© Libro N° 12049.
La Comuna De París (1871): Un Anticipo De La Comuna
De Petrogrado (1917). Ricci,
Francesco. Emancipación. Diciembre 30 de 2023
Título original: ©
La Comuna De París (1871): Un Anticipo De La
Comuna De Petrogrado (1917). Francesco Ricci
Versión Original: © La Comuna De París (1871): Un Anticipo De La
Comuna De Petrogrado (1917). Francesco Ricci
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Guillermo Molina Miranda
Un Anticipo De La Comuna De Petrogrado (1917)
Francesco Ricci
La Comuna
De París (1871): Un Anticipo De La Comuna De Petrogrado (1917)
Francesco
Ricci
Una
masacre para borrar el ejemplo de los obreros parisinos
Es
difícil encontrar, en los años que precedieron a la Comuna de París, masacres
similares a aquella que la burguesía realizó con ferocidad después de la caída
del primer gobierno obrero de la historia. Necesitaríamos andar hacia atrás,
cuando 6.000 esclavos del ejército de Espartaco fueron crucificados en la
Vía Apia por Crasso para escarmentar a los que intentaron
rebelarse contra Roma.
No se
sabrá nunca cuántas han sido, precisamente, las víctimas. Sabemos, sin embargo,
que sobre una población de cerca de 2 millones de habitantes, al final quedaron
100 mil. Se hicieron comunes los fusilamientos y para acelerar el trabajo
fueron usadas ametralladoras. Acabado el baño de sangre, la represión continuó
con las persecuciones, los procesos, las deportaciones y con años de calumnias.
Toda la prensa burguesa internacional fue impregnada de textos en los que se
mostraba a los obreros parisinos como vándalos.
¿Por qué
tanto ensañamiento? La respuesta la encontramos en una de las importantes
cartas que Karl Marx escribió (aquella de abril de 1871,
cuando la Comuna comenzaba) al doctor Kugellman: “Cualquiera
que sea el éxito inmediato, un punto de partida de importancia histórica
universal se ha conquistado.” 1 La burguesía quería
liquidar este “punto de importancia histórica”.
Los
bolcheviques estudiaron y aprendieron mucho de la Comuna
Los
bolcheviques, que se prepararon para una nueva revolución, estudiaron
profundamente los sucesos de 1871. El estudio de La Comuna fue el centro de
toda la preparación teórica de Lenin para Octubre. El “cuaderno
azul” de citas de Marx y Engels sobre el
Estado (publicado después de la revolución con el título de El Estado y
la revolución) que fue la base de las Cartas desde lejos con
la cual Lenin busca dirigir desde Suiza al grupo dirigente
bolchevique, las Tesis de abril y toda la batalla por “rearmar”
al partido en los frenéticos meses del ‘17: todo tenía como centro el ejemplo
de la Comuna.
Como
escribe Trotsky (en Las lecciones de Octubre), sin
el estudio de la Comuna “no hubiéramos guiado la revolución de Octubre”. Trotsky escribirá
sobre la Comuna durante todo el curso de su vida: desde el
fundamental Las lecciones de la Comuna (prefacio del 1921 a un
libro de Talés) 2, en el cual desarrolla una
comparación entre la Comuna de París, derrotada, y aquella de Petrogrado,
victoriosa; capítulos enteros de Terrorismo y comunismo (escrito
durante la guerra civil para defender a la dictadura del proletariado de la
crítica “democrática” de Kautsky); hasta el espléndido Su
moral y la nuestra (donde cita a la Comuna para sostener la necesidad
del “terror rojo” en la guerra civil rusa).
¿Por qué
escuela pasó el proletariado francés?
Para
estudiar la Comuna, Lenin y Trotsky debieron
combatir las falsificaciones que la burguesía, los reformistas y los
anarquistas habían difundido sobre aquella vicisitud. Debieron enfrentarse con
los que veían a la Comuna como un hecho “espontáneo” y casual. Un mito
alimentado por la historiografía burguesa para demostrar que se trataba de un
evento irrepetible; pero que fue reforzado por la lectura de los anarquistas
que pretendían así encontrar la confirmación de sus teorizaciones sobre la inutilidad
de un partido de vanguardia.
En
realidad no hubo nada de casual ni menos de “espontáneo” en la Comuna.
Los obreros parisinos llegaron a 1871 sobre la base de un siglo de
revoluciones. En una rápida mirada a los datos históricos, recordaré algunos
eventos. La gran revolución francesa de fines del 1700, que expresó con el
jacobinismo lo máximo que podía producir la sociedad burguesa al tratar de
anular las contradicciones de clase pero, en el cual nace un primer programa
proletario, expresado por los “rabiosos” de Roux y Leclere,
maestros de Babeuf: un movimiento —como escribe Marx–
que estaba sin embargo privado aún de las bases sociales para crecer. La
revolución de julio de 1830, en la que el proletariado tuvo una participación
activa pero subalterna a la burguesía, a la que ayuda a liberarse de Carlos
X para implantar una monarquía constitucional (Luis Felipe de
Orleáns). E, incluso, la revolución de febrero de 1848, en la cual el
proletariado ayuda a la burguesía a liberarse de Luis de Orleáns y
cae en la trampa de participar —por primera vez en la historia- en un gobierno
de la burguesía, con un ministro (Louis Blanc) que debería representar a
los obreros pero que, en realidad —como sucede hoy, cuando se constituye un
gobierno “común” de las dos clases enemigas-, termina con el desarme de
los obreros. Obreros que, finalmente, en junio de 1848 rompen su sometimiento a
la burguesía y se lanzan contra ella con los fusiles (pagando su no preparación
con 10.000 muertos). De las barricadas de l848 emerge la figura de Luis
Bonaparte quien, con el nombre de Napoleón III, gobernará
Francia hasta el comienzo de la Comuna. 3
Los
obreros parisinos no llegaron “casualmente” a la revolución de 1871.
