cutánea vitiligoidea, actualmente
reconocida como xantoma. El «queloide de Addison» es una forma circunscrita de
escleroderma.
El patólogo Thomas Hodgkin (1798-1866), de
Tottenham (Inglaterra), un miembro de la Sociedad de Amigos, llevando siempre
su traje característico, era, por naturaleza, un filántropo y un reformador, y,
según dice Wilks, fue echado del Guy’s Hospital por su carácter excéntrico y
por la independencia de su espíritu.
Thomas Hodgkin (1798-1866)
Su reputación ha quedado hecha por su original
descripción del simultáneo aumento de volumen del bazo y de los ganglios
linfáticos, o linfadenoma (1832), que, como él mismo hace notar, había sido
vagamente señalado por Malpighi en 1665, y al que designó Wilks, en 1865, con
el nombre de «enfermedad de Hodgkin». Ha escrito, además, un estudio sobre la
insuficiencia de las válvulas aórticas (1829), que precede tres años a la
clásica obra de Corrigan. Es notable también su ensayo sobre la educación
médica (1823), y sus Lectures on the Morbid Anatomy of the Serous and Mucous
Membranes (1836-40) son uno de los más antiguos tratados ingleses de Patología.
Generoso con sus enfermos, y sin dar importancia al cobro de sus honorarios,
Hodgkin fue abandonando poco a poco la clientela, y se consagró el resto de sus
días a diferentes filantropías. Murió en Joppa, durante un viaje que realizaba
por Oriente con sir Moses Montefiore, que erigió un monumento sobre su tumba.
Tres eminentes clínicos ingleses del primer período
son Parkinson, Wells y Hodgson.
James Parkinson (1755-1824), de Londres, uno de los
discípulos de John Hunter, es actualmente recordado por su única y clásica
descripción de la parálisis agitante, o «enfermedad de Parkinson» (1817), y
porque ha referido el primer caso de apendicitis en Inglaterra (1812) en el
cual se ha reconocido por primera vez la perforación como causa de muerte (H.
A. Kelly). Parkinson era un radical, un reformador y un agitador político,
estando en lucha varias veces con los Gobiernos, y lo poco que conocemos de su
vida se debe casi por completo a las recientes interesantes investigaciones de
L. G. Rowntrée (1912). Ha escrito folletos políticos y de controversia y un
gran número de pequeños tratados de medicina doméstica, así como un buen libro
sobre la educación médica (The Hospital Pupil, 1800). Hábil geólogo y
paleontólogo, es digno de recuerdo, con Avicena, Fracastor, Stensen, Hutton,
Wollaston, Owen y Huxley, como uno de los médicos que han contribuido con algo
de positivo valor a estas ciencias.
William Charles Wells (1757-1817) había nacido en
Carolina del Sur; pero siendo sus habitantes tories durante el período
revolucionario, tuvo que nacionalizarse, por su libre elección, como ciudadano
británico. Wells era un observador altamente original, tanto en Medicina como
en Física, siendo su más importante contribución a esta última ciencia su bien
conocido Ensayo sobre el rocío (1814). Ha descrito la orina albuminosa en la
hidropesía en 1811, y en 1810 ha publicado el estudio quizá más antiguo sobre las
complicaciones cardíacas del reumatismo. Su estudio acerca de la visión
(1793-1814) contiene algunas observaciones de la mayor originalidad.
Sir Thomas Watson (1792-1882)
Joseph Hodgson (1788-1869), de Birmingham, un
afortunado litotomista, escribió un importante tratado de enfermedades de las
arterias y de las venas (1815) en que ha dado la primera descripción de la
dilatación aneurismática del cayado de la aorta, a la que los escritores
franceses designan con el nombre de enfermedad de Hodgson. Esta obra es
fundamental en el conocimiento de las enfermedades de las arterias, y contiene
un gran número de interesantes datos históricos a propósito de los aneurismas y
de las más antiguas ligaduras de importantes troncos arteriales. En relación
con ella podemos mencionar las Observations, de Alian Burns, a propósito de
enfermedades del corazón.
El tratado inglés más importante de la práctica de
la Medicina en la primera mitad del siglo XIX son las Lectures on the
Principies and Practice of Physic, publicado en 1843 por sir Thomas Watson
(1792-1882). Durante más de un cuarto de siglo esta obra ha ido teniendo
sucesivas ediciones y gozan do una extraordinaria popularidad, debida al
atractivo y elegante estilo del autor y a la clara manera de presentar los
asuntos.
El tratado práctico de Bright y Addison, del cual
únicamente se ha publicado el primer tomo (1800), es una producción
estrictamente científica, en la cual los fenómenos de las enfermedades se
tratan en rígidas categorías, como en una obra de física matemática. Es notable
por su espíritu francamente agnóstico enfrente de fenómenos tan obscuros como
la naturaleza de la fiebre. Se dice que la mayor parte del texto ha sido
escrito por Addison.
Otros tratados clínicos de este período,
actualmente olvidados en su mayoría, son: el de la gota, de Scudamore (1816);
el de la sangre, de Thackrad (1819); el de la tisis, de sir James Clark (1835);
el de Francis Sibson, de la posición de los órganos. Internos (1824); el de
Golding Bird, de los depósitos urinarios (1845), y las obras de enfermedades
cardíacas, de James Hope (1832), Peter Mere Latham (1845), Alison (1845) y
Chevers (1851).
Un rasgo notable de la medicina inglesa durante
este período ha sido la publicación de admirables sistemas y enciclopedias de
Medicina, tales como las de Forbes (1833-35), Todd (1835-59), Tweedie (1840),
South (1847) y Reynolds (1866-79). Estas, con el Dictionnaire des Sciences
medicales (1812-22), en seis volúmenes, de Panckoucke, y la Encyclopedie, en
cuarenta y un tomos, de Dechambre (1834-46), son los precursores cíe aquellas
obras posteriores, como el Diccionario de la Medicina, de Quain, y los sistemas
de Ziemssen, Eulenburg, Albutt y Osler. Un notable recopilador de aquella época
era James Copland (1791-1870), de las islas Orkney, un «polihistoriador» del
tipo ridiculizado en Alemania, y que ha gastado su vida entera en hacer obras
de recortes, y cuyo Dictionary of Practical Medicine (1834-59) consiste en
3.509 páginas de doble columna, todas escritas por él. Norman Moore le compara
con el Contineni, de Rhazes, añadiendo que nuestra propia generación le ha
abandonado «como a un tranquilo en los bajos del continente mismo». Como
presidente de la Sociedad de Patología, de Londres, Copland excitaba muchas
veces la irrisión de los socios cuando reclamaba muchos modernos
descubrimientos como suyos propios.
Un rasgo muy importante de la medicina británica en
el siglo XIX es la obra de los cirujanos anglo-indios. La Compañía de las
Indias orientales había sido reconocida por la reina Isabel en 1600, y
estableció su primera estación comercial en 1612. Ya en los primeros días, dos
cirujanos, Gabriel Boughton, que en 1645 fue enviado desde Surat a la corte del
shah Jahan en Agrá, y William Hamilton, que acompañó la misión a Delhi en
1714-17, eran ambos de los que tenían tráfico del instrumental asegurado por concesiones
y reconocimientos de la Compañía, principalmente para el establecimiento de
tres grandes centros en Bombay, Calcuta y Madrás; pero hasta después de la
victoria de Clive en Plassey, en 1757, no empezamos a ver al Servicio Médico de
la India desempeñando un papel muy importante en la medicina tropical y
colonial. Estaba ya constituido como tal en 1 de enero de 1764. El tratado más
antiguo de medicina tropical ha sido, en realidad, publicado en 1768 por James
Lind (1716-94), cuya importante obra fue seguida a su debido tiempo de una gran
serie de libros acerca del clima y de las enfermedades de la India, siendo
notables entre ellas las de John Peter Wade (1791-93), William Hunter (1804),
sir James Annesley (1825), William Twining (1832), sir James Ranald Martin
(1841), Alian. Webb (1848) y Charles Morehead (1856), no olvidando el perenne
tratado pequeño de pediatría tropical de Coodeve (1844). Además del desarrollo
de la medicina tropical, la organización de los hospitales, de la educación
médica, de la higiene pública y de otros deberes administrativos relacionados
con la constitución del Imperio de las Indias, los hechos más notables de estos
cirujanos del ejército con sus notables estudios directos sobre la insolación
(los de Green, Barclay, Longmore y otros figuran entre los más acabados), las
descripciones de las diferentes variedades de mordeduras de serpientes, de los
envenenamientos observados en aquel país, de las propiedades de las drogas
orientales, y múltiples contribuciones a la botánica, zoología, geología y
etnografía de la India, así como estudios originales del beriberi, cólera,
escorbuto, disentería, lepra, elefantiasis filariósica, y la introducción de
algunas novedades, como la anestesia por el mesmerismo, el vendaje de bambú del
ejército inglés, el método indio de enseñar incisiones quirúrgicas en las
plantas y la reintroducción del empleo de la ipecacuana en la disentería por el
cirujano mayor E. S. Docker en 1858.
El órgano literario del Servicio Médico de la India
en esta época es el India Journal of Medical Science (1834-45), que fue editado
desde 1842 por Frederick Corbyn. El primer tomo contenía interesantes grabados
de los principales nababmédicos de aquel tiempo.
Dos de los cirujanos anglo-indios han alcanzado un
puesto distinguido en la historia del envenenamiento por las serpientes, a
saber: Patrick Rusell (1727-1805), de Braidshaw (Escocia), cuyo Account of
Indian Serpenis (cuatro volúmenes, 1796 a 1809) es el primer estudio de la
materia, conteniendo la descripción de la célebre víbora de Russel (Daboia
Russellii), y sir Joseph Fayrer (1824-1907), que desempeñó una viva parte en el
motín y cuya Thanaiophidia of India (1872) es una de las grandes obras clásicas
de Zoología, en la que se describen todas las serpientes venenosas de la
península de la India, con magníficos y realistas grabados, dibujados por los
discípulos indios de la escuela oficial de arte en Calcuta, y con originales
experimentos sobre los venenos, que quizá no hayan sido precedidos más que por
las obras del abate Fontana y de Weir Mitchell (1870). El más notable de los
zoólogos anglo-indios ha sido Thomas Caverhill Jerden, cuyos estudios de las
aves (1844-64) y de los mamíferos (1854) son famosos. Entre las muchas obras de
Botánica figuran las Planis of the Coromandel Coasi, de William Roxburgh
(1795-1819), y la Flora indica, del mismo autor (1820-24); el Tentamen Florae
Nepalensis (1824-26) y Planiae Assiaticae Rariores (1830-32), de Nataniel Wallich;
los Icones planiarum Indiae Orienialis, seis volúmenes con la descripción de
más de 2.000 láminas(1838-53), de Robert Wight; los Icones planiarum
asiaticorum (1847-51), de William Griffith, y la Flora indica (1855), de
Thomson y Hooker. Importantes monografías sobre enfermedades tropicales son:
las de John Peter Wade, de la fiebre y la disentería (1791 a 93); los Atináis
of Cholera, de John McPherson (1739); la de Edward Haré, sobre el tratamiento
de la fiebre remitente y de la disentería (1847); la de N. C. McNamara, sobre
la Historia del cólera asiático (1876), y las originales investigaciones de
Henry Vandyke Cárter (1831-97), sobre el mycetoma (1874), la lepra, la
elefantiasis (1874) y la espirilosis (1882); y de Leonard Rogers, sobre las
fiebres de la India (1897-1908) y las disenterías (1913). El beriberi ha sido
ya descrito en el siglo XVII por Bontius (1642) y Tulp (1652); pero el tratado
de John Grant Malcolmson (1835) sigue siendo la fuente clásica del conocimiento
reciente de la enfermedad. Algunos de los cirujanos indios, que dejaron pronto
el servicio militar, alcanzaron distinción en otros campos de la actividad,
especialmente Murchison, Esdaile y Playfair, cuya obstetricia alcanzó nueve
ediciones (1876-98); arelando, célebre por sus trabajos sobre la locura, y
Edward John Waring (1819-91), que recopiló la primera farmacopea oficial de la
India (1868), una obra bilingüe, un Bazar Medicines (1860); también una
Bibliotheca Therapeutica (1878), del tipo de la de Haller, y que, finalmente,
realizó buenos servicios en higiene pública.
Charles Murchison (1830-79), nacido en Jamaica, de
padres escoceses, ingresó en el ejército de Bengala en 1853 y publicó un
tratado sobre el clima y las enfermedades de Burmah en 1855 Vuelto a
Inglaterra, llegó a ser un médico notable en el London Fever Hospital (1856-70)
y en el St. Thomas’s Hospital (1871-79), en relación con su maravilloso
conocimiento de las fiebres; y en 1873 ha sido presentado, con una
certificación de los habitantes del Oeste de Londres, como descubridor de una
epidemia de fiebre tifoidea por un servicio de leche contaminada. Se ha hecho
notar por su sólida seguridad, prontitud y decisión en el diagnóstico, y a
pesar de que era opuesto a la doctrina microbiana de la infección, su Treatise
on the Continue Fevets of Great Britain (1862) es una obra tan
importante para Inglaterra como la de las enfermedades del valle del
Mississippi, de Drake, es para los Estados Unidos. Murchison ha traducido el
libro de Frerich de enfermedades del hígado en 1861, y escribió, además, un-gran
número de monografías sobre el mismo tema. Como su famoso hermano, era un hábil
geólogo.
El nombre de Esdaile, del Servicio Médico de la
India, está principalmente asociado con la historia del hipnotismo,
particularmente con la anestesia hipnótica en las operaciones quirúrgicas.
Desde la época de Mesmer, el hipnotismo no era más que una habilidad más en
manos de los charlatanes. El gran trabajador de la hipnosis científica ha sido
James Braid (1795-1861), un cirujano de Fifeshire (Escocia), que residía en
Manchester y que fue atraído por el asunto del magnetismo animal hacia 1841.
Braid había pensado primeramente que los fenómenos producidos por el magnetismo
animal eran debidos a la «colusión e ilusión»; pero pronto se convenció, por la
experimentación, de que podía llegar a producirse un verdadero sueño
autosugestionado por la fijación de la mirada en un objeto inmóvil brillante
(braidismo). La importancia de la obra de Braid es el demostrar que el influjo
mesmérico es puramente subjetivo y que no hay nada, ni fluido ni ninguna otra
cosa, que pase del operador al enfermo. Este letargo subjetivo lo califica de
neuro-hipnotismo o hipnosis (1842), y el importante tratado en que se ocupaba
de este asunto llevaba el título de Neuryphology, or the Rationale of Nervous
Sleep (1843). Las ideas de Braid tropezaron con una violenta oposición por
parte, especialmente, de los mesmeristas profesionales, que querían hacer
aparecer sus exhibiciones sobre una base milagrosa; pero, en cambio, fueron
aceptadas por Azam, Broca, Charcot, Liébeault y Bernheim, y llegaron a ser el
punto de partida de la escuela francesa.
El hipnotismo ha sido usado por primera vez en las
operaciones quirúrgicas por John Elliotson (1791-1868), un profesor de práctica
de la Universidad de Londres y presidente de la Real Sociedad Médica y
Quirúrgica, que en 1843 publicó un folleto describiendo Numerous Cases
of Surgical Operations Without Pain in the Mesmeric State. Siendo objeto de
controversia por esto, acabó por ir abandonando todos sus cargos. Un informe
mucho más impresionante fue el hecho por James Esdaile (1808-59), de Montrose
(Escocia), que en 1845 comenzó a aplicar el hipnotismo en las operaciones en
indios convictos. Había realizado más de 100 operaciones con éxito,
habiéndosele puesto una severa comprobación por el diputado-gobernador de
Bengala, y ha llegado a una exposición de 261 operaciones sin dolor, con una
mortalidad de un 5, 5 por 100, describiendo todo el conjunto en su obra
Mesmerism in India (1846). Vuelto a Escocia, Esdaile encontró que, excepto en
las enfermedades, el dueño de sí mismo europeo difiere del impresionable y
neurótico indio en no ser especialmente susceptible al sueño hipnótico.
La Medicina alemana de la primera mitad del siglo
XIX ha trabajado con la desventaja de estar dividida en escuelas. Agotada por
las guerras napoleónicas, y existiendo meramente como una colección de pequeños
principados, sin más que una vaga solidaridad política y racial, el pueblo
germano había sufrido un largo período de brutal régimen militar, como una
consecuencia natural de la lucha forzosa contra la invasión extranjera.
Consiguientemente, las mejores inteligencias de la época habían derivado hacia
diferentes modos idealistas de pensar; fermentación que alcanzó su grado máximo
en la revolución de 1848. El brunonianismo, el mesmerismo y las diferentes
fases de la «medicina mágica» que siguieron, prepararon el camino para un
género de especulación más fuerte. Durante el período de idealismo los
filósofos favoritos fueron Schelling, Fichte y Hegel. La clínica médica estaba
dominada por los fantásticos sueños de la escuela filosófico-natural, de la
cual era Schelling, verdaderamente, el fundador. Su principal inteligencia fue
el naturalista bávaro Lorenz Oren (1779-1851), editor del periódico Isis y
fundador del primer Congreso Alemán de Naturalistas y Médicos (1822), en cuya
gran originalidad de pensamiento iban, mano a mano, muchas ineptitudes. Aceptó
y explicó la teoría vertebral del cráneo expuesta por Goethe (1806); consideró
el músculo como un conglomerado de infusorios (células), y glorificó el
elemento macho en la Naturaleza, hasta el extremo de declarar que «el ideal de
toda criatura sería ser varón». Otros miembros de la escuela, como Dollinger,
Gorres, Treviranus y Steffens, se lanzaron a un torbellino de palabras
incomprensibles y de fantásticas distinciones entre lo real y lo ideal, la
identidad, los imponderables, las polaridades, la irritabilidad, las
metamorfosis, etc. Inmediatamente a la escuela de la filosofía natural, siguió
la escuela de Historia Natural, que quería nombrar y clasificar las
enfermedades según rígidos sistemas, como en Zoología o Botánica. Fue seguida,
a su vez, por la enseñanza racional o fisiológica de Roser y de Wunderlich, de
Henle y de Pfeufer, los precursores del movimiento científico de la medicina
alemana, que iba a ser encabezado por los discípulos de su primer impulsor,
Johannes Müller. Aparte de éstos, muchos se extraviaron por diferentes sendas,
como la frenología, la homeopatía, el rademacherismo, el baunscheidtismo, la
hidropatía, la fuerza ódica, el magnetismo animal y otros modos exclusivos y es
trechos de conocer la Medicina y sus hechos. La tendencia de todas estas huecas
y angulosas escuelas era de un completo desprecio respecto de los
descubrimientos científicos de hombres como Bichat y Magendie, Laënnec y Louis,
o del sentido práctico de aquellos grandes clínicos que se llamaban Bright,
Stokes o Graves, y sus tendencias alcanzaban el límite de las exageraciones en
las doctrinas de la nueva escuela de Viena, como fueron expuestas por Skoda,
Hamernijk y Dietl. Skoda dice que mientras nosotros podamos diagnosticar y
describir enfermedades no nos atreveremos a esperar curarlas por ningún medio.
Dietl, en una frase de 1851, frecuentemente citada, dice que un médico debe ser
juzgado no por el éxito de su tratamiento, sino por lo extenso de sus
conocimientos. «En tanto que la Medicina sea arte, no será ciencia. En tanto
que haya médicos afortunados, no habrá médicos científicos. » Estas ingeniosas
paradojas, que iban virtualmente subiendo hasta la plena impotencia, formaron
el «nihilismo terapéutico» de la nueva escuela de Viena. La revolución de 1848
hizo desaparecer las necias doctrinas de la escuela de la filosofía natural;
pero la nueva escuela de Viena murió más difícilmente, y Rokitanski tuvo que
ser vencido por Virchow, y Semmelweis tuvo que gastar su vida demostrando sus
tesis antes de que la medicina alemana pudiera emerger del valle profundo de la
especulación para ganar la meseta de la realidad.
El primero en luchar contra la charlatanería de la
escuela filosófico natural fue Johann Lucas Schönlein (1793-1864), de Bamberg,
el fundador de la denominada Escuela de Historia Natural, cuya ambición era,
como hemos dicho, estudiar Medicina del mismo modo que se estudian la Botánica
y la Zoología.
Schönlein, su discípulo Carl Canstatt y Johan Lucas
Schönlein (1793-1864). Conrad Heinrich Fuchs, todos ellos inspirados en la
clasificación de las plantas de De Candolle, procedieron a hacer arbitrarias
clasificaciones de las enfermedades, basadas en cada caso en un obscuro y
nebuloso fundamentum divisionis, no diferente del de Boissier de Sauvages en el
siglo XVIII.
Johan Lucas Schönlein (1793-1864.)
Schönlein particularmente incurrió en
extravagancias tales como colocar la gangrena del útero en la clase de las
«neuroflogosis», y el cólera, en la de los catarros.
En su evolución desde Würzburgo a Zúrich y Berlín
pasó por las tres fases del desarrollo de la escuela histórico-natural: el
parasitista, el nosológico y el científico. Los méritos reales de Schönlein,
sin embargo, eran de otro orden. En su clínica en la Charité, de Berlín, ha
sido el primero en dar lecciones en alemán, en vez de en latín (1840), y el
fundador de la enseñanza clínica moderna en Alemania, introduciendo los
análisis de sangre y de orina, la auscultación, el análisis químico, la
percusión y las investigaciones microscópicas. Ha escrito poco ; sus solas
obras importantes son su observación del triple fosfato en los excreta de los
enfermos de fiebre tifoidea (1836), su descripción de la peliosis reumática
(enfermedad de Schönlein) en 1837, su descubrimiento del parásito de la tiña
favosa (Ackorion Schönhein) en 1839 y su proposición de los términos de «tifus
abdominal y «tifus exantemático», para distinguir estas enfermedades, y del
término «hemofilia», para designar la diátesis hemorrágica. Schönlein era un
hombre de un carácter especial. Durante sus últimos años en Berlín se veía
frecuentemente afectado por las excentricidades de un recluso, negándose él
mismo a los enfermos cuando le parecía bien, y otras veces tratándolos con
«divina grosería» de conducta (Göttliche Grobheit), que estaba entonces en
boga. Sus talentos científicos han sido puestos de relieve en el bien conocido
elogio |de Virchow (1865); pero parece, lo mismo a la delicada percepción de
Fanny Hensel y al sentido común de Agustín Prichard, algo tosco.
El discípulo de Schönlein, Carl Friedrich Canstatt
(1807-50), de Ratisbona, escribió un aquilatado libro de texto, práctico y
libre de los dogmas metafísicos, del que decía Jacobi que era la «Biblia de la
medicina alemana», hasta que fue sobrepasado por Niemeyer, y éste, a su tiempo,
por Strümpell.
Carl Reinhold August Wunderlich (1815-77)
El movimiento científico de la moderna medicina
alemana era emprendido y sostenido simplemente por medio de cuatro importantes
periódicos, que resistieron por sus exactas investigaciones y que ejercieron
una gran influencia por medio de los espíritus jóvenes en el período
especulativo, a saber; los Archiv für Anatomie; Physiologie und
wissenschaftliche Medicin, de Müller (1834); el Zeitschrift für rationelle
Medicin (1841-69), de Henle y Pfeufer; los Archiv für physiologische Heilkunde
(1842-59), de Roser y Wunderlich, y los Archiv für pathologische Anatomie
(1847-1913), de Virchow. Los hábiles editores de estos periódicos, Müller,
Henle y Virchow, eran los maestros en Alemania de anatomía comparada e
histología, y Müller, especialmente, el más gran fisiólogo de la Alemania de su
tiempo. Wunderlich era tal vez el clínico más original.
Carl Reinhold August Wunderlich (1815-77) de
Wurtemberg, graduado en Tubinga en 1837, Y enseñando Medicina en aquella
Universidad hasta 1850, cuando sucedió a Oppolzer en la cátedra de Leipzig
(1850-77). Ha escrito un buen método de práctica (1858) y una excelente
historia de la Medicina (1859); pero su obra maestra es, indudablemente, su
tratado de las relaciones del calor animal en las enfermedades (1868), que
constituye el fundamento de nuestra termometría clínica. Antes de la época de
Wunderlich, Reil y otros escritores habían escrito un tratado, en cinco
volúmenes, de la fiebre como enfermedad. Hacia 1850, Clausius, Helmholtz y sir
Williams Thomson habían trabajado en el estudio de las relaciones matemáticas
de las leyes que gobiernan la transformación del calor, y en 1849, Thomson
(lord Kelvin) ha establecido su «absoluta escala de temperatura», sin la cual
no podía merecer confianza ningún termómetro.
Sobre esta base hizo Wunderlich muchas cuidadosas
observaciones de la temperatura en las enfermedades, exponiendo en cuadros los
resultados obtenidos, y después de que la verdadera significación de los
cambios térmicos en el cuerpo fue mejor comprendida, la termometría se
convirtió en un importante instrumento del diagnóstico clínico y se realizaron
nuevos estudios acerca de la fiebre y de otros problemas patológicos, en los
cuales ibn implicada la idea de temperatura. Antes de la época de Clausius, el calor
(calórico) era considerado todavía por muchos como una substancia material;
idea que ha hecho retrasarse el progreso de la Medicina, como su antepasada y
precursora la teoría del flogisto, de Sthal. Por el hecho de utilizar el
adelantado conocimiento termométrico de su época, Wunderlich ha hecho de su
libro una obra clásica de la Medicina. El destruyó la fiebre como enfermedad,
reduciéndola al estado de síntoma.
Joseph Skoda (1805-81), de Pilsen (Bohemia), era el
sabio clínico de la Nueva escuela de Viena y el expositor de su nihilismo
terapéutico. Ha sido el primer profesor de Viena que ha explicado en alemán
(1847), habiendo enseñado casi toda su vida en el Allgemeines Krankenhaus. Su
principal contribución a la Medicina es su tratado de percusión y de
auscultación (1839), en el cual pretende clasificar los diferentes sonidos del
tórax por categorías, distribuyéndolas según sus caracteres musicales, de
tonalidad, etc. y alternando de sonido lleno a hueco, de claro a obscuro, de
timpánico a macizo, de alto a bajo.
Josef Skoda (1805-81). (Colección A. C. Klebs.)
La resonancia skódica, el sonido como de tambor
escuchado en la neumonía y en los derrames pericardíacos, constituye un signo
permanente en el moderno diagnóstico. A pesar de lo poco que se conocía de la
física del sonido en el tiempo de Skoda, sus refinamientos acústicos
constituían desde muchos puntos de vista, un adelanto respecto de los términos
puramente descriptivos usados por los clínicos franceses de la época,
ingeniosamente expuestos en el Sueño del estetoscopio, del doctor Holmes:
El ruido de roce y el ruido de sierra,
Y el ruido de diablo son todos combinados.
¡Qué dichoso sería Bouillaud
Si pudiese encontrar un caso como éste!
No ha dejado ninguna expresión tan efectiva como la
«egofonía» de Laënnec, todavía interviniendo en gran proporción en el oído del
práctico moderno. En los tiempos actuales la obra de Skoda ha encontrado nueva
elaboración en complicados instrumentos, como los resonadores de Helmholtz, que
algunos clínicos utilizan para analizar los sonidos del tórax con fines
didácticos. Skoda era un caprichoso y tristón viejo solterón que, como dice
Baas, llevó toda su vida trajes raros por miedo a ofender a su sastre (amigo
suyo personal), y que una vez llegó a demandar a un clérigo para obtener el
pago de una cuenta. Consideraba a los enfermos meramente como objetos de
investigación, y cuando llegaba el tratamiento decía, encogiéndose de hombros:
Ach, das ist la alies einsl. Esto constituía un mal ejemplo. El aspecto humano
o psíquico del tratamiento médico quedaba enteramente ignorado, y un
diagnóstico confirmado por la autopsia venía a ser una especie de dardo
arrojadizo en Viena, y el diagnóstico rápido (Schnell-Diagnosen), la moda,
hasta entre los practicones que no podían diferenciar la elevación y la
tonalidad de un sonido escuchado en una banda de música.
Carl Rokitansky (1804-78), colega de Skoda, era
también bohemio, pero un hombre de tipo muy diferente; genial y modesto, al
paso que Skoda era pragmático y pedante; un escritor gracioso e ingenioso, al
paso que Skoda era seco y pesado.
Carl Rokitansky (1804-78)
Su bonhomie vienesa aparece retratada en su
expresión a propósito de sus cuatro hijos, dos de los cuales eran médicos y
otros dos cantantes: Die Einen heilen; die Anderen henlen. Rokitansky ha dejado
una obra enorme en anatomía patológica, y se dice que disponía de 1.500 a 1.800
cadáveres anualmente. Ha hecho más de 30.000 autopsias en su vida. Ha sido el
primero que ha encontrado bacterias en las lesiones de la endocarditis maligna
y en diferenciar la pneumonía lobular de la lobulillar, así como entre la enfermedad
de Bright y el «riñón lardáceo» (degeneración amiloidea del riñón, de Virchow).
Ha dejado un clásico estudio del aspecto anatomo-patológico de la atrofia
amarilla aguda del hígado, dando a la enfermedad su nombre actual (1843); ha
descrito y definido las complicaciones bronquiales y pulmonares de la tifoidea
como broncotifus y neumotifus, y ha completado la descripción de Laënnec del
enfisema pulmonar relatando el aspecto microscópico del mismo. En Obstetricia y
Ortopedia es famoso por haber sido el primero en describir las deformidades
espondilolistéticas (1839)[21]. El
valor de la primera edición del tratado de anatomía patológica de Rokitansky
(1842-46)[22] está
seriamente comprometido por la doctrina de las «crasis» y de los «éxtasis», en
la que los estados químicos de la substancia eran considerados como siendo
susceptibles de «enfermedad», y cuya doctrina fue felizmente destruida por
Virchow (1846)[23]. Esto
último demuestra que Rokitansky era un adepto, en realidad, a la escuela de
Historia Natural, así como el haber empleado una extraña terminología en
describir cosas de las que no tenía conocimiento exacto. Sus hipótesis químicas
de cambios de los tejidos que eran susceptibles de una explicación mucho más
sencilla y simplemente mecánica, a la vez que su intento de renacer el antiguo
combate entre el humorismo y el solidismo, era, según Virchow, su monstruoso
anacronismo (ein ungeheurer Anachronismus). Virchow conocía mejor la Química
que Rokitansky; pero admite cordialmente que en la representación de lo que se
encuentra en el momento en la mesa de su autopsia, su alegre rival vienes era
el más hábil patólogo de su tiempo. Se dice que cuando Rokitansky leyó la
crítica de Virchow no pudo nunca volver a mirar de nuevo esta desgraciada
primera edición. Las mejores producciones de Rokitansky se encuentran,
indiscutiblemente, en su monografía sobre enfermedades de las arterias (1852)[24],
ilustrada con 23 láminas en folio, y en su gran Memoria de los defectos del
tabique del corazón (1875)[25] resultado
de catorce años de trabajo, en la que da su teoría de la desviación del septum
aórtico. Estas obras han sido objeto de un profundo estudio por los patólogos
modernos, en relación con los clásicos ingleses: de Thomas Bevill Peacock
(1812-82), sobre las deformaciones del corazón humano (1866) y de los últimos
escritos de Maud Abbot.
Johannes von Oppolzer (1808-71), también de
Bohemia, era un práctico de claro talento y extraordinariamente competente, que
supo prescindir de toda teorización y que, como profesor de Viena, hizo mucho
por popularizar en Alemania las innovaciones vienesas. Se hizo notar
especialmente por su exactitud en los diagnósticos rápidos. Hamernijk, de
Praga, y Dietl, de Cracovia, eran los extremistas en el nihilismo terapéutico,
y el último es todavía recordado por su exposición, en 1864, de los síntomas
dolorosos del riñón flotante (crisis de Dietl), atribuyéndolos a un acoda-
miento en el uréter o en los vasos renales.
Tal vez el nombre más brillante de la nueva escuela
de Viena, después de los de Skoda y Rokitansky, sea el de Ferdinand von Hebra
(1816-80), de Brünn, en Moravia, discípulo de aquellos dos maestros y fundador
de la escuela histológica de Dermatología, la segunda fase de su moderno
desenvolvimiento. La clasificación de Hebra de las enfermedades de la piel
(1845)[26] estaba
basada en la anatomía patológica, y aunque complicada y artificial, y
careciendo de la sencillez de la de Villan, ha servido para abrir nuevas vías a
la investigación, en las cuales sus discípulos Kaposi, Neumann y Pick
desempeñaron una importantísima parte. Hebra consideraba la mayoría de las
afecciones cutáneas como puramente locales, y desde este punto de vista ideó
muchos, modos efectivos de tratamiento. Además, como campeón de la terapéutica
nihilista, se dice que seguía en algunos casos a Skoda en lo del tratamiento
simulado, para demostrar de este modo su propia satisfacción de que aquéllos
podían curarse por sí solos Hebra resucitó el empleó de los mercuriales en la
sífilis y dio clásicas exposiciones del liquen exudativo ruber (1857)[27]. Y del
eczema marginado (1860)[28]. Ha
hecho también mucho por aclarar puntos obscuros en la clasificación y en la
nomenclatura, y ha sido el primero en descubrir el impétigo herpetiformis
(1872)[29], aunque
la exposición de esta última afección ha sido completada por su yerno Kaposi en
1887[30].
La clínica de Hebra era una de las más populares en
Viena, de acuerdo con su estilo genial y claro de enseñar y con su humor
ingenioso, frecuentemente sarcástico.
Ferdinand von Hebra (1816-80). (Biblioteca Médica de Boston.)
El servicio más grande prestado por la Nueva
Escuela de Viena ha sido la determinación de la verdadera causa y profilaxis de
la fiebre puerperal. En el siglo XVIII Charles White, de Manchester
(Inglaterra), se ha extendido acerca de las ventajas de una escrupulosa
limpieza en los casos, y el 13 de febrero de 1843 Oliver Wendell Holmes
(1809-94) leía en la Boston Society for Medical Improvement su trabajo acerca
de On the Contagionsness of Puerperal Fever[31]), en la que anunciaba que la mujer, durante el puerperio, no debía
nunca ser asistida por médicos que hubieran realizado autopsias o asistido
otros casos de fiebre puerperal; que esta enfermedad podía irse transmitiendo
de enferma en enferma, y hasta proceder de casos de erisipela; y que lavándose
las manos con cloruro cálcico y cambiando el traje después de asistir una
fiebre puerperal se realizaba la profilaxis de esta afección. El estudio de
Holmes determinó una violenta oposición por parte de los tocólogos de
Filadelfia Hodge y Meigs, y en 1855 volvió aquél a la carga con su
monografía Puerperal Fever as a Private Pestilence, en la que
nuevamente afirmó sus puntos de vista, anunciando que un «comisionista» podría
hacer desaparecer la fiebre puerperal desinfectando las manos con cloruro
cálcico y cepillo de uñas. Este «enviado» fue Ignaz Semmelweis (1818-65), un
húngaro, discípulo de Skoda y de Rokitansky, que fue nombrado en 1846 asistente
de la primera sala de Obstetricia del Allgemeines Krankenhaus, en Viena. Esta
sala había llegado a tener una mortalidad tan elevada por fiebre puerperal, que
suplicaban, llorando, no ser llevadas a ella. Semmelweis se enteró de que la
primera sala se diferenciaba de la segunda (que tenía una inferior cifra de
mortalidad) en el hecho de que los estudiantes iban a aquélla a recibir la
enseñanza directamente desde la sala de disección, y frecuentemente hacían
reconocimientos sin lavarse las manos, al paso que en la sala segunda,
consagrada a la enseñanza de las matronas, se concedía mucha más importancia al
aseo personal. Pensando en todo esto, llevó a cabo un cuidadoso estudio de las
autopsias en los casos de fiebre puerperal fatalmente terminados.
Oliver Wendel Holmes (1809-94)
En 1847, Kolletschka, ayudante de Rokitansky, moría
de una herida de disección, y Semmelweis estuvo presente en la autopsia.
Estando al lado del cuerpo de su antiguo instructor notó que el aspecto
anátomo-patológico de su cuerpo era el mismo que ofrecían las desgraciadas
puérperas de la primera sala, y de este modo llegó a cerrar la cadena de la
evidencia completa. Inmediatamente instituyó tales precauciones en el
tratamiento de los casos de parto, que la mortalidad descendió inmediatamente
de 9, 92 a 3, 8 por 100. En los años siguientes tuvo una mortalidad todavía más
baja, 1, 27 por 100, y todo ello por el simple recurso de lavarse las manos con
solución de cloruro cálcico al relacionarse con las mujeres embarazadas y con
el trabajo del parto. Semmelweis es, verdaderamente, el obrero de antisepsia en
Obstetricia, y aunque Holmes le antecede en cinco años en algunos detalles, la
superioridad de su obra sobre la de su antecesor reside no sólo en el firme
ardor que puso en la defensa de sus ideas, sino, sobre todo, en el
importantísimo hecho de que reconoció la fiebre puerperal como un
envenenamiento de la sangre, o septicemia (1847-49)[32]. Como
Holmes, tropezó con una fuerte oposición, y al paso que Rokitansky, Hebra,
Michaelis y, para su perpetuo honor, Skoda estuvieron a su lado, fue combatido
por Scanzoni, Carl Braun y los ortodoxos del día. Disgustado, dejó bruscamente
Viena por Budapest, donde llegó a su debido tiempo a profesor de la Universidad
(1855) y publicó su inmortal tratado sobre Causas, conceptos y
profilaxis de la fiebre puerperal (1861)[33], así
como también sus destructoras Cartas públicas a diversos profesores de
Obstetricia (1861). Pero su temperamento impresionable no era propicio
al fuego de las violentas controversias, y le llevó, por sus injusticias, a la
locura y a la muerte. Es uno de los mártires de la Medicina, y en lo futuro
quedará como uno de los nombres que se recordarán siempre por todas las mujeres
puérperas, que tanto deben a su obra.
Ignaz Philipp Semmelweis (1818-65)
La Medicina es también deudora a la nueva escuela
de Viena de la invención de la laringoscopia y rinoscopia.
El espejo para la boca, de los dentistas, parece
haber sido conocido desde largo tiempo, y es mencionado por Celso (lib. VII,
cap. XII, i) como specillum. Varios espejos bucales se han empleado también,
siendo el más importante el descrito por el tocólogo André Levret en 1743[34], y el «conductor de luz», de Philip Bozzini (1773-1809), de Maguncia,
en el que se utilizaba la idea de la iluminación y la reflexión por medio de
los espejos (1807)[35]. El 18 de marzo de 1829[36], un tosco «glotiscopio era presentado en la Hunterian Society, de
Londres, por Benjamín Babington (1794-1866), del Guy’s Hospital, y en 1837 el
cirujano escocés Robert Liston describía su modo de explorar la laringe[37]. Estos esfuerzos quedaron desconocidos y el moderno laringoscopio pudo
ser inventado por Manuel García (1805 a 1906), un profesor español de canto en
Londres, que envió una noticia de su instrumento a la Royal Society en 1855[38]. Tres años más tarde su método de examen de la laringe quedaba como una
parte permanente de la laringología, gracias a Johann Nepomuk Czermak
(1828-73), de Bohemia, y a su colega el neurólogo de Viena Ludwig Türck
(1810-68), que publicaron ambos sus comunicaciones en el mismo año (Czermak, el
27 de marzo; Türck, el 26 de junio de 1858)[39]. Tratados diferentes de laringoscopia por los mismos escritores
aparecieron en 1860, y hacia el mismo tiempo Czermak ideaba un método de
exploración de las fosas nasales por pequeños espejos (1859-60)[40]. Türck escribió un importante tratado de enfermedades de la laringe,
con atlas (1866)[41], y como era un hábil neurólogo, sus estudios acerca de las áreas
cutáneas sensitivas de los diferentes nervios espinales han quedado como
clásicos (1856-68). Ha sido también el primero en hacer notar la correlación
existente entre las hemorragias de la retina con los tumores del cerebro (1853)[42].
Otros notables miembros de la escuela de Viena son
Joseph Hyrtl, el gran anatómico; el fisiólogo Ernst von Brücke; los
oftalmólogos Beer, Arlt, Stellwag von Carion y Jeager von Jaxtthal; el otólogo
Adam Politzer; los clínicos Bamberger, Winternitz y Nothnagel, y los neurólogos
Meynert, Benedikt y Ritter von Rittershain. Virchow era casi el único espíritu
alemán de su tiempo que apreciaba a Bichat y a Magendie, a Bright y a Addison,
y que estaba ampliamente dotado de la tendencia, esencialmente-práctica, de aquellos
médicos de la nueva escuela de Viena—en su mayoría eslavos—, hasta que la
medicina alemana cruzó, por último, el Rubicón.
Otro importante rasgo de la medicina alemana en la
primera parte del siglo XIX tiene que ser ahora mencionado, a saber: el
crecimiento de la homeopatía, que, desde el punto de vista de la época, es uno
de los muchos sistemas teóricos aislados del pasado siglo. Su fundador, Samuel
Christian Friedrich Hahnemann (1755-1843), de Meisser, hizo su grado de médico
en Erlangen en 1779» y hacia el final de la centuria, como resultado de
experimentos, algunos realizados en su propia persona, comenzó a formular aquellas
teorías que caracterizan su sistema. Estas son, en primer término, una
resurrección de la doctrina de las semejanzas, de Paracelso, a saber: primero,
las enfermedades, o los síntomas de las enfermedades, son curables por aquellas
drogas particulares que producen efectos similares en el organismo (similia
similibus curantur); segundo, el efecto dinámico de los medicamentos
va multiplicándose cuando se van dando aquéllos en dosis infinitesimalmente
pequeñas, que se obtienen por cuidadosas diluciones o por trituración hasta
límites extremos; tercero, la noción de las más crónicas enfermedades son una
manifestación del suprimido comezón o «psora». Estas doctrinas han aparecido
reunidas en su Organon der rationellen Heilkunde (1810) y
encontraron gran aceptación, especialmente en América.
La diferencia entre Hahnemann y Paracelso es, como
dice Neuburger, que Hahnemann dirige sus arcanos, no contra las causas de la
enfermedad, sino contra los síntomas y los grupos de síntomas. Por esto, su
método terapéutico no es una verdadera isoterapia, ni tampoco los sistemas
isopáticos que le han seguido son completamente la misma cosa que los
tratamientos por los sueros, las vacunas, bacterinas, hormones y extractos
animales[43]. Entre las últimas exageraciones de la homeopatía figura el sistema de
Johann Gottfried Rademacher (1772-1850), en el cual quedan ignorados los
procesos y los hallazgos patológicos, siendo diagnosticadas las enfermedades
como «universales» y «orgánicas», según los efectos que ejerzan Sobre ellas los
remedios. El fruto natural de este sistema fue la escuela de «especifistas»,
que rechazaba les fantásticos «remedios universales» de Rademacher por la
doctrina de la relación específica de ciertos remedios con partes definidas del
cuerpo. Este sistema, que ha sugestionado fuertemente a Ehrlich, era
favorablemente considerado por Virchow. Era, sin embargo, natural que todas
estas teorías sin objeto decayeran y se marchitasen, por último, en un incoloro
e insípido «eclecticismo». La impotencia del eclecticismo quedó suficientemente
demostrada por la inundación de gárrula palabrería y de turgente verbosidad que
se desencadenó con motivo de la epidemia del cólera de 1831-32. [44] Neuburger dice que la obra maestra de Skoda y de Rokitansky ha
sido acogida con frío silencio, «un silencio que hablaba volúmenes».
La extraordinaria popularidad del sistema de
Hahnemann se debe, probablemente, al hecho de que disminuía la escala de los
medicamentos en la práctica. El ha sido, positivamente, el introductor de las
pequeñas dosis. Por otra parte, su sistema es la consecuencia del teorizante
siglo XVIII. Hahnemann ha muerto millonario en París en 1843.
James Jackson (1777-1808). (Biblioteca Medica de Boston.)
Entre los primeros clínicos americanos, a los que
nosotros debemos las más originales obras, figuran Otto, los Jackson, North, el
viejo Mitchell, Ware, Gerhard y Drake.
John Conrad Otto (1774-1844) nació en Woodbridge
(New Jersey), de origen germánico-americano; tomó su grado de médico en la
Universidad de Pensilvania en 1796, sucediendo a Benjamín Rush en el
Dispensario de Filadelfia en 1813 y enseñando clínica médica en el Hospital de
Pensilvania por espacio de veintiún años. Desempeñó un papel muy activo durante
la epidemia de cólera de 1833, y es especialmente notable por su publicación
acerca de la hemofilia 1803)[45], un
estudio de una familia de «hemófilos» que constituye el primer estudio de esta
naturaleza que existe en la literatura médica.
James Jackson (1777-1868), de Boston, un
aprendiz-discípulo de Edwar Augustus Holyoke (1797-8) y después ayudante en el
Hospital de St. Thomas y estudiante de Astley Cowper, era el primer médico del
Hospital general de Massachusetts (1810), ha escrito un antiguo libro de texto
de práctica, y ha sido extraordinariamente leído en sus atractivas Cartas
a un medico joven (1855). Ha publicado uno de los estudios más
antiguos de la neuritis alcohólica, que designa como arthrodynia á
potn (1822)[46], ha
bosquejado los síntomas mentales y su relación con la fiebre tifoidea (1838)[47],
contribuyendo en gran parte a establecer el estudio de esta enfermedad sobre
una sólida base en su región.
El hijo de Jackson, James Jackson, Jr. (1810-34),
cuya prematura muerte privó a la medicina americana de uno de los más
distinguidos discípulos de Louis, ha dejado una valiosa Memoria sobre la
epidemia del cólera de 1832, y ha sido el primero en describir el sonido
espiratorio prolongado como un importante signo diagnóstico de la tisis
incipiente (1833)[48].
Elisa North (1771-1843), de Goshen (Connecticut),
trabajó mucho en la vacuna jenneriana (1800), estableció la primera enfermería
de los ojos en los Estados Unidos, en Nuevo Londres (1817), y en 1811 publicó
el primer libro de meningitis cerebro-espinal (spottedfever), en
el que recomendaba el uso del termómetro clínico. El libro de North va
precedido de la disertación del grado de Nathan Strong, jr. (Hartford, 1810).
John Kearsley Mittchell (1793-1858), de Virginia,
fue educado en Escocia y se graduó en la Universidad de Pensilvania en 1819, y
después de haber hecho tres viajes por mar como médico de barco, comenzó a
practicar en Filadelfia, donde bien pronto alcanzó merecida fama como
internista, neurólogo y profesor. El volumen de monografías reunidas después de
su muerte por su distinguido hijo (1851)[49] revela
una originalidad de pensamiento muy superior a la del medio que le rodeaba;
era, además, poeta, lo mismo que su hijo. Ha escrito hábilmente sobre sugestión
y mesmerismo, osmosis, licuefacción y solidificación del ácido carbónico y
sobre la ligadura de los miembros en los estados espásticos, y ha sido el
primero en describir las artropatías espinales neurósicas (1831)[50], que han
sido desenvueltas más tarde por Charcot, Bechtereffi Strümpell y Marie. Su
ensayo On the Cryptogamons Origin of Malarions and Epidemic Fevers (1849)
supone el primer breve informe de la etiología parasitaria de la enfermedad
sobre una base a, priori; un argumento rigurosamente lógico
que, partiendo de una pura teoría, le coloca en el mismo nivel que el ensayo de
Henle sobre los miasmas y contagios (1840).
John Kearsley Mitchell (1793-1858)
John Ware (1795-1864), de Hingham (Massachusetts),
un graduado de Harward, que era profesor de práctica en esta capital desde 1832
a 1858, ha escrito una importante monografía sobre el crup (1842)[51], y su
acabado estudio sobre el delirium tremens (1831)[52] supone,
en relación con el trabajo más antiguo de Thomas Sutton (1813), lo más clásico
publicado sobre esta materia.
Jacob Bigelow (1787-1879) de Massachusetts, ha sido
uno de los más grandes botánicos americanos; los tres volúmenes de su American
Medical Botany (1817-20), ilustrados con 60 láminas y 6.000 grabados
en colores, trazada técnicamente por el mismo, constituyendo una obra de
reputación internacional y, por lo que a América respecta, no teniendo análogos
más que en los escritos de Barton, Raffiniesque, Porcher y Asa Gray. Bigelow
era un médico de visita del Hospital general de Massachusetts, profesor de
Materia médica en Harvard y un gran reformador médico.
Durante la epidemia de cólera de 1832, su sabia
gobernación sanitaria limitó la mortalidad en Boston a 100, contra 3.000
defunciones en la ciudad de New York. Su discurso On Self-limited
Diseases (1835) ejerció un poderoso influjo en la práctica médica de
los Estados Unidos, y, según las palabras del doctor Holmes, hizo «más que
ninguna otra obra o ensayo en nuestro propio idioma para rescatar la práctica
médica de la esclavitud del sistemático recetar, que era una parte de la
herencia patrimonial de la profesión». En 1855, Bigelow publicó un tomo
anónimo, de hábiles parodias poéticas, titulado Eolopoesis.
William Wood Gerhard (1809-72), nacido en
Filadelfia, aunque de origen alemán, ha sido tal vez el más brillante de los
discípulos americanos de Louis. Era médico residente en el Hospital de
Pensilvania (1834-68), enseñando los principios de Medicina en la Universidad
de Pensilvania (1838-72), siendo muy querido en su ciudad nativa por sus
genialidades y bondades. Ha investigado la aplicación endérmica de los
medicamentos (1830), ha descrito (con Pennock) la epidemia de cólera de París
de 1832 y ha escrito interesantes estudios de la viruela (1832)[53] y
de la neumonía (1834)[54] en
el niño. Su tratado de enfermedades del tórax (1842) ha sido la gran autoridad
de la materia hasta el tiempo de Flint. Ha dejado dos monografías de positivo
valor: su monografía sobre meningitis tuberculosa en el niño (1833)[55], el
primer estudio clínico preciso de la enfermedad, y su trabajo sobre el
diagnóstico diferencial entre el tifus y la fiebre tifoidea (1837)[56], que
definió de un modo definitivo, en los Estados Unidos por lo menos, el estado
patológico de ambas afecciones. Observadores aislados, como Willis en 1643[57], Huxham
en 1737[58] o
Hildebrand en 1810[59], no han
tenido duda, en honor suyo, en la distinción entre ambas enfermedades; pero el
asunto permanecía en un estado nebuloso hasta el momento en que Gerhard publicó
su trabajo; pues la misma obra maestra de Louis de 1829 no dio conocimiento de
la fiebre tifoidea, y los prácticos ingleses, con la posible excepción de A. P.
Stewart (1840)[60] o
de Perry, de Glasgow, no establecieron claramente la distinción entre el tifus
y la fiebre tifoidea hasta que fue bien establecida por sir William Jenner en
1849[61].
Daniel Drake (1785-1852)
El más grande de los médicos del Oeste, y una de
las más pintorescas figuras de la medicina americana, es Daniel Drake
(1785-1852), que ha sido el primero, después de Hipócrates y Sydenham, en
trabajar en geografía médica, tomando como posición propia la de la relación de
ésta con la topografía de la enfermedad. Ha nacido en New Jersey, en una
extrema pobreza; se educó en un camarote de un barco, entre los zapadores de
Kentucky; y la historia de sus luchas para adquirir una instrucción,
auxiliándose a sí mismo y conduciéndose solo; su elevación en su carrera,
venciendo todo género de obstáculos, es un buen ejemplo de lo que puede
conseguir una honrada capacidad cuando es persistente. Discípulo de William
Goforth, el defensor de la vacuna jenneriana en el Oeste, su diploma, escrito
por la mano de aquél, ha sido el primero que ha salido del Oeste de América. A
pesar de su práctica, Drake no pudo completar su educación médica hasta 1815;
fecha en que recibió el grado académico en la Universidad de Pensilvania. Ha
sido uno de los «médicos peripatéticos» de Osler, moviéndose constantemente de
un punto a otro en defensa de la causa de la educación médica. «Siempre en
lucha con los hombres» (porque su naturaleza era combatiente) y descontento,
aparentemente, con toda situación en que se encontrase. Cambió su localidad
como profesor nada menos que siete veces en su vida, y dos importantes
Facultades, el Colegio de Medicina de Ohio (1821) y el Departamento Médico del
Colegio de Cincinnati (1835), fueron creadas por él. En la última fundación
tuvo como compañeros los mejores profesores americanos de su tiempo, incluso
Samuel D. Gross y Willard Parker. Drake ha sido también el fundador del Western
Journal of the Medical and Physical Sciences (1827-38), la más
importante revista médica del Oeste en aquella época. En ella se contienen sus
celebrados estudios sobre educación médica, reimpresos en 1832, y que han sido,
anterior y posteriormente, la más importante contribución que se ha publicado
sobre la materia en aquella región. Están escritos en un estilo que, por su
claridad y su belleza, es, todavía en la actualidad, un modelo de cómo deben
escribirse las obras de este género. En 1841, Drake publicó uno de los primeros
estudios de la literatura médica acerca de la enfermedad de la localidad
conocida como «temblores» o «enfermedad de la leche»[62]. Ha
descrito también la epidemia de cólera que apareció en Cincinnati en 1832, y
escribió gran número de trabajos a propósito de los males de la vida ciudadana
(1831), del mesmerismo (1844), de los defectos morales de los estudiantes de
Medicina (1847), y una entretenida obra póstuma, Pioneer life in
Kentucky (1870); pero su obra principal es la titulada Diseases
of the Interior Valley of North America (1850-54), el resultado de
treinta años de trabajo, basada ampliamente en observaciones personales efectuadas
durante extensos viajes. El primer volumen es una admirable enciclopedia de la
topografía, hidrografía, clima y meteorología, plantas y animales, población
(incluyendo alimentación, habitación y ocupaciones) del valle del Mississippi.
El segundo volumen, que no fue publicado hasta después de su muerte, trata de
la malaria otoñal y de otras fiebres, fiebre amarilla, fiebre tifoidea, tifus
exantemático, las no clasificadas «fiebres flogísticas», en relación con la
topografía, la meteorología y los caracteres sociológicos. No había nada
parecido a este libro en la literatura excepto Aires, aguas
y lugares, de Hipócrates, y, además, Hipócrates no había acertado a
encuadrar perfectamente la geografía local de la enfermedad. En su tendencia
práctica, la obra de Drake pertenece a la clase descrita por Billings como
distintiva y peculiar de América, «en asunto, modo de desarrollarlo y estilo de
la composición»[63]. Cuando
Alfred Stillé informó acerca de él en la American Medical Association, en 1850,
Drake fue saludado con prolongadas y ruidosas demostraciones de aplauso y de
entusiasmo, como no se habían tributado anteriormente a ningún otro médico; «él
cubrió su rostro con sus manos y lloró como un niño». En relación con la obra
maestra de Drake, no deben olvidarse dos de sus últimos folletos, por ser de
los más raros entre los americanos. El primero es un folleto acerca del clima y
de las enfermedades de Cincinnati (1810), y puede ser considerado como el
germen de su gran obra; el segundo, Narrative of the Rise and Fall of
the Medical College of Ohio (1822), es una de las más escogidas
muestras que existen del humorismo médico. Drake, según le describe Gross, era
grande, de figura imponente, sencillo y digno en sus maneras. «Iba siempre bien
vestido, y alrededor de su cuello llevaba una larga cadena de oro, de reloj,
que quedaba colgando sobre su chaleco. » Como profesor, poseía una espléndida
voz y una altiva elocuencia; oyéndole se percibía una sensación como la que
produce el rumor de un árbol agitado por la tempestad. Era distinguido, amante
de los niños, enemigo de toda grosería, y con un aspecto en cierto modo
poético; había escrito versos muy correctos. Pero a pesar de que él había sido
el que en la práctica había creado la verdadera enseñanza médica en Cincinnati,
tuvo que aguantar en su vida muchos disgustos y hasta insultos de los hombres
vulgares y pretenciosos, que afectaban mirarle con desdén por su origen humilde
y por sus luchas del comienzo de su vida. Señalaba como una razón para no ir a
Europa el que no deseaba encontrar médicos que pudiesen vanagloriarse de poseer
mayores ventajas que él poseía, y añadía con patético acento: «Yo debo mucho a
mi país, para colocarme a mí mismo en tan desairada posición. »
Otros notables médicos americanos del primer
período son: George Bacon Wood (1797-1879) y Franklin Bache (1792-1864), de
Filadelfia, colaboradores ambos de la enorme obra Dispensatory of the United
States (1833), que alcanzó 17 ediciones; Alonso Clark (1807-87), de New York,
que inventó el tratamiento de las peritonitis por el opio (1855)[64]; Flisha Bartlet (1804-55), de Rhode Island; John Y. Basset (1805-81);
el Alabama student, de Osler, y Samuel Henry Dickson (1798-1872), de Carolina
del Sur, un trío de elegantes y atractivos estilistas y literatos médicos; el
celta beligerante Charles Caldwell (1772-1853), de Carolina del Norte, que
fundó dos escuelas médicas en el Oeste, y cuya Autobiografía (1855) es una
notable diatriba, sobrecargada de veneno y de rencor; Robley Dunglison
(1798-1869), de Keswick (Inglaterra), que recopiló un excelente diccionario
médico (1833) y escribió un asombroso número de obras de texto de casi todos
los asuntos, excepto de Cirugía; David Hosack (1769-1836), el mejor práctico de
la ciudad de New York en su época, y editor de la American Medical and
Philosophical Register (1810-1814), en cuya obra fue auxiliado por John
Wakefield Francis (1789-1861), un médico germano americano que llegó a gozar
algo de la popularidad de Hosack en New York, que era una especie de Mecenas,
médico en la ciudad y un atractivo escritor y maestro; Nathaniel Chapman
(1780-1853), de Virginia, un notable profesor de clínica médica en la
Universidad de Pensilvania, que fundó en 1820, con Matthew Carey, el
Philadelphia Journal of the Medical and Phisical Sciences, que en 1827, bajo la
dirección de Isaac Hays (1796-1879), se convirtió en el American Journal of the
Medical Sciences (periódico de Hays: Hay's Journal); Tehodoric Romeyn Beck
(1791-1855), de New York, cuyos Elements of Medical Jurisprudence (1823) eran
antiguamente el mejor libro de la materia, alcanzando 10 ediciones y varias
traducciones, e Isaac Ray (1807-81), de Beverley (Massachusetts), que escribió
el primer tratado de jurisprudencia médica de la locura (1838), un serio y bien
escrito libro que todavía se considera de mérito en la actualidad.
Entre los descubrimientos aislados de Medicina en
la primera mitad del siglo XIX podemos hacer mención de la descripción original
del «Kondée», o enfermedad del sueño; en los viajes por el África de Thomas
Winterbottom (1803)[65]; el primer estudie de la meningitis cerebro-espinal, por Gaspard
Vieusseux (1746 a 1814), en Ginebra (1805)[66], y por L. Danielsson y E. Mann, en Medfield (Massachusetts, 1806)[67]; la pequeña monografía de Charles Badham acerca de la bronquitis que
lleva su nombre (1808)[68]; la de Alian Bürns sobre la endocarditis (1809)[69]; la de William Charles Wells sobre el reumatismo del corazón (1812)[70]; la tesis de Romberg sobre la acondroplasia (1817)[71]; el estudio de John Clarke acerca del laringismo estriduloso y de la
tetania en el niño (1815)[72]; el de John Bostock de la fiebre del heno (1819)[73]; el clásico estudio de la apendicitis de Louyer-Willermay (1824)[74]; la descripción, por Kopp, del «asmatímico», y de la «muerte túnica»
(1830)[75]; el estudio, por Lobstein, de la fragilidad de los huesos en la
osteopsathyrosis (1833)[76]; la descripción clínica, por John Badham, de la parálisis infantil
(1835)[77]; el importante estudio de Cari Adolph Basedow del bocio exoftálmico,
dando los tres síntomas clásicos, o «triada de Merseburg» (1840)[78]; el caso de Mohr de tumor de la glándula pituitaria con obesidad (1840)[79]; la monografía de Jakob Heine de poliomielitis infantil (1840)[80]; la indicación, por Henry Burton, de la línea azul a lo largo del
reborde de las encías en los intoxicados por el plomo (1840)[81]; el estudio, por Perrin, de la hidroartrosis intermitente (1845)[82]; los estudios, independientes entre sí, de la leucemia, por Virchow y
John Hughes Bennet (1845)[83], y la indicación, por Curling, de la relación entre la ausencia de la
glándula tiroidea con la «tumefacción simétrica del tejido adiposo a los lados
del cuello y el defectuoso desarrollo cerebral» o mixedema (1850)[84].
Entre los primeros expositores de la Anatomía y de
la medicina científica en Francia figura Marie-François-Xavier Bichat
(1771-1802), el creador de la anatomía descriptiva. Hijo de médico, discípulo
predilecto, ayudante y amigo íntimo del cirujano Dessault, y algún tiempo
cirujano de los ejércitos de la Revolución, Bichat desarrolló bien pronto una
inteligencia luminosa, arrolladora, capaz de alternar felizmente entre el
estudio, la práctica afortunada de cirujano y la obra de un gran maestro, cuya
temprana muerte ha constituido una de las más sensibles pérdidas para la
Ciencia. Su Traité des membranes (1799-1800), su Anatomie
descriptive, en cinco volúmenes (1801-1803), y toda su obra, en general, de
anatomía aplicada a la Fisiología y a la Medicina (1802) abren un campó
completamente nuevo a los anatómicos, dándoles una detallada descripción de las
partes y los tejidos del cuerpo en el estado de salud y en la enfermedad. Antes
de la época de Bichat las obras de esta materia, como la de los Monro, por
ejemplo, eran tristemente rudimentarias y no decían casi nada a propósito de
los detalles anatómicos de los nervios y de las vísceras; a la vez que la
disección, como ha recordado Robert Knox, se apoyaba en una base demasiado
sencilla y teórica. Bichat ha sido el profesor de Henle y de los histólogos;
dividía los tejidos (no microscópicamente) en 21 variedades, que consideraba
como partes indivisibles, como los elementos en Química, teniendo cada tejido
sus propiedades particulares de sensibilidad y de contractilidad (propriétés
vitales). Estaba profundamente influenciado por Bordeu, y, como
Hunter, consideraba la enfermedad como una alteración de las propiedades
vitales o principios. Su error consistía en señalar una propiedad vital
específica, un modo diferente del vitalismo a cada tejido. Esta doctrina
fisiológica, actualmente anticuada, se encuentra resumida en su famosa y falaz
definición de la vida, como «la suma de las fuerzas que resisten a la muerte»[85], que ha
sido frecuentemente discutida[86], es
únicamente una petición de principio evidente en la forma de una ecuación
reversible; en realidad, un caso sencillo de un argumento por rodeo.
Dessault (1744-95) y Bichat (1771-1802)
En relación con la obra de Bichat debe ser
mencionado el espléndido atlas de Anatomie de l'homme (París,
1821-31), por Jules Germain Cloquet (1790-1883), consistente en cinco
volúmenes, ilustrados con 300 láminas, en folio, y el descubrimiento de los
terceros corpúsculos o plaquetas sanguíneas, por Alexandre Donné (1801-78), en
1842[87].
Las ideas de Bichat encarnaron en la Patología con
Jean Cruveilhier (1791-1873), de Limoges, discípulo de Dupuytren, que dio la
primera descripción (con láminas) de la esclerosis en placas[88], y ha
dejado también la primera descripción de la atrofia muscular progresiva del
tipo Aran-Duchenne (parálisis de Cruveilhier); pero, lo mismo que Hunter
anteriormente, ha incurrido en la deducción errónea de que la puemia es el
resultado de la flebitis, llevando su exageración hasta el extremo de afirmar
que la «flebitis domina toda la Patología» Los atlas de Patología de
Cruveilhier (1842) figuran entre los más espléndidos libros ilustrados que
existen sobre la materia. No empleaba el microscopio, y sus errores han sido
posteriormente corregidos por Virchow, como veremos después.
Sir Charles Bell (1774-1842)
Sir Charles Bell (1774-1842), el sabio anatómico
inglés de este período, es, en la actualidad, más celebrado aún como fisiólogo
y como neurólogo. Hijo de un obispo protestante escocés, era hermano de John
Bell, el bien conocido cirujano que abrió una escuela privada de Anatomía en
Edimburgo en 1790. Los dos hermanos Bell tenían un gusto artístico nada común,
y Charles, en particular, ilustró con magníficos dibujos su System of
Dissections (1798), sus Engravings of the Brain and Nervous
System (1802) y su definitivo tratado de la mano (1833). Trasladado a
Londres en 1804, comenzó a enseñar Anatomía en su propia casa, y después en la
Great Windmill Street. Dio clases a los artistas, y su Anatomy of
Expression (1806) es el resultado de estas lecciones. Por su devoción
ardiente hacia la investigación privada, nunca adquirió la práctica que
esperaba alcanzar en Londres, y llegó a aceptar la cátedra de Edimburgo en
1836. En 1811, Bell publicó su obra A New Idea of the Anatomy of the
Brain and Nervous System, que contiene la sentencia siguiente: «Se exponen
mal las raíces de los nervios espinales; yo he encontrado que se puede cortar
transversalmente el fascículo posterior de los nervios, que toma su origen de
la parte posterior de la médula espinal, sin producir convulsiones de los
músculos de la espalda; pero si se tocan los fascículos anteriores con la punta
del cuchillo, los músculos del dorso entran inmediatamente en convulsión. »
Esta es la primera referencia experimental a las funciones de las raíces nerviosas
en la médula que se encuentra en la literatura; pero Bell vició los efectos de
su descubrimiento en alguna extensión, sosteniendo, casi por completo, la
antigua teoría de que todos los nervios son sensitivos, clasificándolos como
«sensibles e insensibles», y, en realidad, él ha demostrado claramente sólo las
funciones de las raíces anteriores. Anatómico por su educación, sus
subsiguientes descubrimientos están todos comprendidos en su frase:
«deducciones de la Anatomía», en amplia relación, indudablemente, con su falta
de afición a la vivisección, y cayó en la falta de no comprender el verdadero
aspecto de los experimentos que él hacía para interpretarlos correctamente. El
decisivo examen experimental de que las raíces anteriores son motoras y las
posteriores sensoriales, ha sido hecho por Magendie sobre una serie de ocho
perritos, publicado en 1822[89], y
confirmado por Müller en la rana en 1831[90]. En
1826, el mismo Bell (en carta del 9 de enero) había adquirido una clara idea de
la diferencia entre los nervios sensoriales y motores, en 1829 demostraba que
el quinto nervio craneal era sensitivo-motor; describió el «nervio de Bell»;
también el nervio motor de la cara (porción dura del séptimo nervio), cuya
lesión es causa de la parálisis facial (parálisis de Bell). Todos estos
descubrimientos aparecen reunidos en su libro sobre el sistema nervioso (1830),
que contiene también los casos más antiguos de parálisis pseudo-hipertrófica y
de «enfermedad de Thomsen». Bell era un hombre genial, nada afectado, de
carácter bondadoso, con una cautivadora mirada viva detrás de sus lentes, y un
poco presumido en el vestir. Había estado muy de moda durante su estancia en
Londres, y el entusiasta lord Brougharr, le había armado caballero por sus
descubrimientos de Fisiología. Era un hábil cirujano, y atendió a los heridos,
después, de La Coruña y Waterloo, haciendo interesantes dibujos de lo que había
visto.
El más hábil defensor de las ideas de Bichat en la
Gran Bretaña fue el anatómico Robert Knox (1791-1862), que fue el primero en
enseñar Anatomía general, en sus aspectos descriptivo, histológico y comparado,
llevando en gran número los estudiantes a Edimburgo por su dramático estilo de
relatar y por su modo demostrativo de exponer en la cátedra. En esta época no
estaba regulado el material de disección necesario para la enseñanza, y se
recurría a diferentes medios para suplirlo. Cuerpos arrebatados o asesinados
eran los preferidos. El 29 de noviembre de 1827 el cadáver de un viejo, que
había costado cuatro libras al señor de su tierra, William Haré, fue comprado a
Haré por Knox por 7 libras 10 chelines, para recuperar la deuda, y este éxito
del negocio despertó en Haré y en su asociado Burke la idea de utilizar sus
inquilinos o algunas otras víctimas desventuradas que cayesen en sus manos como
una mercancía de fácil venta. Las víctimas eran primeramente intoxicadas y
después ahogadas, aplicándoles fuertemente las manos a la nariz y a la
boca (Burking). Diez y seis cuerpos fueron adquiridos de este
modo y vendidos antes de que el crimen fuera descubierto, y el último cadáver
fue encontrado en casa de Knox. Todo Edimburgo se agitó en estos instantes, y
Knox fue asaltado por el horrorizado populacho, vituperado en la Prensa y en el
púlpito y amenazado con la horca. El hecho de que «Daft Jaimie», un inofensivo
imbécil, y el «Viejo Town», y la voluptuosa figura de «una hermosa Lais», se
encontrasen entre estas víctimas asesinadas y disecadas añadió combustible al
fuego. Knox era un hombre de gran fuerza física y de un gran dominio de
carácter; desafió el clamor popular, hizo cara valientemente a los que le
atacaban y hasta se defendió por escrito; pero ya no volvió a ser popular como
antes; los únicos que siempre le siguieron fueron sus fieles discípulos; llegó
a abandonar su casa y llevó una vida errante hasta su muerte[91]. Este
sensacional y completamente desacreditadle episodio dejó, por lo menos, una
buena reforma: el Acta de Anatomía, de Warburton, de 1832 (2 d. y 3
d., William, IV; cap. LXXV), que dictamina que los cuerpos no reclamados
pueden, en determinadas condiciones, ser llevados a las escuelas de Medicina.
Knox era un hábil e interesante escritor de Anatomía artística y de Historia
Natural, y su fragmento acerca de Las razas del hombre (1850),
a pesar de estar lleno de excéntricos puntos de vista, es una de las más
originales e interesantes contribuciones que se han hecho en Antropología. Es
obra muy apreciada por Emerson.
Una obra interesante de Anatomía artística, que
debe ser mencionada en relación con la de Knox, es la de Henry Landsser,
titulada Estudios anatómicos de los huesos y músculos, para uso de los
artistas (Londres, 1883), con grabados de los dibujos postumos de John
Flaxman (1755-1836).
Los sabios maestros de anatomía comparada de la
primera parte del siglo XIX son Lamarck, Cuvier, Owen y Agassiz. De ellos,
Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829), que dejó el Ejército por la Medicina, la
Medicina por la Botánica y la Botánica por la Zoología, famoso por su Historia
Natural de los invertebrados (1815-22), y en la actualidad más todavía por su
Filosofía zoológica (1809). En ésta aparece como un gran defensor de la
doctrina de la evolución en su teoría de que las variaciones son producidas por
el uso y el desuso de los órganos, respondiendo a los estímulos externos, y por
la herencia directa de estos caracteres adquiridos. Como Galeno y Hunter,
Lamarck piensa que la estructura sigue a la función (La fonction fait
l’organe), y aunque su teoría de la herencia de los caracteres adquiridos es en
la actualidad vivamente discutida, se le sigue considerando siempre como uno de
los más grandes filósofos biólogos.
Georges Cuvier (1769-1832), al que auxilió Lamarck
y que después se volvió contra él, que antiguamente se le apreciaba en más,
pero que hoy se le considera como inferior a aquél, a pesar de tener, como
decía Flourens, Vesprit vaste. Sus grandes obras de anatomía comparada
(1801-05), de los huesos fósiles de París (1812), de la estructura de los peces
(1828) y del reino animal (1836-49) son grandemente notables. Ha sido el
fundador de la paleontología vertebral, el primero que ha establecido la teoría
de los tipos morfológicos (vertebrados, moluscos, articulados, radiados), la
doctrina de la correlación estructural de las partes con el organismo y de la
catastrófica de las formaciones geológicas. Pero creía en la generación
espontánea, en la fijeza de las especies y en la preformación del embrión.
Sir Richard Owen (1804-92), de Lancaster
(Inglaterra), discípulo de Abernethy y socio y yerno del secretario de John
Hunter, William Clift, editó las obras póstumas de Hunter y comenzó sus
estudios de morfología con su gran Catálogo de las series fisiológicas de
Anatomía comparada (1833-40), en la Colección Hunter. Su Anatomía y fisiología
de los vertebrados (1866-68) era considerada por Flower como digna de colocarse
en el rango de las obras de Cuvier de Anatomía comparada. En 1840-45 publicó la
Odontografia, un tratado monumental de los dientes de los animales vivientes,
ilustrado con 150 láminas. En Paleontología, sus monografías de fósiles
ingleses de los mamíferos, aves y reptiles (1846-84); de los mamíferos
extinguidos de la Australia (1877) y de las desaparecidas aves sin alas de
Nueva Zelandia (1879) son de la mayor importancia. Ha descrito el
Arckaeopteryx, el ave más antigua de las conocidas; el Apteryx, Notornis y
Dinornis, incluyendo en la última clase el dodo y el moa gigante. Ha sido
también el primero que ha descrito la triquina espiralis (1835)[92]; pero clasificaba los espermatozoos, como parásitos internos, entre los
Entozoa. Owen ha sido uno de los primeros que ha trabajado con el microscopio
en Inglaterra, un fundador y miembro autorizado de la Royal Microscopic Society
y un buen músico, tocador de violín, y gran jugador de ajedrez. Era profesor
hunteriano del Real Colegio de Cirujanos (1836-56) y superintendente del
Departamento de Historia Natural del Museo Británico (1856-83). En 1843 inventó
la tan conocida distinción entre las series homologas (órganos de estructura y
desarrolló semejantes) y análogas morfológicamente (órganos diferentes de
función similar). Siguió a Goethe y a Oken en sostener la teoría vertebral del
cráneo[93], y aun cuando admitía la variación de las especies, por una tendencia
innata a desviarse del arquetipo ancestral, era opuesto al darwinismo; pero
habiendo sido derrotado por Huxley en dos importantes controversias, parece ser
que enmendó en esto su modo de pensar. Después de su muerte, Huxley escribió un
encomiástico estudio de las obras de Owen.
Louis Agassiz (1807-73), de Mottier (Suiza),
establecido en Cambridge (Massachusetts), en 1846, de tal modo, que sus
Contribuciones sobre la Historia Natural de los Estados Unidos (1857-62)
ofrecen especial interés para los americanos. Su Lowell Institute, de lecciones
de Embriología comparada (1846), seguido de las de Jeffries Wyman, de
Fisiología comparada (1849), sirvieron para llevar nuevas ideas a la enseñanza
en América. Su estudio sobre los peces fósiles (1833-44), en el que describe
más de 1.000 especies, es su obra maestra, aunque en la actualidad no se admita
su clasificación empírica por escalas. Era contrario a las ideas darwinistas y
defensor de la antigua idea de Linneo de la fijeza de las especies, y también
de la teoría de la recapitulación de que «la historia del individuo es la
historia resumida de la raza».
Los trabajadores de la Anatomía americana en la
primera mitad del siglo han sido Wistar, Horner, Godman y Morton.
Sir Richard Owen (1804-1892)
Casper Wistar (1760-1818), de origen alemán, pero
nacido en Filadelfia, enseñó Anatomía en la Universidad de Pensilvania desde
1791 a 1818, y su Sistema de Anatomía (1811-14), actualmente
olvidado, ha sido la obra más antigua de la materia publicada en aquella
región.
Su descripción del hueso etmoides era ponderada por
Soemmerring, y su recuerdo perdura en la vía wistaria, como ha sido denominada
desde él; en los todavía populares «trozos de Wistar», resúmenes literarios del
tiempo antiguo, publicados semanalmente, y en los que aparecía como un amistoso
y culto huésped, y en el actual Instituto Wistar de Anatomía y Biología, de
Filadelfia (1892).
William Edmonds Horner (1793-1853), de Warrenton
(Virginia), estudió Medicina en Edimburgo y Filadelfia, y después de haber
servido como cirujano en el ejército en la guerra de 1812 se instaló en esta
última ciudad, donde fue prosector de Wistar, de Dorsey y de Physick,
reemplazando al último como profesor de Anatomía en la Universidad de
Pensilvania y siendo substituido por Joseph Leidy. Horner ha descubierto el
músculo tensor del tarso (músculo de Horner), que forma parte del aparato
lagrimal (1824)[94], y ha
investigado las glándulas axilares odoríferas en el negro, la túnica muscular
del recto y las membranas de la laringe.
Ha perfeccionado y descrito importantes operaciones
quirúrgicas, especialmente en los ojos, y ha publicado tratados de Anatomía
(1826) y de Patología (1829). En 1834[95] ha
publicado un importante trabajo demostrando que las deposiciones riciformes del
cólera asiático constan de epitelios desprendidos del intestino delgado.
William Edmonds Horner (1793-1853)
John D. Gorman (1794-1830), de Annápolis
(Maryland), un anatómico de gran talento que no pudo realizar lo que tenía en
su interior a causa de que, como dice Gross, «la pobreza literalmente le
acompañó desde la cuna hasta la fosa». Huérfano desde la infancia, sin amigos,
despojado de su herencia por un fraude, fue aprendiz de impresor y marinero;
después consiguió hacerse médico a fuerza de noble perseverancia, y atraerse
los bondadosos auxilios de Daniel Drake, que consiguió para él una cátedra de
Cirugía y le hizo editor del periódico, de corta duración, Western
Quarterly Repórter of Medical, Surgical and Natural Science (1822-23),
la primera publicación médica que se ha impreso en las regiones del Oeste. Su
vida fue siempre la de un trabajador incesante y desgraciado; sus lecciones
llegaron a ser muy pronto populares, pero nunca remunerativas, y falleció en
edad temprana, víctima de la tisis. Ha producido, sin embargo, tres obras
importantes y originales: su tratado de las fascias (1824), sus Contribuciones
a la Anatomía fisiológica y patológica (1825) y su Historia
Natural Americana (1826).
Samuel George Morton (1799-1851), de Filadelfia,
graduado en la Universidad de Edimburgo, publicó un bien pensado tratado de
Anatomía general y microscópica en 1849; pero en la actualidad se le conoce más
como craniólogo, paleontólogo y tisiógrafo. Su Crania Americana (1839)
y Crania Ægiptiaca (1844) son excelentes atlas, de los más
antiguos publicados sobre la materia, y todavía gozando de buena reputación.
Su obra de los restos orgánicos (1834) es
considerada como el punto de partida del estudio sistemático de los fósiles
americanos. Sus Illustrations of Pulmonary Consumption (1834)
Lene un gran valor como resumen de los conocimientos en su época. El creía que
las razas del género humano eran de diverso origen, y sus ensayos sobre los
híbridos (1847), demostrando la fecundidad de los mismos, fueron, sin embargo,
convertidos por él en un escudo para los abusos de la controversia y los odios
teológicos.
Entre las más antiguas obras americanas de Zoología
y Morfología figuran la de Thomas Say, sobre los crustáceos de los Estados
Unidos (1817-1818) y sobre entomología americana (1824-28); la de la fauna
americana (1825), de Richard Harían; la de Godman, sobre los mamíferos de Norte
América (1826); la de Audubón, sobre las «aves de América» (1827); la de Isaac
Lea, sobre las almejas de agua dulce (1829); la Ornitología de los Estados
Unidos y del Canadá (1823-24), de Nuttall; la herpetología norteamericana, de
Holbrook (1836-40); la zoología de New York, de De Kay (1846-49), y el estudio
de Audubon y Bachmann, sobre los cuadrúpedos de la América del Norte (1846-54).
En Alemania, el desarrollo de la Anatomía y de la
Fisiología marchan de un modo paralelo, y los más hábiles de los antiguos
morfólogos e histólogos—Müller, Schleiden, Schwann, Henle y Remak—son también,
en el mejor sentido de la palabra, fisiólogos. El fundador de la Medicina
científica en Alemania ha sido, en realidad, Joannes Müller (1801-58), de
Coblenza, que era a la vez el más grande fisiólogo alemán de su época, y, como
Haller y John Hunter, un gran naturalista médico en general. Era igualmente eminente
en Biología, Morfología comparada, Química fisiológica, Psicología y Patología,
y por medio de sus mejores discípulos, los histólogos Schavann, Henle, Kolliker
y Virchow; los fisiólogos Du Bois Reymond, Helmholtz y Brücke, la mayoría de
los cuales siguieron el mismo rumbo, trazó las más importantes corrientes de la
moderna Medicina alemana.
El Handbuch der Physiologie des Menschen (1834-40)
es comparable al gran tratado de Halier, como una rica mina de hechos nuevos y
de ideas originales, e introduce, además, dos nuevos elementos en la
Fisiología: el comparativo y el psicológico.
Johannes Müller (1801-58) (De un dibujo al lápiz de la Biblioteca general de
Cirugía.)
Sus principales contribuciones para la Ciencia son
sus investigaciones sobre la energía específica nerviosa (1826)[96], sus
explicaciones de las sensaciones coloreadas (fosfenos de compresión),
producidas por la compresión de la retina (1826)[97]; su
demostración experimental (en la rana) de la ley de Bell-Magendie, de las
raíces nerviosas espinales (1831)[98]; el
descubrimiento do los corazones linfáticos en la rana (1832)[99]; su ley
de la proyección excéntrica de las sensaciones desde los órganos sensoriales
periférico a las otras terminaciones nerviosas (1833); sus experimentos sobre
las cuerdas vocales y la voz (1835-57)[100], su teoría del contraste en el color (1837)[101]; su aislamiento de la condrina y de la glutina (1837)[102] su demostración de la función de las células con pestañas del oído
interno (1840)[103], y su estudio de la secreción viscosa de células en masa de los peces
mixinoides (1845)[104]. Su más amplia generalización, la ley de la energía nerviosa específica[105], que sostiene que cada órgano sensorial especial, cuando es estimulado,
da lugar a su propia y peculiar sensación y no a otra; ha sido, sin embargo,
llevada más lejos de la primitiva intención de su autor, a la idea de que cada
fibra nerviosa, lo mismo que cada órgano o nervio, tiene sus sensaciones
específicas, diferenciándose en grado, si no en naturaleza, bajo su estímulo.
Como morfólogo, Müller ha hecho investigaciones de primer orden acerca de las
relaciones estructurales entre los peces mixinoides y los ganoides (1834-44),
los plagiostomas (con Jacob Henle en 1838-41) y los equinodermos (1846-52). En
Embriología su nombre va asociado al descubrimiento del conducto de Müller
(1825)[106]. Como histólogo, ha laborado en toda la anatomía fina de los tejidos
glandulares y cartilaginosos (1830)[107]; ha agrupado los tejidos conectivos y ha preparado de este modo la
labor para su discípulo Schwann. En Patología, como en Histología, ha sido de
los primeros en usar el microscopio, especialmente en su monumental obra de los
tumores (1838)[108], y ha lanzado la idea de que la fiebre es un reflejo nervioso (1840).
En 1841 ha descrito la afección parasitaria que actualmente conocemos con el
nombre de psorospermosis[109]. En 1834 ha fundado el periódico conocido siempre con el nombre
de Müller's Archiv, que ha sido continuado después de su muerte
bajo la dirección de His, Reichert y Du Bois Reimond, y más tarde, de His y de
Waldeyer, de Engelmann y Rubner. Conteniendo una gran serie de clásicas
contribuciones, este periódico ha ejercido una profunda influencia en el avance
de la medicina científica. Como todo gran investigador que se acerca a su
asunto desde un ángulo muy abierto, ha cometido algún ligero error. Siguiendo a
Hewson, Mascagni y a los Hunter, ha sostenido que la absorción es función
exclusiva de los linfáticos, a pesar de que Magendie había demostrado en 1836
que los vasos sanguíneos también poseían este poder. No más tarde de 1840
sostenía que la respiración en el feto se efectuaba no por la placenta (como
John Mayow había demostrado en 1674), sino por medio de un jugo especial o
plasma segregado por la sangre materna. En 1840 Müller sostenía que no se podía
esperar medir nunca la velocidad de un impulso nervioso. Diez años más tarde
efectuaba esta medición su discípulo Helmholtz. Como temperamento, era un
místico, y por esta misma razón, un vitalista en teoría. El creía que hay algo
en los procesos vitales que no es susceptible de ninguna explicación mecánica
ni material; pero pensaba, además, que tales explicaciones podían ser llevadas
hasta el límite, «tan lejos como nosotros podemos sostener el sólido fundamento
de la observación y del experimento». Sólidamente construido, con anchos
hombros y una poderosa cabeza de Aquiles—Virchow decía: «Parece como la de
algunos guerreros de la antigüedad»—, Müller era un maestro extraordinario,
magnético, impresionante, de un encanto personal poco frecuente, que ejerció en
sus discípulos una poderosa influencia e inspiración, como sólo pueden
ejercerla los grandes hombres.
Después de la época de Müller, el principal rumbo
de la Anatomía alemana fue siguiendo las líneas histológica y funcional, y sus
nuevos hallazgos se apoyaron en tres importantes factores: la fundación de la
moderna Embriología, por Baer (1827-28); la perfección del microscopio
apocromático, por Joseph Jackson Lister, en 1830, y el desarrollo de la
doctrina celular, por Schleiden y Schwann (1838-39).
Cari Ernst von Baer (1792-1876), el padre de la
nueva Embriología, era natural de Esthland, en las provincias del mar Báltico,
de Rusia, y fue, sucesivamente profesor en Dorpat, Königsberg y San
Petersburgo. El principal servicio que nos ha prestado von Baer ha sido el de
que, en tanto que sus predecesores habían estudiado únicamente el embrión, él
ha hecho de la Embriología un estudio comparativo, estableciendo la teoría
moderna de las capas germinativas y los comienzos de la histogénesis,
organogénesis y morfogénesis.
Carl Ernst von Baer (1792-1870). (De un grabado de la Biblioteca General de
Cirugía.)
Caspar Friedrich Wolff, en 1768, había llegado ya
al concepto de las capas germinativas al decir que los intestinos son
producidos por la plegadura y arrollamiento, al propio tiempo, de las capas del
embrión, «semejantes a hojas».
En 1817[110] Christian Pander (1793-1865), ayudado por Baer en sus
observaciones sobre el embrión, extendió el número de estas hojas a tres. Von
Baer, en su gran obra sobre el desarrollo de los animales (1828-34)[111] ha demostrado, por estudios comparativos de todos los géneros, que
estas capas, como hojas, no son verdaderos tejidos del organismo desarrollado,
sino gérmenes o capas germinativas, de las que se producen el tubo digestivo,
el sistema nervioso y las otras partes, desapareciendo cuando todas estas
partes se han producido y completado. Baer ha reconocido cuatro capas en
conjunto, por el hecho de que la capa media está formada de dos hojas; pero
esta doble hoja ha sido posteriormente demostrada como una estructura simple
por Robert Remak, que ha sido el primero en definirlas con sus tres nombres de
ectodermo, endodermo y mesodermo (1845). El mérito supremo de la obra de Baer
consiste en la maravillosa paciencia demostrada en su labor, que Minot expresa
«casi tan completamente como era posible en aquel tiempo, la génesis de todos
los órganos principales de las capas germinativas, adquiriendo instintivamente
la verdad, como un verdadero genio podía haberlo realizado. » Esto ocurría en
los primeros días de ensayo del moderno microscopio, y los claros y
hermosamente seguros resultados obtenidos por los cortes hechos sin el auxilio
del micrótomo han labrado el sendero para toda la labor siguiente, hasta la
fase reciente de trazar en sus menores detalles la embriogenia celular. Von
Baer descubrió el óvulo mamario en 1827[112], y, al propio tiempo, la cuerda dorsal o notocordo. De sus acabados
estudios de Embriología comparada ha deducido la clasificación de los animales
en cuatro grupos, a saber: vertebrados, articulados, moluscos y radiados, que
ha hecho de él el fundador, con Cuvier, de la morfología moderna (Haeckel). Von
Baer volvió a Rusia en 1834 y permaneció allí el resto de su vida, investigando
la geografía física y la antropología de su país. En unión de Rudolf Wagner ha
organizado el primer Congreso de Antropólogos en 1861. Era una naturaleza
profundamente religiosa, y su autobiografía, impresa privadamente en 1864, da
un interesante resumen de sus experimentos.
Contemporáneos de von Baer son los descubrimientos
de Wagner de la mancha germinativa (1835); de la caracterización, por Purkinje,
de la substancia formadora (protoplasma) del embrión (1839);de la respiración,
por Schwann, en el embrión del pollo (1834); de los arcos viscerales, por
Reichert, en los vertebrados (1837); del desarrollo del conejo (1848) y de la
gallina de Guinea (1852), por Bischoff; pero la embriología de los últimos
tiempos, de los Kolliker, His, Haeckel, Balfour, Hertwig y Minot, es una parte
de la doctrina de la célula nuclear.
El desarrollo de la doctrina celular, uno de los
principios fundamentales de la ciencia moderna, ha sido, casi por completo,
obra de los botánicos; en el siglo XVII Robert Hooke (1665), Malpighi (1675) y
Nehemiah Grew (1682) han expuesto la existencia de cavidades celulares en el
corcho y en las plantas verdes. En 1831 se descubría el núcleo de las células
por el botánico Robert Brown (1773-1858), que también descubrió el proceso de
generación de las plantas por medio del polen. El nucléolo celular fue descubierto
por Gabriel Valentín en 1836.
Matthias Jacob Schleiden (1804-81)
La importancia del núcleo en la histología vegetal
ha sido señalada por el botánico de Hamburgo Matthias Jacob Schleiden
(1804-81), que, después de haber estudiado Leyes y Botánica, llegó a profesor
de Botánica en Jena, Dorpat y Francfort am Mein. En su importante obra de Phytogenesis (1838)[113], Schleiden dice y demuestra que los tejidos vegetales están
constituidos y formados por grupos de células, en las que reconocía como
carácter más importante el núcleo (o «citoblasto»); pero sostiene que las
células jóvenes se originan espontáneamente del citoblasto, que él pensaba
estar encajado en la sólida pared celular. Consideraba la célula hija como
quedan- -do encima y extendiéndose sobre el citoblasto como el cristal del
reloj sobre éste; idea que se ha llegado a conocer como «teoría del cristal de reloj» (Uhrglastheorie). Así,
él consideraba la reproducción celular como endógena (formación interna libre),
en lugar de por división, y la pared celular como una sólida estructura, en
lugar de como una membrana semipermeable. Pero Schleiden era, además, un
verdadero fisiólogo botánico, manteniendo un vivo desprecio hacia los meros
recolectores de hierbas, y sus Grundzüge (1842-43)[114] es, tal vez, la obra más importante en la historia moderna de la
Ciencia. Era agudo para la controversia, y, como abogado, no vacilaba en
recurrir a las personalidades con tal de poner al adversario en un apuro. Una
amistosa conversación después de una comida, entre Schleiden y Schwann, que al
mismo tiempo había descubierto células nucleadas en los tejidos animales,
sirvió al último para distinguir las células en todos los tejidos que conocía y
para formular la más importante generalización en la ciencia de la morfología,
a saber: el principio de la estructura semejante en los tejidos animales y
vegetales. «Hay un principio universal de desarrollo para las partes
elementales de los organismos, aunque sean diferentes, y este principio es la
formación de las células. » Al concepto de Schleiden del citoblasto, Schwann
añadió el de «citoblastema», o matriz del desarrollo celular, análogo al
líquido madre en que se forman los cristales. Esto, como ha hecho notar
Virchow, es una aceptación tácita de la «generación espontánea»; idea contra la
cual luchó tanto Schwann para destruirla.
Theodor Schwann (1810-82), nacido en Neuss, cerca
de Dusseldorf, era un discípulo de Müller en Bonn, y después prosector del
mismo en Berlín. Después de la publicación de su obra clásica sobre la teoría
celular, en 1839[115], fue llamado a la Universidad de Lovaina, y en 1848 fue nombrado
profesor de Anatomía y Fisiología en la Universidad de Lieja. Investigador
sumamente cuidadoso y seguro, descubrió la vaina del cilindro-eje de los
nervios que lleva su nombre (1838)[116] y los músculos estriados de la porción superior del esófago (1837)[117]. Su disertación inaugural (1834)[118] demostraba que el aire es necesario para el desarrollo del
embrión, y aplicando la misma idea al problema de la generación espontánea,
tuvo la habilidad suficiente para probar, en 1836[119], que la putrefacción es producida por cuerpos vivos, que se destruyen
ellos mismos cuando el aire que necesitan es calentado o viciado.
Theodor Schwann (1810-1872)
En 1837[120] próximamente al mismo tiempo que Cagniard Latour, descubrió la
naturaleza orgánica de las levaduras, y demostró que las plantas levaduras
causan fermentaciones que pueden ser suprimidas calentando el medio de cultivo,
o esterilizando el aire que llega a aquél por medio de la elevación de su
temperatura. Como fisiólogo, ha descubierto la pepsina en 1835[121] demostrando su facultad de cambiar las albúminas no difusibles en
peptonas; y en 1841[122] demostró, por medio de una fístula biliar en el perro, que la
bilis es absolutamente necesaria para la digestión. Ha sido el primero en
investigar las leyes de la contracción muscular por medio de los métodos
físicos y matemáticos, en sus clásicos experimentos demostrando que la tensión
del músculo contraído varía proporcionalmente a la longitud del mismo (1837)[123]- Personalmente, Schwann era una naturaleza amable, sin pretensiones,
algo inferior a la estatura media, con un aspecto abierto, agradable, genial,
semejante al de Claudio Bernard. Se dice que ha visitado Londres dos veces sin
darse a conocer a nadie. Era un ferviente católico, que sometió el manuscrito
de su obra sobre la teoría celular al obispo de Malinas para su aprobación
antes de publicarla; pero no vaciló en declarar el asunto de Louise Lateau una
malvada impostura. Durante los cuarenta últimos años de su vida académica
parece haber hecho poca labor científica, y el profesor Ray Lankester recuerda
«haberse sentado con él delante de un café, en las agradables calles de
Lovaina, oyéndole sus discursos acerca de los progresos de la Histología y de
la doctrina germinativa de la enfermedad», que «un placer no deja
estremecimiento si puede ser conferido por una elevación antes de la muerte».
Continuando las investigaciones de Schleiden y de
Schwann, se descubrió que las células tenían, no una pared celular, sino más
bien lo que los físicos llaman «una superficie de discontinuidad» en relación
con el medio que las rodea, y se ha encontrado que el núcleo está contenido, no
en la pared celular, como había supuesto Schwann, sino en la substancia
fundamental de la célula misma. A partir de esta época, la naturaleza y la
significación de esta substancia fundamental se ha convertido en el objeto principal
de la investigación. En 1835, el zoólogo francés Félix Dujardin (1801-60) lo ha
descrito y definido en los protozoos como «sarcode»[124]. Schleiden, en su trabajo de 1838, lo ha señalado en las plantas y lo
considera como una goma. Purkinje ha sido el primero en emplear el término
«protoplasma», aplicándolo a la substancia fundamental germinal del embrión
(1839). En 1846-51, el botánico Hugo von Mohl (1805-72), de Stuttgart, ha
descrito parte del contenido de las células vegetales (hasta inmediatamente por
debajo de la membrana celular) como «protoplasma»[125], y la naturaleza química del mismo ha sido investigada por un botánico
suizo, Carl Nägeli (1817-91), en 1862-63[126]. Ferdinand Cohn (1828-98), de Breslau, eminente por su labor en
Bacteriología, declaró, después de un estudio de los protococos, que el
protoplasma animal y el vegetal eran substancias, si no idénticas, muy análogas
(1850-53)[127]. Heinrich Antón de Bary (1831-88), un botánico de Franckfort, demostró
también esta identidad en su obra sobre los mixomicetos (1859)[128]. En la misma época (1858) había ya anunciado Virchow la continuidad del
desenvolvimiento celular y su importancia en Patología. Finalmente, Max
Schultze, en 1861[129], demostró que las semejanzas entre el protoplasma animal y el vegetal
no son únicamente estructurales y químicas, sino también fisiológicas. De este
modo, la célula vino progresivamente a reconocerse como la unidad estructural y
fisiológica de todos los organismos vivos, lo mismo que sean animales que
vegetales, simples o complejos, embrionarios o adultos, en estado de salud o de
enfermedad, al paso que, en nuestros días, el núcleo celular se considera como
el químico «centro de oxidación», y el cromosoma, como el trasmisor de los
caracteres heredados.
Ha sido por este camino como los estudios
anatómicos han ido haciéndose cada vez más y más histológicos o microscópicos,
y los «sitios y causas» de las enfermedades han ido refiriéndose a los
elementos celulares en el cuerpo enfermo y a los organismos monocelulares que
le atacan.
La importancia de la doctrina celular se reconoce
inmediatamente en la obra de Jacob Henle (1809-85), el más grande de los
histólogos alemanes de su tiempo. Nacido de padres judíos en Fürth, cerca de
Nüremberg, Henle era uno de los discípulos predilectos de Johannes Müller, uno
de sus prosectores en Berlín y más tarde profesor de Anatomía de Zúrich (1840),
Heidelberg (1844) y Gotinga (1852-85). Henle ha dejado muchas cosas importantes
para la Ciencia. En sus clásicas investigaciones, llevadas a cabo de 1836 a
1837[130] ha sido el fundador del moderno conocimiento de los tejidos
epiteliales del organismo. Ha descrito primeramente los epitelios de la piel y
de los intestinos, definiendo los epitelios columnarios y cilíndricos y
estableciendo que estos tejidos constituyen la verdadera membrana de
revestimiento de todas las superficies libres del cuerpo y el revestimiento
interno de sus tubos y cavidades. En 1840[131] demostró la presencia de músculos lisos en la capa interna o
endotelial de las arterias más delgadas; descubrimiento que ha sido el punto de
partida de la actual teoría fisiológica del mecanismo vaso-motor. Ha
descubierto también el esfínter externo de la vejiga, los vasos quilíferos
centrales, la vaina interna de la raíz del pelo, los tubos de Henle en el riñón
(1862)[132], y ha dado el primer estudio preciso de la histología de la córnea y
del desarrollo de la laringe. Ha sido el primero en indicar muchas
particularidades importantes de la estructura del cerebro, especialmente las
relaciones del hipocampo, y el carácter rudimentario del lóbulo posterior de la
pituitaria. Los descubrimientos histológicos de Henle[133] pueden ponerse por completo al lado de los hallazgos anatómicos de
Vesalio. Como morfólogo, ha colaborado con Müller en su monografía sobre los
plagiostomos (1838-41) y describió el pez eléctrico Narcine y
el anélido Enchytraeus. En Patología fue, con su amigo Pfeufer, el
fundador del celebrado Zeitschrift für rationelle Medizin (1842-69),
que ejerció un poderoso influjo en el adelanto de la medicina alemana y
contenía algunas de las mejores monografías científicas de aquella época.
Jacob Henle (1809-85)
Sus ensayos Sobre miasmas y contagios (1840)[134] contienen la primera afirmación clara de la idea de un contagium
animatum (1840)[135]; sus experimentos sobre la fiebre desarrollan la idea de Müller de que
la fiebre es únicamente un síntoma, ocasionado por perturbaciones en el sistema
nervioso central. En su Manual de Patología racional[136] sostiene que el deber del médico
es prevenir y curar las enfermedades; que éstas son
una desviación de los procesos fisiológicos normales; la muerte, la cesación
del metabolismo y la hipótesis de una fuerza vital «precisamente tan buena y
tan mala como la de la atracción eléctrica o gravitación. » En la medicina
práctica ha sido el primero en relacionar los catarros y los exantemas con la
inflamación (1838); ha insistido en la preponderancia del varicocele en el lado
izquierdo y en la relación de las neuralgias del lado izquierdo con la vena
semi-azygos, y ha descubierto los cilindros en el sedimento urinario (1844). De
los dos libros de Anatomía de Henle, el más antiguo, Allgemeine
Anatomie (1841), es, en realidad, el primer tratado de histología
microscópica, y señala, sobre la de Bichat, el gran adelanto de considerar los
tejidos en sus relaciones de desarrollo y de función, y no únicamente en sus
aspectos estructurales. La clasificación de los tejidos es la más sencilla y la
mejor hecha, y la obra contiene una admirable historia de la Microscopía e
Histología, como también algunos de los más importantes descubrimientos de
Henle. El segundo, Manual de Anatomía sistemática (1866-71)[137], es un acabado tratado, en tres volúmenes, del más elevado valor
científico. Contiene el primer estudio lógico y la primera nomenclatura de los
ejes y planos del cuerpo; la terminología está notablemente simplificada, y las
secciones que se ocupan de los ligamentos, músculos, vísceras y sistemas
vascular y nervioso son de una importancia decisiva. Las ilustraciones de esta
obra, hechas por la propia mano de Henle, son, si se permite la frase, más bien
arquitecturales que diagramáticas, por el hecho de que mucho de la estructura
está dado en luz y sombra, como es necesario para su comprensión, al paso que
la idea de plano y de elevación está resuelta libremente. Como profesor, Henle
era vivo e inspirado, ejecutando él mismo los dibujos cuando era necesario para
la demostración y despertando el cariño y la admiración por su sinceridad y su
gracia. Era no sólo un hábil artista, sino hasta algo poeta, y un excelente
músico, que empezó tocando el violín y aprendió después la viola y el
violoncelo; así que era una parte necesaria en todo cuarteto de cuerda que se
improvisaba. Los sucesos de su vida, su peripatética carrera como estudiante y
como profesor, las románticas circunstancias de su primer matrimonio y sus
amistades con hombres como Humboldt, Gustav Magnus y Félix Mendelssohn hacen su
historia sumamente interesante.
Rober Remar (1815-65), de Posen, también asistente
de Schönlein en la Charité, además de su reputación como microscopista, ha
dejado una gran cantidad de cosas importantes en otras direcciones. En
Histología se ha hecho famoso por su descubrimiento de las fibras nerviosas no
meduladas (fibras de Remak), en 1838[138], y las células ganglionares en el seno venoso del corazón de la rana
(1842)[139], consideradas actualmente como los centros autónomos causantes del
movimiento del corazón. Ha sido uno de los primeros en establecer que la
proliferación de las células para formar tejidos se realiza por división
celular (1852)[140], y no, como suponían Schleiden y Schwann, por formación endógena. Lía
simplificado, como ya hemos dicho, la clasificación de las capas del
blastodermo (1851)[141]. En 1842, en la clínica de Schönlein, produjo el favus
experimentalmente in propria persona, separando el hongo del
género oidium, y llamándole achorium schonleini, del
nombre de su maestro (1845)[142]. Ha sido el primero en describir la neuritis ascendente (1861), y es,
con Duchenne de Boulogne, uno de los defensores de la electroterapia,
reemplazando la corriente galvánica por la inducida (1856)[143].
Otro importante defensor del uso del microscopio ha
sido Johannes Evangelista Purkinje (1787-1869), de Bohemia, que era, además, un
fisiólogo genial.
Comenzó su carrera como maestro, habiendo tomado
previamente las órdenes; pero, graduándose en Medicina en Praga, en 1819, su
disertación inaugural constituyó una importante obra acerca de los fenómenos
visuales subjetivos[144], que le valió la amistad y la protección de Goethe.
Robert Remak (1815-65)
Fue, tal vez, esta misma protección de Goethe la
que le valió a Purkinje su nombramiento de profesor de Fisiología y Patología
en la Universidad de Breslau en 1823. En Breslau tuvo en un principio un frío
recibimiento, a causa del existente prejuicio contra los eslavos, que él supo
transformar pronto, ganándose las simpatías de todos por sus superiores
conocimientos y su cortés comportamiento. Purkinje permaneció en Breslau hasta
1850, en cuyo año fue llamado para desempeñar la cátedra de Fisiología en Praga.
Durante su período de Breslau ha hecho alguna labor, frecuentemente olvidada,
en favor de la ciencia alemana. Ha sido el fundador de los trabajos de
laboratorio en relación con la enseñanza universitaria alemana. En 1824 ha
fundado un laboratorio de Fisiología en su propia casa, y la labor hecha en él
por el maestro y los discípulos fue de tan elevado carácter, que el Gobierno
prusiano concluyó por crear para él un Instituto de Fisiología en Breslau en
1842. Como en el caso de Carl Ludwig, muchas disertaciones de los discípulos de
Purkinje representan las ideas de lo gran fisiólogo que era el maestro. Como
histólogo, Purkinje ha sido el primero que ha usado el micrótomo, el bálsamo
del Canadá, el ácido acético glacial, el bicromato potásico y la luz Drummond
(1839). En 1825[145] ha descrito la vesícula germinal en el embrión, y ha sido el
primer histólogo que ha empleado la palabra protoplasma, aplicándola a la
substancia fundamental del embrión en 1839[146].
Ha descubierto las glándulas sudoríparas de la
piel, con sus conductos excretores (1833)[147]; las células ganglionares piriformes del cerebelo (células de Purkinje,
1837)[148], la luz del cilindro-axil de los nervios[149], y los corpúsculos ganglionares en el cerebro[150].
Johannes Evangelista Purkinje (1787-1809)
En 1834-35 ha escrito (con Gabriel Valentín)[151] su famoso estudio del movimiento de las pestañas epiteliales; ha
descrito las «fibras de Purkinje» del músculo cardíaco (1839)[152] y del útero (1830)[153]. En 1837[154] dos años antes que Schwann, ha expuesto la probable identidad de
estructura entre las células animales y vegetales, y se ha anticipado también
en dos años a este último en su estudio de la digestión artificial (1838)[155]. En 1823[156], largo tiempo antes que Francis Galton, ha expuesto la importancia de
las impresiones digitales, dando exactas representaciones de las mismas, y ha
hecho notar que los sordo-mudos pueden oír a través de los huesos del cráneo.
Ha sido uno de los que más han trabajado en la descripción de la mayoría de las
imágenes visuales (1819-23), especialmente de las que se obtienen por el
estímulo galvánico; de las imágenes recurrentes, de las imágenes entópticas que
se producen por las sombras de los vasos retínanos, la dependencia de la
intensidad del color por la de la luz, las figuras coroidales, las rosetas de
luz producidas por el uso de la digital y las especiales radiaciones que siguen
a las instilaciones de belladona. Purkinje ha sido también el primero que ha
empleado la palabra enchyma para la substancia básica de las
glándulas; cambium, para la misma cosa en los vegetales, y protoplasma,
para la substancia fundamental en los tejidos. Fisiólogo completo, de primer
rango y de una extraordinaria agudeza de percepción, se ha distinguido también
como farmacólogo, habiendo realizado en sí mismo los experimentos sobre la
acción del alcanfor, opio, belladona, estramonio y trementina (1829)[157]. En relación con la clínica médica, Purkinje ha sido el primero en
estudiar el vértigo y la rotación de los ojos que se produce haciendo girar el
cuerpo erguido alrededor de su eje vertical (1820-25)[158], y aunque no relacionó el fenómeno con los conductos semicirculares, su
descripción ha sido el punto de partida de los trabajos modernos acerca del
nistagmus vestibular y cerebeloso.
Después de la época de Henle, tal vez el histólogo
más distinguido del primer período haya sido Albert von Kölliker (1817-1905),
un suizo que, después de oír las lecciones de Johannes Müller en Berlín, se
graduó en Heidelberg en 1842 y fue prosector de Henle en Zúrich en 1846, y al
año siguiente recibió un llamamiento de Wurzburgo, donde permaneció durante
todo el resto de su vida activa. Kölliker era un cultivador de la ciencia pura,
y era al propio tiempo notable en Embriología comparada, Histología y Morfología.
En su monografía sobre el desarrollo de los
invertebrados (1843)[159] ha sido uno de los primeros en aplicar la doctrina celular de
Schwann a la Embriología descriptiva, tratando del óvulo como de una célula
aislada y de su segmentación como de una división celular normal únicamente.
En 1847 fue el primero que atestiguó el verdadero
desarrollo de los espermatozoos, demostrando que no eran cuerpos extraños, sino
producidos en las células del testículo, y que fecundaban el óvulo. [160]
Albert von Kölliker (1817-1905)
Es el autor de la primera obra de Embriología
comparada (1861)[161], donde aparece comprendido su importante estudio de la relación de la
notocuerda de los vertebrados con la espina vertebral y el cráneo. En
Histología ha sido el primero en aislar las fibras musculares lisas (1846 48)[162], confirmando el descubrimiento hecho por Henle de las mismas en la
pared de los vasos sanguíneos, y ha demostrado la relación de la célula
nerviosa con la fibra nerviosa medulada (1889-94). Ha confirmado también la
teoría de Sharpey de la osificación y del crecimiento del hueso (1860) y los
descubrimientos de Corti de la anatomía fina del oído. Su Anatomía
microscópica (1850-54)[163] y su Manual de Histología humana (1852)[164] son las primeras verdaderas obras de texto sobre la materia, y la
quinta edición de esta última aparece de tal modo ampliada, por la riqueza de
material añadida, que puede, efectivamente, considerarse como una nueva obra,
cuyo segundo volumen viene a crear, literalmente, la histología comparada del
sistema nervioso central en los vertebrados. Minot dice que «él conoce, por
observación personal directa, más de la estructura microscópica de los animales
que ningún otro de los que hasta la fecha han vivido». En Fisiología, ha
aplicado los efectos de la «rana reoscópica», de Matteucci, al corazón (1855) y
ha sido el primero en investigar el músculo veratrinizado (1856). En Zoología,
el nombre de Kölliker irá asociado siempre a los de los cefalópodos, celenteratas,
gregarinidas, actinofris y otros animales investigados por él. En 1849 ha
fundado, con Siebold, el Zeitschrift für wissenschaftliche Zoólogie,
el principal órgano alemán de la Ciencia, que continuó editando por espacio de
medio siglo. Kölliker carecía de rival, no sólo en las anotaciones de los
hechos, sino también en su habilidad como teorizante, en lo que se adelantaba a
su época. Aunque ignorante de la obra de Mendel, rechazaba la teoría de la
selección natural en favor de las variaciones salteadas o espontáneas
(mutaciones); consideraba el núcleo celular como el transmisor de los
caracteres hereditarios, y su teoría del mecanismo del proceso generativo
masculino (1763)[165] ha sido confirmada por Eckhard. En 1862 descubrió las fibras
musculares ramificadas en el corazón, queLeeuwenhoek había visto doscientos
años antes[166].
Personalmente, Kölliker era un hombre fuerte,
grave, de aspecto digno y severo; un veterano de la ciencia pura, cuya labor
prodigiosa fue considerada por el Gobierno bávaro como una patente de nobleza y
para otorgarle la orden prusiana pour le mérite. Como su gran
predecesor Baer, ha dejado una interesante autobiografía (1899).
El primero y más grande de los maestros de la
Anatomía topográfica y regional en el siglo XIX ha sido Josef Hyrtl (1810-94),
de la nueva escuela de Viena, nacido en Eisenstad, en Hungría. Su padre, músico
en la banda del conde Esterhazy, tocaba el oboe bajo la dirección de Haydn, y
el mismo Hyrtl había sido corista en su juventud, siendo alguna vez dirigido
por Haydn.
Josef Hyrtl (1810-94). (Cortesía del Capitán Henry J. Nichols, del ejército
de los Estados Unidos.)
Como estudiante, fue fámulo de Czermak en Viena;
hizo descubrimientos, por los cuales se le nombró prosector en 1833, y a la
edad de veintiséis años fue nombrado profesor de Anatomía en Praga. Llegado a
la cátedra de Anatomía en Viena en 1844 fue por espacio de treinta años el más
fascinador y popular profesor de la especialidad en Europa, siendo seguidos sus
cursos por una entusiasta muchedumbre de todas las razas y clases, incluso
nobles y cónsules extranjeros.
Sus lecciones eran presentaciones claras, concisas
y elocuentes de lo que él mismo conocía, intercaladas con un extraordinario
número de epigramas, citas clásicas, anécdotas y veladas alusiones de un dudoso
carácter. Hyrtl no hacía brotar su ciencia de la Histología como Henle, sino
que procedía directamente de la tradición de Vesalio de enseñar la Anatomía
gruesa, o regional, y siguió a ambos como escritor y como maestro, haciendo de
un asunto seco una explicación tan picante como interesante. Zuckerkandl decía:
«Habla como Cicerón y escribe como Heine. » No ha hecho grandes
descubrimientos, y como investigador independiente, no está, de ningún modo, a
la altura de Henle; pero hay que considerarle más bien como un irreprochable
maestro y técnico y como uno de los más grandes filólogos médicos; un hombre
que hablaba y escribía el latín lo mismo que su lengua materna. Su famoso Lehrbuch (1846)
ha tenido veintidós ediciones, ha sido traducido a muchos idiomas, y de él
decía Bardeleben que era el menos soporífero de todos los tratados científicos.
Antes de alcanzar su vigésima edición (1889) no tenía ilustraciones, estando
esta deficiencia suficientemente compensada por el estilo claro, hermoso y
exacto de Hyrtl, completamente ajustado al asunto, y por la abundancia de
alusiones históricas y culturales. Siguiendo el ejemplo de los cirujanos
franceses, Hyrtl publicó en 1847[167]. La primera Anatomía topográfica en alemán que, a pesar de su falta de
ilustraciones, es doblemente fascinadoras causa del mismo extraordinario
lucimiento de conocimientos históricos y filológicos. El Manual de Disección de
Hyrtl, publicado en 1860, es una obra clásica que puede colocarse al mismo
nivel del libro de Virchow sobre las autopsias, y sus Corrossions-Anatomie (1873)
es un recuerdo permanente de su habilidad para hacer preparaciones anatómicas.
Estas, sorpresa y admiración de Europa, incluso su colección, sin rival, de
esqueletos de peces, estaban todas preparadas por él mismo; sus modelos del
oído del hombre y de los vertebrados; sus cortes para el microscopio, y sus
preparaciones por corrosión (invención propia), consistían en inyecciones en el
sistema circulatorio de diferentes órganos y regiones, destruyendo las partes
adyacentes por medio de ácidos, de modo que quedasen bien de manifiesto hasta
las más finas ramificaciones. Su campo favorito de investigación eran,
positivamente, los sistemas vascular y óseo. Ha descubierto la vena porta de
las cápsulas suprarrenales, las venas branquiales de los peces, el origen de
las arterias coronarias (1854), y ha hecho una colección de corazones
desprovistos de vasos sanguíneos (gefässlose Herzen). Todo lo
que él hacía llevaba el sello de su originalidad e independencia. Tenía una vez
el Laokonte representado por un animado grupo de esqueletos, como demostración
de su tesis de que la gracia corporal y de las actitudes depende, en último
análisis, de la estructura de los huesos. Se opuso a la teoría de Brücke de la
autonomía del corazón, con tan duras personalidades, que llegó a haber en Viena
dos partidos: el de Brücke y el de Hyrtl. Hyrtl había conocido las amarguras de
la pobreza en su juventud; pero cuando llegó a ser propietario y a tener
fortuna como médico, su caridad y sus sentimientos humanitarios no conocieron
límites. Generoso hasta la prodigalidad con su dinero, dotó iglesias,
orfanatos, Universidades, con la misma innata bondad con que se prestaba a
auxiliar a los estudiantes en su trabajo con su animadora presencia y sus
ingeniosas salidas. Nada le agradaba más que el prodigarse en ruegos en favor
de la labor de un joven, y en este sentido es comparable a Müller y Ludwig, a
Virchow y a Pasteur, los incomparables maestros de la juventud. Habiéndose
encargado de la cátedra por treinta años, la dejó voluntariamente en 1874, para
escapar de la humillación de verse jubilado a los setenta años, retirándose a
una existencia como la de un ermitaño en su casa de Perchtoldsdorf. Aquí, en
sociedad con su gentil y poética mujer, produjo sus tres obras maestras de
elementos árabes y hebreos de Anatomía (1879)[168], de terminología anatómica (1880)[169] y de expresiones antiguas anatómicas alemanas (1884)[170]. Hyrtl puede colocarse, con Littré, entre los más grandes eruditos
médicos modernos, y sus obras demuestran, mejor que nada, que la erudición era
su verdadera especialidad. En la declinación de sus años cayó en una fase de
pesimismo, que desfiguraba su carácter alegre y bondadoso[171].
En el grupo de hombres que vamos estudiando se
incluyen también aquellos que, bajo el influjo de los grandes morfólogos John
Hunter y Johannes Müller, van procurando resolver los problemas fisiológicos
desde el punto de vista de la estructura. Müller y su discípulo Schwann
empleaban ambos procedimientos, los físicos y los químicos, en la
experimentación; pero desde el tiempo de Müller la investigación fisiológica ha
procedido por dos caminos ampliamente divergentes. La escuela física, que
prefería los modos puramente mecánicos de experimentación y de interpretación,
incluía nombres como los de Flourens, Poiseuille, Marshall Hall, los hermanos
Weber, Brücke, Carl Ludwig, du Bois Raymond y Helmholtz. La escuela química—los
partidarios de Liebig y Wohler—estaba representada por Schwann, Beaumont,
Tiedemann, Gmelin y Pettenkofer, y alcanzó su más amplio desenvolvimiento con
la obra decisiva de Claudio Bernard y Pasteur.
El principal representante de la Fisiología
experimental en Francia ha sido François Magendie (1783-1855), de Burdeos, que,
como Müller, empleaba los procedimientos físicos y químicos en sus
investigaciones y era incidentalmente el moderno fundador de la Farmacología
experimental. A diferencia de Bichat, Magendie no sólo no hacía el menor caso
de las ideas vitalistas, ni de ninguna otra teoría, sino que, además,
consideraba la Medicina como «una ciencia por hacer» (une Science á
faire) y procuraba explanarlo todo en términos de Física y de Química.
Quería considerar la Patología como «la fisiología del hombre enfermo». Pensaba
que la Fisiología sólo podía avanzar por la revisión de los hechos. Se
comparaba a sí propio con un trapero (chiffonirr), que iba
viajando a través de los dominios de la Ciencia, recogiendo todo lo que
encontraba. Esta frase expresiva resume las duras limitaciones que Magendie
había puesto sobre sí mismo o que existían en su propia mente. El descubrió
únicamente hechos aislados, que no se esforzó en relacionar unos con otros por
medio de ninguna hipótesis especial, y así, no llegó a ninguna generalización
importante. Como ardiente defensor de la experimentación en los animales vivos,
profesaba una particular animadversión a los antiviviseccionistas, e
indudablemente muchos de sus experimentos eran sin objeto e innecesariamente
crueles. Pero, no obstante, hay que tener en cuenta que, antes de su tiempo, la
Fisiología se hacía por lo que Claudio Bernard calificaba de revertes
systéviatiques, y que constituye un gran honor para Magendie haber
encabezado la moderna línea de los ilustres experimentadores de laboratorio,
que comprende desde Claudio Bernard hasta Pavloff, Loeb y Ehrlich. Magendie ha
sido el fundador del primer periódico consagrado exclusivamente a la
Fisiología, el Journal de Physiologie experiméntale (París,
1821-31). Su gran contribución a la Ciencia ha sido la demostración
experimental (en una larga serie de cachorros) de la verdad de la ley de Bell,
de que las raíces posteriores de la médula son de función sensorial, y las
anteriores, motoras (1822)[172]. Por su audacia de vivisector y por lo claro de su razonamiento, llegó
a una concepción mucho más clara de estas funciones que Bell, y en relación con
las reclamaciones, parece lo justo señalar a Bell la prioridad del
descubrimiento y de la demostración en lo que hace referencia a las raíces
anteriores, y a Magendie, la prioridad de la concluyente demostración e
interpretación del funcionamiento de ambas raíces, anteriores y posteriores.
Magendie ha hecho también importantes investigaciones sobre el mecanismo de la
deglución y del vómito (1813)[173], de los efectos de la escisión o sección del cerebelo (1825)[174], y del movimiento circular (mouvement de manége) que
se produce por la lesión del tálamo. Ha demostrado también que el poder del
corazón como bomba es la principal causa de la circulación de la sangre en las
venas; que las diferencias químicas entre la sangre y la linfa es el fundamento
de la ósmosis a través de las paredes vasculares, y que la absorción de los
fluidos y de los semisólidos es función tanto de los vasos sanguíneos como de
los linfáticos (1821)[175]; en otros términos, que la absorción no es una función vital específica
de los linfáticos, sino únicamente una imbibición de los tejidos vasculares.
Con Poiseuille, ha sido uno de los primeros en demostrar que la presión
sanguínea arterial aumenta con la espiración, y sus experimentos a propósito de
la circulación demuestran el absurdo de la idea antigua de los «puntos de
elección» para la sangría, supuesto que los efectos de la sección venosa son
los mismos en todos los puntos. Las investigaciones de Magendie en Farmacología
han introducido la bromina, los compuestos de yodina y algunos alcaloides, como
la estricnina (demostrando su acción sobre la médula espinal en la parálisis),
la morfina, la veratrina, la brucina, la piperina y la emetina en la práctica
médica (1821)[176].
François Magendie (1783-1855)
En Patología experimental ha inducido a Gaspard a
repetir el experimento de Haller de inyectar materia pútrida en las venas
(1822)[177]. Su demostración de que las inyecciones secundarias o subsiguientes de
albúmina de huevo producían la muerte en el conejo, tolerante a la primera
inyección, es el primer experimento de anafilaxia o de supersensibilización de
los tejidos[178] (1839)[179], un fenómeno que ya había observado Jenner en la inoculación vacuna en
1798.
Los fisiólogos franceses más importantes entre
Magendie y Claudio Bernard son Legallois, Flourens y Poseuille.
Julien-Jean-César Legallois (1770-1814), un bretón
que tomó parte en la Revolución francesa, estuvo algún tiempo escondido, por su
filiación política, y después, habiendo estudiado en la Escuela de Sanidad,
recibió el grado de médico en 1801. Ha sido uno de los primeros
experimentadores en Fisiología, y sus procedimientos eran tan rudos y más
brutales que los de Magendie. Hizo algunos experimentos, como los de investigar
los efectos de la submersión en los animales recién nacidos o las relaciones
térmicas de los animales despojados del cerebro y sometidos a la respiración
artificial. En 1812[180] demostró que la sección bilateral del nervio vago puede producir
fatalmente la bronconeumonía, y extendió grandemente la observación de Robert
Whytt (1750) de no ser necesaria la absoluta integridad de la médula para que
se conserve la función refleja[181]. Su descubrimiento de que una lesión de una pequeña área circunscrita
de la médula inhibe la respiración (1811)[182] fue el primer intento de localizar el centro de ésta, y ha sido
más tarde completado por la labor de Flourens.
Legallois es principalmente recordado en la
actualidad por sus Expériences sur le principe de la vie (1812),
en las que es el primero, después de Borelli, en revivir la doctrina neurógena
de la acción del corazón. El sostiene que el poder motor del corazón es un
principio de fuerza contenido en la médula espinal y transmitido al corazón por
los ramos del simpático.
Marie-Jean-Pieire Flourens (1794-1867)
Esto se ha demostrado pronto que es erróneo; pero
la doctrina neurógena ha sido robustecida más tarde por el descubrimiento, por
Robert Remak, de los ganglios nerviosos intrínsecos del corazón (1844) y ha
dominado como dueña hasta la resurrección de la doctrina miogénica por Gaskell
y Engelmann.
Marie-Jean-Pierre Flourens (1794-1867) es célebre
por el descubrimiento del noeud vital (nudo vital), o centro
bilateral de la respiración en la médula oblonga, cuya lesión produce la
asfixia (1837)[183] Aunque la situación y la extensión exactas de este nudo vital
hayan sido discutidas hasta los tiempos actuales, el fundamento esencial del
experimento de Flourens no ha sido rechazado nunca. En 1822-24[184] hizo sus clásicas observaciones de los efectos producidos en las
palomas por la extirpación del cerebro o del cerebelo, demostrando la absoluta
conservación de los reflejos con pérdida de la cerebración y volición, en el
primer caso, y los disturbios del equilibrio, en el segundo. Estos importantes
experimentos demostraron que el cerebro era el órgano de la ideación y de la
volición voluntaria, al paso que el cerebelo presidía la coordinación de los
movimientos corporales, aunque Flourens negaba la posibilidad de toda
localización cortical de las funciones. En 1828[185], Flourens anunció que la lesión de los conductos semicirculares en el
oído interno causaba incoordinación motora y pérdida del equilibrio; la sección
de uno solo de los conductos produciría movimientos rotatorios alrededor de un
eje en ángulo recto con el plano del corte. De la analogía de estos fenómenos
con los efectos de una profunda lesión del cerebelo dedujo Flourens que ambos
órganos tenían acción sobre la coordinación de los movimientos. Así, donde
Purkinje había descrito sólo un nistagmus probablemente visual, Flourens
localizaba la existencia de un verdadero vértigo cerebeloso y laberíntico. Sus
resultados han sido fisiológicamente confirmados por Vulpian, Goltz, Cyon y
Ferrier, y en la clínica, por Méniére, y han sido hábilmente explicados quirúrgica
y clínicamente por Robert Bárány como nistagmus vestibular.
Jean-Léonard-Marie Poiseuille (1799-1869), de
París, graduado en Medicina en 1828, ha sido el primer experimentador entre
Stephen Hales y Carl Ludwig que ha producido algún adelanto real en la
fisiología de la circulación. Su nombre quedará perpetuamente asociado con el
estudio de la presión de la sangre. Apoyándose en el original experimento de
Hales de 1733 sobre la presión sanguínea, Poiseuille lo perfeccionó,
substituyendo por un manómetro de mercurio el incómodo tubo largo, quedando
establecida la relación con la arteria por medio de un tubo hueco de plomo,
lleno en su extremo de carbonato potásico, para impedir la coagulación. Este
era el hemodinamómetro de Poiseuille (1828)[186], con el que pudo demostrar que la presión sanguínea aumenta y disminuye
con la espiración y la inspiración, así como medir el grado de la dilatación
arterial (aproximadamente 1/23, de lo normal) en cada latido cardíaco. A este
instrumento, Carl Ludwig, en 1847[187], ha añadido un flotador, y, como dice el profesor Stirling, «ha tenido
la idea genial de hacer que este flotador escriba en un cilindro que gira, y
así, de un solo coup nos ha dado el kymograph, o
escritor de ondas, y la aplicación del método gráfico a la Fisiología». Con
estos perfeccionamientos, la ciencia de la presión sanguínea (hemodinámica) se
convertía en una parte de la medicina moderna. Otra gran contribución de
Poiseuille a la Fisiología ha sido una investigación de física matemática, a
saber: sobre el flujo y el reflujo de los líquidos en los tubos capilares
(1840)[188]. El encontró que la velocidad media del flujo capilar varia en
proporción directa del área de sección del tubo, del grado de presión y de la
viscosidad del líquido que se mueve; también, que la cantidad de reflujo es
inversamente proporcional a la longitud del tubo y directamente proporcional a
la cuarta potencia de su diámetro, al grado de presión y al coeficiente de
viscosidad
de donde, por unidad de longitud, diámetro y
presión, el coeficiente de viscosidad puede ser computado por la fórmula
siguiente:
Esta importante ecuación es la expresión matemática
de la «ley de Poiseuille», que en los tiempos modernos ha resultado fundamental
para apreciar la viscosidad de la sangre. Los instrumentos usados con este fin
(viscosímetros) han sido inventados también por Poiseuille, y su nombre
permanece actualmente, con los de Harvey, Hales y Ludwig, como uno de los
fundadores de la hemodinámica.
Aplicando los métodos físicos de laboratorio a los
problemas de Fisiología han realizado una notable obra los hermanos Weber, de
Wittenberg. De ellos, Ernst Heinrich Weber (1795-1878) era profesor de Anatomía
y Fisiología en Leipzig (1821-66) hasta el momento del advenimiento de Ludwig,
y después ocupó la cátedra de Anatomía de la misma Universidad hasta 1871,
en-que fue reemplazado por Wilhelm His. Se ha hecho notar en la historia de la
Medicina por su descubrimiento del poder inhibidor del vago en 1845[189], hallazgo que ha lanzado mucha luz sobre algunos problemas, como el del
movimiento del corazón, la naturaleza de la fiebre y otros análogos. El
original experimento, llevado a cabo con su hermano Eduard Friedrich Weber
(1806-71), consistió en llevar el corazón a un estado de reposo, colocando un
polo de un aparato electromagnético en las ventanas nasales de una rana, y el
otro a nivel del plano transversal que pasa por la cuarta vértebra. El campo de
inhibición se localiza en la región comprendida entre los lóbulos ópticos y
el calamus scriptorius, siendo los nervios vagos los conductores de
la acción inhibidora, y los resultados fueron extendidos también a los animales
de sangre caliente.
Ernst Heinrich Weber (1795-1878)
Aunque los Weber primeramente creyeron que era
necesario para la inhibición que se estimulasen ambos vagos, y aunque Ludwig y
Schmiedeberg demostraron más tarde que el vago contenía fibras aceleradoras lo
mismo que inhibidoras (1870-71), la primitiva demostración ha quedado
inconmovible, como uno de los más grandes descubrimientos de la fisiología.
Ernst Heinrich Weber y Eduard Friedrich Weber colaboraron también en la
famosa Wellenlehre, o hidrodinámica del movimiento de la onda
(1825), según la cual la velocidad de la ondulación pulsátil era medida por vez
primera, demostrándose que tarda 1/6" a 1/7" en la transmisión; con
lo que se destruía la hipótesis de Bichat de ser el pulso sincrónico en todas
las arterias. En 1837 estos dos hermanos volvieron nuevamente a dar un
brillante trabajo unidos, midiendo y comparando la velocidad de la sangre y de
los corpúsculos linfáticos en los capilares[190]. Ernst Heinrich Weber es también digno de recuerdo por su modelo para
explicar la hidrodinámica del corazón (1850)[191]; pero la obra fundamental de su especial talento es, indiscutiblemente,
su estudio sobre el sentido del tacto y el de la temperatura (Der
Tastsinn und das Gemeingefühl, 1846), que ha constituido el punto de
partida de la psico-física experimental de Fechner y Wundt. Johannes Müller,
aunque asignaba a cada sentido su propia función particular, no admite ninguna
«sensación común» (como el dolor o el malestar) aparte del sentido del tacto.
Weber ha sido el primero en demostrar que esta sensación común puede ser
analizada en sus componentes viscerales y musculares, y éstos separados de las
sensaciones táctiles. Ideó la aplicación de la idea de mensuración a aquellos
fenómenos como las sensaciones de dolor, calor, presión y olor, notando que el
umbral de la sensación dolorosa es también el de la injuria al nervio, y
estableciendo la generalización conocida con el nombre de «ley de Weber», a
saber: que la intensidad de la sensación no es directamente proporcional al
grado del estímulo, sino que depende de su modo de aplicación. Un estímulo dado
es menos perceptible cuando se suma a un estímulo grande que cuando se añade a
un estímulo pequeño; en otros términos, cuando la sensación aumenta en
progresión aritmética, el estímulo tiene que variar en progresión geométrica.
Fechner ha expresado posteriormente esta idea diciendo que la intensidad de la
sensación varía con el logaritmo del estímulo (ley de Weber y Fechner),
supuesto que la curva producida es logarítmica.
Un tercer hermano de la familia Weber es el célebre
electricista Wilhelm Eduard Weber (1804-91), que fue profesor de Física en
Gotinga durante toda su vida académica (1831-91), construyó el primer telégrafo
electro-magnético en 1833, hizo un atlas del magnetismo terrestre (1840), y,
además, fue notable por su importante labor sobre las mediciones eléctricas.
Colaboró con Eduard Friedrich Weber en la clásica y bien conocida obra de
mecánica del sistema locomotor humano (Mechanik der menschlichen
Gehwerkzeuge, 1836), el más importante estudio de su época acerca de la
fisiología del movimiento y de la locomoción y del mecanismo de las
articulaciones.
Un notable y completo fisiólogo y anatómico era
Ernst Wilhelm von Brücke (1819-92), de Berlín, que llegó en 1849 a ser profesor
de Fisiología en Viena, donde quedó asociado a la nueva escuela de esta capital
para todo el resto de su vida. Sus investigaciones se extienden a todos los
ramos de su especialidad, incluso la luminosidad de los ojos en los animales
(1845), la fonética (1856-62), las válvulas semilunares (1855) y la anatomía
artística (1892), siendo esta última una de las obras más atractivas que se han
escrito sobre esta materia. Ha sido el primero en sostener que la orina normal
puede contener azúcar (1858), y en inventar la emulsión testigo para los ácidos
grasos (1870).
El sabio expositor en Inglaterra de la
experimentación física durante este primer período ha sido Marshall Hall
(1790-1857), de Nottingham, cuya Memoria a la Royal Society sobre La
función refleja de la médula oblonga y de la médula espinal (1833)[192] establece la distinción entre la acción voluntaria y los reflejos
inconscientes.
La idea de que los impulsos periféricos pueden ser
reflejados por fuera de los centros nerviosos relacionados con el cerebro, sin
relación con la conciencia, ha sido sugerida en primer término por Descartes,
en 1644, al discutir el fenómeno de cerrar los ojos ante la amenaza de recibir
un golpe en ellos. Robert Boyle ha hecho notar que una víbora, tres días
después de ser decapitada, todavía se agita cuando se la pincha. Johann Bohn ha
considerado los movimientos reflejos de la rana decapitada como «un fenómeno
material» (1686). Stephen Hales ha demostrado que los movimientos de la rana
decapitada quedan suprimidos si se destruye la médula espinal. Robert Whytt, de
Edimburgo, demuestra que la destrucción del lóbulo óptico anterior suprime la
contracción de la pupila a la acción de la luz (reflejo de Whytt) y que un
pequeño trozo de médula basta para la producción de los movimientos reflejos.
Pero la mayoría de los autores pensaban que los fenómenos reflejos estaban
relacionados con la sensación y la ideación. Los experimentos de Bell y
Magendie (1811-22) fueron un gran paso progresivo en este sentido, y el
descubrimiento del centro respiratorio por Legallois (1826) y Flourens (1837)
arrojó una gran luz sobre estos problemas.
Ernst Wilhelm von Brücke (1819-92)
Independientemente de esta defectuosa y aparente
ignorancia de la labor de sus predecesores, Marshall Hall demostró que las
convulsiones producidas por la estricnina cesan después de la destrucción de la
médula espinal; que los reflejos se producen más rápidamente incitando las
terminaciones nerviosas que por estimulación de los mismos nervios, y que
aquéllos son una contracción de los músculos esfínteres. Ha sido la obra de
Hall la que ha dado a la acción «refleja» un lugar permanente en la Fisiología,
que a pesar de él no ha podido realizar lo que Sherrington y otros han
puntualizado, a saber: que los actos volitivos y los reflejos pueden
transformarse unos en otros, y que hay muchos fenómenos nerviosos que
permanecen entre los dos extremos. El piensa que su obra principal ha sido el
descubrimiento de unas vías reflejas especiales disociadas para la sensación y
la volición; idea que ha sido apoyada por el descubrimiento de R. D. Grainger
de que la substancia gris en la médula y sus raíces aferentes son el verdadero
medio de la acción refleja (1837).
William Sharpey (1802-80), de Arbroath (Escocia),
que ha sido toda su vida un notable profesor de Fisiología del Colegio
Universitario de Londres (1836-74), es digno de recuerdo por sus trabajos
acerca de los párpados y de su movimiento (1830-36)[193], y por el descubrimiento de las «fibras de Sharpey» (1846)[194]. La fisiología inglesa debe su origen a Huxley y a Sharpey, que era el
maestro de los profesores de Oxford y Cambridge, Michael Foster y Burdon-
Sanderson. «Sharpey—dice Foster—era el único fisiólogo puro de Inglaterra, el
único hombre de su época que consagró su vida entera a la Fisiología. »
Describiendo la obra de Ludwig de las curvas de la presión sanguínea a los
estudiantes, utilizaba a veces su antiguo cilindro como cimógrafo.
William Sharpey (1802-80). (Biblioteca Médica de Boston.)
Sir William Bowman (1816-92), de Cheshire
(Inglaterra), eminente como fisiólogo y en cirugía oftalmológica, descubrió y
describió los músculos estriados (1840-41)[195], las membranas básales (1842) y la región ciliar del globo ocular. A
Bowman se debe el tratamiento científico de las afecciones lagrimales. En 1842[196] expuso su teoría sobre la secreción urinaria de que los tubos y
sus plexos capilares son probablemente las partes concernientes a la secreción
de los principios básicos de la orina (la urea, ácido lítico, etc.) y los
cuerpos de Malpighi pueden ser el aparato destinado a separar la porción acuosa
de la sangre.
La tendencia química de la moderna Fisiología
experimental, que se apoya en la magnífica obra de Claudio Bernard y Pasteur,
ha sido iniciada por Liebig y Wohler, en Alemania, y por Dumas y Chevreuil, en
Francia.
Justus von Liebig (1803-73) de Darmstadt, discípulo
de Gay Lussac, ha sido el fundador de la química agrícola, uno de los
principales fundadores de la química fisiológica y de la química de los
compuestos del carbono y el creador de la enseñanza por el laboratorio de la
Química.
El laboratorio de Liebig, establecido en Giessen en
1826, ha sido la primera institución de este género puesta en relación con la
enseñanza universitaria, y, aunque pobre y sencillo en sus aparatos, fue muy
pronto acogido con entusiasmo por los estudiantes, que acudieron en gran número
a trabajar en él. En este laboratorio llevó a cabo Liebig sus famosas
investigaciones acerca de los cianuros, cianatos, amidos, aldehidos, benzoilos,
benzoatos, ácidos orgánicos y abonos, y en él fundó los Liebig's
Annalen (1832-74), el principal órgano literario de la Química durante
toda su vida.
Sir William Bowman (1816-92)
Las contribuciones más importantes de Liebig a la
Medicina son sus descubrimientos del ácido hipúrico (Poggendorff's
Ann. 1829), del doral y del cloroformo (1831)[197]; sus estudios acerca de los compuestos del ácido úrico, su modo de
dosificar la urea (1853)[198] y sus importantes trabajos sobre sangre, bilis y jugo de la carne
(extracto de Liebig). Su libro de Química orgánica en sus aplicaciones
con la Fisiología y la Patología (1842)[199] ha sido el primer tratado que de un modo formal se ha ocupado de
la materia, introduciendo el concepto de metabolismo (Stoffwechsel).
Justus von Liebig (1803-73)
Sus cartas familiares sobre Química han hecho más
que ninguna otra obra en favor de la popularización de esta ciencia. Las
investigaciones de Liebig acerca de la fermentación y de la putrefacción se
encuentran viciadas por los puntos de vista puramente materialistas de estos
fenómenos, como basados en su teoría de la catálisis. Ha definido la catálisis
como la facultad de un sistema de moléculas de producir vibraciones armónicas
por simpatía en otro sistema, determinando cambios químicos en éste, y afectaba,
además, despreciar o hacer caso omiso de todos aquellos agentes vivos, como
bacterias o fermentos vivos. Pensaba que la fermentación y la putrefacción eran
únicamente disturbios físicos del equilibrio que podían ser comunicados por
contacto con otros cuerpos. Rehusaba creer que los fermentos fueran vivos, y no
admitía que se pudieran ver por medio del microscopio. Cuando, después de larga
y amarga controversia, Liebig vio que su materialismo había sido rechazado por
Pasteur, proclamó, de mala gana, que él había intentado únicamente señalar una
causa química a los fenómenos químicos. Sin embargo, Liebig era, por otra
parte, un intransigente vitalista. Lord Kelvin refiere que cuando, en cierta
ocasión, le preguntó al gran químico si pensaba si una hoja de una flor podía
ser hecha o deshecha por fuerzas químicas, Liebig le contestó: «Yo creería
antes que un libro de Química o de Botánica podía ser hecho a expensas de la
materia muerta y sólo por procesos químicos»[200].
Friedrich Wöhler (1800-82), de Eschersheim
(Hesse-Nassau), estaba asociado a Liebig en sus investigaciones sobre el ácido
úrico, los compuestos de cianógeno y el aceite de almendras amargas, la
síntesis artificial del azúcar, morfina y salicina, y él, aisladamente, ha
hecho también descubrimientos muy importantes, dos de los cuales han sido
verdaderamente decisivos en la historia de la Fisiología. En 1828, Wöhler
consiguió efectuar una síntesis artificial de la urea[201], calentando el cianato amónico, de acuerdo con la ecuación:
NH4 CNO = CO (NH2)2.
Esta era la primera vez que una substancia orgánica
había sido construida artificialmente de los componentes de una substancia
orgánica, sin ninguna intervención de los procesos vitales, y ello puso bien
pronto en claro que no hay ninguna diferencia esencial entre la estructura
química de la naturaleza viva y la de la inanimada. Este descubrimiento abre la
línea brillante de la labor sintética, en la que tan elevado puesto había de
alcanzar más tarde Emil Fischer. En 1824, Wöhler hizo, y en 1842 confirmó, un
descubrimiento que había de ser el punto de partida de la química moderna del
metabolismo, a saber: el de que el ácido benzoico, dado en el alimento, aparece
como ácido hipúrico en la orina[202]. Esto aparecía en contradicción con la idea, corriente en la época de
Wöhler, de que, al paso que las plantas pueden sintetizar sus materiales
complejos, los animales tienen que recibir sus substancias constituyentes, ya
sintetizadas, de las plantas o de otros animales. Otras formas de la síntesis
animal, como las del ácido úrico del carbonato amónico o las de la glucosa del
glucógeno en el hígado, fueron descubiertas bien pronto, y en ello tuvo su
concepción el problema de producir alimentos artificiales a expensas de
materiales elementales.
Entre las más antiguas investigaciones químicas
importantes para la Medicina figuran: el aislamiento de la morfina, por
Sertürner (1806)[203]; la investigación de los cálculos de cistina, por
Wollaston (1810)[204]; la conversión del almidón en azúcar, por
Kirchhoff (1811)[205]; la investigación de la albúmina en la orina, por
Blackally Wells (1812-14); la obtención de la estricnina (1818)[206], de la brucina (1819), de la quinina[207] y de la veratrina (1820), por Caventou y
Pelletier; las investigaciones de Alexander Marcet sobre la orina negra (1822)[208]; las de Dutrochet acerca de la endosmosis y
exosmosis (1827-35)[209]; la obtención de la atropina, por Geiger y Hesse
(1833)[210]; la prueba de F. Rose, del biuret, para la
albúmina (1833)[211]; las investigaciones de Cagniard Latour[212] y de Schwann sobre las células de levadura y
la fermentación vínica (1837-38); la demostración, por Bouchardat y Peligot, de
que el azúcar de la orina en la diabetes es la glucosa (1838)[213]; la prueba de Trommer para la glucosa en la orina
(Mitscherlich, 1841); la de Pettenkofer para la bilis (1844)[214]; la cuantitativa de Hermann von Fehling para la
glucosa de la orina (1848)[215]; el descubrimiento, por Henry Bence Jones, de un
proteído especial (albumosa) en la orina de los enfermos con reblandecimiento
de los huesos (albumosuria nuclopática, 1848)[216]; investigaciones de Adolf Strecker sobre la bilis
del buey (1848-49)[217], y el descubrimiento de Millón de un reactivo
especial para los proteidos (1849)[218]. La química de la orina recibió un fuerte impulso
con la publicación de la brillante obra de Johann Floriam Heller (1813-71), de
la nueva escuela de Viena, un discípulo de Liebig y Wöhler, que descubrió la
prueba del anillo parala albúmina (1844)[219] la de la potasa cáustica para el azúcar de la
orina (1844)[220], ha sido el primero en señalar la retención de los
cloruros en la orina de los pneumónicos (1847)[221], ha inventado la prueba de la potasa cáustica para
la sangre en la orina (1858)[222], ha inventado el ureómetro para apreciar la
densidad de la orina (1848) y ha escrito una famosa obra clásica sobre los
cálculos urinarios (1860)[223]. Las investigaciones químicas en Francia han
recibido un gran impulso con la obra de Jean Baptiste Dumas (1800-84), que
aisló el alcohol metílico, estableció el análisis cuantitativo del aire y del
agua, estudió los cambios químicos en el desarrollo del pollo y (con Coindet)
demostró el valor del yodo en el tratamiento del bocio (1820)[224]. Michel Eugene Chevreul (1787-1889) investigó el
azúcar en la orina de los diabéticos (1815)[225], e hizo un importante estudio de la grasa animal
(1823). En Inglaterra, Thomas Graham (1805-69), de Glasgow, dejó una obra de
capital importancia en la moderna fisiología con su descubrimiento de las leyes
que rigen la difusión de los gases (1829-31)[226], sus investigaciones de la fuerza osmótica (1854)[227] y sus métodos de separar los líquidos,
animales o no, por medio de la diálisis, introduciendo la distinción entre
substancias cristalinas y coloides (1861)[228]. La definición de Graham de la osmosis como la
«conversión de la afinidad química en una fuerza mecánica» sigue siendo la más
científica de las hechas hasta ahora, que se defiende por las recientes
investigaciones de las membranas semipermeables.
Los adelantos más importantes hechos durante el
primer período en la investigación química lo han sido en la fisiología de la
digestión. La primera obra, cronológicamente hablando, en este campo ha
sido An Experimental Inquiry into the Principies of Nutrition and the
Digestive Process (1803), de John R. Young, de Maryland, habiéndose
graduado en la Universidad de Pensilvania. Los trabajos de los más antiguos
fisiólogos de la digestión—Van Helmont, Sylvius y Borelli—estaban en gran parte
disminuidos de valor por sus teorías del calor innato y de los espíritus
vitales, y, como William Hunter hacía notar irónicamente, han hecho que se
tienda a considerar el estómago como un mortero, como una cuba de fermentación
o como una cazuela de guisar. En e! siglo XVIII, Réaumur ha aislado el jugo
gástrico y demostrado su acción disolvente sobre los alimentos. Spallanzani
confirmó el hecho de su carácter disolvente y antiséptico (1782), lo que estuvo
en contradicción con los diferentes puntos de vista de la cocción, putrefacción,
trituración y fermentación y en favor de la teoría química de la disolución;
pero omitió el reconocer que la acción disolvente del jugo gástrico es debida a
la acidez del mismo. Young emprendió su trabajo en este punto, y por medio de
experimentos llevados a cabo en ranas, serpientes y hasta in propria
persona, demostró que el principio disolvente del jugo gástrico es un ácido
que vuelve rojo el papel azul de tornasol y reblandece los huesos hasta
convertirlos en una pulpa, y que este ácido no puede provenir de ninguna
fermentación vinosa o de otro carácter, sino que es un componente de la
secreción gástrica normal. Llegó a la importante deducción, demostrada en
nuestros mismos días por Pavloff, de que la secreción del jugo gástrico y de la
saliva son isócronas y van asociadas; pero se equivocó al deducir que el
principio ácido del jugo gástrico era el ácido fosfórico. En 1824, William
Prout (1785-1850), un químico inglés, pudo demostrar, por cuidadosa trituración
y destilación, que el ácido del jugo gástrico es el clorhídrico libre[229]. Este resultado fue pronto confirmado por otros químicos, especialmente
en la clásica monografía de La digestión químicamente considerada (1826
a 1827)[230], por Friedrich Tiedemann (1781-1861), de Cassel, y Leopold Gmelin
(1788-1853), de Gottinga. En esta obra se da la prueba del ácido nítrico de
Gmelin para los pigmentos biliares en el quilo, en el suero sanguíneo y en la
orina (ver Prefacio)[231]; se establece el límite de la secreción gástrica y se demuestra que la
saliva contiene un sulfocianato, y la secreción pancreática un principio que se
vuelve rojo con el agua de cloro. Este principio (tryptophan) fue
demostrado posteriormente por Claudio Bernard ser un producto de la digestión
pancreática y no un verdadero constituyente del jugo pancreático.
En 1833, William Beaumont (1785-1853), de
Connecticut, y cirujano del ejército de los Estados Unidos, publicó sus
famosos Experiments and Observations sobre una accidental
fístula gástrica en el mulato canadiense Alexis St. Martin, que dieron mucha
luz sobre la naturaleza del jugo gástrico, el proceso de la digestión en el
estómago y los primeros grados de la gastritis. Nada menos que en 1664 había
publicado Regner de Graaf su estudio de artificial jugo pancreático y salivar
en un perro, cuyo grabado presentaba, constituyendo esto los casos más antiguos
de fístula gástrica; pero Beaumont ha sido el primero en estudiar la digestión
y los movimientos del estómago in situ (1825)[232]. Comienza con un resumen, hecho con gran claridad de juicio, de la obra
de sus predecesores; da una exacta descripción del aspecto normal y patológico
de la mucosa gástrica durante la vida y de los movimientos del estómago en el
acto de la digestión, demostrando que el jugo gástrico es segregado únicamente
cuando el alimento está presente, y que la irritación mecánica de la mucosa
gástrica produce congestión, pero únicamente una secreción localmente limitada
de jugo gástrico.
Así, pronosticaba los resultados de Pavloff y
destruía la hipótesis de Magendie de que la secreción gástrica es continua. Los
experimentos de Beaumont sobre los efectos del jugo gástrico sobre los
diferentes alimentos y sobre el relativo valor digestivo de éstos son el
fundamento de las modernas tablas y escalas dietéticas; y su examen químico del
jugo gástrico le llevó a la conclusión de que contiene ácido clorhídrico libre,
mas alguna otra substancia, que Theodor Schwann pudo demostrar, en 1835, que era
la pepsina. Esta ha sido la obra más importante de la fisiología de la
digestión gástrica antes de los trabajos de Pavloff, y las dificultades bajo
las cuales el experimentador llevó a cabo su trabajo, comenzado en un aislado
puesto militar en las selvas de Michigan y completado sólo a fuerza de
acompañar al enfermo, realizando cerca de 2.000 millas hasta Plattsburgh
Barraks, New York, hacen de su experimento uno de los románticos experimentos
de la historia de la Medicina.
William Beaumont (1785-1853). (Cortesía del doctor Jesse S. Myer, St.
Louis.)
«Todo médico que receta para trastornos
digestivos—dice Vaughan—y todo enfermo que se aprovecha de aquellas recetas
deben gratitud a la memoria de William Beaumont, que en 1825, en la isla de
Mackinaw, comenzó su estudio de la digestión, que continuó con trabajo y con
habilidad en beneficio de la Humanidad. » El ha sido el verdadero maestro y
trabajador de la fisiología experimental en la región[233].
La cirugía de la primera parte del siglo XIX era
simplemente una continuación de la cirugía del siglo XVIII, con la diferencia
de que el centro de gravedad se había trasladado de París a Londres, como
resultado de la poderosa influencia ejercida por la enseñanza de Hunter y de
los desastrosos electos de las fanáticas prohibiciones de 1792-93, que
abolieron las Facultades y Sociedades médicas en Francia. Muchas atrevidas
intervenciones quirúrgicas se han llevado a cabo en este período; la cirugía
plástica ha resucitado, la mayoría de las grandes arterias han sido ligadas con
éxito; empiezan a dar claras señales de existencia la cirugía rusa y la
americana; pero de la operatoria general dentro del cráneo, de las
articulaciones, del abdomen y de la cavidad pelviana femenina no hay nada hasta
muy posteriormente al año 1867.
Los maestros quirúrgicos del período pre-listeriano
son los Bell, Cooper, Colles, Brodie, Liston, Syme y Fergusson, en la Gran
Bretaña; Larrey, Dupuytren, Lisfranc, Delpech, Velpeau, Malgaigne y Nélaton, en
Francia; Langenbeck el Viejo, Dieffenbach, Graefe el Viejo y Stromeyer, en
Alemania; Pirogoff, en Rusia; Physick, Post, Mott, los Warrens y McDowel, en
América.
Los hermanos John y Charles Bell son las
principales figuras de su época entre los cirujanos de Londres y Edimburgo;
pero la fama de sir Charles Bell es mayor aún que por la Cirugía por sus
descubrimientos de Anatomía, Fisiología y Patología. John Bell (1763-1820), de
Edimburgo, pertenece en gran parte al primer período; pero sus grandes trabajos
acerca de la anatomía quirúrgica han ejercido un poderoso influjo en los
hombres de la época posterior, y ha sido, con Dessault y John Hunter, uno de
los fundadores de la cirugía moderna del sistema vascular. El mismo ha ligado,
con éxito, la carótida primitiva y la rama posterior de la ilíaca interna, y ha
sido el primero en atar la arteria glútea[234]. Como su hermano Charles, John Bell era un artista de talento, uno de
los grandes médicos que han sabido ilustrar sus propias obras. Su Anatomy
of the Human Body (1793-1803) fue una importante obra en su tiempo,
reimpresa más tarde con dibujos originales de sir Charles Bell (1811), y
sus Engravings, ilustrando las diferentes partes y órganos del
cuerpo, los dibujos y casi todas las aguafuertes y grabados, constituyendo su
obra propia, son una de las piedras miliares en la historia de la ilustración
anatómica. El tercer tomo, dedicado al cerebro, a los nervios, a los órganos de
los sentidos y a las vísceras (1804), es casi por completo obra de sir Charles.
La contribución quirúrgica más meritoria de John Bell está representada por
sus Discourses on the Nature and Cure of Wounds (1795), el
segundo de los cuales constituye un estudio histórico muy importante de la
cirugía de las arterias, y su obra monumental es Principies of Surgery (1801-7),
embellecida con hermosos grabados originales, constituyendo un estudio, único
en su género, histórico y clínico de todo lo relativo a la ligadura de los
grandes vasos, fracturas, trepanación, tumores y litotomía, de la que da una
detenida historia que ocupa 248 páginas.
Sir Astley Paston Cooper, Bart (1768-1841)
Los escritos de John Bell se caracterizan por su
gran sinceridad y profundidad de juicio. Ha tomado su profesión con una gran
seriedad ética, que, dado su temperamento, frecuentemente daba lugar a
acaloradas y amargas discusiones. Se burlaba de las confusiones de Benjamín
Bell y de Monro secundus; lo que no aumentaba su popularidad fue
echado de la práctica en la Royal Infirmary por las maquinaciones de James
Gregory, que le atacó en un voluminoso libro escrito con el seudónimo,
actualmente olvidado, de «Jonathan Dawplucker». Hacia el fin de su vida,
quebrantada su salud a consecuencia de la caída de un caballo, John Bell marchó
a morir a Italia, dejando un perpetuo recuerdo de su viaje en su obra
póstuma, Observations on Italy (1825), uno de los mejores
libros de viaje que han escrito los médicos. La obra es notable además por sus
hermosos y originales dibujos, alguno de los cuales da una impresión de los
detalles de la arquitectura italiana parecida a la que producen los de Piranesi.
Sir Astley Paston Cooper (1768-1841), de Norfolk,
discípulo de John Hunter, ha sido el cirujano más popular de Londres durante el
primer cuarto del siglo XIX. Hijo de un pastor protestante, ha sido algo
parecido a Hunter en sus travesuras juveniles, y llegó a ser demostrador de
Anatomía en el Hospital de St. Thomas a la edad de veintiún años (1788) y
cirujano en el Guy’s Hospital en l800. Ha sido uno de los artistas de la
cirugía del aparato vascular, de la experimental y de la del oído. En 1808 ha
ligado, con éxito, la carótida primitiva y la arteria ilíaca externa, por
aneurismas, haciendo en 1821[235] y 1826[236], respectivamente, las disecciones post-mortem de los
casos, y en 1817 llegó a su celebrada hazaña de la ligadura de la aorta
abdominal[237]. Valentine ha dejado un interesante estudio de su intento de ligar la
subclavia en 1809[238]. Bell ha hecho igualmente ligaduras experimentales de arterias y de
nervios en los perros[239]. En 1824 ha efectuado la amputación en la articulación de la cadera. Su
Memoria a la Royal Society sobre la perforación de la membrana del tímpano para
la sordera, dependiente de la obstrucción de la trompa de Eustaquio, en 20
casos (1801)[240], le hizo ganar la Copley Medalla en 1802, y una pequeña operación
llevada a cabo en Jorge IV, en 1820, le dio el título de barón. La vida
profesional de Cooper era, por tanto, una serie de éxitos, que puede ser
apreciada por el número extraordinario de grabados que se han hecho de su
retrato. «Ningún cirujano antes de él—dice Bettany — ha estado tan largo tiempo
ante los ojos del público. » Aunque su primitiva posición era muy modesta, la
fortuna de su mujer le hizo mucho más fácil la vida. Sin embargo de esto, muy
pocos médicos habrán trabajado tanto y tanyiuramente como él. Ha disecado casi
todos los días de su vida, incluso cuando viajaba, pagando espléndidamente los
cadáveres que necesitaba. De este modo, su experiencia era tal, que una vez,
estando delante de la Casa de los Comunes, decía: «No hay nadie, entre todo el
gentío de esta plaza, a quien no pudiese disecar, si quisiera hacerlo. » El
curso diario de su vida era: levantarse a las seis; disecar hasta las ocho;
desayunarse con dos panecillos y té; ver enfermos pobres hasta las nueve;
atender a su consulta privada hasta la una; después, cuando le correspondía,
pasaba la visita, como médico de guardia, en el Guy’s Hospital; a las dos, daba
lección de Anatomía en el Hospital de St. Thomas; después volvía a la sala de
disección con los estudiantes y visitaba u operaba a los enfermos de la
práctica privada hasta las siete; volvía entonces a comer; dormía unos cuarenta
minutos, y volvía de nuevo a levantarse para una posible lección clínica o para
otro turno de visitas hasta la media noche.
Dictó todo lo que escribió durante su carrera. Leía
poco, pero se arreglaba para absorber lo mejor de los conocimientos de su
tiempo, y sus libros sobre la hernia (1804-7), traumatismos de las
articulaciones (1822), enfermedades de los testículos (1830) y anatomía de la
glándula timo (1832) serán siempre famosos, así como también el ligamento y la
hernia de Cooper y otros epónimos. Cooper ha sido uno de los primeros maestros
de Cirugía que han sabido reemplazar las viejas predicaciones teórico-didácticas
del pasado por las demostraciones prácticas acerca de los casos clínicos, y uno
de sus mayores méritos es el largo número de hábiles e inteligentes jóvenes
cirujanos que ha formado por medio de su enseñanza. Personalmente no era nada
pedante ni filisteo, sino de «aspecto cortés, alto y delgado» — la figura alta,
elegante y atractiva del retrato de sir Thomas Lawrence—, con su semblante
simpático, voz clara y sonrisa expresiva, y, a pesar de su temperamento
impetuoso y dominante, era idolatrado por los estudiantes, que seguían sus
lecciones clínicas en muchedumbres entusiastas. Como operador era sencillo,
elegante, rápido, pero no apresurado; perfecto y artista; «todo tranquilidad,
todo bondad para los enfermos, y procurando al propio tiempo que nadie se escapase
a la observación de sus discípulos». Atribuía sus éxitos profesionales a su
uniforme e inagotable cortesía — igual para los pobres que para los ricos—
tanto como a su habilidad y a su interés; «pero, por eso, yo no puedo creer que
haya hecho nada de más». Pocos hombres han realizado tan completamente la
honrada divisa del poeta: «Recibimos todo lo que damos», en la posesión de una
disposición alegre, varonil y generosa.
Charles Aston Key (1793-1849), de Southwart, uno de
los ayudantes de Cooper en Guy's Hospital, ligó, con éxito, la arteria ilíaca
externa, para el tratamiento del aneurisma de la femoral, en 1822[241], y la subclavia, para el aneurisma axilar, en 1823[242].
Benjamín Travers (1783-1858
También ha ligado la carótida en 1830, y ha ideado
algunos procedimientos, como el uso del catéter recto en la fitotomía (1824) y
el principio de dividir la estrechez por fuera del saco en la hernia
estrangulada (1833).
Como Cooper, era un rápido y limpio operador y un
popular maestro, elegante en su traje, pero, a diferencia de su jefe, afable,
superdictatorial y auto-importante en sus maneras.
Benjamín Travers (1783-1858), de Londres, otro de
los discípulos de Cooper, colaboró con él en los valiosos Surgical
Essays (1818-19), en los que escribió un notable trabajo acerca de las
heridas de las venas. En 1809 ligó, con éxito, la arteria carótida primitiva en
un caso de aneurisma por anastomosis en la órbita[243]. Ha sido uno de los partidarios de las ideas de Broussais de considerar
la irritación constitucional como una causa de enfermedad, especialmente en el
sistema nervioso (1824-34). Su especialidad era la Oftalmología, en cuyo campo
ha introducido el uso del mercurio en las iritis no específicas, y ha escrito
el mejor tratado sistemático de su tiempo sobre enfermedades de los ojos
(1820).
Abraham Colles (1773-1843), de Dublín, profesor de
Cirugía en aquella ciudad por espacio de treinta y dos años (1804-1836), era el
más sabio cirujano irlandés de su época. Ha ligado la arteria subclavia dos
veces (1811 al 15)[244], y ha sido el primero en Europa que la ha ligado entre los escalenos
(1816). Se dice que también ha sido el primero en ligar, con éxito, la
innominada[245]. Ha escrito tratados de Anatomía quirúrgica (1811) y de Cirugía
(1844-45); perosus obras quirúrgicas más importantes son su descripción
original de la fractura del extremo inferior del radio (fractura de Colles)[246] y sus Practical Observations on llie Venereat Disease (1837),
en las que ha establecido la «ley de Colles» relativa a la supuesta inmunidad
que adquiere una madre sana al dar a luz un hijo sifilítico.
Robert Liston (1794-1847), de Escocia, era un
graduado de Edimburgo, que llegó a ser profesor de Clínica quirúrgica en la
University College de Londres en 1834. Como los Bell y Astley Cooper, era un
distinguido anatómico, que se consagró a la disección toda su vida, y esto le
sirvió para hacerse uno de los más hábiles y brillantes operadores de su
tiempo, sobresaliendo en los casos de urgencia, en los que era llamado por la
rapidez de sus decisiones y por la originalidad de sus procedimientos. Ha
ideado muchas novedades, como su popular método de amputación por colgajos, su
calzado para el pie zambo y sus métodos para reducir luxaciones y para partir y
triturar los cálculos. Era especialmente afortunado en las operaciones
plásticas. En 1836 ha escindido, con éxito, el maxilar superior, y en 1837[247] ha descrito su método de Laringoscopia, en cuya especialidad ha
sido uno de los más antiguos. Sus obras más importantes son sus Elements
of Surgery (1831) y su Practical Surgery (1837), que
han tenido varias ediciones y que contienen cosas de valor permanente, incluso
en la actualidad.
Robert Liston (1794-1847)
Liston era frecuentemente áspero, rudo y disputador
en sus relaciones con el público; pero era siempre bondadoso y caritativo con
los pobres, y suave y agradable con los enfermos. Poseía unas fuerzas tan
hercúleas, que era capaz de amputar el muslo, con el auxilio de un ayudante, al
paso que comprimía la arteria con la mano izquierda y daba todos los cortes de
bisturí y de sierra con la derecha.
James Syme (1799-1870), de Edimburgo, era primo de
Liston, con el que estudió la Anatomía en 1822. Habiendo disputado con su
compañero, no pudo pertenecer a la Royal Infirmary hasta 1833; pero cuando
Liston se trasladó a Londres, en 1834, sucedió en su amplia clientela. Los
enemigos se reconciliaron pronto, y después de la muerte de Liston, en 1847,
Syme le sucedió en Londres; pero no conformándose con su posición, volvió de
nuevo a Edimburgo.
James Syme (1799-1870)
La contribución más importante de Syme a la Cirugía
es su obra de amputaciones y de escisiones. En su Excusión of Diseased
Joints (1831) ha sido el primero en demostrar que la escisión es
generalmente preferible a la amputación, y la adopción de este nuevo punto de
vista es a él a quien se debe, aunque posteriormente haya sido más extensamente
desarrollado por Fergusson. Ha hecho tres sucesivas escisiones, con éxito, de
la articulación del codo en 1828-29[248]. En 8 de septiembre de 1842[249] ha realizado su primer caso afortunado de amputación en la
articulación astragalina (amputación de Syme), de la que describe ocho casos en
las Contributions to the Patology and Practice of Surgery (1847).
En 1864 publicó su trabajo sobre Excusión of the Seaputa, y en el
mismo año escindió, con éxito, una gran parte de la lengua. Trataba los
aneurismas ligándolos por encima y por debajo y escindiendo el tumor, habiendo
aplicado este método en aneurismas de carótida y de la ilíaca en 1857» Y en
1862 trató, con éxito, un aneurisma de la ilíaca por ligadura de las ilíacas
primitiva, interna y externa[250]. Syme era un hombre genial, afortunado, de carácter igual, que «nunca
ha malgastado una palabra, ni una gota de tinta, ni una gota de sangre», y,
además, un espíritu amplio y liberal, que acogía bien todas las fundadas
innovaciones quirúrgicas. Ha sido, quizá, con Pirogoff, el primer cirujano
europeo que adoptó el éter para la anestesia (1847), y en 1868 fue el primero
en acoger el método antiséptico del mejor y más célebre de sus discípulos: de
su yerno lord Lister.
Sir William Fergusson (1808-77)
Sir William Fergusson (1808-77), de Prestonpans
(Escocia), ha sido el fundador de la cirugía conservadora, es decir, de la
conservación de aquellas partes del cuerpo que eran innecesariamente
sacrificadas por los cirujanos anteriores. Antes de la época de Fergusson, los
huesos desnudados y las articulaciones enfermas o doloridas (aun en las
neurosis) eran considerados como motivos suficientes para una amputación.
Pensaba que era «una gran cosa poder salvar por la prudencia aunque no fuese
más que la extremidad del pulgar». Fergusson era discípulo y prosector de
Robert Knox, y pronto llegó a ser cirujano del Real Dispensario de Edimburgo
(1831) y de la Enfermería Real (1839); pero la clientela extraordinaria de Syme
le obligó a marchar a Londres, donde, después de lentos progresos, llegó por
fin a alcanzar la cúspide. Ha sido uno de los primeros, en Escocia, en ligar la
arteria subclavia, y sus progresos en la substitución de las amputaciones por
las resecciones han sido muy rápidos. Ha resecado la cabeza del fémur por una
enfermedad incurable de la cadera (1845); la escápula, en lugar de la
amputación torácico-interescapular (1847), y la articulación de la rodilla
(1850). Entre 1828 y 1864 ha operado 400 casos de labio leporino, con sólo tres
fracasos, y 134 casos de perforación del paladar, con 129 éxitos. En la
litotomía procedía con tal habilidad y sorprendente rapidez, que alguien
aconsejaba a un prudente visitador de la clínica «estar en acecho, porque si
usted llega a pestañear se queda sin ver nada de la operación» Además,
preparaba cuidadosamente hasta el más pequeño detalle antes de la operación,
teniendo que proceder muy silenciosamente todo el que viniera de fuera, incluso
con el vendaje. Ha escrito un System of Practical Surgery (1842),
y sus Progrese of Anatomy and Surgery During the Present Century (1867)
son una obra histórica de permanente valor. Era un profesor indiferente, y se
decía que tenía malas maneras en la clínica; pero fascinaba a los enfermos y
era adorado por los niños. Era extraordinariamente hábil, un buen violinista e
inventor de muchos aparatos quirúrgicos, tan experto en carpintería y en obras
de metal, que podía hacerse los instrumentos en caso necesario; era entusiasta
de la pesca con mosca y en danzar los bailes escoceses. Se ha hecho notable por
su gran generosidad y hospitalidad para los escritores, autores dramáticos y
estudiantes de Medicina necesitados.
Sir Benjamín Collins Brodie (1783-1862)
Sir Benjamín Collins Brodie (1783-1862) era hijo de
un pastor protestante de Wiltshire, que descendía de jacobitas desterrados en
Inglaterra. Era discípulo de sir Everard Home, profesor en la Great Windmill
Street (1805-12), y fue posteriormente cirujano-ayudante y después cirujano en
el Hospital de San Jorge (1808-40). Influido profundamente por las ideas de
Bichat, se consagró en un principio a la experimentación fisiológica,
publicando cuatro trabajos, importantes en su época, sobre la influencia del
cerebro en la actividad del corazón (1810)[251], los efectos de algunos venenos vegetales (1811)[252], la influencia del sistema nervioso en la producción del calor animal
(1812)[253] y sobre la influencia del neumogástrico en las secreciones del
estómago (1814)[254]. En estas investigaciones, las dos primeras de las cuales le hicieron
ganar la Copley Medalla (1811), usó como veneno la woorara, que
acababa de ser traída de la Guyana. En 1819 publicó su clásico tratado On
the Pathology and Surgery of Diseases of the Joints, la más importante de
sus obras, describiendo claramente las diferentes afecciones articulares y
diferenciando las lesiones locales de las formas nerviosas e histéricas. Era un
defensor de la cirugía subcutánea, verificando su primera operación, en un caso
de varices venenosas, en 1814, y realizando múltiples perfeccionamientos en los
instrumentos quirúrgicos y en la técnica operatoria. Estuvo, reconocidamente, a
la cabeza de la profesión médica en Londres por espacio de treinta años,
llegando a ascender con frecuencia sus ganancias anuales a más de 10.000
libras, y en muchos casos a bastante más. No consideraba la intervención
operatoria como lo principal de la Cirugía, y solía decir que «su vocación era
más bien curar miembros que quitarlos». Brodie ha estado toda su vida ayudado
por la influencia de sus amigos y de sus parientes; pero ha sabido desempeñar
los puestos elevados, tales como la presidencia del Real Colegio de Cirujanos,
con dignidad y gracia y con aquel género de hábil tacto y modestia que trata de
estimular y desarrollar las ideas ajenas. Parece no haber sido «servil con
ninguno, deferencial con nadie», manteniéndose en una posición de amistad y
confidencia igualmente con los pobres del hospital y con sus amigos íntimos de
Holland House o Windsor Castle. «He oído que está usted enfermo—escribía una
vez a uno de los más desconocidos estudiantes—; nadie puede encargarse mejor de
cuidar a usted que yo; venga usted a mi casa de campo conmigo hasta que esté
usted bueno»; haciendo que el estudiante permaneciera con él dos meses.
Ahora podemos ocuparnos de otros dos cirujanos del
grupo escocés: Lizars y Wardrop.
John Lizars (1783-1860), de Edimburgo, discípulo de
John Bell, fue primeramente cirujano naval y después profesor de Cirugía en el
Colegio de Cirujanos de su ciudad natal, en 1831. Ha sido uno de los primeros
en llevar a cabo la reserción del maxilar inferior; pero se le recuerda más
como compañero de McDowell (su condiscípulo) en la ovariotomía (1825) y por
su System of Anatomical Plates (1825), una magnífica serie de
110 láminas, en color, de a folio, hechas ante sus propias disecciones.
James Wardrop (1782-1869)
James Wardrop (1782-1869), de Escocia, graduado en
Edimburgo, que se estableció en Londres en 1809, y a quien se recuerda
actualmente por sus Ensayos de anatomía patológica del ojo humano (1808),
una obra de real importancia en su época, y por su método de tratar los
aneurismas por medio de la ligadura en el lado distal del tumor; método que
había sido sugerido ya por Brasdor en el siglo XVIII. Wardrop ha realizado esta
operación dos veces, con éxito, en la carótida (1809)[255], y una vez en la subclavia, en un caso de aneurisma de la innominada
(1827)[256]. Un aspecto curioso de Wardrop es que, defendiéndose en el camino de
sus propios éxitos, se indispuso con sus compañeros por sus acres e injuriosos
artículos en The Lancet, en 1826-27, y por sus famosas Intercepted
Letters, de 1834, en las que incurría en los insultos más personales,
empleando los principales nombres de la profesión en Londres como nombres de
troncos de caballos.
Otros eminentes cirujanos ingleses del período
pre-antiséptico son: William Hey (1736-1819), de Leeds, que fue el primero en
describir la hernia infantil (1764), la luxación interna de la articulación de
la rodilla (1782-1803) y el fungus hematodes, e inventó una cómoda sierra para
operar las fracturas del cráneo (1803), y cuyas Practical Observations on
Surgery (1803) han alcanzado tres ediciones; Edward Alanson (1747-1823), de
Newton (Lancashire), discípulo de John Hunter, que fue el primer cirujano científico
de Liverpool durante este período, publicando un meritorio tratado de
amputaciones (1779) y desplegando un admirable conocimiento profundo en sus
consejos a propósito de la limpieza absoluta y de lo apropiada que debe hacerse
en los hospitales; Alian Burns (1781-1813), de Glasgow, que escribió un
importante libro de anatomía quirúrgica de la cabeza y del cuello (1811), y fue
el primero en describir el proceso falciforme de la fascia lata en relación con
la hernia crural; Samuel Cooper, cuyo Diccionario quirúrgico (1809) es la
primera obra completa de la materia que se ha publicado, llegando a hacerse de
ella ocho ediciones; Joseph Constantine Carpue (1764-1848), que fue un
cultivador de la electroterapia (1803)[257], que resucitó el método indio de rinoplastia
(1816) y escribió una buena History of the High Operation for Stone (1819);
John Flint South (1797 a 1882), el historiador de la antigua cirugía inglesa,
que tradujo a Chelius, y cuya obra póstuma, History of the Cralt of Surgery in
England, ha sido editada y publicada por D’Arcy Power en 1886; O’Bryen
Bellingham (1805-57), cuya obra acerca del tratamiento de los aneurismas por la
compresión (1847) ha preservado su nombre y su fama en relación con el procedimiento;
Thomas Pridgin Teale (1801-68), de Leeds, célebre por su método sobre el
tratamiento de la hernia abdominal (1846), su procedimiento de amputación por
un colgajo largo y otro corto (1858) y por su intento de aplicar la doctrina de
Broussais de la irritación al sistema nervioso (1829); sir William Lawrence
(1783-1867) y sir William Bowman (1816-92), que han hecho mucho en el adelanto
de la oftalmología quirúrgica; sir William Wilde (1815-76), de Castlerea
(Irlanda), uno de los artistas de la cirugía del oído (1843-53) y del cerebro
(incisión de Wilde) y descubridor también de las ciudades lacustres
prehistóricas en los crannogs irlandeses (1839) antes que Keller; William Henry
Porter (1790-1861), que ha escrito una obra de patología quirúrgica de la laringe
y de la tráquea (1826), y John Hilton (1804-78), del Guy's Hospital, cuyo Rest
and Pain (1863) es una obra permanentemente clásica en Cirugía. Robert Chessher
(1750 a 1831), un estimable cirujano de Hunckley (Leicestershire), que alcanzó
una gran reputación por su plano doblemente inclinado para el tratamiento de
los miembros fracturados y por sus aparatos para la debilidad de la columna
vertebral y para el masaje de las contracturas. Se le menciona en el
Middlemarch, de George Eliot (Mr. Chessher and his irons). Joseph Fox, en su
Natural History of the Human Teeth (1803), da las primeras instrucciones
fundadas para corregir las irregularidades dentarias, habiéndose seguido por
espacio de cerca de medio siglo (Weinberger).
Entre las operaciones aisladas y los procedimientos
operatorios llevados a cabo por los cirujanos ingleses de esta época podemos
hacer mención de la amputación torácica interescapular (escisión del brazo, de
la escápula y de la clavícula), que fue llevada a cabo por primera vez por
Ralph Cuming, de la Armada Real, en 1808[258]; la escisión, por Anthony White, de la cabeza del fémur por enfermedad
de la cadera (1822)[259]; los primeros casos ingleses de gastronomía (1858-59)[260], por John Cooper Forster (1824-96), del Guy’s Hospital; el método de
colgajos rectangulares, corto y largo, por Pridgin Teale (1858); la amputación
por colgajo único, de Richard Carden (1864)[261], y cuatro sucesivos casos afortunados de ligadura de la arteria ilíaca
externa, por William Goodlad (1811)[262], William Stevens (1812)[263] John Smith Soden (1816)[264] y T. Cole (18l7)[265]. En el caso de Stevens el enfermo vivió diez años, siendo disecada la
parte afecta ocho años más tarde (1830)[266] por sir Richard Owen. La primera ligadura con éxito de la arteria
carótida primitiva parece haber sido realizada por David Fleming, cirujano de
la H. M. S. Tonnant, en octubre de 1803[267].
El más distinguido cirujano militar inglés de este
período ha sido George James Guthrie (1785-1856), de Londres, que ha servido en
América y en las guerras napoleónicas. En Waterloo, Guthrie ha realizado con
éxito la amputación de la articulación de la cadera[268] y la ligadura de la arteria peroneal (1815)[269]. Su obra más importante es el Tratado de las heridas por arma
de fuego de las extremidades que exigen amputación (1815), que hizo
época y que alcanzó seis ediciones. Guthrie era también un hábil cirujano
oftalmólogo, y dejó dos importantes trabajos sobre la pupila artificial (1823)
y sobre la cirugía del ojo (1812). Era el padrastro de Margaret Gordon, la de las Reminiscencias,
de Carlyle[270].
Dominique-Jean Larrey (1766-1842), el más grande
cirujano militar francés de su época; también sirvió en las campañas de
Napoleón.
Dominique-Jean Larrey (1766-1842)
Este dejó en su testamento 100.000 francos para
«Larrey, el hombre más virtuoso que he conocido». Larrey ha sido uno de los
primeros en realizar la amputación de la cadera (1803)[271], efectuándola dos veces con éxito, fue cirujano en jefe de la Grande
Armée, habiendo tomado parte en 60 batallas y 400 combates, fue herido tres
veces y realizó más de 200 amputaciones en veinticuatro horas en Borodino; fue
el inventor de las ponderadas «ambulancias volantes», y durante algún tiempo,
profesor en la Escuela de Medicina Militar de Val-de-Gráce, que había sido
fundada en 1796, fue el inventor de los «primeros auxilios a los heridos», en
el ultramoderno sentido de la frase, prestando los auxilios, con sus centenares
de ambulancias, directamente cuando se empeñaba la batalla, y no después de la
misma. Como Ambrosio Paré, era adorado por sus camaradas del ejército por la
bondad de su carácter, por su valor y por sus sentimientos humanitarios. Lo más
interesante de su labor científica se encuentra en los cuatro tomos de
sus Memorias de cirugía militar (1812-17). En una Memoria
publicada en El Cairo en 1802 ha sido el primero en señalar la naturaleza
contagiosa de la oftalmía egipcíaca o conjuntivitis granulosa.
El más hábil e ilustrado de los cirujanos franceses
de este período era Guillaume Dupuytren (1777-1835), que era a la vez un rápido
diagnosticador y un operador de una seguridad sin igual, un admirable profesor
de clínica y buen fisiólogo y patólogo experimental. Dupuytren salió de la
pobreza y supo triunfar en su camino; sin embargo, sus hazañas han sido alguna
vez poco tomadas en cuenta, a causa de los defectos de su carácter.
En 1808 ingresó en el servicio médico del Hotel
Dieu, y el 8 de septiembre de 1814 era nombrado cirujano en jefe del mismo.
Aquí, sus lecciones y su extensa práctica le convirtieron pronto en el más
importante cirujano francés, muriendo millonario y siendo barón del Imperio.
Sus clínicas se veían llenas de muchedumbres estudiantiles procedentes de todas
partes, y supo dejar numerosos y brillantes discípulos.
Guillaume Dupuytren (1777-1835)
Tenía una práctica inmensa: unos 10.000 enfermos
particulares al año, aparte de los del hospital. Ha sido de los primeros en
realizar la resección del maxilar inferior (1812)[272] y en tratar el aneurisma, con éxito, por compresión (1818)[273]; también el primero en tratar el tortícolis por la resección subcutánea
del músculo esterno-mastoideo (1822)[274], y ha realizado múltiples proezas en la cirugía vascular, tales como la
afortunada ligadura de la arteria ilíaca externa (1815)[275] y dos ligaduras de la subclavia (1819-29)[276]. Ha reemplazado la amputación por la ligadura en los casos de fracturas
complicadas con aneurisma (1815) y ha ideado un método original de tratamiento
del ano artificial por medio de un enterotomo compresor inventado por él (1828)[277]; pero el título más meritorio de su moderna fama es la labor que ha
realizado en el campo de la patología quirúrgica. Sus originales descripciones
de la fractura de la extremidad inferior del peroné (fractura de Dupuytren,
1819)[278] de la luxación congénita de la cadera (1826)[279] y de la retracción de los dedos por afección de la aponeurosis
palmar, para combatir la cual ha ideado una operación (1832)[280], son sus mayores méritos. Ha descrito además las fracturas en los niños
(1811), la vaginitis en las niñas (1827), los aneurismas varicosos (1829) y la
subluxación de la muñeca por el radio curvo, conocida más tarde con el nombre
de deformidad de Madelung. Sus Memorias relativas a los traumatismos y
enfermedades de los huesos y a otros aspectos de la patología quirúrgica han
sido traducidas y reimpresas por la Sydenham Society en 1847 y 1854. Ha dejado
también un tratado de las heridas en la guerra (1834), y sus Legons
orales (1839) han sido repetidas veces traducidas. En 1803 ha fundado
la Sociedad Anatómica de París y ha dotado el bien conocido Museo Dupuytren,
fundado por el español Orilla. Dupuytren era el tipo del hombre que, abrumado
por la pobreza en la juventud, y tal vez también por algún desengaño amoroso
juvenil, se hace ambicioso y despótico al triunfar. Tenía sangre fría en
grado extraordinario, y dominio de sí mismo, incluso en aquellos casos en que
el enfermo sucumbía en la mesa de operaciones. Su personalidad era olímpica. En
París era considerado como el «amigo de nadie», a causa de que no toleraba
rivales y perseguía e intrigaba contra aquellos que, como Dumeril o Velpeau,
aspiraban a ser notables, persiguiéndoles, incluso con odio vengativo. Era
frío, desdeñoso, poco escrupuloso, dominante y más bien respetado que querido.
Percy le ha calificado del primero de los cirujanos y el último de los hombres.
Lisfranc le designaba con el título de «el bandido del Hotel-Dieu». Sin
embargo, su fama era tan grande, que cuando visitó Italia fue tratado a
lo príncipe.
Alexis Boyer (1757-1833), un discípulo de Desault y
cirujano en la Charité hasta después de la Revolución, ha escrito un tratado de
enfermedades de los huesos (1803); pero es mejor conocido por su método de
enfermedades quirúrgicas (1814-26), voluminosa recopilación de 11 volúmenes,
definida por Malgaigne como «un sumario de las obras y de las opiniones de la
Academia francesa de Cirugía.
Boyer, como Hipócrates y Delpech, ha notado que la
caries de la columna vertebral es producida por le vice scrofuleux[281].
Jacques Lisfranc (1790-1847), cirujano de La Pitié,
ha inventado varias operaciones, en particular su amputación parcial del pie en
la articulación tarso-metatarsiana (amputación de Lisfranc, 1815)[282]» sus métodos de desarticulación del hombro (1815), de escisión del
recto, de litotomía en la mujer y de amputación del cuello del útero. Era poco
admirado por sus asperezas con sus colegas.
Philibert-Joseph Roux (1780-1854), discípulo y
amigo de Bichat, fue cirujano en la Charité en 1810 y sucedió a Dupuytren en el
Hótel Dieu en 1835. Ha sido el primer profesor francés que ha dado un curso
definitivo de lecciones (1812), así como un artista de la cirugía plástica,
realizando su primera estafilorrafia en 1819 (describiéndola con todo detalle
en su Memoria de 1825)[283] y la primera sutura por desgarro del periné femenino en 1832[284].
Jacques-Mathieu Delpech (1777-1832), de Tolosa,
graduado en Montpellier en 1801 y profesor de Cirugía de esta Universidad en
1812. Ha sido el defensor en Francia de la cirugía ortopédica, siendo su
principal obra De l'orthomorphie (1828). El 9 de mayo de 1816[285] realizó por primera vez la resección subcutánea del tendón de
Aquiles como tratamiento del pie zambo, con el fin de evitar la llegada del
aire y obtener la cicatrización por primera intención. Esta operación, hecha
hasta entonces por el método abierto, fue repetida dos veces más por Stromeyer
en 1821-22. Delpech ha sido también uno de los primeros, después de Hipócrates,
en afirmar que el mal de Pott (caries espinal) es de naturaleza tuberculosa
(1816)[286]. Fundó un vasto Instituto Ortopédico en Montpellier, y una mañana, al
dirigirse, como de costumbre, a él en carruaje, fue asesinado a tiros, así como
su cochero, por un vengativo enfermo, que creía que una operación que le había
sido hecha para el varicocele le había dejado incapaz para el matrimonio.
Alfred-Armand-Louis-Marie Velpeau, un discípulo de
Bretonneau, fue hijo de un herrero, y habiéndose dedicado en un principio al
oficio de su padre, llegó a ser cirujano del Hospital St. Antoine (1828-30), de
La Pitié (1830-34) de la Charité (1834-67) y profesor de Clínica quirúrgica de
la Facultad de Medicina de París (1834-67). No era un cirujano científico, sino
un maestro y un operador duro, fuerte, capaz y trabajador, del que dice Oliver
Wendell Holmes: «Una buena cabeza fuerte sobre un par de zuecos de madera es
una buena cantidad; mejor que una cabeza de madera perteneciendo a un
propietario que calza sus pies con zapatos de charol. » Sus principales obras
son su Tratado de Anatomía quirúrgica (1823), la primera obra
detallada de este género; su Tratado de cirugía operatoria, en tres
volúmenes, con atlas (1832), importante por sus datos históricos, y una vez
editado en traducción por Valentine Mott (1847), y su gran Tratado de
enfermedades de la mama (1854)[287], la obra más importante de la materia en su época.
Alfred-Armand-Louis-Marie Velpeau (1795-1867).
Joseph-François Malgaigne (1806-65), el hijo de un
oficial de Sanidad, es descrito por Billings como «el más grande historiador y
crítico quirúrgico que el mundo ha visto hasta ahora», y es, con Petrequin, el
que mejor ha escrito sobre la cirugía del período hipocrático. Sirvió en las
guerras napoleónicas, escribió obras importantes de cirugía operatoria (1834),
de cirugía experimental (1838), de fracturas y dislocaciones (1847-55)» Y ha
publicado la edición auténtica moderna de Ambrosio Paré, con una buena
biografía del mismo (1840). El Manuel de Médicineoperatoire (1834),
de Malgaigne, ha tenido siete ediciones y cinco traducciones, una al árabe.
En la cirugía práctica su nombre va asociado a los
ganchos inventados por él para el tratamiento de la fractura de la rótula; pero
es, no obstante, más famoso por sus discursos históricos y críticos, que
Billings clasifica «entre los más deliciosos escritos de la literatura
quirúrgica».
Joseph-Fançois Malgaigne (1806-65).
Auguste Nélaton (1807-73), de París, que,
presidiendo con Malgaigne el Hospital St. Louis, alcanzó el mismo inaccesible
rango que había logrado Dupuytren en los últimos años de su vida, aunque siendo
personalmente la completa antítesis de su egoísta predecesor. Nélaton era
modesto, tranquilo, amigo útil y generoso con los desgraciados; en resumen, un
perfecto caballero. Inventó una sonda exploradora para las balas (usada por
primera vez en Garibaldi) y un útil catéter flexible de goma (sonda de Nélaton,
1860), e ideó el tratamiento de los tumores naso-faríngeos. En Ginecología es
famoso por haber sido el primero que ha descrito el hematocele pelviano
(retro-uterino) [1851-52] y ha hecho mucho por establecer la ovariotomía en
Francia. Su principal obra es sus Élements de Pathologie chirurgicale (1844-59).
Paul Broca (1824-80), que fue, sucesivamente,
cirujano de St. Antoine, La Pitié, el Hospital de Clínicas y el Hospital
Necker, ha sido el fundador de la moderna cirugía del cerebro y también de la
moderna escuela francesa de Antropología. En 1861[288] ha descubierto que el pie de la tercera circunvolución frontal
izquierda era el centro del lenguaje articulado; un punto que se ha discutido
actualmente, pero que, en último término, ha servido indudablemente para trazar
el mapa de los diversos centros del cerebro para las operaciones quirúrgicas.
Broca ha sido positivamente el primero que ha hecho la trepanación para un
absceso diagnosticado por su teoría de la localización de la función.
Auguste Nélaton (1807-73).
En relación con su descubrimiento, ha introducido
el término de aphemia o afasia motora (1861)[289], que ha tenido que sufrir modernamente el criticismo destructor de
Pierre Marie. En Antropología, Broca es, con Topinard y Quatrefages, uno de los
más ilustres nombres de Francia. Ha sido el fundador de los modernos métodos de
determinar la proporción de las dimensiones del cerebro por las del cráneo
(cráneometría), y para ello inventó el gancho occipital, un craniógrafo y un
goniómetro, y trabajó mucho también para fijar las medidas de los huesos y la
clasificación de los colores del pelo y de la piel. Ha presentado su teoría de
que las diferentes razas se han producido de diversas parejas de especies
distintas, en su ley de «eugénesis», que sostiene que las diferentes especies
del genus Homo son y han sido siempre fértiles unas con otras.
Paul Broca (1824-80).
Esto produce, según los «poligenistas», en último
extremo, la diversidad de lenguas. Broca es también notable por su aforismo: «Yo
prefiero ser un mono transformado, a ser un hijo degenerado de Adán. »
Entre las aisladas contribuciones francesas figuran
la resección de la quinta y sexta costilla, por Richerand 1818); la
introducción de la litotricia, por Leroy d’Etrolles (1822), Civiale (1824) y
Heurteloup (1824-31); la escisión, por Béclard, de la parótida, en 1823[290]; la resección del maxilar superior, por Gensoul (1826); el método de
enterorrafia, de Lembert (1826)[291]; el catéter capilar, de Maisonneuve (1845)[292]; la introducción, por Sedillot, de la gastronomía, que efectuó por vez
primera en 13 de noviembre de 1849[293]; la jeringa de Pravaz para inyecciones hipodérmicas (1851)[294], y el método de Lallemand de autoplastia (1856).
Entre los más notables cirujanos alemanes de esta
época figuran Vincenz von Kern (17601829), profesor en Viena (1805-24), que
simplificó el tratamiento de las heridas usando vendajes empapados en agua pura
(propuesto por vez primera por Cesare Magati en 1616) para reemplazar a las
pomadas y ungüentos tan en boga; Christian Ludwig Mursinna (1744-1823), que fue
sucesivamente tejedor, bañero, aprendiz de barbero y cirujano general del
ejército prusiano (1787-1809); Conrad Johann Martin Langenbeck (1776-1851), profesor
de Anatomía y Cirugía en la Universidad de Gotinga y cirujano general del
ejército hannoveriano (1814), que ideó la operación de la iridocleisis para la
pupila artificial (1817) y llegó a alcanzar tal rapidez operando, que se cuenta
que hizo una desarticulación del hombro en lo que tardó un colega presente en
tomar un polvo de rapé; y Max Joseph von Chelius (1794-1876), cuyo Handbuch
der Chirurgie (1822-23) ha sido el libro fundamental de texto en
Alemania hasta la mitad de la centuria, y que, según Baas, era «el único
profesor de Heidelberg que tenía coche». Los cirujanos alemanes más importantes
antes de 1850 son Dieffenbach, von Graefe el Viejo, Stromeyer el Joven,
Langenbeck y Gustav Simón.
Carl Ferdinand von Graefe (1787-1840)
Cari Ferdinand von Graefe (1787-1840), de Warsaw,
era uno de los cirujanos generales en la lucha por la independencia de Alemania
(1813 a 1815), habiendo sido previamente profesor de Cirugía en la Universidad
de Berlín en 1810, y conservando esta posición después de la guerra. Ha sido el
fundador de la cirugía plástica moderna, realizando la operación para la
hendidura palatina congénita en 1816[295]. En 1818 practica, al propio tiempo que Bünger, la rinoplastia, y la
blefaroplastia, simultáneamente con Dzondi. En el mismo año ha perfeccionado la
técnica de la operación cesárea y ha practicado la primera resección del
maxilar inferior que se ha realizado en Alemania. Ha sido también el primer
cirujano alemán que ha ligado la arteria innominada (1822), viviendo su enfermo
sesenta y ocho días[296]. Su «rinoplastia» (1818) ha sido la primera intervención en el campo de
la formación artificial de la nariz, después de Tagliacozzi (1575) y de Carpue
(1816).
Johann Friedrich Dieffenbach (1792-1847), de
Königsberg, tomó también parte (como escopetero) en la guerra por la
independencia de Alemania. Su disertación o tesis de Wurzburgo (1822) sobre la
regeneración y la transplantación de los tejidos demostró bien pronto su
inclinación hacia la cirugía plástica[297] fue cirujano en la Charité, de Berlín, en 1829, y en 1840 sucedió
a von Graefe en la cátedra universitaria. En 1829, siguiendo las indicaciones
de Stromeyer, realizó por primera vez, y con éxito, el tratamiento del
estrabismo por sutura de los músculos del ojo[298].