Aprendieron de sus luchas la necesidad de la independencia de clase de la
burguesía. Sin embargo, desgraciadamente, el proletariado no aprende por sí
sólo. Necesita que su experiencia de lucha sea elaborada por esa memoria permanente
que tiene el partido revolucionario. Privados de este partido, los obreros
parisinos fueron nuevamente engañados por la burguesía al final de la guerra
franco-prusiana.
La guerra
franco-prusiana. Otra traición de la burguesía
No es
este el espacio para profundizar el tema 4 de la guerra
franco-prusiana. Basta decir que la causa real de la guerra fue el intento
de Napoleón III de salir de la crisis de su régimen cosa que
esperaba sucediese por medio de una rápida victoria, y la convicción de Bismark que
la victoria habría facilitado la unificación de Alemania (que estaba dividida
en pequeños estados) alrededor de Prusia. La Asociación Internacional de
Trabajadores (AIT) se pronunció contra la guerra y a favor de la fraternización
del proletariado de los dos países. Al mismo tiempo, no fue “equidistante”
ante guerra iniciada: la convicción de Marx y Engels,
era que una victoria de Prusia habría facilitado la unificación de la
clase obrera alemana en una Alemania Unidad y habría abierto el camino, en
Francia, a la República, liberando a la clase obrera de la opresión del régimen
de Napoleón III. 5
Sus
previsiones se confirmaron: en pocas semanas Francia fue derrotada y una
revuelta popular proclamó la República. Pero entonces los obreros se fiaron de
la burguesía, confiándole el gobierno. El primer acto del nuevo gobierno
republicano de Thiers fue el de un acuerdo con la burguesía
alemana, descargando los costos de la guerra sobre la clase obrera.
Un
obstáculo para la burguesía: París obrera, armada
Pero el
complot de la burguesía francesa y alemana tuvo en el camino un obstáculo
gigantesco: los obreros parisinos armados. Existía en Francia, en los hechos,
una milicia, la Guardia Nacional. Es decir, los trabajadores activos que,
agrupados en batallones, periódicamente se dedicaban a los ejercicios
militares, pagados por el Estado. La Guardia Nacional era una vieja institución
de la revolución de 1789 y servía, desde junio de 1848, a la burguesía para
reprimir a los obreros. Pero, en 1871, estaba compuesta casi enteramente de
trabajadores y no de burgueses. Y desde la constitución de la república se
había reorganizado en una Federación Republicana, con elecciones de sus
oficiales por parte de la tropa. 6
La clase
obrera se había reforzado mucho desde los años 1860. Había crecido
numéricamente y estaba concentrada en algunas fábricas: en las canteras navales
de París trabajaban 70 mil obreros, la fábrica metalúrgica Cail empleaba 3.000
trabajadores y otras grandes concentraciones obreras estaban en Govin
(producción de locomotoras), en la fábrica de armas del Louvre, etc. Por lo
tanto, eran 300 mil obreros, adiestrados y armados que no estaban dispuestos a
cumplir la voluntad de la burguesía.
El
intento de Thiers de desarmar a la Guardia Nacional,
sustrayéndole los cañones y las ametralladoras, abrió camino para la
insurrección del 18 de marzo: con una confraternización entre la población del
barrio de Montmartre y los soldados (un rol importante, como en febrero de
1917, fue jugado por las mujeres, entre ellas la maestra Louise Michel).
Al gobierno de la burguesía solo le restaba fugarse de París y refugiarse en la
vecina Versalles, mientras el Comité Central, dirección de la Guardia Nacional,
completaba la conquista del poder con la toma indolora del Hotel de Ville (como
en el 17 la conquista del Palacio de Invierno fue sólo el último acto de la
revolución).
La clase
obrera al gobierno
Por
primera vez en la historia, la clase obrera constituía “un gobierno de la
clase obrera para la clase obrera” (Marx). Y descubría, por decirlo
en palabras que Brecht le hizo pronunciar a Galileo
Galilei, que “no existe diferencia entre el cielo y la tierra,
escribiendo en su diario: abolido el cielo”. Abolida la necesidad de la
burguesía y de los directores de fábrica: los trabajadores pudieron dirigir las
fábricas y el listado prescindiendo de estos parásitos. Gobernar no era más una
cuestión reservada al “cielo” burgués.
El Comité
Central tiene, sin embargo (equivocándose) 7 la política de
ceder el poder a una Comuna electa y, para ello, indica nuevas elecciones para
formar una asamblea de cerca de 90 miembros, a cuyo interior se constituyeron
las comisiones (tomando exactamente la base de los ministerios del gobierno nacional:
Finanzas, Exterior, Instrucción, Trabajo, etc., era la muestra de la Comuna
aspiraba a gobernar sobre toda Francia).
Este
gobierno que unía el poder legislativo, ejecutivo y judicial, superando la
tripartición burguesa de los “tres poderes”, duró sólo pocas semanas.
Sin embargo, su actividad fue muy intensa, a tal punto que se precisarían tres
números de esta revista sólo para describirlas. La anulación de la policía y la
sustitución del ejército permanente por la milicia obrera (Guardia Nacional),
con lo cual fue destruida la máquina estatal burguesa (la más grande enseñanza
de la Comuna, según Marx, y que dio a Lenin el
fundamento de toda la operación de los bolcheviques: los revolucionarios no se
limitaron a “reformar” la máquina estatal burguesa, sino que debieron
destrozarla, destruirla y sustituirla por la dictadura del proletariado); la
asistencia médica gratuita (con aborto libre y gratuito, es decir, lo que hoy
no es asumido por la república burguesa); la jubilación a los 65 años; la
reforma de la escuela a favor de una enseñanza “politécnica”, que unía
por primera vez aquello que la burguesía quería enseñar separadamente a los
hijos de la burguesía y a los hijos de los obreros, las materias “humanísticas”
y las “científicas” y “técnicas”; la separación del Estado de la
Iglesia, con la supresión de los tributos al clero y la expulsión de la
religión de la escuela; un inicio de requisas en las fábricas y la
reorganización del trabajo obrero bajo control de los trabajadores, reunidos en
asambleas para decidir qué y cómo producir; la requisa de casas deshabitadas y
su asignación a los sin techo, etc.
Muchas de
estas medidas, por el escaso tiempo que los obreros parisinos tuvieron a su
disposición, quedaron sólo en intenciones. Pero indican la voluntad de
transformar completamente la sociedad burguesa en todas sus formas, fundando
una sociedad nueva, creada por los obreros.
Significativo
es el hecho que en 10 semanas de la Comuna, fueron editados cientos de
periódicos cotidianos. Las bibliotecas estuvieron abiertas de noche, porque los
obreros querían apropiarse de la cultura de la cual habían sido tanto tiempo
alejados. De tal manera que eran tantos los debates que no bastaban las salas
para acogerlos (por eso, de las iglesias se echaron a los curas y fueron
utilizadas para actividades más útiles que la oración). Esta experiencia
grandiosa fue interrumpida por la entrada de las tropas del gobierno burgués
(reconstituido con la ayuda de Bismark) que, el 28 de mayo de 1871,
derribó la última barricada erigida por los obreros. Una similar vivencia
cultural la reencontraremos en la historia unos 50 años después, con la nueva
era abierta por el gobierno obrero instaurado de la revolución de Octubre.
Lecciones
y errores de la Comuna en el análisis de Marx y Engels
Marx y Engels que
consideraron muy importante esa breve experiencia francesa y extrajeron sus
principales lecciones (la dictadura del proletariado en la “forma finalmente
encontrada”) que aparecen en todas sus tesis, no dejaron de hacer críticas
individualizando los errores y límites, forjando una lección de estrategia y
táctica que será de gran utilidad para los bolcheviques.
Criticaron
los errores tácticos: no haber atacado al gobierno de Versalles; ejercicio
limitado del empleo del “terror rojo” contra los reaccionarios burgueses
los obreros parisinos fueron, según, Engels “excesivamente
bondadosos”. Criticaron los errores programáticos al no haber completado la
expropiación de la burguesía, deteniéndose ante la puerta de la Banca Nacional.
En la
Comuna Marx y Engels vieron una gran
enseñanza: la necesidad que el proletariado aplique la independencia de clase
de la burguesía y de sus gobiernos, como condición para conquistar, en la lucha
como oposición y, después con la insurrección, el propio gobierno. Haber dejado
de lado esta lección histórica es la base de toda la “teoría” del
reformismo (continuado por el stalinismo con la participación en gobiernos de “frente
popular” a partir de 1935).
Sobre la
base de esta lección, Lenin “rearmara” al Partido
Bolchevique con las Tesis de Abril, sosteniendo la necesidad de no dar ningún
apoyo al gobierno burgués (de “izquierda”) de Kerensky, como
premisa para conquistar la mayoría de los trabajadores políticamente activos,
al punto de acabar con aquel gobierno y construir uno obrero.
¿Fue
realmente la primera dictadura del proletariado? La revisión de Trotsky
En el
prefacio de 1891 de La guerra civil en Francia, Engels escribe:
“Miren la Comuna de París. Ésta fue la dictadura del proletariado”.
En
realidad, Engels enfatizaba polémicamente un concepto para
atacar las tendencias revisionistas que ya se estaban manifestando en la
socialdemocracia alemana. Pero Marx (incluso en La
guerra civil en Francia) hablaba más precisamente de una “tendencia”
hacia la dictadura del proletariado.
Trotsky desarrolló
el análisis de Marx, haciendo aquello que Nahuel Moreno,
justamente, había indicado como una “revisión” del análisis de Marx y
de Lenin, obviamente una revisión en el sentido marxista, es
decir, un desarrollo de la concepción del marxismo sobre sus bases. 8
Trotsky en
algunos escritos importantes de los años 30, que Moreno cita, 9 especifica donde se
encontraba esta “tendencia” o embrión de dictadura del proletariado: no
en el Consejo de la Comuna (los 90 electos por “sufragio universal” en
las elecciones surgidas del Comité Central), sino en el Comité Central de la
Guardia Nacional. ¿Por qué? Porque era en aquella estructura que se organizaba
para la lucha —y no en una asamblea surgida de las elecciones, aún cuando sean
elecciones muy particulares- que se podía ver el primer “soviet” de la
historia. Moreno destaca la importancia de este importante fragmento
de Trotsky: “Cuando nosotros decimos Viva la Comuna, no nos
referimos a la heroica insurrección, ni a las instituciones de la Comuna, es
decir, a la municipalidad democrática. Su elección fue, por otro lado, una
tontería (leer a Marx) y esta tontería fue, de cualquier modo, resultado
posible sólo enseguida a la conquista del poder por parte del Comité Central de
la Guardia Nacional, que era el comité de acción o el soviet en aquella
situación”.