Johann Friedrich Dieffenbach (1792-1847)
Este éxito, sin embargo, le llevó a ensayar el
defectuoso procedimiento de la división subcutánea de los músculos linguales
para la tartamudez (1841)[299], que produjo muy desagradables resultados en los enfermos; en cambio,
obtuvo resultados admirables en las tenotomías, en los injertos cutáneos y en
la cirugía ortopédica, siendo un cultivador de las transplantaciones y de la
cirugía experimental en los animales, que había sido anteriormente ensayada por
John Hunter y Giuseppe Baronio (1804)[300]. Ha escrito sobre el tratamiento de las estrecheces uretrales por
incisión (1826), sobre la transfusión de la sangre (1828), vendajes (1829),
lactancia (1832), tratamiento del ano preternatural (1834) Y de la fístula
uretral (1836), así como un gran tratado de cirugía operatoria (1845-48)[301]. También ha realizado un atrevido intento de tratar la fístula
vésico-vaginal por todos los métodos conocidos, y dejó un estudio clásico de
los padecimientos transmitidos por la herencia (1845). Era un hombre genial,
bondadoso, atractivo y un profesor admirable, que defendió constantemente los
más elevados ideales de la profesión. Sostenía que el cirujano debe ser un
Ulises de múltiples recursos, lleno de una facultad inventiva y de solución
espontánea para todo aquello que no se encuentra en los libros. «Todos los
grandes cirujanos — decía él — son o han debido ser claros pensadores, y, por
tanto, buenos escritores. »
Georg Friedrich Louis Stromeyer (1804-76), de
Hannover, profesor de Erlangen, Munich, Freiburg y Kiel, y sucesivamente
cirujano general de los ejércitos de Schleswig-Holstein y de Hannover, habiendo
sido el padre de la moderna cirugía militar en Alemania. Ha extendido
extraordinariamente el campo de la cirugía conservadora y de las operaciones
subcutáneas y de las articulaciones. Stromeyer ha efectuado su primera
resección subcutánea del tendón de Aquiles en 1831[302], quince años después de Delpech (1816); pero si Delpech era el
descubridor, Stromeyer ha sido el que ha desarrollado el asunto. Prácticamente,
ha creado la cirugía moderna del sistema locomotor aplicando la tenotomía a
todas las deformidades del cuerpo dependientes de defectos musculares. Ha sido
uno de los fundadores de la ortopedia en los tiempos modernos.
Georg Friedrich Louis Stromeyer (1804-76). (Academia de Medicina de New
York.)
Sus procedimientos han sido llevados a Inglaterra
por Little, que ha fundado el Real Hospital Ortopédico de Londres (1837) y
publicado un fundamental tratado de deformidades (1853). Las Máximas de cirugía
militar de Stromeyer (1855) han hecho época en la medicina militar alemana.
Era, además, poeta y ha escrito una atractiva autobiografía.
Bernard von Langenbeck (1810-87), sobrino de Conrad
y sucesor de Dieffenbach en Berlín en 1847, llegó a ser el más grande cirujano
clínico y el más notable profesor de su época en Alemania, habiendo enseñado a
casi todos los célebres operadores de los tiempos modernos.
Bernhard von Langenbeck (1810-87)
En 1861 ha fundado los Archiv für
kliniscken Chirurgie (conocidos como Langenbeck's Archiv) y
ha creado la Sociedad Alemana de Cirugía; medios ambos que han ejercido uña
profunda influencia en la Ciencia. Ha ideado 21 operaciones, que han hecho
célebre su nombre, siendo las más famosas sus métodos de resección de la
articulación tibio-tarsiana, de la de la rodilla, cadera, muñeca, codo y
hombro; de resección del maxilar inferior y las correspondientes a la cirugía
plástica del labio, del paladar y de la rodilla.
Gustav Simón (1824-76), de Damstadt, profesor en
Rostock (1861) y en Heidelberg (1867), era un operador altamente original y
autor de admirables monografías acerca del tratamiento de la fístula
vésico-vaginal (1854), de la escisión del bazo (1857)[303] de la cirugía plástica (1868)[304] y de la del riñón (1871-76)[305]. Ha sido el primer cirujano de Europa que ha efectuado la nefrectomía
(1869)[306]; pero perdió a su segundo enfermo a consecuencia de una sepsis
producida a los veintiún días de la operación por una exploración digital. Un
resultado igualmente fatal en el caso de Bruns, en 1878, hizo abandonar la
nefrectomía hasta que la antisepsia estuvo perfectamente establecida.
Albrecht Theodor von Middeldorpf (1824-68), de
Breslau, llevó a cabo las primeras operaciones por fístula gástrica (1859) y
tumor esofágico, siendo partidario del uso del galvanocauterio (1854) y
realizando importantes trabajos respecto de fracturas y luxaciones.
Gustav Simon (1824-76)
El más grande de los operadores de Rusia, y uno de
los más hábiles cirujanos militares de todos los tiempos, ha sido Nikolai
Ivanovich Pirogoff (1810-81), que, como Paré y Hunter, ha realizado una notable
carrera de autodesenvolvimiento. Graduado en 1832, estudió por espacio de dos
años en Berlín y en Gotinga, donde quedó disgustado por la poca importancia que
se prestaba a la Anatomía. Langenbeck era, en su opinión, el único hombre que
estaba bien informado del asunto. Vuelto a Rusia, enseñó en Dorpat por espacio
de cinco años, y en 1840 fue nombrado profesor de Cirugía en la Academia
Médico-quirúrgica de San Petersburgo. En los cuarenta y cinco años de vida
activa allí, ha introducido muy importantes reformas, entre otras la enseñanza,
por vez primera en Rusia, de la anatomía topográfica aplicada, para la cual
invitó finalmente al discípulo de Hyrtl, Gruber, de Viena. Ha llevado a cabo
11.000 autopsias, entre ellas 800 de las víctimas del cólera de 1848. Realizó
una gran cantidad de cirugía militar, sirviendo en las campañas del Cáucaso
(1847) y de Crimea (1854), haciendo también estudios acerca de la guerra
franco-prusiana y de la turco-rusa. Prestó servicio por espacio de catorce
meses en Sebastopol y en sus alrededores, y en las trincheras y tiendas de campaña
fue testigo de todos los horrores de la piemia, de la gangrena hospitalaria, de
la erisipela y del edema purulento. Esto le llevó a violentas discusiones con
las autoridades gubernamentales por sus agudas críticas de lo mal atendido que
estaba todo en la campaña y por sus intentos de segregación y otros
perfeccionamientos, viéndose obligado a abandonar su cátedra.
Auxiliado por la gran duquesa Helena Pavlovna,
introdujo la asistencia femenina para los heridos de Crimea, y toda su vida ha
sido un ferviente defensor de la libertad y de la educación superior para la
mujer. En 1847 empleaba ya el éter en la anestesia quirúrgica[307]. Consagró los últimos días de su vida al estudio y perfeccionamiento de
la educación médica en su país natal, por lo cual se vio nuevamente sujeto a
las amarguras de la enemistad y de la persecución por parte de las autoridades
oficiales y militares.
Nikolai Ivanovich Pirogoff (1810-81)
Pirogoff es, según el modo de pensar de los rusos
ilustrados, la figura más importante en su historia médica. Es notable por su
método de completa amputación osteoplástica del pie (1854)[308], por su gran atlas de 220 láminas (1851-54)[309], en el cual se han utilizado por primera vez, y en gran escala, los
cortes congelados para las ilustraciones anatómicas[310], y por su tratado de cirugía militar (1864)[311], en el cual hace a los grandes hospitales responsables de la aparición
de las enfermedades epidémicas, recomendando la construcción de pequeños
pabellones, como barracas, por ser ésta la enseñanza que había deducido de la
guerra de Crimea.
Philip Syng Physick (1768-1837)
En rapidez, destreza y firmeza de mano, Pirogoff
era, como operador, comparable a esos otros eslavos, virtuosos de la música,
cuya ejecución es el asombro de todos los tiempos. Los retratos conocidos de
este gran cirujano en su vejez nos lo representan como un hombre de frente
dilatada, fisonomía seria y aspecto venerable, muy semejante a otros dos
grandes rusos: a Turgenieff y Glinka. En relación con su país se le puede
aplicar también aquel exquisito tributo que Henry James pagaba a Turgenieff: «Su
generosa naturaleza estaba llena del amor a la justicia; pero, además, estaba
hecho con aquella materia con que se fabrican las glorias. »
La cirugía americana en el período pre-listeriano
se distingue principalmente por el gran número de operaciones atrevidas en los
sistemas óseo y vascular, por la fundación de la moderna ginecología
operatoria, por la obra de McDowell y Sims, y por la definitiva creación de la
anestesia quirúrgica. Sus principales representantes en este período son
Physick, los dos Warren, Post, Mott, Gibson, los dos Smith, Willard Parker,
McDovell y Sims.
Philip Syng Physick (1768-1837), de Filadelfia, uno
de los discípulos de John Hunter, y llamado por algunos el padre de la cirugía
americana, se graduó en Edimburgo en 1792 y fue cirujano del Hospital de
Pensilvania en 1794 y profesor de Cirugía en la Universidad de Pensilvania
(1805 a 18). No ha escrito nada importante, estando conservada toda su
enseñanza en el tratado de Cirugía de su sobrino John Syng Dorsey (1813).
Es famoso principalmente como inventor de algunos
procedimientos importantes en su época, tales como la creación de material
absorbible (de cabrito y ante) para suturas y ligaduras (1816)[312], el empleo del sedal en las fracturas no
consolidadas (1822)[313], un método operatorio para el ano artificial
(1826)[314], la defensa del reposo en el tratamiento de las
afecciones de la articulación de la cadera (1830)[315] y la invención del tonsilotomo (1828)[316]. Su modificación del vendaje de Desault para la
fractura del fémur sigue usándose en la actualidad. Parece haber sido el
primero en describir los divertículos del recto (1836)[317], así como en verificar en América el lavado del
estómago, en los casos de envenenamiento, con una jeringa y un tubo (1802)[318].
Jonh Warren (1753-1815), de Roxbury
(Massachusetts), prestó señalados servicios de armas durante la revolución y
fue el fundador y primer profesor de la cátedra de Anatomía y Cirugía en la
Harvard Medical School (1783). Ha sido el séptimo presidente de la Sociedad
Médica de Massachusetts, en cuyo cargo siguió hasta el momento de su muerte
(1804-15). Ha realizado la amputación de la articulación del hombro en 1781[319] y la escisión de la parótida en 1804[320]. Su hijo, John Collins Warren (1778-1856), de Boston, era discípulo de
Astley Cooper y de Dupuytren y sucedió a su padre en la cátedra en 1815 - Ha
sido muy hábil en la resección de huesos y de articulaciones, efectuando la del
hiodes en 1804 y la de la articulación del codo en 1834; ha ideado la operación
de la estafilorrafia para la fisura del paladar blando en 1828[321] y ha sido el primero de su región en operar la hernia
estrangulada. Ha sido el fundador del Hospital general de Massachusetts (1811)
y del Warren Museum, y en la práctica ha introducido la anestesia quirúrgica
por el éter (1847). Su principal obra es sus Surgical Observations on
Tumor s (1837).
Natham Smith (1762-1829), de Rehoboth
(Massachusetts), médico graduado en Harvard (1790), habiendo estudiado además
en las escuelas escocesas e inglesas, comenzando a practicar en Cornish, N. H.,
y llegando a ser, en 1798, profesor en el Darmouth College, desempeñando, como
dice O. W. Holmes; no una cátedra, «sino una serie de cátedras», a saber:
Anatomía, Cirugía, Química y Práctica.
Por espacio de catorce años había estado trabajando
Smith en la formación de la Darmouth School, cuando, en 1821, se le pidió que
fuese a establecer el departamento médico de Yale, con la misma multiplicidad
de deberes. Una vez cumplido esto, venciendo múltiples obstáculos, tuvo que
realizar una función análoga para el Bowdoin College (1820), y más tarde, para
la Universidad de Vermont. Ha sido más bien un gran organizador y un maestro
que un escritor de Medicina; pero su estudio de la fiebre tifoidea (1824) y sus
observaciones acerca de la necrosis (1827) son dignas de recordarse siempre.
Hábil y afortunado operador, especialmente en la fitotomía, ha llevado a cabo
la segunda ovariotomía en los Estados Unidos (25 de julio de 1821), la
amputación de la articulación de la rodilla (1825) y ha hecho la primera
estafilorrafia.
Wright Post (1766-1822), de Long Island (New York),
ha sido el primero en América que ha ligado, con éxito, la arteria femoral (por
un aneurisma de la poplítea), siguiendo el método de John Hunter (1796)[322], y el segundo en ligar la ilíaca externa, también con éxito (1814)[323], habiendo sido precedido por Dorsey en 1811[324]. Post ha sido igualmente el primer cirujano que ha ligado con éxito la
carótida primitiva en su continuidad (1813)[325], una operación que ha vuelto a repetir con fortuna en 1816[326], ligando asimismo, y con fortuna, la subclavia por fuera de los
escalenos en 1817[327].
Valentine Mott (1785-1865)
Valentine Mott (1785-1865), de Long Island, ha sido
discípulo de Astley Cooper y, como su maestro, un gran cultivador de la cirugía
vascular. La arteria innonimada fue ligada por vez primera en la historia de la
Cirugía por Mott en 1818[328], siendo la primera operación afortunada la de Smith, de Nueva Orleans,
en 1864. En favor de la fama de Mott hay que señalar la notable serie de
afortunadas ligaduras de la arteria ilíaca primitiva en su origen (1827)[329];. de la carótida, para un aneurisma de la subclavia (1829)[330]; de la carótida, para un aneurisma anastomósico en un niño de tres
meses (1829)[331]; de la ilíaca externa, para un aneurisma de la femoral (1831); de la
subclavia derecha, por dentro de los escalenos (1833)[332]; de ambas carótidas simultáneamente (1833)[333] y la ilíaca interna derecha (1837)[334]. «Prescindiendo de la arteria innominada—dice Billings —, Mott ha
ligado la subclavia ocho veces; la carótida primitiva, 51 veces; la carótida,
dos veces; la ilíaca primitiva, una vez; la ilíaca externa, seis veces; la
ilíaca interna, dos veces; la femoral, 57 veces, y la poplítea, 10 veces. En
total, 138 ligaduras de los grandes vasos, por aneurismas. » Mott era, además,
un audaz y afortunado operador de los huesos y de las articulaciones. Ha
resecado el lado derecho del maxilar inferior» después de haber ligado la
carótida, en 1821[335]; ha amputado, con éxito, la articulación de la cadera en 1824[336]; escindido la clavícula izquierda por osteosarcoma, en 1828[337], y extirpado un gran tumor de las fosas nasales, dividiendo los huesos
nasales y maxilares (1841)[338].
En relación con la labor de Post y de Mott hay que
mencionar ahora algunas otras antiguas operaciones efectuadas por los cirujanos
americanos en este campo. La arteria carótida primitiva ha sido ligada, con
éxito, por hemorragia primaria, por Masón Fitch Cogswell (1761-1830), de
Connecticut, en 1803[339], y por hemorragia secundaria, por Amos Twitchell
(1781-1850), de New-Hampshire, en 1807[340], ocho meses antes que el caso de sir Astley
Cooper. Ambas carótidas primitivas han sido ligadas, con éxito en la
continuidad, con menos de un mes de intervalo, por Georg Macgill, de Maryland,
en 1823[341], siendo seguido por Reuben D. Mussey, en 1827, y
Mott, en 1833. Las carótidas primitiva e interna han sido ligadas
simultáneamente por primera vez por Gurdon Buck (1807-77), de la ciudad de New
York en 1848[342]; y John Murray Carnochan (1817-87), de Savannah
(Georgia) ha ligado, por elefantiasis, las carótidas en ambos lados, en 1867[343]. Carnochan ha sido el primero también que ha
extirpado, por una neuralgia facial, el nervio maxilar superior (incluyendo el
ganglio de Meckel) en 1858[344]. John Kearny Rodgers (1793 a 1851), de la ciudad
de New York, discípulo de Wright Post, ha sido el primero en ligar, por
aneurisma, la arteria subclavia izquierda por dentro de los escalenos (1845)[345], pero con fatal resultado; el primer caso
afortunado ha sido el del profesor W. S. Halsted, de Johns Hopkins, en 1892[346]. William Gibson (1788-1868), de Baltimore
(Maryland), ha sido el primer cirujano americano que ha ligado la arteria
ilíaca primitiva (1812)[347]. En el laño anterior, John Sing Dorsey
(1783-1818), ha ligado, con éxito, la ilíaca externa[348], siendo seguido por Post (1814), Horacio Gates
Jameson (1821)[349] y Edward Peace (1841)[350]. La ilíaca interna ha sido ligada, con éxito, por
S. Pomeroy White en 1827[351]; la femoral, por Henry M. Onderdonk 11813)[352], David L. Rogers (1824) y Carnochan (1851); la
arteria glútea, por John B. Davidge, de Baltimore, y George McClellan, de
Filadelfia; la aorta, por primera vez después de sir Astley Cooper, por Hunter
McGuire, en 1868[353]. Añadiremos que Gurdon Buck (1807-77), de New
York, ha ligado, con éxito, las femorales profunda y externa y la arteria
ilíaca primitiva, en un caso de aneurisma de la femoral, en 1858[354]; Willard Parker (1800-84), de Francistown (New
York), ha ligado la subclavia izquierda por dentro de los escalenos, juntamente
con la carótida primitiva y las arterias vertebrales, en un caso de aneurisma
de la subclavia, en 1864[355] [el enfermo murió cuarenta y dos días después
de la operación], y Andrew Woods Smyth (1833), de Nueva Orleans, ligó por
primera vez, con éxito, la arteria innominada, juntamente con la carótida
primitiva, y subsiguientemente la arteria vertebral derecha, en un caso de
aneurisma de la subclavia, en 1864[356], presentando su enfermo vivo en 1869; la pieza
anatómica se encuentra actualmente en el Museo de Sanidad Militar de los
Estados Unidos.
De las antiguas operaciones en los huesos y en las
articulaciones mencionaremos la primera amputación, en los Estados Unidos, de
la articulación de la cadera, por Walter Brashear (1776-1860), de Maryland, en
1806[357]; la escisión parcial, y con éxito, del maxilar
inferior, por William Herjry Deadrick (1773-1858), de Winchester, Va., en 1810[358]; el primer éxito de resección de la clavícula ha
sido el de Charles McCreay (1785-1826), de Kentucky, en 1813[359]; la escisión del maxilar superior, por Horado
Gates Jameson (1788-1855), de York, Pa., en 1820[360]; la afortunada amputación en la articulación del
codo, por James Mann, del ejército de los Estados Unidos, en 1821[361]; una escisión de la quinta y sexta costillas, con
una porción del pulmón gangrenado, por Milton Antony (1789-1839), de Georgia
(1821)[362]; la escisión casi total de ambos maxilares
superiores, por David L Rogers, de New York, en 1824[363]; la amputación de la articulación de la rodilla,
por Nathan Smith (1762-1829), de Massachusetts, en 1824[364]; la osteotomía por anquilosis de la articulación
de la cadera, por John Rhea Barton (1794-1871), de Lancaster, Pa., en 1826[365]; el alambrado, con éxito, de una fractura no
consolidada del húmero, en 1827[366], por J. K. Rodgers (1793-1851), de la ciudad de
New York; la escisión del cóxix, por Josiah Clark Nott (1804-73), de Columbia,
S. C., en 1832[367]; la escisión de la articulación del codo, por John
Collins Warren (1778-1856), de Massachusetts, en 1834[368]; la amputación torácico-interescapular, por Dixi
Crosby (1801-73), de New-Hampshire en 1831-37[369]; en dos tiempos, por Reuben Dimond Mussey
(1818-82), de New-Hampshire, en 1831-37[370]; la escisión del proceso olecraniano, por Gardon
Buck (1807-77), de la ciudad de New York, en 1842[371]; la operación de Fergusson para la hendidura del
paladar duro y blando, por Jonathan Masón Warren (1811-67), de Boston, en 1842[372]; la amputación, por S. D. Gross, de la
articulación tibio-tarsiana, en 1851[373]; la escisión, por Bigelow, de la articulación de
la cadera, en 1852[374]; la del cubito (1853)[375]; la del radio (1854)[376]; la del calcáneo (1857)[377], por John Murray Carnochan (1817-87), de Savannah,
Ga., y la resección de Sayre de la cadera por anquilosis (1855)[378]. En 1836 Paul Fitzsimmons Eve (1806-77), de
Georgia, extirpó un gran pólipo fibroso de la base del cráneo[379], y en 1850, William Detmold (1808-94) abrió el
seno lateral de la duramadre por un absceso[380], el informe de cuya operación es tratado por
Virchow con desdeñoso escepticismo. Los tres casos de Carnochan de resección
del trigémino por neuralgia (1858)[381] han sido seguidos por el ingenioso y
afortunado método de Joseph Pancoast (1805-82), de New Jersey, en 1872[382], que ha sido también el primero en efectuar con
éxito una operación plástica para la extrofia de la vejiga en febrero de 1858[383]. Esta operación fue aplicada, con éxito, a la
vejiga femenina por Daniel Ayres, de Brooklyn (New York), en noviembre de 1858[384]. La cistotomía por inflamación y rotura de la
vejiga ha sido aplicada por vez primera en 1846-54[385], por Willard Parker (1800-1884), de Francistown
(New York), que ha sido también el primero, después de Hancock, de Londres
(1848), en operar la apendicitis (1864)[386] y que ha ligado cinco veces la arteria
subclavia. En fitotomía, Benjamín Winslow Dudley (1785-1870) era especialmente
afortunado, habiendo realizado la operación 225 veces, con escasísima
mortalidad. Además de Dudley, se dice que Physick había realizado más
fitotomías que ningún otro cirujano americano, y su extracción de más de un
millar de cálculos del jefe de Justicia Marshall constituye un famoso caso
antiguo. El riñón ha sido primeramente extirpado (antes que por Gustav Simón)
por Erastus Bradley Wolcott (1804-80), de Benton (New York), en 1861[387]. John Stongh Bobbs (1809-70), de Pennsylvania, y
descendiente de alemanes, ha sido el primero que ha efectuado la colecistotomía
por cálculos biliares (1868)[388], en cuya operación fue seguido por Marión Sims
(1878)[389]. Entre los procedimientos especiales inventados
por los cirujanos americanos de este período figura el de Natham Smith para
tratar las necrosis de los huesos por medio de la trepanación (1827)[390]; el tratamiento, con éxito, de los aneurismas por
medio de la compresión digital, aplicado por Jonathan Knight en 1847[391]; el método de reducir las luxaciones por medio de
manipulaciones, sin pesos ni poleas, introducido por William R. Reid, de
Rochester (New York), en su clásico trabajo de 1851-55[392], basándose en sus disecciones y experimentos; el
tratamiento de las fracturas del fémur, por Nathan Ryno Smith, por su vendaje
anterior (1860)[393] y por el aparato de pesos y poleas de Gurdon
Buck (extensión de Buck, 1861)[394].
La guerra civil en los Estados Unidos (1861-65)
produjo la notable Medical and Surgical History of the War of the Rebellion
(1870-88), por Joseph Janvier Woodward, Charles Smart, George A. Otis y David
L. Huntington, una espléndida colección de historias clínicas y de referencias
patológicas, embellecida con hermosas láminas, y, además, una obra que es única
en los anales de la medicina militar. Ha sido objeto de entusiastas elogios por
Virchow[395]. Otra importante obra quirúrgica que se ha
producido por la guerra es el estudio de las Gunsliot Wounds and Other Injuries
of Nerves (1864), por S. Weir Mitchell, George R. Morechouse y William W. Keen,
que habían actuado como cirujanos militares en el Turner’s Lane Hospital, de
Filadelfia. Este libro es el primer estudio completo de las neurosis
traumáticas, introduciendo el uso del masaje en estos casos, y ha sido el punto
de partida de la subsiguiente obra de Mitchell sobre neuritis ascendente, neurastenia
traumática y fenómenos psíquicos que aparecen en aquellos que han sufrido una
amputación[396].
La única amputación, con éxito, en la articulación
de la cadera, durante la guerra civil, fue efectuada en un caso de herida por
arma de fuego[397].
La primitiva historia de la introducción de la
anestesia por el éter en América ha sido objeto de acaloradas controversias;
pero los principales hechos pueden resumirse brevemente del modo siguiente: El
uso de las drogas soporíferas de Dioscórides y de la esponja de los
salernitanos era desconocido de Ambrosio Paré, y murió en el siglo XVII; pero
era algunas veces costumbre entre los cirujanos de los primeros tiempos del
siglo XIX el intoxicar a los enfermos con alcohol u opio en aquellos casos que
exigían una completa resolución muscular, como la reducción de luxaciones, la
ligadura de grandes arterias y la operación de la hernia. El hipnotismo se ha
empleado igualmente, y hasta la sugestión, de la cual recomienda Dupuytren usar
provocando un conveniente desmayo por medio de alguna brutal observación. En
marzo de 1842, el doctor Crawford Williamson Long (1815-78), de Danielsville,
Ga., graduado en la Universidad de Pensilvania (1839), habiendo notado
previamente algunos efectos anestésicos accidentales del éter, extirpó un
pequeño tumor quístico de la parte posterior del cuello a un enfermo por medio
de la acción de aquél, y subsiguientemente le empleó también en otros casos
(1842-43) que han sido ampliamente certificados y testimoniados por los médicos
residentes en la localidad[398]. Pero Long no ha publicado ningún informe acerca de sus resultados y,
como Welch ha dicho admirablemente: «No podemos asignarle a él ninguna
influencia en el desarrollo histórico de nuestros conocimientos acerca de la
anestesia quirúrgica, ni ninguna acción, en general, en su difusión por el
mundo. » Long no contó con nadie que cogiera su obra y la difundiera, como hizo
Lizars con McDowel. En 1800, sir Humphry Davy (1788-1829), de Penzanze
(Inglaterra), experimentó en sí mismo con el óxido nitroso y afirmó «que
probablemente se le podría usar con ventaja en aquellas operaciones quirúrgicas
en que no fuera necesario derramar mucha sangre». En 1844, Horace Wells
(1815-48), un dentista de Plartford (Connecticut), comenzó a usar el óxido de
nitrógeno en odontología, comunicando los resultados obtenidos a su amigo y
anteriormente compañero William Thomas Green Morton (1819-68), de Charlton
(Massachusetts); pero un caso desgraciado hizo que Wells se retirase de la
práctica, y fue muy probablemente causa, por lo menos parcialmente, de su
prematura muerte. Morton estaba entretanto estudiando Medicina, teniendo como
preceptor al doctor Charles T. Jackson, un hábil químico que le expuso los
efectos anestésicos del éter clorhídrico, con el cual procedió a realizar el empaste
de un diente en julio de 1844. Habiéndose interesado en estos estudios, Morton
llevó más adelante sus investigaciones, aprendiendo posteriormente del mismo
Jackson que el éter sulfúrico era también un anestésico, por lo cual él lo
aplicó también, efectuando con su anestesia la extracción de un bicúspide de
dos raíces en uno de sus enfermos. Morton visitó entonces al doctor John
Collins Warren, del Hospital general de Massachusetts, y le animó a ensayar el
nuevo anestésico en alguna operación quirúrgica, sin decirle, sin embargo, el
nombre de la droga. La operación fue realizada en el hospital el 16 de octubre
de 1846, en un caso de «un tumor vascular congénito, pero superficial, situado
justamente por debajo del maxilar, en el lado izquierdo del cuello». El tumor
fue extirpado por Warren en cinco minutos, y el enfermo, al recobrar la
conciencia, exclamó: «Caballeros, esto no es una patraña. » El día siguiente,
un gran lipoma del hombro fue extirpado por Hayward, teniendo a Morton como
anestesiador, y también con éxito. El 18 de noviembre de 1846 se anunciaba el
descubrimiento al publico en un artículo de Henry J. Bigelow, publicado en
el Boston medical and Surgical Journal[399] fue grandemente debido a la reputación y al elevado carácter de
hombres como Warren y Bigelow el que la anestesia por el éter se difundiese por
todo el mundo y llegase a constituir una parte permanente de la cirugía
operatoria; pero Morton trató de patentar la droga como «letheon» (1846)[400], peleó con Jackson a propósito de sus respectivos derechos legales, y
no anunció que aquélla era éter sulfúrico hasta 1847[401]. Entretanto, Robert Liston había amputado un muslo con la anestesia por
el éter en diciembre de 1846; Syme había llevado el procedimiento a Edimburgo
(1847), y Pirogoff había escrito un pequeño manual de eterización (1847) basado
en su propia experiencia durante la guerra de Crimea. Los términos «anestesia»
y «anestésico» han sido propuestos por Oliver Wendell Holmes. El 19 de enero de
1847, sir James Young Simpson (1811-70), profesor de Obstetricia en Edimburgo,
empleó el éter por primera vez en la Gran Bretaña en la práctica tocológica;
pero el 4 de noviembre de 1847 lo reemplazó por el cloroformo, descubierto por
Liebig, Guthrie y Soubeiran, y fue de tal modo impresionado por sus ventajas
sobre el éter en la labor obstétrica, que una semana más tarde publicó los
resultados obtenidos[402]. Los efectos de estos descubrimientos en Medicina y Cirugía han sido
notables en múltiples sentidos. En primer término, el cirujano, que en los
tiempos preanestésicos tenía que lanzarse a operar con la rapidez del rayo, y
luchando con las desventajas que suponían la fuerza y los sufrimientos de los
enfermos, podía en la actualidad disponer del tiempo, y, por consiguiente,
llevar a cabo nuevas operaciones, completamente imposibles en las antiguas
condiciones[403]. Los tiempos de las milagrosas hazañas habían pasado, y las
prestidigitaciones de un Cheselden, un Langenbeck, un Fergusson o un Pirogoff
iban a ser reemplazadas por los procedimientos deliberados y tranquilamente
decididos. Además, unas cuantas gotas de cloroformo hacían incapaz a la mujer
de parto de apreciar los crueles dolores de aquél, con gran facilidad y
seguridad, y el tocólogo podía proceder a su asistencia con las mismas ventajas
que acabamos de encontrar en el cirujano. Para unos y otros, cirujanos y
tocólogos, y para su rama intermedia, los ginecólogos, era una necesidad, al
paso que para los trabajadores en los laboratorios de Fisiología y de otras
ramas de la medicina experimental podía evitar los remordimientos a propósito
de los sufrimientos experimentados por los animales viviseccionados. En este
campo, la anestesia era, según la memorable frase de Weir Mitchell, la «muerte
del dolor».
La ginecología operatoria, que no había tenido
ninguna existencia especial antes del comienzo del siglo XIX, es, en gran
parte, la creación de un número de cirujanos de los Estados Unidos del Sur, y,
como se ha insinuado, tiene su origen en el intento de corregir los errores y
las omisiones del campo de la Obstetricia. En el siglo XVIII encontramos a
William Baynham (1749-1814), de Virginia, operando dos veces, con éxito, en
casos de embarazo extrauterino (1790-99)[404] y en la primera parte del siglo XIX, a John King (1819-93), de
Edisto Island (Carolina del Sur), que llevó a cabo una notable operación en un
embarazo abdominal en 1816[405], salvando la vida a la madre y al hijo, seccionando las pare des de la
vagina y aplicando el fórceps, ejerciendo compresión desde fuera sobre el feto,
a través de las paredes del abdomen. Después expuso sus observaciones en un
delgado volumen de 176 páginas, publicado en Norwich (Inglaterra), en 1818, y
titulado An Analysis of the Subject of Extra-uterine Foetation and of
the Retroversión of the Gravid Uterus, que es el primer libro dedicado al
asunto. Los fundadores de la ginecología operatoria son McDowell y Sims.
Ephraim McDowell (1771-1830)
Ephraim McDowell (1771-1830), de Virginia, era un
discípulo de John Bell, de Edimburgo, en 1793-94, y a consecuencia de la
elocuente enseñanza de Bell se vio desde un principio impresionado con el
triste y desesperado destino de las mujeres afectas de enfermedades del ovario.
En 1795 se estableció en Danville (Kentucky), uno de los puestos avanzados de
la civilización, y muy pronto se dio a conocer como hábil y afortunado
cirujano, especialmente en la litotomía, que efectuó sucesivamente 22 veces sin
perder un solo enfermo. En diciembre de 1809 llevó a cabo su primer ovariotomía
en Mrs. Crawford, una mujer de cuarenta y siete años, que vivió, después de
operada, hasta los setenta y ocho. McDowell refirió su caso con otros dos más
en abril de 1817[406], siguiendo éstos con una referencia de otros dos en 1819[407]. Llevó a cabo la operación 13 veces en su vida, con ocho
restablecimientos. Aunque haya sido precedido por el castrador de cerdos Weyer,
del siglo XVI, y por la operación parcial (punción del quiste), por Houstoum,
de Edimburgo, en 1701, sin embargo, una golondrina no hace un verano, y la
ovariotomía no ha tenido existencia en la práctica quirúrgica hasta que
McDowell ha publicado los resultados obtenidos, estableciéndola sobre una firme
base. McDowell ha enviado una copia manuscrita de su primera publicación a su
antiguo maestro, John Bell, cuando éste había ido a terminar su vida en Italia,
sin que llegara a leerla. Llegó este trabajo, no obstante, a las manos del
discípulo de Bell, John Lizars (1787 a 1860), de Edimburgo, que tomó un gran
interés por la obra de McDowell, publicando los resultados de la misma en
sus Observations of Extraction of Diseased Ovaria (1825), la
segunda importante contribución sobre el asunto. Entretanto, el doctor Natham
Smith había llevado a cabo la ovariotomía en Norwich (Vermont), en julio de
1821[408], ignorando todavía la obra de McDowell, que estaba destinada a recibir
la mayor impulsión de las manos de los hermanos John L. y Washington L. Atlee,
de Pensilvania, el primero de los cuales ha llevado a cabo la operación 78
veces, con 64 curaciones (1843-83), y el segundo, 387 veces (1844-78). La
ovariotomía fue firmemente establecida en la cirugía inglesa por la admirable
labor de Charles Clay (1801-93), de Manchester, y por sir Spencer Wells
(1818-97), de Londres. Benedik Stilling practicó una ovariotomía por vía
extraperitoneal en 1837. La introducción de la ovariotomía en Francia es debida
a Auguste Nélaton, a Jules Péan (1830-98), que practicó la primera operación
afortunada en París (1864), y al cirujano alsaciano Eugéne Koeberlé
(1828-1915), que realizó sus primeras ovariotomías en 2 de junio y 29 de
septiembre de 1862[409].
Antes de la época de Sims, alguna importante labor,
de carácter aislado, había sido realizada en Europa y en América, como los ocho
notables casos de Osiander de amputación del cuello de la matriz por cáncer
(1801-08)[410]; la histerectomía vaginal, por cáncer, efectuada por Langenbeck (1813)[411], que fue seguida de los casos de J. N. Sauter (1822) y de J. -C. A.
Recamier (1829); el caso de Ritgen, de gastro-elytrotomía (1821)[412]; la operación de Roux para la rotura del periné (1834)[413]; la Memoria de William Campbell, sobre la gestación extra-uterina
(1840); la invención, por Recamier, del speculum plein et brisé (1842)[414]; la invención, simultáneamente, de una sonda uterina especial, en 1843,
por Huguier, de París; Kiwisch, de Praga, y sir James Young Simpson (1811-70)[415], de Edimburgo; el tratado de Bennet, sobre la inflamación del útero
(1845); el de C. D. Meigs, sobre enfermedades de la mujer (1849); el de Tilt,
sobre la inflamación del ovario (1850); la descripción, por Nélaton, del
hematocele pelviano (1851-52)[416]; la operación de la epicistotomía, de Noeggerath (1853)[417], y la operación plástica, de Daniel Ayres, para la extrofia de la
vejiga femenina (1859)[418]. En 1836, Michaélis, de Kiel, refiere el notable caso de Frau Adametz,
en el que se habían efectuado sucesivamente cuatro operaciones cesáreas,
teniendo la hecha últimamente por él tanto éxito como las anteriores[419], y en América llevaba a cabo John Lambert Richmond la primera operación
cesárea en Newtown (Ohio) en 22 de abril de 1827[420]; François Prevost (1764-1842), de Donaldsonville (Louisiana), realiza
la operación cuatro veces antes de 1832[421], con tres casos de éxito; y William Gibson, de Baltimore, verifica dos
veces, con éxito, la operación cesárea en una misma enferma (1835-38)[422], que vivió todavía cincuenta años después de la primera intervención.
Miomectomía por tumores fibrosos ha sido hecha dos veces, felizmente, por
Washington L. Atlee, en 1844[423] y por Walter Burnham, de Lowell (Massachusetts), en 1853[424], y en este mismo año (1853)[425], Gilman Kimball (1804-92), de Lowell (Massachusetts), fue el primero en
realizar esta operación con una intención deliberada. Eugéne Koeberlé, el
defensor de la histerectomía y del morcellement de los
tumores, ha escindido el útero por un fibroma uterino el 14 de marzo y el 20 de
abril de 1863, ha amputado el útero y los anexos por tumor en 1869, y ha
llevado a cabo su primer miomectomía en 1878. Ha tenido muchas discusiones con
Jules Péan, por la prioridad en el invento de las pinzas hemostáticas («pinzas
de Péan»). Antes de la época de Sims y de Koeberlé se habían intentado, acá y
allá, operaciones sobre el útero; pero los diferentes métodos operatorios
habían caído en descrédito por la muerte de la enferma (exitus
lethalis).
Antes del año 1852, el obstáculo en que tropezaban
todos los ginecólogos era el tratamiento de la fístula vésico-vaginal. Muchos
cirujanos, desde la época de Paré, han intentado operar en estas condiciones,
con no mejor resultado que proporcionar a las desgraciadas enfermas una nueva
suma de inconvenientes y de dolores. Roonhuyze (1672) y Fatio (1752) han dejado
admirables resúmenes de sus métodos operatorios, pero no una referencia de los
casos afortunados. Dieffenbach ha hecho también un clásico estudio de este
desdichado estado de la mujer, al cual había aplicado en vano todos los
admirables recursos de su arte (1845). Jobert de Lambalie ha dedicado un
tratado entero al estudio de las fístulas femeninas (1852)[426]; pero su autoplástica operación par glissement sólo ha
tenido como resultado repetidos fracasos y la muerte de muchas de sus enfermas.
Seis afortunadas operaciones de esta índole han sido referidas en América por
John Petter Mettauer (1787-1875), de Virginia[427] [1838-47]; otras, por George Hayward (1791-1863), de Boston, en
1839[428]; por Joseph Pancoast, de Filadelfia, en 1847[429]. Y en Francia, por Maisonneuve (1848)[430]. El asunto ha cambiado por completo, como dice Kelly, «como con una
varita mágica», con James Marión Sims (1813-83), de Carolina del Sur. Después
de haberse graduado en el Jefferson Medical College, de Filadelfia (1835), Sims
se estableció en Alabama, donde muy pronto se hizo conocer como cirujano hábil
y original, operando, con éxito, abscesos del hígado en 1835, y extirpando, con
éxito también, ambos maxilares, superior e inferior, en 1837. En 1845 fue
llamado a visitar a una mujer de la región que había sufrido un desplazamiento
del útero por una caída de un caballo. Al hacer una exploración digital para
corregir el desplazamiento, lo consiguió en la peculiar posición lateral
(posición de Sims), y esto le condujo a la invención de un speculum especia]
en pico de pato, que había de convertirse bien pronto en un factor esencial de
sus éxitos en la operación de la fístula vésico-vaginal. Con la posición y
el speculum de Sims se conseguía ver la región, «lo que no se
había conseguido hasta entonces»; añadió además una sutura especial con hilo de
seda, para evitar la sepsis, y un catéter, para procurar el. vaciamiento de la
vejiga mientras durase el tratamiento de la fístula.
James Marion Sims (1813-83)
Con estos cuatro coeficientes, Sims perfeccionó la
operación para reparar esta afección, incurable hasta entonces, y publicó su
estudio en 1852[431]. Produjo una gran impresión, y en 1854[432] fue seguido de una monografía de Gustav Simón indicando un método
de unir los bordes de la fístula por medio de una doble sutura. Sims se
trasladó a New York en 1853, y en 1855 estableció el State Hospital for Women
(Hospital Ginecológico Oficial), que pronto se convirtió en el centro de la
mejor labor ginecológica de su tiempo. Visitando Europa, en 1861, Sims llevó a
cabo su operación con gran brillantez ante Nélaton, Velpeau, Larrey y otros
maestros de la Cirugía, y pronto fue requerido de todos los puntos de Europa
como un operador para las afecciones propias del sexo femenino. Sus Notas
clínicas de cirugía del útero (Clinical Notes on Uterine Surgery) (1866)
fueron traducidas al alemán, y Robert Olshausen y August Martín han dado
testimonio de la alta estimación que ha disfrutado Sims entre los alemanes[433]. Entre otras importantes contribuciones de Sims figuran sus métodos de
amputar el cuello del útero (1861)[434], la descripción del síndrome «vaginismo» (1861)[435], su operación de colecistotomía (1878)[436] y su notable estudio acerca de la «cuidadosa invasión de la
cavidad del peritoneo para combatir la hemorragia, suturar las heridas
intestinales, limpieza de la cavidad peritoneal y para todas las restantes
condiciones intraperitoneales» (1881)[437]. Sims era un hombre de buen carácter, pero impulsivo, y uno de los más
originales e inspirados cirujanos americanos. En el Bryant Park, de la ciudad
de New York, se le ha erigido, por sus admiradores europeos y americanos, una
estatua en 1894.
En el Hospital Ginecológico de New York, Sims
estaba ayudado por Thomas Addis Emmet (1828), natural de Virginia, que con su
enseñanza llegó a ser un gran maestro en la cirugía plástica del peritoneo, la
vagina, el cuello del útero y la vejiga urinaria. Como dice Kelly, él «tomó de
una vez las ideas de Sims, adquirió sus métodos y los perfeccionó, e hizo más
que ningún otro cirujano para enseñar a sus compañeros de profesión en su
región cómo debían hacerse todas estas operaciones. » Los principales trabajos
de Emmet son sus estudios acerca del tratamiento de la dismenorrea y de la
esterilidad, que resultan de la anteflexión del útero (1865)[438]; sobre el tratamiento quirúrgico de las rasgaduras del cuello uterino
(1869 74)[439], su monografía acerca de la fístula vésico-vaginal y rectovaginal
(1868)[440], y sus escritos sobre cistotomía vaginal (1872)[441] y sobre cirugía plástica del peritoneo (1882)[442].
La obra de Sims fue difundida y extendida por
Natham Bozeman (1825-1905), de Alabama, que llevó a cabo múltiples afortunadas
operaciones de fístulas vesicales y fecales en el sexo femenino, poniendo una
especial atención en la complicación de pielitis, que trataba cateterizando el
uréter a través de una abertura vésico-vaginal (1887-88)[443].
En el grupo de los ginecólogos del Sur deben ser
incluidos Prevost, de Donaldsonville (Louisiana), y William Gibson, de
Maryland, ambos trabajando en la operación cesárea, y Josiah Clark Nott
(1804-73), de Carolina del Sur, que en 1844 ha descrito el síndrome que fue
designado por sir James Y. Simpson, en 1861, de coccygodynia[444]. Nott fue, además, el primero en sugerir la «teoría de los mosquitos»
en relación con el modo de transmitirse la fiebre amarilla (1848)[445], y ha escrito numerosas obras de etnología.
Theodore Gaillard Thomas (1831-1903), de Edisto
Island (Carolina del Sur), practicó, como Marión Sims, en New York. En 1868 ha
publicado un tratado de las enfermedades de las mujeres que se considera como
el mejor de los que hasta entonces habían aparecido[446], siendo traducido al francés, alemán, español, italiano y chino. En
1870, Thomas resucitó la operación de Ritgen de gastro-elytrotomía para
substituir a la operación cesárea[447], y en el mismo año fue el primero en llevar a cabo la ovariotomía
vaginal[448].
Robert Battey (1828-95), de Augusta (Georgia),
graduado en el Jefferson Medical College, de Filadelfia, fue el primero en
indicar la operación de la odphorectomía, o escisión de los
apéndices uterinos, para aquellas condiciones, no ováricas, de menstruación
dolorosa y de neurosis. Esta operación fue primeramente realizada por él en 17
de agosto de 1872[449]. La «operación de Battey» ha sido posteriormente aplicada por E. H.
Trenholme (1876)[450] en el tratamiento de los miomas uterinos, y en otros estados
pélvicos, por Hegar, en Alemania, y Lawson Tait, en Inglaterra, y más
recientemente ha adquirido una definitiva significación fisiológica, en
relación con la labor moderna de la correlación química de las secreciones
internas.
El progreso de la medicina científica en la segunda
mitad del siglo XIX está caracterizado por la aparición de nuevos puntos de
vista biológicos o evolucionarlos en la morfología y en la fisiología, de los
cuales han procedido los conocimientos científicos de la patología celular, de
la bacteriología y de la parasitología, y los nuevos modos de considerar la
enfermedad y sus causas, que han constituido el germen de nuevos métodos de
tratamiento por medio de los sueros y de las vacunas. Los descubrimientos de
Pasteur produjeron inmediatamente la cirugía listeriana o antiséptica, con sus
notables aplicaciones en aquellas regiones, como la cavidad abdominal, el
cerebro, las articulaciones, el tórax y los órganos especiales de los sentidos,
y su gran extensión en la ginecología operatoria. A su debido tiempo
aparecieron grandes perfeccionamientos en la educación médica, en la higiene
pública y en la medicina militar, y fueron después auxiliados por el crecido
aumento en el número y en la calidad de los periódicos científicos y por el
progreso en los rápidos medios de comunicación nacional e internacional por
medio de los ferrocarriles, barcos de vapor, telégrafos y cables. Por todas
estas razones, las diferentes especialidades, como oftalmología, otología,
laringología, ortopedia, odontología y veterinaria llegaron a ser algo más que
meros nombres.
Charles Robert Darwin (1809-82)
El inmenso progreso de la biología general en
nuestra época se debe principalmente a las teorías evolucionistas de Charles
Robert Darwin (1809-82), de Shrewsbury (Inglaterra), un graduado de Cambridge,
cuya inclinación hacia la Historia Natural se señalaba ya por su inclinación en
la infancia a la Botánica, y más tarde por sus cinco años de viajes por el mar
en la H. M. S. Beagle (1831-36), la experiencia de los cuales le transformó en
un experto geólogo y zoólogo. Aunque invalidándose para el resto de su vida,
Darwin trabajó por espacio de veinte años antes de publicar su gran obra Sobre
el origen de las especies por medio de la selección natural (1859)»
que es tal vez el ejemplo más admirable de síntesis en la historia de la
Ciencia. Su teoría había sido expuesta independientemente por Alfred Russel
Wallace (1822-1913) en 1858, aunque la prioridad de los datos de Darwin se
remonta hasta 1838. Tanto Darwin como Wallace deben mucho al Ensayo del
principio de población, publicado por el pastor inglés Thomas Robert
Malthus en 1798. La ordenada exposición por Darwin de un tan gran número de
hechos en demostración de la supervivencia de los adaptables por la selección
natural, en la lucha por la existencia, ha tenido la misma decisiva influencia
en la especulación biológica que los descubrimientos de Copérnico en la
Astronomía. Esto luchaba con el antiguo concepto de Linneo de la fijeza de las
especies, o sea que los animales y las plantas han sido creadas tal como las
encontramos actualmente, y con las abstracciones metafísicas espirituales a que
se acude para «explicar» por qué eso ha tenido que ser así. Creaba esto las
ciencias de la fisiología y la patología comparadas, señalando las positivas
relaciones estructurales y funcionales entre los tejidos de los animales y los
de las plantas. Y a pesar de que la idea de evolución era ya conocida por los
griegos, y había sido más o menos definitivamente bosquejada por Bacon, Buffon,
Erasmo, Darwin, Goethe, Lamarck, Lyell y Herbert Spencer, no ha llegado a
convertirse en el hecho saliente de la ciencia moderna hasta la labor de
Darwin. La aplicación de la idea de la continuidad del desarrollo en The
Descent of Man [1871] (El origen del hombre) ha dado
fin a la teoría antropocéntrica de que el universo había sido creado para el
hombre. Comenzó a percibirse que existe una sencilla y noble dignidad en la
historia de la dolorosa evolución desde las formas más inferiores de la vida,
del mismo modo que a comprender que la pintura hecha por Darwin de la lucha por
la existencia iluminaba, como no se había logrado hasta entonces, las
verdaderas causas de la miseria humana. El que hay lagunas y defectos en las
hipótesis de Darwin; el que no se ha dado él suficiente cuenta de aquellas
espontáneas variaciones accidentales o mutaciones, que, como han indicado
Mendel y De Vries, pueden también dar lugar a la formación de especies; el que
su teoría de la sexual selección no aparece defendida por los hechos; el que
muchos caracteres específicos en los animales y en las plantas no son verdaderos
valores supervivientes, todo ello está perfectamente puesto en claro en la
actualidad, Pero es preciso que no nos olvidemos de que el mismo Darwin ha
considerado la selección natural «como el más importante, pero no el medio
exclusivo de modificación», y que un carácter verdaderamente específico es un
valor superviviente solamente con relación al medio esencial del que lo posee y
no respecto de algunos accidentales enemigos. El estudio de Darwin de
La variación de los animales y de las plantas por la domesticación (The
Variation of Animáis and Plañís under Domestication) [1868] es en la
actualidad muy notable por su intento de explicar el mecanismo de la herencia
por «pangénesis», o sea por transporte degemmulas desde todas
partes del organismo al óvulo, para asegurar su reproducción, lo que vemos más
tarde reproducido en la teoría de los hormones, de Starling. Su gran monografía
acerca de La expresión de las emociones en el hombre y en los animales
(The Expression of the Emotions and Animals) [1873] se coloca al nivel
que la obra de su contemporáneo Duchenne de Boulogne (1862), y la teoría misma
de la evolución es el punto de partida de la psicología comparada. Las
investigaciones en Botánica y en Geología, las monografías de las plantas
trepadoras (1875), la fertilización cruzada y la auto-fertilización (1876), la
facultad del movimiento en las plantas (1880), la formación de la tierra
vegetal (1881), los arrecifes o bancos de coral (1875) y las islas volcánicas
(1844) deben ser también mencionadas. Mucho perjuicio ha sufrido la reputación
de Darwin entre las personas de espíritu estrecho por el intento del semi-loco
Nietzsche y de su escuela de llevar la idea de la «guerra a los débiles» a la
ética actual. Esto va contra la verdadera intención de la doctrina de Darwin,
que demuestra que la Naturaleza carece de piedad; pero no ha dicho nunca que el
hombre deba carecer también de ella. En contra de estos defectuosos intérpretes
puede ponerse la grave, tranquila y humanitaria figura del propio Darwin. Llevando
en la mente la magnífica sinceridad de su obra, su fama está bastante segura de
los ataques infundados.
La obra de Darwin ha sido popularizada y difundida
por los escritos filosóficos de Herbert Spencer (1820-1903), cuyos Principios
de Biología (1866-67), Principios de Psicología (1871) y Sociología descriptiva
(1873-81) son todos de elevado orden y de gran mérito; por Alfred Russel
Wallace, cuya Distribución geográfica de los animales (1876) es su mejor obra,
y por Huxley y Haeckel.
Thomas Henry Huxley (1825-95), de Ealing
(Inglaterra), era un médico graduado de la Universidad de Londres (1845), que
llegó a cirujano de la Armada Real. Lo mismo que en Darwin, sus aficiones a la
Biología fueron despertadas por sus cinco años de viajes marítimos en el H. M.
S. Rattlesnake (1846-50). Antes de estos experimentos había ya descubierto la
capa de células de la vaina de la raíz del pelo que lleva su nombre (1845)[451]. Y después de sus viajes ha hecho estudios muy importantes en zoología
marítima, en premio de los cuales fue nombrado miembro y recibió la medalla de
oro de la Royal Society (1851-52). Retirado de la Marina, fue profesor de
Historial Natural en la Real Escuela de Minas, e ideó el enseñar morfología por
medio de una serie de animales típicos, tomados como norma de sus especies
respectivas; idea que ha constituido el rasgo predominante de la Biología
elemental. Aplicó las doctrinas de la evolución a la paleontología en
sus extensos estudios sobre los fósiles de peces, cocodrilos y otros
vertebrados, y en su obra sobre los antepasados del caballo. Sus Croonian
Lectures sobre la teoría del cráneo de los vertebrados (1858)
destruyeron el concepto de Owen del arquetipo, en favor de un tipo morfológico,
un conjunto de rasgos comunes a todas sus clases, como una composición
fotográfica. En relación con esto deben ser mencionadas las importantes
lecturas de Huxley sobre craneología de los pájaros (1867). En 1861[452] demostró la inexactitud de otra afirmación de Owen relativa a la
supuesta proyección invertida de las cavidades del cerebro en el cuerno
posterior y en el hipocampo, como un carácter específico del hombre. Los
ensayos sobre anatomía comparada del hombre y de los monos superiores (1859-62)
y sobre la demostración del puesto del hombre en la Naturaleza (1863) revelan
al continuador de Darwin, de cuyas ideas ha sido, indudablemente, Huxley el más
capacitado intérprete moderno- En un enérgico lenguaje ha escrito diferentes
volúmenes de ensayos que figuran entre las más deliciosas de las modernas
contribuciones de la divulgación científica y sus obras didácticas de
fisiología (1866), que ha atravesado treinta ediciones, de anatomía de los
vertebrados y de los invertebrados (1871-77) y de fisiografía (1877) son, a
pesar de su tamaño reducido, verdaderas obras maestras en su género.
Huxley se definía a sí propio como una persona que
cuidaba más de la libertad del pensamiento que del mero avance de la ciencia, y
este es precisamente el interés de su personalidad.
Vigoroso y resuelto en la figura y en los ademanes,
era un hombre robusto y de varonil inteligencia, que arruinó su salud a fuerza
de dedicarse a trabajos sedentarios, siendo, lo mismo en su matrimonio, que en
su defensa del darwinismo, que en sus guerras napoleónicas sobre asuntos
teológicos, un romántico como Vesalio. Ningún otro hombre ha peleado más brava
y más lealmente en defensa de la verdad y de la honradez, en favor del derecho
de las gentes a pensar y a expresar su propio pensamiento.
Thomas Henry Huxley (1825-95)
Su convicción de que «no hay ningún alivio para los
males del género humano mas que la veracidad del pensar y del hacer, y el
afrontar resueltamente el mundo como él es, cuando el revestimiento de
creencias hechas por cuyas piadosas manos se han ocultado sus feos rasgos, se
haya desnudado», es la justificación final del darwinismo y da la clave de la
medicina social en lo futuro.
Ernst Hicckel (1834). (Sociedad fotográfica berlinesa.)
Ernst Haeckel (1834), de Jena, un gran morfólogo,
que llevó el darwinismo a Alemania cuando la oposición de Virchow hacía
necesario defenderle[453]. La obra principal de Haeckel es su Generelle Morphologie (1866),
en la cual los organismos y las formas de las estructuras orgánicas son
consideradas y clasificadas en relación con las homologías en serie de la
herencia y de la evolución. En 1868 apareció su Historia Natural de la
Creación; en 1874, la Antropogenia, un gran tratado de
Embriología humana, y en 1884, su monografía, de la hipótesis de la gastraea,
en la que consideraba la gástrula de dos capas como la forma ancestral de todos
los animales multicelulares. Esta era, de todas sus obras, la de carácter más
efectista, y el resultado de varios años de una pacienzuda observación. Entre
las obras populares de Haeckel se incluyen sus deliciosas cartas de un viaje
por las Indias Orientales y algunas obras menos profundas, como El
enigma del Universo. En esta última combina un férreo materialismo,
como el de los enciclopedistas franceses, con la idea de que las agrupaciones
moleculares tienen alma (Plastidul- Seelen), que ha sido
ridiculizada por Virchow. En los tiempos actuales, Haeckel, el sabio de Jena,
es altamente respetado por todos los hombres de ciencia, y considerado como uno
de los más grandes defensores de la libertad del pensamiento y de la ciencia.
Su Phyletic Museum en Jena es considerado como la más admirable colección de
ilustraciones seriadas de la evolución y del desarrollo del mundo.
El problema de la herencia ha sido considerado de
cuatro modos diferentes por Mendel, Hering, Galton y Weismann.
Gregor Mendel (1822-84), abad del monasterio de
agustinos de Brünn (Austria), ha descubierto las leyes matemáticas que rigen
los caracteres dominantes y regresivos en los híbridos (1866-67), cuya
aplicación pertenece ya al siglo XX.
Ewald Hering (1834), profesor de Sajonia, es el
autor de la teoría psico-física (1870) de que la facultad memoria, el poder
automático del protoplasma para volver a crear todo lo que ha existido antes,
es la propiedad distintiva de toda la materia viviente. La transmisión y la
reproducción de los caracteres de los antecesores se supone ser el resultado de
la inconsciente memoria del pasado del organismo, siendo su mecanismo, según el
modo de pensar de Hering, la persistencia de los movimientos ondulatorios de
las moléculas. Esta idea ha sido emitida también por Haeckel (Perigénesis de
los plastídulos) y por Samuel Butler (1835-1902), de Langar (Inglaterra), que
tradujo los estudios de Hering y aplicó su doctrina en sus discusiones contra
el darwinismo.
Sir Francis Galton (1822-1911), un primo de Darwin
que comenzó a estudiar experimentalmente la herencia en 1871. Sus observaciones
acerca de la herencia de la sangre inyectada en los conejos, de las manchas
tricolores en la piel de los galgos, de la estatura y de otros caracteres en la
especie humana, le llevaron a rechazar la teoría de Lamarck de la herencia de
los caracteres adquiridos, lo mismo que la de la pangénesis darwinista. En su
obra sobre la Herencia Natural (1889) llega, por inducción estadística, a la
ley de la regresión filial, que sostiene que la descendencia de progenitores
notables en estatura, talento, etc. retrocede hasta volver al término medio de
la especie; y además a la ley de la herencia ancestral, en virtud de la cual
cada progenitor contribuye en un cuarto [(1/2)2]
de la herencia total; cada uno de los cuatro abuelos, en dieciseisavo [(1/2)4];
cada uno de los ocho bisabuelos, en 1/128 = [(1/2)6]
de modo que, en general, los ascendientes en n grado contribuyen a la herencia
en [1/2)2n]. Este último teorema ha sido
confirmado con una precisión matemática por los métodos biométricos de Karl
Pearson. El trabajo de Galton sobre las impresiones digitales (1892) es la
primer contribución de importancia después de Purkinje. Él ha inventado la
teoría de la «eugénica» (una palabra Creada por él), ha fundado el Eugenics
Laboratory en Londres (1904) y, con Pearson y Weldon, el periódico Biometrika
(1901), que se dedica al estudio de los problemas biológicos y al adelanto de
los métodos estadísticos.
Una importante extensión de la teoría evolucionista
es la idea de la continuidad no interrumpida o de la inmortalidad del plasma
germinativo, que ha sido elaborada por August Weismann (1834-1914), de
Francfort a Mein, entre 1893 y 1904. La idea general de la continuidad de la
reproducción y del crecimiento por el linaje celular directo era ya inherente a
la doctrina celular de Virchow. Owen, en su trabajo sobre parthenogénesis
(1849), establecía una distinción entre las células del cuerpo y las células germinativas.
Haeckel acogió con entusiasmo la idea de la descendencia continua en su
Generelle Morphologie (1866). Jaeger inventó la frase de «la continuidad del
protoplasma germinativo», en 1878, y la capacidad del mismo para transmitir las
cualidades hereditarias se había ya claramente establecido por Nussbaum en
1875. Weismann insistió en la continuidad de la descendencia en los organismos
unicelulares, y trazando desde ésta la evolución gradual de los organismos
pluricelulares, estableció que el organismo complejo, hecho de células
corporales, es únicamente el vehículo de las células germinativas. El plasma
germinativo, una compleja estructura contenida en los núcleos de estas células
reproductoras, es el progenitor de las células germinativas en la generación
que va reproduciéndose, asegurando una relativa inmortalidad a las especies,
aun cuando los individuos mueran. La unión de los dos gérmenes «amphimixis» es
el principal agente de la evolución. Weismann sostiene que la variación es
producida por la selección sexual, y últimamente por una selección nutritiva
entre los componentes del plasma germinativo (selección germinativa). Cree que
el plasma germinativo en las células sexuales es el que se encuentra en los
cromosomas (idants) y predice la «división por reducción» (por una mitad) en la
maduración de las células sexuales y la ‘división por ecuación» o división
igual de los cromosomas. Su presunción de que los determinantes en los
cromosomas son dispuestos en un linaje en serie ha sido confirmada por T. H.
Morgan. Otra característica de la hipótesis de Weismann es su demostración
experimental de que los caracteres adquiridos no son transmitidos directamente
por la herencia. Esta aparente contradicción con la teoría de Lamarck ha dado
lugar a múltiples disensiones; pero la balanza experimental parece que se
inclina en favor de Weismann. En realidad, la hipótesis de Weissmann es de gran
significación social, supuesto que da como probable el que las facultades
morales no puedan ser transmitidas hereditariamente al niño, sino que pueden
ser adquiridas, en cada caso particular, por una intensa y precoz educación.
Otro fruto del pensamiento biológico y
evolucionario del siglo XIX es la Antropología, que ha sido construida por la
labor de hombres como Darwin, Huxley, Lyell, Spencer, Prichard y Tylor, en
Inglaterra; en Francia, por Broca, que inventó unos 27 instrumentos
craniométricos y cranioscópicos; en Alemania, por Virchow, que era un experto
craneólogo y que desarrolló todos los puntos de vista de la antropología en su
región; en Italia, por César Lombroso, que desenvolvió el estudio de la
criminología desde el punto de vista criminal y del aspecto patológico del
hombre de genio. Se han fundado sociedades antropológicas en París (por Broca)
en 1850, en Londres en 1863, en Madrid en 1865, en Berlín en 1868, en Viena en
1870, en Italia en 1871 y en Washington D. C. en 1879. La antropología física
se ha desenvuelto por las investigaciones craniológicas de Broca y de Virchow,
los tratados de Paul Topinard, los estudios de Ouatrefages sobre los fósiles,
sobre el hombre salvaje (1861) y los pigmeos (1887), las estadísticas de
Virchow sobre la antropología física de los alemanes (1876), el libro de
Lombroso sobre el hombre criminal (L'uomo delinquente, 1876), el método de
Alphonse Bertillon para identificar los criminales por medio de selectas
mensuraciones (Bertillonage, 1886) y el sencillo método de Francis Galton de
identificar los criminales por medio de las impresiones digitales (1892), que
sobrepujó al bertillonage en Inglaterra en 1900. Sociedades etnológicas han
sido fundadas en París (1839), Nueva York (1842) y Londres (1844), y los
principales monumentos de la ciencia son las monografías de Prichard (1813),
Pickering (1848), Knox (1850), Latham (1850-1859), Nott y Gliddon (1857), Waitz
(1859-72), Herbert Spencer (1873-81), Friedrich Müller (1873), Peschel (1873),
Ratzel (1885-88). Haddon (1894-1909), Achelis (1896) y Ripley (1900). En el
campo de la criminología étnica mencionaremos los álbumes de Morton de cráneos
egipcios y americanos (1839-44), el Crania ethnica de Quatrefages y Hamy
(1872-82), el estudio de Rütimeyer e His sobre los cráneos suizos (1864); los
álbumes de Retzius de cráneos suecos y finlandeses (1878-1900) y la Crania
ethnica americana de Virchow (1892). El asunto estaba estudiado con un singular
exceso de detalles en las polisilábicas subdivisiones de tipos raciales y de
cráneos, de Sergi, y en la Craniometría sistemática, de Aurel von Töröck
(1890), con sus 5.000 propuestas medidas para un solo cráneo. La psicología
étnica ha sido desarrollada por Andrew Lang (1884 a 1901), Adolf Bastian (1886-90),
Alfred Fouillée (1903), Wilhelm Wundt (1904) y en algunas monografías como la
de la expedición al estrecho de Torres (1898). Otras fases de los estudios
comparativos de etnología son los de Pitt-Rivers, sobre tecnología (1800-75);
los de Sir Henry Maine, sobre la Ley Antigua (1861); los de J. J. Bachofen,
sobre el matriarcado (Das Mutterrecht, 1861); de F. McLennan, sobre el
matrimonio primitivo (1865); de E. B. Tylor, sobre la cultura primitiva (1871);
de L. H. Morgan, sobre sistemas de consanguinidad (1871); de Herbert Spencer,
sobre Sociología descriptiva (1873-81); de William Black (1883) y Max Bartels
(1893), sobre folklore médico; de J. G. Frazer, sobre totemismo (1887),
totemismo y exogamia (1910) y The Golden Bough (1890-1913); de Westermack, sobre
el matrimonio humano (1891); de Alfred C. Gaddon, sobre la evolución en el arte
(1895); de Edwin Sydney Hartiand, sobre la paternidad primitiva (1910), y de W.
J. Thomas, acerca de los orígenes sociales (1909). Los hallazgos de huesos y de
instrumentos de piedra, por M. Boucher de Perthes, en Abbeville, de 1805 a
1847; los desenterramientos de hallazgos semejantes en las cuevas de
Devonshire; la exploración de los restos de las habitaciones lacustres en los
crannogs irlandeses, por sir Williams Wide (1839), y los de los suizos
Pfahlbauten, por Ferdinand Keller (1853-54) han determinado un extenso e
intenso estudio de estos objetos prehistóricos en todos los puntos del mundo.
Los resultados han sido sistematizados por la clásica obra Le Préhistorique (1883),
de Gabriel de Mortillet, y proseguidos por sir John Evans en Inglaterra,
Virchow en Alemania, Piette en Francia y Holmes en América. El descubrimiento
del cráneo prehistórico y de restos esqueléticos en Neanderthal, en 1856, que
Virchow consideró como patológico, Broca como normal y Huxley como humano, pero
semejante al mono, dio motivo a que este último hiciese su famoso señalamiento
del lugar del hombre en la Naturaleza como «más cercano de los monos superiores
que éstos lo están de los más inferiores» (1860). Los hallazgos craneales
posteriores en Spy (1886), Krapina (1889), Heidelberg (1907), Le Moustier
(1908), La Chapelle aux Saints (1909) y Sussex. (1912) y el descubrimiento de
Eugéne Dubois, en Java, de los dientes, calavera y fémur del Pithecanthropus
erectus (1891), que él ha considerado como una especie de «eslabón intermedio»
entre los monos antropoides y el hombre, sirvió para añadir combustible a la
controversia que había de establecerse en seguida respecto de la cuestión del
origen único o múltiple de la especie humana. En general, el hombre se
clasifica todavía en la actualidad, como le ha dejado Linneo en 1735, entre los
simiidae. La unidad de la especie humana ha sido sostenida por Linneo, Buffon,
Pichard, sir William Lawrence, Broca, los antropólogos ingleses y los
discípulos de Haeckel, al paso que la teoría múltiple o poligenista ha sido
ampliamente favorecida por los alemanes que han seguido la dirección, en algún
modo oficial, de Virchow. »
Después de la labor de maestros tales como Bichat,
Bell, Henle y Hyrtl hay muy poco que añadir en el campo de la anatomía humana
descriptiva, correspondiendo la mayoría de las investigaciones más modernas al
territorio de la Morfología y de la Histología.
Espléndidos atlas de anatomía gruesa o macroscópica
han sido publicados, entre ellos los de los Bell, Cloquet (1821-31), Werner
Spalteholz (1904) y Carl Toldt (1896-1900); el atlas de las secciones del
corazón, de sir William McEwen (1893), y el del cerebro de Carl Wernicke
(1897-1904). Los cortes congelados, ideados por Pieter de Riemer (1760-1831) en
1818, han sido utilizados por Pirogoff en su notabilísima Anatomía Topographica
(1852-59), y en los atlas del útero grávido (1872) y de anatomía topográfica normal
(1872) por Christian Wilhelm Braune (1831-92). Entre los varios excelentes
tratados de anatomía topográfica y quirúrgica figuran los de Velpeau (1825-26),
Hyrtl (1847), Malgaigne (1859), J. H. Power (anatomía de las arterias, 1863),
C. Heitzmann (1870), N. Rüdinger (1873-79), Luther Holden (1876), W. Henke
(1884), F. S. Merkel (1885-89), A. W. Hüghes (1890), G. McClellan (1891-92),
sir F. Treves (1892) y K. von Bardeleben (1894). La anatomía artística ha sido
hábilmente tratada por John Flaxman (1833), Robert Knox (1852), Mathias Duval
(1881), los fisiólogos Paul Richel (1890) y Ernst Wilhelm Brücke (1891); y por
directas fotografías del desnudo, en las diferentes obras de Carl Heinrich
Stratz; los dibujos del movimiento, de Eadweard Muybridge (1901), y el
espléndido tratado de Julius Kollmann (1886). Tratados de anatomía macroscópica
han sido publicados por Jones Ouain (1828); Erasmus Wilson (1840), M. P. C.
Sappey (1850-64), H. Gray (1859), C. Gegenbaur (1883), L. Testut (1889-91). K.
von Bardeleben (1896), J. Sobotta (1904), A. van Gehuchten (1906-09), así como
los tratados cooperativos editados por D. J. Cunnigham (1902) y los americanos
F. H. Gerrish (1899) y G. A. Piersol (1911). Tratados especiales, muy
difundidos y valiosos, son los manuales de disección de Luther Holden (1850) e
Hyrtl (1860), la osteología de Holden (1855), la anatomía clínica, de D. N.
Eisendrath (1903), el manual de laboratorio de L. F. Barker (1904); la anatomía
aplicada de G. G. Davis (1910) y la anatomía en cortes de A. C. Eycleshymer y
D. M. Schoemaker (1911). La historia de la Anatomía ha sido tratada por Hyrtl,
Knox, Robert von Toply (1898); la historia de los métodos anatómicos, por
William W. Keen (1852); la historia de las ilustraciones anatómicas, por Ludwig
Choulant (1852). y la historia de la anatomía plástica, por Mathias Duval y
Edward Cuyer (1898). Hay descubrimientos aislados en abundancia, como el de la
ínsula de Reil (1809), la columna de Clarke (1851), la circunvolución de Broca
(1861), el plexo de Auerbach (1862); la demostración, por Bigelow, del
ligamento en Y (1869), y el anillo de Waldeyer (1884). Tal vez lo más
importante de todo ello haya sido la descripción de las glándulas paratiroideas
por el anatómico sueco Ivar Sandstrom en 1879.
El maestro anatómico alemán de los tiempos modernos
es Wilhelm Waldkyer (1836), de Hehlen (Brunswick), un discípulo de Henle,
profesor en Berlín (1883), que ha efectuado importantes investigaciones acerca
del desarrollo del cáncer (1867-72, de la hernia retro-peritoneal (1868), del
ovario y del óvulo (1870), de las relaciones topográficas del útero grávido
(1886), de las vísceras pelvianas (1892) y de la pelvis (1899)» y sobre la
teoría de la neurona (1891), a la que ha dado el nombre. Ha sido el primero en
describir el anillo de tejido linfoideo, constituido por las amígdalas
palatinas, lingual y faríngea (1884)[454], que en la actualidad se considera como la principal puerta de entrada
de la infección. Waldeyer también ha referido la constitución linfática a la
persistencia de la glándula timo.
La anatomía inglesa ha tenido una grave pérdida con
la prematura 'muerte de Henri Gray (1825-61), que había ganado los premios
trianuales del Real Colegio de Cirujanos y de la Sociedad Real por sus Memorias
sobre el nervio óptico (1849) y el bazo (1853)» y cuyo tratado de Anatomía
(1858), recientemente adaptado a la B. N. A. terminología por E. A. Spitzka
(1913), ha sido el libro de texto preferido para los ejercicios de los
estudiantes ingleses por espacio de medio siglo.
Wilheim Waldeyer, (1836). (Sociedad fotográfica berlinesa.)
John Goodsir (1814-67), de Anstruther (Fifeshire),
sucedió en la cátedra de Edimburgo a Monro tertius (1845), y
trabajó mucho por levantar la enseñanza anatómica del descrédito a que la había
conducido la incompetencia de aquél.
Las Observaciones anatómicas y patológicas (1845)
de Goodsir contienen el germen de la teoría celular de Virchow, que le dedicó
su Patología celular. Goodsir descubrió, además, las sarcinae
ventriculi (1865).
Sir William Turner (1832-1916), de Lancaster
(Inglaterra), fue ayudante de Goodsir (1854) y su sucesor en Edimburgo (1867),
donde creó su escuela anatómica, la más importante y más adelantada de la Gran
Bretaña. De notable inteligencia y extraordinario saber, llegó a ser presidente
del Consejo (1898-1905), y, por último, principal de la Universidad (1903).
Como profesor, investigador y administrador, Turner ha sido un prodigio de
fuerza, algunas veces ceñudo y regañón, pero amplio, jovial y de buen corazón au
fond.
Ha llevado a cabo importantes contribuciones acerca
de la placentación en los cetáceos (1870-89), de la anatomía comparada de la
placenta (1875-76), de craneología de la India (1899), de antropología escocesa
(1915) y de topografía cráneo-cerebral, y ha escrito la historia de la Anatomía
en la Enciclopedia Británica (1875), la mejor monografía de su
género en inglés.
Arthur Keith, profesor hunteriano en el Real
Colegio de Cirujanos, descubrió (con Flack) el nódulo sino-auricular en el
corazón (1907) y escribió con inteligencia acerca de los monos antropoides
(1896), de embriología y morfología humanas (1901) y de antigüedad del hombre
(1914).
Joseph Leidy (1823-91), de Filadelfia, que sucedió
a Horner como profesor de Anatomía en la Universidad de Pensilvania, era el más
sabio de los anatómicos americanos de su época y un biólogo del tipo de los
Hunter y de los Müller, dejando una labor importante en Botánica, Zoología,
Mineralogía y Paleontología, al igual que en anatomía humana y
comparada. Ha sido el más grande de los naturalistas descriptivos americanos.
Sir William Turner (1832-1916). (Elliot and Fry, London.)
Su obra sobre los rizópodos de agua dulce de
Norteamérica (Fresh Water Rhizopods of North America, 1879) es una
de las clásicas en Biología. Ha hecho importantes investigaciones acerca de la
anatomía comparada del hígado (1848), de los huesos, de la triquina en el
cerdo, etc., y su tratado elemental de anatomía humana (1361, corregido en
1889) ofrece el especial interés de haber sido ilustrado por el autor.
Ha sido el primero que ha encontrado la triquina
espiral en el cerdo (1846)[455] descubierto la flora microbiana del intestino
(1849)[456] y hecho los primeros experimentos relativos a
la transplantación de los tumores malignos (1851)[457], y en 1886 ha encontrado el botrioeéfalo en el
gato y ha sugerido la idea de que podría también presentarse en el hombre como
causa de anemia perniciosa[458]. Como cirujano militar, durante la guerra civil,
ha realizado más de 60 autopsias, y en el hospital, de guardia, ha tenido la
sospecha de que las moscas podrían ser los vehículos transmisores de la
infección de las heridas[459]. Ha sido el primero en aislar las amebas
parasitarias (1879). Los descubrimientos contenidos en sus Researches in
Helminthology and Parasitology, editados por su sobrino Joseph Leidy Jr. en
1904, hubieran bastado para su reputación. Ha sido el fundador de la
paleontología de los vertebrados en América, y sus grandes Memorias de 1869[460] y 1873[461] acerca de los fósiles de animales
desaparecidos no han sido todavía superadas. Como Gerhard y Gross, Leidy era un
buen tipo del médico americano de origen alemán, tan modesto y sencillo como
sabio y versátil.
OliverWendell Holmes (1809-94), de Boston, cuya
obra acerca de la fiebre puerperal ha sido mencionada ya, era profesor Parkman
de Anatomía en la Harvard Medical School (1847-82), y semejante a Hyrtl, por su
habilidad en convertir un asunto árido en interesante, gracias a su imaginación
y su ingenio.
No ha realizado descubrimientos de importancia,
pero ha escrito buenos poemas médicos, y sus Medical Essays (1883)
es seguramente la obra americana más importante de las que se dedican a la
historia de la medicina contemporánea.
Entre los cultivadores de la anatomía comparada
durante el período de transición destacan los nombres de Gegenbaur y
Wiedersheim. Carl Gegenbaur (1826 a 1903), natural de Wurzburgo y condiscípulo
de Haeckel, estableció el punto de vista de que la morfología comparada, y no
la embriología, constituye el verdadero punto de vista para determinar la
relación de las homologías o genealogía de los órganos (filogenia), llevando
así el asunto de la genealogía de los órganos hacia el primitivo concepto de
Owen.
Joseph Leidy (1823-91)
Recientemente ha podido registrarse una larga serie
de hechos en corroboración de la teoría de Owen, pero también otros muchos que
demuestran que las estructuras similares pueden producirse de modos diversos.
En el presente, la Embriología es estudiada como una fase de la Morfología.
Gegenbaur ha dado también el coup de gráce a la teoría
vertebral del cráneo (Goethe- Owen), demostrando que en el embrión hay un largo
número de segmentos cefálicos correspondiendo a las hendeduras bronquiales y a
los nervios craneales; que, en el orden más inferior de los peces, la cabeza,
en lugar de estar compuesta de vértebras, es insegmentada; al paso que en los
más superiores, muchos huesos del cráneo nacen de la piel. En 1861, Gegenbaur
ha demostrado que el óvulo de los vertebrados es una simple célula. Sus
principales obras son su Anatomía comparada de los vertebrados (1864-72),
sus Elementos de Anatomía coynparada (1870) y su obra de
Anatomía humana (1883). Ha sido el editor del Morphologisches
Jahrbuch (1875-1902) y profesor de Anatomía en Heidelberg, donde ha
tenido numerosos discípulos americanos.
Robert Wiedersheim (1848), profesor de Anatomía en
Friburgo, ha sido autor de importantes obras de Anatomía comparada de los
vertebrados (1882-83) y de una sobre La estructura del hombre como
evidencia de su pasado (1887).
Desde la época de Schleiden, Schwann y Henle, el
estudio de la anatomía fina o microscópica de los tejidos llegó a ser el
preferente. Las investigaciones histológicas se han perfeccionado rápidamente
por la invención de nuevos métodos de coloración, de micrótomos y de otros
adelantos técnicos. Purkinje, como ya hemos dicho, tenía un micrótomo, y usaba
el bálsamo del Canadá, el ácido acético glacial y el bicromato potásico; pero
todas estas cosas no estaban todavía generalizadas, y el procedimiento comúnmente
empleado es el de examinar los tejidos en estado fresco, cortados en rebanadas
con una navaja de afeitar entre trozos de médula vegetal (médula de saúco, por
ejemplo). El endurecimiento de los tejidos por medio del alcohol empezó a
usarse mucho más tarde. En 1847, Joseph von Gerlach, Sr. (1820-96), de
Maguncia, comenzó a inyectar los vasos capilares con una mezcla transparente de
carmín, amoníaco y gelatina, y en 1855 La empleado el carmín como colorante
nuclear para los tejidos. Virchow llevó a cabo toda su obra con el carmín.
Gerlach ha sido igualmente un partidario del empleo de la anilina y del cloruro
áurico, y desde su tiempo han empezado a diferenciarse rápidamente las
distintas técnicas colorantes. El micrótomo ha sido definitivamente introducido
por Wilhelm His en 1866, pero no ha sido perfeccionado hasta 1875»
aproximadamente, desde cuya época se ha convertido en el importante medio
auxiliar que todos conocemos.
El más importante histólogo de este período ha sido
Max Schultze (1825-74), de Friburgo; profesor de Anatomía en Halle (1854-59) y,
al reemplazar a Helmholtz en Bona, en 1859, director del Instituto Anatómico de
esta ciudad en 1872. Schultze ha introducido la disolución diluida de ácido
crómico y el ácido ósmico, como colorantes; el suero yodado, como conservador,
y ha inventado la platina calentable. Ha contribuido grandemente a la zoología
marítima con sus estudios acerca de la turbellaria (1848-51), el polythalamia
(1854-56) y la embriología del petromyzon (1856), y ha señalado una época en la
Histología con sus notables monografías acerca de las terminaciones de los
nervios en los órganos sensoriales, en particular en el oído interno (1858)[462], fosas nasales (1863)[463] y la retina (1866)[464].
Max Schultze (1825-74)
En 1865 ha fundado los Archiv für
mikroskopische Anatomie, que ha seguido editando hasta su muerte. Schultze
ha ejercido una decisiva influencia en la teoría celular por su ensayo de 1861[465], en el que, contemporáneamente con Brücke, ha definido la verdadera
célula como una masa de protoplasma nucleado, dando de este modo gran
importancia a la afirmación, que había sentado Leydig en 1856, de que la
membrana celular, incluso en el óvulo, es una formación físico-química
secundaria, debida, probablemente, a la condensación por tensión superficial
del contenido de la célula. En su Memoria acerca del protoplasma de los
rizópodos y de las células vegetales (1863)[466], Schultze introduce de un modo definitivo el término protoplasma y
demuestra que puede, prácticamente, considerarse como idéntico en todas las
células vivas. En 1863 ha publicado el estudio más acabado y perfecto hasta
entonces sobre la división y segmentación del óvulo de la rana[467].
Schultze ha sido un investigador sorprendente, de
penetrante vista; un excelente dibujante y un amante de la música, consagrando
SUS horas de ocio al cultivo del violín.
El paso inmediato más importante en la teoría
celular ha sido dado por Walter Flemming (1843-1905), de Schwerin, profesor en
Praga (1873 a 76) y en Kiel (1876-1905), cuya importante monografía, Zellsubstanz, Kern-und
Zelltheilung (1882), da un clásico estudio de la división celular y de
la carioquinesis. Algunas fases de este último proceso habían sido ya
observadas por Virchow y Schneider, y Heitzmann había hecho notar (1873) que
todo el protoplasma es una red continua, cuyo aspecto granuloso es puramente óptico.
Esta Memoria de Flemming colocó todo este estudio bajo un aspecto completamente
diferente. Analizó los fenómenos de la división nuclear, que cristalizó en su
aforismo Omnis nucleus e núcleo, demostrando que el
protoplasma es una estructura compleja formada de una substancia activa,
contráctil, como una red, y de otra substancia inerte, semiflúida,
inter-reticular, a las que, por el modo de conducirse respecto de varias
substancias colorantes, ha designado con los nombres respectivos de cromatina y
acromatina. Los histólogos consideran éste como el más importante estudio que
se ha hecho de la célula, después de los de Schwann y Virchow.
Algunos descubrimientos e innovaciones de
importancia en Histología se han hecho durante este período, tales como las
investigaciones de Alfonso Corti sobre el caracol de los mamíferos (órganos de
Corti), 1851[468]; el descubrimiento, por Virchow, de la neurología
(1854)[469]; las investigaciones de Wilhelm His acerca de la
estructura de los ganglios (Leipzig, 1861) y de los vasos linfáticos (1863); la
Memoria de Willy Kühne sobre los órganos terminales periféricos de los nervios
motores (Leipzig, 1862); la Memoria de Deiters sobre el cerebro y la médula
espinal en el hombre y en los mamíferos (Brunswick, 1865); las islas de
Langerhans (1869)[470]; la descripción, por F. S. Merkel, de los
corpúsculos táctiles en las papilas de la piel (1875); las investigaciones de
Ranvier sobre la histología del sistema nervioso (nódulos de Ranvier, 1878);
las de Ehrlich sobre los leucocitos (1880)[471] y su coloración intravital (azul de metileno)
para el sistema nervioso (1886)[472], y la decisiva obra de Camilo Golgi sobre el
sistema nervioso (1873-86)[473]. Los terceros elementos de la sangre, llamados
corpúsculos o plaquetas, fueron señalados primeramente por Alexander Donné
(1801-78)[474], en 1842; después, por Max Schultze, y más
completamente descritos por sir Williams Osler (1873)[475] y por Giulio Bizzozero (1883)[476].
Hacia fines del siglo XIX, el tumultuoso centro de
las controversias histológicas ha sido la doctrina de la neurona, doctrina de
la autonomía fisiológica de la célula nerviosa y de sus ramificaciones. La
teoría celular parecía apropiada para esto, que comprendía más que la célula
nerviosa misma; pero el punto de difícil explicación era el origen y la
verdadera significación de las tan abundantes fibras nerviosas, que hasta
habían sido descritas como formaciones separadas de las células. En 1850,
Augustus Volney Waller (1816-70), de Faversham (Inglaterra), demostró que si
los nervios glosofaríngeo e hipogloso eran separados, el segmento externo,
conteniendo el cilindro eje separado de la célula, sufría la degeneración, al
paso que el cabo central quedaba relativamente intacto durante un largo período
de tiempo[477]. Esta «ley de la degeneración walleriana» indicaba
que las fibras nerviosas eran simples prolongaciones de las células, de las
cuales, según sostenía Waller, recibían la nutrición. Las clásicas
investigaciones de Deiters (1865)[478] demostraron que cada célula nerviosa tiene un
cilindro eje, o fibra nerviosa, que nace de aquélla, y varias prolongaciones
protoplasmáticas, o dendrones, que se subdividen en dendritas, dando lugar a
arborizaciones. La continuidad material de la fibra nerviosa con las
arborizaciones terminales había sido demostrada por la coloración por el
cloruro de oro de Gerlach en 1871, y posteriormente, el uso del carmín, con el
mordiente de Weigert, demostró la continuidad del cuerpo celular con el
cilindro eje. En 1883[479], Camillo Golgi (1844-1914), de Pavía, aplicó su
colorante por el nitrato de plata (de 1873)[480] al sistema nervioso central y demostró
sorprendentemente la existencia de células nerviosas multipolares, teniendo
procesos cilindroaxiles largos y cortos (células de Golgi) con la arborización
de dendritas. En 1886[481], Wilhelm His demostró cómo se desarrolla la célula
nerviosa de una epiblástica columnaria, en el interior de un neuroblasto, por
el brote de un pseudópodo, que se convertía en cilindro eje, al paso que los
pseudópodos polares seguían siendo protoplasmáticos, adquiriendo dendritas. Los
progresos fueron desde este momento muy rápidos. Forel, en 1887, confirmó,
desde el punto de vista patológico, la labor de His, estudiando la degeneración
experimentalmente. Una serie de investigaciones de Kölliker (Suiza), von
Lenhossëk (Hungría), Retzius el Joven (Suecia), van Gehuchten (Bélgica), y el
eminente histólogo español Santiago Ramón y Cajal (1852) han extendido
grandemente el conocimiento de estas arborizaciones terminales en el cerebro y
en la médula, que Obersteiner compara con el crecimiento de una espaldera, y
Ramón y Cajal, con el intrincado crecimiento de las lianas y las malezas en una
selva tropical. Se han ideado muchos métodos colorantes nuevos, especialmente
por Bethe, que ha hecho permanente la coloración intravital de Ehrlich (azul de
metileno) por la adición del molibdato amónico, y de este modo ha podido
demostrar claramente la continuidad del cuerpo celular y del cilindro eje
(1895)[482]. Las neurofibrillas, que Max Schultze había visto
en el lóbulo eléctrico del torpedo en 1872, son hermosamente teñidas en violeta
por el método del cloruro de oro del húngaro S. Apathy (1897)[483], que ha podido así ver cómo se extienden de una
neurona a otra. Esto ha sido, no obstante, refutado por los notables métodos
colorantes de Ramón y Cajal (1903), Bielschowsky (1903) y Donaggio (1905).
Entretanto, la doctrina completa ha sido enfocada por el celebrado estudio de
Wilhelm Waldeyer (1891)[484], en que se afirmaba que el sistema nervioso está
constituido de células epibláticas, o neuronas, estando compuesta cada una de
un cuerpo celular con dos series de procesos, un cilindro eje, o axón, que
tiene funciones eferentes (celulífuga), y una o más dendritas, con funciones
aferentes (celulípetas). La funcional actividad del sistema nervioso depende de
estas innumerables neuronas; las fibras nerviosas no son, de ningún modo,
independientes, sino de crecimiento axónico y dendrítico. En América, el asunto,
en conjunto, ha sido delatado crítica y hábilmente en el tratado dé Lewellys F.
Barker (1899)[485], que se ocupa especialmente de las controversias
que han surgido antes de su publicación. Implícitamente, en la misma teoría de
la neurona se comprende la de su unidad, es decir, la de si las ramas de las
neuronas son contiguas, pero no continuas, transmitiendo sensaciones e impulso
sólo por contacto. Pero Gerlach piensa que el sensorium commune está formado de
una red continua (rete mirabite); Apathy, Held y Bethe defienden la noción de
la continuidad de las neurofibrillas; Henson, el concepto de un sistema de
puentes intercelulares; Nissl, la teoría de que la substancia gris (nervóse
Grau)[486] es el medio conductor; Held y Bethe, que las
fibras nerviosas pueden ser formadas por una fusión de algunas células
(doctrina pluricelular). En lucha desde estos puntos de vista, múltiples
hábiles investigadores publican diariamente en los periódicos hechos relativos
a este enredoso pleito. Las conclusiones de todo este asunto se encuentran en
una serie de hermosos y convincentes experimentos por Ross Granville Harrison
(1870), que ha podido demostrar el crecimiento amiboideo de la fibra nerviosa desde
una célula en un cultivo extra-vital (1910)[487]. Así, por métodos puramente físicos y químicos, el
total sistema nervioso ha sido, por último, llevado a la doctrina celular de
Schwann y Virchow.
Al terminar el siglo XIX la Embriología había
llegado a ser una ciencia muy compleja, cuyos múltiples desenvolvimientos
habíanse conseguido principalmente en el terreno de la investigación del origen
de los tejidos, de la morfología y patología del embrión en conjunto, del
significado de la maduración y fertilización del óvulo, de la averiguación del
linaje celular (citogénesis), del estudio de la Embriología a
la luz de la evolución (teoría de la recapitulación), de las condiciones
estructurales de la placenta y de los comienzos de la embriología experimental.
El más elevado de todos entre los nombres
contemporáneos es, tal vez, el de Wilhelm His (1831-1904), de Basilea (Suiza),
que ha realizado la mejor obra de su tiempo acerca del origen de los tejidos y
del estudio serial y morfológico del organismo embrionario y adulto. Así como
Bichat se ocupó del aspecto microscópico de los tejidos, Henle y Kölliker de su
aspecto microscópico en estado de salud, y Virchow del mismo en estado de
enfermedad, del mismo modo el nombre de His debe ser asociado con la ciencia
del origen de estos mismos tejidos (histogénesis). Procediendo
de una distinguida familia de Basilea, aparte de las naturales ventajas
derivadas de sus parentescos, su educación fue verdaderamente excelente,
habiendo tenido maestros como Johannes Müller, Robert Remak, Virchow y
Kölliker. Profesor de Anatomía en Basilea de 1857 a 1872, fue nombrado, por la
influencia de Carl Ludwig, en este último año, para la cátedra de igual
asignatura en la Universidad de Leipzig, donde permaneció hasta el fin de su
vida. Sus primeros estudios se refieren a temas como la histología normal y
patológica de la córnea (1853-56), la estructura de la glándula timo (1859-61),
la histología de los ganglios (1861) y de los vasos linfáticos (1862-63), estos
últimos ilustrados con láminas que no tienen rival. En 1865 publicó su gran
programa académico Sobre las membranas y los espacios del cuerpo[488], introduciendo una nueva clasificación de los tejidos, como una guía en
las investigaciones embriológicas. Contenía una simpática apreciación de
Bichat, una defensa de la clasificación propia, como basada en las capas
germinativas o blastodérmicas, y establecía que todos los espacios serosos
procedían del mesodermo y estaban revestidos de la membrana especial que His
denominaba endotelial. Su monografía acerca de la embriología del pollo
apareció en 1868, y de 1880 a 1885 publicó su famosa Anatomie menschlicher
Embryonen, en la cual, por muestras cuidadosamente seleccionadas, el
embrión humano iba siendo estudiado en conjunto desde los primeros momentos de
la vida. En 1886, His ha demostrado, por medio de investigaciones
embriológicas, el hecho de ser el cilindro eje un proceso de la célula
nerviosa. En 1900 ha introducido sus conceptos de lecitoblasto y angioblasto
(el Anlage, o germen de la sangre y de los capilares). Al propio
tiempo se iba aproximando, con una gran amplitud de miras, a su objeto. Siendo un
admirable dibujante y un hábil fotógrafo desde su infancia, su tendencia en la
enseñanza era la de visualizarlo todo desde sus pupilas por medio de las
microfotografías, proyecciones, modelos y sus propios dibujos, que no tenían
rival en la materia, y era hábil para saberse aprovechar de todas las ventajas
que en este sentido se le habían dado en Leipzig. En 1866 ha inventado un
micrótomo, cuya graduación resultaba perfeccionada, y con el cual era posible
obtener cortes en serie, de los cuales dibujó la idea de una reconstrucción
gráfica del embrión en las tres dimensiones (1868); el primer proceso fue
alcanzado por medio de su «embriógrafo» (de su invención), y el último, por los
modelos de su ayudante F. J. Steger, y más tarde, por el procedimiento inventado
por Born, de dibujar las secciones en placas de cera y colocarlas después en
yuxtaposición.
Estas secciones seriadas, todas de un mismo
embrión, pronto corrigieron los errores en que se venía incurriendo al comparar
al azar secciones de diferentes orígenes y edades. Los modelos de His-Steger,
que ahora se encuentran en todos los Museos anatómicos, constituyen un
permanente testimonio de su éxito en la demostración, en las tres dimensiones
del espacio, de las relaciones morfológicas. Esto resulta sobre todo exacto por
lo que hace referencia a sus Prapar ate zum Situs viscerum (1878),
que comprende modelos de las vísceras pélvicas femeninas.
Wilhelm His (1831-1904). (Cortesía de Miss Davina Waterson.)
En 1874 ha publicado Unsere Körperform,
en que se argumenta que la forma de un organismo es debida a algunas causas
mecánicas, como emigraciones de células, de tejidos y de órganos, aunque se
niega la causa mecánica del crecimiento celular. Aunque esto no sea lo mismo
que un desarrollo mecánico, esta última idea puede muy bien haber procedido de
estos estudios. Ha sido uno de los fundadores de la Anatomische Gesellschaft, y
en 1895 La presentado en ella un informe a propósito de la revisión de la
nomenclatura anatómica (B. N. A.), que, como es bien sabido, reduce el número
de los términos anatómicos usuales en un 8 por 100 aproximadamente. Ha sido
presentada en inglés y arreglada por Lewellys F. Barker en 1907. En 1876, His
ha fundado el Zeitschrift für Anatomie und Entwicklungs geschichte,
que en 1877 se refundió con los antiguos Archiv, de Müller y Du
Bois Reymond, editando. His y Braune el Anatomische Abteilung (1877-1903).
El gran Instituto Anatómico de Leipzig fue construido bajo la dirección de His,
e inaugurado el 26 de abril de 1875. Ha sido, además, uno de los fundadores de
los Archiv für Anthropologie (1876), y el interés que tenía
por este género de estudios se revela en la monografía que hizo sobre los
cráneos suizos con Rütimeyer en 1864, en sus estudios sobre la población
retiana (1864), sobre los esqueletos pertenecientes a Vesalio y a Platter
(1879), sobre el desarrollo de la fisonomía en el hombre y en los animales
(1892), y en su identificación de los restos de Johann Sebastián Bach (1895).
Estos últimos habían sido encontrados en un ataúd en el patio de la antigua
iglesia de San Juan (Johanniskirche), y por medio de medidas comparativas y
promedios hechos en otros cadáveres, His puso al escultor Seffner en
condiciones de construir un busto en barro, que fue inmediatamente reconocible
como una presentable reproducción del gran compositor del siglo XVII. A
diferencia de su colega Ludwig, His no ha fundado escuela, pensando que era
mejor para el discípulo llevar su camino propio y obedecer a sus personales
tendencias. Su labor sobre la anatomía del embrión humano ha sido más adelante
llevada a una única conclusión por sus discípulos Franz Keibel y Franklin P.
Malí (1910-12).
Los problemas de la dinámica de la maturación,
fertilización y segmentación del óvulo, que permanecían sin solución desde los
tiempos de Harvey, han sido tratados del siguiente modo: En 1826[489], Prévost y Dumas describen por vez primera la
segmentación del huevo de la rana. El óvulo de los mamíferos es descubierto por
Baer en 1827, y demostrado que es unicelular en todos los vertebrados, por
Gegenbaur, en 1861. Los espermatozoides, descubiertos por Hamen en 1677, son
demostrados en los experimentos de filtración, por Spallanzani, en 1786, ser
esenciales para la fertilización, y su origen celular es puesto de manifiesto
por Kölliker en 1841. En 1865, Schweigger, Seidel y La Valette St. George demuestran
que el espermatozoide es una célula que posee un núcleo y un citoplasma[490]. Su unción con el óvulo ha sido observada (en el
conejo) por primera vez por Martín Barry en 1843. Virchow ha demostrado
claramente que el óvulo deriva, en línea directa de descendencia, del óvulo
fertilizado preexistente (1853). En 1875, Oscar Hertwig demostró que el
zoospermo entra en el óvulo y que la fertilización se realiza por la unión de
los promícleos femenino y masculino así formados[491]; Huxley concibe que, «considerado como una masa de
moléculas, el organismo entero puede ser comparado con un tejido cuya urdimbre
deriva de la hembra y cuya trama proviene del macho» (1878). Los corpúsculos
polares, que aparecen en el óvulo maduro, se ha demostrado por Bütschli, en
1875, y por Fol, en 1876, que se forman por división del núcleo. En 1880
descubría Flemming la división de los cromosomas [carioquinesis). En el núcleo
celular, y en 1883, descubría van Beneden que los asociados pronúcleos masculino
y femenino, en el óvulo fecundado, contenían cada uno la mitad de los
cromosomas que corresponden a una célula normal de la misma especie. Weismann
cree que el objeto de esto es mantener constante el número de cromosomas de
cada especie. Theodor Boveri define la división de los cromosomas como un acto
definitivo de reproducción (1888), y demuestra la existencia de dos especies de
ascaris megalocephala, que no se diferencian más que en el número de
cromosomas. En 1875, Flemming ha descubierto un pequeño corpúsculo en el óvulo
del anodon, que generalmente se encuentra fuera del núcleo y que es
frecuentemente par. Este corpúsculo, que ha sido descubierto también,
independientemente, por van Beneden en 1876, ha recibido el nombre de
centrosoma, que le ha asignado Bovery en 1888. El centrosoma se ha demostrado
pronto que existe en otras muchas células del organismo y en los organismos
monocelulares, y ha llegado a ser considerado como el órgano especial de la
división celular el «centro dinámico» de la célula. Boveri supone que es el
órgano específico de la fertilización en los espermatozoides, iniciando la
mitosis por su propia división, o, como dice Wilson, «la tela hay que verla en
la substancia cromática del núcleo», al paso que el centrosoma es el tejedor en
el telar». Aunque este último punto no haya quedado aún demostrado por
completo, el estudio de la reducción de los cromosomas ha conducido a una
exacta comprensión de la oogénesis y espermatogénesis (Oscar Hertwig, 1890), y
últimamente, a dilucidar la parte que desempeñan en la herencia y en la
determinación del sexo por McClung, Morgan Wilson, miss Stevens y otros.
La ciencia de las capas germinativas ha sido
fundada por Baer (1828-34) y Robert Remak (1845). En 1849, Huxley demostró que
el epiblasto embriónico (ectodermo) y el hipoblasto (endodermo) pueden ser
asimilados a las dos capas de células que constituyen el cuerpo de la hidra
adulta. Esto fue considerado como un gran progreso en aquellos tiempos; sin
embargo, ulteriores investigaciones han demostrado que el desarrollo por las
capas germinativas en los diferentes animales no es, de ningún modo, constante;
que el mesodermo puede ser producido por células, bien del ectodermo, ya del
endodermo, y que hay muchos órganos cuya formación puede ser atribuida a
ciertas células predestinadas, más bien que a las capas del blastodermo. El
linaje celular, o citogénesis, es, por consiguiente, un asunto sujeto a
discusiones e investigaciones afanosas, y desde la labor inicial de Blochmann
(1882), la mayoría de las obras publicadas lo han sido en América. En algunas
monografías bellamente ilustradas, como las de Charles Otis Whitman, sobre la
embriología en la clepsina (1878); de Edmund B. Wilson, sobre las nereidas
(1892); de C. A. Kofoid, sobre el limax (1895); de Frank R. Lillie, sobre las
unionidae (1895); de H. S. Jennings, sobre la Asplanchna (1896); de W. E.
Castle, sobre el ciona (1896), y de E. G. Conklin, sobre el crepidula (1897),
las capas germinativas han sido investigadas célula por célula desde el
comienzo de la segmentación, y se ha podido demostrar que no hay nada constante
a propósito del desarrollo del mesodermo y de sus derivaciones.
El resultado útil de todo este extraordinario
conjunto de investigaciones embriológicas, hasta el año 1881, ha sido resumido
por la obra magistral de Francis Mailland Balfour (1851-82), de Edimburgo, cuya
trágica muerte privó a la Ciencia de uno de sus cultivadores de espíritu más
amplio, más atractivo y más profundo. En Cambridge estuvo Balfour sometido a la
influencia de Michael Foster, y de aquel maestro ha adquirido su interés por la
Embriología, colaborando con él en los bien conocidos Elementos (1874),
que han sido la obra preferida de la materia, en su época, en América e
Inglaterra. En 1873 continuó Balfour sus estudios, con Antón Dohrn, en la
Estación Zoológica de Nápoles, realizando importantes investigaciones acerca de
la embriología de los peces elasmobranquios[492], que son especialmente interesantes en todo lo que hace referencia a
los primeros períodos del óvulo y del embrión, al desarrollo de los riñones y
al origen de los nervios espinales. Al propio tiempo, Balfour era nombrado
miembro y lector de morfología animal en Cambridge, y muy pronto sus lecciones
se vieron concurridas por un gran número de entusiastas alumnos. En 1880-81
apareció su gran Tratado de embriología comparada, que resulta no
sólo indispensable como un resumen de todo lo que se conocía hasta aquella
época, sino que, además, compendia su labor propia y la de sus discípulos en la
exposición más compacta y más brillante de la Ciencia que ha aparecido hasta la
fecha. Foster dice que esta obra ha quitado muchas cuestiones inútiles y telas
de araña «con una barredera firme, pero cortés». En recompensa del mérito de su
trabajo, Balfour fue nombrado profesor de morfología animal en Cambridge en
1882; pero él no iba a poder disfrutar el fruto de su labor. Habiendo marchado
a los Alpes para atender al restablecimiento de su salud, intentó en julio de
1882 subir a un pico virgen, y ya nadie volvió a verle vivo. Su cadáver y el
del guía fueron encontrados el día siguiente en el fondo de un precipicio.
Balfour es descrito por Foster como un hombre de inteligencia viva, observador
sagaz y lógico, espíritu amplio, muy atractivo y muy hábil. Si hubiera vivido,
es indudable que hubiera llegado a ser una de las más eminentes figuras de la
ciencia moderna. Locy dice que «las especulaciones que se contienen en las publicaciones
de los soldados rasos de la labor embriológica, por espacio de más de dos
décadas, y frecuentemente reputadas como novedades, han sido todas dichas de
antemano por Balfour, que, además, ha sabido expresarlas de un modo mucho más
adecuado».
La completa semejanza entre los primeros grados del
desarrollo embrionario en los diferentes animales ha sido señalado por Meckel y
Oken. Se dice que von Baer afirmaba que le era imposible diferenciar tres
embriones (de un ave, de un reptil y de un mamífero) que se le presentasen sin
un rótulo explicando a quién pertenecían. Agassiz, en sus Ensayos de
clasificación (1859), sostiene que las fases del desarrollo de todos
los animales vivos corresponden a los cambios morfológicos de sus antecesores
fósiles durante las épocas geológicas. Fritz Müller, en 1863, demuestra que el
estado larváceo de los crustáceos puede ser interpretado como una
recapitulación de la evolución de la raza. Kovalewsky, en 1866, demostraba
también que los primeros grados del desarrollo del amphioxus (el
más inferior de los vertebrados) son idénticos a los de los tunicados, orden de
los invertebrados. Ha demostrado, además, que todos los animales pasan, en su
desarrollo embrionario, por lo que él ha llamado el estado de gástrula; lo que
ha conducido a Haeckel a formular su hipótesis de la gástrula (1884), a saber:
que la gástrula de dos capas es análoga a la forma ancestral de todos los
animales multicelulares (gastraca). La ley biogenética de
Haeckel afirma que la historia del desarrollo del individuo (ontogenia) tiende
a recapitular la historia del desarrollo del tipo racial (filogenia). Las
exposiciones más fieles y de mejor crítica de esta teoría de la
recapitulación son las de Baer y Balfour. Las «leyes» de von Baer
afirman que la semejanza de los primeros estados embrionarios en los diferentes
vertebrados queda limitada por un breve período, durante el cual el embrión en
cuestión, no sólo difiere en una especial clase de rasgos de todos los
restantes embriones, sino que ya comienza a apuntar los caracteres específicos
y genéricos que le son propios. Balfour establece que la recurrencia de ciertos
caracteres ancestrales, tales como las hendeduras branquiales, análogas a las
de los peces, y el corazón, de dos cavidades, como el de la rana, indican que
aquellos caracteres «son funcionales en la larva de la criatura después de
haber cesado de tener importancia en el adulto». La teoría de De Vries de que
las especies pueden ser originadas por saltos repentinos o mutaciones ha creado
un gran espíritu de antagonismo respecto de la vieja idea darwinista de la
evolución lenta y gradual de las especies por variaciones accidentales, aunque
es perfectamente posible que ambos procesos puedan existir en el plan de la
Naturaleza. En todo caso, la doctrina de la recapitulación es considerada
actualmente como una analogía meramente literaria, o como una interpretación de
forma, así como algo leído en los hechos de la embriología comparada, por las
preposesiones humanas. Respecto del hipotético árbol genealógico de los
vertebrados a través del amphioxus, los anélidos, los gusanos del
tipo sagitta, las arañas, limulus y equinodermos, Driesch cita
la terminante observación de Dubois Reymond de que «la filogenia de este género
es, por lo menos, de mucho más valor científico que la genealogía de los héroes
de Homero.
Entre las importantes investigaciones embriológicas
de la centuria pueden ser mencionados: los estudios de Willelm Waldeyer, sobre
el ovario y el óvulo, incluyendo sus descubrimientos sobre el epitelio
germinativo (1870); los de Edouard van Beneden, sobre el primitivo desarrollo
del óvulo de los mamarios (1875) y sobre la historia de la vesícula germinativa
y del núcleo embrionario (1876); la obra de Alexander Agassiz (1835-1910) sobre
los equinodermos (1872-83) y los clenophora; el descubrimiento
del fascículo aurículo-ventricular del corazón, por Wilhelm His, júnior (1893);
los de Johannes Sobotta, sóbrela formación del cuerpo lúteo (1896); los de
Alfred Schaper, sobre las primeras fases de la diferenciación del sistema
nervioso central (1897); la obra de Florence Sabía, sobre los linfáticos, y las
importantes investigaciones de George Howard Parker, sobre la evolución del
sistema nervioso.
Entre los americanos, William Keith Brooks
(1848-1908), de Cleveland (Ohio), profesor de la Johns Hopkins University
(1876-1908), es digno de mención por sus investigaciones sobre las ostras
(1891), el género salpa (1893), que vinieron a corregir los antiguos puntos de
vista respecto de sus «alternativas de la generación»; el estomatopoda de la
expedición Challenger y los géneros Lucifer y macrura, y por sus obras sobre
pangénesis (1877) y herencia (1883) y sus fundaciones de Zoología (1899). Fundó
el Laboratorio Zoológico de Chesapeake (1878), y era un maestro inspirado y
fascinador, especialmente por sus extraordinarios dibujos.
Charles Otis Whitman (1842-1910), de Woodstock
(Maine), profesor de Zoología en la Universidad de Chicago (1892), fundó
el Journal of Morphologhy (1877) y el Biological
Bulletin (1899), y es notable por sus escritos acerca de la
embriología de la clepsine (1878), y sobre los defectos de la teoría celular
del desarrollo (1895).
Franklin Paine Mall (1862), de Belle Plaine (Iowa),
profesor de Anatomía de la Universidad de Johns Hopkins, discípulo de His y de
Carl Ludwig, hizo con este último una buena obra sobre fisiología de la
circulación, y es conocido por sus famosas investigaciones a propósito de los
monstruos, de la patología del embrión humano (1899-1908) y sobre la unidad
estructural del hígado (1905). Ha colaborado con Franz Keibel en el
importante Manual de embriología humana (1910-12), la mejor
obra moderna de este asunto.
Charles Sedgwick Minot (1852-1914), de West-Roxbury
(Massachusetts), profesor de Anatomía comparada y de Embriología en la
Universidad de Harvard, es autor de un importante Tratado de
embriología humana (1892), que introduce muchas teorías nuevas, así
como también de una Bibliografía de la embriología de los vertebrados (1893),
y de un libro de texto del Laboratorio de Embriología (1903). Ha inventado dos
diferentes clases de micrótomos automáticos, y es grandemente conocido por sus
originales investigaciones, especialmente por las que se refieren al origen y
estructura de la placenta (1891). Su Edad, crecimiento y muerte
(Age, Grozvth and Death, 1908) establece la ley de la citomorfosis, en
virtud de la cual aquellos procesos resultan de los cambios constantes del
protoplasma, dando lugar a formas más elevadamente diferenciadas.
Thomas Hunt Morgan (1866), de Lexington (Kentucky),
profesor de Zoología experimental del Colegio de Columbia (1904), escribió el
primer tratado de embriología experimental en inglés (1897), ha hecho
investigaciones muy importantes sobre Embriología y mecanismo de la herencia, y
es, además, autor de notables monografías acerca de la regeneración (1901),
evolución y adaptación (1903), zoología experimental (1907), herencia y sexo
(1913) y el mecanismo de la herencia mendeliana (1915).
La embriología experimental es una rama de la
morfología experimental o mecánica del desarrollo (Eniwicklungsmechanik),
una frase ideada por Wilhelm Roux (1850), de Halle, al que consideran muchos
como fundador de la ciencia. Roux es un discípulo de Virchow y de Haekel y ha
sido conocido ya desde su tesis de agregación (Tena, 1878), que se refería a
las condiciones hidrodinámicas que rigen la formación de la capacidad de los
vasos sanguíneos. En 1894 ha fundado los Archiv für
Entwicklungsmechanik, que ha sido desde aquella fecha el órgano principal
de la especialidad. La mayor parte de los trabajos antiguos de embriología
experimental se han llevado a cabo en el huevo de rana, por ser el más fácil de
obtener. El primer paso fue dado por el fisiólogo Eduard Pflüger (1821-1910),
que hizo de 1882 a 83 un gran número de experimentos de fertilización cruzada
con diferentes especies de ranas. En 1883, Pflüger ha realizado una serie de
experimentos, acerca de los efectos de la gravedad sobre el desarrollo del huevo,
demostrando que los planos de exfoliación serán verticales, y el desarrollo,
normal, sea la que fuere la posición en que se coloque el huevo. En 1884, Born
ha demostrado que la acción de la gravedad produce una lenta modificación en la
disposición del contenido de un huevo, a quien se hace girar en relación con su
peso específico. En el mismo año demostró Roux que los huevos puestos a girar
en un aparato de centrifugación no difieren en su desarrollo de los tomados
como testigos. Pflüger, en 1884, ha demostrado que la compresión de un huevo no
segmentado entre dos láminas de cristal, modifica los planos de foliación en
relación con la dirección en que ha comprimido. Posteriormente, en 1892, Hans
Driech (1867) demostró que la presión continua ejercida sobre el huevo del
ecchinus puede producir una superficie plana de 16 ó 32 células, que podrá
preceder al desarrollo normal en las tres dimensiones, inmediatamente que se
cambie el sentido de la presión. En 1888, Roux publicó sus celebrados
experimentos de destruir uno de los dos blastómeros iniciales con una aguja
caliente, produciendo un típico hemiembrión. Esto condujo a la hipótesis de
Roux-Weismann del desarrollo cualitativo o en mosaico, que supone que el centro
de los cambios formativos es la estructura compleja del núcleo, siendo el
fundamento de la aparición de los caracteres diferenciales en las células
hijas, puramente cualitativo. Driesch, sin embargo, encontró en 1891 que si los
dos blastómeros se separan y se ponen en condiciones, la segmentación en cada
uno de aquéllos llegará, unilateralmente, a la fase de blástula, después de lo
cual el lado abierto de la misma se cerrará, resultando un embrión
completamente desarrollado, pero de más pequeñas proporciones. Thomas Hunf
Morgan (1866), por rotación del blastómero superviviente en el experimento de
la aguja de Roux, de tal modo, que el polo pálido quede vuelto hacia arriba,
produce un embrión completo, pero de la mitad de tamaño (1894), demostrando que
el completo desarrollo se debe a la nueva posición de su contenido; y Schultze
produjo en 1894 monstruos dobles, invirtiendo huevos de rana fertilizados,
entre dos láminas de cristal, de tal modo, que el polo obscuro del huevo
resulte culminante. En 1895, Driesch y Morgan, cortando un trozo de protoplasma
de un huevo de etnophora, antes de la segmentación, y sin
perjudicar el núcleo, produjo el mismo hemiembrión que resulta de ordinario del
aislamiento de los blastómeros de aquel huevo. En 1889, Boveri ha podido
fertilizar, con éxito, un trozo no nucleado del huevo del erizo de mar, con el
esperma de otra especie diferente, obteniendo un organismo desprovisto de los
caracteres maternales. Posteriormente produjo Jacques Loeb erizos marítimos y
ranas sin padre. Todo esto indicaba que el protoplasma es, más bien que el
núcleo, el principal agente en la producción y regulación de la forma
(morfogénesis). Herbst ha sostenido (1894-1901) que los estímulos formadores y
directores son, generalmente, externos en las plantas e internos en los
animales. De un número de hechos de este orden, incluyendo los muy nuevos
experimentos sobre la regeneración de los hidroides marítimos adultos llevados
a cabo por Loeb, Morgan, miss Bickford y otros, Driesch ha llegado a formular
su teoría cuantitativa de la división celular, a saber: que el «valor
perspectivo» de cualquier célula del embrión es sencillamente una función de su
localización, y que el protoplasma es una «estructura polar bilateral» capaz de
regular su desarrollo simétrico en cualquiera de las tres dimensiones del espacio,
y también «un sistema armónico equipotencial», teniendo la misma potencia para
el desarrollo en todas sus partes. Por esta totipotencia del protoplasma
sostiene Driesch que sus funciones no podrán nunca ser explicadas
mecánicamente, supuesto que no puede concebirse una máquina en la que la más
pequeña parte de ella sea idéntica en estructura y capacidad funcional a la
máquina entera. La misma ingeniosa distinción que se establece en leyes
mecánicas y ley de privilegio entre «herramienta» y «máquina» debe, por
consiguiente, establecerse entre una máquina y un organismo viviente o
substancia viva, puesto que la primera es constantemente una torpe imitación
del segundo, y jamás viceversa. Si este punto de vista fuera constantemente
observado por los biólogos, el superfino vitalismo de Driesch se reduciría muy
pronto a una verdad evidente, supuesto que el eminente morfólogo ha invocado
últimamente, en substitución de los principios vitales medievales, las antiguas
entelequias aristotélicas, que son de nuevo sólo simples peticiones de
principio. Driesch ha llevado la experimentación en la «tierra nublada del
cuclillo» con su «sistema equipotencial armonioso»; pero la teoría cuantitativa
del desarrollo del óvulo tiene la ventaja de ser idéntica a la «epigénesis« de
Wolff y de von Baer, al paso que la «doctrina mosaica» de Roux es únicamente
una modificación de la antigua hipótesis de la «preformación» de Bonnet y de
Haller. Roux, habiendo llegado a enredarse en estas dificultades, consagró una
gran suma de trabajo a la tarea de desintrincarse él mismo por medio de
«conclusiones prudentemente previsoras, ahorrativas y de subintentos». De este
modo, dos de los más hábiles morfólogos experimentadores de los tiempos
modernos han caído en la inactividad científica por el efecto de sus propias
teorías.
Los maestros de la Fisiología en la segunda mitad
del siglo XIX han sido Helmholtz, Claudio Bernard y Carl Ludwig. En segundo
orden figuran Reymond, Brücke, Goltz, Pflüger y Brown Sequard, y entre los
fisiólogos químicos, Willy, Külne, Hoppe Seyler, Salkowski y Kossel. Hacia
mediados de la centuria, los principios físicos de la conservación de la
energía y de la transformación y consumo de la misma se habían hecho
prominentes, y tenemos que comenzar a estudiar los grandes matemáticos y
físicos que han hecho de sus estudios una parte esencial de la teoría
fisiológica.
Hermann von Helmholtz (1821-94), de Postdam, era de
origen mixto alemán, inglés y francés, y fue educado como cirujano para el
ejército de Prusia. En la Universidad de Berlín fue discípulo de Johannes
Müller y de Gustav Magnus, y tuvo de compañeros a jóvenes como Virchow, Dubois
Reymond, Brücke, Kirchoff y Claussius. Su disertación original se ocupaba del
origen de las fibras nerviosas de las células nerviosas en los ganglios de la s
sanguijuelas y de los cangrejos, que él había observado con un rudimentario
microscopio compuesto (1842).
Hermann von Helmholtz (1821-94)
Durante su vida de campamento en Postdam ha
publicado su ensayo Ueber die Erhaltung der Kraft (1847), Hue
estableció su reputación, aunque, sin embargo, en un principio no fue apreciado
mas que por el matemático Jacobi. En 1849, Helmholtz fue nombrado profesor de
Fisiología y Patología en Königsberg, y después ocupó sucesivamente las cátedras
de Anatomía y Fisiología en Bona (1855-58), Fisiología en Heidelberg (1858-71)
y Física en Berlín (1871 a 94).
El ensayo sobre la conservación de la energía
establece la primera ley de termodinámica, a saber: que todas las formas de la
energía, como calor, luz, electricidad, y todos los fenómenos químicos, son
capaces de transformarse los unos en los Heimann von Heimhoiu (1821-24) otros;
pero, por otra parte, son indestructibles e imposibles de crear. Esto había
sido demostrado, para los procesos fisiológicos, por el médico de Heilbronn
Robert Mayer, y para los fenómenos físicos, por James Prescot Joule, en 1842;
pero Helmholtz es el que ha dado la aplicación universal del principio. Durante
los años 1850-52, Clausius y lord Kelvin han establecido la segunda ley de
termodinámica, que afirma que la energía, en todas sus formas, está
continuamente creciendo, o tendiendo a pasar de los estados de concentración a
los de disipación, y nunca de otro modo. Esto ha sido aplicado a todos los
fenómenos físicos y químicos por uno de los discípulos de Helmholtz, el
profesor de la Universidad de Yale Willard Gibbs (1872-78), de cuya obra ha
escrito el propio Helmholtz un estudio laudatorio en 1882. El que los músculos
constituían el principal origen del calor animal ha sido demostrado por
Helmholtz en preparaciones aisladas en 1848[493], y en 1850 a 52[494] ha medido la velocidad del impulso nervioso
por medio del miógrafo de péndulo, de que es autor.
Su invención, en 1851[495], del oftalmoscopio ha convertido la Oftalmología
en una ciencia exacta, y ha sido seguida de su facóscopo y de su oftalmómetro
(1852). Con este último, Helmholtz ha sido capaz de determinar las ópticas
constantes y de explicar el mecanismo de la acomodación (1854), especialmente
de la parte que en ella desempeña el cristalino. Su gran Manual de óptica
fisiológica (1856-67) es una obra permanentemente clásica que contiene su
reproducción de la teoría de Young de la visión coloreada, que Helmholtz considera
como un caso especial de la ley de Müller de la especificidad de la energía
nerviosa. Su obra el Tonempfindungen (1863) demuestra el mismo talento crítico,
revelando al propio tiempo el excelente músico. Jamás, salvo, tal vez, la
excepción de la obra de lord Rayleigh, se han tratado de un modo tan acabado y
perfecto los problemas de la acústica. Entre otros asuntos, de los que no
podemos ocuparnos aquí, Helmholtz ha tratado también, en un importante estudio,
del mecanismo del tímpano y de los huesecillos del oído medio (1869), lo que ha
sido muy útil para explicar el mecanismo de la audición. Después de ocupar la
cátedra de Física en Berlín y de ser director del Instituto Físico-Técnico en
Charlottenburgo en 1887, se consagró el resto de su vida a aquellos asuntos en
los que había genialmente trabajado y en los que ha quedado su fama al igual de
aquellos grandes hombres más modernos, como Clerk Maxwell y lord Kelvin. En
física matemática ha dado Helmholtz trabajos de primer orden en lo relativo a
los principios de dinámica, hidrodinámica, termodinámica y electrodinámica. Ha
investigado el movimiento circular o giratorio de un fluido ideal, sin
rozamientos (1858-73); ha introducido la idea de la conversión de la
electricidad en sistemas materiales de movimiento, y en sus lecciones Faraday,
de 1881, expuso su creencia de que los átomos químicos eran, en el último
análisis, de naturaleza eléctrica. Independientemente de Gibbs, ha definido «la
energía libre» (aprovechable) de un sistema químico como la diferencia entre su
energía total (intrínseca) y su energía molecular (no utilizable), y ha sido el
primero en introducir la idea de que los «movimientos ocultos» de los cuerpos
materiales son los de los sistemas cíclicos, con movimientos circulares
reversibles (como en el giróscopo o en el timón de un buque de vapor); en otras
palabras, movimientos rotatorios en el éter o «remolinos de energía». La
ecuación de Gibbs-Helmholtz, que asegura que la fuerza electromotriz de una
célula (la energía actual, pudiera decirse) es igual a su energía libre por el
equivalente electro-químico de descomposición, es en la actualidad uno de los
principios básicos de la química física y fisiológica, conteniendo, como dice
Nernst, «todo lo que las leyes de la termodinámica pueden enseñar respecto de
los procesos químicos». Ha sido en el laboratorio de Helmholtz en el que
Rowland ha investigado las propiedades de un cuerpo en movimiento, cargado de
electricidad, tan importante en la química de los coloides, y en el que Hertz
ha descubierto las ondas hertzianas, que han sido utilizadas en el telégrafo
sin hilos.
Ahora bien; a pesar de que se había colocado en el
nivel más elevado del pensamiento humano, Helmholtz no ha olvidado nunca que
era médico. «La Medicina—decía él con orgullo—es el único campo intelectual en
que yo he cultivado; y me pasa como al emigrante: que es mejor comprendido y
comprende mejor en su tierra natal. » Ha hecho, además, una pequeña
contribución directa a la Medicina; la aplicación del sulfato de quinina a la
mucosa nasal en la fiebre de heno (1860)[496]. Como maestro de «ciencia popular», Helmholtz sólo tiene iguales en
Huxley, Tyndall y Ernst Mach. Sus trabajos en esta esfera tienen una elevación,
una dignidad y un dominio genial de tan vastos asuntos, que le es completamente
peculiar y propio. En él se aprecia siempre la personal nobleza del caballero
científico. Helmholtz era un hombre de estatura diamena, de extraordinaria
seriedad, de dignas maneras, con una cabeza de proporciones a lo Goethe y ojos
hermosos y serios. Para las gentes sinceras resultaba siempre sincero y útil.
Con las personas superficiales o triviales era capaz de revestirse con «el éter
sutil de una desaprobación potencial», que, como algunos han testimoniado, le
hacía sentir como si tuviera las cuatro dimensiones del espacio. Tenía la
tendencia propia de las gentes del Norte hacia lo impersonal; cosa que se
manifestaba en él incluso en sus actitudes respecto de la Religión. En lo que
se refiere a sus íntimas ideas respecto de las grandes cuestiones de la vida,
de la muerte y de la inmortalidad, Helmholtz ha resultado impenetrable y no ha
dado ninguna señal de su modo de pensar. Y, en este sentido, sus contribuciones
impersonales respecto de la ciencia matemática y fisiológica son una fiel
expresión de su carácter firme y digno.
Emil du Bois Reymond (1818-96), de Berlín, el
fundador de la moderna electrofisiología, era de origen francés, y ha sabido
escribir en alemán con aquella claridad y precisión que van comúnmente
asociadas a la literatura y al lenguaje franceses. Ha sido, lo mismo que
Helmholtz, discípulo de Johannes Müller, al que sucedió en 1858 como profesor
de Fisiología en Berlín; cargo que conservó toda su vida. En él supo aumentar
la gloria de la Facultad berlinesa, dejando numerosos buenos discípulos y
dirigiendo la construcción del magnífico Instituto de Fisiología (inaugurado el
6 de noviembre de 1877), que resultaba el mejor dotado de todos los
laboratorios de su género en el mundo. Los estudios de du Bois Reymond se
refieren casi por completo a la fisiología de aquellas preparaciones
músculo-nerviosas que él trabajó tanto por introducir en los laboratorios de
experimentación, y sus numerosas investigaciones se han publicado dos veces
reunidas (en 1848-60 y 1883). Después del descubrimiento de la electricidad muscular,
por Galvani, y del tétanos fisiológico, por Volta, en 1792, había pocos datos
en electrofisiología hasta el invento del galvanómetro astático, por Leopoldo
Nobili (1784-1834), de Florencia, en 1825, y las breves investigaciones de
Stefano Marianini (1790-1866) y de Cario Matteucci (1811-68), que ha inventado
el término «tetanizado» (1838) y ha demostrado el primero el efecto de la «rana
reoscópica», o sea que el músculo de una preparación músculo-nerviosa se
contrae si se pone el nervio cruzado con otro músculo en contracción (1842)[497]. Du Bois Reymond ha introducido la estimulación farádica por medio de
la corriente interrumpida (hecha y rota) del especial carrete o bobina de
inducción, como se ha denominado más tarde (1849), haciendo acabadas
investigaciones del tétanos fisiológico y siendo el primero en describir y
definir el electrotono (1843), representando sus dos condiciones de un modo
gráfico por medio de curvas algebraicas.
En 1843 ha descubierto que existe una diferencia de
potencial entre el extremo seccionado de un músculo o nervio escindido y el
extremo no lesionado, produciéndose una corriente que puede ser demostrada con
un galvanómetro, cerrando el circuito. Ha deducido, erróneamente, que esta
diferencia de potencial existe en el músculo normal no seccionado; pero Hermann
ha podido demostrar posteriormente que la corriente se debe a los cambios
químicos en el extremo lesionado.
Desde el tiempo de du Bois Reymond el estado
tetánico de un músculo, lesionado o no, se consideraba como la suma de las
respuestas individuales provocadas por estímulos que iban rápidamente
sucediéndose. Puso de manifiesto que el músculo tetanizado tiene una reacción
ácida, y en reposo la tiene neutra; que el estímulo con una corriente constante
no tiene efecto sobre el nervio, y estableció la «ley de estimulación», en
virtud de la cual la excitación del nervio depende, no de la intensidad de la
corriente, sino de la rapidez de sus variaciones o del máximo de éstas en la
unidad de tiempo. Creía que las «corrientes de reposo» y otros fenómenos
eléctricos que ha encontrado en el nervio, en el músculo y en los ganglios eran
debidos a moléculas electro-motoras, de forma prismática, dispuestas en serie
de un extremo a otro, y que se mantenían los circuitos interrumpidos por el
hecho de ser todos estos tejidos conductores húmedos. Ha aplicado el mismo
razonamiento a los órganos de los peces eléctricos, que él ha sido el primero
en estudia detenidamente, y ha resumido su punto de vista en esta materia
afirmando que el estímulo electro-fisiológico es simplemente una fase de la
electrólisis.
Durante su larga vida, du Bois Reymond ha escrito
muchos ensayos muy atractivos y varios excelentes estudios biográficos, siendo
especialmente notables los estudios científicos de los materialistas franceses
Voltaire, La Mettrie, Diderot y Maupertuis, así como los referentes a Johannes
Müller y Helmholtz, de los que el último es una de las principales fuentes de
información respecto de los trabajos realizados por este autor.
Este género de estudios estaban realizados con gran
facilidad y esprit, desplegando una enorme cultura; pero están más
sobrecargados de erudición que los de Helmholtz.
Emil du Bois Reymond (1818-96)
Dos de los tratados de du Bois Reymond han llamado
especialmente la atención; el de los Límites de la Ciencia Natural (1872)
y el de Siete palabras enigmáticas (1880), en los que el autor
profesa una rígida negación de las causas finales en relación con aquellos
problemas de la naturaleza de la fuerza y de la materia, del origen del
movimiento y de la vida, de la finalidad de los fenómenos naturales, del origen
de la sensación, del pensamiento y del lenguaje, del libre albedrío, etc.
resumiendo su punto de vista en estas palabras, frecuentemente repetidas: Ignorabimus, Dubitemus. Personalmente,
du Bois Reymond era un hombre de mediana estatura, de rudo aspecto y enérgica
fisonomía, fuerte y atlético, con mirada altiva y gestos animados. Tuvo dos
hijos, ambos médicos bien conocidos.
El ejemplo de Helmholtz y de du Bois Reymond dio un
interés creciente al estudio de la fisiología de los músculos y de los nervios,
cuyos especiales adelantos habían tenido lugar con la invención de nuevos
procedimientos instrumentales. Muchos de éstos, como la palanca de coseno, el
miotonógrafo y el termópilo perfeccionado, habían sido ideados por Adolf Fick
(1829-1901), de Cassel, discípulo de Carl Ludwig, que escribió dos importantes
obras de física médica (1856)[498] y del trabajo mecánico y la producción de
calor durante el ejercicio muscular (1882)[499]. El método de obtener diagramas, ideado por
Schwann (1837) y Helmholtz (1850), fue ampliamente perfeccionado por
Étiennejules Marey (1830-1904), de París, que demostró que, para evitar los
errores debidos a la inercia y a otras causas, es preferible usar un estilete
muy ligero para inscribir en el tambor (1860). Las investigaciones se
encontraban auxiliadas también con otros instrumentos, como el galvanómetro de
d’Arsonval, el electrómetro capilar de Lippmann, el inscriptor de la tensión de
Fick (1882), el ingenioso invento del escandinavo Magnus Blix, para recoger
sincrónicamente curvas isométricas e isotómicas (1892), el reótomo diferencial
de Bernstein (1890), el ergógrafo de Mosso (1890)[500] para el estudio de la contracción muscular
voluntaria en el hombre, y el miotonómetro del mismo autor (1896). La
fotografía fue eficazmente empleada por Sir John Burdon Sanderson (1828-1905) y
por Julius Bernstein (1839), midiendo las relaciones de tiempo del período de
estímulo latente del músculo, reduciéndola respecto de las figuras dadas por
Helmholtz en 0, 0035" aproximadamente[501]. Bernstein, uno de los mejores discípulos de du
Bois Reymond, ha publicado también una importante obra acerca de la
termodinámica de la contracción muscular (1902-08). Los efectos de la veratrina
en la contracción muscular («músculo veratrinizado») han sido investigados
primeramente por Kölliker (1865)[502] y más tarde por Bezold e Hirt (1867). Willy
Kühne demostró que el plasma muscular es coagulable (1859) y fluido dentro de
la fibra muscular viva (1863). Angelo Mosso (1846-1910), de Turín, ha
investigado la fatiga muscular con el ergógrafo (1890-91)[503], y por medio de inyecciones experimentales con la
sangre de animales fatigados ha indicado que la fatiga es debida a algún
producto tóxico de la contracción muscular (1890)[504]. Auguste Chauveau (1827-1917) ha investigado el
calor y las relaciones energéticas del trabajo muscular (1891), y Theodor
Wilhelm Engelmann (1843-1909), la mecánica y termodinámica de la contracción
muscular, ilustrando su teoría con un músculo artificial hecho con una cuerda
de violín. Alguna de la mejor obra llevada a cabo sobre el músculo ha sido
realizada en el laboratorio de Carl Ludwig, en particular por H. P. Bowditch,
en su demostración del fenómeno de la escalera (Treppe) en los músculos lisos
(corazón) [1887][505], por von Kries sobre el efecto de tensión en el
modo de responder el músculo a los estímulos (1880) y por la obra de Kronecker.
Hugo Kronecker (1839-1914), de Liegnitz (Silesia),
discípulo de Helmholtz, Wundt, Kühne, Traube y Ludwig, y profesor de Fisiología
en Berna (1885-1914), se. ha distinguido por su estudio de la fatiga y
restablecimiento del músculo estriado (1871)[506], por su demostración de que el músculo cardíaco no puede ser tetanizado
(1874)[507] sus investigaciones sobre el mecanismo de la deglución (con S. J.
Meitzer, 1880-83); sus inventos del frenógrafo, el termoestesiómetro, el
cilindro o bovina graduada de inducción, el manómetro para el corazón de la
rana y de una cánula de perfusión; sus estudios sobre la acción refleja, sobre
el calor animal, la inervación de la respiración y otros muchos e importantes
asuntos. Los clásicos experimentos de Bowdicht y Kronecker sobre el músculo
cardíaco han conducido al establecimiento del principio de que el movimiento
cardíaco sigue la ley de «todo o nada», o sea, cualquiera que sea el estímulo,
o se produce una contracción lo más extensa posible o no se produce contracción
alguna.
Hugo Kronecker (1839-1914)
Kronecker ha investigado, además, la importancia de
las sales inorgánicas para el latido muscular, el fundamento racional de la
transfusión y el fisiologismo del mal de las montañas. Ha dirigido y ayudado a
von Basch en los primeros estudios esfigmomanométicos de los seres humanos, y
ha contribuido instrumentalmente a la fundación del Instituto Mosso de Monte
Rosa, en los Alpes; al Hallerianum, de Berna, y al Instituto Marey, de París.
Ha sido el alma del laboratorio de Ludwig y durante toda su vida un promovedor
de las relaciones cordiales entre los hombres científicos (Meltzer). Entre sus
discípulos americanos figuran Meltzer, Stanley Hall Cushing, Mills y H. C.
Wood, Jr.
El mecanismo de la locomoción ha sido primeramente
investigado por los hermanos Weber (1836), después por Samuel Haughton (1873)
y, a lo largo de rígidas líneas matemáticas, por Christian Wilhelm Braune y
Otto Fischer (1891-95). La idea de examinar la locomoción por medio de una
serie de fotografías (cinematógrafo) ha sido sugerida en primer término por el
astrónomo Janssen, que observó el paso de Venus de este modo (1878). El método
ha sido perfeccionado y utilizado por E. J. Marey (Le mouvement,
1894), y por Eadweard Muybridge en sus atlas de animales y del desnudo humano
en movimiento (1899-1901).
Después de du Bois Reymond, las más interesantes
investigaciones acerca de la fisiología del nervio son el descubrimiento del
poder inhibidor del nervio vago por los hermanos Weber (1845); la medición de
la velocidad de la corriente nerviosa por Helmholtz (1850-52), que ha sido
abiertamente sugerida por la obra de du Bois Reymond; la monografía de Eduard
Pflüger sobre el electrófono (1859), que ha establecido por primera vez las
leyes que rigen el estímulo del nervio con la corriente galvánica al cierre y abertura
de la misma; la antigua obra del «sistema excito secretor» de Henry Fraser
Campbell, de Georgia (1857); el fenómeno de Ritter-Rollet (1876); las
investigaciones de Angelo Mosso sóbrelos movimientos del cerebro (1876); su
instrumento para estudiar las pulsaciones cerebrales y para calcular la
duración y el grado de una sensación transmitida al cerebro desde fuera (1876)[508], que le valió el premio de la Academia del Lincei; los estudios de la
irritación mecánica del nervio por Rudolf Heidenhain (1858), Robert Tigerstedt
(1880) y Uexküll («sacudida nerviosa», 1895); de Paul Grützner sobre los
efectos de los estímulos químicos (1893); las investigaciones de Magnus Blix
sobre las energías específicas de los nervios cutáneos (1884-85); de Alfred
Goldscheider sobre la temperatura de los nervios (1884-85), y los de Henry Head
sobre los efectos del traumatismo y de la sección de los nervios periféricos
(1905-08).
Uno de los más importantes experimentos ha sido la
demostración de la infatigabilidad del nervio (1890)[509], por Plenry Pickering Bowditch (1840-1911), de Boston (Massachusetts),
que fundó el primer laboratorio de Fisiología de los Estados Unidos (1871),
hizo la primera investigación de Ireppe en el músculo cardíaco
(1871), demostrando que' la delfina hace el corazón latir rítmicamente (1871),
se ha dedicado al estudio del crecimiento del niño (1877-90) y ha hecho un
importante trabajo acerca del refuerzo del estremecimiento de la rodilla
(1890). Bowditch ha demostrado que el nervio no puede ser suprimido de su función,
paralizando las terminaciones nerviosas en el músculo para eliminar el último y
estimulando el nervio a intervalos, con la respiración artificial, hasta que el
efecto de la droga desaparezca, y entonces se ve que reaparecen los
estremecimientos musculares, porque, a pesar de la prolongada excitación, el
nervio ha respondido y sigue respondiendo a la excitación. Bernstein (1877) y
Wedensky (1884) han variado el experimento, bloqueando el nervio del músculo
por medio de una corriente galvánica (efecto de Wedensky[510] y Maschek, en 1887, ha bloqueado el nervio por medio de la
aplicación local de vapores de éter a la parte situada entre la región
estimulada y el músculo, y el nervio continuaba respondiendo después de una
excitación de dos horas.
Henry Pickering Bowditch (1840-1911)
De este modo, el experimento inicial de Bowditch ha
dado lugar, andando el tiempo, a la idea del bloqueamiento anestésico de los
troncos nervios por Crile y Cushing, que es uno de los principios fundamentales
de la reciente cirugía.
El asunto, en conjunto, de las preparaciones
músculo-nerviosas ha sido acabadamente tratado por Wilhelm Biedermann (1854) en
su Electrophysiologie (1895) Y Por du Bois Reymond en sus
estudios acerca de los peces eléctricos, siendo continuadores de estos trabajos
Gustav Theodor Fritsch (1887-90), Karl Schönlein y el difunto Francis Gotch
(1887 a 95). El aspecto químico de la actividad nerviosa ha sido investigado
por William D. Halliburton (Londres, 1901), A. B. Macallum y Menten (1906).
El punto de partida de la teoría de la neurona ha
sido el experimento, que ha hecho época, de Augustus Volney Waller (1816-1870),
de Elverton Farm (Kent.). Ha demostrado que, cuando se corta un nervio, el cabo
distal (el cilindro-axil, separado de la célula nerviosa) degenera muy pronto,
al paso que el cabo central permanece relativamente intacto (1850), de lo que
Waller ha deducido que la célula nerviosa nutre la fibra nerviosa. Por el mismo
método, Waller ha podido demostrar que, si se secciona una raíz nerviosa
medular anterior, los cambios denegativos indican que los centros nutricios de
las fibras motoras deben residir en la médula espinal, al paso que, en el caso
de seccionar las raíces posteriores (sensitivas), aquéllos parecen encontrarse
en los ganglios espinales. Estos experimentos, que valieron a Waller el premio
Montyon de la Academia Francesa de Ciencias (2.000 francos), en 1856, han sido
repetidas veces confirmados por las observaciones de los histólogos que han
trabajado en la doctrina de la neurona. Algunas importantes observaciones sobre
antiguos amputados han sido realizadas por el difunto William Howship Dickinson
(1832-1913)[511], de Brighton (Inglaterra), en 1865, demostrando que el cabo proximal de
un nervio seccionado puede en algunos casos experimentar la atrofia.
La teoría de que las funciones del cerebro pueden
ser localizadas en la corteza cerebral ha sido introducida, de un modo un poco
fantástico, por Franz Joseph Gall (1757-1826), como organología o craneoscopia,
y por su discípulo Johann Caspar Spurzheim (1776-1832), como frenología;
apareciendo unidas las investigaciones de ambos en un tratado de cuatro
volúmenes, con atlas, en 1810-19. [512] Contenía este tratado algunas adiciones
realmente importantes a la anatomía cerebral, y la teoría de que el cerebro era
un conjunto de veintisiete «órganos» separados (posteriormente 37), presidiendo
todos los diferentes rasgos morales, sexuales e intelectuales del individuo,
siendo sus dimensiones proporcionales a la preponderancia de aquellos rasgos, y
manifestándose por protuberancias en la superficie del cráneo. La teoría de
Gall fue desechada en Viena; pero, en cambio, se acuñaron medallas en su honor
y, como Hahnemann, murió rico en París. La propaganda de Spurzheim condujo a la
formación de sociedades frenológicas secretas y de periódicos consagrados a la
frenología en la Gran Bretaña y en los Estados Unidos. La teoría atrajo la
buena opinión de Goethe, que hizo notar agudamente que el secreto de su partido
en las clases populares reside en que ella trata con proposiciones particulares
más bien que con generales; en otros términos, la mente popular, incluso las
gentes a la moda, estaba naturalmente preocupada con los diferentes
«abultamientos» craneales que localizaban las diferentes amatividades,
combatividades, filoprogenitividades, etc., de cada persona en cuestión.
Explotada por farsantes y charlatanes, la frenología se convirtió bien pronto
en un objeto de irrisión para el mundo científico.
El primer adelanto real, después de los
experimentos de Flourens y Legallois, ha sido el más importante de todos, a
saber, la obra de Gustav Fritsch (1838-91) y de Eduard Hitzig (1838-1907),
estableciendo la excitabilidad eléctrica del cerebro (1870)[513], que había sido puesta en duda desde los tiempos de Flourens. La afasia
motora por traumatismos o afecciones en la región de la tercera circunvolución
frontal izquierda (circunvolución de Broca) había sido ya verdaderamente
establecida por Bouillaud (1825) y por Broca (1861), y espasmos epileptiformes
localizados, causados por lesiones cerebrales circunscritas, habían sido
descritos por Richard Bright (1836) y Hughlings Jackson (1875)í Pero los
experimentos de Fritsch y de Hitzig en el cerebro del perro han sido los
primeros en demostrar que los movimientos parciales del cuerpo y las
convulsiones localizadas pueden ser producidas estimulando determinadas áreas
en el cerebro, siempre idénticas en los diferentes animales de la misma
especie, y que, per contra, la destrucción de aquellas áreas
produce parálisis o pérdida de la función de la parte correspondiente del
cuerpo. Estas observaciones han sido comprobadas y grandemente extendidas por
sir David Ferrier (1843) en los mamíferos, aves, ranas, peces y otros animales
(1872-76)[514], con la subsiguiente determinación y composición gráfica de las áreas.
Horsley y Schäfer (1884-88) y Beevor y Horsley (1887-94) han tendido a
confirmar la idea de Ferrier de que el área motora de la corteza cerebral
corresponde a las inmediaciones de la cisura de Rolando. Las áreas, tanto
motoras y sensitivas como «silenciosas» o inexcitables, han sido fijadas por
los trabajos de Flechsig (1876), Munk (1877-79), Bechtereff (1887), François
Franck (1887), Gudden (reunidas en 1889), Henschen (1890-94) y Monakow
(1891-92), a la vez que el asunto ha sido cuidadosamente estudiado, desde el
punto de vista clínico, por Charcot y Pitres (1895).
El problema de las funciones totales de los
hemisferios cerebrales y de la médula espinal estará siempre asociado al nombre
de Friedrich Leopold Goltz (1834-1902), de Posen, discípulo de Helmholtz, que
fue profesor de Fisiología en Halle (1870-72) y en Estrasburgo (1872-1902).
Goltz ha dejado importantes trabajos acerca de la presión cardíaca, del
mecanismo del shock (Klopfversuch, 1862)[515] y sobre las funciones de los conductos semicirculares (1870); pero
sus experimentos más demostrativos son los que realizó de escisión del cerebro
y de la médula espinal en la rana (1869-72)[516] y en el perro (1874-96)[517]. Ha demostrado que la rana sin cerebro, o «espinal», puede saltar,
nadar, brincar en el agua, salirse del agua caliente, cantar como las ranas de
Aristófanes, y ajustarse ella misma de un modo mecánico a los estímulos
exteriores; pero en otras condiciones queda como una momia, y, aunque provista
de alimento, muere de hambre a causa de que es una máquina espinal, desprovista
de voluntad, de memoria y de inteligencia; cuando se dejan intactos los tálamos
ópticos, el animal parece conservar alguna inteligencia en lo que respecta a su
propia nutrición y al instinto sexual; y del mismo modo, la ablación de los
hemisferios cerebrales en el perro va seguida de la conservación de movimientos
sin objeto, respuestas no inteligentes a los estímulos e incapacidad para
alimentarse de un modo espontáneo y para tragar. Análogos experimentos habían
sido ya llevados a cabo por Rolando, Flourens, Longet y Vulpian; pero ninguno
de ellos ha descrito los fenómenos tan cuidadosa y gráficamente como Goltz, que
demostró el hecho importante de que la descerebración produce trastornos tanto
más importantes cuanto más elevado es el animal, como lo evidencia la amencia
en el hombre. El otro experimento (el de escindir la médula espinal) tiene que
ser efectuado con el mayor cuidado y delicadeza para que el animal siga
viviendo; y los datos de Goltz demuestran que en estas condiciones los músculos
inervados por los nervios espinales quedan totalmente paralizados, con una
pérdida absoluta de la sensibilidad en las partes correspondientes; las
vísceras y los vasos sanguíneos pierden su tono; el poder de adaptación a la
temperatura y a los otros cambios del medio externo queda disminuido, y la
perspiración, abolida; en cambio, pueden realizarse la gestación y la
lactancia.
Friedrich Leopold Goltz (1834-1902)
La exposición de Goltz del animal «espinal» como un
mecanismo sin cerebro que, según la expresión de Bernard Shaw, «disparata en
una agonía», y del animal privado de su médula espinal, como una inteligencia
consciente, con pérdida del poder de coordinación y de adaptación, ha hecho
mucho por la iniciación de la labor de los tiempos modernos a propósito de los
reflejos complejos del organismo.
Aunque du Verney había escindido con éxito el
cerebro y el cerebelo (1697), las más antiguas investigaciones de la función
cerebelosa son las de Rolando en 1809.
Estas han sido seguidas de los clásicos
experimentos de Flourens sobre la paloma (1822) y de los de Luciani en el perro
(1882-91), que produjeron incoordinación atáxica. Escisiones experimentales de
partes fraccionadas han sido llevadas a cabo por un gran número de
observadores, desde Rolando hasta Magendie. Rolando comparaba el cerebelo con
una pila voltaica, porque servía para aumentar y reforzar los movimientos
voluntarios iniciados en el cerebro, un punto de vista que ha sido reiterado y
reforzado por Weir Mitchell (1869). Flourens ha introducido la idea de la
coordinación nerviosa, que ha sido nuevamente defendida con calor por John Cali
Dalton (1861). Hughlings Jackson considera el cerebelo como el centro de los
movimientos continuados, y el cerebro como el de los movimientos cambiantes.
Los efectos de la escisión del bulbo y de la protuberancia han sido estudiados
por Schrader (1887). Robert Whytt ha encontrado que la supresión de la parte
anterior de los tubérculos cuadrigéminos produce la abolición del reflejo de la
acción de la luz (1768).
Ivan Michailovich Setchenoff piensa que se contiene
un centro inhibidor de los reflejos espinales (1863), y Charles S. Sherrington,
que la transección completa da lugar a un estado de «rigidez descerebral»
(1896-97). La relación del tálamo óptico con la sensibilidad del lado opuesto,
especialmente en los ojos, ha sido apreciada simultáneamente por Panizza y
Joseph Swan (1856) y estudiada, desde el punto de vista patológico y clínico,
en un trabajo póstumo de Hughlings Jackson (1875)[518]. El sistema simpático ha sido investigado por Friedrich Wilhelm Bidder
(1810-94) y Alfred Wilhelm Volkmann (1800-77), que demostraron que se encuentra
formado ampliamente de pequeñas fibras meduladas procedentes de los ganglios
espinales y simpáticos (1842)[519]; por Claudio Bernard, Brown-Sequard, Waller y Budge, que demostraron
los efectos de seccionar y de estimular el simpático cervical (1852-53); por
Kölliker (1889) y otros histólogos modernos, que han estudiado la estructura de
las células simpáticas por medio de perfeccionados métodos colorantes; por W.
H. Gaskell, que ha estudiado la inervación visceral y vascular (1886); por J.
N. Langley, que ha estudiado los reflejos de los ganglios simpáticos (1894)[520] y que ha definido el «sistema autónomo» (1900), y, últimamente,
por Henry Head. De los nervios especiales, el vago ha sido estudiado por los
Weber (1845), Schmiedeberg (1871) y Gaskell (1882); los nervios del corazón y
la cuerda del tímpano, por Carl Ludwig; los vasoconstrictores y
vasodilatadores, por Claudio Bernard (1858); los nervios dilatadores de los
vasos periféricos, por Carl Ludwig (1886); los plexos intestinales, por
Auerbach y Meissner (1862); los nervios secretores y tróficos de las glándulas,
por Heidenhain (1878); los nervios para la temperatura (1884) y para la
sensación cutánea (1885), por Alfred Goldscheider; la distribución de las
fibras de los nervios craneales, por Vulpian (1885); el mecanismo erector, por
Eckhard (1863) y Gaskell (1887); el órgano terminal del octavo nervio, por
Julius Ewald (1892); los nervios pilomotores, por J. N. Langley (1893), y las
terminaciones nerviosas para las sensaciones dolorosas, por Max von Frey
(1896).
El concepto moderno de la acción refleja es un
fruto de la teoría celular, de la que ha constituido la teoría de la neurona el
más importante corolario, y ha sido por la labor de los diferentes histólogos y
experimentadores, que han trabajado, desde Deiters hasta Harrison, para
demostrar los caminos complicados que transmiten los impulsos desde una célula
nerviosa a otra, y han demostrado su continuidad morfológica. Los datos
iniciales han sido la ley de Bell-Magendie de las raíces espinales posteriores,
la ley de la degeneración walleriana de las fibras nerviosas después de su
sección, y la labor de Goltz de los efectos de escindir grandes secciones de
las porciones centrales del sistema nervioso. Las investigaciones de Türck de
la distribución cutánea de los diferentes pases de los nervios espinales
(1858-68) son de capital importancia, así como también el descubrimiento de la
inhibición cerebral de los reflejos espinales por Setchenoff (1863)[521], y la investigación de algunos reflejos localizados, como el rotuliano
o el mecanismo de la deglución. Con la teoría de la neurona, el simple
mecanismo reflejo de un estímulo externo, una vía aferente, un centro nervioso
y una vía eferente se convirtió en un «arco reflejo», requiriendo una neurona
sensorial centrada en el ganglio de las raíces espinales posteriores o en los
ganglios de los nervios sensitivos craneales, y una neurona motora en el asta
anterior de la médula o en el núcleo motor de un nervio craneal. Aun este
complejo sistema se percibió bien pronto que era sólo una abstracción, supuesto
que un sistema aislado de células nerviosas funcionando por su parte es
inaceptable. Pronto se vio claramente que la mayoría de los reflejos eran
compuestos o coordinados, y que el sistema nervioso funcionaba como un todo.
Esta idea ha sido especialmente desenvuelta por Charles Scott Sherrington, que
ha llevado a cabo una larga serie de trabajos experimentales a propósito de
todas las fases de este asunto. Sherrington ha sido el primero que ha
investigado el fenómeno de la «rigidez descerebral» producida por la sección
transversal entre los tubérculos cuadrigéminos y los tálamos ópticos (1896-98)[522], y de la «inervación recíproca» e inhibición recíproca, en virtud de la
cual los músculos antagonistas, por ejemplo, los flexores y los extensores,
bajo el estímulo reflejo reaccionan de tal modo, que la excitación de un centro
es simultánea con la inhibición del otro (1893-98)[523]. Sherrington despliega el concepto teórico de la «synapsis», la
superficie separadora que Foster postula, existiendo entre dos neuronas o entre
sus terminaciones, para completar el circuito en el arco reflejo; y ha hecho
mucho por desarrollar el conocimiento del reforzamiento y del antagonismo en
los reflejos simples y compuestos y de la coordinación (en una cadena) de
reflejos sucesivos. La tendencia total de su trabajo es la demostración de que
una acción refleja es rara vez un fenómeno aislado, sino más bien una conexión
de varios arcos reflejos, de tal modo, que la verdadera función del sistema
nervioso es la de integrar el organismo, en el sentido de darle una
individualidad que no poseería siendo una mera colección de células o de
órganos[524]. Nadie ha sabido tratar este difícil asunto con tanta habilidad como
Sherrington, y en relación con su obra hay que mencionar aún los importantes
experimentos de Erb y de Westphal (1875), Jendrassk (1885), Weir Mitchell y
Morris J. Lewis (1886), Lombard (1889), Bowditch y Warren (1890), sobre el
reforzamiento y la inhibición del reflejo rotuliano, de Sigmund Exner sobre el
refuerzo (Bahnung) de los reflejos (1882), de Jacques Loeb
sobre la «cadena de reflejos» (1899) y de Pavloff sobre los reflejos condicionales
(1912).
La psicología experimental ha comenzado en el
laboratorio de Ernst Heinrich Weber, y sus modernas fases son principalmente la
obra de Lotze, Fechner y Wundt. Rudolf Heinrich Lotze (1817-81), de Bautzen, un
graduado en Medicina que pasó al campo de la Metafísica y de la Filosofía, es
el autor de varias obras importantes de Psicología analítica, especialmente su
Medicinische Phychologie o Psicología del alma (1852). Ha sido un investigador
de la percepción del espacio y de la exploración científica de los estados
subconscientes. Los estudios analíticos de Jung y de la escuela de Freud tienen
como precursores aquellas obras como el estudio, por J. C. A. Heinroth, de la
mujer puérpera (1834), en la que se introduce, en efecto, en concepto del
«puerperio patológico», y las investigaciones de Kussmaul acerca de la vida
psíquica de un niño recién nacido.
Gustav Theodor Fechner (1801-87), profesor de
Física en Leipzig (1839-75), ha dejado una gran labor experimental y editorial
de Física y Química, y ha sido, tal vez, el primero, después de Weber, en
aplicar la física matemática a la fisiología de la sensación, escribiendo el
primer tratado de Psico-física (1860)[525]. Ha hecho extensos estudios experimentales sobre
la sensación cutánea y el sentido muscular, como, por ejemplo, su estudio de
24.576 apreciaciones diferentes de pesos; ha hecho notar el carácter personal o
egotístico de la sensación dolorosa, y ha establecido la ley de Weber en su
forma moderna. En 1838 fue el primero en investigar los fenómenos colorantes
que se producen en los discos giratorios con segmentos blancos y negros, y no
podemos hacer mas que mencionar otras novedades ópticas, como su «experimento
del lado de la ventana» y su «experimento paradójico. »
Wilhelm Wundt (1832), de Neckarau (Badén), ha sido
profesor de Psicología en Heidelberg (1864), Zúrich (1874) y Leipzig (1875) y
fundador del Instituto de Psicología Experimental en esta última ciudad (1878).
Ha escrito un libro de texto de Fisiología (1865) y tres pacienzudas memorias
sobre el movimiento muscular (1858)[526], la percepción sensorial (1862)[527], y el mecanismo de los nervios y de los centros
nerviosos (1871-76)[528], que han constituido el fundamento de su obra
futura. La primera de aquéllas es notable por sus famosas «curvas isotónicas»,
producidas en el músculo por la excitación continua y constante (ascendiendo
hasta la continuidad), que, como dice Burdon Sanderson, han sido copiadas en
todos los libros de texto. Contiene, además, valiosas investigaciones acerca de
la acción muscular bajo el efecto de determinados medicamentos, y después de
las secciones transversales de los nervios y de la médula. El libro sobre el
mecanismo nervioso se ocupa de aquellos asuntos, como tiempo de reacción y
tiempo de reflejo, a través de la médula espinal y de los ganglios y sentido
muscular. Las contribuciones de Wundt a la Psicología propiamente dicha
constituyen una larga lista, comprendiendo sus Elementos de Psicología
Fisiológica (1874)[529], Lógica (1880-83), Ética (1886) y Psicología
Comparada (1904-10)[530]. En 1883 ha fundado los Philosophische Studien,
una serie consagrada a la Psicología experimental y a la Epistemología.
Otras notables contribuciones a la Psicología son
las mediciones de la velocidad del impulso psíquico por Donders (1868)[531], las monografías de Duchenne (1862) y de Darwin
(1873) sobre la expresión de las pasiones y de las emociones, el estudio de
Laura Bridgman por Estanley Hall (1879)[532], el libro de Angelo Mosso sobre el miedo (Lapaura,
1884), las obras de Romanes, Jacques Loeb, Lloyd Morgan, Jennings y otros sobre
Psicología comparada, y de Krafft, Ebing, Havelock Ellis y Freud sobre
Psicología sexual morbosa.
Gran parte de nuestros actuales conocimientos de
los sistemas digestivo y vasomotor ha sido desarrollada por Claudio Bernard
(1813-78), el más ilustre fisiólogo de la Francia moderna. Nacido en la ciudad
de Saint Julien (Ródano), era hijo de un labrador y cosechero de vino de
aquella región. Corista y discípulo de los jesuitas en el colegio de
Villefranche, el joven Bernard era empujado por apuradas circunstancias de
familia a ser ayudante de Farmacia en Lyon.
Claudio Bernard (1813-78)
Participando de las aspiraciones románticas de su
tiempo, volvió la atención hacia la literatura y escribió La rosa del
Ródano, una comedia-vaudeville que fue representada con algún éxito,
y Arturo de Bretaña, tragedia en cinco actos, que fue, largo tiempo
después, hermosamente impresa (1886). Con esta tragedia en la mano, se trasladó
a París a consultar con el crítico Saint-Marc Girandín, que vio los méritos de
su labor como autor dramático, pero que, prudentemente, le aconsejó estudiar
Medicina como un medio seguro de poderse ganar la vida. Esta advertencia fue
decisiva para la carrera de Claudio Bernard, porque le puso en relación con
Magendie, que dirigió su genio hacia su propia especialidad. Magendie, después
de tres o cuatro demostraciones del superior talento de Cl. Bernard, anunció,
con su generosidad característica: «Usted será un hombre mejor que yo. »
Comparado con Magendie, que frecuentemente experimentaba al azar, como el que
anda a tientas en la obscuridad, la actitud de Cl. Bernard respecto de la
investigación científica puede ser, de preferencia, resumida en estas palabras
suyas:
«Despojaos de vuestra imaginación como os despojáis
de vuestro sobretodo al entrar en el laboratorio; pero volved a recobrarla de
nuevo, como os volvéis a poner el abrigo al dejar el laboratorio. Antes del
experimento y entre los experimentos dejad que vuestra imaginación trabaje en
torno vuestro; ponedla resueltamente lejos de vosotros en tanto que dure el
experimento, dejando actuar sólo vuestro poder de observación. »
Todos los grandes descubrimientos de Cl. Bernard
están basados en hechos accidentalmente descubiertos, que él ha podido utilizar
como guías de amplios resultados gracias al admirable poder de su pensamiento
fisiológico. Se ha llegado a decir de él que era, no un mero experimentador
fisiológico, sino «la misma Fisiología en persona». Como Magendie y Johannes
Müller, ha hecho su inclinación hacia el vitalismo, pero tratándole con la
mayor amplitud posible. Al paso que Magendie consideraba la Medicina como une
Science á faire, Cl. Bernard avanzaba audazmente hacia la posición de que
el objeto principal de la experimentación es hacer la luz sobre los estados
patológicos. Cl. Bernard ha sido el fundador de la Medicina experimental y de
la producción artificial de enfermedades por medio de manipulaciones físicas o
químicas.
En 1843 descubrió que si se inyectaba en las venas
el azúcar de caña aparecía en la orina, no apareciendo, en cambio, si se la
trataba previamente con el jugo gástrico. Este fue el punto de partida de sus
investigaciones sobre la función glucogénica del hígado. Llegó a esto por el
accidental hallazgo del azúcar en la vena hepática de un perro alimentado con
él, de donde pasó a experimentar en un perro alimentado con carne, con el mismo
resultado, publicando sus observaciones en 1848-50[533]. En ¿857 ha llegado, por una serie de ingeniosos
experimentos, a establecer la función glucogénica sobre bases seguras,
consiguiendo aislar el glucógeno[534]. El hecho de que esta substancia pudiera ser
obtenida, vista como tal y experimentarse con ella, era más decisivo que la
labor de Wóhler estableciendo el hecho de que el organismo animal era capaz de
construir substancias químicas, lo mismo que de destruirlas. Además de esto,
Cl. Bernard pudo poner en claro que la función glucogénica del hígado entra
dentro de la categoría de las «secreciones internas», término establecido por
él. «De este modo, dice Foster, destruyó de un solo golpe la entonces dominante
concepción de que el cuerpo animal debía ser considerado como una reunión de
órganos, cada uno de ellos con su función propia. » En 1848 hizo Cl. Bernard su
famoso descubrimiento de que una picadura (piqûre) del cuarto ventrículo en el
perro produce una diabetes temporal[535]. Igualmente importante para la fisiología del
aparato digestivo ha sido su labor sobre el jugo pancreático (1849-56)[536]. Antes de la época de Cl. Bernard, la digestión
gástrica constituía la totalidad de la fisiología de la digestión. Eberlé, en
1834, sugirió la idea de que el jugo pancreático emulsionaba las grasas, y
Valentín, en 1844, demostraba su acción sobre el almidón; pero esto era todo, y
aun, ésto no era generalmente conocido. Cl. Bernard puso en claro todo el
problema. Demostró que «la digestión gástrica constituye sólo un acto
preparatorio»; que el jugo pancreático emulsiona la grasa de los alimentos
cuando pasan por los intestinos, desdoblándola en ácidos grasos y glicerina; y
demostró, además, su poder de convertir el almidón en azúcar, y su acción
disolvente sobre los proteidos no disueltos en el estómago. Cl. Bernard
convirtió la fístula pancreática experimental en una base de trabajo. Su tercer
gran descubrimiento es su exposición del mecanismo vasomotor (1851 -53)[537]. En 1840, Henle, como hemos visto, demostró la
existencia de fibras musculares lisas en el endotelio de las finas arterias; y
en 1846, Kölliker demostró que estas fibras musculares involuntarias estaban
formadas por pequeñas células prolongadas en hueso. El término «vasomotor» ha
sido primeramente usado por Benedick Stilling en 1840, como una hipotética
designación de los filamentos nerviosos que inervan los vasos sanguíneos. Cl.
Bernard dedujo de ello que el sistema nervioso interviene en los cambios químicos
que producen el calor animal. Dividiendo a un conejo el simpático cervical
(1851), encontró, en lugar del esperado descenso térmico, un importante aumento
(40 a 6o C) y marcado aumento también en la
vascularización de la oreja; pero él dejó, como cuestión para resolver, si esta
congestión era la causa o el efecto del aumento de temperatura. En agosto de
1852[538], Brown-Sequard, entonces residente en América,
demostró que el galvanismo aplicado a la parte superior del simpático dividido
causaba realmente contracción de los vasos y descenso de la temperatura, y que
de esto podía deducirse que el efecto de la sección del simpático era paralizar
y dilatar los vasos sanguíneos. Cl. Bernard, independientemente, realizó el
mismo experimento en noviembre de 1852, y análogos resultados han sido
obtenidos por Waller y Budge en 1853. En 1853, Cl. Bernard suprimió la circulación
en la oreja, ligando dos de sus venas, encontrando el mismo aumento de
temperatura después de la sección del simpático, de donde dedujo que éste
dirige las relaciones térmicas, un punto de vista que ha defendido hasta el fin
de su vida. En 1858 ha demostrado que el simpático es el nervio constructor, y
la cuerda del tímpano, el dilatador de los vasos sanguíneos. Este
descubrimiento de nervios vasodilatadores y vasoconstrictores[539], completa su labor sobre el aparato circulatorio.
Entre sus descubrimientos menores figuran sus experimentos con el curare
(1850-56)[540], en los cuales, paralizando el nervio, ha
demostrado la independiente excitabilidad del músculo, dando de este modo una
clásica demostración de la doctrina de Haller de la irritabilidad específica;
sus investigaciones sobre el poder tóxico del monóxido de carbono (1853-1858)[541], demostrando que él desplaza el oxígeno de los
glóbulos rojos; y sus estudios sobre las «secreciones paralíticas» ocasionadas
por la sección de los nervios glandulares (1864)[542]. En el Museo Médico Militar de Washington se puede
ver la histórica mesa en la que efectuaban sus experimentos Magendie y Cl.
Bernard.
Durante los últimos años de su vida, Cl. Bernard
expuso y difundió sus doctrinas por medio de cursos de lecciones en el Colegio
de Francia y en la Sorbona, en particular sobre fisiología experimental (1855)1
los efectos de las substancias y medicamentos tóxicos (1857), la fisiología y
patología del sistema nervioso (1858), los líquidos del organismo (1859), la
patología experimental (1872), los anestésicos y la asfixia (1875) Y Li
fisiología operatoria (1879). Las últimas revelan el irreprochable maestro en
la técnica de los procedimientos experimentales, y todas ellas, al hombre de
letras, que ha comenzado su carrera como autor dramático. Esparcidos en todos
sus escritos se encuentran muchos luminosos aforismos, que son para la Medicina
lo que los Pensées de Vauvenargues y Joubertson para la
literatura, porque aparecen inspirados, como nunca hasta entonces lo habían
estado, con la elevada vocación y las nobles y honradas tendencias y
aspiraciones del médico científico. En sus primeros tiempos, Cl. Bernard era
desdeñado, considerándose como un simple disector de animales, y nos dice él
mismo que disfrutaba de gran inmunidad respecto de las persecuciones gracias a
la amistad accidental con un comisario de policía en cuyo distrito tuvo la
precaución de establecerse. Por la misma razón, él no fue dichoso en su vida
conyugal, y sus mismas hijas llegaron a estar alejadas de él a causa de su
mujer. Pero los honores fueron llegando con el tiempo. Una cátedra especial de
Fisiología general fue creada para él en la Sorbona durante la vida de
Magendie, y en 1855 sucedió a éste como profesor de Fisiología en el Colegio de
Francia, siendo admitido en la Academia Francesa en 1868. Napoleón III estaba
de tal modo fascinado con la personalidad de Cl. Bernard, que creó para él dos
buenos laboratorios en la Sorbona y en el Museo de Historia Natural, y le hizo
senador en 1869. Entre sus amigos figuraban Duruy, Gambetta, Pasteur, Rayer,
Davaine, Saint-Claire Deville, Berthelot y Renán, que le sucedió en su fauteuil de
la Academia Francesa. Claudio Bernard era alto y de imponente presencia, con
una noble frente y una fisonomía que expresaba la profundidad del pensamiento y
la bondad de los sentimientos. «Cuando iba por las calles, se solía oír decir a
las gentes: —No me sorprende que sea así. Tenía que ser así de distinguido. »
Entre los discípulos de Cl. Bernard, Willy Kühne
(1837-190°)» de Hamburgo, profesor de Fisiología en Ámsterdam (1868-71) y en
Heidelberg (1871-1900), es célebre por sus investigaciones acerca de los
órganos terminales periféricos de los nervios motores (1862), de la hemoglobina
(1865), de la digestión de los proteidos por el jugo pancreático (1867)[543], del encyma proteolítico del páncreas, al que dio el nombre de tripsina
(1876)[544], del desdoblamiento de las albúminas por la digestión tríptica y
gástrica (1877)[545], de la «rhodopsina» o «púrpura visual» y de los «chromophanes» de la
retina (1877)[546], de las corrientes eléctricas desarrolladas en un músculo estimulado y
comprimido y de su poder de excitar otros músculos comprimidos con él (1888)[547] y especialmente por las notables series de estudios químicos de
los productos intermediarios de la digestión pépsica e intestinal, que ha
llevado a cabo, con su discípulo Rusell Henry Chittenden (1856), de New Haven,
Connecticut, siendo aisladas muchas substancias y nombradas por primera vez por
estos investigadores (1883-88)[548].
Willy Kühne (1837-1900). (Biblioteca Médica de Boston.)
Kühne ha sido un hombre de innumerables recursos en
la investigación, notable por sus «optogramas» o fotografías hechas
directamente de la retina escindida, y por su empleo de los fermentos
pancreáticos como reactivos en Histología.
Paul Bert (1830-86), de Auxerre, discípulo
predilecto de Cl. Bernard y su sucesor en la Sorbona (1868), estropeó su
brillante carrera científica mezclándose en las luchas políticas. Era
furiosamente radical y anticlerical, y habiendo sido nombrado por Gambetta
cónsul general en Tonkín, en 1886, sucumbió allí, poco tiempo después, víctima
de la disentería. Ha descubierto en la glándula mamaria (1879) una substancia
no analizada; pero su mejor obra es La Pression Barométrique (1878), un
conjunto de ensayos diversos dedicados al estudio de los gases en la sangre, a
la enfermedad de los buzos y especialmente a los efectos tóxicos del oxígeno a
alta presión. Prosiguiendo sus experimentos, él estimuló a tres aeronautas a
efectuar una elevada ascensión llevando balones de oxígeno, y sólo uno
sobrevivió al ensayo. La teoría de la glucogenia ha sido expuesta acabadamente
por Frederick William Pavy (1829-1911), cuya obra debe ser considerada en
relación con la medicina interna.
En relación con la obra de Cl. Bernard, debemos
seguir los modernos desenvolvimientos de la fisiología de la digestión, del
metabolismo y de las glándulas de secreción interna.
La descripción clásica del mecanismo del acto de la
deglución ha sido dada por Magendie (1817)[549], quien expuso los tres actos en el paso del
alimento a través de la boca, de la faringe y del esófago. El creía que el
principal coeficiente del poder motor eran los músculos constrictores de la
faringe; pero posteriormente ha sido demostrado por Hugo Kronecker (1839-1914),
de Berna, y por Samuel James Meltzer (1851), que el reflejo de la deglución es
un complejo mecanismo coordinado, dependiendo principalmente de los músculos
milohiodeo e hipogloso (1880-83)[550]. El carácter esencialmente reflejo del acto fue
demostrado en 1876 por Angelo Mosso (1846-1910), de Turín, quien ha puesto bien
de manifiesto, que, aun después de la sección o de la ligadura del esófago, la
onda peristáltica se transmite, a su tiempo, a la parte inferior de la sección
por medio de los nervios correspondientes, llegando hasta el estómago, donde,
seccionados sus nervios, quedaría abolido por completo el reflejo[551]. Los movimientos del estómago han sido
primeramente estudiados in sitie por William Beaumont, y más precisamente por
Walter Bradford Cannon (1871)[552], de Wiscousin, que los ha estudiado por medio de
los rayos Röntgen, después de la administración del subnitrato de bismuto. El
que el estómago es, como el corazón, un mecanismo motor automático,
independientemente del mecanismo nervioso que arregla su función, ha sido
demostrado por las observaciones de Hofmeister y Schütz sobre los movimientos
de un estómago escindido conservado a la temperatura orgánica (1886); por Rud.
Heidenhain; por W. B. Cannon, en Harward (1906), que ha demostrado que las
secreciones y los movimientos gástricos continúan sin disminuir después de la
sección de las fibras extrínsecas de los nervios vago y esplácnico; y,
finalmente, en el «organismo visceral», que Alexis Carrel ha podido conservar
vivo en un medio de cultivo extra vital (1912). Cannon ha estudiado, además, el
mecanismo de la digestión en condiciones quirúrgicas y después de las
operaciones quirúrgicas (1905-9). El mecanismo del vómito ha sido estudiado en
primer término por Magendie (1813), que pensaba que el único agente era la
contracción de los músculos abdominales. Posteriores investigaciones han podido
demostrar que este modo de pensar era sólo verdad a medias; siendo el acto un
reflejo mucho más complejo, en el que intervienen también, con igual
importancia, las paredes del estómago. Después de la época de Prout y de
Beaumont, se había sostenido, por Cl. Bernard y Barreswil, Lehmann y otros, que
el ácido libre del estómago era, en realidad, el ácido láctico; pero esto fue
rectificado, finalmente, por los minuciosos análisis de Bidder y Schmidt
(1852), quienes demostraron que el jugo gástrico normal contiene siempre ácido
clorhídrico en exceso. Brücke (1872) y otros han demostrado, sin embargo, que,
durante la digestión de los hidratos de carbono, el almidón puede convertirse
directamente en ácido láctico en el estómago, probablemente por la acción de
los bacilos del ácido láctico. Se ha demostrado por Voit (1869) y Cahn (1886)
que el ácido clorhídrico del estómago se deriva de los cloruros contenidos en
el plasma de la sangre. Respecto del mecanismo de su formación se han emitido
diferentes teorías por Maly, Gamgee y otros, que siguen estando sub judice Los
cambios histológicos en las glándulas gástricas durante la secreción han sido
estudiados por Heidenhain (1878), e intravitalmente por J. N. Langley (1880).
Los diferentes grados de la conversión de los proteidos en peptonas en el
estómago han sido descritos primeramente por Meissner (1859-62) y más completa
y acabadamente por Willy Kühne (1877).
Los movimientos del intestino han sido estudiados
por Carl Ludwig (1861)[553], que ha descrito los movimientos del péndulo
(Pendelbewegungen) entre los intervalos de los peristálticos; por W. B. Cannon,
que observó estos últimos por medio de los rayos Röntgen (1902)[554], y por Bayliss y Starling, que han descrito el
peristaltismo como un reflejo por los ganglios intrínsecos (1899)[555]. El que la onda peristáltica va en una sola
dirección, y esto debido a una disposición especial de la pared intestinal, ha
sido demostrado por Franklin P. Malí, que seccionó un trozo de intestino y lo
suturó invertido in situ, produciendo una obstrucción intestinal por acumulo de
las materias por encima de la sección (1896)[556]. En 1912-13, Roger Glénard llevó a cabo estudios
cinematográficos de los movimientos intestinales en estado normal y bajo la
acción de los purgantes, por aislamiento de todo el tramo intestinal, escindido
de un conejo y sostenida su actividad por medio de una constante perfusión con
solución de Locke[557]. Los plexos nerviosos intrínsecos han sido
descritos por Auerbach y Meissner. Pflüger, en 1857[558], demostró que el estímulo del nervio esplácnico
inhibe los movimientos intestinales. El resultado final de estas
investigaciones fue la demostración de que los intestinos, como el estómago,
son mecanismos automáticos regulados por los nervios extrínsecos, pero no
dependientes de ellos Condiciones semejantes respecto de la función rectal han
sido establecidas por los experimentos de Goltz en perros privados de médula
espinal (1874) y por las eskiagráficas observaciones de Hertz (1907). En 1895
fue demostrado por G. H. F. Nuttal y H. Thierfelder que, en el animal sano, la
vida y la digestión perfecta son posibles sin necesidad de la presencia de
bacterias en el conducto intestinal. Harvey Cushing demuestra que, antes y
después del íleon, los intestinos aparecen relativamente libres de bacterias, y
que el tramo intestinal puede ser esterilizado por el ayuno (Welch-Festschrift,
1900). Nuestros conocimientos a propósito de la química y de la histología de
la absorción intestinal son ampliamente debidos a la labor de Kühne (1877),
Heidenhein (1888-94) y de Pavloff y sus discípulos (1897). Lo que nosotros
conocemos de las funciones del hígado y del páncreas irá siempre asociado al
gran nombre de Claudio Bernard. Su discípulo Willy Kühne, como hemos visto, ha
trabajado en el estudio de los cambios intermedios de los proteicos en el
estómago e intestinos; pero ya anteriormente Purkinje y Pappenheim habían
notificado el poder proteolítico de extractos del páncreas (1836), y Lucien
Corvisart, en una larga serie de investigaciones (1857-63)[559] ha demostrado que los proteicos son
transformados por el jugo pancreático en los productos digestivos ordinarios, a
la temperatura del cuerpo y en un medio alcalino, neutro o alcalino. Esto
corregía el error de Cl. Bernard de suponer que la proteolisis pancreática no
podía tener lugar sin la acción previa de la bilis. Los fermentos formadores
del azúcar de las glándulas salivares y del páncreas son investigados por el
patólogo Julius Cohnheim (1863)[560]. La ptialina ha sido investigada por Mialhe (1845)[561]; la tripsina, por Khüne (1876)[562]. Los derivados de la bilis han sido estudiados por
Thénard (1809), Gmelin (1826), Plattner, que fue el primero en obtener la
«bilis cristalizada», y especialmente por Adolf Strecker (1822-71), que
demostró que los cristales de Plattner eran una mixtura de las sales de sodio
con los ácidos glicocólico y taurocólico, que tratadas con los ácidos dan
aminoácidos, glicocola y taurina, con ácido cólico, pomo un producto común
(1848-49)[563]. La bilirrubina ha sido aislada por vez primera
por Heintz (1851); la biliverdina, por Bezzelius (1840), que la ha confundido
con la clorofila, y por Valentiner, que fue el primero en obtenerla en forma
cristalina (1859). La urobilina ha sido descubierta en la orina por Max Jaffé
en 1868. Austin Flint, Júnior, en 1862, afirmó que la colesterina se produce en
el hígado a expensas de la sangre y que es eliminada del organismo en forma de
estercorina; pero Naunyn y sus discípulos la han considerado como un producto
de la vesícula y de los vasos biliares y no de las células hepáticas (1892).
Los conocidos métodos de investigación de la bilis han sido ideados por Gmelin
(1826), Pettenkofer (1844), Ottomar Rosenbach (1876) y Paul Ehrlich (1883).
Recientemente, los conocimientos de la relación
entre el sistema nervioso con las secreciones salivar, gástrica y pancreática
han sido precisados y puestos en claro gracias a la labor de los fisiólogos de
la escuela rusa, y especialmente Ivan Petrovich Pavloff (1849)[564], del gobierno de Ryazán, que en 1904 obtuvo el premio Nobel por sus
investigaciones.
Iván Petrovich Pavloff (1849)
El éxito de las investigaciones de Pavloff ha sido
Iván Petrovich Pavloff (1849) principalmente debido a determinados
perfeccionamientos, que él y sus discípulos han ideado en la producción de las
fístulas gástricas y pancreáticas.
Ya en 1852, Bidder y Schmidt han referido que la
vista del alimento produce una copiosa secreción de jugo gástrico en el perro
gastrotomizado, y Richet, en 1878, ha obtenido un efecto semejante en un
enfermo que tenía que ser alimentado por una fístula gástrica a consecuencia de
una esteriosis del esófago. Heidenhain incurre en el defecto, para obtener este
resultado en un perro fistulizado, de suponer que en algo se dañaban las
conexiones nerviosas al preparar la fístula (1880). Pavloff perfeccionó la fístula
de Heidenhain conservando intactas las ramificaciones nerviosas, y esto ha
quedado como base de los modernos procedimientos. Además, ha seccionado el
estómago, de modo que el alimento deglutido pueda ser echado al exterior por el
cabo superior, y el alimento no deglutido introducido en el estómago por el
cabo inferior. Pueden darse tres series de experimentos: el perro no hace mas
que ver u oler el alimento—un banquete Barmecida, o, como lo califica Pavloff,
un «alimento psíquico»—; o el animal puede masticar el alimento, que,
deglutido, sale al exterior por la abertura superior del esófago, constituyendo
una comida engañosa (Scheinfütterung); o se le puede alimentar realmente
introduciendo por el cabo inferior el alimento en el estómago. En los dos primeros
casos el efecto de ver, oler, tocar, mascar y deglutir el alimento va seguido
de una copiosa y continua secreción gástrica—hasta más de 700 c. c. en cinco o
seis horas—, que se obtenía sin que se introdujera ningún alimento en el
estómago. Pavloff llama a esto «secreción psíquica». El ha demostrado
inmediatamente que la separación de los nervios esplácnicos no debía afectar el
fenómeno; pero, en cambio, la sección de ambos vagos abolía la secreción
refleja, y, estimulando el cabo periférico de los vagos seccionados, se volvía,
pasado un poco tiempo, a producir de nuevo. Esto demuestra que la secreción
gástrica está regulada por el vago. En la tercera prueba, el estímulo puramente
mecánico del estómago, por la introducción del alimento por el orificio esofágico,
estando el animal dormido o distraído, no estimula necesariamente la secreción,
contrariamente a lo que se pensaba. Chischin, discípulo de Pavloff, ha
encontrado que cuando los estímulos psíquicos son interceptados en su camino,
el aumento de la secreción varía según el género del alimento, siendo positivo
para las carnes y peptonas en general y negativo para las otras substancias,
que, cuando se comen, pueden ser causa de secreción psíquica (1894)[565]. Por medio de una fístula pancreática especial,
Pavloff ha podido demostrar que las fibras secretoras del páncreas se
encuentran en el nervio vago. En 1895, Dolinsky ha encontrado que la
introducción de ácidos en el duodeno causa una inundación de jugo pancreático,
de lo que ha deducido que el ácido del jugo gástrico determina la aparición de
esta secreción, probablemente por la producción de la hormona, que Bayliss y
Starling llaman secretina (1902). Chepovalnikoff, otro discípulo de Pavloff, ha
descubierto que el jugo pancreático de una fístula adquiere una poderosa acción
disolvente de los proteidos por el contacto con la membrana duodenal o con el
extracto de la misma, y esto supone Pavloff que es debido a que la mucosa
duodenal contiene una enzyma especial, «enteroquinasa», que activa el jugo
pancreático (1899)[566]. En su última obra sobre los «reflejos
condicionales» (1912), o sea sobre los efectos de las sensaciones específicas,
o de los estímulos psíquicos, Pavloff demuestra que una nota musical, un color
brillante, un olor fuerte o un estímulo de la piel, si se asocia con la idea
del alimento, aprovecha lo mismo para causar salivación; pero que la inundación
de la saliva por el sonido de una nota dada cesa si la nota es elevada o bajada
en un cuarto de tono.
El estudio científico del metabolismo ha sido
dividido por von Noorden en tres períodos: primero, el periodo cualitativo,
inaugurado por Liebig y Wöhler, en el cual fueron estudiados y determinados los
productos terminales del metabolismo animal y las condiciones de su formación;
segundo, el período cuantitativo de von Voit y Pettenkofer, durante el cual se
estudió cuidadosamente el valor nutritivo de los alimentos en tablas dietéticas
y se determinó él balance de la nutrición, después de lo cual se calcularon las
relaciones de los procesos metabólicos en términos de unidades de calor y de
energía; tercero, la era reciente del estudio de los procesos intermediarios
del metabolismo, que es, de nuevo, cualitativo, pero ya va siendo cuantitativo
también en algunos de aquellos procesos. Los experimentos más antiguos son los
relativos al análisis de orina y a las mediciones de los ingresos y de lo
eliminado. En la actualidad, parecen concentrarse los experimentos en el
estudio de las actividades de los tejidos, en términos de calorimetría y de
metabolismo respiratorio o de intercambio gaseoso (Du Bois Raymond). Los
experimentos iniciales en el metabolismo son todos cuantitativos, como, por
ejemplo, los de Sanctorius, esforzándose en medir su propia «perspiración insensible»
por medio de la balanza, y el intento de Lavoisier y Laplace de establecer una
ecuación entre el calor producido en el organismo de un mamífero y el que se
produce en una bujía encendida, considerando como si fueran idénticas las
cantidades de bióxido de carbono que se forman en uno y otro caso. Lo último ha
sido señalado por Jacques Loeb como la fundación de la Biología científica[567]. Toda la labor de Lavoisier respecto del cambio de gases en los
pulmones pertenece, en realidad, al campo del metabolismo en el sentido
estricto que se da modernamente a esta palabra.
Durante el primer período, Magendie ha sido el
primero que ha recalcado la gran importancia de las substancias nitrogenadas en
el organismo. Proust ha dividido las substancias alimenticias en sacarina,
aceitosas y albuminosas, a causa de que la leche, hecha por la Naturaleza como
un alimento perfecto, está compuesta de esos ingredientes. Inmediatamente
después viene la obra de Liebig y Wóhler sobre la urea y los compuestos del
ácido úrico, y especialmente las síntesis, por Wóhler, de la urea (1828) y del
árido hipúrico (1842). Liebig ha sido el primero en clasificar las substancias
alimenticias orgánicas y los procesos de la nutrición (1842). El sostiene que
el oxígeno es el principal coeficiente químico en los procesos vivos, que el
trabajo muscular se realiza a expensas de la albúmina, y que la grasa puede
formarse en el organismo a expensas de la albúmina o del azúcar, y, como
Claudio Bernard, piensa que los principios alimenticios se transforman, antes
de que puedan ser utilizados en el cuerpo, en albúmina fisiológica. El
embriólogo Theodor Ludwig Wilhelm Bischoff (1807-1882), de Hannover, ha sido el
primero que ha podido demostrar la presencia del anhídrido carbónico libre y
del oxígeno en la sangre (1837), estudiando la urea como una medida del metabolismo
(1842) y estableciendo, con Voit, las leyes de la nutrición y de la inanición
en los carnívoros (1860). El químico alsaciano Boussingault fue el primero en
intentar el expresar en cuadros los ingresos y salidas del metabolismo en los
diferentes animales (1835-40) y, con Dumas, ha definido el animal como un
aparato oxidador, y la planta como un aparato reductor (1844). El ayudante de
Bischoff, Carl von Voit (1831-1908), de Amberg, ha realizado estudios muy
interesantes de dietética, especialmente en su Manual de fisiología del
metabolismo de la nutrición (1881), en el que se introducen nuevos métodos de
determinación de las entradas y las salidas en el balance de la nutrición, y la
proporción necesaria de los proteicos en el alimento. En colaboración con el
higienista bávaro Max von Pettenkofer (1818-1901), ha sido el primero Voit en
calcular la cantidad de proteicos, grasa c hidratos de carbono que se consumen
en el organismo (por la cantidad total de nitrógeno y de anhídrido carbónico
eliminado), por medio de un especial aparato para la respiración, construido a
expensas del rey Maximiliano de Baviera (1861), que fue más tarde construido y
perfeccionado por el propio Voit. Estas dos investigaciones demostraron,
además, que las grasas se forman a expensas de los alimentos proteicos
(1862-1881); pero, posteriormente, este punto de vista no ha sido sostenido
exclusivamente ni por el mismo Voit, y ha sido negado en absoluto por Pflüger
(1892). Voit establecía una distinción entre los proteicos organizados, o de
los tejidos, y los no organizados, o proteicos circulantes (1881), y sostiene
que los hidratos de carbono y los proteicos de los alimentos se consumen
directamente en el organismo (1881), en oposición a la hipótesis de
Liebig-Bernard-Pflüger de que necesitan transformarse previamente en substancia
del organismo. Pettenkofer ha inventado su bien conocido reactivo de la bilis
(1844) y un nuevo método de calcular el anhídrido carbónico del aire. El
cálculo del nitrógeno contenido en el metabolismo se ha hecho relativamente
fácil por el método ideado por J. Kjeldahl en 1883.
Max Rubner (1854), de Munich, discípulo de Ludwig y
de Voit, profesor de Higiene y director del Instituto de Higiene de Berlín
(1891), ha descubierto que el metabolismo es proporcional al área de la
superficie del cuerpo (1883), que la acción dinámica específica de los
alimentos en el metabolismo es lo más grande en la proteína y lo más pequeña en
los hidratos de carbono (1902), y ha sido uno de los primeros en investigar los
cambios metabólicos en términos de unidades de calor y de energía, o considerando
el organismo animal como un calorímetro (1891).
Las relaciones térmicas del organismo han sido por
primera vez investigadas por Lavoisier y Laplace (1780), Crawford (1788) y
Scharling (1849), que han usado, respectivamente, calorímetros de hielo, de
agua y de aire. Desde la época de Voit y Pettenkofer, estas investigaciones han
sido llevadas a cabo por medio de instrumentos como el calorímetro diferencial
de aire de d’Arsonval (1886) y los calorímetros de la respiración de Atwater y
Rosa (1897), Atwater y Benedict (1905), H. B. Williams (1912), Riche y Söderstrom
(Sage calorimeter, 1913).
Con estos aparatos, el calor producido en el
organismo puede ser medido directamente, y también calculado de un modo
indirecto por medio del cociente respiratorio (litros de oxígeno consumido
partido por litros de anhídrido carbónico producido) y por el nitrógeno
eliminado por la orina, pudiendo servir un método de contraprueba del otro.
El valor de la investigación cuantitativa por los
medios perfeccionados ha sido especialmente demostrado por las investigaciones
recientes, como, verbigracia, las de Nathan Zuntz sobre los gases de la sangre
y el metabolismo respiratorio, las de Pavy y Moleschott sobre dietética, las de
Loewy (1890), Edsall y Means (1914-1915) sobre la acción de los medicamentos en
la producción del calor, de Atwater y Langworthy sobre el balance de la
nutrición (1902) de R. H. Chittenden sobre el mínimum de exigencias nutritivas
del organismo en relación con la capacidad del mismo para el trabajo y con el
equilibrio del nitrógeno (1904), de F. G. Benedict sobre la influencia de la
inanición en el metabolismo (1907), de Carpenter y Murlin sobre el metabolismo
de la mujer antes y después del parto (1911), y de Graham Lusk sobre la
calorimetría animal (1912-15). En 1899, Magnus Levy y Falk han demostrado que
el metabolismo es más elevado en la infancia y más bajo en la vejez. El
metabolismo en la infancia ha sido estudiado por Howland (1911), Benedict y
Talbot (1914) y otros. Estos resultados, completados con los obtenidos por
Dubois en los exploradores (1915-16), demuestran que el metabolismo es muy bajo
en el recién nacido, un 50 por 100 más que el nivel del adulto al final del
primer año, creciendo hasta alcanzar su máximum durante un período no explorado
entre los dos y los seis años, después de lo cual desciende muy rápidamente
hasta los veinte años, para seguir un descenso mucho más lento desde esta edad
en adelante (Du Bois). El estudio del metabolismo en el estado patológico se
obtiene comparando la producción de calor del enfermo en completo reposo
catorce horas después de la última comida (metabolismo básico) con las cifras
análogas obtenidas en estado normal. Las extremas variaciones de este estado
normal han sido ampliamente prevenidas por medio de la perfeccionada «fórmula
lineal» de Delafield Du Bois para el cálculo del área superficial del cuerpo
(1915), a la cual resulta proporcional el metabolismo individual entre los
veinte y los cincuenta. Esta fórmula da para el metabolismo normal un término
medio, en estado normal, de 39, 7 calorías por metro cuadrado. Friedrich Müller
ha sido el primero en hacer notar el extraordinario aumento del metabolismo en
el bocio oxoftálmico (1893). Magnus Levy ha encontrado el intercambio gaseoso
muy elevado en la enfermedad de Graves (1895-97), muy bajo en el mixedema
(1904), cuyos resultados han sido ampliamente confirmados, especialmente por la
obra de E. F. Du Bois, con el calorímetro de Sage (1915-16). La producción
anormal de calor explica la semiología de la enfermedad, y tiene importantes
aplicaciones dietéticas. El que el aumento del metabolismo en la fiebre
tifoidea es proporcional al aumento de la temperatura ha sido demostrado por
varios investigadores. Los efectos del factor inanición han sido abolidos por
la dieta de elevadas calorías de Schäffer y Coleman (1909). El metabolismo
respiratorio en las diferentes anemias ha sido estudiado por Magnus Levy
(1906), Meller y Du Bois (1916) y otros. Este último ha investigado, con
Peabody, el metabolismo en las afecciones cardio-renales (1916). Graves ha
encontrado un aumento en el cáncer, y sólo un moderado aumento en las fiebres
de poca intensidad (1904). Varían los resultados en las enfermedades de la
pituitaria, y especialmente un ligero aumento en la producción de calor; han
sido obtenidos por Falta (1913), Du Bois (1914) y Means (1915)[568]. La patología y el tratamiento de la diabetes se
han convertido en un problema puramente químico, gracias a trabajos como el
descubrimiento, por Petters, de la acetona en la orina de los diabéticos
(1857), la obra de Kussmaul sobre la acetonemia (1874), de Stadelmann (1883),
Külz (1884-87), Minkowsky (1884) y Magnus Levy (1899-1909) sobre el ácido
(3-oxibutírico en relación con el coma diabético; de la producción
experimental, por von Mehring, de la diabetes por medio de la floricina (1886);
de los estudios dietéticos de Carl von'Noorden (1895-1911); de los importantes
y extensos estudios de Graham Lusk (1898-1915), de F. G. Benedict y Joslin
(1910-15), y de les efectos del tratamiento por el ayuno de F. M. Alien (1915).
La original observación de Lusk de que un enfermo completamente diabético puede
excretar no sólo todos los hidratos de carbono ingeridos, sino también el
azúcar equivalente a la mitad de la molécula proteica (1906) ha sido confirmada
por Alien y Du Bois (1916). Las verdaderas relaciones metabólicas del ácido
úrico, aislado primeramente de la orina por Scheele (1776) y encontrado en los
cálculos gotosos y urinarios por Wollaston (1777) han sido objeto de gran
controversia. Importantes datos para esta historia son: el descubrimiento de la
xantina por Marcet (1819) y la demostración de la misma en la orina por
Strecker (1857); la demostración, por Kossel, de que las bases xantinas son
derivadas del ácido úrico (1879); el descubrimiento, por Miescher, de la
nucleína en los glóbulos de pus y en los espermatozoides (1874), y la
determinación de la verdadera fórmula del ácido úrico por Schmiedeberg (1896);
las clasificaciones de las nucleínas, según Kossel y Hoppe-Seyler; las síntesis
in vitro del ácido úrico, por Horbaczenski (1882), y la demostración, por el
mismo, de que es derivable de la nucleína (1889); el descubrimiento, por
Minkowski, de que la dieta de bases de xantina produce un aumento en la
eliminación de ácido úrico (1886) y de que, en las aves, el último es
sintetizado en el hígado bajo el influjo del ácido láctico (1886), y el árbol
genealógico de la gota de Emil Fischer, basado en la idea de que el ácido úrico
y las bases xánticas tienen un núcleo de purina común (1895). Las relaciones
del hígado con el metabolismo han podido ser ventajosamente estudiadas por los
métodos ideados por el fisiólogo ruso Nicolai Wladimirovich Eck (1847) en 1877.
Consisten estos métodos en establecer una comunicación permanente entre la vena
porta y la vena cava inferior (fístula de Eck), aboliendo la circulación porta
por medio de la ligadura de la vena porta, de tal modo, que la ligadura de la
arteria hepática en estas condiciones equivale a la escisión o exclusión del
hígado.
El nombre de Rudolph Heidenhain (1834-97), profesor
de Fisiología en Breslau (1859)» está íntimamente asociado a la interpretación
de todos los fenómenos secretores como procesos intracelulares más bien que
mecánicos.
Ha investigado los cambios histológicos en las
células relacionadas con la secreción de la saliva, de la leche, de los jugos
gástrico e intestinal y de los fermentos pancreáticos, oponiendo a la teoría de
Ludwig, de la filtración en la producción de la linfa y de la orina, en la
parte fundamental de la misma, descubriendo la linfa como una secreción de las
células que constituyen la pared de los capilares y la orina como un producto
de los glomérulos del riñón en lo que hace referencia al agua y a las sales
inorgánicas, siendo considerados el ácido úrico y la urea como secreciones de
las células epiteliales de los tubos contorneados.
La mayor parte de esta teoría se encuentra en su
Memoria sobre secreciones en el Manual de Fisiología de Hermann (1880, V). Ha
investigado, además, la acción de las substancias tóxicas en los nervios de la
glándula submaxilar (1872), las fibras tróficas y secretoras de los nervios
secretores (1878) y los fenómenos de la absorción intestinal (1888- 94). Con Du
Bois Reymond comenzó sus estudios sobre el mecanismo, el metabolismo y la
producción de calor de la actividad muscular (1867), llegando a la construcción
de un «tetanomotor» Con Bürger ha hecho algunas investigaciones experimentales
sobre el hipnotismo; pero indudablemente su obra más importante es su método de
coloración de las células del riñón por medio de la inyección de índigo carmín
en la sangre, lo que demuestra, cualesquiera que sea el mérito de sus
hipótesis, como un investigador de gran valor.
Los comienzos de la teoría de las glándulas
sanguíneas y de las secreciones internas aparecen especialmente relacionados
con el metabolismo, y, por consiguiente, con los trabajos de Claudio Bernard
sobre el glucógeno (1848-57), las funciones del páncreas (1849-56) y su piqûre del
cuarto ventrículo; con la descripción, por Addison, del síndrome suprarrenal
(1849-56) y con los experimentos de Brown-Sequard y de Schiff.
Max Rubner (1854)
Charles Edouard Brown-Séquard (1817-94), natural de
Mauritius, era hijo de padre americano y de madre francesa; pero la labor de su
vida se encuentra principalmente unida a la medicina francesa.
Ha llevado una vida errante, viajando de una región
a otra y viviendo unas veces en Londres y otras en París o en New York, hasta
conseguir cierta celebridad a fuerza de sus constantes esfuerzos. Sucedió a
Claudio Bernard como profesor de Medicina experimental en el Colegio de Francia
en 1878, y fue después profesor sucesivamente en las Facultades de Medicina de
Harvard y de París.
En 1852 ha confirmado la obra de Cl. Bernard sobre
el simpático. Anteriormente se había hecho notable ya por sus secciones
transversales y sus hemisecciones de la médula espinal (1849), Porsu
descripción de la hemiplegia con anestesia cruzada (1850)[569], de la que dio una no exacta explicación
fisiológica; por sus investigaciones sobre el dolor asociado a las afecciones
viscerales (1857), los efectos del calor tropical en la temperatura del cuerpo
(1859), el signo «tremoespasmo» de la articulación de la rodilla (1858), la
producción experimental de la epilepsia (1869-70), la producción experimental
de cambios vasomotores en la circulación pulmonar (1872) y los efectos
vasodilatadores producidos por el estímulo de la corteza cerebral (1887). Ha
sido, en unión de Claudio Bernard, el principal fundador de la teoría de las
secreciones internas, por la producción de una exagerada enfermedad de Addison
en los animales por la escisión de las cápsulas suprarrenales (1856-58)[570]; por su empleo, como remedios terapéuticos, del
jugo testicular y de otros jugos orgánicos (1889-91)[571]; su teoría de que el riñón tiene una secreción
interna (1892)[572], y su tratamiento de la acromegalia por extractos
animales (1893[573]. Ha sido el fundador y editor del Journal de la
physiologie de l'homme et des animaux (1858-63) y, con Charcot y Vulpian, de
los Archives de physiologie normal et pathologique (1868-94).
Moritz Schiff (1823-96), de Francfort a Mein,
discípulo de Magendie y Louget, era profesor de Anatomía comparada en Berna
(1854-63) y de Fisiología en Florencia (Italia) [1863-76] y en Ginebra
(1876-96). Era zoólogo por vocación, concediendo una particular importancia a
la ornitología; y hay muy pocos aspectos de la Fisiología en que no haya
realizado alguna investigación.
La labor de Schiff se caracteriza por una gran
originalidad en los detalles de los procedimientos experimentales, desplegando,
además, un golpe de vista profético en muchas cosas de actualidad. Le agradaba
discutir con sus contemporáneos teóricos, y el hecho de que algunas veces haya
abandonado sus propias teorías, o de que éstas hayan sido abandonadas por los
otros, ha tendido a obscurecer sus verdaderos y sólidos méritos, Así, en 1849
defendía el punto de vista, algo arbitrario, de ser el vago el motor más bien
que el neuro-inhibidor del corazón, por los resultados que él había obtenido
estimulando las fibras motoras terminales, con lo que se anticipaba al
descubrimiento de las fibras aceleradoras del vago por Ludwig y Schmiedeberg en
1870. El notificó que el ventrículo de un corazón moribundo da algunas veces
latidos más lentos que la aurícula, lo que invalidaba el concepto de Haller de
una onda peristáltica muscular que pasa-desde las grandes venas hasta la aorta
a través del corazón; hecho que más tarde fue explicado por Gaskell como un
simple bloqueo del corazón. Creía que las localizaciones musculares
«idiopáticas», al iniciarse la rigidez cadavérica, se producían por un estímulo
químico especial (hormona) formado en el organismo muerto. En 1856 llevaba a
cabo experimentos que adelantaban la existencia de los nervios vasodilatadores
descubiertos por Cl. Bernard en 1858. En 1867, anticipándose a los discípulos
de Pavloff, ha notado que la inundación refleja de saliva en un perro con
fístula de la parótida varía según los métodos y las substancias empleadas en
la estimulación. Ha sido uno de los primeros en estudiar los efectos producidos
por la extirpación del cerebelo, la hemisección de la médula, la sección
transversal de los pedúnculos cerebrales y la de las raíces medulares (1858);
ha sido el primero en dar noticia de los efectos de la excitación de la corteza
cerebral en la circulación; el primero en describir la acción vasoconstrictora
del nervio auricular mayor y los efectos inhibidores de la sección del petroso
superficial menor en la secreción de la saliva, y el primero en considerar la
zona rolándica como sensorial, aun cuando posteriormente haya abandonado este
modo de pensar. Sus experimentos, que han hecho época, sobre los efectos en el
perro de la extirpación del cuerpo tiroides y del modo de prevenirlos por los
injertos tiroideos o por la inyección o ingestión del jugo tiroideo (1856-84)[574], que serán descritos más adelante, al ocuparnos de
la medicina del siglo XX, hacen de él un cultivador de la doctrina de las
secreciones internas y un profeta de la terapéutica tiroidea. A este campo
pertenecen también sus experimentos sobre la diabetes artificial (1856) y la
relación del sistema nervioso con la producción de la misma (1859).
«Más que a ninguna otra persona, desde los tiempos
de Harvey, dice sir Lauder Brunton, debemos nuestros actuales conocimientos
sobre la circulación a Carl Ludwig. Como los grandes arquitectos de la Edad
Media, que construyeron las asombrosas catedrales que todos admiramos, y cuyos
nombres propios ignoramos, Ludwig ha quedado satisfecho con hundir su propio
nombre, en su ansiedad por el Carl Ludwig (1816-95) progreso de su obra y en su
deseo de ayudara sus discípulos. » Carl Ludwig (1816-1895) era natural de
Witzenhausen (Hesse), graduado en Marburgo (1840), profesor de Anatomía en la
Universidad de esta ciudad (1846 a 49), profesor de Anatomía y de Fisiología en
Zúrich (1849-55), profesor de Fisiología y Zoología en el Josephinum, de Viena
(1855-64), y, finalmente, profesor de Fisiología en Leipzig (1865-95), donde
fundó el Instituto de Fisiología, en el que ha llevado a cabo gran parte de su
obra. Ludwig ha sido, tal vez, el mejor profesor de Fisiología que ha existido
nunca. Ha tenido más de 200 discípulos de todas nacionalidades, y casi toda la
generación de modernos investigadores en esta ciencia ha sido educada por él.
Prescindiendo de un libro de texto de Fisiología (1852-56), dos tesis
inaugurales del mecanismo de la secreción urinaria (1843) y de la presión de la
sangre (1865) y algunos pequeños ensayos, ha dejado pocos estudios
independientes.
Carl Ludwig (1816-1895)
La mayoría de sus importantes descubrimientos han
sido publicados con el nombre de sus discípulos, algunos de los cuales no eran,
como dice Kries, mas que la pantalla, al paso que Ludwig y su fiel ayudante
Salvenmoser eran los que habían efectuado la totalidad del trabajo. Tenía una
maravillosa facultad para seleccionar temas que quería hacer que encontrasen
los discípulos mismos. Su objeto era el crear investigadores capacitados que
prosiguieran más adelante el curso de sus propias ideas, y hasta el fin era él
siempre el que planeaba el problema experimental, incluso en sus últimos
detalles de técnica, y generalmente era también el que trazaba el plan del
artículo[575].
Sus principales contribuciones a la Fisiología son
la introducción al método gráfico (1847), con nuevos instrumentos, como el
kimógrafo, la bomba sanguínea, el reloj eléctrico, etc. ; la inyección de los
órganos escindidos (1865-67); sus teorías sobre la secreción urinaria y sobre
la formación de la linfa; sus descubrimientos acerca de la inervación de las
glándulas salivares y sus múltiples estudios sobre la fisiología de la
circulación. Casi todo ello ha sido realizado en Leipzig.
Al periodo de Marburgo pertenece la teoría mecánica
de la secreción de la orina por osmosis. En 1842[576], sir William Bowman, describiendo la cápsula que
rodea al glomérulo y los tubos urinarios, adelantó la idea de que los
principios contenidos en la orina son segregados, en forma sólida, por el
epitelio de los tubos venosos, efectuándose la disolución merced al agua
descargada por el glomérulo. La teoría de Ludwig (1843-44)[577] emite la idea de que la secreción de la orina
depende del trabajo del corazón, siendo la tensión sanguínea la que hace que
los componentes de la orina pasen de la sangre a través de las paredes de los
capilares, como un líquido diluido, que va concentrándose al pasar por los
tubos, por osmosis, hacia la linfa más concentrada. Bowman y Heidenhain
consideraban el epitelio glomerular como una glándula secretora. Ludwig le
consideraba como un filtro pasivo. La teoría de Ludwig ha sido aceptada por la mayoría
de los fisiólogos, a pesar de las fuertes objeciones de que ha sido objeto por
parte de Heidenhain[578] y de otros autores. En 1869-70, como hace
notar Brunton[579], el mismo Ludwig, en colaboración con su discípulo
Ustimovitch, llevó a cabo un experimento que le obligó a modificar algo su
antiguo modo de pensar[580].
Consistió este experimento en dividir la médula
cervical de un perro, causando el descenso de la presión sanguínea y
suspendiendo la secreción urinaria. Una subsiguiente inyección intravenosa de
urea determinaba la reaparición de la secreción urinaria y forzaba a Ludwig a
admitir que el efecto de la presión de la sangre era dependiente de los
componentes químicos de la misma; en otros términos, sobre la osmosis, a través
de una membrana seleccionadora, semipermeable. En 1847, Ludwig cambió el
manómetro de mercurio de Poiseuille por el kimógrafo[581]. En 1848 descubrió las células ganglionares en el
tabique interauricular[582]. Durante el período de Zúrich, defendió, por medio
de su discípulo F. W. Noli, la teoría de que la linfa se forma por medio de la
difusión de los fluidos de la sangre, a través de la pared de los vasos, hacia
los tejidos inmediatos, siendo el poder motor la presión de la sangre en los
capilares (1850)[583]. En 1851, Ludwig, con Becher y Rahn, descubrió la
inervación de las glándulas submaxilares[584] y en 1856 demostró que el estímulo del
simpático causa secreción en la glándula submaxilar[585]. Durante el período vienés, su discípulo Lothar
Meyer investigó los gases de la sangre (1857 y 58); Cloetta descubrió la
inosita, la taurina, la leucina y el ácido úrico en el organismo animal (1855),
y Ludwig mismo colaboró con el físico Stephan en una investigación
hidrodinámica de la presión por una corriente de agua en un plano perpendicular
a su dirección (1858). En 1864 estudió, con Thiry, los efectos de la médula
espinal en la corriente sanguínea[586], y en su discurso inaugural de Leipzig (1865)
emitió la idea de conservar porciones escindidas de un organismo überlebende
Organe), manteniéndolas activas por medio de una circulación artificial o
«perfusión». Durante el período de Leipzig, las investigaciones fueron muy
variadas; pero el principal objeto de sus estudios fueron el corazón y la
circulación. Así, en 1866 le encontramos, con Elie von Cyon, investigando los
efectos de la temperatura en la contracción del corazón, y en el mismo año
descubre el nervio depresor del corazón y los «nervi erigentes» de los vasos
periféricos (1866)[587]. Con Dogiel inventa el Stromuhr, para medir la
cantidad de sangre que pasa en unidad de tiempo (1867)[588]; en 1868, con el mismo discípulo, encuentra,
auscultando el corazón después de ligar la vena cava, la arteria y las venas
pulmonares y la arteria aorta, que el primer ruido (sistólico) no es completa y
exclusivamente de origen valvular, sino que, además, es parcialmente producido
por el músculo cardíaco[589]. En 1869-70, Lauder Brunton y O. Schmiedeberg
comenzaron los estudios de los efectos de los medicamentos en la circulación; y
en 1871, Schmiedeber descubrió en el perro las fibras aceleradoras del nervio
vago[590]. En 1871, H. P. Bowditch, experimentando con un
corazón escindido y una rana manómetro, demostró que el músculo cardíaco, o da
una contracción máxima, o no experimenta contracción alguna (ley de «todo o
nada»), y Kronecker, investigando la fatiga y la reposición del músculo,
demostraba que el corazón no podía ser tetanizado. En 1871-73, Ludwig, con
Dittmar, era el primero en establecer la localización (en el bulbo) de un
centro vasomotor[591]. Con Mosso ha efectuado estudios pletismográficos
de los vasos sanguíneos del riñón escindido (1874); con von Kries, ha medido la
presión sanguínea en los capilares (1875)[592]; con Schmidt-Mühlheim ha comenzado a experimentar
los efectos de las inyecciones de peptona en la sangre (1880)[593]; en 1883, Wooldridge lleva a cabo sus importantes
estudios acerca de la química de la coagulación de la sangre, y en 1884, Conrad
Gompertz investiga la disposición de las fibras en el músculo cardíaco. Otras
investigaciones importantes del laboratorio de Ludwig son su monografía sobre
los linfáticos (con Schweigger-Seidel, 1872-74)[594], introduciendo las inyecciones como método
colorante en histología; las investigaciones de Flechsig sobre las fibras
nerviosas mielinizadas (1876); los estudios de Ludwig sobre la digestión de los
proteidos después de la escisión o exclusión del estómago (con Ogata, 1883)[595] y la demostración, por Bowditch, de la
infatigabilidad del nervio (1890).
Esta lista de títulos da, sin embargo, sólo una
idea aproximada de la importante obra realizada en el laboratorio de Leipzig,
donde muchos estudiantes, como dice Burdon Sanderson, «por primera vez de su
vida se ponían en relación personal con un hombre que estaba totalmente libre
de proyectos egoístas y de vanas ambiciones, que era escrupulosamente
concienzudo en todo lo que decía y hacía, que era lo que parecía ser y parecía
que era, y que no tenía otra ambición que la del adelanto de la ciencia».
Carl Ludwig (Medallón). (Cortesía del Profesor William Stirling.
Manchester-Inglaterra.)
Todo el que se pone en relación con Ludwig, dice
Kronecker, sufre el influjo de su encanto personal. » Vivía con sus discípulos
en una schöne Gemeinsamkeit, y era, desde muchos puntos de vista,
la personificación del profesor alemán de Browning, de nariz aguileña, pómulos
prominentes y ojos azules, absolutamente sincero y sin pretensiones, y, no
obstante, riguroso y exacto en sus métodos, cautivador de todos por el fuego de
su espíritu, su genial simpatía y la sencillez de toda su vida y de sus
aspiraciones. Ludwig ha sido un excelente dibujante, y su inteligencia era de
un género plástico tan puro, que visualizaba todo como si se tratase de un
fenómeno material. Por esta razón, ha hecho poco empleo de las Matemáticas, de
la Psicología, ni de ninguna otra ciencia que repose sobre una base metafísica.
Era muy aficionado a la música, patrocinador de los conciertos de la Gewandhaus,
y con frecuencia tenía música di camera en su casa. El encanto
de su personalidad se encuentra admirablemente reflejado en las reminiscencias
de sus antiguos discípulos Kronecker, von Kries, Burdon Sanderson y William
Stirling.
La inervación del corazón ha sido investigada por
Henle (1841); por Friedrich Bidder, que descubrió las células gangliónicas en
la unión de las aurículas y los ventrículos (1852)[596]; por Albert von Bezold, que demostró los nervios
aceleradores del corazón y el origen de los mismos en la médula espinal (1862),
y por Walter Holbrook Gaskell, que demostró que la inervación del corazón es la
misma en los animales de sangre fría y en los de sangre caliente, y que el
nervio vago debilita el corazón lo mismo que lo retarda (1882-84). Un
importantísimo experimento sobre la contracción de l corazón ha sido llevado a
cabo por Hermann Stannius (1808-83), de Hamburgo, colocando una ligadura en la
unión de la aurícula y del seno venoso que producía el reposo del corazón, al
paso que una segunda ligadura, aplicada en el surco aurículoventricular, volvía
a hacer latir de nuevo el corazón (1852)[597]. En los primeros tiempos de la teoría de la
neurona de la acción cardíaca, los efectos de las ligaduras de Stannius se
suponían ser debidos a la inhibición de los ganglios de Bidder y de Remak; pero
el asunto tomó un aspecto con el descubrimiento del fascículo
aurículoventricular de His. El pulso ha sido especialmente estudiado por
Etienne-Jules Marey (1830-1904), que inventó el esfigmógrafo, aunque el método
gráfico en el examen del pulso había sido ya ideado por Karl Vierordt (1855).
Otros estudios del pulso han sido llevados a cabo por Landois, von Kries y von
Frey. La presión de la sangre ha sido especialmente estudiada por Alfred Wilhel
Volkmann, en su obra Die Hoemodynamik nach Versuchen (1850); por Ludwig Traube
(1818-76), que fue el primero en descubrir las variaciones rítmicas en el tono
de los centros vasoconstrictores (ondas de Traube-Hering) en 1865, y por Roy y
Adami (1892).
La coagulación de la sangre ha sido investigada por
Andrew Buchanan, que aisló el fibrinofermento (1845), y por Alexander Schmidt
(1831-94), que le dio su nombre, pero suponiendo que la coagulación de la
sangre era debida a la combinación del fibrinógeno con la seroglobulina. Este
error ha sido corregido por Olof Hammarsten (1841), que ha demostrado que la
coagulación se realiza por el desdoblamiento del fibrinógeno en fibrina y otras
substancias (1875).
Algunas de las mejores obras sobre la circulación
proceden de la Escuela de Fisiología de Cambridge, donde eran todos discípulos
de Sir Michael Foster (1836-1907). Por recomendación de Huxley, Foster llegó a
ser prelector de Fisiología en Cambridge, en 1870, pasando después a la cátedra
creada en 1883. Aquí, después de un viaje por los laboratorios de Alemania, con
Sharpey, se hizo famoso por su enseñanza, que sólo pudo ser excedida por la de
Ludwig, y por un grupo sin rival de discípulos notables en todas las ramas de
la ciencia biológica: Balfour (Embriología), Liversidge (Química), Milnes
Marshall (Zoología), Sidgwick (Morfología animal), Ray (Patología), Francis
Darwin (Morfología vegetal), Vines (Botánica experimental), aparte del grupo
fisiológico. Foster colaboró con Balfour en los Elements of Embryology (1874),
con J. N. Langley en una obra de Fisiología práctica (1876), y en el mismo año
produjo su obra de Fisiología, que ha logrado siete ediciones y ha sido
traducida al alemán, al italiano y al ruso. A la historia de la Medicina ha
contribuido con su hermosa Memoria sobre Claudio Bernard (1899) y sus
soberbias Lañe Lectures de Historia de la Fisiología (1900).
Su labor propia experimental se refiere toda al corazón, siendo especialmente
notables sus trabajos sobre el corazón del caracol (1859), del cual una parte
separada del resto sigue latiendo rítmicamente, de donde parece deducirse que
el movimiento cardíaco es una propiedad específica del tejido cardíaco y no el
resultado de ningún mecanismo localizado. Los talentos de Foster como
organizador le fueron llevando gradualmente a diferentes actividades, y con su
entrada en el Parlamento su labor científica terminó, siendo continuada por sus
discípulos.
Sir Michael Foster (1836-1907)
Entre los discípulos de Foster se incluyen los
embriólogos Balfour, Gaskell y Langley, Sherrington, Henry Head y Charles Scott
Roy (1854-97)» de Arbroath (Escocia), que inventó muchos instrumentos nuevos,
hizo importantes investigaciones acerca de la circulación renal (con Cohnheim),
de la extensibilidad y elasticidad de los vasos sanguíneos, descubrió un tono
rítmico automático en el bazo de los mamíferos, ideó una eficaz inoculación
preventiva contra una afección del ganado vacuno en la Argentina, y escribió
una notable Memoria (1892) sobre el corazón de los mamíferos con John George
Adami (1862), de Manchester (Inglaterra), otro discípulo de Foster, que se ha
hecho notable como sabio patólogo del Canadá y es autor de obras importantes
sobre el cáncer, la herencia, la clasificación de los tumores y un bien
conocido libro de texto de Patología (1908-12).
Walter Holbrook Gaskell (1847-1914)
Otro discípulo de Foster es A. G. Dew-Smith, hombre
rico, sostén del Journal of Physiology, fundado por Foster en 1878,
y creador de la Cambridge Scientific Instrument Company, constructora de
aparatos de laboratorio.
Henry Newell Martin (1848-96), de Newry (Irlanda),
profesor de Biología en la Johns Hopkins University (1876-93), que llevó los
métodos de enseñanza de Foster a los Estados Unidos y colaboró con Huxley en
su Elementary Biology (1875), inventó, con W. T. Sedgwick, un
método de aislar el corazón de los mamíferos para la experimentación (1880),
estudiando los efectos de las variaciones de la presión y de la temperatura en
la energía de los latidos del corazón de los mamíferos (1882-83).
William Henry Howell (1860), discípulo y sucesor de
Martin, natural de Baltimore (Maryland), ha investigado algunos problemas, como
los efectos aceleradores del aumento de la tensión venosa en el corazón (1881),
la evolución y desarrollo de los corpúsculos hemáticos (1890), el suero
sanguíneo desprovisto de proteidos como un perfeccionamiento de la solución de
Ringer (1893) y el papel de los «hormones», antitrombina y tromboplastina en la
coagulación de la sangre (1911).
Frederick Gowland Hopkins, prelector de Bioquímica
en el Trinity College e inventor de un muy conocido método para calcular el
ácido úrico de la orina (1892) y para analizar el triptofán; y Joseph Barcroft
(1872) de Newry (Irlanda), que ha escrito una importante memoria sobre la
función respiratoria de la sangre (1914).
Walter Holbrook Gaskell (1847-1914), tal vez elmas
notable de los discípulos de Foster, es el que ha realizado, después de Ludwig,
la obra más importante sobre el corazón y ha dejado establecidos los
fundamentos histológicos del estudio moderno del sistema nervioso autónomo.
Durante su período de Cambridge, Gaskell trabajó
una temporada en el laboratorio de Ludwig (1874), publicando un trabajo
importante acerca de los nervios vasomotores de los músculos estriados (1877)[598]. En 1881 hizo su notable memoria sobre la musculatura e inervación del
corazón[599], en la que demostraba que la influencia motora de los ganglios
nerviosos del seno venoso se ejerce sobre el ritmo (amplitud y fuerza) del
corazón, pero que ella no produce los movimientos cardíacos que son debidos al
poder contráctil, rítmico y automático de la fibra muscular cardíaca misma. Los
experimentos de Gaskell y Engelmann en corazones seccionados y en cortes
aislados del corazón, no conteniendo nervios, han podido demostrar esta onda
contráctil, que, como ha comprobado Gaskell, puede ser reversible si se
estimula el ventrículo después de la segunda ligadura de Stannius, de tal modo,
que se ve que la onda peristáltica normal puede no proceder de los ganglios
cardíacos. Gaskell ha empleado la expresión de «bloqueo del corazón» (de una
frase de Romanes) produciéndole experimentalmente, así como también la
fibrilación del corazón y los galopes en dos, tres y cuatro tiempos de los
clínicos. Estos, como los efectos de las ligaduras de Stannius, y la
observación del Schiff de que el ventrículo de un corazón moribundo late más
despacio que la aurícula, se ha demostrado ser simples casos de bloqueo
cardíaco. Gaskell ha sido también el primero en investigar, con un
galvanómetro, el estado eléctrico del corazón. La observación de Schmiedeberg
de que el estímulo del vago después de la administración de la nicotina acelera
el corazón (1871) ha demostrado Gaskell que es un simple caso de nicotinización
de las fibras inhibidoras preganglionares del vago, que deja abolida la función
de regulación de las mismas, al paso que no son afectadas por el veneno las
fibras aceleradoras postganglionares. Así, la verdadera función del vago no es
inhibidora, sino reguladora, integradora, tranquilizadora, actuando el nervio
como látigo y riendas, como espuelas y bridón. En 1886[600], Gaskell ha realizado vastas investigaciones acerca de la inervación de
los sistemas vascular y visceral, determinando todo lo que ahora se conoce con
el nombre de sistema autónomo. En 1893 ha demostrado que el cloroformo rebaja
la tensión sanguínea, actuando directamente sobre el corazón y no sobre los
centros vaso-motores[601]. El resto de su vida lo consagró a su teoría de que el conducto central
del sistema nervioso es originariamente la luz de un canal primitivo (1908)[602]. Su memoria póstuma sobre The Involuntary Nervous System (1916)
resume la labor de su vida.
John Newport Langley, que ha sucedido a Foster como
profesor de Fisiología en Cambridge, ha llevado a cabo importantes
investigaciones sobre los cambios celulares en la secreción pancreática, sobre
la grasa hepática y las secreciones salivar y gástrica, y en 1889, con W. L.
Dickinson[603], demostró que tocando con nicotina un ganglio nervioso del simpático se
bloquea el paso a su través de los impulsos nerviosos, lo que le condujo a la
clasificación de los sistemas simpático y cráneo-sacro de los nervios espinales
como «autónomos» para la redistribución de todos los impulsos eferentes que no
vayan a terminar en músculos estriados o voluntarios.
El arte de mantener la actividad extravital de los
tejidos animales ha sido ideado por Carl Ludwig en sus experimentos de
perfusión, y perfeccionado por Sydney Ringer (1835-1910), de Norwich
(Inglaterra), que demostró que un corazón de rana puede continuar largo tiempo
latiendo si se le mantiene en una mixtura con cloruros sódico, potásico y
cálcico. Esto se demostró ser igualmente cierto con respecto al corazón de los
mamíferos[604]. El trabajo de Ringer ha demostrado la importancia de las sales de
calcio en el sostenimiento de la actividad de los tejidos, y la «solución de
Ringer» ha sido tan ampliamente empleada en los experimentos fisiológicos como
los medios de cultivo en los que, posteriormente, iba Carrel a injertar sus
«organismos viscerales».
Entre los americanos que han trabajado sobre la
circulación figuran Howel, William Townsend Porter (1862), de Plymouth (Ohio),
profesor de Fisiología comparada en la Universidad de Harvard (1906), que ha
ayudado a fundar y a sostener el American Journal of Physiology (1898
a 1915) y es autor de un manual de laboratorio muy práctico (1900) y de
importantes investigaciones sobre el crecimiento de los niños (1893-96), las
arterias coronarias (1893-96), etc. ; Henry Sewall (1855) de Winchester (Va.),
uno de los discípulos de Newell Martin, después profesor de Medicina en la
Universidad de Colorado (1911); Russell Burton Opitz (1875), de Fort Wayne
(Ind), que ha estudiado la viscosidad de la sangre (1914), y George Neil
Stewart (1860), de Londres (Canadá), profesor de Medicina experimental en la
Western Reserve University en Cleveland (Ohio) (1907), autor de un manual de
Fisiología (1896) y de valiosos estudios en el laboratorio de H. K. Cushing.
Entre los fisiólogos franceses, Charles Richet
(1850), de París, profesor de Fisiología en la Facultad de Medicina de París,
ha creado el término «anafilaxia» (1909), y es famoso por sus investigaciones
sobre el jugo gástrico, la acción diurética de la leche y de todos los azúcares
(1881), las modalidades de la contracción muscular (1882-83), la regulación del
calor animal por la polipnea (1884-93), sus innovaciones terapéuticas de
hematoterapia (1888), cloralosis (1893), privación de los cloruros en la epilepsia
(1900) y zoomoterapia (1900), y por su diccionario de Fisiología (1895-1907).
La labor más importante acerca de la respiración ha
sido la llevada a cabo por Eduard F. W. Pflüger (1829-1910), de Hanau-am-Main,
discípulo de Johannes Müller y de Du Bois Reymond y sucesor de Helmholtz como
profesor de Fisiología en Bonn (1859), cuya cátedra conservó hasta el fin de su
vida. Inauguró el nuevo Instituto de Fisiología de Bonn en 1878, y en 1868
fundó los famosos Archiv für die gesamte Physiologie (Pflüger s
Archiv), que alcanzaron 130 volúmenes bajo su dirección I y llegaron a
ser el periódico más popular de Fisiología en Alemania.
Pflüger dio la primer prueba de su maestría como
investigador con su monografía acerca del electrotono (1859)[605]. Por sus experimentos acerca del cruzamiento de las especies (1883), se
convirtió en el fundador de la embriología experimental. En su obra acerca del
metabolismo, se opuso al punto de vista de Voit de que los proteidos
organizados (tejidos), para sufrir los cambios metabólicos, tuvieran que
convertirse previamente en proteidos no organizados (circulantes), sosteniendo
el punto de vista completamente opuesto, a saber: que los proteidos no pueden
nunca sufrir el metabolismo o asimilación más que en la forma organizada o
estacionaria; en otros términos, que el metabolismo de los proteidos no puede
ser nunca realizado mas que cuando el material se ha construido en forma de
protoplasma. Adoptó como criterio para los proteidos su capacidad para sostener
la vida y para entrar en la composición del protoplasma, con lo que,
naturalmente, quedarían excluidos los polipéptidos, las proteosas, las
protaminas y los proteidos tóxicos. Pflüger ha llevado a cabo, además,
laboriosas investigaciones para demostrar que el glucógeno no puede ser
producido a expensas del material proteico, y, como Pavy, se vio forzado a
sostener esta posición hasta el fin de su vida. El resultado más positivo de la
labor de Pflüger y de sus discípulos ha sido la demostración de que el asiento
esencial de la respiración se encuentra, no en la sangre, sino en los tejidos.
Esta labor se ha llevado a cabo en sus importantes memorias sobre la gasometría
de la sangre (1866)[606], sobre las causas de la dispnea, apnea y el mecanismo de la respiración
(1868)[607], sobre el origen y el examen racional de los procesos oxidantes en el
organismo animal (1872)[608], y sobre la producción de calor y la oxidación en la materia viva
(1878)[609]. Ha probado su tesis demostrando que las ranas cuya sangre ha sido
enteramente reemplazada por la solución normal de sal común dan justamente la
misma cantidad de bióxido de carbono y consumen exactamente la misma cantidad
de oxígeno que los animales testigos[610]. Pflüger ha inventado nuevos instrumentos fisiológicos, tales como una
perfeccionada bomba de mercurio (1865), el catéter del pulmón (1872), el
aerotonómetro (1872) y el neumonómetro (1882).
Pflüger era de un temperamento combatiente,
sabiendo siempre encontrar argumentos en favor de la causa que defendía, y
creyendo realmente que la ciencia adelantaba gracias a las vigorosas
controversias. Esto debe ser tenido en cuenta para comprender sus ataques
intempestivos e impremeditados a la teoría de la neurona y a la obra de Emil
Fischer. Pflüger parece haber tenido la vida sin acontecimientos propia de un
hombre consagrado exclusivamente a la investigación científica, y se dice que
él pasó los últimos días de su vida, en la cama, corrigiendo las pruebas de los
artículos enviados a sus Archivos.
Lavoisier, como ya hemos expuesto, demostró que la
respiración y la combustión eran análogas, siendo esencialmente oxidaciones con
agua y bióxido de carbono como productos de una y otra (1871-80). Hassenfratz
demostró que el oxígeno del aire inspirado, una vez disuelto en la sangre,
tomaba el carbono e hidrógeno de los tejidos. El hecho de la respiración de los
tejidos ha sido demostrado por Gustav Magnus en 1837, que extrajo, por medio de
la bomba de mercurio, oxígeno y bióxido de carbono, tanto de la sangre arterial
como de la venosa, de lo que dedujo que estos gases estaban simplemente
disueltos en la sangre. Lothar Meyer, trabajando en el laboratorio de Ludwig en
1857, obtuvo estos mismos resultados por medio de métodos más perfeccionados,
elevando la temperatura de la sangre para efectuar la extracción de sus gases,
y llegando a los mismos resultados. Liebig, por otra parte, ha defendido, en
1851, que los gases de la sangre se encontrarían, probablemente, en combinación
floja con alguna substancia desconocida; substancia que más tarde fue aislada y
obtenida en forma cristalina por Hoppe- Seyler como hemoglobina (1862-64). El
descubrimiento de sir George Gabriel Stoker, de que el oxígeno puede ser
separado de la hemoglobina por medio de substancias reductoras, prueba que esta
última es el agente de la combinación
(1864). El agente combinante del bióxido de carbono
sigue ignorado. La extracción de los gases de la sangre ha sido posteriormente
perfeccionada por medio de las bombas de gases de mercurio de Ludwig y
Setchenoff (1859), de Pflüger (1865), de Grehant y de Leonard Hill (1895). De
los restantes gases de la sangre, el nitrógeno se ha demostrado encontrarse en
estado de simple solución por Lothard Meyer (1857), Pflüger (1864-68) y Paul
Bert (1878). El espirómetro ha sido inventado por John Hutchinson, de Newcastle-on-Tyne,
en 1844[611]. El difícil asunto del metabolismo en la respiración ha sido
investigado por Pettenkofer y Voit en 1863, por Zunts (1880), Atwater y Rosa
(1899) y Atwater y Benedict (1905). Angelo Mosso ha traído el concepto acapnia
(1897) y ha estudiado la fisiología de la apnea en el hombre (1903); en
Monte-Rosa (1897) y en su Instituto de Colle d’Olen (1908) ha estudiado la
fisiología de la respiración en alturas superiores a las nieves perpetuas.
La acción de los músculos intercostales en la
respiración ha sido investigada primeramente por Haller, y de un modo geomético
por G. E. Hamberger (1748). El modo de pensar de este último ha sido confirmado
experimentalmente por Henry Newell Martín y Edward M. Hartwell en la
Universidad de John Hopkins (1879). La acción del vago en la respiración ha
sido investigada en primer término por Isidor Rosenthal (1864), quien demostró
que la sección de ambos vagos va siempre seguida de respiraciones más profundas
y más lentas, al paso que la cantidad de aire respirado en unidad de tiempo
sigue siendo la misma que anteriormente. Defiende que el vago contiene dos
variedades de fibras: unas que contraen el diafragma, otras que lo relajan. En
1868, Hering y Brener, por oclusión alternante de la tráquea al final de la
inspiración y de la espiración, dedujeron que el mecanismo de la respiración es
automático y regulado por sí mismo, siendo por sí la distensión y la
contracción de los pulmones un estímulo normal del vago, cuyos efectos obtiene
Rosenthal por medio del estímulo de los nervios seccionados.
En 1889[612] Henry Head, de Londres, trabajando en el laboratorio de Hering, en
Praga, llevó todos estos experimentos mucho más lejos, gracias a métodos
nuevos, como la congelación y eterización del nervio en el interior de un tubo
encerado, y dedujo de sus investigaciones que el vago actúa como el timonel de
un barco de vapor, economizando las energías de la respiración, previniendo a
los centros de la médula, cuando hay que activarla. Esto se ha demostrado por
medio de la sección de los vagos, que produce un estado de «derrochadora
actividad» de los centros respiratorios.
Normalmente, cada inspiración estimula las fibras
que normalmente inhibe, y en cada espiración el colapso pulmonar estimula las
fibras inspiratorias, y de este modo se llega a una tasa automática, seguida y
sostenida de la respiración, que se debe en gran parte a las fibras inhibidoras
del vago. Head, actualmente editor de Brain, ha realizado
asimismo una importante labor a propósito de la distribución cutánea del dolor
y de la sensibilidad en las enfermedades viscerales (1893-96)[613], demostrando que la segmentación de las áreas cutáneas afectadas por
las diferentes vísceras (zonas de Head) corresponden de un modo sorprendente
con aquellas que corresponden a los ganglios de las raíces de los nervios
espinales. Con A. W. Campbell, ha demostrado Head que el herpes zóster es una
inflamación hemorrágica de las raíces de estos nervios espinales posteriores (o
de sus ganglios) y de los homólogos ganglios craneales (1900)[614]. En abril de 1903[615], se sometió al experimento, único hasta la fecha, de seccionarse su
propio nervio radial izquierdo y nervio cutáneo externo, con el fin de estudiar
la pérdida y la restauración de la sensación, lo que le ha servido para una
nueva clasificación de las vías sensoriales.
Las funciones ventiladoras del diafragma han sido
investigadas en 1913-17 por Charles F. Hoover (1865), de Cleveland (Ohio).
Aun antes que Pflüger, había investigado
cuidadosamente la respiración de los tejidos Félix Hoppe- Seyler (1825-95)1 de
Freiburg (Sajorna), que es el más grande de los químicos fisiólogos entre
Liebig y Emil Fischer. Hoppe-Seyler ha estudiado con los tres hermanos Weber,
con Skoda y con Virchow; ha sido ayudante de Virchow en el Instituto de
Patología de Berlín (1856-64), profesor de Química aplicada en Tubingia
(1864-72) y profesor de Química fisiológica en Estrasburgo (1872-95). Es el
fundador del Zeitschrift für physiologische Chemié (1877-95)
y, además, autor de un manual de Análisis químico aplicado a la Fisiología y a
la Patología (1858) y de un tratado, muy notable, de Química fisiológica
(1877-81).
En 1854 ha llevado a cabo experimentos acerca de la
física de la auscultación y de la percusión, corrigiendo algunos errores de
Skoda, y realizando, además, - alguna importante labor en Química inorgánica y
Mineralogía. Es especialmente famoso por sus estudios acerca de la sangre
(1857-91), de la que estuvo haciendo análisis por más de treinta años.
Félix Hoppe-Seyler (1825-95)
Ha sido el primero que ha obtenido la hemoglobina
en forma cristalina, y descrito el espectro de la oxihemoglobina (1862); el
primero que ha averiguado las fórmulas de la hemina, hematina y hematoporfirina
(1863); ha descubierto el hemocromógeno y la metahemoglobina (1864), y
demostrado que la hemoglobina se encuentra en combinación laxa con el oxígeno,
pero que no puede ser separada del bióxido de carbono. Ha hecho, además,
estudios sobre el metabolismo, y ha construido un aparato para medir los intercambios
gaseosos. Ha sido el primero en comprobar la aparición de gas en la sangre,
consecutivamente a un intenso y repentino descenso de la presión atmosférica.
Sus investigaciones sobre el pus y sobre los trasudados patológicos han
conducido al descubrimiento de la nucleína por su discípulo Miescher, y de la
paranucleína por Lubavin. Ha sido el primero en obtener la lecitina en estado
puro, y ha introducido el término «proteidos». Ha investigado la química de los
cartílagos, y, con Ledderhose, ha descubierto en su laboratorio la glicosamina
(1876) y el chitosán. Ha llevado a cabo importantes análisis de la leche, la
bilis y la orina; ha investigado los productos químicos de la fermentación,
especialmente de las levaduras, y sus estudios acerca de la clorofila deben ser
considerados como el punto de partida de la labor de Ehrlich sobre la dinámica
de la periferia celular. Personalmente, parece haber sido un hombre atractivo,
de una disposición genial y afortunada.
De sus numerosos discípulos, Albrecht Kossel
(1853), de Rostock, profesor de Fisiología en Marburgo (1895-1901) y en
Heidelberg (1901), es famoso por su importante labor acerca de la química de la
célula y de su núcleo (1882-96), sobre el ácido nucleínico (1893), sobre los
albuminoides (1898); por el descubrimiento de la adenina, timina, ácido tímico,
histidina y agmatina; por su clasificación de los proteidos, sus estudios de
las unidades fundamentales (Bausteine) de la molécula proteína
y sobre los productos de substitución de los albuminoides. Ha hecho importantes
investigaciones en la química del metabolismo y ha obtenido, en 1910, el premio
Nobel de Medicina.
Ernst Salkowski (1844), de Königsberg, profesor de
Química médica de Berlín (1874), autor, con W. Leube, de un tratado de la
orina, de un manual de Química fisiológica y patológica (1893), La realizado
importantes descubrimientos sobre la eliminación del fenol (1876), la
pentosuria (1892-5); ha ideado una prueba cuantitativa para la oxaluria (1899);
ha utilizado las propiedades antisépticas del cloroformo en el estudio de la
fermentación (1888); ha usado su descubrimiento de fitosterina en la grasa vegetal
para investigar la adulteración de la grasa animal, y ha llevado a cabo muy
importantes investigaciones sobre la digestión, el poder oxidante de la sangre,
la putrefacción y la química urinaria.
La química fisiológica del siglo XIX ha sido rica
en descubrimientos de compuestos nuevos, notable en el análisis y formulación
de los productos de la descomposición de los proteidos en las manos de Paul
Schützenberger y de otros. Después de haber efectuado Kirchhoff la hidrólisis
del almidón por la diastasa en 1815, Bracon Viot, en 1820, hizo por primera vez
la hidrólisis de la proteína por los ácidos y descubrió la glicina, la forma
más sencilla de los proteidos.
De los componentes amino-ácidos de la proteína
(Bausteine de Kossel), la cistina ha sido encontrada en los cálculos por
Wollaston (1810) y demostrado ser un producto de descomposición de la proteína
por K. A. H. Morner (1899); la tirosina ha sido descubierta por Liebig (1846);
el glicocol (1848) y la alanina (1849), por Strecker; la serina, por Cramer
(1865); la fenilalanina, por Schultze (1879); la histidina, por Kossel (1896);
al paso que el triptofán ha sido nombrado como producto hipotético por Neumeister
(1890) y aislado por Gowland Hopkins (1902). La leucina ha sido descubierta por
Proust (1818) en el queso en putrefacción, y Braconnot la dio nombre (1820).
Una y otra, leucina y tirosina, han sido halladas por Virchow en el páncreas de
los cadáveres (1853) y por el clínico Frerichs en el vivo (1855). El ácido
glutámico ha sido obtenido por Ritthausen (1866) y Kreutzer (1871); el ácido
aspártico, por Radziejewski y Salkowski (1873); la ornitina, por Jaffé (1877);
la arginina, por Schultze y Steiger (1886); la lisina, por Drechsel (1889); la
prolina, por Willstätter (1900) y Emil Fischer (1901); el ácido
diamino-butírico (1901), la oxiprolina (1902), la serina (1902) y la valina
(1906), por Emil Fischer; la isoleucina, por F. Ehrlich (1903); la norleucina,
por Abderhalden y Weil (1913).
Los efectos de los enzimas animales sobre los
proteidos han sido estudiados por Willy Kühne, Kossel, Drechsel y otros, y
Schultze ha estudiado los efectos de los enzimas vegetales. Drechsel ha
descubierto que la molécula proteína contiene ácidos diaminos y monoaminos, y
éstos han sido investigados por Kossel, Kutscher y Emil Fischer. En 1881,
Schmiedeberg obtuvo la histozima, un fermento que puede desintegrar o
sintetizar el ácido hipúrico. Las nucleínas han sido investigadas por Worm
Müller (1873) y Miescher (1874); los ácidos nucleínicos, por Kossel (1893),
Altmann (1889), Abderhalden y Schittenhelm (1906); los albuminoides, por Kossel
(1898), Drechsel (1891) y Abderhalden (1905). El ácido [í-oxibutírico ha sido
aislado por Eduard Külz (1884-87) e investigado en relación con la diabetes por
Ernst Stadelmann (1883) y por Adolf Magnus-Levy (1899-1909). La acetona ha sido
descubierta en la orina diabética por Wilhelm Petters (1857) e investigada por
Carl Gerhardt (1865), Rudolf von Jaksch (1885), y en la sangre por Adolf
Kussmaul (1874). Max Jaffé ha descubierto la urobilina en el contenido
intestinal (1871) y el indicán en la orina (1877). Ehrlich ha ideado su
diazorreacción en 1882, y la crioscopia de la orina ha sido inventada por
Sandor Korányi en 1894. La albumosuria mielopática (proteinuria) era descrita
por Henry Bence Jones en 1848; la acetonuria y diaceturia, por von Jaksch
(1885), y la pentosuria, por Ernst Salkowski (1895). Las pruebas de Johann
Kjeldah para la apreciación del nitrógeno en las substancias orgánicas (1883),
de Otto Folin para calcular la urea y el ácido úrico, de Jowland Hopkins para
la urea, de Franz Soxhlet para la grasa y la leche, han demostrado todas ser de
gran valor en la práctica. Las ptomaínas han sido investigadas por Selmi,
Gautier, Brieger, Vaughan y Novy. La célebre memoria de Naegeli sobre los
almidones o féculas (1874), en la que clasifica unos 200, ha sido seguida de
las notables monografías de Edward T. Reichert sobre la hemoglobina (1911) y
las féculas (1915). La teoría de la cadena abierta del carbono y el anillo
cerrado del benceno ha sido establecida por August Kekulé en 1865[616], desenvuelta por van’t Hoff y Le Bel, y
brillantemente aplicada a la teoría estructural de la clorófila por
Hoppe-Seyler, y a la teoría de las cadenas laterales de la inmunidad por Paul
Ehrlich.
La química física ha sido hecha utilizable para la
fisiología gracias a los trabajos de Sadi Carnot (1824), Robert Mayer (1842),
Lord Kelvin (1848-52), Helmholtz (1847), Clausius (1850), Willard Gibbs
(1872-1878), van’t Hoff (1887), Arrhenius (1887), Ostwald y los químicos de la
escuela holandesa. Sus leyes han sido aplicadas a la fisiología de los músculos
por Julius Bernstein (1902-1908), al problema de la tensión superficial por
Isidor Traube (1910-11) y Macallum (1910-11) y a diferentes problemas biológicos
por Jacques Loeb. La teoría de la osmosis y de las membranas semipermeables ha
sido investigada por Dutrochet (1827-35), Graham (1854-61), Moritz Traube
(1867), Willard Gibbs (1876), van’t Hoff y Arrhenius (1887), y H. J. Hamburger
(1902-04), y los coloides han sido estudiados por Graham, Siedentopf y
Zsigmondy.
La mayoría de los grandes maestros de la materia
han escrito algún tratado de Fisiología. Al primer período pertenecen los de
Magendie (1816-17), H. Mayo (1827), John Müller (1834-40), Rudolf Wagner
(1838-42), W. B. Carpenter (1842), G. Valentín (1844-1846), las varias
ediciones del manual de Senhouse Kirkes (1848), F. C. Donders (1850), F. A.
Longet (1850), y el Handwörterbuch, de Wagner (1842-53). En la segunda mitad de
la centuria encontramos los de Carl Ludwig (1852-56), J. C. Dalton (1859), W.
Wundt (1865), T. H. Huxley (1866), Austin Flint, Jr. [ (1866-74), sir Michael
Foster (1877), L. Landois (1879-80), W. Stirling (1888), A. D. Waller (1891)1
E. H. Starling (1892), Max Verworn (1895), G. N. Stewart (1896), Robert
Tigerstedt (1898), L. Luciani (1898-1903), W. H. Howell (1905), M. Duval y E.
Gley (1906), H. Zwaardemaker (1910) y M. von Frey (1911). La obra de Foster es
magistral. El libro de texto, editado por sir Edward A. Schäfer con un plan
cooperativo (Londres, 1898), es notable por su admirable reunión de datos
históricos, respecto de los cuales es comparable a los grandes Elementa de
Haller (1757-66). De los tratados americanos, el de William H. Howel (1905) es
incomparablemente el mejor, en razón de sus limpios grabados, cuya brillante
presentación es bien conocida. El reciente tratado de W. M. Bayliss (1916) está
concebido desde el punto de vista de la química física.
El progreso de la Medicina moderna está
inseparablemente unido al nombre de Rudolf Virchow (1821 a 1902), el fundador
de la Patología celular. Natural de Schievelbein, en Pomerania, Virchow se
graduó en Berlín en 1843, llegó a ser prosector de Froriep, en la Charité, en
1845, prosector ordinario en 1846 y fundador, en 1847, de los Archiv
für p athologische Anatomie, conocidos en todo el mundo como Virchow
s Archiv. Su primer artículo en su periódico adelantaba la idea de que
una hipótesis no demostrada, de cualquier género que sea, constituye una base
sumamente insegura y falsa para la Medicina práctica, y sostenía la opinión de
que ningún hombre es infalible ni en juicio ni en conocimientos. Esta era una
de las más poderosas manifestaciones del espíritu moderno en la Medicina
reciente. En 1848, Virchow fue enviado por el Gobierno de Prusia para
investigar la epidemia de tifus o de fiebre del hambre que se extendía entre
los tejedores de la Alta Silesia. Un acabado compendio de lo que él vio se nos
ofrece en el conjunto de horrores del drama social de Gerhart Hauptmann, Los
tejedores, y sus consejos, no sólo incluyen medidas higiénicas y una gran
caridad para aquellos desgraciados, sino que comprenden también un breve
resumen, completamente de actualidad, de democracia y de libertad (volle
und unumschränkte Demokratie Bildung mit ihren Töchtern, Freiheit y Wohlstand). Estas
valientes afirmaciones, unidas a las tendencias de su periódico
semipolítico, Die medicinische Reform (1848-9), produjeron
bien pronto a Virchow disgustos con las autoridades gubernamentales, y en 1849
fue despojado de su cátedra, obteniendo al propio tiempo, gracias a los buenos
oficios del tocólogo Scanzoni, la cátedra de Anatomía patológica en Wurzburgo.
Rudolf Virchow (821-1902)
Siete años más tarde, después de haberse
brillantemente distinguido como profesor y como maestro, fue instado a volver
de nuevo a Berlín en honorables condiciones, y en 1856 se encontraba
debidamente instalado como profesor de Patología en aquella Universidad,
desempeñando al propio tiempo la dirección del Instituto Patológico, que había
sido creado por él. Allí comenzó Virchow una carrera de incomparable actividad
en múltiples direcciones. Era un hombre de amplísima cultura y lleno de los
ideales más profundamente humanos, así que bien pronto llegó a ser conocido por
todos como anatómico y patólogo, epidemiólogo y sanitario, antropólogo y
arqueólogo, editor y maestro, reformador social y «antiguo miembro
parlamentario». Figuró en la Cámara baja prusiana en 1862, y desde 1880 hasta
1893 en el Reichstag como una fiel y segura representación de los derechos del
pueblo. Durante la guerra franco-prusiana organizó el Cuerpo de Ambulancia de
Prusia y dirigió la creación del hospital militar de Tempelhof. Tuvo mucho que
hacer para asegurar un buen sistema de alcantarillado para Berlín, y como
presidente de muy diferentes sociedades, llegó fácilmente a ser la personalidad
médica de mayor influencia en la capital de Prusia. Al envejecer, los honores
fueron llegando de todas partes, y en 1899 inauguró el Museo de Patología, al
que dio su colección privada, colección de 23.066 preparaciones, cada una de
las cuales había sido hecha, catalogada y colocada en su estante por sus
propias manos. Al cumplir los ochenta años recibió un donativo de 50.000 marcos
de sus compañeros de Alemania en auxilio del Instituto Virchow, con una única
medalla de oro del emperador, y poco antes de su muerte pudo ver la terminación
del espléndido hospital municipal de Berlín (15 de enero de 1902), que lleva
actualmente su nombre.
Virchow ha derivado la inspiración para toda la
labor de su vida de Johannes Müller, y lo que él ha realizado ha sido, en todos
sentidos, digno de su gran maestro. En Patología no ha tenido, anteriormente,
más posible competidor que Morgagni, y posteriormente a él, ninguno. Su Patología
celular (1858) pone en juego un nuevo punto de vista, presentando el
cuerpo como «un estado celular, en el que cada célula es un ciudadano»; la
enfermedad es, «sencillamente, un conflicto entre ciudadanos de este estado,
determinado por la acción de fuerzas exteriores». El aforismo de Virchow,
«Omnis cellula e cellula», demuestra que el desarrollo celular no es
discontinuo, como habían supuesto Schleiden y Schwann, y que no hay células
específicas en la enfermedad, sino simples modificadores de los tipos
fisiológicos. En otros términos: «Una nueva producción de células supone
siempre la existencia anterior de células. » Este punto de vista morfológico ha
sido la base de su obra sobre los tumores (1863 a 67)[617], que trata de aquellas formaciones como nuevas producciones
fisiológicamente independientes de alguna estructura histiode o celular. Los
dos errores más salientes de la patología celular fueron las teorías de que el
contenido celular es el carácter esencial de todo el organismo, y de que no
puede haber diapedesis de las células sanguíneas, lo que posteriormente fue
corregido por Cohnheim.
Virchow ha sido el primero en observar y definir la
leucocitosis, y en 1845, simultáneamente con el estudio clínico de John Hughes
Bennett, describió la leucemia como sangre blanca[618]: En 1846, separó la piemia de la septicemia, y
entre los años 1846 y 1856 creó la doctrina de la embolia[619], su más distinguida obra en Patología y una de las
más personales en todos los aspectos. Antes de Virchow, como ya hemos dicho,
John Hunter y Cruveilhier habían, ambos, observado la trombosis como una
consecuencia de la flebitis, admitiendo, además, a ésta como primer factor de
la piemia. Virchow revolucionó los conocimientos existentes, demostrando que el
trombus es la condición primaria en la flebitis. Sus estudios acerca de la
embolia están apoyados en los experimentos, siendo Virchow el primero que ha consignado
sus variedades cerebral y pulmonar. En 1856 ha demostrado la naturaleza
embólica de los tapones arteriales en la endocarditis maligna, atribuyendo su
aparición a los parásitos. Como parasitólogo, ha realizado, además, una buena
obra a propósito de la triquinosis (1859-70) y ha descubierto las formas
sarcínica y aspergíllica en la micosis del pulmón y de los bronquios. Ha
expuesto también las verdaderas relaciones existentes entre el lupus y la
tuberculosis, introducido nuevos conceptos patológicos como agenesia,
heterotopia, ocronosis, y ha sido el primero en describir la leontiasis ósea,
el hematoma de la duramadre y la hipoplasia aórtica, con corazón retraído en
las muchachas cloróticas (1872). En 1861 dio el nombre de «artritis deformante»
al reumatismo gotoso. En Histología ha realizado dos importantes
descubrimientos: la neuroglia (1846)[620] y las especiales vainas linfáticas de las
arterias cerebrales (1851). Ha hecho centenares de contribuciones a la
antropología (su predilección especial), para el gran atlas de Cranea ethnica
americana, preparado «en memoria de Colón y del descubrimiento de América»
(1892), y para sus bien conocidos artículos acerca de los caracteres raciales y
anomalías, antropometría y antropología física de los alemanes, datos
históricos, sífilis prehistórica, tatuajes y reliquias de la guerra de Troya. A
la historia de la Medicina ha contribuido con muy importantes monografías a
propósito de las leproserías y de los otros hospitales durante la Edad Media,
con biografías de Morgagni, de Johannes Müller y de Schönlein, y ha sido el
primero en escribir sobre la Medicina en relación con las Bellas Artes (1861)[621]; pero esta pequeña contribución ha sido
extraordinariamente sobrepasada en el mismo año por la completa monografía de
K. F. H. Marx, en la que casi todas las pinturas relativas a la medicina se
encuentran catalogadas y clasificadas[622]
Personalmente, Virchow era una figura pequeña,
elástica, profesional, con ojos penetrantes y negros, vivo y ágil de cuerpo y
de espíritu, con algo de raza eslava, algo como un pájaro en la morgue o en una
biblioteca, atacando la desatención o la incompetencia con un rápido sarcasmo.
Sin embargo, él era generoso, magnánimo y de espíritu amplio, y nadie que
«obrase bien» quedaría perdido de su vista o de su memoria. En edad avanzada,
Virchow, siempre «liberal en la política», se volvió «reaccionario en ciencia»;
pero el amor a la verdad, la generosidad en las palabras y en las acciones,
constituyeron siempre la esencia de su juventud y de su madurez. Toda su vida
ha sido vivo y ardiente en las discusiones. Comenzó su carrera atacando
violentamente la teoría de la «crasis» de Rokitansky, con el resultado de que
el patólogo vienés suprimió todo lo relativo al asunto en la segunda edición de
su obra, y posteriormente nunca volvió a hacer referencia a ello. Aparte de
esto, nadie ha tributado en la literatura mejores ni más grandes elogios a la
parte notable de la obra de Rokitansky que Virchow. Posteriormente, encontramos
las disputas con Hughes Bennet a propósito de la leucemia y su destrucción del
dogma de Cruveilhier de que la flebitis constituye la totalidad de la
patología. Al propio tiempo, él animaba alegremente a Cohnheim a combatir la
teoría de Virchow de la no emigración de las células sanguíneas. Pensando que
el sistema nervioso no es un centro trófico y que no puede presidir la
nutrición de las partes periféricas, Virchow se negó a ver en las lesiones
articulares de los atáxicos de Charcot nada de ataxia, sino una lesión
puramente local. Creía en la dualidad de la tuberculosis. Era opuesto a las
doctrinas darwinistas, y los nuevos puntos de vista de Behring y de Koch,
relativas a las toxinas y antitoxinas, fueron difícilmente aceptados por el
hombre que había obliterado la patología humoral. Las peculiaridades del cráneo
de Neanderthal fueron tercamente atribuidas por Virchow a una enfermedad. Una
bomba caída por accidente, durante la guerra de 1870-71, en el Museo de
Historia Natural de París, dio motivo a Quatrefages para escribir indignado un
artículo en el que afirmaba que los prusianos no eran germánicos, sino una
bárbara y destructora raza mongola. Esto excitó el patriotismo de Virchow hasta
el extremo de producir un colosal censo público del color de los ojos y del
pelo de seis millones de niños de las escuelas alemanas, el carácter
oficialmente solemne, del cual parece que produjo un extraordinario terror en
alguno de los niños. La vista de una caricatura del Simplicissimus,
de Grimmelshausen, parece que le causó la misma indignación que experimentó
Wordsworth cuando oyó los primeros versos de la «Oda a una urna griega», de
Keat. Podemos muy bien dejar a un lado todas estas extravagancias teniendo en
cuenta la generosidad con que él tomó la defensa de Pasteur, el tributo de
distinción al departamento médico del ejército americano y las ponderaciones y
alabanzas que, como coronas de laurel, ha dejado sobre las tumbas de muchos de
sus predecesores y contemporáneos. Por encima de todo, ha sido, por lo que hace
referencia al valor cívico, el ideal del hombre moderno. El no ha creído en la
burguesía sin fe y agiotista, sino que ha abrazado ardientemente la causa de
aquellos que trabajan por el bien de todos. Su defensa durante toda su vida de
los derechos de la humanidad trabajadora, valientemente sostenida en el tan
severo gobierno militar prusiano, demuestran el género de fibra de que estaba
hecho.
De los discípulos de Virchow, el más eminente es
Julius Cohnheim (1839-1884), de Demmin, Pomerania, quien, después de haber
servido como cirujano del ejército prusiano durante la guerra de Austria (1864
a 65), fue ayudante en el Instituto de Patología, y, posteriormente, profesor
de Patología en Kiel (1868-72), Breslau (1872-78) y Leipzig (1878-84). Con
Willy Kühne, Cohnheim llevó a cabo importantes investigaciones acerca de los
fermentos formadores del azúcar (1863)[623]; pero su disertación inaugural a propósito de la inflamación de las
membranas serosas señala su tendencia como investigador en patología e
histología experimentales.
Ha ideado el método de las preparaciones frescas y
congeladas en la labor histológica; ha investigado las terminaciones nerviosas
en los músculos por medio de las sales de plata; ha descubierto el campo en
mosaico, que lleva su nombre, en las secciones transversales de los músculos
(1865) y ha sido el primero en utilizar, con brillantes resultados, las sales
de oro, en sus estudios de las terminaciones nerviosas en la córnea (1867). Sus
monografías sobre la inflamación y la supuración (1867-73)[624] revolucionaron la patología, demostrando, en directa oposición a
lo que enseñaba Virchow, que el rasgo característico de la inflamación es el
paso de los glóbulos blancos a través de las paredes de los capilares y que los
glóbulos de pus son formados de este modo a expensas dé la sangre. La
diapedesis había sido señalada ya por Addison; pero los experimentos de
Cohnheim han demostrado la emigración directa de los leucocitos coloreados
hacia un centro de inflamación en la córnea.
Julius Cohnheim (1839-84). (Colección de A. C. Klebs.)
A esto siguieron importantes trabajos a propósito
del éxtasis venoso (1867) y de la relación de las arterias terminales con el
proceso embólico (1872).
El máximo perfeccionamiento experimental de
Cohnheim se señala por su inoculación, seguida de éxito, de la tuberculosis en
la cámara anterior del ojo del conejo (1877)[625], que Weigert ha descrito ingeniosamente como una demostración in
oculo ad oculos. Dos años antes, Robert Koch había demostrado sus
colonias de Bacillus anthracis, y Cohnheim había hecho la
afirmación profética de que Koch sobrepujaría a todos en este terreno. Los
últimos años de la vida de Cohnheim se ven afligidos por severas complicaciones
de la gota, su antiguo enemigo, y su brillante carrera se vio pronto interrumpida
a la temprana edad de cuarenta y cinco años. Se le describe como un hombre
robusto, alegre, de enérgico carácter, de rápido y seguro lenguaje, con gran
poder de ingenio y de sarcasmo. Entre sus discípulos figuran Heidenhain,
Litten, Lichtheim, Welch, Ehrlich, Neisser y Weigert, en Breslau, y Roy y
Councilman, en Leipzig.
Carl Weigert (1845-1904), de Münsterberg (Silesia),
es famoso por sus investigaciones sobre la anatomía patológica de la viruela
(1874-75)[626] y de la enfermedad de Bright (1879)[627] y por el hecho de haber sido el primero en colorear las bacterias
(1871)[628], en cuya coloración ha obtenido últimamente gran éxito con las anilinas
(1875)[629]. Ha introducido muchos perfeccionamientos en la coloración diferencial
del sistema nervioso, especialmente con la fuchsina ácida (1882). Ha hecho,
además, investigaciones sobre la neuroglia (1890-95) y la necrosis de
coagulación (1880); ha descrito la tuberculosis de las venas y ha establecido
la bien conocida «ley» cuantitativa de que la reparación de un tejido lesionado
es siempre mayor de lo necesario.
Entre los especiales estudios patológicos de este
período figuran los de Ludwig Traube (1855), Hermann Senator (1873), Carl von
Liebermeister (1875) y Ernst von Leyden (1870-79), sobre la patología de la
fiebre; los de Peter Ludwig Panum (1820-85), sobre la patología especial de la
embolia (1863-64); de Thomas Bevill Peacock, sobre los defectos de conformación
del corazón humano (1866); de Carl Thiersch, sobre necrosis fosfórica de los
huesos (1867); de Wilhelm Waldeyer, sobre el desarrollo del cáncer (1867-72);
de F. D. von Recklinghausen, sobre el adenomioma y el neurofibroma (1882); de
Paul Grawitz, sobre el origen de los tumores renales a expensas del tejido
suprarrenal (1884); de Julius Wolff, sobre la ley de transformación de los
huesos (1892); de Paul Ehrlich y Adolf Lazarus, sobre anemia (1898). Entre los
americanos, William Pepper (1843-98) ha descrito los cambios experimentados por
la médula ósea en la anemia perniciosa (1875); William Henry Welch (1850) ha
investigado el edema agudo del pulmón (1877) y la embolia y la trombosis
(1899); Reginald Heber Fitz (1843-1913) ha dado concluyentes demostraciones de
la patología de la inflamación perforante del apéndice vermicular (1886), de la
pancreatitis hemorrágica con necrosis adiposa (1889), y ha descrito el lipoma
intrapleurítico del mediastino; Christian Fenger (1840-1902), de Chicago, ha
sido el primer maestro de este asunto en la región central del Oeste; Ludwig
Hektoen (1863), de Westby (Wiscousin) ha llevado a cabo una buena obra a
propósito de la patología experimental de la cirrosis atrófica (1901), del
sarampión (1911) y del aislamiento de los anticuerpos. Martin H. Fischer
(1879), de Cincinnati, ha llevado a cabo estudios experimentales sobre el edema
(1910) y la nefritis (1912).
Los estudios de Ehrlich, Peyton y Rous, W. S.
Lazarus Barlow, Maud Slye, E. E. Tyzcer y otros, sobre el cáncer, son de gran
interés.
Continuando las obras del siglo XVIII de Astruc
(1743), Gaub (1758), Morgagni (1761), Matthew Baillie (1791) y Kurt Sprengel
(1795-97), la patología ha sido objeto de tratados especiales de Carl Friedrich
Burdach (1808), J. W. H. Conradi (1811), A. F. Chomel (1817), E. D. A. Bartels
(1819), J. C. C. F. M. Lobstein (1829-33), Herbert Mayo (1836) y Thomas Hodgkin
(1836-40).
El primer tratado completo de Patología, publicado
en inglés, ha sido el de Samuel David Gross (Boston, 1839), que ha sido seguido
de los tratados de Rokitansky (1842-46), Jacob Henle (1846-51), Alfred Stillé
(1848), Salvatore de Renzi (1856), Virchow (1858), Samuel Wilks (1859), P. Uhle
y E. Wagner (1862), Eduard Rindfleisch (1867-69), Víctor Cornil y L. Ranvier
(1867-76), T. H. Green (1871), F. V. Birch-Hirschfeld (1876), Cohnheim
(1877-80), Ernst Ziegler (1881), Sims Woodhead (1883), Henri Hallopeau (1884),
Francis Delafield y T. Mitchell Prudden (1885), Edwin Klebs (1887), D. J.
Hamilton (1889-94), V. V. Podwyssotsky (1891-94), Antón Weichselbaum (1892),
Otto Bollinger (1896-97), Alfred Stengel (1898), Harvey R. Gailord y Ludwig
Aschoff (1901), Ludwig Hektoen y David Riesman (1901 a 1902), Guido Banti
(1905-07) y John George Adami (1908-12).
Notables atlas ilustrados de Patología son los de
Johann Friedrich Meckel (1817-26), Jean Cruveilhier (1829-42), Alexander Auvert
(1856), F. A. Thierfelder (1872-81), The Sydenham Society (1877-1906), Alfred
Kast y Theodor Rumpel (1892-97) y Paul Crawitz (1893).
Importantes obras de Patología experimental son las
de Ludwig Traube (1871 a 78), Claudio Bernard (1872), Salomón Stricker (1877),
Victor Paschutin (1885) y Paul Ehrlich (1909) y las monografías de August
Hirsch (1860-64), Andrew Davidson (1892) y Frank G. Clemow (1903) sobre
Patología geográfica, John William Ballantyne sobre Patología fetal (1902-04) y
F. B. Mallory y J. H. Wright sobre Técnica patológica.
Los fundadores de la Bacteriología son Louis
Pasteur y Robert Koch, siendo el primero, además, el creador de la teoría
moderna de las inoculaciones preventivas, y el último, aquel a quien
principalmente debemos el desenvolvimiento de la teoría correcta de la
especificidad de las enfermedades infecciosas.
Antes de la época de Pasteur, Leeuwenhoek había
visto los protozoos (1687) al microscopio. Agostino Bassi (1773-1856) demostró
que la enfermedad de los gusanos de seda era debida a la presencia de
microorganismos (1836); John Goodsir ha descrito las sarcinas del estómago
(1842); Casimir Davaine, el microorganismo del carbunco (1865), y Ferdinand
Cohn, los caracteres morfológicos y botánicos de las bacterias (1870). Antes
del tiempo de Koch, Kircher (1658), Plenciz (1762) y Henle (1840) han emitido
ya la teoría de un Contagium animatum; Hermann Klencke ha demostrado que la
tuberculosis puede ser transmitida por la leche de vacas (1846);
Jean-Antoine-Willemin (1827-92) ha podido demostrar que el virus tuberculoso es
específico e inoculable, en una serie de experimentos magistrales (1868), que
han sido confirmados por ulteriores observaciones de Edwin Klebs (1873), L. A.
Thaon y J. J. Grancher (1873) y Julius Cohnheim (1880).
Louis Pasteur (1822-95), natural de Dóle (Jura) e
hijo de un viejo soldado de Napoleón, y curtidor en su localidad. En su
juventud se distinguió Pasteur por su gran habilidad para dibujar retratos y,
además, por ser un entusiasta e inofensivo pescador. Despertado por el
llamamiento del deber, acudió a realizar sus estudios en Besangon, donde
adquirió interés por la Química, graduándose en la Escuela Normal de París en
1847. Después de esto fue, sucesivamente, profesor de Física en el Liceo de
Dijon (1848), profesor de Química (1852 a 54) en la Universidad de Estrasburgo,
decano y profesor de Química en la Facultad de Ciencias de Lille (1854-57)»
director de Estudios científicos en la Escuela Normal de París (1857-63),
profesor de Geología y de Química en la Escuela de Bellas Artes (1863-67),
profesor de Química en la Sorbona, (1867-89) y director del Instituto Pasteur
(1889-95).
Como se lee en las inscripciones de los arcos que
coronan su tumba, Pasteur es famoso por su labor sobre la disimetría molecular
(1848), la fermentación (1857), generación espontánea (1862), enfermedades del
vino (1863), enfermedades del gusano de seda (1865), microorganismos de la
cerveza (1871), enfermedades virulentas (carbunco, cólera de las gallinas)
[1877] y vacunaciones preventivas (1880), especialmente de la hidrofobia
(1885).
El primero de éstos, sus clásicas investigaciones
de la conversión del dextrógiro ácido tártrico en formas inactivas (ácidos
racémico y mesotartárico) y su descubrimiento del desdoblamiento del ácido
racémico en ácido tártrico levo y dextrógiro por medio de substancias
ópticamente activas, le hicieron ganar la medalla Rumford, de la Royal Society
(1856), e indudablemente dieron motivo a la labor de van’t Hoff y Le Bel sobre
estereoquímica y química del espacio. Estos estudios dieron también ocasión a
Pasteur para el estudio de los fermentos y de los microorganismos por medio de
su experimento inicial de la fermentación inducida en el ácido racémico por
medio de la albúmina, causando la destrucción de los productos dextrógiros por
los microorganismos fermentativos. A éstos siguieron los estudios de las
levaduras de la cerveza y de la fermentación del ácido láctico, de los que
resultó el descubrimiento de la bacteria del ácido láctico y el rebatir los
errores en que habían incurrido Liebig y hasta el propio Helmholtz, respecto de
la significación de la fermentación. El inmediato descubrimiento del carácter
anaerobio de la bacteria de la fermentación butírica introdujo los conceptos de
anaerobismo y aerobismo.
Una comparación de redomas con levaduras sembradas
en medios nutritivos, alguna de las cuales había sido esterilizada, demostró el
papel de los microorganismos en el cambio atmosférico del oxígeno en bióxido
carbónico (1861). Sus disputas con Pouchet a propósito de la generación
espontánea estaban obscurecidas por el hecho de que la infusión de heno de
Pouchet era de más difícil esterilización que la infusión de levadura empleada
por Pasteur; pero este último terminó por vencer en la contienda, obteniendo un
premio y ser nombrado miembro de la Academia de Ciencias[630]. Hacia el mismo tiempo, aproximadamente, descubrió
que la película, tan necesaria para la formación del vinagre a expensas del
vino, estaba constituida por pequeños microorganismos redondeados (Mycoderma
aceti). La investigación de la fermentación acética[631] destruyó la doctrina mecánica de Liebig sobre
este acto, y dio ocasión a Pasteur para estudiar las causas que perjudicaban
las grandes industrias de su región, la del vino, la de la seda y la de la
lana. En 1867, la industria del vino en Francia dejó un beneficio de 500
millones de francos para la nación, y este beneficio fue en gran parte debido
al descubrimiento de Pasteur de que el ataque al vino por los microorganismos
puede ser prevenido por la esterilización parcial por el calor (pasteurización)
a una temperatura de 55 a 60o, sin ninguna alteración del gusto ni
del bouquet de los caldos (1863-65). Este procedimiento se aplica actualmente a
todos los alimentos alterables, y resulta de incalculable importancia en la
nutrición de los niños. En 1849, la industria de la seda en Francia comenzó a
hacer crisis a causa de la enfermedad de los gusanos llamada pébrine. En 1861,
la renta anual por este concepto había descendido desde 130 hasta ocho millones
de francos, y además había necesidad de gastar enormes sumas en importar huevos
sanos de gusano de seda desde España, Italia y el Japón. Las plantaciones de
moreras de los Cevennes iban abandonándose, y en 1865 se recurría al Estado en
súplica de que remediase este desastre. En una pequeña casa cerca de Alais,
Pasteur y sus ayudantes estuvieron trabajando por espacio de cinco años en un
problema aparentemente insoluble, y aun después de haber aquél descubierto la
causa y la profilaxia de la pébrine, vino esta nueva causa de desesperación;:
II y a deux maladies! Esta segunda enfermedad, la flácherie, fue dominada a
tiempo[632], pero a un precio bien terrible, la muerte de una
de sus hijas y el molesto incidente de verse perseguido por una ruda e injusta
crítica de sus procedimientos, lo que le determinó la aparición de un grave
ataque de parálisis. Su misma satisfacción por aquellas muestras de
reconocimiento, como el grado de doctor por la Universidad de Bonn, un premio
del Gobierno de Austria, el nombramiento de miembro de la Royal Society y el
nombramiento de senador, fue amargada por la declaración de la guerra franco-prusiana.
Devolvió a Bonn el diploma y se consagró al estudio de librar a la cerveza de
los microorganismos, demostrando nuevamente las ventajas de la pasteurización[633]. Hacia esta misma época, su definición del
fermento como «una forma viviente que se produce a expensas de un germen», se
veía contestada por un trabajo póstumo de Claudio Bernard[634]; pero, en 1874, Lister le enviaba su célebre carta
reconociendo el valor de la obra pasteuriana en relación con la antisepsia
quirúrgica. De este modo, Pasteur se iba transformando lentamente de químico en
médico, especialmente por el modo de tratar el problema de las enfermedades
infecciosas. En los estudios sobre el carbunco le precedieron Davaine, que
había descubierto la bacteridia y demostrado que la virulencia de la enfermedad
era proporcional al número de bacterias existentes (1850-65); Klebs, 'que indicó
que el virus carbuncoso era no filtrable, supuesto que los filtrados no pueden
producir la enfermedad (1871), y Koch, que ha sido el primero en obtener
cultivos puros del bacilo del ántrax, en describir toda la historia natural del
mismo y sus relaciones con la enfermedad (1877). Pasteur confirmó los
resultados obtenidos por Koch, y preparó el discutido problema de un virus
separado, llevando los bacilos a través de cientos de generaciones y
produciendo el carbunco al final de la serie[635]. Al propio tiempo descubría, con Jouberty
Chamberland, el bacilo del edema maligno (vibrión séptico), el primer hallazgo
de un microorganismo anaerobio, de carácter patógeno; y demostró las relaciones
existentes entre el calor animal y la virulencia microbiana. Comoquiera que él
no prestó ninguna importancia a los aspectos morfológicos de la microbiología,
se olvida algunas veces que ha descubierto los estafilococos piógenos en el
divieso como microbios en grupos de granos y los estreptococos piógenos como
microbios en rosarios de granos (1878-9)[636]. Su descubrimiento de las vacunas preventivas fue
debido al hecho accidental de que los cultivos virulentos del virus del cólera
de las gallinas, durante unas vacaciones, se volvieron estériles e inactivos, y
cuando fueron inyectados se descubrió el acto como una vacuna preventiva contra
una subsiguiente inoculación de un cultivo completamente virulento. Los virus
atenuados podían ser llevados a través de diferentes generaciones, conservando
siempre su propiedad inmunizadora.
En 1881 obtuvo el éxito de producir una vacuna
contra el carbunco, cuya inyección hacía descender la horrible mortalidad de
aquél hasta el 1 por 100 en los carneros, y 0, 34 por 100 en el ganado vacuno.
Los experimentos con los virus del ántrax, del cólera de las gallinas y de la
erisipela del cerdo (rouget de porcs) demostraron el principio de que las
propiedades patogénicas de un virus pueden ser atenuadas o reforzadas por medio
de los pases a través del organismo de animales apropiados, y nos dejó uno de
los más luminosos pensamientos en la historia de la ciencia: el de que el
origen o la extinción de las enfermedades infecciosas en el pasado (sífilis,
por ejemplo) puede ser simplemente debido al refuerzo o al despertar de su
virus por condiciones externas o por alguna circunstancia extraña. Este
principio fue aplicado con éxito contra el carbunco en los rebaños próximos a
Chartres, y en las vacunas preventivas contra la hidrofobia, sirviendo en éstas
de medio de cultivo la médula espinal del animal infectado[637]. El primer enfermo de Pasteur fue Joseph Meister,
un muchacho alsaciano, mordido terriblemente por un perro rabioso y que fue
tratado con éxito en julio de 1885. Poco tiempo después se inauguraba el
Instituto Pasteur y se fundaban en todas partes del mundo institutos especiales
para las inoculaciones contra la hidrofobia. En aquél trabajó Pasteur hasta el
fin de su vida, con discípulos tan brillantes como Metchnikoff, Roux, Yersin,
Calmette, Chamberland y Pottevin. Con Ch. Chamberland ha inventado el célebre
filtro que ha llevado después su nombre, en tanto que Roux realizaba la labor,
que hacía época, sobre la toxina diftérica; Metchnikoff, sus trabajos sobre la
fagocitosis y el bacilo láctico; Alexandre Yersin, sobre el bacilo de la peste,
y Albert Calmette, sobre el suero contra la mordedura de las serpientes
venenosas.
Los últimos años de Pasteur se vieron colmados de
honores, que llegaban a él desde todas las partes del mundo, y, después de su
muerte, un magnífico mausoleo para sus restos, copiado de la tumba de Gala
Placidia, en Rávena, fue construido por su familia en el Instituto Pasteur.
Profundamente religioso, intensamente serio, dotado
con una inteligencia cuya cualidad ha sido comparada por Roux a la llama de un
soplete, Pasteur era un sensitivo, que padeció indebidamente en su
vida por las capciosas cavilaciones de los hombres pequeños. La devolución del
diploma de la genial Universidad rheniana de Bonn puede únicamente ser
explicada por su exagerada, casi infantil, devoción por su tierra natal.
La cursilería literaria ha declamado demasiado
acerca de su «origen aldeano»; pero el hombre en sí era positivamente un
caballero de aquellos descritos por Wordsworth y por el cardenal Newman, uno de
los que nunca producen sufrimientos ni molestias innecesarias a nadie.
Louis Pasteur (1822-95)
Su simpatía hacia los sufrimientos o enfermedades
de los animales era de un género tal, que hubiera podido parecer cómica, dice
Roux, a no haber sido tan conmovedora. Podemos presentar a sus discípulos como
testimonio de su facultad para establecer inmediatamente una relación de
simpatía entre él mismo y todo el que se interesase por su obra, y su simpatía
se iba extendiendo por círculos, como en la parábola de Emerson: desde el grupo
íntimo de su familia y sus discípulos se extiende a los naturales (incluso
animales) de su país natal, y abraza, por último, toda la raza humana[638]. Su fondo humanitario era de aquel poco frecuente y noble género que,
según las palabras de Emerson, «demuestra en sí mismo no ser mortal, sino
propio de la profundidad del ser absoluto y eterno. »
Robert Koch (1843-1910). (Cortesía del capitán Henry J. Nichols, del
ejército de los Estados Unidos.)
Robert Koch (1843-1910), de Klausthal (Hannover),
fue educado en el Gymnasium de su ciudad local, tomando el grado de médico en
Göttingen (1866), donde se encontró profundamente influenciado por las
enseñanzas de Jacob Henle, cuya teoría del contagio (1840) pudo ser tomada por
Koch como bandera de la labor científica de su vida. Después de haber servido
en la guerra franco-prusiana, Koch fue médico de distrito (Kreisphysicus) en
Wollstein, donde amenizaba la monotonía de sus jornadas por las carreteras del distrito
con sus estudios privados. Comenzó con el ántrax, y en abril de 1876 escribió
al eminente botánico Ferdinand Cohn, en Breslau, acerca del efecto que había
experimentado al concluir el estudio de la esporulación del bacilo antrhacis. Algunas
semanas más tarde daba, por invitación de Cohn, una demostración, en tres días,
de sus métodos de cultivo y de los resultados obtenidos, en el Instituto
Botánico de Breslau y en presencia de Cohn, Weigert, Auerbach, Traube, Cohnheim
y otros. Este último declaró que el de Koch era el más grande de los
descubrimientos de Bacteriología, y Cohn publicó inmediatamente su trabajo en
sus Beiträge (julio, 1876)[639]. Esta memoria demostraba que el bacilo antrhacis era
la causa de la enfermedad, y que un cultivo puro del mismo, mantenido fuera del
organismo por el término de varias generaciones, puede producir la enfermedad
en diferentes animales. Los resultados de Koch fueron violentamente combatidos
por Paul Bert, pero confirmados completamente por Pasteur. En noviembre de
1877, Koch publicó inmediatamente sus métodos de fijación y coloración de las
pestañas microbianas en cubreobjetos, o coloreándoles por las anilinas según el
método de Weigert de colorear las flagelas, y de fotografiar las bacterias para
su comparación e identificación[640]. En 1878 apareció su gran memoria sobre la etiología di? las
enfermedades infecciosas traumáticas[641], en la que se describían las bacterias de seis gérmenes diferentes de
infección quirúrgica, con sus respectivos caracteres, habiéndose llegado a la
verdadera obtención de cada especial bacteria por varias generaciones in
vitro o a través de los animales. Estas tres memorias elevaron a Koch
al primer rango entre las autoridades de la ciencia médica, y, gracias a la
influencia de Cohnheim, fue llevado a la vacante del Departamento Imperial de
Higiene (Kaiserliches Gesundheitsamt), con Löffer y Gaffky
como ayudantes, en 1880. Aquí, en 1881, publicó su importante trabajo acerca
del método de obtener cultivos puros de los microorganismos vertiendo la
gelatina líquida con caldo en placas de cristal, donde se dejaba solidificar[642]. Cuando Koch mostró sus placas de cultivos en el Congreso Médico
Internacional de Londres, se dice que Pasteur se había lanzado hacia adelante,
exclamando: O ést un grand progres, y así se ha demostrado. El
año 1882 está señalado por el descubrimiento del bacilo de la tuberculosis,
conseguido por procedimientos especiales de cultivo y de coloración. Este
trabajo[643] contiene por primera vez el «postulado de Koch», estableciendo el
carácter patogénico de un microorganismo dado, lo que ya había sido bosquejado
por Henle[644] y por Edwin Klebs[645]. Hacia el mismo tiempo, Koch y sus discípulos introducían la
esterilización por el calor seco y por el vapor. En 1883, Koch, a la cabeza de
la Comisión Alemana para el cólera, visitó el Egipto y la India, descubrió el
vibrión colérico[646], su transmisión por el agua de beber, por los alimentos y los vestidos,
e incidentalmente descubrió los microorganismos de la oftalmía de Egipto o
conjuntivitis infecciosa (bacilo de Koch-Weeks)[647], por cuyos resultados recibió del Gobierno prusiano un donativo de
100.000 marcos. En 1885 fue nombrado profesor de Higiene y Bacteriología de la
Universidad de Berlín, viéndose sus laboratorios inmediatamente llenos de
discípulos de todas partes del mundo, entre los que han figurado Gaffky,
Loffler, Pfeiffer, Welch y Kitasato.
En el décimo Congreso Médico Internacional de
Berlín, en 1890, Koch anunció su creencia de que había encontrado el remedio de
la tuberculosis. La introducción de la tuberculina[648] fue un error, por el hecho de haber sido
prematuramente tomada en cuenta, saludado desde todas las partes del mundo como
el más grande de los acontecimientos científicos, lloviendo sobre su
descubridor honores y felicitaciones de todo género. Sin embargo, el mismo
autor había reducido sus aspiraciones a la sola posibilidad de curación en los
casos antiguos de tisis; pero las grandes esperanzas que había hecho nacer el
remedio 110 fueron confirmadas por el tiempo, y el número de fracasos y de
casos desgraciados hizo perder la confianza a la profesión; pero disminuyó
realmente poco la reputación de Koch, sobre todo desde que se descubrió que la
tuberculina constituye el medio más fidedigno de diagnóstico de la
tuberculosis. En 1891, el Instituto para Enfermedades Infecciosas fue fundado
en Berlín, y quedó bajo su dirección hasta que, en 1904, la resignó en favor de
su discípulo Gaffky. En 1892, sus ideas fueron aplicadas al combate del cólera
de Hamburgo, y en 1893 escribió un importante artículo a propósito de las
epidemias producidas por el agua, demostrando que pueden ser ampliamente
prevenidas por medio de la apropiada filtración del agua[649]. En 1896 ha investigado la peste bovina en el Sur
de África, y a petición del Gobierno inglés inventó un método de inoculación
preventiva y llevó a cabo importantes estudios a propósito de la fiebre de
Tejas, efe la fiebre del agua negra, de la malaria tropical, de la surra y de
la peste[650]. En 1897 produjo la nueva tuberculina (T. R.), y
en 1898 investigó el paludismo en Italia. En el Congreso de la Tuberculosis de
Londres (1900) enunció su punto de vista de que los bacilos de la tuberculosis
bovina y humana, que habían sido separados y estudiados por Theobald Smith en
1898, no eran idénticos, existiendo muy poco peligro por la transmisión del
tipo bovino al hombre. Estos puntos de vista han sido reiterados en el Congreso
de Washington de 1908, y en ambas ocasiones han suscitado violentas controversias,
aunque en la actualidad la opinión, en general, parece inclinarse más bien en
favor del modo de pensar de Koch.
En 1902 ha estudiado la fiebre del agua roja de
Rodesia (Küstenfieber), enfermedad de los caballos, tripanosomiasis y fiebre
recurrente en el África Oriental Alemana, y en el mismo año ha establecido
métodos de comprobación de la fiebre tifoidea que han sido adoptados en casi
todos los puntos del mundo.
Koch recibió el premio Nobel en 1905, y en 1906
volvió a visitar nuevamente el África, y presidiendo la Comisión para el
estudio de la enfermedad del sueño, recomendó el atoxil en el tratamiento de
esta enfermedad. A pesar de haber sido honrado con el título de miembro de la
Academia de Ciencias de Prusia, y con el título de Excelencia, no
fue feliz en los últimos años de su vida. Ciertos cambios en su vida privada
retrajeron de su trato a muchos de sus amigos, y atrajeron sobre él violentas
críticas, que supo soportar con estoicismo y dignidad, aunque aceleraron el
término de su vida.
Murió, víctima de una afección del corazón, el 27
de mayo de 1910, a la edad de sesenta y siete años. Su cadáver, atendiendo a
sus últimas disposiciones, fue quemado, y sus cenizas depositadas en el
Instituto fundado por él. En su aspecto, Koch era el típico del sabio alemán,
de carácter prusiano, de carácter digno y modesto, de espíritu amplio, e
indudablemente uno de los más grandes hombres de ciencia que ha producido su
país.
Edwin Klebs (1834-1913), de Königsberg (Prusia),
uno de los más antiguos ayudantes de Virchow en Berlín (1861-66), que llegó a
ser profesor de Patología en Berna (1866), en Würzburg (1871), en Praga (1873),
en Zürich (1882) y en Chicago (Rush Medical College, 1896), es, con Pasteur,
tal vez el más importante precursor de la teoría microbiana de la infección.
Edwin Klebs (1834-1913) (Biblioteca General de Cirugía)
En realidad, hizo mucho para que los patólogos
continuaran por su propio camino. Ha visto el bacilo de la fiebre tifoidea
antes que Eberth (1881)[651]; el bacilo de la difteria, antes que Lóffier (1883)[652]; ha hecho cultivos microbianos en medios sólidos y ha investigado la
patología de las infecciones traumáticas antes que Koch (1871)[653]; la prioridad de sus inoculaciones de sífilis en el mono ha sido
reconocida por Metchnikoff (1878)[654], y en sus trabajos sobre el ántrax (1871)[655] y otras enfermedades ha sido uno de los primeros en experimentar
con filtrados de cultivos microbianos. Ha escrito dos libros de texto de
Patología (1869-76 y 1887-89); monografías de Bacteriología en relación con las
heridas de arma de fuego, basadas en la experiencia que pudo alcanzar durante
la guerra franco-prusiana (1872), sobre tumores (1877) y gigan_ tismo
(1884); ha llevado a cabo múltiples experimentos sobre tuberculosis, y ha sido,
con Gerlach, el primero en producir la infección bovina de Perlsucht,
por la alimentación con la leche (1873)[656]. En sus estudios de las heridas por arma de fuego demostró que el
filtrado de los exudados de la herida no es infeccioso, de donde deducía que la
septicemia traumática era de origen microbiana. En 1870 reconoció la
pancreatitis hemorrágica como causa de muerte repentina, y en 1876 produjo una
afección valvular cardíaca de un modo experimental. Ha investigado la génesis
de la endocarditis (1878), y sus estudios sobre la fiebre palúdica, con Tommasi
Crudeli, han sido traducidos por la Sydenham Society. Ha hecho experimentos con
diferentes productos para el tratamiento de la tuberculosis pulmonar, y ha sido
el primero en experimentar las posibilidades terapéuticas de los bacilos
tuberculosos de los animales de sangre fría (1900). Los originales
descubrimientos de Klebs, «tan frecuentemente un zapador», como dice Osler, han
tenido un gran valor heurístico en su día, e indudablemente han estimulado a
Koch y a otros en su trabajo.
Friedrich Loffler (1852-1915), de Frankfort am
Oder, ha sido durante muchos años cirujano del ejército prusiano, llegando a
profesor de Higiene en Greisswald (1888). Ha descubierto la bacteria de la
erisipela del cerdo (1882-83)[657] y del muermo (1882)[658]; ha establecido la relación causal del bacilo de la difteria (1884)[659], diferenciándolo de los organismos causantes de esta enfermedad en las
palomas y en las vacas, extirpando la plaga de ratones del campo en la Tesalia
por medio del bacillus typhi muriurn (1892); y sus
investigaciones sobre la glosopeda y las aftas epizoóticas (1898)[660] pudieron demostrar experimentalmente que las últimas son causadas
por un virus filtrable, introduciendo el concepto de éstos e ideando una
inoculación preventiva contra la enfermedad (1899). Ha escrito una
admirable Historia de la Bacteriología (1887), que ha quedado
sin concluir.
Georg Gaffky (1850), de Hannover, también cirujano
del ejército prusiano, se trasladó, asociado a Koch, a Berlín, y después de
haber desempeñado por espacio de siete años la cátedra de Higiene de Giessen
(1888), reemplazó a Koch en el puesto de director del Instituto de Higiene. Ha
llevado a cabo importantes estudios acerca de la septicemia experimental
(1881), del cólera y del ántrax, y es una autoridad moderna bien reconocida
sobre las enfermedades infecciosas y sobre la higiene pública.
La labor de estos hombres ha dado lugar a una
admirable y decisiva serie de descubrimientos en Bacteriología y Parasitología,
que constituye una de las más legítimas glorias del siglo XIX. Son éstos: el
establecimiento de las relaciones causales entre la lepra y su bacteria, por
Armauer Hansen (1871-74); de la gonorrea, por Albert Neisser (1879); de la
fiebre tifoidea, por Carl Joseph Eberth (1880); de la pneumonía lobular, por
Pasteur (1880-81), George Miller Sternberg (1880-81), Albert Frankel (1884) y
Carl Friedlánder (1883); del muermo, por Friedrich Loeffler (1882-86); de la
erisipela, por Friedrich Fehleisen (1883); de la erisipela del cerdo, por
Friedrich Loffler (1882-86); de la difteria, por Edwin Klebs (1883) y Friedrich
Loffler (1883-84); del cólera nostras, por Dittmar Finkler y J. Prior (1884);
del tétanos, por Arthur Nicolaier (1884); del bacilo de la infección cólica,
por Theodor Escherich (1886); de la fiebre de Malta, por sir David Bruce
(1887); de la meningitis cerebro-espinal, por Antón Weichselbaum (1887); de la
neumonía fibrinosa, por Nicolaus Gamale'ía (1888); de la influenza, por Richard
Pfeiffer (1892); del Bacillus aerogenes infection, por William Henry Welch y
George H. F. Nuttall (1892); de la peste bubónica, por Shibamiro Kitasato y A.
Yersin (1894); de la disentería, por Isagiyoi Shiga (1897); de la perineumonía
de los bóvidos, por Edmond Nocard y Emile Roux (1898); de la tos ferina, por
Jules Bordet y Octave Gengou (1906)[661]; del tifus exantemático, por Harry Plotz (1915), y
de la epilepsia, por C. A. L. Red (1916). Los microorganismos de las
infecciones quirúrgicas y ginecológicas han sido descubiertos y estudiados por
Pasteur (1878-79), Koch (1878), Gaffky (1881) y Welch (1892). Las toxinas han
sido aisladas por primera vez y denominadas tifotoxina y tetanina, por Ludwig
Brieger en 1888. Los efectos bactericidas del suero sanguíneo han sido
descubiertos por Hans Buchner (1889); la bacteriolisis, por Richard Pfeiffer
(1894); la hemolisis bacteriana, por Jules Bordet (1898). L. Landois, en 1875,
ha hecho el importante descubrimiento de que el suero animal produce la
hemolisis de la sangre humana. Los subsiguientes descubrimientos de Maragliano
(1892), Landsteiner (1901) y Eisenberg (1901), de que los sueros de los
enfermos, y aun los de las personas sanas, administrados, producen la hemolisis
de la sangre heteróloga, han revolucionado todo el asunto de la transfusión. La
anafilaxia ha sido descubierta por Edward Jenner (1798) y por François Magendie
(1839), e investigada por Simón Flexner (1894), C. Richet y Hericourt
(1898-1903), Theobald Smith (1903), Rosenau y Anderson (1906) y von Pirquet
(1907). La aglutinación microbiana ha sido descubierta por Max Gruber y Fernand
Widal (1896). Las opsoninas son investigadas por Denys y Leclef (1893) y por
Wright y Douglas (1903).
La parasitología ha avanzado grandemente gracias a
aquellos tratados monumentales, como los de K. A. Rudolphi, sobre entozoos
(1808-1810); de G. F. H. Kuchenmeister, sobre cestodes (1853) y parásitos en el
hombre (1855); de Casimir Davaine, sobre los entozoos del hombre y de los
animales (1860); de Thomas Spencer Cobbold, sobre los entozoos (1864); de
Rudolf Leuckart, sobre los parásitos humanos (1867), y de Raphael Blanchard,
sobre zoología médica (1886-90). De los parásitos productores de enfermedad, los
del favus han sido descubiertos por Schönlein en 1839; los de la
psorospermosis, por Johannes Müller (1841); de la tiña favosa (alopecia), por
David Grüby (1841-44); del anquilostomiasis, por Angelo Dubini (1843); de la
fiebre recurrente, por Otto Obermeier (1873); de la fiebre palúdica, por
Alphonse Laveran (1880); de la hemoptisis parasitaria (paragonomiasis), por
Erwin Baelz (1880); de la fiebre de Texas (piroplasmosis), por Theobald Smith
(1889)[662]. El parásito de la aspergilosis ha sido
descubierto y descrito por Bennet en 1S42; el de la actinomicosis, por
Langenbeck (1848) y James Israel (1878), y en el ganado vacuno por Otto
Bollinger (1876), habiéndose establecido la identidad de ambas por Ponfick
(1880); los de la nocardiosis, por Edmond Nocard (1888-93); los de la
blastomicosis, por Thomas Casper Gilchrist (1896), y los de la espirotricosis,
por Benjamín R. Schenck (1898). Los dos últimos descubrimientos han sido hechos
en el Johns Hopkins Hospital.
La teoría de que los mosquitos pueden transmitir la
fiebre palúdica se encuentra ya indicada en el libro sánscrito Susruta[663], y la misma teoría ha sido emitida respecto de la
fiebre amarilla por Josiah Clark Nott[664], de Carolina del Sur (1848), y por Louis Daniel
Beauperthuy (1854)[665], en tanto que la doctrina era definitivamente
estatuida para la fiebre amarilla (1881) por Carlos Juan Finlay (1833-1915), de
Cuba[666], y para el paludismo por Albert F. A. King (1883)[667]. En el mismo tiempo, sir Patrick Manson (1844)
demostró que el mosquito es un vector de la Filaría sanguinis hominis (1879)[668], y el Plasmodium de la fiebre palúdica ha sido
descubierto por Alphonse Laveran (1845), un cirujano del ejército francés, en
1880[669]. Estos hemocitozoos han sido acabadamente
descritos por Ettore Marchiafava y Angelo Celli (1885), y ha sido demostrado
por Camilo Golgi, el histólogo, que los paroxismos palúdicos coinciden con la
esporulación de los parásitos (1886), y que el parásito de la fiebre cuartana
es diferente del de la fiebre terciana (1889). En 1889 Marchiafava y Celli han
demostrado que los organismos causantes de las formas perniciosas, terciana y
cuartana, son diferentes; B. Grassi y R. Feletti han estudiado los parásitos en
las aves (1891); D. L. Romanowsky ha ideado un método colorante especial para
los parásitos (1890), y Ronald Ross, en la India, ha demostrado la infección de
las aves por medio de los mosquitos (1897-98); W. G. MacCallum y E. L. Opie han
demostrado la conjugación sexual en las formas flageladas (1897-98), y Grassi y
A. Bignami, el que los parásitos se desenvuelven exclusivamente en el mosquito
anofeles (1899). La conjugación intracorpuscular, como causa de latencia y de
recaída, ha sido demostrada por Charles F. Craig (1907), además de la
posibilidad de portadores de malaria. El que las moscas pueden transmitir
enfermedades es una de las más antiguas intuiciones del saber popular o de las
doctrinas del folk-lore, implícita en los amuletos de moscas y de mosquitos de
los antiguos egipcios, en el sello cilindrico de Nergal, en el dios de la
enfermedad y de la obscuridad de la Mesopotamia, en la colección de Piermont
Morgan, en las referencias de la Biblia a las «plagas de moscas» descargadas
sobre los egipcios y en el iatromántico poder atribuido a Beelzebub, el dios de
las moscas (II Reyes, I, 2-6) y en la irónica receta de Plinio de las cenizas
de moscas para la alopecia (XXIX, 34), ya que ésta representaba al diosMviagros
o Myiodes, que espantaba las moscas para comodidad de los calvos. Ambrosio Paré
ha comunicado que las moscas han sido transmisoras de enfermedades en la
batalla de San Quintín (1557); Joseph Leid llama también la atención sobre el
mismo hecho durante su práctica en la guerra civil (1861-65); A. Raimbert ha
demostrado la transmisión del ántrax las moscas (1869); G. E. Nicholas, R. N.,
ha notificado que las moscas y el cólera aparecían y desaparecían juntamente en
los barcos durante la epidemia levantina de 1850 (1873), y su acción en la transmisión
del cólera ha sido demostrada por G. Tizzoni y J. Cattani (1886); la historia
natural de la mosca ha sido investigada por A. T. Packard (1874) y L. O. Howard
(1909); Battista Grassi demuestra que las moscas pueden acarrear huevos de
parásitos intestinales (1883); Angelo Celli demuestra que pueden transmitir la
tuberculosis (1888) y que los bacilos del ántrax, de la tuberculosis y de la
fiebre tifoidea conservan su virulencia y su poder reproductor después de haber
pasado a través del intestino de la mosca (1888)[670]. En 1892[671], George M. Cober hace resaltar la importancia de
las moscas como transmisoras de la enfermedad, y en sus relaciones con la
fiebre tifoidea en el distrito de Columbia (1895), localizándolas como tales
agentes en relación con una epidemia doméstica de fiebre tifoidea desde los
retretes. En la circular número 1 de la Oficina Quirúrgica General (25 abril
1898), George M. Sternberg exterioriza la misma opinión, y los informes de
Walter Reed, V. C. Vaughan y E. O. Shakespeare sobre la fiebre tifoidea en la guerra
hispano-americana (1898) establecen la materia con una demostración inductiva[672].
Hacia 1890 la doctrina de Pasteur de los virus
atenuados era extendida a la ciencia de las toxinas y de las antitoxinas por
Emil von Behring (1854), un cirujano del ejército prusiano, que llegó a
profesor de Higiene en Halle (1894) Y Marburgo (1895). En sus estudios acerca
del cólera de las gallinas, Pasteur había expuesto ya los efectos patogénicos
de un filtrado transparente del organismo específico, y en 1888 sus discípulos
Roux y Yersin acusaban los mismos efectos tratándose del filtrado de los cultivos
diftéricos[673]. Hans Buchner, en 1889, ha establecido los efectos bactericidas del
suero sanguíneo[674]. Al propio tiempo, trabajando con Kitasato en el Instituto Koch,
Behring demostraba que el suero de animales inmunizados contra toxinas
atenuadas de la difteria podía ser empleado como una inoculación preventiva o
terapéutica contra la misma difteria en otros animales, a causa de una
neutralización específica de la toxina de la enfermedad (1890-93)[675]. Después de haber ensayado el remedio en el hombre, Behring comenzó a
producirlo en grande escala (1894) y pronto fue ello reconocido como el
tratamiento específico de la difteria. El éxito de la antitoxina condujo a
diferentes intentos de tratar otras enfermedades infecciosas por sueros
inmunes; pero, excepto en los casos del tétanos y del veneno de las serpientes,
estos ensayos no han ido coronados del mismo éxito. Al propio tiempo, el asunto
de la inmunidad era desenvuelto, desde el punto de vista solidista o celular,
por Elie Metchnikoff (1845-1916), el eminente biólogo ruso que, con sus
estudios sobre el Daphnia (1884), demostró cómo las células
amiboideas del tejido conjuntivo y de la sangre ingieren las partículas sólidas
y las bacterias, destruyendo las bacterias al absorberlas (fagocitosis). Ha
denominado a estas células «fagocitos», demostrando su función como
barrenderos, desenvolviendo la doctrina de la inflamación como efecto de la
determinación de una avalancha de fagocitos hacia el lado de la injuria por
quimiotaxis y defendiendo la doctrina solidista de la inmunidad o fagocitosis.
Esta teoría, en las manos de sir Almroth Wright y otros, ha conducido a la
vacunoterapia. Metchnikoff ha demostrado, además, que el fenómeno de Pfeiffer
(bacteriolisis) puede producirse in vitro (1895)[676] con Roux, ha demostrado que los monos superiores pueden ser
inoculados de la sífilis (1903 a 04)[677], y sus teorías acerca de los efectos del bacilo láctico sobre las
bacterias, neutralizando los venenos intestinales y prolongando la vida (1906),
han llamado mucho la atención. Sus mejores obras son las dedicadas a la
patología comparada de la inflamación (1892), a la inmunidad de las
enfermedades infecciosas (1901) y la titulada La naturaleza del hombre (1903),
que da sus puntos de vista especiales acerca de la autointoxicación intestinal.
Ha obtenido el premio Nobel en 1908.
Sir Almroth Edward Wright (1861), de Dublín
(Irlanda), profesor de Patología en la Escuela Médico-Militar en Netley
(1892-1902), ha sido el primero en demostrar la importancia de las sales de
calcio en la coagulación de la sangre (1891), inventando un coagulómetro para
calcular la velocidad con que se producía aquélla. Ha hecho practicable la
vacunación de la fiebre tifoidea (1896-97), habiendo inoculado más de 3.000
soldados en la India (1898-1900) y todas las fuerzas británicas durante la
guerra sudÁfricana. Por esta labor ha dado origen a la vaccinoterapia general
(1902 a 1907), con el carácter adicional de poder medir las substancias
protecteras en la sangre por medio del índice opsónico (1903).
Elie Metchnikoff (1845-1916)
Es autor de un tratado de inoculación antitifoidea
(1904) y de otro sobre inmunización (1909), y durante la guerra europea ha
investigado la infección de las heridas.
Fernand Widal (1862), natural de Algiers y profesor
de la Facultad de París, ha colaborado con Chantemesse en su antigua obra de
vacunaciones preventivas contra la fiebre tifoidea (1888), haciéndose notable,
por su parte, por su descubrimiento de la aglutinación microbiana y su
aplicación al diagnóstico de la fiebre tifoidea (1896) y ha descrito la
ictericia hemolítica no congénita (1907).
La Bacteriología y la Patología han adelantado
especialmente en América, gracias a William Henry Welch (1850), de Norfolk
(Connecticut); discípulo de Cohnheim; profesor de Patología del Colegio Médico
del Hospital de Bellevue (1879-84) y en la Universidad de John Hopkin (1884),
donde ha educado una serie de notables discípulos. Welch ha estudiado el edema
agudo del pulmón en el laboratorio de Cohnheim (1877), ha descubierto el
estafilococo epidermitis albus, y estudiado sus relaciones con la
infección traumática (1892)[678]; además, el bacillus aerogenes capsulatus [1892)[679], agrupando las enfermedades causadas por él (1900)[680]. Ha hecho también importantes estudios sobre la embolia y la trombosis,
y, con Flexner, ha demostrado las modificaciones patológicas determinadas por
las inyecciones de toxina diftérica (1891-92)[681], a la vez que Behring.
Simón Flexner (1863), de Louisville (Kentuky), en
la actualidad director de Instituto Rockefeller para Investigaciones médicas
(1903). Se ha distinguido por su labor sobre las infecciones terminales, su
obra especial sobre los venenos (1901), y sobre la etiología y terapéutica de
la meningitis cerebroespinal (1909) y de la polimielitis infantil (1910-13).
Víctor Clarence Waughan (1851), de Mount Airy
(Missouri), profesor de Higiene y director del Laboratorio de Higiene de la
Universidad de Michigan (1887-1909), ha sido el primero, después de Panum
(1856) y de Selmi (1878), en investigar las proteínas y los alcaloides tóxicos,
especialmente el tyroxicón (1885), las ptomaínas y leucomaínas (con F. G. Novy,
año 1888), los proteidos bacterianos o toxinas celulares (1891-1913) y los
productos de desdoblamiento de la proteína (1913). En 1896 ha encontrado el bacilo
productor de veneno en el helado y en el queso.
Su teoría general de que las bacterias no son
plantas, sino proteínas particulares específicas (núcleo-proteínas); que todas
las verdaderas proteínas contienen un núcleo molecular tóxico; que el poder
patogénico de una bacteria depende de su poder reproductivo, o acción de masa
dentro del cuerpo; que las enfermedades infecciosas específicas resultan de la
digestión parenteral de la proteína; que la sensibilización de la proteína y la
inmunidad microbiana son idénticas; que las vacunas son proteínas sensibilizadas,
pero que la inmunidad a la toxina y la inmunidad microbiana son radicalmente
diferentes, puesto que el veneno proteínico no es específico, sino común a
todas las proteínas, y éstas no elaboran anticuerpos, sino que, por sus grupos
secundarios, desenvuelven fermentos proteolíticos capaces de digerir la
proteína que les ha creado.
El compañero de Vaughan, Frederick George Novy
(1864), de Chicago, profesor de Bacteriología en Ann Arbor (1902), ha
colaborado con él en su obra sobre las ptomaínas y leucomaínas (1888); ha
realizado investigaciones acerca de los medios de cultivo de los tripanosomas,
y, con Knapp, ha descubierto el espiroqueta especial de la variedad americana
de fiebre recurrente (1906).
George Nuttall (1862), de San Francisco, profesor
de Biología en la Universidad de Cambridge (1906), editor y fundador del Journal
of Hygiene (1901) y de Parasitology (1908), ha sido
el primero que ha resumido el papel de los insectos, arácnidos y miriápodos
como vectores de las enfermedades infecciosas y parasitarias (1899) y su
monografía sobre Blood Immunity and Blood Relationship (1904),
establece la identificación de los diferentes géneros de sangre por medio de la
reacción de precipitación.
Theobald Smith (1859), de Albany (New York),
profesor de Patología comparada en la Universidad de Harvard (1896), ha sido
uno de los que más han trabajado en la teoría de las enfermedades infecciosas.
En 1886, trabajando con D. E. Salmón, demostró que la inmunidad para el cólera
del cerdo podía conferirse por medio de la inyección del filtrado de los
cultivos de los organismos específicos. Este ha sido el primer experimento
sobre inmunización, y fue bien pronto seguido de la obra de Behering, Roux y
otros. La demostración por Smith del parásito de la fiebre de Tejas (Pyrosoma
bigeminum, 1889)[682] y su obra (con F. L. Kilborne), en la que traza su transmisión al
ganado vacuno por la garrapata vacuna (Bdphilus bovis), han
constituido un gran progreso en la ciencia de las enfermedades protozoarias
(1893). Lía demostrado, además, la anafilaxia para los productos de la difteria
antes de 1903, un descubrimiento que Erlich califica con el nombre del
«fenómeno de Theobald Smith». Ha hecho la primera diferenciación precisa entre
el tipo bovino y el humano del bacilo de la tuberculosis (1898)[683], habiéndose comprobado su obra en lo esencial por R. Koch, Spengler y
otros, y ha llevado a cabo otros descubrimientos en bacteriología,
especialmente las primeras observaciones del pleomorfismo de las bacterias.
A la vez que Pasteur investigaba la fermentación y
la putrefacción, la más importante aplicación de sus estudios era fundada por
Joseph Lister, un joven cirujano inglés que estaba destinado a transformar su
arte en una ciencia, en el mismo sentido en el que el matemático Cayley definía
la teneduría de libros como una ciencia perfecta.
Lord Lister (1827-1912), el último y el más grande
de una interesante serie de médicos cuáqueros ingleses, nació en Upton (Essex),
en 5 de abril de 1827.
Su padre, Joseph Jackson Lister, vendedor de vinos,
que dedicaba sus horas de ocio al estudio de la óptica, fue, en este sentido,
el fundador de la moderna microscopía por su invento, que hizo época, de las
lentes apocromáticas del microscopio (1830), y su especial afición no dejó de
tener influencia en su hijo. Después de haberse graduado en Medicina en la
Universidad deLondres en 1852, Joseph Lister produjo una serie de trabajos
acerca de la histología del músculo, ilustrándolos con dibujos que son raros y
delicados ejemplos del talento que tantos grandes médicos han desplegado
ilustrando sus propias obras. Dos de los maestros de Lister, William Sharpey y
Thomas Graham, eran escoceses, y ellos fueron los que le aconsejaron que fuese
a Edimburgo a estudiar cirugía con Syme, que le hizo su ayudante en 1854, y
cuya hija mayor había de casarse más tarde con Lister. En 1860, Lister fue
nombrado profesor de Cirugía en la Universidad de Glasgow, y allí fue, en los
últimos años de su residencia, donde llevó a cabo su más importante
contribución científica.
Lord Lister (1827-1912)
Entre tanto, había comprobado la observación de
Kölliker de que el tejido contráctil del iris está compuesto de fibras
musculares estriadas (1852)[684]; había destruido la teoría corriente de que la coagulación de la sangre
era debida a ponerse en libertad el amoníaco, demostrando que en los vasos
sanguíneos depende de su lesión (1859-63)[685], y se hacía notable en cirugía por su trabajo clásico acerca de la
escisión de la muñeca por caries (1865)[686]. En los primeros tiempos de su experiencia hospitalaria, Lister había
sido profundamente impresionado por la elevada mortalidad por las pestes
quirúrgicas, como septicemia, piemia, erisipela, tétanos y gangrena
hospitalaria. En sus propias estadísticas de amputación (1864-66) encontraba un
45 por 100 de casos desgraciados, a pesar de que él empleaba constantemente el
método de Syme de mantener constantemente limpia la herida por medio de suturas
con hilo de plata, drenaje, cambio frecuente de apósito y limpieza escrupulosa.
Esto ocurría en los días del «pus loable», aunque Lister había empezado a
pensar ya en la antigua curación hipocrática por primera intención como el
ideal del cirujano. Notando que esta última, cuando era asequible, iba siempre
separada de la putrefacción, su atención fue incidentalmente desviada hacia la
obra de Pasteur, e inmediatamente se apoderó de su tendencia, dedicándose
definitivamente a prevenir el desenvolvimiento de microorganismos en la herida.
Comprendiendo que la esterilización pasteuriana por el calor no podría
utilizarse aquí, volvió la vista hacia los antisépticos químicos, y después de
haber desechado el cloruro de cinc y los sulfitos se dirigió, por una feliz
casualidad, hacia el ácido fénico, que había sido empleado poco tiempo antes en
la desinfección de los albañales de Carlisle[687]. El 12 de agosto de 1865 lo empleaba él en un caso de fractura
complicada con éxito completo, y en 1867 publicó los resultados de su labor de
dos años en dos artículos[688], el segundo de los cuales llevaba el significativo título de On
the Antiseptic Principie in the Practice of Surgery. La crítica que se
ejerció entonces sobre aquellos artículos se dirigió a detalles no esenciales,
como la cuestión de la prioridad en el uso del ácido carbólico sobre el
carácter de los apósitos empleados por Lister, que, como claramente se
comprende, eran únicamente rasgos accidentales aparte del principio fundamental
quirúrgico con el cual se confundían. Lister, sin perturbarse por estos ataques,
procedió a desenvolver su tesis del modo más amplio y científico posible por la
investigación original de la fermentación del ácido láctico, la relación de las
bacterias con la inflamación y sobre la curación antiséptica de las heridas.
Toda su vida la consagró a trabajar constantemente en el perfeccionamiento de
sus apósitos de cura, desde el más antiguamente inventado de cemento, de lámina
de estaño, capas de seda o gasa con aceite, y la fumigación con ácido fénico,
hasta sus últimos experimentos con el doble cianuro de mercurio y cinc, y su
gran innovación de las ligaduras de catgut en la cirugía del aparato vascular
(1880)[689]. El aplicó atrevidamente los principios antisépticos a condiciones
tales como los abscesos de la columna vertebral y de las articulaciones, a la
escisión de la articulación de la rodilla (1878), a las operaciones en el tórax
(1881), a la fractura de la rótula (1883) y a todo género de operaciones en el
aparato locomotor, habiendo hecho por extender el dominio de la cirugía mucho
más que ningún otro hombre de su época. La cirugía moderna, es cierto, se ha
vuelto casi completamente aséptica, en el sentido de desechar los antisépticos
fuertes del tratamiento de las heridas; pero, de todos modos, el ideal
listeriano de evitar la sepsis sigue siendo el mismo. En 1869, Lister reemplazó
a Syme en Edimburgo, y en 1877 aceptó la cátedra de Cirugía en el Colegio Real
de Londres, retirándose de la práctica profesional en 1896, antes de cuya época
su fama se había hecho internacional. Ha sido presidente de la Royal Society de
1895 a 1900, fue nombrado barón en 1883 y ha sido el primer médico que ha sido
nombrado par (1897). En Francia, sus ideas han sido defendidas por
Lucas-Championifere, quien hacía notar que la asepsia, el ideal de Lister,
tenía en la práctica que ir precedida siempre de la asepsia, y que hasta la
misma esterilización poi el calor es, en el verdadero sentido de la palabra,
antiséptica. Este era el punto débil de los argumentos de Lawson Tait contra el
listerismo; para el ginecólogo de Birminghan, que negaba que las bacterias
fuesen patógenas, no se podía admitir que sus propios maravillosos éxitos en la
ovariotomía fuesen debidos a aquellos antisépticos caseros, el jabón y el agua
caliente[690]. Koberlé lavaba y frotaba personalmente los instrumentos que iba a
usar, y después los pasaba por la llama del alcohol. Von Bergmann fue pasando
gradualmente desde el método del sublimado corrosivo a la esterilización por el
vapor (1886) y a la asepsia general (1891). Las aplicaciones militares de la
antisepsia, que Lister sugirió en 1870[691], no fueron hechas hasta después de la guerra francoprusiana; pero sus
métodos fueron ya recogidos por Volkmann, Thiersch, Mikulicz y otros, y su
viaje por Alemania, en 1875, tuvo el aspecto de una marcha triunfal. Al
hablarle de Semmelweis, en 1883, Lister declaró generosamente que era su
continuador; y en las manos de los tocólogos el listerismo es en la actualidad
la principal defensa de las vidas de las madres y de los hijos. Al listerismo
se deben todos los progresos modernos de la cirugía de las cavidades del
cuerpo, comprendiendo las del cráneo, tórax y abdomen, de las articulaciones y
de los órganos masculinos y femeninos de la pelvis. En el jubileo de Pasteur,
en 1892, Lister pagó un sentido tributo a la memoria de aquel hombre, cuya
labor había sido el primero en apreciar. Como operador, Lister no era
brillante, sino premeditado y cuidadoso, deseando, como Kocher en nuestros
días, obtener el restablecimiento de sus enfermos con una certidumbre
matemática. Su sobriedad de cuáquero, sus severos y austeros ideales no son los
rasgos que determinan los éxitos rápidos y brillantes. Sus progresos fueron
lentos; no ha dejado escuela; pero, antes de morir, todo el gremio de cirujanos
«pasó ante sus indulgentes y magnánimos ojos». Cuando su cadáver fue depositado
para siempre en Westminster, Inglaterra había enterrado al más grande de sus
cirujanos.
El carácter de Lister era de una nobleza
extraordinaria. Como el cuáquero y el puritano injertado en una naturaleza más
indulgente y más agradable, del mismo modo su naturaleza poseía aquellos
elementos de dulzura que, como es proverbial, sólo proceden de la firmeza, y
ninguna alabanza nos parece tan propia de él como la que le dirigió un padre
escocés después de su muerte:
«De la elevada personalidad de Joseph Lister
hablará más expresivamente el que más y mejor le haya conocido. Era su nobleza,
principalmente, la que le hacía más grande. Su gran atracción era una fuerza
espiritual. De mirada transparente y de alma pura, procuró, desde sus primeros
días, que fuese el amor a la verdad lo que le guiase hasta el fin de su vida.
Su noble pasión por la Humanidad apagaba en él todo pensamiento de medro y de
fama personales, haciéndole avanzar constantemente por aquel camino, que siguió
firmemente hasta encontrar el secreto de su investigación, otorgando al mundo
probablemente el don más grande que la ciencia ha sido capaz de conquistar para
la vida física del género humano. Ahora bien; todavía más grande que su gran
descubrimiento era el hombre, y, en último término, el secreto de su grandeza
consistía en la serena sencillez, que era su más distinguida característica.
Esto era la grave y atenta cortesía que pedía el caballero cristiano, y el más
serio amor de su especie. Por eso nosotros no nos sorprendemos al saber cómo él
producía el entusiasmo y movía los hombres al respeto, cómo él ganaba el amor y
el afecto como muy pocos otros maestros. Ante su magistral conocimiento de su
ciencia, su grave y noble fisonomía, señalada por las suaves huellas de una
mente tranquila, reveladora de un alma de singular belleza y dulzura, de
elevada integridad y de un honor sin mancha. Así, un hombre como éste, dotado
por Dios con el genio, era inevitable que tenía que elevarse hasta las más
inaccesibles alturas y alcanzar grandes cosas. » (Rev. Wallace Williamsom:
Discurso en memoria. Edimburgo, febrero 1912.)
De los cirujanos de la época de Lister, que
desenvolvieron las ideas de éste en nuevos campos, tal vez el primer puesto
corresponde a Theodor Billroth (1829-94), el investigador de la cirugía
visceral. Nacido en la isla de Rugen, graduado en Berlín en 1852, Billroth
llegó a ser ayu dante de la clínica de Langenbeck, y, subsiguientemente,
profesor de Cirugía en Zürich (1860 a 67) y en Viena (1867-94), Billroth se
interesó primeramente en el estudio de las infecciones traumáticas, y en su
«coccobacteria séptica» había indudablemente cogido la idea causal; pero
consideraba un grupo génerico de bacterias como la causade toda una familia de
afecciones.
Ha escrito un admirable volumen de Patología y
Terapéutica quirúrgicas (1863)[692], que ha sido traducido a casi todas las lenguas modernas; pero él es
especialmente famoso como cirujano del tubo digestivo. En 1872 Theodor Billroth
(1829-94) ha hecho la primer resección del esófago[693], y en 1881, la primer resección del píloro por cáncer, que fue seguida
de éxito[694]. Ha hecho, además, la escisión completa de la laringe (1873)[695], y se dice que ha sido el primero en llevar a cabo la «amputación
interilio-abdominal» (1891)[696], y ha dejado una larga serie de resecciones intestinales y de
enterorrafias (1878-83)[697].
Theodor Billroth (1829-94)
Todas estas operaciones en el tramo
gastrointestinal han sido muy útiles para explicarnos la patología de esta
región, constituyendo, según la frase de Naunyn, «autopsias in vivo»
Billroth era un hombre de una personalidad encantadora, genial, con una fuerte
inclinación artística, revelada delicadamente en las pocas composiciones
poéticas y musicales que nos ha dejado y en sus deliciosas Briefe,
en algún modo un memorial de su amistad de toda la vida con el gran compositor
del Norte de Alemania Johannes Brahms. Los discípulos más notables de Billroth
son Mikulicz, Czerny, Wolfler y Gersuny, todos eslavos, y von Eiselsberg, un
austríaco.
Johann von Mikulicz-Radecki (1850-1905), de
Czernowitz (Polonia), que fue ayudante de Billroth desde 1881 y profesor de
Cirugía en Königsberg (1887) y en Breslau (1890), trabajó mucho en el
perfeccionamiento de los métodos antisépticos, inventando los métodos actuales
de explorar el esófago y el estómago (1881)[698]; siendo el primero en tratar el cáncer del esófago por resección y
transplantación plástica (1886)[699]; ha inventado la faringotomía lateral para extirpar los tumores
malignos de la región tonsilar (1886)[700]; ha descrito la inflamación simétrica de las glándulas lagrimales y
salivares, «enfermedad de Mikulicz» (1892)[701]; extendió grandemente la cirugía operatoria del estómago y de las
articuciones, y colaboró en el Atlas (1892) y en un tratado de
enfermedades de la boca (1898). Ha sido uno de los primeros en usar guantes
durante las intervenciones quirúrgicas; pero los guantes de algodón que él
usaba fueron pronto substituidos por los guantes de goma, introducidos por
Halsted, de Baltimore (1890), y poco después por W. Zoege-Manteuffel.
Vincenz Czerny (1842-1916), de Trautenau (Bohemia),
profesor de Cirugía en Freiburg (1871) y en Heidelberg (1887); inventó la
enucleación de los fibromas uterinos subperitoneales por la vía vaginal (1881)[702] y extendió la labor de Billroth a la escisión de la laringe, del
esófago, de los riñones y a la cirugía visceral en general. Sus últimos días
fueron consagrados a la investigación del cáncer en la Samariterhans de
Heidelberg (1906) bajo su dirección.
Antón Wolfler (1850), de Kopezen (Bohemia),
profesor de Cirugía en Graz (1886) y en Praga (1895); La llevado a cabo la
gastro-enterostomía (1881)[703] y ha consagrado una especial atención al tratamiento quirúrgico
del bocio (1887-91).
Robert Gersuny (1844), de Teplitz (Bohemia), que
siguió a Billroth como director de la Rudolfinerhaus (1894), esmas famoso Por
la invención de las inyecciones protésicas de parafina (1900).
Karl Thiersch (1822-95), de Munich, discípulo de
Stromeyer, que fue profesor de Cirugía en Erlangen (1854) y en Leipzig (1887),
era un gran defensor del método listeriano y un notable cultivador de la
patología quirúrgica por sus estudios sobre el cáncer epitelial (1865)[704], la necrosis fosfórica del maxilar (1867)[705], la curación de las heridas (1865)[706] y su invento de los injertos cutáneos (1874)[707].
Richard von Volkmann (1830-89), de Leipzig, hijo
del bien conocido fisiólogo de Halle y profesor de Cirugía en esta ciudad
(1867-89); trabajó también mucho por introducir la antisepsia durante la guerra
franco-prusiana; fue el primero en escindir el recto por cáncer (1878)[708]; describió las contracturas o parálisis isquémicas, a las que dio
nombre (1881)[709], y el cáncer en los que trabajan en parafina, y fundó los bien
conocidos Sammlung kliniscker Vortráge (1870), que contenían
algunas de las más importantes monografías de su época. Era un hombre de
aspecto aristocrático, un poeta (Richard Leander) y sus Sueños
en un hogar francés[710] son un encantador libro.
Friedrich von Esmarch (1823-1908), de Tonning
(Schleswig-Holstein), discípulo de Stromeyer y de Langenbeck; profesor en Kiel
(1857-99), era un gran cirujano militar, que sirvió en las campañas de 1848-50,
1864-66 y 1870-71. Es más famoso por su introducción de los vendajes primeros o
primeros auxilios en el campo de batalla (1869-70)[711] y por su método de evitar las hemorragias quirúrgicas por medio
del «vendaje de Esmarch» (1873)[712]. Ha hecho mucho por perfeccionar el estado de la cirugía militar con
sus contribuciones sobre la resección después de las heridas por arma de fuego
(1851)1 los locales más apropiados para hospitales de campaña y estaciones de
cura (1861), técnicas operatorias (1871), primeros auxilios a los heridos
(1875) y primeros auxilios en los accidentes
(1882). Ha sido un defensor y fundador de los
establecimientos llamados por él Samariterwesen, para la
educación militar en Alemania, y por su matrimonio con una princesa real llegó
a ser tío del último emperador.
Ernst von Bergmann (1836-1907), de Riga (Rusia),
graduado en Dorpat en 1860; sirvió en el ejército prusiano en las guerras de
1866 y 1870 al 71, y del lado de Rusia en la guerra de 1877-78, después de la
cual llegó a ser una figura eminente de la medicina alemana, fue llamado a la
cátedra de Würzburg en 1878, y substituyó a Langenbeck en Berlín en 1882, donde
permaneció durante todo el resto de su vida. Ha hecho adelantar grandemente la
cirugía craneal con sus memorias acerca de los traumatismos de la cabeza (1873)[713], y el tratamiento quirúrgico de las afecciones cerebrales (1888)[714], y es, además, notable por sus obras sobre la embolia grasosa (1863),
la cirugía de las articulaciones (1872-78), la ligadura de la vena femoral
(1882), las enfermedades de los ganglios linfáticos (1881) y sus numerosas
contribuciones a la Patología quirúrgica. Ha introducido la esterilización por
el vapor en Cirugía (1886), y llegó a crearse un procedimiento aséptico propio
(1891). Sus cartas de 1866-77 han sido editadas por A. Buchholz (1911).
Ernst Julius Gurlt (1825-99), de Berlín, donde
llegó a ser profesor en 1862, habiendo tomado parte en todas las guerras de
este período; ha escrito con gran habilidad sobre gran variedad de temas, y ha
alcanzado un elevado puesto en la literatura médica come historiador por
excelencia de la cirugía.
Friedrich von Esmarch (1823-1908).
Ha sido uno de los más eruditos cirujanos de su
época, y su Gesckickte der Chirurgie (1898) se ocupa de la
historia de la ciencia quirúrgica desde el período del renacimiento, siendo
para la Cirugía lo que el Haeser es para la Medicina, sin rival desde el punto
de vista de la erudición, de lo seguro de la bibliografía y de lo acabadamente
que se tratan los asuntos. Es una obra que merece ser colocada en lugar
preferente como uno de los más grandes monumentos de la ciencia alemana.
En la ortopedia debemos conceder una mención
especial a la familia Heine, cuyos miembros fueron todos expertos mecánicos,
especialmente Jacob von Heine, (1799-1879), de Cannstatt, que ha sido el
primero en descubrir las deformidades poliomielíticas (1840) y que ha escrito
un importante tratado sobre dislocaciones (1842); Gustav Simón (1868), Adolf
Lorenz (1854), de Weidenau (Silesia), que ha ideado el método no operatorio de
reducir la luxación congénita de la cadera, por m, edio de manipulaciones especiales;
Julius Wolff (1836-1902), de la Prusia Occidental, autor de una gran monografía
que trata de las leyes que rigen las transformaciones quirúrgicas de los huesos
(1892), y Albert Hoffa (1859-1907), que ha inventado una bien conocida
operación para las dislocaciones congénitas de la cadera y ha sido el editor
del Zeitschrift für orthopadische Chirurgie (1891).
De las operaciones originales de cirujanos alemanes
del sigloXIX debemos mencionar la primera nefropexia, por Eugen Hahn (1881); la
primer escisión de la vesícula biliar, por Carl Langenbuch (1882), la primer
colostomía, por Karl Maydl (1888); la toracotomía para el empiema, por Ernst
Küster (1889); la resección del recto, por Paul Kraske (1891); la escisión del
ganglio de Gasser, por Fedor Krause 6893), y la escisión del estómago, por Carl
Schlatter (1897). La invención del cistoscopio, por Max Nitze (1877-78),
perfeccionó grandemente la cirugía de la vejiga.
De los cirujanos franceses de este período,
Aristide-Auguste Verneuil (1823-95), de París, que introdujo muchas mejoras
hospitalarias y educó muchos buenos discípulos; no hizo descubrimientos
originales, pero es famoso por sus procedimientos de forcipresión en las
hemorragias (1875), vendajes secos, tratamiento de los abscesos con yodoformo y
por la Revue de Chirurgie (1881), de la que ha sido uno de los
fundadores y editores. Ha escrito monografías no muy extensas, y sus obras no
están contenidas todas en los seis volúmenes de sus Memoires de
Chirurgie (1877-88).
Edouard Nicaise (1838-96), cirujano del hospital
Laénnec (1880-96), que, como Malgaigne, se distinguió especialmente en la
historia de su arte, publicando soberbias ediciones modernas de Guy de Chauliac
(1890), Henri de Mondeville (1893) Y Pierre Franco (1895) y escribiendo varios
fascinadores ensayos.
Félix Guyón (1831), natural de la‘ Isla de la
Reunión, profesor de Cirugía génito-urinaria de la Facultad de Medicina de
París (1890), ha sido uno de los grandes maestros de la especialidad en su
época, y sus clínicas del hospital Necker han sido seguidas por estudiantes de
todas las partes del mundo. Sus lecciones sobre enfermedades génito-urinarias
(1881) y sobre enfermedades quirúrgicas de la vejiga y de la próstata (1888)
son sus obras más importantes. La litolapaxia de Bigelow ha sido perfeccionada
por Thomson y por Guyón, quien ha sido seguido, y tal vez sobrepujado, por su
brillante discípulo Joaquín Albarrán (1860-1912), otro exótico, nacido en Sagua
la Grande (Isla de Cuba), que ha obtenido dos veces la medalla de oro de la
Facultad de Medicina de París (1888-89), ha sido profesor agregado en 1892, y
en su corta vida llegó a ser un astro de primera magnitud como profesor y por
sus muchas valiosas innovaciones en el diagnóstico de las condiciones
intrapélvicas de la orina.
Sir James Paget (1814-99) (De un retrato de George Richmond).
Sus trabajos sobre la exploración de las funciones
renales (1905) y la cirugía de las vías urinarias (1909) son sus obras
maestras.
Otros cirujanos franceses de nota son Charles
Sedillot (1804-83), que llevó a cabo la primera gastrostomía (1849); Paul
Berger (1845), que ha escrito una acabada monografía sobre la amputación
interescápulotorácica (1887); Mathieu Jaboulay, que ha sido el primero en
describir la amputación interilioabdominal (1894) y ha escrito una autorizada
monografía acerca de la cirugía del sistema simpático V de la glándula tiroidea
(1900); Edmond Delorme (1847), que ha ideado la operación de lá decorticación
pulmonar para el empiema crónico (1894-1901); Ulysse Trelat (1828-93), profesor
del Hospital Necker; Louis Félix Terrier (1837 a 1908) y Louis X. E. L. Ollier
(1825-1900). Los cirujanos italianos han llevado a cabo algunas atrevidas
operaciones en el corazón, siendo el primero en este campo Guido Fariña, que ha
suturado el ventrículo derecho el 8 de junio de 1896[715]. La primer sutura del corazón seguida de éxito ha
sido efectuada por L. Rehn en Francfort am Main en el año 1896[716]. La cardiolisis ha sido propuesta por Brauer en
1902. De los cirujanos suizos, Jacques-Louis-Reverdin (1842) y Theodor Kocher
son famosos por sus operaciones en la glándula tiroidea, y August Socin
(1837-99) por su obra de cirugía militar (1872), y su estudio de las
enfermedades quirúrgicas de la próstata (1875).
Sir James Paget (1814-99), de Great Yarmouth
(Inglaterra), graduado en el Hospital Saint Bartholomew, al que quedó adscrito
toda su vida y fue cirujano sargento de la reina, recibiendo su baronía en el
año 1871. Gran amigo de Virchow, Paget era, como Brodie, un eminente patólogo
quirúrgico, siendo sus mejores obras sus Lectures on Tumours (1851), Surgical
Pathology (1863), Clinical Lectures and Essays (1875),
el Catálogo del Museo Patológico del Real Colegio de Cirujanos (1882),
del que era oresidente, y sus originales descripciones del eczema del pezón con
subsiguiente cáncer mamario (1874)[717] y del desorden trófico, osteitis deformante (1877-82)[718]. fía dado también una de las primeras notas sobre eritromelalgia
(enfermedad de Weir Mitchell), y toda la labor de su vida viene a demostrar
cómo es posible que un verdadero cirujano sea a la vez un buen observador
clínico.
Sir Jonathan Hutchinson (1828-1913), de Selby
(Yorkshire), también procedente del Hospital de Saint Bartholomew, cirujano del
hospital de Londres (1859-83) y profesor de Cirugía del Real Colegio de
Cirujanos (1879-83); era igualmente un experto patólogo quirúrgico, y es
especialmente notable por su descripción de los dientes incisivos tallados en
muescas y a escoplo (dientes de Hutchinson), de la sífilis congénita (1861)[719], de la varicela gangrenosa (1882)[720] y de otras enfermedades de la piel, y por sus opiniones a
propósito de las causas de la lepra, que él atribuía a la alimentación por el
pescado. Su nombre se encuentra asociado también con las designaciones de la
«facies de Hutchinson», en la oftalmoplejia; la «máscara de Hutchinson», en la
tabes, y la desigualdad pupilar en los casos de hemorragia meníngea, y la
«triada de Hutchinson» (queratitis intersticial, dientes de Hutchinson y
afecciones del laberinto) en la sífilis, de lo que él había visto más de un
millón de casos. Sus Archives of Surgery (1889-99) consisten
en diez volúmenes, aparecidos periódicamente, estando su contenido escrito por
completo por él y formando, en conjunto, un gran almacén de observaciones
clínicas originales, que pueden en la actualidad ser estudiadas como las obras
de John Hunter.
Sir William McEwen (1848), de Rothesay (Escocia),
profesor de Cirugía de la Universidad de Glasgow (1892), es notable por sus
métodos de osteotomía para el genu-valgum (1881), de cura
radical de la hernia inguinal oblicua (1887), de tratamiento del aneurisma por
la acupuntura (1890), y por su monografía sobre Enfermedades
infecciosas piogénicas del cerebro (Pyogenic Infective Diseases of the Brain,
1893), fiue viene a ser un brillante resumen de su obra en la cirugía del
cerebro y de la médula espinal.
Sir William McCormac (1836-1901), de Belfast
(Irlanda), observó muchos casos de cirugía militar en las guerras
franco-prusiana y turco-serbia y fue de los primeros en aplicar con éxito los
principios de Lister a la cirugía de las articulaciones y del abdomen,
especialmente en sus ensayos quirúrgicos para la ruptura intraperitoneal de la
vejiga (1886)[721].
Sir Víctor Horsley (1857-1916), de Kensington
(Inglaterra), ha sido un investigador de la cirugía experimental y neurológica,
especialmente en las operaciones sobre las glándulas de secreción interna
(1884-86), el cerebro (1886-90) y su operación inicial para un tumor de la
médula espinal (diagnosticado por Gowers, 1888)[722], después de lo cual, como dice Cushing, «algunos neurólogos comenzaron
a hacer ellos su propia cirugía».
Horsley ha producido el mixedema artificial en los
monos por tiroidectomía (1884); ha sido uno de los primeros en operar los
tumores hipofisarios, y ha señalado reglas para las operaciones de
laminectomía, craniotomía y división intradural del nervio en los casos de
neuralgia del trigémino. Con Schaefer, Beevor y otros, ha hecho el mapa de las
«áreas de la corteza cerebral (1884-94), y con Gotch ha producido
degeneraciones experimentales de las vías y cordones medulares (1891). Su
sugestión de que el bozal puede favorecer la aparición de la rabia parece ser
positiva, y bajo su inspiración L. C. Wooldridge hizo sus experimentos sobre la
coagulación de la sangre salina, que condujeron al uso de la solución normal de
sal común.
Horsley, que procedía de una familia de artistas,
era un hombre de un temperamento agresivo, caballeresco, con un espíritu
exageradamente vivo. En política era dogmático, autodidáctico, alguna vez algo
inconsistente, sin noción de compromiso. Su oposición al empleo del tabaco y
del alcohol estaba basada en observaciones y experiencias aisladas, y aunque
muy severo con sus enfermeras, era un ardiente defensor del sufragio para la
mujer. Murió por su patria: habiendo servido en Egipto y en Gallipoli, sucumbió
de insolación en Mesopotamia.
Sir Frederick Treves (1853), de Dorchester
(Inglaterra), es grandemente conocido por sus obras de Anatomía quirúrgica
(1883), de obstrucción intestinal (1884), de apendicitis y peritonitis, sus
sistemas de cirugía (1895) y, con Lang, por un diccionario muy útil de términos
médicos alemanes (1890).
Sir Victor Horsley (1857-1916)
Ha desempeñado un papel importante en la guerra del
Transvaal, ha escrito algunos encantadores artículos de viajes, y realizó la
operación de la apendicitis a Eduardo VII en 1902.
Dos cirujanos americanos, cuya vida activa se
extiende hasta el período listeriano son Bigelow y Gross.
Henry Jacob Bigelow (1816-90), de Boston
(Massachusetts), fue cirujano del hospital general de Massachusetts (1846) y
profesor de Cirugía en la escuela médica de Harvard; ha sido el más sabio
cirujano de New England durante toda su vida. Ha sido el primero en escindir la
articulación de la cadera en América (1852)[723], y en su monografía sobre la dislocación y fractura de la cadera (1869)[724], ha sido el primero en describir el mecanismo del ligamento iliofemoral
o en Y, haciendo resaltar su importancia al reducir la luxación por el método
de flexión. Además, ha introducido el método quirúrgico de litolapaxia o
litotricia para la rápida evacuación de los cálculos vesicales (1878)[725].
Samuel David Gross (1805 a 84), de Easton
(Pensilvania), profesor de Cirugía en Louisville (Ky.) [1840-56] y en el
Colegio Médico de Jefferson (Filadelfia) [1856-82], ha sido el más grande de
los cirujanos americanos de su época. Ha escrito el primer tratado completo, en
inglés, de Anatomía patológica (1839)[726], que ha pasado por tres ediciones, y era muy apreciado, incluso por el
mismo Virchow.
Samuel David Gross (1805-84)
Ha escrito, además, un autorizado tratado de
enfermedades de los órganos génito-urinarios (1851), conteniendo el primer
estudio de la distribución de los cálculos urinarios; el primer tratado
sistemático de los cuerpos extraños en las vías respiratorias (1854) y un
importante sistema de cirugía, en dos volúmenes (1859), estando todas estas
obras extensamente ilustradas. Gross ha inventado muchos instrumentos nuevos,
ha realizado experimentos originales acerca de los efectos de la estrangulación
manual (1836) y de las heridas de los intestinos (1843) en los animales, ha
disecado y descrito ejemplares de embarazo molar (1839), ha practicado la
sutura profunda en los casos de las heridas de la pared abdominal, ha realizado
la laparotomía por rotura de la vejiga y de la miotomía por tortícolis (1873) y
ha sido el primero en describir la prostatorrea (1860). Conocía bien la
literatura de su ciencia, y sus historias de la cirugía de Kentucky (1851) y de
la cirugía americana hasta el año 1876 son autorizadas y seguras monografías.
Sus biografías de Drake, McDowell, John Hunter, Richter, Paré, Mott y otros son
artículos encantadores. Gross era un hombre fuerte, una figura robusta, con un
semblante hermoso y bondadoso. Sus obras han sido premiadas, y la inscripción de
su urna sepulcral dice: «las flores, blancas como la leche, de una vida sin
mancha». Tiene una estatua en el museo médico militar de Washington D. C. Ha
sido el más notable de los médicos germano-americanos.
William Williams Keen (1837), de Filadelfia,
profesor de Cirugía del Jefferson Medical College (1889-1907); es autor de una
obra importante acerca de las complicaciones y secuelas quirúrgicas de la
fiebre tifoidea (1898), y ha sido un operador hábil y brillante, especialmente
en las afecciones cerebrales. Ha trabajado mucho en craniotomía lineal (1891) y
en la operación interileoabdominal (1904). Es bien conocido por su obra de
texto americana (1899-1903) y por su sistema de cirugía, que son, probablemente,
las mejores obras de su género en América. Entre sus ensayos históricos,
su Historia Antigua de la Anatomía Práctica (1870), es lo más
notable por lo completa y por lo seguro de sus datos.
Nicholas Senn (T844-1909), de Buchs (Suiza), se
estableció en los Estados Unidos en 1852, graduándose en el Colegio Médico de
Chicago (1868), llegando a profesor de Cirugía del Rush Medical College de
aquella ciudad. Senn ha sido un cirujano científico, profundamente erudito, que
cha realizado contribuciones experimentales importantes a propósito del estudio
de las embolias gaseosas (1885), de la cirugía del páncreas (1886), de las
heridas por arma de fuego y de las anastomosis intestinales, en la realización
de las cuales ha introducido el uso de las placas de hueso decalcificado. Era
indudablemente un gran maestro en la cirugía intestinal, especialmente en el
tratamiento de la apendicitis. Ha inventado un 1 rocedimiento de descubrir la
perforación intestinal por medio de la insuflación con hidrógeno (1888), y ha
sido el primero en aplicar los rayos Röntgen al tratamiento de la leucemia
(1903). Senn ha desempeñado un importante papel en la guerra hispano-americana;
ha fundado la Asociación de Cirujanos militares de los Estados Unidos (1891), y
a su muerte ha dejado una buena colección de libros de medicina a la biblioteca
de Newberry, y otros generosos legados a la ciudad de su adopción.
Otros notables cirujanos americanos del periodo
listeriano son: D. Hayes Agnew (1818-92), de Filadelfia, profesor de Cirugía de
la Universidad de Pensilvania, que se hizo notable en el caso del presidente
Garfield y era uno de los pocos cirujanos que practicaban a la vez la Medicina
y la Cirugía; John Thompson ITodgen (1826-82), de Kentucky, que inventó muchos
instrumentos y aparatos, especialmente sus vendajes alambrados de suspensión
para las fracturas del fémur y del antebrazo, que siguen usándose todavía;
Henry Orlando Marcy (1837), de Otis (Massachusetts), que ha aplicado las
ligaduras antisépticas en la cura radical de la hernia (1878) y ha escrito
importantes tratados de la hernia (1889) y sobre la cirugía del periné (1889);
Robert Fulton Weir (1838), de New York, que ha trabajado mucho en cirugía
visceral y articular; Charles McBurney (1845-1913), de Rosbury, que ha
descubierto el «punto deMcBurney»como un signo de la intervención quirúrgica en
la apendicitis (1889); Lewis A. Stimson (1844), de Paterson (N. J.), autor de
tratados de fracturas y luxaciones (1899), de cirugía operatoria (1900) y de
perfeccionamientos en en la cirugía ginecológica; Lewis Stephen Pilcher (1845),
de Abrían (Michigan), editor de los Aunáis of Surgery (1885);
Robert Abbe (1851), de la ciudad de New York, que ha introducido los anillos de
catgut en las anastomosis y suturas del intestino (1892); Frank Hartley
(1856-1913), de Washington, que ideóla neurectomía intracraneal de la segunda y
tercera ramas del quinto par como tratamiento de la neuralgia del trigémino
(1892); George Michael Edebohls (1853-1908), de New York, que ha ideado la
operación de la descapsulación renal para los casos de nefritis crónica y de
eclampsia puerperal (1901); George Ryerson Fowler (1848-1906), que fue el
primero en efectuar la toracoplastia (1893); Arpad G. Gerster (1848), de Kassa
(Hungría), autor de un antiguo tratado de cirugía aséptica y antiséptica
(1888); Roswell Park (1852-1914), de Pomfret (Connecticut), notable en el caso
del presidente McKinley y autor de una obra de texto de Cirugía (1896) y de una
atractiva Historia de la Medicina (1897); Robert T. Morris
(1857), de Seymour (Connecticut), autor de muchos perfeccionamientos técnicos y
de originales ideas; William B. Coley (1862), de Westport (Connecticut), que ha
inventado el tratamiento de los sarcomas inoperables con la mezcla de toxinas
del estreptococo de la erisipela y del Bacillus prodigiosus (1891-1911),
y los hermanos Charles Horace y William James Mayo, de Minnesota, autores de
muchos acertados perfeccionamientos en la cirugía visceral, cuyos geniales
método y sistema en su hospital de Rochester (Minn.) han transformado la
Cirugía en una ciencia casi tan segura y exacta como la teneduría de libros.
Sir Thomas Spencer Wells (1818-97)
Notables en la cirugía ortopédica y plástica son
Frank HastingsHamilton (1813-87), de Wilmington (Vermont), que ha investigado
el problema de los injertos cutáneos en el tratamiento de las úlceras (1854) y
ha escrito un importante tratado de fracturas y luxaciones (1860), y
Louis-Albert-Sayre (1820-1900), de New Jersey, que ha efectuado la segunda
escisión de la articulación de la cadera en América (1855) Y La inventado
elmétodo de suspensión en un corsé de escayola, como tratamiento del mal de
Pott (1877).
La ginecología del período post-listeriano ha
constituido, esencialmente, un brillante desenvolvimiento de los principios
quirúrgicos, que han sido establecidos por McDowell, Sims, Emmet y Battey, en
América; Koeberlé, en Francia; Gustav Simón, en Alemania, y sir Thomas Sfencer
Wells (1818-97), en Inglaterra. Este último, uno de los más grandes
ovariotomistas, era natural de Saint Albans (Hertfordshire), discípulo de
Stokes y Graves en Dublín, y de Travers en Londres. Después de haber prestado
servicio por espacio de siete años como cirujano en la Marina real, incluyendo
la experiencia de la guerra de Crimea, se estableció en Londres, y en 1858
llevaba a cabo su primera afortunada ovariotomía, que f'Lé seguida de una larga
serie de favorables resultados con la misma operación. Una fortuna fenomenal
acompañaba a todos sus perfeccionamientos en la técnica, y en muy pocos años
llegó a ser conocido de todos sus colegas y buscado por las enfermas de todas
partes del mundo como un operador absolutamente seguro de los padecimientos del
ovario. Su labor se ha encontrado resumida en su tratado de Diseases on
the Ovaries (1865-72). Ha sido profesor de Cirugía y de Anatomía
patológica, presidente del Real Colegio de Cirujanos y cirujano de la real
familia, recibiendo el título de barón en 1883.
Otro ginecólogo, de mayores atrevimientos y de
éxitos igualmente grandes, era Robert Lawson Tait (1845-99), de Edimburgo, que
se estableció en Birminghan en 1871 y convirtió la ciudad en otra Meca para las
enfermas que iban en busca de una intervención operatoria. Los éxitos de Tait
en Cirugía, como se ve por sus estadísticas, eran realmente maravillosos.
Lawson Tait (1845-99)
Llevó a cabo las ovariotomías[727] y otras intervenciones abdominales por millares, con muy pocas
defunciones, aunque era, por extraño que parezca, un violento y hasta cruel
adversario de Lister, negándose a ver ninguna relacióncausal entre las
bacterias y las enfermedades y exponiendo, con un exagerado desdén, el hecho de
que nunca había empleado ninguna precaución antiséptica en sus operaciones,
aparte de la sencilla limpieza.
El secreto de sus éxitos era indudablemente su
maravillosa habilidad, y además el empleo del agua hervida para los lavados del
abdomen, lo que constituye, indudablemente, un método aséptico.
Tait efectuó la primera operación afortunada para
la ruptura de un embarazo tubario (17 enero 1883), que ha sido la primera labor
de patología y tratamiento del hematocele pelviano, y en sus Lectures sobre
este asunto (1888)[728] hace notar que el primer tratado autorizado sobre el embarazo
extrauterino ha sido escrito por John S. Parry (1843-76), de Filadelfia (1876).
En 1879, Tait escindía los ovarios normales[729] con arreglo a las indicaciones establecidas por Battey (1872-73);
pero hacía constar que en ninguno de sus casos estaban normales los anejos
uterinos. Esta operación, con la similar de Alfred Hegar en 1877,
desarrollaron, como dice Kelly, «todo el campo de las operaciones pélvicas para
enfermedades de los órganos que no fueran los grandes tumores ováricos y
fibroideos» «Los flegmones periuterinos de Emmet y Thomas llegaron a ser
reconocibles como inflamaciones y abscesos tubarios. » En 1879, Tait llevó a cabo
la colecistotomía y la escisión del hidrosalpinx y del piosalpinx, ideó la
operación para restaurar la desgarradura del periné y los métodos de dilatación
del cuello y de reponer el útero desviado. En 1880 realizó la hepatotomía, y en
1881 inventó la operación especial para la escisión de los anejos del útero,
asegurando el pedículo por medio de una ligadura de seda, con el «lazo de
seguridad»[730], de su invención. Su método de flap-splitting o de
reparación plástica del periné constituye una valiosa innovación (1879)[731]; pero no fue adoptada en América hasta largo tiempo después. Tait ha
dejado interesantes resúmenes de conclusiones a propósito de sus estadísticas
operatorias, tratados de enfermedades de los ovarios (1873) y de las
enfermedades de la mujer (1879-89), y ensayos altamente originales sobre el
rapto y otros asuntos relacionados con la jurisprudencia médica. En todas estas
producciones se revela Tait como un escritor impetuoso, eficaz, frecuentemente
basto, pero siempre ameno. »
De entre las más notables innovaciones de la
ginecología operatoria debemos mencionar los diferentes métodos de enuclear los
tumores uterinos, ideados por Eugéne Koeberlé (1864), August Martín (1876),
Karl Schroder (1877-84) y Vincénz Czerny (1881); de escindir el útero,
porWilhelm Alexander Freund (1878), Vinzenz Czerny (1878), Benjamín Franklin
Baer (1892), Fernand Henrotin (1892), Jean-Louis Faure (1897) y Ernst Wertheim
(1900); los perfeccionamientos de la miomectomía, por Henry O. Marcy (1881),
Joseph Price (1886), Lewis A. Stimson (1889), Joseph R. Eastman (1889), William
M. Polk (1889) y Florián King (1894); del tratamiento de los desplazamientos
uterinos, por James Alexander Adams, y Williams Alexander (1882), Robert
Olshausen (1886), Howard A. Kelly (1887), y George Michael Edebohls (1901). La
invención del modelo de pineas hemostáticas, por Eugéne Koeberlé (1865); sus
métodos de liberar las adherencias, de morcellement al enuclear los fibronas
(1865); de retraer el pedículo en los quistes ováricos (pedicule perdu) y del
drenaje pelviano, constituyen grandes adelantos en la técnica operatoria. La
posición operatoria (elevación de la pelvis), ideada por Friedrich
l'rendelenburg (1890), ha constituido otro positivo perfeccionamiento. La
técnica de la operación cesárea ha sido perfeccionada por Ferdinand Adolph
Kehrer (1882), y especialmente por Max Sánger (1882), Edoardo Forro (1876), que
fue el primero que realizó la operación cesárea con escisión del útero y de los
anejos (1876), y Alfred Dührssen, que inventó la operación por la vía vaginal
(1898). La escisión de la vagina ha sido llevada a cabo por Robert Olshausen
(1895); la reforma plástica de la vagina, por Alwin Karl Mackenrodt (1876), y
una operación de colgajo para la atresia vaginal, por George Henry Noble
(1900). La operación cesárea en el caso de convulsiones puerperales ha sido
aconsejada por Tjalleng Halbertsma (1889). La pubiotomía como sustitutiva de la
sinfisiotomía va asociada al nombre de Leonardo Gigli (1902). El embarazo
extra-uterino ha sido estudiado por John S. Parry (1876); por Lawson Tait, que
llevó a cabo la primera operación tubaria que tuvo éxito (1883); por Richard
Werth (1887), Joseph Eastman (1888), Joseph Price (1890), John Clarence Webster
(1892) y B. J. Kouwer, que fue el primero en describir el embarazo ovárico
(1897).
Mucha parte de la historia de la Ginecología de los
tiempos modernos ha sido descrita por Priestley como una serie de «locuras»,
como una tendencia a seguir las modas predominantes. Primeramente existió la
locura de los desplazamientos uterinos, cuando Grayley Hewitt (en Inglaterra),
Velpeau (en Francia) y Hodge (en América) defendían la causa del pesario como
tratamiento del dolor lumbar o dolor pelviano, y casi todos los ginecólogos
inventaron pesarios, o, cuando menos, modificaron alguno de los existentes;
estando, entretanto, los infortunados úteros, como dice Alloutt, «o empalados
en un vástago, o colgados de una percha». La locura de la celulitis pelviana ha
tenido su origen en el hecho de que, en 1857, Gusta ve Bernutz encontró un caso
de absceso periuterino debido a la inflamación del tejido celular pélvico,
después de lo cual Bernutz y Goupil publicaron su famosa memoria sobre la
celulitis pelviana (1862). Este punto de vista de la patología pelviana fue
ampliamente aceptado hasta que Gaillard Thomas, en 1880, le censuró,
demostrando que muchas de las alegadas como celulitis son realmente
peritonitis, y que el primer padecimiento es muy poco frecuente en las
vírgenes. De la misma manera, la ooforectomía, clitoridectomía, inflamación de
la cavidad y del cuello uterinos, escisión del útero y de sus anejos,
operaciones para losembarazos extrauterinos y operaciones cesáreas, todo ha
tenido su época, de acuerdo con los dictados de la moda. Entretanto se iban
publicando obras substanciales desde el punto de vista de la Patología, por C.
A. Ruge y Johann Veit, que describen las erosiones del cuello uterino (1S77);
por A. J. C. Skene, sóbrelas glándulas parauretrales (1880), por August
Breisky, sobre kraurosis de la vulva (1885), por Max Sánger, sobre el sarcoma
decidual del útero y otros tumores deciduales (1889 a i893)'» por J.
Whitridge Williams, sobre el cistoma papilar del ovario (1891) y el ieciduoma
maligno (1895); por Thomas S. Cullen, sobre el hidrosalpinx (1895), el cáncer
del útero (1900), adenomioma del útero, (1908) y enfermedades del ombligo, y
por Georg Winter, sobre diagnóstico ginecológico (1896). La importancia de la
gonorrea latente en la mujer ha sido puesta de manifiesto por Emil Noeggerath
(1872), y el asunto general, desarrollado por Ernst von Bumm (1885), Max Sánger
(1889) y Ernst Wertheim (gonorrea uterina y vesical, 1895-96). El tratamiento
de los tumores uterinos por el galvanismo ha sido ideado por Ephaim Cutter
(1874) y la faradización ha sido primeramente empleada por Ceorges Apostoli
(1884)[732].
Howard Atwood Kelly (1858), de Filadelfia[733], profesor de Ginecología de la Universidad de Pensilvania (1888) y de
la Universidad de John Hopkin (1889) y fundador del Hospital Kensington, en
Filadelfia, es reconocido como la principal autoridad en América de su
especialidad.
Ha sido de los primeros en emplear la anestesia por
la cocaína (1884) en el tratamiento de la retroflexión del útero par suspensión
(1887), en idear las operaciones de la nefraureterectomía,
nefraureterocistectomía, bisección vertical del útero en la histerectomía,
bisección de fibromas y tumores ováricos, bisección horizontal del cuello, para
tumores e inflamaciones del mismo, y la apendicectomía ideal; los
procedimientos de examen aeroscópico de la vejiga y cateterismo de los
uréteres, exploración del recto y de la flexura sigmoidea, diagnóstico de los
cálculos ureterales y renales con bujías guarnecidas de cera, diagnóstico de la
hidronefrosis por por inyección y apreciación de la capacidad de la pelvis
renal, operaciones del riñón a través de) triángulo lumbar superior,
tratamiento de los tumores malignos por el radio y varios perfeccionamientos en
el tratamiento de las fístulas vésicovaginales. Es el inventor del
almohadillado Kelly y de nuevos espéculos rectales y vesicales, y sus
Ginecología operatoria (1898) y Ginecología médica (1908), ambas ilustradas por
Max Brodel, comprenden todos los adelantos en esta ciencia, siendo los mejores
tratados americanos de esta especialidad en esta época.
Es, además, conocido por sus notables
contribuciones históricas a propósito del hipnotismo, de la Ginecología en
América, de la apendicitis, de la fístula vésicovaginal, de la botánica médica,
de las ilustraciones en Medicina y de biografía médica americana (1912).
Su Stereo-Clinic (1910-13) es un recuerdo fotográfico
permanente de los procedimientos quirúrgicos modernos.
La tendencia de la Ginecología moderna a llegar a
fundirse dentro de la cirugía general del abdomen ha sido ingeniosamente
señalada por Kelly del modo siguiente:
«La cuestión vital que enl a actualidad afecta a la
Ginecología es la siguiente: ¿Está ella destinada a permanecer doncella toda la
vida? Nosotros la vemos; de una parte se ve cortejada por su antepasada la
Obstetricia, que trata de arrastrarla una vez más a una alianza impía y
estéril, destinada a despojarla de su virilidad, a ser balanceada todo el resto
de sus días en inocentes ociosidades en la cuna obstétrica, chupando el
envejecido dedo ancestral con la vana esperanza de un alimento (con apologías
mezcladas de metáforas); del otro lado, nosotros la vemos solicitada por un
vigoroso varonil pretendiente, la Cirugía general, tratando de halagarla por la
promesa de la autonomía en su propia casa, bajo su propio nombre, borrando su
identidad. »
Aunque la antisepsia y hasta la misma asepsia haya
sido llevada a la Obstetricia antes de la época de Lister, los principios no
comenzaron a ser tomados en cuenta hasta que tanto los cirujanos como los
tocólogos comenzaron a lavarse las manos en disolución de ácido fénico o de
sublimado. El primero en emplear la solución fenicada en la Obstetricia ha sido
Ftienne-TARNiER, de París (1881)[734], el inventor del bien conocido fórceps de tracción por el eje (1877)[735], y el introductor de la dieta láctea durante el embarazo.
Importantes características del período
preantiséptico son: la inducción artificial al parto prematuro, por Carl Wenzel
(1804); el uso del cornezuelo de centeno, por John Stearns, de Massachusetts
(1808); la indicación de usar el agua clorurada para prevenir la conjuntivitis
infantil, por Gottfried Eisenmann (1830); la afirmación de la contagiosidad de
la fiebre puerperal, por Holmes (1843) y Semmelweiss (1847-61); el primer
hallazgo de la orina albuminosa en relación con las convulsiones puerperales, por
John C. W. Lever, del Guy’s Hospital (1843)[736]; la maniobra de Credé (1854); la invención de la
versión cefálica combinada, por Marmaduke Burr Wrigt, de Ohio (1854), y de la
versión podálica combinada, por Braxton Hicks (1864). En la primera parte del
siglo, las dos matronas francesas Mme. Boivin (1773-1841) y Mme. La Chapelle
(1769-1821) publicaron notables tratados de Obstetricia (1812 y 1821-25). El
libro de Mme. La Chapelle, con sus deducciones estadísticas de 40.000 casos de
partos, tuvo la buena consecuencia de establecer una norma o canon de procedimiento
obstétrico apropiado. Fueron seguidas de otras obras, como las de Velpeau
(1829), Cazeaux (1840) y Dubois (1849), en Francia; Caspar von Siebold (1841),
Michaélis (1842), Kiwisch (1851), Scanzoni (1852), y Carl Braun von Fernwald
(1857), Otto Spiegelberg (1858), en Alemania y Austria; Fleetwood Churchill
(1834) y Francis Henry Ramsbotham (1841), en Inglaterra; W. P. Dewees (1824),
Charles D. Meigs (1849), Hugh L. Hodge (1864) y W. T. Lusk (1882), en América.
El mejor tratado reciente de América es el de John Whitridge Williams (1903).
Estudios morfológicos de la pelvis deformada y de
deformidades de la columna vertebral, en relación con la dificultad del trabajo
del parto, han sido hechos casi exclusivamente por los tocólogos alemanes. La
pelvis contraída oblicua (pelvis de Naegele) fue primeramente descrita por
Franz Carl Naegele (1839), y la pelvis ovoide oblicua, por Carl C. T. Litzmann
(1853), incluyendo en ella las formas coxálgica, escoliótica y cifoescoliótica.
La pelvis estrecha recta, debida a un defecto en el desarrollo del sacro, es
descrita por Robert (1842). La pelvis osteomalácica ha sido primeramente
observada por William Hunter y descrita por Stein el joven. El tipo raquítico o
pseudoosteomalácico es descrito por Smellie, Sandifort y Stein el joven y
designado con el nombre actual por Michaélis (1851). La pelvis
espondilolistética ha sido descrita por Rokitansky (1839) y cuidadosamente
estudiada por Kilian como «pelvis obtecta» (1854). Rokitansky ha introducido,
además, el término «pelvis cifótica». Baudelocque ha sido el primero en
observar y describir la pelvis deformada en embudo. La pelvis espinosa ha sido
descrita y representada por Kilian en 1854, al paso que Michaélis y Litzmann
eran los primeros en estudiar la pelvis aplastada (pelvis plana de Deventeri)
y'sus variedadas raquíticas. La separación congénita de la sínfisis pubiana ha
sido observada por Bonnet (1724) y Crevé (1795) y descrita por
Litzmann (1861). Todas estas diferentes variedades han sido cuidadosamente
descritas por Gustav Adolf Michaélis (1798-1848) en su Das enge Becken (1851) y
por Carl Conrad Theodor Litzmann $n Die Formen des Beckens (1861).
Después de Semmelweiss, los más notables de los
tocólogos modernos han sido Simpson, Credé y Braxton Hicks.
Sir James Young Simpson (1811-1870), de Bathgate
(Escocia), fue profesor de Obstetricia en Edimburgo (1840), y muy pronto
adquirió una práctica extraordinaria por su gran habilidad y su fascinadora
personalidad. Ha sido el primero en emplear el cloroformo durante el trabajo
del parto (1847), creándose por este hecho un gran nombre en la historia de la
ciencia. Ha ideado las suturas con hilo de hierro (1858), los fórceps
obstétricos largos, la acupresura (1860-64) y muchas nuevas «habilidades» en
Ginecología y Obstetricia, tales como la sonda uterina (1843), los tallos de
esponja, la dilatación del cuello con fines diagnósticos, los «dolores de
Simpson» en el cáncer uterino (1863) y la versión en los casos
de deformidad de la pelvis. Sus memorias sobre patología fetal y
hermafroditismo son notables; ha hecho, además, valiosas contribuciones a la
Arqueología y a la historia de la Medicina, especialmente a propósito de la
lepra en Escocia (1841-42). Ha ideado el sistema de pabellones hospitalarios, y
con sus investigaciones estadísticas sobre los resultados de las operaciones
importantes (Hospitalism, 1869) ha hecho mucho para mejorar el
estado de los hospitales. Aunque con algún toque de fanatismo religioso, que se
debe tomar en cuenta en su oposición, algo beata, a Lister, ejercía una
maravillosa influencia en sus enfermas, y era, a pesar de todo, una de las
notables personalidades de su época.
Cari Siegmund Franz Credé (1819 a 92), de Berlín,
director de las clínicas obstétrica y ginecológica de la Charité (1852) y
profesor de Obstetricia en Leipzig, ha ideado dos cosas de capital importancia
en los procedimientos obstétricos: el método de expulsión de la placenta por
expresión manual externa (1854-60)[737] y la profilaxia de la conjuntivitis infantil (gonocócica) por la
instilación en los ojos del recién nacido de la disolución de nitrato de plata
(1884)[738].
Sir James Young Simpson (1811-70)
Ha sido editor del Monatsschriftfür
Geburtskunde (1853-69) y del Archiv für Gynákologie (1870-72).
Era un admirable maestro y un buen organizador, habiendo fundado las
policlínicas obstétrica y ginecológica de Leipzig. Las dos innovaciones a que
va asociado su nombre le hacen acreedor a la gratitud eterna del género humano.
John Braxton Hicks (1825-97), de Londres, un famoso
maestro de Londres, que desempeñó puestos muy honoríficos, ha hecho época en la
historia de los procedimientos obstétricos por la invención de la versión
podálica combinada con manipulaciones externas e internas (1863)[739], que forma una continuidad a través de la edades con el famoso trabajo
de Ambrosio Paré. La prioridad de Hicks ha sido discutida en favor de Marmaduke
Burr Wright, que, por lo menos, empleaba o recomendaba las maniobras externas
en la versión cefálica (1854).
Las observaciones de Hicks respecto del estado del
útero en las distocias (1867)[740] y sobre las hemorragias accidentales ocultas (1872)[741], son también muy apreciadas por los prácticos de este arte.
En el período post-antiséptico, Adolf Gusserow
(1836-1906) describe la anemia perniciosa del embarazo (1872); Christian
Wilhelm Braune (1831-92) estudia el embarazo en cortes congelados (1872);
Gustav Adolf Walcher (1856) idea la postura en suspensión (Hánge lage) durante
el curso del parto normal (1889); L. M.
Bossi idea la determinación del parto prematuro por
dilatación forzada del cuello (1892); Albert Doderlein estudia la relación de
las secreciones vaginales con la fiebre puerperal (1892); Fritz Momburg (1870)
y F. La Torre idean el empleo de la ligadura abdominal para prevenir la
hemorragia uterina (1908), y C. J. Gauss, el sueño crepuscular (1906-15).
Carl Siegmund Franz Credé (1819-92)
La Oftalmología y la cirugía de los ojos se han
colocado en una base científica, gracias, principalmente, a la labor de tres
hombres: Helmholtz, Albrech von Graefe y Donders. Cuando se inventó el
oftalmoscopio, exclamó von Graefe: «Helmholtz ha descubierto un Nuevo Mundo
para nosotros» (Helmholtz hat uns eine neue Weit erschlossen), y
la utilidad del nuevo instrumento quedará suficientemente indicada con el hecho
de que casi todos los «modernos» especialistas notables de los ojos han ideado
algún nuevo perfeccionamiento del mismo. No sólo sirve para poner en claro los
desórdenes del tractus uveal, sino también para el diagnóstico de afecciones
obscuras del cerebro, de los riñones, de la glándula pituitaria, etcétera.
Bouchut, en 1863, llamaba a este procedimiento diagnóstico «cerebroscopia».
Antes del tiempo de von Graefe, las formas
infecciosas de la (conjuntivitis granulosa habían sido descriptas por el Barón
Larrey (1802), John Vetch (1807) y Jacob Christian Bendz (1855); William Hyde
Wollaston ha inventado unos anteojos periscópicos (1803) y la cámara clara
(1807); Benjamín Gibson ha demostrado que la oftalmología neonatorum es
debida a las secreciones de la vagina (1807)[742] y la posibilidad de batir las cataratas en el recién nacido (1811)[743]; la hiosciamina y la atropina han sido empleadas en el examen por Franz
Reisinger (1825); sir George Airy ha descripto el astigmatismo (nombrado por
Whewell) y recomendado para el mismo las lentes cilindricas; caracteres
impresos para el examen de la visión a distancia han sido empleados por J.
Ayscough (1752), J. G. A. Chevallier (1805), G. Tauber (1816), F. Holke (1830),
F. Cunier (1841), y K. Himly (1843), tipos de examen se han inventado por
Heinrich Küchler (Schriftnummerprobe, 1843)» Eduard Jaeger von
Jaxtthal (1854), C. Stellwag von Carion (1855), Graefe y Donders (1860 a 62),
Hermann Snellen (1862); Ezra Dyer (1862), Giraud-Teulon (1862) y J. Green
(1866-8); Kussmaul ha descripto los fenómenos coloreados en el fondo (1845); J.
Mery (1704), Purkinje (1823), William Cumming (1846) y Ernst Brücke (1847) han
estudiado la significación de la luminosidad del ojo en los vertebrados y en el
hombre; Philipp Franz von Walther ha descripto la opacidad de la córnea (1845);
Sichel ha publicado su libro sobre los anteojos (1848); el mecanismo de la
visión ha sido estudiado por Thomas Joung (1801), W. H. Wollaston (1802), sir
Charles Wheatstone (1838-58), sir David Brewster (1842), William Mackenzie
(1845), Johann Benedict Listing (1845) y Helmholtz; y han escrito buenos
tratados de enfermedades de los ojos Antonio Scarpa (1801). James Wardrop
(1808), Georg Joseph Beer (1813-17), Benjamín Travers (1820), John Vetch
(1820), George Frick (1824), William Mackenzie (1830), sir William Lawrence
(1833), C. J. F. Carrón du Villards (1813), Friedrich August von Ammon
(1838-41), el canadiense Henry Howard (1850), Karl Himly (1843), Louis-Auguste
Desmarres (1847), Carl Stellwag von Canon (1853-58) y Carl Ferdinand von Arlt
(1854-56). La cirugía ocular ha adelantado gracias a la labor de George James
Guthrie (1823), J. F. Dieffenbach (estrabismo, 1842), Thomas Wartton Jones
(1847), L. A. Desmarres (1850) y muy especialmente sir William Bowman (pupila
artificial, 1852; obstrucción lagrimal, 1857). En 1820, el capitán Charles Barbier
presentó ante la Academia de Ciencias una monografía acerca del arte de enseñar
a leer y a escribir a los ciegos por un sistema de seis puntos en relieve, en
lugar de rayas de bulto.
John Braxton Hicks (1825-97) (Biblioteca Médica de Boston.)
El sistema de seis puntos de Barbier fue
introducido en Francia por Louis Braille, un profesor ciego de ciegos en 1829,
y en 1836 Braille ideó su sistema de notación musical para los ciegos. Él
reconoce su débito con Barbier en el prefacio de su obra (1837)[744]. En 1845-1847, William Moon, de Brighton (Inglaterra), ideó los tipos
romanos de líneas, que son usados todavía; pero desde 1879 el sistema
Barbier-Braille ha pasado a ser el alfabeto mundial para los ciegos.
Albrecht von Graefe (1828-1870)
Albrecht von Graefe (1828-70), de Berlín, creador
de la Cirugía moderna de los ojos, e indudablemente el más grande de todos los
operadores de los ojos, era hijo de Carl Ferdinand von Graefe. Después de
graduarse en Berlín (1847), fue estimulado a consagrarse a la especialidad de
la Oftalmología por Arlt de Praga, y habiendo seguido las clínicas de
Desmarres, en París, los Jaegers en Viena, Bowman y Critchett en Londres,
obtuvo muy pronto un éxito fenomenal en su país natal, siendo nombrado en 1857
profesor de la Universidad. En 1854 fundó los Archiw für Ophtalmologie,
que contiene la mayoría de sus importantes descubrimientos e invenciones y que
ha continuado siendo el principal órgano de la especialidad hasta la fecha.
Sólo el primer tomo contiene sus trabajos a propósito de los trastornos de los
músculos oblicuos del ojo, de la naturaleza del glaucoma, del keratoconus,
midriasis, conjuntivitis diftérica y sobre la doble visión después de las
operaciones del estrabismo. Von Graefe ha ideado la operación de la iridectomía
como tratamiento de la iritis, iridocoroiditis y glaucoma (1855-62)[745], ha hecho practicable la operación del estrabismo (1857)[746] y ha perfeccionado el tratamiento de la catarata por la extracción
lineal modificada (1865-68)[747], que reduce la pérdida del ojo en una proporción del 10 al 2, 3 por
100. Ha aplicado con extraordinario éxito el oftalmoscopio al estudio de las
ambliopías en los trastornos funcionales; ha hecho un brillante diagnóstico de
embolia de la arteria de la retina como causa de un caso de ceguera repentina
(1859[748], y ha podido sostener que la mayoría de los casos de ceguera o de
visión disminuida gravemente se relacionan con desórdenes cerebrales, pudiendo
explicarse más bien por neuritis que por parálisis del nervio óptico (1860)[749]. Graefe es, además, el fundador del conocimiento moderno de la oftalmía
simpática (1866)[750] y de la semiología de las parálisis oculares (1866)[751]; ha descripto la córnea cónica o «keratoconus» (1854)[752] y ha sido el primero en hacer notar la situación estacionaria del
párpado superior cuando se dirige el globo ocular hacia arriba o hacia abajo en
el bocio exoftálmico (signo de Graefe, 1864)[753]. La clínica de Graefe era famosa en todo el mundo, y a ella acudían no
tanto los estudiantes como los médicos prácticos que iban a Berlín a aprender
Oftalmología con tan gran maestro. Era un hombre de tipo espiritual, refinado,
un Johanniskopf, como dicen los alemanes, y su salud no tuvo la
resistencia que era necesaria para poder cumplir la tremenda labor que llevó a
cabo en su corta vida. Graefe era muy aficionado a las bromas y a las fiestas
alegres, aun después de haber pasado los días de su juventud, y se citan y
recuerdan aún muchos punzantes sarcasmos que le son atribuidos.
Frans Cornelis Donders (1818-89), de Tilbury
(Holanda), fue educado como cirujano militar, pero llegó a ser profesor en la
Facultad de Utrecht en 1848, y desde 1862 se consagró exclusivamente a la
Oftalmología. A este campo pertenecen sus estudios de moscas volantes (1847),
del uso de las lentes prismáticas en el estrabismo (1848), de la relación entre
la convergencia de los ejes visuales y la acomodación (1848), de la
regeneración de la córnea (1848), de la hipermetropía (1858-60), de la
ametropía y sus secuelas (1860), del astigmatismo (1862-63), de las anomalías
de la refracción como una causa de estrabismo (1863), de la invención del
oftalmotonómetro (1863), y, sobre todo, su gran obra The Anomalies of
Refraction and Accommodation, que ha sido publicada, no en holandés, sino
en inglés, por la New-Sydenham Society (1864). Como contribución a la óptica
fisiológica, esta obra se puede poner al nivel de los trabajos de Helmholtz.
Contiene la explicación de Donders del
astigmatismo, sus definiciones de afaquia y de hipermetropía, sus claras
distinciones entre miopía e hipermetropía (como errores de refracción) y
presbiopía (como cambio senil con disminución de la acomodación), su consideración
de la miopía como resultado de la excesiva convergencia y la causa de
estrabismo divergente genuino, de la hipermetropía como causa de estrabismo
convergente, del músculo ciliar como el único músculo usado en la acomodación y
de su acción encorvando la superficie anterior del cristalino, y de la
astenopía como resultado de anomalías de refracción, insuficiencia muscular o
astigmatismo.
Esta obra ha sido la principal fuente de
conocimiento para la corrección de los desórdenes de la visión por medio de los
lentes hasta la época de Gullstrand. Se dice que, en tanto que estaba esperando
impacientemente que le llevasen un oftalmoscopio de Helmholtz, Donders se
construyó uno por sí mismo, en el cual el espejo plateado con perforación
central (que todavía se usa en la actualidad) venía a substituir al espejo
plano colocado arriba, del instrumento del profesor de Berlín. En 1845, Don
ders se hizo editor del Nederlandsch Lancet, y en 1851 estableció
el hospital holandés para enfermedades de los ojos (Nederlandsck
Gasthuis voor Oogleiden); pero su labor ya no estaba exclusivamente
limitada a la Oftalmología.
Frans Cornelis Donders (1818-89)
En 1863 substituyó a Schroeder van der Kolk como
profesor de Fisiología en Utrecht, y en 1866 establecía en esta ciudad el nuevo
Laboratorio de Fisiología. Su más importante contribución a la Fisiología ha
sido la primera medida del tiempo de reacción de un proceso psíquico (1868)[754]. En 1845 ha escrito sobre el metabolismo como la fuente del calor de
los animales y en las plantas; y sus contribuciones a propósito de la
fisiología del lenguaje (1864-70)[755] son de la mayor importancia. Donders poseía una elevada educación,
hablando el inglés, el francés y el alemán como su lengua nativa; pero era
modesto, hasta ser desconfiado de sí mismo. Su antigua vocación militar le
había dado un aspecto serio y fino, que, unido a su natural encanto personal,
le habían hecho conocido de toda Europa como uno de los especialistas más
atractivos de su tiempo.
Notables entre los discípulos de Graefe son: su
sobrino Alfred Karl Graefe (1830-69), que ha llevado a cabo un análisis clínico
de los movimientos desordenados del ojo (1858), ha inventado un especial
«oftalmoscopio de localización» para la extracción de los cisticercos
profundamente implantados, ha escrito una monografía sobre el tratamiento de la
conjuntivitis infantil por medio de cáusticos y antisépticos (1881) y ha
editado, con Saemisch, el bien conocido Handbuch der Ophthalmologie (1874-80),
de Graefe-Saemisch; Julius Jacobson (1828-89), de Köningsberg, que perfeccionó
grandemente el tratamiento operatorio de la catarata con su incisión periférica
bajo la anestesia clorofórmica, reduciendo la pérdida del ojo de un 10 a un 2
por 100, y perfeccionando, además, la operación por la extracción con la
cápsula (1888), e ideando el tratamiento operatorio del tracoma y de la
triquiasis (1887); ha escrito una buena memoria acerca de la labor de su amigo
von Graefe (1885) y ha tenido la consulta y clientela más extensa de la Europa
Oriental, con enfermos hasta del extremo de Rusia; Hermann Pagenstecher (1844),
que ha dejado su nombre en la historia de la catarata por la extracción del
cristalino en su cápsula no abierta, a través de una incisión de la córnea (1866);
Edwin Theodor Saemisch (1833-1909), de Luckau, que ha sido el primero en
describir la úlcera serpiginosa de la córnea y su tratamiento (1870) y la
conjuntivitis primaveral (Frühjahrskatarrh) (1876), y ha editado el
anteriormente mencionado Handbuch con Graefe, el joven; Julius Hirschberg
(1843), de Postdam, cuyo nombre aparece asociado a la introducción del
electromagneto en Oftalmología (1885), a la publicación de un diccionario de
Oftalmología (1887), a la edición de los textos árabes (1905) y a la más
erudita y acabada historia de su ciencia que se ha escrito hasta la fecha
(1899-1911); Theodor Leber (1840), que ha estudiado las alteraciones del ojo en
la diabetes (1875) y los desórdenes de la nutrición y de la circulación del ojo
(1876); Richard Liebreich (1830-1917), de Königsberg, que ha introducido la
iluminación lateral en la investigación microscópica del ojo viviente (1855) y
ha publicado el primer Atlas de Oftalmoscopia (1863), en lo que ha ido seguido
por Jaeget von Jaxtthal (1869); Ludwig Laqueur (1839-1909), que ha ideado el
uso de la fisostigmina en el glaucoma (1876), y Hermann Jakob Knapp
(1832-1911), de Dauborn (Hesse-Nassau), que llegó a ser uno de los más sabios
oftalmólogos de la ciudad de New York, fundador de los Archives of Ophthalmology
and Otology (New York, 1869) y au" tor de valiosas monografías sobre la
curvatura de la córnea (1859), de los tumores intraoculares (1869) y otros
asuntos.
Desde el punto de vista didáctico, el más eminente
de los oftalmólogos vivientes es Ernst Fuchs (1851), de Viena, discípulo de
Brücke y Billroth, ayudante de Arlt (1876-80), profesor de Oftalmología en
Lieja (1880-85) y Viena (1885), autor de importantes monografías sobre el
sarcoma del tracto uveal (1882), la ceguera (1885) y la histopatología de la
oftalmología simpática (1905) y de modificaciones de los tipos de prueba de
Jaeger (Leseproben für die Náhe, 1895) Y del notable tratado alemán
de enfermedades de los ojos, que ha tenido 12 ediciones y ha sido traducido a
diferentes idiomas, incluso al japonés.
De las obras relativas al ojo normal, mencionaremos
la memoria de Henry Gray sobre el nervio óptico (1849), la de Max Schultze
sobre anatomía y fisiología de la retina (1866); las teorías de la visión de
Helmholtz (1867), Edward Hering (1872-75) y Christine Ladd Franklin (1892); las
investigaciones de Willy Kühne sobre la púrpura visual (1877), y la memoria de
Johannes von Kries sobre la función de los bastones en la retina (1895). El
examen del ojo ha adelantado con algunas invenciones como el astigmómetro
(1867), por Emil Javal (1839-1907), de París; el oftalmómetro, de Javal-Schiolz
(1881); con el método de la retinoscopia, ideado por Ferdinand Cuignet (1873),
y con el keratoscopio, inventado por A. Placido (1882). La ceguera de los
colores ha sido investigada por el fisiólogo sueco Alarik Frithiof Holmgren
(1831-97), que ha ideado la prueba de las madejas de lana (1874) y ha dado una
especial importancia a la ceguera de los colores desde el punto de vista de las
condiciones ferroviarias y marítimas (1878); la relación entre el cansancio de
la vista y el astigmatismo con la jaqueca y otros síntomas neuróticos ha sido
investigada por S. Weir Mitchell (1874) y William Thompson (1879) y
extensamente aplicada a la psicología morbosa por George M. Gould (1888). El
estudio de Alexander Duane sobre la acomodación y el de James Thorington sobre
la refracción han sido de gran enseñanza. La relación de las enfermedades de
los ojos con las afecciones generales y orgánicas ha sido especialmente tratada
por Richard Forster (1877) y, en 1898, por Hermann Schmidt-Rimpler (1838-1915),
que se ha consagrado, como Hermann Cohn (1838-1906), a la investigación ocular
de los niños de las escuelas. La bacteriología de los ojos ha tenido un
especial avance con Roberto Koch que ha descubierto los bacilos de las dos
formas diferentes de la conjuntivitis del Egipto (1883); con John E. Weeks, que
ha encontrado el mismo microorganismo como causa de la conjuntivitis infecciosa
(pink-eye, 1886); con Henri Parinaud (1844-1905), de París, que ha descrito una
conjuntivitis tuberculoinfecciosa, transmisible de los animales al hombre
(1889) y una conjuntivitis lagrimal neumocócica del reciénnacido (1894), ambas
asociadas a su nombre; y con Víctor Morax y Theodor Axenfeld, que han descrito
simultáneamente la forma diplobacilar de la conjuntivitis crónica (1896-97). En
1894, Axenfeld ha descrito en estilo magistral la oftalmía puémica o
metastática, observada primeramente por J. H. Meckel en 1854. Además del
Handbuch, de Graefe-Saemisch, las mejores obras modernas de Oftalmología son
los monumentales tratados de Ernst Fuchs (1889, 12 ed., 1910) y Louis de Wecker
1832 a 1906), y Edmond Landolt (1846) publicados en 1880-89. Otra buena obra es
la del griego Photinos Panas (1894), cuyo nombre va especialmente asociado a
una operación para el ptosis congénito y paralítico (1886). Por parte de los
americanos, además de los referidos, señalaremos: Henry Willard Williams
(1821-1895), que ha ideado el tratamiento de la iritis con el mercurio (1856),
y un método de suturar el colgajo después de la operación de la catarata
(1866); Cornelius Rea Agnew (1830-88), que ha descrito un método operatorio del
estrabismo divergente (1866), y Henry Drury Noyes (1832-1900), que ha sido el
primero en estudiar la retinitis en la glucosuria (1867). Además de la gran
obra de Julius Hirschberg (1889-1911), han sido escritas buenas historias de la
Oftalmología por August Hirsch (1877), P. Pansier (1903) y Carl Hortsmann.
Laringología y rinología han adelantado
especialmente con la invención del laringoscopio por Benjamín Rabington (1829),
Robert Liston (1837), Manuel García (1855), Ludwig Türck (1858-60) y Johann
Czermak (1858); de la rinoscopia, por Philipp Bozzini (1773-1809), en 1807, Y
(con éxito) por Czermak (1859); de la autoscopia de la laringe y de la tráquea
sin el espejo, por Alfred Kirstein (1863), de Berlín, en 1895, y de la
broncoscopia directa, por Gustav Killian (1860), de Maguncia, en 1898. La
íaringoscopia ha sido llevada a New York en 1858 por Ernest Krako- Tizer, de
Viena, que ha sido el primer médico que ha visto las cuerdas vocales en
América. En 1858, además, Ephraim Cutter, de Massachusetts, inventó un
laringoscopio con dos tubos, uno para la observación, otro para la iluminación.
La laringoscopia de suspensión (Schwebe-laryngoskopie) fue inventada por
Killian en 1912. La anatomía de la laringe y la fisiología de la voz y del
lenguaje fueron estudiadas por Johannes Müller (1839), Ernst von Brücke (1856),
F. C. Donders (1870), Hubert von Luschka (1873) y Carl Ludwig Merkel
(Anthropophonik, 1876). Max Schultze estudió la histología de las terminaciones
nerviosas en la membrana de Schneider (1863); Emil Zuckerkandl, la anatomía y
la patología de los senos accesorios (1882-92), y Hendrik Zwaardemaker, la
fisiología del olfato (1895). Un método perfecto de fotografiar la laringe ha
sido inventado por Thomas Rushmore French, en 1884. Importantes tratados
antiguos de Laringología eran los de John Cheyne (1777-1836), sobre la
patología de las membranas de la laringe y de los bronquios (1809); de William
Henry Porter (1790-1861), sobre la patología quirúrgica de la laringe y de la
tráquea (1826); de Armand Trousseau e Hippolyte Belloc, sobre la tisis
laríngea, la laringitis crónica y los trastornos de la fonación (1837); de
Horace Green (1802-66), sobre las afecciones de las vías respiratorias (1846);
de Samuel D. Gross, sobre cuerpos extraños en las mismas (1854); de Sir Morell
Mackenzie, sobre tumores de la laringe (1871). Como dice Bryson Delavan[756], la ciencia de la laringología y de la rinología
han quedado colocadas sobre una base firme gracias a los tres tratados de J.
Solis Cohén (1872), Sir Morell Mackenzie (1880) y Francke Huntington Bosworth
(1881). La intubación de la laringe en el crup ha údo inventada por Eugéne
Bouchut (1818-91) en 1856-58; hecha en París por primera vez y en relación con
la traqueotomía por Trousseau (1851-59) y perfeccionada por la concienzuda
labor (1885-88) del abnegado Joseph P. O'Dwyer (1841-98), de Cleveland (Ohio),
cuyo nombre permanecerá, con los de Semmelweis y Credé, como uno de los grandes
bienhechores de la humanidad infantil. Horace Green (1802-66), de Crittenden
(Vermont), amigo de Trousseau, ha sido el cultivador de la laringología en los
Estados Unidos, y el primero que ha tratado las enfermedades de la garganta por
medio de las aplicaciones locales (1838) y que ha descrito las neoformaciones
quísticas y malignas de la laringe (1851-52), siendo, además, autor de
importantes obras sobre el crup (1849) y sobre el tratamiento quirúrgico de los
pólipos de la laringe (1852). En 1873, Clinton Wagner organizó la Sociedad
Laringológica de New York, la más antigua asociación de este género. Elsberg,
J. Solis Cohén, Knight y Lefferts fundan los Archives of Laryngology (New York,
1880-83). Los antiguos Icelanders usaban un cuchillo anular para la sección de
la úvula. El tonsilótomo ha sido inventado por P. S. Physick (1828) y el
tonsilótomo de cuchillo anular, por Fahnestock (1832). Charles Henry Ehrmann
(1792-1878) ha sido el primero en extirpar un pólipo laríngeo (1844); Victor
von Bruns (1812-83), el primero en enuclear un pólipo laríngeo por el método
incruento (1862) y ha sido un cultivador de la cirugía laríngea (1865), y
Rudolph Voltolini (1819-89) fue el primero en emplear el galvanocauterio en la
cirugía laríngea (1867) y ha efectuado la primer operación laríngea, desde la
boca, con iluminación externa (1889). Las parálisis de las cuerdas vocales han
sido cuidadosamente estudiadas en primer término por Carl Gerhardt en 1863-72.