Pero,
¿por qué la dictadura era solo potencial? Porque el “soviet” era, por su
lado, sólo embrionario. Es decir, porque lo que faltaba en el “soviet”,
para poder transformarse en el pilar de una real dictadura del proletariado,
era un partido marxista revolucionario. Trotsky escribe (ya
en Las enseñanzas de la Comuna de París, de 1921): “El Comité
Central de la Guardia Nacional tenía necesidad de ser dirigido”.
Aquí la
principal diferencia entre 1871 y 1917: en 1917 existía ese partido
(el Partido Bolchevique) que, inicialmente minoritario, chocando con las
direcciones reformistas (Socialistas Revolucionarios y Mencheviques), logrará
la mayoría en el Soviet, transformándolo de sostén del gobierno burgués
(febrero) en la base del gobierno obrero (octubre). Lenin y Trotsky no
exaltaron más al soviet en sí mismo: lo verán como estructura que puede servir
a objetivos diversos, en función de sus direcciones. Por eso, sin contraponer
el soviet al partido, ni el partido a las masas (más bien Trotsky prefiere
utilizar la eficaz metáfora del cilindro —el partido- y el Vapor —las masas:
dos elementos que se complementan en este caso), Trotsky individualiza
el elemento central en el partido. Es el elemento central, así como en una
bóveda hay una piedra que sostiene todas las otras (la “clave de bóveda”):
no las sustituye, pero es la piedra más importante.
El
partido fue el gran ausente en 1871
En París,
en 1871, no había un partido como fue el bolchevique. Marx era
consciente de esta falta fundamental y es por eso que rápidamente después de la
proclamación de la República (setiembre de 1870) sugiere a los obreros una
actitud de oposición al gobierno burgués, pero no para derribarlo
inmediatamente: “Utilicen con calma y resolución todas las posibilidades
ofrecidas por la libertad republicana, para trabajar en su organización de
clase. Esto le dará nuevas fuerzas hercúleas (…) para nuestro objetivo común,
la emancipación del trabajo«. 10
En París,
en la sección francesa de la Internacional, existían diversas corrientes además
de la marxista: proudhonistas, proudhonistas de izquierda (ligados a Bakunin).
En la Comuna, entonces, prevalecían las posiciones de blanquistas y
neojacobinos.
Las
tendencias del movimiento obrero en París de 1871
Estos
nombres dicen poco al lector actual, porque son tendencias ya desaparecidas: y
fue la propia experiencia práctica de la Comuna la que contribuyó a su
disolución.
Los
proudhonistas eran los seguidores de Proudhon (padre del
anarquismo y de tantas otras variantes del reformismo que debemos tolerar hasta
hoy), contra quienes Marx había chocado durante décadas, y con
los cuales había polemizado ya en 1847 con La miseria de la filosofía, Proudhon ya
había muerto en la época de la Comuna (murió en 1865), pero influyó en su
tendencia que ahora era más fuerte en Francia y fuertes eran sus posiciones
contra las ideas de centralismo y de dictadura. La esencia del proudhonismo
consistía, según Marx, en creer en poner remedio a los males del
capitalismo para asegurar la sobrevivencia del capitalismo, aunque
reformándolo.
Su ala
izquierda se estaba desarrollando en Francia con las posiciones anarquistas
de Bakunin. Defendían teóricamente, como sujeto revolucionario, en
el lugar de la clase obrera, la “canalla”, es decir, el subproletariado,
y eran sostenedores de la “extinción” del Estado, y adversarios de la
dictadura del proletariado. Los bakuninistas sostenían la “abstención
política” del proletariado y eran contrarios al concepto de un partido para
la conquista del poder, se definían “antiautoritarios” y querían una
Internacional federativa. Eran, en suma, exactamente lo opuesto de los
marxistas.
Fuera de
la Internacional existían, además, los neojacobinos, que reivindicaban las
posiciones de Robespierre y de Marat y que
chocaban, pero en otras ocasiones acordaban, con los blanquistas (que preferian
referirse a otra figura de la revolución francesa, Hebert). Los
seguidores de Auguste Blanqui, definido por Marx como
“cabeza y corazón del proletariado francés”, corajoso revolucionario que
pasó la mitad de su vida en cárceles (estaba preso incluso durante la Comuna) y
que concebía la revolución como la insurrección de una élite de revolucionarios
(siendo los obreros, según Blanqui, incapaces de liberarse
culturalmente en el capitalismo). Según Engels (que incluso
tenía estimación por el gran revolucionario francés, Blanqui era
“un revolucionario de una época precedente”, ligada al utopismo.
Blanquistas y neojacobinos se acercaban más que los proudhonistas a la idea de
“centralización” y de “dictadura» de los marxistas (aunque de una
forma distorsionada, no sobre la base de la clase), pero subvalorando los
aspectos “sociales” de la revolución que, a la inversa, los
proudhonistas colocaban en primer lugar (aunque de manera distorsionada).
Resumiendo:
las principales corrientes eran cinco: neojacobinos,
blanquistas, proudhonistas (federativos), bakuninistas (colectivistas),
marxistas. Pero se trata de una clasificación esquemática, los límites entre un
grupo y el otro no eran claros ya que frecuentemente formaban grupos
transversales (no existiendo verdaderos partidos): en la Internacional había
diversos blanquistas (aunque esta corriente no había adherido a la AIT), entre
los blanquistas que no eran miembros de la Internacional, había algunos más
cercanos a Marx que muchos proudhonistas, que formaban parte
de la AIT.