Ottomar Rosenbach (1880) y posteriormente Sir Félix Semon han establecido las
leyes que rigen la localización de las parálisis de las cuerdas vocales en los
casos de parálisis completa o incompleta del nervio laríngeo recurrente. Los
primeros tratados importantes de enfermedades de las fosas nasales han sido la
tesis de Jacques-Louis Deschamps, hijo (1804), y la Ophrcsiologie (1821), de
Hippolyte Cloquet (1787-1840), que fueron seguidos de otros tratados de fosas
nasales y garganta como los de Horace Green (1846), Carl Seiler (1879), M.
Bresgen (1881), E. F. Ingals (1881), Sir Morel Mackenzie (1880-84), C. E.
Sajous (1885), O. Chiari (1887), R. Voltolini (1888), Lenox Browne (1890) y F.
H. Bosworth (1890 a 92). En 1832, el explorador George Catlin publicó su
trabajo clásico sobre la respiración bucal (Mouth Breathing), basado en sus
observaciones personales de la obstrucción nasal de los indios de Norte
América. Benjamín Lowenberg ha sido el primero en estudiar la naturaleza y el
tratamiento del ozena (1885), y Ludwig Grünwald (1863), el tratamiento
quirúrgico de la supuración nasal y las afecciones del etmoides y del
esfenoides (1893). Ephraim Fletcher Ingals (1848), de Lee Centre (Illinois),
trató las desviaciones de tabique nasal por escisión parcial del mismo (1882),
y su operación fue posteriormente perfeccionada por Robert Krieg (1889), Otto
T. Freer (1902) y Gustav Killian (1904). Killian ideó, además, la operación
radical para la inflamación crónica del seno frontal (1903). Las mejores historias
de Laringología y Rinología son las de Louis Elsberg (1879-80), Gordon Holmes
(1887), Jonathan Wright (1898-1914), y la monumental obra de C. Chauveau sobre
historia de las enfermedades de la faringe (París, 1901-1906)[757].
Los fundamentos de la Otología son el cateterismo
de la trompa de Eustaquio desde la boca, por Guyot (1724) y Cleland (1741), las
operaciones de la apófisis mastoides, por Petit (1774) y Jasser (1776); la
perforación de la membrana del tímpano, por Cooper, como tratamiento de la
sordera (1800), y las monografías de Valsalva, Cotugno, Scarpa y otros. El
primer tratado de enfermedades del oído ha sido escrito por Jean-Marc-Gaspard
Itard (1775-1838), de Oraison (Provenza), en 1821, y esta importante obra ha sido
seguida de otros tratados, como los de Joseph Toynbee (1860), Antón Friedrich
von Troltsch (1866), Lawrence Turubull (1872), sir W. B. Dalby (1873), St. John
Roosa (1873), Adam Politzer (1878-82)', Víctor Urbantschitsch (1880) y
Friedrich Bezold (1906). Max Schultze ha descripto las terminaciones nerviosas
en el laberinto (1858); Helmholtz, el mecanismo de la cadena dehuesecitos y la
membrana del tímpano (1869); Goltz, el significado fisiológico de los conductos
semicirculares (1870); el viejo Retzius (Magnus Christian) ha escrito una
importante monografía sobre el oído dé los vertebrados (1884); Julius Richard
Ewald estudia la audición en las aves privadas de laberinto, y Stanislav Stein,
las funciones de las diferentes partes del laberinto (1894). Adam Politzer
(1835), de Alberti (Hungría), ha sido el primero en obtener representaciones
gráficas del tímpano por medio de iluminación (1865), sirviéndole como
ilustraciones de su atlas de 14 láminas y 392 grabados (1896). La transmisión
de los sonidos por los huesos del cráneo en el diagnóstico de las enfermedades
del oído ha sido estudiada en primer término por Johann C. A. Lucae (1870), y
grandes adelantos en la exploración han sido conseguidos por Friedrich Bezold
(1842-1908), de Rothenburg an der Tauber, que ha dado la primera descripción
clara y precisa de la mastoiditis (1877), y ha ideado nuevos métodos de examen
de la audición en el sordomutismo (1896) y en la sordera unilateral (1897).
Otros perfeccionamientos son las pruebas de Weber y Rinné, el diapasón de
Hartmann y la sirena de sir Francis Galton para determinar los límites
superiores de la audición.
Los cultivadores de la cirugía otológica en el
siglo XIXhan sido sir Astley Cooper (1801) y sir William Wilde (1843-53), y en
esta época la obra inglesa más importante de la especialidad era la de James
Hinton (1827-75), del Guy’s Hospital (1874). La cirugía moderna del oído y de
la apófisis mastoides ha sido obra principalmente de los alemanes. En 1873,
Hermann Schwartze (1837-1910) y Adolph Eysell describen el método de abrir la
apófisis mastoides por escoplo (typische Aufmeisselung). Esta operación ha sido
ulteriormente perfeccionada por Emmanuel Zaufal (1884) y Ernst Küster (1889),
al propio tiempo que Ludwig Stacke ideaba la escisión de los huesecillos (1890)
y hacía adelantar extraordinariamente la cirugía del oído medio (1892-97). El
vértigo auricular ha sido descripto primeramente por Prosper Méniére
(1799-1862) en 1861; de nuevo ha sido expuesto por Charcot como vértigo ab aure
laesa (1874), al paso que las relaciones entre el nistagmus y las afecciones
vestibulares y cerebelosas han sido ya notadas por Purkinje y Flourens y
desarrolladas por Robert Bárány en el siglo XX. La historia fundamental de la
otología por Adam Politzer ha terminado en época reciente (1907-1913)[758].
Ni la clínica médica inglesa ni la francesa de este
período ofrecen la tendencia rigurosamente científica que caracteriza la
alemana. En Inglate" rra la Patología era poco estudiada después de la
época de Bright, Hodgkin y Addison, aunque el talento inglés para la cuidadosa
observación clínica se había ilustrado ampliamente. La fase más brillante de la
medicina francesa en la segunda mitad del siglo XIX ha sido la neurología. Con
la excepción de Charcot, la mayoría de los clínicos franceses de la época eran,
como los ha descripto Helmholtz, más bien brillantes y elegantes expositores de
la Medicina interna que investigadores originales en la Patología.
Verdaderamente, como veremos luego, no había patólogos profesionales en las
escuelas médicas francesas, estando suplida su falta por los médicos prácticos
de los hospitales.
En la Medicina experimental, Jean-Antoine Villemin
(1827-1892), de Prey (Vosgos), graduado en Medicina en Estrasburgo (1852) y
profesor de Val-de-Gráce, adquirió una reputación inmortal por su demostración
de que la tuberculosis es una infección específica, debida a un agente
invisible, inoculable y transmisible por inoculación del hombre a los animales
inferiores (1865-69). Antes de la obra de Pasteur, estas ideas no podían
alcanzar crédito, a pesar de que lo expuesto por Villemin venía a coincidir con
la doctrina de la contagiosidad de la tisis. En 1870, explicaba a sus ayudantes
de Val-de-Gráce que «el soldado tísico es para sus compañeros de rancho lo que
el caballo con muermo es para los que le acompañan en la yunta. »
De los clínicos franceses, Armand Trousseau
(1801-67), de Tours, discípulo de Bretonneau, profesor de la Facultad de París
(1850), y médico del Hospital Saint-Antoine (1839) y del Hotel Dieu (1850),
venía a ocupar en la Medicina francesa la misma posición que Bright y Addison,
Stokes y Graves al otro lado del canal de la Mancha. Obtuvo el premio de la
Academia por su clásico tratado de la tisis laríngea (1837); fue el primero en
efectuar la traqueotomía en París (1831), [759] y trabajó mucho en divulgar la toracentesis (1843) y la intubación
(1851). Ha descripto, el primero, el vértigo gástrico y un diagnóstico de la
tetania infantil, que consiste en la posibilidad de reproducir voluntariamente
los paroxismos durante el ataque, por la compresión de las partes afectas.
Su Clinique medícale de l'Hotel Dieu (1861), que ha logrado
tres ediciones, contiene su mejor labor, mucha parte de la cual ha ido pasando
silenciosamente a los libros de texto. Era un hombre de una fuerte personalidad,
un gran maestro en la exposición clínica, un generoso intérprete de las ideas
de otros hombres, especialmente de las enfermedades descriptas por Bretonneau,
Addison, Hodgson, Corrigan y Duchenne, de Boulogne. Sus últimos discípulos han
sido Dieulafoy y Da Costa.
Georges Dieulafoy (1839-1911), de Toulouse, autor
del tratado de Medicina francés que más se ha leído en su época (1880 84)[760], es, además, notable por su empleo del trocar en el tratamiento de la
pleuresía, de los quistes hidatídicos, etc. (1869-72)[761]; era un fogoso orador clínico del tipo meridional, que nunca se molestó
él mismo en científicas especulaciones, sino que se labró una amplia clientela
y, como un médico humano y sabio, empleó la expresión o explotación de su
personalidad en la clínica. Hermoso y alegre (le beau Dieulafov), estaba
dotado de un gran poder de elocuencia y de mímica; había nacido actor, con los
gestos y la entonación de un tenor italiano (des gestes qui implore nt
et qui caressent), y procuraba constantemente exponer el diagnóstico
de modo que excitase la mayor admiración. Desde este punto de vista, Dieulafoy
era ideal. Como médico de despierta inteligencia y de fascinadora personalidad,
que, por lo menos, le servía para que la enseñanza no se hiciera pesada para
nadie; su pasión era demostrar a sus discípulos cómo se obtienen buenas
contestaciones haciendo precisamente las preguntas debidas, sin ofender ni
cansar a los enfermos. Presentaba al enfermo como merecedor siempre de la mayor
consideración y simpatía. Había tenido una excelente educación clásica, y se
atrajo por primera vez la atención de Trousseau acudiendo en su auxilio con una
cita de Ovidio. Ha realizado una buena obra con la exposición de las
complicaciones de la apendicitis y otros detalles.
Armand Trousseau (1801-67)
En sus ardientes improvisaciones clínicas solía
excederse acuñando frases como la de le foie appendiculaire, que,
si demostraban su dominio en el uso del idioma francés, en cambio no
correspondían, demasiado, a la idea mental del asunto. Una lápida a su memoria
ha sido colocada en los muros del Anfiteatro Trousseau en 1914.
Sigismond Jaccoud (1830-1913), de Ginebra, era otro
notable internista de París, cuyos tratado de práctica (1871) y lecciones
clínicas (1867 a 1888) han disfrutado casi la misma reputación que los de
Dieulafoy.
Jean-Alfred Fournier (1832-1914), de París,
profesor en su Facultad, cuyo nombre va asociado a la gran clínica de
enfermedades venéreas del Hospital de Saint Louis, estando reputado como un
profesor de gran mérito, poseedor de una voz harmoniosa y clara, lleno de la
más fina delicadeza y cortesía con los enfermos y con los discípulos, gozando
de universales simpatías y llevando las ideas hasta las mentes más obtusas con
su luminosa inteligencia y su claro y expresivo modo de expresarse. Con Diday,
de Lyon, Fournier trabajó mucho en el desarrollo del asunto de la sífilis
congénita, en el cual puso «orden en el caos». Prácticamente, toda su vida ha
estado consagrada al estudio de esta enfermedad, habiendo podido añadir a cada
uno de sus aspectos algún dato clínico de importancia, incluso desde el punto
de vista de su aspecto social (Syphilis et Mariage. 1890). Ha
introducido el concepto de parasífilis, y sus estadísticas acerca de la
relación causal de la lúes con la ataxia y la parálisis (1876-94)[762] son, con las de Erb, las contribuciones más importantes a este
asunto. En marzo de 1901 ha fundado la Sociedad de Profilaxia Moral y
Sanitaria. Se describe a Fournier como un hombre de ojos vivos y penetrantes,
de aspecto serio, como de militar, y vistiendo al modo de un antigo oficial de
Artillería.
Henri Huchard (1844-1910), de Auxon (Aube), era un
clínico del mismo tipo afectivo. Es especialmente famoso por sus estudios de
Terapéutica, Traite des névroses (con Axenfeld, 1883), su gran
obra sobre enfermedades del aparato circulatorio (1889), y, sobre todo, por su
labor acerca de las formas clínicas de la arterioesclerosis (1909), cuyo
desenvolvimiento estudió mucho.
Charles-Jacques Bouchard (1837-1915) últimamente
decano de la Facultad de París, era una figura magistral, dominante; ha
descrito, con Charcot, los dolores fulgurantes de la ataxia (1866); ha sido el
primero en llamar la atención hacia la autointoxicación (1887) y hacia las
enfermedades causadas por retardo de la nutrición (1879-80) y ha escrito un
tratado de Patología general (1899), que es un libro de texto popular entre los
estudiantes.
Entre las contribuciones originales de los clínicos
franceses figuran la demostración, por A. Villemin, de la inoculabilidad de la
tuberculosis (1868); las tesis, de L. A. Thaon y J. J. Grancher, sobre la
unidad de la tisis (1873); el estudio de Joseph Dumontier, sobre la enfermedad
del sueño (1868); la descripción, por Paul Lorain del infantilismo sexual
(1871); las descripciones de las hepatitis intersticiales crónicas (1874), por
Georges Hayen (1841); de la cirrosis biliar (1875), por Victor-Charles Hanot
(1844-96); de la hipertrofia endoteliomatosa primaria del bazo, por P. C. E.
Gaucher (1882); de la enteroptosis y gastroptosis, por Frantz Glénard (1885);
del vértigo paralizante (kubisaganf), por F. Gerlier (1886); del cáncer
primitivo del páncreas, por Louis Bard y Adrien Pie (1888); de la policitemia
cianósica, por Henri Vaquer (1892); los trabajos de Ch. Bouchard (1887) y A.
Combe (1907), sobre autointoxicación, y los tratados de Pediatría de C. M.
Billard (1828-33) y de Rilliet y Barthez (1838-43), que contienen un antiguo
estudio de la poliomielitis. De los paidópatas franceses más modernos, Jules
Comby (1853) y B. J. A. Marfán son los más notables como autores de tratados y
monografías y como editores de revistas de Pediatría.
En la Medicina clínica alemana de la segunda mitad
del siglo XIX hay que mencionar los nombres de Frerichs, Taube, Kussmaul,
Gerhardt, Ziemssen, Leyden, Senator, Naunyn y Friedrich Müller.
Friedrich Theodor von Frerichs (1819-85)
Friedrich Theodor von Frerichs (1819-85), de
Aurich, graduado en Góttingen en 1841, adquirió pronto buena reputación como
oculista; pero al poco tiempo se inclinó hacia la medicina científica e
interna, llegando a ser uno de los fundadores de la Patología experimental, fue
nombrado profesor dé Góttingen en 1848, pasando sucesivamente a ocupar cátedras
en Kiel (1850), Breslau (1852) y Berlín, donde vino a suceder a Schönlein en
1859» Frerichs parece haber llegado a la cúspide de la profesión en un período
de tiempo sorprendentemente corto, y su carrera desde Góttingen a Berlín ha
sido comparada por Naunyn a un paseo triunfal. Los estudiantes estaban
pendientes de sus labios, y sus colegas admiraban su maravillosa precisión en
el diagnóstico. A los cuarenta años había dado ya lo mejor de su labor: su gran
monografía sobre la digestión en el Diccionario de Fisiología, de
Wagner; su descubrimiento de la leucina y la tirosina en la orina de los
enfermos de atrofia amarilla del hígado (1855)[763]» sus estudios patológicos de la cirrosis hepática, de la fiebre
palúdica perniciosa y de la melanemia, y sus libros sobre enfermedad de Bright
(1851)[764] y enfermedades del hígado (1858)[765]. Ya en Berlín, como nos dice su discípulo Naunyn, Frerichs pareció
sufrir, en lo más alto de su reputación, una especie de agotamiento
intelectual. Aparte de sus estudiantes, de los que continuaba siempre
acompañado en gran número, se volvió huraño, reservado y disputador, y escribió
poco. El segundo volumen de las enfermedades del hígado (1868) se dice que
demuestra esta decadencia de su talento; a pesar de ello, sus lecciones seguían
siendo altamente apreciadas por su seguridad y su hermosa concisión, y disfrutaba
de una práctica y consulta privada enormes. Este cambio en la personalidad de
Frerichs cree Naunyn que se debía a su extraordinaria sensibilidad respecto de
la crítica; a la oposición que ha encontrado en Berlín, especialmente por sus
errores a propósito del origen de los pigmentos y de los ácidos biliares; a sus
desavenencias con Traube, su colega en la Charité, y a la enemistad agresiva
que encontró por parte de Virchow. Tan fuerte era la personalidad de Virchow,
que hasta Graefe y Langenbeck se pusieron a su lado en la oposición oficial a
Frerichs, cuya productividad quedó bien pronto esterilizada por su rivalidad
profesional. Unicamente fue por la simpática influencia de Leyden, que llegó a
la Charité en 1876 y que dio la casualidad que fue su sustituto, por lo que
volvió a brillar de nuevo su inteligencia, dando otra monografía digna de su
fama, su obra acerca de la diabetes (1784)[766], basada en 400 casos y 55 autopsias. Las lecciones clínicas de
Frerichs, que él daba sin preparación, son descritas por Naunyn como una
clásica perfección de la frase; claras y representativas en la exposición de la
enfermedad, ofreciendo una gran novedad y frescura por el número de hechos
sacados a colación por su propia experiencia. Sus diagnósticos, que él hacía
directa e inmediatamente después de ver los enfermos, eran, de ordinario,
intuitivos, siempre desarrollados como un estudio de una función fisiológica, y
nunca admitiendo que fuesen erróneos. Como Skoda, Frerichs era indiferente a
los enfermos, lo mismo que a los estudiantes, cuidando sólo de los aspectos
científicos de la enfermedad en sí misma, aunque condescendía siempre a
bosquejar un plan terapéutico, incluyendo una prescripción. Personalmente, era
alto y desgarbado, pero imponente por su estilo de exposición, que era
frecuentemente dramático. El interés de Frerichs es el del desarrollo
científico de la enseñanza clínica en Alemania. Entre sus discípulos figuran
unos de los más amplios espíritus de los tiempos modernos, como Ehrlich,
Naunyn, Leyden y von Mehring.
Ludwig Traube (1818-76), de Ratibor (Silesia),
discípulo de Purkinje, Johannes Müller, Skoda, Rokitansky y Schönlein, llegó a
ser ayudante de éste en 1849 y profesor de Berlín en 1857. Ya anteriormente se
había hecho notar Traube como uno de los fundadores de la Patología
experimental por sus investigaciones sobre los trastornos pulmonares
ocasionados por la sección del nervio vago (1846). Estos fueron seguidos de sus
estudios sobre la sofocación (1847), las crisis y los días críticos (1850), la
patología de la fiebre, los efectos de la digital, las relaciones entre los
trastornos cardíacos y los renales y, principalmente, sus Gesammelte
Beitráge zur experimentellen Patkologie (1871-78), que le han dado una
reputación extraordinaria. Empezó a usar el termómetro en su clínica hacia el
año 1850.
Traube ha sido uno de los primeros médicos judíos
que han recibido el reconocimiento oficial después de los acontecimientos de
1848, y sus clínicas de la Charité se hicieron bien pronto populares a causa de
lo exacto de sus métodos y de su exactitud honrada y sincera respecto de los
enfermos. Su fisonomía, como la de Ehrlich o la de Carlyle, tenía ese algo
indefinido que nosotros asociamos con la idea de un hombre honrado. Sus
disputas, largo tiempo sostenidas, con Frerichs eran debidas a las usuales discusiones
a propósito del material clínico, del cual este último, como médico jefe, tenía
la parte del león.
Adolf Kussmaul (1822-1902), de Graben, cerca de
Karlsruhe, comenzó como cirujano militar, llegando más tarde a profesor en
Heidelberg (1857), Erlangen (1859), Freiburg (1863) y Estrasburgo (1876).
Ludwig Traube (1818-76)
Sus estudios anteriores se habían referido a los
cambios en el color de los ojos (1845), a los efectos de la circulación en los
movimientos del iris (1856), a las relaciones entre la anemia y las
convulsiones epileptoideas (1857)- De la mayor importancia son sus monografías
a propósito de la psicología del niño recién nacido (1859), de la salivación
mercurial en su relación con la sífilis constitucional (1861), y de los
trastornos del lenguaje (1877). Ha sido el primero en describir la
«periarteritis nudosa» (1866)[767], la parálisis bulbar progresiva (1873) y el coma diabético con acetona
y un tipo especial de respiración («hambre de aire»), asociado a aquel estado
(1874)[768]. Ha trabajado mucho para hacer adelantar el conocimiento de la tetania
y de la osteomielitis. Igualmente brillantes son sus contribuciones al
diagnóstico y a la terapéutica. Ha inventado el concepto de «pulso paradójico»
(1873)[769]; ha sido el primero en diagnosticar durante la vida la embolia de la
arteria mesentérica (1864), el primero en intentar la esofagoscopia y la
gastroscopia (1869)[770], el primero en lavar el estómago con sonda de goma, como tratamiento de
la dilatación del estómago (1867-69), en tratar la úlcera gástrica con grandes
dosis de bismuto y en emplear la toracentesis (1868)[771]. Sus Jugenderinnerungen (1899) son una de las mejores
autobiografías que se conocen, conteniendo interesantes puntos de vista acerca
de los días gloriosos de la Nueva Escuela de Viena. En el día de Navidad de
1893 distribuyó entre sus amigos un volumen de poemas, impreso privadamente con
el pseudónimo de «Doctor Oribasius», Carl Gerhardt (1833-1902), de Speyer,
profesor en Jena (1861), Würzburg (1872) y Berlín (1885); se consagró
principalmente a la Medicina interna, a la Pediatría y a la Laringología.
Adolf Kussmaul (1822-1902)
Ha hecho trabajos importantes respecto del crup
laríngeo (1859), de la parálisis de las cuerdas vocales (1863-72), de los
tumores laríngeos (1896), de la sífilis de la laringe y de la tráquea (1898);
es el autor de un tratado de auscultación y percusión (1890) y de otro de
enfermedades de la infancia (1880) y editor de un gran manual de enfermedades
de los niños (1887). En 1865, continuando el descubrimiento, de Wilhelm Petter,
de la acetona en la diabetes (1857), ideó su reacción del percloruro de hierro
para el éter acetoacético en la orina acetonémica.
En relación con el nombre de Gerhardt, tenemos que
mencionar a los pediatras Eduard Heinrich Henoch (1820-1910), de Berlín,
discípulo de Schönlein y sobrino de Romberg, que ha escrito un tratado clínico
de enfermedades del abdomen (1852-58), una serie magistral de ensayos sobre las
enfermedades de los niños (1861-68), lecciones de Pediatría (1881) y ha
descrito la púrpura de Henoch (1874)[772] y el asma dispépsico (1876)[773]; al vienés Alois Bednar (el de las aftas de Bednar), cuyo tratado de
enfermedades de los niños (1850-53) es igualmente bien conocido, Theodor
Escherich (1857)[774] de Munich, cuyo tratado de las bacterias intestinales de los niños
contiene el primer estudio de las infecciones por el bacillus coli; Adolf
Baginsky (1843), de Berlín, autor de un manual de Higiene escolar (1876), un
libro de texto de Pediatría (1882), y muchos estudios diferentes; Heinrich
Finkelnstein (1865), que ha escrito el mejor tratado alemán de Pediatría
(1905-1912); el galiciano Adalbert Czerny (1863), que ha ideado el concepto de
«diátesis exudativa» (1907)[775], y, con Keller, ha separado los trastornos digestivos del niño de pecho
de los de las otras edades infantiles, dividiéndolos en infecciosos,
alimenticios o metabólicos y congénitos, y que ha clasificado los trastornos
nutritivos de los niños de pecho, de acuerdo con las relaciones metabólicas.
Eduard Heinrich Henoch (1820-1910) (Colección A. C. Klebs.)
En 1910, Meinhard Pfaundler y Arthur Schlossmann
han publicado un manual de Pediatría que ha sido traducido al inglés en 1912.
Hugo von Ziemssen (1829-1902), uno de los
discípulos de Virchow, ha sido profesor de Clínica médica en Erlangen (1863) y
(después de haber prestado sus servicios en la guerra franco-prusiana) en
Munich (1874), donde dirigió el hospital de la ciudad y fundó el primer
instituto clínico para la enseñanza de las especialidades (1877).
Ziemssen ha sido uno de los médicos enciclopedistas
cuya fama persiste todavía en la actualidad, unida a su Manual de -
Patología y Terapéutica especiales, en diez y siete volúmenes (1875-85).
Ernst von Leyden (1832-1910). (Compañía lotográfica de Berlín.)
Ha editado manuales de Terapéutica (1880-84),
Higiene (1882-86) y enfermedades de la piel (1883-84) y ha escrito innumerables
contribuciones sobre diferentes asuntos.
Ernst von Leyden (1832-1910), de Danzig, discípulo
de Schönlein y de Traube, sucesor de este último en Berlín en 1876, y sucesor,
además, de Frerichs en su clínica, a la muerte del mismo (1885). En 1894 fue
llamado a la corte de Rusia para asistir al zar Alejandro, de quien recibió, en
1895, una patente de nobleza. En 1879 ha fundado, con Frerichs, el Zeitschrift
für klinische Medizin, y en los últimos años de su vida era un activo
coeditor de otros varios periódicos. Adquirió una gran reputación en Berlín,
especializándose en neurología, siendo su obra más famosa unos estudios
clínicos sobre la tabes dorsal (1863-1901), la respiración en la fiebre (1870),
enfermedades de la médula (1874-76), poliomielitis y neuritis (1880), vómitos
periódicos (1882) y pronóstico de las afecciones cardíacas (1889). Ha trabajado
mucho en favor de la hospitalización de los enfermos tuberculosos en Alemania.
Hermann Nothnagel (1841 a I905), discípulo de
Traube y de Virchow, ayudante de Leyden en Königsberg (1865-68) y profesor en
Freiburgo (1872), Jena (1874) y Viena (1882-1905). Ha escrito un autorizado
tratado de Terapéutica (1870) y excelentes contribuciones a la neurología;
siendo especialmente famoso por su enciclopédico Manual de Patología y
lerapéutica especiales, en 24 volúmenes (1894-1905). Sus temas clínicos
favoritos son el diagnóstico de las enfermedades cerebrales (en las que ha
distinguido las enfermedades de los tálamos ópticos) y las enfermedades de los
intestinos y del peritoneo, acerca de los cuales ha escrito una clásica
monografía (1898). . Era un ardiente orador, un expresivo profesor y un hombre
de elevados ideales. Víctima de una angina de pecho, estudió estoicamente los
síntomas de su propia dolencia, publicándolos hasta el último momento[776].
Hermann Nothnagel (1841-1905) (Biblioteca Médica de Boston.)
Hermann Senator (1834-1911), de Gnesen (Polonia
prusiana), discípulo de Johannes Müller, de Schönlein y de Traube, fue uno de
los directores de la Charité en 1881, y después de la muerte de Frerichs tuvo
una clínica médica en la Policlínica universitaria (1888). Se ha hecho una
reputación por sus investigaciones acerca de la patología y tratamiento de la
fiebre (1873), de la diabetes (1879), de la albuminuria en estado de salud y en
las enfermedades (1882), que ha sido traducida por la New Sydenham Society (1890),
y de enfermedades del riñón (1896). Ha descrito, además, el flegmón
perifaríngeo infeccioso (1888).
Bernard Naunyn (1839), hijo de un burgomaestre de
Berlín, fue ayudante de la clínica de Frerichs por espacio de siete años;
después, profesor en Dorpat (1859), Berna (1872) y Königsberg (1872) y,
finalmente, sucedió a Kussmaul en Estrasburgo en 1888. Con Klebs y
Schmiedeberg, ha fundado los Archiv für experimentelle Pathologie und
Pharmakologie (1872), y, con Mikulicz, los Mittheilungen aus
den Grenzgebieten aer Medizin und Chirurgie (1896). De todos los
discípulos de Frerichs, Naunyn y Ehrlich han sido los que mejor han continuado
las tendencias del maestro hacia la patología experimental y la química
patológica. Prescindiendo de sus primeras investigaciones sobre los hidátides y
sobre la química de los trasudados, Naunyn ha consagrado su vida entera al estudio
del metabolismoen la diabetesy al de las enfermedades del hígado y del
páncreas, siendo sus más importantes obras el estudio clínico de la litiasis
biliar (1892)[777], y su monografía sobre la diabetes sacarina (1898)[778]. En la primera ha introducido el concepto nuevo de «colangitis» como
una inflamación de la membrana de revestimiento de los más finos conductos
biliares, determinando la obliteración de su luz; exponiendo la ictericia
catarral y la hepatitis sifilítica como formas primaria y secundaria de la
colangitis infecciosa, y considerando los cálculos biliares como el efecto más
bien que como la causa de la enfermedad. Su tratamiento de esta afección por el
drenaje de los conductos biliares demuestra cómo el clínico moderno puede
pensar quirúrgicamente lo mismo que el cirujano clínicamente.
Bernard Naunyn (1839)
El se opuso a la idea de Flint de que la
colesterina sea un producto específico de las secreciones hepáticas y del
metabolismo. Con su discípulo Stadelmann, ha introducido el concepto del coma
diabético como una acidosis fatal. Al venir Naunyn a Estrasburgo, su agresivo
temperamento prusiano se excitó por una gran cantidad de prejuicios y por la
oposición existente entre la población alsaciana, y tardó trece años en
triunfar, allí donde había fracasado incluso el suave Kussmaul, consiguiendo
transformar el antiguo hospital (construido en 1718) en uno espléndido de nueva
construcción (1901). A pesar de un cariñoso llamamiento de Viena, quiso
continuar en Alsacia, donde su grandísima habilidad clínica, su austero
cumplimiento del deber, su amor a la verdad, su fina y sarcástica ironía,
acabaron por hacer reconocer su mérito. Desde el punto de vista social, estaba
reconocido como hombre de la más vasta cultura, especialmente en música. Su
prometida autobiografía, a juzgar por los fragmentos publicados en 1908, debe
ser el libro más interesante de su género. Entre sus discípulos, muchos se han
distinguido en química patológica, como Ernst Stadelmann (1853), de Insterburg,
que ha investigado las relaciones del ácido β-oxibutírico con el coma diabético
(1883) y los efectos de los álcalis en el metabolismo (1890); ha descrito la
pentosuria (1894) y conM. Afanassyeff (1883), ha trabajado sobre la patogenia
de la ictericia tóxica y hemolítica (1891)[779]; Oscar Minkowski (1858), de Alexoten (Rusia), que ha descrito la
ictericia congénita acolúrica con esplenomegalia y urobilinuria (1900)[780], ha estudiado la presencia del ácido oxibutírico en la orina diabética
(1884), los efectos de la escisión del hígado en el metabolismo (1885) y, con
Joseph von Mehring, la producción de la diabetes por la escisión del páncreas
(1889-93); Max Schrader (1860), que ha efectuado valiosos estudios acerca de
los centros inhibidores del corazón (1886) y sobre fisiología comparada del
cerebro; y Adolf Magnus Levy (1865), cuyo nombre va especialmente asociado a
sus estudios del coma diabético y su tratamiento (1899-1909). A Naunyn y sus
discípulos debemos las mejores obras modernas de Patología química y
experimental.
Joseph von Mering (1849), de Colonia, discípulo de
Frerichs y Hoppe-Seyler; ha investigado la diabetes por la floricina (1886), y
ha colaborado con Minkowski en la obra experimental de la diabetes pancreática
(1889).
Carl von Noorden (1858), de Bonn, profesor en
Franckfort (1893) Y sucesor de Nothnagel en Viena (1906), ha hecho importantes
estudios acerca de la albuminuria fisiológica (1885), desórdenes del
metabolismo (1892-95) y tratamiento de los mismos (1909). Sus discípulos H.
Eppinger, W. Falta y C. Rüdinger han trabajado mucho en el desenvolvimiento de
la doctrina de la correlación de las secreciones internas de las glándulas sin
conductos excretores (1908-09).
Friedrich Müller (1858), de Augsburg, discípulo de
Voif y Gerhardt, sucesor de Biermer en Breslau (1890) y profesor,
sucesivamente, en Marburg (1892), Basilea (1899) y Munich (1902), en donde su
clínica es, en la actualidad, una de las más ampliamente frecuentadas de
Europa. Hábil internista y neurólogo, es, tal vez, el maestro más científico de
la Medicina interna en el momento presente.
Cari Antón Ewald (1845-1915), de Berlín, discípulo
de Frerichs y sucesor de Senator en el Augusto Hospital (1886); es bien
conocido de todo el mundo por su gran obra a propósito de los trastornos de la
digestión (1879-88), su empleo del cateterismo para explorar el contenido del
estómago (1875) y sus «comidas de prueba», que ha ideado (1885) con su
discípulo Ismar Boas (1858) de Exin (Posen), cuyas obras sobre enfermedades del
estómago (1890-93) y enfermedades del intestino (1899) son también grandemente
apreciadas. Boas ha fundado la primer policlínica para afecciones
gastrointestinales en Alemania (Berlín, 1886). Ewald ha sido editor del Berliner
klinische Wochenschrift (1881-1907), bibliotecario de la Sociedad
Médica Berlinesa y una autoridad en el pronóstico.
Ernst Finger (1856), de Viena; Hermann von Zeissl
(1817-84), de Zwittau (Moravia), y su hijo Maximilian von Zeissl (1853), de
Viena, se han distinguido también en el terreno de las afecciones
génito-urinarias y venéreas.
Del brillante grupo de clínicos y epidemiólogos
italianos, Angelo Dubini fue el primero en describir la anquilostomiasis en
Europa (1843) y la corea eléctrica (1846); Salvatore Tommasi (1813-88), de
Turín, que reformó la medicina italiana, barriendo las teorías de Rasori en el
Norte de Italia; las de Bufalini, en la Italia Central, y las de la escuela
dietética, en el Sur, en favor de la interpretación fisiológica de la
Patología; el veterano Guido Baccelli (1832-1916), de Roma, que es
extraordinariamente conocido por su descripción, de la pectoriloquia áfona en
los derrames pleuríticos (signo de Baccelli, 1875), por sus métodos de
tratamiento del aneurisma aórtico por la introducción de un hilo metálico a
través de sus paredes (1876) y por el tratamiento del paludismo por medio de
las inyecciones de quinina (1890); de la sífilis, con las inyecciones de
sublimado corrosivo (1894), Y del tétanos, con ácido fénico
(1905); Camillo Golgi (1844-1914), el eminente histólogo; Corrado
Tommasi-Crudeli (1834-1900),
de Roma, discípulo de Virchow; Ettore Marchiafava
(1847-1916), Angelo Celli (1858-1914); Battista Grassi (1855), y Amico Bignami,
que han hecho brillantes y positivos trabajos sobre el paludismo; Pietro Grocco
(1856-1916), de Pavía, ha descrito la zona de sonido obscuro paravertebral en
el lado opuesto del exudado pleurítico (triángulo de Grocco, 1902J; Guido Banti
describe ia anemia esplenomegálica (1898); Adelchi Negri (1876-1912) ha
descubierto los cuerpos de Negri en la hidrofobia (1903 a 1904); Aldo Castellani
ha encontrado el tripanosoma gambiense de Dutton en la sangre de los afectos de
enfermedad del sueño (1903), ha descubierto el espiroqueta de la frambuesa
(enfermedad tropical, 1905) y ha escrito, con A. J. Chalmers, el mejor libro
moderno de medicina tropical (1910); Edoardo Maragliano (1849), de Génova,
famoso por sus trabajos sobre la tuberculosis; Giuseppe Sanarelli, por sus
investigaciones sobre la fiebre amarilla, y Giuseppe Guarnieri, por sus
trabajos sobre los supuestos parásitos de la viruela y de la vacuna (1894).
Los clínicos y patólogos más notables del Guy’s
Hospital durante el último período del siglo XIX son Gull, Wilks e Hilton
Fagge, Sir William Withey Gull (1816-90), de Cólchester (Inglaterra), graduado
en la Universidad de Londres (1846) y asociado muy pronto al Guy’s Hospital,
donde enseñó Medicina todo el resto de su vida. fue uno de los primeros en
hacer notar las lesiones posteriores de la médula espinal en la ataxia
locomotriz progresiva (1856-58)[781], en describir la hemoglobinuria intermitente (1866)[782], el mixedema (1873)[783], y con Sutcon, la «arteriocapillary fibrosis» en la nefritis crónica
(1872)[784], y demostró que el concepto de «enfermedad de Bright» representa algo
más que una afección local del riñón. Ha escrito, además, sobre obstrucciones
vasculares, abscesos cerebrales, «anorexia nerviosa» y urticaria facticia, y ha
descrito, con Addison, el «vitiligo» o xantelasma (1851-52)[785] Ha sido uno de los primeros en emplear el helecho macho en el
tratamiento de la tenia solium (1855) y la electricidad
estática en el tratamiento de las afecciones nerviosas (1852)[786].
Era uno de los más grandes prácticos de su tiempo;
de aspecto napoleónico, ingenioso, genial, atractivo y encantador maestro. Se
dice que fascinaba a sus enfermos, incluso en aquellos casos de dolores
irremediables; pero, aunque era adorado por sus discípulos, era algunas veces
repelido por sus colegas por sus magistrales maneras y por su imperioso
temperamento.
Sir William Withey Gull (1816-1890)
Sus agudos epigramas: «Los salvajes explican, la
ciencia investiga». «Usted es un hombre sano fuera de la salud», dirigido a
calmar a un incómodo hipocondríaco, son citados como frecuentes. Definía a una
señora neurósica como «Mrs. A. multiplicada por cuatro», y decía a otra:
«Señora, usted tiene un corazón fatigado». Se oponía a la anestesia quirúrgica
con parecidas agudezas, a pesar de que, en realidad, obtenía notables éxitos
con cuantos medicamentos usaba. «El camino de la Medicina, solía decir, va hacia
el Museo Hunteriano y no hacia la tienda de ningún botánico». Dejó una fortuna
de 344.000 libras esterlinas (1.720.000 duros=8.000.000 pesetas), hecho casi
sin precedentes en la historia de la Medicina.
Sir Samuel Wilks (1824-1911), de Camberwell
(Inglaterra), estuvo asociado al Guy’s Hospital durante toda su vida, y en sus
encantadoras Biographical Reminiscences (1911) aparece como su
leal historiador, refiriendo los descubrimientos de sus colegas con escrupulosa
fidelidad y estableciendo varios puntos de prioridad. Los escritos de Wilks han
dado, en realidad, a las enfermedades que han llevado posteriormente los
nombres de Bright, Addison y Hodgkin su puesto en la medicina inglesa.
Sir Samuel Wilks (1824-1911)
El, por su parte, ha introducido el término «fiebre
entérica»; ha sido uno de los primeros en el estudio de la sífilis visceral
(1857-63)[787]; ha dejado claras descripciones de algunos raros estados, como osteítis
deformantes (1868)[788], acromegalia (1869)[789]; ha dado una clásica descripción de la paraplejía alcohólica (1868)[790], y, como dermatólogo, ha descrito la lineal atrophicae de
la piel (1861)[791] y las verrugas de la sala de disección (yerrucae
necrogenicae) o tuberculosis subcutánea (1862)[792]. Wilks era una personalidad de bondad y encanto poco frecuentes,
descrito por Osler como-el hombre más hermoso de Londres de su tiempo, con «una
espléndida cabeza y alegres ojos azules, un hombre cuyo sí era sí, y cuyo no
era no». Sus lecciones de Anatomía patológica (1859, reeditadas por Walter
Moxon, 1875), y sobre las enfermedades del sistema nervioso (1878), han sido
las fuentes de estos conocimientos para los estudiantes ingleses de su época.
Charles Hilton Fagge (1838-83), de Hythe
(Inglaterra), editor de los Reports del Guys Hospital, era un hábil
patólogo y clínico, una autoridad en las enfermedades del corazón, un
investigador del cretinismo y del raquitismo, un experto dermatólogo. Ha hecho
la traducción de la obra de Hebra para la Sydenham Society (1866-68), agrupando
queloides, morfea y lepra espuria bajo la categoría de «escleriasis» (1867), y
dado la descripción clásica de ileo gastromesentérico (1869)[793], enunciado primeramente por Rokitansky. Sus Principies
andPractice o f Medicine (1885-86), que ha sido completada por
Pye-Smith y Wilks después de su muerte, es uno de los mejores libros de su
época.
Golding Bird (1814-54), de Downham (Norfolk), ha
descrito la oxaluria, ha escrito un importante libro sobre «Depósitos
urinarios» (1844), y ha trabajado mucho acerca de la electroterapia estática
(1841-49), que ha empleado con éxito en el tratamiento de la amenorrea.
Frederick William Pavy (1829-1911) de Wroughton
(Wiltshire), graduado en la Universidad de Londres (1850-53), ha dado lecciones
en el Guy’s Hospital de 1856 a 1877, ha trabajado con Claudio Bernard en 1853 y
ha defendido toda su vida la tesis de que el hígado no es un depósito de
hidratos de carbono aprovechables.
Tomaba como punto de partida el hecho de que la
sangre, tomada de la vena cava inferior de un animal inmediatamente después de
haber sido sacrificado por brusco golpe en la cabeza, no contiene azúcar, de lo
que Pavy deducía que el exceso de azúcar obtenido por Bernard del hígado era
debido enteramente a los cambios post-mortem del órgano. Pavy
sostiene que el azúcar se descompone y se convierte en grasa y proteínas en el
intestino, penetrando en el hígado únicamente cuando existe en exceso. Por
muchos argumentos ingeniosos, basados en el original trabajo experimental,
demostraba que el hígado no transforma el glucógeno en azúcar durante la vida,
que el oxígeno no destruye el azúcar en la sangre, y que es el glucógeno mismo
el que existe en la sangre; pero como su conocimiento de esta materia iba
avanzando, sus puntos de vista fueron inconscientemente modificándose, hasta
llegar finalmente a pensar como Claudio Bernard. Gowland Hopkins recuerda el
hecho patético e irónico de que el último experimento efectuado por Pavy
demostraba que más de 150 gramos de dextrosa por hora pueden ser inyectados en
la sangre sin que aparezcan en la orina, lo que destruye el principal argumento
sobre que basaba su doctrina. Pavy era indudablemente justo, sin embargo,
creyendo que se ha exagerado mucho sobre el hígado como productor de azúcar. Ha
sido el primero en describir la albuminuria cíclica o de la actitud (1885), y
la artritis de la tifoidea conocida con el nombre de «articulación de Pavy», y
es asimismo famoso por la sustitución que ha hecho, en el licor de Fehling, del
amoníaco por la potasa cáustica (líquido azul de Pavy), que, como bolos de
Pavy, han sido de las primeras preparaciones en forma de tabloides. Tenía
probablemente la más extensa práctica de Londres en casos de diabetes, en el
tratamiento de la cual era especialmente afortunado, constituyendo su Treatise
on Food and Dietetics (1874) una señal de su reputación como
investigador del metabolismo.
Sir William Jenner (1815-98), de Chatham
(Inglaterra), profesor del Colegio Universitario de Londres y médico de la
Reina Victoria, era el gran rival de Gull en la práctica, siendo tan afortunado
como aquél y dejando también una fortuna de 375.000 libras (1.875.000 duros =
9.375.000 pesetas). Era un hombre de instrucción sólida y hábil, cuya fama
persiste todavía por el recuerdo de que, gracias a un examen rígido, clínica y
patológicamente, de treinta y seis casos, pudo separar el tifus de la fiebre
tifoidea (1849)[794], aunque diez años más tarde que Gerhard en América.
Charles West (1816-98), de Londres, era
especialista en Ginecología, Obstetricia y Pediatría, y sus Lecciones
sobre enfermedades de los niños eran el mejor libro inglés de su
época, habiendo sido traducido a diferentes idiomas, incluso al alemán por
Henoch. Dio las «Lumleian lectures» sobre trastornos nerviosos de la infancia
(1871).
Otros eminentes prácticos ingleses de la época son:
John Hunghes Bennett (1812-75), que describió la leucemia (1845); Charles J. B.
Williams (1805-89), que era, en su tiempo, una autoridad en la tisis y
enfermedades torácicas; Thomas Blizard Curling (1811-88), que fue el primero en
llamar la atención hacia el mixedema (1850); sir Alfred Baring Garrod
(1819-1907), que ha ideado «la prueba del hilo» en la gota (1848-54)[795] y ha escrito un importante tratado acerca de esta enfermedad
(1859); William Brinton (1823-67), que ha descrito la linitis plástica en su
obra sobre Diseases of the Stomach (1859); sir Thomas Barlow
(1845), que ha sido el primero en describir el escorbuto infantil (enfermedad
de Barlow (1876-82)[796] y George Frederick Still (1868), que ha descrito la artritis
deformante en los niños (enfermedad de Still, 1896[797].
Sir Thomas Clifford Allbutt (1836), profesor regio
de Física enla Universidad de Cambridge, ha dado una de las más antiguas
descripciones de los síntomas articulares de la ataxia locomotriz progresiva
(1856-58)[798]; es autor de las lecciones goulstonianas sobre neurosis viscerales
(1884), de las lecciones Lañe sobre enfermedades del corazón (1896) y es el
editor de un útil y erudito sistema médico (1896-1907). Su tratado, en dos
tomos, de enfermedades de las arterias (1915) resume su labor propia y original
acerca de la circulación. Sus valiosos estudios sobre la ciencia medieval
(1901) y la cirugía medieval (1905), sobre la Medicina griega en Roma (1909)[799] y sobre la Medicina bizantina (1913)[800] le asignan un puesto único entre los historiadores de la Medicina.
Pocos se le aproximan en la belleza de su estilo y en el poder que posee de
estimular el pensamiento.
Sir William Osler (1849), de Bond Head (Canadá),
profesor regio de Medicina en la Universidad de Oxford (1904), ha sido profesor
en su alma mater, la McGill University (1874-84), en la Universidad
de Pensilvania (1884-89) y en la Johns Hopkins University (1889-1904), donde
trabajó aún más por desenvolver la enseñanza de la Medicina interna en los
servicios hospitalarios. Ha sido uno de los más antiguos investigadores de las
plaquetas sanguíneas (1873), ha descrito las complicaciones viscerales del
eritema multiforme (1895), una forma de telagiectasia múltiple (1901), la
cianosis múltiple con policitemia y aumento de volumen del bazo (1903); ha
dedicado monografías especiales al estudio de las parálisis cerebrales de los
niños (1889), la corea (1894), los tumores abdominales (1895), angina de pecho
(1897), cáncer del estómago (1900), y ha hecho muchos Filigranarbeit,
como la descripción de las tumefacciones eritematosas (manchas de Osler) en los
casos de endocarditis maligna (1908). Sus Principies and Practice of
Medicine (1892) son el mejor libro de texto inglés del asunto en la
época moderna; sus estudios de Linacre (1908), un estudiante de Alabama (1908),
Servetus (Miguel Servet) [1910] y otros asuntos figuran entre las más
atractivas de las modernas contribuciones a la historia de la Medicina. En este
campo es especialmente notable por sus estudios acerca de la labor de los
antiguos clínicos americanos, cuyo estado moderno también ha hecho mucho por
establecer. Es, además, el editor de la Medicina Moderna (1910).
En la clínica de Osler, en Johns Hopkins Hospital,
se ha realizado mucha labor científica, como los estudios sobre el paludismo,
de W. S. Thayer y otros (1886-1902); las investigaciones respecto de la
disentería amibiana, por William T. Councilman y Henri A. Lafleur (1890-91); el
hallazgo de los microorganismos en la endocarditis blenorrágica y en la
septicemia, por W. S. Thayer y George Blumer (1896); los estudios de la
eosinofilia en la triquinosis, por Thayer y Thomas R. Brown (1897-98); la
demostración de la conjugación sexual en los parásitos palúdicos, por William
G. McCallum y Eugéne L. Opie (1897-98) y un acabado estudio del neumotórax por
Charles P. Emerson (1903).
Lewellys Franklin Barker (1867), de Norwich
(Ontario), que ha sucedido a Osler como médico jefe en el Johns Hopkins
Hospital, ha hecho adelantar mucho el estudio de la Anatomía en América con sus
trabajos sobre el sistema nervioso (1899), la nomenclatura anatómica (1907), su
traducción del Atlas Manual de Spalteholtz (1900) y su Manual
de Laboratorio (1904), y ha añadido, además, mucho a la literatura de
la neurología y de la patología clínica. En 1896 ha descrito el único caso de
«parálisis sensorial circunscrita unilateral y electiva», análogo en sus
síntomas a la autoobservación de Henry Head; y, con Frederick M. Hanes (1909),
los signos oculares de las nefritis crónicas. Con F. J. Sladen ha hecho,
además, interesantes estudios clínicos y farmacológicos del sistema autonómico
(1910-13), y es el autor de un completo tratado del diagnóstico (1916).
William Sydney Thayer (1864), de Milton
(Massachusetts), profesor de Clínica médica en la Johns Hopkins University, ha
llevado a cabo extensas investigaciones sobre la fiebre palúdica (1895-97) y la
fiebre tifoidea (1904). Ya hemos aludido anteriormente a sus observaciones
acerca de la endocarditis blenorrágica y de la triquinosis. Además, ha hecho la
primera citación clínica del tercer sonido del corazón (1908).
De los otros médicos americanos, Austin Flint, Sr.
(1812-86), de Petersham (Massachusetts), fue durante su vida una autoridad en
clínica médica y en auscultación, revelada en sus tratados sobre práctica
(1866), percusión y auscultación (1876), y ética médica (1883). Su monografía
acerca de la tisis «continúa siendo valiosa actualmente (Osler). Su hijo,
August Flint, Jr., era un eminente fisiólogo.
Alfred L. Loomis (1831-1895), de Bennington
(Vermout), se estableció en la ciudad de Nueva York, escribiendo el mejor libro
de texto americano sobre Diagnóstico Físico (1873), queaun
puede, en la actualidad, ser consultado sobre varios asuntos.
William Pepper (1843-98), natural de Filadelfia, ha
descrito las modificaciones de la médula ósea en la anemia perniciosa (1875),
ha escrito varios buenos trabajos y ha editado el primero y grande «Sistema de
la Medicina» (1886) americano; pero, aparte de su gran práctica, sus
actividades se han consagrado principalmente a la Universidad de Pensilvania,
de la que ha sido preboste (1881 a 94), y donde ha aumentado considerablemente
las facilidades para la educación médica.
Jacob M. Da Costa (1833-1900), de Filadelfia, el
más completo de los discípulos de Trousseau, ha escrito un típico tratado del
diagnóstico (1864) y ha trabajado mucho a propósito de las afecciones
funcionales del corazón. Ha sido, tal vez, el más hábil profesor de Clínica en
los Estados Orientales, y sus ideas sobre la percusión respiratoria han sido
adoptadas por Friedrich, y sus puntos de vista acerca del tifus, por Jaccoud.
Ha descrito el corazón irritable de los soldados (1862-71), que fue notado igualmente
por Alfred Stillé (1813-1900), quien ha desempeñado un importante papel en el
establecimiento de la individualidad del tifus y de la fiebre tifoidea (1838),
y era, asimismo, un eminente profesor de Patología.
Nathan Smith Davis (1817-1904), de Chicago, y tal
vez el principal médico práctico de la ciudad en su tiempo; ha sido el padre de
la Asociación Médica Americana y el autor de una buena Historia de la
Educación e Instituciones Médicas en los Estados Unidos (1851).
James Tyson (1841), de Filadelfia, profesor de
Patología (1876-89) y práctica (1899-1910) de la Universidad de Pensilvania,
siendo extraordinariamente conocido por sus admirables obras sobre doctrina
celular (1870), examen de las orinas (1875), diagnóstico físico (1891),
práctica (1896), y, especialmente, su monografía de enfermedad de Bright y
diabetes (1881).
Jacob M. Da Costa (1833-1900)
Frank Billings (1854), de Highland (Wiscousin),
profesor de Medicina en la Universidad de Chicago, editó la lerapéutica
de las enfermedades internas (1914), de Frederick Forchheimer, y, con
E. C. Rosenow y otros, desarrolló la teoría de la infección focal por las
bacterias del grupo de los estreptococos y neumococos, por la vía de los
dientes, amígdalas y otras puertas de entrada (1909-16)[801].
Henry Leopold Elsner (1857-1916), difunto profesor
de Medicina de la Universidad de Syracusa, resume la experiencia de toda su
vida en su voluminoso tratado del pronóstico (1916), casi la única obra
importante de la materia después de la de Prosper Alpinus (1601).
Richard Clarke Cabot (1868), de Brookline (Mass.),
autor de diferentes tratados del diagnóstico (1896-1901), es un antiguo
trabajador de los protocolos de la presión sanguínea (1903), discutiendo la
seguridad y certeza de la mayoría de los diagnósticos de hospital, con lo que
atestiguan los datos de las autopsias, e iniciando la idea de enseñar
la medicina con la exposición de los casos, de lo que ha dado ejemplo en su
propio tratado (1906), su Diagnóstico diferencial de 702 casos
(1911-15) y las subsiguientes colecciones de James Gregory Mumford en Cirugía
(1911), E. W. Taylor en Neurología (1911) y John Lovett Morse en Pediatría
(1913).
Theodore Caldwell Janeway (1872), profesor de
Medicina en la Johns Hopkins University (1914), es autor de los Estudios
clíninos sobre la presión sanguínea (1914).
Abraham Jacobi (1830), de Hartum (Vesfalia),
graduado en Bonn (1851), fue detenido por su participación en la revolución
alemana de 1848, estableciéndose en Nueva York en 1853, donde es en la
actualidad respetado y honrado como uno de los más sabios prácticos de la
región y como el Néstor de los paidópatas americanos, habiendo enseñado esta
especialidad en diferentes escuelas médicas de Nueva York por espacio de
cuarenta y dos años. En 1857 comenzó a dar lecciones de Pediatría en el Colegio
de Médicos y Cirujanos, y así «apretó el botón que había de poner en movimiento
la clínica paidológica» (Adams). Se ha debido a sus esfuerzos el que el Colegio
Médico de Nueva York haya establecido la primera clínica de Pediatría de la
región (1860). Ha sido el fundador y el editor del American Journal of
Obsteirics (1868-71), y es autor de obras sobre trastornos de la
denticióm (1862), régimen de la infancia (1872-75), difteria (1876-1880),
enfermedades de la glándula timo (1889) y Pediatría (1896-1903). En 1854
construyó un laringoscopio ideado por él. Ha desempeñado un importante papel en
el progreso de la Medicina americana, y ha escrito numerosos discursos, que se
distinguen por lo delicado de su ingenio, lo amplio de su erudición y lo exacto
de su juicio (Colección Jacobi, 1909). Ha escrito, además, la autorizada
monografía sobre la Pediatría americana (Baginsky-Festschrift,
1913).
La nutrición infantil ha sido elevada sobre una
base científica por Thomas Morgan Rotch (1849-1914), de Filadelfia, graduado en
Medicina en Harvard (1874), y profesor de Pedriatría en 1888. Comprendiendo que
los esfuerzos anteriores de Meigs y Pepper para hacer análoga la leche de vacas
a la leche de mujer por los análisis comparativos fracasaban por las faltas
específicas de grasa, azúcar o proteína en diferentes niños, inventó su método
de calcular el alimento en proporciones centesimales, en el que aquellos
elementos se administraban en la proporción debida. Fundó el primer laboratorio
para la leche (Walker-Gordon) en Boston (1891), que ha sido pronto seguido por
la fundación de otro en Londres, y por sus estudios de substituciones y tantos
por ciento en el alimento y por la necesidad de vigilar este género de
laboratorios, dio origen a un movimiento en favor de la limpieza e higiene de
la provisión de leche. Además, ha fundado el hospital de niños de Boston y ha
escrito un importante tratado de Pediatría (1896).
John M. Keating ha editado una enciclopedia (1889);
Louis Starr, un libro americano, de texto, sobre Pediatría; Linneus E. La Fetra
ha editado la traducción del Handbuch de Pfaundler y
Schlossmann (1912) y hay en preparación un Sistema de Pediatría por Isaac A. Abt
(1867), de Chicago.
Henry Dwight Chapín (1857), de New York, ha escrito
tratados de alimentación de los niños (1902) y de Pediatría (1909). Chapín y
Luther Emmet Holt (1855) de Webster (N. Y.), autor de tratados sobre la
alimentación de los niños (1894-1915) y de Pediatría (1897-1916), son los
defensores de la leche reforzada, leche integral, de las mezclas de leche
desnatada y de otros modos de maternización de la leche, que han sido seguidas
de los cocimientos de cereales, recomendados por Jacobi y Chapín, y por la
completa pasteurización o ebullición de la leche. Henry L. Coit se ha
preocupado de la creación de comisiones para la leche, con el fin de asegurar
un abastecimiento de leche pura a las grandes ciudades. En nuestra región, la
ailmentación individual de cada niño especial, en relación con sus necesidades,
parece ser preferible al método alemán de calcular el alimento en calorías con
arreglo al peso del niño, ideado por Finkelstein[802].
Mucha buena obra ha sido hecha en América por
maestros y médicos prácticos, como los Jackson, los Shattuck, los Bowditch, los
Minot, James J. Putnam, R. C. Cabot (Boston); Charles L. Dana, L. E. Holt, T.
Mitchell Prudden, Frank P. Foster, Joseph Collins, M. Alien Starr (New York);
los Mitchell, James M. Anders, Wharton Sinkler, John H. Musser, Alfred Stengel
(Filadelfia); Eugene F. Cordell, Frank Donaldson, Thomas B. Futcher, H. B.
Jacobs, Henry M. Thomas, John C. Hemmeter (Baltimore); Samuel C. Busey, W. W.
Johnston. D. S. Lamb, S. S. Adams, George M. Kober, J. B. Nichols (Washington,
D. C.); James B. Herrick, Frank Billings, Henry Baird Favill (Chicago); Charles
F. Hoover (Cleveland); George Dock, W. J. Calvert (Saint-Louis), Joseph Jones,
Edmond Souchon, A. W. de Roaldés (laringología); Isadore Dyer (lepra, Nueva
Orleans); Henry Sewall, Walter A. Jayne, Charles D. Spivak (Denver), y, en
Canadá, por médicos como Robert Palmer Hovard James Bovell, George Ross, A. D.
Blackader, sir James Grant y J. George Adami, para no mencionar más que algunos
nombres. De los muchos e importantes adelantos en los métodos de diagnóstico,
mencionaremos el método gráfico de investigar el pulso, ideado por Karl
Vierordt (1855); una sugestión de A. Stich para usar los reflejos en el
diagnóstico (1856); el esfigmógrafo de Étienne-Jules-Marey (1860); los
esfigmomanómetros de Ritter von Basch (1881), C. Potain (esfigmomanómetro de
aire, 1889), Scipione Riva-Rocci (1896) y Leonard Hill (1897); el tonómetro de
Gustav Gaertner (1899); la invención de la esofagoscopia, por Kussmaul (1868);
de la cistoscopia, uretroscopia y rectoscopia, porMax Nitze (1877); de la
gastroscopia, por Mikulicz (1881); de la gastrodiafanía, por Max Eihnorn
(1889); de la autoscopia de las vías aéreas, por Alfred Kirstein (1895); de la
broncoscopia directa y laringoscopia por suspensión, por Gustav Killian
(1898-1912); por encima de todo, los Rayos X, por Wilhelm Conrad Róntc. en
(1893); el signo de Kernig, en la meningitis cerebroespinal (1884); el signo de
Henry Koplik, en el sarampión (1898); el triángulo de Pietro Grocco, en la
pleuresía (1902); la diferenciación de la pseudocirrosis pericardíaca del
hígado (enfermedad de Pick), por Bamberger (1872) y F. J. Pick (1896), y
algunas fases del análisis de las orinas, como el método de Fehling, para el
azúcar (1848); el de Bence-Jones, para los proteidos (1848); indicanuria (Max
Jaffé, 1877); la modificación de Salkowski de la prueba de Trommer, para la
glucosa en la orina (1879); la observación de Wilhelm Ebstein de la
colindruria, en el coma diabético (1881); la prueba de E. Legal, para la
acetonuria (1882); la diazorreacción, de Ehrlich (1882); la prueba de Rudolf
von Jaksch, para la acetonuria y la diaceturia (1885); la prueba de Matthew
Hay, para la bilis (1886); el modo de F. Gowland Hopkins de calcular el ácido
úrico (1893); la crioscopia, ideada por Sonder Koranyi (1894); la prueba de la
pentosuria, por Ernst Salkowski (1892-95), y la prueba para la misma, de M.
Bial (1903); la prueba dePercy John Cammidge en las enfermedades del páncreas
(1904); la poliuria experimental, de Albarrán (1905); la constante ureica, de
L. Ambard (1910), y la prueba de la fenolftaleína en las enfermedades del
riñón, descrita por L. G. Rowntree y Geraghty (1910). Max Einhorn (1862), de
Rusia, graduado en Berlín y profesor de New York, ha realizado muchas
ingeniosas adiciones ala gastropatología, como, por ejemplo, la
gastrodiafanoscopia (1887), los cubitos gástricos (1890), y esofagoscopia
(1901), radiodiafanía (1904), el examen por medio de las cápsulas (1907), la
sonda duodenal (1908) y los dilatores del cardias (1909) y del píloro (1910)[803].
La neurología moderna es principalmente de origen
francés, derivando de Duchenne de Boulogne, a través de Charcot y sus
discípulos.
En el siglo XVIII Johann Peter Frank ha publicado
un resumen especial para el estudio de las enfermedades de la médula espinal
(1792); Fothergill ha descrito la neuralgia facial (1773); Whytt, la meningitis
tuberculosa (1768); Cotugno, la ciática (1770); Pott, la parálisis por
compresión por deformidad de la columna vertebral (1779); Lettsom, la tendencia
a los medicamentos y el alcoholismo (1786); Nikolaus Friedreich, la hemiplejía
facial (1797), y JohnHaslam, la parálisis general (1798). En la primera parte
del siglo XIX ha sido descrita la hidropesía cerebral, por George Cheyne
(1808); el delirium tremens, por Thomas Sutton (1813) y John War (1831); la
tetania, por J. Clarke (1815), S. L. Steinheim (1830) y J. B. H. Dance (1832);
la parálisis agitante, por Parkinson (1817); el reblandecimiento cerebral, por
Rostan (1820); la neuritis alcohólica, por James Jackson (1822); el neuroma,
por W. Wood (1829); la corea eléctrica, por Angelo Dubini (1846). La epilepsia
y la hemiplejia espinal han sido conocidas desde los griegos, y la corea desde
Sydenham. La tabes dorsal ha sido vagamente considerada por Schelhammer (1691)
y Brendel (1749), y ha sido el asunto de las disertaciones de los discípulos de
Ernst Horn, Loewenhard (1817), von Weidembach (1817), Schesmer (1819) y Gossow
(1825); pero de este último piensa Max Neuburger que realmente presenta casos
de neurastenia prostática. El modo de considerar Horn esta enfermedad,
defectuosa en su patología y semiologia, le encontramos en la disertación de su
hijo, Wilhelm vor Horn (1827). En 1844, Steinthal dio una descripción completa
y notablemente exacta de la marcha característica, la parestesia, los dolores
fulgurantes, las crisis gástricas y vesicales y la amaurosis; pero todo ello
fue bien pronto olvidado[804].
El primer adelanto real en el diagnóstico de la
tabes ha sido llevado a cabo por Moritz Heinrich Romberg (1795-1873), de
Meiningen, graduado en Berlín en 1817 (siendo su tesis una clásica descripción
de la acondroplasia); fue profesor en 1838.
Moritz Heinrich Romberg (1795-1873)
Su Lehrbuch der Nervenkrankheiten (1840-46)
ha sido el primer tratado formal de las enfermedades nerviosas y ha hecho época
por su cuidadosa reunión de los datos hasta entonces dispersos, sus
descripciones clínicas, claras y precisas y su intento de un tratamiento
sistemático. Contiene (en la pág. 795) el bien conocido «signo patognomónico»
de que los atáxicos no pueden estar de pie con los ojos cerrados («signo de
Romberg») y una descripción de la « neuralgia ciliar».
La «Clínica propedéutica» de Romberg, en Berlín,
instituida en 1834, era muy frecuentada por las ventajas que derivaban del
diagnóstico llevado a cabo por medio del examen físico.
Guillaume-Benjamín-Amand-Duchenne, de Boulogne (1806-75). (De una tarjeta
fotográfica en la Biblioteca General de Cirugía.)
Guillaume-Benjamín-Amand Dúchenme (1806-75), que,
como dice Collins, encontró la neurología «como un niño juguetón de padres
desconocidos, al que él asistió hasta una lozana juventud», descendía de una
larga línea de marinos de Boulogne y tenía un amor innato a la ciencia, que le
defendió contra el deseo de sus padres de que fuese también marino. Trasladado
a París, estudió con Laénnec, Dupuytren, Magendie y Cruveilhier, graduándose en
1831 y practicando después, durante algunos años, en Boulogne, y trasladado más
tarde a París, se consagró toda su vida a la neurología y a la
electrofisiología. El método que tenía de proseguir sus estudios era peculiar.
Con su tipo original, como un marinero que fuese callejeando, frecuentaba
diariamente todos los grandes hospitales de París, husmeando los casos dignos
de estudio, sosteniendo frecuentes discusiones con los internos y médicos
jefes, que solían reírse de sus trabajos, y siguiendo los casos interesantes de
hospital en hospital, incluso a sus propias expensas. Todo esto lo hacía de un
modo excéntrico y poco convencional, que alguna vez le hacía sospechoso y le
hacía sufrir alguna reprimenda; pero la sinceridad del hombre, su transparente
honradez y su desinteresado amor a la ciencia por la ciencia misma, pronto triunfaron
de toda oposición, y más adelante, cuando su reputación estaba hecha, era
recibido en todas partes con la más calurosa simpatía. Siendo muy tímido y
hasta inarticulado para hablar al público, era auxiliado por su amigo, el
amplio y generoso espíritu de Trousseau, que, lleno de afecto hacia Duchenne,
frecuentemente expuso con éxito las ideas de éste en las Sociedades médicas.
Faraday descubrió las corrientes inducidas en 1831,
y Duchenne las empleó en el tratamiento de las parálisis y de otras afecciones
nerviosas. Se dedicó primeramente a clasificar la electrofisiología de todo el
sistema muscular, estudiando las funciones de los músculos aislados en relación
con los movimientos del cuerpo, y resumiendo los resultados obtenidos en su
obra De Velectrisation localisée (1855). Demostraba, con la
observación, que una corriente de dos electrodos aplicada a la piel humedecida
puede estimular los músculos, sin afectar la piel, y fue la brillante
aplicación de este principio a las condiciones patológicas la que le
proporcionó tantos finos puntos de vista en el diagnóstico de las afecciones
nerviosas, convirtiéndole en el fundador de la electroterapia, en lo que fue
seguido por Remak, Ziemssen y Erb. Su análisis electrofisiológico del mecanismo
de la expresión facial, bajo la emoción, ilustrada con muchos notables
fotograbados (1862)[805], sólo encuentra análogo, desde el punto de vista de la observación, con
la obra de Darwin. Ha sido el primero en distinguir las diferentes formas de la
parálisis saturnina y de la parálisis facial, por lesiones del cerebro o de los
nervios, incluyendo las formas reumáticas y lagrimales. Pero el gran campo de
sus estudios fueron las afecciones de la médula espinal. En 1840, Jacob von
Heine (1800-79). de Canstatt, ha descrito la parálisis infantil como una lesión
espinal[806]; pero, a pesar de su descripción, esta enfermedad era usualmente
considerada como una miastenia por inactividad. Duchenne estableció que
semejante profundo trastorno de la locomoción sólo aparece a consecuencia de
una lesión definitiva, que él localizaba en las astas anteriores de la médula
espinal (1855), siendo su modo de ver confirmado posteriormente por Gull,
Charcot, Cornil y Vulpian. Ha descrito, además, la poliomielitis en el adulto,
como debida a las lesiones atróficas de las células ganglionares de estas
mismas astas anteriores; y su nombre ha quedado unido, de un modo definitivo, a
la atrofia muscular progresiva espinal del «tipo Aran-Duchenne» (1847-61). En
1850, F. -A. Aran, del Hospital Saint-Antoine, publicó algunos casos de la
atrofia muscular progresiva espinal, que ha sido estudiada por Duchenne[807]. Este, en su acabado estudio de todo el asunto, consideraba primero la
enfermedad como una alteración primitiva de los músculos; después la asignó una
lesión en las astas anteriores de la médula; finalmente, cediendo a la presión
de la opinión corriente, volvió a su primitivo modo de pensar de una atrofia
muscular primitiva[808]. Ha descrito las pseudo-hipertrofias iniciales con todo detalle; pero
no pudo interpretarlas, como hizo Erb. La más definitiva descripción de
Duchenne ha sido la parálisis bulbar o gloso-labio-lingual (1860)[809], a la que va también asociado su nombre, como igualmente a la forma
pseudo-hipertrófica de las parálisis musculares (1868)[810]. Aunque esta última sea, sencillamente, una de las varias formas de
distrofia muscular que actualmente conocemos, hay que reconocer que la
cuidadosa labor de Duchenne en las guardias del hospital es la primera que se
ha hecho en este terreno. En su trabajo sobre la ataxia locomotriz luchaba
Duchenne con una gran desventaja. Se cuidaba poco del conocimiento de libros, y
no sabía nada de la obra de Steinthal y Romberg, conociendo sólo el hecho de
que Edward Stanley había descrito la enfermedad de los cordones posteriores de
la médula en 1839 y sir William Gull en 1856-58. En 1858-59[811], Duchenne describió la enfermedad con toda extensión, separándola de
las parálisis, demostrando la lesión de la médula y asegurando que es debida a
la lúes. Cuando oyó hablar de la obra de los clínicos alemanes, replicó que las
ataxias observadas por éstos no eran lo mismo que las que él había visto, y de
este modo obscureció su obra enredándose en controversias.
En su aspecto, Duchenne era un hombre de pecho
amplio, ancho de hombros, de tipo de marino, cuya fisonomía rubia, alegre y
sagaz, ha sido bien conservada en las diferentes fotografías de su obra sobre
el mecanismo de la fisonomía humana. Era a la vez alegre, expansivo y de
espíritu distraído; brusco, pero cordial; disputador, pero lleno de tacto, y él
atribuía sus éxitos dominando a los leones de los hospitales a su combinación
de equilibrio y de insensibilidad. Los últimos cuatro años de su vida quedaron
nublados por la arterioesclerosis del cerebro, y fue olvidado y sin honores a
la tumba, salvo el acompañamiento de unos cuantos antiguos amigos; pero es, con
Charcot y Marie, uno de los más grandes neurólogos de Francia. El mejor resumen
de su vida es el simpático estudio que le ha consagrado Joseph Collins (1908)[812]. Contemporáneo de Duchenne, y todavía más grande en la amplitud y
seguridad científica de su obra, es Jean-Martin Charcot (1825-93), de París,
que se graduó en 1853 con una tesis de artritis nudosa, y llegó en 1862 a ser
médico del gran hospital de la Salpétriére, al cual ha quedado asociado para
siempre su nombre. En ella, desde unos comienzos muy pequeños, supo crear la
más grande de las clínicas modernas de neurología, a la que asistían
estudiantes entusiastas de todas partes del mundo.
Charcot ha sido no sólo un gran neurólogo, sino que
también se ha hecho notar en sus lecciones sobre enfermedades seniles y
crónicas (1867), enfermedades del hígado, de las vías biliares y del riñón
(1877). Ha dejado notables descripciones de la neumonía crónica, gota,
reumatismo, endocarditis y tuberculosis, en el dualismo de la cual no creía. Ha
hecho importantes estudios fisiológicos sobre la localización de las funciones
en las enfermedades cerebrales (1876), y con Albert Pitres, sobre los centros motores
corticales en el hombre (1895). Los cinco volúmenes de sus lecciones sobre
enfermedades nerviosas, dadas en la Salpétriére (1872-93), constituyen un buen
resumen de su labor, mucha de la cual la realizaba, como Ludwig, por medio de
sus discípulos. Así, en 1866 describía, con Henry Bouchard, los aneurismas
miliares, haciendo resaltar su importancia en la hemorragia cerebral; con
Georges Delamarre, las crisis gástricas en la ataxia locomotriz progresiva
(1866); con Bouchard, los dolores fulgurantes de los atáxicos
(1866); con Alexis Joffry, las lesiones en la atrofia muscular (1869); con
Pierre Marie, la forma peroneal de la atrofia muscular (1866); y sus ideas
acerca del histerismo y de la histero-epilepsia se encuentran desarrolladas en
los estudios clínicos de Richer (1879-35) y Gilíes de la Tourette (1891). Él
definía la histeria como una psicosis superinducida, siendo la piedra de toque
en el sujeto su capacidad para responder a la sugestión.
Jean Martin Charcot (1825-93)
Considera «las fases del gran ataque, las
innumerables manifestaciones psíquicas y somáticas, los cambios sensoriales en
la hemianestesia y hemianalgesia, los fenómenos motores de contractura y
espasmo, los síntomas visuales, la relación del histerismo con el traumatismo,
su frecuencia en el sexo masculino, todo ello como una señal de los problemas
relatados» (Osler), En la atrofia muscular ha distinguido entre la forma
ordinaria o tipo de Aran-Duchenne, y la menos frecuente
esclerosis-lateral-amiotrófica (1874); y describe, con Marie, el tipo
progresivo neural o peroneo (1886), que ha sido igualmente descrito en una
disertación de Cambridge por Howard Henry Tooth (1886). Diferencia las lesiones
esenciales de la ataxia locomotriz y describe juntas las crisis gástricas y los
trastornos articulares («Enfermedad de Charcot»). Ha separado la esclerosis
múltiple de la parálisis agitante, aunque el «temblor intencional, que señala
como uno de los síntomas diferenciales, ha sido ya indicado por Bernhard Cohn
en 1860. «Ningún escritor, dice Osler, ha descrito más gráficamente los
trastornos tróficos que siguen a los trastornos cerebrales y medulares,
especialmente los decúbitos aguaos. » Como posteriormente Babinsky, Charcot
considera también el hipnotismo como una condición neurótica, pariente, si no
idéntico, al histerismo, y de este modo se ha entablado una larga batalla entre
la escuela de la Salpétriére y la de Nancy (con Liebeault y Bernheim), sobre la
parte desempeñada por la sugestión, que en manos del último, dicen algunos,
llegó a ser una mera arrogancia. Charcot no era engañado por las imposturas de
algunos de los enfermos, y al final consideraba el hipnotismo como una medida
terapéutica muy dudosa. La profundidad de su modo de ver se demuestra en la
tendencia moderna de llevar este procedimiento a la psicoterapia. Charcot era,
sencillamente, un investigador objetivo, cuidándose poco de la psicología
especial de los enfermos neuróticos, salvándose de este modo de algunas de las
exageraciones subjetivas de la escuela de Freud. «Para la investigación
puramente psicológica, dice Havelock El lis, no tenía afición, ni probablemente
aptitudes. Todo el que haya disfrutado del privilegio de observar sus métodos
de trabajo en la Salpétriére, puede recordar fácilmente la elevadísima aptitud
del gran maestro; su exprexión indiferente, que llegaba algunas veces a ser un
poco desdeñosa; su altivo modo de ser, que sus admiradores entusiastas
calificaban de napoleónico. Las preguntas dirigidas a los enfermos eran frías,
desdeñosas, algunas veces impacientes. Charcot, evidentemente, tenía poca fe en
el valor de los resultados que podían lograrse de este modo. »
Aparte de su obra clínica, Charcot era un artista
de talento y el creador del estudio de la historia de la Medicina en las artes
gráficas y plásticas.
Con Paul Richer ha publicado dos fascinadoras
monografías acerca de la demonomanía en el arte (1887) y de las deformidades y
enfermedades en el arte (1889), al paso que muchos y valiosos estudios de sus
discípulos, Henri Meige, Richer y otros, aparecían en su Iconographiephotographique
de ta Salpétriére, comenzada en 1876 y continuada hasta los tiempos
presentes. Por su mujer, que era de familia acaudalada, Charcot pudo vivir en
ventajosas condiciones; pero, aparte de ello, su genio clínico, su inteligencia
viva y despejada, su ecuanimidad y dignidad hubieran hecho
de él siempre una figura relevante, cualquiera que
hubiera sido su posición en la vida.
Pierre Marie (1853), de París, el más capaz de los
discípulos de Charcot; graduado en 1883 y profesor de la Facultad de París en
1889.
Pierre Marie (1853)
En 1886 ha descrito, con Charcot, el tipo peroneal
de la atrofia muscular[813], y nos ha dejado, además, cuatro descripciones originales de formas
nuevas de enfermedades nerviosas. Son éstas sus descripciones de la
acromegalia, estableciendo su lesión pituitaria (1886)[814]; la osteoartropatíahipertrofiante de origen pulmonar (1890)[815]; la ataxia cerebelosa hereditaria (1883)[816], y el tipo de artritis espinal deformante llamado espondilosis
rizomélica o enfermedad de Strumpell-Marie (1898)[817]. Ha dado un asalto de crítica destructora a la concepción de la afasia
de Broca, sosteniendo que la tercera circunvolución frontal izquierda no
desempeña papel alguno en la función del lenguaje (1906) y sobre la identidad,
que él recusa, del tipo de Aran-Duchenne de atrofia muscular progresiva. Desde
la declaración de la guerra europea, ha publicado la labor más valiosa a
propósito de los desórdenes de los nervios periféricos y de otros efectos de
los proyectiles en el sistema nervioso.
El más notable de los neurólogos alemanes, después
de Romberg, es Wilhelm Heinrich Erb (1840), de Winnweiler (Baviera), discípulo
de Nikolaus Friedreich y profesor de Pleidelberg (1880). En 1868, Erb idea el
método del electrodiagnóstico por las corrientes galvánica e inducida. Continuó
a Duchenne en el desarrollo extensivo de la electroterapia (1882), ha escrito
obras importantes de enfermedades de los nervios cerebroespinales (1874) y de
la médula (1876), y ha trabajado mucho por establecer la teoría moderna de las
distrofias musculares, que ha descrito y clasificado (1891). Ha descrito,
además, la parálisis braquial (1874)[818], la parálisis espinal sifilítica (1875)[819], el tipo juvenil de la atrofia muscular (1884)[820] y la llamada parálisis bulbar asténica o miastenia grave (1878)[821], descrita asimismo por Willis (1865) y por Goldílam en 1893 (síndrome
de Erb-Goldflam). Simultáneamente con Westphal (1875) La descubierto la
importancia del reflejo rotuliano en la ataxia locomotriz[822] y, con Fournier, ha hecho mucho por establecer una relación causal
estadística entre la tabes y la sífilis.
Otros neurólogos alemanes de este período son:
Nikolaus Friedreich (1825-82), deWürzburg, que ha descrito la ataxia
hereditaria (1863-76)[823], y el paramioclonus múltiple (1881)[824], afecciones que alguna vez se confunden eponímicamente; Carl Friedrich
Otto Westphal (1833_9) de Berlín, que ha descrito la agorafobia
(1871), pseudoesclerosis (1883)[825], señalado la importancia del reflejo rotuliano en el diagnóstico (1875)[826]» y llevado a cabo una labor importante en psiquiatría (1892); Heinrich
Quincke (1842), que ha descrito el edema angioneurótico (1882)[827], que ha sido notado también por John Laws Milton como urticaria gigante
(1876) y ha ideado la punción lumbar (1895)[828] Adolf Strümpell (1853) de Neu-Autz (Courland), que es bien
conocido por su tratado de medicina interna (1883) y que ha descrito la
espondilitis deformante (1897) y la pseudoesclerosis del cerebro (enfermedad de
Westphal-Strümpell), y Hermann Oppenheim (1858), de Berlín, que ha sido el
primero en describir la amiotonía congénita (1900) y la miohipertrofia
kymoparalítica (1914)» Y esel autor de importantes tratados
sobre neurosis traumáticas (1889), tumores del cerebro (1896), sífilis cerebral
(1896), parálisis miasténica (1901) y neurología (1894).
Los principales neurólogos ingleses de este periodo
son: John Hughlings Jackson (1834-1911), de Yorkshire, que ha trabajado mucho
para establecer el uso del oftalmoscopio en el diagnóstico de las enfermedades
del cerebro (1863), ha hecho estudios muy importantes sobre la afasia (1864),
ha descrito las convulsiones unilaterales o epilepsia jacksoniana (1875)[829] y ha ideado la doctrina de los «niveles» en el sistema nervioso
(1898); sir William Richard Gowers (1845-1915), de Londres, que es bien
conocido por sus tratados de enfermedades de la médula espinal (1880), en los
que se describe el fascículo de Gowers, de epilepsia (1881), de enfermedades
del cerebro (1885) y del sistema nervioso (1886-88), habiendo trabajado mucho
por sistematizar los conocimientos existentes en estas materias. Su tratado de
Oftalmología médica (1897), hermosamente ilustrado por su propia mano, es de
gran valor en el diagnóstico. Gowers ha trabajado igualmente en la anatomía
fina del sistema nervioso, describiendo la paraplejia atáxica, introduciendo el
cloruro alumínico en el tratamiento de la tabes e inventando el
hemoglobinómetro (1878). Henry Charlton Bastían (1837-1915), de Truro, uno de
los fundadores de la neurología inglesa y autor de obras importantes sobre el
cerebro (1882), las parálisis (1886-93), la afasia (1898) y la generación
espontánea (1913). Sir Víctor Horsley (1857-1916), de Kensington (Inglaterra),
que ha hecho una obra admirable sobre la fisiología del sistema nervioso, las
funciones de las glándulas endocrinas y ha sido, con Gowers, el primero en
extirpar un tumor de la médula espinal (1888).
Sir William Richard Gowers (1845-1915)
En América, George Miller Beard ha ideado el
concepto de neurastenia o agotamiento nervioso (1869), bosquejada por Eugene
Bouchut como neurosismo (1860); George Huntington ha descrito
la corea hereditaria («corea de Huntington», 1872); William Alexander Hammond
(1828 a 1900), antiguamente cirujano general del ejército de los Estados
Unidos, se ha hecho notable por sus Physiological Memoirs (1863);
ha descrito la atetosis (1873) y ha escrito un buen libro de enfermedades del
sistema nervioso (1871); Francis Xavier Dercum (1856), de Filadelfia, ha
descrito la adiposis dolorosa (1882); Thomas G. Morton ha descrito la
metatarsalgia (1876); Bernard Sachs (1858) ha descrito el idiotismo amaurótico
familiar (1887-96), cuyas manifestaciones oculares habían sido notadas en 1880
por Waren Tay («enfermedades de Tay-Sachs»), y ha escrito el primer tratado
americano de enfermedades nerviosas del niño (1895); Wharton Sinkler ha aislado
el reflejo del dedo gordo del pie (1888); William F. Milroy, de Omaha
(Nebraska), describe el edema hereditario persistente de las piernas o
«enfermedad de Milroy» (1892); Charles Karsner Mills (1845), de Filadelfia, ha
fundado las salas de neurología en el hospital general de Pensilvania (1877),
ha descrito la parálisis unilateral progresiva ascendente (1900), la parálisis
unilateral descendente (1906) y la hemianopsia macular.
Christian Archibald Herter (1865-1910), de
Glenville (Connecticut), autor de un estudio sobre la mielitis experimental
(1889) y de un libro de texto sobre el diagnóstico de las enfermedades
nerviosas (1892), y ha sido un gran promotor de la Medicina científica en
América. Ha fundado el Journal of Biological Chemistry (1905),
ha ayudado a organizar la Sociedad americana de Química Biológica (1908) y el
Instituto Rockefeller (1901) y ha establecido la fundación de las Herter
lectures en los hospitales de Johns Hopkins y de Bellevue. Sus
monografías de química patológica (1902) y del infantilismo a consecuencia de
la infección intestinal crónica (1908) han atraído grandemente la atención.
Silas Weir Mitchell (1830-1914) (Academia Nacional de Ciencias.)
Charles Loomis Dana (1852), de Woodstock (Vermont),
autor de una obra de texto de enfermedades nerviosas y Psiquiatría (1892), ha
sido, después de James Jackson Putnam, de Boston (1891), de los primeros en
diferenciar las esclerosis combinadas primarias, en describir la mielitis
transversa aguda con necrosis perforante, las lesiones de la corteza en las
mioclonias crónicas, las meningitis serosas o «cerebro húmedo»; ha hecho una
labor experimental sobre la glándula pineal y ha propuesto la resección de las raíces
nerviosas posteriores de la médula con la duramadre, para los dolores, la
atetosis y las parálisis espásticas, operación que ha sido llevada a cabo por
Robert Abbe (31 diciembre 1888).
Silas Weir-Mitchell (1830-1914), de Filadelfia, el
más sabio neurólogo americano de su tiempo; se graduó en el Jefferson Medical
College, Filadelfia (1850). En 1851-52 estudió en París, recibiendo la
influencia de Claudio Bernard.
En 1859, con Hammond, ha estudiado los venenos de
las flechas y de la ordalia, etc. siendo el primero, después del abate Fontana
y Bonaparte, en investigar los venenos de las serpientes (1870-86). Con Edward
T. Reichert ha aislado las globulinas difusibles de los venenos, teniendo sus
estudios una importante acción sobre los más modernos trabajos de Fraser
(1896), Calmette (1896), Preston Kyes (1902-03), Flexner y Noguchi (1909). En
1869 demostró las funciones coordinadoras del cerebelo, y, con Morris J. Lewis,
demostró que el reflejo de la rodilla puede ser reforzado por el estímulo
sensorial (1886). Durante la guerra civil, el cirujano general Hammond creó
hospitales militares especiales para las enfermedades del corazón, de los
pulmones y del sistema nervioso. Mitchell fue encargado del Turner’s Lañe
Hospital, en Filadelfia, donde estableció un servicio especial para los
enfermos nerviosos, y en él, con George R. Morehouse y William W. Keen, hizo
sus estudios de traumatismos y heridas por arma de fuego de los nervios
periféricos (1864), que trató luego más extensamente en su importante obra
Injuries of Nerves and Their Consequences (1872). Este libro contiene los
estudios precisos más antiguos de la neuritis ascendente, tratamiento de la
neuritis por el frío y el vendaje inmovilizador, la psicología de los amputados
y otros datos que han sido después absorbidos por los libros de texto. Mitchell
ha sido el primero en describir la eritromelalgia o neuralgia roja (1872-78)[830], y la corea post-paralítica (1874)[831], y ha sido, con William Thomson, el primero que ha
hecho resaltar la importancia del cansancio o esfuerzo de los ojos como causa
de la hemicránea (1874)[832]. En 1875, Mitchell introduce un tratamiento de las
enfermedades nerviosas por la prolongada permanencia en cama, con algunos
medios auxiliares como la buena alimentación, el masaje y la electricidad,
denominándole rest-cure (cura por reposo) o tratamiento de Weir-Mitchell, que
se usa actualmente en todas partes. Sus ideas acerca del asunto se encuentran
resumidas en su obra Fat and Blood (1877), que ha sido traducida al francés,
alemán, español, italiano y ruso. Mitchel ha sido también el primero en estudiar
los efectos de los cambios meteorológicos en las neuralgias traumáticas,
especialmente en los antiguos muñones de amputación (1877). Ha hecho un gran
número de contribuciones menores de un carácter altamente original, siendo
notables las referentes a ailurofobia, miembros fantasmas, trastornos del
sueño, Wear and Tear (1873) y una congelación de su propio nervio cubital. A la
historia de la Medicina ha contribuido con una concienzuda historia de los
instrumentos de precisión (1892) y con sus memorias sobre Harvey (1907-12).
En el mundo de las letras, como poeta y novelista.
Mitchell tiene un puesto cerca de Goldsmith y Holmes, y no demasiado por debajo
de Scott y Lamb, los queridos maestros de lo que Owen Wister llama la
«Literatura del estímulo». Personalmente, hasta en su sobria elección de frases
delicadas, Mitchell era un superviviente del antiguo elegante caballero
americano del tipo colonial. En sobriedad y versatilidad era algo semejante a
los grandes médicos del siglo XVIII; en la percepción del lado interesante de
la vida recordaba a Turgenieff; en el sentido del honor era como Bayardo o como
el coronel Newcome. «¿Quién se atreve a representar la enfermedad como ella
es?», hace él decir a un médico; sin embargo, como hace notar Wister, ni
Balzac, Flaubert, Maupassant o Zola, «conocen más del mal, del pesar y del
dolor». El tono de sus obras, dice Wister, «es una lección y un tónico para una
edad que está enferma y debilitada por las perversidades literarias».
Otras innovaciones en neurología, prescindiendo de
las ya mencionadas, son las originales descripciones de la parálisis unilateral
con anestesia cruzada, por Brown- Sequard (1851); de la parálisis ascendente
aguda, por Octave Landry (1859); de la paraplejia espástica cerebral congénita,
por William John Little (1861); de la gangrena simétrica, por Maurice Raynaud
(1862); de la enfermedad de los pedúnculos cerebrales (síndrome de Weber), por
Hermann Weber (1862); de la paraplejia alcohólica, por sir Samuel Wilks (1868);
del neurofibroma plexiforme (h ankenneuroma), por Paul Bruns (1870); de la
miotonía, descrita en su propia persona, por Julius Thomsen (1876); de la
siringomielia con trastornos tróficos, por Augustin-Marie-Morvan (1883); del
tic impulsivo o espasmo saltatorio, por Georges Gilíes de la Tourette (1884);
de la degeneración subaguda combinada de la médula espinal, por Otto
Leichtenstern (1884) y Ludwig Lichtheim (1884); de la astasia-abasia, por Paul
Blocq (1888); de la neuritis hipertrófica intersticial progresiva de los niños,
por Jules Dejerine y Jules Sottas (1893); de la atrofia muscular progresiva
infantil, por Guido Werdnig (1890-94) y Johann Hoffmann (1894); de la meralgia
parestética, por Marx Bernhardt y Vladimir Karlovich Roth (1895); de la
amiotonía congénita, por Hermann Oppenheim (1900); el síndrome de
Guillain-Thaon (sífilis cerebro-espinal transicional, 1909) y de la
degeneración lenticular progresiva, por S. A. Kinnear Wilson (1912), que Gowers
ha reconocido como «corea tetanoidea» (1888) y que Frerichs describe también en
su tratado de enfermedades del hígado (1884). El herpes zóster ha sido
primeramente atribuido a una lesión de los ganglios espinales por Friedrich von
Bárensprung (1861-63), y ha sido posteriormente localizado como una inflamación
hemorrágica aguda de los ganglios espinales posteriores y craneales, por Henry
Head y A. W. Campbell, en 1900. La hemicránea y todos los trastornos mentales
que se comprenden bajo la descripción de trastornos cerebrales o trastornos nerviosos
han sido descritos por Edward Liveing en 1873. Las neuralgias viscerales han
sido investigadas por sir Clifford Allbutt (1884), y la patología de la
circulación cerebral, por Leonard Hill (1896). La afasia ha sido descrita y
localizada primeramente por Bouillaud (1825)[833], definida como afemia por Broca (1861) y
posteriormente estudiada por Hughlings Jackson (1866), Carl Wernicke (1874),
Adolf Kussmaul (1877), Ludwig Lichtheim (1885) y Pierre Marie (1906), quien ha
discutido la parte desempeñada en la afasia por la circunvolución de Broca,
insistiendo en que la verdadera lesión es una zona lenticular en el lóbulo
temporoparietal izquierdo (zona de Wernicke), lo que está todavía en disputa.
Afemia, anartría, amnesia verbal y otras fases del trastorno han sido
explicadas por el difunto H. C. Bastian (1897-98)[834]; la ceguera verbal (dislexia) ha sido descrita por
Rudolf Berlin (1887), y la apraxia (asimbolia motora), por Hugo Karl Liepmann
(1900).
Después de la época de Pinel y Reil, el tratamiento
de la locura sin restricciones (método de la puerta abierta) ha sido
perfeccionado por Tohn Conolly (1856) y por los Tuke, de los cuales Daniel Hack
Tuke (1827-95) ha colaborado con John Charles Bucknill en un Manual de
Medicina Psicológica (1858), que ha tenido gran importancia en su
época. Otro defensor del sistema no restringido era Wilhelm Griesinger (1817 a
67), de Stuttgart, discípulo de Schönlein, ayudante clínico de Wunderlich, y,
finalmente, sucesor de Romberg en Berlín (1865-67), que, aparte de su obra en
Psiquiatría, se ha distinguido también por su antigua descripción de la
anquilostomiasis como «clorosis tropical» (1866) y ha trabajado mucho, por lo
menos en Alemania, por poner en claro los estados de fiebre tifoidea, tifus,
fiebre recurrente y fiebre palúdica, en sus monografías sobre las enfermedades
infecciosas (1857-64). La Patología y Terapéutica de los trastornos
psíquicos, de Griesinger (1845), destruyó mucho del misticismo del pasado,
dando claros e inequívocos cuadros clínicos basados en un racional análisis
psicológico, procurando relacionar el asunto con la Anatomía patológica y
defendiendo el régimen de la puerta abierta en las clínicas de Psiquiatría.
Desde el tiempo de Griesinger el estudio de la locura ha estado principalmente
en manos de los alemanes.
Theodor Meynert (1833-92), de Dresde, profesor de
Neurología y Psiquiatría en Viena (1873-92), editor del Jahrbücher für
Psychiatrie (1889-92); ha hecho algunas investigaciones de anatomía y
fisiología del cerebro (1865-72) y ha descrito la amencia, escribiendo sobre la
locura como Enfermedades del cerebro-anterior (1884).
Cari Wernicke (1848-1905), de Tarnowitz (Silesia
Superior), profesor en Berlín (1885) y Breslau (1890), ha descrito la afasia
sensorial, incluso la alexia y la agrafía (1874), las enfermedades de la
cápsula interna (1875)» la polioencefalitis hemorrágica aguda (1881) y la
presbiofrenia (1900); ha escrito tratados de enfermedades del cerebro (1881-83)
y enfermedades mentales (1894-1900) y ha publicado un espléndido atlas del
cerebro (1897-1904).
Emil Kraepelin (1856), de Neustrelitz
(Mecklemburgo), profesor de Psiquiatría de Dorpat (1886), Heidelberg (1890) y
Munich (1903) La sido el cultivador de la Psiquiatría experimental (1896).
Su Kompendium (1883) y sus treinta lecciones de Psiquiatría
(1901) introducen una nueva y sencilla clasificación de las enfermedades
mentales, haciendo resaltar la importancia de las formas afectivas, precoces,
involutivas, catatónicas y maniáticas; introduciendo los conceptos de «demencia
precoz» y «locura maníaco-depresiva», y aportando muchas simplificaciones por
la hábil agrupación de las variedades señaladas. Kraepelin ha hecho el análisis
clásico de la cura de fatiga y las clásicas investigaciones de los efectos
psíquicos del alcohol (1883-92), que han sido continuadas por Raymond Doge y
Francis G. Benedict (1915).
Paul Eugen Bleuler (1857)» de Suiza, ha extendido
el concepto original de Kraepelin de «demencia precoz» para incluir un grupo
de schizobhrenias (1910), que comprenden algunos estados no
tomados en cuenta por Kraepelin, especialmente el «autismo» o vida mental del
individuo que se mantiene aparte del mundo que le rodea. Bleuler ha descrito
también el «idiotismo relativo» (1914).
Adolf Meyer (1866), de Suiza, profesor de
Psiquatría en la John Hopkins University (1910), ha sostenido también el origen
psicogénico de la demencia precoz, que es más bien funcional que orgánica; pero
sus hipótesis han sido algo combatidas por el hecho de que la reacción de
Abderhalden de los fermentos se obtiene en estas neurosis, indicando que hay
trastorno funcional de los órganos sexuales.
Richard yon Krafft-Ebing (1840-1902), de Mannheim,
discípulo de Friedreich y Griesinger, profesor en Estrasburgo (1872), Graz
(1873) y Viena (1889), ha escrito el mejor tratado alemán de Psiquiatría
forense (1875); además, un tratado de Psiquiatría basado en la experiencia
clínica (1879), y es especialmente conocido por su Psychopatia sexualis (1886),
que clasifica y describe las diferentes formas de inversión y perversión sexual
en sus relaciones médico-legales. Albert Molí es otro escritor que se ha ocupado
de este tema.
De los psiquiatras ingleses, sir Thomas Smith
Clouston (1840-1915), el último editor del Journal of Mental Science,
ha escrito un volumen de lecciones clínicas sobre enfermedades mentales (1883),
y otros tratados; Henry Maudsley (1835) La sido un prolífico escritor de temas
psicológicos; Charles Arthur Mercier (1852) es autor de una obra de texto
(1902), pero sus más importantes trabajos son aquellos que se refieren a la
responsabilidad criminal (1905), a la conducta y perturbaciones de la misma
(1911), al crimen y locura (1911), así como también sus estudios históricos
sobre astrología (1914) y leproserías (1915); John Milne Bramwel (1852), que ha
publicado numerosos trabajos sobre el hipnotismo; Frederick Walker Mott, editor
de los Archives of Neurologie y autor de las Croonian
lectures sobre la degeneración de la neurona (1900). Debemos mencionar
aun los tratados de Psiquiatría de los italianos E. Tanzi (1904) y L. Bianchi
(1905), que han sido traducidos al inglés; los de los rusos P. J. Kovalevski
(1892), S. S. Korsakoff (1893) y V. M. Bechtereff (1908) y los de los
americanos Frederick Peterson (1899), Henry J. Berkley (1900), Stewart Patón
(1905) y William A. White (1909). Como superintendente del Hospital
Gubernamental de Enfermedades Mentales (1903) y como editor de la Psychoanalytic
Review y autor de un tratado de mecanismos mentales (1911), White ha
hecho mucho en favor de la Psiquiatría moderna. Con Smith Ely Jelliffe (1866),
de New York, editor y traductor de varias obras de importancia e interés histórico,
White ha colaborado en un tratado de enfermedades del sistema nervioso (1915),
que ofrece los puntos de vista más avanzados en la materia. Henry Mills Hurd
(1843), profesor de Psiquiatría (1889-1906) y superintendente del Johns Hopkins
Hospital (1899-1911), es el editor de The Institutional Care of the
Insarte in the United States and Cañada (1916), que contiene lo más
importante de la historia de la Psiquiatría en América.
Nuevos métodos de investigación psicopatológica han
sido ideados por Robert Sommer (1899). El psicoanálisis es creación de Sigmund
Freud y de C. G. Jung (1893-1909). La parálisis general progresiva de los
enajenados ha sido descrita por John Haslam (1798) y Calmeil (1826); la locura
moral, por James Cowles Prichard (1835); La locura circular, por Jean Pierre
Falret (1854); la hebefrenia, por K. Kahlbaum (1863); la psicastenia, por
Pierre Janet (1903); la demencia presenil con placas en el cerebro, por Alois
Alzheimer (1911). La paraplejia alcohólica, ya notada por James Jackson (1822)
y Sir Samuel Wilks (1868), ha sido descrita como una psicosis polineurítica por
Sergiei Korsakoff (1887). Heinrich Laehr (1820-1905), editor del Allgemeine
Zeitschriftfür Psychiatrie (1858), ha realizado importantes obras, en los
asilos de enfermedades mentales de Alemania (1852-82), publicando, además, una
bibliografía sin rival de la literatura de Psiquiatría, Neurología y
Psicología, desde 1459 a 1799 (1900), y un calendario de Psiquiatría (1885)
conteniendo, día por día, todos los acontecimientos importantes relacionados
con la historia del asunto, incluso el martirologio de los médicos y el asilo
de los ayudantes víctimas de la locura homicida. Otto Monkemoller ha escrito también
la historia de la Psiquiatría (1903-10).
La última parte del siglo XIX señala el período
científico o parasitario de la Dermatología, en la cual muchas
afecciones cutáneas son consideradas como producidas directamente por
organismos microscópicos, adelantando este estudio especialmente bajo la
dirección de Sabouraud y Unna.
La obra de Hebra ha sido completada y extendida por
su hijo Hans von Hebra (1847), de Viena, que ha escrito uua obra de texto de
enfermedades de la piel en relación con las enfermedades generales del
organismo (1884), ha descrito el rinoscleroma (1870) y el rinofima (1881), y
por su discípulo el húngaro Moriz Kaposi (1837-1902), que ha completado la obra
del viejo Hebra, además de escribir otra propia (1879) y ha descrito el sarcoma
pigmentado de la piel (1872), las dermatitis diabéticas (1876), el xeroderma
pigmentosum (1882), la linfodermia perniciosa (1885), las diferentes formas del
liquen ruber (1886-95), Y, finalmente, ha colocado sobre una base definitiva el
impétigo herpetiforme de Hebra. El tratado de Isidor Neumann, de 1869, ha sido
traducido repetidas veces y es sumamente conocido. Otro dermatólogo igualmente
popular ha sido sir William James Erasmus Wilson (1809-84), que se ha hecho una
reputación, primero, con sus obras Manual del disector (1838), Vademécum del
anatómico (1840) y láminas anatómicas, y, en la especialidad, con sus
Enfermedades de la piel (1842), Atlas dermatológico (1847) y con sus lecciones
de Dermatología en el Real Colegio de Cirujanos (1871-78), y muy especialmente
por su donativo de 5.000 libras para fundar una cátedra de Dermatología en este
mismo colegio, al que ha regalado, igualmente, una valiosa y extensa colección
de preparaciones dermatológicas. Wilson clasifica las enfermedades de la piel
según que sean enfermedades del dermis verdaderamente, de las glándulas sudoríparas
y sebáceas, o del pelo y de su folículo; habiendo sido el primero en describir
la dermatitis exfoliativa (1870). La etiología parasitaria de las afecciones de
la piel ha sido defendida por los árabes; por Cosimo Bonomo, que ha descrito el
parásito de la sarna (1687); por John Hunter, que ha dado una descripción
clínica de la enfermedad; por Wichmann, de Hamburgo, que ha establecido su
naturaleza parasitaria (1786); por Schönlein, que ha descrito el hongo achorion
del favus (1839); por David Grüby (1809-98), que ha descrito una tiña
contagiosa, sicosis o mentagra (pórrigo decalvans o fitoalopecia), debida a un
fungus (1841-43) y por Carl Eichstedt, que ha establecido la relación entre el
escabies y el microsporonfurfur (1846). La obra de Grüby atrajo poco la
atención hasta el período bacteriológico y parasitario, en el que tenemos que
citar a Raymond Sabouraud (1864), de París, que ha hecho extensos estudios
sobre las diferentes variedades de trichophyton (1894), la etiología del eczema
(1899-1900), de la pitiriasis y de las «alopecias peliculares» (1904).
Sabouraud ha hecho la mejor obra de enfermedades micósicas de la piel.
En 1881 ha demostrado que el trichophyton es
diferente de los fungí ordinarios. El eczema marsinatum de la ingle
y de la axila (dhobie itch) ha sido atribuido al epidermophyton inguinale, la
pitiriasis versicolor, al microsporon furfur; la tiña tropical imbricada, a
otro fungus anular. Entre tanto, iba realizándose una valiosa e importante
obra, desde el punto de vista patológico, bacteriológico y terapéutico por Paul
Gerson Unna (1850), de Hamburgo, que fue gravemente herido, como voluntario, en
la guerra franco-prusiana y ha fundado, posteriormente, una clínica privada
(1881) y un hospital para enfermedades de la piel (1884), en su ciudad natal.
Ha publicado obras importantes sobre Anatomía (1S82) e Histología y patología
de la piel (1894), y sobre el tratamiento de las enfermedades cutáneas (1898);
ha fundado el Monatshefte für praktische Dermatología (1882) y los
Dermatologische Studien (1886) y ha editado un atlas internacional (1889), y un
atlas histopatológico (1894) de las enfermedades de la piel. Unna, que es un
escritor muy prolífico, ha descrito el eczema seborreico (1887-93), los cocos
del eczema (1892-97), los diferentes cocos del favus (1892-99), la flictenosis
estreptógena (1895), la pustulosis estañlocógena (1896); ha descrito la
patología de la lepra (1910) y ha introducido el uso del ictiol y de la
resorcina (1886) y de píldoras especialmente revestidas para la absorción local
en el duodeno (1884).
Entre las originales descripciones de afecciones
cutáneas en el período moderno figuran las del pórrigo (1864), disidrosis
(1873) e hidroa (1880), por Tilbury Fox (1836-79); del milium coloide, por
Ernst Wagner (1866); de la dermatitis exfoliatriz, por Erasmus Wilson (1870);
de la urticaria gigante (edema angioneurótico), por John Laws Milton (1876);
del angioqueratoma, por Wyndham Cottle (1877); de la dermatitis exfoliativa de
la infancia, por Ritter von Rittershain (1878); del neurofibroma, por F. D. von
Recklinghausen (1882); de la epidermolisis vesiculosa, por Alfred Goldscheider
(1882); de la varicela gangrenosa, por sir Jonathan Hutchinson (1882); del
xeroderma pigmentoso (1882), linfodermia perniciosa (1885), liquen ruber
moniliforme (1886), por Moriz Kaposi (1837-1902), que ha establecido, además,
el estado definitivo del impétigo herpetiforme (1887), del liquen ruber planus
(1895) y del pénfigo vegetans (1896); del eritema elevatum, por Judson S. Bury
(1888); de la psorospermosis folicular, por Jean Darier (1889); de la
achanlosis nigricans, por Sigmund Pollitzer y V. Janowsky (1890); del
angioqueratoma (1891) y de la poraqueratosis (1893), por Vittorio Mibelli
(1891); de la hiperqueratosis, por Emilio Respighi (1893); del sarcoides
benigno, por Carl Boeck (1899); de la acrodermitis atrófica crónica, por J.
Herxheimer y Kuno Hartmann (1902); de la granulosis rubra nasal, por Joseph
Jadassonh (1901); de la parapsoriasis, por Louis Brocq (1902), y del liquen
nitidus, por Félix Pinkus (1907). De los americanos, Robert William Taylor ha
descrito la atrofia progresiva idiopática de la piel (1876); Louis A. Duhring,
la dermatitis herpetiforme (1884); Andrew Rose Robinson, el hidrocistoma
(1884); Thomas Caspar Gilchrist, la dermatitis blastomicética (1896); Benjamín
R. Schenck, la esporotricosis (1898), y Jay F. Schamberg, la dermatitis
progresiva pigmentaria que lleva su nombre (1900-01)[835].
La obra de Magendie sobre farmacología experimental
ha sido hábilmente continuada por Alexander Crum Brown y Thomas Richard Fraser,
que han sido los primeros en investigar la relación existente entre la
constitución química de las substancias y su acción fisiológica («anclar las
moléculas») [1867][836], en lo que fueron seguidos por Lauder Brunton y J. T. Cash (1884-92) y
por Cash y W. R. Dunstan (1893). Friedrich Walter ha investigado la acción de
los ácidos sobre el organismo animal (1877); Ernst Stadelmann, la acción de los
álcalis sobre el metabolismo (1890). Admirables obras de texto sobre materia
médica y terapéutica han sido escritas por hombres como Sydney Ringer, en
Inglaterra (1869), y H. C. Wood, en América (1874), tratando ambos de realizar
el estudio de los medicamentos desde el punto de vista clínico, a la vez que
Buchheim, Schmiedeberg y Binz, en Alemania, Brunton y Cushny, en Inglaterra,
llevaban a cabo una brillante labor experimental en los animales. Los últimos
nombres aparecen especialmente asociados a las farmacodinámicas críticas y
destructoras de los tiempos modernos, cuya tendencia es aplicar un riguroso
proceso crítico a todo el vasto número de remedios alegados y enumerados en los
diversos formularios y farmacopeas, con el principio: «Demostrar todas las
cosas, creer firmemente en aquello que es bueno. » Los efectos de esta crítica
destructora no sólo han sido admirables por el hecho de reducir la gigantesca
materia médica del pasado a sus proporciones racionales, sino que, además, han
llegado a ser absolutamente necesarios, en vista del extraordinario número de
productos obtenidos del carbón de piedra por los químicos alemanes, iniciados
por el descubrimiento de la anilina por Perkin en 1856. «El período
constructivo de la farmacología, declara Cushny, apenas ha comenzado», y él afirma
que los remedios pueden en la actualidad «ser contados por unidades, cuando
antiguamente se pretendía contarlos por centenares». Los clínicos franceses
Henri Huchard y Charles Fiessinger, por ejemplo, habían limitado la actual
terapéutica farmacológica a unos 20 remedios o grupos de remedios, a saber:
opio, mercurio, quinina, nuez vómica, digital, arsénico, fósforo, ergotina,
belladona, doral, bismuto, bromuros, hipnóticos, purgantes, antisépticos,
anestésicos, antipiréticos, nitritos, sueros y vacunas, y los extractos
animales, cada uno de los cuales tiene una intención terapéutica específica.
Una Conferencia Internacional para la unificación
de las fórmulas de los remedios heroicos ha tenido lugar en Bruselas en 1902.
La tendencia total de la reciente farmacología es en la dirección de la
simplificación y de la especificidad; pero se discute, con razón, por los
terapeutas de la vieja escuela, afirmando que los seres humanos no son
precisamente conejos, ni gallinas de Guinea con un desarrollo más amplio, y
que, por tanto, cada medicamento especial tendrá diferentes efectos, no sólo
sobre cada diferente animal, sino también sobre cada diferente persona. El
testimonio último y definitivo de la eficacia de un medicamento será, por
consiguiente, la clínica.
Los más notables farmacólogos de la escuela alemana
son Rudolf Buciiheim (1820-79), de Bautzen, profesor en Leipzig (1846), Dorpat
(1849) y Giessen (1867), que ha publicado una obra de texto de materia médica
en 1856 y ha investigado la acción de las sales de potasio, de los purgantes,
del aceite de hígado de bacalao, del cornezuelo, de los alcaloides midriásicos
de las solanáceas, etc.; su discípulo, Oswald Schmiedeberg (1838), de Courland,
profesor en Dorpat (1870) y Estrasburgo (1872), que h;i sido el primero en
investigar la ac ción de los venenos sobre el corazón de la rana, en el
laboratorio de Ludwig (1871), en investigar la síntesis de! ácido hipúrico en
los riñones (1876), ha descubierto la sinistrina (1879) y la histozima (1881);
ha determinado la verdadera fórmula de la histamina y del ácido nucleínico
según las notas postumas de Miescher (1896), y ha llevado a cabo una gran labor
crítica y experimental sobre la muscarina (1869), la fenatina (1893), la
digital y otras drogas, cuya tendencia ha cristalizado en sus bien
conocidos Elementos de Farmacología (1883) y Karl Binz
(1832-1912), de Bernkastel, discípulo de Virchow y de Frerichs, y profesor en
Bonn (1868), donde fundó el Instituto Farmacológico de la Universidad (1869).
Binz ha publicado una obra de Materia médica (1866) y lecciones de Farmacología
(1884); ha hecho investigaciones experimentales acerca de la acción de la
quinina, arsénico, aceites etéreos, compuestos halógenos y anestésicos, y ha
escrito una admirable historia de la anestesia (1896).
Oswald Schmiedenberg (1838)
Hans Meyer (1853), de Insterburg, discípulo de
Ludwig y Schmiedeberg, profesor en Dorpat (1881), Marburg (1882) y Viena
(1884), y E. Overton han consagrado especial atención a la parte desempeñada
por los disolventes lipoides en la narcosis.
La historia de la Farmacología ha sido acabadamente
expuesta en las obras de F. A. Flückiger y Daniel Hambury (Pharmacographia,
1879), Hermann Schelenz (1904) Y A. Tschirch (Pharmacognosie,
1909-14).
Sir Thomas Lauder Brunton (1844-1916)
Sir Thomas Lauder Brunton (1844-1916), de
Roxburghshire (Escocia), graduado en Edimburgo (1868), ayudante médico (1875_97) Y médico
(1897-1904) en el hospital de Saint-Bartholomew, ha estudiado con Brücke, Kühne
y Ludwig, y llegó a ser un maestro en la aplicación de los datos fisiológicos
de la Farmacología a la Medicina interna.
Desde el momento de su disertación del grado sobre
la digital (1868), su campo especial de estudio ha sido la acción de los
medicamentos sobre el corazón. En 1867 ha señalado el aumento de la presión
sanguínea como un carácter de la angina de pecho, recomendando la
administración del nitrato de amilo por motivos fisiológicos[837]. Ha introducido los remedios vasodilatadores y, en
1874, ha empleado la dieta cruda, para proporcionar al organismo un fermento
glucolítico. Ha practicado la medicina como una ciencia, interpretando los
síntomas como alteraciones fisiológicas más bien que como consecuencias o
resultados finales de alteraciones de la estructura. Ha asistido a la segunda
Comisión del Cloroformo en Hyderabad (1899); ha sido un antiguo y constante
defensor de la educación física y militar como una «preparación»; fue nombrado
caballero en 1900 y barón en 1908.
Personalmente, Brunton era el «bondadoso escocés»,
una mezcla de sagacidad y sencillez, generoso, animoso y abnegado. Pagó todos
los gastos y jornales de su laboratorio farmacológico en Saint-Bartholomew; era
un verdadero amigo de Billings, e hizo importantes donaciones a la Biblioteca
General de Cirugía. Sus obras comprenden el bien conocido y frecuentemente
traducido libro de texto de Farmacología y Terapéutica (1885), las Croonian
Lectures acerca de la relación entre la estructura química y la acción
fisiológica (1892); las populares Lecciones sobre la acción de las
medicinas (1897); monografías acerca de los desórdenes de la digestión
(1886), desórdenes de la asimilación (1901), terapéutica de la circulación
(1908) y un vasto número de diversos artículos.
Arthur Robertson Cushny (1866), de Escocia, ha sido
profesor de Farmacología en Ann Arbor (1893-1905) y en la Universidad de
Londres (1905), es discípulo de Schmiedeberg, y su libro de texto de
farmacología y terapéutica (1899) esta imbuido del espíritu de su maestro. Ha
llevado a cabo una admirable labor a propósito de los efectos de la digital
sobre el músculo cardíaco (1912).
Horado C. Wood (1841), de Filadelfia, profesor de
Botánica (1866-76), de Terapéutica (1876-1907), de enfermedades nerviosas
(1875-1901) en la Universidad de Pensilvania; ha realizado una importante
investigación acerca de la patología de la insolación (1872); ha escrito una
memoria de las algas del Norte de América (1872) y es, además, autor de un
tratado de Terapéutica (1874), en el cual se examinan por vez primera los
efectos en el organismo de varios medicamentos en dosis reducidas, además de la
experimentación sobre los animales, que con la evidencia de la toxicología nos
daba lo racional de su empleo en las enfermedades. Contiene, además, esta obra
una clasificación básica de los medicamentos. Wood ha investigado el nitrito de
amilo, ha descubierto las propiedades fisiológicas y terapéuticas de la
hioscina, y ha sido el primero en sistematizar el tratamiento de los accidentes
de la anestesia. Es el editor del Philadelphia Medical Times (1873-80)
y de la Therapeutic Gazette (1884-90), de los United
States Dispensatory (1883 a 1907), y es autor de una obra de
enfermedades nerviosas (1887).
Una buena labor original es la de Torald Sollmann
(1874), de Cleveland (Ohio), que ha escrito un notable libro de texto sobre
Farmacología (1917).
John Jacob Abel (1857), de Cleveland (Ohio),
profesor de Farmacología en el Johns Hopkins University (1893), és editor
del Journal of Pharmacology and Tlierapeutics (1909); es el
primero que ha aislado la epinefrina (1898) y la bufagina (1911); ha hecho
valiosas investigaciones de nuevas substancias y ha ideado los métodos de
vividifusión (1912-13) y plasmaférresis (1914). Entre sus discípulos, Reid Hunt
es conocido por sus estudios sobre el alcoholismo experimental (1907) y el
tiroides (1909); L. G. Rowntree y J. T. Geraghty, por su descubrimiento de la
prueba de la fenolsulfoneftaleína en las enfermedades del riñón (1910); David
I. Macht ha investigado los alcaloides del opio
(1915-16) y otras substancias. También en la Johns Hopkins University, Samuel
J. Crowe ha descubierto que la hexametilenamina (urotropina) es excretada por
el líquido cefalorraquídeo (1909), dejándonos el uso extensivo de esta
substancia en las enfermedades meníngeas causadas por microorganismos.
La acción especial de las sales de magnesio en el
tétanos ha sido estudiada en América por Samuel James Meltzer y John Auer
(1905-06).
Entre los muchos medicamentos descubiertos en los
tiempos modernos figuran el doral, por Oscar Liebreich (1869); la antipirina
(Knorr), por Wilhelm Filehne (1884); la cocaína (como anestésico), por V. K.
Anrep (1879-84)[838] y Carl Koller (1884); la salipirina, por Riedel (1884); el ictiol
y la resorcina, por Paul Gerson Unna (1866); el salol, por Marcel von Nencki
(1886); la acetanilida, por Cahn y Hepp (1886); el sulfonal (Baumann, 1884),
por Alfred Kast (1888); el trional y el tetronal, por Baumann y Kast (1888);
el strophantus hispidus, por Thomas R. Fraser (l904); el extracto
suprarrenal, por G. Oliver y S. A. Schäfer (1894-95); la eucaína, por Merling
(1896); la heroína, por Dreser (1898); el veronal (1894) y el proponal (1905),
por Emil Fischer y Joseph von Mering; la novocaína, por Alfred Einhorn (1905);
el rojo escarlata (Biebrichs, 1882), por B. Fischer (1906); la pasta bismutada,
por Emil J. Beck (1908); el pantopón, por Hermann Sahli (1909), y el salvarsán
(«606»), por Ehrlich (1909).
La emetina, introducida por Bardsley, de
Mánchester, en 1829, como un remedio para la disentería, se ha encontrado que
es amebicida por Edward B. Wedder (1910-11), y su uso en la disentería amebiana
ha sido establecido clínicamente por sir Leonard Rogers (1912).
De otras medidas terapéuticas, la electroterapia ha
sido modernizada por Duchenne, de Boulogne (1847-55); Robert Remak (1855-58),
Hugo von Ziemssen (1857), Moriz Benedikt (1868-75) y Wilhelm Heinrich Erb
(1882). Los primeros resultados definitivos de los efectos de la electrólisis
galvánica han sido obtenidos en el tratamiento de la estrechez uretral por el
sueco Gustav Crusell (1839)[839], que publicó una memoria sobre el galvanismo en el
tratamiento de las afecciones locales (1841-43). La electricidad estática ha
sido primeramente empleada en el Guy’s Hospital por Thomas Addison, Golding
Bird y sir William Gull (1837-52); la corriente farádica doble ha sido usada
contra los tumores y las afecciones uterinas por Georges Apostoli, en París
(1884); las corrientes de alta frecuencia han sido empleadas por Jacques-Arséne
d’Arsonval (1892) y por F. Nagelschmidt en forma de termopenetración eléctrica
(diatermia) en 1906-8. La ionoterapia, sugerida por Edison en 1890, ha sido
aplicada por Stéphane Leduc, de Nantes, en 1900. Los rayos X, descubiertos por
Wilhelm Conrad Röntgen en 1893, pronto llegaron a ser un precioso auxiliar en
el diagnóstico, y, en manos de los expertos, una útil medida terapéutica, lo
mismo que el radio.
La jeringa hipodérmica ha sido creada en Europa por
Francis Rynd (1845), Charles Gabriel Pravaz (1851) y Alexander Wood (1855), y
en América, por Fordyce Barker (1856). Las tabletas para estos y otros usos
fueron inventadas y usadas por Robert M. Fuller, de Filadelfia, en 1878.
Magendie y Gaspard resucitaron las inyecciones intravenosas experimentales de
medicamentos en 1823; G. B. Halford, de Melbourne (Australia), ha reintrodueido
las inyecciones de Fontana, de amoníaco, en las mordeduras de las serpientes,
en 1869-73. A. S. Landerer ha aplicado las inyecciones de hetol en el
tratamiento de la tuberculosis (1892); Guido Bacelli, las de quinina en la
fiebre palúdica (1890), y el sublimado corrosivo en la sífilis (1894); y las
inyecciones de metales coloidales han sido introducidas por Benno Credé en
1901.
En 1895, Forlanini idea el tratamiento de la tisis
por el neumotorax artificial, que había sido ya sugerido por Carson en 1842 y
había sido introducido en América por John B. Murphy (1898). La idea de emplear
las inyecciones profundas de alcohol como tratamiento de las neuralgias ha sido
sugerida por Pitres y Vaillard en 1887 y aplicada por Karl Schloesser en 1903.
La hidroterapia ha sido popularizada por Max Joseph
Oertel y por el labrador de Silesia, Vincenz Priessnitz (1799-1851), cuyas
compresas frías y métodos externos fueron ampliados y continuados por el pastor
de Baviera Kneipp; por C. Munde, en Gráfenberg (1839); en Inglaterra, por James
Maraby Gully, en Malvern (1842), y en los Estados Unidos, por Rusell Thacher
Trall (1844), Joel Shew y otros. La hidroterapia científica va especialmente
asociada a los nombres de Ernst Brand (1827-97), un práctico de Stettin que
volvió a poner sobre una buena base el olvidado tratamiento de Currie de la
fiebre tifoidea por el agua fría (1861-63) y de Wilhelm Winternitz (1835-1905),
de Josefstadt (Bohemia), profesor en Viena (1881), director del establecimiento
hidroterápico de Kaltenleutgeben, fundador de Blätter für kliniscke
Hydrotherapie (1890) y autor del mejor tratado moderno sobre la materia
(1877-80), basado tanto en la experimentación como en la investigación clínica.
Oskar Lassar, en Berlín (1883), y Simón Baruch, en Nueva York, han sido los
principales propagandistas de los baños públicos al alcance del público de las
grandes ciudades.
En 1834, Víctor Théodore Junod (1809-81) investigó
los efectos del aire comprimido y enrarecido sobre el organismo, aplicándolo
como «hemospasia» o ventosa gigante, resumiendo los resultados obtenidos en su
tratado de 1875. El método consistía en la producción de una derivación de la
sangre desde el cerebro a los pies, una especie de sangría sin sangría, siendo
los efectos revulsivos extraordinariamente útiles en algunos casos.
La dietética y el régimen han adelantado gracias a
William Banting (1797 a 1878), de Inglaterra, quien, en sus Letter on Corpuler.
ee (1863), introduce la cura de la obesidad por medio de la reducción general
del alimento, incluyendo la exclusión de grasas y de hidratos de carbono
(1863); por Liebig, Wóhler, Beaumont, Moleschott, Pavy, Pavloff, Rubner,
Chittenden y otros investigadores de la nutrición y del metabolismo; por Boas y
Ewald, que han ideado las comidas de prueba en los trastornos digestivos; por
Debove, que ha inventado la alimentación forzada en la tisis, y, finalmente,
por Carl von Noorden, que ha hecho un estudio especial de la dietética en los
trastornos del metabolismo y ha recomendado la dieta de harina de avena en la
diabetes. Tratamientos especiales de las enfermedades del corazón han sido
imaginados por el laringólogo Max Joseph Oertel (1835-1897), de Dillingen
(Baviera), cuyo método consiste en la dieta de proteicos con reducción de
líquidos, perspiración libre y ejercicios graduados de subir cuestas (1884), y
por Theodor Schott (1852), que en Nauheim ha descubierto los maravillosos
efectos de los baños carbónicos sobre el corazón debilitado (1883), combinados
con ejercicios gimnásticos lentos, ejecutados por los enfermos y resistidos por
el operador. La bomba del estómago para extraer el opio y otros venenos (Monro
secundas), ha sido introducida simultáneamente por Edward Jukes y Francis Bush,
dos médicos ingleses, en 1822[840]. El simple cateterismo con lavado para la
dilatación gástrica por obstrucción pilórica ha sido ideado por Adolf Kusmaul
(años 1867-69).
Las aplicaciones científicas del hipnotismo han
sido estudiadas principalmente por Charcot y sus discípulos en la Salpétriére y
por los dos maestros de la escuela de Nancy, Ambroise-Auguste Liébeault, en su
Le sommeil provoqué (1889) y Thérapeutique suggestive (1891). e Hippolyte
Bernheim, en De la suggesiion dans Vétat hypnotique et dans Vétat de veille
(1844) e Hypnotisme, suggestion, psychotherapie (1891). Estos títulos indican
ya la general tendencia a separarse de la sugestión hipnótica, dirigiéndose hacia
la persuasión mental y moral o psicoterapia, que iba ya implícita en la
enseñanza de Charcot. La psicoterapia se coloca sobre una base definitiva por
obras como el libro de Paul Dubois sobre el tratamiento moral de las
psiconeurosis (1904), y el Isolement et psychotherapie (1904), de Jean Camufe y
Philippe Pagnier. Era hábilmente aplicada en la Emmanuel Church, de Boston, por
el Rev. Elmwood Worcester y sus discípulos.
La gimnástica con propósitos terapéuticos ha sido
introducida como «movimientos suecos» por Per Henrik Ling (1776-1839) hacia
1813, siendo posteriormente perfeccionada en métodos como mecanoterapia y
kinesterapia, particularmente en el Instituto Zander. La predicación de la vida
y del ejercicio al aire libre, la percepción de que la naturaleza externa tiene
una acción saludable y benigna sobre la salud mental y corporal, se encontraba
ya implícita en las enseñanzas de la medicina griega y ha sido el tema de
aquellos escritores modernos, como Thoreau,
Walt Whitman y John Burroughs, y ha sido aplicado
con éxito al tratamiento de la tisis en todas partes, y al de los estados
neurasténicos por J. Madison Taylor y otros especialistas.
El fundador de la Higiene experimental ha sido Max
von Pettenkofer (1818-1901), de Lichtersheim (Baviera), discípulo de Liebig y
Bischoff; profesor de Química dietética en Munich en 1847, y profesor de
Higiene en la misma Universidad (1853), donde, bajo su dirección, se abrió el
primer Instituto de Higiene en 1875.
Max von Pettenkofer (1818-1901)
La primer labor de Pettenkofer, como hemos visto,
es en el campo de la Química fisiológica y del metabolismo.
En 1844 ha ideado su bien conocida prueba para los
ácidos de la bilis; y en 1863-64 ha hecho, con Voit, sus clásicas
investigaciones sobre el metabolismo de la respiración. Ha investigado, además,
algunas substancias como los sulfocianatos en el esputo, el ácido hipúrico, la
creatina y la creatinina. Desde 1855, ha consagrado mucha atención a la
etiología del cólera y de la fiebre tifoidea, la aparición de cuyos
padecimientos lo atribuía al estado del suelo y de las aguas telúricas, y
oponiéndose últimamente a la doctrina microbiana de la infección, llegando,
para probar su tesis, a ingerir un cultivo de bacilos virulentos del cólera a
las setenta y cuatro horas. A pesar de sus puntos de vista algo arbitrarios,
libró por completo a la ciudad de Munich de la fiebre tifoidea por la
aplicación de un apropiado sistema de alcantarillado, asunto frecuentemente
invocado en sus controversias con Virchow. La contribución más importante de
Pettenkofer a la Higiene experimental son sus métodos de calcular el bióxido
carbónico en el aire y en el agua (1858), sus investigaciones sobre la
ventilación de los domicilios (1858) y la relación de la atmósfera con los
vestidos, habitaciones y el suelo. Ha estudiado las ventajas relativas de las
estufas y de la calefacción por el aire caliente, demostrando que el aire puede
pasar a través de las más gruesas paredes, e investigando la contaminación de
la atmósfera por los gases profundos del suelo. Ha sido ennoblecido en 1883, y
llegó a ser presidente de la Academia Bávara de Ciencias en 1889. En 1882,
Petenkofer publicó, con Ziemssen, el Handbuch der Hygiene, y era uno de los
coeditores del Zeitschrift für Biologie (1865-82) y del Archiv für Hygiene
(1883-94). La Higiene experimental, como basada en la doctrina microbiana de la
infección, tomó nuevos bríos con la obra de Koch y sus asociados del Instituto
de Higiene de Berlín.
Tal vez los más importantes de los antiguos
tratados de Higiene pública después del tiempo de Johann Peter Frank, son la
Medical Pólice, de John Roberton (Edimburgo, 1808-9) y los tratados de
François-Emmanuel Foderé (1822-24) y Alexandre J. B. Parent-Duchátelet (1836),
que ha escrito, además, una obra que ha hecho época sobre la prostitución en la
ciudad de París (1836).
David Hosack, en 1820, ha escrito sobre la policía
médica de la ciudad de New York. En la primera mitad de la centuria este asunto
ha sido extensamente cultivado en Francia, habiéndose escrito diferentes
tratados por Molard (1841), Royer Collard (1843), Bourdon (1844), Michel Levy
(1844-45), Briand (1845), Foy (1845), Boudin (1846), al paso que la obra de
Parkes, de 1864, establece el tránsito para las obras ulteriores de L. Hirt
(1876), E. Fazio (1880-86), G. H. Rohé (1885), Max Rubner (1888), E. Flügge (1889),
J- Uffelmann (1889-90), W. Praussnitz (1892), L. Mangin (1892), Ferdinand
Hueppe (1899), A. W. Blyth (1900), Charles Harrington (1901), W. T. Sedgwick
(1902), J. Rambousek (1906) y M. J. Rosenau (1913). El gran manual de
Pettenkofer (1862-94) ha sido seguido de otros semejantes, editados por Thomas
Stephenson y Shirley F. Murphy (1892-94), Theodor Weyl (1893-1901) y Max Rubner
(1911).
La Higiene Industrial ha adelantado por los
trabajos de sir Humphry Davy (1779-1829), que inventó latan conocida lámpara de
seguridad para los obreros de las minas de carbón (1815); por Charles Turner
Thackrah (1795-1833), de Leeds, discípulo de Sir Astley Cooper, que ha sido el
primero en estudiar, en su tratado de 1832, la fiebre de los fundidores de
bronce, las enfermedades por lospolvos, etc. ; porTanquerel des Planches
(1809-62), que ha escrito una importante obra acerca de las enfermedades de los
obreros que manejan el plomo (1839); por François Melier, que se ha ocupado de
la higiene de los que manufacturan el tabaco; por A. L. D. Delpech, que ha
investigado las afecciones de los afiladores (1863) y, con J. B. Hillairet, las
de los obreros que trabajan con el cromo (1869-76). En Alemania, Ludwig Hirt
(1844), de Breslau, ha escrito una obra monumental, en cuatro volúmenes, acerca
de las enfermedades profesionales (1871-78), que ha sido seguida de los
Handbücher, de H. Eulenburg (1876), H. Albrecht (1894-96) y Th. Weyl (1908). En
Inglaterra, Sir Thomas Oliver ha prestado especial atención a las afecciones
causadas por los polvos y a los accidentes de los mineros y otros oficios que
ponen en peligro la vida (Dangerous Ir ades, Londres, 1902), y Leonard Hill ha
investigado ias enfermedades de los buzos (1912), y, en general, las producidas
porlas atmósferas confinadas. En América, las investigaciones e informes de
George M. Kober (1908-16), Frederick L. Hoffmann (1909-16), John B. Andrews
(1910-16) y Alice Hamilton (1911-14) acerca de los venenos industriales; de
William C. Hanson, sobre polvos y humos (1913), han demostrado ser de gran
importancia. También son, valiosas monografías las de Josephine Goldmark sobre
la fatiga industrial (1912), de George M. Price acerca de las modernas
factorías (1914), de W. Gilman Thompson, de las enfermedades profesionales
(1914), y los tratados en cooperación sobre el mismo asunto, editados por
George M. Kober y William C. Hanson (1916). Rudolf Virchow desempeña un papel
importante en el saneamiento y disposición del alcantarillado de Berlín
(1868-73), y es el creador del movimiento moderno en favor de la higiene e
inspección de los niños de las escuelas (1869), que ha sido hábilmente
continuado por los trabajos de Edwin Chadwick (1871), Hermann Ludwig Cohn
(1887) y otra serie de investigadores. Las comidas para los niños de las
escuelas han sido establecidas por el Conde de Rumford en 1792, cuya idea ha
revivido en la Caise des écoles de un batallón francés en 1849. Se hicieron
permanentes, en forma de canfines scolaires, por la ley de 1882. Víctor Hugo
emprendió un movimiento en favor de estas comidas escolares en Gernesey en
1866. En Alemania, el movimiento comenzó en Munich en 1876, y en 1900 se había
extendido a todas las ciudades del Imperio. En Inglaterra ha comenzado en 1902,
y en la ciudad de New York en 23 de noviembre de 1898[841]. Las clínicas dentarias se han iniciado en
Estrasburgo y Darmstadt en 1902. En la actualidad existen en Alemania 120. La
química de los alimentos y la investigación de las adulteraciones de los mismos
es el asunto de tratados especiales por F. C. Knapp (1848), Moleschott (1850),
A. Chevallier (Dictionnaire, 1850), F. Artmann (1859), E. Reich (1860), J.
Konig (1878), H. Fleck (1882). El saneamiento de los hospitales ha adelantado
grandemente gracias a Florence Nightingale (1859), Lord Lister (1870), sir Douglas
Galton (1893), sir Henry Burdett (1891-93) y por las enseñanzas que ha dado la
construcción de aquellas modernas y buenas disposiciones, como el Johns Hopkins
Hospital en Baltimore (1689), el hospital de pabellones de Eppendorf, en
Hamburgo (1889), o el de Rudolf Virchow, en Berlín (1906). La higiene de las
habitaciones y el planeamiento de las ciudades es un asunto al que consagran
modernamente gran interés los arquitectos y los ingenieros sanitarios. Dice
Lord Kelvin que no podrá haber una higiene verdadera de la vida en las casas
hasta que «la arquitectura no se convierta en una rama de la ingeniería
científica»[842].
La Higiene Pública en Inglaterra ha adelantado
especialmente gracias a sir Edwin Chadwick (1800-1890), sobre todo por sus
informes acerca de la reforma de la ley de pobres (1834), la salud de las
clases obreras (1842), y sobre cementerios (1843-55); a sir John Simón
(1816-1904), cuyos famosos Public Health Report (1887) y English
Sanitary Institutions (1890), han ejercido un gran influjo en la
legislación y en el desenvolvimiento moderno de la Higiene, y por Henry
Wyldoore Rumsey (1809-76), que durante los últimos cuarenta años de su vida,
por lo profundo de su crítica, publicando hechos evidentes ante los Comités
públicos, por su recomendación de los grados universitarios en la medicina del
Estado (1865) y por el efecto producido por sus ensayos acerca de la medicina
del Estado (1865) y de los errores de las estadísticas (1875), ha prestado
extraordinarios servicios al avance de la legislación sanitaria. El tratado de
Higiene más importante de los ingleses es el manual de Edmund Alexander Parres
(1819-76), publicado en 1864, en cuya preparación había colaborado Lord Sidney
Herbert (1810-61), de Lea, que era secretario de Guerra en el momento de
declararse la guerra de Crimea (1854) y presidente de la Comisión Real para
estudiar las condiciones sanitarias del ejército y las barracas y hospitales
militares. Lord Herbert tuvo frecuentes consultas con Parkes a propósito de la
creación de la Escuela de Medicina militar, en Fort Pitt (Chatham) [1860], que
fue trasladada al Real Plospital Victoria, Netley, en 1863, fue la amistad de
lord y lady Herbert con Florence Nightingale lo que permitió a esta última
pasar a Scutari con cuarenta enfermeras para asistir a los soldados en la
guerra de Crimea. Se dice que todas las recomendaciones hechas por la Real
Comisión del África del Sur habían sido hechas, cincuenta y cinco años antes,
por lord Herbert. Su colega Parkes ocupó la primera cátedra de Higiene en
Inglaterra (en el I7ort Pitt, 1860), y el Parkes Museum de Higiene
ha sido fundado en memoria suya en 18 de julio de 1876, e inaugurado en 28 de
Junio de 1879.
El barón Mundy, de Viena, llama a Parkes «el
fundador y el mejor maestro de higiene militar de nuestro tiempo, el amigo y el
bienhechor de todos los soldados».
El epidemiólogo William Budd (1811-80), de North
Taunton (Devonshire), descrito porTyndall como «el hombre de más elevado
genio», ha escrito la mejor obra inglesa de su tiempo acerca de enfermedades
infecciosas. Su monografía sobre la fiebre tifoidea (1873) demostraba la
naturaleza contagiosa de la misma y sus diferentes modos de transmitirse. En
1866 combatió el cólera en Bristol, haciendo descender la mortalidad hasta 29
casos, en vez de los I. 979 que hubo en 1849. Su famosa receta para la epidemia
de peste de 1866, «una hachuela de mano y un foso de cal viva», fue
ridiculizada, pero demostró ser verdadera. George Budd ha descrito la cirrosis
atípica del hígado (sin ictericia) por autointoxicación (enfermedad de Budd), y
William ha publicado un famoso trabajo sobre las enfermedades simétricas
(1842). John Snow (1813-58), de York, graduado en Medicina en Londres en 1844,
ha sido el primero en sostener la teoría de que el cólera es de origen hídrico
y penetra en el organismo por la boca (1849), por cuyo ensayo le fue concedido
un premio de 30.000 francos por el Instituto de Francia. Durante una grave
epidemia de cólera de Londres, en 1854, reveló a la junta de Saint-Jacques que
la epidemia cesaría si se quitaba el mango a la bomba de la Broad Street, lo
que pudo comprobarse ser cierto. En 1841 ha inventado una’especie de bomba
aspirante para los niños asfixiados y un trocar para la toracentesis. Era un
defensor de la anestesia, habiendo asistido a los partos de la reina,
cloroformizándola, en 1853 y 1857. La segunda edición de su obra sobre el
cólera (1852), que contenía una notable exposición de la teoría de los
gérmenes, le costó 200 libras y le produjo muy pocos chelines.
El principal cultivador de la estadística médica en
Inglaterra, durante este período, es William Farr (1807-83), de Kenley
(Shropshire), que hizo entrar a la práctica médica en la Oficina del registro
general, en relación con la cual ha publicado sus clásicas cartas sobre las
causas de la mortalidad en Inglaterra (1839-80). Sus otros importantes
artículos aparecen coleccionados en el volumen Vital Statistics (1885),
con la excepción de su importante carta al Daily News (17
febrero 1886)[843], que contiene la primera exposición de la ley de Farr; a saber, que una
epidemia en un principio asciende rápidamente, después sube más despacio hasta
un máximo de mortalidad, para descender después con más rapidez de la que ha
subido. Primeramente trazó esta curva por la epidemia de viruela de 1840, y,
según ella, predijo con acierto el pronto descenso de la devastadora peste
bovina de 1865-66. Las curvas epidémicas desenvueltas posteriormente por
Brownlee, Ross y otros son generalmente del tipo bien marcado de Farr (Clase IV
de Pearson). Farr ha ideado el esquema de nomenclatura y nosología del Real
Colegio de Médicos, que se sigue empleando en la clasificación de la literatura
médica y de las bibliotecas médicas. Ha editado el British Medical
Almanack (1835-39), que contiene su valiosa cronología médica, su
notable Essay of Prognosis (1838) y su historia de la
profesión médica en Inglaterra (1839).
Tal vez la más antigua de las obras modernas de
estadística sea el famoso Essay on the Principie of Population (1798), de
Thomas Rober Malthus (1766-1834), de Guildford (Inglaterra), que sostiene que
la cantidad de subsistencias y el número de nacimientos van aumentando en
proporción aritmética y geométrica, respectivamente. Ha ejercido una profunda
influencia en la disminución de los matrimonios y en el decrecimiento de las
familias en los tiempos modernos; sin embargo, es erróneo el describir los métodos
para prevenir la concepción como «malthusianismo», porque tales procedimientos
(primitivamente sugeridos por Condorcet) son inequívocamente condenados por
Malthus. Las estadísticas médicas han sido inventadas por Louis (1835). Los
métodos modernos de llegar al cálculo de la mortalidad en las grandes ciudades
y otros datos han sido expuestos por el estadista húngaro Josef von Korosi
(1873); las falsedades y otras relaciones matemáticas de las estadísticas han
sido estudiadas por los escritores ingleses Henry Wyldbore Rumsey (1875) y
William Farr (1885). En América, John Saw Billings (1838-1913) ha hecho
contribuciones importantes, especialmente en sus Cariwright Lectures (1889) y
sus informes especiales acerca del censo de los Estados Unidos. Frederick L. Hoffman
ha investigado las estadísticas del cáncer (1915). Los investigaciones
estadísticas de Jacques Bertillon (1851-1914) sobre la despoblación de Francia
(1880-1911)[844] son efectivas también en otras regiones, en
las que ha sido comprobable la disminución de la cifra de nacimientos. La obra
de Karl Pearson pertenece al siglo XX.
En lo referente a la Jurisprudencia médica, el
tratado de François-Emmanuel Fodéré (1798-1812) ha sido la fuente autorizada en
Francia durante la primer parte del siglo. En Alemania, Johann Ludwig Caspar
(1796-1864), de Berlín, alcanzó una gran reputación por sus obras de
estadísticas médicas y medicina del Estado (1825-35), autopsias judiciales
(1851-53) y por un Manual práctico de Medicina Legal (1856), que ha permanecido
insuperable durante un largo período de tiempo por la riqueza de sus datos y lo
acertado de sus juicios. Los primeros tratados ingleses han sido escritos por
los americanos Theodoric Romeyn Beck (1823) e Isaac Ray (1839). William
Augustus Guy (1810-85) ha sido el primer inglés que ha escrito sobre este
asunto (1844).
Otros notables tratados americanos son los de
Francis Wharton y Moretón Stillé (1855) y John Ordronaux (1869), ambos
ocupándose mucho de la medicina forense desde el punto de vista legal.
William Farr (1807-83) (Biblioteca Médica de Boston.)
El tratado, en cuatro volúmenes, de Witthaus y
Becker (1894-96), es una comprensiva enciclopedia moderna, escrita por varios
autores. Heinroth (1825), Isaac Ray (1839), Krafft-Ebing (1875) y Charles
Arthur Mercier (1890) se han ocupado mucho de la jurisprudencia de la locura;
Carl Ferdinand von Artl, del aspecto médicolegal de los traumatismos del
aparato de la visión; M. J. B. Orfila (1813-15), sir Robert Christison (1829),
Auguste Ambroise Tardieu (1867) y Georg Dragendorff (1868-72), de la toxicología;
Frank Hastings Hamilton, de las deformidades consecutivas a las fracturas desde
el punto de vista legal (1855), y Krafft-Ebing, de las inversiones y
perversiones sexuales (1886-87). Theodore George Wormley ha escrito un buen
libro acerca de la microquimia de los venenos (1867), y Virchow una pequeña
obra sobre técnica de las autopsias (1876), que ha sido el libro de consulta en
su época. Paul Brouardel (1837-1906), de París, es famoso por un gran número de
valiosas y completas monografías, especialmente las que se ocupan de la muerte
y la muerte repentina (1895), de la muerte por suspensión, estrangulación,
sofocación e inmersión (1897) y del infanticidio (1897). La prueba de la
precipitina (Bordet-Uhlenhuth), para las manchas de sangre, ha sido introducida
en 1901[845], y la reacción del veneno del cobra en la locura
(Much-Holtzmann), en 1909[846].
Desde los tiempos de Haller, el estudio de 1?
historia de la Medicina ha estado principalmente en manos de los escritores
alemanes y franceses.
Los eruditos ingleses, tales como Francis Adams
(1796-1861), de Banchory (Escocia); William Alexander Greenhill (1814-94), de
Londres, editor de las obras de Sydenham, han llevado a cabo valiosas
traducciones de los grandes escritores clásicos griegos y romanos, y deliciosos
libros y ensayos con el estilo propio de los literatos, han sido escritos por
William MacMichael (The Gold Headed Cañe, 1827), John Brown (Horae Subsecivae,
1858), J. Cordi Jeaffreson (A Book about Doctors, 1860), Wilks y Bettany (History
of Guy's Hospital, 1892), sir Benjamín Ward Richardson (Disciples of
JEsculapius, 1900), y particularmente por los dos regios profesores Osler y
Allbutt; sin embargo, ninguna obra en grande escala ha sido intentada en la
Gran Bretaña y América que pueda ser comparada con las de Haeser y Daremberg, a
excepción de la Historia de las epidemias en Bretaña, de Charles Creighton
(1894). La Introducción a la literatura médica, de Thomas Young (1813); una
Historia, no acabada, de la Medicina, por Edward Meryon (1861); una, muy
asequible, por Edward T. Withington (1894); los estudios de John Flint South
(1886), Sydney Young (1890) y D’Arcy Power (1899), sobre cirugía inglesa; los
estudios de sir Clifford Albutt, sobre la ciencia medieval y la cirugía
(1901-1905); de J. F. Payne, sobre medicina anglo-sajona (1904); de L. M.
Griffiths, sobre filología médica (1905); de Norman Moore, sobre educación
médica en la Gran Bretaña (1908); de Raymond Crawfurd, sobre el mal regio
(1911), la peste y la pestilencia (1914); de Charles A. Mercier, sobre la
astrología en Medicina (1914) y las leproserías (1915); los estudios de Charles
Singer sobre la historia del contagio, microscopia y medicina tropical, y los
ensayos ilustrados de Osler figuran entre las mejores cosas que se han escrito
en Inglaterra sobre el asunto. Las contribuciones americanas de esta época
tampoco son extensas ni numerosas. Lo mejor son los ensayos de Joseph Meredith
Toner, John Cali Dalton (Cartwrighi Lectures sobre el método experimental
[1882] y sus Doctrinas sobre la circulación, 1884), y George Jackson Fischer,
las consideraciones históricas tituladas Una centuria de la medicina americana
(1876); los Ensayos médicos, de Oliver Wendel Holmes (1883); la Historia de los
instrumentos de precisión en medicina, por Weir Mitchell (1892) y los estudios
de Harvey; los estudios de James J. Walsh, sobre medicina medieval; la Historia
de las enfermeras, por Mary Adelaide Nutting y Lavinia L. Dock (1907-12); los
estudios de Harvey, por John G. Curtís (1916); la Historia de la Psiquiatría
americana, por Henri M. Hurd (1916). La traducción inglesa de Baas, por Henry
E. Handerson (1837), de Orange (Ohio), conserva el sabor humorístico del
original, y es doblemente valiosa por el material añadido. Las más antiguas
historias de la Medicina por americanos son las de Peter Middlenton (1769),
Robley Dunglison (1872) y la corta historia de Roswell Park (1897); la historia
de la Medicina en los Estados Unidos ha sido tratada por James Thacher (1828),
Francis Randolph Packard (1901) y James Gregory Mumford (1903); la medicina
judía, por Charles D. Spivak y F. T. Hanemaux (1904); Cífolklore médico, por
Robert Fletcher; la botánica médica y los ilustradores médicos, por Howard A.
Kelly. William A. Heidel tiene un estudio de las teorías corpusculares de los
griegos (1910), que es un buen ejemplo de lo que los estudios filológicos
pueden hacer en favor de la historia de la Medicina.
La obra alemana más antigua del siglo XIX es la
Geschichte der Heilkunde, de J. F. K. Hecker (1795-1850), que ha sido seguida
de la colección de monografías del mismo autor sobre las grandes epidemias de
la Edad Media (1865). La más erudita y más completa historia de la Medicina,
escrita en los tiempos modernos, es la de Heinrich Haeser (1811-84), profesor
de Medicina en Jena (1839), Greisswald (1849) y Breslau (1862); Haeser era hijo
de un director de música de Weimar, se educó en una atmósfera de cultura y era
uno de los médicos más ilustrados de su tiempo. Sus primeras obras sobre la
historia de las enfermedades epidémicas (1839-41) y su Bibliotheca
epidemiographica (1843), con los valiosos Additamenta de Johann Gottlieb
Thierfelder (1843), demuestran su talento para este género de investigaciones.
Esto llega a su grado máximo en su Lehrbuch der Geschichte der Medizin und der
Volkskrankheiten (1845), que en su tercera edición (1875-82) se ha convertido
en un almacén sin rival de conocimientos, con una maravillosa seguridad en los
datos y citas, aunque, como es natural, tenga algún que otro error ligero de
vez en cuando. El tercer tomo de la historia de las epidemias contiene citas
originales de muchas descripciones directas de las enfermedades, tomadas directamente
de las antiguas crónicas municipales y monacales, en cuyo género de
investigaciones Haeser no ha reconocido más rival que Sudhoff. La obra
magistral de Haeser ha sido seguida en Alemania por las historias de Wunderlich
(1859), Johann Hermann Baas (1876), Julius Pagel (1898-1901-6) y por el
profesor de Viena Max Neuburger (1906), obras todas de un carácter sólido y
aquilatado. Entre tanto, la medicina rusa era tratada por Wilhelm Michael
Richter (1813-17); la medicina árabe, por Heinrich Ferdinand Wüstenfeld (1840)
y Karl Opitz (1906); la historia de la sífilis, por Conrad Heinrich Fuchs
(1843), Julius Rosenbaum (1845); e Iwan Bloch (1901-11); ia ginecología
talmúdica, por A. H. Israels (1845); la historia de las leproserías medievales,
por Virchow (1860-61); la medicina alemana, por Heinrich Rohlfs (1875-82) y
August Hirsch (1893); la historia de la terapéutica (1877) y de la clínica
médica (1889), por el danés J. J. Petersen (1840-1912); la medicina vienesa
(1884) y la historia de la educación médica (1889), por Theodor Puschmann
(1844-99); la medicina portuguesa, por M. Lemos (1891); la medicina tibetana,
por Heinrich Laufer (1900); la medicina cuneiforme, por Félix von Oefele
(1902); la historia de las enfermedades infecciosas, por Noah Webster (1799-1802),
J. A. F. Ozanam (1817-23), Alfonso Corradi (1865-86) y C. Creighton (1891-94);
la historia de la peste y del cólera, por Jeorg Sticker (1908-12); la medicina
de Persia, por el noruego Adolf Mauritz Fonahn (1910), y la medicina judía, por
Julius Preuss (1911). Un notable erudito médico era Johann Ludwig Choulant
(1791-1861), de Dresde, autor de aquilatadas biografías (1828-42) y de una sin
rival historia de las ilustraciones anatómicas (1852); Karl Friedrich Heinrich
Marx (1796-1877), de Góttingen, Jel primer autor moderno que ha señalado la
importancia de Leonardo de Vinci como anatómico (1848); el primero en enumerar
y clasificar las ilustraciones pictóricas de interés para la medicina (1861) y
autor de Origines contagii (1824-27) y de completos estudios de Herófilo
(1838), Blumenbach (184o), Paracelso (1842), Leibnitz (1859), Conring (1872),
Paullini (1873) ySchneider (1873); Moritz Stkinsciineider (1817-1907), uno de
los más ilustres archiveros médicos, que ha catologado los manuscritos orientales
del archivo Bodleian, ha es crito autorizados estudios sobre la literatura
pseudo-epigráfica (1862), las fuentes árabes de Constantino el Áfricano (1866),
Donnolo (1868), la toxicología y el charlatanismo entre los árabes (1866), las
traducciones árabes de los autores griegos (1891) y ha coronado su labor con su
gran obra sobre las traducciones hebreas de la Edad Media (1893); August Hirsch
(1817-92), autor del monumental Manual de historia y geografía de la Patología
(1860-64); Gurtl, el historiador de la cirugía; Frohlich, el historiador de la
medicina militar; Max Hofler (1848-1915), autor de un diccionario de antiguos
términos médicos alemanes (1899); J. Berendes, traductor de Dioscórides y de
Pablo de Egina, y los filólogos médicos Valentin Rose, Johannes Ilberg y Max
Wellmann; Julius Pagel (1851-1912), un atareado práctico de Berlín, que ha
editado a Mondeville (1889-92) y a Mesué (1893), ha escrito una historia de la
medicina en 1897 y ha hecho un lexicón biográfico (1900), una historia
enciclopédica de la medicina (1901-6) y una útil cronología médica (1908). La
obra de Karl Sudhoff tiene su elevado puesto en el siglo XX. El más ilustre
historiador médico de Francia es Charles Víctor Daremberg (1817-72), de Dijon,
que ha editado y traducido a Oribasio (1851-76), los Cuatro Maestros (1854),
las obras selectas de Hipócrates (1843), Galeno (1854-56) y Celso (1859), ha
hecho originales investigaciones acerca de la medicina de Homero (1865), la
medicina india (1867), la medicina entre Homero e Hipócrates (1869) y ha
escrito una admirable historia de la medicina, que sigue siendo consultada
(1870). Daremberg era un gran amigo de Emile Littré (1801-81), de París, uno de
los mas ilustres filólogos médicos, autor del espléndido diccionario, en cinco
volúmenes, de la lengua francesa (1863-72); ha publicado la mejor edición
moderna de Hipócrates, con traducción francesa (1839-61), además de la Historia
Natural de Plinio (1848-50); ha reeditado el diccionario médico de Nysten, y ha
escrito muchos interesantes ensayos. Otras importantes contribuciones
históricas de autores franceses son las historias médicas de Eugene Bouchut
(1863) y León Meunier (1911); los estudios de la medicina en los poetas
latinos, por Prosper Meniére (1858) y Edmond Dupouy (1855); los estudios de
Maurice Rainaud sobre la medicina en el tiempo de Moliere (1862); las historias
de Achille Chéreau sobre el periodismo médico francés (1867), la peste en París
(1873) Coitier (1861), Mondeville (1862), Guillotin (1873) y la biblioteca de
la Facultad de Medicina de París (1878); los espléndidos estudios acerca de la
Facultad de Medicina de París, por Auguste Corlieu (1896) y Noe Legrand (1911);
el estudio sobre el renacimiento de la Medicina en Francia, por Ernest
Wickersheimer (1905) y el de Raphael Blanchard sobre Epigrafía médica
(1909-15). El estudio de la medicina en relación con el arte ha sido inaugurado
por Virchow (1861), expuesto en detalle por Marx (1861), colocado sobre una
base firme por la extensa labor de Charcot y de sus discípulos y continuado en
algunas obras alemanas, como en la de Hermann Peters, Der Arzt (1900); las de
Eugen Hollánder, La medicina en los cuadros clásicos (1903), Caricaturas y
sátiras médicas (1905) y La medicina en las artes plásticas (1912); la de
Robert Müllerheim, sobre el cuarto de la puérpera en el arte (1904), y la de F.
Parkes Weber, sobre la muerte en el arte (1910). La medicina en la antigua
India ha sido tratada por sir Bhagvat Sin Jee (1896) y August F. R. Hoernle
(1907); la medicina en Méjico, por Francisco A. Flores (1886-88); la medicina
en el Canadá, por William Canniff (1894). Útiles diccionarios biográficos de
medicina son los de J. A Dezeimeris (1828-29), Bayle y Thillaye (1855), August
Hirsch y E. Gurtl (1884-88), y Pagel (1900). Son indispensables las noticias
del Dictionary of National Biography (1885-1912) para los médicos ingleses, y
para los americanos, James Thacher (1828), S. D. Gross (1861), W. B. Atkinson
(1878), R. F. Stone (1894), Irving
D. Watson (1896) y Howard A. Kelly (1912). En
Italia se ha escrito una buena historia de la Medicina por Francesco Puccinotti
(1850-66); los manuscritos de Copenhague de la Escuela de Salerno han sido
editados por Salvatore De Renzy (Colección Salernitana, Nápoles, 1853-59) y
Pietro Giacosa (1901). De Renzy ha escrito una historia, en cinco volúmenes, de
la Medicina italiana (1844-48); y una excelente historia de la Odontología ha
sido escrita por Vicenzo Guerini (1909). Se han publicado tratados de Geografía
médica por F. Schnurrer (1813), V. Isensee (1833), Marshall (1832), C. F. Fuchs
(1853), A. Mühry (1856), J. Boudin (1857), A. Hirsch (1860-64), Andrew Davidson
(1892) y Frank G. Clemow (1903). Finalmente, Pietro Capparoni (Roma), Andrea
Corsini (Florencia), Modestino del Gaizo (Nápoles), Giuseppe Albertotti (Padua)
y Domenico Barduzzi (Siena) han realizado una excelente labor en
investigaciones originales médico-históricas.
Entre los periódicos modernos dedicados a la
historia de la Medicina figuran los Literarische Annalen der gesammten
Heilkunde (Berlín, 1825-35), el Historisch literarisckes Jahrbuch, de Choulant
(Leipzig, 1838-40); el Janus, editado por A. W. E. Th. Henschel (Breslau,
1846-48) y continuado en Gotha (1851-53); el Deutsches Archiv für Geschichte
des Medizin und medizinische Gcographie, de H. y G. Rohlfs (Leipzig, 1878-85);
Asclepiad, de sir Benjamín Ward Richardson (Londres, 1885-95); los Archivos da
historia da Medizina portügueza (Oporto, 1887-96, n. s., 1910-14); el
Caledonian Medical Journal (Glasgow, 1891-1916); la Chronique medical, de
Cabanés (París, 1S94-1913); el Janus (Ámsterdam, 1896-1917); las nuevas series
de la France médicale (ed. A. Prieur, París, 1900-1914), los Abhandlungen zur
Geschichte des Medizin (Breslau, 1902-1906); el Medical Library and Historical
Journal, (Brooklyn y New York, 1903-7), que ha tenido un sucesor de corta vida,
el ¿Esculapian (Brooklyn, 1908-9) y los Archiv für Geschichie des Medizin
(Leipzig, 1907 a 17), fundados y editados por Karl Sudhoff. El último ofrece
mucho mayor interés que ninguno de los otros periódicos que, consagrados al
mismo asunto, han aparecido hasta la fecha; su contenido está consagrado
exclusivamente a investigaciones originales. Entre las series de monografías
figuran los Studien zur Geschichte der Medizin (Leipzig, 1907-15); los Jenaer
medizin-historische Beitráge (1912), de Theodor Meyer-Steineg, y los
Medicinsk-historisk Smaaskrifter (Copenhague, 1912 a 14), de Wilhelm Maar.
Diferentes Sociedades de historia de la Medicina publican actualmente sus
memorias, especialmente, la Deutsche Gesellschaft für Geschichte der Medizin
und der Naturwissenschaften, en Leipzig (Mitteilungen, 1902-17), el Charaka Club,
New York (Proceedings, 1902-17), la Société frangaise d’histoire de la
Médecine, París (Bulletin, 1903-14), la Societá italiana della storia critica
delle scienze mediche e naturali, Roma (Rivista, 1910-17), la Society of
Medical History of Chicago (Bulletin, 1911-17) y la Historical Section of the
Royal Society of Medicine, Londres (Proceedings, 1912-17). El Bulletin del John
Hopkins Hospital (1890 a 1917) es el órgano literario del Hospital Historical
Club. Las cuidadosamente hechas revistas en los Mitteilungen, de Leipzig, bajo
la dirección de Sudhoff y Siegmund Günther, proporcionan una conveniente
información sobre toda la literatura médico-histórica moderna.
Así como el período moderno ha sido la gran época
de los periódicos, así ha sido también la época de la bibliografía médica.
En la época antigua, Conrad Gesner hizo algo de
este género, no más antiguamente de 1545. Haller ha sido el más sabio
bibliógrafo médico del siglo XVIII, y en el XIX, Young (1813), Haeser (1862),
Ploucquet, Forbes, Atkinson, Watts y otros han hecho buena labor; pero el más
perfecto intento de dar un índice o catálogo del autores de todo un período,
comprendiendo los artículos de los periódicos, es el Medicinisches
Schriftsteller-Lexicón (33 volúmenes, 1830-45), del cirujano danés Car Peter
Callisen (1787-1866). Como un resumen completo de la literatura médica de la
última mitad del siglo XVIII y del primer tercio del XIX, esta producción se
puede colocar al nivel de las de Haller como una de las más admirables obras
que haya podido hacer un hombre solo. Es inestimable por su fin y la seguridad
de sus datos. Otra obra de mérito análogo es el Handbuch der Bücherkutide
(1828), de Ludwig Choulant (1791-1861), que en su segunda edición, con los
indispensables Additamenta de Julius Rosembaum (1842), es la mejor lista que
poseemos de las diferentes ediciones de los antiguos escritores médicos. El
Repertorium bibliographicum (1826-28), de Ludwig Hain, con los suplementos de
Walter Arthur Copinger (1895 a 1902) y Dietrich Reichling (1905-11), son los
catálogos guías de los incunabula.
La oportunidad de una única bibliografía de teda la
literatura médica del mundo se ha intentado con la formación de la Biblioteca
de la Oficina General de Cirugía de Washington, que al comienzo de la guerra
civil se componía de unos 1.000 volúmenes diversos, y ha llegado a ser la mejor
biblioteca médica del mundo por la energía, perseverancia y capacidad de su
principal fundador, John Shaw Billings (1838-1913), natural de Indiana, que
había sido un distinguido cirujano militar en la guerra civil.
John Shaw Billings (1838-1913). (Cortesía de la Academia Nacional de
Ciencias.)
En 1876, Billings publicó un «Fascículo muestra» de
un combinado índice-catálogo de autores y de asuntos, dispuesto alfabéticamente
a modo de diccionario, y en 1880 apareció el primer volumen de este Index-Catalogue de
la biblioteca, en cuya formación había sido auxiliado por Robert Fletcher
(1823-1912), de Bristol (Inglaterra). Esta obra, la más acabada muestra de la
bibliografía médica que ha podido emprenderse, ha alcanzado el trigésimo
séptimo volumen (segunda serie, XXI) y comprende el contenido de una biblioteca
médica de más de 500.000 libros. La selección del material y la clasificación
científica de la primera serie (1880 a 95) ha sido hecha por Billings; la
cuidadosa redacción de este examen había sido realizada por Fletcher; ambos
estudios, en la segunda serie (1896) fueron llevados a cabo por Fletcher poco
tiempo antes de su muerte (1912). Esta obra y el Index Medicus, una
bibliografía mensual de la literatura médica del mundo, editada en las primeras
series (1879-99) por Billings y Fletcher, y resucitada, con Fletcher como
editor en jefe, por la Carnegie Institution, de Washington, en 1903, son
conocidas de todos los médicos a quienes interesa la bibliografía médica.
Además, de sus talentos como bibliógrafo médico, Billings era un hombre de una vastísima
capacidad, un hábil cirujano en tiempo de guerra, una autoridad en la medicina
militar, en higiene pública, en ingeniería militar, en ingeniería sanitaria, en
estadística y en construcción de hospitales; autor del mejor resumen crítico de
la literatura médica americana (1876) y de la mejor historia de la Cirugía que
se ha publicado en inglés (1895) y muy conocido como autor del proyecto del
John Hopkins y de otros modernos hospitales. Con toda esta labor, Billings dió
un paso de gigante para el adelanto de la medicina americana. La coronación de
su trabajo como administrador civil ha sido la Biblioteca Pública de New York,
que ha planeado con sus propias manos, conduciéndola al estado de eficacia en
que actualmente se encuentra. Fletcher ha llevado a cabo admirables
contribuciones a la antropología y a la historia de la Medicina.
El ejemplo de Billings en la Biblioteca general de
Cirugía, y con el Index-Catalogue de la misma, ha dado un
ímpetu extraordinario al crecimiento de las bibliotecas médicas en
los Estados Unidos, en donde existen en la actualidad 167, contra 118 que
existen en toda Europa. Las tres mayores bibliotecas médicas del mundo son: la
dé la Facultad de Medicina de París (240.000 volúmenes, 800.000 folletos); la
Biblioteca general de cirugía, de Washington, D. C. (224.522 volúmenes, 337.120
folletos) y la Biblioteca de la Academia Médico-Militar Imperial de Petrogrado
(con 180.000 volúmenes). La Biblioteca del Colegio de Médicos de Filadelfia
(fundada en 1783) tiene 101.340 volúmenes y 89.807 folletos; la biblioteca de
la Facultad de Medicina y Cirugía de Maryland (fundada en 1830), 23.000
volúmenes; la biblioteca de la Academia de Medicina de New York (fundada en
1846), 100.000 volúmenes y 85.000 folletos. La Biblioteca Médica de Boston,
fundada el 20 de agosto de 1875, con Oliver Wendel Holmes como presidente y James
R. Chadwick y Edwin H. Brigham como bibliotecarios, tiene unos 82.275 volúmenes
y 57.035 folletos, siendo su director actual el doctor John W. Farlow. La
Asociación de las Bibliotecas Médicas de los Estados Unidos y del Canadá
(fundada en 1898) ha estado representada por los «periódicos Medical
Libraries (1892-1902), editado por Charles D. Spivak, un Bulletin (1902)
de corta vida, The Medical Library and Historical Journal (1903-7)
y el actual Bulletin of the Medical Library Association (1911),
editado por John Ruhráh y miss Marcia C. Noyes.
Los sucesores administrativos de Billings en la
Biblioteca General de Cirugía han sido David L. Huntington (1896-7), James C.
Merrill (1898-1902), Walter Reed (1902), Walter D. McCaw (1903-1913) y Champe
C. McCulloch (1913-1917).
El siglo XX
Los comienzos de la medicina preventiva organizada
La Medicina primitiva, como la del Egipto y sus
congéneres orientales, es una fase de la Antropología. La Medicina griega era
una ciencia en organización, teniendo a la Medicina romana como una
continuación o retoño, a la Medicina bizantina como un herbario o conservación
de plantas y a la Medicina mahometana como un viajante de comercio. El mejor
aspecto de la Medicina medieval ha sido la organización de los hospitales, el
cuidado de los enfermos, la legislación y la educación médicas; sus tendencias
reaccionarias no ofrecen interés mas que a los anticuarios. El período del
Renacimiento señala el nacimiento de la Anatomía como ciencia, con el
correspondiente crecimiento de la Cirugía como oficio. Lo mejor de la Medicina
del siglo XVII era puramente científico. El siglo XVIII señala un nuevo
retroceso por su tendencia a la formación de sistemas; pero se acredita, en
cambio, por el comienzo de la Patología, del diagnóstico instrumental, de la
Cirugía experimental y fisiológica, y adquiere un creciente interés social en
relación a la fundación de la medicina preventiva y de la extensión de la
Higiene pública. En el siglo XIX se va organizando el avance de la ciencia y se
crea la Cirugía científica. El interés de la medicina del siglo XX vuelve a ser
nuevamente social.
Las cosas más dignas de mencionarse en la Medicina
moderna son el desarrollo de la cooperación y de la solidaridad internacional,
e inmediatamente es el avance importante realizado en la profilaxia, con el fin
de evitar la aparición, la reaparición y la difusión de las enfermedades. El
listerismo; los dones hechos a la Humanidad por Jenner, Pasteur, Semmelweis,
Credé y O’Dwyer; el examen bacteriológico y químico del aire, agua, alimentos,
terrenos y medicamentos; la purificación de los desagües; la cremación; la
higiene de las profesiones y de los domicilios; la inspección médica y los
cuidados de los niños de las escuelas y de los niños en el comercio e
industria; las pruebas de Binet-Simon; las colonias de vacaciones; la
vigilancia social y la obra de colocaciones; la guerra a la trata de blancas;
la vigilancia policíaca de los caracteres pervertidos y criminales en las
grandes ciudades, como Berlín; el método de Gothenburg para limitar el comercio
de licores; el renacimiento de los antiguos ideales griegos de atletismo y de
higiene personal; la sustitución de los ascéticos puntos de vista medievales de
considerar el instinto sexual por otros más claramente científicos; la
formación de sociedades para la profilaxia moral y la eugénica; los proyectos
de una regularización legal de los matrimonios y de esterilización de los
troncos degenerados; el intensivo estudio del alcoholismo, de los hábitos
medicamentosos, de la sífilis, de la tuberculosis y del cáncer; el empleo de la
bibliografía médica y de las estadísticas para lograr una información más
extensa, en espacio y tiempo, de los estados patológicos; la cooperación de las
universidades, ejércitos, servicios de salud pública y dotaciones privadas, en
favor de la profilaxia de las enfermedades tropicales y parasitarias; los
Congresos internacionales; la Convención de Ginebra, y hasta algunas cosas como
el Banting, el Bertillonage, los vendajes de Esmarch, la higiene de las toallas
y de los vasos de beber, todo son rasgos de la medicina preventiva o medicina
en grande escala. Es evidente que la imperfecta aplicación de algunas de estas
medidas profilácticas puede hacer una obra del esclavitud social, como la del
feudalismo, a causa de que, como ha dicho Emerson, «la raza es grande; el
ideal, bello; el hombre, inconstante e incierto». En manos de políticos
corrompidos, la gran idea de Johann Petei Frank de una policía médica
científica puede fácilmente convertirse er una poderosa arma para venganzas
particulares; en la regulación de los matrimonios, por ejemplo. Como ha dicho
ingeniosamente Allbutt, «los filósofos griegos, lo mismo que los socialistas
modernos, pretenden sa crificar el hombre al Estado; el sacerdote quiere
sacrificar el hombre a la Iglesia; el evolucionista científico quiere
sacrificar el hombre en favor d la raza».
Las tendencias en todas las ramas de la ciencia
moderna, incluso ei zoología, sociología, terapéutica, medicina interna y
cirugía son a pasa del período descriptivo al período experimental. Esta
tendencia de los es tudios científicos a predecir y a contrastar y comprobar
los fenómeno se demuestra en la aplicación de la ecuación en las leyes de
Mendel par el estudio de la herencia, en la demostración de Loeb de que la
fecundí ción y el desarrollo del embrión son procesos químicos, en la
consideración del cromosoma accesorio como el determinante del sexo, en la
conquista de algunas enfermedades, como la fiebre tifoidea, la fiebre amarilla
y la anquilostomiasis, en el cultivo y rejuvenecimiento extravital de los
tejidos, en el más exacto conocimiento de las enfermedades del corazón, de los
trastornos de las secreciones internas y de las enfermedades debidas a los
virus filtrables y el moderno desenvolvimiento de la cirugía fisiológica o
hunteriana.
En 1865[847], un monje agustino, Gregor Johann Mendel (1822-84), abad de Brünn,
anunció los resultados de algunos experimentos sobre la hibridización de los
guisantes en forma de una ley que venía a dar mucha luz sobre la herencia y el
origen de las especies. Si nosotros convenimos en representar la generación de
los híbridos como un proceso matemático, «si a representa el
carácter dominante o intercambiable, y b el carácter regresivo
o latente de los progenitores, entonces la ley de Mendel viene a resultar igual
al teorema del binomio de Newton:
(a + b)2 = a2 +
2ab + b2
en otros términos, una mitad de la progenie
reproduce fielmente los caracteres ancestrales (2ab), al paso que
la otra mitad se dividirá igualmente entre una prole que posee sólo los
caracteres dominantes (a) y otra, los caracteres regresivos (b).
En las generaciones subsiguientes, los productos híbridos siguen produciéndose
con arreglo a las leyes de Mendel, en lo que hace referencia a que los
caracteres dominantes y regresivos son reproducidos fielmente por la
descendencia. En los últimos treinta y cinco años, su única aproximación,
aparecida en un periódico poco conocido, había permanecido ignorada; pero en
1900, Hugo de Vries (1848), C. Correns y E. Tschermack confirmaron
simultáneamente los resultados obtenidos por Mendel en todos respectos, al paso
que, en 1907, Francis Galton ha llegado a una «ley de la herencia», obtenida
estadísticamente y basada en sus observaciones sobre la genealogía de los
perros de caza de Basset. En sus experimentos con la planta CEnothera
Lamarckíana, de Vries ha emitido su hipótesis del origen repentino o espontáneo
en las especies de aquellas variaciones permanentes transmisibles o mutacione,
que deben ser diferenciadas de las variaciones darwinianas de carácter
fluctuante, no permanente. La producción artificial de nuevas especies in
extenso ha sido conseguida por Luther Burbank en su laboratorio al
aire libre de California. El efecto de las teorías de Mendel y de Vries en la
reciente biología ha sido el de privar a la idea de Darwin de la selección
natural de los atributos éticos y sobrenaturales que habíamos podido leer en
sus exageradamente apasionados defensores; pero ninguno de los experimentos
llevados a cabo hasta la fecha ha podido demostrar que las especies se originen
exclusivamnnte por las mutaciones. La tendencia de la opinión en la actualidad
es a creer que se ha exagerado algo la importancia de la mutación, que, de
ordinario, sólo se obtiene en el reino vegetal. Tal vez haya Darwin exagerado
demasiado la importancia del factor externo, o fuerzas que nos
rodean, en la lucha por la existencia, como productora de las especies por la
selección «natural» (eventualmente) continuada largo tiempo. Mendel y de Vries
han señalado las fuerzas bioquímicas internas, en su labor de traer
a colación las permutaciones y combinaciones matemáticas de los caracteres
determinantes, en el origen supuestamente discontinuo de las especies de
novo o per saltum. Pero ya sea que la evolución
proceda por lentas gradaciones o por saltos y brincos, o que, como nos j arece
más verisímil, sea capaz de ambos procesos, continuo y discontinuo, es probable
que los resultados aparentemente espontáneos o saltadores, o variaciones
mendelianas, tengan, en cada caso particular, unos «largosantecedentes» en el
sentido de ser el producto final de una serie compleja de cambios
físico-químicos. En otros términos, las mutaciones mendelianas son
probablemente factores latentes o coeficientes de una especie dada, que salen
fuera ocasionalmente y reproducen fielmente su especie, representando en cada
caso el término o fin de algún proceso físico-químico.
El viejo sir Thomas Browne[848], el primero que ha usado este término, dice que las «mutaciones, en el
caso de que comiencen, dependen de fundaciones duraderas, de tal modo, que
pueden continuar siempre», lo que parece ser la conclusión del asunto en
totalidad. La selección natural y las mutaciones pueden «explicar» el origen de
las adaptaciones estructurales, así como el de las transmutaciones que puedan
ser comprobadas, si fuese necesario, en los laboratorios; pero del origen de
las adaptaciones orgánicas y funcionales, tales como la regeneración de los
tejidos, la regularización automática de la forma, el desarrollo del embrión de
fragmentos del óvulo o por acción química (partenogénesis), de todo esto, estas
teorías no nos dicen nada, porque el «poder de adaptación» que se quiere señalar
como una razón es una de las muchas cosas a que recurrimos cuando queremos
darnos cuenta de algo o explicarnos alguna cosa.
GregorJohann Mendel (1822-1884) (Cortesía del Profesor William Bateson,
Londres.)
Todo lo más, podemos únicamente explicarnos la
adaptación recurriendo a la antigua doctrina de Haller de la «irritabilidad»
especializada de los tejidos protoplasmáticos individuales, lo que, según
declara Ehrlich, constituye uno de los terrenos más obscuros de la fisiología.
En marcado contraste con el mendelismo aparece la
nueva ciencia estadística o biométrica, que es, especialmente,
creación de Francis Galton y de su brillante discípulo Karl Pearson (1857). El
cálculo de probabilidades ha sido por primera vez aplicado a los fenómenos
sociológicos por el astrónomo y estadista belga Adolphe Quetelet (1796-1874)[849]; pero la obra Natural Inheritance (1889), de Galton,
es la que ha introducido ese estudio estadístico de las variaciones biológicas
y de la herencia. Pearson, abogado inglés y actualmente director del
laboratorio nacional eugénico, fundado por Galton, ha aplicado las matemáticas
elevadas, y de un modo sumamente ingenioso, a la solución de estos problemas, y
ha creado una escuela racional de iatromatemáticas. Sus fascinadores volúmenes
sobre The Chances of Death (1897) establecen muchos nuevos
puntos de vista acerca de la significación de las estadísticas, que interpreta
por medio de curvas algebraicas, la significación de las correlaciones y el uso
de las mismas, obteniendo datos más seguros que los de las causas ocultas de
los fenómenos biológicos y sociales, que no pueden ellos mismos ser medidos
cuantitativamente. Galton emplea el término «regresión» para indicar la
extensión, en la cual una unidad biológica proporcional es más bien la medida o
el nivel medio del tronco general que la de sus padres. Por correlación
entiende Pearson la oposición lógica, a saber: la extensión en la cual la
producción es más bien como los padres que como el tipo medio de la especie. Si
los padres y la descendencia son exactamente iguales respecto de la cualidad
sometida a la observación, la curva de correlación será una línea que forme un
ángulo de 45o con las abscisas y las ordenadas. Si la cualidad
filial existe en un grado más pequeño que la paternal, la curva ofrecerá un
ligero declive, siendo el grado de este declive («coeficiente de correlación»)
tangente al ángulo hecho con la horizontal. Si no hay correlación, la curva
será una línea horizontal.
Por estos medios, Pearson ha expuesto muchos hechos
nuevos y teoremas bionómicos, particularmente en su periódico Biometrika[850]. Por ejemplo, ha demostrado que, en el caso de tuberculosis, no es la
enfermedad, sino la diátesis, lo que se hereda, no la simiente, sino el
terreno; que no hay herencia neurótica de los padres alcohólicos, a no ser que
el tronco mismo sea neurótico; que la mortalidad de una enfermedad es selectiva
en un amplio tanto por ciento, y que una elevada mortalidad infantil implica la
supervivencia de una especie más fuerte y más endurecida. Es una tendencia
definida de la Naturaleza a degenerar en los primogénitos, que son siempre más
débiles que la subsiguiente descendencia. Pearson sostiene que «corresponde al
primogénito 50 por 100 en lugar de algo menos del 22 por 100 del número total
de los nacimientos» de degeneración demostrada[851]. Pearson opina que los adelantos de la ciencia médica y la tendencia de
la Naturaleza a asegurar la supervivencia de los más aptos son fuerzas
diametralmente opuestas, y sostiene, verbigracia, que la sorprendente
fertilidad de las generaciones sucesivas de enanos acondroplásicos, que la
tendencia humanitaria de la medicina moderna a conservar los enfermos y los
deformes, no sólo es en detrimento para la especie humana, sino que, además,
sólo puede ser remediada impidiendo a estos seres deformes que procreen hijos.
Ha indicado, como ley de Galton, que la herencia ancestral puede ser mejorada
por una generación selectiva, de tal modo que la regresión, la tendencia a
volver a una proporción media, se hace apreciable ya al cabo de pocas
generaciones; Sostiene que las mujeres altas procrean menos que las pequeñas;
que las personas de ojos obscuros son más fecundas que las de ojos claros, y ha
establecido la ley de la «adecuada semejanza», en virtud de la cual los seres
humanos, en la mayoría de los casos, se casan, no, como se cree usualmente, con
sus contrarios en estatura, complexión, etcétera, sino con los de análogo tipo.
En este respecto, encuentra que el marido y la mujer son más parecidos que el
tío y la sobrina o que los primos hermanos, de acuerdo con el proverbio
francés Les e'poux se ressemblent. La inducción es que, de
acuerdo con la ley de Galton, el fuerte tiende a perpetuar y a aumentar su
fortaleza, uniéndose, biológicamente hablando, con los de su propia clase. De
un modo análogo se sostiene que puede producirse un aumento progresivo de las
habilidades superiores por una reproducción selectiva, a pesar de que «el
genio, por término medio, encontramos que parece ser más bien una variación
excepcional de una estirpe mediana, que una variedad común de una estirpe
excepcional. Esto concuerda con el hecho de que los hijos de los genios son
frecuentemente fracasados». Estas teorías de Galton y Pearson han tropezado con
no pequeña oposición, no a causa de que ellas sean incorrectas, sino de que,
como ya hemos expuesto, el darwinismo ha tenido con frecuencia un efecto
embrutecedor en las inteligencias pobres, que han tomado las teorías demasiado
literalmente. De acuerdo con la doctrina de Weismann, los caracteres adquiridos
no son hereditarios, y los mejores rasgos morales y mentales de los padres no
benefician a la descendencia, a no ser en lo que ellos legítimamente influyen
durante la vida. Oliverio Twist puede ir hacia el mal en una cueva de ladrones,
y Bill Sykes puede tenerlo en ella para robar y matar, a pesar de los más
escogidos antecedentes. Que la conducta es una reacción a los estímulos, que la
moral es siempre una inhibición, demostrando, por lo menos, la importancia de
la «temprana educación» (euténica), lo había notado ya la amplia mentalidad de
Goethe, que se declaraba a sí mismo capaz de cometer cualquier crimen. «Lo que
nos rodea hoy es la herencia de mañana» (Tredgold). Los estudios sobre la
familia Jukes por R. L. Dugdale (1877), los Hill Folk y los Nams muestran un
aspecto del problema; las investigaciones de Galton sobre las familias de
talento, el otro; el estudio de la familia Kallikak por H. H. Goddard (1915) y
el sumario de A. H. Estabrook sobre The Jukes in igiy[852], ambos aspectos. En 130 años, los cinco hermanos Jukes han producido
2.094 descendientes, de los cuales 1.258 vivían en 1915; de ellos, la mitad
eran débiles mentalmente, desamparados e inmorales; la otra mitad, normales
mental y emocionalmente, ascendiendo o descendiendo en la escala social de
acuerdo con la reacción del medio en que vivían.
Los datos de Estabrook demuestran que los
matrimonios de los consanguíneos o de los defectuosos producen seres
defectuosos; que la conducta licenciosa es hereditaria; que el pauperismo y el
crimen son resultantes de la pobreza mental; que el cambio de medio beneficia a
las estirpes degeneradas, y que la esterilización de los defectuosos es menos
incompatible con la libertad personal de los mismos que el cuidarlos
custodiándolos. Así, la Naturaleza no precabe nada desde el punto de vista
humano; pero si toma cuidado de sí propia: pueden ser las personas lascivas,
ladronas, asesinas y hasta mentalmente débiles, con tal de que estén
suficientemente bien sexuadas para propagar la especie. Como agentes pasivos de
la degeneración sócial, los débiles mentales son tan potentes como los
agresivos criminales. «Una pulga es tan indomable como una hiena»[853]. La obra de Bateson, Punnett, de Charles B. Davenport y los informes de
la Coid Spring Harbor Station (organizada en 1910), defienden el axioma
mendeliano de que, así como la individualidad de un organismo vivo se establece
por la presencia o la ausencia de ciertas determinantes biológicas, así se
puede heredar las cualidades, pero no la ausencia de las mismas. Así como los
ojos obscuros son debidos a la presencia de un cierto pigmento en el iris, los
ojos azules se deben a la ausencia del mismo, como el ratón bailador difiere
del ratón normal en la carencia de parte del oído interno, del mismo modo la
braquidactilia (dedos cortos), la catarata presenil, la queratosis, el xantoma,
la hipotricosis congénita, la diabetes insípida, la nictalopía y la corea de
Huntington indican la presencia en el plasma germinativo de determinados
factores que pueden impedir la unión de dos de esos anormales; pero el
albinismo, sordomudez, retinitis pigmentaria, la imbecilidad congénita y la
tendencia a los trastornos respiratorios y nerviosos son debidos a una falta
inherente de algo que puede ser suplido por un prudente cruzamiento con otro
tronco distinto[854], aunque Pearson sostiene que es malgastar el buen material el emplearlo
en tales cruzamientos. Por estas razones, los matrimonios consanguíneos no son
necesaria y fatalmente malos si ambas unidades contrayentes son distintas. La
tendencia de la Naturaleza a volver al nivel medio del tronco común, al «divino
término medio» de Walt Whitman, podrá crear un nivel demasiado bajo realmente
si va descendiendo la especie por falta de material apropiado para reforzazla.
Es un hecho perfectamente demostrado que los animales seleccionados por medio
de anteriores cruzamientos de antecesores biológicamente deseables aparecen más
fuertes que el tipo normal del animal. Pero la selección actual se encuentra
frecuentemente influida por los extraños caprichos del «inconstante corazón
humano», y en tanto que la iniciativa individual puede ejercerse de un modo
exageradamente efectivo, el contraste social no puede ser llevado a cabo sin
una vigilancia y un espionaje tiránicos. En las capas más bajas de la sociedad,
la legislación sobre los matrimonios no podrá impedir las uniones ilegítimas e
incestuosas; la vasectomía es dudosa[855], y la reproducción seleccionada, según una línea pura, sin ninguna
cualidad saliente que la refuerce, únicamente dará resultado en alguna raza de
negativos petimetres. «Una medida mucho más eficaz para disminuir o suprimir
los defectuosos plasmas germinativos que el colocar en nuestra Constitución las
leyes elaboradas acerca del matrimonio, es la de educar el sentimiento público
y la de desarrollar una pública conciencia eugénica, en ausencia de los cuales
la salvaguardia de la ley puede ser aplicada incesantemente sin obtener
resultado» (Walter).
Mucho tiempo y muchas energías han sido malgastados
en las prolongadas controversias entre materialistas y vitalistas. La
tendencia de todo moderno pensamiento biológico, y sobre todo fisiológico, ha
de ser dirigida contra el vitalismo, a causa de que, como todas las restantes
formas de la complacencia intelectual, no puede hacer otra cosa que llevar al
sujeto hacia un callejón sin salida, dejando a un lado toda esperanza de una
ulterior investigación. Los materialistas, que consideran la célula viva como una
unidad fisicoquímica, provista de un centro de oxidación (núcleo) y limitada
por una membrana semipermeable, y miran los procesos fisiológicos sólo como
resultados de leyes mecánicas, físicas y químicas, por lo menos nos ofrecen
algo que puede llevarnos a la experimentación con todas sus últimas
consecuencias. El vitalista no tiene nada que ofrecernos mas que frases
estériles como las «entelequias» de Driesch[856], que sólo son peticiones de problemas. Fuera del laboratorio, y en el
fondo de nuestro corazón, todos somos vitalistas, y además reconocemos las
limitaciones y la falibilidad de la inteligencia humana en presencia de los
problemas insolubles. Pero la digestión, el metabolismo y el desarrollo de la
inmunidad se han imitado en los tubos testigos, y Loeb ha producido ranas, sin
padres, de óvulos no fecundados. Hasta el trillón o más de compuestos
isoméricos que (según los cálculos de Abderhalden) pueden formarse en el
metabolismo intercelular de las combinaciones de quince aminoácidos no
intimidarán a algunas de las inteligencias superiores de los tiempos futuros,
puesto que resulta que de ordinario encontramos que los caminos que sigue la
Naturaleza son más sencillos que la intepretación que de ellos hacemos. En el
laboratorio parece encontrarse el vitalismo privado de sus últimas armas; pero
el fin de la ciencia no es «explicar» los fenómenos biológicos en últirno
análisis, sino, como dice Karl Pearson, interpretar las investigaciones
biológicas en los «conceptos taquigráficos de la física y de la química». Hasta
la regeneración de la substancia y la regulación de la forma en los injertos
óseos autógenos dependerá probablemente y, en último término, de alguna sutil
semejanza química. Los experimentos de Carrel de hacer funcionar
extravitalmente las vísceras escindidas, durante un tiempo limitado, parecen
demostrar que aun en los mismos animales superiores los órganos separados
tienen una autonomía mecánica que les es propia. Ahí parecen existir fases
configuradas de protoplasma, en las plantas con un número limitado de grados
mecánicos de libertad, y en los animales, con un número ilimitado, y también
fases, que, como dice King, «no son ni muerte, ni vida, sino algo intermedio a
una y otra». El único criterio acertado de la muerte es el termodinámico, según
el cual, como ha dicho Willard Gibbs, la substancia se ha reducido a una «fase
de energía disipada», o, lo que es igual, se ha convertido en una masa inerte, incapaz
de cambios espontáneos, a causa de que su energía libre o potencialidad química
es prácticamente nil. Según la teoría fisicoquímica, un óvulo
no fecundado, un paramecio senil, una ameba enquistada o un bacilo patógeno
enquistado, se encuentran todos en un estado temporalmente aislado o
«adiabático», en el cual la energía no puede hacer nada ni dentro ni fuera de
ellos; y estos «almacenes de energía» comienzan a funcionar únicamente cuando
se ven sometidos al influjo catalítico de agentes físicoquímicos externos, que
estimulan sus energías superficiales. Ejemplos de estos fenómenos se encuentran
en los experimentos de Maupas y Calkins acerca del rejuvenecimiento de los
protozoos, y en los de Loeb sobre la activación química del óvulo.
Jacques Loeb (1859), médico graduado de Estrasburgo
(1884), ha sido profesor de Biología y Fisiología en Bryn Mawr (1892-1900), de
la Universidad de Chicago (1900-1902), de la Universidad de California (1902 a
1910) y en la actualidad es el jefe del departamento de Biología experimental
del Instituto Rockefeller; ha sido un brillante investigador en muchas ramas de
la Fisiología, pero su labor más característica es la que h? llevado a cabo
sobre la teoría dinámica o químico-dinámica de los procesos vitales. En su
obra, de Fisiología del cerebro ha hecho originales investigaciones sobre las
cadenas de reflejos, y ha destruido la posición de Much de que la zona
rolándica está compuesta ds «esferas sensoriales» celulares, demostrando que
las parálisis particulares ocasionadas por cada escisión cortical quedan
abolidas tan pronto como cura la lesión. Ha sido el primero en plantear esta
cuestión: ¿de qué orden o magnitud es la más pequeña partícula que puede
demostrar ya todos los fenómenos vitales? (1893)[857], y los experimentos realizados por el mismo y por sus discípulos sobre
los coeficientes térmicos han establecido otro importante criterio de los
procesos fisiológicos. Ha llevado a cabo extensas investigaciones acerca de los
efectos de la energía electrolítica, térmica y radiante sobre la materia viva,
y ha fundado la teoría del tropismo (1889)[858] como base de la psicología de las formas vivas más inferiores,
datos puramente mecánicos y químicos que vienen a desplazar las antiguas
teorías de las reacciones intuitivas, llenas de propósitos. Aun para los seres
superiores, su principal posición es la de que todas las acciones de
fundamental importancia son instintivas, no teniendo nada que hacer con los
estados de conciencia, y hasta que ellas pueden tener una base química. En 1889
ha conseguido el desarrollo de huevos no fecundados del erizo de mar, hasta la
fase de larvas natatorias, tratando aquéllos con agua dé mar hipertónica (o sea
cuya concentración ha sido aumentada por medio de la adición de sal o de
azúcar). Semejantes resultados han sido obtenidos por Tichomiroff (1886), quien
reclama haber desarrollado los huevos no fecundados del gusano de seda
frotándolos suavemente con un cepillo o por una inmersión temporal en ácido
sulfúrico concentrado. Bataillon ha conseguido efectos análogos puncionándolos
con una aguja (1911). Loeb logra su imitación de la fecundación normal,
primeramente por un tratamiento previo con ácido butírico, determinando una
fertilización artificial de la membrana con completo desarrollo; después,
inmersión de los huevos en una solución hipertónica antes de volverlos a la normal
agua de mar. La formación de la membrana se supone acelerar la oxidación, lo
que Loeb considera como un criterio de los procesos vivos. Ha demostrado,
además, que el óvulo ejerce una acción selectiva, de activación específica
sobre los esparmatozoos. En 1916, Loeb publicó el hecho de tener siete ranas
machos partenogenéticas [sin padrej (Rana pipiens) de más de
un año de edad, y obtenidas por el método de Bataillon de picar los huevos no
fecundados[859].
De este modo, el óvulo puede ser activado del mismo
modo que un protozoo puede ser rejuvenecido o un cuerpo asfixiado resucitado,
por medios puramente físico-químicos, aunque el resultado sea un organismo
cuyas células somáticas carecen de una mitad del número normal de cromosomas.
En 1902, Clarence Erwin McClung sostiene que el
cromosoma accesorio, que Henking y Montgomery han localizado en ciertos
espermatozoides, es el determinante del sexo[860]. Según el modo de pensar de McClung, cada animal produce dos géneros de
espermatozoides en iguales proporciones, uno de los cuales posee el cromosoma
accesorio. Esto ha sido confirmado como verdad en algunos animales por Edmund
B. Wilson, quien sostiene que todos los óvulos no fecundados contienen un
cromosoma sexual, y que después de la fecundación, los que adquieren dos por el
proceso producen hembras, y los que permanecen con uno solo, machos. Ha sido
esto confirmado a su vez por T. H. Morgan, quien ha demostrado que hay
organismos, como los pulgones, en los que los huevos fecundados producen
únicamente hembras, y en ellos el huevo es siempre fecundado por
espermatozoides conteniendo un cromosoma accesorio, a causa de que el otro
género no puede vivir hasta la madurez. Los gemelos desarrollados de células
con el mismo número de cromosomas tienen siempre el mismo sexo. De aquí que,
como dice Loeb, sea imposible influir en el sexo de un embrión desarrollado por
influjos externos». Los experimentos de Morgan, de herencia sexual limitada en
la drosofiila, parecen indicar que los cromosomas accesorios son además los que
transmiten las cualidades hereditarias que predominan en cada sexo. Todos estos
experimentos tienden a destruir las insostenibles hipótesis sobre la
determinación de los sexos, que se habían venido defendiendo en los tiempos
pasados.