Existen
varios estudios que han tratado de clasificar a los protagonistas de
la Comuna. El más documentado es el de Charles Rihs 11 que
contradice decenas de otros estudios. En realidad, no sólo no tenemos (¡aún
hoy!) una documentación suficiente, pero el ejercicio de “etiquetar” de
varios comuneros es, en parte inútil en tanto, como comentó Engels,
en más de la veces “los unos y los otros hicieron precisamente lo contrario
de aquello que prescribía la doctrina de su escuela”.
Muchos
dirigentes de la Comuna sacaron lecciones de su experiencia, acercándose al
marxismo: diversos dirigentes blanquistas sostuvieron las posiciones de Marx en
el Congreso de La Haya 12, en el cual la mayoría marxista expulsó
de la Internacional a los anarquistas de Bakunin que se
obstinaban, a pesar de la Comuna, a negar la necesidad de construir un partido
centralizado de la clase obrera para la conquista del poder.
Pero, en
aquellos meses, en Francia, los marxistas consecuentes se contaban con los
dedos de la mano. Por eso, Marx envió a París a un obrero de
la AIT cercano a él: Serraillier. 13
Desgraciadamente,
faltó tiempo para construir un partido marxista, porque los tiempos de la
crisis revolucionaria fueron decididos por la burguesía que atacó en marzo,
obligando a los obreros a defenderse para no ser desarmados y derrotados.
El rol de
la Internacional y el rol de los marxistas
El 14 de
mayo de 1872 se promulga la ley Dafaure, que prohíbe en Francia cualquier
asociación internacional “que tenga como objetivo promover huelgas, la
abolición del derecho de propiedad, de familia, de religión”.
El
objetivo de la burguesía francesa era la AIT dirigida por Marx. Y a
la AIT, la burguesía le achacaba la “culpa” de haber organizado la
Comuna.
¿Tuvo
realmente ese rol la AIT? Engels lo resume así: “(…) la
Comuna, desde el punto de vista intelectual, fue absolutamente hija de la
Internacional, si bien esta no movió un dedo para hacerla (…) aunque sí fue,
justamente, considerada responsable”. 14
¿Qué
significa? ¿La Internacional “no movió un dedo”, sin embargo fue, “justamente,
considerada responsable”? La contradicción es sólo aparente. Engels intenta
decir que la Internacional, considerada como el Consejo General dirigido
por Marx, tuvo, sin embargo, una escasa posibilidad de dirección,
al mismo tiempo, reconoce la importancia que la sección francesa y sus
militantes tenían en la Comuna.
La
historiografía (incluso marxista), en general, se detiene sólo en una parte de
la afirmación de Engels (los marxistas eran débiles en París)
y ha subvalorado ese reconocimiento de “paternidad” que Engels expresa
en otros textos.
Los
dirigentes marxistas ligados conscientemente a las posiciones de Marx (y
de la mayoría de la AIT), eran poquísimos. Estaba en París Serraillier,
un representante directo de la AIT, enviado, como vimos, por Marx.
Sin embargo, este zapatero, honesto y fiel, no tenía una gran formación y no
estaba preparado para analizar completamente la situación, como se entiende de
los informes que enviaba al Consejo General de Londres. Otro de ellos, con el
cual Marx pudo contar en París era el dirigente obrero, de origen
húngaro, Leo Frankel. Y basta. Había algún que otro marxista
aislado como, por ejemplo, la veinteañera Elisabeth Dmitrieff,
militante de origen ruso de la AIT, alentada por Marx para ir
a París en marzo de 1871, y que se hará dirigenta de la Unión de Mujeres.
Sabemos luego, que Marx intercambiaba correspondencia también
con otro dirigente, Eugene Varlin (la más interesante figura
de la Comuna) y que escribió varias cartas a Varlin, Serraillier y Frankel,
enviadas a través de un comerciante alemán que viajaba entre Londres y
París.Sin embargo, la mayoría de estas cartas se han perdido. Las pocas cartas
que quedaron son, sin embargo, significativas. Frankel (encargado
de dirigir la Comisión de Trabajo de la Comuna) escribe a Marx (el
25 de abril de 1871): “Estaría contento si Ud. pudiese, de algún modo,
ayudarme con setiembre de 1874, su consejo, porque actualmente estoy, por así
decirlo, sólo (…).” No tenemos la preciosa respuesta de Marx.
Sin embargo, tenemos una carta de Marx, escrita el 13 de mayo de
1871, a Frankel y Varlin: “Por vuestra causa,
he escrito una centena de cartas a todos los puntos de la tierra donde tenemos
relaciones. (…) Me parece que la Comuna pierde mucho tiempo en pequeñeces y
disputas personales. Pero todo esto no importaría nada si se recuperase el
tiempo perdido”.
Pero ¿por
qué Engels reivindica la “paternidad” de la AIT sobre
la Comuna? Porque, en realidad, la AIT en Francia había creado en los años 1860
una organización muy importante. Inicialmente dirigida por representantes
proudhonistas, había visto crecer a su interior a un grupo de jóvenes
dirigentes obreros y, entre ellos, especialmente a Varlin, obrero
encuadernador, autodidacta. En 1866, en París, la AIT tenía 600 afiliados, a
inicios de la Comuna, tenía 70 mil. 15 Las otras federaciones,
además de París, estaban en Marsella, Ruan, Lyon: es decir, los principales
centros de lucha obrera de Francia. La AIT animó todas las luchas importantes y
las huelgas de los años 1860, que son preparatorias de la Comuna.
El
problema es que, habiendo muchos afiliados (incluso frecuentemente se trataba
de afiliaciones colectivas), la internacional no disponía de un partido
estructurado —faltaba, de hecho, un periódico. Pero no sólo eso: la dirección
de estos militantes, insertados en las principales luchas, pero frecuentemente
no organizados entre ellos, era compuesta de socialistas no marxistas.
Esto
explica porque Marx intentaba ganar a Eugene Varlin,
que se había transformado, de hecho, en el principal dirigente de la AIT. Se
trataba de un militante de gran capacidad organizativa, que trataba de
recuperar el tiempo perdido por los viejos dirigentes proudhonistas.
Varlin jugará
un rol fundamental en la Comuna. Al ser “ministro” de la Comuna (primero
de Finanzas y luego de subsistencia), será elegido para el Comité Central de la
Guardia Nacional (que encabezará el 18 de marzo la ocupación de la Plaza
Vendome); inspirara la sección de la AIT; dirigirá el trabajo de la Cámara Sindical;
estará entre los principales dirigentes de un embrión de partido
revolucionario, denominado Delegación de los Veinte Distritos (distritos son
los barrios o “arrondissements” en los cuales está dividido París). Es
significativo el hecho que tres de estas organizaciones estaban ubicadas en el
mismo lugar: el número 6 de la Plaza de la Corderie (en París hoy, renombrada
como Rue de la Corderie) que era la sede de la Cámara Sindical, de la Delegación
de los Veinte Distritos y de la sección francesa de la AIT. De lo que podemos
entender de las discusiones de la dirección francesa de la AIT, a menudo el
debate y las decisiones eran orientadas por la intervenciones de Varlin. 16 Varlin siempre
fue apoyado por Frankel y Serraillier, ambos
marxistas. Pero Varlin no era marxista, era de origen
proudhonista pero siempre se orientaba hacia la izquierda. Los historiadores
barajan definiciones discordantes: hay quien lo define “proudhonista de
izquierda”, quien dice que tenía relación con Bakunin (es
el caso de Carr) y quien (Nikolaevskij, y tambien Kaminski) 17 lo
definen —equivocadamente- como “bakunista”. En realidad, quien ha
indagado más, el historiador Bruhat, ha conseguido cartas que
prueban que Bakunin trató de reclutar a Varlin a
su secta, contra Marx, pero no lo consiguió y se quedó muy
desilusionado. 18 Lo que es cierto es que Varlin expresó
durante la Comuna posiciones lejanas a las de Bakunin (Varlin ponía
la organización de los obreros como centro de la lucha, y no la conspiración de
la “canalla”). También estaba lejos de los proudhonistas, tanto que,
siendo delegado de Finanzas, se enfrentó con el dirigente proudhoniano Jourde,
porque Varlin (como Marx) habría querido que los
comuneros se apropiasen de la Banca Nacional. 19
En
suma Varlin se comportó de manera algo diferente de lo que
prescribe la doctrina no marxista de la cual provenía. Como hemos visto, muchos
de los dirigentes de la Comuna que sobrevivieron a la masacre, se dispusieron a
dar la batalla en la AIT junto con Marx, contra los anarquistas
de Bakunin, en el Congreso de La Haya. Probablemente, Varlin habría
hecho lo mismo, pero fue arrestado (por la denuncia de un cura) y fusilado en
Montmartre el 28 de mayo de 1871, después de haber sustituido a Cluseret (muerto
en las barricadas) como último comandante de la defensa obrera.
De
cualquier modo, en 1871, los marxistas no disponían de un partido organizado en
París. Fue la propia experiencia de la Comuna que permitió a Marx y Engels vencer
en la batalla contra los anarquistas de Bakunin en el congreso
de La Haya de 1872. En este congreso (que expulsó a los anarquistas y decretó
el cierre de la sede central, así como su traslado a Nueva York iniciando, de
hecho, la desaparición de la I Internacional) estalla el “acuerdo ingenuo de
todas las fracciones” (en expresión de Engels) sobre el cual
estaba alineada la Internacional hasta ese momento. La Comuna demostró que se
necesitaba construir partidos organizados en forma independientes de la
burguesía, basados en el marxismo, es decir, sobre el programa de la dictadura
del proletariado que había hecho su primera prueba en París. Como
escribió Engels: “Yo creo que la próxima Internacional —luego
que los libros de Marx hayan ejercido su influencia por algunos años- será
puramente comunista y propagara directamente nuestros principios”. 20 Los
últimos años de vida de Marx y de Engels fueron
dedicados a la construcción de esta internacional “puramente comunista”
y de sus partidos en cada país.
Debemos
volver a estudiar la Comuna
Marx y Engels primero, Lenin y Trotsky después,
estudiaron profundamente La Comuna. Desgraciadamente, dispusieron de una
documentación escasa. La fuente principal de Marx está en la memoria de algunos
miembros de la Comuna y, en particular, del libro de Lissagaray,
que Marx incluso animó a escribir, y del cual solicitó su
traducción al alemán (una hija de Marx, Eleonor,
trabajó la edición en inglés). 21 Lissagaray era un
óptimo periodista y participó en la defensa de la Comuna, pero su historia
(publicada en Bélgica en 1876) refleja la formación no marxista del autor, un
neojacobino. 22 Lissagaray minimiza el rol de los
dirigentes de la Internacional: dice que en la Comuna electa sólo eran 13
(número equivocado), pero no dice, números aparte, que ellos jugaron papeles
importantes. Pero no sólo eso: para desarrollar su polémica contra el proudhonismo, Lissagaray etiqueta
como “proudhonista” a todos los dirigentes de la AIT mientras, como
hemos visto con Varlin, frecuentemente expresaban posiciones
lejanas del proudhonismo.