Dos rasgos de la fisiología moderna pueden ser
especialmente señalados: la doctrina de los hormones y la aplicación de los
perfeccionados métodos instrumentales al estudio de las afecciones del corazón.
En 1902, William M. Bayliss y Ernst H. Starling anunciaron a la Real Sociedad
que la secreción del jugo pancreático, que es causada por la introducción de un
ácido en el duodeno, no es un reflejo local[861], sino producido por una substancia (secretina) segregada por la mucosa
intestinal bajo la influencia del ácido y llevada desde allí a la glándula por
la corriente sanguínea, como pudieron demostrar experimentalmente. El
subsiguiente descubrimiento, por Pavloff, de la enteroquinasa, confirmaba los
puntos de vista de Bayliss y Starling, y este último desenvolvió su teoría del
«control» químico del cuerpo por medio de los «hormones» o mensajeros químicos,
que van desde los órganos y las glándulas, por el intermedio del aparato
circulatorio, a otras partes del cuerpo. Esta teoría había sido ya
espuesta, quá teoría, por Bordeu en el siglo XVIII; la idea
era inherente a la «pangénesis» de Darwin, y ha sido admirablemente adoptada
para explicar los principales trastornos clínicos producidos por disturbios de
las glándulas endocrinas y, para la teoría general del tratamiento, por los
extractos animales. En 1903, Charles E. de M. Sajous (1852), de Filadelfia,
publicó un sistema de Medicina basado en las secreciones internas, en el que
las cápsulas suprarrenales, la pituitaria y la tiroides, se presentan como
dirigiendo o contrastando el mecanismo inmunizador del cuerpo. La antigua
noción de las «afecciones diatésicas» está en la actualidad viéndose
reemplazada por el concepto más definitivo de los trastornos del metabolismo,
muchos de los cuales (quizá todos) van unidos con alguna perturbación del
equilibrio hormónico, o con algún trastorno en el funcionamiento de las
glándulas endócrinas. La operatoria quirúrgica ha desempeñado el papel más
importante en el establecimiento de la fisiología y patología de estas
glándulas, una rama de la medicina interna, que ha sido verdaderamente
desenvuelta casi en absoluto por medio de la experimentación científica.
El punto de partida de la doctrina de las
secreciones internas ha sido la obra de Claudio Bernard sobre la función
glucogénica del hígado (1848-57), y el estudio, por Addison, de la enfermedad
de las cápsulas suprarrenales (1849-55). Lo primero ha sido puesto de relieve
por los trabajos de Mering y Minkowski, sobre la producción experimental de la
diabetes por la escisión del páncreas (1885), y por los estudios posteriores de
E. L. Opie (1901), Ssoboleff (1902) y W. G. MacCallum (1909), demostrando que la
probable fuente de esta glucosuria pancreática son los islotes de Langerhans.
La descripción de Addison del síndrome suprarrenal dio motivo a que
Brown-Sequard escindiese las cápsulas suprarrenales en 1856, reproduciendo
síntomas fatales parecidos a los de la enfermedad de Addison, y estos
resultados han sido repetidas veces confirmados por Tizzoni (188, 6-89),
Abelous y Langlois (1891-93), Schäfer y otros. En 1894-95, Oliver y Schäfer han
encontrado que la inyección del extracto acuoso de cápsulas suprarrenales en la
sangre producía una marcada lentitud del corazón con aumento de la tensión
sanguínea. El principio activo fue obtenido por Jokichi Takamine, en forma
cristalina, en 1901. La descripción del hipertiroidismo o bocio exoftálmico por
Parry (1786), Graves 6835) y Basedow (1840), y del hipotiroidismo o mixedema
por Curling (1850), Gull (1875) y Ord (1877) hicieron resaltar la misteriosa
importancia de la glándula tiroidea, que fue escindida (en el perro) con
fatales resultados por el fisiólogo de Ginebra Moritz Schiff en 1856. En 1882,
Reverdin, de Ginebra, produjo el mixedema experimental por la tiroidectomía
total o parcial, y en 1883, Theodor Kocher, de Berna, expuso que, de 100
tiroidectomías, 30 iban seguidas de una «caquexia estrumipriva» En 1884, Schiff
produjo 60 casos de escisión fatal en los perros, y señaló que los animales
podían salvarse por el injerto previo de parte de la glándula, lo que condujo a
Murray y Howitz al tratamiento del mixedema con extractos tiroideos, con
maravillosos resultados. Las observaciones de Horsley en los monos y la serie
de investigaciones de sir Félix Semon demuestran que el cretinismo, el mixedema
y la caquexia estrumipriva son una misma cosa. La parte desempeñada por las
secreciones internas ha sido puesta de manifiesto, en primer término, por
Schiff, y el aislamiento de la yodotirina por Baumann, en 1896, indicaba sus
relaciones con el metabolismo del yodo. En 1906, Erwin Payr ha transplantado un
trozo de tiroides de una mujer al bazo de su hija, mixedematosa, con un feliz
resultado. Las glándulas paratiroideas han sido descritas por Ivar Sandström en
1880, y en 1891 demostraba Eugene Gley que las tiroidectomías negativas podían
hacerse rápidamente mortales si se extirpaban también todas las paratiroideas.
Esto ha sido confirmado por Vassale y Generali en 1896. La transplantación de
las paratiroides ha sido ensayada por Eiselsberg (1892), Leischner (1907) y W.
S. Halsted (1909), y se ha demostrado que la tetania se produce en los casos en
que una glándula paratiroidea transplantada es nuevamente extirpada, y que, por
el contrario, los espasmos tetánicos desaparecen después de inyectar el
extracto salino de la glándula, o de alimentación con la paratiroides o de
injerto de la misma. Halsted, en 1906, ha tratado con éxito la tetania por
medio de la administración de paratiroides de bueyes. En 1908, W. G. McCallum y
C. Voegtlin han demostrado que la administración de sales de calcio puede
suprimir la tetania, incluso en el hombre, lo que parece relacionar las paratiroides
con el metabolismo. La función del timo ha sido primeramente investigada por
Friedleben (1858); pero los efectos de su escisión, o de la inyección de sus
extractos, siguen siendo obscuros. Félix Platter (1614) y Kopp (1830) habían ya
descrito casos de muerte tímica en el niño. El estado linfático ha sido
primeramente bosquejado por Richard Bright (1838), y más acabadamente descrito
por Paltauf (1889). Henderson pudo retrasar la atrofia de la glándula por la
castración (1904), y Patón ha encontrado que la timectomía aumenta el
crecimiento de los testículos. El primer experimento de cirugía fisiológica en
la especie humana ha sido llevado a cabo por el ginecólogo Robert Battey, que
ha escindido los ovarios normales para curar mujeres neurósicas y no menstruadas,
en 1872. Lo racional de esta operación en relación con una supuesta secreción
interna, de un género especial, de las células del ovario, ha sido
posteriormente justificada de varios modos diferentes, especialmente en la
osteomalacia y por los experimentos de Starling y Lane-Claypole, que
demostraron que la sección de los nervios mamarios o de la médula espinal en
las conejas no produce los efectos inhibitorios de la operación de Battey sobre
el embarazo y la lactancia. La relación de las células de Leydig en los testes
con la secreción interna está sub judice, siendo los experimentos más
importantes los de Brown-Séquard (1889-91) y Poehl (1896 a 1897) sobre la
inyección de los extractos testiculares. En los últimos veinte años se ha
concedido mucha importancia a la glándula pituitaria. Escisiones con resultado
fatal en los animales han sido llevadas a cabo por Marinesco (1892), Vassale y
Secchi (1894) y otros; pero Nicolás Paulesco, de Bucarest, ha sido el primero
que ha hecho notar que la extirpación del lóbulo anterior da resultados
fatales, y la del posterior, negativos (1908). Entre tanto, Mohr describía el
tumor de la pituitaria con obesidad (1840); Pierre Marie ha demostrado la
relación de la pituitaria con la acromegalia y el gigantismo (1886); Frohlich
describía el tumor de la pituitaria con obesidad e infantilismo sexual (1901) y
Harvey Cushing y sus asociados en Johns Hopkins Hospital producen actualmente
una reversión patológica experimental del síndrome de Frohlich por la escisión
parcial del lóbulo anterior en los perros adultos (1908). Cushing ha demostrado
que la secreción del lóbulo anterior ejerce influencia sobre el crecimiento
normal y el desarrollo sexual, al paso que el lóbulo posterior tiene relación
con el metabolismo de las grasas y de los hidratos de carbono; la elevada
tolerancia de los azúcares en la insuficiencia del lóbulo posterior inclina al
tratamiento con los extractos de la pituitaria. Cushing y sus discípulos han
demostrado, además, la relación de la hipófisis con la diabetes insípida (1912)
y con la hibernación (1913). El que las secreciones internas vigilan y dirigen
la configuración del cuerpo y son activadoras de la emoción ha sido puesto de
relieve por los escritos de W. B. Cannon (1914-16), G. W. Crile (1915), L. F. Barker
y otros.
La doctrina de la correlación de las diferentes
secreciones internas ha sido señalada especialmente por los clínicos vieneses
Hans Eppinger, W. Falta y C. Rüdinger (1908-09). Eppinger y Leo Hess[862] han aplicado, además, las ideas de Gaskell, Langley y Sherrington
de cómo la oposición funcional de los dos sistemas «autonómicos» del sistema
simpático puede utilizarse para explicarnos el complejo mecanismo del
equilibrio fisiológico y de la neurología visceral (1910). Ellos han postulado
dos opuestas condiciones dietéticas, vago tono y simpático tono, descritas en
1892 por S. Solis Cohén como «ataxia vasomotora», cuya semiología puede ser
puesta de relieve gracias a ciertas pruebas farmacodinámicas. Estas han sido
comparadas con «las llaves o clavijas por medio de las cuales se puede operar
sobre el complicado instrumento de cuerdas del cuerpo, y voluntariamente
determinan: una, mayor tirantez para aumentar sus vibraciones, y otra las
afloja para apagar su función»[863]. Eppinger y Hess suponen también que el páncreas segrega una hormona,
«autonomina», que antagoniza la adrenalina, la hormona que gobierna el
simpático autonómico. Aunque mucho de todo esto sea discutible, parece probable
que las hormonas actúen a través de la sangre sobre el sistema nervioso
central, a la vez que los dos opuestos sistemas, autónomo y simpático,
contrasten las glándulas endocrinas y las vísceras formadas de músculos lisos
(involuntarios).
La tendencia del pensamiento moderno respecto del
funcionamiento cardíaco se inclina en favor de la teoría miogénica de Gaskell y
Engelmann, que ha recibido un poderoso apoyo por parte de la embriología.
En 1883, Gaskell y Engelmann han demostrado que el
impulso cardíaco era conducido por vías musculares. En 1893, Wilhelm His, Jr.
(1863), y un poco antes Stanley Kent (1892), han descubierto una estrecha banda
de músculo, un resto embrionario entre las aurículas y los ventrículos, llamado
en la actualidad el fascículo aurículoventricular de His, que actúa como un
puente para los impulsos contráctiles, de acuerdo con la teoría de Gaskell, de
que el funcionamiento cardíaco es debido solamente a la contractilidad
inherente a los músculos. Posteriormente, Arthur Keith y M. Flack (1907) han
descubierto un resto de tejidos de fibras finas, pálidas, débilmente estriadas
en la pared cardíaca, provisto de vasos y relacionado con las fibras de
Purkinje y nervios terminales, actualmente designado con el nombre de nódulo de
Keith y Flack o seno-auricular, y considerado como «el que marca el paso al
corazón». S. Tavara ha señalado las ramificaciones musculares desde el
fascículo de His, y ha descubierto otro nódulo muscular (atrio ventricular) en
íntima relación con él (1908). Si se destruye el fascículo de His en el perro,
el impulso cardíaco no puede pasar más allá de la aurícula al ventrículo, y
este último recobra inmediatamente su autonomía propia, latiendo con un ritmo
mucho más lento, al paso que la aurícula, vigilada por el vago, sigue latiendo
como antes. Este es un estado que se conoce en Patología con el nombre de
bloqueo completo del corazón o enfermedad de Stokes-Adams, que His ha producido
experimentalmente en 1895. En el Johns Hopkins Hospital, Erlanger ha
comprimido, por medio de una pinza, el fascículo de His, bloqueando de este
modo el impulso auricular, y obteniendo, lo mismo que Gaskell, ritmos en dos,
en tres y en cuatro tiempos y, finalmente, el bloqueo completo del corazón. Más
luz sobre la íntima patología de los trastornos del corazón ha lanzado el
galvanómetro de cuerda inventado por Wilhelm Einthoven, de Leyden, en 1902[864]. En 1885, Kolliker y H. Müller han demostrado que
las corrientes de acción de un corazón, contrayéndose, pueden producir la
contracción del músculo de una preparación músculonerviosa, si el nervio de
esta última cruza el corazón. En 1889[865], Augustus D. Waller concibió la idea de medir y
figurar la variación de las corrientes de acción en el corazón viviente,
conduciéndolas a través de dos electrodos colocados sobre la piel humedecida y
en relación con un galvanómetro, obteniéndose las curvas fotografiando los
movimientos producidos por el mercurio de un electrodo de Lippmann, que fue el
primero dado por Marey en 1876. A consecuencia del retardo o inercia del
menisco del mercurio, las curvas en el método de Waller no eran completamente
exactas y tenían que ser corregidas por cómputos matemáticos. El procedimiento
adquirió mucha mayor seguridad con el sensible instrumento de Einthoven, que
consiste esencialmente en una cuerda extraordinariamente fina, de platino o de
cuarzo, forrada de plata, que está tensa, como la cuerda de un violín, en medio
de los dos polos de un electromagneto estacionario. Esto es lo contrario de las
condiciones ordinarias de los galvanómetros, en que el magneto es movible y la
corriente que va a medirse pasa por los filamentos. Cuando las débiles
corrientes del corazón pasan a través del fino filamento producen desviaciones
del mismo, que serán más pequeñas y más cortas, o más grandes y más largas, en
relación con el estado de tensión. Las gráficas de la excitación cardíaca que
se obtienen de este modo se llaman por Einthoven «electrocardiogramas» o
telegramas del corazón, en los cuales tenemos un boletín seguro de la condición
electromotora del mismo. A pesar de que este instrumento es costoso, ha
resultado un auxilio material para el análisis y hasta para el diagnóstico de
algunos estados como afecciones valvulares, bloqueo del corazón, fibrilación
auricular, taquicardia, pulso alternante, pulso bigeminado, ritmo de galope en
tres y en cuatro tiempos, y otras alteraciones rítmicas. El más notable
cultivador del estudio gráfico de las afecciones cardíacas es el práctico
escocés sir james Mackenzie, que ha sido el primero en obtener simultáneamente
gráficas del pulso arterial y del venoso para dilucidar las condiciones patológicas
del corazón; y para resolver esta cuestión, ¿qué cantidad de trabajo es capaz
de realizar el corazón?, concentrando muchas investigaciones futuras sobre la
energética del músculo cardíaco (1893-94). Mackenzie ha sido el primero en
investigar las multiformes arritmias y en diferenciar el «ritmo nodal», que
James Lewis definía anteriormente como «fibrilación auricular», identificándolo
con el pulsus irregularis perpeiuus de Hering, produciendo experimentalmente
este estado colocando electrodos dentro de la aurícula de un animal. Mackenzie
ha demostrado, también, la maravillosa eficacia de la digital en la fibrilación
auricular (1910) y que el uso de este medicamento debe suprimirse en las
arritmias del seno, bloqueo del corazón, taquicardia paroxístiea y pulso
alternante. Cushny ha demostrado el valor del electrocardiograma para comprobar
los efectos de la digital, que aparentemente deprime la conductibilidad del
fascículo de His. De este modo, la opinión de Schmiedeberg de que la digital no
sólo hace más lento el corazón, estimulando el vago, sino que estimula el
músculo cardíaco (1874), ha dejado el puesto al antiguo punto de vista de
Boullaud, de que clínicamente la digital es un verdadero «opio del corazón»
(año 1835).
Otras muchas investigaciones han sido llevadas a
cabo, y en la actualidad un periódico inglés, Heart (Londres, 1909), se ha
fundado para este género de estudios. En 1906, Einthoven estableció una
comunicación por alambres conductores de la electricidad entre el hospital de
Leyden y su laboratorio, resultándole posible obtener trazados cardíacos de los
enfermos del hospital a más de una milla de distancia. Además, se ha encontrado
que resultaba posible el obtener representaciones gráficas del ritmo de los sonidos
cardíacos (fonocardiogramas), por medio de un estetóscopo y un tambor de Marey,
utilizando como receptor un micrófono o por otros medios, como las llamas
manométricas o el fonoscopio de Weiss, cuyo receptor es una ampolla de jabón.
Estas gráficas pueden yuxtaponerse a las del pulso de la carótida para la
comparación. El estetóscopo telefónico eléctrico de S. G Brown intensifica 60
veces los sonidos del corazón, pudiéndolos transportar a largas distancias;
sonidos de corazones de Londres han podido ser escuchados en la Isla de Wight,
a una distancia de unas 100 millas aproximadamente[866].
El problema de la síntesis de las proteínas de sus
constituyentes aminoácidos estará siempre asociado al nombre de Emil Fischer
(1852), de Euskirchen (Prusia Renana), que ha sido profesor de Química en
Munich (1879), Erlangen (1882), Würzburg (1885) y Berlín (1892), y que ha
consagrado su vida entera a esta obra. Fischer ha descubierto, descrito,
aislado y formulado una gran serie de substancias nuevas, tales como la
fenilhidracina (1875), las hidracinas alifáticas (1875-77), mañosa, isomaltosa
y los medicamentos veronal (1902), proponal (1905), sayodina (1905) y elarsón
(1913)- Ha llevado a cabo amplias investigaciones sobre la síntesis de las
purinas y sus compuestos, incluyendo la cafeína, xantina, teobromina (1879-95),
y ha desarrollado el «árbol genealógico» de la gota, demostrando el núcleo
purina como una especie de plasma germinativo común a todos los productos
metabólicos de la enfermedad. Ha sintetizado la mayoría de los azúcares
(1883-94), incluso las seis hexosas derivadas del manitol y catorce de las diez
y seis aldohexosas isoméricas posibles, predichas por van’t Hoff y Le Bel, y en
sus estudios de una fotografía de la Biblioteca General de [Cirugía.) sobre los
polipéptidos (1869 a 1906)[867] enlaza juntamente grandes cadenas de substancias aminoácidas para
formar aquellos compuestos que son partes esenciales de las diferentes
moléculas proteicas. Liebig pensaba que había una sola proteína primitiva. Paul
Schützenberger y otros químicos recientes han demostrado que las proteínas
individuales difieren unas de otras respecto de los diferentes aminoácidos que
producen por hidrólisis. Fischer ha inventado métodos cuantitativos para aislar
aquéllos, y ha podido demostrar la existencia de un grupo amido o núcleo común
a todas las proteínas. Sus investigaciones sobre las enzymas (1894) prueban que
éstas son específicas en su acción, afectando únicamente a determinadas
substancias químicas, con las cuales, como él ha podido demostrar, están en
relación como una llave con su cerradura o un guante con una mano, una idea
análoga a la que Ehrlich ha aplicado hábilmente en su teoría de las cadenas
laterales.
Emil Fischer (1852)
Un rasgo brillante de su genio ha sido el
deliberado intento de Fischer de obtener un hipnótico seguro, terminando por la
síntesis del veronal (1904)[868]. Ningún químico de la época moderna ha merecido más que él el honor del
premio Nobel, que le ha sido concedido en 1902.
Emil Abderhalden (1877), de Saint Gall (Suiza),
discípulo de Emil Fischer, profesor de Fisiología en Halle, es autor de una
biografía del alcoholismo (1897) y de un libro de texto de química fisiológica
(1908), y es el editor de un manual de técnica bioquímica (1909-1910), al cual
ha adicionado muchos procedimientos nuevos. Ha llevado a cabo un gran número de
investigaciones del metabolismo y sobre las substancias alimenticias, adoptando
el método de Carl Ludwig de publicar sus investigaciones en colaboración con
sus discípulos. El campo especial de sus estudios es la integración y
desintegración de los albuminoides y de los ácidos nucleínicos en el organismo
animal, el metabolismo celular (1911), la síntesis de su Bausteine
(1912) y la síntesis de principios alimenticios artificiales que él ha
probado experimentalmente en los animales.
Emil Abderhalden (1877)
Sostiene que las células individuales de los
alimentos vegetales y animales están hechas de un número de unidades químicas o
fásicas, que en la digestión y en el metabolismo son desdobladas o
transformadas en otras substancias para ser asimiladas al cuerpo de las
células, con arreglo a las necesidades de las mismas.
En su intento de sintetizar un alimento artificial,
ha podido demostrar que los perros pueden ser alimentados, con éxito, con los
aminoácidos constituyentes de la albúmina; que el tryptophan es
esencial para la nutrición, pero la glicocola no; que la glucosa puede ser
reemplazada por hidratos de carbono complejos; que la glicerina y los ácidos
grasos pueden reemplazar a las grasas, y que los ácidos nucleínicos pueden ser
reemplazados por sus productos de desdoblamiento (nucleósidos, etc.).
Abderhalden ha hecho, además, un estudio de los fermentos protectores del
organismo animal y ha obtenido una prueba bioquímica para el embarazo y otros
estados, por medio de la reacción de los fermentos (1912)[869].
En América, Thomas B. Osborne y Lafayette B. Mendel
han realizado igualmente una importante labor experimental sobre los alimentos
artificiales o sintéticos (1911), el valor nutritivo de diferentes substancias
(1913-15), el papel de las vitaminas como factores accesorios del régimen, y la
leche libre de proteínas y de grasas como determinantes del desarrollo (1915).
En estos últimos años hemos observado un asombroso
aumento de la literatura de la Psicología normal, patológica y comparada,
incluso en aquellos asuntos que con ella se relacionan, como son los problemas
pedagógicos, el psicoanálisis, la psicoterapia, epistemología, los aspectos
científicos de la evidencia y las relaciones del pensar cotidiano con los
linderos de la locura. La Psicología comparada gira meramente desde la teoría
de Loeb del tropismo en las formas inferiores (a cuyos puntos de vista hay algunos
que, como H. S. Jennings, son opuestos) y el estudio del behavior (conducta)
en los animales superiores. El desarrollo mental del recién nacido ha sido
especialmente estudiado por Kussmaul y Preyer. La Psicología pedagógica y
juvenil ha sido tratada por Binet, Claparéde, Stanley Hall, Seguin, María
Montessori y otros. Entre los maestros de la Psicología patológica se encuentra
Pierre Janet (1859), profesor del Colegio de Francia, que ha desarrollado la
teoría del automatismo psicológico (1889), las relaciones entre las neurosis y
las ideas fijas (1898)[870], ha descrito la psicastenia (1903) y ha hecho extensos estudios acerca
del estado mental de los enfermos histéricos (1903-08). En 1905-08, Alfred
Binet (1857-1911) y Th. Simón han ideado una notable serie de pruebas en serie
para graduar el retardo mental, gracias a las cuales es posible localizar el
estado del desarrollo intelectual del sujeto observado, en relación con la edad
y el desarrollo físico del mismo; así capacitan a los maestros e inspectores
escolares para separar los niños defectuosos o «anormales». Otro desarrollo
característico es el acabado o intenso estudio de la psicología sexual, que ha
preocupado extraordinariamente a los escritores modernos, desde los hombres de
ciencia, como Krafft-Ebing y Havelock Ellis, hasta los locos y los literatos
como Nietzsche y Weininger.
La atmósfera de los tiempos modernos, su arte, su
literatura, su poesía, sus dramas, todo está saturado de sexualismo. Poetas
como Goethe, Swinburne y Walt-Whitman han hecho mucho por disipar la antigua
pesadilla teológica de la perversidad de la sexualidad normal en el hombre y en
la mujer, y han sido los precursores del punto de vista científico de que el
instinto, guiado por las restricciones éticas naturales, es la parte más
importante en el desarrollo de la Humanidad, con la que habrá que contar y a la
que será necesario reconocer siempre. Schopenhauer ha escrito sobre este asunto
con un realismo inexorable y amargo, y últimamente, mujeres de tan gran
reputación como Rahel Varnhagen, Ellen Key y Helen Putnam han considerado la
materia desde un punto de vista muy elevado, proporcionado a su importancia y
en relación con aquellos otros problemas como la higiene y el bienestar de los
hijos, el aumento de la prostitución y del vicio comercializado, la esclavitud
social de la mujer en las aglomeraciones humanas y otras degradaciones de una
época puramente industrial. En Alemania se consagran varios periódicos
exclusivamente al estudio del problema sexual, tomando en cuenta el asunto de
la enseñanza biológica de los niños escolares desde este punto de vista. Desde
el punto de vista patológico, existe la cuestión de las perversiones sexuales y
de los crímenes que de ellas resultan; por las cuales, desde los pueblos
jóvenes y sanos, como los limítrofes de los Estados Unidos, en los que ninguna
providencia especial ha sido necesaria en los procedimientos criminales, hasta
las aglomeradas condiciones de las ciudades modernas, va creciendo en extensión
el desagradable asunto[871]. La parte desempeñada por la supresión o represión de la sexualidad en
el desarrollo de los estados neurósicos ha sido especialmente estudiada por
Sigmund Freud (1856), de Freiberg, en Moravia, discípulo de Charcot y profesor
de Neurología en Viena. Charcot, como ya hemos visto, ha lanzado el
desprestigio sobre la teoría sexual del histerismo; Janet, desde 1889, ha hecho
resaltar la importancia de los factores emotivos; Breuer y Freud han ideado el
tratamiento catártico (interrogatorio en hipnosis), y Freud ha interpretado el
mecanismo del histerismo como la resultante de un traumatismo psíquico o choque
nervioso, de naturaleza sexual en último término, conduciendo a la incubación
morbosa de una especie de involución mental. Los discípulos y partidarios de
Freud sostienen en la actualidad la existencia del factor sexual en las
personas normales; pero la manera de reaccionar el individuo es la que
caracteriza, según demuestra la experiencia, al neurósico. La idea básica de la
teoría de Freud es la de que un gran número de procesos mentales, incluso de
los corrientes, proceden de orígenes ocultos, desconocidos o no sospechados por
el mismo sujeto. Desenvuelve él, además, la teoría de la importancia de los
sueños (Traumdeutung), de los dichos ingeniosos, de la amnesia
infantil, del autoerotismo (Ellis), de los recuerdos inconscientes, de las
acciones impensadas, de las neurosis de ansiedad, y, además, de diferentes
aspectos de la «psicopatología de la vida diaria». El cree en la existencia de
un rígido determinismo de los efectos psíquicos y de muchos procesos mentales
complejos que no llegan nunca al campo de la conciencia y que únicamente pueden
ser descubiertos gracias a un proceso de psíco-análisis, en el desarrollo del
cual ha sido ayudado por su discípulo C. G. Jung. El famoso y afortunado caso
de Freud, el caso de la enferma «Dora», era de este género. La corrección de
sus razonados puntos de vista se apoya en el afortunado tratamiento del
histerismo por el descargar de la mente o por otra apropiada psicoterapia.
Desde su punto de vista, la base de toda neurosis sexual es el afecto
inconsciente del niño hacia sus padres, alguna vez con hostilidad hacia el
progenitor del mismo sexo. El «mito de Edipo», como se ha denominado pensando
en la «familia de la leyenda», simboliza, en términos sencillos, la lucha del
individuo por alcanzar su autoconfianza y autorresolución desprendiéndose de la
dependencia de los padres. De este modo se puede considerar como la medida del
grado de infantilismo en el sujeto neurótico[872].
Sigmund Freud (1856)
El interés de esta teoría es lo profundamente que
ha sabido investigar Freud en la mentalidad primitiva, en lo que Jelliffe llama
«paleopsicología», en el pasado histórico de la psiquis individual. Ha dado,
además, a los neurólogos un nuevo instrumento para explorar los estados
inconscientes, que en manos competentes y equilibradas puede resultar eficaz.
En América, sus ideas han sido seguidas por J. J. Putnam, A. A. Brill, William
A. White y otros, y algunas variaciones, como la teoría de Bleuler del normal
«pensamiento autístico», vienen a demostrar los muy estrechos límites que
algunas veces separan la salud mental de la demencia.
Parasitología y Quimioterapia.
En la última década del siglo XIX, como uno de los
resultados de los múltiples perfeccionamientos alcanzados por la técnica
microscópica y bacteriológica, los médicos comenzaron a estudiar los parásitos
animales y vegetales, y especialmente los protozoos, como causas de
enfermedades; pero los mayores triunfos en este terreno corresponden al siglo
XX.
Antes de esta época, Agostino Bassi había
encontrado el organismo patógeno (Botrytis Bassiana) de la enfermedad de los
gusanos de seda o muscardina (1837); Schönlein, el acorion de la tiña favosa
(1839); Donné, el tricomonas de la vagina (1837); Johannes Müller, el
psorospermia (1841); David Grüby, el tripanosoma de la sangre en la rana
(1843); Davaine, el cercomonas hominis (1857); Malmsten, el balantidium coli
(1857); Lambí, el lamblia intestinalis (1859). Küchenmeister ha descubierto que
los parásitos pueden cambiar de huésped (metaxenia) [1851-53]. Leuckart
extendió la idea general de los huéspedes intermedios a los artrópodos, y bajo
su dirección Fedschenko determinó la historia vital de la filaria de Medina en
los ciclops en 1869. Esto condujo a los estudios de Patrick Manson sobre el
desarrollo de la filaria brancofti en los mosquitos (1879); de Smith y
Kilborne, sobre las garrapatas y la fiebre de Tejas (1888); de Bruce, sobre la
mosca tse-tsé y la nagana (1894); de Ronald Ross, sobre la malaria y los
mosquitos (1889-98); de Finlay (1881), Walter Reed y sus asociados, sobre la
fiebre amarilla y la stegomia (1900). El primer grupo de enfermedades
parasitarias que se investigaron fue de las disenterías protozoarias, las
amebas de las cuales fueron vistas por Lambí en 1860, por Lewis en 1870, y por
Loesch (1875), que hizo dibujos de ambas formas, la inocua y la patógena,
pudiendo infectar con ésta a los perros. Koch y Kartulis, en Egipto,
encontraron que las amebas eran un hallazgo constante en las autopsias de los
disentéricos y también en los abscesos del hígado, estableciendo la diferencia
entre la disentería endémica, debida a las amebas, y la disentería epidémica,
producida por bacterias. Osler pudo confirmar esto en el Johns Hopkins Hospital
(1890). El término disentería amebiana ha sido ideado por W. T. Councilman y H.
A. Lafleur en el Johns Hopkins Hospital, habiéndose reconocido dos tipos de
parásitos, la inofensiva ameba coli y la patógena ameba dysenteriae. Este modo
de ver ha sido confirmado por Casagrandi y Barbagallo (1897), y particularmente
por Fritz Schaudinn, que ha calificado a la forma inofensiva como entamoeba
coli, y a la patógena, de entamoeba histolytica (1903). Estas especies fueron,
en primer término, confirmadas por Craig, quien después encontró la patógena
entamoeba tetragena, de Viereck, en las Filipinas, y descubrió una nueva
especie parasitaria de la diarrea, la craigia (paramoeba) hominis (1906), que
Calkins ha considerado como un género nuevo. Otras especies patógenas de amebas
han sido descritas por diferentes observadores, y las infecciones diarreicas y
disentéricas se han encontrado asociadas además con la laverania, leishmania,
balantidium coli y las formas flageladas, anteriormente mencionadas,
cercomonas, tricomonas y lamblia. Entre tanto, el problema de la disentería
bacilar era puesto en claro con el descubrimiento de los bacilos por Shiga en
el Japón (1898), Kruse en Alemania (1900) y Flexner en Manila (1900). Gran
parte de las disenterías tropicales se ha averiguado que son amebianas, al paso
que las de las zonas templadas son generalmente bacilares. El endamoeba buce
alis, descrito por Prowazek, en 1904, ha sido identificado como un organismo
asociado con la piorrea alveolar.
Los síntomas de la anquilostomiasis se encuentran
bosquejados vagamente en los papiros del Egipto, y por espacio de siglos esta
afección ha sido designada indistintamente con los nombres de clorosis
egipcíaca o tropical, anemia de los mineros o de los alfareros y enfermedad del
túnel de San Gotardo. El parásito ha sido descrito, como anquilostoma duodenal,
por Angelo Dubini (1843)» Y sus relaciones causales con la enfermedad han sido
expuestas por Wilhelm Griesinger (1866). En 1900, el capitán Bailey K. Ashford,
del ejército de los Estados Unidos, ha descubierto el gran predominio de la
dolencia en Puerto Rico, y bien pronto se encontró que era también muy común
entre la población rural de los Estados del Sur (E. U.), por Charles Wardell
Stiles (1867), de Spring Valley (Nueva York), quien descubrió que el parásito
de las infecciones americanas es una nueva especie, que él llama uncinaria
americana (1902) y posteriormente necator americanus. Stiles, que ya había
hecho su reputación en parasitología por su obra de revisión de las especies y
de la nomenclatura y por sus contribuciones a la zoología descriptiva, se ha
consagrado desde entonces, como profesor de Zoología en la Sanidad Pública de
los Estados Unidos, y en el servicio del Hospital de Marina, a la tarea de
exterminar la enfermedad en los Estados del Sur, en relación con la Comisión
Rockefeller (actualmente Oficina Internacional de Sanidad), fundada con este
propósito en octubre de 1909. Bajo la administración de Wickliffe Rose, esta
Oficina consiguió unir los periódicos, oficinas de higiene, escuelas y
organizaciones médicas del Sur, para que cooperasen en el establecimiento de
clínicas públicas, de tal modo, que las autoridades locales fuesen ya capaces
de prestar cuidados a los enfermos, por una «intensa labor común de higiene», y
el Instituto Rockefeller podía, así, extender sus actividades a otros campos.
En tres años (1910 a 1912), no bajan de 393.566 las personas que han sido
tratadas de la anquilostomiasis en esas clínicas públicas del Sur. En 1898,
Arthur Loos ha hecho el importante descubrimiento de que la larva de
anquilostoma puede penetrar a través de la piel, llegando al intestino por una
desviada ruta, y este hecho ha permitido a Siles y Ashford aplicar medidas
eficaces para la profilaxia entre las poblaciones rurales. En la campaña de
Ashford contra la enfermedad en Puerto Rico (1903-04), unas 300.000 personas,
en una población de un millón, han sido tratadas, con una reducción de un 90
por 100 en la mortalidad por anemia. La pelagra, que recientemente ha sido
identificada en América, ha sido acabadamente estudiada por Marie, Sambon y
otros en Europa, y por James W. Babcock, Claude H. Lavinder, Joseph Goldberger
y otros médicos americanos. Habiendo sido atribuida, variablemente, a un
parásito transmitido por la mosca simulium, o por el alimento emponzoñado por
substancias fotodinámicas, se clasifica en la actualidad con el ergotismo, el
beriberi, el escorbuto y el raquitismo, entre las afecciones por carencia
(avitaminosis), debidas a la falta de hipotéticos activadores de la digestión y
de la nutrición (vitaminas), de Casimir Funk (1913)[873]. Goldberger ha demostrado su producción
experimental en enfermos que la sufren a consecuencia de una dieta defectuosa,
sostenida durante el tiempo suficiente, y en su curación y profilaxia por medio
del régimen apropiado (1915).
En 1911 el parásito palúdico de Laveran ha sido
obtenido, en cultivo puro in vitro, por Charles C. Bass, de Nueva Orleans.
Howard Taylor Ricketts (1870-1910), de Findlay (Ohio), discípulo de Hektoen,
descubrió que la fiebre manchada de las Montañas Rocosas se transmite por medio
de la garrapata de los bosques (Dermacentor occidenialis) en 1907, y, con R. M.
Wilder, que el tifus mejicano (tabardillo) es transmisible por los piojos
(Pediculus vestimenti) en 1910. Esto había sido ya demostrado para el tifus de
Europa por Charles Nicolle (1909), y en el mismo año, John F. Anderson y Joseph
Goldberger, del Instituto Público de Higiene (E. U.) produjeron, con éxito,
inoculaciones del tifus en los monos. La enfermedad descubierta por Nathan E.
Brill en Nueva York, en 1910, se ha demostrado por Goldberger y Anderson ser
una forma atenuada del tifus. El organismo específico del tifus ha sido
descubierto por Harry Plotz, del Hospital del Monte Sinaí (New York) en 1915,
dándosele el nombre de Bacillus typhi exanthcmatici por William H. Welch.
Los tripanosomas descubiertos por David Grüby
(1809-98) en la rana (1843) y por Lewis en la rata (1878) no eran patógenos;
pero un nuevo interés hacia estos parásitos fue despertado cuando Griffith
Ewans, en 1880, descubrió, en la India, que la surra, una enfermedad de
caballos, muías, camellos y del ganado vacuno, era causada por una variedad, a
la que posteriormente Steel y Crookshank dieron el nombre de trypanosoma evansi
(1885-86). En 1894, sir David Bruce (1855) encontró que la enfermedad de la mosca
tse-tsé o nagana, de Zululandia, es debida al trypanosoma brucei (Pummer y
Bradford, 1899), que ha podido demostrar experimentalmente que es conducido de
la sangre de los animales enfermos a las vacas y caballos por aquella mosca
(Glossina morsitans). En el mismo año (1894), Rouget descubrió el trypanosoma
equipardum (Doflein, 1901), como causa de la durina o mal del coito de los
caballos; en 1901, Elmassian ha encontrado el trypanosoma equinum (Vosges,
1902) como causas del mal de caderas en los perros y caballos sudamericanos;
Theiler, en 1902, ha encontrado el trypanosoma theileri (Bruce, 1902), en la
afección biliar bovina o galziekte del Sur de África, y el trypanosoma
dimorphon (Laveran y Mesnil, 1904) ha sido encontrado como causa de otra
enfermedad de los animales en el África ecuatorial por Dutton y Todd en 1904.
El más importante hallazgo, no obstante, ha sido el del tripanosoma gambiense
en la sangre humana por J. Everett Dutton en 1901, que después ha sido visto
por Aldo Castellani en el líquido céfalorraquídeo y en la sangre de cinco casos
de la enfermedad del sueño, Africana (1903). Ya había sido demostrado por Bruce
y Navarro, de la Comisión de la Sociedad Real, que la mosca tse-tsé es la
conductora de la enfermedad, y que la fiebre de Gambia, la enfermedad
primeramente vista por Dutton y Todd en 1902, y la enfermedad del sueño son dos
aspectos de una misma infección. Una variedad brasileña de las tripanosomiasis
humana, debida al trypanosoma cruziy transmitida por una chinche (Conorhinus
sanguisuga) ha sido descrita por Carlos Chagas en 1909. Otro notable parásito
ha sido encontrado en 1900 por sir William Boog Leishman (1865), en una
membrana de una autopsia, en un caso de fiebre en Dum-Dum, cerca de Calcuta, y
posteriormente descrita por él, en mayo de 1903, como posiblemente un
tripanosoma. En julio de 1903, el Mayor C. Donovan ha encontrado el mismo
parásito en la sangre tomada durante la vida por una punción del bazo. En julio
de 1904, Leonard Rogers anuncia el desarrrollo de este parásito en forma
flagelada, y, en 1906-1907, Walter Scott Patton describe su desarrollo
flagelado en la chinche de las camas. Todos estos descubrimientos han asociado
los cuerpos de Leishman-Donovan con la esplenomegalia, la fiebre dum-dum o
kalaazar. En 1903, James Horner Wright ha encontrado parásitos semejantes
(Leishmania trópica) en las úlceras endémicas de Oriente, y, en 1908, Charles
Nicolle ha encontrado la leishmania infantum en el kala-azar infantil. En 1888,
Víctor Babés (1854), médico de Rumania, descubrió un pequeño protozoo en la
sangre de la oveja padeciendo de una afección epizoótica denominada «carceag»,
cuyo género fue llamado por Starcovici (1893) «babesia» en honor de su
descubridor, habiéndose propuesto por Patton, en 1895, el nombre de piroplasma.
Un parásito análogo ha sido reclamado por Babés como causante de la fiebre
hemoglobinúrica del ganado vacuno en Europa, y en el mismo año, Theobald Smith
(1859) encontró el organismo Pyrosoma bigeminum en la fiebre de Tejas,
habiendo, además, demostrado, con F. L. Kilborne, su transmisión por la
garrapata. Esta ha sido la primera demostración, después de la de Manson, de la
transmisión de la infección por un insecto chupador de la sangre, y desde este
momento fue haciéndose camino el conocimiento de las diferentes piroplasmosis o
babesioses, siendo la mejor conocida la forma canina (Piroplasma o Babesia
canis, Piaña y Gall i Valerio, 1895), cuyo ciclo vital ha sido cuidadosamente
trazado por G. H. F. Nuttall y Graham Smith. El llamado piroplasma hominis, presunta
causa de la fiebre manchada de las Montañas Rocosas, se ha demostrado por Craig
ser un artefacto de los eritrocitos (1904). En 1903, inclusiones celulares
intensamente coloreables con el azul de metileno y la eosina fueron encontradas
en el sistema nervioso, en los casos de hidrofobia, por Adelchi Negri
(1876-1912), y un cultivo de estos mismos cuerpos ha sido obtenido por Hideyo
Noguchi en 1913. El cytoryctes variolae, un protozoo encontrado en las lesiones
cutáneas de la viruela, ha sido descrito por Giuseppe Guarnieri (1894), y su
ciclo vital ha sido trazado por Gary N. Calkins (1904), a la vez que otros
corpúsculos semejantes eran encontrados en la viruela por W. T. Councilman y
otros en 1903, y por Mallory en la escarlatina en 1904. El histoplasma
capsulatum, encontrado en una esplenomegalia tropical del istmo de Panamá por
S. T. Darling en 1906, se afirma que es una levadura. El espirilo de la fiebre
recurrente, descubierto por uno de los ayudantes de Virchow, Otto Obermeier
(1843-73) en1873, abre el camino de la fase más importante de las enfermedades
parasitarias conocidas, a saber: la de la conquista de la sífilis, por
Schaudinn, Wassermann y Ehrlich. En 1904, el espirilo de la fiebre recurrente
Africana (fiebre de las garrapatas) ha sido descubierto, independientemente,
por Navarro, Ross y Milne en Uganda, y por Dutton y Todd en el Congo, y ha sido
denominado Spirochaete duttoni, en honor de Dutton, que murió de esta
enfermedad después de haber demostrado su transmisión por una garrapata (ürnithodorus
moubata). El espirilo de la variedad americana de la fiebre recurrente ha sido
descubierto por Frederich G. Novy en 1907.
Alphonse Laverán (1845), de París, graduado en
Estrasburgo en 1867, obtuvo el premio Nobel en 1907, y ha descubierto los
parásitos de la fiebre palúdica el 6 de noviembre de 1880, siendo cirujano
militar en Argelia, y describiendo sus variedades en 1881. Ha publicado nada
menos que cuatro tratados diferentes del paludismo (1884-1891 -1892-1898).
Es, además, autor de Trypanosomes et
trypanosomiases (1904) y de tratados de medicina militar (1875) y de
higiene militar (1896).
Sir Ronald Ross (1857), del Servicio Médico de la
India (1881-99) señaló el mosquito anofeles como vector de la fiebre palúdica;
descubrió el plasmodio de Laverán en la pared del estómago del anofeles que
había sido alimentado con sangre de enfermos palúdicos (1897); demostró que los
esporos de los parásitos se concentraban en las glándulas salivares del insecto
(1898), e inventó los métodos culicídicos (1902), que han sido aplicados con
éxito a la reducción de los mosquitos en Sierra Leona, Lagos, Costa de Oro e
Ismailia (1899-1902). Por sus trabajos, que han tenido como consecuencia la
profección efectiva contra la fiebre palúdica en todas partes del mundo, Ross
recibió el premio Nobel en 1902. En matemáticas, ha aplicado el cálculo de
probabilidades al pronóstico estadístico de las epidemias («una
patometría a priori», 1916). Sus cuentos y poemas son producciones
de una mente altamente original.
Los más distinguidos adelantos en Protozoología y
las más notables aplicaciones de esta ciencia a la Medicina han sido hechos por
Fritz Schaudinn (1871-1906), hijo de un posadero de la Prusia Oriental, que
tomó su grado de doctor en Zoología en Berlín en 1894, y» después de algunos
estudios sobre las foraminíferas, consagró su vida entera a la investigación de
los protozoos.
Alphonse Laverán (1845)
Como zoólogo descriptor ha aislado muchas especies
nuevas, tales como la ameba binucleata (1895), la paramoeba
kilhardi (1896), la eimeria schubergia (1900) y
la cyclospora caryolitica, la causante de la enteritis perniciosa
del erizo (1902); pero su obra más importante ha consistido en el desarrollo
del ciclo vital de los diferentes protozoos, como criterio diferencial de las
especies, y aplicándolo al estudio de las enfermedades.
En sus clásicas investigaciones sobre las coccídeas
(1897) y eimerias (1900) demostró una fusión sexual de gametas diferenciadas,
no diferente de la unión del espermatozoide y del óvulo, y su obra fue
gradualmente destruyendo la noción de que los protozoos eran «inmortales» por
un simple proceso de asexual división celular. Estableciendo la diferencia
entre la inofensiva entamoeba coli, de Losch, y la patógena entamoeba
hystolitica (1903), demostró que en la primera, durante y antes de la
multiplicación asexual, el núcleo algunas veces se divide en dos núcleos hijos,
con la consiguiente reducción de la cromatina, y eventualmente funde o
fertiliza uno u otro; en la última, él creía que la reproducción se realiza por
fisiparidad, gemmación o formación de esporos con núcleos derivados de la
cromidia ancestral; pero esto se ha demostrado recientemente ser erróneo, y la
entamoeba hystolitica se reconoce actualmente que se reproduce por la formación
de quistes conteniendo cuatro núcleos hijos. En su obra acerca de las dos
nuevas especies de bacterias, b. bütschlü y b. sporonema, Schaudinn ha
demostrado que hay una similar antagónica de esporos en la primera, y formación
de esporos en la última, cuando se han agotado las posibilidades de una
división transversal. Así llegaba a ponerse - en claro que, aun en organismos
vegetales como las bacterias, una especie puede consumirse ella misma y llegar
a extinguirse, a menos que se rejuvenezca y vigorice por la conjugación sexual,
un punto de vista que ha sido notablemente confirmado para los protozoos, por
algunos observadores, como Gary N. Calkins (1869), que ha hecho pasar por este
medio a los paramecium por varios centenares de generaciones (1902).
Investigando la generación alternante y los
huéspedes del halteridium noctuae y del trypanosoma noctuae, dos parásitos de
los buhos, Schaudinn demostró que el primero, que es parásito en los
corpúsculos rojos de la sangre, y el último, que lo es del plasma, son, en
realidad, fases de un especial ciclo vital, cuyo período sexual se desenvuelve
en el mosquito. Esto ha conducido a muchos observadores a la idea de que los
hemosporidias y los tripanosomas son miembros de un orden especial de
flageladas. En adición a su obra sobre la disentería amebiana, que llevó a cabo
por la experimentación de los animales, Shaudinn confirmó la labor de Ross y de
Grassi acerca del parásito del paludismo, identificando el plasmodium vivax
(Grassi y Feletti) como causa de la intermitente terciana (1902) y confirmando,
además, la demostración de Loos de la infección del anquilostoma a través de la
piel (1904).
En mayo de 1905, trabajando con Erich Hoffmann,
Schaudim, coronó la labor de su vida con el descubrimiento del spirochaeta
pallidet de la sífilis[874], y en un importante trabajo (octubre 1905)[875] describía la morfología de los espiroquetas, de los que el de la
sífilis justificaba la formación de un nuevo género spironema o treponema.
Fritz Schaudinn (1871-1906)
El descubrimiento de Schaudinn de este casi
invisible parásito ha sido debido a su incomparable técnica y métodos de
coloración, y la relación causal fue rápidamente establecida por miles de
observaciones confirmativas, hechas en todas partes del mundo por entusiastas
microscopistas. Schaudinn era Privatdocent en Berlín (1898) y director de
Protozoología en el Kaiserliches Gesundheitsamt (1904) y del Instituí für
Schiffs und Tropenhygiene en Hamburgo (1906). En 1903 ha fundado los Archiv
für Protistenkunde, el órgano literario de la Protozoología, que él había
encontrado en la fase descriptiva y la había convertido en una ciencia
experimental.
Paul Ehrlich (1854-1915)
Los primeros pasos en la conquista de la sífilis
habían sido así dados por dos zoólogos profesionales: Metchnikoff y Schaudinn.
El inmediato avance iba a ser dado por un investigador que, aunque educado como
médico, la labor práctica que ha producido resulta la de un químico y
farmacólogo.
Paul Ehrlich (1854-1915), de Strehlen (Silesia), ha
sido ayudante clínico de Frerichs (1878-85) y de Gerhardt (1885-89),
Privatdocent (1889) y profesor (1890) en Berlín, donde llegó a ser un ayudante
del Instituto Koch.
En 1896 se encargó de la dirección del
recientemente fundado Instituí für Serumforschung, en Steglitz, que fue
transformado, bajo su dirección, en el Institut für experimentelle Therapie, en
Francfort am Main (1899).
En Breslau, Ehrlich aparecía como un estudiante
indiferente, ocupando su tiempo simplemente en experimentos de substancias
colorantes y de teñido de los tejidos; pero los resultados de su trabajo se
revelaron pronto con sus métodos perfeccionados de teñir y fijar los
corpúsculos sanguíneos por el calor, su coloración triácida; su descubrimiento
de las células cebadas y su revelación de las granulaciones por medio de la
coloración de las anilinas básicas (1877); su división de los leucocitos en
neutrófilos, basófilos y acidófilos; su coloración por la fuchsina del bacilo
de la tuberculosis, basado en su descubrimiento de que este bacilo es
ácidoresistente (1882); su diazorreacción de la orina, usada en el diagnóstico
de la fiebre tifoidea (1882)[876]; su prueba del sulfodiazobenzol para la
bilirrubina (1883)[877]; su método de coloración intravital (1886)[878]; en todo lo cual él ha sido el gran investigador
que ha llevado la patología celular descriptiva al campo de la química
intracelular experimental. Ha sido, además, el investigador del Farbenanalyse,
o sea las relaciones microquímicas de los tejidos con las substancias
colorantes. Este ha sido particularmente el caso de sus estudios acerca del
requerimiento del oxígeno por el organismo (1885), en los cuales ha aplicado la
idea de una afinidad selectiva entre las substancias químicas y los tejidos
orgánicos, por la química protoplasmática, determinando la aparición de su
teoría de las «cadenas laterales». Esta teoría le había sido sugerida por la
hipótesis de August Kekulé del anillo cerrado del benceno (1865), en el cual
los seis átomos de carbono de este compuesto (C6H6) se
supone que forman un estable núcleo hexagonal entre ellos mismos, al paso que
sus cuatro afinidades se encuentran enlazadas, con inestables «cadenas
laterales», con el fácilmente reemplazable hidrógeno. Hoppe Seyler ha supuesto
que la emisión y absorción de la luz por la clorofila era realizada, no por
toda la molécula de ésta, sino por ciertos grupos especializados de átomos
periféricos. De un modo análogo, Ehrlich supone que la molécula protoplasmática
viva consta de un núcleo estable, y de inestables cadenas laterales periféricas
o quimorreceptores, que son capaces de combinarse químicamente con las
substancias alimenticias y de neutralizar toxinas o venenos lanzando cadenas
laterales desprendidas al torrente circulatorio. A despecho de la enorme
cantidad de crítica que se ha acumulado contra esta teoría y contra su autor,
puede seguramente afirmarse que, estando basada, como un postulado fundamental,
en la química orgánica, ha demostrado ser un «principio heurístico» en el
desarrollo de la ciencia de la inmunidad y de las reacciones del suero. Así,
August von Wassermann (1866) no duda en afirmar que, sin aquella teoría, él no
hubiera podido acertar nunca con el especial y extraordinariamente útil
diagnóstico de la sífilis, que lleva su nombre y que ha sido encontrado un año
después (1906)[879] de haber descubierto Schaudinn el parásito de
la enfermedad. Aunque la primitiva reacción de Wassermann ha sido muy
simplificada por ingeniosas modificaciones, como las de Hideyo Noguchi (1909)[880], especialmente con su reacción de «luetina»,
basada en cultivos puros del treponema (1911)[881]; sin embargo, es evidente que progresos como el
que supone no pueden hacerse sobre base exclusiva de hipótesis físicas o
mecánicas. Por los descubrimientos de Schaudinn y Wassermann se ha llegado a
averiguar que algunos inmunes, como los comprendidos en las leyes de Colles y
Profeta, tienen los espiroquetas en la sangre, de donde deduce Ehrlich que las
afecciones protozoarias no pueden ser tratadas por antitoxinas especiales, sino
que tienen que serlo con medicamentos capaces de esterilizar el organismo del
enfermo, sin dañar las células y los tejidos del mismo. Intentando tratar las
tripanosomiasis de los ratones con algunas substancias colorantes específicas,
ha encontrado que, si las dosis de éstas eran demasiado pequeñas para
esterilizar al animal, una raza de tripanosomas podría presentarse como
permanentemente resistente a los efectos de la medicación empleada. Este poder
de los parásitos de inmunizarse ellos mismos y sus descendientes contra la
acción de los medicamentos ha sido el leitmotiv de una larga serie de
experimentos «erróneos y acertados» para encontrar una therapia sterlisans
contra la sífilis, cuyo resultado fue el descubrimiento del «606» o salvarsán.
El salvarsán, que ha sido primeramente ensayado por el ayudante de Ehrlich, S.
Hata (1910), y que, después de haber sido comprobado en miles de casos, ha
demostrado ser tan útil como específico, como la quinina en el paludismo, y,
además, un valioso profiláctico por lo rápidamente que limpia las feas
escoriaciones y ulceraciones sifilíticas y esteriliza la sangre, reduciendo así
un mínimum la posibilidad de infectar a otros. Sin embargo, parece que él no
puede alcanzar a algunos espiroquetas que, de un modo análogo a lo que ocurre
con los gonococos, se esconden en otros tejidos, siendo ellos responsables de
algunas recaídas; por otra parte, el «606» mismo puede ser causa, en ocasiones,
de graves efectos colaterales sobre el sistema nervioso o el órgano de la
visión. Los méritos del «neo-salvarsán» («914» en la serie de Ehrlich) se
encuentran actualmente sujetos a examen y discusión; pero se hace difícil el
admitir que ningún medicamento pueda esterilizar en las condiciones más arriba
señaladas. Se afirma, no obstante, que el salvarsán demuestra ser el ideal de
una therapia steritisans, en los casos de treponema pertenue, el parásito de la
frambuesa. Ehrlich ha sido el fundador de la hematología. El ha clasificado los
leucocitos de acuerdo con la presencia o ausencia de gránulos, ha diferenciado
las leucemias, descrito la policromatofilia, ha establecido la distinción entre
normoblastos y megaloblastos, tejidos mieloides y linfoides, demostrado que la
leucocitosis es una función de la médula ósea, estudiado la anemia aplásica y
fundado el estudio de las reacciones específicas de las células ante las
diferentes infecciones y estímulos. De los otros aspectos de la labor
científica de Ehrlich, únicamente podemos mencionar su introducción de algunos
remedios, como el azul de metileno para la forma cuartana de la fiebre
intermitente, del rojo tripan contra la piroplasmosis bovina, del
arsenofenilglicino en las tripanosomiasis; su demostración de que los animales
pueden ser cuantitativamente inmunizados contra los venenos vegetales como la
abrina y la ricina; sus perfeccionamientos de la antitoxina diftérica de
Behring, y su establecimiento de un centro internacional encargado de examinar
la pureza de la misma; su demostración de que el cáncer puede ser transformado
en sarcoma en los animales por sucesivas inoculaciones, y que el desarrollo del
cáncer depende de la presencia de determinadas substancias alimenticias en el
organismo, y la inmunidad al cáncer, de la ausencia de las mismas (atrepsia) y
sus amplias investigaciones en todo el campo de la serología e inmunidad.
En su habilidad para improvisar hipótesis que hagan
frente a los contradictores de sus hipótesis, Ehrlich se parece a Galeno. En su
afición a las locuciones latinas extrañas y raras, es como Paracelso. Pero él
ha producido la obra más eficaz, después de Pasteur y Koch, en el campo de las
enfermedades infecciosas, y ha añadido nuevos territorios al dominio de la
terapéutica y de la farmacología experimentales por su genio para la
investigación y por su maravillosa habilidad.
La tendencia de la medicina moderna a pasar de la
teoría microbiana de las enfermedades a la bioquímica, se encuentra fuertemente
pronunciada en Ehrlich. La falibilidad de las muchas pruebas propuestas para
diferenciar los diferentes bacilos pseudotuberculosos, pseudotifoideos y
pseudodiftéricos; el hecho de que sólo una determinada coloración de
laboratorio de un bacilo dado resulte patognomónico; lo incierto del modo de
comportarse algunos bacilos en los fermentescibles medios azucarados; las
complicadas mutaciones y polimorfismos, como las del Bacillus coli
mutabile, de Penfold, que genera, indiferentemente, bacilos tifoideos
o cólicos; los aparentes cambios de un bacilo en otro; los efectos de las
condiciones meteorológicas en la fermentación de la inulina; los extraños
caprichos de las pruebas de la aglutinación y de la reacción de Wassermann,
todo esto demuestra la inseguridad de nuestros actuales conocimientos y cuán
poco conocemos realmente de la química y del metabolismo intracelulares[882].
Jules Bordet, director del Instituto Pasteur de
Brabante (Bruselas), ha sido un gran cultivador de la teoría de la serología y
de las reacciones de la inmunidad, de cuyos fenómenos ha dado una explicación
pura y simplemente química. Ha descubierto la hemolisis microbiana (1898)[883], y, con Octave Gengou, la fijación del complemento (1900-1901)[884], y, también con O. Gengou, el bacilo específico de la tos ferina (1906)[885], cuya relación causal, conforme al postulado de R. Koch, ha sido
recientemente demostrada por F. B. Mallory y otros (1913)[886]. Comparada con la compleja terminología de Ehrlich, la teoría del suero
de Bordet es la sencillez misma. Supone que la toxina es neutralizada por una
antitoxina por absorción, comparable a la que se observa en un tejido al tomar
una substancia tintórea. La completa neutralización es como la completa
saturación del tejido por la substancia colorante; pero si la toxina va
añadiéndose en dosis divididas, las últimas porciones de la toxina podrán no
ser absorbidas, a causa de que las primeras porciones han quedado
sobresaturadas con las antitoxinas y no pueden admitir más cantidad de las
mismas.
Jules Bordet
De un modo análogo, supone una substancia
sensibilizador a en los sueros antitóxicos, que es la que sensibiliza
los glóbulos rojos o las bacterias para la acción de las alexinas; lo que hacen
los mordientes en la tintura de los tejidos. Las disputas entre Bordet y
Ehrlich dependen sencillamente del hecho de que el primero expone lo que ve en
términos físicos, y el último, en términos de química estructural.
Además de la obra de Metchnikoff, Bordet y Ehrlich,
ha habido muchos adelantos de gran valor práctico en serología, especialmente
las aplicaciones de la punción lumbar de Quincke (1909) al citodiagnóstico; el
descubrimiento de la aglutinación y sus aplicaciones al diagnóstico de la
fiebre tifoidea (1906), por Ferdinand Widal (1862) y A. Sicard; el empleo
diagnóstico de la tuberculina en las reacciones conjuntivales de Albert
Calmette (1907) y de Alfred Wolff-Eisner (1907) y en las reacciones cutáneas de
Clemens von Pirquet (1907) y Ernst Moro (1908); la inoculación preventiva de
sir Almroth E. Wrigh contra la fiebre tifoidea por medio de cultivos muertos
del bacilo, con el índice opsónice como guía (1900); la reacción del veneno del
cobra en la locura (Much-Holtzmann, 1909); el descubrimiento de que el agua
puede ser esterilizada por medio de los rayos ultravioletas, por Víctor Henri,
André Heilbronner y Max Recklinghausen (1910); la reacción de B. Schick para
descubrir qué proporción de antitoxina diftérica debe existir en la sangre para
que ya no sea necesaria más inoculación preventiva (1910-1911); la reacción de
la enzyma de Emil Abderhalden para el diagnóstico del embarazo (1912) y la
teoría de los virus filtrables. Muchos nuevos métodos de tratamiento con
bacterias o con productos microbianos han sido propuestos, como las vacunas
sensibilizadas de Besredka, el empleo, por Carl Spengler, del bacilo bovino de
la tuberculosis, y el uso contra la tuberculosis de los bacilos atenuados en
los animales de sangre fría (Klebs, Friedmann), métodos todos actualmente en
estudio.
La teoría de los virus filtrables como causa de
enfermedad ha encontrado una base definitiva con el descubrimiento de Friedrich
Löffier y Paul Frosch de que el virus inoculable de la glosopeda (aftas
epizoóticas) puede pasar a través de los filtros más finos (1898).
Poco tiempo después, Beijerink descubría el mismo
fenómeno en la enfermedad mosaica de la planta del tabaco, y desde entonces
hasta la época actual se ha encontrado una larga serie de virus filtrables,
especialmente en la perineumonía de los bóvidos, por Edmond Nocard (1899); en
la enfermedad Africana de los caballos, por Alien Macfadyen (1900); en la
fiebre amarilla, por Reed, Carroll y Agramonte (1901); en la peste vacuna, por
Nicolle y Adel Bey (1902); en la difteria aviaria o epitelioma contagioso, por Marx
y Stocker (1902); en el cólera del cerdo, por Dorset, Bolton y McBryde (1905);
en el molluscum contagiosum, por Julius Berg (1905); en el dengue, por Ashburn
y Craig (1907); en el tracoma, por Bertarelliy Cecchetto (1908); en la fiebre
de los tres días o Pappataci fever, por Doerr y Russ (1908); en el tifus, por
Nicolle (1910); en el tabardillo, por Howard Taylor Ricketts (1911); en el
sarampión, por Goldberger y Anderson (1911), y en el sarcoma de las gallinas,
por Peyton Rous (1911-12)[887]. Algunos de estos virus, como los de la rabia,
molusco contagioso, verruga vulgar, sarcoma de las gallinas y probablemente el
del tracoma, requieren una lesión de la superficie para poder efectuar la
infección; en otros basta con el simple contacto con las membranas mucosas.
Algunos, como los de la viruela, sarampión, escarlatina, rabia, tracoma, etc.
presentan inclusiones específicas celulares (chlamydozoa, de Prowazek).
Inoculaciones experimentales del sarampión han sido llevadas a cabo por
Anderson y Goldberger, Nicolle, Hektoen y otros. Como en los casos de
minúsculos organismos, como los bacilos de Bordet en la tos ferina, o los
microorganismos recientemente aislados por Flexner en la poliomielitis
infantil, es muy probable que todos estos virus filtrables resulte que
contienen también microorganismos filtrables, no visibles aun con los medios de
que en la actualidad disponemos.
Grandes adelantos prácticos en la ciencia de las
infecciones han sido logrados en estos últimos tiempos, gracias a la
cooperación de los médicos militares. La obra de Alphonse Laveran en el
paludismo, la de Ferdinand Widal en la fiebre tifoidea, la de Friedrich Löffler
y Emil Behring en la difteria, la del coronel Ronald Ross en la malaria, la del
cirujano general sir David Bruce en la fiebre de Malta y en la enfermedad del
sueño, la del coronel sir William B. Leishman, mayor Donovan y coronel sir
Leonard Rogers en el kala-azar, puede ser favorablemente comparada con la
realizada por John Hunter y Helmholtz durante la época de su servicio militar.
En el ejército de los Estados Unidos, la labor de hombres como William Beaumont
y Jonathan Letterman (1824-72), que han resucitado los métodos de Larrey de la
evacuación rápida de los heridos; William A. Hammond, creador del Museo Médico
Militar; Joseph Janvier Woodward (1833-84), investigador en la microfotografía;
Alfred A. Woodhull (1837), Hue La introducido el método indio de dar grandes
dosis de ipecacuana en la disentería[888]; Billings, Otis, Smart y Huntington han dado un ejemplo, que ha sido
seguido por multitud de hábiles trabajadores. El primer cirujano del ejército
americano que ha profundizado en los estudios de Bacteriología ha sido el
cirujano general George M. Sternberg (1838-1915), que ha aislado el diplococo
de la neumonía al mismo tiempo que Pasteur (1880)[889] y ha publicado valiosos tratados de Bacteriología (1896) y de
desinfección (1900), y que, por su consideración del «bacilus X» en la fiebre
amarilla como un dato negativo, ha aclarado el asunto para los investigadores
posteriores. Durante su administración, el mayor Walter Reed (1851-1902), de
Virginia, que ha estudiado con Welch en el John Hopkins Hospital y ha llevado a
cabo una buena labor a propósito de la fiebre tifoidea en su laboratorio
(1895), La sido nombrado presidente de la Comisión compuesta de James Carroll,
Arístides Agramonte y Jesse W. Lazear, para estudiar la fiebre amarilla en
Cuba, ocupada entonces por el ejército americano (1900). Carlos Finlay
(1833-1915) había ya adelantado la hipótesis de que la enfermedad era
transmitida por el mosquito (1881); pero cuando la Comisión militar americana
llegó a Cuba era el bacillus icteroides de Sanarelli el que
dominaba el campo. En 1900, Henry R. Cárter (U. S. Public Health Service) ha
demostrado que es necesario que transcurra un período de doce a quince días
para que un caso de fiebre amarilla resulte peligroso para los que le rodean.
Redd y sus asociados pudieron pronto disponer del bacilo de Sanarelli (idéntico
al Bacillus X de Sternberg) y proceder así a la resolución del
problema de la transmisión por los mosquitos. Durante el curso de sus
experimentos[890], 22 casos de fiebre amarilla pudieron producirse de un modo
experimental, 14 por la picadura de mosquitos infectados, 6 por la inyección de
sangre y 2 por la inyección del suero sanguíneo filtrable (1901)[891], confirmada por Rosenau en Veracruz en 1903, al paso que siete hombres
alistados destruían las antiguas hipótesis de la transmisión por dormir en
camas infectadas. Carroll fue el primero en someterse a la inoculación por el
mosquito, adquiriendo una fiebre amarilla que terminó favorablemente. Lazear
sucumbió víctima de los efectos de una accidental picadura del mosquito. De
este modo se demostraba, de acuerdo con las más rigurosas prescripciones de la
lógica formal, que la causa de la fiebre amarilla era o un organismo
ultramicroscópico o un virus filtrable, transmisible al hombre por el
intermedio de una especie de mosquitos, el stegomyia fas data o calopus.
Con referencia a las condiciones en las cuales el
experimento se ha llevado a cabo, especialmente a la duración del período de
desarrollo en el cuerpo del mosquito, la demostración de la Comisión americana
es una de las más brillantes y concluyentes de la historia de la ciencia. Su
importancia económica se puede calcular pensando en el considerable número de
vidas salvadas y de dinero ahorrado con la desaparición de la fiebre amarilla
de los Estados Unidos y de las Indias Occidentales, y quizá del mundo entero.
En febrero de 1901, poco después de haber hecho su demostración Reed, el Mayor
William C. Gorgas (1854-1920), de Mobile (Alabama), comenzó, como oficial jefe
de Sanidad de la Habana (Cuba)? a aislar los enfermos de fiebre
amarilla y a destruir los mosquitos, y al cabo de tres meses la Habana se
encontraba, por vez primera en 150 años, libre de la fiebre amarilla. En
relación con la obra del canal de Panamá, el coronel Gorgas ha libertado aquella
parte del istmo, no sólo de la fiebre amarilla, sino de todas las infecciones
peligrosas, y por su gran triunfo sanitario, Panamá, anteriormente una región
famosa por lo malsana, «La tumba de los hombres blancos», como la llamaban, es
en la actualidad una de las zonas más sanas que se conocen. En 1913-14, el general
Gorgas, invitado por la Cámara de Mineros de Johannesburgo (Sur del África),
investigó las causas de la elevada mortalidad por neumonía entre los mineros
naturales del Rand, y consagró el verano y el otoño de 1916 a la vigilancia de
los focos endémicos de fiebre amarilla en la América del. Sur, por la fundación
Rockefeller. Las investigaciones sobre la fiebre tifoidea, aparecida en campaña
durante la guerra hispano-americana (1898), por el Mayor Walter Reed, Víctor C.
Vaughan y Edward O. Shakespeare, demostraron la transmisión de la enfermedad
por las moscas. Durante la ocupación americana de Puerto Rico, la población
indígena fue vacunada y libertada de la viruela por el coronel John Van R.
Hoff, y poco tiempo después el capitán Bailey K. Ashford descubría la presencia
de la infección por el anquilostoma en la isla (1900)[892], y desde este momento se consagró por completo al estudio y combate de
la misma. En 1915 comenzó el estudio de otras enfermedades como moniliasis. El
capitán Charles F. Craig (1872) ha demostrado que la
conjugación intracorpuscular en los plasmodios del paludismo es la causa de la
latencia William Crawford Gorgas (1854-1920) Y delas recaídas,
y que existen portadores de malaria (1902-1905)[893], demostrando, además, que el llamado piroplasma hominis de
la fiebre manchada de las Montañas Rocosas no es otra cosa que una modificación
artificial de los eritrocitos (1904), y en las Filipinas ha demostrado, con el
Mayor Percy M. Ashburn, que la causa del dengue es un virus filtrable,
transmisible por el mosquito culex fatigans (1907)[894]. Craig ha descubierto, además, dos nuevos parásitos f el par
ameba hominis (1906)[895] y, con Ashburn, la microphilaria philippinensis (1906)[896], y es autor de extensas monografías acerca de la fiebre palúdica
(1901-1909) y de las amebas parasitarias en el hombre (1911).
William Crawford Gorgas (1854-1920). Cirujano General del Ejército de los
Estados Unidos
El capitán Henry J. Nichols ha colaborado con
Ehrlich en su obra inicial sobre el salvarsán (1910), y después ha investigado
la producción experimental de la frambuesa (1910-1911). Bajo la administración
del cirujano general George H. Torney, el mayor Frederich F. Rusell comenzó, en
1909, el colosal experimento de vacunar el ejército de los Estados Unidos
contra la fiebre tifoidea, según los métodos defendidos por Chantemesse y Widal
en Francia (1888), Pfeiffer y Kolle en Alemania (1896) y Wright y Semble en
Inglaterra (1896). De una morbosidad de 173 casos (16 terminados fatalmente) de
fiebre tifoidea en 1909, Russell fue capaz de hacer descender sus estadísticas
a nueve casos, con una sola defunción, en 1912, al paso que en la actualidad el
ejército aparece absolutamente libre de tifoidea. La movilización de las tropas
de los Estados Unidos en la frontera de Méjico en 1912[897] dio al mayor Rusell una oportunidad, como nunca la han tenido
Jenner ni Pasteur, de atestiguar el valor de su vacuna en una clínica al aire
libre, compuesta de unos 20.000 hombres. El absoluto éxito de este experimento
es actualmente un hecho histórico. El capitán Edward B. Vedder (1878), de la
ciudad de New York, ha hecho importantes estudios sobre el beri-beri como una
«enfermedad por carencia», resumiéndolos en su tratado de 1913, y ha sido el
primero en determinar la específica acción amebicida de la emetina en el
tratamiento de la disentería amebiana (1910-11)[898]. En 1911, el capitán Ernst R. Gentry y Thomas L. Ferenbaugh
descubrieron que la fiebre de Malta era endémica en el Sudoeste de Tejas y que
se transmitía por las cabras. El teniente coronel Charles E. Woodruff
(1860-1915) ha investigado los deletéreos efectos de la luz tropical sobre las
razas rubias del Norte (1905), escribiendo interesantes volúmenes sobre Expansión
of Races (1909) y la Medical Ethnology (1915). En
sus Mütter Lecture (1902), el coronel Louis A. La Garde ha
demostrado que no existen heridas por arma de fuego estériles, a causa de que
los microorganismos de la pólvora y de los proyectiles no son destruidos por el
calor de la ignición y son llevados directamente dentro de la herida. Su
tratado de las heridas por arma de fuego (1914) es la mejor obra moderna de la
materia. Los manuales de higiene militar, por el coronel Valery Havard (1909),
y de la técnica de los rayos X, por el capitán Arthur C. Christie (1913), son
de análogo mérito. El teniente coronel Edward L. Munson, editor del Military
Surgeon, es autor de importantes obras de higiene militar (1901), de
táctica sanitaria (1911) y de calzado militar (1912). Todas estas obras, con
los diferentes manuales de Medicina militar de Charles S. Tripler (1858),
Alfred A. Woodhull (1898), Paul F. Straub (1910) y otros, han aumentado mucho
el mérito del Cuerpo de Sanidad Militar de los Estados Unidos, dentro y fuera
de su país.
Íntimamente relacionado con la historia de las
enfermedades infecciosas está la lista ilustre de los médicos mártires de las
mismas. Con Servet y Semmelweis, que murieron por defender sus opiniones,
pueden ponerse los nombres de Daniel A. Carrión (verrugas), Jesse W. Lazear
(fiebre amarilla), A. Yersin y Hermann Franz Müller (peste bubónica), Tito
Carbone (fiebre de Malta), Alien Macfadyen (fiebre tifoidea y fiebre de Malta),
J. Everett Dutton (fiebre recurrente Africana), Ploward Taylor Ricketts (tabardillo)
y Thomas B. MacClintic (fiebre de las Montañas Rocosas), todos los cuales
perdieron sus vidas víctimas de aquellas enfermedades a las que han quedado
asociados sus nombres.
La Cirugía del siglo XX ha sido favorecida por
muchos refinamientos, inventos y perfeccionamientos en sus procedimientos,
tales como el tratamiento de las fracturas de Arbuthnot Lañe por medio de
láminas y tornillos (1892-1905) y el método del mismo autor de tratar el
éxtasis intestinal por medio del «Lane’s kink» (1903-09); las operaciones para
la escisión de la próstata de P. Johnston Freyer, del Servicio Médico de la
India (1901), y de Plugh Hampton Young (1903), de Baltimore; el uso de la pasta
de bismuto en el tratamiento de las fístulas y senos tuberculosos crónicos por
E. Beck (1906), permitiendo la inyección de la pasta el obtener una completa
radiografía de todas las ramificaciones de la cavidad; el tratamiento del
cáncer por un bombardeo de chispas de grandes dimensiones de alta frecuencia
(fulguración), ideado por Keating Plart (1910); las pinzas compresoras
elásticas y otros instrumentos inventados por Eugéne Doyen; el empleo de la
«Cargile membrane» para prevenir las adherencias post-operatorias intestinales
(1912), etc.
August Bier (1861), sucesor de Bergmann en Berlín
(1907), ha introducido la anestesia intrarraquídea con cocaína (1899), un nuevo
procedimiento de tratar los muñones de las amputaciones (1900) y la hiperemia
activa y pasiva, corno auxiliar de la terapéutica quirúrgica (1903)[899]. En la anestesia por la cocaína por la vía espinal, Bier ha estado
precedido por James Leonard Corning (1855), de la ciudad de New York, en 1885[900], y por Rudolph Matas (1899). Se ha dicho con justicia que «Corning fue
el primero que bloqueó la médula espinal; Cushing, el primero que bloqueó los
grandes troncos nerviosos, y Crile el que aplicó el principio a los más
delgados y más activos nociceptores nervios de la piel y de los tejidos
superficiales». La anestesia por infiltración ha sido ideada por C. L. Schleich
(1894).
Ernst Ferdinand Sauerbruch (1875), de Barmen
(Prusia Renana), profesor en Marburgo (1907), a la vez que trabajaba en la
clínica de Mikulicz, en Breslau, hizo adelantar grandemente las posibilidades
de la cirugía intratorácica con la invención de la cámara neumática de presión
atmosférica reducida (negativa), para prevenir la producción del neumotorax
(1903-1904). La idea de usar presiones diferenciales había sido anteriormente
concebida por Quenu y Tuffier en 1896. Sauerbruch ha ideado además la cámara de
presión positiva, en la cual el enfermo respira aire comprimido, en tanto que
su pleura se abre a la presión atmosférica ordinaria. Las primeras cámaras
estaban imperfectamente construidas, ofreciendo múltiples inconvenientes; pero
con los modernos perfeccionamientos de Sauerbruch y Willy Meyer (cámara para
presión diferencial, positiva y negativa) se han podido llevar a cabo grandes
adelantos en la cirugía del esófago y del tórax. La respiración forzada en los
envenenamientos ha sido usada por primera vez por George Edward Fell, de
Búffalo (New York), el 23 de julio de 1887[901], y ello condujo a la positiva presión por medio de la intubación (el
método de Fell-O’Dwyer), que ha sido, además, recomendado por Rudolph Matas en
1899. En 1909[902], Samuel James Meltzer y Juan Auer, del Instituto Rockefeller,
simplificaron grandemente el asunto por él método de la insuflación
intratraqueal de aire a través de un tubo introducido en la tráquea,
produciendo una «respiración continua sin movimientos respiratorios». El
sostenimiento de la respiración en un animal cuyo tórax está abierto, por medio
de un fuelle, ha sido conseguido por Vesalio y Robert Hooke; pero el ingenioso
experimento de Meltzer-Auer hace el procedimiento viable y ha constituido un
verdadero progreso para la cirugía fisiológica.
Mucha labor efectiva ha sido realizada en la
cirugía visceral por Eugéne Doyen (París), César Roux (Lausanne), Emil Werner
Korte (Berlin), A. W. Mayo Robson (Londres), sir Berkeley G. A. Moynihan
(Leeds), John B. Murphy (Chicago), Charles H. Mayo y William J. Mayo
(Rochester, Minnesota) y John M. T. Pinney (Baltimore); en la cirugía de la
cabeza, por v. Bergmann, MacEwen, W. W. Keen, H. Schloffer, Harvey Cushing; en
la cirugía del sistema vascular, por Erwin Payr (Leipzig), W. T. Halsted, J. B.
Murphy, Alexis Carrel; en cirugía ortopédica y osteoplástica, por Albert Hoffa,
Erich Lexer, E. Lorenz, J. B. Murphy, John B. Roberts y el notable grupo de los
ortopédicos de Nueva Inglaterra, a saber: Edward H. Bradford, Robert W. Lowet y
James W. Sever, que han ideado el tratamiento de la escoliosis por los corsés
de yeso aplicados en suspensión; Edville G. Abbott (Portland, Maine), que ha
ideado el tratamiento de la curvadura lateral por la aplicación de los corsés
en flexión (1911); Howard Osgood, que ha descrito, a] propio tiempo que C.
Schlatter, la apofisitis de la tibia en los adolescentes (1903) y ha estudiado
la poliomielitis de los carreteros (1913); Charles F. Painter, que ha escindido
el hueso innominado (1908); Joel Ernest Goldthwait, de Marblehead (Massachusetts),
que ha trabajado mucho por simplificar el complicado asunto de los «trastornos
reumáticos» con su clasificación de las artritis en vellosas, infecciosas,
atróficas e hipertróficas (1904), y Ernest A. Codman, que ha descrito la
bursitis subacromial como una causa común de la impotencia del hombro
(1906-1911), habiéndose tratado cuidadosamente la patología y la terapéutica de
esta afección por Walter M. Brickner, de New York (1915). En el tratamiento del
mal de Pott, de las fracturas y de las deformidades por injertos de hueso,
Fred. H. Albee (1876), de New York, ha logrado una bien merecida reputación
(1915)[903].
Hans Kehr (1862), autor de autorizados tratados
sobre la cirugía de la litiasis biliar (1896-1901); Werner Korte (1853), de
Berlín, que ha escrito muy bien de cirugía pancreática (1898-1903) y visceral;
Erwin Payr (1871), de Innsbruck, director de la Clínica Universitaria de
Leipzig, que ha trabajado en suturas intestinales y en transplantaciones de la
tiroides (1906), y Erich Lexer (1867), de Würzburgo, profesor y director de la
Clínica Quirúrgica de Jena, son notables cirujanos alemanes de la época actual.
Lexer es el autor de un tratado de Cirugía (1904-5), La investigado el
microorganismo de la osteomielitis aguda (1897) y ha adquirido una gran
reputación en la actual guerra europea por su eficaz obra en la cirugía de los
huesos y de las articulaciones[904].
Como París en el siglo XVIII, las ciudades grandes
tienen en la actualidad hábiles operadores, cuyas innovaciones se refieren
principalmente a modificaciones en la técnica operatoria. Este es especialmente
el caso con los parisienses Tuffier, Terrillon, Chassaignac, Faure, Jaboulay,
Hartmann, Pozzi, Delbet, Quénu, Doyen, Kirmisson, Morestin, Albarrán, muchos de
los cuales han incluido la labor ginecológica como una parte de su
especialidad. Durante la guerra europea, la atención de los cirujanos en los países
combatientes ha estado concentrada en las heridas por arma de fuego y en las
consecuencias de las mismas.
Marin-Théodore Tuffier (1857), de Belléme (Orne),
graduado en Medicina en París en 1885, ha enseñado Cirugía en la Facultad de
París y Cirugía experimental en la Sorbona, siendo autor de estudios sobre la
cirugía del riñón (1889) y de monografías acerca del tratamiento quirúrgico de
la tisis (1897-1909), de la anestesia subaracnoidea por la cocaína (1901-02),
de la semiología de la sangre en cirugía (1905) Y de cirugía del estómago
(1907). Ha popularizado la anestesia raquidiana en Francia, y durante la guerra
ha colaborado con Simonin en la regularización del tratamiento de las heridas y
en otras fases de la cirugía militar a lo largo de todo el frente francés.
Théodore Tuffier (1857)
Estos últimos años se han hecho notar por el
renacimiento de la cirugía fisiológica o hunteriana. Del mismo modo que Marión
Sims y Billroth, en sus especialidades, hicieron avanzar grandemente la
patología de las enfermedades de las vísceras abdominales y pélvicas, vemos
cómo Kocher, Horsley, von Eiselberg, Halsted, Crile, Cushing, Carrel, Murphy,
etc. no sólo piensan fisiológicamente al realizar su obra, sino que descubren
muchos procedimientos nuevos, gracias a su experimentación en los animales.
Hunter, Merrem y sir Astley Cooper han procedido de un modo análogo, lo mismo
que Jameson y Gross en América; pero desde aquella época los métodos han
cambiado por completo.
A la cabeza de la profesión quirúrgica figura
actualmente, según la opinión de todos, el honorable nombre de Theodor Kocher
(1841), de Berna (Suiza), discípulo de Langenbeck y Billroth, que ocupa la
cátedra de Cirugía en su ciudad natal desde 1872. Kocher es bien conocido por
su método de reducir las luxaciones del hombro (1870)[905]; por sus estudios sobre hernias, osteomielitis, etc. ; por sus
operaciones para el ano artificial, etcétera; por su teoría hidrodinámica de
los efectos de los traumatismos por arma de fuego y, especialmente, por sus
trabajos sobre la glándula tiroidea. Ha sido el primero en escindir la glándula
tiroidea por el bocio (1878)[906], y ha llevado a cabo esta difícil operación más de dos mil veces con
sólo un medio por ciento de mortalidad. En 1883[907] ha publicado su descripción de la «caquexia estrumipriva», que ha
encontrado como una secuela en un 30 por 100 de sus cien primeras
tiroidectomías y que, en relación con las investigaciones experimentales de
Moritz Schiff en los perros (1859) y con la obra de los Reverdin y Horsley, ha
inaugurado la fisiología y cirugía fisiológica de las glándulas endocrinas.
Kocher ha aplicado, además, la cirugía experimental
a la fisiología del cerebro y de la médula espinal. En 1912 ha concebido la
idea de practicar inyecciones esterilizadas de coaguleno (obtenido por Fonio de
las plaquetas sanguíneas) para acelerar la coagulación de la sangre en las
hemorragias internas. Ha descrito, como un operador tranquilo, cuidadoso,
preciso y absolutamente habilidoso, una cirugía científica típica, en la que se
obtenía la completa historia clínica de los enfermos antes de intervenir operatoriamente,
de tal manera, que casi constantemente el éxito aparecía como una lógica
consecuencia del modo de proceder anterior. El conserva absolutamente aséptico
el campo de la operación y es un maestro en las minuciosas disecciones. Su
libro de texto de cirugía operatoria (1894) constituye un índice de su gran
erudición. En las apendicitis, en caliente y en frío,
se dice que le adelanta su discípulo César Roux, del cantón de Vaud, cuyos
rápidos y artificiales procedimientos, algunas veces con exclusión de la
anestesia y de la antisepsia, difícilmente pueden ser recomendables. Lo mismo
puede, en general, decirse de los procedimientos sensacionales,
cinematográficos, de Doyen, de París; pudiendo, de un modo general, afirmarse
que el abandonar los métodos ostentosos es mejor para el bien de los enfermos[908].
Antón von Eiselsberg (1860), de Steinhaus
(Austria), profesor de Cirugía en Utrecht (1893), Königsberg (1896) y Viena
(1901), ha sido discípulo de Billroth.
Théodor Kocher (1841). (Cortesía del profesor Harvey-Cushing de la Harvard
University.)
Ha sido uno de los primeros en señalar la aparición
de la tetania después de las operaciones del bocio (1890) y, en 1892, ha
producido la tetania artificial extirpando al gato la tiroides, que ha
transplantado con éxito a la pared abdominal[909]. Ha estudiado, además, las metástasis del cáncer de la tiroides, y
recientemente ha realizado notables trabajos en la cirugía de la glándula
pituitaria.
William Stewart Halsted (1852), de New York, es
profesor de Cirugía en la Johns Hopkins University (1889). En 1884 ha realizado
por primera vez la refusión o transfusión centrípeta de la propia sangre del
enfermo, después de haberla desfibrinado, en un caso de envenenamiento por el
óxido de carbono. Ha trabajado en la anestesia por la cocaína (1885); ha sido
el primero en ligar con éxito la arteria subclavia en su primera porción (1891)[910], y ha ideado la bien conocida operación supraclavicular para el cáncer
del pecho (1889)[911], y, simultáneamente con Bassini, la operación moderna para el
tratamiento de la hernia (1889)[912], que en su última fase (1893) se diferencia mucho de la técnica de
Bassini. En 1916 ha sido el primero en efectuar la extirpación, por cáncer, de
la ampolla de Vater. Ha llevado a cabo mucha labor en cirugía experimental,
especialmente del aparato circulatorio (1887) y la sutura especial del
intestino (1910), la oclusión de la aorta y de otras grandes arterias por medio
de una lámina de metal como substitución de la ligadura (1909)[913], y en las auto e isotransplantaciones de las glándula paratiroideas
(1909)[914], que, en relación con el clásico trabajo de H. Leischner, de 1907, han
hecho mucho para establecer el estado funcional de estos órganos. En auxilio de
una técnica rigurosamente aséptica, ha introducido el tejido de gutapercha en
el drenaje (1880-81), los guantes de goma (1890), los apósitos de hojas de
plata (1896), la transfixión de los tejidos sangrantes y de los vasos por medio
de agujas finas y finísima seda. Tranquila y sosegadamente, Halsted ha enseñado
el delicado arte de la curación perfecta de las heridas, que nunca se ha
demostrado de un modo más perfecto que en su clínica.
George W. Crile (1864), de Chile (Ohio), profesor
de Clínica Quirúrgica, desde 1890, en la Western Reserve University, es el
autor de investigaciones experimentales altamente originales acerca del shock quirúrgico
(1899), presión de la sangre en cirugía (1903), hemorragia y transfusión
(1909), en cuyo procedimiento ha llevado al grado máximo la perfección por su
habilidad técnica. El ha ideado varias operaciones nuevas para el cáncer del
labio, del prolapso uterino, etc. y ha sido el primero en realizar una
operación de cirugía mayor con las inyecciones intraneurales de cocaína como
anestésico (1887). Ha trabajado con especial habilidad en las minuciosas
«disecciones en bloque» de los linfáticos en el cáncer. Sus operaciones de la
cabeza y del cuello en estas condiciones (1908) son comparables con la escisión
de la mama de Halsted o con la operación de Wertheim-Clark para el cáncer
uterino. Su teoría de la «anociasociación», el bloqueo del shock operatorio
por la combinación de la anestesia general y de la local (morfina y
escopolamina, seguidas de óxido nitroso y novocaína), con menos del 1 por 100
de mortalidad, es su contribución más importante a la Cirugía.
Harvey Cushing (1869), de Cleveland (Ohio),
profesor de Cirugía en el Johns Hopkins (1902-11) y en la Harvard University
(1912), se ha consagrado ampliamente a la cirugía del 'sistema nervioso y muy
especialmente a la cirugía de la cabeza y de la glándula pituitaria. Ha
realizado mucha labor original en fisiología, patología y cirugía
experimentales, tales como la producción experimental de los cálculos biliares
(1899), la producción experimental, en el perro, de lesiones valvulares del
corazón, con subsiguiente tratamiento afortunado de las mismas (1908), el
tratamiento eficaz de la parálisis facial en el hombre por anastomosis del
nervio espinal accesorio y del nervio facial (1903); ha ideado varios
procedimientos nuevos: bloqueo anestésico de los nervios (1898), una sutura
especial, el drenaje lumbar en el hidrocéfalo, la incisión en cruz encorvada
para abrir la base del cerebro, y ha desarrollado operaciones descompresoras,
especialmente en las hemorragias intracraneales del recién nacido (1905 y en los
casos de tumores inoperables (1905). En su obra sobre la glándula pituitaria
nos ha dado mucha luz a propósito de las funciones fisiológicas de la misma por
la producción experimental del infantilismo sexual en los animales, por el
estudio del metabolismo pituitario en las enfermedades, en el embarazo, en la
hibernación y en otras condiciones, y por el modo general de considerar estos
trastornos como «dispituitarismo». Su monografía a propósito de este asunto
(1912)[915] contiene su modo de operar y un acabado estudio de las condiciones
de la glándula desde el punto de vista fisiológico, patológico, clínico y
quirúrgico.
Grandes adelantos han podido realizarse en la
cirugía vascular por el método experimental y con el auxilio de las ligaduras
asépticas absorbibles.
Tal vez el primer caso de sutura venosa realizada
con éxito haya sido el de la famosa «fístula de Eck» (1877), que ha sido
posteriormente aplicada por Pavloff y otros en aquellos experimentos que
requieren la exclusión fisiológica del hígado. En 1881, Vincenz Cerní procedió
a suturar el seno yugular lesionado, pero con fatales resultados; en cambio,
Schede suturó con éxito la vena yugular, y en 1892 contaba ya con 30 casos
afortunados. En 1890, Jassinovski llevó a cabo 26 suturas arteriales
experimentales en los animales, todas laterales, y fue seguido por Dörfler
(1890), que, como Murphy y Silberberg antes de él, empleaba una sutura pasando
a través de las tres túnicas arteriales. Procediendo asépticamente, ha evitado
la trombosis, y, en 1891, Durant ha aplicado el método con éxito en dos casos
de sutura arterial en el hombre. Todas estas eran suturas laterales. La primera
sutura extremo con extremo de las venas fue practicada, con éxito, en el perro
por Hirsch en 1881, y en 1898, Jaboulay y Briau aplicaban con éxito su sutura
en U a las arterias carótidas de un mono, siendo seguidos con igual éxito en
los animales por Salomón y Tomaselli. La primer sutura circular, con éxito, de
los vasos sanguíneos del hombre ha sido llevada a cabo por John Benjamín Murphy
(1857-1916), de Appleton (Wisconsin), profesor de Cirugía en la Universidad del
Noroeste (Chicago, 1885), que, después de muchas experimentales resecciones y
uniones extremo con extremo de arterias y venas heridas, procedió con éxito a
unir la arteria femoral, dividida por una herida de arma de fuego (1896)[916]. Murphy era ya famoso por la producción de «anastomosis, sin sutura,
colecistointestinales, gastrointestinales y enterointestinales, y
aproximaciones» por medio de un botón especial (1892)[917], que había sido precedido por las placas de hueso decalcificado de
Nicholas Senn, por placas de patata, nabo, etc. Entretanto, Robert Abbe (1851),
de New York, ideaba los anillos de catgut para la sutura intestinal (1892)[918] e intentaba la unión protésica de los vasos sanguíneos por medio
de un fino tubo de vidrio (1894), que fue perfeccionado por Erwin Payr con su
invento de los cilindros absorbibles de magnesia (1900). En 1897, Murphy[919] inventa su sutura extremo con extremo de los vasos sanguíneos por
medio de la invaginación, siendo llevada la túnica íntima en oposición con la
adventicia; pero, aun cuando no hubo hemorragia, la circulación sólo se
restableció en cuatro casos de los trece, a causa de la estrechez de la luz
vascular, con trombosis consecutivas. Esto fue, finalmente, remediado por la
sutura triangular de Carrel (1900). Antes de esta innovación, Höpfner y otros
habían transplantado piezas de arterias o de venas por medio de los anillos de
magnesio de Payr, y Ullmann había intentado la transplantación de un riñón en
el perro ’en 1902. Pero todos estos experimentos fracasaron, no obstante, a
consecuencia de complicaciones sépticas, y el mismo Carrel sólo pudo triunfar
gracias a la más refinada asepsia. Murphy ha realizado anastomosis del
intestino, en casos de invaginación, y ha conseguido notables éxitos con los
injertos óseos, con el hecho curioso de que el éxito sólo se obtenía cuando el
trozo de tejido usado era autógeno del mismo enfermo. El injerto llega, con el
tiempo, a reproducir exactamente el contorno del hueso definitivo, de acuerdo
con la ley morfológica de Driesch de la «totipotencia del protoplasma».
Rudolph Matas (1860), de Nueva Orleans, ha
perfeccionado grandemente la cura radical del aneurisma con su procedimiento de
la aneurismorrafia (1902)[920], o sea la sutura intrasacular u oclusión de los vasos que penetran
dentro del aneurisma, y ha sido, además, uno de los más antiguamente
preocupados de la obra del bloqueo de los nervios (1898-99) de la anestesia
espinal (1899) y de la intubación laríngea (1902).
Alexis Carrel (1873), de Sainte Foy-les-Lyon
(Francia), graduado en la Universidad de Lyon (1905) y actualmente miembro
asociado del Instituto Rockefeller; ha revolucionado la cirugía del sistema
vascular y realizado grandes adelantos en fisiología y fisiología quirúrgica,
por lo que le ha sido concedido el premio Nobel en 1912. En 1902 ha publicado
su primer trabajo sobre anastomosis vasculares y transplantaciones viscerales[921], en el que demostraba que una perfecta anastomosis extremo con extremo
de los vasos sanguíneos podía asegurarse insertando en los extremos que van a
unirse una sutura triplemente enhebrada, que, al tirar cuidadosamente de ella,
convierta la luz redonda del vaso en un triángulo equilátero, asegurándose de
este modo una exacta aposición, sin reducción, preservando la continuidad de la
luz y evitando la trombosis. Antes de la época de Carrel, una arteria herida
era tratada únicamente por la ligadura en la continuidad. Desde las anastomosis
extremo con extremo se ha avanzado, por medio del invento de agujas especiales
y de una rígida asepsia, hasta la substitución de un trozo perdido de arteria
por trozos de arteria o de vena, y de allí, a la transplantación de órganos de
un animal a otro. Así, ha transplantado el riñón, con todos sus vasos, de un
gato a otro, comenzando la secreción de la orina ya antes de acabar la
operación, y esta hazaña no sólo ha sido intentada con éxito en el hombre, sino
que, además, se ha extendido a otras vísceras. Transplantaciones en masa de
vasos sanguíneos, órganos, vísceras y miembros se han llevado a cabo también
con éxito[922]. Las investigaciones de Carrel sobre la vida latente de las arterias
(1910)[923] le han llevado a la conservación de trozos de vasos sanguíneos en
medios indiferentes por espacio de días y semanas, antes de usarlos en la
transplantación. Posteriormente ha aplicado el principio del experimento de R.
G. Harrison del cultivo extravital de las células nerviosas (1910) a los
cultivos extravitales y al rejuvenecimiento de los tejidos (1911)[924], llegando al notable experimento de mantener las vísceras escindidas de
un animal, vivas y funcionando fisiológicamente in vitro (1912)[925]. Ha conseguido, además, activar y acelerar el crecimiento del tejido
conjuntivo aplicándole el extracto tiroideo, esplénico, del embrión u otros
extractos animales.
El premio Nobel de Medicina de 1911 ha sido
concedido a Allvar Gullstrand (1862), de Landskrona (Suecia), profesor de
Oftalmología de la Universidad de Upsala (1894) Porsus estudios matemáticos de
dioptría, o sea de la ciencia de la refracción de la luz a través de los medios
transparentes del ojo vivo.
Allvar Gullstrand (1862)
Del mismo modo que Willard Gibbs fundó la teoría
química de los medios heterogéneos, Gullstrand ha fundado la dioptría de los
medios heterogéneos.
Primitivamente, la imagen en el ojo era considerada
como una esquemática disposición punto por punto, al modo como se estudian las
lentes de los instrumentos ópticos. El curso de los rayos en el astigmatismo,
por ejemplo, era representado por el conoide diagramático de Sturm. Gullstrand
colocó el estudio de la imagen ocular desde el punto de vista de la realidad,
diferenciando claramente su formación actual de su proyección óptica. Demostró
que el conjunto de rayos en el conoide de Sturm no tiene la más remota
semejanza con la condición actual del astigmatismo. Aplicando los métodos de la
física matemática, especialmente los de sir William Rowan Hamilton (1828), ha
tratado el problema como si se refiriese a un conjunto de haces luminosos
extraordinariamente difusos, refractados por un sistema de planos continuamente
curvos, pudiendo demostrar que durante la acomodación el índice de refracción
de las lentes aumenta por un cambio actual en su estructura. Sus principales
obras sobre este asunto son: su estudio sobre el astigmatismo (1891), su Teoría
general de las aberraciones monocromáticas (1900)[926] y sus ensayos de dióptrica de la lente del
cristalino (1908) y sobre la imagen óptica real (1906). En 1889 ha ideado un
método práctico de apreciar el astigmatismo corneal por una sencilla
observación, una ventaja que posee un solo instrumento, el oftalmómetro de
Sutcliffe. En 1892 ha introducido un método fotográfico para localizar un
músculo ocular paralizado. Ha ideado, además, un método micrométrico de
apreciar fotograbado el reflejo corneal, dando el más exacto conocimiento de la
forma de la córnea normal y enferma. Su labor en este terreno puede compararse
a la de Burdon-Sanderson de las determinaciones fotográficas del tiempo de
reacción en el músculo. En 1907 ha demostrado que el color amarillo de la
mácula en la retina es un fenómeno cadavérico, no existiendo durante la vida,
y, como antes hemos indicado, descubrió el mecanismo intracapsular de la
acomodación[927]. Ha inventado, además, el oftalmoscopio
estacionario sin reflejo (1912), que excluye toda luz que no pertenezca a la
imagen oftalmoscópica, estando así libre de todas las reflexiones del espejo o
del mismo ojo, dando mejor imagen, mejor efecto estereoscópico y más amplio
campo visual. Ha inventado lentes correctoras con cristales asféricos, para los
operados de cataratas, que dan un dibujo más limpio e imágenes más luminosas,
con más amplio campo visual, que las lentes esféricas con la misma lente focal.
notables innovaciones en la cirugía ocular han sido
realizadas en estos últimos tiempos por oficiales del servicio médico de la
India. La operación o extracción de la catarata con la cápsula ha sido ideada
por el teniente coronel Henry Smith en 1900[928] y los resultados han sido muy notables. Como un bienhechor de la
Humanidad es conocido Smith en todo el Norte de la India, donde el reflejo de
los despiadados rayos del sol en las secas llanuras viene a dar con aterradora
fuerza en los ojos de los indígenas. Sus clínicas en Jullundur y Amritsar, en
el Punjab, se ven frecuentadas, no sólo por series de ciegos que vienen de
todas partes, sino también por oculistas cirujanos, hasta de los Estados Unidos
del Oeste, que atraviesan el mundo por aprender sus métodos. Para enseñar a
hacer la pupila, realiza la operación ante ellos. Hace unas 3.000 extracciones
de catarata al año, y en 1910 había llegado a hacer 24.000, de las que 20.000
eran por el método intracapsular. Otra operación nueva, la de la trepanación esclerocorneal
para el glaucoma, ha sido ideada por el mayor Robert Henry Elliot, I. M. S. en
agosto de 1909[929]. La operación de von Graefe ha dominado por espacio de medio siglo.
Lagrange y Herbert han ensalzado el valor de la esclerotomía, y hasta la
trepanación corneal había sido ensayada por Argyll Robertson, Blanco, Frohlich
y Freeland Fergús; pero Elliot ha realizado la operación con varios
perfeccionamientos que le son propios y que la facilitan grandemente.
Grandes adelantos en el diagnóstico y tratamiento
de las enfermedades del oído interno han sido llevados a cabo por Robert Bárány
(1876), de Viena, Privatdocent de la Universidad, que ha trabajado mucho por
poner en claro el obscuro problema del vértigo auricular o enfermedad de
Meniére, diferenciándole especialmente de las lesiones vecinas o sobreañadidas
del cerebelo, de la epilepsia y de la forma común del nistagmus (1906)[930].
Robert Bárány (1876).
El vértigo laberíntico o «nistagmus vestibular» es
interpretado por Bárány como una perturbación de la función del nervio
vestibular o de los órganos en los que se distribuye, habiendo señalado su
origen de diferentes causas, en las cuales podía establecerse confusión.
Ha ideado una serie de ingeniosas pruebas
diferenciales, tales como la producción del nistagmus por irrigación del
conducto auditivo externo con agua fría o caliente (prueba calórica), o
haciendo que el sujeto trate de tocar un objeto teniendo los ojos tapados, y
habiéndole previamente tocado con los ojos abiertos (prueba estática), y ha
podido demostrar la exactitud de sus casos por las operaciones afortunadas del
cerebelo o del oído interno. Ha inventado, además, la «máquina ruidosa» para
comprobar la paracusia de Willis, y otras novedades diagnósticas.
Los últimos diez o veinte años han sido testigos de
un extraordinario desarrollo del interés por la historia de la medicina. Muchos
admirables ensayos y monografías se han publicado; se han creado Sociedades en
Alemania, Italia, Francia, Inglaterra y en las grandes ciudades de América; se
han celebrado exposiciones de objetos raros, libros e ilustraciones pictóricas,
y muchos médicos modernos han hecho colecciones privadas muy importantes de
estos mismos objetos. El adelanto más grande de los últimos años ha sido la
fundación del Instituí für Geschichte der Medizin, en Leipzig, en
1905, bajo la dirección del profesor Sudhoff, para el cual se ha creado una
cátedra especial de la asignatura en la Universidad (1905). Este Instituto y
las publicaciones del mismo sostiénense con una dotación de 500.000 marcos,
dados por la viuda del difunto profesor Theodor Puschmann, y al aceptar esta
dirección, el profesor Sudhoff ha estipulado que se crearía un edificio aparte
para la nueva especialidad. Karl Sudhoff (1853), de Francfort am Main, que
había practicado la Medicina por espacio de varios años antes de este
acontecimiento, y que se ha consagrado por completo a autoeducarse en la
historia de la Medicina, comenzando con sus importantes estudios sobre
Paracelso (incluso un acabado estudio de los manuscritos de Paracelso)
comenzados en 1876 y publicados en 1887-99, que serán siempre una autoridad en
la materia. Ha, escrito completas y acabadas monografías sobre los
iatromatemáticos de los siglos XV y XVI (1902), sobre los manuscritos y otras
ilustraciones médicas del siglo XV (1907), sobre la historia de las antiguas
ilustraciones anatómicas (1908), sobre los incunables médicos alemanes (1908),
los papiros griegos del periodo alejandrino (1909), la balneología antigua (1910)
y la historia antigua de la sífilis (1912). Todas ellas son investigaciones
originales del género más profundo, y, además de ellas, ha publicado una serie
extraordinariamente numerosa de más reducidas, pero muy importantes también,
investigaciones, especialmente en los Archiv für Geschichte der
Medizin, que ha fundado en 1908. Ha hecho muchos de los textos médicos
más raros accesibles a los lectores alemanes por sus Klassiker der
Medizin, una serie de reimpresiones poco costosas, que semejan, en el
estilo y en la forma, a las bien conocidas ediciones de Ostwald, de los
clásicos científicos.
Karl Sudhoff (1853). (De un retrato de la Biblioteca General de Cirugía.)
Su método de investigar es completamente nuevo. Con
los recursos financieros de su dotación, viaja por todas partes en busca de los
manuscritos raros o no impresos, y de las ilustraciones, por todas las
bibliotecas privadas y públicas de Europa, y fotografiando unos y cotejando
otros ha sido apto para ampliar los métodos inductivos con señalada habilidad,
trayendo a colación muchos hechos nuevos, afirmando puntos sujetos a discusión
y rechazando mucha de la tradicional Papierwissenchaft, cuyos datos
habían sido servilmente aceptados. Así, ha demostrado, por cotejo de
manuscritos no impresos, que, hasta los tiempos de Vesalio, las ilustraciones
anatómicas y de otro género han estado basadas, por espacio de siglos, en la
servil tradición, y casi todas ellas desprovistas de toda señal de observación
original y directa. Nadie, desde la época de Choulant, se ha ocupado de un modo
más eficaz de las ilustraciones anatómicas. Sudhoff ha desenvuelto también, y
de un modo completo, la ciencia de los Lasstafelkunst, que
trituraba con tan obsceno vigor Paracelso en su Líber Paragranum (1589),
y durante su investigación ha encontrado en la Biblioteca Nacional de París la
primer publicación médica de este género que ha sido impresa: el Calendario
de la purga, de Gutenberg (1457). Sus investigaciones filológicas de los
papiros alejandrinos (1909) nos han dado mucha luz acerca del estado de la
Medicina egipcia durante este período, y sus recientes investigaciones sobre la
historia antigua dé la sífilis (1912), de la cual ya nos hemos ocupado,
proporciona un poderoso argumento contra la teoría del origen americano de esta
dolencia. Ha añadido, además, mucho a nuestro conocimiento del avance de la
Medicina del estado durante la Edad Media. Sus originales investigaciones y
reproducciones de los escritos medievales sobre lepra, peste y sífilis,
incluyendo las ordenanzas preventivas, van mucho más allá de la obra de Haeser
en este mismo terreno. Leyendo su maravilloso catálogo de la Exposición
Histórica de Dresde (1911) se realiza ya un conocimiento, como pocos, de la
historia de la medicina. Sus vastas lecturas le han proporcionado un
conocimiento tan profundo de la medicina medieval, tal cómo no lo posee
actualmente ninguna otra persona en el mundo, y sólo su conversación se dice que
basta para la inspiración de sus discípulos. Sudhoff piensa que los filólogos
clásicos, que han agotado las posibilidades de la literatura secular de Grecia
y Roma, debieron afilar sus dientes en los antiguos escritos médicos y tratar
de dilucidarlos. Sus acabados estudios de los incunables médicos alemanes
(1908) suplementan y completan la obra de Choulant y son los precursores del
movimiento iniciado en Berlín en 1904 para crear un catálogo internacional de
todos los incunables de las bibliotecas públicas y privadas, con el fin de
decidir los puntos dudosos relativos a la época, lugar y autor de los mismos.
Con la labor de un erudito tan eminente debe
terminar este esquema de la medicina moderna.
Aspecto cultural y social de la medicina moderna
Los lectores de la Historia de la Moral en
Europa, de Lecky, recordarán las impresionantes páginas en las que este
eminente escritor filosófico discute los efectos del moderno espíritu de
industrialismo sobre las relaciones éticas, incluso sobre la moral sexual. Dos
tipos de caracteres—dice—son aptos para producir: el económico, frugal y
prudente, que tiene «toda esa serie de virtudes que se designan con el término
de respetabilidad», y el tipo emprendedor, teórico, que es
«inquieto, fogoso e inseguro, muy expuesto a caer en grandes y aparentes
vicios, impacientándose por las rutinas, pero no menos propicio a las grandes
simpatías, a las grandes generosidades y resoluciones». El primer tipo es el
que predomina en los pueblos pebres, aislados; el segundo, entre los grandes
mercados comerciales. Las grandes fases del gran movimiento industrial de la
vida moderna no han dejado, como es natural, de ejercer gran influjo en la
práctica médica. Durante el siglo XIX vemos al médico que va siendo cada vez
más impersonal, más hombre de negocios y no demasiado influido por aquellas
obligaciones sociales y éticas que han constituido, positivamente, la
característica de los médicos del siglo XVIII. El «médico de familia» de los
tiempos pasados ha desaparecido por completo, salvo en las pequeñas
comunidades, y en el período moderno encontramos al médico urbano, bajo la
presión de la competencia, creando por todas partes códigos locales de ética profesional.
Los motivos de esto no son difíciles de apreciar. Están clara y suficientemente
expuestos en la hábil pero superficial inventiva de Bernard Shaw contra el
industrialismo de la profesión médica. Otto Juettner, en su interesante
biografía de Daniel Drake, cuenta de un cierto grupo de médicos de la región
occidental en los primeros treinta años, que cuando eran avisados para ver un
enfermo cuya posición económica era ignorada, siempre preguntaban al entrar en
la casa: «¿Quién paga esta cuenta?» Este es un crudo ejemplo, sobre todo si se
compara con lo que Abraham Flexner dice a propósito del carácter de los dos
Hunter, Matthew Baillie, Bright, Addison y Hodgkin:
«Estos hombres llevaron, en lo esencial, la misma
carrera. Como jóvenes desconocidos llegaron a ser ayudantes de la sala de
disección o de las clínicas o consultas públicas del hospital. Esta fue su
oportunidad; la obscuridad fue su protectora. Emplearon años en estudiar, tanto
desde el punto de vista patológico como del clínico, aquellos importantes
problemas a los que han quedado asociados sus propios nombres. Cuando, al cabo
de una década, habían llegado a ser científicas eminencias, seguían girando dentro
de su laboriosidad habitual. El resto de su activa vida la emplearon como
prósperos médicos de consulta, visitando los hospitales y enseñando en sus
escuelas médicas; pero, naturalmente, sin el lujo, comodidades ni otros
estímulos requeridos por los futuros investigadores científicos. El hospital,
como una institución, era indiferente; no había otros estímulos. Siguieron
quince o veinte años improductivos. Así florecían antiguamente los hombres;
pero ellos no dejaron semilla; no han dejado herederos; no han establecido
escuela»[931].
Aparentemente, Flexner no está familiarizado con
los discípulos de Hunter, ni con las averiguaciones modernas a propósito de
Addison y Hodgkin, como «médicos de próspera consulta», ni con los sucesores de
Bright y de Addison en el Guy’s Hospital; sin embargo, no parece improbable el
que una buena consulta, un confortable domicilio en la Harley Street, haya
dejado de constituir la ambición dominante de los médicos prácticos de Londres
en el período moderno. Aun en la misma Alemania, Flexner parecía dispuesto a
admitir «una creciente sospecha de que el idealismo de los profesores clínicos
es accesible a la tentación, tal vez a la necesidad, de aumentar sus rentas La
escala de la vida ha sido alterada por la prosperidad industrial; los nuevos
ideales, el materialismo de los caracteres, todo ha sido arrastrado por ella».
Desde los días de la terca persecución de John Hunter, tras «la condenada
guinea», hasta las disputas de la época actual a propósito de la «división de
los honorarios», del contrato médico, de las igualas, Krankenkassen,
de las patentes médicas, de los médicos descalificados, de la plusvalía de los
doctores, la necesidad de luchar por una competencia, en lugar de tenerla
asegurada por una práctica de familias como en el siglo XVIII, ha determinado
un cambio completo en el médico moderno. El ideal es científico e impersonal,
tan eficaz como un ingeniero y tan capaz de ver y de actuar como una persona.
A pesar de todo ello, los hombres se ven influidos
por las condiciones sociales que golpean sobre sus espaldas. Es un hecho
comprobable el que los cuadros de los americanos de la época de la guerra civil
eran más sinceros y más ideales que los de la época moderna. El tipo moderno se
señala por una marcada suficiencia de negocios. Para el adelanto de la ciencia
esto ha sido una ventaja inconmensurable. La ciencia moderna ha derribado la
idea de la infalibilidad personal, ha comprobado ella misma sus propios resultados
y ha adquirido una propia y exagerada probidad. «El caballero científico—dice
Billings—es el hombre de sangre azul de nuestros días. » Puede afirmarse, para
gloria de la medicina moderna, que, a despecho de la competencia, miles de
médicos han continuado ejerciendo su profesión siguiendo las antiguas
honorables prácticas, dando generosa y ampliamente su tiempo a los pobres, a
pesar de que en las calles donde se amontonan las riquezas un hombre cuyo
corazón sea mejor que la cabeza es siempre definido como loco. Los más
ilustrados médicos de nuestros tiempos van dirigiéndose a la medicina
preventiva, con lo que se tiende a suprimir una gran proporción de la práctica
médica. «Ciertamente, los hombres que habitualmente prestan una gran cantidad
de sus servicios gratuitamente, y que están constantemente ocupados en destruir
sus propios medios de vida, no pueden ser convictos de ser completamente
mercenarios»[932].
Como dice ingeniosamente Harwey Cushing: «El doctor
Pound (libra), de Cure Lañe (la callejuela de curar) ha sido reemplazado por el
doctor Ounce (onza), de Prevention Street (de la calle de prevenir)»[933].
El coste cada vez mayor de la vida, el automóvil,
los gastos de domicilio e instrumentos, los estudios y viajes al extranjero,
hacen graves incursiones en las ganancias del médico moderno, y de aquí que se
haya, en casi todas partes, triplicado los honorarios médicos. En
otros términos: el valor del dinero para adquirir sigue descendiendo
constantemente. De acuerdo con las leyes de la economía, cuanto más grande es
la provisión de oro, tanto más llega a ser una comodidad y tanto menores serán
las cosas que se compren. Es más fácil, en nuestros días, ganar dinero que
adquirir alimentos no adulterados y ropa o trabajo útil.
Al final del siglo XVIII (1798), las cargas
profesionales de los «prácticos de Medicina y Cirugía en los Estados Unidos,
New York»[934] eran: un dólar por una visita corriente y 1, 25 dólar con una sola
dosis de medicamento; 12 centavos cada dosis de píldoras y polvos; 5 dólares
por consulta (prescripción verbal) o por una visita nocturna, 1 a 2 dólares por
sangría, 4 dólares por ventosas, 100 dólares por cada amputación por la
articulación, extracción de un ojo u operación de un aneurisma, al paso que la
operación de la hernia, de cálculos o de cataratas costaba 125 dólares; un
parto normal, de 15 a 25 dólares; un parto difícil, de 25 a 40. Samuel C. Busey
comenzó a practicar en Washington, D. C. en 1849, llevando un dólar por visita,
y «muchas veces la cuenta era convenida como una fracción, y frecuentemente una
pequeña fracción, de la suma total»[935]. En la época actual, el importe, por término medio, de una visita es de
3 dólares (dos en algunas localidades), y las consultas y los casos quirúrgicos
y obstétricos son pagados proporcionalmente. En Inglaterra, el importe, término
medio, de la consulta hacia 1870, era una guinea; posteriormente, es costumbre
pagar dos guineas por la primer visita y una guinea por las consecutivas. Si
requerían viajar, se cargaba, hasta 1845 aproximadamente, una guinea adicional
por cada milla; posteriormente, desde los viajes por ferrocarril, dos guineas
por cada tres millas (Power). En los pueblos, o tratándose de clientes pobres,
las visitas pueden variar de diez chelines, cinco chelines, diez y ocho
peniques, hasta seis peniques. El médico de pueblo suele cobrar más bien las
medicinas que receta y administra que las visitas prestadas; así, por ejemplo,
sangría, 1 chelín 6 peniques; bolos, 1 chelín 6 peniques; poción y píldoras, 1
chelín 9 peniques; iter (viaje a la casa), 1 chelín 6
peniques. La ley de pobres señala en 1845, como usual, 20 libras por cada
parroquia, mas 10 chelines por cada caso obstétrico, con una adición de 2
chelines 6 peniques si el enfermo vive a una distancia de más de tres millas
(Power)[936]. La socialización de la medicina en la práctica de los jurados ha
impuesto mucho trabajo de más y muy poca compensación y ha doblado la tarea de
los que no estaban sujetos al servicio militar durante la guerra europea.
En Francia, durante la guerra napoleónica, una
consulta en el gabinete del médico o una visita en la ciudad valía 10 sueldos
(1805-39); en 1850, un franco. La sangría, una libra; el parto, 12 libras. En
Prusia (1906), médicos y enfermos se arreglaban con alguno de estos contratos:
2 a 20 marcos, por una visita corriente; 1 a 10 marcos, por cada visita o
consulta subsiguientes; 4 a 10 marcos, por un parto, con una mitad más si son
gemelos; 3 a 15 marcos, por extirpar una amígdala; 10 a 30 marcos, por reducir
una fractura. En 1892, más de la mitad de los médicos de Berlín estaban
señalados como ganando menos de 3.000 marcos, y una décima parte sólo como
ganando más de 10.000 marcos. En Berlín, en 1908, el sueldo de un profesor
ordinario eran 4 800 marcos, con un aumento de 400 marcos cada cuatro años y un
máximo de 7.200 marcos al final de veinticuatro años de servicios. Fuera de
Berlín comenzaban con 4.200 marcos y terminaban con 6.600. Un profesor
extraordinario comienza con 2.600 marcos, para llegar a 4.800 como máximo. En
Austria, los extraordinarios comenzaban con 3.200 coronas, alcanzando las 4.000
coronas en una década. Flexner cuenta que un eminente profesor alemán
descomponía del modo siguiente sus ingresos: «300 dólares como médico del
hospital pagado por la ciudad, 2.000 dólares como profesor pagado por el
Estado, 5.000 dolores de los estudiantes. Además, tenía alguna consulta durante
la tarde»[937].
El arte moderno, lo mismo que el del siglo XVII, ha
representado los asuntos médicos de múltiples y variadas maneras. Uno de los
caracteres más salientes del modernismo, «la enfermedad extraña de la vida
moderna», es buscar todo lo que sea extraño y nuevo, y respecto del arte,
buscar la inspiración en lo feo y en lo deforme. Los cuadros de Goya en el
Museo del Prado, por ejemplo, y especialmente sus aguafuertes, son triunfos de
lo macabro. Sus representaciones de teratología, idiotismo,
locura, muertes violentas y matanzas generales demuestran el curioso interés
por lo horrible, la delicia solemne por la muerte, que los Goncourt pensaban
ser esencialmente español; Le génie de l'horreur c'ést legénie de
l'Espagne. El museo Wiertz, en Bruselas, nos proporciona otro ejemplo
de esta misma tendencia. Infanticidios, suicidios, inhumaciones prematuras y
escenas eróticas son los temas tratados preferentemente por sus artistas.
Charcot da un interesante grupo de ciegos del artista japonés Hokusai. El
impresionista Degas trabaja con la precisión de un pintor holandés de
interiores, y se excede en reproducir los movimientos artificiales de la
bailarina. Sus desnudos son tan deformes como los de Rembrandt. Otro desarrollo
más moderno es el de lo escabroso, que ha sido acabadamente tratado
por los pintores de cartones y caricaturistas como Gavarni y en los cuadros de
los secesionistas alemanes, alguno de los cuales, por ejemplo, ha representado
el parto con espantosa franqueza. Más recientemente, el Salón des
réfusés, en París, ha presentado también algo de este mismo género.
Siguiendo líneas mucho más convencionales, encontramos un gran número de
cuadros representando doctores en la clínica o cirujanos operando en el
anfiteatro, y de los cuadros del tipo literario, anteriormente de moda, que se
refieren a la historia, señalaremos el de Wilhelm von Kaulbach, Narrenhaus (1837);
de F. Hamman, Vesalio’, Germain Colot realizando la operación de la
talla ante Luis XI (1414), por Rivoulon; Ambrosio Paré
operando en los suburbios de una ciudad sitiada, por L. Matout; Los
apestados de Jaffa, por Antoine-Jean Gros; Pinel en la
Salpétriére, de Robert Henry; Lección de Velpeau, por
Feyen-Perrin, o Pean demostrando la hemostasia por forcipresura (L.
Gervex). Otros, como el Dentista, de Andrea Cefaly (1875); el
cuadro de Pasteur inoculando contra la hidrofobia, de Laurent
Gsell; el Pasteur en su laboratorio, de Edelfelt; los Estudiantes
de arte disecando en la escuela práctica, o el cuadro, de A.
Brouillet, Charcot demostrando un caso de histerismo en la
Salpétriére, o el Laboratorio de San Lázaro, de Julián
Story, demuestran la tendencia hacia la representación realista o fotográfica,
como de algo «tomado en el acto». Carolus Duran, Sargent, Cecilia Beaux y otros
han hecho excelentes retratos al óleo de médicos modernos. Muchos de estos
médicos modernos han ilustrado ellos mismos sus propias obras, especialmente
los Bell, Henle, His, Leidy y Lister. Paul Richer ha hecho un hermoso retrato
dibujado de Charcot, y el propio Charcot era un talento como dibujante y
decorador en porcelana. Su pincel seguía las líneas de lo cómico y de lo
fantástico, y sus caricaturas de la Facultad de Medicina de París, como amigos
en concilio (L’Aréop age) y el desfile indio (en
queue) son deliciosos. Sir Seymour Haden, el cirujano, era uno de los
más perfectos aguafortistas modernos. En escultura tenemos un bajorrelieve de
Alfred Boucher representando al joven Tobías devolviendo la vista a su padre
(Museo de Troyes), la estatua de tamaño natural de Charcot, en la Salpétriére,
obra de Falguiére (1898) y las figuras más convencionales de médicos ingleses y
americanos en diferentes localidades. Rodin ha hecho gran número de curiosas
notas esquemáticas de anatomía, como preparación de su modo especial de tratar
el mármol. De los muchos monumentos recientes de Miguel Servet mencionaremos la
figura en la pira funeral de la Place Montrouge (París), de Jean Baffier; el
contemplativo Servet, con toga y birrete doctorales, en el museo Velasco, de
Madrid, la estática del mártir en la prisión, por Roch (Annemasse); el desnudo
rodinesco, por Joseph Bernard, en Viena (Isére); la figura sentada y con toga,
en el pórtico del edificio de la Facultad de Medicina de Zaragoza, y el plinto
expiatorio, de granito rojo tallado, en Ginebra. Servet ha sido, además,
conmemorado en un drama por el dramaturgo e ingeniero español José
Echegaray (La muerte en los labios)[938].
Así como los médicos modernos se han visto
numerosas veces caricaturizados por las artes gráficas, del propio modo las
tendencias mercantiles de la profesión en nuestros días han dado abundantes
ocasiones para el ejercicio de la sátira literaria. Baas ha acertado al
caracterizar al doctor de este tipo de la primera parte del siglo XIX: «por el
elegante corte de su traje, sus universales saludos y rápida marcha, su
imperturbable amabilidad, y el termómetro, estetóscopo, martillo de percusión,
etc. saliéndose de los bolsillos de su gabán»[939]. Todo ello implica una perspectiva algo pasada de todo un período;
pero, sin embargo, nosotros encontramos rasgos semejantes de elegancia en
algunos caracteres de Dickens, como el Dr. Slammer en Pickwick, o
el Dr. Joblin en Martín Chuzzlewit, y en el Dr. Aberford de Christie
Johnstone, de Charles Reade. El Dr. Firmin, de Thackeray, y el doctor
Downward, de Wilkie Collins, representan tipos de un género más astuto y
dudoso. El mejor retrato imaginativo del médico elevado, de tipo intelectual,
es el de Lydgate en Middlemarch, de George Eliot una novela que, en
su conjunto, nos da el punto de vista más real de la medicina inglesa en el
último período georgiano y en el primero de la Reina Victoria. La fina
intención satírica del autor aparece en la charla médica de las damas elegantes
en el capítulo X. Mrs. Cadwallader compara a Casaubon, el fósil novio de la
bella Dorotea, a una dosis de medicamento «repulsivo para tomarlo y que
seguramente no conviene», y lady Chettam, al discutir las relaciones de la
superior familia de Lydgate, observa:
«Uno no debe esperarlo de un práctico de ese
género. Por mi parte, yo prefiero poner al médico en el mismo pie que a mis
sirvientes; esto parece ser frecuentemente lo mejor. Aseguro a ustedes que
encuentro el juicio del pobre Hicks infalible. Nunca le he visto equivocarse.
Es tosco como un carnicero; pero conoce mi constitución. »
La misma nota aparece en el horror que en El
Mayor Pendennis experimenta una lady casada hacia el doctor de su tío,
y en el que podemos ver una expresión de la estimación en que entonces se tenía
a los médicos. El Washington Square (1880), de Henry James,
demuestra una alegre confianza en su estado superior en los Estados Unidos.
Balzac ha inmortalizado al médico de pueblo en Francia[940]; no es seguro que Dupuytren sea el original de su Desplein; pero su
Horace Bianchon es un retrato imaginario. Gustave Flaubert, Samuel Warren,
Charles Lever, Oliver Wendell Holmes, Weir Mitchell, todos han considerado este
asunto desde diferentes puntos de vista. Mitchell ha hecho un acabado estudio
del charlatán[941]. Los estudiantes de Medicina de Dickens, Albert Smith y otros son
perfectamente conocidos. El Bazaroff de Turgenieff[942], el estudiante agnóstico y anarquista de la Europa Oriental, es una
creación genial.
Las condiciones de la educación médica en los
tiempos modernos pueden resumirse del modo siguiente: La enseñanza de la
medicina como ciencia, con un fin algo más elevado que el puramente práctico,
comienza con la fundación de laboratorios y con la reunión gradual de
especialidades como unidades en la instrucción universitaria. Desde la época de
Boerhaave, los grandes maestros han tenido siempre un número limitado de
brillantes discípulos, que vivían en las mismas condiciones que ellos mismos;
pero el conjunto de estudiantes no ha podido comenzar a estar en íntimo
contacto con toda la labor actual de hechos y de experiencias necesario para su
«educación» hasta que se le ha podido darla oportunidad de comprobar y de hacer
las cosas por sí mismos, y esto ha sido posible desde el momento en que,
incluso en anatomía, la labor práctica iba sustituyendo a la rutina de las
lecciones didácticas, frecuentemente basadas en fantásticas teorías que emanan
del cerebro del profesor. La enseñanza universitaria alemana era, desde largo
tiempo, teórica, pero con la fundación de laboratorios, como los de Purkinje en
Breslau (1824), de Liebig en Giessen (1825) y de Virchow en Berlín (1856),
comenzaron tendencias completamente nuevas; y aunque se necesitó largo tiempo
para que este nuevo movimiento fuera abriéndose camino, sin embargo, desde el
advenimiento de Virchow y de sus contemporáneos, el mundo moderno ha sido
guiado por Alemania en aquellas ciencias sobre las que está basada la Medicina,
al paso que Inglaterra y Francia se han distinguido más bien en la organización
de la enseñanza clínica y hospitalaria. Ya en 1842, todavía Helmholtz se
graduaba como cirujano militar discutiendo, entre otros temas, una operación
quirúrgica que, como Haller en tiempos anteriores, no había hecho ni visto
hacer nunca. En tanto (fue la medicina alemana estaba sufriendo aún los dolores
de la «Fisiología Natural», Laënnec y Louis, Bright y Addison, Graves y Stokes,
Dupuytren y Astley Cooper se veían rodeados de una muchedumbre de competentes clínicos
y cirujanos. En los tiempos actuales, la educación médica alemana aparece
basada en la suposición de que todas las especialidades, incluso la de dentista
y la de tocólogo, son simplemente fases de la Física y de la Química, y
difícilmente encontraremos alguno de sus notables profesores que no haya
publicado en el comienzo de su carrera alguna obra original sobre una de esas
ramas fundamentales de la Medicina. En los Estados Unidos, las circunstancias
son completamente diferentes. En la época colonial, el estudiante de Medicina,
aunque pobremente educado, tenía por lo menos la ventaja de encontrarse
colocado a las órdenes de un preceptor, comenzando de este modo a conocer, en
íntima y constante relación con él, los detalles de la práctica médica. Pero en
las condiciones de violenta competencia, propias de una democracia en periodo
de crecimiento, esta costumbre dejó bien pronto de existir, y en tanto que una
o dos escuelas médicas se mantenían en un nivel excelente, un gran número de
escuelas inferiores vinieron a demostrar pronto que no tenían fundamento para
su existencia. En la primera mitad de la centuria, los ambiciosos y
emprendedores estudiantes americanos que tenían bienes de fortuna iban a París
a estudiar con Louis, a Londres a aprender con Astley Cooper; posteriormente,
fueron en gran número a Berlín con Virchow, a París con Charcot, a Viena con
Billroth. fue solamente hacia el final del siglo XIX, bajo la dirección de
Elliot en Harvard, Billings, Welch y Osler en el John Hopkins y Pepper en Filadelfia,
cuando comenzó la verdadera enseñanza médica con la enseñanza universitaria, en
el sentido de preparar al estudiante a hacer uso de su propio criterio no
aceptando ciegamente los dogmas. En el primer período, algunos hábiles médicos
americanos, procedentes de las escuelas inferiores, enseñaron su medicina por
la práctica; pero la labor que ellos realizaron fue debida a ellos mismos y no
a las condiciones del centro de enseñanza de donde procedían.
En el Continente, la medicina clínica era
hábilmente enseñada por Corvisart, Laënnec, Louis y Trousseau en París,
Schönlein y Frerichs en Berlín, Skoda y Oppolzer en Viena. En esta época estaba
de moda el «diagnóstico de impresión», como la rapidez en el operar. Corvisart,
en una ocasión, notaba que el sujeto de un cuadro al óleo debía haber sido
víctima de una enfermedad cardíaca, y lo demostraba en seguida. Frerichs estaba
de tal modo enfatuado con su acierto, que no admitía nunca que uno de sus diagnósticos
pudiese ser erróneo. A pesar de ello, empleaban en sus clínicas los métodos más
exactos que se conocían. Corvisart ha resucitado la percusión. El estetóscopo,
en manos de Laënnec, ha sido el medio de desarrollar la ciencia de las
enfermedades torácicas. Louis y los clínicos irlandeses idearon el cálculo del
pulso por el reloj. Piorry inventó el plexímetro. Wunderlich colocó la
termometría clínica sobre una base científica. El estetóscopo se encuentra
mencionado por vez primera en el catálogo de Harvard, en 1868-69; el
microscopio, en 1869-70. Aquellos eran, al principio, de diez pulgadas de
longitud, teniendo esta longitud para poder registrar la temperatura, al cabo
de cinco minutos por lo menos, estando colocados en la axila, y, como
ingeniosamente dice Brunton, «se llevaban debajo del brazo, como se lleva un
fusil»[943]. Su reducción de tamaño y la verdadera invención del termómetro de
bolsillo es debida a sir Clifford Allbutt (1868). Ni Keen ni Tyson han visto un
termómetro clínico, ni una jeringa hipodérmica de 1862-65. Sin embargo,
Billings, al encargarse de Richmond, herido siete días antes, estaba provisto
de una y otro[944].
En 1840, Schönlein introducía la novedad de enseñar
en alemán en la Charité, al paso que Wolff, su rival en Berlín, llevaba, por el
contrario, una lateinische Klinik, donde no había nada de percusión
ni de auscultación, y sí sólo la pedantería, que no se suprimió hasta poco
antes de retirarse Schönlein en 1857. La clínica de Schönlein, tal como la
describe Naunyn[945], era del más elevado orden científico. Antes de comenzar la visita, el
corto y gordo Schönlein estaba sentado en un confortable sillón al lado de la
cama del enfermo, en tanto que el ayudante leía la historia del caso con todos
los detalles necesarios de auscultación y percusión y todos los datos físicos y
químicos. Se levantaba entonces Schönlein y procedía al examen del enfermo, y,
volviendo de nuevo al sillón, procedía a desenvolver su diagnóstico apoyándolo
en datos patológicos, y después discutía el caso desde los puntos de vista
etiológico y patológico. Si sucumbía el enfermo, se procedía a la autopsia, con
«epicrisis», en la que se discutían los posibles errores del diagnóstico.
Después de Schönlein vino Frerichs (1859), que siguió las mismas tradiciones.
Este examinaba directa y completamente los casos nuevos, y si encontraba que
los ayudantes lo habían estudiado a fondo, se leían las historias con todos los
datos accesorios de examen de orinas, excreta, esputos, laringe, hasta el fondo
del ojo, y entre tanto, los dibujos y las preparaciones microscópicas
(frecuentemente de su colección privada) andaban de mano en mano entre los
estudiantes. El nunca bromeaba ni trataba mal a sus ayudantes; al contrario,
les trataba, según dice Naunyn, como si fueran órganos de su propio cuerpo. La
recapitulación que hacía Frerichs, con el diagnóstico, muchas veces expuesto de
un modo teatral, se consideraban como piezas maestras. El permanecía sobre una
base rigurosamente científica, aunque, en relación con estos asuntos, Frerichs
favorecía la minuciosa casuística clínica de los ingleses; y el enfermo, si no
se retiraba a tiempo, algunas veces oía un mal pronóstico. La terapéutica era
cuidadosamente considerada por Frerichs, y las prescripciones iban
sucesivamente señalándose como parte del asunto; sin embargo, Naunyn piensa que
los resultados no le interesaban demasiado. Al retirarse o morir el enfermo,
Frerichs daba una viva e instructiva epicrisis, y, al final de cada semestre,
venía una «epicrisis general», en la cual los casos volvían de nuevo a ser
revisados cuidadosamente[946]. Sobre esta enseñanza se ha basado el desarrollo alemán de la medicina
como ciencia, que ha conducido a las grandes clínicas de Naunyn y de Friedrich
Müller. Traube, que fue director de la otra ala de la Charité, era también
altamente estimado por sus diagnósticos[947]. Era más concienzudo y más sincero en el examen clínico y se interesaba
más por los enfermos que Frerichs, y, por consiguiente, mejor apreciado por la
clientela privada; pero, de acuerdo con Naunyn, conocía poco la química, y era,
casi siempre, un servil repetidor de Virchow en la patología, y, en sus
esfuerzos por hacer la Medicina clínica una consecuencia de la Fisiología,
incurría algunas veces en sutilezas retorcidas y superfinas distinciones.
Virchow favorecía a Traube y aborrecía a Frerichs; así que las relaciones de
estos dos últimos no fueron nunca cordiales. Naunyn relata[948] que era bastante común el que los dos grandes clínicos, a la
cabeza de sus alumnos, se encontrasen sin dar la menor señal de haberse visto,
y a los discípulos se les prohibía tácitamente el que se reuniesen unos con
otros. Entre tanto, Virchow era la estrella especialmente brillante de la
escuela de Berlín, un político revolucionario en su juventud, un tirano
intelectual en su vejez. Sus lecciones públicas, frecuentemente retrasadas por
motivos políticos, eran difusas, aburridas y difíciles de seguir, a causa de su
extensión, frecuentes paréntesis y sentencias; pero era un brillante maestro en
la mesa de autopsias y un profesor sin indulgencia al examinar a los
estudiantes[949]. Al norte de la Charité antigua se levantaba la nueva Charité, un feo y
obscuro edificio, de ventanas con rejas, conteniendo los sifilíticos, los locos
y una «estación combinada», cuyos enfermos son procesados que vienen de sus
prisiones. De esta estación combinada era médico en jefe Virchow, y allí, más
asiduo en el cumplimiento de su deber, Virchow trabajaba como un «clínico»[950]. En Viena, Skoda se consagraba por completo a la auscultación;
Rokitansky, a las autopsias, y Oppolzer, el mejor maestro en conjunto. Del
último grupo de Berlín se decía: «Gerhardt diagnostica siempre; Senator, con
frecuencia; Leyden, nunca» (Jacobi). Leyden, cuando sus ayudantes clínicos
expresaban: «Unreine Herztone» («ruidos poco limpios del corazón»), decía: «Muy
bien; entonces, lávalos» (Klebs). En Inglaterra, Addison era, probablemente, el
más grande profesor de clínica de su época, elegante, brillante y elocuente;
pero poco apreciado por los estudiantes a causa de sus maneras frías y
arbitrarias y de su aspecto marcial. El genial y equilibrado Bright llegó
fácilmente al segundo puesto, y, a pesar de que no se imponía en las lecciones
de la cátedra, dejó hecha mucha más labor científica al final de su vida y
tuvo, además, una numerosa clientela. Con estos hombres, y con un patólogo como
Hodgkin, la patología y la clínica médica iban avanzando de día en día. En
Francia, Trousseau, el más expresivo y pintoresco profesor de este período, ha
preparado el camino para Dieulafoy, Marie y otros profesores del tipo francés,
afable, vivo e inteligente. Las clínicas públicas de Charcot eran únicas en su
género, y necesitaban para llevarse a cabo todo el gran tropel de gente que le
seguía. Con el fin de rodear a su enseñanza del mayor relieve posible,
demostraba sus casos en un pequeño teatro, cuyo suelo estaba provisto de
candilejas y de todos los accesorios escénicos de iluminación en los diferentes
ángulos. Los enfermos permanecían en pie delante de las candilejas, o
iluminados, cuando era necesario, por una luz más viva, en tanto que Charcot,
más en la sombra, desarrollaba y aclaraba los casos de una manera corta y
clara, en provecho de los extranjeros. Una vez que se había despedido al
enfermo, la lesión patológica era expuesta inmediatamente en una pantalla en el
fondo del teatro, y este efecto teatral nunca dejaba de impresionar a su gran
auditorio. Las maravillosas lecciones de Charcot estaban siempre cuidadosamente
escritas por su propia mano, y se las entregaba a sus ayudantes para que
fueran, a su debido tiempo, publicadas. Las figuras de la pantalla han sido
actualmente reemplazadas por el epidiáscopo y el cinematógrafo, que son
utilizados por algunos modernos cirujanos como el único medio de hacer apreciar
los detalles de una operación a un amplio concurso de estudiantes[951]. En las antiguas escuelas americanas, la enseñanza clínica ha sido,
durante largo tiempo, didáctica, careciendo la mayoría de aquéllas de
verdaderas facilidades clínicas, y siendo la labor hospitalaria únicamente
accesible a aquellos estudiantes que obtenían plazas de internos o externos.
Estas deficiencias han desaparecido, en el último período, con las escuelas
post-graduadas, en las cuales la enseñanza es enteramente práctica y que
Flexner describe como «una subgraduada tienda de conversación»[952]. Los preceptores privados y los supuestos maestros eran empleados por
aquellos que querían adelantar durante sus cursos médicos. Un buen ejemplo de
esto tenemos en la exposición que hace Busey de la enseñanza privada de George
B. Wood, de Filadelfia, hacia la mitad del siglo XIX. Wood, un grave y digno
cuáquero, que tenía un jardín botánico particular, gastó 20.000 dólares en
diagramas y modelos, y dio más de 60.000 en dotaciones para la Universidad de
Pensilvania, y el Colegio de Médicos de Filadelfia recibía por la noche en su
casa a los estudiantes, alrededor de una mesa alumbrada por candeleros de
plata, y allí los iba examinando línea por línea, precepto por precepto, de los
dos tomos de su obra de práctica de la Medicina[953]. Este método era completamente típico de la enseñanza americana en este
período. Sus defectos eran el ser, pedagógicamente, una mera repetición de lo
que ya había sido oído en las rutinarias lecciones, con dificultad para tener
ninguna experiencia clínica. W. W. Keen dice que, en las clínicas de
Filadelfia, hasta Da Costa, en la sesión de 1866-67, afirmó de ellas ser lo más
vacías e inútiles que se podía uno imaginar[954]. Lo que podía ser la enseñanza clínica lo vemos en la viva exposición
de Flexner de la clínica de Friedrich Müller en Munich:
«Se abre un camino para conducir al enfermo. El
profesor lee la historia y expone en el encerado la curva de la temperatura;
después, de un modo claro, animado, explora al enfermo; puntualiza lo que ha
encontrado, discurre sobre la significación de lo hallado; sugestiona
explicaciones alternativas, hasta llegar a establecer el diagnóstico más
probable. Esto le proporciona materia para nuevos desarrollos e ilustraciones.
La etiología, la patología, la terapéutica de la afección, todo es expuesto con
maravillosa claridad y vigor. . . Una inteligencia magistral trabajando se
exhibe diariamente ante doscientos o más estudiantes. »[955]
Enseñanzas de este orden, dependientes del maestro,
y suponiendo iguales las restantes circunstancias, han existido en los tiempos
pasados en unos y en otros puntos. Los medios de su extensión más general en
los momentos actuales son proporcionados por la liberalidad de los gobiernos
monárquicos en Europa y de los millonarios en América. Por lo que hace
referencia a las investigaciones originales, los brillantes investigadores casi
nunca han dejado de obtener por fin laboratorios o institutos, como lo atestiguan
Purkinje en Breslau (1824), Liebig en Giessen (1825), Buchheim en Dorpat
(1849), Virchow en Berlín (1856), Bowditch en Harvard (1871), Pettenkofer en
Munich (1872), Schmiedeberg en Estrasburgo (1872), Liebreich en Berlín (1883),
Welch en Baltimore (1884), Pasteur en París (1888), Pavloff en Petrogrado
(1890), Koch en Berlín (1891), Kitasato en Tokio (1892), Mosso en Turín (1894).
Y Ehrlich en Francfort (1896), el Instituto Imperial para la Medicina
Experimental en Petrogrado (1890), el Instituto Lister para la Medicina
preventiva en Londres (1891), el Instituto Oswaldo Cruz en Río Janeiro (1901),
y otras instituciones americanas, como los laboratorios establecidos en
Filadelfia por William Pepper (1895), Instituto Wistar de Anatomía y Biología
en Filadelfia (1892), el Instituto Rockefeller en New York (1901), el Memorial
Institute para enfermedades infecciosas en Chicago (1902), el Instituto Henry
Phipps para la tuberculosis en Filadelfia (1903), el Instituto Carnegie de
Washington (1903), el laboratorio de Rudolf Spreckels (1910), o la Clínica de
Psiquiatría de Henry Phipps en Baltimore (1913). En 1869, de acuerdo con el
Bureau de Educación, existían 72 colegios de medicina en los Estados Unidos, de
los que 59 eran regulares, siete homeopáticos, cinco eclécticos y uno botánico
(Tyson). En 1859, la escuela médica de Chicago introdujo la novedad de un curso
graduado de tres años; pero los requeridos no se adhirieron a esta reforma. La
primera reforma verdadera de la educación médica en América fue hecha, en 1871,
por el presidente Charles W. Eliot, de Harvard, que accedió a los
requerimientos alegados por la Escuela Médica de Harvard, alargando su cursillo
hasta los tres años, y haciéndolos graduados, dotándola, al propio tiempo, de
mejores facilidades para las enseñanzas clínicas y de laboratorio. En 1880, e
curso de tres años de nueve meses fue extendido a cuatro años; en 1892 a 93 fue
hecha la enseñanza obligatoria, y en 1901 se exigió un grado académico para el
ingreso. La carrera de tres años ha sido introducida en los departamentos
médicos de las Universidades de Pensilvania y Siracusa en 1877, y seguidamente,
por Ann Arbor (1880) y otros. En 1893, se inauguró la Johns Hopkins Medical
School, organizada por el presidente Daniel C. Gilman, John S. Billings, Henry
Newel Martín y William H. Welch, y con ello vino la oportunidad de la enseñanza
de la medicina científica por los métodos modernos. Las recomendaciones
originales de Billings para el Johns Hopkins Hospital, hechas en 1875[956] comprenden no sólo los cuidados para los enfermos pobres, sino
también la acomodación graduada de los enfermos particulares y de pago en
cuartos o series de cuartos, la educación apropiada de médicos y enfermeras, y,
sobre todo, la promoción de «descubrimientos en la ciencia y arte de la
medicina, y el hacer éstos conocidos para el bien general». Insiste en que el
departamento de la consulta pública debe ser puesto en conexión con el resto
del edificio para la enseñanza de los estudiantes, y separado del pabellón
destinado a la administración; en que la enseñanza clínica deberá darse sobre
todo en las clínicas y en la consulta, y no en el anfiteatro, excepto para las
intervenciones quirúrgicas; que los casos médicos no serán llevados desde la
clínica al anfiteatro; que habrá dos farmacias y una escuela para la enseñanza
de las enfermeras, y que habrá de establecerse un perfecto sistema de resúmenes
históricos, clínicos y financieros. Con Osler como médico director, Welch,
Halsted y Kelly en las cátedras de Patología, Cirugía y Ginecología, pronto se
desarrolló una brillante y eficaz facultad de Medicina, con toda la serie de
salas, clínicas, dispensarios, laboratorios y sala de autopsias que actualmente
exige la enseñanza. Para el ingreso, se exige el grado de bachiller; los
estudiantes prestan servicios como alumnos de clínicas y ayudantes de cirujano,
según la costumbre escocesa e inglesa; los laboratorios y las clínicas
constituyen una unidad, como en Alemania. Billings dio lecciones de historia de
la Medicina antes de que el hospital fuese inaugurado, siendo el asunto
continuado por las tardes, en su casa, y en las reuniones del Hospital
Historical Club por Osler con sus estudiantes. Osler obligaba a los estudiantes
a leer y extractar los periódicos extranjeros, y por este y otros medios
procuraba desenvolver en ellos el arte de la autodirección. El ejemplo de Johns
Hopkins fue seguido pronto por Boston, Filadelfia, New-Haven, Ann Arbor,
Chicago y otros puntos. La policlínica de New York, primera institución para la
enseñanza post-graduada, fue fundada por John A. Wyeth (1881), e inaugurada en
1882. En la Universidad de Pensilvania se implantó, en 1892-93, una carrera de
cuatro años, dedicados por completo a una labor esencialmente práctica, a la
que se adicionaron, gracias a los esfuerzos de William Pepper, laboratorios de
higiene (1892) y de medicina clínica (1895), y en 1903 se adicionó también,
como una nueva enseñanza clínica, el Phipps Institute para la tuberculosis. El
25 de septiembre de 1906, la Escuela Médica de Harvard adquiría un magnífico
edificio de nueva construcción. Otras escuelas americanas, como la de Jefferson
(Filadelfia), la Universidad de Michigan (Ann Arbor), la de Rush y Northwestern
(Chicago) y la Universidad de Minnesota (St. Paul), tienen actualmente muchos
buenos laboratorios y facilidades clínicas, y existen grandes proyectos de
perfeccionamientos en el Sur. El Departamento Médico en la Universidad de
Washington (St. Louis) ha adquirido recientemente una hermosa dotación y edificios.
Minneapolis está igualmente bien en estos respectos. Las dos principales
escuelas del Canadá, McGill (Montreal) y la Universidad de Toronto, están
organizadas con arreglo a los planes ingleses y han alcanzado un excelente
grado de desarrollo.
En 1909-II, Abraham Flexner, a ruegos de la
Fundación Carnegie para el adelanto de la enseñanza, realizó dos acabados y
completos estudios acerca del estado de la educación médica en su país y en el
Extranjero[957], y sus observaciones acerca de las condiciones de América promovieron
una gran corriente de comentarios y de críticas. En una obra de sus pequeñas
dimensiones no se puede entrar en el análisis de los detalles. Las
descripciones de Flexner de lo que ha visto son sinceras y están llenas de
verdad, y, por tanto, son autoritarias. Muchas escuelas inferiores parecen
haber protestado del hecho de que «una verdad desagradable es preferible a una
falsedad lisonjera»; indudablemente se resienten de la invitación a abandonar
los negocios si ellas no son capaces de perfeccionarlos. El que existiesen
demasiadas escuelas médicas en América—39 en Illinois, 14 en Chicago, 42 en
Missouri, con 12 que han sobrevivido; 43 en New York, con II sobrevivientes; 27
en Indiana, con 2 supervivientes; 20 en Pensilvania, con 8 sobrevivientes; 18
en Tennessee, con 9 supervivientes; 20 en Cincinnati; II en Louisville—era un
inevitable resultado del desarrollo de una democracia; pero era también una
amenaza de un sobrante excesivo en el número de médicos— I doctor por término
medio por cada 691 persona en todos los Estados Unidos, I : 460 en New York,
1:580 en Chicago, 1:365 en Washington, etc. ; contra I : 1940 en todo el
Imperio alemán, 1:2120 en Austria y 1:2834 en Francia. La simple exposición de
los hechos es bastante elocuente. Billings, en su estudio acerca de la medicina
americana en 1876, acepta estas condiciones filosóficamente por dos importantes
razones, a saber: porque un joven que ha gastado varios años «en el estudio de
la medicina como ella debe ser estudiada, es decir, preparándose él mismo para
el estudio y para investigar todo el resto de su vida, no quedará fijo en
determinados distritos», y porque el poner un definitivo tipo para la
matricula, el grado y el registro médicos sería arriesgado en una región de tan
gran extensión, puesto que ser uniformes supone, necesariamente, rebajar a
algunos[958]. Además, los recursos financieros y de todo género para perfeccionar la
educación médica en una gran escala no se presentan a la vez en toda la región.
El ideal del presente aparece resumido en el aforismo de Weir Mitchell de que
«el cálculo del adelanto de la medicina puede hacerse por lo que es el médico
de pueblo». En otros términos, las gentes de los Estados Unidos pueden apreciar
si ellos tienen el mismo número de médicos, bien preparados, para los pueblos,
que tienen en Alemania. De sus antiguos días de estudiante en la Western
Reserve (1857-60) decía Billings: «Ellos nos enseñaban medicina como ustedes
enseñan a nadar a sus hijos, tirándonos dentro del agua»; y en 1878 pensaba que
pasaría largo tiempo antes de que el número de médicos anualmente graduados en
la Johns Hopkins University excediera de 25. Sin embargo, ya en el tercer año
había 32, y actualmente muchos se han establecido en las pequeñas localidades
del Sur y otras análogas, demostrando que las ventajas para la renta y la
investigación no serán materialmente apreciables antes de los cien años. El
porvenir de la educación médica americana, como el de los otros desarrollos
elevados, se encuentra sencillamente en manos de la única aristocracia que
puede luchar en su favor, la aristocracia de una opinión pública ilustrada.
Nuestro ideal de nuestra región, lo que Emerson llama sus «misteriosos
destinos», es el ideal de la antigua comunidad democrática de Nueva Inglaterra,
la «conversión de un material inerte en eficaz», y los resultados y fracasos
únicamente podrán ser bien apreciados desde este punto de vista. Las
dificultades con que se tropieza para proveer de asistencia médica vastos
territorios se han demostrado bien en el caso de Rusia, donde todos los médicos
tenían necesariamente que ser graduados por la Universidad. Las deficiencias
han sido suplidas por la institución de la «civil Feldscherism», que apareció
cuando la emancipación de los siervos (19 febrero 1861), y ha sido un motivo de
acaloradas discusiones. Los Feldschers militares eran, en un principio, los
alumnos de la escuela médica de Pedro el Grande, en Moscú, donde bastaba
un capitis diminutio por insubordinación o deficiencia para
descender al nivel de barbero de regimiento o de enfermero de hospital. El
Feldscher civil ha sido definido como el «médico del moujik»; en otras
palabras, un ayudante médico medio instruido, medio civilizado, que se
encuentra autorizado por el Gobierno para prestar sus cuidados al enorme número
de aldeanos que pueblan los mirs o aldeas y pueblos de Rusia[959]. El médico de pueblo visita al aldeano de vez en cuando, y el Feldscher
le visita el resto del tiempo, a la vez que a los cuerpos volantes de oculistas
y otras especialidades se les ve, en ocasiones, trasladarse de un punto a otro,
hasta cruzar el Cáucaso e ir a Siberia si es preciso. El Feldscher es, por
consiguiente, una especie de pis aller, y la razón de su existencia
es el reconocimiento de que vale más tener un medio doctor que no carecer de un
doctor completo.
Las tendencias de la enseñanza médica en Alemania,
Francia e Inglaterra han sido determinadas por las características raciales y
nacionales de estos pueblos, que son tan definitivos como la configuración
física y la composición química de los cuerpos. Por espacio de siglos la
enseñanza universitaria alemana ha seguido el ideal de la libertad académica.
Siendo la educación, como dice Flexner, una partida en la que el estudiante
tiene que hacer el primer juego, él es conducido a pensar y a actuar por sí mismo,
y él llega a ser un papagayo: esta es su propia falta. Los profesores y los
estudiantes alemanes, unos y otros, emigran de ciudad en ciudad, como en la
Edad Media, y los nombramientos universitarios no son locales, sino basados
únicamente en la aptitud y en la habilidad. La Facultad de Medicina de Berlín
está compuesta de forasteros. Cuando el estudiante ha sufrido sus exámenes,
universitario y del Estado, puede practicar, o, si se ha distinguido en alguna
original investigación, llega a ser Privatdocent, con la venia legendi o
derecho a enseñar por su propia cuenta, desde cuyo estado puede, si él se labra
su reputación, ascender por los diversos grados del profesorado. Estas
condiciones favorecen la tendencia a la original investigación, y parece
natural, por tanto, que la verdadera idea de los laboratorios científicos
públicos, o de los institutos para higiene o psiquiatría, se haya originado en
Alemania. Añádase a esto las agudamente deducidas entre Wehrstand, Lehrstand y Nährstand y
la singular finura de la raza para clasificar y relacionar los conocimientos.
Los defectos del sistema alemán son principalmente en el aspecto práctico, y se
resumen en la frase «supervivencia de los mejor adaptados». Las clínicas, como
en Francia, son de pobre calidad, pero no por falta de material clínico, sino
por la dificultad de hacerle aprovechable para el numeroso cuerpo escolar, que
de ordinario estudia, no en las salas de los hospitales, sino en los
anfiteatros. «El torpe rústico, dice Flexner, ha tenido, desde largo tiempo, la
idea de que el profesor es escogido por su habilidad y erudición. » Los
hospitales están llenos de enfermos; pero para poder relacionarse con ellos hay
necesariamente que ser un Hospitant (Famulus) o un Praktikant,
y preferentemente lo primero. El Hospitant puede seguir a sus
jefes a través de las salas y examinar los enfermos; pero, además, como un
auxiliar del profesor, se ocupa en historiar los casos, analizar las orinas,
hacer preparaciones y otras cosas, que sir Clifford Albutt designa como «merely
clerks’work»; sus facilidades no son demasiado accesibles para los estudiantes
alemanes. El Praktikant es un «estado vago, como de interno no
interno»[960], bruscamente escogido para este cargo y lanzado a la arena de la
clínica, donde, como un estudiante no hecho, su ignorancia se expone en plena
luz, teniendo poco tiempo su jefe para corregir sus torpezas. Tiene que
hundirse o sobrenadar, según sus propios méritos. El profesor alemán, un alto
sacerdote de su ciencia y de su enseñanza, un cerebro surtido de conocimientos
clasificados, adquiriendo algunas veces, según se dice, una cierta pesadez de
mente, que puede degenerar en el máximo de la pesadez, y su autocrática
posición puede algunas veces manifestarse en una «stiff Vornehmheit»,
y en unas desagradables maneras impersonales hacia sus enfermos o discípulos,
que constituye un marcado contraste con la fácil llaneza y falta de
pretensiones de las mejores tradiciones modernas de Inglaterra, Francia y
América[961]. Las ventajas de la enseñanza clínica moderna en Francia e Inglaterra
van precisamente en esa dirección. Las relaciones entre maestro y discípulo,
entre profesor y enfermo, son menos oficiales y formales, y el ideal es, Según
la frase de Huxley, hacer la observación posible al mayor número de alumnos.
Los enfermos de París contribuyen en gran parte a este éxito, con sus
respuestas claras, prontas e inteligentes[962]. En París, los hospitales, como asilos públicos de caridad, están
abiertos a todos los estudiantes, y la tendencia de la enseñanza francesa es la
instrucción clínica. La enseñanza de las clínicas es hábilmente explotada por
medio de los stagiaires o estudiantes asistentes, de los que
cada profesor tiene que instruir un gran número, y a cada uno de los cuales se
le señalan dos o tres camas para su instrucción.
Los stagiaires externos e internos
son preguntados y bromeados a propósito de cada caso en viva sucesión, y tan
informal es este procedimiento, que en él no se considera como descortesía el
que cada uno de los alumnos pueda hacer las observaciones que juzgue pertinentes[963]. Los estudios clínicos son voluntarios en el primer año, y obligatorios
desde el segundo.
Para graduarse, el alumno tiene que escribir y
publicar una tesis, y queda de este modo apto para competir a la posición
de agregado o de ayudante de profesor, por medio de un
concurso o examen público. Las tesis francesas se distinguen de las alemanas c
rusas en que, por regla general, son résumés sumamente hábiles
y bien escritos dé lo ya conocido, más bien que informes de trabajo original.
Son de grandísimo valor para referencias. Lo mismo que en Francia, el punto
fuerte de la enseñanza médica inglesa es la instrucción clínica. Emerson ha
dicho de los ingleses que «la suya es una lógica que lleva sal a la sopa,
martillo para los clavos y remos para la lancha», y, necesariamente, los
médicos para las clínicas. Los hospitales ingleses no son, como los alemanes y
los franceses, ni instituciones del gobierno ni fundaciones de caridad, sino
que están sostenidos por donaciones particulares, y, con la excepción de
Oxford, donde la enseñanza médica es académica, y de Cambridge, en donde está
reducida a las ciencias fundamentales, el tipo inglés de enseñanza es de la
escuela médica de hospital. En ella se proporcionan a los estudiantes las
mismas ventajas clínicas que en París; el sistema de asistencia a los enfermos
es el más perfecto del mundo; pero, no estando las instituciones en relación
con las Universidades, hasta época reciente no se han dado grandes
oportunidades para los post-graduados, ni otras enseñanzas para los
estudiantes.
Del profesor inglés de clínica dice Flexner: «No
importa quiénes ni cuántos oigan sus lecciones; sus discípulos son aquellos con
quienes habla en la clínica. » Estos discípulos pasan diariamente visita con
los médicos del hospital, haciendo las historias con sus preparaciones
microscópicas correspondientes. Todos son interrogados, a propósito de sus
trabajos, dos veces a la semana, por el médico más antiguo en un tono riguroso
e informal, pero fino y atento. Lo propio ocurre con el examen final, que es fuerte
y severamente práctico, aunque el aspecto de los examinadores se dice que es
«simpáticamente informal y tranquilizador, hasta el extremo de reunirse en los
tés que vienen celebrándose desde el momento en que termina la función nacional
con los examinados»[964].
En la moderna enseñanza de las ciencias
fundamentales, el principal obstáculo ha sido la lección descriptiva o de
exposición. En Anatomía, su fama estaba sostenida por aquellos hombres que se
llaman «anatómico-quirúrgicos», y especialmente por los Monro, en Edimburgo, de
los cuales, el «siempre joven tertius», hacia 1846, invariablemente se iba al
mediodía a un pequeño horno de pastelería a comer tartas de arándano en medio
de los alegres estudiantes, y una hora más tarde, en plena digestión, les leía
los estudios de su abuelo sobre la hidrofobia, como una parte del curso de
Anatomía»[965]. El honrado John Bell protestaba vanamente contra
estas ineptitudes de «la vana y profusa escuela» que «en la clase del Dr.
Monro, a menos de que hubiese una afortunada serie de crímenes sangrientos,
nunca se disecaban más de tres cadáveres en el año», al paso que «los nervios y
las arterias, que el cirujano tiene que disecar con peligro de la vida de los
enfermos», son demostrados en un sujeto extraído de un cubo de alcohol y
exhibido a una distancia de cien pies[966]. Robert Knox describe la enseñanza anatómica en
Londres del modo más crudo que puede concebirse. » Hay en la metrópoli dos
grandes escuelas. En una de ellas él curso comienza con la hernia y las
fascias, y concluye con la hernia y las fascias. El profesor lee las
descripciones de los músculos en el pobre libro de Fyfe. En la otra, un hombre
de gran talento (Abernethy); afectando despreciar la anatomía descriptiva, que
su natural indolencia y el espíritu de su época y de su región le impiden
dominar, habla de los músculos abdominales, como de otras muchas materias,
ocupándose de ellas con bufonadas; cuando diseca muestra como primer trozo,
segundo trozo, tercer trozo, músculos y tendones que los primeros anatómicos
han acertado a describir claramente»[967]. Pero, después de Bichat, Bell y Knox y del acta
de Warburton de 1832, la Anatomía fue tratada siempre como la niñera de la
Cirugía (o de las artes finas), hasta que los modernos alemanes—Henle,
Gegenbaur Waldeyer—la relacionaron con la histología, la morfología y la
embriología. La lóbrega, obscura y maloliente sala de disección, donde, como
dice Flexner, «ocho o diez inexpertos muchachosdan cortes en un cadáver hasta
reducirlo a pequeños trozos», sigue sobreviviendo en algunas localidades de los
Estados Unidos. Los institutos o laboratorios de Anatomía, tales como los de
Clover Leaf Hall en Munich, con 500 estudiantes disecando a la vez bajo la
dirección del profesor, o las series de Malí o gabinetes separados del Johns
Hopkins o del Harvard, con su extenso y nuevo planeamiento, son innovaciones de
época reciente. Por falta de material, muchos estudiantes no pueden trabajar, y
hasta en Alemania, como argumenta Flexner, las lecciones más científicas no
pueden compensar nunca la insuficiente experiencia en la disección. En
Inglaterra, donde ha prevalecido el criterio utilitario, es de gran
significación el que no hayan tenido grandes anatómicos desde los tiempos de
sir Charles Bell. Horner, Holmes, Harrison Alien, Leidy y Dwight son hábiles
maestros en América; pero los métodos científicos modernos han sido
introducidos por Minot en Harvard y por Malí en Johns Hopkins. Malí ha aislado
sus alumnos en gabinetes separados, en donde no hay nada de lecciones
descriptivas didácticas[968]. Edmond Souchon, que ha trabajado mucho por la
enseñanza anatómica en Nueva Orleans, tiene un museo único con fines didácticos
en la Tulane University.
Francia no ha tenido fisiólogos de primer orden
desde los tiempos de Claudio Bernard, a no ser que tomemos como tal a Pasteur,
por ejemplo. En Inglaterra, Foster, en Cambridge, y Burdon Sanderson, en
Oxford, discípulos ambos de Sharpey, han implantado la marcha de la enseñanza
fisiológica. En América, el adelanto de esta enseñanza ha comenzado cuando
Bowdicht ha inaugurado el primer laboratorio de Fisiología en Harvard en 1871,
y Huxley llevó a Newell Martin al Johns Hopkins (1876), habiéndose continuado
perfectamente estas tradiciones por Porter, en Boston; Howell, en Baltimore, y
otros. La enseñanza de la Fisiología adquiere el más alto desarrollo del siglo
en Alemania, con la creación de los grandes laboratorios de Johannes Müller, en
Berlín; de Ludwig, en Leipzig, y de Voit, en Munich; pero incluso en la misma
Alemania se ha podido alegar que existe demasiada lección preparada y demasiada
poca obra de laboratorio (Flexner). El laboratorio fundado en Turín por S.
Berruti en 1851 ha llegado a ser un gran centro de actividad bajo la dirección
de Jacob Moleschott (1861-79) 7 de Angelo Mosso (1880-93). En 1894, Mosso
adquirió un hermoso y nuevo edificio. La Hidrofisiología recibió un gran
impulso en la Estación Zoológica de Nápoles, fundada por Antón Dohrn en 1871.
En Patología, toda Europa se encuentra implantada sóbrela base de Virchow y sus
discípulos, de los cuales Cohnheim ha sido el maestro de Welch, que, con
Prudden, llevó la Patología experimental y la Bacteriología a América. La
indiferencia francesa para la Patología se demuestra en el hecho de que dos
neurólogos, Charcot y Marie, han ocupado la cátedra algunos años, el primero
reemplazando a Vulpian en 1872. Marie fue señalado para la cátedra de Víctor
Cornil «de un modo muy semejante, como dice Osler, a como Alian Starr o Dana
han sido seleccionados como sucesores de Prudden». La Bacteriología ha sido
mejor estudiada en Francia en el Instituto Pasteur y sus ramificaciones; en
Alemania, en los Institutos de Koch, Behring, Ehrlich y otros; en Bélgica, por
Bordet; en América, por Welch, Simón Flexner, Waughan, Novy, Abbott, Enst y
otros. «La Bacteriología—dice Flexner—ha transformado la Higiene, de un arte
empírico, en una ciencia experimental», y la enseñanza de una y otra ha ido
adelantando paralelamente desde la fundación del Instituto de Koch. La
Farmacología experimental ha sido enseñada primeramente por Magendie, en
Francia, y por Buchheim, Traube y Schmiedeberg, en Alemania; Brunton, Ringer,
Langley y Cushing, en Londres, y Fraser, en Edimburgo, señalaban lo más elevado
de esta enseñanza en Inglaterra. Wood fundó la Terapéutica clínica en América.
Cushny, en Ann Arbor, y Abel, en el Johns Hopkins, introdujeron los métodos
modernos alemanes. El jardín botánico del Colegio de Farmacia de la Universidad
de Minnesota (Minneapolis) ha sido fundado en 1910-11 y seguido de otros
jardines semejantes en las Universidades de Wiscousin (Madison), Michigan (Ann
Arbor), Nebraska (Lincoln) y Washington (Seattle). En 1781 John Hunter se
encontraba a sí propio incapaz de contestar a una sencilla e importante
pregunta para poder juzgar en un caso de envenenamiento. Impresionado por estos
y otros errores de la insuficiencia médica en los informes forenses, Andrew
Duncan, sr., acudió a los patronos de la Universidad de Edimburgo, y hasta se
dirigió a las autoridades de la corte, en súplica de que se fundase una cátedra
de Medicina forense. Por sus repetidos esfuerzos fue fundada por la Corona la
cátedra de Edimburgo, la primera de la Gran Bretaña, en 1806. Alemania se había
adelantado en unos cincuenta años. Louis había dado lecciones libres antes de
la Revolución, y posteriormente fue creada una cátedra en la Escuela de Sanidad
(1794). Stringham comenzó sus lecciones voluntarias en el Colegio de Cirujanos
y Médicos de New York, y fue nombrado profesor en 1813. Romeyn Beck adquirió
una cátedra en Western Medical College en 1815, y este ejemplo fue seguido por
otras escuelas. En 1832-33, todas las escuelas médicas de la Gran Bretaña
tenían lecciones de Medicina forense. Estaban muy irregularmente atendidas. La
clase de Christison, en 1822, se componía meramente de estudiantes de leyes.
Edimburgo hizo la Medicina forense un estudio obligatorio en 1833, y en la
Universidad de Londres fueron exigidos exámenes separados en 1863. Ninguno era
requerido en Alemania ni en Austria[969]. La Medicina legal se enseña en la actualidad
mejor en Viena, donde todas las autopsias judiciales, casos de los juzgados y
todo lo médico que pueda tener relación con las audiencias es sometido al
examen del profesor; en París y Lyon esta enseñanza está en relación con los
admirables servicios de sus prefecturas de Policía; y en Edimburgo, el profesor
es además cirujano policíaco. Se ha argumentado hábilmente por Abraham Flexner
que las lecciones más científicas de todos los asuntos mencionados serán imperfectamente
asimiladas por los estudiantes si éstos no reciben una apropiada enseñanza
previa de Física, Química y Biología general. En Clínica médica, ni las mismas
admirables lecciones de Charcot o de Friedrich Müller pueden substituir la
función de la enseñanza al lado del enfermo, siendo uno de los principales
méritos de la medicina inglesa el haberla continuado de un modo consistente.
Escuelas de medicina tropical se han establecido en
Londres (1899), Liverpool (1899), Hamburgo (1900) y Bruselas (1906); un
Laboratorio Bacteriológico Imperial, en Bombay (1896); laboratorios del
Instituto Pasteur, en Kasauli (1900) y Guindy Madras (1905), y, además, un
Centro de estudio de la enfermedad del sueño (1908) y una Fundación para
investigaciones en la India (1911).
En 1916 se ha establecido (por donativos de la
Fundación Rockefeller) en la Johns Hopkins University una Escuela de Higiene y
de Salud Pública, bajo la dirección de William H. Welch y con la cooperación de
las Escuelas de Medicina e Ingeniería.
América, con la fundación de Elizabeth Blackwell,
en 1849, ha sido la primera en preocuparse de la educación médica de la mujer.
En los Estados Unidos y en el Canadá las mujeres pueden, actualmente, estudiar
Medicina en cualquiera de las escuelas y en las mismas condiciones que los
hombres. El Colegio Médico Femenino de Pensilvania (Filadelfia) ha sido
organizado en 1850, y el de Baltimore en 1882. El Registro Médico de
Inglaterra, de 1858, contiene únicamente el nombre de una sola mujer graduada
en Ginebra, y otra mujer fue examinada y graduada en 1865. En 1874 se inauguró,
con catorce estudiantes, la Escuela Médica Femenina de Londres; y en 1896
adquirió el privilegio de tener puestos en el Real Hospital Libre. En el mismo
año, el Real Colegio de Médicos de Irlanda y la Universidad de Londres
concedían a las mujeres el privilegio de ser examinadas. Ninguna otra escuela
hospitalaria de Londres está abierta para las mujeres; pero las Universidades
de Durham, Mánchester, Liverpool, Birmingham, Leeds y Bristol hacen
coeducación. En Glasgow, Aberdeen, Dundee y Saint-Andrew se les da todo género
de facilidades; pero, en cambio, han encontrado mucha oposición en Edimburgo.
En el continente, las Universidades suizas siguieron la corriente en 1876; los
estados alemanes fueron imitándolas uno tras otro, siendo Prusia el último en
conceder a las mujeres el derecho de la instrucción y del grado universitarios
en 1908. En París, Viena, Roma, Bruselas, Upsala y Copenhague hay coeducación.
Las Facultades de París y Berna son las más frecuentadas. Oleadas de jóvenes
judías rusas acuden a esta última y lanzan anualmente extraordinario número de
disertaciones inaugurales. El número de mujeres graduadas que ejercen
posteriormente la Medicina se dice que es relativamente pequeño, probablemente
a causa del matrimonio.
De los muchos admirables hospitales construidos en
el período moderno, el sistema de pabellones alcanza un alto plano en el
desarrollo del Johns Hopkins Hospital, planeado por J. S. Billings, e
inaugurado en 1889, y el Eppendorf Krankenhaus, de Hamburgo, inaugurado en el
mismo año. Desde el punto de vista de las ventajas higiénicas y de economía de
la administración, esta disposición señala un gran adelanto sobre los antiguos
colosales e historiados edificios (hospitales en bloque) del pasado. El Peter Bent
Brigham Hospital, de Boston (1913), también originalmente planeado por
Billings, sigue la misma idea. Con la inauguración del Rudolf Virchow Hospital,
en Berlín (1906), se ha iniciado otro plan, de una comunidad de pabellones
separados como unidades hospitalarias destacadas, y sobre este plan aparecen
construidos algunos hospitales, como el nuevo Allgemeiner Krankenhaus, en
Viena; el Toronto General Hospital, el Barnes Hospital (St. Louis) y el
Cincinnati General Hospital.
Pero, por último, la tendencia, incluso en
Alemania, va contra la exagerada descentralización y en favor de un sistema
intermedio entre el sistema de bloque y el de pabellones, ofreciendo esto la
ventaja de una mayor economía en espacio, excavaciones, fachadas, tuberías,
etc. y, además, economía y centralización de la administración. Ejemplos de
esta tendencia los encontramos en el New-Cook County Hospital (Chicago), el de
Psiquiatría de Henry Phipps y las clínicas de Urología de Brady (Baltimores) y
las nuevas construcciones de Bellevue (New York).
Unas 37 instituciones para ciegos se han
establecido en la Gran Bretaña entre 1791 y 1897. El asilo-taller, fundado por
miss Gilbert, la hija ciega del obispo de Chichester, constituye un modelo que
ha sido copiado repetidas veces. Siguiendo el ejemplo de Francia e Inglaterra,
los asilos para ciegos fueron instalados en Viena (1804) por W. Klein, en
Berlín (1806), Ámsterdam, Praga y Dresde (1808), y actualmente existen en el
continente más de 150, en su mayoría sostenidos oficialmente. La primera escuela
americana para ciegos fue la Perkins Institution, fundada en Boston por John D.
Fisher en 1829, con el auxilio del Estado. En ella fue director (1831) Samuel
G. Howe, que también fundó la primer escuela americana para niños anormales
(1848', y profesora Laura Bridgman. Institutos de ciegos han sido establecidos
en New York (1831), Filadelfia (1833), Columbus (Ohio) [1837], Staunton
(Virginia) [1839], y actualmente en todos los estados de la unión existe el
proyecto de su creación. Las escuelas para sordos han sido establecidas en
Edimburgo (1810), Glasgow (1819) y en todas partes. Actualmente hay más de 99
en Alemania, 95 en la Gran Bretaña, 71 en Francia, 47 en Italia, 38 en
Austria-Hungría, 34 en Rusia y 126 en los Estados Unidos. El movimiento
americano ha comenzado con las investigaciones de Thomas Kopkins Gallaudet en
Europa (1815) y con la fundación del Connecticut Asylum (1816). La Institución
Columbiana (Washington, D. C.) fue fundada por Congress en 1857, bajo la
dirección de Edward M. Gallaudet. Los American Annals of the Deaf and Dumb
(1847) son editados por Edward Alian Fay, el autor de Marriages of the Deaf in
America (1898) y de las historias de las escuelas americanas. El Volta Bureau
(Washington, D. C.) ha sido fundado, en 1890, por Alexander Graham Bell.
La invención del tratamiento de los enfermos
tísicos por el aire libre constituye un rasgo de la Medicina moderna. Este
tratamiento existía ya en Escocia hacia 1747, y en 1791 se inauguró en Márgate
un hospital para los escrofulosos a la orilla del mar. George Bodington
(1799-1882), de Sutton Colfield (Inglaterra), en su Essay on the
Ireatment of Pulmonary Consumption (1840), anticipaba muchos puntos de
vista acerca de las ventajas del aire seco y fresco para «la curación y la
oclusión de las cavidades y úlceras de los pulmones», así como también del
ejercicio al aire libre y de la alimentación abundante; pero sus teorías fueron
rudamente tratadas por la clase médica de su época, de tal modo que le quitaron
los ánimos para aplicarlas en gran escala a la práctica.
El primer sanatorio para enfermos tuberculosos fue
establecido en Görbersdorf, en las montañas de Waldenburgo, por los hermanos
Brehmer en 1859. Existe todavía, y los éxitos alcanzados en él han conducido a
la fundación de muchos sanatorios análogos para el tratamiento de invierno,
siendo los más notables los de Carl Spengler, en Davos, y de Edward L. Trudeau,
en Saranac Lake, en los Adirondacks. En 1876, Peter Dettweiler fundó el
sanatorio en Falkenstein, en el Taunus, inventando una silla larga especial para
la cura de reposo al aire libre, escupideras portátiles y otras novedades. En
1886, Inglaterra tenía 19 hospitales para tísicos. El movimiento sanatorial en
Alemania ha sido especialmente estimulado por Ernst von Leyden, y en la
actualidad existen millares de estas instituciones en todas partes del mundo.
Al lado de los sanatorios de invierno y de montaña, como Asheville o Sankt
Moritz, se incluían los tratamientos climatológicos en los puntos áridos y
semitropicales, como Arizona o Yalta, en Crimea, y en los costeros, como la
Riviera y Argel. Los hospicios y sanatorios marítimos comprenden también los
destinados a la escrófula, situados a lo largo de la costa de algunos países,
como Italia y Noruega. El primer Congreso Internacional para la tuberculosis se
reunió el 25-31 de julio de 1888, en París; y después del sexto (1901), se creó
una Asociación Internacional, que celebra Conferencias anuales en las distintas
ciudades y prepara los actuales Congresos Internacionales trianuales, de los
que tres han tenido lugar en París (1905), Washington (1908) y Roma (1911).
Una sociedad francesa de un tipo análogo existe en
París, y publica una revista. Gracias a la acción del Phipps Institute en 1903,
este asunto ha despertado gran interés en América, principalmente por la labor
de Trudeau, Vincent S. Bowditch, L. F. Flick, Arnold Klebs, S. A. Knopf, Henry
Barton Jacobs, Frank Billings, Edward R. Baldwin, Lawrason Brown y otros.
El cuidado de los enfermos por mujeres bien
educadas e instruidas es una institución de los tiempos modernos. El período
comprendido entre la última parte del siglo XVII hasta la mitad del XIX ha
recibido el nombre de la «edad sombría» del cuidado de los enfermos, en la cual
el estado y la competencia de las mujeres consagradas a ellos habían descendido
tanto como el nivel de los hospitales a que estaban destinadas. Dejando a un
lado las órdenes católicas romanas, en las que la disciplina y la decencia seguían
prevaleciendo, lo que acabamos de decir puede afirmarse como una verdad
universal. Las alborotadoras, sucias y desaliñadas mujeres, de costumbres
dudosas y alcohólicas, son los tipos en las representaciones pictóricas de
Sairey Gamp. En 1857, las enfermeras de los grandes hospitales de Londres eran
descritas por el Times del modo siguiente:
«Instruidas por los Comités, sermoneadas por los
capellanes, mal miradas por los tesoreros y los administradores, reñidas por
las matronas, maldecidas por los cirujanos, censuradas por los ayudantes,
aguantando las quejas de los enfermos, injuriadas por los viejos y los enfermos
favorecidos, charlan impertinentemente si son de media edad y bien humoradas,
instigadora y seductoramente si jóvenes y bien parecidas, ellas son lo que
cualquier mujer sería en las mismas circunstancias»[970].
La idea de educar a las enfermeras para enseñarlas
a tratar a los enfermos en una escuela especial, creada con este fin, se debe a
Theodor Fliedner (1800-64), pastor protestante en Kaiserswerth, en el Rin, y a
su mujer, Friederike, que en 1833 convertía la casa-jardín de su pastoría en un
asilo para prisioneras que habían cumplido, y en octubre de 1836 fundaba la
primer escuela para enfermeras (Diaconissenanstalt), que se
convirtió en el modelo de todas las instituciones similares en Alemania y en
todas partes. A esta escuela acudió, en 1840, Elizabetht Fry, famosa por la
extensión que ha dado a la obra de John Howard de reforma de las prisiones, y
posteriormente Florence Nightingale (1823-1910), una señora inglesa, nacida en
Florencia (Italia), que consagró su vida entera al cuidado de los enfermos, y
realmente creó la institución modelo que se encuentra actualmente en todas las
regiones que hablan inglés. Cuando estalló la guerra de Crimea, en marzo de
1854, miss Nightingale, a instancias de lord Sidney Herbert, secretario de
Guerra, se trasladó con un cuerpo de enfermeras para hacerse cargo de la
barraca-hospital, en Scutari, donde su labor y sus reformas han constituido
pronto un asunto histórico. Enfrente de la indiferencia del público oficial y
la oposición de la estrecha burocracia, recibió el apoyo leal de lord Raglan y
la acción auxiliar de los cirujanos militares, y a los diez días alimentaba más
de 1.000 hombres con su cocina de campaña, y en tres meses había provisto a
10.000 hombres de trajes y de otras cosas necesarias para sus servicios. El
efecto de este éxito sin precedentes fue tal, que a su regreso a Inglaterra se
reunió una suma de 50.000 libras (la fundación Nightingale) para crear una
escuela de enfermeras en el Hospital de Saint-Thomas, escuela que se inauguró
el 15 de junio de 1860 con quince aspirantes; que fueron científicamente
educadas como un «nuevo estilo de enfermeras. » Estas ocuparon pronto las
vacantes en los grandes hospitales, trayendo consigo una completa regeneración
en la enfermería inglesa. Las enfermeras de Nightingale fueron muy buscadas por
todas partes. La adopción de la Convención de Ginebra creaba la necesidad de
mejores enfermeros en todo el continente, y en América, el movimiento fue
fomentado por Marie Zarkzewska y Elizabeth Blackwell, siendo fundada por la
primera la primer escuela de enfermeras de los Estados Unidos en 1873.
Elizabeth Blackwell (1821-1910), de Bristol (Inglaterra), es la primer mujer
que se ha graduado en Medicina en Inglaterra (1849)[971]; Clara Barton (1821 a 1912), de Oxford (Massachusetts) y Louise Lee
Schuyler se han ocupado en la organización de las enfermeras y ayudantes
durante la guerra civil. En 1873 se habían establecido tres escuelas de esta
instrucción en los hospitales de Bellevue, New Haven y Massachusetts y la
escuela de Johns Hopkins estaba dirigida por miss Adelaide Nutting, que, con
miss Lavinia L. Dock, ha escrito una History of Nursing (1907).
Las Notes on Hospitals (1859) y Notes on Nursing (1860),
de miss Nightingale, son verdaderas obras clásicas médicas, distinguiéndose por
su poco frecuente sentido común y por la sencillez de la expresión. Ella define
a la enfermera como «ayudando a vivir a los enfermos», introduce los conceptos
modernos de disciplina y de esprit de corps y ha defendido con
ahínco la idea de que las enfermedades no son «entidades separadas que puedan
tener existencia separada como los perros o los gatos», sino condiciones
alteradas, disturbios cualitativos de los normales procesos fisiológicos que sufren
las personas. Aun cuando no conocía la teoría infecciosa de las enfermedades,
demostraba que la limpieza absoluta, el aire y agua puros, la luz y el desagüe
suficientes son los medios más seguros de prevenirlas.
Desde el tiempo de Pinel y Reil, Tuke y Conolly, el
verdadero estudio y asistencia de los locos ha sido objeto de una ambición
obscuramente realizada. Cuando Esquirol vino a substituir a Pinel en la
Salpétriére, en 1810, hizo grandes reformas en los asilos y en el régimen,
viajando por toda Francia para extender las ideas de Pinel, fundando los nuevos
asilos y dando las primeras lecciones de Psiquiatría (1817). Gardner Hill
introduce la idea de la «no restricción» en el Lincoln Asylum, Inglaterra; en
1836 y 1839, John Conolly, a pesar de la ruda oposición, hace desaparecer todas
las restricciones mecánicas del Hanwell Asylum. Los abusos cometidos al
encerrar y cuidar los locos en los asilos privados son vigorosamente atacados
por Charles Reade en Hard Cash (1863). Las instituciones
americanas más antiguas son el State Hospital, en Williamsburg, Va. (1773); el
Bloomingdale Asylum, New York (1909), ahora en White Plains (1821), el Friends
Asylum, en Frankford, cerca de Filadelfia (1817); el McLean Hospital, Boston
(1818); los hospitales en Columbia, Carolina del Sur (1828), y Worcester, Mass.
(1833); el Hartford y Brattleboro Retreats (1836-38), y el asilo del estado de
Nueva Jersey, en Trenton (1848). Este último ha sido establecido por el
propagandismo de miss Dorothea Lynde Dix, de Maine, cuya obra para mejorar la
condición del loco en América y hasta en Inglaterra puede compararse con la de
John Howard en la reforma de cárceles y hospitales. Ella ha promovido la
fundación de nada menos que treinta y dos asilos. Con la inauguración del
Hospital del Estado de Utica comienza lo que Hurd llama «la era del despertar»[972], y en 1850 el movimiento de la atención del Estado para la locura
estaba completamente en marcha. El asilo del Estado, en Willard (1869), y el de
Binghamton, en New York (1881), para suprimir las atrocidades que se cometían
en el tratamiento de los locos en los asilos del condado. Los más grandes
hospitales americanos son los de Binghamton y Washington, D. C. Pliny Earle, en
1867, hacía resaltar la importancia de una ocupación adecuada u oficio para el
tratamiento de la locura. En 1885, Daniel Hack Tuke atacaba fuertemente el
estado de los asilos de los Estados Unidos y del Canadá, y en 1894[973] Weir Mitchell exponía igualmente las deficiencias observadas en el
cuidado y tratamiento de los enfermos mentales, discutía las órdenes generales
de los Consejos, los males de la investigación política y señalaba la falta
absoluta de todo estudio científico de la locura en los hospitales de América.
La última idea coincidía con la de los alemanes. Los primeros artículos que
Griesinger escribió para sus Archiv (1868)[974] proponían una reorganización de los hospitales alemanes y
exteriorizaban la idea de una clínica de Psiquiatría, en la que los enfermos
pudieran ser estudiados y tratados como en el hospital antes de ser trasladados
a éste. En Berlín, Ideler ha realizado exposición de casos de esta índole en
1832, habiendo sido continuado en su labor por Griesinger (1866), Westphal
(1869) y Jolly (1890). Se han 'creado clínicas de Psiquiatría en Estrasburgo
(1872), Basilea (1876), Breslau (1877), Bonn (1882), Freiburg (1887), Halle
(1891) y otros puntos, culminando este movimiento en la buena institución
inaugurada por Kraepelin en 7 de noviembre de 1904. El 16 de abril de 1913, la
clínica de Psiquiatría, donada a la Johns Hopkins University por Henry Phipps y
trazada según los modelos alemanes, fue inaugurada en Baltimore bajo la
dirección del profesor Adolf Meyer.
En el desenvolvimiento de la reglamentación
nacional e internacional de la higiene pública, la necesidad ha sido la madre
de la invención. No hay nada espontáneo en este movimiento. Sencillamente, la
atención de los legisladores ha tenido que despertarse por la aparición de las
enfermedades epidémicas y por los malos resultados de las ciudades aglomeradas
y sucias, de las factorías, talleres y centros análogos, y los resultados han
sido, de todos modos, lentos. El primer temor grande fue producido por la invasión
del cólera asiático (1826-37), que, habiendo sido endémico en la India por
espacio de siglos, se había hecho pandémico en Asia de 1816-30, y había
aparecido en Rusia en 1830, penetrado en el nordeste de Alemania en 1831,
alcanzado Inglaterra en junio del mismo año, Calais en marzo de 1832, e
invadido América, vía Quebec y New York. Heinrich Heine ha
escrito un gráfico y famoso artículo a propósito de su aparición en París[975]. En el 29 de marzo, la noche de la mi-car eme, un
baile de máscaras estaba cada vez más animado, el chahut en
plena agitación. De repente, el más alegre de los arlequines, colapsado, frías
las extremidades y, debajo de la careta, el aspecto «azul violáceo» de la cara.
Las risas se apagaron, el baile cesó y, llevado inmediatamente a un carruaje,
que salió a escape, atropellando la gente, fue conducido al Hotel Dieu a morir
y a sembrar el pánico entre los enfermos y a ser conducido a la fosa llevando
todavía su traje de máscara. Pronto las plazas públicas se vieron llenas de
cadáveres metidos en sacos por falta de ataúdes. Largas filas de coches
fúnebres iban formando cola hacia el Pére Lachaise. Todo el mundo gastaba fajas
de franela. Los ricos reunían sus bienes y abandonaban la ciudad. Más de
120.000 pasaportes se despacharon en el Hotel de Ville. Una guillotina
ambulante se paseaba por las afueras, y sus efectos en los excitables
parisienses vinieron a reproducir las escenas de la revolución o de la peste de
Milán. Con señalada inteligencia, Heine señaló el principal obstáculo con que
había de tropezar el movimiento en favor de la salud pública, a saber: el
terror de los perturbados hogares particulares. En este caso, una émeute, con
barricadas, había tenido lugar entre los traperos, lo que representaba el tener
que retirar de las calles los montones de basuras, de los que aquéllos obtenían
su modo de vivir. La sospecha de un envenenamiento secreto se iba levantando
como una contra-teoría de la de la infección; el grito de á la lanterne empezaba
a oírse, y seis personas fueron asesinadas, por esta idea, y arrastrados sus
cadáveres desnudos por las calles. Por último, la prensa logró calmar el
pánico, y la Comission sanitaire pudo cumplir su deber. Un pánico análogo al
observado en los Estados del Sur, con las cuarentenas, durante las epidemias de
fiebre amarilla, con el lúgubre «Llévese usted sus muertos», que demostraba la
necesidad de una inteligente y organizada vigilancia de la salud pública.
El cólera ha vuelto a presentarse pandémicamente en
1840-50, 1852-60, 1863-73, y posteriormente, en diferentes intervalos, en
Europa. Siempre ha tomado su origen en el extremo oriente. La fiebre
cerebroespinal ha aparecido periódicamente en los intervalos de 1805-30,
1837-50, 1854-74 y 1875 hasta el momento actual; la influenza, en 1830-33,
1836-37, 1847-48 y 1889-90; la fiebre amarilla, en los Estados del Sur, en
1853, 1867, 1873, 1878 y 1897-99. El tifus se padeció extensamente durante las
guerras napoleónicas, y ha castigado gravemente a Irlanda en 1817, 1819 y 1847.
La fiebre tifoidea, la escarlatina, el sarampión y otras infecciones han
aparecido con intervalos. La peste bubónica, que había brotado en Hong-Kong, se
extendió en 1894, y sin el estado moderno de la sanidad, es posible que hubiera
llegado a alcanzar las proporciones medievales. Los políticos llegaron a
considerar casi perdida la situación de San Francisco en 1907-1908, y fue
únicamente debido a los médicos del servicio hospitalario de Marina el que la
enfermedad se diagnosticase y se destruyesen las ratas, salvándose la ciudad y
quizá toda la región. Ha sido la primera vez que una ciudad ha hecho esta
demostración de la importancia de las ratas en esta enfermedad. El carácter
epidémico de la poliomielitis ha sido señalado primeramente por Medin en Suecia
(1887), y su aparición en los pueblos escandinavos, en Austria y en los Estados
Unidos (1907-1910) ha sido muy grave. La patología ha sido hábilmente señalada
por Simón Flexner, que ha aislado un germen en 1913. En 1762 se había
establecido un Consejo sanitario en cada provincia de Prusia; pero no fue hasta
la segunda pandemia del cólera (1840-50) el comenzar a despertarse Francia e
Inglaterra en el sentido de la organización de los servicios sanitarios. En
1840 se formó en Francia una organización nacional de Conseils d'hygiene para
las ciudades, con Comités en las provincias, subsistiendo actualmente, por lo
menos en lo más esencial. La antigua legislación inglesa, como el Peel Act de
1502, que preserva la salud de los tejedores de algodón y de los obreros
manuales, se dirige principalmente hacia la higiene profesional, y
especialmente hacia el trabajo de los niños (1836). En 1848, el Parlamento
emitió el Acta de la salud pública que, sobre la base de las Comisiones
Sanitarias de las ciudades (1844), constituía un General Board of Health, con
inspectores sanitarios que informasen acerca del estado de las ciudades. Esto
fue seguido de una larga serie de medidas progresivas de legislación, incluso
las Common Lodging Houses Acts (1851-1853), la Nuisances Removal Act (1855), la
Burial Act (1855), el acta de 1858 transfiriendo los poderes de la Oficina
General de Sanidad al Consejo Privado, la organización de la Oficina del
Gobierno Local (1871), el acta de salud pública de 1875, las actas sobre
enfermedades infecciosas de 1889 y 1899 (declaración), el acta de 1890 sobre
profilaxia de estas mismas enfermedades, la referente a las afecciones
contagiosas de los animales (1891), la de salud pública de 1891 (Londres), de
hospitales de aislamiento (1893), de gobierno local (1894), la referente a la
salud pública en relación con los puertos (1896), las actas sobre vacunación de
1898 y 1907, el acta de Rivers para previsión de las contaminaciones (1898), la
de provisión de harinas para alimentos de los niños (1902), la relativa a la
notificación de los nacimientos (1907) y el acta de construcción de casas y
ciudades (1909). Las investigaciones y reformas llevadas a cabo por Lord Ashley
(1833), en relación con el trabajo de los menores, vienen a culminar en sus
famosos informes sobre minas y carbonerías (1842-43), que determinaron la
aparición de una serie sucesiva de decretos hasta llegar a fijar la edad límite
mínima para el trabajo en los doce años. A los menores se les prohibía trabajar
con el albayalde en 1878; las actas de factorías de 1864, 1867 y 1870 se
aplicaron también a los comercios y almacenes en 1891; se publicó otra
ordenanza reglamentando el trabajo de las minas de carbón en 1896, y otras de indemnizaciones
a los obreros en 1897 y 1906, y en 1901 los oficiales médicos de Sanidad eran
requeridos para inspeccionar las fábricas y talleres, pasando un informe anual
sobre el estado de los mismos.