Lenin se
basó en el libro de Lissagaray (una de las pocas fuentes
disponibles en su tiempo) y Trotsky utilizó el libro del
historiador Claude Talés, quien usa como única fuente a Lissagaray y,
por esto, enfatiza el aspecto de “caos” de la Comuna y el peso del
proudhonismo, sin individualizar el rol consciente (pero muy insuficiente por
no estar organizados en el partido) de tantos dirigentes revolucionarios y de
los pocos cercanos a Marx.
Lenin y Trotsky queriendo
(justamente) subrayar la causa principal de la derrota de la Comuna —es decir,
la falta de un partido marxista- tendieron (equivocándose) a disminuir el rol
de “siembra” que desarrolló la AIT en los años 1860 y, privados de
documentación, no escribieron nada sobre el embrión de partido que se estaba
construyendo en esos meses en París.
Este
embrión de partido, en cuyo desarrollo jugaron un rol importante Varlin y Frankel,
era la Delegación de los Veinte Distritos. Tanto Lissagaray como Talés le
dedicaron muy pocas líneas. Sin embargo, los documentos encontrados por los
historiadores a partir de 1960, dan hoy un marco muy distinto. 23
No
tenemos aquí espacio para profundizar el tema que amerita otro artículo. Baste
decir que Lissagaray se equivoca dos veces: primero,
sosteniendo que la Delegación (conocida también como Comité Central
Republicano de los Veinte Distritos) no estaba ligado a la AIT, mientras
que ahora sabemos que sus principales dirigentes eran miembros de la AIT (cinco
sobre siete, entre ellos Varlin); segundo, afirma que desapareció
antes que la Comuna, mientras hoy tenemos las actas de las sesiones que
tuvieron poco antes de la caída de la última barricada.
Del
Estatuto de la Delegación 24 sabemos que para inscribirse eran
necesarias tres condiciones: militancia, adhesión a los principios “socialistas
revolucionarios”, pago de la cuota. El programa es la “destrucción
revolucionaria” de la democracia parlamentaria burguesa, el reconocimiento
“como único gobierno a la Comuna revolucionaria, emanada de las delegaciones
de los grupos socialistas revolucionarios”.
Para la
elección de la Asamblea Nacional (febrero de 1871), la Delegación presenta un
programa y los candidatos adjuntos a la sección francesa de la AIT y a la
Cámara Federal de la Sociedad Obrera (¡Varlin era el alma de todas
estas organizaciones!). El manifiesto electoral afirma que el objetivo es: “la
organización de una república que le devuelva las fábrica a los obreros”,
realizando así “la libertad política a través de la igualdad social”.
Cierto es
que la Delegación tenía en su interior varias de las corrientes en las que
estaba dividido el movimiento obrero francés y no tuvo el tiempo para
desarrollarse: nace, inmediatamente después de la proclamación de la República,
el 5 de setiembre de 1870, con una asamblea de 500 obreros parisinos (¡aquí
estaba Varlin!). Pero, en pocas semanas se fueron las corrientes
más moderadas y sus documentos fueron, día a día, más cercanos a la posición
marxista.
Si, como
esperaba Marx, los obreros hubiesen tenido tiempo para “trabajar
en su organización de clase”, el curso de la historia hubiera sido
diferente. Sin embargo, hoy podemos decir que esta organización (cuya historia
tenemos todavía que indagar) y sus dirigentes, tuvieron un rol central en el
desarrollo de la revolución.
Los
documentos históricos que hoy disponemos, confirman, indiscutiblemente, la
tesis de fondo de Lenin y Trotsky: sin un partido
marxista no existe la posibilidad de la revolución victoriosa. Aquello
que Lenin y Trotsky no sabían cuando
escribieron sobre la Comuna es que, existía un inicio de ese partido y que fue
gracias a eso que la Comuna consiguió avanzar. Entonces, en 1871, la revolución
fue el fruto no de la «espontaneidad”, sino de la organización de los
revolucionarios. Sin embargo, dicha organización no tuvo el tiempo de
consolidarse en partido marxista, por eso el Comité Central de la Guardia
Nacional no fue un verdadero “soviet” y, por eso, la dictadura del
proletariado fue, en la Comuna, sólo una perspectiva incompleta.
Fue
estudiando los resultados y los errores de los valerosos obreros franceses que
los obreros rusos, dirigidos por el partido de Lenin y Trotsky,
pudieron vencer en 1917. Fue el rumbo de los cánones de la Comuna de París los
que abrieron el camino a la Comuna de Petrogrado.
NOTAS
1. Carta
de Marx a Kugellman, 17 de abril de 1871, en K. Marx, Cartas de Marx a
Kugellman, Editori Riuniti, 1976, p. 166
2. Claude
Talés, La Comuna de París, 1921, Ed. Spartacus, 1998
3. Para
profundizar esta situación son fundamentales dos libros de Marx , en los cuales
se emplea, magistralmente, el método materialista: Las luchas de clase
en Francia de 1848 a 1850 y El 18 brumario de Luis
Bonaparte (existen ediciones en todas las lenguas, aunque puede
encontrarse en el sitio Marxists Internet Archive , http://www.marxist.org).
4. Para
conocer mejor la situación, recomendamos la lectura de las tres cartas escritas
por Marx a la AIT y publicadas en varias lenguas con el título de La
guerra civil en Francia. Muy interesantes son, incluso, los artículos
de Engels (experto en cuestiones militares) sobre la guerra publicados en el
diario de Londres The Pall Mall Gazethe (en
italiano: Notas sobre la guerra franco-prusiana, Ed.
Lotta Comunista, 1996) de los cuales Trotsky encargó su publicación en
Rusia y estudió cuando le fue confiada la dirección de l a Armada Roja.