Leyes a propósito del trabajo de los menores han
aparecido en Massachusetts (1836-42), Connecticut (1842), Maine (1847),
Pensilvania (1848); pero no hubo una verdadera legislación industrial hasta el
acta de Massachusetts de 1877; y ninguna provisión de inspección de fábricas es
anterior a las de Massachusetts de 1888. La obra más eficaz fue la llevada a
cabo por el Ministerio o Departamento del Trabajo, de los Estados Unidos, en la
que colaboraron George M. Kober, W. Gilmann Thompson, John B. Andrews, Alice
Hamilton, J. W. Schereschewsky, S. S. Goldwater y otros. Se han establecido
museos industriales en Berlín (1904), Viena (1909), New York (1911) y en otras
ciudades. Una exposición transitoria de este género ha tenido lugar en
Washington de 1915-16. La primera clínica de accidentes del trabajo ha sido
inaugurada en Milán el 20 de marzo de 1910. Otra se ha establecido por S. S.
Goldwater en New York, en 1915. Institutos para investigaciones sobre higiene
industrial se han creado en Frankfort am Main (1910), Pittsburgh (1915) y otras
ciudades. La loi Koussel, de 23 de diciembre de 1874 (Francia), para protección
de los niños abandonados, constituye un señalado adelanto de la legislación
humanitaria. En la reforma de las prisiones, de los manicomios y de las
industrias peligrosas no se han perdido los efectos de las obras de Charles
Dickens y Charles Reade. El discurso pronunciado por Dickens en el festival
aniversario del hospital para niños enfermos, Londres, 9 de febrero de 1958, es
uno de los más poderosos alegatos pronunciados en favor de la medicina social
por un hombre de genio. Los horribles detalles de los enterramientos
intramuros; el excesivo número de panteones con sucesivas capas de cadáveres,
se encuentran referidos en el Hamlet, Tom Jones y la Bleak House, de Dickens.
El desarrollo de los cementerios extramuros son debidos al propagandismo de sir
Edward Chadwick, cuyos informes (1843-55) condujeron a la promulgación del Acta
de inhumaciones (1855), aboliendo las mismas dentro de los límites de las ciudades.
Pietro Capparoni describe una análoga ordenanza de Napoleón de 1809[976]. Inglaterra tiene un eficaz cuerpo de oficiales de
Sanidad, un cuerpo que está casi extinguido en Francia. Todas las Universidades
de Alemania tienen en la actualidad un Instituto de Higiene, y el physikus
alemán es, por consiguiente, un oficial en Sanidad y un perito en Medicina
legal. En los Estados Unidos no ha habido adelantos en la higiene pública,
salvo algunas poco acertadas reglamentaciones respecto de la viruela, hasta
después de la segunda pandemia colérica, cuando se llevó a cabo una inspección sanitaria
de Massachusetts en 1849. Un Instituto de Sanidad del Estado para Luisiana fue
establecido en Nueva Orleans en 1855, siguiendo posteriormente el ejemplo
Massachusetts (1869), California (1870), Michigan (1873)[977] y los restantes Estados de la Unión. En 1901,
únicamente diez Estados tenían un sistema satisfactorio de estadísticas vitales
(Kober). La Asociación Americana de Salud Pública ha sido organizada en 1872.
Cuarentenas regularizadas contra la fiebre amarilla han sido establecidas en
Filadelfia en 1856, y posteriormente; pero a causa de la celosa insistencia de
las ciudades costeras en defender su derecho a formar sus propias estaciones,
dictando las leyes convenientes, no hubo ningún sistema uniforme y reglamentado
hasta el 15 de febrero de 1893, en cuya fecha el Congreso dictó una disposición
estableciendo un sistema nacional de cuarentenas e invistiendo con sus poderes
al Servicio Médico (Sanidad pública) del Hospital de Marina. La epidemia del
cólera de 1872-73 condujo al nombramiento de una Comisión para el cólera, y la
de fiebre amarilla de 1878, a la creación, por el Congreso, de un Instituto
Nacional de Sanidad (marzo de 1878), que sucumbió por falta de apropiaciones.
Sus servicios han sido realizados, desde 1883, por el Servicio Médico del
Hospital de Marina de los Estados Unidos, actualmente Servicio de Sanidad
Pública (1912). Este último tiene un buen laboratorio de higiene, y sus peritos
han realizado mucho y admirable trabajo. En algunos asuntos, como en la
inspección de la dotación de leche, higiene infantil y un completo y seguro
registro de enfermedades—la vigilancia sanitaria de los diagnósticos, la
condición de una comunidad enferma, que Paul M. Kellog ha comparado con los
«tipos azules» — la mejor obra moderna ha sido realizada por el Instituto del
Estado de Massachusetts, Michigan (Pensilvania), y por el Departamento de
Sanidad de la ciudad de New York, cuyo excelente estado de salud se debe a la
labor altruista de Stephen Smith, Hermann M. Biggs, S. S. Goldwater y otros. El
último tiene actualmente gran importancia por su relación con el gran exceso de
población extranjera en los suburbios de Manhattan. Los perfeccionamientos
higiénicos de casi todas las regiones y ciudades han producido una muy notable
disminución en la proporción de defunciones, y, consiguientemente, un aumento
en la duración media de la vida. El celebrado alcantarillado de París ha sido
instalado en 1854-56; el de Hamburgo, en 1842, y, posteriormente, el de
Francfort (1867), Danzig (1869), Berlín 6873) y Munich (1880). En Inglaterra,
los alcantarillados van a desembocar ordinariamente al mar; las capas de
filtración han sido primeramente empleadas en Wimbledon en 1876. Antes de
1847, el alcantarillado de Londres era sencillamente una serie
de tubos con agua corriente, y la descarga de las alcantarillas no podía
conseguirse más que por el tiempo. Los trabajos de Edward Frankland (1825-99) y
los informes de la Rivers Pollution Commission establecieron el principio de la
purificación por medio de la filtración intermitente, a través de capas
diferentes (1868-74). Todo esto fue ampliamente perfeccionado por H. F. Mills,
T. M. Drown y W. T. Sedgwick en la Estación experimental de Lawrence, del
Instituto de Sanidad del Estado de Massachusetts (1887).
La fermentación de los excreta detenidos en un
estanque cerrado se ha desarrollado del sistema de fosses fixeés de Mouras
(1860), por Scott-Moncrieff (1891), Talbot en Urbana, Illinois (1894) y Donald
Cameron de Exeter, Inglaterra (1895). El pasaje a través del cok y de la piedra
en cilindros cerrados de hierro (sistema de contacto) ha sido ideado por W. J.
Dibdin, químico del London County Council. La filtración por goteo fue ideada
por Lowcock en Malvern, Inglaterra (1892) y por el coronel G. E. Waring en
Newport (1894)[978]. Los perfeccionamientos de la disposición de la
alcantarilla, como los de Pettenkofer, en Munich, y de Virchow, en Berlín; del
sistema microbiano de purificación, introducido en Inglaterra por William J.
Dibdin (1896), han ejercido un gran efecto en la mortalidad por fiebre tifoidea
y otras enfermedades producidas por el agua, como también la purificación de la
provisión de agua por medio de la filtración. Esta fue introducida por la
Chelsea Company, en Londres, en 1829; pero no adquirió verdadera perfección
hasta los tiempos modernos. En 1837 se dice que, en contraposición de las
ciudades extranjeras, Londres consumía toda su agua filtrada. Las
investigaciones sobre el envenenamiento por el piorno, en Claremont, la
posesión inglesa de Luis Felipe, por el médico de éste, Gueneau de Mussy
(1848-49), demostró alguno de los peligros de los tubos; pero el que el agua es
un vehículo de la infección no se ha demostrado hasta después de la epidemia
colérica de Londres de 1854, en la que John Snow atribuyó la epidemia a una
bomba de Broad-Street. Aunque sus puntos de vista fueron combatidos por Farr y
sir J. Simón (1855), la supresión de la bomba detuvo la epidemia. En la
epidemia del cólera de 1866 se ha demostrado que la infección venía del agua no
filtrada suministrada por una de las compañías metropolitanas de agua, a la que
se le ordenó filtrarla por la ordenanza de 1852 (15 y 16, Victoria, cap. 84).
Los escritos de William Budd (1871-73) fortificaban la teoría del origen
hídrico del cólera y de la fiebre tifoidea, estableciendo el hecho de que la
infección procede de las deyecciones de los enfermos. La epidemia de fiebre
tifoidea de Lausana, Suiza (1872), que procedía del agua que pasaba a través de
un monte, trastornó la teoría hídrica, y los verdaderos progresos sólo vinieron
con la Bacteriología. La «teoría del agua bebida», finalmente, fue dominando
sobre la teoría fitogénica, o doctrina del excremento (Murchison) y sobre la
del «agua telúrica» (Pettenkofer) por la epidemia de Lowell y Lawrence de 1890,
investigada por W. T. Sedgwick, y el hecho de que Hamburgo, con aguas no
filtradas, sufrió un grave cólera en 1892, al paso que la inmediata ciudad de
Altona disfrutaba de una absoluta inmunidad, gracias a la filtración. Sedgwich
ha establecido el importante principio de que «el agua quieta, no corriente, se
purifica por sí misma». El filtro en Lawrence, Mass. (1894), fue «el primero de
América colocado entre un agua altamente contaminada y altamente infectada y
una población industrial»[979]
El plan de filtración de Belmont, de Filadelfia
(1893), y el plan de Washington (1905) habían demostrado su eficacia en el
combate de la fiebre tifoidea. En Alemania, los grandes planos de filtración de
Berlín y de Hamburgo, la obra de W. P. Dumbar, en la estación de ensayos de
Hamburgo, el ingenioso «Imhof System» de purificación de los excreta, empleado
en el valle de Ems, son trabajos que merecen especial mención.
Prusia tiene, probablemente, el mejor sistema de
prevenir la adulteración de los alimentos y de los medicamentos, castigando las
transgresiones, no con multas, sino con prisión. Bismarck declaraba que los
adulteradores del alimento eran, con los anarquistas, los mayores enemigos del
pueblo alemán. La Sociedad fundada, en 1878, en Hamburgo contra la adulteración
de los alimentos ha llegado a ser la actual Verein für öffentliche
Gesundtieitspflege. La Kaiserliches Gesundheitsamt (fundada en 1876) dictó una
ley en 1878, adoptó más tarde la ley inglesa de 11 de agosto de 1875 y continuó
en 14 de mayo de 1879 y sucesivamente por una larga serie de análogas
disposiciones, siendo de las más importantes la ordenanza de 22 de febrero de
1894 para la certificación de los alimentos químicos y protegiendo a los
fabricantes contra las falsas actas de acusación de los incompetentes
Winkelchemiker. No ha habido verdadera legislación de los alimentos en los
Estados Unidos hasta la publicación del Acta de 30 de junio de 1906 sobre
alimentos y medicamentos, y del Acta del mismo año sobre inspección de géneros
alimenticios, que parecen siempre implantadas sobre una base no del todo
satisfactoria. Durante largo tiempo la progresiva legislación de Higiene
pública en los Estados Unidos ha sido bloqueada por las individualidades y las
corporaciones, que no desean verse intervenidos en sus negocios, si ellos
pueden auxiliarse, y que consideran la ciudadanía americana como confiriendo un
misterioso «derecho» para hacer lo que mejor les plazca, prescindiendo de sus
vecinos. Las impúdicas reclamaciones de los comerciantes en la trata de blancas
fueron rechazadas por la sentencia del Tribunal Supremo de 24 de febrero de
1913, que niega explícitamente la existencia de ningún derecho privado en sí
mismo, y, sobre todo, de ningún derecho para perjudicar y dañar. La clara
distinción establecida por Tácito, Milton y Goethe, entre «licencia» y
«libertad», como sostenida por un tribunal de estas eminencias, constituye una
base para el futuro desarrollo de la medicina del Estado[980].
El movimiento en favor de la «investigación de la
paternidad», un asunto de derecho común a las mujeres del Continente, aunque
prohibido por nuestras leyes federales y del Estado, ha sido defendido,
principalmente, por William J. Robinson (New York). Como sostenía el Dr. A.
Jacobi ante la Academia de Medicina de New York (26 de mayo de 1915), el objeto
de esta idea es principalmente eugénico, pare mejorar la calidad de la especie
humana por medio de la limitación de los engendros irregulares, por una deliberada
regulación del tiempo y número de los hijos y aumentando la responsabilidad
paterna.
El sectarismo y el charlatanismo han florecido
rápidamente en la vida moderna, a veces de muy extrañas maneras. De acuerdo con
Flexner, «la homeopática es la única secta que se encuentra en la Gran Bretaña
y en el continente», a causa de que a un médico calificado no le un porta que
se le califique de homeópata, supuesto que son necesarios exámenes para poder
practicar. La proporción de los homeópatas era de 211:30.558 en Alemania, en
1909; y de 193:31.754 en la Gran Bretaña en 1907. En América, con la legislación
vigente, se permite el florecí miento de todo género de sectas
médicas—osteopatía, chiropraxis, ciencia cristiana, eclecticismo, botánica
médica, etc. En 1909 había 15 escuelas homeopáticas, ocho eclécticas, una
fisiomédica y ocho osteopáticas en los Estados Unidos. No hay instituciones
sectarias en el Canadá. Respecto de la lealtad fiduciaria a las primitivas
doctrinas de Hahnemann, viene a ser como un clérigo escéptico o apóstata. La
medicina científica no es ni homeópata ni alópata. Del asunto del tratamiento,
del cual hay tanto en el aire, depende por completo el asunto de la tolerancia,
del sectarismo y del charlatanismo. En los tiempos pasados, como ya hemos
visto, muchos rasgos de la terapéutica son, como en la actualidad, ideados por
los no médicos. La terapéutica ha comenzado positivamente con la doctrina de
las hierbas. También es el estado puramente experimental de la terapéutica
moderna el que abre el camino a los charlatanes de la actualidad. «El gran
candor de la medicina científica les da motivo para triunfar, porque
precisamente donde el médico científico confiesa su insuficiencia el charlatán
se muestra como un positivo valor» (Flexner). La tendencia a consultar
charlatanes es análoga a la responsabilidad del médico a engañar con vestiduras
de gato montés. «Algunos de los doctores de mayor responsabilidad, dice Robert
Morris, quieren estar siempre entre las manos de los charlatanes financieros, y
algunos de los hombres de negocios más respetables desean estar siempre en
manos de los médicos charlatanes. » En la primera parte del siglo XIX, John St.
John Long, un bello impostor que comerciaba con su influencia sobre las
mujeres, sin publicar sus progresos, tuvo un éxito extraordinario en
Inglaterra. El mismo Napoleón consultaba con la pitonisa Lenormand. En 1815,
por la ley de 55) George III, cap. 194, un boticario inglés estaba siempre
autorizado para diagnosticar y recetar, y la Sociedad de Boticarios estaba
autorizada para darles licencia para inscribirse en el registro médico; pero en
1886, las disputas de los tiempos viejos se calmaron por el requerimiento de
que los cuerpos gobernantes de medicina, cirugía y farmacia no pudieran otorgar
licencias, salvo en los casos en que el candidato pudiera ser calificado por
examen en las tres ramas. En 21 de junio de 1869, Alemania cometió un serio
error al dictar un estatuto aboliendo la obligación de los médicos de asistir
las llamadas urgentes y de tratar gratis a los pobres, que
incidentalmente abrió las puertas del ejercicio a los prácticos no licenciados,
que serían los principalmente llamados a asistir aquellos casos[981]. El resultado de esta Kurierfreiheit fue un tremendo
desarrollo de los médicos naturalistas, curanderos por la fe, Baunscheidtist,
exorcistas, amasadores y amasadoras y devotos del vegetarianismo,
Kneippismo, Nackkultur, electricidad verde y azul y ocultismos de
todo género. Los informes de la policía demuestran la existencia de más de
1.013 charlatanes registrados en Berlín en 1903, contra 28 en 1879 y 1.349
charlatanes contra 3.584 médicos en 1909. Había 4.104 curanderos registrados en
Prusia en 1902; 5.148 en 1903, y en 1905 había 6.137 contra 2.212 en Sajonia.
En la Gran Bretaña, los médicos calificados se encontraban apuntados en el
registro médico desde el acta médica de 1858; pero no existía ningún registro
policíaco de curanderos. Como en Alemania y en los Estados Unidos, podían usar
los correos y anunciarse ad libitum. «Los periódicos, los
anuncios, etc. todo da fácil y continuo acceso a los charlatanes» (Flexner).
Había 31.592 licencias en 1894-95, para la venta y manufactura de los llamados
específicos, de cinco chelines cada una, y 40.734 en 1904-5. El informe de la
Oficina del Consejo Privado, publicado en el libro azul de 1910, demuestra en
qué gran proporción figuran los curanderos, especialistas en hierbas, en
arreglos de huesos, naturistas, abortadores, para el cáncer, la tuberculosis,
el venéreo, etc. Lo mismo que en Alemania, ellos son castigados cuando realizan
una torpeza atroz o un asesinato; pero, de ordinario, sabrán librarse de todo
castigo gracias a su astucia[982]. El British Medical Journal ha consagrado un número
completo, en 1911, a la exposición de este asunto. En Francia hay mejores
leyes; pero no se aplican rígidamente. América ha sido un paraíso para los
charlatanes desde los tiempos de Perkins. En ninguna parte pueden hacer tanto
dinero los compradores de patentes de medicinas. «¿Quién necesita la lámpara de
Aladino, si se puede construir un palacio con una patente de píldoras?», era
uno de los humorismos de Lowell, y esto demuestra la excesiva y tranquila tolerancia
americana para el charlatanismo y el fraude. El complicado sistema de leyes
médicas en cada uno de los diferentes estados es inferior al inglés, que tiene
algunas leyes liberales, rara vez cambiadas por los siglos; pero susceptibles
de una elástica interpretación, según las condiciones especiales de cada caso.
Como ocurre con nuestras leyes de divorcio, según las cuales un matrimonio
separado o divorciado puede cambiar su estado matrimonial con sólo ir cruzando
la línea de los diferentes estados, del propio modo un cirujano residente en
Indiana no era demandado por sus honorarios correspondientes a un tratamiento
post-operatorio, por encima de los límites señalados por el Estado, aunque la
misma operación fuera excusada y no tuviese la excepción legal de la urgencia,
y una comunicación confidencial hecha en Nueva Jersey por un enfermo de
Colorado no puede ser atendida si el médico de Jersey presta testimonio en la
audiencia de Colorado[983]. Las gentes tienden a quedarse sin leyes a causa de la multiplicidad de
leyes inútiles, en un marcado contraste con el sencillo código de Suiza, que
cualquier aldeano puede comprender y cumplir. Las dificultades de un sistema
múltiple de leyes se encuentran expresadas en el aforismo de lord Beaconsfield,
de que donde el orden social es muy fuerte (en las comunidades rurales) se
puede caminar con un gobierno débil; donde el orden social es débil (como en
las grandes ciudades), hace falta un gobierno fuerte. La completa teoría de la
interpretación de las leyes existentes se encuentra en el punto de vista de
Bismarck de que hay momentos (por ejemplo, en época de paz) en que los
gobiernos deben ser liberales, y momentos (por ejemplo, durante la guerra) en
que tienen que ser despóticos. «Todo cambia; nada permanece constante aquí
abajo. » Por esta razón, los charlatanes y curanderos, por lo común, prosperan
mejor en nuestros liberales y densos estados y ciudades del Norte, y no en los
distritos agrícolas del Sur, donde el número de médicos es menor y la sociedad
más fuerte. Los periódicos, segando la cosecha de las noticias de los
curanderos, son indiferentes, porque la exposición, citación y anuncio de los
charlatanes y de los específicos últimamente se dedican a los periodistas vivos
y malignos, que son muchas veces algo más que hombres de prensa. Los únicos
intentos serios de castigarlos, en provecho del público, son los realizados por
las Asociaciones Médicas Británica y Americana.
La Asociación Médica Británica ha sido organizada,
en 19 de julio de 1832, en la Sala de juntas de la Enfermería de Worcester, y a
instancias del difunto sir Charles Hastings, que era el médico de la
enfermería. Desde su fundación ha celebrado reuniones anuales en diferentes
puntos de la Gran Bretaña, y la Asociación tiene actualmente representación en
las diferentes colonias. Publica las Transaction (1832-53) y el Provincial
Medical and Surgical Journal (1840-53), al que ha seguido el Association Medical
Journal (1853-57), que han sido sucesivamente sus órganos hasta la fundación,
en 1857, del British Medical Journal. Representando la unidad profesional de la
Gran Bretaña, tiene esta Asociación un papel muy importante en el desarrollo de
la medicina inglesa durante el período moderno, particularmente en la reforma
médica, actuando por medio de los decretos parlamentarios relativos a la
legislación de sanidad pública y leyes de pobres, y en la exposición y censura
del curanderismo, de las patentes para remedios secretos y otros excesos. En
1909 publicó los Secret Remedies, que constituyen un acertado informe sobre los
mismos.
En 1847, la American Medical Association comenzaba,
por medio de una Convención Nacional de delegados de las Asociaciones y
Colegios médicos, que llevó primeramente el nombre de Medical Society de la
ciudad de New York, dedicándose largo tiempo, por los esfuerzos de Natham Smith
Davies, a mejorar el desagradable estado de la educación médica en los Estados
Unidos. Durante los primeros cinco años de su existencia, sus actividades
quedaron limitadas más bien a la discusión que a la realización, y sus socios quedaban
reducidos a unos delegados especialmente elegidos. Por su reorganización en
Saint Paul, en 1901, la lista de socios está basada en las listas de las
Sociedades médicas de los estados, que, a su vez, lo están en las de las
ciudades. Tanto las organizaciones de los estados como la nacional tienen una
Cámara especial para el estudio de los asuntos, que viene a unir toda la
profesión del país en un cuerpo suficientemente organizado, capaz de cumplir
todos sus deberes. Bajo la disposición primitiva, las tendencias de la
Asociación se veían dificultadas principalmente por los problemas más estrechos
de la ética profesional; en los momentos actuales, sus propósitos van
ampliamente orientados, en el sentido de la opinión pública, respecto de la
higiene pública y de la educación médica. A pesar de la mucha oposición, la
Asociación, en los últimos doce años, ha realizado muchas obras importantes;
primero y principal, el combatir, por medio de sus Consejos de Farmacia y de
Química, la explotación de la profesión médica por medio de los comerciantes de
medicamentos patentados y la estafa de las gentes por los charlatanes y el
curanderismo, publicándose en los resúmenes especiales de New and Non-Official
Remedies las listas de propietarios de medicamentos, de fábricas de diplomas y
otros fraudes, para conocimiento del público. Ha perfeccionado grandemente el
estado de las Sociedades médicas, aumentando el número de socios y la eficacia
de las mismas; de tal modo, que si al principio las Sociedades médicas del estado
publicaban pequeños volúmenes de «transaction», y eso con largos intervalos,
había, en cambio, en 1910, unos veintidós periódicos de las Sociedades del
estado, lo que constituía un gran perfeccionamiento en la centralización de la
literatura periodística. El Consejo de Educación Médica (1905) ha contribuido
grandemente, por su propaganda en estos últimos ocho años, a que disminuya el
número de escuelas médicas de grado inferior, con cuya medida disminuye a la
vez el número de médicos incompetentes y poco escrupulosos. Ha hecho también
mucho por asegurar la carrera de cuatro cursos y los profesores de «full time»
para las disciplinas más severas. De acuerdo con los datos recientemente
publicados por la Asociación[984], han existido unos 335 colegios médicos, con otras
118 Asociaciones de carácter dudoso en los Estados Unidos durante el período de
1765-1913, de los cuales había seis en 1910, 162 en 1906 y 95 en 1916-17. Desde
1904 han cesado de existir 94 escuelas médicas; 53 por incorporarse a otras y
41 por extinguirse. De 1912 a 1913 se han cerrado unos 14 colegios médicos y
otros dos de 1916-17. En 1915-16 había 14.022 estudiantes de medicina, en
contra de 28.142 en 1904 y 18.412 en 1911. Además, 3.518 médicos graduados al
año en 1915-16, contra 5.747 en 1904 y 4 483 en 1912. Este decrecimiento
indica, indudablemente, el progreso del perfeccionamiento de la calidad. Había
«menos, pero mejores colegas», 57 de los cuales habían hecho los
perfeccionamientos requeridos para la admisión en la Asociación de los Colegios
Médicos Americanos (i. ° enero 1912). La proporción actual de médicos con la
población total de los Estados Unidos es de 145.241:100.399.318, o sea un
médico por cada 691 personas. En proporción con su población actual, North
Dakota es la que tiene la menor proporción de médicos, 1:1.217, y el distrito
de Columbia la mayor, 1:365, excluyendo unos 500 médicos gubernamentales que no
ejercen, 1:242. Trece tribunales de licenciatura han insistido recientemente en
que son necesarios más profundos conocimientos previos. Finalmente, por sus
Consejos de Sanidad y de Instrucción Pública, la Asociación ha publicado
recientemente folletos prácticos en todos los Estados de la Unión, en los que
se instruye a las gentes respecto de las enfermedades infecciosas. El Journal
of i he American Medical Association, fundado en 1883, y en la actualidad
dirigido editorialmente de un modo muy hábil por George H. Simmons, ha
consolidado firmemente una posición análoga a la del British Medical Journal en
Inglaterra, o a la del Deutsche Medicinische Wochenschrift en Alemania.
No existe ninguna ciencia moderna del grupo total
de ciencias que tenga una cifra tan elevada de periódicos como la Medicina. En
llamativo contraste con el siglo XVIII, en el que difícilmente existían algunos
periódicos médicos, en nuestra época, y especialmente en nuestra región, nos
encontramos materialmente invadidos de periódicos médicos, muchos de los
cuales, como los llamados en Alemania Eintagsfliegen, son de
efímera duración. Estos últimos, o han tenido su empleo en alguna localidad
particular, o han servido el interés de alguna teoría o secta, de algún ismo o
alguna patía. Hay demasiados periódicos médicos en el mundo
moderno. Mr. Charles Perry Fisher calcula que existían, aproximadamente, el 1
de enero de 1913 unos 1.654 periódicos médicos[985]. De ellos, 630 eran americanos; 461, alemanes; 268, franceses; 152,
ingleses; 75) italianos, y 29, españoles. Mr. H. O. Hall, de la Biblioteca
General de Cirugía, calcula que han circulado unos 1.895 en el período de
1916-17. En las primeras series (1880-95) del Index-Catalogue figuran
catalogados unos 4.920 periódicos; al final del año fiscal, 30 junio 1916, el
número total de periódicos registrados era de 8.289 (1880-1916). El gran número
de periódicos médicos, lo mismo que el de las Sociedades médicas, en los
Estados Unidos, es debido, no a las condiciones sociales o científicas, sino,
como en Rusia, a la gran extensión del territorio nacional y a la expansión de
las ciudades[986]. Todas las regiones tienen periódicos que son exclusivamente locales y
que sucumben en su región. Como regla general, puede admitirse que los
periódicos de las grandes ciudades (Boston, New York, Filadelfia, Chicago,
Nueva Orleans y otras) son de mejor calidad y de un carácter más metropolitano
que los de los diferentes estados, aunque algunos de éstos han alcanzado un
carácter muy importante por la centralización de las Sociedades médicas del
Estado, de las cuales son órganos.
A continuación del Medical Repository (1797-1824),
han ido sucesivamente apareciendo: el Philadelphia Medical Museum (1804-11), el
Philadelphia Medical and Physical Journal (1804-1809), el Medical and
Agricultural Register (Boston, 1806 a 1807), el Baltimore Medical and Physical
Reeorder (1808-09), el American Medical and Philosophical Register (1810-14),
el New England Journal of Medicine and Surgery (Boston, 1812-28), el American
Medical Reeorder (Filadelfia, 1818-29) y el Philadelphia Journal of the Medical
and Physical Sciences, fundado en 1820 por Nathaniel Chapman. En 1827, Chapman
fundó una nueva serie de este último periódico, con el título de American
Journal of the Medical Sciences, que, bajo la subsiguiente dirección de Isaac
Hays, I. Minis Hays y otros, ha sido durante largo tiempo el mejor periódico
mensual médico de América. Entre los mejores semanarios médicos figuran el
Boston Medical and Surgical Journal (1828), que ha sido editado por hombres
como John Collins Warren, Francis Minot, George B. Shattuck y otros; The
Medical News (Filadelfia, 1843-1905), fundado por I. Minis Hays; The New York
Medical Journal (1865), que en los últimos años ha sido editado con gran
habilidad por el difunto Frank P. Foster (1841-1911) y últimamente por Claude L.
Wheeler y por Charles E. de M. Sajous; The Medical Record (1866), editado por
George F. Shrady y últimamente por Thomas L. Stedman; The Philadelphia Medical
Journal (1898-1903) y Americati Medicine (Filadelfia, 1901), que ha sido en un
principio editado por George M. Gould. Entre los mejores periódicos dedicados a
asuntos especiales figuran The American Journal of Obstetrics (New York, 1868),
fundado por Emil Noeggerath y Abraham Jacobi; The Annals of Surgery (1885), The
American Journal of Physiology (Boston, 1898); The Archives of Ophthalmology
and Otology (New York, 1869), fundados por Herman Knapp; The Journal of
Experimental Medicine (New York, 1896), fundado por William Welch; The Journal
of Infections Diseases (Chicago, 1904), fundado por Ludwig Hektoen; The Journal
of Biological Chemistry (New York, 1905), fundado por Christian A. Herter; The
Journal of Medical Research (Boston, 1896); The Journal of Morphology (Boston,
1887), fundado por el difunto Charles O. Whitman; The Journal of Experimental
Zoology (Baltimore, 1904), editado por Ross Granville Harrison, y The Journal
of Laboratory and Clinical Medicine (St. Louis, 1916), fundado por Víctor C.
Vaughan.
La mejor clase de los periódicos médicos puede,
algo esquemáticamente, dividirse en tres grupos: el que comprende aquellos
exclusivamente dedicados a la ciencia pura y a las investigaciones
experimentales; el de los consagrados a las especialidades, y los que incluyen,
con algunos casos clínicos y quirúrgicos, artículos, originales o no, sobre
diferentes materias, resúmenes de los adelantos, extractos de revistas,
traducciones, trozos históricos, gacetillas y charlas médicas. En los
periódicos del primer grupo, Alemania va a la cabeza por el número. Respecto de
la calidad, las publicaciones de aquellos centros científicos, como la Royal
Society, de Londres; las Academias de Francia, Prusia, Sajonia, Baviera,
Austria e Italia, o la Société de Biologie, de París, son las primeras, con
algunas ocasionales contribuciones a la ciencia fisiológica. Después vienen las
publicaciones de los laboratorios y clínicas de las Universidades, de las
Sociedades médicas, Institutos y otras fundaciones, como lo expresan los títulos
de Annalen, Arbeiten, Archiv, Beiträge, Berichte,
Centralblatt, Jahrbuch, Mitteilungen, Monatschrift, Sammlung, Verhandlungen,
Veröffentlichungen. Vierteljahresschrift o Zeitschrift, algunas
veces con notas de positivo valor, hasta los de Blätter,
Correspondenzblatt, Calender, Organ, Repertorium, Wochenschrift o Zeitung,
todos los cuales tienen una aplicación más o menos acertada. De las
publicaciones anuales, las Ergebnisse contienen valiosos
resúmenes de la labor científica corriente; los Jahtesberichte, equivalentes
a nuestros anales, se dedican de preferencia a las referencias bibliográficas y
a los resúmenes estadísticos. Como regla general, los periódicos dedicados a la
Anatomía, Fisiología, Bacteriología, Psicología, Antropología, Cirugía, o a las
diversas especialidades, son los mejores en todas las localidades. Los
periódicos veterinarios algunas veces son mejores que los consagrados a la
Odontología. Los periódicos de Homeopatía suelen ser de pobre calidad, y los
consagrados a la Osteopatía, Antivivisección y otras cosas análogas no suelen
tener valor científico alguno. De los periódicos médicos generales del tercer
grupo, los Wochenschriften de las grandes ciudades alemanas
(Berlín, Munich, Viena), el British Medical Journal, The
Lancet y los periódicos de las grandes ciudades de la Gran Bretaña
(Edimburgo, Glasgow, Dublín, Brístol) son todos de la mejor calidad. Las
publicaciones correspondientes de los pueblos latinos, escandinavos y eslavos
son de mérito desigual. Aparte de la decadencia literaria, casi todo lo que se
imprime en Francia está bien escrito, y los ingeniosos feuilletons de
los periódicos médicos de París no constituyen ninguna excepción de esta regla.
Algunos, como la Chronique medical, son capables de tout en
este respecto. Algunos de los semanarios franceses e italianos son impresos en
grandes e incómodas hojas, como los diarios, lo que hace pensar en las ventajas
de la idea de Ostwald de una definitiva Weltformat o tamaño y
proporciones análogas para todos los libros y periódicos científicos. Un
carácter no ponderable de algunos pequeños periódicos latinos es el intercalar
con el texto el anuncio de específicos, o la encuadernación de tales anuncios
entre las hojas del texto. Italia es prácticamente el único país que ha
glorificado los nombres de sus grandes y pequeñas reputaciones,
distribuyéndolas como títulos de diversos periódicos, tales como Cesalpino, Cirillo, Ercolani, Fracastor
o, Galyany, Guglielmo de Saticeto, Ingrassia, Malpighi, Morgagni, Orosi, Pisani, Ramazzini, Selmi, Spallanzani, Tommasi. La
mayoría de los periódicos españoles son inferiores como calidad, incluso a los
de la América del Sur. El hermoso lenguaje español es un medio más bien social
que científico, y mucha de su literatura médica está llena de retórica y
de problemas para resolver. Impresos con tintas de anilina, en
papel de calidad inferior, la mayoría de nuestras valiosas producciones
aparecen desmigajadas o su contenido aparece marchitado desde un siglo o más, y
la crítica de sus periódicos par ce frívola y sin gracia. En los menos de ellos
puede observarse algún útil propósito en favor de la ansiosa investigación
original o de la forma del estudio. Walsh, en sus estudios sobre la medicina
medieval, ha realizado el hecho de que la mente humana pronto se aburre de las
dificultades o de los problemas insolubles y puede renunciar a un problema por
espacio de siglos. Para asegurar la continuidad del interés, tiene que haber un
constante rejuvenecimiento y renovación del estímulo, y en ninguna fase de la
actividad moderna es tan imperativo el que el espíritu científico tiene que
arder y brillar, al modo de un fuego sagrado, como en el campo de la Medicina.
La más elevada función del periodista médico en la actualidad es la de iniciar
nuevas corrientes de ideas científicas, poniéndolas en circulación. El público
resultará mucho mejor protegido de los charlatanes si nuestros periódicos
dirigen su información por representaciones dignas de confianza de la Prensa
médica[987], en lugar de utilizar reporteros indisciplinados científicamente y con
la manía de publicar lo sensacional.
Uno de los más importantes caracteres de la
Medicina moderna es su tendencia hacia el internacionalismo,
incluso en el campo de batalla. En 1862, Henri Dunant (1828-1910), filántropo
suizo, publicó su Souvenir de Solferino, y su exposición de las
atrocidades de la guerra condujo a la Conferencia Internacional de las
Sociedades de la Cruz Roja, en Ginebra, en 1863, y a la institución, en 22 de
agosto de 1864, de la Convención de Ginebra, en la que catorce Estados
diferentes se comprometieron a considerar los heridos y los enfermos, como
igualmente los cuerpos médicos y servicios de enfermeros, como neutrales en los
campos de batalla. Este movimiento ha sido calurosamente defendido por la Reina
Augusta de Prusia y la Gran Duquesa María Pawlona de Rusia, y hoy sus
intenciones es extenderle a todos los confines del mundo civilizado.
En 1867 tuvo lugar en París, y a instancias de
Henri Guitrac, el Primer Congreso Médico Internacional, que fue seguido de los
de Florencia (1869), Viena (1873), Bruselas (1875), Ginebra (1877), Ámsterdam
(1879), Londres (1881), Copenhague (1884), Washington (1887), Berlín (1890),
Roma (1894), Moscú (1897), París (1900), Madrid (1903), Lisboa (1906), Budapest
(1909) y Londres (1913)- Habían sido ya precedidos por los Congresos
Internacionales de Estadística (Bruselas, 1851), Higiene y Demografía (Bruselas,
1852), Oftalmología (Bruselas, 1857), Medicina veterinaria (Hamburgo, 1863),
Antropología (Spezia, 1865) y Farmacia (Brunswick, 1865), y continuados por una
serie de Otología (New York, 1876), Laringología (Milán, 1880), Antropología
criminal (Roma, 1885), Tuberculosis (París, 1888), Dermatología (París, 1889),
Fisiología (Basilea, 1889), Psicología (París, 1890), Ginecología y Obstetricia
(Bruselas, 1892), Alcoholismo (Bruselas, 1894), Tuberculosis (París, 1895),
Lepra (Berlín, 1897), Odontología (1900), Cirugía (Bruselas, 1902), cuidados a
los locos (Amberes, 1902), unificación de los remedios heroicos (Bruselas,
1902), leche (Bruselas, 1903)» habitaciones (París, 1904), higiene escolar
(Nüremberg, 1904), Fisioterapia (Lieja, 1905), cáncer (Heidelberg, 1906),
pelagra (Turín, 1906), enfermedades profesionales (Milán, 1906), epilepsia
(Budapest, 1909), medicina tropical (Manila, 191°). Patología comparada (París,
1912) y eugénica (Londres, 1912). Estas son sólo algunas de las reuniones
internacionales que comprenden casi todas las especialidades.
Otra señal del espíritu internacional ha sido la
concesión de los premios Nobel de Medicina a von Behring (1901), Ronald Ross
(1902), Finsen (1903), Pavloff (1904), Koch (1905), Golgi y Ramón y Cajal
(1906), Laverán (1907), Metchnikoff y Ehrlich (1908), Kocher (1909), Kossel
(1910), Gullstrand (1911), Carrel (1912), Richet (1913), Bárány (1914), y,
además, a Röntgen, el de Física (1901), a Emil Fischer, el de Química (1902) y
a Henri Dunant, por su promoción en favor de la paz (1901).
En América, hombres de grandes recursos financieros
han sobrepasado a los Gobiernos extranjeros en dotaciones generosas para las
investigaciones médicas y científicas.
Desde el comienzo de la primavera, el mundo ha
visto a Europa convulsionarse por una guerra entre doce o más naciones, que
excede en magnitud y destructividad a todas las luchas semejantes de la
Historia. Esta explosión de la fatalidad ha ido preparándose por una serie. de
complicadas intrigas políticas, que tendrán que exponer los historiadores
futuros; la tragedia de Sarajevo puso fuego a la mecha, y la traición a la
humanidad europea por alguno de sus dominadores fue cumplida. Tres monarcas del
Oriente europeo
«envían a pelear por ellos a sus vasallos cubiertos
con sus cimeras, y éstos pelean bien, y mueren»,
en tanto que las naciones democráticas del
Occidente de Europa recurren a diversos artificios para soportar el ataque lo
mejor que pueden. La declaración de la guerra europea encontró sólo dos
entidades en estado de preparación (el ejército alemán y la escuadra inglesa).
Las causas de esta guerra hay que buscarlas en las intrigas de los políticos y
en la excesiva ambición de los Gobiernos, que van polarizando por completo las
naciones, fomentando deliberadamente los odios raciales y nacionales por medio
de historiadores de estrechas miras y por pseudoantropólogos[988]; en la lucha de las naciones poderosas por la supremacía comercial y
por el dominio del mundo; en la población excesiva; en la oposición entre las
ideas monárquicas del Oriente de Europa y los sentimientos democráticos de las
naciones del Oeste; en la desgracia de que el mundo está lleno de fabricantes
de facciones y de productores de tumultos; en los odios engendrados por la
visión perturbada de razas no semejantes o diversas, «incapaces
protoplasmáticamente» de apreciar las virtudes y los derechos prescriptivos de
las otras. En la frontera del Oeste la terrible contienda se ha convertido
pronto, y por sí misma, en una guerra de posiciones, en un ensangrentado
tablero de trincheras comba, tientes, en el cual las líneas de comunicación han
tenido necesariamente que abolirse, en relación con la necesidad de evacuar los
heridos de la escena de la contienda lo más rápidamente posible. Las granadas y
las bombas explosivas, máquinas infernales de destrucción en los aires y en las
aguas submarinas, gases venenosos y líquidos inflamables, han efectuado su
labor de destruir a muchos de los más bravos y mejores, el posible plasma
germinativo de las generaciones futuras. Nuevos y extraños conceptos
patológicos han aparecido, tales como la enfermedad del seno longitudinal, la
fiebre volhyniana o de los cinco días, el pie de las trincheras, la nefritis de
las trincheras, la ictericia parasitaria (spirochaetosis icterohemorrágica),
la ictericia tóxica por el ácido pícrico, el envenenamiento por el
trinitrotolueno y el tetracloretano en los fabricantes de municiones; la
terrible destrucción de los alvéolos y de los pulmones por los gases
irritantes; los desórdenes de los nervios periféricos y los efectos neurósicos
de las heridas por arma de fuego en todas partes del sistema nervioso; los
neuróticos y cardíacos efectos del sliock por las bombas y la
contusión del aire; la gangrena gaseosa por el bacilo de Welch y otras
complicaciones de la infección de las heridas. Los cirujanos militares se han
visto muy expuestos en esta guerra, y entre ellos ha habido una elevada
mortalidad, tan grande como la de los oficiales de línea y de infantería, y
nuestra profesión ha batido un brillante record de rapidez de
pensamiento y fertilidad de recursos para resolver el conjunto de difíciles
problemas que constantemente se estaban imponiendo al oficial médico. Notables
éxitos se han logrado en la prevención de la fiebre tifoidea por las vacunas; en
las tetravacunas empleadas contra la tifoidea, las dos paratifoideas y el
cólera[989]; en la destrucción de los parásitos que pueden transportar el tifus y
otras afecciones; en el tratamiento antiséptico de Carrel, de las heridas por
medio de la disolución de hipoclorito sódico (eusol) del químico americano H.
D. Dakin[990]; en el empleo de la solución hipertónica de Wright y de sus autovacunas
contra la infección purulenta de las heridas; en la purificación del agua
utilizada por los ejércitos, por medio de la solución de hipoclorito de Javel
(javelización); en la localización de los proyectiles en el cuerpo por medio
del compás de Hirtz, el electrovibrador de Bergonié y los métodos radiológicos;
en los maravillosos aparatos protésicos rápidamente improvisados para servir
como manos y miembros artificiales, y en la educación de estos pobres inválidos
para que puedan en lo sucesivo ganarse honradamente su vida; en las notables
restauraciones de los dientes y de las mandíbulas por los dentistas americanos;
en el tratamiento de las fracturas de arma de fuego por medio de los injertos
óseos; en la cirugía militar de todas las partes del cuerpo; en el eficaz
tratamiento de las quemaduras extensas por medio de la solución de
parafina-resina (ambrina), de Barthe de Sandfort (keriterapia)[991]; en el tratamiento y preparación para su eficacia futura de los
defectuosos cardíacos, pulmonares y neurósicos.
El fin de esta guerra aún no está próximo, y lo
futuro sólo lo podemos ver como al través de un vidrio obscuro. Algunos, como
los amigos de nuestra común humanidad, pueden aspirar hacia el noble ideal de
Kant de la paz universal, del constante cambio y emigraciones de las gentes por
la superficie de la tierra, a la impermanencia de las alianzas nacionales y de
sus efectos en la historia, al hecho de que la democracia no es (como la
monarquía) ninguna forma absoluta de gobierno, sino una educación de los pueblos
para la ciudadanía; pero la existencia actual en la naturaleza de razas
pacíficas y guerreras (o merodeadoras), de las rivalidades comerciales entre
las naciones, y de los odios de los que «no tienen» a los que «tienen», hacen
extraordinariamente dudoso el futuro inmediato de la Humanidad. Parece como que
las guerras son «deseables» por las naciones tranquilas y pacíficas (y hasta
indefensas) por la concatenación de los negocios y de los acontecimientos
políticos. El ejemplo de la fuerte y pequeña república de Suiza parece
demostrar que el único camino por el cual la guerra podrá ser evitada y la
invasión rechazada por estas naciones en lo futuro es el curso racional de
preparación física y militar, cuya importancia y significación ha sido bien
puesta de relieve por el difunto sir Lauder Brunton durante los últimos diez y
siete años de su vida[992]. Es extraño que la mayor censura y odio por los males que ocasiona la
guerra se expresan por los jefes de los soldados y cirujanos militares que
arriesgan sus vidas en el fuego de las batallas que tienen lugar en sus países.
Las guerras modernas son provocadas de ordinario por las rivalidades
comerciales de las naciones, con las consiguientes apelaciones a los odios de
raza y a los sentimientos tumultuarios por los «monarcas enloquecidos»,
«biólogos raciales», historiadores irresponsables y periodistas sensacionales.
En este sentido, la opinión de un psicólogo francés de que «la inteligencia
colectiva de una muchedumbre es, de ordinario, menor que la de cada uno de sus
miembros individuales», es muy digna de ser tomada en consideración.
Relativamente al quam parva sapientia mundus regitur, Jacques Loeb
ha emitido recientemente una opinión que es un ideal a distancia tal vez
irrealizable:
«Si nosotros consiguiéramos reemplazar al presente
un nuevo tipo de hombres de Estado, que estuviesen familiarizados con el
desenvolvimiento de las ciencias exactas (por ejemplo, las experimentales y
cuantitativas), siendo capaces de seguir este desenvolvimiento y capaces de
aplicar los resultados de las ciencias exactas al levantamiento físico, moral,
intelectual y económico de las masas, nosotros llegaríamos a ver desaparecer el
peligro de la guerra». [993]
De un modo análogo, decía Ostwald:
«La ciencia puede, por consiguiente, ser
considerada como la parte más segura y más constante del tesoro espiritual que
poseemos. Las predicciones que han sido hechas por los hombres de ciencia han
sido aceptadas como las más realizables por la mayoría de los hombres
inteligentes. »
El Presidente Eliot hacía notar que «los dedicados
a las ciencias físicas y naturales durante los últimos ciento cincuenta años
han demostrado no ser inferiores a ninguna otra clase de hombres en su poder de
razonamiento y de voluntad, y han demostrado igualmente ser superiores a otras
clases de hombres respecto de la apreciación del valor para la sociedad del
producto de sus poderes. Los hombres que desde los comienzos de la decimonona
centuria han hecho más en favor de la raza humana por el recto uso de su razón,
imaginación y voluntad, son los hombres de ciencia, los artistas y los hombres
hábiles en el trabajo, no los metafísicos, ni los oradores, ni los
historiadores, ni los legisladores».
Respecto de las enfermedades actuales de la
sociedad, muy pocos hombres de estado y estadistas ven que, como dice el sabio
Pagel, todas las naciones padecen por las enfermedades de la infancia, de la
niñez y de la vejez, que hay que suprimir en ella los injertos del alcoholismo
y de la sifilización, evitando la producción de la degeneración por la opresión
de los pobres (las raíces del árbol), la corrupción de las gentes por la
pornografía, la comercial explotación de la prostitución y la deliberada intromisión
en la sociedad de ladrones y de perdidas, del eterno fraus innexa
clienti al que toda nación es cliente, incluso que las naciones
adultas puedan estar a merced del cesarismo y de las enfermedades psíquicas de
las masas.
Quicquid delirant reges, plectuntur Achivi[994].
El que la guerra llegue a ser una fracción llamada
a desaparecer en los negocios humanos es, por consiguiente, dudoso en las
condiciones actuales de la economía del mundo. Pero el deber completo y total
de la profesión médica es bien claro. En tiempo de guerra, su divisa debe
ser «Ínter arma caritas», y cuando la guerra y los rumores de
guerra hayan vuelto a pasar, nuestra profesión debe procurar siempre que pueda,
«con caridad hacia todos y con malicia hacia nadie», desarrollar los
sentimientos de paz y de buena voluntad entre la Humanidad, que es su verdadero
cliente. En 1915, el doctor Samuel J. Meltzer fundó una Fraternidad Médica para
el Avance de la Moralidad[995], basada en el concepto de que, en tanto que las naciones individuales
son civilizadas con urbanidad decente y humanitarismo hacia sus vecinos, la
Humanidad en conjunto no lo es; que hay un abismo entre la moralidad
intranacional y la internacional, y que no importa hasta qué punto sean
altamente cultivadas e ilustradas las naciones, ellas tienden a resolver sus
dificultades por la fuerza bruta, asesinando y mutilando a sus adversarios.
Este memorial en favor del intranacionalismo e internacionalismo merece la
futura consideración de los médicos de todos los países.
Respecto de los efectos de la investigación
científica en la Medicina, el físico Rowland se ha expresado con una fuerza
casi apocalíptica.
«La inteligencia no cultivada y vulgar tiene
únicamente dos departamentos, uno para el error y otro para la verdad; en
realidad, el contenido de los dos departamentos se mezcla, tristemente, en la
mayoría de los casos; por el contrario, la mente ideal, científica, tiene un
número infinito de compartimientos. Cada teoría y cada ley tiene su
compartimiento apropiado, indicando su grado probable de certeza. Cuando llega
un nuevo hecho, el hombre científico lo va pasando de uno a otro departamento,
de tal modo que, a ser posible, él llega a calcular su proporción de error y de
verdad. . . Las leyes naturales serán, probablemente, rígidas e intercambiables
unas en otras. Comprendedlas, y ellas serán beneficiosas; podemos emplearlas en
favor de nuestros propios propósitos, convirtiéndolas en esclavas de nuestros
deseos. Comprendiéndolas mal, pueden convertirse en monstruos que nos aplasten
con su fuerza o puedan reducirnos a polvo. Nada es tan cuestionable como
nuestra creencia; los actos no pueden retractarse, y nosotros tenemos que
comprenderlos o que sufrir sus consecuencias. Nuestro único recurso, por
consiguiente, es el obrar con arreglo a las probabilidades que nos dan las
leyes que conocemos como verdaderas. Si actuamos correctamente, bien; si
actuamos incorrectamente, ya sufriremos las consecuencias. Si somos ignorantes,
sucumbimos. ¿Qué mayor locura que aquella que sostiene que la creencia no es,
siendo sincera, una consecuencia provista? Un hijo único, una mujer amada yacen
en el lecho del dolor. Los médicos dicen que la enfermedad es mortal; una
pequeña planta, llamada microbio, ha podido entrar en su cuerpo, y se ha
reproducido a expensas de los tejidos orgánicos, formando venenos mortales en
la sangre, o destruyendo algún órgano vital. El médico lo ve; pero no es capaz
de hacer nada. Diariamente viene y nota la pérdida creciente de las fuerzas de
su enfermo, y diariamente va decayendo cada vez más éste, hasta terminar en la
tumba. Pero, ¿por qué consiente esto el médico? ¿Podemos dudar nosotros que exista
algún remedio capaz de matar al microbio o de neutralizar sus venenos? ¿Por qué
no lo ha usado? El lo ha empleado para curar; pero ha fracasado. Su cuenta es
religiosamente pagada porque él, empleando lo mejor, ha dado alguna esperanza
de cura. La respuesta es: ignorancia. Los remedios son todavía desconocidos. El
médico se sirve de otros para descubrirlos, o quizás él experimenta de un modo
demasiado torpe y poco científico para descubrirlos. ¿No será errónea la
consecuencia, porque el mundo ha estado pagando a esta clase de hombres
equivocados? Para que su ignorancia fuese disipada, ¿no se ha entregado dinero
suficiente en los tiempos pasados? Estas muertes, algunos pueblos las
consideran como actos de Dios. Es una blasfemia el atribuir a Dios actos que son
debidos a nuestro propio egoísmo y al de nuestros antepasados, al no fundar los
institutos para las investigaciones médicas en número suficiente, dotándolos
con los medios suficientes para el descubrimiento de la verdad. Todas las
ciencias están enlazadas unas con otras y deben avanzar de acuerdo. El cuerpo
humano es un problema físico y químico, y estas ciencias tienen que avanzar
antes si se quiere dominar la enfermedad. [996]»
Estas afirmaciones, escritas hace más de ocho años,
son actualmente una «historia antigua» y pueden encontrarse algo emocionales y
pasadas de moda. Pero no debemos olvidar que el hombre que las ha escrito cree
con una intensa convicción que las investigaciones científicas implican «el
amor a la verdad, el interés en perseguirla y la humildad de la inteligencia
que hace que tengamos siempre presente la posibilidad del error». Mientras
esperamos atravesar la amplia laguna que separa el microcosmos que es accesible
a nuestros sentidos y el desconocido Universo que existe más allá de nuestra
vista, la mente humana se revela a sí misma, en todos sus aspectos, como un
instrumento de precisión muy imperfecto. La pesadez del topo no es para la
ciencia. Por espacio de siglos, la ciencia ha desempeñado, como dice Huxley,
«el papel de la Cenicienta». Para conservar sus encantos y fascinaciones tiene
que procurar no volverse demasiado vanidosa y no hacer injustas y extravagantes
reclamaciones. Como hace notar acertadamente Baas, «cuando se ha llegado a
dominar una cúspide, se ve que todos los senderos conducían inevitablemente a
la misma».
La más elevada función de los médicos es siempre la
de suprimir o aliviar los sufrimientos humanos; no sólo por las medicinas, sino
también por medio de los cuidados; y así como el cirujano debe aprender a
pensar clínicamente, el clínico debe pensar quirúrgicamente en la necesidad, a
ser posible, de que algún día la palabra «cura» vuelva a ser como parte del
gran ideal hipocrático, restaurada en su antigua significación (curare). Entre
tanto, tenemos que reconocer que el conjunto de la ciencia médica, incluyendo
sus partes, es más grande que su práctica, aplicada tanto a los males de la
sociedad como a las indisposiciones del enfermo.
La tendencia de la medicina moderna, coordinada con
el avance de todas las ciencias, es a predecir y a contrastar los fenómenos, y
a la prevención, como inclusa en el tratamiento, de las enfermedades.
La medicina preventiva no tiene un ideal más bello
que el que se contiene en la hermosa sentencia de Minot: «Nosotros hemos
entronizado la ciencia en la imaginación; pero la hemos coronado con modestia,
porque ella es la realidad del poder humano y la personificación de la
falibilidad humana. »
Breve resumen de la historia de la medicina en
España
Dr. García Del Real
I. Medicina antigua y primitiva
Contenido:
§. El arte paleolítico
§. Edad del hierro
Demostrada ya la identidad de forma de la Medicina
antigua o primitiva en todos los pueblos del mundo, poco o nada debiéramos
añadir a este capítulo. Sin embargo, juzgamos interesante llamar la atención,
ya que el doctor Garrison no lo hace, acerca de las diferencias que presenta la
edad prehistórica en España respecto de los caracteres generalmente admitidos
en el resto de Europa, y a los que hace alusión el autor de esta obra, dando a
la vez una ligera idea de la extraordinaria riqueza paleolítica de nuestra
patria.
Es bien 'sabido que la primera edad de la
Prehistoria es la Edad de Piedra, dividida, a su vez, en dos grandes
períodos: paleolítico (de la piedra tallada) y neolítico (de
la piedra pulimentada). El período paleolítico se subdivide en dos grandes
fases: paleolítico inferior, con sus épocas prechelense, chelense,
achelense inferior, achelense superior, musteriense inferior y musteriense
superior, y paleolítico superior, que se divide en las épocas
auriñaciense, solutrense y magdaleniense. El período neolítico se considera
dividido en epipaleolítico, con las épocas aziliense,
tardersoiscense, asturiense y maglemosiense, y proteolítico, con
sus dos épocas campigniense y de los kjoekemmoedings o paraderos. Algunos
autores admiten todavía un tercer período íntimo del neolítico, que designan
con el calificativo eneolítíto, y que se caracteriza porque en él
aparece usado ya el cobre, además de seguir apareciendo aún los objetos de
piedra pulimentada.
En España tendríamos, como discutido, pero poco
probable, hallazgo del periodo prechelense, el famoso yacimiento de Torralba,
en la provincia de Soria. Este yacimiento ha sido investigado por el marqués de
Cerralbo, quien ha encontrado en él restos de enormes elefantes, hachas de
piedra, etc. y todo ello viene a constituir lo que con bastante razón llama
Dechelette un campamento de unos cazadores de elefantes[997]. Pero lo más raro del caso es que entre estos elefantes aparece
el elephas meridionalis, que es un animal de la época terciaria, y
el elephas antiquus, que es un animal cuaternario, y unido esto a
la tosquedad de las hachas, que es de lo más primitivo, pues son cantos apenas
devastados, cantos que tienen por un lado un filo y del otro un plano, aunque
muy irregular para poderlos coger, hizo pensar al marqués de Cerralbo que se
trataba de objetos prechelenses, y al presentarlos en diversos Congresos
extranjeros halló que otros eran de su misma opinión[998].
Viene después la época chelense en Francia, que
tiene su principal equivalente en España en el hacha del cerro de San Isidro
(Madrid), la cual presenta una forma típica que revela ya un cierto adelanto
respecto de las encontradas en Torralba.
La época achelense francesa tiene su principal
representación en España en la famosa cueva de Puente Viesgo (Santander), que
ofrece una extraordinaria riqueza arqueológica, supuesto que presenta todos los
horizontes, desde el achelense hasta los últimos momentos del período
cuaternario.
La época musteriense ofrece, como equivalente en la
Península, la cueva de Genista, en Gibraltar, donde no solamente se han
encontrado osamentas de los animales que corresponden a aquella época
geológica, sino también restos humanos que corresponden a la primera raza
prehistórica. Aquí tenemos ya la presencia de un hombre de cráneo dolicocéfalo,
con los mismos rasgos que los habitantes del centro de Europa, de la raza
neandertal. Los únicos restos humanos prehistóricos encontrados en el
paleolítico inferior hasta la fecha son este cráneo y la mandíbula de Bañólas,
también neandertales, y pertenecientes ambos, con grandes visos de
verisimilitud, a los últimos tiempos de la época musteriense.
Ya en el paleolítico superior, y correspondiendo a
la más inferior de sus épocas, o auriñaciense, hay que señalar, en primer
término, la cueva de Hornos de la Peña (Santander), y también, en la misma
provincia, los niveles correspondientes de la cueva de Puente Viesgo y la cueva
de Camargo, y en la provincia de Asturias, la cueva del Cueto de la Mina.
La época solutiense francesa está, como hace notar
Garrison, caracterizada por las perfectas flechas en forma de hoja de laurel,
de las que poseemos un hermoso ejemplar en el museo de Tarragona. Esta época
tiene en España una representación bastante cumplida y completa en la cueva de
Altamira (Santander), que es, en la actualidad, la estación prehistórica de
mayor importancia y hasta de mayor transcendencia para el estudio de la
prehistoria española. Esta misma cueva es la que mejor representa la época magdaleniense
francesa, siendo tan notables sus pinturas policromáticas, que hacen que la
califique Dechelette de la Capilla Sixtina de la época histórica. Son también
muy interesantes representaciones de la época magdaleniense en España, las
cuevas de Puente Viesgo y de Piornos de la Peña, en Santander; las de la Paloma
y Cueto de la Mina, en Asturias, y la de Seryñá, en Gerona.
Respecto de este período paleolítico superior,
conviene hacer notar, por ser, a nuestro juicio, de gran interés, que en España
reviste dos formas completamente diferentes: una, la que corresponde al tipo
europeo, y que está limitada a una estrecha zona en el Norte, principalmente en
la región cantábrica, y a la que pertenecen todos los hallazgos prehistóricos
que acabamos de mencionar como correspondientes a las épocas auriñaciense,
solutiense y magdaleniense; y otro, que es del tipo africano o capsiense, que
se extiende por todo el resto de la Península, con principales hallazgos, hasta
la fecha, en las provincias de Albacete, Granada, jalmería, Murcia, Valencia y
Teruel.
Del paleolítico superior tenemos muy pocos restos
humanos, estando casi reducidos al cráneo auriñaciense de la cueva de Camargo
(Santander), del tipo Cro-Magnon.
§. El arte paleolítico
Del arte correspondiente al período paleolítico
superior tenemos en España una gran riqueza de manifestaciones, especialmente
por lo que al arte rupestre hace referencia.
a. Arte moviliar.
En cuanto al arte moviliar, faltan en España las
esculturas auriñacienses, como las de Francia y Austria, y sólo conocemos de
este período el grabado de una figura de caballo en una mandíbula del mismo
animal encontrada en la cueva de Hornos de la Peña.
Del arte mobiliar solutiense no hemos encontrado
todavía ninguna huella en la Península; en cambio, es más rico el inventario de
los grabados magdalenienses, los huesos grabados, particularmente bastones de
mando, encontrados en las cuevas de la región cantábrica (cuevas de Puente
Viesgo, de Altamira, Cueto de la Mina, etc.), y la cabeza de lince grabada en
una placa de caliza de la cueva capsiense del Parpalló (Valencia).
b. Arte rupestre cantábrico.
Del arte rupestre español, algunas localidades han
podido ser utilizadas para probar la autenticidad y antigüedad de las pinturas
paleolíticas (cuevas de Altamira, Puente Viesgo, Hornos de la Peña). La cueva
de Altamira estuvo cerrada desde el período cuaternario; los grabados en hueso
del nivel magdaleniense inferior de Altamira y del Castillo son del mismo
estilo que algunas pinturas de las mismas cuevas, y el fragmento de caballo
grabado en hueso del nivel auriñaciense medio, de Hornos de la Peña, presenta
también analogías con las pinturas del período correspondiente de la misma
cueva.
El arte rupestre de la región cantábrica está
íntimamente emparentado con el del Sur de Francia y ofrece grabados y frescos
en las paredes de las galerías, hasta de las más profundas, representando con
un fin mágico (magia de caza) figuras de bóvidos (bisontes y toros salvajes),
caballos, elefantes, ciervos, etc. seres humanos con máscara de animales
(Altamira y Hornos de la Peña)[999] y otros signos de más difícil interpretación, como los llamados
tactiformes, además de las siluetas de manos (cueva del Castillo), pintándose o
grabándose las figuras de los animales con un extraordinario realismo. En tales
decoraciones de las cuevas cantábricas puede seguirse perfectamente la
evolución del arte cuaternario, desde la época auriñaciense hasta la
magdaleniense, pasando por diversas fases comprobadas por la superposición de
los diversos estilos que se observa con frecuencia en una misma estación. Estas
fases en España, y según los estudios de Hugo Obermaier, que modifica algo las
establecidas por H. Breuil, son las siguientes:
Primera fase: Auriñaciense inferior. —
Grabados: Dibujos digitales ejecutados en espiral y meandros hechos con los
dedos en paredes arcillosas (primeros ensayos de dibujo). Algo más tarde: los
primeros dibujos, de carácter muy primitivo, pero ya llenos de vigor, también
trazados en arcilla. Posteriormente hay dibujos de animales grabados con sílex;
son bastante toscos, y muchas veces están deformados.
Pinturas: Dibujos de puntos agrupados de modos
diversos y filas de discos; reproducciones rudimentarias de animales pintados
con líneas rojas o negras. Siluetas de manos.
Segunda fase: Auriñaciense superior. —
Grabados: Dibujos de animales, por lo general todavía sencillos, aun cuando
bastante perfeccionados, puesto que acusan una fiel y buena concepción de la
Naturaleza.
Pinturas: Estas son siempre monocromas, únicamente
lineares, de trazos menudos, continuos o punteados; un poco más tarde, el trazo
es baboso y más espeso. Además del dibujo de contorno, hasta entonces en uso,
se advierten ya los primeros ensayos para modelar con color las figuras.
Tercera fase: Magdaleniense inferior:
Del solutiense no se conocen, por ahora, manifestaciones del arte rupestre.
—Grabados: Están magistralmente ejecutados en lo que concierne a proporciones y
detalles; las figuras están muchas veces finamente estriadas en toda su
superficie.
Pintura: Dibujos negros, modelados con color, de
manera diversa, de tinta esfumada, y un poco más tarde de tinta plana
incompleta con color unido.
Cuarta fase: Magdaleniense medio. —
Grabados: Grafitos muy finos y delicados, a veces muy pequeños.
Pinturas: Dibujos de tinta plana, completamente
uniforme. Posteriormente principios de policromía (dibujos semipolícromos).
Quinta fase: Magdaleniense superior. —
Grabados: Bastante escasos, trazados muy ligera y finamente.
Pinturas: Policromía (Cueva de Altamira). —Las
estaciones principales del arte rupestre cantábrico son las siguientes:
Altamira, Castillo, La Pasiega, Hornos de la Peña y Covalanas, en la provincia
de Santander, y Pindal y cueva del Buxu, en Asturias.
c. Arte rupestre del Este y Sur de España.
El arte del Este y Sur de Pispaña ofrece
representaciones, pintadas en abrigos poco profundos o en rocas a la
intemperie, de animales realistas y de seres humanos, a veces naturalistas, a
veces estilizados, pero siempre conservando la base naturalista y nunca
esquematizados, como más adelante. A diferencia de lo que acabamos de ver en la
región cantábrica, en el Este de España tales pinturas, también de carácter
mágico, suelen formar a veces verdaderas composiciones: escenas de caza
(Alpera, barranco de la Valltorta, Val del Charco del Agua Amarga, Cogul),
luchas (Alpera, Morella) o danzas (Cogul), y en las figuras humanas suelen
indicarse detalles del tocado (Alpera, Cogul).
Tales figuras ofrecen también distintas fases,
aunque el principio del desarrollo no aparezca aquí tan claro como en la región
cantábrica, y su fecha se supone que sea el paleolítico superior, aunque no
están nunca en relación con yacimientos arqueológicos, y aunque la fauna que en
ellas se encuentra representada no presente grandes diferencias con la actual,
supuesto que en ella no hay bisontes (el bisonte de Cogul es muy dudoso), y
sólo, en general, ciervos, bóvidos y otros animales, que persisten hasta mucho
después de terminar el cuaternario. En Alpera encontramos representaciones
probables de alces; además, son frecuentes las de cabra montés y de gamuzas, o
sea de tipos sub-alpinos.
La cronología corriente se funda en semejanzas de
estilo con las figuras de animales naturalistas del Norte, y en paralelos que
se establecen entre el armamento de los cazadores pintados en el Este y Sur de
España y ciertos tipos análogos de los niveles magdalenienses de las cavernas
cantábricas.
Según H. Obermaier, que se basa en indicaciones de
H. Breuil, las fases del desarrollo del arte menos naturalista del Este y Sur
de España, son las siguientes:
Primera fase: Dibujos lineales, ya pequeños y
rojos, ya grandes y negros (auriñaciense).
Segunda fase: Dibujos rojos, de trazo baboso,
rellenados muchas veces por trazos anchos (¿magdaleniense inferior?).
Tercera fase: Dibujos de color rojo unido, de muy
buena técnica.
Cuarta fase: Dibujos pardos o semipolícromos, a
veces muy poco cuidadosos.
Quinta fase: Dibujos polícromos (Albarracín)
[magdaleniense superior].
Las estaciones principales de esta región son las
siguientes: Cogul (provincia de Lérida), Val del Charco del Agua Amarga
(Alcañiz, Teruel), El Calapatá (Cretas, Teruel), Albarracín (Teruel), los
abrigos del barranco de la Valltorta en Tirig, Albocácer, etc. (Castellón), los
diferentes abrigos de Alpera y Minateda (Albacete) y otras.
Un lugar especial ocupan las pinturas más antiguas
de la cueva de la Pileta, en Benajoán (Málaga), las cuales, por su estilo y por
sus representaciones (bisontes, caballos, lacerías, como las de Hornos de la
Peña) se agrupan mejor con las de la región cantábrica que con las del Este y
Sur.
Ocupándose de la pintura prehistórica en nuestra
Patria, hace notar el ilustre arqueólogo Sr. Mélida el carácter esencialmente
naturalista de la misma. La impresión del natural es la que ha llevado a estos
hombres primitivos, como a los niños, sin darse cuenta de ello, a dibujar como
hoy se dibuja, espontánea y naturalmente, sin el menor artificio y con una
fidelidad admirable, produciendo imágenes que se han podido comparar con las
que obtenemos gracias a la fotografía instantánea. Figuras llenas de movimiento,
estos animales están bien dibujados, bien caracterizados, encontrándose el
bisonte, que es un animal característico de aquellas edades. Se ha dado
también, como indicio del conato artístico del hombre cuaternario, ciertas
impresiones de la mano, impregnadas de color. Estas impresiones de la mano, que
en Altamira se encuentran, por ejemplo, unas veces son realmente de la mano con
color, y otras veces obtenidas por un procedimiento tal, que al aplicar la mano
sobre la roca quede en blanco aquélla y a su alrededor el color.
Se preguntará, añade Mélida, por qué se dice que
estas pinturas son del tiempo de la estación de Aurignac y no de la siguiente,
de la Magdalena, que es a la que principalmente corresponde Altamira.
«Sencillamente—contesta—, porque se han encontrado en esta misma caverna, y en
un horizonte o nivel más bajo, unos huesos que tienen dibujos grabados
representando animales de su mismo estilo, y este es dato seguro de
clasificación que el Sr. Alcalde del Río ha podido aportar, para que a las
pinturas de las bóvedas de la caverna, de igual estilo, las podamos dar una
clasificación cronológica determinada. »
En la cueva de Altamira aparecen dibujados otros
animales; pero, además de haberlos trazado, dibujado o grabado con una punta de
pedernal en la roca, lo dibujado se ha cubierto de color. Los colores son ocre
o rojo, y algunas figuras están como contorneadas de negro, perfiladas de
negro. Este es ya el arte de la Magdalena, un escalón más, y, por tanto, un
dato de clasificación.
En la roca de Cogul, en la provincia de Lérida, se
ofrecen estas pinturas, y vemos otro paso más en sentido progresivo, porque en
ellas contemplamos, además, la figura humana, y hasta con rasgos indumentarios
interesantes. Esas mujeres con los pechos caídos, como las salvajes actuales, y
con su falda corta, nos dan idea de lo que España ha sido en aquellos remotos
tiempos. Pero, cosa rara, al propio tiempo que estas pinturas, aparecen en la
roca de Cogul otras, como la de un cazador de ciervos, que constituyen una
manifestación de un arte esquemático a todas luces distinto del primero. En
este sentido puede muy bien afirmarse que, así como en la nueva de Altamira, y
como en la mayoría de las restantes de las provincias de Santander y de
Asturias, se ha visto perfectamente que algunas de sus figuras estaban
dibujadas unas encima de las otras, lo que indica claramente que hombres de
distintas generaciones han ido dibujando figuras allí, sin cuidarse para nada
de lo que sus antecesores habían dibujado, también en el caso de la roca de
Cogul se trata de la obra de artistas muy diversos. En contra de la opinión
sustentada, en general, por los investigadores franceses de las cavernas
españolas de que estas pinturas son paleolíticas, hoy podemos presentar en
España ejemplos y pruebas de que hay mucha parte de estas pinturas que es
neolítica. Acaso las figuras esquemáticas de la roca de Cogul, a que acabamos
de referirnos, sean de la época de transición o de la misma neolítica. En
Calapatá (Teruel), el Sr. Cabré ha descubierto otras pictografías en que se
representan unas vacas con el mismo realismo de las pinturas de Altamira. Pero,
a juicio de Mélida, hay en ellas una finura tal de dibujo, que las coloca entre
las de Altamira y las mejores pinturas de Cogul, o, por lo menos, como
contemporáneas de estas últimas. También encontramos en Calapatá la figura
humana, y, al parecer, trazada por artistas posteriores a la generación que
pintó las vacas.
Las interesantes figuras de la cueva de Alpera, con
multitud de representaciones de hombres y de mujeres, no sólo nos revelan el
hecho de que en su trazado han tomado parte artistas pertenecientes a distintas
generaciones, sino que nos da preciosos datos acerca del indumento de los
salvajes que poblaban España, con plumas en la cabeza, exactamente como los
salvajes actuales, como los antiguos indios americanos, etc.
Continúa la pintura, mejor dicho, el arte rupestre,
en la época neolítica, con un carácter esquemático que viene a convertirse en
jeroglífico, y llegamos a encontrar en él las primeras manifestaciones
ideográficas, o sean los orígenes de lo que en España llegó a ser una
escritura. El carácter de las pictografías que se ven en las rocas de Egipto es
todavía distinto al de la escritura jeroglífica, y, en cambio, tiene muchos
puntos de contacto con las pictografías españolas. Algunas de éstas fueron ya
publicadas por Góngora; pero como entonces no se conocía nada de esto en
España, no se prestó al hecho la atención que merecía.
Cosa singular, como hace notar Mélida: el hombre
neolítico se nos ofrece, y estas pictografías lo confirman, como mucho menos
artista que el paleolítico. Los objetos industriales, las manifestaciones
artísticas de otro género, los ídolos neolíticos, son realmente de tal modo
infantiles, que no resisten la comparación con las figuras paleolíticas. En
cambio, en lo que se revela más artista el hombre neolítico es en la
ornamentación. Es, en resumen, un hombre que tiene otra condición artística
distinta de su antecesor, ¿Quién es este hombre neolítico en España? ¿Es el
ibero, como pretende Siret? Desde luego, lo que sí puede asegurarse es que la
vida neolítica se ofrece, no sólo en España, sino en general en Europa, como un
cambio total, absoluto en el modo de vivir. A aquel hombre de vida tan difícil,
disputando las cuevas a los animales fieros, sustituye ahora, disfrutando ya de
un clima mucho más templado que favorece grandemente el desarrollo de la vida,
un hombre agrícola, que se reúne en agrupaciones humanas, supuesto que llega a
construir los palafitos o ciudades lacustres que son la característica en
Europa del hombre neolítico.
Ahora bien; parece indudable que en algunas
regiones, y muy especialmente en nuestra Península, la vida había de
desarrollarse de un modo completamente diferente, y aun cuando se admita como
demostrado el hecho de que en la provincia de Gerona y en el lago Carregal, de
Galicia, se hayan encontrado, como se pretende, restos de palafitos, lo
positivo es que el hombre neolítico en España ha vivido, en general, de muy
diferente manera. El hombre neolítico ha vivido aquí primeramente en cuevas,
como su antecesor, el paleolítico; después ha abierto grutas, y respecto de
ellas surge un nuevo problema, por la existencia de ciertas grutas que se han
encontrado en diferentes puntos de la Península y de las Islas Baleares. Estos
hallazgos son, por otra parte, pocos hasta la fecha, indudablemente por el
hecho de que, como apunta Mélida, estas grutas no han sido tan buscadas como
las cavernas de la época paleolítica y sus pinturas. Nos referimos a una serie
de grutas abiertas en riscos y dispuestas de manera que forman a modo de
distintos pisos de una casa.
Es el caso de las grutas de Perales de Tajuña, en
la provincia de Madrid, y de Salas de los Infantes, en la provincia de Burgos;
de las grutas de Bocairente, en la de Alicante, y de algunas otras halladas en
las Islas Baleares. ¿Por qué atribuir—pregunta Mélida—estas grutas a los
hombres neolíticos? Estas cuevas, abiertas en riscos, dispuestas en pisos que
comunican entre sí, pero que hacen muy difícil el ascenso, es decir, en una
disposición semejante a la que tenían aquellos indios pueblos del norte de América,
de que nos hablan los conquistadores españoles, que tenían, al decir de éstos,
sus habitaciones como escalonadas en las rocas, y subían por escaleras que
quitaban para evitar que subieran las personas que vinieran a turbarlos.
Aquí se ofrece un caso análogo, pues por medio de
escaleras se subía a esas habitaciones. Pero ¿por qué hemos de entender que son
neolíticas estas cuevas? El dato que hay para esto es el que nos ofreció un
artista, el Sr. Loredo, que exploró en los riscos de Perales de Tajuña algunas
de las cuevas de mayor altura y sacó de ellas hachas pulimentadas, es decir,
pertenecientes a la época neolítica. Por consiguiente, debemos creer que esa ha
sido una forma de la vida neolítica en España; pero fuera de esta forma, de la
variada serie de cabañas, en las que indudablemente ha debido vivir el hombre
neolítico en regiones favorables como la de nuestra Patria, nada o casi nada se
ha encontrado.
Por otra parte, respecto de la clasificación de las
antigüedades neolíticas, las divisiones que se pueden establecer desde el punto
de vista cronológico, como se han establecido, como acabamos de ver, respecto
de las paleolíticas, son muy difíciles de establecer, supuesto que carecemos de
toda verdadera guía que venga, como ocurre con los datos zoológicos y
geológicos del período paleolítico, a suplir hasta cierto punto la cronología
escrita. En este período neolítico no nos queda otro recurso que el examen
directo de las mismas obras, por cuyo progresivo perfeccionamiento y mutua
comparación poder deducir algún dato cronológico de valor sólo muy relativo.
Hay que añadir, y es este un dato muy importante, que ya desde los tiempos
neolíticos España es muy regionalista, porque los utensilios y demás objetos de
cada una de las distintas regiones apenas ofrecen semejanzas con los
pertenecientes a región distinta, y es éste un hecho que en muchos casos
dificulta extraordinariamente todo intento de clasificación.
Generalmente, y fuera de España, se establecen tres
períodos dentro de la edad neolítica, siendo el último el eneolítico, en el que
aparece ya el cobre. Respecto de los metales, es interesante recordar que en la
cueva de los Murciélagos, uno de los hallazgos más importantes de la edad
neolítica, de cuyo hallazgo dio cuenta el Sr. Góngora en su libro Antigüedades
prehistóricas de Andalucía, se encontraron, además de muchas puntas de
flecha, algunos cadáveres. Los cadáveres estaban juntos, uno de ellos sentado y
con una diadema de oro, la cual se conserva en el Sacro- Monte de Granada. Esa
diadema de oro indudablemente se ha trabajado, como materia maleable,
golpeándola con hachas de piedra; pero, al fin y al cabo, y aunque aquellos
hombres desconociesen el valor que en nuestros tiempos damos al oro, es
indudable que lo han usado y que lo han empleado como un adorno, como una joya,
porque han visto que tenía brillo y era una cosa bella. Y, sin embargo, los
hombres de la cueva de los Murciélagos no han conocido todavía el cobre.
El período eneolítico, en que empieza a utilizarse
ya el cobre, pero en el que todavía subsiste la industria de la piedra, ha
adquirido tal importancia en España, que, como hace notar Mélida, casi vamos a
hacer con él otra edad prehistórica. El que más se ha ocupado en el estudio de
este período eneolítico en España, y sobre todo en Alemania y en todo el
sureste de España, que es donde se presenta con caracteres más interesantes, es
Siret. Esto autor hace notar cómo, ya hacia el final del período, se advierte
una corriente de una civilización bastante refinada. El término de ella es la
aparición del bronce; pero el hombre eneolítico siente, indudablemente, una
influencia extraña. El primer indicio que tuvo Siret de ello fue el hallazgo de
unos ídolos completamente idénticos a los encontrados en Troya. Hoy, con muy
buen juicio, y gracias a la rectificación muy acertada de Dechelette, se piensa
que fueron los antehelenos, y no en modo alguno los fenicios, los que dieron
origen, o por lo menos los que influyeron en esta civilización de la región
sureste de España. La civilización antehelénica del Mediterráneo, de la que se
ocupa Garrison en la página 65 y siguientes del primer tomo de esta obra, con
sus expansiones marítimas, ha llegado hasta las costas de España y ha
comunicado a ésta su influjo. Aquí nos encontramos, como dice Mélida, con un
pueblo del que apenas hay referencias históricas, puesto que es un pueblo
protohistórico.
La cronología del período neolítico, establecida,
principalmente para Francia, por Dechelette, se divide en cuatro períodos: Del
primero no se conocen ni sepulturas ni dólmenes; hay hachas talladas y hachas
pulimentadas de figura triangular, y cuya sección ofrece dos puntas ojivales.
Al segundo período corresponden dólmenes sencillos, hachas más bien
rectangulares que triangulares y de bordes escuadrados. Al tercer período
pertenecen los dólmenes llamados caminos cubiertos, las hachas
gruesas de bordes escuadrados y de sección cuadrada en la parte media, y bellos
cuchillos de pedernal con mango. El cuarto período, en fin, es el de los cofres
de piedra, las hachas-martillos perforadas, los bellos cuchillos de pedernal
con mango y hoja ancha.
En España, según Obermaier, Bosch Gimpera, etc. se
admite como principales representaciones de la transición del paleolítico al
neolítico, o sea del llamado período azilio-tardenoisiense, la
cueva de la Paloma y la del Cueto de la Mina (Asturias) y las cuevas del
Castillo, del Valle, Rascaño, etc. (Santander), extendiéndose también esta
civilización por Vizcaya y algo por el centro de la Península, como lo
demuestran los hallazgos de Aguilar de Anguita y los de Alcolea del Pinar, en
la provincia de Guadalajara, ambos pertenecientes al final de la cultura
capsiense, íntimamente enlazada, como sabemos, con los tipos tardenoisienses.
También se han encontrado cuevas y abrigos en Murcia y Albacete.
Una fase más avanzada la tenemos en Asturias, cuya
importancia en esta fase de la cultura prehistórica ha dado lugar a que
Obermaier cree la época asturiense, de la que hay ejemplos en las
cuevas del Penicial, de Cueto de la Mina, Fonfría, Mazaculos, etc. y en
Posadas, encontrándose también kiokkemmoedings, pero no al aire libre, ni
tampoco en el interior de las cuevas, sino a la entrada de las mismas.
Las pinturas y grabados de la edad neolítica pueden
dividirse del modo siguiente:
1°. Grupo más
naturalista: Pinturas de la región de la Laguna de la Janda (Cádiz), Los
Casijorros (San Lorenzo, Jaén) y el Peñón de la Granja (Miranda del Rey, Jaén);
las Batuecas (Salamanca).
2°. Grupo más
estilizado: Figuras neolíticas de los frescos paleolíticos de Cogul, Alpera,
etc. Figuras esquemáticas de las Batuecas, la Pileta (Benajoán, Málaga),
Fuente-Caliente, Aldeaquemada y otras estaciones de Sierra Morena; cueva de la
Granja en Jimena (Jaén), Vélez Blanco (Almería), etc. Grabados de la Laja de
los Husos, cerca de la Laguna de la Janda (Cádiz), de la Torre de Hércules
(Coruña), de la Eira dos Mouros (San Jorge de Pacos, Pontevedra).
3°. Pinturas
del eneolítico avanzado: Peña Tú (Puertas, Asturias). Constituyen un
interesante problema las esculturas de las cuevas de Maquínes (Alava) y las
pinturas que se han supuesto que constituyen ídolos eneolíticos de las cuevas
de Sepúlveda (Segovia).
De los monumentos megalíticos, el primer período,
constituido por dólmenes sencillos de cámara poligonal, generalmente de gran
tamaño y sin corredor o con corredor cubierto, tiene su núcleo principal en
Portugal y tal vez en algún punto de Galicia. El segundo período corresponde al
eneolítico inicial, y también presenta sus principales representaciones
(sepulcros de corredor desarrollado y galerías cubiertas) también en Portugal.
El tercer período de los anteriormente indicados ofrece ejemplares en Extremadura,
Salamanca, Andalucía, Guadalajara, Navarra y Cataluña. Este período es
enolítico; en él aparece ya usado el cobre; presentan puntas de flecha, de base
muy hendida.
Corresponden a él el sepulcro de corredor de
Lumbrales (Salamanca), las galerías cubiertas de Carmona (Sevilla), los
sepulcros de cúpula de Gor (Granada), loma de Belmonte en Mojacas, llano de la
Atalaya en Purchena, Los Millares en Gádor y Almizareque en Cuevas (Almería).
En la misma Andalucía hay sepulcros, sin objetos ni material prehistórico, pero
muy interesantes desde el punto de vista arquitectónico (cueva de la Pastora en
Castilleja de Guzmán (Sevilla), Cueva del Romeral en Antequera).
Como cuevas propias del período neolítico puro
debemos recordar la cueva de la Mujer (Alhama de Granada), la de los
Murciélagos en Albuñol (Granada), la de Boquique en Plasencia (Cáceres), y
cueva Lóbrega en Logroño.
Se ha discutido mucho la existencia de palafitos en
España, queriendo admitir como tal el poblado de Caldas de Malabella y algunos
hallazgos de Galicia y Valencia. Son notables los poblados de Los Millares
(Gádor) y Almizareque (Cuevas), ambos en la provincia de Almería.
Como sepulcros de la época, pero no megalíticos:
Encinasola (Pluelva), Vélez-Blanco (Almería) y Monte-Alegre (Albacete). Del
período eneolítico son extraordinariamente notables el de Valderrobres, que
consta de una fosa con varios cadáveres, y el de Calaceite, ambos en Teruel.
Contienen puntas de flechas de sílex, de tipo avanzadísimo, en Valderrobres
clavadas en los cráneos.
Con el período eneolítico y la edad del bronce se
relaciona el problema de la explotación de las minas de cobre de España, que
debió comenzar por las de Almería y Sur de Portugal.
A la edad del bronce corresponden unas sepulturas
especiales análogas a las nuragas de Cerdeña y a las giganteyas de
Malta; son los talayot (atalayas). Son numerosos en Menorca,
cerca del mar, y aparecen dispuestos en forma que los unos dominan a los otros.
Son osarios en los que se depositaban los huesos, y se relacionan con la
costumbre existente, según Silio Itálico, de exponer los cadáveres a las aves
de rapiña y echar después los huesos a los osarios. La exposición de los
cadáveres debía hacerse, en las Baleares, en las taulas, monumentos
megalíticos muy curiosos, compuestos de una piedra horizontal sostenida por
otra vertical y a bastante altura para que no alcance una persona. En la
Península hay, en esta época, las construcciones ciclópeas, restos de las
primitivas murallas de Tarragona, restos de las de Gerona, Sagunto, de las
primitivas de Barcelona, el castillo de Ibros (Jaén), el castillo ibérico
descubierto por el marqués de Cerralbo en Santa María de Huerta y algunos
restos de una ciudad fortificada cerca de Fregenal de la Sierra, etcétera,
etcétera.
Según Bosch y Gimpera, y en contra del modo de
pensar de Mélida, Siret y otros, hay que admitir una completa independencia de
la evolución cultural española en este período, respecto de los centros de
cultura antehelénica. Los sepulcros de cúpula españoles son muy anteriores a
los de Micenas, y los ídolos de piedra neolíticos y la cerámica de El Algar,
etcétera, no tienen analogía con nada de Minos ni de Creta.
§. Edad del hierro
Dividida, en Europa, en dos: la primera,
representada por los hallazgos del cementerio de Hanstädt, en Austria (900 a
500 años antes de Jesucristo), y la segunda, por los famosos hallazgos de La
Tène, en Suiza (300 años antes de Jesucristo). El marqués de Cerralbo ha
encontrado una serie de necrópolis ibéricas en Guadalajara y Soria, con
hallazgos correspondientes a ambas edades.
Los fenicios influyen en el sur y los griegos en el
este de España. Son muy interesantes las excavaciones de Ampurias (fundada por
los fóceos de Marsella hacia 598-541 antes de Jesucristo). Los hallazgos del
centro de la meseta castellana tienen mucha analogía con la edad de La Tène.
Muy importantes los hallazgos fenicios: sarcófago
de Cádiz (siglo y antes de Jesucristo), con gran influjo griego; sepulturas de
Carmona (siglo vil antes de Jesucristo), de Ampurias, Ibiza, Numancia, etc.
Esculturas griegas en bronce encontradas en la provincia de Murcia. Huevos de
avestruz pintados, de influjo egipcio, transmitido por los fenicios.
Al propio tiempo existe un arte indígena sumamente
interesante, al que pertenecen el toro de Balazote, de influencia caldea o
asiria, lo mismo que el león de Bocairente, el león de Mérida, etc. La más
hermosa de estas esculturas es el busto de Elche, actualmente en el Louvre de
París, que corresponde en su tipo a la primitiva escultura griega. Como
imitaciones deben mencionarse las estatuitas del cerro de los Santos y las
figurillas en bronce del santuario de Despeñaperros, así como los otros
objetos, como fíbulas, broches, lámparas, vasos, etc. de los que tantos y tan
interesantes ejemplares van descubriéndose en España.
Toda esta enorme riqueza prehistórica de nuestra
Patria es, como hemos visto, de hallazgo reciente. Esto explica el que los
estudios de la medicina prehistórica no hayan dado todavía fruto; pero a la vez
hacen esperar el que en plazo no remoto han de darlo, y a nuestro juicio de
gran valor.
No podemos extendernos más en este asunto, pero con
lo dicho creemos haber demostrado lo mucho que ofrece de particular y propio la
prehistoria en España.
También la medicina popular es extraordinariamente
interesante, pero tampoco ha sido debidamente estudiada. Hace algunos años, de
1883 a 188O, empezó a publicarse en Sevilla, y luego en Madrid, una obra que
llevaba el título de Folklore: «Biblioteca de las tradiciones
españolas», y en ella se estudiaban las costumbres andaluzas, por Montoto; los
cuentos populares españoles, por Antonio Machado; las supersticiones andaluzas
populares, por Guichot; el mito del basilisco, por este mismo autor; el folklore madrileño,
por Olavarría; los juegos infantiles de Extremadura, por Hernández del Soto;
el folklore gallego, por Emilia Pardo Bazán; el cancionero
popular gallego, por Pérez Ballesteros; el folklore asturiano,
por Giner Arribau, etc. Este interesante estudio, en el que había algunos datos
de gran valor desde el punto de vista de la medicina popular, ha quedado
desgraciadamente interrumpido. En este mismo sentido han trabajado también en
España Rodríguez Marín, Menéndez Pidal, Costa, Menéndez Pelayo y algunos otros.
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II. Época romana
Entre los españoles notables, desde el punto de
vista de la historia de la Medicina, en este período deben ser citados los
Sénecas y Columela.
Lucio Anneo Séneca nació en Córdoba en el año 4 de
nuestra era. En sus cartas habla con gran independencia de juicio de la
producción de las enfermedades por el lujo y la ociosidad, por el abuso de los
baños demasiado calientes y de los medicamentos, y recomienda, como
tratamiento, la sobriedad y el vivir al aire libre. Censura con amargas
palabras a los charlatanes y curanderos; pero tiene, en cambio, en una de sus
más hermosas obras (De beneficiis, libro VI), frases de gran
elogio para los buenos médicos.
En todas las obras de Séneca se revela una
inteligencia poderosa y brillante, inclinada, de un lado, a buscar las galas de
la forma y los aplausos de la multitud, y, de otro, educada en la severidad del
juicio y del razonamiento. De esto se deducen sus buenas cualidades y sus
defectos: profundo conocimiento del corazón humano, hasta sus más recónditos
sentimientos; expresión feliz y enérgica de las impresiones psíquicas, y, en
cambio, rebuscamiento, en ocasiones, de la frase y afán por las antítesis y las
metáforas. En Filosofía no fue exclusivamente estoico, sino que supo dejar a un
lado las exageraciones y paradojas de aquella escuela, tomando de las otras lo
que en ellas encontraba bueno, con una tendencia, romana y española a la vez,
inspirada en el buen sentido y en la conciencia de las enseñanzas de la
experiencia y de la vida.
Marco Anneo Séneca, hermano mayor del anterior, y
como él nacido en Córdoba y educado en Roma. Es citado por Plinio, en su Historia
Natural, como uno de los autores de que se había valido para escribir
acerca de las medicinas que se hacen con las plantas que se siembran en
los huertos.
L. Giunio Moderato Columella nació en Cádiz, siendo
contemporáneo de los Sénecas. Es autor de la obra De re rustica, en
12 libros, y de otra De arboribus, que formaba parte de un trabajo
más extenso. Es un escritor apasionado de los estudios agrícolas, que lamenta
el abandono en que los habían dejado los romanos.
III. Época visigoda
Se observa una gran decadencia de la cultura,
incluso en aquellos centros que, como Córdoba, habían sido notables por su
intelectualidad en los tiempos romanos. El arte médico desciende a ser un
oficio. En el Derecho visigodo se encuentran regulados los honorarios y los
deberes de los médicos, así como señaladas también las penas, a veces muy
severas, en que incurrirían en el caso de faltar a éstos.
Como ejemplo de la intervención del clero en la
Medicina en aquellos tiempos se cita siempre la operación cesárea, efectuada
por el obispo Paulus de Mérida (530-560?) y la fundación de un hospital en la
misma ciudad por otro obispo, Masona (580). Mérida es la ciudad más importante,
y en ella se notan las influencias griegas y bizantinas.
San Isidoro de Sevilla (570-636) está reputado, con
razón, como el hombre más sabio de su época. Su obra más importante es
las Etimologías (Originum s. Etymologiarum libri XX, ed.
Friedr. Wilh. Otto. Lips. 1883, in Lindemanns Corp. grammaticor latin
veter., Tom. III, y además en la edición completa de Arévalo, Roma,
1797-1803). Es una enciclopedia que abarca todos los ramos del saber, incluso
la medicina (libro 4°).
IV. Medicina árabe
Se encuentra muy bien estudiada por Garrison[1000], y no creemos dada la falta de espacio de que disponemos, necesario
insistir. Únicamente diremos que la época del Califato de Córdoba (755-1031)
puede, en justicia y desde el punto de vista de la civilización, calificarse
de edad de oro, y a Córdoba designársele con el nombre de la Bagdad
de Occidente. Con la venida de los árabes, y sobre todo bajo el cetro de los
Omniadas, experimentó España un considerable aumento en su riqueza económica
(traída de plantas útiles, bellas y alimenticias de Asia y de África; crianza
de animales domésticos; construcción de caminos, jardines y canales; progresos
de la industria, especialmente en tejidos, sedería, bordados, cerámica, cueros,
afamados en todo el mundo, etc.). La belleza del clima de Andalucía influye
notablemente en la cultura y en el arte árabes, comunicándoles una poesía y un
encanto especiales, de que carecía en Oriente.
Abderramán III eleva el califato español a su más
brillante altura, recibe embajadas del emperador de Bizancio y de Otón I de
Alemania; aumenta considerablemente la riqueza de su reino y protege más aún
que sus antecesores, a los artistas, poetas, sabios y médicos. Ya en su tiempo
celebraban los sabios reuniones científicas. Hakam II lleva a Córdoba,
remunerándoles regiamente, los sabios más notables de Bagdad; él mismo tomaba
parte en las discusiones científicas; era muy aficionado a la lectura, habiendo
dejado notas muy discretas en los numerosos escritos que leía; hizo comprar en
todas partes, y por fabulosas sumas, gran número de libros, fundando la
biblioteca de Córdoba, que poseía varios cientos de miles de obras; creó una
Academia, cuyos miembros debían ocuparse especialmente de Historia, Historia de
la Literatura y Ciencias Naturales, así como un gran número de escuelas
populares (en Córdoba, 27). ¡Nunca había llegado en el mundo la cultura a tan
alto grado!
Todavía en el siglo XII tenía la España árabe 70
bibliotecas públicas y 17 escuelas superiores. No sólo en Córdoba, sino también
en Almería, Murcia, Málaga, Granada y Valencia, la asistencia a las escuelas
elementales era obligatoria para todos los niños desde los seis años. Los
sabios y los hombres amantes del saber daban conferencias y clases libres
acerca de diversos problemas científicos. Estos profesores vivían de ordinario
del ejercicio de otra profesión (lectores del Corán, predicadores, jueces, médicos,
comerciantes, etc.). Únicamente en la época de la decadencia empiezan las
fundaciones y testamentarías a crear establecimientos bien dotados dedicados a
las diversas enseñanzas (especialmente para Teología, Jurisprudencia, Filosofía
y Gramática). Reciben, en general, estos establecimientos el nombre de
«Medresen» Estaban unidos a las mezquitas y tenían grandes bibliotecas, salas
de lectura y habitaciones para los maestros. Existieron 17 en España.
El florecimiento de esta cultura árabe, que tal vez
no tenga analogía en el mundo mas que con la civilización griega, pues
sobrepujó notablemente en vitalidad y en multiplicidad de aspectos a la de la
Roma imperial, y en extensión a todas las civilizaciones anteriores, se mantuvo
hasta el siglo xi y aun parte del XII. El siglo XIII, con la caída del califato
de Córdoba en 1236, es el de la definitiva decadencia. A ella ha contribuido
principalmente la feroz intransigencia religiosa de los almorávides y almohades.
En esta vida cultural han desempeñado un papel muy
importante los judíos, que hasta la conquista de España por los árabes habían
estado muy oprimidos por los visigodos. Bajo el dominio árabe encontraron una
gran tolerancia y pudieron desplegar libremente todas sus actividades,
alcanzando muchos de ellos puestos elevados en la corte (visires, embajadores,
etc.). Sus grandes conocimientos lingüísticos les hacían muy útiles para la
difusión de la cultura, y por sus estudios se hicieron muy pronto notables en diferentes
aspectos de la ciencia, como filósofos, médicos y poetas (Ibn Gabirol, Jehuda
Ha-Levi, Maimónides, etc.). En notable contraste con el notable influjo que
ejercen en Oriente los nestorianos y los sirios, alcanzan muy escasa
significación para la cultura árabe los cristianos españoles, a causa de que,
en general, el clero en España era mucho más ignorante que en Oriente.
V. Los benedictinos
En la cultura española ejercen notable influjo los
frailes franceses, y muy especialmente los monjes de Cluny, y posteriormente
los de Citeaux, que vinieron a España con el fin de reorganizar los conventos y
ejercieron bien pronto una marcada influencia en todos los órdenes de la vida,
substituyendo el rito muzárabe por el rito latino e introduciendo grandes
novedades en las costumbres y en la cultura. Su influencia se marca
especialmente durante el reinado de Alfonso VI. Toledo, reconquistado por este rey
en 1085, llega pronto a eclipsar, como centro cultural, a Córdoba, siendo
famoso por sus médicos, sus filósofos, sus teólogos y sus magos, y, sobre todo,
por su escuela de traductores y comentadores, fundada por el arzobispo
Raimundo. Acuden bien pronto a Toledo los sabios de todos los países, figurando
entre ellos Pedro el Venerable, abad de Cluny, que ordena hacer a un judío la
primera traducción del Corán; el médico Gerardo de Cremona y
Harman, el alemán. El arcediano de Segovia, Dominico Gondisalvo, recopila y
organiza esta erudición toledana, publicando una obra en la que aparece como el
más lógico y el más radical de los panteístas de la Edad Media. Para algunos
escritores, Gondisalvo viene a constituir, con Alfonso X el Sabio, la más alta
representación del pensamiento y de la ciencia castellanos. La enseñanza
comienza a organizarse. En los últimos años del siglo XII funda Alfonso VIII la
primer Universidad española, la de Palencia. Alfonso IX funda, hacia 1215, la
famosa Universidad de Salamanca, favorecida con privilegio por Fernando III el
Santo en 1243, y con bula pontificia en 1255. El mismo Fernando III establece
en Valladolid unos Estudios generales sobre la base de los eclesiásticos que
existían desde 1095 por creación del conde Ansúrez, fundador de la Iglesia
Abacial. El rey concedió 10.000 maravedíes y nombró profesores de Derecho y de
otras materias. Desde este momento puede decirse que queda establecida en
España la enseñanza superior en Castilla, cuyo gran desarrollo corresponde a la
segunda mitad del siglo XIII y años posteriores.
En 1255) Alfonso el Sabio obtiene del papa
Alejandro IV una bula para constituir una Academia de Medicina, a la que
acudían médicos venidos de Córdoba y de Toledo para dar una enseñanza cuya base
estará formada, esencialmente, por el Canon de Avicenas y
el Colliget de Averroes.
En 1067, el Cid había fundado el lazareto de
Palencia. De 1212 es la fundación, por los monjes del Cister, de hospitales en
Burgos, y de 1214 la creación de los hospitales de las órdenes de San Antonio y
San Lázaro.
En el siglo XII se instituyeron en Zaragoza, para
peregrinos y enfermos, los hospitales de San Bartolomé, La Seo y San Pablo,
además de una leprosería. En Cuenca, el de Caballeros de Santiago y el de San
Antón, y en León, otro para peregrinos. En el siglo XIII se fundan los
hospitales para la enfermedad llamada fuego de San Antonio (ergotismo), siendo
los más notables los de Castrojeriz y Burgos. En Valladolid se fundan los
hospitales de San Lázaro, en la orilla derecha del Pisuerga, y los de Santa
María de Esgueva, Todos los Santos, San Pedro Mártir, D. Pedro Mago y D. Ñuño
Pérez.
Raimundo Lulio (1235-1315)
De las grandes figuras de la Medicina y la
Filosofía en Cataluña, Arnalijo de VILLANOVA y Raimundo Lulio, se ocupa ya
Garrison en el primer tomo de esta obra[1001];. así que, faltos de espacio y tiempo, renunciamos, con gran
sentimiento, a ocuparnos de ellos con la extensión que merecen[1002].
VI. La medicina española en el siglo XV
El siglo XV, en el que termina la Edad Media, se
señala en España por importantes progresos que preparan y anuncian el gran
siglo o edad de oro. Es este un período de
organización, unificación y concentración, y en él se han producido grandes
acontecimientos, como la unión de Aragón y Castilla, la conquista de Granada y
el descubrimiento de América. En 1474 traen los alemanes la imprenta a Barcelona.
El edicto de 1492, por el cual Fernando el Católico
priva a España de todos los recursos de la cultura semita, constituyó
indudablemente una grave falta. Sin embargo, podemos afirmar que sus
consecuencias no fueron, en realidad, tan desastrosas como lo hubieran sido de
no haber conquistado Mahomed II a Constantinopla cuarenta años antes. La
ciencia de los árabes y de los judíos iba a perderse para España; pero ya nos
encontrábamos con la de los griegos para reemplazarla. Hay que considerar, en
efecto, que el reino de Nápoles, donde fueron a refugiarse los sabios de
Constantinopla en su mayor parte, pertenecía entonces al reino de Aragón. Así,
la victoria de los turcos en Oriente, por una especie de paradoja, venía a dar
un golpe decisivo al arabismo en Occidente. Ilustres eruditos españoles, como
Arias Barbosa, Reinoso y otros, salieron de las escuelas greco-latinas. Hay
quien opina que esta intrusión brusca de la cultura bizantina en el mundo
moderno que comenzaba a formarse tuvo el inconveniente de detener a éste en las
vías del progreso adonde le guiaban los libres espíritus de Dante y de
Petrarca, para lanzarle de nuevo hacia el pasado. Sea de esto lo que quiera, lo
que podemos afirmar es que el año 1453, con la toma de Constantinopla, marca
una radical mudanza en la cultura y señala, por tanto, el término de la Edad
Media.
En esta época, España comienza a organizar
seriamente la enseñanza y la práctica de la medicina. Ya a fines del siglo XIV,
D. Juan I había intentado legalizar esta profesión, hasta entonces abandonada
en manos de innumerables charlatanes; pero son realmente sus sucesores Enrique
III el Doliente y D. Juan II, los que comienzan a fundar verdaderamente la
legislación médica. Enfermizos uno y otro, se rodean de los mejores médicos de
su época, sufriendo la beneficiosa influencia de los mismos. Don Juan II crea,
por decreto de 1422, un Tribunal de Alcaldes y Examinadores especiales para
apreciar la competencia de los que pretendan consagrarse a la ciencia de curar.
Alfonso Chirino. y más tarde Fernán Góhez, llamado el Bachiller de
Ciudad Real, y a quien se ha supuesto erróneamente autor del Centón
epistolario, desempeñan las funciones de protonédicos, es decir, de
alcaldes y examinadores mayores de los físicos y cirujanos de los reinos y
señoríos de España. Enrique IV confirma estas prerrogativas y fueros, que los
Reyes Católicos, a su vez, ratifican por Ley de 30 de marzo de 1477.
Los privilegios concedidos a los médicos fueron tan
grandes, que los procuradores de las Cortes reunidas en Zamora en 1432 y en
Madrigal en 1438 elevaron al rey una queja acerca de esto que ellos
consideraban como un exceso; pero las Ordenanzas reales de 1435 y de 1438
demuestran que los soberanos no modificaron en nada estos privilegios. Uno de
éstos, concedido al Tribunal del Protomedicato, era que ninguna autoridad civil
ni de ningún otro género podría intervenir en los asuntos de la Facultad. Los
médicos fueron, por consiguiente, en España aquellas personas a quienes, en
primer término, se aplicó una jurisprudencia especial, supuesto que este
Tribunal del Protomedicato data de 1422, en tanto que el Consejo Real y la
Chancillería de Valladolid no fueron creados hasta 1442; la Chancillería de
Ciudad Real, en 1494; la de Granada, en 1595; el Consejo de Indias, en 1511 y
modificado en 1524; el Tribunal de la Inquisición, en 1483; el Tribunal de
Cruzadas, en 1509, y el Consejo de Hacienda, en 1602.
Al propio tiempo, iban fundándose nuevas
Universidades. La de Valencia, en 1411; la de Barcelona, en 1450; la de
Zaragoza, en 1474; la de Mallorca, en 1483, y, finalmente, en el último año del
siglo, la de Alcalá de Henares, que llega pronto a ser rival de la de
Salamanca, por el Cardenal Cisneros.
Las instituciones sanitarias y filantrópicas se
multiplican notablemente, hasta el extremo de que desde este punto de vista
España va por delante de todos los restantes pueblos de Europa. La higiene ha
realizado en nuestra Patria sus primeros grandes progresos. La limpieza pública
e individual era entonces, y al contrario de lo que más tarde ha ocurrido,
objeto de más cuidados que en ningún otro país. No debemos olvidar que muchos
autores atribuyen a los españoles dos inventos importantes desde el punto de vista
de la higiene y de la limpieza: la camisa y el tenedor.
Los asilos de alienados, o casas de orates, como se
llamaban, se fundan en 1409 en Valencia, en 1425 en Zaragoza, en 1436 en
Sevilla y en 1473 en Toledo. La fundación de manicomios en Inglaterra, Francia
y Alemania es muy posterior.
La morbería, establecida en
Mallorca durante la epidemia de peste de 1474, inaugura en España el sistema
de cuarentenas, que se había iniciado en Venecia (1403)) Marsella
(1383) y Ragusa (1377)[1003].
Las leproserías se multiplican en el siglo XV, y su
dirección no corresponde ya al clero, sino a los llamados alcaldes de lepra.
Isabel la Católica instituye los primeros servicios
de hospitales militares en campaña, como se desprende de los escritos de Hernán
Pérez del Pulgar y de los términos muy explícitos de una carta en latín escrita
en 1489, por Pierre Martyr d’Angleria al cardenal de Milán. Por último, tenemos
que mencionar la creación de los médicos de cámara, destinados al servicio de
los reyes. En esto último, España no ha hecho mas que copiar las costumbres de
la corte de Borgoña. Los médicos de cámara, según afirman documentos
conservados en el Archivo de Simancas, tenían que pertenecer a la nobleza.
Por lo que respecta al estudio de la Anatomía, se
conceden a los médicos algunas facilidades para su estudio. Ya en 1240 parece
que Fernando III el Santo había creado una cátedra en la Universidad de
Palencia, cátedra que fue trasladada a Salamanca por Alfonso el Sabio. Se
practicaba entonces la disección; pero, según Adeva y Pacheco, fuera de la
ciudad, en un sitio próximo a la ermita de San Nicolás, probablemente en un
cementerio. Los médicos juzgaban más prudente ir a disecar allí que en la
ciudad, en donde la fuerza de los principios religiosos se lo hubiese
seguramente impedido. Sea de esto lo que quiera, lo positivo es que ya en el
siglo XV los Reyes Católicos no sólo autorizaban la disección, sino que
imponían, por su decreto de 1488, la pena de mil sueldos a todo el que se
atreviese a impedir una disección. Es muy posible que ninguna otra nación de
Europa cuente con una medida análoga en aquella época. A pesar de ello, los
progresos de la Anatomía no son demasiado grandes; las ideas fisiológicas siguen
siendo, poco más o menos, las de los árabes, que conocían muy mal la
estructura, y, por consiguiente, la fisiología de los órganos, a causa de
estarles prohibido rigurosamente por el Corán la abertura de
los cadáveres. Por lo que se refiere a la Cirugía, abandonada desde hace muchos
años en manos de los barberos, no comienza a perfeccionarse hasta el año 1490,
aproximadamente, fecha en que Antonio Amiguet, doctor en Barcelona, y Juan Vals
establecen una escuela para la enseñanza técnica. Hasta aquella fecha los
estudiantes de Salamanca no aprendían mas que a aplicar las curas y los
vendajes en un maniquí articulado. La única obra, en este sentido, que merece
señalarse es la Cirugía rimada, escrita en verso en 1412 por Diego
Cobo, de ideas extraordinariamente arabistas.
Los médicos españoles del siglo XV se ocupan de la
terapéutica en sentido polifármaco. Diego Álvarez Chaijca, compañero de
Cristóbal Colón en su segundo viaje, y Maestre Rodrigo Fernández dan a conocer
las propiedades de algunas de las plantas del Nuevo Mundo. Alfonso Chirino, de
Guadalajara, abad de Alcalá, primer médico de Juan II, alcalde y examinador
mayor de todos los físicos y cirujanos de todos los reinos y señoríos de este
rey, publicó en 1447 un libro titulado Espejo de la Medicina, en el
que, con el pretexto de regularizar la prescripción de los remedios, se
presenta como partidario de las mixturas muy complicadas, no constituyendo, en
realidad, ningún progreso real de la Medicina. Todo lo más, podemos señalar en
su abono la importancia que él concede al bazo en las fiebres intermitentes y
el empleo de las fricciones mercuriales en la sarna. Juan Villa traduce del
latín al castellano, con el título de Epidemia y peste, la obra del
portugués Vasco de Taranta, profesor de Montpellier; este libro, publicado en
1475 en Barcelona, pasa por ser la primera obra de medicina impresa en
castellano. El médico de los Reyes Católicos Juan Gutiérrez de Toledo, en su
obra De Potu in lapidispreservatione, se ocupa de la litiasis renal
y vesical, distinguiendo bien los cólicos nefríticos de los hepáticos. Esta
obra se publica en los años 1494 y 1498.
Pedro Pintor, valenciano y médico del papa
Alejandro VI, publica en Roma, en 1499, con el título Agregator
sententiarum de preservatione et curatione pestilentiae, una especie de
hipótesis astrológica y teosófica del mal venéreo. Consigna algunos datos
interesantes, como la afirmación de que la epidemia de lúes había estallado en
Roma en marzo de 1494, lo que parece hablar en contra del origen americano de
la misma. Gaspar Torrella, también valenciano y también médico de Alejandro VI
y después de Julio III, fue sacerdote y después obispo, asistiendo con esta
condición al quinto Concilio de Letrán. En Roma, en 1497, publicó su famosa
obra, impresa en caracteres góticos y dedicada al famoso César Borgia, entonces
cardenal diácono de Valencia. Esta obra contiene alguna observación
interesante, como la de mostrarse contrario al empleo abusivo del mercurio, al
que atribuye la muerte de Alfonso Borgia[1004]. En la segunda edición, publicada en 1499 en Blois, prescribe por
completo el empleo del mercurio. Torrella publica en 15 21 otra obra con el
título de Consilia de aegritudine pestífera et contagiosa, que
constituye una relación muy detallada de una epidemia de fiebres elevadas,
acompañadas de intenso delirio y rápidamente mortales, que fueron importadas en
1505 en Vizcaya por el escuadrón de Flandes, haciendo más de 6.000 víctimas en
las provincias del Norte, desde las que se propagó a toda España.
Francisco López de Villalobos, nacido en Valladolid
hacia 1496, hizo sus estudios en Salamanca, llegando a ser médico de cámara del
emperador Carlos V, y tomando, al final de su vida, el hábito de franciscano.
Ha adquirido celebridad por su obra en verso El licenciado Villalobos
sobre las contagiosas y malditas buvas, estoria y me le ciña, publicada
en Salamanca en 1498, pues es quizá la primera de este género[1005]. Comprende 74 décimas acerca de la etiología, sintomatología y
terapéutica (mencionando las fricciones mercuriales) de la sífilis.
En Alcalá, y en 1524, publica Villalobos otra obra
titulada Glosa literalis imprimum et secundum naturalis historia libros,
y en 1543 la titulada Los problemas de Villalobos, dedicada al
príncipe Don Luis de Portugal. Villalobos se muestra en sus escritos como un
humorista escéptico y buen conocedor del habla castellana.
VII. La edad de oro de la medicina española
(1500-1665)
1°. Los anatómicos y los precursores de Harvey
Los españoles aficionados a los estudios anatómicos
y deseosos de ampliarlos y de perfeccionarlos iban a estudiar a Italia,
principalmente a Bolonia.
Diagrama zodiacal. (De la Coronación de Juan de Mena, s. I, 1499. De la
biblioteca del Dr. L. Corral.)[1006]
Esto sucedió con Alonso Rodríguez de Guevara, hábil
prosector que, al regresar a España, supo granjearse el apoyo de Maximiliano,
encargado, durante la ausencia de Carlos V, de la Regencia del Reino,
consiguiendo que se fundase, hacia 15 5° próximamente, la primer cátedra de
Anatomía en España, en la Universidad de Valladolid.
Portada de la anatomía de Montaña de Monserrat
Esta era la tercera cátedra que se fundaba en
Europa, no aventajándola en antigüedad mas que las de Bolonia y Montpellier. Su
obra de Anatomía fue publicada en Coimbra en 1559, y contribuyó, en unión de
sus lecciones, a extender mucho por España la afición a los estudios anatómicos
(Hernández Morejón).
Portada de la Anatomía de Valverde.
Bernardino Montaña de Monserrat nació en Cataluña,
aunque se ignora la ciudad y el año exactos. Tampoco se sabe si estudió la
carrera de Medicina en España o si pasó, antes de concluirla, a Francia. El
confiesa que volvió a España en 1513, y que tenía ya cuarenta y cinco años de
práctica cuando escribió su obra titulada Anothomía del hombre,
Valladolid, 1550.
Juan Valverde. (De la colección de grabados de la Biblioteca Nacional.)
Juan Valverde de Amusco estudió en Padua con Realdo
Colombo, y llegó a ser médico del papa Paulo IV. Es un entusiasta y divulgador
de la obra de Vesalio, al que corrige, sin embargo, en algunos detalles
(músculos motores del ojo, sinoviales, etc.). La edición más antigua y completa
de su obra es la que ha aparecido en España en 1556 con el título de Historia
de la composición del cuerpo humano; pero es más conocida en Europa la
publicada, mucho después, en Venecia, en 1586, con el título L'Anatomía
del corpo umano, composta da Messere Giovanni Valverde, novamente
ristampata, e con l'aggiunta di atcune tavola ampliata. Una
y otra edición se encuentran ilustradas con muy hermosas láminas debidas al
grabador español Becerra.
La escuela de Medicina de Valencia se distingue muy
pronto, gracias a los trabajos de Gimeno y Collado, discípulos de Andrés
Vesalio.
Andrés Laguna (1499-1560)
Pedro Gimeno fue discípulo sucesivamente de
Vesalio, en Padua, y de Silvio, en París. Su entusiasmo por los estudios
anatómicos era tan agrande, que en una época en que, encontrándose en Lovaina,
estaban prohibidas las disecciones, no vaciló, para irse procurando un
esqueleto, en ir mutilando por las noches los cadáveres de los ajusticiados.
Auxilió en la Universidad de Alcalá a Vallés en las demostraciones de Anatomía
patológica que daba éste con motivo de los comentarios a la obra de
Galeno De locispatientibus. En su obra Dialogus de re
medica (Valencia, 1549), da una exacta descripción del estribo, cuyo
descubrimiento le disputa el otro famoso anatómico de la escuela de Valencia,
Luis Collado, que ataca rudamente a Galeno, a la par que defiende a su maestro
Vesalio, en su obra Galeni líber de osibus enarrationibus ilustratus (Valencia,
1555).
Otro descubrimiento anatómico español es el de la
válvula ileo-cecal, cuya acabada descripción se debe en primer término al
ilustre segoviano Andrés Laguna (1494-1560), fue estudiante en la Universidad
de. Salamanca y profesor en las de París, Alcalá, Toledo y Bolonia. Médico del
emperador Carlos V, al que acompañó en sus viajes por Italia y Alemania; fue
médico también de los papas Pablo II y Julio III, y, por último, de Felipe II,
habiendo sido, además, encargado de numerosas comisiones de orden político y
religioso que le dieron una gran autoridad en Europa. Sus comentarios de
Dioscórides le revelan como un sabio y concienzudo naturalista. Su obra de
anatomía lleva el título de Anatómica methodus seu de sectione corporis
humano contemplado, París, 1535- Es autor, además, de las obras
siguientes: Discurso breve sobre la cura y preservación de la
pestilencia (Salamanca, 1546), en el que recomienda como tratamiento
de la peste las fricciones mercuriales: Anotationes in Galeni
interpretes (1553); la ya citada Anotationes in Dioscoridem (Lyon,
1551); el famoso discurso pronunciado por Laguna en Colonia en 1543) con motivo
de la epidemia de peste; Galeni Pergameni summi medid parentis de
filosófica historia líber unus, (Colonia, 1542); Aristotelis
de philosophorum principis de virtutibus vere aureus, adamantinus
lipellus (Colonia, 1543); Aristotelis philosophorum Principis
de natura styrpium líber unus (Colonia, 1543); Aristotelis de
mundo sen de cosmographia líber unus (Complute, 1538); Luciani
Dialogus tragopodagra nominatus (Complute, 1538); Tragaedia
alia Luciani occipus dicta Hipótesis (Compluti, 1538), y otros varios
comentarios de Galeno, etc.
De otro notable anatómico español, Luis Lobera de
Ávila, conocemos pocos datos históricos. Sabemos que hizo sus estudios en
Francia y que, concluidos éstos, regresó a España, donde fue médico de los
ejércitos y de la armada de Carlos V. Escribió varios tratados de higiene, con
los títulos de Vergel de Sanidad o Banquete de nobles
caballeros (Alcalá de Llenares, 1542); Del régimen de la mar;
Del regimiento de los viajantes, y, además, el Libro de
Anatomía (Alcalá, 1542); un Antidotado; A Libro de pestilencia; el Libro
del regimiento de la salud y de la esterilidad de los hombres y mujeres; De la
estirilidad del hombre y de la mujer; De conservatione praegnatium (estudio
muy interesante de higiene del embarazo); Regimiento de las mujeres
preñadas (en el que da consejos para evitar el aborto); Regimiento
de niños (que puede ser considerado como uno de los primeros tratados
que se han publicado en castellano a propósito de las enfermedades de los
niños); el Libro de las cuatro enfermedades cortesanas, que son: catarro,
gota artética, mal de piedra y de riñones e ijada y mal de bubas;
De Medicinis diversae modo oper antibus (tratado de las diferentes
propiedades de los medicamentos); De aegritudinibus subitis (curioso
estudio de las enfermedades que de un modo repentino pueden poner en peligro la
vida de los enfermos).
Todavía hay que citar entre los anatómicos ilustres
de este período a Juan de Arfe y Villafañé y Juan Valero Tabas. El primero, más
conocido por sus trabajos de orfebrería, y autor de las famosas custodias de
Sevilla, Ávila y Valladolid, merece ser mencionado en una historia de la
medicina por haber escrito la primera obra de Anatomía artística,
en la que se ocupa de la proporción y medida de las diversas partes del
esqueleto, con sus huesos y músculos. Juan Valero Tabar es el primero que ha
fabricado maniquíes para el estudio de la Anatomía.
Entre los precursores españoles de Harvey,
mencionan los autores, además de Miguel Servet, a quien se debe
indiscutiblemente la primera descripción de la circulación pulmonar, y de quien
ya se ocupa Garrison en el primer tomo de esta obra (página 217), a Amato
Lusitano (válvulas venosas, 1547)) Bernardino Montaña, Gimeno, Lobera, y, sobre
todo, Francisco la Reina, autor del Tratado de Albeitería (Burgos,
1552).
2°. Los cirujanos.
Los principales cirujanos de esta época, citados en
el orden en que se han publicado sus obras más importantes, son los siguientes:
Juan Fragoso, Francisco Arceo, Andrés Alcázar, Francisco Díaz, Juan Calvo,
Bartolomé Hidalgo de Agüero, Dionisio Daza Chacón y Pedro López de León.
Juan Fragoso nació en Toledo y fue médico de cámara
de Felipe II. Se ha ocupado también de asuntos médico-legales. Ha publicado,
entre otras, las obras siguientes: Erotemas quirúrgicos (1570), De
los medicamentos compuestos (1575)) Cirugía universal (1601).
Habla en esta última de la ligadura de las arterias, como tratamiento de los
aneurismas, y de la aplicación de vendajes inamovibles en las fracturas.
Francisco de Arceo nació en el Fresno o en Fregenal
en 1493. Estudió Medicina y Cirugía en Alcalá de Henares, en cuya Universidad
fue condiscípulo del famoso Arias Montano, que ejercía también, por afición, la
cirugía. Al terminar sus estudios, fue nombrado médico y cirujano del famoso
monasterio de Guadalupe, de donde pasó como médico titular a Llerena. Su
reputación llegó a ser tan grande, que de todas partes de España, y hasta de
Francia e Inglaterra, venían, confiados en su extraordinaria habilidad quirúrgica,
a ser operados por él. Arias Montaño solía ir a predicar durante la Cuaresma a
Llerena para ver operar a su antiguo condiscípulo. La amistad que unía desde la
juventud a estos dos hombres eminentes no se borró nunca. En una carta de Arias
Montano, fechada en 22 de abril de 1575» nos dice éste que Arceo, octogenario,
operaba todavía en esta época con tanta seguridad como si tuviese sólo cuarenta
años. El gran teólogo debía convertirse en editor de su amigo, haciendo
imprimir, a sus expensas, en 1576, el importante tratado De recta
vulnerum curandorum ratione, en el que Arceo había ido consignando los
resultados de su experiencia clínica desde 1530.
Andrés Alcázar, natural de Guadalajara. Después de
haber cursado la cirugía en su pueblo con un maestro llamado Antonio, pasó a la
Universidad de Salamanca, en la que estudió Filosofía y Medicina, llegando a
catedrático de Cirugía. Habiéndose casado con la hija de su maestro Antonio,
volvió a su pueblo, en edad ya avanzada, ejerciendo en él la profesión; también
había ejercido antes en Ávila y Segovia. Su principal obra se titula Andreae
Alcázaris Chirurgiae lib. sex (Salamanca, 1575).
Es inventor de un aparato para evacuar el pus o la
sangre contenidos en la cavidad torácica y que puede servir también para
inyectar líquidos dentro de la misma.
Francisco Díaz. Se ignora el pueblo de su
nacimiento. Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares Filosofía y
Medicina, graduándose de doctor en ambas. Pasó después a la Universidad de
Valencia, siendo discípulo de Collado y de Gimeno. Como cirujano alcanzó grande
y merecida fama, llegando a ser médico de Felipe II. Sus obras principales son:
Compendio de Cirugía Compuesto en coloquios por
Francisco Díaz Madrid,
1575. En él dice el autor haberse propuesto ilustrar a los cirujanos
romancistas. Tratado de todas las enfermedades de los riñones, vejiga, carnosidades
de la uretra y orina (Madrid, 1588). Es obra muy notable, sobre todo
en lo que a la descripción de la talla hace referencia, y puede ser considerada
como la que señala la creación primera de una especialidad en España.
De Juan Calvo no se sabe a ciencia cierta si era
valenciano o aragonés, pues en una de sus obras aparece de un modo y en otras
de otro. Lo que sí consta es que estudió Cirugía en la Universidad de Zaragoza,
bajo la dirección de Jerónimo Murillo. Fue catedrático de Valencia por espacio
de doce años, y al propio tiempo tenía en su casa una Academia de Cirugía, quo
tuvo muchos alumnos y gozó de gran fama. Sus obras son: Primera y
segunda parte de Cirugía universal y particular del cuerpo humano Compuesta por
el doctor Juan Calvo. De ella se hicieron las siguientes ediciones:
Sevilla, 1580; Barcelona, 1591; Madrid, 1626; Madrid, 1657; Madrid, 1674, y
Valencia, 1690. Está dedicada a los cirujanos romancistas que, no habiendo
podido asistir a la Universidad, no se encontraban preparados para estudiar una
obra grande y completa de cirugía teórica y práctica. También estudia el
tratamiento de los aneurismas por medio de la ligadura. Libro de
cirugía y medicina que trata de las llagas en general y en particular, compuesto
por Juan Calvo Barcelona, 1692;
Libro muy útil y provechoso del morbo gálico Barcelona, 1592.
Bartolomé Hidalgo de Agüero (1530-1597) nació y
estudió en Sevilla, siendo en aquella Universidad discípulo de los doctores
Juan de Cuevas y Alfonso Lacuadra. Llegó a ser uno de los mejores cirujanos de
la época, siendo su habilidad tan proverbial, que en las riñas populares, al
acometerse los hombres navaja en mano, solían decir: «En Dios me encomiendo y
en las manos de Agüero. » Su fama aumentó por el saber y el mérito de sus
discípulos, especialmente de López de León. Ha sido también muy alabado por los
poetas contemporáneos. El gran mérito de Hidalgo de Agüero es el haber sido el
primero en España, como en Francia lo fue Ambrosio Paré, que sigue la práctica
de reunir inmediatamente las heridas con el fin de obtener la curación por
primera intención, en vez de tratarlas, como hasta entonces venía
efectuándose, por ungüentos, bálsamos, pomadas, etc. con el fin de provocar la
supuración. Sus principales obras son: Avisos particulares de cirugía
contra la común opinión, por el Dr. Bartolomé Hidalgo de Agüero, Sevilla,
1584; Tesoro de la verdadera cirugía y vía particular contra la común,
compuesto por el Dr. Bartolomé Hidalgo de Agüero, con la cual se hace un
perfecto cirujano, Sevilla, 1604; Recopilación de las
opiniones y modos curativos que ha habido en cirugía desde el principio del
mundo hasta el presente, hecha por el Dr. Bartolomé Hidalgo de Agüero (es
un compendio o resumen de la historia de la cirugía); Tratado de las
evacuaciones tocantes a los casos de cirugía; Tratado de la sangría; Tratado
cuarto de heridas en universal y particular, por el doctor Bartolomé Hidalgo de
Agüero (en este libro, verdaderamente notable, defiende las ventajas
de su método curativo, cuya exposición había dado lugar a una famosa
controversia con el Dr. Fragoso, sobre los métodos antiguamente
recomendados); Fundamentos y preceptos de la vía particular; Breve suma
de las razones de la vía particular y contradicciones de la vía común, y
respuestas que hacen fuertes las razones particulares, por el doctor Bartolomé
Hidalgo de Agüero, Antidotario general de ambas vías; Suma de las proposiciones
de cirugía que el Licenciado Fragoso dice que enseña contra unos avisos que yo
hice imprimir el año pasado de 1584; Tratado sexto de la teoría de la Cirugía;
Tratado séptimo del anatome del cuerpo humano; Tratado octavo de la historia
del ojo; Tratado noveno de apostemas; Tratado décimo de la úlcera y sus
diferencias; Tratado undécimo de fracturas; Tratado duodécimo de
las dislocaciones; Tratado decimotercio de la peste, y Tratado
decimocuarto del tabardillo (estos dos últimos, especialmente, son muy
interesantes).
Dionisio Daza Chacón (1503-1596). (Tomado de su Práctica y Teórica de
Cirugía, Valladolid, 1603.)
Dionisio Daza Chacón, natural de Valladolid. Nació
próximamente en 1503. Estudió Filosofía en la Universidad de Valladolid, y
después Cirugía en Salamanca, con Ponce el Chico. Terminada su carrera, y
después de haber practicado algún tiempo con su maestro, ingresó en el ejército
como médico militar, distinguiéndose notablemente en las campañas de Carlos V,
y especialmente en el tratamiento y asistencia de los atacados de peste.
Nombrado, en 1557) cirujano del Hospital Militar de la Corte, y habiendo provocado
el nombramiento algunas protestas, dispuso el rey que se convocasen oposiciones
públicas, en las que, después de muy brillantes ejercicios, obtuvo la plaza
Daza Chacón fue médico del infanta D. Carlos y médico de la Armada de D. Juan
|le Austria, al que acompañó en la batalla de Lepanto, en la que dicen que curó
la herida que en esta batalla recibió Cervantes. Su principal obra lleva el
título de Práctica y teórica de Cirugía en romance y en latín, primera
y segunda parte; compuesta por el Licenciado Dionisio Daza Chacón Madrid,
1605. En el capítulo XV de la segunda parte describe perfectamente la ligadura
de las arterias en los casos de herida de las mismas.
Pedro López de León estudió la cirugía en España,
practicándola bajo la dirección de Agüero, al que llama su maestro. De Sevilla
pasó a América, estableciéndose en la ciudad de Cartagena. fue el propagandista
de los métodos quirúrgicos de Hidalgo de Agüero. Su principal obra se
titula: Práctica y teoría de las apostemas en general y particular,
o Cuestiones prácticas de cirugía de heridas, llagas y
otras cosas nuevas y particulares, por el Licenciado Pedro López de León,
cirujano de la ciudad de Cartagena de Indias, Sevilla, 1628. En ella
es, principalmente, notable lo que se refiere al tratamiento de los aneurismas.
De los cirujanos mencionados, Francisco de Arceo
era considerado justamente como un gran especialista en el tratamiento de
fístulas y de trayectos fistulosos; Hidalgo de Agüero es el iniciador y
defensor en España de la curación de las heridas por primera intención; Daza
Chacón practica el tratamiento de los aneurismas por ligadura de las arterias;
Francisco Díaz es inventor de un método especial de talla que fue llamado a
la española, en oposición al método, a la italiana, del
napolitano Mariano Santo; fue también el que divulgó el uso de las candelillas
uretrales, inventadas, según Amato Lusitano, por Alderete. En el tratamiento de
las pleuresías, Arceo reprobaba y censuraba enérgicamente la práctica de
introducir cánulas en la pequeña herida operatoria, fundándose en que se
exponían a complicaciones sépticas; Fragoso aconsejaba, en oposición al modo de
pensar de Amato Lusitano, practicar la incisión operatoria lo más baja posible,
en la inmediata vecindad del diafragma, pero teniendo sumo cuidado de no herir
este músculo; Hidalgo de Agüero recomendaba la inyección post-operatoria de una
pequeña cantidad de vino blanco en la cavidad pleurítica, con el fin de
provocar una reacción inflamatoria que él juzgaba extraordinariamente
favorable; Pedro López de León era partidario de realizar una incisión
transversal entre la cuarta y quinta costillas y a unos cuatro traveses de dedo
de la columna vertebral. En el tratamiento del cáncer mamario, Fragoso era
partidario de la cauterización, con el hierro enrojecido, de la superficie de
sección que quedaba después de la amputación de la mama; Arceo trazaba dos
incisiones paralelas, una por debajo y otra por encima del tumor, que extirpaba
en seguida, bien por dislaceración del tejido conjuntivo celular con el mango
del bisturí, o bien arrancándolo con los dedos; López de León practicaba una
amplia extirpación, disecando el tumor con el bisturí todo lo profundamente que
le fuera posible, dejaba sangrar algún tiempo la superficie de sección y, por
último, la cauterizaba; Juan Calvo seguía, en general, el método de López de
León, salvo que reemplazaba la cauterización por la aplicación de una cura
impregnada de aceite de rosas, con simientes de adormidera blanca, opio y
estramonio en polvo; Hidalgo de Agüero hacía dos incisiones a todo lo largo del
tumor, disecaba los colgajos, separando con el mango del bisturí el tejido
celular; si el tumor era muy voluminoso, le atravesaba con dos agujas
enhebradas, cuyos hilos dejaba en posición para servirse de ellos en el momento
oportuno; cuando había llegado con la lámina del bisturí a la mayor profundidad
de la tumoración, tiraba de estos hilos con la mano izquierda, rompiendo las
adherencias con la derecha; una vez terminada la operación, dejaba sangrar un
poco la superficie de sección, y después la recubría con áloes e incienso
pulverizados y mezclados con clara de huevo.
Daza Chacón ha sido el primero en aconsejar en el
tratamiento de los pólipos nasales la ligadura, la aplicación de una esponja
(como hacía Hipócrates), la cauterización por medio de una sonda o de una
cánula, y la incisión. Practicaba también la estrangulación de los pólipos por
medio de un hilo introducido por la boca y extraído por la nariz, después de
haber administrado inyecciones cicatrizantes de jugo de granadas ácidas. Al
ocuparnos de la rinoplastia es necesario mencionar la brillante operación realizada
por Arceo y que, en opinión de Sprengel, es la más notable de todas las
registradas en aquella época, demostrándose con ella que no ha sido Tagliacozzi
el primero que ha conseguido curar los amplios despegamientos de la nariz. En
la trepanación realizaron también los cirujanos españoles (Albucasis, Alcázar,
Daza Chacón, Arceo, Amato Lusitano, León, Montemayor, Agüero) notables
adelantos[1007], especialmente Alcázar.
En obstetricia merecen citarse, además de los
trabajos de Lobera de Ávila, la obra de Damián Carbón, titulada Libro
del arte de las comadres o madrinas, del regimiento de las preñadas y paridas y
de los niños, publicada en Mallorca en 1541; la de Juan Antonio de los
Ruices y Fontecha, Diez privilegios para mujeres preñadas, Alcalá
de Henares, 1606, y la de Juan Gutiérrez de Godoy, Tres discursos para
probar que todas las madres están obligadas a criar a sus hijos. Jaén,
1529; hermosa y elocuente defensa de la lactancia materna.
3°. La Medicina interna: Nosólogos y
monógrafos.
Como médicos especialmente notables, desde el punto
de vista de la sagaz y concienzuda observación clínica, merecen ser mencionados
especialmente los portugueses Amato Lusitano y Rodrigo de Fonseca.
Los trabajos más numerosos y más notables de los
autores españoles de esta época son los consagrados al estudio de las fiebres
en general, en lo que se distinguen especialmente Gómez Pereira, Luis Mercado,
Cipriano Maroja, Cristóbal de Vega, Núñez de Llerena, Ponce de Santa Cruz,
Isaac Cardoso, Caldera de Heredia, Lázaro Gutiérrez, Bravo de Sobremonte,
Miguel de Heredia, Fernando Mena, etc.
La peste bubónica ha causado sus terribles estragos
en Barcelona durante los años 1501, 1506 y 1507. En este último año. se
prolongó desde febrero á julio, alcanzando una extraordinaria virulencia; sólo
en el mes de mayo ocasionó 1.59$ defunciones, cifra bien excesiva si tenemos en
cuenta la población de Barcelona en aquellos tiempos; después' va apareciendo
sucesivamente en Sevilla (1508-1510), Cascante (1518), Játiba (1519), en el
reino de Valencia, Vich, y nuevamente Barcelona, causando la muerte, en 1521, a
6.000 personas; Mallorca y Valencia (1523), Játiba (1594), y otra vez en
Sevilla, donde se recrudeció considerablemente su gravedad mortífera. En el
siglo XVII son dignas de mención las grandes epidemias de Valencia (1647) y
Sevilla (1649).
De la peste bubónica se han ocupado Luis de Lucena,
Antonio de Cartagena, Andrés Laguna, Antonio Ponce de Santa Cruz, Lobera de
Ávila, Alonso de Freilas, Melchor de Villena, Caldera de Heredia, Alonso de
Burgos y, sobre todo, Juan Tomás Porcel, que en la famosa peste de Zaragoza de
mayo de I 564 tuvo el valor de llevar a cabo las autopsias de los muertos de la
epidemia, consignando los datos obtenidos en una notable obra que lleva el
título de Información y curación de la peste de Zaragoza y preservación
contra la peste en general (1565). Ponce de Santa Cruz, en su
obra Tratado de las causas y curación de las fiebres con secas
pestilenciales, etc. (Valladolid, 1601), estudia la peste de Valladolid,
cuyo desarrollo y peligros había sabido predecir por el simple examen de un
enfermo. No menos notable que las anteriores es la descripción de la epidemia
de peste de Sevilla, hecha por Gaspar Caldera de Heredia, en su Tractatus
per utilis et necessarius de peste quae anno 1649 Hispalensem Civitatem máxime
necoris, etc. (Sevilla, 1650).
La primera monografía que conocemos relativa
al tabardillo pintado (tifus exantemático) es la que le
dedica, con el nombre de morbus lenticularis, Alonso López de
Corella en 1574; Luis Mercado le ha estudiado en el mismo año, con la
designación de febris maligna, y Luis de Toro, también en 1574»
enuna notable obra titulada De febris epidemicae et novae, quoe latine
lenticularis vulgo tabardillo dicitur, natura, cognnione, me de
la, hace un acabado estudio de la enfermedad.
Un libro que merece una especial mención es el
famoso Tratato llamado Fructo de Todos los Santos contra el mal
serpentino venido de la Isla Española, etc. (Sevilla, 1542), del famoso
sifiliógrafo Rodrigo Díaz Ruiz de Isla, defensor del origen americano de la
lúes. Notable también como sifiliógrafo es el aristócrata Juan Almenar, cuya
principal obra lleva el título De lúe venerea, sive de
morbo gálico, alliisque affectibus corporis humani.
Portada de las obras de Ponce de Santa Cruz. (De la bibl. del Dr. L.
Corral.)
El garrotillo, nombre dado por los
médicos españoles a la angina sofocante, y especialmente a la angina diftérica,
ha sido principalmente estudiada por Mercado, Ruices de Fontecha, Pérez de
Herrera, Núñez de Llerena y Villarreal.
Juan de Villarreal, natural de Úbeda y doctor por
la Universidad de Alcalá, ha descrito admirablemente las anginas
pseudomembranosas y ha sido el primero en describir el crup. Su obra es del año
1611. Es también notable el estudio de esta enfermedad publicado por Alfonso
Núñez de Llerena en 1615. Del mismo año es el estudio de Cristóbal Pérez de
Herrera. Este último autor, en su obra titulada Tribunal apollini
sacrum, magicum et politicum etc. publicada en 1568,
estudia la tuberculosis pulmonar en el capítulo De pulmonis etpectoris
tubérculo.
Sobre enfermedades de la infancia, y además
del Regimiento de los niños, de Luis Lobera de Ávila, que es, como
ya hemos indicado, uno de los tratados más antiguos de paidopatía, hay que
mencionar el Liber de affectionibuspuerorum, de Francisco Pérez
Cáscales, publicado en Madrid en 1641, y en el que es especialmente notable el
estudio de las aftas, y otro estudio, principalmente de higiene, debido a Juan
Gallego de la Serna y publicado en 1644.
En enfermedades mentales hay que citar los estudios
de la melancolía y de la epilepsia, de Alfonso Ponce de Santa Cruz (1631), y
los de Andrés Velázquez (1585).
Mucha mayor importancia tienen los estudios de la
hidrofobia de Juan Bravo de Piedrahita, publicados en Salamanca en 1571.
El primer tratado de Hidrología médica publicado en
castellano es el de Ildefonso Limón Montero. Lleva el título de Espejo
cristalino de las aguas de España etc. (Alcalá de Henares, 1697). El
primer estudio del masaje, titulado Enchiridion o manual, instrumento
de salud contra el morbo articular que llaman gota (Zaragoza, 1589),
no es obra de ningún médico, sino del obispo de Albarracín, Bernardino Gómez
Miedes.
En historia de la Medicina se distinguen
especialmente los portugueses Zacuth y Luis de Lemus.
4°. Médicos comentadores y filósofos.
Entre los comentadores merecen ser especialmente
recordados Amato Lusitano, Rabbi Zucuth y Lemus, por su notable erudición, y
más especialmente por su talento verdaderamente genial, Antonio Gómez Pereira,
Francisco Valles, Luis Mercado, Huarte Navarro, Miguel Sabuco y Álvarez, Isaac
Cardoso y Francisco Sánchez.
Luis de Mercado (1525-1611). (Cuadro del Greco[1008] en el Museo del Prado, de Madrid.)
Los hemos enumerado en el orden cronológico de sus
principales obras. Gómez Pereira es de comienzos del siglo XVI, y Cardoso y
Sánchez el Escéptico alcanzan ya el siglo XVII.
De los siete médicos que acabamos de mencionar,
uno, Luis Mercado, pertenece casi exclusivamente a la historia de la Medicina;
dos se encuentran con igual derecho en el campo de la Medicina y en el de la
Filosofía, Valles y Cardoso, y los cuatro restantes, Gómez Pereira, Huarte, D.
Miguel del Sabuco y Álvarez y Francisco Sánchez, son mucho más filósofos que
médicos.
Laguna, Valles y Mercado constituyen la gran
trinidad médica del siglo XVI. Ya hemos hablado de Laguna. Vallés es el
compañero de Mercado, pero es, además, el autor de la Philosophia sacra,
libro que le aproxima a Gómez Pereira y a Cardoso, el autor de la Philosophia
libera.
Luis de Mercado (1525-1611) nació en Valladolid, en
cuya Universidad hizo los estudios de Medicina hasta graduarse de doctor, fue
catedrático de Prima de Avicena. Dejó su cátedra al ser nombrado médico de
Felipe II, cargo que siguió desempeñando con Felipe III. fue protomédico,
médico del Consejo real y oidor de Hacienda. Gran escritor, hallándose
recopiladas sus obras en tres tomos bajo el título de Opera Omnia,
editadas en Valladolid, Francfort y Venecia.
Como médico práctico, conviene recordar entre sus
obras la monografía consagrada al estudio de las fiebres y titulada De
febrium essentia, differentiis causis, dignotione et curatione (Valladolid,
1586), en la que se estudian muy acabadamente las fiebres
intermitentes, así como también sus Consultationes murborum complicatorum, en
las que se encuentra descrito por vez primera el garro tillo, al cual
recomienda tratar por aplicación de preparados de cobre y por el cáustico de
oro ardiente.
Portada del libro de La Fiebre, de Mercado. (De la biblioteca del Dr. L.
Corral.)
Desde el punto de vista de la filosofía de la
medicina, su obra maestra es la que lleva por título De veritate et
recta ratione principiorum, theorematum et rerum ontnium ad medicam
facultatem spectantium (1604); Sprengel le censura ser excesivamente
dialéctico y escolástico, diciendo que de ningún modo se le podría calificar
mejor que llamándole el Santo Tomás de Aquino de la Medicina.
Francisco Valles nació en Covarrubias (Burgos), el
año 1524, doctorándose en la Universidad de Alcalá en 1553» siendo tales sus
méritos, que, a pesar de las dificultades y obstáculos que algunos opusieron,
fue nombrado al siguiente año catedrático de Prima de la misma Universidad. Por
su erudición y profundo saber mereció el nombre de Galeno
español. En 1555 publicó sus diez libros de Controversias
médicas y filosóficas. En 1558, sus comentarios a los cuatro libros
de Meteorología, de Aristóteles; en 1559» en Lyon, los comentarios
de Galeno, en seis libros, y el Tractatus medicinalis, que
comprende: orina, pulso, fiebre y métodos curativos. En 1561, en Alcalá de
Henares, los Aforismos, de Hipócrates, y comentario al libro del
régimen. En 1562, la versión, con comentarios de la Física, de
Aristóteles, y en 1567 y 1569, comentarios a los Prognosticos,
Prenociones y otros libros de Hipócrates, así como al de los Temperamentos,
de Galeno.
Fue, lo mismo que Mercado, protomédico de Castilla,
valiéndose de su gran autoridad para reglamentar los exámenes de los grados, y
el de licenciado en especial, y para los farmacéuticos escribió su tratado
de Aguas destiladas, pesos y medidas. Escribió más tarde los
comentarios de Las epidemias y su Philosophia
Sacra, obras que le granjearon una gran fama e hicieron que el rey le
eligiese, con Arias Montano y Ambrosio Morales, para formar la biblioteca de El
Escorial, que llegó a ser una de las más ricas del mundo. Murió en 1592 en
Burgos, donde se hallaba acompañando al rey, quien le mandó sepultar con gran
pompa en su colegio de Alcalá. La Universidad de Alcalá le honró con sepultura
en el Colegio de San Ildefonso, y con un muy notable epitafio en su sepulcro[1009].
El Divino Valles ha sido, como
podemos deducir de la lista de sus obras, principalmente comentarista,
comentando especialmente las obras de Hipócrates y Galeno. Además de esto, y
gracias a la cooperación del anatómico valenciano Gimeno, es, en sus
comentarios a la obra de Galeno, De locis patientibus, uno de
los primeros cultivadores de la Anatomía patológica. Sus comentarios de
Hipócrates han hecho decir a Boerhave que, si se pudiese creer en la
transmigración de las almas, habría que admitir que el alma de Hipócrates había
reencarnado en Valles. El alemán Sprengel, que no suele ser pródigo en
alabanzas a los españoles en general, y a Valles en especial, dice que nadie ha
sabido comprender ni exponer mejor la medicina de los árabes que Francisco
Valles, de Covarrubias. La importancia y la fama de Valles puede juzgarse por
el hecho de haber sido editados sus Comentarios repetidas
veces en diferentes puntos de Europa: Colonia, Turín, Padua, Francfort,
Basilea, Venecia, Hannover, Nápoles, París, etc.
Francisco Valles (1524-1592). (De la colección de grabados de la Biblioteca
Nacional.)
Sin embargo, es todavía mucho mayor el mérito de
Valles como filósofo. Su famosa obra De iis quae scripta sunt physice
in libris sacris, sive de Sacra Philosophia liber singular
is, es un ensayo de comentario racional de la Biblia. En medio de una
redacción y de un razonamiento completamente escolástico, aparecen, de vez en
cuando, geniales datos de experiencia personal y curiosas apreciaciones, tanto
de medicina como de filosofía. Así, y a título de ejemplo, al referirse al
versículo del Génesis, Omne quod vocavit Adam animae vivientis, ipsum
est nomen ejus, Valles hace referencia al notable invento del benedictino
Pedro Ponce de León de enseñar a hablar a los sordo-mudos. En toda esta obra
hay ideas muy acertadas que colocan a Valles en el número de los maestros
del cartesianismo precartesiano, tanto desde el punto de vista
de la Filosofía natural como de la Psicología. Este carácter aproxima
naturalmente a Valles y Gómez Pereira, aunque discrepan, por otra parte, en
muchos puntos.
Portada de las Controversias, de Valles (De la bibl. del Dr. L. Corral.)
Menéndez y Pelayo llama, con justicia, la atención
acerca de lo mucho que Descartes, en su Física y en su Psicología, ha tomado de
Valles y de Gómez Pereira. Del mismo modo Valles ha proclamado, mucho antes que
Bacon, las excelencias del método experimental.
Como adversario decidido y enérgico de la
Cosmología aristotélica, se relaciona Valles con el judío portugués Isaac
Cardoso, autor de la Philosophia libera. Cardoso había nacido
en Lisboa, en los comienzos del siglo XVII, ejerciendo, como sus
correligionarios Amato Lusitano y Rabbi Zacuth, la Medicina en Valladolid y
Madrid. Adjuró el judaísmo, tomando, al hacerse cristiano, el nombre de
Fernando; pero más tarde volvió a su primera religión, se retiró a Venecia y se
hizo admitir en la Academia de los judíos de aquella ciudad, muriendo poco
tiempo después en Verona. Tiene dos obras médicas, impresas en Madrid, y que
estudian, una, la fiebre sincopal, y otra, las aplicaciones
terapéuticas de la nieve y del agua fría. La Philosophia libera,
impresa en Venecia en 1573» essu obra más importante, y contiene gran número de
ideas curiosas y muy nuevas en aquella época. Cardoso, por ejemplo, sostiene ya
que los colores no residen en los objetos, sino que son propiedad de la misma
luz refractada, reflejada o dispuesta de un modo exterior (lux refracta, reflexa,
ac disposita, según sus propias palabras).
Hay, desde el punto de vista filosófico, una cierta
relación entre Valles, Cardoso y Pereira, y más especialmente entre el primero
y el último; Valles y Pereira son ambos filósofos críticos, esencialmente
españoles; procediendo, uno y otro, de la gran tradición intelectual de Luis
Vives; son precursores de Descartes y atomistas, pero no son iguales. Valles y
Cardoso son, como filósofos, muy inferiores a Pereira. Gómez Pereira es, con
Fox Morcillo y Francisco Sánchez, uno de los grandes maestros de la Filosofía
española, de los que siguen a los dioses mayores de nuestra
Filosofía, Séneca, Averroes y Maimónides de un lado, Raimundo Lulio, Luis Vives
y Suárez de otro. Por esta razón, y por creer conveniente citarles en orden
progresivo de importancia, ponemos a Gómez Pereira después de Valles, aunque
cronológicamente sea anterior.
Antonio Gómez Pereira, aunque probablemente de
origen gallego, es castellano, pues nació en Medina del Campo, hacia el año
1500. Su padre se llamaba Antonio y su madre Margarita, de cuyos nombres formó,
por una piadosa fantasía, el título de su obra maestra Antoniana-Margarita, impresa
en Medina del Campo, y de la que quedan, por desgracia, muy pocos ejemplares.
Como médico es también muy grande el mérito de Gómez Pereira, como lo prueba su
estudio acerca de las fiebres, en el que afirma por primera vez, y mucho antes
que Sydenham, que la fiebre es un esfuerzo curativo de la Naturaleza para
establecer el equilibrio de la salud, y la numerosa clientela que llegó a
tener, no sólo en Medina del Campo, donde pasó la mayor parte de su vida, sino
también en Burgos, Segovia, Ávila y otras ciudades de Castilla, a las que con
frecuencia era llamado en consulta. Figura entre los médicos nombrados por
Felipe II para asistir al infante D. Carlos. La obra en que se contiene el
estudio de las fiebres a que acabamos de referirnos lleva el título de Nova
veraque medicinae experimentis et evidentibus rationibus comprobata (Medina
del Campo» 1558). Tiene como principal combatir a Galeno en todo lo que este
autor afirmaba respecto de la fiebre. Gómez Pereira, dice Menéndez y Pelayo,
era enemigo nato del principio de autoridad en todas las esferas de la ciencia.
Para él, en las cosas físicas no existe otra autoridad que la experiencia.
Hernández Morejón le considera como el patriarca de los antigalenos. Aplicaba
él a Galeno los mismos procedimientos que Laguna y Valles aplican a Avenzoar, a
Razhes, a Avicena y a Averroes. Pía sostenido, en contra de los aristotélicos,
que el calor fiebre no se diferenciaba de ningún modo, por la calidad, del
calor natural, sino por la cantidad o grado de intensidad; y, como acabamos de
decir, al tratar de la fiebre defiende, más de cien años antes que Sydenham, la
idea de que la fiebre es un esfuerzo de la Naturaleza para restablecer el
equilibrio de la salud. «Los competentes—dice Menéndez y Pelayo—conceden un
gran valor histórico a las observaciones clínicas de Gómez Pereira acerca de la
lepra y de la elefantiasis, de las lesiones locales en las fiebres
intermitentes, o, como se decía entonces, interpolares, de la
fiebre lenta hética, del tifus y de la viruela. Los mismos profanos no podían
por menos de verse agradablemente sorprendidos por la sencillez de sus recursos
terapéuticos, que formaban un vivo contraste con las bárbaras y pedantescas
fórmulas de los doctores Sangrado de aquella época. » Otra de sus ideas
atrevidas y originales era la de negar la transmisión del contagio por el aire.
Hernández Morejón, arrastrado por su furor apologético, llega hasta encontrar
en Gómez Pereira un iniciador del vitalismo de Stahl. Menéndez
y Pelayo no lo admite, diciendo, con razón, que resultaría demasiado extraño el
que se pudiesen encontrar vestigios de las doctrinas vitalistas en un hombre
que consideraba a los animales como simples autómatas, atribuyendo todas sus
funciones a fuerzas mecánicas, y que en el hombre establecía una separación,
todavía más profunda que la admitida por Descartes, entre las funciones de la
materia y las del espíritu. Basta para la gloria médica de Gómez Pereira el
haber sido el primero en romper las cadenas del galenismo, y el haber leído, o
por lo menos mirado, pero directamente, y por sí mismo, algunas páginas del
gran libro de la Naturaleza. El afán de Gómez Pereira en combatir y demostrar
los errores de Aristóteles, y sobre todo los de Galeno, y el talento genial con
que ha sabido hacerlo, le han perjudicado en su fama y le han hecho permanecer
injustamente olvidado muchos años. Los muchos partidarios fanáticos de uno y
otro, y especialmente los galenistas, han hecho todo lo posible por combatir y
obscurecer al rebelde y herético Gómez Pereira, incluso destruyendo sus obras,
de las que, desgraciadamente, apenas quedan ejemplares. Los sabios extranjeros
que han seguido, más o menos literalmente, sus inspiraciones han tenido buen
cuidado, por vanidad personal y nacional casi siempre, por odio a España
algunas veces, de no citarle nunca. A pesar de su gran mérito como médico, en
Gómez Pereira es necesario admirar, sobre todo al filósofo. Sus estudios le
inclinan primeramente hacia el nominalismo, que había de transformar más tarde
en sensualismo a la moderna. Conocedor de las hipótesis de Gregoire, de Rimini,
de Durand y de Ockam, fue muy influido por ellas, a pesar de la notable
independencia de su carácter y de su señalada tendencia a la paradoja; pero,
además, Pereira había estudiado profundamente a Santo Tomás y a sus
comentadores, al averroísmo paduano, a los padres de la Iglesia, y muy
especialmente a San Agustín. Sin embargo de ser tan grande su erudición, no
era, en realidad, mayor que la de los restantes filósofos de su época; aunque
escribía bastante bien el latín, no puede, con justicia, ser considerado como
un humanista; parece, en realidad, menos culto y menos ilustrado que otros
pensadores del siglo XVI. Pero es superior a todos en el poder dialéctico de su
privilegiado talento; puede distinguir, separar, subdividir y clasificar hasta
límites infinitos; para combatir el escolasticismo sabe emplear como nadie las
armas de los escolásticos. Una de las ideas originales de Gómez Pereira es la
del automatismo de los animales, idea que le pertenece por completo
y en absoluto, no encontrándose vestigio de ella en la antigüedad griega y
romana. Algunos, dice Menéndez y Pelayo, la han atribuido a los estoicos; pero
les hubiera bastado, para convencerse de su error, con leer, en el primer libro
de las disertaciones de Arrio sobre Epicteto, el capítulo VI, en el que es
verdad que se rehúsa a los animales la razón, pero no se pone en duda de ningún
modo el que sienten. La paradoja de Gómez Pereira, ampliamente discutida en
España, donde encontró principalmente la oposición de Valles, pasó las
fronteras del siglo XVII y obtuvo una gran notoriedad bajo la pluma de
Descartes, que la expuso con tanta mayor complacencia cuanto que él la
encontraba conforme con el divorcio por él establecido entre el pensamiento y
la extensión, entre el espíritu y la materia. La opinión cartesiana es más
sencilla y menos ingeniosa que la de Gómez Pereira. Para comprender mejor el
talento y la originalidad de este autor español, sería necesario que nos
detuviéramos en la exposición y discusión de su hipótesis del conocimiento,
para lo que no tenemos tiempo. En psicología experimental, Gómez Pereira
aparece mucho más adelantado que la filosofía de su tiempo, más que la
filosofía del siglo XVII, más que Bacon, más que Descartes. Aunque se dedicó
especialmente a la psicología, no por eso dejó abandonado de ningún modo el
estudio de los problemas físicos y ontológicos, en cuya solución ha demostrado
también el valor de su poderosa dialéctica. Acerca de la grave e importante
cuestión de la inmortalidad del alma, Pereira ha alegado, antes que Descartes,
la prueba cartesiana, que se funda en la evidencia del dualismo
humano.
Juan de Dios Huarte y Navarro nació en San Juan de
Pie de Puerto pasando muy niño a Huesca, en cuya Universidad hizo sus estudios
y se licenció en Medicina. Inmediatamente dedicó su juventud a recorrer España,
volviendo a Huesca, de cuya ciudad fue médico titular y en la que residía
cuando escribió, en 1557» su obra titulada el Examen de ingenios para
las ciencias. Esta obra puede y debe ser considerada como un tratado
de alta psicología pedagógica, en el que su autor revela, en muchos de sus
capítulos, ser tan excelente pensador como profundo filósofo. Bordeu elogia
grandemente la obra de Huarte, alabando el buen gusto con que está escrita y el
gran número de observaciones originales que contiene, y lamentando grandemente
que no fuera más leída y mejor conocida. Huarte fue animado a la publicación de
su obra por la lectura del libro De temperamentis, de Galeno. En
ella comprende perfectamente las reía, dones existentes entre lo moral y lo
físico, examinando de qué modo la estructura del cráneo y la del cerebro pueden
influir en la mentalidad y en las aptitudes profesionales de cada persona. Toda
la obra de Juan Huarte está consagrada, como su título indica, a demostrar cómo
se puede llegar a conocer en el niño para qué género de estudios, profesión o
carrera ha de tener más especial disposición, con el fin de dedicarle, en bien
de la república, a aquello que más disposición tuviere.
A mediados del siglo XVI se publicó en España una
obra de Medicina, dedicada a Felipe II por doña Oliva del Sabuco, con el título
de Nueva filosofía de la naturaleza del hombre. . . . Madrid,
1587. De esta obra se han hecho varias ediciones: la primera, en Madrid, en
1587; la segunda, en 1588; otra en Braga, en 1622; y otra en Madrid, por el
doctor Martín Martínez, en 1728. Hoy se sabe ya de un modo positivo, y por
documentos auténticos, que el autor de este libro fue el bachiller Miguel
Sabuco y Álvarez, padre de doña Oliva, y a quien por su orientación filosófica
hay que incluir entre los aristotélicos más independientes. El autor se revela
como un psicólogo, poderoso analizador de las pasiones. Todo lo relativo a la
naturaleza física y a sus relaciones con lo moral está estudiado con la mayor
claridad y siguiendo, en gran parte al menos, las ideas de Huarte. Se encuentra
esbozada una interesante hipótesis de la percepción.
De todos modos, dice Menéndez y Pelayo, sería estar
muy poco versado en la filosofía española para citar entre sus grandes
pensadores a Juan de Dios Huarte y Navarro y al autor de los libros atribuidos
a doña Oliva del Sabuco de Nantes Barrera, poniéndolos al mismo nivel que a
Luis Vives, Suárez y Fox Morcillo. El Examen de ingenios y
la Nueva filosofía de la naturaleza del hombre pueden muy bien
considerarse como libros ingeniosos, agradables y muy originales; pero de
ningún modo como pertenecientes a la filosofía elevada y dignos de ponerse al
mismo nivel que estos otros tres libros: De prima Philosophia, de
Luis Vives; De Platonis et Aristotelis consensione, de Fox
Morcillo, y la Metafísica o el tratado De Anima,
de Suárez; ni siquiera al nivel del Ouod nihilscitur, de
Francisco Sánchez; de la Christianissimi restitutio, de Miguel
Servet; ni de la Antoniana Margarita, de Gómez Pereira. Las obras
de Huarte y de doña Oliva son muy estimables como manifestación del empirismo
sensualista de nuestra historia filosófica; la primera, muy curiosa por sus
atisbos de frenología, y la segunda, por el delicado análisis de las pasiones;
pero son, a pesar de todo, y en nuestra opinión, más interesantes desde el
punto de vista fisiológico que psicológico. [1010]
Influenciado' directamente por las doctrinas de
Vives, se encuentra Sánchez lo mismo que Cardoso, Valles, Pereira y Huarte;
pero en él hay, además, marcadamente la tendencia escéptica. Sánchez el
Escéptico es un demoledor incesante; pero, sin embargo, no niega, como Hume, el
principio de causalidad, ni rechaza, como los pirronianos, el testimonio de la
experiencia. La ciencia que Sánchez ataca y destruye es la ciencia de su
tiempo, no la ciencia en general, a la que respeta y acerca cuyos métodos y
procedimientos de investigación anuncia la publicación de un libro.
Desgraciadamente, este libro no se ha escrito, y nosotros no poseemos de este
médico más que la obra anterior, la de las dudas y las negaciones; el de las
afirmaciones ha quedado sólo en proyecto; pero a nosotros nos basta con la sola
existencia de este proyecto para poder afirmar que Sánchez, muy humano en esto,
es más afirmativo que negativo, y que sus dudas no son más sistemáticas que las
del último escéptico de la antigüedad clásica, al que podemos juzgar mejor por
el hecho de conocer todas sus obras, el naturalista y médico Sexto el Empírico.
Como anteriormente hemos dicho, Francisco Sánchez el Escéptico es también
médico. Menéndez y Pelayo, en su famoso discurso de ingreso en la Academia de Ciencias
Morales y Políticas, en el que se ocupa de los orígenes del criticismo y del
escepticismo, y especialmente de los precursores españoles de Kant (1891),
coloca a Sánchez, no sólo en la descendencia intelectual de Luis Vives, sino a
su mismo nivel, diciendo: Los pensadores del siglo XVI que representan la
dirección critica son principalmente tres españoles: Luis Vives, Francisco
Sánchez y Pedro Valencia. El primero y el último son filósofos críticos y académicos,
descendientes de Arcésilas y precursores de Kant. El segundo da un paso más;
escéptico respecto de la medicina de su tiempo, inicia, como los discípulos de
Œnesidemo, una dirección positiva y neo-cantiana.
Francisco Sánchez, probablemente de origen judío,
nació en 1552 en Braga (Portugal). Su padre ejercía la medicina en Burdeos.
Francisco Sánchez comenzó sus estudios de Medicina en Francia, y los continuó
en Italia, permaneciendo largo tiempo en Roma. La escuela de Montpellier fue el
campo principal de sus triunfos; en ella obtuvo el título de doctor en 1573.
Después de haber sido ayudante del famoso médico Huchet, Sánchez fue nombrado,
cuando sólo contaba veinticuatro años, profesor de aquella famosa escuela de
medicina, desempeñando su cátedra por espacio de once años. Abandonó
Montpellier y su escuela a consecuencia de las luchas civiles y religiosas de
aquella época, y fue a refugiarse a Tolosa, donde pasó el resto de su vida. Sus
hijos Dionisio y Guillermo han publicado, en 1636, una edición general de sus
obras, que comprende varios tratados de medicina, entre los que merecen
especial mención los tres siguientes: De morbis internis, De febribus
et earum symptomatibus y la Suma anatómica (en cuatro
libros), sin contar sus numerosos comentarios a Galeno y una Censura de
las obras de Hipócrates.
Las obras de Filosofía, en cambio, no son mas que
cuatro tomos, y no grandes. Tres de ellos contienen comentarios, o, mejor
dicho, observaciones escépticas a propósito de alguno de los tratados de
Aristóteles, como el De divinationeper somnium y la Physiognomia (que,
entre paréntesis, muchos consideran como apócrifo). El cuarto libro, el más
notable de todos, al que debe Sánchez toda su merecida fama, es el
titulado De multum nobili et prima, universal, sciencia,
quod nihil scitur, publicado por vez primera en 1618, pero escrito
desde 1576, como hace notar el autor en el prólogo y en la dedicatoria a Diego
de Castro. En el prólogo queda ya claramente señalada la posición filosófica
del autor, y encontramos la duda metódica, el fundamento de la filosofía de
Descartes, formulada en la obra de Sánchez, escrita más de sesenta años antes
de escribirse el Discurso del método.
Francisco Sánchez debe ser considerado como un
rebelde, que defiende la emancipación filosófica en un tono viril y áspero, que
no es el empleado por los restantes filósofos españoles. Pero, sin embargo, su
originalidad no consiste tanto en esta rebeldía, de la que ya habían dado
ejemplo otros filósofos italianos y españoles, como en su firme escepticismo
respecto de toda concepción metafísica que se coloque por encima del mundo de
los fenómenos, combinado con una firme creencia en los resultados de la ciencia
experimental. Esta es la posición lógica de un hombre de ciencia, de un médico,
y la que tenía que adoptar un hombre como Sánchez, tan apasionado de los
estudios anatómicos, que había llegado a constituir una especie de sociedad
secreta para poder disecar los cadáveres del hospital de Tolosa. «Semejante
discípulo o émulo de Vesalio, de Servet, de Colombo, de Falopio, dice Menéndez
y Pelayo, no podía profesar respecto de las ciencias naturales esa especie de
escepticismo grosero y plebeyo que nos llama la atención en las paradojas de
Cornelio Agripa. Tenía que ser, necesariamente, un escéptico empírico, como lo
fueron los médicos alejandrinos sucesores de Œnesidemo, como lo fue, por
ejemplo, Zenodoto, el adversario de Galeno. » Y como todos los empíricos, fue
un nominalista convencido. Persuadido de que la comprensión humana era
sumamente limitada y de que, en la mayoría de los casos, no podía haber adaptación de
nuestro entendimiento a la cosa comprendida, Sánchez negaba, no sólo el
conocimiento de lo infinitamente grande, sino también el de lo infinitamente
pequeño; y esto, por muy grandes que sean los progresos de la moderna ciencia,
y por muy poderosos que sean los medios de observación y de análisis modernos,
sigue siendo verdad.
Por esta tendencia hacia el criticismo, Sánchez se
relaciona íntimamente con Luis Vives, siendo, uno y otro, filósofos
esencialmente españoles; sin embargo, son de carácter y temperamento
completamente diferentes; Vives es grave, moderado, equilibrado; Sánchez,
impresionable, pasando rápidamente del entusiasmo al pesimismo. «Nuestra
filosofía, dice, es un laberinto de Creta, en el que es imposible librarse del
minotauro», y todo el pasaje es de una íntima y amarga tristeza, que nos da,
como tan justamente hace notar Menéndez Pelayo, la mejor demostración de lo
sincero de su escepticismo.
Sánchez, y esto sigue revelando su acabado carácter
español, no sólo aparece relacionado con Vives, sino también con Huarte; tiene
con éste comunes tendencias antropológicas. Las analogías existentes entre
el Quod nihil scitur y los Ensayos de
Montaigne, y el hecho de ser aquél anterior a éstos, hace pensar, con mucho
fundamento, en que Montaigne se ha inspirado en la obra de Sánchez, sin que por
ello disminuya ni el genio ni la originalidad del autor francés. La obra de
Montaigne es esencialmente literaria, contrastando su finura y delicadeza con
el escepticismo rudo, el metodismo exclusivo y el agnosticismo implacable de
Sánchez, tan perfectamente expresado en el párrafo siguiente: «En vano
trabajamos por reparar el edificio ruinoso de la demostración silogística; los
materiales son frágiles, y, además, está muy mal construido; cada día es
necesario añadirle nuevos puntales para impedir el hundimiento definitivo. El
que desee saber algo, no tiene otro recurso que el de contemplar las cosas que
quiere conocer; pero, como quiera que esta contemplación directa no es quizá
posible, dados los límites en que se mueve el conocimiento humano, nos quedan
dos medios subsidiarios, que no pueden, es verdad, darnos una ciencia perfecta,
pero que son capaces de algún resultado útil: la experiencia y la crítica, no
separadas una de otra, sino íntimamente unidas, como lo demostraremos en otro
libro. Los experimentos son frecuentemente falaces y son siempre difíciles, y
aun cuando lleguen a la perfección no pueden hacernos conocer mas que los
accidentes extrínsecos de la cosa, nunca la naturaleza intrínseca de la misma.
La crítica recae sobre los resultados de la experiencia, y, por consiguiente,
no pasa los límites de lo extrínseco, que sólo discierne de una manera incompleta,
sin permitir respecto de las causas nada mas que conjeturas probables. Se nos
dirá qué esto no es de ningún modo una ciencia. Es verdad; pero no hay otra. »
En este párrafo, que recuerda, por la fuerza de su
lógica y por lo severo de su constitución, el estilo de Cajal, Sánchez ha
señalado a la ciencia futura los límites estrechos, de los que, como nosotros
hemos podido, por ser más modernos, ver mejor que él, es imposible que salga.
La intuición admirable es la característica genial de este filósofo,
esencialmente español y esencialmente médico.
VIII. La decadencia de la medicina española
Entre los pocos nombres de médicos famosos que
pueden recordarse como pertenecientes a la medicina del siglo XVIII,
mencionaremos los siguientes:
D. José Quer y Martínez (1695-1764). Cirujano
militar, primer profesor de Botánica del Real Jardín de Plantas de Madrid. fue
el restaurador de la Botánica en España. Sus obras son: Flora española
o historia de las plantas de España, Madrid, 1772. El autor murió cuando se
estaba imprimiendo el tomo IV, y el rey mandó que se continuase la publicación,
encargándose de ella el Protomedicato. Disertación físico-botánica
sobre la pasión nefrítica y su verdadero específico la uva ursi o gayuva,
Madrid, 1775. Linneo le honró dedicándole un género de plantas que
denominó Quería.
D. Gaspar Casal. Estudió en Alcalá de Henares,
pasando después a ejercer a Madrid. Por motivos de salud se trasladó a Oviedo
en 1718, donde permaneció el resto de su vida. Es autor de la Historia
natural y médica del Principado de Asturias, obra póstuma publicada en
1762. Ha sido el que primeramente ha estudiado la pelagra o mal de la
rosa.
Diego Torres de Villarroel, autor de una notable
autobiografía publicada con el título de Vida, ascendencia, nacimiento, crianza
y aventuras, que puede colocarse entre las joyas de la literatura
castellana.
Solano de Luque (1685-1738), natural de Montilla
(Córdoba). Médico titular, primero de Illora y después de Antequera. Notable
clínico y autor de una obra, muy famosa en su tiempo, que lleva el título
de Lapis Lydius Apollinis (1731), que es, sobre todo, un
estudio del pulso, en el que distinguía tres variedades: directo, intermitente
e incidus, con diversas subvariedades, a las que daba un valor
extraordinario desde el punto de vista del diagnóstico y, sobre todo, del
pronóstico.
Francisco Solano de Luque (1685-1738). (De la colección de grabados de la
Biblioteca Nacional.)
José Alsinet, de Valencia, famoso en su época por
sus estudios de la quina y del paludismo, publicados en Madrid en 1774.
El erudito D. Antonio Capdevila, que estudió la
Medicina en Cervera, ejerció en Madrid, fue catedrático de Matemáticas de la
Universidad de Valencia, y digno de mención por haber sido el corresponsal en
España, para proporcionarle obras y biografías de los médicos españoles, de
Albrecht von Haller.
D. Ignacio María Ruiz Luzurriaga (1736-1822). Nació
en Villaro (Vizcaya); murió en Madrid. Muy joven aún, estudió el latín, griego,
inglés, italiano y francés, pasando después a la Universidad de Vergara, en que
se dedicó al estudio de Humanidades, Lógica, Matemáticas, Física experimental y
Química con el célebre Proust[1011]. En 1780 pasó a París a estudiar Medicina, pasando más tarde a
Edimburgo y Londres. De regreso de su larga estancia en el Extranjero, se
detuvo algún tiempo en Montpellier con el fin de estudiar los métodos de
enseñanza de su Universidad. En Madrid tuvo que sufrir nuevo examen por el
Protomedicato, después de dos años de práctica con el doctor D. Francisco
Sobral. Terminados y obtenida la licenciatura, compuso una Disertación
sobre la respiración y la sangre, que está inserta en las actas de la
Academia de Medicina, fue un espíritu inquieto y batallador y escritor fecundo,
autor de numerosas obras, consagradas especialmente al estudio de la fiebre
amarilla, plaga que ha causado la muerte, en el curso de catorce años, a más de
medio millón de personas, en una de las más bellas regiones de España, entre
Cádiz y Alicante, de las otras enfermedades infecciosas, de higiene y de
pedagogía.
También se ha ocupado del estudio de la fiebre
amarilla D. José Masdevall, natural de Figueras (Gerona), doctorado por la
Universidad de Figueras, inspector general de epidemias del Principado de
Cataluña y socio de varias Academias de Medicina. Es autor de la obra
titulada: Relación de las calenturas pútridas que en estos últimos años
se han padecido en el Principado de Cataluña (1784-1786).
A principios del siglo XVIII, dice Escribano[1012], reinaba en España la más espantosa ignorancia en Anatomía y Cirugía,
según puede comprobar quien examine las contadas obras publicadas en aquel
tiempo. En su autorizada opinión, Martín Martínez está muy lejos de merecer,
como anatómico, los elogios que ha venido recibiendo de los historiadores
españoles. Su Anatomía Completa (Madrid, 1730) es inferior, en
varios aspectos, a la del español Valverde, escrita dos siglos antes,
principalmente en la ordenación de las materias, en el método de exposición, en
los índices y en las estampas. En estas últimas, sobre todo, hay una inmensa
diferencia en favor del libro del siglo XVI.
Martín Martínez nació en Madrid en 1684. Estudió en
Alcalá, terminando sus estudios en 1706, y el mismo año obtuvo por oposición la
plaza de médico de número del Hospital General. fue profesor de Anatomía,
examinador del Protomedicato, y, por último, médico de cámara de Felipe V. Este
médico fue uno de los espíritus más independientes de su época; conoció los
defectos que tenía la enseñanza de la Medicina y lo mal que se enseñaba en las
Universidades; trató de corregirlos, pero no consiguió otra cosa que granjearse
un gran número de enemigos, que aprovechaban la más pequeña ocasión para
denigrarle, fue el blanco de la envidia de muchísimos, que le proporcionaron
infinitos disgustos y que contribuyeron a su muerte prematura, ocurrida en 9 de
octubre de 1734, a la edad de cincuenta años. Escribió, entre otras, las obras
siguientes: Noches anatómicas o Anatomía compendiosa (Madrid,
1716-1750); Filosofía escéptica (Madrid, 1723-1750); Medicina
escéptica y Cirugía moderna (Madrid, 1725-1727). Anatomía
completa (Madrid, 1730). Por la tendencia filosófica de sus escritos,
la gran cultura en lenguas clásicas, las frecuentes ingeniosidades, las felices
ocurrencias, lo muy versado que fue en poesía y música, y la exhibición de una
variada y extensa ilustración, recuerda Martín Martínez a nuestro contemporáneo
Letamendi (Escribano).
Como demostración de la deficiente enseñanza de la
Anatomía en la Universidad de Valencia, menciona Escribano a los más célebres
catedráticos de la asignatura: Lloret, Gilabert y Piquer.
Francisco Lloret y Martí estudió en Valencia, en
cuya Universidad tomó el grado de doctor y fue catedrático de Anatomía y de
Matemáticas. Habiéndole invitado la ciudad de Bilbao con una de sus plazas de
titulares, aceptó y la desempeñó por espacio de diez años. Tiene razón, como se
desprende del análisis de sus obras, Escribano cuando dice que era menos
anatómico que astrólogo, dejando su cátedra por una plaza de médico en Bilbao y
mostrando en sus escritos una exagerada predilección por Galeno, incompatible
con la observación atenta y verdadera de los cadáveres humanos.
Vicente Gilabert, también de Valencia y profesor de
la Universidad, hacía, como dice Escribano, numerosas vivisecciones (no se
habla de disecciones humanas) con gran destreza, puesto que así nos lo indican
sus historiadores y lo confirma Piquer, contribuyendo esto a su traslado a
Madrid; sus obras, poco numerosas, descubren más al médico teórico, dado a las
sutilezas de las controversias decadentistas, propias de su tiempo en España,
que al hombre de anfiteatro.
Don Andrés Piquer nació el 6 de noviembre de 1711
en Fornoles (Aragón). Estudió Filosofía y Medicina en la Universidad de
Valencia (1727-1734). Obtuvo, por oposición, la cátedra de Anatomía de aquella
Universidad en 1742. En 1751 fue nombrado médico de cámara supernumerario de Su
Majestad, y en 1752, protomédico y vicepresidente de la Real Academia
Médico-Matritense. Falleció en 3 de febrero de 1772. Entre sus numerosas obras,
es especialmente notable la Física moderna nacional y experimental (Valencia,
1745), y más aún la Lógica moderna o arte de hallar la verdad y
perfeccionar la razón (Valencia, 1747). Otra de sus obras, el Tratado
de calenturas, según la observación, etc. (Valencia,
1751-1760-1768-1777), notable por su erudición, fue traducida al francés,
Todavía es más famosa la titulada Las obras de Hipócrates más selectas, con
el texto griego y latino, puesto en castellano e ilustrado con las
observaciones prácticas de los antiguos y modernos para la juventud española
que se dedica a la Medicina (Madrid, 1757)- El tomo I se reimprimió en
1770 y 1778; el II, en 1761 y 1774, y el III, en 1781.
Vemos, por consiguiente, que Piquer, no obstante su
vasta cultura, su soberana inteligencia, sus oposiciones a la cátedra de
Anatomía y su actividad incansable, pasó diez años de catedrático de Anatomía,
todo el tiempo de su profesorado (1742-1751), en la Universidad de Valencia,
escribiendo famosos libros; algunos, como el de Lógica, por ejemplo, que pueden
reputarse inmortales, pero sin tratar para nada las cuestiones anatómicas, que
tanto interesaban a otros países. La Lógica, las Matemáticas, la Física, la
Astronomía, las causas y los síntomas de las enfermedades, la composición de
las aguas de Valencia, las obras hipocráticas, las calenturas, la moral médica,
todo le preocupó en aquellos años, porque Piquer fue un gran polígrafo, menos
la Anatomía y la disección.
Acerca del estado de la Cirugía en aquellos
tiempos, decía D. Diego Velasco en la inauguración del curso de 1764 del
Colegio de Cirugía de Barcelona, que los cirujanos eran hombres empíricos y
groseros, sin capacidad ni talentos, sin crianza ni instrucción; y en el
discurso de apertura del Colegio de San Carlos aseguraba Rives que la Cirugía
había llegado, en la primera mitad del siglo XVIII, al mayor grado de
abatimiento, viéndose obligados los cirujanos a ocuparse en oficios mecánicos
para poder subsistir. Apenas se hallaba en España quien supiese operar la
catarata, extraer un cálculo, curar la hernia estrangulada, realizar la
traqueotomía o asistir debidamente a un parto laborioso. La Marina y el
Ejército tenían que valerse de cirujanos extranjeros. En opinión de Escribano,
dimanaba en gran parte esta postración, no sólo de la decadencia general, de
que ya nos hemos ocupado, sino también de un grave error cometido por nuestros
legisladores del siglo XVII. Dividieron éstos, por pragmática del Pardo de 7 de
noviembre de 1617, la única carrera de cirujano que se venía admitiendo desde
los tiempos antiguos, en dos categorías: cirujanos latinos, o de toga, y
cirujanos romancistas, o cirujanos barberos, o de traje corto. Los latinos, -
para ser aprobados, tenían que mostrar conocimiento de las obras hipocráticas,
de Galeno, de Guido y de algunos otros autores, que estudiaban durante cuatro
años en las Universidades, juntamente con los médicos, y, además, ser
examinados de algebristas, esto es, de las enfermedades de los
huesos, aprendidas en otros dos años de práctica, lo cual formaba un conjunto
de conocimientos más extensos y difíciles que los exigidos a los médicos. Los
estudiantes acomodados, ante esta desigualdad y mayor exigencia, sin
compensaciones legítimas y efectivas en las realidades del trabajo profesional,
prefirieron dedicarse a la Medicina, e insensiblemente fueron desapareciendo
los cirujanos ilustrados o de estudios, no quedando mas que los de segunda
clase, que fácilmente, y muchas veces sin conocimientos, alcanzaban el
codiciado título, por modesto que fuera su papel en la sociedad.
El deseo de mejorar este estado penoso de nuestra
cirugía y las necesidades crecientes de nuestra entonces poderosa Armada naval,
para tener cirujanos hábiles y expertos que sirviesen en nuestras escuadras,
condujeron a la fundación, en 1748, y en el reinado de Fernando VI, del Real
Colegio de Cirugía de Cádiz, hecho que mejoró notablemente el porvenir de la
cirugía española, no porque influyese de pronto en la gran masa general de
aquellos pobres cirujanos repartidos por ciudades y por aldeas y ya sin posibilidad
de regeneración, sino porque tendía sabiamente a la formación de un profesorado
compuesto de hombres científicos, educados en las mejores Universidades
extranjeras, investigadores y prácticos a un mismo tiempo y dedicados
expresamente al cultivo y enseñanza de la Medicina operatoria, verdaderos
sabios y especialistas, como los que ya existían en Europa (Escribano).
El alma de este cambio radical fue Pedro Virgili
(1699-1776). Hijo de unos honrados y humildísimos labradores catalanes, se
consagró en su infancia a las labores del campo hasta los catorce años, en cuya
edad, estimulado por un vivo deseo de aprender, marchó al hospital de
Tarragona, en el cual aprendió a sangrar, y, como practicante de sangrador,
permaneció hasta los diez y seis años. Oyendo un día a los médicos del
establecimiento elogiar las escuelas médicas de Francia, resolvió marchar, con
el objeto de instruirse bajo la dirección de los mejores maestros. Partió a
Francia, haciendo el viaje a pie, con más fatigas que recursos, impulsado, como
muy acertadamente dice Escribano, por el entusiasmo y el fervor de los
predestinados, y logró llegar a la famosa Escuela de Montpellier, donde
rápidamente se captó las simpatías y la admiración de compañeros y profesores,
acabando sus estudios al servicio y bajo la protección de Lebret, uno de sus
más sabios maestros.
Pedro Virgili (1699-1788). (De la colección de grabados de la Biblioteca
Nacional.)
Se consagró primeramente al estudio de la Anatomía,
y se dice que era tal su entusiasmo en el estudio de esta ciencia, que
faltándole cadáveres en el anfiteatro de aquella Escuela, salía, como en
tiempos pasados hacía Pedro Gimeno, en busca de los de ajusticiados, que
arrancaba de los cadalsos para practicar la disección. No satisfecho aún con
estos estudios de la Escuela de Montpellier, reúne sus modestos ahorros, fruto
del constante sacrificio y doble trabajo abrumador de estudiante modelo y
practicante incansable, gastándolos en ir a París, cuyos centros de enseñanza
culminaban entonces sobre los de toda Europa. Perfeccionados sus conocimientos,
vuelve Virgili a España, aceptando, como grato recuerdo, la plaza de cirujano
mayor del hospital de Tarragona, en el que, como acabamos de decir, había
comenzado su carrera. Al poco tiempo fue nombrado cirujano de la Armada Real.
Sus resonantes éxitos en la campaña de Gibraltar, en la toma de Orán y en su
viaje a América con la escuadra española le dieron justa fama entre cirujanos y
marinos. Una traqueotomía feliz, realizada en el hospital de Cádiz en un
soldado agonizante que se asfixiaba, y en circunstancias, más que críticas,
temerarias, con éxito que entonces alcanzaba los límites de lo milagroso, le
hizo célebre en toda España, y aun en el mundo, pues la Real Academia de
Cirugía de París estampó en sus memorias la reseña de la operación y un
cumplido elogio del cirujano español, cosa inaudita por tratarse de un español.
Fernando VI llamó a Virgili, nombrándole médico de cámara.
Las necesidades de nuestra Armada, entregada, como
anteriormente hemos dicho, a cirujanos extranjeros, no muy peritos, pero sí
superiores a los nuestros, y los proyectos de mayor engrandecimiento que
abrigaba el marqués de la Ensenada, dieron ocasión propicia a los deseos y
consejos de Virgili, quien recibió el encargo de preparar la fundación de un
Colegio de Cirugía para la Armada. Virgili escogió Cádiz, donde hizo construir
de nueva planta un edificio que todavía existe, dotándole de buenos laboratorios
y completo y costoso instrumental. Mientras se realizaban estas obras, para que
nada fuese improvisado, eligió unos cuantos jóvenes de reconocida aptitud y
aplicación, que mandó a las principales Universidades extranjeras (París,
Bolonia, Leyden y Londres), donde hicieron estudios profundos y completaron su
educación anatómica y quirúrgica. Y a los dos años de haber recibido el honroso
encargo (1748), tuvo Virgili la satisfacción de ver coronados sus afanes con la
inauguración solemne de los estudios en el primer Colegio de Cirugía de España,
cuyo personal constaba de un director, Virgili, diez profesores, uno de ellos
secretario, y cincuenta colegiales internos pensionados, que después aumentaron
hasta ciento, quedando así convertido en un verdadero seminario quirúrgico
dotado generosamente. Virgili murió el 11 de octubre de 1776. Ha escrito
una Memoria sobre la broncotomia, que aparece en el tomo I, página
581, de las Memorias de la Real Academia de Cirugía de París (1743), y un Compendio
del arte de partear, compuesto para el uso de los Reales Colegios de Cádiz
y Barcelona, Barcelona, 1765-1772.
El éxito del Colegio de Cádiz, cuyos primeros
profesores, elegidos con gran tino, no sólo acreditaron sus enseñanzas, dando
cirujanos a la nación, sino que además formaron un vivero de sabios, dio
ocasión al ‘propio Virgili para fundar otro Colegio en Barcelona, ya en pleno
reinado de Carlos III, adaptado por completo al plan del Colegio de Cádiz, pero
destinado a la formación de cirujanos castrenses. La misma parsimoniosa
cordura, dice Escribano, que caracteriza la organización del colegio gaditano
se nota al fundar el de Barcelona, pues incoado el expediente en 1758, en vida
de Fernando VI, y firmada la Real orden en 1760, duran los preparativos y obras
hasta cuatro años más tarde (1764), en que se inaugura oficial y solemnemente
(aun cuando ya desde 1762 se venían dando algunas enseñanzas) con un discurso
de D. Diego Velasco, profesor de Cirugía del mismo Real Colegio. Cincuenta
alumnos internos tuvo este Colegio desde su fundación, y para libertarles de
toda suerte de conexiones y dependencias con la Universidad y el Protomedicato,
dándoles a la vez carácter eminentemente militar, se puso aquél bajo la
protección y mando del capitán general de Cataluña. Desde esta fecha de 1764,
en que ya tuvo la cirugía enseñanza verdadera, se prohibió a las cofradías médicas
de San Cosme y San Damián que dieran patentes de cirujano.
En 1758 fue admitido como colegial interno en el
Real Colegio de Cirugía de Cádiz D. Antonio Gimbernat, a la edad de
veinticuatro años, cuando ya tenía cursada la Filosofía en la Universidad de
Cervera y hechos los estudios preparatorios para el ingreso en el citado
Colegio, durante dos años en el mismo Cádiz. Había nacido el 15 de febrero de
1734) en la villa de Cambrils, campo de Tarragona, y concentrado principalmente
su extraordinaria laboriosidad en los estudios de disección, piedra angular de
los estudios quirúrgicos. Mi autor más favorito es el cadáver humano,
solía decir gráficamente en sus conferencias y estudios, y tanto adelantó en
ellos, que al acabarlos, en 1762, además de haberse ganado una sólida
reputación entre sus compañeros, fue propuesto por Virgili para catedrático de
Anatomía de los fundadores del Colegio de Barcelona, cargo que le confirió el
rey en igual fecha. En el curso de 1768 demostró, por primera vez, la
disposición de las fibras del arco crural o ligamento de Falopio y en su extremidad
interna, haciendo comprender la importancia y utilidad del descubrimiento para
la operación de la hernia crural, que cuatro años más tarde ejecutaba con éxito
completo en dos enfermos de hernia estrangulada, por un nuevo método de su
invención[1013].
En 1774, a los cuarenta años de edad y doce de
profesorado, comenzó sus viajes al Extranjero, pensionado por el Gobierno. La
edad madura, la aplicación constante y el talento del pensionado daban
garantías de acierto y designación, sin contar con que ya para entonces había
demostrado Gimbernat con hechos sus grandes aptitudes de anatómico, de cirujano
y de maestro. Como anatómico, después de haber realizado gran número de
autopsias, había disecado con esmero y reflexión 32 cadáveres humanos, cifra
fabulosa en España para aquella época, la mayor parte públicamente, en sus
lecciones de cátedra, procurando la colaboración de los alumnos, y anotando
cuidadosamente la disposición y los caracteres de todos los órganos. De modo
que sus numerosos y extensos manuscritos, de los cuales sólo ínfima parte se
conservan, contienen archivadas las observaciones y particularidades, con una
puntualidad y sencillez impropias del estilo de aquel tiempo. La mayoría de
ellos los tuvo presentes su hijo al escribir la sucinta biografía de su padre,
publicada en Barcelona en 1828, y en la Biblioteca de la Facultad de Medicina
de Madrid existen todavía algunos. Nada prueba, según el acertado juicio de
Escribano, de manera tan concluyente la elevación intelectual de Gimbernat
sobre los cirujanos españoles contemporáneos del siglo, como este vigor
científico con que da cuenta de sus estudios cadavéricos, añadiendo los
comentarios que le sugieren. Hacemos mención especial de su folleto acerca
del Nuevo método de operar la hernia crural, con un apéndice y
varias láminas, en donde brillan por igual el anatómico y el cirujano. En él
describe de un modo preciso y detallado el arco crural, con el doblez o
pliegue ae su extremidad interna y su atadura a la cresta del pubis, que es
lo que hoy conocemos con el nombre de ligamento de Gimbernat. También
expone claramente los vasos epigástricos, el cordón espermático, el anillo
crural, el ganglio linfático singular, o sea, en resumen, toda la región que
nuestras anatomías topográficas contemporáneas describen como región del anillo
crural, y que, en estricta justicia, debiéramos llamar región de
Gimbernat. El ganglio singular del anillo crural, que los franceses
llaman de Clocquet y los alemanes de Rosenmliller, fue demostrado por Gimbernat
en sus lecciones de 1768 y expuesto públicamente a Hunter en 177 5,
descubriéndole con todo detalle en el folleto de que estamos ocupándonos, que
lleva la fecha de 1793. Clocquet nació en 1787, es decir, diez y nueve años
después de haber demostrado Gimbernat este ganglio a sus discípulos y a los
doce de haberlo expuesto ante Hunter. Lo propio decimos de Rosenmüller, nacido
en 1771.
Corría el año 1777, dice Escribano, cuando el
famoso Hunter explicaba un curso de Anatomía, al que asistía nuestro
compatriota. Llegó el 25 de abril, y al ocuparse el sabio cirujano inglés, en
su lección 80, de la operación de la hernia crural, manifestó los grandes
riesgos que ofrecía, ya que por poco que la dilatación se hiciese oblicuamente
hacia afuera se cortaba la arteria epigástrica, hacia adentro el cordón
espermático, y en todos los casos, la sección del ligamento de Poupart era
ineludible. Estimando Gimbernat ventajoso el procedimiento de su propia
invención, que había aplicado dos veces con éxito en Barcelona, se dirigió a
Hunter, y con su venia le expuso el resultado de sus trabajos, preparaciones y
método operatorio, valiéndose de la misma pieza seca y bien disecada que había
servido para la lección. «Fue grande mi satisfacción, dice Gimbernat, al ver
que, concluida mi demostración, respondió el propio Hunter: You are
right, Sir (señor, usted tiene razón), añadiendo: Yo lo
haré público en mis lecciones, y así lo practicaré cuando tenga ocasión de
operar en el vivo. » Este sencillo episodio, añade Escribano, decidió la
inmortalidad de Gimbernat, pues Hunter, cumpliendo sus nobles palabras, dio
ocasión en escritos y conferencias a que el mundo supiera los trabajos del
modesto español, desconocido entonces, y quizá perpetuamente ignorado de los
extraños (y hasta de los propios), sin la notoriedad y el inmenso prestigio del
gran cirujano inglés.
De regreso a España Gimbernat y su compañero Rives
reanudaron sus cursos respectivos en Barcelona, hasta que en 1779 fueron
llamados a Madrid para proceder al establecimiento de un Colegio de Cirugía
Médica. Las vacilaciones, dudas y lentitudes burocráticas hicieron que hasta el
1° de octubre de 1787 no tuviera lugar la apertura del Real Colegio de
Cirugía de San Carlos, en los sótanos del Hospital General. La enseñanza se
daba en las bohardillas, y el resto del local se destinaba a las clínicas.
Empezó la matrícula con cinco alumnos, que eran practicantes de aquel hospital.
En este Colegio fue encargado Gimbernat de formar un gabinete anatómico y
patológico, lo que realizó con el mayor acierto, haciendo que seis años más
tarde estuviese en posesión de una de las colecciones más completas de Europa
en aquella fecha. Al propio tiempo ejercía la profesión, dedicándose
especialmente a la oftalmología, e inventando su célebre espéculum, o anillo
ocular, para hacer más fácil la operación de la catarata. Gimbernat es, además,
inventor de otros varios instrumentos quirúrgicos, Murió en 1816, a los ochenta
y dos años de edad.
Además de Virgili y Gimbernat, aun cuando de mérito
muy inferior, deben ser mencionados en aquella época: Leonardo Galli, cirujano
y autor de un notable estudio de las fracturas de la rótula (179$); Queraltó,
profesor de Cirugía del Real Colegio de San Carlos; Rives, que también
desempeñó la misma cátedra; los Ametller, cirujanos de la Armada; Bonells y
Lacaba, los dos escritores a quienes debe más progreso y gratitud la Anatomía
española, por su excelente libro, de todos conocido, que durante más de cuarenta
años no ha tenido rival en nuestro país[1014]; D, Francisco Salvat y Campillo (1751-1828), notable en medicina
interna, defensor de la variolización y autor de algunos estudios sobre la
fiebre amarilla y el escorbuto.
Otra obra que merece mencionarse es el Curso
teórico y práctico de operaciones de cirugía, por Velasco y Villa verde,
ambos alumnos del Colegio de Cádiz, luego cirujanos del Ejército y de la
Armada, respectivamente, y finalmente profesores de la asignatura, el primero
en Barcelona y el segundo en Cádiz.
Entre los médicos españoles que en aquellos tiempos
se distinguieron por sus aficiones a la química deben ser recordados Carbonell
y Bravo, Ardevol y Garriga y Buach, y, como discípulos de Proust, Menchero y
Bermúdez. Consagrados a la Botánica, en primer lugar D. Mariano Lagasca
(1776-1838), Lorente y Asensi y Bahí y Fonseca.
La invasión francesa y la gloriosa Guerra de la
Independencia vienen a interrumpir por completo nuestra vida científica. En
nuestras guerrillas se distinguieron muchos estudiantes de Medicina y médicos
transformados en militares. Gran número de Facultades tuvieron que cerrarse por
falta de alumnos. Muchos profesores notables se vieron obligados a emigrar al
Extranjero. Entre los médicos españoles que lucharon contra los invasores
merecen recordarse los nombres de Ardevol, Lorente y Asensi» Vendrell de Pedr-alves,
Trujillo, Alix y Martinez, Menchero, Bartolomé Sierra, San Martín y, sobre
todos, Juan Palarea, el Médico, del cual decían los
franceses: el Médico es un buen general, y un hombre muy
humano. »
Entre los médicos de la Armada, el más notable es
D. Pedro María González (1763-1837), autor de un Tratado de
enfermedades de navegantes. En los del Cuerpo de Baños, creado en 1817, el
famoso pedagogo D. Pedro Pablo Montesinos (1781-1849), Alix y Martínez, Graells
y Ferrer, Brull, Menchero y Arias, De la Monja y Bartolomé Sierra. En el Cuerpo
de Sanidad Militar, en cuya organización interviene como diputado el famoso D.
Mateo Seoane destaca por el mérito de sus trabajos el notable historiador de la
Medicina española Hernández Morejón (1773-1836), de Alaejos (Valladolid), que
fue, además, el primer catedrático, por oposición, de Clínica Médica del
Colegio de San Carlos (1813). fue separado de su cátedra, por desafecto,
en 1823, y repuesto, por D. Pedro Castelló, en 1827.
Comienza el siglo XIX en España con los trabajos
llevados a cabo para difundir la vacuna por Piguillem, Gil y Albéniz, Pedro
Martínez, Vicente Blasco, Luzuriaga, Zunzunegui, Hernández Morejón, y, sobre
todo, por D. Francisco Xavier Balmis (1753-1819), de Alicante, quien dirige la
expedición o viaje científico para extender la vacuna por todas nuestras
provincias de Ultramar (30 de noviembre de 1803).
En las reformas de la Enseñanza de la Medicina,
llevadas a cabo durante el siglo XIX, y en cuya exposición no podemos
detenernos por falta absoluta de espacio, intervienen especialmente Castelló y
Mata.
Don Pedro Castelló y Ginestá nació en Guisona
(Lérida) el 4 de marzo de 1770. fue profesor del Colegio de San Carlos desde
1801; la guerra de la Independencia le obliga a abandonar la enseñanza, a la
que vuelve en 1814. Es médico de Fernando Vil desde 1825, y aprovecha toda su
influencia en favor de la enseñanza y de la Medicina, cuya reforma lleva a cabo
en 1827. Es autor también de las leyes reformando el ejercicio profesional,
creando la Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía, reformando el Cuerpo
de Sanidad Militar, el de Médicos de Baños y las Academias de Medicina.
Pedro Mata (1811-1873). (Debido a la amabilidad de su nieto D. Pedro Mata.)
Don Pedro Mata y Fontanet. Nació en Reus
(Tarragona) en junio de 1811. Desde muy joven se hace notar por lo avanzado de
sus ideas políticas, publicando, en 1835, la revista El Propagador de
la Libertad, y viéndose obligado, en 1836, a emigrar a Montpellier. Vuelto
a Reus en 1836, es encerrado en prisión en el Castillo de Pilatos de Tarragona,
y luego desterrado a París, donde se consagra a estudiar, asistiendo
especialmente a las cátedras de Orilla. En 1843 se traslada a Madrid, y como
oficial del Ministerio dé la Gobernación redacta un famoso plan de estudios que
modifica por completo la enseñanza de la Medicina y que es muy apasionadamente
discutido. Desde el año 1843 a 1854 permanece Mata alejado de la política y
consagrado casi exclusivamente a su cátedra de Medicina Legal y a sus trabajos
científicos. Desgraciadamente, se vio de nuevo envuelto en el torbellino de la
política, escribiendo de nuevo en los periódicos, e interviniendo muy
activamente en la Revolución de Septiembre, después de la cual, y durante el
reinado de Don Amadeo, obtuvo destinos importantes y de significación política.
Su obra más famosa es el Tratado de Medicina y Cirugía Legal (5. a edición,
1874; 1. a edición, 1844), primera obra fundamental de la
materia en España. Es un escritor fecundo y brillante; sus obras
filosóficas (Filosofía española, 1858; Doctrina
médico-filosófica española, 1860; Compendio de Psicología,
1866; De la libertad moral o libre albedrío, 1878; Tratado
de la razón humana en estado de salud y de enfermedad, 1878, etc.) han sido
muy discutidas[1015]. Murió el 27 de mayo de 1873.
Don Mateo José Orfila. A continuación de la
biografía de D. Pedro Mata, fundador de los estudios médico-legales en España,
debe figurar la de Orfila, creador de la toxicología en el mundo. Al hablar del
primero, hemos podido ver cómo su extraordinario talento y las dotes singulares
de su carácter se malgastaron en gran parte, sin llegar a dar todo el fruto
debido, consumidas en estériles luchas políticas. En la del segundo veremos
cómo una inteligencia, tal vez no superior a la de Mata, sacada de España y transplantada
a un medio científicamente más favorable, supo dar frutos que hoy pertenecen,
no al patrimonio exclusivo de un país, sino al tesoro científico del mundo.
Orfila nació en Mahón (Isla de Menorca) el 24 de abril de 1787. Después de
haber estudiado francés, inglés y matemáticas, de vuelta de un viaje a Egipto,
estudió, con notable aprovechamiento, la carrera de Medicina en Valencia. En
1807 fue pensionado por la Junta de Comercio de Barcelona para perfeccionar en
París los estudios físico-químicos. En aquella Facultad estudió Orfila
Medicina, siendo discípulo y protegido de los famosos químicos Foucroy y
Vauquelin. Después dio cursos libres de Química, que sirvieron para aumentar su
fama y sus recursos. Escribió, además, libros sobre diferentes ciencias
relacionadas con la Medicina. Después de una lucha en la que al fin triunfaron
el talento y la asiduidad de Orfila, la fama de éste fue creciendo de un modo
tan rápido como merecido: miembro correspondiente del Instituto de Francia,
médico de la Casa Real y después catedrático, por concurso, de Medicina Legal
de la Facultad de Medicina de París, habiendo triunfado, por sus méritos, de
Pariset y de Husson. Más tarde sustituyó en su cátedra a su maestro Vauquelin,
y en 1830, al dimitir el profesor Dubois, por anciano, el cargo de decano,
ocupó este puesto Orfila, ) desde este momento puede y debe ser considerado
como el jefe de la Medicina francesa. Aunque nos alegremos profundamente de
este triunfo de nuestro compatriota, no podemos por menos de entristecernos al
pensar que su gloria pertenece realmente más a Francia que a España, y que en
francés están escritos sus numerosos trabajos, fruto de su inteligencia y de su
laboriosidad. A Orfila debe Francia importantes reformas en la enseñanza de la
Medicina y la creación del Museo Dupuytren y del Museo de Anatomía
Patológica (Museo Orfila).
Mateo José Orfila (1787-1853). (De la colección de grabados de la Biblioteca
Nacional.)
Otro reformador de la enseñanza de la Medicina en
España es el valisoletano D. Mateo Seoane (1791-1870), político liberal, a
quien lo avanzado de sus ideas le obligó a vivir gran parte de su vida
desterrado en Inglaterra, donde efectuó notables estudios, mereciendo el honor
de ser admitido en la Sociedad Médica de Londres y en el Instituto Real de la
Gran Bretaña, y, más tarde, en el Colegio de Médicos; esto último en atención a
los servicios que había prestado a Inglaterra por sus trabajos acerca de sanidad
en general y del cólera en especial. Por estos últimos fue recompensado por el
Gobierno, a propuesta del Consejo Supremo de Salud pública, con un premio de
30.000 reales. Durante su emigración en Inglaterra compuso un Diccionario hispano-inglés
e inglés-español; fue fundador de la revista Ateneo, de Londres;
protector de todos sus paisanos, emigrados como él por causas políticas, y
asesor del Gobierno español en todo lo relativo a sanidad. Regresó a España en
1834; fue protector decidido de Méndez Álvaro, Monlau y otros médicos notables;
redactó, en 1837, el proyecto de Ley de Sanidad, y por espacio
de treinta años puede decirse que no se proyectó o se hizo nada importante en
España, en sanidad, beneficencia e instrucción pública, sin la dirección, o
intervención por lo menos, del doctor Seoane. Fue, además, académico de la de
Medicina, de la de Ciencias Naturales y de la de la Lengua, y miembro de la
Sociedad Económica Matritense, organizador del Colegio de Sordomudos y fundador
de la Sociedad para mejorar y propagar la educación del pueblo. Es autor de
numerosos y notables trabajos.
Nótese cómo los profesores que más se han
distinguido en la ciencia médica de nuestra Patria han estado, casi sin
excepción, emigrados más o menos tiempo. Las enconadas luchas políticas de
aquellos tiempos, desterrando, al triunfar uno de los partidos, a los
representantes de los partidos contrarios, venían a constituir una especie de
Junta de pensiones que, sin gastos para el país, enviaba a estudiar al
Extranjero a lo mejor y más intelectual de España. Tal vez convenga seguir para
lo sucesivo este ejemplo.
El más activo propagandista de los estudios de
higiene es D. Pedro Monlau y Roca (1808-1871), de Barcelona, doctor en Medicina
y Cirugía (1833) y bachiller en Filosofía (1847), profesor de Psicología y
Lógica de los Institutos de Madrid (1847) Y médico militar (1833). A propuesta
del Consejo de Sanidad, al que pertenecía desde 1847, asistió como delegado
médico de España al Congreso de Sanidad de París (1851-1552). En 1854 fue
nombrado catedrático de Higiene de la Facultad de Medicina de Madrid, cargo que
desempeñó corto tiempo, volviéndose a encargar de su cátedra de Psicología y
Lógica, y siendo más tarde nombrado profesor de la Escuela de Archiveros,
Bibliotecarios y Anticuarios. Entre sus numerosas obras destacan los Elementos
de Higiene Pública (1847) Y la Higiene
Industrial (1856) y, por lo difundida y popular, la Higiene
del matrimonio (1853), de la que se han hecho numerosas ediciones.
IX. La anatomía y los anatómicos del siglo XIX
Hace notar Escribano, en el discurso a que
anteriormente hemos hecho referencia, que los estudios anatómicos llegan a
alcanzar en el siglo XIX un grado de desarrollo y de perfeccionamiento muy
diferentes a la pobreza y al atraso en que aparecen sumidos, como acabamos de
ver, durante el siglo XVIII. Este progreso se inicia, en primer término, con la
famosa Anatomía de Bonells y Lacaba (1790), que goza la mayor
y más justa popularidad durante toda la primera mitad del siglo XIX.
Por otra parte, las disecciones de Lacaba y
Gimbernat en el Colegio de San Carlos, educaron a los maestros D. Diego de
Argumosa, Castelló, Roca y Gutiérrez, que, con D. Joaquín Plisern, formaban al
final del primer tercio del siglo el elemento joven de la Facultad de Madrid,
amante de los trabajos en el cadáver y de las vivisecciones y conocedor de lo
extranjero. A su vez, éstos tuvieron por discípulos, y después compañeros de
cátedra, a Sánchez Toca (D. Melchor), Corral, Viñals (D. Marcos) y Fourquet, gala
de San Carlos en los años del 40 al 60 del siglo. Tras de ellos vinieron
Martínez Molina, Santa Ana Villanueva, Maestre de San Juan, Creus, D. Pedro
González de Velasco, Losada y Calleja (D. Julián), todos discípulos de la misma
escuela, admiradores de aquellos maestros y descendientes en línea recta del
inmortal Gimbernat. En la Escuela de Granada hay que mencionar dos anatómicos
puros, Maestre de San Juan y Olóriz, y dos anatómicos quirúrgicos, Creus y
Ribera; en la de Valladolid, Calleja y D. Salvino Sierra; en Valencia, Llobet,
Zurriaga, José María Gómez, etc. con sus obras respectivas. Barcelona prosigue
la tradición de su Colegio, destacándose la figura de Letamendi, cuyos estudios
anatómicos son de lo más selecto entre lo mucho producido por su ingenio.
Su Memoria sobre las fuentes de conocimiento y método de enseñanza de
la Anatomía es una acabada monografía, que todavía hoy se lee con
gusto. Cádiz da otro hombre eminente, D. Federico Rubio y Gali (1827 a 1902),
forjado en el yunque duro y doloroso del ayudante disector, que le obligaba
durante su adolescencia a largas vigilias en el anfiteatro anatómico. En la
disección moldeó su espíritu, adquiriendo la tenacidad, la independencia de
juicio, el hábito de observar, el método y la tendencia filosófica, que luego
caracterizaron su vida y sus escritos. La imaginación florida, el buen gusto
literario y los viajes por diferentes países acabaron de perfeccionar la obra
de aquella modesta sala de disección, donde también se desarrollaron los
Domínguez, los Ametller y los Benjumeda. Sánchez Freire, Maximino Teijeiro y
Romero Blanco trabajaron en Santiago, dando muestras de su valer en libros
originales y traducciones. En Zaragoza, Fernández de la Vega y Lozano
escribieron útiles publicaciones, y Cajal, en sus tiempos de disector y
ayudante de museos, realizó los estudios anatómicos iniciales de su admirable
obra ulterior. Sólo por este hecho de haber cobijado la antigua sala de
disección de Zaragoza al gran Cajal, sirviéndole para incubar sus futuras
investigaciones y pensamientos, y preparar macizamente sus oposiciones a la
cátedra de Anatomía, bastará para que quede inmortalizada (V. Escribano).
Las obras españolas de Bonells y Lacaba, Boscasa y
Hurtado de Mendoza, con las traducciones de Portal, Bichat, Boyer, Henle y
Sarlandier, sirvieron de pasto a los estudiantes durante la primera mitad del
siglo.
Así como en la segunda las de Calleja, Siloniz,
Creus, Romero Blanco, Fernández de la Vega, Casanova, Olóriz, Urraca, Castro
Latorre, Fargas, Millán, Peláez y Slocker, entre las primeras, y las
traducciones de Velpeau, Cuiveilhier, Petrequin, Sappey, Jamain, Fort, Testut y
Harmann.
De la enumeración expuesta hace destacar, con
justicia, Escribano, para que queden en primera fila, los nombres y
producciones de Fourquet, Velasco, Calleja y Olóriz, no ocupándose de Ramón y
Cajal porque éste sólo trabajó en anatomía macroscópica en los comienzos de su
obra científica.
Fourquet (1807-1865), de Madrid, pasó, como dice
Escribano, una vida entera dedicado al estudio del cadáver humano, con el mismo
afán y devoción que si explorase mundos desconocidos. Cursó con brillantez
todos los estudios de Medicina en la corte, señalándose muy pronto por sus
aficiones a la Anatomía, en cuya ciencia rectificó no pocos errores aceptados
como verdades por los clásicos. No recibió la borla de doctor hasta 1847, Y
hasta el año siguiente, en el que fue nombrado por Real orden catedrático de Anatomía
general y descriptiva, fue director de trabajos anatómicos. Su discípulo D.
Julián Calleja fue quien más contribuyó a inmortalizar el nombre de Fourquet,
dándonos extensa traslación de sus escritos en su incompleto Tratado de
Anatomía. De ellos debemos conservar la cuadrícula topográfica, obra
importante no obstante estar trazada sin los recursos de que hoy disponemos. Su
clasificación de las articulaciones revela ímprobo trabajo y perfecto
conocimiento de la materia. Sus observaciones sobre miología, la demostración y
exposición del músculo estilo-auricular que lleva su nombre, las ideas y
descripciones de arterias y venas, indican lo mucho que penetró en su estudio,
así como la finura de su escalpelo. La sistematización de los caracteres
anatómicos que establece, y que le sirve para hacer el estudio de los órganos
de un modo completo y metódico, podrá ser discutida, pero también tiene que ser
admirada y, en parte, es seguro que se conservará por todos, ya tácita, ya
expresa y fielmente. La creación del Museo Iconográfico de la Facultad de
Medicina de Madrid, en 1853, fue por su iniciativa. Murió en olor de santidad,
disponiendo en su testamento que sus restos fuesen inhumados en la fosa común,
y que su modesto capital sirviera para la concesión de un premio anual de 500
pesetas al alumno del segundo año de Anatomía que sus compañeros elijan el
último día del curso por votación secreta.
Don Pedro González de Velasco (1815-1882), de
Valseca de Boones (Segovia), aunque muy controvertido, tiene, como dice
Escribano, un mérito muy grande en la Historia, fue un anatómico de voluntad
enérgica y perseverante, que disecó denodadamente y con habilidad pasmosa,
según quienes le vieron, hasta su muerte, ya para educarse a sí mismo, ya para
aleccionar numerosos discípulos. Con este ejemplo de trabajo y de constante
pasión por la Anatomía, fundó una Escuela y un Museo De la escuela salieron
discípulos notables, entre los que debe mencionarse, en primer término, a D.
Ángel Pulido, modelo de fidelidad y cariño al maestro. En el Museo enterró un
caudal de más de tres millones de reales, toda la fortuna acumulada por Velasco
en su laboriosa vida profesional. Este Museo es el mejor fundamento para la
gloria de Velasco. El único ejemplo de España, por lo que se refiere a la
Medicina, de un hombre que consagra todo el fruto de su labor diaria, justa
remuneración de ímprobo trabajo profesional, no a consolidar una renta para
descansada vejez o asegurar la subsistencia de la familia, sino en crear un
Museo de Ciencias Naturales, con aspiraciones a Facultad libre de Medicina y en
competencia con las del Estado, con laboratorios, gabinetes, abundante material
de enseñanza y una revista, sin perdonar vigilias ni esfuerzos, robando al
sueño el tiempo para no desatender la numerosa clientela, la enseñanza diaria y
los trabajos prácticos, que no abandonó hasta los últimos días. No fue Velasco
descubridor. La Anatomía no le debe hecho ninguno que sepamos. La Cirugía
tampoco progresó en sus manos, ni en la parte científica o de principios, ni en
la técnica, ya manual, ya instrumental. Su maestría y destreza se la llevó al
sepulcro, como el artista sus habilidades. Su pluma nada importante produjo. Y,
sin embargo, creemos que le es debido el puesto preferente que le concedemos
por la fundación del Museo (Escribano).
La hermosa biografía (1894) que le ha consagrado el
doctor Pulido nos da una viva pintura de la laboriosidad y el mérito del doctor
Velasco.
Don Federico Olóriz y Aguilera (1855-1912), de
Granada, juntó, como dice Escribano, las más excelsas facultades. De
inteligencia grande, de fantasía pomposa, de paciencia benedictina, de probidad
científica ejemplar, de palabra y pluma galanas. Meditaba el plan de sus
trabajos con suma atención antes de emprenderlos. Desarrollaba sus estudios sin
escatimar tiempo y con la mayor intensidad. Los corregía, contrastaba y
compulsaba con escrúpulos que no siempre, por desgracia, acompañan a nuestras
obras. Trabajó mucho y en diversas materias. fue el prototipo del catedrático y
del investigador. Cultivó con predilección los estudios antropológicos,
produciendo obras maestras, que han pasado del siglo XIX al XX y durarán
todavía muchos años sin envejecer.
Su brillante hoja académica, el estudio
perseverante en sus libros y en los de la Biblioteca de la Facultad, sus
ejercicios y prácticas en la sala de disección y sus repasos, lecciones y
conferencias le prepararon para el ruidoso triunfo opositorio que le dio la
posesión de la cátedra de Anatomía de la Facultad de Medicina de Madrid. Al año
siguiente, en 1884, publicó su primer estudio con el título Recolección
de cráneos para estudios antropológicos. Después continuó estudiando y
trabajando en silencio» mas con intensidad y paciencia de benedictino, en la
formación del Museo Craneológico, que es orgullo de nuestra Facultad. . Según
la autorizada opinión de Hoyos y Sáinz, la colección de cráneos reunida por
Olóriz es la mejor del mundo, pues comprende 2.250 cráneos filiados, de sexo
conocido, de edad fija, de procedencia y aun de genealogía conocidas, con datos
fisiológicos y patológicos que permiten hacer la historia física del sujeto, y
hasta con datos biográficos, por si se quiere la historia psíquica y social. La
demostración de que no era exagerado este modo de pensar la dio el propio
Olóriz con el magnífico trabajo que publicó en 1892 bajo el título de Distribución
geográfica del índice cefálico en España, deducida del examen de 8.368
varones adultos. De no menor relieve fueron otras publicaciones de Olóriz al
finalizar el siglo XIX y principios del actual: La talla en España (1896), Longevidad
extrema en España (1898), El analfabetismo en España (1900), Estudio
de una momia egipcia, Estudio de un cráneo encontrado en Itálica, Caracteres
físicos de los personajes del Quijote, etc. Dentro de la especialidad
anatómica, es preciso mencionar su Manual de Técnica anatómica,
etc. que ha sido justamente alabado por los doctores Martínez Molina y Gómez
Ocaña. La labor de Olóriz al fundar y profesar en la escuela de antropómetras,
y sus múltiples trabajos dactilográficos, son admirados por los especialistas.
Entre ellos, merece citarse la Conferencia acerca de la
dactiloscopia, pronunciada en el Congreso de Zaragoza de la Asociación
Española para el Progreso de las Ciencias, y el Manual para la
identificación de los delincuentes, que fue traducido al francés por
Borgerhoff e impreso en Bruselas en 1911.
Don José de Letamendi y Manjarrés nació en
Barcelona en 1828. Muy joven aún, para proporcionar auxilios a su familia,
explicaba lecciones de Matemáticas, mientras cursaba Filosofía, y daba repasos
de todas las asignaturas del Bachillerato después de haberlas aprobado. Cursó
Medicina en la Ciudad Condal, de 1845 a 1852, estableciendo pronto un repaso de
Anatomía. En 1854 ganó, por oposición, la plaza de primer ayudante y la de
sustituto permanente de la cátedra de Anatomía, y fue obteniendo después todos
los cargos de este departamento, hasta que en 1857, vacante, por renuncia del
doctor Seco y Baldor, la cátedra de Anatomía, la obtuvo también por oposición y
la desempeñó hasta 1878, en que solicitó y obtuvo por concurso la cátedra de
Patología General de la Facultad de Medicina de Madrid. Ya en la corte alcanzó
grandes triunfos, siendo sucesivamente senador del Reino por la provincia de
Zaragoza
(1886), decano de la Facultad de Medicina,
consejero de Sanidad, consejero de Instrucción Pública y académico de la Real
Academia de Medicina.
José de Letamendi (1828-1897). Debido a la amabilidad de D. León Corral.)
Falleció en 1897. En el Ateneo de Madrid dio
notables lecciones y conferencias, siendo muy notables de éstas las que versan
sobre el Concepto del hombre y El Hombre en acción (1895),
la Criminalidad ante la Ciencia (1883) y cinco de aquéllas
consagradas al estudio de los Orígenesde la escritura (1885).
Su obra magna está integrada por el Curso de Patología General, en
tres tomos, publicados, respectivamente, en 1883, 1885 y 1889, y el Curso
de Clínica general, en dos tomos. Era, por último, Letamendi un gran
artista, pintor y músico, autor de una hermosa Misa de Réquiem cantada
en el Monasterio de El Escorial.
Alejandro San Martín (1847-1908). (Debido a la amabilidad del Dr. Azcárraga
San Martín.)
Don Julián Calleja y Sánchez (1836-1913). Discípulo
de Fourquet. Catedrático, por oposición, de Anatomía de la Universidad de
Granada, y después de la de Valladolid (1862), de donde pasó, también por
oposición, a desempeñar la de igual asignatura de Madrid (1871). Es autor de
las obras siguientes: Memoria acerca de la construcción científica de
las fuentes de conocimiento y métodos de enseñanza de la Anatomía humana, Apuntes
de Esplanologia, Estudio de la calavera y de la mayor parte de las arterias,
Prolegómenos de Anatomía (1869), Miología (1872), Compendio
del segundo curso de Anatomía humana (1872), Angiologia (1877)
y Compendio de Anatomía descriptiva y de Embriología humanas (4a edición,
1904).
X. La cirugía y los cirujanos españoles del siglo
XIX
Limpieza el doctor Escribano el estudio de la
cirugía del siglo XIX por las ideas generales de mayor amplitud en sus
aplicaciones. De ellas, la más importante le parece la serie de trabajos que D.
Alejandro San Martín (1847-1908), catedrático de la Facultad de Medicina de
Madrid, dedicó, a fines del siglo XIX, al estudio de las anastomosis
vasculares.
«Si las transplantaciones de órganos vivos—dice
Escribano —, horizonte quirúrgico del siglo XX, han venido a ser hacederas, y
de éxito feliz por el pronto, en ciertos animales, en manos de Carrel,
permitiéndonos vislumbrar un halagüeño y venturoso porvenir, no hay duda, a
nuestro juicio, que a la cirugía vascular de San Martín se debe en buena parte.
Antes de él se habían hecho fleborrafias y suturas arteriales en heridas, ya
quirúrgicas, ya accidentales y en el tratamiento de los aneurismas; pero la sutura
arteriovenosa con posibilidad de invertir la fisiología del curso de la sangre
en una de nuestras extremidades, y la multitud de aplicaciones que de esta idea
madre se han derivado y todavía se deducirán, en las arteritis, embolias,
destrucciones arteriales extensas, etc. a San Martín pertenecen. Y el siglo XX,
más aún que el XIX, aclamará a este insigne español por invención de tamañas
consecuencias, que vienen a ser el colmo de las cirugías reparadora y
conservadora. »
San Martín fue en todos sus estudios el alumno más
sobresaliente, mereciendo las mayores recompensas que los Reglamentos han
concedido como estímulo y como galardón. Cargado de laureles llegó al término
de su carrera, y después de haber sufrido las penalidades inherentes a las
funciones de médico rural, ingresó en el Profesorado público tras brillantes
oposiciones, como titular de la asignatura de Terapéutica general, Farmacología
y Arte de recetar, de la Escuela de Cádiz, obteniendo al cabo de pocos años, y
también en público y disputado certamen, la cátedra de Patología Quirúrgica de
la Universidad Central. Desempeñó esmeradamente, a pesar de que su salud fue
siempre precaria, los cargos de catedrático, director del Hospital Clínico y
consejero de Instrucción Pública; asistió con el mayor cuidado a su dilatada
clientela; publicó obras tan estimables como su Terapéutica Física,
su curso de Patología Quirúrgica y numerosos folletos,
artículos y discursos; y concurrió con muy laudable entusiasmo a los Congresos
nacionales y extranjeros, aportando un rico caudal de ciencia y de experiencia.
fue designado como senador por la Universidad Central y ministro de Instrucción
Pública. En su testamento dispuso la disección de su cadáver para enseñanza de
los alumnos.
Don Diego de Argumosa y Obregón (1792-1865) puede
ser considerado como el inventor de la fleborrafia. No la practicó, pero la
expuso, la describió y aconsejó en su Resumeti de Cirugía. En
cambio, llevó a cabo la arteriorrafia de las arterias aneurismáticas por un
procedimiento propio que denomina la sutura hilvanada.
Argumosa nació en Puente de San Miguel (Santander).
Durante la guerra de la Independencia sirvió a su Patria como practicante del
hospital militar de Santander. Terminó con gran éxito la carrera de Medicina en
1820, fue catedrático supernumerario de la Escuela de Burgos en 1821. Obtuvo
por oposición la plaza de profesor de Disección Anatómica de la Facultad de
Medicina de Madrid en 1829. En 1832 presentó a sus compañeros de Claustro un
siringotomo de su invención; y en 1833 hizo constar como suyo un método de
blefaroplastia, del que luego nos ocuparemos, y cuya prioridad le fue disputada
por Hysern. En el mismo año tradujo la Anatomía de Portal y la
obra de Cazenave sobre Enfermedades de la piel. Caritativo y
hombre de actividad especial para todo lo que fuera hacer el bien a sus
semejantes, solicitó de la Real Academia de Medicina de Madrid, a la que
pertenecía desde el 18 de mayo de 1831, se le confiara un puesto en la Comisión
encargada de dirigir la asistencia a los enfermos de cólera (1834). En 1835 es
encargado por el Gobierno de asistir y curar las famosas llagas de sor
Patrocinio. Sus lecciones eran cada vez más deseadas; sus operaciones,
continuos triunfos. En 1842 un alumno suyo, D. José Alarcón y Salcedo, publicó
algunas de sus lecciones, desagradándole, porque le obligaba a la publicación,
antes de tiempo, según él, de su Resumen de Cirugía. Por su
carácter íntegro y austero tuvo graves disgustos, primero con sus compañeros
Soler y López, y más tarde con sus alumnos, que, amotinados, le siguieron hasta
su casa. Esto fue motivo de que solicitase su jubilación como catedrático.
Menciona también Escribano los trabajos generales
de D. José Ribera y Sans (1852-1912), otro hijo espiritual y glorioso de la
Facultad de Medicina de Granada, como Olóriz, de quien fue, más que amigo,
hermano de por vida. Compañero de cátedra y leal émulo de San Martín, Ribera
asombra por su admirable fecundidad de publicista, que contrasta con la apatía
española corriente. Creemos—dice con razón Escribano — que ningún cirujano
español ha producido obra tan extensa y varia como la de Ribera, compuesta de
libros de texto, estudios monógrafos acerca de muchos, si no todos, los
capítulos de la patología quirúrgica, trabajos experimentales de anfiteatro, y
de laboratorio, investigaciones históricas sobre la Cirugía española,
traducciones, prólogos y extensas anotaciones, cuya enumeración detallada y
crítica ha sido hecha por el doctor Escribano en el prólogo de la obra póstuma
de Ribera, Ensayos monográficos de Cirugía española (1916).
Toda la labor de Ribera es interesante y digna de estudio. Escribano comienza por
ocuparse de algunos trabajos generales y, en primer término, de su
procedimiento de hemostasia, mediante la ligadura elástica del abdomen, llamado
en el Extranjero de Momburg, y cuya invención debemos reivindicar para Ribera,
quien no sólo resolvió con tal recurso, mucho antes que el cirujano militar
alemán, el grave peligro de la hemorragia en la desarticulación coxo-femoral,
practicando esta operación en blanco gran número de veces, sino que extendió el
uso de este poderoso medio isquémico a todas las grandes operaciones que se
practican en la raíz del muslo, y algunas de la pelvis, ampliando sus
beneficios hasta límites que parecían inaccesibles a la hemostasia preventiva,
y ofreciendo a los tocólogos un auxilio rápido y decisivo en casos extremadamente
apurados.
Argumosa practicando en el cadáver la operación de la hernia. (Cuadro de
Antonio Bravo (1880), existente en la Facultad de Medicina de Madrid, regalado
por el Dr. Calvo y Martin.)
Otro estudio muy notable es su monografía acerca de
la tuberculosis articular en el Tratado Enciclopédico
de Pediatría, de Pfaundler y Schlossmann, en su edición española, dirigida
por el notable pediatra Martínez Vargas y publicada en Barcelona en 1910.
José Ribera 1852-1912). (Debido a la amabilidad del Dr. Esquerdo.)
Los primeros trabajos de Ribera fueron las memorias
premiadas por la Academia Médico-Quirúrgica en 1881 y 1882 sobre Génesis, complicaciones
y terapéutica de los hidroceles y Diagnóstico diferencial de
los hidroceles. Posteriores son las notas al tratado de Erichsen, La
Ciencia y el Arte de la Cirugía, traducido por D. Avelino Benavente (1884),
entre las que hay algunas, como, por ejemplo, las consagradas a la inflamación,
a los cuerpos extraños, a la conmoción, contusión y compresión cerebral, a la
escrófula y tubérculo, a los neoplasmas, tétanos, aneurismas, cirugía del
pulmón, hernias y laparotomías, que son todavía dignas de estudio y de
meditación, y reveladoras del talento y laboriosidad pasmosos de Ribera. Al
propio tiempo colaboraba nuestro biografiado en la edición española de la Enciclopedia
internacional de Cirugía, de Ashhurst, bajo la dirección de D. Juan Creus,
enriqueciendo y completando la obra con notables monografías de recopilación y
crítica acerca de la rabia, las afecciones carbuncales y las hernias.
Al estudio de los quistes hidatídicos dedicó una
monografía de 150 páginas en 1905, una comunicación al segundo Congreso Español
de Cirugía en 1908, y varios artículos o historias clínicas publicados desde
1886 en adelante en la Revista de Medicina y Cirugía Prácticas. En
su último trabajo de 1908 reunía Ribera una estadística de 117 casos propios.
En el tratamiento de un quiste hidatídico del riñón ideó su método de
laparotomía paraperitoneal o subperitoneal. Ya hemos aludido anteriormente a
sus notables trabajos de Historia de la medicina, relativos a la trepanación
(1898). Todavía hay que añadir sus notas y artículos relativos a la cirugía de
la cara, completados con una comunicación sobre el mismo tema a la Sociedad
internacional de Cirugía de Bruselas (1908) y una conferencia en la Universidad
de Granada (1910). Practicó 22 extirpaciones totales de la parótida, publicando
sobre este asunto una serie de artículos en la Revista de Medicina y
Cirugía Prácticas (desde 1899 en adelante). De cirugía torácica, además
de los artículos de El Siglo Médico (1879), hay que citar sus
comunicaciones al Congreso internacional de Budapest de 1909 y a la Sociedad
internacional de Cirugía de Bruselas de 1911. En cirugía abdominal es
especialmente notable su procedimiento de gastrectomía total con extirpación
del cardias (1902-1903 y 1911). En cirugía de los miembros ha sido Ribera
especialmente notable en las resecciones y desarticulaciones, habiendo
practicado seis veces por procedimientos modificados por él la desarticulación
inter íleo-abdominal (Tesis del doctorado de su discípulo Luis y Simón, 1903, y
Comunicación al Congreso francés de Cirugía de 1911).
Otro cirujano y de los más famosos del siglo XIX es
D. Federico Rubio y Gali (1827-1902). Maestro de disección en sus primeros
años, profesor de Anatomía pictórica más tarde, conociendo al detalle la
organización del cuerpo humano, y habiendo practicado en el cadáver todas las
operaciones que en su tiempo eran corrientes, poseía la base para desarrollar
sus innatas aptitudes quirúrgicas. A esta aptitud orgánica unía una sólida
cultura médica y un gran sentido clínico. Practicaba en poquísimos minutos la
extirpación de una mama cancerosa y de todos los ganglios infiltrados,
valiéndose de procedimientos que bastantes años después han recomendado Kocher
y Halsted, y enucleaba tumores voluminosos con tal rapidez, que el mismo
insulto traumático servía de hemostático eficaz, y atacaba un bocio
parenquimatoso y muy vascularizado, sin la menor hemorragia y con sólo ligar
los vasos nutricios. Practicó la primer ovariotomía en 1860, cuando sólo hacía
dos años que había inaugurado su primera serie en Inglaterra Spencer Wells y
dos años antes que Nélaton, después de haber visto al operador inglés, se
atreviese en Francia a arrostrar el anatema que sobre esta operación había
lanzado la Academia de París. En 1861 efectuaba la primer histerectomía; en
1874, la primer nefrectomía, y en 1878, la primer extirpación total de la
laringe, es decir, cinco años después de haber practicado Billroth, con un plan
determinado, la primera operación de esta especie, que tanto llamó la atención
del mundo científico. Entre las publicaciones merecen citarse El Libro
Chico (1863), El Ferrando (1863), La
conversación sobre el cáncer, que vio la luz en El Siglo Médico,
Quistes y tumores del ovario, Circuncisión, Extirpación y estenosis de la
laringe (1878), Caries, Deformidades del cuerpo humano (1878),
cinco Reseñas del Instituto de Terapéutica Operatoria (1881-85)
y la Revista Ibero-Americana de Ciencias Médicas (1899-1902).
Todavía es más notable D. Federico Rubio por la
creación del llamado Instituto de Terapéutica Operatoria, completado con la
construcción de un hospital en los altos de la Moncloa, que fue, como dice
Escribano, empresa que sólo pueden llevar a cabo en nuestro país los hombres
adornados de las más altas y hermosas dotes intelectuales y morales. Crear una
institución dedicada a la enseñanza quirúrgica con sus principales
especialidades, gratuitamente, supuesto que los profesores nada cobran por su
trabajo, y el modesto estipendio que, a título de matrícula, pagan los alumnos
una sola vez, lejos de servir de remuneración, no basta para atender a los
gastos obligados de material; dar a esta enseñanza carácter práctico, haciendo
que alumnos y profesores se ayuden mutuamente en la exploración, visita,
consultas y operaciones, con cariño y espíritu de solaridad poco frecuentes;
acreditar así una escuela sui géneris, inconfundible y que
parece consolidada muchos años después de la muerte del fundador, con el cariño
común a la memoria del maestro como principal lazo de unión; producir numerosos
especialistas que han ido alcanzando las mayores reputaciones profesionales de
la corte; asegurar la subsistencia del hospital y de los dispensarios o
consultorios con donativos particulares y sin ninguna subvención del Estado,
son cosas siempre muy difíciles de hacer, y mucho más si ha de lucharse contra
la indiferencia y la oposición de muchas personas y algunas entidades. Los
servicios que a la Cirugía española ha prestado son varios. La instauración de
las principales especialidades quirúrgicas, ocasionando los estudios y el
crédito de un Ariza para la oto-rino-laringología, un Suender para vías
urinarias, un Buisen para enfermedades nerviosas y electroterapia, un Gutiérrez
para Ginecología, etc. La propaganda del método antiséptico y de la utilidad de
asociar la clínica a los trabajos de laboratorio para el mejor estudio de los
enfermos, también se hizo en el Instituto Rubio con gran empeño cuando estas
ideas no habían entrado aún de lleno en las Facultades de Medicina.
Don Eugenio Gutiérrez y González, el más ilustre de
los profesores del Instituto Rubio y el verdadero fundador de la Ginecología en
España, había nacido en Santander en 1851. Murió en 1914. Terminó los estudios
de Medicina en Valladolid en 1873, doctorándose en 1881. Ejerció como titular
en Lamadrid (Santander), desde 1874 a 1878. Se trasladó, con el fin de ampliar
sus estudios, a París en 1879, donde se consagró especialmente a Histología y
Anatomía patológica con el profesor Ranvier, y a Ginecología y Obstetricia con
Gallard, Cheson, Martineau, Depaul, Budín, Ribemont y Champertier. A su regreso
a España ingresó en el Instituto Rubio, primero en el Laboratorio de Histología
y después al frente de la consulta y dispensario de Ginecología. Desde 1881 dio
cursos de Histología normal y patológica, en unión del actual profesor de
Valladolid, doctor López y García, en el Museo del doctor Velasco. Ha
pertenecido a la Sociedad Ginecológica Española, al Real Consejo de Sanidad y,
desde 1894, a la Real Academia de Medicina, en la que leyó un hermoso discurso
sobre los Límites de la Cirugía radical en Cinecología. Gutiérrez
empezó su ejercicio profesional, como dice Cortejarena, en los momentos en que
la Ginecología iniciaba los progresos que la han constituido en una
especialidad absoluta, y puede asegurarse que cultivó con tanta pasión y tanto
lucimiento la especialidad, que llegó a no ser superado en ella por ningún
práctico, ni de España ni del Extranjero. El número de operaciones llevadas a
cabo por Gutiérrez en el Instituto Rubio es tan considerable como variado y
completo: ovariotomías, extirpaciones completas de matriz,
histero-miomectomías, salpingo-ovariectomías y multitud de operaciones
plásticas vulvo-vaginales; cistorrafias, extirpaciones del cuello uterino, de
pólipos, de tumores de la vulva y de la vagina, etc. Entre sus trabajos, tan
numerosos como meritorios, hay que citar uno muy notable sobre Patogenia
y tratamiento de la fiebre puerperal (1879) y otros sobre La
histerectomía en España, Sobrepelvi-celulitis, Catarro crónico del útero,
Histerectomía vaginal, Tratamiento de las anexitis, Tratamiento de los fibromas
del útero, Embarazos complicados con fibromas, Fístulas uro-genitales, etc.
etc.
Aunque no pensábamos mencionar más que muertos,
vamos a hacer una excepción en favor del cirujano barcelonés, vivo todavía por
fortuna, D. Salvador Cardenal, por haber sido quien con sus conferencias del
Hospital de Santa Cruz, de 1878-1885, y más tarde con la publicación de
su Cirugía antiséptica, fruto de sus viajes por el Extranjero,
ha hecho más que nadie para difundir por España el método de Lister. El ejemplo
de Cardenal encontró bien pronto imitadores en Barcelona, de tal modo, que
Fargas, Rusca y otros han hecho de aquella ciudad un centro quirúrgico de
primer orden, rival de Madrid.
Entrando en el estudio quirúrgico especial, y
siguiendo como guía los trabajos de Ribera y los estudios de Escribano, vamos a
ver ahora qué es lo más importante de lo hecho por los profesores españoles:
Cirugía de la cabeza. —En la técnica de las
operaciones de la cara y del cuello, podemos hombrearnos con los más insignes
cirujanos de otros países. Los Dieffenbach, Liston, Buchanan, Berger, Nélaton,
Broca, Larger y Morestin, tienen dignos émulos en Argumosa, Hysern, Toca,
Guarnerio, Laorden, Creus, Encinas, Rubio, Ribera y Avelino Gutiérrez.
Argumosa discurrió y puso en práctica un famoso
procedimiento de blefaroplastia por extirpación de un cancroide del párpado
inferior y algo de la nariz, cuyo éxito comunicó en Junta pública a sus
compañeros de la Facultad de Medicina de Madrid en 1832. Dieffenbach hizo esta
operación en París, en la clínica de Lisfranc, en 1834; es decir, dos años
después que Argumosa. El mismo Argumosa, en 1836, inventa otro procedimiento de
blefaroplastia a colgajo malar.
Don Joaquín Hysern (1804-1883), de Bañólas
(Gerona), disputó a Argumosa la prioridad del procedimiento, si bien leyendo a
los dos se ve que son diferentes. No obstante faltarle la razón a Hysern en tal
contienda, hay que hacer constar que en 1834 publicó este reputado profesor de
San Carlos un excelente opúsculo titulado Tratado de blefaroplastia
témporofacial. Por este folleto, cuya lectura recomendamos, y por
haber sido Hysern el primero que en España practicó la decolación del fémur,
por las vivisecciones y experimentos que solía hacer en su cátedra de
Fisiología, con rapidez y habilidad sorprendentes, ya en los años 1836 a 1838,
es decir, inmediatamente después de Magendie y por los elogios que el gran
cirujano francés Velpeau, su contemporáneo y amigo, le tributaba en escritos y
conferencias, merece Hysern el recuerdo que sinceramente le otorgamos,
olvidando sus luchas desatendidas con Argumosa y sus tiempos de homeópata (V.
Escribano).
Queiloplastias. —Entre las queiloplastias modernas
más reputadas deben figurar las de Argumosa y Creus, siendo también
apreciables, aunque inferiores, de Laorden y Guarnerio. El procedimiento de
Argumosa es enteramente original y casi idéntico al que sesenta años más tarde
se ha llamado en Francia método de Berger. Mucho más afortunado, por el número
y calidad de los partidarios que ha tenido y tiene, es el de D. Juan Creus y
Manso (1828-1897), arreglado del de Buchanan- Syme, pero muy superior y preferible
a éste. Creus, profesor primero de Granada y después de Madrid, autor de
un Tratado elemental de Anatomía Médico-Quirúrgica y de otros
sobre Resecciones subperiósticas y Heridas de arma de
fuego, es inventor también de un estimable procedimiento para la resección
del maxilar inferior.
Parótida. — Como dice Escribano, el capítulo de la
extirpación total de la parótida podríamos redactarle en cualquier tratado de
operaciones sin acudir a textos extranjeros. Argumosa, Toca, Hysern, Creus,
Rubio, Ribera y Avelino Gutiérrez le han estudiado a fondo, proponiendo y
realizando diversos métodos para la extirpación de este órgano, algunos de
ellos en tiempos en que anatómicos y clínicos franceses e ingleses la
consideraban imposible.
Don Diego de Argumosa extirpó varias veces tumores
benignos y malignos de la parótida, conservando la glándula en los primeros y
verificando su ablación total en los segundos, a partir de 1832, sin ligadura
previa de la carótida externa.
Don Melchor Sánchez Toca (1804-1880), de Vergara
(Guipúzcoa), metodizó—dice Escribano — con singular perfección la técnica de la
exéresis parotídea, estableciendo siete tiempos, minuciosamente expuestos, con
un lenguaje preciso y anatómico que bastaría a la fama de este gran operador y
verdadero sabio, cirujano de los que mejor conocían el Extranjero por sus
viajes de estudio; de los que más atención dedicaron a la necesaria reforma de
nuestras leyes de enseñanza y malos hábitos; de los que con más puntualidad y
energía cumplieron sus obligaciones de cátedra; de los más hábiles disectores;
de los más intrépidos prácticos; de aptitudes universales; operador inimitable;
genio quirúrgico; dios de la Cirugía, como le llamaron en sendos elogios D.
Juan Creus, D. Andrés del Busto y D. Ángel Pulido. Pero también de los que
menos escritos han dejado, pues nada valen para lo que pudo y debió publicar en
su larga y activísima existencia unos cuantos artículos y opúsculos. Entre
ellos destaca su Memoria sobre la enseñanza de las Ciencias Médicas, deducida
de la observación de las escuelas extranjeras y dirigida a perfeccionar la
nacional de San Carlos donde promete obras varias que no llegó a dar a
la imprenta. Por la muestra que nos da en ésta, publicada en 1840, sobre
cuestiones preliminares y cuadros de estudios médicos, en las escuelas de
Portugal, Francia, Inglaterra, Bélgica, Holanda, Alemania, Prusia y el Gran
Ducado de Badén, se comprende la utilidad que habrían experimentado los
estudios médicos en España de haber salido a luz los demás que promete sobre
los estudios anatómicos y fisiológicos, anfiteatros, museos y salas de
disección; las ciencias físicas y naturales consideradas como auxiliares de la
medicina; estudios de patología, Lerapéutica y obstetricia, e institutos
clínicos de la Facultad, exámenes, grados académicos, premios literarios,
licencias para ejercer, etc. y, finalmente, sobre el presupuesto y los diversos
artículos de ingreso y gasto.
Melchor Sánchez Toca, Marqués de Toca (1804-1880). (Debido a la amabilidad
de D. Joaquín Sánchez Toca).
Tan concienzudo estudio debió de hacer en este
viaje, que, para llevar idea exacta del estado de la enseñanza en España y no
pasar los Pirineos sin conocer previamente su país, empezó por visitar los
establecimientos de Santiago, Lisboa, Cádiz, Sevilla, Valencia y Barcelona. En
Francia recorrió Montpellier, Nimes, Tolón, Marsella, Lyon, Burdeos,
Estrasburgo y París; en Inglaterra, Londres; en Bélgica, Amberes, Bruselas y
Gante; en Holanda, Utrecht y Ámsterdam; en Alemania, Bonn y Heidelberg (V.
Escribano).
Don Federico Rubio recomienda atacar la región
parotidea a fondo, empezando por la parte postero-inferior, para volcar
glándula y tumor hacia arriba y adelante, descubriendo por retaguardia vasos y
nervios, con lo cual la operación resulta hemostática y siempre se. está
dominando el campo operatorio. Ribera describe un procedimiento adaptable a los
más diversos neoplasmas, sencillo en sus manos, superior a los de Faure y
Morestín, defendiendo, como Creus, la posibilidad de extirpar la parótida, en
determinadas ocasiones, sin ligar la carótida externa. Avelino Gutiérrez, por
último, viene extirpando este órgano por un procedimiento extracapsular y
hemostático, que diseca primero de abajo arriba y de atrás adelante, y después
en sentido inverso, los órganos periparotideos. Ha sido descrito por su autor
en la Revista Ibero-Americana de Ciencias Médicas.
Tórax. —Ribera publicó en mayo de 1879—dice
Escribano — la historia clínica de un empiema con fístula pleural rebelde y
antigua, operado por él en octubre de 1878, mediante la resección de las
costillas octava y novena, con éxito completo, quedando el enfermo curado y con
el hundimiento característico de la pared torácica. Como se ve, esta es la idea
fundamental de la mal llamada operación de Estlander, cuya primera publicación
data de 1879, un año después de la operación de Ribera. Verdad es que nueve años
antes, o sea en 1869, ya trataba Simón sistemáticamente, en Alemania, los
derrames pleuríticos fistulizados y crónicos por la resección de varias
costillas para cerrar el espacio muerto. Pero como los trabajos de Simón no
salieron entonces de su país, puede muy bien darse el caso de que en España
Ribera, en Inglaterra Estlander y en Francia Gayet hayan tenido razones para
discutir la prioridad de esta operación que a ninguno de los tres pertenece.
Para la mediastinotomía posterior inventó Ribera, en 1899, un proceder, que
empleó en el vivo tras de repetidos ensayos en el cadáver, de gran
transcendencia, puesto que suministra una vía aprovechable para las
modernísimas operaciones en los órganos de esta región, y preferible a la
propuesta por Quenn-Plartmann. Hermana gemela de esta toracoplastia de Ribera
es la que propuso A. Schwartz más recientemente. Y, sin embargo, el
procedimiento del cirujano español permanece en el olvido, y el del joven
cirujano francés se cita y describe en los libros que tratan de la materia.
Abdomen. —La gastrectomía total, con extirpación
del cardias, cuenta con un procedimiento español, ideado por Ribera, ante las
varias dificultades con que tropezaba para poner al alcance de la mano el
cardias y la extremidad inferior del esófago. Es injusto atribuir a
Baudet-Navarro este procedimiento de Ribera, ligeramente modificado, varios
años después de haberlo ejecutado en el cadáver y de tenerlo impreso y dado a
conocer el profesor español en el Congreso internacional de Medicina celebrado
en Madrid en 1903. También contamos con el método de Rusca, malogrado cirujano
de Barcelona, para la gastro-entero-anastomía.
La operación del ano artificial cuenta en España
con el procedimiento de D. Alejandro San Martín, denominado colostomía valvular
subilíaca. Para el tratamiento de las estenosis rectales no neoplásicas, ni
fácilmente operables por otro medio más radical, ideó Ribera la rectotomía
posterior en abanico, previa la resección del coxis.
Ya anteriormente hemos aludido a la laparotomía
paraperitoneal ideada por Ribera para la nefrectomía en un caso de quiste
hidatídico de gran tamaño. No es nuevo el procedimiento, aconsejado ya por Mac
Ardley Verhoogen, así como por Thornton, Trélat, Pean, Konig y Bandenheuer;
pero es deber nuestro poner al sabio catedrático de Madrid entre los modernos
restauradores, delante de Chevassu y Luis Bazy, que posteriormente a Ribera, y
sin mencionarle para nada, vienen haciendo propaganda en el mismo sentido, logrando
que muchos acepten sus ideas, y una como resurrección del olvidado camino.
La talla perineal ha sido
ilustrada y enriquecida por varios cirujanos del siglo XIX. En Madrid, Toca la
practicaba con gran maestría; en Cádiz, Ceballos y Benjumeda; en Granada,
Creus. La talla hipogástrica transversal fue practicada por el
doctor González Olivares a mediados del siglo, pudiendo verse el procedimiento
ideado por este cirujano en el Ir atado de Anatomía médico-quirúrgica y
topográfica de Petrequin, traducido por Maestre de San Juan y Ramírez
Mauri. La talla hipogástrica longitudinal ha sido simplificada
por Ribera.
En la cirugía del pene, la circuncisión ha
sido simplificada y perfeccionada por Argumosa y Creus; la amputación
del pene, por Argumosa y Rubio. La uretrostomía perineal en
el tratamiento de las fístulas urinarias múltiples, por periuretritis supuradas
es una operación debida a Argumosa y no a Poncet, como lo atestigua el Resumen
de Cirugía, con detenidas consideraciones y un caso clínico interesante.
En Ginecología, D. Melchor Sánchez Toca
llevó a cabo en 1845 la histerectomía abdominal, y D. Tomás de Corral y Oña
(1807-1882) practicó, según afirma el doctor Casado Torreblanca en su discurso
de ingreso en la Real Academia de Medicina de Granada, la cesárea
vaginal en 1845.
El doctor Corral nació en Leiva (Logroño) el 18 de
octubre de 1807.1 lizo sus estudios de Medicina en. San Carlos. Ganó, por
oposición, una plaza de ayudante de profesor y por el mismo procedimiento una
cátedra en 1836. Cuidó con entusiasmo y constancia de la biblioteca de la
Facultad, que se enriqueció gracias a sus desvelos. Durante los diez y ocho
años que desempeñó la cátedra de Obstetricia tuvo numeroso auditorio, que
admiraba su palabra brillante, fácil y en ocasiones epigramática. Abandonó el
magisterio para brillar en otros destinos, como en el de médico de cámara de
Isabel II, y atender a su numerosa clientela, fue también médico de Alfonso
XII. Murió en Madrid el 14 de diciembre de 1882.
Por falta de espacio, no podemos seguir al doctor
Escribano en su estudio especial de los descubrimientos quirúrgicos españoles.
Diremos tan sólo que en la desarticulación coxo-femoral hay que citar a Hysern,
Toca, Encinas, Rubio y, sobre todo, Ribera; que la desarticulación
inter-ileoabdominal tiene en el doctor Margarit, de Barcelona, un precursor, y
que Ribera ha ilustrado su historia, indicaciones y procedimientos en la
conferencia que, por invitación del presidente, doctor Segond, dio ante el
Congreso francés de Cirugía de 1911.
Tomás de Corral y Oña, Marqués de San Gregorio (1807-1882). (Debido a la
amabilidad de D. León Corral).
En la amputación del muslo contamos con el
procedimiento de Argumosa y el osteoplástico de San Martín. En desarticulación
de rodilla, procedimientos de Argumosa, Creus, etcétera. En amputación de la
pierna, métodos de Argumosa, Romagosa, Ferrer y Viñerta, Creus, San Martín y
Ribera.
«Sólo un pequeño detalle de la región
inguino-crural, su ligamento, dice Escribano, es lo que en el tecnicismo
anatómico y quirúrgico internacionales se viene llamando de Gimbernat, único
nombre español que, con el moderno de Cajal, suena sin regateos entre los
innumerables que, no siempre con entera justificación, han inmortalizado la
nomenclatura anatómica. Quitáramos aquel catalán y este aragonés, y España no
seria mencionada en la abrumadora y farragosa lista de innumerables
descubridores del vasto campo de nuestra organización, a veces de nimios
detalles. Un Servet, con sus clarividentes concepciones de la circulación
pulmonar; un Valverde, con su descripción original y exacta del tabique
interventricular, marcando una época en la historia anatómica del corazón; un
Gimeno y un Collado, con sus primeras perfectas reseñas del hueso estribo; un
Viñals, con sus preparaciones del oído interno, demostrativas de hechos antes
de él ignorados[1016]; un Fourquet, con su musculito estiloauricular, su cuadrícula
topográfica, sus investigaciones y clasificaciones, fueron o desconocidos u
olvidados al poner el nombre a los órganos que descubrieron, no por casualidad,
sino tras profundas, prolijas y generosas indagaciones. De la misma manera que
un Francisco Díaz, un Daza, un Alcázar, un Montemayor, un Argumosa, un Toca, un
Corral, un Creus, un Rubio, un Encinas, un Rusca y un Ribera pudieron ser
omitidos en el orden quirúrgico. A unos y otros les faltó el marchamo de las
aduanas extranjeras, el conocimiento y la confraternidad de los sabios que han
vivido más allá de los Pirineos.
«No les falte nuestra justicia. Verdad que nuestros
presentes son modestos; pero como también son reales y efectivos, tenemos
derecho a quejarnos de la postergación sufrida y a ser atendidos en estas
reclamaciones por el concurso internacional de sabios. Empecemos por no olvidar
nosotros mismos, por darles pábulo en la cátedra y en el libro, cuidando este
pequeño panteón de nuestras legítimas glorias científicas como se cultivan las
flores de un jardín amado, como se guardan en el santuario del corazón los recuerdos
paternos, la memoria de la casa que nos vio nacer, del pueblo, del querido
terruño, y no para tenerlas escondidas, sino para sacarlas a luz
frecuentemente, con igual delectación que estas dulces remembranzas, cuando los
años van madurando y encaneciendo las cabezas. »
Termina el doctor Escribano su discurso dedicando
al doctor Hernando los párrafos siguientes:
«De D. Benito Hernando y Espinosa, antiguo
catedrático de Terapéutica de esta Facultad de Medicina de Granada (1872-1887)
y después de Madrid (1887-1909), donde tuve la honra de ser alumno suyo, deseo
decir algo más, aunque nunca será tanto como merece su memoria, por mí
venerada, y su cariño a esta Universidad, donde pasó los quince años más
felices de su vida, rodeado de gran prestigio y estimación.
»Su carácter era tan particular, que impresionaba
de manera indeleble, destacando en la memoria de sus discípulos sobre todos los
recuerdos de su vida estudiantil, los de la cátedra y laboratorio de
Terapéutica.
»Duro y áspero en las apariencias, infantil y todo
corazón en el trato íntimo. Vivo, con una viveza eléctrica en sus
conversaciones familiares y docentes, era pausado, pacienzudo y nimiamente
escrupuloso en el lenguaje escrito. Profunda y sinceramente religioso, fue
tomado por algunos, y podría pasar frecuentemente, por ligero y volteriano.
Observador estudioso y aplicadísimo, creyérase que desperdiciaba el tiempo en
sus largas conversaciones. Sabio de los verdaderos, de los que más honraron el
profesorado español y la Patria en el último tercio del siglo XIX, procuraba
ocultarlo con la modestia más sincera, empeñándose en no parecerlo. Sabía mucho
de todo: latín, matemáticas, física, química, arte, literatura, música,
historia, y lo sabía con tal lujo de fechas, detalles y citas, que oyéndole
pudiera creerse que sólo había ocupado la existencia en exaltar su retentiva
con estudios memoristas, y, sin embargo, procedía de la carrera de Ciencias,
donde se hizo licenciado y doctor antes que médico, y había hecho un estudio de
los más detenidos y científicos que conozco y pueda nadie hacer sobre la lepra
en Granada, con trabajos que motivaron un viaje especial de Neisser, pensionado
por el Gobierno alemán, y una visita de Virchow a esta ciudad.
»Y para terminar la lista de los aparentes
contrasentidos de su vida, diremos que, habiendo condensado estos pacientes y
generosos estudios en un libro modelo de verdad y de rigor científico, donde,
no cada palabra, sino cada punto y coma eran meditados y discutidos, no tuvo la
fortuna de verle premiado en el concurso anual, de la Real Academia de Medicina
de Madrid. Desagraviado quedaría Don Benito de tal postergación con los elogios
de los anatomo-patólogos que entonces actuaban de semidioses en Europa, como
Cornil y Virchow; pero la publicación del libro, que por su índole especial
tuvo muy pocos lectores, resultó onerosa para su pobre peculio, con la cual ya
no pudo continuar la impresión de los demás trabajos, quedando manuscritas las
interesantes estadísticas, hechas en colaboración de alumnos cariñosos y
abnegados, que seguían sus enseñanzas de enfermedades de la piel y sus visitas
diarias al Hospital de San Lázaro con interés y asiduidad particulares.
»Si nuestras Academias y Gobiernos dejaron de
proteger a Hernando, privando al sabio de recompensa y estímulo y a la Patria
de los frutos que la prosecución de sus ingratos y heroicos estudios sobre la
lepra habrían seguido produciendo, no peque la Universidad de Granada con su
memoria olvidándole en la hora de la muerte porque ya no pertenecía a su
Claustro, ni cometa la ciudad un delito de lesa ingratitud con el difunto.
Granada le debe un recuerdo, no sólo por el celo en asistir gratuitamente
durante muchos años a los pobres leprosos, sino también por su hermoso rasgo en
la epidemia colérica de 1885 Entonces D. Benito, sin ejercer la profesión en
clientela acomodada, y, por tanto, desconociendo el legítimo lucro que la
carrera puede y debe proporcionar, fue de los que más prodigaron su santo
ministerio con los pobres coléricos, visitando incansable a todas horas, a pie
y en carruaje, los barrios menos atendidos de la ciudad, en aquellos días
luctuosos de horrible consternación[1017]».
Además de los cirujanos del siglo XIX ya
mencionados podemos citar aún los siguientes: D. Eulogio Cervera (1855), médico
militar (1865), profesor ayudante de las clínicas de San Carlos (1880) y
director del Instituto de Cirugía Encinas, y de la Casa de Salud de Nuestra
Señora del Rosario. Académico de la Real de Medicina, habiendo leído al tomar
posesión del cargo un discurso sobre la Evolución de la Cirugía
pleuro-pulmonar en el siglo XIX. Además ha publicado una monografía
sobre Histerectomía abdominal y otras sobre Neurología
quirúrgica, Patogenia de las enfermedades carbuncosas, Notas
de cirugía clínica, La apendicitis, Enfermedades del
páncreas y sus asociaciones gastro-duodeno-hepáticas, El cáncer (trabajo
experimental). Don Luis Guedea y Calvo (1860), de Zaragoza, alumno interno;
ayudante de clases prácticas de San Carlos (1889); médico, por oposición, de la
Beneficencia municipal (1883); catedrático, por oposición, de Patología
quirúrgica de Cádiz (1890), de donde se trasladó a Barcelona (1893), Zaragoza
(1895) y Madrid (1896).
En el campo de la Obstetricia se han distinguido
los doctores Cortejarena (1835), que por su pericia técnica y bondad de
carácter disfrutó gran fama y numerosa clientela. fue profesor auxiliar en
1872, y catedrático supernumerario de San Carlos (1878-1888); consejero de
Instrucción pública, senador del Reino, director general de Sanidad (1909),
presidente efectivo y presidente honorario de la Sociedad Ginecológica
Española; Alonso Rubio, muerto a los ochenta años, en 1894, profesor notable
por la diáfana claridad de su enseñanza y hombre de acrisolada honradez, que
supo dar muestras de entereza e independencia de carácter renunciando, por
motivos de delicadeza, el puesto de médico de la Real Casa; el Marqués del
Busto, muerto en 1900, discípulo de Argumosa y del marqués de Toca, en Cirugía;
de Asuero, en Medicina; fue médico forense, director de La España
Médica y fundador de La Iberia Médica; profesor
clínico, por oposición, de la Facultad de Medicina de Madrid y catedrático
numerario, por concurso, de Obstetricia y Enfermedades de mujeres, asignatura
que desempeñó durante largos años. En la Real Academia ocupó la vacante del Dr.
Fourquet, leyendo un discurso acerca del Código de la Naturaleza y Estudios
acerca de las leyes de la materia y de la vida; en el curso de 1892
leyó un discurso inaugural sobre Problemas morales, sociales
y políticos, que resuelve el estudio médico de la mujer. Es
autor, además, de otros muchos escritos, entre los que merecen ser
citados: Proyecto de reforma de la Clínica de Ginecología, De
la transplantación celular, Del destino de la doctrina celular en
las doctrinas médicas reinantes, Cuadros sinópticos de patología;
D. Antonio Fernández Chacón, nacido en Granada en 1848, alumno interno, por
oposición; ayudante interino de clases prácticas; profesor clínico, por
oposición, y profesor auxiliar de la Facultad de Medicina de Granada;
catedrático, por oposición, de Obstetricia y Enfermedades de mujeres y niños de
la Universidad de Santiago (1883), de la que pasó, por concurso, a Valladolid,
y por brillante y reñida oposición, a Madrid (1888); ha traducido el Tratado
de Obstetricia de Ribemont y Lepage.
Más notable que todos los anteriores es D. Miguel
Ángel Fargas y Roca, que comparte con el Dr. Gutiérrez la gloria de haber sido
el iniciador en España de los estudios ginecológicos. Nació en Castelltersol el
de diciembre de 1858. Estudió medicina en Barcelona. En 1883 fue nombrado, por
oposición, director de los Museos Anatómicos de la Facultad de Barcelona,
publicando un opúsculo sobre Anatomía de los centros nerviosos; en
1882 practicó, con éxito, la primer laparotomía por quiste del ovario
(veintidós años después de haberla efectuado D. Federico Rubio); en 1895 llevó
a cabo la primer gastro-enterostomía realizada en España. En 1884 fundó su
famosa clínica. Ha sido presidente de la Academia i Laboratori de ciencias
mediques de Catalunya y de la Real Academia de Medicina y Cirugía, etc. Tenía
publicadas las obras siguientes: Anatomía de los centros nerviosos (1882), Consecuencias
inmediatas de laparotomía (1885), Primera serie de diez
laparotomías (1886), El mejor procedimiento de Histerectomía
abdominal total (1889), Anuarios de la clínica privada del Dr.
Fargas (1893-1895-1898), Ginecología artística y Ginecología
científica (1907), La lucha contra el cáncet del útero (1911), Trascendencia
social de la gonocoda (1908), Cirugía conservadora en las
lesiones anexiales, Embarazo ectópico o extrauterino, Tratado
de Ginecología (dos ediciones, 1903 y 1906), etc. Falleció el 22 de
febrero de 1916.
Desde los tiempos de Hysern, cuya biografía ha sido
anteriormente expuesta, hasta una época relativamente moderna, puede decirse
que los estudios de Fisiología han experimentado en España, y
muy especialmente en la Universidad Central, un pasajero eclipse. Por fortuna,
la labor de Turró, Pi y Suñer y Bellido, en Barcelona; de Varela de la Iglesia,
en Santiago; de Gil y Morte, en Valencia; de Rodrigo Lavín, en Cádiz; de
Torremocha, en Valladolid, y de Negrín y Gómez Ocaña, en Madrid, han hecho
renacer el interés por este género de estudios, y hoy podemos afirmar, sin
correr el riesgo de equivocarnos, que son estos estudios los que con más afán e
interés se prosiguen en nuestro país. Como no queremos más que ocuparnos de los
muertos, vamos a hablar de D. José Gómez Ocaña (1860), de Málaga, que fue
alumno aventajado de la famosa escuela granadina, ayudante de clínicas de la
Facultad de Medicina de Madrid (1885), catedrático de Fisiología, por
oposición, de la Universidad de Cádiz (1886), y más tarde, por concurso, de la
Universidad Central (1894); académico de la Real de Medicina, leyendo en el
acto de la recepción (1900) un discurso acerca de La Vida en España; ingresó,
en 1904, en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, leyendo
un trabajo sobre El gobierno nervioso del corazón. Además de
estos trabajos ha escrito otros muchos, entre los que citaremos: Fisiología
de la circulación (1894), Fisiología del cerebro (1894), Centros
ópticos del cerebro (1894-1895), Influencia de los nervios
neumogástricos sobre el ritmo y la potencia de las contracciones cardíacas, Investigaciones
del tiroides y de la medicación tiroidea (1895), Fisiología
humana teórica y experimental (ediciones sucesivas en 1896, 1900, 1905
y 1909-1910), etc. Senador del Reino por la Universidad en 1914, fue nombrado
más tarde, en 1917, senador vitalicio.
Respecto de la Medicina interna no
pueden, por desgracia, señalarse nombres comparables a los que hemos indicado
en el campo de la Cirugía. Se citan, entre los principales: D. Bonifacio
Gutiérrez (1777-1854), de Madrid, catedrático desde 1819 de la Facultad de
Medicina de la Universidad Central, director de San Carlos en 1830, decano en
1849, médico de Cámara en 1841, académico de Medicina, etc. fue notable por su
habilidad diagnóstica. Ha dejado inéditas algunas monografías acerca del tifus,
del cólera y las fiebres, y una obra bastante voluminosa, Tratado de
afectos internos. D. Ezequiel Martín de Pedro, heredero de la fama del
Dr. Gutiérrez, pero más científico, médico de número del Hospital general de
Madrid, y, anteriormente, catedrático por oposición de Patología y Clínica
Médicas de la Universidad de Santiago, antiguo primer ayudante de Sanidad
Militar, académico de la Real de Medicina, etc. y autor de un Manual de
Patología y Clínica Médicas, publicado a expensas de la Diputación
provincial de Madrid, en 1876, y en el que, entre otras cosas interesantes, se
lee una acabada descripción de la contractura ido-muscular de los enfermos de
fiebre tifoidea, y una completa bibliografía nacional y extranjera, debida a la
pluma del Dr. D. Simón Hergueta, eminente clínico, todavía vivo por fortuna.
Por las clínicas del Hospital Provincial de los doctores Martín de Pedro, Muñoz
y Esquerdo han pasado, recibiendo enseñanzas, casi todos los que posteriormente
se han distinguido en Madrid en el cultivo de la Medicina, y entre ellos
Cortezo, Pulido, Espina, Isla, Hergueta, Jaime Vera, Tolosa Latour, Ustáriz,
San Martín, Huertas, etc. Deben recordarse también los nombres de D. Tomás
Santero, gran clínico de aquellos tiempos, posteriormente profesor de Historia
de la Medicina, y Sánchez Merino, que escribió una obra, famosa entonces, sobre Fiebres
esenciales. Otro médico notable, también profesor de la Facultad de
Medicina y médico de la Real Cámara, es D. Esteban Sánchez Ocaña. El 21 de
noviembre de 1909 fallecía en Madrid otro ilustre clínico, D. Juan Manuel
Mariani. Había nacido en Madrid el 8 de diciembre de 1853. Médico de Sanidad
Militar (1874) y médico del Hospital de la Princesa (1877). Estableció en el
mismo año de 1877, en unión de los doctores Slocker y Morales Arjona, un repaso
de las asignaturas de Medicina en casa del sabio profesor de San Carlos Dr.
Martínez Molina. En 1886 fue nombrado por la Dirección general de Instrucción
pública profesor libre de Clínica Médica, dando la enseñanza por espacio de
varios años fue socio fundador de varias Corporaciones científicas, presidente de
la Academia Médico-Quirúrgica, decano del Hospital de la Princesa, visitador
jefe facultativo de la Beneficencia general, consejero de Sanidad
del reino e individuo de número de la Real Academia
de Medicina desde 1892, habiendo leído un discurso acerca de La
indicación terapéutica en el estado actual de los conocimientos médicos. Como
redactor, por espacio de varios años, de la Revista de Medicina y
Cirugía Prácticas, ha escrito numerosos artículos sobre gripe, neumonías,
cardiopatías, etc. Tiene publicados, además, algunos folletos: La
dispnea y su tratamiento por el quebracho aspidosperma, Histerismo
y enfermedades de la aorta, Tratamiento de la cloroanernia por los
enemas de sangre, Tratamiento de la tubercidosis por las inyecciones de fosfato
de creosota y de tuberculina Marechal, La lucha contra la
tuberculosis, etc. Tradujo el Diagnóstico clínico y la Clínica
de enfermedades de los niños, de Bouchut, y la obra de Duret, Sobre
localizaciones cerebrales.
El Dr. Alonso Sañudo (1856-1912), de Madrid, fue
médico de la Beneficencia municipal (1880) y catedrático de Patología y Clínica
Médicas de Zaragoza (1886), pasando, por concurso, a desempeñar la cátedra
análoga de Madrid en 1894. Ha sido inspector general de Sanidad exterior,
académico de Medicina en 1899, leyendo un discurso sobre el Carácter
filosófico de los estudios clínicos actuales. Es autor de unas Lecciones
de Patología médica (1891) y de otras Lecciones de Clínicas
Médicas (1893) y de varios trabajos acerca de La intoxicación
de las neuropatías, El síndrome bulbar en las enfermedades del
cerebro, etc.
Don Maximino Teijeiro ha sido uno de los profesores
más distinguidos y uno de los clínicos más eminentes de España. Nació en
Monforte en 1827; falleció en Santiago en 1900. En 1854 fue nombrado director
anatómico interino de la Universidad compostelana, cargo que desempeñó hasta
obtener, en 1860, el de ayudante de Anatomía. Desde 1862 fue catedrático de
Anatomía general y descriptiva hasta el mes de julio del mismo año, en que se
le concedió el traslado a la cátedra de Patología general. fue trasladado, por
causas políticas, a Valladolid, donde siguió trabajando con entusiasmo, hasta
que, triunfante la revolución de 1868, volvió nuevamente a Santiago, después de
cuatro años de ausencia. Por acuerdo de la Facultad, desempeñó durante todo el
curso de 1871-1872, y sin sueldo ni gratificación alguna, la cátedra de Clínica
quirúrgica a la vez que la de Clínica médica. Prestó gratuitamente sus
servicios médicos a los enfermos y heridos de la guerra civil. Era uno de los
profesores fundadores de la Institución Libre de Enseñanza. Fue, en 1886,
comisionado para estudiar en París el sistema curativo de la rabia. fue
repetidas veces senador por la Universidad de Santiago. Entre sus trabajos
científicos recordamos que publicó la traducción de la Medicina
operatoria, de Malgaigne, anotándola y aumentándola con numerosos datos de
su gran experiencia, y la traducción de la Anatomía quirúrgica, de
Petrequin, la cual aumentó con toda la parte de Anatomía quirúrgica general que
aquella obra no comprendía. Tomó parte en la traducción de la Guía del
médico práctico, de Valleix; publicó una Monografía sobre la fiebre
tifoidea y unas Breves reflexiones sobre la sífilis, y, en
cumplimiento de lo que se disponía en la Real orden de 14 de mayo de 1886,
redactó y remitió al Ministerio de Fomento una inédita Memoria sobre el
sistema curativo del Dr. Pasteur de la rabia.
Velázquez de Castro (1840), de Granada, es notable,
no sólo como clínico, sino como periodista médico. Catedrático, por oposición,
de Patología y Clínica médicas de Santiago (1877), obtuvo al poco tiempo, por
concurso, la de Higiene de Granada, y desde ésta, por traslado, la de Patología
médica de la misma Universidad. Al ingresar en la Real Academia de Medicina de
Granada, en 1893, leyó un interesante estudio sobre La responsabilidad
en las histéricas, que fue motivo de largas discusiones. Otro discurso notable,
pronunciado en el Ateneo de Granada, versaba sobre la Influencia de la
filosofía en los sistemas médicos. . En la apertura de los estudios de
la Universidad de Granada (curso de 1901-1902) leyó un trabajo lleno de
doctrina acerca de la Energía cerebral creadora y condiciones de su
desarrollo. En 1879 fundó un periódico profesional con el nombre
de La Prensa Médica de Granada, que se transformó, en 1882,
en Gaceta Médica del Sur de España. En sus columnas ha escrito
numerosos e interesantes estudios clínicos. Además, ha publicado un trabajo
sobre La pseudomeningitis o meningismo.
En el periodismo médico español se
han distinguido, además, y en primer término, Méndez Álvaro, fundador de El
Siglo Médico, y Rodríguez Méndez.
Rodríguez Méndez nació en Granada en 1845. fue en
aquella Facultad alumno interno, por oposición; ayudante de clases prácticas;
auxiliar de las cátedras de Higiene, Terapéutica y Fisiología, y encargado de
la sección de Dermatología y Sifiliografía en la consulta pública del claustro.
En 1874 obtuvo, por oposición, la cátedra de Higiene privada y pública de
Barcelona. fue académico de la Real de Medicina y Cirugía de Barcelona;
inspector general de Sanidad de la provincia; fundador de la Gaceta
Médica Catalana, en la que ha escrito gran número de artículos originales,
y colaborador de otros muchos periódicos profesionales, en los que ha trabajado
constantemente, con tanto interés como claridad e inteligencia. fue rector de
la Universidad de Barcelona (1901), promovedor de la Extensión universitaria y
de la Asamblea universitaria (1905), diputado a Cortes (1914), organizador del
primer Congreso español de la tuberculosis (1910). Jubilado en 1918, falleció
al año siguiente (1919).
También pertenece al periodismo médico, aun cuando
se ha distinguido más por sus estudios filosóficos, D. Matías Nieto y Serrano,
primer marqués de Guadalerzas (1813-1903). Natural de Palencia. Ingresó muy
joven en el Cuerpo de Sanidad Militar. Contribuyó como pocos a la difusión de
la cultura nacional con numerosas publicaciones originales y traducidas, y
redactó dos de los más acreditados periódicos profesionales. Manifestaciones de
su saber filosófico fueron las Memorias leídas en la Real Academia en su oposición
a plaza de académico numerario (1839), y en la sesión inaugural de 1853, sus
celebradas obras Reforma médica (1864), Bosquejo de la
ciencia viviente (1867), Filosofía de la Naturaleza (1884), Filosofía
del pensamiento, La libertad moral (1869), La
Naturaleza, el espíritu y el hombre (1877), Defensa
de Hipócrates y del vitalismo (1859), Historia crítica de los
sistemas filosóficos (1897), Filosofía y Fisiología (1899-1900), Diccionario
filosófico (1901). En 1840, y con el concurso de su antiguo amigo D.
Francisco Méndez Álvaro, fundó una Biblioteca escogida de
Medicina y Cirugía, destinada a propagar en España el conocimiento de las más
selectas producciones médicas del Extranjero, y de la que fue hijo el Museo
de Medicina y nieta la Biblioteca del Siglo Médico. En
1841 inauguró un Boletín mensual de Novedades Médicas, que tomó al
año siguiente el nombre de Gaceta Médica, y en el que colaboraron
Fourquet, Alonso Rubio, Santero, Salazar, Asuero y otros. Algunos años más
tarde, en 1854, se fundieron la Gaceta Médica, de Nieto y Serrano,
y el Boletín de Medicina y Cirugía, de Méndez Álvaro, dando origen
a El Siglo Médico.
Méndez Álvaro murió el 19 de diciembre de 1883, a
los setenta y siete años; fue notable como higienista y como publicista;
fundador, como acabamos de decir, de El Siglo Médico, y autor de
una famosa obra de Higiene pública y municipal publicada en
Madrid en 1853; de otras, menos importantes, sobre Enfermedades
venéreas y partos, y de varias traducciones, siendo las más conocidas la de
la Patología general, de Chomel, y la de la Clínica médica,
de Andral. Al morir era presidente de la Real Academia de Medicina.
El fundador de la Paidopatía, como
especialidad, ha sido D. Mariano Benavente, que nació en Murcia en 1818,
adquiriendo el título de cirujano en 1845, y posteriormente el de médico,
ejerciendo como titularen Villarejo de Salvanés (Madrid) hasta 1855. En 1856
tomó posesión de la plaza de médico de la Inclusa; se doctoró en 1857. fue
director del Hospital del Niño Jesús y perteneció a la Real Academia de
Medicina. Falleció en 1885.
Otros paidópatas ilustres del pasado siglo han sido
Fernández Gómez, Ulecia, Tolosa Latour y Llorente.
Don Alberto Fernández Gómez (1857-1917). Doctor en
1882, ingresó al poco tiempo, por oposición, en el Cuerpo médico-farmacéutico
de la Beneficencia general, desempeñando este cargo, desde 1884 hasta su
muerte, en el Hospital de la Princesa, donde tuvo consulta diaria de
enfermedades de la infancia. Ha dado conferencias en la Academia Médico-
Quirúrgica y en el Hospital de la Princesa (1889-1890) sobre sarampión, idea
general de las enfermedades de la infancia, ictericia infantil, etc. Es autor
de un trabajo acerca del Diagnóstico de la meningitis tuberculosa,
presentado al Congreso de Pediatría de Moscú y de otro sobre Formas
raras de la gripe infantil, presentado como ponencia en la sección de
Pediatría del XIV Congreso internacional de Medicina (Madrid, 1903).
Don Manuel Tolosa Latour (1857-1919), de Madrid, ha
sido médico-director del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón, médico del
Hospital del Niño Jesús, médico consultor de la Sociedad de Escritores y
Artistas, profesor auxiliar de Pediatría de la Facultad de Medicina de Madrid y
académico de Medicina (1900).
Ha sido un escritor fecundo, que ha fundado y
dirigido periódicos tan importantes como la Revista de Enfermedades de
los Niños, Archivos de Ginecología y Enfermedades de la infancia, La
Madre y el Niño, y El Hospital de Niños; ha sido redactor
de casi todos los periódicos profesionales de España y de muchos del
Extranjero, y ha escrito también en muchos periódicos políticos con el
seudónimo de Doctor Fausto. Ha traducido obras de importancia,
entre ellas el Tratado de enfermedades de los niños, de Steiner (en
colaboración con el doctor García Molinas); el Tratado práctico de
enfermedades del estómago, de Leven; El hombre y la inteligencia,
de Richet, etc. Entre sus trabajos originales, citaremos como más
importantes: Organización de los hospitales de niños La Higiene del
trabajo en la segunda infancia (folleto traducido al francés, italiano
y portugués), Instrucciones para evitar la propagación de la
difteria (cartilla premiada por la Sociedad española de Higiene, y
traducida al inglés, al francés y al italiano); La protección médica a
la infancia desvalida; La educación de los niños; Peligros de las medicaciones
activas en la infancia; El recién nacido ante la Ginecología y la Pediatría; La
madre y el niño ante la Higiene; El problema infantil y la legislación; Un
problema de Higiene escolar; Medicina e higiene de los niños; Niñerías; El niño (seis
ediciones), etc.
Ha fundado en Chipiona (Cádiz) el Sanatorio
marítimo de Santa Clara, para niños escrofulosos y pre-tuberculosos (1897).
Don Rafael Ulecia y Cardona, fundador de la Revista
de Medicina y Cirugía Prácticas, que ha sido el mejor periódico médico de
su época y en el que han colaborado los doctores Ribera y Sans, Rodríguez
Méndez, Espina y Capo, Mariani, Toledo y otros muchos; ha consagrado
especialmente su actividad al estudio del niño de pecho, fundando, con el
título de La gota de leche, un Dispensario y consultorio
público, dando en el Ateneo de Madrid, en 1905, conferencias acerca de Los
Consultorios de los niños de pecho, y presentando al Congreso de
Deontología Médica de mayo de 1903 una comunicación sobre Mortalidad en
la primera infancia.
Don Vicente Llorente y Matos (1857-1916), de Las
Palmas (Canarias), hizo licenciatura de Medicina en Barcelona, en 1887,
doctorándose en Madrid, en 1904, con una tesis sobre Datos clínicos
basados en más de 3. 500 observaciones personales, seguidas a
la luz de la clínica y del laboratorio, que facilitan el diagnóstico prematuro
de la difteria y su complicación, el garrotillo. Al terminar sus
estudios, en 1888, pasó, para ampliarlos, al Extranjero, permaneciendo dos años
en las clínicas y laboratorios de Alemania y Francia. En 1894 fundó el
Instituto microbiológico de seroterapia (Instituto Llorente), al que añadió,
dos años más tarde, el calificativo de antirrábico, por
adicionarle una sección dedicada al diagnóstico y tratamiento preservativo de
la rabia, en el que se han prestado auxilio, hasta 1913, a 3.461 enfermos
pobres. El Dr. Llorente ha sido de los primeros en practicar el entubamiento
laríngeo en España. En 1903 prestó gratuitamente servicios médicos en Melilla,
como director de un hospital de campaña. En 1895 ha figurado como delegado del
Gobierno en París y en Berlín para los estudios de higiene social y
organización de los servicios sanitarios, y especialmente para estudiar el
tratamiento seroterápico antidiftérico de Behring y Roux. Además de los
trabajos ya mencionados hay que citar aún los siguientes: Comunicación
acerca del descubrimiento del germen de la peste bubónica por Yersin, y su
importancia para el diagnóstico y medidas sanitarias (1893); Difteria
e intubación (1897); La tuberculosis en las clínicas de
Berlín: su diagnóstico y técnica del tratamiento por la tuberculina de Koch (1897); Estudios
populares de Higiene social (1903); Las localizaciones
primitivas de la difteria, explicadas por las condiciones biológicas del bacilo
de Löffler (1904); De la rabia en el hombre y en los
animales, con una estadística de 1.710 casos (1910); Anafilaxia
experimental y clínica, en sus relaciones con la seroterapia (1911); Del
cultivo de tejidos: autonomía de la vida orgánica con relación al sistema nervioso
central (estudio seguido en el Instituto Rockefeller, junto al
profesor Carrell, 1913); Aislamientos de los distintos spiroquetes;
Trascendencia práctica del aislamiento del spiroquete de la sífilis; Cutir
reacción en los casos de heredo-sífilis y su trascendencia; Acerca del
descubrimiento, por Noguchi, del spiroquete pálido en casos de demencia
paralítica; Causas de la mortalidad por difteria y garrotillo; Intermediarios
de la difteria y medios para reconocerlos; Comunicación a la Oficina internacional
de Higiene pública, constituida en París, basada en estudios de seroterapia y
vacuna en 13.100 casos asistidos desde 1894 hasta la fecha, etc.
La Laringología, con sus anexos Otología y Rinología,
puede decirse que empezó en el siglo XIX a practicarse como tal especialidad
aislada e independientemente por el doctor D. Ramón de la Sota y Lastra,
profesor de la Facultad de Medicina de Sevilla y gran amigo de D. Federico
Rubio. En el Instituto fundado por este eminente cirujano recibió un gran
impulso la Otorrinolaringología, primero con la labor del Dr. Ariza, después
con la del Dr. Uruñuela, y por último y principalmente, con la del doctor
García Tapia. En Barcelona se ha distinguido especialmente el Dr. Botey.
La Oftalmología comienza a
desenvolverse con la labor llevada a cabo por D. Rafael Cervera, quien desde el
año 1857 hasta más allá del 1887, es decir, desde la creación por él de la Casa
de Misericordia de Santa Isabel hasta su nombramiento de director del Instituto
Oftálmico, fue el sabio maestro que creó el inmenso plantel de oftalmólogos que
más tarde han sido y son hoy la más alta y honrosa representación de la
Oftalmología española. Anterior a Cervera en la dirección del Instituto
Oftálmico es Delgado Jugo, el cual llegó a Madrid procedente de la clínica de
Desmarres, en París, estableciendo cursos libres de Oftalmología en su casa de
la calle Ancha de San Bernardo; más tarde fundó la consulta pública de la Casa
de Socorro de la calle de Fuencarral, trasladada algún tiempo después a la de
Capellanes. Más tarde proyectó la creación del hoy conocido y acreditado
Instituto Oftálmico, bajo la protección de los reyes don Amadeo de Saboya y
doña María Victoria, y, por último, publicó las estadísticas de dichas
consultas, trabajo que, en unión de la traducción y sabia anotación de la gran
obra de Oftalmología de Wecker, han servido, en unión de sus discípulos, para
inmortalizar en España el nombre de Delgado Jugo.
Entre sus discípulos figura el gaditano D. Cayetano
del Toro, que era, además, notable cirujano y ginecólogo, fue uno de los
primeros que hizo en España la extirpación total de la laringe, y consagró
cincuenta años al estudio y práctica de la oftalmología. Entre sus obras merece
citarse el Tratado de Obstetricia, Ginecología y Pediatría (1877)
y el Tratado de enfermedades de los ojos.
Continuadores del Dr. Cervera en el Instituto
Oftálmico han sido López Ocaña y López Diez. Todavía tenemos que mencionar a
los doctores Albitos, Santa Cruz, del Castillo, Reina, Sanz, Nadal, Alvarado,
Gastaldo, Chiral, Carreras, Arago, Ferradas, Coronado, Ossío, La Rosa, Calderón
(que ha tenido una muy famosa consulta en el Hospital del Buen Suceso).
Don Santiago de los Albitos fue ayudante y
discípulo predilecto de Delgado Jugo, a la muerte del cual contribuyó, en unión
de su compañero López Diez, a sostener todos los gastos de la consulta y
enfermería del Instituto Oftálmico. Al ser, en 1877, nombrado director el Dr.
Cervera, dimitió su cargo Albitos y fundó primero una clínica particular y más
tarde, el Asilo de Santa Lucía. Todos los años daba un curso libre de la
especialidad, al que acudían numerosos alumnos, entre ellos el Dr. Márquez,
actualmente profesor de la asignatura en la Facultad de Medicina de la
Universidad Central. Pertenecía a la Beneficencia Municipal. fue fundador, con
el notable urólogo Dr. Rodríguez Viforcos, de la Revista de
Oftalmología, Sifiliografía y Vías urinarias y autor de
numerosos trabajos, entre los que recordamos los siguientes: Aforismos
oftalmológicos, Trabajos oftalmológicos del Asilo de Santa Lucía, Algunos
medicamentos nuevos en terapéutica ocular, Una nueva teoría de la formación de
la catarata, Mecanismo curativo de la iridectomía en el glaucoma,
Enfisema de la órbita, Un nuevo procedimiento (original) operatorio del
triquiasis, etcétera.
Don Rodolfo del Castillo (1850), de Cádiz, en cuya
Universidad terminó en 1872 los estudios de Medicina, comenzando los de
Oftalmología como discípulo de su pariente D. Cayetano del Toro. Pasó a
Inglaterra y Francia, y a su regreso, en 1885, fue nombrado profesor de
Patología Quirúrgica y Oftalmología de la extinguida Facultad libre de Medicina
de aquella ciudad. Trasladado, en 1893, a Madrid, desempeñó la dirección de una
sala y consulta de enfermedades de los ojos en el Instituto Rubio. Se ha
distinguido, además, como historiador de la Medicina, habiendo publicado
una Epigrafía Oftalmológica hispano-romana y La
Oftalmología en tiempo de los romanos, que ha sido traducida al alemán por
el sabio profesor Max Neuburger (Die Augenheilkunde in der Römerzeit,
Leipzig, n. Wien. 1907). Ha sido colaborador del Progreso Médico,
de Cádiz, redactor de La Crónica Oftalmológica y fundador, en
Córdoba, de La Andalucía Médica (1875-1890), y en Madrid,
de Los Anales de Oftalmología (1893-1895). Ha escrito: El
protóxido de ázoe como anestésico en las operaciones oculares, La hemeralopia,
Del estrabismo concomitante, La asepsia y la antisepsia en la operación de las
cataratas, De la profilaxis y tratamiento de la conjuntivitis purulenta del
recién nacido, Dos nuevos sellos ' de oculista galo-romano, Los colirios
oleosos en la antigüedad, El Código Hammurabi y la Oftalmología en los tiempos
babilónicos, etc. Pía traducido, además, como obras relativas a la
especialidad: Nuevo procedimiento de extracción de las cataratas, del
Dr. Liebreich; Elementos de Oftalmologia, Optometría y refracción
ocular, por Armengnac; Higiene del niño recién nacido, del
Dr. Delac, con un prólogo y un apéndice acerca de la Oftalmía
purulenta, Las heridas del ojo desde el punto de vista médico-legal, por
el Dr. Artl; Elementos de terapéutica ocular, por el doctor
Burgois. Entre sus estudios históricos es especialmente interesante el que
publicó algún tiempo después de su viaje a Egipto, con el título de Esterilización
de las aguas del Nilo en el siglo XI.
Entre los historiadores de la Medicina recordaremos
a D. Antonio Hernández Morejón, cuya Historia bibliográfica de la
medicina española, obra póstuma, terminó de publicarse en 1852 bajo la
dirección de D. Juan Gualberto Avilés (1799-1865) y D. Anastasio Chinchilla
(1801-1867), médico militar y escritor fecundo, autor de los Anales
históricos, que divide en tres partes: Historia general de la
Medicina (tomo I, publicado en Valencia en 1841, el II en 1843, y
el Vademécum en 1844), Historia particular de las operaciones
quirúrgicas (Valencia, 1841) e Historia de la Medicina
española (Valencia, 1845-1846). Es, de todas las producciones de
Chinchilla, la de más valor histórico y la que mejor retrata el espíritu del
autor, su cultura, sus pasiones, sus deseos y su febril afición a la
bibliografía.
Don Luis Comenge y Ferrer (1854) es, además de
notable higienista, famoso historiador de la Medicina, como lo prueban sus
obras, entre las que citaremos las siguientes: La Medicina en el
reinado de Alfonso V de Aragón (1903), Florecimiento de la
Medicina española en el siglo XVI y causas de su posterior decadencia (1886), Biografía
de P. Virgili, La Farmacia en el siglo XIV, Curiosidades
médicas, Médicos de antaño y hogaño, Historia de la sífilis, Cervantes y la
Medicina. La Medicina en los días de Nerón, Geografía histórica del cólera,
Geografía histórica de la tuberculosis, y, sobre todo, su notable
obra La Medicina en del siglo XIX, Apuntes para la historia de la
cultura médica en España (Barcelona, 1914).
El gran maestro de la Dermatología moderna
en España ha sido el Dr. Olavide, divulgador en nuestro país de las doctrinas
de la Escuela francesa, de San Luis y de la Antiquaille de Lyon, de Alibert y
Bazin, etc. autor de varios folletos sobre La sarna, El ácido fénico, El
herpetismo, Las tiñas, Las reumátides y La pelagra, y, sobre todo, de La
Clínica dermato-patológica, obra verdaderamente monumental, y, además,
fundador del Laboratorio histológico y microbiológico de San Juan de Dios, al
frente del cual puso al ilustre bacteriólogo doctor Mendoza.
Como dermatólogos ilustres deben aún mencionarse al
sabio D. Benito Hernando, ya citado, Lobo Regidor, Pardo Regidor, Pérez Ortiz,
los dos Castelo (D. Eusebio y D. Fernando), etc.
Las ideas de la Nueva Escuela de Viena han sido
especialmente difundidas en España por la intensa labor del sabio profesor de
la Universidad Central D. Juan Azúa y por la de sus discípulos, especialmente
los doctores Sánchez Covisa (D. José), Qyarzábal, Sáiz de Aja, etc.
El estudio de las enfermedades mentales, y muy
especialmente el tratamiento racional, higiénico, humanitario y caritativo de
los locos, ha recibido en España un gran impulso con la labor del más notable
de los discípulos de D. Pedro Mata, D. José María Esquerdo (1842-1912), de
Villajoyosa (Alicante). Estudiante de Medicina en Madrid, reemplazaba a don
Pedro Mata en sus ausencias de la cátedra; al terminar sus estudios fue
nombrado, por concurso, ayudante facultativo y médico agregado de la
Beneficencia general, con destino al Hospital de la Princesa. En 1867 ganó por
oposición la plaza de médico del Hospital General, que desempeñó hasta 1900,
fecha en que pidió, por motivo de enfermedad, la excedencia. En su clínica ha
dado, durante varios años, cursos libres de Patología general, verdaderamente
notables por el mérito de las enseñanzas y la calidad de los discípulos. En
1868 dio otro curso, no menos notable, de Enfermedades mentales. Prestó muy
valiosos y caritativos servicios en las epidemias del cólera (1865 y 1885), de
viruela y de tifus exantemático y en la asistencia de enfermos y heridos de la
guerra carlista (1874). En 1877 fundó el famoso manicomio de Carabanchel. Ha
sido político, militando siempre en el partido republicano, y desempeñando
honrada y lealmente los cargos de concejal (1891) y diputado a Cortes
(1893-1910). Falleció en 1912.
Otro sabio psiquiatra, discípulo de Esquerdo y,
como él, generosa, desinteresada y honradamente político, ha sido Jaime Vera
(1859-1918), de Salamanca. Médico, por oposición, del Hospital General y del
Manicomio de Esquerdo y autor de trabajos notables, entre los que se
destacan El estudio clínico de la parálisis general progresiva y La
función de los conductos semicirculares. Se ha distinguido sobre todo
por sus informes forenses en defensa de los locos criminales. Ha militado
siempre en el partido socialista.
Recientemente, en junio de 1921, ha fallecido otro
eminente neurólogo y psiquiatra, y tal vez el hombre más culto e ilustrado de
la Medicina española contemporánea, D. Luis Simarro y Lacabra (1851), nacido en
Roma, educado en Valencia, doctorado en Madrid en 1871, trasladado más tarde a
París, para ampliar sus estudios, médico algún tiempo del Manicomio de Leganés;
se consagró a los estudios histológicos, en los que puede decirse que fue el
iniciador de Cajal[1018]; fundador de la Asociación española para el progreso de las Ciencias;
catedrático, por oposición, de Psicología experimental, en cuya cátedra se
matriculaban muchos por escuchar las enseñanzas que constantemente se
desprendían de sus familiares explicaciones. Ha dejado su fortuna, su magnífica
biblioteca y sus aparatos para fundar en Madrid un Instituto de Psicología
experimental.
Nicolás Achúcarro, muerto a los treinta y ocho años
en 1918, estudió la carrera de Medicina en Madrid, primero con Simarro y
Madinaveitia, luego con Cajal, de quien recibió el impulso definitivo para
orientarse en las investigaciones anatomo-patológicas y micrográficas en
general. Su pericia técnica era ya considerable cuando (1901-1902) resolvió
irse a París, donde permaneció cerca de un año al lado del eminente neurólogo
Pierre Marie. Al año, en parte por indicación del neurólogo alemán Lewandowsky,
con quien había trabado gran amistad, se trasladó a Munich y empezó a trabajar,
bajo la inspiración de Kraepelin, en el laboratorio de Alzheimer. Es de aquel
tiempo uno de sus trabajos más interesantes acerca de la histopatología del
sistema nervioso de los animales atacados de rabia, fue luego a Florencia a
trabajar en la Escuela de Psiquiatría dirigida por Tanzi y Lugaro. Regresó
nuevamente a Munich, y al cabo de una intensa labor al lado de Alzheimer, de
quien logró extraordinaria estimación, fue propuesto y escogido entre muchos
neuro-patólogos para cubrir el puesto de jefe del laboratorio
anatomo-patológico del Manicomio federal de Washington. Su producción
científica de aquel tiempo, publicado en gran parte en inglés, en parte en
alemán y acompañada por un buen número de trabajos de colaboradores y
discípulos suyos, ha contribuido al esclarecimiento de importantes cuestiones
científicas, sobre todo en el campo histopatológico, que atañen al alcoholismo y
a sus efectos sobre el sistema nervioso central, al reblandecimiento
cerebral, a la corea, a la parálisis general y
a la tabes, a la demencia precoz y a la demencia
senil. A su regreso a España fue nombrado, por oposición, médico del
Hospital Provincial, y luego encargado de la organización de un Laboratorio de
Histología y Anatomía patológica, que más tarde (1915) sefundó con el
Laboratorio de investigaciones biológicas, dirigido por Ramón y Cajal.
Nicolás Achúcarro (1880-1918). (Debido a la amabilidad de la Sociedad
Española de Biología.)
La labor de Achúcarro en este ambiente, y durante
los siete años que ha sobrevivido (a partir de 1911), ha sido
extraordinariamente fructífera. Recordemos tan sólo: en primer lugar, los
métodos técnicos que se deben a su perspicacia y a su insistente trabajo,
especialmente el procedimiento del tanino y del óxido
de plata reducido, conocido con el nombre de método de Achúcarro para
la impregnación del tejido conectivo en sus más finos haces y delicadas
fibrillas, método no superado hasta ahora por ningún otro; en segundo lugar,
sus estudios, que bien pueden calificarse de geniales, sobre la estructura y la
función de la neuroglia, a la cual atribuía en estos últimos
tiempos, con fundamentos fehacientes, un interesante papel, a modo de órgano de
secreción interna, en la génesis o en el equilibrio fisiológico de los actos
emotivos; hipótesis que abre el camino a nuevas e importantísimas
investigaciones. (G. Pittaluga.)
Santiago Ramón y Cajal
También ha muerto joven Antonio Lecha Marzo
(1888-1918), profesor, por oposición, de Medicina Legal en la Universidad de
Sevilla (1914), médico de Sanidad Militar (1911), pensionado para ampliación de
estudios en Italia, Bélgica y Alemania, autor de trabajos muy interesantes en
el campo de la Medicina Legal, entre los que citaremos los siguientes: Los
dibujos papilares de la palma de la mano como medio de identificación (tesis
de doctorado, 1912), Microquimia médico-legal, Los fenómenos
físico-químicos y los fermentos vitales, Manual de Medicina Legal, en
colaboración con los profesores Dervieux, Welsch y Dominici; Manuelpratique
de dactiloscopie (1912), en colaboración con el profesor Welsch; La
cristalización del hemocromógeno y las sales de hematina (1905), que
fue traducido al italiano. La muerte le sorprendió cuando comenzaba a publicar
un notable Tratado de Medicina Legal.
El estado actual de nuestra medicina, aunque
quedase limitado a dar cuenta de la gigantesca labor llevada a cabo por D.
Santiago Ramón y Cajal, es asunto demasiado vasto para que podamos tratarlo en
el limitado campo que me ha sido concedido, y cuyos límites seguramente he
excedido. Quédese para otro momento, y entonces, con calma, analizaremos toda
la obra cultural médica de los momentos actuales, con sus triunfos, sus
esperanzas y sus fracasos; sus libros, periódicos, academias y enseñanzas.
Aunque todo sea modesto, creemos que vale la pena de tratarlo, aunque no sea
más que para procurar, si es posible, atenuar algo la demasiada mala opinión
que de los españoles tiene el autor de esta obra.
Apéndices
|
I. Cronología médica |
|
|
Antes de
Jesucristo |
|
|
7000-2000 |
Edad Neolítica en Europa (Osborn). |
|
5000-4500 |
Comienzo de
las civilizaciones Sumeriana, del Egipto y de Minos. |
|
2900-2630 |
Período de la construcción de las pirámides. |
|
2500 |
Operaciones
quirúrgicas pintadas en una tumba de los Faraones en Saqquarah. |
|
2250 |
Código Hammurabi. |
|
2000-1000 |
Edad de
Bronce en Europa (Osborn). |
|
1500 |
Papiro Ebers. |
|
1300 |
Papiro de
Berlín. |
|
1000-500 |
Primera Edad de Hierro en Europa (Cultura de
Halstädt). |
|
950 |
Homero. |
|
800 |
Período de la medicina bramáhnica. |
|
776 |
Primera
Olimpiada. |
|
753 |
Fundación de Roma. |
|
600 |
Masaje y
acupuntura practicados por los japoneses |
|
639-544 |
Thales de Mileto. |
|
580-489 |
Pitágoras |
|
522 |
Democedes funda una escuela médica en Atenas. |
|
504-443 |
Empédocles. |
|
500-428 |
Anaxágoras. |
|
500 |
Segunda Edad
del Hierro (Cultura de La Tène). |
|
490 |
Batalla de Maratón. |
|
480 |
Termópilas y
Salamina. |
|
461-430 |
Época de Pericles. |
|
460 |
Nacimiento
de Hipócrates. |
|
431-404 |
Guerra del Peloponeso. |
|
430-425 |
Peste de
Atenas. |
|
429-347 |
Platón. |
|
409 |
Tucídides
describe en su historia la epidemia de Atenas. |
|
384 |
Aristóteles. |
|
370-286 |
Teofrasto de
Eresos. |
|
338-323 |
Alejandro Magno. |
|
300 |
Escuela de
Alejandría |
|
280 |
Herófilo. |
|
212 |
Muerte de
Arquímedes y toma de Siracusa. |
|
146 |
Sitio de Corinto. |
|
124 |
Nacimiento
de Asclepíades de Prusa (Bitinia). |
|
80 |
Mitrídates, rey del Ponto, experimenta los
venenos. |
|
556-3 |
Lucrecio
describe epidemias en su obra De rerum natura. |
|
Después de Jesucristo |
|
|
50 |
Temison |
|
23-79 |
Plinio el Viejo. |
|
45 |
Escribonio
Largus. |
|
54-68 |
Nerón. |
|
78 |
Peste
subsiguiente a la erupción del Vesubio. |
|
98-117 |
Trajano. |
|
117-138 |
Adriano. |
|
125 |
Peste de Orosio. |
|
131-201 |
Galeno. |
|
164-180 |
Peste de Antonino |
|
251-266 |
Peste de
Cipriano. |
|
302 |
Eusebio, obispo de Cesárea, describe la epidemia
de Siria, de viruela. |
|
303 |
Martirio de
San Cosme y San Damián. |
|
325-403 |
Oribasio. |
|
335 |
Constantino
cierra las Asclepieia y otros templos paganos. |
|
369 |
Hospital de San Basilio, construido en Cesárea
por Justiniano. |
|
375 |
Hospital
para la peste en Edesa. |
|
395-453 |
Imperio bizantino. |
|
400 |
Fabiola
funda el primer nosocomio en el Oeste de Europa. |
|
476 |
Caída del Imperio romano de Occidente. |
|
525-605 |
Alejandro de
Tralles. |
|
527-565 |
Aecio de Amida (reinado de Justiniano I). |
|
529 |
Monte-Cassino,
fundado por San Benito de Nursia. |
|
542 |
Nosocomios fundados en Lyon por Childeberto I, y
en Arlés por Caesarius. |
|
543 |
Peste de
Justiniano. |
|
570 |
Mario, obispo de Avenches, emplea el término
«viruela». |
|
571 |
Nacimiento
de Mahoma. |
|
580 |
Hospital de Mérida, fundado por el obispo Masona. |
|
581 |
Gregorio de
Tours describe la epidemia de viruela de Tours. |
|
590 |
Epidemia de fuego de San Antonio (ergotismo) en
Francia. |
|
600 |
Aarón, un
sacerdote cristiano, describe la viruela en sus Pandectae. |
|
602 |
Hégira de Mahoma. |
|
610 |
Hospital de
San Juan el Limosnero, en Éfeso. |
|
625-690 |
Pablo de Egina. |
|
651 |
Hótel-Dieu,
fundado por San Landry, obispo de París. |
|
675 |
Reseñas monacales de la viruela. |
|
732 |
Batalla de
Tours. |
|
738 |
Fundación de la escuela de Montpellier. |
|
750-1258 |
Califato
oriental. |
|
786-802 |
Reinado de Harún-al-Rashid, |
|
794 |
Hospital de
San Albano (Inglaterra). |
|
799 |
Coronación de Carlo-Magno. |
|
809-873 |
Johannitius. |
|
825 |
Xenodochium en el monte de St. Cenis. |
|
829 |
Aparece
mencionado por primera vez el Hotel-Dieu (París). |
|
830-920 |
Isaac Judaeus. |
|
848-856 |
Se menciona
por primera vez la escuela de Salerno. |
|
860-932 |
Rhazes. |
|
962 |
Hospicio de
San Bernardo. |
|
1980-1036 |
Avicena. |
|
1020-1087 |
Constantino
el Africano. |
|
1021 |
Manía bailadora. |
|
1025 |
Fundación de
la Universidad de Parma. |
|
1050 |
Albucasis. |
|
1066 |
Batalla de
Hastings. |
|
1096-1272 |
Cruzadas. |
|
1099 |
Fundación de
la Orden de San Juan de Jerusalén. |
|
1!10-1113 |
Fundación de la Universidad de París. |
|
1126-1198 |
Averroes. |
|
1131 |
El Concilio de Rheims prohíbe el ejercicio de la
Medina a los clérigos. |
|
1132 |
Fundación
del Hospital de la Santa Cruz en Winchester. |
|
1135-1204 |
Moses Maimónides. |
|
1137 |
Fundación
por Rahere del Hospital de San Bartolomé en Londres. |
|
1138-1254 |
Emperadores Hohenstaufen. |
|
1139 |
El Concilio
de Letrán prohíbe la cirugía al alto clero. |
|
1140 |
Nicolás Salernitano (Antidotarium). |
|
1145 |
Fundación
del Hospital del Espíritu Santo en Montpellier por Guillermo VIII de
Montpellier. |
|
1158 |
Fundación de la Universidad de Bolonia. |
|
1161 |
Quema de
médicos judíos en Praga, por haber «envenenado las fuentes». |
|
1163 |
Concilio de Tours (Ecclesia abhorret a sanguine). |
|
1167-68 |
Emigración
de los estudiantes de París a Oxford para formar un «estudio general». |
|
1180 |
Roger de Parma completa su Practica chirurgiaé. |
|
1181 |
Montpellier
declara una escuela libre de Medicina. |
|
1187 |
Mohamed conquista Jerusalén. |
|
1191 |
La Orden
teutónica es aprobada por Clemente III. |
|
1193-1280 |
Alberto el Magno. |
|
1197 |
Hospital de
Santa María en Londres. |
|
1198 |
Movimiento hospitalario inaugurado por Inocencio
III. |
|
1199-1214 |
Universidad
de Palencia, fundada por Alfonso VIII. |
|
1201-1277 |
Saliceto. |
|
1204 |
Inocencio
III inaugura el hospital del Espíritu Santo en Sassia. |
|
1209 |
Emigración de estudiantes de Oxford a Cambridge. |
|
1210 |
Se funda en
París, por Jean Pitard, el Colegio de San Cosme. |
|
1211 |
Inocencio III reconoce la Universidad de París. |
|
1214-94 |
Roger Bacon. |
|
1214 |
Hugo Borgognoni es hecho médico de la ciudad de
Bolonia con un sueldo fijo. |
|
1215 |
Carta Magna. |
|
1222 |
Fundación de la Universidad de Padua (por
emigración de estudiantes de la de Bolonia). |
|
1223-1226 |
Luis VIII. |
|
1224 |
Federico II dicta leyes regulando el estudio de
la Medicina, y funda la Universidad de Nápoles. |
|
1227-1274 |
Santo Tomás
de Aquino. |
|
1228 |
Fundación de la Universidad de Vercelli (abolida
en el año 1372). |
|
1231 |
Salerno
constituye una escuela de Medicina por Federico II. |
|
1233 |
Establecimiento de una farmacia en Wetzlar. |
|
1234-1312 |
Amoldo de
Villanova. |
|
1235-1315 |
Raimundo Lulio. |
|
1241 |
Ley de
Federico II favoreciendo la disección y regulando la Cirugía y la Farmacia. |
|
1242 |
Referencias de Rogerio Bacon a la pólvora. |
|
1243 |
Fundación de
la Universidad de Salamanca por Fernando III el Santo. |
|
1246 |
Fundación de la Universidad de Siena. |
|
1247 |
Fundación
del Hospital de Santa María de Bethlehem, como priorato, por Simón Fitzmary. |
|
1248 |
Fundación, por breve pontificio, de la
Universidad de Piacenza (reconstituida en el año 1398). |
|
1249 |
Fundación,
por William of Durham, del Colegio universitario (Oxford). |
|
1250-1320 |
Pedro de Abano. |
|
1250 |
Rolando de
Parma, llamado Capellati, edita la Cirugía de Rogerio de Palermo. |
|
1252 |
Bruno de Longoburgo publica su Chirurgia magna. |
|
1254 |
Alfonso X,
el Sabio, funda la Universidad de Sevilla. |
|
1256 |
Emancipación de siervos en Bolonia. |
|
1257 |
Fundación de
la Sorbona en París. |
|
1263 |
Fundación del Balliol College en Oxford. |
|
1264 |
Fundación
del Merton College (Oxford). |
|
1265 |
Organización de la Cámara de los Comunes inglesa. |
|
1265-1308 |
Duns Scotus. |
|
1265-1321 |
Dante. |
|
1266 |
Fin del
Califato Occidental. |
|
1267 |
El Concilio de Venecia prohíbe a los judíos el
ejercicio de la Medicina entre los cristianos. |
|
1275 |
Saliceto
completa su obra de Cirugía. |
|
1284 |
Fundación del Peterhouse College (Cambridge). |
|
1282 |
Vísperas
sicilianas. |
|
1285 |
Salvino degli Armati inventa los anteojos. |
|
1287 |
Plica polaca
en Polonia, después de la invasión de los mongoles. |
|
1289 |
Universidad de Montpellier (1181), autorizada por
breve pontificio de Nicolás IV como un estudio general. |
|
1295-96 |
Lanfranc
completa su tratado de Cirugía. |
|
1300 |
Universidad de Lérida, fundada por Jaime II. |
|
1302 |
Creación de
los Estados Generales en Francia. |
|
1303 |
Breves de Bonifacio VIII para las Universidades
de Roma y Avignon. |
|
1304 |
Henri de
Mondeville enseña Anatomía en Montpellier. |
|
1305 |
Breves de Clemente V para las Universidades de
Orleans y de Angers. |
|
1308 |
Breve de
Clemente V para la Universidad de Refugia’ |
|
1309 |
Traslación de la Sede Pontificia a Aviñón. |
|
1312 |
Fundación de
la Universidad de Palermo. |
|
1315 |
Mondino hace su primer disección pública de un
cadáver humano. |
|
1316 |
Cirujano de
la ciudad en Lübeck con 16 marcos (20 pesetas) al año. |
|
1317 |
Juan XXII publica su bula Spondent pariter contra
los abusos de la Alquimia. |
|
1318 |
Universidad
de Treviso, privilegiada por Federico el Hermoso. |
|
1319 |
Primer persecución criminal por robo de niños. |
|
1320 |
Fundación de
la Universidad de Florencia. |
|
1321 |
Juan XXII dicta una bula estableciendo la escuela
médica de Perugia. |
|
1326 |
Juan XXII
dicta la bula Super illius specula, contra la práctica de la magia. |
|
1328 |
Médicos de la ciudad en Estrasburgo. |
|
1330 |
Invención de
la pólvora. |
|
1331 |
Primer mención de las armas de fuego por
Muratori. |
|
1332 |
Juan XXII
dicta un breve considerando la Universidad de Cahors como un estudio general. |
|
1333 |
Jardín botánico-médico público, en Venecia. |
|
1336-1453 |
Guerra de
los Cien Años. |
|
1338 |
Éxodo de los estudiantes a Pisa. |
|
1339 |
Breve de
Benedicto XII considerando la Universidad de Grenoble como un estudio
general. |
|
1340 |
Catorce mil estudiantes en Oxford. |
|
1343 |
Clemente VI
considera la Universidad de Pisa como un estudio general. |
|
1345 |
Primer comercio de drogas en Londres. |
|
1346 |
Breve de
Clemente VI para la Universidad de Valladolid (como estudios generales en
1418). |
|
1347 |
Fundación de Pembroke Hall (Cambridge). |
|
1348 |
Se
establecen en Venecia la Oficina de Sanidad y la cuarentena. |
|
1348-1350 |
La peste negra. |
|
1349 |
Breve de
Clemente VI considerando la Universidad de Florencia como estudio general. |
|
1350 |
Fundación de Trinity Hall (Cambridge). |
|
1354 |
Pedro IV
funda la Universidad de Huesca. |
|
1355 |
Carlos IV considera la Universidad de Arezzo
(1215) como un estudio general. |
|
1357 |
Carlos IV
considera la Universidad de Siena (1246) como un estudio general. |
|
1360 |
Inocencio VI reconoce la Universidad de Bolonia
como un estudio general. |
|
1361 |
Carlos VI da
una carta a la Universidad de Pavía. |
|
1363 |
Guy de Chauliac completa su Chirurgia Magna. |
|
1364 |
Casimiro el
Grande da un privilegio a la Universidad de Cracovia. |
|
1365 |
El duque Rodolfo IV funda la Universidad de
Viena. |
|
1367 |
Universidad
de Fünfkirchen, fundada por Luis, rey de Hungría. |
|
1370 |
John of Ardene escribe tratados de Cirugía. |
|
1374 |
Ordenanza
urbana de Reggio contra la peste. |
|
1376 |
Tribunal de examinadores médicos en Londres. |
|
1376-77- |
Vuelta del
pontífice a Roma. |
|
1379 |
Breves de Clemente VII respecto de las
Universidades de Erfurt y Perpignán. |
|
1386 |
Urbano VI
reconoce la Universidad de Heidelberg como un estudio general. |
|
1388 |
Urbano VI reconoce la Universidad de Colonia como
un estudio general. |
|
1389 |
Nuevo breve
de Urbano VI respecto de la Universidad de Erfurt. |
|
1391 |
Bonifacio IX reconoce la Universidad de Ferrara
como un estudio general. |
|
1399 |
Comienzo del
Acta Facultatis Medicae Vienensis (6 mayo). |
|
1402 |
Bonifacio IX reconoce la Universidad de
Würzburgo. |
|
1404 |
Fundación de
la Universidad de Turín. |
|
1406 |
El emperador Wenzel hace respetable la Cirugía en
Alemania. |
|
1409 |
Alejandro V
reconoce la Universidad de Leipzig como estudio general (9 septiembre). |
|
1410 |
Manicomio en Padua. |
|
1411 |
Fundación de
la Universidad de St. Andrew por el obispo Henry Warlaw. |
|
1412 |
Fundación, por los condes de Saboya, de la
Universidad de Turín (refundada en el año 1430) |
|
1419 |
Breve de
Martín V para la Universidad de Rostock. |
|
1422 |
Fundación de la Universidad de Parma. |
|
1425 |
Manicomio de
Zaragoza. |
|
1426 |
Fundación de la Universidad de Lovaina. |
|
1431 |
Carlos VII
funda la Universidad de Poitiers (autorizada por Eugenio IV). |
|
1437 |
Eugenio IV autoriza la Universidad de Caen. |
|
1441 |
Fundación de
la Universidad de Burdeos. |
|
1445 |
Alfonso de Aragón autoriza la Universidad de
Catania. |
|
1448 |
Invención de
la Imprenta. |
|
1450 |
El cardenal Cusanus indica que debe tomarse el
pulso y pesarse la sangre y la orina. |
|
1452 |
Ordenanza de
Ratisbona para las comadronas (Regensburger Hebammenbuch). |
|
1452-1519 |
Leonardo de Vinci. |
|
1453 |
Toma de
Constantinopla (terminación del imperio bizantino). |
|
1456 |
Fundación, por Bula de Calisto III, de la
Universidad de Greisswald. |
|
1457 |
Calendario
de las purgas, impreso por Gutenberg (primera publicación médica). |
|
1459 |
Pío II funda la Universidad de Ingolstädt
(instrucción académica en 1472) |
|
1460 |
Heinrich von
Pfolspeundt escribe un tratado de Cirugía. |
|
1462 |
Calendario de la sangría, impreso en Maguncia. |
|
1463 |
Pío II
autoriza la Universidad de Nantes. |
|
1465 |
Pablo II autoriza las Universidades de Bourges y
Budapest. |
|
1469-71 |
Impresión de
la Práctica, de Ferrari da Grado. |
|
1470 |
Impresión de tratados médicos, por Valescus de
Taranta, Jacopo de Dondis y Matthaeus Sylvaticus. |
|
1471 |
Se imprimen
los tratados de Mesue y de Nicolaus Salernitanus (Antidotarium). |
|
1472 |
Inauguración de la Universidad de Ingolstädt. |
|
1473 |
Se imprime
la Synonima, de Simone Cordo (primer diccionario médico). |
|
1474 |
Fundación de la Universidad de Zaragoza. |
|
1475 |
Sixto IV
autoriza la Universidad de Copenhague inaugurada en 1479). |
|
1475-1564 |
Miguel Ángel. |
|
1476 |
Impresión de
la Cirugía, de Saliceto. |
|
1477 |
Fundación de las Universidades de Tubingia y de
Upsala. |
|
1478 |
Impresión en
Florencia de la primera edición de Celso. |
|
1479 |
Impresión de la primera edición de Avicena. |
|
1480 |
Impresión
del texto latino del Regimen Sanitatis. |
|
1484 |
Inocencio VIII autoriza la quema de las brujas en
la bula Summis desiderantes. |
|
1486 |
Impresión en
latín de la primera edición de Rhazes. |
|
1489 |
168 casas de baños en Ulm. |
|
1490 |
La
Universidad de Heidelberg se traslada a Speyer con motivo de la peste. |
|
1490 |
Impresión del tíortus sanitatis. |
|
1492 |
Descubrimiento
de América. |
|
1493 |
Nacimiento de Paracelso. |
|
1494 |
Fundación de
la Universidad de Aberdeen. |
|
1495 |
Maximiliano I publica su edicto contra la
blasfemia (primera mención de la sífilis). |
|
1496 |
Impresión
del dibujo de un sifilítico por Alberto Durero. |
|
1496-1500 |
Pandemia europea de sífilis. |
|
1497 |
Impresión de
Teofrasto, en la edición Aldine. |
|
1498 |
Recetario florentino (primera Farmacopea
oficial). |
|
1499-1500 |
Fundación de
la Universidad de Alcalá. |
|
1500 |
Jacob Nufer realiza la primera operación cesárea
en una persona viva. |
|
1501 |
Breve de
Alejandro VI para la Universidad de Valencia. |
|
1502 |
Maximiliano I constituye la Universidad de
Wittenberg como estudios generales (6 de julio). |
|
1504 |
Fundación de
la Universidad de Santiago (España). |
|
1505 |
Autorización del Real Colegio de Cirujanos de
Edimburgo. |
|
1506 |
Fundación,
por bula de Julio II, de la Universidad de Fráncfort en el Oder. |
|
1507 |
Impresión de la colección de autopsias de
Benivieni. |
|
1508 |
Fundación de
la Universidad de Madrid. |
|
1509-1547 |
Reinado de Enrique VIII. |
|
1510 |
Nacimiento
de Ambrosio Paré. |
|
1513 |
Impresión del Rosengarten, de Roslin. |
|
1514 |
Nacimiento
de Vesalio. |
|
1517 |
Placas anatómicas volantes, publicadas por Johann
Schott, de Maguncia. |
|
1517-21 |
La Reforma. |
|
1518 |
Fundación del Real Colegio de Médicos de
Inglaterra. |
|
1518-1545 |
Colegio de
Francia (París). |
|
1519-1556 |
Carlos V, rey de España y emperador de Alemania. |
|
1519-1522 |
Magallanes
da la vuelta al mundo. |
|
1519 |
Publicación del Spiegl der Artzny y de los
Synonima, de Friesen. |
|
1521-1523 |
Berengario
da Carpi publica tratados de Anatomía. |
|
1524 |
Fundación Linacre de lecciones médicas en Oxford
y Cambridge. |
|
1525 |
Publicación
en Roma de la primera traducción latina de las obras de Hipócrates. |
|
1526 |
Bula de Clemente VII para la Universidad de
Santiago. |
|
1526-94 |
Palestrina. |
|
1527 |
Fundación, por Felipe, Landgrave de Hesse, de la
Universidad de Marburgo (primera Universidad protestante). |
|
1528 |
Primera
edición Aldine de Pablo de Egina. |
|
1529 |
Se difunde el sudor miliar por Europa. |
|
1530 |
Publicación
del poema sobre la sífilis, de Fracastor. |
|
1531 |
Clemente VII funda la Universidad de Granada. |
|
1522 |
Publicación
del tratado de Alberto Durero de la simetría humana. |
|
1533 |
Carlos V dicta la «Constituyo Criminalis
Carolina». |
|
1534 |
Publicación
de la edición Aldine de Aecio. |
|
1535 |
Mariano Santo di Barletta publica la primera
descripción de la fitotomía media. |
|
1536 |
Ambrosio
Paré efectúala primera escisión de la articulación del codo. |
|
1537 |
Se gradúa Vesalio en Basilea. |
|
1538 |
Vesalio
publica sus Tabulae anatomicae sex. |
|
1540 |
Unión de los barberos y los cirujanos ingleses
como Company of the Barber Surgeons. |
|
1542 |
Intento de
una nomenclatura botánica racional por Leonhard Fuchs. |
|
15431 |
Copérnico describe el movimiento de los planetas
alrededor del sol. |
|
1544 |
Fundación,
por Alberto III, de la Universidad de Königsberg (17 agosto). |
|
1545 |
Ambrosio Paré perfecciona las amputaciones y el
tratamiento de las heridas por arma de fuego. |
|
1545-63 |
Concilio de
Trento. |
|
1546 |
Valerius Cordus publica la primera Farmacopea. |
|
1547 |
Asilo de
locos establecido en St. Mary of Bethlehem («Bedlam»), de Londres. |
|
1548 |
Carlos V declara honorables a los cirujanos. |
|
1549 |
Anfiteatro
Anatómico de Padua. |
|
1550 |
Publicación del estudio de la versión podálica,
por Paré. |
|
1551 |
Anfiteatros
anatómicos en París y Montpellier. |
|
1552 |
Caius publica su tratado del sudor miliar. |
|
1553 |
Suplicio de
Miguel Servet. |
|
1554 |
Johann Lange describe la clorosis (mor bus
virgíneas). |
|
1555 |
Dieta de
Augsburgo. |
|
1566-1598 |
Felipe II. |
|
1558 |
Fernando I
autoriza e inaugura la Universidad de Jena (2 febrero). |
|
1558-1603 |
Reinado de Isabel de Inglaterra. |
|
1559 |
Columbus
describe la circulación pulmonar. |
|
1560 |
Maurolycus describe la miopía, la hipermetropía y
la óptica de los lentes. |
|
1561 |
Falopio
publica sus Observationes anatomicae. |
|
1562 |
La brujería hecha un delito capital en
Inglaterra. |
|
1562-1568 |
Pandemia de
peste. |
|
1562-1629 |
Guerra de los hugonotes en Francia. |
|
1563 |
La brujería
es un crimen capital en Escocia. |
|
1564 |
Publicación de los diccionarios médicos de
Stephanus y Gorraeus. |
|
1564-1616 |
Shakespeare. |
|
1565 |
Estatuto de la reina Isabel permitiendo la
disección de los criminales ejecutados. |
|
1567 |
Ulisse
Aldrovandi establece el jardín botánico de Bolonia. |
|
1568 |
Constantino Varolio describe la protuberancia
(pons Varolii). |
|
1570 |
Félix
Platter recomienda el tratamiento psíquico de la locura. |
|
1571 |
Batalla de Lepanto. |
|
1572 |
Jerónimo
Mercurial publica su tratado de enfermedades de la piel. |
|
1573 |
Ordenanza de Adam Lonitzer para las comadronas
(Fráncfort am Mein). |
|
1574 |
Bula de
Gregorio XIII para la Universidad de Oviedo. |
|
1574-1577 |
Pandemia de peste bubónica. |
|
1575 |
Fundación de
las Universidades de Leyden y Helmstädt. |
|
1576 |
Paracelso publica su tratado de aguas minerales. |
|
1578 |
Guillaume de
Baillou describe la tos ferina como «quinta». |
|
1580 |
Pandemia de influenza. |
|
1581 |
Publicación
del tratado de la operación cesárea de Rousset. |
|
1582 |
Autorización por Jacobo II de la Universidad de
Edimburgo. |
|
1583 |
Publicación
del Augendienst, de George Bartisch. |
|
1583-1600 |
Epidemia en España de difteria (garro tillo). |
|
1584 |
Sir Walter
Raleigh trae el curare de la Guyana. |
|
1585 |
Publicación del tratado de enfermedades de los
ojos de Guillemeau. |
|
1586 |
Fundación de
la Universidad de Graz. |
|
1587 |
Aranzio da la primera descripción de las
deformidades de la pelvis. |
|
1588 |
Destrucción
de la «Armada Invencible». |
|
1589 |
Galileo demuestra la ley de la gravedad. |
|
1589-1611 |
Enrique IV. |
|
1590 |
Invención del microscopio compuesto por Hans y
Zacharias Janssen. |
|
1591 |
Pandemia de
peste bubónica. |
|
1593 |
Fundación, por George Keith, conde de Marischal,
del Marischal College (Aberdeen). |
|
1595 |
Libavius
publica el primer tratado de Química (Alchimya). |
|
1596 |
Fundación de la Universidad de Cagliari
(Cerdeña). |
|
1597 |
Tagliacozzi
publica su tratado de Cirugía plástica. |
|
1598 |
Edicto de Nantes. |
|
1599 |
Publicación
de la Historia animalium, de Ulisse Aldrovandi. |
|
1599-1660 |
Velázquez. |
|
1600 |
Privilegio
de la reina Isabel en favor de la Compañía de las Indias Orientales (31
diciembre), Publicación del De magnete, de Gilbert. |
|
1601 |
Producción del Hamlet. |
|
1603 |
El príncipe
Cesi funda la Academia de Lincei, en Roma. |
|
1604 |
Johann Kepler demuestra la inversión de las
imágenes ópticas en la retina. |
|
1605 |
Verhoeven
publica un periódico en Amberes. |
|
1606-1669 |
Rembrandt. |
|
1607 |
Establecimiento
de Jamestown, Virginia (13 mayo). |
|
1609 |
Estados Unidos de Holanda. |
|
1610 |
Galileo
inventa el microscopio. |
|
1611 |
Unión de Brandenburgo y Prusia. |
|
1614 |
Fundación de
la Universidad de Groninga. |
|
1615 |
Publicación del periódico Francfurter Postamts
zeitung. |
|
11616 |
Harvey
comienza sus lecciones sobre la circulación de la sangre. |
|
1617 |
Briggs y Napier inventan los logaritmos. |
|
1618 |
Primera
edición de la Farmacopea de Londres. |
|
1618-1648 |
Guerra de los Treinta Años. |
|
1619 |
Publicación
del Oculus, de de Christoph Scheiner. |
|
1620 |
Desembarco de los peregrinos en Plymouth,
Massachusetts (21 diciembre). |
|
1621 |
Fundación,
por el emperador Fernando II, de las Universidades de Estrasburgo y Rinteln. |
|
1622 |
Aselli describe los vasos linfáticos. |
|
1622-1753 |
Molière. |
|
1623 |
Colonización de Nueva Zelanda por los holandeses. |
|
1625 |
Jardín
botánico en Altdorf. |
|
1626 |
«Jardín des plantes» en París. |
|
1028 |
Publicación,
por Harvey, de su obra De Motu Coráis. |
|
1629 |
Jardín botánico en Jena. |
|
1630 |
Thuillier
padre demuestra que el fuego sagrado (ergotismo) es debido al cornezuelo de
centeno. |
|
1631 |
Theophraste Renaudot edita la Gacette de France. |
|
1032 |
Gustavo
Adolfo funda la Universidad de Dorpat. |
|
1632-77 |
Spinoza. |
|
1633 |
Stephen
Bradwell publica la primera obra de medicina de urgencia. |
|
1634 |
Fundación de las Universidades de Utrecht y
Sassari. |
|
1635 |
Richelieu
funda la Academia francesa. |
|
1636 |
Fundación del Harvard College por decreto de la
Cámara general de Massachusetts (28 octubre). |
|
1637 |
Descartes
demuestra que la acomodación depende de los cambios de forma del cristalino. |
|
1638 |
Cornelius Drebbel perfecciona el termómetro. |
|
1639 |
Primera
imprenta de la América del Norte (Cambridge, Massachusetts). |
|
1640 |
Privilegio de la reina Cristina de Suecia en
favor de la Universidad de Abo. |
|
1640-1688 |
El Gran
Elector. |
|
1642 |
Jacob Bontius describe el beri-beri. |
|
1642-1649 |
Guerra civil
en Inglaterra. |
|
1642-1727 |
Newton Torricelli inventa el barómetro. |
|
1644 |
Descartes
describe el acto reflejo. |
|
1645 |
Batalla de Naseby. |
|
1646 |
Sanctorius
describe nuevos instrumentos en sus comentarios a Avicenas. |
|
1647 |
Pecquet describe el conducto torácico. |
|
1648 |
Paz de
Westphalia. |
|
1049 |
Acta regulando la práctica de la medicina en
Massachusetts. |
|
1649-1660 |
República en
Inglaterra. |
|
1650 |
Glisson describe el raquitismo. |
|
1651 |
Publicación
del tratado de Harvey sobre la generación de los animales. |
|
1652 |
Thomas Bartolin describe los linfáticos del
intestino. |
|
1653-1659 |
Protectorado
en Inglaterra. |
|
1654 |
Otto von Guericke inventa la bomba de aire. |
|
1654-1715 |
Reinado de
Luis XIV. |
|
1655 |
Fundación de la Universidad de Duisburg. |
|
1656 |
Publicación
de la adenografía de Wharton. |
|
1657 |
Fundación en Florencia de la Academia del
Cimento. |
|
1657-1669 |
Fiebre
palúdica pandémica. |
|
1658 |
Swammerdan describe los glóbulos rojos. |
|
1659 |
Malpighi
expone el linfadenoma 0 enfermedad de Hodgkin. |
|
1660 |
Schneider demuestra que la secreción nasal no
viene de la pituitaria (Galeno). |
|
1660-85 |
Carlos II de
Inglaterra. |
|
1661 |
Stensen descubre el conducto de la parótida. |
|
1662 |
Privilegio
de Carlos II en favor de la Royal Society. |
|
1663 |
Primer hospital en las colonias americanas (Long
Island, N. Y.). |
|
1664 |
Publicación
del Cerebri anatome, de Willis (clasificación de los nervios craneales). |
|
1665 |
Newton enuncia la ley de la gravitación. |
|
1666 |
Gran
incendio de Londres. |
|
1666-1675 |
Viruela en Europa. |
|
1667 |
Robert Hooke
describe las células vegetales en su Micrographia. |
|
1668 |
Mayow encuentra el «espíritu igneo-aéreo»
(oxígeno), esencial para la vida y la combustión. |
|
1668-1672 |
Epidemia de
disentería en Inglaterra (descrita por Sydenham y Morton). |
|
1669 |
Publicación del Tractatus de corde, de Richard
Lower. |
|
1670 |
Malpighi
descubre las pirámides de Malpighi en el bazo y los riñones. |
|
1671 |
Publicación del tratado, de Redi, de la
generación de los insectos. |
|
1672 |
Fundación,
por el emperador Leopoldo I, de la Universidad de Innsbruck (Academia
Leopoldina). |
|
1673 |
Malpighi describe el desarrollo del pollo. |
|
1674 |
Imprenta en
Boston, Massachusetts. |
|
1675 |
Leeuwenhoek descubre los protozoos. |
|
1676 |
Richard
Wiseman describe la tuberculosis de las articulaciones (tumor blanco). |
|
1677 |
Fundación de la Kaiserliche Leopoldinische
Akademie der Naturforscher. |
|
1677-1681 |
Pandemia
europea de fiebre palúdica. |
|
1678 |
De Marchetti demuestra, por medio de inyecciones,
las anastomosis de las arteriolas y de las venas. |
|
1679 |
Rivinus
descubre la glándula sublingual. |
|
1680 |
Denis Papin construye una pequeña máquina de
vapor. |
|
1680-1681 |
Publicación
de De motu animalium, de Borelli. |
|
1682 |
Brunner describe las glándulas duodenales
(descubiertas en 1672). |
|
1682-1725 |
Pedro el
Grande I. |
|
1683 |
Privilegio del duque Francisco 11 de Este en
favor de la Universidad de Módena. |
|
1684 |
Bernier
clasifica las razas humanas con arreglo al color de la piel. |
|
1685 |
Revocación del edicto de Nantes. |
|
1685-1750 |
Johann
Sebastián Bach. |
|
1686 |
Sydenham describe la corea menor. |
|
1687 |
Publicación
de los Principios, de Newton. |
|
1688 |
Revolución en Inglaterra. |
|
1689 |
Publicación
de la Phthisiologia, de Richard Morton. |
|
1690 |
Ensayo de Locke sobre la inteligencia humana. |
|
1691 |
Clopton
Havers publica la Osteología Nova. |
|
1692 |
Procesos de hechicería en Salem. |
|
1693 |
Fundación de
la Universidad de Halle. |
|
1694 |
Camerarius demuestra experimentalmente la
sexualidad de las plantas. |
|
1694-1778 |
Voltaire. |
|
1695 |
Nehemiah Grew descubre el sulfato magnésico en
las aguas de Epsom (sales de Epson). |
|
1697 |
Anfiteatro
anatómico construido en el Hall de los Cirujanos de Edimburgo. |
|
1698 |
Publicación del tratado de Stahl de enfermedades
de la vena porta. |
|
1699 |
Publicación
de la historia y memorias de la Academia francesa de Ciencias. |
|
1700 |
Fundación en Berlín de la Konigliche Akademie der
Wissenschaften. |
|
1701 |
Federico,
elector de Brandenburgo, coronado rey de Prusia. |
|
1701-1713 |
Guerra de sucesión en España. |
|
1702 |
Fundación,
por Leopoldo I, de la Universidad de Breslau. |
|
1702-14 |
Reinado de la reina Ana. |
|
1703 |
Fundación de
San Petersburgo. |
|
1704 |
Valsalva publica De aure humana y describe el
Método de Valsalva. |
|
1705 |
Robert
Elliot, primer profesor de Anatomía en Edimburgo. |
|
1706 |
Primer laboratorio de zoología marina en
Marsella. |
|
1707 |
Fundación
Senckenburg para el adelanto de las ciencias. |
|
1708 |
Nacimiento de Haller. |
|
1710 |
Inauguración
del hospital de la Charité, en Berlín. |
|
1711 |
John Shore inventa el diapasón. |
|
1712-78 |
Rousseau. |
|
1713 |
San Cosme se une a la Academia de Cirugía
(París). |
|
1714 |
Advenimiento
al trono de la Casa de Hannover (Inglaterra). |
|
1715 |
J. L. Petit establece la diferencia entre la
compresión y la contusión cerebrales. |
|
1716 |
Se crea el
cargo de cirujano general en el Ejército alemán con 900 marcos al año. |
|
1717 |
Timoni inocula a su hija contra la viruela. |
|
1718 |
Anfiteatro
anatómico en Viena. |
|
1719 |
Fundación del Hospital de Westminster. |
|
1720 |
Inauguración
de los jardines de Kew. |
|
1721 |
El general Holtzendorff crea el Collegium
medico-chirurgicum en Berlín. |
|
1723 |
Publicación
del tratado de fitotomía de Cheselden. |
|
1724 |
Guyot, de Versalles, intenta el cateterismo de la
trompa de Eustaquio. |
|
1724-1804 |
Kant. |
|
1725 |
Edicto prusiano reglamentando el ejercicio de la
medicina. |
|
1726 |
Stephen
Hales lleva a cabo las primeras medidas de la presión sanguínea. |
|
1727 |
Pourfour du Petit investiga las funciones del
simpático cervical. |
|
1729 |
Influenza
pandémica en Europa. |
|
1730 |
Daviel perfecciona la operación de la catarata. |
|
1730-31 |
Thomas
Cadwalader explica anatomía en Filadelfia. |
|
1731 |
Friedrich Hoffmann describe la clorosis. Le Dran
perfecciona la fitotomía. |
|
1732 |
Publicación
de los Elementa chemiae, de Boerhaave. |
|
1733 |
Fundación del hospital de San Jorge en Londres. |
|
1734 |
Fundación,
por Jorge II de Inglaterra, de la Universidad de Göttingen (7 de diciembre). |
|
1735- |
Publicación del Systema Naturae, de Linneo. |
|
1736 |
Fundación
del Hospital de Edimburgo. |
|
1737 |
Se inaugura formalmente la Universidad de
Göttingen («Georgia Augusta») [17 de septiembre]. |
|
1738 |
Haller es
llamado a la Universidad de Göttingen. |
|
1739 |
Cátedra especial de Obstetricia en la Universidad
de Edimburgo. |
|
1740 |
Se funda la
Universidad de Pensilvania, como Colegio de Filadelfia. |
|
1740-48 |
Guerra de sucesión en Austria. |
|
1740-86 |
Reinado de
Federico el Grande. |
|
1741 |
Cátedra de Clínica Médica en Edimburgo. |
|
1742 |
Celsius
inventa ¡el termómetro centígrado. |
|
1743 |
La Universidad de Erlangen es autorizada (21
febrero) y después inaugurada (4 de noviembre) por Carlos VII. |
|
1744 |
Trembley
describe la regeneración de los tejidos en la hidrozoa. |
|
1745 |
Separación de los barberos de los cirujanos
superiores en Inglaterra. |
|
1746 |
Fundación
del Princeton College. |
|
1747 |
Publicación de Primae linae physiologiae, de
Haller. |
|
1748 |
Colegio
Médico - Quirúrgico en Dresden. |
|
1749 |
Sociedad Médica de New York. |
|
1749-1832 |
Goethe. |
|
1750 |
Establecimiento de la Escuela Práctica en París. |
|
1751 |
Fundación
por Haller de la «Konigliche Gesellschafft der Wissenschaften», de Göttingen. |
|
1752 |
Haller publica la Memoria de la irritabilidad
específica de los tejidos. |
|
1753 |
Daviel
publica su Memoria sobre la extracción de la catarata. |
|
1754 |
Van Swieten organiza la enseñanza clínica en
Viena. |
|
1755 |
Temblor de
tierra en Lisboa. |
|
1756 |
Fundación del Meat Hospital en Dublín. |
|
1756-63 |
Guerra de
los Siete Años. |
|
1757 |
William Hunter describe el aneurisma
arterio-venoso. |
|
1758 |
Vuelve a
aparecer el cometa de Halley (termina la teoría de la influencia de los
cometas en las enfermedades). |
|
1759 |
Fundación en Münich de la «Konigliche Bayerische
Akademie der Wissenschaften». |
|
1760 |
William
Shippen Jr. da lecciones de Anatomía en Filadelfia. |
|
1760-66 |
Benjamín Martín perfecciona el microscopio. |
|
1761 |
Publicación
del De sedibus, de Morgagni. |
|
1762 |
Plenciz anuncia la teoría del contagium animatum. |
|
1762-1796 |
, Reinado de
Catalina II de Rusia. |
|
1763 |
Joseph Black establece la diferencia entre el
calor específico y el calor latente. |
|
1764 |
Cotugno
describe la ciática Louis idea la compresión digital para combatir la
hemorragia. |
|
1765 |
Fundación de la Facultad de Medicina en la
Universidad de Pensilvania. |
|
1766 |
Cavendish
descubre el hidrógeno. Invención del vendaje de Desault para las fracturas. |
|
1767 |
Heberden describe la varicela. |
|
1768 |
Publicación
de la Memoria de Wolff sobre embriología de los intestinos. |
|
1769 |
Publicación de la Synopsis nosologiae, de Cullen. |
|
1770 |
William
Hunter funda la Escuela de Anatomía de la Great Windmill Street. |
|
1770-1827 |
Beethoven. |
|
1770-1771 |
La viruela
mata tres millones de personas en las Indias Orientales. |
|
1771 |
Priestley y Scheele aíslan el oxígeno. |
|
1772 |
Rutherford
descubre el nitrógeno. |
|
1773 |
Fundación de la Sociedad Médica de Londres. |
|
1763-1774 |
Revolución
en Rusia. |
|
1774 |
Publicación de la Anatomía uteri, de William
Hunter. |
|
1775 |
Lavoisier
descubre y define el oxígeno. |
|
1775-1783 |
Revolución americana. |
|
1776 |
Publicación
de First Lines, de Cullen. |
|
1776-1805 |
Pandemia de escarlatina en ambos hemisferios. |
|
1777 |
Lavoisier
describe el cambio de gases en la respiración. |
|
1778 |
El conde Rumford investiga los equivalentes
mecánicos del calor. |
|
1779 |
Fundación de
la Universidad de Palermo. |
|
1780 |
Establecimiento de una cátedra de clínica médica
en la Universidad de Oxford. |
|
1781 |
Cavendish
efectúa la síntesis del agua. |
|
1782 |
Fundación del Departamento Médico de la
Universidad de Harvard. |
|
1783 |
Separación,
en Austria, de los barberos y los cirujanos. |
|
1783-1785 |
Lavoisier realiza el análisis del agua y destruye
la teoría del flogisto. |
|
1783 |
Marschal
(Estrasburgo) escinde un útero canceroso prolapsado. |
|
1784 |
Inauguración del Algemeines Krankenhaus de Viena
(16 agosto). |
|
1785 |
Establecimiento
de una' cátedra de Anatomía en la Universidad de Dublín. |
|
17861 |
Publicación del Tratado de enfermedades venéreas,
de John Hunter. |
|
1887 |
Fundación
del Colegio de Médicos de Filadelfia. |
|
1788 |
La Universidad de Lovaina se traslada a Bruselas. |
|
1789 |
John Hunter
describe la intussuscepción. |
|
1789-99 |
Revolución francesa. |
|
1790 |
Se crean
Escuelas Reales de Veterinaria en Berlín y Münich. |
|
1791 |
Soemmerring publica el primer volumen de su
Anatomía. |
|
1791-99 |
William
Baynham, de Virginia, efectúa operaciones para el embarazo extrauterino. |
|
1792 |
Publicación de los ensayos de Galvani acerca de
la electricidad animal. |
|
1793 |
Publicación
de la Anatomía Patológica, de Matthew Baillie. |
|
1793-94 |
El terror en Francia. |
|
1794 |
Lavoisier es
guillotinado (8 de mayo). |
|
1795 |
El cirujano general Gorcke funda la Kaiser
Wilhelms Akademie de Berlín. |
|
1796 |
Jenner
vacuna a William Phipps (14 mayo). |
|
1796-1815 |
Guerras napoleónicas. |
|
1797 |
Wollaston
descubre el ácido úrico en las articulaciones afectas de gota. |
|
1797-99 |
Fiebre amarilla en Filadelfia. |
|
1798 |
Publicación
de las Investigaciones, de Jenner. |
|
1798-1821 |
Publicación del tratado de Enfermedades de la
piel, de Villan. |
|
1799 |
De Carro
introduce la vacunación de Jenner en el Continente y en Asia. |
|
1799-1804 |
Napoleón, primer Cónsul. |
|
1800 |
Decreto en
favor del Real Colegio de Cirujanos de Londres. |
|
1801 |
Pinel publica el Tratado de Psiquiatría. |
|
1802 |
Publicación
de los Comentarios, de Heberden. |
|
1803 |
Fundación en París de las Sociedades anatómica y
farmacéutica. |
|
1804 |
Fundación,
por Alejandro I, de las Universidades de Kasan y Charkov. |
|
1804-15 |
Napoleón, emperador de Francia. |
|
1805 |
Batalla de
Trafalgar. |
|
1806 |
Fin del Sacro Romano Imperio. |
|
1807 |
Se introduce
la vacuna en Baviera y Hesse. |
|
1808 |
Fundación de las Universidades de Lyon y
Clermont-Ferrand. |
|
1809 |
Fundación,
por Federico Guillermo III de Prusia, de la Universidad de Berlín. |
|
1810 |
Gall y Spurzheim publican un tratado sobre el
sistema nervioso. |
|
1811 |
Fundación de
la Universidad de Cristianía. |
|
1812 |
Fundación de la Universidad de Génova. |
|
1813 |
Sutton
establece diferencias entre el delirium tremens y la frenitis. |
|
1814 |
Fundación, en Londres, del Real Hospital de
enfermedades del tórax. |
|
1815 |
Confederación
alemana. |
|
1816 |
Fundación de la Universidad de Gante. |
|
1816-30 |
Pandemia del
cólera. |
|
1817 |
Fundación de la Universidad de Lieja. |
|
1818 |
Fundación de
la Universidad de Bonn, por Federico Guillermo III de Prusia. |
|
1819 |
Fundación de la Universidad de San Petersburgo,
por Alejandro I. |
|
1820 |
Fundación de
la Academia de Medicina en París. |
|
1821 |
Publicación del Tratado de Otología, de Itard. |
|
1822 |
Magendie
demuestra la ley de Bell de las raíces nerviosas de la médula espinal. |
|
1823 |
Purkinje hace investigaciones acerca de las
impresiones digitales. |
|
1824 |
Flourens
publica su obra de fisiología cerebral. |
|
1825 |
Fundación de la Universidad de Virginia. |
|
1826 |
Fundación de
la Universidad de Münich (Por traslación de la Universidad de Ingolstädt a
Landshut). |
|
1827 |
Nacimiento de Lord Lister (5 de abril). |
|
1828 |
Wohler
descríbela síntesis artificial de la urea desde el cianato amónico. |
|
1829 |
Louis Braille inventa la imprenta para los
ciegos. |
|
1830 |
J. J. Lister
perfecciona el microscopio apocromático. |
|
1830-48 |
Reinado de Luis Felipe. |
|
1831 |
Guthrie,
Liebig y Soubeiran descubren el cloroformo Liebig analiza la acetona (Boyle,
1661). |
|
1832 |
Fundación de las Universidades de Kiev y de
Zúrich. |
|
1833 |
Publicación
del Tratado de Fisiología, de Johannes Müller. |
|
1834 |
Fundación de las Universidades de Berna y de
Bruselas. |
|
1835 |
Fundación,
por Louis, de las estadísticas médicas. |
|
1836 |
Los hermanos Weber investigan la fisiología de la
locomoción. |
|
1837 |
Gerhardt
establece la diferencia entre el tifus y la fiebre tifoidea. |
|
1838 |
Refundición de la Universidad de Mesina. |
|
1839 |
Schwann
publica su Tratado de la teoría celular. |
|
1840 |
Jacob Heine describe la poliomielitis infantil. |
|
1841 |
Publicación
de la Anatomía general, de Henle. |
|
18421 |
J. R. Mayer establece la ley de la conservación
de la energía. |
|
1843 |
O. W. Holmes
establece la contagiosidad de la fiebre puerperal. |
|
1844 |
Rokitansky demuestra la naturaleza tuberculosa
del mal de Pott. |
|
1845 |
Virchow
demuestra que la embolia es la causa de la puemia. |
|
1846 |
Los hermanos Weber descubren la acción
inhibitoria del nervio vago. |
|
1847 |
Helmholtz
publica su Tratado de la conservación de la energía. |
|
1848 |
Helmholtz localiza el origen del calor animal en
los músculos. |
|
1848-52 |
Segunda
República Francesa. |
|
1849 |
Addison describe la anemia perniciosa progresiva
y la afección de las cápsulas suprarrenales. |
|
1850 |
Helmholtz
mide la velocidad de la corriente neurosa. |
|
1851 |
Helmholtz inventa el oftalmoscopio. |
|
1852 |
Pravaz
inventa la jeringa de inyecciones hipodérmica. |
|
1852-70 |
Segundo Imperio en Francia. |
|
1853 |
Marión Sims
publica un Tratado de la fístula vésicovaginal. |
|
1853-56 |
Guerra de Crimea |
|
1854 |
Graefe funda
los Archiv für Ophthalmologie. |
|
1855 |
Manuel García inventa el laringoscopio, Adisson
publica una Memoria de enfermedades de las cápsulas suprarrenales. |
|
1856 |
Sir W. H.
Perkin (1838-1907) obtiene las materias colorantes de las anilinas (productos
de la brea del carbón de piedra). |
|
1857 |
Graefe inventa la operación del estrabismo. |
|
1858 |
Publicación
de la Patología celular, de Virchow. |
|
1859 |
Publicación del Origen de las especies, de
Darwin. |
|
1860 |
Lemaire
señala las propiedades antisépticas del ácido fénico. |
|
1861 |
Ernst Brand aplica la hidroterapia al tratamiento
de la fiebre tifoidea. |
|
1861-65 |
Guerra Civil
en los Estados Unidos. |
|
1862 |
Raynaud describe la gangrena simétrica. |
|
1863 |
Publicación
del Tonempfindungen, de Helmholtz. |
|
1864 |
Donders publica un Tratado de anomalías de la
acomodación y de la refracción. |
|
1865 |
Fundación de
la Universidad de Odesa. |
|
1866 |
Guerra de los Siete Años (austro-prusiana). |
|
1867 |
Lister
inventa la antisepsia quirúrgica. |
|
1868 |
Fundación de la Universidad de Tokyo. |
|
1869 |
Fundación de
la Universidad de Varsovia. |
|
1870 |
Fritsch e Hitzig investigan la localización de
las funciones del cerebro. |
|
1870-71 |
Guerra
Franco-Prusiana (Prueba de la vacunación). |
|
1871 |
Establecimiento del Imperio alemán y de la
República francesa. |
|
1872 |
Reapertura
de la Universidad de Estrasburgo. |
|
1873 |
Fundación de la Universidad de Ginebra. |
|
1874 |
Conferencia
del cólera en Viena. |
|
1875 |
Fundación de las Universidades de Lemberg y
Czernowitz. |
|
1876 |
Fundación,
en Berlín, del Instituto Imperial de Higiene (30 abril). |
|
1877 |
Pasteur descubre el bacilo del edema maligno. |
|
1877-78 |
Guerra
turco-rusa. |
|
1878 |
Koch descubre las causas de las infecciones
traumáticas. |
|
1879 |
Neisser
descubre el gonococo. |
|
1880 |
Pasteur aísla el estreptococo y el estafilococo. |
|
1881 |
Laverán
descubre el parásito del paludismo. |
|
1882 |
Koch descubre el bacilo de la tuberculosis. |
|
1883 |
Edwin Klebs
descubre el bacilo de la difteria. |
|
1884 |
Koch descubre el bacilo del cólera (2 febrero). |
|
1885 |
O’Dwyer
perfecciona el entubamiento laríngeo. |
|
1886 |
Escherich descubre el Bacillus coli. |
|
1887 |
Fundación de
la Universidad de Clark (Worcester, Mass). |
|
1888 |
Fundación de la Universidad de Tomsk. |
|
1889 |
Inauguración
de los hospitales de Johns Hopkins y Eppendorf, de Hamburgo. |
|
1890 |
Fundación de la Universidad de Lausana. |
|
1891 |
Inauguración
del Instituto de Enfermedades infecciosas de Berlín, bajo la dirección de
Koch. |
|
1892 |
Inauguración del Instituto de Higiene de
Hamburgo. |
|
1893 |
Röntgen
descubre los rayos X. |
|
1894 |
Kitasato y Yersin descubren el bacilo de la
peste. |
|
1895 |
Pfeiffer
descubre la bacteriolisis. |
|
1896 |
Max Gruber descubre la aglutinación microbiana. |
|
1897 |
Shiga
descubre el bacilo de la disentería. |
|
1898 |
Killian inventa la broncoscopia directa. |
|
1899 |
Red y
Carroll demuestran la transmisión de la fiebre amarilla por los mosquitos. |
|
1900 |
Robert Gersuny idea las inyecciones de parafina. |
|
1901 |
De Vries
establece la teoría de las mutaciones. |
|
1902 |
Carrel inventa métodos de anastomosis vascular y
de transplantación de los tejidos. |
|
1903 |
Metchnikoff
inocula con éxito la sífilis a los moños superiores. |
|
1904 |
Atwater inventa el calorímetro para la
respiración. |
|
1905 |
Schaudinn
descubre el parásito de la sífilis. |
|
1906 |
Inauguración del Hospital de Rudolf Virchow en
Berlín (1 octubre). |
|
1907 |
Wassermann
introduce el serodiagnóstico de la sífilis. |
|
1908 |
Fundación, en Londres, del Instituto de
Enfermedad del Sueño. |
|
1909 |
Fundación de
la Universidad de Manila. |
|
1910 |
Harrison demuestra el crecimiento extravital de
la fibra nerviosa. |
|
1911 |
Carrel
investiga los cultivos extravitales y la regeneración de los tejidos. |
|
1912 |
Bass obtiene cultivos in vitro del plasmodium de
la malaria. |
|
1913 |
Abderhalden
introduce la reacción de los fermentos para el diagnóstico del embarazo y de
la demencia precoz. |
|
1914 |
Guerra europea. |
II. Apuntes sobre el estudio de la historia de la
medicina
«Más grande aún que los mayores descubrimientos es
el abrir el camino para los descubrimientos futuros. »—Abel (Mellon Lecture,
1915).
En las papeletas de examen de la Academia Naval de
los Estados Unidos, que se imprimían y publicaban en los primeros años,
encontramos un largo número de preguntas como éstas:
«Dibujar el mapa de Europa después de la paz de
Utrecht. »
«Demostrar que la última república romana era
nominalmente una democracia, pero con tendencias aristocráticas. »
«Hacer todas las operaciones o preparaciones para
un temporal. Llevando únicamente velas en el estrinque, ¿qué es lo que puede
hacerse?»
«Demostrar, por el árbol genealógico, cómo fue
Carlos V obteniendo sus diferentes dominios y dibujar un mapa de los mismos. »
«Dibujar las calderas necesarias para un vapor con
una máquina de 2.000 caballos de vapor. »
En pedagogías de este género, en las que era
maestra la Academia Naval, formaba un sano y refrescante contraste con el
género de cosas en que se adiestraban los estudiantes durante este período.
Este método de enseñanza, el socrático, que
requiere que el estudiante use su propia mente haciendo su propio pensamiento,
ha llegado en la actualidad a ser aceptado en todas partes como el mejor
sustituto de lo que Orborn describe como «el predominante sistema de cebar, con
fárrago, bazofia, etc. para el que, como una especie de nutrición a cucharadas,
o de arrepentimiento en el lecho de muerte, instituye una labor creadora
después del grado». La misma autoridad señala como ejemplo «el famoso método de
enseñar leyes, vuelto a descubrir por el genio pedagógico de Langdell», en el
cual «los estudiantes hacían todo, lecciones y discusiones, y el profesor se
recostaba tranquilamente en su silla y hacía comentarios»[1019]. En Weimar, como dice Amy Fay, Listz formaba hábiles pianistas haciendo
que sus discípulos tocasen todo. Je ne suis pas un professeur de piano,
decía, aunque algunas veces condescendía a auxiliarles en algún difícil pasaje,
o en alguna sutil y delicada nube de expresión. Que es como Osler enseña a sus
estudiantes de clínica, y así son también los métodos de enseñar medicina por
las «historias clínicas», introducidos por Richard Cabot y otros que han
seguido las mismas tendencias. El extremo de la enseñanza rutinaria es el sabio
idiota de Vivían Poore, un asilado que podía repetir hasta los más recónditos
pasajes de todo lo que se le hacía aprender de memoria, del mismo modo que
Blind Tom tocaba el piano, o como un tipo de criado chino, que, al preparar un
puding, sabía imitar hasta los más insignificantes gestos que había hecho
anteriormente su señora[1020].
Uno de los cultivadores de la enseñanza de la
historia de la medicina por los métodos modernos ha sido el difunto doctor
James Finlayson, de Glasgow, que solía decir que para los detalles y las
minucias es mejor el libro impreso que las lecciones sistemáticas, y que las
bibliotecas médicas son realmente los laboratorios en los que el profesor y sus
discípulos deben trabajar. Algunas veces solía divertirse preguntando a los
asistentes «si Galeno había escrito en griego o en latín, y si era anterior o
posterior a la Era Cristiana». Sus erróneas respuestas le convencieron de que
la mera inspección y el manejo de alguna de las obras de Galeno les hubiera
impregnado mejor los hechos en su mente que todas las exposiciones orales o por
escrito de la materia, y de acuerdo con ello, daba sus demostraciones en la
Biblioteca de la Facultad de Medicina y Cirugía, a los que era invitado un
personal poco numeroso. Las mismas ideas fueron utilizadas por Billings, Osler,
Welch y otros en el Club Histórico del Hospital de Johns Hopkins, y el éxito de
este modo de proceder ha quedado suficientemente demostrado por la labor de
alguno de sus discípulos. Las demostraciones publicadas por Finlayson relativas
a Hipócrates (1892), Galeno (1892), Celso (1892), Medicina egipcia (1893),
Herófilo y Erasistrato (1893) son perfectos modelos de lo que estas cosas deben
ser: geniales, sencillas e inmensamente interesantes. Las demostraciones por
John S. Billings (Johns Hopkins Hosp. Bull., Balt., 1890, 1,
29-31), y George Dock Physician and Surgeon Detroit, 1906, XXVIII,
180-186), merecen ser estudiadas. El Syllabus y los trozos
escogidos impresos por el doctor John D. Corurie, profesor de Historia de la
Medicina en la Universidad de Edimburgo, utiliza una idea de Wunderlich de un
modo esencialmente y útil.
«Las contribuciones que han hecho época»
(Filadelfia, 1909), de C. N. B. Camac, y relativas a Lister, Harvey,
Auenbrugger, Laënnec, etc. son el mejor libro de este género que existe para
los estudiantes americanos. En las habituales reuniones de médicos el asunto de
la historia de la Medicina se suele juzgar como asunto poco importante, a causa
de haber sido encontradas sus lecciones, de ordinario, demasiado secas y
desagradables, de un modo análogo a como suelen encontrar los alumnos de los
conservatorios las clases de armonía y de contrapunto. Constituye un error el
sobrecargar a los estudiantes con cursos de lecciones extraordinarias en el año
en que deben graduarse, cuando estos cursos pueden venir a anular su propia
labor por interrumpir su labor propia en un año tan importante para su vida
estudiantil; sin embargo, su interés personal hacia la historia de la Medicina
dependerá, naturalmente, de lo que el estudiante piense hacer después de
concluida su carrera. Osler ha procurado descartar estas dificultades, llevando
los asuntos históricos directamente a la clínica, y por sus veladas nocturnas
en su casa con sus «muchachos». En todas las Facultades de alguna importancia
se encuentra algún profesor que pone todo su interés personal en animar y
estimular a los jóvenes, siguiendo los ejemplos de Pasteur, Ludwig, Henle,
Hyrtle y Welch, que en sus últimos períodos se han consagrado a continuar su
vida en la labor de sus discípulos. Aquí, el campo de la' historia de la
Medicina mantiene, tal vez, la oportnnidad más atractiva y el plan de enseñanza
que se sugiere es sumamente sencillo. Suponiendo que se tenga, como Osler, un
interés personal en el adelanto y progreso de los estudiantes, se les puede
preguntar quién de ellos tiene tiempo y afición para estudiar un asunto
especial, como Sydenham o Laënnec o Virchow, o la historia de nuestros
conocimientos de los sonidos acústicos, etc. y referirlo después en alguna
tarde, ya en la casa del profesor, ya en cualquier otra parte.
James Finlayson (1840-1906) (Cortesía de sir William Osler)
En la reunión se da a cada uno la oportunidad de
hablar sobre el tema dado cinco o diez minutos, y lo que ellos hablen nos
pondrá al corriente de si ellos tienen o no idea de las intimidades de
Sydenham, de la significación de Laënnec o de los hechos reales a propósito de
la acústica. Después, amplificado y corregido el tema por el profesor, éste
aprovechará esta oportunidad para citar y demostrar los libros relacionados con
el autor o con el asunto tratados. En los días de amplias o largas clases destinadas
a prestar atención a las demostraciones médico-históricas, se requiere una bien
instalada cátedra, preferentemente en una biblioteca médica; pero un
prudente laissez faire dilucidará pronto cuál es el material
utilizable, y todos sabrán escoger lo mejor. Joseph Sylvester, antiguo profesor
de Matemáticas superiores, daba clases individuales; Trousseau aconsejaba a los
estudiantes cuando iban a comenzar la enseñanza clínica que asistiesen en
pequeños grupos a las clínicas privadas, y Finlayson hacía su cosecha
médico-histórica lo suficientemente pequeña para que todas las personas capaces
de ello pudieran tomar una parte directa en el estudio. Pero, ya sean las
clases pequeñas o no, debe aplicarse en ellas el principio Repetitio
mater studiorum. Hay que procurar que aquellos puntos que se han
tratado en las reuniones privadas a que antes aludíamos vuelvan a serlo de
nuevo en diferentes lecciones, por medio de vistas proyectadas y de
demostraciones de libros, grabados, instrumentos, etc. Procediendo de este modo,
los diferentes temas pueden ir siendo asignados a diferentes estudiantes,
algunos de cuyos trabajos podrán ser publicados, y hasta será conveniente, tal
vez, destinar un pequeño fondo para un premio anual, que se otorgue por
oposición. El principal objeto que se persigue con todo esto es el de
desarrollar todas las facultades de los estudiantes, dándoles la posibilidad de
que hagan todo su trabajo por sí propios, y, en vista de la gigantesca
proliferación de literatura médica inútil de nuestros días, podrá hacerse un
gran beneficio a la sufrida humanidad médica del porvenir, insistiendo en que
hay necesidad de ser todo lo breve que sea posible en el escribir y en el
hablar. Todos nosotros somos pecadores en este sentido. El ideal de todo el que
se vea obligado a hablar o a escribir ha de ser el de multum in parvo y
el de esquivar l'ennui de tout dire. Un hábito humano de
brevedad podrá hacer de los estudiantes contribuyentes muy aceptables de las
revistas y periódicos del porvenir. Si se trata de hacer estas veladas
agradables para los estudiantes, ellos guardarán siempre fresco el recuerdo de
sus maestros, aun cuando hayan quedado olvidados por completo todos los
restantes profesores de carácter frío e indiferente. Más que ninguna otra cosa,
sabe apreciar el estudiante el hecho de que el profesor no vaya a clase a
oírse, a hablar a sí mismo, sino a enseñarle a él a hablar y a escribir.
Tenemos que enseñar a nadar a los muchachos, como decía Billings, «tirándolos
al agua». Los libros, los hechos y las fechas no son nada en comparación con la
esperanza de poder dar al estudiante un elevado punto de vista de la humaniora,
cosas sin nombre, sin recuerdo, pero que le ayudan a hacerse un verdadero
caballero en el ejercicio de su profesión. La juventud es, o debe ser, el
período de la auto-renunciación a todo en favor del ideal. Muchos rasgos
elevados, latentes en los jóvenes, pueden ser sacados al exterior por el
contacto con un profesor superior. La tendencia general de Osler, incluso en la
clínica, ha sido admirablemente comprendida por el Dr. Arnold Klebs.
«No pueden olvidarse nunca las escenas en el
departamento de consulta, donde él permanecía de pie, rodeado de sus muchachos,
ayudándoles, como un amigo, en todas sus luchas para poner en claro los casos
difíciles. Se acercaba a uno, le ponía la mano amistosamente sobre el hombro y
después empezaba a preguntarle amigablemente, intercalando rasgos humorísticos
en el interrogatorio, y alusiones a la labor hecha por los diferentes
estudiantes sobre determinados asuntos. Animando, envalentonando, inspirando,
podemos decir, exacto siempre, dogmático nunca, y cuando brillaba en sus ojos
la luz de la amistad y del buen humor, nosotros podríamos no ayudarle, pero le
queríamos, y con él, la tarea era elegida por nosotros como el trabajo de
nuestra vida. Así nos imaginamos a los maîtres de la antigua
escuela francesa, una escuela no limitada entonces por fronteras nacionales,
uno de aquellos hombres que han pisado los senderos en las guardias de la
Salpétriére, la Charité y Lariboisiére, el Necker, el Hotel Dieu, siendo los
apóstoles y los misioneros en la gran causa de la medicina científica. »
El maestro que nos parece mejor en el momento de
escribir esta memoria era un fuerte Viking, del estado del Maine, que reunía a
sus alumnos por las noches en su casa para resolver problemas algebraicos. En
el centro de la mesa, debajo de la lámpara, había siempre una pirámide de
manzanas de muy buen aspecto, que nosotros podíamos comer libremente después de
haber resuelto nuestras ecuaciones de cuarto grado, mientras nuestro buen
maestro leía los periódicos y su excelente mujer continuaba haciendo media. De
vez en cuando, él decía con un gesto de Nueva Inglaterra: «¡Sed prontos, sed
listos, sed breves!», cuando nuestras manos andaban torpes para encontrar la
solución. En su clase, todo el trabajo se hacía por los estudiantes en el
encerado. No había conferencias; pero, como Arthur Sherburne Hardy o Wentworth,
nuestro preceptor sabía darse cuenta siempre, por unas cuantas sabias
preguntas, de si sus discípulos comprendían o no las cuestiones algebraicas. En
su rudo aspecto de hombre del Norte, era como un Listz en Weimar.
En este procedimiento de sesiones privadas, la
inteligencia sugiere muy pronto un gran número de temas para la discusión. ¿Por
qué los médicos ingleses y los del continente han estudiado, durante largo
tiempo, las enfermedades de sus ciudades en relación con las condiciones
climatológicas? ¿Qué quiere decir «Genio epidémico» y «Constituciones
epidémicas»? ¿Por qué la meteorología tiene importancia en medicina? ¿Cómo y
por qué han llegado los médicos a clasificar las enfermedades como las familias
de las plantas? ¿Qué es una enfermedad? ¿Por qué no hay «una entidad clínica»?
¿Qué enfermedades han sido individualizadas por Hipócrates, Sydenham y Laënnec?
Diferencias y contrastes entre la primera y la segunda edición del Tratado
de la auscultación mediata, de Laënnec. ¿Cuándo ha desaparecido la
influencia de Galeno de la medicina interna? ¿No seremos aún galenistas
inconscientes?
¿Por qué era la epilepsia considerada como una
enfermedad contagiosa en la Edad Media? ¿Por qué se llamaba morbus
comitialis? ¿Por qué los antiguos la llamaron «enfermedad sagrada»?
¿Qué hombres famosos han sido epilépticos? ¿Por qué la teoría infecciosa va
dejando el puesto a la bioquímica?
¿Por qué nuestros cirujanos medievales eran tan
exigentes y precavidos a propósito de sus honorarios, y por qué evitaban las
operaciones de cirugía mayor?
¿Era la sífilis realmente epidémica en Nápoles y en
otros puntos en 1494-95? ¿Cuál era la explicación que daba Pasteur de la
aparición y desaparición brusca de algunas enfermedades infecciosas? ¿Cuáles
son las condiciones iniciales del fenómeno infección, según Pettenkofer? ¿Cómo
pudieron las malas traducciones dificultar el progreso médico de la Edad Media?
¿Por qué el modo original de pensar de los clásicos quedaba oscurecido por las
sobrecargadas traducciones? Señalar el aspecto humorístico de ciertas discusiones
médicas del pasado. ¿Qué concepto tiene el salvaje del «hacer medicina»?
Desarrollar la idea de Huxley de que «la medicina es la nodriza de todas las
ciencias». ¿Por qué la medicina ha permanecido por debajo de las otras ciencias
hasta después de 1850?¿Qué quería expresar sir Michael Foster cuando él decía:
«sus hijos han ido siempre detrás de ella»?
La historia de la medicina puede ser enseñada o por
el plan de Seminario de Finlayson, que ha sido empleado con éxito por el
profesor W. S. Miller en la Universidad de Wisconsin, o por el procedimiento
propio de Osler, que iba entretejiendo el asunto en las clínicas, laboratorios
y cátedras de las diferentes enseñanzas y especialidades. Estos métodos han
sido desarrollados con éxito por George Dock (St. Louis), Harvey Cushing
(Harvard), David Riesman (Filadelfia) y otros.
Otra manera agradable de estudiar la historia de la
medicina es por medio de los Clubs o Círculos de historia médica, que se
diferencian de las formales Sociedades médico-históricas en que en aquéllos la
lectura de los artículos sirve como de pretexto a agradables conversaciones,
con refrescos, etc. Así como en un Círculo musical depende su éxito del
espíritu desinteresado del aficionado refinado, así la ley de los Clubs
históricos es que cada uno de sus miembros debe prescindir de toda pretensión y
de todo vestigio de rivalidad profesional, que están frecuente en los médicos,
músicos, políticos y, en general, en todos aquellos que poseen talentos de
cómicos o de artistas. Stevenson decía de la comunidad Barbizon de pintores
que, «habiendo sido echadas a un lado las maneras formales, la cortesía
esencial era exigida del modo más rígido, de tal modo, que estos hermanos
barbizonianos eran tan sensibles a un toque de presunción o a una fanfarronada,
como si fuesen una partida de señoritas en un te». Los Clubs de historia médica
no podrán prosperar a no ser que cada uno de sus socios procure conservar la
actitud modesta y sin pretensiones de un estudiante. Hay un antiguo cartón de
Miguel Ángel que tiene la leyenda Ancora imparo, que pudiera ser la
divisa de estos Clubs para que sean una «empresa interesante».
En el Club Histórico del Johns Hopkins Hospital, el
plan que generalmente se sigue es de leer uno o varios artículos formales,
entablándose en seguida una discusión general. En estas discusiones, las
luminosas pláticas del profesor Welch han servido para hacer resaltar la
delicada apreciación de la historia de la Medicina como un arte bello. El
programa podía ser muy variado, según la ocurrencia de diferentes ideas o por
otros motivos. En la sesión consagrada a Jenner, en Harvard, Rosenau expuso la
vacuna en la actualidad y sus efectos sobre las inoculaciones subsiguientes de
viruela. En la sesión dedicada en Washington a los médicos irlandeses, Stokes,
Graves, Corrigan y otros fueron encomendados a diferentes personas. Durante la
exposición de la vida de Stokes por George Petrie, se exhibió la colección de
Petrie de música popular irlandesa y de otras materias análogas. En la sesión
de Leidy, el Dr. Joseph Leidy, de Filadelfia, presentó muchos interesantes
recuerdos de su ilustre tío. Incidentalmente, la música animaba un período o
una nación, tal como el terceto de Dvorak al tratar de Bohemia; el aria de
Purcell de la Reina India, al tratar de Inglaterra en el siglo XVII, o alguna
cosa de Haydn, Schubert o Brahms al ocuparse de la escuela vienesa, sirviendo
para romper la monotomía y añadir un carácter festivo a la sesión.
Una instrucción más adelantada de la historia de la
medicina, es decir, enseñar al estudiante cómo deben utilizarse las fuentes y
cómo debe conducirse una investigación médico-histórica, sólo puede darse en un
Instituto con el auxilio de una buena biblioteca. En un Instituto, el
estudiante puede aprender cómo se usan los mejores libros para las referencias
y los aparatos bibliográficos; cómo se descubren y corrigen las posibles
fuentes de error en los escritos y opiniones médicos, antiguos y modernos; cómo
se manejan los manuscritos médicos; las vías por las cuales se puede llegar a
los libros más antiguamente impresos; cómo se deducen nuevos hechos de los
datos de la erudición, y cómo se enseña a otros a enseñar y a pensar
históricamente. Un Instituto médico-histórico debe ser, por esta razón, no sólo
una obra de investigación, sino también un vivero de cultura médica. Este
último objeto puede alcanzarse de preferencia por el estudio de la historia
general de la ciencia con la historia de la medicina. En 1906, el Dr. Berthold
Laufer publicó una impresionante defensa del estudio de la medicina y de las
ciencias naturales, en su región[1021]. El mejor informe de la enseñanza de Instituto, incluyendo las mejores
referencias bibliográficas, métodos de investigación, exposiciones y museos y
la dotación de las investigaciones médico-históricas, es el que se encuentra en
el valioso y acabado artículo del Dr. Arnold Klebs (1914)[1022], que debe ser leído por todo el que tenga interés por estos asuntos. El
Dr. George Sarton, de Harvard, un erudito profesor de matemáticas y de historia
de la cultura, ha estimulado el interés en favor de un Instituto, que ha
dotado, además, para el estudio de la historia de la Medicina y de las
ciencias, y es de esperar que sus esfuerzos se vean coronados por el éxito. El
Dr. Sarton es el fundador y el editor de Isis, el primer
periódico que trata de coordinar los resultados de la investigación histórica de
todas las ciencias históricas.
Continuando la historia de la medicina, si debe ser
considerada como un recreo especial de la inteligencia o como una disciplina
científica para la inteligencia, el estudiante debe tener en cuenta la
advertencia del notable matemático N. H. Abel: los textos de estudio (Si
l'on veut faire des progres dans les mathematiques, il faut étudier
les maîtres et non pas les écoliers). En otras palabras, es mejor,
para comenzar, empezar con cualquier asunto definitivo, como Harvey, o la
historia de la fiebre, y estudiarlo de un modo acabado y completo, en los
textos originales, que no querer atender a la vez a todas las cosas no haciendo
mas que desflorarlas de un modo completamente superficial. El asunto de la
historia de la medicina es tan extenso como el de la historia de la cultura en
general, y ninguna inteligencia humana puede ser capaz de comprenderlo por
completo. Aquí, como siempre, «conocimiento general, significa ignorancia
general» (Froude). El doctor John J. Abel tiene completa razón cuando dice que
«debe haber en la obra de investigación un carácter cultural, una artística
cualidad, elementos que han dado a la pintura, música y poesía su elevado
puesto en la mente del hombre». El verdadero estudiante de medicina debe
considerar tan suyo a Hipócrates como a Homero, a Harvey como á Shakespeare, a
Sydenham como a Milton. Esta es, tal vez, una larga tarea, pero es el verdadero
camino para llegar a aprender alguna cosa.
El doctor Johnson dice que si algún hombre leyese
inteligentemente de cualquier asunto varias horas al día, llegaría pronto a
aprenderlo. Únicamente leyendo de este modo las cosas es como ellas llegan a
convertirse en parte y substancia de nuestra inteligencia, «haciendo una
incisión en la memoria». Los mejores modelos escritos para los estudiantes son
los encantadores ensayos de Osler, que, como hace notar Sudhoff, contienen más
verdadero espíritu histórico que muchas de las obras eruditas de los historiadores
profesionales. La razón de ello es que Osler ama a sus antiguos autores, cuya
profesión es la suya. Si el estudiante lee griego y latín, puede encontrar
mucho auxilio en los admirables textos bilingües de la Biblioteca Clásica de
Loeb para los antiguos poetas y autores, que abundan en detalles
médico-históricos; Lucrecio, por Monro (1864); Celso, por Alexander Lee (1831);
Hipócrates, por Littré (1839-61); Oribasio, por Daremberg (1851-76); Areteo,
por Francis Adams (1856), y Fracastor, por León Meunier (1893). Para los
principiantes, Sudhoff recomienda calurosamente la encantadora introducción de
Theodor Beck al canon de Hipócrates, con trozos notablemente bien elegidos
(1907), un texto alemán bilingüe, que puede muy bien ser traducido por los
estudiantes ingleses y americanos. Los Consejos e ideales, del
doctor C. N. B. Camac; de los escritos de William Osler (Boston, 1905), y
los Aforismos y Reflexiones, de Huxley, seleccionados por su
mujer (Londres, 1907), deben figurar en la mesa de todo estudiante. Los
folletos históricos publicados por Burroughs, Wellcome & Company (Londres),
son útiles y seguros. Pero, como ha dicho Carlyle, «no son necesarios muchos
libros; un espíritu abierto, pacienzudo y valiente; esta es la única cosa
necesaria». A ello puede añadirse aún otra idea de este mismo escritor: «Mejor
conserváis vosotros mismos la claridad y la limpieza; vosotros sois las
ventanas a través de las cuales tenéis que ver el mundo. »
III. Notas bibliográficas para lecturas colaterales
A. Historias de la medicina
De las obras grandes, los Grundriss, de
Johann Hermann Baas (1838-1909), de Worms, en el Rin, traducida al inglés por
H. E. Handerson (New York, 1889), sigue siendo, por muchos conceptos, la más
recomendable. Las obras más antiguas de Le Clerc (1696), Freind (1725-27),
Schultze (1728), Haller (1751), Blumembach (1786) y Kurt Sprengel (1792-1803)
ofrecen un interés puramente de anticuario; al paso que las historias de Hecker
(1822-29), Bostock (1834), Puccinotti (1850-66), Meryon (1861), Daremberg
(1870) y Bouchut (1873), son actualmente de una vendimia que sólo podría ser
apreciada por un «catador» especial. La obra de Sprengel no tiene rival por su
acabada interpretación de los hechos de la antigua medicina y por la impecable
seguridad de sus notas. La gran obra de Heinrich Haeser (tercera edición,
1875-82) está basada en investigaciones originales, y es notable por la
erudición, aunque no siempre por la seguridad. El tercer volumen, de
enfermedades epidémicas, es de un valor incalculable. El mérito de la historia
de Baas es el que encierra todo lo fundamental en un grueso, pero no
demasiado voluminoso volumen; el de que la exposición de los hechos tiene mucha
más certeza de la que ofrecían las obras anteriores; el de que da un acabado
resumen de las diferentes «teorías» médicas, del estado de la medicina y la
cirugía en las diferentes épocas, y el de que él frecuentemente lleva sus
estudios por encima de muchos tristes remiendos con un vivo y alegre humorismo.
Sus defectos son: el ser un poco difuso; el defectuoso orden de sus asuntos
principales; las largas listas de nombres relativamente poco importantes; su
falta de distinción, en ocasiones, entre cosas de real importancia y otras
completamente triviales; su caprichosa tendencia a marcharse de los asuntos, o
a alargarlos con detalles cómicos o eróticos, y, finalmente, una curiosa falta
de ponderación y de equilibrio que, con todo su brillante ingenio y gracia, va
acompañada de un absoluto respeto a las exigencias del estilo literario. El nos
da muchos datos, pero no siempre los que nosotros deseamos, y, como la mayoría
de los historiadores, Baas está más flojo al ocuparse del período moderno. El
no puede ver bien los bosques por mirar los árboles; se extiende más sobre las
teorías que sobre los hechos, y está más atrasado que su tiempo en su actitud
respecto de la teoría germinativa y ha tenido más que decir a propósito de
Broussais y de Rasori que de Laënnec o Louis, de Charcot o de Pasteur. Sin
embargo, ningún historiador moderno ha dado una apreciación exacta de los
grandes médicos ingleses, cuyas tendencias prácticas ha sabido poner en
evidencia de un modo muy cordial. Aunque nacido en las orillas del Rin, Baas
representa el punto de vista del Norte, o protestante, en la historia de la
medicina. El es, en todos los momentos, un escritor de mente esencialmente
masculina, que ataca todas las falsedades, patrañas, fraudes y supersticiones.
Sus notas y sus acotaciones marginales, las de Gibbon, sugieren una cierta
simpatía hacia los asuntos prohibidos. Nada le agrada tanto como el aislar algún
rasgo indecoroso o inconsistente del carácter, y blandir contra él, en alto, lo
que Swinburne llama «la vasta luz de la risotada alemana».
Julius Pagel[1023] ha publicado, en 1898, una historia de la medicina, en un volumen
y en forma de lecciones. Es un libro muy recomendable, obra de un espíritu
amplio, de buena naturaleza, tolerante, pero algunas veces poco seguro, y la
bibliografía está apresuradamente revuelta. La nueva edición (1905), revisada y
en parte rehecha por Karl Sudhoff, ha sido purgada de muchas inexactitudes,
especialmente en los períodos antiguos. En 1903-05, Pagel y Max Neuburger han
colaborado para terminar el Handbuch der Geschichte der Medizin,
que había sido comenzado por Theodor Puschmann. Esta obra, en tres volúmenes,
es la fuente de referencias, después de Haeser, más recomendable para hechos,
fechas y bibliografía, Está escrita con un plan cooperativo, y al tratar el
período moderno, los editores han recurrido al plan usual de tener cada
especial tratado escrito separadamente por una autoridad diferente. Como ocurre
con muchas obras escritas por diferentes autores, estas monografías especiales
tienen una cierta sequedad y un carácter descuidado y rutinario. Pero, de todos
modos, los méritos substanciales del manual de Puschmanan, como obra de
consulta, nunca podrán ser desconocidos.
La mejor obra moderna es incuestionablemente la
reciente historia de la medicina del colaborador de Pagel, el profesor Max
Neuburger (1868), de Viena, que va publicándose por partes y está en vías de
ser traducida al inglés por Ernest Playfair bajo la dirección de sir William
Osler (Londres, 1910). Ya anteriormente a esta publicación Neuburger se había
creado una bien merecida reputación de seguridad y de erudición por sus
valiosas monografías históricas acerca de la fisiología del sistema nervioso en
la época anterior a Flourens (1897), del mecanismo de la nutrición específica
(1900) y de la prehistoria de la terapéutica antitóxica (1901). Como escritor,
Neuburger es elocuente, profundo, absolutamente sincero y un buen estilista.
Como erudito, él es más rico, más profundo y más serio que Baas, y sus estudios
de la medicina folklórica y de la medicina griega y árabe son de lo mejor que
se conoce. Sin embargo, él no sabe economizarla sal del humorismo, y con
frecuencia exhibe su tendencia alemana a rapsodizar y a marcharse al campo de
las divagaciones filosóficas. La intención de su gran obra es, positivamente,
la de hacer una síntesis filosófica de la historia de la medicina. Neuburger ha
traído muchos hechos nuevos al campo de la historia médica; pero no siempre los
presenta de un modo sencillo y directo. El segundo volumen de su tratado, que
abarca toda la medicina medieval, es una síntesis magistral que viene a abrir a
nuestro espíritu muchos y nuevos puntos de vista. La firmeza con que el autor
sabe apoderarse de los más complejos detalles aparece siempre bien manifiesta;
pero el lector está expuesto a no sacar todo el provecho debido en una primera
lectura. El primer gran volumen de la traducción inglesa está impreso en fuerte
y claro papel de hilo, a gran lujo, en páginas grandes. El substratum de
erudición (notas y notas marginales) ha sido en gran parte suprimido de la
traducción inglesa.
De los manuales más pequeños, el de la Geschichte
der Medizin (1859), de Wunderlich, no ha sido traducido nunca y no
alcanza más que hasta la época de Schonlein. Está escrito por mano de un
maestro en clínica, y resulta interesante por su autología de extractos
explicativos, incluso las diferentes clasificaciones de las enfermedades hasta
la época de Schönlein. Los cortos y poco conocidos apuntes de William Farr
(1839) y de Edwin Klebs (1868), son altamente originales y sugestivos. El British
Medical Almanack, áe, 1839 (pp. 113-178) contiene la cuidadosa
historia hasta la época de Sydenham por el eminente estadista inglés William
Farr. Los precedentes volúmenes del diario (1836-38) contienen sus valiosas y
eruditas cronologías médicas. La Medical History, de Edward T.
Withington (Londres, 1894), es la obra de un verdadero erudito, escrita de una
manera atractiva, no muy común, y con muy útiles notas y apéndices terminales.
Desgraciadamente, termina en los comienzos del siglo XIX; pero está basada en
originales investigaciones, y serán muy pocos los libros pequeños que resulten
tan convenientes como el que ríos ocupa para obtener una segura información.
El Epitome, de Roswell Park (1897), va precedido de la excelente
historia de Robley Dunglison (1872). L'Histoire de la Médecine (París,
1911), de León Meunier, tiene el mérito de ser completa hasta en el período
moderno; es digna de ser leída, a pesar de no ser completamente exacta.
B. Biografía médica
La colección más antigua y más completa es el Dictionnaire
historique de la Médecine (1755), de N. F. J. Eloy, que en su última
edición de cuatro volúmenes (1778) es de un valor incalculable. La Biographie
médicale (París, 1855), de Bayle y Tillaye, es una especie de Who’s
Who médico, que se extiende hasta la mitad del siglo XIX y que es
eminentemente útil como libro auxiliar. La Encyclopédie des Sciences
medicales (París, Panckoucke, 1820-25), de A. J. L. Jourdain, es
indispensable, conteniendo muy valiosas biografías. El Biographisches
Lexikon, de Hirsch (6 volúmenes, Viena y Leipzig, 1884-8), y el Biographisches
Lexikon, de Pagel, de los médicos del siglo XIX (Berlín y Viena, 1901) son
modelo entre los libros modernos; pudiendo ser substituidos por muchas de las
admirables biografías de los médicos ingleses en el Dictionary of
National Biography (68 volúmenes, Londres, 1885-1912); por la Biographie
Française (46 volúmenes, París, 1852-77); por la Neuer
Nekrolog der Deutschen (1823-52); el Biographisches Jahrbuch (1896-1911),
y otras obras de referencia, cuya lista se encuentra en la extensa bibliografía
dada por Hirsch. Las principales fuentes de la biografía médica americana son
James Thacher (1828) y Samuel D. Gross (1861), que han publicado extensas biografías
de algunos médicos; Atkinson (1878), Stone (1894) y Watson (1896), que tienen
buenas referencias de los nombres contemporáneos. La Cyclopedia of
American Medical Biography, de Howard A. Kelly (Filadelfia, 1912), es la
obra más reciente. Para los nombres recientes pueden ser consultados los
varios Who's Who de los diferentes estados. Algunos
entretenidos volúmenes de ensayos biográficos han sido escritos por G. T.
Bettany (1885), sir B. W. Richardson (1900), Víctor Robinson (1912) y otros.
Para las biografías individuales, los datos
siguientes son a propósito para ser leídos o utilizados en otra forma para
referencias, con una cierta comodidad:
·
Acland (sir Henry W.): Memoir por J. B. Atlay;
Londres, 1903.
·
Addison: Wilks and Bettany, History of Guy’s Hospital;
Londres, 1892, p. 221-234.
·
Guy’s
Hosp. Gaz., Londres, 1874, III, p. 193 y 201, 1901; XXII, p. 520, retr. 1
lám. Albertus Magnus: Janus, Breslau, 1846, I, p. 127 y 160.
(L. Choulant.)
·
Alibert (J. L.): Gaz. méd. de París, 1839, 2 p., VII,
p. 193-198. Paris méd., suppl. 1914, p. 575-59 (L. Brodier).
·
Arbunoth: Vida por G. A. Aitken, Oxford, 1892.
·
Ardeme (John): Introducción a su Treatises of
fístula in ano, por D’Arcy Power (Early English Text Society, núm. 139,
Londres, 1910).
·
Aretaeus: Prefacio de Francis Adams a The extant works,
etc. Londres, 1856, página V-XX. —Münch. med. Wochenschr., 1902, XLIX, p.
1265-1267 (R. Kossmann). —Johns Hopkins Hosp. Bull., Baltimore, 1909, XX, p.
371-377 (E. F. Cordell). —Am. J. Clin. Med., Chicago, 1911, XVII, p. 1055-1058
o Pathfinders of Medicine, N. Y., 1912, p. 33-43 (Robinson).
·
Arlt (C. F. von): Meine Erlebnisse, Wiesbaden,
1887.
·
Amoldo de
Villanova: Arch.
f. Gesch. d. Med., Leipzig, 1909-16, passim (P. Diepgen). Auenbrugger: Jahresbericht
d. Ver. d. Aerzte in Steiermark, Graz, 1866, II, p. 19-52 (Ciar). —
Jahresbericht d. Gesellsch. f. Nat-u. Heilk. in Dresde, 1863, P- 59-72. Tr.
Congr. Am. Phvs. & Surg., 1891, New-Haven, 1892, II, p. 180 (Weir
Mitchell). —Walsh: Makers of Modern Medicine, N. Y., 1907, p. 55-85
·
Averroes: E. Renán: Averroés et l’Averroisme, París,
1852, 1865, 1869.
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Avicenna: Tesis de París (núm. 182), por J. Eddé, 1889.
—Johns Hopkins Hosp. Bull., Baltimore, 1908, XIX, p. 157-160 (J. A. Chatard).
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·
Baglivi: Ztsch. f. Klin. Med. Berlín, 1888-9, XV, p.
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·
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trabajos de H. Tillmanns (1883) R. Lehmann-Nitsche (1896-8), G. Buschan (1902)
y K. Jäger (1907); Robert Fletcher, sobre la trepanación prehistórica
(Washington, 1882), y Lucas Championiére: Les origines de la trepanation
(París, 1912). —Hasta el fin del siglo XVI, Gurtl: Geschichte der Chirurgie
(1898), y Malgaigne; Histoire de chirurgie (1840), son los fuentes más
autorizadas; la primera no tiene rival en seguridad de los datos, y contiene
muchas e interesantes láminas de instrumentos quirúrgicos. Véase, además,
Friedrich Helfreich, en el Puschmanns’ Handbuch (V. III, p. 1-306), que es una
buena fuente de referencias. La historia de Kurt Sprengel (Halle, 1805-19) da
la historia de las diferentes operaciones. George J. Fisher da un resumen muy
acabado y completo de los antiguos escritores del siglo XVIII (Internat.
Encycl. Surg. [Ashhurst]. N. Y., 1886, VI, p. 1146-1202). El mejor y más
completo estudio de la cirugía inglesa es el de John S. Billings, constituyendo
el capítulo de introducción alDennis’s System of Surgery (New York, 1895, 1, p.