5. En la
primera carta escrita por Marx a la AIT se hace un llamamiento a los obreros
alemanes para que no permitieran a Bismarck transformar la guerra en guerra de
conquista. Cuando después en París nace la República, en la segunda carta a la
Internacional condena el objetivo expansionista del gobierno prusiano y
hace un llamamiento a los obreros alemanes para que, en este punto,
defiendan la República francesa junto a los obreros franceses.
6. A
finales de febrero de 1871, una asamblea de 2 mil delegados de batallones de la
Guardia Nacional aprueba la constitución de la Federación Republicana (sólo
pocos batallones de cuarteles burgueses quedaron fuera de esa estructura). El
primer punto del programa fue la abolición del ejército permanente y su
sustitución con la milicia de trabajadores. Es la proclamación de la ruptura
con el Estado burgués y la voluntad de disolver su «banda armada»,
proclamándose como única fuerza armada.
7. El
error de la elección será subrayado por Marx en varios textos. Por ejemplo, en
una carta a Liebnecht del 6 de abril de 1871 escribe: «(…) por no tener la
actitud de usurpar el poder, han perdido un tiempo precioso en elegir la Comuna
(…) mientras se necesitaba emplearlo para marchar sobre Versailles (…)».
Kautsky agita este juicio, tratando de usar la Comuna «democrática»
contra la dictadura de los bolcheviques, Lenin y Trotsky le respondieron
con dos «anti-Kautsky» demostrando que los obreros parisinos estaban comúnmente
contrapuestos a la «legitimidad» democrática burguesa: las elecciones para la
Comuna lograron, en efecto, el sufragio universal pero, en los hechos, la
burguesía ya había huido y los pocos elegidos burgueses fueron obligados a renunciar.
8.
Ver La dictadura revolucionaria del proletariado, texto escrito en
1978 por Moreno en polémica por la revisión (en sentido negativo, en esta
ocasión) hecha por Mandel.
9. Se
trata del artículo y carta de Trotsky contenida en el libro publicado por
Pathfinder Press (1977), The crisis of the french section. En
realidad en este texto Trotsky trabaja con un concepto que ya había empezado a
desarrollar en los años 20 en Terrorismo y comunismo. Es en este
libro (en el capítulo VI) que, por primera habla del Comité Central de la
Guardia Nacional como del «soviet de aquel periodo».
10. Ver
la segunda carta escrita por Marx al Consejo General de la Internacional (9 de
septiembre de 1870). Aquí citado de la edición Newtom Comptom, 1978, p. 83.
11.
Charles Rihs, La Comuna de París, su estructura y sus doctrinas, Ed.
Du Seuil, 1973. Segín Rihs fueron cerca de 90 los elegidos: 40 eran de los
neojacobinos (Delescluze, etc.); 15 eran blanquistas (Rigault, Protot,
Flourens, los miembros de la AIT Duval y Vaillant, etc.); 23 eran miem bros
de la AIT (Frankel, Varlin, Vaillant, Malon, Serraillier, Longuet,
etc.).
12. Los
blanquistas supervivientes de la masacre se refugiaron en Londres,
reagrupándose alrededor de Emile Eudes, condenado a muerte en ausencia en
Versailles. Vaillant y otros entraron en el Consejo General de la AIT,
sosteniendo las posiciones de Marx contra Bakunin y Guillaume.
13. Marx
escribe a Engels de la misión que le ha encomendado a Serraillier en una
carta del 6 de septiembre de 1870 (VI Volumen de Cartas de Marx-Engels,
p. 146-147 Edizioni Rinascita, 1953).
14. Carta
de Engels a A. Sorge, 12 de septiembre de 1874, en Marx y Engels,
Cartas de 1874-1879, Ed. Lotta Comunista, 2006, p. 35.
15. Estos
datos, basados sobre muchas fuentes, son citados en el libro de Rihs (ver nota
11).
16. En el
site http://gallica.bnf.fr/ se encuentran decenas de libros sobre la
Comuna para bajar gratuitamente (en francés).
17. Los
libros citados son: E.H. Carr, Bakunin, The MacMillan Press,
1975; B. Nikolaevskij, Karl Marx, 1937, Ed. Einaudi, 1969; H. E.
Kaminski, Bakunin, 1938, Ed. Graphos, 1999.
18. Jean
Bruhat, Eugene Varlin, Editeurs Français Réunis, 1975. Bruhat
coloca pruebas del intento de Bakunin de hacer adherir a Varlin y a su
organización y, lo que fue una tentativa fallida de hacerle suscribir a Varlin
un ataque contra Marx (pag. 146-147 de la biografía). Bruhat cita después una
importante carta de Bakunin (del 7 de julio de 1870) en la cual el dirigente
anarquista escribe: «(Varlin) es una excelente y útil figura, ¡pero está lejos
de ser absolutamente nuestro!».
19. Habla
otro biógrafo (Paul Lejune, Eugène Varlin, Pratique militante e
écrits d’un ouvrier communard) que revela el desacuerdo entre Varlin y
Jourde sobre cuestiones de la Banca.
20.
Engels y la nota 14.
21. Y.
Yvonne Kapp: Eleanor Marx Einaudi, 1977, vol. I, p. 158-162.
22. Para
conocer la figura de Lissagaray, ver René Bidouze, Lissagaray, la plume
et l’epée, Les Editions Ouvrières, 1991.
23. Para
profundizar el tema, es fundamental un libro editado en 1960: Jean Dautry
y Lucien Scheler, Le Comité Central Républicaine des vingt
arrondissements de Paris, Editions Sociales, 1960.
24. Del
libro de Dautry y Scheler (ver nota 23)


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