1-144). Es notable, no sólo por la maravillosa seguridad de sus datos, sino
también por su buen espíritu crítico. Del mismo género son las Lecciones de sir
William Fergusson, de 1867, y la importante monografía de sir Clifford Allbutt
sobre relaciones históricas entre la medicina y la cirugía hasta fines del
siglo XVI, que constituye la mejor historia inglesa de la cirugía medieval.
Véase, además, la Historia de la cirugía plástica, de Zeis (Leipzig, 1863), en
el estudio de George Fischer sobre los aspectos'culturales de la cirugía del
siglo XVIII (Chirurgie vor 100 Jahren, 1876); los estudios de J. S. Milne
(Oxford, 1897) y Th. Meyer-Steineg (Jena, 1912) sobre la historia de los
instrumentos quirúrgicos, y el excelente artículo de Charles Creighton, en la
Encycl. Britan., ii. aed., Cambridge, 1911, XXVII, p. 125-129.
La cirugía inglesa se encuentra muy bien estudiada en las memorias de John
Flint South sobre el arte de la cirugía en Inglaterra (1886); en los anales de
los barberos-cirujanos de Londres, de Sidney Young, y en las interesantes
monografías de D’Arcy Power. La cirugía alemana ha sido estudiada por Rohlfs:
«Die chirurgischen Klassiker Deutschlands» (Leipzig, 1883-5); por George
Fischer (1876); por H. Tillmann, en su obra «Hundert Jahre Chirurgie» (1898), y
por el ensayo de Erns Becker sobre los antiguos cirujanos de Hildesheim (1902).
La cirugía americana hasta 1876 es acabadamente tratada por Samuel D. Gross, en
Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1876, n. s. LXXI, p. 431-484. Los ensayos de
James Evelyn Pilcher (Journ. Am. Med. Assoc., 1890, XIV, suppl. núm. 18, p.
629-636) y Érederick S. Dennis (Med. Rec., N. Y., 1902, xLlII, p. 637-648) son
también muy útiles para referencias.
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Circulation, de John Cali Dalton (Filadelfia, 1884), es la mejor historia que
existe en inglés sobre el asunto; y el Harvey’s views, etc. New York, 1915, por
el discípulo y sucesor de Dalton, el difunto John G. Curtis, es otra importante
contribución de la erudición americana. La introducción al texto de Charles
Richet (París, 1879) es muy valiosa también. Véanse, además, tres memorias de
T. II. Huxley en: Nature, Londres, 1878, XVII, p. 417; XVIII, p. 146, y Pop. Sc
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—Brit. M. J., Londres, 1911, II, p. 1384-1390, retr. —Lancet, Londres, 1911,
II, p. 1441-1445, retr. —Guy’s Hosp. Rep., Londres, 1911, LXVII, p. 1-39 (W. H.
White).
·
Wiseman (Richard): Biografía, por sir T. Longmore
(Londres, 1891). —Sir B. W. Richardson: Disciples of Aesculapius, Londres,
1900, I, p. 158-175, retr. — West. Lond. M. J., 1912, XVII, p. 203-205 (S. D.
Clippingdale).
·
Withering: Biografía, como prefacio de sus Miscellanesus
Tracts, Londres, 1822, L p. 1-206 (Bibliografía) y 207-209. —Proc. Roy. Soc.
Med., Londres, 1915, VIII, Sect. Hist. Med., p. 85-94 (A. R. Cushny).
·
Wolff (Caspar Friedrich): Jenaische Ztschr. f. Med.
u. Naturw., Jena, 1868, IV, página 193-220 (A. Kirchhoff). —W. M. Wheeler:
Woods Holl Biol. Lect., 1898, Boston, 1899, VI, p. 265-284 (Sitzungsb. d. k.
preuss. Akad. d. Wissensch., 1904 [W. Waldeyer]).
·
Wunderlich: Arch. f. Heilk., Leipzig, 1878, IV, p.
289-320 (O. Heubner); p. 321-329 (W. Roser). —Med. Klin., Berlín, 1915, XI, p.
901-903 (A. Strümpell).
·
Young (Thomas); Biografías, por Gurney (Londres,
1831) y Peacock (Londres, 1855). Dict. Nat. Biogr., Londres, 1900, LXIII, p.
393-399 (C. H. Lees).
·
Yperman: Janus, Amsterdam, 1913, XVIII, p. 1-15 (E. C. van
Leersum).
·
Zacchias: V. Fossel: Stud. z. Gesch. d. Med.,
Stuttgart, 1909, p. 46-110.
·
Zimmermann: Biografías, por Tissot (1797) y por R. Ischer
(1893).
C. Historias de algunos asuntos especiales
·
Alejandrina
(Medicina): K.
Sudhoff: Aerztliches aus griechischen Papyrus-Urkunden, Leipzig, 1907.
·
Alquimia: K. C. Schmieder: Geschichte der Alchemie,
Halle, 1832. —E. Berthelot: Les origines de l’alchemie, París, 1885.
·
Americana
(Medicina): Bosquejo
de James Thacher en su American Medical Biography, Boston, 1828, I, p. 9-85,
conteniendo, separadamente, la historia de la medicina en los diferentes
estados coloniales. —Century (A) of American Medicine, Filadelfia, 1876, en
particular el resumen crítico de J. S. Billings, p. 290-366. —S. D. Gross:
History of American medical literature, Filadelfia, 1876. — J. M. Toner:
Contributions, etc. Washington, 1874. —F. R. Packard: History of Medicine in
the United States, Filadelfia, 1901. —J. G. Mumford: A Narrative of Medicine in
America, Filadelfia, 1903. —University M. Mag., Filadelfia, 1897-8, X, p.
136-140 (sir W. Osler). —J. Am. M. Ass., Chicago, 1911, LVIII, p. 437-441 (H.
A. Kelly). —Med. Rec., New York, 1904, LXV, p. 361-367 (S. Smith); 1913, LXXXIV,
p. 277-283 (T. Abbe).
·
Anatomía: Ludwig Choulant: Geschichte und Bibliographie
der anatomischen Abbildung, Leipzig, 1852. —Estudios de Hyrtl sobre términos
árabes y hebreos (1879), terminología anatómica (1880) y antiguos
alemanes termini technici (1884); estudios de Robert von Toply
sobre anatomía medieval (Leipzig, 1898). La Histoire de l’anatomie plastique,
de Mathias Duval y Edouard Cuyer (París, 1898); la de Ludwig Hopf sobre las
antiguas fases culturales (Breslau, 1904), y los estudios de Karl Sudhoff
acerca de la anatomía tradicional (1907) y las fases gráficas de la anatomía
(1908), son las obras más notables de este género. Las mejores monografías
inglesas son la historia del difunto sir William Turner en la Encyclopaedia
Britannica (sub voce anatomy) y el artículo de Frank Baker, en
el Reference Handbook de Stedman (New York, 1913, 1, p. 323-345). La monografía
de Toply en el Handbuch de Puschmann es práctica y tiene un buen resumen
bibliográfico de todo el asunto. L’Histoire de l’Anatomie (1815), de Thomas
Lauth, está sin concluir y es antigua. Más antigua es aún la Historia
anatomiae, de Caspar Bauhinus (1597), Tue tiene, en notas marginales, todas las
referencias bibliográficas de los descubrimientos enumerados. Un análogo
servicio nos presta la historia de Sprengel (passim). La
Anatomiens Historie, de J. H. Chievitz, en danés (Copenhague, 1904), tiene
ilustraciones muy interesantes. —El Sketch of the Early History of Practical
Anatomy, Filadelfia, 1874, de W. W. Keen, es una buena historia de la disección
y las inyecciones. La obra de Charles R. Bardeen, Anatomy in America (Bull.
Univ. Wiscousin, Madison, 1905, núm. 115, p. 85-208), es el mejor resumen que
conocemos de este asunto.
·
Anestesia: Dublín J. M. Sc, 1875, LIX, p. 32-38 (T. M.
Madden). —Ibid., 1888, LXXXVI, p. 284, 373 y 485; 1889, LXXXVII, p.
116, 225, 305 y 486 (G. Joy). Deutsche Ztschr. f. Chir., Leipzig, 1895-96,
xLlI, p. 517-596 (Th. Husemann). The Semi-centennial of Anaesthesia, Boston,
1897. —Johns Hopkins Hosp. Bull., Baltimore, 1897, VIII, p: 174-184 (H. H.
Young). —J. T. Gwathmey: Anesthesia, New York, 1914, p. 1-29.
·
Anglosajona
(Medicina): O.
Cockayne: Leechdoms, worteunning, etc. 3 vols., Londres, 1864-66. —J. F. Payne:
English Medicine in the Anglo-Saxon Times, Oxford, 1904.
·
Antropología: A. C. Haddon: History of Anthropology,
Londres y New York, 1910.
·
Árabe
(Medicina): F.
Wüstenfeld: Geschichte der arabischen Aerzte, etc. Góttingen, 1840. —Lucien
Leclerc: Histoire de la médecine arabe, 2 vols., París, 1876. Puschmann:
Handbuch, Jena, 1902, I, p. 589-621 (Schrutz). —K. Opitz: Die Medizin im Koram
(Stuttgart, 1906).
·
Arte (La
medicina en el): El
asunto ha sido primeramente tratado por Virchow en los Archiv f. path. Anat.,
etc. Berlín, 1861, XXII, p. 190; 1862, XXIII, p. 194; y el material ha sido
acabadamente catalogado por Marx (Abhandl. d. k. Gesellsch. d. Wissensch. zu
Góttingen, 1861-62, X, p. 3-74); pero la creación ha sido realmente de Charcot
y sus discípulos en la Nouvelle Iconographie de la Salpétriére, París,
1888-1913, passim. Las dos monografías de Charcot y P. Richer
sobre los demoníacos, los deformes y los enfermos en el arte (París, 1887-89);
de P. Richer: L’art et la médecine (París, 1902); las monografías de Eugen
Hollander sobre la medicina en los pintores clásicos, en las caricaturas y en
el arte plástico (Stuttgart, 1903-12); de Robert Mtillerheim, Die Wochenstube
in der Kunst (Stuttgart, 1904), y de F. Parkes Weber: Aspects of Death in Art
(2. a ed., Londres, 1914), son los mejores libros
publicados sobre este asunto. También merecen leerse otros ensayos, como los de
J. W. Churchman sobre Jan Steen y Velázquez (Johns Hopkins Hosp. Bull.,
Baltimore, 1907, XVII, p. 480; 1911, XXII, p. 383), y de Mortimer Frank sóbrela
Caricatura en medicina (Bull. Soc. Med. Hist., Chicago, 1911-15, I, paginas
46-57).
·
Asirio-babilónica
(Medicina): F.
von Oefele: Keilschriftmedicin (Breslau, 1902). F. Küchler: Beitriige zur
Kenntnis der assyrisch-babylonischen Medicin (Leipzig, 1904). —Proc. Roy. Soc.
Med., Sect. Hist. Med., Londres, 1914, VII, p. 109-176 (M. Jastrow).
·
Bacteriología: Friedrich Loeffer: Vorlesungen (i. Theil,
Leipzig, 1887); es incompleta, pero puede completarse con el trabajo de Müller
y Prausnitz en la obra de Puschmann, 1905, III, p. 804-852.
·
Balneologia: K. Sudhoff: Aus dem antiken Badewesen, 2 pt.
(Berlín, 1910). —A. Martín: Deutsches Badewesen in vergangenen Tagen (Jena,
1906).
·
Bibliografía
médica: Haller: reimpresión del
Methodus Studii Medici de Boerhaave (2 vols, Amsterdam, 1751), y sus
bibliografías de botánica (1771-2), Anatomía (1774-7), cirugía (1774-5) y
práctica de la medicina (1776-8), que constituyen las mejores contribuciones
del siglo XVIII. La obra de Carl Peter Callisen: «Medicinisches
Schriftsteller-Lexicon» (33 volúmenes, Copenhague, 1830-45), es una especie de
índice-catálogo de autores de la segunda mitad del siglo XVIII y primer cuarto
del XIX. También son dignas de tenerse en cuenta las antiguas bibliografías de
G. G. de Ploucquet (1808-9), Robert Watt (1824), James Atkinson (1834) y John
Forbes (1835). De gran mérito son las obras de Ludwig Choulant: Handbuch der
Bücherkunde (2. a ed., Leipzig, 1840) y Bibliotheca
medico-historica (Leipzig, 1842); de Julius Rosembaum: Additamenta (Halle,
1842-47); Haeser: Bibliotheca epidemiographica (Jena, 1843); J. G. Thierfelder:
Additamenta (Misna, 1843; Greifswald, 1862); Rupprecht: Bibliotheca
medico-chirurgica (1847 et. seq.) W. Engelmann: Bibliotheca
medico-chirurgica (Leipzig, 1848); Alphonse Sauly: Bibliographie des Sciences
médicales (París, 1874), y Lucien Hahn: Essai; de bibliographie médicale
(París, 1897). —La France littéraire (12 vols., 1827-64), de Ouérard, y el
Manuel du libraire (8 vols., París, 1860-65; supl. ; París, 1878-80), son
especialmente buenos para la medicina francesa. La medicina española ha sido
muy completamente tratada por Antonio Hernández Morejón en su Historia
bibliográfica (7 vols., Madrid, 1842-52) y en la Colección de Miguel de la
Plata y Marcos (Madrid, 1882). La más completa bibliografía moderna de medicina
es el Index-Catalogue de la Biblioteca del Instituto General de Cirugía (37
vols., 1879-1916), completado por el mensual Index-Medicus (1879-99; 1903-1917).
La laguna causada por la suspensión de la publicación de este último periódico
ha sido suplida en parte por el Index-Medicus francés (París, 1900-1902). Para
el estudio histórico de los textos fundamentales, véase el Catalogue des
Sciences médicales de la Biblioteca Imperial (3 vols., París, 1857-89) y la
bibliografía especial del Index-Catalogue, especialmente sus listas de textos
históricos (2 ser., XVII, p. 89-178).
Una importante bibliografía selecta de los
interesantes artículos científicos para los años 1800-1893 es el Catalogue de
la Royal Society (14 vols., Londres, 1867-1915) y para anatomía, fisiología,
bacteriología, química, biología y antropología, el International Catalogue of
Scientific Literature, publicado por la Royal Society (Londres, 1907-12): Para
parasitología, resulta único e interesante el Index-Catalogue of Medical
Zoologie, de C. W. Stile6 y A. Plassall (36 partes, Washington, 1902-12). Merecen
igualmente ser mencionados: L. Pfeiffer: Bibliografía de la viruela y de la
vacunación (Weimar, 1886); E. J. Waring: Bibliotheca therapeutica (1878); H. C.
Bolton: Bibliografía de química (Washington, 1885-93); F. Schmid: Bibliografía
de higiene pública (Berna, 1898-1906); Heinrich Laehr: Bibliografía de
neurología (Berlín, 1900); H. de Rothschild: Bibliotheca lactaria (París,
1901); E. Roth: Bibliografía de los cuidados a los enfermos (Berlín, 1903);
Gottlieb Pott: Index de literatura odontológica (Heidelberg, 1904-14).
Ostestag: Inspección de alimentos (Stuttgart, 1905); Emil Abderhalden:
Bibliografía del alcoholismo (Berlín, 1904); John Ferguson: Bibliotheca Chemica
(Glasgow, 1906); y las bibliografías de E. F. Cyriax, de gimnástica médica
(Worishofen, 1909); H. Gocht, de rayos Rontgen (Stuttgart, 1911-14); A. L.
Caillet, de ciencias psíquicas y ocultas (París, 1912-13); Donald McMurtrie, de
niños anormales (New York, 1913); la del Instituto Oficial de Caridad y
Eugénica de New York (Albany, 1913); de A. C. Klebs, sobre variolación
(Baltimore, 1913), y de F. Salveraggio, sobre pelagra (Pavía, 1914).
Para los artículos periodísticos, véase el Index
del Museo Británico, las abreviaturas del Catálogo de artículos científicos de
la Royal Society (18617 a 1916), el catálogo de las series científicas de H.
Scudder [1633-1876] (Cambrige, 1879), los compendios del Index-Catalogue (1895
y 1916), el catálogo de periódicos científicos y técnicos de H. C. Bolton
[1665-1895, 2. a ed. ] (Washington, 1897); A. Griffin:
Lista de la unión (Biblioteca del Congreso, Washington, 1901); la guía de H. O.
Severance (Ann. Arbor, G. Wahr, 1914); el anuario francés de los periódicos
(París, 1881-1916), y la Gesamt-Zeitschriften-Verzeichnis de las Bibliotecas
alemanas (Kónigl. Bibliothek, Berlín, 1914). Para las sociedades científicas,
la sección Academies, del Catálogo del Museo Británico; las International
Exchange List, de la Institución Smithsoniana, y la bibliografía de las
sociedades alemanas científicas, de J. Müller (Berlín 1883-87).
Obras indispensables para referencias generales en
una biblioteca importante son los Catálogos del Museo Británico y los de la
Biblioteca Peabody de Baltimore y Maryland; el Handworterbuch der Geschichte
der exakten Wissenschaften, de Poggendorf (Leipzig, 1863-1904); la Bibliotheca
bibliographica dé Julius Petzholdt (Leipzig, 1866); el Catalogue de la
Librairie frangaise, de Lorenz (París, 1867-1911); el Allgemeines
Bucherlexicon, de Heinsius, para los años 1700-1912 (36 volúmenes, Leipzig,
1812-1913); la Bibliographie des bibliographies, de León Vallée (París, 1883);
el Manuel de bibliographie générale, de Henri Stein (París, 1897), y la
Bibliographie des Bibliotheks und Buchwesens, de Hortschansky (Leipzig,
1905-13). Para la técnica de la bibliografía, véase la forma usada por la
Biblioteca del Congreso, el Index-Catalogue, el sistema de Dewey y otros
ensayos, como C. S. Minot: Woods Holl Biol. Lect., 1895, Boston, 1896, p.
149-168.
Los anónimos y seudoanónimos se encuentran bien
estudiados en el Dictionary, de Halkett y Laing (4 vols., Edimburgo, 1882-8);
en Initials & Pseudonyms (1 & 2 series), y anónimos (1890), de William
Cushing; en el Dictionnaire des ouvrages anonymes et pseudonymes, de Barbier (4
vols., París, 1822-7). A ello puede añadirse la obra de John Martin:
Bibliograpy of privately printed books (2. a ed., Londres,
1854) y la Bibliography of unfinished books in English, de A. R. Corns y A.
Sparke (Londres, 1915).
·
Bibliotecas
médicas: Ref. Handb. Med. Sc
(Stedman), 3. a ed., New York, 1915, V, páginas 901-910
(F. H. Garrison).
·
Biología
(Historia de la): J.
A. Thomson: The Science of life (Chicago y New York. 1899). —W. A. Locy:
Biology and its makers (New York, 1908). —E. Radl: Geschichte der biologischen
Theorien (2. Aufl., Leipzig y Berlín, 1913).
·
Bizantina
(Medicina): Glasgow
M. J., 1913, LXXX, p. 321 y 422 (sir T. C. Allbutt). — H. Corlieu: Les médicins
grecs depuis la mort de Galien (París, 1885).
·
Botánica: E. H. F. Meyer: Geschichte der Botanik (4
vols., Konigsberg, 1854). — J. von Sachs: Geschichte der Botanik (München,
1875). —J. Vm. Harshberger: The Botanists of Philadelphia (Filadelfia, 1899).
—A. Hansen: Die Entwicklung der Botanik (Giessen, 1902). — E. L. Greene:
Landmarks of Botanical History (Washington, 1909). —Además: Journ. Am. Med.
Ass., Chicago, 1911, LVIII, p. 437-441 (H. A. Kelly). — Science, New York,
1914, n. s., XXXIX, páginas 299-319 (D. S. Johnson).
·
Botánicos
(Jardines): Ann.
Missouri Botan. Garden, St. Louis, 1915, II, p. 185-240 (A. W. Hill).
·
Cáncer: Jakob Wolff: Die Lehre von der Krebskrankheit
(2 vols., Jena, 1907-1911).
·
Céltica
(Medicina): Proc.
Am. Phil. Soc., Filadelfia, 1887, XXIV, p. 136-166 (J. Mooney).
·
Clínica
Médica: J. Peterson: Hauptmomente in
der alteren Geschichte der medicinischen Klinik (Copenhague, 1890).
·
Cólera: G. Sticker: Die Cholera (Giessen, 1912, p.
104-284).
·
Cronología
médica: Los cuadros preparados por
Ludwig Choulant (1822), Casimir Broussais (1829), William Farr (1836-8), M. S.
Krüger (1840) y Julius Pagel
·
(1908)
son útiles, así como también las cronologías contenidas en las historias de
Sprengel, E. Isensee y E. Schwalbe (L. Aschoff).
·
Cuarentenas: Johns Hopkins Hosp. Bull., Baltimore, 1914,
XXV, p. 80-86 (W. W. Ford).
·
Curanderismo: H. Magnus; Das Kurpfuscherthum, etc.
(Breslau, 1903). Brit. med. Journ., Londres, 1911, 1, p. 1250-1263.
·
China
(Medicina): M.
Boym: Clavis medica (Francfort, a. M., 1686). —A. Cleyer: Specimen medicinae
sinicae (Francfort, 1682). —August Pfizmaier: Traducción de la doctrina del
pulso de Chang-Ke (1866) y ensayos en la Sitzungsber. d. phil. -hist. Cl. d. k.
Akad. d. Wissensch., Viena, 1865-6, sobre la patología, semiología y
toxicología en China -P. Dabry: La médecine chez les Chinois (París, 1863). —J.
Regnault: Médecine et pliarmacie chez les chinois (París, 1902). —Además:
Janus, Amsterdam, 1904, IX, p. 103, 159, 201 y 257 (R. W. von Zaremba). —Arch.
f. Gesch. d. Med., Leipzig, 1913-14, VII, p. 115-128 (Hubótter).
·
Dermatología: Handb. d. Med., Jena, 1905, III, p. 393-463
(I. Bloch). —Lancet, Londres, 1911, 1, p. 1555-1560 (J. H. Sequeira). —J. Am.
M. Ass., Chicago, 1915, LXV, p. 469-474 (H. Fox).
·
Dietética: H. Lichtenfelt: Die Geschichte der Ernáhrung
(Berlín, 1913). — Festschr. z. 3 Saecularfeier d. med. Fac. Würzb., Leipzig,
1882, II, p. 17-41 Stóhr). —Zeitschr. f. diát. u. phys. Therap., Leipzig,
1898-9, p. 222-238 (J. Marcuse). —Pop. Sc Month., New York, 1913, LXXXIII, p.
417-423 (J. B. Nichols).
·
Educación
médica: T. Puschmann: Geschichte
des medizinischen Unteirichts, etc. (Leipzig, 1889). —N. I. Davis: History of
medical education, etc. (Chicago, 1851). —A. Flexner: Reports to the Carnegie
Foundation for the Advancement ofTeaching (Bull. núm. 4, p. 6, N. Y., 1910-12).
·
Egipcia
(Medicina): Papyros
Ebers (ed. por G. Ebers), 2 vols, , Leipzig, 1875; última edición W. Wrezinski,
Leipzig, 1913, y traducción por H. Joachim (Berlín, G. Reimer, 1890). —Brugsch
papyrus (Notice raisonnée, etc. Leipzig, 1863, pt. 2, p. I XX V-CVII).
—Brugsch-minor (Abhandl. d. Berl. Akad. d. Wissensch., 1901). —The Hearst
medical Papyrus, ed. por G. A. Reisner (Univ. Calif. Publ., v. 1.). —The Petrie
Papyri, ed. por T. L. Griffith (Londres, 1898). — K. Sudhoff: Aerztliches aus
griechischen Papyrus-Urkunden, Leipzig, J. A. Barth, 1907. —Prosper Alpinus: De
medicina ÁEgyptorum, Venecia, 1591. — Richard Millar: Disquisitions in the
history of medicine, Edimburgo, 1811, etcétera. —H. L. E. Lüring: Disertación
de Estrasburgo (Leipzig, 1888); es especialmente valiosa, porque demuestra, por
comparación de textos, la deuda en que se encuentran los escritores griegos y
romanos con los papiros médicos. La Medicina en el antiguo Egipto, por Bayard
Holmes y P. G. Kitterman (Cincinnati, 1914), es muy útil. Para un excelente
resumen de la medicina egipcia, véase Brit. M. Journ., Londres, 1893, I, p.
758, 1014 y 1061 (J. Finlayson).
·
Electroterapia: Ann. d’éléctrobiol., etc. París, 1904, VII,
p. 129-146 (A. Tripíer). — Tr. XVII, Internat. Med. Congr., 1913, Londres,
1914, sect. XXIII, p. 347-350 (H. L. Jones). —St. Bartholomew’s Hosp. J.,
Londres, 1913-14, XXI, p. 39, 61, 7° y 90 (E. P. Cumberbatch),
·
Embriología: O. Hertwig: Lehrbuch, etc. (9 Aufl., Jena,
1910, p. 5-58). —Basel diss. por B. Bloch. (1904). —W. A. Locy: Biology and its
Makers (New York, 1908, p. 195-236). — St. Louis Rev., 1904, XLlX, p. 273-281
(A. C. Eycleshymer). —Pop. Sc Month., New York, 1906, LXIX, p. 1-20 (C. S.
Minot). —Además: Introducción al Manual, etc. por F. Keibel y F. P. Malí
(Filadelfia).
·
Endoscopia
(Historiado la): Arch.
f. Laryngol. u. Rhinol., Berlín, 1915. XXIX, páginas 346-393 (G. Killiam).
·
Enfermedades
epidémicas: G.
Sticker: Abhandlungen, etc. Giessen, 1908-12. —Handb. d. Gesch. d. Med., Jena,
1903, II, p. 736-901 (V. Fossel).
·
Enfermeras: H. Haeser: Geschichte christlicher
Krankenpflege und Pflegerschaften (Berlín, 1857). —M. A Nutting and L. L. Dock.
«A History of Nursing» (4 vols., New York, 1907-12). — Arch. f. Gesch. d. Med.,
Leipzig, 1914-15, VIII, p. 147-164 K. Bass).
·
Epigráfica
(Medicina): J.
Arata: L’arte medica nelle inscrizioni latine (Génova, 1902). R. Blanchard:
Epigraphie médicale, 2 vols. (París, 1909-15). —Janus, Amsterdam, 1909, XIV, p.
4 y ni (J. Oehler, con índice de nombres).
·
Escandinava
(Medicina): Janus,
Amsterdam, 1907, XII, p. 665; 1909, p. 72 passim (F. Gron).
—S. Lasche: Norsk Medicin i hundrede Aar, Cristianía, 1911.
·
Ética
médica: J. L. Pagel: Medicinische
Deontologie [ (Berlín, 1897). —Grasset: Principes fondamentaux de la
déontologie médicale (París, 1900); New York, M. J., 1915, Cl, p. 140 y 205 (G.
Withe Cook).
·
Farmacia: Las mejores obras para consulta y referencias
son la de Hermann Schelenz: Geschichte der Pharmacie (Berlín, 1904), y la de A.
C. Wootton: Chronicles of Pharmacy (Londres, 1910). La de AdrienPhilippe:
Histoire des apothicaires (París, 1853), aumentada y traducida al alemán por
Hermann Ludwig (2 Aufl., Jena, 1859), es una obra antigua, de carácter formal.
La de Hermann Peter: Aus pharmazeutischer Vorzeit in Bild und Wort (2 vols.,
Berlín, 1889-91) da el aspecto cultural del asunto por medio de cuadros muy interesantes.
El fragmento de J. Berendes (1898), su traducción de Dioscórides y y la
Histoire de la Pharmacie de L. André-Pointier (París, 1900), pueden Ser también
consultadas. (Véase Medicamentos.)
·
Fisiología: La obra inglesa más recomendable es la de sir
Michael Foster: Lectures on the History of Physiology (siglos XVI-XVIII,
Cambridge, 190:), que está basada en investigaciones originales y llena de
atmósfera y de color. Son también obras de un carácter análogo las Doctrines of
the Circulation, de John Cali Dalton (Filadelfia, 1884); la History of
Respiration in Man, de William Marcet (Londres, 1897); los estudios de Max
Neuburger sobre el desarrollo de la fisiología experimental del cerebro y de la
médula espinal antes del tiempo de Flourens (Stuttgart, 1897), y la de William
Stirling: Some Apostles of Physiology (Londres, 1902). La obra de Stirling es
un precioso in-folio, lleno de hermosos retratos de los grandes maestros, y
escrito, como el de Foster, con el mayor entusiasmo. También pueden ser
consultados, para el completo conocimiento del asunto, en sus relaciones
bibliográficas, la Geschichte, de Heinrich Boruttau (Puschmann’s Handbuch,
1903, IT, páginas 327-456) y el Development of Animal Physiology, de John C.
Cardwell (Med. Library & Histor. Journ., New York, 1904-06, II-IV, passim). Véase
también: Nature, Londres, i896, LIV, p. 580 y 600; 1897, LVI, p. 435 (sir M.
Foster).
·
Folklore
medico: W. G. Black: Folk-medicine,
etc. Londres, 1883. —A. Bouchinet, Des états primitifs de la médecine (tesis de
París N. 194, 1891) —M. Bartels: Die Medicin der Naturvolker (Leipzig, 1893).
—H. Magnus: Die Volksmedizin (Breslau, 1905). —O. vonHavorka & A, Kronfeld:
Vergleichende Volksmedizin, etc. (2 vols. Stuttgart, 1908-9). — Boston M. &
S. J., 1888, CXVIII, P- 29 y 57 (J- S. Billings).
·
Ginecología: Franz von Winckel: «Ueberblick» en su Handb.
d. Geburtsh. (Wiesbaden, 1903, I, 1 Teil, p. 1; 1904, II, 1 Teil, p. 1; 1906,
III, 2 Teil, p. 1; 1907, III, 3 Teil, p. 1), que constituye el más acabado
estudio del asunto. También es digno de verse el resumen de Kossmann, en el
Handb. de Puschmann, 1905, III, p. 953-980. —El ensayo de Hanfield Jones, al
comienzo del Sistema de Ginecología de Allbutt (1906), constituye una buena y
amplia discusión de los aspectos modernos de la cuestión. El mejor estudio de
la ginecología americana es el ensayo de Howard A. Kelly, en la introducción a
su Cyclopedia of American Medical Biography (Filadelfia, W. B. Saunders, 1912).
También deberán consultarse la Historia de la Ginecología Antigua (1901), de
Stewart McKay, y la Historia de las ilustraciones ginecológicas de Weindler
(Dresde, 1908).
·
Grados
médicos (Ceremonias de los): Med.
Libr. & Hist., J., Brooklyn, 1906, IV, página 1 -14 (W. W. Keen).
·
Griega
(Medicina): Capítulos
en las historias de Neuburger, Baas, Daremberg, etc. P. Girard: L’Asclépieion
d’Athénes (París, 1882). —Handb. d. Gesch. d. Med. Jena, 1901, p. 153-402 (R.
Fuchs). —C. V. Daremberg: Etat de la médecine entre Homére et Hippocrate,
París, 1867. -G. von Rittershain: Der medicinische Wunderglaube, Berlín, 1878.
—O. Weinreich: Antike Heilungswunder (Giessen, 1909). T. Gomperz: Griechische
Denker (3 Aufl., Leipzig, 1911). Mary Hamilton: Incubation, Londres, 1906.
—Brit. & For. Med. -Chir. Rev., Londres, 1886, XXXVII, p. 170; XXXVIII, p.
483 (T. C. Allbutt). —J. de Chir., París, 1846, IV, p. 303 y 332 (Malgaigne).
—Brit. med. Journ., Londres, 1898, I, p. 1509 y 1572 (R. Catón). —Boston, Med.
and Surg. Journ., 1893, CXXVIII, p. 129 y 153 (sir W. Osler). Para los
manuscritos de la Greda antigua, véase H. Diels: Die Handschriften der antiken
Aerzte, I-II (Abhandl. d. k. preuss. Akad. d. Wissensch., Berlín, 1905).
[Véase Medicina homérica. ]
·
Heráldica
médica: Antiquary, Londres, 1915,
n. s. XI, p. 415 y 455 (S. D. Clippingdale).
·
Hidroterapia: M. J. Oertel: Geschichte der Wasserheilkunde,
etc. (Leipzig, 1835). Handb. d. Gesch. d. Med., Jena, 1903, II, p. 589-603 (von
Oefele). —Boston, M. & S. J., 1906, CLIV, p. 85-91 (J. H. Pratt).
·
Higiene
pública: El asunto no ha sido nunca
tratado de un modo completo. Una ojeada al notable catálogo de 593 páginas de
la Sección Histórica de la Exposición de Higiene de Dresde, del profesor K.
Sudhoff, nos demostrará su extensión. La introducción de Max Rubner a su
líandbüch def Hygiene (vol. I, Leipzig, 1911), es un buen boceto histórico, lo
mismo que el estudio de Müller y Prausnitz en el Handbuch de Puschmann (1905,
III, p. 783-852), y la obra de L. Kotelmann: Gesundheitspflege im Mitelalter
(Hamburgo, 1890). —Las obras desir John Simón: English Sanitary Institutions
(1890); sir Edwin Chadwick: The Health of Nations (1887); B. L. Hutchins y A.
Harrison: A History of Factory Legislation (1903) y A Century of Public Hygiene
in America (1876), constituyen buenas historias del asunto, desde el punto de
vista legislativo. —H. Kuttenkeuler (Die Naturwissenschaften, Berlín, 1915,
III, p. 509 y 521) da una buena historia de la legislación y de la química de
los alimentos en Alemania.
·
Hipnotismo: W. Preyer: Die Entdeckung des Hypnotismus,
Berlín, 1881. -F. Podmore: Mesmerism and Christian Science, Filadelfia, 1909.
—Además: Maryland M. J., 1910, LUI, p. 81-97 (H. A. Kelly).
·
Histología: Univ. M. Mag., Filadelfia, 1888-9, L P- 82-87
(G. A. Piersol).
·
Homérica
(Medicina): C.
V. Daremberg: La médecine dans Homére (París, 1865).
·
H.
Froelich: Die Militármedizin Homer’s
(Stuttgart, 1879). — O. Korner: Ueber Wesen und Wert der homerischen Heilkunde
(Wiesbaden, 1904). París: tesis de A. Floquet (1912).
·
Honorarios
médicos: Internat. Clin.,
Filadelfia, 1910, 20 s., IV, p. 259-275 (J. J. Walsh). Johns Hopkins Hosp.
Bull., Baltimore, 1898, IX, p. 183-186 (C. C. Bombaugh. —France méd., París,
1906, LUI, p. 300-304 (C. Vidal). —J. d. Sc méd. de Lille, 1905, I, p. 543-548 (E.
Leclair). —Janus, Amsterdam, 1909, XIV, p. 287-293 (D'A. Power). —New York, M.
J., etc. 1912, XCVI, p. 370-373 (J. J. Walsh). —Caledon. M. J., Glasgow, 1914,
X, p. 27-33. —Lancet, Londres, 1915, I, p. 1213.
·
Hospitales: Virchow: Virchowz’s Archiv, Berlín, 1860,
XVIII, p. 138 y 273; XIX, p. 43; 1861, XX, p. 166. —K. Sudhoff: Aus der
Geschichte des Krankenhauswesens, Jena, 1913. — T. Meyer-Steineg: Jenaer med.
-hist. Beitr., 1913, Hft. 9. —C. A. Mercier: Leper Houses and Mediaeval
Hospitals, Londres, 1915-
·
Incunabula
(Estudio de los): R.
A. Peddie: Fifteenth-Century Books (Londres. 1913) y C. C. McCulloch: Bull.
Med. Library Ass., Baltimore, 1915, V, p. 1-15. La obra más antigua es la de
Michael Mattaire: Annales typographici (5 vols., Hague, Amsterdam y Londres,
1719-41), con suplemento de Michael Denis (Viena, 1789). La obra de G. W.
Panzer, Annales typographici (11 vols., Nuremberg, 1793-1803) es la lista más
antigua, por ciudades. El Repertorium, de Ludwig Hain (4 vols., Stuttgart,
1826-28), con el Supplement de W. A. Copinger (3 vols., Londres, 1895-1902), es
el catálogo moderno, que se completa, además, con los Annalen cronológicos, de
Panzer, de los incunables alemanes (Nuremberg, 1788-1802); con las obras de
Choulant, Handbuch der Bücherkunde (Leipzig, 1828) y Graphische Incunabeln
(Leipzig, 1858); con el catálogo de los incunabula franceses por M. Pellechet,
V, p. 1-3, París 1897 a1909; con el Einblattdrucke, de P. Heitz (Estrasburgo,
1906) y Pestblátter, de P. Heitz y W. L. Schreiber (Estrasburgo, 1901); con los
Spanisch Incunabula, de Konrad Haebler (Biografía Ibérica, Leipzig, 1903); con
los Appendices de Reichling a Hain y Copinger (Munich, i905-11); el catálogo de
los incunabula de Berlín de Voulliéme (Leipzig, 1906); las listas de I. Collijn
de los incunables de Upsala (1907) y de Estocolmo (1914); la obra de K.
Sudhoff, Deutsche medizinische Inkunabeln (Leipzig, 1908); el Index de R. G. C.
Proctor de los incunabula del Museo Británico (Londres, 1898-1906); el catálogo
de los libros del siglo XV, del Museo Británico (Londres, 1908-1912); el
Nummerkonkordanz, de K. Burger (Leipzig, 1908); el Wiegendrucke, de Günther,
sobre las colecciones de Leipzig y Altenburg (Leipzig, 1909); la Introducción,
de S. Sampere y Miquel, a la antigua imprenta española y a los incunables de
Cataluña (Barcelona, 1909); el catálogo de los incunables ilustrados, de W. J.
Schreiber (Leipzig, 1910-11); el Conspectus incunabulorum (Pt. 1., Londres,
1910); la lista de los incunabula rusos, por N. P. Kiseleff (Moscú, 1912-13);
el Nachtrage a Hain (Leipzig, 1910), publicado por la prusiana Kommission für
denGesamtkatalog der Wiegendrucke, que se propone catalogar todos los
incunabula existentes. Muy importante es su catálogo de los incunables de una
sola hoja (Einblattdruckedes XV Jahrhunderts, Halle a. S., 1914). Para la
comparación y la identificación de la tipografía y de los diferentes tipos de
impresión es indispensable la obra de Konrad Haebler: Typenrepertorium (4
vols., Halle, 1905-1910). El manual, anteriormente mencionado, de Peddie
(1913), contiene una valiosa bibliografía de iniciales, marcas de impresores,
colofones, páginas-títulos, firmas y filigranas, y una útil lista de catálogos
de colecciones por localidades. Para métodos de catalogaciones, véase A. C.
Klebs: Papers Bibliogr. Soc. America, Chicago, 1916, X, p. 143-163.
·
India
(Medicina): F.
Trendelenburg: De veterum Indorum chirurgia, Berlín, tesis, 1866. —A. F. R.
Hoernle: The Bower Manuscript., Calcuta, 1893-8. —-J. Jolly, Grundriss d.
indo-arischen Philologie u. Alterthumskunde, Strassburg, 1901, III, Heft. 10.
—P. Cordier: Etudes sur la médecine hindoue, París, 1894. - Jee: A short
history of Aryan medical Science, Londres, 1896. —A. F. R. Hoernle: Studies in
the medicine of Ancient India, I, Oxford, 1907. —Puschmann’s Handbuch, Jena,
1901, I, 119-152 (I. Bloch). —Guy’s Hosp. Gaz., Londres, 1889, n. s., III, p.
117, 145 y 157 (B. D. Basu). —Proc. Charaka Club, New York, 1902, I, p. 1-28
(B. Sachs).
·
Japonesa
(Medicina): Y.
Fujikawa: Geschichte der Medizin in Japan, Tokio, 1911— Deutsches Arch. f.
Gesch. d. Med., Leipzig, 1878, I, p. 215-239 (A. Wernich). — K. Ogawa: History
of Japonese Ophthalmology, Tokio, 1904.
·
Judia
(Medicina): J.
B. Friedreich: Zur Bibel, Nuremberg, 1848. —Julius Preuss: Biblisch-talmudische
Medizin, Berlín, 1911. —A. Friedenwald: Jewish Physicians, etc. Gratz., Coll.
Publ., N° 1. —También: C. D. Spivak and F. T. Haneman en la Jewish Encycl., New
York, 1904, VIII, p. 409-422. —R. Mead: Medicina Sacra, Londres, 1749.
·
Jurisprudencia
Médica: Handb. d. gerichtl. Med.
(Maschka), Ttibingen, 1881, I, páginas 1-32 (V. Janowsky), con bibliografía.
·
Laboratorios
científicos: Johns
Hopkins Hosp. Bull., Baltimore, 1896, VII, p. 19-24 (W. H. Welch).
·
Laringología
y Rinologia (Historia de la): Jonathan
Wright: History of Laringology and Rhinology (2. a ed.,
Filadelfia, 1914): es el mejor resumen en inglés y una obra muy concienzuda y
útil. La historia de Gordon Holmes (Med. Press & Circ., Londres, 1885) ha
sido traducida al francés y al alemán (1887). Son muy dignas de tomarse en
cuenta las monografías de Paul Heymann en el Handb. d. Laryngol. und Rhinol.,
Viena, 1896, y en el Handbuch de Puschmann (1905, III, p. 573-600). Para la
historia de la laringoscopia, véase Verneuil (Gaz. hebd. de Méd., París, 1863,
X, p. 201-205) y Louis Elsberg (Phila. Med. Times., 1873-4, IV, p. 129-134),
que ha publicado, además, el mejor resumen de la laringología en América (Tr.
Am. Laryngol. Ass., 1879, St. Louis, 1882, I, p. 33-90). La obra de Chauveau:
Histoire des maladies du pharynx (1901-06) es un acabado tratado de cinco
volúmenes. —La historia de la rinologia, de Karl Kassel (Wurzburgo, 1914) es
una obra muy moderna y de mucho mérito.
·
Lentes: P. Pansier: Histoire des lunettes (París, 1901).
—E. Bock: Die Brille und ihre Geschichte (Viena, 1903). Ber. ii. d. Versamml.
d. Ophth. Gesellsch., 1912. Wiesbaden, 1913, XXXIX, p. 419-451 (R. Greef).
·
Magnetismo: Deutsches Arch. f. Gesch. d. Med., Leipzig,
1878, I, p. 320 y 381 (W. Waldmann).
·
Manuscritos
médicos: Daremberg: Notices et
extracts, París, 1853. —Arch. f Gesch. d. Med., Leipzig, 1908-9, II. p. 1 y 385
(P. Pansier). —Ibid, 1909-10. III, p. 273 a 303 (Sudhoff).
·
Masaje: Hanab. d. Gesch. d. Med., Jena, 1903-5, III,
p. 327-340 (L. Ewer).
·
Mecanoterapia: Janus, Amsterdam, 1914, XIX, p. 178-240 (R.
J. Cyriax).
·
Medicamentos: I A. Flückiger & D. Hanbury;
Pharmacographia, 2a ed., Londres, 1879 A. Tschirch:
Pharmakognosie, Leipzig, 1908-12. —Trousseau et Pidc>ux: Traité de
thérapeutique, 7. a ed., París, 1868. Para la historia de
las drogas vegetales en U. S. P., véase Bull. Lloyd Library, Cincinnati, 1911,
N. ° 18, p. 1-133 (J. U. Lloyd).
·
Medieval
(Medicina): G.
F. Fort: Medical Economy During the Middle Ages, New York, 1883. —E. Dupouv: Le
moyen age médical, París, 1888. —Sir T. C. Allbutt: Science and Medieval
Thought, Londres, 1901, e Historical Relations of Medicine and Surgery, etc.
Londres, 1905. —H. M. Ferrari da Grado: Une chaire de médecine au XV. e siécle,
París, tesis núm. 333, 1899, y un estudio de Allbutt sobre el mismo tema en
Med. Chron., Mánchester, 1903, 4 s., V, p. 1-15. —J. J. Walsh: The Popes in
Science, New York, 1908. —M. Neuburger: Geschichte der Medizin, Pagel Sudhoff,
Berlín, 1915, p. 152-195, y contribuciones nnmerosas de Sudhoff en su Archiv
für Geschichte der Medizin, Leipzig, 1907-16, passim.
·
Mejicana
(Medicina): F.
A. Flores: Historia de la medicina en Méjico, 3 vols., Méjico, 1886- 8. —Wien.
med. Presse, 1905, XLVI, p. 1897-1905 (M. Neuburger).
·
Microscopía
médica: J. Roy: Micr. . Soc., Londres,
1915, p. 317-340 (C. Singer).
·
Militar
(Medicina): Los
prolegómenos a la Militármedicin (Brunswik, 1887), de Hermann Frohlich,
constituyen la fuente autorizada para las referencias bibliográficas hasta
1887, y sus múltiples ensayos deben ser coleccionados, conservados y leídos.
También son muy importantes la Historia de la enfermería internacional y
voluntaria en tiempo de guerra, de Gurtl (1873-9), su Historia de la cirugía
militar en Prusia (1875) y los estudios militares de su Historia de la cirugía
(1899), así como también los estudios 'de J. S. Billings acerca del ejército,
los hospitales militares y los puestos de socorro americanos (Circulares N. ° 4
y 8, 1870-75); la Historia médica y quirúrgica de la guerra de rebelión
(1870-88), el estudio de Virchow sobre los progresos de la medicina militar (1874);
el informe de A. A. Woodhull acerca del departamento médico del ejército inglés
(1894), y la Historia de la cirugía militar, de A. von Coler (1901). Para
estudiarla bibliografía de las diferentes campañas, véase el Index-Catalogue,
VIII, p. 1055-1072, y 2 s., X, p. 500-517, y, además, las bibliografías de
cirugía (militar).
·
Mujeres
médicas: H. Schelenz: Frauen im
Reiche Aeskulaps, Leipzig, 1900. — Mr. Lipinski: Histoire des femmes médicins,
París diss., 1900.
·
Numismática
médica: J. C. W. Moehsen:
Beschreibung einer Berlinischen Medaillen- Sammlung (2 vols., Berlín y Leipzig,
1773-1781). —C. A. Rudolphi: Index numismatum, Berlín, 1823, con enmiendas de
C. L. von Duisberg, p. 1862-8. — H. Kluyskens: Des homines célebres, etc. (2
vols., Gante, 1859). —E. Rüppell, in Numismat. Ztschr., Viena, 1876, VI.
—Pfeiffer & Ruland: Pestilentia in nummis, Tübingen, 1882. —H. R. Storer:
en Am. J. Numismatics, Boston, 1887- 1912, passim. —F. Parkes
Weber: Death in Art, 2a ed., Londres, 1914-
·
Obstetricia: La Geschichte der Geburtshülfe, de Heinrich
Fasbender (Jena, 1906), es una de aquellas monografías extraordinariamente
detalladas y precisas, que sólo son capaces de escribir los eruditos alemanes,
ocupando 1028 páginas de una narración perfectamente tejida, con muchos datos
bibliográficos. Es la mejor obra para referencias. También son muy útiles la
Geschichte de Siebold (2 Aufl., Tubingia, 1901-2) con los suplementos para el
período moderno de Rudolf Dohrn (1905); y la de J. Whitridge Williams sobre la
obstetricia en América. Es igualmente excelente, como obra de consulta, la
monografía de Max Wegscheider en el Puschmann’s Handbuch (1905, III, páginas
878-952). Notables los Fragmentos de E. Ingerslev (Copenhague, 1906 a 07).
—L’Histoire des accouchements, Witkowski (París, 1887) y las diferentes
monografías del mismo autor sobre los aspectos culturales del embarazo y el
parto, el pecho de la mujer, etc. están llenas de multitud de hechos curiosos y
entretenidos. La obra de Engelmann, Labor among Primitive Peopies, es un
estudio antropológico clásico, y su boceto histórico en el System of
Obstetrics, de Hirst (1888, I, p. 17-67), es muy apreciable. Los estudios de
Aveling sobre las comadronas inglesas (1872), sobre Chamberlen (1882), los de
Ingerslev sobre Roslin’s Rosengarten (1902), y la biografía de Semmelweis por
Sinclair (1909) y el estudio de W. H. Allport sobre los libros para las
comadronas del siglo XVII, son todas fascinadoras monografías que demuestran la
íntima relación existente entre la obstetricia y la historia de la cultura del
género humano.
·
Odontología: Vicenzo Guerini: History of Destistry
(Filadelfia, 1909) y la precisa revista de Ashley Denham en Proc. Roy. Soc.
Med., Londres, 1908-09, 11, Odont. Sect., p. 71-98. —Además: Geist-Jacobi:
Geschichte der Zahnheilkunde, Tubingia, 1896. —C. R. E. Koch: History of Dental
Surgery, 3 vols. Fort- Wayne, 1910, y el Internat. J. Orthodont., St. Louis,
1913-16, I-II, passim B. W. Wemberger).
·
Oftalmología: La obra de Julius Hirschberg: Geschichte der
Augenheilkunde, en la nueva edición del Handbuch de Graefe-Saemisch., passim,
será, al completarse, la obra más autorizada de consulta y de referencias. Es
un admirable monumento de la ciencia alemana. Son también valiosas las más
cortas historias de August Hirsch (Graefe-Saemisch Handbuch, 1a ed.,
1877, VII, p. 235 a 554); de Pansier (en la Enciclopedia de Lagrange &
Valude, 1903, 1, p. 1-86) y de Hortsmann (en el Puschmann’s Handbuch d. Gesch.
d. Med. 1905, III, p. 489 y 572.) Estudios especiales de mérito son la historia
de la catarata, por Magnus (Leipzig, 1876); la de la antigua oftalmología, por
el mismo autor (Breslau, 1901); la de Víctor Doneffe, de los oculistas
galo-romanos (Amberes, 1896); la historia de los anteojos, por Pansier (1901),
Emil Bock (1903) y K. K. Lundsgaard (Copenhague, 1913); la historia de los
cirujanos oftalmólogos representativos, por Mortiner Frank (Wood’s System of
Ophthalm. Operat., Chicago, 1911, I, p. 17-41); de B. Laufer, sobre lentes
ópticas (Leyden, 1915) y de Alvin A. Hubbell acerca de The Development of
Ophthalmology in America (Chicago, 1908). —Véase también: Medicina japonesa:
Anteojos.
·
Opoterapia: Arch. f. Gesch, d. Med., Leipzig, 1910-n, IV,
p. 138-156 (H. Schelenz).
·
Ortopedia: J. K. Young: Manual and Atlas of Orthopedic
Surgery, Filadelfia, 1905, páginas 1 -14-
·
Otología: Adam Politzer: Geschichte der Ohrenheilkunde
(v. i. °, Sturttgart, F. Enke, años 1907-13). Esta obra, actualmente ya
completa, es la más autorizada de consulta. Michael Sachs, en el Puschmann’s
Handbuch (1905, III, páginas 464-488) da un buen breve resumen.
·
Parasitología: Arch. de Parasitol., París, 1908, XIII, p.
251; 1913, XV, p. 543 (L. Moulé). —Handb. d. Gesch. d. Med., Jena, 1903, II, p.
648-665 (H. Vierordt). —París, tesis de H. Remignard (1902).
·
Patología: La mejor historia moderna es la de Hans
Chiari en el Puschmann’s Handbuch (1903, II, p. 473-559). Entre los bosquejos
más antiguos, citados por Chiasi, figuran los de Morgagni (1761), Rayer (tesis
de París, 1815), Cruveilhier (Ann. de Anat. et Physiol path., París, 1846),
Eugene Boeckel (N. dict. de Méd. et de Chir. prat., París, 1865), y Rudolf
Virchow (Hundert Jahre Pathologie, Berlín, 1895).
·
Pediatría. T. Kroner, sobre pediatría griega (Jahrbuch f.
Kinderch., Leipzig, 1876, X, p. 340; 1877, XI, p. 83 y 236). —J. W. Troitzky:
Hippocrates ais Kinderarzt (Arch. f. Kinderh., Stuttgart, 1900, XXIX, p.
223-247.) Los discursos de Abraham Jacobi (Am. med., Filadelfia, 1904, VIII, p.
795-805) y su historia de la Pediatría en América, en los Arch. f. Kinderh.,
Stuttgart, 1913 (Baginsky Festschrift), p. 413 -426. Además: Handb. d.
Kinderkrankheiten (Gerhardt). Tílbingen, 1877, I, p. 1-70 (C. Hennig).
·
Percusión
y auscultación: Handb.
d. Gesch. d. Med. Jena, 1903, II, p. 604-611 (H. Vierordt). —Arch. f. Gesch. d.
Med., Leipzig, 1907-08, I, p. 329 y 403 (B. Noltenius). --lbid., 1910-n,
IV, p. 43-78 (E. Ebstein).
·
Persa
(Medicina). A. M.
Fonahn: Zur Quellenkunde der persischen Medizin, Leipzig, 1910).
·
Peste. G. Sticker: Die Pest, Giessen, 1908, 1 Th., p.
1-478.
·
Poemas
médicos: Janus, Breslau, 1847, H, p.
772-812 (O. Seidenschnur).
·
Pontífice
(Médicos del): P.
Mandosius, Geaxpov, etc. Roma, 1784. —G. Marini: Degli archiatri póntifici, 2
vols. Roma, 1784. —Para la historia de los médicos del Papa en Aviñón
(1308-1403), véase Janus, Amsterdam, 1909, XIV, p. 405-434 (P. Pansier).
·
Pronóstico: Wien. med. Presse; 1907, XLVIII, p. 1-7 (M.
Neuburger). —Arch. f. Gesch. d. Naturw., VI, p. 163-178 (T. Meyer-Steineg).
·
Psiquiatría: El asunto ha salido de las manos de los
escritores alemanes estudiado casi por completo. Heinrich Laehr ha sido el que
ha comenzado: ha hecho una historia completa de la psiquiatría en forma de un
calendario, que está actualmente en su cuarta edición (Berlín, 1893), y es,
además, autor de una inmejorable bibliografía de la literatura de psiquiatría,
psicología y neurología, desde 1559 a 1799 (Beilín, 1900). J. B. Friedreich ha
publicado, en 1830, una historia que ha comenzado a ser traducida al inglés por
Smith Ely Jelliffe (1910-16). Como obras más reducidas, pueden ser consultadas
las de Heinroth (1818), von Feuchtersleben (1845), Flemning (1859), Leidesdorf
(1865), von Krafft Ebing (1879, o la 8. a ed., 1903) y
Schüle (1878). —Además: S. Kornfeld, en el Puschmann's Handbuch (1905, III, p.
601-728), y Th. Kirchhoff, en la Historia de la psiquiatría alemana (Berlín,
1890). Las obras de Otto Monkemoller; Historia de la psiquiatría en Hannover (Halle,
1903), estudios de la psiquiatría en el siglo XVIII (1992) y en la primera
parte del siglo XIX (1905) y su obra sobre los aspectos satírico y humorístico
del asunto (1906).
·
Romana
(Medicina): A.
M. Birkholz: Cicero Médicus. Leipzig, 1806. —G. Ritter von Rittershain: Die
Heilküntsler des alten Roms, Berlín, 1875. —Th. Meyer: Geschichte des romischen
Aerztestandes, Kiel, 1907. —Handb. d. Gesch. d. Med. (Puschmann), Jena, 1901-2,
I, p. 403-414 (I. Bloch). —Brit. med. Journ., Londres, 1909, II, p. 1449, 1515
y 1598 (sir T. C. Allbutt). —Prosper Meniére (1858) y Edmond Dúpouy (1885),
sobre medicina en los poetas latinos. — M. Meyer: Theodurus Priscianus, Jena,
1909. —W. Schonack: Scribonius Largus, Jena, 1912. —A. Sollner: Vitruvius
(Jena. med. hist. Beitr., 1913, Heft, 4).
·
Rusa
(Medicina): W.
M. von Richter: Geschichte der Medicin in Russland, 3 vols. Moscú, 1813-17.
—Janus, Amsterdam, 1901, VI, p. 430 y 475; 1906, XI, página 314; 1912, XVII, p.
485 (F. Herrmann). — Ibid, , 1902, VII, p. 352, 404, 568 y 635
(M. Lachtin). —Lancet, Londres, 1897, II, p. 343-374-
·
Salerno
(Escuela de): Collectio
Salernitana (S. de Renzi), 5 vols. Nápoles, 1852-9. — P. Giacosa: Magistri
Salernitani, etc. Turín, 1901. —-H. E. Handerson: The School of Salernum, New
York, 1883. -Med. Chron., Mánchester, 1904-5, 4 s., VIII, p. 63-93, 1 lám.
(W. Stirling). —Arch. f. Gesch, d. Med., Leipzig, 1913-14, VII, p. 360;
1914-15, VIII, p. 377; 1915-16, IX, p. 1 (K. Sudhoff).
·
Santos
médicos: L. Deubner: Kosmas und
Damian, Leipzig y Berlín, 1907. —Bristol M. Chir. J., 1912, XXX, p. 289-294 (R.
Fletcher).
·
Shakespeare
(La medicina en): J.
C. Bucknill: The Medical Knowledgeof Shakespeare, Londres, 1860. —T. E.
Thiselton Dyer: Folklore of Shakespeare, Londres, 1883. —J. Moyes: Medicine
& Kindred Arts., etc. Glasgow, 1896.
·
Simbolismo
médico: T. S. Sozinskey: Medical
Simbolism, Filadelfia, 1891. —H. Bayley: The Lost Language of Symbolism., 2
vols., Londres, 1912.
·
Técnica: F. M. Feldhaus: Die Technik der Vorzeit,
Leipzig y Berlín, 1914. —L. Darmstaedter: Handbuch z. Gesch. d.
Naturwissenschaften, Berlín, 1908.
·
Terapéutica: R. Lépine: La thérapeutique sur les premiers
Césars, París, 1890. — J. Petersen: Hauptmomente in der geschichtlichen
Entwicklung der medici-
·
nischen
Therapie, Copenhague, 1877. —E. J. Waring: Bibliotheca therapeutica, Londres,
1878. —Ch. Fiessinger: La thérapeutique des vieux maítres, París, 1897.
·
Terapéutica
teúrgica: Ad.
Franz: Die kirchlichen Benediktionen im Mittelalter, 2 vols., Freiburg, i. B.,
1909.
·
Termometría: H. C. Bolton: Evolution of the thermometer,
Easton (Pa.), 1900. — F. Burckhardt: Zur Geschichte der Thermometers, Basilea,
1902. —Mitt. z. Gesch. d. Med. u. d. Naturw, Hamburgo y Leipzig, 1902, I. p. 5,
57, 143 y 282 (E. Wohlwill). . —Ztschr. f. phys. u. diát. Therap., Leipzig.
1901-2, V, p. 338 y 403 (C. E. Daniels). —Lancet, Londres, 1916, I, p. 173,
281, 338, 450 y 495 (G„ Sims Woodhead & P. C. Varrier-Jones).
·
Tibetana
(Medicina): H.
Laufer: Beitráge zur Kenntnis der tibetischen Medizin, Leipzig, 1900.
·
Tipos
pruebas: Janus. Amsterdam, 1905, X,
p. 419; 1906, XI, p. 360 (E. Pergens).
·
Transfusión: G. W. Crile: Haemorrhage and Transfusión, New
York, 1909, páginas 151-158.
·
Triaca: Janus, Amsterdam. 1911, XVI, p. 371 y 457 (C.
E. Daniels). —Johns Hopkins Hosp. Bull., Baltimore, 1915, XXVI, p. 222-226 (G.
W. Córner).
·
Tuberculosis: A. Predohl: Zur Geschichte der Tuberkulose,
Hamburgo, 1888.
·
Urología
(Historia de la): La
monografía de E. Desnos en la Encycl. frang. d’urol, París, 1914, I, P- '-294,
está muy por encima de todas las restantes publicaciones análogas. Es muy
acabada y completa, y sus muy interesantes ilustraciones comprenden raros
dibujos iluminados de antiguos manuscritos, que no se habían reproducido hasta
la fecha. —Véase, además, C. Vieillard: L’urologie et les médecins urologiques,
París, 1903. —Ztschr. f. Heilk., Berlín, 1894. XY, p. 53-74 (J. Neumann).
—Ztschr. f. Urol., Leipzig, 1915, IX, p. 201, 241 y 281 (E. Ebstein). —Bull.
Johns Hopkins Hosp., Baltimore, 1916, XXVII, p. 327-331 (H. H. Young).
·
Variolación: Johns Hopkins Hosp. Bull., Baltimore, 1913,
XXIV, p. 69-83 (A. C. Klebs). —Además, la obra del mismo: Die Variolation in
i8ten Jahrhunder, Giessen, 1914.
·
Veterinaria: H. Neffgen: Das Veterinár-Papyrus von Kahum,
Berlín, 1904. —C. P. Lyman: A history of veterinary medicine, etc. Cambridge
(Mass.), 1898, Bull. Soc. centr. de méd. vét., París, 1S90, 7 s., VII, p.
519, passim.
·
Zoología: Bibliografía de zoología, por J. V. Casus y
W. Engelmann, Leipzig, 1861. V. Carus: Geschichte der Zoologie, 1853.
F I N
Notas:
[1] Max
Neuburger dice que el supuesto origen gástrico de la mayoría de las
enfermedades, (gastricismo), ha sido defendido anteriormente por Tissot, Grant,
Finke y Stoll (Pushman Handbusch, Jena 1903, II, 96)
[2] Louis
Recherches anatomico-physiologic sur la phthisie, París, 1825.
[3] Recherches sur
la maladie connue sous les noms de gastro-enterite (etcétera), París,
1829.
[4] Recherches sur
les effets saignée (etc.) París 1835
[5] El
uso de las estadísticas en las investigaciones ha sido sugerido, en primer
término por el astrónomo Laplace. Para demostrar los buenos resultados de
aquéllas. Louis efectuó más de 5.000 autopsias (Neuburger: Op.
cit. página 139)
[6] Gavarrat, Principles
generaux de statisque, Paris 1840.
[7] Para
la historia de los ruidos del corazón antes y después de Laënnec véase G.
Joseph) Janos, Gotha, 1853 II, páginas 1, 145 y 565
[8] También
observada por sir Samuel Wilks como «venina necrogenica en 1862
[9] Bretonneau:
Arch. gén. de Méd., París, 1829; XXI, páginas 57-78.
[10] Des
inflammations speciales du lissu muqueux et en particulier de la diphtérite,
París, 1826.
[11] Bretonneau:
Des inflammations speciales (etc.), París, 1826, páginas 300 a 338.
[12] Sobre
esto véase Paul Triaire: Bretonneau et ses córrespóndants, París,
1892; P pág. 303; B5 pág. 593.
[13] Arch.
gen. de Méd. París, 1825; VIII, páginas 25-45.
[14] Bouillaud:
Nouvelles recherches sur le rhumatisnie articulaire (etc.), París,
1836.
[15] Traité
clinique du rhunmtisme articulaire, París, 1840
[16] J.
C. A. Heinroth: Die Lüge, Leipzig, 1834
[17] L.
F. Calmeil: De la paralysie générale (etc.), París, 1826.
[18] J.
E. Esquirol: Des maladies mentales, dos volúmenes y atlas, París, 1838.
[19] J.
P. Falret: Bull. Acad. de Méd., París, 1853-4: XIX, páginas 382-400.
[20] Andral:
Essai d hématologie paihologique, París, 1843.
[21] Rokitansky: Med.
Jahrb. des österreichi'schen Staates, Viena, 1839; XIX, páginas 41 y
195.
[22] Rokitansky: Handbuck
derpathologischen Anaiomie, Viena, 1842-46.
[23] Virchow: Kritik
des Rokitansky'schen Handbuchs der pathologischen Anatomié. Med.
Ztg. (Verein f. Heilk, in Preussen), Berlín, 1846; XV, Lit. Beilage,
números 49 y 50. páginas 237-243.
[24] Rokitansky: Ueber
einige der wichtigsten Krankheiten der Arterien, Denkschr. d. k.
Akad. d. Wissenschaft., Viena, 1852; IV, páginas 1-72.
[25] Die
Defekte der Acheidewande des Herzens, Viena, 1875
[26] F.
von Hebra: Versuch einer auf paihologischer Anatomie gegründeten Eintheilung
der Hautkrankheiten, Ztschr. d. k. k. Gesellsch. d. Aerzte zu Wien, 1845; h
páginas 34, 142 y 211.
[27] Allg.
Wien. Med. Ztg., 1857; II, página 95.
[28] Handb.
d. spec. Path. und Therap. (Virchow), 1860; III, 1 Abth., páginas 361
y 363.
[29] Wien.
Med. Wochenschr., 1872; XXII, páginas 1197-1201.
[30] Kaposi: Vrtljschr
f. Dermat., Viena, 1887: XIV, páginas 273-296, 5 lám.
[31] Holmes: N.
Engl. Quart. Journ. Med. and Surg., Boston, 1842-43; I, páginas
503-530
[32] La
comunicación original de Semmelweis se titula Höchst wiehtige
Erfahrungen über der in Gebäranstalten epidemischen Puerperalfieber, Ztschr. d.
k. k. Gesellsaft. d. Aerzte in Wien, 1847-48; IV, pt. 2a,
pág. 242; 1849, V, pág. 64.
[33] Semmelweis: Die
Antologie, der Begriff und die Prophylaxis des Kindbettfiebers, Budapest
y Viena, 1861.
[34] Levret: Mercure
de France, París, 1743; pág. 2434.
[35] Bozzini: Der
Lichtleiter, Weimar, 1807.
[36] Babington: London
Med. Caz., 1829; III, pág. 555.
[37] Liston: Practical
Surgery, Londres, 1837; pág. 350.
[38] García: P
roc. Roy. Soc., Londres, 1854-55; VII, páginas 399-410.
[39] Czermak: Wien.
med. Wochenschr., 1858; VIII, pág. 196. Türck: Ztschr. d. k. k.
Gesellsch. d. Aerzte zu Wien., 1858; XIV, pág. 401; 1859, XV, pág. 817.
Czermak: Sitzungsb. d. k. Akad. d. Wissenset. Mat. naturw. Cl. Wien., 1858;
XXIX, páginas 557-564 Para más detalles acerca de la historia de la
laringoscopia véase el artículo de Louis Kisberg en Phil. Med. Times,
1873-74; IV, páginas 129-134
[40] Czermak: Wien.
med. Wochenschr., 1859; IX, pág. 518; 1860, X, pág. 257.
[41] Türck: Klinik
der Krankheiten des Kehlkopfes und der Luftröhre, Viena, 1866.
[42] Türck: Ztschr.
d. k. k. Gesellsch. d. Aerzte zu Wien., 1853; IX, pt. 1a,
páginas 214-218.
[43] La
isopatía (aequalia aequalibus), de G. F. Müller, proponía el
tratamiento de la sarna por la psorina, de la tenia por la taeniína, de la
caries dental por la odontonekrosina, de la tisis por la phthisina (o por los
esputos de los tísicos, como ha sido propuesto, en primer término, por Robert
Fludd), las enfermedades del hígado por la hepatina, etc.
[44] Neuburger: Puschmann-Handbuch, Jena,
1903; II, páginas 125 y 129.
[45] J.
Otto: Med. Repository, New-York, 1803; VI, páginas 1-4
[46] J.
Jackson: Yew England Journ. Med. and Surg., 1822; II, pág. 351
[47] J.
Jackson: Report founded on the cases of typhoidfever, Boston, 1838.
[48] Comunicación
a la Société médicale d'observation de París en 1833.
[49] J.
K. Mitchell: Five Essays, edited by S. Weir Mitchell, Filadelfia,
1859.
[50] Arn.
Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1831; VIII, páginas 55-64.
[51] Ware: Contrib
thc Hisiors and Diagnosis of Croup, Boston, 1842.
[52] Med.
conununicat. Mass. Med. Sor., Boston, 1830-30: V, páginas 136-194.
[53] Gerhard: Am.
Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1832; XI, páginas 368-408.
[54] Ibidern: 1834,
XIV, página 328; 1834-35, XV, página 87.
[55] Gerhard: Am.
Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1833; XIII, páginas 313-359.
[56] Gerhard: Ibidem: 1837,
XX, páginas 289-322.
[57] Willis: De
febribus, 1659, cap. XIV y XVII.
[58] Huxham: Essay
on Fevers, 1755.
[59] J.
V. von Hildebrand: Ueber den ansteckenden Typkus, Viena, 1810.
[60] Stewart: Edinb.
Med: Surg. Journ., 1840; LIV, páginas 289-369.
[61] Sir.
W. Jenner: Med. Chir. Tr., Londres, 1849-50; XXXIII, páginas
23-42.
[62] Estudios
más antiguos son los de Thomas Barbee, en Notices Coticer ni ng Cincinnati (1809);
y por Alexander Telford y Arthur Stewart, en Med. Reposi t ory,
NewtYork, 1812; XV, páginas 92-94.
[63] J.
S. Billings, en A Century of American Medicine, Filadelfia, 1876,
página 374. El doctor Billings ha sido el primero que ha hecho resaltar la
importancia de Drake en la medicina americana. Drake ha sido posteriormente
objeto de una acabada y excelente biografía del Otto Juettner, de
Cincinnati (Daniel Drake and his Followers, Cincinnati, Harvey
Publ. Co, 1909), queda una buena información de la medicina del Oeste en sus
primeros tiempos y que debe ser leída por todo el que quiera conocer las
condiciones de la época.
[64] Winterbottom: An
Account of the Native Áfricans, Londres, 1803; II, páginas 29-31.
[65] Clark: O
n the treatment of puerperal peritonitis by lar ge doses of opium, 1855.
[66] Winterbottom: An
Account of the Native Áfricans, Londres, 1803; II, páginas 29-31.
[67] Danielsson
and Mann: Med. Agric. Register, Boston, 1806.
[68] Badham: Observations
on the Inflammatory Affections of the Mucous Membrane of the Bronchiae,
Londres, 1808.
[69] Burns: Observations
on Some of the Xlost Frequent and Important Piscases of the Heart, Edimburgo,
1809.
[70] Wells: Tr.
Soc. Improve. Med. Sj. Chir., Knowledge, 1804-10; Londres, 1812; III,
páginas 373-412.
[71] M.
H. Romberg: De rachitide congénito, , Berlín, 1817.
[72] J.
Clarke: Commentaries on some of the most important diseases of
children, Londres, 1815; páginas 86-97.
[73] Bostok: Med.
Chir. Tr., Londres, 1819; X, páginas 161-165.
[74] Louyer-Villermay: Arch.
gen. de Med. . París, 1824; V, páginas 246-250.
[75] J.
Kopp: Denkwur Digkeiten in der ärztlichen Praxis, Frankfurt am
Mein, 1830; I, páginas 1 y 368.
[76] Lobstein: Traite
de l'Anat. path., París, 1833; II, páginas 204-212.
[77] Badham: London
Med. Gaz., 1835-36; XVII, pág. 215 (descrita primeramente por Michael
Underwood (1784).
[78] Basedow. Wochenschr.
f. d. ges. Heilk., Berlín, 1840; VI, páginas 197 y 220.
[79] Mohr: Wochenschr.
f. d. ges. Heilk., Berlín, 1840; VI, páginas 565-571.
[80] Heine: Beozachtungen
über Lähmungszustände der untern Extremitäten und der en Behandlung, Stuttgart,
1840.
[81] Burton: Med.
Chir. Tr., Londres, 1840; XXIII, páginas 63-79.
[82] Perrin: Journ.
de Med., París, 1845; II, pág. 82. Union Méd., París,
1878; III, s. XXV, pág. 821.
[83] Virchow: Weisses
Blut, en Neue Eotizen a. d. Geb. d. Nat. u. Heilk, Weimar,
1845; XXV, páginas, 151-155. Bennet: Edinb. Med. Surg. Journ., 1845;
LXIV, páginas 413-423.
[84] Curling: Med.
Chir. Tr., Londres, 1850; XXXIII, pág. 303.
[85] Bichat: Recherches
sur la vie et la mort, París, año VIII (1800), pt. 1a
[86] Por
ejemplo, en la disertación inaugural del doctor Abraham Jacobi (Cogitationes
de vita rerum naturalium, Colonia, 1851, pág. 24): Prioribus
iam te mporibus Bichat alio modo vitam definiré conatus est. Vitam igitur
qualitatum e t actionum materiae morte resistentium, c omplexum nominat. Sed
haec num definitio est? Num aliud est quam circulas? Statim interrogandum erit, quidnam
sit mors, et quod solum responder e poteristis, id erit, mortem
abseptiam esse vitae. Mors constituía notione vitae, vitae negatione definienda
est, non vicisv e rsa.
[87] Donné: Compt.
rend. Acad. de Sc, París, 1842; XIV, páginas 366-368.
[88] Cruveilhier: Anatomie
pathologique, París, 1835-42; II, entrega XXVIII, lám. 5
[89] Magendie: Journ.
de physiol. expér., París, 1822; II, páginas 276-279.
[90] Müller: Froriep's
Notiz a. d. Geb. d. Nat. u. Heitk. Weimar, 1831; XXX,
páginas 113 y 129. El experimento fue después confirmado en los peces por
Wagner 11846) y Stannius (1849)» y en los pájaros, por Panizza (1834) y Schiff
(1858).
[91] Del
odio en que Knox incurrió por el incidente de Burking puede decirse que, aun
cuando él era técnicamente sin tacha, la aversión de sus conciudadanos no
carecía por completo de fundamento, supuesto que él debía conocer que los
cuerpo de aquellos infelices habían sido llevados sin «lloradores fingidos», ni
funerales, ni otros servicios de los Resurreccionistas, a la vez
que los métodos demostrativos, sensacionales del profesor, en sí mismo, no
estaban estrictamente de acuerdo con los mejores ensayos modernos de la
dignidad de la enseñanza médica. La disección y la vivisección, para ser
respetables y científicas, deben hacerse siempre privadas y bajo ciertas
restricciones legales. Hasta las públicas disecciones pintadas en las páginas
de un Vesalio y de un Colombo tienen el inconveniente de semejarse demasiado a
los cuadros demostrativos de Barnum en las modernas ferias, y un experimento de
la coagulación de la sangre demostrado en un animal viviseccionado y en una
audiencia pública, entre cuyo público difícilmente alguno comprenderá su
significación, puede juzgarse muy bien a la luz de la ley de
Hipócrates: «Aquellas cosas que son sagradas deben ser únicamente comunicadas a
las personas consagradas, y no es legal comunicárselas a los profanos hasta que
ellos hayan sido iniciados en los misterios de la ciencia. »
[92] Owen: Tr.
Zool. Soc., Londres, 1835; L páginas 315-324. Véase también
Hilton: London Aled. Gaz., 1833; NI, pág. 605.
[93] Owen: On
the Archetype and Homologies of the Vertebrate Skeleton, Londres,
1848.
[94] Horner: Phila.
Journ. Med. and Phys. Sc., 1824; VIII, pág. 70.
[95] Horner: Anter.
J. Med. Sc. Phila., 1834; XV, pág. 545; 1835. XVI, páginas 58 y 277, 2
láminas.
[96] Ueber
die fantastische Gesichtserscheinungen, Coblenza, 1826, y Zur
vergleichenden Physiologie des Gesichtssinnes, Leipzig, 1826.
[97] Zur
vergleichenden Physiologie des Gesichtssinnes, pág. 73.
[98] Notizen
a. d. Gebiete d. Natur. u. Heilk., Weimar, 1831; XXX, págs. 113 y 129.
[99] Phil.
Tr. Londres, 1833; pt. 1a, páginas 89-94.
[100] Handbuch der Physiol., Coblenza, 1840; II, páginas 184-222.
[101] Ibidetn, pág. 372.
[102] Ann. de Pharm., Heidelberg, 1837; XVI, páginas 277-282.
[103] Handb. der Physiol., 1840, II.
[104] Untersuchungen über die Eingeweide der Fische, Berlín;
1845, pág. 11.
[105] Handb. der Phisiol., 1840; II, pág. 258.
[106] Nova acta Acad. Nat. Curios., Bonn, 1825; pt. 2. a,
páginas 565-672, 6 láminas.
[107] De glandularum secernentium structura penitiori, . Leipzig,
1830.
[108] Ueber den feinern Bau und die Formen der krankhaften
Geschwülste, Berlín, año 1838.
[109] Müller’s Archiv, Berlín, 1841; páginas 477-496, 1 lám.
[110] Pander: Diss. sistens historiam metamorphoseos quam ovum
incubatum prioribus quinque diebus subit, Wurzburgo, 1817.
[111] Ueber Entwickelungsgeschichte der Thiere, Königsberg,
1828-34.
[112] De ovimatmnalium et hominis genesi, Leipzig, 1827.
[113] Beiträge fur Phytogenese, Müller's Archiv, Berlín, 1838;
páginas 137-176, 2 láminas.
[114] Grundzüge der wissenschaftlichen Botanik, Leipzig,
1842-43.
[115] Mikroskopische Lintersuchungen über die Uebereinstimmung in der
Struktur und dem Wachstum der Thiere und Pfianzen, Berlín, 1839.
[116] Froriep's Neue Notizen, Weimar, 1838; V, pág. 228, y
el libro de Schwann sobre la teoría celular.
[117] Joh. Müller: Handbuch der Physiologie, Coblenza, 1840;
II, pág. 36.
[118] De necessitate aëris atmosphaerici ad evolutionem pulli in ovo
incubato, Berlín, 1834.
[119] Ann. d. Phiysik. u. Chemie, Leipzig, 1837; XLI,
páginas 184-193.
[120] Mitt. a. d. Verhandl. a. Gcsellsch. naturf. Freunde zu Berlín,
1837; II, páginas 9-15.
[121] Müller’s Arch., Berlín, 1836; páginas 90-114
[122] Ibidem, 1844, páginas 127-159.
[123] Descrito en la Physiologie, de Müller, 1840; II,
páginas 59 y 62.
[124] Dujardin: Ann. d. Sc. Nat. (zool.), París, 1835;
IV, páginas 343-376.
[125] Von Mohl: Botan. Ztg., [846; IV, páginas 337, 353, 369
y 385.
[126] Nägeli: Sitzungsb. d. k. bayer Akad. d. Wissench., München,
1862; II, página 280; 1863, I, páginas 161 y 483; 1863, II, pág. 119.
[127] Cohn: Zur Naturgeschichte des Protococcus pluvialis, Breslau.
1850, y Linter suchungen über die Entwicklungsgeschichte der
mikroskopischen Algen und Pilzen, Bonn, 1853.
[128] De Bary: Die Mycetozoen, Leipzig, 1859.
[129] Schultze: Müller's Archiv., Berlín, 1861; páginas
1-27.
[130] Symbolae ad anatomiam villorum intestinalium imprimís eorum
epithelii et vasor um lacteorum, Berlín, 1837.
[131] En su Allgemeine Anatomie, Leipzig, 1841; páginas 510
y 690.
[132] Contiénese en su Handbuch der systematischen
Anatomie, 1862, II, páginas 300-305.
[133] Estos descubrimientos se encuentran en los dos tratados de
Anatomía de Henle.
[134] En sus Pathologische Untersuchungen, Berlín,
1840; páginas 1-82.
[135] Ibidem: páginas 206-274.
[136] Handbuch der rationellen Pathologie, Braunschweig,
1846-53.
[137] Handbuch der systematischen Anatomie des Menseben, Braunschweig,
1866-71.
[138] Remnk: Observationes anatomicae et microscópicas de
systemaiis nervosi siructurn, Berlín, 1838.
[139] Müller’s Archiv, Berlín, 1848; pág. 139.
[140] Ibiem: 1852, páginas 47-57
[141] Unter suchungen über die Enfwickelung des Wirbelthiereies,
Berlín 1851.
[142] Remak: Diagnostisc die und pathogenelische
Untersuchungen, Berlín, 1845; páginas 196, 205 y 208.
[143] Remak: Galvanotherapie der Nervcn-und Muskelkrankheiten,
Berlín, 1858.
[144] Beiträge zur Kenntniss des Seheus in subjectiver
JHnsicht, Praga, 1819.
[145] Symboiae ad ovi avium hisloriam ante incubaiionem, Breslau,
1825.
[146] Uebersicht d. Arb. u. Veránd. d. schles. Gesellsch. f. vaterl.
Kultur, 1839, Breslau, 1840, pág. 82. También: De formatione
granulosa in nervis altisquepartibus organisrni animalis, student's
dissertation, por Joseph Rosenthal, Breslau, 1839.
[147] En la disertación estudiantil De epidermide humana,
por Adolph Wendt, Breslau, 1833.
[148] Ber. ü. d. Versamml. deutsch. Naturf. u. Aerzte, 1837;
Praga, 1838; XV, página 180, lámina, figura 18.
[149] Ibidem: pág. 177.
[150] Ibidem: páginas 178 y 179.
[151] Müller’s Archiv., Berlín, 1834, páginas 391-400.
También: De phaenomena generali et fundamentan motus vibratorii
continui in membranis tum externis tum Ínternis animalium plurimorumef
superiorum et inferiorum ordinum obvii, Breslau, 1835.
[152] En la disertación estudiantil de Bogislau Palicki: De
muscularicoráis structura, Breslau, 1839.
[153] Pin la disertación estudiantil de Wilhelm Kasper: De
structura fibrosa ulcri nongravidi, Breslau, 1840.
[154] Ber. d. Versamml. deutsch. Naturf. u. Aerzte, Praga; 1837,
pág. 175.
[155] Purkinje and Pappenheim: Ueber künstliche Verdanung,
Müllers Are. Berlín, 1838, páginas 1-4.
[156] Commentatio de examine phxsiologico organi visus et systematis
cutanei, Breslau. 1823. En éstos describe Purkinje las tres imágenes
entópticas de una llama colocada delante del ojo, en una habitación a obscuras.
[157] Neue Breslau. Samml. a. d. Geb. d. Heilk., Breslau, 1829;
I, páginas 423-444
[158] Beiträge zur Kenntniss des Schwindels aus heautognostischen
Daten. Med. Jahrb, Viena, 1820; VI, páginas 79-125; y Rust’s Mag.
f. d. ges. Heilk, . Berlín, 1825; XXIII, páginas 284-310. Véase
también la disertación estudiantil de Heinrich Carl Krause: De cerebri
laesi admolum voluntarium relatione, certaque vertiginis directione
ex certis cerebri regionibus laesispendente, Breslau, 1824.
[159] Müller's Archiv, Berlín, 1843, páginas 68-141.
[160] Neue Denkschr. d. allg. schweiz. Gesellsch. f. d. ges.
Naturwissensch, Zurich, 1847; VIII.
[161] Entwicklungsgeschichte des Menseben und der Thiere. Leipzig,
1861.
[162] Milth. d. natur. f. Gesellsch. in Zurich, 1847: I,
páginas 18-28; y Ztschr. f. wissensch. Zool. Leipzig, 1848; I,
páginas 48-87, 4 láminas.
[163] Mikroskopische Anatomie, Leipzig, 1850-54.
[164] Handbuch der Gewebclehre des Afenschen, Leipzig, 1852.
[165] Würzb. naturw. Ztschr. (Sitzungsb, 1863), 1864.
[166] Proc. Roy. Soc., Londres, 1862-63; XII, páginas 65-84.
[167] Hyrtl: Handbuch aer topographischen Anatomie, Viena,
1847.
[168] Hyrtl: Das Arabische und Hebráische in der Anatomie,
Viena, 1879.
[169] Onomatologia anatómica, Viena, 1880.
[170] Die alten deutschcn Kuntsworte der Anatomie, Viena,
1884.
[171] Véase Ein Besuch bei Hirtl en el Wien.
Med. Wochensch., 1894; XLIV, página 1406. Contrasta con el alegre
discurso de 1880 (Las culebras) en Allg. Wien. Med.
Ztg., 1880; XXV, pág. 521.
[172] Journ. de Physiol. exper., París, 1822; II, páginas
276-279.
[173] Mimoire sur le vomissement. París, 1813.
[174] Journ. de Physiol. exper., 1825; V, pág. 399.
[175] Ibidem, 1821; I, páginas 1 y 31.
[176] Formulaire (etc.), París, 1821.
[177] Journ. de physiol. exper., París, 1822; II, páginas
1-45; 1824, IV, páginas 1-69.
[178] Journ. de physiol. expér., París, 1822; II, páginas
1-45; 1824, IV, páginas 1-69.
[179] En sus Lectures on the Wood, Filadelfia, 1839;
páginas 244-249.
[180] Legallois: Expérietices sur le principe de la vie, París,
1912.
[181] (Œuvres, París, 1830; I, pág. 135.
[183] Recherches experimentales, París, 2a ed.,
1842, pág. 204. Compt. rend. Acad. des Sc., París, 1858;
XLVII, pág. 803; 1859, XLVIII, pág. 1136.
[184] Arch. gen. de Med., París, 1823; II, páginas 344 y
351; 1825, VIII, páginas 422 a 426, y Recherches experimentales,
París, 1824.
[185] Mém. Acad. d. Sc., París, 1828; IX, páginas 455-477.
[186] Este aparato se encuentra descrito en la disertación de grado de
Poiseuille Recherches sur la forcé du coeur aortique, París, 1828.
[187] Ludwig: Arch. f. Anal., Physiol. und wisscuch. Med., Berlín,
1847, pág. 261.
[188] Poiseuille: Compt. rend. Acad. d. Sc., París, 1840;
XI. páginas 961 y 1041; 1841, XII, pág. 12; 1843, XVI, pág. 60.
[189] El descubrimiento fue comunicado por los hermanos Weber al
Congreso de Ciencias de Italia, en Nápoles, 1845 (Experimenta quibus
probala nervos vagos rotatione machinae galvano-magneticae irritalos, motum
coráis retardare et adeo intercipere, en Omodei’s Ann. Univ. de Med., Milán,
1845; 3 s., XX, pág. 227). fue después publicado en extenso en el Handwörterbuch
der Physiologie, 1840; III, páginas 45-51.
[190] Müller s Arch., Berlín, 1837; páginas 267-272.
[191] Ber. ü. d. Verhundt, d. k. sächs. d. Wissensch., Leipzig,
1850, pág. 186.
[192] Hall: Phil. Tr., Londres, 1833; páginas 635-665.
[193] Sharpey: Edinb. Med. and Surg. Journ., 1830;
XXXIV, páginas 113-112, y Todd's Cyclopedia, Londres, 1835-36,
1.
[194] Sharpey: En la Anatomía de Quain, 5. a ed.,
Londres, 1846; II, páginas CXXXII-CLXIII.
[195] Bowman: On the Minute Structure and Movements of Voluntar
y muscles; Phil. Tr., Londres, 1840, páginas 457-501, 4 láminas; 1841,
páginas 69-73. Los dibujos son del mismo Bowman.
[196] Phil. Tr., Londres, 1841-42, páginas 57-80.
[197] Ann. d. Pharm. Lemgo und Heidelberg, 1832; I, páginas
182-230. El cloroformo fue descubierto independientemente, en el mismo año
también, por Soubeiran (Ann. de Chim., París, 1831; XLVUI, páginas
1 13-157) y por Samuel Guthrie, M. D. (1782-1848, de Bloomfield
(Massachusetts) [Am. J. Arts and Sc, 1831; XXI, pág. 64, y
XXII, pág. 105], en Jewettsville, cerca de Sackett’s Harbor (New-York), donde
encontró el método moderno de obtener el cloroformo destilando el alcohol con
cal viva.
[198] Ann. d. Pharm., Lemgo and Heidelberg, 1853; LXXXV,
páginas 289-328.
[199] Die organische Chemic in ihrer Anwendung auf Physiologie und
Pathologie, Braunschweig, 1842. Schwann había ideado la frase
«fenómenos metabólicos» en 1839 (Frazer Harris).
[200] Lord Kelvin: Popular Lectures, Londres, 1894; II, nota
de la pág. 464.
[201] Wöhler: Ueber künstliche Bildung des Harnstoffs; Ann. de
Phys. u. Chem., Leipzig, 1828; XII, páginas 253-256.
[202] Ann. de Phys. u. Chem., Leipzig, 1842; LVI, páginas
638-641. Un año antes, Alexander Ure, de Edimburgo, había establecido que el
ácido benzoico se cambia en hipúrico en el organismo (Provincial Med.
and Surg. Journ., Londres, 1841; II, pág. 317). El experimento
original de Wöhler se encuentra en el Tiedemann’s Ztschr. f.
Physiol., 1824; I, pág. 142; pero sus puntos de vista no fueron
definitivos hasta después del descubrimiento, por Liebig, del ácido hipúrico en
1829.
[203] Sertürner: Journ. de Pharm., Leipzig, 1806; XIV,
pág. 47; 1811, XX, pág. 99.
[204] Wollaston: Phil. Tr., Londres, 1810; pág.
223-230.
[205] Kirchhoff: Journ. f. Chem. u. Physik., Nüremberg,
1815; XIV, páginas 389 a 398.
[206] Caventou y Pelletier: Journ. de Pharm., París,
1819; V, páginas 142-177.
[207] Ann. de Chim. et Phys., París, 1820; XV, páginas 289 y
337.
[208] Marcet: Med. Chir. Tr., Londres, 1822-23; XII,
páginas 37-45.
[209] Dutrochet: Ann. de Chim. et Phys., París,
1827-35; volúmenes XXXV, ' XXXVII, XLIX, LII y LX.
[210] Geiger und Hesse: Ann. d. Pharm., Lemgo und
Heidelberg. 1833, V, página 43; VI, pág. 44
[211] Rose: Poggendorffs Ann., Leipzig, 1833; XXVIII,
pág. 132.
[212] Cagniard Latour: Ann. de Chim. et Phys., París,
1838; LXVIII, páginas 206 a 221.
[213] Peligot: Ann. de Chim. et Pharm., París, 1838;
LXVI, pág. 140.
[214] Pettenkofer: Ann. de Chem. et Pharm., Heidelberg,
1844; Lili, páginas 90-96.
[215] Fehling: Arch. f. d. Physiol. Heilk., Stuttgart, 1848;
VII, página s 64-73.
[216] Bence-Jones: Phil. Ir., Londres, 1848; páginas
55-62.
[217] Strecker: Ann. de Chem. et Pharm., Heidelberg,
1848; LXV, pág. r, LXVI. pág. 1; 1849, LXX, pág. 140
[218] Millón: Comp. rend. Acad. d. Sc, París, 1840;
XXVIII, páginas 40-42.
[219] Heller's Arch. f. Phisiol. und Path. Chem. Wien., 1844;
I, páginas 192-199.
[220] Heller’s Arch. f. Phisiol. und Path. Chem. Wien., 1844;
I, páginas 212-292.
[221] Ibidem, 1847; IV, páginas, 522 y 525.
[222] Heller: Ztschr. d. k. k. Gesellsch. d. Aerzte z.
Vienn., 1858;n. F., I, pág. 751. L. Teichmann ha dado una prueba más
antigua para la hemina en el Ztschr. f. rat. Med., Heidelberg,
1853; III, páginas 375-388 (Erich Ebstein).
[223] Heller: Die Harnconcretionen, Viena, 1860.
[224] Coindet: Ann. de Chimie, París, 1815 XCV, pág. 319.
[225] Chevreul: Ann. de Chimie, París, 1815; XCV, pág., 319.
[226] Graham: Quart. Journ. Sc, Londres, 1829; II, páginas
74-83-—Phil. Mag., Londres, 1833; Ií, páginas 175-190.
[227] Phil. Tr., Londres, 1854. CXLIV, páginas 177-228.
[228] Ibidem, 1861; CLI, páginas 183-224.
[229] Prout: Phil. Tr. Londres, 1824; páginas 45-49.
[230] Tiedemann und Gmelin: Dic Verdauung nach Versuchen, Heidelberg
and Leipzig, 1826-27.
[231] Erich Einstein (Ztschr. f. Urol., Leipzig, 1915;
IX, pág. 283) afirma que la prueba de Gmelin del ácido nítrico para la bilis
era ya empleada unos cuarenta años antes (noviembre de 1787) por Francesco
Marabelli, un discípulo de Johann Peter Frank y boticario del Hospital de
Pavía (Aiti d. Accad. d. Sc di Siena, 1794; VII, páginas
224-232). Los diversos ensayos de Marabelli (Leipzig, 1795) contienen además
análisis de medicamentos líquidos (1791), de la orina diabética (1792), del
maíz (1787) y de diferentes frutos.
[232] Med. Recorder, Filadelfia, 1825; VIII, páginas 14 y 840;
1826, IX, pág. 94.
[233] Para un completo e interesante estudio de Beaumont y su obra véase
la Life and letters of William Beaumont, del difunto doctor
Jesse S. Myer, con una introducción de sir William Osler, St. Louis, C. V.
Mosby C., 1912.
[234] Véanse sus Principies of Surgery, 1801; vol. 1,
páginíis 421-426.
[235] Guys Hospital Rep., Londres, 1836; I, páginas 53-58, 1
lámina.
[236] Ibidem, páginas 43-52, 2 láminas.
[237] En los Surgical Essays, de Cooper y Travers,
Londres, 1818; pt. 1a, páginas 101-130, 2 láminas.
[238] Med. Repository, New York, 1809-10; XIII, páginas
331-334.
[239] Guys Hosp. Rep., Londres, 1836; 1, páginas 457 y 654.
[240] Müll. Tr, Londres, 1801; páginas 435-450- 1 lámina.
[241] Key: Guy's Hosp. Rep., Londres, 1836; I, páginas
68-70.
[242] Med. Chir. Tr., Londres, 1823-27; XIII, páginas 1-11.
[243] Travers: Med. Chir. Tr. Londres, 1817; II,
páginas 1-16.
[244] Colles: Edinb. Med. and Surg. Journ., 1815; XI,
páginas 1 -15.
[245] Yo no he podido comprobar la exactitud de esta cita, que he
encontrado en todas las biografías de Colles.
[246] Edinb. Med. and Surg. Journ., 1814; X, páginas
182-186.
[247] En su Practical Surgery, Londres, 1837; pág. 350.
[248] Syme: Edinb. Med. and. Surg. Journ., 1829; XXXI,
páginas 256-266.
[249] Lond. and Edinb. Monlh. Journ. Med. Sc, 1843;
III, páginas 93-96.
[250] Proc. Roy. Med. and Chir. Soc., Londres, 1862; IV,
páginas 114-116.
[251] Brodie: Phil. Tr. y 1811; páginas
36-48.
[252] Ibidem: 1812; páginas 373-393
[253] Ibidem: 1811, páginas 178-208; 1812, páginas 205-227
[254] Ibidem: 1814, páginas 102-106.
[255] Med. Chir. Tr., Londres, 1825; XIII, páginas 217-226.
[256] Lancet, Londres, 1827; XII, páginas 471, 601 y 798;
1827-28, I, pág. 408.
[257] J. C. Carpue: An Introduction to Electricity and Galvanism,
Londres, 1803.
[258] Cuming: Lond. Med. Gaz., 1829-30; V, pág. 273.
[259] White: Lancei, Londres, 1849; I, pág. 324.
[260] Forster: Guy’s Hospital Rep., Londres, 1858; 3
s., IV, pág. 13; 1859, V, pág. 1.
[261] Carden: Brit. Med. Journ., 1864; I, páginas
416-421.
[262] Goodlad: Edinb. Med. and Surg. Journ., 1812;
VIII, páginas 32-39.
[263] Stevens: Med. Chir. Tr., Londres, 1814; V,
páginas 422-434.
[264] Soden: Ibidem, 1816; VII, páginas 536-540.
[265] Colé: London Med. Repository, 1820; XIII, páginas
369-375.
[266] Owen: Med. Chir. Tr., Londres, 1830; XVI, páginas
219-325.
[267] Fleming: Med. Chir. Journ. and Rev., Londres,
1817; III, páginas 1-3.
[268] En su Treatise on Gunshot Wounds, 2. a ed.,
Londres, 1820; páginas 332-340.
[269] Guthirie: Med. Chir. Tr., Londres, 1816; VII,
páginas 330-337
[270] Para un interesante estudio de este asunto, véase Carlyle's
First Love, de R. C. Archibald, Londres, 1910; páginas 53-61.
[271] Larrey: Mém. de Chir. mil., París, 1812; II,
páginas 180-195.
[272] Dupuytren; Lefons orales, París, 1839; II,
páginas 421-453.
[273] Bull. Fac. d. Méd. de París, 1818; VI, pág. 242.
[274] Descrito en las Leçons orales, de Dupuytren, 1839;
III, páginas 455-461, y en el Short Trealise on Operativo Surgery,
Londres, 1823; páginas 61-64. La operación ha sido repetida por Bouvier (1836)
y por J. Guerin (1837).
[275] Repert. gén. d . Anat. et de Physiol. path., París,
1826; II, páginas 230-250.
[276] Edinb. Med. and Surg. Journ., 1819; XV, pág. 476,
y Arch. gén. de Méd., París, 1829; XX, páginas 566-573.
[277] Mem. Acad. de Méd., París, 1828; I, páginas 259-316, 3
láminas.
[278] Ann. med. chir. d. Hóp. de París, 1819; I, páginas
1-212.
[279] Repert. gen. d'Anat. et de Physiol. path., París,
1826; II, páginas 82-93.
[280] Journ. univ. et hebd. de Med. et de Chir. prat., París,
1832; 2 s., V, páginas 348-365.
[281] Boyer: Traite des maladies et chirurgírales, París,
1814; II. pág. 492.
[282] Lisfranc: Nouvelle méthode operatoire (etc.),
París. 1815.
[283] Roux: Arch. gen. de Med., París 1825; VII,
páginas 516-538.
[284] Gaz. méd. de París, 1834.2s. II. páginas
17-22.
[285] Clin. Chir. de Montpellier, 1823: I. páginas 147-231,
lámina 10.
[286] Delpech: Précis élémentaire des maladies réputées
chirurgicales, París, 1816: III. páginas 620.638 y siguientes.
También: De l'orthomorphie. París. 18 28. I. páginas 241-251.
[287] Velpeau: Traité du matadies du sein, París, 1854
[288] Broca: Bull. Soc. d'Anthrop. de París, 1861; II,
páginas 235-238, y Bull. Soc. Anat. de París, 1861; XXXVI, páginas
330-398.
[289] Ibiden, pág. 332.
[290] Beclard: Arch. gén. de Méd., París, 1824; IV,
páginas 60-66.
[291] Lembert: Repert. gén. danat. et phisiol. path., París,
1826; II, páginas 100-107, 1 lámina.
[292] Maisonneuve: Comtt. rend. Acad. d. he., París,
1845; XX, páginas 70-72.
[293] Sedillot: Gaz. Méd. de Strassbourg, 1849; IN, páginas
366-377.
[294] Pravaz: Comp. rend. Acad. d. Sc, París, #1853;
XXXVI, páginas 88-90.
[295] Von Graefe: Journ. f. Chir. und Augenheilk., Berlín,
1820; I, páginas 1 y 54, 2 láminas. .
[296] London Med. and Phys. Journ., 1823; XLIX, pág. 475.
[297] Dieffenbach: Nonnulla de regeneratione et transplantatione,
Wurzburgo, 1822.
[298] Weber das Schielen (etc.), Berlín, 1842.
[299] Die Heilung des Stotlcrns (etc.), Berlín, 1841.
[300] G. Baronio: Degli innesti animali, Milán, 1804.
[301] Dieffenbach: Die operative Chirurgie, Leipzig,
1845-48.
[302] Stromeyer: Mag f. d. ges. HeilkBerlín, 1833; XXXIX,
páginas 195-218.
[303] Simón: Die Extirpation der Milz am Menschen, Giessen,
1857.
[304] Beiträge zurplastischen Chirurgie, Praga, 1868.
[305] Chirurgie der Nieren, Erlangen, 1871-76.
[306] Deutsche Klinik, Berlín, 1870; XXII, pág. 137.
[307] Pirogoff: Recherches pratiques et physiologiques sur
l'éthérisation, San Petersburgo, 1847.
[308] Voyenno Med. Journ., San Petersburgo, 1854; LXIII, 2
sect., páginas 83-100.
[309] Anatome topographica sectonibusper corpus humanum congelatum
tríplice directione ductis illustrata, San Petersburgo, 1851-54.
[310] Las secciones congeladas en Anatomía fueron primeramente empleadas
por Pieter de Riemer (1760-1831) en sus Afbeeldingen (La Haya,
1818).
[311] Pirogoff: Grundzüge der allgemeinen Kriegschirurgie, Leipzig,
1864.
[312] Physick: Eclect. Reper tory, Filadelfia, 1816;
VI, página 389.
[313] Philad. Journ. Med. and Phys. Sc, 1882; V, páginas
116-118.
[314] Ibidem., 1826; XIII, páginas 199-202.
[315] Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1830; VII, páginas
299-308, una lámina.
[316] Ibidem, 1828; II, página 116.
[317] Am. Cycl. Pract. Med. and Surg., Filadelfin, 1836; II,
páginas 123-126.
[318] Eclect. Repertory, Filadelfia, 1812-13; III, páginas
111 y 381. Matthews: Med. Rccorder, Filadelfia, 1826; IX,
páginas 825-827. Physick ha reconocido la prioridad de Monro secundus en
la invención de un instrumento análogo (1767).
[319] Warren: Boston Med. and Surg. Journ., 1839; XX,
pág. 210.
[320] En J. C. Warren: Surgical observations on tumors, Boston,
1837; página 287.
[321] Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1828; III, páginas
1-3, una lámina.
[322] Post: Am. Med. and Phil. Regisler, New York, 1814; IV,
página 452.
[323] Post: Ibidem, 1813-14; IV, páginas 443-453- También
en: Med. Repository, New York, 1815; n. s., II, páginas 196-199.
[324] Dorsey: Eclect. Repertory, Filadelfia, 1811; II,
páginas 111-115.
[325] Post: Am. Med. aiid Pil. Registe?-, New
York, 1814; IV, páginas 366-377.
[326] Post: Med. Repository, New York, 1817; n. s.,
III, página 412.
[327] Post: Tr. Phys. Med. Soc., New York, 1817; I,
páginas 387-394.
[328] Mott: Med. andSurg. Rcgister, New York, 1818; 1,
páginas 9-54.
[329] Philad. Journ. Med. and Phys. Sc, 1827; XIV, páginas
176-181.
[330] Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1829; V, página 297;
1830, VI, página 532.
[331] Amer. Journ. Mea. Sc, Filadelfia, 1829; Y página 255;
1830, VII, pág. 271.
[332] Ibidem, 1831; VIII, páginas 393-397.
[333] Ibidem, 1833; XII, página 354.
[334] Ibidem, 1837; XX, páginas 13-15.
[335] New York Med. and Phys. Journ., 1822; I, página 385.
[336] Philad Journ. Med. and Phys. Sc, 1827; XIV, páginas
101-104.
[337] Mott: Amer. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1828;
III, páginas 100-108.
[338] Ibidem, 1842, n. s. ; III, página 257; 1843, V, pág. 87.
[339] Cogswell: New Engl. Journ. Med. and Surg., Boston,
1824; XIII, páginas 357 a 360.
[340] Twitchell: New Engl. Quarl. Journ. Med. and Surg., Boston,
1842-43; I, páginas 188-193.
[341] Macgill: New York Med. and Phys. Journ., 1825;
IV, pág. 576.
[342] Buck: New York Med. Times, 1855-56; V, páginas
37-42.
[343] Camochan: Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1867;
n. s., LIV, páginas 109-115.
[344] Ibidem, 1858, n. s. ; XXXV, páginas 134-143.
[345] Rodgers: Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1846; n.
’s., IX, pág. 54c
[346] Halsted: Johns Hopkins TIosp. Bull., Baltimore,
1892; III, pág. 93.
[347] Gibson: Am. Med. Reeorder, Filadelfia, 1820; III,
páginas 185-193, dos láminas.
[348] Dorsey: Eclect. Repertory, Filadelfia, 1811; II,
páginas 111-115.
[349] Jameson: Am. Med. Recordé?-, Filadelfia, 1822; V,
páginas 118-124.
[350] Peace: Med. Exam., Filadelfia, 1842; n. s., I,
páginas 225-228.
[351] Withe: Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1827; I,
páginas 304-306.
[352] Onderdonk: Am. Med. and Phil. Register, New York,
1814; IV, pág. 176.
[353] Hunter McGuire: Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia,
1868; n. s., LVI, páginas415 a 419
[354] Buck: New York Med. Journ., 1858; 3 s., V,
páginas 305-311.
[355] Parker: Am. Journ. Med. Sc., Filadelfia, 1864; n.
s., XLVII, pág. 562.
[356] Smyth: Am. Journ. Med. Sc., Filadelfia, 1866; n.
s., LII, páginas 280-282. (con exhibición del enfermo vivo). New
Orleans Journ. Med., 1869; XXII, páginas 464-469: Repetida por J.
Lewtas, del Murdan Hospital Punjab. (Brit. Med. Journ., Londres,
1889; II, pág. 312.)
[357] Brashear: Tr. Kentizcky Med. Soc., 1852,
Franckfort, 1853; II, pág. 265.
[358] Deadrick: Am. Med. Recorder, Filadelfia, 1823;
VI, pág. 516.
[359] McCreary: Tr. Kentucky Med. Soc., 1852;
Francfort, 1853; II, pág. 276.
[360] Jameson: Am. Med. Reeorder, Filadelfia, 1821; IV,
páginas 221-230, una lámina.
[361] Mann: Med. Repository, New York, 1822; n. s.,
VII. páginas 17-19.
[362] Antony: Philad. Journ. Med. and Phys. Sc, 1823;
VI, páginas 108-117, una lámina.
[363] Roger: New York Med. and Phys. Journ., 1824; III,
páginas 301-303. G8) Smith: Am. Med. Rev. and. Journ., Filadelfia,
1825; II, pág. 37°
[364] Smith: Am. Med. Rev. and. Journ., Filadelfia,
1825; II, pág. 37°
[365] Barton: North Amer. Med. and Surg. Journ., 1826;
III, páginas 279-292 y 400, una lámina.
[366] Rodgers: New York Med. and Phys. Journ., 1827;
VI, páginas 521-523.
[367] Nott: New-Orleans Med. Journ., 1844-45; I,
páginas 58-60.
[368] J. C. Warren: En la obra de Hodges (J. M.); Escision of
joints, Boston, 1861; pág. 69.
[369] Crosby: Med. Record., New York, 1875; X, páginas
753-755 (Crosby ha sido precedido por el ingeniero inglés Ralph Cuming en
1808).
[370] Mussey: Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1837;
XXI, páginas 390-394.
[371] Buck. Ibidem, 1843, n. s., V, páginas 297-301
[372] J. M. Warren: New Engl. Quart. Journ. Med. |and
Surg., Boston, 1842-43; I, páginas 538-547
[373] Gros, citado en la pág. 457 del Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia,
1876; n. s., LXXI.
[374] Bigelow: Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1852;
XXIV, pág. 90.
[375] Carnochan: Am. Med. Monthly, New York, 1854; I,
páginas 180-188.
[376] Carnochan: Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1858;
n. s., XXXV, páginas 363 a 370.
[377] Carnochan: Am. Med. Gaz., New York, 1857; VIII,
páginas 321-323.
[378] T. Sayre: New York Journ. Med., 1855; n. s., XIV,
páginas 70-82.
[379] Eve: South. Med. and. Surg. Journ., Augusta,
1836-37; I, páginas 78-80.
[380] Detmold: Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, (850;
XIX, páginas 86-95.
[381] Carnochan: Am. Journ. Med. Sc., Filadelfia, 1858;
n. s., XXXV, páginas 134 a 143
[382] Pancoast: Philad. Med. Times, 1871-72; II,
páginas 285-287.
[383] Pancoast: Norlh Am. Med. -Chir. Rev., Filadelfia,
1859; III, pág. 710 (el enfermo operado fue presentado por S. D. Gross).
[384] Ayres: Am. Med. Gaz., New York, 1859; X, páginas
81-89, dos láminas.
[385] Parker: New York Journ. Med., 1851; n. s., VIH
páginas 83-86, y Tr. Med. Soc., New York, 1867; páginas
345-349.
[386] Parker: Med. Rec., New York, 1867; Ií, páginas
25-27.
[387] Wolcott: Med. and Surg. heporter, Filadelfia,
1861-62; VII, pág. 126.
[388] Bobbs: Tr. Alcd. Soc., Indiana, 1868: páginas
68-73.
[389] Sims: Richmond and Louisville Med. Journ., 1878;
XXVI, páginas 1-21.
[390] N. Smith: Philad. Month. Journ. Med., 1827; I,
páginas 11 y 66.
[391] Knight: Koston Med. and Surg. Journ., 1S48;
XXXVIII, páginas 293-296
[392] Reid: Buffalo Alcd. Journ., 1851-52; VII, páginas
129-143.
[393] Smith: Maryl. and. Virg. Med. and Surg. Journ., 1860;
XIV, páginas 1 y 171.
[394] Buck: Bull. New York Acad. Alcd., 1680-62; I.
páginas 181-188.
[395] Virchow: Die Fortschrittc der Kricgsheilkuude, Berlín,
1874; página 7.
[396] Mitchell: Injuries to Nerves and thcir Consequences, Filadelfia,
1872.
[397] Surgeon General's Office (Circular núm. 7),
Wáshington, 1867.
[398] Los documentos originales en que se apoyan las reclamaciones de
Long han sido., en efecto, publicados inmediatamente por el doctor H. H. Young
en el Bull. Johns Hopkins Hosp., Baltimore,
1896-97; VIII, páginas 174-184.
[399] Boston Med. and Surg. Journ., 1846-47; XXXV, páginas
309 y 379.
[400] T. W. Morton: Circular Monton's letheon, Boston,
1846.
[401] Morton: Remarks on the proper mode of administering
sulphuric ether (etcétera), Boston, 1847.
[402] Sir. J. Y. Simpson: Account of a new anesthetic
agent, Edimburgo, 1847.
[403] «Cuando yo e»a muchacho, los cirujanos operaban a toda velocidad,
afanándose en ganar en rapidez los unos a los otros, como si fuesen
carreristas. Era el mayor cirujano, tanto para el enfermo como para los que le
rodeaban, el que batía el record de los tres minutos en una
amputación o en una fitotomía. ¿Qué lugar podía quedar en estas operaciones
batidoras del record para el complicado enredo de las
precauciones antisépticas? El evidente don de la inmunidad para el dolor, por
precioso que sea, cuando nosotros miramos más allá de lo individual, es menos
que el don del tiempo. Con los anestésicos ha acabado la cirugía de golpe y
porrazo; la anestesia ha dado el tiempo necesario para que las teorías de
Pasteur y de Lister pudieran ser adoptadas en la práctica. » (Sir Clifford.)
[404] Baynham: New York Med. and Phil. Rev., 1809; I,
páginas 160-170.
[405] King: Med. Repository, New York, 1817; n. s., III,
páginas 388-394.
[406] McDowell: Eclect. Repertory and Analyt. Rev.,
Filadelfia, 1817; VIII, páginas 242-244
[407] McDowell: Ibidein, 1819; IX, páginas 546-553.
[408] Smith: Am. Med. Recorder, Filadelfia, 1822; V, páginas
124-126.
[409] Koeberlé: Mém. Acad. de Méd., París, 1862-63;
XXVI, páginas 371-472, 6 láminas.
[410] Osiander: Gótti?igen gelehrte Anz, 1808, pág. 130;
1816, pág. 16.
[411] Langenbeck: N. Bibliotk. f. d. Chir., Hannover, 1817;
I, st. 3, pág. 557.
[412] Ritgen: Heidelberg Klin. Ann., 1825; I, pág.
263-277.
[413] Roux: Gaz. Med. de París, 1834; 2 s., II, páginas
17-22.
[414] Recamier: Bull. Acad. de Méd., París, 1842-43;
VIII, páginas 661-668.
[415] Simpson: London and Edinb. Monthly Jouj-n. Med. Sc, 1843;
III, páginas 547, 701 y 1009; 1844, IV, pág. 208.
[416] Nélaton: Gaz. des Hop., París, 1851; 3 s., III,
páginas 573 y 581; 1852, IV, páginas 54 y 66.
[417] Noeggerath: New York Med. Journ., 1853; 3 s., IV,
páginas 9-24.
[418] Ayres: Am. Med. Gaz., New York, 1859; X, páginas
81-89, 2 láminas.
[419] Michaelis: Mittk. a. d. Geb. d. Med. (etc.),
Altona, 1836; IV, 7 y 8 Heft., página 60.
[420] Richmond: West. Journ. Med. & Phys. Sc., Cincinnati,
1830; III, páginas 485-489.
[421] Prevost: Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1835;
VI, pág. 347. (Véase Harris: New Orleans Med. & Surg. Journ., 1878-79;
n. s., VI, páginas 935-937.)
[422] Gibson: Am. Journ. Aled. Sc, Filadelfia, 1835;
XVI, pág. 351; XVII, página 264; 1838, XXII, pág. 13; 1885, n. s., XC, pág.
422.
[423] Atlee: The Surgical Treatment of Certain Fibrous Tumous of
the uterus, New York, 1853.
[424] Burnham: Nelson’s Am. Lancet, Plattsburgh, New
York, 1853; VII, página 147.
[425] Kimball: Boston Med. and Surg. Journ., 1855; LII,
páginas 249-255.
[426] A. J. Jobert de Lambalie: Traite des fistules
vesico-utérines, vesico-útero-vaginales (etc.), París,
1852.
[427] Mettauer: Boston Med. and Surg. Journ., 1840;
XXII, página 154, y Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1847, n.
s., XIV, páginas 117-121.
[428] Hayward: Am. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1839;
XXIV, páginas 283-288.
[429] Pancoast: Aied. Examiner; Filadelfia, 1847; n.
s., III, páginas 272-274; 1851, VII, páginas 650-656.
[430] Maisonneuve: Clinique chirurgicale, París, 1848;
VII, página 660 y siguientes
[431] Sims: Am. Journ. Med. Sc 1852; n. s., XXIII,
páginas 59-82.
[432] Simón: Ueber die Heilung der Blasen-Scheidenfisteln, Giessen,
1854.
[433] Olshausen: (Jeber Marión Sims und seine Verdienste um die
Chirurgie, Berlín, 1897. Martin: Ztschr. f. Geburtsh. u.
Gynäk, Stuttgart, 1913; LXXIII, páginas 946-948.
[434] Sims: Tr. Med. Soc., New York, Albany, 1861;
páginas 367-371.
[435] Sims: Tr. Obst. Soc., Londres, 1861; III, páginas
356-367.
[436] Sims: Richmond and Louisville Med. Journ., 1878;
XXVI, páginas 1-21.
[437] Sims: Brit. Med. Journ., Londres, 1881; II,
páginas 925 y 971; 1882, I, páginas 184, 222, 260 y 302.
[438] Emmet: New York Med. Journ., 1865; I, páginas
205-219.
[439] Am. J. Obst., New-York, 1868-69; I, páginas 339-362;
1874-75. VIL Páginas 442-456
[440] New York, 1868.
[441] Am. Pract., Louisville, 1872; V, páginas 65-92.
[442] Tr. Am. Gynec. Soc., New York. 1884; VIII, páginas
198-216.
[443] Bozeman: Tr. Internat. Med. Congr., Wáshington,
1887; II, páginas 514-558 y Am. Journ. Med. Sc Filadelfia,
1888, n. s., XCV, páginas 225 y 368.
[444] Nott: New Orleans Med. Journ., 1844-45;!, páginas
58-60. Simpson: Med. Times and Gaz, Londres, 1861; I, página
317.
[445] Nott: New Orleans Med. Journ., 1848; IV, páginas
563 y 601.
[446] Thomas: A Practical Treatise on the Diseases of
Women, Filadelfia, 1868.
[447] Thomas: Am. Journ. Obst., New York, 1870; III,
páginas 125-129.
[448] Thomas: Am. Journ. Med. Sc., Filadelfia, 1870; n.
s., LIX, páginas 387-390.
[449] Battey: Atlanta Med. and Surg. Journ., 1872-73;
X, páginas 321-339.
[450] Discutida por Lawson Tait, que reclama la prioridad alegando un
caso de 1872. (Véase Trenholme: Med. News, Filadelfia, 1886;
XLIX, pág. 530.
[451] Lond. Med. Gaz., 1845; n. s., I, página 1340.
[452] Nat. Hist. Rev., Londres, 1861; páginas 67-84; Proc.
Zodl. Soc., Londres. 1861; páginas 247-260.
[453] Se dice que Fritz Müller ha sido el primer alemán que ha defendido
el darwinismo (Für Darwin, 1864); Haeckel, el segundo (1866),
y Weissmann, el tercero (868).
[454] Waldeyer: Deutsche med. Wochenschr., Leipzig y
Berlín, 1884; X, pág. 313
[455] Leidy: Proc. Acad. Nat. Sc., Filadelfia, 1846;
III, página 107.
[456] Ibidem, 1848-49; IV, páginas 225-233.
[457] Ibidem, 1851; V, página 212.
[458] Tr. Coll. Phys., Filadelfia, 1886; 3 s., VIII, páginas
441-443.
[459] Proc. Acad. Nat. Sc., Filadelfia, 1871; XXIII, página
297.
[460] Leidy: Journ. Acad. Nat. Sc., Filadelfia, 1869; 2
s., VII, páginas 1-472.
[461] Kep. U. S. Geol. Survey, 1873; I.
[462] Schultze: Müller's Arch., Berlín, 1858; páginas
343-381.
[463] Abhandl. d. Naturf. Gesellsch. zu Halle, 1863; VII, páginas
1-100.
[464] Zur Anatomie und Physiologie der Retina, Bonn, 1866.
[465] Arch. f. Anat. Physiol. u. wissensch. Med., Leipzig,
1861; páginas 1-27.
[466] Das Protoplasma der Rhizopoden und der Pflanzenzellen,
Leipzig, 1863.
[467] De ovorum ranarum segmentatione, Bonn, 1863.
[468] Corti: Ztschr. f. Wissensch. Zodl., Leipzig,
1851; III, páginas 109-169.
[469] Virchow: Arch. f. Path. Anat., Berlín, 1854; VII,
páginas 135-138.
[470] Paul Langerhans: Berlín dissertation, 1869.
[471] Ehrlich: Ztschr. f. Klin. Med., Berlín, 1879-80;
I, páginas 553-560.
[472] Ehrlich: Deutsche Med. Wochenschrift, Leipzig y
Berlin, 1886; XII, páginas 49-52
[473] Golgi: Sulla fina anatomía degli organi centrali del
sistema nervoso, Milán, 1886.
[474] Donné: Compt. rend. Acad. d. Sc, París, 1842;
XIV, páginas 366-368.
[475] Osler: Proc. Roy. Soc., Londres, 1873-74; XXII,
páginas 391-398.
[476] Bizzozero: Di un nuovo demento morfológico del
sangue, Milán, 1883.
[477] Waller: Phil. Tr., Londres, 1850; páginas
423-430.
[478] Otto F. C. Deiters: Untersuchungen über Gehirn und
Rückenmarck (etc.), Brunswick, 1865.
[479] Golgi: Riv. sper. di freniat., Reggio-Emilia,
1882; VIII, páginas 165 y 361; 1883, IX, páginas 1, 161 y 385; 1885, XI,
páginas 72 y 193.
[480] Golgi: Gazz. Med. Ital. Milán, 1873; 6 s., VI,
páginas 244-246, una lámina.
[481] His: Abhandl. d. math. phys. Kl. d. k. sachs. Acad. d
Wissensch., Leipzig 1887; XIII, páginas 447-513, 1 lám.
[482] Albrecht Bethe: Arch. f. mikr. Anat. Bonn, 1894-95:
XL1V, páginas 579-622.
[483] Apathy: Mitih. a. d. zodl. Station zu Neapel, 1897;
XII, páginas 495-748.
[484] Waldeyer: Deutsche med. Wochenschr., Leipzig y Berlín,
1891; XVII, páginas 1244, 1267, 1331 y 1352
[485] Barker: The Nervous System and its Constituent Neurons,
New York, 1899.
[486] Franz Nissl: Miinch. med. Wochenschr., 1898, XLV,
páginas 988, 1023 y 1060.
[487] Harrison: J. Exper. Zodl., Filadelfia, 1910; IX,
páginas 784-846, 10 láminas.
[488] His: Die fiante und Hóhlen des Kdrpersf Basilea,
1865.
[489] Prévost y Dumas: Ann. des Sc. Nat., París, 1827;
XII, páginas 415-443
[490] Schweigger-Seidel: Archiv für mikr o skopische Anatomie,
Bonn, 1865; I, páginas 309 a 335.
[491] Hertwig: Morph. Jahrb., Leipzig, 1875-76; páginas
347-434, 4 láminas.
[492] Balfour: Journ. Anat, and Physiol, Londres,
1876-78, passim.
[493] Arch. f. Anal., Physiol. u. wissensch. Med. ., Berlín,
1848; páginas 144-164.
[494] Ibidem: 1880, páginas 71 y 276; 1852, página 199.
Véase además, E. Ebstein: Janus, Amst., 1906; XI, página 322.
[495] Descripción de un espejo óptico para ver la retina en el ojo vivo,
Berlín, 1851.
[496] Ueber das Heufieber, Arch. f. Path. Anat. Berlín,
1869; XLV1, páginas 100-102.
[497] Matteucci: Comp. rend. Acad. d. Sc, París, 1842;
IV, pág. 797.
[498] Fick: Die medizinische Physik, Braunschweig,
1856.
[499] Fick: Mechanische Arbeit und Wármeentwicklung bei der
Muskelthátigkeit, Leipzig, 1882.
[500] Mosso: Arch. ital. de Biol, Turín, 1890; XIII,
páginas 124-141.
[501] Sanderson: Journ. Physiol., Londres, 1895; XVIII,
pág. 146; Bernstein: Arch. f. d. ges. Physiol., Bonn, 1897; LXVII,
pág. 207.
[502] Külliker: Virchow's Arch., Berlín, 1856; X,
páginas 257-272.
[503] Mosso: La fatica, Milán, 1891.
[504] Tr. Internat. Med. Congr. 1890, Berlín. 1891; II, 2
Abth., pág. 13.
[505] Bowditch: Ber. d. k. sáclis. Gesellsch. d. Wissensch.,
Leipzig, 1871; XXIII, páginas 652-689.
[506] Kronecker: Arb. a. d. physiol. Ansi. zu,
Leipzig, 1871; páginas 177-266.
[507] Kronecker: Ludwig Festschrift, Leipzig, 1874; pt.
I, páginas clxxiii-cciv.
[508] Mosso: Arch. per le sc. med., Turín, 1876; I,
páginas 252-256.
[509] Bowditch: Arch. f. Physiol., Leipzig, 1890;
páginas 505-508.
[510] Wedensk: Centralblatt f. d. med. Wissensch., Berlín,
1884; XXII, páginas 65-68.
[511] Dickinson: Journ. Anat. & Physiol., Londres,
1869; III, páginas 88-96, una lámina.
[512] Gall et Spurzheim: Anatomie et physiologie du sysibne
tierveux. París, 1810 a 1819.
[513] Fritsch and Hitzig: Arch. f. AnalPhysiol und wissensch.
Med., Berlín, 1870; página 300-302.
[514] Ferrier: West Riding Lun. Assyl. Rep., Londres,
1872, III; Functions of the Hrain, Londres, 1876.
[515] Goltz: Königsb. med. Jahrb., 1862, III, páginas
271-274.
[516] Goltz: Beilrdge zur Lehre von den Functionen des
Nervencentren des Frosches, Berlín, 1869, y Arch. f. d. ges.
Physiol, Bonn, 1872; V, 53.
[517] Ibidem, 1874; VIII, pág. 460; LI, pág. 460; 1896,
LXIII, pág. 362.
[518] Jackson: London Hosp. Rep., 1875; VIII.
[519] Bidder and Volkmann: Die Selbstständigkeit des
Nervensystems, Leipzig, 1842.
[520] J. N. Langley: Journ. Physiol., Londres,
1894; XVI, páginas 410-440.
[521] J. M. Setchenoff: Physiol o gis che Studicn über die
Hemmungsmechanismen für die Reflexthaligkcit des Rückeumarks im Gchirn des
Frosches, Berlín, 1863.
[522] C. S. Sherrington: Proc. Roy. Soc., Londres,
1896; LX, pág. 415, y Journ. Physiol., Londres, 1898; XXII,
pág. 379.
[523] Proc. Roy. Soc., Londres, 1892-3; LII, páginas
556-564.
[524] Sherrington: The Integrative Action of the Nervous System,
New York, 1906
[525] Fechner: Elemente de Phychophysik, Leipzig, 1860.
[526] Wundt: Die Lehre von der Muskelbcwegung, Brunswick,
1858.
[527] Beiti-age zur Theorie von der Sinneswahrnehmung, Leipzig,
1862.
[528] Untersuchungen zur Mechanik der Nerven und Nervencentren, Erlangen,
1871-76.
[529] Grundzüge der physiologischen Psycologie f. Leipzig, 1873-74.
[530] Völkerpsyctiologic, Leipzig, 1904-1910.
[531] Donders: Arch. f. Anat. Physiol. u. wissensch. Med., Leipzig,
1868; páginas 657-681
[532] Hall: Mind., Londres, 1879; IV, páginas 149-172.
[533] Cl. Bernard: Compt. rend. Acad. d. sc., París,
1848; XXVII, páginas 249, 253 y 514; 1850, XXXI, página 571; 1855, XLI, página
461.
[534] Ibidem, 1857; XLIV, páginas 578 y 1325.
[535] Compt. rend. Soc. de Biol., París,
1849-1850; I, página 60
[536] Arch. gén. de Méd., París, 1849; I, páginas 60 y 61.
— Compt. rend, Acad. d. Sc., París, 1849; XXVIII, página 250;
1856, supl., páginas 379-563, nueve láminas.
[537] Compt. rend. Soc. de Biol., París, 1851, XXXIII,
página 163; 1852, XXXIV, página 472; XXXV, página 168; 1853, XXXVI, página 378.
[538] Brown-Sequard: Med. Exam., Filadelfia, 1852,
VIII, páginas 481-504.
[539] Compt. rend. Acad. d. sc., París, 1858; XLVIII,
páginas 245 y 393.
[540] Compt. rend. Acad. d. sc., París, 1850, XXXI, página
533; 1856, XLIII, página 825.
[541] Compt. rend. Acad. d. sc., París, 1858, XLVII, página
393.
[542] Journ. de l'Anat. et Physiol., París, 1864; I, páginas
507-513.
[543] Kühne: Vitchow's Archiv, Berlín, 1867; XXXIX,
páginas 130-174
[544] Verhandl. d. naturh. -med. Ver. zu Hcidelb, 1874, 77. n. F;
I, páginas 194-233
[545] Ibidem, pág. 236.
[546] Untersuch. a. d. physiol. InstHeidelberg, 1877; I, páginas
15, 105, 109, 119 y 455
[547] Zeitschr. f. Biol., Munich, 1888; XXIV, páginas
383-422.
[548] Kühne and Chittenden: Zeitschr. f. Biol., Munich,
1883; XIX, pág. 160; 1884, XX, pág. 11; 1886, XXII, páginas 409 y 423; 1888,
XXV, pág. 358.
[549] Magendie: Précis élémentaire de Physiologie, París,
1817; II, páginas 58-67
[550] Kronecker and Meltzer: Arch. f. Physiol., Leipzig,
1880; páginas 299 y 446; 1883, Suppl. Bd., pág. 328.
[551] Mosso, en la obra de Moleschott, Untersuchung zür
Nalurlehre (etc.), Francfort, 1876; XI, páginas 331-349.
[552] Cannon: Am. Journ. Physiol., Boston, 1898; I,
páginas 359-382.
[553] Ludwig: Lehrbuch der Physiologie, 2 Aufl, 1861;
II, pág. 615.
[554] Cannon: Am. Journ. Physiol., Boston, 1901-2; VI,
páginas 251-277. También The Mechanical Factors of Digestion, Londres,
1911.
[555] W. M. Bayliss y E. H. Starling: Journ. Physiol., Londres,
1899; CXIV, página 99.
[556] Malí: Johns Hopkins Hosp. Rep., Baltimore, 1896;
I, pág. 93.
[557] Glénard: Les mouvements de Vintestin en circulation
artificielle, París (thesis Faculté des Sciences), 1913.
[558] Pflüger: Ueber das Ilemmungsnervensystem für die
peristaltischen Bewegungen der Geddrme, Berlín, 1857.
[559] L. Corvisart: Collection de mémoires sur une fonction peu
connue du pancréas, París, 1857-63.
[560] Cohnheim: Arch. f. path. Anat., Berlín, 1863;
XXVIII, páginas 241-253.
[561] Mialhe: Compt. rend. Acad. d. Sc., París, 1845; XX,
páginas 654 y 1483.
[562] Kühne: Verhandl. d. naturh-med. Ver. zn Heidelberg, 1876,
n. F. ; I, pág. 19°
[563] Strecker: Ann. d. Chem. u. Pharm., Heidelberg,
1848; LXV, pág. 1; LXVII, página 1; 1849, LXX, pág. 149.
[564] Reunidas en su Le travail des glandes digestives (texto
ruso, San Petersburgo, 1897; traducción francesa, París, 1901).
[565] Vénse la Disertación de San Petersburgo, de
Chischin, 1894.
[566] N. P. Chepovalnikoff: Disertación de San
Petersburgo, 1899.
[567] J. Loeb: The Mechanistic Conception of Life, Chicago,
1912; páginas 4 y 5.
[568] Véase E. F. Du Bois: Am. Journ. Med. Sc., Filadelfia,
1916; CLI, páginas 781-799.
[569] Brown-Séquard: Comp. rend. Soc. de Biol, 1850,
París, 1851; II, páginas 70-73.
[570] Compt. rend. Acad. d. Sc, París, 1856; XLIII, pt. 2,
páginas 422 y 542; Journ. d. phys. de Vhomme, París, 1858; I,
páginas 160-173.
[571] Arch. d. phys. normal etpath., París, 1889, 5 s. ; I,
pág. 739: 1890, II, páginas 201, 443 y 646; 1891, III, pág. 746.
[572] Ibidem, 1892, 5. s. ; V, páginas 778-786
[573] Compt. rend. Soc. de Biol., París, 1893; XLV, pág.
527.
[574] Schiff: Untcrsucbungcn iiber die Zuckerbildnng in der
Leber, Wtlrzburg, 1859, páginas 61-63; Rev. viéd. de la Suisse
Rom., Ginebra, 1884; IV, páginas 65-75.
[575] Estas monografías se publicaban simultáneamente, con los nombres
de los discípulos, en los «Berichte» de la Academia Sajona de Ciencias y en los
famosos Arbeiten aus der pliysiologischen Austalt zu Leipzig (1866-77),
y desde 1877, en los Archiv de du Bois Reymond. Se extienden a
todos los aspectos de la ciencia, excepto la fisiología del cerebro, y revelan
desde todos los puntos de vista el magistral experimentador, el hombre de
infinitos recursos de investigación.
[576] Bowman: Phil-Tr., Londres, 1842; páginas 57-80.
[577] Ludwig: Beiträge zur Lehre von Mechanismus der
Harnsecretion, Marburg, 1843, y Manual de Fisiología, de
Wagner, 1844; II, pág. 637.
[578] Heidenhain: Arch. f. patli. Anat., Berlín, 1866;
XXXV, pág. 158.
[579] Brunton: Proc. Roy. Soc. Med. } Londres,
1912; V, Therap. Sect., páginas 139-151.
[580] C. Ustimovitch: Arb. a. d. physiol. Anst. zu Leipzig,
1870; V, pág. 217.
[581] Ludwig: Arch. f. Anat., Physiol. u. wissensch. Med., Berlín,
1847; páginas 241-302.
[582] Ludwig: Müller's Archiv, Berlín, 1848; páginas
139-143, una lámina.
[583] Ludwig: Müller's Archiv, Berlín, 1848; páginas
139-143, una lámina.
[584] Ludwig and Noli: Zeitschr. f. rat. Med., Heidelberg,
1850; IX, pág. 52.
[585] De acuerdo con su discípulo Czermak.
[586] Ludwig and Thiry: Sitzungsb. d. h. Abad. d. Wissensch.,
Med. naturw. Cl. Viena, 1864; XLIX, 2 Abth, páginas 421-454.
[587] Ludwig's Arbeilen (1866), Leipzig, 1867; I, páginas
128-149.
[588] Ibidem; II, páginas 196-271.
[589] Ber. d. k. sdchs. Gesellsch. d. Wissensch., Leipzig,
1868; XX, pág. 89.
[590] Ludwig and Schmiedeberg: Ibidem, 1871; XXIII, páginas
148-170.
[591] Ludwig ar. d Dittmar: Ber. d. k. sächs. Gesellsch. a.
Wissensch., Leipzig, 1871; pág. 135'. i873, Pág- 460.
[592] Von Kries: Ibidem, 1875; pág. 148.
[593] Arch. f. Physiol., 1880; pág. 33.
[594] Die Limphgefdsse der Fascien nnd Se finen, Leipzig,
1872.
[595] Ludwig and Ogata: Arch. f. Anal. 11. Physiol.,
Leipzig. 1883; pág. 89.
[596] Bidder: Müller's Arch., Berlín, 1852; páginas
163-177.
[597] Stannius: Ibidem, páginas 85-100.
[598] Gaskell: Proc. Roy. Soc., Londres, 1876-77; XXV,
páginas 439-445.
[599] Phil. Tr., Londres, 1882; CLXXIII, páginas 933-1033.
[600] Journ. Physiol., Londres, 1886; VII, páginas 1-80.
[601] Lancet, Londres, 1893; I, página 386.
[602] Gaskell: The Origin of Vertebrates, Londres,
1908.
[603] Langley and Dickinson: Proc. Roy. Soc., Londres,
1889; XLVI, página 423; 1890, XLVII, página 379.
[604] Ringer: Journ. Physiol., Londres, 1880-87; III
- Vil, passim.
[605] Pflüger: Uniersuchungen über die Physiologie des
Electrotonus, Berlín, 1859.
[606] Centralblatt f. d. med. Wissensch., Berlín, 1866; IV,
páginas 305 y 308.
[607] Arch. f. d. ges. Physiol., Bonn, 1868; I, páginas 61 y 106.
[608] Ibidem, 1872; VI, páginas 43 y 190.
[609] Ibidem, 1878; XVIII, páginas 247 y 380.
[610] Ibidem, 1875; X, páginas 251 y 367.
[611] Hutchinson: Lancet, Londres, 1844; I, páginas 390
y 567. Además: Med. Chir Tr., Londres, 1845-6; XXIX, páginas
234-238, dando tres dibujos del espirómetro.
[612] Head: J. Physiol., Londres, 1889; X, pág. 279.
[613] Brain, Londres, 1893; XVI, pág. 1; 1884, XVII, pág. 339;
1896, XIX, página 153.
[614] Ibidem, 1900; XXIII, páginas 353-523, 17 láminas.
[615] Ibidem, 1908; XXXI, páginas 323-450.
[616] For the history of benzol, see A. F. Hollemann; Janus,
Amst, 1915; XX, páginas 459-488.
[617] Virchow: Die krankhaften Geschwülste, Berlín,
1863-67.
[618] Froriep’s Neue Notizen a. d. Geb. d. Nat. u. Heilk, Weimar,
1845; XXXVI, páginas 151-155.
[619] Beitr. z. exper. Path. (Traube), Berlín, 1846; II,
páginas 227-380; y Virchow: Ges. Abhandl., Francfort, a. M.,
1856; páginas 219-732.
[620] Arch. f. paih. Anat., Berlín, 1854; VI, páginas
135-138.
[621] Virchow's Archiv, Berlín, 1861; XXII, páginas 190-192.
[622] Marx: Ucber die Ileziehungcn der darstellenden Kunst zur
Heilkunst. Abhandl. d. k. Gesellsch. d. Wissensch. zu Góttingen, 1861-2;
X, páginas 3-74
[623] Arch. f. path. Anal, (etc.), Berlín, 1863; XXVII,
páginas 241-253.
[624] Neue Untersuchungen über die Entzündung, Berlín, 1873.
»
[625] Die Tuberkulose vom Standpunkt der Infektionslehre, Leipzig,
1880.
[626] Weigert: Anatomische Beitrdge zur Lehre von den Pocken,
Breslau, 1874-75.
[627] Samml. klin. Vortráge, Leipzig, 1879, núm. 162 y
163 (Innere Med., núm. 55, páginas 1411-1460).
[628] Centralbl. f. d. med. Wissensch., Berlín, 1871; IX,
páginas 609-611.
[629] Jahresber. d. schles. Gesellsch. f. vaterl. Cultur, 1875,
Breslau, 1876; Lili, página 229.
[630] Compt. rend. Acad. d. Sc., París, 1860; L, páginas 303
y 849; LI, páginas 348 y 675; 1864, LVIII, pág. 21; 1865, LXI, pág. 1091.
[631] Etudes sur le vin, París, 1866.
[632] Etudes sur les maladies des vers á soie, París, 1870.
[633] Etudes sur la biére, París, 1876.
[634] Bernard: Rev. scient., París, 1879; XV, páginas 49 y
56
[635] Compt. rend. Acad. d. Sc., París, 1880; XCI, páginas
86, 455 y 697; 1881, XCII, página 209.
[636] ibidem, 1880; XC, páginas 1033 y 1044.
[637] Ibidem, 1885; Cl, pág. 765; 1886, CU, páginas 459 y
835; CIII, pág. 777.
[638] El autor ha tenido el privilegio de oír un estudio sobre Pasteur,
en el cual todas estas cualidades quedaban expresivamente puestas de manifiesto
por uno de sus discípulos.
[639] Cohn s Beitr. z. Morphol, d. Pflanzen, Breslau,
1876-7; II, págs. 277-310, 1 lámina.
[640] Ibidem, páginas 399-434, tres láminas.
[641] Untersuchungen über die Aeiiologie der
Wundinfecktionskrankheiien, Berlín, 1878.
[642] Mith. a. d. Kaiserl. Gesundheitsamte., Berlín,
1881; I, págs. 1-48, 14 láminas.
[643] Ber. klin. Wochenschr., 1882; XXI, páginas 221-230. El
bacilo ha sido probablemente visto, pero no identificado, en su causal
relación, por Aufrecht (1881) y Baumgarten (1882).
[644] Henle: Pathologische Untersuchungen, Berlín,
1840; pág. 43.
[645] Klebs: Amtl. Ber. d. 50 Versamml. deutsch. Naturf. u.
Aerzte, München, 1877 página 49
[646] Deutsche med. Wochenschr., Berlín, 1884; X, páginas
725-728.
[647] Wien. med. Wochenschr., 1883; XXXIII, pág. 1550.
También descrito por John E. Weeks en Arch. ophtalm., New York,
1886; XV, páginas 441-451.
[648] Deutsche med. Wochenschr., Leipzig y Berlín, 1890;
XVI, pág. 1029; 1891, XVII, páginas 101 y 1189.
[649] Ztschr. f. Hyg. u. Infektionskr., Leipzig, 1893; XIV,
páginas 393-426.
[650] Reiseberitchte über Rinderpest (etc.), Berlín, 1898.
[651] Klebs: Arch. f. exper. Path. u. Pharm., Leipzig,
1880; XII, pág. 231; 1881, XIII, pág. 381, 3 láminas.
[652] Verhandl. d. Congr. f. inn. Med., Wiesbaden, 1883;
páginas 139 y 174.
[653] Cortil. f. schweiz. Aerzte, Berna, 1871; I, págiaas
241 y 246.
[654] Arch. f. exper. Path. u. Pharmakol, Leipzig, 1878-79;
X, páginas 161-221, cuatro láminas en colores.
[655] Corr. Bl. f. schw. Aerzte Berna, 1871; I, pág. 279
(reimpreso).
[656] Arch. f. exper. Path. u. Pharmakol., Leipzig, 1873; I,
páginas 163 y 180.
[657] Loffler: Arb. a. d. k. Gesundheilsamte, Berlín, 1885;
I, páginas 46 y 55
[658] Deutsche med. Wochenschr Leipzig y Berlín, 1882; VIII,
pág. 407.
[659] Mitth. a. d. k. Gesundheitsamte, Berlín, 1884; II,
páginas 451 y 499
[660] Centralblatt f. Bakteriol., 1 Abt., Jena, 1898; XXIII,
páginas 371 -391
[661] Para las referencias bibliográficas de estos descubrimientos,
véase Index Catalogue de la Biblioteca Quirúrgica General, 1912,
dos series; XVII, páginas 135 a 137
[662] Index Cat. de la Bibl. Quir. Gen., XVII, páginas 138 y
139.
[663] Sir H. A. Blake: J. Ceylon Branch, Brit. Med. Assos.,
Colombo, 1905; II, pág. 9
[664] Nott: New Orleans M. S. J., 1848; IV; páginas
563-601.
[665] Gaz. Ofjic. de Cumana, 1854, núm. 57.
[666] Finlay: An. r. Acad de Cien. Med. de la Habana, 1881-2;
XVIII, páginas 147 a 169.
[667] King: Pop. Sc. Month., New York, 1883; XXIII,
páginas 644-658.
[668] Manson: J. Linnoean Soc., Londres, 1879; XIV,
páginas 304-311.
[669] Laveran: Compt. rend. Acad. d. Sc., París, 1880;
XCIII, pág. 627.
[670] A. Celli: Boll. d. Soc. lancisiana d. osp. di Roma,
1888; VIII, páginas 5-8.
[671] G. M. Kober: Rep. Health Officer D. C., Washington,
1895; páginas 258, 260, 266, 270, 280 y 281.
[672] Para referencias de la transmisión por las moscas, véase la
acabada historia de H. G. Beyer: New York Med. Journ., 1910;
XCI, páginas 677-685.
[673] Ann. de l'Inst. Pasteur, París, 1888; II, pág. 629;
1889, III, pág. 273.
[674] Buchner: Centralbl. f. Bakteriol., Jena, 1889; V,
pág. 817; VI, pág. 1.
[675] Behring: Deutsche Med. Wochenschr., Leipzig y
Berlín, 1890; XVI, páginas n 13 y 1145; 1893, XIX, páginas 389 y 415
[676] Ann. de l'Inst. Pasteur, París, 1895; IX, páginas 433-461,
una lámina.
[677] Ibidem, 1903; XVII, pág. 809; 1904, XVIII, pág. 1. La
inoculabilidad experimental de la sífilis ha sido demostrada, contrariando la
opinión de Ricord, por Julius Bettinger (1802-87), en un protocolo anónimo
presentado a la Sociedad de Médicos del Palatinado, en setiembre de 1855 (Aerztl.
Inst. Bl., München, 1856; III, páginas 426-428). Bettinger ocultó
cuidadosamente toda su vida ser el autor de esta inoculación humana. Sus datos
han sido posteriormente descubiertos por Erich Hoffmann (Deutsche Med.
JVochenschr., 1906; XXXII, pág. 497)» y además se pudo establecerla
identidad del «Anonymus Palatinus» (Dermat. Ztschr., Berlín,
1912; XIX, pág. 1043; 1913, XV, pág. 220).
[678] Welch: Tr. Congr. Am. Phys. & Surg., New-Haven,
1892; II, páginas 1-28.
[679] Johns Hopkins Hosp. Bull., Baltimore, 1892; III,
páginas 81-91, con G. H. F. Nuttall.
[680] Ibidem, 1900; XI, páginas 185-204.
[681] Ibidem, 1891; II, pág. 107; 1892, III, pág. 17.
[682] Smith: Aled. New, Filadelfia, 1889; LV, páginas
689-693.
[683] J. Exper. Med., New York, 1898; III, páginas 451-511.
[684] Lister: Quart. Journ. Micr. Sc, Londres, 1853; I,
pág. 8 y siguientes.
[685] Edinb. Med. Journ., 1859-60; V, páginas 536-540,
y Croonian Lecture, Proc. Roy. Soc., Londres,
1862-3; XII, páginas 580-611.
[686] Lancet, Londres, 1865; I, páginas 308, 335 y 362.
[687] Esta substancia había sido ya recomendada por
François-jules-Lemaire, un químico francés, en 1860; pero Lister no había oído
nada ni de Lemaire ni de Semmelwies.
[688] Lancet, Londres, 1867; II, páginas 95, 353 y 668.
[689] Tr. Clin. Soc., Londres, 1880-81; XIV, páginas
xliii-lxiii.
[690] Las sutilezas de von Bruns (Fort mit dem Spray), Tait
y Bantock han demostrado, por último, carecer de verdadera importancia, por lo
que a la idea genérica de limpieza quirúrgica hace referencia.
[691] Brit. Med. Journ., Londres, 1870; II, pág. 243.
[692] Billroth: Die allgemeine chir urgís che Pathologie und
l'herapie, Berlín, 1863.
[693] Arch. f. klin. Chir., Berlín, 1872; XIII, páginas
65-69, una lámina.
[694] Wien. med. Wochenschr, 1881; XXXI, páginas 162-165.
[695] Arch. f. klin. Chir., Berlín, 1874; XVII, páginas
343-356, una lámina.
[696] Billroth no ha publicado informe alguno a propósito de una
operación desgraciada que se dice había realizado hacia 1891; así que, según la
ley de prioridad, el crédito se le concede a Mathieu Jaboulay, que publicó el
primer artículo en Lyon Med., 1894; LXXV, páginas 507-510.
[697] Zeitschr. f. Heilk., Praga, 1884; V, páginas 83-108.
[698] Mikulicz: Wien. med. Presse, 1881; XXII, páginas 1405
y siguientes.
[699] Prag. med. Wochenschr., 1886; IX, pág. 93.
[700] Przegl. lek, . Cracovia, 1886; XXV, pág. 173.
[701] Billroth Festschrift (Beiträge zur Chirurgie), Stuttgart,
1892; páginas 610 a 630, una lámina.
[702] Czerny: Wien. med. Wochenschr., 1881; XXXI, páginas
501 y 525.
[703] Wolfler: Centralbl. J. Chir., Leipzig, 1881;
VIII, páginas 705-708
[704] Thiersch: Der Epithelialkrebs, Leipzig, 1865.
[705] Thiersch: De maxillarum necrosiphosphorica, Leipzig,
1867.
[706] Handb. d. allg. u. 'spez. Chir. (Pitha-Billroth),
1867; L 2 Abth., núm. 3.
[707] Verhandl. d. deutsche Gesellsch. f. Chir., Berlín,
1874; III, páginas 69-75.
[708] Volkmann: Samml. klin. Vortr., Leipzig, 1878,
núm. 131 (Chir., núm. 42), páginas 1113-1128.
[709] Centralbl. f. Chir., Leipzig, 1881; VIII, páginas
801-803.
[710] Tráumereien an franzósischen Kaminen, Leipzig, 1871.
[711] Esmarch: Der erste Verbannd auf dem Schlachtfelde, Kiel,
1869.
[712] Samml. klin. Vortr., Leipzig, 1873, número 58 (Chir., número
19), páginas 373-384.
[713] Bergmann: Handb. d. allg. u. spez. Chir. (Pitha-Billroth),
Erlangen, 1873; III, 1 Abtheil., 1 Abschn.
[714] Die Chirurgische Behandlung bei Hirnkrankheiten, Berlín,
1888.
[715] Fariña: Bull. d. r. Arcad, di Med. di Roma, 1896-7;
XXIII, pág. 248.
[716] L. Rehn: Arch. f. klin. Chir., Berlín, 1907;
LXXXIII, páginas 723-778. El caso de Rehn continuaba viviendo cuando él
escribió su artículo, diez años y medio después de haberse efectuado la
operación.
[717] Paget: St. Barth. Hosp. Rep., Londres, 1874; X,
páginas 87-89.
[718] Med. Chir. Tr., Londres, 1876-7, LX, pág. 37; 1881-2,
LXV, pág. 225.
[719] Hutchinson: Brit. Med. Journ., Londres, 1861; I,
páginas 515 y 519.
[720] Med. Chir. Tr., Londres, 1881-82; LXV, páginas. 1 y 11
[721] McCormac: Lancet, Londres, 1886; II, páginas
1118-1122.
[722] Sir W. R. Govrers and Horsley: Med. Chir. Tr., Londres,
1887-8; LXXI, páginas 377-430.
[723] Bigelow: Am. Journ. Med. Sc., Filadelfia, 1852;
XXIV, pág. 90.
[724] The Mechanism of Dislocation and Fracture of the Hip., Filadelfia,
1869.
[725] Bigelow: Am. Journ. Med. Sc., Filadelfia, 1878;
LXXV, páginas 117-134.
[726] Gross: Elements of Pathological Anatomy, Boston,
1839.
[727] Tait llevó a cabo su primer ovariotomía el 29 de julio de 1868;
extirpó el ovario por un absceso el 2 de febrero de 1872; extirpó los anejos
uterinos para detener el crecimiento de un mioma hemorrágico el 1 de agosto de
1872; realizó su primer histerectomía por mioma en 1873; extirpó un
hematosalpinx el 21 de junio de 1876; hizo su primer colecistotomía, y extirpó
su primer piosalpinx e hidrosalpinx en 1879, e hizo una afortunada operación
por rotura de un embarazo tubario el 17 de enero de 1883.
[728] Tait: Lectures on Ectopic Pregnancy Haematocele. Birminghan,
1888.
[729] Brit. Med. Journ., Londres, 1881; I, pág. 766.
[730] Ibidem, 1881; I, " pág. 766.
[731] Obst. Journ. Gr. Brit., Londres, 1879-80; VII, páginas
585-588; Brit. Gynaec. Journ., Londres, 1887-8; III, pág. 366;
1892, VII, pág. 195.
[732] Para las referencias bibliográficas de la Ginecología moderna,
véase el Index Catalogue, Surgeon Generáis Library,
1912; dos series; XVII, páginas 163-166.
[733] Nacido en Carnden (New Jersey)
[734] Tarnier: Tr. Internat. Med. Congr., Londres,
1881; IV, pág. 390.
[735] Ann. de Gynec., París, 1877; VII, páginas 241-261.
[736] Lever: Guy’s Hosp. Rep., Londres, 1843, 2 s. ; I,
páginas 495-517.
[737] Credé: Klin. Vortr. iiber Geburtshülfe, Berlín,
1854; páginas 599-603.
[738] Die Verhütung der Augenentzündung der Ncugeborenen (etc.),
Berlín, 1884. Precedida por la recomendación de Gottfried Eisenmann del agua
clorada en 1830 (Jacobi).
[739] Hicks: Tr. Obst. Soc., Londres (1863), 1864; V,
páginas 219-259 (appendix) y 265.
[740] Ibidem (1867), 1868; IX, páginas 207-227 (apendix) y
229-239.
[741] Brit. Med. Journ., Londres, 1872; I, página 207.
[742] Gibson: Edinb. Med. and Surg. Journ., 1807; III,
páginas 159-161.
[743] Ibidem; V, páginas 394-400.
[744] L. Braille: Procede pour écrire au moyendes points,
París, 1837.
[745] Graefe: Arch. f. Ophtalm., Berlín, 1855-6; II, 2
Abth., página 202; 1857, III, 2 Abth., página 456; 1858, IV, 2 Abth., página
127; 1862, VIII, 2 Abth., página 242.
[746] Ibidem, 1857; III, 1 Abth., páginas 177-386.
[747] Ibidem, 1865; XI, 3 Abth., página 1; 1866, XII, 1
Abth., página 150; 1868, XIV, 3 Abth., página 106.
[748] Ibidem, 1859; V, 1 Abth., páginas 136-157.
[749] Arch. f. Ophth., Berlín, 1860; VII, 2 Abth., páginas
58-71.
[750] Ibidem, 1866; XII, 2 Abth., páginas 149-174.
[751] Symptomelehre der Augenmuskellähmungen, Berlín, 1867.
[752] Arch. f. Ophth., Berlín, 1854-5; I, 1 Abth., páginas
297-306.
[753] Deutsche Klinik, Berlín, . 1864, XVI, página 158.
[754] Arch. f. Anat., Phisiol. u. Wissensch. Med., Berlín,
1868; páginas 657-681.
[755] De physiologie der spraakklanken, Utrecht, 1870.
[756] Véase su excelente bosquejo histórico en la Cyclopedia of
American Medical Biography, de Howard Kelly, Filadelfia, 1912.
[757] Para las referencias bibliográficas de esta sección, véase Surgeon
Géneral’s Catalogue, 1912, 2 s, XVII, páginas 171-172.
[758] Para referencias bibliográficas de esta sección, véase Surgeon
Generals Catalogue, 1912, 2 s., XVII, páginas 172-173.
[759] Journ. de conn. méd. chir., París, 1833-34; L páginas
5 y 41.
[760] Dieulafoy: Manuel de PathoLogie interne, París,
1880-84.
[761] De Vaspiration pneumatique sous-cutanée, París, 1870.
[762] Fournier: Les affections parasyphilitiques, París,
1894.
[763] Frerichs: Deutsche Klinik, Berlín, 1855; VII, páginas
341-343
[764] Die Brighfsche Nierenkrankheit, Braunschweig, 1851.
[765] Klinik der Leberkrankheiten, Braunschweig, 1858.
[766] Ueber den Diabetes, Berlín, 1884.
[767] Con Rudolf Maier: Deutsches Archiv f. Klin. Med., Leipzig,
1866; I, páginas 484-518.
[768] Ibidem, 1874; XIV, páginas 1-46.
[769] Samml. klin. Vortr., Leipzig. ; 1873 núm. 54 (Innere
Med., núm. 62); páginas 1637-1674.
[770] Deutsche Zeitschr. f. Chir., Leipzig, 1900-1901;
LVIII, páginas 500-507, una lámina. (Comunicado por Killian).
[771] Para detalles acerca de esta y de otras contribuciones de
Kussmaul, véase Deutsches Archiv. f. klin. Med., Leipzig,
1902; LXXIII, páginas 1-89.
[772] Henoch: Berlín, klin. Wochenschr., 1874; XI, páginas
641-643
[773] Ibidem, 1876; XIII, páginas 241-243.
[774] Escherich: Die Darmbakterien des Sauglings, Stuttgart,
1886.
[775] A. Czerny: Monatschr. f. Kinder heilk., Leipzig y
Viena, 1907-8; VI páginas 1-9.
[776] Deutsche med. Wochenschr Leipzig y Berlín, 1905; XXXI,
pág. 1564.
[777] Naunyn: Klinik der Cholelithiasis, Leipzig, 1892.
[778] Der Diabetes mellitus, Viena, 1898.
[779] Stadelmann: Der Icterus (etc.), Stuttgart, 1891.
[780] Minkowski: Verhandl. d. Congr. f. inn. Med., Wiesbaden,
1900; XVIII, página 316. Una ictericia hemolítica, no congénita, ha sido
descrita por F. Widal y P. Abrami (1907).
[781] Gull: Guy's Hosp. Rep., Londres, 1856, 3 s. ; II,
pág. 143; 1858, IV, página 169.
[782] Ibidem, 1866, 3 s. ; XII, páginas 381-392.
[783] Tr. Clin. Soc., Londres, 1873-74; XII, páginas
180-185.
[784] Med. Chir. Ir., Londres, 1871-72; LV, páginas 273-326,
dos láminas.
[785] Guy's Hosp. Rep., Londres, 1850-51, 2 s. ; VII, pág.
265, dos láminas; 1852-3, VIII, pág. 149, una lámina.
[786] Ibidem, 1866, 3 s. ; XII, páginas 381-392.
[787] Tr. Path. Soc., Londres, 1857-58; IX, pág. 55;
1860-61, XII, pág. 216; Guy’s Hosp. Rep., Londres, 1862-3, 3
s. ; IX, páginas 1-63, cuatro láminas
[788] Gull: Guy's Hosp. Rep., Londres, 1856, 3 s. ; II,
pág. 143; 1858, IV, página 169.
[789] Ibidem, 1852-53, 2 s. ; VIII, pág. 81.
[790] Med. Times and Gaz., Londres, 1868; II, pág, 470.
[791] Guy's Hosp. Rep., Londres, 1861, 3 s. ; VII, páginas
297-301.
[792] Ibidem, 1862; VIII, páginas 263-265.
[793] Ibidem, 1869, 3 s. ; XIV, páginas 321-339-—Tr.
Path. Soc. Londres, 1875-76; XXVII, páginas 157-160.
[794] Jenner: Month. Journ. Med. Sc, Edimburgo, 1849;
IX, páginas 663-680.
[795] Garrod: Med. Chir. Tr., Londres, 1848; XXXI,
página 83; 1854, XXXVII, página 49.
[796] Barlow: Med. -Chir. Tr., Londres, 1882-83; LXVI,
páginas 159 y 219. Casos más antiguos han sido descritos por J. O. L. Moller
(1856-60), que no examina la condición patológica.
[797] Still: Ibidem, 1896-97; LXXX, páginas 47 y 59
[798] Allbutt: Guy's Hosp. Rep., Londres, 1856, 3 s. ;
II, página 143; 1858, 3 s. ; IV, página 169.
[799] Allbutt: Brit. Med. Journ., Londres, 1909; II,
páginas 1449, 1515 y 1598.
[800] Glasgow Med. Journ., 1913; LXXX, páginas 321 y 422.
[801] Billings: Focal infection, Lane Lectures, New
York, 1916.
[802] Mixsell: Arch. Pediatr., New York, 1916; XXXIII, pág.
292.
[803] Una buena clasificación y descripción de varios medios
diagnósticos que no pueden ser incluidos aquí puede verse en W. M.
Barton, Manual de los métodos de examen de la función vital,
Boston, 1916.
[804] Martín Steinthal: Journ. f. prakt. Heilk., Berlín,
1844; XCVIII, 1 st., páginas 1-56; 2 st., páginas 1-84, citado por Neuburger.
[805] Duchenne: Mécanisme de la physionomie humaine (etc.),
París, 1862.
[806] Heine: Beobachtungem über Lähmungszustände der unieren
Extremitäten (etc.), Stuttgart, 1840.
[807] Aran: Arch. gen. de Méd., París, 1850; 4 s., XXIV,
páginas 4 y 172.
[808] El resumen último de Duchenne sobre esta enfermedad se encuentra
en su obra De Velectrisation localisée, 2. a ed.,
París, 1861; páginas 437 y 547.
[809] Arch. gen. de Méd., París, 1860; 5 s., XVI, páginas
283 y 431.
[810] Ibidem, 1868; 6 s., XI, páginas 5, 179, 305, 421 y 552.
[811] Arch. gén. de Méd., París, 1858, 5 s., XII; pág. 641;
1859, XIII; páginas 36, 158 y 417.
[812] Collins: Med. Record, New York, 1908; LXXIII, páginas
50-54.
[813] Marie: Rev. de Méd., París, 1886; VI, páginas
97-138.
[814] Ibidem, 1886; VI, páginas 297-333.
[815] Ibidem, 1890; X, páginas 1-36.
[816] Semaine Médical, 1893; XIII, páginas 444-447
[817] Rev. de Méd., París, 1898; XVIII, páginas 285-315.
[818] Erb: Verhandl. a. natur. med. Ver. zu Heidelberg,
1874-77, n. F. ; I, páginas 130-137.
[819] Berb. klin. Wochenschrift, 1875; XII, páginas 357-359
[820] Deutsches Arch. f. klin. Med., Leipzig, 1883-84;
XXXIV, páginas 467-519.
[821] Arch. f. Psychiatr., Berlín, 1878-79; IX, pág. 172.
[822] Ibidem, 1875; V, páginas 792 y 803.
[823] Friedreich: Arch. f. path. Anat. (etc.), Berlín,
1863; XXVI, pág. 391, XXVII, página 1; 1876, LXVIII, pág. 145; LXX, pág. 140.
[824] Ibidem, 1881; LXXXVI, páginas 421-430.
[825] Westphal: Arch. f. Psychiatr., Berlín, 1883; XIV,
páginas 87 y 767.
[826] Westphal: Ibidem, 1875; V, páginas 803-834.
[827] Quincke: Monatschr. f. prakt. Dermat., Hamburgo y
Leipzig, 1882; I, páginas 129-139.
[828] Quincke: Berl. klin. Wochenschr., 1895; XXXII,
páginas 889-891.
[829] Jackson: Brit. Med. Journ., Londres, 1875; L pág.
773.
[830] Amer. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1878; n. s., LXXVI,
páginas 17 y 36.
[831] Ibidem, 1874; LXVIII, páginas 342 y 352.
[832] Med. and Surg. Reporter, Filadelfia, 1874; XXXI,
páginas 67 y 71.
[833] Erich Ebstein afirma que han sido descritos casos de afasia por
van Swieten (1753) y Goethe: Wilhelm Meister, VII, c. 6. y Wanderjahre,
III, c. 13 (1796), que han sido, además, precedidos por el caso de Linneo
(1742). Se ha dicho que Thomas Hood (Phrenol. Tr., 1822, III)
había dado un caso con autopsia antes de Bouillaud; pero este último, que había
hecho 700 en 1848, está reputado siempre como el clásico describidor de la
enfermedad. De acuerdo con Trousseau, el término afasia ha sido imaginado por
el célebre helenista Crisaphis. Véase Ebstein, Ztschr. f. d. ges.
Neurol., Berlín, 1913; XVII, páginas 58-64.
[834] Bastian: Aphasia and Other Speech Defects, Londres,
1898.
[835] Para referencias bibliográficas respecto de estas enfermedades,
véase el Index Catalogue (S. G. O.), 1912; 2 s., XVII, páginas
150 y 152.
[836] Tr. Roy. Soc., Edimburgo, 1867-9; XXV, páginas
151-203.
[837] Brunton: Lancet, Londres, 1867; II, página 97.
[838] V. K. Anrep: Pflüger's Archiw, Bonn., 1879; XXI,
página 47; Vrach, Petrogrado, 1884; V, página 773.
[839] G. S. Crusell: Uebcr den Galvanismus ais chemisches
Heilmittel gegen ortliche Krankhcilen, San Petersburgo, 1841-43.
[840] Busch: London Med. 6° Phys. Journ., 1822;
XLVIII, páginas 218 y 220; Jukes: Ibidem, páginas 384-389. Jukes
reclama la prioridad, pero no cita la fuente de su artículo precedente. Su
prioridad es, sin embargo, reconocida por sir Astley Cooper (Lancet, Londres,
1823; I, pág. 223), que dice que Jukes empleaba primeramente una botella de
goma elástica para la succión, habiéndole sugerido Busch.
[841] New York Med. Journ., 1916; CIII, pág. 1037.
[842] Lord Kelvin: Popular Lectures, Londres, 1884; II,
página 211.
[843] Reimpresa por J. Brownlee en Brit. Med. Journ., Londres,
1915; II, páginas 250-252.
[844] J. Bertillon: La dépopulation de la Francc, París
1911.
[845] Uhlenhuth: Deutsch. med. Wochenschr., Leipzig y
Berlín, 1901; XXVII, páginas 86 y 260.
[846] Much: Centralblatt f. Bakteriol. (etc.), Beil.
zu., 1 Abt., Jena, 1909; XLII, páginas 48-50.
[847] Mendel: Ver suche über Pflanzen-Hybriden, Verhandl &
naturf. Ver. in Brünn (1865), 1866; IV, páginas 3-270.
[848] Pseudodoxia Epidémica, libro VI, cap. X, «Si blancos o
negros» (Bonh’s edit, V, II, página 188), citado por Punnett.
[849] Quetelet: Sur l'homme, Bruselas, 1836; Lettre
sur la théorie des probabilités appliquée aux Sciences morales et
sociales, Bruselas, 1846; Loi deperiodicité, Bruselas,
1870, etc.
[850] Fundada en 1901 por W. F. R. Weldon, Francis Galton y él mismo.
[851] Pearson: On the Handicapping of the First-Born,
Londres, 1914; pág. 66.
[852] A. H. Estabrook: The Jukes in 1915, Washington, 1916.
[853] R. W. Emerson: Este punto es perfectamente señalado por el estudio
de Mrs. Finlayson sobre la familia Dack, como un ejemplo del poder de la
Naturaleza de perpetuar hereditariamente la falta del dominio emocional (Eugenies
Record Office, Bull. No 15, Coid. Spring Harbor, 1916.)
[854] C. B. Davenport: Eugetites, New York, 1910; Heredity (etc.);
New York, 1911, passim.
[855] Las tendencias inmorales de los individuos mutilados o eunocoides,
deja dos en libertad en la sociedad, son bien conocidas en Oriente, y han sido
frecuentemente puestas de relieve por sir Richard Burton en sus notas a Las
mil y una noches.
[856] Driesch define las entelequias como un agente que no ocupa
espacio, que no puede ser percibido, pero que puede, a voluntad, suspender o
modificar los procesos fisiológicos, de tal modo, que dos sistemas
absolutamente idénticos, ambos vivos, pueden conducirse diferentemente, en
condiciones absolutamente idénticas (indeterminismo biológico). Pero él
reconoce que no puede aducir ejemplos en favor de su tesis, y que su doctrina
no puede aplicarse al experimento actual. Como Jennings dice: «admite, en general,
lo que ruega en particular», lo que, naturalmente, pulveriza su teoría.
[857] Loeb: Arch. f. d. ges. Physiol., Bonn, 1894-95; LIX,
páginas 379-394.
[858] Der Heliotropismus der Thiere, Würzburg, 1890, y
publicaciones posteriores.
[859] Loeb: Proc. Nat. Acad. Sc, Washington, 1916; II,
pág. 314.
[860] McClung: Biol. Bull., Boston, 1902; III, páginas
43-84
[861] Este fenómeno había sido atribuido por Pavloff y sus discípulos a
un «reflejo ácido», procediendo por un arco reflejo, en el que consideraban al
vago como el nervio eferente.
[862] Eppinger y Hess: Die Vagotonie, Berlín, 1910.
[863] Januschke: Citado por L. F. Barker.
[864] Einthoven: K. Akad. v. Wetensch. te Amst. Proc. Sed.
Sc, 1903-04; VI, páginas 107-115, 2 láminas.
[865] A. D. Waller: Phil. Ir., 1889; Londres, 1890;
CLXXX, B, págs. 169-194.
[866] Para un completo estudio de estos instrumentos, con ilustraciones,
véase el admirable resumen del profesor L. F. Barker, Johns Hopkins
Hosp. Bull., Baltimore, 1910; XXI, páginas 358-389.
[867] Fischer: Untersuchungen über Aminos duren, Polipeptide una
Proteine, Berlín, 1906.
[868] Iherap. d. Gegenwart, Berlín, 1904; XLV, pág. 145.
[869] Abderhalden: Ztschr. f. physiol. Chem., Estrasburgo,
1912; LXXVII, pág. 249; LXXXI, pág. 90.
[870] Année psycholy París, 1905-08, passim.
[871] J. L. Caspar, en su Manual Práctico de Medicina Legal (1856),
considen estos crímenes como pertenecientes a esas «extrañas quimeras que
alguna vez as cienden desde los bajos fondos de las ciudades». Su estudio
moderno es debido 2 Krafft-Ebing (1886) y a Leopold von Meerscheidt-Hüllesem,
jefe de la Policía er Berlín, que demostraron la necesidad de la separación y
vigilancia, bajo las humanas restricciones, en las grandes ciudades, de los
individuos invertidos, aunque no fuese mas que teniendo en cuenta las
tendencias criminales y homicidas que como se sabe, se desenvuelven en tales
pervertidos.
[872] W. A. White: Mechanisms of Character Formation, New
York, 1906; páginas 145-1-76.
[873] C. Funk: Die Vitamine, Wiesbaden, 1914.
[874] Arb. a. d. k. Gesundheitsamte, Berlín, 1905; XXII, páginas
527-534.
[875] Deutsche med. Wochenschr., Leipzig y Berlín, 1905; XXXI,
páginas 1665-1667.
[876] Ehrlich: Ztschr. f. klin. Med., Berlín, 1882; V,
páginas 285-288. —Charité Ann., 1881; Berlín, 1883; VIII, páginas
140-166.
[877] Centralbl. f. d. med. Wissensch., Berlín, 1883; IV,
pág. 721.
[878] Deutsche med. Wochenschr., Leipzig y Berlín, 1886;
XII, páginas 49-52
[879] Ibidem, Leipzig y Berlín, 1906; XXXII, pág. 745
[880] Noguchi: Journ. Exper. Med., New York, 1909; XI,
páginas 392-401.
[881] Journ. Exper. Med., New York, 1911; XIV, páginas
557-568, tres láminas.
[882] Véase Hosack: Indian Med. Gaz., Calcuta, 1916;
LI, páginas 161-165.
[883] Ann. de l’Inst. Pasteur, París, 1898; XII, pág. 688; 1899,
XIII, pág. 273.
[884] Ibidem, 1900; XIV, pág. 257; 1901, XV, pág. 289; 1902, XVI,
pág. 734. La desviación del complemento ha sido descubierta por A. Neisser y F.
Wechsberg (München. med. Wochenschr., 1901; XLVIII, páginas
697-700).
[885] Ann. de VInst. Pasteur, París, 1906; XX, pág. 731, 1
lámina; 1907, XXI, página 720.
[886] Mallory, Horner y Henderson: Journ. Med. Research,
Boston, 1913; XXVII, páginas 391-397, 2 láminas.
[887] Para un completo estudio del conocimiento actual de los virus
filtrables véase S. B. Wolbach, en Journ. Med. Research., Boston,
1912-13; XXVII, páginas 1-25, una lámina.
[888] Woodhull: Estudios, principalmente clínicos, sobre
el uso no emético de la ipecacuana, Filadelfia, 1876.
[889] Sternberg: Rep. A at. Bd. Health,
1881; Washington, 1882; III, páginas 87-92
[890] Reed (et al.): Philadelphia Med. Journ., 1900;
VI, páginas 790-796.
[891] Tr. Ass. Am. Phys., Filadelfia, 1901; XVI, páginas
45-72.
[892] Ashford: New York Med. Journ., 1900; LXXI,
páginas 552-556.
[893] Craig: Am. Med., Filadelfia, 1905; páginas 982 y
1029.
[894] Craig and Ashburn: Philippine Journ. Sc, Manila,
1907; B. II, páginas 93-146.
[895] Amer. Journ. Med. Sc, Filadelfia, 1906; CXXXII,
páginas 214-220.
[896] Ibidem, páginas 435-443
[897] Rusell: Harvey Lecture, 1913.
[898] Vedder: Bull. Manila Med. Soc., 1911; III,
páginas 48-53. Journ. Trop. Med. Londres, 1911; XIV, páginas
149-152.
[899] Bier. Hyperämie ais Heilmittel, Leipzig, 1903.
[900] Corning: New York Med. Journ., 1885; XLII,
páginas 317-319
[901] Fell: Tr. Internat. Med. Congr., Washington,
1887; I, pág. 237. Buffalo Med. Surg. Journ., 1887-88; XXVII,
páginas 145-157.
[902] Meltzer y Auer: Journ. Exper. Med., New York,
1909; XI, páginas 622 a 625.
[903] F. H. Albee. Cirugía de los injertos óseos. «Calpe»,
Madrid.
[904] Sobre esto, véase Beyer: Johns Hopkins Hosp. Bull.,
Baltimore, 1916; XXVI, páginas 267-270.
[905] Berlín, klin. Wochenschr., 1870; VII, páginas 101-105.
[906] Corr. Bl. f. Schweiz. Aerzte, Basilea, 1878; VIII, páginas
702-705.
[907] Arch. f. klin. Chir., Berlín, 1883; XXIX, páginas
254-337.
[908] Como dice el profesor Harvey Cushing en su reciente comunicación
al Congreso Médico Internacional de Londres (1913): «Los métodos seguros y
detallados, de los que nos han dado tan notables ejemplos Kocher y Halsted, se
han implantado en todas las clínicas -por lo menos en aquellas clínicas a las
que quisiéramos ustedes y nosotros ser llevados en el caso en que tuviéramos
que ser operados. Los observadores que no temen ser llevados a una sala de
operaciones, el público de las representaciones teatrales del pasado, no tolera
verlas reemplazadas por ios procedimientos tranquilos, más bien monótonos, de
los que apenas pueden enterarse más que el operador, sus ayudantes y los
inmediatamente colocados. El enfermo en la mesa, como el viajero en un
carruaje, corre graves peligros si tiene un conductor charlatán, o que quiera
caminar demasiado deprisa, o producir la admiración. » (Brit. Med,
Journ., Londres, 1913; II, página 294)
[909] Von Eiselsberg: Wien. klin. Wochenschr., 1892; V,
páginas 81-85.
[910] Halsted: Johns Hopkins Hosp. Bull., Baltimore,
1892; III, pág. 93.
[911] Johns Hopkins Hosp. Rep., Baltimore, 1890-91; II,
páginas 277-280; Tr. Am. Surg. Ass., Filadelfia, 1898; XVI,
páginas 144-181, 5 láminas
[912] Johns Hopkins Hosp. Bull., Baltimore, 1889-90; I, pág.
12; 1893, IV, pág. 17, 3 láminas.
[913] J. Exper. Med., New York, 1909; XI, páginas 373-391, 3
láminas.
[914] Ibidem, páginas 175-199, 2 láminas; 1912, XV, páginas
205-215, 2 láminas.
[915] The Pituitary Body and its Disor der s, Filadelfia,
1912.
[916] Murphy: Med. Record, New York, 1897; LI, páginas
73-88.
[917] Murphy: Ibidem, 1892; XLIII, páginas 665-676.
[918] Abbe: Ibidem, 1892; XLI, páginas 365-370.
[919] Murphy: Ibidem, 1897; LI, páginas 73-88.
[920] Matas: Tr. Am. Surg. Assnc., Filadelfia, 1902; XX,
páginas 396-434, 16 láminas.
[921] Carrel: Lyon Méd., 1902, XCVI1I, páginas 859-864.
[922] Journ. Amer. Med. Assoc., Chicago, 1908; LI, páginas
1662-1667.
[923] Journ. Exper. Med., New York, 1910; XII, páginas
460-486.
[924] Journ. Amer. Med. Assoc., Chicago, 1911; LVII, página
1611.
[925] Journ. Exper. Med., New York, 1913; XVIII, páginas
155-161.
[926] Gullstrand: Allgemeine Theorie der monochromatischen
Aberrationen, Upsala, 1900.
[927] Arch. f. Ophth., Berlín, 1912; LXXII, páginas 169-190.
[928] H. Smith: lndian Med. Gaz., Calcuta, 1900; XXXV,
pág. 240; 1901, XXXVI, página 220; 1905, XL, pág. 327.
[929] Elliot: Ophthalmoscope, Londres, 1909; VII, páginas
804-808.
[930] Bárány: Arch. f. Ohrenh., Leipzig, 1906; LXVIII,
páginas 1-30, y publicaciones posteriores.
[931] Flexner: Medical Education in Europe, New York,
1912-13.
[932] J. B. Nichols, Medical Sectarianism, Wash. Mea. Ann., 1913;
XII, pág. 12.
[933] Cushing: Brit. Med. Journ., Londres, 1913; II,
pág. 291.
[934] J. J. Walsh: Physicians’ fees down the ages, Internat.
Clin., Filadelfia, 20 s., IV, páginas 259-275.
[935] Samuel C. Busey: Personal Reminiscences, Washington,
1895; pág. 63.
[936] D. A. Power: Janus, Amsterdam, 1909; XIV, páginas
292-293.
[937] Flexner: Op. cit., páginas 148 y 293 a 299.
[938] Osler menciona otra: El reformador de Ginebra (impresa
privadamente en 1897), por el profesor Shields (Princeton).
[939] Baas: Op. cit., pág. 770.
[940] Balzac: Le médécin de campagne (1833).
[941] Weir-Mitchell: The Autobiography of a Quack, New
York, 1900.
[942] Turgenieff: Padres e hijos (1862).
[943] Sir Lauder Brunton: Lancet, Londres, 1916; I, página
317. Véase, además, la interesante historia del termómetro clínico por G. Sims
Woodhead y P. C. Varrier- Jones, en Lancet, 1916; I, páginas
173, 281, 338, 450 y 495.
[944] Billings: Tr. ColL Phys., Filadelfia, 1905;
páginas 115 y 116. El termómetro clínico ha sido popularizado en los Estados
Unidos por los libros de Edouard Seguin de 1873 y 1876.
[945] Naunyn: Die Berliner Schüle von yo Jahren (Samml. klin.
Vortr., núm. 478), Leipzig, 1908; páginas 210 y 211.
[946] Naunyn: Op. cit. . páginas 212 y 215 a 218.
[947] Por ejemplo, el del aneurisma de la aorta por descubrir por el
examen laringoscópico, la detención de cuerda vocal izquierda (Deutsche
Klinik, Berlín, 1860; XII, pág. 395; 1861, XIII, pág. 263). Osler relata
que cuando en una ocasión la autopsia no confirmaba su modo de pensar, Traube
dijo sencillamente: « Wir haben nicht richtig gedacht!»
[948] Naunyn: Op. cit., pág. 219.
[949] La amargura accidental de su carácter es atribuida por Naunyn a
las grandes contrariedades que experimentó en su primera juventud.
[950] «Los ayudantes de aquel departamento contaban con frecuencia lo
regular y acabadamente que él hacía allí la visita y lo bien que desempeñaba el
papel de médico. » (Naunyn: Op. bit., páginas 215 y 222.) Esto
podía formar parte del programa irónico de Virchow en relación a Frerichs. M.
Regensburger refiere que una vez vio a Frerichs arponear el bíceps de un
enfermo para asegurar una preparación de triquina. Cuatro días más tarde moría
el enfermo de puemia. El caso fue enviado a Virchow, quien comenzó la autopsia
imitando la solemne y pontifical manera de Frerichs: «¡Caballeros, otro
sacrificio para nuestra ciencia!» (Calif. State Journ, Med. } San
Francisco, 1914; XII, pág. 179).
[951] Naunyn, por ejemplo, ha comparado la clínica de Langenbeck, en
Berlín, con un circo, en el cual se ve al mismo Langenbeck, un gran número de
espaldas y grandes arroyos de sangre; un cuadro bastante general de los grandes
anfiteatros quirúrgicos.
[952] Flexner: Medical Education in the United States, New
York, 1910; pág. 174.
[953] Busey: Op. cit. t páginas 31 a 37
y 45 y 46.
[954] W. W. Keen: Jeffersonian, Filadelfia, 1912; XIV,
pág. 3.
[955] Flexner: Medical Education in Europe, página 170.
[956] Hospital Plans, five essays, New York, 1875; páginas
3-11, passim.
[957] Flexner: Medical Education in the United States and Cañada,
New York, 1910. Medical Education in Europe, New York, 1912.
[958] J. S. Billings: Am. Journ. Med. Soc., Filadelfia,
1876, n. s., LXX1I, pág. 480.
[959] Lancet, Londres, 1897; II, páginas 359-361.
[960] Flexner: Op. cit., pág. 163.
[961] Esto puede ser considerado como un simple detalle, supuesto que el
testimonio general está completamente de acuerdo con la opinión de Flexner,
teniern do en cuenta todos los aspectos de la cuestión, de que los enfermos y
los estudiantes son muy finamente tratados en Alemania.
[962] Flexner: Op. cit., páginas 229 y 230.
[963] Flexner: Op. cit., páginas 229 y 230.
[964] Flexner: Op. cit., páginas 188-205 y 282.
[965] Lonsdale: Citado por Stirling (Algunos apóstoles de la
fisiología, Londres, 1902; página 119).
[966] John Bell: Letlers on Profcssional Character and
Manners, Edimburgo, 1810, citado por Flexner.
[967] R. Knox: Xavier Bichat, Lancet, Londres,
1854; II, pág. 393.
[968] Para un completo resumen del estado de la Anatomía y de su
enseñanza en América, véase C. R. Bardeen, Bull. Univ. Wisconsin,
Madison, 1905 (núm. 115), scient. ser. III, núm. 4, páginas 85-208.
[969] Littlejohn: Tr. Med-Leg. Soc., Londres, 1914-15;
XII, páginas 3-6.
[970] The Times: 15 abril 1857, citado por Nutting y
Dock, Historia de las enfermeras, New York, 1907; I, pág. 505.
[971] Dorothea Christiana Erxleben ha sido la a mujer graduada en
Medicina en Alemania (en Halle en 1754).
[972] H. M. Hurd: The Institutional Care of the Insane, Baltimore,
1916.
[973] S. Weir-Mitchell: Proc. Am. Med. Psychol. Ass., 1894,
Utica (N. Y.), 1895, I páginas 101-121.
[974] W. Griesinger: Arch. f. Psychiat., Berlín,
1868-69; I, páginas 8-43.
[975] Heine: Französische Zustände, carta del 9 de abril de
1832 (Sämmtliche Werke, Cotta cd. ; XI, páginas 88-102.
[976] Capparoni: Riv. di Storia crit. de Se. med., Roma,
1915; VI, pág. 586.
[977] Para un interesante estudio de la labor constructiva de Henry B.
Baker, en el instituto del Estado de Michigán, véase Journ. Mich. State
Med. Soc., Grand Rapids., 1916; XV, páginas 424-427.
[978] A. Winslow: Technol. Quart., Boston, 1905; XVII,
páginas 318-332.
[979] Véase W. T. Sedgwick: Journ. New England; Water Works
Ass., Boston, 1900-1901; XV, página 315; 1916, XXX, pág. 183.
[980] Para una discusión del aspecto legal de esta materia, véase el
artículo de Dr. William C. Woodward, Health Officer, D. C., en el Georgetown
Law Journcu Washington, 1913; I, núm. 3.
[981] Véase, para completar las observaciones de Flexner, H.
Magnus: Die Kurierfreiheit, Breslau, 1905.
[982] El caso contra los «curanderos» del novelista Harold Frederic,
cuya muerte, en 1898, a manos de'estos «científicos cristianos», es, como dice
Bernard Shaw, «la demostración sellada con su sangre de la incredulidad y
aversión desdeñosas hacia los doctores que él había expresado amargamente en
sus libros», fue de mala gana descartado por el justicia Hawkins, en la
Inspección Central de Policía de Londres, a causa de la evidencia insuficiente
de que hubiese alguna transacción por parte de Frederic. El supuesto «derecho»
privado de una persona a hacer cosas imbéciles, aunque sea en su propio daño y
destrucción, es un punto delicado de la casuística política y legal; pero ha
sido decidido en un sentido resueltamente adverso, como acabamos de decir, por
el Tribunal Supremo de los Estados Unidos en aquellos casos en que se pueda
llegar a un perjuicio público.
[983] Véase, sobre este asunto, el hábil estudio legal de C. A. Boston,
en Med. Times, New York, 1916; XLIV, I, páginas 113 y 153.
[984] Journ. Amer. Med. Assoc., Chicago, 1916; LXVI, pág.
1736; LXVII, página 587, passim.
[985] Bull. Med. Library Assoc., Baltimore, 1913; n. s., II,
pág. 22.
[986] En 1881, el difunto Dr. James R. Chadwick, bibliotecario de la
Biblioteca médica de Boston, decía: «En Inglaterra resulta posible, para los
que están interesados especialmente en Obstetricia o Ginecología, esperar las
reuniones de la Sociedad Obstétrica de Londres, como realmente ocurre; pero, en
América, las distancias son demasiado grandes para andar atravesándolas, y
aquellas reuniones resultarían imposibles. » (Boston. Med. and Surg.
Journal, 1881; CV, pág. 245.) En el momento actual hay Sociedades nacionales
americanas de todas las especialidades, que sé reúnen anualmente.
[987] Este es, en la actualidad, el caso con los principales periódicos
de New York.
[988] Véase J. Loeb: Science, New York, 1917; n. s., XLV,
pág. 75.
[989] Hay diferentes variedades de tetravacunas y aun de pentavacunas.
[990] H. I). Dakin: Compt. rend. Acad. des Sc, París, 1915;
CLXl, páginas 150-153.
[991] Barthe: Journ. de Méd. int., 1913; XVII, páginas
211-214. Bull. Acaa. de Méd., París, 1914; 3 s., LXXI, páginas
560-562.
[992] Brunton: Collected Papers on Physical and Military
Training, Londres, 1915.
[993] J. Loeb: Science, New York, 1917, n. s., XLV,
página 76.
[994] «Kinder-und Entwicklungskrankheiten muss la jedes Volk
durchmachen, oft sehen wir aber auch schon entwickelte Kulturnationen vor.
traurigen KHmpfen heimgesucht. » J. Pagel: Grundriss eines Systems der
mcdizinischen Cultur geschichte. Berlín, 1905, página 77.
[995] Meltzer; Science, New York, 1915, n. s., XLI, páginas
515-523.
[996] H. A. Rowland: Am. Journ. Sc., New Haven, 1899, 4
s., VIII, páginas 409 a 411.
[997] Dechelette (Joseph): Manuel d‘Archeologie prehistorique, celtique
et galloromaine, París, 1908. J. R. Mélida: Cronología de las
antigüedades ibéricas anterromanas, Madrid, 1916. Apéndice de P. Bosch y
Gímpera en la obra Hispania, de A. Schulten, Madrid. Aguilera y
Gamboa (Enrique): Torralba, Asociación para el Progreso de las Ciencias,
Congreso de Madrid.
[998] Sin embargo, un autor tan competente en estas materias como Hugo
Obermaier no cree que los molares encontrados en este yacimiento de Torralba
correspondan de ningún modo al elephas tneridionalis, sino al ailtiquus,
y explica, en parte, la tosquedad de las hachas por la dureza de la piedra y lo
difícil que debía resultar el trabajarlas. De todos modos, lo positivo es que
las hachas de Tozalba deben ser colocadas entre lo más antiguo que ha producido
el hombre. Hugo Obermaier: Ei hombre fósil (Memorias de la
Comisión de investigaciones paleontológicas y prehistóricas), Madrid, 1916.
[999] Probablemente, representaciones de hombres-médicos, disfrazados
para ahuyentar los demonios causantes de la enfermedad (confr. la pág. 12 del
tomo I).
[1000] Tomo I, páginas 118 y siguientes.
[1001] Página 154.
[1002] Véase Menéndez y Pelayo: La ciencia española, 1889;
tomo III, pág. 28.
[1003] Véase el tomo I de esta obra, pág. 182.
[1004] Trac tatas cum consilus contra pudendagra, sen
niorbum gallicum, etc. Roma, 1497
[1005] La famosa obra de Fracastor es de 1530. Véase el tomo I, pág. 232.
[1006] Véase el tomo I, pág. 193.
[1007] Véase doctor José Ribera: De la trepanación en
España, contestación al discurso de recepción del doctor Miguel y
Viguri en la Real Academia de Madrid, año 1898.
[1008] El personaje de este cuadro, que se conocía bajo el título
de Un médico, ha sido sagacísimamente identificado por el Dr.
Mariscal. (Véase su obra El libro de la peste del Dr. Luis
Mercado. Madrid 1921, pág. 133.
[1009] Ildefonso Rodríguez: Compendio de Historia crítica de la
Medicina, tomo II, pág. 584, Madrid, 1916. Véase también Eusebio
Ortega y Benjamín Marcos: Francisco Valles, con prólogo del Dr.
Adolfo Bonilla y San Martín, Biblioteca filosófica, Madrid, 1914; Imprenta
clásica española.
[1010] Menéndez y Pelayo: La Ciencia española, I, página
114.
[1011] Acerca de este profesor francés y de su estancia en Madrid, con la
explicación del lamentable fracaso de la generosa tentativa de Carlos III para
restaurar en España el estudio de la Química, consúltese el erudito y razonado
artículo «Don Luis Proust en España», del sabio profesor doctor Carracido, en
su obra Ensayos hisiór ico-críticos de la Ciencia española, Madrid,
1897.
[1012] Discurso leído en la solemne inauguración del curso académico de
1916-1917 en la Universidad de Granada. 'Granada, 1916.
[1013] Seguimos tomando del Discurso de Escribano todo
lo relativo a la Historia de la Anatomía y de la Cirugía, en general, y de
Gimbernat muy especialmente.
[1014] Curso completo de anatomía del cuerpo humano, por D.
Jaime Bonells y don Ignacio Lacaba. Madrid, 1786.
[1015] Véase Menéndez y Pelayo: Historia de los heterodoxos
españoles, tomo II
[1016] Marcos Viñals nació en Burgos en 1812 y falleció en Madrid en
1895. Se licenció en Medicina en 1843 y se doctoró en 1846. Ya de estudiante
fue premiado por sus preparaciones del oído interno, multiplicando desde
aquella época los trabajos de osteología del temporal con paciencia
benedictina, hasta que consiguió completar sus colecciones y completar también
el estudio más detallado que se conoce de la anatomía del peñasco (1841) y
demostrar el trayecto y dirección de la cuerda del tambor, lo que no había hecho
Cruveilhier (1837-1885) en su Anatomía Descriptiva. Viñals
leyó en la Real Academia de Ciencias Naturales una Memoria titulada Nueva
descripción de la porción petrosa del temporal, demostrando varios
descubrimientos hechos en el órgano interior del oido, que se publicó dos
años más tarde, en 1843. En este mismo año fue nombrado Ayudante del Colegio de
Medicina y Cirugía, con destino al Gabinete Anatómico, y en su cometido
desempeñó tal habilidad como disector prolijo en las inyecciones de venas,
arterias y linfáticos, y sobre todo en sus preparaciones óseas, que todavía
resulta asombrosa. En 1845 fue conservador preparador de los Museos Anatómicos;
en 1846, profesor de Anatomía fisiológica de la Escuela Normal de Maestros; en
1847 fue comisionado por el Gobierno español para estudiar los Museos y las
Escuelas de Medicina de París, dando en esta ciudad unas conferencias en latín,
en la Facultad de Medicina, acerca de sus descubrimientos en el oído interno,
regalando a dicha Facultad una magnífica colección de preparaciones del hueso
temporal. fue médico director del hospital de Montserrat, distinguiéndose
durante la epidemia del cólera de 1854, y médico decano del Hospital de la
Princesa, distinguiéndose, por último, como médico de una numerosa y escogida
clientela.
[1017] Otro notable catedrático de Terapéutica de la Facultad de Medicina
de Madrid fue D. Vicente Asuero Cortázar, nacido en la villa de Nájera
(Logroño) el 27 de octubre de 1807, y que logró alcanzar las más altas cimas de
la reputación profesional. Se le consideró como el primer médico
español de su tiempo. Terminada la carrera de Medicina en 1833, se
trasladó a París, donde permaneció estudiando hasta 1837, fecha de su regreso a
España. Ocupó la plaza de socio de número de la Real Academia de Medicina y
Cirugía de Madrid, que obtuvo por oposición en 1839, y la cátedra en propiedad
de la Universidad, concedida en 1843 por Real orden en virtud de méritos,
servicios y reconocida competencia y por recomendación del Dr. Mata. Asuero no
se doctoró hasta 1846. Nombrado para regentar la cátedra de Moral, Historia y
Bibliografía Médicas, permutó ésta por la de Anatomía, explicando sucesivamente
las de Bibliografía y Literatura Médicas y Métodos de Enseñanza, más tarde la
Terapéutica, la de Fisiología, y, por último, la de Ampliación a la
Terapéutica, Farmacología e Hidrología Médicas, creada en el plan de estudios
que entonces regía. Don Vicente Asuero, gran conocedor de la historia médica
española, reunió una buena colección de joyas bibliográficas, que, en parte,
pasó a poder del Dr. Velasco, y de éste al Dr. Comenge. Fueron especialmente
famosas sus lecciones de lerapcutica substitutiva. fue médico
de Cámara. En 1869 le fue concedida, a su instancia, la jubilación como
catedrático. Ha escrito poco, debiendo mencionarse los trabajos
siguientes: Discurso sobre el cólera, Memoria sobre la frenología, Memoria
sobre el cáncer, Memoria sobre los instintos, etc. Falleció el 24 de
Febrero de 1873.
[1018] Véase Ramón y Cajal: Recuerdos de mi vida, páginas 74
y 419.
[1019] H. F. Osborn: Huxley and Education, New York, 1910;
páginas 25-35.
[1020] Poore: Teatrise on Medical Jurisprudence, Londres,
1901; pág. 403. Citado por George Pernet.
[1021] Laufer: Science, N. Y., 1917, n. s. ; XXV, páginas
889-895.
[1022] Klebs: Bull. Johns Hopkins IIosp., Baltimore,
1914; XXV, páginas 1-10.
[1023] Un encantador estudio de Pagel y de su obra por los doctores
George Dock y M. G. Seelig, de St. Louis, se encuentra en el Journ.
Missouri State Med. Ass., St. Louis, 1910; IX, páginas 366-369.


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